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Adolfo Rivadeneyra fue un diplomático del siglo XIX que unió su profesión a su gran pasión, el Oriente, del que se convirtió en un gran especialista. Desde distintas instituciones, y a través de diversas actuaciones, pretendió introducir la ciencia del Orientalismo en España. Fue autor de dos libros de viajes en los que, además de narrar algunos périplos realizados, introduce estudios e ivestigaciones que hoy catalogaríamos como pertenecientes a distintas ciencias. Sólo su temprana muerte, y la falta de apoyo institucional, le impidieron mayores triunfos intelectuales, pero aún así su brillante trabajo no puede pasar desapercibido. La figura y la obra de Adolfo Rivadeneyra es equiparable a otras personalidades europeas que, contemporáneamente, descubrían y estudiaban la historia del Oriente, en una época en la que múltiples expediciones de estudio, descubrimiento y ocupación iban sentando las bases del Colonialismo que comenzaba ya y se desarrollaría en breve. Este colonialismo en ciernes, en la zona que nos interesa del Oriente Próximo, corrió paralelo al nacimiento de la ciencia del Orientalismo, de la cual participó Rivadeneyra por conocimiento, pero sobre todo dando pasos para su introducción en España a través de distintas vías, incluida la realización de trabajos al respecto que hoy descubrimos en su verdadera importancia. Otra vía fue la de crear o mejorar las bases culturales que favo- Fernando Escribano Martín 790 reciesen ésta y otras ciencias, en una labor compartida con otros compañeros de intenciones, y a los que no se les dio el apoyo necesario, completamente justo, por otra parte. Manu^ Rivadeneyra había marchado a América para conseguir fondos con los que continuar su magna obra, la Biblioteca de Autores Españoles. En Chile, además de fundar El Imparcial y realizar otras actividades editoriales, conoció a la que fue su mujer, y allí nació su primer hijo, Adolfo. Su segunda hija, Manuela Rivadeneyra, muy importante en la vida y en la herencia de sus padres y de su hermano, nació en Madrid en julio de 1854, y alcanzó a vivir hasta agosto de 1945. Cuando Adolfo tenía siete años volvió la familia a España, y continuó éste su formación en el colegio de Masarnau y en el Seminario de Vergara. Prosiguió después estudios en Francia, pues su padre consideraba muy importante la formación en idiomas, hasta alcanzar a acabar la educación secundaria, y posteriormente comenzó cursos en la Universidad de Madrid para ser ingeniero. Sin embargo, creo que ya movido por su amor hacia el Oriente, en diciembre de 1863 solicitó ser admitido en la carrera diplomática o consular, a ser posible en un destino en el Levante. Solicitud que le es prácticamente de inmediato aceptada, y es admitido como Joven de Lenguas en el consulado de Beirut. La figura del Joven de Lenguas era utilizada por la diplomacia española para formar jóvenes en las lenguas, digamos no habituales, de los países donde había legaciones, y sin duda escogieron un buen alumno, pues en la instancia para ser admitido en la carrera diplomática ya decía conocer cinco lenguas vivas y la latina, y a lo largo de su vida llegaría a manejar hasta once. Entendía Rivadeneyra que para conocer un país era fundamental aprender su idioma, como haría en cinco meses con el persa, y así, como parte de su formación fue ingresado en el convento de Ain-Warka para aprender árabe. Los resultados que en cincuenta meses adquirió al respecto fueron calificados por el Cónsul General, Antonio Bernal de O'Reilly de asombrosos, y así se lo hizo saber en nota al Primer Secretario del Despacho de Estado. Fruto de estos trabajos fue el Estudio sobre el mecanismo de la lengua árabe que remitió a la Reina en septiembre de 1865, y que después incluiría en uno de sus libros. No vamos a hacer en este texto un estudio de su carrera diplomática, a lo que sólo nos referiremos cuando tenga relación, muy importante por otra parte, con los viajes que realizó y escribió. Pero creo, sin embargo, que podemos señalarla siquiera en unas breves pinceladas. Ocupó como parte de sus funciones en el destino de Beirut ya señalado, por dos veces el Consulado General de Jerusalén, supliendo a los titulares. En diciembre de 1866 solicita licencia para volver a España a recobrar su salud, la cual le es concedida, y es nombrado, casi de forma inmediata. Vicecónsul en Beirut, cargo del que toma posesión el 5 de marzo, y que desempeñará hasta que el viceconsulado cese su actividad el 30 de junio de 1867. Su siguiente etapa es el viceconsulado de nueva creación que desempeñará en la isla de Ceilán, con residencia en Colombo, y que dirige desde febrero hasta noviembre de 1868. El 25 de este mes se firma la orden del Gobierno que le traslada a Damasco, donde ha sido nombrado Vicecónsul en Turquía Asiática. Este nombramiento, del que tomará posesión el primero de agosto de 1869, en el trascurso del cual asistirá junto a Eduardo Saavedra a la inauguración del Canal de Suez, y que desempeñará hasta que es cesado en julio de 1870, dará lugar al viaje de un destino a otro que plasmará en el primero de sus libros, de Ceilán a Damasco. Después de Damasco, su siguiente etapa profesional es la que le lleva a Teherán como vicecónsul, donde el Gobierno español de turno pretende explotar las posibilidades económicas y comerciales, y para cuya dirección elige uno de los mayores especialistas españoles en Oriente, nuestro protagonista, y le destinan al lugar que siempre soñó conocer. Rivadeneyra, como tantos otros funcionarios de su época, vivirá en primera persona la convulsa época política de esos años, donde a cada cambio gubernamental podía corresponder una remodelación de la Administración más o menos radical, donde los funcionarios, sin derechos adquiridos, sufrían la penosa figura del cesante que tan bien describe Pérez Galdós en Miau, Desde abril de 1874 en que toma posesión de su cargo, hasta el 19 de agosto, permanece en Teherán, realizando informes previos y aprendiendo el persa, lo cual logra aceptablemente. Marcha en esta fecha a recorrer el país, cosa que hace durante prácticamente un año, regresando el 24 de agosto de 1875. Solicita entonces una licencia para recobrar su salud en España, que le es admitida, y el viceconsulado viene suprimido el 9 de noviembre. Este destino, sus viajes y sus estudios, tomarán forma de libro, el segundo, del que después hablaremos, y que se tituló Viaje al Interior de Persia. Adolfo Rivadeneyra, un diplomático español. El 9 de diciembre de 1878 es nombrado cónsul de segunda clase en Singapur, y diez días más tarde cónsul en Mogador (Marruecos), por lo tanto no llegó nunca a desempeñar el primero. El 8 de enero llega a su destino y desempeña su cargo hasta que le es concedida su renuncia en noviembre de 1879, parece que enfrentado al gobernador. Este será el último destino de una brillante carrera diplomática, truncada sin duda por una temprana muerte (6 de febrero de 1882, con poco más de cuarenta años), que mereció diversos reconocimientos institucionales y que hizo de él uno de los mayores especialistas españoles del Oriente, tanto de su verdad contemporánea como de su historia. Una parte de estos saberes y conocimientos, pero sobre todo de sus inquietudes y de sus observaciones, los fue plasmando en sus libros y en sus conferencias, lo cual nos permite hacer un seguimiento de sus trabajos en pro de un mayor conocimiento del Oriente. Esta labor diplomática que hemos descrito tendría sólo relativa trascendencia, al menos para nosotros, si no fuese por el papel en la difusión cultural, y sobre todo en favor del desarrollo del Orientalismo en España que llevó a cabo su autor, faceta que tuvo una estrecha relación con su labor diplomática. El trabajo que Adolfo Rivadeneyra desarrolla en distintos campos culturales corre paralelo al de otros intelectuales españoles que pretenden y logran llevar a cabo investigaciones, estudios o expediciones de muy distinto signo similares a las que se están realizando en Europa. PersonaUdades, por citar sólo algunos relacionados con el Orientalismo, como Pascual de Gayangos, Francisco García Ayuso o Eduardo Saavedra realizan trabajos individuales o colectivos para crear instituciones, o para potenciar las ya existentes, que nos situasen en el campo científico al nivel europeo, superando el retraso de siglos. Al menos en el Orientalismo estos esfuerzos, que lograron hitos muy importantes, no tuvieron aparente continuidad, y hoy retomamos el legado que aquellos pioneros nos dejaron. Así, Rivadeneyra introduce en sus dos libros estudios, testimonios e investigaciones que son similares a los trabajos que están desarrollando otros diplomáticos europeos que hoy consideramos los pioneros del Orientalismo, y que a veces incluso, gracias quizá a una mayor perspectiva, puede superar en profundidad. Además de estos libros, Rivadeneyra completó la Biblioteca de Autores Españoles de su padre, y en el tomo LXXI glosa un perfil biográfico del mismo. Participa de modo protagonista en la creación y constitución de la Sociedad Geográfica de Madrid, siguiendo modelos europeos, de la que es el Secretario de la primera Junta y primer conferenciante. Y fue nombrado también Socio Correspon-Fernando Escribano Martín 794 diente de la Real Academia de la Historia. Además, una parte importante de la colección de Oriente del Museo Arqueológico Nacional le fue donado o vendido al museo por Rivadeneyra, y cedió también al Estado importantes obras de arte vinculadas con su aventura. En cualquier caso ya hemos comentado que no es el objeto de este texto ni trazar su biografía ni enumerar sus logros, aunque citemos una parte, sino el de recorrer, a través de sus libros, parte de los viajes que nos legó. El primer libro de Rivadeneyra es Viaje de Ceylán a Damasco, Golfo Pérsico, Mesopotamia, Ruinas de Babilonia, Nínive y Palmira y Cartas sobre la Siria y la Isla de Ceilán, dividido en dos partes, y publicado en Madrid en 1871. En la primera va narrando el trayecto que desde Ceilán le llevó a Damasco (en cumplimiento del cambio de destino que hemos citado antes, y por llevar a cabo un viaje que su padre no pudo cumplir) a través de Bombay, Basra, Bagdad, Mosul, Diarbekir y Alepo. El décimo capítulo, que titula Las ruinas de Palmira, donde describe el viaje y las propias ruinas, viene dedicado a Eduardo Saavedra, que fue quien le propuso para Socio Correspondiente de la Academia de la Historia. Aprovecha también su estancia en Bagdad para dedicar un capítulo a la descripción de la ciudad, también de su historia, y otro a las ruinas de Babilonia. Este capítulo, escrito in situ: Hilleh, 1*^. de julio de 1869, tiene para nosotros el valor no sólo de la descripción contemporánea de las ruinas, o de romper la relación que se establecía en la época entre los restos de Birs-Nimrud y el zigurat de Babilonia, posibilidad que, aún mantenida por Rawlinson, Rivadeneyra argumenta en contra de forma correcta, rechazándola como imposible. Narra en el mismo cómo recoge dos ladrillos en el lugar, y cómo los introduce en su mochila. Estos ladrillos hoy se conservan en los almacenes del Museo Arqueológico Nacional, y su tradución y trascripción, así como una introducción a las inscripciones cuneiformes, realizadas todas por Francisco García Ayuso, forman parte del relato. Este es uno de los estudios, realizado por quien ya no ofrecía clases de asirio (y de otras muchas lenguas) en el Madrid de 1871, que nos permiten afirmar que los libros de Rivadeneyra no son sólo libros de viajes, sino que forman un corpus en el que, con el hilo argumentai del viaje que está realizando, introduce estudios específicos de lo que hoy consideramos distintas ciencias, y que pretenden introducir el Orientalismo en España, del mismo modo que esta ciencia está naciendo en Europa. La segunda parte del libro, formada por las cartas y artículos sobre Siria y Ceilán, reproduce cartas que ha enviado a sus padres y amigos o que incluso han sido publicados en la prensa, y que sólo fueron publicados en esta edición de 1871, mientras que sin embargo la primera parte del libro se reeditó en 1988 por Laertes (Barcelona). El esquema es similar en toda su obra, bien cuando está de viaje, bien cuando pasa un tiempo en un lugar, Rivadeneyra indaga sobre aspectos etnográficos, religiosos, históricos, artísticos, filológicos..., busca comprender al pueblo que tiene ante sí, también a las personas, y participa de la investigación histórica, afición y dedicación que compatibiliza con su trabajo diplomático. Sus textos son una mezcla de sensaciones personales del lugar por el que pasa o en el que está residiendo, descripción de lo visto y oído, búsqueda de explicaciones ante las dudas que se le presentan y, sobre todo, la búsqueda del otro tal y como es, sin mayor óptica de superioridad europea. Esta óptica, que hoy consideramos la óptima, no era necesariamente la habitual en su época, y quizá también por eso los trabajos de Rivadeneyra nos resultan tan atractivos hoy en día. Así (sólo vamos a citar algunos de estos aspectos) en el primer capítulo trata a los Maronitas, también por cierto objeto de estudio de Mentaberry, cuántos son, cómo se distribuyen, cómo es su liturgia, el papel de su clero, el papel de las mujeres en la sociedad, el carácter, el grado de formación..., constituyendo de hecho un completo estudio etnográfico de este pueblo. Este capítulo viene escrito en el Convento de Ain-warka, es por lo tanto uno de sus primeros trabajos en Oriente, fechado un 27 de mayo de 1864, y dedicado a Antonio Bernal de O'Reilly, su superior, del que ya hemos hablado. Vamos a entresacar una parte del texto, en la que habla de la composición del clero maronita y en qué consiste la liturgia. A Rivadeneyra estos temas le interesan especialmente, y nos hace partícipes en su descripción de sus investigaciones (pp. 238-9, edición de 1871): El clero maronita se compone de un patriarca (el de Antioquia), trece obispos y seis mil seiscientos entre clérigos y religiosos regulares, distribuidos en cuarenta y cinco conventos rurales ó urbanos. Esta clase es la más instruida; pero su instrucción se reduce al catecismo, á la teología y al cabal conocimiento del árabe; en una palabra, han estudiado el náhu, es decir, la gramática del idioma en su mayor pureza. Algunos hay que, educados en la Propaganda de Roma, se distinguen de los demás por su erudición. La liturgia de los Maronitas, como la de los griegos católicos y de los armenios, ofrece algunas variantes respecto de la nuestra. La misa, por ejemplo, se dice en siriaco, idioma, como hemos advertido, desusado tiempo há; es más larga y varía un tanto en la forma; el Evangelio, no obstante, se lee en árabe y en alta voz, para que el pueblo lo entienda, y en lacomunión se advierte la singular diferencia de que mascan la sagrada forma. El capítulo séptimo trata sobre la Mezquita de Hebron, edificio importante entre otras muchas cosas por guardar los sepulcros de Abraham, Isaac y Jacob, y al que prácticamente ningún cristiano había tenido acceso, a causa, según él, del fanatismo de sus habitantes. En su descripción enumera eruditamente distintos autores de la Antigüedad y medievales que han Fernando Escribano Martín 796 tratado el edificio, incluido Ibn-Batuta, quien lo visitó y describió más de quinientos años antes que él. Busca después sus orígenes, y realiza una completísima descripción del edificio, incluyendo trascripciones y traducciones de textos, que le ayudan sin duda a desarrollar mejor sus tesis, pero también a mostrar mejor el templo al lector, haciéndole de algún modo partícipe. En el texto lo narra sólo en parte, y es que tuvo problemas para entrar en el templo pues no era tal hecho del agrado de la población musulmana, llegándose a montar un tumulto para impedir su entrada, pese a venir invitado por las autoridades. En otro campo hemos de señalar que este incidente le costó un conflicto con su superior, pues mientas éste le reprochaba su falta de celo por el incidente sucedido, el Ministerio le felicitaba por aprovechar las posibilidades de acercamiento, de modo que se vio entre dos frentes, por un lado su superior agraviado, por otro lado felicitado por el ministerio, y creo que él con una sonrisa en los labios pues, pese a todo, pudo contemplar un edificio velado a los cristianos. De este capítulo vamos a entresacar el párrafo en el que se escucha hablar en castellano y concluyendo que son mujeres judías, señala en nota que «en Oriente, y sobre todo en Constantinopla, Esmirna, Jerusalén y Hebron, hay muchos judíos de origen español, que aún conservan el idioma», es decir, que aporta un nuevo testimonio de los judíos sefardíes. Inmediatamente a estar haciendo este comentario, parece, es requerido para entrar en el templo, y refiere aquí sólo de pasada el conflicto que desencadenó su presencia en el mismo (pp. 307-8): Hiciéronme entrar por la puerta de la derecha, que mira á una especie de plaza mal alineada; pero, al subir seis anchas gradas semicirculares, reparé en la izquierda cierto número de mujeres que rezaban por turno, poniendo la boca en un pequeño agujero que habia en tierra, en el mismo muro del edificio; y yo, sin pensalo, hube de mirarlas muy de fijo, cuando oí decir en nuestro idioma: «Nos ha topado en devoción y se maravilla.» Entonces les dirigí la palabra también en castellano, y vine á saber que nopudiendo ellas, por ser judías, entrar en la mezquita, rezaban en el agujero Gaquel, que va á dar al sepulcro de Abraham. Yo hubiera seguido la conversación con gentes de tan inesperado encuentro; mas el xeque ó administrador del santuario, advertido que habia llegado, mandó abrir la puerta, y al instante me descalcé; entré, siguiéronme dos guardias que traia, y volvieron á cerrarla precipitadamente, quedando fuera buen número del profanum vulgus, maldiciendo á los cristianos y la hora en que habia venido. El otro libro que publicó Rivadeneyra, en Madrid, en 1881 y en tres tomos, es su Viaje al interior de Persia. Había sido enviado a la entonces Persia, hoy Irán, para, a través de una legación que se creo al efecto, aprovechar los acuerdos que se habían firmado entre ambos países y, con la misión entre otras, de estudiar las posibilidades comerciales que se podrían abrir a España en aquel país. Una vez aceptada la misión, buscó asesorarse con el representante persa en París, el general Nazar Aga, previas consultas de la embajada española en Francia. Este sería de hecho la primera etapa de su viaje, y del general obtuvo indicaciones para el viaje, instrucciones de todo tipo, y distintas cartas de recomendación. En el libro, que como ya hemos dicho vino publicado en tres tomos, creo que pueden verse dos partes, una primera que narra su viaje hasta Teherán, y la gestión de la empresa, el tomo I; y una segunda en la que describe su viaje por Persia, y su posterior regreso a España, los tomos II y III. El material que Rivadeneyra presenta tiene fiel reflejo, al menos una parte del mismo, en documentos que fue enviando al Ministerio. Yo estoy convencido de que el vicecónsul, una vez de regreso de su misión, ya cesado, con un gobierno distinto del que le nombró, y ante la imposibilidad de que le publicasen sus investigaciones tal y como le habían prometido, y que sería parte de su misión (al fin y al cabo iba a abrir caminos para una expansión comercial de España en Persia) decidió publicar él mismo este libro, donde recoge de nuevo multitud de aspectos y temas distintos integrados en un libro de viaje, con el añadido esta vez, de completos estudios que le servirían a cualquier posible comerciante en Irán: trasportes, características de las ciudades, su clima, qué productos comprarían, cuáles venden, aspectos de protocolo y comportamiento... Como venimos repitiendo, su trabajo diplomático, una viva afición a la búsqueda del conocimiento, al descubrimiento de las personas y de los lugares, de los espacios que descubría y que buscaba recorrer, hicieron de Rivadeneyra un consumado viajero que nos legó sus experiencias a través de múltiples canales. El recorrido que le llevó de Madrid a Teherán, además de en la parte correspondiente de su Viaje al interior de Persia, lo explicó ampliamente en la «cuenta de los gastos que ha ocasionado su venida a Teherán...», informe que fechó en la capital persa el 15 de mayo de 1874, y que junto a una «Relación del itinerario que ha seguido el Vicecónsul de España en Teherán para trasladarse á su destino», donde lo desarrolla mejor y más extensamente, remitió al Ministerio de Estado, en el cual fue aprobado y en cuyo Archivo se conserva. TINERARIO aje al interior El primer documento va explicitando gastos de viajes, estancias y trasportes que hubo de cubrir con el dinero recibido del Gobierno (veinte mil reales, es decir 5.208 francos) desde su salida de Madrid el día 5 de febrero hasta el 11 de abril en que tomó posesión de su destino. El documento marca cuatro etapas, las mismas que vamos a seguir aquí. El primer destino es París, donde se dirige, como ya hemos contado, tras consultas previas realizadas por personal de la embajada, para entrevistarse con el general Nazar Aga, representante persa ante Francia, en búsqueda de consejos sobre el viaje, para conocer mejor la corte persa, y para obtener cartas de presentación que le ayudasen en su misión, todo lo cual obtuvo. En París permaneció ocho días y de allí, en cinco días, pasando por Viena, donde descansó uno, llegó a Constantinopla. De aquí a Goti, en los vapores de la Compañía rusa de navegación y de comercio, donde finaliza esta primera etapa, y donde pernocta dos noches. De Goti marchó a Tiflis, y hubo de pagar por exceso de equipaje, pues llevaba 112 kilogramos. Hasta Tiflis, final de esta segunda etapa, donde permanece diez días, anota un almuerzo en Kutaïs y una comida en Gori. Desde Tiflis no pudo realizar un viaje directo hasta Teherán por las barreras de nieve y las temperaturas de 28 grados bajo cero que se lo impedían. Así que hubo de buscar otro itinerario. El viaje de Tiflis a Bacu, tomando sólo la referencia del documento que manejamos, demuestra ser más duro que el precedente. Alejado de rutas organizadas en este trayecto, lo cubre en treinta y dos estaciones, a cuyos treinta y dos cocheros da propinas. Previamente señala la compra de provisiones para el camino, además de una piel de carnero y botas de lo mismo para abrigo en el coche. Entre Elizabelpol y Bacu hubo de contratar caballos extra, e incluso pagar el unto para los ejes del coche. En Bacu permaneció seis días, y hubo de recibir cuatro visitas del médico. Una vez recuperado marchó a Enzeli, final de esta tercera etapa, y donde sólo permaneció un día. Vamos a entresacar un párrafo de la «Relación del itinerario...» para observar como trabaja Rivadeneyra. En el fondo, este informe tan explícito y detallado que envía al Ministerio no es sólo una descripción extensa del recorrido establecido, o una ampliación que justifique la cuenta de gastos que le acompaña, sino que está dando instrucciones precisas a un posible futuro viajero a Irán sobre el trayecto a elegir, indicando las distintas posibilidades y qué ventajas o inconvenientes puede tener cada una, bien por el tiempo que pueda tardar, bien por las dificultades geográficas o climáticas a superar. Va más allá, y habla de los permisos que se deben obtener para recorrer el territorio, dando las distintas posibilidades en función de la condición del viajero, y su costo, de modo que en lo que nosotros vemos hoy como un atractivo relato, se encuentran cumplidas instrucciones necesarias para cualquier viajero, y también para cualquier comerciante. Descartado pues el camino directo de Tiflis á Teheran, veamos el modo de ir á Bacu, dejando sentado desde luego que en la mayor parte de las vias que cruzan el Cáucaso, y son monopolio del gobierno ruso, no existe servicio regular alguno que permita viajar en tiempo limitado, y por consiguiente sin grandes desembolsos. La persona que pudiera trasladarse de un punto á otro, debe ante todo pedir á las autoridades un documento llamado padarochna, permiso indispensable para tomar el número de caballos que en él se indique, y hasta para entrar en una parada cualquiera. Lo hay de diferentes clases: el padarochna chazna, o civil, cuesta dos rublos por cada cien verstas, el padarochna cazolnaya ó de la corona, se dá gratis á las personas revestidas de carácter oficial, así nacionales como extranjeras, y tiene sobre el anterior la ventaja de dar preferencia para el cambio de los tiros de caballos; finalmente hay el padarochna de correo, que no solo tiene prioridad sobre el anterior, pero aun da derecho á seis caballos, que los contratistas han de tener expresamente reservados, además de los 24 de que puede disponer el público. La última etapa le lleva de Enzeli a Geribasar, y de aquí a Recht, en cuyo consulado ruso termina de arreglar documentos. Para marchar de Recht a Teherán alquila cinco caballos y dos sillas de montar, donde llega como hemos citado el 11 de abril, habiendo gastado en total, desde Madrid, cuatro mil ciento veinticuatro francos de los cinco mil doscientos ocho francos confiados por el Gobierno. Y concluye con una especie de resumen que a mí me parece especialmente interesante. Concretando en breves palabras las consideraciones á que se presta el itinerario de Madrid á la capital de la Persia, convendrá decir, que viniendo en invierno, el término de 58 días es un término sumamente breve: á Tiflis, en verdad, puede llegarse en 22 días, pero de aquí en adelante, es imposible fijar plazo, porque estará siempre sometido á circunstancias imprevistas. En verano, por el contrario, se va cómodamente en un mes de Tiflis á Teherán por la vía de tierra, y en muchos menos por la vía de mar, pues entonces las comunicaciones entre Bacu y Enzeli, en vez de ser quincenales, son semanales. Pero en esta misma estación hay otra vía más corta y sobre todo más barata, pues viene á costar la mitad de lo que se gasta atravesando el Caucaso, que es ir en camino de hierro hasta Traritzin, Adolfo Rivadeneyra, un diplomático español.. bajar el Volga hasta Astracan, y de aquí á EnzelL De la suerte puede venirse desde Madrid á este último puerto en 18 días mediante unos siete mil reales, y habría podido llegarse á Teheran en algunas horas más, á no haberse frustrado, como desgraciadamente parece estarlo, el proyecto de establecer vias férreas desde el Caspio al Golfo Pérsico; mas también es preciso advertir y tenerse muy presente, que este camino, el más corto y el menos caro, lo rehuye casi todo el mundo para no atravesar el fuilan en tiempo del calor, porque entonces es casi seguro caer víctima de las fiebres intermitentes y tifoideas, tan malignas y tan pertinaces, que sus afectos suelen sentirse por espacio de muchos meses y a veces de años. Tales son, en resumen, las noticias que más se relacionan con la materialidad del viaje de Madrid á la capital del Reino de Irán. En Teherán, como también hemos ya indicado, permanece cinco meses, que le sirven para aprender el persa, para documentarse sobre el país, su economía y su historia (envía diversos informes al ministerio) y para preparar mejor el viaje que le permitirá cumplir su misión de la mejor forma posible, y que le llevará a recorrer todo el estado iranio según el mapa que él incluyó en el tomo III de su libro y que nosotros reproducimos en este texto. El relato de Rivadeneyra nos introduce en el mundo que él está viviendo, y le da pie para tratar distintos temas, donde muestra su erudición histórica, su conocimiento de las ciencias que se desarrollan en su época, y también una investigación de campo en aspectos etnográficos. En un episodio en el que narra cómo le intentan vender distintas monedas, y de las que plantea un completo estudio histórico, él narra cómo empieza a tener ya importancia el comercio con antigüedades o supuestas antigüedades, y cómo las mujeres, en este caso judías, han de cumplir las normas estéticas del país (pp. 63-64, tomo II): Un labrador encontró aquí cerca una pequeña medalla de oro, que vendió á un judía mediante dos arrobas de trigo; que vendió á un judío mediante dos arrobas de trigo; el judío la vendió á un correligionario en cinco tomanes, y éste en diez á un comerciante árabe, de cuyas manos, pasando por otras, fue la medalla a parar al Museo Británico á cambio de muchas guineas. Llegó esto a saberse en Hamadan, y desde entonces, el que encuentra la cosa más insignificante le atribuye el valor de aquella medalla, y para no equivocarse, principian pidiendo doscientos duros. Al preguntar á mi vendedor el motivo porque andaban tapadas delante de mi las mujeres de la casa, contestó que así lo exigen los persas; pero no tuvo inconveniente en que se descubrieran para que yo las viese, en lo cual salí poco ganancioso. Los aspectos a destacar de un libro tan largo, pero sobre todo tan intenso son miles, y nosotros aquí sólo pretendemos hacer una presentación del autor, del espíritu que gobernaba su viaje, que tiene fiel reflejo en sus libros, siendo sin duda en el propio libro donde el lector va a disfrutar del relato del viajero. A este respecto debemos señalar que sólo está disponible en el mercado la edición de Laertes del primer libro, en cuya reedición completa se está trabajando actualmente, siendo sólo posible encontrar el Viaje al Interior de Persia, y no fácilmente, en el mercado bibliófilo. Adolfo Rivadeneyra fue un personaje muy destacado en los campos diplomático, orientalista, editorial y cultural de la España del siglo XIX. Sentó las bases de instituciones como la Sociedad Geográfica de Madrid o participó de otras como la Academia de la Historia, en un afán de hacer partícipe a su país del mismo impulso científico que animaba y se extendía por Europa. Pretendió incluso crear una escuela de viajeros españoles que narrasen sus recorridos, de forma que no se tuviese que depender siempre de los textos de viajeros extranjeros, los mismos que traducía su amigo Francisco García Ayuso. Su labor a favor del desarrollo de las ciencias humanistas y del progreso de su país, de forma destacada del Orientalismo, pese a su aparente falta de continuación inmediata, hacen de él un referente destacado para los que hoy continúan su trabajo. Adolfo Rivadeneyra logró unir su trabajo como diplomático a su amor por el Oriente, fue de hecho también un hombre entre dos mundos, el occidental y el oriental, y desde la óptica del primero intentó trasmitir su amor por el Oriente a sus conciudadanos. Creo que lo consiguió, y lo muestra en sus libros.
profundiza en su mentalidad y en las impresiones que causaba el Oriente en los viajeros occidentales de entonces. En aquel entonces corría la canícula de 1871 y alboreaban los primeros meses del reinado, a la postre efímero, de Amadeo I de Saboya\ cuando el Gobierno de S.M. despachó a los mares del Levante la fragata blindada Arapiles. Aunque los motivos de la expedición, por R.O. de 10 de junio de 1871, fueron eminentemente políticos y patrióticos y vagamente comerciales^, en el sentido de hacer visible la presencia española en Oriente, mostrando la enseña nacional, y de valorar las posibilidades de intercambio mercantil con el Mediterráneo oriental, a través de la firma de diversos tratados internacionales; a bordo de la Arapiles embarcó también una (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://arbor.revistas.csic.es José Pascual González 806 Comisión científica que tenía como finalidad dotar al entonces recién fimdado Museo Arqueológico Nacional (1867) de piezas procedentes de dicha zona. Dicha Comisión, nombrada el 13 de junio de 1871, estaba compuesta por tres miembros: D. Juan de Dios de la Rada y Delgado^, presidente de la Comisión y que habría de escribir una voluminosa obra sobre el viaje^, D. Jorge Zammit y Romero, secretario de embajada, en calidad de intérprete, por la gran cantidad de lenguas que dominaba^, y D. Ricardo Velazquez y Bosco, académico de la Real de San Fernando, como dibujante y fotógrafo^. Los comisionados partieron de Madrid por tren camino de Nápoles, donde estaba entonces atracada la ñ'agata, ya que había asistido a la Exposición Marítima, que se había celebrado en dicha ciudad y a la que llegan el día 6 de julio. Uno de los primeros y más graves problemas al tuvieron que hacer fi-ente los miembros de la Comisión ftie la penuria de medios económicos. Para sus dispendios se libró la suma de 2.500 pesetas, extraídas del fondo de 50.000 pesetas que tenía el Ministerio de Fomento para obras y adquisición de objetos del MAN^. Con esos magros fondos no sólo se debían pagar las dietas de los miembros de la Comisión (quince pesetas diarias para Rada, otras tantas para Zammit y diez pesetas para Velazquez) sino también los demás gastos, compras de objetos incluidas. Sólo las dietas, en los ochenta y seis días que duró el viaje, ascendían a 3.440 pesetas, por lo que no se puede hablar en realidad sensu stricto de una partida para la adquisición de piezas. Como era previsible, muy pronto se quedaron sin dinero. El 27 de julio, a las tres semanas del comienzo del viaje, el Comandante de la fragata, D. Ignacio García de Tudela, ha prestado a los comisionados mil francos de la Caja del barco, unas novecientas cincuenta pesetas^; el 12 de agosto dicha cantidad había ascendido ya a tres mil francos. A menos de un mes de la partida, en el barrio de Pera, en Constantinopla, los miembros de la Comisión envían sendos telegramas en demanda de fondos, a D. Sergio Sálvez, habilitador del MAN (4An: iI/1871), y al propio Director, D. Ventura Ruiz Aguilera {5/Vni), el dirigido al Director es llamativamente dramático: «fondos cero ayúdenos Ministro con su legítima influencia». Sus solicitudes jamás fueron consideradas^. Esta escasez de medios económicos hizo prácticamente imposible toda compra y obligó, incluso, a recortar la estancia en cada puerto^^. Dicho de una manera breve, en la expedición concurrieron objetivos muy diversos, insuficiencia de recursos económicos y escasez de tiempo, elementos que nunca deben dejarse de lado a la hora de valorar sus re- Don Juan de Dios de la Rada y Delgado y lo expedicionarios. sultados. De hecho, en rigor, no puede esperarse poco más que un viaje de exploratorio. La fragata salió de Nápoles en la madrugada del 7 de julio de 1871. Antes de su llegada a Tierra Santa tocó los puertos de Nápoles, Mesina, Siracusa, El Pireo, Besika, Constantinopla, Esmirna, Quíos, Samos, Rodas, Larnaca y Beirut. Centrémonos en la estancia en Tierra Santa. La Arapiles arribó al puerto de Jafa, procedente de Beirut, con el crepúsculo del 30 de agosto de 1871, aquí habría de permanecer anclada hasta el 3 de septiembre, con el fin de que los miembros de la comisión y una pequeña parte de la dotación visitasen Jerusalén y Belén. Durante la travesía de Beirut a Jafa, con la vista puesta en el rectilíneo litoral palestino por la banda de babor. Rada principia su relato sobre Tierra Santa: «Henos aquí ya delante de palestina, aquella comarca tan llena de recuerdos para el historiador, para el arqueólogo, para el artista y sobre todo para el cristiano» (Viaje a Oriente, III, 67). Si a lo largo de su obra. Rada vuelve, una y otra vez, sobre el Cristianismo católico, que forma parte consubstancial de su pensamiento; en Tierra Santa este catolicismo se torna especialmente vivo y marcará profundamente su estancia. En estos días el estudioso, el científico, el erudito, el arqueólogo, aunque sin olvidarse de ello, cede ante el creyente, de modo que, su estadía en Tierra Santa es, fundamentalmente, la de un peregrino al que la fe condiciona, cuando no determina, no sólo su relato sino también las opciones sobre los lugares que han de visitarse y estudiarse. Rada procede después de una manera sistemática, describe la geografía palestina, especula sobre su nombre que «se cree que provenga de los Philistinos y la tierra de Cham o Cannam» (III, 67-68) y pasa a definir las grandes etapas de la historia de Canaam: los patriarcas, de Abraham a Moisés; desde la salida de Egipto y el establecimiento de la Monarquía; la época de la Monarquía; el cisma de la separación entre Israel y Judá hasta la Cautividad de Babilonia en 606 y, por último, desde Nabuconodosor a Adriano (III,(68)(69). Al narrar el período monárquico. Rada señala, como uno de sus elementos definitorios, que «el genio comercial de los judíos, estimulado por sus relaciones con los fenicios, presentaba cada vez más dilatados horizontes de engrandecimiento y prosperidad» (III, 69). Este pequeño comentario acerca de las relaciones establecidas entre fenicios y hebreos en época de Salomón, puede servir muy bien para introducirnos en otro aspecto esencial del pensamiento de Rada, el liberalismo. Ya al principio de su obra ha afirmado la doctrina liberal con la importancia del ahorro y del capital y así «con la moneda el hombre conoció el José Pascual González 808 ahorro, y con el ahorro el capital; y con el capital la poderosa palanca de la actividad humana, en todas sus manifestaciones» (I, 10), insiste también en el liberalismo siempre a lo largo de su estancia en Palestina y en las propias conclusiones de su obra «manifestando nuestra creencia de que nuestro porvenir es en Oriente; que debemos esforzarnos por dirigir hacia allí nuestro comercio, favoreciendo los cambios de producciones con liberales reglamentos, y quitando trabas a la navegación» (III, 222)^^ Es necesario apuntar que el pensamiento liberal de Rada alcanza esencialmente a su vertiente económica;^ así, reconoce la importancia del ahorro, del capital y del trabajo que deben aunarse en la producción de manufacturas de buena calidad y a buen precio (III,(221)(222); todo lo cual necesita, además, de medidas de corte liberal y hasta librecambista como son la reforma de todos los reglamentos y muy especialmente un decidido impulso a la libertad de navegación. En el estado atrasado de la España de la época, su liberalismo hace hincapié más en el auge del comercio que en la industrialización, defiende la necesidad del comercio como elemento esencial y dinamizador de la riqueza y propugna encendidamente que España establezca amplias relaciones comerciales el Levante lo que favorecerá, finalmente, la industria. En su concepción económica liberal. Rada se muestra avanzado con relación a las tendencias proteccionistas que respaldaban los sectores conservadores coetáneos. Nuestro viajero sigue narrando la división provincial romana de Palestina de la época de Diocleciano y la dominación árabe, a partir de 636, trata los cruzados brevemente, y llega a la época turca. En 1871 Tierra Santa constituía la provincia de Jerusalén, en el eyalato de Damasco. Jafa era entonces el puerto al que arribaban los peregrinos que se dirigían a visitar los Santos Lugares, contaba con unos seis mil habitantes y era un espejo de la diversidad que, con diferencias en cuanto al porcentaje en cada lugar, caracterizaban Palestina: las dos terceras partes eran musulmanes y el tercio restante estaba formado por una mezcla de griegos, latinos, hebreos, unos cuatrocientos, y algunos maronitas y protestantes. Tras atracar en el muelle de Jafa, el Vicecónsul de España en la ciudad, un judío sefardí que hablaba un español anticuado (III, 79) acude a bordo para recibir a los expedicionarios. El Vicecónsul ha organizado ya el viaje a Jerusalén y les acompañará. A pesar de la situación retardada de España y de los nulos contactos entre el Oriente y la Península, y si bien mal pagados y, a veces, en misérrimas condiciones en llamativo contraste con sus colegas europeos, una de la características observable a lo largo del viaje de la Arapiles es la red consular, verdaderamente notable, con que contaba el servicio exterior español. José Pascual González 810 Jafa es motivo para Rada de exótica descripción pintoresquista: «edificada sobre una colina avanza hacia el mar y parece proteger una ruinosa ciudadela con algunos antiguos cañones y restos de almenados muros, como la mayor parte de las poblaciones del imperio turco, tan pintoresca apariencia, a que contribuyen las cupulitas que tienen casi todas su casas y al estar agrupada en anfiteatro, oculta calles miserables y sucias, si bien sus alrededores están cubiertos de frondosos huertos y jardines quejustifi-' can su antigua denominación (Joppe: hermosa)» (III, 70). Rada refiere luego su historia, sus facilidades portuarias y los productos que exportaba (sésamo, trigo, algodón, y naranjas). A pesar de su pobre aspecto contaba con una estación telegráfica, con vapores correo regulares con Occidente, y, en el marco nuevamente de su pensamiento liberal, nos dice que Jafa «daba indicios de entrar en vías de adelantos y engrandecimiento y el comercio empieza a dejar sentir en ella su benéfico influjo» (III, 73)^^. Como en la práctica totaHdad de los lugares que visitan. Rada y el resto de los expedicionarios contrastan el aspecto externo y encantador de las ciudades del Oriente con su suciedad y nos devuelven la sensación de agobio, con sus callejuelas empinadas, estrechas y sinuosas, que el urbanismo árabe produce en los occidentales^^. En Jafa, los expedicionarios son recibidos en el convento de San Juan de los Franciscanos que, como todos en Tierra Santa, tiene la doble misión de evangelizar el país y de hospedar a los peregrinos. Los expedicionarios parten a caballo de Jafa a las tres tarde del día 30 de agosto de 1871 guiados por el Vicecónsul español; el grupo está compuesto por quince personas entre los que figuran los tres de la Comisión, el capellán de la fragata, el Comandante y su mujer, D^ Fernandina Casariego, que había embarcado en mayo en Barcelona. El resto lo forman miembros de la tripulación, quizá en buena parte oficiales, que sirven de escolta y protección ya que los expedicionarios temen a los salteadores, principalmente beduinos, y a las fieras salvajes^^. Su intención es recorrer las quince leguas que separan Jafa de Jerusalén (III, 74), unos 83,5 kiló-metros^^, en poco más de un día y medio. La mayor parte del trayecto se realiza de noche con el fin para evitar el calor del verano palestino y de aprovechar la luz diurna en los sitios que han de visitarse. Atraviesan la llanura de Sarón, alabando la belleza de las huertas y de campos de frutales especialmente naranjos y granados que se encuentran a su paso (Tudela, 1873, 38). Superan la llamada Casa de Tabita (III, 75)^^, dejan a la izquierda la aldea de Yazar y, poco después, alcanzan un pozo llamado la Fuente del Plátano, no lejos del camino que va a Gaza (III, 76). De acuerdo con Rada, desde la misma fuente parten los dos caminos Don Juan de Dios de la Rada y Delgado y lo expedicionarios... que llevan a Jerusalén, uno a través Lydda, la actual Lod, en el norte, y otro por Ramla hacia el sur. Nuestro grupo elige el camino de Ramla que corresponde aproximadamente a la actual carretera nacional n° 44 que parte de Jafa y luego toma, en las afueras de Ramla, la ruta n° 424, que se une, finalmente, a la autopista n^ 1 a la altura de Emaús-Nicópolis. Tras pasar la aldea musulmana de Sarfand, a una media hora de Ramla, que, según'Rada, es la antigua Geth o Geath, «patria de Goliath, aunque también se dice que estuvo en un hermoso pueblo de la extremidad de la llanura de-Sarón» (III, 76)^^, llegan, a la nueve de la noche, después de seis horas de trayecto, a Ramla o Ramatha, de acuerdo con Rada, la antigua Arimatea (III, 76)^^. Ramla o Ramleh, pobre y sucia, contaba entonces con cuatro mil habitantes de los que únicamente sesenta eran católicos. Aquí descansaron durante tres horas en el convento de los Franciscanos, donde cenaron y visitaron la iglesia y la capilla de San Nicodemo. En este convento el Padre superior y otros dos monjes eran españoles y el resto italianos: «el Padre Superior nos enseñó la iglesia, que ofrece poco de notable al artista y al arqueólogo, y en ella vimos con placer diferentes ornamentos que procedían de España y estaban marcados con el escudo nacional» (III, 77). Como en otros lugares. Rada no deja nunca de dar muestras de patriotismo señalando los recuerdos de la patria que se van encontrando por el camino, por nimios que éstos sean. Ahora bien, a pesar de su patriotismo. Rada y el resto de los expedicionarios son plenamente conscientes del atraso de España, y proponen siempre soluciones cuales son el comercio con el Oriente, siguiendo el ejemplo italiano, dejando de lado los intercambios poco productivos con Cuba y las Filipinas y, como ya tuvimos ocasión de considerar, el desarrollo económico en sentido liberal. A medianoche salen de Ramleh, quedarán por delante más de ocho horas para recorrer los sesenta y dos kilómetros que les separan de la Ciudad Santa. A lo largo de estas horas. Rada comienza a experimentar un fuerte sentimiento cristiano, mostrando también, como era propio de la época, un amplio conocimiento de la Biblia. Rada va «evocando los recuerdos que a cada momento despiertan aquellos parajes en la memoria de los que tenemos la fortuna de haber nacido y de vivir en la comunión de Jesucristo» (III, 79). Atraviesan la aldea musulmana de El-Kubab que, según Rada, se cree ocupaba el sitio de la antigua Cobe del Talmud, en los límites de Israel y los filisteos^^; avistan, al este, al pie de la montaña, la aldea de Beit-Nuba^^, la antigua Nobe, y se llegan luego a Latrún, la acrópolis de la antigua Emaús-Nicópolis, donde Rada nos indica que «Bien hubiéramos querido visitar en Latrun los restos de una José Pascual González 812 antigua iglesia, cuya construcción data de los primeros siglos del cristianismo [...], pero la noche y la rapidez de nuestra marcha nos lo impedían» (III, 79)^^ Aquí, como en otras muchas dpasiones. Rada se refiere al escasísimo tiempo con que cuentan para explorar cada sitio lo que apenas permite otra cosa que señalarlo. En Latrún, dejan atrás la llanura de Sárón y se internan en las montañas de Judea en la región conocida como Shephelah. «Más allá de Latrun el camino continuaba por un valle que en el silencio noche resonaba gratamente con el apacible murmullo de un arroyo, y nuestro bondadoso guía nos enseñó el que llaman pozo de donde nunca falta el agua, aunque no siempre clara, Nuevas torres de guardia pueden tranquilizar al viajero en esto valle, y continuando la marcha encontramos una espaciosa cabana, que nos recordaba los ventorrillos Andalucía, y que llaman Bab-el-Uaeli, ó puerta del Valle, donde, verdaderamente cansados, hicimos alto, desmontándonos de los caballos, tomamos sandias y café á la turca, que es todo lo que encontramos en aquel pobre asilo» (III, 80). A lo largo de toda su obra, Rada se preocupa también por relatarnos la situación actual del postrado Oriente (I, 9) y, de esta manera, traza lugares, costumbres, ropajes, objetos, personas del momento de su viaje. Su relato, que alcanza una indudable altura literaria^^, trata de sumergirnos completamente en el Oriente, que veamos y, además, que escuchemos los sonidos y percibamos los perfiímes de cuanto sale a su encuentro. Así, ante nuestros ojos asombrados no sólo se presentan los vestigios procedentes de la Antigüedad y la Edad Media, sino que también desfila el Levante viviente, un universo abigarrado, complejo, que se muestra de manera diferente, y un tanto ilógica e impredecible, para un occidental. El Oriente es distinto, pero, sobre todo, extraño. Finalmente como andaluz de Granada, Rada no deja nunca de señalar las similitudes que observa entre el Oriente y Andalucía. Pasan después Kariath-el Enab, donde estuvo la bíbhca Kariath Yarim (Eli, 81)^^. A poco de abandonarla llegan a Castal (III, 81), una fortaleza construida por Vespasiano. Posteriormente, cruzan el torrente Terebinto, donde David cogió las piedras para acabar con Gohath, y se hallaba la antigua Ain Neftoa^'^. Clareaba ya la albada del día 31 de agosto, cuando los expedicionarios se encontraron con el Cónsul de España en Jerusalén, el Conde de Casa-Sarriá, que venía a recibirlos en compañía del vicecónsul Sr. Espagnolo y de todo el personal de la legación. Tras descansar brevemente, durante una hora, reemprenden el camino de Jerusalén, pasan Colonia^^ y, a las ocho y media de la mañana, por fin, alcanzan la Puerta de Damasco y entran en la Ciudad Santa, donde son acogidos por el Custodio de Tierra Santa y los Padres del convento de San Salvador. Don Juan de Dios de la Rada y Delgado y lo expedicionarios... A la vista de Jerusalén, Rada entona una suerte de canto a una ciudad que «inspira al alma tal sensación de sublime entusiasmo, que aquella soledad aparece para el creyente poblada de recuerdos inmensos y de eternas esperanzas» (III, 85). Repasa después, de forma breve, la historia de la ciudad, explica su topografía con ayuda de Josefo (III, 86) y señala el estado de abatimiento y ruina en que se encontraba en su época (III, 87). Ya en Jerusalén, Rada describe en primer lugar la Vía Dolorosa^^ «s¿guiendo paso a paso las terribles escenas del inmenso y divino drama de nuestra Redención, el camino inmortalizado por Jesucristo al dirigirse desde el pretorio de Pilatos hasta el Calvario, cuya distancia es próximamente de un kilómetro» (III, 89). En una forma algo confusa. Rada menciona primero la Puerta de Sion, la Casa de Caifas, lugar de un convento armenio (III, 89) y la capilla del Gallicantus, justo al sur de la ciudad y muy alejadas de la Vía Dolorosa, y luego nos introduce ya en dicha Vía a partir del Arco del Ecce Homo, donde la tradición situaba la primera estación y «sobre el cual según la tradición Pilatos mostró a Jesús al pueblo» (III, 90)^^, que formaba parte, según Rada, del Pretorio, alguno de cuyos restos pueden verse en el anejo convento de las Hermanas de Sion. Pasa la Iglesia de la Flagelación, de los padres franciscanos, con la Capilla de la Coronación de Espinas, «en el lugar donde los flagrum de los soldados hicieron correr la sangre purísima del Hijo de Dios» (III, 91) y llega al cruce de la Vía Dolorosa con la calle que parte de la Puerta de Damasco, donde se sitúa la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores. Después alcanza las ruinas de la llamada Puerta Judiciaria, donde «no tiene la Vía dolorosa linea fija y demarcada por la tradición» (III, 92) y conjetura «que seguiría derechamente hasta el sitio donde se alzó el redentor suplicio» (III, 92). Rada termina su narración de la Vía Dolorosa con la historia del Calvario. Como podemos observar, en una de las principales características de su narración sobre Tierra Santa, Rada recoge en todos los lugares la tradición cristiana y no sólo la acepta, sin criticarla en ningún momento, sino que, además, sus explicaciones tienden a probar siempre la veracidad de dicha tradición. El relato de Rada alcanza finalmente el Santo Sepulcro^^. Como es habitual, Rada procede de manera sistemática describiendo, en primer lugar y de manera bastante exacta, la historia del Santo Sepulcro desde Constantino, la devastación de los persas en 614, la destrucción del califa Al-Hakem en 1009, la posterior reconstrucción, culminada en 1048, y las obras de los cruzados que le dieron su forma definitiva, reuniendo las tres iglesias anteriores, Santo Sepulcro, Calvario e Invención de la Cruz, en una sola. Los expedicionarios recorren la compleja iglesia del Santo Sepulcro y escuchan misa en el Edículo del Santo Sepulcro; para Rada es el momento culminante de su visita a Jerusalén^^, el de la plenitud mística: «Acabo de llegar de la iglesia del Santo Sepulcro, donde he oido misa, que nos ha dicho el capellán de la fragata, sirviendo de mesa de altar el sepulcro mismo de Nuestro Redentor. Deciros lo que en tales momentos lo que experimenta, es imposible. Sentirse tan cerca del lugar sagrado donde estuvo el Divino Cuerpo del Salvador del mundo; asistir a la misteriosa trasformacion del pan y el vino operada en virtud de las palabras sacramentales del sacerdote, sobre el Santo Sepulcro que encerró en reducido espacio lo que ni en los mundos todos del Universo cabe; [...] verse rodeado de todo lo que recuerda, con la verdad de la historia y de la tradición no interrumpida, aquel drama divino en que había de redimirse para el cielo a la mísera humanidad, eran motivos suficientes para que el corazón latiese con emoción profunda y la inteligencia se abismara en las meditaciones de lo infinito, a que naturalmente conduce el espectáculo de la misericordia divina, tomando sobre sí las culpas todas de la humanidad ingrata. En aquellos momentos mi alma no pertenecía a este mundo» (III, 88-89). Dentro de la iglesia del Santo Sepulcro, en repetidas ocasiones, Rada critica la restauración de los griegos, llevada a cabo entre 1808 y 1810, que son llamados o no unidos o, sobre todo, cismáticos, que tuvo una doble característica: el mal gusto y «la intención de borrar sistemáticamente cualquier signo de latinidad» (III, 90, 103). Y, también, en todo momento, Rada apoya la tradición cristiana. El ferviente catolicismo de Rada se refleja, a lo largo de su relato en muchos aspectos; en primer lugar, en la propia vivencia interior de Rada que llega muchas veces al misticismo, y, además, en la aceptación de la veracidad histórica de la tradición cristiana. Desde sus profundas convicciones católicas, otras religiones u otras divisiones del Cristianismo hallan poca comprensión. Los ortodoxos, a los que llama griegos cismáticos, se ven envueltos en una atmósfera de secta, de ritos semiocultos e incomprensibles y les reprocha su combate contra los católicos. Los musulmanes son igualmente fanáticos y sectarios, sus estructuras son despóticas y sus creencias convierten en sensualismo y materialismo las puras esencias cristianas y llevan a la barbarie y la poligamia. Por último, sobre los judíos sigue cayendo la acusación de haber causado la muerte de Jesucristo y revela el ambiente europeo antisemita de la época que habría de estallar, una vez más poco después, en terribles pogromos como el de 1881 en Rusia. Este cristianismo militante condiciona la propia concepción histórica de Rada. De este modo, la evolución histórica está marcada por una sucesión de culturas y civilizaciones, hasta que «la cruz divina divide en dos el mundo de la historia» estableciendo «la sociedad cristiana, deista, contemplativa, mística, rica en ciencia humana» (I, 23). En su pensamiento la historia es, por tanto, fruto de plan divino y adquiere un sentido providencial, que culminará en la siguiente etapa con el establecimiento de la ñ-atemidad universal, esto es, la reunión de la Humanidad bajo la palabra evangélica, universal, del Cristianismo: «un día en que se realice el gran deseo de unidad humana, formando una inmensa familia con un solo padre que es Dios, pensamiento que sólo está llamado a realizar la Religión cristiana» (I, 9). Si en lo económico Rada se nos muestra liberal, en lo moral y religioso, expone un conservadurismo muy acusado que inserta y une los valores propios de la burguesía de su tiempo, como son el cumplimiento del deber, la confianza ilimitada en los progresos del saber y la bondad de la ciencia y la técnica, en el pensamiento cristiano: «La religion y el deber son las dos grandes ideas sobre que gira la felicidad individual o colectiva del hombre» (I, 25) y: «aquellas benditas hermanas (ciencia, arte e industria), que Dios dejó en el mundo para que engrandecieran al hombre» (1.25). Es precisamente el Cristianismo el que concilia hberahsmo y moral, igualdad y progreso y supone la síntesis y solución a todas las contradicciones. Tras el relato de su visita a la BasíHca del Santo Sepulcro, Rada nos anuncia su intención de no detenerse en ir examinando más iglesias (III, 109) y, a partir de aquí, resulta más difícil seguir su exposición. Parece haberse dirigido hacia la Puerta de Jafa, en el sudoeste, donde señala la llamada torre de David y el lugar del antiguo Palacio de Heredes. Después recorre el barrio armenio, al sur, con la catedral de Santiago, donde destaca los vínculos con España, y quizá saHera por la Puerta de Sion ya que menciona la Tumba de David y el Cenáculo, ambos en el mismo edificio, y la gruta de San Pedro, en la vertiente SE del Monte Sion. Pero, después, nos introduce la iglesia de San Juan Bautista, y la explanada donde estuvo el convento de los caballeros hospitalarios de San Juan (III, 109-112), justo al sur del santo Sepulcro y dentro de la ciudad. Vuelve luego al principio de la Vía Dolorosa donde nombra la Iglesia de Santa Ana y la Piscina Probática o de Bethesda (III,(114)(115), que pudo visitar quizá al día siguiente, 1 de septiembre; en todo caso. Rada hace comenzar aquí la siguiente fase de su estancia en Jerusalén, la visita al Valle de las tumbas y, desde este punto, su relato puede seguirse con faciHdad hasta le final de su estancia en Tierra Santa. Los expedicionarios salen de la ciudad por la Puerta de San Esteban y se dirigen al Valle de Josafat, al sur del cual corre el torrente Cedrón (III, 115). Con el li-bro de Saulcy^^ en sus manos. Rada describe las tumbas más importantes y su relato se convierte en respaldo absoluto de las opiniones de Saulcy. Acuden primero a la Tumba de los Reyes (III, 117-126), aceptando nel parecer de M. de Saulcy, que resueltamente admite perteneció en efecto, a lo antiguos reyes de Judá», entre los siglos X y VI. En realidad está ante la tumba de la reina de Adiabene, de mediados del siglo I d.C. Luego se dirigen a la de Santiago el Menor o del Faraón, donde copia una inscripción que traducirá el Padre Fita (III, 126), del siglo I a.C, y a la Tumba de los Jueces, a un kilómetro al NO de Jerusalén, al principio del valle de Josafat ([II,131). Sigue después la Uamada Tumba de los Profetas (HI, 131), del siglo I a.C, y las tumbas del valle de Ginón (III, 133). Entre los monumentos funerarios exentos describe la Tumba de Absalon que, siguiendo a Saulcy, atribuye efectivamente, a Absalón, hijo del rey David, en realidad es del siglo I d.C. y finalmente, visita la Tumba de Zacarías o de la Mujer del Faraón y que, según Rada, muestra la misma mezcla de elementos arquitectónicos griegos y egipcios de la Tumba de Absalón (III, 138). Dicha tumba se fecha en el siglo II a.C. Su relato, con la minuciosidad que le caracteriza, cae, a veces, en la erudición. Y es queden el período en que escribe Rada, entre 1871 y 1876, nos encontrábamos en un momento fundamental de la investigación histórica, marcado precisamente por la transición de la erudición al positivismo científico y Rada da muestras de ambas cosas, de erudición y de positivismo. Así, en ocasiones hace alarde de erudición, carente de todo sentido crítico, con prohjas explicaciones, escasa investigación metódica y ningún análisis de fuentes. Ello es especialmente grave porque en su obra, debido en buena medida a la falta de tiempo, hay más de trabajo de gabinete, de dependencia de sus fuentes, que de indagación y discusión originales. En otras ocasiones se muestra algo inconsistente y no es fácil conocer los lugares que efectivamente visitó ni su ruta por la Ciudad Santa. Su concepción arqueológica está inmersa todavía en el coleccionismo y el anticuarismo, en la acumulación de objetos descontextualizados, sin método, la mayor parte de las veces por puro esteticismo, por una visión estética de búsqueda de obras bellas. Pero también nos devuelve un incipiente positivismo; de esta manera. Rada se desprende de los relatos de viajes que introducen narraciones inverosímiles, hazañas, peligros y aventuras y en todo momento trata de construir un exposición verosímil, adopta un actitud empírica y una mentalidad científica, que propugna la utilidad del examen in situ con ayuda de planos y dibujos, y desarrolla un método que comienza a ser sistemático, fundado sobre una cronología exacta. Tras la visita al Valle de las Tumbas, se dirigen a la explanada del templo, Haram esh-Sherif, donde Rada enumera minuciosamente las Don Juan de Dios de la Rada y Delgado y lo expedicionarios... diez puertas y las construcciones que rodean el recinto (III,149). En el caso de la explanada es la única vez, y de forma tangencial, que Rada se refiere a «las investigaciones y sondajes de los oficiales de ingenieros de la armada inglesa encargados de explorar Palestina» (III, 148). Describe la disposición general en cuadrilátero del monte Moriah y la mezquita de Omar, cuya planta, un octógono regular inscrito en un círculo de veintisiete metros de diámetro, le sirve para probar el bizantinismo del arte islámico «este monumento bizantino, así en su disposición como en sus detalles, recuerda, por su forma las construcciones poligonales y circulares levantadas por los cristianos en los primeros siglos de la iglesia» (III, 149), y termina con la narración de la mezquita de El Aqsa (III,152). Ese mismo día, primero de septiembre de 1871, los expedicionarios salen a las tres y media de la tarde, bajo un sol ardiente, por la Puerta de Jafa, para recorrer los nueve kilómetros que separan Jerusalén de Belén. Como dice el propio Rada, se trataba de una «peregrinación tan conmovedora» (III, 158) en la que les acompaña un franciscano español, el P. Francisco, que habría de morir pocos años después en unos disturbios protagonizados por musulmanes. Si Rada siente un profundo respeto por los sacerdotes y misioneros de Tierra Santa, en el caso del Padre Francisco, se llega al ejemplo sublime de quien: «puesta en Dios la mira y olvidándose del mundo y de sí mismo, piensa únicamente en la redención de las almas, arrancándolas de las tinieblas de la barbarie, y abriéndoles los hermosos y fecundos caminos de la civilización cristiana en la tierra, y la vida de la inmortalidad en el cielo» (III, 158). Rada evoca en el P. Francisco a Pedro el Ermitaño y los expedicionarios se sienten auténticos cruzados (III,159). El trayecto despierta en los viajeros, nuevamente, los recuerdos bíblicos, el camino que pisaron Jacob y David, los Magos, La Virgen, San José y el Salvador. Así, llegaron al lugar del Reposo de la Virgen o Cathisma^^ y pasaron el monasterio griego de San Elias. Alcanzaron luego el llamado sepulcro de Raquel y entraron poco después en Belén^^. A Rada, Belén le evoca a su Andalucía, «la pequeña ciudad de Judea asentada en una altura y esparcida por la accidentada vertiente de una montaña, con sus casas blancas y sus terrados como los de mi inolvidable Almería, allá en las orillas opuestas del Mediterráneo, Allí está aquel pueblo con que soñé desde niño, y que, cosa extraña, no me pareció desconocido, porque su aspecto era el mismo de los tradicionales Nacimientos de mi católica patrio» (III, 160). Al entrar en la ciudad los viajeros sienten la expansión psicológica, la alegría de encontrarse en una ciudad mayoritariamente cristiana: «nuevas y gratas emociones conmovieron mi corazón. Los habitantes de ella, lejos de ofrecernos las impasibles ó desdeñosas fiso-nomías de los musulmanes, nos miraban con cariñosa solicitud, y hermosas muchachas, con el rostro descubierto, nos ofrecían en limpios canastillos los frutos de sus huertos. Había desaparecido el seco y suspicaz carácter turco. Estábamos entre cristianos» (III, 162). Como cristianos, los belenitas son industriosos y deben su prosperidad a la agricultura y la ganadería, a los muros, «como las paratas de nuestras montañas granadinas» (III, 161), que desvían las torrenteras de las montañas y a la artesanía de recuerdos para los peregrinos que visitan la Basílica de la Natividad. Esta imagen no deja de ser fascinante porque en ella se aunan la Belén real de 1871 y la Belén que debiera ser en la mente de nuestros expedicionarios este es, la Belén de los belenes españoles. Rada narra primero la historia de la Basílica de la Natividad^^. En la Gruta de la Natividad, Rada hace una encendida defensa de la tradición afirmando que «ningún lugar existe en la tierra cuya identidad esté mejor probada que la Gruta de Belén [...] el venerado sitio donde nació el Salvador» y hace profesión de fe en «mística contemplación del inmenso misterio de amor divino, allí realizado hace diez y nueve siglos». Rada inspecciona luego las diferentes capillas subterráneas y examina la propia Basílica señalando el triste estado en que se encuentra, un templo «hoy profanado, invadido por mercaderes y por turcos que se pasean por él fumando sus pipas» mientras «los griegos cismáticos apoderados del edificio, los cuales para las necesidades de su culto, se han contentado con cerrar parte del crucero, adornándole para celebrar sus oficios», y se queja de que «Allí como en tantos otros lugares de la Palestina, los católicos son los únicos que no tienen autorización para erigir altares». Por último, visitan la llamada Gruta de la leche y la Gruta de los pastores donde, como es habitual, Rada sostiene una fe en la tradición sin asomo de duda o crítica. Por la noche nuestros expedicionarios regresan a Jerusalén. Al día siguiente, viernes 2 de septiembre de 1871, Rada y los demás miembros de la expedición se dirigen a ver el Llanto de los Judíos sobre el Muro de las Lamentaciones, donde Rada expresa un antisemitismo cristiano muy propio de la época: «aquel pueblo Deicida en su inmensa e indescriptible pena, que les lleva de nación en nación y de siglo en siglo errantes y sin patria, a pesar de las inmensas riquezas que su codicia consigue acumular en determinadas familias, como viviente testimonio de las narraciones evangélicas, derramando amargas lágrimas en los mismos lugares donde crucificaron cruelmente al Hijo de Dios, que descendió a la tierra para salvarles» (III, 170)^^. Ese mismo día parten para Jafa, a través de la Puerta homónima, camino del monasterio de San Juan del Desierto, a unos siete kilómetros al oeste de Jerusalén, localizado junto a la aldea del mismo nombre^^. Aquí Don Juan de Dios de la Rada y Delgado y lo expedicionarios. hicieron un alto, durante un par de horas, en el convento de los Padres de Tierra Santa, cuyo Superior era español y malagueño. Después reanudaron la marcha; pero, sin guías y en plena noche, se extraviaron de regreso a Ramla: «emprendimos de nuevo el camino a Jafa, sufriendo en aquella noche no pocas penalidades por habernos perdido en medio de barrancos casi intransitables, y habernos visto apunto de caer en manos de beduinos. Cerca del día tuvimos al fin la fortuna de llegar, molidos y con las ropas destrozadas, al convento de Ramla, y después de descansar algunas horas, emprendimos de nuevo el camino a Jafa, donde llegamos cerca de las doce de la mañana, habiendo sufrido en las tristes llanuras que viniendo de Jerusalén preceden a Jafa, terribles momentos de sed y de calor» (III, 175). Es posible que, tras visitar San Juan del Desierto, los expedicionarios trataran de tomar nuevamente la vía que les había traído a Jerusalén pero, sea como fuere, anduvieron vagando al sur de dicha ruta, en torno a la actual carretera n° 395, un camino difícil a través de las montañas de Judea en el que sufrieron bastantes penalidades. A las cinco de la tarde del 3 de septiembre, la fragata abandonó la rada de Jaffa en demanda de Port Said, dejando atrás Palestina. Hacia las cinco de la tarde del día 4 los expedicionarios fondearon en la rada de Port Said (III, 179), de donde levaron anclas el 5 arribando el 7 de septiembre en Alejandría (Tudela, 1873, 45). Desde Alejandría alcanzaron Malta el día 15 de donde parten el 16 para llegar, finalmente, a Cartagena el 22 de septiembre de 1871, dando término, así, a un viaje que fue, y sigue siendo, extraordinario y fascinante. ^ RADA y DELGADO, J. de D. ( 1876): Viaje a Oriente de la Fragata «Arapiles» y de la comisión científica que llevó a su bordo, Barcelona, 3 vols. Contamos además con las siguientes pubHcaciones: GARCÍA de TUDELA, I. ( 1873): Anuario del Depósito Hidrográfico, 1 y ss.; ESTRADA CATOIRA, R. ( 1923), «Recuerdos de un tiempo viejo». General de la Marina, 447-467 (en 1871, Estrada es guardia marina a bordo de la Arapiles); MORENO de la TEJERA, V. (s.f.): Diario de un viaje a Oriente, Argel, Nápoles, Pompeya y el Vesubio, Sicilia, Grecia, el Archipiélago, Turquía y Egipto. Viaje verificado abordo de la fragata de guerra «Arapiles», Madrid (Moreno de la Tejera es el médico de la fragata). A todo ello hay que sumar los documentos conservados en los archivos de la Marina (ANAB, Leg. Sobre el viaje en su conjunto véase CfflNCHILLA, M. (1993): «El viaje a Oriente de la fragata Arapiles» en A. Marcos Pous (comp.). ^ Falleció al año siguiente siendo Secretario de la Embajada española en Constantinopla, posiblemente víctima del cólera. ^ Falleció en 1923, ocupando el cargo de arquitecto y académico de la Real Academia de San Fernando. ^ Capítulo 20 del presupuesto del Ministerio de la Gobernación por ley de 25 de junio (carta de Juan Valera de fecha 13 de junio de 1871, AMAN). ^ Carta del Comandante al Ministro de Marina en Chanak, en los Dardanelos (ANAB). ^ El Comandante pasa también por numerosos apuros económicos. Antes de la partida, el propio Almirantazgo español ordena al Comandante de la fragata que la nave no se detenga más de cinco días en ningún puerto y le encarece que «la economía del erario y la instrucción marinera de sus subordinados objeto siempre de preferente atención exigen el empleo del aparejo exclusivamente siempre que las circunstancias lo permitan» (ANAB). A lo largo del viaje el Comandante solicita fondos continuamente al Ministerio de Marina y recibe nuevos créditos en Nápoles y en Constantinopla. ^° A pesar de todo ingresan en el MAN veintidós cajones con trescientos veintinueve objetos procedentes de donativos (RODRÍGUEZ VILLA, A. (1871) «Adquisiciones del Museo Arqueológico Nacional», RABM, 262-266).
Durante el siglo XIX, Africa fue la gran meta de las expediciones europeas, cuyo afán colonialista ganaba a los intereses filantrópicos de épocas pasadas: la curiosidad intelectual dejaba paso a los intereses políticos y económicos, España no fue ajena a este movimiento, si bien los problemas internos y la falta de recursos hicieron que sus exploraciones tuvieran escasos resultados, Abargues de Sostén, gran impulsor teórico de la presencia española en el mar Rojo, fue enviado a Abisinia, la actual Etiopía. Allí realizó una gran labor de observación multidisciplinar, aunque sus informes tuvieran poca repercusión posterior. La presencia española en los mares de Arabia y el continente africano se retrotrae a la época de los navegantes españoles y portugueses en su ruta hacia las Indias durante los siglos XV y XVI. Pero los españoles pronto abandonarán sus intereses en Africa, fiíera de la costa mediterránea y las islas Canarias, desviando su atención hacia los descubrimientos americanos. A partir de entonces se puede hablar casi sólo de enclaves portugueses, a los que se irán sumando ñ-anceses e ingleses principalmente, hasta el gran re- parto colonial del siglo XIX en el que alemanes, belgas e italianos cobran un papel preponderante junto a los dos anteriores. Tan sólo sucesivos tratados con Marruecos, especialmente bajo Fernando VI y Carlos III, y el enfrentamiento con Marruecos en 1859-1860, bajo el reinado de Isabel II, traerá de nuevo a la mesa española la cuestión africana, si bien encaminada principalmente a la obtención de territorios costeros y pesqueros frente a las islas Canarias, como reivindicación de «Santa Cruz de Mar Pequeña», un pequeño enclave sobre el que se aseguraban derechos de propiedad desde la época de Fernando el CatóHco, aunque durante mucho tiempo no se supo muy bien dónde quedaba situado, hasta que finalmente se optó por identificarlo con Ifni como lugar favorable a los intereses españoles^. El Afiica Oriental permanece, pues, fuera del marco de los intereses españoles, salvo en lo que al comercio con Arabia y la India se refiere, pero la presencia turca desde el siglo XVI había cortado la comunicación y sólo en el siglo XVIII el tratado de paz y amistad de Carlos III con Turquía (1782) reanudó en cierta manera las relaciones mercantiles. En cualquier caso, los problemas internos españoles -la guerra de la Independencia, la emancipación de las colonias americanas, los pronunciamientos mihtares, las guerras carUstas-no permitirán hasta época isabelina y sólo intermitentemente plantearse la conveniencia de buscar un enclave en el mar Rojo que habihte una mejor comunicación con las posesiones de ultramar del sureste asiático y Oceania. Para entonces, la política exterior española había pasado de mostrar el gran poderío territorial del imperio de los Austria a conformarse con mantener sus fronteras aún muy extensas sin nuevas pérdidas territoriales y el prestigio de varios siglos de dominación ultramarina. Tanto España como Portugal simbolizaban otra época y nuevas potencias estaban decididas a buscar su expansión. Principalmente Francia e Inglaterra, pero también países como Bélgica y Alemania, que empezaban ahora una carrera por lograr nuevos territorios donde colocar sus mercancías y su exceso de población y de donde extraer materias primas que la revolución industrial, en pleno auge, reclamaba^. Estos intereses, puramente mercantiles, van a mudar en interés político especialmente a partir de la construcción del canal de Suez (1869) y la búsqueda de un control mayor de la ruta hacia la India y el extremo Oriente. Hasta entonces Africa era un continente apenas explorado. Tan sólo sus costas habían atraído el interés de Europa, manteniéndose el interior en un relativo aislamiento suficiente para la creación de distintos reinos africanos que ahora verán amenazada su existencia ante la creciente presencia de exploradores, misioneros, comerciantes, científicos -que, además de auténtico interés propio tendrán apoyo de sus países Don Juan Víctor Abargues de Sostén. por su papel de justificación para la invasión de que Afi-ica será objetoy, por supuesto, intrigantes políticos que apoyando a uno u otro reino lograrán su debilitamiento en provecho de las metrópolis europeas. En esta carrera de obstáculos, España permanecerá al margen hasta mediados del siglo XIX. Su propia situación interna no le permite, en principio, intervenir en nuevas empresas exteriores, pero también una especial idiosincrasia que aún continúa hoy en día hace que los primeros intentos de tipo político y, sobre todo, comercial de buscar un enclave en el mar Rojo, llevados a cabo en su mayoría por particulares de anchas miras, sean rápidamente desestimados por el gobierno, bien por un primer retraimiento económico, olvidando los beneficios que redundarían en el futuro, bien por falta de interés poMtico en todo lo que no afecte a la situación del momento y la opinión púbhca dentro de España, bien por coincidir, y es lo más triste de todo, con una actitud favorable y, estando en trámites, sucederse un cambio de gobierno que inmediatamente anulaba los proyectos anteriores o un cambio de tipo administrativo y en el trasvase de informes de un departamento a otro se perdían los papeles y todo interés^. En esta situación de indecisión se produce la apertura del Canal de Suez y el consecuente desvío de la atención internacional hacia el mar Rojo. Ahora es aún más importante que España logre un enclave en sus costas para facihtar la comunicación con Manila y eso es lo que en parte se propone Don Juan Víctor Abargues de Sostén cuando plantea a la Asociación española para la Exploración del Afiica un viaje de carácter científico por el interior de Abisinia, que proporcione a su vez datos de interés comercial relacionados con el paso por el mar Rojo. Sociedades y Asociaciones Geográficas: La Sociedad Geográfica de Madrid y la acción española en Africa El siglo XIX fue el de la creación y desarrollo de numerosas Sociedades de Geografía en Europa y América que congregaron a gran número de eruditos y aficionados, así como de políticos y militares en torno a una nueva idea: reunir conocimientos geográficos y, en general, científicos con la sana intención de adquirir un mayor conocimiento universal, así como una mejor comprensión y un acercamiento a aquellas zonas apenas exploradas del planeta que seguían circulando en los relatos como escenario de fantásticas aventuras y leyendas aún más maravillosas. Con esta acción de tipo filantrópico se buscaban hechos, datos, gentes, entrar en contacto con otras regiones del globo y otras culturas. Pero se buscaba también y muy principalmente un conocimiento exacto de la geografía 828 Montserrat Mané Rodríguez desde el punto de vista comercial, político y estratégico-militar. En este sentido, las sociedades geográficas servirían de cobertura ideológica e inocente para planes de otra clase que, cuando no resultaban viables, a menudo dejaban de lado todo interés científico y abandonaban proyectos que de otro modo habrían proporcionado una gran niente de información y conocimientos a la ciencia del momento^. La primera sociedad de estas características había surgido en 1821 en París, siguiéndola poco después la de Berlín, en 1828, y la de Londres, en 1830, hasta alcanzar, en 1870, una treintena de sociedades en Europa y América, y más de un centenar de sociedades, asociaciones y corporaciones de este tipo en todos los continentes entre 1870 y 1890. Porque, además de las Sociedades, conforme avanza el siglo, van surgiendo Asociaciones geográficas o coloniales, movidas por intereses comerciales, o Sociedades dedicadas a un tema concreto, como pueda ser la biogeografia o la oceanografia -ya a comienzos del siglo XX-. Y si en un principio se mantendrán gracias a las aportaciones de los socios y las publicaciones, con el tiempo recibirían también del gobierno una cantidad como cualquier otra institución de utilidad pública, con apoyos especiales cuando se trataba de conocer el propio territorio o de proyectos coloniales -México, Brasil, Rusia...-. En España, los conflictos con Marruecos y la crisis política interna hacen que la creación de una Sociedad geográfica se retrase hasta mediada la segunda mitad del siglo XIX. Restablecida la monarquía y bajo el gobierno estable de Cánovas del Castillo se fundará en 1876 la Sociedad Geográfica de Madrid que, siguiendo el modelo decimonónico, nacerá con una finalidad erudita y científica, aunque su labor fue bastante discreta, esencialmente trabajos teóricos y multitud de propuestas que rara vez contaron con apoyo, salvo en lo que al envío de expediciones de ocupación a Guinea en 1884 y 1886 se refiere^. Algo más activa será la Asociación española para la Exploración del África^, fundada un año después, en 1877, por algunos de los socios de la Sociedad, como otras similares creadas a partir de una iniciativa de Leopoldo II de Bélgica, y cuyos objetivos desinteresados -abolición de la esclavitud en África, conocer su geografia y sus gentes, su biología y geología, sus recursos y, en especial, darles el toque civilizador del que según sus conciencias carecían-, pronto quedarán supeditados a los intereses políticos y económicos. Aun así, la Asociación logrará lo que no conseguirá la Sociedad, realizar viajes de exploración fuera de los archivos del país^. En este contexto y con miras puestas en el posible resultado comercial se justificarán expediciones de carácter colonial que, sin embargo, no alcanzarán la consecución práctica de sus objetivos. Un primer proyecto se dirigirá a la costa occidental del África, pero un segundo proyecto de gran Don Juan Víctor Abargues de Sostén... envergadura de la Asociación será sin lugar a dudas el de la exploración de Abisinia, como se conocía entonces a Etiopía, cuyo objetivo último, la consecución de un territorio junto al mar Rojo, punto intermedio de las naves españolas que iban camino de Luzon, las Filipinas y las Marianas, no llegará nunca a realizarse, como veremos. Sin embargo, este segundo proyecto, amén de acercarnos a un personaje de sumo interés para nosotros, proporcionará datos interesantísimos sobre la vida y costumbres de los pueblos de Abisinia, así como de la naturaleza en su sentido más general, incluyendo los productos de aquellas tierras que tanto podían interesar desde el punto de vista comercial a la España de finales del siglo XIX. Intentos posteriores de realizar nuevas expediciones, esta vez desde el golfo de Guinea hacia el río Congo, quedaron en papel mojado ante la ausencia de recursos y, sobre todo, la apatía general que se observaba en todo el país frente al creciente interés del resto de Europa. Buscando canalizar de algún modo las miradas de la opinión pública hacia lo que podía significar la acción española en África, se realizó un nuevo intento de concienciación a través de un congreso, en esta ocasión de Geografía Colonial y Mercantil, que se celebraría ya en 1883, buscando unos objetivos económicos que movieran más que los puramente estratégicos a la acción del gobierno y del país en general. Y, sí, se logró la creación de una serie de asociaciones coloniales, como la Sociedad Española de Africanistas y Colonistas, que más tarde sería la Sociedad Española de Geografía Comercial, para posteriormente fusionarse con la Sociedad Geográfica de Madrid y formar la Real Sociedad Geográfica, y que llevaron a cabo una serie de viajes de exploración de sumo interés, pero que a la hora de la verdad tuvieron poco resultado práctico, al menos según los objetivos primeramente impuestos, que no desde el punto de vista científico^. De hecho, las labores de estas sociedades y asociaciones, mal que bien, lograron abrir camino a nuevas propuestas, encuentros, viajes y resultados hasta bien entrado el siglo XX y, con diferentes motivaciones, continúan hoy en día^. Juan Víctor Abargues de Sostén y la presencia española en el mar Rojo y Abisinia a finales del siglo XIX España había sido una gran potencia territorial, pero el siglo XIX mostraba ya un imperio en decadencia cuyas colonias de ultramar se habían en parte independizado de la metrópoli y las que quedaban mostraban signos evidentes de pronta rebeldía. Un intento de estrechar la relación con esas colonias se reflejará en la búsqueda de un acercamiento físico a través de contactos marítimos más Montserrat Mané Rodríguez frecuentes y seguros. En este sentido, el mar Rojo aparece como un punto estratégico para salvaguardar esos contactos. Al igual que los portugueses habían hecho desde el siglo XVI, los españoles no buscarán colonizar propiamente, sino bases para una red comercial y, si se quiere, política, en cuanto al carácter de puertos seguros y de abastecimiento en el camino a las colonias del sudeste asiático. En este sentido, la propuesta de Juan Víctor Abargues de Sostén al Ministerio de Estado sobre el modo de mejorar las relaciones comerciales con África, haciendo hincapié en la ausencia de comercio y diplomacia españoles en el mar Rojo, no podría haber caído en mejor momento, si bien no fue atendida, como venía sucediendo a lo largo del siglo^^. Pero tres años después, en 1879, la Asociación española para la Exploración del África le confiará finalmente la misión de organizar una expedición al mar Rojo, Etiopía y África Oriental. Aquí comienza nuestro periplo, que no la vida de su protagonista. El hecho de que se le encomendara una misión de este calibre no se debía sólo a su propuesta o su interés, venía avalada por una vida pasada en gran parte en el África Central y Ecuatorial. De su vida anterior al viaje por Abisinia poco se sabe, aunque algunos datos hay. Por regla general se acepta que nació en Valencia en 1845, aunque hay quien cree que nació en África de padres españoles y quizá un año después^^ Parece que estudió arquitectura y marchó muy joven al África Central, lo que contradice su nacimiento en ese continente, donde viviría varios años. Pasó más tarde a Egipto y desde allí fue desde donde envió su propuesta, en 1876, al ministro de Estado, en forma de memoria amplia y documentada, la cual no fue tomada en consideración como hemos visto. Considerando la falta de respuesta, optó por venir a España, donde sabemos que es nombrado Académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en marzo de 1877^^, y consiguió interesar en sus proyectos a la Asociación Española para la Exploración de África que finalmente, con apoyo económico del marqués de Urquijo y asentimiento de la Sociedad Geográfica de Madrid, patrocinó la empresa. A partir de aquí comienza el viaje en sí. A finales de 1880 parte Abargues, llegando a Suez a comienzos del año siguiente. Conocemos su viaje por el amplio relato que él mismo nos hace en su conferencia de 1883 ante la Sociedad Geográfica de Madrid y que fue debidamente publicado^^, así como por una serie de cartas de recomendación que nos dan noticias fragmentarias sobre su itinerario dirigidas por el entonces Cónsul General de Don Juan Víctor Abargues de Sostén... España en Egipto don Carlos Ranees y Villanueva a los sucesivos ministros de Asuntos Exteriores del Jedive de Egipto^^. Su exposición ante la Sociedad Geográfica está llena de datos sobre la geografía, las gentes, la cultura, la fauna, la flora, los productos naturales del país -no hay que olvidar los intereses económicos junto a los científicos-y, de carácter más humano, las relaciones que establece como extranjero con los locales -especialmente con el Negus Juan-, al igual que sus aventuras y los obstáculos con los que tropieza -nada nimios, en varias ocasiones corre grave peligro a manos de ciertas tribus o de la naturaleza misma-, todo ello relatado con el tono tranquilo y exquisito de un caballero decimonónico que prácticamente se hubiera paseado por aquellas tierras y presentara su informe final a la espera de unos resultados consecuentes. Dichos resultados no llegaron y en la segunda sesión del Congreso español de Geografía Colonial y MercantiP^ celebrado a finales de 1883 volverá a incidir en la importancia de disponer de enclaves españoles en la costa del mar Rojo, de establecer cónsules y de abrir mercados, dada la riqueza de productos de los países de la zona. Nombrado socio corresponsal de la Sociedad Geográfica de Madrid, considerado como viajero residente en Madrid, y poco después Cónsul honorario de España en Yedda, puerto de La Meca^^, encargado de proponer al Gobierno español las personas que podrían ser designadas como agentes consulares en los puertos en que lo estimase necesario, no ve sin embargo otras respuestas a sus esfuerzos. Sus últimos años los pasó en Egipto, pero de esta parte de su vida conocemos tan poco como de la primera. Parece que debió estar relacionado con los nuevos intentos en 1883 del marqués de la Vega de Armijo, ministro de Estado, y en 1885 de don Segismundo Moret, titular de la cartera de Estado, de buscar enclaves españoles en el mar Rojo^'^. Pero además se dedicó a la antropología y la egiptología, temas que le interesaban desde años atrás^^, y a asuntos literarios, puesto que escribió una novela histórica pubhcada en 1895 en Egipto, lo que nos sugiere que aún vivía allí por esas fe-chas^^. En 1916 lo encontramos de nuevo en Madrid, buscando sin éxito una respuesta a sus ideas y proyectos sobre Egipto y Oriente Próximo. Parece que sufre penuria económica y nadie le apoya ni le atiende, no se le ofrece tampoco ninguna tarea hasta que don Rafael de Roda, Consejero-Delegado de la Compañía Española de Colonización, le socorre y finalmente le proporciona un trabajo en Larache (Marruecos) a finales de 1917 que desempeñó con esmero, pero cuando Rafael de Roda se retira, sus sucesores prescinden de él. En 1919 y 1920, en estado de pura miseria, sigue implorando en vano ajmda de sus conocidos y termina por refugiarse en un asilo, donde acaba sus días ese mismo año de 1920. Don Juan Víctor Abargues de Sostén... Abisinia y el viaje de Abargues de Sostén A finales del siglo pasado, Abisinia era uno de los pocos lugares en África que había logrado mantener su independencia ante la creciente influencia europea. Situada entre el mar Rojo, el valle del Nilo, la zona de los Grandes Lagos y el océano Indico, se mantenía además como un reducto cristiano asediado por la fe musulmana. La leyenda quiere que el origen del reino se debiera a la unión de la reina de Saba y el rey Salomón, origen que se disputa con el Yemen, cuyo fruto, el rey Menelik, habría dado lugar a una dinastía en el siglo X a. C. de la que, en el siglo I a. C, dicen descender los reyes de la ciudad de Axum, y que estaría en posesión de las tablas de la ley robadas del templo de Jerusalén. Será la rama etíope de los judíos, los halashats, semitas llegados del suroeste de Arabia y de donde procede el nombre de Abisinia. El otro nombre, Etiopía, se lo dan los griegos, el país de las «gentes de rostro quemado», como llama Homero a los nubios, algo más al norte, designando simplemente a los africanos que tienen la cara negra^^. La cristianización del país tendrá lugar a partir del siglo IV d. C, con el rey Ezana de Axum, manteniéndose a pesar de la progresiva islamización posterior de esta zona de África. La evangeHzación llegó de manos sirias, atribuyéndose a dos monjes -Frumencio y Edesio-y, ya en el siglo V, a nueve padres, «Los Nueve Santos», que trajeron el monofisismo y la vida ascética, vinculándose así al cristianismo egipcio, en especial alejandrino. Las conquistas persas y más tarde musulmanas aislarán a Etiopía de Bizâncio y Alejandría, evolucionando aisladamente en sus creencias y en su gobierno, puesto que se suceden diversas dinastías y reinos, nada claros, hasta que en el siglo XIII encontramos de nuevo una dinastía en Axum que se considera restauradora de la salomónica. A partir de entonces se mantiene una cierta estabihdad y un crecimiento del reino o reinos que figuran bajo el Negus negesti, rey de reyes, hasta el punto de que en Europa se le identifica con el mítico Preste Juan, también situado en Asia Central y Oriental por las leyendas, debido a su condición aislada de lejano reino cristiano, al que suponen dispuesto a ayudar a Europa en su acción contra los creyentes musulmanes. Serán los portugueses en el siglo XV quienes entren en contacto directo con este supuesto Preste Juan buscando intercambios diplomáticos -Juan II de Portugal enviará a Alfonso de Paiva y Pedro de Covilhão-que serán aceptados sólo cuando la presión turca ahogue a los cristianos etíopes. En concreto y en vinculación con el viaje de Abargues, como veremos después, en 1541 desembarca en auxilio de los etíopes una expedición portuguesa comandada por Esteban de Gama, hijo de Vasco de Gama, que enviará a su hermano Cristóbal al frente de cuatrocientos soldados. Este grupo luchará valientemente y logrará ciertas victorias hasta que su capitán Cristóbal de Gama es apresado, torturado y ejecutado en 1542^^ Aun así, los supervivientes portugueses, unos ciento treinta según parece, deciden quedarse al lado del rey etíope al que ayudan a expulsar definitivamente la amenaza islámica, instalándose a su servicio sin regresar jamás a PortugaF^. A algunos de sus descendientes conocerá Pedro Páez cuando arribe a comienzos del siglo XVII en su labor de evangelización católica. Distintos reyes, reinos y una cierta anarquía se extenderán sin embargo y ello durará en gran parte hasta mediados del siglo XIX. Abargues de Sostén será afortunado, a su llegada, tras una serie de luchas internas, se ha proclamado rey Juan IV, que se encuentra en su momento de mayor apogeo y le recibirá bien^^. Abargues de Sostén, que logrará establecer buenas relaciones con este rey, si bien en cierto momento llega a ser sospechoso de ser un espía para Egipto, conseguirá de él permisos para recorrer el país y sus informes en forma de una serie de conferencias serán una gran fuente de información. En su segunda conferencia del 3 de abril de 1883, hará una descripción pormenorizada de la geografía, de su fauna y flora, de la forma de ser y las costumbres de sus gentes y de su historia remontándose a las leyendas. Sirve de colofón a una primera conferencia, tras su vuelta de Etiopía, celebrada el 20 de febrero de 1883 en la que, junto con la relación de su viaje, el itinerario seguido y los percances más o menos destacados, insiste en el alcance comercial y político que puede llegar a tener la presencia española en las costas del mar Rojo e incluso en el interior de Etiopía. Su periplo propiamente dicho comienza tras su llegada a Suez. En su estilo decimonónico, él restará importancia en la narración de su viaje a las diversas peripecias por las que atraviesa, graves peligros incluso^^, si bien no deja de mencionarlas y aún de añadir con lujo de detalles las ocasiones que tuvo de ayudar a otros europeos que se encontraban en difi-cultades^^. Tras Suez se embarca hacia el puerto de Massaua, de donde, entre otros datos, señala su importancia comercial para las rutas caravaneras y los barcos que navegan por el mar Rojo. Aquí, como en todos los puntos donde lo cree necesario, amén de su exhortación final y su insistencia en años sucesivos, hará constar más o menos directamente las implicaciones beneficiosas para España que tendría un establecimiento diplomático y comercial. Volviendo al viaje en sí. A partir de Massaua se adentra en el interior, llegando a los dieciocho días a Adua, capital de la provincia de Tigré, y, habiendo de esperar aUí el permiso del rey Juan para entrar en Abisinia y recibirle también, aprovechará entre tanto para recorrer las montañas del Semién, que le permiten hacer una serie de observaciones geológicas y topográficas en gran parte novedosas. Recibe entonces el permiso real y avanza hacia Zebul, al sureste, donde en ese momento se encontraba la cor-Don Juan Víctor Abargues de Sostén. te itinerante del rey, quien le recibe con gran pompa y honores a juzgar por la descripción de Abargues. Esta primera entrevista es descrita con todo lujo de detalles en lo que a la vistosidad y extrañas costumbres se refiere, si bien encontramos también ciertos prejuicios cuando topa con el carácter o lo que él cree tal de los lugareños, a los que en ocasiones ve como a niños pequeños, así como algún comentario que hoy juzgaríamos racista, aunque en aquel entonces probablemente no era más que la expresión de una reserva ante lo diferente y lo extraño respecto a lo ya conocido. Se sucederán bastantes entrevistas más, al parecer en muy buenos términos, y exploraciones de la zona de Zebul antes de que parta de nuevo hacia el sur, atraviese la región de las tribus de los Raya-Gallas y arribe al lago Haic y al lago Ardibbo, cuyas orillas recorrerá amphamente haciendo minuciosas descripciones de su flora y fauna así como de su situación en los mapas. Se dirige entonces hacia el este, llega al río Hauasch y forma el proyecto de acercarse al lago Ausa, muy próximo a la costa del mar Rojo, cuando se encuentra cercado por una de las tribus más peHgrosas, los Gallas Dauaris, y debe recurrir al artificio y engaño para, cruzando de noche el ancho río lleno de cocodrilos, alejarse mientras el campamento sin desmontar hace creer a los Gallas Dauaris que siguen allí. Esta nada banal aventura, pues pierde dos hombres, además de dos mulas cargadas, le obhga a retroceder en su camino, dirigiéndose de nuevo al lago Ardibbo y después hacia el noroeste hasta alcanzar el lago Tsana y las cataratas del Nilo Azul que viera el padre Páez dos siglos y medio antes. Es en este punto cuando recibe orden del rey Juan para que regrese, pues se le acusa de ser espía de Egipto, el gran enemigo de Abisinia, con lo que se encamina a Adua, donde se encontraba el rey en esos momentos, no sin antes pasar por Gondar. Gondar había sido la antigua capital de Etiopía y conservaba monumentos y edificios portugueses del siglo XV que Abargues estudiará y fotografiará. Al mismo tiempo, recorriendo los alrededores, hallará la tumba de Don Cristóbal de Gama, antes mencionado, que había quedado ignorada en un valle cercano y cuya historia conocía bien. A su llegada a Adua logra expHcarse ante el rey, que le cree y además le ofrece numerosas muestras de afecto, entre ellas la de vestirle de guerrero como se hace a los grandes y que Abargues acepta con gran sentimiento de orgullo, describiéndolo con todo detalle. Llegado este momento, Abargues decide regresar, aunque el rey le reitera su apoyo y su permiso para seguir recorriendo el país, pero las fiebres que ha contraído y la ya escasez de recursos le obligan a volver a Massaua, a Suez y finalmente de allí a Europa. Antes de llegar a España pasará no obstante por Roma a presentar sus respetos al Papa León XIII, quien previamente le había agradecido por carta su labor a favor de los misioneros lazaristas franceses. Resultados prácticos del viaje El viaje había durado algo más de diecisiete meses. Presentará entonces sus informes en forma de conferencias que pubücará el Boletín de la Sociedad Geográfica, pero encontrará, como hemos dicho y reiterado varias veces, una total apatía ante sus estudios y proyectos. Su insistencia en años venideros, con ocasión de momentos políticos más favorables, de creación de congresos que tratarán el tema y aprovechando el interés y apoyo de otros personajes con más influencias que él, no logró pese a todo una respuesta por parte del Estado ni tampoco a nivel particular de grandes empresas comerciales. Diversos autores^^ se hacen eco del error de visión por parte de las autoridades. El propio Joaquín Costa, gran adahd de la acción frente al papeleo y los grandes discursos y que, sin embargo, se vio sepultado por ellos, comentará irónicamente respecto a los resultados del viaje de Abargues: «Desgraciadamente faltó a los hombres científicos que habían de señalar objetivo de la expedición, el mismo sentido práctico que hasta entonces había faltado a los poMticos; y en vez de inspirarse en la conducta previsora de Francia y de Itaha, cuyas misiones científicas han encubierto casi siempre propósitos territoriales, sobre la costa, se contentaron, ¡pechos nobles y desinteresados!, con que el Sr. Abargues de Sostén acopiare datos estimables para la ciencia, sobre el interior de la Abisinia. Desgraciadamente impónese a las veces la reahdad, en la acción presente se impuso. Cuando en 1883 regresó de su excursión por la Etiopía el Sr. Abargues, con sus carteras atestadas de fotografías, de plantas y de mariposas, encareció la facihdad con que el Gobierno español podría adquirir un extenso territorio con puertas excelentes en la bahía de Tadysa y situar cónsules (y) abrirse al mercado de Arabia, de la Etiopía y de las provincias orientales de Egipto»^^. Es decir, a pesar del carácter científico de la expedición, Abargues no había perdido ocasión de estudiar el terreno comercialmente, lo había presentado en bandeja a las autoridades y, sin embargo, no se había hecho caso ni aprecio de ello. Se ha insistido mucho en el aspecto colonizador y mercantil de la expedición del Sr. Abargues. No es que sus estudios geográficos, naturaHstas y antropológicos no tuvieran importancia, al contrario, fueron apreciados y pubHcados, incluyendo los mapas costeados por Don Alfonso XII. Pero el contexto en que nos encontramos es el de un movimiento general por parte de Europa 838 Montserrat Mané Rodríguez y América en el que el interés poKtico y económico destaca sobre los estudios puramente científicos que caracterizaron, por ejemplo, las expediciones enviadas previamente por Carlos III en el siglo XVIII. La política colonial del siglo XIX, no necesariamente territorial, aunque a menudo se viera acompañada por este aspecto, primaba los intereses comerciales y, en general, de expansión, no el altruismo, por llamarlo de alguna manera, de los estudios científicos y las expediciones misioneras anteriores. España, por problemas políticos o, más bien, económicos y, sobre todo, una cierta dejadez que no nos ha abandonado, emprendió una serie de proyectos de sumo interés en todos los aspectos, pero que quedaron luego truncados, muchas veces antes de llevarse a cabo, otras a media labor, y otras más, como casi todo lo relacionado con la presencia en el mar Rojo, cuando ya se había dado el primer paso, siempre el más difícil. España quedó prácticamente relegada al papel de observadora atenta, que de vez en cuando intervenía y era escuchada cuando no interfería realmente en los proyectos de los demás países, pero a la que se le cerraba el paso en cuanto intentaba alguna acción propia^^. Es cierto que España tardó aún mucho tiempo en alcanzar el grado de desarrollo industrial y social del resto de Europa. Además de los problemas poKticos internos, apenas existía una burguesía capaz de apoyar empresas de este calibre y la que había no se arriesgaba hasta ese punto. Los trabajos expedicionarios se reahzaron con gran esfiíerzo y mucho entusiasmo por parte de sus protagonistas, y los avances expansionistas, en la costa occidental de Afiica, ni siquiera ñieron reconocidos por el gobierno hasta que fiíeron un hecho consumado, algo que ya tenían en la mano. Sólo entonces mostraron interés algunas compañías comerciales al hallar productos que podían comercializar con gran provecho, pero el trabajo primero lo habían realizado miembros de sociedades coloniaHstas con ideas aparentemente utópicas que, dejados a su suerte, terminaron por volver a sus sociedades geográficas y sus estudios teóricos. Abargues de Sostén no abandonó nunca su entusiasmo por estos proyectos, siguió insistiendo en cada ocasión, pero no sirvió de nada, al menos en lo que a él le concernió, y sus minuciosas descripciones de la naturaleza y las gentes del país que atravesó resultaron información importante, pero a la que no se le dio un seguimiento, un aprovechamiento intelectual de cierta envergadura. Si al menos se hubieran apoyado los estudios de tipo científico, buscando una continuidad, no se habrían logrado más territorios o zonas de influencia, pero los campos de conocimiento abiertos por Abargues y otros exploradores habrían tenido una prolongación realmente interesante desde el punto de vista científico y humanístico, valores que, después de Carlos III, parecen haber ido cada vez más a la baja. «Esta falta de apoyo a la Sociedad Geográfica de Madrid se pone claramente de manifiesto en el estudio de sus cuentas, donde el déficit progresivamente acumulado desde poco después de sus inicios, y que no pudo equilibrarse hasta tres años después del desastre del 98, la obligaron, entre otras cosas y como ejemplo significativo, a reducir el número de los mapas incluidos en su Boletín, habiendo sido en este sentido uno de los mejores boletines geográficos de Europa según afirmaciones de sus contemporáneos, y hasta hubo de ser rebajada la misma cahdad del papel empleado en su publicación, (...). Esta penuria económica fiíe igualmente la causa de que muchas de sus iniciativas apenas llegasen a tomar forma. Sucedió así con la preparación de un tratado de Geografía para las escuelas al no poder ser editado tras su elaboración, con los distintos proyectos para renovar el diccionario geográfico de Madoz y con tantos otros que sólo pudieron ser formulados» (Pág. En este sentido, la labor de la Sociedad Geográfica de Madrid sí será importante, recuperando parte del trabajo que reaÜzaban ya desde el siglo XVIII una serie de corporaciones geográficas, precursoras de las Sociedades, centradas en la geografía histórica. La Sociedad publicará noticias y obras inéditas de la acción colonial de España en América entre los siglos XVI y XVIII, que de otro modo habría quedado olvidada y cubierta por la presencia inglesa posterior y que fomentó un acercamiento con la América de habla hispana en forma de Congresos y de estudios en Geografía histórica, no sólo en América, sino en la España antigua. El académico correspondiente podía asistir a las juntas generales y públicas, con voz, pero sin voto. Debía residir fuera de Madrid y era elegido por la Academia si se consideraba que sus trabajos artísticos eran meritorios o como recompensa por servicios prestados en el descubrimiento o conservación de obras de arte o de documentos interesantes para su historia. A su vez, el académico correspondía con sus ideas y con las noticias que juzgara de interés para la Academia. Estatutos todos que se mantienen más o menos en vigencia hoy en día. Ponencia titulada «Intereses comerciales en el mar Rojo; necesidad de consulados y factorías para el desarrollo de nuestro comercio y apoyo de nuestras comunicaciones con Filipinas». De entre 1879 y 1881, nos llegan noticias de la compra por parte del Museo Arqueológico Nacional de una colección de casi 200 piezas del Egipto antiguo propiedad del Sr. Abargues. El autor es uno de los participantes en esta campaña de 1541, que describe detalladamente. Describe su acción dramáticamente, aunque con modestia, recalcando su deber como cristiano y como español. El kentir patriótico y de caballero andante, así como la continua afirmación de la fe cristiana son una constante en todo su relato, como en otros de la época. También es destacable la visión que se tenía entonces de Europa como civilizadora de los «pobres» nativos a los que creían ver hambrientos de la presencia y ayuda extranjeras, como señalan las últimas frases de su segunda conferencia. Este autor se hace eco de tales hazañas. Menciona un periódico francés de El Cairo, UÉgipte, que en octubre de 1881 habla de las persecuciones de las que son víctimas los misioneros lazaristas franceses y de la salvación de un grupo de ellos por el jefe de una expedición española. Menciona también una carta enviada a la Gaceta Algemaine-Zeitung por el explorador alemán Gerar Rholfs sobre este hecho. Y hay referencias a la ayuda prestada por Abargues al Dr. Stecker, alemán, y a los hermanos italianos Naretty, aunque sin especificar en qué consistió tal ayuda. 2^ Casi todos los investigadores que han estudiado este tema inciden en este punto en sus pubhcaciones. Este fue el caso, por ejemplo, en 1898, del intento de envío de tropas a través del Canal de Suez en auxilio de Manila, vetado por el Jedive de Egipto con la excusa de neutralidad, siendo que poco antes se había admitido el tránsito sin restricciones en paz o en guerra por el Canal. En ello se vio la mano de Gran Bretaña, entonces favorable a los Estados Unidos y la mayor accionista del Canal. Deseo agradecer a la Sociedad Geográfica Española su amable trato y colaboración cuando mostré interés por este artículo, entonces agotado y que aún no estaba incluido en su página de internet. ABARGUES DE SOSTÉN, J. V. (1883): «Noticias acerca de la expedición científica, geográfica y comercial realizada en el África Oriental. Conferencia pronunciada el 20 de febrero de 1883 por D. Juan Víctor Abargues de Sostén» Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid Tomo XV, 233-325 (reproducido con total exactitud en el mismo año
en el centro del actual Irán. Se esperaban de esta expedición interesantes resultados científicos en forma de ejemplares de insectos, plantas y otros organismos nuevos o poco conocidos, y ello a pesar de que, como se lamentaba Bolívar, «nuestro Gobierno no les haya facilitado los medios más indispensables para realizarla»^ En el umbral del nuevo siglo, la expedición entomológica de Escalera a Oriente era, desde luego, uno caso totalmente atípico en el panorama de las ciencias naturales en España. No era solo que en aquellos años los españoles siguieran estando prácticamente ausentes de los grandes proyectos expedicionarios que otras naciones habían impulsado, al ritmo de la expansión colonial, durante todo el siglo diecinueve, incluidas exploraciones geográficas, campañas oceanográficas y prospecciones geológicas, botánicas y zoológicas^. Es que el propio territorio español estaba siendo explorado por naturalistas extranjeros, que encontraban en la Península una tierra de promisión, pródiga en novedades por estar mucho menos estudiada que sus países de origen. De ahí la singularidad de los viajes de Escalera a Oriente en los años del cambio de siglo. Y, desde el punto de vista de la autoimagen de las comunidades científicas, objeto de reciente atención histo-riográfica^, de ahí también la especial huella que dejaron aquellas expediciones en la memoria colectiva de la reducida pero animosa comunidad de naturalistas españoles. «La cosecha de plantas y animales obtenida», se afirmaba en un estudio histórico sobre el Museo de Ciencias Naturales y sus colecciones hecha por uno de sus investigadores, «fue por demás abundante y de un interés extraordinario por tratarse de una región poco o nada explorada»^. «Puede decirse que es casi el único entomólogo español que ha hecho viajes de importancia y cazas intensas en países extranjeros», reconocía un prestigioso colega ya bien entrado el siglo veinte^. Por todo ello no cabe considerar sino como estridente anomalía, reflejo de la endeble implantación que la historiografía de la ciencia ha tenido demasiado tiempo en la cultura española, el que Escalera no haya contado hasta hace muy poco con un solo estudio biográfico o histórico que recopilase al menos lo esencial de su dilatada y productiva trayectoria científica. Téngase en cuenta que Escalera, dejando aparte la aureola que le confirió su perfil aventurero y tomando una referencia cuantitativamente objetivable, fue el autor más prolífico, con más de un centenar de trabajos, de cuantos publicaron hasta la guerra de 1936 en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, la revista científica de referencia para los naturalistas de la época^. Manuel Martínez de la Escalera, ciencia y aventura en Oriente 845 FIGURA 1. Retrato fotográfico de Manuel Martínez de la Escalera. Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales. A remediar provisionalmente esta situación de desconocimiento historiográfico vino el artículo que sobre Escalera apareció en 1998 y del que este trabajo es continuación^. Aquel primer esbozo, de donde se toman, si no se indica otra cosa, los datos biográficos que siguen, se basó fundamentalmente en los papeles que don Eugenio Morales Agacino tuvo la amabilidad de facilitarme, papeles que había recopilado muchos años antes con la intención, que no llegó a cumplir, de componer él mismo un escrito dedicado al que había sido uno de sus maestros. Deseo dar aquí nuevamente expresión pública de mi agradecimiento. Manuel Martínez de la Escalera y Pérez de Rozas, pues tal era su nombre completo, aunque casi siempre firmó sus trabajos abreviadamente como Manuel M. de la Escalera, nació el 18 de diciembre de 1867 en San Sebastián, lugar donde estaba destinado su padre, aduanero de profesión, cuyo origen familiar provenía sin embargo de la comarca de Los Cameros, en la actual comunidad de La Rioja. Para entender su posterior trayectoria profesional como entomólogo es preciso advertir, en primer lugar, las peculiaridades que históricamente ha revestido el estudio de los insectos, cultivado no solo por científicos profesionales en universidades y museos sino también, y muchas veces sobre todo, por aficionados al coleccionismo entomológico, fenómeno de notable alcance social y cultural en algunos países occidentales^, que también alcanzó en España, aunque de modo mucho más modesto, algún desarrollo. El de Escalera fue el caso del entomólogo vocacional, que sintió desde muy joven la afición a la colección y el estudio de los insectos, y que de hecho trató de hacer de ello su dedicación profesional. Dado que su titulación académica no le permitía en principio aspirar a profesionalizarse como científico, pues había seguido por decisión paterna los estudios de Derecho, buscó en el mundo de los aficionados y el coleccionismo posibilidades para ejercer actividades remuneradas que le permitieran cultivar su pasión por los insectos. Así, comenzó a recolectar insectos por toda la Península, intercambiándolos con otros coleccionistas y vendiendo lotes a casas comerciales y museos europeos. Su especialidad eran los coleópteros y, entre ellos, algunos de los grupos más característicos y diversificados en la Península, como los tenebriónidos o los cerambícidos, de los que fue reuniendo colecciones extraordinariamente completas. Fue hacia 1890, una vez terminados los estudios seguidos por imposición familiar, cuando Escalera orientó definitivamente sus aspiraciones personales y profesionales, al tiempo que daba otro paso decisivo en su vida, al casarse, por amor, con Emma Goróstegui, una joven sordomuda y al parecer muy hermosa. El matrimonio tuvo tres hijos, una mujer y dos varones. Para ganarse la vida, en esos años se instaló y montó una vaquería en la localidad madrileña de Villaviciosa de Odón, sin dejar por ello de cultivar sus aficiones y negocios entomológicos. Estos últimos iban adquiriendo al tiempo mayor solvencia científica, pues el joven Escalera había entrado en contacto con los entomólogos del Museo de Ciencias Naturales y la Sociedad Española de Historia Natural, de la cual él mismo era miembro desde 1889. Fue seguramente Ignacio Bolívar, con quien co-Manuel Martínez de la Escalera, ciencia y aventura en Oriente menzaba este relato, el que le llevó a la Sociedad de Historia Natural. Bolívar no solo era un especialista en ortópteros de enorme prestigio sino también una de las figuras más influyentes en la comunidad científica. Siempre atento a fomentar las vocaciones de nuevos valores científicos, y Escalera sin duda lo era, Bolívar fue desde entonces una de las referencias clave en su trayectoria profesional. Pero había de trascurrir casi una década para que el amateur Escalera, al tiempo que amasaba una excepcional colección, especializada en escarabajos o coleópteros, adquiriese la suficiente competencia científica como para convertirse también en autor de trabajos de investigación, siendo el primero de ellos, notas y comunicaciones breves aparte, una revisión de los coleópteros cavernícolas del género Bathyscia, que ultimó en 1898, aunque no apareció publicada hasta 1900^. Y precisamente en 1898, en ese momento de incipiente madurez científica. Escalera se vio forzado por problemas económicos a vender por 3000 francos su magnífica colección al francés René Oberthür, poseedor a su vez de una de las mejores colecciones coleopterológicas de Europa^^. De la dimensión alcanzada, al menos en ciertos países europeos, por el fenómeno coleccionista, según más arriba se advirtió, es muestra el que Oberthür no solo desembolsase esa considerable suma sino que además, por 1800 francos más, contratase a Escalera como colector para reahzar una expedición entomologica por los montes Amanus, en el norte de Siria, y la cordillera del Taurus, en el sur de Anatolia, con el fin de aumentar sus fondos con nuevas o raras especies. Fue así como Escalera inició su primera aventura en Oriente. El viaje a Siria y Asia Menor El 5 de abril salía Escalera de Madrid hacia Marsella, donde tomó un vapor con destino a Alejandreta o Iskenderun, ciudad situada en lo que entonces se consideraba el norte del territorio de Siria, aún parte de un agonizante Imperio Otomano, y hoy es el extremo meridional de Turquía. De la primera parte del itinerario y los resultados de aquel viaje dejó Escalera un breve relato en una notas manuscritas^^ que merece la pena trascribir, lo que se hace a continuación, manteniendo sin enmiendas la ortografía original. En Abril de 1898 embarcaba yo en Marsella con rumbo al Asia Menor para hacer colecciones entomológicas con el apoyo moral y metálico de Mr. René Oberthür de Rennes: me había avanzado sobre el 1er lote de mis cazas á hacer de Coleópteros 2.000 francos: la expedición era fácil, tres meses de campaña en los montes Amanus y parte occidental del Taurus, región muy rica en Coleópteros y poco estudiada con excepción del Akbés donde había cazado anteriormente el P. Davis Lazarista y Mr. Delagrange por cuenta del mismo Oberthur y un grupo de entomólogos franceses: el viaje de ida y vuelta á Alejandreta en 3.^ costaba entonces menos de 400 francos; de suerte que con algo que añadí de mi peculio al embarcar contaba con 2.600 francos. Así es que después de tocar en Nápoles y en el Pireo (Atenas) desembarqué en Smyrna para aprovechar los días que empleaba el vapor de las «Messageries» en ir a Constantinopla, para volviendo á tocar en Smjrrma seguir por Adana, Alejandreta, Beyruth, Jaffa, etc. en viaje de retorno. En los 5 días que tenía de margen para reembarcar, opté por tomar el ferrocarril que por Aydín hacia el interior me llevó cerca de Kónia á la serrería de Paul Bradiz, en la vertiente N. del Taurus occidental cuya otra falda contornea el Golfo de Adana: el encargado de la empresa maderera era pariente del intérprete armenio que me había proporcionado el cónsul honorario de España en Smyrma, comerciante austriaco á la sazón: el pariente del intérprete debía alojamos según carta que recibiría de sus principales. Toda la llanada de Konia como nuestra estepa manchega es una altiplanicie pantanosa a trechos donde se suman y reúnen las aguas del N. del Taurus cadena aún vestida entonces de cedros y pinos; en las cercanías de la serrería en los 1.°^ contrafuertes de la cadena estaba esta desnuda casi por completo; la estación muy atrasada aún por ser region fría me proporcionó pocas especies, 3 de Dorcadion de medianas alturas y por ello de gran área de dispersión, algunos Carábidos y pocos Tenebriónidos, y nada más; la locaHdad no es recomendable y el hospedaje para un europeo dejaba mucho que desear; de suerte que al 2° día tomé el tren de vuelta y me detuve en Aydín, donde en unas horas hice amplia cosecha, más de 500 ejemplares en una cincuentena de especies de las que alguna rara: había en Aydín una colonia israehta muy numerosa, que habla español arcaico; por las calles, como en viaje posterior pude oir en Constantinopla, vendedores ambulantes, vocean unos rosquetes como nuestros «panecillos del Santo» con el pregón en castellano de «frescóóó Pan de España»: siempre es agradable el oir en tierra extraña la lengua Pátria y aún de labios heréticos más porque demuestra la persistencia del vínculo que no pudo romper la persecución rehgiosa. De regreso a Esmirna, sigue viaje a Alejandreta, a donde llega el 25 de abril. Allí se inicia su verdadera expedición, en la que recorrerá una extensa región montañosa del sureste de Anatolia. Tras recolectar en los alrededores de la ciudad, a primeros de mayo emprende ruta por los mon-Manuel Martínez de la Escalera, ciencia y aventura en Oriente tes Amanus, «poblados de cedros, pinos y encinas»^^, dirigiéndose hacia la misión católica situada en Akbés, donde es acogido amigablemente por los padres lazaristas que la regentan. La mayor parte del mes de mayo la pasó en la comarca de Ekbez, prospectando medios de llanura y montaña donde rápidamente enriqueció sus capturas con centenares de diferentes especies de coleópteros y otros grupos. En junio se adentra hacia el norte en los montes Taurus. Por Islahiye y la comarca de Giaour llega a la ciudad de Maras o Marasche. Su periplo le permite irse encontrando con diferentes tipos de fauna y seguir enriqueciendo sus capturas. Continúa internándose en el nudo montañoso que forma esta región de Turquía, prospecta varias cimas y llega finalmente a mediados de julio a Zeytun y a Bimbogha Dagi, cumbre de casi 3000 metros, desde donde inicia el regreso. Había recorrido centenares de kilómetros a pie con la sola ayuda de su guía, un kurdo llamado Bekir, y una caballería de carga, durmiendo al raso con apenas unas mantas y un mosquitero o en las tiendas de los nómadas que encontraban. «Los naturales, así turcos como turkmènes, tcherques y armenios, me han acogido bien por regla general», contará Escalera a su vuelta, insistiendo en que «el fanatismo musulmán no es tan grande como se cree; yo he hecho buenas amistades con algunos»^^. En la madrugada del 19 de julio llegaba de nuevo a Maras, dando fin a casi tres meses de expedición ininterrumpida. Había reunido 20,000 ejemplares de casi dos millares de diferentes especies. Cuando en agosto de 1898 hubo regresado a España después de su periplo oriental, a Escalera le faltó tiempo para organizar una nueva expedición. Mediante un nuevo contrato con Oberthür, esta vez por 4500 francos, y acompañado ahora por su hermano Fernando, quien iba a encargarse de reunir colecciones botánicas. Escalera inició en enero de 1899 un viaje mucho más ambicioso con destino a los montes Zagros, en el cuadrante suroccidental de Persia, actual Irán, donde había de explorar regiones prácticamente desconocidas para los entomólogos. Pero en vez de acceder directamente por mar por la ruta del canal de Suez y el golfo Pérsico, viaje muy caro para sus modestos recursos, se dirigió de nuevo a Alejandreta, donde organizó una caravana terrestre para atravesar Siria, recorrer luego toda Mesopotamia, en el actual Irak, siguiendo el Eufrates hasta la altura de Bagdag y más tarde el Tigris hasta 849 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://arbor.revistas.csic.es Amara, y llegar finalmente a la firontera occidental de Persia. Atravesaron luego el territorio del belicoso grupo de los Beni-Laam, cuyo jefe les dio un salvoconducto que más adelante había de serle muy útil en sucesivos territorios. Y así llegaron a las excavaciones de Susa, regentadas por arqueólogos franceses que les acogieron cordialmente, desde donde los hermanos Escalera enviaron a sus compañeros científicos de Madrid las noticias de su viaje citadas al comienzo de este relato. Pero quedaba todavía lo más interesante y lo más duro de la expedición, atravesar los abruptos montes Bakhtiari, parte de la alta cordillera de los Zagros, hasta la legendaria ciudad persa de Ispahan. Esta última etapa supuso cinco meses de ruta de montaña llena de dificultades, tal como luego relató el propio Escalera cuando estuvo de vuelta entre sus compañeros de la Sociedad Española de Historia Natural, de cuyas actas están tomados los siguientes pasajes^^. De Susa fuimos por Dizfoid á Schouster, ya sobre el Karoum, y de esta villa, hoy ruinosa, remontando el río, nos internamos en los montes Bakhtyari, parte de los Zagros, en la cual viven los Loris y Bakhtyaries, de pésima fama, según todos los autores. No son buenos á decir verdad, pero no tan feroces como se les pinta, pues nosotros hemos vivido entre esas hordas cuatro meses sin graves dificultades [...] Son los montes Bakhtyari enorme cadena de montañas que, en phegues muy juntos y paralelos, vienen del NO. desgajados del núcleo del Ararat; sirve el sistema, como es sabido, de barrera á la meseta pérsica, donde se asienta Ispahan: con alturas variables, la de sus picos oscila entre 3.000 y 3.500 m., descollando algunos, como el Zerde-Khou y Khoudená, que pasan de los 4.000: los valles entre estos pMegues son muy estrechos y abruptos, por los cuales corren torrentosos los arroyos que forman el Diz y el Karoum [...] Cretáceo todo el sistema, con nieves perpetuas el Khon-Sefid y Zerde-Khou, casi en la línea recta de Schouster á Ispahan, están pobladas en sus macizos centrales de encinas y muy escasa vegetación herbácea, por la sequía extrema de toda la zona [...] Flora y fauna, si no ricas, son de verdadero interés y muy localizadas; naturalmente, participan de lo conocido del Caucaso, Armenia y Mesopotamia; como curiosidad debo citar una Adesmia (coleóptero), abundantísima á los 3.300 m., en el Khou-Sefid [...] El total de materiales recogidos asciende á la cantidad de 3.000 especies en Zoología y Botánica, cuya suma, al parecer corta, no lo es, teniendo en cuenta la pobreza de la región [...] No hemos podido reunir nada de tamaño; así de reptiles sólo hemos conservado pequeños lacértidos, y de mamíferos poco más de una docena de especies de cor-ta talla, roedores y quirópteros, porque requiere una expedición organizada al servicio de las Ciencias naturales, recursos pecuniarios con los cuales desgraciadamente no contábamos; en el caso anterior no nos ha detenido el gasto de algunos litros más de alcohol, sino la imposibilidad de transportarlo por falta de bagajes y personal que no podíamos sostener; aun así, en Amarah hube de comprar cinco caballos, de los cuales, al llegar a Ispahan, cinco meses después, sólo nos quedaba uno: perdidos, robados y despeñados los restantes. Al terminar agosto llegan por fin a Ispahan y en septiembre emprenden el camino de regreso, cruzando de nuevo la cordillera por una vía algo más meridional, y siguen luego ruta hacia el sur hasta ganar la costa por Basora. En noviembre se embarcan para Bombay, desde donde pueden tomar un barco de regreso a Europa. Fue un año de viaje en condiciones de extrema dureza, hasta el punto de dejar muy quebrantada la salud de Fernando, que muere a los pocos meses de llegar a España. Fue también la confirmación de la talla expedicionaria y naturalista de Manuel Martínez de la Escalera, quien años después recordaba la escasez de medios con que hubo de acometer aquella empresa. Fue una expedición, decía, «realizada pobremente como todas las que me ha cabido la honra de realizar y orguUosamente lo digo, siempre cabeza de raton y dueño de mis actos»^^. El viaje, la expedición y la lejanía fueron desde entonces las señas distintivas de Escalera como naturalista y las que más y mejor lo singularizaron en la comunidad científica española de su época, sin desconocer su enorme producción taxonómica, centrada básicamente en los coleópteros y plasmada en numerosísimas publicaciones y en centenares de nuevas especies y formas descritas. Tras regresar de su segundo y gran viaje a Oriente aún iba a organizar por su cuenta un tercero en 1902, en el que regresó a las regiones de Asia Menor que había visitado en su primer periplo. Mientras tanto, desde 1901, inicia sus viajes a Africa, primero a la actual Guinea Ecuatorial y luego a Marruecos, que acabará siendo el teatro central de sus operaciones durante gran parte del resto de su vida. Esta etapa, a diferencia de la anterior, se inscribió en proyectos organizados por corporaciones científicas y apoyados, por modestamente que fuera, desde el Estado, en un caso más de típica combinación de ciencia y acción coloniaP^. Se trató de las expediciones promovidas o apoyadas desde la Comisión de Límites de los Territorios Continentales del Golfo de Biafra, la Comisión de Fauna y Flora de las Posesiones Españolas de Africa y, sobre todo, la Comisión de Estudios del Noroeste de África, creada en 1905 con el impulso de la Real Sociedad Española de Historia Natural y el patrocinio del Gobierno. Desde esta última fecha serán múltiples, y no pueden ser detallados aquí, sus viajes y trabajos en Marruecos, desarrollados a lo largo de un periodo muy complicado para la presencia colonial europea en el norte de Africa, en el que no faltaron situaciones de violencia y conflicto^^. De hecho parece que la labor de Escalera revistió un doble carácter, pues unió a sus recolecciones e investigaciones científicas otras misiones de información como agente al servicio del Ministerio de Estado. La mayor parte de sus publicacio-Manuel Martínez de la Escalera, ciencia y aventura en Oriente nés de estos años se referirán también a la fauna marroquí, siendo la más relevante Los Coleópteros de Marruecos, un libro en el que Escalera ordenó toda la información disponible hasta la fecha sobre este amplísimo grupo y describió más de doscientas nuevas especies halladas por él^^. Y, sin embargo, fueron sus dos primeras aventuras en Oriente las que quedaron en su propia memoria y en la imaginación colectiva de los naturalistas españoles como hazañas singulares, revestidas de un aureola entre heroica y quijotesca. La relegada situación por la que atravesaba España en el concierto mundial de las naciones, cruelmente subrayada en los años en que Escalera realizó sus dos primeros viajes, 1898 y 1899, por el llamado desastre del 98, y el modo dramático en que todo ello fue vivido por la opinión pública, prestaban retrospectivamente a sus expediciones entomológicas en Asia Menor y Persia un especial valor simbólico. Así se aprecia en la reivindicación nacionalista escrita por Escalera años después a propósito de sí mismo y de algunos otros viajeros españoles en Oriente, integrantes de una nómina que, como muestra este volumen a lo largo del resto de artículos que lo componen, fue quizá no muy larga pero sí intensa^^. [...] no es que niegue á los yankees el mérito de haber filmado magistralmente escenas vividas y reales sin trucos, lo que sí niego es que hayan sido los primeros en sorprender y vivir esas escenas, ni yo tampoco [en 1899], porque 2 años antes Mr. de Morgan que hacía excavaciones en Susa había ido a Ispahan por la misma ruta, y poco antes D. Jaime de Borbón, españolísimo y buen viajero asiático había hecho lo propio y aun antes Rivadeneira hacia el 70 bajó el Eufrates, visitó Bagdag, y el Tigris y Schuster y remontó el Karum y llegó á Ispahan con los Baktiaris; esto era en los tiempos heroicos sin autos, ni aeroplanos, ni cinematógrafo pero ocurría lo mismo que vais á ver, desplazándose penosa pero animosamente. Las referencias a los «yankees» y al «cinematógrafo» en estas notas retrospectivas, que por lo que ahora mismo se verá debieron de ser redactadas no antes de mediados los años veinte, aluden sin duda al célebre film norteamericano Grass, realizado en 1925 por los cineastas Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack en colaboración con la periodista Marguerite Harrison, y considerado desde entonces uno de los títulos clásicos del «cine etnográfico»^^. En Grass se documentaba en términos de epopeya primitiva la asombrosa migración anual de los bakhtiari y sus ganados hacia los pastos de los altos valles, atravesando el caudaloso río Karun y ascendiendo peligrosos pasos de alta montaña. Eran las mismas gentes con las que Escalera había convivido un cuarto de siglo antes, y la misma ruta que él había seguido a través de la cordillera de los Zagros. De ahí que su comentario a la película esté basado en la autoridad de la experiencia adquirida de primera mano cuando llevó su expedición «por los mismos caminos que ahora veréis»^^ «He aquí esplicado [sic] así en breves palabras la razón de este éxodo anual de tribus y ganados; en comienzos de Mayo los llanos del Kuristan han dado sus cosechas, la hierba esta agotada por el bestiaje si antes la langosta no arrasó mioses y pastos y por los dos ó tres pasos unicamente practicables hay que cruzar penosamente esas cadenas paralelas de los Zagros tajadas por ríos torrenciales ascendiendo de los llanos atrasados del Arabistan y el Kuristan casi al nivel del mar por escalones sucesivos de 1.000, 2.000 y 3.000 metros para encontrar los pastos frescos de las faldas orientales»^^. El prestigio que así ganó entre sus colegas nunca se tradujo, sin embargo, en una estabilidad profesional para su dedicación a la entomología. Aunque, como ya se dijo, su doble preparación como explorador y naturalista le convirtió en una pieza clave de los proyectos expedicionarios a Marruecos y el golfo de Guinea impulsados desde instancias oficiales durante el primer tercio del siglo veinte. Escalera no pudo consolidar profesionalmente su vinculación al Museo Nacional de Ciencias Naturales, el centro de referencia para la investigación entomológica. El no tener una titulación universitaria adecuada supuso, en el contexto español, un obstáculo insalvable frente a la rigidez institucional del sistema académico. De estas rigideces se quejaba en 1915 Ignacio Bolívar, por entonces Director del Museo y cabeza visible de los entomólogos y aun del conjunto de los naturalistas españoles, cuando argumentaba que la subordinación de su centro a la universidad había acelerado su decadencia, «pues exigiendo los Reglamentos fuesen Jefes de las Secciones los respectivos Catedráticos de la Facultad, se impedía encomendar aquellos servicios a otras personas de reconocida competencia»^^. Pero, incluso tras independizarse institucionalmente el Museo en 1910, las posibilidades de incorporar a elementos como Escalera en puestos acordes con su valía siguieron escaseando. Solo en 1932 pudo por fin regularizarse en parte su situación al obtener una plaza en el Museo como Entomólogo Agregado, puesto de todos modos inferior en rango al de otros especialistas que allí trabajaban como investigadores y responsables de las diversas secciones. En 1933 sufrió un accidente, al ser atropellado por un tranvía, de resultas del cual hubo de usar muletas el resto de su vida, lo cual no le impidió, cuando ya había cumplido los sesentaicinco años, seguir viajando y colectando insectos. La fragilidad de la situación profesional de Escalera se reveló en todo caso tras la guerra Civil. Cuando en 1939, con Bolívar y buena parte de su equipo en el exilio, llegaron las nuevas autoridades al Museo, estas no prestaron ningún apoyo a un Escalera ya anciano, a pesar de no haberse significado poKticamente durante la contienda. Olvidado por la ciencia oficial, murió el 8 de agosto de 1949 en Tánger, donde había pasado sus últimos años en compañía de su hija Emma. A eUa se deben algunas notas que retratan al científico en la intimidad famihar y sobre todo en el campo, su natural elemento, despreocupado de todo cuanto no fueran sus insectos y más aun de su aspecto personal, calificado cariñosamente de <damentable»^^. «[...] un trajecillo de dril y cubriendo su cabellera rojo azafrán un sombrerillo de tela. En la mano un mariposero y en banderola unos tubos y otros trebejos...»
Si echamos la vista atrás y observamos con atención la historia europea y oriental de comienzos del siglo XX, comprenderemos que hemos llegado al final de la aventura. Porque al paso de los últimos enamorados del «voyage en Orient», informadores y exploradores muy especiales transitaron entonces por pistas y ciudades. Y en su asalto final a los restos del Imperio Otomano, las potencias vencedoras de la I Guerra Mundial se repartirían colonias y áreas de influencia. Pero antes habían ido trazando sus planes a largo plazo, porque también en Oriente Próximo y bajo cuerda, Inglaterra, Francia y Alemania jugaron su particular «gran partida» antes de la Gran Guerra. En 1899, un año después de que Alemania hiciera su entrada en escena, Inglaterra firmó un pacto secreto con Mubarak al-Sabah, cuya tribu vivía en los alrededores de un poblado situado en la costa de la provincia de Basra, llamado Kuwait^ Con el cinismo calculador que siempre caracterizó la construcción y defensa de su imperio, los ingleses sumaron este enclave al rosario de puestos con los que ya dominaban la navegación del Golfo Pérsico, tomando de nuevo así la iniciativa y conquistando una posición vital en el tablero en el que se iban a jugar dos partidas decisivas; el ferrocarril y el petróleo. Y es que en el curso del último tercio del siglo XIX, aunque jurídicamente al menos Egipto y el Canal de Suez siguieran formando parte del Imperio Otomano, de hecho eran ambos predios británicos^, pese a la profunda irritación turca. Al asegurarse Inglaterra esa nueva ruta a la India, la tradicional por Mesopotamia dejó de ser primordial, aunque en las costas del Golfo se mantuvieran enclaves de paso valiosos, como los emiratos de la Costa de la Tregua, Bahrain y el puesto de Bushir. Sin embargo, el viaje a Oriente del kaiser Guillermo II rompía un statu quo que Gran Bretaña deseaba mantener como fuera. En 1898, la visita del emperador alemán tenía dos intenciones, una puramente económica y poli-tica -fortalecer la alianza entre ambos imperios, asegurarse la concesión del ferrocarril desde Ankara y Konya hasta Basra (el famoso Bagdad-Bahn), y el suministro de armamento moderno para el ejército turco-, y otra religiosa y cultural, pues Guillermo II quería ceder una finca en Jerusalen para la edificación de la iglesia de la Dormitio Sanctae Mariae Virginis, y visitar las ciudades antiguas de Palestina y Siria. Estuvo en Jerusalen y Damasco, visitó las imponentes ruinas de Baalbek y sin duda llevado de su sincero interés por la arqueología y la ciencia^, resolvió impulsar la investigación alemana en Oriente. Otto Puchstein trabajaría en Baalbek y Robert Koldewey en Babilonia^. Con ellos empezaba la moderna arqueología en Oriente Próximo. El caso es que la construcción del ferrocarril y las suspicacias de unos y otros vinieron a decidir algunos de los viajes más minuciosos de comienzos de siglo, que se verían acompañados por los de estudiosos animados de una pasión más confesable: el descubrimiento de la Antigüedad. Por las rutas de Oriente se movieron entonces Max von Oppenheim, Pierre Loti, Gertrud Bell, Ernst Herzfeld, Thomas Lawrence y muchos más, y con ellos tal vez se cruzaron los españoles Antonio Muñoz Degrain, Vicente Blasco Ibañez y el padre Buenaventura Ubach, honrosos epígonos de nuestros viajeros a Oriente. Es muy posible que la figura más interesante de la primera mitad del siglo XX sea la del barón Max von Oppenheim, diplomático, viajero y ar-queólogo^. Hijo de una familia notable en las finanzas, doctor en derecho, tras un primer viaje a Oriente comenzó sus estudios de árabe en Wiesbaden y Berlín, donde conoció al más célebre explorador alemán de África, Gerhard Rohlfs, que le animó a realizar empresas que dignificaran a su patria. En 1892 viajó a El Cairo, para perfeccionar su árabe, decidiendo entonces «meterse en el espíritu del Islam», E inflamado por su pasión y los alientos de G. Rohlfs, en 1893 emprendió un gran viaje desde Beirut al Golfo Pérsico, en el curso del cual cruzó las montañas del Haurán, el desierto de Palmyra y tras pasar el Eufrates en Deir Zor, subió hasta Mossul y descendió todo el curso del Tigris por la orilla izquierda. La publicación de su aventura^ iba a revelarle como el más importante viajero científico de su tiempo, una nueva especie propia del siglo XX. Pero sin profesión ejercida ni futuro definido hasta entonces, en 1896 la presión familiar le llevó al Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, para el que prestaría sus servicios en la legación alemana de El Cairo durante trece años. Allí redactó hasta 500 informes muy variados sobre el mundo islámico, que el mismo kaiser estimó sobremanera. Su perfecto entendimiento con los árabes, sus viajes y sus actividades des-portaron las suspicacias de los ingleses, que le suponían una especie de espía, pero lo cierto es que nunca pasó de ser un erudito que amaba el mundo árabe y que ejercía su condición de Secretario de Legación, intentando compaginarla con su verdadera pasión'^. En 1899 llevó a cabo otro gran viaje por Palestina y al Yazira -una región prácticamente desconocida entonces, y en la que descubriría Tell Halaf-, cuyos resultados serían publicados dos años después^. Su vocación por la etnología y la arqueología se iba acentuando, al tiempo que cumplía con sus obligaciones diplomáticas. Pero en 1909 abandonó el servicio exterior para dedicarse a la que consideraba la labor de su vida: la excavación de Tell Halaf y el estudio los beduinos. Las excavaciones arqueológicas se llevarían a cabo en dos fases (1911-1913 y 1927), en 1913 realizaría un nuevo viaje por al Yazira y sus libros irían saliendo luego y convirtiéndose en obras de referencia, como la monumental Die Beduinen y las memorias definitivas de Tell Halaf^. Murió ya octogenario, a poco de finalizar la II Guerra Mundial. La inscripción de su lápida funeraria testimonia que con él moría quizás el último de los grandes viajeros de esta historia^^. La vida de Max von Oppenheim se cruzó con la de otros curiosos personajes de la época, como Gertrud Bell -a la que juzgó en El Cairo como «muy inteligente e interesante»-o Thomas E. Lawrence, al que conoció en una visita al yacimiento de Karkemis. Lawrence por cierto estimaba que «Von Mittelmeer zum Persischen Golf» era el mejor libro que había conocido sobre el área^^. Aparentemente muchas cosas aproximaban la vida del alemán y de ambos ingleses, pero su evolución sería radicalmente distinta, no tanto por la guerra cuanto por sus convicciones personales. Max von Oppenheim siempre falto de arrogancia, respetuoso y sinceramente integrado con los pueblos, volcado finalmente en la arqueología: los británicos, diletantes primero en la arqueología, hablando siempre de «los orientales» -con el típico simplismo reduccionista del colonalismo-, de unas gentes a las que G. Bell consideraba «como niños», y que al fin se entregarían en alma y cuerpo a los servicios secretos del Imperio Británico. Antes de que estallara la I Guerra Mundial, algunos otros viajeros caminaron por Oriente, como el célebre marino y escritor francés Pierre Loti, que entre el 17 de abril y el 6 de junio de 1900 cruzó Irán, desde la orilla del Golfo Pérsico en Bushir, hasta la del Caspio en Enzeli, pasando por sitios tan emblemáticos como la famosa Isfahan, y escribiendo luego un libro lleno de las virtudes y defectos típicos de su literatura^^. En 1905, el mismo año en el que Gertrud Bell, hija de una de las grandes familias de la industria británica, que había aprendido árabe y persa al vi-vir en Teherán con su tío, embajador en Irán, emprendiera su tercera expedición por Beirut, Jerusalén y el Yebel Drus -del que enviaría por cierto, y como solía hacer en cada viaje, un informe al Foreing Office y al Indian Bureau-^^, el pintor español Antonio Muñoz Degrain visitó Palestina y Siria, donde esbozó su mágica serie de cuadros de Tierra Santa, que suponen una visión asombrosa del paisaje oriental^'^. Poco después, Vicente Blasco Ibáñez emprendería un viaje a Oriente -sintetizado en su estancia turca y en la descripción de Constantinopla hecha en su famoso libro-, y por las mismas rutas que lo habían hecho ya tantos antepasados en la aventura, el sabio monje Buenaventura Ubach viajaría por el Sinai -del que escribiría un interesante libro-, Líbano, Palestina y TransJordania, recogiendo notas, fotografías y objetos para las que serían sus grandes realizaciones en Montserrat. Pocos años antes de la guerra, las realidades políticas y el mismo presente histórico estaban colocando en su sitio real las tradicionales imágenes literarias y artísticas del orientalismo. Los decorados y el brillante vestuario del Oriente soñado a través de las Mil y una noches, exhibidos en la Opera de París en 1910, por los Ballets Rusos de Sergey Diaghilev en su versión de Scherezade de Rimsky Korsakov^^, podían despertar una supuesta moda oriental en los vestidos de las damas parisinas, pero casaban mal con la realidad descarnada de las fotografías del arquitecto Maurice Pillet, tomadas en su viaje a Susa en 1912^^, o tantos otros miles de instantáneas traídas por centenares de viajeros y visitantes. La pintura ya no podía permitirse evocaciones, y algunos años después, cuando en 1916 D. W. Griffith estrenara su película «Intolerance»^'^, el cine tomaría el testigo de la recreación de los mitos y la supuesta realidad oriental. Pero antes había que pasar la prueba de la guerra y la traumática creación de las naciones modernas de Oriente. La I Guerra Mundial liquidó los restos del Imperio Otomano en Oriente y al imperio mismo. La guerra confirmó también las verdaderas tendencias de sujetos antes dudodos, como T. E. Lawrence^^, G, Bell o St John Philby^^, verdaderos «agentes imperiales» como dice E. W. Said, que llamados por D. H. Hogarth al Bureau de El Cairo, se convertirían en los «expertos» que iban a definir las fronteras de los nuevos países, naturalmente siempre al mejor servicio de la Gran Bretaña^^. Con la paz, la voluntad inglesa de olvidar promesas e imponer sus planes quedó pronto de manifiesto con el brutal aplastamiento de la rebelión iraquí, que en 1920 implicó el bombardeo de las tribus con gases y la carnicería represiva decidida por Percy Cox, protector de Gertrud BelF^ Por su parte, los franceses no fueron menos explícitos en la liquidación de la breve monarquía El fin dela aventura de Faysal en Damasco. El tratado de Sèvres, que en agosto había desmantelado el imperio turco, abrió paso al reparto entre Francia e Inglaterra, y el viejo sueño hachemita de un sólo gran reino árabe -prometido por los ingleses para conseguir el apoyo de Hussein contra los turcos-se desvaneció. En 1921, W. Churchill y los responsables británicos en Oriente se reunieron en El Cairo y ofrecieron a Faysal la corona de Iraq, reservándose el dominio del país como mandato de la Sociedad de Naciones: por el oeste, sin embargo, tuvieron que aceptar como hecho consumado la monarquía de su hermano Abdallah en Jordania. Mas con Hussein, padre de ambos y todavía soberano en La Meca no hubo posible acuerdo, dolido por el engaño y las maniobras británicas. Pero en 1924, Ibn Saud del Nayad expulsó a los hachemitas y se proclamó rey con apoyo inglés^^: los intereses occidentales en los yacimientos petrolíferos de Hasa estaban asegurados. El Oriente que salió de la I Guerra Mundial era un espacio dividido, conmovido por el despertar del nacionalismo árabe, que aspiraba a sacudirse el dominio de Francia e Inglaterra. Algunos curiosos volvieron a cruzar por sus rutas, pero la época gloriosa del redescubrimiento de los pueblos, los paisajes y las culturas había terminado. En 1922-1923, el padre Ubach viajó por Siria e Iraq, visitando Bagdad, Babilonia y Ur, y en abril de 1926, el capitan Rafael Martínez Esteve se estrellaba con su avión en el desierto de Iraq, comenzando una épica marcha en busca de la vida, de la que saldría un libro lleno de imágenes que cierran poéticamente la historia de nuestros viajeros y, en cierta forma, la de todos. Porque el resto sería otra cosa, aunque el viaje de Agatha Christie en 1930, invitada por la esposa de L. WooUey a visitar la famosa excavación de Ur, decidiera su matrimonio con M. E. L. Mallowan, su participación posterior en las excavaciones de su marido y novelas como «Murder in Mesopotamia» (1936)^^; y aunque la legendaria expedición Citroën al Asia Central, de los años 1931-1932, que cruzó Siria, Iraq e Irán antes de introducirse en Afganistán, la India y China, reportara un enorme acervo de documentación de todo tipo para la arqueología y la historia, la etnografía, la geología y la zoología en general de tan vasta región^^. Herederos quizás de la vieja tradición serían la suiza Ella Maillart (1903Maillart ( -1997)), con sus incesantes viajes por el antiguo Turkestan, Irán, Afganistán y otras regiones de Oriente^^, y el británico Wilfred Thesiger (1910Thesiger ( -2003)), peregrino por los desiertos de Arabia y habitante durante largos años de las marismas de Iraq^^. Aunque, probablemente, ni siquiera ellos. Cuando los viajeros españoles recordados cruzaron sus pasos con los últimos europeos, Oriente seguía sien-
mundo, sino que su propio quehacer vital, su propia vida había sido, asimismo, un continuo viaje. Aquellos viajes, cuya razón de ser descansaba en diferentes motivaciones políticas, literarias, económicas o lúdicas, como muy bien señaló M. Bas CarbonelP, iban siempre acompañados de pequeñas libretas en las que anotaba sus impresiones y que luego le servían para enhebrar sus artículos periodísticos y también sus novelas'*. Sus más solventes biógrafos^ han dado señalada cuenta de sus viajes, recordando incluso el nombre de las barcas y barcos que le llevaron tanto a Occidente como a Oriente. Así, el vapor Pérez, que le condujo a Argel, el Sagunto a Italia, el Muza a Tánger, el Cap Vilano a la Argentina, el Mauritania a Nueva York, el Konig Friedrich August, con el que viajó por Europa en 1914, y el lujoso Franconia con el que dio la vuelta al mundo^. Vicente Blasco Ibáñez, viajero Por motivaciones políticas, Vicente Blasco Ibáñez se vio obligado a realizar su primer viaje al extranjero en julio de 1890. La causa se debió a la manifestación que había organizado en Valencia en contra de la subida al poder por parte de Cánovas del Castillo^, jefe del partido conservador. Escondido de la policía, hubo de refugiarse en la Albufera en donde lo recogió un barco de contrabandistas que lo llevó a Argel. De allí embarcaría para Marsella y luego viajaría hasta París^. Ni que decir tiene que las peripecias vividas le servirían de material literario^. Vuelto a España, aprovechando una amnistía política, Blasco Ibáñez, que se había casado con doña María Blasco del Cacho, se dedicó a publicar obras, a precios económicos, de los grandes autores de la Literatura universal. Tras algunas escaramuzas de corte político local y la fundación de El Pueblo, diario republicano de la mañana^^, nuevas circunstancias políticas -entre ellas, una manifestación para protestar por la guerra de Cuba^\ previamente azuzada desde el periódico El Pueblo^^-, le obligaron a esconderse y a disfrazarse de marinero para así poder escapar en un vapor con destino a Génova. Su estancia en Italia -país que luego visitaría en otras ocasiones-le darían materia para escribir numerosos artículos que aparecieron en el precitado El Pueblo^^. Vuelto a España en septiembre de 1896, se presentó ante las autoridades. En un Consejo de guerra fue condenado a dos años de prisión correccional, pena que le fue conmutada por la de destierro y confinamien- Sus impresiones, la historia de los países visitados, la descripción de sus ciudades y paisajes tomaron cuerpo en las obras tituladas Oriente y La vuelta al mundo de un novelista. Blasco Ibáñez supo resumir la historia de Constantinopla así como la de Egipto -especialmente su antigüedad-con sencillas palabras, sin tecnicismos, haciendo llegar al lector el impacto que le causaron monumentos y ambientes de la ciudad turca en un caso, y las pirámides, tumbas y el paisaje nilotico en otro, además de introducirlo en el alma de sus gentes. «No hay población que pueda compararse, por su belleza topográfica, con la famosa Constantinopla» «¿Por qué te vas? ¿Qué puedes conseguir realizando tu infantil deseo de hacer un viaje alrededor del mundo?» El 27 de abril de 1921, en La Publicidad se consignó acerca de Vicente Blasco Ibáñez, el autor más leído de su tiempo, una frase totalmente cierta y verificable. Decía que era «el único hombre de España que había sabido, con gran tumulto, correr mundo»^. Nuestro autor, que no supo jugar sus bazas para ser reconocido como Premio NobeP -sin duda merecido-no sólo había viajado por muchos países e incluso dado la vuelta al Federico Lara Peinado to a más de 250 km de su querida Valencia. De esta manera Vicente Blasco Ibáñez pasaría a vivir en Madrid el 31 de marzo de 1897. Aquí durante sus cinco meses de permanencia escribió setenta y cinco artículos de temática política y literaria fundamentalmente^^. Después de un viaje a Mallorca en 1902 adonde había acudido para realizar estudios de ambiente previos para la redacción de su obra Los muertos mandan}^ y otro a Bilbao en diciembre de 1903, viajaría dos años más tarde, en 1905, por el sur de España por razones puramente personales (Jerez de la Frontera), llegando a Gibraltar^^. Las impresiones vividas en la plaza británica le sirvieron para una de sus novelas cortas: Luna Benamor^^. Desde Gibraltar embarcó para Túnez. Llegado allí quiso pasar a Tetuán y a Marruecos, pero las circunstancias locales le impidieron realizar aquellos viajes. En 1906 conoció a la milionaria chilena Elena Ortúzar y Bulnes, persona que tomaría como modelo para alguna de sus novelas y que sería fundamental en su vida personal^^. En 1907, después de un viaje a Sevilla^^' se desplazó a la francesa Vichy^^, para encontrarse con la precitada Elena Ortúzar. De allí pasaría a Ginebra. Desde Ginebra -y tras visitar Berna, Munich, Viena y Budapest-iniciaría su primer viaje a Oriente, acompañado de doña Elena, la madre de ésta y la doncella. Tal viaje, literariamente titulado Oriente^^' lo plasmó en dos partes, dedicándole la primera a las ciudades antes citadas y la segunda en su totalidad a Turquía. Su admiración por Constantinopla fue total, y a ella le consagró nada menos que dieciséis capítulos. Tal extensión le permitió analizarla desde los más diversos aspectos, con soberbia pluma de narrador^^. Tampoco escapó a su atención viajera el Nuevo Mundo, atravesando el Atlántico varias veces, en su faceta de hombre de empresa y de negocios. Su primer viaje en 1909 lo realizó a la Argentina, en donde pronunció numerosas conferencias en torno a la historia, la geografía y la literatura españolas, todas de señalado éxito^^. En su segundo viaje, las conferencias fueron otra vez la motivación principal. Volvió a visitar diferentes ciudades de Argentina, Paraguay, Uruguay y Chile^^. En la provincia argentina de Río Negro y en Corrientes le sobrevino el sueño del utópico colonizador, poniendo en funcionamiento colonias agrícolas con emigrantes valencianos, indianos y de otras etnias, a las que llamó con los españolísimos nombres de «Cervantes» y de «Nueva Valencia»^^. y que a la postre significaron un fracaso^^. Mayor éxito tuvo en Estados Unidos, adonde acudió en 1919, también como conferenciante^^, contratado por el éxito de la publicación en aquel país de Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Allí lograría triunfar, literaria Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928): viaje por Oriente y Egipto y económicamente hablando, al incorporarse al mundo de Hollywood (algunas de sus novelas serían protagonizadas por Rodolfo Valentino, Glen Ford, Charles Boyer, Ingrid Thulin y Greta Garbo)^^ y al de Washington (en donde la Universidad George Washington le concedió el título de Doctor en Letras honoris causaP'^), Su precitado libro. Los Cuatro jinetes del Apocalipsis^^, fue el más leído en aquel país después de la Biblia. Desde Estados Unidos pasó a Méjico y a Cuba, para, en el verano de 1920, regresar a Francia, a Niza. En Méjico, según fue habitual a lo largo de sus viajes, recolectó materiales para escribir una novela. El águila y la serpiente, que no pudo realizar, a pesar de ser esperada por sus incondicionales lectores^^. Vicente Blasco Ibáñez, viajero por Oriente a) El viaje a Turquía Dicho viaje, el tercero de los considerados «literarios», lo inició a finales de agosto de 1907 y tuvo por escenario diversas ciudades de la Europa central y de los Balcanes para finalizar en la capital de Turquía. Este viaje fue totalmente improvisado^^, aunque no le impidió consumir en el mismo seis meses y en hacer de él una tentación literaria que plasmaría en diversos artículos, luego convertidos en libro^^. Sin aludir aquí nosotros a dos grandes viajeros medievales que también visitaron Constantinopla -Ruy González de Clavijo^^ y Pero Tafur^^ y a algunos del XVIP^-que dedicaron largos párrafos a la presentación de Constantinopla^'^, sin duda Blasco Ibáñez, superándolos, supo pergeñar con toda nitidez el interés y el embrujo de tal ciudad, objeto de la segunda parte de su libro, ya citado, Oriente, En el capítulo XVI, el autor valenciano, tras formalizar los asuntos de aduana, confiesa que al fin se halla en el Imperio otomano^^, en Adrianopolis, la segunda capital de la Turquía europea. A continuación se centra en la personalidad de los turcos, intentando desechar la falsa opinión que se tenía sobre ellos, «errónea e imaginaria» según sus calificativos^^. El capítulo siguiente lo dedica a Constantinopla, suma de tres ciudades: Pera y Gaiata, que forman una agrupación urbana; Estambul, que ocupa el solar de la antigua Bizâncio, y Scutari, en la ribera asiática. Ni que decir tiene que aquí Blasco Ibáñez hace gala de un profundo conocimiento histórico de la misma, aludiendo a las disputas teológicas de tiempos pasados, al movimiento iconoclasta, a los enfrentamientos con motivo de las Federico Lara Peinado 874 carreras de carros, y a las Cruzadas, responsables del gran saqueo que padeció la ciudad^^. El Gran Puente y las gentes que lo transitan -las descripciones de las mismas son magistrales, insistiendo en los «miles de gorros, rojos geranios, que oscilan al marchar-, le sirven para redactar dos soberbios capítulos (XVIII y XIX). En el siguiente, el XX, se ocupa del Gran Visir Ferid-Pachá, ante quien pudo acceder gracias a los buenos servicios de un amigo personal, que hablaba y escribía doce idiomas^^ Los dos siguientes capítulos los dedica a describir el Palacio de la Estrella, que ocupa una enorme extensión territorial^^ y a la semanal ceremonia diplomática en el Sélamlik, Blasco Ibáñez se permite hacer, a continuación, un excursus muy interesante, lo que habla a favor del cariño que tuvo por los animales. En efecto, el breve capítulo XXIII lo centra en hablar de los perros vagabundos de Constantinopla -¿80.000?, ¿centenares de miles?-, siempre «respetados por el turco con cierta superstición». Igualmente atrajo su atención y curiosidad la «representación» de los derviches danzantes, celebrada dos veces por semana y que narra magistralmente, obligando al lector a «verla» en su subconsciente^^. Notable interés descriptivo tiene la visita al Tesoro del Palacio del Serrallo, el cual le produjo una «profunda decepción», habida cuenta del polvo y la dejadez existentes, «dando a todo un aspecto de pobreza y falsedad», y al que califica como «una enorme tienda de anticuario abandonada». No obstante, las vestiduras de gala y los trajes de aparato de los antiguos sultanes, desde Mohamed II, que conquistó Constantinopla en 1453, hasta Mahmud II, que murió en 1839, lograron atraer su interés. Sin duda, el capítulo XXVI, dedicado a Santa Sofía es de lo más acabado de todo el relato. Tras señalar las dificultades que tuvo para poder entrar en dicho monumento -debió «invertir más de quince días en ruegos, visitas y gestiones casi diplomáticas»^^-pasa a describirlo brevemente y a historiarlo, recordando a los dos arquitectos griegos que edificaron tal maravilla, Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto^^, y que inauguraría el gran emperador Justiniano^^. Al patriarca Joaquín II, que califica de «Papa griego» y de Su Santidad, le dedica el capítulo XXVII. Tuvo ocasión de entrevistarse con él -nos lo relata de modo desenfadado e incluso anecdótico-con la ayuda de un intérprete. Blasco Ibáñez rememora la conversación mantenida con tal personaje, quien le obsequió -nos dirá-con un café que no era «gran cosa», «cigarrillos comunes y un servicio de porcelana de lo más vulgar». Jugosas opiniones sobre las mujeres turcas «que marchan encubiertas por las calles» y que sólo ven al Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928): viaje por Oriente y Egipto «esposo de tarde en tarde», así como sobre los eunucos, que en «realidad no sirven para nada», conforman el capítulo XXVIII, en el que recuerda la existencia de la ventas de esclavas todavía en su tiempo, «guardadas y vendidas en las casas de particulares». Un comentario a los' derviches aulladores'^^ y unas páginas dedicadas a argumentar la libertad religiosa (¿?) vivida en Turquía dan paso para recordar los restos de Bizâncio (capítulo XXXI), texto de contenido artístico-arqueológico y que demuestra la perfecta información que sobre tal temática tenía Blasco Ibáñez^^. Así, la mezquita del sultán Ahmed, el obelisco de Teodosio, la Columna Serpentina, la Pirámide Murada, las fortificaciones, la Torre de Mármol y las Siete Torres (Heptapyrgion) tienen su adecuado tratamiento^^. Con el capítulo titulado «La noche de la fuerza» -el XXXII-, redactado con toda elegancia dada la posible escabrosidad del tema, centrado en las costumbres de los musulmanes durante el Ramadán^^, concluye el autor su viaje a Constantinopla, que se vio alterado al final por un incidente peligroso, cual fue el descarrilamiento de su tren con el que retornaba a Europa y del que pudo salir indemne. Como ha sostenido J. L. Alborg^^ cuya opinión compartimos, la obra Oriente, sabia mezcla de elementos descriptivos, pintorescos, históricos y políticos, es un regalo para el lector. Y tan apasionante como la mejor de sus novelas. Asentado plácidamente en la Costa Azul, el viejo novelista que ya era Vicente Blasco Ibáñez, y que había viajado por América, Europa, África y Oriente Próximo, no se resistía a la inacción. Sus inquietudes de aventurero le llevaron un día del otoño de 1923 -tras examinar muy seriamente los pros y los contras-a planificar un completo viaje alrededor del mundo, a fin de visitar lejanos países, como China, Japón, Filipinas, la India, y cuyo broche final sería un viaje por Egipto, país del que se sentía atraído desde su infancia. Según sus propias palabras serían ocho los mares a atravesar, de un extremo a otro -el Océano Atlántico, el mar de las Antillas, el Océano Pacífico, el mar de Japón y el de la China, el Océano Indico, el mar Rojo y el Mediterráneo-. Navegaría por los tres cursos fluviales más famosos de la historia humana, «cuyas aguas sirvieron de leche maternal a las primeras civilizaciones: el río Amarillo, el Ganges y el Nilo». Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928): viaje por Oriente y Egipto Junto con Elena Ortúzar^^, no dudó en embarcarse en Nueva York en el trasatlántico Franconia, un paquebote de 20000 toneladas, de la Compañía Cunart, junto a 300 «excursionistas»^^ -en realidad, muchos de ellos millonarios deseosos de conocer tierras y mares ignotos-para un largo viaje de seis meses alrededor del mundo. Bordeando la Florida, visitando La Habana, y atravesando el canal de Panamá, alcanzaría las islas Hawai, Honolulú, Japón, China, Macao, FiHpinas, Java, la India, Sudán, Nubia y, finalmente, Egipto. Este largo e interesantísimo viaje sería descrito en su exitosa narración -que no novela-La vuelta al mundo de un novelista^"^. En tal obra, como señaló quien ñiera su secretario, E. Gaseó ContelP^, la ficción no existe. El autor ha sabido trasladar al lector a los parajes que describe. Paisajes y pueblos van surgiendo a lo largo de las páginas, junto a remotos navegantes, dioses, guerreros, religiones, sectas y costumbres. En fin, todo un resumen de la vida planetaria, descrita «sin minuciosidades enfadosas y con extraordinario colorido»^^. Cinco años después de finalizar aquel viaje, Vicente Blasco Ibáñez moría un 28 de enero -le faltaba un día para cumplir 61 años-en su casa francesa de Mentón, bautizada por él como Fontana Rosa, desde donde, en palabras del propio novelista «parecía oírse el latido y la respiración de la Naturaleza en reposo»^^. En ocho capítulos, del XV al XXII, de su citada obra La vuelta al mundo de un novelista^^, Blasco Ibáñez narra su personal visión del Egipto de comienzos del siglo XX. La lectura de los mismos evidencia, obviamente, que el país descrito no es el de hoy, aunque sí responde al secular ambiente etnográfico, monumental y sobre todo paisajístico del antiguo Egipto, que presentaba en la época del novelista y aún, en buena parte, en nuestros días. Previamente a su recorrido por Egipto, Blasco Ibáñez anticipa datos e impresiones sobre el mismo en los capítulos XII («El país de los aromas»), que contiene algunos errores históricos^^, XIII («Nilo Blanco y Nilo Azul»), en donde se ocupa del sitio de Kartum de 1883 y de las nubes de moscas y vendedores ambulantes que acosan a los viajeros^^, y XIV («La ciudad del Mahdi»)^\ capítulo que sorprende por la descripción colorista de su zoco. El capítulo XV lo intitula «Los colosos de Abu-Simbel», monumento que constituye para él el primer encuentro con el Arte egipcio y que lo verá a la luz del farol que porta un marinero del vapor-hotel que lo acompaña. Blasco Ibáñez muestra su admiración por los cuatro dioses del interior del hipogeo, por su columnata y, por supuesto, por su colosal fachada, que puede ver ya coincidiendo con el amanecer^^. Llegado aquí emite un juicio totalmente negativo del faraón Ramsés IF^. Alude, sin ci-Federico Lara Peinado 878 tarla, a la batalla de Kadesh, lugar en donde -según el poeta egipcio-tal monarca se vio envuelto por dos mil quinientos carros de guerra y varios millones de enemigos^^. La alusión al vocablo bacshis, esto es, la demanda de propina por parte de algunos niños beduinos, adquiere su importancia y su nota colorista, puesto que, como señala muy acertadamente, tal petición y palabra -con la que se encuentra nada más llegar al país-«no le abandonarán» ya hasta su partida, cuando embarque en Alejandría. Por vía fluvial se dirige al «lago artificial» de Filae, en donde empieza el Egipto propiamente clásico. La descripción de las aldeas, de sus gentes, de los restos arqueológicos y del kamsin o viento persistente, anotado todo con unos cuantos toques literarios impresionistas, permiten al lector evocar aquellos parajes y ambiente. El capítulo XVI lo intitula «El lago de Filae». En el mismo se ocupa del mecanismo de las inundaciones periódicas causadas por el río Nilo, que describe prolijamente^^ -inundaciones, por otra parte, que controladas en la Antigüedad eran la base de la prosperidad del país-. Blasco Ibáñez comenta que la presa de Asuán^^, reguladora de los regadíos, permitía alimentar a siete millones y medio de egipcios^'^. Tras ello, no duda en señalar que «el lago de Filae es culpable de varios atentados contra el Arte»^^, al margen de haber sumergido, además, a diversos pueblos. Visita los templos de Filae, señalando que el más antiguo de ellos se levantó en tiempos de Nectanebo II y aludiendo a los demás de época ptolemaica y romana^^. Tras comentar nuevamente la abundancia de moscas, plaga de la que el egipcio no parece enterarse^^, y describir muy sucintamente Asuán, el autor cierra el capítulo. El siguiente, el XVII, lo dedica a «Tebas, la de las cien puertas». Lo inicia comentando el esplendor de la luz egipcia, que constituye en el país una riqueza y un tormento a un mismo tiempo. Luego de aludir y explicar algunas características de las dos plantas nacionales: el papiro y el loto, pasa a describir Tebas^^ Blasco Ibáñez da aquí una lección de historia y arqueología, sin erudición empalagosa, a modo de ágil reportaje. Invita, además, a conocer a los hicsos^^, a recordar a Homero, a las luchas mantenidas contra los «Pueblos del mar»^^ y, naturalmente, a Tebas, descrita ya como un campo de ruinas por Diodoro de Sicilia, a quien cita. Luego hace un excursus acerca de las procesiones que se efctuaban entre Karnak y Luxor, portando la imagen de Amón^^. Curiosa es su idea acerca de cuál fue la «batuta directora de la actividad egipcia». Pensaríamos que el faraón o los dioses. Pero no, el autor prefiere considerar que fue «el palo» la indicada batuta^^. Ello le permite comentar la situación de los Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928): viaje por Oriente y Egipto antiguos escribas -tal profesión era la mejor-, según la referencia que hace a un «libro egipcio»^^ y la de los fallahuna, sometidos a constantes presiones y castigos si no entregaban la mayor parte de sus cosechas en los graneros reales^^. Después cita algunos datos técnicos de la famosa sala hipóstila del templo de Karnak para a continuación describir dicho templo^^. Finalizado el esplendor de Tebas -comenta-, la soledad y la ruina se apoderaron del lugar, que sería habitado por esporádicos eremitas cristianos, de los que cita a algunos de ellos. Más tarde, Tebas volvería a caer en el silencio. El capítulo XVIII -sin duda uno de los más interesantes-lo dedica al «Valle de los Reyes»^^. Atosigado por la consabida petición de propina por parte de los nativos, el autor se desplaza a la Tebas Oeste, cuyos desfiladeros están repletos de tumbas «en número infinito»^^. La visita a algunas de ellas le permite a Blasco Ibáñez recordar al lector el «gran arte nacional» egipcio, que fue el embalsamamiento. Alude a las «tres partes» que poseía cada persona fallecida y a la necesidad de conservar una de ellas -el cuerpo-para poder subsistir las otras dos^^. Copia de Heródoto -a quien cita-los tipos de embalsamamiento practicados y luego comenta las características de los hipogeos. Convenientemente asegurado el cuerpo, el alma pasaba a un país subterráneo, el «Reino del Oeste», del cual era monarca Osiris. A su llegada el difunto era sometido a un Juicio Final ante 42 dioses. Un ejemplar del Li6ro de los Muertos^^ le permitía defenderse ante los jueces acusadores. El descubrimiento de la tumba de Tutankhamón, dos años antes de la presencia de Blasco Ibáñez en estos parajes, le permiten aludir a la tumba de tal faraón -tan solo pudo ver la puerta de acceso-, y al tesoro encontrado, que luego admiraría en El Cairo^^. Comenta la expectación existente en Tebas ante el anuncio de la segunda apertura de tan famosa tumba. También pudo visitar la tumba de Sethi I, a la que califica de «tipo perfecto de hipogeo real»^^. La excelencia de las pinturas y relieves de ésta y de otras tumbas le lleva a evocar la célebre estatua de Cheik-el-Beled, en su opinión «la imagen de madera más antigua que se conoce en el mundo»^^. Recuerda al lector que las tumbas reales de tal lugar están vacías -salvo la de Amenofis II, cuya momia puede contemplar-, dado que los cadáveres de los faraones -informa para el lector no avisado-habían sido ocultados en un escondrijo -que no cita-por miedo a los beduinos ladrones^^ Comenta -no sin admiración-la pequenez de las momias y el mal aspecto de las mismas, que constituyen «verdaderos demonios de pesadilla»^^. Fatigado por la visita al Valle de los Reyes, el viajero renuncia a la visita del Valle de las Reinas. Pasará a continuación a visitar las rui-nas del Ramesseum^^, en donde ve uno de los colosos de Ramses IF^, y las del Amenofium^^. Aquí puede admirar los celebérrimos Colosos de Memnón, «gigantes heridos en las piernas y el torso con profundos tajos»^\ de quienes cuenta su leyenda. El final del capítulo lo remata con una curiosa anécdota. Blasco Ibáñez ve a un fellah que está arando su campo en las cercanías de las estatuas con una jninta formada por un camello y un asno. Atraído por la curiosidad, desea saber su lengua para hablarle. Ve cómo el campesino se le acerca. Siente incluso deseo de estrecharle su mano callosa. Y de pronto, tras ser saludado Blasco Ibáñez al estilo oriental, el campesino abre la boca y con voz «algo bronca» le dice ¡Bacshis!. «Las pirámides y la Esfinge» es el título dado al capítulo XIX. Arribado a Gizeh, narra con visión de minucioso fotógrafo la «farsa» turística del paseo en camello -así opina-, comentando que esperan a los visitantes más de cien de tales animales para el paseo y la foto de recuerdo. Luego de reaccionar al impacto emocional que le causan las pirámides^^, las pasa a describir sin tecnicismos y emite la opinión -hoy no aceptada-de la influencia mesopotámica sobre las mismas. A continuación se ocupa de la Esfinge, de la que solo ve su cabeza de piedra emergiendo de la arena, puesto que en aquellos años se hallaba prácticamente enterrada^^. Aunque da datos cronológicos erróneos, fiado de la documentación que pudo manejar^^, Blasco Ibáñez se adentra en cuestiones de datación egiptológica, recordándole al lector las Listas de Manotón y el Papiro de Turin. Luego, siguiendo las diatribas científicas del momento, se adentra en disquisiciones acerca de la antigüedad de los judíos en relación a la historia de Egipto. Asimismo, comenta los saqueos a los que fueron sometidas las pirámides en diferentes épocas, para centrarse en la historia de la de Micerino, recordando que fue encontrado en su interior un hermoso sarcófago de piedra y un ataúd de cedro, con el nombre de Menkara (sic). «Este hallazgo -continúa diciendo-lo embarcaron para Inglaterra y el buque naufragó frente a las costas de España, a la altura de Cartagena. Como el sarcófago pesaba tres toneladas, se fue al fondo del mar. El ataúd del faraón, con su cubierta imitando la forma de la momia, flotó». Recogido el mismo, fue incorporado en los fondos del Museo Británico^^. El final del capítulo, lo dedica a las figuras míticas de la «faraona» Nitocris y de la hermosa Rodopis, centro ésta de una leyenda muy próxima a la Cenicienta, con su «zapato» y todo. Esta leyenda permite a Blasco Ibáñez -que adopta aquí un cierto aire dogmático-aventurar una idea, con la que no podemos estar de acuerdo, a pesar de su ingeniosa formulación. Asevera así: «Como se ha dicho muchas veces, la historia es una novela que fue y la novela una historia que pudo ser». Y la remata diciendo que la novela es la hermana mayor^^ de la Historia. El capítulo XX lo dedica al «Museo del Cairo» {sic). En breves páginas explica cómo nació la Egiptología y cuánto le debió «a cierto joven francés llamado ChampoUion»^^, quien descifró los jeroglíficos a partir de la Piedra Rosetta^^. Pero también le debió a Mariette, el descubridor del Serapeum, y a Maspero, fundador del Museo Egipcio^^. En este punto el autor describe lo más importante e impresionante de este Museo^^^. Entre otras piezas arqueológicas alaba estatuas, joyas, bajorrelieves, estelas, así como la escena de la «princesa negra Ponuit, de grotescas posaderas»^^^ y los «muebles recién salidos de la tumba de Tutankhamón». Luego alude a algunos dioses de la religión egipcia, haciendo hincapié en Osi-ris^^^. También comenta el culto tributado a los animales y cómo muchos de ellos fueron representación de sus dioses. La historia del toro Apis y del Serapeum -en donde eran enterrados todos los toros que tuviesen determinadas características-motivan también la atención de Blasco Ibáñez^^^. Curioso es el excursus acerca de la invención del pararrayos^^^, hecho que le permite aludir a la ciencia^^^ de los antiguos egipcios, la cual había sido «monopolio de los sacerdotes», algunos de los cuales -los seguidores de Amón-acabaron por ser reyes^^^. Indica que la momia de Ramsés IP^^ era la pieza más buscada por los visitantes del Museo, momia que, contemplada por el novelista, le permitirá aludir a la supuesta «resurrección» de tal faraón y al susto que había causado a los empleados del Museo. También a Blasco Ibáñez le interesa la vida del Egipto de su tiempo. En tal sentido, el capítulo XXI, titulado «La Universidad de El-Azhap>, lo dedica, tras historiar cómo los árabes se apoderaron del país^^^, a comentar la vida de los egipcios modernos y a corretear por las intrincadas calles de El Cairo, del cual recuerda su fundación en el año 969. Bazares y mezquitas -éstas en número de 400-ejercen sobre él una gran atracción. En cambio La Cindadela, en su opinión, no presenta nada original, pues sus edificios son copia de otros de Constantinopla^^^. Una de sus visitas la efectuará a la Universidad, visita que le permite conocer el sistema de enseñanza de comienzos del siglo XX -no existían matrículas, las lecciones eran recitadas con balanceos, los profesores no tienen sueldo, metodología memorística-, así como la idiosincrasia de los alumnos^^^ y el aprovechamiento de las enseñanzas. También le pedirán en el patio de la Universidad cairota la consabida propina. El viaje va tocando a su fin -capítulo XXII-y nuestro autor por vía férrea llegará a Alejandría^^^ fundada por Alejandro Magno, en donde le espera el Franconia, Su estancia en tal ciudad, que califica de «ciudad famosa que nada guarda de su pasado»^^^, salvo una «simple columna» de Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928): viaje por Oriente y Egipto tiempos romanos^^^, le sirve para evocar el magnífico Faro^^^, una de las siete maravillas de la Antigüedad, así como el Museo con su famosa Biblioteca que allí existió en tiempos helenísticos^^^ y el Serapeum^^^. Alude muy de pasada a los Ptolomeos^^^, «griegos hábiles [y] amigos de las letras y las ciencias» y recuerda la Escuela alejandrina, visitada en su día por filósofos y científicos prestigiosos^^^, algunos de los cuales cita. Siguiendo a Filón, estima que en algún momento habitaron en tal población un millón de judíos^^^, muchos de los cuales estuvieron -dice-al servicio de Cleopatra^^^, habitantes que serían perseguidos tiempo después por los Césares de Roma^^^ Allí se hizo la versión de la Biblia en griego^^^ y allí murió asesinada y hecha pedazos, la joven Hipatia^^^, última representante de la cultura griega. Blasco Ibáñez finaliza su exposición histórica aludiendo a la famosa «droga de momia», con la cual -dice con ironía-en la «civilizada Europa de siglos pasados» se intentaba curar enfermedades»^^^. La constante petición de aquellos polvos de cadáveres agotó los depósitos de momias auténticas, lo que obligó a fabricar momias falsas para abastecer el consumo europeo. Tras aludir a las catacumbas, Blasco Ibáñez se encamina al puerto para reanudar el viaje. Dirá así al abandonar Egipto: «Terminaron las moscas pegajosas [...], el polvo, la arena [...], las turbas de mendigos [...] ¡Todas las plagas de Egipto!». En los escritos de sus viajes por Oriente Vicente Blasco Ibáñez, además de haber sabido transmitir páginas realmente palpitantes, plenas de lirismo y belleza, dado los panoramas exóticos a los que se enfrentó en Turquía y en Egipto -tantas veces paladeados en lecturas previas-, supo revitalizar la morfología literaria del «Relato de Viajes», imprimiendo el tono adecuado a este tipo de género literario, en el cual lo informativo y descriptivo se adentra en el texto, contribuyendo con ello a literaturizarlo^^^. ^^ Su corta estancia en Sevilla le facilitaría, no obstante, material para su obra Sangre y arena (1908). ^° El viaje a Vichy fue motivado para sellar la reconciliación con Elena Ortúzar, a la sazón residente allí junto a su madre que tomaba las célebres aguas. TORTOSA, P. (1977): La mejor novela de Vicente Blasco Ibáñez, su vida, Valencia,[327][328] ^^ Las referencias acerca de esta obra procederán, de ahora en adelante, del tomo III de la edición publicada en Prometeo en 1925 (376 pp. + índice, s/p.). Los dos primeros tomos (346 págs. cada uno) fueron publicados un año antes. ^^ Indica que Hammurabi, conquistador y legislador había surgido del pueblo hymiarita. La vuelta al mundo..., op. cit., 184. Tal legislador fue amorreo, originario de Babilonia. Vicente Blasco Ibáñez, via- jero. La vuelta al siglo de un novelista, Federico Lara Peinado Federico Lara Peinado Federico Lara Peinado
Unos 50 km al noroeste de la ciudad de Barcelona se encuentra el monasterio benedictino de Nuestra Señora de Montserrat, iin importante centro religioso y cultural, cuya virgen es la patrona de Cataluña. Sus albores se remontan a comienzos del siglo IX, cuando los pastores hallaran la pequeña talla de la virgen románica. La humilde capilla en la que fue colocada fue transformada en monasterio a comienzos del s. XI bajo los auspicios del abad Oliba. Desde entonces la vida del Monasterio has seguido el devenir y los avatares de nuestra historia. El primer misionero que Colon llevó a América fue un ermitaño de Montserrat. Poco después funcionó en el monasterio la primera imprenta, y un siglo más tarde Ignacio de Loyola ofrece su espada de caballero a la Carmen Valdês Pereiro 894 Virgen y se reviste con el saco del peregrino. A lo largo de toda su trayectoria sólo en dos épocas oscuras el monasterio es abandonado, a su pesar, por los monjes: la invasión de Napoleón y la Guerra Civil. El peregrinaje virtual entra en la vida monástica cuando en 1999 se crea su página web. Precisamente una de las obras que comenzaron a realizarse en la restauración tras las guerras napoleónicas fue la creación de un museo. Si entramos en su página web, en el espacio dedicado a la Arqueología del Oriente Bíblico, la sección se presenta con el siguiente texto: «Mesopotamia, Egipto, Chipre y Tierra Santa. Objetos representativos de estas culturas reunidos por el P. Ubach, monje de Montserrat, que permiten profundizar en el estudio y el conocimiento de la Biblia. Destacan las tablillas cuneiformes en lenguas acadia, hitita y sumeria del 3.400 al 600 a. C; El conjunto de piezas funerarias egipcias, entre las que destaca una momia, y las cerámicas palestinas del 4.000 a. Generaciones de estudiosos han pasado por el museo, siendo para muchos de ellos los primeros materiales del Próximo Oriente Antiguo con los que tenían contacto directo. No por casualidad Miguel Civil, uno de los mayores especialistas en sumério, fue monje de Montserrat. La realización de lo que se llamó en principio el «Museo Bíblico» fue fruto del trabajo y la dedicación de un hombre, el padre Bonaventura Ubach, principal exponente de la reiniciación de los Estudios Bíblicos entre la Comunidad Benedictina de Montserrat. De su entusiasmo bíblico surgieron sus dos grandes obras, el Museo y el proyecto de realización de la Biblia de Montserrat, la primera traducida del original al catalán, comentada e ilustrada^ Desde sus comienzos tuvo Ubach muy claro su deseo de visitar las tierras de la Biblia, con el propósito de conocerlas y documentarlas. Sus frecuentes viajes por el Próximo Oriente en la primera mitad del s. XX, le convirtieron en un auténtico exponente del peregrino en Tierra Santa. Ventura Ubach (1879Ubach ( -1960) ) nació en Barcelona en el seno de una familia religiosa, siendo también monjes 5 de sus hermanos, y entrando él a formar parte de la congregación benedictina de Montserrat a los 14 años. Cuando finalmente es ordenado en 1902, una de las primeras tareas que se le encomiendan es la de profesor de la Biblia, y ella será la base sobre la que girará su existencia. Y la querrá conocer de primera mano, caminando por las mismas piedras y bajo el mismo sol que los hijos de Is-raeP. El Eeverendo Padre Bonaventura Ubach,.. El joven padre encuentra su gran oportunidad, cuando consigue ser enviado como profesor al monasterio de los Santos Benedicto y Efrem, fundado hacía poco en Jerusalen. Era un joven priorato dependiente de la provincia francesa benedictina, la misma congregación que Montserrat, y necesitaba profesores para la formación del clergado sirio. Llega a Jerusalen en Agosto de 1906, y se aloja en el monasterio, que será su residencia también en las futuras visitas que realice a la ciudad. Esta primera estancia dura cuatro años, dedicados al estudio y conocimiento del país, su historia, su tradición y sus gentes. En lo que se refiere a las lenguas, su propósito es llegar a conocer bien el árabe, el griego, el siriaco y el hebreo, aunque él mismo confiese que solo tiene tiempo de estudiar en profundidad el árabe y la geografía y arqueología de Palestina. Fue precisamente el estudio del árabe lo que da inicio a la gran relación que tuvo el P. Ubach con l'Ecole Biblique de San Esteban, de los Padres Dominicos de Jerusalen. Esta era una escuela dedicada a estudios teológicos y escriturísticos, dirigida por el padre Lagrange. Aquí es donde el joven padre benedictino aprende árabe y, aunque al principio le choque la avanzada teología de l'École, al poco tiempo se siente atraído y acaba siendo un entusiasta. Se convierte en un admirador ferviente del padre Lagrange, denominándole como «líder indiscutible de los progresos de la exégesi%. Se ha llegado a decir que si se puede hablar de Escuela Bíblica de Montserrat, ésta es hija de l'Ecole Biblique de Jerusalen. De esa época se remontan muchos proyectos y planes, como la obra de realizar la traducción de la Biblia en catalán en dos formas, una manual y con las notas indispensables, y la otra con comentarios. El otro principal objetivo que se propone el P. Ubach en su estancia en Palestina será el «conocimiento experimental del país bíblico, y para ello recorrer en todas direcciones, cuanto más veces y cuanto más extensión mejor, las regiones relacionadas con la Biblia^>. Durante esos cuatro años de su primera estancia en Palestina comienza ya sus excursiones y visitas. Primero adquiere un conocimiento de la arqueología e historia de la Ciudad Santa, en las salidas de estudio con la Ecole Biblique. A estas visitas le lleva tanto la devoción como la atracción científica. Una fuente de conocimientos con la que complementa sus salidas son los contactos y relaciones con la comunidad judía, especialmente rabinos e hijos de rabinos. Otras veces el padre Ubach ejerce de acompañante y El Reverendo Padre Bonaventura Ubach... guía de los peregrinos que llegan a Jerusalén. Pero los viajes que le resultan más provechosos son los que hace por su cuenta, de largo recorrido y con libertad de acción. A primeros de febrero de 1907, en una visita al wadi Fara y al wadi Sueinit, comienza la futura colección de Flora de Palestina realizando una amplia recolección de plantas. A mediados de Abril, en una excursión de todo un día a San Teotista, reúne otra colección con ejemplares propios de las regiones del Jordán y de Jericó. De hecho en sus salidas siempre llevará encima la caja de herborizar. Ya por entonces plantas e insectos son cuidadosamente empaquetados para su traslado a Montserrat. En el verano de 1907 hace una primera salida al Bajo Egipto, que dura unos quince días. Visita el museo del Cairo, las pirámides, la cindadela, la iglesia copta, las numerosas mezquitas y los sepulcros de los mamelucos. Entre otros recorre los lugares de Memfis, Saqqara y Alejandría. El Líbano lo recorre durante una estancia de cuatro meses en el verano de 1908. En su viaje de vuelta a Jerusalén aprovecha para conocer la TransJordania, visitando Petra y algunos lugares de la Idumea, durante 26 días de viaje. En otro de sus trayectos de Jerusalén al Líbano pasa por Samaria y Galilea, y parte de la antigua Fenicia. El año 1908 acaba para el padre Ubach con una excursión a los alrededores del Mar Muerto, con la caravana de la escuela de los Dominicos. Otra salida de diez días, durante la primavera de 1909, va dirigida a estudiar las regiones de Judea, al sur de Jerusalén, región que aún le faltaba para completar sus idas y venidas por toda Palestina. Algunas de sus paradas fueron Ein Geddi, Hebron, Betsames, Amuas, o Aialon. El viaje que mejor conocemos, gracias al libro que posteriormente publicará, fue el que realizó a la península del Sinaí^. Lo emprendió con el objeto de aclarar uno de los puntos para él más interesantes de la historia bíblica: la narración del Éxodo, el camino que desde la salida de Egipto hicieron los israelitas hacia el Sinai, y de allí hacia la tierra prometida. Era su proyecto final antes de volver a Montserrat, y se había propuesto hacerlo solo. Consiguió algo de dinero, decidiéndose a hacerlo simplemente en dromedario, como lo hicieron los hijos de Israel, parándose El Reverendo Padre Bonaventura Ubach. en cada una de las localidades donde ellos lo hicieron, hasta llegar a la montaña santa. En vez de volver por el mismo camino seguiría hacia el desierto, a través de la Humea, por Funon y las regiones del Moab y Ammon, llegando hasta la frontera de la tierra de Canaan, tal como hizo Moisés y su pueblo. Cuando estaba acabando los preparativos se le presentó un monje belga, estudiante como él en la Ecole Biblique, que le suplicó que le dejara acompañar en su viaje. El padre Ubach accedió a su compañía con la condición de que no alterara nada del viaje que ya tenía planeado. Les despidieron los padres dominicos de la École, que no las tenían todas consigo de que dos estudiantes solos en el Sinai pudieran volver con vida. Viajan primero a Egipto, y en el Cairo comienza el viaje con tres camellos y tres beduinos. El padre Ubach esboza en su mapa el lugar por donde los judíos debían haber pasado el Mar Rojo perseguidos por el faraón. Hacen la travesía en una frágil embarcación. Cuando llegan al otro lado comienzan las estaciones del Éxodo. Haciendo como las otras caravanas que van al Sinai, su primera parada fue en el oasis que lleva el nombre de «fuente de Moisés» (Ayn Mussa). El padre Ubach nos cuenta cómo viajaba en la silla del camello: «a la derecha tengo el breviario, el termómetro, la caja de botanizar; a la izquierda tengo al alcance de la mano las guías, libros de consulta, mapas, papeles y cartera de anotaciones, talmente como si me hubiese sentado sobre la mesa de mi escritorio...puedo leer, observar, meditar, sacar fotografías e incluso hacer una siesta...»^ Van dejando el desierto y se adentran en la región montañosa. Pasan por el wadi Mukatteb (el valle escrito) con sus 4000 inscripciones nabateas, por el wadi Feirân, que les lleva al imponente monte rosado de Gebel Serbal, y finalmente al gran oasis de Feirân. Tras 15 días de viaje, el 17 de abril entran en el desierto del Sinai y llegan por fin al objetivo de su viaje, al Djebel Mussa, el monte Sinai. Allí se instalan en el monasterio de Santa Catalina, donde son recibidos a la usanza griega y se les da una celda. Se están tres días y medio, visitando el monasterio y subiendo a la montaña santa. Partiendo con nuevos camellos y nuevos beduinos se dirigen hasta la costa, y de allí hasta'Aqaba, donde son bien recibidos por el gobernador turco. A través de Ma'an pasan dos días en Petra, donde «la imaginación más altamente creadora se siente altamente sorprendida al entrar dentro de esta titánica manifestación del arte y de la naturaleza^». Entonces hacen uno de los tramos más difíciles del viaje, Khirbet Fenân, el Funon de la Biblia, donde acamparon los hijos de Israel en su paso hacia la tierra de Canaan. 900 Desde Funon la ruta irá bordeando los últimos contrafuertes de las montañas que guardan el Mar Muerto. Ya están en el país de Moab, donde visitan el monte Nebó. El resto ya era conocido por el padre Ubach de otras excursiones, y el día 8 de Mayo entraban en Jerusalén. Aun aprovecha una semana del mes de julio de 1910 para conocer la alta Siria. Las localidades estudiadas son Baalbeck, Homs y su lago, Hama y el río Orontes, Alepo y Antioquia, donde visita los pocos recuerdos cristianos. Desde Alejandreta emprende el retorno hacia Europa, en un viaje lento vía Turquía, aprovechando para proseguir su estudio bíblico por Asia Menor, Grecia y Creta, siguiendo los viajes de San Pablo y las iglesias del Apocalipsis. Cuando vuelve de este primer viaje a Oriente comienza la realización de dos de los grandes proyectos que tenía en mente: la realización de un libro de viajes y la creación de aquello que, con el tiempo, llegaría a ser el Museo Bíblico de Montserrat. Para el libro de viajes, de las numerosas notas que ha tomado elige las que cree más interesantes, las del viaje al Sinai. Ya corrían por aquel tiempo algunas biografías de viajes a Palestina, por lo que le pareció mejor relatar su viaje por un lugar tan poco visitado pero tan importante para el mundo bíblico. El viaje y las notas servirán también como material para un estudio de topografía bíblica. Cuando el padre Ubach volvió a Montserrat en 1910, el padre Josep Deas, abad por aquel entonces, al ver las cajas con los materiales ya demostró interés para que aquellos se exhibieran «aunque no fuera más que para la instrucción de nuestros monjes^. Para esta finalidad se dedicó por tanto una sala de la alberguería interior, donde pronto fueron colocados los objetos. En el centro se colocaron los más voluminosos: la maqueta del Santo Sepulcro, el relieve de Jerusalén, la hiena, el írax, junto con mapas, los ejemplares de flora bíblica, etc. En armarios se colocaron las pequeñas colecciones: cerámica, insectos, peces, dos tablillas cuneiformes, y un fragmento de rollo del Pentateuco. Con estos pocos objetos el Museo Bíblico fue inaugurado el 27 de abril de 1911, entre los actos de las celebraciones dedicadas a la Virgen de Montserrat. A finales del verano de 1913 el padre Ubach fue llamado al colegio benedictino de San Anselmo de Roma para dar clases de lenguas orientales, y al poco tiempo comenzó la I Guerra Mundial. Permaneció en Roma durante toda la guerra, hasta 1922. A pesar de todo siguió ocupándose de intentar aumentar el museo, tanto por su cuenta, como cuando visita El Louvre para adquirir reproducciones de piezas famo-El Reverendo Padre Bonaventura Ubach. sas, como haciendo que otros le envíen insectos o animales para completar las colecciones. Por el Eufrates y el Tigris A finales de mayo de 1922 el abad Rafael MoHtor propondrá al abad de Montserrat la compra del museo que los benedictinos tienen en su monasterio de la Dormición en Jerusalén. El padre Ubach propone ir él mismo a Jerusalén y hacer la selección. Finalmente la colección de la Dormición no fue comprada, pero la visita le resultó igualmente fructífera al padre Ubach, y el mes de octubre de 1923 volvía de un viaje a Iraq con 14 cajas llenas de materiales para el Museo. Monedas, un talento, objetos cultuales prehistóricos, más de 400 tablillas cuneiformes, 80 sellos cilindricos babilónicos, y ladrillos con escritura cuneiforme del templo de Nabucodonosor. En el prólogo de su «Diario de un viaje por las regiones del Iraq», el propio padre Ubach nos comenta cuales habían sido los objetivos de este viaje: «Durante los cuatro años de mi estancia en Oriente, desde 1906 a 1910, los estudios bíbhcos me proporcionaron la oportunidad de recorrer Palestina y la península del Sinai; Asia Menor, TesaHa y-Grecia, y una buena parte de Egipto. Al final de este cuatrienio había visitado los países del Éxodo, de Josué y de los Jueces; de los Reyes, los Profetas, y de los Macabeos; las tierras de Jesús y de San Pablo. Para completar el círculo de los peregrinajes escriturísticos no me faltaba más que llegar al teatro de las primeras civihzaciones de la humanidad, contemplar el cuadro de los once primeros capítulos del Génesis, los monumentos que estos últimos años han venido a confirmar la realidad de los hechos narrados en las primeras páginas de las divinas escriturase). Fue una estancia de un año y medio, aprovechada ya totalmente desde el punto de vista del biblista. No es muy conocido este viaje, pero durante los últimos años de su vida el P. Ubach reunió todo el material que tenía, correspondencia, recuerdos, apuntes y fotografías de aquel tiempo, en unas hojas que forman el Dietario. Este no ha sido aún publicado, pero tenemos un resumen en la biografía del P. Díaz. El viaje se inició en el puerto de Brindisi el 2 de junio de 1922. Una parada de dos días en Egipto le proporciona la oportunidad de comprar objetos del museo de El Cairo y comenzar con ello la sección egiptológica del Museo Bíblico. El día 7 de juho llega a Jerusalén. Solucionada rápidamente la cuestión de los objetos del museo de la Dormición (que no adquiere), se despide de Jerusalén y parte hacia Nazaret, y de aquí hacia Haifa y Beirut. Entonces fija su residencia durante mes y medio en Kariatain, una pequeña y solitaria población de unos 2.500 habitantes al suroeste de Palmira, en el desierto sirio, con el propósito de realizar sus prácticas del rito siriaco de la forma más tradicional posible. La mayoría del tiempo la dedica a la reclusión y al estudio de la liturgia siríaca, pero hace también algunas salidas, p.e. durante las fiestas locales, conociendo el folclore del lugar, y naturalmente encontrando los correspondientes paralelos bíblicos. Uno de estos encuentros estuvo apunto de costarle la vida. Así nos cuenta: «...había salido unas horas del pueblo para airearme, y me encuentro una media docena de beduinos que estaban ensayando fantasías y carreras montando yeguas de pura sangre. Era la gran explanada que se extiende en los alrededores del antiguo convento de Mar Elian. Después de un rato de conversación pronto simpatizamos. Esto me dio valor para pedirles: -¿Por qué no podría montar yo una de esas yeguas? -Tu mismo, me respondieron. No me lo hice repetir dos veces. Pronto estaba acariciando el pecho, el cuello y la grupa de un ejemplar magnífico; negro de color, ojos flameantes, cuerpo de una gracilidad sorprendente. Se hubiera dicho que era un ejemplar maravilloso acabado de salir de las manos del Creador. Yo que salto encima; y, ahora al paso, ahora al trote, aquello era una delicia. De repente, sin embargo, notando un golpecito de estreñimiento en el vientre, emprendió el galope con una furia tal que ya no me fue posible dominarla. Corría desbocadamente cuando he aquí que, de repente, se rompe el estribo de mi pie izquierdo, y sin haber tenido tiempo de desprenderme del estribo del pie derecho, al momento caigo a tierra, manteniendo la pierna derecha al aire. ¡Oh, hecho verdaderamente admirable! El animal, al darse cuenta de que yo caía, se paró instantáneamente. Prueba esta, me dijeron después los árabes, de que la yegua era de pura sangre...».^^ Una vez seguro de conocer bien el rito siriaco abandona el pueblo y marcha hacia Alepo, donde se aloja en la residencia de monseñor Tappuni, entonces arzobispo de la diócesi de rito antioqueno. El padre Ubach celebra su primera misa siríaca en la catedral de Alepo el día 21 de Septiembre de 1922. Después parte lo más rápidamente posible hacia Bagdad para unirse al clergado de la catedral siria de Bagdad. Esta ciudad será la base de su estancia, desde donde realizará sus viajes y excursiones. El Reverendo Padre Bonaventura Ubach... El viaje de Alepo a Bagdad lo hizo ya en coche (un viejo Ford), no en una caravana de camellos, aunque tuviese que regatear de la misma forma. Encuentra un compañero de viaje en un monje sirio de la diócesi de Bagdad, el padre Joan Bakos, y el 25 de septiembre salen de Alepo, y bajan hacia el sur siguiendo las orillas del Eufrates. Dejemos que el mismo padre Ubach nos cuente algunos retazos de su viaje: «saliendo de Alepo, en el kilómetro 57 vemos pasar a mano izquierda, y como en una cinta de cine, Deir Hafir, uno de estos pueblos tan característicos de la alta Siria, que aparentan las forma de un grupo de pajares, y son en realidad unas grandes y muy confortables barracas de tierra». «...Una de estas aldeas, Meskene, la hemos encontrado pocos kilómetros después de llegados a la llanura. El pueblo actual no presenta ningún interés; en cambio, quien se interese por las antigüedades de la Edad Media, a una cierta distancia hacia el sur podrá visitar las importantes ruinas de Eski Meskene (antigua Meskene), conocida entonces con el nombre de Balis o Barbalisos, lugar frecuentado por las caravanas que desde el Mediterráneo se dirigían hacia Iraq». «...Habíamos recorrido una cincuentena de kilómetros cuando nos encontramos cara a cara con Raqqa. No nos hemos decidido a ir a visitarla, ya que nada queda de la antigua Nikeforion fundada por Alejandro Magno, ni de la Kalinikon de la época romana, y sí un extenso montón de ruinas de la que fue la ciudad árabe del tiempo de los Abasidas. Seguimos pues, adelante sin pararnos»^^ Durante el viaje, cuando no contemplaba el paisaje leía la Biblia. Así nos dice que seguiría haciendo todo el tiempo, «si no fuera porque, al pasar por Bessire no nos hubiera parado el grandioso espectáculo del Eufrates en el lugar donde recibe la confluencia del Habur, río que es citado dos veces en el segundo libro de los Reyes, y en el primero de los Paralipómenos, cuando nos cuentan que a sus orillas acampó una colonia de esclavos, después de la caída del reino de Israel»^^. Va bajando lentamente y con frecuentes paradas por la orilla del Eufrates, sacando fotografías. En la sexta jornada de viaje dejan el Eufrates, y esa misma noche llegan a Bagdad. En su diario el padre Ubach hace una extensa disertación sobre Bagdad y sobre cómo se encontraba en el momento en que él la visita, en 1922. Encuentra una población ecléctica pero donde, haciendo honor a su nombre (Dar es-El Reverendo Padre Bonaventura Ubach. Salâm, la ciudad de la paz), los diferentes pueblos y razas viven en paz y concordia. Como huésped de la casa episcopal, su vida quedaba incorporada del todo a la iglesia de rito siríaco. Nos dice, «Celebraba diariamente la misa en rito siriaco; me retiraba a la celda para dedicarme a mis ocupaciones: decía el breviario, estudiaba las antigüedades clásicas del país, su historia y sus monumentos. Preparaba las excursiones que realizaría más adelante; indagaba los medios de adquirir objetos antiguos para el Museo, y estudiaba el dialecto árabe del Iraq»^^. En otro momento nos comenta que ha visto en el río los «kelek», embarcaciones desmontables hechas de vigas y odres inflados, que se trasladan dejándose arrastrar por la corriente. Cuando llegan a su destino no vuelven río arriba sino que se desmontan y se vende a buen precio la madera, difícil de encontrar al sur de Bagdad. Una de las piezas más valiosas del Museo es un talento babilónico, un peso de calcita negra en forma de pato, del cual también se saben las circunstancias de su adquisición: Bagdad, año 1923. La encontró cuando paseaba sin rumbo por un barrio pobre, distinguiéndola entre las otras piedras que servían de zócalo a una puerta; cuando le rascó la tierra que la tapaba se dio cuenta que era un peso en forma de pato. En su diario está incluso especificado que le dio dos libras a la señora de la casa por la piedra. También allí tuvo la oportunidad de ser presentado al rey Faisal. Su huésped, el arzobispo Dal.lal, le invita a acompañarle cuando realiza la visita anual que, por su cargo, solía realizar al monarca. Asimismo el arzobispo le acompañará cuando realice su excursión a Babilonia, aunque lo hiciera principalmente con el objeto de visitar a las comunidades cristianas de la zona. Nos dejó escrita su impresión sobre lo que halló en Babilonia: «...Una serie de montículos, fosas, pequeños valles y campos desolados... es el aspecto general de la superficie de Babilonia. El barrio imperial no ha sido nunca totalmente tapado; los cuatro templos, sin embargo, y los grandes monumentos que se alzaban altivos, casi han desaparecido totalmente. Una parte considerable de este barrio ha visto la luz nuevamente gracias a los constantes trabajos de la comisión alemana... de manera que hoy en día se puede recorrer todo ese trozo, entrando por el monumento más famoso, por la puerta de Ish-Carmen Valdês Pereiro 906 tar, ornada de bajorrelieves; también se ve el toro de Adad y el dragón de Marduk; se puede subir por la vía sacra y contemplar el león de basalto. Una hora después de la puesta del sol habíamos ya vuelto a Hil.le.»i4 El Reverendo Padre Bonaventura Ubach. Los años siguientes el padre Ubach los pasó en un intenso trabajo intelectual, ocupado ya de pleno en la traducción y comentario de la Biblia. Dejó su cátedra en Roma y fijó su residencia en Jerusalén. Aún así continuo la obra del museo. Con ese fin viaja a El Cairo en 1927, consiguiendo una colección de objetos egipcios principalmente funerarios, así como una colección de cerámica de Chipre. Y nos consta que en 1946 tenía recogidos más de una cincuentena de objetos, de los cuales da referencia en la obra que recoge monografías dedicadas al abad Marcet, muerto hacía poco, y que trae consigo a Montserrat cuando vuelve definitivamente en 1951. Por razón de la ilustración de la Biblia todavía haría más excursiones. Entre los años 1928 y 1932 visitó dos veces más el Sinai, así como el desierto del Negheb, Cades, y otros lugares de la TransJordania. Como ejemplo final sobre su inagotable capacidad para documentar la Biblia, leamos su relato de cómo consiguió las ilustraciones del maná y de Lia, la esposa de Job: «Disponía yo entonces, al terminar la excursión, de todos los elementos para poder ilustrar el libro del Éxodo?. Yo estaba convencido; aunque, poniéndome a ordenar lámina tras lámina, topo con el capítulo 17 con la delicada cuestión del maná. ¿La pasaré por alto?. ¿La disimularé con un gravado de simple apariencia?. De aquí que en plena canícula, a primeros de julio de 1932, me encontrase una tercera vez siguiendo y resiguiendo los wadis contiguos al macizo sagrado, cubiertos de tamarindos. Es en esta estación del año, cuando la cochinilla chupa la sabia del árbol, de la cual ésta se va desprendiendo paulatinamente hasta haber conseguido las dimensiones de un guisante consistente; guisante que después se funde por el calor de los rayos del sol rezumando un jarabe delicioso, que se dispersa por las ramas o cae directamente al suelo. Había soportado yo hasta 45 grados y más de calor a la sombra durante el día, y de noche fuertes fiebres; pero, ¿no valía lo suficiente tal pequeña pena, con tal de aportar un material inédito en las cinco láminas que hoy se ostentan en las páginas 93 -101 de la Ilustración del Éxodo?».... «¿Veis esta jovencita, fig.l de la pág. 219?. Ostenta unos ojos enflaquecidos, y representa a Lia, una de las esposas de Jacob, no es verdad?. Dios sabe el tiempo que me dio vueltas en la cabeza semejante tema de ilustración. Durante una larga temporada no hubo excursión, corta o larga que emprendiera, que no la hubiera fijado en mi El Reverendo Padre Bonaventura Ubach... programa como objetivo primordial de la cámara fotográfica. Ya que, al caso especial que yo buscaba se unía aún la manera nada fácil de salvaguardar la susceptibilidad musulmana. Un caso fortuito, y cuando yo menos me lo pensaba, me abrió el camino para conseguir el preciado objetivo. Esto ocurría, si no me falla la memoria, a mediados de septiembre del año 1928. Llevaba yo por entonces unas ocho jornadas a caballo, registrando todos los rincones de la cuenca del Jaboq, con el propósito de descubrir un montículo, un «tell» que fuera adecuado como lugar para Mahanaim, y uno de sus wadis para el paso de Jacob y de sus rebaños en dirección a Fanuel. Había también recorrido la región megalítica de l'Adjlûn; y ya a la vista del villorrio de Kafrindji, camino de regreso, me sorprendió la puesta de sol, y me vi obligado a pernoctar allí; ya que, si bien medio acostumbrado a dormir al despoblado y sobre la tierra dura, hacia falta dar bebida y forraje al animal. Naturalmente al mukhtar (especie de alcalde) del villorrio. No perdí ni medio minuto en ir a buscarlo; ya que, desde el terrado de su casa había él visto como se acercaba un forastero, y por tanto salía ya a mi encuentro. Haciendo los salamaleicums a la usanza y entablada la conversación obligada, pronto me di cuenta de que le había caído en cierta gracia, ya que dio orden a un muchacho de sacrificar una pieza de su gallinero para cenar, y preparar la estera y el colchoncito encima del terrado. Matar un pollo y cocerlo de la manera que fuera no se hacía en un santiamén, por lo que había, pues, que esperar. ¡Y lo oscuro que se estaba haciendo¡. ¡Y con lo cansado que yo estaba¡. Así que, volvamos a la conversación. ¡Y de qué no me habló aquella alma bendita¡ De sus campos y rebaños, del gobierno mandatario, de las contribuciones que había que pagar, de los lugares importantes y antiguos de la región...; de todo hacía tema de su chachara. Y aún suerte que no había más luz que la de las estrellas del firmamento, ya que yo iba asintiendo a todo lo que él decía, aprovechando para dejar caer entre frase y frase una cabezadita. Por fin llegó el turno de hablar de la familia. -Tengo tres hijos y dos hijas, y todos ya bien creciditos. -Que Alá los bendiga y os los conserve mucho tiempo para vuestro consuelo y compañía mientras vivas en este mundo. -Ah¡ No me puedo quejar, la bondad de Alá hacia mi y hacia los mios es muy grande. Todos ellos están bien y trabajan... pero...pero... Carmen Valdês Pereiro 910 -Es que tengo una de las hijas desde hace algún tiempo enferma de los ojos. -¿Quizá no ve bien? --Si, eso sí, pero los lleva siempre como medio cerrados y, según dice ella, a veces le causan fuertes dolores. Una picadura de avispa no me habría despertado de mi modorra del mismo modo que lo hizo esta frase del mukhtar. Ya está, -pensé enseguida -ésta es la mia. La conversación girará entonces en los inescrutables designios de Alá, lo que llevará al mukhtar a pedirle que le ayude a curarla. El padre Ubach le dice que no tiene medicinas pero que puede mirarla y hacerla una foto, que luego enseñará a un oculista de Jerusalén y le enviará después el remedio. El mukhtar se niega una y otra vez pero, con el tesón que le caracteriza, marchará el padre al día siguiente del lugar con la foto de la muchacha en su cámara. El padre Ubach fue nombrado en 1934 «patrón de los excursionistas», medalla de oro del excursionismo, por el Centre Excursionista de Catalunya. Se ganó, pues, a pulso su sobrenombre: «el geógrafo de la Biblia». ^ Al comienzo le ayudaban en la tarea de documentación dos jóvenes sacerdotes, los padres Salvador Obiols, como comentador de San Pablo, y Benet Junque, como fotógrafo. Desgraciadamente fallecieron tempranamente a causa de una infección contraída durante sus viajes. ^ La mayor parte del conocimiento que poseemos actualmente sobre el padre Ubach se lo debemos a la biografía que, dos años después de su muerte, publicaría el padre Romuald Díaz i Carbonell, Dom Bonaventura Ubach. L'home, el monjo, el biblista. De esta obra proceden gran parte de los textos y de las ilustraciones que aquí se citan. Todas las citas que aquí aparecen han sido traducidas del catalán original por la autora. 1: Gentileza del Monasterio de Montserrat; 2 y 3:
Aviadores en el desierto. Aventura y viaje del capitán Rafael Martínez Esteve en el Hamad jordano-iraquí (1926)'' Joaquín M^ Córdoba la planicie que se extiende al norte del arábigo y arenoso Nafud, entre la Cisjordania y el remoto valle del Eufrates iraquí. Silencio absoluto, como sólo lo hay en los mayores desiertos de la tierra. Una figura se recorta en el horizonte, andando a trompicones, con evidentes muestras de agotamiento. No lleva nada consigo. Viste un uniforme militar de color verdoso y apenas reconocible, lleno de polvo, desgarrado, con la guerrera abierta. Musitando algo se acurruca sobre su costado izquierdo, buscando descanso para un cuerpo dolorido. La respiración es un gemido arrancado a una garganta reseca. De su boca llagada y de sus labios cortados salen semipalabras, estertores, sonidos desarticulados. Y se arrebuja en su guerrera. Crece el frío de la noche del desierto. Descalzo, sus pies parecen dos muñones oscuros y deformes. Embarrados, ensangrentados, resecos, llenos de espinas incrustadas. Gime y sueña, agotado. Es un aviador perdido en el desierto. La noche se llena de ruidos, gañidos lejanos, aullidos, ladridos. Bajo las estrellas, una vida inesperada empieza a rebullir marcando sus senderos. Una bandada de ojos felinos se topa en su rápida marcha con la figura acurrucada. Siguen su rastro hace tiempo. Le rodean, se tumban a cierta distancia, le observan, le huelen, le sienten. Y esperan bajo el frío. Como más tarde escribirá en sus recuerdos «al despertar, cubierto de frío sudor, ahuyento a una manada de hienas que han velado mi sueño; huyen asustadas, rasgando el silencio de la noche serena con sus siniestros aullidos»^. Enfebrecido, ve llegar el amanecer y continúa su marcha. Pasan las horas y camina, dando traspiés, pero camina. Su mente traza planes de salvación, pues se cree cercano a los pozos de Imiri y a los campamentos beduinos. Sus labios intentan repetir en árabe las palabras con las que espera saludarles. Casi sueña en realidad, mientras camina, camina, camina, pero ya va atardeciendo otra vez, y recuerda estremecido los ojos brillantes de las hienas que sin duda, más allá del horizonte le ventean. De pronto, en lo alto suenan motores de aviones. Agotado, casi indiferente, apenas si levanta los ojos. Son dos biplanos británicos De Havilland, de patrulla rumbo a Amman. Han pasado tantos ya sin verle,... Mas incompresiblemente, un tripulante asoma la cabeza esta vez. Está a menos de cien metros de altura y le hace señas con los brazos. Poco después, tras un aterrizaje en la llanura, un joven teniente inglés llamado Coggle corre presuroso hacia el atormentado caminante. Y se presentan, ceremoniosos, firmes, estrechándose la mano. El capitán Rafael Martínez Esteve, náufrago en el desierto de la patrulla española en ruta hacia Manila, ha sido salva-Aviadores en el desierto... do. Así lo contará después. Y así ocurrió sufriendo, viviendo y renaciendo de una aventura en el desierto. De aviadores, aterrizajes forzosos, desiertos y libros Ocurrió todo aquello un mes de abril del año 1926, cuando la aviación naciente vivía aún su época gloriosa de retos y aventuras, cuando los que estaban a los mandos sentían el aire en el rostro y volaban pendientes del relieve geográfico visible allá abajo, que tantas veces les marcaba la distancia entre la vida y la muerte. Cuando las grandes tormentas invernales o las de sofocantes arenas se llevaban a tantos. Ocurrió entonces, cuando los que volaban eran más que pilotos, verdaderos aviadores. Pasada la I Guerra Mundial y convertidos en mito los primeros héroes del aire, como Manfred von Richthofen, Max Immelmann o Georges Guynemenr y sus frágiles aviones Fokker y Spad, la tercera década del siglo sería la época de los grandes vuelos. Los portugueses S. Cabral y G. Coutinho la abrieron en 1922, volando de Lisboa a Río de Janeiro por etapas en un hidro. Y el comandante italiano De Pinedo, que en 1925 cubrió las 30.000 millas entre Italia y Australia, retornando vía Japón. Pero la historia que me interesa ahora no es ésta, sino la de otros tres pioneros, que además de coetáneos y cruzarse en sus vidas sin saberlo, sufrieron aterrizajes forzosos en la nada, sobrevivieron apenas en la inmensidad del desierto y publicaron libros que testimonian, pese a todo, que lo amaron y lo entendieron. Ellos son, o así me lo parece a mí, los «aviadores del desierto». Si los primeros aviones hubieran dejado estelas permanentes en los cielos, veríamos que los vuelos de un español nacido en Valencia en 1894^, un austro-húngaro venido al mundo en Bernstein en 1895^, y un francés que nació en Lyon en 1900^ cruzaron sus rumbos sobre los desiertos, en los cielos inmensos que se extienden desde Cabo Juby hasta el Mar de Arena libio y el valle del Nilo. Los tres nacieron en una familia acomodada, los tres amaron volar y los tres vivieron y vieron en el desierto cosas que marcarían sus vidas. Y los tres escribieron sus recuerdos, aunque el tono y carácter de sus páginas difiera notablemente. Y aunque sólo uno fuera capaz de encontrarse con le petit prince en la soledad de las noches estrelladas, dunas inmensas y planicies interminables, los otros dos sufrieron también muchas de las situaciones de ensueño y espejismos de las que nació el joven príncipe. El mayor de los tres Joaquín M^ Córdoba fue el español, formado como aviador en Zaragoza y Alcalá de Henares, piloto de guerra en Marruecos, que en 1923 aterrizó en Cabo Juby, organizando el primer enlace militar aéreo con aquel puesto español de la costa del Sahara, donde había de vivir después Antoine de Saint Exupéry^. Volando hacia Manila, en 1926 divisó a su derecha el Gran Mar de Arena y los oasis sobre los que cinco años después se elevaría Almásy, y los arenales donde tendría que aterrizar en tantas ocasiones. Luego vendría la etapa hacia Bagdad, y su aterrizaje en el desolado desierto de al-Hamad al encuentro de su leyenda y su destino. Ya en España publicó un relato extraño. Una aventura en el desierto (Madrid, 1926), libro de viaje y aventura, que nos ha conservado su emotivo encuentro con Oriente y sus beduinos, entre magníficos paisajes, agonías angustiosas y una buena cantidad de curiosas escenas. Y después, la carrera y la nada. Pero de eso hablaremos más adelante. Los mismos cielos por los que voló Esteve los cruzó László Ede Almásy^, nacido en la antigua Hungría occidental, el Burgenland actual, de padre húngaro y madre austriaca. Desde la adolescencia amó los automóviles y los aeroplanos, y con diecisiete años obtuvo su licencia de vuelo. Consumado políglota, durante la I Guerra Mundial combatió en la aviación, y luego realizó las actividades más diversas, desde conductor de pruebas en una fábrica de coches a representante de la misma firma en Egipto, o guía de safaris y viajes aristocráticos hasta el corazón africano. Viviendo en el país del Nilo unió su amor por el desierto y su pasión por el vuelo, organizando exploraciones combinadas a la búsqueda de los secretos del Gran Mar de Arena. Como en los casos de Esteve o Saint-Exupéry, su árabe fluido le permitió comprenderse con las gentes y acercarse a su propia visión del mundo, a su mentalidad, tanto que los beduinos le llamaron Abu Ramla, y le estimaban mucho porque «también tú conoces el desierto». Con su avioneta «Polilla» y sus vehículos, apoyado por mecenas como Sir Robert Clayton, divisó por vez primera el uadi Abd al Malik y el legendario oasis de Zarzura; no lejos de allí encontró la más que célebre Cueva de los nadadores, y en los montes Arkanu centenares de pinturas rupestres. Volar por el desierto era peligroso, pues la única forma de orientarse todavía era la observación visual por el piloto de una línea, unas rodadas, una pista, costa, río o uadi, lo mismo que habían hecho Esteve o Saint-Exupéry. Y Almásy volaba sobre el desierto, perdía el rumbo con las tormentas de arena y lo reencontraba, siempre al borde del abismo. Con él, sus aventuras y su leyenda se pergeñó muchos años después el guión de una película que le ha hecho ahora célebre. El paciente inglés, de Anthony Minghella (1977), aunque la romantización del héroe Aviadores en el desierto. y su apasionado amor por la esposa de Sir Robert Clayton sean una completa, aunque carnal y emotiva invención. En 1934 publicó en Hungría El Sahara desconocido, relatando sus hallazgos y aventuras por tierra y aire en los desiertos que tanto amaba. Tras participar en la II Guerra Mundial y su posterior cautiverio, consiguió pasaporte austriaco y vivió en Viena y Roma. Pero la llamada del desierto le devolvió a El Cairo. En 1949, quiso retomar con un planeador la búsqueda del ejército de Cambises, pero no encontró el apoyo necesario. Enfermo de una amebiasis no curada, volvió a Europa y murió en Salzburgo en marzo de 1951, siete años después que Saint-Exupéry y catorce antes que Martínez Esteve. Más prolífico en sus relatos, incomparablemente más célebre y creador de mitos culturales de nuestro tiempo sería Antoine de Saint-Exupéry'^, que a los doce años se enamoró de los aviones y del vuelo cuando un feliz verano de los pasados en el chateau de Saint-Maurice, propiedad de la tía de su madre, descubrió el campo de aviación de Ambérieu, donde se fabricaban y probaban los primeros aeroplanos. Con su hermana Gabrielle se metía entre obreros y mecánicos, preguntando y descubriendo cosas maravillosas, hasta que a fines de julio de 1912 Gabriel Wroblewski se lo llevó con él en un corto vuelo que siempre recordaría deslumbrado. Adolescente en París, tras su fallido intento de ingresar en la Escuela Naval, se decidió por la de Bellas Artes, y en el hôtel de su prima Yvonne de Lestrange conoció a Gide, Gallimard y Schlumberger. Sin futuro claro, el servicio militar (1921) le aproximó de nuevo a la aviación, y con su título de piloto bajo el brazo marchó a Marruecos, donde descubrió el verdadero desierto, volando casi los mismos cielos que al tiempo surcaba Martínez Esteve^. Vuelto a Francia entró en la Compañía Latécoére, cubriendo el servicio postal Toulousse-Casablanca primero y Casablanca-Dakkar después, y tras un accidente pasó su primera noche de soledad bajo las estrellas del desierto del Sahara, junto a su avión -como Esteve en el Hamad jordano-iraquí-, aventura y sensaciones reunidas luego en dos de sus libros. El 19 de octubre de 1927 fue nombrado jefe del puesto de la compañía en Cabo Juby. Allí, junto al fuerte español residió casi tres años, llegando a hablar muy bien al árabe^, aunque sólo pudo volar en operaciones de rescate de pilotos caídos. Volvió a Francia en marzo de 1929, con la nostalgia del desierto del Sahara pues «cualquiera que lo haya conocido, allí donde todo en apariencia no es más que soledad y desnudez, evocará sin embargo ese tiempo como el más bello vivido»^^. Una vez en París, enseguida le llamaron para las líneas postales aéreas que en Argentina quería montar la Aéropostale francesa, donde se Joaquín M^ Córdoba reunió con sus grandes amigos y camaradas del aire: Mermoz, Reine y Guillaumet. Desde Buenos Aires, Antoine creó la línea de Patagonia y sobrevoló maravillado los Andes, tomando ideas y notas para su Vol de nuit. Asistió también a episodios dramáticos, como la pérdida del avión de Guillaumet y su salvación tras su marcha épica, recogida en Terre des hommes. De vuelta a Francia se casa, la Aéropostale se hunde y recibe premios y distinciones. En 1935, con su mecánico Jean Prévôt sufre un accidente en el raid París-Saigón, perdiéndose en el desierto libio. Se les da por muertos. Sin agua, sin comunicación, solos en el inmenso desierto de Almásy, ambos emprenden una marcha desesperada hacia el norte. Durante tres días anduvieron sin descanso, pasando las mismas angustias que nueve años atrás Esteve y Calvo sufrieran en el Hamad, hasta que los beduinos les encontraron salvándoles. En diciembre de 1936, su amigo Mermoz, pionero de las aventuras aéreas en el desierto, los Andes y el océano desapareció en el Atlántico. Fue como una premonición de su propio fin. Movilizado en 1939, formó parte de una escuadrilla de reconocimiento, y en junio del año siguiente pasó a Argelia. Huyendo de la Francia colaboracionista se fue a Nueva York; eran los años en los que iba escribiendo Le petit prince, con sus pensamientos, sus vivencias, su tristeza. Publicado en 1943, un año después estaba ya con su escuadrilla de vuelta al combate, y el 17 de julio desapareció con su avión, durante un vuelo de reconocimiento sobre la costa mediterránea francesa. Como dice Nathalie des Vallières, «a bordo de su avión, como el Pequeño Príncipe, partió para volver a su planeta»^^. Martínez Esteve, Almásy, Saint-Exupéry, los tres salvados de temibles aterrizajes forzosos en estepas inacabables, los tres perdidos donde el silencio no se parece a ningún otro silencio. Sus libros nos evocan hoy los recuerdos del desierto y los cielos en los que al fin hubieron de encontrarse aquellos, en verdad, nuestros tres «aviadores del desierto». De la vida y destino de un héroe olvidado La vida de Rafael Martínez Esteve tiene dos periodos radicalmente distintos, marcados por nuestra Guerra Civil. La primera brillante, entre el valor y la aventura; la segunda triste, marcada por el cautiverio, la separación de los suyos, la pérdida de su carrera y el olvido. Y a diferencia de lo sucedido a Almásy o Saint-Exupéry, nuestro aviador del desierto nunca más volvió a volar. Aviadores en el desierto.. Por mucho que lo intentemos, cualquier reseña biográfica apenas si podrá vislumbrar las ilusiones de un joven venido al mundo en Valencia el 17 de febrero de 1894, y la tristeza de un anciano de setenta y un años fallecido en Madrid, el 23 de abril de 1965^^. Nacido en el seno de la bien situada burguesía local, dotado de una intensa curiosidad intelectual y facilidad para las lenguas -llegaría a dominar el inglés, francés y árabe, y a defenderse bien en alemán-, sintió temprana vocación militar. Licenciado en la Academia de Infantería de Toledo en 1914 como Segundo Teniente, tras cortos destinos en la península pasó a Marruecos, participando ya en operaciones y comenzando sus estudios de árabe. Distinguido en numerosas ocasiones y ascendido a Primer Teniente, en 1918 obtuvo sobresaliente en los exámenes de su tercer curso de árabe. Quizás por esa razón le vemos un año después asignado a la Fuerza de Policía Indígena, metido en complicadas acciones de guerra, manteniendo emboscadas, cubriendo retiradas, protegiendo rutas y convoyes o conferenciando dentro del territorio enemigo. Pero ya entonces se había despertado en él la pasión por volar, compartida con la atracción de las montañas del Riff, el desierto y la vida y las costumbres de las gentes de país, con quienes compartía charlas y narraciones junto al fuego. En 1920 volvió a la península, y un año después, en el Aeródromo de Los Alcázares, recibió su título de piloto militar y el grado de capitán. En 1921 se casó con Alicia Vircondelet Gómez, franco-española nacida en Oran, pero Africa le reclamó. El desastre de Annual obligó a volcar todos los efectivos disponibles, y el ya capitán aviador fue asignado a la Segunda Escuadrilla con base en Tetuán, con sus aviones Breguet XIV -los mismos de la Aéropostale francesa del correo Toulousse-Casablanca-Dakar, volados también por Saint-Exupéry-llevó a cabo numerosas misiones de reconocimiento y bombardeo ligero, fotografía y prueba. En enero de 1924 participó en el vuelo dirigido por el comandante Delgado Brackembury, que trataba de abrir un enlace aéreo entre la península y Canarias, que estaría integrado por un hidro tripulado por Ramón Franco y una patrulla de tres Breguet XIV, mandada por Martínez Esteve. Con escalas en Casablanca, Mogador, Agadir y Cabo Juby, aterrizaron allí los tres Breguet el 8 de enero, esperando la llegada del hidro retrasado. Durante esos días miró las mismas estrellas, soñó y anduvo el mismo desierto que poco después pisaría su camarada francés^^. De vuelta a su base, nuevas misiones aéreas llenaron su expediente, las más de las veces muy arriesgadas. Y es que la aviación de entonces tenía que descender a tiro de fusil para conseguir sus objetivos, que en demasiadas ocasiones consistían en introducir municiones, comida, hielo o medicinas Aviadores en el desierto.. casi «a mano» en el interior de posiciones asediadas: era el llamado «vuelo a la española»^^. En una de esas operaciones cayó el capitán Joaquín Boy Fontelles, extraordinariamente popular entre sus compañeros, que en el auxilio a la famosa posición asediada de Tifarauin^^ murió derribado por fuego de fusilería en su segunda pasada sobre la posición. Camarada y amigo de nuestro biografiado -como Ramón Franco, Llórente y tantos otros que formaban la peculiar hermandad de los aviadores de entonces-, a su memoria y a la de su observador, el también capitán Baeza, dedicaría Esteve sus recuerdos de aventura en el desierto jordano-iraquí. En 1924, con su compañero capitán Joaquín Loriga, y recogiendo una idea del fallecido capitán José Carrillo Duran, redactó una memoria sobre un posible vuelo «Madrid-Manila», que como otros serían pospuestos hasta la conclusión de la guerra de Marruecos. Mientras tanto, ambos siguieron soñando con su plan. En julio del mismo año Esteve fue derribado en las maniobras de aprovisionamiento a la posición de Cobba, y tras conseguir un aterrizaje forzoso en territorio enemigo, quemó el avión para que no cayera en sus manos y se abrió paso a tiros junto a su observador hasta las líneas españolas. Finalizada la guerra con el desembarco de Alhucemas, el gobierno español aprobó para 1926 tres vuelos a larga distancia, los primeros grandes raids de la aviación española. A punto de quedar fuera del proyecto por enfermedad, Martínez Esteve consiguió incorporarse in extremis y partir para el vuelo que marcaría definitivamente su vida. Acabada la aventura y de vuelta a España, propuso una «Memoria de un vuelo transatlántico» sin escalas, con el mismo tipo de avión Breguet XIX usado en el vuelo a Manila, y que habría de ser preparado especialmente. Anterior al proyecto de Charles Lindbergh^^, el plan fue rechazado por el gobierno de la Dictadura. Desde entonces, entre Esteve y sus superiores empezaron a darse frecuentes roces, que acaso decidieron la orientación política posterior del aviador. En todo caso, su carrera siguió sumando a varias condecoraciones, el ascenso a comandante por méritos de guerra en 1927, y prestando servicio en distintas bases y grupos de vuelo. Una nueva aventura, la vuelta al mundo en un cuatrimotor Dernier montado en Cádiz, a la que fue invitado por el jefe de la misma, Ramón Franco, se frustró porque el gobierno desaprobó su presencia, siendo sustituido por Eduardo González Gallarza. El vuelo no se llegó a realizar, pero el desaire acentuó su enfrentamiento con la Dictadura y la Monarquía. Separado del servicio, sancionado nuevamente en febrero de 1931, con la República se reintegró a la aviación, pasando por Getafe, Marruecos y Sevilla, donde al mando de la base aérea de Tablada y cuan- do estaba a punto de ascender a teniente coronel, le sorprendió el levantamiento del 17 de julio de 1936. Comenzó entonces la segunda parte de su vida. Los hechos acaecidos en el aeropuerto durante los días 18 y 19, que cercenaron su carrera y su vida familiar, se desarrollaron con una extraordinaria rapidez. La mañana del 18 llegaron a la base tres aviones Douglas de las Líneas Aéreas Postales Españolas, que aviadores del gobierno querían usar como bombarderos en Marruecos. El capitán Carlos Martínez y Vara del Rey, afecto al alzamiento, quiso impedirlo averiando con sus disparos el motor de uno de ellos. Tripulantes y soldados le hicieron frente e hirieron, y cuando estaban a punto de matarle, el comandante Esteve se interpuso pistola en mano, llevándoselo a un despacho donde le encerró y puso bajo guardia de su confianza. Queipo de Llano le llamó por teléfono pidiéndole su apoyo, pero Esteve no quiso, alegando que se lo impedía «su dignidad» y su juramento de fidelidad. Al no cumplir tampoco la orden gubernamental de bombardear los barrios de Sevilla por los que se movían los sublevados -por el temor a ocasionar una matanza entre la población civil-, el capitán Antonio Rexach le entregó la orden gubernamental de su retiro del mando. Lo que después pudo haber pasado con él lo ignoramos, porque los nacionales tomaron la base al anochecer del 19 de julio, y responsabilizado Esteve de los bombardeos sobre Tetuán y Larache, fue detenido y sometido a un Consejo de Guerra, resultando expulsado del ejército -en su expediente personal se dice {sic) por «rebelión militar»-y condenado a muerte el 20 de septiembre del mismo año, a pesar de la defensa que de él hicieran el capitán Carlos Martínez y Vara del Rey y otros compañeros del arma, así como la evidencia de que había impedido los bombardeos sobre Sevilla. Preso allí, conmutada en octubre la pena de muerte por la de treinta años de prisión mayor, su esposa hizo cuantas gestiones pudo para conseguir su liberación, pero en noviembre del mismo año fue trasladado al Castillo de Santa Catalina en Cádiz. Alicia, desesperada, valiéndose de su pasaporte francés, cogió a sus hijos y pasó a zona republicana en 1937, quedándose ella en Barcelona y mandando a los niños a Rusia como tantos otros refugiados. Luego se fue a Francia, y cuando proyectaba ir a la URSS para recoger a sus hijos estalló la II Guerra Mundial. Recluida en un campo de concentración, no sabemos cómo consiguió volver a España, reuniéndose en Valencia con las hermanas de su esposo. Mientras Esteve cumplía condena, y distraía su angustia profundizando su alemán, pues en cartas conservadas en su expediente y dirigidas a su hermana Vicenta, le pide libros y revistas en esa lengua «o en inglés y si no hay en Aviadores en el desierto. francés», que encontraría en la Librería Extranjera de la Plaza de Santa Ana de Madrid. Los amigos y compañeros de siempre y el incansable capitán Carlos Martínez y Vara del Rey seguían con sus gestiones para conseguir atenuar su condena: de hecho, el 20 de julio de 1943 se le conmutó por otra de veinte años de reclusión menor, iniciándose además un expediente de libertad condicional, concedida en septiembre de 1943. Salió libre el 1 de octubre, y ambos esposos se reencontraron fuera de la prisión, llorando la lejanía de sus hijos. Pero Alicia estaba muy enferma, y operada de una dolencia cardíaca en Sevilla murió prematuramente en 1945, a los cuarenta y cuatro años de edad. Un año después, Rafael Martínez Esteve fijó su residencia en Madrid. En 1956 tuvo la inmensa alegría de reencontrarse con dos de sus hijos vueltos a España, Rodolfo y Alicia, pero murió el 23 de abril de 1965, sin haber logrado volver a ver a los otros tres. Era un héroe olvidado. La época de los retos: el vuelo Madrid-Manila y su paso por Bagdad e Irán Con la finalización de la guerra en Marruecos y sobre todo con la autonomía y el enorme desarrollo propiciado por las reformas de Ean-delán^^, la aviación española pudo pensar en participar en los grandes raids y los desafíos de vuelo que otras aviaciones estaban llevando a cabo hacía tiempo. El año 1926 marcó el principio de nuestros grandes retos, con tres vuelos espectaculares y exitosos: en enero, el hidroavión Plus Ultra cubrió los 10.270 Km. que separan Palos de Moguer y Buenos Aires en 59 horas y 39 minutos de vuelo. Ramón Franco, Julio Ruiz de Alda, Pablo Rada y Juan Manuel Duran saltaron de golpe a la fama. Luego, en abril estarían en el aire los tres Breguet XIX de la «Patrulla Elcano», para un vuelo de 17.950 Km. hasta Manila, a donde sólo llegó el avión pilotado por Eduardo González Gallarza. Pero tanto él como los demás miembros de la patrulla, Rafael Martínez Esteve, Joaquín Loriga y sus mecánicos se convirtieron en otras tantas celebridades. Finalmente, en diciembre despegó la patrulla «Atlântida», tres hidroaviones Dernier que al mando del comandante Rafael Llórente efectuaron el vuelo desde Melilla a Santa Isabel en Guinea y vuelta, totalizando 13.932 Km. de vuelo en doce etapas a la ida y nueve en el retorno. Por esta hazaña Llórente recibió «el segundo premio del Congreso de la Liga Internacional de Aviadores que otorgó el primero a Charles Lindbergh»^^. Pero centrémonos en el vuelo Madrid-Manila. Como apunto más arriba, la idea original se había gestado durante el invierno de 1923-1924, pero su promotor -capitán José Carrillo Duran-murió en combate en septiembre del veinticuatro. Sus amigos y compañeros, Joaquín Loriga y Rafael Martínez Esteve la hicieron suya, presentando un mes después una memoria sintética que fijaba temas como los aviones, altura de vuelo, carga recomendada, recambios, época del vuelo más aconsejable, ruta, distancia y duración de las etapas, aeródromos de apoyo, presupuesto y razones de la propuesta^^. Por fin, tras algunas contrariedades y retrasos, el 8 de abril de 1926, a las 8,15 de la mañana despegaban del aeródromo de Cuatro Vientos los tres aparatos Breguet XIX, pilotados por los iniciadores Esteve y Loriga, y por el comandante Eduardo González Gallarza, acompañados respectivamente por sus mecánicos Pedro Mariano Calvo, Eugenio Pérez y Joaquín Arozamena. La primera etapa, Madrid-Argel, era de 900 Km.: la segunda, Argel-Trípoli de 1.300 Km. Durante la tercera, Trípoli-Bengasi de 950 Km., a pesar de volar a 2.500 m de altura sufrieron los remolinos del desierto, que zarandearon los aviones sin piedad. Los 1.150 Km. de la etapa a El Cairo se hicieron en ocho horas de vuelo. Punto de pausa obligada, mientras se revisaban sus aparatos visitaron la ciudad y sus curiosidades. Y el 11 de abril despegaron a las 15,40 horas camino de Bagdad, peligrosa y muy larga quinta etapa con sus 1.400 Km., volados en parte por uno de los mayores desiertos de la tierra. Para no perderse tenían que seguir las marcas hechas en tierra por la aviación inglesa, y atenerse a los consejos del aviador británico Alian Cobhan, que Gallarza y Loriga recuerda en su libro^^. Ambos pilotos escribirían luego que «a poco de habernos internado en la peligrosa inmensidad de este vasto desierto, vimos perderse entre remolinos de arena y nubes a Esteve. Seguía nuestra misma dirección, y abrigábamos la esperanza de encontrarlo más adelante». El vuelo siguió hacia Bagdad, que describen desde el aire, unida entonces sólo por un puente de barcas de unos doscientos metros. Preocupados por la tardanza de Esteve retrasaron la salida, pero el 13 hubieron de partir -los monzones se acercaban y las grandes tormentas de arena estaban alcanzando Basra-, y tras rogar a los británicos la búsqueda de sus camaradas despegaron rumbo a Bushir. Siguieron el curso del Tigris hacia el sur, luego por la llanura llegaron a la costa y a Bushir, y el mismo día alcanzaron Bandar Abbás, donde siglos atrás había desembarcado el embajador español Don García de Silva y Figueroa. Inesperadamente, la historia de los viajeros españoles a Oriente se reencontraba allí. Luego el vuelo siguió adelante y vivió asombrosas aventuras, alcanzando por fin Ma-Aviadores en el desierto... nila el 13 de mayo, siendo recibidos por 12 aviones de Estados Unidos que, como escolta de honor, les acompañaron hasta su aterrizaje a las 11,20 de la mañana. Una marea humana se abrió paso hasta el avión. Dos años después, con un gran aparato Breguet tipo «Gran Raid», fabricado en España -el famoso «Jesús del Gran Poder», hoy conservado en el Museo del Aire de Madrid-, los capitanes Jiménez e Iglesias intentaron batir el record mundial de distancia sin etapas, llegando a Pakistán. Despegaron de Tablada el 29 de mayo de 1928, pero una avería causada por la arena les hizo aterrizar en Nasiriyah, junto al Eufrates, tras 5.100 Km. muy meritorios de vuelo continuado, que si no les permitieron batir el ansiado record^^, sí que otros dos viajeros y aventureros españoles del siglo XX llegaran hasta el corazón de Mesopotamia. Pero volvamos a Esteve y su aventura, porque si su persona merece un puesto en la historia de la literatura española de viajes a Oriente es, precisamente, porque tras sufrir un aterrizaje forzoso cubrió muchos kilómetros por aquel inmenso desierto, y supo describir luego su aventura en un libro que resulta hoy una bella evocación de aquella época gloriosa de viajeros, aventureros y eruditos enamorados de Oriente, curiosamente cerrada por esa saga de «aviadores del desierto». Otro viaje a Oriente: una aventura en el desierto El mismo año del vuelo hasta Manila publicó el capitán Rafael Martínez Esteve, en la editorial Espasa Calpe de Madrid, el libro que recoge su epopeya. Para la literatura de viajes es un libro algo extraño, porque es fruto de una avería y no de un plan preconcebido, aunque su autor estuviera más que preparado por su experiencia en Marruecos y su dominio del árabe, sin contar su manejo del inglés y el francés. El librito original es de pequeño formato, e incluye además de algunos croquis y fotografías en blanco y negro, una serie de atractivas ilustraciones firmadas por A. Llórente, y una bella portada del mismo autor, que recoge la angustiosa situación del piloto y su mecánico junto al avión en tierra, y recuerda ligeramente la cubierta puesta luego a la edición de Terre des hommes, de A. de Saint-Exupéry, en Le Livre de Poche publicada en París en 1971. Voy a seguir el viaje y marcha de Martínez Esteve omitiendo las referencias de nota salvo causa mayor, pues la continuidad del relato facilitará la localización de cualquier consulta interesada en su propio texto^^ Comienza el libro de nuestro aviador con una invocación al «nido de águilas» de Tetuán, donde se formó la aviación militar española en la Guerra de Marruecos. Luego, al igual que sus compañeros Gallarza y Loriga harían en su propio libro El vuelo Madrid Manila, detalla la preparación del raid aéreo y sus condiciones. Se eligieron los aviones Breguet XIX A2, empleados ya por la aviación militar y considerados los más adecuados. Dos, acondicionados especialmente en la fábrica de Paris: el tercero, de serie normal, se adaptó en lo posible en el mismo Cuatro Vientos. Esteve pilotaría este avión, del que se conserva una excelente maqueta en el Museo del Aire de Madrid^^. Cada avión llevaba como armamento para defenderse en caso de aterrizaje, un rifle automático, una pistola y 200 cartuchos para cada arma. Lejos estaba entonces el mecánico Calvo de saber, que el último disparo de aquella pistola le salvaría la vida. Como instrumentos de navegación sólo podían llevar una brújula Hughes y un corrector de deriva, lo que no excusaba como era norma entonces, la continua atención a los planos y su cotejo con el relieve. Por fin, el día 5 de abril la escuadrilla despegó a primera hora de la mañana «envueltos en una ligera neblina...hasta que...el sol rompe los jirones de la bruma». Luego Esteve iría describiendo el paisaje español, la costa y el vuelo sobre la belleza del azul Mediterráneo. Ya sobre Africa entraron por el valle de Chelif, dirigiéndose hacia Argel volando a 200 Km. por hora, sobre un paisaje de llamativo verdor. Los militares franceses les recibieron con extrema cordialidad, y como sería norma en todas las etapas del viaje, la colonia española se esforzó por agasajarlos. Al día siguiente despegaron con niebla, y rumbo a Túnez comenzaron los problemas. A los pocos minutos los aviones se separaron, pues tenían que volar o a 10 metros del suelo o por encima de la niebla. Esteve subió para evitar el peligroso terreno montañoso, pero pronto tuvo que buscar la costa para no perderse: volando a 10 metros del agua y muy cerca de la orilla, sorteando los obstáculos, disfruta con el vuelo; pero al mirar el estado del combustible nota que ha consumido 170 litros ¡en una hora!. Preocupado, continúa suponiendo que sufre una pérdida que sólo podría arreglar en tierra. Pero el combustible se volatiliza rápidamente, por lo que ha de tomar tierra en Túnez. Sus compañeros continuarían vuelo hasta el fin de la etapa del día, prevista en Trípoli. En Túnez recibió la misma cordialidad de franceses y españoles, llevándose como recuerdo la gentileza de una dama francesa, que le obsequió un ramo de flores que le acompañaría hasta quedar marchito en el desierto jordano-iraquí, y las dulces canciones de una joven tunecina, que le trajeron a la memoria la primera casida de amor escuchada a un nómada del Sahara, en una no- che estrellada vivida tiempo atrás en el oasis de Aïn-Sefra. El vuelo continuó al día siguiente hacia Trípoli, pero el mal tiempo se cebó en su avión cazándolo en una tormenta que le sacude y provoca bruscos descensos de 300 metros o subidas de 2000. Varias veces está a punto de entrar en barrena, y cuando todo iba a peor desapareció de repente la tormenta, descubriendo que estaba ya en la costa de Gabés, a unos 800 Km. de Trípoli, donde por fin llegó acogido con toda simpatía por los oficiales italianos. Un mensaje de Loriga le dice que le esperarán en El Cairo, tal y como previamente habían acordado en caso de retrasos de algún avión. Cuando despegó de Trípoli, Esteve recordó un fragmento de Las mil y una noches, en el que el príncipe Nur Addin dice «viajar, renovarse, esperar sensaciones nuevas, el placer de la vida está en el movimiento»: y su aparato voló sobre el golfo de la Gran Sirte. Una vez en Bengasi, estudió el itinerario atentamente y despegó a las 8 de la mañana del día 9 de abril. Pronto se encontraría volando por el inmenso desierto de Libia, que poco después iba a explorar por vez primera el otro gran aviador del desierto, László Almásy; «a nuestra derecha, interrumpiendo la monotonía de la inmensa sábana de arena, se levantan de trecho en trecho pequeños montones de piedra, de color obscuro». Al fin, horas después alcanzaron el valle del Nilo, y Esteve distinguió a sus pies «los rojizos minaretes de las viejas mezquitas de El Cairo; a nuestra izquierda se yerguen las pirámides la esfinge, en una amarillenta llanura de dunas de arena». Aterrizó en la base aérea de Heliópolis, acogido por las autoridades diplomáticas españolas. Ni las británicos, ni los egipcios enviaron representación alguna, y Esteve tuvo sus primeros roces con el oficial inglés de servicio en el aeródromo y, lo que sería peor en el futuro, con el embajador español, molesto ya con sus compañeros Loriga y Gallarza. Reunidos por fin, los tres aviadores llevan a cabo las habituales visitas protocolarias, continuadas en las pirámides y museos, y Esteve comienza sus curiosas observaciones sobre el colonialismo británico y la formidable organización de su aviación desplegada en Oriente. El día 11 despegaron los tres aviones a las siete de la mañana. Tras cruzar el Canal de Suez sobrevolaron Palestina, donde «el paisaje es triste y monótono, a nuestra izquierda el mar, a la derecha el desierto arenoso del Nefud». A la vista de Amman se dispusieron a cortar el desierto siguiendo la ruta señalada por la aviación británica, y se introdujeron en él. Esteve sintió primero algunos problemas menores que no le preocuparon, pero a las cinco horas de vuelo hacia Bagdad el motor cesó de funcionar, y en pocos segundos tuvo que elegir dónde aterrizar forzosamente. Su viaje aéreo por Oriente había terminado. Comenzaba entonces -aunque todavía lo Aviadores en el desierto. ignoraran, confiados en la buena organización inglesa-, su tremenda aventura y marcha por la inmensidad del Hamad. Esteve y Calvo estudiaron el motor y descubrieron la causa del fallo; se habían quedado sin combustible por una grieta en el remache del amortiguador de presión. Pero subsanada la avería se vieron en la imposibilidad de continuar, dada la falta de gasolina. Era preciso actuar rápido, y en breves instantes prepararon un fuego cuyo humo había de verse a muchos kilómetros. Sobre la ruta marcada por los ingleses colocaron un largo lienzo blanco, y se mantuvieron a la espera confiando en que ya les estarían echando de menos y quizás incluso buscándoles. A las cuatro horas oyeron ruido de motores y se alegraron ante su inmediato rescate, pero los aviones pasaron de largo sin verlos. Calvo preguntó en voz alta asombrado «¿pero es posible que no nos hayan visto?». El humo, las señales sobre la ruta, el gran avión Breguet pintado de verde sobre la estepa,... Y Esteve escribe que comenzó entonces a germinar en su alma una terrible sospecha. Pasaban las horas y se puso a inspeccionar los alrededores, descubriendo el armazón de un avión quemado, huellas de distintos animales, el camino clásico de las caravanas y los restos de un campamento beduino que, como era habitual en él, le hizo imaginarse experiencias pasadas: «reconstituyo mentalmente la escena; veo a los beduinos encender fuego y hacer la oración mirando a Oriente; a los camellos en círculo rumiar las hierbas del desierto...». Otra patrulla inglesa pasó sin verlos, y mientras la noche se les echó encima, así que se arrellanaron en sus puestos del avión y se abrigaron en lo posible con sus trajes de vuelo. El frío era terrible, y la noche animaba inquietantemente la vida del desierto; «en la obscuridad de la noche vemos el brillo de muchos ojos que parecen interrogarnos». Estaban al norte del inmenso Nafud, en el propiamente llamado Hamad, la inmensa llanura lisa y pedregosa, vacía de vida, azotada por los torbellinos de polvo y arena, que apenas si cruzaban algunos beduinos, siguiendo los contados pozos existentes. Esteve calculó su posición, creyendo encontrarse próximo al aeródromo de urgencias marcado en la ruta inglesa con la letra M. En dirección a Bagdad, los pozos más próximos estaban a unos 160 Km.; en la de Amman, a unos 200, pero los beduinos estaban acampados en esa dirección, y Esteve confiaba instintivamente más en ellos que en los británicos. Un día más, las patrullas inglesas pasaron por encima sin divisarlos. Hasta ocho pasaron por encima, a menos de 200 metros de altura, ante el asombro y la rabia de Esteve: «aquella torpeza inglesa rayaba en lo inconcebible; si nuestros espíritus no hubiesen estado templados para la lucha, hubiésemos muerto allí mismo de ira y desesperación». Cogieron tres termos con litro y medio de agua, y algo más en un neumático, ingeniosamente preparado para ello. Además, sus armas de fuego, un cuchillo de monte, zapatos de repuesto, dos pares de calcetines, un plano y media manzana, que era en suma todo su «bagaje para cruzar el desierto». Tras dejar notas escritas en francés, español, inglés y árabe en el avión, indicando la ruta que iban a seguir y los medios con que contaban, se pusieron en camino. Cualquiera que tenga un cierto conocimiento de los distintos desiertos convendrá en que uno de los más desasosegantes es el Hamad, la gran planicie que se extiende entre TransJordania y el valle del Eufrates. La monótona y aplastante regularidad de la inmensa llanura, pedregosa a veces, es desoladora hasta extremos difíciles de explicar. Al menos a mí siempre me ha resultado así, en las ocasiones en que por fuerza he tenido que viajar por él. Por eso ahora siento más cercano el horror de su marcha, y comprendo el enorme valor y el coraje que Esteve y su mecánico demostraron al decidirse a cruzarlo en busca de los beduinos. Al atardecer empezaron a andar por la ruta inglesa, descansando cada treinta minutos para ahorrar fuerzas. Venida que fue la noche siguieron andando confiados, mirando a veces las estrellas y constelaciones que brillaban en lo alto. Al amanecer bebieron y comieron el resto de su manzana, pero no sabían a qué altura podían encontrarse, al no distinguir referencia válida alguna. Pronto empezaron a sentir algo de la verdadera dureza del Hamãd: el jamsin. La temperatura subió enormemente y la arena se levantó en remolinos, convirtiéndose en una feroz tormenta que formaba «ráfagas (que) pasan con la velocidad del huracán». Tuvieron que arrojarse a tierra para resistirlas, envolviéndose la cabeza en sus guerreras. Amainada algo la fuerza de las oleadas, se levantaron y volvieron a caminar, pero a poco hubieron de echarse de nuevo al suelo. Así pasaron horas de marcha agotadora, sufriendo además un calor insoportable. Al anochecer mejoró la temperatura y se dispusieron a descansar. Escribiría luego Esteve de aquel día que «la jornada ha sido muy dura, y pienso que de seguir soplando el jamsin no pasaremos del día siguiente». Calvó empezaba a sentir la sed, pues agotada el agua de los termos, la del neumático resultó de un sabor terrible. Los labios se les agrietaron, y mientras el mecánico dormía Esteve contempló absorto el «maravilloso crepúsculo del desierto cruel e inhospitalario, lugar de maldición y de odio». Prosiguieron la marcha, pero Calvo resistía cada vez peor, y ambos tuvieron alucinaciones espantosas. Durante el día los cuervos les seguían por un camino «sembrado de osamentas de camellos y gacelas; todo conspira en con-Aviadores en el desierto. tra nuestra; todo llama a la muerte, y el alma se prepara para el gran viaje, para el último vuelo». Así pasaron días, aunque perdieron la noción del tiempo. Y un atardecer, cuando Calvo descansaba profundamente dormido, para calmar sus nervios se puso Esteve a explorar los alrededores, encontrando un pequeño lago de aguas de lluvia. Al volver sobre sus pasos para darle la alegre noticia a su compañero, no le halló. Al despertarse solo, intranquilo por su ausencia. Calvo debía haberse puesto a buscarle, y ahora se habían perdido mutuamente, con el agravante de que Esteve quedó sin arma ni agua alguna. Tras dos horas de perplejidad inactiva decidió seguir andando, confiando en que el mecánico que aún disponía de agua, no se movería de la zona. El debía buscar urgentemente la ayuda necesaria, y como pensaba que no debía estar lejos de los pozos y los beduinos, caminó durante la noche. Al amanecer percibió un cambio notable del paisaje. Probablemente estaba en las estribaciones del desierto basáltico jordano, según su descripción. Por su vertical, dos aviones ingleses pasaron sin divisarle, aunque agitó su camisa varias veces. Siguió caminando, mas la sed le atormentaba, y las heridas de los pies le obligaron a quitarse los zapatos de repuesto y caminar descalzo. Al principio se sintió mejor, pero luego piedras y espinos aumentaron su martirio. La sangre se coagulaba y los pies se le deformaron «llenos de espinos, de barro y sangre», pero al final consiguió andar con rapidez. Una voz le empujaba a andar, a llegar pronto. Abrumado por el calor, a las dos de la tarde no encontró refugio alguno, y empezó a sentir deseos de renuncia, de dejarse ir. Echado en el suelo, su vista se cruzó con la de una serpiente que, muy cerca de él, le miraba fijamente. La escena me recuerda el encuentro del pequeño príncipe con la serpiente que le ayudó a partir. Esteve la miró a su vez -como escribió luego-con alegría, «pues en aquella soledad deseo la compañía de los seres vivos», y tras algunos pensamientos curiosos, agotado y «presa mi alma por el deseo de la muerte» extendió el brazo a la espera de que la serpiente pusiera fin a sus sufrimientos. Pero ella se apartó: insistió Esteve y su curiosa amiga, tímida, se escondió en su guarida. Comenzó luego a tener alucinaciones, creyéndose acompañado en su marcha por una figura que supuso ser el destino. Durmió agotado sobre el suelo, y al despertar se encontró rodeado por una manada de hienas*que espantó como pudo. Continuó andando, poseído por la fiebre, sediento, pero avivando el paso sin cesar y al atardecer, los aviones ingleses le descubrieron por fin, produciéndose la escena con la que comenzaba mi evocación de esta tremenda aventura. Tras el rescate, al principio le resultaba imposible beber, dado el estado de su boca y su garganta. Pero había pasado la angustia, y los ingleses le curaron sus llagados pies y le procuraron un lecho confortable. Había que dormir esa noche en el desierto. Los dos oficiales británicos se echaron junto al español, y los tres estuvieron charlando de asuntos diversos, prometiéndole que al amanecer buscarían a Calvo; incapaz de dormir. Esteve asistió despierto a un nuevo e impresionante amanecer en el desierto. A poco de salir el sol, los ingleses le trasladaron a un aeródromo provisional, cercano a Amman, donde fue atendido por un joven médico canadiense. Pero Esteve no podía tranquilizarse, acongojado por la suerte de su mecánico. Por fin le comunicaron que había sido encontrado, aunque como Calvo le contó después, agotado ya y sin fuerzas, caído en el suelo e ignorado por dos pilotos que acababan de aterrizar a unos cientos de metros, consiguió llamar su atención con el disparo hecho con la última bala de su pistola.. Una vez en Amman envió un telegrama anunciando la continuación de su viaje a Manila, y fue recibido por el rey Abdallah en su palacio, levantado por los ingleses en una de las colinas de Amman. Ambos mantuvieron una conversación animada, gracias al buen árabe del aviador español, que conoció por boca del hermano de Faysal muchos incidentes que ignoraba, y que le confirmaron que su idea de buscar la ajmda de los beduinos había sido la mejor decisión. Pero estando en animada charla con el rey recibió la respuesta a su telegrama; tenía que volver a España. Abatido, Esteve se dispuso a obedecer una orden que le parecía inexplicable. El 23 de abril, tan solo once días después de su forzoso aterrizaje en el desierto, los británicos llevaron a los aviadores españoles hasta su aparato, que encontraron custodiado por una tribu beduina, según órdenes del rey Abdallah. La recarga de gasolina se tuvo que hacer lentamente, finalizándose apenas una hora antes del crepúsculo. Contrariado por tener que pasar allí la noche, el jefe de la patrulla británica le dijo que saldrían al amanecer, disponiendo su campamento según las normas reglamentarias, como si pudieran ser atacados. Pero Esteve prefirió acercarse a los beduinos y pasó la noche en amena conversación con ellos, agrupados a su alrededor y junto a un fuego. «¿Cómo pudiste resistir tanto?. Si hubieras tenido un camello...», le dijo el schei], Y hablaron de mil cosas, y se hicieron miles de preguntas amistosas. Reunidas en torno a una hoguera próxima, las mujeres beduínas miraban con curiosidad la escena, escuchando atentas y riendo a veces de lo que hablaban los hombres. Y Esteve escribiría después admirando su belleza, su gracilidad. sus vestidos y sus joyas, su rostro orguUosamente descubierto. La aventura se estaba terminando. Al amanecer, todos los aviones despegaron, y pocos días después el sufrido Breguet XIX emprendió su vuelo de retorno. Esteve pensaba mirando el paisaje: «el silencio del desierto... ¿Conocéis algo más elocuente que el silencio absoluto en la llanura sin fin?...; silencio obra de siglos». Aunque él se sintiera fracasado, lo cierto es que acababa de escribir su nombre en la selecta hermandad de los ascendidos a la fama eterna. Epílogo: de arcángeles y aviadores, de príncipes y desiertos Nathalie des Vallières subtitula su biografía de Antoine de Saint-Exupéry como «el arcángel y el escritor». Y en la vida, la muerte y los pensamientos de nuestros tres grandes aviadores del desierto, se me antoja que hay algo de arcángeles -tan cerca de las estrellas y enamorados del cielo-, y un mucho de escritores, amantes de los libros y de escribir sus recuerdos. Los tres se fueron poco a poco, en orden inverso a como habían llegado a la tierra. Primero Saint-Exupéry, desaparecido en un vuelo de guerra, a los 44 años de edad. Después Almásy, a los 57, de vuelta a casa y con la luz del desierto todavía en los ojos. Y al fin Rafael Martínez Esteve, mucho más tarde, con 71 años, lejos del desierto y los cielos que surcó. Pero no fue su muerte la más triste, o al menos yo creo que no. Todos hemos leído El pequeño principe, y sabemos bien que para volver a su planeta, necesitaba el niño dejar atrás el cuerpo con el que andaba por el desierto en compañía de un aviador perdido. Y que una serpiente amarilla, a la que conoció al principio de su llegada, le ayudó finalmente a partir. Pues bien, el 23 de abril de 1965, Rafael Martínez Esteve dejó caer una vez más su brazo en la cama, como décadas atrás lo hiciera en el desierto. Pero esta vez su amiga se apiadó de él, ayudándole a abandonar como al pequeño príncipe, el cuerpo que le impedía volar. Agradezco las informaciones facilitadas y la amabilidad con la que han atendido mis consultas los descendientes del coronel Rafael Martínez Esteve, en particular su nieto don Alejandro Martínez-Esteve Melnikov. Del mismo modo y de todo corazón, los materiales y la información que me prestó el Director del Museo del Aire, Excmo. Igualmente agradezco las noticias, atenciones y materiales que me dio a su vez el comandante don Juan M. Riesgo. Para terminar, agradezco sinceramente también las facilidades dadas y las orientaciones recibidas en el Archivo Histó-Aviadores en el desierto... rico del Ejército del Aire, especialmente las de sus bibliotecárias, D^ Carmen Urquiaga, D^ Paloma Bengoechea y el resto del personal auxiliar. ^ El relato de su experiencia y viaje lo publicó R. Martínez Esteve en un libro que alcanzó una gran difusión: MARTÍNEZ ESTEVE, R. (1926). Editorial Espasa Calpe, Madrid. Aunque lógicamente he manejado la edición original -de la que proceden parte de las ilustraciones del artículo-, las referencias textuales y la paginación se refieren a la edición completa e integrada de los libros y los grandes viajes de la aviación española emprendidos en 1926, excelentemente documentada con fotografías e ilustraciones de la época, que gentilmente me facilitó el Excmo. Sr. General Don Luis Castañón Albo, Director del Museo del Aire. Así pues, las notas se referirán a esta edición ^ Sobre la vida de Ladislaus E. Almásy véase el prólogo de R. Schrott y M. Farin en la edición española de ALMÁSY, L. E. (1999): Nadadores en el desierto. A la búsqueda del oasis de Zarzura. Ediciones Península, Barcelona, pp. 7-18, y el cuadernillo con fotografías de su vida, vuelos y exploraciones que acompaña esta edición.' ^ La fama personal y literaria alcanzada por Antoine de Saint-Exupéry hace que existan diversas biografías y una larga bibliografía. Me remito a la muy sencilla pero ilustrativa de DES VALLIÈRES, N. (1998): Saint-Exupéry. Su ampHa obra literaria ha sido traducida a todas las lenguas. Sobre el vuelo de Martínez Esteve, p. Respecto a la presencia allí de A. de Saint-Exupéry, pp. 87-88. ^ Me remito a R. Schrott y M. Farin en su prólogo a la edición española de ALMÁSY, L. E. (1999): op. cit., pp. 7-18. ^ La semblanza biográfica de Antoine de Saint-Exupéry está basada, fundamentalmente, en la biografía citada a cargo de DES VALLIÈRES, N. (1998): op cit. Como no quiero más que una aproximación a su vida, creo que se excusa la reiteración de citas. ^ En abril y mayo estaba realizando operaciones de bombardeo y reconocimiento en la región de Yebala, y el 17 de septiembre llevó a cabo un aterrizaje forzoso que le ocasionó heridas leves. ^ De su presencia junto al fuerte español y su persona, de su cordiaUdad con Hidalgo de Cisneros y los otros pilotos españoles véase, GONZÁLEZ-BETES, A. (1990): op. cit., pp. 87-88.
El feminismo es, por lo general, todavía malentendido y menospreciado en España. Una encuesta de El País (21nov-99) entre jóvenes de la Comunidad de Madrid sobre "hacia quién sientes más antipatía," sitúa a las feministas en sexto lugar, sólo después de los cabezas rapadas, los neonazis, los gitanos, los drogadictos y los borrachos. Curiosamente, la etiqueta de "feminista" parece resultar incómoda hasta entre los que tienen interés por cuestiones de género. Por ejemplo, un estudio que realicé entre los estudiantes de mis asignaturas de ginocrítica en la Universidad Carlos III de Madrid, revela que sólo el 33% de los encuestados se define feminista; el 15% no sabe o no contesta y el 51% niega serlo. Este último grupo justifica su respuesta indicando, por ejemplo, que "el feminismo como el machismo es un extremo, es algo radical; el machismo es odio hacia la mujer y el feminismo es odio hacia el hombre;" o que "el feminismo es un movimiento radical y extremista;" o bien que "el feminismo es una corriente que considera a la mujer como un ser superior al hombre." Una alumna afirma que "no [s]e consider [a] una persona feminista, aunque [es] mujer. Sólo cre[e] que lo correcto es que haya igualdad entre hombre y mujer, no que un sexo domine al otro." Un alumno explica que "no pued[e] ser femi-nista porque [es] varón y opin[a] que el feminismo es una corriente exclusivamente protagonizada por mujeres." Otro se define antifeminista porque "cre[e] en la igualdad de condiciones entre el hombre y la mujer." ¿Qué es, pues, para la gran mayoría de los españoles, el feminismo? ¿Una etiqueta incómoda, que viene del extranjero? ¿Una postura demasiado radical? O, mejor dicho, ¿por qué el feminismo se ha entendido tan mal? ¿Por qué los logros paulatinos de los que las mujeres estamos ahora beneficiándonos no han creado un sentido de solidaridad con el pensamiento y la práctica feministas? Tal vez hoy en día antes de hablar de postfeminismo sería necesario ponernos de acuerdo y aclarar o redefinir el concepto de feminismo. Probablemente el movimiento de la mujer tendría una aceptación bastante más amplia de la que tiene en la actualidad si aceptáramos la propuesta de la historiadora Gerda Lerner (1986), de que tener una "conciencia feminista" significa reconocer que la mujer pertenece a un grupo subordinado, entender que dicha subordinación no es natural sino social, desarrollar un sentido de solidaridad entre y hacia las mujeres, y plantear estrategias para cambiar esta situación. INCONSCIENTE GENÉRICO, FEMINISMO Y DE CARMEN MARTÍN GAITE En un contexto de falta de comunicación entre ginocrítica y escritura femenina, la novela Nubosidad variable (1992) de Carmen Martín Gaite se presenta como una significativa paradoja. Si por un lado su autora declaró repetidas veces no ser feminista -y hasta menospreció con ironía a las mujeres que han luchado por la igualdad-, Nubosidad variable es una innegable aplicación de algunos de los más conocidos paradigmas de la teoría literaria feminista. Desde la narración no-lineal y atemporal que sigue el "tiempo de las mujeres" de Julia Kristeva, hasta el intento de crear una lengua del cuerpo a lo Hélène Cixous; desde el vínculo madre-hija teorizado por Luisa Muraro, hasta la escritura femenina como auto-descubrimiento de Elaine Showalter, esta novela representa uno de los mejores ejemplos, dentro de la narrativa contemporánea española, de lo que llamaría un texto conscientemente feminista. Feminismo, Carmen Martín Gaite, Nubosidad Variable. Más allá de cuestiones de definición, podemos afirmar, sin embargo, que la problemática relación entre praxis feminista y discurso teórico se reproduce en el mundo cultural entre práctica literaria (o fílmica) y crítica feminista. La falta de comunicación entre las escritoras y directoras españolas y el mundo teórico académico es la norma actual. 1 Novelistas, poetas y cineastas, en congresos, conferencias y entrevistas, repiten, por lo general, que se desmarcan rotundamente del feminismo y que aborrecen que su producción pueda definirse como "femenina" o que se "encasille" bajo la etiqueta de "obra de mujer". Frustrantes y vanos son los intentos de conciliar la ginocrítica con la escritura literaria y con el cine. Sin embargo, también en este caso, se podría matizar sobre las definiciones: para Rachael Blau duPlessis es feminista cualquier práctica cultural femenina que haga "del mismo significado del proceso de producción... el lugar de lucha" (1985,34). En otras palabras son feministas las autoras (y los autores) que construyen una variedad de estrategias de oposición a la representación patriarcal de las instituciones de género. De ahí que, si aceptáramos dicha definición, la mayoría de las escritoras y directoras españolas serían lo que dicen no ser. Esta ambivalencia conceptual existía ya de cierta forma desde los principios del movimiento feminista, movimiento que en el siglo XIX se identificaba a menudo con el sufragismo y que tenía un carácter extranjero -y, por tanto, anti-nacionalista en España: desde que se pone en circulación el término "feminista" en la década de los 90, y siendo este un vocablo que señala la existencia de un movimiento social, los teóricos y estudiosos del feminismo español empiezan a lamentarse de la falta de un feminismo autóctono, a pesar de que en sus escritos hacen sobrada mención de Concepción Arenal y Pardo Bazán, refiriéndose a ellas como "feministas". Cabe preguntarse aquí entonces, ¿qué entienden, pues, por feminismo los comentaristas decimonónicos? (Blanco, 1998, 451) A pesar del rechazo a ser identificadas con el feminismo, muchas mujeres han producido y siguen produciendo obras que se han transformado en hitos fundamentales en el desarrollo del discurso de género. Sus textos han pasado a formar parte -por ejemplo en el mundo académico de los Estados Unidos-del currículum de los departamentos de español, protagonizando cursos tan populares como "Spanish Women Writers" o "Women' s Cinema," e ingresando así, paradójicamente, en el encasillamiento tan renegado por sus mismas autoras. Baste con citar el caso de Carmen Martín Gaite, que a pesar de sus reiteradas declaraciones que la desmarcan explícitamente de todo movimiento de liberación de la mujer, 2 ha sido definida como una autora feminista: "there is no doubt that Martín Gaite is a feminist writer, fully conscious of women 's restricted role in society" dice Phyllis Zatlin (1977, 324). Por un lado definir a una autora como feminista, cuando ella misma niega serlo, es caer en el error de no tomar en cuenta que el feminismo es una postura fundamentalmente ideológica: en otras palabras no se puede ser feminista sin un compromiso político; por otra parte también hay que tomar en cuenta que un texto tiene el poder de prescindir de la ideología de su creador/a y que por lo tanto sería lícito leer una obra como feminista más allá de las declaraciones de intención de su propio autor (o de su propia autora). ¿Podemos hablar entonces-como he propuesto en otro lugar, adaptando el concepto de "political unconscious" de Fredric Jameson-de un "inconciente genérico"? Para Jameson, la escritura es un acto sociosimbólico producto de elecciones explicitas y, a la vez, de un aparato inconsciente que guía dichas elecciones. Las decisiones artísticas no son meramente de orden estético, sino que derivan de prácticas y de normas histórico-sociales impuestas al autor. Puesto que las relaciones de género tienen un peso fundamental en la práctica social, y puesto que cualquier norma social se encuentra estrictamente vinculada a nociones de género, es inevitable que el sexo del autor o de la autora también influya -consciente o inconscientemente-en la obra literaria. Propongo por lo tanto que llamemos "texto feminista" el producto de un esfuerzo consciente de reflexión sobre cuestiones de género. Por lo contrario, cuando dicha reflexión no es explícitamente voluntaria, nos encontraríamos delante de una expresión del inconsciente genérico del sujeto creador. Para reflexionar sobre la relación entre inconsciente genérico, feminismo, ginocrítica y escritura femenina resulta muy significativo el caso de Carmen Martín Gaite, tanto por su ambivalencia ideológica frente a dichos temas, como por la evidente evolución de su postura a lo largo de su obra. Por un lado la escritora salmantina critica explícitamente el movimiento de la mujer. En un artículo recopilado en 1982, "Las mujeres liberadas," Martín Gaite ataca con vehemencia a las feministas que reniegan del matrimonio -las mujeres liberadas, una "especie que de unos diez años a esta parte se ha venido abriendo paso a codazos y de forma progresiva en el seno de la fauna hispánica" (1982, 126)-, concluyendo que "o se asumen las ataduras o se asume la soledad. No creo que haya más alternativas. Porque, como dice un refrán de mi tierra...'Papas y sorber no puede junto ser'" (1982,131). 3 Por otra parte, la escritora salmantina demuestra, a lo largo de toda su obra, un innegable interés hacia la experiencia de la mujer -puesto que su enfoque es siempre fundamentalmente ginocéntrico-, articulando a la vez, a través de sus personajes, una paulatina apertura hacia propuestas que se acercan cada vez más a una postura explícitamente feminista. La interpretación de la condición femenina como un callejón sin salida al que es mejor que la mujer se resigne era el tema central de su primera narrativa. Sus personajes sufrían la incomunicación entre los sexos y la falta de solidaridad entre mujeres. Desde El balneario (1955) quedaba muy claro que la protagonista de Carmen Martín Gaite o bien tenía que vivir un matrimonio que la sofocaba o bien tenía que sobrevivir a una soledad agobiante. Sólo en la infancia se percibía la posibilidad de comprensión y de mutuo apoyo entre amigas, complicidad femenina que sin embargo quedaba suprimida ya con el ingreso en la adolescencia en la socialización patriarcal -y la búsqueda de un marido. En el Cuarto de atrás (1978) Carmen Martín Gaite propone ver la escritura como una posibilidad de alternativa a la soledad y a la incomunicación femeninas, porque gracias a ella la mujer puede inventarse a un interlocutor ideal, al hombre que sus protagonistas habían estado buscando a lo largo de toda su obra. Ahora bien, el Cuarto de atrás parece no poder todavía prescindir del hecho que el interlocutor (aunque ficticio) sea un varón de rasgos marcadamente patriarcales, al cual, además, la escritora-protagonista le otorga la autoridad de autorizar (valga la redundancia) su propia escritura. Sin él no habría ni comunicación, ni novela. Es en Nubosidad variable, escrita entre 1984 y 1992, donde por primera vez se llega a una solución para que la mujer pueda tomar "papas y sorber" al mismo tiempo. La respuesta está en ver a la mujer (como ya había sugerido Pardo Bazán un siglo antes) como un ser plenamente independiente -y no de mera "relación"-; si en la obra anterior las protagonistas tenían solo dos alternativas y ambas estaban en función del hombre (mujer-con o mujer-sinmarido), la lección de Nubosidad variable es que la mujer puede llegar a su plena realización a través de la interacción con otras mujeres y gracias a una escritura "diferente" que se establezca como ejercicio de autodescubrimiento sin la necesidad de una autorización patriarcal. 4 La expresión del inconsciente genérico de Carmen Martín Gaite en su obra anterior (temas feministas en potencia como la complicidad entre las niñas de Entre visillos o las referencias a un latente lesbianismo en El cuarto de atrás) se consolidan en Nubosidad variable en una consciente reflexión sobre cuestiones de género. Unos pocos años antes, en Desde la ventana (un ensayo resultado de su experiencia neoyorquina en el Barnard College en 1980), Carmen Martín Gaite había ponderado el papel que tiene el espacio doméstico como punto de enfoque de la visión de la mujer y la consecuente especificidad de la obra de autoría femenina. 5 En este texto la escritora reflexiona sobre unas lecturas teóricas claves en el desarrollo de la crítica feminista que pertenecen concretamente a la producción de la segunda ola y a la escritura de la diferencia. La novela Nubosidad variable es sin duda alguna la conciente puesta en práctica de dicha reflexión. Si las novelas de la escritora salmantina habían sido hasta entonces blanco de la crítica feminista, la escritura de Nubosidad variable llega a ser el resultado de un esfuerzo opuesto, un experimento de llevar la teoría a la práctica produciendo -por medio de un intento de escritura de la diferencia-una novela concientemente feminista. La protagonista de El cuarto de atrás se desdobla en Nubosidad variable en dos mujeres: Sofía Montalbo, casada, con hijos, pero insatisfecha de su matrimonio; y Mariana León, independiente, sin marido, pero agobiada por su soledad. Como aquella, también estas mujeres pertenecen a una clase privilegiada que da por asumida la independencia económica femenina: en otras palabras encarnan las problemáticas del sujeto de las discusiones feministas de la segunda ola. Mariana es una profesional autónoma que no tiene que lidiar con ningún jefe; y Sofía, a pesar de no tener un trabajo remunerado (es un ama de casa), cuando plantea divorciarse no tiene que confrontarse con ningún problema de orden económico. 6 Nubosidad variable se construye a través de la alternancia de voces narrativas: Sofía, la narradora en primera persona de los ocho capítulos impares, utiliza para su escritura unos cuadernos --algo así como unos diarios íntimosdestinados a la amiga Mariana, su interlocutora y narrataria. Mariana por su parte es la narradora de los capítulos pares: con la sola excepción del capítulo XII, utiliza la forma epistolar, escribiendo siete cartas a Sofía. El epílogo concluye la novela con una narración omnisciente en tercera persona que relata el encuentro de las dos mujeres en un chiringuito de Cádiz y que concluye con un recurso metaficticio que recordaría el de El cuarto de atrás si no fuera por el hecho de que, en este caso, no existe un interlocutor masculino: el resultado del reencuentro de Mariana y Sofía es la confluencia de sus escritos en un manuscrito único, cuyo título empieza por "Nubosidad." Estas dos voces narrativas no son antagónicas sino complementarias. A pesar de una estructura tan organizada, y del reparto de capítulos entre las dos mujeres, la novela quiere transmitir la idea de una escritura desordenada. Hay desorden con respecto al destinatario explícito de la escritura: en primer lugar las dos narradoras alternan, al dirigirse a sendas interlocutoras, el "tú" con la tercera persona: "Se inicia la pesquisa. Ahora apártate a escuchar, ¿te importa?, porque estoy hablando de ti con otra persona. En segundo lugar queda patente que las dos narratarias leen la historia de manera más fragmentaria que nosotros los lectores extradiegéticos: Mariana olvida enviar unas cartas y Sofía no manda a su amiga todos sus cuadernos. Aún más evidente es la falta de orden cronológico: las dos mujeres, que llevan más de veinte años sin verse, se intercambian información sobre su vida actual mezclándola con recuerdos comunes de la infancia. La narración cronológica de los acontecimientos deja por lo tanto espacio a una historia atemporal, (o, como diría Julia Kristeva, a unos "temps des femmes") en la que pasado y presente se alternan sin otra lógica (patriarcal) que la del flujo del pensamiento, o la de "un cierto vaivén"(Martín Gaite, 1992, 153), según las palabras de Sofía, aficionada, por cierto, a los relojes derretidos de Dalí. Hay desorden también en la técnica narrativa: usaré la técnica del collage... Aparte de la versión aportada por tu carta... cuento con otros elementos que me pueden servir para refrescar la memoria: varias cartas de amor y de ruptura..., retazos de un diario que empecé a raíz de la muerte de mamá y algo mucho más reciente y literariamente más aprovechable: unos apuntes, que paso a poner en limpio, tomados hace pocos días, después de mi conversación con Soledad.... [H]ay menciones dispersas a ella en páginas anteriores de este cuaderno, así que no voy a volver sobre lo escrito. Tú misma atarás cabos. (1992,153) Esta explícita búsqueda de una subversión de la narración lineal, ya dominante en El cuarto de atrás (1978) ha sido un experimento constante a lo largo de la obra de la escritora salmantina. Sin embargo con Nubosidad variable Carmen Martín Gaite está dando cuerpo por primera vez a un intento consciente de escritura femenina, ya muy marcado por la elección de los dos estilos más característicos de la tradición literaria de la mujer: el diario y la carta. Sin embargo, si el género epistolar y el diario correspondían a una escritura que en el pasado había encerrado a la mujer dentro de modelos literarios de servilismo amoroso, Carmen Martín Gaite entreteje dichos estilos, para desvincularlos precisamente de sus connotaciones tradicionales. La novela aborda también otro tema central de la ginocrítica: la ansiedad de autoría. Queda patente que hay un intento explícito en Nubosidad variable de desmarcarse de parámetros literarios anteriores. El error de Sofía era el de quedar anclada a fantasías sentimentales (lee y vuelve a leer la novela de Charlotte Brontë) que "condicionaba la mujer a unos modelos femeninos irreales" y "a la pasión amorosa" (Desde la ventana, 1993, 79). La mujer liberada es la que empieza "a convivir con una idea inquietante, difícil de encajar y de la que cada cual se defendía como podía: la de que no existe el amor de novela rosa" (Desde la ventana 122). El error de su amiga Mariana León había sido el de caer en un papel de novela rosa en su relación con Raimundo: "Y yo, abrazada a mi ramo de lilas, hundiendo en él la cara, recité la primera frase de mi nuevo papel:'No hay nada en el mundo que me pueda apetecer más, oh Raymond'. Te parecerá de novela rosa, como me lo está pareciendo a mí cuando te lo cuento" (Nubosidad variable, 1992, 55). Si en El cuarto de atrás quedaba un residuo de novela rosa en el hombre de negro, el interlocutor perfecto, en Nubosidad variable los dos personajes femeninos consiguen al final prescindir de modelos literarios (no sólo románticos, sino también paradigmas realistas de mujeres que, a su vez, dependían de fantasías literarias románticas). 7 Por ejemplo, al reencontrarse durante una semana apasionada con el primer amor de su vida, Sofía Montalvo decide no creer en un futuro juntos: Él me había pedido llorando que no lo volviera a abandonar... petición seguida por un denso silencio donde peleaban recuerdos e intenciones irreconciliables y que por fin rompí yo con mis palabras. No quiero terminar como Anna Karenina...; no, no me complacería en esta imagen de ruina y fatalidad, como Anna Karenina no quería acabar. Era sobre todo esa frase final de mi novela la que iluminaba la embocadura del túnel de regreso a la realidad. (1992,364) En la producción anterior de la escritora salmantina, la complicidad femenina terminaba cuando una de las dos adolescentes encontraba pareja. Aquí también el primer amor de Sofía había sido la causa de la ruptura de su amistad con Mariana; sin embargo en Nubosidad variable se da un paso adelante: es precisamente la iniciativa de las dos mujeres de romper con sus respectivas relaciones actuales lo que las vuelve a reunir. 8 En esta novela Carmen Martín Gaite desarrolla también lo que se podría llamar un experimento de "diferencia lingüística." 9 Showalter, en el artículo citado por Martín Gaite en Desde la ventana, hace un recorrido de la historia del debate sobre la existencia de un lenguaje femenino (de Adrianne Rich a Nelly Furman, de Chantal Chawaf a Xavière Gauthier, desde la lengua femenina en la etapa del matriarcado en la prehistoria postulada por Robert Graves, a las lenguas inteligibles e inarticuladas estudiadas por Sarah Pomeroy). A su vez, en Desde la ventana Carmen Martín Gaite comenta que "parece evidente que en ciertas culturas, las mujeres elaboraron una forma de comunicación privada, surgida de la necesidad de resistir al silencio impuesto por su insignificancia en la vida pública" (1993,33). Para su experimento la escritora salmantina acude al personaje de Sofía Montalvo por su afición a jugar con las palabras. De niña había creado con Mariana "un lenguaje común que reflejaba gustos, bromas y emociones comunes" (1992, 57). Y de adulta Sofía mantiene con su hija menor un lenguaje de complicidad infantil, que acude al mundo de los cuentos de hadas y en particular a Alicia en el país de las maravillas. 10 Sofía, en su escritura, incorpora un léxico suyo -derivado de su experiencia doméstica de interacción con las otras mujeres de la casa-que comparte con sus hijas, su madre y hasta con las dos asistentas: el "refu," "el camfornio," "sufrido," "la tubería del alma," etc. A Mariana León, por su parte, su creadora le asigna un intento de "escritura del cuerpo." Mariana se preocupa por su aspecto físico, mantiene una vida sexual más activa (de ella sabemos que tuvo una importante relación con un hombre más joven) y está escribiendo un ensayo sobre el erotismo. La decisión de romper su relación con Raimundo se le ocurre cuando "sólo podía pensar en una frase que había dejado a medias en la máquina de escribir y que se refería al erotismo solitario. Se me cruzó por la cabeza la idea de seguir encerrada con Raimundo en su casa... Me he librado de un auténtico castigo -me dije-. Mariana define su escritura como un "strip-tease solitario" (129, 136, 139) con ecos de referencia a la escritura del cuerpo, y al escribir como masturbación, teorizado por Hélène Cixous-: sus cartas a la amiga sin enviar y guardadas en las carpetas con los apuntes sobre el erotismo "se ha[n] contagiado" (128). "[E]ste vicio epistolar -reiniciado, eso desde luego, gracias al pie que me diste tú-es como casi todo, un vicio solitario!" (128). 11 Lo erótico es el ejercicio mismo de escribir: el deseo sexual hacia un hombre ya se puede trascender. Para Mariana, siguiendo a Bataille, "no nos podemos meter en la piel de nadie por mucho que nos parezca haberlo logrado mediante un espejismo momentáneo de fusión... La plétora sexual es un sucedáneo que trata de remediar el aislamiento del ser, pero sólo lo proyecta fuera de sí" (189). Para Sofía es muy importante el contacto físico "entre dos personas que se quieren. Pero no pienso en el contacto sexual, qué pesadez, cualquiera diría que es el único que existe" (162). En el último capítulo de Nubosidad variable (dividido en tres partes, que marcan tres generaciones: la de la madre de Sofía; la de Sofía misma; y la de su hija mayor), queda claro que la estrategia para prescindir de dicha dependencia sexual y sentimental es recurrir a la solidaridad femenina por medio de la escritura. El capítulo empieza con una voz narrativa que por coherencia estructural tendría que ser la de Sofía, pero que resulta ser, como se descubre paulatinamente, la de su madre fallecida. Esta figura fantasmal lamenta haber vivido ensalzando el sacrificio y no habiendo sabido entender las ganas de su hija de romper con las normas: "[S]ólo te voy a decir una cosa: que no me imites a mí en este tipo de inventarios, que lo que te haga sufrir lo descartes, hija... Y empiezo a... acordarme... que querías desaparecer y olvidarte de esta casa para siempre, y de las ciudades y de la gente, echarte a volar y subir altísimo como las águilas." (358) Y se despide de la hija -prometiéndole que ella también se echará a volar-con una recomendación: "Sofía, no olvides lo que te he dicho, no vuelvas a sufrir nunca más, nunca más, adiós Sofía" (359). También en Desde la ventana Carmen Martín Gaite había relatado un sueño con su madre, con el título "De su ventana a la mía," en el cual estaban presentes las mismas metáforas de vuelo. Si por un lado es inevitable pensar que Carmen Martín Gaite estuviera dándole una forma novelística a la conocida metáfora de Hélène Cixous de la escritura femenina como "vuelo," 12 por otro, este último capítulo establece fundamentalmente una relación de comprensión y hasta de fusión entre madre e hija que es central en los postulados teóricos de la feminista italiana Luisa Muraro y del grupo Diotima. Adrianne Rich, a mediados de los años setenta, comentaba que a pesar de haber dejado de soñar con tener conversaciones milagrosamente terapéuticas con su madre, seguía reconociendo la importancia de su existencia. (1991,21) Carmen Martín Gaite, a través del personaje de Sofía Montalvo, vuelve a los sueños con la madre, a establecer una comunicación -aunque ficticia u onírica-a través de un código femenino, 13 y vuelve al recuerdo y al arrepentimiento mutuo: la madre por no haber entendido el espíritu de libertad de la hija, y la hija por no haber compartido sus deseos con la madre: En la segunda parte del capítulo en cuestión, Sofía, a través de la escritura del sueño y del recuerdo, consigue establecer un vínculo con la madre que en la vida real nunca tuvo. Por añadidura, en la tercera parte, con la intervención de Encarna, su hija mayor, y con las referencias a una posible vida futura que tomará forma en su vientre, Carmen Martín Gaite logra que se establezca un "continuum materno," como lo llamaría Muraro, afianzador, que otorgue a la mujer autoridad: si Sofía ignoraba el mundo de los deseos de la madre, y su madre desconocía el de Sofía, entre abuela y nieta sí existió comunicación: Encarna sabía detalles del pasado de esa mujer que dos generaciones antes vivía sueños románticos, aunque no los comparta. Lo que desea para si misma es "un piso propio" (en otras palabras, una versión actualizada del cuarto propio de Virginia Woolf). Y es ella, con su sentido práctico, quien empuja a su madre a dejar al marido y a salir de un matrimonio insatisfactorio. El marido de Sofía, con su peinado a la Mario Conde, con su afán de hacer dinero y con su joven amante, ejemplifica -como Salvador Oropesa apunta-"la cultura del pelotazo, que es la del negocio rápido, la especulación monetaria del neoliberalismo/neoconservadurismo... paradigmático de la sociedad de los ochenta": Una de las características de esta sociedad de los ochenta ha sido la aparición de una clase empresarial y política que ha idolatrado el éxito y... estos triunfadores de los ochenta han sido generalmente hombres, y entre los cambios de vida que se impusieron fue el cambiar de mujer...; tan pronto como a un hombre maduro le llega la fortuna, la esposa que le ha dado los hijos y lo ha cuidado por 15, 20 ó 25 años ha sido desplazada por una joven. (1995,62) Carmen Martín Gaite establece en su novela una clara oposición entre la cultura del dinero (lengua masculina) y la lengua de la madre. Al dejar a su marido y a su mundo dominado por "la panacea [del]... dinero" (1992,14), Sofía logra recuperar su vínculo con la madre sustituyendo -para seguir con la terminología de la feminista italianala "indipendenza simbolica del denaro" con la del "ordine simbolico della madre": La novela sigue el desarrollo de la condición femenina, desde la opresión a la libertad: si la madre de Sofía dependía de sueños románticos y Sofía se estaba liberando de ellos con dificultad, su hija vive la más absoluta independencia. La escritura se sitúa como el medio que consolida la comunicación entre estas generaciones y la que "elabora un mensaje auténticamente liberador para la mujer: gracias a la solidaridad femenina y a la renuncia a los ideales (falaces) impuestos por el orden patriarcal, la mujer puede asumir la autoría de, y la autoridad sobre su vida y su obra" (Cruz, 1995, 141). Encarna tiene la misma afición que su madre a la escritura, pero -a diferencia de Sofía-en lugar de escribir diarios íntimos publica su obra. Las tres mujeres -a lo largo de las tres generaciones-compartían un discurso femenino en oposición al discurso hegemónico masculino representado por el dinero. Sin embargo el lenguaje en común entre Encarna y Sofía, el código femenino que se establece entre las dos, ya no es el lenguaje semiótico de los retales y de la costura que Sofía compartía con la madre, ni el de los cuentos de hadas que Sofía utilizaba con la hija menor, sino el de la escritura: "la elaboración literaria, de coincidencias, metáforas, principios y finales" (Nubosidad variable, 1992, 383): para la madre se trataba todavía de un ejercicio intimista (lengua semiótica); para la hija es ya expresión pública (y por lo tanto simbólica). En conclusión Carmen Martín Gaite parece no haber sido completamente inmune (tal vez gracias a lo que antes he llamado el inconsciente genérico) a los esfuerzos críticos y teóricos de los estudios de género. En El cuarto de atrás la escritora protagonista -alterego de Carmen Martín Gaitehabía afirmado que pensaba escribir una novela fantástica porque se lo había prometido a Todorov. En el caso de Nubosidad variable el referente no es tan explícito, pero el resultado está innegablemente influido por una apuesta parecida con la teoría literaria de la diferencia. A raíz de su encuentro con la ginocrítica, como ha ocurrido con otras cuantas escritoras, 16 la autora salmantina ha dado forma a una novela que sin lugar a dudas es el producto de una aventura conscientemente feminista. Como sugería en El cuento de nunca acabar "ninguna teoría puede ir consolidando su verdad mientras no se aventure uno por las veredas de la divagación, así que echaré a andar por esta orilla remota y desconocida tratando de explorarla, que a algún sitio llegaré. Nubosidad variable no significa necesariamente que Carmen Martín Gaite haya sido una escritora feminista, porque, como ocurrió con el caso de lo fantástico, su encuentro no es el resultado de un compromiso, sino más bien un ejercicio un tanto lúdico. Sin embargo, sin lugar a dudas, esta novela es la prueba de que hay posibilidad de diálogo entre teoría feminista y praxis literaria. NOTAS 1 Y por supuesto esta falta de comunicación existe entre el discurso feminista español (por ejemplo de Celia Amorós o de Lidia Falcón, entre otras) y el mundo literario femenino. 2 Véase, por ejemplo, el artículo "Las mujeres liberadas," en La búsqueda de interlocutor y otras búsquedas, en el cual ataca a las feministas diciendo que "las pancartas y clamores han empezado a institucionalizarse, y al responder a estímulos miméticos y perder el impacto de la excepcionalidad amenazan estas protestas con perder su contenido, y constituir una nueva rutina, apenas diferente de la de reñir a los niños o a las criadas, con quedarse en fin en meros gritos exasperados que se diluyan sin eficacia ni relieve entre los de las demás 'mujeres liberadas'" (1982,126). Cabría preguntarse cuántas de las mujeres que van con pancartas tienen criadas a quienes reñir. 3 "Fingirse casada para vivir con libertad era, en el fondo, lo mismo que es ahora presumir de una libertad que ha otorgado el hecho de casarse primero y renegar de ello después. Renegar con una agresividad, por cierto, tan excesiva que hace pensar si en algunos casos no será la ostentación de ese reniego el fundamental designio de la revolución que nos ocupa" ("Las mujeres liberadas" 1982, 125-126). 4 Janet Pérez nota que Carmen Martín Gaite descarta la posibilidad de una ayuda terapéutica a través del psicoanálisis. La terapia es la escritura. 5 Las cuatros conferencias que pronunció en 1986 "El punto de vista femenino en la literatura española" contenidas en Desde la ventana están basadas en "la intuición, más poética que teórica, sobre el significado que los espacios interiores pueden aportar como espoleta de fantasía para la mujer recluida en ellos. Dentro de estos espacios, la ventana se me apareció como un elemento fundamental, casi como un símbolo" (1993,33). 6 Una reflexión aparte mercería la experiencia de las criadas que se quedan en el trasfondo de esta novela: Consuelo y Daría. 7 "Más de la mitad de las novelas escritas por hombres en el siglo XIX tienen por protagonista a una mujer que desde la rutina de su vida matrimonial sueña, apoyándose en modelos literarios, con vivir aventuras pasionales, nunca en tomar de verdad las riendas de su existencia como ser pensante. Flaubert, Chejov, Tolstói, Eça de Queiroz, Clarín, Pérez Galdós, Valera y otros tantos geniales buceadores del tedio femenino no proponen al problema más opción que la del adulterio" (Desde la ventana, 1993, 47) 8 No tiene que pasar desapercibido que a lo largo de toda la narrativa martingaitiana son éstos los dos primeros personajes femeninos que dejan en vez de ser dejados. 10 "Entre Amelia y yo había surgido una complicidad lingüística que nos liberaba de nuestros pozos respectivos, y en medio del erial volvía a dibujarse la liebre rodeada de espejos rotos. Tantos que no se puede atender a todos a la vez" (44). Está clara la referencia a los espejos rotos de la memoria de la escritora italiana Natalia Guinzburg (de la cual incluye una cita en el épigrafe), la autora de la primera la protagonista acepta la autoridad masculina y la tensión sexual se produce dentro de la heterosexualidad, en la segunda la protago-nista... acepta desde el principio la autoridad femenina... y el discurso se produce desde la bisexualidad"(157). 12 Cixous juega con el doble significado del verbo francés "voler" de "robar" (la lengua masculina) y "volar"(con la imaginación y las palabras). No debe de ser casual que Sofía imaginara al "filólogo" con una red para cazar a las palabras voladoras. 13 En Desde la ventana comenta sobre otro sueño: "Lo escribí durante otra de mis estancias en Nueva York y trata de la interpretación de un sueño dentro del cual mi madre y yo nos comunicábamos a través de ventanas distantes, mediante un código secreto" (1993,34). 15 Para Jacqueline Cruz, "frente al individualismo feroz impuesto por la ideología patriarcal y que en el terreno literario se traduce en el deseo del autor de ser el único creador (padre) de su obra, aquí se asume la literatura como tarea de colaboración" (1995,134). 16 Los estudios críticos sobre sus obras han desembocado en un interés paulatino por parte de algunas autorasentre las cuales Laura Freixas, Lucía Etxebarria y Carmen Riera, entre otras-hacia cuestiones de género, llegando alguna de ellas a complementar su obra narrativa o fílmica con textos a su vez teóricos. Me refiero a Literatura y mujeres de Freixas; La Eva futura de Etxebarria; y a "Literatura femenina: ¿Un lenguaje prestado?" de Carme Riera, entre otros textos.
«Cuando uno hace una cosa en razón de algOy no se quiere lo que se hace sino aquello por lo que se hace... queremos lo bueno... Todo hay que hacerlo buscado el bien... el fin de todas las acciones es el bien.» Fruto de la inquietud, de compartir trabajo con tantos profesionales de la Sanidad Pública, de recibir un sin fin de pareceres de tantas y tantas cuestiones que están bien o mal, de la asistencia a reuniones y foros de trabajo, donde en la digresión de «si se hubiese hecho tal o cual cosa» se aduce algún criterio refugio para un «total para qué»; hemos creído necesario que tras casi cuatro años de andadura en competencias transferidas a las Comunidades Autónomas editar esta recopilación de articulas de opinión A todos los participantes les he enviado la siguiente carta: «En esta nueva edición de la revista ARBOR, editada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, nos brinda la oportunidad de exponer la situación, la opinión de un conjunto de responsables directos del Sistema Nacional de Sanidad, (S.N.S.), Con el título de ¿PATRIMONIO ÚNICO?, se pretende que los autores analicen, tras más de tres años de transferencias a las comunidades autonómicas, los diferentes acontecimientos acaecidos, donde aparte de las bondades que tiene el S,N,S,, se estudien las amenazas que gravitan sobre él, que al menos, pueden significar lentitud en su evolución o incluso retroceso y con ello un paulatino deterioro. El contenido de los artículos debe de ceñirse a exponer a juicio del autor, cuales son las deficiencias detectadas, las incertidumbres así como propuestas, soluciones que puedan aportar medidas coherentes, para la perdurabilidad y fortaleza del S.N.S., con las garantías del consenso social necesario para que perduren por encima de periodos legislativos, y con ello asegurar un servicio al que los ciudadanos no están dispuestos a renuncia. Que sean responsables ineludibles, el Ministerio de Sanidad y Consumía, el Consejo Interterritorial, no exime de corresponsabilidad a las Organizaciones Sindicales, sociedor des y otras entidades involucradas en la tarea sanitaria. Por ello la participación en este volunten de responsables expertos; políticos, sindicales, gestores de la sanidad y testigos excepcionales de nuestra más reciente historia sanitaria, son las personas indicadas para comunicar su parecer. Los artículos que siguen, pretenden colaborar en la puesta en común del conocimiento de diferentes criterios, percepciones, y disposición de los diferentes agentes para avanzar en la sostenibilidad del S,N,S.» pactando el tema central en el que estuviesen más cómodos, así como el título que prefiriesen para su artículo. El resultado, es esta valiosa aportación que el buen criterio del lector valorará, y que a mi juicio es un amplio catálogo de problemas y de posibles soluciones. De su lectura se desprende la necesidad de una nueva revitalización del Sistema Nacional de Salud, identificando problemas que aseguren la accesibilidad de todos los ciudadanos a un servicio que sea equitativo y solidario, con unos rangos de calidad acordados y para todo el Estado. Asimismo me parece interesante resaltar que de la lectura general de esta recopilación de artículos en el inventario de debilidades que tiene el S.N.S. la «insuficiencia financiera» gravita sobre todos los problemas, que responden a otro orden más prioritario de resolución. Problemas que se derivan de una historia con un incremento de recursos; humanos, tecnológicos, arquitectónicos,... etc. con unos desarrollos en la ciencia médica que evoluciona, tanto en tratamientos diagnósticos como terapéuticos, mucho más rápido, en contraste con los procesos organizativos. A su vez las transferencias a las CC.AA. impulsaron inercias patrocinadoras de políticas organizativas y de inversiones cautivas, que según pasa el tiempo se hacen más difíciles de armonizar y de pautar líneas de convergencia entre los diferentes sistemas sanitarios de éstas. • Sistemas de información básicos, tanto de carácter administrativo como epidemiológico, así como otro tipo de estándares de calidad, etc., que evitarían la «babelia» existente actualmente. • Criterios en materia de política de personal, comunes y pactados (retributivos, carrera profesional, etc.). Formación continuada, carrera directiva... • Planificación en inversiones tecnológicas, que en algunos casos deherían estar pautadas por necesidades conjuntas entre comunidades. Sin duda, el Ministerio de Sanidad y Consumo con los instrumentos legales a su alcance se encuentra en la encrucijada de la Ley General de Sanidad, Ley de Cohesión, Competencias de la Comunidad Europea, y que con el conjunto de problemas históricos, tiene un estrecho marco de actuación para establecer diálogos de cohesión y de armonización en el seno de la Comisión Interterritorial. De las posibles negociaciones de transferencias financieras a las CC.AA. a cargo de los Presupuestos Generales del Estado, ¿podría lograrse más cohesión? El título de este número parece consistente en cuanto ^ue todos los autores apuestan porque el S.N.S. sea un «PATRIMONIO ÚNICO», pero camino arduo el de aunar voluntades, el de encontrar «EL MOMENTO» donde se desarrollen negociaciones con todos los agentes implicados, con la representación necesaria y donde la financiación quede en otro apartado diferente al de la generosidad de conciliar, de perder para ganar una Sanidad que sea ese todo, de todos los españoles en la confianza de alcanzar un importante Pacto de Estado. Por las limitaciones obvias de publicación, sólo se dirigió a profesionales de la gestión, a responsables políticos y sindicales, testigos de excepción que han estado y están implicados en el Sistema Nacional de Salud. Mi agradecimiento al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y en particular al Dr. D. Pedro García Barreno, a compañeros que me aportaron su ánimo, el mismo que me instala diariamente en la ingenuidad de la ilusión de intentar hacer bien la tarea, en armonía y en paz, para que los pacientes reciban el mejor trabajo humano y profesional.
Con las últimas transferencias, a principios del año 2002, se cerró un proceso que se había iniciado años atrás en las Comunidades Autónomas llamadas históricas. Con ellas se repitió el tan manido dicho de «los árholes no dejan ver el bosque», siendo los árboles en este caso la Atención Especializada (AE) y el bosque la Atención Primaria (AP). Una ve.' z, más, el sustrato del que se alimenta la AE, es decir, la AP (puerta de entrada al Sistema Nacional de Salud, elemento distribuidor y dinamizador del mismo), es considerada a la hora de las transferencias económicas como la Cenicienta del sistema. Con todo ello, lo que se pone en peligro es la reforma de 1984 (R.D. 137/84 Estructuras Básicas de Salud) por la que se crearon las Áreas de Salud, las Zonas Básicas de Salud y se apostó por la AP, así como el desarrollo de la especialidad en Medicina Familiar y Comunitaria nacida al albor de la Declaración de Alma-Ata (allá por 1978), en la que se definía la AP cómo el «eje del sistema sanitario». Tres años después de haberse finalizado las transferencias sanitarias, nos encontramos con la reforma de 1984 sin concluir; es cierto que tenemos un Servicio Nacional de Salud eficaz con un nivel de gastos bajo (por debajo de la media europea) y con una atención de calidad (según la OMS, entre los 10 primeros del mundo) pero con graves problemas de financiación en AP, con disminución del porcentaje del PIB en los 10 últimos años y aumento en las prestaciones y en la población protegida, lo que se traduce en masificación, listas de espera e incremento del gasto farmacéutico; mientras que en AE y gasto de farmacia nos acercamos en los últimos 10 años a niveles europeos. Este retraso respecto a los países europeos, a la vez que el gasto farmacéutico crece sin control, es indicativo de lo que pasa en un país no rico que gasta poco en Sanidad. Lo que se propone es no sólo detener el gasto farmacéutico, sino invertirlo como más adelante analizaré. Este debe ser el primer reto de la Sanidad Pública en las CC.AA. Estamos, por tanto, al borde de la cuarta operación de saneamiento desde 1985. No sólo debemos estudiar la financiación per capita (teniendo en cuenta el envejecimiento de la población y la dispersión de la misma), sino también dar solución a las desigualdades entre las CC.AA., pactando una cartera mínima de servicios común a todas las CC.AA. y una financiación que la haga posible. Cualquier nuevo servicio que se incorpore a la cartera deberá ir acompañado de la financiación correspondiente sin descartar el «copago», palabra maldita pero real que debe llevar a la unión de los distintos partidos políticos en pos de un compromiso con la viabilidad del Sistema Sanitario y más aún cuando ya es latente la necesidad de establecer prestaciones socio-sanitarias, dado el envejecimiento y dependencia de una parte importante de los ciudadanos. En AP, debido a las características de la organización de los equipos (ya que es la puerta de entrada del usuario al Sistema Sanitario), una fortaleza no trabajada se convierte en una debilidad, así como una debilidad estudiada puede llevarnos, con más o menos esfuerzo y aprovechando las oportunidades, a una fortaleza; esto lo explica la accesibilidad del usuario al Sistema Sanitario en AP, accesibilidad que siendo en si una fortaleza, se transforma en una debilidad si no sustituimos en la medida de lo posible las visitas a demanda (frecuentación) por las visitas concertadas-programadas. En la actualidad, paradójicamente, no sólo no las controlamos sino que las aumentamos con visitas de complacencia o innecesarias por el afán de controlar factores de riesgo que el usuario no se compromete a corregir; si sus estilos de vida no son adecuados poco podremos hacer por su salud por más que lo hagamos acudir a nuestras consultas médicas y de enfermería. -Ineficaz distribución de los recursos humanos, con cupos desajustados, primando la accesibilidad (consultorios periféricos con un equipo médico-DUE) sobre la eficiencia. En zonas urbanas cupos no zonificados ni uniformes. -Desmotivación de los profesionales tras años comprometidos con el Sistema de Salud. -Tras un esfuerzo inicial en construcción de Centros de Salud, se aprecia una falta de previsión tanto en renovación de instrumental tecnológico como de inversión en mantenimiento y mejoras en los centros. -Falta de inversiones en nuevas tecnologías. -Agenda rígida en consultas. -Masificación de las consultas. -Poco tiempo dedicado a consulta concertada-programada por no poder controlar la demanda. -Listas de espera en fechas clave. -Poco desarrollo de las actividades de promoción de la salud, prevención de la enfermedad y educación para la salud, siendo estas actividades mayoritariamente voluntarias. -Poca previsión, con una población cada vez más envejecida y portadora de enfermedades crónicas. -Demanda cada vez mayor de prestaciones más sociales que sanitarias. -Limitación de acceso a nuevos recursos tecnológicos. C. Financiación capitativa cuando debería ser en función de la cartera de servicios, envejecimiento de la población y dispersión de la misma. D. Gasto farmacéutico en crecimiento exponencial año tras año. E. Cartera de servicio desigual entre las CC.AA. F. Participación ciudadana escasa o nula, con lo que es difícil que el usuario se comprometa con el Sistema de Salud y lo vea más como un bien de consumo que como un bien básico. G. Deficiente coordinación entre AP y AE. -Consolidar los puestos de trabajo agilizando los traslados y las oposiciones (como máximo deben ser cada dos años). -Definir lo que es puesto de trabajo rural y urbano, así como sus características específicas, retribuciones y puntuación para la promoción de los trabajadores. -Delimitar el tamaño de los equipos (no debe superar las 20-25 personas), así como definir las Unidades Básicas Asistenciales (dos médicos, un DUE, y un auxiliar administrativo como un modelo a discutir). -Edificios físicos atractivos, funcionales y con planes de renovación y mantenimiento. -Agendas gestionadas y abiertas que primen lo concertado sobre la demanda. -Informatización con historia clínica unificada AP-AE, receta electrónica, gestión desde AP de las derivaciones a AE. -Catálogo de pruebas diagnósticas, perfiles definidos, resultados de la analítica en línea en el día. -Guías clínicas y de prescripción elaboradas por las sociedades científicas y consensuadas para darles credibilidad y compromiso de cumplimiento. -Definir funciones de Enfermería, con más peso de las actividades de Promoción, Prevención y Educación para la Salud. -Capacidad de respuesta a la demanda en horario del centro, evitando la derivación al Servicio de Urgencias. -Financiación que tenga en cuenta el envejecimiento de la población y la dispersión de la misma. Los nuevos servicios que asuma la AP deben venir con su financiación correspondiente invirtiendo el actual hospitalocentrismo (mientras que en Europa 2 de cada 4 profesionales trabajan en AP, en España 3 de cada 4 trabajadores lo hacen en AE). -Gasto farmacéutico donde prime la relación prescripción/precio con incremento en la prescripción de fármacos genéricos, se tienda a disminuir el consumo de fármacos y a comprometer al usuario por mejorar sus estilos de vida, así como no financiar los fármacos que no aportan nada o de baja utilidad terapéutica. -Cartera de servicios mínima unificada para todas las CC.AA. -Programas de docencia e investigación. -Mejor entendimiento y comunicación entre los gestores y los clínicos. -Desarrollar la participación ciudadana, único vínculo que llevará al usuario a considerar el sector salud como un bien básico y no un bien de consumo (cada vez es más frecuente, ante el incremento de la frecuentación, la anécdota del médico que, echando en falta al paciente que acudía todas las semanas a su consulta, al fallar una visita y preguntarle en la siguiente qué le había pasado la semana anterior, obtiene por respuesta «es que estuve enfermo»). -Coordinar la AP con la AE, no con la tentación de implantar las gerencias únicas, sino con la creación de comisiones de trabajo a nivel de direcciones (médicas, de enfermería, unidades de apoyo, unidades administrativas, etc.) que sean operativas y resolutivas. Como conclusión, podemos definir los siguientes retos para la AP en un futuro a corto plazo: 2 Mejor planificación de los recursos. 3 Nueva organización de los servicios. 4 Pacto entre gestores y clínicos. 5 Informatización y sistemas de información. 6 Desarrollo de la carrera profesional. 7 Coordinación entre AP y AE. Y como epílogo dejamos para la reflexión: * «La AP no debe ser considerada como un filtro, sino como la puerta de entrada de los usuarios al Servicio de Salud, dentro del cual debe seguir a los mismos».
Todas las organizaciones de los diferentes sectores productivos del país están realizando un esfuerzo importante para confeccionar e implantar su estrategia, marcando los objetivos que les permitan alcanzar una posición de ventaja en el mercado y conseguir, así, la visión que han definido. Para poner en marcha el despliegue de sus objetivos se ayudan de la identificación de una serie de indicadores que les informarán del grado de consecución de los mismos. Es lo que se conoce como el Cuadro de Mandos de una empresa u organización. Cuando este proceso incorpora objetivos e indicadores estratégicos y no sólo operativos, hablamos, en términos generales, de Cuadro de Mando Integral o Balance Scorecard (CMI o BSC). Los indicadores se convierten así en elementos transcendentales que toman «el pulso» diario a la evolución de la empresa. El sistema de información es el que facilita la obtención de los indicadores, su transmisión, análisis, comparación, etc., utilizando diferentes herramientas informáticas (software) para realizar estas tareas. Además garantiza la calidad, transparencia, vigencia, coherencia y disponibilidadde sus indicadores. El Sistema Nacional de Salud (SNS) es la organización encargada de promover, mantener y recuperar el estado de salud de los ciudadanos de nuestro país y de aquellos que aún no siendo ciudadanos españoles, tienen derecho a las prestaciones sanitarias. Como organización, el SNS se debe dotar de una estrategia que asegure la consecución de lo que en términos de gestión conocemos como la visión, y establecer, primero, los objetivos estratégicos y, después, los indicadores que informen al sistema sobre la consecución de los objetivos. Hasta aquí podríamos decir que en nada difieren las dificultades que tienen las organizaciones de otros sectores de las que tiene el SNS para establecer sus indicadores y los sistemas de información que los soportan. Sin embargo, la realidad política de nuestro país introduce un elemento diferenciador importante en el ámbito sanitario ya que nuestro SNS se sustenta sobre una estructura descentralizada compuesta por 17 Comunidades Autónomas (CA) con competencias sanitarias y un Ministerio de Sanidad y Consumo (MSC) que ha visto disminuir sus competencias de manera notable al finalizar el proceso transferencial, quedando éstas limitadas, en gran medida, a labores de coordinación entre las diferentes autonomías. En este contexto es fácil pensar que cada comunidad autónoma establece su propia estrategia, objetivos e indicadores que no necesariamente serán similares a los de otra comunidad. A esta falta de homogeneidad de los diferentes indicadores del sistema, o ¿de los 17 sistemas?, se une la escasa o nula disponibilidad de dichos indicadores, tanto para los ciudadanos (contribuyentes) como para los profesionales del sector, lo que impide la evaluación, comparación y aplicación de políticas de mejora. Los antecedentes de la situación Nuestro sistema sanitario, antes de la instauración de la democracia y, por supuesto, antes de la descentralización, tenía divididas sus competencias en varios departamentos sanitarios: las de Salud Pública en una Dirección General de Sanidad dependiente del Ministerio de Gobernación (o de Interior); los servicios sanitarios asistenciales agrupados bajo el Instituto Nacional de Previsión (INP, posteriormente INSALUD) dependiente del Ministerio de Trabajo y un tercer grupo constituido por los centros sanitarios dedicados a la lucha contra enfermedades especiales como la lepra, tuberculosis, etc., que se integraban bajo la llamada Administración Institucional de la Sanidad Nacional (AISNA) también dependiente del Ministerio de Gobernación-Interior. Con la creación del Ministerio de Sanidad y Seguridad social en la era democrática (1977) se unifican los tres grupos de competencias citados. Sin embargo, poco tiempo después, en 1979, comienza a cederse a las CA competencias en materia de Salud Pública y de la gestión del AISNA. An-Los sistemas de información sanitaria. tes de la entrada en vigor de la Ley General de Sanidad y por tanto de la creación del SNS, ya se habían transferido competencias sanitarias a varias CA. Y es que la transferencia de los servicios sanitarios a las CA obedece más a razones de índole política y necesidad de desarrollo autonómico, que a necesidades de planificación sanitaria. Esto ha condicionado, incluso, un diferente ritmo transferencial que se inicia antes de la Ley General de Sanidad (1986) con las llamadas comunidades históricas y que ha culminado recientemente (2002) con la transferencia simultánea de competencias a diez CA que todavía eran gestionadas por el antiguo INS ALUD. El carácter marcadamente político de este proceso hace difícil plantear la reversión de las competencias, aún en el supuesto de una disfuncionalidad de la distribución de competencias efectuada. No es razonable pensar que las CA cedan en un futuro competencias a favor de una gestión centralizada. Así las cosas, no resulta difícil comprobar que la disponibilidad de los indicadores y de los sistemas de información, tanto en el ámbito central como autonómico, es escaso en este periodo y tampoco responden a la lógica que la existencia de una estrategia impone a dichos indicadores. A mediados de la década de los 90 es notoria la necesidad de avanzar y mejorar en la elaboración de los indicadores del SNS y de los sistemas de información que los soportan, pero se hace evidente las dificultades que en un entorno de sanidad descentralizada representa esta tarea. La necesidad de culminar el trabajo transferencial al final de dicha década fija las prioridades del Ministerio, en detrimento del necesario establecimiento de instrumentos de coordinación en paralelo al proceso de descentralización y no resulta un ambiente propicio para el desarrollo de indicadores estratégicos del SNS. Acabado el proceso de transferencias en 2002 se hace patente de una forma meridiana la necesidad de dotar al SNS de la suficiente cohesión que garantice la equidad del sistema, asegurando el acceso a las prestaciones y el derecho a la salud en condiciones de igualdad en todo el territorio nacional, la calidad en las prestaciones y la necesaria participación ciudadana que posibilite la consideración de sus expectativas y el respeto a la autonomía de sus decisiones. De esta forma nace la Ley de Cohesión y Calidad del SNS el 29 de Mayo de 2003 que contó con el voto favorable de todos los grupos parlamentarios del Congreso sin excepción. Con esta Ley se dota al SNS por primera vez de una serie de estructuras que garanticen un sistema de información completo y de calidad que permita el análisis de los diferentes indicadores, la comparación de resultados y, en definitiva, la introducción de la mejora continua en el sistema. En su artículo primero establece el objeto de la misma que no es otro que el de establecer un marco legal para las acciones de coordinación y cooperación de las Administraciones públicas sanitarias de modo que se garantice la equidad, la calidad y la participación social en el SNS, así como la colaboración activa en la reducción de las desigualdades en salud. Dichas acciones comprenden, entre otras: los sistemas de información y la calidad del sistema sanitario. La Ley establece en su capítulo V las características y requisitos del sistema de información que garantizará la disponibilidad de la información y la comunicación recíproca entre las Administraciones sanitarias. Encarga al Consejo Interterritorial (CI) la fijación de objetivos y contenidos de dicha información, aspecto éste de suma trascendencia. El sistema de información sanitaria (SIS) contendrá información, entre otros aspectos, de: datos poblacionales, recursos humanos y materiales del sistema, actividad desarrollada y resultados obtenidos. El MSC, previo acuerdo del CI, establecerá la definición y normalización de datos y flujos, la selección de indicadores y los requerimientos técnicos necesarios para la integración de la información. Esta tarea de definición y normalización de los datos es fundamental, pues sin ella resultaría imposible garantizar la suficiente calidad del sistema y haría imposible la evaluación y, por tanto, la aplicación de medidas correctoras. Señala la norma que los usuarios del SIS serán las Administraciones Públicas Sanitarias, los gestores y profesionales de la salud y los ciudadanos, obviamente, bajo el cumplimiento de la legislación en materia de protección de datos de carácter personal. Se prevé para el uso de esta información la utilización de una red segura de comunicaciones que facilite y dé garantías de protección al intercambio de información entre sus integrantes. En este capítulo también se hace mención a dos componentes importantes de la información sanitaria como son los datos clínicos y de salud individual y la tarjeta sanitaria. En cuanto a los primeros, se hace mención a la necesidad de permitir su acceso tanto a los interesados como a los profesionales que participen en su asistencia sanitaria y atribuye al MSC el establecer un procedimiento que permita el intercambio telemático de la información. Sin embargo, en estos momentos la ausencia de dicho procedimiento contrasta con el hecho de que no son pocas las CA que están aplicando diferentes modelos de historia electrónica, tanto en atención especializada como primaria, sin que se pueda acceder a su contení-Los sistemas de información sanitaria. do desde un centro sanitario de otra CA. Es decir, que los datos clínicos de un paciente con historia electrónica en una CA resultan opacos para el médico que le atiende en otra CA como desplazado, con la consiguiente pérdida de calidad de la atención prestada. Algo similar sucede con la tarjeta sanitaria que, aunque disponible ya en algunas CA, no lo esta en otras y, en aquellas en que existen, los datos que contienen no son homogéneos ni accesibles desde otra CA diferente a la propia. Del mismo modo que para la historia electrónica, el intento de normalizar este instrumento llega con retraso y supondrá un esfuerzo añadido al ya efectuado y con costes adicionales nada despreciables. Demasiadas ineficiências para un entorno de racionalización del gasto sanitario. Estos dos ejemplos sirven perfectamente para entender la débil situación en la que se encuentra nuestro SNS en cuanto a los SIS se refiere, ya que pone sobre la mesa las carencias en materia de coordinación y de estrategias comunes entre las diferentes Administraciones Públicas Sanitarias. Es más, en algunos casos existe un desmesurado afán diferenciador de unas CA respecto de otras, anticipándose a la necesaria coordinación entre ellas con el sólo propósito del rédito político. Llama la atención este comportamiento con los que encontramos en otros países de nuestro entorno con SNS como es el caso de la estrategia definida por el National Health Sistem (NHS) para la incorporación de las tecnologías de la información en los próximos diez años. Para el Departamento de Salud británico, la información y la comunicación en el NHS necesitan ser gestionadas y controladas en el ámbito nacional dado el papel estratégico que juega en la prestación sanitaria. No es un programa de tecnologías sino una forma diferente de trabajar y de prestar la asistencia. ¡Contará con una inversión para el periodo antes mencionado de nueve mil millones de euros!. El carácter integrado del plan y la fuerte financiación del mismo auguran, a priori, un éxito importante. Volviendo a nuestro país, la ley contempla tres nuevos organismos de carácter central para reforzar el sistema de información, la calidad del SNS y prestar apoyo al CI. Estos son, el Instituto de Información Sanitaria, la Agencia de Calidad del SNS y el Observatorio del SNS. El Instituto se encarga, fundamentalmente, de recabar, elaborar y distribuir la información que necesita el SNS de acuerdo con las directrices que establezca el CI. Entre las funciones de mejora encargadas a la Agencia de Calidad del SNS destacan la elaboración de normas de calidad y seguridad, de indicadores que permitan comparar la calidad de los diversos centros y servicios, de guías de práctica clínica y del registro de buenas prácticas y de acontecimientos adversos. El Observatorio del SNS, dependiente del MSC, debe proporcionar un análisis permanente del SNS en su conjunto mediante estudios comparativos de los servicios de salud de las CA, de la provisión de servicios, de la gestión sanitaria y de los resultados. También realizará funciones de análisis de las reformas sanitarias internacionales que puedan ser de interés al SNS. La creación de estas tres estructuras abre una puerta de esperanza hacia la mejora de los SIS del SNS aunque convendrá delimitar mejor las funciones de alguno de ellos ya que se advierten solapamientos sobre el manejo y comparación de los indicadores. En este entorno descentralizado el CI debe jugar un papel sólido, serio y responsable si queremos que se mantenga el principio de equidad que caracteriza a nuestro SNS. En lo referente a los SIS, el CI establecerá los criterios, sistemas y medios de relación que permitan la información rect proca en el SNS, otorgando así al Consejo un protagonismo absoluto en este apartado. Sin embargo, las actuaciones del mismo se circunscriben al nivel de recomendaciones dado el papel que nuestra Constitución otorga al régimen autonómico, en el que cada CA, mantiene la independencia de sus decisiones en materia sanitaria. Los distintos avatares por los que esta transcurriendo esta importantísima institución no permite ser opti mistas a la hora de esperar de ella una estrategia común por parte de las diferentes CA que la componen y, por ende, no permite ser optimistas a la hora de contar con un SIS que responda a las necesidades del despliegue de dicha estrategia. Como ejemplo basta citar las vicisitudes por las que ha transcurrido la información de las listas de espera quirúrgicas. Convertidas en materia de confrontación política que no de debate constructivo, ha sido sumamente laborioso llegar, en esta materia, a un consenso que permita ofrecer a los ciudadanos una información homogénea y de calidad. Si se ha tenido que recorrer tan largo periplo para un solo indicador, alcanzar el necesario consenso para el resto parece una tarea casi imposible. La excesiva politización de la gestión sanitaria lastra en exceso el necesario progreso de nuestro SNS que todavía goza de buena salud pero al que habrá que cuidar en el futuro si queremos que no pierda la privilegiada posición internacional que ahora ocupa. Estos hechos y los importantes retos a los que nos enfrentamos, entre otros la financiación deficitaria del SNS, el incremento de costes por el incremento del consumo y el encarecimiento de las nuevas tecnologías, la deficitaria prestación sociosanitaria, etc., hacen necesario un pacto político por la sanidad como se demanda desde diferentes estamentos de nuestra sociedad. Las nuevas tecnologías permiten la transferencia de información mejorando de forma notable la homogeneización de ésta, independiente-Los sistemas de información sanitaria... mente de la fuente de origen. Este es el caso de los lenguajes XML o la invocación remota mediante webservice. Pero además, se debe realizar una tarea importante orientada a la utilización de estándares de comunicación que permitan, precisamente, el intercambio de ésta información, como por ejemplo, en el caso de la historia electrónica de salud, el uso de estándares HL7, CEN o DICOM. A continuación podemos ver algunos ejemplos de la información disponible en Internet, una de las herramientas más potentes para la información y empleada por todas las entidades que componen el SNS. En esta imagen (Fig. l) podemos ver la página de acceso que el MSC destina al Instituto de Información Sanitaria y los contenidos de la misma. Si nos adentramos en algunos de los indicadores (Fig. 2) obtenemos, por ejemplo, información sobre el gasto sanitario publico, en donde podemos obtener información acerca del gasto sanitario público y privado y porcentaje respecto del PBI. En la siguiente figura (Fig. 3) podemos ver la entrada a la información de Lista de Espera Quirúrgica (LEQ). Merece la pena hacer algún comentario respecto a estos indicadores. En principio, al observar el contenido de la página de acceso uno podría esperar que el apartado «Gasto Sanitario» contuviera un gran número de indicadores referente a esta área. Sin embargo, la realidad es que contiene una información preliminar y, además, referida al año 2002, es decir con dos años de retraso e incompleta. Pero en cualquier caso si vemos la información de 2001 observamos que el gasto del SNS está desagregado en una serie de indicadores como el porcentaje de gasto de personal, gasto corriente, o bien el gasto de la atención especializada o primaria. Siendo estos datos importantes no cabe duda que se enriquecería la información si estos mismos indicadores estuvieran desagregados en el ámbito de CA, o incluso poder llegar a conocer niveles de gasto por áreas sa-Los sistemas de información sanitaria..'f^ Ministerio àéSàf^^i&I^MMBW Archivo Edaon Ver Favorito: Herramienta, -ivuda ^Atrás -'' J J3 -Jí £|EÚ3qLtó.J3 jJFavoritKG jHistDry -Ji-^ f Dirección je]http ¡I -ei io, sns/.no_sistpmd3_ii iiorinací in hrm nitarias o el gasto real medio por habitante, lo que permitiría una comparación entre diferentes áreas y CA. En cualquier caso, lo que se advierte es que los indicadores no provienen de una selección de éstos basada en la estrategia sino que responden a otro tipo de necesidades, o tal vez incluso a la posibilidad o no de obtener una información actualizada y completa, o que cuente con el consenso de las diferentes CA para su publicación. La información de la LEQ sí se encuentra actualizada a fecha 31 de Junio de 2004 y sus contenidos sí están en relación con una decisión estratégica pues, por ejemplo, contienen datos de espera por especialidades y procesos más problemáticos en la espera, número de pacientes en espera, demora media, etc. En este caso hay que señalar que la información proviene de un acuerdo previo del CI y además se ha elaborado de forma homogénea para todo el territorio nacional. A pesar de estas mejoras en los contenidos, los ciudadanos, los contribuyentes por tanto, no pueden conocer, al menos por ahora, la información por CA ni los tiempos de es- Vicente Gil Suay pera máximos, etc.. No resulta fácil explicar por qué no esta disponible esta información si entendemos que nuestro SNS esta orientado a los ciudadanos. No estamos respondiendo, en este caso, a las necesidades de información que la sociedad plantea y que la Ley de Cohesión y Calidad reconoce y quiere atender. En la siguiente figura (Fig. 4) podemos ver datos del catálogo nacional de hospitales. Como en los casos anteriores, podría enriquecerse notablemente la información si encontrásemos, además del contenido actual, datos sobre recursos, actividad y resultados de los diferentes hospitales, estratificados, por ejemplo por niveles de complejidad, número de camas, centro docente y/o universitario, etc. De lo visto en estos ejemplos, y que se puede revisar si se accede a www.msc.es, podemos concluir que aún contando con un buen número de indicadores cualitativamente importantes, su actualización no es la deseable, la estructura de la información no responde a las necesidades que los cuidadnos plantean, ni tampoco a las de los responsables autonómi-Los sistemas de información sanitaria.. cos o de los centros de gestión del SNS y, además, se imposibilita la comparación de los resultados, elemento éste fundamental para la mejora continua. En definitiva, sus contenidos no están al servicio de una estrategia. Veamos algunos ejemplos de la información disponible en algunas CA. En estos tres casos se recogen datos disponibles en la página web referentes a la actividad de un servicio regional, de un centro hospitalario y de un área de atención primaria de tres CA diferentes. Con ser un buen ejemplo de indicadores en tres niveles diferentes de la estructura asistencial, si siguiéramos adentrándonos en la información podríamos comprobar que para cada nivel de estructura (servicio de salud, centro hospitalario y atención primaria) la composición de los indicadores no JBMdo||J®Oa®a #![ gsBCRa... I ¡ 1^ Internet coincide con lo que, de nuevo, se pierde un aspecto fondamental de la mejora: poder comparar los resultados de cada estructura de una CA con la de otra. Si volvemos a la website del MSC y accedemos a la página «Los servicios de Autonómicos de Salud» y entramos en la de cualquier CA, en lugar de encontrar indicadores de actividad o resultado o recursos, homogéneos para todas y cada una de las CA y de forma agregada para todo el SNS, que sería lo esperado y deseable, encontramos solamente un link a la website de cada CA que contiene, como hemos comentado anteriormente, información en su mayoría no comparable. Esto difiere de lo que ocurre en otros SNS en Europa. Si accedemos a la website del National Health Service británico (NHS) podemos ver que para cualquier indicador obtienen datos agregados de todo el SNS Los sistemas de información sanitaria... Fig. 7 e incluso, adentrándonos en él, información para cada centro hospitalario. En la figura 8 podemos observar la demora que existe, por tramos de espera, en primeras visitas hospitalarias para el conjunto de Inglaterra y para cada uno de los hospitales del sistema. Si entramos en cualquiera de ellos (Fig. 9) observamos la espera para cada una de las especialidades de ese centro. En un ejemplo tan paradigmático como las listas de espera vemos como en el caso del NHS se puede obtener una información agregada y desagregada con un amplio nivel de detalle, lo que significa manejar los indicadores de una forma homogénea para todo el SNS, respondiendo, sin duda, a un planteamiento estratégico del cuadro de mandos. Si lo miramos desde la perspectiva del ciudadano la mejora en la información, comparándola con nuestro sistema, es más que evidente. Ejemplos de esta índole marcan el camino a seguir en la mejora de los SIS. Los sistemas de información sanitaria. Mirando hacia el futuro Como hemos podido ver hasta ahora nuestro SIS se caracteriza por manejar una enorme cantidad de datos sin que éstos sean homogéneos, la información ofrecida no es contr astable y los flujos de datos son muy complejos. Por otra parte, el SIS se ha desarrollado desde la óptica de resolver necesidades de información concretas a una determinada entidad, ya sea el MSC o las CA, no valorando las múltiples interrelaciones que existen entre todas ellas. Si miramos hacia el futuro, el SNS debería incorporar la metodología que están utilizando todas las organizaciones que caminan hacia la excelencia y que no es otra que la utilización de una estrategia común a todo el sistema. Esto permitiría utilizar herramientas potentes para el despliegue de dicha estrategia como el CMI o BSC. El CMI permite orientar toda la organización, en este caso nuestro SNS, hacia la consecución de su visión. Los objetivos estratégicos de la organización recogen, para cada una de las cuatro perspectivas del CMI: Aprendizaje y crecimiento. Procesos Internos, Clientes y Financiera, las iniciativas y acciones para conseguirlos. Para monitorizar el grado de cumplimiento de los objetivos se establece un cuadro de indicadores que son los que transmiten el grado de «salud» del sistema. Los indicadores se convierten así en una herramienta al servicio de la estrategia y responden a las necesidades de los accionistas, en nuestro caso los ciudadanos y las autoridades sanitarias; de los clientes, en nuestro caso los pacientes y de las personas de la organización, en nuestro caso de los profesionales del sistema. La empresa no es imposible y existen antecedentes de ello en otras partes del mundo. Basta con echar un vistazo al SIS del Gobierno de Ontario (Canadá), elaborado por el Canadian Institute for Health. El contenido del SIS está adaptado a un CMI pues responde a la planificación y despliegue de la estrategia de dicho gobierno. Sus indicadores están distribuidos entre las cuatro perspectivas de su CMI: Integración de sistemas y cambio (se corresponde con la perspectiva de aprendizaje y crecimiento), utilización clínica y resultados (perspectiva de procesos internos), satisfacción de los pacientes (perspectiva de clientes) y resultados financieros (perspectiva financiera). La ventaja de utilizar el CMI como sistema de información es que además de informar de la estrategia de una organización lo hace de los resultados que obtiene, tanto de la organización en su conjunto como de las diferentes partes que la componen, resultando aplicable a nuestro SNS de estructura descentralizada. Así, el CMI de todo el SNS y su con-
Hospitales y obras equivale a hablar de una misma realidad. Todos los hospitales conviven habitualmente en una mayor o menor medida con obras en sus instalaciones y éstas representan una parte más de las situaciones que requieren una adecuada gestión y manejo por parte de los gestores sanitarios y de todos los trabajadores implicados. A lo largo de las próximas reflexiones intentaremos abordar las principales problemáticas a las que nos enfrentamos con la presencia de obras en nuestros centros y nuestra visión sobre alternativas o planteamientos a realizar que permitan adecuar las dos partes de la cuestión, el funcionamiento del hospital y el respeto al cronograma de las obras. Por ello, intentaremos tocar temas que van desde los planteamientos iniciales administrativos al abordaje de la cuestión sobre nueva construcción o remodelación o a los aspectos a considerar en la realización de una obra de estas características en un centro hospitalario. Asimismo se abordará brevemente un aspecto de crucial importancia en el planteamiento de la obra, como es el del seguimiento de dichas obras y la responsabilidad de las partes implicadas en el mismo. Funciones a considerar en las obras hospitalarias En el análisis de lo que representa un hospital, no debemos de olvidar los tres grandes grupos de actuación que conforman la actividad hospitalaria: La actividad asistencial, principio fundamental de la razón de ser del centro La actividad hostelera, incluyendo en este punto tanto lo derivado de las actividades de recepción y atención de pacientes, como la alimentación, lavandería,... La actividad gestora, con toda la organización de apoyo tanto administrativa como en la parte de servicios generales Si bien es cierto que la actividad fundamental es la asistencial, resulta esencial tener en cuenta que la calidad de este tipo de servicios va directamente relacionado con el cuidado y calidad que prestemos a las otras dos áreas, por lo que resulta fundamental no sólo un adecuado planteamiento de las obras en su parte más directa de atención sanitaria sino también en las restantes áreas comentadas. Dentro de la actividad asistencial creo que merece una mención aparte el área ambulatoria, siendo quizás la mayor evolución que se está produciendo dentro del mundo hospitalario el de la apertura hacia el exterior, intentando disminuir los procesos que requieren ingreso y aumentando la presencia de estructuras ambulatorias como puede ser la Cirugía Mayor Ambulatoria o los Hospitales de Día médicoquirúrgicos, además de la actividad clásica de las consultas externas. De ahí que cualquier proyecto de obra hospitalaria requiera una evaluación de la frecuentación prevista, necesidades de ingresos y adecuación ambulatoria. Todo lo anterior se debe plasmar en una mayor superficie dedicada a éstas áreas al tiempo que se observará una disminución de camas. Una correcta distribución de áreas hospitalarias susceptibles de utilizar ese hospital de día como pueden ser las áreas de endoscopia digestiva, broncoscopias o pruebas funcionales respiratorias, por ejemplo, resultará fundamental, debiendo estudiarse y planificarse las circulaciones y distribuciones en dichas áreas, así como su ubicación respecto a otros servicios centrales, como puede ser el área de quirófanos, unidad de cuidados intensivos y su situación respecto a las plantas. Un aspecto fundamental a tener en cuenta es el de la correcta planificación y conexión de las diferentes superficies a nivel hospitalario y ambulatorio así como su correcta coordinación y adecuación con estructuras como son los servicios centrales y el área de urgencias. La planificación de los ejes de circulación a nivel hospitalario y la distribución de las diferentes áreas en bloques debe perseguir dos aspectos: Simplificación de circulaciones y racionalidad en su disposición Obras y Hospitales. Una misma realidad Visión conjunta de lo que significa la actividad hospitalaria adecuando la distribución a las características especiales de cada área. Un aspecto relevante en la arquitectura a desarrollar es todo lo que concierne al diseño y su vinculación con los futuros usuarios de la obra. De ahí que aspectos como la iluminación, la ventilación, la ubicación de los diferentes servicios, el tratamiento especial de aquellas zonas con un uso más intenso y los aspectos de confort en general, tanto de usuarios como de los profesionales del centro, merecen especial atención. Ahora bien, en el diseño de los centros debe ser considerado también de una manera importante la posible repercusión económica futura derivada de su mantenimiento, circunstancia no siempre adecuadamente ponderada y que hace que podamos enfrentarnos en el futuro a costes difícilmente asumibles por el sistema sanitario, si no se ha efectuado una adecuada previsión. Dentro de este punto vamos a señalar por último la importancia de diseñar unos circuitos de comunicación adecuados y con posibilidades de expansión, ya que sin duda esto va a representar el principal condicionante para el desarrollo hospitalario a lo largo de las próximas décadas. Los mecanismos de transmisión electroinformática del centro han sufrido a lo largo de los últimos años tales cambios que nos permiten prever que el desarrollo en este aspecto va a ser exponencial y determinante a lo largo del futuro más próximo. Uno de los aspectos fundamentales en cualquier obra que se emprena en un hospital es el plan funcional, el cual debe recoger las necesidas reales del centro con un planteamiento claro de futuro ya que no delos olvidar que planteamientos generales de remodelación total o xiueva construcción en nuestro entorno se pueden situar en torno a los 15 o 20 años. En multitud de ocasiones este planteamiento se deja en mano de consultoras externas a la organización que, aunque no son ajenas en modo alguno a la realidad sanitaria, en muchas de las ocasiones no conocen la realidad, ni la cultura, ni la idiosincrasia de cada hospital y del área en el que está situado, pudiendo dar lugar a planteamientos totalmente alejados de las necesidades reales del centro. De ahí que un plan funcional debe ser desarrollado desde dentro del propio centro con participación clara, aunque no masiva, de sus profesionales y siempre con-tando con la participación institucional de la organización sanitaria. Se deberá llegar a un punto que recoja al mismo tiempo las aspiraciones planteadas desde los diferentes servicios e instalaciones del hospital pero todo ello modulado por las posibilidades reales tanto económicas como arquitectónicas de cada situación. Al mismo tiempo no debemos olvidar que el plan funcional pasará a convertirse en una pieza clave en el planteamiento a realizar por parte de los arquitectos encargados de la redacción del proyecto, razón por la cual el planteamiento debe ser lo más claro y preciso. Sin embargo, debemos considerar a dicho plan como una orientación con posibilidades de cambio durante el periodo de redacción del proyecto ya que, desafortunadamente en la mayor parte de los casos, este proceso de redacción del plan funcional se encuentra muy distante en el tiempo de la redacción final por parte del equipo adjudicatario, lo que hace que, en aras de lograr un buen proyecto, necesite ciertos cambios e introducciones por lo que debería ser considerado no como un plan rígido sino como un planteamiento general de intenciones susceptible de albergar cambios. En muchas ocasiones dicho plan es considerado como algo finalista sin posibilidad de alteración, no debiendo ser entendido en tal sentido ya que no debemos olvidar que lo que se busca es la funcionalidad global del centro para lo cual se hace absolutamente necesaria la existencia de flexibilidad por parte de la organización que encarga el proyecto, el equipo de arquitectos responsable de su elaboración y el centro hospitalario implicado. Los aspectos que deben ser planteados previamente van desde el correcto dimensionamiento de las necesidades hospitalarias a la reorganización de los servicios hospitalarios, el planteamiento de nuevos circuitos de funcionamiento, las circulaciones hospitalarias, el acercamiento a las necesidades de la población buscando una identificación del hospital con la sociedad, planteamientos de seguridad, medio ambiente y un sin fin de aspectos que en una obra de estas características deben ser tenidos en cuenta. Una adecuada planificación inicial de lo que realmente pretendemos con la realización de la obra evitará en lo posible los desvíos presupuestarios que se producen, los cuales se sitúan en torno al 35% del presupuesto global según diversos estudios realizados, debido a la existencia de imprevistos que no han sido tenidos en cuenta de una manera adecuada en el planteamiento inicial de las obras. Lo que sin duda alguna allanará posibles resistencias dentro de la propia organización es la participación de los profesionales en el proyecto, los cuales deben ser tenidos en cuenta como consultores internos del proyecto intentando adecuar los planteamientos arquitectónicos tanto a Obras y Hospitales. Una misma realidad las necesidades reales de la propia especialidad como a las necesidades sentidas de los trabajadores. Al mismo tiempo, una adecuada comunicación dentro del área sanitaria dirigida a la población protegida en la cual se expliquen claramente la situación de las obras, el planteamiento a realizar, los plazos y los objetivos y resultados que se esperan alcanzar permitirá y facilitará la identificación de los usuarios con su hospital. Son éstos aspectos de la máxima importancia y que sin duda facilitarán mucho las cosas en el proceso de la obra a asumir ya que evitarán situaciones de incomprensión facilitando la comunicación con los usuarios. Remodelación versus nueva construcción Es quizás la eterna pregunta al considerar un planteamiento de obra global y hospitales y es sin duda alguna, una pregunta de difícil respuesta debido a que son muchas las variables que pueden influir en una decisión de este tipo; al mismo tiempo, no todas estas variables tienen el mismo peso en todas las situaciones que hasta el momento se han ido planteando en los diferentes casos en los que ha surgido este dilema. Así, aspectos como el coste, la ubicación, la accesibilidad, razones de oportunidad, influencias socio-sanitarias o políticas, circunstancias de idoneidad en el tiempo de la actuación.... pueden hacer que la balanza se incline en uno u otro sentido. No vamos a entrar, lo largo del análisis que efectuaremos, en consideraciones estrictamente técnicas que entendemos conciernen de una manera más directa al equipo técnico encargado del proyecto en variables tales como el análisis del terreno disponible, consideraciones urbanísticas a tener en cuenta, ejes circulatorios y aspectos tecnológicos a tener en cuenta. De todas formas, sí merece la pena destacar que quizás el punto primordial que va a determinar la opción por una u otra alternativa es la posibilidad o no de reutilizar la estructura actual con la que contamos. Y cuando hablamos de reutilizar la estructura actual significa también valorar las posibilidades de adecuar dicha estructura a las nuevas necesidades que hoy día plantean los hospitales y a las perspectivas de futuro a medio y largo plazo; el modelo clásico de construcción con el que contábamos en España eran hospitales centrados en la hospitalización y los bloques de servicios centrales agrupados buscando la orientación hacia los pacientes ingresados. El planteamiento actual que orienta los centros fundamentalmente hacia las áreas ambulatorias y la disminución en la preponderancia de la hospitalización hace necesaria la potenciación de las áreas de admisión, servicios centrales de diagnóstico y tratamiento, los hospitales de día médico -quirúrgicos y la cirugía mayor ambulatoria, buscando en su dimensionamiento el confort que nos exigen los usuarios; de ahí que se haga necesario valorar si es posible la consecución de dichos objetivos en un proyecto de remodelación, ya que no siempre la reconversión de áreas de hospitalización en estas nuevas áreas es posible porque las características arquitectónicas a veces solo hacen posible su transformación en áreas de consultas externas. Hay datos objetivos que merece la pena señalar derivados del estudio de ambas situaciones y que pueden condicionar la decisión final: El coste de la nueva construcción es sensiblemente superior a la remodelación, situándose el incremento entre un 20 y 25% superior. La experiencia demuestra que en un hospital de nueva construcción el número de metros cuadrados a construir por cama es superior al caso de una remodelación, cifra que puede estar alrededor de un 3-4% según los análisis realizados hasta el momento actual. La remodelación precisa de una superficie de actuación menor que en el caso de una nueva construcción. No debe de olvidarse un estudio del estado real del hospital a sustituir en caso de plantearse una nueva construcción ya que deberán tenerse en cuenta también aspectos como son los costes de mantenimiento durante el plazo de construcción. Estas inversiones son en algunos casos realmente cuantiosas no obteniendo ningún «retorno» ya que los edificios no siempre son destinados finalmente a continuar con labor sanitaria. Obviamente la remodelación de un centro requiere la existencia de cierta holgura, externa o interna, que posibilite la normal asistencia. Ello es consecuencia de las áreas «colchón» necesarias en el planteamiento de cualquier obra con objeto de que su interferencia sea lo menor posible con las zonas asistenciales del hospital; de ahí que la búsqueda de espacios en otros centros alternativos o en el propio centro resultará uno de los condicionantes a valorar ante la disyuntiva nueva construcción o remodelación. También debemos de tener muy presente que la nueva construcción evita los problemas de convivencia con las obras, aliviando las situaciones comprometidas que se pueden crear tanto con los trabajadores como con los usuarios como se señalaba anteriormente. En una remodelación se produce obviamente una reducción en los tiempos transcurridos hasta su utilización, lo que repiresenta un ahorro importante de los costes si lo analizamos de forma parcial pero si el análisis se lleva a cabo de forma conjunta para todo el hospital resulta evidente que el tiempo de construcción en caso de un nuevo hospital es más corto y eficiente; es lógico y la práctica así lo demuestra que los tiempos se ven menos influenciados en el caso de construcción nueva ya que evitamos todos los condicionantes de traslados, reubicaciones, búsqueda de soluciones transitorias, etc. Es evidente que una nueva obra permite un planteamiento más racional en cuanto a un estudio más adecuado de las necesidades del área sanitaria sin encontrarse sometido a condicionantes de estructura arquitectónica, permitiendo también unas circulaciones y distribución sin ningún condicionante como puede ocurrir en el caso de una remodelación. Un aspecto a considerar es el derivado del incremento de gastos de capítulo II, gastos corrientes, en los procesos dé remodelación, derivados de la necesidad de ir articulando soluciones transitorias a problemas que se van produciendo con la realización de las obras. A la hora de afrontar una posible solución a la alternativa de obra nueva o remodelación hay que considerar también el condicionante del solar disponible para la realización de la obra ya que se debe contemplar la posibilidad de remodelaciones y ampliaciones futuras no optando por soluciones que puedan hipotecar el desarrollo futuro del hospital. Hay que reconocer finalmente que la opción de remodelación ocasiona problemas laborales con mayores cargas de trabajo y problemas derivados de la existencia de la obra. En resumen, cada opción tienes sus puntos débiles y sus puntos fuertes y cada opción debe ser convenientemente evaluada a la vista de todas las consideraciones que pueden influir de manera directa o indirecta en el proyecto. Sin embargo parece opinión unánime entre todos los expertos en el mundo relacionado con la arquitectura hospitalaria que un proceso de remodelación pierde cierta visión de futuro, la cual es más fácil de conferir cuando hablamos de una obra nueva, ya que la remodelación tiende a solucionar de forma más directa los aspectos presentes perdiendo muchas veces la necesaria perspectiva de futuro. Cualquiera que sea la solución adoptada debe tener en cuenta para el futuro posibilidades reales de crecimiento, circunstancia en la que in-fluirá en gran medida las posibilidades económicas y la disponibilidad de terreno adecuado que permita dicho planteamiento expansivo. Seguimiento de las obras Es éste un aspecto crucial para el correcto funcionamiento del proyecto, en el cual hay que tener en cuenta a todas las partes que participan en el proceso como son la entidad administrativa responsable de la contratación, el estudio de arquitectos adjudicatario, el propio hospital y la constructora o constructoras adjudicatárias del proyecto. El seguimiento no debe limitarse de una manera exclusiva a la parte de obra sino que se requiere de una manera continua y coordinada la necesidad de control de posibles infecciones, situaciones que se ven favorecidas por el propio desarrollo de las obras, para lo cual nuevamente una adecuada planificación y unas políticas de comunicación correctas y adecuadas resultan vitales en el proceso. No se debe olvidar que los sistemas de refrigeración y las obras en los centros sanitarios, especialmente en casos de obras prolongadas como son las obras de remodelación global, son los principales causantes de infecciones nosocomiales ya que el polvo se configura como el principal agente transmisor de dichos brotes. Labores de estancamiento de zonas, riego, o el aislamiento de pacientes y trabajadores son algunas de las actuaciones que nos permitirán minimizar la influencia negativa que pueden ocasionar dichas obras. Esta importancia del seguimiento de las obras es la que ha establecido de una manera casi general en el planteamiento de obras hospitalarias que se han realizado hasta ahora, la creación de una Comisión de Seguimiento de Obras en la cual están representadas todas las partes, analizándose en la misma la evolución de la obra y los problemas que en ella pueden ir apareciendo permitiendo al mismo tiempo un aspecto tan importante como es la concreción de unos cauces de comunicación estables y predeterminados que permitan en última instancia el cumplimiento de los planes establecidos al tiempo que proporcionan la suficiente flexibilidad para permitir un análisis de las modificaciones o mejoras que se vayan considerando necesarias introducir sobre el planteamiento realizado inicialmente. En esta comisión creo recae gran responsabilidad en la figura de la Gerencia del centro afectado por la realización de las obras, el cual debe ser el encargado de las labores de coordinación general y seguimiento puntual del avance de dichas obras. Esta labor liderada desde la gerencia debe contribuir en última instancia al logro del cumplimiento de los Obras y Hospitales. Una misma realidad plazos previstos y a evitar al mismo tiempo interferencias con la labor asistencial que se esté llevando a cabo en el centro. Un aspecto al que no siempre se le presta la atención en la medida que necesita es el derivado de la necesidad del control de la calidad del acabado de las obras, aspecto no siempre suficientemente controlado desde la propia constructora adjudicatária ni tampoco por el equipo de arquitectos responsable, lo que origina que, de no hacerse un adecuado control desde el hospital, se presenten en el futuro problemas no solamente estéticos sino incluso funcionales en algunas áreas del hospital. En resumen, la participación del equipo directivo del hospital en todo el proceso de obra que afecte a su centro resulta fundamental ya que sin duda alguna es el único camino para lograr unos resultados aceptables con el menor impacto de dichas obras en el funcionamiento del centro, planteamientos que requieren aparte de una importante labor de esfuerzo e imaginación, una labor de comunicación y diseminación de información entre los trabajadores del hospital. Por último, la labor no deber circunscribirse de manera única a la planificación o al seguimiento de las obras, debiendo también estar perfectamente planificado el equipamiento necesario para la puesta en marcha una vez concluida la fase arquitectónica, así como la planificación en términos de necesidades de personal al fin de todo el proceso. Sin embargo, no debemos olvidar que por encima de todas las consideraciones anteriormente mencionadas, lo que parece claro es que se precisa efectuar un análisis en profundidad en todo el sistema sanitario de nuestra red asistencial a nivel arquitectónico, efectuando planteamientos claros de futuro para lo cual se hace necesario saber claramente qué es lo que queremos lograr y de qué manera. Y, por encima de todo, se hace imprescindible, máxime en la actualidad, valorar el resultado de las inversiones realizadas y su eficiencia.
Es indudable que, en las últimas semanas, ha cobrado más presencia si cabe en el debate social el problema de la financiación sanitaria. En un claro ejercicio de responsabilidad, deberíamos realizar el esfuerzo de, al menos, no instrumentalizar ni convertir este asunto en un arma arrojadiza o elemento que perpetúe situaciones de confrontación que, en nada enriquecen el debate y ningún valor añadido suponen al Sistema Nacional de Salud, que doy por supuesto todos defendemos. Hemos observado como en los últimos meses, cuestiones vinculadas a la financiación del SNS se han levantado como el principal protagonista de una situación en la que, si queremos llegar a un resultado óptimo, debemos imprimir la calma y la serenidad como instrumentos de trabajo para un futuro a corto plazo. El problema es real y la necesidad de aportar soluciones es evidente, pero desde Asturias no permitiremos que se puedan cerrar a cualquier precio. Desde el Gobierno del Principado de Asturias entendemos que el SNS es un patrimonio colectivo generado con el esfuerzo de todos los españoles. Un patrimonio irrenunciable con el que tenemos contraída la obligación de garantizar su permanencia en el tiempo con sólidas bases de futuro, de manera que las futuras generaciones puedan seguir disfrutando del mismo servicio público que hoy tenemos a nuestra disposición. Hemos adquirido ante nuestros ciudadanos el compromiso de asegurar la sostenibilidad del sistema, en la parte que nos corresponde, y que nos permita ofrecer una atención sanitaria en igualdad de condiciones que el resto del país. Esta es la esencia del llamado Estado de Bienestar, una condi- Rafael Sariego Garcia ción a la que accedemos gracias al esfuerzo de todos, y que nos podemos consentir que se quiebre por intereses ajenos a la defensa del equilibrio del SNS. En ese sentido, hace algo mas de dos años asumimos por transferencia la responsabilidad de la asistencia sanitaria en Asturias, en la convicción de que éramos capaces de contribuir a la mejora de nuestro sistema público. DE forma simultánea, entró en vigor el nuevo modelo de financiación autonómica, que incluyó la financiación sanitaria en la financiación general de las comunidades autónomas. Cuando aún no han transcurrido tres años de la puesta en marcha del nuevo modelo, se ha puesto de manifiesto que, en la mayoría de los casos, el nivel de crecimiento de los gastos mantiene un ritmo superior al de los ingresos. Así se origina un déficit que, a medio plazo, pone en cuestión la sostenibilidad financiera del sistema y en peligro el desarrollo de políticas de progreso dirigidas a los usuarios. No es menos cierto y, así debemos aceptarlo en aras del rigor del debate, que el uso de los recursos disponibles también debe ser sometido al correspondiente análisis con objeto de superar las posibles causas de ineficiência en el gasto. En Asturias somos corresponsables con esta situación, y hemos asumidos medidas como la aplicación del recargo autonómicos del impuesto sobre los hidrocarburos, el llamado céntimo sanitario, para dar un ejemplo de que nos enfrentamos al problema de forma directa, y evitando los rodeos. Aceptamos el coste social para nuestros administrados, pero también entendemos que, de no ejercer estas fórmulas que a nadie gustan, luego es difícil sostener un discurso reivindicativo. Es decir, resulta sencillo pedir si antes no se han utilizado todos los recursos a tu alcance, pero este Gobierno tiene claro su responsabilidad en el conjunto del SNS. Estamos en condiciones morales y políticas de exigir el mismo trato que a los demás, pero quizá también en un escalón superior porque hemos puesto en marcha todos los mecanismos a nuestro alcance para paliar el déficit. También parece evidente que los cambios demográficos, consecuencia de los movimientos poblacionales o de la estructura de la población (envejecimiento, en el caso de algunas comunidades) deben ser objeto de valoración, pero nunca argumento prioritario para un método que establezca estas pautas como traducción del problema o síntesis de la solución. Asturias se opone al pago por población, ya que rompería el equilibrio del sistema, y lo que pide es que garantice la viabilidad y la sostenibilidad partiendo de un mismo punto. Tampoco podemos asumir el pago de deudas históricas de la misma caja y, como condición previa ineludible, debe ponerse dinero encima de la mesa para empezar la discusión. Financiación y futuro, claves para un equilibrio 355 No obstante, del análisis de situación del problema que nos ocupa no se pueden excluir otras variables que, en mi opinión, han incidido e inciden de forma notoria en este desajuste del modelo, que hoy todos o casi todos aceptamos como evidente. Efectivamente, los cambios tecnológicos, las mejoras retributivas del personal en no pocas autonomías, o el crecimiento del gasto farmacéutico, por poner algunos ejemplos, han tenido y tienen mucho que ver con estos desajustes. Es preciso caminar hacia un modelo retributivo con los mayores signos comunes posibles, y alejarnos de experimentos que quiebren el principio de confianza, porque así se sientan las primeras bases de las desigualdades del sistema vigente. Habida cuenta de que los servicios sanitarios se financian con impuestos (complementados con el fondo de suficiencia) deberíamos entender que el actual modelo estaba encaminado a cubrir necesidades asistenciales del conjunto mínimo de prestaciones homogéneas en todo el Estado, dejando para cada comunidad el gasto suplementario de los servicios adicionales ofrecidos a los ciudadanos. Con estos requisitos de partida para la reflexión, la cuestión a resolver es como debe financiarse el gasto. Para ello es necesario, en primer lugar definir, con la dificultad que ello conlleva, la capacidad que tenemos para mejorar la eficiencia en el gasto. Nuestra capacidad de intervención en este aspecto es limitada si analizamos el comportamiento histórico de las distintas variables que lo componen desde el punto de vista de la estructura presupuestaria de cualquier comunidad. Y cuando digo limitada, admito que hay un espacio para la mejora. Ese espacio para la mejora podemos obtenerlo en algunos aspectos del gasto farmacéutico, en la gestión personal o en los sistemas de contratación. Pero es evidente que, con ello, no paliamos la insuficiencia financiera del sistema. La evolución de los ingresos no permite garantizar con el actual modelo su sostenibilidad. Se hace necesaria, por tanto, la inyección de mas recursos que den satisfacción a las necesidades. En la reforma del modelo se deben tener en cuenta, además del factor población y, dentro de él, los mayores de 65 años, ya previsto en la fórmula actual, otros como la dispersión, y determinadas condiciones de orografía y situaciones especiales que configuran un sistema complejo en el que, en muchos casos, no existen las ratios adecuadas. Entenderán, por tanto, que una solución a un problema que tanto preocupa a los ciudadanos exige, además del compromiso político firme para afrontarlo, como de forma reciente se ha plasmado en la Conferencia de Presidentes, la necesidad de aunar esfuerzos en la misma dirección. Ahora más que nunca un pacto de Estado se convierte en una herramienta válida para afrontar el futuro con más garantías, en el que todos debemos comprometer-Rafael Sariego Garcia nos y buscar un fin común: la sostenibilidad de un sistema apreciado por los ciudadanos. Tenemos la garantía de que este debate se ha elevado al máximo nivel posible gracias a la implicación del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, pero tampoco podemos eludir nuestra responsabilidad y nuestro punto de vista privilegiado en una discusión en la que debemos fijar sus bases. El análisis riguroso de la realidad ofrecerá las claves exactas para transformar una apuesta por una solución. Entonces estaremos capacitados para ofrecer el máximo rendimiento en un sistema que, por la actitud inconsciente de otros, parece que no atraviesa su mejor momento. Resulta un tanto sorprendente y demagógico que ahora se exijan debates que, durante seis años, estuvieron ocultos para dejar crecer las ramas del problema, como el gasto farmacéutico. No quiero caer en la crítica fácil y cómoda, ejercicio que dejo para otros con más interés, pero tampoco puedo ocultar el malestar cuando se pretende reventar, de forma sistemática el foro de encuentro pactado entre las autonomías. Asturias exige respeto para su voz y para su posición, a veces inaudible en este marco cuando el baile de los representantes públicos se fija más en cuestiones mediáticas que en el verdadero interés que se deposita en estas citas. Tenemos la oportunidad de romper esta tendencia, pero sólo la voluntad por alcanzar puntos de encuentros puede ser más fuerte que la debilidad por aprovecharse de estas circunstancias. El Gobierno al que representa tiene decidido que acudirá a cuantos foros sea necesario para sostener este discurso, basado en la racionalidad y que lucha por asumir un equilibrio con el que todos, y sin excepción, debemos estar comprometidos. El tiempo pasa de forma inexorable, y las soluciones empiezan a perder su efecto porque la teoría del desgaste también resulta dañina. El Consejo Interterritorial tiene su papel, al igual que el Consejo de Política Fiscal y Financiera, pero admitamos el rango superior político de la Conferencia de Presidentes, por cierto, el precedente político más importante en nuestro país para vertebrar el Estado de las Autonomías. Solo a modo de ejemplo del compromiso antes descrito, ya existe un acuerdo para que este año se debata el modelo que permita ofrecer las suficientes condiciones de estabilidad, que comenzarán a plasmarse en 2006. Así se construye un modelo que atiende a las necesidades de todos sobre criterios racionales, que permite que un ciudadano disfrute de las mismas garantías independientemente de su lugar de procedencia. Algo tan básico que venía reflejado en la Ley General de Sanidad de 1986 del malogrado Ernest Lluch, y que hoy vuelve a tomar el mismo vigor de entonces por la necesidad de abrir el debate que nos ocupa. Reflexiones estas que nos deben obligar a todos a entender que la unión de nuestras posturas es esencial para conseguir los mejores resultados para los ciudadanos. Antes indicaba que el Sistema Nacional de Salud es un patrimonio colectivo que hoy disfrutamos gracias a las conquistas sociales de las generaciones que nos precedieron; nuestra responsabilidad hoy es asegurar que este patrimonio llegará a las generaciones que nos sucedan, al menos, en las mismas condiciones de estabilidad con las que lo recibimos. Es una tarea de todos que estas reflexiones no se queden en meras palabras. Decía Benjamín Franklin que «amaba la casa en la cual no veía nada superfino y encontraba todo lo necesario». En esta casa nuestra que es España, hemos abierto recientemente un debate apasionante, de alcance histórico, sobre la forma de culminar y perfeccionar algo tan sustancial y querido por todos nosotros: el modelo de Estado que hemos venido construyendo en este cuarto de siglo de andadura democrática. La primera certeza es que el actual modelo de Estado ha pasado de ser una posibilidad apenas esbozada en el texto constitucional a una realidad que comparten 17 comunidades autónomas y que tiene forma jurídica y sustancia competencial, administrativa y financiera. Sobre la cuestión de la financiación también es preciso separar con claridad el ruido que producen ciertas declaraciones de las nueces. Cuando se dice que hay que abordar la financiación general con el criterio de que «se pague por renta y se reciba por población» es necesario que se matice exactamente qué se quiere decir con este enunciado porque, de hecho, con el actual sistema ya se paga por renta y se recibe por población. El 94% del fondo general se reparte según la población, el 4,2% a la superficie, el 1,2% a la dispersión y el 0,6% a la insularidad. En el sistema vigente existen también factores correctores que permiten, entre otras cosas, el acceso a los servicios públicos a ciudadanos que habitan en lugares de difícil acceso con la misma calidad y prestaciones que los que viven en grandes ciudades. Esta es una cuestión de gran importancia para preservar la igualdad de todos en comunidades autónomas que, como la asturiana, son especialmente montañosas y han sufrido históricamente las consecuencias económicas de tal circunstancia. El fondo de la sanidad ya incluido en el sistema general establece también que la población protegida significa el 75%, pero con una corrección que tiene en cuenta a la población mayor de 65 años, que cuenta en un 24,5%. Es una corrección normal para una comunidad envejecida produce un gran consumo y es preciso proporcionar recursos al sistema para poder atenderlo. ¿Significa «pagar por renta y recibir por población» eliminar ese factor de corrección dirigido a la población mayor de 65 años? Creo sinceramente que sería una injusticia y rompería el principio de equidad establecido. Lo cierto es que el modelo actual de financiación en España se puso en marcha hace menos de 3 años y, cuando logramos con él la unanimidad de las comunidades autónomas de régimen común, es porque entendíamos que tenía más elementos positivos que negativos. Asturias fue, precisamente, la última comunidad autónoma en firmar el acuerdo y, cuando lo hicimos, sopesamos todos esos factores, no sólo desde la perspectiva de la conveniencia propia, sino también desde la responsabilidad de dotar al conjunto del Estado de un modelo aceptable y duradero. Antes de cambiar o alterar el sistema pensamos que sería necesario retocarlo en aquellos aspectos que pudieran fallar y, sobre todo, conocer las posibilidades reales de su reforma. Porque, para cambiar un sistema de financiación de reciente creación, son necesarios muchos recursos que puedan ponerse sobre la mesa y, francamente, no veo ese fondo de recursos ni en las expectativas financieras actuales de España, ni en la evolución prevista del presupuesto pactado en el cuadro macroeconómico de la legislatura. En cambio, tenemos que abordar de forma rápida y prioritaria la parte de financiación que específicamente corresponde a la sanidad. En todas las comunidades se puede observar una línea de tendencia de gasto sanitario que va creciendo de forma importante, y una línea de ingresos que no crece en la misma proporción. Debemos afrontar de forma urgente la mejora de la eficiencia en aspectos como el gasto farmacéutico, la gestión de personal o los sistemas de contratación, y mantener un control sobre la evolución de un sistema que, por su complejidad y su importancia, no puede crecer desordenadamente. Tenemos que incidir también en la evolución de los ingresos porque ya liemos utilizado todos los mecanismos a nuestra disposición y, en muchas comunidades autónomas, ya hemos puesto en marcha, el impuesto sobre hidrocarburos. Pero no es suficiente. En Asturias, por ejemplo, el gasto sanitario representa ya el 35% del total de nuestro presupuesto. El sistema sanitario no es un servicio público cualquiera. Se partía de una conquista social irrenunciable, vital para los ciudadanos. Es un patrimonio colectivo generado con el esfuerzo de todos los españoles, que hoy es comúnmente aceptado como un buen sistema. Pero debemos reforzar su sostenibilidad minorando el ritmo de crecimiento del gasto y, simultáneamente, inyectando más ingresos hasta alcanzar los niveles medios europeos, de los que aún diferimos en un 3,5% sobre el PTB. Financiación y futuro, claves para un equilibrio 359 Lograr un Pacto de Estado para alcanzar una financiación estable, que permita sostener y mejorar el sistema sanitario, ha de ser, en mi opinión, el primero y más urgente de los retos que debemos afrontar para facilitar la cohesión social de esta España plural. Una España que, consciente de su diversidad, debe demostrar también su capacidad para concebir, de forma, corresponsable con el Estado, sus problemas comunes. Sería un enorme error caer en la tentación de buscar soluciones basadas en relaciones bilaterales, de las que tanto se abusó en otros tiempos. Tenemos ahora la oportunidad de demostrar que, tal y como decirnos con frecuencia, las comunidades autónomas también somos Estado y, por tanto, en la solución de sus problemas, desde foros multilaterales, también debemos estar todos. La salud en Asturias, una visión rápida La salud es el pilar básico del desarrollo humano, de su bienestar y de la calidad de vida de las personas. Sin embargo la noción de salud encierra tantos matices que buscar una definición precisa se antoja un ejercicio delicado y escurridizo. Debemos fijar una idea que va más allá de la ausencia de enfermedad. Se asienta sobre un modelo de salud que se pregunta cómo se encuentran sus gentes, sus calles, cómo de sanos están sus ríos y sus playas, cómo respiran sus fábricas o cómo laten sus carreteras. Las autoridades políticas y sanitarias tenemos la obligación ética y legal de perseverar en el empeño de proteger la salud de sus ciudadanos en todos sus ámbitos. Este compromiso precisa hacerse explícito considerando, a todos los efectos, la salud como una prioridad de las políticas públicas. Y también, en la misma línea, garantizar los mecanismos que hagan eficiente la correcta gestión económica de los bienes. El nuevo entorno económico y social de Asturias así como la aparición de nuevos problemas de salud constituye un escenario que si bien ofrece oportunidades de desarrollo y progreso social es al mismo tiempo fuente de amenazas a la sostenibilidad de nuestro sistema de protección de la salud tal y como lo concebimos hoy en día. Los cambios demográficos en nuestra población con un progresivo envejecimiento de la misma, la mayor prevalência de enfermos crónicos, las crecientes demandas sociales y la aparición de nuevas tecnologías son sólo algunos de los retos en un futuro muy cercano. Sin embargo invertir en la salud de los asturianos no es sólo una cuestión de ajuste en los balances económicos, implica también disponer de un instrumento de solidaridad y de redistribución social de la riqueza. sector salud no debería ser entendido exclusivamente como causa de gasto sino como elemento generador de empleo (4,5% del existente en Asturias), de fijación de la población a su entorno, de igualdad de oportunidades, etcétera. La Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad, establece los principios para la formulación de la política sanitaria de las Comunidades Autónomas a través de los planes de salud. En 1989 España se adhiere a la estrategia «Salud para Todos en el año 2000» de la OMS y sus objetivos fueron incorporados mayoritariamente por los planes de salud autonómicos. En nuestra Comunidad la Ley del Servicio de Salud del Principado de Asturias (Ley 1/92 de 2 de julio de 1992) asignó a la entonces Consejería de Servicios Sociales la elaboración del proyecto del Plan de Salud como principal instrumento de planificación sanitaria. La materialización de la transferencia de las competencias sanitarias del Insalud desde el 1 de enero de 2002 al Principado de Asturias supone un decisivo cambio en la articulación del compromiso de acercar el núcleo de toma de decisiones a los ciudadanos/as y responsabilizarnos de nuestro sistema de salud y de nuestro futuro. La salud como prioridad política La noción de salud encierra tantos matices que buscar una definición precisa constituye un ejercicio delicado y escurridizo, probablemente condenado al fracaso. Si bien se renuncia a buscar una definición operativa para los conceptos de salud y enfermedad, no se oculta desde el principio su apuesta por una concepción global y positiva, una idea que va más allá de la ausencia de enfermedad. Nuestro compromiso se asienta sobre un modelo de salud que se pregunta cómo se encuentran sus gentes, sus calles, cómo de sanos están sus ríos y sus playas, cómo respiran sus fábricas y cómo laten sus carreteras. Se acepta sin ambivalencias el reto de considerar y profundizar en otros aspectos diferentes al ámbito exclusivamente sanitario. La dimensión y amplitud del marco que se propugna para el desarrollo de las políticas de salud está en consonancia con el Plan de Salud para Asturias de 1992. Al igual que entonces, esta declaración implica poner en primera línea la perspectiva de los ciudadanos y aumentar nuestra sensibilidad a las necesidades y valores de las personas. Implica por otra parte asumir la capacidad de la salud pública y de las ciencias sociales para mejorar las condiciones de vida de las personas de forma que la elección más saludable sea la más fácil de adoptar. Nuestro sistema sanitario es de carácter universal, accesible y de alta calidad, por lo que la inversión en salud se convierte en un instrumento de solidaridad y de redistribución social de la riqueza. Pilares básicos que nos obligan a unificar esfuerzos y caminar en la misma dirección. El resultado final será el fruto de las distintas aportaciones. En Asturias tenemos asumido que la dirección a tomar debe pasar por un debate abierto, sincero y transparente, alejado de otros intereses que enturbien las relaciones y próximo a una resolución apropiada para la magnitud del problema de la financiación. Entonces sí estaremos en condiciones de preservar aquellas bases por las que tanto hemos luchado y por asegurar principios tan importantes como los recogidos en la Ley General de Sanidad de 1986, en la que se consagró el derecho a la atención universal sea cual fuere la condición humana del usuario. Este es el camino que nos marcaron nuestros predecesores; esa nuestra obligación, no borrar sus huellas y preservar sus principales valores.
La Comunidad de Castilla y León recibió las transferencias sanitarias en un escenario diferente al que se habían producido con anterioridad. Los elementos que determinaban estas diferencias, sin ánimo de ser exhaustivos eran los siguientes: --Por primera vez las transferencias iban ligadas a un nuevo modelo de financiación que se presumía estable, cuando hasta la fecha los modelos previos se planteaban dentro de un escenario temporal. --El nuevo modelo de financiación integraba la financiación sanitaria dentro de la financiación global de la Comunidad Autónoma. -Se realizaban transferencias simultáneamente a diez Autonomías. -En la práctica las transferencias suponían la desaparición del IN-SALUD. Este conjunto de situaciones planteaba una serie de incertidumbres de cara al futuro, que podían resumirse en dos: -Suficiencia del nuevo modelo de financiación ~ La forma en que se establecerían las relaciones entre Comunidades Autónomas y entre estas y el Ministerio de Sanidad y Consumo en un modelo sanitario descentralizado. Es cierto que las transferencias sanitarias suponían además oportunidades para Castilla y León. Gestionar servicios públicos en un ámbito descentralizado permite dar respuestas específicas a necesidades concretas de la población a la que van dirigidos éstos. Tradicionalmente la gestión del INSALUD tendía a buscar una homogeneidad entre los distintos territorios en que prestaba asistencia sanitaria. Esta búsqueda de criterios comunes se plasmaba en los diferentes indicadores de gestión que establecía y que a la postre dificultaban dar respuestas diferenciadas. Por otra parte determinado tipo de recursos asistenciales y prestaciones se prestaban con un modelo centralizado, muy eficiente desde el punto de vista de empleo de recursos, pero que obligaba a desplazamientos constantes de los ciudadanos. Este último criterio planteaba diferencias importantes en la dotación de determinadas prestaciones y recursos de los denominados de tercer nivel, referencia o superespecialización en las distintas Comunidades Autónomas. Pero la realidad de Castilla y León casa mal con un modelo centralizado. Así, mientras la densidad de población media del territorio nacional es de 85 habitantes / Km^, en Castilla y León es 26 habitantes / Km^. Además, esta densidad media se reduce a 15 habitantes / Km^ en el medio rural. La población reside en 2.248 municipios (el 27,7 % de los municipios nacionales), de los cuales el 74 % tienen menos de 500 residentes (el 47 % en España, o el 36 % si descontamos los correspondientes a Castilla y León). Es decir, a la baja densidad de población se une la dispersión de ésta en múltiples núcleos, situación que supone dificultades importantes a la hora de prestar una serie de servicio públicos y entre ellos los sanitarios. Además nuestra región, pese a la fama que tiene respecto a una orografía con escasos relieves -la meseta castellana -se encuentra rodeada por montañas y con un nivel medio de altitud superior al resto del territorio español (31,6 % de su territorio por encima de los 1.000 metros, frente al 18,4 % del territorio nacional), lo cual supone una climatología rigurosa. El conjunto de estas situaciones enmarca el mayor reto que tiene la sanidad en Castilla y León y que es el de la ACCESIBILIDAD. Es preciso, y nuestros ciudadanos cada vez lo demandan más, llegar con el mayor número de servicios sanitarios a los lugares en que estos residen. Esta situación conlleva que, en muchos casos, haya que primar la accesibilidad frente a la eficiencia y que el coste de la prestación se incremente. Aún en el caso de poder establecer servicios de referencia para ¿Patrimonio Único? un conjunto de poblaciones es preciso tener en cuenta que el coste del transporte sanitario también es mayor, determinado por las grandes distancias existentes entre núcleos de población y hospitales de referencia y que en bastantes casos superan los 100 kilómetros de distancia. Por otra parte, la movilidad de muchas personas del medio rural se encuentra limitada, hecho ligado sobre todo al mayor envejecimiento que existe en este medio, que en líneas generales podríamos decir que tiene tasas de envejecimiento dobles a las del medio urbano y por tanto un mayor incremento del grado de dependencia o discapacidad de las personas. Otra de las características de nuestra región, ya apuntada antes, es la del grado de envejecimiento existente. La edad de la población condiciona en gran parte las necesidades de asistencia sanitaria y por tanto el que exista un mayor envejecimiento relativo de la población en Castilla y León supone la necesidad de incrementar el gasto sanitario. El índice de envejecimiento es superior al 22 % (población de más de 65 años sobre el total de habitantes), con provincias, como Soria, que supera el 26 %, o como Zamora, con índices superiores al 27 %, en tanto que la media nacional se encuentra en cifras cercanas al 17 %. La influencia del factor envejecimiento en la actividad sanitaria ha sido estudiada por diferentes autores, y supone que la población de mayores de 65 años consume el doble del número de consultas e intervenciones quirúrgicas que los menores de esta edad. En el caso de tener en cuenta los ingresos hospitalarios, el consumo de recursos es más de cuatro veces superior a lo consumido por el grupo de menores de 65 años. Con el fin de dar respuesta a este tipo de situaciones la Junta de Castilla y León planteó un programa de legislatura basado en 6 líneas estratégicas: Con el objetivo común de mejorar la salud colectiva e individual. Traduce la aspiración de ser capaces de proporcionar los servicios sanitarios que nuestra población necesite, dentro de la Comunidad Autónoma. Las actuaciones integradas en esta línea estratégica tienen que ver con la ampliación de la cartera de servicios con diferentes prestaciones, entre las cuales destacamos las siguientes: -Atención bucodental, no solo enfocada en el segmento de población infantil. También se plantean programas en colectivos de personas con discapacidad, mayores, y en el embarazo. -Cuidados Intensivos pediátricos, de los cuales nuestra Comunidad Autónoma carecía y que se implantarán en dos hospitales. -Incremento importante en los recursos destinados a los pacientes oncológicos y muy especialmente del número de aceleradores lineales. -Desarrollo importante de los recursos de asistencia psiquiátrica considerados de tercer nivel (Unidades específicas para trastornos duales, Hospitalización infanto-juvenil. Centros de Día y Unidades de Convalecencia Psiquiátrica). -Detección precoz de la hipoacusia infantil, programa destinado a todos los recién nacidos de Castilla y León. Pero la autosuficiencia debe también entenderse desde el punto de vista de las infraestructuras en las cuales se realizan las prestaciones sanitarias. Estamos hablando de los hospitales, centros de salud y consultorios locales. Todos los hospitales se encuentran o tendrán a lo largo de estos años diferentes fases de construcción o reforma. Se actuará sobre 59 Centros de Salud (32 de ellos de nueva construcción) y se reformarán más de 1.100 Consultorios Locales. Otro de los retos relacionados con la autosuficiencia es el de atención a la dependencia, planteada como una red asistencial en que se integre progresivamente la atención a las necesidades sanitarias y sociales del ciudadano. La segunda línea, deriva directamente de las características demográficas antes señaladas. Estamos refiriéndonos a la Accesibilidad. Dentro de esta línea nos referimos a actuaciones encaminadas a amortiguar el efecto pernicioso que tienen las variables sociodemográficas en la forma en que se presta la asistencia sanitaria, como son: -El fomento de la atención especializada en el medio rural, bien con la dotación de Centros de Especialidades en zonas periféricas o alejadas de los hospitales de referencia de la región ( Plan que se verá reforzado en breve con la aprobación de un Decreto que garantice los plazos respecto a la prestación quirúrgica. -Actuaciones encaminadas a facilitar desde un punto de vista temporal el acceso a otras prestaciones tiene que ver con la ampliación en el funcionamiento en horario de tarde de los Centros de Salud que radiquen en municipios de más de 10.000 habitantes, o la implantación del triage o clasificación por niveles de urgencia en todos los servicios de urgencia de nuestros hospitales. Dando respuesta a una demanda social creciente que tiene que ver con la repercusión que tienen sobre nuestra salud las condiciones del ecosistema. La influencia que sobre éste tiene la población justifica el control y la vigilancia sobre los agentes físicos, químicos y biológicos. El sistema sanitario debe ser además innovador, sobre todo si tenemos en cuenta que es uno de los sectores en que el cambio es una constante. Actuaciones relacionadas con el empleo y difiísión en el entorno de trabajo de las tecnologías de la información y telecomunicaciones permiten además dar una respuesta al reto de la accesibilidad, de modo que el médico de familia disponga de la información clínica relevante para la toma de decisiones. -La informatización de los Centros de Salud, con una aplicación de desarrollo propio, es clave en ese sentido. -Pero también existen otras actuaciones relacionadas con técnicas Telemédicas, que permiten, bien un acercamiento de las posibilidades diagnósticas, bien la realización de interconsultas entre el Médico de Familia y diferentes especialistas. La Tele medicina tiene su campo esencial en las Zonas Básicas de carácter rural (aproximadamente el 70 % de las Zonas Básicas de nuestra región). En las páginas anteriores se han señalado una serie de factores que determinan una respuesta diferenciada a los problemas sanitarios respecto a otras Autonomías, respuesta que se plantea desde las 6 líneas estratégicas que definen las actuaciones en materia sanitaria de la Consejería de Sanidad. Existe otra serie de factores, no tan evidentes como los antes señalados, que también dejan sentir su influencia en un modelo sanitario descentralizado y que merecen ser detallados, aunque sea sucintamente y desde la experiencia que da la gestión sanitaria, más que desde aspectos objetivables. Las transferencias dejan sentir, en la gestión de los servicios sanitarios, lo que se ha denominado en llamar «efecto cercanía». Con él se quiere señalar la existencia de una serie de demandas de prestación de determinados servicios, que obviando, en muchos casos, el componente de planificación y gestión se presentan como una decisión de naturaleza estrictamente «política». Este efecto es más patente en Autonomías de carácter pluriprovincial, especialmente cuando existe un peso equiparable entre las distintas provincias o ciudades. Otro efecto, es el que podríamos definir como «mimetismo» con otras Comunidades Autónomas. Castilla y León se encuentra rodeada por nueve Autonomías, que en el ejercicio de sus competencias sanitarias y de su realidad sociodemografica, plantean diferentes prestaciones o establecen prioridades diferentes. Existe una cierta tendencia a solicitar prioridades o prestaciones que si bien pueden tener su justificación en una determinada Comunidad Autónoma, no la tengan en otra. Por último, un modelo sanitario como el nuestro, precisa de un determinado nivel de coordinación, que podemos afirmar está en sus inicios. La coordinación es necesaria para garantizar una serie de prestaciones de carácter superespecializado, que deben prestarse con criterios de referencia para diferentes regiones. La coordinación también es necesaria a la hora de establecer nuevas prestaciones o la política farmacéutica y para su desarrollo sigue siendo importante el papel del Ministerio de Sanidad. Claro está, que las decisiones que puedan tomarse a este nivel tienen un reflejo en el gasto que se efectúa en las Autonomías y por tanto deben conllevar una financiación adecuada, lo demás es «invitar a que pague otro» y en Castilla y León esto ha sucedido más de lo deseable en los últimos tiempos.
Agradezco sinceramente la oportunidad que se me brinda para dar mi opinion, para contar mis impresiones, para ofrecer mis reflexiones o para, simplemente, expresar mis certidumbres y mis dudas, que de todo hay en un mundo tan complejo como es el de la sanidad. Hace casi diez años que me senté por primera vez en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Gobernaba por entonces en España el PSOE y lo haría hasta Marzo de 1996, era Ministra de Sanidad y Consumo una persona a la que quiero mucho y respeto más, M^ Angeles Amador. Conoceré luego a cuatro ministros más, J.M. Romay, C. Villalobos, A. Pastor y E. Salgado Era aquel un Consejo paritario Administración del Estado-Comunidades Autónomas. Allí me encontré con compañeros de los que mucho aprendí, José Luis García Arboleya, Iñaki Azcuna, Eduard Rius que había sustituido a Xavier Trías, José María Hdz Cochon... En aquellos momentos era un Consejo donde la mayoría de las CCAA, diez en total, teníamos las transferencias en materia de sanidad e higiene (es decir Salud Pública), planificación (Planes de Salud) y coordinación sanitarias, pero aún no las de asistencia sanitaria de la seguridad social, tal como se denominaban. A los efectos de esta última competencia nuestra voz allí era el INSALUD, que formaba parte del Consejo. Hacía entonces nueve años de la Ley General de Sanidad. Allí se respiraba un aire que olía a Sistema Nacional de Salud. Nos quejábamos entonces los del «territorio Insalud» de que las grandes cuestiones -presupuestos, financiación-no se discutían allí. Con el tiempo descubrí que esas no eran las grandes cuestiones, que lo realmente importante es lo que allí se hablaba. Porque nosotros éramos gente de la sanidad, médicos en su mayoría, cuya obligación era construir cada día un modelo explicitado en la mencionada Ley General de Sanidad y que no era la suma de partes sino MUCHO MAS que la suma aritmética de los Servicios de Salud. Allí no íbamos por entonces ninguno a contar lo de cada uno, sino a hablar de lo de todos. Surge un brote de Meningitis C con un comportamiento muy parecido en toda España. Lo recuerdo como uno de los momentos más duros de mi vida en la política sanitaria. Ahí se produce, a mi juicio, la primera grieta seria en el Sistema Nacional de Salud. La respuesta no es uniforme y se permite que cada Comunidad Autónoma actúe, unos vacunando umversalmente hasta los 19 años, otros selectivamente, otros...! Cómo si los virus o las bacterias conocieran de fronteras regionales o de estatutos de autonomía! ¿Cabe aceptar como valida una estrategia de inmunizaciones «a la carta» en un país donde en Semana Santa, se desplazan más de 20 millones de personas, por poner un ejemplo? Se empiezan a detectar en España casos de la Encefalopatía Espongiforme Bovina o «enfermedad de las vacas locas». El Ministerio de Sanidad y el Consejo Interterritorial no están ni se les espera. El protagonismo lo asume el Ministerio de Agricultura. En el «conflicto» entre quien es responsable de la «producción» y quien lo es de la «salud» nos quedamos en un segundo plano. Brillante el trabajo de Manolo Lamela, entonces Subsecretario de Agricultura. Por aquellas fechas se nos convoca a todos por parte de la Ministra Villalobos y acudimos cuatros consejeros a la reunión a la que no asistió ni quien nos convocaba. Hay un tercer momento difícil que ya no me atrevo a ponerle fecha en el calendario porque se desarrolla a lo largo de muchos años. Se trata de la aceptación en diferentes Leyes de Ordenación Sanitaria o de Salud, entre ellas la mía, de la existencia de Sistemas de Salud en las CCAA. ¿Cabe hablar de Sistemas o de subsistemas dentro del SNS? Hay un cuarto momento trascendental que coincide con la transferencia de las competencias en materia de asistencia sanitaria de la seguridad social a las diez CCAA que faltábamos, quedándose el Insalud convertido en Ingesa como gestor de los centros y servicios de Ceuta y Melilla. Desde aquí mi homenaje al INSALUD, que junto al INSERSO y al INSS fueron en sus inicios los más importantes instrumentos de modernización en aquella España que aspiraba a incorporarnos a las sociedades del bienestar de nuestro entorno europeo. A partir de las trasferencias sanitarias, que nos igualaban a todos los que formábamos parte del Consejo Interterritorial del SNS en cuanto a responsabilidades, se produce un hecho relevante. Empezamos cada día a hablar más de «mis» problemas que de «nuestros» problemas, de mis soluciones que de nues-Reseña en primera persona tras soluciones, a conjugar más la primera persona del singular que la del plural. «A mí no me interesan tus problemas y tus soluciones, me interesan nuestros problemas y nuestras soluciones» he dicho en varias ocasiones en sesiones del CISNS. Lo comparo con el grupo de amigos que se hace una foto. Nuestro trabajo es casi como una foto ñja pero llena de dinamismo. Creo que entonces dejamos de ver LA FOTO DEL GRUPO, en lenguaje figurado. Empezamos a preocuparnos más por como salíamos cada uno en la foto que por como salíamos todos en conjunto. Ese transito no lo supimos hacer bien. La foto del grupo se llama Sistema Nacional de Salud. Hay un quinto momento complicado. Ana Pastor ha podido ser la Ministra que dejara una huella, una marca o una impronta más importante en la historia de nuestra sanidad. La Ley de Cohesión y Calidad, la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias y el Estatuto Marco, se esté o no de acuerdo totalmente con el conjunto de sus contenidos, son suficientes argumentos para ello. Me gustaría destacar aquí el papel que dos mujeres de mi partido, Consuelo Rumi y Matilde Valentín tuvieron en la oposición para contribuir con el SNS. Pero algo pasó en los últimos meses de la gestión de Pastor que provocó, por nuestra parte, la perdida de la imprescindible sensación de pertenencia a una estructura común. El Consejo no era un sitio desde donde se resolvían los problemas sino desde donde se creaban. De un modelo de abajo arriba en los Planes Integrales de Salud hasta ese momento se paso a un modelo de arriba abajo, creo modestamente que dentro de una visión inadecuada de la España de hoy. Era un Ministerio sin competencias en asistencia sanitaria, con otras muchas muy importantes, pero que desde la planificación se introducía en las decisiones estratégicas de las CCAA, pero sin permitir nunca que se hablara de cómo se financiaban los objetivos que se nos marcaban. En sexto lugar me gustaría hacer una confesión. Nuestro abandono de la última reunión del CISNS de la legislatura anterior fue un error. Cuando tomamos la decisión no pensaba así, creía que era sólo una llamada de atención a una estrategia equivocada por parte del Ministerio. Cuando volvía a Extremadura no podía alejar de mi mente el análisis de la situación. Era final de legislatura y por tanto más simbólico que otra cosa. Pero empecé a pensar que era un error y a los dos días, un viernes por la noche, envíe a Ana Pastor un mensaje al móvil que decía algo así: «intenta recomponer la situación, cuenta con mi ayuda para ello». Me llamó y hablamos casi dos horas. En el fondo se trataba de garantizar el funcionamiento del CISNS, de sus grupos de trabajo y comisiones, de la información necesaria, y aunque no hubo más reuniones del Pleno sabíamos que tras las elecciones volveríamos a las reuniones. Y llegaron las elecciones, y hubo cambio de gobierno. Y el PP, con Ana Pastor a la cabeza, decidió devolver la bofetada al PSOE en la cara de la nueva Ministra. No asumieron la derrota y quienes habían apostado por un nuevo Consejo Interterritorial en la Ley de Cohesión dejaron de creer en él al pasar a la oposición. A Elena Salgado no se le concedieron 100 días. Creo que ni una hora. Esta es la historia resumida de estos años. Nada pasa por casualidad. Soy de los que piensa que no es imprescindible, ni siquiera necesario, ser médico o de cualquier profesión sanitaria para ser ministro/a o consejero/a y estar en el Consejo Interterritorial del SNS. Lo realmente necesario, e imprescindible, es ser consciente de que estamos allí no representando a nuestra Comunidad Autónoma sino al Sistema Nacional de Salud en su conjunto. Y eso no ocurre o al menos no como a mí me gustaría. Con los años, el Consejo parece más un órgano de debate cuasiparlamentario que institucional. Me gustaría que las cosas fueran de otra manera y trabajaré para que así sea. Confío mucho personalmente en quienes formamos parte del Consejo Interterritorial. Espero que sepamos todos lo que nos jugamos.
Hace ya dos años que fue aprobada la Ley de Cohesión y Calidad del SNS, que, en teoría, debía ir dirigida a garantizar la coordinación en un sistema sanitario completamente descentralizado. Sin embargo la realidad es obstinada, y los acontecimientos más recientes nos demuestran que aún queda mucho camino por recorrer para garantizar que disponemos de un Sistema Nacional de Salud coordinado y, sobre todo, que siguen vigentes los principios básicos establecidos en la ley de Sanidad y la citada ley de Cohesión, es decir, que todos seguimos apostando por un modelo de sistema nacional de salud que garantice la cohesión territorial. Entendiendo éste, el SNS, como uno de los elementos básicos de la Sociedad del Bienestar, debemos seguir trabajando para que sea un Sistema equitativo, coordinado, y, sobre todo, que no rompa la cohesión y el equilibrio territorial entre todos los ciudadanos de este país. Para ello es imprescindible seguir manteniendo muy claras las reglas del juego, y compatibilizar la necesaria descentralización con la coherencia de un Sistema que, además de otras muchas funciones, debe responder también a la de redistribuir la riqueza en una sociedad en la que, todavía, las diferencias interterritoriales siguen siendo de una gran magnitud. Las comunidades autónomas tenemos que seguir desempeñando el papel que nos corresponde, pero el Estado tiene también que jugar un rol muy importante en este sistema descentralizado, pues debe fijar el mar- co regulador, garantizar la cobertura universal y el aseguramiento único y público, acreditando que funcionen los mecanismos de solidaridad. Creemos que estos elementos son tan importantes, que exigen un Ministerio de Sanidad fuerte, con atribuciones suficientes para ello. Sin embargo, cuando se promulgó la Ley de Cohesión y Calidad se perdió la oportunidad de dotar al Estado de los mecanismos adecuados para garantizar la equidad del sistema. Además de este papel, el Estado tiene también otras muchas responsabilidades; pero me gustaría insistir en que una de las más determinantes es asegurar mecanismos de financiación que estén sustentados en la corrección de desigualdades. Todo ello debe ejercerse desde una actitud consecuente con la realidad de un Estado plural, yo me atrevería a llamarlo cuasi-federal, ejerciendo su propio papel y favoreciendo el correcto desarrollo de las competencias de las comunidades, sin interferencia y sin dejación de responsabilidades. En este marco, la coordinación territorial de las políticas de salud se convierte en uno de los retos más difíciles que tenemos por delante. Desde Andalucía creemos que es posible compatibilizar el proceso de descentralización con la profundización en la igualdad y solidaridad entre los territorios. Para ello, la coordinación debe ser entendida como un mecanismo multilateral, no unidireccional (del centro a la periferia); debe ser una tarea de todos los responsables del gobierno sanitario, porque todos somos Estado, y debe estar plenamente integrada en el papel del Consejo Interterritorial. Respecto a este último, creo que resulta imprescindible reforzar su carácter ejecutivo, modificando su capacidad de adoptar decisiones. Habrá que determinar en qué ámbitos deben y pueden tomarse por consenso y en cuáles a través de un sistema de voto ponderado. Y, por supuesto, es necesario crear una disciplina común de seguimiento de los acuerdos adoptados. Tenemos algunos problemas básicos de coordinación en los que, sin duda, el papel del Consejo Interterritorial, así como de otras instancias en casos determinados, debería ser clave: las políticas de profesionales, la política farmacéutica y la financiación del sistema. Respecto a la primera, las políticas de profesionales, es indudable que cada comunidad debe marcar el modelo de crecimiento y desarrollo profesional que le parezca más adecuado a sus necesidades, siempre en Política sanitaria autonómica y Cohesión territorial el marco de las leyes del Estatuto y de Ordenación de las Profesiones Sanitarias. Pero también es evidente que no podemos mantener, porque a ninguna comunidad nos interesa, la espiral de crecimiento, para muchos insostenible, a la que nos estamos viendo sometidos. Y el Consejo debería debatir, y pronunciarse, sobre algunos asuntos clave: ¿están mal retribuidos los profesionales sanitarios? ¿cómo debe ser la carrera profesional para garantizar la movilidad territorial? ¿podemos buscar otros modelos retributivos que incentiven mejor al profesional? ¿tendríamos que establecer otro tipo de relación contractual?. Otro elemento básico de coordinación es el que se refiere a las políticas de farmacia. Es necesario, imprescindible, reconducir el crecimiento del gasto farmacéutico a niveles compatibles con su sostenibilidad. Habida cuenta de que la falta de una selección racional de medicamentos y de un modelo de financiación y precios coherente con su utilidad, es uno de los motivos que los expertos identifican como causa de las elevadas tasas de crecimiento del gasto farmacéutico público, abogamos por la necesidad de participar de forma activa en las decisiones que en éste sentido deben todavía adoptarse. Por ello nos parece que debe ser el Consejo Interterritorial el que proponga la normativa necesaria para la regulación de los nuevos criterios de selección, calificación y precios máximos de los medicamentos que vayan a ser financiados por el Sistema Nacional de Salud. Y, en el mismo sentido, las normas reguladoras de los nuevos criterios de fijación de precios industriales (ligados a utilidad terapéutica y ventas) y retribución del canal farmacéutico. De igual modo coincidimos en que los criterios que deben regir la selección de los medicamentos deben ser los de utilidad terapéutica demostrada y comparada^ así como su necesidad real en el SNS. De esta manera, será clave el papel del Consejo Interterritorial, garantizando que se pongan a disposición de la financiación pública sólo aquellos medicamentos necesarios y al precio más ajustado posible. Si no se produce esta adaptación normativa y reguladora, creemos que el Estado debe asumir una parte de la financiación del gasto farmacéutico, al no permitir que las comunidades tengamos capacidad real en la decisión de qué medicamentos se pueden financiar a través de las prestaciones públicas del SNS. De igual modo, he apuntado en alguna ocasión la posibilidad de que la seguridad social se haga cargo de la factura farmacéutica de los pensionistas, al ser una prestación más de entre las que oferta para sus 'mutualistas'. Junto con estas medidas, sería necesaria también una nueva política en I+D+i que comprometa seriamente a la Industria y que proteja sólo la verdadera innovación terapéutica, así como favorecer los mecanismos para que las comunidades tengamos herramientas efectivas de control y uso racional. En Andalucía, por ejemplo, decidimos en su momento realizar la prescripción farmacéutica por principio activo (y hoy superamos de esta forma el 60% de la prescripción); nuestro objetivo va a más, y es llegar incluso al equivalente terapéutico; para ello estamos dedicando, desde hace muchos años, un volumen importante de nuestro tiempo y nuestro esfuerzo a diseñar políticas de uso racional del medicamento, y a trabajar con los médicos en la implantación de estas medidas. Me refiero a continuación a otro tema clave de coordinación, no sólo en nuestra agenda sino en la de los presidentes autonómicos y la de toda la sociedad: la financiación de la sanidad. Creemos que el actual modelo de financiación de las comunidades es un modelo válido, aunque susceptible de posibles ajustes en lo que afecta a la financiación de la sanidad. El primero de ellos sería determinar la cuantía adecuada para que la financiación sanitaria de las comunidades sea suficiente. Partimos de una situación de insuficiencia estructural del modelo, carencia que debería compartir el Estado una vez acordado cómo calcular su cuantía para las distintas comunidades autónomas. Porque lo que no es equitativo es hacer 'tabla rasa'. Ello perjudica a las comunidades más eficientes, que, en un claro ejercicio de responsabilidad, hemos conseguido no desviarnos de los mínimos marcados. Aunque el SNS es un sistema eficiente, existen todavía márgenes que permiten racionalizar el gasto sin disminuir la eficacia. Estos márgenes son además muy variables de unas comunidades a otras. En un sistema público como el nuestro nunca debemos obviar el principio ético de la eficiencia: obtener la mayor rentabilidad social sobre los recursos que la sociedad deposita en nuestras manos. Otro aspecto clave del modelo de financiación son las variables y ponderaciones que se utilicen para calcular las necesidades de financiación de cada comunidad. El modelo actual distribuye los recursos de acuerdo al tamaño de la población. Y considero que es un criterio equitativo. Pero las correcciones para ajustar dicha base y paliar desigualdades pueden hacer perder equidad si no están suficientemente ponderadas. Por ello proponemos que se tengan en cuenta otros criterios sanitarios y socioeconómicos además de los actuales. Es necesario también abordar el origen de los recursos destinados a financiar la sanidad. En Andalucía no somos partidarios de las fórmulas de participación directa de los ciudadanos por el acceso o uso de los servicios sanitarios que hoy están reconocidos en nuestras carteras de servicios, y que forman parte de los elementos básicos de la atención sanitaria. Con estas medidas se podría penalizar de forma injusta a pacientes crónicos y ancianos; es más, no existe evidencia de que estos mecanismos de participación directa del usuario supongan un elemento de disuasión real al uso abusivo de la sanidad. Por otra parte, los previsibles costes de gestión de esas medidas minimizarían el supuesto volumen de recursos generado. Otra posibilidad que quizás sí cabría en este debate sería utilizar alguna de éstas fórmulas de participación de cara a la puesta en marcha de medidas que vayan más allá de la atención sanitaria básica. Medidas que supongan un plus adicional en la calidad de las prestaciones o que éstas sean claramente diferenciadas de la atención sanitaria (sería el caso, por ejemplo, de determinadas prestaciones sociosanitarias). Las cesiones de impuestos, subidas impositivas o creación de más tasas e impuestos, son cuestiones a tratar con mucha precaución, siempre desde la óptica de la equidad del sistema, la vertebracion y la cohesión social, que, en cualquier caso, siempre deberían quedar garantizadas. No podemos olvidar que alguno de estos aspectos pudieran tener una clara repercusión negativa en las comunidades menos ricas. Teniendo en cuenta que lo que sí es indudable es la necesidad de un incremento de la financiación general del sistema, que permita la potenciación de elementos de cohesión y redistribución de recursos, consideramos de vital importancia la potenciación del Fondo de Cohesión Sanitaria o el establecimiento de algún tipo de fondo destinado a corregir desigualdades en salud. El debate, pues, está servido. Presenta múltiples componentes y variantes para la discusión, y, sin duda, es clave para garantizar la cohesión y sostenibilidad del sistema nacional de salud tal como fue concebido hace ya 20 años. Y nos encontramos cada vez con nuevos elementos de discusión y preguntas clave. ¿El Estado tiene que dotarse de los mecanismos adecuados para controlar la actuación eficiente de las comunidades a través de los recursos que éstas perciben?, ¿cómo se articulan estos mecanismos de control? y, sobre todo, ¿qué papel debe jugar el Estado, una vez que estos mecanismos pudieran poner de manifiesto el comportamiento 'poco eficiente' de determinadas comunidades? Un último comentario sobre la financiación, en aspectos directamente relacionados con los principios éticos. Las comunidades tenemos capa-cidad real de autogobierno, y, por supuesto, de ampliar, mejorar o añadir aquellas prestaciones que consideremos necesarias. Son los propios parlamentos regionales los que, en su ejercicio soberano, pueden decidir la asignación de sus partidas presupuestarias. En esta línea argumentai, creo que las comunidades debemos asumir que la financiación de todo lo que no esté pactado dentro de los mínimos de la cartera de servicios común para el Estado debe ser responsabilidad propia. Nunca puede entrar a formar parte del cálculo de la insuficiencia y la necesidad global de financiación. Pero, en el mismo sentido, debe ser totalmente asumida la política de corresponsabilidad financiera del Estado con las comunidades autónomas. No se pueden imponer nuevas prestaciones o adoptar regulaciones, desde el nivel central, que comporten incremento de gastos, si no se adapta y aporta la financiación adecuada para ello. Y llámense prestaciones o llámese también nuevos reconocimientos profesionales, nuevas titulada nes o, con un ejemplo muy reciente, nuevas especialidades sanitarias. La política sanitaria andaluza Desde la comunidad andaluza creemos que la financiación sanitaria es un tema de crucial importancia para garantizar la sostenibilidad de nuestro sistema sanitario público. Pero también sabemos que no es el único, y que, entre todos, debemos contribuir a su legitimidad y sostenibilidad poniendo en marcha todos los instrumentos posibles y necesarios, instrumentos que forman parte ineludible de nuestra agenda política. Ya en la Ley 2/98 de Salud de Andalucía planteamos la necesidad de orientar nuestras políticas hacia el ciudadano, y en este sentido configuramos una nueva arquitectura de derechos, de forma que nuestro sistema pasó de ser un sistema de mera prestación de servicios a un sistema garante de derechos ciudadanos. Esto ha significado, en estos años, ir más allá de la universalización y gratuidad, y plantear estos nuevos derechos ciudadanos, reconociéndolos normativamente. Así, junto a la libre elección de médico y hospital, hemos desarrollado el derecho a una segunda opinión médica, el derecho a otorgar la voluntad vital anticipada, el derecho a las garantías de tiempos máximos de espera quirúrgica así como de un tiempo máximo de espera diagnóstica, en consultas externas y procesos asistenciales prioritarios. En esta legislatura estamos ampliando esta arquitectura de derechos, siempre con el objetivo de que el ciudadano considere el sistema sanitario público como un bien irrenunciable. Pero además trabajamos intensamente en aras de la eficiencia del sistema, pues como comenté más arriba, no podemos solicitar financiación adicional si no ponemos en marcha toda una batería de medidas propias que nos ayuden a gestionar el sistema público cada vez mejor. Son medidas dirigidas a mejorar la eficiencia en la gestión de los recursos, de las personas, de la producción asistencial y de la propia organización. Entre las primeras podemos señalar elementos como la Central Logística de Compras, que ordena y racionaliza todas las compras de la organización vía Web, o los sistemas de contabilidad analítica o de información de recursos humanos; ambos posibilitan la medición de costes por servicios y procesos, y permiten conocer dónde y en qué se gasta, y hacer limitativo el presupuesto de cada centro. Otros instrumentos que también se traducen en una indudable eficiencia en la gestión de los recursos, aunque no han sido concebidos para este fin, son la Historia de Salud Electrónica y la Receta Electrónica. Al ser una historia digital única por cada paciente, accesible desde cualquier punto del sistema, evita traslado de papel, repetición de pruebas (y consumos) e, indudablemente, mejora la calidad de la atención. Desde el punto de vista de la gestión de las personas, los modelos de gestión por competencias y desarrollo profesional, recientemente puestos en marcha, así como las entrevistas de desarrollo profesional y la determinación de los complementos de rendimiento, permiten orientar las actuaciones de los profesionales a objetivos de eficiencia, no sólo económica sino, en primer lugar, eficiencia social con mejores resultados en salud. De igual modo, y para finalizar, todas las medidas dirigidas a conseguir una nueva forma de organización, más horizontal, que trabaje orientada a resultados en salud y garantizando la continuidad asistencial, se traducen también en mejora de la eficiencia. Me refiero aquí a nuevas formas organizativas como las Unidades de Gestión Clínica o la Gestión por Procesos, así como a la potenciación de otras medidas con un impacto indudable en la mejora de la calidad asistencial pero también en la eficiencia del sistema y la satisfacción del ciudadano. Es el caso de las consultas de acto único y los centros de alta resolución, la Telemedicina, o las formas alternativas a la hospitalización tradicional, como la cirugía mayor ambulatoria o los hospitales de día. En definitiva, desde hace más de 20 años, mantenemos una agenda y pensamiento político concretos, que creemos que nos ha permitido ir caminando en la dirección adecuada. En el momento actual, y con la puesta en marcha del II Plan de Calidad, nos planteamos la estrategia política de innovacióii, modernización y transformación del sistema. Y no sólo para mejorar su calidad, sino también para responder
La Constitución Española establece para la ciudadanía el derecho a las prestaciones de la Seguridad Social en su artículo 41 y el derecho a la protección de la salud en el artículo 43. Ambos derechos se garantizan mediante el desarrollo de sendos sistemas públicos, el de la Seguridad Social y el Nacional de Salud, que desde sus inicios hasta el momento actual han sido factores principales en la redistribución de la riqueza, la cohesión social y la eficacia productiva y social. Las prestaciones de asistencia sanitaria, incluidas en la acción protectora de la Seguridad Social y, en su origen, financiadas con cargo a su presupuesto, adquirieron la extensión universal con la Ley General de Sanidad (LGS) en 1986 y la naturaleza no contributiva, a partir de la Ley de Consolidación y Racionalización del Sistema de Seguridad Social en 1997. A partir de este momento, las prestaciones y servicios de asistencia sanitaria se financiaron por el Estado, hasta que en 2001 la financiación sanitaria se integra en la financiación general de las Comunidades Autónomas. El Sistema Nacional de Salud (SNS), definido y creado en la LGS, como el conjunto de los Servicios de Salud de la Administración del Estado y de los Servicios de Salud de las Comunidades Autónomas, ha experimentado, a lo largo de su historia, cambios en cuanto a su financiación, prestaciones y niveles asistenciales, acompañados de modificaciones en la gestión, en el marco normativo y en el modelo de participación social. Se ha constituido como un modelo público, con cobertura universal, equitativo y solidario, en el que el acceso al sistema y a las prestaciones sanitarias deben realizarse en condiciones de igualdad efectiva -equidad-. y la política de salud debe estar orientada a la superación de los desequilibrios territoriales y sociales. Paralelamente, desde el año 1981 hasta 2001, la gestión de la asistencia sanitaria se fue descentralizando hasta culminar las transferencias en esta materia coincidiendo con el nuevo modelo de financiación de la sanidad. Sin embargo, el análisis del sistema sanitario nos permite afirmar que no siempre se cumplen estas condiciones de universalidad, equidad y solidaridad, y se pueden destacar algunos aspectos mejorables que deben subsanarse: como que todavía queda sin derecho a la asistencia sanitaria un porcentaje muy reducido de la población, que persisten subsistemas no integrados de provisión privada de servicios y que se incrementan las desigualdades interterritoriales, en un contexto en el que la financiación se manifiesta como claramente insuficiente. Sin embargo, ninguno de estos aspectos sería preocupante, si existieran mecanismos eficaces correctores de las desigualdades orientados hacia la equidad y garantes de un reparto presupuestario, según las necesidades, y si el sistema de financiación sanitaria, en el que hoy los recursos no tienen carácter finalista, fuera el adecuado. La UGT ha insistido, desde septiembre de 2001, en relación con al Acuerdo de Financiación Autonómica y Sanitaria del Consejo de Política Fiscal y Financiera y el modelo de financiación autonómica y sanitaria, con una serie de consideraciones y propuestas para contribuir al sostenimiento del SNS y de las prestaciones sanitarias de la Seguridad Social. A lo largo de los últimos tres años, este sistema de financiación autonómico no se está demostrando como el más apropiado para garantizar la sostenibilidad del sistema sanitario público y, a nuestro juicio, para determinar un mejor diseño del mismo, se debe partir de una concepción común del sistema sanitario, calcular los recursos y las fuentes necesarios para su financiación. Sin olvidar que la sostenibilidad del sistema también depende de una mejora de su gestión pública en todos los ámbitos. Por otra parte, con respecto al gasto sanitario público se observa que crece cada año y lo hace con el aumento de la población y de la edad, con las necesidades de tecnología, de personal, y de consumo farmacéutico, principalmente, poniendo de manifiesto la insuficiencia financiera de un sistema de financiación que nació junto con las diez últimas transferencias sanitarias a las Comunidades Autónomas, efectuadas en bloque en una única decisión política. Sin embargo, en España el gasto sanitario público por persona y año es uno de los más bajos de la Unión Europea de los 15, lo que pone de manifiesto que no se trata sólo ni primordialmente de un problema de financiación, sino de adoptar decisiones politi-EI Sistema Nacional de Salud de los ciudadanos... cas para defender uno de los pilares fundamentales del Estado de Bienestar. La UGT cree firmemente que el derecho a la salud que tienen todos los ciudadanos sólo puede hacerse efectivo, mediante un Sistema Nacional de Salud con financiación, provisión y gestión públicas que, como tal, garantice, por un lado, la aplicación de los principios básicos de universalidad, equidad, gratuidad y eficacia y, por otro, tenga al usuario como centro del mismo. Unas garantías igualmente vivas con la descentralización sanitaria^ Además, en el sistema sanitario público se detectan tensiones que no son achacables únicamente a las deficiencias de financiación, sino que son consecuencia de una gestión plagada de dificultades que se agravan con el dilatado proceso de transferencias, dando lugar a situaciones territoriales bien diferentes que ponen en peligro la equidad del sistema y manifiestan desigualdades. La descripción de los diferentes servicios autonómicos de salud nos proporciona un mapa en el que se incrementan cada vez más las diferencias interterritoriales para el acceso a las prestaciones, las condiciones de salud, el gasto «per capita» en salud por habitante, los recursos tecnológicos y la dotación de personal. En el largo proceso de descentralización y transferencias se han puesto de manifiesto problemas en la distribución competencial entre la Administración General del Estado y las Comunidades Autónomas, así como de coordinación en el SNS. También se observan claros síntomas de desestructuración y desmembramiento relacionados con los diferentes modelos de gestión, con diferencias en las condiciones de trabajo y signos de desmotivación generalizada en el personal, que permanecerán sin solución mientras no se determinen los mecanismos de gobierno, coordinación y cohesión necesarios para el mantenimiento del sistema. Para que los ciudadanos puedan acceder a las prestaciones sanitarias en condiciones de igualdad, con independencia de su residencia y movilidad en todo el territorio, es fundamental que los servicios sanitarios dispongan de los recursos necesarios, materiales y humanos, y que funcionen como un sistema, integrado y coordinado. Pero, además, las prestaciones sanitarias de la Seguridad Social contempladas en la Ley de Cohesión y Calidad del SNS (LCCSNS), deben ser objeto de un desarrollo reglamentario que establezca el catálogo y la cartera de servicios común en el conjunto del sistema. Para la UGT la incorporación que la LCCSNS hace de la Salud Pública como prestación ha sido un avance. En la actualidad la Salud Pública está transferida a las CCAA donde todavía no está suficientemente desarrollada ni integrada con los servicios asistenciales de Atención Pri- 386 maria y Especializada, perdiéndose la potencialidad que ofrece como instrumento de planificación estratégica de la sanidad, de utilización adecuada de los recursos, de promoción, de prevención y de restauración de la salud.. Para ajustar el modelo a los principios que lo inspiran, la UGT constata la necesidad de realizar un conjunto de tareas pendientes, como la consolidación de una Atención Primaria, que no se reduzca a la atención de la enfermedad, la reducción drástica de las listas de espera, la inmediatez de las pruebas diagnósticas y un potente sistema de desarrollo de las políticas de salud pública y laboraF. En relación con la prestación farmacéutica, es importante analizar y valorar el crecimiento del gasto público en este capítulo y la gestión que se ha realizado en los últimos años en el Ministerio de Sanidad y Consumo y en las CCAA. A la vista de los resultados, es fácil concluir con la necesidad de establecer medidas para el uso racional del medicamento y la aplicación de medidas que mejoren la calidad en la gestión de la prestación en su conjunto (autorización de medicamentos, distribución, prescripción, seguimiento del tratamiento, innovación terapéutica, etc.) y evaluar sus efectos, como la contención del gasto farmacéutico, entre otros. En la Unión Europea se disfruta de niveles altos de salud y de bienestar social fruto de las políticas de protección social que han ido desarrollando los sistemas sanitarios públicos. Estos sistemas, con origen y características diferentes en cada país, se han reformado con el objetivo de mejorar la calidad de sus servicios y hacer frente a las nuevas necesidades, pero todavía están lejos de la convergencia en materia de salud y bienestar. En este ámbito, las políticas en materia de Salud Pública y consumo son las protagonistas, no existiendo iniciativas políticas en relación con los sistemas sanitarios de los diferentes países, salvo en lo relacionado con la movilidad de los pacientes y profesionales sanitarios y las actividades transfronterizas. En cuanto a las relaciones entre los diferentes sistemas sanitarios, es fundamental el papel que desempeña la Seguridad Social en relación con la libre circulación de los ciudadanos y la atención sanitaria en la UE, principalmente con la tarjeta sanitaria para la identificación personal y el acceso a la asistencia sanitaria y la facturación entre sistemas. En este contexto europeo, comparativamente, nuestro SNS es eficiente, porque con una financiación menor que en la mayoría de los países del entorno y con unos recursos humanos que empiezan a escasear, insuficientes para la demanda actual, se obtienen buenos resultados. El Sistema Nacional de Salud de los ciudadanos. En la «Declaración de Toledo sobre el Derecho a la Salud para todos en la Unión Europea», en Diciembre de 2003, se afirma que «los criterios de convergencia económica están determinando el desarrollo y sostenimiento de los actuales niveles del Estado de Bienestar. Las medidas de contención del gasto público tienen un impacto negativo sobre el gasto social. No sólo importa el nivel global del gasto público, sino también su distribución». La UGT, como firmante de esa declaración y defensora de todo su contenido, es plenamente consciente de ello y defiende que se establezcan criterios e instrumentos de cooperación para garantizar el derecho a la salud, fortalecer la cohesión y lograr la convergencia europea en materia de políticas públicas de bienestar social y sanitaria. Nuestro sistema sanitario ha sido y es el refugio de muchos ciudadanos en situación de dependencia, sobre todo para los mayores, con necesidades sociosanitarias que van mas allá de las propias del sistema sanitario. En este sentido, es imprescindible el desarrollo de la prestación sociosanitaria con servicios suficientes para la convalecencia, para los enfermos crónicos y para la salud mental, especialmente mediante el desarrollo de la enfermería y otros cuidados a domicilio, Gon continuidad y proximidad al entorno socio-familiar del paciente y de la creación de un Sistema Nacional de Dependencia, complementario al Sistema Nacional de Salud, para el que se establezca un catálogo de prestaciones y servicios públicos que puedan contribuir a la satisfacción de la demanda sobre algunos niveles asistenciales, imposibles de satisfacer con medios privados para la inmensa mayoría de la población. Por último, unas cuantas consideraciones en cuanto a la participación institucional de los interlocutores sociales (Organizaciones Empresariales y Sindicales) más representativos, según la denominación de la Ley Orgánica de Libertad Sindical (LOSL) que está dispersa, en órganos de muy diferente composición y funciones y sobre la que hay que plantearse su reordenación, con el objetivo de recuperar el tripartismo y la paridad en los órganos de información, consulta y participación en las Administraciones públicas, según los criterios de la OIT y de la mencionada LOSL. Nuestro papel en los órganos de participación institucional, como representantes de los trabajadores, como Sindicato, es un pilar fundamental del Estado de Bienestar que, arrancando y siguiendo anclado a la S.S., se extiende y se hace universal, consiste en la responsabilidad de que también representamos a todos los ciudadanos, además de que representemos a los trabajadores, que son la inmensa mayoría de los ciudadanos. A modo de conclusiones generales, para reforzar el SNS como un "istema sanitario público, gratuito, universal, equitativo y solidario de-ben establecerse mecanismos políticos y adoptarse medidas eficaces, como los siguientes: Equiparar el gasto social en España a los parámetros de la UE-15, como condición necesaria del progreso económico y social y, consecuentemente, incrementar al menos en un punto en porcentaje sobre PIB del gasto sanitario público. La descentralización del sistema sanitario debe ser compatible con la vertebración y coordinación que se precisa para asegurar la equidad y la solidaridad interterritorial, para lo que es necesaria una mejora de los sistemas de información y de los sistemas para compensar los desequilibrios territoriales y sociales. Por ello, estimamos que el Fondo de Cohesión debería convertirse en un Fondo de la Seguridad Social para la Cohesión del SNS, ampliando su dotación, cambiando su naturaleza e incluyendo entre sus fines, de manera prioritaria, la corrección de desigualdades. En este contexto, debería desarrollarse el Plan Integrado de Salud del SNS para marcar los objetivos y orientar las actuaciones del conjunto del Sistema y las asignaciones del Fondo de Cohesión. Por tratarse de un pilar ñmdamental del Estado de Bienestar, debe potenciarse la participación social a todos los niveles y mejorar la calidad de nuestra representación institucional, según el modelo establecido en la Ley de Cohesión y Calidad del SNS y originado en la Seguridad Social que posibilita la participación y representación de la ciudadanía. Por último, la UGT ha propuesto la apertura de un capítulo específico sobre el sistema sanitario en el Diálogo Social, en el marco de la Declaración del 8 de julio, en paralelo con el Diálogo comprometido por el Gobierno sobre capítulos del Estado de Bienestar tan transcendentes como el sistema de pensiones y de prestaciones de la Seguridad Social, y un sistema de atención a la dependencia. Diálogo Social para situar la cohesión social del SNS en el corazón de la prestación sanitaria, más allá de la necesidad de acordar nuevos sistemas de financiación suficiente para los Servicios Públicos de Salud que gestionan las Comunidades Autónomas.
Con este título genérico, la revista ARBOR nos propone analizar la situación de la sanidad española tras las transferencias del año 2002, valorar las deficiencias detectadas, las incertidumbres que lo envuelven y qué propuestas hace cada uno desde su particular perspectiva. No cabe otra respuesta que el reconocimiento a la revista por haber valorado como interesante contar con la perspectiva de lU y hacer un esfuerzo de síntesis para aportarla de la mejor manera posible. Efectivamente el año 2002 marca un hito en la construcción del Sistema Nacional de Salud. Por primera vez desde el 1 de enero de ese año, se acaban de cumplir tres años de aquella fecha, todas las CCAA son competentes en la gestión de los servicios sanitarios. Por primera vez, de forma efectiva, la España de las Autonomías incorpora una gestión descentralizada del sistema sanitario. lU ha sido defensora, desde su misma creación, por una parte de un Estado Federal y por otra de un sistema sanitario público universal, equitativo, de calidad y sostenible. Estas dos ideas guía siguen en el momento actual sirviendo de norte a nuestra organización y a toda su actividad política en el ámbito que nos ocupa. Pensamos que un modelo federal del estado es la mejor «plantilla» para ofrecer situaciones favorables para el conjunto de partes que forman España, además de servir, como mejor cauce, para el desarrollo armónico del conjunto y de cada una de sus partes. Igualmente creemos que un sistema sanitario público, que llegue a toda la población, que no plantee barreras a los ciudadanos en su acceso, que sea proporcionado a las diferentes necesidades de cada uno de ellos, que al hacer del ciudadano sü protagonista, pueda finalmente ofrecer servicios seguros y de calidad, es la mejor respuesta al derecho a la salud reconocido en la Constitución de 1978. Pero ambas ideas, en la medida que actúan como ideas reguladoras, deben ser permanentemente contextualizadas para hacer posible una práctica política pegada al terreno, como es nuestra intención. Cierto es que desde 1978 hasta la hoy los cambios en nuestro país han sido gigantescos. No sólo la Ley General de Sanidad y su desarrollo o las trasformaciones en el sector de los servicios sanitarios, sino los cambios sociológicos, económicos y políticos del entorno han sido de tal envergadura que nos obligan a todos, e insisto en el «todos», a un ejercicio intenso de reflexión, de repensar que significan hoy las palabras, los conceptos de ayer. lU hace ese ejercicio con el mayor interés, no sólo para tener más probabilidades de acertar en sus propuestas, sino porque creemos que es una de las formas adecuadas de contribuir a los consensos necesarios para sustentar uno de los servicios esenciales para cualquier sociedad avanzada como es el sanitario. En esta clave es en la que me propongo repasar sucintamente tres grupos de asuntos que pueden reflejar nuestra posición general en el debate que nos ocupa: Los problemas heredados, los condicionantes del entorno actual y los desafíos para el futuro. Ni me voy a referir a todos, ni la denominación de problemas heredados quiere ser una crítica a todos los que en los últimos 27 años han trabajado en el sector, profesional o políticamente. Pero no puede dudarse que el pasado nos condiciona, de hecho creo que todos podemos acordar que algunas de las notas fundamentales de nuestra agenda se refieren esencialmente a cómo superar esos «problemas heredados». El modelo de financiación En España hemos pasado de una financiación proveniente de la Seguridad Social a otra proveniente de los presupuestos generales del estado y finalmente a la actualmente vigente que descansa en el modelo general de financiación de las CCAA. El avance que esto supone no se oculta a nadie. El problema se plantea cuando uno se da cuenta de que la financiación del sistema, tanto en unas fórmulas como en otras siempre ha sido escasa. Escasa no significa que la cantidad sea pequeña, significa que ha ido por debajo de lo que otras sociedades emplean en man-La Sanidad ¿patrimonio único? tener sus servicios sanitarios, lo que necesariamente conlleva la generación sistemática de déficit. Este es uno de los problemas fundamentales, aunque no el único. España, en su conjunto puede y debe incrementar el porcentaje de PIB que emplea en sanidad, y especialmente en el tramo público de ese gasto. Sin embargo el nuevo modelo de financiación de las CCAA, además de no resolver este problema, por su propia naturaleza puede convertirse en un factor generador de mayores desequilibrios territoriales, al no prever mecanismos efectivos de cohesión que corrijan las diferentes capacidades recaudatorias de las CCAA. Sin embargo, y estos es fundamental reconocerlo, la solución no es simplemente echar más carbón a la caldera. Si el tren lleva el mismo camino y emplea ese carbón de la misma forma, en poco tiempo nos encontraremos en la misma situación. No obstante quede claro que tenemos un problema evidente de financiación, y que este ni es nuevo ni puede imputarse a las CCAA. El objetivo de cualquier revisión del modelo de financiación debería recoger los siguientes criterios: El gasto sanitario público debe incrementarse entorno a un punto. La corresponsabilidad de las CCAA en la financiación no debería suponer la generación de una asimetría en las prestaciones sanitarias en el conjunto del estado. La diferenciación de las prestaciones por decisión de una CCAA debería tener algún límite, y ese límite debería consensuarse en el seno del Consejo Interterritorial. De lo contrario el factor liebre sería difícilmente controlable para el conjunto. La financiación debería ser en sí misma un elemento favorecedor de la equidad y la cohesión, no lo contrario. El modelo de relaciones laborales La política de recursos humanos en la función pública española, y especialmente en la sanidad, ha sido, cuando ha existido un ejemplo de lo que se debería hacer. Después de la operación «Villalobos» parece que estamos a punto de terminar con una de las lacras de nuestro sistema: la interinidad. Pero más allá de esto, que tiene su importancia, el problema es que tenemos unas plantillas y unas tipologías de relaciones laborales muy poco adecuadas a las necesidades del sistema. La cultura de empresa Pero si la financiación y las relaciones laborales son importantes, uno de los mayores problemas que tiene el sistema sanitario es su cultura de empresa. Efectivamente lo que hoy se espera de servicio público está ya lejos de lo que podían ser las expectativas de los ciudadanos hace más de veinte años. Y, sin embargo, es precisamente esa la cultura que todavía tiene nuestra sanidad. Los políticos y especialmente los gerentes tenemos por delante uno de los mayores desafíos a la hora de modernizar nuestra cultura de servicio. Es natural que una burocrcia profesional como es la sanidad, muchos de cuyos valores, rutinas y fórmulas organizativas responden más a los intereses de los trabajadores que a los de los ciudadanos, se resista a cambiar. Pero en ello nos van dos cuestiones íntimamente relacionadas: la calidad del servicio, en este caso medida en términos de calidad percibida, o satisfacción, y la legitimidad social del sistema. Por ello, aun cuando cueste y exija tomar decisiones difíciles que probablemente generen algún tipo de conflicto, es inaplazable invertir en «cambio cultural». Para lU es un desafío difícil, pues somos una fuerza estrechamente ligada a los trabajadores, pero si queremos mejorar nuestro sistema debemos comprometernos con un cambio en la cultura de nuestras organizaciones o las estaremos debilitando y con ello al conjunto de los ciudadanos. La distribución del binomio autoridad-responsabilidad El carácter ilustrado de nuestra sociedad: «todo para el pueblo pero sin el pueblo» que aún se mantiene en muchos ámbitos, debe dar paso al reconocimiento efectivo de la mayoría de edad de la ciudadanía. Mayoría que no se puede reducir a votar cada cuatro años. Es evidente para cualquiera, que desde la Ley General de Sanidad no se han desarrollado los tímidos mecanismos de participación que en ella se preveían. Son 19 años perdidos en esta cuestión. lU entiende que la autoridad de los gobiernos y sus agentes no es suficiente para garantizar la gobernabilidad del sistema. No sólo por razones del más estricto pragmatismo, sino también por razones de salud democrática. Nuestros ciudadanos no podrán tener el grado de identifiación con el servicio que requiere una sociedad moderna sino tienen formas, muchas y efectivas formas de participar en su orientción, gestion y mejora. Cualquier plan-La Sanidad ¿patrimonio único? teamiento alicorto, tímido o temeroso de la participación no puede conducir a otro escenario que un progresivo divorcio entre el sistema y los agentes sociales y los ciudadanos. Es lamentable que la participación, en las discusiones más habituales del momento sobre el tema, sea como hacer «participar» a los ciudadanos en la financiación mediante múltiples formas de copago. lU cree que los ciudadanos ya pagan el servicio, y sin embargo no reciben todo lo que este puede darles. Quizá haya que replantearse no ya el copago de los ciudadanos, sino los «ingresos» que gracias al sistema tienen muchos agentes que obtinen de él sabrosos beneficios. lU no se niega a hablar de modificar los mecanismos actuales de copago. Pero creemos que nos es justo que eso no implique un análisis previo y la adopción de medidas inmediatas sobre el rapatrto de cargas y beneficios de otros agentes. Señaladamente las empresas de tecnologia médica, las empresas farmacéuticas, determinados estilos políticos y gerenciales que contribuyen al aumento de la ineficiência del sistema, y ciertos grupos de profesionales cuya práctica se aparta de los mejores criterios científicos y deontológicos en su área de trabajo. Los condicionantes del entorno actual Junto al pasado, son los valores actuales de los parámetros básicos de la sociedad (podría decirse de las prácticas sociales mayoritarias, de la interpretación que la mayoría hace de esas prácticas y de los consensos básicos sobre el cómo deberán ser en el futuro), los elementos que determinan las posibilidades de elección de cualquier agente social, señaladamente de los agentes políticos. Acertar en este asunto es básico para valorar la viabilidad de nuestras propuestas. Como en el caso anterior no mencionaré más que algunos de estos condicionantes: Los servicios de salud: bien necesario, escaso o de consumo No entraré a hacer valoraciones académicas de hondo calado académico. Pero sí me permitiré un par de reflexiones. Los servicios sanitarios han pasado a convertirse en un bien de consumo. Con ello quiero decir que cualquier ciudadano español tiene, al relacionarse con los servicios de salud, una actitud que no se diferencia mucho de la que tiene cuando va a un hotel de vacaciones, o a un gran almacén a comprar. La importancia de este cambio de actitud en los usuarios es tremenda para el sistema. La exigencia, las expectativas, la búsqueda de alternativas, es algo que el ciudadano aprende en su vida cotidiana y que traslada, cada día con más fuerza a su trato con el servicio sanitario. No entender esto en los enfoques políticos, en la gestión y en la forma de trabajar, en la cultura, decía antes, puede poner en peligro la supervivencia del sistema sanitario público. lU no cree que los valores culturales de una democracia de mercado sean ni los mejores ni los únicos posibles. Por eso para nosotros es fundamental valorar este fenómeno y desarrollar políticas, alianzas y propuestas que puedan aprovehcar su energía para mejorar el sistema sin por ello desnaturalizarlo. Tensiones en el reparto de la tarta presupuestaria En el título anterior se hablaba de «bien escaso». Sin duda los recursos que se pueden destinar a sanidad siempre sarán limitados. Este no es el problema. La cuestión es si destinamos a la sanidad una parte adecuada a nuestras posibilidades, es decir si la sanidad tiene, en el reparto presupuestario del esfuerzo de las diferentes administraciones, un peso adecuado a nuestras preferencias sociales. lU, ya lo reseñe antes, cree que no. Pero es que además el otro problema que tenemos es, que los servicios sanitarios tienen que demostrar día a día con su trabajo, que son una inversión rentable en términos sociales, es decir que son algo más que una pozo sin fondo para alimentar a grandes corporaciones industriales o a poderosos grupos profesionales. Inercia o el riesgo político del cambio, burocracias profesionales y status quo Equidad y beneficios Dicen que la sanidad no hace ganar elecciones pero que las puede hacer perder. Este es quizá uno de los más intrincados problemas a los que nos tenemos que enfrentar. ¿En qué medida estamos los políticos dispuestos a gastar parte de nuestro «crédito electoral» por adoptar medidas duras en el sector sanitario; y no e refiero al copago, me refiero a asumir confrontaciones importantes con grandes corporaciones financieras, industriales, profesionales o sindicales, si ello fuera necesario para desarrollar políticas de interés general?. En este caso mi pesimismo es gran- La Sanidad ¿patrimonio único? de. Tengo la sensación de que el tipo de políticas que se hacen, tienen más que ver con la prevención de que «ciudado que este conflicto no me cueste las próximas elecciones» que con la conveniencia de las decisiones que deban tomarse. Uno de los síntomas más preocupantes, de que esta dinámica tan «prudente» como estéril parece mayoritaria, es la forma tan irresponsable en la que se utilizan los problemas con las listas de espera o las crisis de Salud Pública que se producen a nivel local y algunas decisiones sobre cartera de servicios, política de carrera profesional, acuerdos sindicales, etc. En el sistema juegan agentes muy poderosos. La mayoría de las fuerzas políticas no se atreve a abordar de frente los problemas. Como mucho a que parezca que algo mejora, incluso a riesgo de aumentar las tensiones de fondo, -el que venga detrás que arree-, con tal de que no verse afectados electoralmente. A mi juicio una parte sustancial del problema puede ser que la mayoría de las fuerzas políticas acepten, unas con entusiasmo otras resignadamente, que la alternativa al deterioro del sistema público, es decir el privado, no sea, con su impacto en la equidad, un precio a pagar demasido grande si a cambio consiguen el apoyo, o al menos la neutralidad, de todas esas corporaciones que hemos mencionado anteriormente. lU confía plenamente en que aún hay muchos agentes sociales, muchos políticos y una inmensa mayoría de ciudadanos que apoyaría a cualquiera que hablara claro y pusiera encima de la mesa «agenda y propuestas valientes». Los desafíos para el futuro No existen soluciones mágicas, ni siquiera un conjunto cerrado de soluciones, tengan este o aquel color. Si bien no cabe duda de que el futuro nos deparará un sistema sanitario que no satisfará a ningún actor plenamente y eso no debe impedir que seamos capaces de establecer nuestra propia perspectiva junto a nuestra disposición a sumar voluntades, lo bueno es enemigo de lo mejor. Consignaré muy pocos de los desafíos que tiene por delante el sistema sanitario. Pero me parece oportuno destacar que los desafíos no son iguales, ni en género ni en especie. No son lo mismo los desafíos para un político que para un economista de la salud, un jefe de servicio o una enfermera o un ciudadano. Tampoco son iguales los desafíos para un político del PP que para uno de lU. Por ello adquiere mayor relevancia que Gaspar Llamazares Trigo seamos capaces de mantener el consenso básico sobre lo que debe perseguir el sistema sanitario público, pudiendo discrepar en los medios para alcanzarlo, siempre dentro de ciertos límites. En coherencia con lo dicho en el apartado anterior debería ahora poner encima de la mesa lo que antes reclamaba: propuestas claras y valientes. Pero el espacio asignado a este artículo hace líneas que está desbordado y, sin embargo, el argumento es largo. Pero no sólo por ello me limitaré ahora a enunciar los apartados que al menos debería tener esa agenda. También lo hago porque creo que nuestro problema hoy en relación a la sanidad no es de argumentos o propuestas, sino de voluntad política. De configurar mayorías políticas dispuestas a hablar, acordar y aplicar medidas que no siempre habrán de resultar cómodas a corto plazo. El papel del sistema sanitario en el conjunto social Participación, corresponsabilidad y financiación Equidad y sostenibilidad La reformulación de la continuidad asistencial (el desafío socio-sanitario) Calidad y seguridad He tratado siquiera de mencionar algunos de los asuntos que a nuestro juicio deberían situarse en la agenda política de quienes tenemos la obligación de dotar de horizontes de futuro a nuestro sistema sanitario. Por parte de lU podemos comprometer nuestra disponibilidad para contribuir a los procesos de debate y construcción del consenso necesario para aportar al sistema estabilidad, ilusión, directrices claras, apoyo político e ideas que permitan mantener a la sanidad como uno de los servicios más valorados por la sociedad, un servicio clave en el estado del bienestar, factor de equilibrio y justicia social. En cualquier caso espero haber podido indicar algunas de nuestras ideas sobre este patrimonio común que es la sanidad pública.
Las bellas artes tradicionales, pintura, música, escultura, son actividades individuales, en las que no hay duda de quien es el autor de la obra, quien es el artista. Pero en el siglo XX aparecen nuevas artes, como el cine y la televisión, que tienen como una de sus características la de ser actividades colectivas, de equipo. Ahora ya no es tan inmediato el poder decir quien es el autor de una obra audiovisual. Durante mucho tiempo no estuvo clara la autoría de una película, que se asignaba al productor o a los actores. No es hasta finales de la década de los 50, cuando desde la revista Cahiers du Cinéma se desarrolló la teoría de la "política de los autores", según la cual estudiando la evolución de un cineasta, a lo largo de su filmografía, se puede llegar a la conclusión de si es autor o no. Los críticos franceses de Cahiers realizaron este estudio para una serie de directores, que estaban entre sus preferidos, y llegaron a la conclusión de que los mismos los autores, los creadores, de sus películas. Hoy en día esta afirmación esta plenamente admitida y cuando se cita una película se hace como "la obra de" tal o cual director. Pero todo ello no se opone al hecho, bien claro, de que el cine es una obra de equipo, en donde cada uno de sus componentes tiene su importancia, en mayor o menor grado, en la calidad del producto final. Y uno de los miembros de ese equipo es el guionista. y el respeto de todos los críticos, estudiosos y buenos aficionados del cine y de la televisión que se ha hecho en España. Por eso en un número de ARBOR dedicado a analizar a las más importantes escritoras españolas de los últimos años, su nombre no podía faltar. Su actividad como guionista, su labor como docente y su dedicación como profesional, hacen que Lola Salvador sea respetada y su obra sea estudiada por todos aquellos que se acerquen al mundo del audiovisual, con interés de desentrañar las líneas de fuerza que lo han atravesado en los últimos en nuestro país. María Dolores Salvador Maldonado nace el 22 de septiembre de 1938, en Barcelona, en el seno de una familia de ideología progresista, de izquierdas, que la inculcará una serie de valores, tales como la fraternidad, la tolerancia o la justicia, que la han acompañado a lo largo de su vida. Terminada la Guerra Civil sus padres se trasladan a Madrid, donde su madre abre un taller de modas, en el que la joven Lola va a aprender toda una serie de técnicas de figurinismo y de costura que le serán muy útiles años después, cuando empiece a trabajar en el cine y en la televisión. Sus padres quieren darle una educación esmerada, por lo que la llevan al Colegio Británico, donde aprende a comunicarse, con gran perfección, en el idioma inglés, lo cual será vital en muchos momentos de su vida, cuando para sobrevivir tendrá que utilizar sus conocimientos. También en ese tiempo adquiere pasión por la lectura, devorando todos los libros que caen en sus manos, desde los que le proporciona su abuelo, que trabaja en la Biblioteca Nacional, hasta las novelitas rosas que tienen las costureras del taller de su madre, pasando por las lecturas de Shakespeare que tiene que realizar en el Colegio Británico. De todo ello nace una gran afición a inventar y a narrar historias, como las que cuenta a sus amigas y compañeras del colegio, o como las que empieza a trasladar al papel. Son los terribles años cuarenta, comienzo de la larga dictadura franquista, y la familia Salvador Maldonado decide irse a vivir al extranjero, pero la muerte de la madre trunca el proyecto. Cuando Lola cumple 18 años no sabe que hacer con su vida, por lo que decide cambiar de aires e irse a vivir a París, donde malvive unos meses, antes de regresar a Madrid. En 1959 conoce a un hombre del que se enamora locamente y fruto de esa relación es el nacimiento de dos hijos. Pero la pareja no funciona y se separan. De repente se encuentra con dos niños a los que alimentar y lo único que tiene para ganarse la vida es el inglés que aprendió en el Colegio Británico, por lo que se dedica a traducir, incesantemente, y a trabajar como intérprete, para sacar adelante su casa. Es en esa época, 1960, cuando se produce su primer contacto profesional con el cine. Para entonces está trabajando en la oficina de Enrique Herreros, que lleva la promoción de 55 días en Pekín (55 Days at Peking, Nicholas Ray, 1963), pero las desavenencias con su jefe y sus conocimientos de costura y figurinismo y de inglés la llevan a ser contratada para El fabuloso mundo del circo (Circus World, Henry Hathaway, 1964), como intérprete de Anna Maria Feo, la encargada del vestuario de la película. A través de unos amigos Lola Salvador entra a trabajar en Televisión Española, al principio como auxiliar de dirección, para después ser ayudante y, finalmente, figurinista. En este último cometido participa en numerosos programas, de los que se pueden destacar Historias para no dormir, El último reloj, La historia de San Michele, etc. También por esos años empieza a escribir en la revista Fotogramas, en principio acerca de la programación televisiva, para pasar, poco después, a realizar entrevistas con las que alcanza una cierta fama. La aparición, en 1966, de la Segunda Cadena de Televisión Española, sirve para que toda una generación de jóvenes cineastas, tales como Pilar Miró, Emilio Martínez Lázaro, Miguel Picazo, Jaime Chávarri, Fernando Méndez Leite, Josefina Molina, Alfonso Ungría, Antonio Drove, Claudio Guerin Hill, etc., se incorporen a la realización de programas televisivos, fundamentalmente de carácter cultural. El núcleo de estos programas culturales son las series Los libros y Cuentos y leyendas, para las que Lola Salvador empieza a escribir diversos guiones, generalmente adaptaciones de clásicos literarios. Su primera obra será Los ojos verdes, según el relato homónimo de Gustavo Adolfo Bécquer, realizado para la serie Cuentos y leyendas. Su actividad en esos años es incesante. Escribe numerosos guiones para diversas series, tales como Cuentos y leyendas, Hora 11, Novela, Érase que se era, Los libros, etc., entre los que su autora destaca a Juan Soldado. Se trata de la adaptación libre del cuento Juan sin miedo, de Fernán Caballero, que Fernando Fernán Gómez realiza en 1971, interpretada por él mismo, Emma Cohen y Charo Soriano. Son tiempos duros de la censura y los jóvenes cineastas que trabajan en la Segunda Cadena de Televisión Española intentan aprovechar las escasas posibilidades que tienen para dejar su mensaje crítico con la realidad política del país. Así el guión dice en un momento dado que "Juan Soldado no tiene miedo mientras tiene libertad", en una historia con ribetes de crítica religiosa y militar que levantará ampollas en la censura, lo cual da lugar a que el programa no se emita por televisión. Pero cuando obtiene el Premio a la mejor dirección, en el X Festival Internacional de Televisión de Praga, de 1973, la dirección de Televisión Española se ve forzada a emitirlo, el 24 de octubre de 1973, convenientemente censurado, desde sus 45 minutos iniciales a los 32 en los que finalmente queda. En esos años trabaja para Radio Nacional de España, en programas diarios relacionados con la creación literaria. El primero de ellos es Con los ojos cerrados, escrito con Juan Tébar, a lo largo de 1972 y 1973, en donde se comentan y divulgan diversos aspectos relacionados con la literatura. El segundo es Verso a verso, de 1974 a 1977, donde escribe, presenta y dirige este programa de divulgación poética. Su amistad con los nuevos realizadores cinematográficos, que proceden de la Escuela Oficial de Cine y de la crítica cinematográfica, realizada en las revistas Film Ideal, Nuestro Cine, Cinestudio, etc., unido a su gran belleza, hace que sea solicitada para trabajar como actriz en diversos cortometrajes, Correo de guerra (1974), El espíritu del animal (1975), Ciencias Naturales (1976), etc. Pero como ella misma confiesa, se pone muy nerviosa ante la cámara, por lo que el resultado no es muy satisfactorio. Uno de los cometidos más duraderos que lleva a cabo durante esos años, desde 1970 hasta 1979, es la emisión infantil Barrio Sésamo, a la cual llega por la necesidad que tiene Televisión Española de una persona que domine el inglés, pues se trata de un programa norteamericano, que hay que traducir y adaptar, además de relacionarse con los correspondientes directivos y técnicos de aquel país. Lola Salvador se hace cargo de todos estos cometidos, como coordinadora general de este famoso programa infantil. Por esos años escribe y presenta un programa cinematográfico llamado Sombras recobradas. Un día, mientras está en pantalla presentando el programa correspondiente, se le ocurre cruzar las piernas, pues lleva pantalones, pero es requerida por la dirección de Televisión Española para que abandone, inmediatamente, dicho programa. De la presentación del mismo no tiene más remedio, pero del guión lo elude, pues se le ocurre la estratagema de borrar su nombre, apareciendo como Salvador Maldonado, apelativo masculino con el que, a partir de ese momento, firmará sus obras. El episodio frustrado de Vera, un cuento cruel, es el primer contacto de Lola Salvador con el cine. Además de su faceta como actriz, ya comentada, participa en algunas películas, bien como figurinista, bien como adaptadora de los diálogos para la versión española, actividad, esta última, que la hace figurar como coguionista de films donde no tuvo este cometido. Un día Juan Antonio Porto le cuenta un proyecto, el conocido como "el crimen de Cuenca", y ella se lo comenta al productor Alfredo Matas, el cual les encarga que escriban un guión sobre dicho tema. Pero, poco a poco, se va manifestando la disparidad que ambos tienen respecto al enfoque de la historia. Porto quiere tratar el asunto desde el punto de vista judicial, mientras que Lola quiere hacer un film sobre la tortura. Al final Matas se decanta por la postura de Lola Salvador, que es la encargada de escribir el guión. Después Matas le ofrece la dirección de la película a Pilar Miró, la cual retoca el guión, figurando, finalmente, Juan Antonio Porto como autor del argumento. En ella se realiza una descripción vigorosa de la sociedad mallorquina de la segunda mitad del siglo XIX, centrada en la figura de Don Antonio, un representante de la nobleza rural, que vive a la búsqueda de la auténtica verdad, en un mundo, pequeño y campesino, que está invadido por la más insoportable rutina. La adaptación que Lola Salvador hace de la novela y el resultado final en las imágenes de la película es muy fiel a la obra de Villalonga. El film tiene una extraordinaria factura técnica, con una dirección artística, fotografía y música verdaderamente insólitos para el cine español que se hace en esos años. Sin embargo la fuerte apuesta económica, realizada en su producción, no tuvo su reflejo en la taquilla, pues no llegaron al medio millón los espectadores que tuvo la película. El siguiente guión que Lola Salvador acomete es la adaptación de la obra teatral Las bicicletas son para el verano, de Fernando Fernán-Gómez, que había constituido un extraordinario éxito desde su estreno en el Centro Cultural de la Villa de Madrid. Se trata de una comedia dramática acerca de la vida ciudadana, durante la Guerra Civil, de las poblaciones que estaban en la zona republicana. La obra se distinguía por el constante entrecruzamiento de sus personajes, por la permanente relación emocional que establecían sus protagonistas y por el difícil equilibrio de sus rápidas escenas. La obra de Fernán-Gómez, con una duración de tres horas, supone un reto para Lola Salvador, que tiene que rebajar la duración de la misma a la convencional en el cine, quedando al final en 103 minutos. Además Lola Salvador sabe que la estructura de la obra teatral no le sirve de nada, por lo que tiene que buscar otra dramaturgia para el guión que está escribiendo. Para ello lo que hace es establecer una gradación que vaya desde la luz y los exteriores, del comienzo, a la oscuridad y los interiores, del final, reflejo de lo sucedido en el panora-ma político del país, de la Segunda República a la Dictadura. La realización de Jaime Chávarri, apoyada en una sobresaliente interpretación de Agustín González, Victoria Abril y Amparo Soler Leal, obtiene un gran éxito, pues más de un millón de espectadores acuden a los cines para ver la película. En 1984, a instancias de Alfredo Matas, Lola Salvador escribe el guión de El jardín secreto, que dirige Carlos Suárez y, tres años después, el de Barrios altos, que dirige José Luis García Berlanga. Pero en ambos casos y por muy diversas razones los resultados dejan mucho que desear. La película de Suárez cuenta con un guión mal construido, que la puesta en escena no ayuda a mejorar. Una puesta en escena que está más interesada en los aspectos visuales, tales como los primeros planos o el vestuario, que denota el origen del realizador, como director de fotografía. La trama argumental, un caso de esquizofrenia, se va diluyendo según avanza la película, cuyo final se adivina con suficiente antelación. Barrios altos supone el debut de José Luis García Berlanga, hijo del famoso director, que se desenvuelve como puede con un guión poco elaborado, con numerosas lagunas y un final muy mediocre. La impericia de la que da muestras el debutante director, la intenta compensar con el protagonismo absoluto que le da a Victoria Abril, que se convierte en la dueña de la película. Hasta 1992 no vuelve Lola Salvador a acercarse al cine. Ahora lo hace adaptando, muy libremente, la novela La última palabra, de Pablo Sorozábal. Se nos cuenta, en la película, la historia de Pablo, hijo de uno de "los niños de Rusia", que ha aprendido español en las antologías de la lengua castellana que había en su casa, razón por la cual habla de una forma tan rara. Cuando viene a España se enamora de su prima Olga, una madura actriz de teatro, que está ensayando Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare. Pablo intenta conquistar a su prima contándole historias de amor que a él le han sucedido, en Rusia y en París. A Olga, que está de vuelta de todo, le hace mucha gracia lo que cuenta su primo y se deja seducir por las palabras de Pablo, igual que se emborracha con las palabras de Shakespeare, en la representación de la madrileña Plaza de la Paja. La película se presenta como un elogio de las palabras, como una aseveración de que con las palabras se puede conquistar a la más experimentada de las mujeres, como un canto a la capacidad de la literatura, del relato, de la ficción, para crear mundos, situaciones, sensaciones, emociones. Lola Salvador considera esta película como una de sus preferidas, junto a Juan Soldado. Sin embargo el éxito que tiene el film es bastante pequeño. Después escribe un par de guiones más, Puede ser divertido, que dirige Azucena Rodríguez, y Manolito Gafotas en ¡Mola ser jefe!, que dirige Joan Potau. Pero la insatisfacción que le produce ver el bajo nivel de ambas películas la decide a emprender la aventura de Brothers & Sisters. El año 2000 Lola Salvador funda la empresa productora Brothers & Sisters Producciones Audiovisuales, con la idea de realizar films que tengan un mayor margen creativo de lo que es habitual en el cine comercial. La primera película que produce la nueva empresa, el 2001, es Salvajes, que dirige Carlos Molinero Varela. El argumento es la obra teatral homónima de José Luis Alonso de Santos y el guión está escrito por Jorge Juan Martínez, Clara Pérez Escrivá, Lola Salvador y Carlos Molinero. Lola Salvador además se encarga de la producción ejecutiva. La película es nominada para tres Premios Goya de 2001, a María Isasi como mejor actriz revelación, a Carlos Molinero como mejor director novel y al guión como mejor guión adaptado, consiguiendo un Premio Goya por este último apartado. Salvajes supone el debut en la realización de largometrajes de Carlos Molinero Varela, un alumno de Lola Salvador en la Escuela de Cinematografía de la Comunidad de Madrid, en donde se nos narran las vidas de un grupo de perdedores, sobre todo los personajes de Marisa Paredes e Imanol Arias, en una historia de amores y desamores, de seres maltratados por la sociedad, siempre al borde del desastre y del hundimiento. Por otro lado el film asume notables riesgos formales, con una cámara en constante movimiento, una fotografía que rehuye la nitidez visual y un montaje espasmódico y frenético, con el que se pretende sumergir al espectador en una situación caótica, similar al de la sociedad que se pretende reflejar. En ese orden de cosas la película es una digna hija del proyecto que supone Brothers & Sisters. Pero su estreno, en septiembre de ese mismo año, no obtiene ningún éxito de público, saldándose su carrera comercial con un importante fracaso económico. No será hasta 2005 cuando Brothers & Sisters decida volver a producir una nueva película, haciéndolo esta vez por partida doble, con el cortometraje Diario de un desamor y con el largometraje La niebla en las palmeras. La primera de ellas, el cortometraje Diario de un desamor, supone la opera prima de Patricia Campo Blanco en el mundo de la dirección cinematográfica. En él se nos cuenta que Josu se ha ido y se ha llevado el Amor. Comienza entonces la caótica convivencia de Gloria con tres okupas: Soledad, Desamor y Desidia. Este film de Patricia Campo fue invitado a participar en el Festival de Taormina de 2005. La segunda es La niebla en las palmeras, en la cual Lola Salvador, además de su cometido habitual de productora y guionista, realiza su debut como directora de largometrajes, que escribe y dirige junto a Carlos Molinero. Se trata de un film en el que se nos narran diversos momentos de la vida de Santiago Bergson, que fue físico, fotógrafo y un personaje de aventura. Son momentos que constituyen un relato del siglo XX, de un siglo de guerras, deteniéndose en los acontecimientos que marcaron su vida: un amor adolescente, la revolución de Asturias, la fotografía de un desnudo femenino, una película muda desaparecida en Cuba, la manipulación política de una fotografía, una hija, el primer lanzamiento de la bomba atómica, la Resistencia francesa, el final de la Segunda Guerra Mundial. La película está realizada utilizando materiales de archivo, tales como películas familiares de los años 20, fotografías de 1900, documentales de los años 20 y 30, rodados en Asturias, Cuba, Alemania, Estados Unidos, etc., que han sido convenientemente manipulados para que cumplan su objetivo. Dividida en seis partes, La niebla en las palmeras, es una indagación sobre la imagen, sobre su naturaleza y su trascendencia, sobre su necesidad y su finalidad. Una indagación acerca de cómo las imágenes pueden sustituir a los recuerdos, de tal forma que cuando éstos ya no existen quedan, todavía, reclamando nuestra atención, en los neblinosos contornos de la realidad, en los difusos límites de la ficción. Sin orden cronológico y con un planteamiento cercano a la encuesta se nos van presentando numerosas fotografías y documentos cinematográficos, convenientemente retocados, manipulados y envejecidos, acerca de la vida de Santiago Bergson, que nació en Asturias en 1905, que fue salvado por un compañero en la mina, que marchó a Alemania a estudiar Física, que luchó contra el nazismo en la Resistencia francesa, que viajó a Estados Unidos para trabajar con Robert Oppenheimer, Niels Bohr, Enrico Fermi, Otto Hahn, Hans Bethe y muchos otros físicos en el Proyecto Manhattan, que dio lugar a la construcción de la bomba atómica. Y que finalmente murió de un disparo, fusilado. "En el juicio la imagen manipulada no sirvió ante el tribunal y no detuvo el disparo. Para que sirve una imagen sino es para salvar la vida de un hombre", dice el guión de la película. Se trata de una intensa, y en algunos momentos emocionante, reflexión acerca de la imagen, con la que Lola Salvador realiza un arriesgado y difícil debut en el campo de la dirección cinematográfica y del que se puede decir que sale extraordinariamente airosa. La niebla en las palmeras no es un film al uso, ya que no hay una narración convencional, ni existen personajes con los que identificarse, ni tiene una historia con antecedentes y consecuentes. Sus autores dicen que han realizado un documental y se puede aceptar esa denominación admitiendo que es un documental del siglo XX, del siglo de las guerras y de los horrores, todos ellos recogidos en imágenes, para que cuando la memoria ya no exista sigan quedando esas fotografías, a las que habrá que ordenar y clasificar, para luego poder reflexionar sobre ellas. Se trata de una película en la que destacan la magnífica selección de documentos fotográficos y cinematográficos y el buen tratamiento icónico que se les ha dado. Igualmente colabora en el resultado final la excelente banda sonora, en donde la música de Palacín potencia la expresividad de las imágenes que contemplamos. En 1986 Lola Salvador, junto a otros compañeros del mundo del teatro y del cine, deciden que es el momento de poner en marcha un proyecto, que hace tiempo tienen, para ofrecer su experiencia a las nuevas generaciones, por medio de cursos que faciliten el aprendizaje de los distintos aspectos del trabajo en el teatro y en el cine. Nace así, en Madrid, el Proyecto Piamonte, Iniciativas Escénicas y Audiovisuales, en el que hasta 1992, Lola salvador impartirá cursos de iniciación, de primer y de segundo nivel de escritura de guión audiovisual. La idea se difunde rápidamente y Lola Salvador es solicitada por numerosos centros, universidades y organismos, para impartir diversos talleres, cursos y masters de guión a diferentes niveles. Y así se suceden sus intervenciones en las universidades de Bellaterra, La Laguna y Oviedo, en la Universidad Autónoma de Madrid en colaboración con la Fundación Viridiana, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en cursos que el Instituto de Cooperación Iberoamericana da en Costa Rica y Bolivia, en cursos en Cuba, México, República Dominicana, Puerto Rico, Chile, Noruega, etc., que culminan en su trabajo continuado como profesora de guión, desde 1995, de la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid (ECAM). Lola salvador se confiesa una autodidacta y dice que todo lo que sabe sobre escritura cinematográfica lo ha aprendido en los platós de rodaje y dedicando muchas horas a En este último capítulo Lola Salvador siempre ha llevado la voz cantante en la defensa de los derechos de autor de los guionistas. Ella cree que estos derechos no están defendidos por la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), de cuyo Comité formó parte durante varios años. Allí se dio cuenta de que las grandes cantidades de dinero que maneja la SGAE, procedentes de la música, del cine, del teatro, etc., son luego repartidas con unos criterios poco equitativos, ya que la parte del león se la lleva la música. Por eso, en 1998, junto a Manolo Matji y otros, funda DAMA, como entidad de gestión especializada en la recaudación, gestión y reparto de derechos de autores de los medios audiovisuales. Con ella los guionistas de cine y de televisión pretenden que se les reconozca su derecho a cobrar unos derechos de autor, de forma similar a como lo hacen todos los demás autores con respecto a sus obras. Lola Salvador pertenece a esa generación de españoles que nacieron durante la Guerra Civil o en los primeros años de la terrible y sanguinaria dictadura de Franco. Se trata de una generación que se formó, en gran medida, de forma autodidacta, dada, por un lado, la carencia de referentes ideológicos, ya que la represión los había llevado al exilio o al paredón, y, por otro, la falta de productos culturales, ya que la atroz censura impedía la difusión de libros, películas, obras de teatro, etc., que hubiesen podido alimentarles intelectualmente. Es una generación que tomó el estandarte de la lucha contra el franquismo, aceptando que valores como la solidaridad, la justicia o la igualdad, se convirtiesen en elementos básicos de su periplo vital. Se trata de un grupo de personas que se formó en la lucha por las libertades y en el repudio de la dictadura. Todo ello ha otorgado a esa generación de unas características muy específicas, pues las personas que la componen reconocen, entre sus valores personales, su entrega al desarrollo de su profesión, su gusto por la obra bien hecha o su deseo de vivir bajo los imperativos de la dignidad. Lola Salvador pertenece a esa generación, que tuvo, en gran medida, que hacerse a si misma. Y que convirtió su lucha contra la dictadura de Franco en su objetivo inmediato, para, a continuación, intentar cambiar el mundo que les rodeaba. Evidentemente no lo consiguieron, no lo conseguimos, pero eso no les llevó a bajar los brazos y rendirse. Lola Salvador, a sus sesenta y muchos años, no para de tener proyectos, con los que intenta, por un lado, aprender y saber más, y, por otro, ya que no cambiar el mundo, al menos mejorarlo. Su infatigable labor docente, su entrega a nuevos proyectos y desafíos profesionales, su disposición para la lucha por todo lo que cree justo, así lo atestiguan.
El Sistema Nacional de Salud empezó a cobrar plena realidad a partir de la transferencia de competencias culminada por el Gobierno del Partido Popular en Diciembre de 2001, acompañada de un modelo de financiación que, por cierto, fue acordado con todas las Comunidades Autónomas que está dotado de mecanismos que permiten su actualización y suficiencia. Ante esta nueva realidad institucional se hacía imprescindible asegurar la calidad asistencial y la equidad territorial, de modo que los ciudadanos se vieran en todo caso beneficiados por una gestión sanitaria más cercana y eficiente, pero con sus riesgos de desigualdades según el lugar en el que se encuentren. Fue precisamente ese del motivo fundamental que llevó al Gobierno del Partido Popular a promover un marco normativo que ofreciera garantías plenas tanto a la Administración Sanitaria del Estado como a las de las Comunidades Autónomas; tanto a los profesionales como a los pacientes. El marco nuevo normativo debía ofrecer al mismo tiempo los cauces adecuados para la cooperación y la coordinación entre las Administraciones sanitarias y hacer posible la necesaria participación social. Los cambios que demanda una Sanidad dinámica, una Sanidad que avance en investigación, en calidad asistencial, en la lucha contra las enfermedades y en la promoción de la salud encontró, en efecto, en la Ley de Calidad y Cohesión del Sistema nacional de Salud su mejor instrumento. El año 2003 fue conocido por el año de las leyes sanitarias, porque, además de la Ley de cohesión y calidad, se aprobaron otras leyes que res- Ana María Pastor Julián 398 pendían a estos mismos objetivos, poniendo el acento en los profesionales sanitarios y en la solución a múltiples problemas pendientes desde la Ley General de Sanidad de 1986. Me refiero a la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias y al Estatuto Marco, que no solo aporta mecanismos para resolver las cuestiones pendientes, sino que lo hacen teniendo en cuenta la realidad decentralizadora del Estado de las Autonomías, que comporta competencias de las Comunidades Autónomas, pero que también exige cohesión territorial para que el Sistema Nacional de Salud sea algo real y no una nueva entelequia. Con todo, la clave para el buen funcionamiento del Sistema Nacional de Salud está en ese órgano de impulso, de coordinación y de cooperación que es el Consejo Interterritorial, en el que el Ministerio de Sanidad y Consumo y las Comunidades Autónomas tienen la responsabilidad de llevar a buen puerto la Sanidad española. El respaldo de la Ley de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud al Consejo Interterritorial es patente, lo mismo que la forma de apoyarlo cuando tuve la responsabilidad de presidirlo como Ministra. Hoy más que nunca hemos de pedir que se recupere el papel del Consejo Interterritorial y, que deje de ser un mero Foro de encuentro para «conocer» y «recibir información» de un Ministerio que vive horas bajas en lo que se refiere a decisiones y medidas a favor de a salud de los ciudadanos. En cualquier caso, desde el Partido Popular se ha querido mantener lo más positivo de estos planteamientos, tanto a nivel parlamentario como en la gestión de las Comunidades Autónomas en las que gobernamos. En esta etapa en que el PP está a nivel nacional en la oposición hemos querido desde un principio contribuir al mantenimiento de un Sistema Nacional de Salud calificado por la OMS como el séptimo mejor del mundo. Pruebas concretas de ello podemos aportar, aunque los ciudadanos son los que mejor lo saben. Esa forma de ver el funcionamiento solidario de nuestro Sistema nacional de Salud y de hacer entre todos que nuestra Sanidad ofrezca nuevos logros en beneficio de los ciudadanos está sintetizada en el «decálogo» de principios que los Consejeros del PP y yo misma tuvimos ocasión de suscribir en abril de 2004 en Mallorca. En base a la recíproca lealtad institucional y empleando todas las posibilidades que da el método del diálogo abierto, los Consejeros del PP respaldaron los siguientes principios: Las Comunidades Autónomas y la solidaridad.. Aplicación y total respeto a la Ley de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud, configurada como un instrumento básico para garantizar la equidad, calidad y participación social en el Sistema Nacional de Salud. Configurar al ciudadano como centro del Sistema Nacional de Salud, anteponiendo sus intereses y la satisfacción de sus demandas como función primordial del mismo. Potenciación de los recursos humanos que prestan servicio en el Sistema Nacional de Salud, partiendo de la premisa de que constituyen el principal activo de las Administraciones Públicas. Para ello, se adquiere el compromiso de desarrollar acciones dirigidas a desarrollar su carrera profesional, adecuar su capacitación al desarrollo de las nuevas tecnologías y técnicas de diagnóstico y mejorar sus condiciones de empleo, así como planificar las necesidades de efectivos de conformidad con las demandas sociales. Garantizar la suficiencia y el equilibrio financiero del sistema, considerando este principio como una de las cuestiones primordiales para la perviviencia del mismo. Para ello, las CCAA se comprometen a aplicar criterios de gestión dirigidos a hacer realidad dicha suficiencia, planificando y ejecutando para ello políticas públicas que la respetan, exigiendo a los órganos competentes de la Administración General del Estado medidas homogéneas que garanticen estos principios desde el reconocimiento de las diferentes realidades de las distintas CCAA. Aplicar criterios de solidaridad territorial en el desarrollo de las políticas públicas autonómicas en materia de sanidad, teniendo presente que el Sistema Nacional de Salud está constituido por la suma de todos los de las regiones y de todos los ciudadanos. Para ello, se considera fundamental la potenciación del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud como órgano de participación, debate y coordinación, con el objetivo de garantizar la continuidad de dicho sistema y la eficaz aplicación de políticas que contemplen la solidaridad entre las diferentes partes de España. Control del gasto farmacéutico, estableciendo fórmulas que permitan controlar su evolución y evitar su incremento, todo ello sin perjuicio de atender las demandas que presenten los usuarios del sistema y de apostar por la potenciación de la industria farmacéutica como sector relevante de la economía española. Diseño de planes para la construcción de infraestructuras y para la mejora de las existentes, adecuándolas a las necesidades asis- tendales de la población y configurando sistemas que permitan adaptar los recursos a las demandas cambiantes. Mejora continua de la calidad asistencial, estableciendo sistemas para su medición y corrección de aquellas desviaciones que se produzcan e incorporación de las nuevas tecnologías a la asistencia sanitaria, diseñando planes de mejora que permitan la mejora constante de los medios materiales. Configuración de las políticas de Salud Pública como una cuestión de Estado ajena al debate político y promoción del diseño y ejecución de actuaciones en esta materia, considerando su protección como un derecho fundamental de todos los españoles que debe ser garantizado pó'r los poderes públicos. Desarrollo de planes especiales para paliar carencias concretas, así como diseño de una política activa y eficaz en materia de prevención de enfermedades, considerándola como un factor clave en la educación de las nuevas generaciones. Creo que cada uno de esos 10 principios es suficientemente elocuente de cual es nuestra voluntad política, de cuáles son las vías por las que queremos lograr la Sanidad que se merecen los ciudadanos españoles. Es cierto que hemos tenido y estamos teniendo graves dificultades de proyectar esos principios y esa voluntad de diálogo en el seno del Consejo Interterritorial. También es cierto que temas cruciales como el de la financiación sanitaria o la política farmacéutica caminan por otros derroteros (globos sonda y sordera total), pero hemos querido contribuir a la mejora del Sistema Nacional de Salud a través de una serie de Foros Sanitarios que nuestras Comunidades Autónomas han venido convocando para debatir con profundidad y sin restricciones los temas que preocupan al mundo sanitario en España: > La atención primaria. > La política farmacéutica y las ventajas del sistema de precios de referencia. > La financiación del sistema Nacional de Salud. > Los recursos humanos del Sistema y el futuro de las profesiones sanitarias. > Y próximamente la eficiencia y la calidad en la gestión. Vamos a seguir apostando por el papel de las Comunidades Autónomas en el ámbito sanitario; por un eficaz Consejo Interterritorial abierto Las Comunidades Autónomas y la solidaridad... a la colaboración y sin restricciones, por una financiación sostenible, que tenga en cuenta los cambios demográficos y otros factores poblacionales (inmigración, dispersión geográfica, patrón epidemiológico, etc.); por la aprobación e unos criterios comunes que permitan la movilidad de las profesiones en base a una visión moderna de carrera profesional; por la aprobación del Fondo de Cohesión, y por el respaldo a la investigación biomédica, sin sobresaltos ni tasas inconstitucionales. Esta es la forma en la que, desde el Partido Popular, creemos que debería fortalecerse el Sistema Nacional de Salud. Los principales beneficiarios: los ciudadanos.
El Sistema Nacional de Salud no es, como oficialmente se enseña, un todo ramificado o descentralizado, sino un mosaico compuesto por 17 «todos», los 17 servicios sanitarios autonómicos, cada uno de ellos con poder estatutario para configurarse a sí mismo como entidad propia, sin interferencias de la administración central. Servicios casi soberanos, diferentes en criterios de asistencia y pautas administrativas, refractarios a su coordinación y cohesión, y hasta desconocidos entre si. Cada uno responde sólo ante los ciudadanos votantes de su comunidad, y está ensimismado en sus ambiciones (su política, sus posibles votos) en busca del provecho partidista propio, y desinteresado del Sistema Nacional (en la nación no están los votos autonómicos), salvo en su condición de potencial fuente de fondos. En fin, un Sistema Nacional de Salud invertebrado, sin facultad normativa ni capacidad para fijar su estrategia frente al futuro, ya reducido de hecho a simple ente teórico; y unos servicios sanitarios regionales que, con enorme peso relativo en las finanzas de las comunidades y muy cercanos por su función a los ciudadanos votantes, adquieren especial relevancia en la afirmación de las autonomías y son por ello objeto preferente de las pugnas políticas (ahí está el Consejo ínterterritorial, instancia superior coordinadora del Sistema, roto e inutilizado por las tácticas de los partidos). Este Sistema/mosaico politizado no ha enmendado ni aún detenido el progresivo deterioro de la sanidad pública. Las más graves deficiencias advertidas en el Informe Abril, hace casi 15 años, persisten fortalecidas: el endeudamiento oculto aumenta, la desinformación ha llegado a convertir el Sistema en una mole de ignorancia, sigue sin corregirse la desatención al personal sanitario, el gasto farmacéutico galopa, la inefi- Enrique Costas Lombardia ciencia es alta, la calidad asistencial no interesa, se ha agrietado la equidad, hay un empobrecimiento intelectual del Sistema y se ha generalizado una inexplicable despreocupación por su futuro en un mundo de mercados globalizados. Comento cada una de ellas: Endeudamiento oculto Casi todos los servicios sanitarios autonómicos exceden año tras año, ocultamente, sus presupuestos y, más pronto o más tarde, en cuanto el momento político es propicio, afloran el déficit acumulado y lo endosan al Estado. Es una pauta antigua y segura: en las dos últimas décadas, con distintos métodos de financiación, han sido frecuentes, si no periódicas las operaciones de saneamiento del Sistema. Las comunidades autónomas entienden que este endeudamiento permanente (y hasta hoy siempre liquidado con generosidad) es la inevitable secuela de una, dicen, insuficiencia financiera que padece el Sistema. Juzgan que España destina a la sanidad pública relativamente poco dinero, menos del que correspondería a su posición en el mundo industrializado (el porcentaje «sanitario» del PIB es inferior a la media europea, alegan como prueba irrebatible), y la asistencia que prestan los servicios autonómicos a las crecientes necesidades médicas sólo puede mantenerse generando deuda. El derecho de los españoles al libre acceso a la asistencia sanitaria estaría peligrosamente sostenido por el déficit. Acrecentar el flujo financiero del Sistema resultaría, pues, un deber del Estado que cada día se sentiría más incumplido y más urgente (algunos hasta lo cuantifican: un aumento equivalente al 1% del PIB; no dicen, ni puede explicarse, por qué es el 1% y no el 0'5 ó el 2%). ¿Necesita efectivamente el Sistema Nacional de Salud, o sea, los servicios sanitarios autonómicos, más dinero? La demanda médica es indefinidamente expansible (se ha dicho que en medicina siempre puede hacerse una cosa más) y está muy avivada por la incesante progresión de la tecnología, las expectativas de los ciudadanos y otros factores. En sanidad, nunca bastante es bastante, como en un pozo sin fondo. Wildavsky enunció esto como una ley económica: «el gasto sanitario alcanza en todo caso el nivel de los fondos disponibles, por muy alto que ese nivel sea». Pero es obvio que los limitados recursos financieros del estado no pueden seguir la acelerada demanda médica. Esa insuficiencia financiera tan denunciada no se debe a que las cantidades presupuestadas para sanidad sean inferiores a unas concretas obligaciones previstas. La decadencia del Sistema Nacional de Salud sino a que el Sistema, encerrado por los políticos en la irrealidad, está comprometido en derecho a proveer asistencia sin fin: dar todo o casi todo a todos en toda ocasión a precio cero en el momento del servicio, como si los textos legales o la solidaridad social o los fines humanitarios de la medicina hubieran mágicamente liberado a la sanidad pública de la escasez natural. Presidido por esta ficción ¿cómo evitar que el Sistema sufra de insuficiencia financiera? ¿Dónde puede encontrarse dinero suficiente para pagar lo imposible? Cualquier nuevo método o vía de financiación o aumento de la aportación del Estado sólo puede tener efectos temporales; será una tregua, no una solución: proporcionará más dinero, pero irremediablemente muy pronto reaparecerá la deuda, intervendrá la política y se instalará otra vez el ciclo déficit/saneamiento/déficit que mina la sanidad pública. El sostenimiento del Sistema requiere antes que nada encajarlo en la realidad, limpiarlo de la superstición del romanticismo. El problema financiero del Sistema es el propio Sistema tal como está, en una situación artificial, de provisionalidad continua, que permite a los políticos justificar con la falta de dinero (siempre la insuficiencia financiera) los fallos asistenciales y de funcionamiento, y retrasar la adopción de incómodas medidas de afianzamiento y modernización. Entre ellas una forma de financiación que pueda hacer comprender a los ciudadanos españoles la insuficiencia irremediable del dinero público para hacer frente a un hiperconsumo sanitario sin límites naturales y muy politizado. Únicamente los servicios sanitarios autonómicos están en condiciones de contar y medir la actividad y el gasto asistenciales, cada uno los suyos. De modo que la información del funcionamiento del Sistema Nacional de Salud se produce fragmentada por comunidades (excepto la relativa a la prestación farmacéutica, que todavía concentran y tramitan por mucho dinero los colegios de farmacéuticos) y es propiedad de los respectivos servicios autonómicos. En la práctica, cada uno de ellos puede decidir qué hechos económicos o actos clínicos registra y qué datos retiene o cede, y a quién y cuándo los cede. Hasta ahora, los servicios autonómicos de salud, sin incentivos ni compromisos que debieran haberse establecido en los acuerdos de transferencias, envueltos en una red de intereses y recelos (de partidos nacionales y nacionalistas, de gobiernos autonómicos y sus oposiciones, parlamentos, administración central) y te-morosos de posibles comparaciones o interpretaciones, esconden o difuminan con retrasos sus datos de actividad y costes de tal modo que el Sistema Nacional de Salud ha perdido también su representación estadística. El mandato de la Ley de Cohesión y Calidad (<das comunidades autónomas...aportarán a este sistema de información los datos necesarios», artículo 50.5 ) se deshace como papel mojado en las complicadas, si no conflictivas, relaciones políticas de la Administración Central con las autonomías. Hace algunos meses, la Ministra de Sanidad y Consumo notificó por primera vez la cantidad total de enfermos en lista de espera en España, pero advirtió que no diría el número en cada comunidad autónoma para evitar su uso partidista. Seguramente, la í^inistra no hubiera obtenido las listas sin prometer ese silencio. Es decir, nuestro Sistema no puede soportar la trasparencia, y es una mole de ignorancia: nadie sabe con el debido rigor cuánto se hace, cómo se hace, ni incluso cuál es su gasto real (probablemente, considerado el endeudamiento permanente de los servicios autonómicos, muy superior al 5,4% del PIB que se maneja). La desatención al personal sanitario El Sistema Nacional de Salud es, en términos empresariales, una compañía de servicios de mano de obra intensiva y especializada. Más del 53% de su gasto corresponde a sueldos, salarios y complementos. Además, los médicos tienen ligada a su exclusiva competencia técnica concedida por la sociedad, el poder económico real de la empresa: sus decisiones clínicas determinan los gastos. Son los médicos, y no los gerentes o directivos, quienes asignan gran parte de los recursos de la entidad. Es obvio, por tanto, que cualquier proyecto de mejora o de simple mantenimiento del Sistema está subordinado a una adecuada actitud del personal sanitario. Sin embargo, pasmosamente, el Sistema desatiende al personal, lo maltrata: no ha establecido incentivos profesionales, paga mal a todos los trabajadores (la cuantía de sus sueldos es de las más bajas de los sistemas europeos) e igual al preparado que al incompetente, al que se entrega a su función y estudia para estar al día que al remolón y desfasado. El Sistema Nacional de Salud es una empresa laboralmente perversa: fomenta la mediocridad o indolencia de sus empleados y expulsa el celo, el mérito y la excelencia. La reforma de tan aberrante política de personal constituye una precondición para el digno sostenimiento de la sanidad pública española. La decadencia del Sistema Nacional de Salud El galope del gasto farmacéutico Desde hace años, el gasto farmacéutico crece a una tasa anual media de dos dígitos, muy superior al incremento del PIB nacional y de los presupuestos de la sanidad pública. La política de entretenimiento o de hacer que se hace seguida hasta ahora por los sucesivos gobiernos, aplica medidas cuidadosamente elegidas más por su efecto político que por su efectividad. El desmedido gasto farmacéutico es, de hecho, un derroche consentido que oprime a la asistencia primaria y hospitalaria de tal modo que ya constituye un impedimento crítico para el desarrollo del Sistema. La eficiencia, que aquí podríamos definir como alcanzar el fin asistencial al menor coste, es un imperativo moral: los recursos obtenidos de los ciudadanos y usados para proveer bienes o servicios públicos deben rendir al máximo valor del dinero. Particularmente en sanidad, donde la finitud de los recursos, como dice Alan Williams, determina que la explícita decisión de dedicarlos a un paciente suponga inevitablemente la implícita decisión de negarlos a otro. En el Sistema Nacional de Salud, sin embargo, son muchos los factores (rigidez administrativa, irresponsabilidad burocrática, politización, incentivos perversos, desinformación, falta de conciencia del coste) que ahogan la eficiencia. Un dato: el 86% aproximadamente de los recursos financieros del Sistema es absorbido por dos capítulos (personal, 53%, y consumo farmacéutico, 33% o más) que se mantienen desde hace años en la insensatez y el despilfarro. El 86% de los fondos de la sanidad pública se gestionan muy mal o no se gestiona. Desinterés por la calidad Medir la calidad es una acción revulsiva: fustiga la rutina asistencial, descubre el grado de eficiencia clínica, introduce un cierto grado de objetividad en la asignación de los recursos y pone en tela de juicio el funcionamiento y hasta la estructura del sistema sanitario. Al establecer unos índices de calidad se promete de manera tácita un nivel de asistencia concreto y por tanto exigible. La medida pública de la calidad revela en el acto las faltas del Sistema y conmina a dar respuestas inmediatas. Se comprende que instaurar controles de calidad sea espinoso para los políticos, pero es ya un deber social sin excusas. Razones éticas, de seguridad clínica y de eficiencia económica reclaman unos índices de calidad, probablemente el único modo de evitar que el derecho constitucional de protección a la salud tienda en la práctica a degradarse. El Reino Unido ha creado, en 1999, la Comisión for Health Improvement, formada por personalidades independientes de la sociedad civil, para mejorar la calidad de la asistencia en el National Health Service. En España, la calidad en general, no es, no puede ser, la debida (el Sistema desdeña la mejora de la habilidad y de los conocimientos y afanes profesionales del médico), y la mayor o menor bondad de la asistencia queda en manos del azar, sin revisión posterior. Depende de qué hospital, qué equipo de especialistas, qué día y hasta qué hora el enfermo sea intervenido o tratado. La calidad global de nuestra asistencia es, además de mediocre, aleatoria y variable, o sea, peligrosa e injusta. Grietas o roturas en la equidad En la asistencia sanitaria, la equidad (entendida como igualdad de tratamiento en igual necesidad, e igualdad de acceso, cualesquiera que sean las circunstancias* culturales, económicas y geográficas del enfermo) ha sido, sin duda, el principio creador de todos los sistemas de salud. El deber de preservar la equidad está inscrito en la entraña de la sanidad pública de todos los países industrializados. También en España la palabra equidad es usada con abundancia y entusiasmo por los políticos de todos los partidos; sin embargo, las desigualdades en recursos, gastos, endeudamiento y prestaciones entre los servicios sanitarios autonómicos quebrantan cada día más la equidad del Sistema Nacional de Salud. Diferencias que seguramente se acentuarán de realizarse los proyectos conocidos del Gobierno para sufragar la sanidad: en resumen^, ampliar y estimular la capacidad fiscal de las comunidades autónomas a fin de que EL PAIS, 24 de marzo de 2005, pag. La decadencia del Sistema Nacional de Salud cada una relacione su servicio sanitario con sus posibilidades y autonomía recaudatorias. Las ricas, mas; las pobres, menos. La urdimbre que debiera sostener y engranar en la solidaridad el Sistema Nacional de Salud tiende a desaparecer. La enorme desinformación, el desánimo laboral y el paradójico y riguroso neocentralismo autonómico^ hacen imposibles las comparaciones estadísticas y análisis o estudios elementales, con progresiva merma de los conocimientos del Sistema. Se ha perdido la conciencia de su evolución y hasta de sus riesgos. Además, la falta de emulación en el trabajo asistencial y el desprecio del mérito médico reducen la sabiduría clínica. Hay, sin duda, afortunadamente, médicos y grupos de médicos que se esfuerzan en seguir la marcha de la ciencia y su aplicación, pero el Sistema empuja hacia la rutina y la superficialidad. La sanidad pública española ha perdido calado intelectual en su ordenación, su funcionamiento y su asistencia. Indiferencia ante el futuro No parece que los próximos años vayan a ser fáciles para la sanidad pública. Además de las presiones habituales y siempre crecientes sobre la demanda y el gasto médicos (la fecundidad de la innovación tecnológica, los cambios epidemiológicos, las exigencias de mayor calidad asistencial, las expectativas sin fin de los ciudadanos), los sistemas de libre acceso universal se verán envueltos en nuevas y complejas circunstancias derivadas de la globalización de la economía. Un nuevo liberalismo, dice James A. Morene, se enfrenta en todas partes a la vieja solidaridad; los mercados claman cada vez más por la disciplina en el gasto público y será 409 ^ En especial, en los hospitales, en los que el neocentralismo autonómico ha multiplicado las intervenciones políticas y tiende a acaparar la gestión. Las herramientas informáticas, que debieran favorecer la dependencia y responsabilidad de los gestores, la proximidad regional de los centros y el vacío existente entre el poder político y la gerencia del hospital (ausencia de un consejo u otro organismo similar al «board» de los centros británicos), animan la intrusión de las autoridades sanitarias incluso en el día a día. Los hospitales pudieran llegar a ser terminales de una gestión centralizada en manos políticas. difícil mantener y más, aumentar la financiación por impuestos (la entrada en la moneda única europea ya obligó a moderar el gasto social). En un mundo de mercados globales, ¿qué lugar ocuparán los sistemas nacionales enraizados en la equidad social? Nuestra sanidad * pública requiere una nueva evaluación de su estado actual que permita prever los peligros posibles. La indeferencia ante el porvenir es una frivolidad culpable de los rectores del Sistema Nacional de Salud. Y una deficiencia final ajena al Sistema, que sustenta y agrava las antes comentadas, como muestras de su decadencia: los políticos instalados en el cómodo y ridículo discurso de «tenemos uno de los mejores y más baratos sistemas de salud del mundo».
La necesaria brevedad de este artículo me ha hecho situar su inicio en el momento de la plena descentralización de la gestión sanitaria producida en nuestro País al culminarse en Enero de 2002 la transferencia de la gestión sanitaria hasta entonces ejercida para 10 Comunidades Autónomas(desde ahora CC. AA) por el extinto Instituto Nacional de la Salud (desde ahora Insalud), ya olvidado por la mayoría del sector y recordado en justicia por algunos, entre los que me encuentro, por lo que significó en la sanidad española durante más de 20 años. Se cumplían así las previsiones de la Ley General de Sanidad de 1986 de adoptar un modelo de gestión descentralizada en los territorios autonómicos mediante la génesis de sus propios Servicios de Salud, con competencias de gestión absolutas en el modo de organizar y gestionar los servicios sanitarios, y casi todos los miembros del sector nos felicitamos por ello. Hecho este breve recuerdo del pasado más reciente, entraré a analizar las perspectivas que sobre la política y la gestión de los recursos humanos (RR. HH desde ahora) ha tenido y tendrá la situación actual del Sistema Nacional de Salud (desde ahora SNS). HH constituyen uno de los pilares fundamentales en los que se han sustentado la eficacia y eficiencia del sistema sanitario de nuestro País, bien situado en el contexto internacional en un honroso séptimo puesto según los indicadores de salud de la población habitualmente utilizados en los países desarrollados. La profesionalización de médicos y enfermeras es notable, el sistema de especialización MIR para los facultativos y la formación de la enfermería en las Escuelas de Enfermería públicas y privadas han sido siempre destacados como unos grandes logros de la sanidad española, y los más recientes programas de formación continuada para estos y otros profesionales están contribuyendo y deben hacerlo más aún en un futuro, a mejorar la cualificación técnica de nuestros profesionales. Con todo, se plantea ya abiertamente la necesidad de actualizar y revisar el programa MIR para adaptarlo a las nuevas necesidades de especialistas del SNS, con carencias graves en algunas Especialidades tradicionalmente muy demandadas, casos de la Anestesiología y Reanimación o el Radiodiagnóstico, u otras Especialidades emergentes en función de la evolución de los parámetros de supervivencia de los ciudadanos, como la Geriatria, la Oncología, la Genética y alguna otra, o para adecuar la capacitación de los facultativos a las nuevas tecnologías o la gestión sanitaria. Recientemente se plantea una propuesta de Real Decreto, avalada por la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), y más concretamente, por la propia Asociación Española de Médicos Internos y Residentes (AEMIR), pretende implantar una nueva regulación para la relación laboral especial de la residencia, donde se dan sensibles avances en determinados aspectos de dicha relación laboral, entre ellos los referentes a los derechos y deberes, como el derecho sindical de participación y negociación de los órganos de representación legal y a determinadas limitaciones actuales respecto de jornada laboral y licencias. Uno de los primeros problemas planteados en el seno del Consejo Interterritorial del SNS (desde ahora CISNS) nada más transferirse el Insalud, fue el conflicto sobre la titularidad de la acreditación de la formación continuada y la competencia del desarrollo posterior de acciones formativas. AA reclamaban para si tal titularidad a través del previo acuerdo de la Comisión de RR. HH del CISNS, que sin embargo no fue respetado por el propio Ministerio de Sanidad y Consumo (desde ahora MSC), al firmarse un convenio con cinco Colegios profesionales que también se arrogaban dicha titularidad. Este hecho, que pude vivir en primera instancia, significó de facto el primer enfrentamiento político entre los Consejeros de Salud socialistas y conservadores, abandonando aquellos el Plenario de dicho CISNS hasta que no se devolviera a la Comisión de RR. HH el protagonismo acreditador de la formación continuada y a las CC. AA el protagonismo ejecutor de estas políticas. El Sistema Nacional de Salud y las Políticas de Recursos... Ciertamente, con posterioridad se han producido ausencias y abandonos de otros Plenários del CISNS, ya con Gobierno socialista por parte de los Consejeros de Salud conservadores, lo que desde una visión crítica no favorece en absoluto un desarrollo armónico de los grandes retos pendientes de este nuevo escenario del SNS surgido en 2002: dotarse de un observatorio único y un sistema de información común para todo el SNS, integrador de conocimiento de lo que pasa realmente en la asistencia sanitaria del país, desarrollar políticas de prestaciones consensuadas articulando adecuadamente su incorporación y financiación por el Sistema, unificar criterios e indicadores básicos de eficiencia y calidad que posibiliten la formulación de un auténtico «benchmark» de servicios sanitarios hecho desde el propio Sistema, respondiendo efectivamente a las necesidades de los servicios sanitarios y las demandas de los ciudadanos o para articular políticas de atención socio-sanitaria igualmente efectivas. Pero retornando a las políticas de RR. HH, si bien es necesario mencionar como un acierto la aprobación de un nuevo Estatuto Marco de las profesiones sanitarias, sustituto de aquellos Estatutos de los años 60, preconstitucionales y desfasados, predomina el desconcierto. Citaré algunos ejemplos., que me gusta calificar de «nuevas oportunidades perdidas» por el SNS. ¿Cómo es posible que todavía se esté hablando de articular una única carrera profesional cuando ya 5 CC.AA (Navarra, Cataluña, Canarias, Andalucía y País Vasco) tienen implantada o en fase avanzada de implantación la que fuera demandada durante años, diseñada y tutelada por el MSC? Madrid, Galicia, Valencia y Extremadura lo están discutiendo con los respectivos interlocutores y el resto como Murcia, Castilla-León además de Ceuta y Melilla se los están planteando. Armonizar desde el MSC los posibles 17 modelos de carrrera profesional es para mi una incógnita de difícil solución. El hecho cierto es que si un facultativo o enfermera trabaja en según qué Comunidad Autónoma goza ya de un reconocimiento profesional y salarial que hoy no tienen sus colegas de igual titulación y resposabilidad en otras CC.AA. En cualquiera de las posibles carreras profesionales creo que se está difuminando la posibilidad real de discriminar positivamente a los profesionales más relevantes, eficientes e implicados con el sector sanitario público que podría haber tenido este nuevo instrumento, convirtiéndose de facto en un incremento salarial adicional al incremento anual basado en el IPC, que siempre ha sido insatisfactorio para los profesionales. Algo similar sucede con la política seguida por algunas CC. AA, hasta la fecha Cataluña, Andalucía y Valencia, de aplicar el nuevo Estatuto Marco del personal estatutario del SNS de diciembre de 2003, consecuencia de la Ley de Cohesión y Calidad de mayo de 2003, en su apartado de jubilaciones de manera forzosa a los 65 años, mientras otras CC. AA, lo harán opcionalmente por los propios interesados a los 65 o los 70 años, casos de Madrid, Galicia, y las dos Castillas, en este último caso con partidos gobernantes de signo distinto, y aún quedan otras CC. AA en la incertidumbre. Puede ocurrir que un facultativo que haya concurrido en el concurso de traslados de la Oferta Pública de Empleo (OPE) del 2001 del Insalud desde Andalucía a Madrid incremente su vida laboral en 5 años, y viceversa, si se le hubiera ocurrido hacerlo desde Madrid a Valencia, ambas gobernadas por cierto por un mismo partido político, reduciría su expectativa laboral. Aún así, considero acertadas las políticas llevadas a cabo en este sentido por Cataluña y Andalucía, por cuanto significan una oportunidad de recambio generacional en los centros sanitarios, particularmente en los Hospitales, donde la plaza en propiedad y la vitalicidad de las jefaturas particularmente, han significado en muchos casos un lastre insalvable para la mejora de los Servicios asistenciales y un freno a la innovación o la gestión clínica como nuevo instrumento de cambio organizativo. Bien es cierto que se han desaprovechado en el pasado por los propios Servicios de salud normativas de carácter estatal que modificaban estos aspectos, que permitían la evaluación periódica de la responsabilidad de las jefaturas de servicio, y tampoco se hizo en algunos casos, siendo el mismo Insalud un ejemplo de ello. En suma, otra «oportunidad perdida». He mencionado antes un hecho que creo será algún día reconocido por el sector sanitario de este país, como uno de los logros de la etapa final del Insalud, la OPE del año 2001, después de más de 10 años sin convocatorias de estabilización del empleo sanitario y no sanitario, aún en fase de resolución después de más de 3 años desde su convocatoria en el Boletín Oficial del Estado. Tal vez otros responsables sanitarios no la hubieran convocado nunca ante la proximidad de la transferencia de dicho organismo, dejándolo a criterio de cada Servicio de salud o hubiesen optado por la laboralización a partir de una fecha cierta, reservando los derechos adquiridos de los estatutarios con plaza en propiedad hasta su jubilación, y esta última opción fue valorada intensamente, pero presiones políticas y sindicales y otras causas impidieron concretarla. Otro aspecto no adecuadamente resuelto en el sector ha sido la introducción de las políticas de incentivación ligadas a instrumentos de ges-El Sistema Nacional de Salud y las Políticas de Recursos... tión y a la mejora de la productividad de los servicios, como ocurre en otros sectores empresariales y productivos, a través de la denominada «Dirección por objetivos»(DPO) o el concepto más comúnmente conocido por «productividad variable». Aunque han existido y existen iniciativas en este sentido en varios Servicios de salud, existe el riesgo de que puedan acabar convirtiéndose en incrementos salariales más o menos estables, no discriminando adecuadamente a los más eficientes, si bien son interesantes y esperanzadoras las más recientes experiencias de modelos de gestión alternativos al del hospital tradicional, ya sean Fundaciones sanitarias, ya probadas en el territorio Insalud, Empresas públicas, igualmente probadas en Andalucía y País Vasco, o Consorcios, casi específicos de Cataluña, que ya desde su creación han contemplado fórmulas de contratación de los profesionales con componentes retributivos fijo( 70-75%) y variable (30-25 %), vinculado este último al logro de los objetivos anuales pactados, y también las recientes experiencias de Institutos o Unidades de gestión clínica, que han establecido sistemas de incentivación económica o de otra índole en el acuerdo o contrato de gestión anual. Dado que no cabe esperar a corto plazo grandes incrementos retributivos para los profesionales del sector sanitario, reorientar en todo caso las políticas retributivas de los profesionales del SNS, orientándolas más a la compensación del desempeño y la competencia profesional, incrementando el componente variable en detrimento del fijo, será en mi opinión uno de los grandes retos de los Servicios de salud, al que seguramente se opondrán los sindicatos del sector, defensores de la sanidad pública todos ellos, pero poco sensibles a aceptar este tipo de planteamientos. Otro aspecto a considerar es la creciente aplicación de políticas de prevención de riesgos laborales derivadas de la Ley del mismo enunciado del año 1995, lo que debe comportar un esfuerzo importante en su desarrollo por la organizaciones sanitarias, a la vez que representan una oportunidad de mejora de las condiciones laborales de los profesionales y de sus competencias lo que incidirá positivamente en la calidad de la prestación asistencial. HH por los Servicios de salud y centros sanitarios debe encontrar fórmulas de flexibilizar sus sistemas de contratación de profesionales, particularmente los de mayor cualificación, médicos y enfermeras, aunque no exclusivamente, permitiendo la incorporación a sus plantillas de los mejores, sea cual sea su procedencia e individualizando con «contratos a medida» de las necesidades de cgda centro la incorporación de aquellos. Este aspecto clave es hoy una barrera casi insalvable que dificulta el liderazgo de algunos programas y proyectos relevantes, especialmente en el campo de la investigación pero también para un mayor y más rápido desarrollo de la gestión clínica en nuestro país, por cierto y siempre desde mi punto de vista, otra posible «oportunidad perdida,», especialmente para los hospitales de nivel referencial, de no corregirse pronto estos obstáculos. Otro aspecto que me parece relevante es la necesidad de una mayor implicación de los profesionales en la gestión de los centros y servicios sanitarios, que debería acompañarse de un imprescindible acercamiento de posiciones entre gestores «profesionales» y gestores «clínicos», desde posiciones de confianza mutua hoy casi inexistente. Ciertamente la «politización» excesiva de los directivos de primer nivel aún existente en nuestro país ayuda poco a alcanzar este logro, pero ha de trabajarse en esta línea de cambio en el futuro inmediato. Profesionalizar más a unos y otros es otro reto pendiente del SNS, si bien proliferan las acciones de carácter formativo en gestión y es cada día mayor la concienciación de los profesionales sanitarios de la necesidad de incorporar cierto bagaje gestor a sus conocimientos. El reciente nuevo marco legislativo del que se ha dotado la sanidad española. Ley 16 /2003 de Cohesión y cahdad del SNS, la Ley 44/2003 de Ordenación de las profesiones sanitarias, y la Ley 55/2003 del Estatuto Marco del personal estatutario de los Servicios de salud en sus ulteriores desarrollos, debería posibilitar sensibles avances en algunos de los aspectos comentados en este artículo y otros, que en el contexto de las políticas de recursos humanos, pudieran abordarse y que por la necesaria brevedad de este artículo no he abordado.
En Enero de 2002, los Servicios Sanitarios gestionados por el INSA-LUD fueron transferidos a las diez Comunidades Autónomas que todavía no los habían recibido. Se completó así el mapa territorial de Servicios de Salud Autonómicos, si exceptuamos Ceuta y Melilla que siguen gestionados por la Administración Central. Habiendo transcurrido más de tres años desde aquella fecha se puede ver con cierta perspectiva aquel proceso, algunos de sus componentes y aportar así algo al momento que vive nuestro sistema, siempre con ánimo de enriquecer el debate. Las reflexiones en este sentido se pueden considerar oportunas por coincidir en un momento singular, en el que nuestro sistema tiene en su agenda importantes retos para decidir su futuro: la financiación, el papel del ciudadano y del profesional en la configuración del sistema, los futuros escenarios,... Trataré, en consecuencia de recordar alguno de los antecedentes del proceso, para posteriormente referirme al futuro inmediato e intentar así contribuir en algo en la elaboración de propuestas para su abordaje. En la construcción del llamado Estado de las Autonomías, aparece de forma recurrente quien cuestiona en mayor o menor grado las decisiones que permiten avanzar hacia un mayor grado de descentralización de competencias, como es el caso de las transferencias sanitarias. Para explicar bien el proceso transferencial y la disolución del INSALUD es necesario un análisis preliminar de los orígenes del sistema sanitario. Las necesarias referencias las encontramos en nuestro marco constitucional, pues explican bien la configuración actual. La Constitución Española, en su art 43 reconoce el derecho de protección a la salud y encomienda a los poderes políticos organizar y tutelar la salud pública a través de las medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios. El sistema, como característica definitoria, se asienta sobre la configuración del modelo de aseguramiento único que de un modelo de Seguridad Social evoluciona posteriormente hacia un modelo de Sistema Nacional de Salud financiado en su mayor proporción a través de los presupuestos generales. Es en el título VIII del Texto Constitucional donde se define la ordenación territorial del Estado en la que se posibilita la asunción de competencias en materia de sanidad. El Estado se reserva la regulación de las bases y la coordinación general de la sanidad. Estas previsiones constitucionales fueron desarrolladas por la Ley General de Sanidad, Ley 14/86, estableciéndose los principios básicos que configuran el Sistema Nacional de Salud: Carácter público, universal, y gratuito Derechos y deberes de los ciudadanos y de los poderes públicos La descentralización política de la sanidad La integración de las diferentes estructuras y servicios públicos al servicio de la salud en el SNS La organización en áreas de salud Desarrollo del Modelo de Atención Primaria Se puede interpretar en consecuencia, que la configuración actual del Sistema Sanitario español es el resultado de esta integración de la totalidad de los Servicios de Salud autonómicos transferidos, fruto de un proceso de descentralización política de la sanidad que en conjunto ha llevado más de 20 años. Las primeras a su vez fueron diferentes en cada caso. Entre la primera, Cataluña, y la última Canarias transcurrieron quince años, se realizaron transferencias a siete Comunidades Autónomas siendo diferentes las correlaciones de fuerzas políticas prácticamente en todas ellas. Desde el compromiso de las transferencias Las transferencias se acompañaron además de las respectivas negociaciones financieras entre la Administración Central del Estado y la Autonómica. Como hoy sabemos, salvo en el caso de las Comunidades Ferales, los resultados de la negociación no aportaron la estabilidad y sostenibilidad que habría cabido esperar en procesos de negociación bilaterales. En las transferencias de 2002, los procesos se iniciaron con la modificación en 1998 de los Estatutos de Autonomía en cada una de las diez Comunidades Autónomas con servicios hasta ese momento gestionados por el INSALUD, haciéndose así formalmente competentes a partir de ese momento para recibir las transferencias. Se expresó así la clara voluntad de planificar y gestionar sus propios servicios en cada territorio autonómico independientemente del partido gobernante en cada caso. En el año 2001 finalizaba la vigencia de la fórmula de financiación de la Sanidad, hasta entonces de carácter finalista y estable en cada escenario plurianual. Es conocida una cierta controversia acerca de la idoneidad de seguir con la financiación finalista de los Servicios de Salud aunque mejorando sus componentes y características de la formulación, o bien ir a la fórmula de financiación general de la Administración A.utonómica contemplada en la LOFCA. La valoración de una y otra debería llevar a identificar aquella que además de mejorar el déficit presupuestario diera más estabilidad al sistema, generara menos incertidumbres para el siguiente período, y fuera en definitiva más aceptable para cada uno de los ámbitos territoriales. La coincidencia a fin de 2001 entre el fin de la vigencia de la fórmula para la financiación de la sanidad con el de la vigencia de la financiación de las Comunidades Autónomas fue decisiva para optar por el nuevo modelo, hoy vigente, que incluye la financiación de la sanidad en la financiación general de las comunidades autónomas. Sin duda, esta decisión se vio reforzada con el escenario pretransferencial de aquel momento, pues podía por primera vez diseñarse un escenario que englobara al total de Servicios de Salud en la financiación autonómica sin vincularlos con servicios de la Administración General del Estado, en escenarios estables de corresponsabilidad de las diferentes administraciones. Cabe añadir que una vez desaparecido el INSALUD la formulación finalista perdía parte importante de su sentido. Así, a diferencia de los procesos anteriores, las transferencias se hicieron en bloque y tras haberse aprobado con meses de antelación, en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, la financiación de las Comunidades Autónomas con la sanidad incorporada, por lo que la negociación bilateral en materia sanitaria quedó de hecho desvirtuada. En su última etapa el INSALUD había continuado con la estrategia de años precedentes de la nivelación de servicios, es decir, en la senda de disminuir las diferencias entre los territorios de gestión directa en términos de gasto corriente y de inversión per capita. Esta fue desde su cre--ación en 1978 una de las constantes en la gestión del Instituto. Ello fue posible gracias a gestionar la información territorializada y sometida a un constante benchmarking, de información estructural y de producción. Como se sabe, tanto el propio INSALUD gestión directa como los Servicios Autonómicos de Salud, utilizaron la información para poder comparar sus avances y también sus dificultades. Los grandes paradigmas que definieron el modelo de atención hace ya 20 años permitieron el desarrollo de unas estrategias de atención a la población y la consolidación de una red de servicios que en conjunto constituyen ese patrimonio único en relación a otros sistemas sanitarios de nuestro entorno inmediato. La asunción de competencias por parte de las autonomías no debería ser impedimento para reconocer en el INSALUD elementos que configuraron un organismo gestor que aún hoy podría ser referente para el conjunto del sistema, entre los cuales se podría destacar: Eficiencia, a través de instrumentos como los contratos programas, contratos de gestión para la asignación de recursos, control del gasto, contención del déficit,.. Definiciones de cartera de servicios en base a necesidad y equilibrio territorial Bajos coste de transacción en sus competencias como Servicios Centrales de un territorio extenso Avance importante en la separación de funciones entre el ámbito político y el gestor, con profesionalización de la gestión y contención de la «interferencia» política en los ámbitos de gestión de los centros, hospitales y atención primaria, logrando un equipo de gestores bien cohesionado Profundización a lo largo de los años en la adecuación de perfiles a los puestos y en la formación continuada contribuyendo a elevar un alto grado de conocimiento experto en el sector Desarrollo y consolidación de Sistemas de Información, que han permitido su utilización como referente incluso hasta este momento (CMBD INSALUD 2001) a falta de nuevos referentes globales Nuestro Sistema Sanitario sigue siendo tres años después de haber "sido transferidos la totalidad de los servicios, no sólo un muy eficaz sis-Desde el compromiso de las transferencias tema de atención a las necesidades de salud de los ciudadanos sino uno de los principales mecanismos de cohesión social, y de redistribución de riqueza del país. Si hoy alguien planteara la existencia de amenazas sobre nuestro sistema, estas lo serían sobre lo que efectivamente podemos considerar como patrimonio para todos los ciudadanos de este país, independientemente de su origen, lugar de trabajo o residencia. La retórica que se observa con cierta frecuencia como defensa del sistema, podría desenfocar la atención sobre otras dimensiones de la problemática, o transmitir mensajes equívocos, que actuarán a la larga como amenazas más sutiles pero igualmente perniciosas para el sistema. El ciudadano y los profesionales deberían poder relacionarse con la administración en base a una relación madura, superando viejos paternalismos ilustrados. De nuevo, como vemos con acontecimientos recientes, las necesidades de los ciudadanos deberían ser las que marcaran la evolución del sistema, y no agendas, si no ocultas sí poco transparentes, de dudoso valor en la oportunidad, adecuación o aceptabilidad para el ciudadano desvirtuando así el valor de la democracia representativa. En este sentido, creo necesario reformular los principios de avance del sistema en base a la responsabilidad del ciudadano, y de los profesionales, que deberían disponer de mejores espacios de encuentro con los ámbitos de la Política (Policy) y administración de servicios. La capacidad de aportar elementos de impulso a los componentes del sistema de atención a la salud, parte necesariamente de un adecuado análisis del momento, en el espacio y en el tiempo, con todos los actores: ciudadanos, profesionales, gestores y políticos. Estos últimos con la responsabilidad que tienen ante los ciudadanos de nuestro país que priorizan en los primeros lugares a la Sanidad dentro de lo que debería ser la responsabilidad política. No se trata aquí, ni sería yo el más indicado, para hablar de las deficiencias del proceso transferencial, de las consecuencias sobre el conjunto del Sistema Nacional de Salud, o de lo que se podría haber hecho y no se hizo, o de lo que se hizo y no debiera haberse hecho. Sería este, a mi modo de ver, un ejercicio estéril. La transferencia ha logrado acercar las decisiones al ciudadano, y mejorar por tanto la relación entre administradores, ciudadanos y profesionales. Mencionaré tan solo alguno de los elementos que, bien adquirieron cierta relevancia en el último año del INSALUD, aunque su influencia en el proceso de transferencias fuera tangencial. Los nuevos modelos de gestión: Se denominaron así a las nuevas formas jurídicas bajo las cuales se organizaba la gestión de los nuevos hospitales públicos. En Cataluña existían ya formulaciones diferentes al marco común de gestión administrativa y de los Estatutos de Seguridad Social en el resto del Estado, pero estaban en relación al propio origen de los hospitales, que los diferenciaba de aquellos de Seguridad Social. En Andalucía se habían desarrollado servicios bajo la fórmula jurídica de empresa pública que aportaba elementos innovadores frente a las fórmulas tradicionales de gestión en el marco administrativo. En Galicia y más tarde en el INSALUD se desarrollaron Fundaciones para la gestión de nuevos hospitales. En la Comunidad Valenciana, es conocida la fórmula de Concesión para la explotación de hospitales en régimen privado por sociedades, en las que participa una aseguradora privada, para la atención a una población determinada. Años atrás (1991) el Informe «Abril» para la modernización del Sistema Nacional de Salud ya recomendaba la incorporación de nuevas fórmulas y nuevos instrumentos para la gestión de los servicios de salud. Pese a que tan solo se aplicaron estas formulaciones a los hospitales de nueva creación, la experiencia, a falta de una evaluación objetiva, podría considerarse como aceptable. Eso sí, independientemente de la formula jurídica utilizada. Si esta fuera la hipótesis, podríamos aventurar los elementos que los ciudadanos aprecian en la mejora de los servicios y que relación tiene ésta con la formulación jurídica, con el instrumento, que lo hace posible. Lo mismo podríamos aplicar en lo referente a los profesionales. Llamaba la atención entonces como se contraponían las opiniones y valoraciones acerca de los diferentes modelos dependiendo de la opción política y su opción de modelo. Pese a las diferencias de marco jurídico existentes, se podría decir que cualquiera de los dos principales modelos contrapuestos -la empresa pública y la fundacióneran igualmente válidos y similares para los fines de un hospital público, pudiéndose así mismo observar similares déficit en uno y en otro. Habiendo sido gestor de ambos modelos, recalcaría sus similitudes, pero especialmente su principal virtud como es el aportar nuevos instrumentos, nuevas fórmulas organizativas, valores, flexibilidad, que en conjunto faciliten un mejor entorno de trabajo para los profesionales y redunde en una mejor atención, más eficaz, más digna, y confortable. Todo ello condicionó en cierta medida el desarrollo de nuevas fórmulas de gestión en el último año del INSALUD. Los dos nuevos hospitales que entraron en funcionamiento en ese periodo lo hicieron bajo la fórmula de fundación (Ley 30), ya que no afectaba a personal previamente vinculado al Sistema. Desde el compromiso de las transferencias No obstante, la asignatura pendiente se mantuvo en la aplicación de los instrumentos de transformación de los hospitales tradicionales del INSALUD. El Decreto 29/2000 que posibilitaba esta transformación en las llamadas equívocamente Fundaciones Públicas, no se llegó a aplicar en este sentido. En un escenario transferencial un proceso de cambio de estas características no podía o no debía ser iniciado por la administración que, aunque sin duda legitima para hacerlo, iba a transferir los servicios en el mejor de los casos al final del proceso si no a medio camino en la transformación, con las repercusiones que podía comportar para el personal del centro, patronato e instrumentos de gestión. El proceso de consolidación del personal interino, que como se sabe fue regulado por Ley, fue generado por una circunstancia excepcional, como es el no poder satisfacer en catorce años el derecho a la adjudicación de plazas estatutarias a una importante proporción de profesionales de los hospitales pese a venirlas ocupando con carácter interino. La normativa vigente o su utilización no fue por tanto un instrumento adecuado al fin de generar estabilidad en el empleo. El volumen y calidad del problema, en un escenario pretransferencial se convirtió en una exigencia al INSALUD de solución del problema. Alguien podría pensar que la consolidación estatutaria fue inadecuada frente a la «otra gran opción» como habría sido la laboralizacion. Sería muy largo el relacionar los motivos por los que no se optó por esta solución, pues fueron amplios y diversos, pero mencionaré el que quizás pueda entenderse mejor. La laboralizacion, si se pudiera plantear como la fórmula más adecuada para el Sistema debería plantearse como una solución estratégica, explícita, y bien evaluada, no como instrumento para solucionar un problema en el marco estatutario. La oferta de servicios no ha dejado de aumentar, en términos de oferta instalada más accesible a la población (mayor número de hospitales y centros de salud,..), incorporación de tecnología en electromedicina o farmacia,... y efectivamente podemos reconocer entre las cualidades de nuestro Sistema de Salud: -la inmediatez de la Atención -la capacidad resolutiva -la creciente capacidad de absgrción de nuevas demandas -la innovación tecnológica -el papel del sistema en la redistribución de riqueza -favorecedor de la cohesión social Todo ello debería preservarse en cualquiera de los escenarios previsibles de fiíturo, para lo cual deberá abordarse adecuadamente uno de los mayores retos, la Sostenibilidad del sistema sanitario Mejora de la Financiación y Mejora de la Eficiencia En la actualidad, la mejora del Sistema de Financiación se ha convertido en el eje central del debate político en el ámbito del salud. Parecería en ocasiones que con una mejora en la financiación quedan resueltos los problemas del sistema. En paralelo podrían pasar por alto componentes del modelo de salud, de gran calado en términos de salud o de bienestar social, y con evidente repercusión en los componentes del gasto. Las dificultades financieras, aunque importantes y objetivas, no deberían tampoco ocultar ineficiências del sistema que deberíamos corregir. Deberían mantenerse los niveles de exigencia en la gestión de servicios y la evaluación de sus resultados con la implantación de instrumentos de gestión, para lo cual debería mantenerse los niveles de exigencia y adecuación de perfiles profesionales a los gestores del sistema. En la evolución reciente de nuestro sistema sanitario el problema de la suficiencia financiera ha estado siempre presente aunque con grados de intensidad variables. De hecho con la vigencia de la anterior fórmula de financiación del INSALUD y de los Servicios Autonómicos de Salud transferidos excepto los de régimen foral, se podía observar como al inicio de cada período, y tras la correspondiente negociación, la aportación financiera suponía en efecto una inyección de recursos adicionales que permitían financiar programas nuevos en el período, pero también financiar servicios ya consolidados. La pretendida suficiencia financiera al inicio era seguida en años sucesivos de crecimientos del gasto a un ritmo superior al PIB saturando la capacidad financiera y superándola al final del período con la correspondiente generación de déficit. Pero quizás conviene recordar que incluso en los años 80, cuando todavía no estaban vigentes fórmulas estables de financiación del INSA-LUD, la incorporación de instrumentos de gestión (Unidades de medida de la producción intermedia. Codificación de los procedimientos,..) en nuestros hospitales o una planificación de recursos muy rigurosa en Atención Primaria de Salud, permitieron sostener el sistema de salud aún en escenarios muy desfavorables. Debemos añadir, por su importancia en aquel momento pero también porqué marcó con tranjeros, incluso para recibir prescripciones farmacéuticas, podría estar generando perversiones muy costosas a algunas Comunidades Autónomas sin que se esté cuantificando la compensación financiera o la corrección en su caso de los gastos soportados. Todo ello debería ir en consonancia con los necesarios ajustes posttransferenciales de las Consejerías o Departamentos de salud, Servicios Autonómicos y Organizaciones territoriales. Sería oportuno realizar un Plan de Servicios bien para el conjunto del territorio autonómico bien para áreas concretas que requieren de reformulaciones por cambios demográficos importantes o por presiones externas al propio ámbito de los servicios de salud de titularidad pública, evitando así incrementalismo y crecimientos desordenados insostenibles. Se deberían reformular las estrategias de nuestros centros sanitarios, a ser posible tras la evaluación de los planes estratégicos que con toda seguridad se realizaron en los últimos años. Nos encontraremos en muchos casos en los que realmente no ha habido un seguimento del grado de consecución de las estrategias formuladas o de los resultados relacionados con estas. Por esta razón la nueva definición, implantación y gestión de las estrategia debería enlazarse con objetivos, iniciativas e indicadores que permitan su seguimiento y el conocimiento a cerca del grado de consecución de resultados. La evolución de los Sistemas públicos de prestación de servicios de salud tiene como meta la atención a la salud de los ciudadanos en su sentido más amplio. Las medidas que se han comentado serán necesarias para la mejora de la eficiencia lo deben ser sin menos cabo de la calidad de la prestación. La mejora de la calidad debería empezar por hacer accesibles a los ciudadanos información de cada centro sobre los resultados en las principales prestaciones sanitarias y su propia gestión. Con ello se lograría aportar más información y sobre el funcionamiento de los servicios sanitarios. En este sentido es compatible con la actual tendencia de desarrollo empresarial hacia la sostenibilidad o desarrollo de la cultura corporativa en las empresas excelentes: La eficiencia, la necesidad de incorporar a las ciudadanos en las decisiones de las políticas sanitarias, una política social adecuada y comprometida La red de conocimiento y la red de servicios En los últimos años se ha interiorizado en nuestro país, y es en consecuencia una realidad, la necesidad Me desarrollar redes de cojiocimien- Desde el compromiso de las transferencias to en el campo de la investigación. Sería recomendable avanzar en la configuración del Sistema en Red, con la riqueza que ello supone intrínsecamente, para permitir compartir conocimiento y favorecer el desarrollo profesional frente al clásico desarrollo de los servicios con estructuración de carácter piramidal. La información a cerca de la actividad asistencial o de la gestión de servicios, o en relación a las características y modalidades de atención y los instrumentos utilizados son materias que se mantienen en compartimentos estancos, celosamente guardados, en sus respectivos ámbitos. Sin duda el benhmarking ha ayudado a avanzar en los servicios de salud razón por la cual sería deseable avanzar en el debate a cerca de los servicios, sus modalidades y sus instrumentos con el ánimo de generar mecanismos para compartir la información que puede ayudar a mejorar aprendiendo de lo que otros ya han desarrollado. Deberíamos potenciar el actual Instituto de Información Sanitaria bajo un enfoque hacia la información compartida a cerca de servicios, instrumentos y resultados que a la vez facilite el acceso de esta información a los ciudadanos. Sería deseable que esto nos permitiera la publicación sistemática en Internet de los datos útiles para su uso por los servicios de salud y sus diferentes niveles asistenciales, con un cierto grado de estandarización para permitir la comparabilidad y la usabilidad. Permitiría mejorar los niveles actuales de debate sobre el futuro de nuestro sistema de salud y adecuar los desarrollos tecnológicos (TIC) de forma armónica. Ciudadanos, Profesionales y Administración Deberíamos contribuir, como se ha mencionado con anterioridad, a identificar mejor los espacios de corresponsabilidad y encuentro entre los ciudadanos, los profesionales y la administración para mejorar el debate social en todos sus componentes: La sostenibilidad del sistema, el acceso a prestaciones, la redistribución, equidad, cohesión social, Los niveles alcanzados por nuestras organizaciones sanitarias, la incorporación tecnológica, el conocimiento médico acreditado, los resultados en términos de salud, y la valoración que de todo ello tienen los ciudadanos, reclaman un nuevo impulso en términos organizativos que adecué la organización a los profesionales y los dote de mejores instrumentos para realizar mejor su función. Hemos visto como en ocasiones déficit organizacionales o de modelo, son suplidos con iniciativas de profesionales que estando al nivel de las circunstancias dan una respuesta adecuada a las necesidades de los ciu-dadanos. Podríamos pensar que es necesario mejorar el marco de relación y el equilibrio existente entre ciudadanos, administración y profesionales. Cuando se potencia una de las líneas relaciónales en detrimento de las otras, por oportunismo, demagogia o desconexión de la realidad de los ciudadanos según el caso, el sistema pierde su equilibrio y afecta a todos sus componentes y sin duda a los resultados. o Desafección en los responsables políticos o Efectos acomodaticios de los gestores o Desincentivación profesional o Escepticismo en los ciudadanos La necesaria identificación de los servicios a prestar y su interrelación, independientemente de la titularidad de los servicios requerirá una adecuada Organización de ámbito territorial. El modelo organizativo debe ser el adecuado para transmitir las políticas en atención a la salud, en investigación, en desarrollos tecnológicos, gestión del conocimiento, desarrollo profesional, y en los instrumentos y modalidades de gestión. Los centros sanitarios deberían dotarse de los instrumentos de gestión adecuados, independientemente de su titularidad, que les permita mejorar su autonomía de gestión y optimización de resultados. Esto implica un cierto grado de descentralización en busca de niveles más efectivos en la gestión sin que ello implique necesariamente cambios en su personalidad jurídica. No obstante si parece inaplazable la identificación de órganos de gobierno con presencia territorial para cada centro, que permita la definición adecuada de las normas de funcionamiento interno, las relaciones estables con el financiador, la definición de estrategias garantía de sostenibilidad (financiera, social, ambiental) rendición pública de cuentas y resultados en términos de salud, a disposición de los ciudadanos todo ello de acuerdo a la necesidad y al nivel y disponibilidad del conocimiento y las tecnología médicas Sin falsos temores podríamos encontrar la solución si-fuéramos conscientes del estado actual del sistema, de su diagnóstico. De lo contrario Desde el compromiso de las transferencias podría hacerse de la ausencia virtud, la omisión, la inacción puede ser en ocasiones quien sustituya, por inexistente, a la política (Policy). Hoy tenemos a nuestra disposición potentes instrumentos en sistemas de información que en manos de nuestros profesionales permitirán o una gestión clínica efectiva con optimización de recursos y que posibilite la evaluación de los recursos empleados o utilización de guías de práctica clínica o acceso a los ítems del paciente desde cualquier punto o nuevas tecnologías que permitan nuevos espacios relaciónales entre el ciudadano y el médico / organización de salud En relación a los gestores del sistema creo que se hace cada vez más necesario un recambio generacional manteniendo la exigencia de los elevados perfiles profesionales que han venido siendo la característica fundamental en los años de desarrollo de nuestro sistema, y que no debería verse comprometida por la cercanía, que en el escenario transferido, existe entre políticos y gestores a nivel local. Para reforzar lo anterior, debería retomarse la senda de la formación de directivos en habilidades gestoras, en negociación, innovación, dirección de.equipos,.,. Por último, la defensa de nuestro Sistema Nacional de Salud debería llevarnos a la búsqueda de nuevas formulaciones, su debate y la necesaria evaluación rigurosa. Con la distancia podemos ver hoy multitud de elementos que han hecho evolucionar al sistema en una buena dirección y con parámetros de gasto asumibles para nuestro nivel de renta. Debemos pues seguir avanzando en la sostenibilidad, con instrumentos innovadores, que permitan a los profesionales dar a los ciudadanos la atención sanitaria que se merecen y exigen.
Con la recuperación de la democracia, en el Sistema Sanitario español se han producido cambios importantes, especialmente significativos durante los años 80 y 90. En estos años, España consolidó el Estado de Bienestar, pese a los problemas económicos tanto a nivel nacional como internacionales, siendo el Sistema Sanitario uno de sus pilares. El punto de partida era ciertamente complicado. El Sistema Sanitario Público (S.S.P.), estaba configurado por múltiples redes asistenciales sin coordinación. La estructura sanitaria a nivel ministerial dependía de 53 unidades. También había Diputaciones Provinciales y Ayuntamientos con responsabilidades sanitarias y estas administraciones eran titulares del 28% de las camas hospitalarias. Nuestra Constitución de 1978 establece el derecho de los españoles a la protección de la salud, y por otro lado configura la estructura del Estado en Comunidades Autonómicas (CC.AA.) Hagamos, pues, una muy somera revisión por periodos, para acercarnos a la problemática actual. Entre los años 1975-1982 se mantiene el sistema heredado de la dictadura caracterizado por un significativo hospitalo-centrisme en un escenario de protesta e insatisfacción tanto de la ciudadanía como de los profesionales. Entre los años 1982-1990, se desarrolla y extiende el sector público sanitario, definiéndose el Sistema Nacional de Salud (S.N.S.) en la Ley General de Sanidad (L.G.S.) de 1986, entre cuyos grandes principios'n los siguientes: 432 Desarrollo del S.N.S., a partir de los Servicios de Salud de las CC.AA., que integraban todas las redes públicas de asistencia sanitaria Cobertura universal y gratuita. Financiación pública a expensas de impuestos. Organización territorial de los servicios de salud en áreas y zonas básicas. Pese a la L.G.S. y porque la propia ley lo hacía posible no se abordaron decisiones determinantes respecto a la financiación; la cobertura; la organización, incluido el ritmo del proceso de transferencias a las CC.AA., o la gestión de los distintos niveles del sistema. A finales de los años 80 comienza a formularse como un problema determinante del futuro el crecimiento del gasto sanitario, que se perfila como un capítulo definitorio a la vez que de nuevo emerge la insatisfacción de ciudadanos y profesionales con el Sistema. El incremento de las listas de espera y su utilización adversarial en el ámbito político, es uno de los rasgos más tangibles, en un análisis superficial y de carácter inmediato que pone de manifiesto en forma aguda la falta de instrumentos y posibilidades económicas para que los gestores implementaran las reformas establecidas en la normativa vigente, utilizando incentivos en orden a reconocer el esfuerzo y dedicación de los profesionales. Entre los años 1990 a 2000 la insatisfacción ciudadana crece, lo que conduce a múltiples iniciativas tanto dirigidas a conocer lo más científicamente posible, cual era la valoración del Sistema por los ciudadanos como a tomar o intentar tomar decisiones dirigidas a reformar la organización y la gestión del propio S.S.P. En 1991, la llamada Comisión Abril presentó su informe que fue formalmente desestimado por el Gobierno, atendiendo a la contestación social en contra de políticas que podrían entenderse como fórmulas privatizadoras. Pese a la declaración formal del Gobierno del momento, tanto en la red sanitaria dependiente del Gobierno Central como en algunos Sistemas de Salud Autonómicos, de todo signo político, se introdujeron diversas medidas señaladas como necesarias en dicho informe. En 1996, otra Comisión, esta vez de carácter parlamentario, se desarrolla con la finalidad de analizar el sistema y ofrecer soluciones. El resultado, en modo alguno se acercó a la Comisión Abril ni analítica, ni propositivamente. Tuvo sin embargo, a mi juicio, gran importancia política. El hecho de que el Partido Popular (P.P.) entonces gobernando y con un previsible largo horizonte de gobernabilidad aceptara implícitamente Las tareas pendientes en política sanitaria la L.G.S., muy criticada en su día desde el P.P. y sus ámbitos de influencia, otorgaba a dicha comisión especial relevancia. La cobertura universal, la financiación pública, la descentralización a través de las correspondientes transferencias y el especial modo de vinculación de los profesionales al Sistema, quedaba ratificado, de tal suerte que, de hecho, en ese Diciembre de 1997 todo el arco parlamentario de España vendría a consolidar lo que había sido juzgado severamente, como atrevidas propuestas, once años antes en la L.G.S. por la oposición conservadora. De alguna manera, podíamos hablar que en ese momento el S.S.P. quedaba consolidado políticamente y a salvo de incertidumbres por las alternancias en la gobernabilidad. El futuro abría las puertas a los mecanismos de mejora en distintos aspectos; y se diluía la enmienda a la totalidad del Sistema. Se trabajó en la contención de gastos, tanto en el sector farmacéutico y tecnológico como en otros capítulos, abordándose también el sistema de financiación autonómico que ofrecería una nueva formulación para el correspondiente capítulo sanitario. Entre los años 2000 a 2004, continúan planteándose problemas estructurales del Sistema, que afectan a la racionalidad, a la gobernabilidad, a los ciudadanos como potenciales pacientes, a la situación de los hombres y las mujeres que dedican su vida al S.S.P., a la financiación sanitaria insuficiente, así como a la calidad y coordinación, viniendo a recoger y desarrollar lo que desde 1986 había quedado establecido como fundamento del Sistema. En este periodo se promulgan la Ley de Cohesión y Calidad del S.N.S. y la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias. Ambas son normas apreciables; pero que no despejan la necesidad de una Ley General de Sanidad del Siglo XXI. En octubre de 2004, el Presidente del Gobierno de España reúne la Conferencia de Presidentes Autonómicos, adquiriendo el Sector Sanitario el carácter de prioridad en la Agenda Política del Gobierno, de tal suerte que en la Conferencia de Presidentes, a celebrar en los próximos meses, el orden del día es monográficamente sanitario. Hecha esta somera revisión del Sistema, y en espera de acontecimientos tan relevantes para el futuro del Sistema Sanitario como el que acabo de señalar, creo que es necesario decir que S.N.S., aunque no está en situación crítica, no disfruta de salud adecuada. No es sencillo establecer un diagnóstico y sobre todo un pronóstico preciso porque sobre el actual S.N.S gravitan una serie de vectores críticos, a saber: a. El Sector Sanitario nunca había sido hasta ahora una prioridad en las Agendas Políticas, lo que ha determinado falta de poder y de recursos económicos propiciando un modelo retórico en la aplicación de las reformas. Esta realidad, junto a la necesidad política de evitar conflictos ha inhibido los compromisos de reforma, enunciándose los cambios como procesos intemporales, quedando buena parte de las propuestas en un marco declarativo. b. La valoración política de la realidad sanitaria suele moverse entre la marcada complacencia de los Gobiernos y la mordacidad catastrofista de quien está en la oposición. Este modelo adversarial presta poca ayuda a buscar soluciones a los viejos y nuevos problemas. c. Las asociaciones Profesionales y Sociedades Científicas, más allá de cualquier responsabilidad, imputan únicamente a los gobiernos todos los problemas. Podría decirse que los principales agentes del sistema sanitario público tienen una fuerte desafección respecto al mismo, que contrasta con la posición estratégica de la que gozan a la hora de colaborar en su gobierno y mejora. d. Los Sindicatos no suelen contemplar el Sistema Sanitario Público como patrimonio de todos. Aunque hay intentos de asumir un protagonismo social, muchas veces las iniciativas de centrar una acción social responsable naufragan ante la tentación periférica de un sindicalismo reivindicativo, especialmente confortable en entornos públicos donde se goza de un plus de seguridad y cotas de influencia. Es indispensable que los agentes sociales sientan la sanidad pública como un patrimonio de todos. e. Una vez producidas las transferencias a las Comunidades Autónomas los desequilibrios amenazan al sistema. Los errores económicos en los traspasos han sido importantes y el sistema de financiación no invita al optimismo. La complacencia de los ministros económicos del gobierno central que hizo las últimas transferencias en Diciembre 2001, con el nuevo modelo de financiación autonómica y el pacto de estabilidad presupuestaria, también provenía de la inconfesable alegría por haber expulsado un área inflacionaria y de propulsión de déficit de su ámbito de gestión, para pasar la «patata caliente» a las administraciones autonómicas. Sin embargo el problema sigue planteado en términos de compromiso e implicación de todos los poderes públicos, y el papel de la Administración Central del Estado y su responsabilidad en la tutela financiera del sistema sanitario es imposible de obviar. Las tareas pendientes en política sanitaria f. El Gasto sanitario crece aceleradamente en relación con el PIB, lo que haría necesario en esta etapa un proceso de «normalización» con la media del gasto en los países de nuestro entorno de la Unión Europea. El aumento y envejecimiento de la población, la especifica repercusión en el S.S.P. de la inmigración, el aumento de las expectativas de salud de los ciudadanos y la medicalización de la sociedad configuran un escenario que supone un notorio incremento de la demanda de servicios sanitarios. Paralelamente la utilización en los diagnósticos y tratamientos de nuevas tecnologías junto al encarecimiento de las terapias farmacológicas y del gasto farmacéutico en su conjunto establecen un marco que explica las causas más relevantes del incremento en el gasto señalado. g. Los medios de comunicación contemplan el Sistema Sanitario en términos manifiestamente mejorables. Desfiguran de tal manera la realidad que la hacen incomprensible para el ciudadano atento. Varios pueden ser los escenarios de trabajo en orden a la financiación sanitaria. Teniendo en cuenta que todos los grupos parlamentarios en todas las instituciones de España expresan respeto y admiración por nuestro sistema y sus profesionales sería bien lógico que se produjera un Pacto de Estado por la Sanidad que asegurara la sostenibilidad del sistema adoptando las formas que se consideraran adecuadas teniendo en cuenta los precedentes habidos en dichas materias. También se podría avanzar estableciendo mecanismos para solucionar los problemas puntuales de cada Sistema Regional de Salud en espera de un abordaje global. La posibilidad de incrementar expresamente para la financiación sanitaria la presión fiscal de una manera específica no debería descartarse. En los medios de comunicación está también la posibilidad de que las CC.AA pudieran mejorar la recaudación, o bien aplicar impuestos sobre el alcohol y el tabaco que deberían tener también el carácter de finalistas. Por supuesto, tal como señalaba el Presidente de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública en su reciente comparecencia en la Asamblea de Madrid los Fondos de Cohesión deben ser modificados. Estima el Doctor Sánchez Bayle que precisarían un incremento económico del 1% del gasto sanitario publico. En cualquier caso, hay que felicitarse porque esta materia será tratada en la Conferencia de Presidentes y a todos nos corresponde desarrollar una auténtica tormenta de ideas porque la trascendencia es máxima. Detrás de ella está la pervivencia y el desarrollo de un Sistema que cuida de la salud de los ciudadanos, crea riqueza económica e intelectual y forma profesionales de nivel adecuado que cumplen sus funciones tanto en el orden asistencial, como en el docente e investigador. Corresponde a la izquierda señalar los riesgos de crisis, para evitarla, porque si hubiera que resolver un trance agudo y urgente suele apelarse a tratamientos de emergencia que tienden a afectar a la parte más débil del sistema social, como se ha demostrado en los acontecimientos de la sanidad alemana. La propuesta del copago emerge de nuevo bajo distintas fórmulas, con respecto a la visita médica, tanto en Alemania, como en Francia o en Italia. Delicada hipótesis de trabajo; intensa y pormenorizadamente debatida sin que llegara a considerarse un procedimiento adecuado ni en la perspectiva disuasoria ni en la financiera; pero sin duda el futuro obligará a la búsqueda de una fórmula que conduzca a una mayor responsabilidad individual en la utilización del Sistema Sanitario. Las tareas pendientes en política sanitaria Buena parte de los problemas que hoy padecemos, provienen de la dificultad creciente de mantener sectores de bienestar social (y en particular el de la sanidad pública) mayoritariamente fuera de la influencia del mercado, en un contexto social donde la lógica del capital ha ido avanzando, y donde la ética más insolidaria del beneficio privado sin responsabilidad social parece haberse extendido. Es difícil evitar que esta lógica y esta ética de mercado se filtren por todos los poros de los servicios públicos, y afecten negativamente a su compromiso y moral de trabajo. Los problemas se agravan cuando, no se asume con convicción la necesidad de preservar de la lógica del mercado a los servicios sanitarios y responder con la ética pública y la democracia sanitaria a los retos que hoy enfrentamos. Preservar el S.N.S., es una exigencia de nuestra sociedad y una garantía de cohesión social, por ello, ante las incertidumbres económicas y la persistencia de problemas estructurales, llama la atención el discurso complaciente, cuando el grado de vulnerabilidad del sistema se ha incrementado tras el proceso transferencial. A la izquierda le corresponde, también, plantear fórmulas a desarrollar, llevarlas a cabo donde gobernamos, y hacer un seguimiento inteligente y pormenorizado desde la oposición, cuando corresponda. Estamos pues, ante una situación compleja y por su propia naturaleza mal definida. A través de cinco capítulos se pueden marcar las líneas maestras de orientación dirigidas a evitar la temida crisis y que integran conceptos esenciales: Primero: Es necesario, cuando menos, mantener actualizadas las prestaciones del S.N.S.; sobre ello pueden incidir los cambios poblacionales y tecnológicos, generando desequilibrios que no deben recaer sólo en las Comunidades Autónomas, sino que deberán ser problemas de Estado, a solucionar a través del Consejo Interterritorial. Hay que defender la equidad y la calidad del Sistema para evitar la deslegitimación y la privatización inducida por deterioro de los servicios públicos. Evitemos la miopía: el principal riesgo de privatización hoy no Pedro Sabaudo Súarez 438 está encima de la mesa, sino que subyace a la propia incapacidad de los servicios públicos para dar respuestas apropiadas a los ciudadanos, a sus necesidades, demandas y preferencias; lo grave de la situación es que la mera falta de acción y por supuesto, las posiciones defensivas e insolidarias llevan a una pérdida creciente de funcionalidad, reputación y credibilidad. La equidad se resiente gravemente cuando los ciudadanos tienen distintas posibilidades de obtener servicios públicos sanitarios en función de características personales (económicas, culturales y sociales) El Sistema Nacional de Salud que la izquierda quiere para España ha de ser un servicio público de calidad al que todos debemos contribuir según nuestra renta, y del que todos podemos beneficiarnos según nuestra necesidad. El sistema ha de gestionar eficientemente los cambios científicos y tecnológicos discriminando la innovación útil en orden a optimizarla en la mejora de salud de los ciudadanos. Este capítulo supone la reflexión en torno a la sostenibilidad del sistema, sobre la que gravitan factores ajenos al mismo (sostenibilidad externa), y otros que cristalizan en los propios agentes del sistema (sostenibilidad interna). La sostenibilidad externa depende fundamentalmente de cómo se gestiona la innovación en medicamentos y en electromedicina. El gasto púr blico en medicamentos crece a un ritmo insostenible a corto plazo; pero lo grave es que el incremento anual, en torno a un 10%, no se corresponde con un incremento similar en la mejora de problemas de salud sino que muchas veces sólo se corresponde con incrementos marginales de eficacia justificados a través de estudios donde con frecuencia se bordean los límites de la metodología científica, para magnificar efectos y utilidades de escasa entidad, y poner sordina a los inconvenientes y efectos adversos. La menguada eficacia de la innovación se compensa con amplias campañas de marketing que con frecuencia pervierten la lógica razonable y cooperativa de relación entre profesionales, sistema e industria, generando conflictos de interés que afectan a la motivación de los profesionales. El sector industrial en algunos casos quiere mantener beneficios que no se corresponden con la eficiencia social añadida que aportan. Los Sistemas Sanitarios pueden y deben defender el buen uso de sus recursos a través de procesos de evaluación de efectividad y eficiencia social de medicamentos y tecnologías, así como desarrollar las correspondientes poli-Las tareas pendientes en política sanitaria ticas de uso racional. La industria farmacéutica y electromédica tienen un papel esencial en la creación de valor y en el apoyo a buscar nuevas alternativas diagnósticas y terapéuticas; pero deben de recibir señales adecuadas por parte de las autoridades sanitarias, científicas y profesionales, para que su esfuerzo se dirija a la innovación que realmente aporte valor a los pacientes y a la sociedad. La sostenibilidad interna depende de componentes propios o inherentes al sistema, como son las políticas dirigidas al factor humano que han de estar orientadas a mejorar la productividad social. En esencia se trataría de hacer un tránsito fundamental: consolidar en una primera fase el cambio desde «políticas de personal» a «políticas de recursos humanos» (es decir reconocer el papel central de las personas y sus motivaciones en las organizaciones sanitarias y desarrollar mecanismos que garanticen el alineamiento de intereses entre los trabajadores y la organización); Pero en una segunda fase (y en ella debemos entrar lo antes posible), deberíamos complementar las políticas de recursos humanos con «políticas profesionales». Estas políticas incorporan nuevos elementos que parten de reconocer que los profesionales sanitarios son decisores y micro-asignadores de recursos, y que deben asumir dicha función a través de instrumentos de gestión del conocimiento, autonomía y corresponsabilidad, gestión clínica, y asunción de un nuevo papel de colaboración con la sostenibilidad general del sistema. Esto es sin duda difícil; porque exige realinear los intereses de todos los agentes, y sobre esta base hacer un depósito de la confianza mutua, para dar un protagonismo fundamental a la ética de servicio a los pacientes en la resolución de problemas y conflictos. Cuarto: El S.N.S, ha de fijar unos objetivos que al ser comunes permitan establecer una dirección estratégica, desde el vértice institucional, que vertebre y conecte un sistema sanitario descentralizado. El S.N.S. ha de desarrollar instrumentos horizontales, que permitan la gestión eficiente de procesos críticos como la función de compra y aprovisionamiento o los sistemas de evaluación y control. La consolidación del S.N.S. pasa por dotar de una alta legitimidad social a los servicios sanitarios públicos, que también corresponde al vértice institucional del sistema y a las políticas que emanen del mismo. No es fácil en sistemas tan descentralizados como el SNS encontrar modelos de gobernabilidad corporativa que puedan dar respuesta a los retos que enfrentamos; pero las decisiones están en todo caso muy lejos de reinventar papeles centrales de tipo jerárquico o planificador, y más cercanas a crear una estructura colaborativa de gestión del conocimiento y la innovación, de instrumentos colectivos de apoyo a la gestión y logística común del sistema. Creo que éste debe ser el modelo hacia el que debe orientarse el SNS, para ser dirigido a través del Consejo ínter-territorial. Posiblemente haga falta explorar nuevas ideas; ¿porqué no generar «de abajo a arriba» un Comisionado del SNS que gestione las competencias técnicas comunes?. Es necesario crear plataformas de conocimiento relevante y compartido, financiando la difusión del mismo, promoviendo sinergias entre administraciones sanitarias para responder ordenadamente a los problemas de salud o de servicios sanitarios. La gobernabilidad clínica, debe utilizarse como instrumento esencial de gestión del conocimiento científico para evaluar eficazmente la innovación relevante, y realinear los valores esenciales del profesionalismo sanitario con los de la sociedad. Entendido como una construcción común en la que debe participar lo mejor de las profesiones sanitarias, buscando una nueva alianza que permita reconstruir un ejercicio profesional digno, responsable, socialmente considerado, alejado de presiones y conflictos de interés, donde se reconozca el mérito, y se incentive la excelencia y la capacidad de responder de forma innovadora a necesidades y demandas de los pacientes Todo ello, ha de promoverse desde el Consejo Interterritorial, ámbito específico y privilegiado de actuación que ha de ser la pieza institucional básica para el desarrollo de un S.N.S., tal como se formuló en la Ley General de Sanidad 14/86, que garantiza el derecho de todos los ciudadanos a un acceso equitativo a los servicios sanitarios por ser un sistema universal financiado públicamente. Estas son las tareas pendientes en la sanidad, que exigen combinar solidaridad, innovación organizativa e inteligencia. Y en estas coordenadas tenemos la responsabilidad de alimentar el debate y la reflexión de futuro.
Esta iniciativa se enmarca en el proyecto que desde el Centro Nacional de Inteligencia se viene impulsando para crear una «cultura de Inteligencia» en España, cuyo objetivo es dar a conocer la labor de dicha Institución, su funcionamiento, la legislación que lo regula y su contribución fundamental a garantizar la seguridad del Estado y, sobre todo, su vocación de servicio que tan bien queda reflejada en el titulo de este monográfico. Compartimos el convencimiento de que una de las condiciones necesarias para crear en España una comunidad de Inteligencia eficaz, tal como establece la Ley 11/2002 de 6 mayo Reguladora del CNI, es el conocimiento por parte del ciudadano de estas cuestiones. La cultura de Inteligencia, aunque impulsada desde el CNI, debe ser desarrollada por el propio mundo académico, de manera que las cuestiones relativas a aquella se conviertan en un ámbito más de estudio, reflexión e investigación. Para ello, es preciso incluir estos temas en los planes de estudio tanto universitarios como, en un futuro, en los de enseñanza secundaria, lo que obligará a formar profesorado en estas materias, prácticamente inexistentes en nuestro país hasta la fecha. Paralelamente, deberán ponerse en marcha líneas de investigación que profundicen en los asuntos de Inteligencia y que den lugar a un debate intelectual del que también se beneficiará el Servicio de Inteligencia, al contar con opiniones y puntos de vista que le ayudarán, sin duda, a mejorar su trabajo. La publicación de los resultados de las investigaciones seguramente nos permitirá acceder a estas cuestiones, no sólo a los expertos sino al ciudadano en general. Los artículos que integran este monográfico de AEBOR constituyen un magnífico ejemplo de lo que debe ser un debate riguroso y En los dos primeros artículos se estudia la historia de la Inteligencia en España, cuyo conocimiento es fundamental para comprender los servicios actuales y las vicisitudes acaecidas, sobre todo durante la transición a la democracia. La historia de los servicios de inteligencia es además una línea de investigación pionera que ha sido iniciada por el equipo de científicos dirigido por el Dr. García Sanz con el proyecto sobre «Espionaje y Relaciones Internacionales: Los Servicios de Información aliados en España durante la 1"^ Guerra Mundial» del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y que cuenta con el apoyo del Centro Otro grupo de artículos está dedicado a la Inteligencia en la España de hoy: qué es y cómo funciona el CNI, en qué consiste el proyecto de creación de la Comunidad de Inteligencia Española y cuáles son sus órganos de coordinación. Finalmente, se analizan las cuestiones clave a las que nos enfrentamos en la actualidad los Servicios de Inteligencia, tanto en los aspectos relativos a nuestra organización y funcionamiento como en lo referente a los nuevos riesgos que deben ser objeto de nuestro seguimiento informativo. En el primer ámbito hay que señalar el difícil pero fundamental equilibrio entre la seguridad y el respeto a los derechos fundamentales; la utilización parparte de los servicios de las nuevas tecnologías, en especial de las fuentes abiertas; la cooperación como pieza clave de la arquitectura de inteligencia global; y, por último, la definición de los nuevos riesgos, que nos obliga al seguimiento permanente de todos aquellos fenómenos y situaciones que puedan convertirse en amenazas a nuestra seguridad. Tengo el convencimiento de que este número de ARBOR va a convertirse en una guía básica para todas aquellas personas que quieran conocer con rigor y objetividad la situación actual de la Inteligencia en España. Además, confiamos en que pueda actuar como acicate para nuevos trabajos que amplíen los temas aquí abordados y avancen en el estudio de otros muchos campos relacionados con la Inteligencia y que aún están sin tratar en nuestro país. Entendemos que esta puede ser la vía idónea que nos permita alcanzar el nivel que otras sociedades de nuestro entorno han alcanzado en materia de cultura de Inteligencia. Este conocimiento constituye la base para que los ciudadanos sean conscientes de la importancia de contar con una estructura de Inteligencia sólida, regulada y coordinada, capaz de enfrentarse a los nuevos riesgos y amenazas. Por último, solo me queda agradecer y felicitar a los autores por sus excelentes trabajos y por su disposición a participar en este proyecto del que todos formamos parte y que debe contribuir a que los ciudadanos de nuestro país puedan vivir más seguros.
A los españoles nos repugna sobremanera la palabra espionaje. Nuestro temperamento no está formado para emplearnos en tan bajos menesteres. El espionaje, como otros vicios que se extienden por España, ha sido importado del otro lado de los Pirineos, y es una planta exótica en nuestro país. Por eso los españoles no sabremos ser jamás espías de ninguna nación, ni incluso de la nuestra. En cambio, el español habilidoso, audaz y travieso, riéndose de esta clase de maniobras, sin espiar a nadie, sabrá explotar la candidez de los extranjeros que creen sin duda que eso del espionaje sirve para algo más que para sostener a cuatro vivos». En estos términos resumía en su editorial del 30 de junio de 1918 el periódico La Tribuna de Madrid su opinión sobre una actividad, la del espionaje, sobre la que se llevaba hablando en España prácticamente desde el inicio de la Gran Guerra, alimentando crónicas en la prensa generalmente inducidas por las propias redes de espionaje y contraespionaje de los beligerantes^. El momento era muy significativo. Hacía pocos días ^ El presente trabajo se inscribe en el marco del proyecto de investigación (McyT, BHA2002-01143) Espionaje y relaciones internacionales: los servicios de información aliados en España durante la Primera Guerra Mundial. ^ El título completo del largo editorial de ha Tribuna era «En plena orgía financiera. Los grandes negocios del espionaje aliadófilo. Romanones, Urgoiti y el órgano de La Papelera». que el Comisario de policía destinado en Barcelona, Manuel Bravo Portillo, junto a sus principales ayudantes, había dado con sus huesos en la cárcel acusado, precisamente, de formar parte de la red de espionaje alemana con sede en la capital de Cataluña, Fue la prensa, apoyada por los servicios de información de la Entente, la que denunció al personaje y a sus más inmediatos colaboradores, sacando a la luz una extensa trama y aportando para ello pruebas que resultaban incontestables. El texto completo del editorial con el que se abren éstas líneas, venía a refutar la tesis de la existencia misma de la trama y a considerar, aún con mayor fuerza, que ciudadanos españoles pudieran estar implicados en ella^. En todo caso, el tema respondería -obediencia financiera obliga-a un montaje de los enemigos de Alemania y quedaba, como toda responsabilidad de Bravo y compañeros, el haber sabido sacar partido -comportamiento picaro, este sí muy español-a unas circunstancias -las impuestas por el espionaje internacional-de las que en absoluto se les podía considerar responsables. ¿Por qué los españoles que se daban como implicados, a pesar de las pruebas, no podían tener ninguna relación con el escándalo? La respuesta que da el periódico entra dentro de los márgenes del más arraigado casticismo: Porque el español estaría adornado de una serie de virtudes (<da hidalguía y la caballerosidad, rasgos fulminantes del carácter español», se diría en otro lugar) incompatibles con el ejercicio del espionaje, al que se le otorgan toda una serie de connotaciones peyorativas que se sabe ancladas en el imaginario colectivo, entre las cuales el permanente engaño, la traición y la corrupción serían sus principales señas de identidad^. En conclusión, ajenos pues los españoles «por idiosincra-^ LA TRIBUNA, diario de Madrid, había sido creado en 1913 por el polémico diputado y periodista S. Cánovas Cervantes. De línea liberal-independiente pasó pronto a convertirse en el órgano de prensa maurista y una vez que estalló la guerra se fue inclinanr do progresivamente hacia el bando alemán hasta que, después de la Batalla del Marne, pasó a ser subvencionado por los alemanes que, primero, compraban millares de ejemplares y después llegaron a instalar una nueva rotativa, pagar el telégrafo y aportar 15.000 pesetas todos los meses. De sus colaboradores más importantes destacaban Bagaría, que cobraba 300 pesetas/mes por dos caricaturas a la semana y que fue pronto de&pedido por no ser abiertamente germanófilo, y los críticos de arte y teatro Tomás Borras y Santiago Vinardell que, a pesar de que figuraban en la lista negra inglesa, franceses e italianos les consideraban aliadófilos. ^ Es cierto que históricamente los términos espía y espionaje han tenido frecuentemente una connotación peyorativa. Sobre el origen etimológico de estos términos y su evolución conceptual a lo largo de la historia, véase el tratamiento que hace Paolo PRETO en / servizi segreti di Venezia, Milano, Il Saggiatore, 1994, que desarrolló posteriormente en su artículo «Le parole dello spionaggio» publicado primero en la Revista Lingua Introducción: Hacia una «cultura de los Servicios. sia» a este tipo de prácticas, lo más que podría dar el país, siguiendo también una inveterada tradición, serían picaros, que aparecerían así como la genuina fórmula ibérica del espionaje. En último término venía a descalificarse la propia actividad del espionaje considerándola una especie de «gran montaje» para el aprovechamiento personal de unos cuantos: Si se niega la premisa mayor, no tiene sentido discutir el resto. Al margen de la lucha de propaganda que los beligerantes de la Primera Guerra Mundial mantuvieron en la prensa española, mayoritariamente comprada por uno u otro bando, sabemos que durante aquellos años centenares de agentes extranjeros, con el apoyo de un numeroso grupo de españoles, convirtieron a España en un segundo y enorme ñ:*ente de combate donde, en último término, estaba en juego la supervivencia del esfiíerzo bélico de uno y otro bando. La Primera Guerra Mundial otorgó carta de naturaleza a los servicios de información o servicios de inteligencia o secretos, etc, pues adoptaban dependiendo del país diversas acepciones. Al igual que sucedió con la propia experiencia bélica, también en el terreno de los servicios de información se fueron planteando progresivamente toda una serie de necesidades que hubo que resolver sobre la marcha, teniendo en cuenta la escasa experiencia previa en este tipo de retos. Nunca como entonces en época contemporánea se habían dedicado tantos hombres y tantos recursos a las actividades secretas. Nunca como entonces nadie se había planteado el «dominio» de un país de las dimensiones de España, entendiendo como tal la infiltración en el tejido básico de la vida de la nación: desde el control de la prensa hasta el establecimiento de contactos al más alto nivel político, económico, y financiero, pasando por la intervención en los centros neurálgicos de la producción industrial, materias primas y alimentos y el control también de las redes de transporte. ¿Conocían los responsables políticos españoles todas las actividades clandestinas que se desarrollaban en el territorio? ¿Crearon los gobiernos de España algún instrumento de control de estas actividades, no ya en pro de la repetidamente violada neutralidad que hubiera sido razón suficiente, sino de la propia seguridad del país? ¿se plantearon «conocer para prevenir, detectar y neutralizar agresiones sobre los intereses propios»?^. Nostra (Diciembre 1995) y recogido más tarde en Per Aspera ad Veritatem. Rivista di intelligence e di cultura professionale, if 6 (1996), en (16/12/2004) http://www.sisde.it/ sito/Rivista6. nsf/stampe/5. ^ Definición de contrainteligencia que tomo prestada de Francisco Galvache. Hablando en términos que no son propios para aquellos años, posiblemente el problema radicase en la percepción de la amenaza. Es decir, que los sucesivos gobiernos de España no consideraran como un peligro para la seguridad -al menos durante un largo período de la guerra-las actividades clandestinas de los beligerantes, a pesar de que algunas de ellas -las encabezadas por alemanes y austríacos-sí tuvieran como principal objetivo la interrupción de la producción española y el sabotaje de las líneas y medios de transporte. En consecuencia, podría soportarse desde el Gobierno y desde la Jefatura del Estado el rumor permanente sobre las actividades secretas extranjeras, pero otra cosa muy distinta era que estas se hicieran públicas en la prensa aportando pruebas documentales entregadas, lógicamente, por el servicio secreto contrario. Es muy significativo en este sentido que la conocida como «Ley Antiespionaje», se redujera en la práctica a facultar al Gobierno para intervenir -censurar o prohibir-todas aquellas publicaciones y noticias que se considerasen a su arbitrio atentatorias contra los países beligerantes o sus altas personalidades, diplomáticas o políticas^. Como si ocultar la publicidad de las acciones de las redes de espionaje y contraespionaje condujera a su control o a su desaparición. La última vez antes de la Primera Guerra Mundial que España organizó -es una manera de hablar-una red de espionaje en defensa de sus intereses fue durante la guerra contra los Estados Unidos en 1898. Entonces, el Agregado Naval en la Embajada de España en Washington, el joven Teniente de Navio Ramón Carranza (SLÌÌSLS Frederik W, Dobson), se instaló en Montreal una vez que se declaró la guerra con la intención de crear una red de espionaje pensada para actuar directamente en Estados Unidos. Por distintas circunstancias -alguna ciertamente rocambolescael intento quedó muy lejos de obtener éxito. Sin duda en ello influyó la propia brevedad de la guerra, lo intempestivo del intento y la inexperiencia en tales menesteres del responsable de la red, al que en algunos medios se ha definido injustamente como «one of the most inept spymasters in espionage history, a comical figure really who had no idea of how to accomplish his mission»'^. Sabemos que de las experiencias bélicas su- cedidas entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, en algunos países -caso de Estados Unidos o de Gran Bretaña-surgieron los proyectos de crear unas nuevas estructuras de servicios secretos que respondieran a las carencias y a las nuevas necesidades que, precisamente, se habían detectado en aquellos momentos de particular peligro para el país. No fiíe ese el caso de España, ni tampoco puede afirmarse por el momento que se produjera después del Desastre ninguna presión por parte de la opinión pública ni, en concreto, de la opinión especializada (militar, por ejemplo) En el debate en la prensa por los escándalos del espionaje durante la primavera y comienzos del verano de 1918 no se detectó tampoco ninguna iniciativa que ñiese encaminada a presionar al Gobierno para que, a imitación de los beligerantes, creara una estructura, un servicio, que sirviera para controlar las actividades extranjeras en suelo español. En el momento álgido del affaire Bravo Portillo, sólo el Diario de la Marina llamó la atención de sus lectores sobre la desairada posición en la que quedaba España ante el mundo, el ridículo en el que incurría un Gobierno incapaz de tomar las medidas que requería una situación tan peligrosa^: « (...) Impelidos por la acción tenaz y violenta de los alemanes en nuestra patria, España ha llegado a convertirse en un frente de batalla donde los beligerantes luchan con todo denuedo. Frente al espionaje germano se ha opuesto el contraespionaje de los aliados, y ya empezamos a sentir las consecuencias de la lucha. Ahí está el caso Bravo Portillo, y tras él, esperando el momento oportuno para manifestarse, otros casos que nos colocarán en postura difícil y ridicula ante el mundo (...) Vamos a quedar moralmente por los suelos (...) La desidia gubernamental y su desorientación ha hecho posible que esté en peligro nuestra neutralidad habiéndose podido evitar este daño simplemente con una acción diligente y digna de policía (...)». Este autor afirma que «el proyecto principal era el suministrar información para el raid de la escuadra de (Almirante) Cámara sobre las costas americanas». Para una historia equilibrada y pormenorizada de estos acontecimientos, Rhodri JEFFREYS-JONES, Historia de los servicios secretos norteamericanos, Barcelona, Paidós, 2004, en particular el capítulo «¿Desmanteló Wilkie la red de espionaje de Montreal?», pp. 75-92. Construye la historia a partir fiíndamentalmente de las pubUcaciones que realizara el entonces jefe del servicio de inteligencia de los Estados Unidos, John E. Wilkie. En opinión del autor, la consecuencia más destacable de este breve y limitado capítulo de la guerra hispano-norteamericana, fue que provocó en los servicios secretos de los Estados Unidos su transición «de la era del pinkertonismo privado a la del espionaje público». ^ «Nuestra situación ante el mundo. El espionaje y el contraespionaje», en Diario de la Marina, 26 de junio 1918. Hay datos que demuestran que al principio de la guerra el Gobierno español atendió peticiones que provenían de la Embajada de Francia para que se vigilara a determinados personajes alemanes sospechosos de estar incursos en labores de espionaje. Una vez que los beligerantes crearon sus propios servicios fueron ellos los que actuaban contra las redes enemigas, con la condición sabida de no levantar escándalos que supusieran una alteración del orden o la elevación de una formal protesta diplomática. Sabemos también que si hubo destacados policías que colaboraron con los alemanes, entre los cuales Bravo Portillo sería el más conocido, también los hubo que trabajaron para los aliados y no sería de extrañar que esta actuación permitiera como consecuencia que los Gobiernos de España estuvieran al tanto, con bastante aproximación, de las estructuras y actividades de unos y otros. Posiblemente, ir más allá hubiera supuesto tomar una serie de medidas que implicaban, en primer término, contar con gobiernos estables y políticamente fuertes, que no fue el caso, capaces de correr el riesgo de ver sometido al país a represalias de incalculables consecuencias: fundamentalmente la interrupción del tráfico comercial y el desabastecimiento de productos esenciales. Por lo tanto se creó una especie de acuerdo tácito que, no sin sobresaltos y multitud de problemas, permitió posiblemente a España carecer de un servicio de información al nivel que desarrollaban los beligerantes. Volvamos a la cuestión que mencionábamos más arriba, ¿Se percibía en España alguna amenaza? ¿dónde radicaba? Aunque todos los apuntes realizados hasta ahora son hipótesis en fase de investigación, es muy probable que la amenaza percibida por los gobiernos de España radicase fundamentalmente en el miedo a la revolución, en la posibilidad de que uno de los problemas que la guerra había contribuido a generar, la revolución rusa, encontrase terreno abonado en una España políticamente inestable y socialmente convulsa. Los sucesos del verano de 1917 eran interpretados como un serio aviso del peligro que corría no sólo el Gobierno de turno sino la propia monarquía española. Si a ello añadimos que sobre todo a partir de 1918 comenzaron a aparecer en España individuos de origen ruso que unían a esta condición, muchos de ellos, el hecho de ser hebreos, la amenaza, ahora sí, se percibía con absoluta certeza porque ya se había instalado en la Europa occidental el lugar común que establecía una relación directa entre los judíos rusos y el hecho revolucionario. La respuesta no se hizo esperar, finalizada la guerra, en diciembre de 1918 el Gobierno encabezado por Romanónos decidió crear un cuerpo de «policía especial» denominado Escuadra Volante Secreta formado por cincuenta hombres bajo el mando del comisario Francisco Martorell, exper-Introducción: Hacia una «cultura de los Servicios... to en la lucha antianarquista, que se había destacado durante la guerra por sus enfrentamientos con Bravo Portillo, por pasar información a los aliados -supuestamente de forma secreta-y por su vocación personal aliadófila. Romanones buscó el apoyo de los servicios secretos aliados que habían estado operando en España, para hacer frente a un peligro que se consideraba «global», no específicamente español y que, en consecuencia, involucraba a todos en un momento histórico tan delicado por el efecto de «contagio» transfonterizo que se le atribuía. Muy pronto los propios aliados, no ya solo la propia opinión pública española, percibieron que la actuación de esa unidad «secreta» española tendría muy poco que ver con la forma de actuar de un servicio secreto propiamente dicho, pues a la información y control de los movimientos de extranjeros en suelo español uniría también la detención y el uso de métodos que, como afirmó el jefe del servicio italiano, «sospecho que sean un poco demasiado españoles de la inquisición»^. Con las páginas que preceden he intentado ilustrar un momento furt damental de la historia de los servicios secretos. Según opinión admitida generalmente, se trataría del período y la coyuntura concreta -la Primera Guerra Mundial-que está en el origen de los servicios del siglo XX. España, sujeto paciente de ese surgimiento a gran escala de los servicios secretos no se incorporó a esta nueva modalidad estructural de obtención de información para elaborar, como se diría hoy, inteligencia. He tratado en someras notas apuntar la razón fundamental pero, desde luego, no fue la única. La modesta presencia internacional de España, su lejanía de los puntos de conflicto candentes en la Europa de aquellos años o, dicho de otra forma, la inexistencia de compromisos internacionales «ejecutivos» que pudieran arrastrarla en una hipótesis bélica, posibilitó quizás que España pudiera seguir viviendo con dosis mínimas o nulas de información al margen de los canales tradicionales: los despachos de los agregados militares y de los diplomáticos de carrera. Sin querer aquí entrar en el debate sobre la primacía política exterior/política interior, sí es cierto que durante muchos años ha prevalecido en España el peso de una percepción interna de los conflictos europeos, parafraseando el famoso ensayo de José M^ Jover^^. Los servicios secretos se han visto también afectados por este hecho a lo largo del tiempo. Salvando el lapso de la Guerra Civil, cuando se activa una modalidad tradicional -táctica-de las actividades de información, el resto del período, hasta bien entrada la transición, la función de las actividades secretas se dirigieron fundamentalmente -por lo que sabemos hasta ahora-a desactivar todo acto de subversión interna: la percepción de la amenaza se centraba por tanto durante la dictadura en la seguridad del régimen político y su continuidad. El hecho de titular este monográñco Al servicio del Estado: Inteligencia y Contrainteligencia en España, no proviene de la voluntad de resaltar lo evidente. Es sobre todo, a mi juicio, el resultado tanto de una declaración de intenciones como del reconocimiento de un determinado, inmediato y difícil desenvolvimiento histórico. Para la inmensa mayoría de los ciudadanos la percepción de los servicios de inteligencia, deformada también por el éxito que estos temas han alcanzado siempre en cine y literatura, es el resultado de una mezcla de desconfianza y fascinación. Es raro el país en el que los servicios secretos no han despertado -y despiertan todavía-la suspicacia cuando no la abierta desconfianza de los ciudadanos^^ Por ello, hay que preguntarse por las razones que han hecho que estas actividades estén siempre bajo sospecha, que incluso hayan podido llegar a ser concebidas más como una fuente de problemas que como un buen recurso para ser utilizado en pro de los intereses nacionales definidos legítimamente por un Estado democrático. Habría dos tipos de argumentaciones, unas de tipo genérico que incumben al propio tipo ^° «La percepción española de los conflictos europeos: notas históricas para su entendimiento», en Revista de Occcidente, rf 57 (1986), pp. 5-42. ^^ Algunos ejemplos a este respecto, Brigitte HENRI, Le Reseignement. Introducción: Hacia una «cultura de los Servicios... de actividad -secreta-que realizan estos servicios, las otras más concretas que tendrían directa relación con la particular historia de cada uno de los servicios o, mejor aún, con la historia de cada país. En algunos casos porque los servicios se han visto envueltos en oscuros escándalos que no han sido suficientemente aclarados y que han puesto en tela de juicio el uso que los gobiernos hacían de instrumento tan delicado; en otras ocasiones porque, desgraciadamente, la propia índole de su trabajo conlleva que sean «visibles» en los fracasos, no en los éxitos. En el caso español se incrementarían en justicia las prevenciones hacia los servicios secretos teniendo en cuenta nuestra historia durante buena parte del siglo XX. El caso español es particular dentro del panorama europeo por haber padecido un régimen político dictatorial durante tantos años una vez que fueron derrotados los regímenes fascistas. En este sentido, en su colaboración para este monográfico, el General Francisco Javier Zorzo nos ilustra sobre este rasgo distintivo de la situación española de aquellos años haciendo hincapié fundamentalmente en los aspectos organizativos y los objetivos de los servicios de inteligencia españoles. Sin embargo, no deja de poner en evidencia que el mismo clima de guerra fría que introdujo a España en el marco estratégico de la defensa occidental, de la mano de los acuerdos con los Estados Unidos, sirvió también para que oficiales españoles fuesen enviados a este país y al Reino Unido «para recibir formación específica en el campo de la información y se comienza a enviar a agentes españoles al extranjero, marchando, durante bastante tiempo, de la mano de la CIA». Aún así, subraya Zorzo, los agentes que se comenzaron a desplegar en el extranjero, ya desde la inmediata postguerra bajo la dirección de Gutiérrez Mellado, tenían como tarea principal el control de las actividades de los exiliados. Pero también el caso español es particular, porque los propios servicios secretos de la dictadura se vieron en la circunstancia de tener que colaborar en la transición política hacia un régimen democrático. Un cambio de funciones copernicano, por tanto muy delicado y complejo, ya que a partir de entonces se pasaba de impedir la oposición al régimen a garantizar que todas las fuerzas políticas y sociales pudieran comenzar a ejercer una serie de derechos que quedarían finalmente sancionados por la Constitución de 1978. El General Juan María de Peñaranda con su trabajo sobre «los servicios de inteligencia durante la transición» destaca fundamentalmente tres aspectos. En primer lugar que los tiempos de la transición política posiblemente no coincidan con los de la transición de los servicios de inteligencia, pues el arranque de los cambios en este aspecto habría que retrotraerlo a las transformaciones que se comienzan a operar a partir de Fernando Garcia Sanz 10 1968 y que, desde su punto de vista, sirvieron para que España pudiera buscar el rumbo de aproximación al resto de los países occidentales. En segundo lugar, Peñaranda, como desarrollo lógico del anterior aspecto, defiende el papel relevante de los servicios españoles (el Servicio Central de Documentación -SECED-fundamentalmente) en la evolución de una pacífica transición política, mediante la activación de una serie de operaciones específicas {Lucero, Alborada y Relámpago) elaboradas de acuerdo a cada uno de los principales cambios que se preveían: «Ni el tránsito a la democracia hubiera podido resultar exitoso sin los Servicios, ni estos se hubieran desarrollado como convenía si no se hubiera producido la Transición». En tercer lugar, creo que es importante el destacado papel que otorga a las personas, sobre todo a los entonces Tenientes Coroneles Valverde y Cassinello, los dos últimos responsables del SECED, no solo por considerarles protagonistas del cambio pacífico sino, sobre todo en el caso del último de ellos, porque ñie capaz en la nueva etapa que se abría de comenzar a inculcar en los servicios el espíritu apartidista, el sentido de Estado «que diferenciaba la acción del Gobierno Suárez de la correspondiente al partido político que le sustentaba»^^. Es difícil abordar en espacio tan reducido la historia del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) como hace en estas páginas Carlos Ruíz Miguel. El nuevo servicio de inteligencia y contrainteligencia, último de la etapa preconstitucional y primero de la etapa democrática, tuvo que enfrentarse a problemas específicamente españoles, como el control de posibles amenazas militares internas y el terrorismo de ETA, y a los retos que en cualquier Estado democrático genera el trabajo de estos servicios y el encaje y control legal, político y parlamentario de las actividades que les son propias^^. Ruíz Miguel pone en evidencia que si, por un lado, el CESID debe ser considerado como el primer servicio de inteligencia español homologable a los de los países de nuestro entorno (sobre todo cuando a partir de 1982 asume por primera vez misiones de inteligencia exterior y tareas de contrainteligencia), su articulación dejó sin resolver sin embargo algunas cuestiones fundamentales que abordaría la Ley que ^^ Esperamos con sumo interés la publicación de la Tesis Doctoral del General Peñaranda sobre los servicios de inteligencia durante la Transición porque, sin duda, profundizará en todos los importantes aspectos que aborda en su colaboración para este monográfico. ^^ Precisamente sobre este tema, Ruíz Miguel es uno de los mayores expertos españoles. Como ejemplo, véase su obra Servicios de inteligencia y seguridad del estado constitucional, Madrid, Tecnos, 2002. Introducción: Hacia una «cultura de los Servicios... amparó la posterior creación del Centro Nacional de Inteligencia. En este sentido me resulta particularmente significativo el epígrafe «el guardaespaldas maniatado» en tanto en cuanto refleja una cuestión que no ha dejado de estar en permanente debate en la literatura internacional al respecto y, me atrevería a decir, que se sitúa en el centro del debate en la opinión pública sobre las actividades de los servicios de inteligencia. Es decir, siendo la misión básica de los servicios obtener información para elaborar inteligencia, ¿cómo se obtiene esa información?; en segundo lugar, siendo obvio que no toda la información es abierta y por tanto accesi ble por métodos «convencionales», ¿cómo se «legalizan» los métodos «ilegales» en un Estado democrático?, ¿la ilegalidad es inherente a las actividades secretas? En 1997 una revista italiana reunió a una serie de expertos internacionales con la intención de que respondieran a la pregunta a che servono i servizi? De las distintas respuestas me parece particularmente significativa, simple y clara, la que aportó el Almirante Gianfranco Batteli, Jefe durante cinco años (1996)(1997)(1998)(1999)(2000)(2001) àe\ Servizio per le Informazioni e la Sicurezza Militare (SISMI)^^: «Estoy convencido de que si un Estado decide dotarse de Servicios de Inteligencia es porque ha llegado a la conclusión de que con los medios ordinarios no le es posible garantizar adecuadamente la seguridad. Pedir que operen en el ámbito de la legalidad que hace de marco a la actividad de la magistratura y de las fuerzas de policía es, en consecuencia, una auténtica contradictio in terminis, que termina por negar la propia razón de la creación de servicios de información y seguridad. Me parece, por tanto, demasiado obvio que los servicios deban poder hacer cosas ilegales». La conclusión del trabajo de Ruíz Miguel se incardina precisamente en este aspecto, en la resolución ayer (CESID) como hoy (CNI) de esta paradoja que incumbe al resultado del trabajo de los servicios de inteligencia: «su funcionamiento debe ser secreto, pero debe estar regulado y garantizado por las instituciones piíòZicas». ¿Cómo han sido vistas las vicisitudes de nuestros servicios de inteligencia a lo largo del tiempo por nuestros historiadores? Esta pregunta, metodológicamente básica para cualquier historiador que se propone iniciar una investigación, se la hemos realizado al investigador del CSIC Juan Goberna Falque. Su respuesta, que abre este monográfico y que obligatoriamente se ha visto constreñida por el limitado espacio a dispo-sición, creo que viene a completar satisfactoriamente la primera parte, de las tres en las que hemos dividido este monográfico, dedicada a la historia de nuestros servicios de inteligencia. Aunque la abundancia de títulos y de temas es sorprendente, Goberna nos aclara que su trabajo es solo una primera aproximación al tema, que tiene el beneficio -y los inconvenientes-de la novedad, pero que tendrá continuidad en un próximo fixture y muy probablemente en forma de monografía. Desde el punto de vista del autor, la gran cantidad de títulos de los que se hace eco no responden, sin embargo, a un trabajo sistemático, no constituyen, por tanto, una línea historiográfica propiamente dicha. En segundo lugar, sólo a partir de los años de la transición comienza a ser constante la aparición de títulos dedicados al tema aunque el auténtico boom se haría esperar hasta la década de los noventa cuando «la oleada de escándalos en los que se ven envueltos los servicios secretos (...) posibilita que estos pasen a ocupar por primera vez en la historia de la España contemporánea, y por un tiempo largo además, el centro de la escena mediática». En tercer lugar, este mismo hecho ha traído consigo que una buena parte de las publicaciones no sean debidas a historiadores, sino a periodistas, argumento que aprovecha Goberna para apuntar un debate cuyas consecuencias deja al juicio del lector: periodismo e historia mantienen una relación distinta con el tiempo, con los hechos y con los métodos de análisis de tal forma que «la mezcla de géneros mantiene la confusión e impide desempeñar convenientemente cada una de las funciones de las que la sociedad tiene necesidad». Desde luego será esta una situación que se mantendrá en el tiempo mientras las fuentes de información -documentales, para realizar el trabajo que le es propio-permanezcan lejos del alcance del historiador. La ecuación es sencilla, el trabajo de investigación de los historiadores es similar al de los servicios secretos: no elaborarán inteligencia sin información o elaborarán mala inteligencia con escasa o mala información. Un segundo bloque de este monográfico viene constituido por tres colaboraciones destinadas a poner de relieve la actualidad de los servicios de inteligencia y contrainteligencia centralizados desde 2002 en el CNI, sustituto cronológico del CESID. En el primero de ellos, Rafael Jiménez lleva a cabo una forzosamente apretada síntesis sobre las características principales del CNI. El profundo cambio en las relaciones internacionales que se produjo a principios de los años noventa junto a la necesidad de subsanar las deficiencias detectadas en el funcionamiento del CESID («escándalo Perete») llevaron a la conclusión de que el instrumento de inteligencia creado en 1977 ya no era válido. Se impuso entonces al poder Introducción: Hacia una «cultura de los Servicios.. ejecutivo la tarea urgente de llevar a cabo una reforma que fuera capaz, como una de sus tareas prioritarias, de elaborar un marco legislativo que garantizase tanto los derechos constitucionales del ciudadano como que amparase al Centro «y, en particular, a sus miembros, en el cumplimiento de algunas misiones, durante cuya ejecución habían quedado desprotegidos». Jiménez nos ofrece un esquema explicativo en el que, poniendo de relieve las novedades del nuevo aparato de inteligencia tanto en relación con sus antecedentes españoles como con sus homólogos occidentales, hace un repaso al marco legislativo, a los objetivos, las misiones, el sistema de trabajo, selección y características del personal que trabaja en el CNI, subrayando en último término que -permítaseme la broma-cualquier español, a diferencia de lo que señala el texto con el que se abren estas páginas, puede ser espía si reúne una serie de condiciones que le llevarán a desempeñar uno u otro puesto pero igualmente útil en la elaboración de inteligencia. El CNI es pariente del final de la guerra fría, pero hijo directo del ataque a las torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. Hasta tal punto, nos señala el autor, que influyó «en el tratamiento de sus principios básicos (del CNI) y en el ritmo aplicado a los trabajos técnicos y parlamentarios». Desde este punto de vista -la percepción clara de una de las mayores amenazas, el «terrorismo internacional»-, una estructura dotada con los medios necesarios y bajo el triple control político, parlamentario y judicial, podría proyectarse hacia el futuro con mayores garantías que en el pasado de conseguir los fines para los que fue creado. El reto actual, sin embargo, como no deja de esbozar Rafael Jiménez, está en conseguir una mayor optimización de los recursos de todos los servicios de información al servicio del Estado mediante la necesaria coordinación de los mismos. De acuerdo en que la coordinación de servicios -no sólo los nacionales-es una de las necesidades más urgentes, acuciante desde los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, solicitamos a Francisco Galvache Valero que nos hiciera una puesta a punto de esta importante cuestión. Ya en el título del artículo encontramos algunas claves: que no existe una «Comunidad de Inteligencia» y que aunque está en «marcha» hay que pasar por un «proceso». De forma muy didáctica Galvache nos conduce al objetivo de su artículo partiendo de la explicación de los propios conceptos (inteligencia, contrainteligencia, seguridad, etc), razonando sobre el contexto general (el escenario, los riesgos y la amenazas, etc) y buscando en el proceso del «ciclo de inteligencia» los puntos en los que una «comunidad de inteligencia» -que interpreta como única salida para hacer frente a las amenazas-encontraría más fácilmente la forma de ha- cer encajar los engranajes para un correcto funcionamiento. Se puede aducir que este es un viejo debate, tanto al menos como la propia historia de los servicios de información, pero creo que el objetivo de nuestro autor, mediante la estructura que ha dado a su trabajo, es remarcar precisamente que el momento actual es distinto a todo lo vivido anteriormente y que, en consecuencia, las disfunciones que en otros momentos podían sobrellevarse ahora resultan ya intolerables. Y dentro de este marco hay que detenerse en un punto que Galvache considera imprescindible, tanto o más importante que otras de las fórmulas que aporta para la creación de una «comunidad de inteligencia», pues es dentro de ese ámbito en el que hay que situar éste número monográfico de la Revista Arbor, Me refiero a la necesidad que señala de crear una «cultura de la inteligencia», que los servicios («sin menoscabo de la seguridad») se abran a la sociedad porque deben apoyarse en ella para desarrollar con éxito su labor, porque solo de esta forma se podrá evitar, concluye Galvache, «uno de los males más peligrosos para un servicio de inteligencia: el ensimismamiento, la desconexión con el referente contextual que aí&la y conduce al pensamiento circular y acrítico». Este debate sobre la creación de una «cultura de la inteligencia» se presenta como una novedad en España, pero no lo es en los países de nuestro entorno que llevan ya varios lustros sobre el tema, conscientes de las posibilidades que se abren volcándose en establecer un dialogo permanente con la sociedad que tendría como primera consecuencia comenzar a cambiar la histórica percepción del ciudadano sobre sus servicios de inteligencia y, cambiando las mentalidades, permitir que los servicios de inteligencia ocupen el lugar que le corresponde en la sociedad^^. A diferencia de lo que ocurría hace apenas tres décadas, España también ha conocido importantes transformaciones en sus relaciones internacionales, ha asumido un papel importante en aquellos foros en los que está presente y ello ha obligado también a que los servicios de inteligen-^^ Breve y esclarecedora exposición de los beneficios de la creación de una «cultura de la inteligencia» y los problemas a los que se enfrenta en Pierre LACOSTE, «Cultura e intelligence: un progetto per l 'Università», en Per Aspera ad Veritatem. Rivista di intelligence e di cultura professionale^ n° 6 (1996), en http://www.sisde.it/sito/Rivista6.nsf/stampe/5 (16/1/2005) El autor, Almirante y responsable de la Direction Generale de la Sécurité Extérieure (DGSE) entre 1982-1985, consideraba ya entonces que en este terreno los países anglosajones se encontraban mucho más avanzados que, por ejemplo, franceses e italianos. Me resulta particularmente significativo que Lacoste subraye la necesidad de hacer frente a los problemas que plantean los historiadores, que tienen a su disposición pocas fuentes, y de acabar con una exagerada «cultura del secreto». Introducción: Hacia una «cultura de los Servicios... cia tuvieran que ampliar su radio de acción convirtiendo su rama exterior, por primera vez en la historia contemporánea de España, en un instrumento al nivel del protagonismo internacional del Estado y del incremento de los intereses nacionales en las más diversas regiones del planeta. Federico Torres Muro, diplomático y experto en inteligencia, analiza esta cuestión comenzando por apuntar las transformaciones ocurridas en la comunidad internacional desde la caída del muro y como el panorama internacional, lejos de simplificarse, se ha complicado sobremanera. Los servicios de inteligencia, señala Torres, tienen que hacer frente a nuevos «fenómenos transnacionales de alto potencial desestabilizador» y moverse en una sociedad internacional que ha visto crecer el número de sus actores no estatales llegando a transformarla y hacerla más compleja. Dentro de este contexto general. Torres analiza las prioridades de la acción exterior de España (Unión Europea, Mediterráneo, Iberoamérica, relación transatlántica) poniendo de relieve en cada uno de los apartados el papel que le corresponde desarrollar a los servicios de inteligencia en cada una de las áreas de interés de la política exterior de España. Responsabilidades muy diversas que irían desde la lucha contra la inmigración ilegal, el terrorismo, el narcotráfico, el apoyo a la estabilidad democrática en el ámbito iberoamericano y a la defensa de los intereses económicos españoles, la ayuda a la consolidación de la Autoridad Nacional Palestina («contribución no muy conocida») o, en fin, la formación de un ámbito de seguridad europeo que no solo no sea incompatible, sino que venga a fortalecer los lazos de los aliados europeos en el seno de la OTAN. El tercer y último bloque de este monográfico está dedicado a abordar lo que hemos denominado como «los nuevos retos», es decir aquellos nuevos problemas de presente y de futuro a los que se enfrentan los servicios de inteligencia y que ya no aparecen como específicamente españoles, sino más bien inherentes a las actividades de inteligencia en los países democráticos. Jordi Marsal Muntala, desde la atalaya del Congreso de los Diputados, reflexiona sobre los conceptos seguridad/libertad como objetivos inescindibles de una misma labor: «los servicios de inteligencia son servicios del Estado, son un instrumento más que el Gobierno tiene para garantizar la seguridad y, por ello, para garantizar las libertades y el ejercicio de los derechos por parte de los ciudadanos y con ello garantizar la democracia del país». En torno a esta cuestión, Marsal sitúa el debate en la actualidad en la tensión que puede generarse entre una mayor garantía de la seguridad con la aplicación de unas determinadas medidas -principalmente las antiterroristas-que puedan llegar a coartar el ejercicio pleno de las libertades inherentes a un país democrático. Considera el autor que en el caso español el sistema legal adoptado para el control de las actividades de los servicios de inteligencia, aun siendo más «garantista» que en otros países europeos, no parece que vaya en detrimento de su eficacia, siendo conscientes -concluye Marsal-que en una sociedad abierta «la seguridad nunca es total». El mayor reto al que se enfrentan en la actualidad los servicios de inteligencia occidentales es hacer frente al terrorismo que en este mismo volumen encontramos descrito con diversos nombres: internacional, islamista o yihadista, como hace, en este ultimo caso, Javier Jordán Enamorado en su colaboración sobre «los servicios de inteligencia y la lucha antiterrorista». El resultado es una exposición esclarecedora que, a pesar de la obligatoria brevedad de espacio, no renuncia a tratar con gran maestría -sobre todo desde el punto de vista de un profano como el que firma estas líneas-los aspectos fundamentales de la cuestión. En primer lugar, comienza por razonar y explicar el concepto que utiliza, terrorismo yihadista, sus presupuestos ideológicos, medios operativos y objetivos («se trata de un empleo de la fuerza dirigido a destruir, derrocar o expulsar a los etiquetados como enemigos (...) sin mayores límites a la violencia que aquellos que imponen los medios materiales y los condicionantes operacionales a la hora de llevarla a cabo») y, en fin, su organización, también con respecto a los modelos de otros grupos terroristas, y su variación en el tiempo teniendo en cuenta como hecho fundamental el atentado de Nueva York. Los servicios de inteligencia necesitan adaptarse a esta gran amenaza distinta a otras conocidas y, por tanto, necesitada de respuestas nuevas. No solo los servicios de inteligencia, sino en primer lugar los estados, han necesitado un período de tiempo para percibir este tipo de terrorismo como una amenaza global y ello no se ha producido -subraya Jordán-hasta que algunos estados no se han visto afectados individualmente por las consecuencias de la amenaza. Este gran problema es tratado en la segunda parte del artículo mediante el análisis de la necesaria adaptación del ciclo de inteligencia a esta amenaza concreta concluyendo, de la misma forma que hacen otros autores de este volumen, que el último escalón del ciclo -la difusión-implica la existencia y un buen funcionamiento de la comunidad de inteligencia «entendida como la estructura de trabajo permanente entre los distintos organismos del Estado relevantes desde el punto de vista de la inteligencia y no sólo el conjunto agregado de estos». La forma en la que afrontó, afronta y debería afrontar el CNI la amenaza de este tipo térro- rismo, antes y después del 11 de marzo de 2004, cubre la tercera parte del análisis que nos ofrece Jordán. De todos los aspectos que son tratados hay que subrayar -también aquí coincide con otros autores en este mismo volumen-el reto concreto para los servicios españoles de crear una auténtica comunidad de inteligencia. En este sentido, valora como un gran paso la creación del Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista (CNCA) pero insuficiente si no se da un «cambio cultural entre los protagonistas de la cooperación a todos los niveles». La conclusión en este terreno va en el sentido que apuntara Galvache en su artículo, es decir que las reformas o la creación de nuevos instrumentos de trabajo, fundamentalmente los dirigidos a crear o mejorar la coordinación, no tendrán éxito si el proceso no se ve acompañado de un importante cambio de mentalidades. El terrorismo 5dhadista no es la única amenaza global a la que se enfrentan los países en la actualidad. Juan Aviles Farré aborda esta cuestión centrándose en el análisis de tres grandes problemas que no se presentan aislados, que aparecen muchas veces relacionados entre ellos y también con el fenómeno terrorista: las consecuencias que tiene para la seguridad el incremento de los flujos migratorios, la proliferación de armas de destrucción masiva y el aumento de la delincuencia organizada y del narcotráfico. En cuanto al primero de los problemas. Aviles lo analiza primero en términos generales haciendo hincapié en aquellos aspectos de las actuales características de los flujos migratorios que pueden afectar más directamente a la seguridad, para pasar a exponer la influencia de esta cuestión en el concreto caso de España. Fundamentalmente la falta de integración en los países de destino, ya sea por el rechazo a los valores de la nueva sociedad, ya sea por la situación de precariedad, ya por el incumplimiento de las aspiraciones, estaría -según nuestro autor-, en el origen del incremento de la delincuencia y, en lo que respecta a una minoría de inmigración musulmana, en su adscripción a posiciones radicales que pueden finalizar en la comisión de acciones terroristas como se puso dramáticamente en evidencia en los atentados del 11 de marzo en Madrid. En cuanto al segundo de los problemas, Aviles discrimina entre la proliferación del arma nuclear, entre algunos estados que no firmaron el Tratado de No Proliferación (1968) como Israel, India y Pakistán o que lo han roto como es el caso de Corea del Norte, y el tráfico clandestino de tecnología nuclear o radiológica que en un momento determinado podría caer en manos de grupos terroristas. Más accesible y difícil de controlar, por tanto más peligroso, es desde su punto de vista, la posibilidad que tiene el terrorismo de adquirir y usar las armas quí-micas y biológicas. En cuanto a la tercera de las amenazas globales, la delincuencia organizada, Juan Aviles destaca sus vinculaciones con el narcotráfico -que aparecería como la principal fuente de ingresos-, la trata de personas, y el tráfico de armas. Nuestro autor concluye con el reconocimiento que existen dos procesos distintos y compatibles para afrontar toda esta problemática, uno dirigido a buscar la fórmula para hacer frente a sus posibles causas (hambre, pobreza, etc), otro dirigido a neutralizar la amenaza, terreno en el que los servicios de inteligencia tienen un papel fundamental que desarrollar. Servicios en plural, pues las amenazas globales reclaman la imperiosa necesidad de ahondar en la cooperación internacional. La globalización de las amenazas hace que la seguridad de los países esté cada vez mas imbricada. Siendo evidente la necesidad de una mayor cooperación internacional entre los distintos servicios de inteligencia, ¿cómo se lleva a cabo esta cooperación y cuales son los problemas principales para que podamos hablar de una comunidad internacional, al menos europea, de inteligencia? Esta es la cuestión fundamental que aborda Julia Pulido Gragera en su colaboración para este monográfico. Parte la autora por resaltar algunos conceptos básicos de la teoría de las relaciones internacionales que, aunque en buena medida hayan podido verse sobrepasados por el impacto de los acontecimientos, estarían aún hoy presentes en el comportamiento de los estados como una rémora a la hora de definir el concepto de seguridad y, sobre todo, de seguridad compartida. Pulido analiza los problemas a los que se enfrenta la cooperación intraestatal entre servicios de inteligencia e información (otra vez la cuestión de la comunidad de inteligencia nacional) y cual es la experiencia en este terreno. Cooperación intraestatal que destaca como un paso previo y necesario para una más útil cooperación interéstatal. Ésta es analizada desde el punto de vista bilateral y multilateral. La primera de ellas presentaría menores dificultades, quizás porque es la fórmula más veces ensayada a lo largo de la historia de los servicios de inteligencia y, desde muchos puntos de vista, más fácilmente realizable. La cooperación multilateral resultaría mucho más compleja porque «cada Estado presenta unas necesidades conforme a su seguridad e interés nacional», aún así Pulido demuestra que esta cooperación ha sido posible con anterioridad y desgrana algunos ejemplos de redes de inteligencia (UKUSA, ECHELON, CAZAB), de colaboración en el ámbito de organizaciones multilaterales como la OTAN y de grupos de coordinación internacionales, como el Club de Berna, el Grupo de Trevi, el Grupo Kilowatt o el Grupo de Egmont subrayando las características específicas de Introducción: Hacia una «cultura de los Servicios. cada uno de ellos. Por muchas razones el caso de la cooperación en el seno de la Unión Europea presenta características particulares. Sobre todo después de los atentados de Nueva York y Madrid, la Unión, afirma nuestra autora, se ha planteado la necesidad «de un redimensionamiento de los servicios de inteligencia y de información», pero se ha descartado la creación de una «Agencia Europea de Inteligencia» a cambio de la creación de otros órganos de coordinación en los ámbitos militar, estratégico y policial (Europol, Grupo sobre Contraterrorismo, División de Inteligencia adscrita al Estado Mayor de la Unión, etc.). Es factible, concluye Julia Pulido, una mayor cooperación multilateral siendo fundamental para alcanzarla objetivos claros e incrementar la confianza entre los Estados. Por último, no podíamos dejar de analizar el lugar que ocupan las nuevas tecnologías en el trabajo de inteligencia, partiendo de la base que si bien se constituyen hoy día -y lo serán más en el futuro-una herramienta imprescindible de trabajo pueden convertirse también en una amenaza. Diego Navarro Bonilla aceptó el encargo de reflexionar al respecto ofreciéndonos un denso trabajo que no empaña sin embargo la claridad expositiva. En primer lugar comienza por razonar en torno a toda una serie de consecuencias que tiene la revolución tecnológica aplicada al mundo de la inteligencia: una parte de tecnología que puede usarse, por ejemplo, en la lucha contra las redes terroristas puede, a su vez, ser usada por estas para llevar a cabo sus objetivos; las nuevas tecnologías facilitan y también exigen una mayor coordinación de esfuerzos entre los distintos servicios de inteligencia e información a escala nacional e internacional; las nuevas tecnologías aplicadas a los campos de la Seguridad y la Defensa han facilitado la Revolución en los Asuntos Militares, que cambia radicalmente el concepto de las guerras futuras; en fin, un determinado uso de las nuevas tecnologías puede poner en peligro las libertades civiles «en aras de una absoluta preeminencia de la seguridad». En segundo lugar, nos describe algunas de las modalidades y usos de la tecnología actual (captación de señales, interceptación de comunicaciones, información geográfica digital, obtención de imágenes mediante aviones sin tripulante y satélites, etc) ilustradas con algunos significativos ejemplos y el grado de participación de España en estas nuevas tecnologías. En tercer lugar, analiza la llamada Information Warfare entendida como «el marco global en el que se incluyen no sólo "todos los medios capaces de neutralizar el empleo de redes de ordenadores de un enemigo" sino también todas las operaciones relacionadas con la obtención, procesamiento y uso de la información desarrolladas en un entorno real o virtual para alcanzar un objetivo de ventaja predominante sobre un posible competidor económico, político o militar». En cuarto y último lugar, Diego Navarro aborda lo que cada vez representa un mayor problema para los servicios de inteligencia como es la abundancia de información obtenida a través de fuentes abiertas. Un problema que, a su juicio, sólo puede tener solución mediante la formación de expertos en el tratamiento de este tipo de información y que pone en evidencia -viene a concluir Navarro-que las nuevas tecnologías siguen siendo «sólo» un sofisticado instrumento para generar conocimiento pero -como han demostrado también recientes experiencias-no pueden sustituir al «factor humano» en la producción de inteligencia. Todos los colaboradores de este número monográfico, a los que agradezco sinceramente su magnífico trabajo, son especialistas en las áreas que tratan referidas a los servicios de inteligencia. El único que no puede mostrar tal grado de especialización es el firmante de estas páginas introductorias que han intentado, por otro lado, presentar al lector los aspectos más importantes de los temas tratados a continuación. Interesado por la Historia de la Inteligencia y responsable en la actualidad de una investigación al respecto, asumí con mucho interés el encargo de coordinar este número en la medida que me ofrecía la doble posibilidad de colaborar en el proyecto de hacer socialmente más visible un sector de la administración del Estado de tanta importancia como es el servicio de inteligencia y porque, siendo responsable de trazar la estructura del monográfico, podía hacerme intérprete no sólo de las preguntas que al respecto podían hacerse desde un sector del mundo académico, sino desde la ciudadanía en general. La contribución de los historiadores a la formación de una «cultura de la inteligencia» se presenta como una tarea compleja, porque -quizás por un exceso en la consideración de lo secreto, quizás por la dificultad de asumir nuestro propio pasado-el acceso a nuestra principal herramienta de trabajo, la documentación, resulta verdaderamente problemático. En la medida en que los historiadores podemos ofrecer una colaboración útil al esfuerzo de abrir a la sociedad el trabajo que realizan los servicios de inteligencia y contrainteligencia españoles, entendemos que esa colaboración debe entenderse como un camino de ida y vuelta, que invita a que -por fin-también los servicios se abran con total normalidad al trabajo de los historiadores. Un mayor conocimiento de la historia de este tipo de actividades solo puede redundar positivamente en una mejor comprensión de la historia de España en su conjunto. Introducción: Hacia una «cultura de los Servicios... Se puede estar de acuerdo con el CNI en que hay que generar y extender una «cultura de los servicios de inteligencia» que acerque al ciudadano una labor tan importante que comience por desterrar los mitos y las deformaciones. Sin embargo, corremos el riesgo cierto de quedarnos en un mero trabajo de propaganda si no damos profundidad al acertado intento investigando nuestra propia historia y presentando al ciudadano el recorrido que en nuestro país han tenido unos servicios tan importantes para entender la propia evolución del Estado a lo largo, al menos, del último siglo. Pero en la perspectiva que a nuestro grupo de investigación más interesa, no se trata sólo de contribuir con el estudio de un aspecto poco tratado al conocimiento de la historia interna de España, sino sobre todo al de sus relaciones internacionales, como un buen termómetro de análisis de la participación de nuestro país en las grandes corrientes de evolución histórica. Por ello, no creemos que dentro de la investigación de la historia de la política exterior y la política de defensa pueda descuidarse por más tiempo la incorporación de parámetros tan importantes como es el de los servicios de inteligencia. El simple hecho de su existencia o no en sincronía con otros ejemplos de nuestro entorno europeo; las características de su estructura y funcionamiento y la fijación de objetivos y la conexión de estos con los intereses del Estado en los ámbitos nacional e internacional; su importancia dentro del proceso de toma de decisiones, etc., todo ello nos conduce también a plantear elementos importantes y novedosos de comparación histórica. Sabemos que los distintos servicios de inteligencia europeos han crecido, se han desarrollado y se han ido perfeccionando de manera progresiva a lo largo del siglo XX en sintonía con la propia evolución global de los Estados y los paralelos cambios en las relaciones internacionales. El afianzamiento de los sistemas democráticos, no solo no ha sido un impedimento sino que se ha convertido en un acicate más, y cada vez más necesario, para contar con Servicios eficaces, por supuesto, al servicio del Estado.
El objetivo prioritario de este artículo es la presentación del primer balance completo de la historiografía española sobre inteligencia, espionaje y temas afines. Como paso previo, el autor ha realizado una base de datos que cuenta en estos momentos con algo más de 1000 entradas, una cifra nada desdeñable que por sí sola demuestra que la bibliografía española sobre estas materias no es tan escasa como los principales especialistas en el tema suelen afirmar. Un porcentaje muy elevado de las referencias corresponden a trabajos publicados en los últimos doce años, periodo en el que estos estudios han experimentado una progresión exponencial. Sin embargo, el carácter poco sistemático y disperso de la producción está lastrando gravemente su progreso, lo cual redunda en una imagen de cierta pobreza teórica y metodológica. A nuestro juicio, si de verdad queremos avanzar en la promoción de la «cultura de la inteligencia», es imprescindible que se acometa una serie de cambios en la legislación que permitan, entre otras mejoras, el establecimiento de nuevos mecanismos de desclasificación documental. Poco importa quienes sean los encargados de llevar a cabo la historia de los servicios de inteligencia en España. Lo único que nunca debemos de perder de vista es el carácter riguroso de la empresa. Proponemos en este artículo una primera aproximación a la producción historiográfica española referida específicamente a la historia del espionaje y a todos aquellos temas vinculados tradicionalmente a los servi-Juan R. Goberna Falque cios de inteligencia^. Nuestro punto de partida ha sido la creación de una base de datos bibliográfica a partir de las informaciones recogidas en una amplia serie de compilaciones y repertorios especializados^. Muy fructífera, a su vez, ha resultado la consulta de la Recopilación digital de Publicaciones Periódicas de Defensa, disponible recientemente en DVD, que nos ha facilitado el vaciado de las revistas militares españolas más im-portantes^. La ayuda tecnológica en el rastreo bibliográfico compensa, en parte, la ardua tarea de elaboración de dicha base de datos, dado que el principal problema al que nos hemos enfrentado es la total inexistencia de precedentes al respecto^. Un ejemplo significativo: de las 10369 reseñas bibliográficas incluidas en una de las principales summae especializadas, Intelligence, Espionage and Related Topics. 1844-199^, únicamente 72 están directamente relacionadas con España y se refieren, además, a artículos publicados fundamentalmente por autores anglosajones. ^ El presente trabajo se inscribe en el marco del proyecto de investigación «Espionaje y relaciones internacionales: los servicios de información aliados en España durante la Primera Guerra Mundial» (BHA2002-01143) en el que participa el autor. Este proyecto, dirigido por F. GARCÍA SANZ, se desarrolla actualmente en el Departamento de Historia Contemporánea del Instituto de Historia del CSIC. ^ Cabe destacar, por la gran cantidad de títulos que hemos ido encontrando, las siguientes bases de datos: «Bibliografía de la Literatura Española desde 1980»; «Bibliografía General Española»; «Bibliografía Nacional Española»; «Francis»; «Historical Abstracts»; «ISOC»; «MLA: Modern Language Association»; «PCI Full Text»; «Teseo» o «Wilson Humanities Index». Los catálogos de algunas bibliotecas nos han sido de gran utilidad, especialmente el CIRBIC (Red de Bibliotecas del CSIC); Rebiun (catálogo colectivo de la Red de Bibliotecas Universitarias Españolas); la Biblioteca Nacional de España, la Bibliothèque Nationale de France, la British Library, el Instituto de Historia y Cultura Militar, Iberlibro, etc. ^ V. gr.: Revista General de Marina, Ejército, Revista de Historia Militar, Revista de Historia Naval, Revista de Aeronáutica y Astronáutica, Aeroplano o la colección de Monografías del Ceseden. ^ El único balance relativamente similar del que tengamos conocimiento es el que ha llevado a cabo recientemente M. ESPADAS BURGOS en una ponencia titulada «Los Servicios de Información en la transición al mundo contemporáneo. El estado de la cuestión», en el marco de un seminario sobre «Los servicios de información modernos y contemporáneos», celebrado en el Instituto de Historia y Cultura Militar en noviembre de 2004. Las Actas de dicho seminario serán publicadas próximamente en la Revista de Historia Militar. Los servicios de inteligencia en la historiografía española El protocolo de búsqueda ha sido siempre el mismo. Se ha tratado de localizar e identificar todas aquellas publicaciones (libros, monografías, artículos especializados, etc.) que tuviesen relación con nuestro tema de investigación: la historia de los servicios de inteligencia españoles. Así, el listado de palabras clave (keywords) al que hemos recurrido en la gran mayoría de las ocasiones incluía voces como «espía», «espionaje», «inteligencia», «servicio secreto», «servicio de inteligencia», etc., tanto en singular como en plural, casi siempre en castellano, y con la combinación de varios criterios (búsqueda booleana). Debido a la gran generalidad del tema de investigación, hemos decidido sistematizar las informaciones recogidas en la base de datos y llevar a cabo una selección previa. En este sentido, hemos procurado recopilar con la mayor exhaustividad que nos ha sido posible todos aquellos trabajos publicados por autores españoles sobre la historia de la inteligencia en nuestro país, del mismo modo que hemos optado por dejar de lado aquellos otros que hemos considerado menos relevantes. Así, por ejemplo, el interés de la historiografía española por las actividades de espionaje desarrolladas en otros países y que hayan tenido escasa o nula incidencia sobre el desarrollo de la política española ha sido realmente muy limitado^. Por lo que se refiere a la historiografía de otros países en los que se hace referencia a sucesos acaecidos en España o protagonizados por españoles, hemos preferido recoger únicamente las obras más significativas, sobre todo si éstas cubren una laguna importante de la historiografía española sobre un periodo concreto. Y del mismo modo, tampoco aparecen reflejadas las traducciones al español de obras sobre inteligencia y espionaje publicadas originariamente en el extranjero. Nuestra base de datos nos ha permitido elaborar una guía bibliográfica en función de un criterio principal, de orden cronológico, que explica su subdivisión en tres grandes secciones: «Historia moderna de España», «Historia Contemporánea de España» e «Historia actual». La organización interna de cada uno de estos epígrafes, a su vez, responde al sometimiento a una ordenación temática. Hemos seguido criterios relativamente flexibles en lo que al orden en que los distintos trabajos están citados se refiere. Hemos preferido privilegiar las monografías, los libros o las tesis doctorales sobre los artículos de investigación, las contribuciones a congresos o los trabajos de divulgación; en algunos casos, aparecen 27 ^ Estas referencias, pese a haber sido incluidas en nuestra base de datos, no van a ser presentadas en este balance. Juan R. Goherna Falque citados primero los trabajos más antiguos y a continuación los más recientes; y a veces incluso hemos optado por referirnos en primer lugar a las obras más relevantes sobre un determinado tema, independientemente de su fecha de publicación. Los principales especiaHstas se han lamentado de la gran debilidad de la historiografía española sobre espionaje e intehgencia. Todavía en 1996 Félix Luengo Teixidor hacía el siguiente balance de la producción autóctona: «Los servicios de información secreta son, dentro de la historia contemporánea española, grandes desconocidos. Apenas aparecen mencionados en la bi bliografía y apenas hay referencias ni tan siquiera a su mera existencia, y mucho menos a su desarrollo, a su actividad, a los resultados de su pecuhar trabajo, a su eficacia o ineficacia o a su posible influencia en los avatares políticos o militares de nuestro pasado. (...) En realidad, sólo a partir de los años de la transición, tras la muerte de Franco, y en la etapa democrática más reciente hemos empezado a conocer algo sobre ellos, sobre su actividad y su organización, en gran parte gracias a trabajos meramente periodísticos. De etapas anteriores, de sus primeros orígenes y de su desarrollo y actividades en los regímenes anteriores, hay un vacío casi absoluto»'^. Sin embargo, actualmente contamos con algo más de 1000 entradas en nuestra base de datos^, wn número que por sí sólo indica que la producción bibhográfica española sobre servicios de inteligencia no es tan escasa como en un principio pudiera parecer. ¿Cómo podemos explicar esta aparente contradicción entre el análisis realizado hace menos de una décar da por Luengo Teixidor y los datos con los que contamos en la actualidad? Simplemente, a partir de las informaciones extraídas de nuestra propia base de datos, que nos indican que ha sido precisamente en los últimos diez o doce años cuando se ha producido un salto cuantitativo en lo que a la producción de estudios sobre inteligencia se refiere. Sigue siendo cierto que no existe nada que se parezca a una tradición historiográfica propia, pero al menos podemos señalar ya la existencia de dos etapas netamente identificables en el desarrollo cronológico de estos estudios en España:'^ F. LUENGO TEIXIDOR, Espías en la Embajada: los servicios de información secreta republicanos en Francia durante la Guerra Civil, [Bilbao], Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco, 1996, 13. ^ Nuestra intención es seguir enriqueciendo progresivamente esta base de datos con las publicaciones que vayan apareciendo a lo largo de los próximos años y, llegado el momento, ponerla a disposición de los investigadores en una futura monografía en la que se expondrán, además, los principales resultados obtenidos por el equipo de investigación que está trabajando en el proyecto anteriormente citado en la nota 1. Los servicios de inteligencia en la historiografía española 1. 1940-1990: Esta larguísima etapa corresponde al periodo de nacimiento y dificultoso desarrollo de este ámbito de estudios en la historiografía española. Desde el final de la Guerra Civil, el mercado editorial español está copado por traducciones de libros norteamericanos e ingleses y los únicos trabajos publicados por autores españoles aparecen, salvo contadas excepciones, en revistas militares, están escritos por profesionales del ejército y sólo muy raramente se refieren a temas históricos. A partir de 1962^, y por espacio de más de treinta años, Domingo Pastor Petit ha sido el gran especialista español en temas de espionaje, el más prolífico, y el único que ha alcanzado cierta notoriedad internacional^^. A principios de la Transición se produce un discreto primer salto cuantitativo como consecuencia de la publicación de algunos títulos referidos a la historia de los servicios secretos implicados en la Guerra Civil o algún que otro trabajo sobre el espionaje durante el tardofranquismo. La producción crece muy lentamente a lo largo de la década de los ochenta, pero en general sigue siendo muy pobre tanto en número como en cantidad. De hecho, sigue privilegiándose durante largo tiempo la publicación de obras traducidas que, por lo general, son mejor acogidas y con las que se corren menos riesgos editoriales. Además, la Guerra Fría estaba en su punto álgido, y casi todas estas publicaciones se dedicaban al relato pormenorizado de las batallas en la sombra que estaban librando en aquellos años Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Desde 1990: La oleada de escándalos en la que se ven envueltos los servicios secretos españoles en los primeros años de la década de los noventa posibilitan que éstos pasen a ocupar por primera vez en la historia de la España contemporánea, y por un tiempo largo 29 ® D. PASTOR PETIT, Espías en acción, Barcelona, Argos, 1962. ^° Sin embargo, a nuestro juicio, la obra de Pastor Petit, no ha resistido como debiera el paso del tiempo dada su falta de rigor histórico y los «excesos» de su estilo. De todos modos, a pesar de los evidentes déficits metodológicos de sus publicaciones. Pastor Petit sigue siendo hoy en día un autor de referencia obligada en la historiografía española sobre servicios de inteligencia. Por citar sólo un ejemplo, en su Diccionario enciclopédico del espionaje (Madrid, Complutense, 1996) tienen cabida las operaciones claves en la historia de los servicios secretos, las siglas de las grandes organizaciones norteamericanas, soviéticas, británicas, francesas, italianas, españolas, etc, así como los nombres de algunos de los agentes más famosos como Sorge, Philby, Penkovsky, Cicerón, etc. Juan R. Goberna Falque además, el centro de la escena mediática. De esta situación tan sumamente complicada surge un filón editorial. En 1993 el periodista Fernando Rueda publica La casa: el CESID, agentes, operaciones secretas y actividades de los espías españoles, y el éxito editorial de esta obra lleva a la publicación de otras tres, de temática similar, firmadas por ese mismo autor. Otros periodistas siguen su ejemplo, y la lista de libros sobre los servicios secretos españoles se incrementa considerablemente. Y aunque podría dar la impresión de que se trata del éxito de un subgénero pasajero, los datos editoriales demuestran lo contrario. De hecho, un porcentaje muy elevado de los títulos que hemos recogido corresponden a los últimos doce años, de ahí que pueda afirmarse la existencia de una progresión exponencial de trabajos sobre los servicios de inteligencia en España. Los números actuales nos alejan de la única gran tradición historiográfica reconocida mundialmente, la anglosajona, pero nos acercan a países de nuestro entorno geopolítico como Francia o Italia. Pese a este notable progreso cuantitativo, la producción contemporánea de los estudios sobre inteligencia presenta todavía graves deficiencias. De este modo, por ejemplo, siguen siendo prácticamente inexistentes las obras de síntesis. Como afirma Carlos Ruiz Miguel, uno de los principales especialistas en los servicios de inteligencia españoles en la actualidad, «está por hacerse la historia de los servicios de inteligencia españoles. No existe ningún estudio histórico completo sobre los mismos, sino estudios fi: agmentarios»^^ El carácter poco sistemático y disperso de la producción está lastrando gravemente la evolución de la historiografía española, lo cual redunda en esa impresión de pobreza (teórica y metodológica) que todavía hoy acompaña a este tipo de estudios. Asimismo, el hecho de que las principales publicaciones hayan sido llevadas a cabo por periodistas influye negativamente en el tipo de discurso empleado en ellas, que aun siendo legítimo, no resulta siempre el más apropiado. En él reinan las urgencias y éstas, a su vez, traen consigo una serie de consecuencias catastróficas para la escritura de la historia, que es esencialmente una disciplina lenta, al imponerle una obligación de resultado inmediato contrario a su naturaleza. El peaje ha sido con toda certe-Los servicios de inteligencia en la historiografía española za oneroso. Este tipo de literatura ha terminado por desacreditarse a si misma al ofrecer una historia expeditiva que responde más a los imperativos de la producción mediática que al conocimiento riguroso. Periodismo e historia no tienen la misma relación con el tiempo, ni la misma relación con los hechos, ni los mismos métodos de análisis, y la mezcla de los géneros mantiene la confusión e impide desempeñar convenientemente cada una de las funciones de las que la sociedad tiene necesidad. Teniendo en cuenta las limitaciones de acceso a la documentación secreta que tienen los historiadores, puede parecer lógico que hayan sido precisamente periodistas de profesión quienes hayan sacado a la luz algunos de los aspectos cruciales de la historia de los servicios secretos españoles. No obstante, también ellos se ven obligados a hilar muy fino, puesto que el secreto de Estado prima sobre el derecho a la información y el secreto profesional, salvo que lo difundido se refiera a la comisión de delitos^^. Teóricamente, el periodista sólo puede negarse a revelar el origen de las informaciones difundidas si éstas eran conocidas con anterioridad, dado que en ese caso ya no pueden ser consideradas técnicamente como «secretos de Estado». El secreto profesional puede convertirse en un arma de doble filo, puesto que, aunque asegura el cumplimiento de un derecho fundamental del ciudadano, permite, en algunos casos, la difusión de informaciones no suficientemente contrastadas. De modo que el uso que el periodista haga de esta garantía dependerá exclusivamente del «código deontológico» que esté dispuesto a suscribir. Los datos ofrecidos casi nunca vienen acompañados de un soporte documental, así que no nos queda otro remedio que confiar ciegamente en la veracidad de las informaciones. No deben extrañarnos, de este modo, los abusos, la falta de rigor y, en cierta medida, la predisposición hacia la defensa de todo tipo de teorías conspiratorias. La escasez de testimonios de espías españoles contrasta con lo que sucede en otros países (Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Rusia, etc.), en los que los relatos de los protagonistas de la historia de los servicios de inteligencia poseen una mayor y mejor aceptación. Es posible que la propia legislación española referida al delito de revelación de secretos resulte ciertamente disuasoria^^, sobre todo teniendo en cuenta que, por lo 31 ^2 Sentencia del Tribunal Supremo de 4 de abril de 1997. Cit. por M^ C. PÉREZ VI-LLALOBOS, Derechos fundamentales y servicios de inteligencia, [Granada], Grupo Editorial Universitario, [2002], 95. ^^ El Código Penal contiene dos grupos de delitos protectores del secreto de Estado. Por una parte, con carácter general, en los artículos 413 a 418 se castigan las conductas Juan R. Goberna Falque que respecta a los funcionarios públicos, se castigan duramente varias conductas lesivas del secreto^^. En todo caso, el historiador debe afrontar con muchísima precaución la información procedente de estas fuentes de primera mano e intentar interpretarlas correctamente, ya que uno de los problemas inherentes a la memoria personal de los acontecimientos del pasado es su carácter subjetivo y cambiante. Lo que estos protagonistas callan podría ser realmente mucho más trascendental que lo que cuentan, por no hablar, llegado el caso, del recurso a la mentira. Lo ideal sería poder cotejar los testimonios orales con la documentación secreta que haya sido desclasificada, práctica muy poco habitual todavía en la historiografía española. Guía bibliográfica de estudios sobre inteligencia y espionaje Historia moderna de España La importancia de los servicios de inteligencia en la Edad Moderna ha sido minusvalorada en muchas ocasiones por la historiografía tradicional. Eclipsado por otros medios de acción política más espectaculares como la diplomacia oficial o la guerra, el espionaje alcanzó durante este largo periodo una importancia considerable y, de hecho, constituye uno de los aspecto fundamentales en el proceso de construcción del Estado moderno. La nómina de investigadores españoles que han estudiado estos temas es relativamente escasa, pero cuenta ya con algunos nombres de cierto peso como Miguel Ángel Echevarría Bacigalupe, Emilio Sola, Carlos J. Carnicer García, Javier Marcos Rivas, David Salinas o Diego Navarro Bonilla, por citar tan sólo a algunos de los más destacados. Se echan en falta los trabajos de síntesis, y de hecho todavía está por escribir la gran monografía que aborde la historia de los servicios de infor-«de la infidelidad en la custodia de documentos y de la violación de secretos»; por otra, en los artículos 598 a 603, las de «descubrimiento y revelación de secretos e informaciones relativas a la Defensa nacional». ^^ «En primer lugar, la sustracción, destrucción, inutilización u ocultación de documentos cuya custodia tenga encomendada el funcionario; la destrucción o inutilización de los medios dispuestos para impedir el acceso no autorizado a los secretos. En tercer lugar, el acceso o la facilitación del acceso al secreto, sin tener la correspondiente autorización. En cuarto lugar, finalmente, se castiga la revelación del secreto, aspecto éste no comprendido en los anteriores tipos penales». Cit. en C. Ruiz MIGUEL, Servicios de inteligencia y seguridad del estado constitucional, op. cit., 238-239. Los servicios de inteligencia en la historiografía española mación españoles en la Edad Moderna. Mientras tanto, debemos contentarnos con los satisfactorios balances que han llevado a cabo Echevarría Bacigalupe o Navarro Bonilla^^. En cualquier caso, contamos además con algunas obras publicadas por autores extranjeros que hacen referencia constante a las actividades o a las redes de espionaje de otras potencias de aquellos siglos pero que tenían una gran influencia sobre la Península Ibérica, entre los que cabría destacar las realizadas por Paolo Preto sobre los servicios de inteligencia venecianos; por Alain Hugon sobre las relaciones hispanofrancesas a principios del siglo XVII, o por Lucien Bély acerca del espionaje en tiempos de Luis XIV^^. La bibliografía disponible referente al siglo XV es realmente muy exigua. Aparte del volumen correspondiente de la Historia de la Diplomacia Española, de Miguel Ángel Ochoa Brun, que nos ofrece abundantes datos relacionados con actividades secretas en los tiempos de los Reyes Católicos, poco más queda por reseñar^^., 1995, vol. 4. Habría que citar acaso el trabajo de M. A. PALLARES JIMÉNEZ, «Conto de los Caballeros del Sueldo, hombres de a pie y espías. Gastos de guerra del año 1463 en Cinco Villas», en Suessetania 15-16 (1996-1997), 124-136; el artículo de Para el periodo inmediatamente posterior tampoco hemos encontrado demasiadas referencias, pero si nos circunscribimos al largo reinado de Felipe II, la producción bibliográfica aumenta considerablemente. Algunos trabajos como Tres embajadores de Felipe II en Inglaterra, de Manuel Fernández Alvarez; Espionaje y última aventura de José Nasio (1569-1574), de Agustín Arce o Anatomía del espionaje, de Domingo Pastor Petit, ponen de manifiesto que durante el reinado filipino se pusieron en marcha mecanismos de control e inteligencia que afectaban a sus relaciones con distintos Estados y regiones del orbe. Enrique García Hernán, en un capítulo de su libro La Armada española en la monarquía de Felipe II y la defensa del Mediterráneo, aborda cuestiones relativas a los medios económicos, los programas, la formación de los capitanes, las organizaciones administrativas de la Armada, los sistemas de comunicaciones, etc. pero también el funcionamiento de las redes de información y espionaje. David García Hernán es autor de otro artículo sobre las actividades informativas desarrolladas en el ámbito mediterráneo. Emilio Sola y José F. de la Peña, por su parte, han estudiado las tramas levantinas y berberiscas en Cervantes y la Berbería, una obra en cuyo capítulo final se analizan las posibles relaciones que el escritor alcalaíno pudo tener con los servicios de información de Felipe II en aquellos territorios; también contiene referencias interesantes un pequeño estudio de Sola sobre el papel de los espías y los correos en la redención de cautivos en la frontera mediterránea. Asimismo, por el volumen de información que nos ofi^' ece sobre las redes de espionaje en esta época, cabe destacar el segundo volumen de Fuentes para la política oriental de los Austrias de J. M. Floristán Imizcoz. Respecto a las actividades de los servicios de espionaje en el ámbito de las relaciones hispanofrancesas durante este periodo, hemos de referirnos en primer lugar a una monografía de Carlos J. Carnicer García y Javier Marcos Rivas titulada Sebastián de Arbizu, espía de Felipe II: la diplomacia secreta española y la intervención en Francia, en la que se desvelan, combinando la narración biográfica con un riguroso análisis histórico, el funcionamiento, la estructura, los métodos y las actividades de la red de espionaje dirigida por J. M^ PORRO GUTIÉRREZ, «Una antinomia protorrenacentista: secreto de estado y divulgación en los descubrimientos luso-castellanos. La cartografía (1418-1495)» en Anuario de Estudios Americanos 60 (1) (2003), 13-40, en donde se analiza la política de sigilo y de espionaje mutuo desarrollada por portugueses y castellanos en su pugna por el predominio atlántico en el transcurso de aquellos años; o la contribución de L. SECO DE LUCENA PA-REDES, «El musulmán Ahmad' Ulayla, espía de los Reyes Católicos en la Corte granadina», en Miscelánea de estudios árabes y hebraicos 9 (1) (1960), 157. Los servicios de inteligencia en la historiografía española este espía navarro, entre las que destacaron el intento de captura de Aih tonio Pérez, refugiado entonces en la corte bearnesa de Pau. Estos mismos investigadores han publicado Espionaje y traición en el reinado de Felipe II: la historia del vallisoletano Martín de Acuña. También merecen ser reseñados en este punto algunos trabajos de Jaime Contreras, Valentín Vázquez de Prada y Miguel Cabanas Agrela^^. Asimismo, Flandes ya se había convertido por aquel entonces en terreno especialmente abonado para el desarrollo de este tipo de servicios. Gabrielle Borren ha tratado la cuestión en alguna de sus investigaciones y ha relatado las peripecias de agentes españoles que desarrollaron sus 35 ^^ M. FERNÁNDEZ ALVAREZ, Tres embajadores de Felipe II en Inglaterra, Madrid, Instituto Jerónimo Zurita, 1951; A. ARCE, Espionaje y última aventura de José Nasio (1569-1574), Madrid, s.n., 1953; D. PASTOR PETIT, Anatomía del espionaje, Barcelona, Plaza &; Janes, 1970; D. GARCÍA HERNÁN, «Algunas notas sobre el servicio de información de la Monarquía Católica en el Mediterráneo en tiempo de Felipe II», en Espacio, Tiempo y Forma: Historia Moderna 7 (1994), 245-258; E. SoLA CASTAÑO y J. F. DE LA PEÑA, Cervantes y la Berbería (Cervantes, mundo turco-berberisco y servicios secretos en la época de Felipe II). La insólita vida de los grandes de la literatura, Madrid, Temas de Hoy, 2004; E. SoLA CASTAÑO, «LOS que van y vienen: marinos, espías y rescatadores de cautivos en la frontera mediterranea», en Historia 1621 (251) (1997), 50-57; J. M. FLORISTÁN IMIZCOZ, Fuentes para la política oriental de los Austrias. actividades en los Países Bajos en aquellos años tales como Lorenzo de Villavicencio o Alonso del Canto. Pero sin duda el autor que mejor conoce los entresijos de los servicios de información de la monarquía hispánica en el siglo XVI (y también, y más proñmdamente todavía, en las primeras décadas del XVII) es Miguel Ángel Echevarría Bacigalupe, quien enfatiza las actividades de personajes como Juan de Gauna, Alberto Struzzi y Ortuño de Urízar en alguna de sus obras, como por ejemplo Flandes y la monarquía hispánica, 1500-1713. Sin embargo, otros especialistas en este periodo, como René Vermeir, han criticado la atribución de una importancia «desproporcionada» al funcionamiento de la red española de inteligencia secreta, afirmando, entre otras cosas, que «el servicio secreto español (..) ni siquiera resultó capaz de detectar las amenazas de tormenta en casa propia y distó mucho de desempeñar un papel estratégico de importancia»^^. Sobre el espionaje morisco también hay algunos trabajos publicados, entre los que destacamos los de María del Carmen Calero Palacios, Serafín de Tapia o Javier Castillo Fernández, quien traza una biografía del sacerdote Francisco de Torrijos haciendo hincapié en su ambiguo papel en la rebelión de las Alpujarras, probablemente como espía en ambos bandos^^. Por supuesto, no faltan los estudios en los que se señala la importancia de las labores de información en la preparación de algunas de las más famosas batallas en las que se vio implicada la monarquía hispánica en ^^ G. DORREN, «La tolerancia, esa perversa opinión: el espionaje español en Flandes en vísperas de la guerra (1564-1566)», Historia 16 18 (209) (1993), 48-62; M. Á. ECHE-VARRÍA BACIAGLUPE, La diplomacia secreta en Flandes, 1598-1643, Bilbao, Servicio Editorial. Universidad del País Vasco, 1984; del mismo autor Flandes y la monarquía hispánica, 1500-1713, Madrid, Sílex, 1998 (cf. la reseña de este libro firmada por René VERMEIR y publicada en Foro Hispánico 22/1 (2002), 177-179); del mismo autor, «Economía e información en el área del Mar del Norte (primera mitad del siglo XVII)», en Investigaciones Históricas. Zaragoza, Fundación Gregorio Marañón, Instituto Fernando el Católico; Excma. 2° M^ C. CALERO PALACIOS, «Contribución al estudio del espionaje morisco a través de un documento del archivo de la Alhambra», en Cuadernos de la Alhambra 14 (1978), 147-150; S. DE TAPIA, «Las redes comerciales de los moriscos de Castilla la Vieja: un vehículo para sus "complicidades"», en Studia Histórica. Los servicios de inteligencia en la historiografía española aquellos tiempos. En este sentido, hemos de referirnos al libro de Rafael Vargas-Hidalgo, La batalla de Lepanto: según cartas inéditas de Felipe II, don Juan de Austria y Juan Andrea Doria e informes de embajadores y espías o un breve artículo de divulgación publicado Enrique García Hernán sobre esa misma batalla, del mismo modo que sobre la actuación de los servicios secretos en el Desastre de la Armada Invencible habría que citar los trabajos de Francisco Felipe Olesa Muñido, Simón Adams, Hugo O'Donnell y Duque de Estrada o de Esteban Moran Torres, quien por cierto pone de manifiesto la importancia de la criptografía en el resultado final de la batalla y el papel que jugaron personajes como Francis Walsingham o Bernardino de Mendoza. También debemos de reseñar en este punto un artículo de Francisco de Borja Medina sobre la empresa de Inglaterra^^. Relativamente prolíficas han sido a su vez las aportaciones referidas a los casos de espionaje producidos en territorio vasco-navarro durante el siglo XVI. José María Satrústegui presentó una colección de documentos inéditos muy interesantes tanto por su antigüedad y extensión como por la originalidad del tema en un artículo que provocó una polémica erudita con Josu Oregui Aramburu, quien por su parte propuso algunas correcciones de lectura e interpretación de aquellos documentos. Por otra parte, José Manuel Floristán Imizcoz elaboró otro artículo a partir de veinte cartas procedentes del Archivo General de Simancas, también relacionadas con varios casos de espionaje militar en la frontera vascofrancesa, pero esta vez fue Satrústegui quien sugirió algunas puntualizaciones al citado estudio, proponiendo nuevos análisis lingüístico^^. Respecto a la historia del espionaje español durante las primeras décadas del siglo XVII tenemos que hacer referencia en primer lugar a un clásico, el trabajo del historiador americano Charles Howard Carter, The Secret Diplomacy of the Habshurgs, 1598-1625, todavía hoy en día la única obra que presenta una visión de conjunto sobre el reinado de Felipe III. Sorprende comprobar que apenas hayan sido estudiadas las actividades de información y espionaje de Francisco de Quevedo y Villegas, sobre todo si tenemos en cuenta que ha sido considerado por algunos autores como el mejor agente secreto que ha tenido España a lo largo de su historia. Entre las escasas excepciones, cabe destacar el capítulo que le dedica Fernando Martínez Laínez en su libro Escritores espías. Algo parecido sucede con Diego Sarmiento de Acuña, quien, a pesar de ser el encargado de dirigir los servicios secretos españoles en este periodo (organizando unas redes que tendían sus tentáculos por toda Europa desde Londres y logrando la desarticulación de los complots dirigidos contra los intereses españoles), tampoco tenemos constancia de la publicación de ningún estudio monográfico en el que se relaten detalladamente sus actividades. Por lo que se refiere a la bibliografía nacional, tenemos que volver a hacer una vez más referencia a Echevarría Bacigalupe, autor de una obra titulada La diplomacia secreta en Flandes, 1598-1643. En cuanto al resto, apenas podemos citar un artículo de José Ramón Fernández Suárez en el que se tratan cuestiones relacionadas con estas actividades en el ámbito diplomático hispano-británico, protagonizadas por el conde de Gondomar, el conde de Bristol, C. Cornwalis o L. de Carvajal, así como una interesante contribución de Jesús Carrasco Vázquez en la que se analiza el lucrativo y sucio negocio del vellón en el que participaron amplias capas de la sociedad castellana y su relación con el asesinato de un espía inglés al servicio de España llamado Jorge Cotón o la persecución inquisitorial de otro espía de la Corona, el morisco Gabriel de Carmona. También a caballo entre el final del siglo XVI y principios del XVII se sitúa un trabajo de Fernando Rodríguez Mediano y Mercedes García-Arenal en el que tratan de reconstruir la vida de Diego de Urrea, uno de los traductores de árabe más importantes de la época en España e intermediario y espía en asuntos marroquíes^^. Los servicios de inteligencia en la historiografía española También son escasos y excesivamente locales los estudios sobre estas redes durante el reinado de Felipe IV. Antoni Simon i Tarros ha estudiado algunos de los conflictos políticos relacionados con las actividades de espionaje llevadas a cabo por personajes como Gaspar de Bonifaz en Cataluña hacia los años 1635-1640. A su vez, en el contexto global de la guerra entre los Habsburgo españoles y los Berbenes franceses, Antonio Muñoz González y Josep Cata i Tur le han dedicado un estudio específico a la capitulación de Barcelona de octubre de 1652, en el que se destacan diversos aspectos de este episodio como por ejemplo el uso masivo de espías y confidentes en ambos lados. Abundantes informaciones sobre las actividades de los servicios de información del Real Ejército de Extremadura durante la rebelión portuguesa aparecen en un trabajo de Fernando Cortés Cortés. Por su parte, Miguel Gómez del Campillo publicó hace años un artículo sobre la figura del Espía Mayor. Don Juan de Valencia, pintoresco peruano que vivió en la Corte y que llegó a ocupar este cargo durante el reinado de Felipe IV, también ha sido objeto de algunas breves investigaciones, como por ejemplo El limeño don Juan de Valencia el del Infante, Preceptista taurino y espía mayor de Castilla, de Guillermo Lohmann Villena o Don Juan de Valencia, espía mayor de Felipe Wy torero, de María del Carmen Pescador del Hoyo. El reinado de Carlos II de España coincide con el periodo politico más inestable de la Europa del siglo XVII, corno consecuencia fundamentalmente de la rivalidad de los movimientos diplomáticos y militares provocados en gran parte por la Francia de Luis XIV. David Salinas ha publicado sobre este periodo dos obras de consulta obligada: La Diplomacia española en las relaciones con Holanda durante el reinado de Carlos II (1665-1700) y Espionaje y gastos en la diplomacia española en sus documentos, obra ésta con la que el autor pretende poner al descubierto los mecanismo del gobierno investigando dos aspectos que causaron daño y preocupación en Francia, a saber, el servicio de espionaje y los gastos de las embajadas en ese periodo^^. Por lo que se refiere al reinado de Felipe V, poco o nada podemos reseñar. De hecho, no existe ningún estudio monográfico sobre la figura de Ana María de la Tremouille, princesa viuda de Ursini, a la que Luis XIV había enviado a España para que vigilase de cerca a su nieto. Por el contrario, como ha demostrado Cezary Taracha, el espionaje alcanzó en ese periodo una importancia crucial, sobre todo si tenemos en cuenta el empeño del marqués de la Ensenada en este ámbito, quien, a pesar de no ser el titular de la secretaría de Estado, llegó a crear su propia red de informantes al margen de aquella. Isidoro Pinedo ha estudiado la compleja situación de las relaciones hispano-británicas tras la Guerra de los Siete Años, finalizada en 1763, en un trabajo en el que se alude a las sospechas de Manuel de Roda, basadas en informes enviados por sus espías, de que Inglaterra estaba utilizando la cuestión jesuítica para hostigar a España. Pedro Voltes Bou también se refiere a algunas de las actividades de espionaje durante el gobierno del marqués de Floridablanca. José Francisco Pérez Berenguel ha tratado las opiniones vertidas por Alexander Jardine, uno de los mayores conocedores británicos de la realidad política y militar española de finales del siglo XVIII, tomando como base los informes inéditos que este personaje enviaba periódicamente a su gobierno durante su etapa de espía en España. Demetrio Ramos ha anali-Aphra Behn (1640-1689) con el teatro español: Torres Naharro, Gil Vicente, Lope de Rueda, Calderón, Cervantes...», en D. MAKTÍNEZ TORRÓN (ed.). Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 221-230 (sobre Aphra Behn, cf. también el capítulo que le dedica F. MARTÍNEZ LAÍNEZ, Escritores espías, op. cit.). ^^ D. SALINAS, La Diplomacia española en las relaciones con Holanda durante el reinado de Carlos II (1665-1700), Madrid, Dirección General de Relaciones Culturales, 1989; y del mismo autor. Espionaje y gastos en la diplomacia española. Los servicios de inteligencia en la historiografía española zado el papel jugado por la isla de Madeira como centro del espionaje español en el marco de las relaciones con Inglaterra. Este autor también ha abordado cuestiones relacionadas con la intervención de los servicios de inteligencia en el transcurso del proceso de Independencia de Estados Unidos, poniendo de relieve la actuación de personajes como el marqués de Grimaldi, José de Gálvez o el marqués de la Torre en Florida, La Habana o Jamaica en el transcurso de ese año crucial. La producción bibliográfica española sobre los servicios de información en el ámbito de la historia moderna de América es muy escasa y, de hecho, apenas existen aportaciones que aborden esta temática. A pesar de este déficit, además del artículo de Ramos Pérez debemos citar si acaso algún trabajo de Jorge Victoria Ojeda^^. Lo que sí proliferan son los estudios relativos al ámbito del espionaje industrial. Algunos de ellos, por cierto, se refieren a un marco cronológico relativamente temprano, como es el caso de un trabajo de José Antonio García-Diego dedicado a Agustín de Betancourt. Sin embargo, los dos personajes de los que abundan más estudios en el ámbito del espionaje industrial dieciochesco son Jorge Juan y Antonio de Ulloa. Cabe destacar, en este sentido, el balance llevado a cabo por Antonio Lafuente y José Luis Peset Reig. Por lo que se refiere a Jorge Juan, la Revista General de Marina le dedicó un monográfico especial con motivo del segundo centenario de su muerte, en el que sobresalen las aportaciones de Juan García-Frías, Dalmiro de la Válgoma y Díaz Varela, José Luis Morales Hernández, Pascual O'Dogherty y José Fernández Gaytán. Las ac- ^^ C. Juan R. Goberna Falque tividades relacionadas con este tipo de espionaje también han sido resaltadas por José Merino, Francisco Aguilar Piñal y Juan Helguera Quijada. Este último es autor además de una tesis doctoral titulada El Estado y la modernización de la industria metalúrgica española en el siglo XVIII: las fundiciones de artillería, de la que nos interesa especialmente el estudio minucioso de las misiones de espionaje e información industrial que se llevan a cabo por toda Europa en lo que a la fabricación de cañones se refiere. Por su parecido temático debemos señalar también la tesis de María Dolores Herrero Fernández-Quesada, titulada Ciencia y milicia en el siglo XVIII: Tomás de Moría, artillero ilustrado, un personaje que recorrió Europa en el desempeño de una comisión facultativa que encubría una meditada misión de espionaje industrial. Por último, ciñéndonos al ámbito de la historia del espionaje industrial en el País Vasco, debemos citar la obra de Inés Pellón González y Pascual Román Polo, autores de La Bascongada y el Ministerio de Marina. Espionaje, ciencia y tecnología en Ber gar a (1777-1783), una obra en la que se presenta la correspondencia que mantuvieron destacados personajes vinculados a ese ministerio y que revela aspectos inéditos de las actividades que desarrollaron en aquellos años un conjunto de espías, científicos y técnicos de gran talla que se dieron cita en Bergara bajo el impulso del Conde de Peñaflorida y el Marqués de Narros^'^. Como es de esperar, la Guerra de Independencia fue un campo abonado para el desarrollo de las actividades de espionaje y, por ello, resulta todavía más sorprendente que contemos con tan pocos estudios previos que hagan referencia a este periodo, si exceptuamos la pequeña síntesis que ha publicado Andrés Cassinello Pérez bajo el título «Los servicios de información en la Guerra de la Independencia». El resto de trabajos que hemos localizado, sin negar su interés, resultan excesivamente particulares o se refieren a aspectos demasiado concretos. En cualquier caso, debemos reseñar un artículo de Francisco Miranda Rubio en el que se describen las actividades de la guerrilla, la estrategia militar o de espionaje Los servicios de inteligencia en la historiografía española que llevaron a cabo Francisco Javier Espoz y Mina o Javier Mina en Navarra entre 1808 y 1812; un pequeño trabajo de Gerardo Dufour en el que se traza un bosquejo biográfico de Luis Gutiérrez y se pone de relieve su condición de agente secreto de Napoleón; una contribución de José María Martí Bonet; una ponencia de Carlos Posac Mon sobre las redes de espías en Tarifa durante la guerra o una breve biografía de Rosa Aguado, una mujer que llevó a cabo actividades de espionaje en la zona de Valladolid en torno a 1811, publicada por Jorge Sánchez Fernández^^. Las lagunas historiográficas se hacen todavía más evidentes durante los tiempos de paz. De hecho, para el periodo fernandino, cabe citar únicamente un trabajo de Martín Turrado Vidal en donde se hace referencia a cuestiones relacionadas con la administración del Estado, la represión política, la policía y las actividades de los agentes secretos al servicio de Fernando VII durante la década ominosa. No hemos encontrado ni un sólo estudio sobre estas cuestiones referidas a las fases pacíficas del reinado isabelino. Las guerras carlistas trajeron consigo el desarrollo de varios servicios de información y espionaje en ambos contendientes, pero los investigadores especializados en el carlismo tampoco han mostrado hasta ahora demasiado interés por el estudio en profundidad de estas redes. Sin embargo, a pesar de este déficit historiográfico, uno de los protagonistas de la guerra, Eugenio de Avinareta, se ha convertido en uno de los grandes hitos de la historia del espionaje en España, de ahí que, para este caso particular, contemos con algunos estudios importantes. En este sentido resulta indispensable que hagamos una referencia explícita a Pío Baroja, quien dedicó veintidós años de su vida y un ^^ A. CASSINELLO PÉREZ, «LOS servicios de información en la Guerra de la Independencia» en Ejército 654 (1994), 75-102 (una de las escasísimas muestras de interés de los militares españoles por el estudio de la Historia, que, desde luego no abunda en los sumarios de las revistas militares españolas); del mismo autor, «Aventuras de los servicios de información durante la Guerra de la Independencia», que saldrá publicado próximamente en el número monográfico que la Revista de Historia Militar citado en la nota 4; F. MIRANDA RUBIO, «El guerrillero navarro y su trascendencia», en Príncipe de Viana 43 (165) (1982), 439-464; G. DuFOUR, «Andanzas y muerte de Luis Gutiérrez, autor de la novela "Cornelia Bororquia"», en Caligrama. enorme esfuerzo de investigación a escribir una serie de novelas históricas organizadas alrededor de la vida de ese espía en una serie titulada Memorias de un hombre de acción. La popularidad que adquirió este personaje a partir de la publicación de la saga barojiana quizás explique la relativa profusión de estudios sobre su vida, como el que le dedicó el hispanista francés Marcel Bataillon, con datos casi exclusivamente históricos, o el de José Luis Castillo Puche, quien realizó una revisión histórica de la obra de Baroja en su obra Memorias íntimas de Avinareta, o Manual del Conspirador (Réplica a Baroja). Por lo que se refiere a la historiografía de los últimos treinta años, únicamente podemos reseñar cuatro pequeñas contribuciones, todas ellas relativas a la Primera guerra carlista: María del Carmen Simón Palmer ha estudiado algunas actividades secretas a partir de la correspondencia que mantuvieron el propio Avinareta y Agustín Fernández de Gamboa; Francisco Asín Remirez de Esparza amplió el relato de las peripecias de esos mismos agentes secretos e incluyó el de otros como José Antonio de Muñagorri, Ramón Cabrera o Clemente Baranda; Alfonso Bullón de Mendoza y Gómez de Valugera se ha centrado en el estudio de las acciones de personajes como Diego Abad, Luis Ortega Morejón, José Anselmo Pasquier o Pedro Márquez, y José Ramón Urquijo Goitia ha esbozado las líneas generales del funcionamiento de los servicios de información en el transcurso de esa guerra^^. Ninguna referencia importante que reseñar referida al Sexenio revolucionario, y ciertamente muy pocas para el largo periodo de la Restauración. Las escasas excepciones proceden del estudio de la cuestión colonial y, más concretamente, de la guerra de Cuba, que han propiciado la elaboración de algunos trabajos, si bien es cierto que tampoco demasiado ^° M. TURRADO VIDAL, «LOS primeros fondos reservados: dinero para la represión en la ominosa década», Historia 16 19 (220) (1994), 39-45; P. BAROJA, Memorias de un hombre de acción; edición dirigida por J. C. MAINER, Barcelona, Círculo de Lectores, 1997; M. BATAILLON, «Para la biografía de un héroe de novela (Eugenio de Avinareta)», en Revista de Filología Española 18 (1931); J. L. CASTILLO PUCHE, Memorias íntimas de Avinareta, o Manual del Conspirador (Réplica a Baroja), Madrid, Biblioteca Nueva, 1952; M^ del C. SIMÓN PALMER, «El espionaje liberal en la última etapa de la primera guerra carlista: nuevas cartas de Avinareta y de F. de Gamboa», en W. AA., Estudios sobre la España liberal, 1808-1868, Madrid, Hispânia, 1973, 289-380; F. ASÍN REMIREZ DE ESPARZA, «El espionaje durante la primera guerra carlista», en Aportes. Revista de historia contemporánea 14 (1990), 4-10; A. BULLÓN DE MENDOZA Y GÓMEZ DE VALUGERA, «Agentes carlistas en España», en Aportes. Revista de Historia Contemporánea 16 (1991), 72-76; J. R. URQUIJO GOITIA, «Servicios de información durante la I Guerra Carlista», en Revista de Historia Militar (en prensa). Los servicios de inteligencia en la historiografía española abundantes. Luis Urteaga, Francese Nadal y José Ignacio Muro han estudiado la fundación y las actividades iniciales de la Comisión de Estado Mayor en Marruecos, creada por el Depósito de la Guerra con el fin de realizar diversas tareas de inteligencia militar y llevar a término levantamientos cartográficos en el Magreb, en un trabajo en el que se reflejan las tensiones provocadas por la carrera imperialista en Africa. Mana Dolores González-RipoU Navarro se ha interesado por la comunidad de cubanos emigrados a Cayo Hueso durante la segunda mitad del siglo XIX y muestra cómo los sucesivos cónsules españoles intentaron neutralizar las actividades de los independentistas por medio del empleo del espionaje y el desarrollo paralelo de una política de acercamiento. María Dolores Domingo Acebrón defendió a su vez una tesis titulada Proyección social y política de la Guerra de los Diez Años: Cuba (1868-1878), en la que, entre otros aspectos, se estudia la creación por parte de las autoridades españolas de una red de espionaje en los puntos neurálgicos donde se encontraban los rebeldes exiliados en el extranjero, llegando incluso al propio Congreso de los Estados Unidos, con el fin primordial de que la beligerancia no les fuera reconocida. Más sintéticos y con una visión más global son los breves artículos de Francisco Sánchez Ruano, Agustín R. Rodríguez González o Rafael Moreno Izquierdo, todos ellos referidos a las redes de espionaje durante la guerra de 1898. Asimismo, pueden encontrarse varias referencias interesantes relacionadas con este mismo tema en algunas de las contribuciones publicadas en las Actas del Congreso Internacional de Historia Militar celebrado en Madrid y Avila en 1998, entre las que cabría destacar especialmente la de Milagros Flores Román y la de Graham A. Cosmas^^ Sobre las actividades de los servicios de información y espionaje en España durante la Primera Guerra Mundial, las perspectivas de futuro son muy halagüeñas si tenemos en cuenta que en los años venideros serán publicados los resultados de un proyecto de investigación titulado «Espionaje y relaciones internacionales: los servicios de información aliados en España durante la Primera Guerra Mundial», actualmente en fase de desarrollo en el Instituto de Historia del CSIC. Este proyecto aportará datos muy novedosos y colmará en cierta medida el actual vacío historiográfico por lo que a esta temática se refiere y, en este sentido, debemos reseñar la inmediata publicación de tres contribuciones firmadas por sendos miembros del equipo de investigación de dicho proyecto en la Revista de Historia Militar. Por lo demás, apenas contamos hasta el momento con unas cuantas publicaciones, realmente escasas si tenemos en cuenta la importancia geoestratégica de la Península Ibérica a lo largo de todo el conflicto. La más interesante de ellas, aunque muy antigua, es la monografía de P. Louis Rivière, Un centre de guerre secrète: Madrid 1914Madrid -1918. Podemos encontrar múltiples referencias a la acción de los agentes secretos alemanes y aliados en las islas Canarias en la obra que publicó Ronald Ley, Rumores de espionaje: Wolfgang Kohler y los monos en Tenerife, así como en la tesis doctoral de Francisco Javier Ponce Marrero, Canarias y la política exterior española en la Primera Guerra mundial, 1914Guerra mundial, -1918. En otro orden de cosas, debemos tener en cuenta que Barcelona se convirtió durante la Gran Guerra en uno de los principales centros del espionaje internacional y, por este motivo, podemos encontrar algunas referencias a este tema en un trabajo de Jorge Ventura Subirats sobre la figura del Barón de Konig; un artículo de León Ignacio en el que se investigan las actividades del comisario Bravo Portillo; o una contribución de Antoni Rigol y Jordi Sebastián sobre el caso Savolta. Por lo que se refiere a las actividades de información o espionaje llevadas a cabo por españoles fuera de la Península, resultan interesantes las memorias de un agente español llamado Jaime Mir, que sirvió a los aliados en Bélgica, tituladas Por qué me condenaron a muerte; un pequeño estudio de Fernando Redondo Díaz sobre los observadores militares españoles en el transcurso de la guerra, o el breve trabajo de Eduardo Manzano Moreno en el que se analizan los sucesos en Palestina a través de las informaciones extraídas de los diarios del cónsul español D. Antonio de la Cierva y Lewita, conde de Ballobar^^. ^^ F. GARCÍA SANZ, «Información, espionaje y contraespionaje en España durante la I Guerra Mundial» en Revista de Historia Militar (monográfico sobre «Los servicios de in-Los servicios de inteligencia en la historiografía española Resulta cuando menos sorprendente el completo secano historiográfico ante el que nos hemos encontrado durante el periodo que va desde el inicio de la dictadura de Miguel Primo de Rivera hasta el estallido de la Guerra Civil, sobre todo teniendo en cuenta que por aquellos años se produjo el enfrentamiento bélico con Marruecos y que, de facto, tenemos indicios de la existencia de unas embrionarias redes de información en el norte de África. Tampoco podemos destacar ninguna referencia de interés referida al periodo correspondiente a la II República. Sin embargo, contamos con un número relativamente importante de monografías que nos informan de la situación de los servicios de información durante la contienda civil que se produjo en España entre 1936 y 1939. De hecho, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que se trata, junto al periodo correspondiente al reinado de Felipe II, de la fase histórica mejor conocida y más tratada por la historiografía española. Sin embargo, a pesar de los avances realizados en los últimos años en el conocimiento de estas redes de espionaje, la situación actual sigue siendo deficitaria y, desde luego, habrá que seguir trabajando porque todavía quedan muchas lagunas. En primer lugar, hemos de referirnos a aquellas obras que o bien fueron escritas por algunos de los protagonistas de las redes de espionaje 49 formación modernos y contemporáneos», cit. en nota 4); E. GONZÁLEZ CALLEJA, «Los servicios de información franceses en España durante la I Guerra Mundial», ihid,, y M^ D. ELI-ZALDE PÉREZ-GRUESO, «Los servicios de información británicos en España durante la I Guerra Mundial», ihid\ P. L. RIVIÈRE, Un centre de guerre secrète: Madrid 1914Madrid -1918. L'entreprise, París, Payot, 1936; R. LEY, Rumores de espionaje: Wolfgang Kõhler y los monos en Tenerife, Sta. Cf la introducción y las notas de J. L. GARCÍA PÉREZ, así como, de este mismo autor, «Un libro en la historia del espionaje en Canarias», en F. MORALES PADRÓN (dir.), X Coloquio de Historia canario-americana (1992), Las Palmas de Gran Canaria, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1994, 1077-1082; F. J. PONCE MARRERO, Canarias y la política exterior española en la Primera Guerra mundial, 1914Guerra mundial, -1918: el protagonismo internacional de las islas como escenario de confrontación diplomática y estratégica, Las Palmas de Gran Canaria, Universidad de Las Palmas, 2001 (tesis doctoral); J. VENTURA SUBIRATS, «La verdadera personalidad del «Barón de Kõnig»«, en Cuadernos de Historia Económica de Cataluña 5 (1971) que estuvieron en acción durante el conflicto y que, por este motivo, resultan de referencia obligada, o bien simplemente aparecieron publicadas en la inmediata posguerra. Por lo que se refiere al bando nacional, la más importante de todas es la que publicó José Bertrán y Musitu, el responsable del Servicio de Información de Fronteras del Nordeste de España (SIFNE) entre 1936 y 1937, aunque también aparecen informaciones interesantes en La quinta columna, de J. M. Carretero o Unos meses de información militar al servicio de Franco en el extranjero, de Antonio Cacho Zabalza. También cabe citar aquí la novela de Jaime Delgado (pseud. de Yago Miranda), en la que se relatan las actividades de los agentes de la Comandancia Militar del Bidasoa. Sin embargo, los artículos sobre este tema en esos años son mucho más raros, siendo únicamente reseñables unos pocos trabajos aparecidos en revistas militares, como por ejemplo los de Alonso Linaje, Santiago Mateo Marcos, J. C. o José Manuel Martínez Bande^^. Por lo que se refiere al bando republicano, la batalla propagandística se desarrolló a través de panfletos como el que publicó Carlos J. Contreras La «Quinta Columna»: Cómo luchar contra la provocación y el espionaje o la polémica obra Espionaje en España, firmada bajo seudónimo por Max Rieger. En 1938, en un Madrid asediado, Ernest Hemingway escribió una obra de teatro titulada precisamente La quinta columna y al año siguiente Marthe Richards publicó un libro de sobre sus experiencias en la guerra, Mes dernières missions secretes: Espagne 1936-1938. Este mismo título también utilizado en una de sus obras por Manuel Uribarri, autor asimismo del libro El SIM de la República, Probablemente la obra más interesante sobre el tema sea el relato autobiográfico de un agente Los servicios de inteligencia en la historiografía española del Servicio de inteligencia especial periférico (SIEP), el anarquista aragonés Ramón Rufat, que fue publicado en Francia en 1990 con el título Espions de la République: mémoires d 'un agent secret pendant la guerre d' Espagne ^^. Hubo que esperar hasta la muerte de Franco para que fueran publicadas obras más extensas, entre las que hemos de destacar Los servicios de espionaje en la guerra civil española (1936)(1937)(1938)(1939), de Armando Paz (pseud. de Antonio Cores), La Quinta columna, de Santos Alcocer Badenas o Espionaje: (España 1936(España -1939) ) y Los dossiers secretos de la Guerra Civil, de Domingo Pastor Petit, obras todas ellas que en su día sirvieron para dar a conocer aspectos desconocidos de la guerra secreta, pero que sin embargo han sido muy criticadas por la gran mayoría de los especialistas debido a su carácter poco riguroso. Informaciones mucho más serias son las que encontramos en tres tesis doctorales publicadas a principios de los años noventa: la de Sara Núñez de Prado y Clavell, autora de Servicios de información y propaganda en la Guerra Civil española, 1936-39; la de Gema Iglesias Rodríguez, titulada La propaganda política durante la Guerra Civil española: la España republicana; y la de Marina Casanova Gómez, La diplomacia republicana y los servicios de información durante la Guerra civil española. Asimismo, podemos encontrar referencias a este tema en la obra de Javier Cervera Gil, Madrid en guerra, en la que se describe la cruda realidad de las cárceles, las checas, los paseos y las sacas de presos, así como el muestrario de sospe-si ^^ C. J. CONTRERAS, La «Quinta Columna»: Cómo luchar contra la provocación y el espionaje... Madrid, Sector Oeste del Partido Comunista, 1937; M. RIEGER (pseud.), Espionaje en España, Barcelona, Ediciones Unidad, 1938 (se trata en realidad de una obra colectiva atribuida a Georges Soria y Arturo Perucho, dirigida, supervisada y corregida por «Stepanov», con prefacio de José Bergamín y traducida al castellano por Lucienne y Arturo Perucho); E. HEMINGWAY, La quinta columna, Valencia, Centre Dramatic, 1992[1938]; M. RICHARDS, Mes dernières missions secretes: Espagne 1936-1938, París, Les Éd. de France, 1939; M. URIBARRI, La Quinta Columna, La Habana, Tipografía La Universal, 1943; del mismo autor, El SIM de la República, La Habana, 1942; R. RUFAT, Espions de la République: mémoires d 'un agent secret pendant la guerre d' Espagne, [Paris], Allia, 1990 (traducción de Entre los hijos de la noche: memorias de un agente republicano del Servicio de inteligencia especial periferico (SIEP) durante la Guerra civil española de 1936-1939, una obra escrita en 1986, merecedora del primer premio «Juan García Duran» sobre memorias de la guerra civil de la Universidad de Barcelona, y que por desgracia sigue inédita en nuestro país); del mismo autor, «Le service d' espionnage de FArmée républicaine pendant la guerre civile espagnole de 1936de -1939de » en Matériaux pour l'histoire de notre temps, 3-4 (1985) ) (monográfico titulado «L' Espagne, 1900'Espagne, -1985»)»). Juan R. Goberna Falque choses, espías y quintacolumnistas que pululaban por la capital en los años del conflicto^^. Sobre los servicios de información y las redes de espionaje españoles instalados en el extranjero durante la guerra, además de las obras publicadas en la inmediata posguerra por Bertrán y Musitu, Cacho Zabalza o Delgado, ya citadas, hemos de mencionar, mucho más recientes, entre las que sobresalen, particularmente, aquellas relacionadas con las actividades desarrolladas en territorio francés, sobre las que se han publicado dos estudios muy meritorios que por su factura constituyen dos hitos historiográficos fundamentales en la historia de los servicios de inteligencia en España. En 1996 Félix Luengo Teixidor publicó Espías en la Embajada: los servicios de información secreta republicanos en Francia durante la Guerra Civil, una obra en la que se analiza la importante actividad que llevaron a cabo los espías republicanos en territorio galo, a través de la embajada en París y de los diversos consulados, con el objetivo de contrarrestar la destacada presencia del espionaje enemigo instalado en el sur de Francia. Cinco años más tarde, Pedro Barruso Bares puso en circulación su obra El frente silencioso. La Guerra civil española en el sudoeste de Francia (1936de Francia ( -1940)), que retoma parte de los contenidos del libro de Luengo Teixidor, pero desarrollando en profundidad la intensa lucha secreta que sostuvieron en las cercanías de la frontera vascofrancesa los servicios secretos republicanos y los agentes franquistas, quienes a su vez contaron con la colaboración de un grupo de espías alemanes e italianos. Los dossiers secretos de la Guerra Civil. Barcelona, Librería Editorial Argos, 1978; La cinquena columna a Catalunya, 1936-39, Barcelona, Galba Edicions, 1978, y también «El espionaje en la guerra civil española», en Historia y Vida 23 (273) (1990), 74-83; S. NÚÑEZ DE PRADO Y CLAVELL, Servicios de información y propaganda en la guerra civil española, 1936-39, Madrid, Editorial de la Universidad Complutense, 1992 (tesis doctoral); de la misma autora, «Los servicios de información republicanos (1936-39)», en Anuario del Departamento de Historia 3 (1991), 31-43; M. CASANOVA GÓMEZ, La diplomacia republicana y los servicios de información durante la Guerra civil española. La labor diplomática del Prof Jiménez de Asúa, Madrid, Uned, 1993 (tesis doctoral); de la misma autora. La diplomacia española durante la Guerra civil, Madrid, Ministerio de Asuntos Exteriores, 1996; de la misma autora, «Depuración de funcionarios diplomáticos durante la guerra civil», en Espacio, Tiempo y Forma 4 (1987), 31-39; J. CERVERERA GIL, Madrid en guerra: la ciudad clandestina, 1936/1939, Madrid, Alianza Editorial, 1998. Los servicios de inteligencia en la historiografía española bido al empleo de fuentes documentales inéditas procedentes de archivos españoles, franceses e italianos^^. Si las memorias, monografías y las tesis referidas a este periodo son relativamente abundantes, lo mismo cabe decir de los artículos de investigación o divulgación científica, entre los que tenemos que destacar los de Ricardo de la Cierva sobre Feliciano Martín Villoría, el coronel Ungría, la participación de Philby en la guerra o las actividades secretas desarrolladas en el Peñón de Gibraltar; de Tania Juanes sobre la quinta columna; del propio Domingo Pastor Petit sobre un caso de espionaje en Barcelona; de Heleno Saña sobre la participación del almirante Canaris, el jefe de los servicios secretos alemanes, en la guerra de España; de Jesús Béseos Torres sobre las actividades de espionaje que llevaron a cabo las monjas, la mujeres de la Sección Femenina de Falange Española o las enfermeras de la Cruz Roja Española en el transcurso de la guerra; de Daniel Sueiro sobre las conspiraciones contra la República; de Sara Núñez de Prado y Clavell otra vez sobre las quintas columnas; de Marina Casanova sobre la implicación de los anarquistas, los servicios de inteligencia, la policía y la diplomacia en el supuesto complot contra Negrín en mayo de 1937; de José Coli i Pujol y José L. Innesta Pérez sobre el mercante inglés «Lake Lugano»; de Willard C. Frank Jr. sobre los submarinos republicanos españoles bajo mando soviético; o de Mikel Rodríguez sobre el grupo de mujeres vascas que desarrollaron acciones de espionaje en el largo y conflictivo periodo que va de la instauración de la II República al final de la II Guerra MundiaF'^. Los trabajos profesionales publicados sobre los distintos aspectos organizativos o tecnológicos referidos a los servicios de información de los ejércitos comienzan a tener cierto eco en las publicaciones militares una vez terminada la Guerra civil. De este modo, ven la luz sucesivamente obras como La información y los servicios en las Unidades de Infantería, de Narciso Ariza, en la que se abordan temas como la inteligencia, el abastecimiento, la sanidad o la organización militar; El servicio de información de la caballería, de David Azcarretazábal y Ochoa de Retana; El servicio de información operativo, de Manuel Chamorro Martínez, sin lugar a dudas uno de los grandes especialistas sobre estos temas en aquellos años; o La organización informativa y el agente secreto, Luis Canis Matutes, con prólogo del general José Ungría. Por lo que se refiere a las revistas, los primeros artículos que hemos localizado eran simples traducciones de revistas especializadas extranjeras, sobre todo americanas, pero enseguida van a comenzar a publicar sus contribuciones algunos especialistas españoles como Juan Mateo Marcos, Antonio Cores, A. Sarmiento, Manuel Chamorro, Pedro Pardo Riquelme, Antonio Lage Sanmiguel; Calixto Arroyo Merino o J. Díaz Lorda. A principios de los años cincuenta se inicia una larga travesía del desierto, que dura casi tres décadas, en donde los trabajos relacionados con los servicios de información desde el punto de vista militar desaparecen casi completamente, con la única excepción quizás de un manual publicado en 1963 por Antonio Díaz Carmona, La información y la seguridad del Estado: útil para los Suboficiales y Clases de tropa y algunos artículos muy puntuales sobre el tema, como los pu- Los servicios de inteligencia en la historiografía española blicados por Castrillo Maceres, J. A. P. Castello Ribas o F. Obrador Se-rra^^. Desde luego, la bibliografía referente a la historia de las actividades de los servicios secretos en España a lo largo de la Segunda Guerra Mundial es relativamente amplia. Una vez más, debemos iniciar el epígrafe citando una obra escrita por Domingo Pastor Petit, Espionaje, la Segunda Guerra Mundial y España, si bien es cierto que sus contenidos no coinciden exactamente con lo que reza al título. También podemos encontrar muchas referencias a los servicios de espionaje instalados en España en el libro de Manuel Ros Agudo, La guerra secreta de Franco, en el de José María Irujo, La lista negra: los espías nazis protegidos por Franco y la Iglesia; o incluso en el de Patricia Martínez de Vicente, Embassy, y la inteligencia de Mambrú, en el que se relatan las actividades de Eduardo Martínez, un médico de origen gallego, apolítico y pacifista que durante la II Guerra Mundial colaboró en Madrid con el servicio se-Juan R. Goherna Falque crete británico y salvó a cientos de refugiados perseguidos por el III Reich. También aportan datos interesantes un pequeño artículo de R. Moreno Izquierdo sobre los planes aliados para invadir España, con documentación inédita, así como una contribución de Alejandro Pizarroso Quintero sobre propaganda americana en España a través del cine. Asimismo, el papel de los servicios secretos extranjeros instalados en España y su vinculación con el desarrollo de la Segunda Guerra mundial han sido objeto de algunos estudios, entre los que cabe destacar el relato autobiográfico de Mavis Bacca Dowden, Acusada d'espia a la Barcelona franquista 1939Barcelona franquista -1943 o el artículo de Carlos Collado Seidel sobre las actividades del espionaje alemán^^. La ñ^ontera pirenaica y Gibraltar se convirtieron en auténticos nidos de espías durante todo el transcurso del conñicto y, por este motivo, contamos con una bibliografía relativamente importante sobre el tema. Ferrán Sánchez Agustí ha publicado una monografía titulada Espías, contrabando, maquis y evasión. La Segunda guerra mundial en los Pirineos, en la que se aborda, entre otras cuestiones, la de las actividades de los servicios de espionaje a lo largo de la frontera franco-española. Por lo que se refiere Gibraltar, su importancia geoestratégica a la postre resultó crucial. Véanse si no el libro de Enrique Arques, Espías en Gibraltar; el de David Jato Miranda, Gibraltar decidió la guerra; y, especialmente, Juego de topos, un relato personal sobre el MI6 escrito por ^^ D. PASTOR PETIT, Espionaje, la Segunda Guerra Mundial y España, Esplugues de Llobregat (Barcelona), Plaza y Janes, 1990; M. Ros AGUDO, La guerra secreta de Franco, Barcelona, Crítica, 2002; de este mismo autor, Neutralidad sospechosa: España y la ayuda encubierta al Eje durante la Segunda Guerra mundial, Madrid, Universidad Complutense, 1999 (tesis doctoral); J. M^ IRUJO, La lista negra: los espías nazis protegidos por Franco y la Iglesia, Madrid, Aguilar, 2003; P. MARTÍNEZ DE VICENTE, Embassy, y la inteligencia de Mambrú, Madrid, Velecío Editores, 2003; R. MORENO IZQUIERDO, «Segunda Guerra mundial. Los planes aliados para invadir España», en Historia 1622 (268) (1998), 6-12; A. PIZARROSO QUINTERO, «El cine americano en España durante la Segunda Guerra mundial: información y propaganda», en REDEN. Intransigencia y pragmatismo político», en Espacio, Tiempo y Forma. Los servicios de inteligencia en la historiografía española un ex-agente del servicio, Desmond Bristow, quien pasó la mayor parte de Segunda Guerra mundial en Gibraltar y en ArgeF^. Sobre las actividades de información y espionaje llevadas a cabo por españoles en el exterior, los investigadores han centrado su interés en dos de ellas: en primer lugar, la de los servicios de información vinculados al gobierno vasco en el exilio y, en segundo lugar, la de la red de espías españoles dirigida por Ángel Alcázar de Velasco al servicio de Japón. Por lo que se refiere a la primera, sobresalen la serie de contribuciones firmadas por Koldo San Sebastián, un pequeño estudio de María de los Angeles Ordaz Romay, un artículo y la tesis doctoral de Juan Carlos Jiménez de Aberasturi Corta, en los que se pone de manifiesto hasta qué punto el posicionamiento político del presidente Aguirre propició la estrecha colaboración de los nacionalistas vascos con los servicios secretos aliados el objetivo de asegurarse su apoyo para el momento, considerado inminente, de la caída de Franco, un artículo de José Antonio de Durañona Aberasturi, de contenido similar al anterior, en el que se muestra cómo el gobierno de Euskadi en el exilio decidió movilizar a los refugiados vascos que se hallaban en territorio francés para ponerlos al servicio de los aliados, y cómo posteriormente este ofrecimiento se va a ir convirtiendo en una estrecha colaboración con sus servicios de inteligencia; así como un par de artículos de Mikel Rodríguez. Sin embargo, la obra más sobresaliente de todas las publicadas hasta el momento sobre estas cuestiones sigue siendo la de Manuel de Dios Unanue, autor de El caso Galíndez: Los vascos en los servicios de inteligencia de j^i^UU ^j^Q ¿0 IQS pocos clásicos que ha generado la historiografía española. Sobre la red de espías españoles dirigida por Ángel Alcázar de Velasco al servicio de Japón existen varios trabajos entre los que cabe destacar los de Antonio Marquina Barrio, Sara Núñez de Prado y Clavell o Florentino Rodao García, autor de un libro titulado Franco y el imperio japonés, en el que además de aportar datos inéditos sobre la acción de la Falange exterior en Extremo Oriente, las tentativas de declaración de guerra a Japón por parte de Franco en 1945, se analiza en profundidad Juan R. Goherna Falque esta red de espionaje japonés en España. Para finalizar este epígrafe relativo a las redes de espionaje formadas por españoles pero con implicaciones internacionales, debemos citar un trabajo de Susana Sueiro Seoane en el que aparecen varias referencias a las actividades secretas en Marruecos^^ Hay dos operaciones secretas realizadas en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial que han sido objeto de varias investigaciones y que están protagonizadas por personajes con cierta vinculación con nuestro país. El primer caso se hizo público cuando Nigel West (seudónimo de Rupert Allason, en realidad uno de los mayores especialistas mundiales en historia del espionaje), localizó en Venezuela a Juan Pujol, el espía español que, convertido en agente doble, consiguió engañar a los servicios de inteligencia alemanes haciéndoles creer que el desembarco de Normandia se produciría finalmente en la zona de Calais. West publicó hace años una larga entrevista con Pujol en la que se relataban sus peripecias como espía al servicio de los aliados. Garbo: el espía del siglo; luego fue publicado Garbo: doble agente, el sumario del caso elaborado por Tomás Harris, el agente británico que diseñó el engaño, y ahora acaba de apa-^^ K. SAN SEBASTIÁN, «Todavía ayer. ORDAZ ROMAY, «El FBI y los vascos del exilio de 1939 en Estados Unidos», en R. ESCOBEDO Mansilla, A. DE ZABALLA BEASCOECHEA y Ó. ALVAREZ GILA (eds.), Emigración y redes sociales de los vascos en América. VI Congreso Internacional de Historia de América (1994, Vitoria-Gasteiz), Vitoria-Gasteiz, Universidad del País Vasco, 1996, 229-240; J. C. JIMÉNEZ DE ABERASTURI CORTA, «LOS vascos en la II Guerra mundial: de la derrota a la esperanza», en Oihenart. De la derrota a la esperanza. Políticas vascas durante la II Guerra Mundial (1937-1947), Oñate, Instituto Vasco de Administración Pública, [1999]; J. A. de DURAÑONA ABERASTURI, «Les services secrets basques pendant la 2ème guerre mondiale», en Oihenart. Las relaciones hispano-japonesas, 1937-1945, Madrid, Universidad Complutense, 1992 (tesis doctoral); de este mismo autor, «España, espiada por EE.UU. en la II Guerra mundial», en Historia 16 20 (233) (1995), 17-24; S. SuEiRO SEGA-NE, «España en Tanger durante la Segunda Guerra mundial: la consumación de un viejo anhelo», en Espacio, Tiempo y Forma. Los servicios de inteligencia en la historiografía española recer en el mercado editorial español una obra con marchamo de best-seller, escrita por Javier Juárez y titulada Juan Pujol, el espía que derrotó a Hitler. El segundo episodio, referido a la famosa «Operación Carne Picada», no está protagonizado por ningún español, pero tiene la peculiaridad de que buena parte de su desarrollo se produjo en España, más concretamente en la provincia de Huelva, y por ello no resulta sorprendente que hayan sido publicadas dos monografías sobre el tema, la de Jesús Ramírez Copeiro del Villar, Huelva en la H guerra mundial: espías y neutrales y la de José María Segovia Azcárate, El enigma de William Martin: recordando el apasionante caso de espionaje que abrió las puertas de la paz a la Segunda Guerra Mundiat^^, Sin lugar a dudas, la mayor laguna, y la más sorprendente también, que existe todavía en la actualidad por lo que a la historia de los servicios de inteligencia en España se refiere, es la que se dibuja al describir la producción bibliográfica referida al espionaje franquista y, más concretamente, a las dos décadas que discurren entre 1950 y 1970. La misma situación de secano productivo que caracteriza a las publicaciones militares, se da también en el mundo editorial y en el ámbito universitario. Antes de que aparezca la figura de Domingo Pastor Petit, que publica su primera obra en 1961, únicamente podemos señalar un par de contribuciones dignas de interés, la Historia del espionaje de José Luis Fernández-Rúa, y El espionaje ante la moral, de Carlos del Saz-Orozco. En el resto de los casos, o bien se trata de traducciones de libros extranjeros, o bien son obras con fines propagandísticos, como es el caso del opúsculo titulado Comunismo y masonería, firmado por Eduardo Comín Colomer y Alejandro Botzáris. Sin embargo, ningún investigador se ha interesado por estudiar los varios miles de informes elaborados en aquella época y que pasaron a engrosar los archivos policiales bajo el epígrafe «Actividades Contra el Régimen» (ACR), como muy poco es lo que sabemos todavía sobre la Organización Contrasubversiva Nacional (OCN). Únicamente podemos citar unas cuantas obras en las que aparezcan algunas referencias a este periodo, como por ejemplo es el caso de una novela titulada Cisne: espía de Franco, escrita Los servicios de inteligencia en la historiografía española ///. Historia actual de España (1978de España ( -2004)^^ Los trabajos que presentamos a continuación corresponden a aquellas investigaciones que han sido llevadas a cabo en los últimos años referidas fundamentalmente al estudio de los servicios de inteligencia en la España contemporánea. Se trata de obras realizadas desde puntos de vista muy diversos y que abordan temáticas heterogéneas, por lo que cualquier intento de sistematización, en apenas unas páginas, corre el riesgo de resultar infructuoso. Sin embargo, resulta inevitable que concluyamos nuestra guía bibliográfica con este breve epígrafe dedicado a la España actual. A nuestro juicio, la mejor obra de síntesis sobre la historia del espionaje en España, a pesar de sus notorios defectos, es la que escribieron en 2000 los periodistas Joaquín Bardavío, Pilar Cernuda y Fernando Jáuregui, publicada con el título Servicios secretos. Las tres partes en las que se divide este libro aparecen muy bien diferenciadas. En la primera, los autores abordan los antecedentes históricos de los servicios de inteligencia actuales. Se inicia el relato con la descripción de las actividades de información desarrolladas durante la Guerra de la Independencia, se recogen las andanzas de Ali Bey, Van Halen o Avinareta, y se trata la historia de estos servicios en la Guerra Civil española, en la posguerra y en el tardofranquismo. La segunda y la tercera parte abordan temas mucho más recientes, que van desde la creación del Cesid, la crisis institucional provocada por los escándalos en los que se vio envuelta la institución a mediados de los noventa hasta el final de la primera legislatura del Partido Popular. Contamos además cuando menos con una monografía dedicada a las actividades de los servicios de información y espionaje en España durante la transición. Se trata del libro escrito por el periodista Rafael Fraguas, Espías en la Transición. Secretos políticos de la España contemporánea, en el que se relatan episodios como el de la posible visita a España del dirigente soviético Lavrenti Beria en 1953, algunos aspectos poco conocidos relativos al atentado contra Carrero Blanco, llevado a cabo, según el autor, con el consentimiento de los intereses occidentales, o el temprano interés de Felipe González por acercarse al PCE. Por su parte, Miguel Platón ha publicado Hablan los militares. Testimonios para la historia y rnks recientemente Francisco Medina ha presentado una obra de temática similar en la que abundan las 61 ^"^ Sobre la importancia, posibilidades e implicaciones epistemológicas del estudio de la historia del tiempo presente en España, cf. J. AEÓSTEGUI, La historia vivida, Madrid, Alianza, 2004. Juan R. Goberna Falque referencias a nuestro tema de estudio, Memoria oculta del ejército, en la que son presentadas las confesiones de cuarenta militares que ocupan o han ocupado cargos de responsabilidad en el Ejército español, se desvelan secretos sobre el Cesid y las fuerzas armadas y se intentan aportar claves para la comprensión del papel que ha desempeñado el Ejército desde la Transición hasta hoy^^. Desde posiciones muy variadas, algunos autores han realizado interesantes contribuciones al estudio de los presupuestos teóricos de los servicios de inteligencia en la sociedad contemporánea. Uno de los principales especialistas en la historia de los servicios de inteligencia de la España actual es sin lugar a dudas el politòlogo Antonio M. Díaz Fernández, autor de la única tesis doctoral realizada en nuestro país dedicada al análisis del proceso de creación y desarrollo del modelo español de inteligencia, que acaba de ser publicada bajo el título Los servicios de inteligencia españoles. Historia de una transición^^. Otros autores que han llevado a cabo estudios en este ámbito fundamentalmente teórico han sido Domingo Pastor Petit, autor de Presente y futuro del espionaje, o Fernando Pinto Cebrián, que publicó hace unos años un libro titulado La información y el arte de la guerra. Espionaje y contraespionaje militar. Debemos referirnos asimismo a los publicaciones firmadas por R. Muñoz Suay, R. Fraguas, J. Cachinero y J. Trujillo, Los servicios de inteligencia en la historiografía española a un artículo de B. Gambier y C. A. Zubiaur en el que se abordan temas como el de las potestades y competencias de los servicios de inteligencia en un Estado democrático, las ayudas y subvenciones que recibe, su legitimidad desde el punto de vista del derecho constitucional, etc. o a un pequeño estudio de F. Garrido Falla en el que se tratan cuestiones relacionadas con la violencia o el terrorismo de Estado y los aspectos éticos del poder en el marco de un Estado de derecho a partir del análisis de la situación político-jurídica que se produjo en España a raíz de la polémica suscitada en torno a los denominados «papeles del Cesid» y su vinculación con el caso GAL' *' ^. El tema de los servicios de inteligencia en la sociedad contemporánea española ha sido abordado desde diferentes puntos de vista por autores procedentes de varios campos de las llamadas ciencias humanas y sociales. En la actualidad disponemos de una profusa bibliografía relativa a las relaciones entre el mundo del Derecho y los servicios de inteligencia en España, entre cuyos títulos cabe destacar el magnífico libro de Carlos Ruiz Miguel, Servicios de inteligencia y seguridad del estado constitucional, en el que se realizan comparaciones con los modelos instituidos en Gran Bretaña, Estados Unidos y Alemania y la obra de María Concepción Pérez Villalobos, Derechos fundamentales y servicios de inteligencia, en la que son estudiados los principales servicios de inteligencia en el mundo, sus categorías constitucionales y los tipos penales implicados en su actuación, y se plantean además las lagunas que presenta la nueva legislación española relativa al CNI. Los aspectos jurídicos de la delincuencia económica y el espionaje también han sido abordados en varios estudios, entre los que sobresalen los de María del Mar Carrasco Andrino, María Teresa Fernández Sánchez o Esther Morón Lerma. Han sido publicadas algunas monografías sobre espionaje y contraespionaje industrial, como por ejemplo las de Domingo Pastor Petit, Enrique Gómez Francés, José Miguel Romana y Jesús Villasante García y Francese M. Coll, y también han aparecido publicados numerosos artículos tanto en revistas especializadas como en revistas de divulgación. La bibliografía sobre los aspectos técnicos del espionaje tampoco es demasiado amplia. Domingo Pastor Petit ha publicado un libro en donde se abordan de manera general estas cuestiones, titulado Las técnicas de los servicios de inteligencia. Debemos destacar asimismo otras obras en las que se hace referencia constante a los aspectos tecnológicos relacionados íntimamente con el desarrollo contemporáneo de los principales servicios de inteligencia en el mundo, como lo pone de manifiesto por ejemplo Nacho García Mostazo en su libro Libertad vigilada. El espionaje de las comunicaciones. Con una orientación mucho más práctica, Francisco Viñals Carrera y María Luz Puente Balsells son autores de un útil y prolijo manual de grafologia titulado Análisis de escritos y documentos en los servicios secretos. La bibliografía en estos temas es muy amplia, pero su interés para nuestro estudio resulta sin duda más limitado'^^. El Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) ha sido objeto de varias monografías. Inaugura la serie el periodista Fernando Rueda en 1993 con una obra que se mantiene durante mucho tiempo en la lista de la publicaciones más vendidas, titulada La casa: el Barcelona, etc., Ediciones B, 2003; F. VIÑALS CARRERA y M^ L. PUENTE BALSELLS, Análisis de escritos y documentos en los servicios secretos, Barcelona, Herder, 2003. Cf., en todo caso, las bibliografías citadas en las monografías que hemos reseñado sobre este tema. Los servicios de inteligencia en la historiografía española CESID, agentes, operaciones secretas y actividades de los espías españoles. Dado el éxito editorial que supone esta publicación, aparecen otras enseguida en la misma línea. El propio Fernando Rueda y Elena Pradas se encargan de poner sobre el tapete la cuestión del espionaje privado en España, un tema en el que al parecer sobresale el protagonismo de agentes y ex agentes del CESID: Espías, Escuchas, dossiers, montajes.,. El mercado negro de la información en España. Al mismo tiempo, aparece Las sombras del poder: los servicios secretos de Carrero a Roldan, una obra firmada por Francisco Medina, y muy poco después José Antonio Sáinz de la Peña y Antonio Marquina Barrio publican un breve informe titulado Los servicios de información en un estado democrático: las inercias del CESID, Fernando Rueda y Elena Pradas vuelven a la carga en 1997 con KA, licencia para matar: qué hacen y cómo son los espías más peligrosos del Cesid, y ese mismo año Pilar Urbano pone en circulación Yo entré en el Cesid, Fernando Rueda vuelve a publicar en 1999 un libro más sobre la institución, el cuarto, con el que cierra su serie de publicaciones sobre el tema, titulado Por qué nos da miedo el Cesid. Al mismo tiempo, Fernando J. Muniesa perpetra un particular ajuste de cuentas en Espías de madera y aparecen en el mercado editorial las memorias del más famoso espía español que había pertenecido a la Casa, Juan Alberto Perete, autor de Confesiones de Perote: Revelaciones de un espía. Por su parte, en 2001, Manuel Carballal publica Los expedientes secretos: el Cesid, el control de las creencias y los fenómenos inexplicables. Como consecuencia del vigésimo aniversario del intento fallido de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 son publicados un gran número de libros en los que se estudia el papel jugado por los servicios secretos españoles. De este modo, prácticamente al mismo tiempo, salen a la venta 23-F: el golpe del CESID, firmado por el periodista Jesús Palacios, en el que se defiende la teoría de que la intentona había sido urdida por los servicios de inteligencia españoles y se atribuye la responsabilidad principal a Javier Calderón y a José Luis Cortina; 23F, La conjura de los necios, de Pilar Cornuda, Fernando Jáuregui y Miguel Ángel Menéndez, en el que se sostiene que el Cesid habría estado al corriente de la preparación del golpe, pero no lo habría planeado ni organizado, aportando como soporte documental el llamado «informe Jáudenes»; y, 23F: Ni Milans ni Tejero, de Juan Alberto Perote, en la que más que al Cesid como institución se atribuye la intentona a algunos de sus mandos. En 2004, Florentino Ruiz Platero y el propio Javier Calderón, señalado como instigador en varios de es-Juan R. Goberna Falque tos libros, publican su propia versión de los hechos acaecidos aquel día en una obra titulada Algo más que el 23-F^^. Por lo que se refiere a las revistas militares, el interés por los temas relacionados con los servicios de inteligencia ha ido in crescendo con el paso de los años, tal y como pone de manifiesto el análisis de la producción desde principios de la Transición. En 1977 la situación era todavía tan sumamente deficitaria que Ramón Bravo Nuche publica un artículo sobre el tema que lleva significativamente por título «La inteligencia, esa desconocida». Sin embargo, en 1978 aparece ya una serie de artículos sobre información en la Revista de Aeronáutica y Astronáutica, y en 1982 ve la luz en esta misma publicación el primer dossier del que tengamos noticia que se centre exclusivamente en la intehgencia desde el punto de vista militar, elaborado por José Sánchez Méndez. Al año siguiente, en la revista Ejército, Cayetano Miró Valls firma una serie de artículos sobre las relaciones entre la defensa nacional y los servicios de inteligencia. Juan Narro Romero, Fernando Bartolomé Martínez, Gonzalo Rodríguez de Austria Rosales o Ángel Liberal Fernández también reflexionaron sobre estas cuestiones en aquellos años, y la década de los ochenta concluye con la publicación de un «Documento» titulado «Inteligencia y táctica», que vio la luz en el número 592 de la revista Ejército, con contribuciones de José Faura Martín, Juan Narro Romero, Diego Otero Zulueta-Reales, Valentín Martínez Los servicios de inteligencia en la historiografía española sioneros de guerra, los servicios de inteligencia o la fuentes de información. A principios de la década de los noventa se mantienen los niveles de interés relativo por esta temática. Debemos señalar la publicación de artículos como el de Francisco San Martín de Artiñano, José Mañoso Flores, José Antonio Saiz de la Peña, Francisco José Dacoba Cervino, Bruno J. Fernández Garrido, o Jesús Aínatriaín Méndez. En 1995 ve la luz un manual sobre La inteligencia estratégica, elaborado por Arturo Vinuesa Parral, en el que se tratan temas como el de la contrainteligencia, el espionaje, el reconocimiento del terreno o el adiestramiento táctico, y se publica además el número 1 del Boletín de Inteligencia, editado por el Estado Mayor del Ejército. Ya en 1998 aparece el segundo «Documento» que la revista Ejército dedica íntegramente a «Los servicios de inteligencia», con una presentación a cargo de Víctor Velasco Gutiérrez y las contribuciones de Andrés Montero-Gómez y Manuel Astilleros Yarto. En 2000 y 2003 debemos reseñar la publicación de sendos manuales, editados en esta ocasión por el Mando de Adiestramiento y Doctrina del Ejército de Tierra, que llevan por título Inteligencia y reconocimiento de ingenieros: orientaciones e Inteligencia: doctrina, aunque se trata de trabajos «para uso interno en las Fuerzas Armadas» y en el caso de la segunda obra su grado de clasificación exige además que su difusión sea limitada. También en 2003 el Cesid edita Adecuación de la defensa a los últimos retos, un monográfico en el que se abordan temas como el de la seguridad internacional, la defensa nacional, el papel de la OTAN y el de las Fuerzas Armadas españolas, las relaciones entre Estados Unidos y Europa, etc. Han sido publicados además una serie de artículos centrados en la temática de la inteligencia desde el punto de vista militar, como los de Pedro Belmonte Rodríguez, Carlos Suárez Martinón, José Luis de Diego Jimena, Juan J. Castellano Moscoso o Javier González Vázquez. Además se inicia una nueva etapa con la publicación de un conjunto de contribuciones en los monográficos especiales en los que se describen las estructuras, funciones y actividades de determinados cuerpos o unidades del ejército, como por ejemplo los del EUROFOR, el Eurocuerpo o la nueva estructura de la OTAN. Para finalizar, en el mes de marzo de 2004 fue publicado en la Revista de Aeronáutica y Astronáutica, veintidós años después del primero, un segundo dossier monográfico dedicado a este ámbito de estudios titulado «Los servicios de inteligencia en España», con contribuciones de José Sánchez Méndez, José Enrique Díaz Díaz, Pedro Muñoz Gil, José Jiménez Ruíz, Ramón Ichaso Hernández-Rubio y Francisco Galvache Valero. Y poco después, en junio de ese mismo año, aparecía un número especial de los Cuadernos de Estrategia bajo el título Los servicios de inteligencia en la historiografía española La publicación del presente monográfico de la revista Arbor, fruto de la colaboración entre el CNI y el CSIC, es una demostración más de esta nueva C05nintura. Por lo que parece, un número nada despreciable de lectores potenciales se siente muy atraído por las teorías conspiratorias y, por este motivo, algunos periodistas y ciertos editores están dispuestos a poner en el mercado este tipo de producto. En el caso que nos ocupa, la historiografía de los servicios de inteligencia, ya no sólo españoles, sino de cualquier país del mundo, el terreno está estupendamente abonado, teniendo en cuenta la enorme cantidad de actividades ilícitas que estos han venido cometiendo a lo largo de la historia. Desde luego, y quizás por el interés que ha despertado la literatura y el cine de espionaje, se ha desarrollado un mercado editorial que se dedica a sacar a la luz esta literatura. La pregunta es: ¿Todo vale, a la hora de publicar la historia de las actividades de los servicios de inteligencia en España? Creemos que no y, en este sentido, viene como anillo al dedo la interesante contraposición realizada por Justo Serna entre un famoso apólogo de George Duby y una moraleja de Clifford Geertz: «Cuenta Georges Duby en su "Diálogo sobre la historia. Conversaciones con Guy Lardreau" (Madrid, Alianza, 1988) que en cierta ocasión comenzó a leer lo que sin duda parecía el libro de un colega. Era, añade Duby, un volumen elaborado según todos los requerimientos académicos: una obra con fuentes, con bibliografía, con notas a pie de página, un texto en el que el autor se expresaba en tercera persona cancelándose, con esa forma de enunciación neutra y transparente que hacen suya los historiadores. Cuando concluyó el volumen descubrió para su sorpresa y desazón que aquel libro era una ficción urdida con los recursos de la Academia, una estafa que sólo se descubría al final, un guiño posmoderno, una exhibición metadiscursiva, como aquellas que idearon Borges o Nabokov, por ejemplo. ¿Qué lecciones extraía Duby (...)? Pues que el crédito del historiador (o del periodista, añadiríamos) en parte se debe a una serie de convenciones, convenciones que no impiden la mentira, que no son suficientes para evitar la impostura. La fe que depositamos en un investigador no se debe sólo a la confianza que suscite su persona, sino sobre todo al efecto de realidad que provoca su adhesión al esquema perceptivo imperante. Si esto es así, entonces podemos mentir largamente y con refinamiento sin que se aprecie de entrada el embuste. (..) La segunda lección que Duby extraía Juan R. Goberna Falque era admitir la débil línea que separa la invención de la realidad, la imaginación (o incluso la fantasia) de la verdad documentada. Decía Clifford Geertz a este propósito que la verdad es un ideal regulativo en las ciencias sociales (o en la historia o en el periodismo). Imaginemos, añadía, a un médico de campaña que debiera intervenir quirúrgicamente. Apresurado, próximo a las bombas que caen y que amenazan con destruirlo todo, no puede exigir las mejores condiciones, esas que son habituales en tiempos de paz, las que le permiten operar en un quirófano esterilizado. Como no puede intervenir en un ambiente neutro, ¿deberíamos concluir que le da lo mismo dónde lo haga, en una sala aseada o en un estercolero? Hemos de suponer que evitará el lodazal o el muladar; hemos de suponer que tratará de tenerlo todo lo más aseadito posible, aunque sólo sea por convencer al paciente de sus buenas intenciones, aunque sólo sea para intentar salvar su vida»^^. Poco importa si es un periodista o un historiador el que encare la tarea de llevar a cabo la historia de los servicios de inteligencia en España. Cambiarán los métodos, pero lo que nunca debe de perder de vista ninguno de los dos es el carácter riguroso de la empresa. ¿Cuál es el balance final? Desde nuestro punto de vista, hay varios indicios que justifican un moderado optimismo de cara al futuro. Por una parte, como acabamos de ver, se ha producido en los últimos años un salto cuantitativo muy importante. Aunque nuestros conocimientos sobre la historia de los servicios de inteligencia en España sean aún limitados, también es cierto que la situación ha mejorado notablemente respecto a cualquier época anterior de la historia de España. Los resultados de 2004 resultan muy alentadores, si tenemos en cuenta que a lo largo del año vieron la luz un buen número de libros sobre el tema, fueron publicados varios dossiers monográficos y se celebraron varios seminarios y cursos de verano. En la actualidad existen varios proyectos de investigación, individuales o colectivos, que están empezando a dar sus frutos precisamente ahora, y, sin duda, la cosecha irá progresando en los años venideros. Desde nuestro punto de vista, sin embargo, una legislación menos ambigua que la que tenemos actualmente constituiría en el fondo una garantía para la investigación histórica, puesto que estamos convencidos de que en la medida en que los gobiernos y los servicios de inteligencia del Estado se sientan lo suficientemente protegidos, la tentación de la des-^^ Recogido en «Diarios. Los servicios de inteligencia en la historiografía española trucción o de la apropiación indebida de aquellos documentos que pudieran ponerlos en algún tipo de compromiso será, sin duda, menor. De ahí que, ahora mismo, lo más importante para el buen desarrollo metodológico de esta historiografía española referida a los servicios de inteligencia es que se establezcan de verdad nuevos mecanismos de desclasificación, para que ésta sea más ágil, para que se venzan de una vez por todas las morosas inercias burocráticas y para que sea posible acceder a los documentos cuyo contenido sea ya divulgable sin necesidad de apurar los plazos máximos legales. En España, como en Brasil en 1986, como en Alemania en 1989 o como en Rusia en 1991, también se produjo un vuelco histórico que nos condujo a la instauración de un sistema político de carácter democrático del que actualmente disfruta la sociedad española. Es hora ya de saber en donde están y qué papeles contienen los archivos de los servicios secretos españoles que estuvieron en activo hasta la instauración de la democracia en este país. En este sentido, consideramos que la historia en general, a pesar de las sucesivas crisis de identidad que ha venido sufriendo en los últimos treinta años, aún tiene una opción que ofrecer. Podemos escribir y enseñar historia no desde la perspectiva ideológico-política, según la cual el saber histórico debe servir como genealogía de los valores del presente, sino desde una perspectiva crítica. En ella la historia es el saber de lo relativo, y no sólo porque toda la realidad histórica sea contingente, sino también porque el conocimiento de otras culturas y el conocimiento del pasado sirven para mostrarnos el carácter absolutamente contingente de nuestros valores. La historia ya no será así un discurso de reafirmación, que se asocia estrechamente al intento de imposición de esos mismos valores sobre los demás pueblos y sobre todo en el caso de la historia europea, sino que sabrá apreciar otros valores, y enseñaremos a respetarlos, a aprender de ellos y a confrontar los nuestros y los otros con los únicos que nos pueden servir de referencia: los valores éticos ideales. La capacidad relativizadora de la historia es, pues, algo que se debería valorar enormemente. El trabajo de investigación y enseñanza de la historia puede así cumplir un papel moral de importancia fundamental para la sociedad del momento presente. De ahí que afirmemos, categóricamente además, que la historia debe seguir investigándose y enseñándose a pesar de todc?^. Afortunadamente, en la tarea dialógica, moralmente responsable y políticamente comprometida en la que la historia se juega su razón de Juan R. Goberna Falque ser, contamos con un trecho ya andado, a pesar de las amplias zonas de sombra que presenta el trayecto. Los que vamos reconociendo como «derechos humanos universales» nos aportan el horizonte de ese punto de vista moral que necesitamos y la concreción jurídica suficiente para hacerlos cada vez más eficaces en el plano político. La historia hace bien si toma en serio la emergente cultura de los derechos humanos, continuando la batalla contra los prejuicios occidentalistas, que lastran ideológicamente las políticas de derechos humanos que se deben acometer, y radicalizando esa cultura que es fiíente de salud democrática y plataforma de confluencia universalista en cuanto a pretensiones de vida digna para todos. Resta ahora la tarea de traducir en fórmulas operativas esta historia democrática, plural, abierta y ética que nos proponemos, historia que, lo confesamos, resulta a todas luces menos fácil de realizar que de proclamar. Nosotros, los historiadores, pretendemos simplemente estudiar la historia de España en las mejores condiciones que nos sea posible. Los servicios de inteligencia, los de la Transición, los del franquismo, los de la II República, los de la dictadura de Primo de Rivera, los del largo periodo de la Restauración, e via dicendo, ya forman parte de nuestra historia y, sin embargo, sabemos todavía muy poco sobre cómo funcionaron, cuál era su estructura, qué servicios prestaron, etc. Abramos los archivos, localicemos los documentos, estudiémoslos, y, si es posible, ofrezcámosle a los ciudadanos más claves para la comprensión del pasado de nuestro país. Y, de paso, sentemos también las bases para que los historiadores del futuro puedan estudiar la historia de nuestros actuales servicios de inteligencia armados con mejores presupuestos teóricos y metodológicos de los que disponemos en la actualidad. Ello redundará, sin lugar a dudas, en el conocimiento más objetivo de unas organizaciones que trabajan al servicio del Estado, en aras de la seguridad de sus ciudadanos y que constituyen en sí mismas unas extraordinarias plataformas para estudiar la historia de España. 737; C. J. CARNICER GARCÍA y J. MARCOS RIVAS, Sebastián de Arbizu, espía de Felipe II: la diploma- cia secreta española y la intervención en Francia, Madrid, Nerea, 1998; J. MARCOS RiVAS y C. J. CARNICER GARCÍA, Espionaje y traición en el reinado de Felipe II: la historia del va- llisoletano Martín de Acuña, [Valladolid], Diputación Provincial de Valladolid Los servicios de inteligencia en la historiografía española Un fruto muy reciente de este impulso es la colaboración, cada vez más frecuente, entre universitarios y profesionales de la inteligencia,
Los Servicios de Inteligencia en la fase que se extiende desde el final de la guerra civil hasta el fallecimiento del General Franco sufrieron, como es lógico, las vicisitudes propias de una organización que estuvo sometida, en un principio, a la situación mundial, derivada del desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y ala precariedad de medios, humanos y materiales, fundamentalmente hasta la década de los años 70, que se derivaban de la propia situación nacional. En sus orígenes estuvieron obligados a mantener una estructura similar a la existente durante la guerra civil, como consecuencia del desarrollo de la guerra en Europa y de la amenaza que representaban los miembros de las fuerzas republicanas que, poco después de finalizar la guerra y regresar a España, intentaron derrocar el nuevo régimen surgido al concluir la contienda. Los Servicios militares tuvieron claramente definidas desde el principio sus tareas, aunque sus limitaciones de toda índole parece apuntar una justificación a la escasez de éxitos. Policía y Guardia Civil enfocaban sus labores informativas, fundamentalmente, a la persecución del crimen en concreto. Ello no quiere decir que desatendieran totalmente el campo de la inteligencia, pero, por sus peculiares misiones, parece comprensible que sus labores informativas se dirigieran al cumplimiento de sus misiones específicas. Se puede afirmar, sin temor a error ni a herir susceptibilidades que, ante la subversión latente que hizo su aparición en la Universidad, siguiendo otras corrientes europeas, la necesidad de combatirla dio origen a la creación del incipiente y primer Servicio de Inteligencia de la pos-Francisco Javier Zorzo Ferrer 76 guerra, la Organización Contrasubversiva Nacional (OCN), que, con su evolución y ampliación de tareas a otros ámbitos de la sociedad española, constituyó el germen del Servicio Central de Documentación (SECED), primer servicio de inteligencia con una organización adecuada aparecido en España y que, tras su fusión con la Tercera Sección del Alto Estado Mayor, propició el nacimiento del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID), precursor del actual Centro Nacional de Inteligencia. «Pues si el príncipe esclarecido y el general competente derrotan al enemigo cada vez que pasan a la acción, si sus hazañas se salen fuera de lo común, es gracias a la información previa». Sun Tzu (El Arte de la Guerra). Los Servicios de Información Militares Resulta fácilmente comprensible que durante los primeros años de la posguerra en España, los servicios de información, como se denominaban entonces, tuvieran que mantener una estructura, si no idéntica, sí muy similar a la establecida durante el periodo bélico. El comienzo de la Segunda Guerra Mundial obligó a mantener una organización militar distinta a la que hubiera sido de desear tras la guerra civil. La existencia de miembros del bando republicano, tanto en el interior como en el exterior de España, con diferente grado de actividad, unos tratando de salvar sus vidas y otros queriendo proseguir sus actividades armadas para combatir, desde sus posibilidades, al gobierno surgido del bando vencedor en la contienda, obligó a que los servicios de información mantuvieran prácticamente sus objetivos, su organización y sus fines. La no beligerancia de España durante la conflagración mundial no significaba que nuestro país iba a quedar al margen de las actividades de los bandos enfrentados. El apoyo recibido de Alemania e Italia durante el conflicto civil, hacía suponer que los aliados verían a nuestro país como, al menos potencialmente, más próximo al Eje y, por lo tanto, constituía un objetivo informativo de primer orden para ambos bandos. Así pues, el máximo esfuerzo de los diferentes servicios de información en los primeros años de la posguerra estuvo dirigido a contrarrestar las actividades de los enemigos del régimen salido de la guerra española. Tanto los internos como los provenientes de allende de nuestras fronteras. Desde el punto de vista militar los servicios de información que funcionaron durante la guerra civil eran similares en su denominación, servicio de inteligencia militar (SIM), en el bando republicano y servicio de información militar (SIM) en el franquista. Durante la guerra este servicio de información pasó a denominarse Servicio de Información y Policía Militar (SIPM), organizándose, a su vez, un específico Servicios de Información en el Nordeste de España (SIFNE), impulsado por el propio General Mola. En agosto de 1937, Indalecio Prieto, Ministro de Defensa Nacional, encomendó a Antonio Pedrero García, Jefe de los Servicios Especiales del Ejército del Centro, la reorganización de la inteligencia militar. Esta decisión dio origen del Servicio de Inteligencia Militar del Ejército Republicano, que comenzó a actuar en octubre del mismo año y que pronto consiguió algún éxito importante en el campo de la contrainteligencia. El Servicio de Información y Policía Militar del Ejército Nacional fue creado el 30 de noviembre de 1937 y sus trabajos fueron dirigidos a la investigación militar en territorio enemigo o en el extranjero, «con separación absoluta de las Segundas Secciones de Estado Mayor, a las cuáles compete la información total de carácter militar», al establecimiento de la seguridad y orden público en la zona de la vanguardia y al contraespionaje en regiones, centros o lugares de interés militar. Ante la necesidad de coordinar esfuerzos y explotar al máximo la información obtenida, por Decreto de 28 de febrero de 1938, « la organización informativa de orden privado, Servicio de Información de la Frontera Nordeste de España, pasó a formar parte del Servicio de Información y Policía Militar del Estado español (S.I.P.M.)», del que, como ya se ha apuntado nació el Servicio de Información Militar de la posguerra^. Acabada la guerra, el SIPM se convirtió en un órgano represivo, útil sólo para desenmascarar, perseguir y procesar a los «rojos». ^ L. CANIS MATUTES «La Organización Informativa y el Agente Secreto», Madrid, [s.d.], 1947, p. «El agente de información militar debe poseer la moral más desinteresada, un sentimiento de la verdad inquebrantable, manifestar una defensa decidida por la causa nacional y una devoción ilimitada por la Patria, capaz de los máximos sacrificios. Francisco Javier Zorzo Ferrer 78 tido fue patente el menosprecio de los «combatientes» hacia los que habían participado en la guerra como agentes del SIPIVP. Al finalizar la guerra, entre el 28 de marzo y el 18 de mayo de 1939, durante la «preparación» del desfile de la Victoria, el SIPM, por propia iniciar tiva se dedicó « a limpiar la capital de asesinos, cómplices y encubridores». Como es fácilmente comprensible, tras el traslado a Madrid de la Administración Central, los diferentes Servicios de Información trabajaban con una práctica y total descoordinación, con tensiones y confrontaciones en cuanto a las competencias, principalmente entre los falangistas y los específicos militares. En 1939, por medio de la Ley de 8 de agosto, se crean los tres Ministerios militares: Tierra, Marina y Aire, que indudablemente comenzaron a organizar sus preceptivas segundas secciones o divisiones, encargadas de las labores de inteligencia propiamente militar. Por su parte, la ley de 22 de septiembre de 1939 definió la organización del Ministerio del Ejército, asignando a la Secretaría General el «tratamiento de los asuntos reservados en relación con la disciplina militar y de orden público en cuanto afecte al Ejército». A su vez y por Orden de 11 de noviembre de 1939 (BOE núm. 321) se organiza el Estado Mayor del Ejército, figurando entre las materias de su competencia «obtener, con medios de investigación propios, así como ordenar e interpretar, toda la información precisa para mantener al día el conocimiento de la organización, y de los proyectos técnicos y militares de las Ejércitos extranjeros y sus propósitos y planes de operaciones». Se organiza en una Secretaría y seis secciones, siendo competencia de la Secretaría, entre los temas propios de la misma, las relaciones con los Estados Mayores de Aire y Marina y con el Alto Estado Mayor. La Sección Segunda es la de «Información», asignándosela, por la citada Orden, diversos cometidos que en lo referente a la inteligencia se concretan en: Información del extranjero y estudio de la organización de los Ejércitos extranjeros. Será, asimismo, la encargada de los servicios de información documental, testifical y gráfica, de la captación y criptografía y claves^. Historia de los Servicios de Inteligencia:.. Será también responsable de los Planes de información de los distin-. tos planes de campaña y en maniobras, de los cursos de información y del establecimiento de los métodos del Servicio de Información. Controlará, mediante su lectura, la prensa nacional y extranjera y estará encargada de las relaciones con el Ministerio de Asuntos Exteriores en lo que se refiere a las misiones específicas del Estado Mayor del Ejército, así como del establecimiento y mantenimiento de relaciones con los agregados militares extranjeros en España y con los españoles en el extranjero. La peculiar situación en que vivían los diferentes Servicios se normalizó al promulgarse la ley de 15 de marzo de 1940 (BOE n"" 77) en la que se dispone que los servicios de policía, orden y vigilancia pertenecerán a la Guardia Civil, adscrita a las Fuerzas Armadas. El Coronel Ungría, antiguo jefe del SIMP, Director General de Seguridad tras finalizar la guerra civil, decidió retirar a la Policía Militar del mantenimiento del orden público, entregar sus ficheros a la Dirección General de Seguridad y reagrupar el SIMP. El SIMP se dividió en dos secciones: un destacamento contra el SIM republicano, que también se ocupaba de perseguir a los marxistas, y otro, denominado «sección contraguerrillas», formado por los agentes que habían permanecido en Madrid durante la contienda, para liquidar asuntos pendientes de investigación, cuyo primer jefe fue Gutiérrez Mellado. Tenían su sede en la calle Núñez de Balboa, n"" 66. Para realizar este trabajo se apoyaron en la documentación localizada en Alcalá de Henares, en la que figuraba «todos los actos de sabotaje, incursiones en la Zona Nacional, golpes de mano y organización completa de los servicios republicanos, con nombres de encubridores, guías y cómplices que permanecían viviendo en la España de la posguerra». Como consecuencia del asesinato del Comandante de la Guardia Civil, Isaac Gabaldón Irurzun, cuando se dirigía a Talavera de la Reina, el 29 de julio de 1939, y la serie de conflictos internos que se originaron, el Ministro del Ejército, General Valera, ordenó la disolución del SIPM. Quizá la principal misión del SIM, en aquellos tiempos, era la de llevar a cabo la tarea de preparar y redactar boletines de información que se hacían llegar a los distintos escalones de mando. No tenían ni formato ni periodicidad fija. Varias veces al día se enviaban al Ministro, al Subsecretario y al Jefe del Estado Mayor del Ejército un breve informe titulado «Noticias recibidas del Servicio de Escucha sobre las operaciones en Europa», junto con Francisco Javier Zorzo Ferrer 80 un «Boletín de Información del Centro de Escuchas», con teletipos de la prensa internacional. Tres o cuatro veces al mes, se redactaba un «Boletín de Información Secreto», que contenía informes recibidos de los agentes desplegados en el interior o en el extranjero, prestando especial atención al tráfico marítimo de Gibraltar, a la situación de Tánger y Portugal y a las actividades de los nacionalistas marroquíes, incluyendo también noticias de los sabotajes producidos en territorio nacional, declaraciones de políticos españoles y extranjeros, protestas por detenciones y ejecuciones y estados de opinión de los militares. Con bastante menor frecuencia, el Servicio de Vigilancia Interior de la 2^ Sección del Estado Mayor del Ejército redactaba una «Hoja Informativa», con comentarios sobre la situación de la sociedad española o sobre las actividades de los exiliados en Francia. La 2^ Sección también recopilaba y archivaba la propaganda contra el Régimen, detectada en unidades militares o enviada a los domicilios particulares de jefes y oficiales. Como es lógico, también le competía a la 2^ Sección la investigación de redes de espionaje, en las que con determinada frecuencia se veían implicados los soldados de reemplazo, conducidas por las diferentes embajadas establecidas en Madrid. Por decreto de 30 de agosto de 1939 se crea, bajo la dependencia directa del Jefe del Estado, el Alto Estado Mayor, y entre sus cometidos figura: «e) Facilitar al Mando Supremo la información necesaria para la más exacta apreciación del potencial militar y económico de otros países. El Alto Estado Mayor estaba constituido por un General Jefe, que será miembro y Secretario de la Junta de Defensa Nacional, una Secretaría y Tres Secciones: 1^.-Militar, 2^.-Económica y 3^.-Información. La Tercera Sección tenía como misión general la específica de Información, que aparece entre los cometidos fundamentales y que, por Orden Reservada de 5 de febrero de 1944, recibió la misión de «enfrentarse, dentro de España, a los complejos Servicios de Espionaje extranjeros» y «coordinar la acción de los diversos organismos encargados de reprimirlos», pero debido a la amplitud de dichos cometidos se presentaron algunos conflictos de competencia con el Ministerio de la Gobernación, por lo que a finales de 1945, y de nuevo por una Orden Reservada, se precisaron con más detalle sus atribuciones: «Será de la incumbencia del Alto Estado Mayor cuanto se refiere al es- Las tareas de contraespionaje correspondía a la eufemisticamente denominada «Comisión de Estadística», ubicada en unas dependencias encubiertas situadas en la calle Francisco de Rozas n^ 4. El Servicio de Información del Alto Estado Mayor comenzó sus trabajos con gran precariedad de medios. Muchas de las personas integradas en el mismo estaban pluriempleados, como sucedía a muchos de sus compañeros de profesión, consecuencia de lo escaso de los haberes que percibían, por lo que su eficacia, durante muchos años, fue más bien escasa, más acusada en algunos campos que en otros, como podía ser el de la contrainteligencia. En abril de 1946, en el marco de la reorganización administrativa iniciada al finalizar la II Guerra Mundial se introdujeron algunas modificaciones en la estructura del Alto Estado Mayor, entre las cuales se incluyó que la Ca misión de Estadística pasara a denominarse Comisión de Estudios, y se dedicara al control y manejo de los agentes desplegados en el extranjero. Los agentes españoles en el extranjero solían tener su sede en la Embajada de España en el país donde se encontraban, con la misión de entrar en contacto con los órganos de inteligencia del país en cuestión, para obtener la información que pudiera ser de interés para nuestro paí^. «El militar que pasaba excesivo tiempo destinado en los Servicios de Información, llegaba a sufrir un proceso de deformación profesional, que lo inhabilitaba para desenvolverse con naturalidad en el mundo castrense. Un soldado de España. Conversaciones con Jesús Picatosto, Barcelona, Arges Vergara, 1983, p. «Cuando se permanece demasiado tiempo en el servicio de información, sin que el interesado se percate de ello, va dejando de ser un oficial para convertirse en un mero informador. Francisco Javier Zorzo Ferrer El General Gutiérrez Mellado intervino directamente en la instalación y seguimiento de las bases establecidas en Bélgica, Francia, Portugal y Suiza. La razón de establecer estas bases respondió a determinados acontecimientos concretos, como pudieron ser: • El establecimiento en París del Gobierno republicano en el exilio. • La llegada del conde de Barcelona a Estoril (Portugal). • Los contactos que se mantenían en Bélgica y Suiza con la URSS. A partir de 1955, tras el reconocimiento de las Estados Unidos y la existencia de bases americanas en España, el objetivo soviético comienza a tener una especial dimensión, lo que exigía una preparación más profunda en esa dirección. Oficiales españoles se desplazan a Estados Unidos e Inglaterra para recibir formación específica en el campo de la información y se comienza a desplegar agentes españoles en el extranjero, marchando, durante bastante tiempo, de la mano de la CIA. En 1962 se produce una nueva reorganización de la Tercera Sección del Alto Estado Mayor, dedicando un especial énfasis en las tareas de contraespionaje, control de actividades comunistas, tanto en el interior como con respecto a las posibles relaciones con Rusia y Cuba, de las organizaciones anti-régimen, evaluación del ambiente socio-laboral y del campo universitario, aunque hay que significar que sus trabajos no pudieron contar con el suficiente personal y la necesaria dedicación, por lo que no se obtuvieron los frutos deseados. Cuatro años después, en 1966, se crea dentro del mismo Servicio, la Sección Operativa de Misiones Especiales, para llevar a cabo determinadas acciones operativas. En 1972 centró sus trabajos en el campo del contraespionaje. Una vez constituido el SECED las tareas asignadas al AEM estuvieron relacionadas con actividades de Inteligencia exterior. Contrainteligencia y Espionaje del Espacio Radioeléctrico, contando, además, con un Grupo Operativo. La Organización Contrasubversiva Nacional (OCN) y el Servicio Central de Documentación (SECED) No cabe ninguna duda que, en los últimos años de la posguerra, el peso de las labores de inteligencia en España han corrido a cargo, en primer lugar, de la Organización Contrasubversiva Nacional (OCN) y, posteriormente, del Servicio Central de Documentación (SECED), que tras fusionarse con el Servicio Exterior del Alto Estado Mayor (AEM), origi-Historia de los Servicios de Inteligencia:... naría el Centro Superior de Información de la Defensa (CESID), antecedente del actual Centro Nacional de Inteligencia (CNI), y que será tratado por otros articulistas. El nacimiento del Servicio de Inteligencia español está circunscrito prácticamente a una sola persona. En concreto al entonces Comandante José Ignacio San Martín. En su obra autobiográfica «Servicio Especial. A las órdenes de Carrero Blanco», el Coronel San Martín confiesa sus inclinaciones juveniles por los asuntos referidos al espionaje y a la criptografía, por lo que para realizar el curso de criptografía convocado en 1947, se trasladó a Madrid, desde Marruecos, donde se encontraba destinado. Su agregación a la Comisión de Estudios del Alto Estado Mayor, para realizar tareas de descriptación de los telegramas captados en Marruecos, le abrió las puertas para, posteriormente, ser enviado a París, como Vicecónsul y representante del Alto Estado Mayor ante los servicios de información de aquel país. Instalado en París, estableció relaciones con el SDEC francés, rama de espionaje, y con el Ministerio del Interior: directas, con la Dirección de Información General e, indirectas, con la Dirección de Vigilancia del Territorio (DST), servicio de contraespionaje francés, que tenía capacidad de detener a los presuntos espías al servicio de potencias extranjeras. En aquellos tiempos una de las tareas más relevantes encargadas a los representantes del AEM fuera de España, era el control de las actividades de los miembros del antiguo gobierno de la República española. Tras su regreso a España, en agosto de 1966 se reincorporó al AEM. En concreto, al Negociado de Interior de la 3^ Sección, donde se le asignó la Jefatura del grupo sindical. El 27 de septiembre de 1968, el General Jefe del AEM recibió una petición de apoyo técnico, desde el Ministerio de Educación, para tratar de evitar que se incrementara la subversión estudiantil hasta el extremo de que se repitiera en España una situación similar a la del «mayo francés». Francisco Javier Zorzo Ferrer 84 El 30 de noviembre de ese año, el Comandante San Martín fue encargado de la tarea. Nace, en la realidad, el Servicio de Inteligencia español por antonomasia. Las instrucciones recibidas fueron de asesoramiento y coordinación, sin implicar en absoluto al Alto Estado Mayor, siendo sus primeras actuaciones las dirigidas a la formación y dirección de grupos de acción y, en segundo lugar, al fomento de movimientos «adictos» y a los trabajos de acción psicológica, constituyéndose en diciembre de ese mismo año el «Gabinete de Enlace del Ministerio de Educación y Ciencia», estableciéndose a continuación un plan de enlaces con otros organismos y concediéndose autorización para establecer contactos con la Dirección General de Seguridad, lo que resultó provechoso y sirvió para aclarar competencias. La primera actividad que se llevó a cabo fue poner en marcha el denominado «Plan Canadá», de acción psicológica y contraactivismo, lo que obligó a establecer contactos, cada vez más frecuentes, con las fuerzas activas progubernamentales en aquellos momentos: Guardia de Franco, Oficina de Información de Asociaciones, Delegaciones del Movimiento, etc., con el inconveniente que ello representaba ante las múltiples indiscreciones que se producían^. Los comienzos no fueron nada fáciles. El propio Ministro de Educación parecía arrepentido al conocer las dimensiones del problema que se trataba de resolver, pese al apoyo manifiesto del propio Vicepresidente del Gobierno, el Almirante Carrero Blanco. Con intención de poder enfrentarse con el problema de la subversión, de manera que fuera posible su derrota, el propio San Martín propuso la modificación de la Orden Reservada de 20 de diciembre, en la que se establecían las competencias de los diferentes servicios de información, toda 3^. No implicar en absoluto al AEM. Obtener información por medio de la captación de informadores y de la infiltración de agentes propios. Ubicación ajena a las instalaciones del Ministerio. Apoyo documental del Negociado de Interior del AEM. Relaciones con el AEM a través del Jefe de Operaciones de la 3^ Sección. El Plan de Acción tenía que ser aprobado por el Jefe del Negociado de Interior de la 3^ Sección del AEM. ^ Op. cit., p. «La constitución de un servicio especial de información es un proceso lento que tropieza con muchas dificultades, entre ellas las derivadas de la existencia de otros servicios similares». Historia de los Servicios de Inteligencia: vez que, desde el punto de vista de la incipiente OCN, la subversión no debería tratarse como un problema exclusivamente técnico, sino que era necesario que ñiera considerado como un problema político, general y permanente. Pronto se sintió la necesidad de que la reducida organización establecida exclusivamente en Madrid, extendiera su ámbito de actuación a provincias, por lo que estableció la primera Delegación en Barcelona, contando lógicamente con el apoyo del Sector Cataluña del AEM. Para hacerse una idea de lo precario de la plantilla al inicio de las actividades del que posteriormente sería el Servicio de Inteligencia español, tras dos años de funcionamiento, la Organización Contrasubversiva Nacional contaba con 4 jefes y oficiales de los tres ejércitos, la mayoría a plena dedicación. Según su jefe, lo que la OCN pretendía era contener, y a ser posible, reducir el proceso subversivo; tratar de arrebatar banderas reivindicativas a la subversión; intentar eliminar o reducir las lacras existentes en la sociedad y en la Administración; abrir cauces de participación y contribuir a una evolución política. En concreto, la misión de la OCN consistía en facilitar información abierta y oculta sobre los movimientos subversivos, realizar acciones de contrapropaganda y llevar a cabo una acción psicológica positiva, dirigida al fomento de movimientos adictos, a la formación ideológica y a la orientación de la opinión. Desde el principio se estableció que el trabajo del naciente Servicio no iba, en ninguna medida, a duplicar la labor de la Policía Armada o de la Bri gada Político-Social, que tenían claramente definidas sus competencias. El trabajo de la OCN debía ir dirigido a contrarrestar y anular, por todos los medios, las actividades de quienes pretendían subvertir el régimen. Querían apoyar a los estudiantes menos ideologizados, frente a los, entonces, conocidos como «subversivos», «extremistas», « revolucionarios», «comunistas», etc. La OCN, para poder participar activamente en la Universidad, sentía la necesidad de contar con una asociación de estudiantes para hacer frente así a los grupos de ideología izquierdista. Los primeros con los que empezaron a trabajar fueron los Guerrilleros de Cristo Rey, que lideraba Mariano Sánchez Covisa, pero como consecuencia de la violencia con la que actuaban, les hacían incontrolables, por lo que se decidió en el seno de la OCN crear una asociación propia. Tras seleccionar unos cuantos estudiantes afines, se constituyó la Asociación Nacional de Universitarios Españoles (ANUE), siglas que pronto empezaron a competir con las más conocidas en los ámbitos político-universitarios: las del PCE, FLP, etc. Sus estatutos fueron aproba-Francisco Javier Zorzo Ferrer 86 dos por los Ministros de Educación y Secretario General del Movimiento y publicados en abril de 1969^. Como otra muestra más de la precariedad con la que trabajaba el Servicio de Información español, en sus comienzos, se puede señalar que, para iniciar sus actividades, recibió en 1968 un préstamo del AEM de 200.000 pesetas. Al siguiente año se constituyó un fondo, primero en el Ministerio de la Gobernación y posteriormente en la Secretaría General del Movimiento, que fue sólo de 10 millones de pesetas, pese a que ya el Servicio se encontraba implantado en toda España. Todos estos aspectos permiten comprender fácilmente que, en los primeros años, la Organización actuaba con un cierto grado de inestabilidad, consecuencia de las influencias y relaciones políticas y los aspectos financieros, junto con las dificultades de incorporación de personal, las incomprensiones de muchos militares y la dependencia funcional, que a juicio de su Director en aquella época, no era la más adecuada, pues siempre pretendió el Coronel San Martín que su dependencia fuera siempre al más alto nivel. Otro de los elementos con los que tuvo que, en alguna medida, luchar el Servicio fue con las indiscreciones, no ya las no intencionadas, ocasionadas por aquellos políticos que no tenían conciencia real de su responsabilidad, sino de las que se producían originadas por los recelos de determinados organismos o servicios que se relacionaban con la OCN. Al principio se actuó aceleradamente, por órdenes superiores, tratando de paliar la ventaja que había adquirido el «adversario», durante más de seis años, utilizando técnicas similares a las que pretendía emplear el Servicio. Si las actividades se hubieran limitado al aspecto informativo, la seguridad habría sido total, pero la necesidad de atender varios frentes que, en principio y a juicio de los componentes de la OCN, eran los más' ^ Op. cit., p. El pensamiento del Servicio sobre el asociacionismo estudiantil quedó reflejado en la «Memoria de Actividades en el periodo comprendido entre el 27 de septiembre de 1968 y el 31 de marzo de 1969» que presentó la OCN: «De poco servirán las medidas de desarticulación de los grupos hostiles, ni la creación de grupos antagónicos, si no se gana la opír nión de las organizaciones estudiantiles adictas o neutrales, que contrarresten la acción de los subversivos» (1969). Historia de los Servicios de Inteligencia:... importantes, les obligó a proliferar los contactos oficiales, generalmente de alto nivel, lo que originó gran número de indiscreciones, como ya queda dicho. Por otra parte, el Servicio presentaba, con distintas vinculaciones, la particularidad de ser, por un lado, clandestino, salvo un núcleo de cabeza reducido y, por otro, de estar integrado por un grupo de jefes y oficiales de las fuerzas armadas, en situaciones diversas, sin que ésto pasara inadvertido para un cierto número de autoridades y de otros militares, en quienes, precisamente por las condiciones y procedimientos por los que se producían las agregaciones y comisiones de servicio, despertaban aún más la curiosidad^. Uno de los principales medios que facilitó enormemente las labores de la OCN lo constituyó su fondo documental, su archivo, que fue construido con la cooperación de la Dirección General de Seguridad y de la Dirección General de Política Interior. Pese a ser de explotación manual, puesto que en aquellos tiempos la informática no estaba excesivamente desarrollada en España, constituyó un magnífico soporte para sus estudios y trabajos. La importancia que desde el principio se dio a la documentación quedó reñejada en la redacción de unas «Normas Generales de Documentación», en las que se analizaba con todo detalle las características y forma de explotar la documentación que custodiaba el Servicio. Como complemento de lo anterior se constituyó, asimismo, un «Gabinete de Lectura», que analizaba gran número de publicaciones de todo tipo, obteniendo de esta tarea informaciones muy provechosas. Para obtener información directa se contó con un importante número de colaboradores de distintos tipos, que eran «señalados» por personas de confianza y que conocían el ámbito donde debía desenvolverse el Servicio. Pese a todo es fácilmente comprensible, hubo serias dificultades para captar colaboradores, fundamentalmente por la sensación que producía en los posibles candidatos de que fueran acusados de «chivatos», junto 87 ^ Op. cit., p. Todos los servicios especiales dedicados a actuaciones encubiertas tienen que cumplir sus misiones conciliando la seguridad con la eficacia. La naturaleza y la urgencia de la misión suele condicionar la seguridad. (Al principio de la OCN hubo que sacrificar, en ocasiones, la seguridad a la eficacia). Francisco Javier Zorzo Ferrer 88 con el riesgo que presentaba el tenerse que infiltrar en alguna de las organizaciones controladas. El primer grupo de colaboradores con los que contó la OCN estuvo constituido por los bedeles de las Facultades, muchos de ellos antiguos militares o guardias civiles retirados, pero pronto ñieron detectados, por lo que su eficacia fiíe muy reducida. Para conseguir orientar el trabajo de los colaboradores, potenciales o efectivos, se realizaban cursos de formación, que a la larga permitía la captación de candidatos que, a veces, al no estar significados, sus frutos fueron bastante positivos. A finales de 1970 la OCN contaba con 380 colaboradores de ambos sexos, en toda España. Para cualquier servicio de información incipiente, no cabe duda que la coordinación de esfuerzos de toda índole constituye un significado caballo de batalla. En el caso de la OCN el problema apareció enseguida, aunque por la insistencia de sus dirigentes se consiguió que, en los cinco meses comprendidos entre octubre de 1969 y marzo de 1970, se reunieran casi todas las semanas, bajo la presidencia del Almirante Carrero, los ministros de Educación y Ciencia, Gobernación, Ejército, Justicia y Secretario General del Movimiento. A principios de 1971 y considerando que la defensa institucional debía ampliarse a todos los frentes, y siguiendo una iniciativa del propio Almirante Carrero, se redactaron unas «Bases de reestructuración del Servicio», apoyándose en criterios derivados de la experiencia adquirida hasta la fecha. Se fijaron nuevos niveles de responsabilidad, se creó un órgano de coordinación, se estableció que todos los miembros del Servicio estuvieran adscritos a «plena dedicación» y se ampliaron las actividades al mundo sindical y al sector religioso-intelectual. En el sector sindical, apoyándose en muchas ocasiones en las estructuras del Sindicato Vertical, se desarrolló un plan de acción psicológica especializado, se organizó un servicio de información específico y se llevo a cabo un plan de revitalización de centros sindicales en las barriadas, en coordinación con las redes de teleclubes urbanos del Ministerio de Información y Turismo. En el sector religioso-intelectual, que en sus comienzos se ocupaba esencialmente de temas políticos, se dedicó a la explotación de informes y estudios relacionados con esa actividad, se organizó una red de periodistas que transmitiera las ideas propuestas por el Servicio, se apoyó, en la medida de lo posible, a las publicaciones proclives y se incrementó el Historia de los Servicios de Inteligencia: número de socios del Ateneo, para poder extender allí la influencia de la OCN^. A ñnales de 1971 se hizo un nuevo planteamiento acerca de la estructura del Servicio, que iba a consistir en la creación de un Centro de Información y Documentación (CIDOC) que, bajo la dependencia directa de la Presidencia del Gobierno, fuera la ventana abierta de la Organización y que sirviera para dar carta de naturaleza al Servicio, como había sucedido con los más conocidos servicios de información extranjeros ( la CIA en Estado Unidos; el KGB en la URSS, el MI -5 en el Reino Unido; el SDEC en Francia y el Servicio Federal de Información o Servicio de Defensa de la Constitución en la República Federal Alemana). Ante esta propuesta el Almirante Carrero Blanco decidió y despachó con el Jefe del Estado, el 22 de enero de 1972, crear una Dirección General, en el seno de la Presidencia del Gobierno, que cumpliese misiones de información abiertas y encubriese las actividades secretas, completando todo ello con enlaces eficaces, tanto en el ámbito sectorial como en el geográfico. A principios de febrero de ese año, el Tcol San Martín le presentó una nueva propuesta, en la que la estructura de la parte visible de la organización quedaría configurada en una jefatura y una secretaría general, además de las siguientes unidades administrativas: administración, estudios e informes y coordinación, con delegaciones regionales y enlaces en diversos departamentos ministeriales. Además subsistirían los sectores de Acción Psicológica, Sindical y Religioso-intelectual, junto a los Departamentos de Información y de Operaciones. El personal militar estaría destinado en el AEM. Por Decreto 511/1972 de 3 de marzo se dio nueva redacción al apartado 2 del artículo 2° del Decreto 245/1968, de 15 de febrero, sobre reorganización de la Presidencia del Gobierno, creándose el Servicio Central de Documentación (SECED) y estableciendo su dependencia directa del Ministro Subsecretario de la Presidencia del Gobierno. Posteriormente por Orden de 16 de marzo de 1972 (BOE núm 68) se"^ estructura el Servicio Central de Documentación de la Presidencia del Gobierno y se establece que será el órgano encargado de realizar y difundir informes y estudios, prestar asistencia técnica y coordinar la do-89 » Op. cit., p. «Las técnicas en el campo de la información, si no van acompañadas de medidas políticas adecuadas, acaban por fracasar de una manera global, pese a que proporcionen éxitos aislados y esporádicos». cumentación en relación con la protección de materias clasificadas, así como cuantas funciones asesoras le encomiende expresamente el Ministro Subsecretario. Se estructuraba en las siguientes unidades: -Sección de Régimen Interior, que tendría como funciones, además de la gestión administrativa del Servicio, la coordinación de los Servicios de protección de materias clasificadas de los distintos Departamentos ministeriales civiles. -Sección de Estudios e Informes, que se encargaría de la adquisición, estudio y explotación de cuanta documentación fuera de interés para la Presidencia del Gobierno. -Sección de Coordinación y Enlace, que tendría como funciones la relación permanente con las Delegaciones Regionales y las Oficinas de enlace de los departamentos ministeriales civiles, para la difusión y coordinación de la documentación. Asimismo, se establecía que podían crearse Delegaciones Regionales del Servicio Central de Documentación, «con el ámbito territorial que expresamente se determine, para el ejercicio de las funciones encomendadas al mismo en una circunscripción determinada», así como la posibilidad de constituir Oficinas de enlace en los distintos Departamentos ministeriales civiles. A finales de 1973, la organización periférica contaba con doce delegaciones regionales, y siete subdelegaciones provinciales, adscritas a sus respectivas cabeceras regionales. Con el apoyo de las unidades administrativas actuaba el grueso del Servicio, la parte oculta del mismo. En total, el SECED estaba integrado ese año por doscientas personas, incluido el personal auxiliar, unos cinco mil colaboradores, de ellos unos dos mil directos y, a su vez, de éstos, unos quinientos informadores. La estructura de esta organización se apoyaba en dos grandes Divisiones: la de Información y la de Operaciones. Los campos de actividad, como ya se ha citado anteriormente, continuaban siendo los sectores educativo, laboral y religioso-intelectual. Además contaba con el Gabinete de Acción Psicologi ca, el Departamento de Asuntos Especiales y la Secretaría General, que, en realidad trabajaba como un auténtico estado mayor del Servicio, constituyendo, simultáneamente, el órgano receptor de la información abierta. Francisco Javier Zorzo Ferrer 92 graves dificultades, al no existir estructura propia donde apoyarse, por el «vacío» producido con la desaparición del SEU. Tenía que colaborar a frenar o encauzar la rebelión estudiantil y contrarrestar la posible acción de los «deformadores de la juventud estudiantil»; luchar contra la falta de ejemplaridad de la sociedad y denunciar los fallos político-administrativos en el ámbito de la educación. En el campo de la información dependía de la que le proporcionaba la División de Información y de la que obtenía de sus colaboradores. En materia de asesoramiento recomendaba las medidas que deberían adoptarse ante situaciones conñictivas y en el campo de la formación impartía cursos dirigidos a la captación de grupos positivos. En lo relativo a la acción psicológica, fomentaba el asociacionismo y la representación estudiantil, combatiendo la propaganda hostil. El Sector Laboral prestaba asesoramiento, tanto al Ministerio de Trabajo, como a la Organización Sindical y les proporcionaba información tendente a evitar o paliar situaciones conflictivas. Realizaba cursos para dirigentes sindicales, mandos intermedios y vocales juveniles de jurados de empresa. ( En nueve meses, en 1973, se realizaron 50 cursillos, en 16 provincias, asistiendo a los mismos unas 2.000 personas). Inició el montaje de despachos jurídico-laborales, para hacer frente a los incipientes despachos laboralistas organizados por el PCE. El Sector Religioso-Intelectual estaba orientado, fundamentalmente, a la Iglesia y a algunos Colegios profesionales, tratando más marginalmente los medios artísticos e intelectuales. Facilitaba información y aseôoraba a los organismos interesados, difundía documentos destinados pi combatir corrientes adversas y coordinaba la labor de grupos y publicaciones favorables. El Gabinete de Acción Psicológica (GAP) organizaba e impartía cursos de formación y especialización para los medios del Servicio. Constituía el centro de doctrina del Servicio, coordinando la operación denominada «Criterio», de formación permanente. Colaboraba en conferencias a entidades públicas, ejercía el control de la propaganda propia y analizaba la adversa, para reorientar la primera, colaborando además en la selección de personal y ocupándose de las colaboraciones en los diferentes m.c.s. La Secretaría General se ocupaba de los temas de organización, personal, infraestructura logística y habilitación, absorbiendo la parte abierta del Servicio. El Departamento de Asuntos Especiales se ocupaba de casos y operaciones que no correspondían a ningún sector en concreto o de aquellos asuntos que asumía, para su dirección, la Jefatura del Servicio. Se mantenías relaciones múltiples, con diferentes actitudes por parte de los difrentes interlocutores y resultados no siempre positivos para el Servicio. En concreto existían relaciones establecidas con el Ministerio de la Gobernación, Ministerio de Información y Turismo, Ministerio de Educación y Ciencia, Organización Sindical, Ministerio de Trabajo, Secretaría General del Movimiento a través de la Delegación Nacional de la Juventud y de la Delegación Nacional de la Sección Femenina. La excepción la constituyó el Ministerio de Asuntos Exteriores, presumiblemente porque las labores de información en el exterior correspondían al Alto Estado Mayor. La coordinación entre servicios ha constituido siempre, y no solamente en España, un campo de batalla en el que había que hacer frente a múltiples situaciones. En este sentido y desde mediados de marzo de 1973, el Director del Servicio entró en contacto con el TGral. Gutiérrez Mellado para tratar de conseguir un entendimiento definitivo con el Alto Estado Mayor, con vistas a una mayor conexión con los correspondientes Servicios de las Fuerzas Armadas. A pesar de todo, en las relaciones con el Ejército y en especial con con Servicio de Información, se tuvieron algunos tropiezos. Muchas de las dificultades que se presentaron eran, en parte, responsabilidad del propio Servicio. El 23 de mayo de 1973, el Almirante Carrero Blanco expresó al Director del SECED su preferencia de que el Servicio dependiera directamente de él y que el Alto Estado Mayor se dedicara a la información militar en su doble vertiente: información y contrainformación. Los Servicios militares específicos, más los de las Direcciones Generales de Seguridad y de la Guardia Civil, deberían ser coordinados por la Presidencia, a través de las Secretarías de Juntas y Comisiones de trabajo. El 26 de septiembre de 1973, quedó configurada la Comisión Nacional de Coordinación de la Información para la Seguridad del Estado, presidida por el Presidente del Gobierno e integrada por el Vicepresidente del Gobierno, los Ministros de la Gobernación, Información y Turismo y Subsecretario de la Presidencia y el Tte. Jefe del Alto Estado Mayor, con la presencia de los ministros militares cuando era necesario El trabajo llevado a cabo personalmente por el Director del Servicio personalmente con el Tte. Gutiérrez Mellado obtuvo pronto frutos en este campo, consiguiendo una más que aceptable coordinación entre el AEMyelSECED. Francisco Javier Zorzo Ferrer 94 Como prueba de ello, el sistema de archivos utilizados por el SECED se apoyaba en al banco de datos que almacenaba el ordenador IBM que disponía el AEM, que siendo uno de los primeros utilizados en España, tenía memoria suñciente para una rápida explotación de la información almacenaba. Este hecho tuvo una gran influencia en el desarrollo posterior y en la credibilidad del SECED, pues «No habían sido capaces de detectar, de ninguna manera, la posibilidad de que fuera a cometerse el atentado». La acción inmediata del SECED fue contactar con políticos y líderes sindicales, incluso clandestinos, para transmitirles un mensaje de tranquilidad y confianza en el sentido de que no se iba a llevar ninguna acción de persecución y represalia («Operación Promesa»), manteniendo encuentros clandestinos y semiclandestinos, con los más significados representantes políticos y sindicales. El nombramiento de Arias Navarro como Presidente del Gobierno trajo consigo el cese de San Martín como Director del SECED, siendo sustituido por Juan Valverde, Comandante de Infantería y amigo personal de Arias. Fraga designó a San Martín como Director General de Tráfico. Este nombramiento, el de Arias Navarro, produjo cierta frustración en el SECED. Había sido el Ministro de la Gobernación, responsable de la Policía y también había fracasado en la prevención del atentado contra Carrero Blanco. Valverde consiguió potenciar espectacularmente el Servicio de Inteligencia. Su amistad personal con Arias Navarro no estaba lejos de ese logro. El SECED dobló, en muy poco tiempo, el personal que lo integraba. En 1974 se produjo la adscripción de Andrés Casinello al SECED. Comandante de Infantería, que ya había trabajado en los comienzos de la OCN (sector laboral) y que había tenido destinos y realizado cursos en Alemania y Estados Unidos. Era el autor de un trabajo sobre los Servicios de Información, para el que se había basado fundamentalmente en su propia experiencia. Se comentó que para entrar de nuevo a trabajar en el SECED, había exigido a Valverde que tenía que aceptar como base del funcionamiento del nuevo Servicio, las ideas expresadas en su trabajo «Ante el cambio», que se refería a la situación que se avecinaba como consecuencia del estado de salud del Jefe del Estado y a los previsibles cambios que podían originar tras su fallecimiento. Se incorporó al finalizar el verano de 1974, como Jefe de la División de Operaciones. Historia de los Servicios de Inteligencia:. Valverde aceptó la propuesta de Casinello, y en diciembre de ese año el citado trabajo fue presentado a todos los oficiales del Servicio como «doctrina de obligado cumplimiento». Nacía un nuevo SECED, primer paso para alcanzar una nueva y mas completa organización, el CESID. El Servicio de Información de la Guardia Civil Desde la fundación de la Guardia Civil en 1844 hasta después de finalizada la Guerra Civil no figura en sus reglamentos y normas de actuación, ninguna cita con carácter oficial que haga alusión al Servicio de Información. Sin embargo es fácilmente comprensible que durante tan dilatado periodo, la Guardia Civil tuvo que realizar tareas de información para el cumplimiento de sus variadas misiones, especialmente las dirigidas a la lucha contra la delincuencia, persecución del contrabando, lucha contra el bandolerismo y previsión de movimientos subversivos. 77) por la que se reorganiza el Cuerpo de la Guardia Civil, en su Artículo quinto, establece entre sus cometido, junto con « la vigilancia y guardia de los campos, pueblos, factorías, centros industriales y mineros, costas y fronteras, la persecución del contrabando y el fraude y la previsión y represión de cualquier movimiento subversivo, y, en todo momento y lugar, la persecución de delincuentes». La Orden de Ministerio del Ejército de 8 de abril de 1940, referente a la organización provisional del la Dirección General de la Guardia Civil, como consecuencia de su pertenencia al Ejército de Tierra, al crear su Estado Mayor, figura por primera vez, de forma oficial, cometidos de información, asignados, como es lógico a su Segunda Sección, pues entre ellos aparece como misión la información e investigación, junto a su responsabilidad sobre ficheros, claves, dactiloscopia e identificación y el enlace con los Servicios de Información de otros Organismos. La Circular del Cuerpo de 24 de febrero de 1941 y la Orden reservada del 1 de abril de ese mismo año, que completaba la anterior, constituyen las primeras instrucciones para organizar el funcionamiento del Servicio de Información de la Guardia Civil. Se determina la información que había de remitirse periódicamente por las Oficinas de Información creadas en los Tercios y las Comandancias y figuran por primera vez los diferentes conceptos informativos a que Francisco Javier Zorzo Ferrer 96 atiende el Servicio de Información de la Guardia Civil (SIGC): De carácter militar, de carácter político-social y de carácter privativo de la Guardia Civil, apuntando, sin concretar, las relaciones que habría que mantener con los órganos informativos de los Ejércitos y de la Policía. En esta fase de creación del Servicio se ñjó también su plantilla. Pronto se sintió la necesidad de que las jefaturas del mismo en las diversas unidades fuera ostentada por Comandantes, lo que tiene lugar tras su publicación en la Orden General del Cuerpo número 40, de 21 de noviembre de 1941. A propuesta de la Segunda Sección de Estado Mayor se crea, con fecha de 21 de noviembre de 1945, el «Grupo de Información e Investigación» de la Dirección General, quedando afecto a la citada 2^ Sección, contando solamente con una plantilla de 15 hombres, pero dependiendo directamente del Director General de la Guardia Civil, a través de su Jefe de Estado Mayor, tras cuya reorganización publicada en la Orden General núm. 13, de 11 de marzo de 1959, pasó a denominarse «Grupo de Servicios Especiales» y cuya misión, junto a la específicamente informativa, se extendió a las tareas fiscales que se creyeran convenientes, constituyendo el embrión de la posterior «Unidad de Servicios Especiales». La importancia que la Guardia Civil ha concedido siempre a la información puede quedar patentizada en que, 29 años después, la plantilla de personal dedicado a tareas informativas se cuadruplicó, pasando de los 369 iniciales a 1.261, contando ya con 91 Comandantes. No cabe duda que en el periodo de la posguerra comprendido entre los años 1943 y 1952, el Servicio de Información cobró una especial relevancia, por su dedicación, con carácter preferencial, a la lucha contra el «bandolerismo», situación a la que derivaron las primitivas partidas de «maquis» desplegadas en España durante la Segunda Guerra Mundial y constituidas por antiguos combatientes republicanos que trataban de derrocar, por la fuerza de las armas, el régimen establecido al finalizar la guerra civil. En este campo, la información tenía su marco principal dentro de la «contrapartida», nombre con el que eran conocidas las unidades del Servicio de Información («Grupos de Información») y que obtuvieron resultados altamente positivos. La Instrucción General número 5, de 12 de julio de 1950, trata de resaltar, aún más, la importancia del SIGC y darle un mayor impulso, debido a la extraordinaria necesidad que se sentía en la lucha contra el bandolerismo, originando una nueva organización del mismo. Historia de los Servicios de Inteligencia:... Pero quizá el paso más importante para la normalización de la actuación del SIGC puede definirse con la publicación, en 1958, de las «Normas para la Organización y Funcionamiento del Servicio de Información», por las cuales ha de regirse el SIGC. En estas Normas se reñmdieron más de un centenar de Ordenes e Instrucciones Generales y Particulares y, sin cambiar fundamentalmente su contenido, se concretaron y flexibilizaron muchos puntos. En 1965, la Dirección General de la Guardia Civil (2^ Sección de Estado Mayor) publica unas nuevas «Normas para la organización y funcionamiento del Servicio de Información». La primera de las misiones que se le asignaba era, literalmente, «Informar a los Mandos respectivos de todo lo que ocurra en su demarcación, en relación con noticias y situaciones de carácter general, militar, político-social, tráfico y particulares del Cuerpo». En estas normas se enfatiza, una vez más, que «todo el personal que constituye el Cuerpo de la Guardia Civil o esté afecto al mismo, cualquiera que sea su categoría, deberá considerarse como agente del Servicio y formará parte de los órganos de investigación de su Unidad>. Precisamente, la Central del Servicio, que era un negociado de la 2^ Sección de Estado Mayor, constituía el órgano responsable de enlazar con los Servicios de Información de otros Organismos a nivel nacional. Los enlaces que deberían establecerse de forma más continuada eran con: • Alto Estado Mayor, en lo que se refería a pasos clandestinos, noticias procedentes del exterior, personal de las Bases americanas, espionaje, sabotaje, conflictos sociales, etc. • 2"' Sección Bis del Estado Mayor Central, en lo que atañía a información militar exterior, actividades de personal perteneciente al Ejército, noticias relacionadas con las Unidades del Ejército de Tierra y aquellas otras que pudieran ser interpretadas torcidamente en el exterior. • 2"" Sección Bis del Estado Mayor del Aire, en lo relacionado con vuelos sospechosos, accidentes aéreos, noticias relacionadas con las Bases Aéreas y actividades del personal de Aviación, etc. • 2"' Sección del Estado Mayor de la Armada, en lo que se refería a noticias relacionadas con las Bases Navales, personal de Marina y movimientos de buques, lanchas dedicadas al contrabando, incidentes en los puertos, comportamiento de tripulantes, etc. La División de Información tenía como misiones: • El tratamiento de la información recibida de otros servicios para su explotación por el propio Servicio y otros organismos. • La obtención de información complementaria o adquisición de información de origen propio para su tratamiento y explotación con análogos fines. • Departamento de documentación, estudios e informes, encargado del tratamiento de la información. • Departamento de investigación, para la obtención de la información propia. • Grupo de apoyo técnico, que se ocupaba del perfeccionamiento del material técnico para la obtención de información. Entre los trabajos que realizaba dicha División destacaban: • Un fichero completísimo de personalidades del régimen y de la oposición, así como de los que pudieran denominarse «grupos de presión», conocido con el nombre de JANO. • El estudio de todas las organizaciones y grupos clandestinos. • Ficheros sectoriales. • El montaje de redes informativas. • La realización de operaciones especiales de investigación con medios y técnicas modernos. • La investigación sobre medios técnicos y la adquisición del material más adecuado a los servicios a llevar a cabo. La División de Operaciones era el «cliente» de la División de Información. • Difusión de información y asesoramiento técnico a organismos estatales. • Formación de movimientos adictos. • Acción psicológica propiamente dicha, a través de la orientación de la opinión pública y el fomento del asociacionismo, en íntima relación con el Gabinete de Acción Psicológica. Su organización era la siguiente: El Sector Educativo, como ya queda dicho, fue el pionero del Servicio y, consecuentemente, tenía una gran experiencia, pero tropezaba con
En el desarrollo de nuestra Transición política tuvieron un importante protagonismo los Servicios de Información españoles. Entre ellos, los mejor considerados como de «Inteligencia» eran los vinculados, durante aquellos años, a la Presidencia del Gobierno en la persona de su Presidente: la Tercera Sección del Alto Estado Mayor (AEM), la Organización Contrasubversiva Nacional (OCN) y el Servicio Central de Documentación (SECED). El presente artículo se refiere al periodo comprendido entre los años 1968 en que se monta la Organización «Conde» -germen de la OCN-y 1977 en que terminan su vida oficial la Tercera Sección AEM y el SECED para constituir conjuntamente el nuevo Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) que dispondría ya de todos los elementos necesarios para ser homologable con otros servicios extranjeros de Inteligencia, En esa etapa los referidos Servicios llevaron a cabo una delicada actividad secreta dentro y fuera de España, en el amplio marco de los diversos sectores de la Administración, la Política, la Empresa, la Cultura y la Sociedad en general, tarea que facilitó el tránsito desde el Régimen autoritario del General Franco a la Monarquía parlamentaria encarnada por Don Juan Carlos I, tratando de lograr que esa difícil Transición pudiera desenvolverse en un clima de comprensión política y tranquilidad ciudadana hasta la celebración de las primeras elecciones generales al Congreso de los Diputados y al Senado. Aunque desde un punto de vista meramente político alguien pudiera calificar ese decenio de «pre-transición», al tratar de los Servicios de Inteligencia tal fase constituye realmente la verdadera Transición: el mejor sustento al tránsito político y, al mismo tiempo, el imprescindible proceso para la cristalización de un instrumento fundamental en beneficio directo del Estado, 100 Juan María de Peñaranda y Algar Antes de entrar en el tema en cuestión parece conveniente dar unas pinceladas sobre lo que entendemos por ambos términos de la proposición -Servicios de Inteligencia y Transición-elementos discutibles y discutidos. Nuestro criterio personal, se apoya en la experiencia de muchos especialistas con largos años de profesionalidad. Los Servicios de Inteligencia en España Es bien conocido que durante décadas varios ministerios contaron, para cubrir sus propias necesidades, con algún órgano de información. En Asuntos Exteriores, Información y Turismo, Relaciones Sindicales y otros ministerios existían oficinas dedicadas a la adquisición y producción de información, cuya labor de análisis y evaluación no solía superar la inmediatez de respuesta que les exigían los propios fines departamentales. Pero en ningún caso podían ser consideradas tales estructuras como Servicios de Información. Por su parte, los tres ministerios militares entonces existentes (Ejército, Marina y Aire) venían dedicando desde mucho tiempo atrás un importante esfuerzo y medios a atender las necesidades de información militar que exigía el cumplimiento de las misiones encomendadas a sus Ejércitos. En cada uno de ellos funcionaba una Segunda Sección (Información) integrada en su Estado Mayor, que se servía de una red interior (Segunda-Bis) desplegada por Capitanías y Unidades, y de otra exterior constituida por las Agregadurías Militares, Navales ó Aéreas en el extranjero. El conjunto articulado de tales órganos recibía la denominación habitual de Servicio de Información del respectivo Ejército. Del mismo modo, el ministerio de la Gobernación -más adelante, Interior-contaba con dos Servicios para apoyar sus responsabilidades de seguridad y orden público: el Servicio de Información de la Guardia Civil, inserto en el Estado Mayor de esa Dirección, y la Jefatura de Información -después Comisaría General-integrada en la Dirección General de Seguridad. En aquellos años la Inspección General de la Policía Armada contaba asimismo con un reducido órgano informativo para su propio uso. Pues bien, estos Servicios de Información disponían -como los militares-de importantes medios para cubrir las demandas de sus Departamentos ministeriales, desarrollando una adecuada labor de obtención, investigación y evaluación de las noticias y datos recogidos. Pero ni Los Servicios de Inteligencia en la Transición unos ni otros -si bien cubrían todo el espacio geográfico nacional-podían ser reputados como Servicios de Inteligencia, al menos tal como pretendemos encuadrarlos en el presente artículo. Sin embargo el Servicio de Información del Alto Estado Mayor -su Tercera Sección-cumplía misiones de nivel estatal, dentro y fuera de España, en consonancia con otros servicios extranjeros calificados vulgarmente como de espionaje. Dicho alto centro proporcionaba a la Jefatura del Estado y a la Presidencia del Gobierno, información clave de muy diverso tipo y procedencia, para la toma de sus decisiones, tal como ha desarrollado el autor del anterior capítulo. Aquella Tercera Sección producía lo que vino en llamarse en países anglófonos «inteligencia», para cuya difusión a la Superioridad era exigible la previa evaluación y el contraste riguroso con otras informaciones y fuentes, manteniendo naturalmente su actuación en secreto. En el otoño de 1968 nace en el Alto Estado Mayor, la Organización «Conde» precedente inmediato de la Organización Contrasubversiva Nacional (OCN), con el expreso objetivo de afrontar el duro reto del estudio y la lucha contra incipientes actividades subversivas en el país; y en marzo de 1972 se crea oficialmente en Presidencia del Gobierno el Servicio Central de Documentación (SECED) que vendría a dar cobertura pública y a desarrollar las posibilidades y capacidades de la OCN, apareciendo ya como un Servicio de Inteligencia, si bien limitado al campo de la información interior. Ambos Servicios -Tercera Sección y SECED-serían prácticamente fusionados en misiones y medios en 1977, dando origen al Centro Superior de Información de la Defensa (CESID), ya un completo y verdadero Servicio. De tales componentes tratará este breve estudio: ellos son los que en la etapa que pretendemos describir merecen el apelativo de «Inteligencia» por su carácter nacional y dependencia del Presidente del Gobierno. El marco de estudio del presente artículo tiene su inicio a finales de 1968 con la puesta en marcha de la citada Organización CONDE por indicación personal del Generalísimo Franco, y cabría acordar que esa etapa predemocrática concluía con la celebración de las primeras elecciones generales, el 15 de junio de 1977de. Esa década (1968-77) -77) es de atención indispensable al profundizar en la labor de los Servicios de Inteligencia du-101 102 Juan María de Peñaranda y Algar rante la Transición, ya que, en buena medida, fue entonces cuando se hizo viable -con el concurso de variados esfuerzos nacionales-aquel tránsito político en paz y orden, tanto durante los años que sucedieron al fallecimiento del Jefe del Estado como en los que le habían precedido. Si el marco mínimo de la Transición queda limitado por la fecha del 20 de diciembre de 1975 en que producía el «cumplimiento de las previsiones sucesorias», y el referéndum de la Reforma Política de 12 de diciembre de 1976, resulta a nuestro juicio indispensable retroceder hasta la fecha del asesinato del Almirante Carrero (20.12.73) e incluso hasta aquella en la que SAR Don Juan Carlos de Borbón era designado sucesor en la Jefatura del Estado, a título de Rey (22.7.69). Llegar atrás hasta octubre de 1968 es muy útil para el estudio a fondo de la Transición, aunque aún no había trascendido al ciudadano de a pié la noción de tránsito político, ni los pasos firmes -a veces inciertos-que conducirían a aquélla. De ahí que no consideremos oportuno seguir la pauta de la mayor parte de los libros publicados en los que se fija el comienzo de la Transición en la Jornada electoral de junio del 77, ni mucho menos en la proclamación de la Constitución Española, el 6 de diciembre de 1978. Lo que resultaría aceptable para un estudio de carácter sociológico o político, no lo es en absoluto al tratar los Servicios de Inteligencia. Todo lo que vendría después -incluida la creación del CESID-se fraguó, lenta pero irreversiblemente, a lo largo de aquella década. Cabría incluir en el presente capítulo dedicado a «los Servicios de Inteligencia en la Transición» la andadura inicial del CESID, creado el 4 de julio de 1977 aún en periodo preconstitucional; pero ha parecido más útil desde un punto de vista de la adecuada articulación del libro, dedicar a ese Centro Superior un capítulo específico en el que compendiar sus veinticinco años de vida. La Tercera Sección del Alto Estado Mayor El inicio de su decadencia En el artículo anterior -«El periodo predemocrático de los Servicios de Inteligencia»-han sido recogido los pormenores del encomiable funcionamiento de la Tercera Sección del AEM durante las primeras tres décadas de su existencia, a lo largo de las cuales sufrió varias reorganizaciones en su estructura y en sus prioridades, prestando la mayor atención a las necesidades informativas que el Estado le reclamaba en cada circunstancia. El Alto Estado Mayor atravesó diversas etapas con reconocido prestigio en instituciones públicas y privadas por su destacada intervención en cuestiones de carácter estratégico, ya fuera militar, económico o informativo. Pero el fin de la autarquía había reducido su influencia política; y, años después, el cese del TG. Muñoz Grandes en su función de Vicepresidente del Gobierno (22.7.67) representaría un significativo punto de inflexión en aquella influencia, al quedar el «Alto» más alejado de las esferas de poder. Se estaba agotando el ciclo vital de un organismo tanto tiempo considerado como Cuartel General del Generalísimo. Se trataba de una decisión política sin retorno que produciría penosos efectos en el funcionamiento del alto ceur tro militar: recortes en sus tareas de información y crecientes dificultades para hacerse oír y para acceder a los indispensables recursos humanos y económicos con los que atender sus cometidos. Tras el asesinato del Almirante Carrero, los dos Vicepresidentes militares que le sucedieron (TG,s Santiago y Gutiérrez Mellado) hicieron patente su preeminencia sobre los Jefes del AEM (TG,s Diez-Alegría y Fernández Vallespín), que vieron recortadas sus capacidades y filtradas sus pretensiones. El Alto Estado Mayor pudo haber luchado para afrontar esa crisis de prestigio e influencia en los asuntos de Estado; pero el cambio que se avecinaba era imparable. España estaba buscando el rumbo que le acercase al resto de los países occidentales. El propio TG Diez-Alegría aportaba un planteamiento diferente al tradicional del «Alto» en décadas precedentes: un estilo nuevo de estudio y coordinación más que de control y ejecución de actividades, algunas de las cuales se salían de lo puramente militar. Su voz fue desatendida en determinadas esferas gubernamentales, políticas y castrenses. Todas esas dificultades se transfirieron íntegras a la Tercera Sección, que padeció años difíciles. Reunía una magnífica panoplia de profesionales con muchos años de servicio y especialidad, pero sus aspiraciones se veían aplazadas -cuando no preteridas-por otras necesidades nacionales prioritarias, entre ellas la aparición impetuosa de los Servicios que se vincularían a Presidencia. Años más tarde todo quedaría resuelto con una boda forzada entre ambas «Inteligencias», de la que todos se felicitarían después. La vigencia de sus misiones La Tercera Sección continuó desarrollando sus amistosas y fructíferas relaciones con los Servicios occidentales aunque la apertura diplomática 103 104 Juan María de Peñaranda y Algar y comercial de España con el resto del mundo parecía hacer innecesarias, negociaciones que en décadas anteriores llevaban los Servicios de Inteligencia; en cualquier caso, facilitó durante la Transición contactos indispensables con otras naciones e incluso, gestionó asuntos que le solicitaba el SECED, pues este Servicio que no tenía actividad exterior. La «Tercera» siguió produciendo beneficios al Estado con sus prestigiadas tareas de espionaje y contraespionaje, si bien reorientando su tradicional trabajo en áreas africanas y asuntos del exilio hacia otros temas compartidos con nuestros amigos y aliados, y dando mayor énfasis y atención a los países comunistas y a su acción subversiva en el mundo, de modo que parte de los especialistas y agentes de la Sección volcaron también su esfuerzo en el seguimiento, en el exterior, de individuos ligados a movimientos desestabilizadores, tales como grupos marxistas, separatistas, terroristas, etc., aunque sin entrar en cometidos de orden público y represión que tenía excluidos y que quedaban a cargo de los Cuerpos y órganos de Seguridad, adscritos al Ministerio de la Gobernación. Sin embargo, en la denominada IV etapa del Alto Estado Mayor, iniciada en 1968, la Tercera Sección, por medio de su Negociado de Interior, se ocupaba del estudio y seguimiento de una subversión aún incipiente o al menos poco activada y clandestina. De dicho Negociado saldría el «equipo San Martín» que constituiría la Organización «Conde», y que pasados dos años daría lugar a la Organización Contrasubversiva Nacional (OCN) de la que trataremos más adelante, con lo que la Tercera Sección vio también disminuido su campo de actividad con la definitiva pérdida de competencia en la lucha contra la subversión, en un momento delicado y crucial de la vida nacional. La «Tercera» refugió su protagonismo en el intento de coordinar los Servicios de Información de los Ejércitos. Pero, si en décadas anteriores los Cuarteles Generales habían aceptado de buen grado las órdenes e indicaciones del Alto Estado Mayor, ahora sus Estados Mayores, muy celosos de la labor de sus Segundas Secciones, rechazaban más o menos solapadamente la intervención de «Vitruvio» -habitual referencia a la sede del «Alto»-en asuntos que entendían de su propia competencia. Así que la conveniente coordinación de toda la información militar quedó en los papeles, como un buen deseo sin aplicación por el momento. La creación de la Junta de Jefes de Estado Mayor -primero con carácter secreto, más adelante publicada en Boletín Oficial-facilitó la continuación de los trabajos, pero el montaje de un Centro de Información de las Fuerzas Armadas (CIFAS), tanto tiempo anhelado y discutido, quedaría aún pendiente sobre la mesa muchos años. Algo similar acontecería a una Los Servicios de Inteligencia en la Transición «Comisión de información especial», -q|ie el «Alto» no llegó a sacar adelante en aquellos años-para coordinar diversos órganos de la Administración. Algunos especialistas consideran que tan variadas circunstancias afectaron al peso específico de la Tercera Sección y, en alguna medida, al entusiasmo de sus Oficiales, a la plantilla de sus especialistas y al volumen de sus presupuestos; y ya se sabe que en un Servicio de Información el recorte en asignaciones de personal y en dotaciones extraordinarias y fondos reservados es el principio del fin. Su estructura territorial iba anquilosándose en cometidos y medios, pudiendo dar la imagen de meras oficinas burocráticas. Pero por fortuna, entre 1997 y 1999, algunas de sus más relevantes especialidades -espionaje, contraespionaje, criptografía, escucha radio-telegráfica y telefónica, etc.-se concentrarían con el SE-CED para dar vida al CESID, Servicio de Inteligencia que contaría así con todas las áreas indispensables. Juan María de Peñaranda y Algar en enero de 1969, y cuya finalidad primordial era ganar la opinión estudiantil, a favor de la reforma universitaria en marcha, alejando a la juventud del contagio de movimientos subversivos. La creciente aparición de revueltas estudiantiles, con un grado de conflictividad, intoxicación e interrelación no conocido antes, obligaba a buscar los orígenes de tales movimientos y a estudiar el diseño de medidas que permitieran hacerles frente, una vez identificados. Más adelante se comprobaría la necesidad de crear una herramienta secreta de mayor entidad -la OCN-que pudiera atender también a la interpretación y seguimiento de otros focos conflictivos que empezaban a surgir en España. Las nuevas circunstancias aconsejaron desligar la Organización «Conde» de la inicial tutela de la Tercera Sección del AEM, e instalarla independientemente en un pequeño chalet de la Colonia de la Prosperidad al nordeste de Madrid, que pronto sería -por insuficiente-trasladada a un inmueble más amplio y adecuado en la Colonia del Viso, que familiarmente mencionábamos como «Rancho». La estructura de «Conde» creció rápidamente, con el deseo de dar respuesta inmediata a las esperanzas que se habían puesto en tal dispositivo antisubversivo. Así su plantilla de personal pasó de contar con unos pocos Oficiales incorporados en el último trimestre de 1968, a varias decenas sólo dos años después. Gracias a una esmerada selección, pronto se logró constituir un equipo sólido de elevada calidad y prestigio, en que la mayoría de sus componentes estaban en posesión de diplomas de Estado Mayor, carreras universitarias, idiomas, especialidades de criptografía, informática, sociología, etc.. a más de las indispensables cualidades personales de liderazgo, afán de superación, deseo de mayor dedicación, inquietudes por el futuro de España, etc.. El Ministro del Ejército y el Jefe del Alto Estado Mayor llegaron a decir al Tcol. San Martín que «se había llevado lo mejor de lo mejor», si bien éste redujera la expresión a «lo mejor disponible». La Organización pudo haberse nutrido a base de personal civil para esa comisión de servicio, pero la Superioridad debió confiar más en el oficio secreto de los militares, que quedaron destinados en el AEM -fundamentalmente-y en los EE.MM de los Ejércitos, fórmula que no complacía a dichos organismos militares, y de la que insistieron en desvincularse. La primera fase de «Conde» aún transcurre en el Ministerio de Educación y Ciencia en razón de las misiones que le habían sido encomendadas de estudio y seguimiento de la subversión universitaria. Pero pronto las autoridades departamentales se verían desbordadas por la cuantía de asuntos que les planteaban los directivos, y que el ministerio empezaba Los Servicios de Inteligencia en la Transición a considerar superaban su propia competencia. Como el ministro de la Gobernación había pedido a Franco la tutela de «Conde», la Superioridad entendió que la ejecución de las acciones contrasubversivas que proponía la Organización, con el visto bueno de Presidencia, tendría mayor eficacia si se planteaban en coordinación estrecha con los organismos responsables de la seguridad y el orden público. De modo que se creó un Gabinete de Enlace que funcionó a satisfacción de las partes. A finales de 1970 se organizó en ese Ministerio, como apoyo, un «Gabinete de Acción Psicológica» y en el de Información y Turismo un «Gabinete de pensamiento», según denominaciones al uso de la época. La denominación «Conde» siguió aún empleándose al menos hasta 1976 en conversaciones y relaciones en ámbitos de información y castrenses, a pesar de que tal apelativo nunca tuviera carácter oficial público. En círculos más reducidos de la Administración del Estado también se le seguía conociendo como «Equipo San Martín». La Organización Contrasubversiva Nacional (OCN) Juan María de Peñaranda y Algar En esta fase, la OCN absorbería el «Gabinete de pensamiento», ampliaría sus actividades a los sectores sindical y religioso-intelectual y en marzo redactó un informe de situación sobre la subversión en España que daría pie al «Libro Rojo de la Subversión», completado en junio y difundido en octubre de 1971, que ocasionaría a San Martín no pocos disgustos pues algunas autoridades nacionales empezaban a considerar incómoda -cuando no conflictiva-aquella OCN. De ahí que desde Gobernación y la Secretaría General del Movimiento se pretendiera resolver la situación proponiendo a final de noviembre el nombramiento de San Martín para Gobernador Civil de Guipúzcoa, y buscando para la OCN otro Jefe menos «independiente» di gamos, con menos personalidad. Pero, en vísperas del Consejo de Ministros que debía aprobarlo en la primera semana de diciembre de 1971, la maniobra fue abortada gracias a la información que se hizo llegar con toda urgencia desde la Organización al Almirante Carrero y al TG. La OCN inicia entonces una nueva fase bajo la tutela de Presidencia del Gobierno, en la que se preparan los textos que harían posible poco después la creación del Servicio Central de Documentación. San Martín despachaba con el Almirante el posible deslinde de la Organización, haciendo radicar la parte oculta en el ministerio de la Gobernación y la más abierta en Presidencia. Sin embargo, una semana más tarde, el Generalísimo decidiría la creación de un Servicio, cuya formulación jurídico-administrativa vendría a proteger las actividades de la OCN desde la Presidencia del Gobierno. En marzo de 1972, tras la creación del SECED, se revisaría el texto de la Orden Secreta de la OCN para adaptarla a la realidad del nuevo Servicio. Aún transcurrirían otros tres años para que el Presidente Arias firmase en febrero de 1975 una nueva Orden Secreta, que actualizaba la anterior, a la vista del crecimiento de la OCN y de la situación nacional. La Organización Contrasubersiva Nacional se fue disolviendo como tal dentro del SECED hasta que desapareció sin derogación alguna al constituirse el CESID en 1977. Pero, a efectos del presente trabajo, ponemos fin a la época de la OCN, en el mismo momento en que comienza la andadura del SE-CED, pese a que aquella Organización Contrasubversiva, como decimos, pervivió unos años como rama clandestina, fundamento del Servicio. El Servicio Central de Documentación (SECED) La creación de este importante e interesante Servicio de Información merece una exposición detenida. El denso contenido de sus misiones y la Los Servicios de Inteligencia en la Transición enorme actividad desplegada a lo largo de los seis años de su existencia hace conveniente subdividir ese tiempo en tres bienios en los que aparecen tres Directores diferentes -los tres, Tenientes Coroneles del Ejército-subordinados a tres sucesivos Presidentes del Gobierno. Bien podríamos denominar, de entrada, esas etapas como de creación, expansión y consolidación del Servicio, fortalecimiento que quedaría definitivamente rematado con la constitución en julio de 1977 del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID). La etapa de creación. Bienio Carrero/San Martín (1972-73) El SECED se crea por Decreto de la Presidencia del Gobierno el 3 de marzo de 1972, para dar a la OCN la cobertura oficial y estable que necesitaba, lo cual aconsejaba su incardinación en Presidencia con una nueva fachada al exterior. Las numerosas relaciones institucionales iniciadas por la Organización debían consolidarse y multiplicarse, lo que exigía una nueva vía de encuentro totalmente abierta, no imaginable -por innecesaria-en los primeros tiempos de la OCN. Para ello se decidió montar la sede del SECED en la Calle Alcalá Galiano, n"" 10, inmediata a la Presidencia del Gobierno, al tiempo que se ampliaban y reforzaban las oficinas de los Sectores de la OCN en otros inmuebles de Madrid en los que se mantenía de algún modo su carácter clandestino. Así el nuevo Servicio recibió una articulación orgánica con la que atender de forma pública a las necesidades administrativas y políticas de la OCN, así como a la adecuada coordinación de la labor de sus Sectores centrales y Delegaciones territoriales, que conservaban en plenitud sus misiones secretas y actividades clandestinas para hacer frente a la lucha contra la subversión. El Servicio quedaría integrado por las Secciones de Régimen Interior, Estudios e Informes, y Coordinación y Enlace. La dependencia que se fijaba para el SECED respecto del Vicepresidente del Gobierno -un año más tarde, ya Presidente-imprimía un carácter a este Servicio, que aseguraba la estrecha vinculación inicial de «Conde» al Almirante Carrero. San Martín sería nombrado Jefe del SECED con categoría de Director General, lo cual le facilitaría el trato habitual con otras autoridades. La proximidad física, afectiva y leal de San Martín al Almirante Carrero y la fluidez de sus relaciones oficiales con él, así como el prestigio adquirido por la OCN y su indiscutida influencia en diversas áreas de poder, habían producido algunas envidias y no pocos recelos de dirigentes de otros Servicios que se sentían postergados a la hora de imponer sus lio Juan María de Peñaranda y Algar propias apreciaciones y de conseguir recursos económicos y facilidades que creían se daban a aquella Organización. Las necesidades informativas y de asesoramiento sobre variados temas nacionales relacionados con la economía, la reorganización de la Ad ministración, la proyección política de la legislación, etc. obligaron a incrementar e institucionalizar la ejecución de numerosas entrevistas con una variadísima gama de autoridades públicas y personalidades de los más diversos ámbitos, mediante las cuales perfeccionar la toma de conciencia de las verdaderas preocupaciones de la sociedad. Este medio de adquisición de información privilegiada amplió sustancialmente el banco de datos del Servicio, poniendo a disposición del Vicepresidente una novedosa y ágil vía de conocimientos de distintos aspectos y enfoques, tanto del estado de la nación como de los miembros más relevantes de cada sector social de influencia. Tal procedimiento se extendió con gran rendimiento informativo a las Delegaciones y Subdelegaciones que se iban abriendo en capitales que o bien eran cabeceras de Región Militar o merecían el mayor interés a los fines del Servicio. Igualmente se extendió la labor de las Oficinas de Enlace abiertas en un buen número de ministerios civiles, cuya oficialización permitió consolidar el flujo informativo y su rigor, acomodándose su funcionamiento a la nueva realidad del Servicio. La mayor generosidad con que se ponían a disposición del SECED los recursos de todo tipo produjeron pronto un incremento sustancial de la plantilla de personal, aún constituida casi en su totalidad por miembros de las Fuerzas Armadas y de los Cuerpos de Seguridad del Estado y recurriendo a la fórmula de jornada de tarde cuando resultaba ya imposible incorporar personal fijo. Pero ese aumento de plantilla en la que se apoyaba la creciente labor en la OCN, chocaba con los organismos que tenían que facilitar el personal. Como ejemplo más claro, el Alto Estado Mayor aceptaba a regañadientes tener allí destinados a la mayor parte de los Oficiales de la OCN pues no podía ejercer control sobre ellos ni librarse de presumibles implicaciones que determinadas actuaciones clandestinas pudieran empañar la imagen del alto Centro. La verdad es que su Tercera Sección echaba de menos contar con un plantel tan numeroso y cualificado, con el que ella hubiera podido desarrollar idénticas misiones desde Vitruvio. Al propio tiempo las más abundantes dotaciones presupuestarias se tradujeron en la adquisición en nuevos medios técnicos de recogida de información, de transmisión y de archivo, que sirvieron de ejemplo a seguir por otros Servicios. Por entonces aceleró el Alto Estado Mayor los deseos de fijar límites de competencia entre su Tercera Sección y el Servicio de Presidencia, en Los Servicios de Inteligencia en la Transición lo referente a la lucha contra la subversión y a los apoyos informativos en el extranjero, aunque la personalidad de San Martín no resultaba particularmente cómoda para algunos de sus interlocutores, pues -según se decía-no era hombre fácil de avasallar. No obstante se dieron pasos importantes y las relaciones Vitruvio-Alcalá Galiano se hicieron más fluidas, estableciéndose cauces para el estudio de un posible Servicio de Inteligencia para las Fuerzas Armadas, vinculado al Alto Estado Mayor. La época «San Martín» concluiría tras el asesinato del Almirante Carrero Blanco el 20 de-diciembre de 1973 a manos de la banda terrorista ETA, terminando así cinco años de absoluta e intensa dedicación personal, suya y de sus colaboradores, a la creación de una máquina informativa, básica en el intento de apoyar eficazmente al Estado. A su tesón se debe la puesta en marcha de unos equipos, un estilo y empuje que poco tenían que envidiar a los Servicios precedentes. Pero los medios de que dispuso, las facilidades de acceso a la clase dirigente y no pocos éxitos, produjeron -como indicábamos antes-todo tipo de celotipias y envidias entre quienes veían que el SECED y su control se les escapaba definitivamente de las manos, en un despegue que se presumía acelerado. A la OCN se le achacó insidiosamente no haber detectado la preparación del atentado terrorista contra el Presidente Carrero, pues ya correspondía a la Organización el estudio y seguimiento de la subversión, que incluía obviamente a las bandas terroristas. El Servicio había dado pasos firmes en la evaluación de esa amenaza interior e incluso en la infiltración de sus estructuras; pero se trataba de una tarea recientemente asumida que requería de muchos años para alcanzar el ambicionado nivel de eficacia. Por el contrario, en algunos sectores sorprendería el acceso a la Presidencia del Gobierno de quien fuera ministro de la Gobernación en el momento del magnicidio. Tampoco sus órganos de información y seguridad habían podido evitarlo. Terminaba así el primer bienio del SECED, lleno de ilusión y aventura, rompiendo moldes, soñando un futuro mejor, pero -es verdad-con un crecimiento desigual en sus articulaciones y extremidades, como ocurre en todo cuerpo humano en el paso desde la niñez a la adolescencia. El Servicio entraba en otra etapa. Arias /Valverde (1974-75) El nombramiento de Arias Navarro como Presidente del Gobierno a punto de finalizar el año 1974 traería como consecuencia el relevo en la Juan María de Peñaranda y Algar dirección del SECED, que pasó a manos del Comandante Valverde Díaz, algo más moderno y joven que San Martín, aunque con escasos conocimientos del proceloso mar de los Servicios de Información, lo que le aconsejó apoyarse en los órganos directivos del Servicio y llevar el timón de la OCN con un estilo menos personalista que su predecesor y más acomodado a las circunstancias reales en que se debatía la política nacional tras el asesinato del Almirante. La etapa de expansión. El nuevo Director había accedido al cargo por decisión personal de Arias Navarro, quien siendo Alcalde de Madrid había nombrado Gerente Municipal de Urbanismo, al entonces Capitán Valverde. Esta amistosa proximidad al Presidente coadyuvó en gran medida a salvar las dificultades políticas y administrativas que habían enturbiado en ocasiones la buena marcha y desarrollo del Servicio en su primera fase. Las cualidades personales de Valverde -tacto, bonomia, prudenciafacilitaron enseguida sus relaciones de mando con los directivos del SE-CED, de los que recogió sugerencias y sentimientos para reorientar el rumbo de la nave ante la nueva situación. Después de escuchar a todos, dio pronto un golpe de timón que impulsó al Servicio hacia el estudio profundo, el planteamiento y seguimiento de acciones fundamentalmente orientadas a la reversión y a facilitar al Presidente del Gobierno una información puntual, completa y rigurosa de los asuntos nacionales encomendados. La articulación interna del SECED/OCN fue actualizada según el nuevo concepto que habría de corresponder al Servicio, concentrando todos los órganos en dos Divisiones (Operaciones e Información) y una Secretaría General que atendía a todos los asuntos de personal, administración, servicios, etc.. Valverde había rechazado firmemente desde el principio la creación de una 2^ Jefatura que se responsabilizase de la OCN, como organización con cierta independencia del Director. Fue así sumida en el conjunto del Servicio, desapareciendo poco a poco el uso habitual de las siglas OCN; no de sus cometidos, naturalmente. Como el rápido crecimiento vital del SECED no había concedido tiempo durante la primera fase para consolidar un fondo de doctrina y un estilo de funcionamiento, pues los cambios habían ido siempre por delante de las disposiciones que habrían de respaldarlo, ahora era el momento de adentrarse en esa laboriosa tarea. Con carácter general puede decirse que en esta segunda etapa del SE-CED se institucionalizó el proceso de la información en los diferentes ámbitos del Servicio, así como los canales de relación con las autoridades civiles y militares. Se logró implantar un procedimiento uniforme tanto en Los Servicios de Inteligencia en la Transición la adquisición de noticias, su evaluación y contraste, como en la elaboración de «inteligencia» y su conveniente difusión. Destaca en esta segunda fase la expansión de las fuentes de información, en particular el fuerte aumento de entrevistas, que multiplicaron exponencialmente la información recogida. La plantilla de personal creció sustancialmente en estos dos años y medio, bajo el Presidente Arias, manteniéndose la elevada cualificación de los directivos del SECED. La Oficialidad continuaba con la ilusión y espíritu inicial, pero se iban imponiendo los relevos, por el deseo de algunos de incorporarse de nuevo a un destino en los Ejércitos, al sentir ya la fatiga de un esfuerzo continuado en la lucha contra la subversión. Unos se lamentaban de la desconfianza hacia el Servicio -incluso hostilidad-observada en otras instituciones de las que cabría esperar pleno apoyo; otros no entendieron quizá los nuevos aires que circulaban por la «Casa», recordando con nostalgia aquellos primeros años en los que un fuerte componente de espíritu juvenil e inquieto creaba métodos de acción, más que de estudio, para salvar un ambiente nacional que se deterioraba a paso agigantado. Se revisaron también las Delegaciones territoriales y las Oficinas de Enlace en ministerios civiles, para adecuarlas a las nuevas necesidades, al tiempo que la sede central del Servicio se trasladaba desde el piso de Alcalá Galiano, 10, hasta el edificio del Paseo de la Castellana if 5, ocupado desde su construcción por la Dirección General de Marruecos y Colonias -en esta etapa, de Plazas y Provincias Africanas-donde ya se pudo acoplar el SECED con decoro y sin estrecheces en instalaciones y servicios, albergando dignas salas de reunión y de visitas como correspondían a un organismo público abierto que requería una imagen, más cercana y acaso menos críptica. Se montó adecuadamente el archivo mecanizado de información -el ya afamado «JANO»-y pudo darse cobijo a alguna de las oficinas que aún se mantenían fuera de este edificio principal. En la vida política nacional, los deseos de apertura de unos chocaban con los temores de derrumbamiento del Sistema, de otros. Al programa del notorio «espíritu del 12 de febrero», expuesto en las Cortes Españolas por el Presidente Arias, se sucedieron numerosos episodios como el llamado «gironazo» y otros, que mostraban la cara más lamentable de las discrepancias entre fracciones que a lo largo de decenios habían constituido el firme basamento del Régimen, apoyado en los Principios Nacionales del Movimiento. El SECED, sin desatender su propia labor contrasubversiva, prestó, particular atención a observar y evaluar las actitudes 114 Juan María de Peñaranda y Algar de los grupos políticos que deseaban hacerse hueco para participar en la imparable transición que se avecinaba: la izquierda más moderada ya empezaba a salir de la clandestinidad. En esta segunda fase del SECED se ponen en marcha varias operaciones de carácter nacional, tratando de adivinar y prevenir posibles situaciones críticas cuando se cumpliesen las «previsiones sucesorias», eufemismo con el que se evitaba citar el fallecimiento del Caudillo. La Operación «Lucero», dirigida por el propio Presidente del Gobierno, pero desarrollada por el Servicio, estudió en detalle y coordinó las numerosas y complejas acciones para que la noticia del óbito del Jefe del Estado no ocasionara, en su momento, alteraciones de orden público incontrolables e irreversibles, y que las medidas previstas para el momento del tránsito político pudieran ser aplicadas en un clima pacífico y democrático. Esta operación se complementaba con la «Alborada», referida a los primeros actos institucionales de la Monarquía; la «Relámpago», que afectaba en exclusiva al ámbito del SECED; y otras de diversos organismos, como Gobernación, ministerios militares y Alto Estado Mayor que pusieron al día las medidas pertinentes de seguridad, coordinadas -eso sídesde Presidencia. La esmerada preparación de aquellas Operaciones hicieron viable la transición pacífica, que sorprendió a muchos y que en adelante se ofrecería como ejemplo para otras naciones. Arias continuó al frente del primer Gobierno de la Monarquía y, con él, el Teniente Coronel Valverde como Director del SECED. Los movimientos políticos agudizaron su actividad y sus líderes se esforzaron por tomar parte en el nuevo panorama que se abría. Resultó un tiempo bien aprovechado por el Servicio para fortalecer su espíritu y su estructura interna. Iba a dar comienzo la tercera fase, última de la vida del SECED. La etapa de consolidación. La decisión de SM el Rey de sustituir al Presidente Arias por Adolfo Suárez al frente del Gobierno supuso también el relevo de Valverde por el Teniente Coronel Andrés Cassinello, quien venía desempeñando la Jefatura de la División de Operaciones del SECED y anteriormente otros puestos de destacada responsabilidad con San Martín. Su profundo conocimiento del Servicio y su personal y definitiva influencia en la transformación del SECED durante la etapa Valverde dio continuidad a las disposiciones que se habían venido adoptando en los años anteriores, sin que el cambio de Gobierno supusiera un parón -mucho menos un retor-Los Servicios de Inteligencia en la Transición no-en cuanto se había avanzado. De modo que las reconocidas dotes intelectuales y capacidad de mando del nuevo Director le hicieron el hombre idóneo para gobernar la nave del Servicio en una fase crucial en la que habría de materializarse la transición política española. Al igual que los dos directores que le precedieron, supo infundir al SE-CED su estilo personal, como convenía a esta tercera fase -la de consolidación-en la que el Servicio fue aplicando fórmulas y procedimientos, sustentados por propuestas y acciones de órganos muy especializados que daban a su trabajo un tono cada vez más profesional y riguroso. Por otra parte, a medida que la vía democrática se iba abriendo paso en las instituciones, se ensanchaba la banda de necesidades de «inteligencia» a requerimiento de Presidencia y perdían peso algunas facetas contra-subversivas del SECED, al desaparecer razones esgrimidas por grupos anti-Régimen para justificar sus revueltas y enfrentamientos. La confección de Planes de Información y de Programas de Investigación fue ya una práctica habitual en el SECED, como normas orientadoras de la actividad profesional del Servicio. El trabajo de Directivos, Ayudantes y Auxiliares encontró su ritmo y su eficacia con regularidad, sin los sobresaltos que surgían con más o menos frecuencia en las etapas anteriores. Puede asegurarse que el SECED se consolidó como un Servicio competente y de alto rendimiento, y que su apoyo informativo al Presidente del Gobierno y a SM el Rey, dio la medida de un trabajo riguroso y moderno que se ofrecía por medio de informes y boletines periódicos, cuya difusión se extendió en esa etapa a otras autoridades militares y civiles. Afortunadamente -como ocurriera en el tandem AriasA/'alverde-Cassinello era conocido por Suárez en ámbitos familiares desde años antes, circunstancia que favoreció la relación de confianza y con ella la fluidez de despacho frecuente con el Presidente del Gobierno. La atención continuada y exhaustiva de Suárez a los problemas que suponía el cambio político emprendido, dejó suficiente libertad de acción a Cassinello para continuar con el desarrollo de sus planes de transformación del Servicio y consolidar la tarea encomendada a los Sectores Centrales y a la estructura periférica del SECED, a los que pudieron aplicarse nuevos recursos humanos y financieros. La tensa y acelerada situación nacional por cuanto suponía la Reforma Política y la aprobación de asociaciones y partidos haría conveniente la profundización por parte del SECED en la información sobre movimientos de grupos y personas en relación con decisiones gubernamentales que trataban de afrontar la nueva etapa democrática con vistas al re-116 Juan María de Peñaranda y Algar feréndum, elecciones generales, futura Constitución, etc., lo que no supuso -por fortuna-una politización de la «Casa» sino más bien la asunción de un papel de Estado que diferenciaba la acción del Gobierno Suárez de la correspondiente al partido político que le sustentaba, entonces la Unión de Centro Democrático (UCD). El Servicio colaboró a fondo con el Presidente del Gobierno en el conocimiento de los grupos que iban a saltar a la arena democrática, y en el asesoramiento leal sobre cuantos criterios se recogían en numerosísimas entrevistas concertadas por directivos del SECED con personalidades de todos los sectores de la vida nacional. Este apartidismo necesario ocasionó serios disgustos al TCol. Cassinello con el Presidente Suárez y otros miembros del Gobierno, quienes exigían una cooperación más amplia y profunda en toda la preparación electoral. Hay que recordar que el crecimiento de la OCN y del SECED se había llevado a efecto en años anteriores con gran identificación política respecto de los sucesivos Gobiernos de la Nación, convirtiéndose el Servicio en un utensilio extraordinario e irrenunciable, en manos de sus Presidentes, que lo usaban con gran celo. Pero con la instauración del régimen parlamentario, el Servicio tenía que desligarse de lo puramente coyuntural y partidista, para concentrarse en objetivos nacionales del Estado. No siempre se lograría, pero sí se afianzaron las bases para que el futuro CESID pudiera establecerse institucionalmente como un Servicio apartidista. En la última etapa del SECED merece reseñarse el enorme esfuerzo desarrollado por continuar la lucha contra el terrorismo, en la que jamás se regatearon esfuerzos y en la que se lograron importantes avances -incluso éxitos-que nunca transcenderían al conocimiento público. Asimismo cabe reseñar la gestión personal de Cassinello para hacer realidad el regreso de Tarradellas a Cataluña, donde tiempo después sería designado President de la Generalitat. Esta tercera fase se cierra naturalmente con los intentos de coordinación de los Servicios de Información ya iniciados durante el mandato de Valverde, y que se reactivaron de la mano del Teniente General Gutiérrez Mellado, Vicepresidente del Gobierno para Asuntos de la Defensa estableciéndose puntos de encuentro, pese a las dificultades que presentaban los organismos a coordinar y que finalmente encontrarían solución tras la creación del CESID en julio de 1977. El Servicio prestó todo el apoyo a su integración con la Tercera Sección del Alto Estado Mayor, cuyo estudio meditado y exhaustivo hizo posible la aparición del primer Servicio de Inteligencia nacional con todos los elementos indispensables Los Servicios de Inteligencia en la Transición para ser considerado como tal en las naciones de corte occidental. La operación de fusión se vio facilitada por el hecho de que ambos organismos dependieran de la Presidencia del Gobierno y estuviesen servidos por profesionales de las Fuerzas Armadas. Acababa así un proceso iniciado impensadamente con la Organización «Conde» en otoño de 1968, con aportaciones sucesivas a lo largo de nueve años y bajo la dirección de tres Tenientes Coroneles, con plantillas de Jefes y Oficiales más modernos y jóvenes que ellos mismos, lo que daba al Servicio una imagen y un estilo cargados de un empuje excepcional, a veces trufado de actuaciones menos prudentes, como cabe suponer de gentes que apenas superaban los 40 años de edad. El nivel de ese empleo militar debió parecer a algunos políticos y mandos castrenses insuficiente para manejar una herramienta tan compleja y de uso tan difícil y peligroso, por lo que el nuevo bisturí -el CESID-se puso en manos de Oficiales Generales y Coroneles. Pasarían unos años más, hasta que inopinadamente volvió a encomendarse la dirección a un Teniente Coronel, que ascendería sucesivamente en ese puesto hasta alcanzar el rango de Teniente General. Ya hemos referido cómo el estilo personal de San Martín, Valverde y Cassinello y la enorme influencia política del SECED habían originado no pocos recelos y envidias en los restantes servicios y órganos de información entre quienes parecía tenían el deber de apoyarles. Quizá el SECED debió hacerse perdonar tan favorable posición; acaso no supo hacerlo a satisfacción de sus oponentes. De modo que el distanciamiento entre Servicios afines dificultó la deseable coordinación e incluso el intercambio de información y de inteligencia, que no fue realidad hasta consumarse la creación del CESID como Servicio único de nivel nacional. Ya el primer Gobierno de la Monarquía y sobre todo el segundo tomaron conciencia de las ventajas de concentrar los ministerios militares en un nuevo Departamento de Defensa, apareciendo como insuficiente la figura de un Vicepresidente coordinador de tales asuntos. Los deseos de cambio que se plasmarían en la reforma política y en la nueva Constitución alcanzarían también el ámbito de las Fuerzas Armadas con la vista puesta en un solo ministerio que agrupase a los tres departamentos militares. Tan imparable concentración -resuelta desde hacía décadas en 118 Juan María de Peñaranda y Algar otros países occidentales-llevaba implícita la reunión de los órganos de Inteligencia nacional en una sola mano y los de Información militar en otra. Se barajaron fórmulas posibles y se hicieron propuestas muy diversas que dieron pronto luz al CESID, como nuevo Servicio Nacional de Inteligencia, tarea en la que colaboró intensamente el SECED, como hemos apuntado. El buen ritmo aplicado al estudio de la creación del CESID se debió sin duda a la constatación de las ventajas que aportaban la Tercera Sección AEM y el SECED: sus correspondientes misiones reservadas, su prestigio indiscutido, su personal especializado, instalaciones y equipamiento sofisticado. Pero no es menos cierto que también se intuía la fusión como ocasión propicia para resolver algunas deficiencias en sus respectivas estructuras y funcionamiento. Al decaimiento del Alto Estado Mayor en influencia y eficacia, se unía por otra parte la sospecha de que el SECED actuaba sin suficiente control desde Presidencia del Gobierno. Pronto el CESID pasaría a depender del nuevo Ministerio de Defensa, por el carácter militar de la inmensa mayoría de sus componentes y quizá por entender como políticamente ventajoso colocarle al Presidente del Gobierno una pantalla intermedia que le alejara y protegiera de posible fallos o errores del Servicio, aunque el CESID resultaría algo así como un traje del Jefe del Ejecutivo, guardado en el ropero de Defensa. De hecho la adscripción tenía un carácter administrativo más que directivo: los grandes asuntos de Inteligencia se seguirían planteando en La Moncloa más que en el Paseo de la Castellana. Es de justicia citar al ñnal de este capítulo la inmensa y callada aportación del SECED a la lucha contra el terrorismo. La necesaria discreción de cuantos participaron en multitud de estudios y asesoramientos a los poderes públicos para orientar adecuadamente la acción de los Tribunales y las Fuerzas de Seguridad del Estado, impide desarrollar aquí mínimamente situaciones y logros que unos pocos podrían relatar en muchas páginas. Pero al menos, aquéllos que arriesgaron incluso su vida como miembros de su Servicio de Inteligencia y como militares que eran, merecen nuestro recuerdo agradecido. Quedaban atrás años de sacrificio e ilusión, de numerosos aciertos y algunos errores, como en toda obra humana. Pero bien puede decirse que la Transición no hubiera sido la misma sin esa cardinal aportación -indispensable habría que decir-. De alguna manera aquel tránsito político debe una parte fundamental a la abnegada labor de la OCN/SECED. Al concluir este breve trabajo sobre los Servicios de Inteligencia durante el periodo de mutación política, cabe resumir que ese decenio que abarca desde el otoño de 1969 hasta el otoño de 1978, fue vital para los Servicios tanto como para la Transición. Ni el tránsito a la democracia hubiera podido resultar exitoso sin los Servicios, ni éstos se hubieran desarrollado como convenía sino se hubiera producido la Transición. Los directivos de los Servicios de Inteligencia sintieron los aires nuevos que se avecinaban y forzaron en cada momento cambios que eran indispensables. Por su parte, los políticos escucharon a los Servicios y pudieron plantear sus proyectos democráticos con prudencia y dentro de un marco que hubiera sido altamente peligroso sobrepasar. De ese modo se llegó a la aprobación muy mayoritaria de una nueva Constitución Española y se instituyó el primer Gobierno de la Nación surgido de unas Cortes Generales plenamente democráticas. Lo que hubiera resultado casi un sueño pocos años antes se lograba con la colaboración y el aplauso de la inmensa mayoría de los españoles. Se había salvado, en un clima de paz y sosiego, el paso de un Régimen autoritario y personal a una Monarquía parlamentaria de corte europeo. La maquinaria política estaba en marcha. Tan sólo quedaría ponerla a punto en los años siguientes. Exactamente igual que ocurriría con la Inteligencia. De ese modo podemos asegurar que esos años de los Servicios de Inteligencia fueron cruciales para la germinación y desarrollo inicial de un organismo adecuado a las nuevas y futuras necesidades nacionales. Veinticinco años de funcionamiento del CESID abocarían en un definitivo Centro Nacional de Inteligencia, con todas las connotaciones de los principales servicios extranjeros, entre los que el nuestro bien puede ya estar considerado como uno de los primeros del mundo.
Analizar la investigación que se desarrolla en los Archivos en la actualidad nos obliga a hacer una serie de reflexiones sobre la Archivística, su nacimiento como disciplina científica y su evolución posterior, sin las cuales no sería posible comprender en sus auténticas dimensiones la trascendencia de los cambios producidos en los últimos años y los que seguirán produciéndose en el futuro más inmediato. Si aceptamos como válidos los supuestos que definen como científica una disciplina 1, tendremos que afirmar, en primer lugar, que la ciencia no es una mera acumulación de conocimiento sino un proceso de innovación permanente a través del cuestionamiento riguroso y sistemático, de tal forma que sólo puede ser científico lo que puede ser cuestionado. Las teorías, por tanto, no se formularían para ser defendidas sino para cuestionar y ser cuestionadas. En consecuencia, el sentido común no puede ser considerado como científico porque acepta sin discutir o, aún mejor, porque no aplica al conocimiento implicado en él un nivel suficiente de cuestionamiento sistemático. En segundo lugar, la teoría necesita de la práctica para ser real y la práctica necesita de la teoría para continuar siendo innovadora. La práctica, por tanto consistiría en el cuestionamiento sistemático de la teoría, y, a su vez, en el cuestionamiento sistemático de la práctica estaría la esencia de la teoría. Como consecuencia de todo ello, el profesional deberá ser productor de conocimiento en el campo de su actividad y no un mero aplicador del conocimiento producido por otros en otras áreas. Lógicamente este cuestionamiento riguroso y sistemático solamente puede llevarse a cabo mediante la investigación que es su herramienta esencial. La cuestión que se plantea de manera inmediata es ¿desde cuándo podemos afirmar que este panorama corresponde en la realidad al contexto de la Archivística?, o lo que es lo mismo ¿en qué momento los Archivos comienzan a desarrollar esta investigación en su actividad diaria y, en consecuencia, se convierten en el entorno natural de la producción de conocimiento científico? Si analizamos la bibliografía dentro y fuera de nuestras fronteras, tendremos que concluir que no hay acuerdo LA INVESTIGACIÓN EN LOS ARCHIVOS. EVOLUCIÓN DE SU CONTEXTO Y CONTENIDO María Luisa Conde Villaverde RESUMEN: El artículo intenta situar el momento del nacimiento de la Archivística como disciplina científica y su desarrollo posterior para perfilar el entorno en el que se desarrollará la investigación en los archivos por parte de los profesionales cuya formación, objetivos y actividades son muy diferentes en cada etapa. Analiza los momentos de los grandes cambios de la Archivística que son los que van a determinar el planteamiento y contenido de la investigación. PALABRAS CLAVE: Ciencia Archivística, Historia de la Archivística, Investigación-Archivos respecto al momento en que se puede fijar ese punto de partida. Hay autores que al analizar la trayectoria de una determinada tradición archivística (la europea, o la española, por ejemplo) se remontan hasta la Baja Edad Media para situar los orígenes de la ciencia Archivística 2 haciendo un interesante recorrido por las disposiciones que en cada momento se promulgaron para regular la creación y organización de los archivos. En el caso de Cataluña, la primera mención de un Archivo del Rey se remonta a 1180. En 1384, Pedro el Ceremonioso promulgará las Ordenanzas para su funcionamiento que, según este mismo autor 3, son las más antiguas de Europa. No obstante, son muchos más los que sitúan los orígenes de la Archivística en los siglos XVI al XVII, período durante el cual se produce la creación de los grandes depósitos europeos como archivos del poder, (Torre Do Tombo, Simancas, etc.) 4 en opinión de José Luis Rodríguez de Diego y de otros autores como Henry Bautier 5, aunque los motivos y argumentos esgrimidos en ambos casos sean diferentes. En mi opinión, y aún reconociendo, sin lugar a dudas, que los orígenes más remotos de la Ciencia Archivística entroncan con las disposiciones que a lo largo del tiempo han regulado la organización y funcionamiento de los archivos, no cabe duda de que no puede hablarse con propiedad de una disciplina científica hasta que, en el siglo XIX, las circunstancias políticas y sociales derivadas de la Revolución Francesa determinan la proyección histórica de los archivos que por primera vez tendrán un nuevo contexto distinto y añadido al administrativo que, hasta ese momento, había sido su único entorno natural desde la más remota antigüedad. El concepto de Estado Nación y el positivismo histórico terminarán de perfilar en el mismo siglo la esencia de la nueva disciplina que surgirá como "un saber del Estado" 6 por y para el control, organización y descripción de los documentos históricos, al igual que el Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios. No obstante, a partir de ese momento la Archivística tendrá que recorrer un largo camino hasta el último tercio del siglo XX, para que pueda empezar a desarrollarse como disciplina autónoma con un campo de conocimiento claramente delimitado aunque con una evidente vocación multidisciplinar. LA INVESTIGACIÓN EN LOS ARCHIVOS La Archivística nacerá con una indiscutible dependencia, por una parte, de las Ciencias Historiográficas (Paleografía, Diplomática, Sigilografía, Codicología, etc.), y por otra, de las Ciencias Documentales (fundamentalmente la Biblioteconomía) y conservará durante mucho tiempo, importantes dosis del pragmatismo burocrático que configuraba el contenido de las ordenanzas y reglamentos que constituían sus raíces históricas. A partir de este momento, se iniciará un cambio importante en la concepción misma del archivo y de los documentos que custodia, que no serán considerados de forma aislada sino como elementos integrantes de un conjunto, al que pertenecen como eslabones de una cadena que no puede ser considerada como tal si alguno de ellos desaparece. Su validez, garantía y capacidad de servir de testimonio de los actos documentados, dependerá precisamente del contexto en el que fue producido y la posibilidad de su reconstrucción. Lógicamente esta definición contrapone el concepto de archivo al de colección y exigirá la definición de unos principios teóricos y prácticos cuyo desarrollo impulsará la diferenciación posterior de la Archivística respecto a la Biblioteconomía y la Museología y, en consecuencia, la separación paulatina de las tres ramas del Cuerpo Facultativo. De esta forma, aunque la investigación realizada en los archivos durante el período comprendido entre 1898 y 1970, seguirá manteniendo las características mencionadas para el período anterior, la consideración de los documentos como conjunto orgánico será cada vez más evidente en las publicaciones de los profesionales. Las peculiaridades que Luciana Duranti 8 define como propias de los documentos de archivo quedan reflejadas muy claramente en el siguiente texto: Los documentos de archivo no son reunidos artificialmente, sino acumulados naturalmente en las administraciones, en función de sus objetivos prácticos; los documentos de archivo se acumulan de manera continua y progresiva, como sedimentos de estratos geológicos, y esto les dota de un elemento de cohesión espontánea y además estructurada (organicidad) 9. La Archivística irá fijando de forma paulatina en este período, sus objetivos y metodología, como control físico e intelectual de los documentos escritos, a partir de la aplicación del Principio de Procedencia 10. Los grandes cambios producidos en el contexto internacional tras la Segunda Guerra Mundial y muy especialmente el incremento vertiginoso del volumen de producción de documentos en papel (como consecuencia de las peculiaridades del funcionamiento de las instituciones contemporáneas), que no sólo amenazaba la capacidad física de los archivos, sino también los niveles imprescindibles de eficiencia, agilidad y transparencia burocráticas, tuvo como resultado en el mundo anglosajón, a ambos lados del Atlántico, la definición y desarrollo de un modelo de control de la producción/conservación de documentos, El Records Management, cuya implantación sería encomendada a un nuevo profesional, de perfil muy diferente al archivero, quien, a partir de ese momento quedaría definitivamente relegado a la custodia, tratamiento y difusión de los fondos históricos. Los países de tradición latina, abrumados por el volumen de sus fondos históricos, asumieron las consecuencias de la nueva acumulación sin plantearse la necesidad de darles solución de forma inmediata y, sobretodo, considerando que el propio planteamiento del Records Management respondía exclusivamente a circunstancias y tradiciones muy diferentes a las suyas. De esta forma los archiveros siguieron incrementando su perfil historicista y aislándose cada vez más del contexto de la producción de los documentos cuya ausencia de control tendría consecuencias irreversibles para la formación de la Memoria Histórica contemporánea. En efecto, a partir de ese momento la investigación en los archivos se centrará en los diferentes aspectos de la reconstrucción del contexto de producción de los documentos (identificación del sujeto productor, de su dimensión orgánica y funcional, etc.), así como de su caracterización como testimonio único de los hechos documentados (necesidad de su conservación permanente o posibilidad de selección y eliminación transcurrido el plazo de vigencia de sus valores administrativos; períodos de permanencia en cada una de las etapas de su ciclo vital; confidencialidad de su contenido informativo, etc.). Los resultados de esta investigación constituirán el auténtico código genético de las series documentales y permitirán su control desde el mismo momento de su producción hasta su eliminación o conservación permanente en un archivo histórico. Igualmente, la preocupación por la necesidad de una posible conservación permanente centrará la investigación en los aspectos físicos del soporte del documento, dando lugar a una gran diversificación del contenido de la Archivística y a un incremento importante de su proyección interdisciplinar. Como resultado de esta investigación surgirán, por ejemplo, las medidas preventivas para la adecuada conservación de los documentos, que tendrán una incidencia especial en la construcción e instalaciones de los edificios destinados a archivo. El alto nivel de peligro de combustión del papel, obligará también a desarrollar de forma extraordinaria las instalaciones para detección y extinción del fuego y lógicamente en todos estos estudios, el archivero necesitará trabajar codo a codo con especialistas de las más diferentes áreas: arquitectos, ingenieros, expertos en protección civil, en prevención de riesgos, etc. Pero el cambio más profundo y definitivo de la Archivística y del perfil de los archiveros se ha producido en el contexto de la administración electrónica, como consecuencia de los supuestos de la Sociedad de la Información y del Conocimiento, surgida en el último tercio del siglo pasado y muy especialmente en el cambio de siglo. No se trata simplemente de un cambio de soporte y de los elementos de validación necesarios, como ocurrió en las Chancillerías europeas en la Edad Media al generalizarse la utilización del papel frente al pergamino, sino de un cambio esencial y profundo de la sociedad, sus actividades y sus relaciones con los Poderes Públicos que ha revolucionado el contexto de creación de los documentos, su utilización y las posibilidades de su conservación permanente. Este es el caso de los grandes Proyectos de Investigación como INTERPARES (International Research On Permanent Authentic Records In Electronic Systems), impulsado a iniciativa de la Doctora Luciana Duranti, profesora de la Universidad British Columbia, en Vancouver, Canadá, y que en la actualidad ha adquirido una proyección mundial en cuya estructura intervienen profesionales de los más diversos campos, procedentes de todos los países. Por otra parte, la incorporación masiva del entorno académico a estos grandes proyectos de investigación ha establecido un nuevo tipo de contacto con los archivos y los archiveros muy distinto del tradicional basado exclusivamente en la relación de usuario y servicio público. No 717 LA INVESTIGACIÓN EN LOS ARCHIVOS. EVOLUCIÓN DE SU CONTEXTO Y CONTENIDO 36
En una columna titulada "Ausencia", publicada en marzo de 1987 en El Periódico de Catalunya, Montserrat Roig escribió sobre la sensación que nos deja la desaparición de un sentimiento o una persona de nuestra vida: Hay momentos, en la vida, en que te quedas con las manos llenas de aire. Entonces pronuncias la palabra "nunca", y no terminas la frase, porque el final de esta frase se escapa a toda dimensión humana. La ausencia no es el vacío, pero tampoco es tangible, la ausencia tiene la forma de una voz que ha desaparecido. La voz es la persona, la voz son las palabras. (Roig, 1990b, 175) Fue casi una profecía, porque después de su muerte en 1992, Roig misma se convirtió en una voz desvanecida; por suerte, permanecen sus palabras. En su libro Dime que me quieres aunque sea mentira, la escritora citó a Joseph Brodsky: "si existe un acto de amor, éste es la memoria" (Roig, 1992, 19). 1 En este artículo se examinará el papel de la memoria, del amoroso recuerdo, en varias obras narrativas de la escritora barcelonesa. "Això era i no era" es uno de los comienzos tradicionales de los cuentos de hadas catalanes. Podría traducirse: "Érase una vez y no era..." Como gran parte de la obra de ficción escrita por Montserrat Roig, tal fórmula afirma al mismo tiempo que niega la verdad de la historia en su doble sentido de narración y de crónica. Si bien sus obras reconocen la importancia del pasado para forjar el presente, también señalan la frecuencia con que dicho pasado ha sido mitificado y aun falsificado. Según ella, la historia oficial de la Cataluña del siglo XX, escrita por los vencedores, eliminó o tergiversó acontecimientos cruciales. Y cuando los catalanes se pusieron a escribir su propia historia, siguieron la pauta historiográfica clásica de dejar El canto de la juventud RESUMEN: Este artículo analiza el uso y el significado de la memoria en la obra narrativa de la escritora barcelonesa. Això era i no era, típico comienzo de los cuentos de hadas, afirma a la vez que niega la verdad de la historia; Roig sentía una ambivalencia parecida hacia la historia de Cataluña, porque era incompleta y excluía a las mujeres. Para recuperar voces perdidas, detener la desmemoria y así permitir la escritura de una historia más inclusiva, recurrió a la memoria individual y a su propia imaginación: "Contra el olvido, está la palabra. Contra la muerte total está el relato de otras vidas". Se dedicó a escribir diversas versiones del pasado, algunas verídicas, otras imaginadas. Para universalizar las ficticias, empleó varios mitos; aquí se rastrea el uso que hizo del Génesis y su narración del paraíso perdido. Se concluye con el análisis de El canto de la juventud, un cuento tardío que sintetiza sus creencias sobre el recuerdo, la palabra y la historia. El canto de la juventud In memoriam: Cristina Dupláa fuera a las mujeres. Para Roig éstas eran "las grandes olvidadas, [...] las que descubrieron mucho antes que nosotras que la Historia ha sido fabricada por los hombres" (Roig, 1979, 13). ¡No mitifiquem el nostre passat!" ["Hasta que asumamos nuestros monstruos con todas sus grandezas y sus maldades, no podremos hacer nada. [...] ¡Esto hay que decirlo! No mitifiquemos nuestro pasado!"] (Simó, 1985, 76-77) No fiándose de la Historia para contar la experiencia vivida, Roig recurrió a otra fuente para indagar el pasado: la memoria. Lo hizo aun a sabiendas de que ésta es traicionera, insegura, errónea, y se transforma, con gran facilidad, en el mito. Pero precisamente porque el recuerdo transmitido tenía para ella vital importancia, y porque temía "el poder satánico del olvido" (Roig, 1979, 13), comenzó a escribir. Se propuso recuperar voces perdidas a través de la investigación y de la imaginación, proporcionando de esa manera nuevas perspectivas que conformaran una historia más inclusiva del siglo XX en Cataluña. Según Christina Dupláa, "la gran falta de una Historia total en la que las mujeres puedan encontrar su espacio y hablar en primera persona es la que lleva a Roig [...] a escribir textos testimoniales" (Dupláa, 1996, 94), novelas que tienen mucho de crónica, periodismo que pretende dejar constancia de una realidad antes inédita. Paradójicamente su pintura del pasado hace amplio uso del mito, pero entendido en un sentido positivo clásico, como las historias perennes de la cultura de Occidente, derivadas de la Biblia y de la mitología griega y romana. Está claro que empleó este material deliberadamente como un medio para universalizar sus historias: le interesaba que sus ficciones no fueran descartadas por circunscribirse al Ensanche de Barcelona. Defendía esta localización, aun cuando no fuera criticada: El problema para todos los escritores es que un tema muy localizado, muy conocido por él, llegue a interesar a gente que no vive en este ambiente; lo consiguió Faulkner de una manera admirable. Es la eterna pugna -bastante tontaentre el universalismo y el localismo. Proust a su manera hacía una literatura localista. Pues el mundo que yo conozco es éste; no puedo poner a una japonesa de protagonista. Dar un trasfondo mítico a los dramas que se desarrollan en su "barri de petites coses" ["barrio de pequeñas cosas"] (Simó, 1985, 79) tiene otra ventaja: la de afirmar el carácter esencialmente mediterráneo de Barcelona, seña de identidad que se había visto oscurecida en la época de Franco por ser considerada demasiado distintiva y separatista (Simó, 1985, 67; Roig, 1990b, 92). Pero además, la reconfortante familiaridad de la mitología, que lleva al lector a lugares ya conocidos, refuerza uno de los propósitos fundamentales de la ficción de Roig, el de imponer un orden al caos de la experiencia. La relación amor-odio que la autora establece con la memoria deja marcas indelebles en su literatura. Aun a sabiendas de las deficiencias de Mnemosina, se compromete en un programa de largo aliento que duraría toda su vida-en parte arqueología, en parte genealogía, en parte imaginación-, esperando así detener la desmemoria: "Contra el olvido, está la palabra. Basándose en esta creencia, se dedicó a la tarea de poner en palabras diversas versiones del pasado que reconocía como fabricado: "No es realidad, sino verdad [...]. Es la fabulación de lo que sabemos nunca será real" (Roig, 1992, 72) Más adelante examinaremos uno de sus últimos cuentos, El canto de la juventud, que ilustra de manera magistral la conexión salvadora que existía para esta escritora entre el mito, la memoria, las palabras y los dramas que éstas transforman en arte para así inmortalizarlos. Uno de los mitos más explotados por Roig es el de la creación tal como se narra en el Génesis. La historia del paraíso perdido figuró abundantemente en la narrativa de la posguerra española, pero su presencia fue especialmente destacada en las obras de varias escritoras catalanas, entre ellas Ana María Matute, Carmen Laforet, Ana María Moix, Cristina Fernández-Cubas, Esther Tusquets, Maria Barbal y Carme Riera. 2 Si se compara el uso que hace Roig de este mito con el tratamiento de sus coetáneas, se nota que ella se muestra menos nostálgica del pasado, y se niega a crear un Edén. No es casual que Roig haya sido la única escritora entre las mencionadas que militó en el partido comunista: no podía dejar de lado el peso de la historia y la injusticia social. Aborrecía las falsificaciones nostálgicas, por lo que podía afirmar repetidamente: "ningún tiempo pasado fue mejor. Por las citas, las menciones y los epígrafes que se encuentran en sus obras, queda claro que nuestra escritora era una lectora voraz y reflexiva. El Génesis era uno de los textos que conocía muy bien. Había aprendido primero una versión diluida e instrumental de sus preceptos, que le habían transmitido las monjas que amargaron sus tempranos recuerdos escolares. En ¿Tiempo de mujer? escribe con lucidez acerca del Génesis, que ve como el texto que instaura y justifica la desigualdad de género, el matrimonio heterosexual como la única institución social aprobada, la enemistad del hombre con la naturaleza y su necesidad de trabajar para arrebatarle el sustento a la tierra (Roig, 1980b, 48-50). El Génesis introduce las nociones de pecado y vergüenza, impone el concepto del tiempo como lineal y, con él, la irrecuperabilidad del pasado. Todos estos temas reverberan en la ficción y los ensayos de la autora barcelonesa. La historia de Caín y Abel funda otros paradigmas nocivos, comenzando con el del partidismo inmotivado. En una decisión inapelable, Jehová determinó quién sería el Uno y quién el Otro, estableciendo de esta manera la injusticia en la tierra. Como consecuencia de este pecado original, surgen varios comportamientos abominables: la competencia, la violencia, la envidia y el deseo de venganza. Según la teóloga Regina Schwartz, el mito de Caín y Abel instala el principio de la escasez en el corazón mismo de nuestras estructuras sociales: no hay nunca suficiente cantidad de ningún bien como para repartirlo con equidad. El hijo rechazado odia inevitablemente a su hermano. La historia bíblica de los primeros hermanos se vuelve la historia del primer favoritismo, engendrando a su vez la primera rivalidad y terminando en el primer asesinato" (Schwartz, 1997, 82-83). A lo largo de los años, Roig vuelve una y otra vez a plantear en sus obras los efectos de la inequitativa distribución del dinero, del poder, del estatus, de la autoridad. Un fruto especialmente destacado de estas reflexiones es su última novela, La voz melodiosa, cuya temática son las injusticias que nacen de la elección y de su corolario, la abyección. De todos los ecos del Génesis que se encuentran en su literatura quiero enfocar el tema del jardín. Sus escritos, repetida y conscientemente, evocan el Edén, pero sólo para desmitificarlo o reducirlo al tamaño de un pati interior. Si alguna vez existió un espacio-tiempo paradisíaco, su duración fue efímera y nada nos permite suponer que fue mejor que el presente. La descripción del jardín de Patricia Miralpeix en Tiempo de cerezas es emblemática del tratamiento que Roig hace del espacio edénico. Antes de la guerra, la pequeña parcela al final del patio era una glorieta cubierta de hiedra, con limoneros, rosas, buganvillas y adelfas, alrededor de un pequeño estanque con la estatua de un querubín en el medio. Allí Patricia mantenía largas conversaciones con el Gonçal, un amigo de su marido y el único al que amaba, quien le dijo con fervor: "su jardín, Patricia, es como una flor en medio del desierto" (Roig, 1980a, 85). Pero la naturaleza idílica de este hortus clausus se ve dañada y sus felices recuerdos anulados cuando Patricia descubre que el Gonçal es el amante de su marido. Después de la guerra, conservar el jardín es una carga pesada y Patricia lo vende. Se niega a evocar o recordarlo con nostalgia porque los tiempos paradisíacos que allí había vivido eran sólo una ilusión. Cuando Natalia regresa del exterior en 1974, descubre que el limonero ha desaparecido y se ha levantado un almacén en el lugar del jardín. Para Natalia, como explica Roig en Dime..., el limonero "se había convertido en un símbolo" y "si el limonero ha desaparecido, también se ha esfumado su infancia" (Roig, 1992, 49). La tristeza de Natalia no se debe a un deseo de retornar a un pasado mejor-"ningún tiempo pasado fue mejor"-sino al reconocimiento de que esos momentos se han ido para siempre. En la narrativa de Roig se encuentran otros lugares verdes que funcionan como porciones del paraíso, pero no abundan ni duran. Si el jardín de Patricia está delimitado en el espacio, estos otros lo están temporalmente y no son verdaderos jardines. Mundeta Ventura ve por primera vez a Ignasi Costa frente a una pared de rosas en la aldea donde ambos veranean. Esa imagen de su primer amor, ocasión del pecado que expiará toda su vida adulta, no la abandona nunca. Análogamente en La voz melodiosa, los bosques del Montjuïc constituyen el marco para la primera experiencia de amor físico del protagonista, l ́Espardenya (Alpargata). El eco de otros jardines embellece la descripción de los bosques: "L 'aire feia olor de llimoner" ["El aire olía a limonero"] y "els arbres semblaven contents" ["los árboles parecían contentos"] (Roig, 1987, 120). Finalmente el viñedo recordado por la moribunda Zelda en El canto de la juventud es otro rincón de alegría, pero igualmente efímero. Como contrapartida de estas evocaciones positivas, la autora crea dos encuentros definitorios en un jardín para subrayar las consecuencias negativas que para las mujeres tiene hasta hoy el mito del Edén. El Génesis define sexualmente a la mujer como la pecadora y como la tentación, cerrando así para ella toda posibilidad de jouissance o placer sexual sin culpa. El encuentro de Ramona Claret con un admirador en el parque de la Ciudadela en Ramona, adiós, termina en un ataque sexual. Aunque los lectores de la novela saben que ella sólo está sedienta de romance, el hombre la ve tal como la define el Génesis, como mujer caída, y actúa en consecuencia. La iniciación sexual de Maricruz en La ópera cotidiana ocurre a sus diez años a manos de un jardinero en un cobertizo cubierto de hiedra. Cuando las monjas se enteran de lo ocurrido convierten el gozo de Maricruz y sus amigas en pecado: "les monges van dir a les altres nenes que nosaltres havíem estat tacades per a sempre" ["las monjas les dijeron a las otras chicas que nosotras habíamos estado manchadas para siempre"] (Roig, 1982, 93). El rechazo de Roig del mito del jardín del Edén responde a su deseo de repudiar la desigualdad de género, las prohibiciones y la competencia que ese mito trae consigo. Pero al mismo tiempo, tal desmitificación es también una manera de reivindicar su propia infancia, pasada íntegramente en el barrio del Ensanche. A diferencia de tantas escritoras femeninas que asocian la naturaleza con su infancia feliz y la pérdida de ese espacio y tiempo naturales con la llegada a la madurez sexual, Roig no vivió sus primeros años rodeada de naturaleza y no tenía ningún mundo verde que perder. En Dime... escribe: "siempre he envidiado a los escritores que han nacido al mundo de las palabras ante el espectáculo, sorprendente, cambiante, inmenso, de la naturaleza. Es la magia del desorden natural frente al rígido orden humano de las ciudades" (Roig, 1992, 164). Lo que tuvo, en cambio, fueron "[r]ecuerdos pobres, geométricos, recuerdos urbanos de un barrio de Barcelona" (Roig, 1992, 52). Si el impulso de Eva hacia la transgresión se objetiva en la imagen de comer la fruta prohibida, el de Roig se reduce a términos de la vida en el Ensanche: "el mundo de la portera, que me estaba prohibido, era mi paraíso misterioso" (Roig, 1992, 51). De niña no le permitieron jugar en la calle; en cambio sí pudo mirar a su gusto el limonero del patio por lo que, para ella, perdió todo sentido hasta que desapareció y no pudo tenerlo más. "Sólo con el tiempo descubrí qué había significado el aroma del limonero, descubrí que era mi paraíso perdido. A pesar de su rechazo de la versión bíblica del paraíso por razones ideológicas, su prevención respecto del pasado mitificado de Cataluña, Roig reconoce que cada vida, grupo o nación puede tener un momento tan fecundo y trascendente que eclipsa a todos los otros. Es un tiempo más fértil, cuando el futuro parece lleno de promesas. En la vida de la mujer, este momento cargado y promisorio corresponde al comienzo de una relación amorosa, antes de que surjan el tedio y el desencanto. Roig se mostró implacable en su descripción del amor romántico; lo veía como un mito cuyo desenlace siempre deja a la mujer decepcionada e infeliz. Para Patricia Miralpeix ese momento pletórico es precisamente el que comparte con Gonçal antes de enterarse de la verdad; para Kati de La hora violeta, es la guerra como un primer paso hacia el logro de un nuevo mundo de oportunidades para las mujeres; para Joan Miralpeix, su vida con Judit antes de la guerra; para Mundeta Claret, el período entre fijar la cita en la Ciudadela y la llegada al parque; para su hija, el día que recorrió sola la Barcelona devastada por la guerra en busca de su marido. Horaci Duc goza del suyo cuando él y Maria son recién casados y ella se conforma todavía con vivir en una jaula dorada. El grupo formado por "els elegits" ["los elegidos"] y l ́Espardenya viven el suyo en la marcha colina arriba el primero de mayo. 3 Para Roig, marxista, feminista y catalanista, el paraíso es, entonces, el momento en que puede darse la mayor esperanza de transformación positiva o de integración de los sueños con la realidad. Pero su propia memoria y la de los informantes a los que entrevistó en sus pesquisas arqueológicas y genealógicas sobre el pasado le dicen que tal esperanza irremisiblemente se frustra, que el verdadero amor es un oxímoron y que luego está la muerte de la que no hay escape. En su obra de ficción, Roig viste todos estos demonios y los exhibe ante el lector; en sus ensayos, entrevistas y escritos periodísticos afirma una y otra vez que su generación tiene la obligación moral de no perder la fe en el futuro y de trasmitir a los jóvenes un sentimiento de esperanza. Estaba convencida de que habían sido remisos a este respecto: "El único legado que les estamos dando es el de la zafiedad y un cierto cinismo" (Nichols, 1989, 176). Maricruz es un paradigma de la generación joven que no hereda sino las mentiras y los mitos de sus mayores y termina loca. Podemos considerar que El canto de la joventut presenta una solución a la antinomia entre las convicciones pesimistas de Roig, decantadas de la memoria y la experiencia y su insistencia optimista de que debe alimentarse la esperanza. La crítica ha insistido en subrayar la naturaleza autobiográfica de la narrativa de Roig, pero este cuento frustra tal caracterización al hacer del personaje de Zelda una mujer mucho mayor, hospitalizada con una enfermedad terminal. Es una triste ironía que la realidad se interpusiera de tal forma de convertir a El canto de la juventuden un texto autobiográfico: Roig murió en el hospital dos años después de su publicación. ¿Imaginaba su propia muerte, aunque proyectándola razonablemente a un futuro lejano? Si así fue, al menos se regaló en este cuento una epifanía que disolvió todas las aporías de su vida. Roig afirmaba repetidamente que no hay retorno al paraíso, aunque vislumbraba que los trabajadores de la palabra quizás podían tener una suerte de pase especial: Los tiempos pasados no existen. Sólo ocurre que "a nuestro parescer", como decía Jorge Manrique, nos parecieron mejores. El paraíso no vuelve. Pero sí vuelve: siempre habrá alguien, encerrado entre cuatro paredes, que huye de los ruidos del presente y concibe el sentido en una narración (Roig, 1992, 53-54). Es decir, la memoria, ataviada por las palabras, es el camino para volver al paraíso. En su lecho de muerte, Zelda recrea, secuencia tras secuencia, un día de su pasado tan maravilloso que eclipsó el resto de su vida. No hay en ella ningún deseo de volver al día recordado, sino, simplemente, de gozar del placer de recordarlo. El Edén es modesto: un solo día espléndido y las palabras que le permiten expresarlo. Este cuento constituye un memento mori, un bajtiniano "diálogo en el umbral" (Bakhtin, 1981, 111) en el cual se acepta finalmente que las palabras no nos salvan de la muerte, como Roig esperaba, pero sí mitigan las indignidades sufridas por los moribundos mientras aguardan la barca de Caronte. El recuerdo que Zelda evoca la devuelve al momento en que estaba más viva, más llena de deseo y transgresora. Su memoria salvadora, que la defiende de la muerte, es de una "caída" en la sensualidad. Es una perfecta resemantización del Génesis. Lo que saborea la anciana, mientras yace impotente en su cama de hospital, es el placer de la pasión recordada y la libertad que la memoria le otorga para estar en otra parte. Pero hay una parte del recuerdo que se le escapa: "Había que recordar algo. Cuando de pronto recuerda el vocablo, recreando la prohibida jouissance de esa tarde en el viñedo, le completa el sentido de su historia. Luego de pasar una vida luchando contra el sinsentido, la injusticia, la muerte y el olvido a través de los textos que escribió, el sentido que creó y la crónica histórica que ayudó a corregir, Roig parece sintetizar todo lo que había llegado a creer en esta última historia sobre una mujer moribunda. Al final, la memoria se mezcla con el mito, cuya línea argumental ayuda a darle sentido a la experiencia humana. Esta combinación emerge en palabras y le convence a la persona que mira hacia atrás que ha impuesto un orden en el caos: "No lo dices en voz alta, pero sonríes cuando alguien, todavía, habla, y, al hablar, se salva" (Roig, 1992, 48). La vida en el Ensanche era y no era como ella la pintó; lo que nos dejó no era real, pero sí muy, muy verdadero.
Este trabajo quiere hacer un balance del primer servicio de inteligencia moderno de nuestra historia. En primer lugar, se examinan sus antecedentes en los momentos anteriores a la transición política, apreciando la mutación de la inteligencia española, que pasa de ser un órgano de militares para vigilar a civiles a ser un órgano con cada vez más civiles para vigilar a militares. En segundo lugar, se refiere la normativa reguladora de este servicio. Después, se expone el proceso de normalización del CE-SID, que se traduce en una cada vez mayor vocación exterior paralela a la progresiva presencia de España en las relaciones internacionales. En ese proceso también se advierte un continuado esfuerzo por coordinar de forma centralizada la inteligencia para darle mayor eficacia. Esta modernización se complementa con la racionalización de la estructura burocrático-administrativa del servicio de inteligencia y la atribución de un estatuto específico al personal a su servicio. El sexto aspecto aquí analizado es el estudio de las competencias que nuestro ordenamiento asigna al servicio de inteligencia, donde se aprecia la paradoja de ver el, en mi opinión, excesivo maniatado de los servicios de inteligencia haciendo más difícil (y meritoria) su tarea. La eficacia en la realización de sus competencias depende de la existencia de adecuadas garantías protectoras del servicio de inteligencia, un asunto al que se dedica la séptima parte del trabajo. Finalmente, se hace una referencia a las carencias y disfunciones que sufrió el siempre necesario control de estos servicios. El antecedente del CESID lo encontramos a finales de los sesenta con la aparición de un organismo que resultará muy importante en la historia de los servicios de información españoles. En 1968 la oposición a la dictadura encontró en las Universidades cada vez mayor apoyo y, ante esta situación, el Subsecretario de Educación, Alberto Monreal Luque, solicitó al Alto Estado Mayor apoyo para hacer frente a la subversión en la Universidad. Como el Alto Estado Mayor quería quedar desvinculado de esta nueva misión que implicaba una clarísima intervención en la política interior, el resultado fue una hijuela suya, un organismo que inicialmente dependería del Ministerio de Educación: era la Organización Contrasubversiva Nacional (OCN) y que se puso al mando del entonces comandante José Ignacio San Martín. En 1969, el nuevo organismo pasó a llamarse Servicio Central de Documentación (SECED). En 1972, y por presiones del jefe del SECED, se produjo una reorganización que en líneas generales se ha mantenido hasta el 2001: por un lado, se remodelaba la Presidencia del Gobierno, haciendo depender al SECED del Ministro subsecretario de la Presidencia^, por otro, el jefe del servicio quedaba nombrado con el cargo de Director ge-neral^. El SECED nacía como un órgano formado y creado por «militares», pero con «apariencia civil» (dependía del Ministerio del Interior y, luego, de Presidencia) para vigilar a ciudadanos civiles en el interior. Este origen suponía un inevitablemente solapamiento con otros órganos de información: bien los servicios «civiles» de la Guardia Civil, bien los «militares» del Ejército. Por eso, ya desde este primer momento se planteó el problema de la coordinación entre los servicios. Desde 1973 este problema se planteó con gran crudeza, sobre todo entre el SECED y su matriz, los órganos de información del Ejército. El precepto dispuso, por un lado, que «dependerá directamente del Ministro subsecretario (de la Presidencia) el Servicio Central de Documentación (...)». Además, por otro lado, establecía que «el Jefe del Servicio Central de Documentación será designado por Decreto aprobado en Consejo de Ministros, a propuesta del Ministro Subsecretario de la Presidencia del Gobierno». Nacional de Coordinación de la Información (para la Seguridad del Estado)», presidida por el Presidente del Gobierno e integrada por el vicepresidente del Gobierno, los ministros de la Gobernación, Información y subsecretario de la Presidencia y el Teniente general jefe del Alto Estado Mayor, con la presencia de los ministros militares cuando así se requi-riera^. La muerte de Franco y el paso de la dictadura a la democracia tuvo su repercusión en la organización de los servicios de inteligencia. Esta nueva organización coadyuvó a cumplir otros fines, como el de asignar un nuevo papel a las Fuerzas Armadas en el que quedaran privadas de sus servicios de inteligencia interior y el de simplificar la multiplicidad de servicios en aras de una mayor eficacia. Fue así como nació el actual servicio de inteligencia español, el Centro Superior de Información de la Defensa (CESID). Creación y normativa reguladora: El miedo a legislar El principal servicio de información que existía en España, el CESID, se creó en 1977, después de la elección de las Cortes que elaboraron la Constitución, pero antes de aprobarse la Constitución. Antes de las elecciones a las Cortes, el vicepresidente del Gobierno y ministro de Defensa, Gutiérrez Mellado, convocó a Andrés Cassinello (director del SECED) y a Manuel Vallespín (jefe de la división de inteligencia del Alto Estado Mayor) y les comunicó la decisión del Gobierno de fundir sus dos organizaciones en una sola, para lo que les pidió que formaran una comisión paritaria encargada de elaborar un anteproyecto en el que se diera cuerpo al nuevo organismo. La Comisión, de seis miembros, empezó a trabajar a finales de la primavera de 1977 en lo que iba a ser el «Servicio de Inteligencia de la Defensa», pero ante la falta de acuerdo en algunos puntos, fue Gutiérrez Mellado el que dio el impulso decisivo al nuevo organismo, cuya denominación fue puesta por el presidente Suárez^. En efecto, al reestructurarse la Administración Central del Estado y crearse el «Ministerio de Defensa» en el que quedaron integrados los anteriores Ministerios del Ejército, Marina y Aire se estableció que «bajo la dependencia directa del titular del Departamento se crea el Centro Superior de Infor-124 Carlos Ruiz Miguel mación de la Defensa, al que se incorporarán las funciones y organismos que se determinen»^. El desarrollo de este precepto se produjo meses después cuando se aprobó el reglamento orgánico del Ministerio de Defensa. En dicho Reglamento se estableció la primera regulación del CESID^, que ha sido objeto de modificaciones después de la entrada en vigor de la Constitución y de la LO 6/1980 por la que se regulan los criterios básicos de la defensa nacional y la organización militar. A diferencia de lo que ocurre en otras Constituciones^ de la Unión Europea (como la alemana^ o la austríaca^), la nuestra no contiene pronunciamientos expresos que sirvan de cobertura para los servicios de inteligencia. Esta circunstancia no es casual. El hecho de que la transición hiciera coincidir el proceso de elaboración de la Constitución (1977Constitución ( -1978) ) con el de la reestructuración de los servicios de inteligencia, así como la circunstancia de que entre los dirigentes del recién creado CESID hubiera personas que habían estado destacadas en Alemania (como Manuel Vallespín)^^, hizo que el joven organismo realizara gestiones (naturalmente discretas) ante los constituyentes para que en el artículo más conveniente se abriera un portillo para tener garantías en su trabajo, a fin de evitar tener los problemas que, ya en esas fechas, se habían encontrado los servicios de inteligencia de otros países. El CESID fue escuchado, pero se le adujo lo excesivo de la pretensión de tener un reconocimiento en la misma Constitución y se alegó que eso debía ser tratado en una ley específica y en otras normas reglamentarias^^. Se perdió así una magnífica oportunidad de dar una seguridad jurídica a la existencia y el funcionamiento de los servicios de inteligencia. En el fondo, en mi opi-^ Art. 21 del Decreto 2723/1977, de 2 de noviembre. ^ No puede, por tanto, afirmarse que «hablando en términos comparativos, puede decirse, sin temor a exagerar, que el mundo de los servicios de inteligencia resulta, todavía hoy, por completo opaco a las Constituciones escritas» (Miguel REVENGA SÁNCHEZ, «Servicios de inteligencia y derecho a la intimidad». 8 Artículos 73.10.b y 87.1.2 GG. ^ El artículo 52a de la Constitución austríaca dispone en su párrafo primero que «las comisiones competentes del Consejo Nacional elegirán sendas subcomisiones permanentes para la supervisión de cualesquiera medidas adoptadas en salvaguardia de las instituciones constitucionales, y de su capacidad operativa, así como las medidas que se adopten por los servicios de información para asegurar la defensa militar del país». ^° Joaquín BARDAVÍO, Pilar CERNUDA y Fernando JÁUREGUI, Servicios Secretos, Barcelona, Plaza y Janes, 2000, p. Servicios Secretos, cit., p. nión, lo que latía era un cierto complejo ante la realidad de los servicios secretos que, en el fondo, eran identificados vagamente con la «herencia del fi^anquismo». Esto explica también que se evitara aprobar una legislación en el Parlamento. Las normas más importantes que sirvieron para regular el CESID se dictaron en 1981^^ 1982^^ 1985l^ 1995i^ y 1996i^ Todas estas normas tienen carácter reglamentario, si bien una ley de 1989, al disponer que todo el personal del CESID tuviera un mismo régimen jurídico, llevó a cabo un reconocimiento legal indirecto del mismo^^. Sólo después de los ataques terroristas a Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001, se decidió dar una cobertura jurídica legal a los servicios de inteligencia con la creación del CNI. Naturaleza del CESID: El camino hacia la normalización y la centralización Un servicio de inteligencia es un órgano eminentemente político. Por eso, los cambios políticos se traducen en cambios en estos servicios. No puede ser igual un servicio creado para un Estado mayormente aislado de la escena internacional que un servicio para un Estado internacionalmente relacionado. 1^ Orden del Ministerio de Defensa 135/1982, de 30 de septiembre, por la que se regula la estructura y relaciones que ha de mantener el Centro Superior de Información de la Defensa (OM-1982). 1^ Real Decreto 2632/1985, de 27 de diciembre, por el que se regula la estructura interna y las relaciones del Centro Superior de Información de la Defensa. 1^ Real Decreto 266/1996, de 16 de febrero, por el que se modifica la estructura orgánica básica del Centro Superior de Información de la Defensa. Reguladora del régimen del personal militar y profesional. No es cierto, por tanto, la afirmación de la Exposición de motivos del PLRCNI según la cual «la actual regulación» del CESID «está contenida en una pluralidad de disposiciones, ninguna de ellas de rango legal». ^^ Orden 135/1982, de 30 de septiembre, por la que se regula la Estructura y Relaciones que ha de mantener el Centro Superior de Información de la Defensa (OER-CESID). Esta nueva orientación, realizada a partir del «informe Monzón» que pretendía crear sobre los cimientos del viejo CESID un nuevo servicio secreto, al estilo occidental, con dependencia del Ministerio de Exteriores y con un civil como director^^, no creo que casualmente, coincide con el ingreso de España en la OTAN. Si inicialmente, el CESID surge orgánicamente («de») y funcionalmente («para») vinculado al Ministro de Defensa^^, a partir de 1982, experimenta un cambio importante y, en gran medida, distorsionador. Estas dos etapas se pueden apreciar en el tipo de misiones que cumplió el CESID en estas dos etapas: 1977-1982 y 1982 hasta su sustitución por el CNI. En sus primeros años, desde 1977, el CESID va a tener como prioridad la información militar, principalmente orientada hacia el interior de los propios Ejércitos, con el objetivo de conjurar eventuales conspiraciones de involución del régimen constitucional. Sin embargo, después del golpe de 23 de febrero de 1981, el CESID ampliará sus objetivos. Esta segunda fase, encuentra su consagración en la Orden de 1982, en la que, además de precisar su función de inteligencia militai^\ se incluyen otras misiones. Así, en primer lugar, se amplían sus competencias de inteligencia interior, que no sólo abarcan ya a eventuales procesos involu-cionista^ militares, sino también los de carácter terrorista («obtener, evaluar y difundir la información relativa a los procesos internos que, mediante procedimientos anticonstitucionales, atonten contra la unidad de la patria y la estabilidad de sus Instituciones fundamentales»); en segundo lugar, se le asignan por primera vez misiones de inteligencia exterior («obtener, evaluar y difundir la información necesaria para prevenir cualquier peligro, amenaza o agresión exterior contra la independencia o integridad territorial de España y para asegurar sus intereses nacionales», abarcando «los campos político, económico, tecnológico y militar»); y, en tercer lugar, se le atribuyen tareas de contrainteligencia («oponerse al espionaje y a las actividades de los servicios de inteligencia extranjeros que atonten contra la seguridad o los intereses nacionales, mediante su prevención, detección y neutralización dentro y ^^ Fernando RUEDA, La Casa. El CESID: agentes, operaciones secretas y actividades de los espías españoles, Madrid, Temas de Hoy, 1993, p. 2^ La OERCESID habla de «velar por la seguridad de la información, tecnología, procedimientos, objetivos e instalaciones de interés para la defensa, tanto propios como de los países aliados de España, en lo que no sea de competencia directa de las Fuerzas Armadas». El CESID: Historia de un intento de modernización... fuera del territorio nacional»)^^. Esta extraordinaria ampliación de sus misiones provocará numerosas colisiones con otros servicios cuya solución no será sencilla. Aunque se mantiene su dependencia orgánica del Ministro de Defen-sa^^, funcionalmente se introduce una importante novedad pues a partir de ese momento el CESID trabajará «para» el Ministro de Defensa y también para el Presidente del Gobierno^^. Esta doble dependencia funcional introduce un elemento de extraordinaria perturbación pues implica que al CESID se le asignan funciones de carácter «central» (las de inteligencia para el Presidente del Gobierno) que, sin embargo, no pueden ser realizadas idóneamente por cuanto orgánicamente el CESID es un servicio «periférico» sin competencias para supervisar lo que hagan otros servicios de inteligencia con los que se mantiene en posición de paridad orgánica. El antiguo CESID, por tanto, fue configurándose como un órgano mixto con una naturaleza compleja entre la de un órgano central y un órgano periférico de inteligencia. Esto explica que tuviera encomendadas tres tipos de tareas de coordinación de la inteligencia en España. Las dos primeras se articulaban en torno a la materia de defensa. Así, según la primera, el CESID era «el órgano de información del Presidente del Gobierno, para el ejercicio de sus funciones de dirección de la política de defensa y de coordinación de la acción del Gobierno en la defensa del Estado»; y, en virtud de la segunda, era el órgano de información «del Ministro de Defensa, en el ejercicio de las funciones que le corresponden en materia de defensa y de política militar»^^. La tercera de ellas, sin embargo, revestía un carácter distinto porque tenía un carácter transversal y podía afectar a muy diferentes servicios. En efecto, al CESID se le asignaba la tarea de «coordinar la acción de los distintos organismos que utilicen me-127 22 Art. 2 OERCESID («El Centro Superior de Información de la Defensa depende orgánicamente del Ministro de Defensa»). 1 OERCESID («El Centro Superior de Información de la Defensa es el órgano encargado de satisfacer las necesidades de información del Presidente del Gobierno parael ejercicio de las funciones de dirigir y coordinar la acción del Gobierno en materia de defensa, y del Ministro de Defensa para la ordenación y coordinación inmediatas de dicha política y la ejecución de la política militar»). En consecuencia, no está en lo cierto Medina cuando afirma que este cambio se produce «gracias a un Real Decreto» (fue con una Orden Ministerial) en «enero de 1984» (fue en septiembre de 1982),cfr. MEDINA, LOS secretos..., cit., p. dios o procedimientos de cifra, garantizar la seguridad criptográfica, promover la adquisición coordinada de material y formar al personal especialista»^^. En consecuencia, toda la inteligencia de defensa o criptográfica era coordinada por el CESID. Estructura: Proceso de racionalización La estructura del CESID tenía en su cúspide al Director, subordinado al cual se encontraba la Secretaría General, a los que se añadían una serie de unidades de tipo diverso. El Director, ya en la época del CESID, era nombrado por el Gobierno, a propuesta del Ministro de Defensa^'^, habiendo pasado de tener rango de «Director general» a «Secretario de Estado» en la última etapa del CESID. La argumentación ofrecida para tal cambio fue la «conveniencia de facilitar las relaciones del Director (del CESID) con los órganos superiores de la Administración del Estado»^^. El cambio tenía importancia por diversos motivos. En primer lugar, porque ello le habilitaba para ostentar por delegación expresa de su Ministro (el de Defensa) la representación de éste «en materias propias de su competencias, incluidas aquéllas con proyección internacional», sin perjuicio de lo que dispusieran las normas de Derecho InternacionaF^. En segundo lugar, porque podía asistir a las reuniones del Consejo de Ministros, cuando fuese convocado^^. En tercer lugar, porque aunque el Director del CESID se hallase en un Departamento ministerial distinto, sí parecía prefigurarse una intención de situar al CESID o, al menos, a su Director, como coordinador de todos los servicios, quizá siguiendo el modelo norteamericano que atribuye al Director of Central Intelligence la doble tarea de coordinar los servicios de inteligencia y, a la vez, ser el jefe de la CIA. Esta posibilidad, se reforzaba en la legislación posterior que hacía al Director del CNI miembro de la Comisión Delegada del Gobierno para la Inteli-26 Art. Es un error, por tanto, afirmar como hace algún autor que «quedaba claro que el Director General del CESID sería nombrado por el Presidente del Gobierno, a propuesta del Ministro de Defensa» (RUEDA, La Casa, cit., p. 2^ Real Decreto 741/2001, de 29 de junio, por el que se otorga rango de Secretarlo de Estado al Director del Centro Superior de Información de la Defensa. gencia del Estado que tiene asignada la misión de coordinar los diversos servicios de inteligencia del Estado. Ahora bien, al formar parte también de la Comisión los responsables de los otros servicios, la supuesta posición central del Director del CNI queda anulada, pues él, en cuanto director del CNI, no tiene ninguna competencia sobre los demás servicios. Aunque inicialmente, los mandatos del director no tenían limitación, en febrero de 1996^^ se estableció que el mandato del Director no podía exceder de un período máximo de cinco años^^, lo que no se cumplió es-crupulosamente^^. La limitación es una medida que presenta la ventaja de impedir que alguien utilice el puesto para erigirse en un «contrapoder», pero tiene el inconveniente de que obliga a prescindir después de cinco años de eventuales directores que hayan resultado especialmente eficaces en su labor. La relevancia de la figura del director queda en gran medida determinada por el modo en que consiga establecer relaciones personales con sus superiores. Así, en 1996 se dispuso que fueran miembros del «Consejo de Dirección del Ministerio» de Defensa (órgano asesor del Ministro en la dirección y administración del Departamento), entre otros, «los titulares de los centros directivos con dependencia directa del Ministro»^'*, lo que significaba que el Director general del CESID formaba parte del mismo. Esto se explicaba por la buena relación entre el entonces Director (Calderón) y el entonces Ministro (Eduardo Serra). En 2001, sin embargo, se prescribió que ningún Director general fuera miembro nato de este Consejo (lo que excluía al Director del CESID), aunque se le podrá convocar «en aquellas ocasiones en que el Ministro lo considere oportuno»^^. El cambio se explica por la mala relación entre Calderón y el Ministro del momento (Trillo). ^^ El contexto de la limitación fue el escándalo de las «escuchas del CESID» que salpicó al que llevaba entonces ya catorce años como Director, General Mangiano. Parece que la idea de limitar el mandato se debe a Gustavo Suárez Pertierra. 1.1 del Real Decreto 2632/1985, de 27 de diciembre, por el que se regula la estructura interna y las relaciones del Centro Superior de Información de la Defensa (RDEIRCSD), art. 9.1 PLRCNL ^^ El director del CESID en aquel momento (17 de febrero de 1996), Javier Calderón, permaneció en su puesto más de cinco años, pues fue relevado por el actual director, Jorge Dezcallar el 30 de junio de 2001. La Secretaría General fue un organo creado en 1995 que tenía como misión «la asistencia al Director general en el ejercicio de sus funciones, en particular en la coordinación de los órganos del Centro». Además, debía sustituir «al Director general en los casos de vacante, ausencia o enfermedad»^^. En 1996 se otorgó a la Secretaría general el nivel orgánico de Subdirección General. Además del Director y del Secretario General, el CESID se componía de tres tipos de unidades: de inteligencia, de apoyo y de seguridad. Las unidades de inteligencia eran cuatro: inteligencia exterior, contrainteligencia, inteligencia interior y Economía y Tecnología^^. A la de «inteligencia exterior» le correspondía «obtener, evaluar y difundir la información para prevenir cualquier peligro, amenaza o agresión exterior contra la independencia o integridad territorial de España asegurando sus intereses nacionales», todo ello abarcando los campos «político, económico y militar»^^. A la de «contrainteligencia» se le encargaba «oponerse al espionaje y a las actividades de los servicios de inteligencia extranjeros que atenten contra la seguridad o los intereses nacionales, mediante su prevención, detección y neutralización dentro y fuera del territorio nacional»^^. A la de «Inteligencia interior» se le asignaba «obtener, evaluar y difundir la información relativa a los procesos internos que, mediante procesos anticonstitucionales, atenten contra la unidad de España y la estabilidad de sus instituciones»^^. A la de «Economía y Tecnología» le ocupaba el «obtener, evaluar y difundir la información necesaria para prevenir cualquier peligro, amenaza o agresión exterior contra la industria y el comercio español de armamento y material de guerra y para asegurar los intereses nacionales en los campos de la economía y la tecnología de interés específico para la Defensa», así como «velar por la seguridad de la información, tecnología, procedimientos, objetivos e instalaciones de interés para la Defensa, tanto propios como de los países aliados de España»'*^ Las unidades de inteligencia contaban con el apoyo de varias unidades específicas: «apoyo operativo», «apoyo técnico» y «personal y servi-^^ Art. 2 del Real Decreto 1169/1996, de 7 de julio, por el que se modifica la estructura orgánica del Centro Superior de Información de la Defensa; art. El CESID: Historia de un intento de modernización... cios». La función de las unidades de apoyo era la de «atender las «necesidades de medios humanos, materiales y económicos, así como de medios, procedimientos o técnicas especiales»^^. Alguna de estas unidades (como la llamada «Agrupación de Apoyo Operativo»), que realizaba varios cometidos de gran importancia, se hizo famosa por el escándalo de la sustracción de algunos importantes documentos por el coronel José Alberto Perete. Finalmente, la unidad de seguridad debía «velar por la protección de las personas del Centro y sus instituciones» así como asumir «la salvaguardia de su información y documentación así como de la seguridad del funcionamiento del Centro»^^. V. El Estatuto de los miembros de los miembros del CESID: Hacia la especialización Aun cuando el CESID se hallaba encuadrado orgánicamente en el Ministerio de Defensa, su personal tenía procedencia civil y militar. Los miembros del CESID se definían como quienes, «en virtud de nombramiento legal y una vez superadas las correspondientes pruebas de selección, se incorporan al mismo con una relación estatutaria de servicios profesionales y retribuidos con cargo a los presupuestos generales del Estado». El personal del Centro, tanto fuesen civiles como militares o guardias civiles, desde el momento en el que entraba al servicio del CESID, se regía por la lex specialis que es el Estatuto del CESID^^, en lugar de la lex generalis de su estatuto de origen. El ingreso en el Centro se efectuaba tras la realización de determinadas pruebas. Quien superase tales pruebas se incorporaría, con carácter temporal, al Centro. En este período, el personal se sometería a un proceso de formación y de prueba (de un período máximo de entre 1 o 2 años, según la categoría del puesto), tras lo cual se efectuaría una valoración de la idoneidad del agente. La superación del período de valoración de idoneidad «supondrá la prestación de servicios en el Centro, en régimen de compromiso temporal, por un plazo mínimo de cuatro años, computándose a estos efectos el tiempo desde su ingreso». del interesado realizaba anualmente un Informe «que permita apreciar las cualidades, méritos, aptitudes, competencia, forma de actuación profesional y eficacia en el desempeño del puesto de trabajo». Si el análisis de los informes anuales es positivo, a partir del tercer año de servicio al empleado en calidad temporal se le ofrece la posibilidad de integrarse en el Centro de forma permanente. Esta relación permanente se adquiere en virtud de nombramiento otorgado por el Ministro de Defensa^^. El cese del personal del CESID se producía por varias causas, algunas de carácter político, otras de tipo profesional y, finalmente, las de tipo discrecional. Las causas de orden político son la «pérdida de la nacionalidad española», el haber sido «elegido por las Cortes Generales para formar parte de los órganos constitucionales u otros cuya elección corresponda a las Cámaras», el ser «adscrito a los servicios del Tribunal Constitucional, del Defensor del Pueblo o del Tribunal de Cuentas» y el ser «nombrado miembro del Gobierno o de los órganos de gobierno de las Comunidades Autónomas, Corporaciones locales o alto cargo de las mismas». Las causas de tipo profesional iban desde el cese a petición propia a la jubilación, pasando por la separación del servicio por causas disciplinarias o penales o la no superación de las pruebas requeridas para acceder a la condición de personal temporal o permanente^^. Finalmente, y con carácter general, se establecía que «el personal designado para ocupar un puesto del Centro podrá ser cesado (rede, destituido) libremente en el desempeño del mismo» debiéndose motivar la competencia para adoptar tal resolución de destitución^'^. El Estatuto establecía también los derechos de los miembros, entre los que destacaban dos: el «obtener la protección y el respaldo del Centro respecto a su actuación regular como miembro del mismo, asumiendo aquél la responsabilidad patrimonial en que pudiera haber incurrido por las acciones u omisiones que le hayan sido legítimamente ordenadas, haciéndose cargo de la oportuna asistencia letrada»; y el «ser informado, al incorporarse a su puesto de trabajo de los fines, organización y funcionamiento de su unidad (...) y de las atribuciones, deberes y responsabilidades que le incumben»^^. Es importante advertir que el CE-SID únicamente sólo se obligaba a asumir la responsabilidad patrimonial y la defensa letrada por la actuación regular de un agente que le hubie- El CESID: Historia de un intento de modernización. ra sido legítimamente ordenada. Esto significaba que de esta forma el CESID quedaba a salvo de responsabilidad en los casos en los que sus agentes realizasen actos contrarios al ordenamiento jurídico. En la práctica, sin embargo, la asistencia era mayor y el CESID no dejó de prestar su apoyo a agentes implicados en actuaciones que provocaron la incoación de procesos judiciales. Así, por ejemplo, en el primer «caso de las escuchas del CESID» 49. Los deberes del personal al servicio del CESID, presentaban algunos aspectos de especial interés por cuanto implicaban limitaciones de importantes derechos fiíndamentales. Así, en primer lugar, el derecho a la intimidad de su personal queda afectado por su obligación de «evitar que su vida privada y pública ocasionen vulnerabilidades para las funciones encomendadas al Centro»^^ y de facilitar información sobre sus bienes y derechos patrimoniales^^. En segundo lugar, las libertades de expresión e información quedaban limitadas por el deber que se asumía de «guardar el secreto profesional y estricta reserva sobre los asuntos que conozca sobre la organización, fuentes, medios, instalaciones y actividades del Centro, así como sobre la existencia y el contenido de esos documentos, identidades, objetos o elementos relacionados con los anteriores aspectos, de los que tenga conocimiento. Tampoco podrá revelarlos ni comunicarlos a ninguna persona, ni tenerlos en su poder sin la previa autorización expresa del Director». El reglamento disponía que «esta obligación tiene carácter permanente y por lo tanto será de aplicación con carácter indefinido incluso cuando se haya cesado en el Centro»^^. En tercer lugar, el personal se obligaba a guardar «la más estricta neutralidad política y sindical, acomodando sus actuaciones y conducta, en lo referente a la prestación del servicio, al superior interés nacional, obrando por encima de criterios e intereses propugnados por grupos sociales, políticos, económicos o religiosos». En consonancia con este deber. «al personal del Centro le será de aplicación la prohibición que las normas reguladoras del régimen del personal militar establecen con respecto a la sindicación, ejercicio del derecho de huelga y asociación con finalidad reivindicativa o política»^^. Esta limitación de los derechos fundamentales resultaba especialmente problemática más que por razones de fondo (pues no sería difícil argumentar la necesidad y proporcionalidad de la misma), por razones formales, dado que no estaba prevista en una ley^^, pues figuraban en un reglamento administrativo que traía causa de una ley (la 17/1989) con un apoderamiento excesivamente amplio. Esta insuficiencia legal se trató de suplir con la prestación del consentimiento por los afectados^^. No obstante, seguían existiendo obstáculos insalvables, a falta de ley, en aspectos como la limitación del derecho de sindicación y huelga que, según la ley que regula los mismos, no pueden ser renunciados para no obtener trato discriminatorio (art. 12 de la Ley Orgánica de Libertad Sindical). El Estatuto fijaba también el régimen disciplinario de los miembros del Centro que se aplicaba con preferencia sobre otros regímenes a los que pudieran estar sometidos algunos miembros del mismo (militares, guardias civiles). Es importante advertir que, pese a que el CESID se hallaba encuadrado en el Ministerio de Defensa y una parte importante de sus miembros eran militares, su régimen disciplinario fijaba como Derecho supletorio «lo dispuesto en la legislación vigente de personal civil funcionario»^^. Respecto al régimen disciplinario cabía introducir objeciones similares a las que se plantearon respecto a las restricciones en los derechos fundamentales que suponían ciertos deberes impuestos a los miembros del CESID. En efecto, el art. 25.1 CE establece el principio de legalidad en materia sancionatória y, sin embargo, este régimen sancionador se hallaba contenido en una norma reglamentaria, de escasa cobertura legal (la ley 17/1989). Ciertamente, la jurisprudencia constitucional ha reconocido que «el alcance de dicha reserva de Ley pierde parte de su fundamentación en el seno de las relaciones de sujeción es-53 Art. 5^ De entre la abundante jurisprudencia constitucional pueden destacarse por su afán de sistematicidad de la teoría de la limitación de los derechos fundamentales las SSTC 66/1995, de 8 de mayo (ponente: Viver), FJ 4° y 5°; y 207/1996, de 16 de diciembre (ponente: Gimeno) FJ 4°. 55 En MEDINA, Las sombras..., cit., p. 290-291, aparece un documento con una serie de renuncias que, según el autor, era firmado por todos los que entran a prestar servicios en el CESID. El CESID: Historia de un intento de modernización... pecial, aunque incluso en dicho ámbito una sanción carente de toda base legal devendría lesiva del derecho fundamental que reconoce el art. 25.1 de la Constitución»^'^. La pregunta es ¿el régimen sancionador se hallaba «carente de toda base legal»? La jurisprudencia parecía haber aceptado que la alusión al CESID realizada en la ley de 1989 que estableció que el régimen disciplinario «se determinará en función del carácter y naturaleza del Centro»^^ proporcionaba la base legal requerida^^. Competencias: El Guardaespaldas maniatado Para cumplir sus misiones el CESID, como los demás órganos de inteligencia, tenía asignadas tres competencias básicas: obtener, analizar y proporcionar información. Sin embargo, el ordenamiento español, presa de unos complejos explicables por las circunstancias de la transición a los que antes se aludió, obstaculizó más allá de lo razonable al CESID en el ejercicio de esas competencias. Como es sabido, la obtención de información se lleva a cabo por múltiples vías y fuentes. La mayor parte de la información se obtiene por fuentes públicas, y el resto en fuentes no públicas. Para acceder a esta información no pública a su vez hay varios medios. Por un lado, existen medios «convencionales» o «formalizados»: las escuchas telefónicas y los registros domiciliarios son los principales. Pues bien, los tribunales españoles dieron una interpretación excesivamente rigorista a nuestro ordenamiento de suerte que el CESID quedó privado de poder obtener información por estas vías. Hasta la aprobación de la nueva legislación del CNI, la posición del TS y del TC parecía sostenerse sobre la tesis de que el único fin legítimo para intervenir en las comunicaciones era la «seguridad pública». De aquí se derivaba que sólo pudieran instar esas medidas limitadoras los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad pues a ellos se les encomendaba «el mantenimiento 135 5' ^ STC 219/1989, de 21 de diciembre (ponente: García-Mon), FJ 2°. de la seguridad pública» (art. 1.4 LOFCS). Desde esta perspectiva, sólo la JIGC (Jefatura de Información de la Guardia Civil), la CGICNP (Comisaría General de Información del Cuerpo Nacional de Policía) y los eventuales órganos de inteligencia autonómicos (encuadrados en sus respectivas policías) y en el marco de investigaciones criminales podrían solicitar la autorización para tales intervenciones, mientras el CESID y los servicios de información militares (que no son fuerzas de «seguridad») quedaban privados de esta posibilidad. Esta idea de que la «seguridad pública» es el fin legítimo perseguido por estas medidas limitadoras (registros domiciliarios y escuchas telefónicas) subyace, aun cuando no aparezca expresamente, en la jurisprudencia del TS^^ y es defendida por autores como Gimbernat?^. También apoyaba esta idea el TC. Inicialmente obiter dictum^^, se refirió a la intervención en las comunicaciones como «diligencia de investigación». Más tarde profundizó en esta idea al decir que «la garantía jurisdiccional del secreto de las comunicaciones no se colma con su concurrencia formal -autorización de procedimiento de un órgano jurisdiccional-sino que ésta de estar dictada en un proceso, único cauce que permite hacer controlable, y con ello jurídicamente eficaz, la propia actuación judicial». De esta suerte, la garantía sobre las medidas de intervención de las comunicaciones tomadas en un momento anterior al proceso existe cuando las mismas «se unen, pese a todo, sin solución de continuidad, al proceso judicial incoado en averiguación del delito, satisfaciendo así las exigencias de control del cese de la medida que, en otro supuesto, se mantendría en un permanente y, por ello constitucionalmente inaceptable, secreto»^^. El hecho de que el CESID no sea una «policía» cuyas investigaciones abren un «proceso» provocó, en primer lugar, que el director del CESID, Mangiano, hubiera solicitado la inclusión de su servicio en la LOFCS (para beneficiarse de esos instrumentos legales) y, en segundo lugar, que de hecho el CESID no solicitase intervenciones de ese carácter ni tribunales como la Audiencia Nacional se las faciliten^'*. Junto a estos mecanismos «formalizados» de obtención de información no pública, los servicios de inteligencia suelen utilizar fuentes no abiertas al público y acciones encubiertas. Este tipo de información se obtiene por métodos no convencionales a los que el ordenamiento jurídico apenas hace referencia. Este tipo de técnicas estaban indirectamente aludidas en la normativa reguladora del CESID que encomendaba a las unidades de apoyo realizar las acciones que «requirieran medios, procedimientos o técnicas especiales»^^ (que debían estar «previa y debidamente autorizadas») y facilitar la infraestructura y el apoyo necesarios a aquellas actividades del Centro «que precisaran el empleo de personas, instalaciones y medios extraordinarios». Estas dos tareas se correspondían con lo que más tradicionalmente se suele calificar de «espionaje» y que por la amplitud de sus términos podían abarcar desde técnicas, en principio, legales (como la utilización de espías o agentes encubiertos) hasta medios que, eventualmente, podían ser de dudosa legalidad o incluso claramente ilegales. El problema es si una norma reglamentaria puede legitimar la utilización de este tipo de técnicas, máxime cuando, en el caso de los servicios de información policiales, estas posibilidades han sido introducidas mediante una ley orgánica. Junto a las técnicas «clásicas» de obtención «no convencional» de información, las unidades de apoyo del antiguo CESID establecían y explotaban «los medios de comunicación del Centro» así como planificaban y dirigían «la adquisición de información por procedimientos y medios técnicos». Igualmente, les cumplía el «criptoanalizar y descriptar por procedimientos manuales, medios electrónicos y criptofonía», así como el «realizar investigaciones tecnológico-criptográficas y formar al personal especializado en criptología»^^. Para la realización de todas estas actividades los servicios de inteligencia requerían una serie de fondos. Una parte de los mismos se hallaba consignada en la correspondiente partida que la Ley de Presupuestos Generales del Estado establecía para cada organismo^^, pero existía otra parte que se obtenía de los fondos reservados^^. Hasta 1995, la regulación sobre el uso de los fondos reservados tenía importantes la- gunas que, unidas a la trascendencia que tuvo en la opinión pública el llamado caso fondos reservados, originó que en 1995, se procediera a la regulación de estos fondos por la correspondiente ley^^. Como ha sostenido el TS, «tales fondos constituyen una partida presupuestaria que, aprobada por las Cortes Generales y excluida por su propia naturaleza y destino de cualquier control, queda vinculada a los fines que constitucional y legalmente son propios del Ministerio a quien se encomienda su gestión»'^^. A partir de la ley de 1995, tenían la consideración de fondos reservados «los que se consignen como tales en las Leyes de Presupuestos Generales del Estado y que se destinen a sufragar los gastos que se estimen necesarios para la defensa y seguridad del Estado». Los gastos reservados «se caracterizan respecto a los demás gastos públicos por la prohibición de publicidad («toda la información relativa a los créditos destinados a gastos reservados, así como la correspondiente a su utilización efectiva, tendrán la calificación de secreto, de acuerdo con las leyes vigentes en materia de secretos oficiales»^^), por estar dotados de un especial sistema de justificación y control»'^^ y porque los únicos Ministerios en los que pueden consignarse estos fondos son Asuntos Exteriores, «Justicia e Interior» y Defensa^^. Aunque en su tramitación no requieren justificación documental, se intenta evitar la arbitrariedad exigiendo el previo informe del Interventor general de la Administración del Estado. En su uso se deben dictar las normas internas necesarias para asegurar que el uso de los fondos procedentes de los créditos de gastos reservados se realiza, por las autoridades del Estado a quienes se les asignen, únicamente para financiar las actividades de defensa y seguridad del Estado^^. El destino de los fondos reservados, por tanto, era únicamente el de «financiar las actividades de defensa y seguridad del Estado». Lo más habitual es que el uso de estos fondos sirviese para financiar ciertas actividades de los servicios de inteligencia en el cumplimiento de los citados fines. ^^ Ley 11/1995, de 11 de mayo, reguladora de la utilización y control de los créditos destinados a gastos reservados (LGR). La referencia a «Justicia e Interior» se explica porque en el momento de dictarse la ley se había producido la unificación de ambos departamentos, que se disolvió después. Aunque lo lógico sería que sólo Interior pudiera disponer de ellos, la dicción literal hace difícil excluir a Justicia. Sin embargo, es perfectamente posible, y está admitido en nuestro ordenamiento, que tales fondos financien actividades de defensa y seguridad del Estado realizadas por particulares. Este fue el argumento del caso Crillon. Este caso se originó tras la denuncia del ex-director general de la Guardia Civil, Luis Roldan, contra el ex-ministro de Defensa García Vargas y el ex-vicepresidente del Gobierno Narcís Serra, que utilizaron fondos reservados para pagar a una agencia internacional de detectives privados especializada en inteligencia económica (la agencia Kroll), a fin de que investigara las actividades del ex-presidente de Banesto, Mario Conde. La denuncia de Roldan fue archivada por el Tribunal Supremo^^. Según el tribunal, la utilización de fondos reservados para efectuar esa investigación no suponía un «uso indebido» de los mismos, ya que el conocimiento de las actividades del presidente de un banco, ante la sospecha de que pudiera estar cometiendo irregularidades que podrían provocar «graves riesgos en el sistema financiero nacional», «pretende salvaguardar intereses públicos relevantes que se pueden conectar perfectamente con la seguridad pública general». La doctrina sentada por el TS, antes de la entrada en vigor de la LGR, siguió siendo válida después de la misma. La propia esencia de la actividad de información exige en muchas ocasiones realizar pagos a individuos particulares o sociedades de derecho privado que realizan ciertas actividades de inteligencia que el Estado no puede llevar a cabo con la misma efectividad. Así ha ocurrido en los EE.UU. desde hace mucho tiempo'^^. En consecuencia, perfectamente admisible era el pago de fondos reservados a individuos o sociedades particulares, siempre y cuando se cumpliesen los fines establecidos en la ley. Las garantías de los servicios de los servicios de inteligencia: La represión pública de la revelación de lo secreto Los servicios de inteligencia sólo pueden ser eficaces si se preserva el secreto de su organización y funcionamiento. Para que ello sea así, el poder público establece ciertas garantías de que el secreto no saldrá de esa esfera bien para llegar a la luz pública bien para llegar a otras esferas secretas no autorizadas. ^^ Auto del Tribunal Supremo (2^), de 25 de julio de 1995 (ponente: Martín Pallín). ^^ Recordemos que ya el caso Curtiss-Wright, enjuiciado por el TS, versaba sobre el pago de fondos reservados a un espía «privado», en la Guerra Civil norteamericana. La primera de las garantías es de carácter constitucional-administrativo y consiste en la técnica de la clasificación. El sometimiento al régimen de secreto de una materia puede realizarse por dos vías: legislativa o ejecutiva. Así, por una parte, «tendrán carácter secreto, sin necesidad de previa clasificación, las materias así declaradas por Lep>^^. El ejemplo más claro de ello, en el que parece haber acuerdo de la doctrina, es el de la ley sobre fondos reservados^^. Por otra parte, la limitación de la publicidad puede efectuarse a través de un acto singular de «clasificación». La naturaleza del acto de clasificación, y la consiguiente discusión acerca de si es un «acto político»^^ o un «acto administrativo» ha sido muy polémica^^. Frente a estas dos opiniones unilaterales, cabría considerar que el acto clasificatorio es un acto mixto, lo cual parece encajar en la nueva ley de jurisdicción contenciosa. Según la misma, son objeto de control por los tribunales «los elementos reglados» en relación con «los actos del Gobierno o de los Consejos de Gobierno de las Comunidades Autónomas, cualquiera que fuese la naturaleza de dichos actos»^^. De esta suerte la clasificación tendría una faceta administrativa, encarnada en una serie de elementos formales de tipo reglado contenidos en la propia LSO, a saber, la necesidad de que su emisión provenga sólo de determinados sujetos (Consejo de Ministros y Junta de Jefes de Estado Mayor), la necesidad de unas determinadas formalidades en su publicación, y la necesidad de motivación. Sin embargo, más allá de estos elementos, nos encontramos con la faceta política del acto clasificatorio. No obstante, aunque esa creemos que es la solución más razonable no es la que ha ad-El CESID: Historia de un intento de modernización... mitido nuestro TS que solucionó de forma penosa el problema atribuyendo al acto de clasificación la categoría de «acto político» para, incongruentemente, darle el tratamiento de un «acto administrativo» revisable en todos sus extremos por los tribunales de lo contenciosoadministrativo. La clasificación puede tener dos grados de protección: «secreto» («las materias que precisen del más alto grado de protección por su excepcional importancia y cuya revelación no autorizada por autoridad competente para ello, pudiera dar lugar a riesgos o perjuicios de la seguridad del Estado, o pudiera comprometer los intereses fundamentales de la Nación en materia referente a la defensa nacional, la paz exterior o el orden constitucional»^^) y «reservado»^^ que es una calificación con un perfil escasamente definido, pues ni los objetos de clasificación, ni el perjuicio que eventualmente pueda ocasionar su publicación son distintos de los cubiertos bajo la rúbrica de «secreto». La única diferencia es que la clasificación de «reservado» se aplica a materias de «menor importancia»^^. La consecuencia jurídica de la distinción entre ambas clasificaciones se produce a la hora del control parlamentario de las materias clasificadas, como bien vio García-Trevijano^^. El principal acto clasificatorio operado en nuestro ordenamiento se realizó mediante acuerdo del Consejo de Ministros de 28 de noviembre de 1986. En el mismo, se otorgó la clasificación de «secreto» a materias como: los procedimientos, técnicas y fuentes de los servicios de inteligencia; la Directiva de Defensa Nacional; las informaciones, análisis o evaluaciones de amenazas actuales o potenciales a la paz y la seguridad en España; el Plan General de la Defensa Nacional; las claves y material de cifra criptográfica; los informes y datos estadísticos sobre movimientos y fuerza, buques o aeronaves militares; etc. Por su parte, recibieron la clasificación de «reservado», entre otras, las siguientes materias: los destinos del personal de carácter especial; los planes de seguridad de instituciones y organismos públicos, así como de las unidades, centros u organismos de las Fuerzas Armadas y de los centros de producción de material de guerra; las plantillas de personal y de medios y de equipo de las unidades; etc. Las consecuencias de la clasificación son varias. En primer lugar, restringe al acceso y la publicidad de las materias afectadas a los órganos y las personas debidamente facultadas para ello pudiéndose ordenar «la prohibición de acceso» y «limitaciones de circulación» a personas no autorizadas en locales, lugares o zonas en que radiquen las materias clasi-ficadas^^. En segundo lugar, obliga a toda persona a cuyo conocimiento o poder llegue cualquier «materia clasificada» a mantenerla en secreto y a entregarla a la autoridad civil o militar más cercana y, si ello no fuese posible, a poner en conocimiento de ésta su descubrimiento o hallazgo?^. No obstante, al no estar sancionado el incumplimiento de esta obligación la misma ha sido ignorada en casos como el famoso de los «papeles del CE-SID» en el que materiales clasificados llegaron a manos de personas no autorizadas (banqueros o periodistas) sin que los mismos mantuvieran esa información en secreto ni la entregaran a la autoridad correspondiente. En tercer lugar, la clasificación de una materia obliga a la adopción de una serie de medidas de seguridad relativas a la custodia, traslado, transmisión, registro, inventario, examen y destrucción del material clasificado^^. Junto a la «clasificación» existían otras garantías. Una garantía, de orden penal, era la tipificación del delito de revelación de secretos. La garantía penal general del secreto de Estado se proyecta, con la máxima intensidad, sobre los funcionarios públicos, y de modo menos acentuado sobre los particulares. En el ámbito jurisdiccional, el ordenamiento podía proteger la actividad de los servicios de inteligencia mediante la técnica del «secreto profesional» que permite excepcionar el deber de colaborar con la justicia que establece el art. 118 CE, cuyo incumplimiento está penado como delito de denegación de auxilio a la justicia (art. 412 CP). La cuestión se ha suscitado en la práctica en varias ocasiones. El art. 417.2 LECr. dice que «no podrán ser obligados a declarar como testigos», los funcionarios públicos «cuando no pudieren declarar sin violar el secreto que por razón de sus cargos estuvieren obligados a guardar, o cuando, procediendo en virtud de obediencia debida, no fueren autorizadas por su superior jerárquico para prestar la declaración que se les pida». Sin embargo, han existido casos en los que el TS decidió que el deber de colaboración con la justicia prevalecía sobre el secreto profesional, afirmando que la excep-8' ^ Art. El CESID: Historia de un intento de modernización... ción del deber de colaboración con la justicia de los testigos puede cedei^^. A nuestro juicio, en esas resoluciones el TS hizo unas argumentaciones sumamente cuestionables. Los tribunales declinaron articular una garantía jurisdiccional consistente en rechazar como pruebas documentales aquellas consistentes en material clasificado como secreto en tanto en cuanto no sea desclasi-ficado^^ Pero esto creemos que fue una decisión equivocada porque si los jueces «no pudieran desconocer» las «pruebas» aportadas cualquiera que fuera su origen, incluso ilícito, se estaría abriendo la puerta al uso de cualesquiera procedimientos, por ilegales que fueran, para conseguir la victoria en el proceso. El control del CESID: cuando las buenas intenciones producen malos resultados El control de los servicios de inteligencia siempre ha sido una de las cuestiones más debatidas en el estudio de su régimen jurídico. También lo fue en el caso del CESID. Existen tres modos básicos de controlar un servicio de inteligencia: por el Ejecutivo, por el Parlamento o por los jueces. El control más real y menos regulado ha sido el del poder ejecutivo. Contra la tesis de configurar a los servicios de inteligencia como una especie de órgano «técnico» de carácter «independiente» respecto al Gobierno, lo cierto es que el CESID se configuró, creemos que acertadamente, como un órgano dependiente del Ejecutivo de cuyos actos se hizo responsable al Ejecutivo. En la experiencia del CESID es|o llegó a significar la dimisión del, en su momento, vicepresidente del Gobierno, Narcís Serra. Junto al control por el propio poder ejecutivo, en el Derecho Comparado ha ido emergiendo una exigencia cada vez mayor de control por el Parlamento. La realidad es que en la historia del CESID este control ha sido, realmente, inexistente. 92 Resolución de la Presidencia del Congreso de los Diputados de 2 de junio de 1992, sobre acceso a secretos oficiales. 93 Resolución de la Presidencia del Congreso de los Diputados, de 18 de diciembre de 1986, sobre acceso a materias clasificadas. juzgada como excesivamente restrictiva^^. Esta resolución era una norma con rango de ley incardinada en el Reglamento del Congreso de los Diputados para cubrir una laguna del mismo. El mecanismo de control que disponía esta resolución se demostró, cuando menos, muy insuficiente?^. Junto a este mecanismo se discutió si podría servir como instrumento de control de los servicios de inteligencia la facultad que el Reglamento del Congreso de los Diputados garantiza a los diputados individualmente considerados de «recabar de las Administraciones Públicas los datos, informes o documentos que obren en poder de éstas». Según ese reglamento la Ad ministración «deberá facilitar la documentación solicitada o manifestar al Presidente del Congreso, (...) las razones fundadas en derecho que lo impi dan»^^. Frente a la opinión de Cano Bueso que dejaba abierta la puerta a que incluso en los supuestos de información clasificada el Gobierno entregara esa documentación a los diputados individualmente considerado^^, creemos que era más acertada la posición de García-Trevijano, según la cual si la información solicitada por el diputado estaba clasificada, no es que la Administración requerida «pudiera» dejar de facilitarla, sino que «no podía» facilitarla^^. En su opinión, tal acto denegatorio sólo podría ser objeto de un recurso de amparo ante el Tribunal ConstitucionaP^. La exclusión de los diputados individuales del régimen especial de conocimiento de las materias clasificadas que operó la Resolución de la Presidencia del Congreso de los Diputados de 18 de diciembre de 1986 (antecedente de la de 2 de junio de 1992) fue recurrida en amparo ante el TC, pero éste rechazó el recurso por una cuestión formal sin entrar en el fondo del mismd^^. ®^ Roberto L. BLANCO VALDÊS, La ordenación constitucional de la Defensa, Tecnos, Madrid, 1990, p. 154 El CESID: Historia de un intento de modernización. Un problema importante y que pudo haber adquirido enorme gravedad es el de si el Senado tenía potestad para acceder a documentos clasificados. En principio, es indudable que el Reglamento del Senado no disponía nada sobre el particular y que tampoco esta laguna había sido suplida por el Presidente de la Cámara, de acuerdo con la Mesa. La cuestión se formulaba así: dado que el Reglamento no había determinado la forma de acceso a la documentación clasificada, ¿tenía acceso el Senado a la misma?. El problema se planteó inesperadamente cuando el Pleno del Senado acordó la creación de una Comisión de investigación sobre el GAL que muy poco después se disolvió^^^. Ante la negativa del Gobierno (del PSOE) a desclasificar los llamados «papeles del CESID», el Senado (con mayoría absoluta de PP) aprobó la creación de esta Comisión de investigación para que, una vez creada, la misma solicitara al Gobierno los citados «papeles». El Gobierno anunció su negativa a entregar los famosos «papeles» arguyendo que sólo el Congreso estaba facultado para verlos. La negativa del Gobierno podría haber generado un conflicto entre órganos constitucionales de no haberse disuelto la Comisión de investigación muy poco después. Después de que se produjeran algunos escándalos relacionados con el uso de los fondos reservados, se dictó en 1995 una ley para controlar el uso dado a los «fondos reservados». Esa ley preveía controles parlamentarios sobre ese tipo de gastos reservados. Sin embargo, el Ejecutivo incumplió el deber de información semestral que la ley establecía para el Gobierno ante una Comisión secreta^^^. En segundo lugar, con carácter anual y atendiendo en todo caso al carácter secreto de los fondos y a su régimen no público, la Comisión podrá elaborar un informe para su remisión a los Presidentes del Gobierno y del Tribunal de Cuentas sobre el uso dado a los fondos^^^. En tercer lugar, cuando cada Ministerio competente dictase la correspondiente normativa interna para asegurar que los fondos se destinaban a sus fines específicos, debería remitir la misma a la Comisión del Congreso^^^. ^^^ La Comisión fue creada por acuerdo del Pleno de la Cámara (dominada con mayoría absoluta del PP, frente al Congreso en el que había mayoría relativa del PSOE) el 18 de octubre de 1995. Veintitrés días después se decidió la disolución de esta Comisión. ^°^ En octubre de 1999, cuatro años después de entrar en vigor la Ley reguladora de los Gastos Reservados, la Comisión de Secretos Oficiales, encargada de vigilar los fondos reservados, sólo se había reunido en tres ocasiones. También en este aspecto parece que hay que entender derogado el art. 6.3 de la Ley 13/1994, que dispone que «el acceso de las Cortes Generales a Cano Bueso puso de manifiesto los problemas que conllevaba la indefinición jurídica de esta «Comisión» de control de los fondos reservados, que no quedaba claro si seguía el régimen general de las Comisiones parlamentarias (lo que suponía que cabría tramitar ante la misma preguntas, comparecencias informativas, etc.) o uno especiaF^^. Parecía más acorde con la naturaleza secreta y especial de los fondos reservados su consideración como un órgano especial. Es, sin embargo, el ámbito de los tribunales el que ha sido más discutido como sede del control de los servicios de inteligencia. Esa intensa discusión también se produjo en relación con el CESID. Los actos del CESID en materia de personal estuvieron sometidos al control jurisdiccional^^^. Aunque la ley que regula los fondos reservados no habla sobre la posibilidad de someter su uso a un control judicial, es lo cierto que los tribunales han efectuado tal tipo de control antes de la entrada en vigor de la LGR en 1995, y después. Antes de 1995, el TS tuvo ocasión de pronunciarse en dos ocasiones sobre los fondos reservados. Por un lado, en el caso Crillon, ya referido, el TS juzgó sobre la legalidad del destino dado a los fondos, analizando la cuestión de si era lícito el uso de fondos reservados para contratar a una empresa privada de inteligencia económica con la misión de espiar a un banquero español. Por otro lado, el TS tuvo ocasión de declarar que los fondos reservados pertenecen a la esfera del «secreto» que tienen obligación de respetar los funcionarios y autoridades^^^. La mayor parte de los casos, sin embargo, se refieren a hechos anteriores a la ley de 1995, pero sentenciados con posterioridad a esa fecha. Así ocurrió, en primer lugar, con el caso Marey, donde el TS dijo que «el que tales gastos o fondos reservados no hayan de ser justificados en cuanto a su aplicación concreta, precisamente por el secreto del fin o actividades a que se hallan destinados, no impide el que cuando se acredite un uso desviado de ese fin el hecho pueda ser constitutivo del delito de malversación de caudales públicos»^^^. En segundo lugar, los tribunales controlaron la legalidad de los gastos reservados en el caso la información sometida al deber de secreto se realizará a través del Gobernador del Banco de España...». ^^^ CANO BUESO, «Información parlamentaria...», cit., p. Roldan, en el que se declaró que el objeto material del delito de malversación de caudales públicos «son los caudales públicos y tienen tal consideración los gastos reservados, ya que se configuran, tanto con anterioridad a la Ley 11/95, como con posterioridad a la misma, como unos créditos presupuestarios destinados a aquellos gastos necesarios, para la defensa y la seguridad del Estado y caracterizados por la prohibición de publicidad y por su especial sistema de justificación y control»^^^. También se planteó el problema respecto al caso, recientemente sentenciado sobre fondos reservados en el que estaban imputados los ex-ministros de Interior Barrionuevo y Corcuera y el ex Secretario de Estado de Interior Vera, entre otros. Sin embargo, el momento más apasionado del debate se articuló en torno a la posibilidad de que los tribunales pudieran controlar la clasificación de documentos. El problema del control judicial de la clasificación de documentos se suscitó por primera vez cuando el Juzgado de Instrucción n° 5 de la Audiencia Nacional (del que es titular Baltasar Garzón) dictó el 11 de octubre de 1995, requiriendo al Ministerio de Defensa para que le entregara determinados documentos que se hallaban clasificados como secretos. Ante la negativa del Ministerio de Defensa, el Juez entabló conflicto de jurisdicción contra el Ministerio que fue resuelto por la Sala Especial de conflictos prevista en el art. 38 LOPJ^^^. Aquí debemos dejar al margen las cuestiones formales acerca de si en el caso concreto la solución idónea era el recurso al Tribunal de Conflictos Jurisdicciona-les^^^ y de si el Tribunal en su sentencia no actuó ultra vires asumiendo funciones jurisdiccionales de control que no le correspondían^^^. Por lo que afecta al tema aquí desarrollado, la resolución del caso por el Tribu-148 Carlos Ruiz Miguel nal de Conflictos se articuló a partir de sólidas premisas^^^. Frente a la sentencia del Tribunal de Conflictos de Jurisdicción se interpuso recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional por la acción popular (que no ñie, obviamente, parte en el conflicto jurisdiccional) personada en el asunto que investigaba el juez de instrucción. En el recurso se alegó la vulneración de los derechos a la tutela judicial, a la igualdad de armas en el proceso y al juez ordinario predeterminado por la ley. El TC inadmitió el recurso argumentando que la sentencia del Tribunal de Conflictos dispone el modo y forma en que el órgano judicial ha de proceder para interesar del Consejo de Ministros aquella información clasificada como secreta que pueda ser de interés para la instrucción penal «y a esto se limita la parte dispositiva de la Sentencia que, en puridad, se contrae a resolver un conflicto entre órganos y no -como arguye la acusación popular-a declarar que las denominadas materias reservadas no son susceptibles de control jurisdiccional alguno»^^^. El problema se planteó nuevamente apenas un año después, pero en unos términos ligeramente diferentes que sirvieron para modificar la incipiente doctrina. El nuevo pronunciamiento, producido después de un insólito e inopinado examen in camera de los documentos controvertidos (por supuesto, no previsto por la ley)^^^ despierto graves interrogantes. En el caso juzgado por el Tribunal de Conflictos, se trataba de un juez de instrucción, que en busca de pruebas inculpatorias, solicitó al Gobierno la desclasificación de secretos de Estado y, ante la negativa del Gobierno, planteó un conflicto de jurisdicción entre el juzgado y el Gobierno. Sin embargo, ahora se trataba de tres casos en los que ^^^ Disentimos así de algún autor que considera que la sentencia es «decepcionante» y de que <dos intentos del Tribunal de Conflictos de Jurisdicción de dotar al (...) límite de los poderes judiciales de investigación de una justiñcación respetuosa de la lógica del Estado de derecho son extremadamente vagos» (DÍEZ-PlCAZO, «El secreto de Estado...», en Sobre secretos..., cit., p. Mientras alguna autora expresa su sorpresa ante la misma (GAKRIDO CUENCA, «El episodio judicial...», cit., p. 235) otro autor alabó el «inequívoco acto de creatividad judicial, pues semejante posibilidad no está contemplada en nuestras leyes procesales», considerando tal prueba como «irreprochable» (Luis María DÍEZ-PlCAzo, «La desclasificación judicial del secreto de Estado: comentario a las sentencia de la Sala 3^ del Tribunal Supremo de 4 de abril de 1997», en Sobre secretos..., cit., p. Este último autor ya se mostró, antes de las sentencias de 1997, favorable a la introducción de esta técnica mediante un «acto de creatividad judicial» («El secreto...», en Sobre secretos..., cit., p. El CESID: Historia de un intento de modernización. distintos jueces de instrucción (el antecitado n° 5 de la Audiencia Nacional, además del Instrucción n° 1 de la Audiencia Nacional, cuyo titular era Gómez de Liaño, y el n° 2 de San Sebastián), solicitaron al Gobierno la desclasificación de ciertos secretos de Estado. Ahora bien, ante la negativa del Gobierno, lo que se iba a producir no es ya un conflicto de jurisdicción entre los juzgados y el Gobierno (cuyo resultado era previsible que fuera contrario a las pretensiones de los juzgados, de acuerdo con la doctrina ya sentada), sino la interposición de un recurso de amparo por las acusaciones particulares personadas en los tres procedimientos, las cuales invocan el derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales sin que se produzca indefensión (art. 24.1 CE) y el derecho a utilizar los medios de prueba pertinentes para la defensa (art. 24.2 CE). Los tres recursos fueron resueltos en sendas sentencias de la misma fecha a las que se sumaron ciertos votos particula-res^^^. Los criterios de solución de los casos por el Tribunal de Conflictos y por el TS fueron diferentes y el TS terminó acordando la desclasificación de dichos documentos. La conclusión, que prescindía de las estrictas limitaciones que impone el sometimiento al imperio de la ley llegó a ser calificada por Pérez Royo como un «golpe de Estado» y la expresión, aparentemente excesiva, escondía una profunda significación. Con este modo de argumentar, el TS se salió del marco constitucional español, que sigue un modelo europeocontinental en el que los tribunales tienen sus poderes tasados por reglas (sólo pueden hacer lo que la ley les permite hacer), para insertarse en un marco judicial propio del modelo anglosajón, en el que los tribunales 710 tienen tasadas por reglas legales sus competencias disponiendo de ciertos poderes exorbitantes (injunctions, contempt of court) que les otorgan una posición preeminente. Ahora bien, esa posición y esos enormes poderes, que hacen posible su incursión en el ámbito de las decisiones políticas se ven contrapesados por la posibilidad de sometimiento de los miembros del poder judicial a responsabilidad política (impeachment). La asunción por los tribunales españoles, del modelo continental-europeo, de poderes propios de los tribunales anglosajones, sin el correlativo sometimiento a la responsabilidad (política) a la que éstos últimos se sujetan, era una operación de profunda trascendencia jurídica que sólo puede hacer el poder constituyente. La gran paradoja de la regulación general de los servicios de inteligencia es que su funcionamiento debe ser secreto, pero debe estar regulado y garantizado por las instituciones públicas. El éxito de los mismos dependerá siempre de la adecuada realización de este principio. El CE-SID ha constituido el primer intento español de articular un servicio de inteligencia de acuerdo con estas premisas. No se consiguió plenamente, pero en el intento se adquirió una experiencia valiosa que ya no se podrá olvidar.
El cambio de siglo ha supuesto, por un lado, la desaparición de algunas amenazas tradicionales para los Estados, centradas en las concepciones ideológicas, en la política de bloques y en la primacía de los intereses nacionales sobre los de las coaliciones y, por otro, la irrupción de otras que se han aprovechado, para emerger y consolidarse como tales riesgos, del aumento de la inestabilidad a escala mundial, de la utilización creciente de la violencia con fines políticos y de los avances tecnológicos, sobre todo en el campo de las telecomunicaciones y de la informática. Resulta indiscutible -y para nosotros como españoles, dolorosamente indiscutible-que la mayor de las amenazas es la representada por el terrorismo internacional En este nuevo marco, los servicios de inteligencia han tenido que modificar sus objetivos y sus estructuras, apoyándose en las opciones que les permitían las legislaciones de sus países. En España, la inexistencia de una normativa adecuada había incidido en la vida política de los últimos años del pasado siglo, haciéndose completamente imprescindible abordar un marco legal que permitiera afrontar con eficacia los nuevos retos del escenario nacional e internacional, así como que garantizara su actuación preservando los derechos de los ciudadanos y los de sus miembros. Con esta idea, en mayo de 2002 vio la luz la actual legislación sobre el Centro Nacional de Inteligencia, que recogía el testigo del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) y que nacía con vocación de permanencia al obtenerse el respaldo de más del 95 por ciento de los diputados. En términos de prestigio, el legado del CESID era importante y había dejado al Centro en un lugar muy destacado en la consideración internacional de sus homólogos. Mantener ese prestigio y, sobre todo, aumentar 154 Rafael Jiménez Villalonga su eficacia es el reto al que se enfrenta el CNI con esta nueva legislación, que le proporciona los instrumentos necesarios para lograrlo. Cómo es el CNI, cómo se definen sus objetivos y cuáles son sus medios y características es lo que trata de exponerse en el presente texto. Describir el Centro Nacional de Inteligencia obliga a referirse a tres temas íntimamente relacionados con él, cuyo tratamiento facilitará una aproximación a su conocimiento, permitiendo identificarlo como uno más de los servicios de inteligencia que existen en los países desarrollados. Y todo ello sin olvidar que por la propia esencia de los servicios (órganos de seguridad), los asuntos que tratan (los que afectan a los principios e intereses nacionales) y los procedimientos de trabajo (genuínos o, cuando menos, poco frecuentes en otros órdenes de la vida) es necesario mantener reserva sobre ellos y sus actividades. Lo que no quiere decir que no puedan revelarse muchos aspectos que ayuden a conocerlos, comprenderlos y, entendiéndolos como algo propio, también respetarlos. En todo caso, lo que se exponga con rigor y responsabilidad facilitará que se eliminen las suspicacias (cuando no temores) que, alguna vez, pueden haber generado en las sociedades de todos los países. Los temas que nos van a permitir delimitar inicialmente el marco relativo al CNI son los siguientes: ¿Qué se entiende por inteligencia! ¿Cómo son los servicios de inteligencia en Occidente? ¿Cuáles fueron los antecedentes del CNI? ESCUDO El CNI: al servicio de España y de los ciudadanos El concepto de inteligencia Sin entrar en estudios profundos y eruditos sobre el concepto de inteligencia -lo cual quedaría al margen de este trabajo-es necesario precisar el término que identifica la tarea que se va a encomendar al CNI. Porque Centro ya da idea de que se trata de un organismo creado para alcanzar un fin determinado; y Nacional, que la dimensión de sus actuaciones responde al Estado en su conjunto. Por tanto, inmediatamente surge la necesidad de determinar la identidad de sus tareas, que lo diferencien de otros centros u organismos de ámbito o actuación nacional. En este sentido, el término Inteligencia se refiere al producto resultante de tratar convenientemente la información que interesa al Estado, es decir, la que precisan las autoridades responsables de proteger sus principios, fundamentos y patrimonio y promover sus intereses. En síntesis, las informaciones que tengan alguna relación con dichos principios, fundamentos, patrimonio e intereses, si se someten a un proceso adecuado de tratamiento intelectual que permita enriquecerlas y utilizarlas oportunamente (en tiempo y sentido), adquieren un nuevo valor que se ha convenido en denominar inteligencia. Los Servicios de Inteligencia en Occidente No existe un modelo único y común de servicio de inteligencia en los países occidentales. Las ordenaciones legislativas, las tradiciones, las capacidades, las situaciones estratégicas, e incluso la historia de cada país, configuran un marco de situación que condiciona el número, la organización, misiones y actividades de sus servicios de inteligencia, así como su inserción en la estructura del Estado. No obstante, sí pueden hallarse unos principios o elementos comunes en todos ellos, que permiten diferenciarlos de los servicios de los países con regímenes autocráticos. La transparencia de las actuaciones de los poderes públicos es un principio fundamental de los Estados democráticos, lo que ha obligado a adecuar la necesaria reserva con la que deben actuar los servicios para asegurar su eficacia, con las garantías constitucionales de los ciudadanos. Reserva que no hay que entender como libertad para desarrollar cualquier tipo de actividad sin autorización y al margen de la ley, sino como discreción en el planeamiento y ejecución de sus tareas, que no deben ser conocidas más que por aquellas personas encargadas de reali-156 Rafael Jiménez Villalonga zarlas y las que, en los distintos niveles de decisión y ámbitos de poder, deban autorizarlas y controlarlas. Derivado de este mismo principio puede considerarse el mismo hecho de la regulación legal de los servicios. Efectivamente, en los países autocráticos es firecuente la inexistencia de disposiciones que establezcan límites a la actuación de los servicios, o incluso que los reconozcan, convirtiéndolos en instrumentos del propio poder, que se vale de ellos para infundir el temor de lo oculto entre sus propios ciudadanos (hacia el interior) y para eludir el derecho internacional cuando posee alguna capacidad de actuación fuera de las fronteras (hacia el exterior), todo ello con la misma finalidad de la perpetuación de ese poder, impidiendo cualquier posibilidad de oposición al régimen establecido. Por el contrario, en los países democráticos no es concebible la inexistencia de un marco legal al que deba acogerse la actuación de sus servicios, que representa, en sí mismo, la garantía para dichos servicios y para la preservación de los principios constitucionales de los ciudadanos. Un tercer matiz característico de los servicios de inteligencia en los países occidentales es la imposibilidad de actuar ante los riesgos o amenazas que conozcan, pues su misión debe limitarse a manifestar la existencia de dichos peligros para que los órganos competentes del Estado los 3itTDCi3!]!::n;' El CNI: al servicio de España y de los ciudadanos neutralicen o reduzcan. Sin embargo, está ampliamente generalizada la actuación de los servicios de inteligencia en los países autocráticos para hacer fidente a las amenazas que ellos mismos han detectado o, lo que es más grave y no menos común, que ellos mismos han creado. Esta actuación no justificada es la que ocasiona fi^ecuentemente conflictos con los organismos departamentales encargados legalmente de oponerse a dichas amenazas, y también es causa de la desconfianza que generan en las sociedades por el grado de impunidad con que suelen aplicarse. La propia legislación sobre el Centro Nacional de Inteligencia establece que éste sucede al Centro Superior de Información de la Defensa, por lo que parece necesario hacer alguna referencia al CESID para conocer los rasgos generacionales del CNI. El CESID se creó en 1977, en plena transformación de las estructuras del estado del régimen del general Franco a las de un estado democrático. Se aprovechó para ello la constitución del Ministerio de Defensa, en el que quedaban integrados los organismos de los tres Ministerios militares y los del Alto Estado Mayor. En la incorporación del CESID al Ministerio de Defensa aunque se mantuviera la dependencia del Presidente del Gobierno, debieron pesar razones de procedencia, de derecho comparado y de la propia naturaleza de sus funciones ante la inexistencia de un servicio que proporcionara la inteligencia estratégica de interés militar. En cuanto a su procedencia, el CESID se organizó mediante la integración de funciones y cometidos del servicio de inteligencia que constituía la Tercera Sección del Alto Estado Mayor y del Servicio Central de Documentación (SECED). La primera de ellas desarrollaba las tareas correspondientes a un servicio de contrainteligencia y, de forma muy rudimentaria, las de un servicio de inteligencia exterior; mientras que el SE-CED aportaba responsabilidades en materia de servicio de inteligencia interior, siendo su finalidad el mantenimiento del orden institucional y la evolución ordenada al nuevo sistema democrático después de la muerte del general Franco. Aunque el SECED dependiera de la Presidencia del Gobierno, la conveniencia de separarlo del máximo representante del Ejecutivo -para protegerle de implicaciones no convenientes del Servicio-y el origen militar de la mayoría de sus miembros aconsejaron que su unión a la Tercera Sección del Alto Estado Mayor se produjera bajo la dependencia administrativa del ministro de Defensa. En este mismo sentido se pronunciaba el derecho comparado, pues una vez decidida la existencia de un único servicio de inteligencia de nivel nacional, la dependencia de los servicios de inteligencia exterior de Francia, Italia, Portugal, Bélgica, etc., aconsejaba que, al igual que en dichos países, el nuevo servicio dependiera del ministro de Defensa. Y también importante era la razón motivada por la naturaleza de sus funciones, entre las que prevalecían ante todas las que permitieran apoyar las decisiones en materia de política de defensa y de coordinación de la acción del Gobierno en la defensa del Estado, responsabilidad del presidente del Gobierno, pero cuyo componente principal, la política militar, correspondía desarrollarla al ministro de Defensa. Y éste no contaba entonces con un servicio de inteligencia que le proporcionara los elementos de juicio de carácter estratégico. A todo ello hay que añadir, como se ha apuntado antes, que la mayor parte de los miembros del nuevo servicio eran o tenían procedencia militar y, sin un régimen de personal diferenciado, la forma más sencilla de gestionar los asuntos y aplicar un mismo y único régimen jurídico a su personal era mantenerlo bajo la administración y jurisdicción militar. El CNI: al servicio de España y de los ciudadanos Con el paso de los años se pudo comprobar que la incorporación del Servicio al Ministerio de Defensa produjo algunos inconvenientes de orden social, siendo además utilizada varias veces con fines partidistas o políticos para erosionar al propio Ministro o para desprestigiar al CE-SID. En ello hay que considerar también la propia denominación del Servicio, pues la expresión «de la Defensa» no se ha entendido casi nunca como algo que concierne a todos los españoles, sino como «de Defensa» y, por tanto, de la única responsabilidad del ministro del ramo, que debe llevar a cabo con sus únicos medios, los militares. Durante más de una década se mantuvo una regulación parcial del CESID, materializada mediante reales decretos y órdenes ministeriales, es decir, en ningún caso basada en principios de ley que se hubieran debatido en el Parlamento. Esto no quiere decir que fuera una anomalía, pues la mayoría de los países de nuestro entorno (europeos, a los que paulatinamente nos íbamos aproximando en todos los sentidos) habían optado por regulaciones ambiguas o incompletas. Las razones eran bien sencillas: el mundo bipolar dejaba bien claro quién era y dónde estaba el enemigo para cada bloque, y las sociedades confiaban la defensa de sus bienes al Estado, a quien otorgaban la facultad de decidir cuanto hiciera falta para ello, sin exigirle a menudo ninguna explicación. Puede decirse, entonces, que ambos protagonistas, sociedad y Estado, se hallaban cómodos: la primera mantenía su desarrollo natural hacia el estado del bienestar al margen de las amenazas, de las que se encargaba el segundo, a cambio de que éste no se viera obligado a dar cuenta de sus actividades y de los medios con los que tuviera que hacer frente a tales amenazas. Y ello podía fácilmente justificarse, desde el punto de vista del Estado, porque la ocultación de dichas actividades y medios pretendía impedir, más aún, que los conociera el enemigo visible, argumento suficiente y convincente. Y uno de los instrumentos más eficaces de los Estados para hacer frente a las amenazas del otro bloque eran sus servicios de inteligencia. Por tanto, mantener en condición de indefinición su organización, medios y actividades, permitía aumentar la fortaleza de los Estados. Pero hacia finales de los ochenta se fueron produciendo una serie de hechos que modificaron totalmente el «orden» bipolar. La caída del muro de Berlín, el desmembramiento de la Unión Soviética, la disolución del Pacto de Varsóvia y la primera guerra del Golfo despertaron en Occidente las 160 Rafael Jiménez Villalonga conciencias de sus sociedades, que ahora se preguntaban dónde estaba el tradicional enemigo que había justificado hasta entonces la existencia de importantes organismos de defensa, tanto puramente militares como de información. Se inició así la época de la determinación de los nuevos riesgos y la definición de las nuevas amenazas por los organismos de seguridad, al tiempo que los partidos políticos de la oposición se ocupaban de llevar la inquietud social a los parlamentos, exigiendo tr8tïi §|)arenciaL en la gestión y concreción de los medios empleados en la seguridad de los respectivos países. De este modo se puso en marcha un importante proceso de perfeccionamiento de las leyes sobre los servicios de inteligencia, que en algunos países suponía, de hecho, el afloramiento por primera vez en su historia legislativa de la misma existencia de dichos servicios. En España, este proceso se vio más acusado por el propio desgaste del Gobierno del Partido Socialista, tras cuatro legislaturas consecutivas, creándose suspicacias en la sociedad sobre las actividades (reales o imaginarias) desarrolladas por el CESID, y utilizándose políticamente la inexistencia de normativa de rango legal que las amparase para erosionar al Gobierno. Al iniciarse el año 1995, tres disposiciones regulaban el CESID, pero ninguna de ellas tenía rango legal. Tampoco se había abordado el régimen de su personal, cuya situación debía derivarse de una ley de 1989, constituyendo un motivo más en manos de la oposición para demostrar la falta de interés del Ejecutivo por encauzar el tema legal del Servicio. A mediados de dicho año, 1995, se produjo la crisis del CESID por la sustracción y publicación de documentos del Centro, que dio lugar a la dimisión sucesiva de su Director, del ministro de Defensa y del vicepresidente del Gobierno. Esta crisis repercutió internamente en el Centro, modificándose su estructura mediante un nuevo real decreto y viendo también la luz (en julio de 1995) el estatuto de su personal, siendo éste, por tanto, la primera disposición desarrollada reglamentariamente a partir de una norma con rango de ley formal. Proceso legislativo y marco legal del CNI Tras la celebración de elecciones generales en 1996, el nuevo Gobierno del Partido Popular se propuso abordar, de forma prioritaria, una legislación adecuada para el CESID, tal como había mantenido en su pro-El CNI: al servicio de España y de los ciudadanos grama electoral. La finalidad principal no sólo se justificaba por la necesidad de homologar la legislación sobre el Servicio con la de los países de nuestro entorno, sino, sobre todo, por la de evitar el uso partidista que de él podía realizar el Gobierno -según la Oposición-mediante el establecimiento de los correspondientes controles judiciales y parlamentarios. A la vista de lo ocurrido y publicado hasta entonces, era absolutamente necesario establecer una legislación adecuada que garantizara derechos constitucionales de los ciudadanos y, también, que amparara al Centro, y en particular a sus miembros, en el cumplimiento de algunas de sus misiones, durante cuya ejecución habían quedado desprotegidos. Con este fin, en 1997 el Gobierno diseñó una regulación legal que partía de una nueva ley de secretos oficiales -la vigente era de 1967, reformada en 1978, aunque antes de promulgarse la Constitución-, de la que se derivaba la del Servicio de Inteligencia. Pero una filtración a medios de comunicación social sobre las sanciones que se impondrían a los medios que diñmdieran informaciones clasificadas provocó tan gran controversia que obligó al Gobierno a retirar los borradores de proyectos de ley, decidiendo no abordar nuevamente el problema hasta la siguiente legislatura. En 2001, ya en la segunda legislatura del Gobierno del Partido Popular, éste recabó el consenso con otros grupos políticos representados en el Congreso, en particular con el PSOE, para elaborar las leyes que debían regular los servicios de inteligencia en España. Con ello se pretendía alcanzar el mayor acuerdo posible sobre la existencia, organización y funcionamiento de algunos de los organismos básicos destinados a proporcionar seguridad al Estado democrático, sustrayéndolos, en todo lo posible, a la acción de la alternancia política. La necesidad de proporcionar el mayor amparo legal a sus actuaciones, la estabilidad normativa necesaria para que su funcionamiento alcanzara el rendimiento que de ellos se espera y la conveniencia de evitar su utilización partidista en el futuro, merecían el esfuerzo de determinar la legislación que fuera aceptada por la mayor parte de las fuerzas políticas. De esta forma, tras descartar la constitución de dos o más servicios (lo que hubiera supuesto dividir al CESID), sopesar las ventajas e inconvenientes de su dependencia de uno u otro ministerio y con el acuerdo mayoritario sobre las características de la persona destinada a dirigir inicialmente el Servicio, se llegó en 2002 a la actual regulación legal del Centro Nacional de Inteligencia, al que se le asignaba un nuevo nombre que, acertadamente, simplifica y determina con exactitud su verdadera esencia, al tiempo que elimina las connotaciones negativas que se habían manifestado en el del CESID. En la gestación de la normativa del CNI, en el tratamiento de sus principios básicos y en el ritmo aplicado a los trabajos técnicos y parlamentarios pesó decisivamente el acontecimiento que más influencia ha tenido en la percepción de la mayor amenaza actual, es decir, el terrorismo internacional, manifestado de forma trágica y sorpresiva el 11 de septiembre de 2001. Por otra parte, también se hacía determinante salvaguardarle de uno de los principales riesgos que pueden afectar a un servicio de inteligencia: el de su politización. En este sentido, la legislación debía establecer cláusulas de garantía de continuidad institucional, de manera que, si bien su Director podría ser elegido únicamente por su capacidad política, el segundo cargo del Servicio debería responder a un perfil profesional en el ámbito de la inteligencia, y el resto de los miembros del Centro superar un proceso de selección adecuado al puesto de trabajo a ocupar. El fruto de los acuerdos parlamentarios descritos anteriormente se materializó en la promulgación de dos leyes complementarias, una de las SALA REUNIONES PRINCIPAL El CNI: al servicio de España y de los ciudadanos cuales, ordinaria (L. 11/2002, de 6 de mayo), regula el Centro Nacional de Inteligencia, mientras que la otra, de carácter orgánico (LO. 2/2002, de 6 de mayo), establece el control judicial previo al que deben someterse determinadas actuaciones del CNI. Ambas leyes deben interpretarse conjunta y sistemáticamente, pues la ejecución de las medidas extraordinarias que deban ser autorizadas previamente por el poder judicial tiene que justificarse en el cumplimiento de las funciones que se le asignan al Centro legalmente. A las dos leyes anteriores les siguieron, también en 2002, dos reales decretos, que desarrollan aspectos concretos de la ley del Centro: su estructura orgánica y su régimen económico presupuestario, respectivamente. Más tarde y tras firacasar el intento de desarrollar simultáneamente otros dos aspectos de la Ley 11/2002, que otorgan al Secretario de Estado Director del CNI la condición de Autoridad Nacional de Inteligencia y Contrainteligencia y de director del Centro Criptológico Nacional, en marzo de 2004 se publicó el real decreto que regula este último Centro, al que adscribe al CNI y con el que comparte medios, procedimientos, normativa y recursos. Completa el marco legal del CNI la disposición relativa al régimen estatutario de su personal, cuyo origen se produjo en 1995, como se ha expresado anteriormente (ver punto 4.2). Aunque la Ley 11/2002 contempla el desarrollo de un nuevo estatuto para el personal del CNI, razones de eficacia y seguridad jurídica han aconsejado la modificación del que ha permanecido vigente hasta la entrada en vigor de dicha Ley, haciéndolo en los términos necesarios para ajustarlo a las nuevas disposiciones, completarlo con los aspectos que la publicación urgente en 1995 había dejado incompletos, y corregir las disñmciones que su aplicación en los años de vigencia había puesto de manifiesto. Este real decreto fue publicado en febrero de 2004. 6, Características del CNI El primer rasgo que caracteriza al CNI y lo distingue de otros servicios departamentales y operativos es su dependencia del Presidente del Gobierno, en particular, y del Gobierno, en general. Aunque su adscripción orgánica se mantiene al Ministerio de Defensa, la ley otorga al Presidente del Gobierno la facultad de modificar dicha adscripción mediante un real decreto. Ello confirma su dependencia del jefe del poder Ejecutivo y desmiente la naturaleza militar del Servicio, cualidad que Rafael Jiménez Villalonga frecuentemente se ha utilizado para descalificar a su antecesor, el CE-SIO, y tratar de limitar o encasillar sus ñmciones. De esa misma dependencia directa del Gobierno se deriva una segunda característica: la definición de sus objetivos, que anualmente se le asignan mediante la aprobación en Consejo de Ministros de la Directiva de Inteligencia. Este documento recoge las necesidades de información de todo el Gobierno para asegurar los principios fundamentales del Estado y los intereses nacionales. La propuesta la realiza la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia, que preside el Vicepresidente del Gobierno que designe su Presidente y de la que forman parte los ministros de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Defensa, Interior y Economía, el Secretario General de la Presidencia y los Secretarios de Estado de Seguridad y del CNI, actuando este último como secretario de la Comisión. Los anteriores constituyen sus miembros permanentes, pero a sus reuniones pueden ser convocados los titulares de otros órganos superiores y directivos de la Administración General del Estado, lo que deja la puerta abierta a la participación de representantes cualificados tanto de la Administración Central como de la Autonómica. Dado el nivel en el que se definen los objetivos, es fácil deducir que éstos abarcarán amplios escenarios internacionales o incluirán aspectos trascendentales para la seguridad del Estado, de tal manera que podrían considerarse agrupados en tres conjuntos. En el primero pueden hallarse los que afectan a los intereses de España en y frente al exterior, median-'ç^^,^"",-.x^S'/ El CNI: al servicio de España y de los ciudadanos te cuyo cumplimiento se asesora al Gobierno para que pueda ñmdamentar sus decisiones en la protección de dichos intereses y promoverlos como medio de aumentar la proyección nacional. La actividad que generan se conoce como inteligencia exterior. En un segundo conjunto pueden considerarse los que afectan a la seguridad de los bienes y los principios nacionales ante las posibles agresiones de grupos, personas o servicios de inteligencia de otros países, que darán lugar a la actividad conocida como contrainteligencia. Y en el tercer grupo se encuentran los que tienen por finalidad proteger la estabilidad institucional y proporcionar seguridad al país fidente al terrorismo de cualquier naturaleza. De estos últimos objetir vos se deriva la actividad denominada contraterrorismo. La reciente legislación del Centro le ha introducido una nueva seña de identidad, al configurarlo como Organismo público especial, que le proporciona la necesaria autonomía fimcional para el cumplimiento de sus misiones al dotarle de un régimen específico presupuestario, de contratación y de personal, que en la práctica se traduce en poseer personalidad jurídica y plena capacidad de obrar, pudiendo en su régimen patrimonial y de contratación someterse al derecho privado, así como actuar tanto dentro de España como en el exterior. Esta misma autonomía le permite establecer su estructura orgánica con gran flexibilidad para adaptarse con rapidez a las necesidades informativas que impone la continua evolución de los acontecimientos. También es característico del Centro su sistema de trabajo, que se inicia con la capacidad para adquirir la información que precisa mediante procedimientos específicos, no convencionales. En este sentido, la autonomía en la obtención de información constituye el factor más destacado para var lorar la eficacia de un servicio de inteligencia, cuyas fuentes, humanas o técnicas, deben ser distintas de las utilizadas por la diplomacia, los medios de comunicación social y otras instituciones que se dedican a realizar estudios. Los procedimientos de obtención a emplear con ambos tipos de fuentes requieren una preparación especial de las personas que deben llevarlos a la práctica, así como la utilización de una técnicas muy depuradas y, en ocasiones, extraordinariamente complejas y costosas. Una vez obtenida la información, la otra gran tarea que debe realizar un servicio de inteligencia es elaborarla, es decir, valorar, analizar, integrar e interpretar la obtenida de diversas fuentes, para convertirla en inteligencia y proceder a su difusión. Otra característica del CNI es la que se deduce de los límites en sus funciones en cuanto a la producción de inteligencia y su futura utilización, de tal manera que, por un lado, está obligado a entregar toda la in-166 Rafael Jiménez Villalonga formación elaborada a las autoridades de las que depende; y, por otro, le está vedado tomar iniciativas, terminando su competencia precisamente en el momento en que proporciona el resultado de sus análisis. Tal limitación se produce tanto en el ámbito exterior como en el interior: en el primer caso, el Servicio proporciona información sobre unas amenazas eventuales o sobre las posibilidades de desarrollo de los intereses nacionales, y señala sus características, pero es al Gobierno al que corresponde disponer, en su caso, las respuestas más eficaces para resolver los problemas que se le presenten o para utilizar de la mejor manera posible las capacidades de promoción de dichos intereses. En el segundo caso, es preciso tener en cuenta que un servicio de inteligencia no es un organismo encargado de la aplicación de la ley; por consiguiente, su competencia no consiste en obtener evidencias de la comisión de un delito y poner a sus autores a disposición de los tribunales. Su misión consiste en detectar el riesgo o la amenaza y dejar que los órganos correspondientes establezcan la forma en que debe ser corregido o neutralizada, respectivamente. Aunque no es exclusivo del CNI, sino de todos los servicios de inteligencia, es necesario aludir a la característica de secreto con que se clasifican determinadas materias relacionadas con ellos. El fundamento en el que la ley se basa para otorgar dicha clasificación se deriva de la necesidad de proteger la existencia misma del Estado, su seguridad y defensa frente a cualquier tipo de amenaza o agresión, siendo esta justificación no sólo doctrinal, sino que se sustenta constitucionalmente (CE, artículo 105) y en el derecho internacional (resoluciones del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales y del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos). En consonancia con lo anterior, la Ley 11/2002 califica con el grado de secreto las actividades, organización, estructura interna, medios, procedimientos, personal, instalaciones, bases y centros de datos, fuentes de información y las informaciones o datos que puedan conducir al conocimiento de las anteriores materias. Asimismo, impone la obligación de guardar secreto a los diputados que conozcan cualquiera de las anteriores materias en el ejercicio de su función de control parlamentario del Centro. Paralelamente, la Ley Orgánica 2/2002 también obliga al Magistrado encargado de efectuar el control judicial de las actividades del Centro a salvaguardar la reserva de sus actuaciones, que tendrán la misma clasificación de secreto. Finalmente, es preciso hacer una referencia a la característica que le proporciona al CNI la adscripción del Centro Criptológico Nacional, máximo órgano de la Administración responsable de la seguridad de los sistemas de las tecnologías de la información que procesen, almacenen o transmitan información clasificada o información en formato electrónico, que normativamente requieran protección y que incluyan medios de cifra. El CNI: al servicio de España y de los ciudadanos 167 La misión principal del Centro Nacional de Inteligencia es la de proporcionar al Gobierno la información e inteligencia necesarias para que pueda fundamentar sus decisiones en determinadas materias. Estas se hallan definidas en el artículo 1 de la Ley reguladora del CNP, del que se pueden extraer las siguientes conclusiones: • La confirmación del Centro como único Servicio de Inteligencia de nivel nacional. • La determinación como organismo público, formando parte de la estructura administrativa del Estado y, como toda ella, al servicio de los ciudadanos. EDIFICIO ESTRELLA ^ «El Centro Nacional de Inteligencia es el organismo público responsable de facilitar al Presidente del Gobierno y al Gobierno de la Nación las informaciones, análisis, estudios o propuestas que permitan prevenir y evitar cualquier peligro, amenaza o agresión contra la independencia o integridad territorial de España, los intereses nacionales y la estabilidad del Estado de derecho y sus instituciones». • La amplitud de destinatarios de su información, el Gobierno, destacándose al Presidente. • La posibilidad de realizar propuestas, aspecto novedoso en la doctrina general sobre servicios de inteligencia, que le convierte en potencial orientador de la política del Estado cuando, a petición del Gobierno, haga uso de esta facultad. • La responsabilidad de informar para prevenir, es decir, antes de que se haya manifestado cualquier peligro, amenaza o agresión. • La amplitud de tareas que le asigna la Ley, que con la expresión intereses nacionales abarca la práctica totalidad de los ámbitos de una nación. • La incapacidad para actuar ante las acciones de las que informe (ver punto 5). En cuanto a sus funciones, es importante señalar que todas ellas contienen, explícita o implícitamente, el concepto de seguridad, en consonancia con lo que representa esencialmente un servicio de inteligencia, es decir, un organismo de seguridad del Estado. A continuación se realiza una breve descripción de cada una de las que señala el artículo 4 de la Ley 11/2002. La primera^ es la que da lugar a la organización de la unidad de inteligencia que en otros países está atribuida al servicio de inteligencia exterior. De ella hay que destacar que se trata de la función que más genuinamente representa la labor de un servicio de inteligencia como organismo que debe obtener información, transformarla en inteligencia y difundirla a las autoridades del Estado que la precisen. Del resto del contenido de esta función hay que destacar que la inteligencia que difunda el CNI debe también contemplar la promoción de los intereses nacionales en las áreas especificadas, así como la amplitud de campos de actuación que abarcan dichas áreas, teniendo en cuenta además que para lograrlo puede actuar dentro o fuera del territorio nacional. La segunda función^ reúne la que debe asumir el Centro como servicio de seguridad interior, concentrando las tareas de contrainteligencia y ^ «Obtener, evaluar e interpretar información y difundir la inteligencia necesaria para proteger y promover los intereses políticos, económicos, industriales, comerciales y estratégicos de España, pudiendo actuar dentro o fuera del territorio nacional». ^ «Prevenir, detectar y posibilitar la neutralización de aquellas actividades de servicios extranjeros, grupos o personas que pongan en riesgo, amenacen o atenten contra el ordenamiento constitucional, los derechos y libertades de los ciudadanos españoles, la soberanía, integridad y seguridad del Estado, la estabilidad de sus instituciones, los intereses económicos nacionales y el bienestar de la población». El CNI: al servicio de España y de los ciudadanos contraterrorismo, éste para hacer frente a la amenaza terrorista de cualquier naturaleza, actualmente, tanto la de origen islamista como la autóctona, que en España obliga a dedicar importantes recursos. El hecho de que no se mencionen en esta definición las tareas propias del ciclo de inteligencia (obtener información, elaborar inteligencia y difundirla) no quiere decir que las unidades que se responsabilizan de esta función no las hagan, aunque sí es cierto que las realizan en menor medida, pues por su propia naturaleza estas acciones no precisan, en general, completar todo el ciclo. De esta función hay que resaltar que el CNI debe posibilitar la neutralización de las amenazas, poniendo nuevamente de manifiesto la carencia de facultades para actuar ante ellas, ratificando asimismo la esencia de los servicios de inteligencia en España, cuyo límite de responsabilidad (ver punto 5) está en proporcionar la información que permita a otros organismos del Estado facultados para ello a actuar contra quienes pongan en riesgo, amenacen o atonten contra él. También hay que destacar la amplitud de campos de actuación que abarcan las áreas que describe, entre las que figura el bienestar de la población, incorporada recientemente a la legislación de numerosos países occidentales como principio a lograr para sus sociedades. El tercer cometido^ es en realidad un procedimiento para alcanzar un fin, el de hacer frente conjuntamente con los servicios de inteligencia de otros países a las amenazas globales de nuestro tiempo; pero, el hecho de que durante el proceso de gestación de la Ley se produjeran los atentados del 11 de septiembre de 2001, indujo seguramente a los legisladores a elevarlo al rango de función, convirtiéndola explícitamente en una de las tareas fundamentales para el Servicio. La cuarta función^ reafirma el carácter único que se ha querido otorgar al CNI, al integrar en él las tareas que en otros países corresponden a otro servicio de nivel nacional independiente o enmarcadas en otros de naturaleza militar. El producto obtenido de la ejecución de esta tarea -conocida técnicamente como SIGINT, inteligencia de señales, e IMINT, inteligencia de imágenes-constituye un elemento de gran ayuda en los análisis que deben realizar las unidades de inteligencia. 169 ** «Promover las relaciones de cooperación y colaboración con servicios de inteligencia de otros países o de Organismos internacionales, para el mejor cumplimiento de sus objetivos». ^ «Obtener, evaluar e interpretar el tráfico de señales de carácter estratégico, para el cumplimiento de los objetivos de inteligencia señalados al Centro». La siguiente función^ es la que, fundamentalmente, da virtualidad al Centro Criptológico Nacional, organismo integrado en el CNI con responsar bilidades cada vez más importantes por el desarrollo de los medios técnicos. Como se ha visto anteriormente (ver punto 5) su desarrollo normativo se ha producido mediante un real decreto promulgado en marzo de 2004. La pertenencia de España a distintas organizaciones internacionales le obliga a asumir y respetar las condiciones que dichas organizaciones imponen a sus miembros, en cuanto a la protección de la información clasificada que generan e intercambian. Con la sexta función^ se responsabiliza al CNI de exigir a los organismos que manejan dichas informaciones el exacto cumplimiento de las normas establecidas. DESPACHO ^ «Coordinar la acción de los diferentes organismos de la Administración que utilicen medios o procedimientos de cifra, garantizar la seguridad de las tecnologías de la información en ese ámbito, informar sobre la adquisición coordinada de material criptológico y formar al personal, propio o de otros servicios de la Administración, especialista en este campo para asegurar el adecuado cumplimiento de las misiones del Centro». ^ «Velar por el cumplimiento de la normativa relativa a la protección de la información clasificada». El CNI: al servicio de España y de los ciudadanos La última de las funciones^ que la Ley asigna al Centro le hace responsable de garantizarse su propia seguridad, sin tener que recurrir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, como ocurre con otros organismos de la Administración. Esta circunstancia implica la necesidad de conceder la consideración de agentes de la autoridad a los miembros del Centro que la desempeñen, que la poseen solamente durante el ejercicio de dicho cometido. Como ya se ha expuesto, el CNI proporciona inteligencia al Gobierno para que pueda fundamentar sus decisiones relacionadas con dos aspectos: a) la protección y promoción de los intereses nacionales, y b) la seguridad de toda la sociedad. En esta doble finalidad radica la utilidad fundamental del Servicio y su contribución a la vida política, social y económica del Estado, entendido éste en su sentido más amplio. La forma en que el Centro entrega el producto de su trabajo se traduce habitualmente en la remisión de notas informativas (análisis de acontecimientos concretos o en evolución), informes (temas concretos tratados monográficamente con la profundidad requerida), y boletines y síntesis informativas de carácter periódico (cuestiones de actualidad tratadas sistemáticamente). Otra forma de materializar el cumplimiento de su misión principal -proporcionar inteligencia-la constituyen las numerosas reuniones de trabajo que mantiene con los servicios de información de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y con los órganos de la Administración civil y militar, tanto entre los órganos centrales del Centro con los de dichos servicios como entre los periféricos de ambos y con los autonómicos. El exponente más reciente del mantenimiento y desarrollo de la colaboración con los demás servicios del Estado lo constituye la incorporación, ya efectuada, de un equipo especializado del CNI al recién creado Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista por el Ministerio del Interior. Pero además de esta actividad fundamental de proporcionar inteligencia, el CNI puede llevar a cabo otras actividades que satisfacen o facilitan determinadas necesidades del Estado, utilizando procedimientos atípicos 171 ^ «Garantizar la seguridad y protección de sus propias instalaciones, información y medios materiales y personales». cuando los convencionales no son aconsejables. Entre estas actividades destacan la realización de acciones de influencia y operaciones encubiertas, y el establecimiento de relaciones especiales y secretas con personas y organismos del interior y del exterior, que permitan abordar cuestiones delicadas que no pueden o deben tratarse por los cauces oñciales cuando éstos se han deteriorado o, esencialmente, no pueden asumir (negociaciones políticas, diplomacia secreta, liberación de rehenes, etcétera). Como en todas las organizaciones que se precien, el factor humano constituye su principal patrimonio y, en el caso del CNI, esta aseveración está plenamente justificada como consecuencia del estricto proceso de selección y el completo sistema de formación de su personal. El esfuerzo y dedicación a estos aspectos son obligatorios, dadas las características del trabajo a desarrollar y la responsabilidad exigible a quienes lo desempeñen, pues de su eficacia y calidad pueden depender las mejores decisiones sobre la seguridad del Estado y los intereses nacionales. La naturaleza del Centro ha impuesto un régimen especial para satisfacer sus necesidades de personal, eximiéndole de los sistemas habituales en la Administración, oferta pública de empleo y oposición. En consecuencia, el Centro ha constituido una base de datos abierta de fuentes de reclutamiento, en la que están registrados centros de formación profesional y de posgrado, colegios profesionales, escuelas de idiomas, etcétera. Con los candidatos que proporcionan estas fuentes y los que se obtienen por enviar su solicitud de ingreso a la página web del Centro [URL] se consigue una bolsa suñciente de la que iniciar la selección. De acuerdo con la legislación vigente -Estatuto del Personal del CNI-, el ingreso de candidatos se lleva a cabo mediante un proceso de selección en el que se buscan las personas más idóneas para desempeñar los puestos de trabajo a ocupar. Estos han sido definidos por sus características concretas (perfil) y agrupados por familias (Inteligencia, Técnicos, Traductores, Administrativos, Seguridad y Mantenimiento), de forma que permitan establecer procesos de selección específicos para cada una de ellas. No obstante, cada proceso se diseña en función del El CNI: al servicio de España y de los ciudadanos puesto a ocupar y, por tanto, el número y naturaleza de las fases que lo componen son variables. De un modo general, las fases de cada proceso abarcan la superación de test psicotécnicos (para evaluar el potencial intelectual de la persona), evaluación de la personalidad (para descartar posibles psicopatologi as), entrevistas personales con distintas finalidades, pruebas situacionales (ejercicios de simulación en los que se somete al candidato a una situación lo más cercana posible a su trabajo real), pruebas técnicas de conocimientos y pruebas de idiomas. La selección parte de cinco requisitos^ que pueden ser exigidos en otros puestos de la Administración, de los que los específicos del puesto de trabajo constituyen la auténtica prueba de capacidad. Para la familia de puestos de trabajo de Inteligencia, que son exclusivos del Centro, se ha diseñado un sistema de selección por competencias, que se basa en la observación y deducción de las características que definen a las personas con mucha experiencia que hayan demostrado un elevado rendimiento en su trabajo. De dichas características se ha obtenido el perfil de competencias, es decir, los rasgos que llevan al éxito en un entorno orgánico determinado, ya sean conocimientos, aptitudes, habilidades, motivaciones, personalidad..., todos ellos expresados en comportamientos concretos que pueden ser evaluados. Los candidatos deben superar cada una de las fases que constituyen el sistema de selección. Para el resto de las familias de puestos de trabajo predominan las pruebas de capacidad técnica, sometiéndose a los candidatos a diferentes tareas que permitan valorar y establecer el orden de capacitación. En cuanto a las características personales, el CNI no trata de seleccionar superdotados ni titulados con expedientes académicos brillantísimos, sino personas con un potencial intelectual normal, estables emocionalmente, activas y sociables, que cuenten con gran capacidad de trabajo, voluntad resistente, honestidad ideológica y personal, que posean o puedan alcanzar los conocimientos y habilidades necesarios para desempeñar adecuadamente su puesto de trabajo, capaces de asumir responsabilidades, demostrar iniciativa, trabajar en equipo, tomar decisiones..., y, sobre todo, cuya motivación profesional no sea la económica o la promoción personal, sino que estén ilusionados por el tipo de trabajo y con ganas de prestar un servicio al Estado, es decir, con un acendrado espíritu vocacional. ® Nacionalidad española y mayoría de edad; titulación según el puesto de trabajo al que se opta; limpieza de expediente en el sector público y en los derechos ciudadanos; capacidad física y psíquica para el ejercicio de las funciones del puesto; y poseer o estar en condiciones de obtener la habilitación de seguridad acorde con el puesto de trabajo. AULA Simultáneamente a las pruebas descritas y de acuerdo con la Ley 11/2002, el Centro lleva a cabo investigaciones de seguridad sobre los candidatos, que permitan descartar reales o potenciales vulnerabilidades que, en caso de ingresar, pudieran poner en riesgo la seguridad del Centro o la de ellos mismos. Estas investigaciones deben completar el marco de seguridad exigible a cualquier miembro del Servicio, siendo la principal seña de identidad la de la discreción. La formación en el CNI está concebida de forma integral, de manera que existe una enseñanza general, normalmente previa a la ocupación del puesto de trabajo y con finalidad, en algunos casos, también selectiva, una de especialización y una tercera de perfeccionamiento. En cuanto a la enseñanza general, tiene como finalidad proporcionar los conocimientos necesarios para realizar funciones de inteligencia de acuerdo con el grupo de clasificación funcionarial, por lo que existen cuatro niveles pedagógicos. La superación del curso de inteligencia correspondiente es condición necesaria, aunque puede no ser suficiente, para ocupar un puesto de trabajo del grupo respectivo. El CNI: al servicio de España y de los ciudadanos Para determinados puestos de trabajo, además de la formación general de inteligencia se exigen una o varias especialidades complementarias en técnicas concretas de inteligencia. Casi todos los cursos que integran esta enseñanza de especialización se imparten en el Centro. Por su parte, la enseñanza de perfeccionamiento complementa las otras dos satisfaciendo las necesidades formativas del Centro en las distintas áreas de conocimientos: dirección, gestión, técnicas diversas, lingüística..., así como la actualización y ampliación de conocimientos en determinados ámbitos de interés para el Servicio, entre los que constituyen una parte muy importante los que se refieren al empleo y mantenimiento de los sistemas y medios tecnológicos más modernos de los que puede disponer el Centro. Dentro de este tercer tipo de enseñanza hay que incluir también los seminarios de actualización y los ciclos de conferencias que se desarrollan habitualmente. De esta manera se lleva a cabo una formación continua para la mayoría del personal del Centro, que suele hacerse imprescindible cuando se cambia de puesto de trabajo, y que responde al principio de que un miembro de un servicio de inteligencia no termina nunca de formarse, pues siempre se dispone de medios más modernos, las técnicas se depuran y las formas en que se presentan las amenazas varían, lo que obliga a mantener actualizadas y perfeccionar continuamente la preparación y formación de las personas encargadas de hacerles frente. Perfil del personal del Centro Con todo lo anterior, y por las condiciones de trabajo en un servicio de inteligencia, pueden deducirse unas características que identifican o afectan al personal del Centro. Es cierto que algunos de sus derechos superan los del régimen funcionarial común, siendo los más significativos los que garantizan la reserva en la gestión de su vida laboral y el de obtener la protección y el respaldo del Centro respecto a su actuación regular como miembro del mismo. También las posibilidades de promoción personal son atractivas, pues a las de la formación ya aludidas hay que añadir las de cambiar de actividad dentro del propio Centro, así como la de obtener un puesto de trabajo en el extranjero o en distintos lugares de España. Aun con todo, el verdadero atractivo lo constituye la propia naturaleza del trabajo, en el que es posible como en pocos otros observar la consecución de resultados en materias muchas de ellas de trascendencia nacional, enmarcada en una auténtica vocación de servicio a España. Pero al mismo tiempo, es evidente que los deberes también se ven incrementados respecto a colectivos similares. En primer lugar hay que aludir a la estricta neutralidad política y sindical, debiendo acomodar sus actuaciones al superior interés nacional. Este mismo principio impone la prohibición de sindicación y el del ejercicio de los derechos de huelga y de asociación con finalidad reivindicativa o política. La necesaria discreción se convierte en deber de reserva permanente, también por mandato legal, obligándose a guardar secreto tanto sobre el Servicio como sobre los asuntos que trate. Asimismo, se exige la dedicación absoluta y exclusiva al servicio y se impone, tras su baja en el Centro, el deber de abstención para desarrollar actividades relacionadas con los asuntos que haya conocido durante su permanencia en él. La obligación del Servicio de hacer frente a cualquier peligro, amenaza o agresión impone a sus miembros su permanente disponibilidad, tanto en España como en el extranjero, cualidad que ise practica en situaciones de normalidad diariamente y que se acusa de forma imperativa y mucho más costosa en situaciones de crisis. Desde un punto de vista intelectual, es necesario hacer referencia a que el trabajo del Centro exige una gran honestidad y rigurosidad para tratar las informaciones de las que son depositarios sus miembros, y una especial sensibilidad informativa para detectar los asuntos de interés para el Servicio. Igualmente, se exige un claro sentido de la disciplina y el más ejemplar espíritu de servicio, al que deben ir unidos la lealtad, el mayor sentido del deber y un firme compañerismo. Estas virtudes, junto con la ya señalada exigencia de disponibilidad, han sido la mejor prueba puesta de manifiesto en los trágicos acontecimientos ocurridos en octubre y novient bre de 2003 en Iraq, que costaron la vida a ocho miembros del Centro. La conveniencia de abordar este aspecto reside en el interés que suscitan los medios específicos de los servicios de inteligencia y su influencia para generar inteligencia de calidad, entendiendo por medios específicos los que realizan las funciones SIGINT e IMINT, a las que se ha hecho referencia anteriormente (ver punto 7). Es sabido que las inteligencias de señales y de imágenes (genéricamente, inteligencia técnica) constituyen un elemento esencial en la obtención de información, e incluso en época reciente se ha llegado a valo-El CNI: al servicio de España y de los ciudadanos 177 CAMPO DE ANTENAS rar por encima de su importancia real, quizás porque representa un procedimiento que, por escapar al control efectivo de quien utiliza medios informáticos, comunicaciones, etcétera, o por el desconocimiento de sus verdaderas posibilidades, permite obtener informaciones muy valiosas. Pero en ningún caso puede considerarse un sistema sustitutivo de la inteligencia clásica o humana (HUMINT), es decir, de la que se obtiene a partir de las relaciones humanas y de las capacidades naturales del hombre y sus sentidos. Consecuentemente, uno de los errores más importantes que puede cometer un servicio de inteligencia es el de querer excluir o minusvalorar la trascendencia de la adquisición HUMINT en favor de las otras citadas. El hecho que ha demostrado esta afirmación más palpablemente ha sido el sufrido por EE.UU. el 11 de septiembre de 2001. La capacidad de adquisición técnica (SIGINT e IMINT) de los servicios norteamericanos y de sus aliados se mostró insuficiente para evitar los atentados. ¿Quiere ello decir que si se hubiera invertido el mismo presupuesto en potenciar los medios de adquisición HUMINT se habría evitado el desastre? Evidentemente, no se puede asegurar, pero no cabe duda de que hubieran aumentado considerablemente las posibilidades de detección de la amenaza y, por tanto, de su prevención. Rafael Jiménez Villalonga ¿Es conveniente, entonces, abandonar las inversiones en tecnología aplicable a la adquisición técnica para dedicarlas a la HUMINT? De ninguna manera, pues la evolución tecnológica y científica permite construir equipos de tratamiento y remisión de información cada vez más complejos y seguros, entendida esta seguridad en el doble sentido de garantía de fiabilidad y de protección de los productos que se almacenan y transmiten. Ante ello, los sistemas de captación de la información circulante deben desarrollarse simultáneamente para ser capaces de cumplir con su cometido, lo que impone mantener igualmente altas las capacidades de investigación y, por ende, de inversión. ¿En qué consiste la verdadera importancia de la inteligencia técnica? En ser el complemento idóneo de la humana y, a veces, la única posible. El primer aspecto lo cumple cuando sirve de alerta ante una situación de interés internacional: la época actual, definida tantas veces como la era de la comunicación, permite conocer un acontecimiento que se produzca en el mundo en muy poco tiempo y en cualquier lugar. Los servicios de inteligencia pueden utilizar sus capacidades de adquisición técnica para orientar los medios humanos a la obtención de información más precisa de tal acontecimiento. Pero también la inteligencia técnica puede convertirse en esencial, cuando no es posible acceder al foco de la información, física o humanamente. En estos casos es preciso diversificar las fuentes técnicas para asegurar la bondad de la información obtenida, pues de otra manera no sería posible contrastarla. Ello exige, por tanto, grandes inversiones. El gran problema se plantea entonces a la hora de decidir cuál debe ser el peso específico, personal y económico, a otorgar a cada tipo de adquisición. La solución, evidentemente, no puede ser matemática, pero debe estar en consonancia con la potencia del país y, sobre todo, con las amenazas más probables y peligrosas a las que deben hacer frente, en cada momento, sus servicios de seguridad. Actualmente, es fácil deducir que la mayor amenaza del mundo desarrollado es el terrorismo internacional, y está claro que éste no precisa medios sofisticados ni grandes inversiones para hacerse patente. Por tanto, no va a ser necesario, ni en general posible, dedicar costosas tecnologías para detectar a los posibles agresores. La principal herramienta de los servicios de inteligencia será, pues, el hombre. Lo que no debe excluir, no obstante, que deje de invertirse en tecnologías aplicadas a la inteligencia para atender a los otros objetivos de interés estratégico, que deben permitir al país mantener y mejorar su nivel de desarrollo y su lugar en el mundo; en definitiva, el bienestar de su población. El CNI: al servicio de España y de los ciudadanos 179 SALON DE ACTOS 11. El control del CNI Uno de los argumentos más utilizados por el Partido Popular durante su oposición al Gobierno socialista a principios de los años 90 fue la falta de control del CESID, llegando a acusar al Ejecutivo de emplearlo en beneficio, no ya del Gobierno, sino del Partido Socialista, y, en cualquier caso, de realizar actividades al margen de la ley. Ciertamente, la inexistencia de regulación legal del Servicio abonaba estas acusaciones, algunas de las cuales se pusieron de manifiesto a raíz de la crisis que afectó al Centro en 1995 con la publicación de lo que se dio en denominar «los papeles del CESID», asunto ya juzgado. No obstante, también es cierto que la actividad general del Centro estuvo habitualmente controlada por los tres poderes del Estado, siendo buena muestra de ello las numerosas respuestas a diputados y senadores e intervenciones en sede parlamentaria del ministro de Defensa y del propio director del CESID, las solicitudes efectuadas al poder judicial para realizar actividades que podían vulnerar derechos constitucionales, a quien también se le remitían los resultados de las investigaciones llevadas a cabo, y el continuo control del presidente o vicepresidente del Gobierno y del correspondiente ministro de Defensa. La legislación sobre el CNI y el procedimiento utilizado para llegar a ella -acuerdos entre la mayor parte de las fuerzas políticas-han venido 180 Rafael Jiménez Villalonga a corregir el gran defecto de la ausencia de mecanismos completos de control. Como se ha expuesto anteriormente, las dos leyes promulgadas el 6 de mayo de 2002 contemplan de forma específica y por primera vez los controles parlamentario y judicial de las actividades del CNI. En cuanto al primero de ellos, corresponde a la Comisión de control de los créditos destinados a gastos reservados conocer de los objetivos del Centro y del informe que anualmente elabore su Director sobre el grado de cumplimiento de aquéllos. Esta Comisión está compuesta por los mismos diputados que conforman la de Secretos Oficiales, de acuerdo con el Reglamento del Congreso. La preside obligatoriamente el Presidente del Cámara y, actualmente, la componen ocho diputados más, uno por cada uno de los grupos parlamentarios, siendo la primera vez desde 1992, en que se aprobó la disposición sobre su composición, que forma parte de ella un representante del Grupo Mixto. Asimismo, ante esta misma Comisión deben presentarse dos informes anuales sobre el consumo efectuado de los créditos destinados a gastos reservados, que, como una más de las partidas presupuestarias del Centro, aprueba anualmente el Parlamento. A estos controles legislativos hay que añadir también el control económico-administrativo que efectúa el Tribunal de Cuentas, del que se informa al Parlamento. Respecto al segundo, la Ley Orgánica 2/2002 está dedicada expresa y totalmente a determinar los mecanismos de control judicial a que deben someterse las actividades del Centro que afecten a los derechos constitucionales sobre inviolabilidad del domicilio y secreto de las comunicaciones. La Ley establece dos principios fundamentales: que la autorización para realizar tales actividades tiene que ser previa a su ejecución y que éstas deben ser necesarias para el cumplimiento de las funciones asignadas al Centro. El primer aspecto constituye una garantía para los ciudadanos superior a la establecida por legislaciones tan avanzadas como las de Francia o el Reino Unido, por ejemplo, democracias resueltamente consolidadas. Por su parte, la obligación de que el Magistrado del Tribunal Supremo competente para autorizar tales tipos de actividades al Centro compruebe que son necesarias para el cumplimiento de sus funciones implica, de hecho, la necesidad de que disponga de la Directiva de Inteligencia, completando con ello el marco de control judicial. En cuanto al control del Ejecutivo, la nueva legislación sobre el CNI ha mejorado sustancialmente el que se ha venido llevando a cabo por todos los Gobiernos, ya que ha creado la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia con misiones expresas de determinar los ob-El CNI: al servicio de España y de los ciudadanos jetivos del Centro, que debe aprobar el presidente del Gobierno en Consejo de Ministros, y de realizar el seguimiento y evaluación del cumplimiento de dichos objetivos, lo que constituye la mejor garantía del control político permanente. Además, esta Comisión tiene un tercer cometido: velar por la coordinación del CNI y de los servicios de información del Estado, lo que debería incluir en la práctica a los de los ministerios del Interior, Exteriores, Defensa y Hacienda, así como los de las Administraciones autonómicas que los posean. Este aspecto constituye una previsión de futuro, de difícil puesta en práctica actualmente y de auténtica decisión política, que sería altamente deseable en un mundo en el que gran parte del éxito de los servicios de información e inteligencia -cuya finalidad es lograr el mayor grado de seguridad posible para las sociedades-, reside en su coordinación y colaboración permanente.
El fin de la bipolaridad dio lugar a la aparición de nuevos riesgos y amenazas, y en un escenario en el que la globalización había potenciado la interdependencia en los espacios definidos por el binomio seguridaddefensa, lo que imponía la necesidad de cooperación entre aliados, para resolver crisis (que crecían en número) y afrontar amenazas de carácter cada vez más transnacional. La invasión de Kwait, preludio de la guerra de Irak, la larga crisis de los Balcanes, y el casi sempiterno conflicto de Oriente Medio, mostraron un potencial desestabilizador no previsible antes de la caída del muro de Berlín, Estos cambios, unidos a los inducidos por la revolución de la información y de las comunicaciones, aconsejaron la reforma de los sistemas de inteligencia, para adaptarlos a la nueva y cambiante situación y a la necesidad de la cooperación, para dar respuestas globales a amenazas que eran globales. Tras el 11 de febrero, los fallos de coordinación que se advierten en la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos, hacen que la mayoría de los gobiernos impriman un nuevo ritmo a los procesos de reforma de sus respectivos sistemas, poniendo especial énfasis en las arquitecturas de coordinación que vertebran las comunidades de inteligencia. Por lo que respecta a España, el gran problema de la coordinación se aborda, por primera vez, durante la elaboración y posterior promulgación de la Ley 11/2002 de 6 de mayo. Reguladora del CNI, por la que se crea la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia (CD-GAI) la figura de la Autoridad Nacional de Inteligencia y Contrainteligencia y el Centro Criptológico Nacional. Hasta entonces, no se podía hablar, con rigor, de la existencia en nuestro país de una Comunidad de El término inteligencia es, ciertamente, polisémico. En un sentido antropológico es sinónimo de entendimiento, capacidad específica del ser humano que le permite conocer su propia realidad y la del mundo que le circunda, y hacerse cargo de una y de otra. Una capacidad que, unida esencialmente a la memoria y a la voluntad, le dota de sentido biográfico y le constituye en protagonista de su propia vida: en autor y actor de su propio drama vital. La inteligencia, pues, produce conocimiento; la memoria acumula tal experiencia; y la voluntad -donde reside la capacidad de querer-decide desencadenar la acción y perseverar en la realización de lo decidido. Todo lo que deviene del hombre (la familia, la sociedad, el Estado...) guarda su impronta y, por tanto, mantiene con él lógicas analogías. Pues bien, en el ámbito del Estado, ocurre algo parecido en el curso de las actividades que debe desarrollar el poder ejecutivo para garantizar la gobernabilidad en todo lo concerniente a los objetivos estratégicos que haya de plantearse. Para ello necesitará de la inteligencia^, del conocimiento específico y adecuado a cada caso y, por tanto, de los órganos capaces de elaborar y aportar dicho conocimiento para, a partir de ahí, poder decidir las políticas que deban orientar y modular las acciones de los diferentes organismos de la administración del Estado en los ámbitos de sus respectivas competencias, dotarles de las capacidades necesarias y, por último, establecer los principios y mecanismos que permitan e impulsen la acción de conjunto de aquellos actores que deban dirigir sus esfuerzos al logro de objetivos compartidos. En resumen: en una primera acepción, el término inteligencia es sinónimo de conocimiento; pero, en tanto que entidad y proceso capaz de producirlo, también supone organización e implica actividad. Y así cabe hablar, con toda propiedad, en nuestro caso, de servicios y de actividades de inteligencia. En la organización y funcionamiento del Estado, al Gobierno le atañe -le corresponde-promover el bienestar, los derechos y las libertades de los ciudadanos y, de manera primordial, garantizar su seguridad y la defensa de la Nación como tal, y la de sus intereses generales. En consecuencia, su acción debe orientarse al logro de un amplio abanico de objetivos relacionados con tales valores; objetivos entre los que se cuentan algunos de importancia decisiva, es decir, los objetivos estratégicos^: objetivos que, por su trascendencia, exigen desarrollar procesos de decisión de singular delicadeza que han de estar alimentados por el conocimiento pertinente, relevante, oportuno y discreto, por la información suficientemente contrastada y debidamente evaluada, es decir: por la Inteligencia Estratégica Nacional entendida como: Conocimiento necesario para la toma de decisiones óptimas por parte del gobierno de la Nación, y en orden a alcanzar los objetivos que considera de importancia decisiva (estratégicos) para la seguridad y la defensa de los intereses nacionales en cada momento. La elaboración, pues, de esta forma peculiar de conocimiento que denominamos inteligencia, requiere, como es natural, la existencia de Una organización compleja, de nivel nacional, jerarquizada, especializada, al servicio del Estado y dotada, de la arquitectura y de los medios humanos y materiales adecuados a tal fin; y, por tanto, capaz de obtener información, analizarla, evaluarla y proporcionar la inteligencia necesaria para la toma de las decisiones de gobierno en los campos de la seguridad y de la defensa. En resumen: una institución del Estado, dependiente del Gobierno de la Nación y capaz de desarrollar el proceso completo de lo que conocemos como Ciclo de Inteligencia. En síntesis, en esto, y no en otra cosa, consiste la entidad y función de un servicio nacional de inteligencia. El marco de actuación de los servicios de inteligencia Desde el punto de vista funcional, la inteligencia -que ya hemos visto que es conocimiento y es organización-también es actividad. Actividad que, que, como bien dice Esteban Navarro, «puede (y debe) enten-185 ^ El diccionario de la RAE define el término estratégico, en su segunda acepción, como término que adjetiva a «un lugar, posición, actitud, etc.. de importancia decisiva para el desarrollo de algo»; y lo hace, lógicamente, en el marco del concepto de estrategia, en tanto que «conjunto de reglas que aseguran una decisión óptima en cada momento». Francisco Galvache Valero derse corno un tipico proceso de gestión de conocimiento»^ que, como ya he apuntado, se desarrolla en los espacios definidos por el binomio Seguridad-Defensa, Y llegados a este punto, aunque ello es bien sabido, quizá convenga recordar que la seguridad es una aspiración y también un sentimiento inherente a la condición humana. Es una aspiración que se ha de satisfacer de manera suficiente, porque de ello depende, en gran medida, el éxito o el fracaso de los proyectos vitales de las personas y de las sociedades. Por otra parte, la seguridad ideal, el sentimiento pleno -individual y colectivo-de hallarse a cubierto de cualquier agresión o daño, solo derivaría de una situación en la que no tuviese cabida. «amenaza alguna a la soberanía ni a la integridad del territorio y sus habitantes; una situación en la que no existe atentado alguno contra el ejercicio normal de la autoridad ni contra el funcionamiento adecuado de las instituciones; y una situación en que tanto las actividades públicas como las privadas, pueden llevarse a cabo sin obstáculos que se opongan al logro de los más altos niveles de paz, libertad, prosperidad cultural, cívica, moral y económica» (Dirección General de Política de Defensa, 1993) Esta descripción coincide sustancialmente con la que luego dibujaría el Concepto Estratégico de la Alianza Atlántica, aprobado en Washington en abril de 1999, al declarar la importancia, en materia de seguridad, de los factores políticos, económicos, sociales y medioambientales sujetos a riesgos, y la de aquellos otros, de naturaleza diversa, que contempla la defensa, tales como los que, desde el exterior o desde el interior, afectan directa o indirectamente a la soberanía nacional y a la integridad territorial de los estados, relacionados con frecuencia con los riesgos derivados del terrorismo nacional e internacional, de las actividades delictivas del crimen organizado, de los posibles colapsos en el flujo de los recursos vitales o de los grandes movimientos incontrolados de población -especialmente los generados por los conflictos armados-en razón de los graves problemas de seguridad y de estabilidad que plantean^ en un mundo de acusada complejidad y cada vez más inter dependiente. ^ M.G. ESTEBAN NABARRO y D. NAVARRO BONILLA: «Gestión del conocimiento y Servicios de Inteligencia: La dimensión estratégica de la Información». Concepto Estratégico de la Alianza, 1999, «Guía completa de la Cumbre de Washington» párrafo 25, p. Ciertamente, el proceso de globalización lleva muchos siglos desarrollándose. Y lo ha hecho, a lo largo del tiempo, de forma cada vez más acelerada, a impulsos del progreso del conocimiento en los campos de las ciencias y de las tecnologías al servicio del comercio, de la industria y de las comunicaciones. Pero como dijera Friedman^, hoy sus efectos llegan más lejos, más rápidamente, a menor costo y con una capacidad de penetración jamás alcanzada en la historia. La interdependencia, pues, es cada vez más intensa, más insoslayable, a medida que aumenta la espesura de las redes de interconexión en que se sustenta. De manera que, hoy, la autarquía aislacionista es imposible, y ceder a su tentación resultaría suicida. En la actualidad, cualquier suceso acaecido en un subsistema resuena con mucha más fuerza, produce mayores efectos en el sistema global del que forma parte, y lo hace con mucha más rapidez que en cualquiera otra época del pasado. Como recuerda Nye, el virus de la viruela tardó casi tres milenios en alcanzar a todos los continentes, y la plaga del SIDA en menos de tres décadas se ha extendido por todo el planeta. Pues bien, en el año 2000, un virus -esta vez informático-a través de la red (verdadero sistema arterial del mundo globalizado) perturbó y causó daños en las comunicaciones, el comercio y los diferentes sectores productivos de todo el mundo en tan sólo tres días. «Tres milenios, tres décadas, tres días (concluye Nye): ésta es la medida en que aumenta la velocidad de la globalización»^. Algo parecido ocurre con las noticias y con las ideas. Pero su comprensión y su asimilación o rechazo dependen, en gran medida, de las culturas que han de interpretarlas a la luz de los valores que a cada una le son propios. Y las culturas, como es bien sabido, evolucionan a ritmos muy diferentes de aquellos que rigen en los procesos de desarrollo de las ciencias aplicadas y de las nuevas tecnologías de la información. De manera que, a comienzos del siglo XXI se puede constatar, con claridad, que el proceso de la globalización no discurre y avanza únicamente impulsado por el vector económico, sino también a través de la formación y difusión de comunidades de ideas y de valores que informan y orientan los campos de la política, de la ciencia y de la cultura, y que van favorecien-187 ^ T. FRIEDMAN, The Lexus and the Olive Tree: Understanding Globalization, Farrar, Nueva York, 1999, Straus andGiroux, pp. 7-8. ^ J. NYE (2003) La paradoja el poder americano, Madrid, Taurus, 2003, p. 188 do la aparición y consolidación de intereses y objetivos comunes que alimentan esperanzadores procesos de convergencia. Y es que, como señala Beck, la globalizacion es un fenómeno poliédrico; y tratar de contemplarlo a través de una sola de sus facetas, por relevante que esta sea -y la económica lo es, sin duda-lo dejaría reducido a mero globalismo'^, En cualquier caso, es bien cierto que crece, día a día, el número de los países que perciben su destino y bienestar conectados a valores e intereses compartidos; y también lo es que va prosperando, a ritmo acelerado, en los gobiernos y pueblos de muy diferentes mundos y tradiciones, la convicción de que su promoción y su defensa exige la construcción de un nuevo orden mundial que, trascendiendo el realismo tradicional que desde Westfalia vino regulando las relaciones internacionales hasta la caída del muro de Berlín, se asiente en un espíritu abierto a la cooperación multilateral, a políticas de seguridad compartida y de defensa colectiva, e incluso a procesos de convergencia entre naciones-estado hacia nuevas estructuras políticas supranacionales que les permitan desarrollar y mantener políticas comunes, no sólo en el ámbito de la economía o en los ya aludidos campos de la seguridad y de la defensa, sino también en el de la justicia y aún en el de la política exterior. De aperturas de tal índole es un buen ejemplo el camino que vienen cubriendo las naciones europeas: un camino largo, zigzagueante e incluso azaroso; plagado de tensiones y desencuentros, pero que, a pesar de todo, avanza y gana en consistencia, suscita y consuma nuevas adhesiones e incluso asume el trascendental reto de construir, en común, un marco constitucional capaz de ser garantía de solidaridad, de justicia, de paz y de progreso. Pero aceptando todo lo anterior, no es posible ignorar que, frente a estos fenómenos de convergencia, a partir de mediados del pasado siglo, vienen paradójicamente resurgiendo, en comunidades y pueblos, exacerbadas y aún sangrientas reacciones del romanticismo particularista del diecinueve, en sectores que pretenden actuar en defensa de una más o menos melancólica identidad histórica, racial o religiosa supuestamente amenazada; o, más recientemente, de corrientes ideológicas, grupos y organizaciones de orígenes frecuentemente periclitados, que configuran hoy un frente que vaticina sólo males del proceso de globalizacion en marcha; y desde el cual, algunos de sus integrantes no dudan, en ocasio-^ Cfr. Ulrich BECK ¿Qué es la globalizacion? Para Beck, la globalizacion es un proceso dirigido hacia una sociedad mundial, mientras que el globalismo sería un mero intento de reducir el fenómeno a tan sólo una de sus dimensiones: la económica. La Formación de la Comunidad de Inteligencia Española:... nés, traspasar el umbral de la acción política y de la legítima protesta, recurriendo a la violencia, incluida la de signo terrorista. La vida del hombre, de las sociedades y de los pueblos ha sido siempre una realidad verdaderamente complicada: una maraña casi inextricable en la que la libre voluntad de los actores ha de enfi: entarse constantemente con lo contingente regido por el principio de indeterminación. Una realidad en la que las capacidades definen posibilidades cuya realización se ve siempre favorecida o dificultada por funciones multivariables difíciles de prever, de detectar, de definir, y de evaluar, ajustadamente, en peso, desarrollo y consecuencias. Y es que las coordenadas espaciotemporales entre las que discurre la contemporaneidad, hoy definen espacios y horizontes mucho más amplios y lejanos que en el pasado, en los que los individuos y las organizaciones sociales (más numerosas y diversas que nunca) interactúan a través de las redes que hoy tejen las nuevas tecnologías aplicadas a la información y a las comunicaciones. Redes que introducen, en las estructuras y en las dinámicas sociales, un grado tal de complejidad que hace más inabarcable y más interdependiente que nunca la realidad vital de nuestro tiempo. Nuestra sociedad global, como dice A. Llano, es una sociedad en la que todo influye en todo; y, en consecuencia -se puede añadir-nadie debería pensarse al margen de lo que quizá ocurre a miles de kilómetros de distancia. Y menos aún si lo sucedido se halla en relación con riesgos, amenazas y agresiones que comprometen la paz y el bienestar de la humanidad, las libertades y los derechos humanos. En consecuencia, la seguridad y la defensa, salvaguardas de la paz y de la libertad, son asuntos que nos atañen a todos, que son responsabilidad de todos; y que, desde luego, lo son también de los servicios de inteligencia. La caída del muro de Berlín tuvo resonancias considerables por cuanto determinó un acelerado proceso de cambio de las variables geopolíticas definidas en el marco de la bipolaridad, y, hasta entonces, actuantes en el juego de equilibrios logrados a través de las políticas de alianza y de disuasión diseñadas por las dos grandes potencias enfrentadas. Y, como era de esperar, tal proceso ganó velocidad y alcance tras la desintegración de la antigua Unión Soviética, y dio paso a una nueva situación impregnada de fuerte dinamismo, y que ofrece, en el tiempo, una imagen cambiante, desde luego, muy diferente de la del pasado, y más diferente aún de la que se apresuraron a forjar los fieles del optimismo impenitente. Ciertamente, el ominoso enfrentamiento bipolar que amenazaba con la mutua destrucción, se había desvanecido; pero no ocurrió otro tanto Francisco Galvache Valero 190 con los riesgos, las amenazas ni con los conflictos abiertos que, por el contrario, se han diseminado, diversificado, y cuyo número no ha hecho sino crecer. El multilatéralisme ha hecho acto de presencia, pero el escenario mundial hoy soporta la poderosa presencia de una superpotência hegemónica en los planos político, militar y económico; el peso del grupo de las grandes potencias desarrolladas; el de un amplio abanico de países en vías de desarrollo (no a cubierto, en muchos casos, de riesgos ciertos de inestabilidad) y la nada despreciable rémora de un no escaso número de estados fallidos, incapaces de cumplir con el mínimo de las responsabilidades primordiales que justifican la razón de ser del Estado; y a estos hay que añadir aún otros -que se ha dado en llamar criminales-refiractarios a la libertad, cuyas elites gobernantes se sostienen en el poder gracias a la represión y a la negación de los derechos humanos y cuya mera existencia proyecta amenazas de evidente gravedad para la estabilidad y para la paz de amplias regiones del mundo. Los riesgos y las amenazas La Formación de la Comunidad de Inteligencia Española: cando a escala internacional en pos de sus particulares designios. Alianzas que también se extienden al mundo de la criminalidad organizada (verdadero azote de los estados de derecho) dedicadas a tan lucrativas formas delictivas como el tráfico de estupefacientes, de armas cada vez más sofisticadas, de seres humanos, del fraude financiero a gran escala y de la corrupción política y económica a través de la extorsión y de la compra de voluntades. Quizá la sociedad global de nuestro tiempo aún no sea capaz de valorar, con justeza, el potencial desestabilizador de este último fenómeno, en el plano doméstico y en el de las relaciones internacionales directamente relacionadas con la seguridad y con la defensa. Afortunadamente, otra cosa bien distinta ocurre con cuanto se refiere a los conflictos regionales que siembran la muerte, provocan éxodos masivos en las poblaciones afectadas, y cercenan sus posibilidades de progreso mientras las privan de acceso al flujo de los recursos vitales más indispensables, con las dramáticas secuelas del desarraigo, del hambre y de la enfermedad. Ciertamente, la gravedad e importancia de este trágico factor de inestabilidad ha ido calando con fuerza en cada vez más amplios sectores de las sociedades desarrolladas, haciéndoles ver, con nitidez, que nada de todo esto les puede ser ajeno. Pero hay que reconocer que ha sido el fenómeno del terrorismo internacional, el que ha coadyuvado, de forma quizá determinante, a que las sociedades hayan tomado general conciencia de que se encuentran ante una amenaza global que es compartida (sufrida) por todos y cada uno de los países del mundo, porque no discrimina ni entre pueblos ni personas, porque su acción destructiva traspasa las fronteras o brota del mismo seno de las comunidades contra las que luego atenta, y porque, empapado de utopía, amenaza al mundo entero con el anuncio de un sombrío futuro de zozobra y de muerte del que no se vislumbra un fin cercano. De la magnitud del fenómeno y de su carga letal, la comunidad internacional tiene ya una larga y dura experiencia de pasado. Para el presente, basten, como muestra, las mortales acciones que el terrorismo islamista -de cuyas organizaciones la red Al-Qaeda es el más trágico y más acabado ejemplo-proyecta y ejecuta, no solo contra las sociedades libres de Occidente que, tras una larga e inconclusa serie de atentados, hubieron de sufrir el horror del 11 de septiembre en Nueva York y Washington o la espantosa matanza del 11 de marzo en Madrid, sino también contra sus hermanos desviados; ya sea en Irak, Marruecos, Turquía, Arabia Saudita, Egipto, Afganistán, Pakistán, Indonesia o sobre regiones aún más aparentemente alejadas de la Base (al-Qaeda). 192 Todo este cúmulo de circunstancias justifica plenamente la necesidad sentida en el concierto de las naciones libres de construir un nuevo orden mundial que, con el garante respaldo de Naciones Unidas y en términos acordes con la actual multilateralidad centrada en Estados Unidos, en las potencias democráticas y en aquellas otras que, sincera y decididamente, aspiran a serlo, haga posible instaurar una verdadera legalidad capaz de regular las relaciones en el seno de la comunidad internacional según los principios del realismo cooperativo, desde el cual quepa desarrollar políticas que, de forma equitativa y eficaz, afronten estos problemas en toda su complejidad, favorezcan la cooperación y la coordinación de esfuerzos y pongan, especial énfasis en la solidaridad real con los países del segundo y tercer mundo -en donde radican buena parte de las causas del fenómeno-y sean garantes de la libertad, de la seguridad y de la justicia, en tanto que fundamentos de la estabilidad, de la paz y del progreso de los pueblos. Hacia la reforma y la cooperación Tan importantes retos necesariamente habían de tener también importantes resonancias en las funciones y estructuras de los servicios de inteligencia quienes, de hecho, a partir del término de la guerra fría, ya habían iniciado procesos de adaptación a la situación geopolítica emergente, y a las nuevas orientaciones conceptuales que se fueron desarrollando en relación con la seguridad y con la defensa, urgidas por la aparición de los nuevos riesgos y amenazas, que, como ya hemos visto, son cada vez más numerosos, más diversos, difíciles de anticipar en no pocas ocasiones, y para cuya prevención, detección, neutralización y, en su caso, gestión, se comenzaba a ver, la inexcusable necesidad del esfuerzo concertado de las agencias. En definitiva, la fuerza de los hechos fue imponiendo y propiciando, progresivamente, una clara toma de conciencia acerca de la necesidad de dar respuestas globales a fenómenos que eran y que son globales. Esta cuestión pasó, pues, a constituirse en nutriente principal de los debates en los foros y clubes de inteligencia, y aun en el seno de los propios servicios participantes en ellos. Se percibía cada vez con mayor claridad la conveniencia de incrementar la cooperación a través del intercambio de la información y de la inteligencia; Pero la desaparición de la gran amenaza común a los países alineados en cada uno de los antiguos grandes bloques, y la dificultad de valorar el alcance global de amenazas La Formación de la Comunidad de Inteligencia Española:... hasta entonces bastante localizadas y, en general, afrontadas por cada uno de ellos en sus respectivas áreas de influencia, o, en todo caso, por los países directamente afectados, ralentizaba el avance de los procesos de adaptación y reforma de los sistemas nacionales de inteligencia que hicieran posible la cooperación coordinada en el plano internacional; máxime cuando, a niveles nacionales, tal capacidad presentaba -y presenta aún-notables deficiencias. Pero la realidad es terca y acabó imponiéndose, con toda su crudeza, tras los sucesos acaecidos el 11 de septiembre de 2001. En esa luctuosa fecha, se confirmó lo que ya anticipara Henry Kiesinger tiempo atrás: en el futuro previsible, ni siquiera la superpotência hegemónica, Estados Unidos, podrá afrontar, en solitario, amenazas que, por su naturaleza y alcance, resulta imposible reducir al ámbito de lo doméstico porque lo trascienden y ponen en riesgo la paz y la estabilidad incluso mundiales. En resumen, las funciones genéricas de los servicios de inteligencia se han visto obligadas a proyectarse sobre un mayor número de escenarios y sobre espacios que traspasan los límites que establecen las fronteras nacionales; y la constatada interdependencia, fruto de la globalización de los riesgos y de las amenazas actuales, ha dinamizado los esfuerzos dirigidos a cubrir la insoslayable necesidad de la cooperación coordinada, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Ya en el plano organizativo, la aparición del nuevo concepto de la guerra en red (Netwarf que hoy practica el terrorismo global de Al-Qaeda, ha añadido a los criterios característicos de toda organización funcional -ya asumidos por la mayoría de las agencias-la necesidad de agilizar y flexibilizar sus estructuras, despliegues y redes de intercomunicación interinstitucional y operativas, con el fin de lograr, de una parte, potenciar la interrelación entre los órganos de análisis, aproximar estos a los centros de decisión usuarios de la inteligencia que producen; y, de otra, de acortar la distancia existente aún, en tiempo y en espacio, con los órganos de obtención que deben nutrirlos con la información al alcance de sus respectivas capacidades, y a los que se procura, según su naturaleza, más 193 ^ El concepto de netwar ha sido desarrollado por los investigadores de la Rand Corporation, John Arquilla y David Ronfeldt. Este tipo de guerra no se refiere a «una guerra en la red» (Internet) (aunque esta constituya el medio ideal para el establecimiento de comunicaciones) sino a la red global de nodos de estructura reticular, que adopta un conjunto de contendientes coaligados en inferioridad en una confrontación asimétrica. J. JORDAN (2002) La seguridad militar en las relaciones de España con los países del Magreb, 2002 (tesis doctoral) U. De Granada, p. 194 capacidad de acceso a los ambientes propicios a la implantación de potenciales nodos de las redes terroristas, al tiempo que se procura agilizar los sistemas y medios necesarios para la entrega de la información pertinente y en el momento oportuno. En la actual coyuntura, los principios esenciales que afectan a la gestión de la información y a la elaboración de la inteligencia mantienen su vigencia, así como los fundamentos metodológicos de lo que se conoce como Ciclo de Inteligencia, ya que, éste último, no consiste en otra cosa que en el desarrollo metodológico de la secuencia lógica del pensamiento aplicado a la elaboración de ese tipo peculiar de conocimiento que llamamos inteligencia, Pero, el trabajo de campo, es decir: en el terreno de la obtención, el desarrollo explosivo de las nuevas tecnologías aplicadas a la información y a las comunicaciones ha multiplicado el número y el alcance de fuentes abiertas que, si bien proporcionan un gran volumen de ella, también exigen sofisticados medios, ajustados procedimientos y esfuerzos muy considerables para seleccionarla, contrastarla, analizarla y evaluarla adecuadamente. De otro lado, en beneficio de las tradicionales labores de inteligencia en sentido estricto (conocer para proteger y promover los intereses propios), y de Contrainteligencia (conocer para prevenir, detectar y neutralizar agresiones sobre los mismos), las agencias han constatado más que suficientemente, la utilidad de los desarrollos de adquisición técnica y de las herramientas de tratamiento e interpretación de la información especial obtenida a través de ellos; y, asi, la transforman, según su procedencia, en inteligencia de señales, de imágenes, acústica, etc., etc., capaces de prestar apoyos -con frecuencia decisivos-a las operaciones de inteligencia en las fases de obtención y aún de elaboración del ciclo de inteligencia; y, al tiempo, han comprobado las ventajas del intercambio y de la colaboración planificada en estos campos, pues son cada vez más conscientes de la necesidad de explotar la complementariedad de sus respectivas capacidades a la hora de cubrir espacios dilatados, lograr mayor alcance, más posibilidades de detección y contraste de la información y de respetar el principio de economía de medios. ^ En la actualidad, navegar por internet proporciona mucha información. Las estimaciones apuntan que la información almacenada se duplica cada dos años. Así, obtener información ya no es un problema, el problema grave es verificar su fiabilidad. La Formación de la Comunidad de Inteligencia Española:. Pero ante los nuevos riesgos, y de forma muy especial, en relación con la amenaza terrorista, la importancia de la información obtenida a través de fuentes humanas, aún habiendo sido siempre predominante en todo lo que se refiere a los círculos de lo secreto y aún de lo discreto, se ha visto multiplicada por la necesidad de acceder a la información solo disponible en el seno de los arriesgados, dispersos y muy restringidos círculos de sus redes y células, difícilmente détectables por cualquier otro medio y aún más difíciles de penetrar. En resumen: tan amplio panorama de retos y necesidades, impone, en orden a la eficacia y a la economía de medios ya apuntada, una rigurosa aplicación de los principios tradicionales, y, con mayor exigencia aún, en todo lo relativo a la determinación y asignación de objetivos, a la construcción de los nuevos marcos de referencia que han de mantenerse actualizados, y a la realización de una labor de planeamiento de la obtención y de la' elaboración de inteligencia, ejecutada de forma rigurosa, precisa, flexible, abierta a la complementariedad y a la cooperación entre las distintas agencias, tanto en el plano nacional como en el internacional, y capaz de adaptarse a la volatilidad de las situaciones, a los cambios de escenario y a la aparición de nuevos objetivos. La Comunidad de Inteligencia (CI): Concepto El termino comunidad alude a un conjunto de individuos o entidades reunidos en torno a algo que les es común; es decir a aquello que no siendo privativamente de ninguno^^, pertenece o se extiende a ellos de una u otra forma. Pues bien, cuando el objeto céntrico de la comunidad resulta ser el logro de lo que llamamos inteligencia, nos hallamos ante esa realidad que se ha dado en llamar Comunidad de Inteligencia, Y al igual que constatábamos que la Inteligencia no sólo era sinónimo de conocimiento y sí, también, acti vidad y organización, se debe afirmar que tal Comunidad -si ha de serlo plenamente-ha de llegar a ser el ámbito natural de cooperación para elaborarla desde las capacidades y responsabilidades de cada uno de sus miembros y, también de acceso a ella en función de sus respectivas necesidades, y, todo esto, merced a una arquitectura orgánica y funcional que lo haga posible; más aún: que lo promueva y exija. En definitiva, una Comunidad de Inteligencia (CI) consiste en un sistema integrado por las agencias y organismos relevantes en tal materia que sirven a los objetivos estratégicos del Gobierno de la nación, de forma coordinada gracias a la labor de una estructura de superior nivel que promueve y garantiza las relaciones y la conectividad necesaria, a los niveles y por los procedimientos adecuados, y en orden a optimizar los resultados. En este punto hay que recordar algo que ya se ha anticipado, y que se resume diciendo que nunca, antes de ahora, se percibió la necesidad y la urgencia de articular auténticas y eficaces comunidades de inteligencia capaces de desarrollar esfuerzos complementarios, sinérgicos, interactivos, que cuenten con la compresión de las sociedades a las que sirven y con la cooperación de los diferentes sectores y actores sociales, y orientados al logro de los objetivos e intereses compartidos; porque, como bien dice Robertson^^, aunque siempre será necesario actuar local y sectorialmente, con frecuencia en beneficio de responsabilidades exclusivas de determinados niveles de responsabilidad y de decisión, hoy se hace inexcusable pensar en términos globales, y promover y perfeccionar medios y procedimientos de trabajo integrado, y sistemas de información e inteligencia compartidas, que hagan posible complementar y coordinar los esfuerzos para alcanzar los objetivos comunes. El concepto Comunidad de Inteligencia tiene ya historia. Se puede decir que comenzó a acuñarse de modo intencional y funcional, el 22 de enero de 1946, cuando el presidente Truman, fresco aún el recuerdo del fiasco informativo que impidió quizá evitar el desastre de Pearl Harbour, ordenó que todas las actividades que hubieran de desarrollar las diferentes agencias de inteligencia ya existentes relacionadas con la seguridad nacional, y que, hasta entonces, funcionaban sin apenas interconexión, fueran planeadas y desarrolladas, de forma coordinada. Para lo cual encargó, a los secretarios de estado. Guerra y Marina que, con los medios de que disponían cada uno de sus respectivos departamentos, formasen un Grupo de Inteligencia Central puesto bajo la dirección de un Director Central de Inteligencia de designación Presidencial. Muchos acontecimientos y numerosos cambios se han sucedido desde entonces. Por citar algún ejemplo, baste decir que, hasta ahora, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos estaba compuesta, en resumen, por una agencia central (CIA), un amplio abanico de agencias departamentales y otro, no menor, formado por organismos implicados en tareas de inteligencia, todos ellos interrelacionados entre sí a través de una ^^ Cfr. La Formación de la Comunidad de Inteligencia Española:. compleja red de coordinación interistitucional, a cuya cabeza se encontraba el ya citado Director Central de Inteligencia que lo es también de la CIA. Pero tras los sucesos del 11 de septiembre, concretamente el 8 de octubre, por orden expresa del presidente Bush, el Gobierno de Estados Unidos inició un largo proceso de reflexión durante el cual, fueron consultadas miles de personas, autoridades y miembros del poder legislativo de los distintos estados de la unión, del Congreso, dirigentes de países extranjeros, expertos del mundo académico y cientíñco, de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, de protección civil, del sector privado, etc., en torno a la idea de que la seguridad nacional, y, muy especialmente, la seguridad interior, es una responsabilidad que ha de ser compartida por toda la sociedad en su conjunto; proceso que culminó, el 16 de julio de 2002, tras la firma del Presidente, con la publicación de la Estrategia Nacional de Seguridad elaborada en la propia Casa Blanca. La finalidad del extenso documento no era otra que la de proporcionar un marco, unos principios y unas políticas dirigidos a la promoción y materialización de la cooperación y convergencia de esñierzos de todos los actores relevantes en el campo de la seguridad y de la sociedad en su conjunto. En dicho marco dieron comienzo, en el seno de la CI, proñmdas revisiones de las estructuras y misiones de las diferentes agencias de inteligencia y de las de los órganos encargados de la coordinación, e iniciativas federales dirigidas, de una parte, a desarrollar una infraestructura básica y segura de intercambio de información, que facilitase un acceso «rápido y total» de los funcionarios responsables de la seguridad interior a la información relevante para sus actividades; y, de otra, «a agilizar el intercambio de información entre la Comunidad de Inteligencia, las fuerzas de seguridad y los órganos gubernamentales de tomas de decisiones», desde la decidida voluntad de impulsar las reformas legales -legislativas y reglamentarias-necesarias para remover aquellas barreras que lo venían dificultando seriamente^^. En la misma dirección, también se pusieron en marcha una serie de actuaciones tales como la creación, en noviembre de 2002, del nuevo Departamento de Seguridad Territorial (con misiones de coordinación en el seno de la CI, para cuestiones de seguridad interna), o la del Centro de 197 ^^ Cfr. Integración de la Amenaza Terrorista, en enero de 2003; mientras que desde noviembre de 2003, se apuntaba la voluntad de llevar al Gabinete la máxima responsabilidad de la coordinación en el seno de la CI, mediante la creación, en él, de la figura de Director Nacional de Inteligencia en detrimento de las atribuciones que venía ejerciendo el Director de la CIA, en tanto que Director Central de Inteligencia (DCI) Procesos de revisión análogos se vienen produciendo en la mayoría de los países que sufren idénticas amenazas. Hoy existen, en casi todos ellos, órganos de coordinación de los diferentes servicios de información y de inteligencia. La variedad de sus estructuras es grande; debido, en primera instancia, a la configuración de cada tipo de Estado, al número y naturaleza de los distintos servicios y agencias a coordinar, e incluso a los condicionantes derivados de la escalonada aparición en el tiempo de cada uno de ellos. No debe extrañar, pues, que no resulte fácil establecer homologaciones entre unas y otras, más allá de las funciones genéricas y de los niveles en los que desarrollan su función; pero hay acuerdo general en entender que las cúspides de tales estructuras deben hallarse situadas en los máximos niveles de decisión, dependiendo, en ocasiones, del presidente del Gobierno o del primer ministro, bajo la dirección de un ministro específicamente responsable de la inteligencia o, en otros casos, de órganos colegiados directamente dependientes de la jefatura del gobierno e integrados, de forma variable, por autoridades de alto rango y pertenecientes a los departamentos ministeriales más directamente relacionados con los objetivos marcados a los servicios de inteligencia. Pero la coordinación no es sencilla, y la labor dirigida al diseño del órgano o sistema que deba realizarla, aún orientada por finalidades bien definidas y por criterios funcionales, no esta libre de tentaciones que, de recaer en ellas, puede conducir a resultados opuestos a los pretendidos. Tentaciones tales como: injerencias en las competencias propias de cada uno de los actores, rigidez y aun pesadez burocrática en los procedimientos de intercomunicación; distanciamiento entre productores y usuarios de inteligencia por la introducción de instancias intermedias que actuarían, fácilmente, como auténticos cuellos de botella que impedirían o ralentizarían el necesario feed back, y que incluso introducirían indeseables interferencias; escasez o proliferación excesiva de órganos específicos La Formación de la Comunidad de Inteligencia Española:... de coordinación de nivel intermedio; disminución de las capacidades de análisis e integración o retardos de la intercomunicación horizontal en tales niveles; deficiente delimitación de los ámbitos competenciales por excesiva compartimentación o por deficiente definición de las finalidades propias de la labor de cada una de las agencias (con la consiguiente confusión acerca del tipo y nivel de la inteligencia a elaborar por cada cual), con el resultado de fomentar la dispersión, las extralimitaciones, el trabajo redundante, las celotipias y aún las pugnas competenciales. Parece claro, pues, que la coordinación que permita conformar una auténtica y eficaz CI ha de pasar, necesariamente, por el acierto en la elección de una arquitectura en la que estén perfectamente determinados sus miembros, y en la que los órganos y mecanismos de coordinación cumplan una serie de condiciones entre las que cabe destacar: que tengan sus funciones claramente explicitadas en los tres niveles fundamentales de planeamiento, operacional y de difusión; que proyecten su acción sobre todos los espacios definidos por el binomio seguridad-defensa; que promuevan una comunicación rápida y fluida entre los órganos de análisis y las instancias decisorias, y que fomenten -y esto resulta decisivola cooperación entre los miembros de la Comunidad de Inteligencia y la permeabilidad de ésta hacia el resto de la administración, con los sectores políticos, económicos y sociales. Y, todo ello, mediante el desarrollo de redes de cooperación interinstitucional que respondan a criterios de rapidez y eficacia. Es decir, redes compatibles, de alta conectividad, ágiles, flexibles, bien articuladas, adaptables, seguras, que posibiliten reacciones de la Comunidad de Inteligencia adecuadas y en tiempo eficaz. Pero tales requisitos no son aún suficientes; además se han de cumplir otras condiciones, en mi opinión, también indispensables, tales como: que exista homogeneidad conceptual y terminológica en materia de inteligencia, principios y procedimientos básicos comunes que faciliten el entendimiento y la cooperación, fluido intercambio informativo en el seno de la CI (desde el respeto de los límites de seguridad de las fuentes, procedimientos específicos y operaciones, exigidos por la finalidad que persigue la labor de cada agencia) y, sin menoscabo de la seguridad, aperturas, hacia el resto de la sociedad, capaces de promover en ella una verdadera cultura de inteligencia. Conviene reparar, muy especialmente, en una de las últimas condiciones que acabo de señalar: aquella que se refiere al intercambio y puesta en común de la materia que las agencias necesitan compartir. Y creo que es necesario hacerlo porque es justamente ahí, en ese ámbito donde aparecen las dificultades más serias para la cooperación entre los servi-199 Francisco Galvache Valero 200 cios integrantes de la CI, en torno a objetivos que necesariamente han de ser compartidos. A veces se escuchan opiniones que sostienen que, para solucionar determinados problemas de coordinación e intercambio, sería necesario asignar competencias completas y exclusivas a cada una de las agencias sobre objetivos concretos; y, de hecho, son numerosos los casos en que esto es y debe ser así. Pero en relación con los de carácter estratégico no ocurre lo mismo. El ámbito de la seguridad y de la defensa ofrece claros ejemplos de fenómenos que han de ser seguidos por varios servicios de información y de inteligencia de diferentes naturalezas, niveles y finalidades. Ciertamente, cada uno de ellos deberá hacer su trabajo desde la perspectiva que interesa a la finalidad concreta que persigue; finalidades con las que se corresponderán, obviamente, sus misiones y procedimientos respectivos. Pero la realidad de cada fenómeno es indivisible, el objeto de estudio, en todos los casos es uno, y, por tanto, no se puede fragmentar sin desnaturalizarlo. En consecuencia, cada uno de ellos ha de ser contemplado en su unidad para extraer, de él, la información en bruto que permita a cada agencia, tras su análisis y evaluación, proporcionar la noción y los elementos significativos, pertinentes y relevantes necesarios para sus actuaciones en el ámbito específico de su responsabilidad. En la práctica, proporcionar información procedente de fuentes abiertas o relacionada con las actividades de los individuos, organizaciones y grupos legalmente intervenidas o reguladas por las distintas administraciones, sin menoscabo de los requisitos que las leyes exigen cumplir para proteger el derecho a la intimidad, y al margen de las trabas de carácter burocrático -que de hecho existen en no pocos casos-no suele ofrecer excesivas dificultades. Otra cosa ocurre cuando se trata de trasladar, intercambiar o compartir información en bruto obtenida por fuentes humanas o mediante herrar mientas sistemas y procedimientos técnicos de especial sensibilidad, aún siendo, unas y otros, actuados conforme a ley. En este caso las dificultades aumentan considerablemente. En primer lugar, por razón de la ya señalar da sensibilidad de tales fuentes y por la correlativa necesidad de protegerlas. En segundo, porque determinadas informaciones en bruto se encuen tran con frecuencia, directamente relacionadas con operaciones en curso que podrían verse comprometidas al ser utilizadas por otras instancias ajenas al curso de los acontecimientos. Y, por último -no se debe ocultar-a consecuencia de reticencias hacia la cooperación derivadas de celotipias, suspicacias y prejuicios (ciertamente indeseables) que existen entre las La Formación de la Comunidad de Inteligencia Española: 201 agencias e instituciones de todos los países y, en mayor medida, quizá, en aquellos con escasa tradición en materia de cooperación y coordinación. El intercambio entre analistas, es decir, cuando se trata de poner en común el producto inteligencia, las dificultades son menores. Las difusiones suelen circular en horizontal con más facilidad tanto en el ámbito doméstico como en el internacional. Las dificultades aumentan aquí cuando los órganos de análisis de las agencias centrales y las autoridades de coordinación de la CI han de elaborar inteügencia estratégica central integrando informes y documentos procedentes de las agencias y servicios miembros. Pero esto puede verse paliado o incluso superado -de hecho ya ocurre en los países donde existen-promoviendo, desde tales instancias, grupos de trabajo de análisis y evaluación participados por las agencias afectadas en cada caso. No obstante lo dicho en relación con las dificultades derivadas del intercambio de información en bruto, la necesidad de ñctuaxglobalmente contra amenazas globales de tanta gravedad como el terrorismo transnacional, el crimen organizado de análoga proyección y en sus diferentes vertientes, aconseja la existencia de bases de datos y de inteügencia básica ínteroperables en el seno de la comunidad, que, sin perjuicio de que las agencias o unidades pueda establecer, en ellas, áreas restringidas por fundadas razones de seguridad de las fuentes u operaciones en curso, permitan el acceso, a las restantes, de los miembros de la CI que pudieran necesitar de ellas. Más aún: la coordinación en el seno de una CI, en nuestra coynntura, no puede quedar reducida al mero intercambio de información y de inteligencia. Dicho intercambio, además de nutrir las necesidades de cada servicio, y de facilitar el esfuerzo de los grupos de trabajo que con su participación deban dedicarse al estudio, definición y evaluación de las amenazas, debe también adoptar formulas de cooperación a más bajo nivel y en horizontal: en el plano operacional, manteniendo canales de interlocución directa y, también, mediante equipos, de composición compleja, capaces de canalizar y armonizar la información y la inteligencia necesarias, procedentes de sus respectivos servicios, en apoyo real y eficaz del esfuerzo de quienes han de asumir la responsabilidad directa de neutralizar cada una de ellas a nivel táctico. La formación de la Comunidad de Inteligencia en España En España, con la promulgación de la Ley 11/2002, de 6 de mayo, reguladora del CNI se ha optado por un sistema nacional de inteligencia que se basa en la articulación de una Comunidad de Inteligencia com- A la luz, pues, de lo legislado, se aprecia la voluntad política de iniciar un proceso dirigido a la formación en España de una comunidad de ^^ Artículo 6.1 de la Ley 11/2002, de 6 de mayo, reguladora del Centro Nacional de Inteligencia. Artículo 6, ap. 4, c). ^^ Ibidem. Artículo 6, ap. 4, c). ^^ Esta figura, existente en diferentes países de nuestro entorno, juega un importante papel en la coordinación en el seno de las comunidades de inteligencia. Su antecedente cabe situarlo en el memorando que el Presidente Truman dirigió a los secretarios de Estado, de Guerra y de Marina, el 22 de enero de 1946 -que hemos tenido ocasión de citar-y que inició el proceso de creación de una agencia de inteligencia central (la CIA), bajo la dirección del Consejo de Seguridad Nacional, y cuyo Director desempeñaría las ftinciones de Director de Inteligencia Central. Este proceso culmino con la promulgación de la Ley de Seguridad Nacional de 1947. La Formación de la Comunidad de Inteligencia Española:... inteligencia en sentido estricto, y, por tanto, ceñida a su concepto y finalidad. Un sistema, pues -recordémoslo-formado por las agencias y organismos relevantes en tal materia, que sirven a los objetivos estratégicos del Gobierno de la nación, de forma coordinada, gracias a la labor de una estructura de superior nivel que promueve y garantiza las relaciones, la conectividad y las sinergias necesarias, a los niveles y por los procedimientos adecuados, en orden a optimizar los resultados y favorecer la economía de medios. Y véase cuales son las instancias que parece contemplar el legislador en relación con sus integrantes: en primer término, como núcleo central de la Comunidad, una única agencia de inteligencia de nivel nacional, el CNI, los Servicios de Información de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, en el ámbito del Ministerio del Interior, y el -en proceso de formación y consolidación-Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (CIFAS) que, a las órdenes del Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), debe atender a las necesidades de inteligencia de las Fuerzas Armadas. Y, en un segundo plano, todos aquellos organismos de la Administración, tanto civiles como militares, cuyas funciones y ámbitos de trabajo resultan especialmente relevantes en materia de información y de inteligencia. En este último punto, parece del todo lógico pensar también en todos aquellos organismos que desarrollan tareas de tal índole, en ministerios tales como Hacienda o Exteriores, cuyos titulares, por otra parte, son miembros de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia. Pero si miramos un poco más allá de la letra, y se reflexiona sobre los conceptos de Comunidad de Inteligencia y de Administración en sus sentidos amplios, habrá que reparar en el papel que deben jugar, en relación con la Comunidad, los organismos e instituciones dependientes de la Administración central, de las administraciones autonómicas e incluso de las locales relacionadas con la seguridad. Y, por último, hay que tener muy en cuenta que la labor de los servicios de información y de inteligencia, en el mundo actual, en nuestras sociedades de la información, no se reduce al ámbito de lo secreto, ni se dedica a bucear en un mundo de sombras, de espaldas y a cubierto de la sociedad de la que forman parte y a la que deben servir; y sí se aplica, por el contrario, con especial énfasis, a la prevención de los riesgos y de las amenazas que se ciernen sobre ella, contando con ella, con su apoyo; con el de apoyo, muchas veces, de organizaciones y expertos ajenos a los gobiernos: del mundo académico, de la economía y de la empresa, de los think tanks,.. En definitiva, con el apoyo de esa sociedad viva, estrecha- Francisco Galvache Valero 204 mente vinculada a la realidad, que, de permanecer abiertos a ella, evita sufrir uno de los males más peligrosos para un servicio de inteligencia: el ensimismamiento, la desconexión con el referente contextual que aisla y conduce al pensamiento circular y acrítico. El proceso de formación de la Comunidad de Inteligencia española, en mi opinión, no ha concluido. Todavía ha de recorrer un buen trecho hacia su debida configuración funcional. Queda por delante completar su arquitectura resolviendo, entre otras, cuestiones en absoluto baladíes: definir, desarrollar e implementar los medios y procedimientos que permitan a la CDGAI el seguimiento y potenciación de la coordinación entre los integrantes de la Comunidad de Inteligencia y, la de estos, con los restantes organismos del Estado con capacidades informativas y para la elaboración de inteligencia; establecer, de forma precisa, las funciones de la Autoridad Nacional de Inteligencia y Contrainteligencia y su relación funcional, en materia de coordinación, con la CDGAI, y en la cual, su titular, el SE Director del CNI actúa como Secretario; y promover, tutelados y orientados por la Comisión y en beneficio de la Comunidad, grupos de trabajo, centros de análisis interdepartamentales que atiendan, de forma continua, al estudio factorial de los fenómenos que constituyen objetivos estratégicos que, por su complejidad, requieren ser abordados de forma multidisciplinar, y que, con frecuencia, trascienden el ámbito doméstico y exigen la cooperación internacional. Pasos importantes ya se han dado en este difícil campo de la coordinación: existe, ya, y operante, un órgano del máximo nivel, la CDGAI, que, a través de la Directiva de Inteligencia -que somete, anualmente, a la aprobación del Presidente del Gobierno, en Consejo de Ministros-define, con claridad y precisión, los objetivos del CNI para cada ejercicio, y establece los principios generales de coordinación con los servicios departamentales competentes en el ámbito de algunos de sus objetivos. Se ha avanzado notablemente en el proceso de desarrollo y consolidación del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (CIFAS), en la dirección marcada por la Directiva de Defensa Nacional vigente y en orden a su coordinación con el CNI y con los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Y, en el Ministerio del Interior, para la coordinación informativa en relación con el terrorismo, por Acuerdo de Ministros de fecha 28 de mayo de 2004, se creó el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista (CNCA) que, a nivel departamental, analiza y evalúa la amenaza terrorista, que está integrado por personal especializado del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil, adscritos a la Secretaría de Estado de La Formación de la Comunidad de Inteligencia Española: Seguridad, y por una Unidad de Apoyo del CNI con quien se mantiene vinculada funcional, orgánica y disciplinariamente. En el campo de la Inteligencia de Señales, la cooperación de los organismos especializados del CNI con sus homólogos de las Fuerzas Armadas tiene ya una larga tradición de asiduidad y eficacia, que se verá seguramente reforzada y ampliada tras la conclusión del proceso de organización y asentamiento del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas. Y, por lo que respecta a la seguridad de los sistemas y procedimientos de transmisión y almacenamiento de la información clasificada, el Centro Criptológico Nacional (CCN), creado por la Ley 11/2002 de 6 de mayo. Reguladora del Centro Nacional de Inteligencia, bajo la dirección de su Secretario de Estado Director, asume, al servicio de la CI y del resto de las administraciones civiles y militares del Estado, la responsabilidad de desarrollar las funciones y actividades necesarias para proporcionarla. Por último, creo que se debe poner de relieve que se han ido intensificando y llenando de contenido las relaciones bilaterales tradicionales, abriéndose o reforzándose otras y, en no pocas ocasiones, desarrollando proyectos y actividades conjuntos y en colaboración con el mundo académico, de la investigación -como es el presente caso-de la empresa y de la comunicación, de los que son también esperables resultados positivos de cara a un mejor conocimiento, por parte de la sociedad, de la necesidad, alcance y contenido de la función de los servicios de información y de inteligencia, y de la importancia que para ellos tiene su apoyo para mejor servirla^^. El proceso, pues, ha logrado serios avances. El impulso continúa; y los éxitos alcanzados en la lucha contra el terrorismo islamista, tras el 11 de marzo, y frente al de ETA, no son ajenos a tales logros. Pero, como ya se anticipó, la CI española debe seguir desarrollando su arquitectura y sus mecanismos de intercambio y cooperación en consonancia con nuestro sistema de inteligencia, aprovechando las experiencias ajenas que se hayan demostrado eficaces, y procurando eludir los errores -no nos faltarán ejemplos de ellos-que se cometieron -y aún se cometen-en otros países de nuestro entorno. ^® En este orden de ideas es interesante, recordar la opinión de Sherman Kent al respecto: «En cierto sentido, las organizaciones de inteligencia deben parecerse un poco a una gran universidad...» S. KENT, Inteligencia Estratégica, Buenos Aires, 1994, p.
debería completarse con la frase, para las que aquéllos deben tener respuesta. Es obvio que la comunidad internacional tiene que afrontar retos como el hambre, la pobreza, el cambio climático, que no menciono en mi artículo ya que no entran dentro del ámbito de actuación de los servicios de inteligencia, aunque ningún analista cualificado los ignoraría. No obstante, he creído conveniente centrar mi descripción, necesariamente sucinta, del panorama actual de las relaciones internacionales en aquellos factores que entiendo afectan directamente a la seguridad internacional y, por tanto, a la tarea de los servicios de inteligencia. He querido dedicar especial atención a las áreas prioritarias para la acción exterior de España, donde la labor de nuestros servicios es de gran importancia, como pude comprobar en mi corta pero rica experiencia en el Centro Nacional de Inteligencia, cuyos miembros espero tengan ante los párrafos que siguen el mismo grado de indulgencia que tuvieron conmigo durante el periodo que pase entre ellos. 208 superpotências capaces de destruirse mutuamente, (recordemos la doctrina de la «destrucción mutua asegurada» o la acertada definición de Jean Paul Sartre en el advenimiento de la era nuclear, como «la humanidad en posesión de su propia muerte»,)^ ha dado lugar a una situación a medio camino entre la multipolaridad y la unipolaridad, o hegemonía de la superpotência norteamericana, dependiendo de qué área geográfica tratemos o a que ámbito de las relaciones internacionales nos estemos refiriendo. John J. Mearsheimer afirma que, aunque Estados Unidos sea potencia hegemónica, preponderante económica y militarmente en el hemisferio occidental, encuentra como competidores dentro del sistema internacional a Rusia y China. Ninguno de estos Estados puede hacer fidente a Estados Unidos militarmente pero ambos tienen arsenales nucleares, serían capaces de contrarrestar una invasión norteamericana de sus territorios y poseen cierta capacidad de proyectar su poder más allá de sus fironteras^. Aunque no debamos analizar las relaciones internacionales desde la óptica exclusiva de las relaciones de poder, es cierto que el hecho de que no se haya logrado configurar una institución internacional con capacidad coercitiva, unido a la insuficiente consolidación de un proceso de desarme internacional, hacen que después del final de la Guerra Fría persista una cierta anarquía, en la que el «animus dominandi» de los Estados sigue siendo un factor a tener muy en cuenta. A la pervivencia de estos elementos tradicionales de tensión, hay que añadir la aparición de nuevos actores no estatales que amenazan con desestabilizar el marco de las relaciones internacionales. Joseph Nye lo explicaba en 1994 cuando subrayaba, en un artículo en Foreign Affairs, que, tras el final de la Guerra Fría, había tenido lugar un incremento en la relación de misterios a secretos en las cuestiones para las que los centros políticos de toma de decisiones necesitan respuesta. Un secreto, señalaba Nye, es algo concreto que puede ser sustraído al contrincante. ^ Charles ZoRGBiBE, Les Relations internationales, París, Presses Universitaires de France, 1975 Zorgbibe nos recuerda en la introducción de su obra que para investigadores como Einstein o Szilard, influidos sin duda por el temor a que el nazismo pudiera hacer realidad el desarrollo del arma atómica, el programa nuclear de la democracia norteamericana tendría como objetivo disciplinar y unificar las conductas de los actores del escenario internacional, ya que la lucha entre adversarios nucleares no llevaría sino al holocausto final. Los Servicios de Inteligencia ante los retos. descodificado, mientras que un misterio es un rompecabezas abstracto para el que nadie puede estar seguro de tener respuesta^. No encuentro mejor definición de la situación a la que se enfirentan los servicios de inteligencia en nuestros días. Se ven obligados a trabajar en un mundo de incertidumbres y están sometidos, en virtud de los trágicos acontecimientos producto de la amenaza del hiperterrorismo, a una creciente presión, no por más legítima menos acuciante, de las sociedades para las que trabajan y de sus representantes políticos. Por otra parte, en las relaciones internacionales encontramos hoy, además de factores tradicionales como el poder militar o las relaciones económicas, fenómenos transnacionales de alto potencial desestabilizador como el terrorismo, la proliferación de armas de destrucción masiva, la inmigración ilegal o el tráfico de drogas. Asimismo, la complejidad de la situación internacional y el incremento de los flujos de información abierta lleva consigo, como nos señala Gregory Treverton^, que las agencias de inteligencia tengan que abrirse a una gran variedad de fuentes, incluyendo fuentes abiertas. Deben ir más allá de la esfera de lo secreto. Los servicios de inteligencia no pueden, por otra parte, permanecer ajenos al papel cada vez más importante que desempeñan las entidades no estatales en las relaciones internacionales. Las compañías multinacionales, las organizaciones no gubernamentales, los medios de comunicación o las fundaciones culturales, han transformado, con su creciente capacidad de influencia, las características de la comunidad internacional. Estamos pues ante una situación ciertamente compleja, que combina el creciente protagonismo y la proyección exterior de actores no estatales en nuestras sociedades, con la existencia de nuevas amenazas y factores de desestabilización de difícil definición e identificación. A lo anterior hemos de añadir que en el ejercicio de sus funciones de neutralización de las distintas amenazas a la paz y la seguridad, los servicios de inteligencia, al igual que los cuerpos y fuerzas de seguridad, deben de tener muy presente la necesidad de mantener el equilibrio entre la búsqueda de la seguridad y la protección de los derechos individuales y las libertades públicas. José Manuel Ugarte analiza esta cuestión afirmando que, aunque algunas características de la actividad de inteligencia parezr can contrarias a los principios rectores de un sistema democrático, hay que conseguir que ello no suponga que el ejercicio de las funciones de los servi- 210 cios de inteligencia quebrante el obligado respeto de las libertades públi-cas^. Jorge Dezcallar analiza en un reciente artículo para la revista Política Exterior el problema que plantea el necesario equilibrio entre seguridad y libertad, y cita, entre otros, dos ejemplos significativos. En el plano del derecho interno, la pretensión de un grupo de congresistas demócratas de revocar algunos artículos de la «Patriot Act», al considerarlos lesivos del derecho a la inviolabilidad de las comunicaciones por permitir que el FBI, sin previa autorización judicial, pueda controlar, por ejemplo, el contenido de correos electrónicos. En el plano del derecho internacional, la opinión consultiva del Tribunal Internacional de Justicia sobre el muro que Israel comenzó a construir más allá de la denominada «línea verde». El Tribunal declaraba que Israel tenía derecho a defenderse de los ataques terroristas pero respetando la ley y el Derecho InternacionaF. La complejidad de la tarea en busca de una mayor seguridad hace inevitable una mayor coordinación e intercambio de información entre socios y aliados, así como un mayor grado de cooperación InternacionaF. Valgan como ejemplos de medidas que van en el buen camino la creación del Co^ mité Contraterrorista de Naciones Unidas (CTC) por la Resolución 1373 del CSNU, la consolidación de la Política Europea de Seguridad y Deferir sa, el creciente apoyo a los esfuerzos de organismos como la Organización Internacional de Energía Atómica o la Organización para la Prohibición de Armas Químicas, o la puesta en marcha de la Iniciativa de Seguridad en materia de Contraproliferación, sin olvidar la aprobación de la Resolución 1540 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que refuerza las medidas contra la proliferación de armas de destrucción masiva. Hasta aquí un intento de explicar cual es el estado de las relaciones internacionales con objeto de plantear los retos a los que se enfrentan los servicios de inteligencia. Vamos ahora a considerar con algo más de detalle los que afectan particularmente a España. El análisis de la acción exterior de España debe lógicamente partir de la base de lo expuesto anteriormente pero exige también una singularización de nuestras prioridades, que, como es sabido, son el proceso de construcción europea, el Mediterráneo y la comunidad iberoamericana, sin olvidar el importante capítulo de las relaciones transatlánticas. ^ José Manuel UGAETE «Control público de la actividad de inteligencia: Europa y América, una visión comparativa». ® Jorge DEZCALLAR, «Libertad y Seguridad», Política Exterior, n° 102 (Noviembre-Diciembre 2004). ^ En su artículo citado, Jorge Dezcallar defiende que esta cooperación debe hacerse en tres ámbitos: entre europeos, con Estados Unidos y con los vecinos árabes. Empecemos por el Mediterráneo. Como es sabido, el proceso de Barcelona, iniciado en noviembre de 1995,y que está por tanto próximo a cumplir su X Aniversario, busca la consolidación de un espacio en el que los Estados ribereños trabajen en pro del establecimiento de un área de seguridad, prosperidad económica y cooperación cultural y educativa, de diálogo constructivo entre culturas. Los potenciales riesgos de desestabilización está en la mente de todos: la inmigración ilegal, con origen tanto en algunos de los países magrebíes como, sobre todo, en África Subsahariana, el radicalismo islámico, la existencia de programas de proliferación de ADM en algunos Estados, y el hecho de que estén todavía pendientes de solución conflictos como el del Sahara Occidental o el que enfrenta a israelíes y palestinos. Es en ámbitos como la lucha contra la inmigración ilegal o la contraproliferación, donde la vertiente preventiva de las funciones de los servicios de inteligencia adquiere un valor singular. Por otra parte, es importante no perder de vista que la modernización y reforma de los cuerpos de seguridad palestinos y su necesaria integración en torno a la Autoridad Nacional Palestina son un elemento clave en el Proceso de Paz de Oriente Medio, recogido en la denominada Hoja de Ruta. El apoyo de nuestros servicios de inteligencia y cuerpos de seguridad a la consecución de este objetivo de consolidación institucional, es una contribución no muy conocida, pero de gran relevancia en la búsqueda de una solución al conflicto. Felizmente, tanto la Unión Europea con su nueva Política Europea de Vecindad como la OTAN, con la puesta en marcha del Diálogo Mediterráneo, han percibido la necesidad de estrechar lazos con nuestros vecinos mediterráneos del sur y el Oriente Próximo. Por lo que respecta a Iberoamérica, no hay que perder de vista que, al tradicional nexo de unión que se fundamenta en los flujos de población que han tenido lugar a lo largo de la historia, se une el incremento de las inversiones españolas en los últimos años y su concentración en sectores estratégicos, como telecomunicaciones, banca o energía, lo que acentúa la importancia que esta región tiene para España Si a eso añadimos la pervivencia de focos de violencia política -pensemos en Colombia-o la existencia de problemas de desarrollo que ponen en peligro la estabilidad de las democracias del área, es obvio que la búsqueda de la estabilidad en la región debe ser una prioridad para la acción exterior de España. En su día analicé en un artículo para los Cuadernos de Estrategia del Ministerio de Defensa los objetivos de nuestros servicios de inteligencia en el ámbito iberoamericano^. Entre dichos objetivos destacan el apoyo a la estabilidad democrática y la defensa de los intereses económicos y políticos de España, en el entendimiento de que la consolidación democrática y el desarrollo social de Iberoamérica redundan en beneficio de los intereses de España. Son válidas aquí las reflexiones que incluí en el apartado de las relaciones euromediterráneas, ya que también en el ámbito iberoamericano encontramos fenómenos como el terrorismo, la inmigración ilegal o el narcotráfico, además de la existencia de conflictos que requieren de labores de intermediación^. No debemos perder de vista que en Iberoamérica, como en otras regiones del mundo, terrorismo, narcotráfico, tráfico de armas, convencionales o de destrucción masiva, e inmigración ilegal, están frecuentemente interrelacionados. Por lo que respecta a la defensa de los intereses de las empresas españolas de los denominados sectores estratégicos de nuestra economía (banca, telecomunicaciones, energía e industria de defensa), entiendo que debe llevarse a cabo bajo el principio de respeto a la soberanía de los países receptores de dichas inversiones y asumiendo la irreversibilidad del fenómeno de interdependencia de nuestras economías. Y finalmente, Europa y las relaciones transatlánticas. Los avances de los últimos años en los denominados segundo y tercer pilares del proceso de integración, con la puesta en marcha de la Política Exterior y de Seguridad Común, la Política Europea de Seguridad y Defensa y la profundización del espacio de libertad, seguridad y justicia, hacen posible la proyección de la Unión Europea en acciones que contribuyen a la paz y seguridad en Europa (Bosnia y Kosovo) y fuera de ella (República Democrática del Congo). Resulta, ciertamente interesante el balance que sobre los primeros cinco años de Política Europea de Seguridad y Defensa ha llevado a cabo el Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea^^. En el prólogo, Javier Solana señala que la PESD nace de una necesidad derivada ^ Federico TORRES MURO. «El papel de los servicios de inteligencia en la configuración de la comunidad iberoamericana de naciones», Cuadernos de Estrategia, n° 126, (Abril 2004). ^ Me parece de justicia destacar aquí la contribución llevada a cabo en su día por el CESID a las operaciones de paz en América Central o al proceso de diálogo entre Gobierno y guerrilla en Colombia durante el mandato del Presidente Pastrana. Los Servicios de Inteligencia ante los retos... de tres hechos: el creciente número de crisis y situaciones de inestabilidad en las regiones limítrofes a la Unión (Balcanes, Mediterráneo y Oriente Medio) y en otras que no lo son, pero donde los intereses de Europa están en juego (Afganistán, República Democrática del Congo); la constatación de que en un mundo globalizado ya no es posible separar artificialmente prosperidad y seguridad y, finalmente, la necesidad de gestionar las crisis internacionales desde un enfoque multilateral. Por otra parte, la amenaza planteada por el fenómeno terrorista, y el hecho de que éste deba ser contrarrestado no solamente con medidas securitarias refuerza el carácter político de la PESD, que tiene que incluir el desarrollo de capacidades civiles, como por ejemplo las misiones de policia. En la configuración de la PESD influyen tanto los retos impuestos a la Unión Europea por la guerra de los Balcanes, como, más adelante, la evolución de la situación internacional tras el 11 de septiembre, tal y como nos recuerda Jean Yves Haine^^. Por lo que respecta a la OTAN, observamos una tendencia a su implicación en escenarios fuera de su tradicional ámbito territorial (Afganistán), fruto de la nueva situación internacional. Jean Yves Haine, en el artículo anteriormente citado, considera que el fortalecimiento de la Europa de la Defensa debería contribuir a incrementar el grado de cohesión de la Alianza Atlántica. Así, el acuerdo de Saint-Malo de diciembre de 1998 levantaba acta del proceso de convergencia de las doctrinas británica y francesa en esta materia. El Reino Unido percibía el valor añadido de la PESD en la consolidación de la relación transatlántica mientras que Francia, gracias a la experiencia de la colaboración sobre el terreno en Bosnia, se atlantizaba. Lamentablemente, si bien los acontecimientos del 11 de septiembre favorecieron el proceso de consolidación de la PESD, ello no se vio acompañado por un reforzamiento de los vínculos transatlánticos. Ello se debió sobre todo al enfoque unilateralista de la Administración Bush. Si la cohesión transatlántica permaneció más o menos incólume en la gestión de la crisis de Afganistán, el conflicto de Iraq ha abierto brechas que la Unión Europea y Estados Unidos obligados a reparar con carácter urgente. El documento sobre Estrategia Europea de Seguridad ("Una Europa más segura en un mundo mejor»), adoptado en diciembre de 2003, subraya la necesidad de que Europa se convierta en un actor global com-213 ^^ Jean-Yves HAINE, «An historical perspective», EU Security and Defence Policy.,., op. cit. prometido, creíble y con capacidad para actuar por si mismo o en cooperación con sus aliados estratégicos. Se identifican en el documento cinco amenazas: el terrorismo internacional, la proliferación de ADM, los conflictos regionales, los Estados fallidos y el crimen organizado. Se concluye que la forma de contrarrestarlos no puede responder a los criterios tradicionales de defensa. Además de ello, los mecanismos de protección deben incluir medidas políticas y económicas, civiles y militares. La doctrina se basa en un compromiso preventivo y un multilatéralisme eñcaz. El primero de estos conceptos responde al enfoque con que la Unión Europea desea contrarrestar las consecuencias de la inestabilidad, e incluye el despliegue rápido de tropas, la ayuda humanitaria, el reforzamiento del Estado de Derecho y la ayuda económica. El segundo supone un apoyo a la Carta de Naciones Unidas como marco de referencia fundamental para las relaciones internacionales. La contribución de los servicios de inteligencia europeos para la consecución de los objetivos arriba mencionados se me antoja esencial. La puesta en marcha dentro del Consejo de la Unión del denominado Centro de Situación(Sitcen) es el embrión de lo que en su día será el Servicio de Inteligencia de la Unión Europea. Hasta aquí he intentado describir la situación de las relaciones internacionales, en lo que respecta a los factores que pueden afectar a la paz y seguridad, con especial mención de las áreas prioritarias para la proyección exterior de España. ¿Qué recomendaciones se me ocurren para una eficaz integración de los esfuerzos de los servicios de inteligencia en dicha proyección exterior? 1. En primer lugar, estimo particularmente necesario que las directrices políticas recojan con la necesaria flexibilidad los retos que España enfrenta en materia de seguridad. La Directiva de Inteligencia, que el Gobierno aprueba con periodicidad anual, es el documento básico de referencia que debe regir la relación entre los centros políticos de toma de decisiones y los responsables de nuestros servicios de inteligencia. No menos importante es el mantenimiento del equilibrio entre la búsqueda de la seguridad y el obligado respeto a los derechos y libertades, el equilibrio entre libertad y seguridad al que me he referido anteriormente. El mecanismo de control judicial previo de las actividades del CNI establecido por la Ley Orgánica 2/2002 de 6 de mayo de 2002 va en el sentido deseable. El control parlamentario, que en España se formaliza a través de la Comisión de Gastos Reservados y Secretos Oficiales, es otro factor de equilibrio ineludible. No se insistirá nunca lo bastante en la obligada coordinación entre los distintos componentes de la comunidad de inteligencia, competencia del Secretario de Estado Director del CNI como Autoridad Nacional de Inteligencia. A la colaboración del Cuerpo Superior de Policía y la Guardia Civil, vendrá a unirse la establecida con los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas, que experimentarán un salto cuantitativo y cualitativo con la consolidación del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (CIFAS). A esta coordinación de puertas adentro, hay que añadir la colaboración e intercambio de información e inteligencia entre aliados, en aquellos ámbitos en los que España tiene establecidos mecanismos de concertación política o en materia de seguridad, como son la Unión Europea, la OTAN y la Comunidad Iberoamericana de Naciones, sin olvidar a los países árabes.
El nuevo escenario que se ha abierto con los atentados del 11 de septiembre y la amenaza de las redes del terrorismo islamista yihadista ha planteado nuevamente la relación entre seguridad y libertad en las sociedades democráticas. El papel de los servicios de inteligencia en la prevención de las amenazas contra nuestra seguridad y nuestras libertades y derechos ha sido y seguirá siendo fundamental. Las especiales características de estos servicios que deben obtener suficiente información para elaborar la inteligencia necesaria para que los gobiernos tomen decisiones requiere una legislación adecuada para garantizar eficacia para la seguridad y respeto a las libertades y derechos de los ciudadanos. Esto requiere una legislación funcional y suficientes mecanismos de control. Se describen estos mecanismos en la legislación española vigente; especialmente el control judicial previo a determinadas actuaciones y el control parlamentario. El buen funcionamiento de los servicios de inteligencia en los nuevos escenarios deben servir para prevenir amenazas contra la seguridad y así garantizar la posibilidad del ejercicio real de las libertades y derechos. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 y los que se han ido produciendo con posterioridad por parte de las redes del terrorismo islamista yihadista han colocado en el primer plano de las exigencias ciudadanas de las políticas de los gobiernos la consecución de un mayor grado de seguridad para nuestras sociedades y sus ciudadanos. Esto ha conducido a la lucha o guerra (según los análisis y las posiciones políticas subya-Jordi Marsal Muntala 220 centes por parte de los países y sus gobiernos) global contra el terrorismo. Este escenario ha situado nuevamente el debate de las relaciones entre seguridad y libertades y derechos en primera línea. Este debate no es una novedad, ni las distintas posiciones dando prioridad a uno u otro lado de la balanza. Es un debate que hunde sus raíces en la historia de la sociedad y el pensamiento y especialmente desde que se han ido sentando las bases de las sociedades democráticas. La búsqueda de la seguridad frente a los riesgos y amenazas a los que el hombre debe enfrentarse son uno de los pilares de la propia existencia de la sociedad y uno de los fundamentos de pensadores sociales y políticos, y una de las exigencias constantes de los ciudadanos a sus gobiernos. Una exigencia que tiene muchos ámbitos: seguridad para trabajar, seguridad frente a las amenazas naturales, seguridad frente a los peligros internos y externos procedentes de otros, etc.. Esta exigencia se incrementa en los momentos en que los riesgos se convierten en amenazas y éstas en realidades. También se incrementa en los momentos de incertidumbres y especialmente cuando se producen profundos cambios en la sociedad y sus modelos. Y en estos momentos, a principios del siglo XXI, coinciden todas estas circunstancias, de tal formas que las exigencias de seguridad se ha acentuado por parte de los ciudadanos. Pero al mismo tiempo uno de los valores fundamentales de nuestras sociedades democráticas es la libertad, la exigencia de garantías que nos permitan ser libres. El correcto funcionamiento de las sociedades democráticas, la existencia de controles frente a lo que pueda amenazar nuestras libertades y su ejercicio ha sido y sigue siendo una exigencia de la ciudadanía. La evolución de las sociedades democráticas, la profundización del propio ejercicio de la democracia y de las libertades se ha ido plasmando en una serie de derechos: a la intimidad, al libre movimiento, a la libertad de pensamiento, de expresión, de reunión, etc., etc., etc. En las sociedades democráticas la máxima expresión de estos desarrollos ha dado lugar a los llamados derechos humanos. Según los intereses de los diversos sectores que forman nuestras sociedades, históricamente y en la actualidad, han ido apareciendo diversas teorías que ponen un mayor o menor énfasis en la seguridad o en la libertad y el respecto a los derechos. De hecho podrá llegarse a un cierto consenso en que ambos elementos van íntimamente ligados. No pueden ejercerse la libertad y los derechos sin unas mínimas condiciones de seguridad. No puede existir una auténtica seguridad sin garantías para la libertad y el ejercicio de los derechos. La dinámica social y política, la historia, ha ido ajustando las prácticas que posibihtan la coexistencia de seguridad y de libertad. Pero a medida que vamos pasando de las reflexiones y teorías y del ejercicio general de la política (las leyes y las propias declaraciones de intenciones) a los situaciones concretas, a las realidades, históricas y actuales, vemos que la pacífica coexistencia de tales conceptos no es fácil y tenemos múltiples ejemplos en el pasado y en el presente. La voluntad y la exigencia de garantizar seguridad y libertades-derechos en el marco de la lucha-guerra contra el terrorismo está dando lugar a la aprobación de leyes y a actuaciones políticas a ambos lados del Atlántico, en EEUU y en Europa, no siempre coincidentes en sus análisis, filosofías y aplicaciones prácticas. No es necesario citar ejemplos concretos porque todos los tenemos presentes, aunque el análisis y valoración que podamos hacer de ellos dependen también en gran manera de nuestras visiones del mundo y nuestras posiciones políticas. Existe un acuerdo generalizado, más allá de las divergencias sobre los instrumentos o los niveles de prioridad de su aplicación en la lucha contra el terrorismo, en la importancia central que tienen los servicios de inteligencia en esta lucha y especialmente para prevenir atentados y la extensión de las redes terroristas. Este acuerdo se basa también en un acuerdo sobre los errores e incapacidades que han tenido estos servicios para detectar y prevenir. Y aquí también se abre un debate que afecta a la relación entre seguridad y libertad-derechos. ¿Hasta que punto deben tener márgenes de actuación que incidan sobre el ejercicio de libertades y derechos de los ciudadanos para garantizar mayor información que permita mayor prevención?. No es este un debate nuevo durante la existencia y la regulación teórica y práctica de los servicios de inteligencia en la historia de los países democráticos. Desde cierta perspectiva es un debate fundamental porque se relaciona con la eficacia de estos servicios. ¿Pueden ser eficaces sin unos límites más amplios en lo que afecta al respecto a ciertos derechos?. ¿Debe y puede existir una legislación específica que permita un suficiente grado de eficacia a los servicios y al mismo tiempo garantice suficientemente las garantías para las libertades y los derechos ciudadanos?. El mundo de los servicios de inteligencia siempre ha tenido un alto grado de morbosidad para el público, en el que las imágenes ofrecidas por la gran cantidad de literatura de este género y de películas (ámbito en los que coexisten apreciables obras y, desgraciadamente, muchas falsedades, extravagancias y exageraciones), se mezclan con las informaciones sobre hechos reales dados por los medios de comunicación (también con mayor o menor veracidad): Los servicios de inteligencia son servicios del Estado, son un instrumento más que el Gobierno tiene para garantizar la seguridad, y por ello, para garantizar las libertades y el ejercicio de los derechos por parte de los ciudadanos y con ello garantizar la democracia del país. El objetivo de los servicios de inteligencia, a diferencia de otros servicios del Estado relacionados también con la seguridad, no tiene como objetivo, al menos primordial, perseguir delitos o crímenes, y, por lo tanto eso le da características distintas de aquellos otros servicios que si tienen como objetivo esta persecución (además de prevenir), y, por ello, deben obtener pruebas con garantías suficientes para el ejercicio posterior de la justicia. Los servicios de inteligencias deben obtener información y elaborar inteligencia para que el Gobierno pueda tomar las decisiones adecuadas para garantizar la seguridad frente a amenazas o riesgos que muchas veces tendrán carácter criminal pero otras veces no (por ejemplo en la inteligencia económica o tecnológica, y a veces también en la política internacional). Las decisiones que el gobierno tome deberán ser llevadas a la práctica por los servicios pertinentes según el caso. Cada vez más, gran parte de la información se obtiene de forma abierta en los medios de comunicación o en los propios documentos públicos de los gobiernos (cada vez es mayor la cantidad de documentos incluso sobre seguridad y defensa que puedan obtenerse a través de internet en las webs de los gobiernos). Sin embargo sigue siendo necesaria en muchos casos información que no es abierta, por ser aún sensible o por formar parte de actividades delictivas. Y es en este ámbito donde se va a plantear fundamentalmente un posible conflicto entre seguridad y libertadesderechos. Es frase de dominio público que «la información es poder» y por ello quien posea más información (y sepa utilizarla) puede tener más poder (y utilizarlo, a veces de forma inadecuada). Y este es un elemento más a tener en cuenta, en una sociedad democrática, cuando hablamos o actuamos sobre los servicios de inteligencia. Llegamos así a una doble cuestión: la legislación sobre la actuación de los servicios de inteligencia y el control que se debe realizar sobre tal actuación. No son dos cuestiones independientes sino ligadas entre si. Tanto desde el punto de vista de la eficacia como de las garantías de las libertades y derechos de los ciudadanos, el tema del control es fundamental en la realidad, en las prácticas de tales servicios. En algunos casos se dice que el primer control sobre los servicios de inteligencia es el control gubernamental, el que debe ejercer el gobierno sobre estos servicios. En mi opinión, éste es un enfoque erróneo. Aceptarlo en sentido ge-Seguridad Versus Libertad neral sería admitir que estos servicios son independientes o autónomos del gobierno y por ello debe controlarlos. Pero los servicios de inteligencia son uno más (con características muy especiales, como algún otro) de los servicios del estado que el gobierno utiliza para realizar su política (a veces política legítimamente de partido, de programa electora y otras veces debe ser lo que tradicionalmente hemos llamado políticas de estado), y así el gobierno utiliza y gestiona estos servicios sean de sanidad, enseñanza, fomento, etc., sean de inteligencia. El gobierno gestiona los servicios de inteligencia y por ello no los somete a control (si no es en el sentido de controles determinados como en caso de todos los servicios públicos) sino que los dirige y por ello es responsable de las actuaciones, de los éxitos o fracasos de los servicio. Y esto no significa que puedan haber «desviaciones de poder» dentro de estos servicios, como puede suceder en otros; esto sí, con la diferencia que la «capacidad de poder» de los servicios de inteligencia es muy superior a otros servicios, y por ello la «posibilidad de desviación» es mucho más peligrosa. Sea por el uso indebido del gobierno, sea por parte de algunos de los propios responsables del servicio. Los auténticos controles (en el sentido estricto) se producen a través de controles económicos y lógicamente a través del control parlamentario y del judicial. Y este fue uno de los debates fundamentales que se produjeron durante la elaboración y la tramitación de los dos proyectos de ley en el parlamento español, que dieron lugar a la Ley 11/2202, de 6 de mayo, reguladora del control judicial del Centro Nacional de Inteligencia y la Ley Orgánica 2/2002 de 6 de mayo, reguladora del control judicial del Centro Nacional de Inteligencia. El artículo único de la Ley Orgánica en su apartado 1 fija que «el secretario de Estado Director del Centro Nacional de Inteligencia deberá solicitar al Magistrado del Tribunal Supremo competente, conforme a la Ley Orgánica del Poder Judicial, autorización para la adopción de medidas que afecten a la inviolabilidad del domicilio y al secreto de las comunicaciones, siempre que tales medidas resulten necesarias para el cumplimiento de las funciones asignadas al Centro». Así en el sistema español existe un control judicial previo a actuaciones que puedan afectar a derechos y libertades de los ciudadanos: debe existir autorización previa para tales actuaciones. Tenemos un sistema extremadamente garantista con los derechos y libertades, muy superior a los otros países democráticos. En la mayoría de ellos la autorización para tales actuaciones es competencia del propio gobierno y el control judicial será posterior, siempre o cuando haya una petición concreta. ¿Un sistema tan garantista y en un época de tantos avances tecnológicos en el campo de las telecomunicaciones es contrario a la eficacia del servicio?. Aún no tenemos una larga experiencia en la aplicación de la norma para sacar conclusiones definitivas, pero por el momento no parece que se hayan producido especiales problemas. ¿Puede restar eficacia en la lucha contra el terrorismo, sea interno sea internacional o global?. No parece que los resultados obtenidos por los servicios de otros países con sistemas menos garantistas hayan sido más eficaces. Creo que el suficiente uso del sentido común y responsabilidad en la gestión de la norma por parte del gobierno, del servicio y de los jueces permite conjugar eficacia-seguridad y derechos-libertades de forma satisfactoria si funcionan adecuadamente otros factores (recursos, capacidades, preparación) El otro control es el parlamentario. Para algunos este control debe ser entendido únicamente como un control para evitar desviaciones o para controlar la eficacia del servicio o la gestión que el gobierno realiza; en mi opinión, si bien el control parlamentario debe cumplir estas funciones, debe cumplir otra: la de impulsar la actuación y la eficacia del servicio, el parlamento deber corresponsabilizarse con el gobierno del impulso y la suficiencia del servicio. El control parlamentario se realiza de distintas formas y con diversas estructuras en los países democráticos. A veces de forma directa, bien sea a través de una comisión específica y con esta única finalidad bien sea a través de una comisión más general o de una subcomisión; a veces de forma indirecta a través de personas nombradas por el parlamento; a veces con intervención muy directa por parte del propio gobierno en el nombramiento de los controladores. En algún caso tal control no existe. Este control puede afectar a todos los aspectos con las lógicas limitaciones en algunos de ellos, a veces sólo en lo relativo al aspecto económico, especialmente de la gestión de los fondos reservados. En el caso español el control parlamentario se fija en el artículo 11 de la ley ordinaria, en el se fija que «el Centro Nacional de Inteligencia someterá al conocimiento del Congreso de los Diputados, en la forma prevista por su reglamento, a través de la Comisión que controla los créditos destinados a gastos reservados presidida por el Presidente de la Cámara, la información apropiada sobre su funcionamiento y actividades» y fija además que su contenido y sus deliberaciones serán secretos. En el punto 2 de dicho artículo determina que esta Comisión «tendrá acceso al conocimiento de las materias clasificadas, con excepción de las relativas a las fuentes y medios del Centro Nacional de Inteligencia y a Seguridad Versus Libertad aquellos que procedan de servicios extranjeros u organizaciones internacionales...». Y en el punto 4 se establece que dicha Comisión « conocerá de los objetivos de inteligencia establecidos anualmente por el gobierno y del informe que, también con carácter anual, elabora el Director del Centro Nacional de Inteligencia de evaluación de actividades, situación y grado de cumplimiento de los objetivos señalados para el periodo anterior». El tiempo de funcionamiento de tales mecanismos aún es corto para evaluar los resultados de este control. Tal vez en un futuro pueda o deba plantearse la existencia de una comisión o subcomisión específica formada por parlamentarios que se especialicen en estas cuestiones para corresponsabilizarse más en el control del respeto a las garantías para las libertades y derechos de los ciudadanos y también en la eficacia de los resultados para aumentar el grado de seguridad de nuestra sociedad y sus ciudadanos. La existencia de antiguos riesgos actualizados por los nuevos escenarios, la aparición de nuevas amenazas, los radicales avances tecnológicos, especialmente en el campo de las tecnologías de la información y la comunicación, las posibilidades de nuevos tipos de conflictos nos obligan a profundizar en las reflexiones sobre la relación entre libertades y seguridad para permitir políticas adecuadas a los nuevos escenarios que permitan dar respuestas a las exigencias de los ciudadanos de mayor seguridad y de respeto a sus libertades y derechos. Y todo ello afecta también al papel de los Servicios de Inteligencia, a su regulación y a su funcionamiento, consiguiendo una correlación eficaz entre recursos tecnológicos y recursos humanos, superando reticencias de mutua información y coordinación entre servicios de distintos países y dentro de los propios países. Solamente así se conseguirá un mayor grado de seguridad, siendo consciente que en una sociedad abierta, la seguridad nunca es total y siendo consciente que los cambios que vivimos inciden en lo que algunos han llamado «sociedad del riesgo», y este mayor grado de seguridad es una base necesaria para el ejercicio de la libertad. Pensar que las restricciones de libertades y derechos permiten una mayor seguridad en el mundo actual es una equivocación, pues ello solo da la seguridad que tenemos menos libertades y menos derechos. Y para garantizar este equilibrio entre seguridad y libertad y derechos, la eficacia de los servicios de inteligencia es fundamental: para prevenir las amenazas, profundizar la seguridad y asegurar las libertades y los derechos que caracterizan una sociedad democrática.
El terrorismo, y más concretamente el yihadismo global, se ha convertido en una de las principales amenazas violentas contra la seguridad de Estados Unidos y de Europa. Como consecuencia ha pasado a ocupar un lugar prioritario entre los temas de interés de los servicios de inteligencia. Este artículo describe en un primer epígrafe las características esenciales del terrorismo yihadista, con objeto de subrayar las similitudes y diferencias que plantea en comparación con otros tipos de terrorismo. Seguidamente, analiza de qué manera la naturaleza particular de este terrorismo afecta al desarrollo de las tareas de propias de los servicios, repasando cada una de las fases del ciclo de inteligencia. Por último, termina con una serie de consideraciones sobre la adaptación del Centro Nacional de Inteligencia español a la lucha contra el yihadismo global. La lucha contra el terrorismo se ha convertido en una de las principales misiones de las agencias de seguridad. En España los servicios de inteligencia vienen dedicando desde hace más de tres décadas un considerable esfuerzo a la prevención y lucha de esta amenaza. El protagonismo que durante este tiempo han acaparado la organización terrorista ETA y su entorno radical explica que la mayor parte los recursos humanos y materiales se hayan orientado a obtener inteligencia sobre ellos. Sin embargo, el declive de la banda y el auge que en los últimos años ha experimentado el terrorismo de inspiración islamista están motivando Javier Jordán Enamorado 228 que el foco de interés se sitúe crecientemente sobre este último. Se trata de una tendencia que ya había comenzado a manifestarse desde el principio de esta década, particularmente a raíz de los atentados de Washington y Nueva York, y que se ha visto reafirmada y potenciada tras los ataques terroristas de Madrid el 11 de marzo de 2004. Este artículo tiene por finalidad describir las características principales del terrorismo jdhadista, con objeto de subrayar su singularidad en comparación con otros tipos de terrorismo. Seguidamente, y utilizando como guión las fases del ciclo de inteligencia, analiza de qué manera la naturaleza particular de este terrorismo puede afectar al desarrollo de las tareas propias de los servicios, prestando en el último epígrafe una atención especial al caso del Centro Nacional de Inteligencia español. Notas características del terrorismo yihadista global Son varias los rasgos esenciales de lo que actualmente se viene en llamar «yihadismo global» que permiten incluir dentro de esta misma categoría a grupos de procedencia diferente y, a menudo, sin conexión operativa. En los subepígrafes de este apartado se realiza una breve descripción de cada uno de ellos. Inspiración ideológica común: el salafismo yihadista La primera característica consiste en que las diversas redes que componen el entramado mundial de la yihad están animadas por una misma ideología y comparten objetivos estratégicos básicamente similares. Dicha ideología es el salafismo 5dhadista que se describe a continuación. El salafismo es un conjunto de corrientes del islam que tienen en común el interés por volver a los orígenes doctrinales de la religión y al modo de vida de los primeros musulmanes, purificando el islam de las creencias y prácticas desviadas que lo han ido contaminando tras siglos de historia. El salafismo no es un fenómeno homogéneo y dentro de él existen diversas interpretaciones sobre cómo llevar a cabo esa vuelta a los orígenes. Al salafismo pertenecen corrientes tan dispares como el wahabismo, el deobandismo (que a su vez inspira a movimientos tan diferentes entre sí como la Yama'a al-Tabligh y los talibanes), los grupos vinculados con Hermanos Musulmanes y los intelectuales que en el siglo XIX admiraron los logros políticos de Occidente e intentaron aplicarlos a Servicios de inteligencia y lucha antiterrorista la teoría política islámica^. Los principios ideológicos comunes a todas estas líneas doctrinales consisten en el deseo de restaurar la grandeza originaria del islam desde el punto de vista religioso y también temporal; la voluntad de reislamizar las sociedades musulmanas a partir de lo que ellos entienden como ortodoxia; la aspiración de que las estructuras políticas sean también islámicas y velen por la creación de un entorno acorde a los principios religiosos (una vuelta por tanto a la primera comunidad de creyentes donde no había una separación entre los ámbitos político y religioso); el deseo de lograr la unión de todos los musulmanes; y la voluntad de extender el islam por todo el planeta. La concreción de estos objetivos y el modo de alcanzarlos, además del origen histórico particular de cada una de las corrientes salafistas, diferencian a unos grupos de otros. Dentro de esa variedad de interpretaciones, el salafismo jdhadista es una corriente doctrinal que contempla el empleo de la violencia como un instrumento aceptable e imprescindible a la hora de alcanzar determinados objetivos. El principal ideólogo del yihadismo fue el egipcio Sasdd Qutb, ejecutado por el régimen de Nasser en 1966. A partir de él otros partidarios de la yihad la convirtieron en una obligación religiosa similar a los otros cinco pilares del islam. Algunos, como el palestino Abdullah Azzam sólo la justificaron si tenía como fin defender la tierra del islam (por ejemplo de la agresión soviética en Afganistán). Otros, como el egipcio Abdesalam Faraj, la consideraron necesaria para derrocar a los gobernantes de los países musulmanes que no aplicaban la sharia. Y, finalmente, los partidarios de la yihad global promueven su empleo contra el «enemigo de lejos», es decir Occidente y más en concreto Estados Unidos, sin cuya derrota previa será imposible frenar las agresiones contra el islam y alcanzar la unión política de todos los musulmanes en un nuevo califato. Uno de los principales defensores de esta lucha a escala planetaria es el egipcio Ayman Al-Zawahiri, también promueven esta idea Abu Qatada y Osama Bin Laderf y otros predicadores e ideólogos de segundo nivel del yihadismo global. Esta primera nota distintiva tiene una enorme relevancia a la hora de entender la magnitud del terrorismo 5rihadista. Por un lado se trata de una agenda política que no tiene fronteras, a diferencia de otras causas 229 ^ Youssef M. CHOUEIRI, Islamic Fundamentalism, London and Washington, Pinter, 1997. ^ Javier JORDÁN y Luisa Boix, «La justificación ideológica del terrorismo islamista. El caso de Al-Qaida», en Javier JORDÁN (Coord.) Los orígenes del terror. Indagando en las causas del terrorismo, Madrid, Biblioteca Nueva, 2004, pp. 145-185. terroristas limitadas a un espacio territorial concreto (por ejemplo los grupos independentistas o los partidarios de la revolución contra un determinado régimen). Por tanto la ideología yihadista puede contagiar a personas de muy variada nacionalidad, a condición de que profesen la vertiente más radical del islam. La plurinacionalidad de los voluntarios que pasaron durante los años 80 y 90 por Afganistán es una buena prueba de ello. En relación con este primer motivo, otro factor relevante de la inspiración ideológica consiste en que el salafismo yihadista comparte muchos de los principios presentes en las otras corrientes salafistas. Este hecho hace compatible que, por una parte, haya personalidades religiosas del salafismo que condenen con claridad el terrorismo islamista, y que, al mismo tiempo, exista un trasvase de personas que militan en entornos moderados que posteriormente acaban incorporándose a grupos radicales violentos. Esta realidad se observa en los mismos ideólogos yihadistas. Por ejemplo Qutb y Azzam fueron miembros de Hermanos Musulmanes (que en su mayoría no aceptan el yihadismo global) y Ayman al-Zawahiri frecuentó en su juventud un movimiento salafí no violento llamado «La asociación de los seguidores del camino de Mahoma», aunque posteriormente lo abandonó para unirse a un grupo radical en Egip-to^ A su vez cientos de integrantes de redes yihadistas han tenido contacto previo con asociaciones islámicas que en sí mismas no promueven el terrorismo pero que son utilizadas como escalón previo y lugar de reclutamiento por los radicales^. Por último, otro aspecto destacado de la ideología yihadista consiste en que es capaz de dotar de coherencia narrativa a pasiones de signo diverso. Es decir, a través del discurso yihadista se puede justificar la lucha contra la presencia militar de Estados Unidos en Irak, de Rusia en Chechenia o de Israel en Gaza y Cisjordania. A la vez se puede promover la rebelión contra el gobierno de Musharraf en Pakistán, de Mohamed VI en Marruecos o de la monarquía saudí en Arabia, acusando a todos ellos de ser falsos musulmanes y aliados de los infieles. Y al mismo tiempo se puede legitimar la lucha contra las minorías y los gobiernos no musulmanes en determinadas islas de Indonesia y Filipinas, o en Sudán y Nigeria. En definitiva, el yihadismo puede catalizar motivos para la vio-^ Nimrod RAPHAELI «Ayman Rabi» Al-Zawahiri: The Making of an Arch-Terrorist», Terrorism and Political Violence, Vol. Servicios de inteligencia y lucha antiterrorista lencia que poco o nada tienen que ver con la religión, pero que adquieren fuerza adicional y respaldo moral al ser interpretados desde la óptica salafista radical. Terrorismo como instrumento de destrucción y de presión, no de negociación Esta es otra de las notas fundamentales del terrorismo jdhadista global. Al tratarse de una ideología maximalista, la violencia no tiene como fin obtener concesiones parciales o lograr mayor peso político en unas posibles negociaciones. Por el contrario, se trata de un empleo de la fuerza dirigido a destruir, derrocar o expulsar a los etiquetados como enemigos; sin posibilidad por tanto de arreglos intermedios y, sobre todo, sin mayores límites a la violencia que aquellos que imponen los medios materiales y los condicionantes operacionales a la hora de llevarla a cabo^. De ahí el temor justificado a que el yihadismo global pueda llegar a utilizar armas de destrucción masiva en caso de que llegara a hacerse con ellas. También tiene así explicación la ejecución de atentados tan letales como los de Washington, Nueva York, Dar al Salam, Nairobi, Bali o Madrid donde los 5dhadistas han segado miles o cientos de vida de un solo golpe. Lo peor de esta característica del jdhadismo es su tendencia a consolidarse en la actuación futura de sus redes. Si bien es verdad que cuando se han producido esas masacres la opinión pública mundial (musulmana y no musulmana) ha quedado espantada, también es cierto que ese tipo de acciones -sobre todo las ejecutadas contra objetivos occidentaleshan supuesto un considerable éxito en términos de movilización a favor de los yihadistas. Con ellas se ha demostrado que es posible provocar un enorme daño y condicionar o modificar la política de gobiernos considerados adversarios. Por ejemplo, tras el ataque terrorista contra el destructor USS Cole en Yemen se produjo un aumento del número de voluntarios en los campos de entrenamiento de Afganistán y se redujo durante semanas el tráfico naval militar de Estados Unidos en las aguas del Golfo Pérsico^. Los atentados del 11 de septiembre dieron a su vez un Javier Jordán Enamorado 232 espaldarazo mundial a la causa yihadista y miles de radicales contemplaron con admiración a Al-Qaida por ser capaz de enfrentarse con eficacia al coloso norteamericano. Los atentados de Madrid y la apresurada retirada de las tropas españolas de Irak apenas dos meses después reforzaron también la autoconfianza de los yihadistas'^. Desgraciadamente todo parece indicar que la idea de que los «superatentados» constituyen el instrumento más válido para hacerse oír e implementar los objetivos jdhadistas está firmemente afianzada en la mente de quienes contribuyen a definir la estrategia global del movimiento y de quienes planifican las acciones terroristas. En su libro Caballeros bajo el estandarte del profeta, Ayman Al-Zawahiri dice con toda claridad que es preciso llevar a cabo ataques que produzcan un número muy elevado de muertes y que tengan el mayor impacto posible sobre las estructuras del adversario pues, según él, ese es el lenguaje que entiende Occidente. Las últimas acciones terroristas y -sobre todo-otras muchas que han sido evitadas a tiempo, prueban que efectivamente esa es la línea que los yihadistas están dispuestos a seguir. Estructura organizativa muy diferente de otros grupos terroristas anteriores En los últimos años ha sido posible conocer detalles importantes sobre la organización de Al-Qaida que no eran del todo claros en fechas cercanas a los atentados del 11 de septiembre. Por una parte se ha demostrado que, aun tratándose de una estructura con considerables dosis de descentralización -especialmente en el nivel táctico-, al mismo poseía una fuerte estructura jerárquica en los escalones más elevados, la mayor parte de ellos con base en Afganistán. Por tanto la conducta descentralizada en el día a día de las redes implantadas en otros países y de los grupos Disponible en web: http://www.9-1 lcommission.gov/report/911Report.pdf [consultado: noviembre de 2004]. ^ Haizam Amirah, «¿Tiene Al-Qaeda una estrategia global?», Análisis Real Instituto Elcano, n° 74, 20 de abril de 2004. Disponible web en: http://www.realinstitutoelcano.org/analisis/484.esp [consultado: noviembre de 2004]. ^ Puede consultarse un compendio de fragmentos de ese libro en la siguiente dirección web de la Federación de Científicos Americanos: http: www.fas.org/irp/wold/para/avman bk.html [consultado: noviembre de 2004]. ® National Commission on Terrorist Attacks, «The 9/11 Commission Report: Final Report of the National Commission on Terrorist Attacks Upon the United States, pp. 67. asociados o ñnanciados con Al-Qaida se combinaba con la centralización de algunas tareas concretas de financiación o propaganda, y de determinadas operaciones terroristas de gran magnitud, como fueron los atentados contra las embajadas de norteamericanas en Kenia y Tanzania o los preparativos que rodearon los atentados de Washington y Nueva Yori?. Sin embargo, la relevancia de la jerarquía interna del núcleo central de Al-Qaida, o del juramento de lealtad a Osama Bin Laden por parte de sus miembros y líderes de grupos asociados, parece haber disminuido sensiblemente en el tiempo transcurrido desde el inicio de la campaña norteamericana en Afganistán. En estos tres años la organización terrorista, que ejecutaba operaciones propias y hacía de franquicia para la actuación de otros combatientes de la jdhad, ha sufrido un intenso desgaste como consecuencia de la pérdida del santuario taliban, y de la muerte o captura de más de la mitad de sus miembros de alto nivel. No obstante el eclipse de la organización directamente controlada por Bin Laden ha coincidido con un incremento también muy marcado del número de acciones terroristas (o intentos fallidos de ellas) vinculadas ideológicamente a la yihad global, del volumen de comunicados (que se ha cuadriplicado) y de un flujo ininterrumpido de nuevos voluntarios dispuestos a ingresar en este tipo de redes o marchar a combatir en Asia Central o Irak^^. La diferencia entre el antes y después del 11 de septiembre no se encuentra sólo en el auge del yihadismo global (que se ha visto favorecido por aquellos atentados y por la reacción ante la política norteamericana respecto a Afganistán, Israel e Irak), sino también en el cambio de la estructura organizativa del yihadismo a partir de aquella fecha. Rohan Gunaratna afirma que inicialmente Al-Qaida fue una organización y que actualmente se ha convertido en un movimiento ideológico. Esta es una buena forma de expresar la eclosión y extensión del yihadismo global en poco más de una década, ya que -hasta finales de los años 80-los objetivos de quienes creían combatir una guerra santa en nombre del islam se limitaban en la mayor parte de los casos a sus respectivos países. Era una 5dhadismo local o regional, pero no globaP^. Al-Qaida (entendida como la organización controlada directamente por Bin Laden y sus más estrechos colaboradores) desempeñó un papel crucial e histórico en la emergencia y difusión a nivel mundial del yiha-^° Rohan GUNARATNA, «The Post-Madrid Face of Al Qaeda», The Washington Quarterly, Vol. ^^ Javier JORDÁN, Profetas del miedo. Aproximación al terrorismo islamista^ Pamplona, EUNSA, 2004, pp. xxx Javier Jordán Enamorado dismo. Pero a día de hoy su protagonismo está disminuyendo como consecuencia de los éxitos logrados por la lucha antiterrorista y a causa también del mayor relieve que están adquiriendo otras redes jdhadistas que comparten objetivos estratégicos similares pero que no se encuentran vinculadas operativamente con el núcleo central de la organización^^. Estas nuevas redes se están formando a partir de relaciones personales ya existentes o nuevas (pero establecidas en contextos que favorecen la confianza mutua, por ejemplo a partir de intermediarios seguros), y son esos vínculos interpersonales los que caracterizan su modo de proceder. Se trata de grupos de individuos que coinciden ideológicamente, que mantienen algún tipo de contacto entre sí, que colaboran esporádicamente en tareas de proselitismo, propaganda, financiación y apoyo logístico, y que eventualmente pueden sumarse a la preparación y ejecución de una acción terrorista. Más que una organización de corte burocrático (con roles muy definidos y una entidad externa a los individuos que la componen), las redes de la yihad global son en muchos casos grupos de amigos y conocidos que se prestan ayuda mutua y que en determinados momentos se embarcan en proyectos de diferente naturaleza (logística o directamente violenta)^^. Este diseño organizativo -mucho más descentralizado que el que mantuvo Al-Qaida en los años 90-plantea numerosos problemas en materia de lucha antiterrorista pero también disminuye la capacidad de llevar a cabo acciones tan coordinadas y espectaculares como los atentados del 11 de septiembre. El potencial destructor de las redes de este tipo (por ejemplo las desarticuladas en octubre-noviembre de 2004 en España y Holanda) dependerá de su habilidad y de la suerte a la hora de adquirir medios con los que atentar, y de que sean capaces de descubrir vulnerabilidades y ventanas de oportunidad en la estructura política, económica y social de sus potenciales objetivos. El terrorismo islamista en el ciclo de inteligencia Al tratarse de un terrorismo de naturaleza diferente al de otros grupos que han existido con anterioridad (tanto en su ideología, su modo de Servicios de inteligencia y lucha antiterrorista proceder y su estructura organizativa) resulta evidente la necesidad de adaptar los procedimientos de inteligencia orientados a la política antiterrorista. Con el fin de sistematizar la exposición, se utilizará a modo de guión la manera como que afecta la lucha contra el yihadismo global a cada una de las fases del ciclo de inteligencia. El terrorismo yihadista global se ha convertido para muchos servicios de inteligencia en lo que la comunidad norteamericana denomina hard target, un asunto de especial interés. Los atentados del 11 de septiembre en Washington y Nueva York y -dos años y medio después-los de Madrid han situado a este tipo de terrorismo en el apartado de prioridades de los servicios de ambos lados del Atlántico. Las razones son obvias. Por un lado, el interés de evitar una tragedia similar en el propio territorio y, por otro, la oportunidad para los países europeos (y para otros gobiernos fuera de Europa) de mejorar la cooperación con Estados Unidos, que ha convertido esta cuestión en uno de los puntos más destacados de su agenda exterior. Sin embargo, con anterioridad a 2001 el jdhadismo global ocupó un lugar mucho menos relevante en la lista de prioridades de los servicios de inteligencia occidentales. En Estados Unidos no se tomó conciencia del peligro real que significaba Osama Bin Laden y su red terrorista hasta los atentados contra las embajadas de Kenia y Tanzania en agosto de 1998; es decir, casi una década después de la creación de Al-Qaida^^. A partir de entonces se intensificó gradualmente la alerta y se produjo un incremento limitado de recursos, pero no se llevaron a cabo reformas profundas dentro de los servicios y de la relación entre ellos con el fin de adaptar la comunidad de inteligencia a una amenaza completamente distinta a la que había representado durante más de cuarenta años la Unión Soviética. La lectura del informe de la Comisión Nacional sobre los ataques terroristas del 11-S ofrece la imagen de que las agencias norteamericanas asumían con cierto fatalismo la posibilidad de que Al-Qaida acabase atentando en territorio estadounidense^^ El yihadismo global era una prioridad importante, entre otras, pero las inercias del pasado y las barreras institucionales dificultaban que esa relevancia afectara sustancialmente al resto del ciclo de inteligencia y a la estructura y funcionamiento de la propia Comunidad. En Europa la atención que recibía el 5dhadismo antes de otoño de 2001 variaba según el país. Posiblemente la comunidad de inteligencia francesa era la más avanzada y consciente en este aspecto. Además de que las personas de origen magrebí suponen aproximadamente un 10% del total de la población del país y de que existe constancia de que en su seno llevan actuando desde años grupos islamistas radicales^^, en 1995 su territorio fue escenario de una campaña de atentados ejecutados por el GIA argelino y una red local de inmigrantes de segunda generaciórf^. Por otra parte, a finales de 2000 la policía alemana detuvo una célula en Frankfurt que estaba preparando varios atentados masivos en Estras-burgo^^. Todo ello llevó a que el gobierno francés convirtiese en una prioridad la lucha contra este tipo de terrorismo. En otros países europeos la atención que recibía el yihadismo se encontraba en función del sentimiento de amenaza que este suponía, y de la presencia o no de grupos radicales en el territorio nacional. En el caso español, la desarticulación de redes yihadistas de origen argelino se inició a mitad de la década de 1990, pero la prioridad en materia antiterrorista fue durante todo ese tiempo la lucha contra ETA. El despertar tardío a la alarmante realidad del yihadismo global ha tenido como consecuencia que este haya jugado inicialmente con ventaja ya que es necesario un lapso temporal antes de que las agencias de seguridad de un país desarrollen capacidades específicas para combatirlo. En el campo concreto de la inteligencia contar con fuentes de obtención de inteligencia humana, de procesamiento de información (por ejemplo traductores), o con suficientes analistas especializados requiere siempre varios años de preparación e inversión. Se trata de capacidades que no se improvisan. Por otra parte dentro del tema general del yihadismo también es preciso establecer prioridades concretas en función de la situación particu-^^ Ornar GuENDOUZ, Les soldats perdus de l'Islam: les reseaux français de Ben Laden, Paris, Éditions Ramsay, 2002. ^^ Juan AVILES, ¿ES Al-Qaida una amenaza para Europa?, Documento de Trabajo, Real Instituto Elcano, 16 de juHo de 2002. Disponible en web: http://www.realinstitutoelcano. or g/documentos/7. asp. Servicios de inteligencia y lucha antiterrorista lar de cada país. A ello puede ayudar conocer el tipo actividades que han desempeñado hasta ese momento las redes yihadistas detectadas en su territorio, los países de procedencia de sus integrantes, si han contado o no con apoyo local o de asociaciones con vínculos en el extranjero, el mapa de las comunidades islámicas presentes en el país, etc. Como los medios de inteligencia son habitualmente limitados conviene escoger con acierto las líneas de investigación más relevantes. Entre los diversos sistemas de obtención de información hay tres que son básicos cuando el objeto de interés es el terrorismo yihadista: a) Inteligencia de señales (SIGINT), El yihadismo es capaz de actuar a escala global gracias al soporte que le proporciona la revolución en las tecnologías de la información. El abaratamiento de los costes de comunicación, la posibilidad de establecer contacto desde prácticamente cualquier lugar y de obtener información en tiempo real plantea grandes ventajas a estas redes. Son muy numerosos los ejemplos que demuestran la importancia que tiene para los yihadistas el empleo de frecuente de teléfonos móviles, correo electrónico, chat y mensajería instantánea en el desarrollo de actividades relacionadas con su causa^^. No cabe duda de que la globalización de las comunicaciones es un poderoso multiplicador de fuerza para estos grupos. Por otra parte, además de para coordinar sus acciones, los jdhadistas también utilizan los sistemas de comunicación (y muy en especial todos aquellos que se utilizan en internet) para crear la identidad virtual de la comunidad de creyentes/muyahidines^^. Mediante páginas web y listas de distribución de correo electrónico se mantienen informados de la situación de los 5dhadistas en otros lugares del planeta, comentan las noticias de actualidad desde su peculiar visión del mundo, y se apoyan unos a otros^^ De esta manera se generan y mantienen lo que Manuel Castells denomina oasis de identidad e identidades de resistencia^^ que no circunscriben a un grupo concreto de un país sino que son compartidas por redes sociales transnacionales. Esas identidades accesibles por internet no sólo sirven para reforzar la decisión de los que ya pertenecen a los círculos yihadistas, sino que también mediante la difusión de ese tipo de contenidos propagandísticos están logrando el reclutamiento de nuevos adeptos, tal como reconoció en noviembre de 2004 el coordinador antiterrorista de la UE, Gijs de Vries^^. De esta manera los medios de obtención de Inteligencia de Señales pueden jugar un papel destacado en la interceptación de las comunicaciones de radicales y en el seguimiento de quienes frecuentas los espacios virtuales yihadistas. También pueden alertar sobre la existencia de dichos lugares web y aconsejar su bloqueo. Pero la SIGINT se encuentra con dos obstáculos en esta materia, por un lado los límites legales que garantizan la privacidad de las comunicaciones, que pueden ser removidos con autorización judicial en caso de que existan sospechas fundadas sobre una determinada persona. Por otro, y es el más importante, con el gigantesco volumen de información que circula a través de internet y de las líneas telefónicas, y con la dificultad de seguir a sujetos que cambian con frecuencia de tarjeta de móvil o de dirección de correo electrónico. A todo ello hay que sumar además el empleo de idiomas extranjeros y de variantes dialectales que dificultan enormemente la fase de procesamiento de la información obtenida. Como consecuencia de todos estos factores, la revolución en las tecnologías de la información va a continuar siendo una baza a favor de los yihadistas, antes que una oportunidad para las agencias a la hora de monitorizar sus actividades. La SIGINT será por tanto una vía de obtención de información útil pero subsidiaria en relación con otras fuentes. h) Inteligencia humana (HUMINT), Por las características que se han descrito en el epígrafe 1.3. de este artículo resulta evidente la importancia crucial que adquiere esta vía de adquisición de información en el caso del terrorismo en general y especialmente del jdhadista. La información relevante que manejan estos grupos se limita a un círculo restringido de personas que componen la red. A través de individuos que frecuentan entornos islamistas radicales es posible conocer el grado de peligrosidad de determinados sujetos y a aquellas personas con los 22 Manuel CASTELLS, The power of identity, Maiden, Blackwel, 2004, p. Sin embargo, obtener para obtener detalles sustanciales sobre sus planes o conocer el tipo de contactos internacionales con que cuentan requiere un nivel de proximidad y confianza que exige considerables dosis de tiempo y de riesgos personales. Por tanto esta área constituye una de las principales prioridades en materia de obtención. A pesar de su dificultad, a largo plazo es la que puede deteriorar más sensiblemente la capacidad operativa de las redes yihadistas. Por un lado permite conseguir información de gran calidad sobre la composición, modo de actuar y planes de estos grupos. Y, por otro, genera psicosis de infiltración en las redes yihadistas, obligándoles a aumentar las medidas de seguridad interna y a cerrarse sobre ellas mismas, con lo que sus oportunidades de reclutar nuevos adeptos y de coordinarse con otras personas se ve considerablemente mermadas. La diferencia étnica entre estas redes y la población autóctona de los países occidentales puede ser salvada mediante el reclutamiento de potenciales confidentes entre las comunidades inmigrantes de donde proceden también los yihadistas. La experiencia de esta última década demuestra que los islamistas radicales captan a sus seguidores en esos colectivo^^ y, por ello, la presencia de colaboradores de los servicios en dichos entornos puede facilitar la infiltración de las redes de la yihad global. Al mismo tiempo, la toma de conciencia sobre peligro que supone este terrorismo para la convivencia intercultural por parte de los miembros de las comunidades islámicas, y la buena relación de los servicios con personas clave de dichas comunidades, también puede proporcionar información valiosa. En ocasiones se tratará de comentarios sobre individuos que despiertan sospechas, del perfil de recién llegados procedentes de zona de conflicto, o de detalles sobre grupos en los que se difunde una visión radical del islam. Aunque no se trate de información decisiva, sí que puede facilitar el comienzo de investigaciones más profundas y, al mismo tiempo, evitar que los 5dhadistas puedan hacer proselitismo abiertamente en esos entornos. c) Cooperación internacional. La importancia de esta vía de obtención en la lucha contra el yihadismo se deriva principalmente de dos razones. Por una parte, porque el yihadismo global no tiene fronteras. Las detenciones de redes en Europa demuestran que durante el desarrollo de ^' * Robert S. LEIKEN, Bearers of Global Jihad? 8-9. sus tareas esas personas suelen mantener contacto con otros yihadistas en el exterior del país. A través de la cooperación internacional existen más probabilidades de descubrir las redes presentes en el propio territorio, seguir sus actividades y darles la importancia que se merece en cada caso. La gravedad que representa el terrorismo islamista supone, al mismo tiempo, un poderoso incentivo para el intercambio de información. Por otro lado, porque la cooperación con las países donde surgieron estos movimientos y de donde procede una proporción muy considerable de sus integrantes resulta también de gran asnida para obtener inteligencia de calidad. Las redes yihadistas que actúan en Occidente se extienden en la mayor parte de los casos a otros países de mayoría musulmana en el norte de África, Oriente Medio, Asia Central y Asia Pacífico, en función de la nacionalidad mayoritaria de cada una de ellas. A la vez, algunos de esos países han tenido desde hace años informadores en la diáspora migratoria en Europa con el fin de controlar la disidencia política y los grupos radicales, y es probable que mantengan esa infraestructura informativa en la actualidad. Por todas esas razones la información qué estos servicios proporcionen puede ser muy útil para el conocimiento de las actividades yihadistas en todo el planeta. La complejidad del fenómeno del jdhadismo global supone un auténtico reto para los analistas de inteligencia. Por un lado, porque como ya se ha explicado en el primer epígrafe del artículo, se trata de un terrorismo de naturaleza esencialmente distinta a los que han atormentado Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Su inspiración ideológica, su cálculo racional y su articulación organizativa exigen un cambio de mentalidad en aquellos que quieran comprenderlo. Si siempre es conveniente que el analista haga el esfuerzo de ver la realidad como la contempla su objeto de estudio^^, en el caso del yihadismo resulta particularmente necesario con el fin de comprender sus acciones y, en la medida de lo posible, anticiparse a ellas. Por tanto, la inteligencia sobre terrorismo islamista no debe limitarse a la de carácter meramente operativo (sobre composición, interconexión y actividades de redes) sino 2^ Mark LOWENTHAL, Intelligence. Servicios de inteligencia y lucha antiterrorista a analizar en profundidad los factores ideológicos, políticos y sociales que de algún modo alimentan la hidra terrorista^^. Pero además de provenir de un universo cultural extraño para la mayor parte de los especialistas en inteligencia, el terrorismo islamista plantea otro problema analítico por el carácter descentralizado, polifacético y autónomo de muchas de las redes de la yihad global. Ya hemos constatado que no existe un órgano central o una estructura jerarquizada que se asemeje a lo que en la Guerra Fría fueron los cuarteles generales de los servicios adversarios, sus gobiernos o sus estados mayores y las distintas divisiones administrativas que dependían de ellos. Tampoco responde al modelo de organización burocrática que seguían grupos terroristas como por ejemplo ETA. Por tanto, el análisis sobre estos grupos debe ser mucho más fino, evitar las generalizaciones o tratar a todos los actores 5dhadistas como si respondiesen a un único perfil Por otra parte, los análisis de inteligencia sobre 5dhadismo también deben asesorar sobre la evolución del fenómeno. Los servicios suelen procurar que la inteligencia y el apoyo a la toma de decisiones políticas estén enfocados al futuro. En el caso del sdhadismo esa práctica resulta particularmente conveniente, ya que puede alertar sobre los efectos contraproducentes de algunas políticas antiterroristas. El terrorismo islamista obtiene fuerza del sentimiento de agravio y humillación de determinados sectores del mundo musulmán (tanto en los países donde son mayoría como en las comunidades inmigradas), del choque de valores que propicia el mayor contacto entre culturas, y de la existencia de conflictos abiertos, que generan radicalización en los directamente afectados y en algunos que se sienten identificados con ellos (Palestina, Irak y Asia Central)^^. Por ese motivo, conviene que los servicios aporten una valoración profunda de las posibles consecuencias en la fase previa a la toma de decisiones en materia de antiterrorismo. La mejora de la capacidad de análisis requiere por parte de los servicios varias condiciones: un notable esfuerzo en la formación previa y permanente de los analistas, cercanía de estos con los que desarrollan tareas de obtención en esta área, continuidad temporal de los analistas en 241 ^^ Un libro interesante en este sentido escrito por un analista de alto nivel de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana es ANONYMOUS, Through Our Enemies Eyes. ^^ Farhad Josrojavar, Los nuevos mártires de Alá, Madrid, Ediciones MR, 2003, pp.238-239. puestos relacionados con dicha temática, y contacto de estas personas con otros especialistas externos al servicio que trabajen sobre temas que tengan alguna vinculación con el yihadismo global (por ejemplos académicos e investigadores expertos en islamismo, relaciones internacionales, inmigración, religión, movimientos sociales, etc). Además también resulta muy conveniente el intercambio de opiniones con analistas de las otras agencias de seguridad nacionales (policiales y militares) que trabajen de alguna manera el mismo objeto de estudio. Aunque es difícil que, por razones de seguridad y de cultura profesional, las agencias de inteligencia de un mismo país compartan información relacionada con fuentes y obtención, sí es más probable que se genere esa cooperación en la fase de análisis, a través de seminarios internos o grupos de trabajo en el marco de la Comunidad de Inteligencia^^. Todas estas medidas favorecen la elaboración de análisis competitivos y. la comprensión global de un fenómeno de enorme complejidad. En ocasiones la fase de difusión es el talón de Aquiles del ciclo de inteligencia y, en el caso concreto del terrorismo yihadistas, corre mayores riesgos de serlo como consecuencia del número de agencias estatales implicadas en su prevención y lucha. Una de las conclusiones que se extrae del informe de la Comisión Nacional del 11-S es la existencia de graves carencias de las diferentes agencias norteamericanas en la difusión de la información y análisis sobre Al-Qaida, particularmente entre el FBI y la CIA en investigaciones sobre personas que estuvieron implicadas en los atentados, y entre estos servicios y las agencias federales responsables de inmigración y seguridad aérea^^. Por esta razón es clave la existencia y buen funcionamiento de la comunidad de inteligencia, entendida como la estructura de trabajo permanente entre los distintos organismos del Estado relevantes desde el punto de vista de la inteligencia y no sólo el conjunto agregado de estos. La circulación adecuada de los análisis por los diferentes departamentos de la Administración constituye un requisito indispensable para que se obtenga el máximo provecho del esfuerzo realizado en las fases anteriores del ciclo de inteligencia. Servicios de inteligencia y lucha antiterrorista El CNI y la lucha contra el terrorismo yihadista Los sucesivos servicios de inteligencia españoles (SECED, CESID y actualmente CNI) han dedicado desde hace décadas numerosos esfuerzos y recursos a la obtención de información y elaboración de inteligencia sobre terrorismo nacional. Como consecuencia los servicios de inteligencia españoles cuentan con más experiencia en materia antiterrorista que muchos de sus iguales extranjeros. El CNI dedica un área completa de la Dirección General de Inteligencia al fenómeno terrorista en su dimensión interior y exterior. El terrorismo exterior coincide básicamente con el terrorismo islamista^^. Como es sabido, los miembros del CNI no tienen estatus de agentes de la autoridad y por tanto no pueden llevar a cabo detenciones ni operaciones de neutralización de terroristas. La labor del CNI en materia de terrorismo no está orientada a instruir procesos penales, sino a proporcionar análisis al Gobierno sobre el tema en cuestión. Para ello el Centro cuenta con medios de obtención propios y en sus análisis integra también la información relevante que le transmiten las agencias policiales^^ El terrorismo islamista no es un tema nuevo para el Centro. Antes de los atentados de Madrid las agencias de seguridad españolas habían llevado a cabo más de sesenta detenciones de personas vinculadas a redes jdhadistas. En los años 2002-2003 varias de esas detenciones fueron de personas que estaban preparando atentados terroristas en España y Francia^^. Al tratarse de una materia reservada no es posible conocer hasta qué punto las informaciones obtenidas por el Centro y sus análisis fueron decisivos en la desarticulación de esas redes. No obstante, los servicios de inteligencia trabajaron sobre dicha cuestión desde que se detectó la presencia de redes yihadistas en nuestro país. Según se ha sabido con posterioridad a los atentados del 11 de marzo de 2004, fue el CNI el que obtuvo información más relevante sobre el ar- ^° Sobre este tema puede consultarse en Centro Nacional de Inteligencia, «Servicios de Inteligencia y lucha contra el terrorismo», Carlos DE CUETO y Javier JORDÁN (Eds.) Respuestas a nuevos desafíos de seguridad, Granada, Comares, 2003, pp. 25-36. ^^ Comparecencia de D. Jorge Dezcallar, ex-director del Centro Nacional de Inteligencia, en la Comisión de Investigación del Congreso de los Diputados sobre los atentados del 11 de marzo de 2004, 19 de julio de 2004. ^2 Comparecencia de D. Mariano Rayón, Jefe de la Unidad Central de Información Exterior del Cuerpo Nacional de la Policía, en la Comisión de Investigación del Congreso de los Diputados sobre los atentados del 11 de marzo de 2004, 7 de julio de 2004. gelino Allekema Lamari, muy posiblemente la persona que lidero la preparación de las acciones terroristas. En noviembre de 2003, el Centro alertó que esta persona pretendía atentar en nuestro país y recomendó su inmediata detención^^. Semanas antes del 11-M, el CNI repartió fotografías de Lamari en diversas oficinas de correos de Madrid y Valencia con el fin de que avisaran a la policía o al Centro, en caso de que el argelino se presentara en alguna de ellas para enviar dinero a través de giro postal a antiguos miembros del GIA en prisión^^. Con posterioridad a los atentados de Madrid ha aumentado la atención sobre la amenaza del yihadismo y se han incrementado los medios de inteligencia destinados a la lucha contra el yihadismo en las tres agencias de seguridad con competencias en la materia. Concretamente, para la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía se ha previsto triplicar el número de agentes de las unidades centrales de información, antes de diciembre de 2005, y mejorar sustancialmente sus medios materiales. De acuerdo con el artículo 7 de la Ley del Centro Nacional de Inteligencia, los detalles sobre la estructura y los miembros del Centro son de carácter secreto y, por tanto, no es posible conocer la entidad de los medios que ha venido dedicando a la obtención de información y análisis del terrorismo islamista, ni el aumento que van a experimentar en los próximos años. Entre otras razones, ese incremento está respondiendo a la necesidad de dotar económicamente una ampliación sustancial de las plantillas en todos los niveles. Esta mejora de medios materiales y humanos también se está beneficiando desde el año 2002 del marco legal que le proporcionan las leyes 11/2002, reguladora del Centro Nacional de Inteligencia y de la ley Orgánica 2/2002, reguladora del control judicial previo del Centro Nacional de Inteligencia, que crean un marco legal a la actuación del Centro. Sin él, la eficacia y la cobertura jurídica de las actividades necesarias para el ciclo de inteligencia quedarían en entredicho. La importancia de todas estas mejoras es indudable, pero el reto más ambicioso que tienen los servicios de inteligencia españoles consiste en la creación de una auténtica Comunidad de Inteligencia, que como ya se ha comentado en el epígrafe anterior resulta indispensable en la lucha con-33 El País, 19 de septiembre de 2004. Servicios de inteligencia y lucha antiterrorista tra el yihadismo global. La cooperación antiterrorista antes del 11 de marzo se realizaba a través de reuniones de carácter semanal que mantenían responsables de información de cada una de las tres agencias con el Secretario de Estado de Seguridad (dependiente del Ministerio del Interior). Otra vía de coordinación era de carácter informal, a través de contactos y consultas personales entre agentes de las distintas agencias que trabajaban en temas similares^^. Aunque esta estructura de cooperación pudiera resultar válida, de hecho no aseguraba que la información tratada por los responsables del más alto nivel fluyera después a los escalones inferiores de cada una de las agencias. Al mismo tiempo, la eficacia del contacto informal entre especialistas quedaba también sujeta al talante personal de los que ocuparan ese tipo de puestos. Después de los atentados de Madrid, y con el fin de potenciar y fortalecer la cooperación de inteligencia en materia de terrorismo, se ha creado el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista (CNCA). No se trata de una nueva agencia de seguridad y, por tanto, no tiene funciones de carácter operativo, sino de intercambio de información y apoyo a las investigaciones de cada una de las agencias. Concretamente las tareas asignadas son las siguientes^'^: • Obtención de información y creación de bases de datos. La información provendrá de la que obtengan, y tengan ya acumulada en materia de terrorismo, el Cuerpo Nacional de Policía, la Guardia Civil y el Centro Nacional de Inteligencia. Además, incorporará la información que se logre mediante el acceso a las bases de datos del Grupo de cooperación policial sobre terrorismo, del sistema Interpol, de la red Bureau des liaisons, del tercer pilar de la Unión Europea; y a cualquier otra base de datos que se considere de relevancia. • Análisis y evaluación de dicha información y elaboración de informes periódicos sobre la amenaza terrorista. • Coordinación operativa de las acciones contra el terrorismo que realicen las agencias con el fin de incrementar la eficacia y evitar que se 245 ^^ Comparecencia de D. Faustino Alvarez, Jefe de la Unidad Central Especial de la Guardia Civil, en la Comisión de Investigación del Congreso de los Diputados sobre los atenr tados del 11 de marzo de 2004, 7 de julio de 2004. ^^ Intervención del Ministro de Interior, D. José Antonio Alonso, en la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados, 24 de mayo de 2004. El puesto de director del CNCA está ocupado, por rotación de dos años, por un miembro del Cuerpo Nacional de Policía o de la Guardia Ci-viP^. Consta actualmente de una plantilla de 18 agentes de la Policía, 18 de la Guardia Civil y 5 del Centro Nacional de Inteligencia. A ellos hay que sumar un número reducido de traductores y personal de apoyo. Momentáneamente el Centro tiene su sede en un cuartel del Cuerpo Nacional de Policía en Canillas (Madrid), donde se encuentra ubicada la Unidad Central de Información, pero está prevista la construcción de una sede propia. La creación del CNCA constituye un paso gran interés en la mejora de la cooperación interagencias, pero para que sea efectivo debe ir también acompañado de un cambio cultural entre los protagonistas de la cooperación a todos los niveles. La creación de nuevas instituciones no constituye una garantía de que estas vayan a lograr sus fines, tal como lo demuestra el caso norteamericano, donde también existía un centro de coordinación antiterrorista desde mediados de los años 80 que no fue capaz de evitar los errores de coordinación de inteligencia ante los atentados del Washington y Nueva York^^.De ahí la importancia que adquiere la creación y correcto desarrollo del conjunto de la comunidad de inteligencia española, ya que es en ese marco donde el CNCA adquiere pleno sentido. La gran tarea de poner en marcha la Comunidad de Inteligencia afecta a todas las agencias de seguridad y también a los altos cargos políticos que las dirigen. En definitiva es el Gobierno el responsable último de la seguridad de los ciudadanos, y es además quien cuenta con el liderazgo y la autoridad necesarios para llevar a cabo los cambios políticos y legales que resulten precisos para la creación de la Comunidad. Servicios de inteligencia y lucha antiterrorista Javier Jordán Enamorado Servicios de inteligencia y lucha antiterrorista Javier Jordán Enamorado Javier Jordán Enamorado Javier Jordán Enamorado
lincuencia organizada, contra los traficantes de personas, contra el terrorismo, contra el tráfico de armamento y contra el narcotráfico. Y para todo ello es indispensable reforzar un recurso esencial: la inteligencia. El mundo de comienzos del siglo XXI se caracteriza por el desarrollos de nuevas amenazas de carácter transnacional, a menudo protagonizadas por agentes no estatales, que ponen en cuestión los límites tradicionales entre la seguridad exterior y la seguridad interior, al tiempo que crece la conciencia de la estrecha interrelación entre los problemas económicos, sociales y medioambientales y los problemas de seguridad. Las principales amenazas pueden agruparse en cinco áreas: pobreza, enfermedades infecciosas y deterioro medioambiental; conflictos armados; proliferación de armas nucleares, biológicas, químicas y radiológicas; terrorismo; y delincuencia organizada transnacional. Esta nueva problemática es analizada en este artículo a través de tres ejemplos: las implicaciones para la seguridad de los flujos migratorios transnacionales; la proliferación de las armas nucleares, biológicas, químicas y radiológicas y su posible uso terrorista; y el auge de la delincuencia organizada transnacional y del narcotráfico. Si la misión fundamental de los servicios de inteligencia es analizar las amenazas a las que un país se enfrenta, esta tarea se va haciendo cada vez más compleja. En primer lugar, la profundización de la democracia implica que la seguridad de los ciudadanos adquiere tanta importancia como la seguridad del Estado. En segundo lugar, las amenazas más graves no vienen ya sólo de otros estados, sino también de agentes Juan Aviles Farré 248 no estatales, como el terrorismo o la delincuencia organizada transnacional. En tercer lugar, se ha producido una globalización de las amenazas, por lo cual la seguridad de los distintos países del mundo está más interrelacionada que nunca. Y finalmente cada vez somos más conscientes de que la seguridad es resultado de la interacción de un gran número de factores, incluidos los demográficos, sociales y medioambientales. En estas nuevas circunstancias, la tradicional distinción entre los dos ámbitos de la seguridad, el exterior y el interior, está perdiendo relevancia, lo que pone en cuestión principios como la rígida diferenciación entre las misiones de las fuerzas armadas y de las fuerzas de seguridad^ El proceso de globalización está potenciando las amenazas transnacionales, es decir las amenazas a la seguridad interior procedentes de agentes no estatales que actúan a través de las fronteras internacionales. Un estudio del Strategie Studies Institute de los Estados Unidos, publicado poco antes del 11-S, destacaba ya cómo este tipo de amenazas, especialmente el terrorismo internacional, los ataques cibernéticos a las infraestructuras nacionales y la delincuencia organizada transnacional, plantean la necesidad de combinar las estrategias respectivas de las instituciones de defensa y las de justicia e interior, aunque ello no resulta en absoluto fácil, sobre todo porque es necesario evitar que resulte dañado el fundamental equilibrio entre libertad y seguridad^. Un reciente informe presentado al secretario general de las Naciones Unidas por un panel de expertos, encabezado por el ex primer ministro tailandés Anand Panyarachun, agrupa en cinco áreas las principales amenazas a las que se enfrenta el mundo actuaF. La primera se refiere a la pobreza, las enfermedades infecciosas y el deterioro medioambiental, la segunda a los conflictos armados, tanto interestatales como internos, la tercera a la proliferación de las armas nucleares, biológicas, químicas y radiológicas, la cuarta al terrorismo y la quinta a la delincuencia organizada transnacional. Esto supone que bajo un mismo concepto general de amenazas se engloban problemas típicos de la seguridad exterior (conflictos interestatales y proliferación de armamento), otros que solían ser abordados desde la perspectiva de la seguridad interior (terrorismo y de-Las amenazas globlales del siglo XXI lincuencia) y otros correspondientes al terreno de la politica economica y social (pobreza, infecciones, medio ambiente). Una amalgama que hace unos años podía resultar extraña, pero que responde a un planteamiento muy común en los estudios más recientes sobre el tema. Estamos muy lejos de la concepción decimonónica de la seguridad, que se limitaba a la política de orden público en el plano interior y a la política de defensa en el exterior, ya que, desde el final de la guerra fría, los estudiosos han enfatizado la importancia de las amenazas no tradicionales, algunas de las cuales, como las relacionadas con la degradación del medio ambiente, el bienestar económico o las migraciones, no han sido abordadas desde la perspectiva de la seguridad hasta muy recientemente. Resulta fundamental tener presente la interrelación entre estos distintos tipos de amenazas. Numerosos estudios han puesto por ejemplo de manifiesto la influencia de factores económicos y demográficos en el surgimiento de conflictos internos. Basándose en modelos econométricos del Banco Mundial, Macartan Humphreys, de la Universidad de Harvard, estima la probabilidad de que en los próximos cinco años surja una guerra civil en un país es tanto mayor cuanto menor es su PIB por habitante, situándose en un 15% en el caso de un país con menos de 250 dólares, y en menos del 1% en el caso de un país con más de 5000 dolaren. Por su parte, los expertos del Population Action Group han destacado la influencia que en el estallido de conflictos internos tiene el fenómeno de la hipertrofia juvenil (youth bulge), es decir el porcentaje inusualmente elevado de jóvenes entre de 15 a 29 años respecto al conjunto de la población adulta, que se da los países en desarrollo; es decir en los países que se encuentren en la fase intermedia de la transición demográfica, en los que la fuerte caída de las tasas de mortalidad no ha sido todavía compensada por una caída semejante de la natalidad. De acuerdo con sus cálculos, en la última década del siglo XX la probabilidad de que surgiera un conflicto interno (concepto en el que se incluyen tanto las guerras civiles como otros conflictos de menor intensidad) era del 33% en los países con más de un 40% de jóvenes adultos y del 11% en los países con menos del 30%^. El papel que los problemas ecológicos pueden jugar como factores de conflicto, internacional y sobre todo interno, viene siendo analizado desde hace años por Thomas Homer-Dixon. Juan Aviles Farré 250 a este respecto son la deforestación, la degradación del suelo agrícola, el uso excesivo y la contaminación de los recursos hidráulicos y el agotamiento de los recursos pesqueros, ya que tienden a generar efectos sociales como reducción de la producción agrícola, declive económico, desplazamiento de población y deterioro de las instituciones y las pautas de relación social, que a su vez pueden provocar conflictos tales como disputas por recursos entre países, enfrentamientos étnicos e insurreccio-nes^. Reflexiones semejantes se podrían hacer sobre la influencia del SIDA en las difíciles perspectivas económicas, sociales e incluso de seguridad a las que se enfrenta el África subsahariana, la región del globo más devastada por la epidemia. También es evidente la relación entre delincuencia organizada y conflicto interno en ciertos países, muy especialmente en el caso de Colombia, donde los ingresos del narcotráfico son la principal fuente de financiación tanto de las FARC como de las Autodefensas. Podría objetarse, sin embargo, que los distintos tipos de amenazas a las que hasta ahora hemos hecho alusión se dan casi exclusivamente en los países en desarrollo. Es evidente que los países más desarrollados han logrado reducir considerablemente los niveles de pobreza, mantienen bajo control las enfermedades infecciosas y han reducido también los impactos negativos de su actividad económica sobre el medio ambiente local. También es obvio que no ha habido guerras entre países muy desarrollados desde 1945 y que en tales países no se generan ni guerras civiles ni surgen grupos terroristas importantes (los que surgieron a finales de los años sesenta en Europa occidental han abandonado las armas o están en pleno declive). Tampoco hay países muy desarrollados que pretendan incorporarse clandestinamente al reducido grupo de los que ya poseen armas nucleares. Y finalmente puede afirmarse que, si bien la delincuencia organizada es un mal universal, son muy reducidos las áreas del mundo desarrollado en que esta ha llegado a adquirir un verdadero poder económico y una real influencia política (aunque es cierto que esto ocurre en algunos lugares de Italia y quizá de otros países avanzados). En conjunto podría decirse que estamos ante un conjunto de males que, como la malaria y el paludismo, sólo tienen una incidencia significativa en los trópicos. Si así fuera, los países desarrollados sólo tendrían que ^ T. HoMER-DlXON, «On the threshold: environmental changes as causes of acute conflict», en International Security 16 (1991). Las amenazas globlales del siglo XXI preocuparse de evitar eventuales contagios, y sólo por motivos altruistas deberían esforzarse en apoyar a los países afectados. Pero en la era de la globalización esto no es así. Los problemas que surgen en un país terminan afectando a la seguridad de otros muy lejanos y son muchos los riesgos que sólo pueden ser abordados eficientemente desde la perspectiva de la cooperación internacional. Las tres cuestiones que abordaremos a continuación ejemplifican estos efectos de la globalización sobre los problemas de seguridad en el siglo XXI. Se trata de de las migraciones internacionales, de la proliferación de armas NBQR y del avance de la delincuencia organizada transnacional. Pobreza, migraciones y seguridad Al analizar la cuestión de las migraciones, la primera consideración que debe hacerse es que se trata de un fenómeno natural, casi constante en la historia humana y en términos generales muy positivo, aunque puede generar problemas de seguridad. Desde la perspectiva de este artículo, nos interesan los que pueden surgir de los flujos migratorios que se dirigen de los países en desarrollo a los países desarrollados. En principio, deberíamos esperar que la migración se produjera básicamente en función de la diferencia de salarios entre el país receptor y el país emisor. Sin embargo, puesto que la migración internacional exige a menudo un gasto relativamente importante, la extrema pobreza la dificulta. Por ello, aunque el desarrollo económico del país emisor conduce a largo plazo a una disminución de la tendencia migratoria (al reducirse la diferencia salarial respecto a los países receptores), a corto plazo puede ocurrir lo contrario, porque la creciente prosperidad permite a los individuos y las familias acumular unos ahorros con los que financiar su migración. Junto a los factores económicos, se deben tener en cuenta los demográficos y especialmente la hipertrofia de jóvenes en los países en desarrollo, que se traduce en una desesperante falta de salidas profesionales. Esa hipertrofia juvenil es a su vez resultado de las elevadas tasas de fertilidad imperantes entre quince y treinta años atrás. Ahora bien, en términos generales existe en el mundo actual una correlación inversa entre desarrollo económico y fertilidad, debido a lo cual la tasa de natalidad es más elevada en los países menos desarrollados. Esto tiende a producir unos desequilibrios (escasez de trabajadores en los países desarrollados, escasez de puestos de trabajo en los países en desarrollo) que seguirán Juan Aviles Farré 252 generando en las próximas décadas unas ñiertísimas presiones migratorias. En la mayoría de los países en desarrollo las tasas de fertilidad se están reduciendo, por lo que el problema de la hipertrofia juvenil se irá reduciendo. Más difícil es prever la evolución demográfica de los países desarrollados, la gran mayoría de los cuales tienen hoy una fertilidad por debajo de la tasa de reemplazo de dos hijos por mujer, con lo cual se tiende a producir una peligrosa reducción proporcional de la población en edad laboral, que hoy por hoy resulta difícil de paliar sin recurrir a trabajadores inmigrantes. Al analizar los riesgos de seguridad que genera en un país la llegada de un considerable flujo de inmigrantes hay que evitar dos errores opuestos, el de considerar infundado cualquier temor que en este sentido puedan manifestar sectores de la opinión pública, y el de considerar que todo temor tiene fundamento, con el resultado de justificar todos los prejuicios xenófobos. Con la dificultad adicional de que, en éste como en otros muchos casos, la percepción pública del problema es parte del problema. Es decir que una reacción xenófoba resulta preocupante, independientemente de que se base en motivos reales o imaginarios. De acuerdo con un estudio pionero en la consideración de las migraciones desde la perspectiva de la seguridad existen cuatro motivos por los que una comunidad inmigrante puede crear un problema de dicha índole al país receptor^. a) La actividad de los inmigrantes contra el gobierno de su país de origen puede representar un factor de tensión internacional. Es el caso bastante frecuente del grupo armado que emplea el territorio de un país extranjero y recurre al apoyo de sus compatriotas en él asentados para impulsar acciones contra el gobierno de su propio país. b) Grupos de inmigrantes pueden representar una amenaza directa para la seguridad del país receptor. Esta amenaza puede venir de grupos terroristas o de organizaciones delictivas comunes (y en algún caso la distinción entre un tipo y otro no es nítida, porque organizaciones armadas de finalidad política cometen a menudo deli tos comunes, como atracos o tráfico de drogas, para financiarse). c) Pueden producirse conflictos xenófobos si ciertas comunidades inmigrantes son percibidas como una amenaza para el bienestar so-"^ M. WEINER, «Security, stability and international migration», en International Security 17 (1992), 197-209. Las amenazas globlales del siglo XXI cial del país receptor. Es frecuente que los inmigrantes provoquen resentimiento debido a la percepción de que ocasionan un incremento de la delincuencia, quitan puestos de trabajo, conducen a un descenso de los salarios, o restan recursos sociales a la población local en temas como sanidad, educación o seguridad social, d) Por último debe tenerse presente la posibilidad de que la inmigración sea percibida como amenaza a la identidad cultural del país receptor. La xenofobia puede surgir directamente de la percepción de que los recién llegados ponen en cuestión la homogeneidad lingüística, religiosa o de costumbres de la población local. Y debe considerarse que la identidad cultural parece representar a la vez una necesidad básica de las personas y un factor potencialmente generador de violencia, en forma de nacionalismo excluyente o fundamentalismo religioso. Esa deriva violenta del sentimiento de identidad surge de una percepción, fundada o no, de la misma se halla amenazada. En palabras de un escritor libanes y francés que ha dedicado un lúcido ensayo a este tema: «lo que por comodidad llamamos "locura asesina" es esa propensión de nuestros semejantes a transformarse en asesinos cuando sienten que su *tribu' está amenazada»^. En el pasado, tanto en Estados Unidos como, en menor medida, en Francia y otros países europeos, la pauta habitual era que los inmigrantes se adaptaran a la lengua, a las costumbres y a los valores del país receptor, con lo cual terminaban siendo aceptados e integrados, al menos en la segunda generación, pero no está tan claro que vaya a ocurrir lo mismo con los flujos de inmigrantes que están llegando últimamente?. Hoy en día la distancia cultural entre el país de origen y el de acogida es a menudo mayor de lo que era en el pasado, la legitimidad de forzar a los inmigrantes a abandonar su propia cultura se halla en entredicho, y la facilidad de las comunicaciones y los viajes permite que los inmigrantes mantengan una estrecha relación con sus países de origen, que refuerza su identidad particular. Se plantea por todo ello la posibilidad de que se 254 consolide la existencia de comunidades transnacionales, es decir comunidades que se integran en los países receptores sin perder sus vínculos con los países de origen, creando lazos que transcienden las fronteras geográficas, políticas y culturales. En el caso de España, el debate sobre la inmigración ha adquirido un considerable relieve en los últimos años. Ello no es sorprendente, si se tiene en cuenta que la proporción de residentes extranjeros en España se ha triplicado en la últiima década, aunque siga siendo menor que en otros países europeos con más tradición inmigratoria.. Por otra parte, la inmigración ha permitido poner fin al descenso constante en el número de nacimientos que España venía experimentando desde 1976, que ha dado paso a una recuperación desde 1999^^. La sociedad española, como la europea en general, va a ser pues cada vez más multietnica. Conviene por tanto plantearse cual es la actitud de los españoles hacia la inmigración y la convivencia interétnica. De acuerdo con las encuestas, parece ser relativamente favorable. Un estudio del CIS de febrero de 2000 mostró que el 43% de los españoles consideraba la inmigración como positiva para los países desarrollados, frente a un 24% que la consideraban negativa. Esa percepción favorable la compartían los encuestados de 14 de las 17 comunidades autónomas españolas, los de todos los niveles de estudios (en mayor medida cuanto mayor era dicho nivel) y los de todos los segmentos de autoposicionamiento ideológico, excepto los de extrema derecha. En la misma encuesta se percibía sin embargo un motivo de preocupación: el 51% de los encuestados estaba de acuerdo con que el aumento de los emigrantes favorecía el incremento de la delincuencia, frente a un 35% que estaba en desacuerdo. Esta preocupación era compartida por los encuestados de todos los niveles de estudios, excepto los universitarios, y los de todos los segmentos de autoposicionamiento ideológico, excepto los de extrema izquierda^^. Una encuesta más reciente del CIS, el barómetro de junio de 2002, dio resultados parecidos. Y de acuerdo con una encuesta realizada en enero de 2003 por el Instituto Opina, los españoles perciben a la inmigración como el principal factor en el incremento de la inseguridad ciudadana, siendo el 57% los que lo consideran un factor importante^^. ^° R. SANDELL, «La población europea: las últimas tendencias y sus implicaciones políticas», en www.realinstitutoelcano.org (2003). Las amenazas globlales del siglo XXI Los propios inmigrantes no comunitarios parecen tener una buena opinion acerca de la actitud de los españoles hacia ellos. De acuerdo con una encuesta publicada por el IMSERSO, un 44% de ellos opinan que los españoles son menos racistas que los demás europeos, un 34% que son igual de racistas y sólo el 9% que son más racistas. Pero al mismo tiempo un 44% se sentía discriminado en el trabajo o al pedir trabajo, discriminación que no percibían un 52% de ellos^^. Por otra parte, los estudios cualitativos mediante grupos de discusión realizados en lugares con una alta proporción de inmigrantes muestran una reticencia por parte de la población española. En ello influyen diversos motivos, como la percepción de que los espacios públicos están siendo ocupados por gentes ajenas, de que los inmigrantes compiten con el pequeño comercio local y hacen bajar los salarios de los trabajadores, de que «no se integran», es decir que mantienen sus propias costumbres y formas de vida, y de que acceden a servicios sociales, como la enseñanza, que pagan los españoles^^. Pero uno de los principales es el referido a la delincuencia. Un estudio muy reciente realizado en diferentes barrios y pueblos de Barcelona muestra esas dificultades de convivencia, que se dan especialmente con los inmigrantes marroquíes, debido sobre todo a la mala imagen que resulta de la pequeña delincuencia protagonizada por los adolescentes de esa nacionalidad^^. En todo esto influyen desde percepciones puramente subjetivas hasta el discurso de los políticos y de los medios de comunicación. Conviene por tanto tratar de averiguar si es cierto que la llegada de extranjeros está teniendo una incidencia en las tasas de delincuencia. El indicio más claro de que así es se encuentra en las detenciones de extranjeros por presunto delito, cuyo número ha aumentado mucho en los últimos años. Dicho de otra manera, si en 1998 era extranjero uno de cada siete detenidos, en 2001 lo era uno de cada cuatro^^. 1^ C. GONZÁLEZ ENRÍQUEZ, «La convivencia con los inmigrantes en Barcelona», en wwwiafactoriaweb.com (2002). ^® J. AVILES, «Inmigración y delincuencia», en www.realinstitutoelcano.org (2003). Aparentemente los extranjeros, que representaban un 3% de la población, o todo lo más un 4% si tenemos en cuenta a los inmigrantes irregulares, serían pues responsables de aproximadamente una cuarta parte de los delitos cometidos en el año 2001. La desproporción es demasiado grande como para que pudiera atribuirse a una presunta tendencia a detener preferentemente a sospechosos extranjeros. Pero tampoco se puede caer en la interpretación simplista que atribuye mecánicamente el incremento de la delincuencia al incremento de la inmigración. La explicación ha de buscarse en dos fenómenos que son distintos entre sí, pero cuyo efecto respectivo es muy difícil de diferenciar, por un lado el auge de la delincuencia organizada transnacional, que abordaremos más adelante, y por otro lado los factores criminógenos que inciden en las poblaciones inmigrantes, que examinamos a continuación. Los estudios realizados en distintos países demuestran que no hay una relación constante entre inmigración y delincuencia, es decir que no se puede afirmar que las poblaciones inmigradas tengan siempre una propensión a la delincuencia ni mayor, ni igual, ni menor que las autóctonas. Todo depende del lugar y del período que se considere. La comisión Wickersman, que estudió minuciosamente el tema en Estados Unidos en los años treinta, llegó a la conclusión de que «en proporción a sus respectivos efectivos numéricos, las personas nacidas en el extranjero cometen delitos menos frecuentemente que los autóctonos». Ese mismo resultado se obtuvo en Alemania, Bélgica y Suiza en los años sesenta, pero los estudios más recientes realizados en Europa occidental muestran que en los últimos años los inmigrantes presentan una tasa de delincuencia mayor que la de los autóctonos^^. Esto último pudiera explicarse mediante dos teorías básicas de la criminología, la teoría de la privación relativa y la teoría del control social. De acuerdo con la primera, una persona puede verse empujada a la delincuencia por la frustración que le genera el contraste entre sus condiciones de vida y sus aspiraciones. Esta propensión a la delincuencia no respondería directamente a la privación objetiva, es decir a la pobreza en sí misma, sino que es necesario tener también en cuenta el factor subjetivo de las aspiraciones del individuo. Es fácil entender que el inmigrante, que se ha decidido a dar el gran paso de abandonar su país de origen en espera de incorporarse a una sociedad que supone mucho más rica y que de hecho puede constatar que lo es, sufra una frustración al advertir que su nivel de vida queda muy por debajo del ha-M. Las amenazas globlales del siglo XXI 257 bitual en el país donde se ha instalado. Y esta teoría ayuda también a comprender el hecho, frecuentemente constatado, de que los inmigrantes de segunda generación, es decir los hijos de padres inmigrantes, presenten una tasa de delincuencia más alta que los de primera generación. En efecto, estos últimos tienen presentes las condiciones de su país de origen y por tanto pueden sentir que han prosperado, aunque se encuentren en una situación desfavorecida respecto a los autóctonos del país de acogida. Para sus hijos, en cambio, las condiciones del país de origen ya no son relevantes. Ellos aspiran a más y por tanto, a igualdad de condiciones objetivas, están más expuestos a la frustración. Se observa sin embargo que en distintos países se manifiestan marcadas diferencias en las tasas de delincuencia de grupos étnicos de nivel social similar. En Gran Bretaña, por ejemplo, los afrocaribeños presentan una tasa de delincuencia superior a de la población autóctona, mientras que las de indios, pakistaníes y bangladeshis son inferiores, sin que ello se pueda explicar por sus niveles de renta, ya que los bangladeshis, en particular, son más pobres que los afrocaribeños. Y en los Países Bajos las condiciones de vida de turcos y marroquíes son similares, pero sólo los segundos presentan elevadas tasas de delincuencia^^. Para explicar este tipo de diferencias la teoría más útil parece ser la del control social. De acuerdo con ella, una persona está tanto menos expuesta a caer en la delincuencia cuanto más integrada se encuentra en su entorno, a través de un conjunto de valores compartidos que se transmiten en el seno de la familia, la escuela, el barrio y todo el tejido asociativo que en su conjunto conforma una comunidad. En la medida en que los inmigrantes se hallan menos identificados con los valores del país de acogida, esta teoría explica que sus tasas de delincuencia tiendan a ser en general más elevadas, pero también ayuda a entender las diferentes tasas que se dan entre diferentes grupos de inmigrantes. A este respecto lo que importa es la solidez de los vínculos sociales dentro de las propias comunidades de inmigrantes. Aquellos en que los lazos familiares sean más sólidos, por ejemplo, presentarán tasas de delincuencia menores, de donde se deduce la importancia de fomentar la reagrupación familiar. Los atentados del 11-M, perpetrados por inmigrantes magrebíes, han venido a subrayar dramáticamente otro aspecto crucial del problema: la 1^ M. ToNRY, (éd.), Ethnicity, crime and immigration: comparative and cross-national perspectives, The University of Chicago Press, 1997, 1-14. 258 implicación de sectores muy minoritarios de la inmigración musulmana en el terrorismo yihadista. En ello el caso del 11-M no es excepcional. Todos los grandes atentados cometidos en los últimos años en América del Norte y Europa Occidental, con excepción del de Oklahoma City, han sido obra de grupos terroristas que reclutan en las comunidades musulmanas de Occidente o las utilizan como refugio. Esto implica que, en parte, la radicalización que conduce a la yihad terrorista se está produciendo en nuestras propias sociedades. Y no se trata necesariamente de inmigrantes recién llegados, ni de gente que se encuentre en una situación desfavorable. Un estudio sobre los 212 presuntos terroristas 5dhadistas de los que consta que han sido detenidos o han muerto en Europa Occidental y Norteamérica entre 1993 y 2003 muestra que sólo el 16% eran inmigrantes ilegales, y entre éstos no se hallaba ninguno de los líderes. Por el contrario el 8% eran inmigrantes de segunda generación, es decir nacidos en el país de acogida, y otros tantos eran conversos al Is-lam^^. Por desgracia parece que la doctrina terrorista del salafismo yihadista resulta atractiva para cierto número de musulmanes de Occidente, ya sean estudiantes venidos de países árabes, inmigrantes llegados en busca de trabajo, jóvenes de origen árabe o pakistani nacidos en Francia o Inglaterra, o incluso conversos. Se trata de una fe sencilla, propagada a través de predicadores y también a través de cintas audiovisuales y de portales digitales, que permite a jóvenes social o culturalmente desarraigados integrarse en una comunidad virtual de creyentes^^. No es necesario subrayar la importancia de prestar atención a este fenómeno de radicalización que puede conducir al terrorismo. La amenaza de las armas NBQR El número de guerras en el mundo parece estar reduciéndose en los últimos años, tras los elevados niveles alcanzados a comienzos de los noventa. Como ha sido habitual durante toda la segunda mitad del siglo XX, casi todas estas guerras son ci-^^ R.S. Las amenazas globlales del siglo XXI 259 viles. Existe pues la esperanza de que estemos empezando a controlar uno de los grandes males que la humanidad ha sufrido a lo largo de la historia. Pero el optimismo queda matizado por la amenaza que pudiera representar la proliferación del armamento nuclear y de las armas biológicas y químicas, así como su posible utilización por grupos terroristas. Un eventual empleo de armamento nuclear representaría una catástrofe en términos de vidas perdidas, de daños económicos y de espiral de represalias. El sistema de control con el que cuenta la humanidad para evitarlo se basa en el Tratado de No Proliferación Nuclear de 1968, suscrito por 189 estados, y en la actuación del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). El tratado implica el compromiso por parte de las cinco potencias nucleares entonces existentes, que coinciden con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, de no transferir a otros estados tecnología armamentística nuclear y, por parte de los demás estados firmantes, de no tratar de producir armas nucleares. Los límites del sistema se pusieron sin embargo de manifiesto inmediatamente, ya que Israel, que aparentemente disponía de armas nucleares desde el año anterior, se negó a suscribirlo, a pesar de las presiones de Estados Unidos. El acuerdo al que al parecer llegaron el presidente Richard Nixon y la primera ministra Golda Meir en 1970, fue que los Estados Unidos no seguirían presionando acerca del tema, a cambio de que Israel mantenga un perfil nuclear bajo, evitando la realización de pruebas nucleares e incluso el simple reconocimiento de que dispone de armamento nuclear. Nadie duda, sin embargo, de que así es^^. Los otros dos estados que poseen armamento nuclear, desde 1998, son India y Pakistán, dos estados enfrentados desde hace medio siglo, que no han suscrito el tratado y no han ocultado su condición de potencias nucleares. Pero existen también estados que pudieran haber desarrollado programas de armamento nuclear a pesar de haber suscrito el tratado. El caso más inquietante es el de Corea del Norte, que ha revocado su firma, ha roto con el OJEA desde 2002 y ha avanzado mucho en su proyecto de producir armas nucleares, si es que no dispone ya de ellas. El proyecto de enriquecimiento de uranio por parte de Irán resulta también preocupante. Pero lo más grave quizá sea que durante dos décadas ha podido funcionar una red internacional de suministro de tecnología y equipo para la producción de armamento nuclear, con la participación de treinta empresas de distintos países, la mayoría de las cuales no sabían A. COHEN, Israel and the bomb. En palabras de Mohamed el Baradei, director del OIEA, todo el sistema de control de la proliferación está en peligro, debido a la difusión de la tecnología nuclear, a la aparición de grupos terroristas deseosos de dotarse de armamento nuclear, o al menos radiológico, y al hecho de que un creciente número de estados se sienten inseguros frente a eventuales agresores y desean disponer de la garantía nuclear. A ello se suma que la producción de uranio enriquecido o de plutonio sigue siendo libre, a pesar de que, una vez conseguida, un Estado dotado de una infraestructura industrial suficiente puede producir armas nucleares en el plazo de un año^^. De acuerdo con el informe Panyarachun, unos cuarenta estados del mundo se hallan en condiciones de producir armas nucleares en un plazo corto de tiempo, y cabe el temos de que varios se decidieran a hacerlo en el caso de que el sistema basado en el Tratado de No Proliferación se vi niera abajo. Existe también la posibilidad de que un grupo terrorista se dote de armas nucleares, de un tipo sencillo pero indudablemente letal. La existencia en el mundo de numerosos depósitos de uranio enriquecido, at gunos de ellos insuficientemente incontrolados, representa un peligro considerable y en la última década se han registrado más de 200 incidentes relacionados con el tráfico de material nuclear^'^. Desde el punto de vista de la amenaza terrorista, mucho más que un ataque nuclear, cuya posibilidad no se puede excluir, hay que temer un ataque radiológico. En este caso ya no es necesario recurrir al uranio enriquecido o al plutonio, sino a cualquiera de los materiales radioactivos que se usan en millones de establecimientos sanitarios o industriales alrededor del mundo. Con ellos se puede construir una «bomba sucia» (un Mecanismo de Dispersión Radiológica para ser más precisos), consistente en un explosivo convencional que disemina material radioactivo. Se trata de un arma mucho más apropiada para fines terroristas que para fines bélicos, ya que el número de víctimas que causaría en un primer momento no sería muy elevado, pues se debería tan sólo al efecto del explosivo convencional, pero en cambio tendría un impacto psicológico, y por tanto económico y político, muy considerable, al quedar contaminada ^^ «Mohamed el Baradei: Irán no es una amenaza nuclear inminente», El País 12/12/2004. ^^ UNITED NATIONS, A more secure world: our shared responsibility, en www.un.org (2004), 39. Las amenazas globlales del siglo XXI radioactivamente toda un área en torno al lugar de la explosión. Algunos expertos opinan por ello que se debería hacer un esfuerzo por explicar al público que un eventual ataque de este tipo no tiene por qué ser realmente grave. Es uno de esos casos en los que básicamente sólo hay que tener miedo al miedo. No se puede excluir tampoco un ataque contra una central nuclear, por el procedimiento de estrellar un avión contra ella, lo que pudiera provocar una catástrofe, como lo ha puesto de manifiesto un estudio encargado por el gobierno alemán^^. En cuanto a las armas químicas, algunas son de producción relativamente sencilla, pero no es en absoluto fácil emplearlas como verdaderas armas de destrucción masiva. De hecho, después de su empleo inicial en la Primera Guerra Mundial, su uso bélico ha sido limitado, aunque Saddam Hussein las utilizó en los años ochenta, tanto contra las tropas iraníes como contra la población civil del Kurdistan iraquí^. En cuanto a la eventualidad de su uso terrorista, se puede decir que es fácil emplearlas para matar a pocas personas, pero muy difícil hacerlo para matar a muchas. De hecho ha habido en los últimos años algunos casos de terrorismo químico, pero sólo uno ha revestido cierta gravedad. Se trata del protagonizado por la secta Aum Shinrikyo, cuyo proceso se ha celebrado recientemente en Japón. La muy escasa atención que hasta hace muy pocos años se prestaba a este tipo de amenazas se demuestra por el asombroso hecho de que aquella secta milenarista, que pretendía acelerar la llegada del apocalipsis mediante atentados masivos, pudiera montar una auténtica fábrica de armas químicas, en la que hubo en 1994 un accidente con gas mostaza que causó siete muertes, y realizar varios atentados letales con gas sarin y VX, sin que nada de ello llamara la atención de las autoridades, hasta que se produjo el atentado del 20 de marzo de 1995 en el metro de Tokyio, también con gas sarin, que mató a doce personas y provocó la hospitalización de más de miP'^. Después del 11-S tales amenazas se toman con mucho mayor seriedad y en París, por ejemplo, se realizó en octubre de 2003 un ejercicio de simulación de un ataque con gas neurotóxico?^. Mucho más peligroso que tales intentos pudiera resultar un ataque terrorista contra una fábrica de productos químicos, que pudiera traducirse en una catástrofe como la que se produjo accidentalmente en una planta de insecticidas en Bhopal, India, en 1984, con un balance de quizá veinte mil muertes. De acuerdo con un estudio reciente hay en Estados Unidos más de siete mil industrias químicas en las que un ataque pudiera producir más de mil muertes^^. La historia del empleo tanto bélico como terrorista de armas biológicas es bastante limitada. Ha habido varios intentos de utilizar gérmenes patógenos con fines terroristas, pero muy pocas realizaciones. A comienzos de los años noventa Aum Shinrikyo realizó varios ataques fallidos de ántrax y botulismo, que pasaron por entonces desapercibidos. El primer caso en que se provocaron víctimas parece haber sido el protagonizado en 1984 por una secta hinduista, los Rajneeshes, que con el propósito de hacerse con el control de una pequeña localidad de Oregon infectaron con salmonella la comida de varios restaurantes, causando la enfermedad de 751 personas, pero ninguna muerte. El impacto que aquello tuvo en los medios de comunicación fue mínimo, por lo que el primer ataque que ha causado genuina preocupación mundial fue el envío de varias cartas con esporas de ántrax, que mataron a cinco personas en Estados Unidos en octubre de 2001, cuando la opinión estaba enormemente sensibilizada por los efectos del 11-S. Aunque el caso no se ha resuelto, las sospechas apuntan hacia un científico que trabajaba en el principal centro de investigación sobre defensa biológica de los Estados Unidos, Fort Detrick, y sus motivaciones, en caso de que fuera realmente el responsable, permanecen oscuras. El hecho de que algo no haya ocurrido en el pasado no implica que quepa excluirlo como amenaza futura. En principio se pueden cultivar gérmenes patógenos en un pequeño laboratorio, aunque no es tan sencillo conseguir una cepa adecuada ni mucho menos difundir los gérmenes de forma efectiva para que causen muertes masivas. Incluso Aum Shinrikyo, cuya capacidad científica y tecnológica era muy elevada, fracasó en el intento de producir armas biológicas viables. Con lo cual el mayor peligro estriba en que un Estado proporcione el arma a unos terroristas, una jugada que le resultaría menos arriesgada que suministrarles un arma nuclear, porque no resulta tan fácil identificar el origen de un germen. De hecho, un ataque bioterrorista que no fuera reivindicado pudiera ser fácilmente confundido con una epidemia natural. Las amenazas globlales del siglo XXI extraño que a partir del 11-S se le haya prestado una gran atención al tema, muy especialmente en los Estados Unidos. En mayo de 2004 el Senado aprobó el gasto de 5.600 millones de dólares en diez años para promover el desarrollo y almacenamiento de vacunas, antídotos y otros recursos sanitarios para hacer frente a un eventual ataque bioterrorista^^. Sin embargo, algunos expertos consideran que, a pesar del reciente esfuerzo presupuestario, los Estados Unidos siguen estando poco preparados ante la eventualidad de un ataque bioterrorista^^. En tales circunstancias, el interés que Al Qaeda ha demostrado por la adquisición de armas NBQR resulta verdaderamente inquietante^^. Delincuencia transnacional y tráfico de drogas El informe Panyaranchun acaba de definir con precisión la amenaza que representa la delincuencia transnacional organizada, que deteriora la seguridad humana y degrada la capacidad de los estados para garantizar la ley y el orden, al tiempo que contribuye a la perduración de los conflictos internos, a la proliferación de los armamentos y al terroris-mo^^. No se trata por tanto de una cuestión marginal, sino de un factor fundamental de inseguridad, cuyo desarrollo se ve favorecido por la globalización. No ha sido sin embargo hasta los años noventa cuando la delincuencia transnacional ha sido reconocida como un problema internacional grave. Un paso decisivo se dio en diciembre de 2000 cuando, por iniciativa de las Naciones Unidas, 124 estados firmaron en Palermo una Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional. De acuerdo con el artículo 2 de la Convención, por «grupo delictivo organizado» se entenderá «un grupo estructurado de tres o más personas que exista durante cierto tiempo y que actúe concertadamente con el propósito de cometer uno o más delitos graves o delitos tipificados con arreglo a la presente Convención con miras a obtener, directa o indirectamente, un beneficio económico u otro beneficio de orden material»^'*. ^^ UNITED NATIONS, A more secure world: our shared responsibility, en www.un.org (2004). ^' * El texto de la convención y de los protocolos anexos se puede consultar en www.undcp.org/palermo. Una definición, por cierto, que excluye a los grupos terroristas, cuya finalidad, de acuerdo con la definición habitualmente aceptada, es intimidar a una población o forzar a un gobierno o a una organización internacional a realizar una acción o a abstenerse de realizarla. El informe de Europei sobre delincuencia organizada correspondiente al año 2003 indicaba que habían sido detectados en la Unión Europea, constituida entonces por 15 estados, 4.000 grupos con casi 40.000 miembros. Advertía además de que la inminente ampliación de la UE ofrecería nuevas oportunidades a la delincuencia organizada. Entre los grupos autóctonos de la Europa de los 15 el informe subrayaba la importancia de los holandeses, los españoles (sobre todo en lo referente al tráfico de cannabis y cocaína), los italianos y los belgas. Entre los grupos de los países candidatos a la adhesión, destacaba a los polacos, los bálticos, los búlgaros y los rumanos. Y entre los grupos de otros países que operan en la UE destacaba a los albaneses, los procedentes de la antigua Yugoslavia, los rusos, los turcos, los nigerianos, los marroquíes, los colombianos, los chinos y los vietnamitas. Por último, dentro de la amplia variedad de delitos en los que tales grupos están implicados, subrayaba las graves implicaciones de dos de ellos, en primer lugar el tráfico de personas (incluyendo tanto la facilitación de la inmigración ilegal como la trata de seres humanos, captados mediante la violencia, la coacción, el secuestro o el engaño y explotados en la prostitución o como trabajadores ilegales) y en segundo lugar el tráfico de drogas ilegale^^. En España se ha incrementado últimamente la preocupación por el asentamiento de grupos transnacionales muy violentos, especialmente en la Costa del SoF^. No existen apenas estudios comparativos sobre los grupos delictivos transnacionales a nivel global. Uno de los más interesantes, recientemente publicado por la Oficina contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas, consiste en un análisis de 40 grupos de 16 países y se basa a un cuestionario enviado a autoridades y expertos de dichos países^^. Aunque la muestra dista mucho de ser representativa, las conclusiones del estudio ofrecen una serie de rasgos que posiblemente sean comunes al conjunto de la delincuencia organizada transnacional: Las amenazas globlales del siglo XXI 265 a) Dos tercios de los grupos tienen una estructura jerárquica clásica y el resto están organizados de manera más laxa. b) La mayoría de los grupos tienen entre 20 y 50 miembros. c) La violencia resulta esencial en la actividad de la mayoría de los grupos. d) Menos de un tercio de los grupos tienen una identidad étnica definida. e) La mayoría de los grupos se concentran en una actividad delictiva principal, y sólo un tercio tiene más de tres actividades principales. La actividad más común es el tráfico de droga. f) La mayoría de los grupos actúan en más de dos países. g) La gran mayoría de los grupos recurren a la corrupción, de manera sistemática u ocasional. h) Algo más de la mitad de los grupos han adquirido influencia política, a distintos niveles. i) Casi la mitad de los grupos tienen también actividades en la economía legal. j) La mayoría de los grupos cooperan con grupos de otros países, sobre todo para obtener mercancías ilegales, especialmente drogas. La combinación de estas características permite definir una tipología de grupos criminales. Se observa que, en términos generales, los grupos con una jerarquía más rígida son los que más a menudo tienen una sólida cohesión basada en lazos sociales o étnicos, y son también los más violentos, los que más recurren a la corrupción, los que más invierten en la economía legal y los que más relaciones transfronterizas tienen. En resumen, los grupos más peligrosos son los que presentan las características que habitualmente se atribuyen a las «mafias» (un concepto impreciso que quizá sea mejor no utilizar). El estudio subraya sin embargo la amenaza que representa el otro tipo de grupos delictivos organizados, mucho menos visible, que se caracteriza por estructuras en red menos formales y es por tanto más difícil de combatir. El principal negocio de la delincuencia organizada transnacional es, por supuesto, el tráfico de drogas ilegales y ello resulta tanto más grave porque el consumo de sustancias psicotrópicas representa un importante problema sanitario y social en un gran número de países. Debido a esto existe un muy amplio consenso sobre la necesidad de mantener y reforzar el sistema de control del que se ha ido dotando la humanidad, que se basa en la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961, el Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas de 1971 y la Convención de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas de Juan Aviles Farré 266 1988, ratificadas por la casi totalidad de los estados del mundo. A pesar de elio hemos asistido durante el último medio siglo a una verdadera epidemia mundial de consumo indebido de drogas. La Oficina contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas estima que casi el 5% de la población mundial de más de 15 años consume droga, lo que supone 185 millones de personas, y el problema es especialmente grave entre los jóvenes. Esto no significa sin embargo que los esfuerzos de control hayan sido inútiles, porque cabe recordar que el tabaco, que es legal, es consumido por el 30% de la población mundial, con los devastadores efectos sobre la salud que se saben. Se estima que casi 150 millones de personas consumen cannabis, unos 38 millones consumen anfetaminas y éxtasis, 15 millones consumen opiár ceos (entre ellos 9 millones heroína) y 13 millones consumen cocaína. En el conjunto del mundo el problema sanitario mayor lo constituyen los opiáceos, que provocan la mayoría de solicitudes de tratamiento, pero el consumo mundial de heroína parece estar descendiendo en los últimos años, miei> tras que el crecimiento más fuerte se está produciendo en el consumo de cannabis. En conjunto, las cantidades decomisadas de todo tipo de drogas han experimentado en los últimos años un fuerte aumento, que parece in dicar no sólo un creciente esfuerzo para combatir el narcotráfico sino también un incremento del consumo, pero es necesario subrayar que el fuerte aumento de los años noventa ha dado paso a una estabihzación a comienzos del siglo XXI. De nuevo hay que subrayar que el riesgo sanitario y social que suponen las drogas ilegales está asociado a otras amenazas, especialmente la de la delincuencia organizada. En palabras del último informe de la Oficina contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas: "Los vínculos entre el tráfico de drogas, la delincuencia organizada y, hasta cierto punto, la financiación del terrorismo, ocupan ahora el primer plano del panorama internacional. La reciente incorporación al sistema multilateral de un nuevo conjunto de instrumentos innovadores para luchar contra la delincuencia organizada transnacional, la trata de seres humanos, el contrabando de migrantes, el tráfico de armas de fuego y la corrupción está allanando el camino para lograr avances importantes en la lucha contra las drogas y el delito^^>. Las amenazas globlales del siglo XXI Los atentados del 11-M, en cuya realización participaron delincuentes comunes que los financiaron mediante la venta de drogas, han subrayado dramáticamente este tipo de conexiones. Y España ocupa en las redes del narcotráfico una posición muy singular, como vía de entrada en Europa de la cocaína colombiana y del cannabis marroquí. De acuerdo con las estimaciones del Observatorio Español sobre Drogas, hay en España unos 200.000 consumidores problemáticos de opiáceos y cocaína, las drogas más peligrosas. El retroceso de la heroína ha conducido a que en los últimos años se haya reducido el número de muertes directamente ligadas al consumo de drogas, pero aún así se producen unas mil al año. El porcentaje de quienes han consumido cannabis en el último mes se ha duplicado entre 1995 y 2001, pasando del 3,1 al 6,5, y el de quienes han consumido cocaína se ha triplicado, pasando de 0,4 a 1,4. Todo esto indica que España es uno de los países de la UE más afectados por el problema de la droga. De acuerdo con el último informe del Observatorio Europeo de las Drogas y la Toxicomanía, España se sitúa en el primer lugar en el consumo de cocaína por los adultos jóvenes, en tercer lugar en el consumo de cannabis y de éxtasis, y en el quinto lugar en el consumo de anfetaminas^^. Sería un error pensar que las amenazas evocadas en este artículo deben ser afrontadas exclusivamente a través de las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia. En realidad, como ha afirmado recientemente el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, nuestra mejor estrategia preventiva es apoyar el desarrollo y la mejor inversión en seguridad que puede realizar un país es destinar recursos para los objetivos del milenio, acordados en el año 2000, que pretenden una sustancial reducción de la pobreza, el hambre y otros males sociales para el año 2015^^. Pero a su vez, una gran contribución al desarrollo humano se ha de hacer mediante la cooperación internacional en la lucha contra la de-267 3^ OBSERVATORIO ESPAÑOL SOBRE DROGAS, Informe n"" 6, en www.mir.es/pnd (2003).'^^ OBSERVATORIO EUROPEO DE LAS DROGAS Y LAS TOXICOMANÍAS, El problema de la drogodependencia en la UE y Noruega, en www.emcdda.eu.int (2004).' ^^ K. ANNAN, «Courage to fulfil our responsibilities», en The Economist, 12-4-2004.
Los nuevos requerimientos en materia de seguridad que la comunidad internacional tiene que asumir como consecuencia de las nuevas amenazas y riesgos, obligan a que los Servicios de Inteligencia y de Información, objeto de análisis de este artículo, incrementen y mejoren la colaboración y cooperación entre ellos. En este sentido la aspiración de los Estados por poseer el máximo nivel de seguridad cediendo el mínimo de soberanía, se constituye como uno de los objetivos principales de los mismos, dificultad que se presenta, en la actualidad, para poder lograr una efectiva coordinación multilateral De esta forma, no solamente se tendrá que tener en cuenta las necesidades vitales en cuestiones de Inteligencia, que obligan a los Estados a establecer relaciones de cooperación multilaterales, sino que se deberá analizar la posición que defiende cada uno de ellos como actor y como sujeto de soberanía en las Relaciones Internacionales. Para ello, el análisis de los diferentes niveles de cooperación existentes en materia de Inteligencia, intraestatal e interestatal, junto con las iniciativas de colaboración e intercambio de información que se han llevado a cabo en el panorama internacional, y especialmente en el ámbito Europeo, serán los pilares en los que se sustentará este artículo. A riesgo de simplificar, podría considerarse que los Servicios de Inteligencia son un reflejo de la idiosincrasia de un Estado. A lo largo de los Julia Pulido Gragera siglos, la obtención de información se ha considerado un objetivo esencial para lograr una óptima seguridad y defensa. La necesidad de prever acciones ofensivas y el interés por el conocimiento de las realidades del sistema internacional, son factores que han impulsado a los Estados a utilizar diferentes métodos para la obtención de información. En la actualidad, el aumento de actores en el sistema internacional que influyen en la realidad estatal, provoca que se necesite un conocimiento tanto de sus propósitos como de sus actuaciones. Por ello, los Servicios de Inteligencia e Información se constituyen en objeto de análisis desde dos perspectivas. Por un lado, como entidades propias con carácter de Administración del Estado, y por otro como instrumentos de estos. En este caso, la dimensión del análisis será la última, puesto que el enfoque estará centrado en la cooperación internacional de los Estados a través de sus Servicios de Inteligencia. En un sentido general, el cambio en el concepto de seguridad que tras el final de la Guerra Fría^ ha supuesto una reestructuración de las funciones y los objetivos de los Servicios de Inteligencia, ha requerido el establecimiento de unos mecanismos de cooperación entre los mismos no exentos de dificultades. La necesidad vital de los Estados de obtener la máxima seguridad posible ante un amplio espectro de amenazas, obliga a que incurran en el establecimiento de mecanismos preventivos o reactivos para contrarrestarlas. En este sentido, y en lo que corresponde a las medidas de prevención, la labor tanto de los Servicios de Inteligencia como de Información es fundamental en la consecución de dichos objetivos. Un dato a tener en cuenta, es la dificultad que los Estados, como actores del Sistema Internacional, presentan en la convivencia dentro del mismo. El deseo de los países en la consecución de la máxima eficacia en la provisión de seguridad a través de las organizaciones internacionales se ve, paradójicamente, contrapuesta con las restricciones a la hora de compartir Inteligencia por motivos de salvaguarda de los intereses nacionales propios de los países. ^ Ya el profesor Barry Buzan establecía en 1991 un concepto ampliado de seguridad que progresivamente ha ido evolucionando durante la última década. En este sentido, la pretensión de alcanzar seguridad implica un intento de equilibrio a través de la integración de los Estados en las organizaciones internacionales, siendo paradójicamente, reacios a considerar que la seguridad del otro puede llegar a ser la seguridad propia. De esta forma se materializa la tesis de Berki^, considerando que la seguridad no es un concepto absoluto. La situación «ideal» en estos términos no existe, considerándose el factor individual como elemento fundamental a la hora de valorar el concepto de la misma, ya que ningún sujeto llega a alcanzar la seguridad completa por sí y para sí mismo. Depende de lo que la colectividad llegue a conseguir para la suya propia^. Trasladándose esta teoría a la práctica interestatal, la aspiración a la utópica seguridad global absoluta que puede detentar un Estado, se convierte en la carencia de ésta por parte del resto. Se puede decir, por tanto, que la seguridad propia es la inseguridad del contrario. Al ser éste un concepto relativo, la seguridad es susceptible de presentar vulnerabilidades que pueden transformarse en la distinta percepción de riesgos y amenazas que pueden poseer Estados distintos. La necesidad de lograr una seguridad lo más efectiva posible por parte de los Estados es algo indiscutible. La cuestión radica en determinar la vía para conseguirla. En este sentido, las posibilidades de cooperación entre distintos Estados para la obtención de un mayor grado de seguridad, se ven mermadas de dos formas distintas. Por una parte, es innegable que la cooperación puede aportar ventajas para todas las partes, pero lo hace en distinta medida. Algunos autores consideran que las ventajas obtenidas no son absolutas, sino relativas. Cuando dos Estados se disponen a cooperar en una ventaja mutua la pregunta que en un primer momento surge es: si no ganamos los dos por igual, ¿quién ganará más? «El hecho de que un Estado se vea más beneficiado en términos proporcionales, puede traducirse en el incremento de sus capacidades, y por tanto, en la aparición de una amenaza para el resto»^. ^ R. N. BERKI, Security and Society: ReflectionSfOn Law, Order and Politics, London, 1986, pp. 28-43. ^ En este sentido, la obra de referencia sobre la creación de una comunidad de seguridad es el clásico de Karl DEUSTCHT, Political Community in the North Atlantic Area. También se puede consultar la obra de Robert JERVIS «Security Regimes» en el libro de S. KJRASNER, (ed.) ^ K. SoDUPE, La Teoría de las Relaciones Internacionales a comienzos del siglo XXI op. cit., p. La segunda forma está ligada con la primera, ya que se puede decir que una mayor interdependencia entre distintos Estados produce vulnerabilidades puesto que las grandes potencias tienden a controlar aquello de lo que dependen o disminuir el grado de dependencia. Por tanto, el potencial para la cooperación entre Estados sería un producto de intereses y preferencias. De hecho, hay conductas que pueden elegir la cooperación porque otra decisión puede llevar a resultados no deseados o sub-óptimo^. En cuanto al objetivo principal de los Estados, su seguridad, para algunos autores, los Estados forman alianzas no solo para equilibrar sus fuerzas sino para contrarrestar cualquier indicio de amenaza para su in-dependencia^. En síntesis se puede decir que cuanto más recursos de poder tenga un Estado, mayor potencialidad posee para convertirse en amenaza para el resto. Por tanto, la variable «amenaza» es junto con la distribución de poderes, el factor que incide de una manera directa en la formación de alianzas. En este sentido, se puede afirmar que en el factor «amenaza» se incluye tres variables^: la proximidad geográfica, por la que los Estados muestran más propensión a formar alianzas para contrarrestar amenazas cercanas. Los recursos ofensivos por los que un Estado al aumentar su potencial militar puede suponer un peligro para la integridad territorial y soberanía de terceros. En este sentido, los Estados que perciban encontrarse en inferioridad de capacidades con respecto al primero, recurrirán a la formación de alianzas para contrarrestar su capacidad ofensiva. Finalmente, la tercera variable, se determina por las intenciones de los Estados, en tanto en cuanto, las percepciones de los terceros son esenciales para la consecución de una alianza en contra del primero, es decir, aquellos Estados que son percibidos como especialmente peligrosos provocan que se formen coaliciones contra ellos para equilibrar el potencial peligro. Pero en la actualidad la consideración de amenaza o riesgo a la seguridad no se circunscribe exclusivamente al ámbito estatal, el surgimiento de una nueva concepción de los mismos, así como la ampliación de lo que se considera espectro del conflicto, obliga a reforzar los lazos de cooperación entre los Servicios de Inteligencia e Información para poder dar respuesta a los nuevos retos, aunque para ello hay que vencer las dificultades intrínsecas al concepto de cooperación. ^ El ejemplo clásico se define a través del dilema del prisionero. ^ S. M. WALT, «Alliances Threats and U.S. Grand Strategy: A Reply to Kaufman and Labs», Security Studies. La Cooperación Internacional entre Servicios de Inteligencia En la actualidad, amenazas como el surgimiento de proliferación de armas de destrucción masiva, conflictos intraestatales, el terrorismo y su interconexión con el crimen organizado, etc., suponen unos retos a los que la sociedad internacional debe responder de una forma preventiva y reactiva. Así, desde la postura estatal que, a través del responsable político marca las directrices de los Servicios de Inteligencia, la labor preventiva de los mismos debe inscribirse en un ámbito multidimensional en el que la cooperación internacional se aprecia como fundamental, aunque no exenta de matizaciones. Desde una perspectiva del estudio de los Servicios de Inteligencia y de Información como instrumentos de los Estados para la realización de políticas preventivas, la cooperación entre ellos se presenta con importantes diñcultades en cuanto a la eficacia de la misma. Si se considera que el Estado es el actor principal en las Relaciones Internacionales, los Servicios de Inteligencia y de Información que actúan al servicio de los mismos, contarán con las mismas dificultades que los países a los que representan a la hora de establecer relaciones de cooperación. De esta forma, los Servicios de Inteligencia van a actuar conforme a sus propios intereses y anteponiendo la Seguridad Nacional del Estado al que pertenecen, a las necesidades que, de una forma colectiva, se tomen en una coalición. Por ello, la clave para lograr un entendimiento se encuentra en la búsqueda de objetivos comunes y en el que se logre un equilibrio de poder entre los actores, en el que ninguno se vea en una posición desproporcionada por un incremento de beneficios para un actor en detrimento de los otros, en este caso, de los Servicios de Inteligencia. En este sentido, la consecución de un entendimiento con respecto a unas materias determinadas que representan una amenaza real para los Estados se establece como el primer paso para una cooperación efectiva. Actualmente, una de estas materias es el terrorismo, pero esto no es suficiente si no hay un acuerdo sobre los mecanismos preventivos, de los cuáles forman parte los Servicios de Inteligencia, como elemento esencial. El problema surge a la hora de necesitar compartir cierta información considerada por un Estado que puede afectar a su propia Seguridad Nacional. Este caso es un claro ejemplo de aseguración de la supervivencia de un Estado, en el que la protección celosa de la información puede suponer convertirse en un factor negativo en la eficacia de la cooperación internacional. Pero indiscutiblemente es un cuestión inevitable. En lo referente al hecho que hacen que los Estados establezcan un equilibrio de poder, la aplicación a los Servicios de Inteligencia en la actualidad es acertada en tanto en cuanto, el objetivo principal es la supervivencia dentro del sistema. Cada Servicio de Inteligencia, como ya se ha apuntado, tiene el deber principal de salvaguardar los intereses nacionales y la seguridad nacional frente a amenazas, internas o externas. Asimismo, la necesidad por parte de los Estados de minimizar los efectos que derivados de los «dilemas de seguridad», obligan a anhelar la posesión del control de los riesgos y amenazas por parte de los Servicios de Inteligencia, dominando situaciones adversas que no se caracterizan por ser los propios Estados las productoras de las mismas, como en muchas ocasiones es el terrorismo. Finalmente, la cuestión de las percepciones es algo fundamental porque de ellas va a depender que se tomen los requerimientos y las decisiones oportunas en un determinado momento, no solamente al más alto nivel, como es el caso del responsable político, sino a todos los niveles dentro del propio Servicio establecidos en el Ciclo de Inteligencia^. Niveles de cooperación entre los Servicios de Inteligencia e Información Se ha mencionado que el aspecto fundamental en la actualidad para lograr una óptima cooperación entre Servicios es el establecimiento de una estrategia en la que se establezcan materias y objetivos comunes. En este sentido, se puede decir que existen dos grandes niveles: el intraestatal, basado en la cooperación entre los distintos Servicios de Inteligencia e Información que operan en un Estado, y el nivel interestatal, que, a su vez, se divide en cooperación bilateral y multilateral. En cuanto a este nivel, las dificultades que se presentan en la cooperación entre los distintos Servicios surgen por dos motivos principalmente. Por un lado, a consecuencia de la excesiva burocratización en los me-^ B. BERKOWITZ y A. E. GOODMAN, Strategie Intelligenee for Ameriean National Seeurity, Princeton, New Jersey, Princeton University Press, 1989, p. La Cooperación Internacional entre Servicios canismos de intercambio de información. Y por otro, por la poco exacta demarcación de las competencias asignadas a cada uno de los Servicios, por lo que, algunos de ellos ejecuta funciones que no le corresponden, dificultando y duplicando las tareas con la consiguiente demora en los objetivos encomendados. En lo correspondiente a los Servicios de Inteligencia y de Información policiales, tradicionalmente han actuado en esferas diferentes. Los primeros han mantenido su ámbito de actuación enfocado en los planes y capacidades de gobiernos extranjeros, mientras que los segundos se han centrado en neutralizar la actividad criminal dentro de las fronteras de los Estados. Actualmente, los actos incardinados en el paraguas del crimen organizado llegan a presentar una naturaleza global, por lo que no llegan a ser competencia exclusiva de las Fuerzas de Seguridad y de sus Servicios de información, sino que la obtención y el análisis de la información sobre estos asuntos llegan a ser prioridad de la Comunidad de Inteligencia en su conjunto. Pero, las dificultades se presentan a la hora de establecer las misiones, los objetivos y los requerimientos legales, sobre todo en aquellos Estados en los que las competencias de ambos Servicios, no están claramente delimitadas. En este sentido, se puede decir que, en general, hay dos fuentes princi pales de conflicto en el nivel de cooperación intraestatal. Por un lado, la reticencia a la hora de compartir información sensible. Algunos Servicios de Información se reservan los datos relativos a terrorismo, crimen organizado, etc., obtenidos en el transcurso de una investigación criminal, por lo que dificulta el vínculo de comunicación entre otras Agencias de Inteligencia. La segunda fuente de conflicto se refiere a que algunos Servicios de Información han incrementado sus esfuerzos en ampliar sus ámbitos de actuación, invadiendo, en cierta forma, las áreas competenciales de los Servicios de Inteligencia. Así, en Estados Unidos, el FBI, en ciertos aspectos, emprende investigaciones de forma conjunta con otros Servicios de Información homólogos extranjeros y desarrolla fuentes de información independientes sobre actividades relacionadas con el crimen organizado. Este hecho provoca algunas situaciones de ingerencia en competencias enfocadas al exterior propias de las Agencias de Inteligencia que, en algunos casos, podría ser beneficioso para las mismas, si se estableciera un vínculo de coordinación efectivo que pudiera facilitar el cumplimiento de las tareas de las Agencias de Inteligencia a través de la experiencia de los Servicios de Información en el ámbito de las actividades criminales. Pero, ciertamente, el hecho de que cada Servicio quiera guar-Julia Pulido Gragera dar celosamente la información que han obtenido, complica en exceso la voluntad de establecer unos canales fluidos de intercambio de datos. Como ejemplo clarificador, se puede exponer el ocurrido tras el 11-S entre las Agencias de Inteligencia e Información en Estados Unidos, en cuanto a los fallos detectados. Se puede decir que el 11-S se basó principalmente en el vacío en la agilidad entre las distintas Agencias, como consecuencia de la falta de directrices políticas precisas conforme a las necesidades de Inteligencia. A pesar de las iniciativas establecidas ya desde a década de los noventa, como el establecimiento de un grupo de trabajo conjunto entre las Agencias de Seguridad y los Servicios de Inteligencia en 1995 compuesto por expertos en jurisprudencia y otros oficiales pertenecientes a las mismas, y la formación de un grupo de coordinación con el objetivo de establecer las divisiones competenciales adecuadas y los mecanismos para la resolución de diferencias entre Servicios que puedan surgir, los problemas en la coordinación entre Agencias culminaron en la poca previsión y escasa agilidad de la que hicieron gala los Servicios de Inteligencia estadounidenses en los atentados terroristas del 11-S. Por tanto, la falta de cooperación entre las Agencias de Inteligencia y las de información, concretamente entre la CIA y el FBI, ha sido motivo de discusión considerándose una de las posibles causas de la falta de previsión de los atentados. Por ello, se han establecido una serie de mecanismos de colaboración más profunda, así como una reforma de la Comunidad de Inteligencia en su conjunto. La división de competencias entre las agencias de inteligencia y las policiales estadounidenses habían estado especificadas desde hace décadas. La Comunidad de Inteligencia se centraban en las amenazas militares que provenían del exterior, mientras que el terrorismo competía a las agencias policiales, concretamente al FBI (federal Bureau of Investigation), Desde el final de la Guerra Fría, a comienzos de los noventa, se comenzaron a dar pasos para establecer una estrecha coordinación entre las dos comunidades. Esto se materializó en el USA Patriot Act, como resultado de los atentados producidos en septiembre del 2001^. La separación que a lo largo de la historia han mantenido los sucesivos gobiernos estadounidenses, de los asuntos que correspondían a lo relacionado con las actividades criminales y las que eran concernientes a la Seguridad Nacional se puso de manifiesto en el FISA (Foreign Intelligence Surveillance Act), Establecido en 1978 establece un sistema por el que se autoriza el seguimiento y la obtención de información relativa a la Seguridad Nacional. Los procedimientos difieren dependiendo de que tipo de amenaza o riesgo se refiera. Tras los atentados, se introduce una serie de modificaciones recogidas en el USA Patriot Act, Básicamente, se pretendió establecer una mejor coordinación entre CIA y FBI a la hora de compartir información en tiempo real. Uno de los obstáculos que se aprecia para poder establecer una coordinación y unas labores conjuntas entre CIA y FBI es el impedimento burocrático en cuanto a las posibles modificaciones de las competencias de cada una de las Agencias. Las funciones y competencias están recogidas en estatutos diferentes y la regulación en la clasificación de la información es extremadamente rigurosa. Por lo tanto, la dificultad a la hora de compartir cierta información entre las mismas tiene que ser autorizada burocráticamente. De esta forma no solamente se demanda una reestructuración de los diferentes Servicios en sus funciones y actuaciones, sino que se plantea unas medidas estrictas en el control de los mismos. El Congreso mediante diferentes comités tiene la labor de someter a las agencias de Inteligencia e información a una revisión y a un control tanto de sus presupuestos como de las actividades. En este sentido también se aprecian diferencias entre los distintos órganos que ejercen el control de las agencias de inteligencia y las policiales. La Oficina de Gestión y del Presupuesto (Office of Management and Budget) establece anualmente el presupuesto repartidos por partidas para cada una de las agencias. En la actualidad, la aprobación del proyecto de ley de reforma de la Inteligencia supone un paso adelante, no solo en la reestructuración de las Agencias en cuanto a funciones y objetivos, sino en el establecimiento de mecanismos de cooperación más eficaces entre ellas. Por tanto, si el problema de las organizaciones terroristas actuales es su poder y capacidad para poder atacar en cualquier dirección y lugar con una gran variedad de métodos no convencionales, se tiene que estar en disposición de poder obtener información de una gran variedad de fuentes y establecer el análisis oportuno en el más breve espacio de tiempo. Para ello se debe contar con un número de expertos que puedan establecer el nivel de alerta necesario para que el responsable político pueda tomar las medidas oportunas. Por tanto, se requiere un nuevo objetivo centrado en el establecer organizaciones de Inteligencia ágiles que tengan habilidad para adaptarse 278 Julia Pulido Gragera a los cambios. Asimismo, tienen que contar con un conjunto de individuos, fuentes de información y metodología que resuelva una situación en la actualidad y que pueda ser modificada de una forma ágil cuando las amenazas cambien. El concepto de «agilidad», por tanto, es una idea a considerar en los círculos de inteligencia. En este sentido, Berkowitz establece cuatro factores necesarios para que se produzca la «agilidad» necesaria. El primero es que la organización necesita ser capaz de cambiar y modificar al personal y a otros recursos lo más rápida y eficientemente posible cuando sea requerido por las situaciones. En segundo lugar, la necesidad de ser capaz de disponer expertos y fuentes de información en todo el mundo. Tercero, poseer la capacidad de proporcionar la información obtenida lo más rápido posible para que se puedan realizar los análisis de la misma en el más breve plazo de tiempo y de una forma efectiva. Finalmente, el facilitar la Inteligencia a los consumidores de la forma que sea requerida para cada trabajo^^. Un ejemplo de cooperación intraestatal es el desarrollado en nuestro país con la creación del Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista (CNCA), Aprobado por Consejo de Ministros el 28 de mayo del 2004, tiene el objetivo principal de integrar la información estratégica relativa al terrorismo, tanto de proyección nacional como internacional. La naturaleza del mismo es de carácter complementario y auxiliar de la Fuerzas de Seguridad del Estado, no asumiendo poderes ejecutivos coercitivos, los cuáles formaran parte exclusivamente de los Cuerpos de Seguridad del Estado. Este Centro actúa como órgano de recepción, proceso y valoración de la información estratégica disponible sobre terrorismo que constituye una amenaza para España, integrando, valorando y analizando toda la información disponible. La estructura de personal se caracteriza por disponer de miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado ( Cuerpo Nacional de Policía y Guardia Civil) y un número determinado de funcionarios que el Ministerio de Defensa considere oportuno procedentes del Centro Nacional de Inteligencia^^. En este sentido, las dificultades que se plantean no son tanto desde el punto de vista burocrático y de competencias, como del establecimiento de una cooperación en materias comunes junto con un fluido intercambio de Inteligencia entre distintos Servicios. En este sentido se puede destacar dos niveles de cooperación: el bilateral y el multilateral. Desde el punto de vista bilateral se puede decir que es el nivel más común de cooperación entre Servicios de Inteligencia. Se puede realizar de una manera formal, a través de la firma de Memoranda de Entendimiento (MoU^s)^^ o acuerdos expresos por parte de los Estados por los que se garantiza la confidencialidad de la información, o-de un modo informal, mediante acuerdos tácitos, entre distintos Servicios de Inteligencia en determinadas materias. En este caso, la práctica de la cooperación resulta más sencilla estableciéndose un intercambio de información desde un equilibrio de poder, en el que los Estados «intercambian cromos» desde una situación de igual a igual y asuntos de interés mutuo. Cada Estado a través de sus Servicios de Inteligencia establece enlaces en los Estados que le resulten de cierto interés para la consecución de sus propósitos políticos nacionales o que sean relevantes para el mantenimiento de su acción exterior o intereses nacionales. Un ejemplo de cooperación es la desempeñada por la Organización de Inteligencia de Seguridad Australiana (ASIÓ) y por el Servicio de Inteligencia de Seguridad Canadiense (CSIS). El primero estableció en el 2003 doscientos treinta y tres enlaces, distribuidos en ciento cuatro Estados. En cuanto al segundo, presenta oficiales de enlace permanentes establecidos a lo largo de la geografía mundiaF^. La tipología de niveles de cooperación bilateral se establece atendiendo a diversos tipos de acuerdos. En este sentido, se pueden firmar acuerdos por los que un Estado comparte la obtención o el análisis de la información con otro en un área determinada, con la consiguiente reciprocidad por parte del segundo en otro ámbito. Otro tipo de cooperación es el que se realiza cuando un Estado permite a otro obtener información en su territorio a cambio de que comparta con el primero el resultado de esa obtención. En tercer lugar, un país puede ayndar a otro a adquirir cierta información para sus propios intereses con la condición de que el primero pueda beneficiarse con el intercambio de los resultados. En cuarto lugar, se pueden establecer operaciones conjuntas para la obtención de información entre dos Estados que compartan el mismo interés en un ámbito o un asunto determinado. Finalmente, otro tipo de acuerdo es el que se establece para intercambiar analistas y técnicos entre dos países, así como proporcionar formación a personal de un Servicio extranjero a cambio de las ayudas prestadas en un determinado momento por otro país. En este sentido, se puede destacar, por ejemplo, la asistencia en la provisión de traductores a un Servicio por parte de otro en un área geográfica determinada. Hay que decir que en numerosas ocasiones se produce una confusión entre los conceptos de cooperación bilateral desigual y cooperación asimétrica. Normalmente, es complicado que se produzca una simetría en los mtercambios de información entre dos Estados, por la razón de que las necesidades de inteligencia y las capacidades para obtener la información de un Servicio no tienen por que coincidir plenamente con las del Estado con el que mantienen el acuerdo de cooperación bilateral. En cambio, se produce una colaboración desigual cuando hay una brecha sustancial cuantt tativa y cualitativamente en el intercambio de información. En síntesis, la base para una eficaz cooperación bilateral se resume en la consideración por parte de los Estados de que el elemento fundamental para una eficaz cooperación es la reciprocidad en el intercambio de Inteligencia y/o información, y no tanto la posición de igualdad de los Estados en cuanto a ese intercambio puesto que siempre se va a establecer un equilibrio entre las dos voluntades políticas. Con ello, se quiere afirmar que las ventajas van a ser relativas y no siempre absolutas puesto que la valoración que se realiza de los intereses se efectúa a través del juego de las percepciones siendo una elección más cualitativa que cuantitativa. En cuanto al nivel multilateral, es necesario destacar la dificultad que plantea el establecimiento de una relación de cooperación eficaz, por las razones mencionadas al icomienzo del capítulo. Cada Estado presenta unas necesidades conforme a su Seguridad e Interés Nacional, que debe salvaguardar. Este hecho provoca que sean reticentes a compartir parcelas de información que pueden afectar de una forma directa o indirecta al Estado en el desarrollo de sus políticas. Dentro de este tipo de cooperación, las dos variables que facilitan que ésta se produzca de una forma efectiva y eficiente son, por un lado, la consecución de unos intereses y materias comunes, y por otro, el factor regional. En lo que respecta a la primera variable, los Estados que comparten intereses comunes en materias que se constituyen como amenazas a la Seguridad han demostrado su propensión a establecer redes formales para la cooperación en Inteligencia. En raras ocasiones, estas redes que se constituyen como «grupos» o «clubs» van más allá del simple intercambio de información. Hay que decir, en cuanto organizaciones internacionales como la OTAN o Naciones Unidas, que no poseen capacidades orgánicas propias de Inteligencia, por lo que los requerimientos que se efectúen en este sentido dependerán del grado de información que quieran compartir los Estados miembros. A partir del 11-S, la toma de conciencia de la incapacidad para hacer frente a la amenaza terrorista de forma exclusivamente estatal, promueve una línea de actuación, por la que se constituyen una serie de alianzas contra el peligro que supone el terrorismo para la seguridad. Pero el establecimiento de este tipo de coaliciones no es nuevo. Si analizamos las alianzas de Estados establecidas en las últimas décadas en el ámbito de la Inteligencia, nos damos cuenta que se establecen para un fin concreto. Así, el programa UKUSA, antecesor de la red ECHELON, nació de un acuerdo bilateral anglo-americano durante la Segunda Guerra Mundial de cooperación en materia de SIGINT para controlar las señales emitidas por Alemania y Japón. Tras la Guerra, se acordó seguir manteniendo este acuerdo como forma de continuar la cooperación en tiempo de paz. Años más tarde se hizo extensivo a Canadá y a Australia, ampliándose a Nueva Zelanda, con la consiguiente formación de la red ECHELON con el fin de conducir las actividades de Inteligencia de comunicaciones (COMINT) de una forma global. Complementando a la anterior, la creación en la década de los sesenta del Club CAZAB, fomentado por el entonces Director de la CIA James Angleton, supuso un importante paso en la promoción del intercambio de información entre los Estados pertenecientes a UKUSA en el desarrollo de la contrainteligencia contra la Unión Soviética. Los mecanismos de cooperación se establecían en reuniones anuales entre los responsables de los Servicios de Inteligencia y Contrainteligencia de los Estados miembros, con el objetivo de facilitar la cooperación y el intercambio de información, paralelamente a los fines de colaboración de SIGINT que UKUSA detentaba^^. Incluso esta alianza realizada entre Estados con unos intereses comunes y socios con una tradición de colaboración política y económica estrecha, presenta una doble vulnerabilidad en la cooperación. Por una parte, para la urgencia que pueden poseer algunos Estados socios en los requerimientos de su Seguridad Nacional. Y por otro, para las prescript clones y obligaciones políticas y legales de estos. La consecuencia de ello es que los acuerdos informales de la red de trabajo se establecieron como urgentes desde el plano operacional, pero con una contrapartida de carácter muy sensible en lo político, y para las Fuerzas de Seguridad y Servicios de Información policiales de los Estados miembros, que tenían que evaluar si la urgencia de los requerimientos de sus socios, no se contraponían a lo establecido en la normativa legal nacional. Dentro de las organizaciones internacionales, el Comité Especial de la OTAN, a pesar de no poseer una especial relevancia en cuanto a capacidades propias de obtención de información, debe tener una especial mención en este capítulo por ser instituido por la Alianza Atlántica con el cometido de establecer una estrecha cooperación en el intercambio de Inteligencia Estratégica entre los Servicios de Inteligencia de los Estados miembros. Tras los atentados del 11-S, este Comité creó una unidad analítica para proporcionar al Consejo de la Alianza informes regulares de las amenazas que pudieran poner en peligro la Seguridad de la OTAN, así como la de los Estados miembros, basados en la Inteligencia recibida de los Servicios de Inteligencia de los países pertenecientes a la Organización. Además, este Comité también consideró de importancia el intensificar las relaciones de cooperación con Rusia en el ámbito de la lucha contra el terrorismo, contando, asimismo, con la participación de los Estados pertenecientes al Consejo de Asociación Euroatlántica, como parte del Plan de Acción 2000-2002^^ Entre otros acuerdos multilaterales hay que destacar el Club de Berna, creado en 1971, como grupo de cooperación de carácter multilateral. En él se reúnen anualmente los directores de Inteligencia de los distintos Servicios europeos con el objetivo de establecer la agenda referente a la cooperación entre los diferentes Estados a partir de los intereses comunes concernientes a la Seguridad europea. A partir de 1999, se establece en la agenda las cuestiones relativas a terrorismo, interceptación de comunicaciones, encriptación, y ciberterrorismo, y en el 2000 el Club incluye las cuestiones relativas al papel de los Servicios en la integración europea. El Club mantiene su propio sistema de comunicación para distribuir los informes realizados así como la información solicitada. Tras el 11-S, el Consejo europeo sobre Asuntos de Justicia e Interior estableció una serie de tareas al Club con el fin de proporcionar unas líneas de acción a Europol en el ámbito del contraterrorismo. En este sentido, se ha establecido un grupo asesor formado por los directores de unidades contraterroristas, los cuáles, en reuniones periódicas proporcionan asesoramiento a Europol en la lucha contra éste. El Grupo TREVI (Terrorism, Radicalism, Extrermism and International Violence) fue establecido en el Consejo europeo de Roma de diciembre de 1975, con la misión de intercambiar información y coordinar los esfuerzos en la lucha contra el terrorismo. La creación de este grupo se debió a la preocupación que existía en Europa por la ola de atentados que se estaban produciendo. Grupos terroristas de carácter independentista que actuaban en países como España, Irlanda, y revolucionarios extremistas cuyos objetivos eran Francia, Alemania, Bélgica o Italia, eran objeto de preocupación para los Estados europeos. En este sentido, se crea el grupo con el fin de establecer acuerdos de asesoramiento e intercambios de información. El Grupo Kilowatt, creado en 1977, surge tras el aumento del terrorismo de corte islamista. Los Estados que forman parte del mismo son Bélgica, Francia, Alemania, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega, Reino Unido, Sudafrica, Canadá, Noruega, Suécia, Suiza, Estados Unidos e Israel. El objetivo para la creación de este Grupo fue el compromiso de cooperación en el intercambio de información para hacer frente a la dimensión internacional de la amenaza. Actualmente, se han incluido los nuevos Estados que han entrado a formar parte de la Unión Europea. Paralelamente, al Grupo Kilowatt, se creó el grupo MEGATON, con el objetivo de afrontar las amenazas terroristas de carácter no islámico, como las de corte anárquico y radical. La diferencia entre estos dos grupos y el resto de coaliciones de cooperación multilateral, radica en que el intercambio de inteligencia no está establecido desde una base de reciprocidad por lo que se aumentan las capacidades contraterroristas de cada Estado y del grupo en su conjunto. Dentro de las amenazas que ponen en peligro la Seguridad Internacional, no hay que olvidar que no sólo el terrorismo, y la proliferación de armas de destrucción masiva, son consideradas como tales, el crimen organizado, y fundamentalmente lo relacionado con delitos económicos como el lavado de dinero y la financiación de grupos terroristas, tienen 284 Julia Pulido Gragera que tener un tratamiento especial. Por ello, la creación de unidades de Inteligencia financiera como el Grupo Egmont, son imprescindibles como complemento a los grupos de coordinación anteriormente mencionados. El Grupo Egmont se establece a partir de 1995 como resultado de la unión informal de varias unidades de Inteligencia financiera que comenzaron a operar a principios de los noventa. El principal objetivo de este grupo fue el proporcionar un foro en donde las unidades pudieran obtener apoyo para sus respectivos programas nacionales de lucha contra el blanqueo de dinero. El apoyo incluye la sistematización del intercambio de Inteligencia financiera, proporcionando expertos y capacidades suficientes para cada organización y reforzando la comunicación entre las diferentes unidades a través de la aplicación de las nuevas tecnologías. Las condiciones para el intercambio de información entre las unidades se establece de una forma libre desde la reciprocidad o el acuerdo mutuo. La información tiene que ser utilizada para el requerimiento del que ha sido objeto, con propósitos específicos. Asimismo, toda la información debe estar sujeta a estrictos controles y salvaguardas para garantizar que el uso de la misma se realiza exclusivamente de una forma autorizada, a través de procedimientos de protección de datos. En la actualidad el Grupo Egmont está compuesto por ochenta y cuatro Estados^^. Dentro de la cooperación multilateral, no se puede olvidar el papel que representa la Unión Europea en este sentido. Se puede decir que las motivaciones que presenta la Unión para establecer unos vínculos sólidos en materia de cooperación en Inteligencia, se pueden considerar como una unión entre la variable «materia-interés común», y entre el factor regional. Es evidente, como se ha puesto de manifiesto, que la cooperación en el ámbito de la Inteligencia resulta complicada como consecuencia de múltiples variables. En la Unión el establecimiento de órganos que faciliten el intercambio de información a nivel comunitario es una pretensión a lograr desde el Tratado de Maastricht. Tras los atentados del 11-S, y concretamente después de los cometidos en Madrid el 11 de marzo de 2004, la Unión Europea comienza a plantearse la necesidad de un redimensionamiento de los Servicios de Inteligencia y de información, pero desde una perspectiva de definición de objetivos. Europa se da cuenta de las vulnerabilidades que posee intrínsecas a su política comunitaria. La libertad de movimientos proporciona una ventaja a los grupos terroristas y a los individuos que los forman para poder desplazarse sin problemas entre los países del Acuerdo Schengen. Asimismo los terroristas se benefician de las leyes en cuanto al asilo e inmigración que se han establecido en la Unión, así como de las libertades civiles de asociación, religión y lengua. Por tanto, en los últimos años, y a tenor de los acontecimientos, se ha puesto de manifiesto el anhelo de establecer una eficaz y eficiente política europea de inteligencia. La sugerencia de creación de una Agencia Europea de Inteligencia que integrara la Inteligencia estratégica de la Unión ha quedado finalmente descartada, aunque la necesidad de establecer unas directrices comunes en este ámbito en el seno de la Unión es un hecho innegable, a la vez que imprescindible. Por ello, la Unión mantiene órganos tanto en el ámbito policial y estratégico como en el militar, que realizan ñmciones de integración y análisis de la información. En cuanto a las materias e intereses comunes, la creación de Euro-pol^^ en 1995 a través del Convenio del mismo nombre, establece un punto de partida en la cooperación entre Estados. El procedimiento de actuación de Europei es el de facilitar el intercambio de información, de conformidad con la legislación nacional de cada Estado miembro, a través de los oficiales de enlace. Estos funcionarios están acreditados por cada país miembro como representantes de sus organismos nacionales. Asimismo, se llevan a cabo análisis para apoyar a cada Estado, a través de la elaboración de informes estratégicos sobre la base suministrada por los países miembros, generada por Europei u obtenida a través de otras fuentes. Con el fin de cumplir sus funciones. Europei gestiona un sistema de información (Europol Computer Systemy^, directamente alimentado por los Estados miembros, siendo accesible por estos, mediante consulta, a las unidades nacionales, a los oficiales de enlace, al director, a los directores adjuntos, así como al personal que esté debidamente habilitado. Hay que decir que uno de los inconvenientes que ostenta Europol es la incapacidad para efectuar detenciones, ya que el objetivo principal, no 285 ^^ Convención de Europol. http://www.europol.eu.int. ^^ El sistema informático de Europol está compuesto por un Sistema de índice, un sistema de Información: Europol Information System (EIS), y un sistema de análisis: Europol Analysis System (OASIS). es el poder coercitivo ejecutivo, sino la provisión de análisis de la información, a través de fuentes abiertas y confidenciales que le suministran las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de los Estados de la Unión Europea. En cuanto a los informes, hay que decir que son de dos tipos. Por un lado, informes de situación y tendencias, que se realizan anualmente, de octubre a octubre, y son prospectivos. Y por otro lado, el informe-evaluación de la amenaza, en el cuál no solamente se establece previsión, sino también unos parámetros de actuación bajo el estudio de la motivación y las capacidades, como dos de las variables que definen a las amenazas. Este segundo tipo de informe se realiza de forma co5aintural, no siguiendo unas reglas en cuanto a su periodicidad. Tras el 11-S, en la Unión también se establecieron una serie de medidas para reforzar la coordinación en materia contraterrorista. Un ejemplo de ello es la creación del Grupo sobre Contraterrorismo, formado por los Estados miembros de la Unión, junto con Noruega y Suiza. El objetivo principal es el establecimiento de una cooperación operacional con respecto a la obtención de información y la prevención del terrorismo. Las reuniones se establecen cada tres meses bajo la supervisión del responsable de la UE sobre asuntos de contraterrorismo. Como se mencionó anteriormente, la creación de órganos de cooperación en la UE en el ámbito policial y de seguridad, no es lo único que se ha establecido para mantener una colaboración eficaz en el seno de la Unión. En lo que corresponde a la Política Europea de Seguridad y Defensa, la necesidad de establecer una estructura orgánica en el intercambio de Inteligencia militar, era una cuestión fundamental a la hora de realizar las operaciones de gestión de crisis y prevención de conflictos encomendadas. Para ello, se han creado unas estructuras organizativas adecuadas para la obtención, análisis y distribución de la Inteligencia. Se crea la División de Inteligencia junto con el Estado Mayor de la Unión, como pilares principales en la estructura de integración de la Inteligencia militar en la UE. La División de Inteligencia tiene como cometido integrar informes que son enviados desde los Servicios de cada uno de los Estados miembros, distribuyéndolos a través de la estructura de la PESD. La tarea principal de la División de Inteligencia se centra en conocer las regiones en las que ha estallado una crisis o conflicto o en las que son susceptibles de que potencialmente puedan surgir. Además, tiene la misión encomendada de apoyar la planificación estratégica que comienza en cuanto emerge una crisis y termina cuando las autoridades políticas de la Unión aprueban o establecen una inter-La Cooperación Internacional entre Servicios vención militar^^. Asimismo, establece valoraciones de situaciones, control estratégico y apoyo operacional. En este órgano, hay al menos un experto de cada Estado miembro y trabajan directamente para el Estado Mayor de la UE, manteniendo los vínculos con los respectivos Servicios de Inteligencia nacionales, recibiendo y/ o requiriendo Inteligencia de los mismos cuando sea necesario. El Estado Mayor de la UE dentro de la estructura del Consejo es la principal fuente de expertos militares en la Unión. En el transcurso de una crisis, la función de este órgano es la de proporcionar alerta temprana, valoraciones de la situación y planificación estratégica para el desarrollo de las «Operaciones Petersberg», incluyendo, la determinación de las Fuerzas nacionales y multinacionales europeas. Asimismo, se estableció el Centro de Situación, el cuál une las fuentes de Inteligencia civiles y militares. Es el responsable de proporcionar al Alto representante de la PESC la Inteligencia necesaria para realizar una valoración y control de cualquier situación. En su estructura se estableció una célula para obtener y analizar la Inteligencia en colaboración con los Servicios de Inteligencia nacionales. No hay que dejar a un lado al Centro de Satélites de Torrejón de Ardoz, el cuál transferido a la UE cuando la UEO fue absorbida, por la primera, este centro es el responsable de además de obtener imágenes por medio de satélites, realiza análisis e integración de IMINT, poniéndolo a disposición de las Instituciones de la UE y de sus estructuras militares. En cuanto al factor regional, las distintas «Europas» que residen en la Unión hacen que la consecución de un objetivo general resulte difícil. Las percepciones e intereses ante una determinada cuestión que poseen unos países no tienen por qué coincidir con las de otros, por lo que a la hora de llegar un entendimiento, el desequilibrio de poder que se produce hace que no se llegue a la consecución del fin propuesto. En este sentido, y como ejemplo, la visión que los Estados mediterráneos tenemos acerca de la inmigración irregular, es diferente de la que poseen los Estados nórdicos. Por lo tanto, el establecimiento de áreas geográficas de integración de Inteligencia, van a ser hechos lógicos, no sólo a la hora de compartir inquietudes, sino por la proximidad geográfica como modo de localizar los intercambios de información. De esta forma, en Europa se estableció la Conferencia de Europa Central como forma de participación de los Servicios de Inteligencia e Infor-288 Julia Pulido Gragera mación de los Estados de la Europa central y occidental para establecer un vínculo de cooperación e intercambio de información en la lucha contra el terrorismo. A nivel internacional, las alianzas regionales de cooperación son una práctica común. Así, se pueden destacar el Centro Contraterrorista del Sudeste Asiático, creado bajo el eje del Foro Regional ASEAN y el Grupo TRIDENT, formado por Israel, Turquía e Irán (hasta la Revolución Islámica) en sus comienzos, estableciéndose en la actualidad con la India, Israel y Turquía con el objetivo de intercambiar inteligencia y apoyo operacional contra el fenómeno terrorista locaF^. Por tanto, aunque la cooperación multilateral requiera, ciertamente, de unas directrices claras para su consecución, no es imposible. Lo importante es el establecimiento de unos objetivos claros y unas medidas de creación de confianza entre los Estados. Se ha comprobado que las actuaciones de los Servicios de Inteligencia e información siguen las directrices de las políticas estatales en cuanto a sus intereses y percepciones. Siendo así, la voluntad de cooperar con otros Estados resulta complicado puesto que ningún país está dispuesto a ceder información que pueda serle útil para la salvaguarda de sus intereses nacionales. Con ello, no se quiere decir que la cooperación no pueda llevarse a cabo, sino todo lo contrario. La cuestión radica en conocer los mecanismos para efectuarla. Por tanto, para que la cooperación en materia de Inteligencia resulte efectiva tiene que establecerse equilibrios de poder entre los Estados. Si las ganancias relativas conseguidas por cada Estado en el proceso de cooperación de Inteligencia no producen a largo plazo una mejora evidente de la posición relativa de unos sobre otros, ni se plantea este tipo de percepción, entonces sí se puede producir una cooperación efectiva. De esta forma, la consecución de acuerdos entre las distintas voluntades resultará más eficaz, no viéndose perjudicados los intereses particulares.
Se propone una reflexión en torno a los fundamentos tecnológicos que hacen posible la generación de inteligencia. Las inversiones en tecnologías de la información aplicadas al ámbito de la seguridad y la defensa crecen cada día y demuestran cómo la explosión de la información requiere de medios y técnicas cada vez más complejas para no quedar saturados por el desbordamiento informativo. La evaluación y el análisis de la información que se convertirá en inteligencia son aspectos clave de todo el proceso. Sin embargo, más allá de la necesaria actualización de los medios tecnológicos para la obtención, procesamiento y presentación de información y conocimiento por parte de los organismos de inteligencia no debe olvidarse que la globalización de las comunicaciones y el acceso a la tecnología punta por grupos terroristas pueden ser considerados una amenaza en caso de uso agresivo. Por otra parte, el desequilibro en el binomio libertad-seguridad proporciona argumentos para una reflexión en torno a las libertades individuales frente a la utilización masiva de tecnología para la captura, obtención y cruzamiento de informaciones mediante sistemas avanzados. Iniciemos estas páginas en torno a dos premisas básicas y aparentemente obvias: en el proceso de generación de inteligencia, la tecnología por sí sola no es de utilidad, al menos por ahora y en un plazo insondable. Y dos: Los medios tecnológicos utilizados por una nación para garantizar su prosperidad, seguridad y bienestar económico pueden devenir, como siniestro reverso de la misma imagen, en focos de amenaza al ser utilizados con fines destructivos contra esa misma nación o provocando inestabilidad al ser considerados como objetivos prioritarios de un hipotético ataque asimétrico. El informe elaborado por Melissa Applegate y publicado por el Strategie Studies Institute en septiembre de 2001 bajo el título Preparing for Asymmetry: As seen through the lens of Joint Vision 2020 advertía de las amenazas englobadas bajo el concepto de guerra asimétrica, entendida como el recurso que grupos, potencias y redes terroristas utilizarán como alternativa al desarrollo convencional del conflicto. Por ello, una de las principales amenazas de la a priori benéfica superioridad tecnológica del primer mundo es el sagaz aprovechamiento de la nebulosa cibernética globalizada por parte de los grupos terroristas para valerse del entorno red en varias áreas, actualmente consideradas prioritarias en la investigación y en el análisis de los organismos de información e inteligencia: financiación de grupos mediante transferencias bancarias on-line, comunicación segura entre grupos para fijar los objetivos y asegurar la coordinación, reclutamiento de terroristas a través de avisos en páginas web volátiles, reivindicación inmediata de acciones terroristas, propaganda y contrainformación. El paradigma de guerra-red constituye un concepto raíz en la definición de la principal amenaza mundial actual focalizada en el terrorismo^ Javier Calderón resumió estas reflexiones al hablar de «tecnología del terrorismo»: «La globalización ha beneficiado a los grupos terroristas. Las nuevas tecnologías de la información han multiplicado las posibilidades de comunica-Medios tecnológicos e Inteligencia: ción anónima -cuasi clandestina-de los grupos terroristas. Las facilidades para el intercambio de capitales les han abierto nuevas oportunidades para financiarse. La apertura de fronteras y aduanas para permitir la circulación de personas y mercancías con mayor rapidez y menos restricciones y controles les han dado la posibilidad de rentabilizar al máximo sus cadenas logísticas. Y, por último, les ha facilitado el acceso a informaciones estratégicas que les permiten golpear sobre los puntos más sensibles de las sociedades occidentales»^. Resulta evidente que de estas inercias del pasado han sabido aprovecharse grupos paradigmáticos de esta concepción asimétrica como Al-Qaeda. Las redes de información y la tecnología adecuada para su obtención, análisis y transformación en conocimiento y, como consecuencia, en comprensión de los hechos para tomar una decisión, forma parte a juicio de Lee S. Strickland de las principales herramientas de la guerra futura. Es en este nuevo escenario de «no reglas» en el que los servicios de inteligencia desarrollarán sus capacidades operativas contando con el apoyo tecnológico más adelantado como factor imprescindible pero no suficien-te^. Resulta indispensable, por tanto, replantear el nuevo escenario de conflicto ya que se trata de un concepto que no puede basarse exclusivamente en términos geográficos convencionales sino que el frente de batalla es el espacio red sin fronteras definidas^. Es cierto que, como ha indicado recientemente Javier Solana, una de las claves en la lucha antiterrorista se sitúa hoy en día en la prevención por medio del incremento al máximo de las estructuras y actividades de inteligencia^. Tras los atentados de 2001 y 2004 el protagonismo de los organismos de inteligencia nacionales o departamentales en todo el mundo ha promovido una corriente de reflexión en torno a su función, futuro, eficacia o necesidad de reforma^. Más allá de opiniones y controversias 292 Diego Navarro Bonilla para todos los gustos, se encuentran datos objetivos que ilustran el interés por el ftituro inmediato de los servicios de inteligencia al amparo del balance de lo ocurrido. El modelo de inteligencia basado en un ciclo secuencial de actividades íne heredado de la Guerra Fría y, si bien estructuralmente define qué hace un servicio de inteligencia y para quién, ñmcionalmente choca con una realidad que debe basarse en una estructura cooperativa y coordinada más próxima al concepto red que al concepto ciclo o secuencia lineaF. Las recientes reformas en la actuación de los servicios de inteligencia tienen, por tanto, numerosas dimensiones a nuestro juicio englobadas en las siguientes ideas fuerza: normativa basada en leyes eficaces de funcionamiento y consolidación del marco jurídico de actuación de los servicios, una extraordinaria reflexión sobre la imbricación de los organismos de inteligencia en la Sociedad del Conocimiento Globalizado, la continua preocupación por dotar a dichos centros de una cultura organizativa ágil y eficaz así como por un decidido esfuerzo por favorecer una integración y coordinación internacional en materia de inteligencia, aun cuando los resultados de esta ansiada coordinación sean, cuando menos, perfectibles. Junto a ello no debe olvidarse que, como resultado y proceso, el trabajo de inteligencia requiere unos mecanismos de control, evaluación y valoración de la eficacia y la efi-ciencia^. La detención de la cúpula de ETA en Francia a principios de octubre de 2004 así como la localización y desmantelamiento de una de sus prinr cipales bases en el Bearn ha vuelto a poner de manifiesto aspectos clave en la lucha antiterrorista como la coordinación de fuerzas y cuerpos de seguridad, la decidida intervención de la fiscalía o la participación conjunta de servicios de información de agencias y servicios policiales europeos. Sin embargo, un aspecto de capital importancia de cualquier operativo es la minuciosa preparación, utilización de medios y recursos tecnológicos y el concurso de numerosos elementos que, sabiamente combinados y orientados hacia un objetivo común permiten alcanzar el éxito de una operación. A menudo, de los éxitos policiales sólo se conoce su resultado final y, por razones obvias, se tiende a no dar demasiados detalles de sus preparati-"^ R. CLARK, Intelligence Analysis: a Target-Centric Approach, Washington, CQPress, 2004, 13-27: «The Intelligence Process». ^ M. A. ESTEBAN y D. NAVARRO, «Inteligencia para la seguridad y la defensa: el valor de la gestión del conocimiento», en Diego Navarro y Miguel Ángel Esteban (coords.), Gestión del conocimiento y servicios de inteligencia. Madrid, BOE; Universidad Carlos III de Madrid; Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2004, 35-54. Medios tecnológicos e Inteligencia:... Los prolegómenos de una operación pueden abarcar años e, invariablemente, la eficaz combinación entre medios tecnológicos y gestión de información para generar nuevo conocimiento juegan un papel prioritario en el éxito o el fracaso de las actuaciones de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado en el ámbito de la prevención por medio de la información. Paralelamente, la incautación de documentación generada por la actividad logística de un comando terrorista en forma de discos duros, memorias ópticas, libros contables, correspondencia, memoranda, publicaciones, etc., origina un nuevo enlace, una nueva vía de investigación. Todas esas pruebas y evidencias documentales procedentes de la administración interna del comando tienen la virtualidad de generar un nuevo conocimiento que procesado, evaluado y combinado con todo el conocimiento previamente acumulado permite pensar en lograr el tal vez inalcanzable objetivo final de la seguridad total. Desde otro punto de vista, las revisiones estratégicas internacionales proporcionan un marco global sobre las amenazas, las capacidades y la función encomendada a unas Fuerzas Armadas. Estos valiosos documentos que sintetizan la visión política y la reflexión militar no han dudado en incluir la importancia de la información como ámbito indiscutible de la defensa y la seguridad. A nuestro juicio, son dos las áreas de actuación en las que el dominio de la información despliega todo su potencial para las políticas de defensa: Tecnologías capaces de gestionar e integrar la información para desarrollar una comunicación efectiva y afianzamiento de los procesos de obtención, análisis y difusión del conocimiento generado en el seno de los servicios generales o departamentales de inteligencia vinculados a la defensa y seguridad del Estado a través del reforzamiento de iniciativas como la del futuro Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (BOE, 26 abril 2005). Este hecho insoslayable que vincula información, tecnología y amenaza se pone de manifiesto tanto en los textos de ámbito europeo (Estrategia Europea de Seguridad) como en los nacionales (Directiva de Defensa Nacional Española). El primero de ellos apuesta claramente por el empleo de medios diplomáticos, policiales, legales y de inteligencia en la identificación y neutralización de riesgos y amenazas. En cuanto a la Directiva Española se propone la unificación de los servicios de inteligencia militar bajo dependencia funcional del Centro Nacional de Inteligencia. Sin embargo, cuando se habla de unificación, coordinación, traspaso de información entre cuerpos, agencias y servicios no debe olvidarse la dimensión tecnológica subyacente en todo ese deseo. Los numerosos intentos por unificar bases de datos entre servicios de información dentro de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado se unen a las propuestas europeas 294 Diego Navarro Bonilla conducentes a reforzar la integración e interconectividad de datos en las bases de EUROPOL o a los decididos esfuerzos de coordinación expresados por el coordinador europeo de la lucha contra el terrorismo, el holandés Gijs de Vries. La identificación por parte del Ministerio del Interior del terrorismo internacional como prioridad evidente se ve acompañada de una reflexión en torno a las estructuras, actuación y grado de colaboración y coordinación entre los servicios de información de la Guardia Civil y la Comisaría General de Información de la Dirección General de Policía. Pero la medida más visible de este plan ha consistido también en la creación en mayo de 2004 del Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista, sin capacidad operativa, que tratará de paliar la descoordinación entre centros y organismos de producción de inteligencia. El nuevo centro tiene competeur cias funcionales en materia de inteligencia, centralización de recursos de información tales como las bases de datos y actuará también como un centro de evaluación y análisis de riesgos y amenazas. La principal novedad consiste en que por primera vez en veinte años el servicio de inteligencia español se incorpora a un organismo permanente y estable de coordinación en la lucha antiterrorista junto a Policía Nacional y Guardia Civil. Sin embargo la inteligencia militar queda al margen de este nuevo organismo desde el mismo instante en que no fueron incluidos orgánicamente en el Comité Ejecutivo del Mando Unificado. Las características de la contemporánea sociedad de la información extienden su influencia por todos los sectores y naturalmente el de la seguridad y la defensa nacional es uno de los más afectados, llegando a imponer su dinámica y obligando a repensar el futuro del conflicto, teniendo no sólo a la información sino a las tecnologías y métodos para su obtención, control y organización como futuro caballo de batalla. La investigación en sistemas de información y comunicación basados en el entorno web, la seguridad en las comunicaciones, la biotecnología, nanotecnologia, robótica y la biometria son actualmente áreas prioritarias en la gestión de información de todo tipo para generar conocimiento estratégico y táctico. De ahí que la realidad impuesta por los nuevos escenarios de seguridad y defensa basados en la importancia de la información y la adquisición de la denominada «ventaja de conocimiento» configure y determine el necesario acoplamiento de los servicios de inteligencia a esta rea-lidad^. Una ventaja que no debe basarse en la cantidad de información ® M. HERMAN, Intelligence services in the information age: theory and practice. Medios tecnológicos e Inteligencia:... disponible, más que suficiente sin duda, sino en el grado de satisfacción diario mostrado por los destinatarios de todo el esfuerzo de inteligencia una vez que el vértice de todo el proceso de inteligencia debe trasladarse de la fase de obtención hacia el análisis, la discriminación y la evaluación de la información para elaborar inteligencia. Se trata, en definitiva de mantener el éxito en la dialéctica entre sobreabundancia de información y pertinencia garantizando siempre el concepto de actualidad informativa con objeto de no caer en la denominada «OBE (Overtaken by events)» o desfase de la información. Sabemos que información hay demasiada, quizá en exceso. El elemento clave es sin duda el análisis y el gran valor de los analistas de inteligencia como «factor humano» radica en que sus capacidades intelectuales combinadas con el auxilio de las tecnologías de la información ponen el acento sobre el estudio, la interrogación y la extracción de conclusiones a la luz de la información obtenida^^. La tan citada Revolución en los Asuntos Militares (en adelante RAM) ha consagrado el valor del sector de la información en el desarrollo del conflicto futuro asumiendo el cambio de paradigma en la forma de conducir la guerra hacia otro: «The revolution in military affairs generally refers to the quantum leap in communications and data processing technology and the accompanying global changes in the way we share, process and use information»^ ^ Como paradigma o modelo conducente a la explotación satisfactoria de la alta tecnología en el ámbito militar, la RAM constituye de hecho la piedra de toque en la naturaleza del conflicto futuro, denominado de Cuarta Generación, que apuesta por la minimización de riesgos humanos en favor de una profunda y costosísima inversión económica en investigación y desarrollo tecnológico así como por el uso de pequeñas unidades de acción, con una menor necesidad de apoyo logístico masivo y una combinación integrada con centros de inteligencia en tiempo reaF^. En términos generales, RAM constituye el aban- Diego Navarro Bonilla dono de un modelo de guerra total por otro en el que las operaciones bélicas de una envergadura más reducida, en conjunción con la aplicación tecnológica de precisión y el libramiento de una guerra en el ciberespacio tienden más a asfixiar la capacidad de respuesta de un enemigo que a conseguir su destrucción en términos absolutos. La adaptación de un enemigo infinitamente menor en capacidad y tecnología militar ha motivado que la debilidad militar convencional de un enemigo difiíso se vea compensada por el reforzamiento de aquellos medios y formas de ataque a los que estos grupos tienen acceso, haciendo del entorno de la información para evitar dichos ataques el principal campo de batalla previo a operaciones militares sobre el terreno. De hecho, las comunicaciones vía satélite, el entorno web y los mapas de información disponibles para todos los niveles de la cadena de mando, proporcionando flujos horizontales y verticales de comunicación, son el resultado de las inversiones en I+D+I en tecnologías de la información para el campo de batalla^^. El gran reto es poner a disposición de la unidad mínima de combate la información necesaria, actualizada y en tiempo real de todas las características de los objetivos militares. Sin embargo, presentar la guerra «lo más aceptable posible» ante la sociedad ha llevado, según Manuel Castells, a los países democráticos avanzados a establecer tres conclusiones inmediatas: a) el desarrollo de los conflictos bélicos sobre el terreno no debe implicar a los ciudadanos comunes sino que deben ser librados por ejércitos profesionales; b) el término guerra debe ser sinónimo de corta duración e incluso «instantaneidad», con el fin de que las consecuencias del conflicto no se extiendan; c) finalmente, ha de ser «limpia y esterilizada»^^. De hecho, asistimos en ocasiones a una forma de combate a distancia, apoyada en medios tecnológicos supuestamente «quirúrgicos» y de un coste económico desorbitante. En este sentido, no puede olvidarse todo un conjunto de reflexiones, algunas inquietantes en torno a los límites y las consecuencias legales o morales de la masiva utilización de las tecnologías y las redes de in- Medios tecnológicos e Inteligencia:. formación en aras de una absoluta preeminencia de la seguridad y la defensa frente a las libertades civiles. Una consecuencia que subyace en todo este asunto es clara y de doble naturaleza: se produce una reducción de la intimidad y derecho a la privacidad frente a las necesidades impuestas por un mundo, al parecer, en perpetuo peligro de sufrir conflictos de información. Incluso la promulgación de una ley controvertida como la Patriot Act parece haber formalizado desde el punto legal un recorte en los derechos individuales en beneficio de la seguridad nacional, algo genéricamente aceptado por la sociedad norteamericana. Una noticia inquietante aparecida en el diario El País (28/05/03) hablaba de que las agencias de información de Estados Unidos disponen de datos de 31 millones de colombianos de una población total de casi 40 millones para controlar y vigilar la entrada en el país de supuestos terroristas y narcotraficantes. Parece ser que las agencias compraron dichos datos a Choice Point, dedicada a la compraventa de bases de datos mundiales que luego son revendidas a la administración norteamericana. La pregunta inmediata es doble: ¿cómo consiguieron los datos de casi toda la población de un país? ¿Han sido utilizados estos datos de carácter personal por las agencias de inteligencia? De hecho estas prácticas y la controversia causada por la aplicación de la Patriot Act han levantado la veda para que se pueda interferir en la vida privada en los secretos de correspondencia electrónica, en la libertad de información, o la investigación de agencias como el FBI en los registros de uso y préstamo de materiales bibliográficos en las bibliotecas norteamericanas. Recientes trabajos como el de Nacho García Mostazo reproducen el temor existente por la superprotección de los medios empleados para la seguridad nacionaP^. Entre ellos se encuentran el espionaje de las comunicaciones, en detrimento de las libertades individuales. Echelon, Promis, Carnivore o el Terrorist Information and Prevention System (TIPS en sus siglas inglesas que incluye una legión de informantes y ciudadanos anónimos que recogen datos en el transcurso de su actividad cotidiana) constituyen formas de acceder al conocimiento a base de la interceptación de la comunicación humana o mediante el informe, la denuncia o la puesta en conocimiento de la autoridad competente conductas, sospechas o indicios de posibles actitudes o hechos susceptibles de ser considerados sospechosos para la seguridad, esencialmente nor- A todo ello habría que sumar la normativa jurídica que protege la intimidad personal y especialmente el contenido de las comunicaciones, como por ejemplo el documento de la UE sobre vigilancia de las comunicaciones electrónicas en el lugar de trabajo (mayo de 2002) o el castigo impuesto desde el Código Penal a quien vulnere la intimidad de otro apoderándose de cartas, papeles, mensajes o e-mails. Redes, bases de datos, archivos y, lo que es más letal, el cruzamiento de todos ellos amenazan con restringir la libertad individual y el derecho a la intimidad de las personas al generarse en aras de la denominada seguridad nacional instrumentos y herramientas de información que almacenan millones de datos sobre actividades cotidianas^^. Algo tan habitual como el registro de un pasajero que accede a un aeropuerto norteamericano quedará perfectamente controlado e identificado gracias a proyectos como la megabase de datos Matrix, capaz de cruzar a una altísima velocidad billones de elementos de información sobre los habitantes de un país. Autores como Lee Strickland defienden por contra precisamente la necesidad de incrementar los controles, la calidad y el entrecruzamiento de los datos almacenados en miles de bases de datos que almacenan este tipo de actividades diarias en beneficio de la seguridad y la defensa nacionaP^. El endurecimiento de las condiciones de acceso a Estados Unidos por parte de ciudadanos de países como los centroamericanos está en el origen de aplicaciones de control de información y datos personales como el CAPPS o Sistema de control preventivo asistido por ordenador, donde existe un auténtico cruzamiento de datos con objeto de etiquetar y clasificar a cada individuo en función de su capacidad de constituir una amenaza seria, potencial o nula. Di-^^ R. SOHR, Claves para entender las guerras. Es un asunto de lo más serio y que podría cambiar la vida de los estadounidenses. La red de informantes que es reclutada por el Ministerio de Justicia constará de carteros, bomberos, chóferes de buses, ambulancias, taxistas, electricistas, repartidores de comida rápida y de todos aquellos que puedan informar a la autoridad de situaciones sospechosas». D. CAMPBELL, Surveillance électronique planétaire, París, Allia, 2001, 11-14: La polémique Echelon. ^"^ R. ALBERCH FUGUERAS y J. R. CRUZ MUNDET, ¡Archívese!: los documentos del poder, el poder de los documentos. Medios tecnológicos e Inteligencia:. chas prácticas se aproximan al establecimiento de un Estado de «vigilancia perpetua» según expresión de Ignacio Ramonet. No obstante, consideramos acertado repensar el sustantivo de revolución y especialmente aludir a la raíz histórica aplicada al enfrentamiento bélico. De hecho, la RAM puede considerarse como una etapa más en un proceso histórico de larga duración. Al igual que la revolución de la información no es estrictamente nueva, pues a juicio de Peter Burke^^ todas las civilizaciones y sociedades lo han sido de la información, la revolución militar ha conocido importantes jalones históricos oportunamente estudiados por el historiador Geoffrey Parker^^. Para Michael J. Vickers ha habido no menos de ocho revoluciones militares desde el siglo XV^^. Seis de ellas en los últimos doscientos años y comprenden desde el impulso a la logística de guerra aportada por el ferrocarril y la máquina de vapor hasta la generalización del rifle de repetición, el telégrafo y las comunicaciones militares hasta la más cercana del submarino y el portaviones como plataformas combinadas de ataque balístico en un caso y aeronaval en el otro. Será precisamente la historia de las formas de comunicación un concepto íntimamente ligado a los soportes de almacenamiento y registro de información y a la evolución en el tiempo de las técnicas de envío, transmisión y recepción como instrumentos conducentes al avance de una sociedad^^. El ciclo comunicativo basado en el emisor, el receptor, medio, mensaje y canal se vio pronto amenazado por los empeños de penetrar en el mensaje con fines económicos, políticos o militares desde la más temprana Antigüedad. El desarrollo de las técnicas criptográficas 300 (protección del significado) y esteganográficas (protección del mensaje) hunden sus raíces en la necesidad de comunicar sin ser interceptado. En el siglo XIX la evolución tecnológica dará paso a una gran variedad de sistemas de comunicación no basados únicamente en la escritura, posibilitando la variedad comunicativa pero también los riesgos de interceptación. Como ha estudiado John Keegan la utilidad de la inteligencia había estado limitada por la difusión de la voz humana, el corto alcance de la vista y la velocidad en la entrega del mensaje^^. En los albores de la inteligencia «sin hilos» deben situarse las estaciones de señales para comunicar el Almirantazgo en Londres y el puerto de Deal en 1796. A través de estos «semáforos» cualquier mensaje podía ser enviado y recibido entre ambas localizaciones en menos de dos minutos. Pero también durante las guerras napoleónicas las torres de «semáforos» hicieron posible el envío de mensajes de forma rápida y con un alcance muy superior. Tan sólo era necesario hacerse con el libro de códigos de tales semáforos para descifrar el mensaje. Hacia 1840 el invento de Morse permitía traducir los puntos y rayas en mensajes completos emitidos y recibidos en tiempo real dejando obsoletos otros medios anteriores. La clasificación de la inteligencia atendiendo a su procedencia o método de obtención empleado permite identificar tres tipos de fuentes de información utilizadas para la generación de otros tantos tipos de inteligencia: humana, tecnológica y de información abierta. En todas ellas, el elemento tecnológico ocupa un papel prioritario tanto en la obtención, en el control o en la transmisión. La base tecnológica de la inteligencia de señales (SIGINT) se sitúa en los sistemas de transmisión y recogida de información utilizando señales electromagnéticas en cualquier onda y frecuencia. La inteligencia militar de señales puede dividirse a su vez en táctica y estratégica. La primera persigue localizar e identificar emplazamientos de armas y efectivos militares concretos de un ejército enemigo real o potencial. Pueden emplearse medios electrónicos pero también humanos como los exploradores avanzados encargados de reconocer y fijar objetivos para la aviación. La inteligencia de señales estratégica abarca un espectro mayor, dirigiéndose a la vigilancia continua de la totalidad de un ejército y su despliegue. Sin salir de esta clasificación, la interceptación de comunicaciones ver-2^ J. KEEGAN, Intelligence in War: Knowledge of the enemy from Napoleon to Al-Qaeda. Medios tecnológicos e Inteligencia: bales efectuadas desde teléfonos móviles, mediante la colocación de escuchas o el barrido sistemático del espectro comunicativo desde plataformas aéreas SIGINT y ELINT (Electronic Intelligence) está en la base del trabajo de inteligencia. A pesar de lo escurridiza que puede resultar la actuación de unidades paramilitares, o la flexible estructura celular de grupos terroristas, la inevitable necesidad de comunicación (verbal, escrita o gestual) entre sus miembros es precisamente lo que hace exponer al emisor a la captación del mensaje por parte de un receptor no deseado constituyendo siempre el terreno de las comunicaciones, y especialmente su uso indiscriminado sin tener en cuenta los mínimos requerimientos de seguridad, su talón de Aquiles y la puerta de acceso a la información que los servicios de inteligencia manejan para contrarrestar la superioridad asimétrica de estos grupos. La localización definitiva que permitió la captura del narco Pablo Escobar se produjo gracias a la interceptación de una comunicación por un teléfono móvil. Pero también la caída del lugarteniente de Al-Qaeda Ramzi Bin al Shibh en septiembre de 2002 fue posible merced al tupido dispositivo de escuchas montado por la CIA en Pakistán y el continuo barrido efectuado por aviones AWAC (Airborne Warning and Control System), La detección de las llamadas efectuadas por Ramzi desde un teléfono por satélite precipitó su captura en una sangrienta y espectacular acción y, junto a él, diez miembros de la red terrorista. Sin embargo esta misma dependencia y actuación previsible de los sistemas de interceptación hizo posible, paradójicamente, la huida del propio Bin Laden de las montañas de Tora Bora a finales de 2001. Según el testimonio aportado por su guardaespaldas personal, el marroquí Abdalá Tabarak, detenido e interrogado en Guantánamo, fue el propio líder de Al Qaeda quien entregó su teléfono móvil a Tabarak, quien lo dejó abierto para que pudiese ser interceptado. Bin Laden y un grupo reducido de sus hombres escapaban en dirección contraria (Washington Post, 21 de enero de 2003). Esta búsqueda de señales acústicas y electromagnéticas se puede dividir a su vez en la denominada inteligencia de Comunicaciones (CO-MINT) consistente en la interceptación, análisis y descriptación de comunicaciones por ondas radiotelefónicas y radiotelegráficas. Requiere el establecimiento de estaciones receptoras, desconocidas para el emisor, para descodificar el mensaje emitido. En este apartado se incluiría el desarrollo de sistemas reconocimiento de voz dentro de las denominadas industrias de la lengua con el fin de averiguar la identidad de los emisores en el transcurso de sus conversaciones Finalmente, la inteligencia 302 Diego Navarro Bonilla electrónica (ELINT) se ocupa de controlar la información obtenida mediante señales de radar. En ella se incluye la industria de sensores microfónicos, ultrasónicos, de infrarrojos y dispositivos de reconocimiento?^. El papel jugado por los denominados «Aviones espía» en el desarrollo de un conflicto proporcionan argumento para alimentar la guerra electróni-ca^^. El barrido del espacio aéreo por medio de aviones dotados de sistemas de control y alerta aerotransportado (AWAC) así como los aviones de detección y seguimiento de objetivos terrestres móviles y fijos (JSTARS) conforman buena parte de la acción encaminada a obtener y controlar información desde el aire. La dimensión espacial de la guerra de la información hace tiempo que está consolidada por medio del lanzamiento y mantenimiento de satélites de vigilancia. Queda atrás la carrera armamentística del espacio que enfrentó en la Guerra Fría a Estados Unidos y la Unión Soviética por alcanzar el primer puesto en el desarrollo espacial. Hoy en día, los satélites de vigilancia y reconocimiento constituyen piezas esenciales de los servicios de inteligencia nacionales. Agencias nacionales y departamentos de defensa de todos los países tienen su división de vigilancia espacial dedicada al mantenimiento y gestión de la información proporcionada por los satélites para fines de gestión de crisis y vigilancia de amenazas y riesgos^^. Los satélites de reconocimiento electrónico «hurones» captan numerosas comunicaciones, vigilancia telemétrica de lanzamiento de misiles, etc. En la actualidad constituyen instrumentos indispensables en el desarrollo de la guerra tecnológica moderna^^. El poderío militar estadounidense en el campo de la inteligencia aeroespacial, como en todos los demás, es incontestable. Los USAF Space Almanac proporcionan interesantes datos acerca de los principales sistemas de satélite para la defensa, así como aquellos otros de carácter civil pero usados también para propósitos Medios tecnológicos e Inteligencia:. militares^^. Por su parte, la actividad continua de los satélites de vigilancia y reconocimiento implica la captura de grandes cantidades de información visual de zonas geográficas muy extensas. La precisión y la resolución de las imágenes permiten disponer de información de gran valor para localizar efectivos militares, emplazamientos de misiles, maniobras, etc. Las cámaras del mayor satélite espía «Big bird» puede llegar a identificar objetos de tan sólo 30 cm. Los resultados fotográficos se envían a estaciones avanzadas de procesamiento de imá-genes^^. La información geográfica digital constituye una herramienta básica para la defensa de un país, puesto que todos los sistemas de mando y control de las Fuerzas Armadas utilizan esta información para proporcionar una representación geográfica ajustada de las zonas involucradas en una acción militar a los cuadros de mando involucrados^^. En Estados Unidos es necesario destacar la función de la National Imagery and Mapping Agency cuya página mantiene un enlace a la inteligencia geoespacial [URL]. Agencia que, a partir del 24 de noviembre de 2003 se ha convertido en la National Geospatial-Intelligence Agency tras unir los esfuerzos de la CL\, DIA y NSA. Por otra parte, el objetivo de los diferentes grupos de trabajo de información geográfica digital es conseguir mapas inteligentes de toda la superficie terrestre a partir de estándares normalizados de digitalización. Estos recursos de información cartográfica van a jugar un papel fundamental en la planificación de operaciones conjuntas por parte de los Estados Mayores y también constituyen una fuente imprescindible para la inteligencia estratégica. En España, la Carta Militar digital de España^^ es la contribución de nuestro país al mapa vectorial mundial (VMAP) con el que todos los países participantes en el proyecto, podrán disponer de la cartografía mundial tras haber contribuido al VMAP con su propia aportación individual con- ^^ Una completa descripción técnica de cada uno de ellos en «USAF Space Almanac», Air Force Magazine: Journal of the Air Force Association, vol. 82: n° 8 (Agosto 1999) sistente en la digitalización cartográfica de su nación así como de alguna zona de influencia histórica coloniaF^. En otro orden de cosas, la información geográfica procedente de imágenes captadas por satélites comerciales es un recurso que debe tenerse en cuenta y que rompe con el monopolio militar de la explotación de imágenes de satélite. Existen empresas especializadas en la comercialización de imágenes geográficas obtenidas por satélite (commercial imagery) con las que se configuran mapas y planos de extensas zonas de interés como apoyo informativo geográfico al resto de informaciones que serán someti das al análisis para la generación de inteligencia^^. La utilización de estos recursos fotográficos ha sido resaltada recientemente como apoyo a la inteligencia desplegada en Afganistán^'^. En este sentido, conviene subrayar la opinión experta de Peregrin Pascual para quien: «la diferencia entre los satélites de observación militar y los comerciales se está disolviendo. La calidad y la resolución de estos últimos son tales que los productos comerciales representan un serio peligro para la protección de ciertos secretos nacionales, pues proporcionan fotos de gran detalle que pueden ser compradas por cualquiera, aunque no precisamente baratas»^^. La información gráfica de objetivos fijos o móviles constituye uno de los pilares básicos de la inteligencia de imágenes (IMINT O PHOTINT). Imágenes fotográficas digitales obtenidas por aviones o por satélites militares y civiles son el núcleo básico de información incluido en este apartado. Sin embargo, la gran revolución tecnológica en la inteligencia de imágenes procede de los vehículos aéreos no tripulados. Hablar hoy de inteligencia de imágenes resulta imposible sin referirse a los conceptos de ISR intelligence, Surveillance and Reconnaissance) y UAV (Unmanned Air Vehicle)^^, El Quadrennial Defense Review Report (30 de septiembre de 2001), publicado 32 Para más información sobre este proyecto con participación española: D. MANRI-QUE, «Inteligencia geoespacial», en Revista Española de Defensa, vol. 13: n° 148 (2000) ^^ Recomiendo la lectura de la publicación on-line: www.uvonline.com donde se analiza periódicamente la utilización y características de los aparatos no tripulados y las ope-Medios tecnológicos e Inteligencia:... por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos destacaba ya la necesidad de contar con operaciones coordinadas de ISR con el fin de proporcionar a los mandos militares la información visual en tiempo real que ayndados por equipos de a5aida y soporte a la decisión (DSS) permitan una estrategia coherente y fácilmente adaptable al surgimiento de situaciones que requieren rapidez de actuación. En suma, los ataques lanzados desde plataformas UAV en Afganistán reproducen este esquema con alto grado de eficacia y que la plana mayor del gabinete Bush consideró aumentar por los excelentes resultados en materia de IMINT estaba proporcionando su explotación directa por la CIA^^. El siguiente paso en la revolución tecnológica aplicada a la inteligencia de imágenes es el equipamiento de los aparatos no tripulados con sistemas de armas convirtiendo el UAV en UCAV (Unmanned combat air vehicle) con capacidad para convertirse en plataformas individuales de obtención y clasificación de la imagen obtenida mediante la incorporación de software específico de identificación, interpretación y valoración de la amenaza en tiempo real, sin necesidad de esperar a la intervención de un equipo en tierra^^. Prueba de la importancia concedida a los aparatos no tripulados de vigilancia fue el impulso que el anterior gobierno del Partido Popular quiso dar a estos aviones en el seno de la Revisión Estratégica de la Defensa favoreciendo el programa de creación de un prototipo europeo de UAV, el denominado «Eagle 1» desarrollado por EADS-CASA, rival de los americanos Predator y Global Hawk. La misión, encomendada al Ministerio de Ciencia y Tecnología, contaba con un presupuesto inicial de 50 millones de euros. El informe final elaborado conjuntamente por el Estado Mayor de la Defensa, el Centro Nacional de Inteligencia y la Guardia Civil fue definitivo para impulsar este proyecto, siendo la protección aérea de Canarias, Ceuta y Melilla el principal cometido de los futuros aviones no tripulados. Por otra parte, impulsado por el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) el SIVA (Sistema de vigilancia aérea) fue presentado formalmente en la feria aeroespacial de Le Bourget (París, junio de 2003). Y como resultado del interés por una «rápida capacidad de alcance global», surge el más revolucionario proyecto que tiene como protagonistas a los UAV. Se trata del plan de diseño y cons-306 Diego Navarro Bonilla trucción de un avión UAV hipersónico por parte de la agenda DARPA, denominado HCV {Hypersonic Cruise Vehicle) capaz de atacar objetivos en cualquier parte del globo, según se indicaba en la prensa mundial a comienzos de julio de 2003. Sin embargo, no sólo el espacio aéreo es el ámbito de acción de los aparatos no tripulados, sino que también se ha consolidado la producción de los uuv (unmanned underwater vehicle) o aparatos no tripulados de vigilancia y observación submarina. También los avances en materia de robótica han sido utilizados con cierto éxito en las campañas militares de Afganistán al utilizar pequeños aparatos dirigidos por control remoto como el robot «Hermes» para inspeccionar las cuevas de las inmediaciones de Tora Bora^^. Por todo ello, uno de los principales apoyos tecnológicos puestos a disposición de la inteligencia militar de imágenes actual se basa en la operatividad de los ya citados aviones no pilotados como los RQ-lA Predator (General Atomics Aeronautical Systems) RQ-4 Global Hawk (Northrop Grumman) o los ultramodernos modelos diseñados para el reconocimiento y el ataque aire-tierra (UCAV) X-45 (Boeing-Agencia DARPA) y X-47B (Northrop Grumman-Agencia Darpa)"^^. Su capacidad para capturar imágenes en tiempo real y poderlas transmitir vía satélite a un centro de mando operativo e incluso su posible equipamiento con misiles aire-tierra (Hellfire) accionados por control remoto hacen de estos aparatos auténticas Imint Data Collection Platforms y aportan una nueva dimensión a la inteligencia de imágenes en tiempo real'^^. Sin embargo, las acciones aéreas de vigilancia y obtención de imágenes llevadas a cabo por aviones tripulados ponen de manifiesto en muchas ocasiones el alto riesgo corrido por estas plataformas aéreas de obtención de información gráfica llegando incluso a ser abatidas por la defensa antiaérea del país vi-gilado^^. Uno de los casos más recientes lo ha protagonizado la caída, por causas aún desconocidas, de un aparato U-2 norteamericano al sur de la capital surcoreana (27 de enero de 2003). Medios tecnológicos e Inteligencia:. Por último, la aplicación tecnológica a la obtención de información tienen en la inteligencia de radiaciones (RADINT o MASINT, Measurement and signature intelligence) una de las formas menos conocidas dentro de la Inteligencia militar. Consiste en la adquisición de información por medio de la vigilancia a través de sensores de radiaciones procedentes de equipos o sistemas que no tienen en sí mismas información, tales como ignición de motores, líneas de conducción de energía eléctrica, etc. Según John W. Ivés: «MASINT includes the advanced processing and exploitation of data derived from imagery intelligence (IMINT) and signals intelligence (SIGINT) collection sources. Dentro de este amplio paraguas que define el futuro de la guerra se incluyen los conceptos clave de «Information Warfare, Information Assurance, Information Operations, Information Superiority...»^^. Es probablemente la definición de Guerra de Información la que mejor explique esta vinculación entre información, tecnología y conflicto, esencial para entender el subsiguiente análisis de los servicios de inteligencia: «IW is a coherent and synchronized blending of physical and virtual actions to have countries, organizations, and individuals perform, or not perform, actions so that your goals and objectives are attained and maintained, while simultaneously preventing competitors from doing the same to you»^^. Por su parte, Peregrin Pascual la define, desde un punto de vista distinto al de la propaganda y las operaciones psicológicas como el con-308 Diego Navarro Bonilla junto de «acciones ofensivas y defensivas para aprovechar y proteger los sistemas de información propios, y destruir o neutralizar los del enemigo, entendiendo como sistemas de información los materiales y las redes capaces de recopilar, procesar y diseminar datos»^^. Para estos autores, en lo que constituye una completa y actualizada puesta al día de los componentes informativos y tecnológicos de la guerra del siglo XXI, las áreas que engloba IW abarcan desde la gestión de Redes a las operaciones de información o las aplicaciones de I + D. Sin embargo, queremos destacar la integración dentro de la IW de dos áreas fundamert tales para articular nuestro análisis. Jones, Kovacich y Luzwick, en un esquema clarificador de las «IW Areas» no dudan en considerar los procesos y elementos integrantes que definen la Inteligencia y la Gestión del Conoci miento como ámbitos profundamente vinculados a la IW. Dentro de la In teligencia, los autores incluyen los conceptos de: Alerta estratégica. Recursos abiertos, SIGINT y HUMINT. Dentro de la Gestión del Conocimiento su esquema incluye los desarrollos de Minería de datos. Gestión de documen tos e información compartida. Dicho de otra manera: el concepto de IW es el marco global en el que se incluyen no sólo «todos los medios capaces de neutralizar el empleo de redes de ordenadores de un enemigo» sino también todas las operaciones relacionadas con la obtención, procesamiento y uso de la información, desarrolladas en un entorno real o virtual para alcanzar un objetivo de ventaja predominante sobre un posible competidor económico, político y militar. Dentro del sector de la defensa nacional, la conjunción entre inteligencia, gestión del conocimiento y guerra de información, proporciona, en suma, un nuevo entorno altamente poderoso. Las consecuencias de la revolución del sector información en la seguridad de los estados se percibe intensamente en una serie de amenazas para cuya detección y supresión se desarrollan métodos de alerta, vigilancia y seguridad de informar ción: Detección criminal cibernética. Seguridad Informática, Ataques físicos o electrónicos a los sistemas de información, Ciberterrorismo, Guerra de información desarrollada por estados o grupos políticos-religiosos limitados por no disponer de una fuerza militar convencional y desinformacióré'^. De hecho, la tecnología aplicada a la búsqueda y estrangulamiento de las comunicaciones, las fuentes de financiación y la infraestructura de los grupos terroristas, así como los programas de I+D conducentes a la explotación de las fuentes de información en sus más variados formatos y tipologías figuran entre las vías de mayor proyección futura para llevar a cabo la controvertida doctrina de «autodefensa preventiva» antes de recurrir en una segunda fase al empleo de la fuerza militar según el programa creado por el Departamento de Defensa Norteamericano y su titular Donald Rumsfeld. Proyectos desarrollados en el seno de agencias estatales cuyo objetivo es la investigación para la explotación de las tecnologías de la información tienen en D ARPA [URL] (Defense Advanced Research Projects Agency) y los programas vinculados (Information Awareness Office Programs; Information Processing Technology Programs; Information Exploitation Office Programs) las mejores muestras de lo que estamos exponiendo. La agencia de proyectos de investigación avanzada para la defensa es probablemente el mejor exponente de organismo íntegramente destinado a la investigación para la seguridad y la defensa de los Estados Unidos. Una parte fundamental de sus objetivos está orientada a la búsqueda y experimentación de nuevos programas y tecnologías con las que desarrollar una explotación eficaz de la información. Su objetivo es la generación de nuevas herramientas tecnológicas, software y hardware, con objeto de generar un entorno de investigación orientada a la tecnología de la información para la seguridad nacional. En el seno de la agencia DARPA se han desarrollado numerosas iniciativas que conforman un conjunto de programas específicos para la explotación de la tecnología de la información. El control de las comunicaciones electrónicas, el vaciado y gestión de millones de datos a partir de la minería de datos o la traducción automática de informaciones transmitidas en lenguas minoritarias, la bio vigilancia o la aplicación de las herramientas englobadas en las denominadas industrias de la lengua son algunas de las áreas de interés prioritario. Paralelamente, otros programas como el Wargaming the Asymmetric Environment (WAE) desarrollan técnicas de predicción para incrementar significativamente la anticipación de actos terroristas mediante indicadores obtenidos del análisis de la conducta de terroristas individuales a través de datos procedentes de su contexto político, cultural e ideológico. Este programa, en unión con el Departamento de Defensa y la Comunidad de Inteligencia norteamericana, ha creado indicadores y modelos de predicción de próximas acciones terroristas basados en la simulación de conducta y mentalidad. A mediados de noviembre de 2002 saltaba a la prensa la creación de la denominada Total Information Awareness (traducida en español como «Conocimiento total de la información») que pretendía ser una solución de carácter «absoluto, global y determinante» para rastrear, localizar y controlar billones de comunicaciones electrónicas diarias, transacciones comerciales y en definitiva, cualquier rastro de información intercambiada que permita aportar datos fiables para la lucha antiterrorista^^. Su configuración se basó en el desarrollo de tres áreas: a) Arquitectura de enormes bases de datos de contra-terrorismo, con elementos de información unidos a bases de datos sobre población; b)Utilización de nuevos algoritmos para extraer, combinar, cruzar y refinar la información proporcionada por diferentes repositorios de información para crear nuevas bases de datos; c) Nuevos modelos, herramientas y métodos que modifiquen el análisis y el «cruce de información» de las bases de datos para crear inteligencia operativa. Finalmente, uno de los más recientes proyectos impulsados por la administración Bush en esta segunda legislatura recién estrenada ha sido la denominada Global Information Grid. Los empeños por alcanzar soluciones «globales, de alcance planetario» en la vigilancia, control y conocimiento de lo que ocurre en los principales focos de tensión están en el origen de iniciativas como esta «rejilla de información global»^^. Su objetivo se dirige a obtener una red de fusión entre operaciones militares e inteligencia de tal manera que una vastísima red de inteligencia de imágenes a través de satélites, aviones no tripulados (UAV), etc., permitan obtener desde cualquier ordenador en tierra una visión global del campo de batalla en tiempo real. Esta Rejilla de información global ofrece un conocimiento exhaustivo en tiempo real para satisfacer los requerimientos tanto del Departamento de Defensa como de la Comunidad de Inteligencia norteamericana sobre cualquier asunto de interés acerca de la seguridad nacional. A través de iniciativas como ésta, posibles gracias a las astronómicas cifras destinadas a investigación en sistemas de información se pretende alcanzar la tan ansiada superioridad de información, concepto ligado a la ya mencionada revolución en los asuntos militares. La Agencia de Sistemas de Información de la Defensa [URL], la Agencia para el desarrollo de Proyectos Avanzados de la Defensa [URL] así como la pléyade de empresas externas vinculadas a cualquiera de las ^^ A. KoCH, «US Department of Defense seeks radical information network», en Jane's Defence Weekly, vol. 38: n" 3 (2002) Medios tecnológicos e Inteligencia:... agencias de la comunidad de inteligencia [URL] In-Q-tel.com) desarrollan los principales proyectos para garantizar esa superioridad. El reto de las fuentes abiertas «Otro ejemplo más de cómo el exceso de ruido informativo impide hacerse cargo de lo que pasa». D. INNENARITY, La sociedad invisible, Madrid, Espasa-Calpé, 2004, QS. Sin duda, uno de los grandes retos de los servicios de inteligencia a comienzos del siglo XXI es la sobreabundancia de información y la necesidad de operar en entornos corporativos de redes que de forma coordinada permitan disponer de grandes bancos de datos al servicio de un organismo de inteligencia o un conjunto de ellos. La red interna de la comunidad de inteligencia norteamericana intelink es un ejemplo evidente de recurso compartido de conocimiento [URL]. com/intelink/) reservado al uso exclusivo de las agencias y organismos de inteligencia del sistema de seguridad nacional. Los modelos de arquitectura de inteligencia de una comunidad nacional requieren unas especificaciones de normalización de sus recursos de información compartidos basadas en la interoperabilidad y la interconectividad. Paso previo fundamental es «la necesaria homogeneidad de los sistemas de información, normalizados y conectados entre sí para su explotación eficaz según protocolos de intercambio, descripción y almacenamiento compartido. Es decir, que un sistema de información de una organización de inteligencia pueda interactuar con el sistema de otro servicio perfectamente»^^. Sobre la capital importancia de las fuentes abiertas comienza a haber una importante literatura científica^^ La producción de documentos fácilmente obtenible por medios abiertos amenaza, por sus dimensiones cuantitativas, con colapsar cualquier intento razonable de control y explotación eficaz. De ahí que proyectos conducentes a la generación tam-311 50 j) NAVARRO BONILLA, «Introducción», en Estudios sobre inteligencia: fundamentos para la seguridad internacional, Madrid, Instituto Español de Estudios Estratégicos; Centro Nacional de Inteligencia, 2004, 13-40;(Cuadernos de Estrategia;127) bien automática de síntesis y resúmenes de grandes volúmenes de datos traten de automatizar funciones reservadas tradicionalmente a las habilidades humanas de síntesis e indización. Discriminar, valorar, evaluar y analizar la información son el fundamento de productos de valor añadido elaborados en las últimas fases del ciclo de inteligencia. Y no sólo nos referimos a las dimensiones informativas de la red Internet puesto que la gestión de fuentes abiertas de información incluye muchas otras tipologías documentales, no solamente las electrónicas^^. En un reciente trabajo, Jesús TramuUas ha identificado un inventario de las principales aplicaciones tecnológicas en la gestión, explotación y transformación de información en conocimiento desde la perspectiva de las ciencias de la documentación^^. Herramientas utilizadas en la gestión del conocimiento tales como programas para trabajo en grupo, gestión de contenidos, recuperación de la información, portales e intranets se unen a las específicas de visualización de la información en representaciones sintéticas capaces de aunar en un único mapa conceptual el resultado del trabajo de inteligencia. Sin embargo, queremos destacar las denominadas herramientas para la recuperación de información y minería de datos entendida como «el conjunto de técnicas y herramientas orientadas a descubrir patrones y reglas ocultos en grandes volúmenes de datos»^^. La gestión de recursos tecnológicos tanto de hardware como de software, el diseño de sistemas de gestión de bases de datos, la descripción normalizada de documentos en formato electrónico, el mantenimiento de sistemas de alerta informativa, la gestión diaria de la información transmitida por los medios de comunicación o el desarrollo de sistemas de gestión y conservación de documentos generados en el transcurso de las actividades de un organismo de inteligencia son sólo unos pocos ejemplos de las áreas en las que las tecnologías de la información despliegan todo su sentido. La destreza en la interrogación de bases de datos especializadas requiere la formación de expertos en recursos de información abiertos. Medios tecnológicos e Inteligencia: capaces de identificar requerimientos de información y proporcionar respuestas adecuadas a esas necesidades. Para tratar de controlar con cierta eficacia toda la producción informativa generada simplemente en una semana y puesta a disposición de la comunidad de usuarios en forma abierta, los servicios de inteligencia se plantean soluciones externas basadas en la creación y mantenimiento de las denominadas reservas de in-teligencia^^. Es decir, en el empleo de grupos de expertos en áreas muy especializadas que actualizan sus conocimientos sobre las fuentes relativas a su especialidad de forma permanente y eficaz. Expertos humanos, en suma y para concluir, que refuerzan la idea que planteábamos al inicio de estas líneas: «la tecnología por sí sola no produce inteligencia».
Hace cien años, en 1904, José Echegaray y Eizaguirre (1832-1916) recibía el premio Nobel de Literatura, «en reconocimiento», según la comunicación oficial de la Academia sueca, «a las numerosas y brillantes composiciones que, de forma individual y original, han revivido las grandes tradiciones del drama español». Era el primer premio Nobel que recibía un español (Santiago Ramón y Cajal obtuvo dos años más tarde el segundo, de Fisiología o Medicina). No faltan, por tanto, razones para recordar a este polifacético personaje. De hecho, existen más motivos de los aparentes, ya que Echegaray fue un hombre especialmente singular, que se movió con inusitada competencia en muy diversos dominios: en el de la literatura, por supuesto, pero también en otros como la política y la economía, al igual que en los de la ciencia y la tecnología. No olvidemos que fue ingeniero de Caminos (el número 1 de su promoción) y según muchos el mejor matemático y físico matemático español del siglo XIX. Llegó, es cierto, a ocupar un sillón en la Real Academia Española, supremo honor en las letras hispanas, pero antes había sido elegido miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Y además de dramaturgo celebrado, y político influyente, fue profesor de la Escuela de Ingenieros de Caminos y catedrático de Física matemática en la Universidad de Madrid. Sin embargo, pocos saben de sus actividades científicas, un hecho éste particularmente lamentable en tanto que esa parcela de su biografía incluye datos y lecciones extremadamente valiosas tanto para la historia de la ciencia española como para la propia historia «general» de nuestro país. Para intentar paliar semejante carencia, al mismo tiempo que para recordarlo ahora que se cumple el siglo del primer Nobel español, la dirección de Arbor me pidió que revisará un ya antiguo trabajo mío en el que estudié a Echegaray centrándome sobre todo en su dimensión científi-ca^. Con sumo placer y agradecimiento acepté la invitación. He revisado, actualizado y ampliado aquel estudio, y seleccionado unos pocos, pero significativos, escritos de Echegaray que se incluyen, como complemento, tras mi contribución.
LA PASIÓN AMERICANA DE NURIA AMAT Nuria Amat, escritora catalana de lengua castellana, es autora de novelas, cuentos y ensayos, además de directora de Vidas Literarias, una colección de más de 40 biografías literarias que sigue editándose, cuyo objetivo es crear "una suerte de diálogo creativo que convierte cada libro en una sugerente joya literaria" (Amat, 2004). Es también traductora y su libro Amor infiel. Emily Dickinson (2004) es un conjunto de poemas de Emily Dickinson, traducidos por ella misma, que se dividen en veinte puntos temáticos con un comentario final por parte de la autora-traductora sobre la historia de este trabajo. Su carrera literaria empieza a finales de los años 70 con Pan de boda (1979) y sigue evolucionando a través de una continua experimentación, siempre en busca de una escritura personal, enriqueciéndose con sus conocimientos literarios y existenciales. La literatura es la pasión de su vida: sus novelas son "mundos literarios" en que dominan los juegos intertextuales, el placer de la erudición, el gusto por lo equívoco y la ambigüedad, la fusión del presente con el pasado, de lo real con lo ficticio. Autora de libros originales, de difícil clasificación, que testimonian la complejidad de su universo cultural, Nuria Amat pertenece a la generación de la transición, específicamente a ese grupo de escritoras que, precisamente, a finales de los años 70 publica una serie de obras que representan un fenómeno de gran éxito de público y de crítica (Regazzoni, 1984). Se trata de una época innovadora, de esperanzas culturales que sigue a los años oscuros de la dictadura franquista. La misma Nuria Amat, hablando de ese entonces recuerda: "Los años Setenta fueron un renacer; por un lado, la llegada de la literatura latinoamericana, por otro, la situación en España. Éramos libres, sentíamos que nos íbamos a comer el mundo" (Nuño, 1999, 12). En el panorama literario español de los Setenta, en una época de grandes transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales, destaca el fenómeno de las autoras y, de alguna forma, significa la progresiva normalización de la incorporación de la mujer a todas las esferas de la vida comunitaria 1. Con respecto a la generación anterior se nota una ruptura estilística y temática, puesto que la separación de los modelos franquistas y la polémica con la dictadura conllevan la recuperación de una propia identidad femenina, borrando las diferencias con el mundo literario masculino. Además, se observa cómo el sentimiento de culpa que afecta al grupo de autoras precedente se trasforma en inquietud, desinhibición, rebeldía. La trayectoria narrativa de las escritoras de la generación de los Setenta presenta una evolución hacia nuevos espacios literarios. En particular, a finales de la década, se abandonan las temáticas testimoniales para asumir una preferencia hacia lo autorreferencial. La condición femenina es el lugar para manipulaciones y desmitificaciones literarias; en general se consigue "la vindicación del oficio femenino de escribir" (Urioste, 2004). La cuestión sobre la existencia de una narrativa femenina se discute ampliamente en aquella época. Luis Suñén, entre muchos otros críticos, resume bien la problemática, apuntando a la importancia de la calidad literaria que puede ser independiente del sexo de quien escribe, por más que su contenido no pueda ser nunca ajeno a él 2. Virginia Wolf está, con su clásico A Room of One's Own, entre la primeras que con más rigor teórico examina este problema, es decir analiza la dificultad que encierra para una mujer emplear una lengua creada preferentemente por y para los hombres, y explica que todos los viejos géneros literarios ya estaban fijados con sus formas antes que la mujer empezara a escribir. Sólo la novela era lo suficientemente nueva como para adaptarse a las exigencias de estas sorprendentes protagonistas. También Julia Kristeva, a quien el problema parece interesarle marginalmente, considera que existen peculiaridades críticas específicas en la escritura de mujeres. Sin embargo le parece difícil establecer si estas características se deben a rasgos específicamente femeninos o a una marginalidad sociocultural, es decir que según su parecer no existe dicha escritura, pero se pueden destacar, en algunos libros escritos por mujer, unas características estilísticas y temáticas desde donde es posible deducir una relación específica de las mujeres con la escritura. Puede ser complicado, a pesar de lo dicho, establecer si esto depende de una manera de ser de las mujeres, de una marginalidad sociocultural de ellas, o sencillamente de una estructura favorecida por el mercado contemporáneo (Kristeva 1979). Sin duda, esta marginalidad sociocultural en la que ha sido mantenida la mujer a lo largo de la historia se evidencia de un modo más notable en el habla femenina y ha merecido diversos estudios 3. Entre las opiniones de muchas autoras de lengua castellana que participan en el debate, interesante es, al respecto, la opinión de Carme Riera, directamente implicada en el problema, por ser escritora perteneciente a la generación de los 70, quien subraya lo específico del discurso de las mujeres en su manera de ser indirecto, repetitivo, vacilante, oscuro y exagerado, frente al del hombre que le parece directo, preciso, claro y correcto. Pero la misma autora entiende que hoy esta diferencia ya no podría sostenerse de modo general. El habla de las jóvenes generaciones tiende a ser idéntica, en los países industrializados (Riera, 1982). Volviendo a la teoría de Julia Kristeva, también Carme Riera afirma que las causas de cada uno de los componentes del tradicional comportamiento lingüístico femenino se deben, sobre todo, a una marginación sociocultural. Para ejemplificar lo dicho, la escritora mallorquina toma como muestra literaria el discurso repetitivo que desarrolla Mercé Rodoreda en La Plaça del Diamant y que resulta perfectamente coherente con la alienación de Colometa, su protagonista (Ibid.). Marta Traba sigue la opinión de Julia Kristeva, definiendo la literatura femenina como parte de la contracultura, constituida por los marginados sociales, donde se encuentra también lo femenino; pero la tarea de este tipo de literatura es la de transformarse en un movimiento capaz de tomar las distancias y aceptar sus peculiaridades, sin tratar de montarse sobre su contrario. Y explica que este último error [...] ha sido frecuente entre los grupos de liberación femenina, planeados "contra" y no desde otro lugar que, en el caso de la literatura, podría ser realmente estratégico. Desde esa posición los escritores alcanzarían, bien sea un receptor más general, como el que consigue el cuento popular o la literatura oral, bien sea el mismo restringido receptor culto, pero manejando instrumentos de juicios adecuados. Una de las mayores pruebas del secular sometimiento es que esta literatura no se reconoce a sí misma; que busque encubrirse y pasar desapercibida, sin advertir que su sistema expresivo está fuertemente potenciado por una expresión particular de percepción, elaboración y proyección, de donde debería sacar partido (Traba, 1981, 13). En tanta variedad de opiniones se nota que hay cierta diferencia entre quien busca la novedad del discurso en la literatura de las mujeres y quien más concretamente se basa sólo en las temáticas. Hay que destacar que en esta generación de escritoras del post -franquismo existe la conciencia de una rebelión contra el lenguaje patriarcal, pero poco clara y a un nivel más teórico, en cuanto concretamente su lenguaje no se aleja mucho del standard común. Rápidamente me di cuenta que no y olvidé el tema. [...] Si Pan de boda hubiera tenido éxito, habría sido negativo, mientras que así, después de Pan de boda, escribí tres novelas libres, que de otra forma hubiera sido repetición del mismo libro (Cominges, 1999, 24). Nuria Amat, amante de escritoras como Virginia Wolf, Emily Brönte y Emily Dickinson (Amat, 2004), cree en el papel de la mujer en el panorama literario, pero considera equivocado el término "femenino" y apunta: Me molesta el adjetivo. Yo cuando escribo intento decir escritura 'de mujer' para diferenciarlo, porque se ha vuelto como algo despectivo. Incluso me da como náuseas la literatura 'femenina'. Pero, en cambio, sí creo que, desde hace siglos, la mujer en la literatura ha tenido un papel importantísimo. Y lo sigue teniendo y cada vez más. Y que hay una mirada 'de mujer', más que 'femenina'. Que ve las cosas de otro modo o de un modo distinto y que algunos hombres coinciden con esta mirada (Ibid.). En todos sus libros se destaca muy claro el punto de vista de las protagonistas. Construcciones narrativas complejas y articuladas que suponen un empleo "estudiado" de la realidad y/o de la crónica periodística, van acompañadas del identificarse en el remolino de una dimensión individualizada de género, de la cual depende la posibilidad de un contacto con lo real y de una decodificación del mismo. El motivo autobiográfico es una característica que participa en esta narrativa, puesto que la novela constituye la ficción de una experiencia subjetiva y representa una nueva posibilidad de apoderarse y objetivizar la realidad propia exorcizándola. Para Nuria Amat, el autobiografismo es un elemento que se puede encontrar en algunos de sus libros pero nunca evidente, ella afirma que "si no escribo me muero" y "Mi obra es una mezcla entre lo que vivo y lo que me gustaría vivir" (Regazzoni, 1984, p. Escritora innovadora de gran talento -como apunta Julio Ortega-y con un estilo que se define experimental, elige una narrativa donde "asumiendo el arte de lo más difícil, se renuncia a las soluciones a la mano, al argumento pulido y hedonista, al medio social, y se opta por descontar, confrontar y exorcizar" (Ortega, 1988, 1). LA CONQUISTA DE UN ESPACIO Y DE UN TIEMPO NUEVOS Como afirma Cristina Peri Rossi, si durante mucho tiempo se ha discutido la posibilidad de que la mujer tuviera un alma o no, del mismo modo, en los años 80 se discute si las mujeres tienen o no una literatura. La creación artística, en este caso literaria, es una afirmación de libertad, de independencia y de autonomía. A menudo el silencio de la mujer ha correspondido a esta ausencia de libertad. Las mujeres para poder testimoniar la polivalencia del mundo necesitan antes expresar su necesidad de rebeldía, atestiguar acerca de ellas mismas; si antes no tenían voz, ahora pueden hablar y hablan de lo que más les afecta, hablan de sí mismas. A la mujer casi siempre le queda sólo la aventura interior, no es dueña ni de su tiempo ni de su espacio. Por esto, a menudo, se habla de una literatura reivindicatoria. La condición de la mujer quiere atestiguarse a sí misma; y por esto, al principio, se emplean técnicas casi siempre denotativas y no simbólicas. Las escritoras han estado ocupadas por las tareas más urgentes: describir el mundo y reflejarlo desde su óptica; al principio, la interpretación queda a cargo sólo de unas cuantas, hoy día, cada vez más numerosas. Creo que esta generación de escritoras -especialmente Nuria Amat-refleja claramente el proceso de transformación de una etapa evidentemente autobiográfica en una más libre con respecto a experiencias personales, una etapa de transformación, de conquista de un tiempo y de un espacio nuevos. Nuria Amat ha escrito novelas claramente autobiográficas y testimoniales. Hoy se siente lejana de esos años, ha agotado ese tipo de'inspiración-necesidad'. "Ahora yo -declara-con todo lo que he escrito, he cerrado un círculo y me he quedado vacía" (Regazzoni, 1984, 27). La recordada pasión hacia la literatura hispanoamericana, sitúa a Nuria Amat más próxima a los intentos narrativos de la literatura de Elena Garro, de Clarice Lispector o Rosario Castellanos 5. Su originalidad se basa en la elaboración artística que resalta desde su primera publicación Pan de Boda (1979). A propósito de la elaboración de este libro, declara: Pan de Boda la concebí como una novela, pero hay mucha gente que la considera como un poema largo, pero para mí es una novela. Fue algo muy espontáneo al momento de empezar, vital, luego siguió como algo consciente. Lo escribí viajando por Latinoamérica, la estructura tiene mucho que ver con eso, porque si tal vez hubiera estado en mi casa, en mi mesa no hubiera salido así. Antes de Pan de boda había escrito una novela, Cuerpo se titula, muy autobiográfica, donde entregué muchísimo de mí, es mi vivo retrato y por eso no la quiero publicar. Después me casé con un colombiano e hice un viaje por toda Latinoamérica y tenía que escribir si no me moría. El estímulo y la energía de esta novela me los contagió el viaje, hay imágenes muy latinoamericanas y poco europeas. Me instalé mes y medio en la selva, en una cabaña, sin agua, con el mar delante, y es allí donde escribí más, casi con diluvio. Empecé espontáneamente con la estructura que la obra tiene ahora y después la seguí conscientemente (Regazzoni, 1984, 56). Con Pan de boda, la autora inaugura un camino literario innovador. Este texto realiza la desmitificación del 'final feliz' con boda, según la visión rebelde de los años 70. El libro, aunque identificado por la misma autora como novela, aparece al lector como una obra lírica en estrofas y versos libres. Su estilo se define por su musicalidad y por su búsqueda vanguardista de las palabras; la narración se funda en el estilo directo e indirecto libre. Nuria Amat al respecto comenta: La musicalidad era lo más importante para ese libro, me iba dando las pautas, los espacios que lo dividen. No es estructura espontánea la mía, y el lenguaje en este libro es más importante que el contenido. En general no tengo ningún tipo de censura, lo que me interesa es lo que puedo expresar y en plano literario lo que puedo dar de mí, y en esto soy realmente libre (Regazzoni, 1984, 56). Maite o María Teresa, la protagonista, habla en primera persona y utiliza un "yo" que es biográfico y ficticio simultáneamente. Los primeros renglones definen la originalidad de este texto Hoy cuando debe ser el día más feliz de mi vida porque Como reza el texto impreso roberto castro i janer maría teresa figueres i ferrer juntamente con sus padres tienen el placer de invitarles a la fiesta que en ocasión de su matrimonio se celebrará dios mediante el próximo día (hoy) treinta de julio a las siete de la tarde de la noche del día más feliz de mi vida en el que daré el sí que glorifica frente al mural de lamentos y balaustrada de gracias luego de transcurrir veintiséis años con más negaciones que dudas disfrazada de vedette calzada de santidad cubierta con velo de esposa sabelotodo (Amat, 1979, 9). Este joven personaje reflexiona durante un momento de duermevela sobre su matrimonio con Roberto; la relación, después de tres años, acaba destrozada, a pesar de que la protagonista narradora esté embarazada de siete meses. Se trata de un sueño que va desde el momento en que oye el ruido de las zapatillas de su madre hasta cuando lo vuelve a oír. La mujer regresa al pasado, al día de la boda, a los presagios de ruptura y separación. Es un monólogo en que los sentimientos femeninos de tristeza y frustración se transforman en ira. La fábula se funda en los temas típicos del período; no ocurre nada, el lector lee sólo el pensamiento y la memoria de Maite que corren libres, el monologo interior sigue las consideraciones y los recuerdos de la protagonista, cuya historia se parece mucho a la de la misma autora. De hecho, el espacio y el tiempo de la historia de la novela coinciden con los de la vida de Nuria Amat. A la pregunta si Pan de boda es autobiográfico, la autora contesta: "Pan de boda sí. Pero en general me pasa lo que ocurre a todos los escritores, hay cosas que he vivido, otras que me invento, otras que me han contado..., es una mezcla entre lo que me gustaría vivir y lo que vivo" (Ibid., 57). Entre el pasado que pertenece a la memoria y que Maite no puede cambiar, y el presente, tiempo real que ella está viviendo, Maite vive otra vez la historia de tres años de matrimonio, desde el tiempo del amor hasta el presente de la indiferencia y de la separación. Maite busca una nueva identidad: ya no es la mujer de Roberto sino que es una mujer independiente, que va a empezar una nueva existencia junto al hijo que espera y que será una niña para continuar la vida de su madre. El final de la narración resume lo difícil que presupone la nueva conciencia: por eso hemos decidido casarnos para no enfadarnos con ellos para que dignamente cumplan su casta función de abuelos seguiremos sus consejos hasta un límite claro hasta el límite de no ceder-no repetir-no coaccionarno obligar-no comprometer-no incurrir en la fatal parsimonia del nudo matrimonial y no me siento nerviosa y ya oigo las pisadas de mamá con sus zapatillas de felpa que ya llegan que se acercan a mi cama mientras me hago la dormida que es hora de despertar que ya es hora de levantarse que ¿por qué no le respondo? porque sueño porque invento porque vivo porque el tiempo la experiencia los golpes que da la vida porque con mis manos infantiles construyo castillos de arena y con mis ojos de adulta los aplasto con los pies porque cuando estoy frente a los otros siempre me callo a mí misma porque decirlo te supone el compromiso de mostrar obras completas o pruebas de principiante (Amat, 1979, 112). Es una novela que sale de todas las reglas y las convenciones, una novela transgresora porque utiliza un lenguaje original y libre, censurado sólo unos años antes, durante la dictadura; es una novela ambigua, de ruptura con la narrativa tradicional. Libro testimonial e intimista, primera obra publicada por Nuria Amat a los 28 años, refleja un mundo completamente femenino. Rosa Montero afirma justamente que: "los primeros libros de todos los autores masculinos o de autoras suelen ser muy testimoniales, puesto que escribes lo que más te duele" (Regazzoni, 1994, 59). Después de un serie de obras caracterizadas por el juego meta e intertextual, la parodia y el juego intelectual -El ladrón de libros y otras bibliomanías (1988); Amor breve (1990); Monstruos (1991); Todos somos Kafka (1993); Viajar es muy difícil. Manual de rutas para lectores periféricos (1995); Letra herida (1998)-, Nuria Amat publica dos libros importantes para el encuentro de una nueva voz literaria: La intimidad (1997) y El país del alma (1999). La pasión por la literatura y su necesidad de escribir se convierten en trama y personaje de La intimidad. Se trata de una especie de autoanálisis y de biografía inventada, y al mismo tiempo reconocible, donde aparecen un padre escéptico y lejano, un marido que se llama Juan Rulfo, el sentimiento de ausencia causado por la temprana muerte de una madre, es decir todos elementos que forman una novela intensa y diferente. El país del alma se presenta como una novela sencilla y lineal, una vez más, completamente distinta de los libros precedentes. Se trata de la historia de amor de los jóvenes Nena Rocamora y Baltasar Arnau, de su matrimonio y de sus familias. Ambientada en la época de la posguerra española, el texto presenta el retrato de una clase social, la burguesía catalana de los años 40 y 50, sus principios éticos, sus contradicciones. El lenguaje muy sencillo, las imágenes precisas adhieren al componente poético que acompaña la presencia de la muerte que determina el final trágico. Melancólica visión de la España de la posguerra y del franquismo, El país del alma resulta ser un libro profundamente poético. En 2002 se publica Reina de América, una novela cruenta y fascinante, ambientada en un pueblo de la costa de Colombia, Bahía Blanca. Este libro, especial dentro de la producción de la escritora, logra una especie de armónico encuentro entre las distintas elecciones literarias que hasta ahora Nuria Amat ha realizado. Se trata de la unión de los modelos de prosa poemática y del libro de aventuras, además de la elección metaliteraria que han caracterizado a turno sus libros. Reina de América se construye a través de una serie de episodios, escenas, historias, alusiones, noticias, casi siempre no completamente desarrollados, relacionados entre sí por el fondo común. Se evoca, como en su primera novela Pan de boda, la ambientación de la selva colombiana, se encuentra la cita literaria de Todos somos Kafka, la noticia histórica de El país del alma, el elemento policiaco de Ladrón de libros, motivos todos que se hallan también en este texto. "Estuve casada con un colombiano y hace más de veinte años viví un tiempo en Colombia [...] Siempre pensé que escribiría sobre ese país, pero necesitaba hacerlo desde la distancia" (Moret, 2002, 41). La pareja protagonista se compone de una joven catalana de nombre Rat, la narradora, y un cansado y desilusionado periodista que intenta transformarse en escritor. El hombre se llama Wilson y vive los terribles acontecimientos relacionados con el narcotráfico y la guerrilla colombiana. Busca un refugio para sentirse a salvo, dado que "en su vida de ciudadano corriente, escribió artículos que disgustaban tanto al ejército como a la guerrilla" (Amat, 2002, 13) y estos peligros acaban por matar el hombre. La cocaína es la que mueve el mundo de la guerrilla, de los narcotraficantes, de los policías y el mundo político colombiano, fuerzas confusas, alternativamente amigas o enemigas, de las cuales la mujer intenta alejarse después de la muerte del amante. Acompaña a Rat en su desesperada fuga de esta pesadilla de brutalidad otra extraordinaria protagonista, Aida, campesina negra, sola, a quien la guerrilla ha matado al padre, violador amante. Aida es una joven visionaria hechicera que lleva siempre consigo una calavera que posee poderes extraordinarios y mágicos. Los accidentes relacionados con esta especie de talismán se desarrollan en el capítulo central de la novela que se constituye como una historia dentro de la historia, que ve como protagonista a doña María Lucila Vázquez -la reina de América de la narración-y su valerosa lucha por su emancipación y la de su gente. Su fuerza es extraordinaria "porque la voz pura de la india mantenía quietas las llamas como si fueran balas de acero enriquecido" (Ibid, 11). El ambiente cerrado y hostil, con la lluvia y los lugares sucios, la pobreza no sólo material, la degradación colectiva, donde el miedo, la miseria, y el desprecio a la vida convierten la existencia en una continua lucha de supervivencia, es otro de los protagonistas de la narración. El homenaje a la literatura latinoamericana resulta evidente y explícito, como por ejemplo cuando se lee "Lo que apareció delante nuestro no tenía nada que envidiar a las imágenes de las leyendas consagradas del realismo mágico" (Ibid, 41); "Le faltaban varios dientes y hablaba con una maleta vacía entre los labios porque su cabeza siempre andaba viajando de un lado para otro" (Ibid,36). El enredo se desarrolla a través de la fragmentación de los pensamientos, de reflexiones, de emociones, de los silencios de las distintas voces narrantes, especialmente entre las que se cruzan entre Rat y Wilson, como por ejemplo cuando la mujer acusa "Siguió diciendo que todos los hombres eran unos vanidosos y que no se salvaba ni uno. Ni él mismo, que soy un fracasado. Sin el fracaso la novela no existiría" (Amat, 2002, 74) y sobre todo entre Rat y Aida, que se alternan en el desarrollo de la narración, asumiendo a turno la tercera y la primera persona verbal. Esto es significativo, por ejemplo, en la memorable escena de la descripción del baile de la coca en la manigua, donde las dos escondidas, desde lejos miran lo que pasa. La principal voz narradora es la de Rat, sin embargo su relación está garantizada por la presencia y relato de Aida: Hablábamos entre susurros para comprobar que no estábamos perdidas. A medida que avanzábamos en la oscuridad comprobé que era cierto lo que decía. Voces estridentes y apagadas llegaban del centro mismo del monte. [...] Cuando Aida tenía la premonición de que alguien podía cruzarse en el camino. Doblaba el pincel de sus pasos y torcía la ruta. Nos movíamos haciendo eses. Nos deteníamos un instante y volvíamos a caminar de nuevo. Se me ha metido algo en el ojo. Son los recuerdos muertos de los vivos. Deja que se vayan. [...] Aida me mantenía constantemente al corriente de la situación. Estas fiestas suelen durar un par de días. Me contó que alargarlas sería peligroso y el Ejercito terminaría por descubrirlas. [...] Ese desorden los tiene locos. Aunque durante la noche yo nunca me dejo ver por la cocalera. A mí me suelen llamar antes de la fiesta para que haga el favor de hacerle una visita a la plantación. La coca es traicionera. La negra Aida es experta en conjuros. [...] Aida me advertía de sus manejos con la plantación de coca. Hay que entrar en la cocalera muy despacio y antes que nada saludar y acariciar las matas. Movió las manos como directora de orquesta. Buenos Días, señora coca. Si nos da de comer yo le prometo buen abono y mucha agua. Parecía una sacerdotisa de las plantas. Aida es la guía de Rat a través de la selva hacia la salvación, la campesina representa el punto de vista desde el cual la narradora europea entra en contacto, conoce y relata el Otro Mundo, dando valor de verdad a lo relatado y creando una amistad y hermandad profunda con la joven catalana. Novela insólita y densa, narrada con una sintaxis escueta, de frases cortas, que acompañan y favorecen la sensación de un mundo primitivo y elemental, donde reinan pasiones primordiales. Una historia de amor absoluto junto con la narración de la selva de clásica tradición literaria latinoamericana -Eustasio Rivera, García Márquez, Álvaro Mutis-, la crónica de la realidad socio-política de un país como la Colombia, el diario de la lucha de una mujer por la supervivencia al dolor en un ambiente enemigo, el suspense de una huída entre mil peligros y obstáculos son sólo algunos de los muchos elementos que se hallan en este libro y que constituyen un punto de encuentro de distintas estrategias narrativas ya empleadas por Nuria Amat. La escritora considera Reina de América una evocación, más que una memoria (Moret, 2002). De hecho, la novela surge de los recuerdos que Nuria Amat tiene del viaje que hizo con el primer marido, Oscar Collazos, a América, en la época en la que escribió Pan de boda. Nuria Amat ha sido definida como escritora emigrante. Desde luego ella se encuentra en un cruce entre su origen catalán, su elección del castellano y su predilección por lo latinoamericano. El gusto por la colocación indefinida se refuerza también gracias a su preferencia hacia los géneros mixtos, a sus libros de frontera y por una literatura periférica, a veces marginal y a la vez elitista, que nunca ha logrado la fama de los best sellers. La pasión es el fondo que acompaña la riqueza creativa de esta escritora que tiene el valor y el desafío de someterse al debate a cada nuevo libro para buscar nuevos caminos "Siempre hay que intentar algo nuevo, algo que no se haya hecho antes" (J. O., 2002, p. Por encima del enredo, de la carga poética y emocional, resalta la pasión americana de Reina de América, que resulta ser también una novela militante en la que Nuria Amat denuncia los males que siguen afectando al país latinoamericano. La novela se presenta también como un homenaje a los autores latinoamericanos. En efecto, como declara la misma Nuria Amat-, "Yo soy hija del boom, aunque no hay muchos autores que lo reconozcan. Esta novela es, pues, un homenaje a Gabriel García Márquez, por ejemplo, pero también a Juan Rulfo, al que adoro" (Moret, 2002, 41) (2006), "La lengua del alma", Annali de Ca' Foscari. J. Marías Nuria Amat y Rulfo, en www.javiermarias.es/foro/printthread.ph p? 6 La pasión de Nuria Amat hacia Juan Rulfo se ha manifestado a lo largo de muchas entrevistas y en la biografía que la misma Nuria Amat, en 1999, ha dedicado al escritor mejicano dentro de la colección que ella dirige Vidas literarias. LA PASIÓN AMERICANA DE NURIA AMAT 560 ARBOR CLXXXII
más tarde profesor en ella de diversas materias (como cálculo y mecánica), ministro primero de Fomento y de Hacienda después, ateneísta distinguido, figura prominente en la creación -con, esencialmente, las funciones que hoy desempeña- El presente trabajo pretende aliviar la carencia de estudios sobre Echegaray científico, explicando sus aportaciones a la matemática y física matemática españolas de la segunda mitad del siglo XIX y dos primeras décadas del XX, situando, al mismo tiempo, esas contribuciones en el contexto de la ciencia internacional de la época. Antes, sin embargo, me gustaría efectuar un comentario: tendremos ocasión de comprobar en las páginas que siguen que las aportaciones de Echegaray carecieron, casi por completo, de la originalidad y profundidad que solemos exigir en la actualidad a los grandes científicos, o, si se quiere, al, simplemente, investigador auténticamente profesional. Desde semejante perspectiva, la importancia de Echegaray se vería radicalmente disminuida. Sería, no obstante, un error, un ejemplo escandaloso de historia anacrónica enfocar el estudio del polifacético matemático madrileño -y de otros científi-José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política cos españoles de su tiempo-de esta manera. Echegaray fue lo que López Pinero, Navarro Bretons y Portela Marco (1988: 315-316) han denominado, acertadamente, una «figura intermedia»^. Aunque no se puede decir, por supuesto, que no existieran aportaciones a las matemáticas en España antes que las que realizó Echegaray^, sí que hay que reconocer que debido a diversas circunstancias -entre las que figura la complicada historia política de, especial aunque no únicamente, la primera mitad del siglo XIX español-^, esta ciencia se encontraba en una situación bastante difícil en nuestro país, aislada de los desarrollos que estaban teniendo lugar en otras naciones. En este sentido, la labor de Echegaray, al igual que, un poco más tarde, la de otra figura intermedia, Zoel García de Galdeano (1846Galdeano ( -1924))^, fue importante para comenzar a conectar con la comunidad matemática internacional. Y no es sólo hoy que, con el beneficio de la perspectiva histórica, vemos a Echegaray de esta manera; en una nota necrológica, escrita tres días después de su fallecimiento. García de Galdeano (1916) -nadie mejor que él para apreciar realmente las contribuciones de su coetáneoexpresó, en general certeramente, las mismas ideas que acabo de mencionar: «Echegaray en matemáticas, no fue un Cauchy ni un Riemann, ni como estadista un Bismarck o un Metternich, ni como poeta un Petrarca o Dante o un Lope de Vega; pero aquéllos arriba citados respiraron un ambiente ya purificado por las corrientes ideales de ilustres predecesores. Un Cauchy tuvo por predecesores un Lagrange y un Laplace, como un Petrarca o un Calderón lo tuvieron en un Virgilio o en el bullicioso Aristófanes... y los actuales físicos y químicos los tuvieron, desde Pascal y Newton hasta Davy, Cavendish, Gay-Lussac y otros muchos eminentes guías, sobre cuyos resultados pudieron hacer progresar la Ciencia. Pero cuando Echegaray apareció como alumno brillante, excepcional y sin rival alguno en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, apenas en España se había constituido la segunda enseñanza bajo la ley de Moyano, ni la Real Academia de Ciencias, que por entonces se hallaba en estado embrionario, cuando ya las otras Reales Academias de San Petersburgo, de Berlín, de París y de Londres estaban pletóricas de los trabajos de Euler, de Gauss, de Lagrange, de Laplace y de otros muchos talentos. Echegaray llegó a un desierto azotado por el simoun de las luchas civiles, cuando el edificio nacional se hallaba en estado de equilibrio inestable, flotando bajo los más encontrados impulsos. Y desde este momento entró en la lucha por la vida, aromatizada, no obstante, por una invencible aspiración a los purísimos ideales de la Ciencia, como infatigable obrero que se propone rotu-José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política la de Ingenieros de Caminos, una elección no demasiado extraña para alguien entre cuyos intereses figuraba la matemática, especialmente si tenemos en cuenta el estado de la enseñanza de esta disciplina en la España de mediados del siglo XIX. En efecto, en 1850 no existían en España Facultades de Ciencias, estando incluido este tipo de estudios dentro de la Facultad de Filosofía (fue la ley Moyano de 1857 la que remedió tal situación). El escalafón de catedráticos de la universidad española de 1847 demuestra que el número de catedráticos de matemáticas no era muy elevado; eran éstos: Francisco Travesedo (Cálculos sublimes^^, Madrid), y en cátedras de Matemáticas sublimes, Demetrio Duro (Valladolid), Alberto Lista (Sevilla), José Basse Court (Valencia), Lorenzo Presas Puig (Barcelona) y Antonio Aguilar Vela (Santiago)^^. Así, y aunque el propósito de la Escuela de Caminos era formar técnicos (ingenieros) y no matemáticos, la componente matemática existente en ella era lo suficientemente fuerte como para hacer de esa institución uno de los principales centros de enseñanza superior en lo que a las matemáticas se refiere (esto no quiere decir, naturalmente, que el nivel matemático que se alcanzó en la Escuela o, en general, entre los ingenieros de Caminos fuera muy elevado, si se le compara con el estado en que se encontraba la matemática en otros países). En más de una ocasión Echegaray se refirió a la aportación de su Escuela a la matemática en España; así, por ejemplo, en 1897 señalaba (Echegaray 1897): «En lo que va de siglo, grandes esfuerzos se han hecho en nuestra patria para salir [del] estado tan vergonzoso [en que estaba la matemática en España]... En esta obra, que pudiéramos llamar de regeneración matemática, la Escuela de Caminos ha tenido una parte importantísima. Merced a su influjo, a la severidad de sus exámenes de ingreso, y a la preferencia que siempre dio a los estudios matemáticos puros, formóse, en pocos años, un profesorado libre de matemáticas elementales»^^. Al margen de otras consideraciones, la fuerte componente matemática en la enseñanza ofrecida en la Escuela de Caminos madrileña es una manifestación del hecho de que en las Escuelas Especiales de Ingeniería españolas de la segunda mitad del siglo XIX la influencia predominante era la de las Escuelas Técnicas francesas, especialmente la Ecole Centrale des Arts et Manufactures y la École Polytechnique, fundadas, respectivamente, en 1829 y 1794^^. En esta última, en particular, las matemáticas fueron, durante las primeras décadas del siglo XIX, una componente importantísima; así, el programa de estudios incluía:^^ 108 sesiones dobles (1 hora y media cada una) de Análisis; de Aplicaciones del análisis a la geometría; 153 de Geometría descriptiva; 175 de Aritmética; y 94 de Mecánica. Veremos en seguida el contenido específico de matemáticas en la Escuela de Caminos al tratar del examen de ingreso, basado en su mayor parte en esta disciplina, así como al citar las asignaturas de los dos primeros cursos de la carrera, pero antes mencionaré un ejemplo significativo de la relación existente en España, a mediados del siglo XIX, entre matemáticas e ingenieros de Caminos: el de la composición de la sección de Ciencias Exactas de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, institución fimdada en 1847. De las doce plazas fimdacionales de la sección de Exactas, seis estaban ocupadas por ingenieros de Caminos, de los cuales cuatro eran o habían sido profesores de la Escuela. Echegaray llegaría a ser un ejemplo más de semejante composición. La Escuela de Caminos, Canales y Puertos en la que estudió Echegaray corresponde a la tercera época de la misma^^. Al igual que las Escuelas Especiales de Ingenieros de Minas, Industriales, Agrícolas y Montes, el establecimiento de estas escuelas forma parte de la remodelación institucional que siguió a la muerte de Fernando VII, y que patrocinó el primer gobierno liberal del reinado isabelino; se trataba, en definitiva, de crear cuerpos de técnicos capaces de impulsar el desarrollo industrial que España necesitaba a todas luces^^. En particular, fue gracias a una decisión del ministro de Fomento, Francisco Javier de Burgos, que una nueva Escuela de Caminos, Canales y Puertos reabrió sus puertas (había sido fundada por Betancourt en 1803) a la enseñanza en noviembre de 1834 (la siguieron las Escuelas de Minas [1835], Montes [1846], Industriales [1850] y Agrícolas [1855]). Inicialmente, fue elegida como sede el caserón de la Aduana Vieja, en la plazuela de la Leña, que había quedado vacante al clausurarse un cuartel de voluntarios realistas, pero en 1847 fue trasladada a la calle del Turco, al edificio ocupado hasta entonces por el Real Conservatorio de Artes. Antonio Gil de Zarate (1855, tomo III: 322), director general de Instrucción Pública, describió de la manera siguiente aquella sede: «El edificio de la calle del Turco... es de mucha longitud, pero de poca profundidad, y ocupado, en parte, por otros establecimientos. Algunos salones largos se hallaban destinados al Gabinete de Máquinas, donde se habían reunido los restos, que pudieron encontrarse, del que se formó a principios de siglo en el Retiro. Pero el local de las cátedras y del laboratorio era estrecho y mezquino, y en su totalidad nada a propósito para dar a la enseñanza el desarrollo que se proyectaba.» Para ingresar en la Escuela de Caminos, Canales y Puertos (que entonces dependía de Instrucción Pública, en el Ministerio de Fomento) era José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política necesario pasar un duro examen centrado especialmente en las matemáticas. En el caso de Echegaray, el programa de pruebas a realizar estuvo determinado por una Real Orden de 8 de julio de 1847. Eran estas las materias de las que se examinaba: «1^. Aritmética.-Algebra, con inclusión de la teoría y resolución de las ecuaciones superiores y teoría de las cantidades exponenciales y logarítmicas. Geometría.-Trigonometría rectilínea y esférica, con el uso de las tablas de logaritmos y líneas trigonométricas para la resolución de los triángulos de una y otra especie. Aplicación del álgebra a la geometría, incluyendo la teoría de las curvas y superficies de segundo grado, y las curvas de doble curvatura. Durante los primeros quince años de existencia de la Escuela fueron 485 los aspirantes a ingresar en ella, de los cuales aprobaron 298, es decir, el 61 por ciento. El siguiente cuadro, preparado por Peset, Garma y Pérez Garzón (1978: 67) y extraído de datos publicados en la Revista de Obras Públicas, da idea de la dureza que fue adquiriendo el examen de ingreso en la Escuela, una vez que ésta hubo pasado sus primeros años: Curso 1859-60. Cuando Echegaray iba a intentar entrar en la Escuela de Caminos, se acababa de fundar una Escuela Preparatoria para las carreras de ingenieros de Caminos y de Minas y para la de Arquitectura, que empezó a funcionar el 1 de diciembre de 1848. Para el ingreso en aquella Escuela, que en realidad constituía un nivel intermedio entre los estudios secundarios y los superiores, Echegaray asistió, al igual que otros cinco aspirantes más, como oyente, al primer año de la Escuela de Caminos^^. Cumplido este requisito, tuvo que someterse a un examen para el que la Dirección general de Instrucción pública nombró un Tribunal con los profesores de matemáticas de universidad, Francisco Travesedo, Alejandro Bengoechea y Juan Cortázar (este hecho es un indicio de la importancia que se daba a la matemática en el examen de ingreso). José Manuel Sánchez Ron 608 El examen tuvo lugar entre el 13 y el 17 de diciembre de 1848 y Echegaray fue el que obtuvo la calificación más alta de todos los aspirantes (en particular, obtuvo sobresaliente en las pruebas matemáticas). Entró, por consiguiente, en esa Escuela Preparatoria, en la que los estudios duraban dos años, tras los cuales se pasaba a la Escuela de Caminos propiamente dicha. Del severo régimen, una auténtica disciplina militar, que regía entonces en la Escuela habló el propio Echegaray en sus Re-cuerdos^^: «La Escuela de Caminos, en aquella época, estaba sometida a un régimen severísimo; pudiera decir que casi a un régimen militar. Entrábamos a las nueve de la mañana, y los minutos de retraso se contaban, y si pasaban de quince, constituían falta, y si no llegaban a quince, se iban sumando; de modo que, al subir la suma a cierto límite, constituía causa suficiente para perder el curso. Duraba éste todo el año solar, desde el 1.° de octubre al 31 de agosto: en nada se diferenciaban, para el alumno, los meses abrasadores del verano de los helados meses de invierno; y el mes de septiembre se destinaba a los exámenes. De esta manera se empalmaban cinco años seguidos, y no había más reposo que los ocho últimos días de diciembre. Semana Santa, Carnaval, domingos y fiestas enteras. Entrábamos, repito, a las nueve de la mañana y permanecíamos en la Escuela hasta las cuatro de la tarde, sin más descanso que media hora que se nos concedía para el almuerzo. Las seis horas y media restantes estaban destinadas a las lecciones orales y al Dibujo, siempre con un profesor o un ayudante a la vista.» Naturalmente, un punto importante a la hora de estudiar a Echegaray es el tipo de formación que recibió durante sus años de estudiante en la Escuela de Caminos; veamos, por consiguiente, cual era el plan de estudios y el profesorado en 1848. El director de la Escuela, al comienzo del curso de 1848, era Juan Subercase (1783Subercase ( -1856)), Inspector General del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, pero dejó de serlo, tras once años en el cargo, en octubre, siendo sustituido, ya entrado 1849, por Gabriel Gómez Herrador^^. Las asignaturas y profesorado se repartían en los diferentes cursos de la siguiente manera:^^ Cálculo diferencial e integral. Geometría analítica de tres dimensiones (ambas asignaturas explicadas por Joaquín Ortega, ingeniero 1°.). Geometría descriptiva, con sus aplicaciones a las sombras y a la perspectiva. Trabajos gráficos relativos a estas materias (explicadas por Manuel Caravantes, ingeniero 1.°). Principios de Química (Venancio González Valledor, catedrático de Física de la Facultad de Filosofía). Mecánica racional (Gerónimo del Campo, ingeniero jefe de 1.^ clase). Aplicación de la Geometría descriptiva al figurado del terreno, y a la construcción de las cartas geográficas y cuadrantes solares. Operaciones José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política prácticas correspondientes (José Morer, ingeniero 1.°). Tratado y construcción de los engranajes y demás partes de las máquinas, y transmisión de movimientos por medio de dichas partes. Estereotomía, o corte de maderas y de piedras, con sus aplicaciones a la arquitectura civil y a las obras públicas. Trabajos gráficos y construcción de modelos correspondientes a estas materias (Ramón de Echevarría, ingeniero jefe de 2.^ clase.) Mecánica aplicada a las construcciones. Hidráulica que comprende la sahda del agua de un depósito; su movimiento en los canales, en los ríos y en las cañadas; su choque y resistencia; su aforo (José de Azas, inspector de distrito). Arquitectura civil (Fernando Gutiérrez, ingeniero jefe de 2.^ clase). Geología (Rafael Amar de la Torre, ingeniero 1.° de Minas.) Primera parte: conocimiento y uso de los materiales, tanto naturales como artificiales; métodos de construir según la diversidad de terrenos, tanto en seco como dentro del agua; construcción de caminos ordinarios; puentes de piedra, de madera, de hierro, colgados, etc. Proyectos, lecturas y trabajos gráficos y prácticos relativos a esta clase (Baltasar Hernández, inspector de distrito). Cálculo del efecto de las máquinas, principalmente de las de vapor fijas: descripción y establecimiento de las mismas. Construcciones relativas a la conducción, elevación y distribución de aguas en las poblaciones. Proyectos, dibujos y trabajos prácticos correspondientes a estas materias (José Subercase, ingeniero 1.°) Caminos de hierro: origen, historia, diferentes sistemas, trazado, proyectos, ejecución. Locomotoras: su descripción y cálculo de sus efectos. Proyectos, dibujos, lecturas relativas a estos objetos. (José Subercase, ingeniero 1.°). Torrentes: obras de defensa contra los estragos que pueden ocasionar. Navegación de los ríos. Canales de navegación, de riego, de desecamiento y sus combinaciones; pantanos. Puertos de mar: faros y demás obras relativas a los puertos. Proyectos, lecturas y dibujos correspondientes (Juan Subercase, inspector general). Además de las asignaturas citadas existía un Dibujo topográfico en 2.°, 4.° y 5.° cursos, otro de Delineación y lavado, común a todos los cursos, y un Dibujo de paisaje. Con referencia a los libros de texto que estudió Echegaray durante su carrera, tenemos que éstos fueron casi exclusivamente franceses:^^ sólo «por casualidad estudiábamos alguna memoria en inglés, o alguna del alemán traducida al francés, y esto en los últimos años... El francés, y siempre el francés, y autores franceses dominaban en la Escuela de Caminos»^^. En cuanto a algunos nombres: «la Geometría de Vincent, el Algebra de Bourdon, la Analítica de Biot, la Geometría analítica de tres dimensiones de Leroy: éstos en la preparación. Y luego, dentro de la Escuela, siempre obras francesas, no las traducidas, sino las originales; por ejemplo: los Cálculos de Navier y Duhamel, la Mecánica de Poisson, la Descriptiva de Leroy, el Corte de piedras de Adhémar, la Mecánica aplicada de Poncelet, la Conducción de aguas de Dupuit» (como iremos viendo, en sus estudios particulares Echegaray tampoco salió demasiado del círculo de los matemáticos franceses)^^. Si nos atenemos a la parte matemática de esta educación, hay que señalar que muy probablemente servía los intereses de una enseñanza que pretendía formar ingenieros y no matemáticos que contribuyesen al avance de su disciplina; en otras palabras: los textos matemáticos franceses utilizados en la Escuela de Caminos no eran, en general y especialmente en los primeros tiempos, realmente obras modernas, propias del siglo XIX; hecho éste que señaló Julio Rey Pastor (1915: 14) en su discurso inaugural en la sección 1.^ (Ciencias Matemáticas) del Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, celebrado en Valladolid en 1915, cuando manifestaba, revisando la situación de la matemática en España a mediados del siglo pasado: «Comienza por entonces la importación de obras francesas: los libros de Ciroddle, el Algebra de Lefebure de Fourcy, la de Bourdon, la Geometría de Vincent, el Cálculo de Navier, el de Cournot..., obras anodinas todas, incapaces de inspirar amor a esta Ciencia en un país que nace a ella. Si alguna obra original existe entre los libros importados, como son los Elementos de Legendre, es del siglo XVIII; y todas, sin excepción, entran de lleno en esa centuria, si nos atenemos a su contenido, aunque lleven fecha posterior. Estas eran las fuentes en que bebían nuestros antepasados, cuando Gauss, Abel y Cauchy habían renovado todo el Análisis; y habían nacido las Geometrías no euclidianas; y la Geometría proyectiva había Uegado con Staudt a completa madurez; y Riemann había creado la moderna teoría de funciones; en una palabra, cuando ya había nacido, no solamente toda la Matemática que conocemos actualmente, sino muchas otras teorías...» El gran mérito de Echegaray sería el que contribuyó, más que ningún otro matemático de los años que van desde, aproximadamente, 1860 hasta 1890, a introducir en España algunas de las nuevas teorías a las que se refería Rey Pastor. Echegaray finalizó sus estudios de Caminos en septiembre de 1853, siendo el número 1 de su promoción y habiendo obtenido la calificación de sobresaliente en todas las asignaturas que cursó. Como recién graduado el título que le correspondió, en el jerarquizado cuerpo de ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, fue el de Ingeniero segundo y su primer destino el distrito de Granada^^. Pero antes de referir algunos detalles relativos a su estancia en tierras andaluzas, conviene retroceder un poco; a su último año en la Escuela. Durante ese último año de carrera, Echegaray (1853 a) publicó su primer trabajo científico: «Del movimiento continuo». Este artículo, primero José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política de una serie de tres^^, apareció en el tomo inicial de la Revista de Obras Públicas, órgano de expresión -y de presión-de los ingenieros de Caminos y, al mismo tiempo, círculo en el que se reunían los mismos, y con el que nuestro personaje estuvo muy relacionado^^. «Del movimiento continuo» es, en realidad, un trabajo que pertenece al campo de la física y a la aplicación de ésta al funcionamiento de máquinas. En lo referente a su posible originalidad^^, es preciso reconocer que a nivel de principios básicos no tiene ninguna, siendo su única posible aportación la aplicación de las leyes físicas tradicionales que se hace en la parte tercera (Echegaray 1854), para demostrar la imposibilidad de una «máquina de movimiento continuo» que había inventado un relojero de la Puerta del Sol y «que por entonces metía mucho ruido en Madrid»^^ Este primer artículo del joven Echegaray es una exposición, con pretensiones pedagógicas, de la futilidad de la búsqueda de máquinas de movimiento continuo, búsqueda que -señalaba Echegaray (1853 a: 43)-ha llevado a «la formación de sociedades cuyo fin inevitable y desastroso ha causado y causará la pérdida de capitales tan sin prudencia expuestos», así como a la «publicación de obras llamadas científicas, que seguramente no darán a los extranjeros la mejor idea del estado en que se encuentra la ciencia en nuestro país». Los elementos teóricos que manejaba en estos artículos no pasaban de la noción de fuerza (en particular las motrices y resistentes), trabajo, energía cinética (o, en la nomenclatura de entonces, «fuerza viva») y principio de «variación de la energía cinética igual a trabajo realizado»; nada, en definitiva, que no fuera conocido en la física -en la estática y la dinámica-ya el siglo anterior, e incluso an-tes^^. El punto central de Echegaray, en el que basaba toda su argumentación, es el de que «en una máquina pueden equilibrarse fuerzas muy distintas en intensidad, pero siempre sus trabajos serán iguales»^^; de este principio se podía concluir fácilmente que «si no existieran resistencias pasivas, ni fuerza alguna que se opusiese al movimiento, este se prolongaría indefinidamente; pero... ni aún en tal caso podrían hacer aplicaciones industriales, porque todo el trabajo motor de los pesos en una semi-oscilación descendente, se emplearía en elevarlos al punto de donde partieron, y desde el instante en que hubiese una resistencia útil que vencer, la fuerza viva iría disminuyendo hasta hacerse nula si aquélla se prolongaba bastante tiempo. No se habría conseguido mas que trasmitir por la máquina el trabajo motor correspondiente a la impusión primitiva»^^. Es interesante señalar que aunque los artículos que estoy estudiando trataban en última instancia del principio de conservación de la energía, principio que Hermann von Helmholtz (1847) había formula-do con precisión y generalidad seis años antes, Echegaray mostraba en su trabajo la gran distancia que le separaba del conocimiento que había ofrecido el científico alemán; baste con decir que mientras que el ingeniero español no salía del ámbito de la mecánica, Helmholtz (al igual que otros -pero él de manera más acusada-como Julius Mayer o James Prescott Joule) se movió en campos tan variados como la teoría del calor, la electricidad, la mecánica, la química y la fisiología. De hecho, durante bastante tiempo Echegaray dio muestras de no estar familiarizado con los trabajos relativos a la conservación de la energía de Helmholtz^^. Así, en el artículo «De la conservación de la energía en el mundo material» (Echegaray 1883: 129-169), que incluyó en la segunda serie de su Teorías modernas de la Física, no se menciona, en absoluto, el nombre del investigador germano. El contenido de ese artículo es, aproximadamente, el «Del movimiento continuo»; más aún, las referencias citadas por Echegaray muestran su -excesiva-dependencia de la ciencia francesa (incluso cuando se refiere al libro -poco sofisticado y bastante primitivo, dicho sea de paso-de Balfour Stewart, The Conservation of Energy [1874], cita la edición francesa, La conservation de l'énergie). Tendremos ocasión de comprobarlo cuando citemos el programa que tenía en mente al comenzar aquel curso. Pero volviendo a «Del movimiento continuo», tal vez sea lo más apropiado decir que el joven José no pasó, en este su primer trabajo con ciertas pretensiones científicas, de las preocupaciones que caracterizan a un buen ingeniero, a uno interesado por los principios generales que subyacen a los instrumentos de los que se ocupa. Terminaré mis comentarios relativos a «Del movimiento continuo» señalando que en esos tres artículos sí que se puede apreciar tanto la claridad expositiva de Echegaray como el vigor de su pluma. Nada más apropiado, en este sentido, que citar los párrafos finales de su tercer y último artículo (Echegaray 1854: 151): «Si al examinar el problema del movimiento continuo, y al estudiar la máquina a que hemos dedicado este artículo, hemos hablado a veces con demasiado calor, hemos sido, hasta cierto punto, excesivamente severos con los que se dedican a semejante investigación y con sus admiradores, no ha sido nuestro objeto dirigirnos a tal o cual inventor, ni mucho menos ajarlos en lo más mínimo. Hemos hablado en nombre de la ciencia, por poco dignos que seamos de tal cargo; nos hemos dirigido al error y como personificación de él al ente moral representado por el nombre siguiente: autor de tal o cual máquina. Hemos preferido examinar detenidamente esta máquina. José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política que goza al presente de gran celebridad, a describir otras muchas que ya pasaron, que ya fueron a donde en breve irá ésta y cuantas se inventen con tal objeto, por el doble motivo de estar llamando en el día la atención pública y de ser una de las que más ilusión pueden producir. Ilusión hemos dicho y lo repetimos, porque movimiento continuo y espontáneo, es una ilusión, y aunque se vea mover una máquina una semana y otra, y aunque sea uno y otro año, esto nada prueba; no será la primera que por tanto tiempo ha parecido desmentir a la ciencia; pero al fìn ha cesado de moverse, porque la ciencia no miente, y los sentidos sí; porque las leyes de la naturaleza jamás se contradicen.» En 1854, tras finalizar su carrera, Echegaray fue destinado, como ya señalé, al distrito de Granada, con 2.250 pesetas de sueldo anual. Llegó a esta ciudad en enero de 1854 y el Ingeniero Jefe del distrito le envió a Almería, trasladándose a esta ciudad a caballo, ya que no existía ninguna carretera (tardó tres días). Allí su función consistía en conservar una carretera de cinco kilómetros y medio que había hasta Gador y vigilar la, ciertamente monótona, prolongación de un muelle de escollera. En la soledad de Almería, lejos de su familia y de sus amigos^^, sin la activa vida teatral madrileña que tanto le atraía, una de las pocas distracciones a las que tenía acceso era el estudio de las matemáticas, su «primera afición, la más intensa, la perdurable»^^. Y puesto que he tocado este punto, aprovecharé para dejar claro que las matemáticas -y, como él mismo indicaba, «por extensión de éstas, [la] Física matemática»-fue una de sus grandes pasiones, no importa que a lo largo de su vida se viese embarcado en actividades de todo tipo. Pero dejemos que sea él mismo quien lo explique:^^ «Las Matemáticas fueron, y son [Echegaray escribió estas líneas hacia 1913[Echegaray escribió estas líneas hacia -1915]], una de las grandes preocupaciones de mi vida; y si yo hubiera sido rico o lo fuera hoy, si no tuviera que ganar el pan de cada día con el trabajo diario, probablemente me hubiera marchado a una casa de campo muy alegre y muy confortable, y me hubiera dedicado exclusivamente al cultivo de las Ciencias Matemáticas. Ni más dramas, ni más argumentos terribles, ni más adulterios, ni más suicidios, ni más duelos, ni más pasiones desencadenadas, ni, sobre todo, más críticos; otras incógnitas y otras ecuaciones me hubieran preocupado. Pero el cultivo de las Altas Matemáticas no da lo bastante para vivir. El drama más desdichado, el crimen teatral más modesto, proporciona mucho más dinero que el más alto problema de cálculo integral; y la obligación es antes que la devoción, y la realidad se impone, y hay que dejar las Matemáticas para ir rellenando con ellas los huecos de descanso que el trabajo productivo deja de tiempo en tiempo. Jamás, ni en las épocas más agitadas de mi vida, he abandonado la ciencia de mi predilección; pero nunca me he dedicado a ella como quisiera.» Estas líneas, muy sinceras, no deben ser olvidadas a la hora, no sólo de comprender a Echegaray, sino también, en particular, cuando se intenta evaluar su obra científica. Pero volvamos a su tiempo libre en Almería. A esta ciudad se había llevado, «entre otras, las [obras matemáticas] tituladas: Recherches Arithmétiques, por Gauss; La teoría de los números, de Legendre, y la Mecánica analítica, de Lagrange»^^. No es sorprendente que recordase con precisión cuándo estudió estos tres tratados, obras fundamentales de la literatura matemática. En particular, las Disquisitiones arithmeticae que Cari Friedrich Gauss publicó en 1801, cuando únicamente tenía veinte años^°. Se trata de una obra cumbre de la matemática, con la que se abrió una nueva era en la teoría de los números. Hasta entonces ese apartado de las matemáticas consistía de una serie de resultados aislados, por muy brillantes que fuesen; eso es lo que ocurría, por ejemplo, con el Essai sur la théorie des nombres (1798) de Adrien-Marie Legendre, otro de los tres libros estudiados por Echegaray en Almería. En las Disquisitiones, Gauss sistematizó y desarrolló la teoría existente entonces, clasificó los problemas a estudiar y los métodos de resolución conocidos, introduciendo al mismo tiempo otros nuevos. Uno de los aspectos más fascinantes de esta obra es que contiene claros prototipos de las modernas demostraciones y conceptos algebraicos. Un ejemplo en este sentido es el de la teoría de Gauss de las ecuaciones ciclotómicas («De aequationibus circuii sectiones definientibus», artículos 335-366), que constituyó un paso importante en el desarrollo de la teoría de la resolución de ecuaciones algebraicas mediante la utilización del concepto de permutación^^. Ahora bien, como se sabe, el uso del concepto de permutación en la investigación del problema de la solución de ecuaciones de grado mayor que cuatro fue una de las claves que llevó, a través de Cauchy, Abel y, sobre todo -ya lo veremos-Galois, a la teoría de grupos. Si recordamos ahora que una de las aportaciones más notables de Echegaray a la introducción de la matemática moderna en España, fue su obra Resolución de ecuaciones y teoría de Galois (Echegaray 1897a, 1898-1902), basada en cursos que impartió en el Ateneo de Madrid a partir de 1896, tenemos que hacia 1854 y mientras estudiaba las Disquisitiones, Echegaray se estaba preparando para comprender la obra de Galois. Para valorar mejor el hecho de que a comienzos de la década de los cincuenta estuviese estudiando ese gran texto de Gauss, recordemos que esa obra atrajo inicialmente poca atención; así, únicamente las contribuciones algebraicas contenidas en la última sección consiguieron la apro-José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política bación de los matemáticos franceses de la época. En general, las Disquisitiones sólo pasaron a un primer plano a raíz de las investigaciones, a finales de los años veinte, de Jacobi y Dirichlet, que sacaron a la luz las profundas consecuencias que se podían extraer de ella. Fue, por consiguiente, con un retraso de poco más de diez años con respecto a la mayoría de los matemáticos europeos que Echegaray se incorporó a los estudiosos de la famosa obra de Gauss. En cuanto a la Mécanique analytique, el libro que Joseph-Louis Lagrange publicó en 1788, basta con decir que constituye una de las obras cumbres de toda la historia de la física matemática, la disciplina a la que Echegaray consagró una buena parte de sus energías (recordemos que, como veremos con detalle más adelante, llegaría a ocupar la cátedra de Física matemática de la Universidad Central); asimismo, conviene señalar que una de las asignaturas que -también lo veremos-explicó en la Escuela de Caminos, fue la de Mecánica racional, el mismo tema de la obra de Lagrange (de hecho, como el propio Echegaray reconoció repetidas veces, su gran amor científico fue la mecánica). En Almería pasó casi todo el año 1854, pero una infección palúdica le obligó a pedir una licencia. Regresó a Madrid para recuperarse, y en la capital de España recibió un nuevo destino: Falencia. No parece, sin embargo, que llegase a incorporarse a su nuevo destino, ya que pronto fue llamado a la Escuela de Caminos como profesor. A partir de entonces, Madrid sería el centro de sus múltiples actividades. Profesor en la Escuela de Caminos El que Echegaray entrase a formar parte del claustro de la Escuela fue consecuencia, en cierta medida, de los acontecimientos políticos que tuvieron lugar durante aquel año:^^ se efectuaron bastantes cambios en la Administración y, en particular, salieron algunos profesores de là Escuela de Caminos para ocupar otros puestos. Se produjeron, en definitiva, vacantes y Echegaray fue nombrado para ocupar una de ellas. Ese primer año de profesor estuvo encargado de la clase de Estereotomía, que comprendía el corte de piedras, metales y maderas^^. En el curso de 1855 tuvo como compañeros de claustro a Fernando Gutiérrez, Pedro Celestino Espinosa, José Almazán, José Giménez, Miguel Alcolado, Francisco de Salas Carvajal y a Eduardo Saavedra, todos ingenieros de Caminos^^. Durante los años que formó parte del profesorado de la Escuela de Caminos, explicó, además de la mencionada Estereotomía, las siguientes materias: Cálculo diferencial e integral (esta fue la disciplina que más veces enseñó), Mecánica racional, Mecánica aplicada a las construcciones. Geometría descriptiva, Aplicaciones de la geometría a las sombras y a la perspectiva, Hidráulica y, en ocasiones, interinamente, Distribución de aguas'^^. Pasando ahora a la obra y estudios matemáticos de Echegaray a lo largo de los años que van desde su ingreso en el claustro de la Escuela de Caminos hasta la revolución de septiembre de 1868, que tanto influyó en el desarrollo posterior de su vida, comenzaré por retomar un tema que ya toqué cuando consideré su época de estudiante en la Escuela. Señalé entonces que su formación fue eminentemente francesa, y aunque sus horizontes matemáticos se ampliaron un tanto posteriormente, el peso principal lo continuó llevando la tradición gala. Significativamente, en sus Recuerdos escribió:^^ «Mi cariño y mi simpatía por la nación francesa eran y son naturales, además de ser justos.» Más concretamente, manifestó que su «educación científica, artística y social fue hasta los treinta y tantos años [la época que estoy considerando ahora] puramente francesa». Y, como ejemplos, citaba los siguientes:^'^ José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política análisis, ingeniosísimos sin duda alguna, mas un tanto nuevos para el alumno que por vez primera estudia esta teoría, aparece a su vista con formas vagas, indecisas, que no acierta a comprender y a definir bien»^^. Echegaray se empeñó entonces en «demostrarles que la cuestión, a pesar de los pesares, era elemental y sencilla, y en el fondo idéntica a los métodos empleados en los problemas ordinarios de máximos y mínimos^H>. Como la mayor parte de su obra científica. Cálculo de variaciones responde a motivos eminentemente pedagógicos^^; en el presente caso esto es particularmente notorio si tenemos en cuenta el hecho de que el cálculo de variaciones venía siendo desarrollado desde el siglo XVIII (dos obras fundamentales en este sentido fueron la Théorie des fonctions analytiques de Lagrange y el Traite du calcul différentiel et du calcul intégral de Lacroix, ambas publicadas en 1797)^^. En cuanto a España, tampoco se puede decir que este apartado de las matemáticas fuese una novedad: había sido introducido al menos en 1772 por Benito Bails en sus Elementos de Matemáticas, y se le podía encontrar en libros de texto de la época que estamos considerando (al margen de la obra de Cournot, citaré la traducción al castellano -de Gerónimo del Campo-del libro de Boucharlat, Cálculo diferencial e integral, publicada en 1830, que incluía una sección de más de cincuenta páginas dedicada al cálculo de las variaciones; este libro fue, además, utilizado en la Escuela de Caminos). En lo relativo al contenido, señalaré que tras resumir la teoría de máximos y mínimos de funciones de muchas variables, Echegaray presentaba las teorías de máximos y mínimos para integrales con integrados del tipo V(x,y,y' y(">), y V(x,y,y'"...,z,z',...), donde y=y(x), z=z(x), y'=dy/dx, y^^^=d"y/dx^, incluyendo, además, el caso de existencia de ligaduras y límites de integración fijos y variables. Las trece últimas páginas estaban dedicadas a ejemplos (algunos de los que resuelve son todavía clásicos en los cursos de análisis matemático o de mecánica analítica). Poco antes de la aparición de Cálculo de variaciones, Echegaray había contraído matrimonio (el 16 de noviembre de 1857) con la asturiana Ana Perfecta Estrada. Las nuevas obligaciones, a las que se sumó pronto una hija (y algún tiempo después un hijo), llevaron a que se esforzase en conseguir ingresos suplementarios, para lo cual estableció una academia particular de matemáticas para preparar a los estudiantes de la Escuela, o a los que querían ingresar en ella^^. El éxito inicial que obtuvo se vio truncado por una disposición ministerial que declaraba incompatibles simultanear la enseñanza privada y la pública. Intentó entonces salir transitoriamente del Cuerpo, abandonando toda posición oficial, pero el director de la Escuela, Calixto Santa Cruz, y después también el director de Obras Públicas, le negaron el permiso, y él no se atrevió a dejar definitivamente el Cuerpo, solución a la que, por supuesto, podría haberse acogido^^. «Por ser un buen profesor, según ellos decían, se me cerraba el porvenir y se me condenaba a una decorosa miseria, encerrándome en mi cátedra como una gloriosa prisión y anticipada tumba», escribió en sus Recuerdos^^. Como compensación, recibió durante los años siguientes algunas comisiones atractivas: en 1860 se le encargó, junto a tres estudiantes de la Escuela, observar, desde la provincia de Castellón, el eclipse de Sol que tuvo lugar aquel año, e ir a continuación a estudiar los trabajos y nuevas máquinas perforadoras que se estaban empleando en el túnel de Mont-Cenis, bajo los Alpes^^. Este encargo le permitió conocer Italia y hacer unas breves excursiones a París y Londres. Dos años más tarde, esto es, en 1862, recibió la comisión de ir a Londres para estudiar las máquinas expuestas en la Exposición Universal que se celebraba allí^^. Tres meses duró su estancia en la capital británica. Continuando con sus obras matemáticas, tenemos que en 1865 publicó sus colecciones de Problemas de geometría plana y Problemas de geometría analítica en dos dimensiones, que según él mismo, le había solicitado un amigo de la infancia. Bernardino Sánchez Vidal, que tenía en Madrid una clase particular de matemáticas. De nuevo, y en esta ocasión de forma todavía más acusada que con el Cálculo de variaciones, estos libros no aportaban nada nuevo a la matemática practicada en España. Se trata de dos colecciones de problemas, bastante elementales, resueltos. Así, en la «Advertencia» inicial de Problemas de geometría plana, Echegaray (1865 a) señalaba que había «reunido una colección de problemas en su mayor parte sencillísimos, enlazados en serie gradual, y cuya dificultad crezca lentamente... Los problemas que hoy publico son: 1.° Los que se proponen como ejercicios sin resolver en las geometrías de Cirodde y Legendre, modificada esta última por Blanchot... 2.° Gran número de los problemas que se han propuesto en los exámenes públicos de admisión de la Escuela de Caminos en estos últimos años. 3.° Otros varios que sirven para enlazar ordenadamente los anteriores». En concreto, los temas estudiados eran: lugares geométricos; determinación de puntos y rectas, segmentos, líneas proporcionales; contactos de rectas y circunferencias, determinación de circunferencias; construcción de triángulos y polígonos; áreas; máximos y mínimos y problemas numéricos. Si pasamos a Problemas de geometría analítica (Echegaray 1865 b), nos encontramos con que contiene problemas sobre tres temas: determinación de las coordenadas de un punto, determinación de los para-José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política metros o constantes de una ecuación cuya forma analítica se conoce de antemano, y determinación de un lugar geométrico definido por ciertas condiciones. Y, a pesar de todo este en realidad escaso (contemplado desde nuestro punto de vista actual), bagaje científico, ese mismo año de 1865 (el 3 de abril), Echegaray era elegido miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, corporación que había sido creada pocos años antes, en febrero de 1847. La propia elección de Echegaray como miembro de la Academia de Ciencias indica el escaso nivel científico que existía en la España de entonces (cuando menos, si medimos «desarrollo científico» en términos de «capacidad investigadora», o de contribuciones originales, aunque fuesen modestas, al avance de la ciencia). Ni siquiera se puede decir que Echegaray ya hubiese contribuido significativamente a introducir nuevas ideas matemáticas en España, aunque comenzaría a hacerlo enseguida (en el volumen XVI de la Revista de los Progresos de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, publicada por la Academia, correspondiente al año 1866, iniciaba la publicación de su Introducción a la Geometría superior, obra de la que me ocuparé más adelante; una simple ojeada a ese volumen basta para comprobar que los dos artículos de Echegaray eran de los pocos debidos a un autor español: la gran mayoría de los artículos que componen ese tomo de la Revista eran traducciones o noticias de trabajos de científicos extranjeros). En 1865, cuando fue elegido para la Academia, de las 35 medallas de la corporación (a las que hay que añadir la de Echegaray) 10 estaban ocupadas por ingenieros, 7 por militares, 5 por médicos, 3 por farmacéuticos, 2 por astrónomos, 2 por físicos, encontrándonos, además, con un, respectivamente, arquitecto, profesor de Agronomía, catedráticos de Matemáticas, Fitografía y Geografía botánica, y Química, y un personaje polifacético, Vicente Vázquez Queipo. De todos éstos, los únicos con alguna eminencia en ciencias físico-matemáticas eran: Juan de Cortázar, catedrático de Complementos de álgebra y de Geometría analítica, Venancio González Valledor, catedrático de Física, Antonio Aguilar Vela, catedrático de Astronomía y director durante muchos años del Observatorio Astronómico, y Manuel Rico y Sinobas, catedrático de Física superior (todas las cátedras eran de la Universidad Central). En otras palabras, a pesar de que con nuestros criterios actuales no se pueda decir que Echegaray era un matemático verdaderamente notable por los años sesenta, en la Academia de Ciencias no desentonaba; probablemente todo lo contrario, si tenemos en cuenta el magnífico historial académico que podía exhibir. En cuanto a un posible despliegue de influencias para entrar en la Academia, Echegaray (1917, tomo II: 271) hizo notar en sus Recuerdos que fue «elegido espontáneamente, sin haberlo yo solicitado, sin haber hablado a nadie, sin ambicionarlo siquiera». La medalla que ocupó en la Academia fue la número 6, perteneciente a la sección de Exactas, que había quedado vacante por la renuncia (basada en que vivía habitualmente fuera de Madrid) de Francisco Chacón y Orta, un brigadier del Cuerpo general de la Armada, autor de un Tratado de Física y Meteorología y de una obra sobre Máquinas de vapor y sus aplicaciones a la Navegación, La toma de posesión tuvo lugar el 11 de marzo de 1866 y su discurso de entrada versó sobre La historia de las Matemáticas puras en nuestra España, incluido en el presente volumen como «Documento I»^^. El discurso de Echegaray es importante por el papel que ha desempeñado en la denominada «polémica de la ciencia española»^^. Brevemente expuesta, la tesis que defendió allí es que mientras que España ha tenido grandes literatos, artistas, militares, músicos, filósofos, navegantes y conquistadores, jamás ha tenido un matemático de categoría: «la ciencia matemática», declaraba Echegaray (1866: 28), «nada nos debe: no es nuestra; no hay en ella nombre alguno que labios castellanos puedan pronunciar sin esfuerzo». Analizando el discurso desde un punto de vista historiográfico, el problema es que el nuevo académico manejaba un concepto muy estrecho de matemática; implícito en su exposición estaba el que matemática era únicamente lo que habían producido, creado, hombres como Pitágoras, Tartaglia, Descartes, Newton, Leibniz, Monge, Lagrange, Abel, Cavalieri, Euler, Fourier, Jacobi, Cauchy, Gauss, Galois, o similares. Evidentemente, si la matemática se pudiese reducir a tales términos, entonces se podría decir que, efectivamente, no había habido matemáticas en España, pero, naturalmente, la historia de una actividad, sea ésta la que sea, no se puede limitar a la historia de sus más distinguidos exponentes. Otra limitación del discurso es el de su pobreza de datos históricos, cuando no de flagrantes errores. Su tratamiento fue el de un matemático familiarizado con los clásicos de su disciplina, pero que no mostraba ningún conocimiento especial de la historia de la matemática en España -el tema del que se suponía estaba hablando-, más allá de que en ella José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política nunca hubo un Newton, un Leibniz, o científicos de talla parecida. Este sería uno de los puntos al que se acogerían los muchos que, a lo largo de los años, se pararon con ojo crítico ante el discurso de Echegaray. El primero que lo comentó desfavorablemente fue Felipe Picatosto, profesor de Matemáticas en el Instituto San Isidro de Madrid, en un artículo que publicó anónimamente en el periódico Las Novedades el 17 de marzo^^ Representativas de este artículo son las siguientes líneas: propicia para la vehemencia de la polémica, que para la serena calma del trabajo científico. Toda labor de entonces, caldeada al contacto con el medio ambiente, se convertía en arma de combate; y el discurso de Echegaray lo fue. En ocasión reciente procuraba justificarlo. "Cuando el suelo tiembla -decía-tiemblan los palacios y tiemblan las chozas"». Aunque no trataré demasiado la cuestión de Echegaray el político, sí diré, en su momento, lo suficiente como para que se pueda apreciar que la explicación de Rey Pastor es bastante razonable. Por el momento basta con recordar, como apoyo al comentario de Rey Pastor, aquellas palabras del discurso de Echegaray (1866: 27) en las que señalaba que España no podría tener ciencia mientras no se conquistase en ella «la libertad filosófica, que es la libertad del pensamiento», concluyendo con amargura que la historia de la ciencia que estaba repasando, no era, ni podía ser, la de una nación en la que «no hubo más que látigo, hierro, sangre, braseros y humo». Todavía más claramente, en sus Recuerdos escribió: «Había exagerado yo esta nota... para deducir consecuencias de orden político»^^. Y a todo esto ¿qué opinaba, además de lo que acabo de señalar, el propio Echegaray de su discurso? Para contestar a esta pregunta continuaré recurriendo a sus Recuerdos^^. Para él, su recepción en la Academia de Ciencias «fue la primera batalla que reñí... Allí empezaron mis batallas y luchas en la vida, porque las anteriores en favor del librecambio eran, por decirlo así, colectivas... Tenía yo que escoger tema para mi discurso de recepción; y, después de pensarlo mucho, yo, que soy hombre pacífico, que no me gusta reñir con nadie... he ido metiendo ruido por todas partes y provocando luchas y conflictos, que odio y maldigo, pero que me cercan y me asaltan, bien contra mi voluntad... De suerte que entre los cien temas pacíficos que pude escoger, escogí uno que había de levantar tempestades en ciertos círculos, sobre todo entre los hombres de ciencia; que había de resultar antipático y hasta antipatriótico; que había de producir escándalo en la Academia y aún en la Prensa.» Y pasaba a resumir el contenido de su discurso, recordando que como respuesta a la pregunta de «¿En qué consiste que no hayamos tenido grandes matemáticos?», había echado toda la culpa «al fanatismo religioso, a la Inquisición y sus hogueras, que habían ahogado los instintos científicos de los españoles ahumando sus cerebros con los gases desprendidos de los braseros inquisitoriales en los autos de fe.» Cerca de cuarenta años después, reconocía que, «pensándolo fríamente [esta] explicación no es completa ni es suficiente; pero en aquellos tiempos así lo creía y así lo dije.» No obstante, con respecto al José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política conjunto de su discurso no dudaba en declarar: «A esta distancia de treinta y seis años, sin pasiones ni enojos, ni ideas preconcebidas, declaro que pienso hoy lo mismo que entonces pensaba: que patrióticamente me duele el no encontrar en la historia de la ciencia ni un gran matemático español; pero que no lo encuentro, ni lo encuentra nadie... Ahora bien: aún sosteniendo la tesis de mi discurso, hoy confieso que fué inoportuno e indiscreto.» En cuanto a los comentarios que suscitó su discurso, esto es lo que recordaba: «Muchos artículos se escribieron en contra de mi discurso; pero sus autores, personas distinguidas y de mérito; y aún hubo, en tiempo posterior, un hombre eminente, gloria de la nación española, que también la emprendió conmigo a propósito del discurso en cuestión;^^ todos ellos, repito, respetables y de cultura, eran incompetentes en materias matemáticas, y no podían combatirme más que con frases sonoras o con alardes patrióticos. La verdad es que los más competentes era dudoso que supiesen resolver una ecuación de segundo grado, ni [qué sabían ellos de los grandes problemas matemáticos!^^ Yo contesté en el mismo tono del discurso a varios de estos artículos; y la polémica se hubiera prolongado uno o dos meses, si graves acontecimientos políticos no hubieran distraído la atención del público y no hubieran alejado a la Prensa de esta clase de torneos científicos e históricos.» un lado, con artículos en la Revista de los Progresos de las Ciencias y en la sucesora de ésta, la Revista de la Real Academia de Ciencias; contestando a discursos de entrada de muchos nuevos académicos (replicó a los de José Morer [1867] Krahe [1914]); y, finalmente, presidiéndola desde 1901 hasta su fallecimiento en 1916. José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política En lo relativo a qué obras de Chasles había estudiado Echegaray -y cuándo lo había hecho-, tenemos sus Recuerdos, en los que señalaba (Echegaray 1917, tomo 1: 285) que había tomado contacto -cuando tenía «veintiocho o treinta años»-con las ideas de Chasles a través de dos de las obras de éste: el Traité de geometrie supérieure (1852) y el Traité des sections coniques (1865)'^^. La opinión que el propio Echegaray (1917, tomo 11: 290-291) tenía de su Introducción a la Geometría superior aparece en esos mismos Recuerdos; escribía allí: «Trátase de un libro hecho con cariño, y me parece que las teorías están expuestas con suma claridad y por métodos que casi son míos, aunque después y en obras posteriores del extranjero he visto métodos análogos. Nada tienen de maravilloso, ni exigen esfuerzo alguno, y en rigor están contenidas en las obras clásicas que yo estudiaba; pero de todas maneras me parecen muy apropiadas para la propaganda de la alta Geometría... Mi libro se refería principalmente a los geómetras franceses; por ejemplo, Poncelet y Chasles.» Jean-Victor Poncelet (1788-1867), su maestro, el gran geómetra y administrador Gaspard Monge (1746-1818), la auténtica fuerza motriz en la creación y funcionamiento de la École Polytechnique de París^^, y Michel Chasles, figuran entre los más destacados defensores del valor en la geometría de los métodos sintéticos (empleado, por ejemplo, por Newton) frente a los algebraicos y analíticos que dominaron esa rama de la matemática desde los tiempos de Descartes'^^. Es significativo, que estos tres matemáticos estuviesen ligados a la Ecole Polytechnique, cuyo modelo siguió la Escuela de Caminos de Madrid. En realidad, el tipo de enfoque geométrico (íntimamente ligado a la geometría descriptiva) utilizado por, en especial. Monge y Poncelet, tiene elementos que, independientemente de su indudable sofisticación matemática, le hacen natural, o conveniente, a científicos con intereses aplicados. Asimismo, existe una relación directa entre la fama de la Ecole Polytechnique y el hecho de que la geometría, tan desarrollada y enseñada en esa Escuela, gozase en Francia del prestigio de que carecía en Alemania^^. Al discutir e introducir este tipo de problemas geométricos, Echegaray estaba tocando una de las áreas de la matemática que más -y, finalmente, de manera más original-se desarrollaron durante todo el siglo XIX; un área en la que, tras el impulso dado por los matemáticos franceses que acabo de citar, los trabajos (basados en planteamientos tanto sintéticos como analíticos, o, incluso, unificadores) de, entre otros, Augustus Mõbius, Jacob Steiner, Julius Plücker, Christian von Staudt y Felix Klein, fueron protagonistas principales^^. Después de su Introducción a la Geometría superior, Echegaray (1868 a) dio un nuevo paso en la introducción de nuevas teorías matemáticas en España con la publicación, en 1868, de su Memoria sobre la teoria de las determinantes. Una vez más, no se hacía demasiadas ilusiones con su libro, que se abre con la siguiente «Advertencia»: «Esta Memoria es un arreglo, y casi pudiera decir que una traducción libre de la parte elemental de la excelente obra del profesor Trudi. No conozco libro mejor escrito que el del profesor italiano: claridad, método, exactitud, todo lo reúne, y lo más a que puedo aspirar es a que en mi trabajo se refleje algo de las brillantes cualidades del original»^^. La teoría de los determinantes, el más inmediato predecesor de la teoría de los invariantes, fue concebida originariamente por Leibniz, mejorada, entre otros, por Vandermonde en el siglo XVIII y por Cauchy en el XIX, y perfeccionada finalmente por Jacobi y Hesse^^. El libro de Echegaray -en el que aparte de Trudi no se menciona a ningún otro matemático-constituye una exposición muy completa y clara de, como él mismo reconocía, las partes elementales de la teoría de los determinantes, un instrumento tan útil para la física, la matemática y la ingeniería que ya hace mucho tiempo que se estudia en los primeros cursos de esas carreras. Cumplió Echegaray, por consiguiente, una importante función, pero limitándose a lo más esencial; dejando al margen, por ejemplo, los resultados sobre divisores elementales que James Sylvester había obtenido en 1851, y que entroncaban directamente con la teoría de invariantes (en este caso de formas cuadráticas), que sería una de las áreas de investigación matemática preferentes a finales del siglo pasado y comienzos del XX^^ De hecho, aparentemente sus intenciones eran continuar tratando la teoría de los determinantes, preocupándose, por ejemplo, por sus aplicaciones. Así, un año después de la aparición del libro que acabo de citar, publicó en la Revista de los Progresos de las Ciencias un artículo titulado precisamente «Aplicación de las determinantes» (Echegaray 1869 a), en el que abordaba el tema de la «Resolución de un sistema de ecuaciones lineales», introduciendo lo que en la actualidad se denomina «Regla de Cramer». Este artículo estaba pensado como el primero de una serie, pero, por un motivo u otro, el caso es que su propósito inicial no prosperó. Merece la pena citar los primeros párrafos de este trabajo, ya que en ellos Echegaray se extendió algo más acerca de las fuentes de las que se nutría de lo que hizo en la Memoria sobre la teoría de las determinantes: «Me propongo en estos artículos dar una sucinta idea de las principales aplicaciones de las determinantes. En cuanto a su teoría puede verse en varias obras elementales, entre las que merecen citarse las siguientes: el Algebra de Laurent, el Álgebra superior de Serret, el Algebra superior de Salmon. José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política También en la Revista de Obras Públicas se halla un extracto de la obra del profesor Trudi [los artículos que forman su Memoria sobre la teoría de las determinantes]. Los primeros capítulos del presente trabajo, son casi la traducción de la segunda parte de dicha obra, incomparable por su método y su claridad; para los restantes he consultado la teoría de las determinantes de Brioschi, y varias publicaciones alemanas.» 7, Político y dramaturgo Hasta ahora he estado refiriéndome únicamente al Echegaray ingeniero y científico, pero no es posible continuar sin mencionar otras facetas de su personalidad, otros intereses que coparon durante mucho tiempo gran parte de sus energías y que, aunque dan a su figura un inmenso atractivo, contribuyeron a limitar severamente sus aportaciones a las ciencias físico-matemáticas. Naturalmente, no es esta la ocasión de desarrollar semejante tema, así que me restringiré a unos breves comentarios, con el fin de hacer comprensible la trayectoria vital de Echegaray a partir de 1868. Ya desde su regreso a Madrid procedente de Almería, había comenzado a interesarse por temas alejados, al menos en principio, de las ciencias exactas. Así, entró en círculos dedicados a la economía política, defendiendo las ideas de la doctrina librecambista frente al proteccionismo imperante^^. En unión de Gabriel Rodríguez fundó en 1856 El Economista, revista en la que escribió numerosos artículos, iniciando, de esta manera, una actividad periodística que no abandonaría a lo largo de toda su vida. Asimismo, participó en el establecimiento, en abril de 1859, de la Asociación para la Reforma de los Aranceles. Como consecuencia de estos intereses y relaciones pronunció discursos en las tribunas públicas de la Bolsa y el Ateneo^^. En sus Recuerdos (Echegaray 1917, tomo II: 278) se refirió a este grupo de la manera siguiente: «El grupo librecambista no figuraba en ningún partido político imperante. Ni éramos progresistas, ni éramos demócratas. Simpatizábamos con unos y con otros, sobre todo con los demócratas: con Rivero, con Martes, con Castelar; pero sin reconocerlos como jefes; formábamos, como vulgarmente se dice, rancho aparte. En la Bolsa, nuestros jefes eran don Luis María Pastor, un antiguo moderado; Figuerola, progresista; Alcalá Galiano, moderado también. En el Ateneo formábamos fila con Castelar, con Paco Canalejas y con otros demócratas; pero conservando nuestra independencia^^». Al llegar la revolución de septiembre de 1868, conocida como «La Gloriosa» o la «Septembrina», nuestro hombre podía presumir de ser algo conocido -no demasiado-en algunos círculos políticos. «Yo era», escribiría muchos años después^^, «revolucionario, pero teórico; y en la práctica, un revolucionario pacífico, que jamás tomó parte activa en ninguna conspiración ni en ningún trastorno... Amaba la revolución, porque amaba la democracia, en la región de las ideas; porque estaba profundamente convencido de que, en cuanto triunfasen en España la democracia y la revolución, el país forzosamente había de transformarse, o, por mejor decir, había de regenerarse... Abominando de todos aquellos Gobiernos [los anteriores a la revolución del 68], había respetado siempre la ley, había desempeñado a conciencia mis cátedras; y a lo más a que me había lanzado era a pronunciar discursos librecambistas en la Bolsa, o discursos democráticos en el Ateneo.» Poco después de constituido el primer Gobierno, presidido por Prim, Manuel Ruiz Zorrilla, ministro de Fomento, nombró a Echegaray -que de los tres grandes partidos políticos de entonces, el Progresista, el de la Unión Liberal y el Demócrata, pertenecía a este último-director de Obras Públicas, Agricultura, Industria y Comercio; es decir, de todas las Direcciones del Ministerio de Fomento reunidas en una, con la excepción de la Dirección de Instrucción Pública. Se da el caso de que la Dirección a la que accedió dependía el Cuerpo de Ingenieros de Caminos, con lo que Echegaray -que en 1868 ocupaba el número doce en el escalafón de los ingenieros jefes de V clase-se encontró con que el Cuerpo al que pertenecía dependía de sus decisiones. De hecho, el primer proyecto con el que se tuvo que enfrentar como director de Obras Públicas fue el de la reforma de las Escuelas Especiales de Ingenieros Civiles, empezando por la de Caminos. El siguiente proyecto que abordó fue el de bases para las obras públicas, proyecto que tuvo, según él, un «éxito extraordinario», con la consecuencia de que «desde aquel momento [resulté] ministrable,.. Tanto es así que, al terminar aquella campaña, yo, que nunca había sido político, que entre los políticos apenas tenía alguno que otro amigo; yo, que jamás pedí un distrito... me encontré con que se me ofrecían tres distritos, y al fin no pude negarme a dos de ellos;'y algunos meses después salí diputado por Asturias y por Murcia» (finalmente optó por el distrito asturiano)^^. Al abrirse las Cortes Constituyentes, que habían de dar a España (el 6 de junio) la Constitución de 1869, Echegaray era, por consiguiente, diputado. Su primera intervención en la Cámara la realizó el 5 de mayo de aquel año (1869), y tuvo como asunto nada más y nada menos que la libertad religiosa, que él defendió en aquella ocasión con ardor, una cierta belleza y sin duda nobleza. «La libertad religiosa», manifestó entonces. José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política «es uno de esos derechos anejos al hombre; es uno de estos derechos que proceden de su naturaleza, que proceden de las grandes leyes de la sociedad, que no están sujetos al número; derecho tal, que aunque todos los españoles, menos uno, fueran católicos, y ese uno no fuera católico, ese, en virtud de su derecho, derecho soberano, superior a toda mayoría, podría decir, y tendría razón: "yo puedo adorar al Dios en quien creo de la manera que considere conveniente"... De esta manera, cuando yo con mi trabajo, cuando yo con mi fortuna, cuando yo con mi capital, con lo que es mío, levanto un templo, y dentro de ese templo adoro al Dios en que creo, aquel templo soy yo, aquel templo está protegido de todo embate exterior, proceda del hombre o proceda de las fuerzas colectivas, es decir, de la sociedad; está protegido, digo, por mi derecho; y lo que en ese templo pasa es como si pasase dentro de mí. En una palabra, señores, ese templo es mi conciencia exteriorizada, y si mi personalidad es digna de respeto, y si aquí, dentro de mí, mi conciencia es digna de respeto, lo es también ese templo y el culto que en ese templo doy yo al Dios que adoro»^^. Como testimonio de algunas de las ideas políticas de Echegaray, el «Documento II» reproduce la transcripción de aquel su primer discurso en las Cortes de la nación, tal y como se publicó en el Diario de Sesiones de las Cortes. Pronto (tras una crisis), Echegaray entró en el Gobierno, ocupando la cartera de Fomento, de la que tomó posesión el 15 de julio de 1869 y en la que permaneció hasta comienzos de 1871, cuando Amadeo de Saboya, Amadeo I, llegó a España (Echegaray fue uno de los que le recibieron en Cartagena). Sin embargo, no tardaría demasiado en volver a desempeñar la misma cartera: en el verano de 1872 entró en el que había de ser el último Gobierno del hijo de Víctor Manuel, gobierno presidido por Ruiz Zorrilla:^^ «[Me] hice cargo de la cartera en el verano del 72 sin fe ni esperanza, porque la situación de España era muy difícil. Sublevación separatista en Ultramar, guerra carlista en la Península, los cantonales en puerta, el partido conservador profundamente agraviado y marcando sus hombres más salientes la evolución hacia don Alfonso, nuestro partido sin grandes entusiasmos por don Amadeo y la Hacienda en un estado lamentable»^^. A raíz de la abdicación, en febrero de 1873, de Amadeo, a quien el asesinato de Prim (el 28 de diciembre de 1870) había privado de su principal valedor, el poder legal quedó en las Cortes, que se constituyeron en Asamblea Nacional. Cuando en junio se reunieron las Cortes Constituyentes, con mayoría de re-publícanos federales, se nombró una comisión permanente de la que también formaba parte Echegaray. Precisamente por su participación en aquella comisión, se vio obligado, en la confusión y conflictos de aquellos meses y por motivos de seguridad, a abandonar España. Marchó a París, en donde permaneció seis meses. Fue allí en donde escribió El libro talonario, una comedia de un acto que se estrenó, con su autor ya otra vez en Madrid, en la primavera de 1874, y que significó el inicio de su carrera como dramaturgo^^. Esa carrera le llevó a la Real Academia Española, en la que entró en 1894 ocupando el sillón e. Para recordar este hecho, y también la dimensión literaria de Echegaray, el «Documento III» reproduce su discurso de entrada en la Docta Casa. Aunque no es mi intención intentar siquiera entrar en este dominio de las actividades de Echegaray, el que más fama y beneficios materiales le reportó, para no dejar completamente en blanco esta faceta citaré a continuación unos pasajes de un fino y sagaz comentario que el crítico Enrique Diez-Cañedo publicó en el diario El Sol el 1 de octubre de 1930 a raíz de la reposición en el teatro Calderón de Madrid de El gran gáleoto:^^ «El gran galeota nos parece hoy mucho más lejano que las comedias del siglo XVII», escribía Díez-Canedo. «Es la moda de ayer», continuaba, «caída en desuso y no consagrada aún por el tiempo. Echegaray, hombre de vigoroso ingenio, puso en este drama la trágica cifra de su destino. Aún no abandonaba el verso, que le negó siempre su íntima esencia, y que aceptaba como legado del romanticismo; y cuando al fin cambió por una prosa más directa y expresiva, no llegó a dar con un tema tan dramático como el que en El gran galeota adquiere forma y sentido. Lo peor de El gran galeota es el verso, que va de una fórmula a otra por un aire pedregoso de ripio y relleno, y que da a la acción, sacudida y forzada, un aire convulsivo que casi malogra la idea del drama. En él, sin embargo, tocó Echegaray, fuera ya de las pseudolegendarias ficciones en que el romanticismo se entrega a sus últimos delirios, y atento a un latido de humanidad, su más amplio tema: la mentira difusa, engendradora de la verdad concreta». Y concluía: «Cincuenta años se cumplirán en marzo del año próximo... del estreno de El gran galeota. Si hoy vemos claramente sus defectos de gran bulto, aún sentimos por él, con la fuerza de las situaciones violentamente procuradas por el autor, que sin embargo, en la palabra no perdona rodeo -y aun en el título nos da muestras de eufemismo, y en el cuerpo del drama, al insinuar, hasta por medio del consonante, la recia palabra española que cuadraría al asunto-, aún sentimos, digo, en el drama, el aletazo de la ráfaga que conmovió a sus primeros espectadores.» José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política Después del golpe de Estado -el 3 de enero de 1874-del general Pavía, que llevaría a la disolución de la primera República^^, el general Serrano ocupó la jefatura del ejecutivo y Echegaray fue nombrado ministro de Hacienda en representación del partido radical. A los tres meses, sin embargo, dejó la cartera. Poco tiempo, pero en su haber hay que señalar un logro importante: el dar al Banco de España estructura de banco nacional; en particular, concederle el monopolio de la emisión de dinero^^. De los propósitos de Echegaray cuando procedió a tal «recreación» (con la que, incidentalmente, traicionaba sus antiguos ideales librecambistas) dan idea los siguientes párrafos de la parte expositiva del correspondiente decreto (de 19 de marzo de 1874), en el que no puede pasar desapercibida la vena literaria de su autor: «abatido el crédito por el abuso, agotados los impuestos por vicios administrativos, esterilizada la amortización por el momento, forzoso es acudir a otros medios para consolidar la deuda flotante y para sostener los enormes gastos de la guerra... En tan críticas circunstancias... el ministro que suscribe se propone crear un Banco Nacional, nueva potencia financiera que venga en ayuda de la Hacienda Pública.» Como testimonio el «Documento IV» reproduce el texto del discurso que Echegaray pronunció en el Senado el 8 de mayo de 1902 contribuyendo al debate que estaba teniendo lugar sobre un proyecto de circulación fiduciaria, y que aprovechó para recordar algunos aspectos de su participación en la creación del Banco de España^^. La situación del país era, efectivamente, caótica. España se encontraba en el último episodio de la guerra carlista, que tardaría todavía algunos años en finalizar^^. En Cuba se luchaba contra los insurrectos, que no depondrían las armas hasta 1878. En semejante coyuntura, los apuros financieros del Gobierno eran apremiantes; había que conseguir fondos para la exhausta Hacienda hispana y no se encontraba quien quisiera prestarla dinero: el Banco de España iba a cumplir esta función prestamista^^. La circulación fiduciaria única, esto es, la concesión del monopolio de emisión de dinero al nuevo banco nacional, privando de este privilegio a los catorce o quince restantes bancos emisores que funcionaban en el país al amparo de la ley de 1856, fue desarrollada en un decreto que apareció, firmado también por Echegaray, el 24 de marzo^^. Semejante monopolio era, en realidad, una condición casi imprescindible, o por lo menos conveniente, para fortalecer suficientemente al Banco de España, y para que así pudiese cumplir los fines que se proponía. De hecho, al dar aquel paso Echegaray estaba siguiendo la pauta marcada hacía ya tiempo por naciones como Gran Bretaña (Escocia aparte) o Francia. Una vez fuera del Gobierno, Echegaray se dedicó cada vez con mayor intensidad al teatro, en el que brilló con luz propia. De hecho, en 1904 se le concedió el premio Nobel de Literatura, compartido con el poeta provenzal Federico Mistral. Fue, en consecuencia, el primer español en recibir tan preciado galardón (Santiago Ramón y Cajal sería el segundo: lo recibió -el de Fisiología o Medicina-en 1906). Nunca, sin embargo, abandonó la política y el mundo que la rodeaba por completo. En 1876, todavía boyante su espíritu progresista, figuró entre los socios accionistas fundadores de la Institución Libre de Enseñanza^^. El 1 de abril de 1880 firmó, junto con Martes, Salmerón y otros, el manifiesto del que nació el partido republicano progresista. Otra intervención célebre suya fue el discurso que pronunció el 10 de noviembre de 1898 en el Ateneo de Madrid (del que era presidente desde el 23 de junio de aquel año), titulado «¿Qué es lo que constituye la fuerza de las naciones?» Expuso allí los medios que creía necesarios para la regeneración del país. También fue durante algunas legislaturas diputado por el distrito de Quintanar de la Orden. Ocasionalmente ocupaba alguna tribuna pública para pronunciar conferencias: en el curso 1879-1880, por poner un ejemplo, dictó una en el Círculo de la Unión Mercantil, titulada «Aplicación de las fuerzas naturales a la industria y al comercio» (Echegaray 1881)^^. Después de que se le concediese el premio Nobel, y siendo ya una figura mítica, aceptó, en 1905, el ofrecimiento de Eugenio Montero Ríos para ocupar, por poco tiempo, la cartera de Hacienda. Obviamente, por entonces sus anteriores fervores republicanos habían decaído considerablemente (como tantos de sus correligionarios del 68, Echegaray terminaría aceptando sin mayores problemas la Restauración). También fue senador vitalicio, presidente del Consejo de Instrucción Pública y, en 1908, director de la Compañía Arrendataria de Tabacos y Timbre. Una de las facetas de Echegaray que más admiración producen es la de su capacidad de simultanear su aficción por las matemáticas con otros intereses. Acabamos de ver, por ejemplo, como su vida sufrió un cambio radical a partir de 1868^^^, y, no obstante, continuó estudiando y efectuando contribuciones al conocimiento de la matemática en España. Una de esas contribuciones (en realidad varias, ya que inicialmente fueron artículos en la Revista de los Progresos de las Ciencias, volúmenes XXI y XXII) fue la monografía que publicó en 1887: Disertaciones matemáticas José Echegaray: entre la ciencia^ el teatro y la política sobre la cuadratura del círculo. El método de Wantzel y la división de la circunferencia en partes iguales (Echegaray 1887). Uno de los pocos problemas (data de al menos los tiempos de Anaxágoras, circa 460 a. C.) cuya fama ha traspasado los límites de las matemáticas, digamos profesionales, ha sido el de la cuadratura del círculo; más concretamente, el de si es posible construir, utilizando únicamente un compás y un cartabón, un círculo cuya área sea igual a la de un cubo. Este problema fue el que abordó Echegaray en la publicación que acabo de citar, pero antes de pasar a ese trabajo es conveniente explicar algo de la historia del problema. Comenzaré refiriéndome a los números racionales (cocientes de números enteros)^^^ Los racionales son siempre raíces de una ecuación lineal del tipo ax+bx+c=0, donde a, 6 y c son enteros. Ahora bien, es obvio que ecuaciones de este tipo son muy poco generales; están también, por ejemplo, los números irracionales, que no son soluciones de esas ecuaciones. Desde Euclides se sabía que las raíces de una ecuación cuadrática, ax^+bx+c=0, donde a, 6 y c son múltiplos enteros de una longitud dada, se pueden construir geométricamente con regla y compás (método euclideo). Por otra parte, están las más generales ecuaciones de la forma ax*^+bx^"^+...4-px+q=0. Las raíces de una ecuación algebraica como ésta, siendo n>0, reciben el nombre de «números algebraicos», y como todo número racional es raíz de una ecuación de ese tipo con?i=l, surge de manera natural la cuestión de si todo número irracional será o no raíz de una ecuación de esa forma, para algún n mayor o igual que 2. En 1844 Liouville construyó una amplia clase de números reales no algebraicos, contestando de esa manera negativamente a la anterior pregunta. A los números reales no algebraicos se les denomina «números trascendentes». Demostrar que un número real concreto, tal como e o;r, es trascendente, es muy difícil. Siguiendo el camino abierto por Liouville, Hermite consiguió demostrar en 1873 que e no podía ser raíz de ninguna ecuación polinómica con coeficientes enteros; es decir, que era trascendente. El problema con el número TC resultó más difícil. Lambert en 1770 y Legendre en 1794 habían demostrado que ny nF-son irracionales, pero esta demostración no puso término a la vieja cuestión de la cuadratura del círculo; quedaba por demostrar la trascendencia de TV, porque en ese caso n no sería raíz de una ecuación de segundo grado y, por consiguiente, no se podría construir con regla y compás. Fue Ferdinand Lindemann quien, en una memoria publicada en los Mathematische Annalen en 1882, bajo el título «Über die Zahl 7t» («Sobre el número TÍ»), demostró --inventemente que n era un número trascendente. Pues bien, cuando se intenta precisar la fecha exacta en que llegó a España la noticia del descubrimiento de la trascendencia de n, o de la imposibilidad de la cuadratura del círculo, se observa que -como señaló Rey Pastor (1915)-antes de 1886 se encomia por todos la dificultad de la cuadratura, que se consideraba como «descomunal empresa». Así, nada menos que en el Anuario de la Academia de Ciencias de Madrid Miguel Merino (1885) afirmaba en 1885 que, desgraciadamente, no era posible «tomar resolución alguna que aparte la turba de los cuadradores del círculo», como habían hecho algunas corporaciones extranjeras, teniéndose que resignar «a examinar con paciencia cuantas singularidades se les ocurra presentar»^^^. «Nos encontramos tan atrasados», señalaba otro académico, esta vez nada menos que Eduardo Saavedra (1885), «que en realidad no se puede contestar en nombre de la Ciencia, que cierto número de investigaciones sea totalmente absurdo». Esta era la situación cuando Echegaray publicó un artículo, «Sobre la imposibilidad de la cuadratura del círculo», en el volumen correspondiente (el XXI) a 1886 de la Revista de los Progresos de las Ciencias, artículo que abre la obra Disertaciones matemáticas (Echegaray 1887). Un dato a tener en cuenta con relación al artículo de Echegaray en que éste no leyó el trabajo de Lindemann: «Como a pesar de mis deseos y de mis esfuerzos», escribió, «no he podido ver la Memoria original del insigne matemático, he tenido que limitarme a sospechar lo que su demostración podrá ser; aclaración que importa, para que el lector sepa a qué atenerse, y que importa además, porque la materia es un tanto sutil y sobre ella no se ha dicho la última palabra»^^^. Echegaray supo acerca de la investigación de Lindemann a través del tomo 1 de la 5^. edición del Tratado de Geometría de Ronché y Combe-rousse^^^, en el que no aparecía con todo rigor la demostración de Lindemann, de ahí que su contribución fuese realmente una reconstrucción. En medio de sus intensos trabajos literarios de aquellos años, Echegaray daba, de verdad, acaso por primera vez, talla de matemático. A pesar de no haber podido acceder al artículo de Lindemann, no fue la suya una contribución original (jamás fue, repito una vez más, un matemático original, creativo), pero no importa, se había acercado más que nunca a las investigaciones de la matemática de su tiempo. Es comprensible, aunque un tanto exagerado, por consiguiente, que Rey Pastor (1915: 11-12), que siempre demostró tener una especie de predilección por Echegaray^^^, exclamase años más tarde: «en todas las regiones de la Ciencia... a cada idea o hecho nuevo, corresponde una fecha y un nombre propio; como a cada nueva estrella y a cada cometa, va inseparablemente unido el nom-José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política bre de su descubridor en los cielos. En la esfera mucho más modesta de la historia científica de un país, le corresponden también dos coordenadas geográficas que determinan su introducción en él; y en este ejemplo, son: una fecha, 1886, y un nombre: Echegaray.» En lo referente al resto de Disertaciones matemáticas, lo más destacable es la explicación que daba Echegaray de algunos teoremas desarrollados por Pierre L. Wantzel en el Journal de Liouville en 1837, y que eran necesarios para la demostración de Lindemann. Echegaray, el Ateneo y la teoría de Galois La siguiente obra matemática importante de Echegaray me obliga a efectuar algunos comentarios sobre una institución a la que, como ya apunté antes, el polifacético don José estuvo ligado: el Ateneo Científico y Literario de Madrid^^^. Fundado (con 329 socios) en 1835, el Ateneo era una Sociedad científica, literaria y artística con el triple carácter de Academia, Escuela de Estudios Superiores y Círculo Literario (de hecho también se convirtió en una de las principales tribunas de la vida política española). Como Academia inicialmente se dividió en tres secciones, pasando en 1884 a cuatro: Ciencias Morales y Políticas, Ciencias Naturales, Ciencias Matemáticas y Literatura y Bellas Artes (en 1894 se aumentaron hasta seis). En estas secciones se leían y discutían trabajos considerados de interés y actualidad por los ateneístas. Echegaray, un ateneísta destacado (ya indiqué que llegó a ser presidente de la institución, en 1898-1899), participó tanto en los debates políticos y culturales que se celebraron allí, como en cursos que se organizaron^^^. Únicamente me ocuparé de estos últimos aquí. Siendo una de las funciones del Ateneo la de actuar como Escuela de Estudios Superiores, muchos de los personajes más prestigiosos de España, en las ciencias, las letras y las artes, explicaron temas avanzados en sus aulas, especialmente a finales del siglo XIX. Segismundo Moret (presidente del Ateneo en 1884-1886 y 1899-1913) resumió de la siguiente manera lo que se pretendía con esta Escuela de Estudios Superiores, en el discurso que pronunció al inaugurarse la misma en 1896: «El carácter de la enseñanza oficial es el exclusivamente destinado para la vida práctica, para el resultado inmediato, para obtener un título académico y ejercer una carrera, pero el cultivo de la ciencia por la ciencia es raro y difícil, y más en nuestro país. Sin perjuicio de que más adelante se llegue a los estudios monográficos, es decir, de aplicación y de aspectos particulares de las diversas ciencias, estas enseñanzas han de ser sintéticas, encaminadas a completar, equilibrar y organizar los conocimientos de la generación actual, y para lograrlo han de abarcar todo lo que se enseña, y enlazarse con todas las escuelas y centros en que de alguna manera se prepara a la juventud. Es preciso que todo hombre que piense y sepa algo encuentre aquí atractivo y llamamiento, y vea que por su cooperación en esta obra le es fácil lo que ha sido imposible aun a grandes personaHdades por su solo esfuerzo individual: influir en la dirección de la cultura de su época, en cuya amplia esfera comprende, naturalmente, las Universidades y Escuelas de provincia, las cuales, más aún que las que en Madrid radican, necesitan se las llame y traiga a este Centro Superior, pidiendo a cuantos fuera de la capital cultivan la ciencia, su valiosa cooperación.» Leopoldo Alas, Adolfo Alvarez Buylla, Gumersindo Azcárate, Ignacio Bolívar, José Canalejas, Manuel Bartolomé Cossío, Joaquín Costa, Zoel García Galdeano^^^, Eduardo Hinojosa, José Marvá, Marcelino Menéndez y Pelayo, Ramón Menéndez Pidal, el propio Moret, Emilia Pardo Bazán, Santiago Ramón y Cajal, José Rodríguez Carracido, José Rodríguez Mourelo, Eduardo Saavedra^^^ y Luis Simarro, aparte, naturalmente, de Echegaray, figuran entre los que dictaron cursos en aquella Escuela entre 1896 y 190211^. Echegaray fue uno de los que comenzaron a dictar cursos al abrirse la Escuela. Como tema eligió el de «Resolución de las ecuaciones de grado superior y teoría de Galois». Aquel curso (1896-1897) el interés que despertó la iniciativa fue considerable, registrándose cifras de matrícula muy elevadas: el más numeroso fue el curso de Emilia Pardo Bazán, para el que se apuntaron 825 personas, pero también nos encontramos con que a los cursos de, por ejemplo, Cajal, Simarro, o Gumersindo de Azcárate asistieron, respectivamente, 221, 167 y 243 alumnos. En cuanto al curso de Echegaray, la matrícula fue 122 (cifra increíblemente alta, dada la temática abordada), y el número de lecciones dictadas 21^^^. Augusto Krahe (1916: 480), que asistió a aquel curso, describió, años más tarde, cómo fue evolucionando la asistencia al mismo: «Con las conferencias tuvo más de una desilusión. A don José, como es de suponer, le gustaba reunir público numeroso y entendido; al principio vio colmados sus deseos. De los numerosos asistentes a sus primeras lecciones tan sólo una mínima parte podía seguir sus explicaciones con fruto; pero el resto de los asistentes, que creían, sin duda de buena fe, que con los recuerdos de lo que estudiaron en la segunda enseñanza y la mágica palabra de Echegaray iban a salir gratis y cómodamente de las conferencias, con más sapiencia en substituciones que el propio Camilo Jordan, se desengañaron pronto y abandonaron al maestro. A éste, si bien le escoció la huida, no le abatió, pues con el mismo brío juvenil que arremetió en la primera lección, dio fin a la última. A sus conferencias finales asistían ocho o diez personas, entre las cuales estaban León y Ortiz, el general Benítez, Amos Salvador, Octavio de Toledo y el querido amigo Juan V. Alonso.» José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política El siguiente curso (1897-1898) Echegaray continuó con el mismo tema, aunque la cifra de estudiantes con que contó fue ya más razonable, 32, siendo 23 las lecciones dictadas (en general todos los cursos vieron reducidos drásticamente el número de asistentes). El año siguiente (1898-1899) el interés se apagó considerablemente, y no sólo en número de alumnos, sino también en cursos impartidos (16 frente a 28 el año anterior). Esa vez Echegaray varió de tema, abordando el de «Estudio de las funciones elípticas» (tuvo 24 alumnos y dio 14 clases), con el que prosiguió el curso siguiente. De hecho, continuó ocupando una cátedra en la Escuela Superior del Ateneo todos los años hasta el curso 1904-1905^^^, en el que eligió el tema de «Ecuaciones diferenciales en general y, en particular, las lineales». A partir de entonces, sus cursos en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central, como nuevo catedrático de Física matemática, absorberían sus energías didácticas. Pero queda claro, de los anteriores comentarios, que durante unos cuantos años fueron las tribunas del Ateneo las que le permitieron, alejado como estaba desde hacía mucho tiempo de las aulas de la Escuela de Caminos, continuar su labor docente en matemáticas. En al menos una ocasión Echegaray (1904: 137) se refirió a sus cursos en el Ateneo, mencionando algo del carácter que les quiso dar, así como de su contenido: Pasemos ahora a los cursos que Echegaray dedicó a la «Resolución de ecuaciones de grado superior y teoría de Galois» y a las «Funciones elípticas» (el de «Integración de ecuaciones diferenciales» es menos interesante, y, además, no parece que lo desarrollase mucho)^^^. Comenzaré por el primero, que el propio Ateneo publicó en dos volúmenes con el título de Resolución de ecuaciones y teoría de Galois (Echegaray 1897(Echegaray a, 1898(Echegaray -1902))^^^. El problema de la resolución algebraica de ecuaciones figura entre los más antiguos de la matemática. Desde los inicios del álgebra moderna se desarrollaron varios métodos para resolver ecuaciones de hasta cuarto grado (los trabajos de, entre otros, Diofanto, Tartaglia, Cardano, Ferrari, Descartes, Gauss o Vandermonde), pero tales procedimientos, en general aislados entre sí y basados en artificios de cálculo, difícilmente podían ser considerados como constituyentes de una teoría^^^. Más profundas, sino por los problemas que resolvieron en una primera instancia, sí por los caminos que abrieron, fueron las ideas y contribuciones de La-grange^ ^^. A lo más que pudo llegar el gran matemático francés fue a argumentar que la solución de ecuaciones generales de grado superior a 4 (n>4) mediante operaciones algebraicas era probablemente imposible. No obstante el poco éxito conseguido por Lagrange en respuestas definitivas, el método que empleó iluminó los motivos por los cuales se podía resolver el problema para n 4; tal contribución fue importante para Abel y Galois. Además, la idea de Lagrange de que se debe considerar eL número de valores que toma una función racional cuando se permutan sus variables, conduciría posteriormente a la teoría de los grupos de permutación o sustitución. Sería Niels Henrik Abel (1802-1829)1^^ «el Newton del Norte» como le denominó Echegaray (1905Echegaray ( b, 1910 a) a), quien demostraría que es imposible resolver algebraicamente, por radicales^^^, las ecuaciones generales de quinto grado^^^. Buscando cuales son las ecuaciones particulares susceptibles de ese tipo de resolución, Abel (1829) obtuvo, asimismo, una clase de ecuaciones que hoy llevan, a propuesta de Kronecker, su nombre: abelianas. Los resultados de Abel no fueron sino el preludio de unos descubrimientos más importantes para la teoría de la resolución de ecuaciones, descubrimientos que asentarían esa teoría sobre una base definitiva. Lo que Galois se propuso fue desarrollar la teoría general de las ecuaciones algebraicas que pueden ser resueltas por medio de ecuaciones auxiliares de grado menor. Galois (1846) se dio cuenta, y este es el punto capital de sus investigaciones, de que este difícil problema está regido en cada caso particular por un cierto grupo de sustituciones, en el cual se reflejan las propiedades más importantes de la ecuación algebraica considerada. Este descubrimiento, que los sucesores de Galois, y en particular Camille Jordan (1870), esclarecerían y desarrollarían, tiene consecuencias que afectan a un área más vasta de la matemática que la teoría de resolución de ecuaciones. Como señaló Sophus Lie (1895): «El gran alcance de la obra de Galois se deriva de este hecho: que su teoría, tan original, de las ecuaciones algebraicas es una aplicación sistemática de José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política dos nociones fundamentales como son la de grupo e invariante... la noción de invariante es evidente en los trabajos de Vandermonde, Lagrange, Gauss, Ampère y Cauchy. Por el contrario, es Galois el primero, me parece, que introdujo la idea de grupo; y en todo caso, él es el primer matemático que ha profundizado en las relaciones existentes entre las ideas de grupo y de invariante.» Pasando ya al curso de Echegaray en el Ateneo, es preciso señalar, en primer lugar, que en él nuestro polifacético ingeniero de Caminos estaba plasmando intereses que se remontaban a bastantes años atrás: como mínimo a 1866. En efecto, el 15 de noviembre de aquel año apareció en la Revista de Obras Públicas (tomo XIV, pp. 261-264) un artículo titulado «Sobre la reforma de la Facultad de Ciencias y de las Escuelas especiales», que aunque no iba firmado se debía claramente a su pluma. En aquel trabajo, una dura crítica a un R. D. de 22 de octubre en el que se reformaba la enseñanza en la Facultad de Ciencias y en las Escuelas especiales, Echegaray hacía referencia explícita al área de la matemática que treinta años después iba a explicar en el Ateneo: «¿Dónde está en el programa de la Facultad de ciencias una clase de Algebra superior como la que -no ya hoy, sino dieciocho años ha-explicaba brillantemente Mr. Serret en la Sorbonne? En la Facultad no aparece esta clase, porque no lo es, ni puede serlo, lo que en la Gaceta del día 22 se llamaba CLASE DE ÁLGEBRA, y de COMPLEMENTO DE ÁL-GEBRA en la del 24. Esta asignatura titulada complemento de Álgebra será, cuando más, teoría general de ecuaciones con la extensión de las obras elementales; pero no comprenderá la teoría de los determinantes, ni las congruencias, ni las factoriales, ni la teoría delas sustituciones, ni los trabajos de Abel, Galois, Hermite y tantos otros geómetras.» Otro punto preliminar que conviene mencionar es que aunque Echegaray fue, con la publicación de su curso del Ateneo, el primer español en dedicar una obra que, independientemente de sus limitaciones, desarrollaba de manera sistemática una parte importante de las investigaciones de Galois, no es cierto que antes de él no se hubiese hablado de ellas en España (y olvidándonos ahora del artículo de la Revista de Obras Públicas que acabo de mencionar). Frente a la opinión de Rey Pastor (1916: 11), que llegó,a decir que «Echegaray trajo las obras de Serret, Salmon, Jordan...», hay indicios suficientes como para manifestar que la obra de Galois (y de algunos de sus sucesores) ya había atraído la atención de matemáticos españoles antes del curso de Echegaray en el Ateneo. En su breve pero elegante Las modernas generalizaciones expresadas por el Álgebra Simbólica, las Geometrías no-euclídeas y el concepto de hiper-espacio, Zoel García de Galdeano (1896: 48-49), que ya en su Tratado de Ál-José Manuel Sánchez Ron 640 gehra de 1886 y en su Crítica y síntesis del Algebra de 1888 había citado el teorema de Galois, escribía después de enunciar, una vez más, ese teorema: «y con el fìn de no prolongar estas indicaciones harto conocidas respecto á la teoría edificada por Lagrange, Abel y Galois sobre las ecuaciones, sólo recordaremos que, establecidas por Abel las condiciones de resolubilidad, Galois llegó á emplear su método de la adjunción sucesiva de raíces de ciertas ecuaciones que, reduciendo el grupo de la ecuación propuesta, conduce a su resolución por medio de radicales. Nuestro propósito al enumerar estos trabajos reunidos en la obra magistral de M. Camille Jordan, Traité des substitutions et des équations algébriques, y de los que han hecho recientemente elegantes resúmenes los señores Borei y Drach en su Introduction á r^étude de la théorie des nombres et de VAlgebre supérieure, y el señor Vogt en su obra Leçons sur la résolution algébrique des équations, no es otro que el señalarlos como precedentes de las importantes investigaciones del sabio matemático noruego Herr Sophus Lie... a las que deben unirse las del eminente geómetra F. Klein»^^^. Para analizar, aunque sea someramente, el contenido de Resolución de ecuaciones y teoría de Galois es preciso dar más detalles acerca de los resultados obtenidos por Galois; en concreto, sobre su memoria «Sur les conditions de résolubilité des équations par radicaux»^^^ En este trabajo se ve que el proceso a través del que Galois llegó al resultado según el cual «para que una ecuación irreducible, de grado primo^^^, sea resoluble por radicales, es necesario y suficiente que, conocidas dos cualesquiera de sus raíces, las demás puedan expresarse racionalmente en función de ellas», pasaba por la obtención de varios resultados preliminares. El primero era el que Echegaray denominó «teorema de Galois», aunque el propio matemático francés señalaba en su artículo que había sido citado sin demostración por Abel en su memoria póstuma sobre las funciones elíp-ticas^^^. Mientras que Galois incluía este resultado, en forma de cuatro lemas, en la primera parte de su artículo «Sur les conditions...», Echegaray llegaba a él en la lección decimoséptima de las veinte que comprende el primer volumen de sus cursos^^^. El enunciado que el español dio allí del teorema de Galois es el siguiente: «Supongamos una ecuación cualquiera del grado n, x"+PjX^-í+P2X"-2 +... +p"=0; ecuación que, para abreviar, representaremos por f(x)=0. Supondremos expresamente que sus raíces son todas desiguales, y las designaremos por x,, Xg,..., x^. Formemos una función, V, de estas raices, función que supondremos racional y que designaremos por V=(p(x" Xg,..., x^). Esta función ha de cumplir con esta condición: que para todas las permutaciones de las raíces ha de dar valores distintos. Es lo que hemos llamado una función de N valores, siendo N=l, 2, 3... n. Si aplicamos a (p(Xp x^,..., x^) las N sustituciones de las raíces x, obtendremos N valores para V, que representaremos por Vp Vg,..., Vj^. José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política Formemos con estos N valores, como raíces, la ecuación resolvente (V-Vj) (V-Vg)... Se cumple entonces que cualquier raíz de la ecuación propuesta, por ejemplo Xp es función racional (por tanto del dominio de racionalidad dado) de una cualquiera de las raíces Y^ de la resolvente.» Con este resultado, Echegaray consiguió (en la lección decimonovena) introducir la noción, fundamental tanto para la teoría de Galois como para la matemática posterior, de «grupo de una ecuación f(x)=0», y demostrar la siguiente proposición fundamental:^^^ «Dada una ecuación algébrica cuyas raíces se suponen desiguales, existe siempre un grupo de sustituciones de estas raíces tal que toda función de estas raíces invariable por las sustituciones del grupo es racionalmente conocida, y, recíprocamente, toda función de las raíces determinable racionalmente, queda invariable por la aplicación de esas sustituciones. El grupo de sustituciones que goza de esa propiedad se denomina grupo de la ecuación,» Una vez demostrada esta proposición, todavía se está relativamente lejos de poder demostrar el teorema de la resolubilidad de ecuaciones por radicales, pero se ha dado un paso decisivo en esa dirección. De hecho, Echegaray tampoco llegó a completar tal programa en el primer volumen de Resolución de ecuaciones y teoría de Galois. Esto era algo que reservaba para el curso siguiente. Seis meses después de finalizar aquel primer curso sobre la resolución de ecuaciones y la teoría de Galois, comenzó uno nuevo sobre la misma cuestión. Antes de hablar de él, debo advertir que la información que he conseguido reunir sobre su contenido es incompleta; la única copia que he podido localizar de las transcripciones de aquel curso incluye únicamente ocho lecciones (192 páginas), faltando, de hecho, páginas de la última lección^^^. Dada la rareza de esta fuente, y también el que constituía la exposición de la culminación de la teoría de Galois, me extenderé algo en el análisis de su contenido. Comenzaba Echegaray (1898Echegaray ( -1902: 5-6: 5-6) recordando a sus «oyentes, si es que este descanso de medio año no ha borrado por completo sus recuerdos, que en una de las últimas conferencias decíamos, que en el nuevo curso, que es este que hoy empieza, nos sería forzoso cambiar el punto de vista desde el cual habíamos considerado la invariabilidad de las funciones racionales de las raíces de una ecuación. En casi todas las conferencias del curso precedente, al hablar de la invariabilidad de una función, cuando se le aplica una sustitución cualquiera de sus raíces, nos referíamos a la invariabilidad de la forma. En cambio en el presente curso, siguiendo la teoría del joven e inmortal matemático francés, hemos de prescindir de la forma para atender ante todo al valor numérico. De suerte, que cuando digamos que una sustitución aplicada a determinada fun-ción de las raíces la deja invariable, querremos decir que no altera su valor numérico, aunque altere y modifique su forma algebraica.» Tras recordar que en el curso anterior había demostrado la existencia del grupo de Galois, esto es, la existencia del grupo de sustituciones propio de una ecuación dada, señalaba que este grupo «no sólo existe siempre y para toda ecuación (que podemos suponer de raíces desiguales, porque de no ser así, fácil sería, como se sabe por Algebra, descomponer dicha ecuación en otras varias de raíces sencillas), sino que el mismo método que hemos dado para demostrar la existencia del grupo de que se trata, constituye un verdadero método de determinación»^^^, pasando a continuación a revisar el método, para terminar concluyendo: «Claro que el método será impracticable casi siempre; pero en teoría es riguroso»^^^. Aunque en la lección segunda se demostraban resultados importantes (por ejemplo, el teorema de Lagrange generalizado para el caso de invariabilidad numérica), es a partir de la lección tercera cuando se entra más directamente en el tema de la resolución de ecuaciones. Sin embargo, es la lección cuarta, délas ocho que han sobrevivido, la fundamental. Demostraba allí Echegaray dos teoremas: el primero le permitía «hallar directamente el grupo de la ecuación, cuando se agregan al dominio de racionalidad propuesto algunas o todas las cp»^^^; el segundo le facilitaba encontrar de una manera directa el grupo de la ecuación B((p)=0. «Son los dos [teoremas] fundamentales del método de Galois, ya para resolver la ecuación dada por radicales, cuando esto es posible, ya para reconocer, como veremos^^^, que las raíces de la propuesta son de orden transcendente»^^^ En la lección quinta se exponían de nueyo las líneas generales del método de Galois, demostrándose varios teoremas^^^ e introduciéndose las nociones de grupos transitivos e intransitivos, probando asimismo proposiciones como la de que «cuando el grupo de una ecuación es transitivo, la ecuación es irreducible»^^^. Los resultados obtenidos permitían que Echegaray finalizase esa lección con una importante conclusión:^^^ «En suma: tanto da decir que una ecuación es reducible o irreducible, como decir que su grupo es intransitivo o transitivo. Basta con lo dicho para que vean mis oyentes cómo las propiedades de la ecuación fundamental están íntimamente ligadas con su grupo, y cómo su resolución, si es posible, y su simplificación, en todo caso, depende del estudio y transformación del grupo de Galois». Las dos lecciones siguientes, las últimas de que he podido disponer, son claramente de transición; en ellas se exponen nuevas propiedades y conceptos de la teoría de grupos (por ejemplo: subgrupos invariantes del grupo principal; grupo invariante máximo, o grupos permutables), dan-José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política dose también algunos ejemplos. Por lo que podemos leer en la lección octava, Echegaray se disponía a «reanudar o, mejor dicho... completar la exposición del método de Galois»^^^. Desgraciadamente, no me es posible ofrecer ningún detalle de cómo lo hizo. Antes de abandonar este apartado de la obra matemática de Echegaray, diré que, en mi opinión, en ningún otro lugar nuestro personaje llegó a alturas matemáticas comparables. Se enfrentó con una de las teorías más difíciles de la matemática del siglo XIX, con notable retraso, es verdad^^^, pero, y a pesar de las indudables simplificaciones en que incurrió al desarrollar las correspondientes demostraciones, lo hizo con dignidad y dando, al mismo tiempo, una lección de ambición científica a sus, en general, mucho más jóvenes colegas. Como ya indiqué antes, Echegaray dedicó sus cursos de los años 1898-1900 en la Escuela de Estudios Superiores a la «Teoría de las funciones elípticas»^^^. Aunque no publicó sus lecciones, disponemos de un resumen de las mismas que Juan González Piedra (1899) publicó en la Revista de Obras Públicas, así como de unos recuerdos de Luis Octavio de Toledo (1932). Tomando como base la exposición de Legendre, uno de los fundadores de la teoría, Echegaray definió la forma de las funciones elípticas y las transformaciones de cálculo, para llegar a los tres tipos clásicos, terminando con las transformaciones de las funciones elípticas (teorema de Abel). No fue aquel el único año que Echegaray dedicó en el Ateneo a las funciones elípticas, y aunque en las Memorias de la institución madrileña se puede averiguar el contenido de los cursos que se dictaron, transcribo como curiosidad una copia de una carta que Echegaray escribió a Segismundo Moret, presidente del Ateneo, en la que decía:^^^ «Amigo Moret: Tendré mucho gusto en seguir explicando funciones elípticas. El programa se reduce a lo siguiente: Métodos y notaciones de Jacobi. Los mismos problemas del curso anterior por el método de Weierstrass. Aplicaciones de las funciones elípticas a la Geometría y a la Mecánica. Otras aplicaciones: resolución de la ecuación de quinto grado. Echegaray y la física matemática Un vistazo a la lista de publicaciones de Echegaray que incluyo más adelante, bastará para comprobar que la física figuró de manera promi-nente entre sus intereses científicos. Desde luego, y al igual que en matemáticas, pero en este caso de manera todavía más acusada, Echegaray fue simplemente un expositor de teorías desarrolladas por otros; él nunca contribuyó con investigaciones propias. Más aún, como veremos, en física fue plena, y a veces un tanto patéticamente (aunque se tratase de un patetismo noble), un hombre del siglo XIX, pero del siglo XIX que sólo con dificultad, pocas veces y de manera incompleta, pudo ver más allá de la imagen clásica, newtoniana (a lo sumo electromagnética) de la naturaleza. Si recurrimos como patrón de medida al temporal, entonces sus trabajos en física se pueden dividir en dos fases: la primera llega hasta 1905, año en que fue nombrado catedrático de Física matemática de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central, cubriendo la segunda el período que va desde 1905 hasta su muerte, en 1916. Con respecto a la primera fase, ya me he referido a los artículos que publicó, en 1853-1854, en la Revista de Obras Públicas acerca del movimiento continuo; del resto hay que decir que la mayor parte de lo que publicó en física a lo largo de aquellos años fueron artículos de divulgación. Inicialmente aparecían en revistas como España, El Imparcial, Revista Hispano Americana, El Liberal, Diario de la Marina de La Habana, Ilustración Artística, o Revista de Obras Públicas, por citar algunas, y luego en forma de libro^^^. Tal fue el origen de Teorías modernas de la Física, Unidad de las fuerzas materiales (tres volúmenes; alguno con más de una edición) y de Ciencia popular. En los 107 artículos contenidos en estos li-bros^^°, se comprueba la gran cantidad y variedad de conocimientos científicos y tecnológicos de Echegaray, así como su habilidad para presentarlos a un público general. Con respecto a la variedad, basta con echar un vistazo a los respectivos índices para encontrarse con temas tan diversos como la «Navegación aérea», «Por qué se quema el carbón», «Las energías del radium», «El barón Cauchy», «La bicicleta y su teoría», «Los rayos X», «El calor», «Telegrafía sin hilos», «Del cuerpo humano como máquina de transformación del pensamiento en fuerza material», «Análisis espectral», «El telescopio Dussaud», «Sobre las teorías modernas de la luz», o «Exposición de la electricidad en París. Ayudado por la garra de su verbo (en general cursi y almibarado para nuestros gustos actuales, y cuya lectura nos permite comprender con facilidad las críticas que le dedicaron jóvenes literatos que comenzaban sus carreras con el nuevo siglo), Echegaray contribuyó eficazmente a que pudiesen acceder a una parte del mundo de la ciencia y de la tecnología de finales del siglo XIX muchos lectores españoles. Evidentemente, fue aquella una labor positiva para la cultura nacional, pero por mucho mérito que le adjudique- José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política mos (con justicia) no debe ocultar el hecho de que nuestro hombre mostró con frecuencia -no siempre, evidentemente-en aquellos trabajos su escasa profundidad, su muy limitada percepción filosófica y los abusos a los que le conducía su demasiada florida prosa (en la que constantemente repetía los mismos adornos). Una lectura superficial de, por ejemplo, dos de esos artículos, «Los rayos catódicos» y «Un espacio de muchas dimensiones»^^^, permite comprobar algunos de sus aciertos y de sus defectos. En el primero se ve fácilmente la habilidad de Echegaray para acercar al lector medio un tema que demostraría ser una pieza clave para la física; abusaba algo del lenguaje, pero en su época y para los lectores que buscaba, muy probablemente fuese eficaz. No entraba en grandes profundidades, pero tampoco decía tonterías. El segundo, el de los espacios de muchas dimensiones, revela su escasa percepción o refinamiento filosófico, y ello no tanto porque se opusiera a la posibilidad de espacios de dimensiones diferentes a tres (Einstein y sus relatividades estaban todavía en el futuro), sino por la simplicidad de sus argumentos, por la «filosofía del sentido común» que con sus palabras mostró cultivar. El párrafo final de este artículo es un magnífico ejemplo de lo que estoy diciendo: «Es lo cierto, que no acabaríamos nunca de relatar las novedades, asombros y maravillas de los espacios de diversas dimensiones, si no creyéramos que hemos soñado bastante con los soñadores, y que, después de todo, lo que el sentido común aconseja es que nos acomodemos de la mejor manera posible en este espacio de tres dimensiones en que nos colocaron, hasta que no llegue-el día de que podamos volar por la cuarta dimensión, que, por ahora, no se ve por ninguna parte.» Con tales manifestaciones, Echegaray estaba llamando, implícitamente, soñadores a pensadores del calibre de Gauss, Lobatchewsky, Bolyai, Helmholtz, Clifford, Riemann, Klein, Karl Pearson y Bertrand Russell, que, creyeran o no en la posibilidad real de espacios de más de tres dimensiones, dedicaron parte de su tiempo a meditar sobre diferentes aspectos de la geometría, física y matemática, n-dimensionaP^^. Además de todos esos artículos, Echegaray publicó, a lo largo del período que ahora estoy considerando, dos libros y un pequeño folleto de setenta páginas que tienen mayor interés desde el cunto de vista de las ciencias físicas. Según el propio Echegaray (1917, tomo II: 289), esas obras eran de «propaganda científica, no de ciencia popular... sino de alta ciencia». La primera fue un Tratado elemental de termodinámica, publicado en 1868^^^. De esta obra dijo Echegaray (1917, tomo II: 289), en unos comentarios preciosos a la hora de estudiar la introducción de la termodinámica en España, que «estaba inspirada en los trabajos más modernos, por entonces, del extranjero, y era materia desconocida en España y que no se enseñaba en ninguna parte, ni en Escuelas especiales, ni en Institutos; por descontado, ni en los libros de Física de entonces, ni en las Universidades tampoco aparecía.» Comenzaba Echegaray, como es habitual en muchos de sus trabajos, efectuando comentarios que permiten identificar el tema específico que iba a abordar, así como algunas de las fuentes en que se basaba: «Vamos a estudiar al calor en algunos de sus efectos, y éstos son de dos clases: conviene, pues, distinguir unos de otros. Se mueve el calor, si se nos permite esta manera de expresarnos, dentro de un mismo cuerpo; o pasa de unos a otros cuando están en contacto; o irradia en el espacio salvando distancias. Pero en todos estos casos el calor se mueve, el fenómeno marcha, conservándose el mismo en su apariencia, y a este primer conjunto de hechos, estudiados por Fourier, Poisson, Lamé y otros insignes matemáticos, se les ha dado el nombre de Teoría analítica del calor»^^^. No era, sin embargo, de este tipo de fenómenos de los que se quería ocupar, sino de aquellos en los que «la acción del calor se manifiesta por la remoción de obstáculos, es decir, por efectos mecánicos; en una palabra, por el desarrollo más o menos grande de un trabajo. En tales casos, el calor no sólo marcha, sino que se transforma en efecto útil, venciendo resistencias; y por este motivo algunos dan a la nueva teoría el nombre de Transformación del calor, mientras otros, atendiendo a que cuando así obra es en rigor una fuerza, adoptan la denominación de Teoría mecánica del calor o la de Termodinámica... Los fundadores de este nuevo orden de conocimientos son Carnet, Mayer (Mayer sobre todo). Joule, Thomson, Rankine, Clausius y algunos otros; y el lector que quiera ampliar las nociones que presentemos en estos artículos, puede consultar principalmente las obras de Hirn, Combes, Saint-Robert^^^, y las notables Memorias de Clausius, publicadas en el Journal de Liouville»^^^. En conjunto, el capítulo I del Tratado elemental de Termodinámica se ocupa de introducir una serie de nociones generales (temperatura, unidades de calor, leyes de Mariette y Gay-Lussac, y cambios de estado). En el capítulo II («Principios fundamentales»), Echegaray se dedicaba a lo que consideraba el problema fundamental de la Termodinámica: ^^' ^ «¿Cómo están enlazadas entre sí todas estas cantidades? He aquí el problema más general de la Termodinámica. Debemos, pues, buscar relaciones analíticas entre los siguientes elementos: presión; volumen; temperatura; cantidad de calor; trabajo externo y trabajo interno.» Esa búsqueda la llevaba a las «dos ecuaciones... [que] expresan los dos principios fundamentales de la teoría moderna del calor; el primero, la transformación siempre proporcional del trabajo en calor, y de éste en José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política aquél»^^^, y el segundo que afirma que «cuando un cuerpo se pone en contacto con una serie de focos de calor a temperaturas diversas t^, t^ t2,...; y de ellos recibe, o bien les cede, cantidades de calor Q^, Q^ Qg,.-? si el cuerpo vuelve a su estado inicial, la suma de los cocientes que resultan de dividir cada cantidad de calor por una función constante, f, de la temperatura correspondiente, es igual a cero»^^^. Definiciones no demasiado refinadas, pero suficientes para el propósito de su autor. En los capítulos III y IV, presentaba una serie de ecuaciones termodinámicas importantes. Para ello, utilizaba las dos leyes que acabamos de enunciar, con el fin de relacionar los seis coeficientes fundamentales. Finalmente, en el capítulo V se ocupaba de «Diversos efectos del calor sobre los cuerpos»; por ejemplo, el problema de cuál será el estado final, y cómo se habrá dividido el calor en calor efectivo, efectos moleculares y trabajo externo, cuando se suministra una cierta cantidad de calor a un cuerpo. Tomado en su conjunto, y por lo que yo conozco, el pequeño tratado de termodinámica de Echegaray no tuvo rival, en cuanto a contenido y nivel, durante bastante tiempo en la bibliografía producida por científicos españoles. Pasando ahora al segundo de los textos mencionados antes, la Teoría matemática de la luz, publicada en 1871 como libro y en artículos en distintos tomos de la Revista de los Progresos de las Ciencias, nos encontramos con que en él Echegaray (1871 a, «Advertencia inicial») se proponía: «hacer sobre la teoría matemática de la luz un trabajo del mismo género que el que hicimos tiempo ha sobre la Geometría superior: es decir, condensar en breves páginas lo más elemental de dicha teoría, para que pueda servir de introducción al estudio de las obras clásicas, y particularmente a los admirables trabajos de Cauchy.» En realidad el título del libro puede conducir a ideas equivocadas acerca de su contenido, ya que poca o ninguna física incluía; sus tres capítulos estaban dedicados a: «Fórmula de Fourier» (desarrollo de funciones en series trigonométricas), «Teoría de los residuos y aplicaciones» y «Cambio de variables bajo el signo integral y otras cuestiones matemáticas.» El folleto al que me refería antes es uno titulado Observaciones y teorías sobre la afinidad química (Echegaray 1901). Para ver de qué trataba, lo mejor es citar alguïios pasajes extraídos de sus primeras páginas: «Aún cuando llegan las ciencias a cierto estado de perfección, se necesitan fuerzas diversas para explicar los hechos naturales. Para la astronomía se necesita la gravitación. Para la física, la cohesión. La afinidad para la química... Todavía puede considerarse a la cohesión como una forma de la gravitación universal. Pero la afinidad química se resiste con resistencia invencible a formar parte de otras unidades. Es que en rigor la afinidad química presenta caracteres, al menos en la apariencia, si no opuestos, totalmente distintos de aquellos que acompañan a la atracción newtoniana....[En gravitación a] mayor masa, mayor atracción... Nada de esto sucede con la afinidad química: casi pudiéramos decir que sucede lo contrario. La afinidad no es universal entre todas las sustancias: unas se atraen químicamente, otras no; bien al contrario de lo que sucede en la gravitación... Diríase, pues, dadas estas diferencias radicales entre la atracción newtoniana y la afinidad física, que ambas fuerzas son de naturaleza radicalmente distintas. Pero ¿lo son en realidad? ¿No habrá medio de ponerlas en relación? Cuando la afinidad acaba, ¿empezará la gravitación y no habrá medio de establecer cierta ley de continuidad entre ambas?» De manera más explícita, lo que Echegaray (1901: 10) se preguntaba era si no sería posible «convertir la química en una mecánica racional de los átomos». Aunque no se le ocultaba «que el problema es de una dificultad inmensa; que acaso no le ha llegado su tiempo; que tal vez pasarán siglos antes de que aparezca el Newton de la química», Echegaray se lanzó, con una ingenuidad admirable, a efectuar algunos comentarios sobre el problema: «Como el lector podrá observar, estas breves páginas no tienen la pretensión de explicar matemáticamente ninguno de los grandes problemas de la química, ni aspiramos tampoco a fijar el carácter de la fuerza de afinidad. No son una explicación... sino un conjunto de reflexiones sobre el fenómeno químico en sí mismo. Reflexiones provocadas por esta pregunta: ¿podrá algún día el problema de la química reducirse a un problema de mecánica? Y nuestras observaciones tienen una orientación en este sentido»^^^. No sólo fueron comentarios de orden general los que realizó Echegaray en estas Observaciones y teorías sobre la afinidad química, también reflexionó sobre leyes de fuerza del tipo de la que rige la atracción gravitacional en la teoría newtoniana, aunque dejando libre la forma específica de la dependencia de las distancias. Para ello introdujo «masas (M) de centros ponderables» y «masas (m) de atmósfera de éter»; las M atrayéndose entre sí, las m repeliéndose, y cada M siendo atraída y atrayendo a todas las m. Entre otras aplicaciones de sus ideas, analizó el fenómeno de la electrólisis. Su hipótesis era que «las atracciones entre el éter y la materia ponderable dependen de potencias superiores de la distancia en el denominador de la fórmula [newtoniana]»^^^ y con ella aspiraba a explicar el fenómeno de la disociación de un electrolito. Con la excepción de dos breves trabajos debidos a Francisco Cebrián (1909) y a Rafael Vilar Fiol (1911), no tengo noticia de que sus ideas suscitasen reacción alguna^^^. De hecho, el contenido de este opúsculo refleja con claridad el mundo, entre newtoniano y maxwelliano en el que se movía nuestro personaje. La mecánica racional y el electro- José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política magnetismo (en el que la interacción mecánica entre carga y éter/campo constituyen elemento básico), eran los pilares del universo físico de Echegaray. Aspiraba, ya lo vimos, a convertir a la química en «una mecánica racional de los átomos», y creía que todavía podían transcurrir siglos antes de que apareciese «el Newton de la química». No lo sabía, naturalmente, pero los Newton (los nuevos, porque el primero fue Lavoisier) de la química ya habían nacido y, algunos, comenzado a trabajar cuando escribía aquellas líneas: eran los Planck, Einstein^^^, Sommerfeld, Bohr, Heisenberg y Schrodinger^^^, y todos aquellos que construyeron -no en siglos, sino en, escasamente, un cuarto de centuria-la mecánica cuántica, la teoría que haría que, al menos a nivel de primeros principios, la química se pudiese considerar como un apartado de la física^^^. 11, La cátedra de física matemática de la Universidad Central Paso a continuación a tratar el segundo período al que me referí antes, período que estuvo dominado por la designación, en 1905, de Echegaray como catedrático de Física matemática de la Universidad Central. La historia de la cátedra de Física matemática se remonta a 1858. En efecto, una asignatura con ese nombre formaba parte del programa general de estudios de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales que se aprobó por R.D. el 11 de septiembre de aquel año^^^, y con el que se desarrollaba la creación de esa Facultad el año anterior (la ley Moyano). En concreto, la Física matemática era una de las dos asignaturas (la otra era la Astronomía física y de observación) que debían cursar los licenciados en Ciencias Exactas que aspirasen al doctorado^^^. La situación cambió con el tristemente célebre ministro de Fomento, Manuel de Orovio. En un decreto debido a él, aparecido en octubre de 1866, se reducían a dos las secciones de la Facultad de Ciencias:^^^ Ciencias Físico-Matemáticas y Químicas, y Ciencias Naturales, y desaparecían las asignaturas Tratado de fluidos imponderables (correspondiente a la licenciatura de Ciencias Físicas) y Física matemática». Sería en 1870, con Echegaray de ministro de Fomento, cuando se volvió a incorporar la Física matemática a los programas de estudios del doctorado. En tanto que la Instrucción Pública era competencia del Ministerio de Fomento, hay que concluir que tal recreación fue obra de Echegaray. Y no sólo por motivos de dependencia administrativa: con anterioridad me he referido a un artículo publicado en 1866 en la Revista de Obras Públicas, titula-do «Sobre la reforma de la Facultad de Ciencias y de las Escuelas especiales», que aunque no iba firmado escribió, todo lo indica así, Echegaray. En este escrito se incluyen unos párrafos que constituyen un claro precedente programático de la creación de la cátedra de Física matemática en 1870. Los reproduzco a continuación: «¿Qué se ha hecho en el nuevo plan de la clase de Física-matemática? En Francia ha desempeñado, y creemos que aún desempeña esta clase importantísima, más que importante, necesaria, absolutamente necesaria, el ilustre matemático Mr. Lamé... En España existía una asignatura con este mismo nombre, pero en el nuevo plan se suprime por completo, dando por única razón que no es de absoluta necesidad en el cuadro de la enseñanza. Sin duda, al suprimir esta clase no han meditado los autores de la reforma con suficiente madurez, ni sobre la importancia de la materia en sí misma, ni en el mal efecto que semejante resolución ha de producir necesariamente, ni aun sobre las interpretaciones poco favorables al decoro científico de nuestra patria a que puede dar ocasión. Nosotros tenemos el profundo convencimiento de que la clase de Física matemática es de absoluta necesidad en la primera Universidad de España. Y, en efecto, no hay en Europa facultad alguna de ciencias, que merezca tal nombre, en que no exista esta asignatura. Hace treinta y seis años la explicaba Cauchy en el pequeño reino de Cerdeña, y hoy en Roma, en Francia, en Italia, en Inglaterra, en Alemania, en Bélgica se explica...» Cuando la cátedra de Física matemática, correspondiente al doctorado de Ciencias Exactas^^^, salió a oposición en 1870, Echegaray fue nombrado, a propuesta de la Facultad de Ciencias, vocal del Tribunal. Al constituirse éste fue elegido presidente, siendo los vocales Antonio Aguilar, Agustín Monreal, Pedro Lallave, Eduardo Mariategui, Miguel Merino y Dionisio Gorroño. Hubo un solo opositor, Francisco de Paula Rojas. Tras efectuarse la oposición, el 1 de julio de 1871 se verificó la votación. Votaron en favor del opositor los tres primeros vocales y en contra los otros tres; sería Echegaray, con su voto afirmativo, quien adjudicaría la cátedra a Rojas. Si creemos a Antonio Vela (1916) el mismo Echegaray había figurado, inicialmente, entre los posibles destinatarios de la cátedra: «Cuando se creó la cátedra de Física matemática en la Universidad Central, se habló de que se encargaría su explicación al ilustre ingeniero, ya muy conocido como profesor eminente y como escritor científico de gran relieve». En 1905, al pedir la jubilación Rojas, el Gobierno ofreció la cátedra de Física matemática a Echegaray, con una renumeración compatible con cualquier otra clase de haberes (téngase en cuenta que el año anterior Echegaray había recibido el premio Nobel de Literatura, y que constantemente estaba recibiendo homenajes de la España oficial; una manifestación de estos homenajes fue el que, como ya vimos, ese mismo año de 1905 volvería José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política a ser, cediendo a los insistentes ruegos de Eugenio Montero Ríos, ministro de Hacienda). «En el mes de mayo de 1905», recordaba Vela (1916), «tuve el honor de acompañar al señor Rojas en su visita al señor Echegaray para acordar con éste la campaña que había de comenzar el curso próximo. Reunidos en el saloncillo del teatro español, don José nos indicó que estaba dispuesto a explicar la asignatura desde el próximo otoño, pero no a intervenir en exámenes, grados ni acto alguno que tuviera carácter administrativo. Su plan consistía en explicar una lección cada semana, publicándola inmediatamente y repartiéndola entre los alumnos y personas que asistiesen a las conferencias.» Sería el propio Antonio Vela (1916: 481), por entonces profesor auxiliar de la Facultad de Ciencias, quien se encargó de redactar y explicar el programa oficial, y de cuanto se relacionaba con la validez académica de los estudios; semejante arreglo se mantuvo hasta la muerte de Echegaray, con la única variante de la sustitución de Vela -cuando éste «tuvo que dedicar su tiempo a otras atenciones de la enseñanza»-^^^ por Pedro Carrasco, quien en 1918 obtendría, por oposición, la cátedra que habían ocupado Rojas y Echegaray (la mantendría hasta la Guerra Civil)^^^ Antes incluso de que Echegaray dictase su primera lección de Física matemática en la Facultad de Ciencias, se presentó públicamente ante el claustro de la Universidad Central, ya que fue elegido -un homenaje más-para pronunciar el discurso académico en la inauguración del curso 1905-1906. Tenía entonces, es interesante recordarlo, setenta y tres años. El discurso se tituló La ciencia y la critica y constituye una muestra magnífica de la visión de la naturaleza que Echegaray mantenía por entonces. Aunque no pretendo resumir este largo discurso, que se reproduce íntegro en el «Documento V», sí se puede señalar que lo que más destaca de él es la constatación del conflicto personal en el que se veía sumido su autor al reconocer en la física una crisis cuya naturaleza no entendía realmente, y cuya salida era incapaz, por supuesto, de adivinar. Para alguien como él, que comenzaba su discurso definiendo la física matemática como «ciencia prodigiosa, de hermosura incomparable, derivación e imitación casi de la Mecánica celeste»^^^, era difícil asimilar y aceptar las críticas que se estaban efectuando (en realidad, en 1905 ya eran unas críticas relativamente viejas) a conceptos como los de acción a distancia, fuerzas centrales, fuerza y masa, sobre los que se basaba la mecánica clásica. Más aún, el propio espacio -el de «toda la vida», el cartesiano-euclideano-estaba en entredicho:^^^ «Y por si con esto no bastase, citemos el espacio de n dimensiones, ante el cual el viejo espacio de tres dimensiones a que estamos acostumbrados, con ser infinito según unos, con ser incomprensible según otros, con reducirse a una forma de nuestra sensibilidad en opinión de muchos, y con ser puramente relativo según los más, aparece como un modestísimo y vulgar espacio, viejo burgués del Cosmos, ante los formidables anarquistas de la extensión cuyas dimensiones, no pudiéndose contar por números, acuden a las letras del alfabeto». Para empeorar las cosas, Echegaray se daba cuenta de que las críticas a su física procedían de los mejores científicos:^^^ «Y he de señalar una circunstancia gravísima... que da a todos los resultados una fuerza verdaderamente excepcional; y es que la nueva Crítica la ejercitan sabios eminentes, los de más competencia en asuntos matemáticos, los de razón más sólida, los que han alcanzado mayores triunfos en las Matemáticas puras, en la Mecánica y en la Física Matemática, los que no censuran ni por malhumorados con una Ciencia que les fuera ingrata, ni por ligereza de carácter. Y el movimiento crítico se extiende a todas las naciones que marchan a la cabeza de la civilización. Al ver a maestros ilustres, que parecían tener el monopolio y ejercer la hegemonía en las Ciencias exactas, afirmar que no son tan exactas como parecen ser, que están plagadas de definiciones arbitrarias, de resultados contradictorios, de numerosos convencionalismos y de postulados indemostrables, hay que respetar la severidad de su pensamiento y la abnegación de sus declaraciones; pero confesemos que se presentan ante los humildes creyentes, como sacerdotes que reniegan de sus propios ídolos y que derriban sus propios altares. Al ver a tantos y tantos ilustres críticos descargando, uno tras otro, repetidos y tremendos golpes de ariete contra la Ciencia del siglo XIX, recuerdo, por no sé qué extraña asociación de ideas, la memorable noche del 4 de Agosto, en que la nobleza de Francia, y aun el clero y todos los órdenes de la Asamblea, arrastrados por una fiebre noble y patriótica, y queriendo demostrar a la Justicia y al Derecho, abdican en tropel y en competencia sus privilegios, sus prerrogativas, sus antiguos derechos, arrojando las ruinas del viejo mundo feudal, aristocrático y absolutista ante la nueva Justicia y el nuevo Derecho.» Tomando en su conjunto, el discurso de apertura de curso de Echegaray muestra, por un lado, su escasa capacidad para someter a conceptos y teorías fundamentales de la física del siglo XIX a un análisis metódico, profundo y original, así como para establecer interconexiones entre diferentes campos-(la mecánica, el electromagnetismo, la termodinámica, la física estadística). Pero también se puede comprobar leyendo aquella exposición que su autor estaba relativamente informado de los aspectos más generales y aparentes de la crisis en que se veía sumida la física^^^; así, aparecen referencias a las experiencias de Walter Kaufmann y a los cálculos de Max Abraham sobre la variación de la masa con la veloci-dad^^^, a los experimentos de Michelson (camuflados con un «¿Es que la atmósfera se lleva consigo la onda luminosa que por ella circula?»)^^^; a /osé Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política pérdida de «impenetrabilidad y solidez» de los átomos; o a los probleas que estaba ocasionando la radiactividad: «Pero el radium se presenta -y esta es ya la frase admitida-, con tendencias tan revolucionarias, mejor dicho, tan anarquistas, que toda la Ciencia se alarma... Para no citar más que dos ejemplos, recordaremos, en primer lugar, que el radium emite calórico, al parecer de una manera indefinida, como si su energía interna fuese infinita; y además que no parece respetar aquel axioma, o por lo menos aquel postulado, según el cual, el calórico no pasa espontáneamente sino de un cuerpo a otro a temperatura inferior... Además, el radium está emitiendo constantemente, no sólo energía, sino elementos de su propia sustancia, radiaciones y emanaciones, sin que su masa parezca disminuir. Falta saber si disminuirá en unos cuantos siglos; mas experiencia es ésta, cuyo resultado final está reservado a las generaciones futuras» ^^^. Diez años después de pronunciar este discurso, los puntos de vista de Echegaray (1915) no habían experimentado cambios sustanciales, como se puede comprobar leyendo su artículo «Serie de negaciones»^^^. Aparecían allí referencias a nuevos problemas o contribuciones; por ejemplo, a las investigaciones de Max Planck [en el texto está escrito Plomck] en las que introdujo sus cuantos de energía^'^^, así como a «uno de los problemas más profundos que se agitan a la hora presente: el problema de la relatividad, y la negación de la Cinemática clásica, por ejemplo, los admirables atrevimientos de Einstein»^'^^, pero la sustancia era la misma de su intervención en la inauguración del curso 1905-1906. (Con respecto a Echegaray y a la relatividad especial, hay que decir que ya en el curso de Física matemática correspondiente al año 1913-1914 se había referido a esa teoría [ver pp. 18-19], aunque en aquella ocasión no había mencionado más que a Lorentz)^'^^. Un punto que quiero mencionar a propósito de los dos trabajos que acabo de comentar es el de la influencia de Henri Poincaré en Echegaray (en lo que sigue nos encontraremos con frecuencia referencias a obras de Poincaré que manejó, y en el curso de Física matemática es citado constantemente). En realidad, es este un tema que va más allá de los dos trabajos en cuestión, por mucho que en ellos el gran matemático francés fuese citado con profusión, más que cualquier otro científico. En Poincaré, Echegaray encontró un modelo de lo que debía ser la^ísica, la matemática y la filosofía científica^^^. Aparentemente, no era el único español en profesar semejante admiración; así nos encontramos con que cuando, en 1910, la Academia sueca solicitó al claustro de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central que propusiese candidatos para el premio Nobel de Física-' ^^' *, todos, sin excepción, propusieron a Poincaré: Blas Cabrera, TOQ4 (Je Castro Pulido, Bartolomé Feliú, Ignacio González Martí, Eduar-do Lozano, José Ruiz Castizo y el propio Echegaray. De las 138 propuestas recibidas de todas partes del mundo, 34 correspondieron a Poincaré; fue, con mucho, quien más propuestas recibió. El Comité Nobel, no obstante, otorgó el premio de Física de aquel año a Johannes Diderik van der Waals^^^. El curso de Física matemática Por último, me referiré al curso de física matemática que desde el cadémico 1905-1906 hasta el 1914-1915 desarrolló Echegaray en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid, y del que tengo que decir que a pesar de su indudable interés y de que constituyó el esfuerzo docente más importante realizado en física matemática en España, por los datos que conozco no parece que cambiase radicalmente la situación en que se encontraba esa rama de la física y de la matemática en nuestro país; la física que se hizo en España durante la primera mitad del siglo XX fue, a lo sumo y sobre todo, física experimental. Sería imposible analizar aquí de manera medianamente completa los diez tomos (4.412 páginas) de este curso, un auténtico monumento a la física del siglo XIX, a una física que pretendió dar acomodo en su estructura y principios a la avalancha de nuevos fenómenos que desde finales del XIX se venían observando, pero que, finalmente, perdió, clara e irrevocablemente, la partida frente a una física nueva, la de la relatividad y la mecánica cuántica. Me limitaré, por consiguiente, a unos breves comentarios. Si nos preguntamos, antes de entrar en el contenido específico de los diferentes volúmenes, por lo que perseguía Echegaray con su curso, podemos encontrar una respuesta bastante clara en la primera lección del curso correspondiente al año 1910-1911, el sexto que dictaba. Decía allí el premio Nobel de Literatura de 1904:^'^^ «el objetivo final de mis tareas [es] publicar una Enciclopedia de Física matemática, que [abarque]: 1.° las principales teorías de la Física matemática clásica, las de Cauchy, Poisson, Fourier, Lamé, Ampère, Helmholtz, Gauss, Weber, Fresnel, y para no hacer interminable esta lista, la de todos los grandes maestros que a la creación de la Física matemática dedicaron sus esfuerzos en los dos primeros tercios del siglo XIX; y 2.° las principales teorías modernas y modernísimas de esta misma ciencia, es decir, de la Física matemática, que es a la que yo debo consagrar mis trabajos en esta clase que desempeño. Las teorías modernas y modernísimas, repito, las que han creado Maxwell, Hertz, Poincaré, Duhem, Lorentz, Larmor, Heaviside, Lord Kelvin, J. J. Thomson, Carnet, Gibbs, y aquí también la lista es interminable... ¡Una enciclopedia de Física matemática clásica y moderna!... Quiero, o querría, y hasta donde pueda llegaré, publicar una Enciclopedia de Física matemática; pero no con la pretensión de agotar la Ciencia, que hoy es inmensa, sino de ir exponiendo las principales teorías, de ir despejando el camino y haciendo posible o, por lo menos, más fácil a mis alumnos el estudio de las memorias originales, o de las grandes obras de los maestros. Esto que yo llamo Enciclopedia, dándole nombre sobrado ambicioso, no pasa de ser un trabajo de propaganda, o si se quiere, de preparación, para ir extendiendo en España, en la medida de mis fuerzas, el estudio y la afición al estudio de las altas cuestiones de una de las ciencias más admirables que haya podido crear el ingenio humano.» En cuanto al contenido del curso, veremos enseguida lo que alcanzó a enseñar a lo largo de los diez años que ocupó la cátedra, pero es instructivo también saber qué es lo que deseaba poder llegar a enseñar, o, en otras palabras, cuál era su programa ideal. «He aquí una lista de materias, las principales, que han formado, y que me propongo que sigan formando el contenido de mis conferencias: I. El estudio, ilustrado con ejemplos, de los caracteres propios de la Física experimental y de la Física matemática. La Teoría de la Elasticidad, considerada desde tres puntos de vista diversos, o, mejor dicho, según tres métodos. Aphcación de la Teoría de la Elasticidad a las vibraciones sonoras. Teoría de la luz, expuesta según tres métodos. 1.° El que sintetizaré con los nombres de Verdet y Mascart. 2° Según el método de Cauchy, en el que pueden seguir de guía, ya la Introducción a la alta óptica, del doctor Beer, profesor de la Universidad de Bonn; ya el Ensayo sobre la teoría matemática de la luz, de Briot^'^'^. 3.° Según el método de Poincaré en su Théorie mathématique de la Lumiére^^^. Y bien se observa, que en la exposición de la Teoría de la luz nos proponemos seguir una marcha, por decirlo así, paralela a la que hemos seguido en la Teoría de la Elasticidad. V. Teoría matemática del calor, o sea de su movimiento como fluido, tomando por modelo las tres obras fundamentales de Lamé y por descontado la de Fourier^'^®. Teoría del calor como energía, o si se quiere, exposición de la Termodinámica. VIL Y como complemento deberán consagrarse algunas conferencias al estudio de la obra de Mr. Boussinesq, titulada Teoría analítica del calor, puesta en relación con la Termodinámica y con la teoría moderna de la luz^^^. Aplicaciones de la Termodinámica a la Química y Análisis de los principales trabajos de Gibbs, Duhen [sic, es Duhem], Poincaré, etc. IX. Teoría de la capilaridad. X. Teoría de los torbellinos. Diversas teorías de la Gravitación; para alguna de ellas y para el estudio de los trabajos de Maxwell convendrá exponer previamente la teoría de los cuaternios. Teoría electromagnética de la luz. Teoría de los electrones, según la obra de Mr. Lorentz titulada The Theory of Electrons^^^, y el estudio de la Memoria de Max Abraham sobre los principios de la dinámica del electrón^^^. Ondas Hertzianas, tomando por guía la obra de Mr. Poincaré, del mismo título^^^. Teorías modernas sobre los iones, rayos catódicos, rayos X y radioactividad. Esto, sin contar estudios complementarios de los anteriores, como son, por ejemplo, los trabajos sobre elasticidad de Duhen [sic], Volterra y Corserat. La teoría girostática de la luz. Y como estudio general aplicable a las teorías anteriores, un curso sobre la potencial newtoniana. Sin contar, por último, porque alguna vez he de concluir esta desordenada e improvisada lista, varias teorías matemáticas de gran uso en la Física, como son: La teoría fundamental de los vectores y, como ampliación, la de los tensores. La teoría y notaciones de Grassmann. La teoría de las funciones complejas o imaginarias. Los cuaternios ya citados, y su ampliación a cantidades complejas de muchas claves. Las funciones armónicas: funciones esféricas. La integración, por fórmulas simbólicas: de la que encontramos ejemplos notables en la obra ya citada de Briot, y en las Memorias de Heaviside; véase, por ejemplo, el Philosophical Magazine, de 1899. El fundamental teorema de Fourier, y la serie trigonométrica. Las funciones de Bessel, etc. Todas estas teorías deben constituir, a mi entender, en el estado actual de la ciencia, lo indispensable de una enciclopedia de Física Matemática.» Pasando ya a los distintos tomos publicados que constituyen las Conferencias sobre Física Matemática, nos encontramos con que el primer volumen (curso 1905-1906) es una «Introducción a la Física Matemática». Aunque sus intenciones iniciales eran mucho más amplias, al final se li- Para llevar a cabo semejante propósito, recurría a diversas partes de la física (aunque la mecánica ocupaba casi siempre un lugar predominante). Por ejemplo, en la conferencia tercera presentaba la noción de equilibrio de temperaturas en la física experimental, señalando que allí no era «más que un hecho» (p. 80), «no dice... ni puede tener la pretensión de conocer lo que el calor sea y lo que es la temperatura... La Física Matemática, tampoco puede tener la pretensión de conocerlo; pero puede hacer hipótesis, que en este caso, como en casi todos, son hipótesis mecánicas». Y pasaba a ilustrar sus argumentos con muestras del tratamiento del calor y la temperatura en física matemática. En otros lugares de aquel curso utilizó la teoría de la luz, la electrostática o la electrodinámica para desarrollar sus tesis. El primer año expuso la teoría clásica de la elasticidad por el método de Cauchy, aplicándola después a diversos ejemplos (equilibrio de una capa cilindrica, de un prisma, etc.). El segundo año explicó la elasticidad por los métodos de Navier, Poisson, Lamé y Clebsch («Teoría de la Elasticidad, según Lamé y su escuela», la denominó [p. 4]), mientras que el tercero lo dedicó al método de Poincaré. ^^^ Para explicar las principales características de esos tres métodos, recurriré a lo que dejó escrito en el curso de 1910 a 1911: «[El método de Cauchy] es el que más francamente acepta la hipótesis mecánica, es el más atrevido, el más natural... Considera a todo cuerpo dividido en elementos, o más bien que dividido, compuesto de partículas materiales aisladas, y entre estas partecillas imagina fuerzas, que las enlazan dos a dos y que están representadas por el producto de las masas de ambos puntos y de una función de las distancias (p. [El método de Lamé es] una especie de término medio entre la hipótesis mecánica, y cierta tendencia al método experimental... No divide el cuerpo elástico en puntos materiales de masa determinada m, m'..., ni establece las ecuaciones de equilibrio de estos diferentes puntos como hace Cauchy. Toma como elemento un paralelepípedo infinitamente pequeño en el interior del cuerpo elástico... De modo, que así como Cauchy establecía las ecuaciones de equilibrio para cada punto, y tres ecuaciones eran bastantes. Lamé tiene que establecer las ecuaciones de equilibrio del sólido elemental sometido a las reacciones sobre sus seis caras y a la fuerza exterior, que actúe en su centro de gravedad... Las ecuaciones de equilibrio no serán tres, sino seis, porque no se trata de un punto, sino de un sólido... (pp. 24-25). [El método de Poincaré se aproxima más] al método de Cauchy que al de Lamé, y... tiene cierta tendencia hacia la Física Matemática moderna, en el sentido de prescindir de algunas de las condiciones... que son dominantes en la hipótesis mecánica. José Manuel Sánchez Ron 658 La principal diferencia entre el método de Poincaré y el de Cauchy, es que el primero de estos dos matemáticos prescinde de la restricción que establece las fuerzas centrales. Cauchy suponía que las fuerzas que se desarrollaban en el interior de un cuerpo elástico eran centrales. Mr. Poincaré resuelve el problema más en general, puesto que lo resuelve sean o no sean centrales dichas fuerzas, y aún marca cierta tendencia a prescindir de la acción a distancia» (p. Para las teorías de la elasticidad que presentó entre 1906 y 1909 no se necesitaban sino las técnicas matemáticas más elementales, pero para los temas con los que pensaba continuar era diferente, por lo cual en el curso 1909-1910 creyó «conveniente dar una especie de introducción de análisis para los cursos sucesivos en que estudie la electricidad y el magnetismo» (p. El programa que tenía en mente, y que incluía la teoría de los cuaterniones (cuaternios para Echegaray), «para facilitar el estudio de las obras inglesas», las fórmulas de Fourier, así como varias ecuaciones diferenciales, «como son las que dan origen a las ecuaciones de Bessel y al célebre teorema de Dirichlet» (p. 31), era mucho más ambicioso del que finalmente siguió, ya que se limitó a exponer algo de cálculo vectorial, y a deducir la fórmula de Green (que permite pasar de integrales de volumen a integrales de superficie) y la de Stokes (que relaciona integrales de superficie e integrales de línea)^^^. El que no cumpliera su proyecto inicial para aquel curso, se debe en gran parte a que se entretuvo demasiado con aplicaciones de los teoremas de Green y Stokes al electromagnetismo, e, incluso, con exposiciones de esa rama de la física, sin que mediaran de por medio los mencionados teoremas. En particular, trató con cierta amplitud la teoría de Ampère, basada en la fórmula que determina la acción entre dos elementos de corriente; también discutió cuestiones como la polarización de los dieléctricos, la ecuación de Laplace en electricidad, resolvió diversos problemas de electrostática, e introdujo alguna de las ecuaciones de Maxwell. El siguiente curso (1910)(1911), uno de los más completos, lo dedicó a la «Teoría de los torbellinos», o, como él mismo apuntaba, a la «Hidrodinámica y teoría de torbellinos». Para un científico clásico, y Echegaray lo era, el tema de los torbellinos (también denominados vórtices) era importante, especialmente si recordamos los resultados matemáticos obtenidos e ideas físicas propuestas a lo largo del último tercio del siglo XIX por, principalmente, Helmholtz y Kelvin. En efecto, Hermann von Helmholtz (1858) había conseguido demostrar matemáticamente que el movimiento de vórtices era estable, cuando éstos se formaban en un fluido perfecto (sin fricción e incompresible). Para lord Kelvin (en-José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política tonces todavía William Thomson), que había estado jugando con la posibilidad de átomos vorticiales:^^^ «Si existe a través de todo el espacio un fluido perfecto, que constituya la sustancia de toda la materia, un anillo vorticial [vortex-ring] sería tan permanente como los átomos sólidos y duros supuestos por Lucrecio... para explicar todas las propiedades permanentes de cuerpos (como el oro, plomo, etc.), así como las diferencias entre sus caracteres». Se trataba, en definitiva, de intentar explicar la materia (los átomos) y sus movimientos en base a vórtices, entre cartesianos y maxwellianos, del éter, y he aquí lo que sobre esta cuestión decía: «la teoría de los torbellinos, que ha dado origen a los numerosos e importantes trabajos de Kirchhoff, de lord Rayleigh, de J. Thomson y de lord Kelvin, se presta al estudio del programa antes enunciado y a la sustitución de la acción a distancia por las acciones, primero de contacto y luego transmitidas. Así el ilustre lord Kelvin ha buscado en los movimientos de los torbellinos una explicación mecánica del Universo. El Universo está lleno, según opinión de muchos sabios, por una materia continua, y lo que nosotros llamamos materia, materia propiamente dicha, no es más que un conjunto de torbellinos: átomos-torbellinos les llama el ilustre autor, átomos que, según Helmholtz, son indestructibles y eternos. Verdad es, que según los descubrimientos de la radioactividad, el átomo puede destruirse y se destruye de hecho; pero en todo caso no hay más que correr la escala y suponer que es el electrón, ese átomo-torbellino cuya existencia civil había usurpado el átomo de la Química.... Las observaciones que preceden, justifican y explican la elección que hemos hecho de la hidro-dinámica y de la teoría de los torbellinos como materia para el presente curso. El asunto es interesante en sí mismo... [adquiere] aún más importancia por sus relaciones con la electro-dinámica, por lo menos de forma y de representación, que son a veces el camino para realizar grandes síntesis y para llegar a grandes unidades, aunque en un principio estas relaciones sean, por decirlo así, puramente externas y no pasen de ser meras analogías. Por último, la teoría en cuestión, es decir, la de los torbellinos, y otros problemas de la hidro-dinámica, vienen a dar soluciones al gusto moderno respecto á la manera de interpretar la gravitación universal al negar la acción a distancia, y hay que reconocer que todo esto constituye materia propia de la Física matemática.» Estudió aquel curso Echegaray el movimiento y el equilibrio de los fluidos perfectos, especialmente el movimiento^^^, ya que del equilibrio de un punto arbitrario del fluido solamente presentó las ecuaciones fundamen-tales^^^. También aprovechó para «recordar dos problemas de análisis», que utilizaría a la hora de deducir la ecuación de continuidad: la teoría de los determinantes y el cambio de variables en integrales múltiples. Un resultado importante incluido en este curso fue la demostración, en la conferencia decimotercera, del teorema de Helmholtz -el teorema fundamental de la teoría de los torbellinos-, que expresa la constancia a lo lar-go de una curva cerrada de la circulación del fluido (este teorema es uno, acaso el principal, de los resultados matemáticos a los que me refería antes)i9i. En realidad, el tema que abordó Echegaray aquel año fue el de la teoría del potencial newtoniano, tanto para masas ponderables discretas como continuas. Naturalmente, una buena parte del curso giró en torno al estudio de la ecuación de Laplace, y algo de la de Poisson, prestando particular atención al problema de Dirichlet, que Echegaray definía de la manera siguiente (p. 288): «Determinar una armónica U,^^^ que satisfaga a la ecuación diferencial de Laplace, y que en cada punto de la superficie tenga un valor determinado: U^ para a^; U^ para a^..., en general U para a»^^^. Para desarrollar este tema, comenzó utilizando el ejemplo clásico de la transmisión del calor. Su táctica era la siguiente (p. «El problema de Dirichlet es... teorema importantísimo para varias cuestiones de la Física Matemática. Se demuestra su posibilidad experimentalmente y pudiéramos agregar: substituyendo al concepto abstracto de la armónica, concepto de puro análisis matemático, el concepto concreto y experimental de temperatura. Se parte... de este hecho: que en un cuerpo sólido homogéneo e isótropo en el cual se conservan los diferentes puntos de la superficie a temperaturas fijas, determinadas y continuas, se establece para cada punto del interior una temperatura fija, determinada y única; y como esta temperatura, según la ecuación de Laplace, que es la que rige la distribución de temperaturas en los cuerpos sólidos, representa una armónica, la solución es única y existe en la teoría de las temperaturas y existirá, por lo tanto, en el problema del análisis». El problema era, naturalmente, que «esto, y con razón, no satisface a los matemáticos». Había, por consiguiente, que tratar el problema desde el punto de vista del análisis, aunque no estuviese resuelto completamente: «Así, varios de los teoremas que vamos a explicar son, en cierto modo, exploraciones alrededor del problema principal: son trabajos de aproches [sic]» (p. Aprovechaba Echegaray el problema de Dirichlet para resolver algunos ejemplos concretos, así como para iniciar el estudio de las funciones de Green como medio de resolver el problema de Dirichlet. Las últimas lecciones están dedicadas a desarrollar algunos ejemplos concretos relativos a la teoría del potencial: potencial de una superficie homogénea; atracciones de una superficie esférica ponderable y homogénea para cualquier punto interior o exterior; potencial y atracción de una capa esférica; y potenciales de un elipsoide macizo y homogéneo, de un pequeño imán, y de una doble hoja eléctrica o magnética. Como colofón, ponderable, no ya del átomo eléctrico, sino del átomo de la energia, y aún, agrega Mr. Poincaré^^^, con sus dejos de ironia, del átomo del tiempo, a la vez, repetimos, se habla de las ecuaciones canónicas de Hamilton. No son, pues, tales teorías vejeces gloriosas; serán, en todo caso, vejeces que piden su puesto entre los grandes problemas del modernismo. El programa de este curso no ha sido, lo repetimos una vez más, inoportuno». Aparentemente, Echegaray también analizó, durante el curso que ahora estoy considerando, la teoría de los cuantos, pero suprimió esa parte de sus conferencias al dar a la imprenta el texto del curso. «La he suprimido, en primer lugar, para no destruir ni perturbar la unidad del programa y, además, porque todos los problemas de la Física moderna, que he discutido, he de tratarlos, si me es posible, y con mucha más amplitud, en otros cursos» (p. Desgraciadamente, no le fue posible, y lo único que nos ha llegado son unos pocos comentarios en los que, a modo de conclusión, mostraba las aguas turbulentas en las que estaba navegando; el patético esfuerzo de un hombre educado en la ciencia clásica por salvar algo de su mundo (pp. 533-534): «Después de todo, aunque bien suprimida está en las conferencias impresas esta parte a que me refiero, en las explicaciones orales creo que no formaba con el resto de las explicaciones un dualismo chocante; al menos, he procurado armonizar unas con otras. Era poner frente a frente, casi por exigencia lógica, toda la Física matemática clásica y la Física modernísima; que ya me parece poco llamarla simplemente moderna. Era contrastar la afirmación con la negación; la fe antigua con el descreimiento moderno; el principio de la discontinuidad ante la ya célebre hipótesis de Mr. Planck. Contra las ecuaciones diferenciales se eleva, con evidente hostilidad, la escuela moderna, que es alzarse, acaso sin quererlo, contra dos siglos de gloriosos triunfos. Y, pues la legitimidad y la eficacia de las ecuaciones diferenciales en la ciencia física se ponen en duda, no fuera generoso ni prudente abandonarlas de pronto. Yo no niego ni la legitimidad relativa de la nueva escuela, ni el rigor lógico de algunas de sus afirmaciones, que más que afirmaciones son negaciones. No pongo en duda la fecundidad de la nueva orientación; pero lo que sí niego, es que por seguir esta orientación, sea preciso ni conveniente abandonar las maravillosas orientaciones de los siglos XVIII y XIX». Tras recordar algo del contenido del curso 1910-1911, en el que había comenzado a estudiar los torbellinos, Echegaray pasaba a estudiar problemas que ya había tratado entonces, pero adoptando ahora un tratamiento más general: por ejemplo, en 1910-1911 había resuelto el problema de los movimientos del agua del mar que rodea a un barco, para el caso de torbellinos rectilíneos y paralelos; en 1913-1914 abordaba el mismo problema como parte del estudio de fluidos incompresibles y de densidad constante y uniforme, situados en un espacio (ilimitado) de tres José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política dimensiones. El procedimiento que seguía para resolver este tipo de problemas se basaba en lo que denominaba «problema inverso de la teoría de los torbellinos», en el que suponía que se conocen inicialmente las tres componentes de cada torbellino en función de x, y, z, y del tiempo, t, para un instante dado, y partiendo de estos datos se obtiene el movimiento general del fluido en toda su extensión. En realidad, aquel curso se puede considerar como una buena aunque relativamente anticuada y, desde luego, lejos de ser completa, exposición de la hidrodinámica, una exposición en la que se prestaba bastante atención a los desarrollos matemáticos. Da una idea del talante de la exposición de Echegaray el que basase sus desarrollos en las obras e investigaciones de Appell, Poincaré, Horace Lamb, y, en el punto más avanzado de su curso, cuando estudió movimientos en fluidos viscosos, George Gabriel Stokes, uno de los más finos, precisos y fiables físicos del siglo XIX, pero que, no obstante, no pudo ni supo vislumbar los caminos por los que iba a ir en el futuro la física^^^. En más de un sentido, y tanto por el talante como por algunos de los temas seleccionados, existe un cierto parecido, salvando, naturalmente, las distancias, entre este volumen del curso de Echegaray y las Baltimore Lectures on Molecular Dynamics and the Wave Theory of Light que Kelvin (1884) desarrolló en 1884. Y llegamos así al último curso dictado por Echegaray, el décimo, el del año académico 1914-1915; un curso que, si nos atenemos a lo publicado, se vio interrumpido en la lección decimonovena, para no reanudarse más (el 14 de septiembre de 1916 Echegaray falleció). El tema abordado aquel año fue el de la «Teoría cinemática de los gases», y para su desarrollo tomó como «guía... la obra elemental de Watson en su segunda edición, que es del año 1893»; es decir, se basó en el A Treatise on the Kinetic Theory of Gases de Henry W. Watson, cuya primera edición publicó Clarendon Press (Oxford) en 1876, aunque reconocía que el texto indiscutible para una discusión más completa eran las Vorlesungen über Gastheorie de Boltzmann (1896-1898)i9«. Comenzaba Echegaray considerando un ejemplo en el que se suponía al gas sustituido por un sistema de «esférulas sumamente pequeñas, de igual [y muy pequeño] radio, de igual masa» (p. 134), formando un volumen muy pequeño con relación al volumen total del espacio en el que se agitan, y resolvía dos problemas: encontrar el «valor medio de la velocidad en un sistema de esferillas» y el «valor medio del cuadrado de las velocidades» (p. 116); esto es, básicamente lo que ahora denominamos «función de distribución de velocidades». Pasaba entonces a estudiar otro ejemplo, más complicado, en el que el gas se suponía compuesto «no de un sistema, sino de dos sistemas distintos de esférulas elásticas que, mezcladas entre sí, se agitan y chocan» (p. Una vez calculado el «cuadrado medio de las velocidades para las esférulas de ambos sistemas o de un número cualquiera de sistemas» (p. 182), llegaba a la conclusión (una forma del teorema de equipartición) de que (p. 183): «Si están mezclados muchos gases o, en nuestro simbolismo, muchos sistemas de esférulas, y el conjunto de sistemas ha llegado a un estado permanente, la energía media o la semifuerza viva de las esferillas del primer sistema será igual a la energía media del segundo, y del tercero, y de todos los sistemas. En suma, la energía total se habrá dividido por partes iguales entre todos los sistemas. Subsiste el principio que ya indicamos de la equipartición de la energía entre todos los sistemas. Y, por fin, si la semifuerza viva representa la temperatura o una cantidad proporcional, podemos afirmar que la temperatura media de cada sistema es la misma». Al llegar a este punto, es conveniente señalar que Echegaray pasó con más pena que gloria por un problema, el del teorema de equipartición, que resultó ser central para la nueva física cuántica^^^. En efecto, ya Maxwell (1860) -antes que él Waterston, aunque pasarían bastantes años hasta que el trabajo de éste fuese rescatado del olvido y publicadose dio cuenta en su clásico artículo «Illustrations of the dynamical theory of gases», de que la equipartición energética conducía a problemas; en concreto: producía discrepancias entre los calores específicos calculados y los medidos, tanto para gases diatómicos como para los poliatómicos^^^. Tan serio era el problema del teorema de equipartición que Kelvin (1901) lo incluyó como la «nube II» en su célebre artículo «Nineteenth century clouds over the dynamical theory of heat and light», en el que resumía los problemas básicos que obstaculizaban el progreso de la física clásica en el comienzo del nuevo siglo. Pronto se vio que el teorema de equipartición estaba también en la base de las dificultades que plagaban la teoría del cuerpo negro (que buscaba encontrar la ley de distribución de radiación). La equipartición energética llevaba a la ley de Rayleigh-Jeans, que, aunque impecable desde el punto de vista de la física clásica, estaba afectada por problemas tan serios como el de la «divergencia infrarroja». La ley de distribución que Planck encontró en 1900 no resolvió las dificultades, ya que su justificación teórica era más que dudosa^^^ El tema del teorema de la equipartición de la energía fue discutido intensamente en el Congreso Solvay de 1911 al que me he referido antes, y cuyas actas Echegaray mostró conocer ya desde el curso 1912-1913. Significativa- José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política mente, la conferencia inaugural de aquella reunión, a cargo de H. A. Lorentz, uno de los grandes líderes de la física de entonces, se titulaba «Sur l 'application au rayonnement du théorème de Féquipartition de rénergie». De manera análoga, una breve carta de lord Rayleigh -que no había podido asistir al congreso-, incluida en las actas después de la intervención de Lorentz, tenía al mencionado teorema como uno de sus principales protagonistas; finalmente, y para no alargar demasiado estos comentarios, el siguiente artículo, de J. H. Jeans («La théorie cinétique de la chaleur spécifique d 'après Maxwell et Boltzmann») tenía como primera sección una titulada «Le théorème d 'équipartition». A falta de otros datos, el que Echegaray no efectuase, en el curso que estamos analizando, ningún comentario acerca de la importancia que para la física de aquellos años tenía el teorema de equipartición, se puede, razonablemente, interpretar como una muestra de la superficialidad que caracterizaba a la mayoría de sus tratamientos: había pasado, al tener en sus manos las actas del Consejo Solvay, ante reiteradas discusiones relativas a la importancia crucial que los problemas que suscitaba el teorema de equipartición tenían para el futuro de la física, y, aparentemente, no se había enterado. Tal vez, porque involucraban unos conceptos y unos problemas que se alejaban cada vez más de los conceptos y problemas con los que él se sentía cómodo. Continuando con su curso 1914-1915, tenemos que otra cuestión que estudió entonces fue la del «número de choques que se realizan en la unidad de tiempo y en la unidad de volumen entre las esférulas e cuyo número es N, del primer sistema y las esférulas e' en número TV' del segundo sistema» (p. 197); problema que una vez resuelto permitía abordar el de la determinación del «camino medio que recorre cada esferilla entre choque y choque» (p. 208), una cuestión básica para la física estadística. También sustituyó las «esférulas» formadas por discos circulares, elásticos, moviéndose en un plano, chocando unos con otros, hasta llegar a un estado de movimiento constante, tratando después el caso de cuerpos de forma arbitraria pero continua (cuestión que le obligaba a discutir los momentos de inercia y otros teoremas del movimiento de un cuerpo sólido). Es en estos temas en donde se detiene el curso. Y también este estudio centrado en la admirable figura de José Echegaray. ^ Gino Loria (1919) y José María Plans (1926) han utilizado, refiriéndose a Echegaray, García de Galdeano y Torreja, el término de «período de los sembradores». 5 Sobre García de Galdeano, ver Hormigón (1981, 1982, 1988). ^ Entre las fuentes documentales que tratan la vida y obra de Echegaray se encuentran las siguientes: los Recuerdos de Echegaray (1917), que sólo cubren hasta la llegada a Cartagena, en 1870, de Amadeo de Saboya; las biografías de Antón del Olmet y García Carraffa (1912), de Martínez Olmedilla (1949) y Fórmeles Alcaraz (1989); los artículos pubHcados a raíz de su muerte (por ejemplo, en Madrid Científico, n°. 896, pp. 478-484, o García de Galdeano (1916) y Rodríguez Mourelo (1916), o con ocasión de la celebración, en 1932, del centenario de su nacimiento (como ejemplos están el de Sánchez Pérez (1932), el de Ibérica 4, 338-341, o los incluidos en la Revista de Obras Públicas (LXXX, 201-230; de especial interés son los trabajos de V. Machimbarrena, «Echegaray, alumno y profesor de la Escuela de Caminos», pp. 201-206, y A. Peña Boeuf, «Echegaray, matemático», pp. 210-212), o el folleto editado por la Academia de Ciencias de Madrid recogiendo los discursos de L. Torres Quevedo, P. Carrasco, M. de Sandoval, P. González Quijano, y los hermanos Alvarez Quintero; finalmente recordemos también la voz «Echegaray» en la Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa-Calpe, vol. 19, pp. 10-15 (Madrid, 1915), así como García de Galdeano (1905), Rey Pastor (1916), Rodríguez Carracido (1917) y Garma (1983 a).'^ Estrictamente lo que sucedió es que la Sociedad Económica de Amigos del País creó en Murcia una cátedra de Agricultura, dotada con 6.600 reales, que se incorporó al Instituto de la localidad. Echegaray Lacosta fue elegido titular de la misma, pronunciando el 10 de enero de 1837 el discurso inaugural. En 1845, a instancias suyas, se estableció una cátedra de Griego, de la que se ocupó de forma gratuita. Escribió también el padre de Echegaray obras como Informe sobre el estado del ramo de sedas en la provincia de Murcia, y Memorias sobre las causas de la sequía en las provincias de Almería y Murcia, y las medidas para atenuar sus efectos. ^ Para más datos acerca de los estudios de Echegaray en Murcia, ver Machimbarrena (1932). Sin duda que Echegaray se refería a José Mariano Vallejo (1779-1846); autor de textos como Adiciones a la Geometría de D. Benito Bails (Madrid, 1806), Memoria sobre la curvatura de las líneas en sus diferentes puntos, sobre el radio de curvatura y sobre las evolutas (Madrid, 1807), Tratado elemental de Matemáticas, 5 vols. (Madrid, 1813) y Compendio de Matemáticas puras y mixtas (Mallorca, 1819). Sería ya en Madrid, estu-José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política diando con Ángel Riquelme, cuando Echegaray comprendería con claridad la geometría analítica. ^^ Merece la pena recordar que en aquella época se tardaba quince días en ir (en una diligencia arrastrada por mulas) de Murcia a Madrid. ^^ Lo que hoy denominaríamos cálculo diferencial e integral. ^^ En su, por otra parte, magnífico libro Peset, Garma y Pérez Garzón (1978) afirman que el primer escalafón de catedráticos de la Universidad española fue el preparado por Gil de Zarate en 1851. Puede llevar a una imagen más deformada de la necesaria, el que basándose en dicho escalafón hablen de que por entonces solamente existían dos catedráticos de Matemáticas en las universidades españolas: Travesedo y Juan de Cortázar. Más indicaciones relativas a profesores y cátedras de Matemáticas existentes en España (no necesariamente en la Universidad) antes de la ley Moyano se encuentran, aunque dispersas, en Moreno González (1988), en donde se habla también de otros escalafones anteriores al de Gil de Zarate. ^^ Nótese el término empleado por Echegaray: matemáticas elementales. ^^ Una diferencia importante entre la Escuela de Caminos y la École Polytechnique es que esta última ofrecía instrucción únicamente durante dos años, tras los cuales aquellos que deseaban convertirse en ingenieros debían pasar otros dos años en alguna de las diversas escuelas técnicas; por ejemplo, la École des Ponts et Chaussées, la École des Mines, la École de Génie (militar) o la École d'Artillerie. 1' ^ Ver Klein (1928). ^^ Las distintas épocas de la Escuela de Caminos (hasta el siglo XIX) han sido estudiadas por Rumeu de Armas (1980). ^^ Como ha señalado Lusa Monforte (1985), los Decretos Fundacionales de las Escuelas de Ingenieros fundadas en aquellos años reflejan bastante claramente lo que la emergente burguesía española esperaba de los nuevos titulados: «Hay que crear escuelas para abrir nuevos caminos a la juventud ansiosa de enseñanza, dirigiéndola hacia las ciencias de apücación y hacia las profesiones para las cuales hay que buscar en las naciones extranjeras personas que sepan ejercerlas con todo el lleno de conocimientos que exigen» (R. D. Fundacional de la carrera de Ingenieros Industriales, 4 de septiembre de 1850). 2° Estos datos aparecen en el artículo de Machimbarrena (1932: 201), basado en el expediente de Echegaray existente en la Escuela de Caminos. 22 En sus Recuerdos, Echegaray (1917, tomo I: cap. XXIII) se refirió a Juan Subercase como «la figura por entonces más respetable y más importante del Cuerpo de Caminos». 23 El programa que se cita es el correspondiente al año 1848; posteriormente se introdujeron modificaciones, aunque no las trato aquí puesto que involucraban cambios relativamente menores (véase, en este sentido, Rumeu de Armas [1980: 546 y ss.], o los distintos volúmenes de la Revista de Obras Públicas). 2"* Esto era consistente con el hecho, ya mencionado, de la influencia de las Escuelas Técnicas francesas en las españolas. Y otro tanto sucedía en literatura, como señalaba inmediatamente (ibid., p. 76): «Víctor Hugo, Lamartine, Dumas padre, Dumas hijo, Federico Soulié, Balzac, Eugenio Sue y otros inmunerables escritores, todos franceses, formaban los dioses mayores y menores de mi Olimpo literario». 2^ Por lo que sé, a la hora de estudiar autores no franceses Echegaray también recurría, siempre que podía, a traducciones de sus obras al francés. Así estudió, como ve-José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política ^^ Para exposiciones generales del desarrollo de la geometría, véanse Boyer y Merzbach (1989, cap. 24), Kline (1972, cap. 35) y Klein (1928). En lo relativo a Klein recuérdese en particular su «programa de Erlangen» de 1872. La geometria proyectiva sintética de Staudt tuvo como introductor en España a Torreja, quien en 1884, dentro de sus cursos en la Facultad de Ciencias de Madrid, sustituyó el sistema geométrico de Chasles por el de Staudt. ^9 Se refiere a Trudi (1862). ^° Los dos artículos básicos de Jacobi sobre esta materia aparecieron en 1841 (vol. 22) en el Journal de August L, Creile (Journal fur die reine und angewandte Mathematik); sus títulos eran: «De formatione et proprietatibus determinanium» («Sobre la formación y propiedades de determinantes») y «De determinantibus functinalibus» («Sobre determinantes funcionales»). ^^ Recuérdense, en este sentido, los nombres de Cayley, el mismo Sylvester, Gordan, Clebsch o Max Noether. ^^ Sobre este apartado de la biografía de Echegaray, ver Fornieles Alcaraz (1989: caps. V, VI y VII). ^^ Por ejemplo: «Examen de los principios del sistema protector bajo el punto de vista filosófico» (una copia de esta conferencia se encuentra en la biblioteca del Ateneo de Madrid). En el Ateneo debutó a finales de 1857 con una conferencia sobre «Astronomía popular». ^^ En el grupo en cuestión figuraban, entre otros: Figuerola, Gabriel Rodríguez, Moret y San Román. ^^ En diciembre de 1872, Echegaray pasó a ocupar la cartera de Hacienda. ^9 Citado en Antón del Olmet y García Carraffa (1912: 141). ^° No fue esta obra la primera que escribió; como cuenta en sus Recuerdos, intentos anteriores terminaron en fracasos a la hora de buscar quien las representase. 9^ Sería el 28 de diciembre de 1874 cuando la República llegó, estrictamente, a su final. Fue entonces cuando, en Sagunto, Martínez Campos proclamó como nuevo Rey de España a Alfonso de Borbón. 9^ Banco de España es el nombre que se dio al Banco de San Fernando en 1856. 9^^ El texto de la intervención de Echegaray se reproduce en Diario de las Sesiones de Cortes. 9^ La III guerra carlista (1872-1876) fue el último intento carlista por lograr el poder mediante las armas. 9^ Para más información acerca de la creación del Banco de España, ver Tortella Casares (1970). 9"^ Este decreto ha sido reproducido en facsímil por Gabriel Tortella (1970). 98 Ver Cacho Viu (1962: 415) y Jiménez-Landi (1973: cap. XLIII); en estas obras Echegaray aparece con cierta frecuencia a propósito de sus actividades políticas en los años sesenta y setenta. Otro ejemplo, anterior, de las preocupaciones de Echegaray por la mejora de la enseñanza en todos los niveles, lo constituye su participación en 1869 en las «Conferencias dominicales sobre la educación de la mujep> que se celebraron en la José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la política baja temperatura, al hecho de dos cuerpos que, a pesar de su afinidad no se combinan sin el concurso de una energía extraña y, finalmente, a la afirmación de la Termoquímica cuando dice que la cantidad de calórico que se desarrolla en una combinación, mide en cierto modo la intensidad de la afinidad. Partiendo de sus mismos principios, pretendemos explicar el equilibrio químico con todos sus caracteres fundamentales. Para ello es preciso estudiar a fondo el asunto; de este estudio veremos surgir el verdadero concepto de las reacciones exotérmicas y endotérmicas, esa batallona cuestión de tan gran importancia.» ^^^ El mismo año que Echegaray publicaba las Observaciones..., aparecía el primer artículo científico del joven Einstein (1901), y es curioso -anecdótico realmente-que en él el futuro creador de la teoría de la relatividad se planteaba un problema en el fondo similar al que estaba considerando Echegaray: Einstein, todavía profundamente influido por la imagen mecánica del mundo, quería estudiar el fenómeno de la capilaridad en base a fuerzas intermoleculares que obedeciesen a leyes del tipo de las gravitacionales newtonianas. Entre las múltiples diferencias que separan a Echegaray de Einstein, se encuentra el que éste evolucionó rápidamente (en 1905 ya estaba manejando los cuantos de radiación de Planck), algo que no sucedió con el español. ^^^ El más joven de todos, Heisenberg, nació precisamente en 1901. ^^^ Los nombres que Echegaray citaba en Observaciones... eran van't Hoff, BerthoUet y Gibbs. ^^^ Los programas de estudios correspondientes a la segunda enseñanza, enseñanza universitaria, enseñanzas superiores (ingenieros) y profesionales (profesores mercantiles, maestros de obras, aparejadores, etc.), se pueden consultar, agrupados, en Programas generales de estudios aprobados por S. M. en 26 de Agosto y 11 y 20 de Septiembre de 1858, seguidos de todas las Reales Ordenes dictadas para su ejecución (Imprenta Nacional, Madrid 1858). ^^' ^ Al ser una asignatura de doctorado, y sólo poderse cursar éste en Madrid, la Física matemática estaba limitada -como asignatura-a la capital del Reino. En la época a la que me estoy refiriendo, ocupó esta cátedra Gumersindo Vicuña (autor, entre otras obras, de una Introducción a la teoría matemática de la electricidad [1883]). ^^^ Hasta entonces eran tres: Exactas, Físicas y Naturales. ^^^ Más tarde, a partir del Plan del ministro Eduardo Chao de 1873, pasó a la Facultad de Física y Química, primero, y a la sección de Ciencias Físico-Matemáticas después; aquí es donde la encontró Echegaray. 161 Carrasco, un hombre de ideas republicanas, tuvo que exiliarse. En 1940, la cátedra de Física matemática pasó a ser ocupada por Esteban Terradas. Señalemos asimismo que cuando falleció Vela también se confió a Carrasco, en 1927 y en concepto de acumulada, la cátedra de Astronomía física de aquel. 163 Ibíd., Más adelante nos volveremos a encontrar con muestras de que Echegaray estaba, efectivamente, bien informado de algunos aspectos de la nueva física. 166 Más tarde, en su discurso inaugural del Segundo Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias diría (Echegaray 1910 b: 20-21): «La inercia de una masa en movimiento no depende ya sólo de la materia ponderable; depende de la electricidad que al elemento material acompaña y de las influencias de todo campo José Manuel Sánchez Ron 676 electromagnético sobre esta masa eléctrica en movimiento. Resultando de aquí una especie de inercia aparente y variable con la velocidad, que podrá despreciarse cuando las velocidades de las masas no pasan de cierto límite; pero que adquiere valor e influencia cuando estas velocidades son comparables a las de la luz». 1^8 Echegaray (1905 c: 61). ^^^ En otras ocasiones (por ejemplo, en varios lugares de su curso de Física matemática), Echegaray también recurrió al término «Serie de negaciones» y a las ideas que mantenía en su discurso de 1905. ^"^^ Más adelante, al comentar el curso de Física matemática correspondiente al año 1912-1913, nos volveremos a encontrar con las opiniones que Echegaray tenía de la teoría cuántica. Este artículo ha sido comentado, en lo que a la relatividad se refiere, por Otero Carvajal (1989). Con respecto a la relatividad einsteniana, diré únicamente que hizo su aparición pública (la teoría especial) en España en el Primer Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, celebrado en Zaragoza en 1908; fueron Blas Cabrera y Esteban Torradas los que mencionaron la teoría de Einstein en sus comunicaciones (ver sobre este punto Roca 1981 y Glick 1986). Echegaray (1908) participó en aquella reunión: fue el encargado de ofrecer un «Resumen de los trabajos de la Sección de Ciencias Matemáticas del Congreso»; es posible, naturalmente, que asistiese a las charlas de Cabrera y Torradas. La relación de Echegaray con esta Asociación sería otro tema a desarrollar, pero, desgraciadamente, no puedo entrar también en él aqui; basta con decir que en el Segundo Congreso, en Valencia, pronunció (Echegaray 1910 b) el discurso inaugural (él era presidente de la Sección de Ciencias Matemáticas). Más tarde, de 1913 a 1916, fue el segundo presidente de la Asociación, tras su viejo amigo Moret, que había sido uno de los más firmes promotores de la Asociación. ^^^ En al menos una ocasión (en el último curso, 1914-1915, de Física matemática que dictó) se refirió Echegaray a las investigaciones de Einstein sobre la interacción gravitacional, investigaciones que culminaron cuando en noviembre de 1915 llegó a las ecuaciones definitivas de la teoría general de la relatividad. En aquella ocasión, manifestó Echegaray (p. 35), demostrando que conocía algo de los trabajos de Einstein: «Varios físicos, sobre todo el célebre Einstein en la teoría de la relatividad; afirma ó afirmaba (antes de pubhcar su teoría de la gravitación), que es imposible que en la Naturaleza exista una velocidad superior a la velocidad de la luz». (Nótese que este comentario, en el que también aludía a la relatividad especial, de Echegaray podía aplicarse a cualquiera de las teorías -o, mejor, prototeorías-gravitacionales que Einstein había propuesto a partir de 1907.) 173 YQT también la necrología que Echegaray (1912 b) dedicó a Poincaré. ^^^ Esto es algo que la Academia sueca hacía y hace regularmente: solicitar a instituciones, cada año, diferentes candidatos. ^^^ Todos los datos que he manejado concernientes a propuestas proceden de Crawford, Heilbron y Ullrich (1987). En lo que sigue, y para hacer menos engorrosa la bibliografía, me referiré únicamente a la página del volumen del curso de Física Matemática que esté manejando. Las referencias concretas a los diferentes volúmenes se encuentran en la bibliografía de Echegaray que se incluye en el presente trabajo. José Manuel Sánchez Ron 678 195 gg refería Echegaray al primer congreso Solvay (o Conseil de Physique), celebrado en Bruselas entre el 30 de octubre y el 3 de noviembre de 1911. Presentaron comunicaciones en aquella histórica reunión, dedicada a La Théorie du rayonnement et les quanta (las actas se publicaron en 1912 [Langevin y de Broglio, eds. 1912]): Lorentz, Jeans, Warburg, Rubens, Planck, Knudsen, Perrin, Nernst, Kamerlingh Onnes, Sommerfeld, Langevin y Einstein (entre los asistentes, muy pocos y por invitación, figuraba también Poincaré). Nótese la rapidez con que Echegaray se informó del contenido de la reunión (aunque, como veremos más adelante, superficialmente), y cómo identificó su importancia. ^^^ Los trabajos que Poincaré dedicó a la teoría cuántica son Poincaré (1911Poincaré (, 1912)). ^^"^ Se puede obtener una idea bastante ajustada del pensamiento y contribuciones de Stokes en Larmor, ed. (1907). ^^^ En su historia de la teoría cinética de los gases durante el siglo XIX, Stephen Brush (1976) incluye (especialmente en el volumen segundo) varios comentarios relativos a este libro de Watson, así como a otros de sus trabajos. ^^^ Sobre el principio de equipartición y la física cuántica, ver Sánchez Ron (2001, cap. 1). ^°° Los cálculos de Echegaray, con dos sistemas de esferas, se correspondían realmente a gases diatómicos, aunque él apuntó en algún momento que eran fácilmente generalizables a múltiples sistemas de esferas. ^^^ Este problema no se resolvería definitivamente hasta 1924, cuando Satyendranath Bose publicó el artículo (titulado «La ley de Planck y la hipótesis de los cuantos de luz») que dio origen a la denominada «estadística de Bose-Einstein». ción burguesa (Siglo XXI, Madrid). Apuntes para una biblioteca científica española del siglo XVI (Madrid). REY PASTOR, JULIO (1913), Historia de la Matemática en España (Universidad de Oviedo, Oviedo). Actas V Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, tomo I, pp. 7-25 (Madrid). -(1916), «Echegaray, científico», España, año II, n.° 87 (21 de septiembre), pp. 10-11 (Madrid). RiBNIKOV, K. (1987), Historia de las Matemáticas (Mir, Moscú). RÍUS Y CASAS, JOSÉ (1889), Origen y propiedades fundamentales de las funciones elípticas (Madrid). Estudios histórico-críticos de la ciencia española (Imprenta de Alrededor del Mundo, Madrid). RODRÍGUEZ MOURELO, JOSÉ (1916), «Don José Echegaray», Revista de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, XV, 121-136. RuMEU DE ARMAS, ANTONIO (1980), Ciencia y tecnología en la España ilustrada. La Escuela de Caminos y Canales (Turner, Madrid). Existe traducción al castellano (Aguilar, Madrid 1973). José Echegaray: entre la ciencia, el teatro y la poKtica la última lección introducía al lector a los polinomios de Legendre y a las funciones esféricas de Laplace. El octavo curso (1912)(1913) tuvo como tema las «Ecuaciones de la Mecánica», en particular las ecuaciones canónicas de Hamüton.
^bor Documento I: Discurso leído por Jose Echegaray ante la Real Academia de Ciencias Exactas, Física y Naturales en su recepción pública el once de marzo de 1866 La honra que de esta muy respetable Academia he recibido, honra tan superior a mis méritos, si méritos hay en mí, que no como justa recompensa sino como bondadoso estímulo debo considerarla, me impone grandes deberes. No abrigo la esperanza de cumplirlos cual corresponde al nombre ilustre de esta corporación, al saber de sus individuos y al brillo de la ciencia moderna en nuestra patria, porque fueran en mí tales esperanzas locas ambiciones; más si con buen deseo, con celo infatigable pueden suplirse en algo dotes más elevadas, con uno y otro, que es cuanto de mi voluntad depende, procuraré mostrar mi profundo agradecimiento por este elevado título que sin merecer recibo, y que jamás esperé. De estos sagrados deberes hoy cumplo uno, y solo por cumplirlo voy a ocupar la atención de la Academia: no la merece mi persona; pero la importancia del punto que he escogido, los arduos problemas que encierra y su inmensa trascendencia para el porvenir, le hacen digno de estudio y meditación: que al fin es la ciencia, por más abstracta que en sus concepciones a primera vista parezca, germen fecundo de progreso para pueblos, enérgico purificador del alma, luz que alumbra a la humana inteligencia con divinos resplandores. Voy a ocuparme de la historia de las Matemáticas puras en nuestra España; y entiendo por Matemáticas puras la ciencia eminentemente racional, no la Física, ni la Astronomía, ni todas aquellas que, si bien acuden al análisis algebraico o geométrico como a poderoso auxiliar, son por su naturaleza, y por el carácter de los fenómenos que estudian, verdaderas ciencias de observación. Mas aquí he menester de toda mi fuer-692 José Echegaray za de voluntad para no pagar tributo a sentimientos que, bien lo sé, son nobles y naturales en su origen, pero que deben, como todo lo humano, tener un límite, y es este límite la verdad severa de los hechos; para ahogar en mí el grito del amor patrio, que a todo trance quisiera hoy hacerme decir alabanzas que la Historia con su elocuente voz me afirma que fueran inmerecidas; para no dejarme, en fin, arrastrar por la costumbre que en actos como este exige siempre glorias nacionales que referir con épica entonación, no frías y severas lecciones que leer tristemente en el incorruptible libro de la historia. Espero, sin embargo, vencer estos impulsos y sin mas norte que la verdad, no perdonando medio para hallarla, ni oscureciéndola nunca por mucho qué mortifique mi orgullo nacional, voy, repito, a trazar a grandes rasgos la historia de las Matemáticas en nuestro país. La ciencia como la luz, y luz es en verdad del espíritu, aparece en los primeros tiempos históricos allá en Oriente, y girando magestuosa como astro disipador de tinieblas, avanza hacia el Occidente sumido por entonces en densas sombras. Difícil es decir con certidumbre lo que fueron en Egipto las Matemáticas puras, y tampoco para nuestro objeto importa mucho tal investigación, por más que bajo otro punto de vista yo reconozca su importancia; pero hay razones, y razones poderosas, para creer que si ya existían en aquellos tiempos la Aritmética y la Geometría, más que por derecho propio eran cultivadas como auxiliares de la Astronomía, de la Topografía, de la Mecánica y de la Arquitectura. En el Egipto sin embargo recojo la Grecia, según Aristóteles y Platón, los primeros rudimentos de la Aritmética y de la Geometría, si bien Estrabon, Porfirio y otros historiadores dividen entre egipcios y fenicios el alto honor de haber dado enseñanza a los primeros filósofos griegos. Sea una u otra la opinión más fundada, ello es que la ciencia pura que en aquellos antiguos pueblos orientales apenas era germen confuso y débil, fecundado por el creador genio helénico, crece y se extiende, se eleva a magestuosa altura con Thaïes, Pitágoras, Platón y mil otros filósofos, que en gracia a la brevedad no citaré. Tiende Alejandro su vencedora espada sobre el, para nosotros, remoto Oriente; acosa y atrepella y vence pueblos y pueblos; amasa con la sangre de los que destruye y la espantada vida de los que quedan un colosal imperio; y cuando el conquistador muere, y la conquista se deshace, y el imperio se derrumba, aparece en Egipto el nuevo e ilustre reino de los Ptolomeos, en el que renace el espíritu matemático de la antigua Grecia; y tanto crece y se agiganta, y a tan sublime altura llega, que siglos y siglos pasarán, y todos los prodigios de la moderna Geometría, y todo el ge-Documento I: Discurso leído ante la Real Academia... nio de Girard, de Simson, de Chasles, serán necesarios para comprender los maravillosos descubrimientos del inmortal Euclides en sus enigmáticos Porismos. Y aquí la ciencia alcanza nueva vida: la escuela Alejandrina, Euclides, Eratosthenes, Apolonio con sus peregrinas y sutilísimas invenciones sobre las cónicas, Diofanto, creador del Algebra según muchos, y allá en Sicilia el colosal genio de Arquimedes, que hace de Siracusa la rival de Atenas y de Alejandría, y más tarde mil ilustres geómetras que estienden y perfeccionan y comentan las portentosas obras de sus predecesores y maestros, noble raza que, hacia el siglo IV de nuestra era, termina en Theon, y lanza el último y doliente suspiro con la desventurada y poética Hypathía, bárbaramente asesinada en las calles de Alejandría por sanguinarios y miserables fanáticos, preludio siniestro del odio mortal que más tarde y siempre había de profesar el fanatismo religioso a la ciencia, tantos y tantos inmortales ingenios forman y cierran, porque en ellos concluye el ciclo verdaderamente heroico de las Matemáticas, y dejan radiante de gloria e inundada de luz, que catorce siglos apenas harán palidecer, la historia de aquella maravillosa edad. La Grecia, patria de héroes, de artistas, de filósofos, fue también tierra privilegiada de grandes geómetras, y de esta suerte compendió al hombre en las más nobles manifestaciones de su esencia inmortal. No así la Roma antigua: fue Roma en aquellos tiempos lo que ha sido España en el renacimiento y en la edad moderna. Buscad en Roma como en España todas las glorias, y las hallareis todas, como dice Libri, menos una: la de haber dado al mundo un geómetra de primer orden; un Euclides como Grecia, un Arquimedes como Sicilia; un Harriot, un Wallis, un Newton como Inglaterra, un Viete, un Descartes, un Fermât, un Laplace como Francia; un Lagrange como Italia; un Euler, un Leibnitz como Alemania; un Abel como Noruega. Quizá hallareis nombres respetables; respetables, sí, pero grandes geómetras, genios potentes, de esos que graban como con sello divino su nombre inmortal en un siglo y le hacen suyo, no, no los busqueis, que ni en Roma ni en España podréis hallarlos; y doy a mi patria en su aflicción ilustre compañera, Roma, que es cuanto hacer por ella puedo. Sólo en el siglo V aparece un geómetra que merezca citarse: Manlius Severinus Boetius, matemático distinguido en verdad, gran conocedor de la ciencia griega, inteligente comentarista; su nombre será pronunciado siempre con respeto; pero no alcanzó la talla heróica de los Arquimedes y de los Euclides, ni pudo abrir con su genio, como Viete, como Descartes, como Newton, como Leibnitz, nuevos horizontes al ambicioso pensa-miento. Pasan los tiempos, y mientras innumerables naciones bárbaras caen como granizo impulsado por viento de tempestad sobre el mundo romano, una nueva raza, noble, grande, injustamente tratada no pocas veces por escritores cristianos, aparece en la historia. Luchan los árabes, vencen y conquistan, y fundan un gran imperio, que como creciente marea se estiende desde la India hasta el pie de las elevadas montañas de Asturias, estrellando en ellas con impotente furia el tremendo oleaje de sus vencedoras armas. Raza noble y grande, repito, que si en el delirio de la lucha (siglo VII) entrega a las llamas la gran biblioteca alejandrina -bárbaro rasgo sin embargo, que respetables historiadores ponen en duda, porque no fueron los árabes en su sentir, sino fanáticos de muy distinta religión, los que con funesta ceguedad destruyeron aquel gran, monumento del antiguo saber, -acojen en cambio con afán todos los restos de la ciencia helénica, y conservan con amoroso cuidado tan rico depósito. Los árabes introducen en Europa las cifras índicas; cultivan la Aritmética y la Geometría; traducen y esparcen en el mundo cristiano los libros griegos; perfeccionan, y según algunos historiadores crean el Algebra o Almucabala y la Trigonometría; y fundan por do quiera escuelas, academias y bibliotecas, que son brillantes faros de purísima luz en aquellos siglos medios de profundas y densas tinieblas. Si este continuo flujo de razas y de pueblos, que uno tras otro caen sobre los países occidentales, es ley providencial que de esta suerte, y bajo la ruda forma de la conquista, impone a una nación, ya los dioses, ya la ciencia o el arte, ya la forma política de otra más adelantada, o es más bien terrible azote que priva al pueblo vencido de su libertad, y ahoga en él gérmenes fecundos de vida que en siglos venideros hubieran dado origen a una nueva y espontánea, no copiada y servil, civilización, es problema de todo punto ageno a mi propósito; ello es lo cierto que a los árabes, que al África, a España y a Sicilia trajeron su saber, y el saber aún mayor de la Grecia, debe el mundo cristiano los fundamentos de las ciencias matemáticas que son hoy nuestro orgullo y nuestra gloria. Ya a fines del siglo VIII, esterminados los Omeyas, y triunfantes los Abasidas, termina el período de la conquista, y comienzan a saborearse las dulzuras de la paz; el gusto por las ciencias se desarrolla entre los árabes; sus feroces instintos se suavizan; el arte y la poesía les elevan a nueva vida; y mil ilustres ingenios hacen de Bagdad, la Atenas del Oriente. Mohamed Ben Musa, o hijo de Moisés, que Leonardo de Pisa y el célebre Tartaglia suponen ser el inventor del Algebra, hipótesis falsa, pero que prueba la elevada opinión que del geómetra árabe tenían: Thébit Ben Documento I: Discurso leído ante la Real Academia. Corrah, fecundo y eminente matemático; Hassen, uno de los tres hijos de Musa, de quien se dice que resolvió problemas geométricos que hubieran sido el asombro de la antigüedad; Alkindi, a quien coloca Cardano, siquiera sea hiperbólico el elogio, entre los doce más claros ingenios que hasta entonces hubiesen ilustrado al mundo, y tantos otros como la historia de aquellos tiempos cita, y cuyas obras, si de los autos de fe se salvaron, en el Escorial o en Toledo o en alguna otra biblioteca descansarán hoy, dan nombre y nombre glorioso a la raza oriental de que proceden. España fue entonces; pero no la España cristiana, el centro del saber en Europa: en las célebres escuelas de Córdoba, de Sevilla, de Murcia y de Toledo, se enseñaba toda la ciencia acumulada durante tantos y tantos siglos en Oriente. De todas partes, de Inglaterra, de Francia, de Italia, de Alemania, acudían estranjeros ganosos de saber, buscando entre los árabes españoles los ricos tesoros de la codiciada ciencia. Alberto el Grande, Gerberto, Pedro el Venerable, Platón de Tivoli, Gerardo de Cremona, vinieron a esta nuestra tierra, a aprender lo que más tarde en las suyas enseñaron. Entonces tuvimos en ciencias matemáticas sabios ilustres; el Obispo Aitón, Josef, el renombrado Juan de Sevilla y otros varios, sin contar astrónomos, ni físicos, ni mecánicos, pues solo de la ciencia pura me ocupo; entonces Alfonso el X, rey de imperecedera memoria, se rodeaba de árabes y hebreos, y dejaba en sus tablas alfonsíes glorioso monumento al porvenir. Pero cuenta que aquellas nuestras glorias, son glorias de los árabes españoles; y si del pueblo enemigo renegamos; si, como redujimos a ceniza sus bibliotecas, reducimos a ceniza en el fuego de nuestro odio tradicional el recuerdo de tanto y tanto geómetra árabe; si, como arrojamos de nuestro suelo, que era también el suyo, a sus infelices descendientes, arrojamos de nuestra historia aquellas sus pasadas glorias, ninguna, que solo a nosotros pertenezca, nos queda. Bien quisiera, señores, detenerme aún más en este glorioso período de nuestra historia científica; y como peregrino que desde deleitoso oásis ve estenderse ante su vista la inmensa y árida superficie del desierto, duda y vacila en abandonar el encantador jardín por la abrasada y silenciosa llanura, así dudo y vacilo en continuar esta rápida e imperfecta relación, porque silencio y soledad sé que he de encontrar en mi camino. Pero el tiempo apremia, vuestra benévola atención me obliga, y aun la materia misma me estimula a llegar rápidamente al término de esta mi tarea. La edad media termina al fin; sucumbe Constantinopla; huyen los griegos del bajo imperio de la sangrienta cuchilla de los turcos; miles y miles de manuscritos, que mas tarde la imprenta reproduce y difunde por Europa, descubren nuevos e ignorados tesoros de la sabia antigüedad; y llega para las artes y las ciencias, lo que llaman los historiadores el renacimiento. No he de detenerme a juzgar este gran acontecimiento histórico, cuya importancia sin embargo creo que algo se ha exajerado; porque diríase, si a ciertos escritores se creyese, que todo era sombras en Europa hasta que el imperio Bizantino se derrumbó, y que por la brecha que en las viejas murallas de Constantinopla abrieron los turcos, se escapó a torrentes la ciencia y el arte, hasta entonces por misteriosos conjuros en la mágica ciudad encerrados. No en verdad; la herencia de la antigua Grecia se dividió, y si una buena parte quedó en Bizâncio, otra quizá mejor tocó a los árabes que desde el Eufrates al Tajo en su victoriosa marcha triunfalmente la trajeron, y a las naciones cristianas de Europa noblemente la entregaron. No fue el renacimiento repentino despertar de los pueblos occidentales; siglos y siglos de lucha y de trabajo; ilustres pensadores, profundos filósofos, inmortales aunque desconocidos artistas lo habían preparado lentamente; y en esta gran obra los árabes ocupan quizá el primer término, y se hacen dignos de la gratitud de los pueblos modernos y del imparcial aplauso de la historia. Si después se dividen, y en luchas intestinas se desgarran, y con razas ignorantes y feroces se mezclan, degenerando de esta suerte de su antigua grandeza, cruel castigo reciben por sus faltas; la Europa les rechaza a punta de lanza y a filo de espada hasta las fronteras de la barbarie, y cubre de soberbio desprecio a los descendientes de sus ilustres maestros: ni acuso de ingratitud, ni absuelvo de culpa, más me conduelo de la suerte fatal que a este gran pueblo estaba reservada. El siglo.XIV fue casi estéril para los descubrimientos matemáticos; como si el mundo antiguo hubiera agotado toda su fuerza creadora en los Euclides, en los Arquimedes y en los grandes geómetras árabes, y cayese al fin rendido y estenuado; o como si la naturaleza, recojida en sí misma, condensase todas sus energías en misterioso y sublime trabajo, preparándose para aquel aborto gigante que dio al mundo un Newton, un Descartes, un Leibnitz, un Euler, un Lagrange y todos los admirables analistas de los siglos XVI, XVII y XVIII, reinan en Europa por largos años profunda calma, prolongado y solemne silencio. En el siglo XV presenta ya Italia algunos geómetras eminentes: Leonardo Fibonacci, de Pisa, que aprendió el Algebra o Ars-magna en sus viajes al África y a Oriente, había traido (siglo XIII) la nueva ciencia a su patria, y Lucas Paccioli, de Burgo, aunque bajo la forma imperfecta de tales tiempos, la estudia y la perfecciona y luchando con las dificultades de aquel bárbaro Algoritmo, supliendo siempre por el raciocinio directo las Documento I: Discurso leído ante la Real Academia... elegantes y fecundas trasformaciones de nuestro análisis, resuelve problemas dificilísimos para entonces. Francisco Ghaligai; Pedro de Burgo; el español Ortega, residente en Roma; el célebre Leonardo de Vinci, genio sublime que a todas partes llega y en todo se muestra colosal; y por fin Regiomontano, que aplica en una obra bajo todos aspectos notable, el método algebraico a la resolución de triángulos; todos estos insignes matemáticos inician ya en el siglo XV el gran movimiento de los siglos venideros. En el siglo XVI, la que podemos llamar evolución arábiga termina por completo, y la ciencia abandona a los pueblos orientales para venir a nuestra Europa, como sol que, dejando tras de sí tristes sombras avanza derramando luz y vida. En Italia aparece, más presto se estiende a Francia, Holanda, Alemania e Inglaterra; y si al principio solo se traducen, amplían y comentan las obras griegas, bien pronto, el nuevo espíritu geométrico se muestra, ensayando audaz sus antes ignorados y maravillosos recursos. En Italia descubre Scipion Ferro, de Bologna, la resolución de las ecuaciones de tercer grado, pero muere sin publicar su descubrimiento, y el siempre desgraciado Tartaglia, de tosca educación pero inteligencia noble y elevada, las resuelve a su vez; Cardan las perfecciona, y señala el caso irreducible; Ferrari resuelve las de cuarto; Bombelli penetra aún más en el estudio de unas y otras, y con gran sagacidad sospecha y casi adivina la engañosa apariencia de las tres raíces imaginarias, crea en Algebra notaciones abreviadas, y desarrolla por completo el cálculo de radicales. En Alemania Werner, Rudolfs, Rethius, Stifels, precursor de Neper, y otros muchos, cultivan con toda la proverbial tenacidad germánica la gran ciencia. Propagan en Francia la Aritmética y la Geometría Pelletier, Buteon y otros muchos escritores, estranjeros la mayor parte, pero que en la Universidad de París, metrópoli ya de las ciencias y las letras, se reúnen. Brillan en Bélgica, en Holanda y en los Países-Bajos Metius y Stevin; y hasta nuestra Península, antes de caer en el mortal abatimiento de los siglos venideros, hace un último esfuerzo, y da el postrero y angustioso adiós a sus pasadas glorias con el castellano Juan Rojas, y con el ilustre portugués Núñez, eminente geómetra, que escribe una escelente obra de Algebra; que resuelve el, para aquella edad, dificilísimo problema del menor crepúsculo, problema que aun al genio poderoso de Bernoulli resiste por algún tiempo; que inicia la teoría de las loxodromas, y que se eleva como geómetra y como astrónomo a gran altura. El siglo XVI termina, más antes aparece el francés Viete, creador del Algebra moderna, y precursor de los grandes genios del siglo XVII. Nunca un hombre, sea cual fuere su talento, crea por sí solo y de una vez toda una ciencia: el Algebra, como el cálculo infinitesimal, como todo descubrimiento importante, tiene su historia, sus precedentes, su crepúsculo por decirlo así. Al genio que organiza, condensa y da unidad, preceden otros hombres que acumulan materiales y preparan la gran obra, y así a Viete precede un gran período de lenta elaboración en Oriente; Diofanto, que resuelve difíciles problemas de análisis indeterminado; y los algebristas árabes; y Leonardo de Pisa; y Lucas de Burgo; y los italianos de los siglos XV y XVI; y muchos otros geómetras de este último siglo. Materiales había y abundantes, pero faltaba el arquitecto, y a Viete corresponde de justicia esta gloria. Él crea el Algebra moderna, y por invención tan admirable abre a la ciencia nuevos y dilatados horizontes, que más se estienden cuanto más hacia ellos se avanza. ¿Y cuál la clave de esta portentosa invención? Sencilla en estremo, trivial casi, sin relación lógica al parecer con sus maravillosos resultados: representar por letras los datos y las incógnitas de los problemas; he aquí todo. Y sin embargo, esta idea tan sencilla, ora es firmísimo punto de apoyo en que el pensamiento descansa al aplicar las leyes eternas de la lógica, ora rápida y poderosa locomotora, en que vuela audaz tras los principios generales de la cantidad y del orden. Más en verdad, que si tales resultados no podían proveerse, pueden hoy esplicarse fácilmente. La razón humana, en su desarrollo histórico, procede siempre elevándose de lo particular a lo general, de las relaciones sencillas a los grandes principios; y cuando de esta suerte se halla en posesión de una ley, es dueña absoluta de toda la esfera racional que esa ley domina, y de todo lo que en ella como en su unidad superior se halla encerrado. La sustitución de las letras, símbolos generales, a los números, es la sustitución de la gran categoría de la cantidad a tales o cuales cantidades particulares; y toda verdad que de este modo se demuestre, abarcará cuanto aquella categoría abarca. Por otra parte, si el raciocinio directo solo puede desarrollarse en serie lineal de silogismos, el Algebra, al contrario, condensa en una espresión analítica todo un razonamiento, y al combinar muchas ecuaciones entre sí, o al someterlas a determinadas trasformaciones, no opera sobre sencillos silogismos, sino más bien sobre series estensísimas, que une y enlaza, por decirlo así, en múltiples dimensiones. El álgebra es, respecto a la lógica ordinaria, lo que la colosal máquina de vapor a la primitiva palanca impulsada por el brazo del hombre. Documento I: Discurso leído ante la Real Academia... Bien pronto, en efecto, se muestra el incalculable poder de la nueva invención. El mismo Viete la ensaya con gran talento, y obtiene importantes resultados: da unidad a la teoría de ecuaciones; las transforma y prepara; quita denominadores y radicales; descubre reglas para sumar o restar un número dado a las raíces de toda ecuación, y para multiplicarlas o dividirlas por un factor cualquiera; resuelve por este nuevo método las ecuaciones de segundo grado; estudia y descubre la composición de los coeficientes; construye las raíces de las ecuaciones de tercer grado; hace ver que este último problema depende del de la duplicación del cubo, o del de la trisección del ángulo; inicia la teoría de las secciones angulares; restaura la obra de Apolonio titulada de los contactos; aplica el análisis a la geometría; espresa el área de las curvas por series; a todas partes llega con su genio poderoso y su infatigable espíritu, y así termina dignamente el siglo de Tartaglia, de Cardan y de Ferrari. Más por grande que haya sido el siglo XVI, le aventaja en mucho el admirable siglo XVII, siglo de jigantes, ante los que se inclina vencida la sabia antigüedad. En todas partes brotan a porfia y por decirlo así se atrepellan eminentes geómetras, que eclipsan las glorias de los griegos y de los árabes. En Italia Ricci, Valerio, Caravagio, Marchetti, Borelli, Mongoli, Torricelli, Vivían, discípulo del inmortal Galileo, y el eminente geómetra milanês Cavallieri, precursor de Newton y Leibnitz con su teoría de los indivisibles. En Flandes Hudde, cuyos trabajos merecieron los elogios de Leibnitz; Van-Heuraet, que es el primer geómetra del continente que rectifica exactamente una curva; y Alberto Girard, que estudia los ángulos sólidos y la medida de las figuras esféricas, que inicia ocho años antes que Descartes la teoría de las raices negativas, y hace hablar a la esfinge de los porismos. En Holanda Huygens, que crea la teoría de las evolutas, y por su genio profundo y sus admirables trabajos tan preciadas alabanzas mereció de Newton; y otros muchos geómetras que, con los Flamencos, son los primeros de Europa que comprenden y aplican la geometría Cartesiana. En Bélgica Sluze y Gregorio de San Vicente, a quien considera Leibnitz como rival de Fermât y de Descartes. En Suiza los Bernoulli, que huyendo como otros muchos de las crueles persecuciones del Duque de Alba, buscaron paz e independencia donde solo pueden hallarse, que es en los países libres; y es triste ver como con nuestro despotismo político y con nuestra intolerancia religiosa, no contentos con ahogar al genio en nuestra patria, íbamos por Europa aventándolo ante nuestros sangrientos pendones. En Dinamarca Roemer, que estudia las epicicloides. En Francia Guldin, que da nombre a su ingeniosísima y profunda teoría sobre volúmenes y áreas. Roberbal, que estudia con envidiable talento las parábolas de orden superior, la cicloide y otras muchas curvas, y resuelve el problema de las tangentes por la combinación de movimientos, idea que coincide bajo el punto de vista geométrico con la teoría de las fluxiones. Desargues, eminente geómetra, que asienta los fundamentos de la moderna geometría trascendente, y descubre para las cónicas el fecundo teorema sobre la involución de seis puntos. Bachet de Meziriac, que comenta la obra de Diofanto, y resuelve por vez primera, según Lagrange, las ecuaciones indeterminadas de primer grado. El digno rival de Descartes, el gran matemático Fermât, genio potente, infatigable, profundo, que estudia las espirales, las parábolas, la cuadratura de figuras curvilíneas, las cónicas la cicloide; que inicia la teoría de la eliminación, crea la de los números, resuelve el problema de los máximos y mínimos, y el de las tangentes, preparando de este modo el descubrimiento del cálculo diferencial; Fermât, repito, de cuya mente brotan a torrentes ideas, que por donde quiera esparce con la prodigalidad, del verdadero genio; y cuyos trabajos concisos siempre y a veces enigmáticos, son estudiados y comentados en el siglo XVIII por Euler y Lagrange, en innumerables Memorias que llenan las Academias de Petersburgo y Berlín. Pascal, inteligencia superior, que a los 16 años escribe un admirable libro sobré las cónicas, y es mas tarde uno de los primeros geómetras de su época. Rolle, que perfecciona la teoría de ecuaciones. La Hire, célebre por sus trabajos geométricos. El Marqués de THopital, uno de los pocos que con Varignon, geómetra francés, y los Bernoulli, comprende en el siglo XVII el cálculo diferencial, y lo cultiva. Y por último, gigante entre gigantes, el gran filósofo francés, el in mortal Descartes, cuyos bellísimos trabajos sobre curvas en general, áreas, tangentes, asíntotas, raíces negativas, curvas ovales, teoría de ecuaciones, método de constantes indeterminadas, clasificación de líneas, y otros muchos quedan casi eclipsados por su admirable creación, la Geometría Analítica. ¡Gran siglo para la ciencia este, que en un espacio de cincuenta años presenta el Algebra de Viete y la nueva geometría cartesiana; y gran siglo para la Francia el de Viete, Fermât y Descartes! Pero el espíritu humano no está aún fatigado de tan colosal aborto, ni ha llegado aún para él el séptimo día, en quede su trabajo sublime descanse. En Alemania aparecen nuevos átomos de esta serie luminosa de genios, rayo desprendido del que es luz pura y eterna verdad; Kepler, si grande como astrónomo grande también como geómetra; Byrge, que inicia la teoría logarítmica; Tschirnhausen, célebre por sus trabajos sobre la teoría de ecuaciones y por sus estudios sobre las cáusticas; Mercator o Kauffmann, que inicia la teoría de las series; y para abreviar interminables enumeraciones, Leibnitz, fecundísimo y profundo matemático, creador del cálculo del infinito, figura gigantesca de esas que al través de los siglos se alzan en el camino de la historia, señalando a la humanidad el nuevo derrotero que en su penosísima, pero sublime peregrinación, ha de seguir. Separada del continente con desdeñoso orgullo, como si creyera que su energía sajona y su severo genio deben evitar todo familiar trato con la veleidosa raza latina, y solo en aquella y en este, fundar su gloria, Inglaterra ha sido fecunda en grandes geómetras, y ha igualado y escedido a veces a las naciones continentales; que estudios rudos y severos, cuadran a su rudo y severo carácter. Anderson, discípulo de Viète; Harriot, rival de Viete y de Descartes; Neper, que inventa los logaritmos; Briggs, que los perfecciona; Gregori, que en la óptica y en la geometría es competidor de Newton; Neil, que es el primero que halla una curva rectificable; Oughtred, cuyas obras han sido clásicas en Inglaterra por mucho tiempo; Wren, que rectifica la cicloide; Barrow, precursor de Leibnitz, pues introduce en sus cálculos, representándolos por e y a, los incrementos infinitamente pequeños de las abscisas y de las ordenadas, y halla su relación; Milord Brouncker, que descubre las fracciones continuas, y las aplica a la medida del área de la hipérbola y del círculo, y prepara el descubrimiento del cálculo integral, espresando analíticamente los elementos diferenciales de las áreas; el célebre Wallís, geómetra de primer orden, autor de la Aritmética de los infinitos y de la teoría de las series, que mide magnitudes curvilíneas, y aplica el análisis a los indivisibles de Cavalieri; Simpson, que divide con Girard la gloria de haber adivinado los porismos; y por fin Newton, geómetra inmortal, creador del cálculo de las fluxiones, que con Leibnitz penetra en los sublimes misterios del infinito, y por no dividir con nadie su nueva gloria, solo se eleva a los espacios José Echegaray celestes, y de Dios recibe, espíritu semi-divino, el secreto de la atracción de los mundos. ¡Qué siglo tan admirable esté del álgebra de Viete, la geometría de Descartes y el cálculo de Newton y Leibnitz! Gran siglo, sí, para Europa el siglo XVII; más ¿qué ha sido para nuestra España? ¿Qué descubrimiento analítico, qué verdad geométriea, qué nueva teoría lleva nombre español? ¿Quiénes los rivales de Viete, de. Fermât, de Pascal, de Descartes, de Harriot, de Barrow, de Brouncker, de Wallis, de Newton, de Huygens, de Gregorio de San Vicente, de Leibnitz, de los Bernoulli? Yo los busco con ansia en los anales de la ciencia, y no los encuentro; paso impaciente de una a otra historia, por si hallo al fin, en alguna, reparación al desdeñoso e irritante olvido en que todas nos dejan; y en todas ellas, bien que se eche de ver la nacionalidad del escritor por las cariñosas predilecciones que a sus compatriotas muestra, aparecen los nombres de Francia, Italia, Inglaterra, Alemania, Bélgica, Flandes y Holanda, y en todas se paga tributo de respeto y admiración a los grandes geómetras; pero en ninguna encuentro a nuestra España. Y cierro con enojo historias extranjeras, y a historias nacionales acudo, esperando siempre hallar lo que jamás por desdicha encuentro. Abro la Biblioteca hispana de D. Nicolás Antonio, y en el índice de los dos últimos tomos, que comprenden del año 1.500 al 1.700 próximamente, tras muchas hojas llenas de títulos de libros teológicos y de místicas disertaciones sobre casos de conciencia, hallo al fin una página, una sola, y página menguada, que a tener vida, de vergüenza se enrojeciera, como de vergüenza y de despecho se enrojece la frente del que, murmurando todavía los nombres de Fermât, de Descartes, de Newton, de Leibnitz, busca allí algo grande que admirar, y solo halla libros de cuentas y geometrías de sastres. Cuánto me duele señores, pronunciar frases tan duras, no hay para qué encarecerlo, que todos los que me oigan lo comprenderán por la penosa impresión que en ellos causen; más la verdad nunca debe ocultarse, y si alguna vez arranca al alma un grifo de dolor, ¿qué importa? Es el enrojecido hierro que muerde en la sangrienta llaga, es el provechoso dolor del cauterio purificador de vieja podredumbre. Si en el siglo XVII no hemos tenido grandes geómetras, causa sin duda habrá para ello, y nos impertía investigar cuál pueda ser, para prevenir en lo futuro males que todos debemos deplorar; no es sin embargo mi ánimo escudriñarla hoy, porque estudio sería este que me llevaría demasiado lejos, pues tal vez en ciencias muy distintas de aquellas a que esta Academia consagra sus tareas, habría de buscarse la solución de Basta para mi objeto consignar el hecho, y recomendarlo a la meditación de los hombres pensadores. Y cuenta, señores, que causa, y causa esterna ha existido; porque suponer en nuestra España incapacidad radical y congénita, verdadera impotencia de raza para el estudio de las matemáticas puras, sería grande injusticia y audaz calumnia al genio poderoso y fecundo de este noble suelo. La patria de tantos y tan sublimes poetas, de tantos y tan admirables artistas, de filósofos tan profundos y de tan ilustres pensadores; la patria de Núñez, de Omerique y de D. Jorge Juan, no es digna de tal afrenta; raza en la que la valentía del pensamiento, el vuelo de la imaginación, la fuerza del querer, llegan al estremo a que en nuestra raza han llegado, no es, no debe ser impotente para una ciencia que solo estas humanas facultades y no otras sobrenaturales energías requiere. Y pues no nos ha sido dado alcanzar en la ciencia de Descartes y de Newton glorias que hemos recojido abundantemente en otros ramos del saber, contra algún obstáculo se habrá estrellado sin duda el genio nacional, e importa mucho conocerlo, repito, para evitarlo en lo futuro, si ya desapareció, para acabar de destruirlo si aún quedan restos, para que llegue al fin el día en que se borre la mancha que en el siglo XVII, siglo del despotismo y de la intolerancia, cayó sobre nuestra historia. Mancha, y mancha vergonzosa repito, porque no basta que un pueblo tenga poetas, pintores, teólogos y guerreros; sin filósofos y sin geómetras, sin hombres que se dirijan a la razón, y la eduquen y la fortifiquen y la eleven, la razón al fin se debilita, la imaginación prepondera y se desborda, hasta el sentimiento religioso se estanca y se corrompe: y si por un vigoroso esfuerzo, pueblo que a tal punto llegue no restablece el armónico equilibrio que entre las facultades del alma humana debe siempre existir, morirá, como mueren los pueblos que se corrompen y se degradan, y hasta aquello mismo que fue en otro tiempo su gloria, será en_ sus postreros instantes su vergüenza y su tormento. Hé aquí, señores, cuanto de la historia de las matemáticas en España durante el siglo XVII puedo decir; más antes de pasar al siglo XVIII debo, a fuer de imparcial, citar aquí un nombre, pero uno solo, nombre ilustre, más que por sus obras desgraciadamente incompletas, por el verdadero y profundo talento que revelan. Me refiero al geómetra Sanlucarense, Hugo Omeriqu,e, que publicó en 1689 la primera parte de una obra de análisis geométrica, y que mereció ¡gloria envidiable! las alabanzas del gran Newton. La segunda parte de este libro no llegó a publicarse, la historia del geómetra andaluz me es absolutamente desconocida, y su nom-bre, que brilla un punto, desaparece bien pronto, cosa naturai en aquellos calamitosos tiempos de Carlos IL El siglo XVIII es para las Matemáticas el complemento natural del siglo XVII; los grandes geómetras de este último continúan sus admirables trabajos en toda la primera parte de aquel, y uno y otro siglo se disputan la altísima honra de poseer a los Bernoulli, a Newton y a Leibnitz, como si uno solo no bastase a contener tanto genio y tanta gloria. Enumerar aquí, siquiera de pasada, los grandes descubrimientos matemáticos del siglo XVIII, los grandes geómetras que lo ilustran, las nuevas y elevadas teorías que aparecen, los infinitos horizontes que se abren al pensamiento, los portentos que se realizan, merced al eficacísimo auxilio de estas tres palancas de incalculable poder, el Algebra, la Geometría Cartesiana y el Cálculo, fuera empresa no solo superior a mis fuerzas, que son bien débiles, sino a las de quien de atleta se precie. La teoría de ecuaciones, la nueva geometría, el cálculo diferencial y el de las fluxiones, así como sus inversos, las series, el nuevo método de los límites, la teoría de la eliminación, el nuevo análisis combinatorio, las fracciones continuas y el cálculo de probabilidades, unos se crean, otros se perfeccionan, otros se desarrollan, y todos juntos forman la ciencia moderna, riquísima y hasta exuberante en sus infinitos desarrollos y detalles, armónica en sus múltiples y variadas relaciones internas, profunda y filosófica por los grandes principios generadores que la sintetizan, y que tienden a elevarla a su final y suprema unidad. Y a esta magnífica obra, todas las grandes naciones de Europa, cuál mas cuál menos, todas menos una, ya sabemos cuál, no hay para qué nombrarla, concurren según su propio genio y sus especiales condiciones de carácter. En vano algunos geómetras, la mayor parte de segundo orden, apegados a los antiguos métodos, se muestran hostiles, por pasión quizá, o tal vez por más ruines móviles, a la reforma; las nuevas teorías triunfan al fin, como triunfará siempre toda idea grande y fecunda, de la resistencia que le opongan viejos intereses y bastardas ambiciones, por más que encuentren aquellos y estas para su ingrata obra, apoyo firmísimo en la ignorancia y en la rutina, verdadera inercia del espíritu, pero que al fin cede al vigoroso impulso del genio o a la ley inflexible de la necesidad. Y así, mientras algunos combaten los cálculos de Leibnitz y Newton; mientras otros, sin rechazar las modernas invenciones, antes bien comprendiendo sus ventajas sobre la ciencia antigua, continúan sin embargo sus trabajos geométricos, por hábito sin duda, según la manera de Euclides y de los maestros griegos, jóvenes y brillantes analistas siguen animosos a los grandes matemáticos del siglo precedente, y perfeccionan las nuevas teorías y los nuevos métodos creados por aquellos. En Inglaterra, Taylor, Mac-Laurin, Cotes, Simpson, Lauden, Stirling, Campbell, Waring, Halley, el ginebrino Fatio, Moivre, francés de nacimiento, pero que huyó de su patria al revocarse el edicto de Nantes, y encontró patria y gloria en la libre Inglaterra, y otros muchos, -aunque inferiores en casi todas las cuestiones de cálculo integral a sus rivales del continente, y no por falta de genio, sino por sobra de orgullo, -eminentes geómetras sin embargo. En Italia, Grandi, Ricati, Fagnani, Mascheroni, Manfredi, y el inmortal Lagrange, uno de los genios mas grandes que hayan existido en las ciencias matemáticas. En Francia, La Hire, aunque más bien pertenezca este geómetra al siglo anterior, Vandermonde, Clairaut, Varignon, Fontaine, Rolle, el célebre Monge, el ilustre Bezout, y por último el enciclopedista D'Alambert y el astrónomo Laplace, émulos ambos del piamontés Lagrange. En Alemania, Goldbach, Cramer, Herman, Walfio, y el inmortal Eu-1er, genio potente, digno heredero de la gloria de Leibnitz. Todos estos geómetras y otros muchos que pudiera citar, si no crean la ciencia moderna, porque creada la encuentran, la perfeccionan y completan, y a tal punto la elevan a impulsos de su espíritu creador, que momentos hay en que la historia, asombrada ante los prodigios que realizan, se pregunta dudosa si no es superior al siglo de Viete, Fermât, Descartes, Newton y Leibnitz el siglo de los Bernoulli, Lagrange, D'Alambert, Euler y Laplace, Otro siglo más de gloria para Europa; otro más de silencio y abatimiento para nuestra España. Señores, que en las ciencias aplicadas, en las que como la mecánica, la astronomía, la geodesia, la navegación, son las matemáticas puras auxiliar poderosísimo, y tanto que hasta se designan aquellas con el nombre de matemáticas aplicadas o mistas, hay dos nombres ilustres y de reputación europea que yo debo recordar hoy, siquiera por dar un rayo de luz a cuadro tan sombrío: son estos Don Antonio UUoa y el insigne D. Jorge Juan. Yo reconozco el profundo saber de ambos marinos, y aprecio en lo que valen sus interesantes trabajos geodésicos; yo sé que la célebre obra del último, titulada Examen marítimo teórico práctico, obra verdaderamente clásica, ha sido única en Europa por muchos años, y ha recibido el honor de ser traducida y comentada en varias lenguas. Yo pronuncio con orgullo, con legítimo orgullo, el nombre de Don Jorge Juan, y admiro, en fin, esta magnífica figura, honra y prez del ilustre cuerpo de Marina. Al nombre de éstos dos insignes varones debo unir aún en este respetuoso recuerdo otro más: el de D. Gabriel de Ciscar. Pero estos tres nombres que acabo de citar no disminuyen la fuerza, inquebrantable por desgracia, del severo fallo que sobre el período que reseño lanza la historia. Señores, para no dar a este trabajo más ostensión de la que por su naturaleza debe tener, solo me ocupo hoy, como al principio dije, de las Matemáticas abstractas, ciencia pura, que estudia las leyes soberanas de estas dos categorías de la razón, la cantidad y el orden, y que ha sido la ciencia de Pitágoras, de Platón, de Euclides, de Arquimedes, de Apolonio, de Diofanto, de Ben-Mohamed, de Tartaglia, de Viete, de Fermât, de Descartes, de Harriot, de Caballieri, de Newton, de Leibnitz, de Lagrange, de D'Alambert, de Euler, de Laplace, de Gauss, de los Bernoulli, de Poisson, de Poinsot, de Fourier, de Legendre, de Jacobi, de Cauchy, de Lejeune-Dirichlet, de Abel; ¡cuánto, nombre ilustre! Yo reseño pues la historia de la ciencia, no la de sus aplicaciones; y la ciencia es la verdad abstracta, no la utilidad material que en la geodesia, en la mecánica o en la navegación pueda proporcionar al físico, al mecánico o al navegante aquel conocimiento puro; y así solo consigno los nombres de los geómetras que han estudiado la ciencia por la ciencia, la verdad por la verdad, y porque es luz que la razón ansia, como ansia el ciego la esplendente luz del sol; y el que en este concepto afirme que hemos tenido un geómetra, siquiera uno, en todo el siglo XVIII, famoso descubrimiento hará si prueba lo que afirma. Amarga, tristísima verdad, bien lo conozco y lo siento, pero gran verdad también, y fuerza es repetirla para que perdamos ilusiones halagüeñas, que solo pueden servir para hacer mayor el daño. Angustiosas reflexiones se agolpan a mi mente al recordar este nuestro, lastimoso atraso, y atraso crónico, en uno de los ramos del saber que más glorias han dado a la época moderna, y que tanto contribuye a vigorizar las más nobles facultades del alma; al ver cómo pasa uno y otro siglo, el XVI, el XVII, el XVIII, y ni un solo geómetra español aparece, no ya en primeralínea, que fuera mucho pedir para tan gran postración, pero ni aun en segunda siquiera; como si viciada esta raza durante siglos enteros necesitáramos siglos también para arrojar el virus que en nuestra sangre inoculara una generación ciega y fanática. Pero reflexiones son estas que me llevarían muy lejos, y debo ya pensar en poner término a mi largo y penoso trabajo. Llega al fin nuestro sido XIX, y con verdad y con legítimo orgullo podemos decir, que ni en grandes geómetras, ni en magníficos descu-brimientos es inferior al siglo que le precede. Nombres ilustres tiene, es lo difícil hallarlos, sino antes bien no olvidar alguno en la enumeración, por estensa que sea. Carnot, célebre autor de la geometría de posición, Fourier, que perfecciona el cálculo integral. El ilustre Poisson, cuyos admirables trabajos le colocan a la altura de los primeros analistas. Legendre, que escribe la teoría de los números y la de ecuaciones, y crea en gran parte la de la funciones elípticas. Lejeune-Dirichlet, que muestra en sus descubrimientos sobre los números y las integrales definidas la profundidad de su talento. Poinsot, que con su claro ingenio y su admirable estilo esclarece los puntos más abstractos y oscuros, entre otros, por ejemplo, la rotación alrededor de un punto, las secciones angulares, la teoría de los números, y la de los momentos por la sustitución de los pares a aquella idea abstracta. El insigne Jacobi, que ejercita su creadora inteligencia en el análisis combinatorio de las determinantes, en la teoría de las funciones elípticas, y en el cálculo integral. El gran geómetra noruego Abel, que hubiera sido el Newton del Norte al decir de un escritor, y que muere en la miseria a los 27 años, abandonado de todos y por todos olvidado, dejando sin embargo en lo que de sus' obras se conserva, rasgos que prueban la fuerza creadora de una noble inteligencia. Cauchy, genio profundo, geómetra eminente, que perfecciona la teoría de las series, dándoles un rigor que antes nunca alcanzaron, crea casi la teoría moderna de las imaginarias, perfecciona y desarrolla el cálculo integral, halla el de residuos, cultiva con gran éxito el análisis combinatorio y simbólico, y en la teoría de los números, y en la de ecuaciones, y aun en la misma Geometría, deja brillantes rasgos de su felicísimo ingenio; de suerte que no hay punto ni materia en la ciencia que no deba algo y aun mucho, y aun todo, al gran matemático francés, que solo con su magnífica teoría de la luz hubiera hecho su nombre inmortal. Lamé, autor de la teoría matemática de la elasticidad, de la del calor, de la de las funciones trascendentes inversas, y que demuestra el célebre teorema de Fermât, por la teoría de los números complejos. Poncelet, que escribe en las prisiones de Rusia su gran obra de las propiedades proyectivas de las figuras. Chas-Íes, que sin contar otros trabajos de gran valor, crea casi la moderna geometría, y resuelve sobre cónicas problemas admirables. Sturm, autor del célebre teorema que lleva su nombre. Liouville, decano de la ciencia, fecundísimo y profundo matemático, cuyos innumerables trabajos en vano intentaria recopilar, pero de los que he de citar tres magníficas Memorias sobre métodos de integración, porque en ellas se encuentra parte de los perdidos descubrimientos de Abel. El célebre Gauss, cuyas inves-tigaciones aritméticas, Memorias sobre formas cuadráticas y cálculo de probabilidades, son obras clásicas. Hermite, que resuelve las ecuaciones de quinto grado por las funciones elípticas. Y en fin, señores, Galois, Terquen, Catalan, Serret, Bertrand, Briot, Bouquet, Wantzel, Robillier, Binet, Brianchon, Gergonne, Dandelin, Quetelet, Wronski, Sylvester, Salmon, Boole, Cayley, Yvory, Roberts, Moebius, Hesse, Joachim-Sthal, Kummer, Eisenstein, Aronhold, Baltzer, Plucker, Borchardt, Kxonecker, Ruffini, Libri, Cremona, Trudi, Novi, Faa-di-Bruno, Padula, Rubini, Janni, Betti, Beltrani, Battaglini, y tantos y tantos otros, que yo no podría citar sin hacer interminable esta Memoria, pues solo consigno aquí aquellos nombres que en tropel y sin orden acuden a mi mente: todos ellos se han mostrado dignos herederos de los grandes geómetras de los siglos XVI, XVII y XVIII, y han enriquecido y elevado la ciencia hasta tal punto, que si por estraño prodigio hoy volvieran a la vida. Descartes, Fermât, Newton y Leibnitz, tendrían mucho que aprender antes que comenzasen a inventar. Nuestro país, que aspira afanoso a su regeneración en todas las esferas, no podia ser estraño a este gran movimiento científico de Europa, y yo debo consignar que, aparte de los relevantes servicios prestados a la ciencia por esta ilustre Academia, y que por sabidos es inútil repetir, a los cuerpos facultativos, así militares como civiles, y a sus Escuelas especiales se debe ese gran adelanto en los estudios matemáticos que se nota en España de algunos años acá. No puede, en verdad, gloriarse nuestro país de ningún importante descubrimiento, porque cuando tan rezagada queda una nación, harto hace con alcanzar a las que en tres siglos la aventajan; pero el porvenir es suyo, su voluntad será enérgica, el campo del saber es infinito, y génios tendrá cuando libre de fatales trabas, y conquistada la libertad filosófica, que es la libertad del pensamiento, se lance de lleno al estudio de esta gran ciencia que dio a Descartes, a Newton y a Leibnitz nombre inmortal. Y esta es, señorea, la historia de las matemáticas en nuestra pátria. Pero no: si, prescindiendo de aquellos siglos en que la civilización arábiga hizo de España el primer país del mundo en cuanto a la ciencia se refiere, solo nos fijamos en la época moderna, y comenzamos a contar desde el siglo XV, bien comprendéis que no es esta, ni puede ser esta en verdad, la historia de la ciencia en España, porque mal puede tener historia científica, pueblo que no ha tenido ciencia. La imperfecta relación que habéis oido, es resumen histórico de la ciencia matemática, sí; pero en Italia, en Francia, en Inglaterra, en Holanda, en Alemania, en Suiza, que es donde renace la geometría, donde se crea el álgebra, la geometría carte- siana, la teoría de ecuaciones, el análisis algebraico, la teoría de los números, los cálculos del infinito, el análisis indeterminado, el cálculo combinatorio, la moderna geometría trascendente y la teoría de las curvas: es la historia de la ciencia allá donde hubo un Viete, un Descartes, un Fermât, un Harriot, un Wallis, un Newton, un Leibnitz, un Lagrange, un Cauchy, un Jacobi, un Abel; no es la historia de la ciencia, aquí donde no hubo mas que látigo, hierro, sangre, rezos, braseros y humo. Y yo he tenido que referir la historia de las matemáticas, allá, para probar que no la hay aquí, y para probarlo, señores, con la elocuente voz de los hechos, demostración ruda pero firmísima, contra la cual se estrellan impotentes, sofismas, alharacas y declamaciones, he necesitado buscar la filiación de cada verdad, el origen de cada teoría, el nacimiento de cada idea, el autor de cada descubrimiento, y después los hombres que desarrollan y perfeccionan aquellos descubrimientos y teorías, formando de esta suerte la ciencia moderna en toda su magnífica riqueza; y he necesitado todo esto para poder decir sin remordimiento y sin temor: la ciencia matemática nada nos debe: no es nuestra; no hay en ella nombre alguno que labios castellanos puedan pronunciar sin esfuerzo. La resolución de las ecuaciones de tercero y cuarto grado se debe a Ferri, a Tartaglia, a Cardan y a Ferrari, italianos. El álgebra a Viete, francés. La teoría de ecuaciones, al mismo Viete, francés,y a Harriot, inglés. La geometría analítica, a Descartes, francés también. El cálculo diferencial a Newton y Leibnitz, inglés el primero, alemán el segundo. La teoría de los números y el análisis indeterminado, a Fermât y Bachot de Meziriac, franceses ambos. Las fracciones continuas a Brouncker, inglés. Los logaritmos a Neper, inglés también. La geometría superior a Desargues, francés. Las series a Wallis y Mercator, inglés el primero, alemán el segundo. El cálculo integral a Leibnitz, Newton y los Bernoulli. Al francés Monge, la geometría descriptiva. El cálculo de variaciones, al piamontés Lagrange. Y después amplían, desarrollan y perfeccionan estas teorías, o crean otras nuevas, numerosos e insignes geómetras, todos extranjeros a nuestra patria. De esta suerte en la edad moderna, la Italia desgarrada por españoles, franceses y alemanes; la Francia dividida y ensangrentada por sus guerras civiles y religiosas; Alemania entregada a todos los horrores del encarnizamiento socialista y religioso, y al azote de guerras nacionales; la Holanda, la Bélgica, Flandes y los Paisés-Bajos gimiendo bajo: el peso de nuestra feroz dominación; Inglaterra, que ve subir a su rey a un cadalso, y sufre, como el resto de Europa, las convulsiones de las grandes luchas religiosas. Todos estos pueblos, entre guerras y sangre, y terribles sacudimientos, conservan entera y vigorosa su razón, y de entre el caos y las ruinas se alzan genios potentes, nobles inteligencias, profundos filósofos y grandes geómetras; y en nuestra España, invencible y poderosa, dueña del nuevo mundo, y aspirando a dominar el antiguo, tranquila, relativamente al resto de Europa, en el interior, temida fuera, con su unidad política y su unidad religiosa, solo se conservan puros, y no siempre, la imaginación y el sentimiento; pero la razón, la facultad más noble del ser que piensa, languidece y decae, y con ella todo languidece y muere al fin. Contraste singular, sobre el que omito reflexiones, pero sobre el cual no puedo menos de llamar vuestra atención. Los grandes hechos históricos encierran provechosa enseñanza, y lecciones hemos recibido en lo pasado, que, si hoy somos capaces de comprender, pueden servirnos grandemente para el porvenir. Y ahora, señores, descrita ya a grandes rasgos la historia de las Matemáticas puras, y puesta de relieve por la comparación con otros países, nuestra deplorable decadencia desde el renacimiento, que fue para España más bien morir que renacer, hasta principios de este siglo, debiera dar por terminada mi tarea; pero hay un punto de suma importancia, íntimamente enlazado con el tema de mi discurso, y sobre el cual he de presentar, siquiera de pasada, algunas reflexiones que recomiendo a la meditación de vuestro elevado pensamiento. Hay, señores, quien imagina, y personas ilustradas y respetables son por singular inconsecuencia de esta opinión, que la gran importancia, la verdadera utilidad, el incuestionable valor de las Matemáticas puras, solo reside en la aplicación que de los principios abstractos de la ciencia pueda hacerse a la física, a la geodesia, a la mecánica, y principalmente a la industria; y que toda verdad científica, por elevada que sea, a la que no corresponda una utilidad práctica, y por decirlo así tangible, es vana gimnasia de la razón, fugaz relampaguear de la fantasía, juego pueril que para nada sirve, descubrimiento estéril que, sin daño del bien común, pudo quedar algunos siglos más envuelto entre las sombras, de las que le arrancó por caprichoso entretenimiento algún desocupado geómetra. Los que así juzguen y en tan poco tengan a la ciencia, no encontrarán grave mal en nuestro atraso durante los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, ni en esa falta de grandes geómetras que tanto en esta larga Memoria he deplorado, y se darán por satisfechos con que de la ciencia abstracta solo sepamos hoy, y solo hayamos sabido, lo puramente preciso para las aplicaciones materiales. ¡A qué, dirán, acumular volúmenes sobre volúmenes, henchidos de caprichosas notaciones, semicabalísticas fórmulas, enmarañadas teorías e ininteligible fraseología! ¿Sirve todo ello para dar a la industria un nuevo engranaje que economice rozamientos, un sistema de puentes preferible a los conocidos, una disposición ventajosa para el hogar de la locomotora, u otra pila mas para el telégrafo eléctrico? ¿En una palabra, esa verdad abstracta se traduce en algo práctico, satisface necesidades materiales de nuestra moderna sociedad? Si así es, reconocemos su importancia, dirán los que profesan la opinión que voy a combatir, si lo contrario fuere, la negamos sin titubear. La cuestión, presentada de este modo, puede ya formularse con mas claridad en estos nuevos términos: ¿La importancia de la ciencia reside solo en sus aplicaciones, o a más de estribar en ellas, depende del valor qué la ciencia tenga por sí misma, dado que tenga alguno? Porque yo, señores, desdeño cierta tímida defensa que de las verdades abstractas pudiera hacerse, defensa fundada en que lo que es hoy puramente ideal, puede mañana adquirir gran importancia práctica, no, yo presento la dificultad de frente, y sin eludirla, ni temerla, de frente también la acometo, y seguro estoy que ha de quedar vencida: yo supongo, por lo tanto, que la ciencia pura jamás tenga la aplicación material que se supone, y aun partiendo de esta desventajosísima hipótesis, he de sostener el estudio de la ciencia por la ciencia, sin fin alguno utilitario, o más bien, dando a la palabra utilidad, no el sentido materialista y grosero de otros tiempos y de ciertas escuelas, sino el más científico y único aceptable de la ciencia moderna, yo he de probar, repito, que toda verdad abstracta es grandemente útil y a todas luces provechosa. La opinión que combato, es fórmula menguada y repugnante del más, embrutecedor materialismo; tal doctrina desconoce por completo las más nobles, las más puras, las más elevadas facultades del hombre; le mutila torpemente, y sin piedad, le reduce a inmunda bestia. No, señores, el hombre, ser complejo, se halla dotado de muchas y diversas facultades; energías latentes que tienden a desarrollarse, y en cuyo desarrollo si-José Echegaray multáneo y armonico consiste la perfección humana. Y de estas energías que buscan satisfacción, es decir, modo y manera, y condiciones y elementos propios para su desarrollo, nacen las varias necesidades del individuo y de la sociedad. Tiene necesidades materiales, es cierto, y para satisfacerlas trabaja la industria material, y rechinan las fábricas, silba la locomotora, hierve el vapor; pero tiene necesidades de un orden más elevado; ama lo bello, y ama la verdad, y por eso apenas sale del estado salvaje, crea el arte y busca la ciencia. Así, señores, es la ciencia eminentemente útil, no de una manera indirecta por sus aplicaciones, sino directa e inmediata, porque directa e inmediatamente y por su propia virtud, satisface altísimas necesidades humanas, y del mismo modo que el cuerpo busca el pan de cada día, busca el alma, hambrienta de belleza y de verdad, algo que satisfaga las aspiraciones a lo infinito de su inmortal esencia; busca la verdad repito, por esa misteriosa atracción que entre la verdad y el pensamiento existe, y que hace que la razón vaya tras ella anhelante, y sin ella muera, y con ella viva; y que al hallarla en su esencia divina, se sumerja y se bañe gozosa como en océano de luz. Esto no escluye la aplicación práctica de la verdad abstracta; más bien puede aquí decirse, «amad a la ciencia por la ciencia, a la verdad por la verdad, que el resto se os dará en añadidura.» Las verdades ideales de las matemáticas son tan reales, más reales, si me es permitida esta frase, que las del mundo físico, porque es el hombre realidad, más intensa, y más rica, y más elevada, que el mundo de la materia y de los sentidos; y si nadie pone en duda la utilidad de las ciencias naturales, la Física, la Química, por ejemplo, no sólo por sus aplicaciones, sino porque en ellas se estudian las leyes generales de la materia, mal puede negarse la utilidad de las verdades abstractas de las Matemáticas, que son las leyes de dos grandes y universales categorías, la cantidad y el orden; categorías que, como de esencia divina, todo, por decirlo así, lo penetran, y desde la razón humana hasta la última molécula material, desde el infinitamente pequeño al infinitamente grande, en todas partes se hallan, y por do quiera, en el mundo del espíritu o en el mundo físico, sentimos con sublime estremecimiento su divina palpitación. Y si tal es la importancia y el valor de la ciencia pura, y tan alto puesto ocupa entre los conocimientos abstractos el de estas dos grandes categorías, la cantidad y el orden, ved si con razón deploraba nuestro vergonzoso atraso en la época moderna, si con razón anatematizaba las funestas causas de tanto mal, y si con ansia debemos todos desear que llegue pronto el día de nuestra completa regeneración científica. Porque no lo dudéis, entre las grandes facultades del espíritu, hay una necesaria armonía, y pueblo en que esta armonía se turba, camina indefectiblemente a su ruina. Si pierde el sentimiento religioso, o a bárbaras o atrasadas religiones se entrega, le espera la inmoralidad, la descomposición y la muerte, en un porvenir más o menos lejano; si es insensible al sentimiento artístico y poético, el materialismo le devorará al fin; pero del mismo modo, si no ama la ciencia pura, y con ella fortifica su razón, caerá fatalmente en vergonzoso embrutecimiento, y desdeñado por todos, estraño a la vida del pensamiento, sufrirá la pena del olvido, triste muerte de todo pueblo que no ha sabido conquistar su inmortalidad en la historia. No temais tanto mal ni tan vergonzoso fin para nuestra España; ella ha sabido siempre, en los supremos momentos, alzarse desde la mayor postración a las mayores glorias, y ella sabrá ganar el tiempo perdido, conquistando bien pronto honroso puesto entre las naciones de Europa, mientras llega el día, y llegará, en que la patria de Murillo, de Cervantes, de Luis de Vives, de Omerique y de D. Jorge Juan, dé al mundo rivales de Newton y Descartes, y nuevos lauros á nuestra gloriosa historia.
El Sr. Echegaray tiene la palabra en pró. El Sr. ECHEGARAY: Señores Diputados, esta es la vez primera que tengo el honor do dirigiros la palabra, y debo ante todo pedir a la Asamblea paciencia para oírme, benignidad para juzgarme; y con tanto más motivo debo pediros benignidad, cuanto que por consumir yo este turno dejáis de oír una elocuentísima voz. El Sr. Salmerón ha tenido la bondad de cederme la palabra, y cuanto perdéis en el cambio yo no tengo para qué encarecéroslo. El señor Salmerón hubiera tratado este asunto con toda la elevación, con toda la elocuencia que le son peculiares; en cambio yo tendré que tratarlo de la manera modesta que me sea posible, y que muy pronto, por desgracia mía, veréis. Yo lo agradecí que me cediese el turno: en este momento, casi casi no se lo agradezco; y de seguro vosotros no se lo agradeceréis. Y cumplido este imprescindible deber, entro en materia. La cuestión religiosa, que es la que nos ocupa, había sido debatida ampliamente aun antes de llegar esta discusión, y en esta discusión puede decirse que ha sido casi por completo agotada, ya con los discursos que se han pronunciado en apoyo de las enmiendas discutidas, ya con los que se han pronunciado en contra de ellas. Pero la cuestión religiosa es tan grande, es tan inmensa, es tan trascendental, afecta de tal modo a todo lo que hay de más íntimo, a todo lo que hay de más profundo, a todo lo que hay de más esencial en la naturaleza humana, que por mucho que sobre ella se diga, siempre queda algo, y de ese algo me propongo yo sacar materia para algunas observaciones que respetuosamente voy a someter as la Cámara. Dos artículos comprende la cuestión religiosa, y la comisión ha creído, y ha creído con razón, que estos dos artículos deben discutirse a la par: de esta manera, la cuestión religiosa quedara íntegra; quedara completa, quedara entera, en toda su magnífica grandeza, en toda su magnífica grandeza, sí, porque dentro de la cuestión religiosa esta el problema filosófico, esta el problema metafísico, esta el problema crítico, esta el problema histórico, esta el problema social, esta el problema de la revolución, y están tantos y tantos otros problemas, que yo no enumero porque seria molestar inútilmente vuestra atención. Sin embargo, de todos estos problemas, de todas estas cuestiones yo no me ocuparé, pues ni el tiempo, ni mis fuerzas, ni mis conocimientos alcanzan para tanto; yo prescindiré por completo de la cuestión filosófica, yo prescindiré por completo de la cuestión metafísica; yo prescindiré por completo de la cuestión crítica; yo no examinaré lo que son, lo que representan, lo que valen las religiones reveladas; yo no heriré tampoco, en ^rbor Documento II: Intervención de José Echegaray en las Cortes Costituyentes, 1869. (Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes. Presidencia de Nicolas María Rivero. «Continuación del debate del dictamen de la comisión sobre el proyecto de Constitución: La cuestión religiosa» El Sr. PRESIDENTE: Continúa el debate del dictamen de la comisión sobre el proyecto de Constitución. Documento II: Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes... manera alguna, ningún sentimiento religioso: todo sentimiento religioso es digno de respeto, todo sentimiento religioso, de tal modo afecta a lo que hay de más íntimo, a lo que hay de más personal, a lo que hay de más subjetivo en el ser humano, que merece la consideración de todos los demás. Voy, pues, a ocuparme únicamente de la cuestión política, y en verdad que para defender la libertad religiosa no es necesario atacar ninguna religión. La cuestión religiosa es aquí una cuestión de derecho, es una cuestión jurídica, es una cuestión política, y solo bajo el punto de vista del derecho y bajo el punto de vista político debe tratarse. Así se podrán evitar conflictos y tempestades, que todos estamos interesados en prevenir, y que esta interesada en evitar a todo trance aun la misma religión. Me limito, pues, a examinar la cuestión religiosa bajo tres puntos de vista: primero, bajo el punto de vista de la revolución de Setiembre; segundo, bajo el punto de vista racional, y tercera, bajo el punto de vista político; y a pesar de que son tres las partes de mi discurso, no temáis que mi discurso sea sobradamente extenso, no: yo estoy íntimamente persuadido, yo tengo la convicción profunda de que lo que más nos interesa, de que lo que más nos urge, es que la Constitución se apruebe, que el país se constituya. Esta Constitución que discutimos, liberal como es, porque es, Sres. Diputados, eminentemente liberal, sean cuales fueren sus errores, sean cuales fueren sus defectos, sean cuales fueren sus lunares, que en toda obra humana se encuentran, porque es, repito, una de las Constituciones, quizá la Constitución más liberal de Europa, quizá la Constitución más liberal de América; esta Constitución, digo, cuyo primer título es el sello triunfante de la revolución de Setiembre puesto en el pacto fundamental, bien puede aprobarse; y yo, sin titubear un instante, la aprobaría aun sin discusión, sin más que el tiempo necesario para pronunciar un sí, y Dios sabe si para esto, y sobre todo con el ejercicio que en decir si y decir no nos obligan a hacer los señores de allí enfrente se necesita tiempo brevísimo. Digo, pues, reanudando mi pensamiento, que esta Constitución, aun cuando fuera imperfecta, aun enana tuviera lunares, votada brevemente, en un mes, en dos meses, es más, y vale más, y representa más, y tiene más trascendencia, y contribuye de una manera más directa al afianzamiento de la revolución, que una Constitución perfecta, que una Constitución modelo, que una Constitución ideal, que una Constitución eminentemente filosófica, elaborada en seis meses, un año o año y medio: porque aquella Constitución, al ser terminada, encuentra un país al que aplicarse, aunque algo quebrantado, y en cambio, esa otra Constitución perfectísima, ideal, irreprochable, no encontraría un país, no encontraría una patria, no encontraría una España a la cual ser aplicada, porque para entonces nuestra patria, nuestra España, o estaría en poder de la anarquía o estaría entre las garras de la reacción. Yo, que tengo este propósito; yo, que tengo este íntimo convencimiento, he de predicar con el ejemplo y he de procurar ser breve. Voy a entrar, pues, en la primera parte de mi discurso. La primera parte de mi discurso se refiere al examen de la cuestión religiosa bajó el punto de vista de la revolución de Setiembre. Bajo este punto de vista la ha tratado el Sr. Díaz Caneja, y S. S. decía: «la libertad religiosa esta en contradicción con los principios proclamados por la revolución de Setiembre,» y he aquí su argumento: «¿Qué ha proclamado la revolución de Setiembre? La soberanía nacional y el sufragio universal, es decir, la ley de la mayoría, la ley del número; pero todo el mundo conviene en que la mayoría de los españoles son católicos; luego por la ley del número, por la ley de la soberanía nacional y del sufragio universal, debe existir aquí y debe establecerse la unidad religiosa.» Pero el Sr. Díaz Caneja no abarcaba la revolución en conjunto. La revolución es no es algo más que lo que el Sr. Coneja supone: la revolución, ante todo, ha sido la fuerza como medio legítimo de que el derecho se ha servido, y ha triunfado, porque era una gran fuerza, como a su pesar lo han aprendido los partidos reaccionarios. Ha sido además un gran principio político, ha sido la proclamación de la soberanía nacional. ¿Y qué quiere decir la soberanía nacional? Quiere decir que ha concluido el derecho antiguo, que ha concluido el derecho tradicional, que ha concluido el derecho histórico. Ha terminado el gran período tradicional de nuestra historia, se ha cerrado con un muro de bronce, y este gran drama que se ha desarrollado magestuosamente al través de muchos siglos, ha tenido un gran epílogo: sí, señores Diputados, sobre el trágico puente de Alcolea ha tomado por fin nuestra España venganzas de Villalar. Hoy empieza un nuevo período, hoy empieza el período del derecho moderno, del derecho popular, de la soberanía nacional; en una palabra, hoy empieza el gran derecho democrático. Esto en el orden político; pero sobre el orden político hay algo: sobre el orden político esta el orden social, y esto es lo que ha olvidado el Sr. Díaz Caneja. No es la soberanía nacional el único principio que ha proclamado la revolución de Setiembre: la revolución ha proclamado los derechos individuales como derechos superiores a la ley, como derechos superiores al legislador, como derechos superiores a la voluntad de una Cámara, como derechos que no pueden estar al azar de una votación, como derechos que vienen de lo íntimo de la naturaleza humana, que se fundan en las grandes leyes, en.las leyes trascendentales que rigen a la sociedad, como emanando, en fin, del mismo Dios; verdaderos derechos divinos, según decía con gran elocuencia el Sr. Castelar. La palabra divino, y sirva esto de consuelo a los partidarios de cierta escuela, la palabra divino se conserva; solo que antes teníamos reyes de derecho divino, y ahora cada libre por derecho propio y por derecho divino. Pues bien, la libertad religiosa es uno de estos derechos anejos al hombre; es uno de estos derechos que proceden de su naturaleza, que proceden de las grandes leyes de la sociedad, que no están sujetos al número; derecho tal, que aunque todos los españoles, menos uno, fueran católicos, y ese uno no fuera católico, ese, en virtud de su derecho, derecho soberano, superior a toda mayoría, podría decir, y tendría razón: «yo puedo adorar al Dios en quien creo de la manera que considere conveniente». Pero en virtud de estos nuevos derechos y en virtud de esta nueva idea, la personalidad humana ha tenido mayor desarrollo, ha tomado otro carácter y se ha ensanchado; en virtud de estos nuevos derechos, la personalidad humana no es ya mi pobre envolvente material: allí hasta donde mi trabajo ha llegado; allí hasta donde yo he ido, regando con el sudor de mi frente este o aquel objeto material elaborado con mis manos; allí hasta donde ha llegado mi pensamiento; allí hasta donde han llegado las fuerzas internas de mí ser en su constante expansión, allí estoy yo; hasta allí llega mi derecho: de esta suerte, mi personalidad se ensancha, mi personalidad busca espacio; y con tal que no choque con otra personalidad humana, con tal que no ataque un derecho que la limite en-su camino, puede extenderse y puede cumplir su soberano destino en la vida social. De esta manera, cuando yo con mi trabajo, cuando yo con mi fortuna, cuando yo con mi capital, con lo que es mío, levanto un templo, y dentro de ese templo adoro al Dios en quien creo, aquel templo soy yo, aquel templo es mi personalidad, aquel templo esta protegido de todo embate exterior, proceda del hombre o proceda de las fuerzas colectivas, es decir, de la sociedad; esta protegido, digo, por mi derecho; y lo que en ese templo pasa es como si pasase dentro de mí. En una palabra, señores, ese templo es mi conciencia exteriorizada, ese templo es mi personalidad, y si mi personalidad es digna de respeto, y si aquí, dentro de mi, mi conciencia es digna de respeto, lo es también ese templo y el culto; que en ese templo doy yo al Dios que adoro. No insistiré más sobre esto, porque supongo qua habréis comprendido cual es mi idea; pero, fijad vuestro pensamiento en esta nueva obser-vación. No solo la libertad religiosa es una consecuencia necesaria, logica, indeclinable, de los derechos individuales, sino que la libertad religiosa está ya aprobada en la Constitución. Nosotros hemos aprobado los derechos individuales, nosotros hemos aprobado la libertad del pensamiento, y de ella es, como decía con mucha elocuencia el Sr. Ministro de Gracia y Justicia; de ella, es repito, consecuencia inmediata la libertad religiosa. El pensamiento no es, pues, libre, no es verdaderamente libre, si hay algo que le limite, y ese algo sería la prescripción religiosa impuesta por a fuerza social. Una vez asentada la libertad del pensamiento no puede admitirse que el Gobierno, que el poder social, tome del poder sacerdotal estos o los otros moldes teológicos, que diga al pensamiento: «dentro de estos moldes has de estar contenido». El pensamiento no puede estar encerrado dentro de fórmulas teológicas; el pensamiento necesita espacio, necesita libertad, necesita atmósfera, necesita extenderse, necesita grandes hipótesis, necesita grandes tentativas, grandes equivocaciones a veces; pero necesita equivocarse de esta manera para alcanzar con enérgica fuerza, con fuerza propia, la verdad en la ciencia, la verdad en la filosofía, la verdad en la metafísica. El pensamiento encerrado en moldes teológicos o se ahoga, o en ellos muere por asfixia, o los rompe y estalla: por fortuna la historia nos dice que siempre los ha roto. Los rompió en Egipto, y vino la época de las grandes concepciones científicas de la Grecia; los rompió en la Edad Media, y ha venido la moderna civilización, esta civilización en la cual estamos, oil la cual vivimos, en la cual respiramos y con la cual vamos al través de nuestra dolorosa pero sublime peregrinación en la tierra. Y no quiere esto decir, no significa esto en manera alguna que la ciencia, que el pensamiento científico sea hostil a la religión y a los sentimientos religiosos. No; hay perfecta armonía entre la ciencia y la religión, como manifestaciones de un todo, de una unidad, de algo más grande que las envuelve a las dos: lo que hay es que cada una de esas manifestaciones tienen su manera propia de expresarse, su manera propia de desarrollarse. La ciencia necesita aire, necesita espacio, necesita errar algunas veces; no puede aceptar una verdad hecha, impuesta, inalterable; pero en el fondo de toda verdad científica, cuando el pensamiento es profundo, cuando no es perjudicial, cuando no es de antemano hostil a ciertas ideas, hay un gran sentimiento religioso, porque allí aparece y se pone en contacto con lo trascendental, con lo eterno, con lo invariable, con lo infinito. La ciencia, ama la religión, solo que la ama a su manera: no se encierra en ella, no se ahoga en ella; es pomo el águila, que ama las Como quiero terminar pronto, porque todos estamos esperando con ansiedad las palabras elocuentes de dos grandes oradores, paso al segundo punto de mi discurso. La revolución todos la amamos, de ella venimos, por ella estamos aquí; pero fuerza es confesarlo: sobre la revolución hay algo: sobre todo lo transitorio, sobre todo lo fugaz, sobre todo lo momentáneo, sobre todo lo accidental, está siempre la ley eterna, y sobre la revolución como hecho, cómo fenómeno social, por grande que haya sido ese fenómeno, hay algo también. Es necesario estudiar la revolución en su esencia misma, ver qué representa, qué significa, hasta qué punto está en armonía o en contradicción con la ley del progreso. ¿Qué es la revolución de Setiembre? ¿Es un bien o es un mal? ¿Es un adelanto o un retroceso? En el gran Océano de la sociedad y en su soberano oleaje, ¿es la revolución de Setiembre el vértice de una ola desde la cual se ve mucho cielo, mucho espacio y extensos y luminosos horizontes, o es, por el contrario, la cavidad entre dos olas comprendida, espacio negro, terrible, en que nada se ve, en que solo se siente el hervidero del abismo? ¿Veremos en la revolución un bien o un mal? ¿Veremos un progreso o un retroceso? ¿Estamos arriba o abajo? Esto es lo que debemos examinar y para ello es necesario estudiar la historia, ver qué es la historia, ver cual es la ley de su desarrollo. En la historia hay grandes leyes que no se reconocen, que no comprenden, que no se penetran cuando la historia se estudia en los accidentes, en los detalles, en el menudeo. Lo que es grave debe mirarse desde muy arriba, desde lejos, como se miran las grandes llanuras, las grandes montañas, el Océano tempestuoso. Pues bien, hay que mirar la historia, ese otro océano del espíritu, de la misma manera. Y además, si para juzgar de una revolución hay que tomar un levantado criterio, no se juzga de lo grande por lo pequeño, como se mide la inmensa grandeza del Himalaya por la pequenez de una piedrecilla que rueda por su gigantesca falda. En la historia, estudiada de esta manera, se ve una tendencia, se ve un fin: vamos hacia algo, hay un punto hacia el cual nos dirigimos. ¿Y cual es ese punto? ¿Cuál es esa estrella que nos guía? Vamos, señores, indudablemente hacia la democracia individualista, pero armónica; armónica, sí, que no destruye la unidad, que no destruye la asociación, que no destruye las grandes elaciones humanas. Yo explicaré esto, aunque rápidamente. El hombre, al través de la historia, cada vez se emancipa más, cada vez es más libre, cada vez es más dueño de sí mismo, cada vez tiende con más energía a realizar por sí, y solo por sí, su destino. Esa es la emancipación del hombre, esa es la libertad, esa es la democracia individualista. Si yo pudiera servirme de una imagen que condensara mi pensamiento, porque condensar mi pensamiento es lo que procuro, os diría que sucede en el orden moral lo que sucede en el orden físico. También en el orden físico tiende la naturaleza hacia la individualidad; también la naturaleza tiende hacia el individuo, a hacerle más rico, a hacerle más comprensivo, a hacerle, en cuanto ser pueda, más independiente de lo que le rodea. ¿Qué vemos en el origen de los tiempos en la gran nebulosa? La gran unidad la unidad indistinta, la unidad sin diferencias, la unidad caótica, la unidad entre todos los elementos, la unidad en que está confundido todo, en que todo está revuelto, en que el individuo no existe, en que solo existe la horrenda confusión del caos. Pero después, por grandes fuerzas, por grandes tendencias, por grandes elaboraciones internas que todavía la ciencia no conoce, esa unidad se rompe, la materia cósmica se condensa y brotan grandes bolas de fuego que se lanzan en el espacio planetario describiendo gigantescas curvas. Esto es un principio de individualización, esto es que se ha roro la unidad, esto es que ha aparecido el individuo. Pero al aparecer el individuo, no se ha roto la verdadera unidad, la unidad armónica, porque esos planetas, que giran unos en una parte del infinito y otros a inmensa distancia de aquellos, conservan algo de la primitiva unidad de la cual proceden, conservan la atracción planetaria, conservan la atracción newtoniana; y aunque uno está aquí, y otro está a millares de millares de leguas del primero, ambos se atraen, ambos recuerdan que proceden del mismo origen, ambos se aman como la materia puede amar: solo que las grandes fuerzas no son fuerzas materiales de cohesión y de contacto, sino que se han espiritualizado en cuanto puede espiritualizarse la materia, y ya los planetas no se tocan, sino que se atraen. Y si pudiéramos seguir aún este gran proceso, yo vería que en cada uno de esos planetas continua el gran trabajo de individualización y armonía; yo vería que en los planetas, que en un principio no son más que fuego, que no son más que olas gigantescas de lava, después aparece la variedad y la diferencia, después brotan los espumosos mares, las altas montañas, las extensas llanuras, los expléndidos cielos; y sin embargo, en todas esas individualizaciones se ha conservado la relación primitiva. Documento II: Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes... se ha conservado la unidad por las grandes fuerzas de la naturaleza, por la electricidad, por el calor, por las acciones moleculares. Ahora bien: en la sociedad sucede una cosa parecida. También el hombre tiene su primitiva nebulosa, hacia la cual quieren arrastrarnos los partidarios de la escuela reaccionaria: también la humanidad tiene en el Oriente su inmensa nebulosa. Allí el hombre estaba bajo la presión de una doble fatalidad, la fatalidad material y la fatalidad social; es decir, la fatalidad del error, y las grandes tiranías, y los grandes intereses, y los grandes despotismos; y al romperse aquella nebulosa, brotan las nacionalidades modernas, las modernas razas y los modernos pueblos; y en esta trabajosa elaboración el hombre va conquistando cada vez más su libertad, va siendo cada vez más dueño de sí mismo y de su destino, va adquiriendo mayores derechos, va emancipándose de toda fuerza exterior, sin que por eso se rompan las grandes atracciones morales, sin que por eso se remota la fuerza de la amistad, la fuerza del amor, la fuerza del deber, sin que por eso se quebranten las grandes fuerzas del espíritu, que son en el orden social lo que la atracción newtoniana en los espacios infinitos del cielo. Consecuencia de estos principios es la libertad religiosa. El hombre no es verdaderamente religioso, no se une verdaderamente con el infinito sino cuando se une de uno manera expontânea, cuando se une por sí mismo, no cuando el Estado le oprime, no cuando el Estado le da una religión, no cuando el Estado le impone un Dios, no cuando el Estado fabrica con él, como se fabrican todos los productos estancados, un maniquí religioso, en vez de un ser verdaderamente religioso y libre. Y aquí la cuestión, a mi modo de ver, queda completamente resuelta. De esta suerte queda también desvanecido un grave error en que incurría el Sr. Caneja, y con el Sr. Caneja todos los que defienden su doctrina. He oído aquí muchas veces que no hay derecho al error, que no hay derecho más que a la verdad. Esto al parecer es muy simpático, es muy natural; pero esto es ni más ni menos que el retroceso; esto es ni más ni menos que la negación de la civilización moderna; esto es ni más ni menos que la anulación de todo el inmenso trabajo de la historia. No; yo digo lo contrario: hay derecho al error; y yo diré más: no os escandalice, no os asuste la forma un poco brutal con que yo lo presento: que hay derecho al mal. Explicaré una cosa y otra. Aquí se confunden dos palabras esencialmente distintas: el derecho y el deber. No; nadie debe profesar el error, nadie debe hacer el mal; pero el hombre ante los otros hombres, ante la sociedad, ante derechos que tienen la misma fuerza que el suyo, pero no José Echegaray una fuerza superior, puede profesar el error y puede obrar el mal con tal que no ataque, al obrar de esta suerte, otros derechos ni otras personalidades. Para no extenderme en largas explicaciones os presentaré un ejemplo. Yo voy por la calle a las altas horas de la noche: es una noche de invierno; cae la nieve, sopla el viento, el frío es intenso; y una feliz pordiosera, acurrucada en el rincón de una puerta, tiende su mano fría, descarnada y temblorosa, y me pide una limosna por amor de Dios. Yo puedo darle la limosna o no dársela. Si no la doy limosna pudiendo darla, obro mal, no cumplo con mi deber y seré responsable ante mi conciencia y ante Dios; pero no soy responsable ante la sociedad: la sociedad no puede obligarme a mí a que de una limosna a esa infeliz porque este principio de que no hay derecho al mal, de que no hay derecho al error, elevado a la práctica, generalizado y deducidas sus consecuencias lógicas, ¿sabéis lo que es? Es, ni más ni menos, la negación del derecho, es, ni más ni menos que la anulación del individuo, es, ni más ni menos que el socialismo, el verdadero y repugnante socialismo. No obrar el hombre por su propio impulso, sino por el impulso del Estado; hacer lo que la fuerza social le manda, y no hacer lo que le prohibe, no tener voluntad propia, es dejar de ser hombre, es ser piedra que cae, materia bruta que obedece a fuerzas externas; es dejar de ser hombre, dejar de ser responsable de sus actos. La absorción del individuo por el Estado; la anulación del individuo en la colectividad, la sustitución de su fuerza interna por la fuerza del poder externo, es el socialismo; y hacia él no debemos ir, porque ese es el retroceso; es la muerte, es la negación de todo bien. No es extraño que cuando personas dedicadas a contemplaciones religiosas, que no estudian ni comprenden nada de lo que se refiere al orden social, nada de lo que se refiere al orden jurídico, nada de lo que se refiere al orden político, tratan de erigir las virtudes en leyes del Estado, vengan precisamente al socialismo. Por eso las ideas religiosas convertidas en leyes políticas, sean cuales fueren las formas que afecten, se convierten ¿en qué? En doctrinas socialistas, porque en el fondo todo despotismo, toda tiranía, lo mismo el despotismo político que el despotismo teocrático, no son otra cosa que verdaderos, profundos y radicales socialismos. Además, señores, la historia dice cuales son las consecuencias de este principio de que no hay derecho al error, de que no hay derecho al mal. Aquí decía el Sr. Caneja que la Iglesia nunca ha perseguido a las personas. Documento II: Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes... Prescindamos de la palabra Iglesia; sustituyámosla por otra palabra. ¿Puede sostener S. S. que el poder teocrático nunca ha perseguido a las personas? Pues si sostiene que el poder teocrático no ha perseguido nunca a las personas, marche por la calle Ancha de San Bernardo, salga al campo, tome a la derecha, y allí, cerca de la estatua de Daoiz y Velarde, verá el Quemadero de la Cruz. ¿Sabéis lo que es el Quemadero de la Cruz? Yo os lo explicaré; yo deseo que vayáis allí a verlo; yo quisiera que estas discusiones tuvieran lugar sobre aquel horrible monumento, a ver si había quien se atreviese a defender la unidad religiosa El Quemadero de la Cruz es un gran corte del terreno; es, pudiera decirse, un corte geológico. ¿Sabéis lo, que, es un corte geológico? La naturaleza abre su gran libro, extiende sus grandes paginas, es decir, da un tajo al terreno, y allí se ven, en ordenadas capas, arcillas, pizarras, areniscas y pedernales: son las líneas del gran libro en que el geólogo va a estudiar cómo se ha formado este planeta en el cual vivimos. Pues bien: el Quemadero de la Cruz es también un gran libro, es también una gran pagina, una sombría pagina, que encierra provechosa aunque triste enseñanza: con sus capas alternantes, es el Quemadero de la Cruz un corte, que yo no me atrevería a llamar geológico, pero que pudiera llamar, con verdad, teológico. En esos bancos alternantes del Quemadero de la Cruz veréis capas de carbón impregnado en grasa humana, y después restos de huesos calcinados, y después una capa de arena que se echaba para cubrir todo aquello; y luego otra capa de carbón, y luego otra de huesos y otra de arena, y así continúa la horrible masa. No ha muchos días, y yo respondo del hecho, revolviendo unos chicos con un bastón sacaron de esas capas de cenizas tres objetos que tienen grande elocuencia, que son tres grandes discursos en defensa de la libertad religiosa. Sacaron un pedazo de hierro oxidado, una costilla humana calcinada casi toda ella, y una trenza de pelo quemada por una de sus extremidades. Estos tres argumentos son muy elocuentes. Yo desearía que los señores que defienden la unidad religiosa los sometieran a severo interrogatorio; yo desearía que preguntasen a aquella trenza cual fue el frío sudor que empapó su raíz al brotar la llama de la hoguera y cómo se erizó sobre la cabeza de la víctima. Yo desearla que preguntasen a la pobre costilla cómo palpitaba contra ella el corazón del infeliz judío. Yo desearía que preguntasen a aquel pedazo de hierro, que fue quizá una mordaza, cuantos ayes dolorosos, cuantos gritos de angustia ahogó, y cómo se fue oxidando al recibir, el ensangrentado aliento de la. Víctima, con la cual el duro hierro tuvo más entrañas, tuvo más compasión, fue más humano, se ablandó más que los infames verdugos de aquella infame teocracia. (Aplausos repetidos y prolongados) La unidad religiosa, señores, es un mal, es un inmenso mal, no bajo el aspecto religioso, no bajo el aspecto de ese gran sentimiento hacia lo supra-sensible. ¿Qué es la perfección suprema sino que todas las inteligencias y todos los corazones se fundan en la verdad divina, en la verdad única? Pero no tratemos de eso: tratemos de ir allá, y de ir allá por la gran elaboración de las sociedades, por el gran trabajo de la humanidad, trabajo para el cual no hay más garantía que el derecho. Yo no arrojo una mancha sobre ninguna gran religión revelada: en el fondo de todas ellas hay una aspiración noble, levantada; pero lo que yo no quiero es que el poder teocrático convierta la unidad religiosa en arma de partido. Yo limpio a toda religión de toda mancha: toda religión para mí en sus aspiraciones nobles y levantadas, es pura y blanca como la nieve ¡Qué culpa tiene la nieve de que la pise la planta humana y la convierta en barro! Por eso yo no ataco ninguna religión en sí misma, en su dogma, en su doctrina; pero si la ataco cuando se convierte en teocracia, cuando se convierte en un poder social que trata de imponer la verdad religiosa a la inteligencia humana y al corazón humano. He terminado este punto, porque no quiero molestar por largo tiempo vuestra atención: paso al tercero de mi discurso. Voy a examinar la cuestión bajo el punto, de vista político. ¿Basta que una idea sea buena, que sea perfecta, que esté en armonía con la marcha de la humanidad para que esa idea sea posible? No: la idea buena siempre es buena; no soy yo de los que creen que la verdad cambia con el tiempo, no; la verdad es eterna, inmutable. La verdad en el orden moral, como en el orden político, como, en el orden jurídico, es tan cierta, tan evidente, tan inalterable y tan incorruptible como las verdades de la geometría. Lo que hay es que no todas las épocas, que no todos los hombres, que no en todos los instantes históricos se reconocen y se aceptan esas verdades. Es necesario, pues, que la verdad sea posible, que la verdad sea necesaria, que encuentre medios de realizarse en la historia. La idea siempre triunfa; pero para triunfar necesita cierto procedimiento. Permitidme que con una imagen os exprese mi pensamiento, y condense lo que hubiere de decir en un discurso más extenso. ¿Habéis visto flotar en el cielo esas blancas neblinas, esos trasparentes tules, esas gasas de sutilísimas mallas, que ya caen en profusos plie- gues en el fondo de los valles, ya se rompen en las crestas de las montañas, ya cubren pudorosamente el azul del cielo? Vapor de agua, agua diluida, agua en un estado tenuísimo de densidad, y en ese estado parece que nada son. En ese estado las neblinas del cielo son impotentes para todo; no son una fuerza: el soplo del viento las disuelve, un rayo de sol las evapora; son la idea flotante en la región del pensamiento; son la idea científica vagando en la región de las abstracciones. Es bella, es hermosa, esta llena de promesas; pero, como esta llana de promesas toda ilusión. Más encerrad ese vapor en las entrañas de una locomotora, dadle temperatura, dadle un organismo, dadle, por decirlo así, carne de metal, dadle palancas de acero, dadle grandes ruedas, colocadlo todo sobre dos carriles, y aquello que parecía impotente, que parecía una ilusión, se convierte en una inmensa fuerza industrial, que pasa por encima de los abismos, que rompe las entrañas de la montaña que de él se burlaba antes, y que hace estremecer el espacio con sus poderosos silbidos. Pues de esta manera se encarna la idea en la sociedad. No basta la idea; es necesario que la idea se haga un cuerpo, que torne fuerza, que se haga hombre, y para hacerse hombre necesita tiempo, que no se hace hombre en un instante determinado. Hay, en efecto, en la sociedad grandes fuerzas que es necesario reconocer, que es necesario aceptar, porque unas son convenientes para el progreso, y otras son fuerzas resistentes que el progreso ha de vencer. Hay en la sociedad, en primer lugar, la masa, el número, la muchedumbre, el pueblo. Es una gran fuerza, no hay que negarlo, no hay que desconocerlo; hay que darle los derechos que tiene y debe tener; porque se compone de hombres, de seres libres e inteligentes. Pero hay otras fuerzas también, buenas ó malas, que no pueden desconocerse, que no pueden negarse. Existen fuerzas que representan la tradición, existen fuerzas que representan los intereses creados, existen fuerzas que representan las aristocracias, que representan las clases conservadoras, y en fin, señores, una multitud de fuerzas que es necesario que la idea dome, que la idea venza: es preciso que penetre en todas aquellas inteligencias, que se apodere dé todos aquellos corazones. Pues bien: en España existen hoy, como han existido siempre, todas esas grandes fuerzas sociales, y es necesario que la idea se apodere de algunas para vencer a las demás que resisten: si no resisten, tanto mejor; pero si resisten, es preciso vencerías por la fuerza. Y ¿cuales son esas fuerzas sociales? Esas fuerzas sociales en nuestra sociedad moderna están representadas por los grandes partidos. Hay un partido que representa la muchedumbre, que representa el pueblo; hay otros partidos que representan tales ó cuales otras fuerzas. Y lo que antes decía de las fuerzas sociales, puedo decir ahora de los partidos. Es necesario que la idea se apodere de los partidos, y de partidos bastante poderosos para vencer con ellos. Todos los partidos en España están divididos en dos grandes grupos. Por una parte los reaccionarios; los reaccionarios de diferentes matices, los isabelinos, los alfonsinos, que no sé si existen, pero por si acaso; los de la dinastía de D. Carlos, los neo-católicos; los restos dispersos y putrefactos del antiguo partido moderado, en una palabra, todas las grandes huestes resistentes; por otra parte as poderosas huestes liberales, el antiguo partido de unión liberal, el partido progresista, el partido democrático, y como ideal en la forma, el partido republicano. ¿Qué es preciso para que triunfe la idea revolucionaria? Que esta idea se apodere de todos los cuatro partí liberales, que estos partidos luchen contra los reaccionarios hasta imponerles la idea que han recibido en su seno y que es la idea de la revolución de Setiembre. Pero entre estos partidos podrá no haber unidad perfecta, podrá haber diferencias de detalles, aunque todos caminen en la misma dirección. Y ¿qué es preciso, qué es necesario, qué es aquí lo patriótico, qué es aquí lo práctico? No será la idea abstracta, no será el ideal que cada uno de nosotros lleva dentro del pecho; pero ¿qué es lo del momento? ¿Qué es lo que nos interesa a todos? Una transacción, con tal que esa transacción sea liberal, y lo es la Constitución que estamos discutiendo: esa Constitución es eminentemente liberal. Pues como transacción, como pacto de todos los partidos liberales, como legalidad común, es preciso aceptarla, y aceptarla sin titubear; y yo por mí sé decir que no hubiera variado en ese pacto una sola letra para que no pudieran retroceder de él los que lo habían firmado. Es preciso aceptar ese pacto que es el triunfo de la revolución; porque ese pacto es la unidad, porque ese pacto es la fuerza; y eso no significa que cuando-el país esté constituido, cuando todo haya entrado en orden y hayan pasado los peligros que hoy nos asedian, no podamos, dentro de una legalidad común, dar nuevos pasos en la región de las ideas, en la región de la discusión; de la discusión, repito, que es una gran fuerza, a pesar de lo que dijo el Sr. Caneja, porque solo teme la discusión quien la debe temer; solo la discusión hace que nazca la duda en aquel que defiende el error, y para aquel que defiende la verdad, la discusión la acrisola. Pues bien, señores: en este concepto hay que aceptar la Constitución, hay que aceptar ese artículo de la libertad religiosa. En ese artículo caben todas las conciencias, caben todos los pensamientos, caben todos los derechos y hay que aceptarlo tal como está escrito, pues solo de esta manera se puede vencer a los grandes enemigos que sé oponen a la marcha de la revolución; solo con una unidad'perfecta podemos llegar al término de todos anhelado. Y esta idea la veo en todas partes escrita, la veo en todos los lugares, la veo aquí mismo. ¡Cuantas veces, a la caída de la tarde, cuando ese lienzo de muralla desploma sobre nosotros su estensa sombra, y en su sombra nos envuelve, mientras que nosotros discutimos, y discutimos siempre con gran elocuencia, pero no siempre con toda oportunidad; cuantas veces, repito, mientras aquí luchamos intestinamente y la luz pálida del crepúsculo que pasa por aquellos cristales.-^' mina tan solo esa triple hilera de escudos de armas que representan a mis ojos la España rota y deshecha, é ilumina aún la platina de ese reloj, que representa a mis ojos el tiempo que pasa; cuantas veces, señores, me parece oír fuera de este recinto la voz de España que nos dice: « ¡en guardia, Sres. Diputados, adelante; es preciso que la revolución triunfe, y la revolución peligra; la anarquía se aproxima; se aproxima la reacción! Sí, señores Diputados, la reacción nos expía, y caerá sobre nosotros y convertirá la gran obra revolucionaria, como decía con gran vehemencia el Presidente de esta Cámara, en una gran vergüenza ante la historia. Diputados, concluyo con estas palabras, que por o ser mías, sino del Sr. Presidente, tomo por final de mi discurso, para que al menos la última impresión os sea agradable y simpática. (Grandes y ruidosos aplausos: Diputados de todos los lados de la Cámara atilden a felicitar al orador.)
Documento ////Discurso leído ante la Real Academia Española... La gratitud y la cortesía han solido inspiraros, en casos como éste, conceptos ingeniosos y frases elocuentísimas, que en vano pretendería imitar con mi estilo áspero de suyo y desaliñado por costumbre; y pues modestamente confieso, que la musa académica es para conmigo desdeñosa y quizá cruel, no debe causaros extrañeza, ni mucho menos enojo, que desde los comienzos de mi discurso renuncie á todo género de retóricos alardes, y que resquebrajando, ya que no rompiendo tradicionales moldes, en forma llana y sencilla me limite á manifestar á tan ilustre Academia, sin que lo conciso dañe á lo sincero, que en el alma agradezco esta honra, á mi pequenez graciosamente concedida y por mí con todo respeto aceptada. Académicos, ofrece la vida á cada paso, y no pocos este severo instituto en el inevitable proceso de su renovación. Contraste es, y no pequeño en verdad, el que resulta de oponer los gustos artísticos, la índole de los trabajos y hasta las inclinaciones literarias del Sr. Mesonero Romanos á mis propias inclinaciones, á mis modestas obras y á mis especiales tendencias; pero cuenta que sólo aficiones y gustos comparo, que en ley de justicia á más no podría llegar mi atrevimiento. Sabio y erudito, amante de lo clásico, ingenioso y festivo, el Sr. D. Ramón de Mesonero Romanos marcó sus obras, tan admiradas como populares, con el sello y cifra de su persona-José Echegaray lidad literaria, que conservo íntegra á través de su larga carrera. Recordad las Escenas matritensesj los Tipos y caracte-res^ el Antiguo Madrid, los Recuerdos de viajes^ las Memorias de un setentón, los Estudios biográficos y críticos relativos á nuestro antiguo -teatro, y en todas estas obras, y en otras que pudiera citar, hallaréis siempre el mismo escritor, los mismos procedimientos y hasta el mismo hombre; salvas aquellas inevitables diferencias que el tiempo, gran transformista (dicho sea con licencia dela Academia), introduce, así en las regiones espirituales, como en los eternamente agitados senos de la materia y de los organismos. El Sr. Mesonero Romanos era observador por naturaleza; inclinado por instinto y por estudio á la sencillez clásica; sagaz en la crítica, porque era agudo y penetrante su ingenio; por nobles tendencias de su alma muy dado á todo lo que era español; y aunque juguetona y satírica, la musa del insigne académico siempre fué bondadosa y casi paternal para con los tipos y costumbres que ridiculizaba. Su sátira, ha dicho uno de nuestros más ilustres compañeros, en nada se parece á la indignación de Juvenal, ni al cómico desenfado de Aristófanes, ni á la descarada pero enérgica y profunda agudeza de Quevedo; no es tampoco su ironía la del humorista británico, que en sí encierra burlesco y altivo desdén, cuando no filosófica desprecio, ni la extravagante y mal intencionada, aunque muy honda y transcendental, de Rabelais. Más bien pudieran buscarse analogías entre las chistosas descripciones de Zavaleta y las festivas pinturas de Mesonero Romanos; pues es lo cierto, que jamás en sus sonrisas hubo contracción de amargura, ni su Viejo Madrid ceso un solo punto de serle simpático y querido. Para vosotros, ilustres próceres de las letras, el preclaro escritor cuyo puesto, aunque indignamente, he de ocupar, es el erudito, el crítico y el literato; para el pueblo, que siente más que piensa, y que sólo pide al poeta risa ó llanto y emociones en suma, el Sr. Mesonero Romanos casi no existe, que no conoce más que al Curioso parlante; y entre todas sus obras, Documento III: Discurso leído ante la Real Academia Española... 735 laque más le regocija es aquella en que se pintan por donosa manera tantas y tantas escenas matritenses^ como fueron inocente alegría para nuestros padres, y para muchos de nosotros prolegómenos casi de estudios y aficiones literarias, que más tarde habían de desarrollarse por diferentes rumbos. Para sentir románticos entusiasmos ante la escena, los dramas admirables de García Gutierrez y del Duque de Rivas; para despertar en las adormidas almas profundas armonías y memorias de pasadas y heroicas edades. Zorrilla; para regocijar al fatigado espíritu con las pintorescas descripciones de cuadros caseros, ricos en color y rebosando vida, y con las cultas agudezas que asaetean sin enojo pequeñas debilidades y ridiculeces de esta ó de aquella clase social, el Curioso parlante. Así pensaba la juventud de otro tiempo, sintetizando por manera infantil más bien sentimientos que ideas. Y yo recuerdo que allá en mi niñez, y en la ciudad de Murcia, mi patria adoptiva, en los abrasadores días de uno y otro verano, y durante las horas de la siesta, El Curioso parlante vino á trocar en regocijo mi hastío, mi cansancio en interés, y hasta refrescó con deleitosas brisas el oleaje de fuego, que á la murciana tierra parecía llegar desde las ardientes costas del Africa vecina. Yo leía con afán uno y otro animadísimo cuadro de la vida madrileña: figuras cómicas, burlescas ó graciosas pasaban ante mí; sucesos sencillos, pero que interesantes me parecían, ataban y desataban sus nudos por las páginas de un semanario, que la diosa casualidad ó mi buena maña trajo á mi poder; todo un mundo desconocido por entonces para tan incipiente lector como yo era, presentábase á mi vista; y al leer el artículo que lleva por título El prado^ afanábame por comprender lo que El prado fuese, imaginándome un jardín lleno de misterio y deleite; y al regocijarme con La comedia casera, no adivinaba, que otras comedias habían de darme, al andar del tiempo, regocijos á veces, y á veces malos ratos; y al recorrer las líneas de uno de los pocos artículos sombríos que ha escrito el Sr. Mesonero Romanos, y que lleva por título El José Echegaray campo-santo^ no sospechaba, que mis futuras y criminales aficiones literarias habían de poblar más de un cementerio con rica pero fúnebre cosecha de muertos imaginarios. No presumía yo de crítico por entonces, ni aun hoy mismo presumo; que presunciones tales á más sesudos y provectos literatos, ó á más desenfadados jóvenes, las abandono de buena gana: no cuidaba yo, en aquellas lecturas, de aquilatar el estilo, ni de buscar grandiosos pensamientos ó gallardos arranques, ni de ir señalando, para más detenido estudio, este ó aquel párrafo, sazonado con esa gracia del ingenio, que más tarde hube de averiguar, que se llama sal ática por los que pueden, como por los que no pueden saborearla. Empezaba á leer por capricho; seguía leyendo, porque me interesaban aquellas escenas tomadas del natural en el rico repertorio de la comedia humana; acababa con ansia lo que con abandono empecé; y corrió el tiempo y á su par corrió el olvido, y al fin resulta, que muchos años más tarde, en este momento y ante vosotros, el recuerdo de aquellas entretenidas horas, se convierte en triste pero justísimo tributo á la memoria de aquel insigne crítico, que tan simpático fué á toda una generación, y que ha de ocupar puesto tan digno y preciado en la historia de la literatura patria. Más de cuarenta años há que el nombre de El Curioso parlante me encantaba; hoy el nombre del Sr. D. Ramón Mesonero Romanos me entristece con la misma tristeza que vosotros sentís; y es que si á cada sonrisa que brota en nuestros labios, ó á cada placer que estremece nuestras fibras, pudiera seguírseles como á invisibles viajeros por las ásperas sendas de la vida, al fin les viéramos dar con frecuencia en raudales de llanto ó en ondas de amargura; con lo cual no es maravilla, que aquello mismo que empezó por regocijo de un niño, termine por corona fúnebre de un anciano. Y he cumplido con esto, ya que no en la forma que tan esclarecido literato merecía, y á que esta respetable Academia está acostumbrada, con buen deseo y sana intención al menos, y hasta donde mis fuerzas han llegado, el segundo de los deberes que por ley natural y precepto casi de vuestros estatutos debía cumplir. Réstame tan sólo, no porque pretenda deciros nada nuevo, ni digno en verdad de ocupar vuestra atención, sino por ceñirme ala costumbre, el disertar en unas cuantas páginas sobre determinado punto del arte literario. Materia rica en difíciles problemas y en graves cuestiones, que así llegan á las alturas de la metafísica, como se insinúan por los más intrincados conflictos de la vida social, como descienden á la práctica y al mecanismo de las mismas artes liberales, abriendo con todo esto espléndidos horizontes á quien tuviese vagar para recorrerlos, sin que prosaicas atenciones de la vida, ó más áridos, aunque no menos agradables estudios, le hicieran apartar los ojos de continuo de las maravillas poéticas, que bañan los resplandores de la belleza, para convertirlos á otras regiones en que impera la severa disciplina de la razón. Y con ser tan vasto el campo en que he podido escoger un tema para mi discurso, es lo cierto que he dudado mucho; y con tanto pensarlo, y con pensarlo tan bien, al menos en la intención, no sé á punto fijo, si al fin escogí mal; pero sea con acierto ó con desdicha, al fin decidí que la materia de mi escrito había de ser la que vais á oir, si vuestra paciencia es tan grande como vuestra cortesía. Me propongo presentar ante esta docta Corporación algunas reflexiones generales sobre la critica y el arte literario, y mi tendencia es ésta: que así como importa mucho para la marcha ordenada de la' política, sobre todo en épocas de transición, que exista una legalidad común, no menos importa en el campo artístico y literario otra especie de legalidad común, dentro de la cual vivan y se desarrollen pacíficamente todas las escuelas y todas las energías, sin anatemas ni excomuniones desde arriba, sin odios ni enemigas desde abajo. De suerte que, si mi discurso ha de tener algún título, que en rigor por lo desordenado no lo merece, bien pudiéramos darle el que acabo de indicar: de la legalidad común en materias literarias. Pero antes de entrar en el asunto, permitidme un breve paréntesis. El discurso que vais á oir fué escrito hace muchos años; circunstancias independientes de la voluntad de todos, de la mía y de la ajena; esta vida febril en que todos vivimos, este volar del tiempo, que sin saber cómo nos lleva implacable, han ido retrasando mi recepción en tan docta Academia, y bien comprendéis que antes de empezar mi tarea debo pediros, benignidad por de contado, porque voy á tratar de asuntos que ya apenas inspiran interés; pero además voy á pediros cierto linaje de respeto. Respeto, sí, para mi discurso; respeto y hasta veneración; que si otras condiciones no tiene, es ya venerable por lo avanzado de su edad. Y digamos ahora lo que por entonces decíamos. El problema general de la crítica literaria puede dividirse en otros tres que se completan y se enlazan, y son capítulos sucesivos de una misma ciencia, ó aspectos varios de un todo divisible para el estudio, aunque íntegro y único en su verdadera esencia. Puede, en primer lugar, estudiarse la crítica en su desarrollo histórico y en sus múltiples y diversas manifestaciones, en determinados pueblos ó en determinadas épocas; con lo cual haría, el que tal hiciese, la verdadera historia de la crítica literaria-Variando el procedimiento, aunque conservando la tendencia experimental, si así puedo expresarse, es dado también estudiar el proceso reflexivo del arte literario en sus diversas encarnaciones; viendo cómo la idea se hace hombre, es decir, cómo la facultad crítica se subdivide y desgrana en críticos de mayor ó menor cuantía. Cabe, en fin, estudiar las leyes de la crítica como aplicación de los principios fundamentales de la Estética; aspecto importantísimo y dominante, porque criticar sin un ideal artístico vale tanto como juzgar sin un Código ó como entregar al reo indefenso y maniatado al capricho, á las malas pasiones ó á la malignidad del juzgador, ya que no á su ignorancia. Así, pues, yo tengo ante mí, en la empresa en que quizá ciegamente quise empeñarme, tres puntos de vista distintos: historia de la crítica literaria en general; estudio de los más famosos críticos que aquélla nos presenta y de sus cualidades: personales, y leyes estéticas de la crítica filosófica. Cada una de estas cuestiones es tal, que no para un discurso, que forzosamente ha de ser breve, aunque os parezca largo, sino para una obra de gran meditación, de arduo trabajo y de constante consulta, contiene materia sobrada; y en todo caso exigiría un escritor de más alientos que yo, y^más aficionado de lo que yo he sido á revolver libros antiguos y á enfrascarse en sabias erudiciones. Pero de todo esto muy poco me propongo decir, exrcepción hecha del último punto de los tres que acabo de in-dicar, que es el que constituye en parte el objeto de mi discurso.... Todo cuanto he de exponer puede condensarse en las siguientes líneas, que anticipo para evitar confusiones y para daros en ün breve programa la medida á que ha de sujetarse vuestra paciencia. Señalo, en primer lugar, el estado caótico en que hoy se halla la crítica literaria, indicando á la vez el origen de situación tan triste: afirmo con energía la existencia, posible por lo menos, del conocimiento científico de la belleza: juzgo, en fin, que la crítica tiene obligación precisa de buscar sus reglas en las leyes de aquella ciencia estética, y como estas leyes son amplísimas y abarcan lo infinito, rechazo todo exclusivismo de escuela ó de doctrina parcial. Defiendo, pues, sucesivamente: al mundo clásico contra el mundo moderno, y á éste contra aquél; al idealismo contra el realismo, y á la escuela realista contra la soberbia de los in-maculados; al arte contra el positivismo utilitario, afirmándola belleza por la belleza, y por el contrario, proclamo como buenos los derechos del escritor, que busca contenido para sus obras en los grandes problemas de la vida, contra los defensoies de lo insustancial. Pasando, en fin, del arte crítico á la 12 ciencia pura, sostengo para la Estética el doble método de la experiencia y de la razón,' De todo esto voy á ocuparme, si á tanto alcanzan mis fuerzas y no se agota vuestra bondadosa atención. Es legítima y es provechosa la crítica; {quién lo duda? Ha existido y existe y debe existir. Como las facultades del ser humano brotan del mismo origen, y con mayor ó menor paralelismo se desarrollan, tengo para mí, que la crítica es tan antigua como el arte; que el hacer y el juzgar son fuentes que nacen de la misma roca, y que al lado del primer poeta debió aparecer el primer crítico. Si como subsisten las creaciones del primero, subsistiesen las censuras del último, podríamos ver con la imaginación al sacerdote-poeta de la India, al despuntar la mañana, sobre elevada colina y.ante una piedra cubierta de musgo, improvisando los sublimes himnos del Rig-Veda con la propia inspiración del genio y con la prestada inspiración del Agni-soma; y muy cerca, perdido en la multitud, descontento y uraño, sometiendo á implacable análisis las espontáneas imágenes del cantor védico, podríamos ver también al crítico prehistórico del Sapta-Sindu ó de los siete ríos. Al uno relatando «cómo los vientos, á modo de celestes pastores, empujan ante sí, desde el nevado Himalaya, innumerables rebaños de vacas aéreas, cuyos hinchados pechos son las espesas nubes; y cómo las aguija con el rayo y la centella para que derramen sobre los sedientos valles del Indostán torrentes de lluvia, leche fecunda que había de alimentar las cosechas y había de sostener la vida de la raza aria.» Al otro, pensando para sí, y con razón, no lo niego, que es mucho suponer esto de que los vientos sean pastores, y los nublados ubres repletas, y la lluvia^ que al fin es agua, leche sustanciosa de los campos. Sólo que tales reflexiones, ó las guardaría el incipiente crítico para sí, ó las expresaría en lengua dravidiana ó en sánscrito si era gran lite- rato entre los suyos: costumbre, esta de criticar en sánscrito, que es de sentir que se haya perdido, porqae de haberse conservado, en ocasión la crítica, sin ser mucho menos clara ni menos útil, sería mucho más inofensiva. Pero si de ios críticos que pudieran existir diez y siete ó veinte siglos antes de la era cristiana no quedan rastros, como tampoco se conservan de los contemporáneos del poema homérico, ya los tuvo el cantor de la Iliada, á la par que Platón, en época menos lejana, en el implacable Zoilo; si bien es cierto que, según cuentan, y valga el cuento por lo que valiere, tamaña profanación, como fué la de cerrar colérico y bilioso con los diálogos, la Iliada y la Odisea, costóle nada menos que la vida; costumbre que, sin duda por lo apacible de los tiempos que atravesamos, se ha perdido del todo. Bien es verdad que no se encuentra tampoco al revolver de cada siglo ni un cantor de Troya, ni un divino Platón. Y así, siguiendo por la historia adelante, nos encontraríamos al lado de la verdadera crítica, severa, pero justa, y grandemente útil cuando comprende su misión, la crítica apasionada, ó insustancial, ó ligera y de todo punto estéril para el bien; á la par de la corrección prudente, de la enseñanza sólida y de la amplitud de miras, la pasión desbordada, el enojo latente, la estrechez de pensamiento, ó la enemiga preconcebida; pues ya Hesiodo dijo tres mil años há, aunque exagerando sin duda, que «de la crítica á la envidia no hay más que un paso». Basta recorrer la historia para encontrar á cada instante ejemplos abundantísimos de la crítica noble y de la critica mezquina; del precepto que ilumina y de la saeta envenenada que se clava en la carne. Ved, si no, por una parte, muchos diálogos del fundador de la Academia, como el de Gorgias y Fedra, admirables críticas idealistas; los análisis de Aristóteles en su retórica y su política; el Tratado de lo sublime; el canon poético de Horacio; la Institución oratoria de Quintiliano, que en cierto modo se anticipó á los métodos experimentales, y valga la palabra, ya que otra mejor no existe, de los modernos. Ved en tiempos posteriores las obras de Boileau y en especial su arte poética, si exageradamente José Echegaray estrecha y restrictiva, digna de respeto sin embargo; aun en tiempos más próximos, recorred las elevadas teorias de Winckelmann, Lessing, los Schlegel, Hegel y Kant; y recordad todavía, viniendo á nuestra patria, tantos y tantos nombres ilustres como todos conocen mejor que yo, y que han dado y dan grandeza y brillo á los estudios, ya de crítica general, ya de crítica preceptiva; ejemplos que cito, no por vano alarde de. fácil y vulgar erudición, sino para demostrar mi respeto á un arte respetable y fecundo. Pero al propio tiempo que veis y recordáis las obras de tan preclaros escritores, recordad también las diatribas de un Scudery contra un Corneille, de un Subligny contra un Racine, de una plaga de críticos mezqui nos ó soberbios contra los grandes monumentos de la antigüedad clásica, y de una ridicula falange de gente sin sensibilidad artística ni conciencia literaria, contra el inmortal Shakespeare. Pero asunto es este del cual he dicho que no voy á ocuparme, y es ocioso insistir ¿obre cosas por vosotros harto sabidas y por la historia definitivamente juzgadas.: Y separado de mi camino este primer punto, separo igual^ mente el segundo; pues en verdad, que para no hacer una serie de biográficas-críticas, y esto no cabe en el presente escrito, no vale la pena ni el trabajo de ir relatando las cualidades de inteligencia y de moralidad artística, que en el verdadero crítico deben concurrir. Y deben concurrir, en efecto; porque no es crítico el que sólo lo es por no poder ser otra còsa; ni el que incitado por enojos de su impotencia, busca en los defectos ajenos tristes alivios á la propia ruindad de su ingenio; ni el que haciendo del noble sacerdocio ruin oficio de moderno condotiero, sólo guarda alabanzas para el amigo útil, y envenenadas saetas para el enemigo propio ó para el que su patrono le da por enemigo, mientras dura la paga de la mesnada. Todas estas son debilidades humanas más ó menos repugnantes ó desfallecimientos morales más ó menos lastimosos; pero de ellos ni debo ocuparme en este sitio, ni hacia tales miserias he de convertii; vuestra atención. La crítica es ciertamente otra cosa más alta y más fecunda; y más noble y más provechoso para el arte verdadero, es el verdadero crítico. Porque me importa que comprendáis bien mi pensamiento, y que nadie imagine, que niego la utilidad, ya de la crítica preceptiva, ya de las críticas particulares, ya la de aquellos escritores de ciencia, rectitud, buen gusto y elevado sentido estético, que consagran sus altas dotes al estudio de las obras ajenas para alentar aciertos, señalar peligros, precaver caídas y depurar bellezas, dando brillo y esplendor al arte literario. Las facultades humanas son múltiples, pero deben ser armónicas; y todo desequilibrio en el individuo ó en la sociedad, como en el arte, es causa de decadencia, y al fin es destrucción y ruina. Y si existe h facultad creadora de la belleza en el poeta, debe existir la facultad crítica en otro linaje de escritores, que sirvan de complemento y aun de seguros guías á los primeros. En el poeta há de dominar la espontaneidad, sin que por eso deje de ser casi constantemente su propio crítico; en eí crítico ha de dominar la reflexión sobre las propias impresiones que recibe, pero ha de sentir también; pues crítico que no sienta, y sólo razone, puede dedicarse á los trabajos científicos, si es que para ellos sirve, mas para el arte de poco provecho serán sus más concienzudos fallos: cuerda que no vibra, mal puede señalar desafinaciones del arco que la hiere ó de la mano que la pulsa. Juzgar lo creado es la crítica. Juzgador de bellezas y deformidades debe ser el que la crítica cultive; pero como magistrado del arte, justo y sereno; y como magistrado también, leyes estéticas aplica, no caprichosos fallos de su voluntad; que castigo sin sentencia no es castigo, sino asesinato; y sentencia sin prueba, iniquidad es. Razones todas, evidentes de suyo, y triviales casi; por lo cual, sólo me atrevo á recordarlas, porque ellas forman el camino más corto para llegar al verdadero tema de mi discurso. Si la critica es el arte por el que se juzgan las obras literaria$, y si el crítico es el escritor que ha de aplicar los preceptos de aquélla al poeta, al dramaturgo, al orador, á todos, en suma, los que con la palabra escrita ó hablada procuran engendrar emociones estéticas en los demás, es evidente que el arte crítico ha de tener ua canon y una ley; y que así como las demás artes no crean por sí reglas y preceptos, sino que los toman de las ciencias á que están sujetas, la crítica literaria ha de recibir su ley y su ideal de la ciencia de la belleza: quiero decir de la Estética, Porque yo creo, sean cuales fueren las opiniones en contra, que respeto, pero que no comparto, que existe una ciencia que se llama Estética; que existe un arte que se llama crítica; que hay leyes más ó menos conocidas en este orden de fenómenos de que voy á ocuparme; y que negar tales principios al juzgar las obras literarias, como las obras artísticas, es entregarse al capricho y convertir el verdadero arte crítico en mera impresión individual y pasajera, ó en confuso caos de caprichosas voluntades. Que estas leyes de la Estética no sean mezquinas y estrechas; que no resuciten las tres clásicas y envejecidas unidades de tiempo, espacio y acción, ú otras análogas; que por limitar y clasificar artificialmente fenómenos amplísimos, no tracen círculo tan forzado y reducido, que fuera quede la realidad casi completa, todo esto es justo y natural; pero nada de esto prueba que no existan leyes inmutables en las regiones de la belleza, tan inmutables, aunque menos conocidas, que en las demás ciencias; ni esto coarta la facultad creadora del artista ó del poeta, aunque coarte y sujete los caprichosos fallos de tal ó cual crítico de ocasión. Inmutables son, fijas é inquebrantables, y por fórmulas matemáticas están expresadas, las leyes del astro en el espacio, del átomo etéreo en el rayo de luz ó de la corriente eléctrica en sus prodigiosos rumbos, y esto no limita ni la& evoluciones de estrellas y nebulosas en el fondo de los cielos, ni la riqueza de los colores en el iris, ni las maravillas del éter Documento III: Discurso leído ante la Real Academia Española... en los fenómenos electro^raagnéticos: lo único que evita es, que de pronto aparezca un físico, que pretenda sustituir á las leyes eternas de la realidad, los mezquinos engendros deuna improvisación cósmica. Tal es el punto de vista en que me coloco: mi creencia de siempre; mi fe artística; mi convicción profunda. Yo no creo en lo arbitrario; yo creo en la ley estética, que es la manifestación del orden, que es la condensación real é intelectual al mismo tiempo de la armonía entre los miembros de toda multiplicidad; que es, en suma, como ha dicho un gran filósofo, la unidad que se trasparenta. La ciencia halla por doquiera grandes fórmulas sintéticas, que por doquiera proclaman tal unidad, ^y sólo un orden de fenómenos había de rebelarse contra la ley de lo infinito? Esto no cabe en inteligencia humana. Podrán no ser hoy conocidos por completo los grandes principios de la Estética; quizá no se hayan descubierto más que una mínima parte de ellos; pero semejante ingorancia ó atraso tan lamentable no arguyen contra su existencia; que igual argumento hubiera podido emplear cualquier espíritu escéptico ó pesimista contra las leyes de la gravitación, el día antes de publicar Newton su obra inmortal de los principios. Y todo esto, que muy de pasada os voy indicando, tiene, á mi entender, capital importancia para el punto concreto, que me esfuerzo por dilucidar. Porque si el crítico rechaza el canon de la ciencia y no se sujeta á sus mandatos, tendrá que aplicar, ó sus geniales instintos, ó las opiniones sueltas é insustanciales que le salgan al paso, cuando juzgue las obras de arte. Porque si no hay en la crítica literaria un ideal, un norte, un punto á donde dirigirse, la masa entera de los críticos, los de verdadera conciencia literaria, y aun los de verdadero saber, como los allegadizos y ocasionales, se encontrarían perdidos y desorientados, ni más ni menos que numerosa caravana en el desierto, si de pronto se apagasen las estrellas del cielo, se borrasen los rastros de la móvil superficie y se embotara el seguro instinto del José Echegaray vigoroso dromedario, {k dónde dirigirse; qué rumbo tomar; por qué éste y no aquél? Cada opinión valdría tanto como la contraria, y apegado cada viandante á la suya propia, pronto se dispersarían hacia los cuatro vientos por la silenciosa planicie, rompiendo el único lazo de salvación. Preferible fuera casi, que una engañosa luz les llevase á todos por extraviado camino, que al menos irían todos juntos, y al despuntar el sol, todos juntos podrían encontrar la perdida senda. Pues no de otra suerte se hallan la crítica moderna y el arte literario. Caos de opiniones individuales, lucha de las más contrarias tendencias, conflictos de unas teorías con otras, influencias, ni bien comprendidas ni bien utilizadas, de las más opuestas doctrinas filosóficas; escritores que, de buena fe, creen sostener y practicar el realismo más descarnado, y dan, sin saberlo, en el más exagerado idealismo, cuando no en el simbolismo más abstracto; obras en cuyo fondo palpita la esencia artística de una escuela y que se cubren con las vestiduras y toman las formas de la escuela rival: en suma, todo lo más contradictorio, lo más irreflexivo y lo más ajeno á la verdadera crítica y al verdadero arte. Este desorden, propio de las épocas de transición, como lo es la nuestra en todas sus esferas; esta agitación profunda, que hay en toda masa caótica momentos antes de que brote la luz, no es ciertamente perjudicial para el arte, y antes, por el contrario, es signo positivo y seguro de fecundidad y de nueva vida; pues el conflicto nace, en el arte como en la sociedad, cuando nuevas fuerzas brotan, y piden puesto y plaza á las antiguas; y por eso, todo acto de generación es tumultuoso y calenturiento. Mas para la crítica, períodos tales son los más funestos, y aun puede decirse que la paralizan por completo, sobre todo cuando la crítica no los comprende y no se deja llevar por los nuevos derroteros. Puede imperar la facultad reflexiva en épocas regulares y disciplinadas, como puede el astrónomo determinar los constantes cíclicas de un 19 astro; pero no puede el crítico someter fácilmente á reglas seguras y fallos indiscutibles una gran trasformación literaria, como no puede el astrónomo predecir lo que serán mundos que en el seno de lo infinito se están engendrando con pavoroso bullir. Al menos, esta será la situación de la crítica moderna, según he dicho, mientras no prescindan los críticos de preocupaciones personales, de exclusivismos insostenibles, de esa estrechez de miras y de horizontes, que en todo tiempo ha sido h verdadera causa de sus grandes errores, de sus más irritantes injusticias y de sus más lastimosas caídas ante el inapelable fallo de la historia. El poeta puede ser exclusivo, y pertenecer á esta ó aquella escuela, y crear la belleza como la sienta, y en seguir sus naturales impulsos está su fuerza, porque no va contra naturaleza; pero el crítico que condena todo lo que no está en armonía con su manera de sentir ó de pensar, será un sectario más ó menos apasionado, pero no tiene capacidad para juzgar lo que ni siente ni entiende, que en seguir sus naturales impulsos está su debihdad y su injusticia. Se le oirá, sí, que á ello tiene derecho; pero se le oirá como á uno de tantos testigos del gran proceso ó de sus incidencias; mas no se dé aires de magistrado, que no lo es, y hasta quién sabe si resultará al fin y al cabo testigo falso, con escándalo de la pública opinión. Épocas de trasformación son épocas caóticas, en que todo se agita, se mezcla y se confunde, los restos de lo que muere con los gérmenes de lo que nace. (Y quién es capaz de distinguir la molécula del cuerpo que se descompone, de la celdilla con que empieza un nuevo ser? En épocas tales, la crítica debe ser muy amplia y muy generosa, y sobre todo muy prudente, no sea que contraríe por torpeza grandes evoluciones, que pueden partir de puntos al parecer insignificantes. Yo me figuro á un crítico paseándose por el seno inmenso de una nebulosa con amplios poderes del Poder Sumo para atar y desatar, mirando con enojo y desvío este y aquel jirón dç h niçisa vapo-José Echegaray 20 rosa, y diciendo con fallo soberano: «esto y aquello otra vez á la nada». ^Y quién sabe si aquellos jirones que anuló para siempre habían de ser, al correr de los siglos, condensados por el trabajo infinito de la creación y animados por espíritu divino, algo hermoso, algo noble, algo puro, algo bello: una lágrima de amor que corre por una mejilla, el eureka de un genio, ó el último suspiro de un mártir? No despreciemos lo pasado, que fué grande y quizá no se agotó; pero no nos empeñemos en achicar lo porvenir, que los gérmenes necesitan mucho espacio. La inmensa evolución literaria, de cuarenta ó cincuenta siglos, nos debe servir de ejemplo, que en ella todo cupo; y cupo tanto, que su grandeza nos abruma. Allá en el rincón de su gabinete, entre su Homero y su Virgilio, llora el clásico de pura sangre, y perdóneseme la imagen, la muerte de sus dioses y la ruina del Olimpo pagano, sin que de los bárbaros acá encuentre apenas obra literaria digna de fijar su atención; y no tiene en cuenta, que cuando profundos sentimientos le agitan, ni habla en griego ni en latín, sino en aquel idioma que aprendió de los labios de su madre; idioma cuyas raíces se le insinuaron en el corazón, cuyas inñexiones gramaticales le modelaron el cerebro, y cuyos sonidos son las únicas notas posibles de su garganta.. Respeto y admiración debemos á las grandes obras del genio antiguo; pero la historia vive y se desarrolla, y convertirla en pura arqueología, es linaje de demencia que merece compasión y no más. En cambio, dad un salto, pasad del mundo clásico, puro y correcto como las líneas armoniosas del templo griego, al realismo brutal de ciertos escritores, ó mejor dicho, al materialismo moderno; pasad, digo, de aquellas limpias y trasparentes formas literarias, en que hasta los pastoriles cariños del pastor Goridón y del hermoso mancebo Alexis, delicias de su dueño, se velaban con el ritmo del exámetro, á los bestiales amores de Jerminal, en que caen á presencia del lector andrajos húmedos y manchados de hulla, para dejar ante la vista lo que pudiera llamarse en términos bárbaros, el desnudo al carbón, y tendréis otra literatura profundamente antipática y aun repugnante para muchos, para la generalidad, yo lo concedo; digna de censura por sus extravíos, pero que no sería justo rechazar por completo, ni condenar para siempre; que, después de todo, entre la podredumbre moral de los pobres mineros, no mayor que la de Coridón y Alexis (sea cual fuere la interpretación histórica ó metafísica que se le quiera dar), y entre el fango de las negras galerías, aun pudiera entresacarse del polvo negro del cok más de un pedazo de brillante, pues al fin y al cabo, carbón cristalizado, nos dice la ciencia, que es el maravilloso cristal de los metálicos y azulados reflejos. Pero sea de ello lo que fuere, ved en ese inmenso paréntesis de miles de años^ y entre escritores tan opuestos como Virgilio y Zola, qué variedad inmensa de genios se agita, qué gigantesca escala hemos recorrido; cuántas escuelas, cuántas tendencias, cuántas visiones de grandezas, cuántas obras de arte, qué maravillosas encarnaciones del genio artístico de Europa se extienden al través de la historia como gigante cordillera, cuyas cúspides se llaman, por ejemplo, Dante, Sha kespeare, Cervantes, Calderón, Goete, Víctor Hugo: conjunto admirable, superior en el fondo al de la antigüedad clásica, tanto como la civilización cristiana lo es al ciclo pagano; y que fuera profanación mutilar, obedeciendo á predilecciones individuales, á determinadas creencias religiosas, á estímulos de esta ó de aquella opinión política, ó á escrúpulos de atildado buen gusto ó de melosa crítica. La literatura europea es una totalidad orgánica, y el exclusivismo de escuela ó de afición tiende torpemente á mutilarla; y como las verdaderas leyes estéticas son inalterables, pero son amplísimas, los estrechos cánones de ciertas críticas modernas son tan funestos al juzgar la literatura contemporánea como al juzgar la historia de la literatura. Y sin embargo, en nuestra patria y fuera de ella, muchos años há que este es el gran pecado de la crítica contempera- nea, la cual empezó por cortesana y no parece dispuesta á concluir por Magdalena. Exclusivismos, y nada más que exclusivismos; mutilaciones, y no más que mutilaciones; porque hay muchos á quienes más enamoran los pedazos de la estatua que la estatua entera. Y ya tenemos la primera oposición: el mundo clásico y el mundo moderno. Pues yo, en nombre de esa legalidad común de que os hablaba, pido justicia para ambos: respeto, admiración y estudio para aquél; respeto, esperanza y alientos para éste. Y tras aquella oposición viene otra profunda, eterna, entre el idealismo y el realismo. Para unos críticos el idealismo ha muerto: fué sueño más ó menos plácido de otra edad infantil; pero sus fantasmas se desvanecieron al despertar á las realidades de la vida, y de este modo queda por sentencia inapelable la mitad del arte condenada á eterno silencio, y á desprecio profundo toda obra en que lo ideal resplandezca: fuego fatuo, bueno para corretear entretumbas, pero que no resiste la luz del sol. El arte, según ellos, está única y exclusivamente en la verdad^ en la nata-rale\a; más aún, en lo que se ve y se toca; en lo tangible, en lo real, en lo positivo; en suma, en los hechos sensibles y materiales. Error profundo, exclusivismo irritante, punto de vista mezquino, y doctrina inconsecuente consigo misma. El arte en general, y el arte literario en nuestro caso, puede esculpir sus creaciones en la verdad ciertamente; y la belleza que de este modo se realice, quizá será aquella que con más vigor llegue al alma, sobre todo en estos tiempos que corren; pero yo afirmo, que no siempre la verdad despierta emociones estéticas, y que, por lo tanto, la verdad, por sólo ser verdad, no siempre es bella; y afirmo todavía que la belleza, que indiscutibles y admiradas bellezas, que lo sublime con sus profundos estremecimientos pueden residir hasta en el seno.,. {lo diré?... hasta en el seno de la imposibilidad material y^ hasta en los repliegues del delirio. Opongo, pues, á esta afirmación candidamente honrada: sólo hay bell€:{ã en la verdad^ esta otra afirmación, aunque su forma pueda pareceres paradójica:-puede haber admirables bellezas hasta en la misma mentira material, con tal que sea mentira forjada en el cerebro humano, obedeciendo á determinadas leyes de un alto simbolismo. Pero los positivistas del arte, que sólo en la verdad buscan la belleza, son inconsecuentes consigo mismos.. Yo por un momento acepto su exclusivismo; tomo por criterio artístico la verdad y sólo la verdad; más todavía, la verdad material; más aún, me desprendo de todo residuo idea-José Echegaray lista, traspaso el positivismo artistico y al mismo materialismo llego; no quiero ver por el momento en el cerebro humano más que sustancia gris, celdillas nerviosas, electricidad que se condensa, relámpagos de fósforo en combustión, que circulan por las evoluciones cerebrales; y con todo esto, digo que en la región del arte el idealismo no puede morir, y que sus creaciones son tan reales y tan verdaderas, y por lo tanto tan legítimas, como las del más exagerado naturalismo, fotogra-fiaÍido la podredumbre de la materia, haciendo el inventario de un salón ó contando los botones de una casaca para mayor gloria y realce del personaje que la ostenta. Porque al fin y al cabo, si la fermentación pútrida es un hecho digno de relatarse por el poeta sólo por ser un hecho; si las mesas, colgaduras y chucherías de elegante boudoir por su realidad física piden quien las recuente en artística almoneda; y en fin, si los botones de la vestidura que lleva el héroe de la fábula ó del poema, aun siendo realidades de menor cuantía, merecen enumeración detenida ni más ni menos que los héroes de la Iliada ó del Tasso; si, en suma, los hechos son la materia propia de novelas, dramas y poemas, hechos son las fantasías idealistas del cerebro humano, y expulsarios del arte es mutilar arbitrariamente la parte más admirable de la realidad. ¡Que un mendigo que ostentaba tantos centímetros de deshilachado desgarrón en sus andrajos, por ser realidad es merecedor de un par de páginas en una novela y de un puesto distinguido en el templo de la fama! ¡Y que un cerebro humano en que por la vibración de sus celdillas grises brotó el tipo de Beatriz conduciendo á Dante al cielo, ó el de Mefistófeles endiablando á Fausto, es cosa mezquina, y que sus creaciones han de proscribirse para siempre del cielo del artel ¡Ah! exageraciones tamañas no merecen refutación, porque los mismos hechos y la desagradecida realidad harán en ellas justicia de olvido y de desprecio. El idealismo existirá mientras existan ideales ea el alma humana, y cuando éstos acabasen, toda discusión sobre escue-{\o diré?... hasta en el seno de la imposibilidad material y' hasta en los repliegues del delirio. Opongo, pues, á esta afirmación candidamente honrada: sólo h^j belle:{a en la verdad, esta otra afirmación, aunque su forma pueda pareceres paradójica: puede haber admirables bellezas hasta en la misma mentira material, con tal que sea mentira forjada en el cerebro humano, obedeciendo á determinadas leyes de ün alto simbolismo. Pero los positivistas del arte, que sólo en la verdad buscan la belleza, son inconsecuentes consigo mismos. Yo por un momento acepto su exclusivismo; tomo por criterio artístico la verdad y sólo la verdad; más todavía, la verdad material; más aún, me desprendo de todo residuo idea-do; que no me propongo en verdad sostener ambiciosas y mortales supremacías de ninguna escuela literaria. A cerrar contra desatinados exclusivismos se dirige mi discurso, no á convertirme en ciego cómplice de odios irracionales de idealistas contra naturalistas ó de éstos contra aquellos. Que si la crítica propicia al naturalismo moderno es soberanamente injusta con las grandes creaciones idealistas y pretende cerrar su ciclo, ni más ni menos que pretende el positivismo dar por muerta toda metafísica pasada y por imposible toda metafísica futura, en cambio no faltan críticos, acaparadores del buen gusto, que con desdén aristocrático apartan de sí todo el naturalismo moderno con sus grandes obras y sus insignes ejemplos; seres para quienes Zola es el antecristo del arte y una bien aderezada oda de forma pura y co-.rrecta, y á ser posible soñolienta, el eterno modelo de las futuras edades. En exageración cae el escritor naturalista, como en exageraciones han caído los más insignes escritores idealistas. La exageración del primero se llama nimiedad, pequenez, prosaísmo, pesadez á veces, y á veces grosería y falta de decoro; la exageración del segundo se llama insustancialidad, falta de interés humano, frialdad de muerte, y á veces, si se me permite la frase, la najda esponjándose en el vacío. Pero á las escuelas literarias no se las juzga por sus exageraciones, como no se juzga á los poetas por sus errores; errores y exageraciones debe apartar severamente el crítico, y con lo que hay de estético y de bello debe quedarse para materia de sus estudios. El naturalismo tiene perfecto derecho á buscar interés y belleza artística y artísticas emociones en la naturaleza; desde la piedra inmóvil roída por el musgo hasta el ser humano devorado por el vicio. El arte que se eleva hasta el himno religioso, á veces desciende hasta el fango; y si arriba encuentra éxtasis para el alma, abajo encuentra estremecimientos para el corazón; y si los espíritus puros prefieren el arrobamiento, los que llevan carnal vestidura y fibra nerviosa, más El crítico imparcial, de amplio criterio, debe admirar las plácidas estrofas del místico, sin que esto le impida, por estrechez de espíritu, el pagar tributos de admiración á los vigorosos y profundos cuadros de Zola, por ejemplo, que á veces entre descarnadas frases y desnudeces impúdicas llega por salto prodigioso á las altas cimas del arte. Y el que esto niegue, ó no tiene sentido artístico, ó lo reserva para uso exclusivo de sus aficiones particulares, ó no ha leído las obras del gran escritor francés; achaque muy común en cierta clase de censores, y que es achaque de inmoralidad literaria. Porque, señores, la costumbre, la tradición diría mejor, el influjo de determinadas ideas, quizá antiguas tiranías de la escuela idealista, han creado.cierto número de palabras, que han venido á ser moldes inflexibles en que se quiere vaciar el arte moderno en su propia evolución. Y digo esto porque es cosa admitida, que en las regiones artísticas sólo debe imperar la belleza ó la sublimidad ó sus diversas variedades, y en suma, todo aquello, y aquello tan sólo, que produce en el hombre placer estético^ y aunque esto quizá en el fondo sea exacto, y de ello me ocuparé más adelante si tengo tiempo, es ocasionado á grandes errores, cuando se ajustan las ideas á la forma material de las palabras. Yo creo que al arte pertenecen no sólo los placeres estéti-cos^ sino los dolores estéticos; la risa como el llanto, la admiración como el asombro, la simpatía como el horror. En suma, yo diría, y lo diré luego tan extensamente como pueda, si es que lo digo, que la misión del arte es producir emociones estéticas^ y en la palabra emoción lo comprendo todo; aunque reconozco desde luego, como he reconocido ya, que en lo íntimo de tales movimientos del alma ante la creación artística, está palpitando, como verdadera esencia del fenómeno, el que pudiéramos llamar para entendernos placer estético: y hago esta salvedad, porque la propiedad de este ad-José Echegaray 28 jetivo es motivo de grandes controversias crítico-literarias y aun filosóficas. De donde resulta, que un escritor realista, ó naturalista, ó désele el nombre que se quiera, puede, como hace Zola y como han hecho otros muchos antes que él, y como hicieron nuestros autores de novelas picarescas, tomar asuntos impuros, groseros y hasta repugnantes, sin que por ello merezcan incurrir en los anatemas de la crítica. Estos asuntos son capaces de producir emoción estética, placer ó dolor, asombro, admiración y horror, y hasta lo que pudiéramos llamar repugnancia artística; pues con tal que los cuadros en que se desarrollen estén animados del verdadero espíritu del arte, y el autor encuentre el quid divinum ó el quid diabolicum^ que eleva el alma ó estremece el corazón, bien venidos sean, que toda obra en que resplandezca una sola chispa de genio tiene sitio en el gran escenario de la vida moderna y en los anales de la historia contemporánea. Dije, al defender el idealismo artístico contra el realismo, que hasta en \o falso podían hallarse destellos de belleza, hasta éñ lo absurdo ó en lo imposible; y ahora, defendiendo á los realistas contra los idealistas, y completando lo que á muchos parecerá extraordinaria paradoja, y yo creo que es verdad matemática, que sólo querrán poner en duda inteligencias rígidas é inmóviles, ó, por el contrario, caprichosas y espantadizas, agrego que cabe la energía estética^ capaz de producir grandes emociones artísticas hasta en lo más opuesto al bien, hasta en lo más opuesto á la verdad; bien que no soy yo el que por primera vez lo defiende. Esto de que puedan buscarse manifestaciones legítimas del arte en lofalso^ por cuenta del idealismo principalmente, y en el mal^ con cargo á la escuela realista, ya se me alcanza, que ha de sonar á herejía en muchos oídos; y sin embargo, yo creo que de todas estas aparentes antinomias pueden darse explicaciones satisfactorias aun para los más exigentes; explicaciones que por ahora suprimo, limitándome á consignar hechos indiscutibles é innegables para no alejarme demasiado de mi camino. Documento III: Discurso leído ante la Real Academia Española. ^Quién duda que en lo falso^ como antes decía, puede resplandecer la belleza estética? Pues casi todas las grandes imágenes y metáforas, tropos y figuras de la poesía, (no soü//5¿camente imposibles^ absolutamente falsas^ en el sentido material interpretadas, aunque yo afirme que filosóficamente son verdaderas y expresan grandes leyes simbólicas de la realidad, ni más ni menos que las fórmulas algebraicas? Pues sin acudir al torrente de oriental poesía de nuestro gran teatro; sin elevarnos á las extraordinarias creaciones del romanticismo; deteniéndonos en la más pura región de clásica belleza, y tomando un solo ejemplo al azar, ¿cabe mayor conjunto de sublime poesía y de falsedad disparatada, que en la descripción de aquel rayo que forjaron para Júpiter, según el libro 8.^ de la Eneida, los cíclopes Brontes, Esteropes y Piracmon, y que empieza de este modo: «Tris imbris torti radios tres nubis aquosse?» Porque en verdad, que para fabricar una centella, tomar tres rayos de granizo, otros tres de rutilante fuego, tres más de alígero viento, agregar á estos ingredientes nada menos que terríficos fulgores, con una buena dosis de estrépito y otra no menor de miedo; rociarlo todo flamisque sequacibus iras^ con el furor de perseguidoras llamas, y poner en el yunque esta masa de granizo, fuego, estrépitos, espantos y llamas para sacudir encima, con sus enormes martillos, los buenos de Brontes, Esteropes y Piracmon, saliendo por fin de esta mescolanza clásica todo un rayo de cuerpo entero, paréceme, y perdóneme el Olimpo la blasfemia, que es forjar admirable belleza, pero con masa imposible de absurdos, falsedades y disparates; lo cual prueba mi afirmación, ó me declaro incompetente de todo punto en materia de demostraciones, á saber: que hasta en lo falso y en lo absurdo del orden material es dado crear admirable belleza. Y si en el mal cabe energía estética (démosle este nombre) que supone en sus ocultos fondos verdadera belleza artistica, díganlo tantos y tantos personajes de las literaturas clásica, romántica y realista, desde Luzbel i Lady Macbeth. Silt sombra, de justicia, y con exceso de pasión, acusan, pues, ciertos críticos á la escuela realista y al naturalismo por los asuntos que escoge ó por el medio biológico en que los desarrolla; que aunque acusarla pudieran por sus defectos, extravíos ó exageraciones, jamás el abuso es suficiente para que el uso deje de ser legítimo, y de culpas tales no hay escuela, ni época, ni escritor, que estén de todo punto limpios é inmaculados. Así es que yo concedo que el arte puede tomar á la naturaleza, en sus más repugnantes aspectos, como base de sus creaciones, y que al hacerlo ejercita indiscutible derecho; y aun concedo más, y admito, no ya la creación artística, sino la pura y simple imitación, con lo cual llego al último límite de las concesiones y á la defensa del último derecho del poeta* Yo creo ciertamente que el arte, en sus nobles esferas, no está, reducido á la mera^copia; yo no admito que en literatura, como en las artes plásticas, la fotografía literaria, digámoslo así, como la fotografía física, resuman en sí todas las energías de poeta ó del pintor; yo veo más anchos horizontes y más elevadas colinas extenderse y subir hacia las regiones donde moran los genios; pero aun así, para rechazar hasta la más ligera sospecha de exclusivismo, sostengo que puede haber verdadera creación artística en la mera imitación de la naturaleza, en lo que ahora se denomina método experimental, en el estudio, por ejemplo, de lo que ciertos escritores llaman documentos humanos en sus más empañadas, ó más negras, ó más repugnantes páginas. Me explicaré en términos precisos. Imaginemos un fenómeno cualquiera de la naturaleza inorgánica, el más desprovisto de belleza y poesía; ó un hecho de la vida social, el más prosaico y mezquino; ó una función fisiológica, ó, si se quiere, un desarreglo patológico; algo, en fin, sin belleza, sin gracia, sin interés: lo más insignificante, antiartístico y aun si se quiere repulsivo; pongamos ante aquel espectáculo sin valor estético á un escritor de verdadero genio, que copie con los signos del lenguaje el hecho miserable que contempla, y que lo copie con fidelidad perfecta, y yo sostengo. que la imitación, la sola imitación de lá realidad, que le sirvió de modelo, podrá ser germen de belleza. O en términos más precisos, y más generales al mismo tiempo, yo afirmo que la copia de cualquier hecho, objeto ó fenómeno con signos y elementos distintos de todo punto de aquellos que componen el original; por ejemplo, la naturaleza, imitada con los sonidos que constituyen la palabra y con las palabras que forman el lenguaje; el mundo físico de tres dimensiones con la línea y el color; las emociones del alma con las vibraciones de las notas musicales; la carne humana con la piedra ó el bronce; el sentimiento religioso con arcos y pilares, grandes sombras y altas y pálidas luminarias; más aún: toda realidad, aun totalmente desprovista de armonía y encanto, prosaica y grosera por sí, al ser expresada fielmente, no con sus propios elementos, sino con otros símbolos^ sorprendiendo en ella la unidad recóndita, y vaciándola en los moldes del pensamiento, puede despertar en el alma humana profundas ó por lo menos vigorosas emociones estéticas. El hecho es industible, y la historia entera del arte lo demuestra: un hombre ahogado por serpientes, un cadáver putrefacto, no son en sí mismos objetos bellos; pero si se imitan en piedra ó en pintura, pueden ser objetos de gran valor estético. La explicación no me parece imposible ni difícil; pero como se relaciona con ideas que más adelante he de someter á vuestro respetable juicio, si es que les llega el turno, permitidme que por ahora me limite á consignar el hecho y el principio, dejando para momento más oportuno de este discurso la razón que, á mi entender, lo afianza y lo fundamenta. Resulta de todo lo dicho, que aquellos críticos que con alardes de clásicos, idealistas ó románticos, ó. con pretensiones de monopolizar el buen gusto, condenan al realismo ó al naturalismo moderno sin apelación; y aquellos otros que con vanidad de infalibles y con celo exagerado de neófitos dan por muerto todo idealismo, pecan contra el único criterio posible de la crítica, que es el de la imparcialidad; se convierten en tiranos del arte, ya ejerzan su tiranía á nombre de la José Echegaray 32 aristocracia clásiéa ó de la demagogia naturalista; y por espíritu cerrado y estrecho, atentan contra la única condición posible de la creación estética, que es la libertad dentro de su propia esfera. Y aquí doy por terminada la segunda oposición, y no digo antinomia, porque no se me tache de pedantismo filosófico, entre el idealismo y el realismo; más aún, entre el simbolismo y el naturalismo, pidiendo paz y concordia no sólo entre los príncipes cristianos, sino entre los que buscan inspiración en las alturas de lo ideal, que noble anhelo es mirar hacia arriba, que allí está la esperanza, y entre los que inclinan su cabeza hacia el suelo, que empapado está de. lágrimas y dolores humanos. Con lo cual paso á ocuparme de otra oposición más y de otro nuevo conflicto entre tendencias contrarias. No ya de escuela á escuela, en las grandes determinaciónnes del sentimiento estético, sino en los límites de cada escuela particular, anda hoy dividida la crítica, sosteniendo los más opuestos principios y cayendo lastimosamente en los más inexplicables errores, hasta el punto de olvidar cuál es el verdadero objeto del arte y cuál es el campo propio en que debe desarrollar el artista ó el poeta su potencia creadora. Escritores hay, no muchos por fortuna, que después de dar por muertos todo sentimiento religioso y toda afición metafísica, dan por muerto también al arte, como si fuera fútil entretenimiento de sociedades infantiles y ocupación indigna de hombres serios y de reflexivas edades como la nuestra. El arte por el arte, la belleza por la belleza misma, la emoción estética por sí sola, paréceles desdichado anacronismo; y si por exceso de benevolencia transigen con el arte literario, es Gonvirtiéndolo en auxiliar de otras ciencias, ó en arma de otros combates, ó en medio de conseguir otros fines: ya en la oratoria política para defender determinados ideales, ya como arte docente para propagar las grandes verdades de la cien-cia, ya en el drama para inculcar ciertas ideas ó proclamar ciertas soluciones, pasando el arte de este modo á servidor humilde de señor absoluto en su esfera, que ha sido siempre; y de esta suerte y de un golpe, la religión, la metafísica y la obra puramente estética, pasan al archivo de los documentos históricos y al panteón de los muertos ilustres. Los que así discurren, debieran, antes de lanzarse á tamañas afirmaciones, ver si por cataclismo inadvertido del mundo moral ha cambiado el ser humano por manera tan profunda, que ya no sea lo que siempre fué; si es que por acaso siente y piensa como jamás logró pensar y sentir. Porque de otra suerte, ni dejará de creer en algo, por más que procuren embutirle en el negro tabernáculo del pesimismo, ni dejará de forjar sistemas filosóficos, con tanto más afán forjados los nuevos, cuanto más aprisa se derrumben los antiguos, ni cesará de sentir emociones estéticas de placer, dolor ó asombro ante los espectáculos bellos, patéticos ó sublimes, {Acabaron, por ventura, las alegres alboradas ó las expandidas puestas de sol? {No hay ya empinadas montañas con agujas de nieve, y alegres valles con sombras y aguas vivas? {Es el mar charca sin oleaje, y el cielo silencioso hueco sin tempestades? {Tan sordo se quedó el aire, que no trasmite ni gorjeos, ni susurros, ni ondas sonoras? {Tan por igual de la masa humana pasó el horizontal rasero de nuestro siglo, que todos los hombres son igualmente buenos ó igualmente malos, sin que sobre el nivel común suban virtudes ó caracteres, ó bajen y ahonden en lo negro crímenes, odios ó embravecidas pasiones? Y por otra parte, pasando del mundo exterior al propio ser que lo contempla, yo prosigo preguntando: {cegaron los cristales de nuestros ojos, y ya ni la luz ni los colores circulan por su trasparencia? {Saltaron los nervios de nuestros oídos, y ya la vibración sonora no penetra rítmica y ondulante? {No hay pasiones en el corazón, ni amor en eLalma, ni anhelos en José Echegaray 34 la existencia, ni forja tristes ó alegres imágenes la fantasía? Pues si la naturaleza es lo que fué, y como es la siente el hombre, y sus facultades y potencias antes se agitan cada vez con más vigor en esta fiebre europea de lucha, de vida y de progreso, que se adormecen en algo parecido al nirvana índico, yo afirmo que el arte y la poesía tienen condiciones de existencia y son permanentes con todo lo que hay de permanente en el mundo inorgánico, que trabaja sin descanso, y en los organismos, que perpetúan la vida sin cesar, y en el ser humano, que cada vez siente más, y piensa con mayor profundidad, y quiere con mayor energía. Afirmaciones todas estas que sostengo, que me parecen inquebrantables aun bajo el punto de vista del positivismo, y aun cuando me colocara por vía de argumentación en las mismas fronteras del materialismo, como provisionalmente voy á colocarme. Cuando se pruebe que una de nuestras fibras ha muerto para siempre, y que ya la herencia biológica no la trasmite, se habrá probado que los fenómenos que de esa fibra dependen acabaron para siempre; cuando se demuestre que una de nuestras facultades se atrofió por completo en todas las razas humanas, se habrá demostrado la muerte parcial de nuestro ser; pero mientras hipótesis tales no pasen de afirmaciones que forjó el capricho y la bilis de unos cuantos, ó quizá sus propias incapacidades, la masa humana seguirá viva y completa con todas sus potencias y todas sus energías, y con el dolor y el placer que por ella circule en los inacabables oleajes de sus océanos y en las perpetuas luchas de sus fuerzas. Tales consideraciones me obligan á sostener la permanencia del fenómeno estético en el seno del cosmos y en el seno de la masa social; y esas mismas consideraciones, y otras que indicaré, me obligan asimismo á defender contra los nihilistas del arte, el arte en sí y la ciencia estética, como grupo de conocimientos que abarcan determinado orden de fenómenos. El mundo material por una parte, por otra las sociedades Documento III: Discurso leído ante la Real Academia Española... 763 35 humanas, son seres complejos; infinitos fenómenos exteriorizan (si me permitís esta palabra) su esencia, haciéndola, por decirlo así, sensible ó patente; y aunque todos estos fenómenos forman una prodigiosa pero completa unidad, de un golpe y de una mirada, sólo un ser infinito sobre todos los infinitos podrá abarcarla y comprenderla. La inteligencia humana necesita dividir y analizar la pasmosa totalidad del cosmos, para irlo estudiando por partes: divisiones y análisis que á veces podrán ser artificiales, pero que son necesarios para que el ser finito se dé cuenta de los elementos aislados antes de que ensaye síntesis más ó menos amplias del conjunto. Esto ya lo dijo Lessing, y antes que él otros muchos; y hoy es verdad de sentido común, que por la enseñanza elemental discurre como precepto evidentísimo y regla ineludible de toda ciencia; pero que no por ser común y corriente, es menos cierta ni menos importante. Así es, que cuando aparece un grupo de fenómenos análogos, todos del mismo orden y con caracteres dominantes comunes, hay la presunción racional de que la multiplicidad de tales hechos podrá resolverse en grandes leyes, y éstas al cabo enuna final y definitiva, con todo lo que llegará á constituirse una ciencia. Pero hay miles y miles de fenómenos naturales; hay objetos sin fin que la industria ó el ingenio del artista forja de continuo; hay acciones humanas que en el seno social se desenvuelven, ó que en la historia quedaron para siempre, capaces todos ellos, fenómenos, objetos y acciones, de producir en el hombre una especialísima emoción inconfundible con otra cualquiera, y al mismo tiempo profunda y desinteresada. Esta emoción tiene muchos nombres: dolor, placer, admiración ó entusiasmo; pero siempre es un matiz ó semitono de esa misteriosa gama de la Estética, que empieza por las negruras del horror y acaba por las infinitas vibraciones de lo sublime. Existen, pues, los hechos estéticos con multiplicidad de aspecto, pero con caracteres comunes; y existirá por ende la ciencia que los estudie, la ley que los siga y el principio que los comprenda. Como existirán el artista ó el literato, procurando reproducirlos con piedras, colores, sonidos ó palabras, y llevando tras sí al crítico que los juzgue y al público que los contemple y los sienta. De donde yo deduzco que el arte tiene realidad por sí mismo, sea cual fuere la materia á que se aplique: un fondo propio, un campo perfectamente deslindado, fronteras amplísimas y sagrada autonomía, mal que pese á sus prosaicos enemigos y matadores de intención, Y hé aquí por qué defiendo el arte por el arte como creador de belle\a^ sin servidumbres ajenas, ni prestadas energías. Pero como he rechazado el error de aquellos espíritus excesivamente positivistas y utilitarios, que reniegan del arte verdadero, debo rechazar otras injusticias y otros errores no menos funestos, que vienen de contrario rumbo, y que sutilizando la materia artística, la empequeñecen, estancan y esterilizan. Que el arte busca la belleza, y no más que la belleza, siquiera la emoción estética tenga profundas resonancias en otras esferas y sea fecunda en consecuencias intelectuales, morales y sociales también, ya he dicho que es para mí proposición axiomática; y así, el arte docente, la obra cuyo único objeto sea sostener determinada tesis, la creación artística subordinada á otros fines, que no sean los del arte mismo, serán manifestaciones legítimas de las facultades humanas, y podrán ser útiles y convenientes; pero no serán obras puramente artísticas, sino géneros mixtos é indecisos, de esos que aparecen en las fronteras de las ciencias y de las artes á favor de la confusión ó vaguedad de los límites, como son disputadas las fronteras de las naciones rivales, brotando á veces, para asegurar el equilibrio y afianzar la paz, estados de neutralidad y contrapeso. Pero con todo esto, hay que confesar que lo bello, como lo sublime (para no tomar más que dos términos de la escala), no tiene existencia sustancial é independiente por sí: no existe de una parte un ser que se llame belle\a^ y separado de éste.37 el resto de los seres; de modo que con fijar la vista en aquella sustancia privilegiada, y con volver la espalda á las demás realidades, se contemplase ya lo único bello que pudiera haber en el universo. No en verdad: lo bello, lo mismo que lo sublime, existen encarnados en algo: en alguna realidad material, en algún acto humano, en algún ser, ó en algún fenómeno por vaporoso que fuere, siquiera sea el sueño de un poeta. No existe la belleza como entidad: las entidades aristotélicas ya pasaron. No es ni siquiera una diosa del cielo pagano; ni una neblina metafísica condensada; ni un ser aparte de los demás, cuya imagen podamos fingir en el mármol ó en el lienzo, 6 describrir con la palabra, ó contornear con la línea ondulada de la melodía. No llegaron á suponer tanto ni Platón ni Plotino con todo su idealismo; ni los mismos arquetipos de belleza alcanzaron tan absoluta autonomía. De suerte, señores, que pedir al arte que represente la belleza, sin algo que por decirlo así la sostenga y dé realidad, paréceme que es pedir un imposible, y que á fuerza de purificar bellezas y sublimidades, unas y otras se convierten en nombres vanos rellenando espacios vacíos. Pero críticos hay, por otra parte muy dignos de respeto, que aun no llegando á tanto, por este camino van sin tener conciencia de lo desatinado de su marcha. Literatos refinadísimos, que por sublimar el arte, lo hacen imposible, estrechandolo en campo tan reducido y tan esquilmado por generaciones y generaciones de genios, que toda nueva tendencia, todo genial arranque, todo horizonte amplio quedan fuera del amantísimo albergue, que á los tradicionales y privilegiados se l6s reserva. Así es, por ejemplo, y valga uno entre muchos que pudiera señalar, cómo tales distinguidísimos críticos, entre otros anatemas de menor cuantía, lanzan uno muy cruel y despiadado sobre todo escritor, que en sus obras literarias aborde determinados problemas sociales, considerando dichos censo- res, tamaño intento á modo de desatinada empresa, cuando no como profanación del arte puro é inmaculado de la tradición clásica. Y sin embargo, esto se ha hecho siempre, y no hay obra notable en todas las literaturas, que explícita ó implícitamente no entrañe un gran problema; siendo lo curioso del caso, que á igualdad en el desempeño, la obra resulta tanto más elevada é imperecedera, cuanto más trascendental es el problema que envuelto en formas artísticas se agite. Lo que hay en el fondo de esta opinión muy respetable, pero muy errónea, y de todo en todo insostenible, es una marcada tendencia á confundir cosas diametralmente opuestas. Que una obra de arte, que se proponga por único objeto sostener una tesis, ó demostrar un teorema, ó explanar una doctrina, no pertenece al verdadero arte, sino á ese género mixto, que en retórica se llama género didáctico, ya lo he reconocido y confesado; y que por este camino se desvía al poeta de su propia misión y hasta se le puede arrastrar á los regocijados abismos del ridículo, tampoco me parece dudoso; pero que el escritor épico, lírico ó dramático no pueda escoger materia para sus creaciones y para realizar con ellas la belleza, en todo aquello que contenga elementos estéticos suficientes, siquiera sea en un problema social ó filosófico, y aun político, paréceme que es pretensión tan absurda como funesta. Ni esto se hizo jamás, ni si se hiciese sería otra cosa que la negación de todo progreso en el arte y la imposibilidad de todas sus futuras transformaciones. No escribirá el poeta un drama, pongo por caso, con el propósito de demostrar, que el cuadrado de la hipotenusa es igual á la suma de los cuadros de los dos catetos; pero podrá pintar á Arquimedes, como pudiera pintar á otro sabio cualquiera, absorto en sus meditaciones matemáticas, anegado su espíritu en la belleza inmaculada de las leyes geométricas, separado del mundo y de sus luchas por el abismo que media entre la tosca realidad y los resplandores de formas y leyes ideales, con los sentidos ausentes y el espíritu reconcentrado 39 en un problema, sin oir el estrépito del asalto ni los gritos de triunfo de los soldados de Marcelo penetrando en Siracusa; sin ver al brutal romano que á él llega, y sintiendo acaso, antes roto el hilo de sus ideas en el cerebro, que en el cuerpo el golpe del sacrilego hierro., Y es tan evidente, que algo parecido á esto puede hacerse dentro de los moldes artísticos más severos, que un insigne escritor inglés, de gusto y escuela clásica, en una de sus más admiradas obras ha hecho, del fanatismo de un sabio, materia fecunda de hermosos rasgos de carácter y de dramáticas situaciones. Pero {á qué esforzarme citando ejemplos modernos, cuando apenas hay obra alguna de importancia, ni moderna ni antigua, exceptuando las puramente descriptivas, y aun sobre éstas algo habría que decir, que no sea prueba firmísima de mi aserto? No sospechaba acaso la musa homérica, que en el fondo de la Iliada se agitase toda una teogonia, ni que en los heróicos combates que relata, pudiera reflejarse la lucha histórica del Asia y de la Europa; pero no por eso dejan de servir de fondo á la sublime epopeya grandes problemas históricos y semidivinos: y es natural esta armonía entre el fondo y la forma, que nunca en marcos de miniatura cupieron los grandes lienzos, ni en cerrado y mezquino gimnasio lucharon dioses y titanes. Y el Prometeo de Esquilo ^no es, por ventura, un inmenso, üft eterno problema? Y el teatro de Eurípides ^no usa y abusa de los problemas filosóficos? Y Aristófanes {deja de crear obras artísticas por convertirlas sañudamente en armas de combate, atacando á los políticos, á los filósofos, á los poetas y á los mismos dioses con el escarnio, el insulto.y el ridículo? Y la inferioridad artística, bajo cierto concepto, de los latinos ante los griegos, ^no estriba acaso en que el fondo ha perdido la primitiva originalidad y el primitivo vigor, siendo en aquéllos, ideas maduras y aceptadas, las que en éstos, pro-José Echegaray 40 blemas del cielo y de la tierra, que se plantean por vez primera con toda la energia de la juventud? Y si en el ciclo literario de la Edad Media el carácter artistico cambia, ¿no es acaso porque donde hay creencias firmísimas y fe viva y orden social, que gira sobre ejes inquebrantables, la duda apenas cabe; y donde todo está resuelto y la vida y la muerte sujetas á programa uniforme, los problemas filosóficos, sociales ó artísticos no tienen espacio en que extenderse? Pero que la duda empiece á filtrarse en los espíritus, y to dos los grandes escritores, los que dudan como los que no dudan, propondrán cuestiones y agitarán problemas, y la literatura participará del nuevo carácter de dicha emancipación. No se propuso Cervantes, según ciertos críticos, pintar el eterno conflicto entre la realidad impura y el soñado idealis-mo; ni es de creer que sobre preconcebidos planes de profundos problemas trazase las inmortales páginas del Quijote] pero lo que él acaso no se propuso, resultó por sublimes caprichos de la inspiración; que grandes obras sin un alma grande que las inspire, no existen: lo que sí concedo es que en la generación artística, como en toda generación, lo ajeno á la voluntad entra por mucho, y que quien pone en apreturas de alumbramiento á un monte, engendra un ratoncillo, y á veces sin más pretensiones que el placer de unos instantes se engen-^ dra un genio. {Pero á qué citar ejemplos? Del Renacimiento acá ni una sola obra de primer orden deja de contener un gran problema ó de sostener determinada tesis. {No es problema La vida es sueñoi Y éste sí, que está de antemano pensado y pretendido, y con premeditación y hasta con ensañamiento; que no se detuvo Calderón en la primera tentativa, ni se dio por satisfecho hasta ver convertida en gioiva del teatro aquella profunda idea^ que sentía bregar en su cerebro. {No encierra una tesis y un problema político El Alcalde de Zalamea? 4í {No hay verdadera tesis filosófica y religiosa en La Devoción de la Cru\? Aquel Príncipe de Dinamarca, la más profunda creación de Shakspeare, ¿no es un eterno problema para los críticos? ¿Sólo se propuso, por desdicha, el gran dramaturgo inglés pintar un crimen vulgarísimo, un adulterio y una venganza, imitando punto por punto la vieja historia de los atridas, ó se propuso algo más hondo? En aquel hervidero de problemas, ¿no dice el mismo Hamlet la célebre frase de su admirable monólogo: «to be or not to be, that is te question?» ¡Ah! el incauto creador de Macbeth y del rey Lear, que se atreve á pronunciar la palabra question (ó problema, que tanto da) sin caer en la cuenta de que andando el tiempo había de sonar tal palabra á dislate ó aberración en los pulcrísimos oídos de tantos y tantos críticos, como pretenden legislar sobre bellezas y sublimidades, sin más título que su arrogancia ni más ley que su capricho. Y saltando de un extremo á otro en cuanto á gustos y tendencias, El sí de las niñas y El café^ sobre todo la primera de estas dos comedias, {no son dos tesis? {O es que también pecó el sesudo y admirable Mora tin? Aclaremos, pues, nuestro pensamiento, para evitar dudas, que no pueden tener cabida en cuestión tan concreta, ó para evitar malas inteligencias, que no podrían ser otra cosa que torcidas voluntades. Donde existan elementos estéticos de belleza, yo afirmo que existe materia propia para que el escritor ejercite sus facultades artísticas, sin que nadie tenga derecho para convertir en terreno vedado el ancho campo con que la naturaleza ó la sociedad le brindan libremente; y poco importa lo que ésta, que pudiéramos llamar primera materiaj sea ó signifique: divina ó humana; fenómeno del mundo inorgánico ó agitación social; problema metafísico ó problema político; el amor ó el divorcio, el duelo ó el afán de la ganancia; todas las pasiones y todos los conflictos, todos los crímenes y todos los sacrificios, son buenos para el arte, con tal que se encuentre escritor que los comprenda y sepa convertir José Echegaray 42 la masa primitiva de informe mármol en bellísima estatua. Y sin necesidad de que yo cite obras admirables, que son pruebas vivas y gloriosas de mi afirmación, sólo con la enumeración que precede basta para mi objeto; que quien hable del Daeto, recuerda Lances de honor y y quien sobre ganancias indignas discuta, recuerda también el Tanto por ciento; y dos nombres acuden á los labios, y en ellos se detienen, por no herir la modestia de un admirable autor dramático, y no poder herir, por desgracia, la de otro siempre llorado y admirado siempre. Pero no sólo este afán de empequeñecer asuntos y argumentos, ó de llevarlos al menos por caminos vulgares de puro recorridos, es de todo punto injusto y contrario á la tradición del arte, según dije há poco, sino que impide las naturales renovaciones y la transformación progresiva de todos los géneros literarios. El arte es eterno; sus grandes y varias tendencias son siempre las mismas; constantes son sus leyes; sus moldes cambian poco, cuando más toman algún ensanche; pero la materia^ digámoslo así, que en esos moldes se vacia, el bronce ó el mármol en que el artista crea y esculpe, esa sí que varía de uno á otro siglo, sobre todo en lo que al fondo social se refiere; porque varían las creencias, las costumbres, el espíritu que anima á cada raza, los problemas que las agitan; y hasta las mismas pasiones, si én el fondo son idénticas á las que fueron, en sus manifestaciones son diversas, pues la carne humana, estremeciéndose siempre con los mismos nervios y contrayéndose con los mismos músculos, toma distintas apariencias en el desnudo clásico ó bajo la túnica griega, que en los caprichos de la moda parisiense y en.sus velados y picantes encantos. Por eso, cuando se habla de nuevas formas y nuevos moldes como renovación del arte, yo no puedo contener una sonrisa, no diré de lástima, pero sí de duda: lo que más importa buscar en el arte, no es la renovación de la forma, sino la renovación del fondo. ¡Qué mezquina transformación en el mundo artístico la de Jos moldes, si se compara á la transformación inmensa de ideas, sentimientos, creencias, dudas y energías! Renovando las almas, se han transformado todas las literaturas, no buscando modistas ó modistos para nuevos trajes ó más pintorescos perifollos. He defendido los legítimos derechos de todas las escuelas, que todas tienen derecho indiscutible á una legalidad común, como se dice en política, para entrar más pronto ó más tarde en las grandes síntesis artísticas; pero no por eso puedo desconocer el carácter propio de nuestra época, sus dolorosas luchas, sus internas aspiraciones, sus latentes energías; y en este siglo de transformación y de duda, es lo cierto, que en el fondo de cada hecho social, como en el fondo de cada fenómeno de la naturaleza, hay un problema. Pues bien, si el siglo XIX es é siglo de las dudas y el siglo de los problemas, ^cómo hay espíritus tan preocupados y tan ajenos al propio medio social en que viven, que desconozcan esta verdad, que por doquiera se muestra, entre gritos de triunfos acá, entre conflictos y ^íPenazas más lejos? Siempre los grandes problemas sociales, en su acepción más lata comprendidos, han sido objeto del arte literario; como que el arte no ha hecho más que recoger la emoción artística que encerraban y darla forma; ¡y hoy se pretende renegar del pasado, desconociéndolo, ó esterilizar el presente, inmovilizando sus fuerzas más poderosas, y cerrar el camino al porvenir! ¡Ceguedad inconcebible, que por fortuna es tan impotente como todo linaje de ceguera: los que no ven su camino, se quedan donde están, sin más inconveniente que servir de pasajero estorbo y de tropiezo de un instante á los que caminan!. En resumen, señores, la doctrina que sostengo sólo tiene un límite, un correctivo y una sola condición puede imponérsele: que el asunto que el literato escoja, sea el que fuere, tenga jugo estético suficiente, si la frase me es permitida, para que el arte no quede en lugar secundario, cuando tratándose de obras artísticas, debe tener preferente lugar; en suma, y José Echegaray 44 valga esta otra imagen, tosca, pero exacta: que la cantera de artístico mármol valga la pena cie ser explotada. Esto por una parte, y por otra, siguiendo con ambas imágenes, que el escritor sepa extraer el jugo del problema y sepa explotar la cantera marmórea, creando algo bello y no engendrando insulsas producciones sin vida ni valor artístico. Gon lo cual doy por terminada ésta contradicción más, entre las muchas que por el campo de la crítica se revuelven, proponiendo esta conciliación que me parece fundamental. El arte debe cultivarse por el arte, la belleza debe crearse porque es belleza, sin fin utilitario; pero el artista ó el poeta ó el literato puede ejercitar su acción creadora en todos los campos y en todas las esferas, sin que nada ni nadie limite su acción más que la ley estética. Busque la emoción estética, pero sólo la emoción estética, y la obra, que la engendre donde quiera: en el cielo comò en la tierra, en las tinieblas como en la luz, en el átomo que se agita como en el corazón que sufre, en los retorcimientos de un Luzbel como en los resplandores de un Dios. Y para terminar esta serie, pasemos á un último conflicto. No ya sobre el espíritu y la esencia del arte, sobre el campo en que deba desarrollarse y sobre la atmósfera que respire, andan divididos unos y otros, sino que descendiendo á lo más concreto y tratando de las formas, que el arte ha de elegir para su perenne creación, salen al paso las opiniones más extrañas, y á mi entender, más absurdas. Valga esta, por ejemplo. El wr50,'hay quien dice, terminó su misión por los siglos de los siglos; el ritmo es afectación irresistible; la rima artificio molesto; la estrofa molde que ahoga al pensamiento, lo estruja y lo desfigura: todo el mecanismo de la versificación es forma vieja y gastada, que desaparecerá al fin, cuando una Documento III: Discurso leído ante la Real Academia Española... No hay, en verdad, como las exageraciones de una opinión estrecha y terca, ó la pasión ciega de un sectario, para vaticinar ruinas y desastres: si todo aquello cuya inmediata muerte se ha presagiado, hubiese muerto para gloria y satisfacción de fúnebres profetas, nuestro pobre globo sería un inmenso campo santo semiesférico, con largas filas de cipreses en los Alpes, el Himalaya y los Andes, interminable procesión de sauces en las riberas de todos los mares, y cinco soberbios mausoleos en los cinco puntos céntricos de las cinco partes del mundo. Felizmente, nadie se muere cuando á los demás les apetece que muera, sino cuando por ley ineludible es llegada su hora; y esto ha de sucederle á esa forma semi-divina del arte, que tiene por heroico antecesor al exámetro, que se desenvuelve ágil y vigoroso en nuestros admirables romances; que toma múltiples y ricas vestiduras, según la emoción artística lo exige, y que en sus musicales contornos, ya nobles, ya enérgicos, ya tiernos, ya retozones, siempre encierra inagotables tesoros de sobrehumanas armonías. Sostener que la forma métrica ha de desaparecer, vale tanto como empeñarse en que desaparezcan los rayos de luz, que cruzan en todas direcciones como urdimbre maravillosa del espacio. Porque, en rigor, una larga fila de armoniosos versos y un rayo de luz que en diáfana columna se prolonga, son una misma cosa, y así la razón lo comprende cuando penetra en la esencia íntima de ambos hechos. No en estilo poético, ni como imagen más ó menos galana, ni siquiera como semejanza más ó menos próxima, sino como identidad física y objetiva, tan perfecta como la ciencia exija, pueden establecerse estas analogías, que establezco, entré las bellezas de la medida y del ritmo poético y las armonías de un rayo luminoso. ^Qué es, por ejemplo, y perdonad á mis especialísimas ^^-José Echegaray clones este recuerdo, un rayo de luz polarizada? Imaginad una línea recta, compuesta de átomos etéreos, inmóviles por el mutuo equilibrio: como si dijéramos, una linea de sombra^ que en óptica, sombra é inmovilidad son una misma cosa. Suponed ahora, que una causa cualquiera, propia y adecuada al fenómeno que analizamos, ha puesto en vibración todos los puntos de esa cuerda ideal de éter. Admitid, por último, que cada átomo oscila transversalmente á uno y otro lado de su posición primitiva, ó mejor dicho, perpendicularmente á la recta que marca la dirección del rayo, y habréis convertido la línea de sombra en línea luminosa, que despertará en el nervio óptico una sensación y en el alma la idea semi-divina de la luz. Pues bien, señores; si de igual suerte que vemos el fenómeno con la inteligencia pudiéramos verlo descompuesto en sus elementos con algún otro sentido más sutil que la vista, veríamos una columna, por decirlo así, de pequeñas líneas paralelas é iguales marcadas por la vibración de los diferentes átomos, algo como el esqueleto de una columna de versos, cuya armazón también se compone de líneas paralelas y próximamente iguales, que en prolongada hilera se extienden. Tendremos, pues, dos verdaderas cintas de armonía, formadas: una, de líneas vibrantes; otra, de líneas vibrantes también: aquélla, palpitación del átomo etéreo; ésta, palpitación de una idea: fajas antes homogéneas, oscuras y silenciosas, diferenciadas después en sentido transversal por el movimiento de un punto del éter en la primera ó por el movimiento del alma del poeta en la segunda. Pero no es esto sólo; que esto no pasaría de ser una semejanza puramente geométrica entre la escritura común y la representación esquemática de un fenómeno físico. Hay esta circunstancia singularísima: que todas las líneas transversales trazadas por los diferentes átomos etéreos están descritas en el mismo tiempo; de suerte que los versos, llamémoslos así, del rayo luminoso, tienen la misma medida, son verdaderos versos de la línea de luz, son los exámetros ó los pentámetros ó los endecasílabos de la estrofa poética que va por el espacio. Documento III: Discurso leído ante la Real Academia Española.... Y, por otra parte, todos los versos de la composición poética son á su vez líneas de igual vibración, mídase ésta por pies métricos, como en la versificación clásica, ó midase por el numero de sílabas, como en la metrificación de toda la Eu~ ropa moderna. El principio es el mismo: unidad idéntica de vibración en todas las líneas transversales, ya consideremos la línea transversal de un verso, ya el espacio recorrido por el átomo vibrante de la luz polarizada. Y no es esta la única semejanza que existe entre un rayo luminoso (un rayo acústico podríamos decir también) y una composición poética. Penetrando en el fondo del espectro óptico y del fantasma poético, y valgan ambos nombres, que algo quiero decir con ellos, encontramos nuevas analogías y semejanzas, que estrechan y aproximan las leyes de ambos fenómenos, tendiendo á fundirlas en una ley superior. Si enlazásemos con el pensamiento, por una curva, los varios átomos de éter en cada instante, y pusiéramos ante la vista la trayectoria que resulta, la cual sería una sinusoide en el caso más sencillo, y que en cierto modo representa el primitivo rayo rectilíneo de sombra, elegantemente contorneado en línea serpentina, tipo en el arte de la flexibilidad y de la gracia; veríamos, repito, una periodicidad perfecta en todos sus puntos. Y á la derecha, por ejemplo, á intervalos iguales, se reproducirían las mismas curvaturas ó puntos máximos, ni más ni menos que en toda composición métrica se reproducen, con determinada ley de periodicidad, los consonantes^ y con igual periodicidad que en el rayo de luz, los asonantes del romance. Y es que la semejanza no es casual ó artificiosa; que la función que ejercen asonantes^ consonantes y puntos máximos de la vibración luminosa, es la misma:,marcar los límites de cada período; porque la luz tiene también su rima geométrica y mecánica, y en uno y en otro caso, la repetición á intervalos iguales de la misma curvatura en la curva de la sinusoide, ó la repetición de iguales sonidos en la curva simbólica José Echegaray 48 del verso, tienen el mismo objeto, á saber: marcar el principio y el fin de cada período y la reproducción de la misma unidad, que está presente con admirable constancia en toda la variedad de átomos, en toda la diversidad de puntos* del espacio y en toda la multiplicidad de ideas y de sentimientos que esmaltan la vibrante línea de la versificación. Pero no son estas las únicas semejanzas, que entre la vibración luminosa y la que pudiera llamarse vibración poética, encuentra la ciencia moderna. En cada verso y en cada estrofa hay cierta variedad de pausas, acentos, cesuras y accidentes fonéticos de todo género, que se reproducen de período en período, ó en las partes de uno mismo con mayor ó menor exactitud y que constituyen el ritmo^ concepto no bien definido en general, aunque susceptible de precisa y clara definición; pues bien, este mismo ritmo puede encontrarse al estudiar en cada período de vibración luminosa sus accidentes geométricos y mecánicos, con lo cual se estrechan y se confunden más y más ambos fenómenos, y más en evidencia se pone la unidad superior que los comprende, y de la que no son sino determinaciones particulares. Expresa, pues, la versificación este hecho importantísimo y trascendental en materias de Estética: la reproducción y repetición constante de un período, la ley de periodicidad, en una palabra; y mientras este supremo principio de la naturaleza y del espíritu no se anule, y no es fácil que esto se consiga por el mal humor de un crítico, ó por el espíritu prosaico de otro, ó por la influencia pasajera y antiartística de la moda^ ó por imitaciones serviles de allende los Pirineos, subsistirá la forma métrica para todos los casos que la reclamen como única y exclusiva, y para todos aquellos á que pueda aplicarse sin violencia. La ciencia y la tradición lo afirman á una; por algo el verso representa glorias de nuestra literatura; por algo palpita el corazón de nuestro público al oir un gallardo romance, una hermosa redondilla, el elegante ritmo de las quintillas y décimas, ó los majestuosos acentos del endecasfla-Documento III: Discurso leído ante la Real Academia Española..., ^ ^ 777 49 bo. Ley de periodicidad es el verso; y ley de periodicidad de glorias nacionales es la emoción del público ante las armonías del metro, del ritmo y de la rima. ^Y por qué, penetrando aún más en el problema, se pregunta el espíritu siempre curioso; por qué la ley de periodicidad, expresada por la medida, el ritmo y la rima, es tan fundamental en lo que pudiéramos denominar la estética de la versificación? {Qué misterio físico, metafísico ó espiritual hay enei fondo de este hecho tan vulgar y tan sencillo á primera vista? La pregunta es legítima, y la contestación no es difícil, ni mucho menos imposible, al menos á mi entender. Casi todas las teorías estéticas, desde las más idealistas hasta las que forja el más intransigente sensualismo, convienen en que la belleza del mundo exterior, ya en los objetos naturales, ya en las creaciones del arte, ya en el mundo moral, suponen estos tres elementos: variedad^ unidad y armonía entre ambas. Podrá esta fórmula ser más ó menos vaga, y estará sujeta á interpretaciones diversas, según sea la escuela estética que la proclame; pero que toda manifestación artística supone muítiplicidad de elementos, de tal modo ordenados, en tales proporciones y con tal conveniencia de unos respecto á otros, que al fin, cierta unidad de armonía brota del conjunto, y á la vez resplandece por sí y en cada elemento se determina, pero sin anularlos ni desvanecerlos, antes bien, dándoles nueva y más alta expresión en su individual existencia, para que de este modo lo particular y lo general se unan y compenetren en los maravillosos moldes del arte-paréceme teoría evidentísima, que nadie podrá rechazar, y que es último residuo y transformación racional de aquellas célebres unidades ari^stotélicas. Y bien, señores, la memoria no es más que una síntesis de la variedad, que en el seno del tiempo se desarrolla; tener memoria de tiempos y sucesos, es reducir lo múltiple de un fenomeno á la unidad de la conciencia; y quizá por eso la memoria aun de sucesos tristes encierra en su seno poesía misteriosa y José Echegaray 50 cierto linaje de belleza. Es que el ser humano ha retirado á sí y ha recogido la sucesión de los instantes, como hilo invisible que se aprieta y se reúne en un punto; y allí está, en el recuerdo, como en unidad suprema, condensada la variedad, sin que sufra menoscabo; acto prodigioso que es uno de los mayores triunfos á que puede aspirar el hombre, y quizá el más profundo problema de la metafísica. La coexistencia de lo múltiple y de lo sencillo sin anulación de aquél ni de éste; ser posible lo vario y lo permanente al mismo tiempo; no aniquilarse por una parte los individuos, cuando á todos ellos se les recoge y oprime en un centro, que esto en religión es el abismo de la nada en que cae el panteís mo, y en política el abismo de la tiranía en que caen los pueblos cuando la autoridad arbitraria lo es todo, y en el arte el abismo de lo insípido en que precipita al poeta el despotismo de las reglas; y por otra parte, no desvanecerse en la nada la unidad al desgranarse en átomos, que esto en religión es el materialismo atómico, y en política la demagogia y elnihihsmo, y en el arte la imitación pueril é insustancial de los accidentes menudos; resolverse, en suma, esta gran antinomia en algo que á la vez satisfaga á la inteligencia y al sentimiento, siempre me ha parecido empresa titánica, y siempre el asombro se ha apoderado de mí al ver cómo la memoria y la conciencia, por manera vulgar y modestísima, la resuelven de continuo desde el más humilde cerebro á la más gloriosa inteligencia * Decía, pues, y vuelvo á tomar el hilo de mis reflexiones, ó más bien en él continúo, que caracterizar con ciertos hechos instantes que pasaron, y ya diferenciada por la realidad la monotonía del tiempo, recoger todas estas diferencias en una unidad superior, si no era crear algo bello, porque esto no basta para la creación artística, era al menos realizar un principio importantísimo de la Estética. Pues esto hace precisamente la versificación. Dividiendo el tiempo en pequeñas porciones, y poniendo en cada una de ellas ya estrofas, ya versos, ya grupos fonéti-eos elementales, se diferencian las varias duraciones, se introduce la variedad en la monotonía, y en la masa uniforme de instantes todos iguales, algo que los caracteriza. Ya cada momento es, por decirlo así, un individuo inconfundible con los. restantes: lleva como un signo ó sello distintivo. Y por otra parte, dando á todos los versos ó á grupos ordenados de los mismos idéntica medida é igual ritmo; y á la vez á cada estrofa la misma estructura, ó los mismos consonantes ò asonantes, todos los elementos rítmicos quedan como marcados con la misma unidad: á todos se les recoge en la misma síntesis, constituyen en cierto modo los pliegues que han de superponerse sin destruirse, antes bien, acomodándose unos sobre otros al apretarlos en los moldes misteriosos de la memoria. En resolución, la periodicidad en el verso y las leyes que la representan, realizan el gran principio de la unidad; hacen posible lo uno, reflejándose en lo vario y dominándolo sin aniquilarlo; y representan una de las más elevadas operaciones del humano espíritu; operación que palpita en toda belleza: en la de la lu^, qué bella es á pesar de cuanto opinan en contrario distinguidos críticos; en la del sonido, qué bello es también; y en esferas más elevadas, ricas y espléndidas, en la combinación de varios colores y en las melodías y armonías musicales; y todo esto se consigue, np de otra suerte ni por otros medios, que por los que se acaban de explicar para la versificación. Por eso digo que sueñan ó deliran los que sostienen que ha llegado para la versificación el momento de su muerte; porque no puede morir lo que se funda en leyes eternas del mundo exterior y en principios inalterables de la esencia del ser humano. Mas no se vaya á suponer por esta calurosa defensa de la forma métrica, que cayendo en la exageración contraria, ambiciono para su dominio ajenos territorios ó reinos que en buen derecho no son suyos. Hermosos son los versos que lo son, gran verdad que nadie ha de negarme; pero tampoco me negará nadie, que los versos requieren asunto propio y justa José Echegaray 52 oportunidad, y que lo prosaico con vestidura poetica es caricatura insoportable, cuando no irritante profanación. Y aquí termino, porque ya estaréis ansiosos de oir la palabra prodigiosa del que es gloria viva é inmortal de nuestra España y de nuestro siglo, y siempre ha sido amigo cariñosísimo para mí. Del que me salvó valeroso en noche de tristezas y me apadrina alborozado en horas de alegría. Y aquí termino, repito, no porque la materia esté agotada, sino porque lo estará ya vuestra paciencia y aun mis fuerzas lo van estando, esta serie de opiniones contrarias, de errores antitéticos, de insostenibles empeños y de puerilidades desdichadas en que por regla general se pierde la crítica contemporánea al juzgar las obras antiguas ó modernas, ó al erigirse sin base ni sistema en crítica preceptiva para lo futuro. No es ciertamente que yo desee, por hoy al menos, la uniformidad de pareceres ni en la crítica ni en el arte: lo totalmente uniforme toma visos de monotonía y apariencias de muerte, y la multiplicidad, mientras no degenere en caótico desmenuzamiento, es signo de vida y elemento de progreso; pero la lucha es más fecunda dentro de ciertos límites y sujeta á determinados preceptos de combate, que entregada á la pasión, al capricho y al encarnizamiento. Yo creo que, aun dejando gran libertad á todas las opiniones de la crítica, como he dejado libertad amplísima á todas las escuelas en el arte, pudiera establecerse una amplia legalidad común, démosle este nombre, aceptando por buenos y definitivos un corto número de principios, que me parecen evidentísimos, y quç aun sin enunciarlos se desprenden lógicamente de los análisis, que en las anteriores páginas he procurado someter al recto juicio del ilustrado público que me escucha. No es preciso repetirlos; pero no estará de más conden-sarlos á manera de resumen en muy breves frases. Yo he sostenido, que el objeto fundamental del arte es la He sostenido igualmente, y esta es legítima compensación de lo que pueda haber de rígido en el principio anterior, que el campo en que el artista en general ó el literato en particular ejerzan su facultad creadora, no tiene límites, ^cómo ha de tenerlos?, si en todas partes el poder creador puso jugo de belleza y gérmenes de emoción estética. ¡Cuanto existe es bello aunque su belleza esté oscurecida! Desde el último gra-no de arena al astro colosal; desde el girón de sombra de la noche, al cortinaje de grana de la tarde; desde la diminuta cristalización de lo inorgánico, á la cristalización semi-divina del pensamento; desde el dolor al placer, desde el amor al odio, desde la sombra de Luzbel dibujando su pavoroso contorno en las tinieblas á lo infinito todo luminoso é inaccesible. No; la facultad creadora ni tiene límites, ni puede imponérselos la crítica. Desde la última nebulosa hasta nuestro globo; desde la piedra al hombre; desde los tiempos prehistóricos á las edades futuras; desde el cielo al infierno; vicios y virtudes; las cenagosas capas sociales ó los regios alcázares; el problema filosófico ó el problema social; la mera imitación ó el vagaroso vuelo por las regiones ideales; la realidad más tangible y tosca, como el sueño más disparatado; ya la forma musical del verso, ya la prosa más ruda y enérgica; todo es del poeta, y en todas partes puede buscar la emoción estética. Este es el derecho del artista y del literato, y para realizar tales fines, la libertad artística es la única ley posible y fecunda, siquiera el crítico imponga después el debido castigo si hay transgresión, ó proponga el debido premio de gloria y aplauso si hubo merecimientos. Sólo un crimen puede cometerei artista, uno solo: no producir emoción estética; pero este crimen no tiene perdón, siquiera la obra sea un dechado de sabiduría ó un derroche de virtudes. Todo se le permite al genio creador, y en todo es libre: José Echegaray 54 asunto, campo, personajes, medios; nada hay á que no pueda llegar; pero si no llega, toda la responsabilidad es suya. Para él son todos los derechos del código del arte; un sólo deber tiene, pero su cumplimiento es ineludible. Y no más: yo creo que menos tampoco puede pedirse á la crítica moderna sin caer en la más destructora anarquía; aunque, por otra parte, reconozco, confieso que, andando los tiempos, el espíritu crítico del hombre, aplicándose vigoroso á la misma crítica literaria, pedirá algo más. Pedirá un canon de belleza, un código de leyes pára cada género literario, una ciencia estética, en suma; que si el arte aplica preceptos, la ciencia los establece y demuestra, como varias veces he dicho. He procurado demostrar, finalmente, que en estas épocas de transformaciones es cuando más amplia, más generosa, menos terca debe ser la crítica, para no exponerse á grandes errores, contrariando sistemáticamente el desarrollo de gérmenes fecundos. El dogma literario absoluto no existe todavía, y los anatemas son por ende peligrosos. Dejemos que la Estética se vaya formando, que grandes materiales tiene acumulados, y ella llegará á ser una verda-dera ciencia, como han llegado á serlo las que lo son. Y por el mismo camino que todas, alcanzará aquellas relativas perfecciones á que puede aspirar el hombre. Primero la observación de los fenómenos estéticos^ ni más ni menos que el físico y el químico observan los fenómenos del mundo inorgánico. Experimentación inmensa de las obras de arte, que se realiza estudiando cuáles son sus efectos sobre la sensibilidad artística del ser humano: en las muchedumbres y en los cultos, en la época en que la obra de arte aparece y en siglos posteriores, en el medio ambiente que la engendró y en pueblos y razas lejanas, en su propia civilización y en otras distintas civilizaciones. ^Admira siempre Homero? {Asombra siempre Shakespeare? ^Admira y asombra y hace reir y llorar siempre el héroe de Cervantes? ^Unas obras de arte pasan, otras quedan? ¿Tal libro no logra salvar las fronteras de su patria, tal otro es universal? ¿Dos creaciones artísticas son totalmente opuestas, y ambas engendran, sin embargo, el fenómeno estético, como las dos electricidades de nombre contrario, á pesar de ser antitéticas, son electricidad? ¿Pues por qué es todo esto? Alguna razón tendrá: por algo suceden las cosas; la casualidad sólo satisface á imbéciles ó á perezosos. Y aquí empieza á desarrollarse la ciencia Estética, aunque con carácter puramente experimental; y *aqui aparece el crítico sin otra regla de juicio, que la que resulta de la observación y la experiencia. Esto gusta, agrada, admira, conmueve ó deleita al mayor número; pues sin duda algo tiene para producir tales emociones estéticas; pues en ese algo debe residir la helle\a, Y comparando bellezas experimentales y generalizando después, se establece la ley empírica. Momento importantísimo en todas las ciencias, el momento de las grandes leyes empíricas; pero no como pretenden los positivistas, último momento y coronación del edificio. Todas estas leyes empíricas hay que fundirlas después en grandes unidades; en una^ si es posible, y entonces la ciencia será ciencia. Este último momento es el de carácter metafisico ó filosófico, como antes se decía; el de las grandes hipótesis, como ahora se dice: aquél, en suma, en que la razón humana, con razón ó sin ella, que esto no lo discuto ahora, impone sus cánones al mundo exterior, y sella la experiencia rebelde con sello racional y semi-divino, y dice triunfante: yo sé lo que es la be--lle^a: la belleza es... La razón humana lo dirá cuando lo sepa; yo, como no lo sé á punto fijo, no me atrevo á decirlo. ¡Quién supiera lo que es! Lo que es, no lo sabemos por ahora con certidumbre matemática; quizá no lo sepamos nunca; pero que la belleza es algo; que existe^ que palpita en la naturaleza; y que así como la ola que llega á la playa rompe en espuma, ella al José Echegaray 56 llegar á cielos y tierra rompe en hermosuras, en luces y en colores; y que al llegar á las sociedades y á los individuos, infunde en las pasiones buenas ó malas, hermosuras de idilio ó hermosuras de tragedia, bañándolas ya con las alegres claridades del amanecer, ya con los rojizos ó cárdenos resplandores de la tempestad; y que al llegar al cerebro humano, tanteando por las muchedumbres cráneos de ingrata piedra y cráneos de plasticidad artística, como tantea la lava de volcán resistencias y durezas de la costra sólida de la tierra para brotar en hirvientes ríos y penachos de fuego, cuando encuentra el cerebro del hombre de genio, por él brota como por sublime cráter en mármoles y bronces modelados, en lienzos encendidos de pintores, en cantos de poetas y creaciones mil, graciosas, bellas ó sublimes; y que al llegar al mártir toma palabra humana, y dice entre dolores: creo; y que al llegar al héroe, dice entre sangrientas victorias: muero; y que al llegar al sabio, dice espantando dudas: sé; y que al llegar al corazón, dice besando ideales: amo; y que al llegar á todas las juventudes, dice con todas las alegrías de la mañana: vivo; y que al llegar al borde de todos los sepulcros, dice al caer en medio de fantástica ronda de tristezas y esperanzas: espero; y que todo esto lo realiza en la naturaleza, y en la sociedad, y en el hombre... ¡ah! que la belleza hace todo esto, nadie puede negarlo sin negar su propio ser y sin hundirse en la nada, y ni aun hundiéndose en ella: que la belleza suprema fué á llenar los negros abismos de silencio y negrura del caos con las divinas palpitaciones de la creación. Yo no sabré explicar todo lo que he pretendido explicar, bien lo habréis conocido; pero ya que obtuve vuestra paciencia, merezca vuestro perdón; porque de buenas intenciones está sembrado mi discurso modestísimo, que en el fondo puede condensarse en estas breves frases: creo en la belleza, como creo en la verdad, como creo en el bien. Y como creo en el bien, para que no deje de creer en él ni un solo instante, en acto para mí tan solemne, ¡ah, señoñores!... no me tratéis mal.
del debate sobre el proyecto de circulación fiduciaria» El Sr. ECHEGARAY: «Señores Senadores, no pensaba, no creía necesario tomar parte en este debate; pero la alusión bondadosa por todo extremo del Sr. Allendesalazar, alusión cuyos términos cariñosos agradezco en el alma, me obliga a molestar al Senado, aunque será por breves momentos, que más no consiente el mal estado de mi salud. Hace ya mucho tiempo, hace ya muchos años, quizá treinta, que he abandonado por completo la política, que -no he tenido la honra de dirigir mi palabra a ningún Parlamento, y, por consiguiente, en este instante me encuentro verdaderamente conmovido: siento algo muy parecidoai miedo, y hoy que parece que todo se va orientando, yo me siento completamente desorientado. Es una desgracia, señores senadores; yo soy en este momento una especie de joven de setenta años que viene a hacer ante vosotros sus primeras armas. Ya lo he dicho; no pensaba tomar parte en esta discusión. Sin embargo, si hubiera prosperado, si hubiese venido a este Cuerpo el proyecto del Sr. Urzaiz, entonces, sí, entonces me habría visto obligado por deberes de conciencia, y por otros deberes que indicaré luego, a tomar una parte activa, muy activa, en la discusión, porque en aquel proyecto, que yo res-785 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://arbor.revistas.csic.es José Echegaray peto, había dos problemas que, desde mi punto de vista, considero gravísimos. Primero, la desaparición del Banco de emisión, que se convertiría en Banco de deposito, o, por lo menos, ésta era la tendencia. En segundo lugar, la emisión desaparecería como facultad del Banco; se aproximaba, por decirlo así, al Gobierno; de modo que, transcurriendo cierto tiempo y surgiendo acontecimientos que nadie puede prever, habría, en mi sentido, el peligro de que la emisión se convirtiera en una verdadera función de Gobierno. Era esto para mi un peligro, y si hubiera venido ese proyecto, yo habría tenido la honra de discutirlo con su ilustre autor, cuyo talento, cuya competencia, cuya rectitud y cuya energía me complazco en reconocer; pero lo hubiera discutido a fondo, porque en estas cuestiones, realmente, nadie puede erigirse en pontífice; son cuestiones muy delicadas, son cuestiones muy difíciles, que aun las eminencias del Extranjero, no todas, consideran de la misma manera, y, por tanto, cada uno puede tener su opinión respetando la de los demás. Yo hubiera tenido honra y placer en discutir este grave problema, desde mi punto de vista modesto, con el señor Urzaiz, a quien respeto mucho, aunque en esta materia tenga el sentimiento de no compartir sus opiniones. Pero éste no es el caso; aquel proyecto ha desaparecido y sobre él nada tengo que decir. El nuevo proyecto, el que ahora se discute, parte de otro punto de vista. El actual ministro de Hacienda (y merece por eso, en mi concepto, alabanzas) sostiene al Banco de España como Banco de emisión y sostiene la emisión como facultad del Banco. En estos dos puntos de vista yo aplaudo sinceramente al señor ministro de Hacienda, estoy a su lado y, por tanto, nada tengo que decir sobre ello. En cuanto al resto del proyecto tampoco tengo nada que decir, porque es un proyecto de transacción. Se han reunido diferentes fuerzas parlamentarias, puede decirse que diferentes fuerzas económicas del país, y han venido a una transacción. Por tanto, seria en mí, dada mi modestia, una verdadera impertinencia venir a perturbar a última hora, cuando quizá faltan ya pocas para la aprobación del proyecto, esta armonía, y, por consiguiente, nada he de agregar a lo dicho. Ahora bien: si del proyecto que ha desaparecido nada puedo decir porque ha desaparecido, y si del que ahora se discute nada puedo decir tampoco por las razones que he indicado, y además porque había de hablar en pro o en contra, y si habría de hablar en pro no podría hacer más que repetir malamente los hermosos y elocuentes discursos que se han pronunciado desde estos bancos, y a su vez por el señor ministro de Hacienda, y si fuera a atacar el proyecto no podría hacer un análisis y una cri- Documento IV: Diario de las Sesiones de Cortes Senado... tica más profunda que la que han hecho los señores que están enfrente de mí, crítica y análisis que, realmente, merecen elogio de parte de todos aquellos que profesan las mismas ideas, por los términos profundos, a veces severos, pero siempre enérgicos y siempre dentro de la doctrina con que los han sustentado; si, en suma, no he de alabar el proyecto, ni he de discutirlo, ni he de ocuparme de él, y si, por otra parte, no he de estudiar el proyecto que ha desaparecido, resulta que en este instante debería terminar mi discurso, dado que estas palabras merezcan el nombre de discurso, lo cual sería seguramente lo mejor para vosotros y para mí; pero tengo que cumplir un deber excepcional. Yo tuve la honra de ser el que fundó el Banco de Espana, y lo diré francamente: yo voy siempre de frente, con la visera levantada; no me asusta nada; yo vengo aquí a defender resueltamente al Banco de España de los ataques que se le han dirigido, no en este sitio, no en el Parlamento, sino fuera de aquí, en otras atmósferas, por otras gentes. Ya sé que esto no es popular; a mí la popularidad me agrada, a mí me agrada mucho el aplauso, ¡como que vivo de él (Muestras de aprobación) Si no fuera por el aplauso, ¿qué seria yo? (Muy bien, muy bien.) Pero la impopularidad no me aterra. Cuando necesito y debo arrostrarla, procuro convencerla con razones, como haré hoy, y si no la convenzo, tanto peor: volveré la espalda, no con desdén, pero si con tristeza, llevando mi pensamiento y mi razón, mi modesta razón, pero míos, y mi conciencia, mía también. (Aprobación) Esta cuestión, ya lo dijo ayer elocuentemente, creo que el Sr. Allendesalazar, este problema de la circulación fiduciaria y del Banco de España ha venido de una manera irregular y al mismo tiempo de una maniera espontánea. Antes de que esta cuestión naciese en la esfera del Gobierno, antes de que viniera a las esferas parlamentarias, ya esta cuestión, por ahí, por afuera, por el ambiente general, estaba resuelta y prejuzgada, y lo estaba de una manera muy sencilla, como resuelve estas cuestiones la opinión pública: acertando unas veces, equivocándose otras, pero siempre con gran energía de expresión. Decía la opinión pública: «Hay exceso de circulación fiduciaria y por esa razón han subido los precios de todas las cosas y por esa razón han subido los cambios; primera afirmación. Segunda afirmación: «El culpable, el verdadero culpable de todo esto es el Banco de España». Y-así se establecía una especie de divorcio funesto, verdaderamente funesto, entre cierta masa de opinión y el primero de nuestros Establecimientos de crédito, una de las fuerzas financieras más poderosas,: la fuerza financiera más potente de España. Este divorcio es un hecho, y yo, en este modesto discurso, a lo que tiendo únicamente es a demostrar que los cargos principales que se han dirigido contra el Banco, a mi entender, son injustos; a ver si de esta manera alguien se convence de esto, que creo una verdad. Con que sólo gane una conciencia, una razón, una inteligencia, para ir restableciendo poco a poco esta armonía, me daré por muy satisfecho. No puedo aspirar a más; pero, por poco que sea, con ese poco que consiga me daré por satisfecho, y por esta razón he de analizar todos estos cargos uno por uno. Entre la opinión que por fuera de aquí hay contra el Banco de España yo distingo dos partes, porque es justo distinguirlas; hay muchas personas que por razón, por convencimiento, por sus estudios, por sus conocimientos técnicos podrán ser enemigos del Banco de España, porque no creerán conveniente ni justa su organización. Están en su derecho; yo respeto todas las opiniones; pero, no hay que ocultarlo: es un hecho que salta a la vista, que fuera de aquí hay una corriente de enemiga y de hostilidad contra el Banco de España, que no se razona, sino que es una especie de odio contra las grandes entidades, contra todas las sociedades poderosas. Se odia al Banco de España como se odia a las Sociedades de Tranvías, a las Sociedades de Ferrocarriles, como se odia a todas las sociedades que tienen importancia extraordinaria. Y esto ocurre, no en los obreros, no en la clase humilde sino en la que yo me atrevería a decir, en lo que yo me atrevería a llamar la burguesía socialista, que es la peor de todas. Yo, señores, no he sido nunca socialista; he sido siempre individualista armónico de cierta manera, no es del caso explicarlo ahora; soy muy viejo ya para cambiar de opinión; pero, sin embargo, ante el socialismo del obrero, ante el socialismo del dolor y de la miseria, ante ese socialismo, yo siento que mis rudas entrañas de individualista impenitente se ablandan y conmueven, y cederé todo cuanto humanamente pueda cederse; pero ante el socialismo venenoso de ciertos burgueses que miran la ajena riqueza con envidia, no por el hambre, no por la miseria, ni por dolor, sino por la envidia, con ojos en que se pinta quizá el amarillo del oro que codician, ante esa burguesía yo no siento más que enemiga, hostilidad y afán de fustigarla. Y ahora vamos a analizar los principales problemas que palpitan en este proyecto de ley, porque al lado de cada uno de estos problemas está una acusación contra el Banco de España y es necesario rechazarla. No hay que defender al Banco de España por pasión ni por cariño, sino por justicia. Después de todo, si alguien tiene derecho para defenderle por cariño soy yo, porque, al fin y al cabo, soy su fundador; le tengo cariño de Documento IV: Diario de las Sesiones de Cortes Senado.. padre para hijo, ternura que algunos encontrarán excesiva, pero que yo encuentro muy natural. Dicho esto, paso a examinar los diversos problemas relativos al Banco de España. 1.° Exceso de circulación fiduciaria. ¿Hay exceso de circulación fiduciaria? Este es un problema muy grave, un problema técnico que no puede resolverse de buenas a primeras. No basta ver la cifra y decir: mil seiscientos millones: pues hay exceso. Yo no lo sé; me reconozco con poca competencia para averiguar por una cifra si hay exceso o no. Puede ser que lo haya, pero esto requiere un estudio profundo, una gran información en que todas las autoridades en la materia tomen parte, en que se depuren los hechos, en que se haga algo de lo que hizo, en un discurso muy hermoso que oí yo en el Parlamento, el Sr. Osma, que es estudiar fríamente esa cuestión, tranquilamente, reposadamente, con números y estadísticas, y esto no podemos hacerlo ahora, aunque es la única manera de hacerlo. Pero ¿existe o no ese exceso de circulación fiduciaria? Si existe será del instrumento de cambio, no precisamente del billete. Supongamos que en un momento dado, por acción prodigiosa, se retirasen todos los billetes y en su lugar se lanzara al mercado plata en la misma cantidad que la representada por los billetes. Yo creo que no. Los precios, los cambios, todo seguiría lo mismo. Porque el billete de Banco no está depreciado, porque el billete de Banco vale tanto como la plata, porque en todas partes se cambia sin pérdida el billete de Banco por la plata. Luego el mal no está precisamente en el billete de Banco; será más hondo, será más profundo, estará en nuestro sistema monetario, estará en otra cosa, pero no precisamente en el billete de Banco. Por eso digo que si hay exceso será en el instrumento de cambio, no en la forma que está representado por el billete de Banco. Claro es que yo no puedo ahondar en estos problemas; no puedo hacer otra cosa que irlos tocando ligeramente. Y pasemos ahora del problema técnico a la acusación contra el Banco, porque a cada problema de éstos corresponde en el espíritu de las gentes fuera de aquí una acusación contra el Banco de España. Se dice: «Pero ese exceso de billetes, ese exceso de circulación fiduciaria, al Banco se debe. Yo declaro humilde y modestamente que no lo comprendo. Se figura la gente que se debe no sé a qué clase de operaciones que consiste en arrojar billetes, billetes y billetes a cambio de ganancias, ganancias y ganancias. ¿Dónde están esas operaciones? Cuando sale un billete del Banco no sale por capricho; sale por algo, por algún mo-tivo, por alguna operación, y lo que hay que hacer es analizar esa operación. No analizaré más que dos, porque sería cosa interminable analizar todas las operaciones de nuestro primer Establecimiento de crédito. Salen del Banco billetes para el descuento y cambio de letras. ¡Pero si esto es un bien! ¡Si precisamente de que esto no se lleve a mayores límites y a más amplios aumentos es de lo que se queja el comercio! Y sobre todo, esto no depende de la voluntad del Banco. ¡Ojalá hubiera más billetes y mayores descuentos, porque eso indicaría mayor movimiento, mayor riqueza y mayor vitalidad en el mercado público! Hay otra operación que es más grave: la de los anticipos al Tesoro; las relaciones del Banco con el Tesoro. ¿Quién no quiere ponerle correctivo? ¿Quién sostiene ni puede sostener que un Banco de emisión ha de ser un prestamista del Tesoro? Pero ¿constituye esto una verdadera acusación contra el Banco? Pues qué, un Banco creado por el Gobierno, ¿puede abandonarle nunca en los instantes de supremos conflictos? ¿Le ha podido abandonar en la guerra? ¿Le ha podido abandonar en un empréstito? ¿Le ha podido abandonar en un déficit? No; el Banco no ha tenido otro recurso que ayudar al Gobierno; ha cumplido un deber. Se dice que resista, que resista; pero quisiera saber lo que hubiera dicho el público si el Banco hubiera resistido y no hubiese facilitado recursos al Tesoro en momentos supremos. De manera que el Banco, sí, habrá lanzado una masa grande de billetes, pero ha sido por efecto de nuestras desgracias. Yo no acuso tampoco a los Gobiernos, porque yo siento una gran ternura por todos los Gobiernos desde que no lo soy. Yo, en el fondo de mi alma, soy ministerial de todos los Ministerios, y cuando un ministro (porque yo sé lo que he sufrido dentro del Ministerio) hace algo bueno, me admiro, me asombro y digo: ¿Cómo ha podido hacer cosa tan buena? ¡Qué mérito tan grande tiene! Si hace algo malo exclamo: ¡Qué infamia; le habrán obligado a hacerlo!; y cuando hay una crisis siento un profundo dolor y digo: ¡Qué lástima que se vaya un Ministerio tan excelente!; pero me consuelo pensando que el que después venga, según mi doctrina, ha de ser todavía mucho mejor. De suerte que yo me declaro ministerial de todos los Ministerios, de aquí hasta que se me acabe la vida, con el propósito de no ser ministro nunca, porque entonces tendría que dejar de ser ministerial. Y volvamos a nuestra discusión. De manera que si el exceso de circulación fiduciaria existe y realmente debe corregirse, hay que reconocer que la culpa no es del Banco; será de nuestras desgracias, de nuestras miserias, de nuestras luchas, de nuestras fatalidades, pero no del Banco. Yo creo lealmente que no se le puede acusar por este motivo. Pero se dice una cosa que voy a tocar ahora; es un punto muy delicado y puedo tocarlo, porque yo no he tenido relación de ningún género con el Banco, ni he sido Consejero, ni lo soy, ni he tenido más relación con él que haberlo fundado, y teniendo fe en la robustez del hijo, haberlo abandonado a su suerte; el caso es que realmente ha resultado robusto. Voy, digo, al punto más delicado, al más difícil de defender, no porque no pueda defenderse, sino por ciertas preocupaciones que se sienten, que palpitan por ahí. No me refiero a vosotros, aunque os estoy dirigiendo la palabra; me dirijo y hablo para ver si convenzo a alguien de fuera. "Se dice: «Sí; el Banco no tenía más recurso que conceder su apoyo a todos los Gobiernos; pero es que también le convenía porque ganaba, porque ganaba mucho. Pues bien: vamos a analizar esto franca y lealmente, que en este mundo todo debe tratarse con franqueza y lealtad. Vamos a analizarlo también con calma. Yo os presento un ejemplo. Supongamos que se reúnen unos cuantos banqueros, unos cuantos capitalistas, que van a emprender una empresa difícil, arriesgada, una empresa de la que puede resultar la ruina o el enriquecimiento;, puede ganarse mucho, pero puede perderse todo; por ejemplo, una empresa de minas o una empresa de maravillosos inventos de electricidad. Al fin se reúnen los capitales necesarios; ese capital lo representan por acciones y escriben en cada acción, por ejemplo, quinientas pesetas, que es el título que demuestra que el poseedor tiene parte en aquel capital. ¿Por giré se ha de tener odio contra las ganancias, si la ganancia representa un progreso general? Las ganancias bien ganadas son buenas y a fuerza de grandes ganancias ha progresado la humanidad. Si la humanidad no hubiera ganado más que el 1 ó el 1 72 por 100, o hubiera tenido constantes pérdidas, nos hallaríamos aún en el estado de barbarie. De manera que no hay que tener odio a las ganancias, cuando son legitimas y honradas. Pues bien: esa empresa gana el 24 ó el 26 por 100, y los fundadores de la empresa, los que han corrido el riesgo, los que realizaron aquella ganancia, los que tienen en la empresa como factor importantísimo una prima de seguro, porque las empresas no pueden existir sin primas de seguro, esos dicen: ya hemos trabajado bastante, nos retiramos a descansar; y cambian y venden sus acciones. Aquellas acciones las venden a do-ble valor, a triple valor, a un valor cinco veces mayor del valor nominal. Obtienen una ganancia, pero ganancia, legitima, honrada, la de la creación de una empresa útil, la que representa un progresó, la que a la vez representa el riesgo que han corrido, y el que lo compra en el mercado ya lo compra a la nivelación general del interés, al 4 72 ó 5 72. Porque, fijaos, señores senadores, aunque el papel dice quinientas pesetas, a él no le han costado quinientas, sino mil, o dos mil, o tres mil pesetas; de modo que ese comprador en último análisis, va a ganar sólo el 4 ó 5 por 100. Si esto hacen la mayor parte de los fundadores de la empresa o gran parte de ellos, resulta que vienen a constituir una nueva Sociedad multitud de accionistas, que serán todo lo que se quieta como torpes e imprevisores, a los que se les podrá decir: ¿por qué os habéis arriesgado a comprar un título o acción que dice 1 por 5? ¿Por qué habéis comprometido de esa manera vuestro capital? Pues esto ha sucedido con el Banco de España. Entonces no podía fundarle sólo por un acto de mi voluntad, por un fíat lux; yo tuve que entrar con el Banco, mejor dicho, con los Bancos, en tratos, en convenios y en conferencias que duraron un mes, que duraron dos meses, porque yo quería tener a todo trance un instrumento poderoso de progreso para la industria y también, ¿por qué ocultarlo?, quería en aquellos momentos un arma poderosa de guerra. Yo la necesitaba a todo trance; yo necesitaba quien me pudiera prestar y al prestarme no me humillara, no me avergonzara, no me comprometiera, no arrastrase el crédito del Tesoro por el arroyo, y por eso creé yo el Banco de España. Tuve, repito, conferencias muy largas durante muchos meses con todos los Consejeros, y además con los Consejeros de los Bancos provinciales. Se ha dicho que yo sustituí a la libertad de los Bancos el Banco privilegiado. No es cierto; no existía esa libertad; existía libertad de asociación, mercantil e industrial; pero los Bancos se regían por una legislación especial; había Bancos regionales privilegiados en algunas regiones o provincias, y lo que hice fué entenderme con todos ellos, discutí con todos ellos, y no mandé el decreto a Somorrostro hasta estar seguro del éxito. Estas no son censuras, es decir lo que hice en aquellas circunstancias, y tampoco hubiera podido hacer otra cosa. Tras estas conferencias con los representantes de los diversos Bancos, todos se convinieron, exceptuando dos que creyeron de su derecho y de su conveniencia mantener su autonomía, v se portaron, sin embargo, noblemente, yo lo reconozco, porque no me crearon ninguna dificultad seria. Cuando yo llevé el proyecto al ilustre duque de la Torre para la firma, tenía la seguridad ab- soluta de que el Banco de España estaba creado, porque todo aquello lo había convenido con los Consejeros del Banco de España y con los Consejeros de todos los demás Bancos, y todos habían entrado voluntariamente en el concierto, menos dos; de modo que, en efecto, no hubo después dificultad de ningún género. Ahora bien: esto, ¿era muy seguro para aquellos capitalistas, para los que se arriesgaron en aquella ocasión a crear el Banco de España? ¿Era esto una operación firme? Es necesario recordar cuál era el estado de España entonces: era una guerra sangrienta; al pie de Somorrostro se jugaba la vida el ilustre duque de la Torre; y yo, entretanto, modestamente, me jugaba, si no la vida, algo más, en el Ministerio de Hacienda. Y bien, si hubiera triunfado (supongámoslo, porque en los azares de la Historia todo puede ocurrir), si por breves días, por algunos meses, transitoriamente, hubiera triunfado la causa rebelde, ¿qué hubiera sido de aquellos capitales que el Banco de España había prestado al Gobierno liberal? "Hay más: no solamente corrieron esos riesgos, sino otro aún, que riesgo era también. Aquel Gobierno era un Gobierno irregular, yo legislaba realmente dando aquel decreto, y aquel decreto debía haberse presentado a las Cortes, pero no existían Cortes, y había esta duda, y debían tener este recelo aquellos Consejeros y todas las personas que crearon el Banco de España: este precepto, este decreto, cuando se reúnan las Cortes, ¿se va a aprobar? Esto era dudoso; se aprobó; las Cortes de la Regencia obraron con patriotismo y aprobaron aquel decreto; pero la duda era una contingencia grave, y mientras no hubiera recibido sanción, aquel decreto estaba en el aire, y todos los capitales allí acumulados estaban verdaderamente comprometidos. De suerte, que tal empresa es de aquellas de que antes se hablaba, que presentan grandes riesgos, grandes compromisos; luego prosperan, se ve la prosperidad; pero no se'ha visto la lucha que ha habido que entablar para llegar al triunfo. Y después, en treinta años de plazo, ¿qué ha sucedido a las acciones del Banco? A una gran parte, acaso a la mayor parte de ellas, les ha sucedido lo que yo decía antes, que se han renovado, se han vendido, que han recogido los fundadores la prima del riesgo y el premio del beneficio que realizaron lanzando sus capitales para crear el Banco de España. Pero vienen después los nuevos accionistas. Pues si el Banco de España tiene, si no recuerdo mal, trescientas mil acciones, y en el espacio de doce años se han vendido y comprado cerca de cuatrocientas mil acciones, ¿hasta qué punto no se habrán divido y transformado los capita-les primitivos? Es posible, es seguro, que los nuevos accionistas del Banco de España no ganan más que el 4 Vg, o, a lo más, el 5 por 100. ¿Puede acusarse de codicia a una persona modesta, que ha ahorrado, pongo por caso, diez mil reales y que pregunta: «¿Dónde los coloco que me den un interés no grande, pero seguro?» ¿Puede acusársele de codicia por seguir el consejo de personas inteligentes, que le contesten: «Pues en acciones del Banco de España; compre usted una acción; no tendrá usted más que el 4 por 100, pero es cosa segura,? Antes sí era cosa segura el Banco de España, era muy seguro, era un establecimiento muy firme, tenía cimientos sólidos, pero en España nos damos tal mana todos por afán de lo mejor, que, seguramente, al Banco, si no le hemos arruinado, si no le hemos quebrantado, por lo menos hemos conseguido que se bambolee. Creo que le estoy defendiendo como un padre defendería a su hijo. Viene la segunda cuestión: la del Banco de emisión. Se supone que el Banco de España se ha apoderado de un pedazo de la soberanía nacional, al conservar el poder de emitir billetes, y se'dice: «La soberanía se extiende a la moneda; el Banco de España se ha apoderado de esa soberanía.» No; esto es un error. El Sr. Urzaiz con su proyecto pudo decir esto. Porque si el Banco es Banco de depósito, si se lleva oro al Banco y se da un billete por ese oro, el billete no será la moneda, pero, en fin, verdaderamente representa la moneda, es un certificado de que hay una moneda depositada; de modo que, dada la idea del Sr. Urzáiz, la facultad de la emisión de los billetes es casi como la soberanía sobre la moneda. Pero en un Banco de emisión, no; un Banco de emisión es cosa completamente distinta. Siento entrar en explicaciones que todos vosotros sabéis, y que ya ha dado en la otra Cámara, en magnífico discurso, el Sr. Azcárate, explicando lo que era el Banco de emisión. Pues yo voy a decir ahora algo sobre esto. Señores senadores: Si en un momento dado pudiera hacerse un cuadro, y en una columna poner todos los cambios, todas las transacciones y todas las operaciones, y a cada una de estas operaciones ponerle un número, su valor, su precio, y en otra columna se inscribieran todas las monedas que existen en el país, se vería desde luego el desequilibrio enorme entre las dos cifras: la de las transacciones seria muy superior a la cifra de la moneda, únicamente no sucede esto en un país, en un pueblo, en una región pequeña, atrasada; pero cuando el movimiento mercantil, el movimiento industrial, la vida, la savia, la sangre circula, entonces rebosan las operaciones sobre la moneda, y es necesario, ya que no moneda, un instrumento que sirva para todas estas operaciones. De modo que el bello ideal (claro que esto no es más que una especie de fantasía), el bello ideal sería movilizar todas las riquezas, las casas, los campos, las fábricas; todo eso movilizarlo, representarlo por billetes; que todo eso circulase, que entrase en la actividad, en la producción; y esto, que sería el más bello ideal, se ha realizado en la práctica, y en más modestos límites, por medio de los pagarés, de las letras y de los efectos de comercio. Pero esos efectos no tienen condiciones para las transacciones generales, y es necesario darles unidad, es necesario darles seguridad, y, además, hacerles divisibles; y para eso se han fundado precisamente los Bancos de emisión. Al Banco de emisión acuden todos esos efectos; acude una letra, un pagaré, y es como si le dijeran al Banco: «Yo no sirvo para la. circulación; cambíame por algo que sirva, que sustituya a la moneda., Y entonces el Banco da un billete que tiene todas las condiciones necesarias para sustituir la moneda; pero que no es moneda, es promesa, es un instrumento de crédito, aunque sustituye a la moneda. Esto hace el Banco de emisión. Sucede una cosa parecida..., permitidme un ejemplo de la ingeniería, ya que me tratáis con tanta benevolencia y me oís con tanta paciencia. El Banco de emisión, en el fondo, no es otra cosa que una de las invenciones más maravillosas de la electricidad: la dínamo. ¿Qué hace la dinamo.'^ Recoge fuerzas diversas, le importan poco cuáles sean; recoge las fuerzas de una catarata, la fuerza solar, la de las mareas, la del vapor, la de la explosión del gas, fuerzas diversas, las recoge, y la dínamo las convierte en una sola cosa, en electricidad, en corriente eléctrica; las da unidad, las unifica, lo mismo que el Banco recoge todos los efectos comerciales, tos unifica y los convierte en moneda. Y así como la corriente eléctrica, unificando todas aquellas energías, corre por todas partes y se extiende sin dificultad, así el billete de Banco ha podido triunfar por toda España y resistir: pues es el único que ha podido resistir inquebrantable, sin pérdidas, sin humillarse en lo más mínimo, en nada; ha podido resistir nuestra gran catástrofe. Por eso, sin duda, el digno presidente de la Comisión entonaba un cántico muy elocuente y muy justo al billete de Banco. He dicho que el billete de Banco no es moneda; es un efecto, una transformación del efecto comercial, y eso no cae, no puede caer dentro de la soberanía del Estado; cae dentro de las leyes generales de toda jurisdicción. El Estado podrá regularizar, podrá poner límites, como se ponen en este proyecto, y en eso merece elogios el ministro de Hacienda, que conserva al billete de cambio lo que se debe conservar en él, y el poder de la emisión lo reserva para quien debe tener ese poder, que es el Banco. Y por último, aun cuando me encuentro algo fatigado y comprendo que vosotros también lo estaréis (Varios señores senadores: No, no.), voy a la última cuestión, a la cuestión del cambio, que no voy a resolver; para eso está el proyecto, y además, ¡a buena horas Cuestión muy compleja y también muy difícil, en ^la que nos encontramos con verdaderas eminencias que opinan de un modo y con otras eminencias que opinan de modo distinto. Es que el cambio no depende de un solo factor; depende de muchos; principalmente de dos. No se puede negar la existencia de esos dos factores en el cambio internacional, a saber: la importación y la exportación; no la exportación y la importación comercial, no la balanza mercantil, sino una balanza más amplia, más general, la balanza del cambio internacional, o como quiera llamarse; como decía el señor marqués de Aguilar de Campóo, lo que debemos o lo que se nos debe. Pues bien: esa balanza general no tiene más remedio que influir en los cambios, y esto lo demostraría teóricamente y prácticamente, pero sería muy molesto entrar en detalles demasiado técnicos. Influye también la naturaleza de la moneda, ¿quién lo duda? Y su abundancia o escasez, ¿quién lo ha negado? Y la intensidad de la producción, y el crédito general, y el presupuesto, y hasta la política. Y yo digo: ¿Se puede simplificar el problema de tal manera que se reduzca a dos columnas, y en la una se diga: « emisión, tantos y tantos millones, y enfrente, en otra: «el cambio al 20, 25, 30, 35 ó 40 por 100», y teniendo esa tabla, se podrá resolver el problema con sólo decir: subamos por la primera columna hasta llegar a una emisión determinada, y allí, viendo el cambio que hay enfrente, ése será el que vamos a obtener? Esto es un error profundo; no puede sostenerse de ninguna manera, pues cada uno de esos elementos depende de otras circunstancias, puesto que al llegar a la casilla de emisión nos encontraremos con que no son las mismas circunstancias al subir -que al bajar. Esto no puede sostenerse; pero de todas maneras, es un problema sobre el cual hay algo que hacer. Algo se procura en el proyecto, y yo le deseo toda clase de prosperidades, pero no vengo ni a corregirlo ni a lanzar nuevas soluciones. Y no insisto más en este punto porque estoy bastante fatigado. Concluyo diciendo que yo deseo, sobre todo -y si por arte de magia pudiera conseguirlo la emplearía con tal de que fuera la magia blanca-que se realice esa concordia entre los tres elementos que se necesitan para la prosperidad de toda empresa: el público, a quien hay que respetar y con quien hay que contar, porque si bien tiene sus errores tiene sus intuiciones y sus grandezas; el Estado o el Gobierno; y en esta cuestión de que tratamos, el Banco, que es potencia financiera, a la cual es nece- sario respetar, porque si se arruina lo poco grande que tenemos, ¿qué nos va a quedar? Hay que procurar esa armonía con el público; tengo confianza en el Banco, que así como hizo en otras ocasiones, así ha de hacerlo ahora. Yo deseo que el proyecto se realice, y confío en que el señor ministro de Hacienda, con su talento, con su competencia, con su gran deseo, realizará toda clase de esfuerzos para conseguir ese concierto y de esta manera seguirá el Banco con la fuerza poderosa que ha tenido, que le ha permitido resistir a todas las catástrofes; porque el Banco es un gran elemento, una gran máquina de paz; pero es también un gran elemento que ha demostrado su temple como máquina de guerra, y si me lo permitierais compararía al Banco de España con un arado que fecunda la tierra y que hace producir todos los elementos necesarios para la vida, pero que en momentos críticos puede ser también el cañón de guerra que sostenga la vida y la honra de la Nación. (Muy bien, muy bien). El Banco es ahora, debe ser ahora, señores senadores, el arado que trabaja, el que fecunda las relaciones comerciales, porque esto es la paz, es la vida, es el porvenir, es lo único que hace grande a la humanidad; pero no obremos con precipitación, que los horizontes pudieran estar cerrados; no desmontemos la máquina de guerra, por si llegara alguna ocasión crítica, que no es este el momento de cometer imprudencias.»
mayor honra el haber recibido este nombramiento por iniciativa y propuesta de su preclaro Rector, varón insigne de noble inteligencia y profundo saber, y del ilustre Claustro de profesores, en que tanto brilla la Ciencia española, y en el que, si se reproducen las glorias de lo pasado, se cifran las esperanzas del porvenir, alimentadas por una juventud inteligente y entusiasta. Y como si tales honras no bastasen para abrumar mi modestia, aún he recibido otra más, la de ser designado por mis compañeros para escribir este discurso de inauguración. Mi gratitud por tantas mercedes no encuentro manera de encarecerla; porque hay sentimientos tan hondos, que mal se expresan por la palabra, ni mucho menos con los artificios de la Retórica. Así, prescindiendo de todo linaje de encarecimientos, voy á entrar en materia desde luego, que todo tiempo se me hace interminable para empezará cumplir los deberes, que el nuevo cargo me impone. Mas antes de cumplir estos deberes, he de cumplir otros ineludibles, pero tristes, consagrando un recuerdo de veneración y de respeto á la memoria de los ilustres catedráticos de esta Universidad Central, que dejaron de existir durante el curso anterior, tras una vida 799 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://arbor.revistas.csic.es (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://arbor.revistas.csic.es que, en rigor, muchas veces lo he dicho ya en mi modesta pero larga carrera. El ñmdamento de toda Ciencia, estriba en el método experimental, ó si éste no es posible, en el método de observación, y en último caso, en la combinación de ambos: esto es indudable. Y hubiera seguido de éste modo. Para conocer la Naturaleza, es preciso ir á ella, tocarla, pulsar sus latidos, mirarla de cerca, hacerla trabajar ante nuestra vista y entre nuestras manos, ñmdir nuestro pensamiento con la realidad, mirar lo infinitamente grande con telescopios, con microscopios lo infinitamente pequeño, hacer la vivisección de los fenómenos, si la palabra es permitida, recoger las palpitaciones más íntimas del mundo de la materia, llegar á la misma vibración de la luz, al mismo efluvio del calor, al mismo torrente de la electricidad, al mismo átomo de la Química en sus revoluciones archimicroscópicas, en suma, como antes afirmaba, llevar nuestro pensamiento al seno de los fenómenos para que en ellos se impregne de realidad. Que la verdad, sólo de este modo puede conocerse, y no cerrando los ojos al mundo exterior, aislando el pensamiento,.y agitándolo violentamente para crear teorías caprichosas, que son fantasmas de la imaginación y casi nunca imágenes fieles de la naturaleza. Toda la Ciencia moderna, os hubiera dicho, se funda, pues, en la observación y en la experiencia; pero la Física-Matemática del siglo precedente, no se detuvo aquí, porque habría sido detenerse en los cimientos, ó cuando más en los principales muros de carga del soberbio monumento. La Física-Matemática parte de los hechos, como toda Ciencia, pero los hechos aislados no alcanzan nunca verdadera categoría científica; son la Verdad, pero la Verdad hecha pedazos; son la realidad, pero la realidad casi convertida en polvo. No hay Ciencia donde no hay trabazón, enlace, relaciones, leyes, unidad en suma. Las leyes empíricas, teniendo como tienen gran importancia, no son en nuestro caso más que un esbozo de la verdadera ley, que es la ley matemática. Decíamos antes, que los hechos eran la realidad rota en pedazos; decimos ahora, que las leyes empíricas no son más que la ley también triturada, también desmenuzada, hecha añicos también. Mas para llegar á las grandes leyes de la Física-Matemática, fué preciso buscar un punto de apoyo, un puente, por decirlo de esta manera, para pasar de la experiencia á la aplicación de las Matemáticas puras. José Echegaray laboriosa y honrada, y que no ha de ser estéril antes muy fecunda para el buen nombre de la Ciencia española. Los límites de este discurso no consienten, y á fe que lo siento, más que consignar los nombres de D. Abdón Sánchez Herrero, catedrático de Patología y Clínica Médica de la facultad de Medicina; de D. Eduardo Palou y Flores, catedrático de Historia de la Iglesia y de Derecho Canónico de la facultad de Derecho y de Ciencias Sociales, y de D. Fausto Garagarza, catedrático de Técnica Física y de Análisis Químico de la Facultad de Farmacia. Otros tres catedráticos han dejado también vacíos difíciles de llenar, pues los tres han sido jubilados: D. Máximo Fernández de Robles y Mendivil, catedrático de Dibujo; D. José María Rodríguez Carballo, catedrático de Mecánica, y don Francisco de Paula Rojas, de Física-Matemática, todos ellos de la facultad de Ciencias. Del último de éstos, la justicia, la simpatía, la amistad y la circunstancia de substituirle en la misma cátedra que él ocupó me obligan á decir algo más. Ha sido el Rojas un Profesor eminente, y ha sido y es todavía, por fortuna, un hombre de Ciencia de los que dan alta honra á su patria: entendimiento clarísimo, de esos que parece que transmiten á las cosas y á los más complicados problemas una parte de la luz que en ellos resplandece; expositor de primer orden, que ha escrito obras magistrales, y amante sincero y entusiasta de la verdad, fué mi digno predecesor; y á todos los honores que he recibido y que. antes enumeraba, debo agregar uno más: el de continuar explicando la cátedra que él durante tantos años desempeñó con aplausos de sus compañeros, de sus alumnos y de sus entusiastas amigos, y con provecho, honra y prestigio de este preclaro centro docente. Y cumplidas estas primeras obligaciones, entremos en materia. Yo debo disertar en este trabajo sobre determinado tema, según establece la costumbre; mas para su elección confieso lealmente que he vacilado mucho. Dos criterios podía seguir al escoger materia de mi disertación. O bien podía decidirme por un asunto general, de amplios horizontes, que abarcase cuestiones de interés palpitante: uno de esos problemas que interesan y apasionan, y que por el interés y la pasión no es imposible que conduzcan al entusiasmo y al aplauso. O bien por el contrario podía escoger un tema técnico, concreto, importante, sí, en el fondo, pero acaso árido en la forma, de los que constituyen la materia y la substancia de la Ciencia positiva. He dudado, como digo, y al fin me decidí por el último extremo; pues lo considero menos ambicioso y más útil, y más en armonía con el respeto que me inspira la Universidad Central y la seriedad de sus estudios. Tengo, pues, para solicitar vuestra atención y vuestra benevolencia, doble motivo: por una parte lo excesivamente severo.y árido del asunto; por otra mi insuficiencia para tratarlo como merece por su transcendencia y su importancia. He escogido, pues, como tema de este discurso el que aparece en la portada «La Ciencia y la Critica»; pero debo consignar ante todo, que esta palabra Ciencia, no se refiere á la Ciencia en general, sino á la que constituye la materia de la asignatura que me ha sido confiada, á saber, la Física-Matemática; y en todo caso, y por conexiones íntimas entre unas y otras disciplinas científicas, algo diré de las matemáticas puras. De suerte que en vez del título á que por lo breve di la preferencia, con más propiedad pudiera decirse que el asunto de mi discurso era este: Las Matemáticas puras, la Física-Matemática y la crítica de ambas ciencias». Hace treinta ó cuarenta años hubiera sido relativamente fácil condensar en breves páginas el estado de la Física-Matemática: Ciencia prodigiosa, de hermosura incomparable, derivación é imitación casi de la Mecánica celeste. ¡Y con qué seguridad hubieran podido trazarse los contornos de esta soberana creación científica; y con qué confianza y hasta con qué orgullo, que de orgullos y vanidades nunca prescinde la raza humana, aun en las alturas del pensamiento, hubieran podido reseñarse los grandes principios, las grandes leyes, las fecundas hipótesis; los nombres inmortales de los creadores de esta Ciencia! Era la época de la fe en la razón, que no parece sino que la fe es necesaria á la débil naturaleza humana; y que cuando la fe religiosa palidece, la fe científica pugna por ocupar su puesto, y dice el hombre: « creo en la Verdad, creo en la permanencia de la ley natural, creo en los métodos modernos de experimentación, creo, en suma, en esta disciplina moderna que voy forjando; y creo que ella me conducirá, aunque por manera lenta y penosa, á los misterios de lo desconocido;.y que rasgando uno á uno sus velos, mostrará ante mis ojos, cada vez menos indecisos y turbios, los contornos de la misteriosa esfinge». Si en aquella época yo hubiera tenido que escribir un discurso sobre Física-Matemática, como el que hoy por bondad vuestra, que ¡ojalá! no haya sido excesiva, me veo obligado á leeros; en breves frases hubiera condensado mi trabajo y á término lo hubiera conducido sin desconfianzas, sin dudas, sin vacilaciones, porque habría dicho lo siguiente. Este término medio fué la Mecánica racional; porque en la Mecánica racional, concurren, ó creíase que concurrían, estos dos elementos, que se pugnaba por armonizar: la experiencia., que brota de la realidad del mundo externo; el concepto matemático, engendrado por la razón. Hay en la Mecánica principios experimentales, hay principios lógicos y eminentemente matemáticos, y por eso al crear la Física-Matemática, á la Mecánica racional se acudió. ¿Pero de qué modo? por medio de las hipótesis. Es evidente, y así lo consigna el gran matemático francés Mr. Poincaré, que se construyó la Física-Matemática en la primera mitad del siglo pasado, tomando por modelo la Astronomía, copiándola fielmente, siguiendo sus procedimientos y sus métodos; mas con una diferencia. Al estudiar el movimiento de los astros en el espacio, no hay más que mirar al espacio con anteojos y telescopios; al buscar una Astronomía microscópica en los cuerpos y en los fenómenos que nos rodean, ni la vista, ni la combinación de lentes, ni el microscopio más poderoso, llegan á descubrir las moléculas y los átomos; hay que suponer que existen, hay que admitir, que todos los cuerpos de esta baja tierra están formados de partecillas á inmensas distancias relativas unas de otras y moviéndose por las leyes, no de la Mecánica celeste, sino dé la Mecánica molecular. Al bajar del cielo á la tierra, nos encontramos con una hipótesis enorme, de la cual no teníamos necesidad para estudiar los astros del firmamento. El cielo astronómico se ve, el cielo molecular y atómico se supone. Esta era una primera hipótesis; estupenda, atrevidísima, por más que hoy con ella estemos familiarizados. Pero todas las demás hipótesis eran análogas á las de la Astronomía. En los espacios se suponen fuerzas. Se supone además que son fuerzas centrales. Se admiten, en fin, las atracciones entre los astros, con arreglo á la ley ó á la hipótesis de Newton; es decir, en razón inversa de los cuadrados de las distancias y proporcionalmente á los productos de las masas. Todas estas hipótesis, hay que trasladarlas con las modificaciones convenientes á la Física-Matemática, es decir, á los fenómenos moleculares y atómicos. De suerte que entre las últimas partecillas de la materia, admitiremos atracciones, que también variarán proporcionalmente á las masas, y en razón inversa de cierta potencia de las distancias, sobre cuyos exponentes no se llegó á un acuerdo definitivo. Y bien se nota, que esta Astronomía archimicroscópica será inmensamente más complicada que la Astronomía de los espacios celestes; pero no será substancialmente distinta. Sin embargo, al llegar á este punto, la Mecánica molecular, se complica aún más; porque si en las altas esferas nos basta en general con la atracción, es imposible explicar todos los fenómenos de la Física-Matemática, sin introducir á la par de las fuerzas atractivas, fuerzas repulsivas, también centrales, y cuya expresión sea análoga á la de las primeras, o de otro modo, que se expresen por el producto de las masas y por la relación inversa de determinada potencia de las distancias. Los grandes trabajos sobre Física-Matemática de la primera mitad del siglo precedente, todos ellos, acaso con una excepción, la de la propagación del calor por Fourier, se fundan en los principios y en las hipótesis, que acabamos de señalar á la ligera. La fecundidad del método, se demostró por la fecundidad y la grandeza de los resultados. Me atreveré a decir, que jamás en la historia de las Ciencias se elevó monumento más prodigioso. La teoría mecánica de la luz, los trabajos de los grandes matemáticos, que siguieron la iniciativa de Fresnel, como, por ejemplo, Cauchy sus discípulos, casi compiten en grandeza con la Mecánica celeste. No sólo explicaba la teoría de las ondulaciones todos los fenómenos ópticos hasta entonces conocidos, sino que llegando á lo más alto á que una Ciencia puede llegar, anunciaba nuevos fenómenos, por ejemplo, larefracción cónica de Hamilton; lo que, en rigor, es algo más que anunciar un eclipse, porque es adivinar en la ecuación de una superficie, hechos físicos, antes jamás observados: es en cierto modo, ó parece ser, la imposición de la Geometría analítica á la naturaleza. La teoría del calor, fundábase también por entonces en la hipótesis mecánica. El primero de sus principios era una consecuencia natural de la teoría de las fuerzas centrales y de las ecuaciones de la Dinámica; y el segundo principio, aún lo deducía Helmholtz en su célebre y admirable memoria, de las ecuaciones de Lagrange, al menos para los ciclos reversibles. Lástima grande que contuvieran el desarrollo-de la Termodinámica, en el sentido que hemos señalado, la nueva crítica, y cierta reacción excesivamente positivista. La teoría de la electricidad por Maxwell, aunque ya perteneciente á un período de transición, todavía en la hipótesis mecánica se fundaba, anticipándose por esfuerzo prodigios de su genio á las admirables experiencias de Hertz. Y al hablar de la electricidad, comprendemos en este nombre, así la electricidad estática, como la dinámica. La teoría de la elasticidad, bien mirado no era más que un problema de Mecánica; y otro problema de Mecánica era la teoría del sonido; problema de Mecánica era todavía la teoría de los torbellinos y la de la capilaridad, y hasta se han iniciado por varios modos y en varias direcciones, trabajos diversos, algunos de ellos admirables, para reducir los problemas de la Química á problemas de Mecánica: y digo admirables porque lo son las teorías de Gibbs. Cuántos esfuerzos prodigiosos, cuántas teorías sublimes, que aunque al parecer á ras de tierra andan, pues de fenómenos de nuestro globo tratan, por su grandeza llegan a las mismas teorías astronómicas. No puedo entrar en pormenores, trazo la historia de la Ciencia á grandes líneas, y ni siquiera me atrevo á dar rienda suelta al entusiasmo; porque me está esperando este último período, y en él la crítica fría; impasible, cruelísima, para apagar ardores, romper alas y barrer creaciones de la imaginación. Esto y mucho más hubiera dicho hace una veintena de años. Claro es, que las diversas teorías enunciadas no llegaron á constituir una unidad; eran como grandes cantones de la Ciencia, regidos por constituciones análogas, con una nota común: la hipótesis mecánica. Y bien puede decirse, que toda la Física-Matemática partía de estas, hipótesis, que voy á resumir. Primero: atracción entre las masas ponderables, expresada por el producto de dichas masas dividido por el cuadrado de la distancia. Segundo: repulsión entre dos elementos de éter expresada por el producto de las masas etéreas dividido por cierta potencia de la distancia, que aún no-se había llegado á determinar. Y para enlazar estos dos mundos, el de la materia ponderable y el del éter, otra tercera hipótesis. Tercero: atracción entre las masas ponderables y la materia etérea, expresada siempre por el producto de ambas masas ó cantidades de substancia, y siempre en razón inversa de cierta potencia de las distancias, que mediasen entre cada dos de ellas. Y con esto ó con hipótesis análogas bastaba para que todos los fenómenos del mundo inorgánico quedaran reducidos á un problema general de dinámica: así el astro que voltea por el espacio describiendo colosales elipses, como el átomo de éter que vibra en el rayo de luz, como la electricidad que se acumula en el condensador, como la corriente que circula por el conductor metálico, como la nota acústica, como el oleaje del mar, como las flexiones de un puente de hierro, como los mismos fenómenos de José Echegaray la Química, cuyas atomicidades y equivalencias no era imposible explicar mecánicamente por el juego de las fuerzas atractivas y repulsivas. Aspiración grandiosa, que justificaban centenares y centenares de fenómenos aprisionados en ecuaciones diferenciales, que más bien parecían dictarles la ley, que recibirla de los brutales mandatos de la experiencia. Era en verdad un asombroso idealismo, que buscaba definitiva armonía con la realidad, hasta tal punto, que muchos imaginaban haber penetrado con la hipótesis mecánica en lo más profundo del misterio de la Naturaleza. Verdad es, que en este caso, como siempre sucede en casos semejantes, los excesos de soberbia científica y de tiranía idealista, provocaban rebeldes resistencias, y han engendrado la crisis en que he de ocuparme más adelante. No existe en el mundo, decían muchos, al menos en el mundo inorgánico, más que materia en movimiento. Y era este, casi un grito de guerra, de un moderno y refinado materialismo. Otros ampliaban algo la precedente fórmula: no basta, no, decían, con el movimiento y la materia, para explicar los fenómenos del Cosmos, hay que admitir además el éter, que de lo contrario, no tiene representación propia la fuerza repulsiva;.y hay que admitir además, que todas estas fuerzas son centrales. Y con tales hipótesis, agregaban, organizadas convenientemente, con éstas, sí que pueden explicarse los fenómenos de la Naturaleza inorgánica; y no sólo pueden explicarse, sino que hoy se explican casi todos con los dos caracteres de la verdadera Ciencia; primero: prever fenómenos, como, por ejemplo, un astro que no se ve en el cielo, el anillo de la refracción cónica, que no se había observado nunca, ciertos fenómenos de los gases, y aun ciertos fenómenos de la Química. Y segundo: determinación numérica de constantes, que entrando en las teorías más diversas y llegando de distintos puntos del horizonte, vienen á coincidir en la misma determinación y en el mismo valor. Si aún hay alguna duda, si aparece alguna contradicción, si alguna experiencia no se explica por completo, estas son deficiencias de la Ciencia humana, que no puede tener la aspiración de ser una ciencia perfecta. Pero la victoria, si la palabra vale, contra terquedades misteriosas de la Naturaleza, era general en toda la línea de batalla, salvo insignificantes escaramuzas. A este punto llegaba la Física-Matemática, y si de él no hubiéramos pasado, mi discurso de hoy, más que otra cosa sería un himno de triunfo. Sin embargo la verdad es la ley suprema, á menos que la razón no quiera hacerse traición á sí misma, engañándose á sabiendas; y yo debo la verdad á los maestros que me escuchan, y á la brillante juventud, que acude generosa y confiada á este templo de la Ciencia, no á escuchar himnos más ó menos sonoros, sino á aprender verdades, siquiera al pronto.parezcan ásperas y crueles, que al fin no lo serán, como explicaré más adelante. Llegamos, pues, á la crisis de la Física-Matemática, como hoy en el mundo civilizado se llega á otras muchas crisis, que estamos en verdad en período bien crítico. Y esta palabra crisis no la he inventado yo, que la he recogido en los escritos de los primeros sabios del mundo; no es, por lo tanto, que yo quiera hacer un drama más con catástrofe final á costa de la Física-Matemática, es que templo mis entusiasmos, oigo la voz de los maestros y miro de frente á la realidad. La palabra crisis es la más repetida en estos tiempos que atravesamos. En crisis, el equilibrio europeo; en crisis, el orden social; en crisis, la religión, la familia.y la propiedad; y de los gobiernos no se hable, que en todas partes, este es su estado natural. Pues si tal es la atmósfera que nos envuelve, no ha de admirarnos que la Física -Matemática tenga también su crisis; y no por ser la más pacífica es la menos honda, y acaso sea la de más transcendencia para el orden científico de las modernas sociedades. Decíamos que la Física-Matemática había alcanzado en la primera mitad del siglo XIX un extraordinario desarrollo y un alto grado de perfección, al menos en algunas de sus ramas, que no todas ellas han marchado á la par. Y decíamos, que la nota dominante, ó con más propiedad, la síntesis del método, era esta: la hipótesis mecánica; la descomposición de todos los cuerpos en elementos pequeñísimos; la acción de fuerzas de diversas clases entre unos y otros, todas fuerzas centrales; y la aplicación de las leyes de la Mecánica racional al movimiento de estos infinitos sistemas. El Universo quedaba aprisionado en un sistema de ecuaciones diferenciales, y las Matemáticas puras se encargaban de integrar estas ecuaciones con la generalidad necesaria para satisfacer á las condiciones llamadas de los límites. Era traer el orden material al orden racional puro; sujetar la experiencia á grandes leyes determinadas á priori; reducir la variedad in-José Echegaray mensa á una unidad soberana. La empresa era grandiosa; jamás había volado á mayores alturas el pensamiento humano, al menos, en lo que al orden inorgánico se refiere. Mas estas ambiciones, aun coronadas por grandes triunfos, despertaron el mal humor de la Crítica. Y unos dijeron: «eso es el materialismo». Y otros dijeron: «eso es substituir en el Universo á la cualidad, la cantidad; es un escamoteo de las realidades por las formas ». Y algunos agregaron: «que tal doctrina era una nueva Metafísica, con pretensiones de llegar á lo absoluto ». No me parece que estas primeras escaramuzas de la Crítica moderna contra la Física-Matemática, sean justas, ni tengan valor alguno. No profesa el astrónomo, sólo por aplicar los principios de la Mecánica celeste al movimiento de los astros, ningún género de materialismo. Pues asimismo, ni será ni dejará de ser, materialista, el que reduzca el calor á la vibración de las moléculas de los cuerpos, ó de sus parteci-Uas más pequeñas. Acertará ó no acertará, pero ni el materialismo ni el espiritualismo tienen relación alguna, al menos inmediata, con el indicado problema de la Física, ni con la hipótesis á que se acude para su explicación. No es más valedera la segunda de las tres objeciones; porque en la Ciencia moderna, ni en el método experimental sobre todo, hay que acudir al peso y ala medida, y los resultados son resultados numéricos, y por lo tanto símbolos de cantidades. Cuando se dice que una corriente eléctrica es de veinte amperios, ni se niega ni se afirma la cualidad eléctrica; se mide un fenómeno en cuanto es cantidad, y la relación entre dos cantidades de este fenómeno, se expresa por una cifra numérica; que sólo de este modo se constituye la verdad de las Ciencias positivas. No puede penetrar la inteligencia humana en lo íntimo de las cosas: sólo determina sus relaciones. Tiene nuestra mente, además, una propiedad admirable, que es la de repetir, de multiplicar con la imaginación cualquier fenómeno; de donde resulta el número. Y así no sabe, pongo por caso, lo que es la electricidad, pero repite un fenómeno eléctrico y al ñn mide lo ignorado por lo ignorado; lo desconocido por lo desconocido, un fenómeno eléctrico, que ignora lo que es, por otro de la misma clase. Y así, convertida la Naturaleza ó sus fenómenos en números, aplica las Matemáticas á la Naturaleza en cuanto cantidad. Poco es, pero no puede más, y algo muy hondo deben expresar los números, cuando por ellos realiza la Ciencia las mayores maravillas. La objeción indicada es por tanto fútil, inconsistente y sin valor alguno. Ni es más sólida aquella tercera objeción en que se atribuye carácter metafísico á las doctrinas dominantes de la Física-Matemática, atribuyéndola pretensiones de llegar á penetrar en lo absoluto. ¿Pretende llegar á lo absoluto el astrónomo, que aplicando la ley de Newton, estudia la-trayectoria de un astro y determina sus constantes? No, seguramente; estudia y mide el más externo y el más vulgar de los fenómenos, el movimiento de masas ponderables. ¿Es fabricar Metafísica decir que un tren lleva 300 toneladas y que camina á razón de 50 kilómetros por hora? ¿Pues por qué tal, ciencia ha de fabricar Metafísica, y perdóneseme la frase, sólo porque diga que un astro tiene tantos millones de toneladas y que camina á razón de tantos kilómetros por segundo? Tales exageraciones no pueden sostenerse seriamente. Y bien, repitiendo la misma interrogación, yo pregunto: ¿por qué ha de darse carácter metafísico á la doctrina, que admite que la luz es la vibración del éter, es decir, materia etérea que se mueve trazando una curva muy pequeña, con una velocidad muy grande, ó que en los fenómenos del calor, una pequeñísima masa ponderable vibra en determinadas condiciones mecánicas? Todo es materia, se dice, todo es vibración, todo es movimiento en general; en el Cielo como en la Tierra, en el astro gigantesco que voltea en el espacio, como en el átomo de éter que vibra en la luz, como en la gota de agua que baja por el río, como en la amarga gota de agua que oscila en el oleaje de Océano. O todo esto es Metafísica, y tal conclusión habrá quien la sostenga, ó ninguno de estos fenómenos lo es; pero lo que no puede admitirse en buena lógica, ni argumentado de buena fe, es que unos lo sean y otros no. Acaso se haga observar que al astro se le ve, y que nadie ha visto, ni el átomo de éter, ni la molécula de un cuerpo, ni las trayectorias que describen uno y otro centro; pero esto no cambia la naturaleza de aquellos y estos fenómenos, lo que hace es variar, por decirlo de este modo, las condiciones de su certeza; por eso el movimiento del astro es un hecho, el movimiento de átomos y moléculas, es una hipótesis. Si no se mueven como la Física-Matemática supone, la hipótesis será falsa; si se mueven, no por ser más pequeños que el astro, serán más metafísicos, que esto de los tamaños es cosa relativa. Por lo demás, y sea ó no cierta la hipótesis mecánica que ha dado aliento durante tantos años á la Física-Matemática, la hipótesis no puede negarse que sea natural. La estructura del Universo no puede depender de la potencia visual del ser humano. ¿Porque el hombre ve moverse á los astros, aquel movimiento ha de ser cierto, y porque la vista no alcanza á penetrar en el interior de la materia, en ella han de regir precisamente leyes de todo en todo opuestas á las leyes astronómicas? ¡Qué solución de continuidad tan extraña! La Naturaleza ajustando sus combinaciones á la curvatura de un cristalino humano ó á la sensibilidad de una retina. Hasta aquí llega la vista del hombre; pues hasta aquí fabricaré el Universo, estableciendo masas que se muevan. De aquí para abajo no alcanzan las lentes del aparato óptico que entregué al humano ser; pues voy á cambiar de sistema en la urdimbre del mundo inorgánico. Declaro, pues, modestamente, humildemente, pero con profunda convicción, que la hipótesis mecánica me parece lógica y natural, y afirmo, porque los hechos lo afirman conmigo, que ha sido grandemente fecunda. Pero la Crítica ha acentuado sus ataques, y los nuevos ataques han sido tan vigorosos y tan fundados en parte, que han traído á la gran Ciencia al estado crítico en que hoy se encuentra. Mr. Poincaré, el gran matemático, gloria de la nación francesa y de la Ciencia contemporánea, ha formulado una proposición célebre, que no destruye ni rechaza la hipótesis mecánica en general, pero que ha de reconocerse que abate no poco las arrogancias de los defensores de tal sistema. La índole de este discurso me impide entrar en pormenores técnicos, y por eso, acudiré para explicar el pensamiento del ilustre sabio á los términos más modestos y vulgares de la Ciencia popular. Hablo procurando interpretar su pensamiento. Sí, la hipótesis mecánica puede explicar un fenómeno físico, y aun químico, diría yo, y no es maravilla que lo explique. Para la explicación de cualquier fenómeno, introduce la hipótesis mecánica un número de puntos materiales tan grande como se quiera; si es preciso un número infinito, ya de partículas pequeñísimas ponderables, ya de moléculas ó de átomos ó de subátomos, y si esto no basta, se inventa una nueva materia, por ejemplo, el éter, también con infinitos puntos. Y se inventan fuerzas que á todos ellos los enlacen, dando á estas fuerzas las leyes de variación que más convengan para el caso, y á toda esta maquinaria se le aplica las leyes de la mecánica, con lo cual el pro-Documento V: Discurso leído en la Universidad Central. blema queda reducido á lo siguiente: que las apariencias de este mundo imaginario, que se ha creado con los puntos y las fuerzas, coincidan con las apariencias de los hechos físicos que se trata de explicar; que este símbolo mecánico sea la imagen, el reflejo, el símbolo del mundo de la realidad, cuyas combinaciones y diversidades nos proponemos reproducir, hasta ver si la imagen y objeto coinciden con perfecta coincidencia. Pero esto, se dice en la Crítica á que me refiero, no parece imposible, y aun parece fácil; porque hemos introducido previamente un número enorme de cantidades indeterminadas: puntos, tantos como se quiera, fuerzas las que nos convengan; y no ha de ser maravilla que con tantas incógnitas de que disponer no se logren unas cuantas apariencias de los hechos naturales. Es como plantear diez ó doce ecuaciones con mil ó dos mil incógnitas; natural es que puedan determinarse éstas de modo que satisfagan á las ecuaciones dadas. Natural y hasta probable, repito, pero no seguro; porque pudiera haber ecuaciones incompatibles. Pues algo en este orden de ideas es la idea de Mr. Poincaré. En todo problema físico, hay cierto número de parámetros, á que la experiencia llega y que pueden medirse. Después la misma experiencia y la observación de lo experimentado dan á conocer las leyes de variación de estos parámetros, leyes que por lo regular se expresan por ecuaciones diferenciales. Y aquí empieza la interpretación mecánica, del fenómeno: substituyendo á la materia de dicho fenómeno un número de puntos materiales tan grande como sea necesario, cuyas coordenadas habrán de expresarse en función de aquellos parámetros ya dichos. La experiencia, el contacto con la realidad, por decirlo de este modo, dan aquellas ecuaciones á que antes nos referíamos. En cambio las ecuaciones clásicas de Lagrange, serán las que expresen las leyes del movimiento del sistema en la hipótesis mecánica, y todo se reduce á hacer coincidir estas segundas ecuaciones con las primeras, para lo cual tenemos un número enorme, tan grande como sea preciso, de funciones arbitrarias. Todo esto es sencillo y digno de la maestría del maestro, el cual llega á esta conclusión: «si el fenómeno de que se trata, admite una solución mecánica, admitirá otras muchas». De suerte que Mr. Poincaré, no rechaza la hipótesis mecánica, lo que hace es quitarle importancia, como explicación de lo que pueda haber de íntimo y de transcendental en el fondo de los fenómenos. En suma, la hipótesis mecánica, ó mejor dicho, cualquier hipótesis mecánica, es un símbolo de realidad; pero no penetra en lo absoluto, por-José Echegaray que no puede penetrar en él, porque hay otros infinitos símbolos. Y sin embargo la realidad es única. Al menos, así comprendo yo la idea del maestro y á ella nada puede oponerse; pues como antes decía, la Ciencia positiva ni puede ni debe tener las pretensiones de llegar al fondo inaccesible de las cosas. Pero, antes de seguir más adelante, permítaseme hacer algunas observaciones sobre la hipótesis en general. Las hipótesis son necesarias para establecer las grandes teorías; sin ellas, la unidad de la Ciencia no existe. En la realidad los hechos están trabados por algo real que desconocemos; en el cerebro humano las representaciones de esos hechos necesitan también cierta trabazón para que constituyan la correspondiente unidad racional. Y esa trabazón la suministran las hipótesis. Elemento necesario de la Ciencia, elemento que se hace sentir hasta en los mismos trabajos experimentales, que no pueden realizarse á capricho ó á la casualidad, sino mediante ciertas ideas directrices, que en el fondo son grandes ó pequeñas hipótesis. Por lo demás, es claro é indiscutible, que la hipótesis está constantemente en jaque: siempre está á merced de la experiencia. La hipótesis tiene algo del-poder personal, que mientras acierta prevalece triunfante, y al primer fracaso se derrumba para ser substituida la vieja hipótesis, por una hipótesis nueva: un dictador por otro dictador. Mas yo creo, que aun con ser la hipótesis algo efímero y transitorio en la Ciencia, no son las hipótesis completamente arbitrarias, ni en sí mismas ni en su histórica sucesión; sino que obedecen á una lógica más o menos oculta: en una palabra, yo me atrevería á afirmar la evolución de las; hipótesis, y hasta la armonía final de todas ellas, ó por lo menos una tendencia á la armonía. Me explicaré mejor con algunos ejemplos. En la teoría de la luz, la hipótesis de la emisión imperó durante muchos dilos, y con ella se explicaban casi todos los fenómenos de la óptica. Pero continúa avanzando la Física experimental; se llega al hecho de las interferencias; y aquella primera hipótesis mecánica, la de la emisión, que hipótesis mecánica era, á pesar de sus infinitos puntos materiales, que es como si dijéramos de sus infinitas cantidades arbitrarias, resultó impotente para expresar este nuevo y admirable fenómeno. Entonces hubo que acudir á la teoría ondulatoria del éter, que fecundada por Fresnel, y desarrollada por Cauchy y sus discípulos y los Documento V: Discurso leído en la Universidad Central... matemáticos ingleses y alemanes, ha llegado á un extremo de perfección, que en algunos momentos hasta la misma Mecánica celeste envidiaría. Parece que la teoría ondulatoria había arrinconado para siempre á la teoría de la emisión; pero he aquí que en tiempos modernos descúbrense una serie de fenómenos para cuya explicación se acude á la teoría de la emisión otra vez; porque, ¿qué otra cosa que una emisión de partículas son la mayor parte de las radiaciones modernas, ya en el semivacío de los tubos de Croockes, ya en las mismas radiaciones de los cuerpos radioactivos? De tal suerte, que al presentarse una nueva radiación hay que preguntar, si es emanación de partículas ó movimiento vibratorio, ó las dos cosas al mismo tiempo, y además algo de la teoría de los torbellinos de Helmholtz, Thomson y otros físicos eminentes. Diríase que la radiación á través del espacio, expulsada de lo infinitamente grande por la teoría ondulatoria, se ha achicado buscando el desquite en estos modernos y extraordinarios fenómenos de la Física. Pero esta teoría ondulatoria de la luz flaquea en algunos momentos, y la teoría electrodinámica de Maxwell, más complicada, más extraña, más ambiciosa, porque pretende explicar á la vez la luz y la electricidad y el magnetismo, se va substituyendo á aquella sencilla y elemental vibración de Fresnel, que tan bien explicaba los antiguos fenómenos de la óptica, por sus movimientos transversales. Y sin embargo, ¿puede afirmarse que estas dos hipótesis mecánicas, la de Fresnel.y la de Maxwell, sean totalmente incompatibles? En la emisión, en la teoría ondulatoria sencilla, en los movimientos electrodinámicos, yo creo ver la evolución de la hipótesis mecánica; creo ver términos de una serie; creo que una lógica inevitable y superior se desliza por todos ellos: lógica que excluye el azar y el capricho. Lo apunto como impresión, no lo afirmo con alarde dogmático. Si se me permite un ejemplo más, yo explicaré con toda la claridad que pueda, lo que son para mí las hipótesis, y en el caso concreto de la Física-Matemática, lo que son las hipótesis mecánicas. Ya que de hipótesis se trata, valga una hipótesis que desde luego declaro ser inusitada y extravagante. Pero más que hipótesis es un símbolo para explicar mi pensamiento. Supongamos que el Universo entero se reduce á una inmensa curva. Esa curva lo es todo: el Cosmos con su hervidero de fenómenos, la Naturaleza con sus misterios, casi me atrevería á decir que es lo absoluto, si 814 José Echegaray no fuera porque hablar hoy de lo absoluto es vejez y atrevimiento, y pecado contra el espíritu moderno. No existe, pues, más que la curva infinita, y cerca de uno de sus pequeños arcos, la inteligencia humana contemplándola y estudiándola. Una curva, y ante ella un hombre, que nada nos cuesta suponer que es un sabio, y no está demás pecar por exceso de benevolencia. No he podido simplificar más la creación. Y ahora, discurramos, y emprendamos valerosamente el camino de las hipótesis. Al estudiar el hipotético geómetra el pequeño arco de curva que tiene ante sí, claro es que no adivinará la naturaleza de la curva total; pero podrá suponer, y esta es la primera hipótesis, que el arco que estudia es zona línea recta; así, pues, para nuestro observador, una línea recta será la Naturaleza, y como la extensión que abarca es muy pequeña, porque suponemos la Ciencia en estado incipiente, los resultados que obtenga se acomodarán bastante bien á la experiencia, los errores podrán atribuirse á errores de observación y la hipótesis rectilínea triunfará en todos los hechos observados. Pero aquel sabio, ó algunos de los que le sucedan, extienden la esfera de acción de sus observaciones; abarcan una curva mucho mayor; la línea recta que simbolizaba para la generación precedente toda la Naturaleza, ya no coincide, o coincide mal, con la curva real, ó arroja errores que no pueden atribuirse á imperfecciones de la observación. La hipótesis rectilínea de la Ciencia va por un lado, y por otro lado, á mucha distancia, va la realidad; es decir, va la curva, que para nosotros la realidad representa. Con esto la hipótesis se desacredita, hay que inventar otra nueva; y entonces esta nueva generación de sabios, dice: «no, la Naturaleza no es rectilínea, la Naturaleza es circular». Y si la primera hipótesis fué una línea recta, la segunda es un arco de círculo; y entonces en todo el campo de la experiencia, la nueva hipótesis se impone, los grandes errores desaparecen, y el arco de círculo de la segunda hipótesis, que podemos suponer que es el círculo osculador, se adapta en la extensión de la experiencia á la curva real, que estamos estudiando. La Ciencia experimental continúa su labor inagotable; estúdianse nuevos arcos, cada vez más amplios, de la curva real, y nuevos errores aparecen, nuevas discrepancias entre la circunferencia y la curva, que es como si dijéramos, nuevos fenómenos que no consigue explicar la hipótesis circular. Y la Ciencia teórica sigue en su evolución á la Ciencia experimental; y una tercera generación de sabios, desecha la segunda hipótesis, como sus predecesores habían desechado la hipótesis de la línea recta, con lo cual una tercera hipótesis aparece. La curva de la Naturaleza no es una línea recta, no es una circunferencia; para que la realidad concuerde con la teoría es preciso suponer, que la curva real es una conica. ¿Y á qué fatigar á mis oyentes? las hipótesis se suceden en evolución progresiva; cada vez son más amplias, cada vez encajan más en la realidad, cada vez explican mayor cantidad de fenómenos, y ¿por qué no decirlo? cada vez son más perfectas. ¿Es que en esta progresión evolutiva, las primeras hipótesis fueron absurdas, ridiculas, inútiles, quizá perjudiciales? Representaban la Ciencia de su época, prestaron inmenso servicio, prepararon nuevas teorías, y me atreveré á decirlo, no desaparecieron por completo, que hasta cierto punto, en las nuevas hipótesis están comprendidas las primeras, y todavía entre ciertos límites, pueden prestar verdadero servicio y substituirse con ventaja, por su natural sencillez, á hipótesis más perfectas. Substituyó á la realidad inaccesible el idealismo científico, que en cada momento la simboliza y la representa, y da forma racional y matemática al empirismo de la experimentación. Mas, por otra parte, ¿podemos abrigar la ambiciosa esperanza de abarcar la curva de la realidad de la Naturaleza, de recoger en su totalidad lo absoluto, aprisionándolo en nuestro cerebro y dándole las leyes de nuestra razón? No, seguramente; ¿pero qué importa? Persigamos por los siglos de los siglos á la curva de la realidad; y sin escrúpulo amontonemos idealismos, acercándonos todo lo posible á la Naturaleza, para que la Naturaleza nos dé su calor; que cuando el navegante toma por guía un astro sabe que á él no llegará nunca, pero que siempre le guiará; y maldice la niebla que lo empaña. Hemos querido antes de empezar el análisis de la Crítica moderna, desvirtuar todo lo que tenga de escéptica ó de mal intencionada. La Crítica es sana, fecunda, indispensable, cuando desvanece errores, cuando señala puntos débiles en el armazón científico, cuando pone correctivo á las vanidades, cuando inspira una saludable desconfianza, cuando pide severa más exactitud y más verdad. La Crítica es funesta y repulsiva, cuando es desahogo de la impotencia, ó cuando sólo se propone matar el entusiasmo y enflaquecer la fe en la verdad y en el progreso. Afortunadamente, la Crítica científica no adolece de estos defectos: la pureza del ambiente la purifica; por eso hay que oiría con tranquilidad. José Echegaray estudiarla con simpatia, y criticarla si llega el caso, que también á la Crítica se la critica, con calma y sin pasión, para corregirla en sus exageraciones, que ella también exagera. La Crítica moderna aplicada á la Física-Matemática, no se ha contentado con las generalidades de que hemos dado muestra en las líneas que preceden; ha ido directamente á los cimientos. ¿Cuál era la aspiración suprema de la Física-Matemática á fines del siglo xviii y en la primera mitad del siglo xix? Reducir todos los problemas de la Física á problemas de Mecánica. Pues bien, la Crítica ha dirigido sus severos análisis contra la Mecánica y contra sus fundamentos más sólidos al parecer. ¿Hay algo más seguro, más firme, más severamente científico que la Mecánica celeste? Pues la Crítica afirma, y tiene razón, que toda la Mecánica celeste se funda en varias hipótesis, y sobre todo en una, la atracción newtoniana, á saber: que en el espacio, en todo el, espacio que abarcan nuestros telescopios, y más allá, en los espacios infinitos, los cuerpos celestes se atraen proporcionalmente á las masas y en razón inversa del cuadrado de las distancias. Verdad es que Newton no dio esta ley como una realidad, sino como una hipótesis. Las cosas pasan -vino á decir-como si los cuerpos se atrajesen proporcionalmente á las masas, y en razón inversa de los cuadrados de las distancias. Pero resultó tan natural, tan sencilla, tan grandiosa al mismo tiempo, y sobre todo tan fecunda dicha hipótesis; satisfizo de tal modo las ansias de unidad, que siente el ser humano, que pronto se olvidó que la nueva ley era una hipótesis; se la confundió con la realidad, y no se dijo, que Newton había propuesto la hipótesis de la atracción, sino que había descubierto la atracción. La atracción ya no era un símbolo, era una realidad. Sin embargo, hoy la inmensa mayoría de los sabios no creen en ella: la admiten casi por tolerancia y por sus buenos servicios; pero niegan que sea un hecho, y casi la encuentran absurda y anticientífica. ¿Cómo se comprende -dicen-que un cuerpo ejerza acción sobre otro que está á miles y miles de kilómetros, allá en el fondo del espacio, y que reciba de él otra acción igual? ¡La gota de agua que se desprende de una fuente atrayendo al sol! ¡Neptuno, emperrado en llevar á sí la pluma con que escribo estas líneas! ¡Un cuerpo cualquiera, ejerciendo sus atracciones á través del espacio ó en el vacío, sin nada que sostenga ni materialice esa atracción! ¡Una influencia semiespiritual que prescinde de las distancias! ¡Hacer algo un ser donde no está! Todo esto es absurdo, todo esto es incomprensible; espiritualismo disfrazado; metafísica gire traidoramente se insinúa en la Ciencia positiva: así discurre hoy la Crítica. En suma, la acción á distancia es imposible, según ella. Ya veis que no achico las objeciones ni entibio el calor de disociación de la Crítica moderna. Pero la atracción newtoniana es la base de la Astronomía, es el alma de la Mecánica celeste, y, por imitación, es casi el fundamento de la Física-Matemática, y aun de la Mecánica en general. No me atreveré yo á sostener la acción á distancia; no diré que no choque con la parte externa y tosca de la realidad; pero no me parece tan clara ni tan evidente la cuestión. Si por asentimiento general puede asegurarse, que no penetramos en la esencia de las cosas; si á juzgar por la misma Crítica moderna, la realidad objetiva del espacio es dudosa, tal como el vulgo la comprende, ¿cómo al desvanecerse el espacio vulgar no han de desvanecerse las distancias? ¿y en tal caso, qué queda de la objeción? Nada: ni espacio ó sitio en que colocarla. ¿Quién nos dice que el espacio que vemos y los astros que en 61 se mueven no son algo así como la proyección de realidades que están en contacto, de suerte que las fuerzas atractivas no vienen á ser más que proyecciones también de algo real? Entiéndase, que discurro valiéndome de los mismos argumentos que los nuevos escépticos emplean. Y permítaseme una imagen, que dé forma plástica á mi pensamiento. Recordemos aquella caverna de la Filosofía platónica en cuyo fondo so proyectaban los objetos exteriores, y en que un observador vuelto de espaldas á la boca de la caverna, sólo conocía del mundo exterior las sombras y las luces que sobre el fondo del antro se pintaban. Pues si en la parte exterior colocamos dos lámparas en contacto, unidas por fuerte resorte, cada una provista de un reflector parabólico, y pudiendo formar ángulos diversos los ejes según la tensión de los resortes, el observador de nuestro ejemplo, de espaldas á la luz directa, ni conocerá el resorte, ni conocerá las lámparas; sólo verá proyectados en el fondo de la caverna dos discos luminosos, como dos pequeños astros, y negará con soberbia de sabio satisfecho de sí mismo, que aquellos dos discos luminosos estén sujetos á atracción ni á influencia de ninguna clase. Y sin embargo lo están; unidos están, repito, por un resorte que él no ve, porque está vuelto de espaldas á la verdad. Pues yendo más lejos, siguiendo á los pensadores modernos en sus atrevimientos, admitiendo los espacios de muchas dimensiones, imitando el ejemplo de la nueva Mecánica de Hertz, de que luego hablaremos, bien, puede admitirse la influencia á través del espacio de tres dimensiones, por fenómenos que se desarrollen en la cuarta dimensión. No hago más que apuntar la idea, que me llevaría muy lejos, si pretendiese desarrollarla. Yo no afirmo, pues, la acción á distancia; pero no acepto tampoco que se me imponga la negación, mientras no se penetre en el fondo de las cosas, que no se penetrará, al menos por ahora. Y lo que sí afirmo y en lo que todo el mundo está conforme, es que la acción á distancia, aun no siendo más que un convencionalismo, aun no siendo más que un símbolo, es tan cómoda, y de tan prodigiosa fecundidad, que no es fácil que la Ciencia renuncie á ella. Y tan no renuncia, que todos los libros modernos la aceptan en cierto sentido y emplean la acción á distancia, aun cuando sus autores, la nieguen como realidad. Aceptándola como realidad, como símbolo ó á modo de convencionalismo, la Crítica formula otra nueva objeción de enorme transcendencia, porque ésta si que pone en peligro los grandes principios de la Mecánica. Nos referimos á la negación formulada contra las fuerzas centrales. La Mecánica clásica puede decirse en verdad, que es la de las fuerzas centrales. Si se toman en la Naturaleza dos elementos de materia, y se supone entre ellos una acción cualquiera, en casi todos los problemas de la Mecánica se admite, que esta acción está dirigida según la recta que une los dos puntos; que dicha acción va de uno á otro, de centro á centro, y recíprocamente. Unid todos los puntos del Universo, dos á dos, por medio de rectas: pues en la dirección de estas rectas, sobre ellas, por decirlo así, actuarán todas las fuerzas del Universo, siempre de centro de materia á centro de materia: por eso se les llama fuerzas centrales. Y la Crítica moderna, lo que hasta aquí se había considerado, ó como un resultado de la experiencia, ó como una aplicación del principio de la razón suficiente, lo pone en duda y lo señala y lo marca con carácter de hipótesis ó de puro convencionalismo. ¿Qué persona que aprecie en lo que vale, y en lo que no vale. su propio entendimiento, no condena lo artificial, lo convencional y lo falso? ¿Por qué -dice-si un punto material A está en presencia de otro punto material B, la acción que uno ejerza sobre otro ha de ser precisamente en la dirección A B? Esto no es evidente, y en la misma experiencia hay ejemplos que lo niegan. Imaginad una corriente eléctrica en la dirección de una línea recta, colocad el polo de un imán á cierta distancia, y veréis prácticamente, que el polo no se acerca á la recta, sino que gira alrededor de ella: la fuerza no va de uno á otro cuerpo hasta encontrar á ambos. Aunque reconozco que el ejemplo aparentemente tiene fuerza, ya que de fuerza se trata, á mi entender no es terminante, ni prueba lo que se pretende probar; porque ni el polo ni la recta son dos elementos sencillos, sino dos sistemas complejos, cuyas acciones recíprocas pueden reducirse á una fuerza y un par; pero la índole de este escrito no me permite entrar en una discusión que dilucide por completo la objeción, la dificultad o la paradoja. De todas maneras, tampoco me parece que la existencia de las fuerzas centrales sea terminante, pues el principio de la razón suficiente, aplicado á dos puntos materiales y apurando los términos, daría algo así como un hiperboloide de fuerzas en vez de una fuerza única. Ello es que antes las fuerzas centrales eran aceptadas sin repugnancia; más aún, se imponían con cierto carácter de evidencia: hoy la desconfianza cunde, y como se duda ó se niega la acción á distancia, se duda, por lo menos, que todas las fuerzas del Universo sean fuerzas centrales. Y es un desencanto y un dolor, porque todos los que me escuchan saben cuánto simplifican las fuerzas centrales los problemas de la Mecánica: por ellas es la Astronomía lo que es, y si de ellas se prescinde, ¡qué complicaciones tan inmensas! La conservación de las fuerzas, el gran principio del Universo físico, uno de los fundamentos de la Física-Matemática en el desarrollo histórico de esta Ciencia, es una consecuencia matemática de las ecuaciones de la Dinámica; y si de las fuerzas centrales se prescinde, si se quiere conservar el principio, hay que acudir á la experiencia. Lo que era un principio a priori, casi del orden racional, quiero decir, que la razón matemática imponía al Universo, desciende de categoría, y se convierte en ley empírica, en mero resultado de la experiencia. Y hay que estarlo comprobando constantemente en todos los fenómenos: la conservación de la fuerza en el calórico, la conservación de la fuerza en los fenómenos eléc-José Echegaray trieos, la conservación de la fuerza en la luz, la conservación de la fuerza en la elasticidad, la conservación de la fuerza en la teoria cinética de los gases, la conservación de la fuerza en los fenómenos químicos. En cambio en la hipótesis mecánica, y en la teoría de las fuerzas centrales, ¡qué fácil y qué sencillo es deducir este principio de la consideración de las ecuaciones generales de la Dinámica, y cómo simplifica los problemas aquella observación elemental, de que las componentes de cada fuerza son las derivadas parciales de una función potencial! ¡Qué unidad, qué armonía en el sistema! ¡y con qué desdén puede rechazarse el sueño ó el delirio del movimiento continuo! Ved si con razón decimal principio, que la Crítica moderna, con su análisis muy sabio, pero muy cruel, ponía en punto de crisis no sólo la Física-Matemática, sino la Mecánica clásica á que todo el mundo llamaba la Mecánica, racional. Y continúa la Crítica su labor despiadada y su análisis justiciero contra todos los principios de la vieja Mecánica. Newton había dicho: que la reacción era igual y contraria á la acción. Que si el punto A atraía al punto B con una fuerza F, á su vez el punto B atraería al punto A con la misma fuerza F, Pero, si la acción á distancia no existe, si no existen las fuerzas centrales, ¿qué sentido puede tener este principio de Newton? Tenía un sentido preciso en la antigua Mecánica, y la llamo antigua aunque en rigor todavía existe y domina, y no es tan fácil que cese en su dominación. En efecto, la acción entre dos puntos materiales de masas My M" y situados á la distancia D, es de la forma general MM' // (D): el principio resulta por lo tanto una traducción de la fórmula. Para ambos puntos las dos masas.y la distancia entran de la misma manera: las masas por su producto; la distancia, que es la misma, está dentro de la misma función en el denominador; y en fin, los puntos de aplicación de la acción y la reacción son los dos puntos materiales. Todo aquí es claro y sencillo; y renunciando en cambio á estas hipótesis ó á estos convencionalismos, la claridad de la Ciencia se obscurece por completo. Cuando acabe esta crisis, es seguro que brillará la verdad con mayor esplendor; pero entre tanto, la confusión es dolorosa para los antiguos creyentes: como para el creyente que pierde su Dios y sus altares, su fe y sus esperanzas. Ni aquí se detiene el análisis de la Crítica: ahonda más y llega á la fuerza misma, y llega á la masa, y como puso en duda la conservación de la fuerza, ó mejor dicho, de la energía, pone en duda la conservación de Documento V: Discurso leído en la Universidad Central... la masa, el gran principio de Lavoisier, el cimiento más firme de la Química, ¡á qué no llegará el espíritu destructor de la Crítica moderna! ¡Qué mucho, que á la sociedad y á la familia y á la propiedad y al derecho se atreva, cuando no respeta la Mecánica que durante tantos arios en el espíritu de las gentes se había confundido casi con la realidad! "kick Veamos lo que dice de la fuerza. No es ya que se niegue la acción á distancia; no es que se nieguen las fuerzas centrales; no es que se rechace el principio de igualdad entre la acción y la reacción, es que se pretende prescindir de la fuerza, y hasta hay quien la niega ó prescinde de ella al fundar una nueva Mecánica. ¡Fundar una Mecánica sin fuerza! Pues á eso se llega y llegan hombres eminentes. Y otros niegan la masa, como mero convencionalismo ¡y pretenden fundar una Mecánica sin masas! No hay que dudarlo, el modernismo ha penetrado triunfante.y destructor en la misma Mecánica racional. Como modelo extraño, pero digno de estudio, de una de estas Mecánicas, citemos la del célebre Hertz. Y ya lo observan mis oyentes, no se trata de un aventurero, que también en estas puras regiones los hay; no ya de soñadores, ni de ignorantes presuntuosos, que siendo incapaces de comprender la Ciencia que existe, pretendan fundar una nueva Ciencia para su uso particular y á la liliputiense altura de su ruin inteligencia. Trátase de Hertz, una verdadera gloria del progreso moderno: el que dio realidad en sus célebres experiencias á las magníficas teorías matemáticas de Maxwell sobre la electricidad y el magnetismo; y en la Ciencia práctica el que ha hecho posible el telégrafo sin hilos. NobiMsima y poderosa asombro y su confusión con frases análogas á estas: « que no sólo le parecían las nuevas ideas absurdas ó ininteligibles, sino que dado el caso de que el autor las hubiera expuesto en el examen elemental de cualquier Liceo, hubiera obtenido nota inevitable de reprobación, no sólo por los errores cometidos, sino por haber demostrado con sus singulares lucubraciones que no había llegado á comprender ni una sola palabra de la Mecánica clásica ». ¡Cómo cambian los tiempos y las ideas y los juicios de los hombres! Algunos años más tarde se publicaba la Mecánica do Hertz, con un prólogo por todo extremo laudatorio del célebre Helmholtz, una de las glorias más legítimas de la Ciencia; y recientemente dedica á esta obra frases de respeto y de simpática, admiración Mr. Poincaré, que en Matemáticas puras y en Física-Matemática es autoridad suprema, y que acaba de publicar 822 José Echegaray dos libros de Crítica científica titulados «La Ciencia y la hipótesis» y «El valor de la Ciencia», que son verdaderamente admirables, por la profundidad del pensamiento, por la severidad del juicio y por el alto ingenio que revelan, siquiera á veces parezca brotar de sus páginas cierto escepticismo tranquilo, templado al punto por un profundo amor á la Ciencia. El espíritu de la Mecánica de Hertz puede condensarse en brevísimas frases. La Mecánica clásica se convierte en una especie de Cinemática y entre los diferentes puntos existen enlaces establecidos por substancias invisibles: y esto es todo. Podemos tomar una comparación, que ilustre el anterior concepto, en las teorías modernas del espacio, materializando en cierto modo lo que la idea anterior tenga de obscura. Supongamos que el espacio se reduce á un plano, que en ese plano se mueven y viven seres, que ignoran la tercera dimensión del espacio, ostras intelectuales, y perdóneseme la inteligencia, que por sus trabajos, por un lado linda con las admirables adivinaciones de Maxwell, y por el otro con la transmisión de la onda que lleva su nombre en el telégrafo de Marconi. Pues bien, Hertz, como otros muchos físicos eminentes, como el gran matemático Poincaré, encuentran dudosos, imperfectos.y á veces contradictorios los principios fundamentales de la Mecánica clásica. Ni hallan medio de definir la fuerza, ni aciertan á definir la masa; y el admitir á la vez estos dos elementos, es para muchos algo así como una superfetación origen de mil confusiones. Prescindamos de la masa, dicen unos, quedémonos sólo con la fuerza: y el Universo se convierte en algo á manera de inmensa urdimbre; red colosal de tres dimensiones, cruzamiento de líneas de fuerza en que los nudos, por decirlo de este modo, fingen las apariencias de la masa. Prescindamos de la fuerza, dicen otros, quedémonos con las masas y el movimiento: y la Mecánica será una especie de Cinemática. Y aquellos y éstos están conformes en que admitir al mismo tiempo la masa y la fuerza, es una concepción infantil, primitiva y casi ridicula. Se engancha la fuerza á la masa -dicen-como se engancha el caballo al carruaje del cual ha de tirar por el estímulo de oportunos latigazos. Yo no puedo en este momento, sin convertir mi discurso en un libro, dar idea, siquiera aproximada, de la Mecánica de Hertz; pero permítaseme recordar algo, que no deja de ser curioso e instructivo. He leído, no sé dónde, que al tener conocimiento de la Mecánica de este físico, el eminente matemático M. Bertrand, autoridad de primer orden en cuestiones de Matemáticas y de Física-Matemática y sabio entre Documento V: Discurso leído en la Universidad Central. los grandes sabios dé la pasada centuria, mostrase confuso y asombrado, expresando su imagen; y que los puntos que en ese plano se mueven y forman como la Naturaleza del mundo imaginario de nuestra hipótesis, están enlazados, sin embargo, en el resto del espacio, que es invisible é inaccesible para los seres inteligentes y fantásticos, que viven achatados en aquel universo superficial. La Mecánica que estos seres establecieran á fin de explicar los fenómenos del mundo visible, acaso sería la Mecánica de las fuerzas; y, sin embargo, algunas de tales fuerzas no existirían, al menos en el plano.y sería necesario para explicarlas acudir á los enlaces del resto del espacio: en el fondo serían fenómenos cinemáticos, no fenómenos mecánicos. La Cinemática es lo que más se aproxima á las Matemáticas puras: puntos, velocidades, aceleraciones, trayectorias. Así es que en la Mecánica de Hertz las masas son coeficientes numéricos, y suprimiendo masas y fuerzas, se puede suprimir casi toda la parte experimental, dejando de la Mecánica, la parte puramente matemática. Es un esfuerzo, en suma, para salvar á la Mecánica de los rudos embates de la Crítica moderna. Esfuerzo inútil, porque la Crítica á todas partes llega. Condensemos en breves líneas, sin muchas explicaciones, porque no tenemos tiempo para ello, su capítulo de cargos contra la Mecánica racional. Acción á distancia y fuerzas centrales: inaceptable la primera, hipotéticas las segundas; puntos ambos de que hemos tratado ampliamente. El principio de inercia: la Crítica moderna afirma que ni es un principio a priori, ni es un hecho experimental, sino más bien un convencionalismo de la Ciencia. José Echegaray damento solido en la razón y sin comprobación práctica en la experiencia: decimos esto admitiendo el nuevo orden de ideas. Tales son las consecuencias de la Crítica moderna. Y he de señalar una circunstancia gravísima, que ya he apuntado anteriormente, y que da á todos los resultados de este análisis una fuerza verdaderamente excepcional; y es que la nueva Crítica la ejercitan sabios eminentes, los de más competencia en asuntos matemáticos, los de razón más sóhda, los que han alcanzado mayores triunfos en las Matemáticas puras, en la Mecánica y en la Física-Matemática, los que no censuran ni por malhumorados con una Ciencia que les fuera ingrata, ni por ligereza de carácter. Y el movimiento crítico se extiende á todas las naciones que marchan á la cabeza de la civilización. Al ver á maestros ilustres, que parecían tener el monopolio y ejercer la hegemonía en las Ciencias exactas, afirmar que no son tan exactas como parecen ser, que están plagadas de definiciones arbitrarias, de resultados contradictorios, de numerosos convencionalismos y de postulados indemostrables, hay que respetar la severidad de su pensamiento y la abnegación de sus declaraciones; pero confesemos que se presentan ante los humildes creyentes, como sacerdotes que reniegan de sus propios ídolos y que derriban sus propios altares. Al ver á tantos y tantos ilustres críticos descargando, uno tras otro, repetidos y tremendos golpes de ariete contra la Ciencia del siglo xix, recuerdo, por no sé qué extraña asociación de ideas, la memorable noche del 4 de Agosto, en que la nobleza de Francia, y aun el clero y todos los órdenes de la Asamblea, arrastrados por una fiebre noble y patriótica, y queriendo demostrar su amor á la Justicia y al Derecho, abdican en tropel y en competencia sus privilegios, sus prerrogativas, sus antiguos derechos, arrojando las ruinas del viejo mundo feudal, aristocrático y absolutista ante la nueva Justicia y el nuevo Derecho. Nada más hermoso, nada más conmovedor; pero aquel movimiento tan conmovedor.y tan hermoso, todos sabéis cómo acabó: la escena final fué sangrienta. La nueva aristocracia del saber, al renunciar á sus privilegios de certeza y de rigor matemático, temo yo que acabe provocando, no derramamiento de sangre, pero sí una explosión de escepticismo, que también sería triste desenlace; para el pensamiento hay también su siniestra guillotina. Verdad es, que uno de los más ilustres críticos termina la obra que antes citamos con hermosísimos capítulos sobre la Ciencia en sí, la realidad y el cultivo dé la Ciencia por la Ciencia. Pero no es esto todo: no se contentan los pensadores modernos con hacer cruel análisis de la Física-Matemática, que al fin es doctrina, que siempre estuvo sujeta al fallo supremo de la experiencia. No se contentan con triturar la Mecánica clásica, en la que hay que confesar que se mezclan, á veces sin criterio, la Ciencia experimental, el convencionalismo más ó menos cómodo, las definiciones más ó menos arbitrarias; por más que den trabazón á estos diferentes materiales los principios puros de las Matemáticas. Cuando el hombre se da á pensar y á martirizar su pensamiento, no se contenta con tan poco: ahonda y ahonda cada vez más, y después de acabar la Crítica con la Mecánica clásica, hasta con las Matemáticas puras se atreve. No admite que las Matemáticas sean una aplicación de la Lógica, y que el principio de contradicción por una parte, y el silogismo por otra, sean sus medios de investigación y de demostración; porque consideran al primero como estéril y como estéril á la Lógica, y sólo encuentran, como explica admirablemente Mr. Poincaré, un principio fecundo de demostración en el llamado de recurrencia, y perdóneseme la palabra. Expongo someramente, no juzgo, pero en todo caso, creo que las Matemáticas no son la aplicación lineal, por decirlo de este modo, del silogismo, sino más bien una red tupida de silogismos que se entrecruzan, y que forman una gran lógica de muchas dimensiones. Comprendo que expongo con obscuridad mi pensamiento; pero tampoco pudo desarrollarlo más en este instante. En cuanto ti la Geometría, basta que recuerde la Geometría no euclidiana en contraposición á la Geometría clásica de Euclides. Y por si con esto no bastase, citemos el espacio de n dimensiones, ante el cual el viejo espacio de tres dimensiones á que estamos acostumbrados, con ser infinito según unos, con ser incomprensible según otros, con reducirse á una forma de nuestra sensibilidad en opinión de muchos, y con ser puramente relativo según los más, aparece como un modestísimo y vulgar espacio, viejo burgués del Cosmos, ante los formidables anarquistas de la extensión cuyas dimensiones, no pudiéndose contar por números, acuden á las letras del alfabeto. Árida es la relación que precede, bien lo conozco; pero yo necesitaba justificar la tesis de este discurso, por lo formidable y lo revolucionario de las ideas, por la calidad excepcional de los actores, que son los matemáticos más ilustres de la época presente, y por el fantasma del escepticismo, que pudiera ser, no digo que sea, y aun estoy seguro que no será, el término de esta evolución sin ejemplo. Sin ejemplo, no precisamente por lo que es en sí, sino por su grandeza y extensión. Dije que las Ciencias exactas estaban en crisis, desde las Matemáticas puras, respecto á las que por la índole de este discurso poco he podido decir, hasta la Física-Matemática, á la cual voy á concretarme ahora más particularmente. Pero como la materia es casi inagotable, y como este trabajo va siendo sobradamente extenso, voy á escoger tan sólo de toda la Física-Matemática, tres grandes ramas: el calor, la luz y la electricidad. Las teorías en la Física-Matemática, tienen el mismo objeto que las teorías de todas las Ciencias: explicar los fenómenos naturales; pero esta palabra explicar, sí que requiere una explicación. Explicar un fenómeno, no puede tener en la Ciencia moderna más que un sentido. En tiempos en que prevalecía la Metafísica, y en que una Filosofía que de aquélla arrancaba, era por todos los pensadores acogida con afán y sin desconfianza, explicar un fenómeno era penetrar en su esencia íntima, descubrir sus misterios, poner en algún punto al menos en contacto la razón humana con lo absoluto divino. Y hay que confesar, que si este fuera el objeto de la Ciencia, para no pocos sabios la Ciencia habría hecho bancarrota, como asegura un ilustre escritor. Pero la Ciencia moderna, con ser admirable y poderosa, á pesar de sus errores.y deficiencias, no aspira á tanto; aspira á mucho menos. Hoy para la mayor parte de los sabios, explicar los fenómenos de la Física-Matemática, no es más que reducirlos á otros fenómenos vulgares y conocidos, de los que vemos con los ojos y tocamos con las manos: de los que penetran por nuestros sentidos. Es un trabajo de agrupación y clasificación. Tal fenómeno tiene apariencias extrañas, singularísimas, es algo nuevo y excepcional; pues estudiándolo, sometiéndolo á la experiencia, descomponiéndolo en sus elementos, y ayudándonos un poco en la empresa con una buena hipótesis, nos encontramos con que las apariencias del fenómeno eran engañosas. En el fondo no había más que unos cuantos hechos, idénticos, por su naturaleza á los que vemos todos los días y que podremos medir, y resolverlos en números, y someterlos al cálculo, como medimos y numeramos tantos otros hechos de la vida vulgar. Y entonces, dice la Ciencia que hemos explicado el fenómeno. ¿Es que hemos penetrado en lo más profìindo del fenómeno mismo? Es que hemos colocado en la misma categoría, en la misma clasificación puede decirse, que otros fenómenos ya clasificados, el que con nuevas y extrañas apariencias se nos presentó. Me explicaré más claramente. En el cielo vemos movimientos de masas ponderables, que son los astros; es decir, movimiento de la materia y como consecuencia una sensación visual en la retina. El calor de los cuerpos produce en cambio una sensación en los nervios de la piel. Pero si esta sensación fuera producida por la vibración, es decir, por el movimiento de las partículas de los cuerpos, ambos fenómenos, el astronómico y el molecular, serían idénticos, y podrían clasificarse juntos; ambos serían el mismo fenómeno: movimiento de la materia. Sólo que aquéllos, los del espacio planetario, afectarían uno de nuestros sentidos; los otros, los del cielo microscópico, afectarían otro sentido distinto, y podrá decir el hombre de ciencia, que ha explicado el calórico, porque lo ha clasificado en el grupo de los fenómenos más visibles, más vulgares y más comunes. Movimiento de grandes masas en un caso, movimiento de pequeñas masas en otro; sin que esto signifique, que la explicación dada tendiera á penetrar en lo absoluto, porque siempre quedarían, en uno y otro caso, como inexplicables, la materia, el movimiento y la causa del movimiento, sin contar con la sensación, que es otro problema. Se fundó, pues, la Termodinámica partiendo de la hipótesis mecánica, y gran número de sabios pretendieron aplicar á los fenómenos del calórico los principios de la Mecánica racional. Dos grandes leyes aparecían en primer término en los fenómenos caloríficos: la ley de Meyer.y el principio de Carnot. Toda cantidad de calórico medida en el calorímetro, es proporcional á una cantidad determinada de trabajo, ó si se quiere de fuerza viva; y el calórico y el trabajo, se transforman uno y otro en cantidades constantes. A cantidades iguales de calórico, corresponden cantidades iguales de trabajo o fuerza viva. Pero esta proporcionalidad, que puede considerarse como un hecho experimental, hubiera podido afirmarse la priori., porque si el calórico es fuerza viva de las partículas de los cuerpos, por kilográmetros ha de expresarse forzosamente. El principio de Carnot era al parecer el más complejo, y resistía terco, si se nos permite esta palabra, ó cedía de mala gana, á los esfuerzos de la Mecánica. Se proponían multitud de demostraciones, desde la teoría del Viriel, hasta la dada por Helmholtz, aplicando las ecuaciones de Lagrange; pero ninguna satisfacía por completo. Y sin embargo, eran á mi entender esfuerzos bien dirigidos; y sobre todo la teoría de Helmholtz, si no perfecta, me parece aceptable y en gran parte satisfactoria. Verdad es, que no explica los ciclos irreversibles; pero es que en rigor en tales ciclos se trata de un problema mucho más complicado, que el problema elemental de la Termodinámica; y dispénsenme mis oyentes, si por la naturaleza de este discurso no entro en más pormenores. ¿Qué tienen que ver, preguntaré sin embargo, y valga este ejemplo, las leyes regulares de un sistema solar con el choque de un cuerpo, que destruya uno de los planetas? Ello es que la Crítica se ha ensayado con la hipótesis mecánica del calórico, poniendo en relieve, y casi sin apelación, todas sus deficiencias; y en cambio, las altas Matemáticas, no han hecho en pro de esta teoría los esfuerzos sublimes, que han realizado en la Astronomía, en la Óptica mecánica y en la Electricidad. Carnet, que por un rasgo de genio, estableció su célebre principio, partiendo de una hipótesis falsa, cual es la substancialidad del calor, ha tenido la suerte de que el principio que lleva su nombre subsista en la nueva Termodinámica.. Y así va atravesando todas las transformaciones de la teoría mecánica del calor, y plegándose á todas las teorías: explicado y ampliado por el ilustre Clausius, demostrado por Helmholtz, bien acogido por la Termodinámica experimental, y sirviendo de base á todas las aplicaciones prácticas de dicha teoría. Pero la Crítica tiende á achicar cada vez más la hipótesis mecánica., y aun á prescindir de ella. Los dos principios fundamentales, el de Meyer y el de Carnet, que así se llaman; la teoría cinética de los gases; la teoría extraña y un tanto nebulosa de la entropía, que el insigne Bertrand, espíritu claro y preciso y también de crítica implacable, declara con desdeñosa humildad, que no comprende, y que sólo puede admitirse la demostración para un caso particular; la teoría, en fin, de las funciones características, cuya aplicación puede ser tan fecunda en la Química, todo esto, hace de la Termodinámica moderna una región científica brillante, pero poco precisa todavía, y materia muy dispuesta para la censura y para la crítica. Aquí más que en ninguna otra rama de la Física-Matemática se mezclan y se revuelven las hipótesis, la experiencia y las teorías puras de la Mecánica; y á veces hasta se acude á principios metafísicos como el de la Documento V: Discurso leído en la Universidad Central... imposibilidad del movimiento continuo, que es una especie de postulado de Euclides, en el orden de la Mecánica, porque es un concepto racional, si se admite la teoría de las fuerzas centrales, pero no lo es en el caso contrario. Y otras veces se acude á otra especie de postulado, admitiendo que el calórico no puede pasar por sí mismo de un cuerpo de menor temperatura á otro de temperatura más alta; á lo cual podría oponerse el ejemplo modernísimo del radium, aunque sobre esta contradicción, yo, si tuviera tiempo, haría algunas salvedades. En suma, la Crítica rechaza casi por completo, la aplicación de la Mecánica racional y del movimiento de las masas ponderables y del éter, como explicación de los movimientos caloríficos. Y es que si se me permite esta opinión, yo creo que el problema no se ha planteado en toda su grandeza, y valga esta palabra. El problema se ha desarrollado, por decirlo de este modo, históricamente. No se ha dicho: aquí hay un cuerpo, que es un verdadero sistema astronómico, sus moléculas y sus átomos son sus astros, y estos astros se mueven bajo la acción de ciertas fuerzas. Enfrente hay otro cuerpo en las mismas condiciones. Y entre los dos existe el éter. Lo que en la experiencia vulgar se llama temperatura, ¿qué es en estos sistemas, y cuándo, uno ante otro, estarán en equilibrio? Si cada sistema se reduce á un solo átomo, el problema es relativamente sencillo: en toda su generalidad es mucho más.difícil; pero á la verdadera solución matemática se han substituido leyes empíricas, que ya la antigua Física daba con el nombre de « equilibrio de temperaturas », y en todo el desarrollo de la Termodinámica, la confusión de origen subsiste, con lo cual la Crítica abre anchas brechas por las que penetra triunfante. En resumen, hace treinta arios, para explicar la Termodinámica en una clase de Física-Matemática, partiendo de la hipótesis mecánica, bastaba tomar por guía, pongo por ejemplo, la excelente obra de Briot; hoy en verdad, no se sabe a dónde acudir, si aquella hipótesis, que yo creo natural y fecunda, ha de ponerse á salvo. Al hablar del calórico, en un curso de Física-Matemática, dos grandes problemas aparecen: el primero es el que ya hemos reseñado, que es el más profundo, el más general, y el que en rigor lo abarca todo en este orden de ideas. El segundo es más modesto, y pudiera titularse: de la propagación del calórico; y yo creo que debiera ser el primer capítulo de la Termodinámica. ¿De qué modo el calórico pasa de un cuerpo á otro, y en el mismo cuerpo, según qué leyes se distribuye? En rigor este problema es el mismo que planteábamos antes al hablar de aquellos dos sistemas astronómicos en miniatura, que uno ante otro buscan su equilibrio de vibración, que es como buscar su equilibrio de temperatura. Pero Fourier, en su admirable teoría, partió de una sencilla hipótesis, en la que consideró á la temperatura como una de tantas magnitudes de la Física experimental. Y volvemos á repetir lo que antes dijimos: la hipótesis era tan sencilla; tan aceptada era por todos los físicos, que no veían más que la parte experimental; tan aceptada por todos los matemáticos, que no veían más que los elementos diferenciales propios para plantear dentro de la ley lineal las ecuaciones diferenciales del problema, que ni antes ni después ha extremado sus rigores la Crítica contra esta teoría. Ya lo dice Mr. Poincaré en su estilo claro, elegante y preciso. « Entre las teorías de esta época, una sola debe exceptuarse de la tendencia general, la de Fourier, para la propagación del calor. Hay en ella átomos, y aun actúan á distancia unos de otros, pero es para enviarse mutuamente calor: ni se mueven ni se atraen. Desde este punto de vista, la teoría del ilustre matemático debió parecer á sus contemporáneos, y aun al mismo Fourier, como imperfecta.y puramente provisional.» Y en efecto, si en ella se consideran los desarrollos matemáticos, es una teoría admirable, que ha inmortalizado á su autor; pero si se atiende á la hipótesis, hay que reconocer que es poco satisfactoria, y de escasos vuelos. Suponer que manda calor una molécula á otra, no es penetrar en el fondo del fenómeno; porque no hay quien admita hoy que el calor es una substancia, una emanación, como las emanaciones modernas del radium, un efluvio material en suma: entre las hipótesis definitivamente desechadas, ésta es una de ellas: quiero decir la de la substancialidad del calor. Puede tomarse como símbolo de un hecho material, símbolo acaso cómodo para el problema concreto de que se trata; pero nada más. Yo creo, que lo que una parte del cuerpo manda á otra, es una vibración, es un movimiento que circula. Bien es verdad, que en uno y otro caso, se viene á parar á las mismas ecuaciones diferenciales; pero esto no explica ni la naturaleza del calor, ni el concepto de temperatura. De todas maneras, como la hipótesis nada prejuzga de un modo definitivo, y como todo el resto de la teoría se compone de desarrollos puramente matemáticos: integración de ecuaciones, problemas sobre límites, y determinación de funciones arbitrarias de la integración, la Crítica Documento V: Discurso leído en la Universidad Central... moderna se ha mostrado tolerante, según decíamos, con esta parte de la Física-Matemática, en la que, á decir verdad, hay la menor cantidad posible de Física-Matemática. Resumiendo: la Física-Matemática del calor está en crisis; la hipótesis mecánica está en baja; la tendencia universal es la de abandonar toda hipótesis y hacer de la Termodinámica una Ciencia de base experimental y puramente experimental, dando este carácter á los dos principios, el de Meyer y el de Carnet ó Clausius. Y sin embargo, ¿qué resistencia vital tiene el idealismo!; aun dada esa tendencia, la Termodinámica es una de las partes de la Física-Matemática, que muestra más audacia en sus concepciones: dígalo si no la entropía, que hasta se atreve á predecir el fin de los mundos por la uniformidad de temperatura; dígalo el problema de los ciclos irreversibles; dígalo en fin la atrevida aplicación de la Termodinámica á la Química, y las un tanto obscuras, pero profundas y fecundísimas concepciones de Gibbs. Pasemos ya á la teoría de la luz. La teoría matemática de la luz es en el orden de la Física la creación más prodigiosa del ingenio humano. José Echegaray vergencia de las series. Cuando se quiere apreciar mayor grado de exactitud, hay que tomar en cuenta mayor número de términos; pero cuando cierta aproximación basta, basta también con unos cuantos términos de la serie. La teoría de la luz ha explicado por mucho tiempo, por manera admirable, la mayor parte de los fenómenos de la óptica. La óptica experimental y la óptica matemática, por decirlo de este modo, se ajustaban á maravilla, y la creación de Fresnel dominaba con señorío absoluto. Pero la Ciencia experimental no cesa en sus trabajos, cada vez descubre nuevos fenómenos, cada vez sus exigencias son mayores, y á cada momento se dirige á la teoría diciéndole: «explica esto, y esto, y esto más». Y al fin y al cabo, como ninguna teoría abarca la Naturaleza en su totalidad, como ninguna expresa lo absoluto, un momento llega en que las fórmulas matemáticas dicen: «no podemos más»; y si bien no explican ciertos fenómenos ó los explican de una manera torpe y premiosa, y este es momento de crisis para aquella teoría: ó crisis superficial, ó crisis profunda, según los casos. Ya hay en la óptica mecánica algunos fenómenos, por ejemplo el de la dispersión, que la teoría vibratoria explica con dificultad, y para explicarla hay que complicar la hipótesis primitiva; pero así y todo la teoría matemática de la luz es tan sólida, que estas dificultades internas poco á poco van desapareciendo, y las vence en parte, y aun tiene la esperanza de vencerlas en la totalidad. Pero la gran crisis de la teoría undulatoria, no viene de ella misma, viene de fuera, viene de la complicación de los fenómenos lumínicos con los fenómenos de otras ramas de la Física-Matemática: que llegar á la unidad de toda la Ciencia cuesta mucho, y en las fronteras nacen, como siempre, los conflictos. La teoría de la luz constituye una unidad tan satisfactoria como pueda esperarse de la imperfección humana; pero cuando el éter luminoso se pone en contacto con los fenómenos caloríficos, y después con los fenómenos eléctricos, y al fin. con el magnetismo, la crisis empieza; y día llegará en que tenga que armonizarse con los fenómenos químicos y entonces se desarrollará la verdadera crisis. Al fin y al cabo hasta ahora, no han sido los conflictos grandes entre la luz y el calor, por lo mismo que no se ha extremado la teoría de este último en el orden matemático, y por lo mismo que la hipótesis mecánica aplicada á la Termodinámica no inspira gran interés en estos últimos tiempos. Por lo demás, en el espectro luminoso, parece que coexisten en buena armonía las vibraciones luminosas, los rayos ó las vibraciones caloríficas y aun los rayos que se llaman químicos: basta variar la longitud de la onda para pasar de unos á otros. Y digamos ahora, que esta es una prueba más en favor de la teoría vibratoria del calor, porque si ciertas vibraciones del éter son caloríficas y es el calor vibración del éter para ciertas ondas, ¿por qué no ha de ser el calor vibración en las moléculas de los cuerpos y aun en sus átomos? Lo que hay, á mi entender, es que el calor como vibración no llega más que á las fronteras del átomo, y éstas son las únicas vibraciones sensibles para el termómetro. Después, dentro del átomo, viene otra especie de ultra-termodinámica. Sólo apuntamos esta idea. Pero, el conflicto es más grande, cuando se ponen en contacto los fenómenos luminosos con los fenómenos eléctricos y magnéticos. De suerte que aquí, la crisis, en rigor, no nace de exigencias de la Crítica, nace de la experiencia misma. La materia es inmensa y no podemos tener la pretensión de exponerla, ni siquiera en sus rasgos generales, en este discurso, que va siendo excesivamente largo. Digamos, no obstante, que muchos físicos eminentes y muchos matemáticos, admiten la posibilidad de que á la teoría ondulatoria de la luz, sea preciso y sea conveniente substituir la teoría electro-dinámica, sobre todo teniendo en cuenta las teorías matemáticas del ilustre Maxwell sobre electricidad y magnetismo. Porque el conflicto se plantea de este modo en aquellos puntos en que la luz y el magnetismo entran en competencia; por ejemplo, para no citar más que uno, cuando un imán actúa sobre un rayo de luz polarizada. En todos estos casos, porque no es éste el único, el nuevo problema repetimos se plantea en esta forma: ó la teoría de la luz se explica á sí misma y explica al magnetismo; ó la teoría magnética, después de explicar sus propios fenómenos, llega á explicar los de la luz. Pero la teoría ondulatoria de la luz es impotente, según creen algunos, para explicar los fenómenos magnéticos, ó los explica por manera imperfecta, y en cambio la teoría electrodinámica puede explicar fácilmente los fenómenos luminosos. No es ya la Crítica, como antes dije, la que viene á combatir la antigua teoría de Fresnel, es que la guerra civil, y permítaseme la imagen, está ya dentro de la misma Física-Matemática; es la lucha por la hegemonía entre la teoría matemática de la luz y la teoría electrodinámica. Mas para terminar sobre lo que de este punto tenemos que exponer, preciso es que antes digamos algo sobre la electricidad y el magnetismo. Propiamente aquí no hay crisis: lo que hay es una inmensa ebullición creadora de teorías y de hipótesis; y en esta inmensa agitación, dominan como centros atractivos las teorías del inglés Maxwell, que han sido renovadoras para esta parte de la Física-Matemática, en la que se acumulan trabajos de primer orden de los primeros matemáticos del mundo. Sin contar con la vieja hipótesis de los dos fluidos, que la escuela monista no acepta, pero que tan cómoda era, que aun hoy mismo puede utilizarse en forma simbólica. Sin contar tampoco con los antiguos y fundamentales teoremas de Gauss y Poisson, y viniendo á los modernos, nos encontramos con una serie de nombres ilustres, en la que no pudiendo citarlos todos, citaremos á Ampere, Weber, Helmholtz, Maxwell, Hertz, Lorentz, Larmor, Thomson y Poincaré. Y por no hacer interminable esta lista suprimo muchos, y sólo cito aquellos cuyos trabajos más se relacionan con las ideas que voy exponiendo. Clama la Crítica, según antes decíamos, contra la hipótesis mecánica, y sin embargo, ¿qué son más que teorías mecánicas las de todos los autores que he citado y las de todos los que he dejado de citar? Lo malo no es que sean teorías mecánicas, es que son muchas, y la unidad de la Ciencia pide una sola. En todas ellas se habla del éter y de sus átomos; y algunos autores introducen otra especie de fluido etéreo, como auxiliar; y cuando no basta se habla de los iones; y cuando los iones sencillos no son suficientes, se acude á los iones complejos. Pero todos estos son nobles esfuerzos de hombres de peregrino ingenio y gran dominio del análisis matemático, que pugnan por llegar á la unidad. Y aquí la Crítica descansa en cierto modo, porque la teoría de cada autor hace la crítica de las restantes. La armonía de todos estos esfuerzos, será obra laboriosísima, y obra de mucho tiempo; pero no obra imposible, puesto que todas las teorías citadas tienen un fondo común. Aceptan el éter o algo que al éter se parece; aceptan la fuerza y aceptan los grandes principios de la Mecánica, á pesar de estar muchos de ellos en entredicho. ¿Pues por qué no ha de llegarse á una solución definitiva, aceptando, como hipótesis ciertamente, pero como hipótesis ineludible, y si se quie-Documento V: Discurso leído en la Universidad Central... re como formas esquemáticas, los elementos que están constantemente en juego? En juego están átomos de materia ponderable como núcleo; atmósferas etéreas alrededor de estos centros; fuerzas atractivas, según cierta ley, entre la materia y la materia ponderable, y entre esta materia y el éter; fuerzas repulsivas entre dos elementos de éter. El resto sería un problema de Mecánica racional. El problema será inmensamente difícil, pero la dificultad debe confesarse, que reside principalmente en las Matemáticas puras, en el análisis infinitesimal y en los métodos de integración. Yo bien sé que reducir el Universo físico á materia ponderable, éter y fuerzas, es plantear una multitud de hipótesis; pero ¿de qué otra cosa que de hipótesis se ha nutrido la Ciencia humana cuando la Ciencia humana ha querido dar unidad y trabazón á los hechos dispersos? Cuando la inteligencia del hombre quiere apoderarse de los hechos y convertirlos en un organismo inteligible, necesita ejercer sobre ellos cierta especie de digestión intelectual, antes de llegar á la asimilación; y perdóneseme la imagen, pero una vez planteada, hay que apurarla por completo. Al apoderarnos de los alimentos, empezamos por triturarlos, y después, en un largo proceso, los vamos transformando poco á poco, por medio de líquidos y de jugos que ha preparado nuestro organismo, hasta convertir la substancia alimenticia que hemos tomado del mundo exterior, en substancia asimilable y propia. Pues asimismo, cuando nuestra inteligencia quiere apoderarse de un orden de fenómenos, empieza por triturarlos convirtiéndolos en hechos sencillos, que la experiencia comienza á elaborar, sometiéndolos á observaciones y ensayos, y aplicándoles la inducción y la generalización. Y después, para apoderarse de ellos por completo, para fundirlos en la razón.y nutrirla, les aplica las hipótesis y, las leyes de la Mecánica y el cálculo matemático: jugos, por decirlo de este modo, que la inteligencia ha extraído, al menos en gran parte, de sí misma; hasta que de esta suerte obtenemos una representación científica del mundo exterior, que si es representación, claro es que no es el objeto mismo; que si es imagen de la realidad, claro es que con la realidad no se confunde; que si es un esquema ó un símbolo, claro es que no es la cosa simbolizada; pero que de todas maneras, representación, imagen ó símbolo, algún parecido tendrá con el objeto de donde procede. Porque téngase en cuenta que el ser humano no es un ser aparte, que venga de otro mundo, que tenga otras leyes distintas del medio en que se ha desarrollado. No, en el seno de la Naturaleza existe, y no parece natural que la Naturaleza quiera engañarse 836 José Echegaray á sí misma y hacer escarnio dentro del cerebro humano, de sus realidades, de sus leyes y de su unidad. Y si este es acto de fe y expresión de esperanza, que al menos el escepticismo no pretenda destruir esta última fe y empañar esta postrera esperanza. Al poner en relación los fenómenos de la Optica con los fenómenos electromagnéticos, brotan nuevos problemas para los cuales hay que buscar solución, y aunque las soluciones propuestas por los sabios, que antes citábamos, son muchas y no hay entre ellas perfecta identidad, todas giran dentro del mismo círculo, y en cierto modo, se siente palpitar la solución definitiva, que ya desde el principio pudo presentirse, porque no hay entre unas y otras hipótesis radical oposición. Un rayo de luz polarizada y un rayo magnético, que con él coincida, ¿son por ventura cosas distintas, opuestas, irreconciliables? El rayo elemental de luz polarizada, al fin y al cabo vibración rectilínea es en cada punto: dada la hipótesis, es la vibración transversal de un átomo de éter; pero el rayo magnético, dentro de la hipótesis de Ampere, es una corriente cerrada, infinitamente pequeña, en ese mismo punto, y también en un plano transversal; pues en verdad que no parece cosa tan imposible buscar la resultante de estos movimientos para cada cuerpo, que la luz y el rayo magnético atraviesen. Con lo cual los torbellinos á que acude Maxwell no son en el fondo más que las corrientes elementales á que se reduce el magnetismo; y algo análogo pudiéramos decir para cada una de las demás teorías, incluyendo la de Hertz y la de Lorentz. Si la luz es movimiento vibratorio del éter, y si el éter ó un fluido análogo es el substratum de todas las demás teorías, las combinaciones de fenómenos ópticos, eléctricos y magnéticos, no serían otra cosa, dentro de la hipótesis mecánica, que en el fondo todos aceptan, que una combinación de movimientos, que bien definidos deben llegar á conciliarse dentro de una teoría general. Verdad es, que como la luz y el movimiento se han de encontrar dentro de cuerpos materiales, por ejemplo, entre las moléculas de un dieléctrico, el problema se complica más, como, por ejemplo, en la teoría de Potier para la polarización rotatoria magnética. Pero estas complicaciones, que son grandes, creo yo que arrancan de deficiencias del cálculo matemático, como ya indiqué anteriormente. En rigor, la Crítica no puede ser en esta región de la Física-Matemática más que fragmentaria; quiero decir, que no puede ser una Crítica general, porque la solución general de estos problemas no se ha encontrado todavía. Podrá hacer notar, que en tal hipótesis no se respeta el principio de la conservación de la energía; ó que en tal otro se falta al principio de Newton, de la reacción igual y contraria á la acción, como se ha dicho de la teoría de Lorentz; pero todo esto es provisional, como provisionales son las teorías indicadas. Lo dijimos al empezar esta parte de nuestro discurso: en la luz, en la electricidad y en el magnetismo, las grandes dificultades con que se tropieza, nacen de los nuevos fenómenos que la experiencia descubre al combinar los fenómenos luminosos con los eléctricos y magnéticos; y ahora agregamos, que todavía nuevas dificultades aparecen siempre que los fenómenos cuyo fondo hipotético es el éter, se ponen en relación con la materia ponderable, como ya hemos visto en la polarización rotatoria magnética á través de un dieléctrico, como se ha visto en la aberración de la luz y al combinar los fenómenos eléctricos y magnéticos con el movimiento de los sistemas. ¿Es que la atmósfera se lleva consigo la onda luminosa que por ella circula? ¿Es que un dieléctrico al moverse se lleva también consigo la onda eléctrica ó magnética? Y formulo estos dos problemas en términos vulgares, no pudiendo en este discurso entrar en pormenores técnicos. Mas estas mismas dificultades, estos mismos fenómenos complejos en que entran la luz, la electricidad, el magnetismo y la materia ponderable, prueban dos cosas. Primera: que la Física-Matemática en unión con la Física experimental están haciendo esfuerzos supremos para llegar á la gran unidad de la Ciencia. La luz tiene su esfera de acción, sus leyes, sus hipótesis, y dentro de sí misma ha llegado á cierto grado de perfección. Y á cierto grado de perfección han llegado, aunque no tan alto como la óptica mecánica, la electricidad y el magnetismo; y también tienen sus hipótesis y sus leyes. Así forman hoy, la luz y los fenómenos electromagnéticos, dos especies de estados distintos, con cierta independencia. Y otro tanto podemos repetir de la materia ponderable con sus vibraciones caloríficas. Pues bien, estos tres estados ahora entran en conflicto, se penetran y arrojan, en los laboratorios y en los gabinetes del físico, fenómenos complejos, que resultan en cierto modo del choque de tres órdenes distintos de fenómenos, de tres órdenes de hipótesis y de tres teorías, más ó menos análogas, pero no idénticas. Y yo creo, que sólo puede dar unidad á esta masa inmensa de fenómenos la teoría mecánica, unificando dentro de sí todas las hipótesis. De otro modo la unidad me parece imposible. El choque de una teoría mecánica y matemática con otra teoría puramente empírica, por importante que sea esta última, no sólo se me antoja estéril, sino absurda; que sólo brota la unidad en varias cosas, cuando hay en ellas un fondo común. Hemos hablado en general de la teoría matemática de la luz, de sus grandezas, de sus triunfos y de sus deficiencias parciales; algo dijimos antes de la teoría mecánica del calor, de su período de prosperidad, si la palabra vale, y de su injustificado abandono. Digamos ahora algo en particular de la electricidad y del magnetismo, ó mejor dicho, completemos hasta cierto punto lo que antes expusimos. A la teoría de los dos fluidos, ha venido á substituir la de un fluido único, y este fluido único, admiten muchos físicos que es precisamente el éter: la substancia que forma el océano del oleaje luminoso, Pero en este punto existe cierta vaguedad, porque hay quien introduce otros fluidos; y aun al pasar del éter de la luz, al éter de la electricidad, se complica la hipótesis con nuevas hipótesis de torbellinos, esferi-Uas y varias clases de iones. Todo esto hoy día se agita en una gran confusión, á que contribuye no poco el distinto vocabulario de cada escritor. Pero, la gran transformación de la electro-estática y de la electrodinámica, se debe sin duda alguna al genio admirable de Maxwell. Y antes que él, y en el orden experimental, ya hubo de iniciar la nueva orientación el eminente físico Faraday negando resueltamente la acción á distancia; mas á esta hipótesis, mejor dicho, á esta negación, le dio carácter matemático el ilustre Maxwell. No, según él, un cuerpo electrizado no atrae ó rechaza á otro cuerpo electrizado por acción á distancia; sino porque entre uno y otro existe el éter ú otro fluido equivalente, por el cual circulan, en el cual se almacenan, y al cual en cierto modo desquician las acciones eléctricas. Así el campo eléctrico consiste en cierta polarización del dieléctrico; y algo en este mismo sentido puede decirse de la teoría de Hertz, en que domina el elemento analítico, conforme con sus ideas sobre la Mecánica racional. Todo esto lo ha tratado magistralmente en su gran obra sobre «Electricidad y óptica », sobre todo en la segunda edición de la misma, el eminente matemático Poincaré. Documénto V: Discurso leído en la Universidad Central... Como al fin y al cabo los fenómenos luminosos, eléctricos y magnéticos se han de desarrollar en el seno de la materia ponderable, por ejemplo, en los dieléctricos, forzoso es, que digamos algo de la vieja materia, de la' materia clásica, de aquella á que están acostumbrados nuestros sentidos, de lo que nos parece más real, por más que de dicha materia no tengamos otro conocimiento, que nuestras representaciones; por más, repito, que los antiguos cuerpos sólidos, líquidos y gaseosos, según la tradicional clasificación, no sean otra cosa que hipótesis que forjamos para dar unidad á los fenómenos externos. Pero al hablar de la materia ponderable, tendríamos que penetrar en el campo de la Química, y este discurso corría el peligro de no llegar á su fin. Agreguemos, pues, á lo dicho, muy pocas palabras. Si la acción á distancia está en crisis, o mejor dicho, repudiada casi por completo; Si las fuerzas centrales, aun admitiendo la existencia de la acción á distancia, al menos como símbolo, ya que las cosas pasan como si existiesen, cayeron bajo el mismo anatema. Si, en suma, se niega la fuerza ó no se quiere contar con ella. Si el éter es una pura hipótesis más ó menos cómoda; natural era que la Crítica no se mostrase más benévola con la materia ponderable, y ya al tratar de la Mecánica racional, indicamos los graves cargos que dirige al concepto de masa y al principio de inercia. Y respecto á su carácter de ser ponderable, suprimida la acción á distancia, la gravedad es una pura apariencia como la atracción astronómica. De suerte que de la masa nada nos queda en substancia, porque ni siquiera es substancia, y en su Mecánica el ilustre Hertz, substituye las masas por coeficientes. Pero, la crisis más grave de la materia, no procede precisamente de la Crítica, sino de los resultados experimentales, del descubrimiento del radium, de sus propiedades extrañas, de sus radiaciones y emanaciones, de su falta de respeto á las leyes más sólidas de la Física. De modo que en este caso no es la crítica filosófica la que rompe contra teorías, hipótesis y cálculos matemáticos, es la experiencia misma la que á sí misma viene á contradecirse. Todo resultado experimental está siempre en jaque, porque cualquier experiencia nueva puede destruir las experiencias antiguas. Un experimentador más hábil ó más afortunado, un perfeccionamiento en los medios de observación, un sistema que permita eliminar errores que antes se imponían, pueden quebrantar todas las leyes empíricas y todos los resultados experimentales. Lo que hay es, que por regla general, y salvo casos dudosos, como por ejemplo el de las célebres experiencias de Rowland, éstas se coordinan, se completan, marchan en el mismo sentido, forman en cierto modo una serie convergente, y no cambian, al menos durante algunos siglos (lo que sucederá después nadie lo sabe) una serie convergente en serie divergente, por manera repentina. Pero el radium se presenta, -y esta es ya la frase admitida,-con tendencias tan revolucionarias, mejor dicho, tan anarquistas, que toda la Ciencia se alarma, lo mismo la Ciencia hipotética de carácter idealista, que la Ciencia experimental, más sólida, mejor fundada, y de cimientos, hasta hoy, más inquebrantables. Para no citar más que dos ejemplos, recordaremos en primer lugar que el radium emite calórico, al parecer de una manera indefinida, como si su energía interna fuese infinita; y además que no parece respetar aquel axioma, ó por lo menos aquel postulado, según el cual, el calórico no pasa espontáneamente sino de un cuerpo á cierta temperatura á otro á temperatura inferior: principio que se consideró tan firme, que hasta sirvió de base al teorema de Carnet. Además, el radium está emitiendo constantemente, no sólo energía, sino elementos de su propia substancia, radiaciones y emanaciones, sin que su masa parezca disminuir. Falta saber si disminuirá en unos cuantos siglos; mas experiencia es esta, cuyo resultado final está reservado á las generaciones futuras. Todo, pues, está en entredicho: no sólo la constancia de la energía de un sistema aislado; sino aun la constancia de la masa, que es la base fundamental de la Química. Los cálculos de Abraham y las experiencias de Kauffman parecen demostrar, según dice Mr. Poincaré, que la masa aumenta con la velocidad y aun-varía con la dirección del movimiento, resultado estupendo, que hace cincuenta anos ningún físico de tercer orden hubiera acogido sin una sonrisa de supremo desdén, y que hoy si no aceptan, por lo menos discuten seriamente, físicos y matemáticos de renombre universal. ¡Tan quebrantada está la fe en la Ciencia clásica! Yo creo, que cuando toda esta agitación se calme, cuando todas estas experiencias, que á veces son contradictorias lleguen á ser concordantes, muchos de tales hechos, extraños hoy, recibirán explicación sencilla y natural; mas por el momento debe confesarse, que la vacilación es enorme, y que enorme es la confusión. En medio de esta confusión, una tendencia se dibuja. Ya no son los átomos de los cuerpos simples, aquellos elementos uniformes que Documento V: Discurso leído en la Universidad Central... venían á imitar en cierto modo, el punto indivisible de la Geometría; ya no son aquellos cuerpos duros é indestructibles de ciertas teorías físicas y que servían de base á una de las últimas memorias de Poinsot; ya se han convertido en sistemas de complicación infinita, que si en los fenómenos químicos pasan íntegros de una á otra combinación, es porque están dotados de extraordinaria estabilidad: todo sistema compuesto cuando es muy estable aparenta en efecto impenetrabilidad y solidez; quiero decir que vaga por el espacio como un verdadero cuerpo sólido. Pero ya nadie, ó muy pocos, creen en la solidez del átomo. El átomo moderno más bien aparece como un verdadero cielo microscópico ó archimicroscópico, compuesto de infinitesimales astros, que tienen sus masas, que describen sus trayectorias dentro de límites que les marca la imaginación; que están dotados de velocidades inmensas y retenidos por fuerzas atractivas inmensas también, cual corresponde á la pequenez diferencial de las distancias. Y así la diferencia entre los demás cuerpos y el radium, según esta sugestiva, aunque fantástica hipótesis, consiste únicamente, en que los átomos del oxígeno, y del hidrógeno, y de todos los cuerpos simples, son sistemas estables; y en cambio los átomos de los cuerpos radio-activos y sobre todo del radium, son sistemas que no han alcanzado todavía la estabilidad que los restantes cuerpos simples. Las órbitas de sus sub-átomos están muy próximas á las que enseña la Mecánica racional, que sirven de paso entre las curvas cerradas y las curvas abiertas. Así los choques sub-atómicos convierten, ó es posible que conviertan, una elipse en una hipérbola, o en una parábola, y de este modo saldrán disparados del sistema tales astros con velocidades enormes, dando lugar á las radiaciones y á las emanaciones. Porque en sistemas tales, y con tan amplia hipótesis, todo puede salir de un átomo de radium: lo mismo elementos de su propia substancia cargados ó descargados de sus atmósferas de electricidad y convertidos en electrones, que elementos de éter, que vibraciones etéreas. ¿Quién pone límites á estos pequeños sistemas astronómicos en sus convulsiones gigantescas, en las que la velocidad suple á la masa? Y así la imaginación, como arrastrada por un vértigo, y en carrera suprema de unas en otras hipótesis, desde los cielos astronómicos que vemos, baja á los cielos astronómicos que forma cada cuerpo, como si fueran cielos de segundo orden. Y siguiendo la infinita caída hacia la nada, va á dar en otros cielos infinitamente pequeños de orden superior, que se componen de sub-átomos, buscando la solución de problemas formidables José Echegaray en lo infinitamente pequeño: gigante disfrazado de pigmeo, como decía Pascal. De la crisis profunda, destructora en parte.y en parte renovadora, por que atraviesa la Física-Matemática, con ella la Mecánica clásica, y aun en parte las Matemáticas puras, atribuía yo, no diré la culpa, que de culpas no se trata, pero sí la causa, á la severidad, á veces excesiva, de la Crítica moderna. Pero ya lo he dicho, esta causa no es única; á la Crítica acompaña el descubrimiento de nuevos y extraordinarios fenómenos comprendidos en la denominación general de radiaciones: por ejemplo, los rayos catódicos, los rayos X, y la radio-actividad en general. Al fin y al cabo, la Crítica sólo puede quebrantar hipótesis, teorías, la forma convencional de los organismos científicos; pero la Crítica no puede combatir los hechos, ante ellos tiene que inclinarse, no diré respetuosa, porque el respeto no es una de sus debilidades, pero sí vencida, porque los hechos se imponen con la energía propia de la realidad. Pero es, que los nuevos fenómenos, desdeñando hipótesis y concepciones teóricas, vienen á herir á la misma Ciencia experimental, pareciendo que la dicen: «tus experiencias, tus leyes, tus resultados prácticos, son incorrectos y deficientes; vas arañando por la superficie de las cosas, pero tras ese mundo fenomenal que estudias, hay otro mundo inmenso al cual nunca has llegado,.y del cual hoy recibes en forma de radiaciones algunas salpicaduras». «Divinizabas el átomo creyéndole indestructible y ante ti se deshace el átomo en el radium, en el torium, en el polonium, en todos los cuerpos radio-activos, y más aún en todos los cuerpos de la Naturaleza, que todos se deshacen á la vez, aunque en grado mínimo». Es la materia, dice algún físico insigne, que se desorganiza y muere, deshaciéndose en el éter. Es la materia que busca sistemas estables y los alcanzó en casi todos los cuerpos, aunque no llegó á ellos en los radio-activos, dicen otros. Es la negación del peso constante en las reacciones químicas. Es la negación al mismo tiempo de varias leyes de la Termodinámica, no ya de la Termodinámica fundada en el movimiento vibratorio, sino de la Termodinámica experimental. Es la negación de la fijeza de las especies químicas, como la teoría de Darwin es la negación de las especies vivas; y es por lo tanto la posibilidad de la transmutación de los metales, arrojada como pasto y tentación á espíritus aventureros y fantásticos. Es en cierto modo la venganza que toma la vieja Alquimia de la Química clásica moderna. Es, en suma, la bomba anarquista arrojada ante la gloriosa Ciencia del siglo xix á ver si consigue destruirla y pulverizarla. Ni este es el momento oportuno, ni yo tengo espacio ni tiempo, no ya para discutir, pero ni siquiera para enumerar todos estos fenómenos á que voy refiriéndome. Marco una tendencia, doy cuenta de un sobresalto, no pretendo afirmar ni negar, porque afirmaciones y negaciones rotundas, en estos momentos, son peligrosas. Y por otra parte, estos fenómenos tampoco se enlazan sino de una manera indirecta, si es que lo indirecto existe hoy en la Ciencia, con la materia propia de la Física-Matemática. Me limitaré, pues, á unas cuantas observaciones generales, hechas de pasada y á la ligera. Que los nuevos fenómenos, de la radio-actividad y los que con ellos se relacionan, son extraños, sorprendentes, al parecer contradictorios con los principios más sólidos de la Ciencia clásica, no hay para qué negarlo. Pero que vengan á quebrantar sus cimientos y á destruirla, me parece que es exageración manifiesta y pesimismo injustificado. No creo yo que modifiquen las grandes leyes hoy establecidas: serán cuando más, términos de corrección, que habrá que introducir en ellas, términos que una vez estudiados y reducidos á números, determinarán acaso ligeras modificaciones. Es lo mismo que si después de estudiar los grandes movimientos de los astros, se pretendiera, que una nueva perturbación iba á modificar toda la Mecánica celeste. Pretender que el hombre conoce lo absoluto, que la Ciencia humana puede llegar nunca á su perfección, que á cada momento y á medida que se afinen los procedimientos de observación y de experimentación, no será preciso introducir correcciones, modificar fórmulas, transformar hipótesis, dar sentido más amplio á las teorías, en mi concepto es pretensión, sobre ambiciosa, insensata. Pero, en cambio, imaginar, que porque existan rayos catódicos, rayos X, o radiaciones, se ha de derrumbar de un golpe todo el edificio majestuoso de la Ciencia, es temor tan injustificado, que más que temor es pánico; ó sistemática negación de los grandes triunfos, y triunfos inquebrantables de la Ciencia positiva. No altera á la ola inmensa del Océano una pequeñísima ola subalterna que venga á rizar su gigantesco lomo. La Ciencia actual no es absoluta, pero no se alarmen los optimistas, ni se regocijen por anticipado los que pretendan substituir á la razón so-844 José Echegaray berana de la raza del hombre otras facultades fantásticas y caprichosas, para llegar al conocimiento de la verdad. La verdad científica se conoce sólo por el ejercicio de la razón: se conoce con trabajo, por modo imperfecto, pero de otro modo no se conoce jamás; y más vale una luz con eclipses, que la negrura de la noche eterna. De todas maneras, y sean cuales fueren los gritos de alarma, hay Ciencia para mucho tiempo, y perdóneseme lo vulgar de la frase. Es la segunda observación, que los nuevos fenómenos á que nos hemos referido, lejos de destruir el campo de las hipótesis, lo han ensanchado prodigiosamente y han abierto camino á las más atrevidas y fantásticas: prueba evidente de que si la Naturaleza no se cansa de plantear problemas, la imaginación se cansa menos en forjar sistemas para recoger la variedad infinita de los hechos en los moldes soberanos de la razón. Pero ya es tiempo de que acabe este largo, árido y fatigoso discurso, y no quisiera que todo lo que llevo dicho, las censuras de la Crítica, la aparición de nuevos fenómenos, la confusión de las experiencias, los bamboleos del edificio clásico, la duda en las grandes leyes, todo esto, digo, diera de sí una impresión de triste escepticismo y de falta de fe en la Ciencia. No, todo ello lo que indica es, al contrario, la inmensa fuerza expansiva del pensamiento moderno; es el ansia por subir á mayores alturas; es la inquietud de soberbias ambiciones: no es la convulsión de la agonía, sino la sacudida del alumbramiento. No puede aspirar la razón humana á poseer lo absoluto: muchos escritores hay que ni siquiera aceptan esta palabra, pero sin volverla á pronunciar por no descontentar á nadie, yo observaré, que las cosas de alguna manera son, porque si no fueran, ni de ellas hablaríamos. La nada ni tiene mundos, ni fenómenos, ni siquiera dudas; ni fantasmas, ni seres que los vean, los comenten y procuren comprenderlos. Y es natural que estos seres, sin querer convertirse en dioses para conocer lo incognoscible, al menos quieran conservarse hombres, que es lo que la Naturaleza les ha hecho, para conocer lo que puedan conocer, poco ó mucho, obscuro ó claro,y cada vez más y con mayor claridad cada vez. Esta es la noble ambición humana, ambición legítima: más que ambición, deber; que la inteligencia no brotó para anularse, sino para ejercitarse en algo. Para la duda, para la negación, para el escepticismo, para el sueño profundo, bien estaba la inteligencia sumida eternamente en la nada. Para realizar esta noble ambición, es preciso, ya que la inteligencia humana no pueda salir de sí y confundirse con las cosas, que al menos en el mundo exterior recoja lo que pueda recoger: impresiones, representaciones, símbolos, algo á que aplique sus actividades psíquicas. Porque hay que reconocerlo, sean cuales fueren estas actividades; sobre cuyo origen nada debo decir en este momento, porque es problema distinto del problema en que me ocupo; estas actividades, repito, tienen una unidad superior, que sé llama conciencia; espejo maravilloso, que es un punto y en que se refleja sin embargo lo infinito; y tienen una fuerza directriz, que. en su esfera propia es fuerza creadora. Y merced á esa fuerza directriz, realiza en el mundo exterior lo que en el mundo exterior no existía, por lo menos en acto, aunque existiese en potencia, si valen los términos aristotélicos. Y así el ser humano crea la Ciencia humana, reflejo más ó menos pálido, pero reflejo al fin de la realidad; y crea las mil y mil maravillas de la industria; y brotando esa fuerza directriz psíquica de lo interior á lo exterior, desvía de su cauce las energías naturales, y las hace trabajar con sujeción á un ideal, y engendra por ejemplo la locomotora; que á la locomotora no la engendró la Naturaleza, á pesar de sus infinitas energías: ó no pudo ó no supo. La locomotora es creación humana, puramente humana, que en ninguna formación geológica se han encontrado restos de ninguna locomotora. Y crea la dínamo, que en ningún terreno, ni en el secundario, ni en el terciario, se han encontrado fósiles de esta maravillosa creación. Pues este poder creador, modesto, imperfecto, torpe, todo lo que nuestra modestia quiera oponer á nuestra soberbia, pero poder creador al fin, por lo menos de nuevas relaciones y nuevas formas, lo ejercita el ser humano en el fondo de su inteligencia. Y el hombre puede crear mundos imaginarios, fantásticos si se quiere, á los cuales él da substancia hipotética y leyeshasta cierto punto arbitrarias pero siempre dentro de la lógica. El hombre, digo, puede crear dentro de sí un mundo, en el que supone materia, y éter, y atracciones, y fuerzas diversas obedeciendo á distintas leyes; y estas creaciones sólo suponen dos cosas: primera, dar definición clara de cada una de las hipótesis, ó de los seres hipotéticos que establece, así como de sus relaciones; y segunda, evitar toda contradicción, para que puedan aplicarse á estos Cosmos imaginarios, las leyes de la Lógica, que son las leyes de la razón humana. Entendiendo por Lógica, no sólo combinaciones del silogismo que partan de axiomas, sino juicios sintéticos a priori, y en suma, todos los recursos que emplea el matemático. Y cuando el sabio ha forjado uno de estos mundos, les hace funcionar y estudia sus fenómenos, y por último ve si aquella creación suya se ajusta y se acomoda al mundo real de la experiencia, si puede ser una imagen fiel de los fenómenos exteriores, si determinando ciertos coeficientes experimentalmente la creación imaginaria da en todos los fenómenos los mismos números para las constantes correspondientes á la realidad y al símbolo; y si esto consigue, tendrá una imagen exacta del mundo exterior, al menos en la parto conocida, y podrá prever, entre ciertos límites, fenómenos nuevos, exteriorizando los fenómenos internos, de lo cual hay más de un ejemplo. Y sobre todo habrá realizado, en los límites de lo posible, la gran aspiración humana: la unidad. Si no unidad real, al menos unidad simbólica. Porque unidad le dio él á su creación interna, á su mundo representativo, puesto que le aplicó las leyes de su razón y de su conciencia; y si ese mundo se ajusta y se acomoda á la Naturaleza, bien puede suponer, que la unidad por él creada, es también un reflejo y un símbolo de la unidad de las cosas. Si la Naturaleza no la tuviera, si en ella no hubiese más que desorden y desquiciamiento, disculpable sería que el sabio, en un arranque de orgullo legítimo y de amor por lo ideal, arrojase á la faz de soles y mundos este reto: «¿No tienes unidad. Tanto peor para ti; la que forjé en mi cerebro, sí la tiene, ó aspiro á que la tenga. ¡Masas estúpidas, al menos por el deseo valgo más que vosotras!» Yo bien sé, que como toda vanidad tiene su castigo en forma de humillación, llegará un momento en que ese mundo interior, ese gran símbolo del Cosmos que la Ciencia humana ha forjado, resultará mezquino, torpe é impotente al quererlo ajustar á la Naturaleza: fenómeno contra fenómeno, energía contra energía, átomo ideal contra átomo real, mundos contra mundos, y soles contra soles; yo bien sé que la Naturaleza rebosará por todas partes rompiendo los viejos moldes imaginarios; será como aquella curva de uno de nuestros primeros ejemplos, que se alejaba de la recta, que se escapaba del círculo, que iba más allá y por otros derroteros que la cónica, que desafiaba infinita nuestra pequenez y nuestro artificio. Pero, ¿qué importa?; la grandeza de la Ciencia humana está en acometer grandes empresas, aunque no las realice del todo. La raza humana dice: el tiempo es infinito, pues adelante, y á ver quién se cansa más pronto: la sombra de querer ser sombra ó la luz de querer iluminarla.
presentación Todos nosotros tenemos un vínculo inmediato y directo con el ayer, el recuerdo. Nos conocimos en los Cursos de Biología Molecular que se iniciaban en los años 60. Introvertidos ambos, tardamos varios años en cruzar siquiera unas palabras; es posible que lo necesario para solventar la acritud de los metales -batir el cobre-lo sea también para las formas del espíritu: perseverancia y tenacidad. En nuestra propia reconstrucción personal, el recuerdo es el primer escalón fundamental sobre el que descansa nuestra tradición. Tradición labrada en nuestro caso por la perseverancia de una mente serena y unas manos que midieron todas las cosas con la regla de la austeridad; las manos del trabajo bien hecho, trabajo honesto. Laboriosidad creativa por la perseverancia sin fatiga; aplicación que queda patente en los versos de Shelly: «...con tu clara y sutil alegría no cabe el desaliento; la sombra del hastío jamás se te acercó». La vida dio a Ángel Martín Munido fuerte carácter -en ocasiones tajante-, sensibilidad con creces -que se empeñaba ocultar-, talento y una dedicación sin pausa al trabajo. Bioquímico con una sólida base química, forjó una escuela con cuño propio en la ciencia española, si bien lo primero que decir conviene, cuando se trata de resumir con lealtad el sentido de su obra, es que siempre tendió, en las ciencias y en las letras, a lo internacional, a lo multidisciplinar y a la vez integral. Ángel Martín Munido falleció el día veintidós de noviembre de 2002. El presente número de ARBOR quiere mantener vivo su recuerdo. Para ello reproduce una serie dearticulas por él escritos y todos ya publicados, que cubren las parcelas de la cultura que cultivó con ahínco: el Programa de Promoción de la Cultura Científica y Tecnológica; los aspectos sociales de la ciencia; el diálogo entre ciencia y literatura; el idioma y su terminología, y el homenaje a los maestros.
¿Se puede escribir narrativa gótica en un siglo XX que es todavía el nuestro, y que ya se ha convertido en siglo XXI? Más exactamente: ¿se puede escribir una narrativa gótica verosímil y actual, moderna? El género parece remitir, ya desde su mismo nombre, al pasado, a lo antiguo y a lo raro. Nacida como literatura popular a finales del siglo XVIII, en Inglaterra, la literatura gótica fue "la expresión emocional, estética y filosófica de la reacción contra el pensamiento dominante de la Ilustración" (Solaz, 2003), pensamiento, ya sabemos, dominado por el racionalismo y la creencia en que éste podía servir para alcanzar la verdad, la felicidad y la virtud. Esta fe en la Razón, sin duda idealista en exceso (pero también injustamente denostada -pues al fin y al cabo es el siglo de las Luces el que abre camino al progreso social, político y tecnológico de la edad contemporánea-porque sueña y lucha por un mundo mejor) da como resultado un arte y una literatura neoclásicos demasiado normativos, sensatos, encorsetados por preceptos ideológicos. De ahí es lógico que surja el género gótico y reivindique lo irracional y sobrenatural, lo inconsciente, lo convulso, lo prohibido, lo maligno: todo aquello que los neoclásicos rechazaban como supersticiones provocadas y fomentadas por la religión. De 1764 (se publica El castillo de Otranto, de Horace Walpole), a 1820 (el cenit gótico, con Melmoth el errabundo, de Charles Robert Maturin) y después en la época victoriana, la narrativa gótica crea y recrea una "iconografía que todavía nos es familiar a través del cine: húmedas criptas, paisajes escarpados y castillos prohibidos habitados por heroínas perseguidas, villanos satánicos, hombres locos, mujeres fatales, doppelgängers y hombres lobos" (Solaz, 2003). Locura, decadencia, noche, subterráneos lóbregos, castillos, ruinas, bosques espesos y sombríos; melodrama, melancolía, soledad, y delectación en la muerte, el dolor y terror, cuyo paroxismo se vincula con el éxtasis, el placer extremo. Entre 1764 y 1820, quien desee iniciarse en el género puede encontrar a autores como Matthew Lewis (El monje), Ann Radcliffe (Los misterios de Udolfo), el alemán E. T. A. Hoffman; Mary Shelley (Cuentos góticos; Frankenstein). Posteriormente, a Dickens, Hawthorne, Stevenson, Poe, Le Fanu, Potocki, Machen, Wilkie Collins, Lovecraft: hay mucho para leer. Mención aparte y especial puede hacerse de las escritoras que cultivaron el gótico, desde Ann Radcliffe, Mary Shelley (por otra parte pionera de la ciencia ficción) o las hermanas Brönte, hasta Angela Carter o Lisa Tuttle. A través de la narrativa gótica, las mujeres aparecen no como personajes pasivos, sumisos, sino activos, curiosos y rebeldes: Las escritoras góticas se centraron en la figura de la doncella perseguida y confinada, especialmente en el encarcelamiento marital y en la persecución por un autoritario familiar masculino. Las escritoras se sintieron atraídas por el gótico no sólo porque deseaban satisfacer una fascinación sentimental hacia la muerte y la decadencia, sino también porque el gótico ofrecía una vía de dramatización de los peligros de la condición de la mujer en un mundo de hombres. (...) Para escritoras como Margaret Oliphant, Amelia B. Edwards, Vernon Lee, Charlotte Perkins Gilman y Luisa May Alcott, el gótico se convirtió en un texto político autorizado" (Solaz, 2003) En el siglo XX el horror gótico ha sido abordado sobre todo por el cine. Y si volvemos a recordar ahora que la narración gótica nació en una época racional e ilustrada, es más fácil darle un sentido a su presencia en el XX, donde supuestamente la ciencia y la técnica predominan y parecen desterrar las creencias fantásticas al ámbito de la ficción, al celuloide y a los sótanos del pensamiento. En gran parte, el XX ha sido la centuria de la ciencia ficción. Pero éste género también sigue perteneciendo a la literatura fantástica, y por su parte el terror, gótico o no, sigue ahí, como siempre. Pilar Pedraza (Toledo, 1951) es doctora en Historia y profesora de Historia del Cine en la Universidad de Valencia. Además de obras sobre arte y cine, y traducciones del italiano antiguo, ha publicado una trilogía de ensayos sobre la imagen de lo femenino en el arte, la literatura y el cine: La bella, enigma y pesadilla: (esfinge, medusa, pantera) (1991); Máquinas de amar: secretos del cuerpo artificial (1998); y Espectra: descenso a las criptas de la literatura y el cine (2004). No voy a entrar en el análisis de estos ensayos, por lo demás muy eruditos, sino que me centraré en su obra narrativa. Desde la publicación en 1984 de su primera novela, Las joyas de la serpiente, y del libro de relatos Necrópolis (1985), hasta la última novela, La perra de Alejandría (2003), Pedraza ha construido una obra de ficción no demasiado extensa (siete novelas y dos libros de cuentos) pero sí lo suficientemente sólida y madura como para convertir a su autora en una muy buena representante, en España, de ese género que podríamos llamar gótico, negro o expresionista. Y esto no sólo porque sea la única. (Un paréntesis que creo necesario: exceptuando honrosísimos antecedentes como el de Bécquer en sus Leyendas, yo no conozco ningún autor español que haya escrito narrativa gótica de una manera continuada. Digo esto porque no me atreveré a afirmar rotundamente que no existan. A grandes trazos, el panorama actual de la literatura fantástica en España (ciencia ficción, fantasía, terror y fantástico clásico) en cuanto a modos de publicación y autores, es el siguiente: a) grandes editoriales que suelen apostar casi siempre por lo seguro en ventas, en este caso autores extranjeros, y excepcionalmente por los españoles, si son conocidos de antemano. b.1) editoriales medianas, con prestigio y años de existencia, como ejemplo Valdemar, aunque sin las posibilidades de propaganda de las macroeditoriales. Editan autores españoles y extranjeros. b.2) editoriales pequeñas e independientes que sí editan a españoles incluso noveles, pero cuyas tiradas y capacidad de distribución y promoción son muy limitadas. c) Y un nuevo ámbito donde se encuentran las autoediciones y ahora también y sobre todo Internet: un espacio entre el va por libre y el publica como puedas, para quienes no pueden o no quieren acceder a las editoriales tradicionales, convertidas más en intermediarios, filtros, que en vehículos de transmisión cultural. Dada la masificación actual de la escritura y de novedades en las librerías (en contraste sorprendente con las dificultades de acceso al entramado editorial), es posible que haya más autores de narrativa gótica o cercanos al género, aparte de Pedraza, y yo no los conozca. Por último, me temo que es inevitable seguir diciendo que los géneros fantásticos son aún en España sorprendentemente marginales en su difusión, lo que puede explicar que autores como Pedraza no sean más reconocidos. Subsiste la recia -y ya un tanto rancia-tradición realista: el peso de Cervantes, y de una extraña norma según la cual quien se sale de las márgenes de ese realismo no hace literatura auténticamente seria. Las contraportadas y solapas de los libros de la escritora española dicen que "ha consolidado una obra singular y extraordinaria al margen de las corrientes imperantes en nuestras letras", y que es una "escritora de culto". ¿Cómo llega alguien a convertirse en un autor de culto, y qué significa serlo? La expresión parece remitir a una admiración minoritaria y de algún modo privilegiada por parte de un grupo de lectores fieles; a cierta rareza -entendida como excepcionalidad, lo diferente o extraño-y a una buena calidad literaria. Todas estas características se dan en la obra de Pilar Pedraza. En un entorno donde la literatura se ha convertido en una industria regida por las leyes del mercado y por la necesidad del éxito rápido (quizás porque el libro es un objeto cada vez más perecedero), sorprende que una autora sea capaz de crear, y mantener, una escritura y un mundo ficticio fieles a sí mismos, y menos preocupados por la difusión masiva que por esa coherencia e integridad. Puesto que el enfoque de un artículo sobre un autor depende del punto de vista, los intereses e ideología de quien lo hace, he de decir que elegí la narrativa de Pedraza por pertenecer a un género, el fantástico, al que soy aficionada, pero sobre todo porque admiro su forma de concebir la escritura: creo que ella escribe lo que le gusta, lo que quiere escribir, y se atiene sólo a sus propias exigencias y, muy posiblemente, obsesiones. Todo esto no quiere decir que no haya publicado en editoriales importantes (lo ha hecho en Tusquets, Lumen y Valdemar); y lo seguro es que tiene admiradores tan incondicionales como entusiastas. Además su forma de narrar es dinámica, entretenida, nada espesa ni pesada, con un estilo sin embargo culto, preciosista, que con frecuencia mezcla a un lenguaje coloquial como contrapunto. En su obra no aparece el terror al que nos tiene acostumbrados el cine, sobre todo el actual para jóvenes. El gótico de Pedraza no causa miedo, sólo provoca inquietud, tal vez en ocasiones repulsión y asco; conmociona el espíritu, no lo bloquea igual que el pánico. La necrofilia, la escatología, la crueldad, la delgada línea entre el bien y el mal, son temas fundamentales en una obra indudablemente dura, pero muy lejos de la violencia ¿hasta qué punto se puede decir que gratuita? del gore. Eso por no hablar de la realidad, que supera con amplitud y demasiadas veces los pasajes más macabros de la autora. No hay delectación morbosa en la sangre, la violencia o el asesinato, y pese a la afición de Pedraza por la casquería, no aparece una cosificación de la carne y el cuerpo que los denigre (a este respecto puede leerse el relato "La chica de la moto", de Arcano trece (2000), donde la autora reflexiona específicamente sobre la utilización del tema de la muerte en el arte y los medios de comunicación). Por otro lado, la presencia en su obra del humor (por supuesto, negro) y la ironía, alivia el rigor de lo macabro. Humor e ironía son esenciales en Pedraza, y conllevan cierto distanciamiento de la voz que narra respecto de hechos, temas y personajes, aunque se percibe la humanidad de éstos como algo valioso; la muerte no excluye para nada a la vida, que bulle, podríamos decir con una expresión gótica, igual que los gusanos en las tumbas. Desde luego la escritora se complace en escenas y criaturas nada convencionales ni comunes; ella misma afirma en una entrevista (Villalba, 2003) que le interesa "la monstruosidad, la trasgresión, la paradoja, la ambigüedad y el sadismo". En su fascinación por lo macabro, lo malvado y cruel, lo friki, por los seres oscuros, hay bastante, creo, de juego literario, pero también una auténtica y deliberada trasgresión de muchos valores convencionales sobre vida y muerte, bien y mal, masculino y femenino, sexualidad, e incluso sobre la propia literatura. Destaca igualmente una fuerte presencia de lo sensorial: el erotismo y el gusto por objetos hermosos como joyas y piedras preciosas, o la belleza física humana; perfumes, hedores o el cromatismo del lenguaje en las descripciones. Sólo mencionaré, por último, antes de pasar a un breve análisis de sus obras, un elemento muy importante en la autora, y es una notable intertextualidad de motivos, temas y personajes. Pilar Pedraza ha construido de hecho un cosmos ficcional propio, en ocasiones con componentes algo crípticos, sobre todo en las dos primeras novelas (la autora no explica para nada determinadas imágenes, escenas y personajes, con lo cual el lector o es un iniciado o debe buscarse la vida para entender mejor o peor partes del texto). A partir de La pequeña pasión, creo que las obras de la escritora gótica se depuran bastante de lo críptico (conservando un universo de motivos literarios y fantásticos muy trabajados pero más accesibles). En este sentido su obra evoluciona hacia una mayor simplicidad que la beneficia. Es la primera novela publicada por Pedraza, en Valencia, en 1984; ese mismo año recibe el Premio Ciudad de Valencia y el Premio de la Crítica. Después ha sido reeditada por la editorial Tusquets, en 1988. La historia está ambientada en España, en el siglo XVII, en una ciudad castellana que no se concreta. En casi todas las obras de Pedraza sucederá esto, que la datación histórica y ubicación espacial son imprecisas, ya que, como la propia autora explica en entrevista (Villalba, 2003) se trata de "fantasías de ambiente" y no de novelas históricas, lo cual no excluye desde luego un trabajo nunca fácil de documentación. El protagonista y narrador, Bartolomé Perazas, llega para estudiar en la universidad. Ha dejado atrás, en su pueblo, a un padre que se entrega a oscuras, "dudosas prácticas", con el que no se entiende. Es joven, bondadoso, e ingenuo (un rasgo, veremos, que se da en otros protagonistas creados por la escritora), así que su estancia en la ciudad será un recorrido de aprendizaje: como toda la novela, su vida, e incluso su muerte. En la universidad conoce a don Luis de Valdaure, un joven noble que le toma a su servicio. Ello le permite entrar en contacto con la familia de don Luis, en la cual, como suele ocurrir, hay de todo: por ejemplo Gaspar de Valdaure, intelectual que explora en esas otras dimensiones desconocidas más allá de la racional, y es tenido por extravagante y loco; Blanca de Valdaure, mujer que a un tiempo atrae y repele, y que muestra una sexualidad sin autocensura. Asimismo conocerá a Adrián, personaje misterioso, "de una belleza exquisita y un tanto maligna", que habita espacios interiores con muchos elementos de fantasía oriental, andrógino (luego le hallaremos convertido en mujer), y fundamental para el desarrollo de la historia, por sus capacidades de actuación más demoníacas que otra cosa. Tras una sucesión de trágicas muertes, Bartolomé regresa a su pueblo natal, donde se reencuentra con su padre. La trama tiene ahora bastante de folletín, con personajes que aparecen y desaparecen, se disfrazan y camuflan, narran historias encajadas en la principal, llevándonos hacia un pasado que hay que reconstruir; y con misterios que sólo se resolverán al final. El protagonista entabla noviazgo con una joven del pueblo, Engracia, pero sigue enamorado de Adrián, ahora reaparecido como Adriana, y a la vez mantiene relaciones sexuales con Blanca de Valdaure. Blanca se convertirá en ayudante y discípula del padre de Bartolomé, que continúa con sus investigaciones secretas. Bartolomé se aburre: la monotonía de la cotidianeidad mediocre, su trabajo de escribano, se convierten en un "pantano de hastío", y empieza a echar de menos el pasado, y a desear un cambio en su vida, aunque sea funesto; sospecha que, "algo malo y grande", "un peligro y un esplendor que haría de mi vida algo nuevamente merecedor de vivirse" (124), está próximo, y no se equivoca. Una joya, una gargantilla de corales (motivo curiosamente basado en la copla española, "No te mires en el río") se convierte en un elemento que engarza y desencadena hechos de la historia narrada. La parte final de la novela está protagonizada por la muerte, que busca o encuentra de nuevo a los personajes principales. Engracia, la pacífica novia del protagonista, se convierte en vampiro, lo que permite a la autora explayarse en la descripción de sus apariciones nocturnas y la corrupción de su cadáver, al cual posteriormente hay que clavar la estaca en el corazón, despedazar y quemar. Bartolomé por su parte va a convertirse en un rechazado por la Muerte, extraña situación que también aparecerá en otras obras de la escritora, y ello tras su peregrinación por los distintos reinos del más allá: el propio cadáver, la tumba, el cielo (cuya descripción fría y mineral con un Dios agobiado por la angustia es muy interesante); los infiernos: Satania, Lilithia, el país de Belial, Luciferia. Esta parte es la más extraña y difícil de interpretar, una suerte de alegoría donde se engarzan tal vez fantasías y símbolos personales de la autora, junto con otros literarios o esotéricos (alguien más versado que yo en este último tema podría aportar una visión más completa.) Es una de las novelas más conocidas y logradas de la autora. Transcurre en una ciudad castellana en el siglo XVIII, y se narra alternativamente en 1a y 3a persona: habla una mujer, Imperatrice; y una voz nos cuenta de modo más distanciado otra parte de la historia, desde el punto de vista de Torcuato, hermanastro de Imperatrice, funcionario del Santo Oficio, pero no de ese tipo de fanáticos al que nos tiene acostumbrados la leyenda: tanto él como su colega el padre Losada son burócratas apacibles, laxos, incluso tolerantes (un buen hallazgo: esos funcionarios existen El argumento de la novela se resume con brevedad: hay acontecimientos extraños en la ciudad, sospechas de brujería y presencias demoníacas, aparecen engendros humanos y desaparecen jovencitas, todo lo que termina por alertar a las altas jerarquías de la Iglesia, a la Inquisición, y a su vez alteran la paz y la rutina de Torcuato y Losada. La lenta y pesada máquina burocrática se pone en marcha para descubrir quién está detrás de esos sucesos. Pero no se trata de una historia seudopolicial: es algo muy distinto y mucho más complejo. Sin duda el elemento esencial son los personajes. Por una parte, Torcuato, el intelectual, uno de cuyos mayores placeres consiste en dedicarse a traducir a Tácito (¿por qué no?: todo demostrará que hace bien en buscar el refugio cálido, seguro y confortable de sus libros). Por otro lado, Imperatrice, su hermanastra, el personaje que domina por completo la obra, y el más sadiano, me atrevo a afirmar, de todos los que ha creado Pedraza (ya el nombre la define de antemano: los nombres de los personajes en la narrativa de Pedraza son, con frecuencia, o bien descriptivos de la personalidad o la apariencia física de quien lo lleva, como en este caso o la Leonisa de La pequeña pasión, o bien justamente al revés, antitéticos, desde la ironía, por ejemplo Esmeralda, la Monstrua del relato "El mejor abono", de Arcano trece). De hecho, ambos hermanos, Torcuato e Imperatrice, pueden representar, él, la perspectiva racional e ilustrada del siglo XVIII, y ella, el desenfreno pasional del Marqués de Sade, aquí llevado a sus consecuencias prácticas (Sade, tan fascinante como odiado y perturbador, fue un hijo incuestionable, aunque díscolo, de la Razón, que expresa sus ideas sobre el placer y la libertad con argumentos perfectamente encadenados). Luz y oscuridad, día y noche, razón y pasión que coexisten, a veces enfrentadas, en cualquier ser humano. Imperatrice es hermosa, elegante, refinada, no cree que deba poner límites a sus deseos, sus pasiones; su sexualidad es libre: varones o mujeres, no importa su clase social; ella que vive en un sombrío y decadente palacio, dedicada a sí misma, a los goces materiales, no duda en extender el territorio de sus aventuras eróticas a los barrios más bajos, a los carniceros, matarifes, verdugos, enterradores, demonios, animales; o incluso a su hermano, por quien parece sentir un afecto al cual Torcuato responde con un amor incondicional. La bella libertina, y desde luego seductora literaria, a cuyo alrededor se agrupa toda una corte de criadas, empleados, amantes y admiradores, sufre sin embargo un mal muy difícil de curar: la melancolía: Un color invariable rige al melancólico: su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa (...) Pero hay remedios fugitivos: los placeres sexuales, por ejemplo, por un breve tiempo pueden borrar la silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica. (...) Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto (Pizarnik, 2002, 290), dice la poeta argentina Alejandra Pizarnik sobre otra melancólica, la húngara Erzébet Báthory, la Condesa Sangrienta. No es la única coincidencia. Ambas comparten el modo en que intentan derrotar ese hastío profundo: a través de las emociones intensas, sexo, sangre y muerte. Las dos tienen contacto con la brujería y quieren preservar la juventud: la húngara, la propia; la ajena, la hispano-italiana, Imperatrice. Claro que la figura de Erzébet Báthory parece mucho más dura, áspera, negra, que la de Imperatrice, indudablemente más simpática: debe de ser por la ascendencia italiana, en comparación con los agrestes Cárpatos. La fase del rubí merecería un mayor análisis de los elementos fantásticos, como las escenas de reunión y banquete de brujas en Cernégula, la visita de Imperatrice al castillo negro, los sucesos que ocurren en el convento de Santa Librada o el sorprendente final. Igual que en otras obras, hay un extenso elenco de personajes secundarios, en general muy bien trazados, y que habría que tratar más ampliamente. ¿Por qué la "pequeña" pasión? Si Imperatrice era un personaje con indudable capacidad de seducción literaria, Leonisa, la narradora de esta novela, es en mi opinión la protagonista más verosímil y mejor construida psicológicamente entre todas las de Pedraza. La historia transcurre en la época actual. Leonisa -que se ve a sí misma como "leona"-está escribiendo un ensayo sobre un papa del Renacimiento, una obra erudita, mientras a su alrededor todo empieza a desmoronarse, se corrompe, le defrauda, muere: Partenio, amigo admirado, cae enfermo y llega a la agonía en un proceso muy duro de observar para quienes rodean al moribundo. Otro amigo, el escultor, se suicida cortándose las venas en la bañera de su casa, pero la muerte le rechaza y vuelve a encontrarse en el mundo de los vivos. Incluso el escarabajo disecado Ctonocelis coeus, "oscura joya de la naturaleza" y fetiche para su dueña, acaba disolviéndose. Pero sobre todo su amor por y con Gabriel, que tiene nombre de arcángel y ha correspondido hasta ahora a ese amor: pero he aquí que comienza a recibir llamadas de otra mujer y a ausentarse más de lo frecuente de casa. En principio se trata de una simple historia de infidelidad, en la que el hombre elige, no la amante joven e incomparable que Leonisa imagina en soledad, sino a una criatura anodina e insignificante; elección que degrada a Gabriel, quien demuestra no estar a la altura del amor de Leonisa ni de las circunstancias oscuras que ella está viviendo. Pero esa historia tan común se nos cuenta con gran sutileza y elegancia, y a la vez se logra transmitir perfectamente el sufrimiento de la protagonista. Ésta es una mujer fuerte, intelectual, muy lúcida, con una gran capacidad no sólo de diseccionar a los otros sino también de autocrítica. Puede sorprender un poco lo contenido de sus sentimientos, que no le exprese al marido díscolo la ira o los celos, aunque esa actitud es muy propia de una mujer semejante. Provoca cierto morbo ser espectador, en la lectura, de los avatares y deterioro del amor entre ambos, proceso muy bien descrito. Envuelta en esa telaraña de muertes, tormentos y derrumbes, Leonisa tiene ciertas visiones, sueños y fantasías, y se ve a solas con su amigo el escultor (quien por cierto ha estado siempre obsesionado al sentirse incapaz de crear la obra perfecta). Incluso llegan a mantener una extraña relación sexual (¿cómo no va a ser extraña si él está muerto?). También realizan juntos una visita gótica al reino subterráneo de los difuntos. El final es puramente fantástico: el hallazgo del cadáver en descomposición del escultor suicida deja la duda sobre si lo que ella ha visto y vivido a su lado era realidad o imaginación. Hay luego un epílogo optimista, en el que Leonisa reanuda la vida en soledad, pero libre y feliz. No es quizás lo más importante. Yo definiría la novela como una buena historia psicológica con elementos fantásticos, aquí más internos a los personajes que exteriores. De todas las obras de Pedraza, creo que una de las más representativas de la autora, y la más arriesgada en lo gótico, es esta novela corta. Ambientada en la misma época que el cuento "Mater Tenebrarum" de Arcano trece (de hecho, la protagonista de este relato, Ángela, también aparece aquí), Las novias... narra la vida de Amador, al cual, de niño, el doctor Leonardo Pirkheimer rescata de la muerte y adopta. Pirkheimer, ya desde su apellido y su apariencia, remite a los médicos y científicos locos del cine, la literatura, al doctor Frankenstein, a todos los sabios que pretenden y a veces consiguen crear vida de muertos o de la materia inanimada. Su criatura, Amador, se convertirá en un muchacho estudioso, amable, sensible y delicado; es rubio, de ojos azules y "bello más allá de toda medida", un joven de belleza angélica, con oro bajo la piel. Éste es el punto de partida de una novela de aprendizaje, de formación, que nos cuenta desde la infancia de Amador hasta su juventud, sus amistades y su experiencia con la sexualidad. Como tantos otros personajes de la escritora, Amador no sabe, no conoce el mundo, y al narrar desde su punto de vista, los lectores adquirimos parte de esa inexperiencia frente a la historia contada. Es cierto que la relación de Amador con Olimpia, la prostituta con quien finalmente conocerá el amor, aunque se trate de un amor muy negro, resulta un elemento muy provocador, pero no creo que sea el fundamental del relato. Pienso que esta historia gótica tiene como tema principal el del monstruo. Custodio, y otros parecidos a él que vagan por el sótano de la vivienda de Pirkheimer, lo son porque su aspecto físico lo muestra. Pero Amador también, pese a su belleza; y lo sabe: él mismo dice, refiriéndose a Custodio Santángel, su monstruo protector (de nuevo un nombre irónico a la vez que descriptivo): "adivinaba en él una afinidad secreta, quizá porque ambos estaban al otro lado del cristal tras el que se celebraba el festín de la vida" (p. La marginación de ambos, su soledad, su imposibilidad de encontrar amor, se deben a su origen, pero también, sobre todo, al hecho y la conciencia de ser diferentes. La muerte, de donde no debió salir nunca Amador, le busca y le reclama. El círculo se cierra al final, en el crepúsculo y entre carmándulas. Volvemos a la época actual, a una historia que transcurre en una isla tropical, a partir del momento en que la joven Alicia, pintora, llega allí a pasar unos días con su marido, Julius, un ingeniero que trabaja en la plataforma petrolífera de la isla, estudiando una mancha viscosa, amarilla, que se extiende por el mar, formada por residuos tóxicos y algas en descomposición. A lo largo del relato asomará la idea de que esa plataforma y los extranjeros que la han traído son quienes han provocado la mancha, degradación del agua transparente que se corresponderá con una degradación física y moral de muchos personajes, entre ellos Julius. En este sentido en la novela puede buscarse un trasfondo ecologista, pero muy vagamente, y desde luego sin intención de transmitir un mensaje didáctico o maniqueísta (algo tan frecuente, por ejemplo, en la ciencia ficción). La intromisión del negocio del petróleo en la vida de la isla ha desatado asimismo oscuras fuerzas de represalia. La brujería, ese arma de los pueblos pobres y oprimidos, parece causar enfermedades en la piel tan repugnantes como la que muestra el mar en su superficie; e incluso otras transformaciones más terribles: los hombres se vuelven reptiles por fuera y por dentro violentos, locos, asesinos. Lo más destacado en el texto es el lenguaje, untuoso y suntuoso como esa mancha marina o el óleo; y el juego de los motivos, muy bien engarzados en la historia, casi con precisión de orfebrería: las tortugas, las enfermedades cutáneas, la corrupción de las cosas materiales, la mancha en el mar, ciertas joyas y pulseras. Y de nuevo atención a una historia donde los niños -aquí muchachas-tienen un papel tan principal como inquietante. Recreación del tema de la Bella y la Bestia; como suele ocurrir en Pedraza, el mito se subvierte y se cuestiona, los símbolos son polisémicos y se llevan más allá del primer significado conocido por todos. Aquí la Bella es Jana, asesora del Ayuntamiento de una ciudad española, uno de cuyos trabajos consiste en escribirle los discursos a la alcaldesa. Jana es joven, atractiva, un tanto ingenua y despistada (ese despiste suyo será decisivo al término de la novela, final por cierto de los mejores de la autora); puede caer bien, Jana, aunque ya en principio su comportamiento con sus mascotas deja un indudable regusto de mal rollo: demasiada rapidez en quitarse los problemas de en medio. Por otra parte la figura de la protagonista se contrapone a una voz narrativa en tercera persona mucho más poderosa y fuerte que ella. Esta voz omnisciente (todo lo omnisciente que un narrador puede jugar a ser en el siglo XX) nos describe al grupo de políticos que rodean a Jana, en época de elecciones, con una mordacidad que hace las delicias de cualquiera. La Bestia es Urso Pánik, un lituano grande, tosco y estrafalario, criatura de la que se nos hace sospechar que es un híbrido monstruoso. Híbridos, mestizos, ciborgs: seres tan fascinantes para la literatura y el cine como atormentados por su dualidad. Pero en todo ser humano hay una parte de animalidad, de máquina, de mezcla de razas o especies, y también hay algo de monstruo. Es eso lo que tienta a Jana. Piel de sátiro es una gran novela, pues aun sin tantos elementos fantásticos como otras de la autora, los que presenta dan mucho juego. Cómo no pensar por ejemplo que el mundo de la política, medios de comunicación o incluso literario, retratados en la narración, son un zoológico paralelo a la Casa de Fieras que dirige el muy cinematográfico doctor Falomir. Y en cuanto a las vicisitudes amorosas de Jana, por un lado sería un buen objeto de debate moral (preguntas que casi siempre suscitan de un modo u otro los textos de la escritora), si a esta mujer le falta heroicidad para ser la Bella del mito, si es mediocre, egoísta e incapaz de amar y salvar a Pànik, como le reprocha Falomir: ¿quién sería entonces realmente la Bestia?. O si hacerse cargo de otro ser e intentar redimirle no se convierte en una tarea demasiado ardua, ¿y sería posible realmente? Los perros, filósofos cínicos seguidores de Diógenes, que viven en la calle, se niegan a tener bienes materiales y se dedican a imprecar a la sociedad denunciando sus males; aquí su líder es Elpidio. Los integrantes de las cofradías dionisíacas, cuya presidenta es Teófila Lágida. Científicos como Linceo Antimater, un anatomista (ese personaje que tanto se repite en las obras de la autora). Autoridades como el prefecto Orestes. Y los cristianos, con el obispo Críspulo a la cabeza y su guardia personal, los Invencibles. Melanta, maestra de filosofía en el Museo, iniciada en la secta órfica, una figura cuya vida y muerte son muy semejantes desde luego a los de Hipatia, aunque ésta es mencionada en un momento de la novela como un personaje diferente (es probable que la escritora haya tomado el personaje real para hacer una recreación literaria. La historia se narra desde el punto de vista de Bárbaro, apodo de Mihal Gospod, un joven príncipe dacio que ha tenido que huir de su tierra natal tras ser derrocada y ejecutada su familia. Al llegar a Alejandría se ha hecho amigo y seguidor del perro Elpidio. La autora elige su perspectiva quizás porque es la de un testigo, observador y espectador externo, extranjero, y además joven e ingenuo, lo que supone una mirada limpia, sin prejuicios. El argumento es una sucesión de hechos cotidianos, anécdotas y también asesinatos espeluznantes, epifanías dionisíacas, apariciones de monstruos, fantasmas y zombis. Pero además de todos estos episodios y personajes, la narración presenta el enfrentamiento entre dos grupos, dos modos de ver el mundo, dos épocas: por una parte los paganos (llamémosles así desde la perspectiva opuesta, la cristiana): cínicos, órficos, dionisíacos. La figura de Dioniso destaca, de hecho los acontecimientos se suceden alrededor de los días de sus fiestas. Dioniso es uno de los dioses más complejos y extraños del Olimpo, una "divinidad terrible... rodeada por el aura negra de la locura" (p. 71), mediterránea, vinculada a la tierra, al vino, a las fiestas, al teatro, al éxtasis; salvaje, trasgresor, ambiguo entre el bien y el mal, un dios de la muerte pero también de la vida. Todos estos elementos conforman asimismo la novela. Del mismo modo, el personaje de Melanta es ambivalente, contradictorio y poderoso: una mujer que no tolera discriminación por su género; atractiva, seductora, valiente -incluso temeraria: de hecho es su capacidad de desafío lo que le lleva a la muerte-, amante de la sabiduría; y a la vez es siniestra, oscura, odiada por muchos (si Pedraza quiere reivindicar en su ficción a las mujeres malas, de nuevo lo consigue). Frente a estos grupos paganos que representan la Alejandría del pasado, cosmopolita, libre, tolerante, se alzan los cristianos, sectarios, fanáticos, incultos, violentos. Estos últimos están en el principio de su auge; los anteriores, en el de su decadencia. Asistimos a los "últimos destellos de un sol moribundo" (37). Es el fin de la época antigua, de un esplendor que va a ser arrasado por el cristianismo; la Edad Media y oscura está muy cerca ya. Ese tono elegíaco es uno de los mayores logros de la novela, y consigue provocar una intensa, melancólica emoción. (Un siglo más tarde, el cristianismo llegará al norte de Europa. En la película de John Boorman Excalibur (1981), Merlín, el mago y druida, advertirá a Morgana, su discípula, hechicera y hermanastra del rey Arturo: "Están contados los días de nuestra especie. Un dios único viene a acabar con los muchos dioses. Los espíritus del bosque y la niebla guardan silencio.") La narración deriva hacia un final con sucesos como la búsqueda y recuperación del hígado de Melanta por parte de Bárbaro, el descenso del joven al Hades o la salida desde éste de los muertos, que desfilan hacia la ciudad y atacan a los vivos a la manera de zombis, entablándose una batalla entre unos y otros como traca final, acompañada de una buena peste. Elementos macabros que sin duda divierten mucho a la autora y a los lectores que gusten de ello. Para estómagos sensibles, hay un epílogo más relajado en el que Bárbaro y la joven Mirra abandonan la ciudad rumbo al país natal del joven, Dacia (más o menos la actual Rumania, tierra no obstante famosa por su vampiros). Dejan atrás Alejandría y una época que en su recuerdo -y en el nuestro-será de oro. Con este último viaje la novela, como todo, acaba.
siendo un acontecimiento extraordinario, no supone tan sólo un honor para nuestra Institución. El pasado año un grupo de científicos, varios de ellos aquí presentes, os manifestábamos nuestra preocupación por el porvenir científico y tecnológico de España, a la vez que juzgábamos que el imprescindible ensanche y crecimiento de nuestro nivel y nuestra calidad técnica y científica deberían arraigar como una responsabilidad del Estado. Además, pues, de la honra que ahora nos dais, Vuestra presencia en la parrilla de salida de esta actividad de la Real Academia nos satisface a las gentes de la ciencia porque vemos en ella la germinación de esta misión de Estado, porque nos ilusiona que nuestras carencias y nuestros defectos tengan en Vuestra joven y decidida presencia el rumbeador que el derrotero correcto Y no es menos cierto que esta Institución no ceja de sentir la responsabilidad de contribuir a este esfuerzo colectivo en la medida que se lo exige su historia y su prestigio, y se lo permiten sus posibilidades presentes. Es, efectivamente, en el conjunto de este esfuerzo, en el que la Academia desea tomar parte al contribuir a la difusión social de la ciencia. Pero, en manera algun.a para divulgar nuestros particulares regustos investigadores, sino, de un lado, para hacer saber a los ciudadanos cómo muchos, la mayor parte sin duda, de los ingredientes de la calidad de vida moderna -en la salud, la nutrición, las comunicaciones, la cultura, el ocio y ¿por qué no?, en el extraordinario valor que supone la tenencia del conocimiento-tienen su origen en los hechos y los descubrimientos de la ciencia y la tecnología. Y, de otro, para aportar a nuestra sociedad moderna los imprescindibles criterios con los que pueda ejercitar coherentemente los valores que proclama y tomar decisiones informadas. La libertad, en su más amplia acepción, y como criterio de valor, depende hoy del acceso sin trabas a las fuentes de información y a la cultura de la ciencia. Y, en una sociedad democrática, sólo una ciudadanía adecuadamente informada podrá contribuir de forma responsable a la toma de decisiones. Ya hace tres siglos y medio que el filósofo inglés Thomas Hobbes describió la vida de la mayoría de sus conciudadanos como mezquina, brutal y corta. Las enfermedades infecciosas cortaron demasiado tempranamente la vida de grandes creadores: Schubert a los 31 años, Mozart a los 35, Rafael a los 37, Chopin a los 39, Baudelaire a los 46, Gauguin a los 55. Gracias a los logros de la ciencia y la tecnología, la vida se ha hecho -no para todos, ciertamente-más larga, más agradable y más plena. Hace Programa de Promoción de la Cultura Científica... deseaba, que no había que atizar ni soplar... Seguramente, por primera vez en siglos, los adolescentes no queríamos ser como nuestros padres: el mundo a cuyas perspectivas nos había permitido asomarnos el progreso ya no volvería a tener nunca más la estrechura en la que se habían conformado a vivir nuestros mayores». No es esta cita sino reflejo de una de las actitudes fundamentales de la conciencia moderna desde el siglo XVIII; y sin que pueda decidirse que la idea de progreso pertenezca a un area particular del conocimiento, siempre la encontramos como parte integrante del haber común de nuestra humanidad moderna. El hombre de hoy piensa no sólo que la humanidad ha progresado sino quiere que la humanidad siga progresando y cree que así va a ser. Y en el seno de los más hondos problemas de la vida, una referencia poco sospechosa, «el futuro de la Humanidad está en las manos de aquellos que sean capaces de dar vida y optimismo a las generaciones futuras»; aseguraba Juan Pablo II a un grupo de científicos recibidos en audiencia especial el 4 de octubre de 1991. Ya los mismos científicos aleccionaba en cuanto a su misión primaria de extensión de la cultura, porque vuestra preparación os permitirá denunciar los comportamientos tradicionales aberrantes y promover un auténtico progreso humano. Cada día experimentamos la influencia de la cultura científica y tecnológica sobre nuestros conciudadanos, hasta el extremo de cambiar profundamente sus maneras de vida, sus gustos y el centro de sus intereses y comportamiento individual y colectivo. Y el mismo Juan Pablo II se apoyaba para esta afirmación en su propia Encíclica «Centesimus Annun», al recoger de ella el texto: «De esta búsqueda abierta de la verdad, que se renueva cada generación, logra cada nación su carácter y cultura». A pesar de estas creencias y estas actitudes, la ausencia de comunicación de los hechos y los resultados de la ciencia y la tecnología constituye hoy un grave problema que afecta a prácticamente todos los sectores de la escala social. Problema que tiene su arranque en la ausencia de la educación científica, en todos o en parte de sus tres aspectos: práctico, cívico y cultural. Poblema que se acentúa por la notoria incongruencia que supone el contemplar el carácter global de las cuestiones que afectan a la humanidad y su correspondiente afectación nacional. A nadie se le oculta la naturaleza global de los riesgos que acechan a la humanidad y su indiscutible componente científica y tecnológica: La explosión demográfica y la desnutrición, la deforestación y la contaminación ambiental, la esquilmación de los recursos, el cáncer, las enfermedades transmisibles no convencionales y el retorno de las enfermedades infeccionas, los xenotrasplantes «humanizados», los riesgos naturales y su predicción, etc. Y a su lado, los retos de las necesidades nacionales en los campos de la energía, la salud, las comunicaciones, los nuevos materiales, la biotecnología, etc. que han de cubrirse con la triple educación, práctica, cívica y cultural. Sin duda, una educación práctica en el conocimiento científico, A este respecto, convendría que tuviéramos presente unas palabras de Indira Gandhi, hace quince años, al referirse a la entonces reciente ley india de política de la ciencia: «...el nuevo conocimiento es la mejor manera de hacer frente a los viejos problemas que nos preocupan. Nuestro esfuerzo para participar en los programas especiales es la mejor manera de alcanzar la integración nacional a través de los modernos sistemas de comunicación;... o nuestra participación en proyectos oceanográficos, que nos permitirá acceder a nuevos recursos naturales... Es una obligación por nuestra parte -señalaba Indira Gandhiel que nuestro gran país, con sus tradiciones, su pensamiento original y su gran herencia cultural, integre el bagaje que supone el progreso científico, canalizador de la iniciativa de la humanidad en nuestros días, con el fin de construir la India del futuro». Conocimiento científico practico, primera razón de ser de esta academia y de sus miembros, restringido por su propia naturaleza, que tiene entre sus exigencias y obligaciones, la de esforzarse en nutrir el conocimiento cívico y el conocimiento cultural de la ciencia por parte de la sociedad. Durante los siglos XVIII y XIX, los cultivadores de aquella incipiente ciencia salían de sus lugares de estudio para explicar al público sus descubrimientos. Durante el presente siglo, sin embargo, la especialización creciente ha forzado la profesionalización del hombre de ciencia, ha originado una forma particular de lenguaje y una especial actitud de reserva del científico hacia sus conciudadanos, y, a la vez, el laboratorio de investigación se hizo fortaleza frente a los intentos de popularización de lo que dentro ocurría. Y, por lo tanto, la suma de los conocimientos logrados por la humanidad arroja un balance que aumenta vertiginosamente y que no cabe en el limitado recinto del espíritu humano. De donde resulta que los científicos modernos han tenido que especializarse, renunciar a saber de todo y concentrar su aplicación, conservando una cierta comunidad de razonamiento lógico, fuera del cual son tan ignorantes como cualquier otra persona ignorante. Ante esta dilatación del saber, la necesidad del trasvase se ha ido extendiendo, en primer lugar. Programa de Promoción de la Cultura Científica. incluso a la sociedad científica no especializada. A medida, sin embargo, que avanzaba nuestro siglo, se ha ido produciendo una mayor incidencia de la técnica y de la ciencia sobre los aspectos más comunes de nuestra vida diaria; y, en paralelo, y en segundo lugar, desde una gran proporción de la legislación de los países desarrollados hasta una multitud de actividades industriales se encuentran soportadas sobre bases científicas o tecnológicas. Más aún, la ciencia, en tercer lugar, contribuye hoy como ningún otro ingrediente a la caracterización general de la cultura como conjunto articulado de mediadores a través de los que interpreta el hombre su propia realidad y la del universo en que está inmerso, y otorga así una forma determinada a su existencia. Tres motivos, pues, exigentes de la formación cívica y la formación cultural de los ciudadanos. ¿Cómo puede llevarse acabo este trasvase desde la creación científica, desde la formación práctica, hacia la cívica y cultural?, ¿cuáles son sus exigencias? Hace algo más de medio siglo; cuando comenzaba a utilizarse la penicilina en la clínica humana, cuando no se había inventado el transistor, ni se hablaba de la tectónica de placas; cuando nadie había oído hablar de los pulsares y los quasares, ni existía ninguna de las técnicas hoy tan habituales en la imagen clínica; cuando no se podía prever el desarrollo actual de los espacios y los océanos; cuando aún faltaba una década para que saliera a la luz la estructura de la famosa doble hélice del DNA, de cuya tecnología, andando los años, habrían de surgir las especies transgénicas y la terapia gènica; por aquel entonces. García Morente, en sus «ENSAYOS SOBRE EL PROGRESO», aseguraba; «El saber puro, destilado cuidadosamente por los científicos se convierte en fórmula de práctica eficaz, cuando pasa al cerebro del hombre medio... En este afán de facilitación... las mentes de nuestros contemporáneos se amueblan con conocimientos fragmentarios, truncados, sin base de sustentación, conceptos faltos de íntegra inteligibilidad. El semiculto filisteo de los tiempos actuales maneja técnicas cuyos fundamentos no comprende, pero cuya eficacia práctica y económica comprueba a cada paso; atesora esquemas mecánicos cuya íntima justificación y pleno sentido ignora, pero que le capacitan para asegurar la acción como si fueran conocimientos totalmente intelectivos. El saber verdadero queda relegado a la minoría de los científicos, especie de magos modernos; y, en cambio, lo que de la ciencia se difunde de las capas más vastas de la humanidad es una colección de fórmulas, de trucos ingeniosos, de abreviaturas ininteligibles, pero que, en la práctica, sustituyen con eficacia al verdadero saber. El auténtico saber desaparece de la cultura. La difusión inaudita de una Angel Martín Munido pseudociencia formularia e instrumental logra la temible victoria de enseñar y aprender eliminando el pensamiento, Y el hombre maneja las leyes naturales, sin penetrar su sentido, como el conductor de tranvía gobierna corrientes eléctricas, de las que no tiene la menor noción, Y así se va abriendo un abismo entre los que saben y los que repiten y aplican las fórmulas de la ciencia». No estoy en condiciones de poner en duda este pensamiento, en aquella época. Pero, con toda seguridad, estoy seguro de que no nos sigue siendo válido en nuestros días; sencillamente porque la escala de valores cambia con las sociedades, y esta jerarquía no ha permanecido jamás constante en las más variadas diferenciales de la historia. Y a este propósito escribió Durkheim: «Ayer fue el valor lo que tuvo primacía; hoy es el pensamiento y la reflexión; mañana será, tal vez, el refinamiento del gusto y de la sensibilidad por el arte». Nuestro hoy, nuestro mundo moderno de la ciencia, lejos de eliminar el pensamiento, lejos de continuar abriendo ese abismo, tiene que conjugar el saber hacer tecnológico que determina todas sus racionalidades con la expresión cultural que produce el conocimiento de sí mismo. Ello porque desde el punto de vista epistemológico, la ciencia puede contemplarse desde su contenido, en tanto que suministra una imagen del mundo como el medio exterior al hombre y el hombre mismo, o desde su método, en tanto que suministra un cierto modo de conocimiento al cambiar la observación empírica y la representación teórica. Y si, como ha quedado subrayado, la ciencia ha sentido multitud de veces la necesidad de su fraccionamiento, y los científicos la de su especialización, un rasgo característico de la ciencia actual es su tendencia hacia una comprensión integrada de la naturaleza, cuya mejor representación es, sin duda, la estructura, la organización y la historicidad de los seres vivos. Tampoco hay necesidad de profundizar en el análisis y la evaluación de las múltiples influencias que la ciencia ejerce sobre la cultura. Sin necesidad de entrar en los tratamientos formales, Antonio Muñoz Molina, el mismo creador literario de la anterior referencia, lo narraba así, en este salón: «De los errores y desequilibrios fomentados en parte por la aceleración del progreso científico y tecnológico no puede salvarnos la vuelta imposible a ninguna Arcadia, sino un progreso más inteligente, más sofisticado y razonable, regido por la causa de la razón y de la dignidad humana... Y si hace 40 años se vaticinó que la única solución para el desastre de la desigualdad entre los pobres y los ricos del mundo era la transferencia de tecnología, la extensión de los beneficios de la ciencia Programa de Promoción de la Cultura Científica... a los paises más atrasados... a pesar de todos los pesares, de todos los desengaños que nos hemos llevado y todas las barbaridades que nos ha sido dado presenciar, creo que ese diagnóstico sigue siendo exacto, y que las esperanzas de justicia y razón que podemos albergar están vinculadas irremediablemente al progreso científico. Se dice como monótona demagogia que los avances en las tecnológics de la imagen y de la información van a aniquilar la vieja cultura humanística: pero nunca ha sido más accesible esa cultura que gracias a los avances tecnológicos, que nos permiten a todos, cualquier día, con sólo acercarnos al kiosko, tener a nuestra disposición y a precios irrisorios los mejores libros, las películas más memorables, los discos que hace sólo unos años habían sido inencontrables». No es más que un ejemplo, bonito y urbano, de la era de logros científicos y técnicos sin precedentes en los que vivimos. Nuestras vidas se han transformado por un sin fin de cambios interrelacionados entre sí; por los ordenadores, la microelectrónica, las sondas espaciales, los semiconductores, los logros médicos, la ingeniería gènica, etc. Y, además, la gran cultura viene asistida del interés renovado por la filosofía de la naturaleza que se nutre de la necesidad de consideraciones fundamentales acerca del valor real de los impresionantes conocimientos adquiridos recientemente por las ciencias de la naturaleza, la biología y la cosmología de modo particular. Escasa atención ciudadana a los desarrollos de la ciencia y la tecnología, fruto casi siempre de la ignorancia, cuando no de la indiferencia. A combatir ambas se dirige el PROGRAMA DE PROMO-CIÓN DE LA CULTURA CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA que se lanza desde esta Academia a toda la nación, en favor del conocimiento cívico y el conocimiento cultural. Sin duda alguna, junto al conocimiento científico práctico existe el carácter cívico, que no trata de la adquisición de información científica para la solución de problemas específicos, sino de familiarizarse con la ciencia y darse cuenta de su significado y el valor de sus aplicaciones. Conocimiento cívico, pieza fundamental de la política de información pública, cuyo objeto es capacitar a los ciudadanos para ser más conscientes de la incidencia de la ciencia y de la técnica con relación a los aspectos más comunes de la vida diaria. Esta formación cívica permitirá ciertos sectores sociales actuar en representación de los ciudadanos, para no dejar la responsabilidad de las « decisiones sobre temas científicos en las manos exclusivas de los expertos. Decisiones políticas, pues, que, en las naciones desarrolladas, se encuentran en gran proporción soportadas por argumentos científicos o tecnológicos: las que afectan al ámbito forense, a la salud, la alimentación, la agricultura, los recursos naturales, la Angel Martín Munido energía, la biodiversidad, los residuos urbanos e industriales, las comunicaciones, etc. Y, finalmente, los aspectos culturales. La gran mayoría de la población es analfabeta funcional desde el punto de vista científico, tecnológico y matemático. La reversión de la situación requiere un sistema escolar suficientemente dotado, un curriculum apropiado, maestros cualificados y toda una colección de actividades no regladas, entre las que se encuentran este PROGRAMA que ahora inauguramos con la intención de hacer familiar a los ciudadanos los logros que para la humanidad han supuesto los avances de la ciencia y de la técnica; la utilización del método científico en beneficio de objetivos personales y sociales; la asimilación de los conceptos y los principios básicos de la ciencia, y de la diversidad y unicidad del mundo natural; y el valor intrínseco del conocimiento como enriquecimiento personal y como coherencia con los valores que proclaman. Son, indudablemente, estas exigencias las que han movido a esta Real Academia a comprometerse en esta responsabilidad solidaria. Nada de todo ello, sin embargo, sería posible sin el mecenazgo de las Fundaciones Banco de Bilbao-Vizcaya y Areces. Ellas van a ayudarnos a hacer realidad lo que afirmaba Bertrand Russell: «Una generación educada tendrá esperanzas más amplias y audaces de las que nosotros tuvimos. No somos nosotros sino los hombres y mujeres que formemos los que podrán contemplar un mundo nuevo».
No hay que esforzarse mucho para mostrar racionalmente los encua- Angel Martin Munido miento de la ciencia, la idea misma de cultura, y la de sus relaciones, tienen un carácter rigurosamente histórico. Dentro de este carácter es frecuente la alusión a la calidad de vida y a su mejora en cuanta consideración política, económica o social intenta fomentar el progreso de los ciudadanos. Pero, ¿dónde están los términos de referencia?, o ¿cuáles son los parámetros con los que definir sus cualidades y fijar sus dimensiones?, o también ¿en qué forma, como en muchos sucesos físicos, la posición, la vida misma, del observador afecta a la medida del fenómeno? Si acudimos a la literatura social en busca de contextos, Aldous Huxley, imaginó en 1932, en «Brave New World», «un mundo estable con gentes felices, que tienen lo que desean y no aspiran a lo que no pueden poseer; gentes felices y sanas que han de escoger entre esta fortuna o elevar su nivel.... que no desean cambiar porque cada cambio es una amenaza a su estabilidad... porque la ciencia es peligrosa e incompatible con su felicidad y hay que mantenerla bien encadenada Hace ya medio siglo, y, todavía, nos seguimos enfrentando con gentes felices, pero con una felicidad incompatible, o, al menos ajena, a la ciencia. Se trata, indudablemente, de gentes felices a su manera, porque el nivel de su calidad de vida se encuentra inmerso, quizá sin darse cuenta, en el conjunto de ingredientes científicos, económicos y sociales, que contribuyen en cada momento a la misma idea de bienestar; la que supone el acceso a la salud, la vivienda, las comunicaciones y, obviamente a la cultura. Y, así, sin más preámbulos nos encontramos con que la idea de calidad de vida subroga su complejidad a la de uno de sus componentes primarios, la calidad de cultura, Y para llegar a esta calidad de cultura voy a intentar deshacer el nudo entre felicidad, ciencia y cultura. Para ello, vamos en este rato a escudriñar las variaciones tradicionales que subyacen a la idea de cultura, capaz de abarcar una gran diversidad de conceptos. La idea más amplia de todas es la que resulta de la consideración de las características universales de la especie humana, mientras que la más reducida vendrá definida por las características individuales de la persona. Y, entre ambos extremos, puede considerarse un conjunto de creencias, valores, razas, lenguas, comportamientos, rasgos políticos, hábitos alimentarios, etc. que son compartidos por miembros de un grupo a diferencia de los de otros grupos. Todo lo cual posibilita el hablar de cultura cristiana, cultura occidental, cultura urbana y PPCCT -1999: Ciencia y Cultura rural, cultura popular, cultura del consumo y del ocio y tantas otras modalidades de cultura. Con esta idea, en su ensayo «Towards a global culture», Smith dice: «Una identidad cultural significa la continuidad de sentimientos y valores, memorias compartidas de hechos y personajes que han sido puntos de inflexión de una historia colectiva, y un sentido de destino común a lo largo de las sucesivas generaciones de una unidad de población Sin olvidar que cada sistema cultural existe en un habitat social determinado, que, a su vez, ejerce una influencia sobre el propio sistema cultural. Sistemas socioculturales, en su conjunto, que, a través del tiempo han ido evolucionando y difundiéndose. Y, a medida que la cultura evoluciona, los sistemas socioculturales se diferencian estructuralmente desde lo simple a lo complejo; se produce a modo de una segmentación en la que toman parte la educación y el progreso científico. Hace pocos meses, en un artículo aparecido en los Comptes Rendus de la Academia de Ciencias de París, se lee: «La ciencia es tan antigua como la conciencia; ella nació el día en que el hombre, por primera vez, dedicó un instante a la observación de una gota de agua, de leche o de sangre, de un trozo de piedra, de piel, de fruto, y cuando a este propósito se plantea alguna cuestión. Y, después, cuando el hombre confía sus interrogantes a otro, crea la información; su reflexión y transmisión constituyen la cultura».' Y desde aquella simple observación inicial de la naturaleza por el hombre, hasta la utilización de los conceptos actuales de la ciencia y de la técnica, ha ido surgiendo, en cada momento, su particular manifestación cultural. De tal forma que ciencia, tecnología, cultura y sociedad, son variables de una ecuación compleja, son un toma y daca que dura ya muchos miles de años, cuya resultante es la mencionada evolución cultural o sucesión de culturas humanas en la que el periodo del ritmo va siendo cada vez más corto, y en la que, asimismo, el cambio de las estructuras sociales tiene una interpretación fundada en los avances científicos y tecnológicos. Y ello hasta tal punto que, en la actualidad, el clima intelectual del mundo civilizado está modulado por la ciencia; el conocimiento científico es la clase más respetada de conocimiento. La imagen del mundo de la gente culta viene conformada por los descubrimientos científicos, de forma que se habla de la imagen científica del mundo. Pocas dudas pueden existir hoy acerca de la antigüedad de aquella relación del hombre con el hombre en la transmisión de conocimiento, y de cómo se vería influida por los procedimientos que, muy distantes aún de 304 Angel Martín Munido la ciencia, ya, tras la revolución del Neolítico, tuvieron un primitivo carácter tecnológico. Fue el de los métodos, utensilios y recipientes para la elaboración y conservación de los alimentos, el del paso de la recolección a la producción agrícola y a todas aquellas prácticas relacionadas con el aposentamiento estable y sedentario de pequeñas poblaciones en el territorio. Estos cambios, hace diez o doce mil años, forzaron las artes culinarias y se vincularon a diversas prácticas biotecnológicas. Más cercanas, las grandes civilizaciones de la Antigüedad, aún varios milenios antes de Cristo, dejaron documentos, pinturas, tradiciones y mitos acerca de las fermentaciones utilizadas en la obtención del pan, el vino y la cerveza. Así, la escritura sumeria conoció la palabra alcohol, y los egipcios documentaron el fenómeno de la palatabilidad y el aumento del valor nutritivo de los cereales cuando se los fuerza a germinar; el malteado actual que se utilizó en la biotecnología de la cerveza. También, desde antiguo, el hombre sintió el impulso de explorar el universo, su propia naturaleza y las instituciones de las que formaba parte. Así pues, la primera manifestación cultural de la humanidad fue de índole tecnológica, con lo que nació la tradición intelectual de la tecnología; y, a la par, como consecuencia inmediata, la manifestación cultural fue también artística. Si, efectivamente, el hombre tuvo que movilizar toda su inteligencia para desarrollar aquella inicial tecnología con la que asegurar su subsistencia frente a un ambiente por completo hostil, cabe pensar que la naturaleza humana tuvo también que sentir la necesidad de exhibir su espíritu de trascendencia y de creación, y de alimentar con la belleza esta muestra. De esta manera, desde los balbuceos mismos de la civilización, el deleite sensual de la cultura artística se mostró en equilibrio con el sentido utilitario de la cultura tecnológica. A este propósito, Christian Langlois, miembro de la Academia de Bellas Artes de Francia, ha escrito: «En la variedad de razas, de etnias y de pueblos, el hombre ha conocido las más diversas condiciones; de la extrema miseria a la opulencia, de la dulzura de la vida al reino de la ferocidad; ha conocido los éxodos y las masacres, los cataclismos terroríficos y las epidemias exterminador as, la dominación y la esclavitud. Pero, jamás, aun en los peores momentos de su historia, se ha prescindido del arte y de la belleza». Y es que, en efecto, a lo largo de la historia de la humanidad, lo útil y lo bello vienen tomando parte de la evolución cultural y social. Y, desde los primeros balbuceos de la ciencia, el desarrollo corre más inseparable que paralelo a la marcha de la sociedad. Desde ellos, la ciencia cointerpreta, al menos, la posición del hombre en el universo y es ingrediente esencial a la fábrica de la cultura, su arte, su literatura, su ética y sus instituciones sociales. PPCCT -1999: Ciencia y Cultura Relaciones del hombre con el hombre que, al cabo de los siglos, habrían de conducir, en las últimas décadas del siglo XVIII, a la revolución industrial y a la revolución política, al estudio de los aspectos sociales y culturales del comportamiento humano bajo los ángulos de la antropología, la política, la economía y la historia misma. Queda ya también muy lejos la introducción en el mundo medieval de la energía hidráulica, el arado, la pólvora y el estribo, vinculados al origen y la transformación de las instituciones feudales. De igual manera que la máquina de vapor -primera revolución tecnológica-, la revolución política y, a no dudarlo, el idealismo social se entrecruzan en la urdimbre de la historia del pensamiento del siglo XIX. Su contemplación desde miras políticas diversas va a originar nuevas ideologías o, al menos, nuevas tendencias intelectuales que aceptan o rechazan, en todo o en parte, los fenómenos subyacentes. Para ello se redefinen o se acuñan nuevas voces, a través de las que se perciben los cambios de las relaciones sociales: industria y democracia; proletariado, masas y utilidad; capitalismo, crisis y progreso. Ideas todas, más o menos precisas, que contribuyen a diseñar el panorama de las relaciones sociales de los dos últimos siglos. Y hoy, caminamos por la tercera revolución tecnológica, definida por la informática en toda su extensión -comunicación, robótica, sistemas expertos, inteligencia artificial, modelización matemática y redes neurales-y con las puertas abiertas de la revolución de la biotecnología. Esta nueva edad, la edad de la ciencia, es un lugar común de los últimos siglos en los que la trilogía investigación científica, desarrollo tecnológico y cambio social domina los sentimientos de la cultura occidental. A la vez, cualquier tipo de aportación científica ya no camina hoy por la misma vía única de la dimensión social, y sin que sea válida, ni siquiera como disquisición académica, la disociación del progreso en la ciencia y el progreso en la tecnología. Seguramente, esta introducción nos sirve para interpretar el comentario de Eugenio D'Ors, en su obra «La Civilización en la Historia», cuando dice: «El Renacimiento, a la vez que intensifica la actividad científica del hombre y hace adelantar los conocimientos de la ciencia, rompe su unidad. De todo el saber, la Edad Media como la Antigüedad formaban una síntesis: tan Filosofía era entonces la Astronomía como la Botánica Y es que la actividad científica del hombre nace de dos fuentes: una, el libre juego de la curiosidad, que tiende a averiguarlo todo, a observar-Angel Martín Munido lo y experimentarlo todo; y, sin curar de que las adquisiciones logradas por observación y experimentación sean racionales o bien absurdas, opera como un francotirador de la ciencia y le trae, cuando se ejerce libremente, un rico botín; otra fuerza, la ordenación del saber en conjuntos homogéneos, su unificación racional, lo que llamaríamos su legalidad». Pero, si el Renacimiento -comò señala este comentario de D'Orsrompió la unidad cultural, ¿qué sucedía con anterioridad? y ¿qué viene sucediendo después? En efecto, ciencia y filosofía formaron durantebastantes siglos una unidad que, indudablemente, resistió a su fragmentación. Tan cierto como ello es que nunca han faltado filósofos de nombre que filosofan de oficio sin tener en cuenta lo que en cada momento está diciendo la ciencia positiva. A ellos se dirigió Lain en una ocasión diciendo: «¡Peor para ellos!». Unidad que se puso de manifiesto con los filósofos griegos que cultivaron la ciencia y tuvieron en Aristóteles el representante más ferviente, capaz de recopilar en el siglo IV a C todo el saber científico de la época, lo mismo en la clasificación sistemática de los seres vivos que en el desarrollo embrionario, los cambios evolutivos, el movimiento de los cuerpos celestes o la lógica matemática. Observaciones que llegaron a permanecer en vigor hasta Galileo -19 siglos más tarde-, hasta Darwin -22 siglos más tarde-, o hasta Boole -24 siglos más tarde-. Si en efecto, ciencia y filosofía formaron, hace veintitantos siglos, una unidad; al cabo de ellos, nos estamos hoy viendo forzados a reparar, tras su ruptura, un cierto tipo de conexiones; hay que rellenar ese vacío, esa especie de hiato del conocí • miento que puede llegar a impedirnos tener conciencia de la significación y las consecuencias de la ciencia. ¿Cómo ha tenido lugar la evolución de los conocimientos para que esta unidad haya conducido a la ruptura?, ¿de qué ruptura se trata?, ¿cuál ha sido la herencia bajo la que se produjo esta escisión?, ¿será bueno reestablecer los engarces perdidos?, ¿quiénes están abocados a hacerlo? Estos son los interrogantes sobre los que vamos a ir caminando, un tanto a la ligera sin duda, para arribar al nacimiento de esta nueva cultura. Aristóteles, la filosofía de la naturaleza se define como el conocimiento perfecto del ser sujeto a movimiento («scientia perfecta entis mobilis «); en el sentido de que sujeto a movimiento significa que el movimiento y el cambio son lo más característico de las cosas naturales y dan, en consecuencia, la clave de lo que son; y la razón por la cual las cosas cambian es que conllevan un principio de movimiento, llamado naturaleza. Aristóteles y los pensadores de la Edad Media apenas si lograron diferenciar filosofía natural y ciencia natural. Esta concepción relativa, las analogías y PPCCT -1999: Ciencia y Cultura las diferencias, entre ciencia natural y filosofía natural ha ido evolucionando desde Aristóteles hasta nuestros días; evolución muy importante para nuestro razonamiento. En Aristóteles, las observaciones relevantes de las ciencias naturales marchan paralelas a consideraciones filosóficas; dichas observaciones tienen vigencia en el cuadro de su filosofía de la naturaleza, fundada en el realismo y en la significación central de sustancia y accidente, materia y forma, potencia y acto. La doctrina aristotélica se constituyó en el patrimonio común cristiano medieval. Antes que Aristóteles, otros filósofos ejercieron la ciencia con rigor. Tales de Mileto, en la primera mitad del siglo VT a C, filósofo, hombre de Estado y polifacético investigador de la naturaleza, realizó demostraciones astronómicas, predijo con gran corrección un eclipse de Sol, descubrió algunos teoremas de la geometría y fue el primero en estudiar el magnetismo. A Anaximandro se atribuye el escrito titulado «Acerca de la naturaleza»; anticipó algunos aspectos de la moderna teoría de la evolución e hizo las primeras interpretaciones físicas del movimiento de las estrellas. Con los dos anteriores, Anaxímenes constituye el trío de los filósofos naturales milesios, los que, por primera vez, se acercaron a las cuestiones de la naturaleza con un pensamiento científico. Pitágoras compartió con los milesios la fundación de la ciencia griega, la matemática en especial; filósofo, matemático y astrónomo, descubrió el teorema que aún conserva su nombre y demostró la esfericidad de la Tierra; situó la teoría de los números en el centro de la filosofía, fue el primero que empleó la denominación de cosmos para el mundo y buscó la armonía y el secreto del mundo en las relaciones numéricas entre sus componentes, en una ley originaria. La moderna teoría de la evolución tuvo en Empédocles otro de sus anticipadores al proponer que el nacimiento de los seres vivos se originó en los organismos inferiores a los que siguieron los superiores, primero las plantas y luego los animales y los seres humanos; en cuanto a la materia originaria, Empédocles reunió los ingredientes de los milesios y los eleatas, y con la idea de los cuatro elementos -fuego, agua, aire y tierra-se concluían las disquisiciones de la más antigua filosofía de la naturaleza acerca de una materia originaria. Demócrito, colector de las ideas de Leucipo, aseguraba que los átomos diferían entre sí físicamente y era en esa diferencia donde había que buscar la explicación de las propiedades de las diversas sustancias. Para ambos, estos diminutos corpúsculos indivisibles, sin vacío, inalterables, de tamaño y peso diferentes, son el fundamento de las cualidades de las cosas. Y Platón se interesó por las abstraciones matemáticas a las que consideró la forma más elevada del pensamiento puro, hasta tal punto que ordenó escribir en el frontis-308 Angel Martín Munido picio de la Academia: «Que no entre aquí ningún ignorante de las matemáticas». El Timeo expone la filosofía de la naturaleza de Platón al reseñar el origen de los seres naturales, desde los cuerpos celestes a los seres vivos de la tierra. A su vez, las doctrinas científicas de Aristóteles fueron seguidas, entre otros, por el botánico Teofrasto y el físico Estratón. La influencia de la filosofía aristotélica fue escasa durante la primera escolástica, y no alcanzó su apogeo hasta la alta Escolástica en que se hizo accesible a la Europa cristiana a través de las traducciones árabes a lo largo de los siglos XII y XIII. No puede darse, efectivamente, una mayor conexión entre ciencia y filosofía que este ejercicio simultáneo de ambas. Y aunque, sin embargo, no sea imprescindible esta extrapolación, a estas relaciones de los filósofos con la ciencia se refería no hace mucho Paul Ricoeur con el siguiente pensamiento: «La filosofía se agota en sí misma cuando pierde el contacto con las ciencias.... Cuando la filosofía no dialoga con las ciencias se repite a sí misma.... A partir de Hegel, y, sobre todo, a partir de Nietzsche y Heidegger, la filosofía se recluye en un debate con su propio pasado, dejando de lado su relación con la ciencia». Pues bien, en el centro de este primer círculo de relaciones íntimas entre el filósofo y la ciencia, en el que el filósofo es a la vez creador de ciencia, se encuentra Aristóteles, al que acompañarían después Descartes y Leibniz, y, más recientemente, Russell y Whitehead. En una corona concentri ca con el anterior círculo, hacia el extrarradio, se situarían aquellos otros filósofos que, sin cultivar expresamente la ciencia, se han aplicado a conocerla desde dentro para poder construir sus elaboraciones metafísicas o reales, la materia, el universo, o la vida. Según este modo de relación, Kant (1724-1804) utilizó la ciencia de Newton; Comte (1798-1857) se sirvió de diversas ciencias de su tiempo; Schelling (1775-1854) estudió en Leipzig matemáticas, química, botánica y fisiología, que fueron la base de sus obras filosófico-naturales e integró en su visión de la filosofía de la época; Bergson (1859Bergson ( -1941) ) fue buen conocedor de las teorías biológicas, primero, y de las cosmológicas, más tarde; y, recientemente, así han actuado Zubiri, Merleau-Ponty y García Bacca. Y lo que no sea lo uno o lo otro de estas relaciones, poco o nada la filosofía podrá brindar a la ciencia y a los científicos para contribuir a forjar las realidades de sus propios saberes. Será siempre, pues, importante tener en cuenta, de un lado, la evolución y el estado de la ciencia en sí misma y en cada uno de los mo-PPCCT -1999: Ciencia y Cultura mentos en que se estudia y se escribe sobre filosofía de la naturaleza; y, de otro, el concepto preciso de esta filosofía de la naturaleza no como un simple sistema de conocimientos acumulados sino como la aspiración a presentar la realidad de la naturaleza. Factores ambos que, aunque sea anticipamos, tendrán mucho que ver en el extraordinario vuelco que la moderna ciencia natural ha experimentado, y en sus exigencias de mejores interpretaciones filosóficas de la realidad de la naturaleza. Relación entre ambos factores, ciencia natural y filosofía de la naturaleza, que asimismo ha ido cambiando con el estado de la ciencia. Y ya el mismo Schelling llegó en su tiempo a afirmar «... se ha invertido de golpe lo que entendemos por conocimiento, porque ahora no se trata, como en el caso de la filosofía trascendental, de explicar lo real a partir de lo ideal, sino al contrario, de explicar lo ideal a partir de lo real. Pero eso significa que ya estamos hablando de una ciencia completamente independiente de la filosofia trascendental que ni siquiera tiene por qué recibir el nombre de filosofía de la naturaleza, sino el de física especulativa, porque su saber es acerca de la totalidad de lo real y ya no de lo ideal». Y en otro lugar: «¡Venid a la física y aprended la verdad!... La verdad no se encuentra en la filosofía sino en la física. Pero la tarea no consiste en abandonar la filosofía sino en convertirla a la física o en hacer de la filosofía de la naturaleza toda la filosofía. Semejante tarea es la más propiamente idealista, pero se trata de un idealismo de la naturaleza: la filosofía de la naturaleza nos ofrece una explicación física del idealismo, desde el momento en que enseña a pensar de manera puramente teórica, absolutamente objetiva y sin mezcla de subjetividad...... Es por todo ello necesario tener siempre presente este marco de relaciones, y, en el camino hacia la situación actual, situarnos en la línea de partida, un par de siglos antes de Cristo. Desde la partida misma, y a pesar de la tremenda unidad de origen, la ciencia comenzó ya, aunque tímidamente, a desprenderse de la filosofía y a desarrollarse de forma independiente. Y, así, el nombre de Euclides está indisolublemente ligado a la geometría, y, al lado de Apolonio y Arquimedes, el matemático más importante de la Edad Antigua y ninguno equiparable hasta Newton, dos mil años más tarde. Hiparco fue el más importante de todos los astrónomos griegos, en el siglo II antes de Cristo, al medir la distancia y el tamaño del Sol y la Luna. Dioscórides, en el siglo I, viajó con el ejército romano de Nerón y recopiló en 5 libros la primera farmacopea sistemática con el título de «De Materia Medica». El médico griego Galeno, en el siglo II, fue la primera autoridad en anatomía cuyo prestigio con-310 Angel Martin Munido servó hasta los tiempos de Vesalio en el siglo XVI. Zósimo, el primer alquimista griego, dejó en el siglo IV, en 28 libros, el saber alquímico de la Antigüedad. En la escuela de Alejandría, el matemático Diodoro distinguió las matemáticas -el arte de medir y calcular los fenómenos naturales-de las ciencias de la naturaleza -la filosofía de la naturaleza-, en el sentido de que las matemáticas estudian las circunstancias concomitantes de las sustancias, mientras que la filosofía razona sobre la composición de la sustancia del Sol. Los siglos iniciales de la Edad Media contemplaron la labor de los primeros Padres de la Iglesia empeñados en armonizar la filosofía griega y la ciencia alejandrina con la fe cristiana. La influencia de Aristóteles va perdiendo gradualmente su predominio; casi nadie se acuerda de él en el siglo VI, y, durante siete siglos, apenas si fueron tenidos en cuenta algunos comentarios sobre su «Lógica», No deja de ser cierto asimismo que la exagerada actitud escatológica de la patrística, con el fin del mundo a las puertas, la venida inminente del reino de Dios y los misterios del juicio, favorecían bastante poco el deseo de investigar la naturaleza. Ya, a este propósito, decía San Ambrosio que la esperanza de la vida futura no puede edificarse sobre la naturaleza y la posición de la Tierra. Aún bajo la debilitada influencia aristotélica, la vinculación de la ciencia a la filosofía se conservó en la época árabe merced a la obra de los cordobeses Averroes y Maimónides. Sin embargo, en lo más profundo de la Edad Media, la ciencia permanecía bajo la tutela eclesiástica y el influjo religioso de Gerberto de Reims en el siglo XI, Alberto Magno (1206?-1280) y Tomás de Aquino (1225?-1274) en el XIII, y Roberto de Grosseteste, maestro de Roger Bacon, también en el siglo XIII. Y, en el seno de estos largos siglos de decadencia europea, sobresale el enorme esfuerzo asimilador de los dominicos Alberto Magno y Tomás de Aquino en el redescubrimiento de Aristóteles. Los escritos de Alberto Magno, editados completamente en 1651, en Lyon, alumbraron la totalidad de la filosofía aristotélica a sus contemporáneos, además de su obra propia en los campos de la química, la botánica y la zoología. Sin embargo, el tomismo no se hizo cargo tanto de la prolongación de la obra científica de Aristóteles como de integrar sus categorías bajo una perspectiva teológica con elementos de Platón y San Agustín. La crítica que pueda hacerse al tomismo de haberse alejado de la observación y la experimentación directas de la naturaleza, no puede, lógicamente alcanzar al maestro San Alberto, ni por la época ni por la magnitud de la obra científica realizada, que re-PPCCT -1999: Ciencia y Cultura cogía y adaptaba todos los conocimientos científicos contemporáneos al pensamiento cristiano medieval. Fue, pues, Alberto Magno el pensador de mentalidad más científica que produjo la Edad Media. Continuador de la obra embriológica aristotélica, desarrolló una especie de embriología aristotélica en la que el problema crucial era el momento en que el alma entrara en el embrión. Su obra lindaba con la de sus contemporáneos, algo más jóvenes, los franciscanos de Oxford, representados por Roger Bacon, y, de otro lado, empalmaba con la sistematización filosófica de su discípulo Tomás de Aquino. En esta trayectoria conjunta no tuvo que ser fácil la armonización de la filosofía de Aristóteles con las doctrinas cristianas. Esta indudable revolución del pensamiento religioso no fue acompañada en la misma medida por una revolución científica. De todas formas, Roger Bacon se había esforzado en independizar la rudimentaria ciencia física de la teología y la filosofía medievales; y el comienzo de la observación y la experimentación condujo en seguida a mejoras en la producción agrícola, un aumento del comercio y los medios de transporte y de todas las artes mecánicas. Bacon, en resumen, preparó el giro del espíritu europeo en la transición medieval a la Edad Moderna. Duns Escoto y Guillermo de Occam siguieron el ejemplo precursor de Roger Bacon y contribuyeron en gran medida a la independencia de la ciencia de sus lastres escolásticos; ayudaron a la pretensión de Bacon de una ciencia fundada exclusivamente en la experiencia inmediata y en la observación de la naturaleza, con lo que se habría de iniciar el despliegue de la poderosa ciencia natural de Occidente. Y, así, entre los acontecimientos más ricos en consecuencias de esta época de transición se cuentan tres grandes inventos: la brújula, la pólvora y la imprenta, que trastocaron el orden medieval y transformaron la visión social, política y cultural de Europa. Ocurría, además, que el entorno medieval de la ciencia venía siendo terriblemente limitado y pocas alegrías científicas permitía; de un lado, por los vaivenes económicos en los que tomó parte la economía feudal; y, de otro, debido a la vinculación casi exclusiva de la ciencia al alumbramiento de las verdades teológicas y de una sabiduría global al servicio de Dios. Tampoco esta situación facilitó los avances que la aún alquimia permitía. La iglesia, los monarcas y la literatura misma lanzaron sus sátiras y sus condenas sobre los alquimistas. La «Divina Comedia» les tortura en las regiones más profundas del infierno y son ridiculizados en los «Cuentos de Canterbury». Enrique IV de Inglaterra y Carlos V de Francia promulgan edictos contra ellos, persiguen sus prácticas e incautan los instrumentos de sus operaciones. que la alquimia fuese prohibida y castigados los que la practicasen y considerados criminales si no pudieran satisfacer las penas económicas impuestas; los clérigos perderían todos sus beneficios y serían inhabilitados para percibir cualquier otro. La teoría de la ciencia De todas formas, la mejor contribución de la época a la construcción de la ciencia moderna, que ya se vislumbraba, fue el haber empleado las matemáticas en la cuantificación de los fenómenos naturales y la promoción de la ciencia experimental por encima de las ciencias construidas sobre la mera especulación. Y se puede asegurar, con Crombie, que toda la historia de la ciencia europea de los siglos XVI y XVII puede considerarse como la historia de la penetración gradual de las matemáticas, al lado de la metodología experimental, en los dominios que se pensaba pertenecían antes de modo exclusivo al dominio de la física. La idea de que sólo lo que es calculable matemáticamente aporta un conocimiento claro surgió como consecuencia de las nuevas teorías. Un conocimiento perfecto, aseguraba Kepler, debe ser matemático; y, en efecto, los éxitos alcanzados por el método matemático se acomodaban a una cierta estructura matemática de la naturaleza. PPCCT -1999: Ciencia y Cultura sentenció Kepler al formular por primera vez el ideal de conocimiento matemático que ha impregnado la moderna ciencia natural. El climax antiaristotélico se alcanza por Galileo, sobre todo al medir la velocidad de caída de los cuerpos. La aproximación galileana de la naturaleza comporta cambios importantes: Galileo rechaza el estudio de la esencia de las realidades y se concentra en una descripción de los fenómenos; advierte que el comportamiento de las cosas depende de su estructura geométrica; el mundo real, es decir lo que es accesible a los cálculos científicos, es el de los diferentes movimientos de los átomos; y, puesto que el hombre con su inteligencia está fuera de lo mensurable, debiera situarse también fuera del cosmos. Para Galileo, las matemáticas constituyen un límite del conocimiento de la naturaleza, lo que supondría una aproximación matemática en el seno de la filosofía natural. A Neo-Aristotelian View», Review of Metaphysics, 38, 33-56, 1984), arguye que el conocimiento de la esencia de las cosas materiales exige una aproximación matemática. Hobbes se dedicó a construir un nuevo sistema del mundo basado en la teoría de Copérnico. Y, en oposición directa a Aristóteles, estableció una fractura entre el pensamiento y la realidad. Las categorías del ser, desarrolladas por Aristóteles, no son sino un artilugio verbal, y nunca una clasificación irreductible de las realidades de la naturaleza. Y si, en efecto, nuestro conocimiento debe seguir las leyes de la lógica, éstas no proporcionan ningún tipo de acceso a la realidad. Ambas pérdidas pueden ser reparadas parcialmente en esta vida. La primera por la religión y la fe; la última por las artes y las ciencias. Bacon subordina las materias no científicas, y las facultades que las originan, a las científicas y a la razón; en tal medida que en ocasiones desprecia las ramas del saber no científicas frente al predominio de las ciencias naturales en sus esquemas del conocimiento. En tres partes fundamentales puede dividirse la obra de Bacon: en el «Novum Organon» -clara contraposición al Organon de Aristóteles-expone el nuevo método científico; en su escrito «Sobre el valor y el enriquecimiento de las ciencias «, critica el estado anterior de las ciencias; y en «La nueva Atlântida» bosqueja la sociedad ideal del futuro. Aunque sólo fuera en esbozo. Bacon describe el método que había de conducir más tarde a los grandes éxitos de la ciencia natural moderna: hipótesis de trabajo, experimentos dispuestos con arreglo a un fin, extracción de consecuencias y formulación de principios universales para ser de nuevo puestos a prueba y sometidos a nueva experimentación. De esta forma dejó Bacon preparado el terreno para el ulterior desarrollo del cientifismo. Sucedió, pues, que entre unos y otros, entre 1550 y 1700, fue rechazada en las ciencias naturales su componente de filosofía aristotélica de la naturaleza, como lo serían después sus concepciones filosóficas relativas a las realidades materiales. Múltiples fueron las razones principales de este vuelco, entre otras, la existencia de errores manifiestos en la cosmología de Aristóteles y la aparición de otra imagen del mundo con el Sol como centro del Universo; las diferencias en la velocidad de caída de los cuerpos pesados y ligeros, tampoco resultaron ser conformes a la observación; la causalidad final era un principio de aplicación estéril; las formas sustanciales, que ocupaban un lugar central en la teoría aristotélica de la naturaleza, hubieron de reemplazarse por la teoría atómica. Esta desvinculación del hecho científico, y de su metodología, de la componente filosófica natural tuvo, indudablemente, mucho que ver en el inicial desarrollo de las ciencias de la naturaleza y de la medicina en particular. Tuvo también que ver con ello la desaparición en el Renacimiento de los prejuicios contra la disección de cuerpos humanos. Sucedió, en tfecto, que durante el Renacimiento, siguiendo las recomendaciones de Galeno, primero, y, más tarde, las de sus propios autores, el cuerpo humano fue explorado, medido e interpretado como una máquina. La orientación de la medicina fue anatómica y mecanicista; con ello se quebrantaba la tradición mágica, a la vez que se rompía la autoridad clásica para originar la experimentación directa en medicina. PPCCT -1999: Ciencia y Cultura Si la componente humanística del Renacimiento permaneció esencialmente como tema de eruditos, lograron llegar con más intensidad a las clases populares los ingredientes artísticos, científicos y técnicos. Fue así, sin duda, como el estudio del cuerpo humano en el Renacimiento supuso, por primera vez, un cambio de paradigmas en la historia de la ciencia natural. El Renacimiento se propuso estudiar la naturaleza en todos los sentidos y, dentro de ella, la medicina no pudo desasirse del interés renacentista por las válvulas y las poleas, que, al incidir sobre la anatomía, dio origen a la observación y la experimentación directas; y redescubrir algo que ya fue dicho por Hipócrates: «la medicina es una ciencia que debe descubrirse a partir del estudio del cuerpo humano y no una doctrina que deba practicarse sobre él». La pasión por la anatomía de algunos singulares creadores, como Leonardo y Miguel Ángel, contribuyó a la aceptación y al florecimiento de lo que D'Ors llamó la libre curiosidad; y, a no dudarlo, supuso una de las primeras incursiones de la ciencia en una manifestación popular de la cultura, o, si queremos, de las primeras traducciones conjuntas de la creatividad científica y la artística en una obra para la posesión y el disfrute culturales. A completar este cambio de paradigmas en el estudio del cuerpo humano contribuyó el despegue de la química de sus encantos alquimistas y la extinción del rescoldo aristotélico de los cuatro elementos. La denominada iatroquímica supuso el primer maridaje entre la química y la medicina en el estudio del cuerpo humano. Tras el crepúsculo de la Edad Media, el Renacimiento contempló extraordinarios avances en la ingeniería, la óptica y la arquitectura, y, a su lado, la incipiente maduración de la división técnica del trabajo en mano de obra y empleo intelectual. En todo este nuevo ambiente social, la sensación de progreso como beneficio y utilidad hacia el bienestar de la Humanidad no vislumbra contradicciones ni controversias de alguna envergadura. Y el advenimiento de la Edad Moderna aportó, entre otras novedades, la reivindicación de sectores específicos de la vida social y política con pretensión de «autonomía», tales fueron la autonomía del arte propugnada por Kant, la autonomía de la política reclamada por Maquiavelo, la autonomía de la economía exigida por los maestros del pensamiento liberal británico, y, sin duda alguna, la autonomía de la ciencia reivindicada por Galileo. Y de este terreno de la autonomía de la ciencia, el que a nosotros ahora nos ocupa, se iba enseguida a desgajar, primero, y a solapar, a continuación, la idea de la libertad de la ciencia. Libertad que habría de des- Angel Martín Munido doblarse después, y considerarse completa y total, sin dimensiones éticas, referida a su aspecto cognitivo, y limitada, sin embargo, en cuanto a su acción por las cortapisas de licitud moral que las consecuencias, los fines y los medios fueran capaces de imponer. Andando el tiempo, y nosotros mismos somos ya testigos, esta libertad, fruto de la autonomía de la ciencia, ha debido enfrentarse, en ocasiones, y, siempre, guiarse por una elección basada en juicios de valor. Ya en la segunda mitad del s.XVII tuvo lugar la introducción con Newton del cálculo infinitesimal, herramienta decisiva en la metodología científica moderna; pero, no es menos cierto que el mismo Newton dedicó más tiempo a la investigación química que a la física que le hiciera famoso, y, también, que Copérnico ejerció brillantemente la medicina. En cualquier caso, con Newton se penetra en la ciencia natural moderna, aunque titule todavía su obra fundamental Thiloscphiae naturalis principia mathematica» y que retome muchas de las opiniones anteriores. El atomismo constituye el cuadro en el que Newton desarrolla su teoría que no es una sencilla reproducción de la realidad, sino una reconstrucción de los datos reales con ayuda de una teoría. Constituye esta época del siglo XVII un momento en el que aún no se ha descubierto el oxígeno; la revolución de la química a manos de Lavoisier está a casi un siglo de distancia; y, sin embargo, es válida la teoría del flogisto para, a pesar de su falsedad, coordinar gran número de fenómenos diversos. Tras la revolución neolítica no hubo otro cambio de pendiente en la actitud cultural de la humanidad como el que consiguió la revolución científica que llevó a cabo Lavoisier. La interpretación de la combustión, la respiración y la producción de calor, basada en la nueva teoría del oxígeno, trastocó el pensamiento científico que urgió el inmediato desarrollo de la química y la biología. A la vez, las fermentaciones, cuyos entresijos tanto habían desesperado a la humanidad, pudieron esclarecerse en su naturaleza biológica y sus transformaciones químicas. El gran debate sobre la naturaleza de las fermentaciones estuvo siempre en el trasfondo que engarzó la Ilustración con la revolución industrial del siglo XIX y, sobre todo, tuvo en Pasteur el soporte biológico en que sustentar la pasarela que Lavoisier había lanzado un siglo antes. Tras los planteamientos de Newton, la filosofía clásica de la naturaleza desaparece casi totalmente; el determinismo materialista se convierte en la teoría dominante; el mundo era considerado como un conjunto de cuerpos, cada uno con una masa determinada y con un movimiento en el espacio bajo la influencia de fuerzas mensurables, y de acuerdo con leyes que pueden expresarse en fórmulas matemáticas. Du-PPCCT -1999: Ciencia y Cultura rante estos siglos siguientes, prácticamente hasta el siglo XX, se piensa que las ciencias naturales pueden suministramos por sí mismas un conocimiento verdadero de la realidad material. Y la limitada filosofía de la naturaleza tenía por misión explicar los conceptos y los métodos empleados, a la vez que introducía en ella gran cantidad de datos científicos para adaptarla a los conocimientos recientemente adquiridos. No deja de ser notable -y hay que reiterarlo-que la misma filosofía que 20 siglos antes, en manos de sus cultivadores, acaparó la casi totalidad de la observación en la incipiente ciencia y consolidaba aquella extraordinaria unificación cultural, fue después la que, en otras manos ciertamente, pero al igual cultivadoras de ambas, filosofía y ciencia, iba a liberar a la ciencia de sus cortapisas y a crear el pensamiento racionalista. Ello fue así merced a la influencia del método y las doctrinas de Descartes (1596-1650) y del optimismo universal de Leibniz (1646-1716), y gracias a la introducción en la filosofía de los modos de las demostraciones matemáticas, a la vez que los descubrimientos de la naturaleza se aliviaban de las doctrinas filosóficas y religiosas. Descartes tiene un puesto entre los matemáticos de todos los tiempos, sobre todo por el invento de la geometría analítica y de las coordenadas. Además, Descartes va mucho más lejos que Bacon en la asimilación de todo el saber a la ciencia al incorporar a ella, casi por completo, la moral y la doctrina de la naturaleza de Dios. Blas Pascal (1623-1662), la personalidad más vigorosa del círculo jansenista de Port-Royal, fue defensor del ideal cartesiano y fundador de la teoría de la probabilidad. Sin embargo, la interpretación mecanicista y matemática de la naturaleza por Descartes pasó por alto la valoración experimental del mundo real. Habría de quedar reservado a Kant la formulación del equilibrio entre ambas contribuciones a la cognoscibilidad de la realidad exterior, el pensamiento conceptual y la experiencia. Kant introdujo la idea de una construcción dinámica de la materia, mostrando como esta, en sus diversas manifestaciones, es resultado del equilibrio entre las dos fuerzas fundamentales y universales de la atracción y la repulsión. Bajo esta hipótesis dinámica resulta rechazada la existencia de los átomos y la concepción atomística del espacio. Para Kant no hay más ciencia que la física; la biología, la química y la medicina quedarán limitados como saberes no científicos, cuyos fenómenos no resultan explicables por los principios generales de la física. Kant no piensa la cuestión de la vida en el seno de la ciencia de la naturaleza. Schelling recogerá en su totalidad la concepción kantiana y da un paso adelante preguntándose por el origen de estas fuerzas, o lo que es igual por el de la materia. Tras este desamarre y esta desvinculación, la ciencia va a desenvolverse a sus propias expensas, y tiene, de otro lado, que cuajar sus propias doctrinas, y, de otro, organizar sus propias instituciones de investigación y administración, y las relaciones con su entorno social. Cuando todo ello sucede, nos encontramos ante la emergencia de la ciencia moderna en los siglos XVI y XVII, en la que abundan los cambios discretos del orden establecido, que debidos, entre otros y sobre todo, a Copémico, Galileo, Kepler y Newton, servirían para apellidar las revoluciones utilizadas como metáforas políticas. De entonces acá el término revolución se va a aplicar a cualquier variación sustancial en el seno de la ciencia, y de aquí la referencia a las revoluciones astronómicas, químicas y biológicas del pasado; a las revoluciones que iniciaron Harvey, Bacon, Darwin, Mendel o Einstein; o, incluso, a las revoluciones de nuestro siglo en la astrofísica, la física cuántica, la biología molecular o la biotecnología. Discontinuidades de la ciencia que, tradicionalmente, han impactado con éxito sobre la cultura de las sociedades modernas. Discontinuidades, o si queremos revoluciones, que han ejercido también una influencia notoria sobre el estudio de los cambios tecnológicos, sobre todo cuando se coloca a la tecnología en una posición subordinada a la ciencia y conceptualmente errónea como simple aplicación de las teorías científicas a la solución de problemas prácticos. PPCCT -1999: Ciencia y Cultura de intercambio cultural y de autonomía en el campo de la moral. En especial, Herder reescribió la historia como progresiva liberación y maduración del hombre, enfilando algunas corrientes de pensamiento que habían de conducir a la revolución francesa y al positivismo de Corte. Sin duda, el positivismo, en sus múltiples formas, ampliamente difundido en numerosos sectores científicos del siglo XIX, marcó el cambio hacia la época contemporánea de la ciencia. Tan variado que a su forma inicial para la que la ciencia es la única forma responsable del pensamiento, que debe reemplazar a la metafísica y a la religión, se conoce como paleopositivismo. Niega este a la filosofía una función específica; únicamente se tiene en cuenta al fenómeno, lo único real es la manifestación positiva. Este cientificismo, racionalismo materialista, combatió en especial a los sistemas idealistas de la escuela de Kant, y tuvo en Berthelot a uno de sus seguidores naturalistas más fervientes. En su obra «Science et libre pensée» comenta:.... la ciencia es la benefactora de la humanidad ella reclama hoy, simultáneamente, la dirección material, la dirección intelectual y la dirección moral de las sociedades». Al igual que lo debe al mecanicismo, la ciencia debe un gran progreso al impulso que la observación, la medida, el hecho experimental, promovieron en la metodología científica con arreglo a la norma positivista. Ocurrió, sin embargo, que en los tiempos del auge del mecanicismo, las ciencias naturales no habían logrado una estructuración suficiente como para asimilar los beneficios que la teoría ofrecía y significó para la situación de otras ciencias. Ello no quita para que, corriendo los años, la metodología cartesiana influyera sobre el desarrollo de la biología. Algo muy distinto sucedió en el caso del positivismo. Puede que sea meramente accidental, pero en plena época positivista las ciencias naturales están dejando de ser la casi exclusiva sistematización de los seres vivientes, e incluso nace coincidentemente el mismo nombre de biología Fue, sin duda, la misma exageración de la idea positivista, ese intento de convertir la humanidad a una especie de religión de la ciencia, esa restricción a un puro fenomenismo frente a cualquier participación del pensamiento en la elaboración de la realidad, lo que habría de motivar su declive y sustitución, en la segunda mitad del siglo XIX, por una amalgama de positivismo compúano, materialismo y mecanicismo. Y, así, fue dejando paso gradualmente a nuevas corrientes de pensamiento en las que vuelve a primar el espíritu humano en, la relación del hombre con la naturaleza. Así, surge un neokanásmo con Helmholtz y Cohen. Helmholtz, fisiólogo, recupera para la filosofía la actividad del individuo pen-320 Angel Martín Munido sante en el desarrollo del conocimiento científico; Cohen hace revivir una epistemología neokantiana de las ciencias naturales bajo los nombres de neopositivismo o positivismo lógico, a los que se ligarían Camap, Feigl, Hempel y Wittgenstein, como colectores de la herencia positivista de En st Mach (1838Mach ( -1916)). La escasa atención a la lógica y a las matemáticas de la filosofía de Mach frente a la primacía prestada al análisis de las sensaciones, fue una de las orientaciones que promovieron, hacia 1910, el movimiento que dio origen al Círculo de Viena. Además, el neopositivismo de Mach no tiene cabida para elementos a priori de la ciencia; no hay cabida, por ejemplo, para el espacio y tiempo absolutos, y la ciencia resulta de una reflexión conceptual sobre los hechos de forma que los enunciados empíricos de una teoría científica tienen que ser susceptibles de reducción a enunciados acerca de sensaciones. El Círculo de Viena, constituido en 1923 por Moritz Schlick, discípulo de Planck, reunió a un grupo de científicos interesados en cuestiones de epistemología y estaba ligado a la tradición empirista e inductivista de Bacon, Hume, Berkeley y Corte. La denominación empirismo lógico apunta a sus dos fuentes de inspiración en lo que se refiere a su teoría del conocimiento y a su principal herramienta intelectual, la lógica matemática. La filosofía de la naturaleza es, para el empirismo lógico, lógica aplicada. La epistemología del Círculo se caracteriza, pues, por su empirismo: «No hay más conocimiento que el obtenido por la experiencia» y por la aplicación del método del análisis lógico del lenguaje, que permite una separación entre los enunciados con sentido y los que no lo poseen. El principio de verificabilidad es uno de los dogmas fundamentales del positivismo lógico: «la significación de una proposición es el método de su verificación». Resultaba inevitable con relación a todo ello la eliminación de la metafísica como carente de sentido ante la falta de verificación empírica de sus resultados. Según la epistemología del Círculo de Viena, la ciencia es un conjunto de enunciados verificados o, mejor aún, un conjunto de enunciados construidos lógicamente a partir de enunciados fruto de la experiencia inmediata. Todo su esfuerzo estuvo encaminado a desarrollar esta idea, a precisar los conceptos de experiencia, verificación, lógica inductiva, etc. El empirismo lógico, sin diferencias de cierta entidad con el positivismo lógico, no ha sido un movimiento completamente unitario; en efecto, a veces se habla de empirismo científico como actitud filosófica más amplia o más tolerante que las del positivismo lógico y del empirismo lógico. Quizás, una de las mejores reflexiones sobre las concepciones del positivismo lógico en toro a la naturaleza de la ciencia de la ciencia apare-PPCCT -1999: Ciencia y Cultura ce en la obra de Feigl, en la que se distingue tanto el enfoque genético y el enfoque estructural de los conceptos y los métodos de la ciencia, como el lenguaje teórico y el lenguaje observacional. En primer lugar, es posible, pues, interrogamos por la génesis y evolución del conocimiento científico, y puede hacerse en función de la estructura de la ciencia y el contraste de sus teorías, o lo que es igual, cabe situar la cuestión en un contexto heurístico o de descubrimiento y en un contexto lógico o de justificación. Ideas que se recogen en autores como Reichenbach que en su obra dice: «el acto de descubrimiento escapa al análisis lógico; no se conocen reglas lógicas por las que pueda construirse una máquina descubridora que asuma la función creadora del genio. La tarea del lógico no es dar razón de los descubrimientos científicos sino analizar la relación existente entre los hechos dados y la teoría que pretenda explicarlos». Otra obra clásica del empirismo lógico es la «Construcción lógica del mundo» de Camap, en la que se trata de elaborar la tesis de la unidad fundamental de la ciencia sobre la base de un sistema general de todos los conceptos científicos que cumplan el principio de que siempre que sea posible hay que sustituir las entidades inferidas por construcciones lógicas. De esta manera, si todos los objetos de conocimiento científico pueden reducirse gradualmente a simples objetos del dato empírico, las diferentes ciencias particulares no serían sino sectores más o menos autónomos de una gran ciencia unificada. Bajo la guía de las escuelas de Berlín y de Viena, nutridas sobre todo por matemáticos, con Reichenbach y Schlick respectivamente, se llevó a cabo la adecuación de su filosofía de la ciencia al nuevo orden científico. Como posición heredada se designa a la situación de la filosofía de la ciencia mantenida por el positivismo lógico, y a la que se llega con la interrogante de entonces y de hoy acerca de la naturaleza de la ciencia. Se ha dicho a este propósito que las posiciones que insisten en la definición exhaustiva de la estructura interna de las teorías científicas se caracterizan por su olvido sistemático de la historia de la ciencia y de sus relaciones con la filosofía de la ciencia. En este carácter antihistórico radica, al menos, uno de los puntos de debilidad de esta posición heredada; las teorías se abstraen y se evalúan sin concomitancia alguna con otras teorías y se desvinculan de la realidad histórica de la ciencia y, no digamos, de su entorno cultural y social. La pérdida de realismo científico de los empiristas lógicos, además de la incapacidad de su filosofía para penetrar en la naturaleza de las teorías científicas, fue la causa principal de su decadente influencia. En frase de Einstein, la contemplación de la ciencia y la teoría de la ciencia se sustituyeron por una gimnasia inte- Angel Martín Munido lectual ajena a los problemas de la ciencia, dedicada a bizantinas cuestiones lingüísticas cuando no a planteamientos, artificiales muchas veces e inútiles otras, del tipo de la teoría semántica de la información y la confrontación verdad-probabilidad. Lo peor fue, en cualquier caso, que, entretanto, quedaron sin el análisis epistemológico debido y profundo importantes acontecimientos de las ciencias físicas y biológicas, sobre los que la filosofía de la ciencia tendrá que volver. Mediado nuestro siglo, el positivismo lógico ha sido superado en su versión de epistemología general y científica, lo que quizás constituye el movimiento más variado y asimilador de la historia y la filosofía de la ciencia. En toda esta conformación de la reacción antipositivista se continúa presentando la cuestión de la naturaleza o la estructura de las teorías científicas. Para Suppe, en «The structure of scientific theories», ello constituye el problema central de la filosofía de la ciencia. Ribes, en una excelente revisión crítica del ensayo de Suppe, parafrasea el argumento y afirma que el problema central lo sería más bien el del cambio y el progreso científicos y su influencia en la concepción y comprensión de la estructura de las teorías científicas» La posible excesiva explotación idealista de los entes científicos por las tendencias positivistas fue frenada por una especie de realismo científico para el que la realidad tiene una existencia en sí misma si bien sea diferentemente accesible a los sentidos. Desaparecería, pues, la heterogeneidad entre los dos órdenes de realidades, el fenómeno real y las entidades racionales. Cabe la situación intermedia de los empiristas racionales para los que, sin limitar el elemento teórico de la ciencia a un mero orden racional, no representa este elemento una realidad diferente de la del fenómeno experimental. Entre estas dos corrientes se puede situar a los grandes físicos de Broglio, Einstein, Born y Heisenberg. Si a la salida de las ideas filosóficas de Kant y sus discípulos podía afirmarse que, sobre ese fondo, se iba a producir la expansión de la ciencia y un nuevo espíritu científico, a la salida del positivismo hay que señalar la transformación, parcial si se quiere, de la filosofía de la naturaleza, de la que surge con gran fortaleza una filosofia de la ciencia: la teoria de la ciencia. Teoría de la ciencia que, ciertamente, no suele cultivar el ámbito total de los problemas filosóficos relacionados con una teoría de la ciencia, sino que se centra más bien en clasificar los conceptos de las teorías científicas. En este sentido, la teoría de la ciencia va a centrar su atención en la lógica interna de la investigación, y desarrolla criterios para cuantificar la naturaleza y la calidad de los productos que elabora. Tras todo ello, se podrá tener una idea más adecuada de lo que es el progreso científico, de la medida en que una teoría de la ciencia es relevante a la planificación de la investigación, de que hay límites a la dirigibilidad de la ciencia. Ideas que van a impregnar y a nutrir la historia y la sociología de la ciencia; van a abordar problemas lógicos, metodológicos, ontológicos, éticos, e, incluso, estéticos de la ciencia; van a establecer relaciones entre ciencia y cultura. Doctrinas que servirán a la racionalización de la planificación de la ciencia. La teoría de la ciencia puede también descender desde los temas relacionados con la actividad científica, en general, a los aspectos formales de teorías científicas concretas, referidas principalmente a la física y la biología, y a poner de manifiesto su forma lógica y, más aún, llegar a explicar los conceptos clave subyacentes a cada teoría científica particular. Y no cabe duda alguna de la posición pivotal de Sir Karl Popper en cuanto a la forma de hacer teoría de la ciencia, si bien hay que notar la existencia de variantes en cuanto a la forma de concebir el conocimiento en general y a la idea de la epistemología en manos de distintos autores. La metodología popperiana nació de la crítica al ideal de la ciencia y a su metodología que representaba el Círculo de Viena. Frente a la certeza como ideal del empirismo lógico, Popper juega con la verdad y la idea de representaciones más o menos exactas. La disyuntiva de aceptación o rechazo se convierte en una norma comparativa de mérito científico, en un índice del progreso científico al sustituir una hipótesis por otra que represente la realidad más concretamente que la primitiva; en otras palabras, en un índice que representa el aumento de la relación del contenido de información empírica corroborado al no corroborado o, lo que es igual, de la relación verdad/falsedad. Popper ha representado en la filosofía de la ciencia un alejamiento no sólo de los empiristas sino también de los metafísicos y del marxismo. Al rechazar el método científico de Platón y Aristóteles que, como es sabido, intenta conocer la esencia de las cosas por medio de definiciones, y también su doctrina que conduce a creer que no hay sino una teoría verdadera, Popper presupone la existencia de varias teorías que deben compararse críticamente, y, además, sustituye la evidencia por el control empírico e inter subjetivo de las teorías y el monismo dogmático por un pluralismo crítico. Popper, inspirado en Kant, sostiene una teoría activista del conocimiento; conocer no es tanto recibir, acoger, como construir. No se pregunta la teoría de la ciencia de Popper ¿cómo puede fundamentarse el conocimiento?, sino ¿cómo puede este mejorarse? En este punto se separa también de los empiristas que no hacen sino registrar los 324 Angel Martín Munido hechos que Popper considera siempre como provisionales, ya que pueden ser reconocidos como falsos por una nueva teoría y porque dependen no solamente de los hechos observados sino también de una cierta elección a favor de algunas ideas. Esta elección, esta decisión, es irracional, no se puede justificar con razones objetivas, y a causa de este elemento subjetivo nos encontramos con la imposibilidad de conocer la realidad al cien por cien racionalmente. Como quiera que estos presupuestos objetivos son controlados empíricamente, los hombres de ciencia lo harán, sobre todo, por intercambios intersubjetivos. A causa de este reconocimiento de los límites de la objetividad. Popper califica a su racionalismo de crítico, y, en consecuencia, no considera posible la existencia de leyes generales de la ciencia en sentido estricto y solamente reglas hipotéticas. Sobre esta base estableció Popper, asimismo, su criterio de demarcación en el sentido de que una teoría es científica si es empíricamente criticable. Entre las cuestiones que Popper más seriamente critica de la posición del Círculo de Viena es la que hace referencia a la eliminación de la metafísica del dominio del sentido. Para ello, Camap hace uso de la formulación de un criterio de significación que, a la vez que a la metafísica, excluiría -según Popper-de este dominio del sentido a todas las teorías científicas, incluidas todas las leyes de la naturaleza, ya que no son estas teorías más reducibles a enunciados de observación que las proposiciones metafísicas consideradas como desprovistas de sentido. Además, todas las leyes de la naturaleza contienen términos a los que es imposible otorgar una significación a la manera de Camap. Popper estima que la eliminación de la metafísica privaría a la ciencia de los enunciados generales que garantizan su poder de anticipación con relación al dato empírico, y concluye, sencillamente, que lo que los epistemólogos necesitan no es un criterio de significación sino un criterio de demarcación que presenta, entre un conjunto de enunciados evidentes, el subconjunto de enunciados empíricos. La teoría de la ciencia de Popper se centra en los aspectos de demarcación, inducción y refutación y sirve de ejemplo a la utilización de teorías normativas de la ciencia en la planificación científica y, en consecuencia, en la medida del progreso del conocimiento. El criterio de demarcación entre teorías empíricas y no empíricas -seudocientíficas, metafísicas, etc.-es un problema que han tratado muchos filósofos desde la época de Bacon, y que se venía fundamentando en su base observacionel y su método inductivo, een tanto que la metafísica y las seudociencias se caracterizan por su método especulativo. Muchas de las teorías de la física son sumamente especulativas y abstractas, sin base PPCCT -1999: Ciencia y Cultura observacionel, y se ha dicho que, en general, las mejores teorías físicas se asemejan a lo que Bacon hubiera considerado como anticipaciones mentales. En manos de Popper, el criterio de demarcación se establece sobre la idea de un criterio de refutahilidad, implicando que la imposibilidad de refutación de una teoría coloca a esta fuera del campo de la ciencia empírica. Según esta concepción, un sistema debe considerarse científico solamente si hace afirmaciones que puedan entrar en conflicto con observaciones; y la manera de verificar un sistema es, en efecto, tratando de refutarlo. Así, pues, refutahilidad y verificabilidad son equivalentes en cuanto a criterios de demarcación. Las teorías científicas deberán, pues, considerarse desde el punto de vista de la posibilidad de su discusión crítica, y sólo pueden considerarse confirmadas si resisten con éxito los intentos de refutación. No hay que olvidar a este respecto los no escasos ejemplos que la historia de la ciencia nos ofrece de teorías que no fueron capaces de ser verificados en ciertos momentos del desarrollo de la ciencia, pero que lo fueron, efectivamente, en etapas subsiguientes de la evolución de la ciencia, por ejemplo, la teoría del neutrino y la de la doble hélice del DNA. Además, es habitual que las teorías científicas no presenten desde sus primeras versiones la definición y la claridad que pueden alcanzar posteriormente, lo que priva sin duda de rigor a los criterios de demarcación. Acerca de los problemas de demarcación, asegura Meana: « El mayor problema de la demarcación popperiana, el problema fundamental y más clave de ella es este: si se da el caso de que la refutación de las teorías es tan imposible como su verificación, tampoco este nuevo criterio conseguirá demarcar convenientemente entre las teorías científicas y las teorías no científicas. Por tanto, volvemos contra Popper la crítica que él hizo a la demarcación positivista, acusándola de no lograr separar ciencia de metafísica». Al insistir en que los problemas de demarcación son problemas básicos en la evaluación de las teorías científicas, su solución ha de incidir sobre el contenido normativo de la teoría del conocimiento científico. Además de los anteriores criterios, otros, como los probabilistas o los propuestos por la metodología de programas de investigación científica, intentan ofrecer posibilidades de demarcación; entre ellos los planteamientos de Camap y Lakatos. Otro tipo de planteamiento es el de Kuhn y Polanyi, basado en la imposibilidad de criterios universales para dilucidar esta cuestión que sólo puede definirse por juicios subjetivos de autoridad. El antiguo escepticismo y relativismo cultural, difundido en los movimientos anticiencia, ha desembocado en la versión de Feyerabend 326 Angel Martin Munido del anarquismo epistemológico para el que no hay sino ciencias rivales, algunas de ellas conocidas como científicas. A través de este reducido panorama de los trances históricos de la filosofía de la naturaleza y de la filosofía de la ciencia, se ha podido afirmar la existencia en el siglo XVII de una inflexión crítica de confianza positiva en la ciencia y su progreso debido, en gran medida, a la utilización de nuevas ideas y tratamientos. Y es bastante más que probable que hoy atravesamos un periodo, asimismo crítico, fase negativa de confianza social en el valor de la ciencia. Parece evidente, pues, que su tratamiento actual deberá llevarse a cabo con nuevos ingredientes y nuevas normas de abordaje de la situación. Ocurre también que cada tiempo, cada época, con sus gentes y sus guerras, gobiernos, influencias y prejuicios, imprime una resultante sobre las perspectivas de futuro, y, obviamente sobre la aceptación social y cultural de la ciencia. El indudable y extraordinario avance de los saberes, la ilustración mental, comenzaría pronto a exhibir diferencias cualitativas; frente a la degradación social de grandes sectores de los países de Occidente, primero, y, más adelante, frente a las consecuencias tecnológicas indeseables de los descubrimientos científicos. Desde bien pronto, la ideología de progreso ofrece varias facetas; o, lo que es igual, conviene distinguir el ideal de progreso como tendencia al incremento de bienestar social y material del hombre, del progreso del conocimiento en su conjunto y del progreso particular de las ciencias y sus aplicaciones. Este progreso del conocimiento, con sus ritmos y sus altibajos, ya a ser incesante e inevitable; y por sus efectos culturales y por sus aplicaciones contribuye poderosamente al progreso general de la humanidad. La historia de la ciencia está llena de nombres, de teorías y de descubrimientos, durante la revolución científica del XVIII, y desde ella hasta nuestros tiempos. En el seno de la cultura contemporánea, la ciencia es el paradigma contemporáneo del saber. La investigación científica está impregnada de dos cualidades interpenetradas: rigor y objetividad. Rigor y objetividad imprescindibles al conocimiento público 3^ a su carácter colectivo, independiente del sujeto, y al discurso público, reconocido como fundamental en la ciencia moderna; sin los cuales -como ha señalado el filósofo italiano Agazzi-sería difícil justificar la confianza en el valor y la fiabilidad de la ciencia que caracteriza a la civilización contemporánea. Despersonalización del sujeto, que aunque pudiera ser un parcial motivo deshumanizante, es también razón que contribuye a la dimensión auténticamente cognitiva del saber científico con relación a lo real. La ciencia, con todo este bagaje conceptual, continúa, día a día, ganando terreno a lo desconocido; sigue acumulando datos y teorías cuyo valor no puede ponerse en duda, aunque sí quepa preguntarse: ¿es consciente la sociedad de que ella es receptora de la acción de la ciencia? o lo que es igual ¿se contempla a la ciencia en tanto que producto social?; y, además, ¿en qué medida la cultura de la sociedad, nuestra sociedad actual, es capaz de asimilar, o simplemente de tomar noticia de los descubrimientos de la ciencia y la tecnología?, ¿relaciona nuestra cultura social la calidad de vida moderna con los hechos de la ciencia fundamental?, ¿es adecuada la alfabetización científica de la sociedad, de la macrosociedad, en cuanto a la necesaria comprensión para la toma de decisiones políticas relacionadas? Interrogantes de las que, al menos, hay que dejar constancia, porque forman parte de la interpretación social de la ciencia y de ese formidable debate epistemológico que ha dominado las controversias de los últimos años 60 y 70, con la participación de la escuela de Francfort y las tesis un tanto iconoclastas y provocadoras de Lakatos y Feyerabend. Ideas que se engarzan con los cambios sociales y culturales de la última parte del siglo XIX y el comienzo del XX, que, con la superación crítica de muchas doctrinas establecidas por los cambios científicos -por ejemplo, el campo electromagnético, la relatividad general, la mecánica cuántica, la evolución, la estructura del DNA, las mutaciones-, van a tener consecuencias cualitativas sobre la misma estructura interna de la ciencia y sobre fenómenos sociales tales como la riqueza, la calidad de vida, el empleo, el liderazgo y la solidaridad. Por otro lado, la ciencia se va acomodando a las nuevas estructuras sociales, penetra en la sociedad y en el poder, se vincula de forma próxima a los avances tecnológicos y a la economía, aumenta el número de sus investigadores e, incluso, va a utilizar al hombre mismo como objeto de la investigación. De esta forma, los objetivos de progreso individual y social comportan beneficio, prestigio y poder y, a la vez, se sitúan en el entorno del crecimiento económico; el progreso económico y social que se conoce como desarrollo. E, incluso, la experiencia humana sobre el mundo adquirida por la ciencia experimental a partir del XVIII se transfiere a la ciencia de la sociedad bajo las ideas físicas y biológicas, por ejemplo de estructura -en lo político, económico o social-o de cambio -en la evolución, el desarrollo o la especiación social-. Hasta este momento, el progreso de la ciencia había venido originando sus propios objetivos. Desde ahora, las apetencias generalizadas de una sociedad de consumo material e intelectual provocan las estrategias 328 Angel Martin Munido científicas y técnicas de las naciones, las instituciones y las empresas. El hombre está ya embarcado en un proceso irreversible pero modulable; el hombre ha de ser consciente de las consecuencias del avance científico y buen conocedor de las finalidades que se persiguen. Modulación que puede consistir en seleccionar, orientar y encauzar el progreso científico hacia el mejor rendimiento de su actividad social. Este progreso integral, el desarrollo, entraña riesgos, inevitables unos que hay que valorar y atenuar al máximo, y salvables otros que pueden evitarse mediante normas sociales y de gobierno. Es inevitable al llegar a este punto dejar constancia de cómo esa inocente imagen de la ciencia se ha visto alguna vez enturbiada por circunstancias como aquella de la que surgió la sentencia del filósofo Passmore («Science and its Critics», Rutgers, 1978): los físicos han conocido el pecado. De vez en cuando se alivian los grandes entusiasmos por la ciencia y se suscitan inquietudes y desconfianzas lógicas, ante, por ejemplo, el posible asalto a las libertades individuales y a la ética social por las manipulaciones informáticas y genéticas. Desconfianzas y hasta peligros que, mucho más que las complacencias y los éxitos, exigen una renovada conciencia cultural de la sociedad. Aquella a la que se refiere el historiador francés Pierre Thuillier cuando asegura la ciencia, conforme a una tradición bien establecida, es una empresa que, por su racionalidad y su acción liberadora, engrandece al hombre. Sería una gran catástrofe si, por algún motivo, mañana conociera su declive. En cualquier caso, el cientifismo es ya una confianza y un ambiente; es la impregnación por la ciencia de multitud de hechos familiares; es su total vinculación a los problemas económicos, sociales y culturales. Y como uno de sus ejemplos, tan sobresaliente como popular, el de la moderna biotecnología, que si en la primera mitad de nuestro siglo se fundamenta, sobre todo, en las propiedades de las enzimas y persigue la mejora de las cualidades nutritivas de los alimentos, pasado el ecuador del siglo, la idea estricta y el aislamiento conceptual de la inicial biología molecular ceden a las llamadas y la utilidad de las aplicaciones de las zonas vecinas del conocimiento, logrando la extensión y el realismo de la revolución biotecnológica, y, dentro de ella, la nueva perspectiva que ofrece a la humanidad la tecnología del DNA-recombinante. Sus múltiples variantes se llaman hoy vacunas, interferones, plantas clonadas, nuevas especies, al abrigo de infecciones, de rápido cultivo, en una tierra artificial, un sol ficticio y un clima a la medida. Y es en este ambiente, irreversible, repleto de impresionantes logros científicos y de avances tecnológicos, con sus beneficios y riesgos hi-PPCCT -1999: Ciencia y Cultura potéticos o reales, en el que comienza a jugar un papel decisivo la estructura de la organización nacional e internacional de la creación científica, de la promoción de la investigación y de sus aprovechamientos. Y es de esta forma cómo la aplicación tecnológica, con todas sus caras, utilidades y matices, puede ser fruto de la ciencia inocente y bella, o cómo, al contrario, puede ir por delante la pretensión de una finalidad -la curación del cáncer o del sida, el diseño de nuevos materiales para las comunicaciones o la terapia gènica-para cuya consecución se ponen en marcha poderosas creaciones de la ciencia pura. Todo ello abunda en la necesidad moderna de una normativa política que tome decisiones coordinadas en torno a los intereses nacionales, a los que indudablemente debieran contribuir los requerimientos materiales de la sociedad, la defensa y la competitividad económica en el comercio internacional. Tras el antiguo desarme filosófico de la ciencia e, incluso, de la batida en retirada de la misma filosofía de la naturaleza a partir de Newton; ante la tremenda repercusión de la tradición intelectual de la ciencia sobre la vida cultural y social; ante la estructuración formal del ejercicio de la ciencia y de los resultados de la creación científica; ante el intenso desarrollo del cientifismo moderno, ¿tendrá algo de extraño su influencia sobre la manera de actuar y de pensar del hombre?, ¿sobre la nueva visión de là vida y del mundo? Nueva visión en la que el pensamiento científico se difunde en los modelos culturales y los hechos de la ciencia y la tecnología se embeben en la trama social, constituyen un aspecto de la vida social misma e inciden sobre los llamados costes sociales. No hay sino que echar una ojeada a la reciente historia de los cambios industriales y del desarrollo científico; a los transformadores eléctricos y a los convertidores Bessemer en la industria del acero; a la industria textil, química y de las fibras sintéticas; a la fabricación en serie, la robótica y el control numérico; a la traducción automática, el reconocimiento de voz, la imagen médica, la bioinformática y los ordenadores celulares, para advertir, sin duda, que la aplicación sistemática de la ciencia a la industria genera otras nuevas, a la par que obliga a las antiguas a la transformación permanente de sus medios de producción. Si la revolución industrial comienza, pues, cuando las máquinas sustituyen el trabajo del hombre, la variación de la interdependencia humana urge a afirmar la misma realidad aunque con una consecuencia social diferente y observar el progresivo desplazamiento del monopolio de la producción hacia el trabajo intelectual. Todo este proceso de mecanización y automatización ha ocurrido mientras la relación social se asienta sobre el incremento de la po-330 Angel Martin Munido blación, los cambios en las condiciones y los modos de trabajo, la transformación de la propiedad, los problemas de la urbanización y su repercusión sobre el carácter de las sociedades. Si, efectivamente, todo ello contribuye a la elaboración de un modelo cultural, ¿tiene algo de extraño que como consecuencia, las manifestaciones y los productos de la ciencia, que no las actividades de los científicos, se hayan independizado de los de las clásicas humanidades? Frente a todo el impresionante desarrollo de la ciencia, con las nuevas revoluciones de la electrónica, la informática y la biotecnología, la cultura tradicional, la cultura literaria, la que, vanidosamente, ha venido dirigiendo durante siglos el mundo occidental, recela del progreso científico aunque colectiva e individualmente disfrute de él, se recluye en sí misma confiada en sus lamentos y en su aislamiento academicista, sin relieve ni prestancia, y sin intentar acercarse a la comprensión de la naturaleza, se considera aherrojada por los privilegios o los mitos de la tecnología. Alicia, en «El Jardín de las flores vivientes», se dijo: «Podré ver mucho mejor el jardín si puedo llegar a la cima de aquella colina, y aquí hay una vereda que lleva derecho hacia ella». Bordeando, como Alicia, los recodos abruptos de la vereda, los físicos y los biólogos de nuestro tiempo intentan llegar a la cima de la sabiduría, a la de la explicación de la realidad y a la consideración de la técnica como un medio para que la naturaleza mantenga o restituya su perfección. Así, a la filosofía de la naturaleza del hombre de ciencia contemporáneo hay que añadir la idea humanista de la formación científica en sí misma; y no sólo porque los resultados experimentales trascienden los conceptos del universo y del hombre, sino porque la propia actividad científica exige actitudes de corte humanístico, relativas a la historia, la economía, la sociología, la filología e, incluso, la política. Si el auge moderno de la ciencia comporta, pues, el de las humanidades, no deben éstas aislarse, recluirse y gozarse en su lamento; antes al contrario, salir al encuentro social de la investigación erudita, la crítica histórica, el descubrimiento cultural, la utilidad o el deleite; enriquecerse en su contacto con la ciencia y la técnica y desechar la aversión, arma de ignorantes. Como ya nos enseñaron nuestros clásicos; como nos lo advertía Calderón en los versos de «La estatua de Prometeo»: PPCCT -1999: Ciencia y Cultura 331 «Pues, moralmente se viera, que quien da luz a las gentes, es quien da a las gentes ciencia». «quien da las. ciencias, da voz al barro y luz al alma». Y como Lope de Vega, en «La adúltera perdonada», conminaba: «Del laurel, que siempre dura, pretenden los ignorantes, porque juntan consonantes sin arte, ciencia y cultura». Pues bien, desde mediados del siglo XVI, y, durante cuatrocientos años, no se había planteado la cuestión de las costuras del saber; el saber era indivisible, las clásicas humanidades eran concebidas como parte integral de la unidad de la ciencia y participaban de los esquemas de progreso; la cultura era sólo y, simplemente, eso, cultura. La que fue capaz de mostrar la Enciclopedia francesa de Diderot y D'Alembert ordenando las ciencias de acuerdo con las tres facultades, memoria, imaginación y razón; y dividiendo la razón en el conocimiento de Dios, el conocimiento del hombre y el conocimiento de la naturaleza. Al conocimiento de la naturaleza pertenecían en la Enciclopedia las matemáticas y la filosofía natural, de la que surgían numerosas areas particulares. No en balde, en la introducción a la «Enciclopedia de las ciencias, las artes y los oficios», aparece la orguUosa sentencia: «¡La época de la religión y la filosofía ha cedido paso al siglo de la ciencia!». La gran cantidad de nuevos datos descubiertos a la naturaleza, la variedad y progresiva sofisticación y dificultad de los métodos experimentales, la abundancia y el complejo acceso a la documentación científica, la necesidad frecuente de una instrumentación de adquisición y mantenimiento costosos, la internacionalización obligada de los grandes proyectos científico-tecnológicos, han ido creando una especie de aristociencia que lleva en sí misma la disolución de aquella unidad. Seguramente que, en muy buena parte, debido a que esta aristociencia llega a enfrentarse con problemas de la realidad del hombre indudablemente elevados tales como los mecanismos bioquímicos de la memoria, de la herencia y su corrección gènica, de la vida sin gravedad, y hasta de los fundamentos biológicos de la misma creación artística y literaria. Equilibrio intercultural cada momento más inestable, una de cuyas consecuencias fue la fa-Angel Martín Munido mosa controversia entre Snow y Leavis, iniciada por una conferencia de Snow en 1959, quien describe la tensión entre las dos culturas con la siguiente imagen: «Los no científicos tienen la arraigada impresión de que los científicos son frivolamente optimistas, inconscientes de la condición humana. Por otra parte, los científicos creen que los intelectuales literarios carecen completamente de previsión, se despreocupan notoriamente de sus semejantes, y, en un profundo sentido antiintelectual, están ansiosos por reducir el arte y el pensamiento al momento existencial». En la argumentación de Snow pareciera como si la cultura científica tuviera un valor moral, una apertura social, superiores a los de la literaria que hubiera podido mostrar por parte de algunos de sus intelectuales destacados del siglo XX una cierta actitud antisocial; las relaciones entre las dos culturas se caracterizan por la mutua ignorancia y empobrecimiento, y si las ciencias naturales «llevan el futuro en sus huesos», las humanidades tienen en su mente solamente el pasado. Para Snow, los científicos tienden a prestar más atención a desgracias o necesidades susceptibles de alivio, la enfermedad, el hambre o las comunicaciones; y, a la vez, intentan soluciones, ya que «no verían la razón por la que sólo debido a que la condición individual es trágica, deba serlo también la condición social. Cada uno de nosotros está sólo; cada uno de nosotros muere sólo: de acuerdo, es un destino contra el que no podemos luchar, pero hay mucho en nuestra condición que no es destino, y contra lo cual somos menos que humanos a no ser que luchemos». Forma también parte de los razonamientos colectivos de Snow, el hecho de que la cultura tradicional, al apropiarse en exclusiva el término cultura, se enfrenta con el orden natural, como si el edificio científico del mundo físico, en su profunda complejidad intelectual, no fuera el más maravilloso trabajo colectivo del pensamiento y la imaginación del hombre. Y, entre toda la casuística de provocaciones elegibles. Snow señaló que la gran cultura de los lectores de Shakespeare, no impedía el absoluto desconocimiento del segundo principio de la termodinámica. Frente a ello se argüyó cómo muchos literatos al estilo de Coleridge, Carlyle, Dickens y otros, ejercieron una influencia benéfica sobre las condiciones de vida de la gente, perjudicada por las fábricas y la contaminación de la revolución industrial. Sin embargo, la literatura del siglo XX, incluso la calificada de modernista, aunque no fuera capaz de captar el espíritu de la revolución científica, no debiera haber dejado tan de lado a la numerosa creación de ciencia-ficción, ni, incluso, considerarla como creación de segunda categoría. PPCCT -1999: Ciencia y Cultura Y si la voz y la idea de cultura respondían tan sólo de la cultura tradicional, no es menos cierto que durante bastantes décadas, que bien pudieran alcanzar a nuestros días, el término intelectual se haya circunscrito esencialmente a la gente de letras, excluyéndose de él a físicos del tipo de Einstein, Bohr y Heisenberg, a los matemáticos Godei y Volterra y a los biólogos Fleming y Domagk. Aún cuando los físicos que llevaron a cabo las revoluciones de los años 20 tenían una buena educación en filosofía, y muchos físicos de la época escribieron ensayos filosóficos. El Nobel británico Peter Medawar, uno de los científicos modernos de profunda educación literaria clásica, opinaba que no era justo que un científico sin conocimientos de la música y del arte fuese considerado como analfabeto, mientras que las gentes de letras no se sentían obligadas, para considerarse cultas, a conocer los rudimentos de la ciencia. Y el físico, también Premio Nobel, Murray Geli-Mann, asegura que por desgracia, en el terreno de las artes y las humanidades ~y hasta puede que en el de las ciencias sociales-hay gente que presume de saber muy poco de ciencia, tecnología o matemáticas. En cambio, el fenómeno opuesto es muy raro. Uno se encuentra de vez en cuando con científicos que no han leído a Shakespeare, pero nunca se encontrará con uno que se vanaglorie de ello. A pesar de ello, de otro lado, los hombres de ciencia no supieron defender, y ni siquiera se preocuparon a menudo, de la trascendencia de su trabajo. Y, cualquiera que fuesen los motivos, la realidad nos ha venido presentando las dos culturas, incomunicadas y mutuamente incomprensivas; ante lo cual. Snow pretendía llamar la atención con el objetivo, sobre todo, de reformar la educación y solucionar la pobreza en el mundo. Logró, ciertamente, mayor aceptación del hecho en sí que de las propuestas en busca de soluciones. Tres años después, Leavis, profesor de literatura en Cambridge, criticó a Snow por la superficialidad de sus sugerencias, en particular ante la idea de que intentara dar a la ciencia el estatus de cultura. Decía Snow a este propósito: «En un polo, la cultura científica es realmente una cultura, no solamente en un sentido intelectual sino también antropológico. Es decir, sus miembros no necesitan comprenderse siempre por completo los unos a los otros, y por supuesto que a menudo no lo hacen. Los biólogos las más de las veces tendrán una idea bastante confusa de la física contemporánea, pero hay actitudes comunes, criterios y patrones de conducta comunes...» Leavis se refiere en su crítica «al acelerado movimiento de la civilización externa que contrasta con la cultura que capacita a la humanidad Angel Martín Munido para estar en plena e inteligente posesión de sí misma»; una cultura que él cree urgente adquirir ante el avance de la tecnología. Hace casi medio siglo del origen de esta disputa, y ello es una cierta justificación de los escasos argumentos esgrimidos por cada una de las partes, que, por otro lado, intentan exhibir simplemente situaciones de supremacía y de prioridad frente a la otra, y no de identificar compromisos, buscar analogías entre partes de una racionalidad indivisible, y cerrar brechas entre las diferentes formas de creación, incluida, obviamente, la artística. Pocos años después, 1963, la segunda edición de «Las dos culturas» de Snow llevaba el añadido de «: Una segunda mirada», con la pretensión demasiado optimista de la generación espontánea de una tercera cultura capaz de rellenar este vacío. Quizá por el escaso éxito añadido, y en un intento de reconciliación, Scruton, en 1987 (Philosophy and the Neglect of Aesthetics», Times Literary Supplement, 5 de junio, p.616), interpreta de la siguiente manera la relación entre ciencia y cultura: «Poseer una cultura no es solamente poseer un cuerpo de conocimiento o habilidad técnica; no es simplemente haber acumulado hechos, referencias y teorías. Es poseer una sensibilidad, una respuesta, una forma de ver las cosas, que de algún modo especial es redentora. La cultura no es cuestión de conocimiento académico sino de participación, Y la participación no cambia únicamente sus pensamientos y creencias sino sus percepciones y emociones. Por ello, la cuestión inevitable surge respecto a si el conocimiento científico y los hábitos de la curiosidad y el experimento que lo engendran son, en realidad, amigos o enemigos de la cultura, ¿Podría ser que el hábito de la explicación científica tomara el mando sobre el hábito de la respuesta emocional o socavara de alguna manera la imagen del mundo sobre la que se fundamenta nuestra vida moral? ¿Podría ser que el conocimiento científico lleve precisamente en dirección opuesta a la cultura, no a la educación del sentimiento sino a su destrucción, no a la aceptación y afirmación del mundo humano, sino a una clase de malestar y alienación respecto a él, una sensación imperiosa de su contingencia?» Intento éste de mediación, meramente descriptivo, sin que tampoco aporte soluciones integradoras. La cultura de la ciencia Es muy posible que una respuesta a estas interrogantes, y, en general, al sugerido aislamiento de las dos culturas, venga dada por la nueva PPCCT -1999: Ciencia y Cultura puesta en vigor de la filosofía de la naturaleza; por una especie de renacimiento de la tradición de la filosofia naturai. Interés renovado por la filosofia de la naturaleza que se nutre de la necesidad de consideraciones fundamentales acerca del valor real de los impresionantes conocimientos adquiridos por las ciencias de la naturaleza, la biología y la cosmología de modo particular; de la necesidad de averiguar hasta que punto este conocimiento expresa la realidad más profunda. Filosofía de la naturaleza que, aunque basada en una visión del mundo del todo diferente de la que compartían los filósofos del siglo XVII, no puede identificarse con las ciencias de la naturaleza. Filosofía de la naturaleza que, a lo mejor, sí sería capaz de crear una auténtica tercera cultura, encargada de abatir los muros del saber. Muy numerosas son a este propósito las recientes aportaciones de la ciencia natural que están despertando a la filosofía natural, adormilada durante siglos. Entre las aportaciones de una Cosmología totalmente renovada, sabemos hoy que pertenecemos a un planeta de una estrella llamada Sol, similar a cientos de millones de estrellas que forman nuestra galaxia, la Vía Láctea, y semejante a 14.000 de otras galaxias sólo entre las más cercanas, que se agrupan formando cúmulos y otras estructuras; que la misma Vía Láctea está provista de un halo esférico, originado a la vez que la Galaxia, con más de 200 regiones, en las que se congregan las estrellas con mayor densidad que en cualquier otra región de la Galaxia; que el tamaño de nuestra galaxia es tal que una luz encendida en un extremo tardaría 30 años en llegar al extremo opuesto; que se ha detectado la presencia de CO en los quasares, los astros más lejanos conocidos; que se han detectado agujeros negros con dos mil millones de veces la masa del Sol; que el diámetro de las nuevas galaxias se mide por docenas de años-luz; que los modernos telescopios de neutrinos son capaces de detectar dos interacciones al día, mediante reacciones nucleares cloro-argon; que pueda conocerse cómo a los 10»35 s de la Gran Explosión tuvo lugar una expansión del uniyerso, equivalente a la que experimentara el volumen de un núcleo atómico que alcanzase unas 500 veces la masa del Sol; que conozcamos que los fotones que ahora recibimos proceden de una explosión cuando el Universo sólo tenía 300.000 años. Y muchas otras cuestiones, tales como la naturaleza y origen de la dirección del tiempo, las pruebas de anisotropia del universo puestas de manifiesto por el satélite COBE (Cosmic Background Explorer) lanzado en 1989; el proyecto COBRAS-SAMBA, satélite capaz de medir las radiofrecuencias indicadoras del nacimiento mismo del universo, cuya primera observación se realizó en 1965 por Penzias y Wilson; los diferentes tipos de quarks y de leptones, cuyas combinaciones ¿provisionales aún? forman toda la mate- Angel Martín Munido ria. Y dentro de el universo, el hombre y la naturaleza de nuestro planeta; y cómo la interacción débil del Universo pudo distinguir entre izquierda y derecha y conferir la helicidad a las moléculas de DNA, al poder ser la simetría la determinante de las clases de fuerza; con la habitual clonación de sus genes; con la terapia gènica como nueva forma de medicina molecular expandida ahora a las enfermedades adquiridas como cáncer, sida y trastornos neurodegenerativos tipo Parkinson y Alzheimer; con el diseño a discreción de células especializadas a partir de células pluripotentes embrionarias; con la grandiosa eficacia de las terapéuticas basadas en la manipulación de células sexuales y embriones fecundados in vitro y los aún imprevisibles éxitos de las especies transgenicas, animales y vegetales, con propiedades modificadas, como sistemas de producción de materiales humanos y como modelos de enfermedades humanas, al lado en cualquier caso de la complejidad de sus cuestiones éticas y científicas; con las grandes perspectivas de manipulación de los vectores vitales, las vacunas-DNA, la acción inhibidora de los antisentidos, la terapia celular y los biomateriales; con las posibilidades farmacológicas que abren los conocimientos de los nuevos mecanismos de la transducción de señales celulares; con los retos del desarrollo y la evolución, de las redes neuronales y la lógica borrosa, de los sistemas de gran complejidad -cerebro, organismo, biosfera y el universo mismo-, de la realidad virtual, la biodiversidad y la nanotecnologia, y de las exploraciones espaciales. Los descubrimientos y las observaciones de la naturaleza están llenos de manifestaciones curiosas; entre otros ejemplos, las fibras ópticas descubiertas como elementos esenciales de la biología de algunas esponjas antarticas; las nuevas formas de agrupamiento de los átomos de carbono conocidas como los fullerenos; las propiedades desconcertantes del helio-3, conocidas como «superfluidez», que traduce el cese de las manifestaciones de las interacciones entre los átomos a muy bajas temperaturas; las secuencias del DNA en la resolución de problemas matemáticos complejos como base de los ordenadores moleculares. Y ¿por qué no?, la formidable explosión cámbrica de hace 540 millones de años, que provocó la brusca aparición de los primeros grandes grupos de animales sobre una Tierra poblada exclusivamente por algunas especies de seres unicelulares; el gran resurgir de las enfermedades infecciosas y las nuevas explosiones vitales. Todo ello ha llevado consigo el diseño de una metodología científica en la que cabe incluir los procedimientos experimenta les más avanzados como son la reacción de amplificación del DNA (PCR) y la determinación PPCCT -1999: Ciencia y Cultura molecular del polimorfismo gènico HLA, que si, efectivamente, sirve para aportar datos relevantes a la medicina predictiva, no lo es menos para contribuir de manera extraordinaria al nacimiento de la paleogenética y la paleopatología, y al desarrollo de los conocimientos antropológicos, arqueológicos, históricos, migratorios, lingüísticos e, incluso, dialectales. Alta metodología científica que sirve, como bonito ejemplo reciente, para el estudio de los genes del hombre prehistórico. Y, así, se ha examinado el DNA de la osamenta del hombre de Taforalt, de unos 12.000 años de antigüedad, perteneciente a una civilización intermedia entre la de los cazadores-colectores del Paleolítico y la de los pastores-agricultores del Neolítico. De la misma manera, se ha estudiado el DNA procedente de las momias egipcias y mejicanas, de hace unos 8.000 años. Tipo de estudios que se complementan con los realizados, en 1993, en un insecto conservado en ámbar, de hace unos 135 millones de años. Ciencia y método científico que han servido de modelo a la ficción cinematográfica del famoso «Parque jurásico». Estas y muchísimas otras aportaciones científicas son la causa de la afirmación de Stewart Brand: «La ciencia es lo único noticiable. Cuando uno ojea un periódico o revista, todos los contenidos de interés humano son el mismo él-dijo-ella-dijo de siempre, la política y la economía los mismos lastimosos dramas cíclicos, las modas una patética ilusión de novedad, y hasta la tecnología es previsible si uno sabe algo de ciencia. La naturaleza no cambia demasiado; la ciencia sí, y los cambios se acumulan alterando el mundo de manera irreversible». De tal forma son, sin embargo, estos cambios, que el mayor cambio es el ritmo del cambio mismo. La consecuencia de todo ello es una cultura amputada, de uno o de otro lado. Unos al presentar la cultura de las humanidades como vestigios fósiles de un gran pasado; los otros incapaces de concebir a las ciencias naturales como expresión de una cultura común. Y, por añadidura, los científicos tienen pocas esperanzas en la aptitud de los cultivadores de las humanidades -que hacen muy poco, ciertamente, por salir de su error para hacerse cargo de los planteamientos y los métodos de la ciencia. Ante estos planteamientos ¿qué posibilidades de solución existen? De un lado, abandonar el dualismo de las dos culturas a su libre caída, con la impotencia de las humanidades en su orientación idealista; o, contem- piar la sugerida teoría de la compensación, desarrollada por Marquard en los años recientes, según la cual las humanidades tendrían que salir a la palestra social argumentando su responsabilidad en el equilibrio de los inevitables daños -reales unos, supuestos otros-, de la modernización, anejos a la innovación científica y tecnológica. La tesis central de Marquard supone que «a mayor modernidad, más inevitable la presencia de las humanidades». Puesta en práctica de la teoría que, sin embargo, habría de exigir del lado de una de las partes de esa cultura amputada, de la parte de las humanidades, no sólo una mayor presencia cuantitativa en la glohalización de la cultura, sino una mejor participación en la elaboración del mundo moderno. Y entonces no bastaría para ello que esa compensación viniera tan sólo a través de la satisfacción de la necesidad que el hombre tiene de los mitos, las ficciones y aún las realidades, expresados en las narraciones literarias o las creaciones artísticas. La auténtica labor de compensación tendría obligadamente que suponer una contribución a la misma empresa cultural que la ciencia, participando en la elaboración de la racionalidad al terciar tanto en la formulación como en la resolución de sus problemas. Objetivo un tanto fuera de lugar a no ser en su misión orientadora y colateral que cumple a las ciencias sociales, quizá más que a las humanidades mismas en sus objetos históricos y literarios; pero que, indudablemente, no puede satisfacer a la unidad de la ciencia ni al desarrollo de la forma cultural del mundo moderno, a no ser que, sobre todo, la filosofía, con sus «porqués» y sus «para qué», consiga incorporarse de nuevo a la interpretación científica de la realidad del mundo y del hombre. Tiene lugar, sin embargo, en estos últimos años, quizá, de un lado, atraído por los vacíos que van dejando las humanidades, y, de otro, por el predominio de toda la serie de nuevas creaciones y descubrimientos, y de sus planteamientos filosóficos y de gran cultura, la emergencia de una intelectualidad científica que investiga y, a través de su propia obra, difunde con solvencia las cuestiones más importantes de nuestros días, y conecta con el público directamente, sin intermediarios, y con estilo literario. Entre otros muchos ejemplos, Penrose y «La nueva mente del emperador», Gell-Mann y «El quark y el jaguar», «El gen egoista» y «El relojero ciego» de Dawkins, «El dedo pulgar del panda» y «La vida maravillosa» de Gould, «Microcosmos» de Margulis, «Los mitos de la materia» de Davies; y otros menos recientes, y como tales iniciadores del estilo, entre los que sobresalen «El azar y la necesidad» de Monod y «La estatua interior» de Jacob. No cabe lugar a dudas, pues, que, en la creación de esta nueva cultura, la ciencia natural está dando grandes pasos para aliviar la amputa-PPCCT -1999: Ciencia y Cultura ción inicial y para participar, al menos, en la reconstrucción de su globalidad bajo las formas de creación literaria y, sobre todo, de filosofía de la naturaleza. Considerando a la vez que las humanidades no participan de la adquisición de conocimiento positivo al estilo del que suministran las ciencias positivistas; y si, en efecto, los papeles atribuibles a las humanidades de orientación o de compensación de la ciencia resultan ya desmesurados, ya exiguos, y muestran en exceso preponderancia o timidez; resulta obligada una llamada a la reflexión sobre la función de las humanidades en el mundo moderno, que no suponga la señalización territorial de la cultura. Función que, necesariamente, deberá implicar una calidad de cultura más extensa que suponga la totalidad de las formas de la dedicación del hombre, con inclusión tanto de las ciencias y la tecnología como de las humanidades y sus partes; calidad de cultura que implique la comunidad de todas las versiones del conocimiento en la expresión de la racionalidad común que ha creado el mundo moderno. Y dentro de esta calidad -como ha señalado Jürgen Mittelstrass, de la universidad de Konstanza-, las humanidades ejercerían la reflexión crítica y constructiva sobre la forma cultural del mundo moderno, fundamental ciertamente n la estabilización y desarrollo de las sociedades modernas cimentadas en el conocimiento científico y erigidas cada día más y más sobre el desarrollo tecnológico. Reflexión que contribuirá al interés del individuo y de la sociedad, a las ansias espirituales del hombre, a la satisfacción del placer material como motor esencial de la actividad humana....; que deberá abordar los trascendentes problemas que surgen de todo ello, tales como la disposición ética, individual y social, ante el alargamiento de la vida, el crecimiento del ocio, la manipulación de su propia evolución biológica; y, a no dudarlo, ante el determinismo molecular de la salud, la enfermedad e, incluso, las cualidades del hombre. Para, en resumen, intentar conciliar al hombre, y a su felicidad, con la cultura global.
Una de las parcelas de la sabiduría se ha atribuido tradicionalmente a la historia y, en la presentación del estado general del saber, se refería Bacon al valor de la historia de esta manera: «Una historia correcta del saber, donde se contengan las antigüedades y orígenes de los conocimientos; sus invenciones, sus tradiciones, sus florecimientos, decadencias y olvidos, con las causas y ocasiones de los mismos, y todos los demás sucesos relacionados con el saber, a lo largo de las edades del mundo, puedo afirmar con certeza que no existe». Con la idea, pues, de atesorar los bienes del pasado, desde hace muchas décadas, la atención de los historiadores se ha centrado en dos tipos de estudio: o bien se fija la atención en los largos periodos, los procesos irreversibles, las continuidades seculares y los movimientos de acumulación; o bien se estudia el desplazamiento de los pensamientos permanentes hacia fenómenos de ruptura, de las manifestaciones homogéneas y persistentes de las ideas y las disciplinas hacia las interrupciones y quiebros que conducen a nuevos tipos de racionalidad. Y, dentro de esta segunda opción, la historia de los conocimientos de la ciencia, en la época actual, saca a relucir -según la expresión de Foucault-todos los erizamientos de la discontinuidad. Si, en efecto, ambos tipos de estudio han sido objeto de la atención de los historiadores de las ideas y de las ciencias, las grandes continuidades del pensamiento científico están en el ánimo general de las gentes de la ciencia. Los orígenes griegos y su refugio cristiano medieval, la alquimia y la ciencia árabe, el nacimiento del método científico y la desvinculación de la ciencia de sus raíces filosóficas, con sus motivaciones iniciales y sus 342 Angel Martin Munido grandes puntos modernos de inflexión bajo la forma de las grandes revoluciones de la ciencia y la técnica -la revolución de la química, la revolución industrial, la revolución de la biotecnología y la revolución de la informática y las comunicaciones -, son algunas de las cronologías de continuidades y discontinuidades bajo las que se esconden también lentas maduraciones de los campos del conocimiento. La noción de discontinuidad es un elemento fundamental de los estudios históricos, que ocurre bien de forma impensada o como fruto de la incorporación lenta de nuevas ideas y que, en ambos casos y como punto de inflexión, surge del fondo monótono de la continuidad de los acontecimientos y sobresale de los límites entre los que oscila el umbral de la acumulación estable de los datos de un determinado campo del conocimiento. Y es en ese desplazamiento de la continuidad, en la aparición de la discontinuidad, cuando se presentan los rasgos más esenciales de la historia nueva, las especificidades que nacen y las formas de relación que permanecen. Bajo estos planteamientos podemos ya referirnos tanto a la continuidad de la Química y de la Química Orgánica y a los límites del umbral de sus oscilaciones, como a las discontinuidades que sirvieron al origen de la Bioquímica; sin que ello quiera significar la existencia de límites definidos, tan innecesarios como imposibles de establecer cuando la grandes inercias creadoras de la Química y de la Química Orgánica fueron capaces no tanto de penetrar en un nuevo campo del conocimiento, aún inexistente, sino más bien de irlo creando al contacto de las cualidades y los fenómenos de los individuos y las poblaciones de seres vivos. ¿Qué fue esta creación sino el intento de comprender las bases químicas de la función celular de la digestión, la fermentación, la fotosíntesis, la contracción muscular, la visión y la herencia? Y estas bases químicas ¿no descansaron en las teorías, las prácticas, los conceptos y el lenguaje que desarrollaron, con Lavoisier y sus mitos, y entre otros, Guyton de Morveau, Dalton, Davy, Gay-Lussac, Dumas y Justus von Liebig? Y, para su construcción, ¿no sirvieron las estructuras químicas, conocidas desde el último tercio del siglo XVIII, como las de los ácidos tartárico, oxálico, láctico, úrico, cítrico, màlico y gálico, la caseína, la glicerina y el ácido benzoico? Así, puede afirmarse que la Química Orgánica nació en la revolución científica que llevó a cabo Lavoisier al establecer las estrechas relaciones entre la combustión, la respiración animal y la producción de calor. Relación entre los distintos fenómenos que se venía negando desde Aristóteles quien en «De Respiratione» (cap.III) aseguraba «...es absurdo pensar que la respiración sea una fuente de calor; no se puede creer que el fuego PPCCT -2000: Perspectiva histórica de la bioquímica interior sea suministrado por el aire inspirado y que el hombre al respirar proporcione un elemento apto para la combustión interior». Si decisivos fueron, pues, los hechos mismos de la Química, no menos trascendente fue la instauración de una nueva forma de pensamiento. Quiere ello decir que si útil tuvo que ser el descubrimiento del oxígeno y su significado en el desarrollo de la teoría de la acidez, no menor proyección habría de alcanzar la extensión de los hechos a la idea de la oxidación biológica en los seres vivos. Seguramente que ya es bueno este momento para dejar constancia por primera vez de que, en múltiples ocasiones, los hechos de la Química Orgánica tuvieron necesidad de adaptarse a las especiales formas de pensamiento biológico para seguir siendo de utilidad en la creación del nuevo campo de conocimiento que la Bioquímica habría de suponer. Y los entresijos de estos oscuros debates, durante siglo y medio, contribuyeron espléndidamente a la historia del conocimiento y de la ciencia, y de ellos, entre luces y sombras, se fue haciendo la claridad de un maravilloso-nuevo campo de saberes, que, en el último medio siglo ha fructificado en multitud de ramas, a la vez independientes y conexionadas, a la vez parte de la ciencia fundamental y de sus mejores aplicaciones a la biología humana. Sobre la naturaleza de la materia viva Si el incipiente nuevo campo de conocimiento que supuso la Bioquímica había de tener su génesis en la independiente maduración de la Química Orgánica y su progresiva adecuación a los modos de pensamiento biológico, tendremos ya que estar sobreaviso de que en esta interacción participaron solapantes debates intensos a lo largo del siglo XIX acerca de la naturaleza química de los compuestos de la materia viva, sobre las teorías de los principios vitales, la estructura molecular de las proteínas, la naturaleza de la catálisis y la especificidad molecular de las enzimas. Dentro de estas ideas, fue así cómo en la maduración de la Química Orgánica de mediados del siglo XIX se avanza sobre bases fundamentalmente químicas. Así, Gerhardt, en 1840, dice que las fórmulas químicas tienen por finalidad poner en evidencia, de la forma más sencilla y exacta, las relaciones existentes entre los diversos cuerpos, desde el punto de vista de sus posibles transformaciones. Y, en 1854, Thenard, en su «Traité de Chimie», dice que la investigación en química orgánica no tiene otra fi- Angel Martín Munido nalidad que la de hacer desaparecer las fórmulas brutas y sustituirlas por fórmulas racionales. Sin embargo, la experiencia fue mostrando la existencia de compuestos con la misma composición y distintas propiedades. Uno de los más discutidos fue, sin duda, el ácido tartárico; y Berzelius, Mitscherlich, Biot, Pasteur y otros químicos, sin apenas más técnicas que la observación y la medida de algunas propiedades, la solubilidad y la actividad óptica por ejemplo, llegaron a explicar la existencia de la isomería. Era, sin duda, la primera correlación entre una supuesta ordenación de los átomos constituyentes, responsables de una forma geométrica externa, y las propiedades físicas y químicas de los compuestos. A medida que avanza el siglo XIX, la Química Orgánica y la Fisiología, independientes, conocen la química de los alimentos y de numerosos componentes del cuerpo humano; se lleva a cabo la síntesis de numerosos compuestos orgánicos, se descubre por Pasteur la asimetría molecular; se comienza a hablar de la digestión haciendo uso de los términos metabolismo, catálisis y enzima. La Química y la Fisiología, de cada lado, continúan sujetas a los fenómenos, a las leyes y a los avances de la Química y de la Biología. De un lado, por ejemplo, al principio de Avogadro, a la teoría de la valencia y a la estereoquímica; y, de otro, a la iniciación de la teoría cromosomica de la herencia, al nacimiento de la endocrinología experimental, a la extensión de las ideas de la fermentación, al conocimiento de las bacterias, la asepsia y el origen microbiológico de muchas enfermedades humanas. «La Química Orgánica fundada sobre la síntesis» fue el título de una obra clásica en la que Berthelot, en 1860, recogió y sistematizó los métodos de síntesis hasta entonces en vigor. Hacía entonces un cuarto de siglo que Wohler había llevado a cabo la síntesis de la urea, y, con ello, la primera obtención artificial de un producto natural. Y, a partir de 1850, merecen recordarse la síntesis de la alanina por Strecker, las de la glicocola y leucina por Perkin, la de la taurina por Kolbe, la de la creatina por Volhard, la de la colina por Würtz y la del índigo por Baeyer, como ejemplos suficientes para justificar el permanente soporte de los métodos de la química orgánica en la obtención de numerosos compuestos con profunda significación biológica. Esta nueva actitud y las nuevas habilidades de los químicos orgánicos motivaron la cita de Berthelot: «interpretar la vida a partir de las explicaciones de la química orgánica es el objeto de nuestros estudios. Tan sólo desde esta perspectiva tendremos éxito en edificar una ciencia completa y autónoma. La química crea su propio objeto y es esta facultad creativa, semejante a la del mismo arte, lo que la dis-PPCCT -2000: Perspectiva histórica de la bioquímica tingue de las ciencias naturales o históricas». A su vez, las fórmulas desarrolladas explicaban muchos casos de isomería, pero el problema de la isomería óptica no se resolvió hasta 1874 -hace poco más de un siglo-en que van't Hoff y Le Bel propusieron la estructura tetraèdrica del carbono, con lo que nació la estereoquímica. Fue el primer concepto fundado en la ordenación espacial de los átomos en la molécula e interpretaba cómo los antípodas tienen poder rotatorio óptico opuesto, aunque, obviamente, no fue posible determinar la configuración específica y la dirección de poder rotatorio. Hubo que contentarse con la convención de Emil Fischer, que afortunadamente acertó, y setenta años después, en 1951, el holandés Bijvoet consiguió su demostración experimental. Química Orgánica y Fisiología Entretanto, comenzaron a sobrepasarse las ideas vitalistas que, a falta de otras ventajas, pusieron las ciencias naturales sobre el tapete de las disquisiciones filosóficas, a la vez que comenzaban a ser terreno privilegiado en el que iban a nacer hipótesis, teorías y doctrinas sobre la vida y el hombre dentro de su marco, al tener lugar la introducción de la dimensión tiempo con la idea concomitante de dinamismo. A la vez, la teoría de la descendencia se iba interpretando por medio de hipótesis justificadoras de la magnitud de las transformaciones que tuvieron su centro, entrado ya el siglo XIX, con Darwin y la selección natural, y De Vries y las mutaciones. Y, de esta manera, los nacientes campos del conocimiento de la Química Orgánica y la Fisiología comenzaron a tratar áreas comunes como ocurrió con la nutrición que, por otro lado, eran estimulados por las necesidades sociales y sus implicaciones económicas. A este propósito hay que señalar que, en 1811, se inicia la investigación de los hidratos de carbono; el mismo año que Gay Lussac y Thénard determinaron con exactitud la composición elemental del azúcar de caña, que Chevreul diera comienzo a sus famosas investigaciones sobre las grasas, y que BerthoUet midiera la cantidad de amoníaco producido en la destilación seca de la carne. En la misma época, Magendie correlacionó las propiedades químicas y fisiológicas de los alimentos, concluyendo que el nitrógeno, cuyo papel se señaló como fundamental en la vida de los animales, era de origen nutritivo. La división de los alimentos en azúcares, grasas y proteínas, que dura hasta nuestros días, se estableció por primera vez en 1827 por el médico inglés William Frout, quien, en las «Philosophical Transactions» de la Royal Society, comunicaba: «".he llegado a la conclusión de que los materiales alimenticios principales empleados por el hombre y los animales más perfectos pueden reducirse a tres grandes clases, the saccharine, the oily and the albuminous». Y, a la vez, comenzaba el estudio de la digestión gástrica reconociendo la presencia en el estómago de ácido clorhídrico, con lo que dio pié a los estudios sistemáticos de los alemanes Gmelin y Tiedemann acerca de la digestión. Schwann, en 1836, descubrió que el fluido gástrico contiene, además del ácido clorhídrico, otro componente digestivo al que denominó pepsina. Un año antes, Berzelius había introducido el término catálisis para significar este tipo singular de fenómenos químicos. Desde un punto de vista histórico hay que señalar la atracción que presentaba el estudio de la digestión; quizás porque en aquella época, eran escasos los fenómenos biológicos con que poder contribuir a dilucidar las bases fundamentales de la vida. Así Schwann y Purkinje fueron histólogos y fisiólogos experimentales; ambos, y sobre todo Schwann, desarrollaron los detalles de la teoría celular de forma sistemática, a la vez que observaron la estructura granular de los tejidos animales y utilizaron la química como criterio indispensable para una explicación racional de los procesos vivientes. La sustancia presente en dichos granulos fue denominada enchyme -enzima -por Purkinje en 1837, y, dos años más tarde, Schwann introdujo el término fuerza metabólica para designar la causa desconocida responsable del conjunto de fenómenos que tienen lugar en las células. Fue esta la primera vez que se utilizó el término metabolismo en el sentido moderno. No cabe duda de que en el conjunto de estas relaciones se había de encontrar el estudio de la fermentación. Las posiciones encontradas se mantenían, de un lado, por Berzelius y Liebig, defensores de la fermentación como simple proceso químico sin nada que ver con los procesos vitales. De otro lado, casi en solitario, Schwann describía el crecimiento de la levadura como causa de la fermentación alcohólica, extendiendo los cambios metabólicos de la levadura a todo tipo de célula viva. Y es, mediado el siglo XIX, cuando vuelven a solaparse las ramas, durante un siglo aisladas, de la Química Orgánica y la Fisiología. Esta fisiología se va a apoyar cada vez más en la teoría celular y en la química; y, simultáneamente, las ideas de la química orgánica andan a la zaga de los procesos químicos en los tejidos y órganos de animales y plantas. Sucedió, pues, que en la misma época en que la plenitud de la Química Orgánica llevaba a cabo la síntesis artificial de numerosos compuestos naturales, Hoppe-Seyler, en 1877, desechaba la diferencia entre los fermentos organiza-PPCCT -2000: Perspectiva histórica de la bioquímica dos -para los que se describía una función privativa en el interior de las células de levadura-y los fermentos no organizados, tales como la pepsina y la diastasa, a los que ya se venía conociendo como enzimas. La prueba experimental de tal falta de diferencia no vendría hasta finales de siglo, en 1897, en que Eduard Buchner demostró el mantenimiento de la fermentación por extractos de levadura libres de células. La fermentación se planteó, pues, en los sencillos términos de la acción enzimática y de los cambios químicos que tuvieran lugar en la célula. Y, a pesar de los zigzagueos, desde Lavoisier y Schwann hasta Pasteur y Buchner, el círculo se había cerrado con muchas partes de verdad que aportaron cada uno de los grandes protagonistas de este prolongado enfrentamiento sobre el problema de la fermentación alcohólica. Las ideas de Liebig que consideraban la fermentación como un fenómeno de naturaleza esencialmente química eran, sin duda, correctas, aunque, de otro lado, no lo fueran las explicaciones sobre la esencia misma del proceso. Pasteur no estaba en lo cierto al juzgar la fermentación indisolublemente unida a la vida del organismo; no se le puede negar, sin embargo, su aportación al papel inicial de los organismos que, fruto de su vitalidad, elaboraban los fermentos activos. Fue Traube quien intuyó como nadie la verdad: a saber, que todas las fermentaciones producidas por los seres vivos eran debidas a las sustancias -fermentos o enzimas -segregados por las células; aunque no fuera capaz de probarlo. Y fue necesario el método experimental de Buchner, el descubrimiento de lo que se conoció como zimasa para que pudieran demostrarse las partes de verdad de cada una de las hipótesis anteriores, y, a la vez, iniciarse otra andadura, la de los complejos mecanismos químicos y de la necesidad de otra sustancia dializable, estable al calor, a la que denominó coenzima. Denominación que, si entonces fue debida a la naturaleza desconocida de sus, misteriosas funciones coadyuvantes de la fermentación, hoy, interpretada esta en todos sus detalles, se mantiene y conserva y ha extendido la denominación a todas las sustancias que, como ella, participan en los mecanismos de la acción enzimática. Y, de esta manera, si el estudio de los procesos fisiológicos en términos de la química, haciendo uso de las leyes y los métodos de la química orgánica, originó primeramente una simple yuxtaposición de conceptos con un fuerte predominio de lo químico; esta yuxtaposición, cumplida la misión mezcladora de las nuevas áreas del conocimiento durante cerca de medio siglo, no tuvo inconveniente en engendrar un nuevo campo. Precisamente esta fácil autoconversion en un nuevo campo con un mayor equilibrio entre lo químico y lo biológico fue la característica más sobresaliente de la nueva Bioquímica en el primer tercio del siglo XX. Hacia la madurez de la Bioquímica En el momento de intentar establecer una frontera entre la Química Orgánica y la Bioquímica saltan a la vista los productos naturales, más que como límite como lugar común de ambos campos del conocimiento. Sin embargo, cuando la Bioquímica entra en su periodo de madurez, allá por los comienzos de la década de los 40, la Química Orgánica llevaba más de un siglo de aislamientos, caracterizaciones y síntesis de numerosos productos naturales, aminoácidos, azúcares, alcaloides, pigmentos e, incluso, esencias y aromas vegetales. Sin embargo, la Química Orgánica se sintió, quizás, más incapaz que ajena al enfrentamiento con los problemas estructurales de los productos naturales nacidos bajo el intenso signo de lo biológico, del tipo de las proteínas, los ácidos nucleicos y las enzimas; de tal forma que en los libros de Química Orgánica aún de nuestros años 60, al referirse a la importancia de las proteínas se señalaba que ello era debido a ser una fuente de aminoácidos para los seres vivos. Y al señalar este hecho Arthur Kornberg en una ocasión, lo comparaba con la importancia que se diera a un automóvil como única fuente de sus pÍQzas. PPCCT -2000: Perspectiva histórica de la bioquímica liantes y suficientes; habida cuenta, además, de la excelencia de los químicos que lo intentaron como Fischer, Abderhalden o Willstátter, entre otros. A lo que cabe preguntarse por los motivos no demasiado normales o lógicos de este fracaso. ¿Es que ello puede tener que ver con la aceptación o no del reduccionismo de la Bioquímica a la Química?; o, sin renunciar a un reduccionismo relativo, ¿bastará con aceptar para la Bioquímica un grado superior de complejidad como el que supone la interpretación molecular de los fenómenos vitales'?, ¿será necesario tener en cuenta algo más del sentido de lo biológico? Manifestación sin embargo, en cualquier caso, del gran interés por lo que la Bioquímica intenta descubrir e interpretar acerca del mundo. El sentido de lo biológico Hace alrededor de una docena de años que, en la Medawar Lecture de la Royal Society, Karl Popper aseguró que «la Bioquímica no puede reducirse a la Química», dando como explicación que «las reacciones in vitro no son lo mismo que las in vivo porque éstas tienen una finalidad». Lo que para Max Perutz tenía un cierto tufillo de vitalismo, y mereció la replica siguiente: «Hopkins ya probó que las reacciones bioquímicas en los seres vivos no son más que la suma de las reacciones que pueden realizarse en el laboratorio e interpretarse en términos químicos. Punto de vista que ha sido vindicado por la demostración de que los procesos fundamentales al estilo de la replicación del DNA, su transcripción al RNA mensajero y la traducción de éste en las proteínas, la transducción de la luz en energía química, y toda la serie de reacciones metabólicas, pueden ser reproducidas in vitro, sin que ni una mínima parte de sus actividades en la célula sea otra cosa que la suma de las reacciones químicas de sus partes en el tubo de ensayo. Pudiera argüirse que es la organización la que otorga la finalidad a la célula y hace que la suma sea algo más que sus partes. Siendo esto cierto, no lo es menos que la organización es intrínseca y química». Como fruto de una conversación personal con Perutz, Popper afirmó que para él una reacción química in vitro es diferente de la misma reacción in vivo que tiene lugar con arreglo a una finalidad, de igual manera que la combustión del petróleo en un tubo de ensayo difiere de la combustión en el motor de un automóvil. Finalidad que, a mi juicio, no obsta a que los mecanismos de ambos tipos de reacciones sean idénticos y que lo que suceda en el tubo de ensayo, sin finalidad, pueda 350 Angel Martín Munido extrapolarse a lo que ocurra tanto en un buque de guerra como en un tractor agrícola, con muy diferentes objetivos. Pero, seguramente que ni una ni otra de estas interpretaciones extremas sea satisfactoria para responder a las cuestiones de ¿por qué las herramientas y los conceptos de la química orgánica no fueron suficientes para esclarecer la estructura de las proteínas? y ¿tendrá o no que ver con la aplicación reduccionista de la Química?' Sucede, sin embargo, que el término reduccionismo puede tener toda una serie de significados y, de otro lado, no tener el mismo valor en todas las situaciones o fenómenos biológicos de diferente complejidad. De otra manera, si quizá no quepa hablar de mera reducción a la química de fenómenos globales como la cooperatividad o el sentido biológico de gran número de estructuras oligoméricas; con toda seguridad que no habría inconveniente en hacerlo referido a cada una de las reacciones componentes o a las situaciones parciales resultantes del despiece de la superior organización total de estos fenómenos. Lo que no quita para que estas situaciones de mayor complejidad biológica, llámense cooperatividad, alosterismo, información o redes neuronales puedan ser objeto de modelizaciones y abstracciones matemáticas -reduccionismo a fin de cuentasa imitación de lo que sucede en la física. A la vista de estas ideas, y retrocediendo de nuevo más de medio siglo, no resulta nada de extraño que la química orgánica tropezara con la averiguación de la estructura de las proteínas y con otros problemas de la naciente Bioquímica, haciendo buen uso de los métodos de la química, pero con una lógica pero significativa ausencia del imprescindible sentido de lo biológico. Si, en efecto, cuestiones de simple averiguación estructural química, como hubieran sido las de las proteínas y los ácidos nucleicos, no pudieron ser resueltas a manos de una química orgánica sobresaliente, debido a esa carencia de sentido biológico, ¿qué decir de aquellas otras, más ricas en esta significación biológica como las de la naturaleza de las enzimas y de la catálisis enzimática, de la propia biosíntesis de las proteínas, de la fotosíntesis o de simples cuestiones estereoquímicas? Aunque referido particularmente a una de estas cuestiones no costaría mucho trabajo extrapolarlo a todas las demás. Se trata de un artículo de Primo Levi, aparecido en la revista Prometeo, en 1984, titulado «La asimetría y la Vida», en el que trata del problema de la estereoquímica, «una silenciosa competición que dura millones de años entre las moléculas orientadas a derecha o a izquierda», discutiendo de antípodas. PPCCT -2000: Perspectiva histórica de la bioquímica racémicos y su resolución, y concluye: «Para mi, la noticia de la quiralidad del Universo, o solamente de nuestra galaxia, parece enigmática: ¿tiene algún sentido?, ¿cuál sería éste?, ¿a dónde nos conduciría?, ¿se trata de un juego de dados, el mismo que Einstein rehusaba atribuir a Dios? Interrogantes que, al menos, nos sitúan perfectamente ante ese sentido de lo biológico que venimos comentando y que se ha echado en falta en la solución de algunos problemas bioquímicos. Si, efectivamente, la interpretación en sus comienzos, allá por la segunda parte del siglo XIX, de las incipientes funciones fisiológicas que se iban describiendo, se bastaba con los conceptos que la química orgánica desarrollaba; se hizo insuficiente en algunos casos como en el de la descripción molecular de las proteínas y para cuya solución se impuso la incorporación del sentido biológico de su función y de su especificidad. Lo que no ha quitado para que hoy, una vez aclarada la responsabilidad estructural de sus actividades, la creación «de novo» de proteínas y el diseño racional de nuevas estructuras y funciones, incluso la creación de nuevos dominios de unión, pertenezcan al poderoso campo de la química de las proteínas. Más aún, que las poderosas herramientas de la química combinatoria formen parte de la proteómica, campo de conocimiento emergente para la construcción experimental y el análisis de las propiedades de las proteínas creadas. El concepto de proteína Una de las raíces de estos planteamientos tuvo su origen en el descubrimiento por el holandés Mulder, en 1838, en la sangre, los huevos y, obviamente, en el queso, de una sustancia con azufre, que da lugar a sales negras de plomo o de plata; lo que no ocurre tras un tratamiento con álcalis. Se dice que por sugerencia de Berzelius, Mulder denominó a esta sustancia proteína -la primera entre los materiales de la vida -, cuya presencia pudo demostrar en seguida en numerosísimas fuentes animales y vegetales. La historia relata la impresión que causó este descubrimiento en las autoridades químicas de la época^ entre otros Berzelius (1779-1848), Liebig (1803-1878) y Dumas (1800-1884); alguno que otro disintiendo o acusando una profunda confusión, y otros debatiendo acerca de las prioridades del hecho experimental. A él se refirió Liebig al asegurar que abrió un universo de nuevos descubrimientos; lo que no fue inconveniente para que manifestase a continuación su discrepancia de la idea de proteína como sustancia molecular ordinaria cuya fórmula pudiera determinarse por los métodos ordinarios de la química. La línea principal de investigación de Mulder se basaba en el supuesto básico de que todo fenómeno fisiológico tenía que comprenderse como manifestación de reacciones químicas ordinarias, sujetas a las leyes de la química, bajo condiciones iniciales de unión extremadamente complejas. De aquí que para evitar la presencia de productos de descomposición se instaurasen métodos de aislamiento lo más suaves posibles como la extracción con disolventes o el tratamiento con ácidos o bases diluidos. Y por medio de los análisis elementales de la época, Mulder obtuvo para la denominadaproíema la fórmula C40H62N10O12. Para Liebig, sin embargo, el concepto de proteína no denotaba una molécula química definida, con constitución y propiedades propias, sino una clase de sustancias relacionadas que compartían la misma composición atómica pero no la misma distribución atómica. Según Liebig, la fácil interconvertibilidad de estas sustancias indicaba que sus átomos se encontraban muy lábilmente unidos sin formar moléculas estables y con grandes posibilidades de redistribución como consecuencia de los procesos fisiológicos. Clase de sustancias que solamente podrían sintetizarse por las plantas y, como tales, serían incorporadas a los tejidos animales por la nutrición. Y dado que las grasas y los hidratos de carbono no contienen nitrógeno, Liebig supuso que todas las transformaciones y eliminaciones nitrogenadas habrían de tener como origen el metabolismo de las proteínas, y estableció los cálculos relativos a la composición elemental relativa de orina, urea, bilis y sangre. Y con la pretensión tanto de obviar el cumplimiento de las leyes de la química en los seres vivos como la de posibilitar las transformaciones materiales de una forma económica surgió la idea de fuerza vital que, heredera de la gobernabilidad universal por las leyes de la física de Newton y bajo formas diversas en manos de Hunter, Barthez, Bichat y algunos discípulos de Kant, penetró hasta buena parte del siglo XIX y habría de extenderse luego, como es bien sabido, a fenómenos del tipo de la fermentación y la putrefacción, y que tanto esfuerzo costaría desarraigar merced a la imposición de la metodología experimental. Y, con los inevitables solapamientos de la época, el debate Mulder-Liebig se planteó en términos de enfrentamiento de posiciones lógico-empiristas frente a una argüida superioridad de los razonamientos deductivos; es decir, trataba más de un metadiscurso sobre metodología científica que de la discusión de unos u otros resultados. Mulder y sus partidarios, Berzelius entre otros, desde una posición empirista, sostenía la existencia de relaciones jerárquicas entre hechos y teorías y, así, exigía a las teorías fisiológicas un estricto fundamento sobre los hechos de la PPCCT -2000: Perspectiva histórica de la bioquímica constitución química y las propiedades de las sustancias orgánicas participantes de los procesos fisiológicos. Y Liebig, de otro lado, propugnaba seguir el método de Galileo y Newton de resolución y recomposición, basado en la existencia de relaciones cuantitativas invariantes en una variedad de fenómenos semejantes. Sus explicaciones de la fermentación y la putrefacción en términos de cantidad de movimiento eran claramente newtonianas; de la misma manera, usó la noción de fuerza vital en términos exclusivamente operacionales, sin referencia alguna a su naturaleza interna y a su esencia. De esta forma, Liebig pretendía superar las vacías teorías empiristas y defendía la superioridad de los métodos deductivos. Las disputas de este tipo, abundantes de otro lado en la época, tenían, sin embargo, más de persuasión retórica que de métodos racionales de decisión científica. En 1837, en las «Mémoires de l 'Académie des Sciences», Chevreul estableció que ningún estudio provechoso acerca de los fenómenos que tienen lugar en los organismos podría realizarse sin el conocimiento de la composición elemental y las propiedades físicas y químicas de las especies moleculares participantes. Sin embargo, mientras aceptaba la validez de este aserto para funciones del tipo de la digestión, la respiración o la excreción, guardaba ciertas reservas para otras categorías de fenómenos como el crecimiento y la regulación. La oposición antivitalista alemana se inauguró con una contribución de Schwann a la obra de su maestro y profundo vitalista Müller «Handbuch der Physiologie» que introdujo en Alemania el método experimental de Magendie. Schwann intentaba sustituir las explicaciones teleológicas por explicaciones físicas; para él los fenómenos de la vida se producían por fuerzas que no actuaban según una idea sino bajo las necesarias leyes de la física; lo cual sirvió a Schwann para introducir en la estructura de la materia de laa células el mismo concepto de molécula definido por la química, y, por tanto, para preparar el camino químico de la bioquímica celular. Bajo la idea de globalidad En cualquier caso y ante la no aceptación primero y el olvido después de estas divergentes posiciones metodológicas de la disputa Mulder-Liebig y contando con el afianzamiento de los conceptos y los hechos de la química, la segunda mitad del siglo XIX se enfrentó porfiadamente a la caracterización de las proteínas y se planteó la necesidad de nuevas formas de investigación científica para hacer frente a la idea de glo- Angel Martín Manicio balidad de las condiciones materiales de vida y de los conceptos de estructura, función y relaciones estructura I función. A la vez que la atención se fue desviando hacia niveles superiores de organización, bajo esta influencia se desarrollaron las sucesivas ideas de la teoría celular y, a su lado, las de protoplasma como unidad de la vida, el modelo de cristalización sobre el origen de nuevas células y el llamado estado coloidal. El protoplasma constituía un estado especial de la materia, entre el sólido y el líquido, al que Graham denominó coloide, como «estado dinámico de la materia, mientras que el estado cristalino seria de naturaleza estática; la sustancia coloidal poseería la actividad considerada la fuente primaria de la fuerza manifestada en los fenómenos vitales». P. Thomas, en el «Cours de Chimie Biologique» (1926), atribuía al estado coloidal los aspectos mecánicos del organismo y la rápida movilización de sus componentes. Y Antonio de Gregorio Rocasolano en los «Elementos de química-física coloidal» (1920), decía: «....un gran número de fenómenos biológicos observados no logran interpretación satisfactoria más que si se los considera como las consecuencias de formaciones coloidales y lógicamente debe ser así ya que la materia viva es un complejo en el que predomina el estado coloidal». Interpretación coloidal de la materia viva que, a falta de mejores argumentos y basada en teorías irrelevantes sobre adsorción y acciones superficiales en la búsqueda de relaciones estructura-función, penetró incluso en el segundo cuarto de nuestro siglo y, así, pudo contemplarse en uno de los textos clásicos de los 40, «Outlines of Biochemistry» de R. A.Gortner (1938), numerosas referencias a coloides, soles y geles, en el seno de una presentación global de la teoría coloidal. Mientras tanto, el desarrollo de la teoría estructural de la química orgánica, en manos de Pflüger, llevó a concebir el protoplasma como un polímero de la proteína en el que las moléculas individuales se unen a través de enlaces CN formados por reacción de los grupos carboxilo (-COOH) de una molécula y los grupos amino (-NH2) de otra. La creación de estos enlaces daría lugar a una nueva proteína mediante la energía liberada en los procesos oxidatives del protoplasma viviente; a su vez, la rotura de los enlaces CN liberaría una energía cinética en forma de «elevación local transitoria de temperatura», utilizable como calor de reacción para procesos metabólicos. En oposición al dogma central de Liebig, Pflüger reconoció que los procesos metabólicos de grasas, hidratos de carbono y proteínas, no constituían entidades separadas sino engarzadas en el conjunto del metabolismo intermediario; y a la vez, llevó a cabo la contribución fundamental del establecimiento de la respiración como actividad intracelular. PPCCT -2000: Perspectiva histórica de la bioquímica Solapante con los esfiíerzos por aclarar la naturaleza química de las proteínas figuró el de la naturaleza de las enzimas y, lógicamente, hubo de seguir semejantes etapas de esclarecimiento durante el siglo que transcurrió hasta la cristalización de la ureasa por Sumner desde la formulación del concepto de acción enzimática por Berzelius. Modo de acción de las enzimas que, a finales del siglo XIX, se encontraba aún en un estado de gran confiísión. Y, aún bien entrado el siglo XX, Willstattter concluyó que las enzimas consistían de material coloidal, que no daba las pruebas de las proteínas, combinado con un grupo químicamente activo. Fodor, de la escuela de Abderhalden, asimiló las ideas y actitudes de la química coloidal e introdujo la idea de que las enzimas eran sustancias indefinidas y que bajo ciertas circunstancias exhibían la ñmción enzimática. La cristalización de varias enzimas digestivas por Northrop incorporó la controversia de la naturaleza química de las enzimas a la de la estructura de las proteínas. Y el reconocimiento de las enzimas como proteínas bien definidas quedó unido a la investigación de las proteínas como macromoléculas bien definidas; concepto que puso fin al estéril medio siglo de biocoloidología. Angel Martín Munido lugar de hacer ver quanto han influido todos estos trabajos y descubrimientos en los progresos de la física animal y del arte de curar, sin embargo, por la simple y sucinta exposición que acabo de hacer, puede comprehenderse fácilmente quantas aplicaciones útiles han debido hacerse de sus resultados, y que ventajas ofrecen a la medicina a (.,.) Por desgracia el número de los que trabajan es muy corto respecto a las muchas indagaciones que exige esta parte de la química, y la infinidad de questiones que presenta para su resolución. Apenas la vigésima parte de todos los químicos de Europa se ha dirigido todavía hacia este objeto. ¿Qué será quando extendiéndose y vulgarizándose estas indagaciones, y precedidas del interés que deben inspirar, se vayan multiplicando; quando se establezcan hospitales destinados al intento con la actividad que pide su importancia; quando los médicos no pierdan ocasión alguna de analizar las materias morbíficas. Entonces, todas las partes hasta el día incoherentes de los nuevos descubrimientos sobre la química animal se reunirán y estrecharán por unas relaciones, que aun no podemos mas que sospechar y ver en confuso; y entonces se levantará poco a poco el monumento, para el qual nosotros solo recogemos hasta ahora los primeros materiales (...) Estoy bien convencido de que los esfuerzos de la química mudarán algún día la faz de la medicina, y que producirán en ella y en todos los ramos de la física una revolución feliz; pero esta época no ha llegado aun, y se encuentran todavía muchos vacíos para poder admitir estas novedades». En 1862, en el voL4 del «TRAITÉ DE CHIMIE ORGANIQUE» de Gerhardt se puede leer: «La composición de las materias albuminóides es muy compleja y parece ser la misma para todos, a juzgar por los análisis realizados; al menos si se los considera desde el punto de vista de su comportamiento idéntico bajo la influencia de los agentes de transformación. No son cristalizables y dan en la combustión cantidades variables de cenizas en las que no falta el fosfato cálcico. La albúmina y la caseína, contenidas en forma soluble en los vegetales o animales, suministran cenizas abundantes en carbonatos alcalinos. Si se considera, de otro lado, que con agua acidulada o con una solución de sales se disuelven la fibrina y la caseína coaguladas produciendo un líquido que, como la clara de huevo, se coagula por el calor y desvía el plano de polarización de la luz se puede concluir la existencia de un principio único, un ácido débil que constituirá la albúmina, la caseína o la fibrina, según que esté o no combinada con álcalis Si se da a este principio el nombre de albúmina, se podrá decir que la clara de huevo y el suero, solubles y coagulables por el calor se forman de bisalbuminato de sosa; que la caseína de la leche, soluble y coagulable por el calor, representa el albuminato neutro de potasa; y que PPCCT -2000: Perspectiva histórica de la bioquímica la fibrina es la albúmina insoluble, más o menos mezclada con fosfatos térreos». En el voL4 dedicado a la Química Orgánica, el «TRAITÉ DE CHI-MIE» de Willm y Hanriot, de 1880, se dice: «Los albuminóides están dotados de propiedades que los hacen distintos de los demás cuerpos; no son cristalizables ni volátiles, se coagulan bien espontáneamente, por la acción del calor o de ciertos reactivos; son nitrogenados y, a veces, contienen azufre y fósforo. Por el calor o por saturación con ácido acético flocula una materia albuminoidea, exenta de azufre y de fósforo, la proteína, idéntica cualquiera que fuese la materia albuminoidea de partida». Así pues, la disposición de las moléculas de proteínas en forma de cluster cristalinos, las micelas; la naturaleza no homogénea del protoplasma y la teoría de Nageli sobre su organización jerárquica, la teoría de la catálisis de Bunsen por adsorción de moléculas sobre las superficies micelares, fueron, entre otras, hipótesis con las que se llegó a finales del siglo XIX y, en particular, al descubrimiento de Buchner, en 1897, sobre la fermentación por extractos libres de células. Y el mito del protoplasma fue sustituido por tres o cuatro décadas de lo que Florkin llamó, a comienzos del siglo XX, la edad oscura de la biocoloidología. Y, dentro de ella, sobresalen, de un lado, la hipótesis peptídica lanzada en 1902 independientemente por los químicos orgánicos Fischer y Hofmeister, sustanciada por la síntesis de varios peptides pequeños; y, de otro, el descubrimiento por Sumner, en 1926, de que las llamadas enzimas eran proteínas. Ya, a comienzos del siglo XX, en 1903, el profesor don José Rodriguez Carracido, en su «TRATADO DE QUÍMICA BIOLÓGICA» hacía el siguiente comentario general: «El conocimiento preciso de toda transformación material exige previamente el de las especies químicas que, reaccionando entre sí, producen nuevos cuerpos a expensas de los preexistentes sin la pérdida de un solo átomo en el cambio de sus agrupaciones, cambio que ha de puntualizarse en las ecuaciones químicas...¿Es aplicable este criterio a las transformaciones materiales que se efectúan en los seres vivos? Hoy puede contestarse afirmativamente, atribuyendo las insuficiencias que restringen el valor de la afirmación a dificultades de técnica y de tiempo que sucesivamente se irán venciendo con el concurso del progreso científico, pero no a condiciones misteriosas en absoluto inaccesibles a todo esfuerzo del entendimiento humano». Y más adelante, en un capítulo especialmente dedicado a los «ALBUMINÓIDES y productos de sus metamorfosis progresivas», al establecer su concepto asegura: «Grandes Angel Martín Munido analogías presentan las numerosas substancias incluidas en este grupo, y, sin embargo, su definición es tan vaga, que tiene todos los caracteres de agrupación convencional, de la que nada se puede afirmar sin advertir excepciones. Como los hidratos de carbono antes de Fischer, se estudian empíricamente desconociendo la calidad y el número de los grupos funcionales constitutivos de sus moléculas. Los albuminóides son los compuestos que forman la substancia esencial y fundamental de la organización, por lo que se denominan también materias proteicas, como por su semejanza a la albúmina de la clara de huevo se llaman materias albuminoideas. Son compuestos generalmente sulfonitrogenados cuya composición centesimal presenta considerables variaciones. Su carácter de coloides cada vez tiene menos valor para caracterizarlos, porque dista mucho de serles exclusivo y, por atraparte, parece ser accidental, como en los demás cuerpos en que se presenta, ante las proporciones en que se va revelando como posible la cristalización de los albuminóides. Respecto a la función química, Berthelot los considera amidas complejas, y Gautier nitrilos, también complejos, pero estas opiniones son por todo extremo insuficientes para definirlos (...) La extraordinaria flexibilidad de la materia constitutiva de los organismos para responder a todas las excitaciones del medio ambiente, reside, no sólo en lo inestable de la molécula resultado de su enorme magnitud, sino también en la coexistencia de numerosos grupos funcionales, que siempre han de presentar un punto de ataque a cualquiera de las acciones físico-químicas que sobre ellas incidan. Como el proceso biológico es resultante de acciones mecánicas, físicas y químicas, la doble escala progresiva y regresiva de los albuminóides es la síntesis de toda la Química. Siendo hoy indefinibles en los términos precisos de las especies químicas de función determinada, se expondrán como re-•' veladoras de su especial fisonomía, por decirlo así, los caracteres generalm-ente utilizados par-a distinguirlos». Al describir el apartado correspondiente a la «Constitución de los albuminóides», Carracido afirma: «Las diferencias correspondientes a las varias reacciones coloridas indican lo numerosos y variados que son los grupos moleculares integrantes de las multiformes materias proteicas, y explican las dificultades que presenta el discernir los eslabones de su enmarañada cadena, la cual, además, es tan delicada que los reactivos químicos, aun los de menor energía, no obran como escalpelos que disecan sus moléculas, sino como hachas que las destrozan». Y acerca de su magnitud molecular dice: «Para la resolución de este problema se han ensayado los procedimientos físicos, y principalmente el crioscópico; pero los resultados presentan tantos motivos de incertidumbre, que, no obstante su PPCCT -2000: Perspectiva histórica de la bioquímica indeterminación, sólo se toman en cuenta las magnitudes calculadas por los datos químicos, Lieberkühn, refiriendo a 1 átomo la proporción centesimal de azufre y corroborando este dato con el del análisis de un albuminato potásico, estableció el número 1612 como peso molecular de la albúmina, representándola por la fórmula C72H112N18022S, la cual indudablemente es muy baja, pero todavía se usa en las ecuaciones bioquímicas cuando se expresan metamorfosis de la albúmina, en las que, por no ser necesario, o por ignorancia del proceso, sólo se simbolizan las relaciones cuantitativas que manifiestan la persistencia del peso de la materia transformada». Apartado que concluye con el comentario: «De todo lo expuesto se infiere que las moléculas albuminoideas son desmesuradas; pero que la determinación precisa de sus magnitudes dista mucho de verse realizada, y, por consiguiente, que falta el primer dato para el estudio sistemático de sus transformaciones, que es el conocimiento de las especies químicas», Y no deja de ser digno de mención el comentario con que Carracido comienza el capítulo titulado «Formación de los albuminóides»: «A las plantas que tienen clorofila les bastan substancias minerales para su alimentación, y con ellas fabrican todos sus principios inmediatos, incluso los complicadísimos albuminóides, ¿Cuál es el mecanismo de esta asombrosa síntesis? La observación minuciosa de las condiciones en que la vida los elabora es la que puede dar la respuesta, pero antes de exponer los resultados obtenidos por este medio conviene anticipar para el mejor conocimiento de la índole del problema las tentativas de la experimentación en su afán de reproducir la obra de la Naturaleza», Y en cuanto a estas tentativas de formación artificial hay que subrayar la comunicación de Lilienfeld al Congreso de Química aplicada^ en 1898, acerca de la formación de productos con caracteres albuminoideos por condensación de fenol y ácido aminoacético en presencia de oxicloruro de fósforo. Lo que contó con la oposición de los químicos como Williamson y Pickering, al señalar la presencia de las reacciones coloreadas de los albuminóides en muchos productos de condensación a partir de tirosina, indol, biuret y otros derivados. El confuso concepto de las proteínas En la segunda edición, de 1917, del Tratado de «QUÍMICA ORGÁNL CA aplicada a las Ciencias Médicas», el profesor don Obdulio Fernández recoge ya una serie de reacciones coloreadas al estilo de la reacción de 360 Millón, la reacción xantoproteica y la reacción del biuret. Pero, sobre todo, describe ya los trabajos de Haberman, Schützenberger y Fischer, de hidrólisis de los albuminóides en distintas condiciones experimentales. De los resultados obtenidos por Fischer se deduce que los albuminóides están formados por amino-ácidos, pero no sueltos, sino agrupados, constituyendo las substancias que este investigador llama polipéptidos, muy semejantes a las peptonas. Estos polipéptidos pueden obtenerse sintéticamente, sometiendo los ésteres de los amino-ácidos a la acción del calor e hidratando después el compuesto resultante para formar un dipéptido y éste, convertido en cloruro de ácido por el pentacloruro de fósforo se hace reaccionar de nuevo con otro amino-ácido y uniendo amino-ácidos de esta forma se obtienen los polipéptidos más complicados». En el capítulo «FERMENTOS» se puede leer: «Los fermentos son figurados (seres vivos) a amorfos (polvo extraído de plantas o de animales capaz de realizar las mismas transformaciones que el fermento figurado). Estas transformaciones se efectúan por catálisis; es decir, que el fermento queda intransformado a pesar de contribuir a la aceleración del proceso transformador. La naturaleza química de los fermentos amorfos es todavía un problema sin resolver; hay algunos que tienen caracteres de albuminóides y otros no llegan a contener nitrógeno en su molécula; mas como producen en su desdoblamiento hidrolítico unapentosa, hase creído que tienen la composición de una pentosana. Y estas diferencias son tanto más de advertir, cuanto que los fermentos que efectúan transformaciones iguales, ofrecen mayor disparidad en su composición química; tala es el caso de las oxidasas. Los fermentos albuminoideos, dicen serios investigadores, son análogos a las peptonas, salvo el carácter de no dializar como hacen estas substancias». A la vista de estos cuantos retazos que evidencian la confusa situación de las proteínas aún durante el primer cuarto del siglo XX, la hipótesis peptídica de Fischer era el único fundamento químico sobre el que elaborar el fantástico cuerpo de doctrina de las décadas siguientes. Durante casi un siglo, desde 1820 a 1918, con diferentes técnicas de hidrólisis se fueron sucesivamente aislando e identificando cada uno de los aminoácidos constituyentes de las proteínas. El problema quedó, pues, planteado acerca del modo de asociación de los aminoácidos en la estructura de las proteínas, y de todas las teorías que se propusieron únicamente la teoría peptídica se constituyó en paradigma de todos los estudios que habían de conducir al reconocimiento de las proteínas como macromoléculas bien definidas. A este reconocimiento contribuyeron especialmente las ideas y métodos de Staudinger y Svedberg en la década PPCCT -2000: Perspectiva histórica de la bioquímica de los 30. Lo que no quita para que las ideas sobre las macromoléculas de Staudinger, como profesor de Química de la Universidad Técnica de Zurich primero y de Freiburg después, fueran objeto de todo tipo de objeciones y enfrentamientos. Algunos de los consejos que recibió eran del siguiente tipo: «Por encima de un peso de 5000 no existen las moléculas orgánicas», «no existen moléculas orgánicas con más de 40 átomos de carbono», «las moléculas no pueden tener un tamaño superior al de una celdilla cristalográfica unidad», y otras sugerencias por el estilo. Lo que, en una cierta tormentosa reunión científica en Zurich, le hizo repetir las palabras de Lutero: «Aquí estoy, no puedo hacer otra cosa», Y fue así como 33 años después de la introducción de la idea y el término de macromolécula, Staudinger recibió el Premio Nobel de Química 1953. Los estudios sobre presión osmótica de Adair, de su comportamiento como electrolitos por Cohn, de homogeneidad en campos eléctricos por Tiselius y en campos centrífugos por Svedberg, contribuyeron eficazmente a demostrar la homogeneidad o heterogeneidad de las preparaciones de proteínas y a introducir el concepto de microheterogeneidad como series heterogéneas de moléculas semejantes aunque no idénticas. La unificación biológica de las ideas Desvanecidas las doctrinas vitalistas y los conceptos pseudocientíficos de la biocoloidología que habían llenado casi un siglo de especulaciones; afirmado el concepto físicoquímico de macromolécula; y fortalecida la hipótesis química de la teoría peptídica, faltaba un argumento profundamente biológico en el que se engarzaran tanto los principios estructurales de la especificidad funcional de las proteínas como los esquemas de biosíntesis que los hicieran posibles; y, a su lado, los conceptos y los métodos adecuados para su investigación de los años 40, basados fundamentalmente en las técnicas isotópicas y en los variados procedimientos cromatográficos. Y para situarnos correctamente en el tiempo de estos hechos, recordemos que era ya la década de los 50, comenzaba el último medio siglo, cuando Pauling, en los «Proceedings of the National Academy of Sciences», extrapolaba a las estructuras de las proteínas tanto las configuraciones helicoidales de las cadena deducidas de las distancias interatómicas, los ángulos de enlace, la coplanaridad del sistema amídico y otras propiedades de los polipéptidos sintéticos, como sus precursoras ideas de la estabilización de la estructura de las macromoléculas por los enlaces de hidrógeno; y cuando, exactamente en 1952, la filigrana ex- perimental químico-enzimática de los trabajos de Sanger sobre la insulina probó definitivamente la teoría peptídica. Pero, era todavía tiempo en el que la biosíntesis del enlace peptídico se buscaba a través de la reversibilidad de la hidrólisis enzimática y del desplazamiento del equilibrio por variación de las propiedades físicas de los productos sintetizados. Y, aunque cada vez más cercano, seguía faltando el argumento biológico unificador de ideas. Quizás, la etapa definitiva surgió del conocimiento de la estructura y ñmción de los ácidos nucleicos; a propósito de lo que cabe señalar que si la previa experiencia química y metodológica sobre la estructura de las proteínas pudo ser de cierta aplicación al conocimiento de los ácidos nucleicos, tuvieron que ser su nativa heterogeneidad de composición, tamaño y secuencia de bases, y su relación con la biosíntesis de las cadenas polipeptídicas, los conceptos moleculares, iniciales soportadores de la idea biológica de la conexión de la información contenida en el material genético y la especificidad secuencial de las proteínas. A la maduración de la idea, aparte de la corta hipótesis del tetranucleotido como unidad repetitiva de la estructura de los ácidos nucleicos deducida de los datos iniciales de composición de bases, contribuyó una colección de aportaciones como la síntesis orgánica de esteres fosfóricos, la idea de derivados fosfóricos con elevadas energías libres de hidrólisis, la activación química de los grupos carboxilo y en consecuencia de ácidos orgánicos y de aminoácidos, la averiguación de la estructura de la coenzima A y la introducción del concepto de activación biológica, la extensión de las técnicas de difracción de rayos X, y la correlación entre la cantidad de RNA y la velocidad de síntesis de proteínas. Aportaciones desde el lado de la química, que se completaron con la utilización de tejidos, células y preparaciones del fraccionamiento celular para investigar el metabolismo intermediario y la incorporación de aminoácidos con las nuevas técnicas isotópicas. Y, a todo esto, nos encontramos en los años 50, la década más fructífera en la aparición del fantástico campo independiente del conocimiento que supuso la Bioquímica. A partir de este momento, toda esta magnífica integración de conceptos y de técnicas sirven ya a las propias circunstancias bioquímicas, con las tendencias o soportes que siempre tendrán hacia lo biológico o hacia lo químico: de un lado, al descubrimiento de los diferentes RNAs, lás implicaciones genéticas del DNA, la correlación DNA-proteínas y el origen del código genético. Y del otro, la interpretación de los numerosos mecanismos de isomerización, condensación y transposición; la aromatización, desaromatización y rotura de los anillos aromáticos; la apertura de ciclos; las reacciones de activación de fragmentos de PPCCT -2000: Perspectiva histórica de la bioquímica IC, 2C y 5C; la degradación C a C de las complicadas estructuras de esteroides, porfirinds y corrinas; las reacciones de polimerización a melanina o caucho; y ano dudarlo la síntesis química de oligonucleotidos, decisiva en la averiguación del código genético. La nueva concepción de la Bioquímica Porque fue también por estos años de la nueva concepción bioquímica en los que, como en el caso de la estructura de las proteínas, se resolvieron problemas enmarañados entre las ideas exclusivamente químicas. Me refiero al concepto de estereoquímica modulado bioquímicamente por el mecanismo de la catálisis enzimática y la elaboración de la idea del complejo enzima-sustrato, que sirvieron para confirmar la presencia en el ciclo tricarboxílico del ácido cítrico -molécula simétrica, con plano de simetría y ópticamente inactivo, desde un punto de vista exclusivamente químico orgánico-y que tantas dudas ocasionó ya que un compuesto simétrico no podría ocasionar un producto de su transformación asimétrico. Ocurrió, como ahora es bien sabido, que los carboxilos en las posiciones 1 y 5, aunque químicamente iguales no lo eran desde el punto de vista estereoquímico en su interacción enzimática. De igual manera, el glicerol posee, para la química orgánica, dos grupos hidroxilo primarios químicamente iguales en los carbonos 1 y 3, si bien no lo son desde el punto de vista de la estereoquímica enzimática, y existen enzimas con ciertas especificidades para uno sólo de los hidroxilos primarios. De esta manera, al esterificarse solamente uno de los grupos hidroxilo primarios del glicerol o si se esterifican ambos con ácidos grasos diferentes, se destruye el plano de simetría y el átomo de carbono central adquiere quiralidad. Hecho que interpreta la gran variabilidad en la composición posicionai de los triacilgliceroles de diferentes orígenes. Finalmente, otra situación a la que la naciente Bioquímica aportó ideas originales para solucionar los tropiezos iniciales de la química orgánica se refiere a la interpretación de las transformaciones químicas de la fotosíntesis, principalmente en su etapa inicial de fijación de COg. La obtención inicial de los compuestos C-3 isotópicamente marcados tras la fijación de ^^COg parecía indicar la necesidad de un precursor C-2 que los insistentes empeños de la química orgánica nunca lograron identificar. Tras numerosos intentos, tuvo que imponerse en la búsqueda de este mecanismo, como en los casos anteriores, una especie de liberalización en-
«En la exposición de una ciencia, el método histórico tiene un valor incontestable», afirmaba Ladenburg en uno de los libros clásicos de su tiempo, hace casi siglo y medio. Historia del Desarrollo de la Química. Para añadir a continuación: «Sin duda ha de variar según los dominios a que se aplique, pero no es menos verdadero que la historia de la actividad y del saber humanos constituye uno de los estudios más interesantes. Para nosotros, la historia no es lo seriación, el alineamiento de hechos aislados según un orden cronológico y en apariencia fortuitos; es mucho más, es la escuela del espíritu humano y de la civilización». Y, exactamente en esta misma línea, el director de la Academia de la Historia escribía recientemente: los historiadores esperamos que nuestro oficio nos faculte para reunir conocimientos del pasado que permitan comprender mejor el presente. No parece pretensión excesiva, siempre que la mirada hacia el ayer se haga desde los interrogantes que nos plantea la comprensión de las realidades de hoy». Es con esta misma idèa con la que necesitamos echar una mirada retrospectiva como experiencia indispensable para la inteligencia de lo que hoy sucede en los terrenos de la ciencia y la educación. Y, a la vez, bajo la que hemos de contemplar el desarrollo del conocimiento científico y sus aplicaciones tecnológicas como factores esenciales para la calidad de vida de los ciudadanos, el progreso económico y el prestigio internacional de las naciones. Desarrollo y calidad de vida de los que, sobre todo, toman parte la salud, el ambiente, la educación, la cultura, los recursos naturales, la energía y la seguridad. Y a la necesaria actuación política para la potenciación de estas actividades se encaminan en la actualidad los sistemas nacionales de orientación, programación y evaluación de la investigación científica y Q1 d, e3arrollo tecnológico., El análisis, sin embargo, de cualquier etapa histórica, limitada obviamente en el tiempo y, además, en la geografía, no podrá llevarse a cabo desde la consideración de valores absolutos, sino teniendo en cuenta tres aspectos comparados fundamentales: de un lado, bajo la doble dimensión de la profundidad y la extensión que nos ha venido ofreciendo la ciencia mundial; de otro, desde la perspectiva longitudinal de la evolución de la ciencia española; y, sin olvidar, en tercer lugar, que, al lado de los hechos aislados de la ciencia y la educación, es obligada la consideración de la presencia de-una ciencia organizada. La ciencia, como es bien sabido, se ha desarrollado tradicionalmente en España de forma marginal, carente de apreciación social, y ajena a los marcos tanto de la cultura ciudadana como de la cultura empresarial y política, debido seguramente y en buena medida a una gran desatención institucional. Lo que, en cualquier caso, no ha sido obstáculo para que en escasos periodos de la historia y en algunos sectores muy singulares se hayan producido intentos de convergencia de la ciencia española con la ciencia europea. Historia de las convergencias de la ciencia española que alcanza hasta nuestros mismos días y de la que tendremos que echar mano para enjuiciar objetiva y críticamente los veinticinco últimos años de ciencia y educación en España. Y a este propósito, quizá sea pertinente dejar previamente marcadas las etapas de nuestra historia en las que, más o menos pronunciadamente, se dibujó esta convergencia; las que, con sus actores científicos y políticos, sus logros, sus carencias y las razones de sus escasos éxitos y sus fracasos abundantes, tendrán que responder de nuestra situación reciente. En esta historia se pueden configurar las etapas: 1. Transición de los siglos XVI a XVII, marcada por la creación, de la Academia Real Matemática por Felipe II, en 1584. La Ilustración en tiempos de Carlos III, marcada por las expediciones americanas y la creación de instituciones científicas y educativas. La reacción del 98 en las primeras décadas del siglo XX. La segunda mitad del siglo XX, con tres presentes muy claramente definidos: la posguerra civil, la transición política y la Unión Europea. Dentro de la perspectiva longitudinal de la ciencia española, su ordinario nivel mediocre ha motivado un dualismo a ultranza, que, sin referirlo particularmente ni a tiempos ni a temas, se ha generalizado a todas las épocas a todas las circunstancias. Dualismo que ha dividido tradicio-PPCCT -2001: Dos Siglos de Ciencia en España nalmente en dos bandos a los científicos de la gran cultura: los que creen con patriótica fe en nuestro cultivo de la ciencia y, en particular, de la matemática; y los más, que lo niegan. Dualismo al que han contribuido numerosos personajes de nuestra cultura, entre otros Menéndez Pelayo, Laverde, Picatosto, Echegaray, Fernández Vallín, Rey Pastor y Olagüe, que se han ocupado de describir e interpretar la situación global de la ciencia española en un intento de abarcar, incluso, el siglo XVI. Las más de las veces no fueron sino ostentosos panegíricos, sin renuncia a todo género de calurosos adjetivos y sin argumentación válida alguna. A modo de ejemplo, la opinión general de Echegaray quedó reflejada en su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias, en 1866, en el siguiente párrafo:'Mas aquí he menester de toda mi fuerza de voluntad para no pagar tributo a sentimientos que, bien lo sé, son nobles y naturales en su origen, pero que deben, como todo lo humano, tener un límite, y es este límite la verdad severa de los hechos; para ahogar en mí el grito del amor patrio, que a todo trance quisiera hoy hacerme decir alabanzas que la historia con su elocuente voz me afirma que fueran inmerecidas», Y esta opinión la dejó reflejada en toda una colección de situaciones particulares, como las que reúnen los siguientes renglones, espigados de sus numerosas intervenciones en este sentido: Angustiosísimas reflexiones se agolpan en mi mente al recordar este nuestro lastimoso atraso en uno de los ramos del saber que más glorias ha dado a la época moderna, y que tanto contribuye a vigorizar las más nobles facultades del alma,, al ver como pasa uno y otro siglo; el XVI, el XVII, el XVIII (.,) La ciencia matemática nada nos debe; no es nuestra, no hay en ella nombre alguno que labios castellanos puedan pronunciar sin esfuerzo (..) ¿Qué descubrimiento, qué verdad, quiénes los rivales de Fermât, de Pascal, de Newton, de Leibniz.,.? Yo los busco con ansia en los anales de la ciencia, y no los encuentro (..) Toda la culpa se debe al fanatismo religioso, a la Inquisición y sus hogueras, que ahogaron los intentos científicos de los españoles, ahumando sus cerebros con los gases desprendidos de los braseros inquisitoriales en los autos de fe». Frente a esta opinión de Echegaray, la de Fernández Vallín, seguidor de Menéndez Pelayo, referida al Siglo de Oro, no era sino la de que: «No había en toda Europa en aquella centuria, a fines de la anterior y principios de la siguiente, filósofos que superaran a los españoles, ni humanistas tan notables, ni teólogos tan consumados, ni canonistas tan insignes, ni místicos tan sublimes, ni historiadores tan eruditos, ni médicos tan renombrados, ni naturalistas tan sabios, ni físicos y químicos tan expertos, ni matemáticos tan conocidos en las universidades extran- Angel Martín Munido jeras, ni astrónomos y cosmógrafos que aventajasen a los nuestros». Parecería que con esta ciencia, superior a la de toda Europa, no habría habido necesidad del toque a rebato de Laverde: «Vengan los sabios de todo el orbe cristiano a defender y sacar del olvido la ciencia española. Defendiéndola, defenderán el catolicismo; sacándola del olvido, franquearán un arsenal riquísimo a los paladines de la Iglesia' Y el mismo Menéndez Pelayo, en las páginas dedicadas a la Matemática aseguraba'que los astrónomos españoles del siglo XVI eran estimados por de los más eminentes de Europa, y venían los extraños a recibir sus enseñanzas (..) y tuvieron en su tiempo tanta notoriedad como cualquiera de los grandes matemáticos extranjeros:' El mismo Echegaray se refería autobiográficamente en sus Recuerdos al ejercicio profesional comparado de las matemáticas de la manera siguiente: Las matemáticas fueron, y son, una de las grandes preocupaciones de mi vida, y si yo hubiera sido rico o lo fuera hoy, si no tuviera que ganarme el pan de cada día con el trabajo diario, probablemente me hubiera marchado a una casa de campo muy alegre y confortable y me hubiera dedicado exclusivamente al cultivo de las ciencias matemáticas. Ni más dramas, ni más argumentos terribles, ni más adulterios, ni más suicidios(..). Pero el cultivo de las altas matemáticas no da lo bastante para vivir. El drama más desdichado, el crimen teatral más modesto, proporciona mucho más dinero que el más alto problema de cálculo integral (..)° Con análogo argumento, Gumersindo Vicuña, en la apertura del curso académico 1875-76 de la Universidad Central, ofrecía el siguiente panorama: «(...) el estudio de las ciencias físico-matemáticas en nuestras universidades estaba casi abandonado durante el pasado siglo XVIII y buena parte del actual (..). Un extracto de la geometría de Euclides, algún resumen de aritmética, nada o casi nada de álgebra, unas nociones de cosmografía, otras de música, y una disertación, inspirada en la filosofía aristotélica, sobre los fenómenos naturales, a esto estaba reducida la enseñanza de las ciencias físico-matemáticas. Las cátedras correspondientes, mal dotadas y poco concurridas, las desempeñaban frecuentemente auxiliares indoctos. Las reglas empíricas sustituían a las investigaciones teóricas, y en Salamanca se daban lecciones de canto en lugar de la teoría acústica de la música». Para concluir que «hasta 1845 estábamos en pleno siglo XVI». Y puede que no fuera esta la primera crítica -pero seguramente no fue la última-a la situación de la educación universitaria, tan íntimamente ligada a la de nuestra pobre creación científica; y si ahora lo es en el campo de las ciencias fisicomatemáticas, más adelante -y más de medio siglo después-lo será en el de la biología. Más recientemente, terciando quizá en la forma, pero adscribiéndose en el fondo a uno de los extremos de esta polémica. Rey Pastor no desperdició ocasión de tomar parte en ella, como cuando, en 1934, en el prólogo de Los matemáticos españoles en el siglo XVI destacaba las siguientes afirmaciones: ^Ante el anuncio de un estudio sobre Historia de la Matemática en España, alguien opondrá una objeción: ¿No se ocupó ya de ella nuestro gran Menéndez Pelayo en su Ciencia española?-¿no desarrolló este tema el no menos grande Echegaray en su discurso de ingreso en lo Academia de Ciencias de Madrid?, ¿no dijo lo última palabra de aquella contienda el monumental discurso del Sr. Fernández Vallín, al ingresar en la misma docta Corporación? Efectivamente, todos estos trabajos existen; y aún se podrían añadir algunos otros que de Historia de la Ciencia en España, o de la Matemática en particular, se ocupan. No haré una crítica de aquellas obras; pero tengo que justificar la oportunidad de estas páginas, explicando el objeto que con ellas me propongo. El discurso de Echegaray, fogoso y brillante como todos los suyos, se escribió en una época en que la lucha de ideales políticos opuestos alcanzaba su periodo álgido; época que imprimió un sello especial a toda una generación casi ya desaparecida, la cual llena un periodo importante de la Historia de España; época más propicia para la vehemencia de la polémica que para la serena calma del trabajo científico. Toda labor de entonces, caldeada al contacto con el medio ambiente, se convertía en arma de combate; y el discurso de Echegaray lo fue». Rey Pastor se refería a la famosa sentencia de Echegaray: «Cuando el suelo tiembla, tiemblan los palacios y tiemblan las chozas», con la que vinculaba el fracaso científico a las inestabilidades políticas del siglo XIX. Rey Pastor buscó el fiel de ambos extremos en opiniones más desinteresadas, por menos vinculadas a nuestra acción política. Y, así, se preguntaba:'Cómo respondió la realidad a aquellas risueños esperanzas, ¿modificó Europa su equivocado concepto? ¿dio entrada solemne en la Historia de la Ciencia o la pléyade de sabios españoles, tan elocuentemente defendidos? Fante este planteamiento, uno de los grandes historiadores de la matemática, el sueco Enestrom, afirmaba en 1891: «La interesante obra de Vallín -antes mencionada-do muchas noticias, pero desgraciadamente son más bien bibliográficas que científicas; sus indicaciones son, en general, demasiado vagas para formar idea del valor científico de estas investigaciones. Sería pues de desear que esos escritos fuesen examinados por algún docto español para tener una respuesta definitiva a la pregunta de los méritos científicos de los matemáticos españoles en el siglo XVI»: Venía muy bien esta idea para reforzar la tesis de Rey Pastor 370 Angel Martin Munido quien, en su introducción a la Historia de los Matemáticos españoles del siglo XVI insistía: «La pregunta de Enestróm, la pregunta de Europa sigue sin contestarse. Los libros matemáticos españoles que la infatigable actividad de Menéndez Pelayo, Vallín y Picatoste descubrió en nuestras bibliotecas, duermen el sueño del olvido, esperando ese docto español que desentrañe sus secretos para resolver un problema de la Historia de España». Aunque Rey Pastor no lo pensara de sí mismo, cabe asegurar, sin embargo, que pocos españoles como él, tan doctos en la historia de la matemática y en la ciencia española en general, para que sea dada a su opinión la máxima credibilidad. A propósito de nuestra ciencia del XVII, y en particular de la creación de la Real Sociedad de Medicina y demás Ciencias de Sevilla, se refería Marañón de esta manera: «Fundáronla en 1697 siete hombres de buena voluntad que, como dice Menéndez Pelayo, fueron los adelantados en la lucha contra el dogmatismo. Aún no había entrado en España, con la pompa latina de los Borbones, el viento francés, henchido de novedades y de audacias. Todavía reinaba, aunque ya era casi una sombra, Carlos II, rodeado de fantasmas que obturaban cuidadosamente cuantas rendijas permitieran que entrara en la Península el aire y la luz de fuera. Y, sin embargo, estos hombres quijotescos, entre rosas y naranjales, en plena Andalucía, donde el letargo no necesita estímulos para dar de sí toda su eficacia negativo, inventan una Sociedad para hacer progresar lo ciencia, con carácter resueltamente cismático y rebelde frente o la dogmática Universidad». Esto y poco más heredamos del siglo XVII. A no ser el nombre de Hugo de Omerique, muerto en 1700, el único matemático español de este siglo con merecimientos para ser recordado, en opinión de Echegaray; y la contribución de Daza de Valdês a la optometria con su libro Uso de los Antojos. Al siglo XVIII aun el mismo Echegaray le reconoce sus méritos de esta manera: X--) ^^ l^^^ ciencias aplicadas, en las que como la mecánica, la astronomía, la geodesia, la navegación, son las matemáticas puras auxiliar poderosísimo, y tanto que hasta se designan aquellas con el nombre de matemáticas aplicadas o mixtas, hay dos nombres ilustres y de reputación europea que yo debo recordar, siquiera por dar un rayo de luz o cuadro tan sombrío; son estos don Antonio de Ulloa y el insigne don Jorge Juan (..) Yo reconozco el profundo saber de estos marinos, y aprecio en lo que valen sus interesantes trabajos geodésicos; yo sé que la célebre obra del último, titulada Examen marítimo teórico y práctico ha sido única en Europa por muchos años, y ha recibido el honor de ser traducida y comentada en varias lenguas (.,) Yo pronuncio con orgullo, con legítimo orgullo, el nombre de don Jorge Juan, y admiro, en fin, esta magnífica figura, honra y prez del ilustre Cuerpo de Marina (..)». Las gentes de la Ilustración, en el siglo XVIII, llevaron a cabo una notable aportación española a la ciencia europea. Las características de la ciencia europea de la época y, también, las de la ciencia española, y, obviamente sus relaciones, hubieron de plantearse bajo la influencia de la revolución de la química y las exigencias de la nueva ciencia. La idea central que subyace en el conjunto de estas relaciones es la de que la instauración con Felipe V de la monarquía borbónica a comienzos del siglo XVIII significó el intento de adopción de un modelo social análogo al dominante en Francia, incluida la aceptación del nuevo espíritu científico. Nuevo espíritu científico que fiíe fruto de la gestación, a lo largo del siglo XVII, de las ideas que permitieron el desarrollo de la ciencia moderna en los siglos siguientes hasta nuestros días. Además de las nacientes aportaciones científicas, el nuevo espíritu tuvo otras consecuencias que añadir al entorno social de la época. La ciencia logró convertirse en la única beneficiaria de la razón; o, de otra manera, ñiera de sus límites solo permanece lo irracional. Y, desde entonces, lo racional y la ciencia forman un mismo universo; un poderoso universo que llegó a usufructuar el poder político, que logró extenderse sin fronteras, y que venció a fanatismos y religiones. La ciencia llegó a conformar un hecho social íntegro que se tradujo en efecto en su acercamiento en bloque al poder; y, en palabras del historiador Michel Serres «(..) desde las matemáticas a la economía pasando por la física, la química, la historia natural y lo medicina, toda la ciencia se introduce de golpe en la política, no individualmente sino en bloque (.,) De la ciencia surge de pronto un bloque que se prepara para hacerse con todos los puestos; los sabios piensan, viven, actúan, dentro de un colectivo que obedece a sus propias leyes. Nadie pone en duda que este fenómeno se ha ido preparando lentamente durante dos siglos para acelerarse al final, aunque lo Revolución Francesa le brindó lo ocasión de cristalizarse. En nombre del saber, la ciencia tiende a convertirse en un hecho social íntegro». Focos años antes de la instauración de la nueva dinastía, aparecía la primera edición del Diccionario de la Academia francesa; se publicaron Angel Martín Munido los Principia mathematica de Newton, y el Tratado de la luz de Huygens; nació, con Stahl, la teoría del flogisto, la última versión de la alquimia acerca de la oxidación, que desaparecería con el advenimiento de la química moderna, casi un siglo después, gracias a Lavoisier; Leuwenhoeck publicó sus resultados de sus observaciones microscópicas; se observó el cometa Halley; y se fundó el Banco de Inglaterra. Y en aquel ambiente ilustrado de la época existieron ya planteamientos tales como la participación política del gobierno en el desarrollo de la ciencia, las relaciones internacionales, la transferencia de la tecnología, las conexiones investigación-industria, la participación de la iniciativa privada, la contratación de personal extranjero y la formación de españoles en los grandes centros europeos, las repercusiones económicas de la investigación, la atención al equipamiento instrumental, los temas prioritarios, etc. Situaciones todas ellas que, con los mismos nombres o bajo otras etiquetas como las infraestructuras, los sistemas de I-^D, etc. se siguen incorporando, dos siglos después, a la sociología de la ciencia. Ambiente al que contribuyeron, sobre todo, la política de la Corona de formación en instituciones extranjeras de renombre de jóvenes científicos españoles, y el reclutamiento de científicos y técnicos extranjeros para la dirección de explotaciones mineras e industriales o para el ejercicio de la docencia, como Storr, Chavaneau, Proust, etc. Y sucedió que mientras los científicos españoles -Munibe, Carbonell, Aréjula, Garriga, los hermanos Elhuyar, etc.-estudiaban en Europa, Coulomb descubrió la electricidad, Schelle aisló el ácido cianhídrico. Cavendish llevó a cabo la síntesis del agua; y Lavoisier lidero la reforma de la nomenclatura química. Y fue también bajo este ambiente en el que los españoles realizaron sus mejores aportaciones a la historia de la química y la metalurgia. Los riojanos hermanos Elhuyar descubrieron el elemento 75, el wolframio, en muestras de las minas de Sajonia; el madrileño Andrés Manuel del Río, graduado por Alcalá, descubrió en 1801 el eritronio, elemento 23, más tarde rebautizado como vanadio; y anteriormente, en 1736, el platino lo fue por Antonio de UUoa, miembro de la expedición hispanofrancesa de La Condamine. En 1717 se había creado en Cádiz la Real Compañía de Caballeros de Guardias Marinas que, años más tarde, se pondría a la cabeza de los centros científicos españoles. De ella salieron los representantes españoles que participaron en la expedición de La Condamine, ya mencionada, organizada por la Academia francesa en 1737 para medir el meridiano terrestre en el Ecuador. Representación que recayó entre los alumnos; precisamente, don Jorge Juan, de 21 años, y don Antonio de UUoa, de 19. Las expediciones científicas a América fueron calificadas de botánicas, pero, sin responder a un criterio uniforme, cumplieron una gran variedad de actividades de índole tecnológica -de minas y de pesquerías, sobre todo-, económica, antropológica e, indudablemente, política. Sin que dentro de estas actividades estuvieran ausentes las iniciativas y asesoramientos para la creación de cátedras, universidades e instituciones científicas. La expedición de Nueva Granada tuvo en el polifacético José Celestino Mutis una figura excepcional en lo social y lo científico; «no me horrorizan, Señor -aseguraba Mutis-las indecibles incomodidades de que consigo trae el trabajoso estudio de la naturaleza. Los sabios, en sus gabinetes o en las escuelas, pasan con toda comodidad los días enteros, recogiendo a pie quieto el fruto de su aplicación». La minería de la plata, en los Reinos de Nueva Granada y de Nueva España, dirigida por los hermanos Elhuyar, pudo continuarse en España, entrado el siglo XIX, con la organización de los establecimientos mineros bajo la dirección de Fausto Elhuyar. Primer esfuerzo serio de la ciencia española, casi exclusivamente de la química y de la historia natural, y primeros resultados hacia la convergencia con la ciencia europea, en coincidencia con un periodo de estabilidad política, de creación de instituciones científicas y de protección a las manifestaciones culturales -Sociedades Patrióticas, el jardín Botánico, el Real Gabinete de Historia Natural, etc.-, entre cuyas misiones figuraba la de reunir las principales riquezas de los amplios dominios de la Corona, encargando a clérigos y funcionarios su envío desde los más remotos confines del mundo. Sin embargo, la misma expedición dirigida por Mutis no había enviado a Madrid, durante los seis años oficiales de su funcionamiento, ningún tipo de materiales, y los recelos de la Corte se agravaron por los litigios que ya habían surgido en el reparto de las colecciones de la expedición a Perú. Y la última de las expediciones auspiciadas por la Corona, en 1789, en el reinado de Carlos IV la famosa expedición de Malaespina, fue durante cinco años el ejemplo más claro de proyecto político-científico de la corte borbónica. Su final no fue, de todas maneras, aleccionador; caído el capitán Malaespina en desgracia de Godoy, llegó a ser encarcelado y desterrado a Italia. Sobre la presencia de la ciencia española en el siglo XVIII, Juan Fagés, catedrático de la Facultad de Farmacia de la Universidad Central, en su ingreso en la Real Academia de Ciencias, en 1909, desarrolló el tema «Los químicos de Vergara y sus obras». Y, entre otras cosas, es muy digna de notar la siguiente idea: «'.....nuestropresente científico tiene bastantes analogías con el de la mitad del siglo XVII; ahora, como entonces. notamos el desnivel existente entre las demás naciones y la nuestra en ciencias experimentales, aun siendo la actual cultura española, en este sentido, muy superior a la de aquella época; ahora también, como entonces, anhelamos progresos y nos esmeramos en elevar nuestro nivel científico. Es, pues, oportuno poner la historia ante los ojos de los que no la conozcan, para imitar ahora lo que entonces resultó provechoso y evitar los errores y equivocaciones en que se incurrió, notados unos en aquella misma época, y solo apreciados otros por la posteridad que con ánimo más sereno y desapasionado, y abarcando periodos más amplios, juzga mejor la utilidad o la inutilidad de los medios empleados, sus imperfecciones de ejecución, y acaso las torcidas sendas, a veces seguidas con o sin malicia, que bastardean la noble idea fundamental». Una gran conexión con este asunto guarda la creación de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, en 1764, con el favor de Carlos III. El mismo Fagés afirmó de ella: «(..) fue la creación de una Sociedad para el progreso de las ciencias, llevada a cabo por la iniciativa de caballeros particulares extraños a la administración pública, independientes del prof esorado y desconocedores de las ciencias que quieren difundir, pero que las estiman, y con razón, comprendiendo su importancia y utilidad. Fue una Sociedad fundada, y en gran parte sostenida, por personas científicamente vulgares, y no ofendo su memoria calificándolas así, porque ellos mismos declararon su ignorancia, y cuando se olvidaron de ella y presumieron de sabios o de ilustrados, en ciencias experimentales al menos, es cuando cometieron graves errores. Esta ignorancia es su elogio; reunimos los que cultivamos las ciencias, para procurar su progreso, es nuestra misión, y no merece alabanzas; lo meritorio es formar y costear una Sociedad de esta índole personas extrañas a aquellas, como eran los nobles vascongados, y esto es lo que siempre será laudable; por esto merecen estos caballeros respeto y admiración, y por esto se han hecho dignos de ser imitados». La Sociedad vascongada inauguró en el otoño de 1777 el Real Seminario Patriótico de Vergara. En esta Escuela, por encargo y orden del Rey, se contrataron con 15.000 reales cada una -sueldo espléndido para la época, considerando sobre todo que los profesores disfrutaban de mesa y casa en el Seminario-dos cátedras a cargo de los profesores franceses Francisco Chavaneau y Luis José Proust. El primero para enseñar física, y lengua francesa y química el segundo. Al parecer fue muy breve la estancia en Vergara de Proust, según el mismo Fagés,'por el poco amor que demostró a lo enseñanza, poca subordinación a los reglamentos y un carácter independiente y exigente». Aprovechando la llegada de Elhuyar a Vergara, la Escuela prescindió de Proust, y la física y la química corrieron a cargo de Chavaneau. Precisamente, por recomendación de Lavoisier, pasó PPCCT -2001: Dos Siglos de Ciencia en España Proust a depender del Rey Carlos III, y, como una adivinanza, reseñan los Anales de Segovia el 1 de junio de 1791: «Hace hoy día 6 años y medio que entré a servir a S.M. el Rey, 5 y medio que vine a España; 3 que estoy en Segovia; y 2 que tomé posesión de mi laboratorio (..):' Sin embargo, la situación del país fue causa de que, aún en 1806, el laboratorio de Proust no tenía visos de terminarse; tanto que, en 1807, el gran químico francés abandonó España sin haber podido trabajar en el nuevo laboratorio. Conviene de todas formas aclarar que de esta época data su famosa controversia con BerthoUet, que dio como resultado la formalizacion de una de las primeras normas de la incipiente legislación de la química: la Ley de las proporciones definidas. Como dato, curioso al menos, para la historia, S.M. el Rey Juan Carlos I inauguró un monolito, frente a la Casa de la Química, en la glorieta del Alcázar de Segovia, en el que aparece cincelado el texto de la famosa Ley de Proust o de las proporciones definidas. Esta traída de profesores franceses fue compaginada por la Sociedad Bascongada con el envío al extranjero de jóvenes estudiosos. Uno de ellos, prematuramente muerto a los 23 años, fue Ramón María de Munibe, primogénito del Conde de Peñaflorida, que estudió en Francia y Suécia las industrias y ferrerías, y asistió en París al curso de química de Rouelle, maestro de Lavoisier. Y penetrando en el primer cuarto del siglo XIX, dos hombres de ciencia renombrados fueron Antonio de Martí Franqués y Fausto Elhuyar; modelo el primero de autodidactos, y prototipo el segundo de una gran formación científica. Juan José Elhuyar fue alumno de la famosa Academia de Minas de Sajonia y pasó después a dirigir las explotaciones mineras de Nueva Granada, en cuyo reino murió; su hermano Fausto trabajó en la Universidad de Upsala, pasó luego a dirigir las explotaciones mineras de Nueva España y se reintegró a España, comenzado el siglo XIX, para encauzar el desarrollo técnico de la minería, y el educativo con la creación de Escuelas especializadas. Ambos firmaron, en 1783, el trabajo Análisis químico del volfram y examen de un nuevo metal que entra en su composición. Se trataba del descubrimiento, ya mencionado, de un nuevo elemento químico, el wolframio, en la sede de la Real Sociedad Bascongada y la Academia de Ciencias, Inscripciones y Bellas Artes de Tolosa. Al progreso de la Historia Natural se refiere Bolívar asegurando que en tiempos de Fernando VI se había procurado que personas reputadas por su saber en Historia Natural vinieran a España a difundir los conocimientos de esta ciencia, y así llegaron a nuestro país Lófling, célebre discípulo de Linneo, y el irlandés Bowles que, contratado por orden del Rey en 1752, casi al final de su reinado, fue encargado de estudiar las producciones naturales de nuestro suelo y establecer el Gabinete de Historia Natural. Para albergar este gabinete, precisamente, se construyó el edificio que hoy ocupa el Museo del Prado. En 1755, se fundó por Fernando VI e[ jardín Botánico del Soto de Migas Calientes a orillas del Manzanares; y, en 1781, se trasladó a su actual emplazamiento del Retiro, al lado del Gabinete de Historia Natural. Como resumen de toda esta época, Fagés concluyó que «cosecha hubo, pero para un esfuerzo máximo, el rendimiento fue mínimo»: Es posible que, desde la perspectiva posterior, no se lamentara tanto la ausencia de siembra científica en el siglo XVIII, como la alteración del ritmo de crecimiento y el quiebro de su ulterior desarrollo antes de que se alcanzara el tamaño crítico imprescindible. En este sentido se expresó don Cipriano Segundo Montesino, Duque de la Victoria, al contestar al discurso de ingreso académico de don Práxedes Mateo Sagasta, en 1897, en la Real Academia de Ciencias: ^(...)cuando nuestros Gobiernos se afanaban solícitos y generosos por restaurar y fomentar los estudios en España sorprendiónos este tumultuoso y en todos sentidos agitadísimo siglo XIX, en cuyo primer tercio bastante hicimos con lograr salvarnos de la borrasca política y administrativa que en contra nuestra muy en sus albores se desató, y que en diversas ocasiones nos puso muy a punto de perecer, y amagó concluir más de una vez con lo personalidad y vida de la nación española': Parece claro -y puede quedar como conclusión parcial de este estudio-que con la entrada del siglo XIX se difuminó primero y acabó colapsándose esa cierta convergencia global de la ciencia española ilustrada con la ciencia europea. Y, entre sus motivos, el declive en el interés de la Corona y de sus Instituciones en la transición hacia el siglo XIX y en sus comienzos; a lo que añadir el empeño de Francia por los productos americanos como materias primas para el análisis, la determinación de las estructuras químicas de los nuevos productos -alcaloides, esteroides, glicosidos, azúcares, aminoácidos, etc.-y sus aplicaciones farmacológicas; campo este en el que España no pudo emparejarse con la investigación europea. En efecto, ni los directores de las empresas botánicas del siglo XVIII, ni la incipiente organización de la ciencia española, alcanzaron a medir el inmenso potencial de las hojas y las cortezas de aquellas nuevas plantas americanas. Tampoco tuvieron a su alcance, intelectual y económico, la visión de la nueva química de los productos naturales que surgía principalmente en Francia. Seguramente, porque la política de la ciencia exigía ya entonces una concepción añadida a la de las prácticas PPCCT -2001: Dos Siglos de Ciencia en España tecnológicas al uso en las explotaciones mineras; otro tipo de tratamientos distintos a los de aquellos de las expediciones ultramarinas, con la corta política de los virreyes, y de la estrecha visión del simple inventario de la naturaleza, con un predominio del espíritu coleccionista, exaltador de la naturaleza bien es cierto, sobre el de la interacción multidisciplinar que, esencial a la evolución del conocimiento, ya estaba en marcha en Europa entre la química orgánica y la biología. Son obvias, pues, las razones históricas que, a base de inestabilidad política, de discontinuidades sociales y de incompetencia científica, despeñaron los niveles científicos alcanzados hasta conseguir anular la relativa posición europea a la que España aspiró. De esta manera, se frustraron los signos de continuidad científica durante el primer tercio del siglo XIX; y unos por afrancesados, otros por liberales, y el resto por inútiles, pocos mimbres nos quedaron en la primera mitad del ochocientos con los que retejer la institucionalización de nuestra ciencia al estilo de lo que ya se llevaba por Europa. Institucionalización en todo lo que hubiera comportado de instituciones científicas y educativas, entes, medios y desarrollo, rentabilidad y relevancia sociales. Y como fruto y sustento de este complejo entramado, se iniciaría en la segunda mitad del siglo el desarrollo interno de la ciencia; esa fructífera y permanente interacción entre los descubrimientos desinteresados de la naturaleza -el progreso del conocimiento, a fin de cuentas-y la utilidad política y social, resultante de las aplicaciones tecnológicas. La Reacción del 98 y los Comienzos del siglo XX ¿Por dónde andaba la ciencia europea en la segunda mitad del siglo XIX? Esta segunda mitad del siglo XIX contempló el lanzamiento definitivo de la química orgánica: el modelo aromático de Kekulé (1858) y la resolución del problema de la posición de los sustituyentes de Bayer y Fittig; el esclarecimiento de las analogías entre benceno y naftaleno; y la gran versatilidad de los fenómenos de condensación, que se mostraron extraordinariamente fecundos en las reacciones artificiales conducentes a los nuevos compuestos orgánicos. Todos ellos fueron los pilares sobre los que se edificaría el impresionante desarrollo de la química orgánica del siglo XX y, por tanto, de la gran serie de productos naturales -proteínas, alcaloides, esteroides, colorantes, etc.-y de los productos de síntesis que han constituido la base de la moderna farmacología. Y de la hibridación de la química orgánica y la fisiología, que floreció en la segunda mitad del si- glo XIX, había de resultar un periodo especialmente brillante en el desarrollo de las ciencias básicas de la medicina. Fueron los años de Bernard (1813-1878) y de Pasteur (1822-1895), de la etiología de las enfermedades y las primeras vacunaciones; de Darwin y la publicación de El origen de las especies; de Koch y el aislamiento de los bacilos del cólera y de la tuberculosis; de Behring y los sueros antibacterianos. Fueron los años de la genética de Mendel, del descubrimiento de los cromosomas por Flemming y de los centros funcionales del cerebro por Charcot; del fundamento cromosomico de los mecanismos de la herencia; de la síntesis de productos naturales, como el índigo, por Bayer, y del gran desarrollo de la síntesis orgánica por Berthelot; de los descubrimientos de los rayosX por Rontgen, de la radiactividad por Becquerel, y de los rayos a y B por Rutherford. Kirchhoff, en 1874, investigó los elementos químicos por medio del análisis espectral. Thomson, en 1897, pidió [a relación masa/carga del electrón. Al descubrimiento por Hertz (1886) de las ondas electromagnéticas de radio siguió el diseño de los receptores de radio por Branly (1889) y de los diodos por Fleming (1903). Los esposos Curie descubrieron, en 1898, los nuevos elementos polonio y radio. Dewar, también en 1898, realizó la licuación del hidrógeno. Fueron los años de la función de Riemann, del nacimiento de la termodinámica, de la teoría de la valencia, de la teoría de los campos electromagnéticos de Maxwell, de la teoría cinética de los gases de Boltzmann, de la teoría de los equilibrios químicos de Van't Hoff, de la teoría iónica de los electrolitos de Arrhenius, de la teoría de los conjuntos de Cantor y de las funciones abelionas de Appel, de la lógica matemática de Frege, de los números algebraicos de Hilbert, y de los nuevos métodos de la mecánica celeste de Poincaré. Fueron los años del cálculo tensorial de Levi-Civita (1901), los espacios abstractos de Fréchet (1906) y Improbabilidad en cadena de Markow (1907). Fueron, además, los años en los que se llevaron a cabo la obtención industrial de la aspirina, la del aluminio y la del primer colorante artificial; se abrió el primer pozo de petróleo; se diseñaron el primer frigorífico de amoniaco, el primer motor de explosión y el primer vehículo automóvil con motor de gasolina de cuatro tiempos; se tendió el primer cable trasatlántico y Bell inventó el teléfono; se fabricaron el celuloide, la baquelita y la seda artificial; entraron en funcionamiento la primera locomotora eléctrica de la Casa Siemens y el alumbrado eléctrico de Nueva York; y tuvo lugar la primera sesión pública de cine. En los primeros años del nuevo siglo, con el descubrimiento de la vitamina Bl Hopkins inició la espléndida serie de descubrimientos relativos a las vitaminas. En 1900, Flank elaboró la teoría de los 'quanta», y Einstein, en 1905, lo hizo con la teoría de la relatividad restringida; y comenzaron a elaborarse los modelos estructurales del átomo. Este medio siglo central del XIX fue, a su vez, época de grandes controversias en e[ campo común de la química y de las ciencias naturales, entre otras las de la naturaleza de las fermentaciones, la consideración de las proteínas como especies moleculares definidas y la acción catalítica de las enzimas. El organismo fue ya para Bernard un todo integrado, compuesto por elementos organizados cuya estructura guardaría relación con la vida y la evolución, y las manifestaciones de la vida no serían sino exteriorizaciones de esta organización. Los descubrimientos de Bernard abarcaron numerosos campos, a la vez de la química y la biología; entre otros, la digestión, la acción del jugo gástrico, la acción tóx°ca del óxido de carbono, la absorción de las grasas, la función glucogénica del hígado, las inervaciones vasoconstrictoras y vasodilatadoras, etc. Mención aparte merece su contribución a la metodología de la fisiología y a sus fundamentos teóricos. Con estos antecedentes, la patología, en la segunda mitad del siglo XIX, pudo comenzar a interpretarse en los mismos términos químicos y biológicos que la fisiología; así nacieron la fisiopatologia y otras numerosas situaciones interdisciplinares que habrían de tener, y siguen teniendo actualmente, en la química una de sus principales conexiones conceptuales y metodológicas. Y ¿qué pasó mientras tanto en la ciencia española? La descripción y comparación, e incluso la polémica, de nuestro desarrollo científico y universitario, no se detuvo en el siglo XIX. Está tan claro que huelgan las interpretaciones, que si a lo largo de las cinco o seis décadas iniciales de este siglo hubiera continuado la misma pendiente de progreso científico, personal e institucional, con que terminó el anterior, la situación científica y tecnológica de España en el cambio de siglo hubiera sido del todo diferente y no hubiera permanecido tan totalmente ajena a todas las innovaciones científicas y tecnológicas acabadas de apuntar. Y esas largas décadas perdidas de auténtica creación científica continuaron lastrando durante largo tiempo e[ ritmo de nuestra incorporación a la marcha europea. Sucedió, y es también evidente, que cualquier intento de renovación, fuera educativa o de creación de instituciones, quedaba casi necesariamente rezagado y con perspectivas anticuadas; y la contribución de los científicos, en el mejor de los casos, era informativa y carente, en general, de la imprescindible aportación creadora. Sería, sin duda, el espíritu crítico de unos cuantos científicos el que sembrara la inquietud por un despegue de ese ruido de fondo al que nuestra ciencia y nuestra tecnología permanecían adheridos. Inquietud crítica puesta de manifiesto por Rodríguez Carracido, Rector de la Universidad Central de Madrid y miembro de la Real Academia de Ciencias 380 Angel Martín Munido durante cuarenta años que comprendieron la época entresiglos, en sus Estudios histórico-críticos de la ciencia española. Diagnóstico crítico que, en buena medida, sigue teniendo actualidad, cuando aseguraba: «Es evidente que la formación del medio intelectual de cuyo henchimiento han de surgir las manifestaciones geniales de la ciencia que naturalmente tengan sus raíces en la cultura patria, no puede ser obra de un día; demanda la lentitud de la producción orgánica que se desarrolla con regularidad por pequeños incrementos. Y para lograr el fin deseado no hasta ir acumulando condiciones favorables, es menester, además, atenuar en lo posible aquellas que por su inmediato y directo influjo o por las desviaciones que ocasionen con ejemplos contraproducentes enrarecen y emponzoñan la atmósfera en que debe alentar la producción científica. Mucho aprovecharía que, en el grado que la riqueza pública lo consintiese, se la dotara de los mayores beneficios materiales y que entre las clases aristocráticas conquistase algunos adeptos que con el prestigio de su posición social contribuyesen a honrar y ennoblecer los estudios experimentales, hoy aún algo menospreciados por las gentes que presumen de distinguidas, pero aprovecharía mucho más restringir el poder absorbente de la vida política para lo cual son todos los aplausos y consideraciones de la opinión pública. En nuestra patria, el que es actor en los debates parlamentarios o interviene con arte en el manejo de las pasiones políticas, disfruta los halagos de la notoriedad y por donde quiera que vaya encuentra voluntades que le rinden acatamiento y le estimulan a continuar en el desempeño de su papel; en cambio, el hombre solo consagrado al cultivo del sabe^ con el puro anhelo de alcanzar la verdad, por grandes que sean sus méritos ve la indiferencia en todas partes, el ambiente que respira es siempre glacial y solo un deseo vehementísimo de poseer lo que ambiciona puede sostenerle en su vida de abnegación cuyo premio al fin y al cabo, redúcese al íntimo goce de sus desposorios con la ciencia». Y un comentario final, siempre de actualidad: «La idea de la inexcusable colaboración del medio social es la que conviene inculcar a todas las clases de nuestra patria para que presten su concurso al cultivo de la ciencia, y así cuando florezca y fructifique podrán llamarla suya». En uno de esos tímidos despegues se creó, en 1849, la Comisión para la Carta Geológica de Madrid y General del Reino que, en 1927, al ampliarse sus funciones pasó a denominarse Instituto Geológico y Minero de España; y, tras su dependencia del nuevo Ministerio de Medio Ambiente, creado en 1996, su denominación paso a ser la de instituto Tecnológico Geominero de España. Más recientemente, tras su nueva dependencia del Ministerio de Ciencia y Tecnología creado en el año 2000 Queda muy claro de todo ello que el cambio de siglo se instauró en una vaguada de nuestro desarrollo científico, de la institucionalización de la ciencia como actividad socioeconómica e, incluso, de la consideración social de la ciencia. Y harto parece que de las inquietudes críticas de unos pocos y de las noticias y sucesos de la ciencia que llegaban de Europa, cualesciera individualidades e instituciones responsables de ese despegue, con las que divisar al menos, ya que no alcanzar, el imponente rastro europeo. Vaguada que alcanzó sus mínimos en las últimas décadas del siglo XIX, en la que, del lado de la modernidad, en los comienzos del nuevo siglo, ya existieron atisbos de ilusión por la utilidad de la ciencia y el saber. Y, así, la Sociedad Española de Física y Química se constituyó en 1903 y estuvo presidida por Echegaray, la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias se fundó en 1908, y la Sociedad Matemática Española en 1911. Efectivamente, las asociaciones para el progreso de las ciencias fueron un curioso fenómeno asociativo, síntoma de la popularidad de la ciencia y del deseo de aumentar sus relaciones sociales, que se extendió por los grandes países europeos durante el siglo XIX. Tampoco la universidad, por otro lado, había logrado definir su modelo ni participar en la creación científica. Como botón de muestra, las palabras de Cajal en su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias, en 1897: «Hay que transformar la Universidad, hasta hoy casi exclusivamente consagrada a la colación de títulos y ala enseñanza profesional, en un centro de impulsión intelectual, al modo de Alemania, donde la Universidad representa el órgano principal de la producción filosófica, científica e industrial». No tiene por ello nada de extraño que si a las clásicas carencias de nuestra presencia en el nacimiento filosófico de la ciencia y del método experimental se añadieron después las del origen del desarrollo tecnológico y de las aplicaciones industriales, fruto por lo general de la gran ciencia básica de la física y de la química, su repercusión sobre el progreso económico e industrial del país haya sido de tan negativos resultados. Si la investigación científica tuvo que experimentar esta larga marcha por un desierto lleno de arideces políticas, sociales y económicas, hasta que ¡legó a encararse con un mínimo de organización administrativa, entrado ya el siglo XX, ¡cuáles no serían en este tiempo las dificultades para la creación tecnológica! Existía, y perduró durante mucho tiempo, una educación pendiente por ambos lados que facilitara la educación del lado científico y del lado industrial. No educación, sin embargo, en el sentido de diagnóstico, que bien claro está, sino en el de confianza mutua y riesgo conjunto. Al concretar los científicos y los temas de la ciencia española de la época, conviene distinguir entre el erudito que está al tanto de lo que ocurre en el mundo, aunque ajeno a la auténtica creación científica, y el que contribuye a este proceso de creación. Al primer apartado pertenecieron, en efecto, ilustres personalidades en los campos de las matemáticas, la física, la química, las ciencias naturales y las ciencias de la salud, preocupados cuando más por la introducción de nuevas ideas con carácter pedagógico; pero no es tan fácil encontrar en aquellos años hombres de ciencia de verdad, de los que, en virtud de sus aportaciones originales, pudieran incluirse en la nómina de los investigadores y los descubridores europeos del momento. Hubo que esperar así mismo hasta bien entrado el siglo XX para poder seleccionar hombres de ciencia creadores, y a que [a ciencia española pudiera ofrecer unos comienzos de institucionalización administrativa. Y en el terreno educativo, la Ley de Bases de Moyano, a mediados de siglo, intentó estabilizar el permanente tejer y destejer de los planes de estudio, y llevó a cabo la separación de las Facultades de Letras y las de Ciencias. Se limitaron a cinco las Facultades de Medicina, a tres las de Farmacia, y se creó la Central de Ciencias, con el Museo y el Observatorio Astronómico. La vieja estructura de la enseñanza se resistía a cualquier novedad; la acomodación a los cambios científicos interesaba menos que el control político de la Universidad. Los pretendidos modelos de Universidad se intentaron lograr con numerosos planes, decretos, proyectos y reformas. Las Universidades lucharon por mejorar y ampliar sus enseñanzas científicas, y el sigloXIX termina con el proyecto reformador de García Alix, primer Ministro de Instrucción Pública, en el que se ere-PPCCT -2001: Dos Siglos de Ciencia en España aron las secciones de Ciencias Exactas, Físicas, Químicas y Naturales. Posiblemente, la más fácil recuperación atávica del siglo XVIII permitió un aparente mayor nivel de los estudios naturalistas, los botánicos en particular, de sus publicaciones, y de las instituciones científicas y profesionales farmacéuticas. A este respecto, y contando siempre con la imprescindible vinculación de la educación universitaria con la creación científica, no deja de ser importante la manifestación de Carracido: «Desde el año 1887 hasta 1901, ¡durante catorce años!, se explicó la Química biológica como si fuese Metafísica C,).Al encargarme de esta enseñanza solo disponía de la silla para la exposición oral de las pláticas de Química biológica, careciendo de todo elemento de trabajo». Y hubo que pasar al otro lado de la vaguada, y esperar a la creación en 1907, bajo [a influencia de la Institución Libre de Enseñanza -nacida en 1876 con el objeto de crear las condiciones necesarias para la realización del ideal krausista-, de [a Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, a que se conformaran algunos núcleos iniciales dedicados a la física, la química o a las ciencias naturales. La junto, regida por una comisión de 21 miembros, presidida por Cajal y en [a que figuraron, entre otros, Echegaray, Rodriguez Carracido y Torres Quevedo, tuvo por objeto promover la investigación científica nacional. Es importante subrayar el enorme contraste entre la brillante situación de la ciencia europea, de [a física, la química y la biología, cuando comienza el siglo XX, y la extraordinariamente pobre presencia española en todos los campos, más aún, quizá, en el de la física. A pesar de ello, en un par de décadas de este siglo, el entusiasmo y la liberalidad de unos cuantos hombres -Santiago Ramón y Cajal, Blas Cabrera, Leonardo Torres Quevedo, Enrique Moles, Ángel del Campo, Miguel A. Catalán, entre otros-, al lado de la creación de centros de investigación que más adelante se mencionan, lideraron, con mucha mejor intención que resultados, un nuevo intento de convergencia europea. Y, desde un punto de vista sociocientífico, tuvo gran importancia la visita de Einstein a España, en 1923. Con este motivo, en una recepción en la Academia de Ciencias, presidida por S.M. el Rey Alfonso XIII, el presidente Cabrera afirmó: «(..) la España científica que hoy encontráis en embrión inicia el camino para llegar al lugar que tiene el inexcusable deber de ocupar" Por aquellos años, se dice que el matemático Plans era, si no la única, una de las muy escasas personas que en Madrid era capaz de enseñar la teoría de la relatividad a un nivel superior. Al año siguiente de la visita de Einstein, el mismo Plans, en su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias aseguraba: «Puede afirmarse que los sucesivos adelantos de la obra de 384 Einstein y sus colaboradores han llegado a nosotros sin retardo. Los profesores Terradas y Cabrera (,,) así como Rey Pastor, Carrasco, el P Enrique de Rafael, el P, Pérez del Pulgar, el ingeniero Burgaleta, Puig Adam (..) y otros físicos y matemáticos sostienen muy honrosamente nuestro pabellón científico». En medio de este panorama, no puede negarse que existieran algunos nombres -muchos ya mencionados-que lograron, de un lado, continuar manteniendo izada la ilusión de lograr mejores perspectivas para la ciencia española, y, a la vez y en muy distinta medida, la de aglutinar pequeños grupos de investigación especializada, a la sombra de las nuevas instituciones y bajo el estrechísimo toldo de una renaciente política científica. Y, con estos escasos mimbres, en las primeras décadas del nuevo siglo, intentar un segundo asalto hacia la convergencia europea. Así, Echegaray, a partir de 1866, publicó una colección de artículos sobre geometría superior. Premio Nobel de literatura 1904, fue catedrático de física matemática de la Universidad Central. En la sede del Banco de España de Madrid, existe un busto en bronce con el texto:';41 ilustre varón José de Echegaray. Enseñó las leyes naturales de la ciencia hidráulica. Henchido de poesía, pintó las pasiones de la vida. Gobernante honesto, libró a la patria de lo usura extranjera. Logró, para decoro de España, el Premio Nobel». Eduardo Torreja, a partir de 1884, introdujo en España la geometría proyectiva. La química académica tuvo, en los alrededores del 98, su mejor representante en Rodriguez Carracido, autor de diversos tratados de química orgánica y biológica. La historia natural de la época estuvo soportada por unos antecedentes ilustrados de mucho mayor nivel que los de las matemáticas, la física o [a química. La botánica, por ejemplo, tuvo en los jardines, gabinetes y expediciones científicas del XVIII un fácil soporte, en tanto que las descripciones morfológicas y [a ubicación sistemática de las especies de plantas constituía la única base científica que el momento permitía. La abundancia y extrañeza de las plantas americanas fue, indudablemente, motivo de graves recelos de los botánicos europeos. Como ha quedado mencionado, no supo España -sus científicos, sus gobernantes, sus incipientes administradores de la ciencia-, sin embargo, estar al tanto de [a explotación de estos maravillosos materiales como fuente inagotable de la riqueza de la química orgánica vegetal. Y, cuando en Europa, en Francia y en Alemania principalmente, cada día se descubría una nueva molécula de las plantas, nuestra modestísima ciencia -con la silla de Carracito apenas si podía enterarse de lo que ocurría fuera, y, por supuesto, nada de aprovechar la riqueza y la originalidad de nuestros conocimientos sistemáticos del XVIII. Y hasta la tradición botánica española -engarzada por Quer, Gómez Ortega, Mutis, PPCCT -2001: Dos Siglos de Ciencia en España Ruiz, Pavón, Cavanilles y Lagasca-perdió originalidad y se desenganchó de[ avance europeo. La mismísima sistemática y la herborización clásica fueron realizadas, en buena medida, por extranjeros. Aunque, dentro de este colapso global, sobresalió, mediado el siglo XIX, el gran trabajo de Miguel Colmeiro y su obra La botánica y los botánicos de la península hispanO'lusitana. Joan Cadevall i Diars publicó, en 1897, la Flora del Valles; y, ya entrado el nuevo siglo, publicó los Elements de Botánica Popular, así como la Flora de Catalunya, en seis volúmenes, editada por el Instituto de Estudios Catalanes. La influencia botánica, científica y política de Colmeiro estuvo compartida con De la Paz Graells, directores ambos del jardín botánico de Madrid. Ignacio Bolívar fue gran promotor de los estudios naturalistas, y, al lado de González de Linares, promovió la creación en Santander, en 1886, de la Estación Biológica Marina, a cuya gestión había de contribuir eficazmente, ya en el siglo XX, el ingeniero de Montes Joaquín María de Castellarnau. El discípulo de Colmeiro, Blas Lázaro e Ibiza, catedrático de Botánica de la Facultad de Farmacia de la Universidad Central, dedicó sus esfuerzos al renacimiento de la botánica española. La geología tuvo como representantes más destacados a Juan Vilanova y Piera y a Lucas Mallada Pueyo. Llevó a cabo Mallada un amplio estudio sobre la constitución petrográfica de la Península y su relación con la productividad del suelo; estudio aún clásico un siglo después de su realización. Las ciencias básicas de la medicina lograron alcanzar en los últimos años ilustrados un relativo esplendor aunque, ciertamente, y tras loables y recurrentes intentos, no consiguieron, en su conjunto, incorporarse al nivel alcanzado por la ciencia europea en la segunda mitad del siglo XIX. La microbiología médica de la época tuvo su mejor representante español en Jaime Ferrán y Clúa, con cuya preparación anticolérica a base de gérmenes vivos se vacunaron en Valencia cincuenta mil personas entre 1881 y 1885. Mucha mayor significación tuvo en la transición del siglo la histología española que encabezaba modestamente Aureliano Maestre de San Juan, titular de la primera cátedra española de histología. Si hasta 1856 se publicaron en España solamente tres trabajos sobre anatomía patológica, en la década siguiente lo hicieron casi sesenta. A ello contribuyó la creación de cátedras e instituciones en las que se potenció el trabajo experimental, tales como el Instituto Biológico, que dirigió en Madrid Rafael Martínez Molina, el Museo Antropológico, creado por Pedro González de Velasco, la Escuela Libre de Medicina de Sevilla, creada por Federico Rubio y Gali, la Academia y Laboratorio de Ciencias Médicas de Cataluña, y las cátedras libres del Hospital General de Madrid. Fue, sin 386 Angel Martín Munido embargo, a partir de 1888, y merced a las investigaciones de Ramón y Cajal, cuando se inició la escuela de histología española al comprobar la individualidad neuronal en el cerebro y otros dominios como la médula espinal, el bulbo olfatorio, la retina y el lóbulo óptico. La teoría de la participación neuronal en la estructura y función del sistema nervioso no se consolidaría hasta los trabajos de Cajal. Entre sus publicaciones, la Textura del sistema nervioso del hombre y los vertebrados, publicada entre 1897 y 1904, cubrió a gran altura el cambio de siglo español, en un tiempo exclusivamente morfológico. Nicolás Achúcarro y Pío del Río Ortega fueron destacados miembros de la escuela de Caja[, ya en el primer cuarto del siglo XX. La acción de Ramón y Cajal sobre la ciencia española no se limitó a sus originales aportaciones conceptuales y metodológicas acerca de la estructura y función del sistema nervioso. Fue guía de los más jóvenes científicos, creador de escuela, organizador de la incipiente estructura investigadora nacional y líder de la incorporación de España a la ciencia internacional. Blas Cabrera se refirió a ello de esta manera: «Es necesario llegar a los primeros años del siglo actual para que se reemprendiera el camino iniciado por los coetáneos de Carlos III, precisamente gracias a la obra que comenzaron los hombres beneméritos que presidió Cajal, Pertenezco yo -continuaba Cabrera-ala última generación que se encontró huérfana de una tradición que le orientara por camino real en los años más difíciles para las grandes resoluciones que pueden guiar toda una vida y por ello mismo expuesta a la pérdida de las ventajas que por compensación se ofrecen o la actividad por la frescura imaginativa que sugiere métodos ricos en frutos para la propia labor. Por mi suerte, tuve en cambio las ventajas derivadas de la acción directa de Ramón y Cajal». A su vez, la naturaleza revolucionaria y ortodoxa de (a ciencia, y la capacidad de dinamismo e inventiva del método científico, hicieron posible, aun contando con la ausencia casi completa de las exigencias de la ciencia organizada, la existencia de personajes como Leonardo Torres Quevedo. Sucede, pues, que al no ser la ciencia un fenómeno histórico del todo autónomo, su desarrollo ha significado, en mayor o menor medida, la incorporación de un movimiento complejo a la superior complejidad de la historia. Y, por ello, en periodos determinados de tiempo, aparecen modas y cambios abruptos en el desarrollo de la ciencia, sin vinculación aparente a causas internas; sin que las vías de la actividad científica tengan que ir primero en una determinada dirección y luego en otra; sin que puedan evitarse épocas de mayor intensidad y otras de actividad más relajada. Circunstancias todas que si tienen un valor a escala global y mun-PPCCT -2001: Dos Siglos de Ciencia en España dial de la ciencia, mayor han de tenerlo a escalas sectoriales y nacionales. A todo este conjunto de circunstancias tuvo que sujetarse la presencia de Torres Quevedo en esta época, en la que comenzaba a configurarse el tránsito de una era del todo preindustrial a otra semiindustrial, por lo que se refiere a los planteamientos económicos de la estructura productiva. «Mi obra es modesta -nos aseguraría Torres Quevedo-, Paso la vida ocupado en resolver problemas de mecánica práctica. Mi laboratorio es un taller de cerrajería, más completo, mejor montado que los conocidos habitualmente con ese nombra, pero destinado, como todos, a proyectar y construir mecanismos». Y entre estos artilugios mecánicos sobresalieron las máquinas algébricas, de las que el mismo Torres Quevedo nos diría: «Una máquina algébrica es un aparato que impone entre los valores simultáneos de diferentes elementos las relaciones expresadas matemáticamente en una fórmula analítica. Todo aparato que permite reproducir a voluntad un fenómeno físico, cuyas leyes estén formuladas matemáticamente, puede en rigor denominarse máquina algébrica». A propósito de estas máquinas de Torres Quevedo, una Comisión de la Academia de Ciencias de París declaró, en 1896, que excede en mucho a todos los inventos de su género, resuelve de manera sorprendente el problema del cálculo en toda su extensión, y le otorga como homenaje a su mérito el honor de su publicación entre las Memorias presentadas por los sabios no pertenecientes a la Corporación. Tras un riguroso estudio de la obra de Torres Quevedo, Puig Adam, a modo de conclusión, declaró: «Induciréis fácilmente por todo lo rápidamente bosquejado que la consecución de tantos y tales resultados no fue fruto de unas cuantas improvisaciones felices, sino de un larguísimo y metódico proceso lógico constructivo, tejido a través de sólidas meditaciones teóricas y también de pacientes ensayos y tanteos en el taller y laboratorio; esfuerzos unos y otros de los que el autor jamás blasonó.' Fruto directo de la actividad de la junta para Ampliación de Estudios e investigaciones Científicas fue la creación, en 1910, del Laboratorio de Investigaciones físicas y la Estación Alpina de Biología, agrupados con el Museo de Ciencias Naturales, el Museo de Antropología, el Jardín Botánico y el Laboratorio de investigaciones Biológicas, dirigido por Cajal, en un gran Instituto de Ciencias Físico-Naturales. En el mismo año se creó el Centro de Estudios Históricos. El Laboratorio de Investigaciones Físicas, dirigido por Cabrera -al que pertenecieron, entre otros, Moles, Guzman, Del Campo y Pina de Rubíes-estaba instalado en el conocido como Palacio de la industria y de las Artes, en los altos del hipódromo. En él se instaló, en 1906, el Laboratorio de Mecánica Aplicada, bajo [a di- Angel Martín Munido rección de Torres Quevedo, creado a propuesta del Ateneo, en cuya junta directiva figuraban Cajal, Carracido, Menéndez Pelayo, Menéndez Pidal y Simarro. El Laboratorio de Investigaciones Físicas se transformó, en 1926, en el Instituto Nacional de Física y Química, por donación de la Fundación Rockefeller. El familiarmente conocido como Rockefeller se inauguró el 6 de febrero de 1932 en la parte que Juan Ramón Jiménez denominó la «colina de los chopos» y que continuó dirigiendo Cabrera. Pronto se dio cita en el Instituto toda una serie de investigadores en los campos de la física y de la química -Palacios, Catalán y Madinaveitia, además de los mencionados-que fueron semilla del nacimiento de nuevas escuelas de la física y la química españolas. Seguramente que no deja de ser importante la opinión que nuestro panorama científico, el reflejado por la junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, mereció a algunos científicos extranjeros que visitaron sus centros de investigación. Así, el presidente del International Education Board, Wickliffe Rose, visitó en 1923 las instalaciones de los laboratorios de la junta, y dos años más tarde lo hizo el director para Europa, el profesor de física Augusto Trowbridge. En el informe que este rindió acerca de la situación de los laboratorios madrileños hay, efectivamente, de todo; y, en este sentido, merece destacarse, de un lado, la buena aceptación general de los laboratorios de química de la Facultad de Farmacia, y, de otro, las pésimas condiciones de los laboratorios regulares de física y de química de la Universidad, que le llevaron a afirmar: «No he visto peores condiciones en ninguna parte en laboratorios universitarios». En 1926, otro representante de la misma Comisión Internacional de Educación, el físico Charles Mendenhall, visitó los laboratorios de la Junta y, en un detallado informe, muy personalizado, de sus actividades, señaló: ^Encontré en ellos un pequeño grupo de entusiastas y sorprendentemente bastante activos investigadores, instalados de manera absolutamente inadecuada y llevando a cabo su trabajo sin, por lo que pude ver, ningún apoyo local excepto el que procede de la junta. No es necesario detallar lo inadecuado de los actuales locales. No conozco ninguna institución en Estados Unidos en la que se estén realizando tareas comparables en locales tan primitivos y poco eficaces». Visiones que, con toda seguridad, no añaden nada nuevo a los criterios bien sabidos de cólno se amalgamaron, en nuestro primer cuarto de siglo, ilusiones y estrecheces, deficiencias económicas e incomprensiones políticas. Y no deja de ser admirable el espíritu de emulación de esos mismos pocos ya mencionados, cuando, algunos años más tarde, en agosto de 1933, en la Universidad de Verano de Santander, tuvo lugar una Reunión Internacional, PPCCT -2001: Dos Siglos de Ciencia en España preparatoria del IX Congreso Internacional de Química Pura y Aplicada, que habría de celebrarse en Madrid al siguiente año de 1934. A esta Reunión acudieron von Euler. Haber y Willstátter, al lado de los españoles Del Campo, Madinaveitia, Moles y Fernández. En algunos documentos de Willstátter, el famoso químico orgánico alemán mostraba sus remordimientos por lo que costaría al Gobierno su invitación para pronunciar una sola conferencia ante audiencias tan reducidas, aunque -aseguraba certeramente-¡más barato que incluso un solo cañón! Este mismo año 1934 visitó la Universidad de Santander Erwin Schródinger, creador de la mecánica cuántica ondulatoria, y de esta visita nació una cordial relación científica y amistad personal con Blas Cabrera, que se encuentra reflejada en el intercambio epistolar entre ambos recogido por Sánchez Ron (Cincel, martillo y piedra, Taurus, 1999). En una de estas cartas, escrita en castellano, el 28 de marzo de 1937, se preocupaba Schródinger por la situación de sus amigos españoles de esta manera: «(..) Excuso decir que estábamos muy inquietos por Vds. todos y muy afligidos por lo que se lee en los periódicos por todo este tiempo sobre la inefable desgracia de nuestra querida España. No nos atrevimos escribirles ya que en una época alborotosa como ésa nunca se puede saber qué efecto, tal vez desgraciado o siquiera molesto, vaya a salir de una carta llegando del extranjero (..) ¿Y qué tal, cómo I o pasan Vds.? ¿Qué se hará de su magnífico Instituto? ¿Hay alguna esperanza de volver Vd. allá? Me figuro que son estas las mismas preguntas que pone diariamente sin poder contestarlas. La segunda mirad del siglo XX No harían falta, con toda seguridad, los testimonios anteriores para probar que aquel embrión que intuía -o más bien deseaba-Blas Cabrera, ante el Rey Alfonso XIII, y como testigo singularísimo Albert Einstein, no pudo anidar en una matriz social que se resquebrajaría como consecuencia de aquella, benignamente denominada por Schródinger época alborotosa. El exilio de científicos coincidió con la creación, en 1939, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas -con el patrimonio de la junta y de la Fundación pars, la Investigación Científica y Ensayos de Reforma, creada en 1931-y con su pronta y decidida política de pensionar jóvenes científicos en el extranjero, siguiendo los pasos de la Junta. Fueron ambas circunstancias dos caras diferentes de la Ciencia española. Aunque, seguramente, cada una de ellas se comportó como un espejo que, de una u otra manera, deformaba la realidad interna de la Universidad, de la Ciencia y de la sociedad españolas. Angel Martín Munido sin embargo, y según los ambientes sociales que los rodearon, los papeles que cumplieron los científicos y profesionales exiliados, y los jóvenes científicos pensionados en el extranjero tuvieron un más que notable nivel intelectual y una notoria aceptación. Y las imágenes que ambos proyectaron en el exterior contribuyeron eficazmente a ir reconstruyendo, desde muy abajo, una moderna visión de nuestra ciencia y nuestras instituciones, que, si durante varias décadas, pudieron compensar los desajustes políticos, contribuyeron a la vez a cimentar la inflexión constitu-cional^ y a posibilitar una definitiva convergencia europea^. La Tabla 1 reúne las disposiciones legislativas más sobresalientes de la segunda mitad del siglo XX en orden a la política de la ciencia en España, y referentes a la creación de órganos de planificación y financiación, de centros de investigación y de regulación de la actividad científica y tecnológica. Medio siglo, pues, de sistemas de ciencia y tecnología que en el tiempo puede dividirse en dos periodos de un cuarto de siglo, abarcando el segundo de ellos, lógicamente, tanto la etapa constitucional vigente como el reinado de Don Juan Carlos 1. Cada uno de ellos se ha caracterizado por la creación y actividad de un organismo clave en la organización y planificación de la investigación: la Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica (CAICYT) (1958) en el primero; y la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología (CICYT) (1986) en el segundo. Y es de todo punto obvio que la organización estructural de las instituciones de la política de la ciencia de los años 60 y 70, y sus correspondientes funciones, hubieron de penetrar en las décadas constitucionales hasta que los Gobiernos sucesivos se enfrentaron con la reorganización del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología. En cualquier caso, la elaboración de un sistema de esta naturaleza ha de contar con los siguientes ingredientes: las instituciones científicas y educativas superiores; los centros públicos de investigación; la evolución de la financiación y la distribución de los recursos públicos, publicaciones y patentes; los recursos humanos; la participación empresarial; y la distribución disciplinar. El sistema español de ciencia y tecnología La existencia de los sistemas de ciencia y tecnología a escala nacional viene impuesta por la necesidad, en cualquier caso, del máximo aprovechamiento de los recursos financieros, al lado de a necesidad de establecer los niveles óptimos, las prioridades temáticas y las distribuciones sec-392 Angel Martín Munido toriales de la financiación pública, encaminados ala promoción del desarrollo de la nación. Si, en algunos casos, la abundancia de recursos financieros o la limitada extensión de las actividades científicas, permite que el ejercicio de la investigación vaya a su propio aire, de manera espontánea; las exigencias de las últimas décadas en cuanto al obligado rendimiento de las inversiones de todo tipo y a la necesaria expansión del desarrollo industrial, han conducido al diseño de modelos coordinados, con presupuestos globales, relaciones horizontales y programaciones negociadas. Y así, en el último medio siglo, el sistema español ha intentado el paso de un modelo más inexistente que espontáneo a otro, cabe pensar que con buenas intenciones, de coordinación. De ello fueron señal las creaciones anteriormente señaladas de la Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica, en 1958, y de la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología, en 1986. Todos los historiadores contemporáneos que se han ocupado del tema coinciden en señalar que, tras la evidente ruptura ocasionada por la Guerra Civil, la investigación científica en España estuvo marcada durante las dos o tres décadas siguientes por el desequilibrio entre la extrema languidez universitaria y la preponderancia político-científica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, creado en 1939 con la múltiple misión de general centros de investigación y, a la vez, fomentar y coordinar la ciencia. Y está claro a todas luces que la siembra abundante de Centros de investigación de múltiple naturaleza -bastantes de índole tan estrictamente académica como la de la propia Universidad-y la profesionalización de la actividad investigadora, promovidos por el CSIC, no corrieron paralelos con el papel asignado de institución coordinadora de la actividad científica en España. Y quizá por ello mismo, se sintió, tan pronto como en la década de los 50, la necesidad de un órgano de asesoramiento, coordinación y gestión, para el ejercicio de la política nacional de la ciencia. Así surgió la CAICYT en 1958, con limitadas pretensiones hasta la creación del Fondo Nacional para el Desarrollo de la Investigación Científica, dotado inicialmente con la testimonial cantidad de 100 millones de pesetas. Y al crearse, en 1963, con mayor rango administrativo y en busca siempre de la no lograda coordinación, la Comisión Delegada de Política Científica, integrada por Educación y Ciencia, Industria, Comercio, Hacienda, Obras Públicas y Comunicaciones, la CAICYT fue su instrumento de apoyo. Administrativamente adscrita la CAICYT a la Presidencia del Gobierno, tanto Ja sede física como PPCCT -2001: Dos Siglos de Ciencia en España la gestión y el gobierno de esta Comisión estuvieron siempre bajo el control del CSIC. A través de él se canalizaron los recursos que destinaron los Planes de Desarrollo al fomento de la investigación y el desarrollo tecnológico; se articularon los Planes concertados de investigación que promocionaron la conexión entre las empresas y los centros públicos de investigación; y se llevó a cabo, a partir de 1981, el primer planteamiento estratégico de la actividad científica mediante los Programas especiales y los Programas movilizadores, concebidos como conjuntos de proyectos de notorio interés socioeconómico y dirigidos a objetivos comunes, al estilo de la microelectrónica y la biotecnología. Durante más de un cuarto de siglo, el señuelo de la Comisión Asesora logró cubrir carencias esenciales de un incipiente sistema de ciencia y tecnología y mantener las actividades básales científicas y tecnológicas, tanto de los organismos públicos de investigación como de los centros universitarios. Sería injusto dejar de reconocer a la CAICYT como la institución que, todo lo tímidamente que se quiera, inició la etapa moderna de la planificación y la ejecución de la política de la ciencia y la tecnología en España. No logró -quizá tampoco lo intentaseincorporarse a la tarea de coordinación general. Tampoco lo había conseguido con anterioridad el CSIC, ni después lo lograría la Comisión Delegada de Política Científica, en la que el Ministerio de Educación y Ciencia tenía la cuota más elevada de responsabilidad, con el 50 por ciento de la gestión de los fondos procedentes de la Administración Pública dedicados a Investigación y Desarrollo, y el 75 por ciento de los recursos humanos implicados. Precisamente por esta situación, la Dirección General de Política Científica de este Ministerio se constituyó en el órgano máximo de ejecución del desarrollo armónico de todas las etapas del sistema -investigación fundamental, investigación aplicada, desarrollo e innovación-, su fomento y coordinación, y la puesta en marcha de programas prioritarios de investigación. En la Tabla 2 aparece la evolución de los porcentajes de I+D respecto del Producto Interior Bruto, así como la del personal investigador, durante toda la década de los 70 y parte de la de los 80. Aun con las reservas debidas a los cálculos de los anteriores porcentajes -dado que los gastos públicos relacionados con actividades científicas y tecnológicas no se recogen en epígrafes específicos de los Presupuestos Generales del Estado, y se corre el riesgo tanto de repetir, año tras año, los mismos valores, como de, al contrario, incluir en dichas actividades algunas partidas difícilmente asimilables a dichas actividades-, se evidencia cómo prácticamente se duplican en un decenio tanto las actividades de I+D como el nú-Angel Martín Munido mero de personal investigador. Aumento relativo muy significativo, aunque los valores absolutos permanezcan aún muy por debajo de aquellos a los que el país debe aspirar en razón a su demografía y a sus parámetros económicos; y aun cuando subsistan, y se insinúen de manera recurrente, las deficiencias estructurales y funcionales que afectan a los diversos sectores de la investigación española. Cuando se alcanzan estas fechas, iniciada la década de los 80, todavía las acciones y los correspondientes recursos se dispersan en organismos, solapantes unas veces e incomunicados las más, que entorpecen la coordinación de los recursos humanos, financieros e instrumentales, tanto del sector público como del privado, en el logro de objetivos comunes. Sin embargo, la imprescindible conexión entre la investigación científica y el progreso económico y social, a través del desarrollo tecnológico; el extra-PPCCT -2001: Dos Siglos de Ciencia en España ordinario aumento de los costes del conjunto de estas actividades, incluidos los medios humanos e instrumentales; y la necesaria relación con los sistemas educativos, los medios de promoción cultural y los de producción de bienes, obligaban en esos años a reinsistir en los tratamientos más adecuados para atacar la amplitud y la complejidad del proceso científico-tecnológico en España. Necesidades que se acentúan tanto ante la fi: agmentación administrativa ya en marcha del nuevo régimen autonómico, como ante los proyectos de coordinación europea que se avecinan; de un lado, por la multiplicación de organismos de planificación, financiación y ejecución de la investigación científica y técnica; y, de otro, por las características cada vez más globales de la creación científica y técnica, que exigen medidas más eficaces de coordinación institucional a escala nacional e internacional. Se siente, en resumen, la necesidad de reconstruir el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, sobre la base de recomponer las ftmciones de planificación, coordinación y ejecución de las actividades de investigación. Su objetivo seguirá siendo el que la ciencia y la educación españolas alcancen los niveles cualitativos y cuantitativos que se correspondan con los logros económicos y sociales. En este mismo periodo, al que corresponden los años incluidos en la Tabla 2, tuvo lugar la singular inflexión que supuso la inauguración, en 1979, de la primera legislatura constitucional (a continuación figuran solamente algunos retazos de la evolución del sistema español de ciencia y tecnología durante el último cuarto del siglo XX^, y la entrada en vigor de la Constitución, cuyo artículo 44.2 asegura 'que los poderes públicos promoverán la ciencia y la investigación científica y técnica en beneficio del interés general»; y cuyo artículo 149.1.15 atribuye al Estado la competencia del «fomento y la coordinación general de lo investigación científica y técnica». En esta primera legislatura, el 28 de noviembre de 1979, el pleno del Senado aprobó la creación de una ^comisión especial para el estudio de los problemas que afectan a la investigación científica española». Dictamen que fiíe aprobado en junio de 1982, y publicado en el B. O. de las Cortes Generales el 25 de dicho mes. En él se señalaba, una vez más, el mismo diagnóstico: los tradicionales defectos de la administración española -inflexibilidad administrativa y laboral, lentitud, ausencia de control de rendimientos, falta de competitividad en la asignación de recursos, falta de colaboración política entre ministerios, etc.-, agudizados por las exigencias propias y las urgencias debidas a los problemas de la investigación -recursos económicos escasos, solapomiento, cuando no enfrentamiento, entre instituciones, ausencia de coordinación entre organismos, formación, profesionalización, etc. En la corta andadura del Ministerio de Universidades e Investigación se reorganizó la CAICYT en el sentido de separar, de un lado, la función de fijación de prioridades científicas y criterios de evaluación y selección, atribuida a un Comité Científico y Técnico; y, de otro, la aplicación de dichas prioridades y criterios al seguimiento de programas y proyectos particulares, atribuida a un Comité Interministerial de Programación. En este periodo se iniciaron los programas especiales de I+D con la definición de prioridades de investigación. Programas que culminarían, años más tarde, con el Plan Nacional de I+D, Los programas de I+D, puestos en marcha en 1981, fueron uno de los primeros instrumentos para coordinar todos los elementos que integran el modelo lineal de innovación, desde la investigación básica hasta la innovación industrial, encaminados hacia objetivos de progreso socioeconómico. El RD de 29 de diciembre de 1981, al reorganizar las comisiones delegadas del Gobierno, creó la Comisión Delegada de Política Educativa, Cultural y Científica, integrada por los ministros de Presidencia, Cultura y Educación y Ciencia. A la vez, las funciones propias del desarrollo tecnológico y la innovación industrial quedaron separadas de las científicas, e incluidas en la Comisión para Asuntos Económicos. El 31 de agosto de 1982, el B. O. de las Cortes Generales publicó el proyecto de ley de «Fomento y Coordinación General de la Investigación Científica y Técnica», que ni siquiera llegó a discutirse en el Parlamento ya que justamente el mismo día entró en vigor la disolución de las Cortes, tras la convocatoria de elecciones generales para el 28 de octubre. Dicha ley, de pretensiones limitadas, se enfrentaba de nuevo con el diseño de una estructura institucional que soportaría la acción del Estado para lograr la adecuada financiación y coordinación de los centros ejecutores. El proyecto de ley concebía la existencia de una Comisión Nacional de Investigación Científica y Técnica, con la misión de elaborar el Plan Nacional de Desarrollo de la investigación y el Programa de actuaciones, orientador de las actividades de los Organismos Públicos de Investigación y administrador de los Fondos Nacionales destinados a este fin. Un Consejo Asesor de Investigación Científica y Técnica actuaría a manera de órgano consultivo permanente de la Comisión Nacional. En el mismo proyecto se disponían modificaciones en el régimen jurídico de los Organismos Públicos de Investigación, con el fin de facilitar su gestión económica y administrativa. Todo ello pudo servir, en el mejor de los casos, como ensayo general de posteriores intentos, ya bajo el Gobierno socialista resultante de las elecciones generales de 1982. A partir de esta fecha, las estrategias políticas se centran nuevamente en la búsqueda de una coordinación más efectiva. Otra vez se critican la dispersión, la falta de entendimiento y colaboración, y, en lógica consecuencia, el desaprovechamiento de los recursos económicos globales disponibles. Aunque también es cierto que cada vez se hace más complejo el sistema, tanto por las propias peculiaridades de las actividades científico-tecnológicas y su ensamblamiento con la función educativa y las fuentes de producción, como por las imprescindibles obligaciones que surgen de los cada vez más frecuentes programas bilaterales de cooperación científica y técnica, la participación en centros y programas específicos -CERN, EMBO, ESA, etc.-y la participación en foros multilaterales -ONU, OCDE, UE, etc.-. A partir del ingreso de España en la Comunidad Económica Europea -posteriormente la Unión Europea-, la aportación económica española a los presupuestos comunitarios para ciencia y tecnología es del orden de magnitud de los fondos dedicados a las acciones conjuntas de CAICYT y CDTI, aproximadamente el 20 por ciento del esfuerzo total del país en I+D. Situación que obliga a un mayor esfuerzo no solo de coordinación, sino de elevación de los niveles cualitativos del propio sistema, con objeto de hacer más eficiente el retorno económico. Y, nuevamente también, en el ecuador de la década de los 80, se replantean: 1. Las estructuras y mecanismos que posibiliten y obliguen a la coordinación de las actividades de investigación científica y desarrollo tecnológico. La reordenación competencial de las acciones institucionales en materia de planificación, ejecución y gestión de dichas actividades. La adecuación de los sistemas presupuestarios y de los reglamentos de los organismos ejecutores para facilitar todo tipo de flexibilidades, desde la ejecución del gasto a la de la movilidad de personal. El fomento de los mecanismos de colaboración entre las instituciones públicas de investigación y las entidades empresariales, para abordar conjuntamente programas de investigación científica e innovación tecnológica de interés económico e industrial. Desde estos presupuestos, ante estos viejos retos y con el propósito de hacer frente a esta situación, el Parlamento español aprobó el 14 de abril de 1986, la ley 13/1986 de Fomento y Coordinación General de la Investigación Científica y Técnica, En la propia definición oficial de la norma, tomada literalmente del artículo 149.1.15 de la Constitución, aparece definido su fin último. Se pretendía con ella la promoción de todas las actividades relacionadas con la investigación científica y el desarrollo tecnológico, a la vez que la instauración de los mecanismos de relación entre Angel Martín Munido todos sus agentes, administrativos, gestores y ejecutores, incluidas las empresas industriales. Ley que, en su artículo 6.1, estableció la obligatoriedad por parte del Gobierno de remitir a las Cortes Generales el Plan Nacional de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico, así como los informes y revisiones anuales del mismo. En la misma ley se determinó la constitución de la Comisión Mixta del Congreso de los Diputados y el Senado como órgano parlamentario especializado en política de la ciencia y como eslabón del sistema de la política de I+D, que habría de contar, como órganos fundamentales de coordinación y asesoramiento, con la Comisión Interministerial, el Consejo General de la Ciencia y la Tecnología y el Consejo Asesor. Como órgano de apoyo se creó en la ley una Comisión permanente con funciones de secretariado general de la Comisión Interministerial. Así pues, el Plan Nacional de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico constituyó el elemento central de la ley; el mecanismo básico de programación científica y de innovación tecnológica del sistema, alrededor del cual se habrían de nuclear los esfuerzos de coordinación y gestión: dotación de recursos humanos e instrumentales, redistribución de efectivos entre las distintas áreas del conocimiento, financiación selectiva y evaluación crítica de los recursos, mecanismos dinamizadores e integración en el sector empresarial. La Ley de Fomento y Coordinación General de la Investigación Científica y Técnica contempla, al lado de los Organismos Públicos de Investigación, a las universidades y a las empresas, como ejecutoras de los programas de investigación y desarrollo del Plan Nacional, al menos en los siguientes momentos: 1. Art9 4,»(..) fomentará la investigación básica en los distintos campos del conocimiento a través de una financiación regular que haga posible el mantenimiento y la promoción de equipos de investigación de calidad (...)»; 2. Art911.2, tos organismos, empresas é instituciones (..) podrán contratar personal científico y técnico para la ejecución de las actividades de investigación y desarrollo tecnológico (..) por un periodo máximo idéntico al del programa»; 3 Art9 5, «(..) fomento de la investigación científica y de desarrollo tecnológico en las empresas Al lado de las acciones de coordinación mencionadas, la ley trataba de establecer mecanismos de colaboración entre la administración central y la de las Comunidades Autónomas en materia de I+D. Con esta intención, las administraciones autónomas están representadas en el Consejo General de la Ciencia y la Tecnología, que establecerá las oportunas fór-PPCCT -2001: Dos Siglos de Ciencia en España mulas de cooperación, y podrán acordar con la Comisión Interministerial la inclusión en el Plan Nacional de aquellos programas que, en razón de su interés nacional, sean financiados total o parcialmente con fondos estatales. En el Consejo Asesor estarían presentes representantes de los agentes económicos y sociales. Desde el punto de vista presupuestario, la ley contempla la necesidad de elaborar un presupuesto global de la función de I+D del Plan Nacional, a propuesta de la Comisión Interministerial, la que, además, asignará los fondos de cada programa y designará el organismo encargado de su gestión. La Comisión Mixta Congreso-Senado -establecida en la disposición adicional 1-de la ley aprobó en la sesión del 27 de junio de 1988 (B. O. Cortes Generales, 9 julio 1988) el primer dictamen acerca de la ejecución de la ley. En este dictamen se recogen los siguientes datos: 1. Para el año 1987 se estima un índice aproximado del 0.72 por 100 del PIB como valor del gasto total de I+D. Incremento que no ha ido acompañado del crecimiento de la población activa dedicada a esta actividad. Los resultados anteriores reflejan la mejora en términos absolutos del crecimiento español, aunque siga ocupando uno de los últimos lugares en la inversión I+D, y a notable distancia respecto de países de nivel medio como Italia, 5. En cuanto a la distribución del esfuerzo investigador, el escaso rigor de las técnicas de recogida de datos dificulta la interpretación de los resultados. Cuantificación notablemente escasa por lo que a la participación empresarial se refiere en comparación con los datos de los países de nuestro entorno. Lo que unido al déficit de la balanza tecnológica y al escaso número de patentes nacionales registradas y aplicadas, muestra la escasa incidencia de la investigación científica sobre el sistema productivo. La presencia de España en la CEE ha introducido nuevos factores de competitividad, tanto en la participación del diseño de los programas comunitarios de I+D, como en la recuperación de fondos por parte de nuestro sistema investigador. Si la organización autonómica del Estado contribuye a aumentar los recursos públicos destinados a I+D en el conjunto del país, plantea a la vez nuevos problemas a la necesaria planificación general del sistema científico-técnico. A la luz de estos planteamientos, el dictamen parlamentario de 1988 señaló una serie de objetivos estratégicos de la política nacional de ciencia y tecnología, que se refieren a la intensificación, y corrección en su caso, de cada uno de los puntos anteriores. Asimismo, considera el dictamen que la naturaleza révisable del Plan Nacional permitirá introducir Angel Martín Munido mejoras sustanciales en versiones futuras. Y con objeto de introducir estas necesarias mejoras se adoptaron las siguientes resoluciones: 1. Orientación del gasto hacia IsiS prioridades nacionales. Previsión de alcanzar en cuatro años el porcentaje del 1.2 del PIB dedicado a I+D, alcanzable sobre la base de multiplicar por un factor de 12 los fondos de que disponía la CAICYT en 1987, y por un factor de 2.5 los fondos de origen sectorial que se dedicaron en 1987 a las actividades priorizadas por el Plan. Conexión de los programas nacionales y sectoriales con los programas horizontales como el de formación de personal investigador, al que se dedicarían los cuatro años siguientes unos 15 000 millones de pesetas. Falta de promoción de las áreas relacionadas con la calidad de vida y mayores previsiones de fondos para nuevas acciones, en especial energías, ambiente y salud. Desarrollo de cuantas medidas sean necesarias para promover la contratación de jóvenes investigadores por las empresas. Máxima coordinación y coherencia de las representaciones españolas en los programas y convenios internacionales sobre I+D. 7. Establecimiento del adecuado sistema de criterios e indicadores que reflejen con la mayor objetividad el grado de realización de los objetivos perseguidos. Refiriéndose a las mencionadas iniciativas de la ley 13/1986 y a las acciones que de ella derivaron, y sin que pueda resultar ajeno el dictamen parlamentario acabado de señalar, bajo el epígrafe «Una primera valoración del proceso», la opinión del ex presidente del CSIC Emilio Muñoz, vista desde el panorama de 1997, sostiene: «Como fruto del programa de reforma del sistema español de ciencia y tecnología se han alcanzado algunos logros, pero otros se han quedado claramente en el camino». Y, entre una colección sistematizada de conclusiones, afirma: X-..)los años noventa han sido particularmente críticos a este respecto; la coordinación experimentó un retroceso con el resurgimientp de los conflictos competenciales entre ministerios -Educación y Ciencia e Industria y Energía, ejemplifican esta situación-(..) Consecuentemente, la desconexión entre el proceso científico y el desarrollo industrial se ha agudizado. Las empresas innovadoras han visto aumentar su escepticismo ante las dificultades del diálogo entre científicos y técnicos del ámbito académico y sus colegas del ámbito empresarial. El proceso de institucionalización no ha experimentado grandes procesos. Con un ambiente sociopolítico dominado por la idea cZeMaissez faire»; cada Institución, cada Organismo, cada Instituto o, incluso, cada grupo, persiguen su supervivencia sin entrar en estrategias de acción colectiva o en la búsqueda de éxitos solidarios y basados en una plataforma común de objetivos y me-PPCCT -2001: Dos Siglos de Ciencia en España dios». Y en relación con los indicadores de la salud del sistema, se recogen los siguientes datos: «El nivel de desarrollo se sitúa en el 2 por 100 del PIB como reflejo del esfuerzo económico y con un potencial humano del 5-6 por 7000 de población activa. La crudeza de los datos a lo largo de la historia en siglo ha puesto de relieve la marginalidad de la ciencia y la tecnología para la sociedad española. España inicia y termina el despegue desarrollista de los 60 con un 0.3 por 700 del PIB destinado a I+D, y con la proporción más baja de trabajadores de este sector entre los países de OCDE, alrededor de 7por 7000 (..) El programa de reforma del PSOE de los años 80 se fijó el objetivo del 1 por 700 como modesto, aunque esperanzado Eldorado, pero ese objetivo no se ha alcanzado. Opinión soportada por los datos que se reúnen en la Tabla 3. La Figura 1 muestra la evolución del porcentaje del gasto ejecutado de I+D durante la década de los 80; y la Figura 2 muestra la evolución de dicho gasto, distribuido entre los sectores público y privado. Así, resulta que, en esta década, mientras el gasto total se ha multiplicado aproximadamente por 6, el porcentaje del PIB lo ha hecho solamente por 2. Sin embargo, mientras que en la evolución de los parámetros anteriores no parece existir relación alguna con la organización de la ciencia, en la Figura 3 aparece la evolución del número total de becarios de investigación con una clara inflexión en 1986, año en el que tuvo lugar la creación de la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología. Y en esta realidad, que pudiera parecer -y quizás lo sea-un contrasentido, radica la singularidad de nuestra situación. Los problemas no solo subsisten sino que, obviamente, se incrementan por la sencilla razón de que su gravedad aumenta al crecer la calidad -o la cantidad, o ambos de sus propios ingredientes, tales como el número de investigadores, el nivel de los recursos económicos utilizados y la falta de adecuación de las instituciones tanto en cuanto al marco propio de sus actividades como al ejercicio de la función correspondiente, Y esto sucede porque, a pesar de todo lo dicho, es un hecho totalmente probado el aumento considerable de la calidad de la ciencia española, y, entonces, las exigencias planteadas sobrepasan con creces las de tiempos anteriores con inferiores niveles. Son, por tanto, estas superiores exigencias las que hemos de plantearnos con el objetivo inmediato de que sea precisamente la política de la ciencia la que solucione los problemas de esta -unos los de siempre, y otros nuevos-, y aupe hacia la excelencia a sus centros, a sus coordinaciones y a sus objetivos. Y, en lógica consecuencia, deje la política de la ciencia de ir al arrastre de las necesidades que exigen nuestros condicionamientos científicos, económicos y sociales. Es decir, que, al contrario, sea la auténtica política de la ciencia la que gobierne y dirija los avances de todo tipo porque «los progresos econó-
económicos y sociales, que contribuyen en cada momento a la idea misma de bienestar, la que supone el acceso a la sanidad, la nutrición, la energia, las comunicaciones, los nuevos materiales y, obviamente a la cultura. Y, así, nos encontramos con que la idea de calidad de vida subroga su complejidad a la de cada uno de sus componentes primarios, por ejemplo, ciencia, tecnología y cultura. Y, a su vez, la idea misma de cultura es capaz de abarcar una gran diversidad de conceptos. La idea más amplia de todas es la que resulta de la consideración de las características universales de la especie humana, mientras que la más reducida vendrá definida por las características individuales de la persona. Y, entre ambos extremos, puede considerarse un conjunto de creencias, valores, razas, lenguas, comportamientos, rasgos políticos, hábitos alimentarios, etc. que son compartidos por miembros de un grupo a diferencia de los de otros grupos. Lo que posibilita el hablar de cultura cristiana, cultura occidental, cultura urbana y rural, cultura popular, cultura del consumo y del ocio, y tantas otras modalidades de cultura. Con esta idea, en su ensayo Towards a global culture, Smith afirma: «Una identidad cultural significa la continuidad de sentimientos y valores, memorias compartidas de hechos y personajes que han sido puntos de inflexión de una historia colectiva, y un sentido de destino común a lo largo de las sucesivas generaciones de una unidad de población... «. Sin olvidar que cada sistema cultural existe en un habitat social determinado que, a su vez, ejerce una influencia sobre el propio sistema cultural. Sistemas socioculturales en su conjunto, que, a través del tiempo han ido evolucionando y difundiéndose. Y a medida que la cultura evoluciona, los sistemas socioculturales se diferencian estructuralmente desde lo simple a lo complejo; se produce una especie de reordenación en la que toman parte la educación y el progreso científico. En cuanto a la iniciación de las relaciones ciencia-educación-cultura, hace pocos años que en un artículo aparecido en los Comptes Rendus de la Academia de Ciencias de París se podía leer: «La ciencia es tan antigua como la conciencia, ella nació el día en que el hombre, por primera vez, dedicó un instante a la observación de una gota de agua, de leche o de sangre, de un trozo de piedra, de piel, de fruto, y cuando a este propósito se plantea alguna cuestión. Y, después, cuando el hombre confía sus interrogantes a otro, crea la información, su reflexión y transmisión constituyen la cultura». Y desde aquella simple observación inicial de la naturaleza por el hombre, hasta la utilización de los conceptos actuales de la ciencia y de la técnica, ha ido surgiendo en cada momento su particular manifestación cultural. De tal forma que ciencia, tecnología, cultura y sociedad son va- No hay hecho o circunstancia del hombre que no tenga un carácter rigurosamente histórico. Y así sucede con las ideas de cultura, de ciencia y de tecnología; con las relaciones de la ciencia con la filosofía primero y luego con la consideración global de la cultura; con la manera en que la sociedad se percata de los beneficios de la ciencia y de la técnica; y con cuanta consideración política, económica o social intenta fomentar el progreso de los ciudadanos. Todos los conceptos, ya aislados ya en sus relaciones, hay que entenderlos desde sus orígenes y a partir de la múltiple naturaleza de los cambios que han experimentado a lo largo de los siglos. O de otra manera, ¿en qué forma, como en muchos sucesos físicos, la posición, la vida misma del observador, afecta a la medida del fenómeno? Posición en el tiempo -en la historia, pues y en la escala social de cada momento. Si acudimos a la literatura social en busca de contextos, Aldous Huxley, en 1932, imaginó en Brave New World «un mundo estable con gentes felices, que tienen lo que desean y no aspiran a lo que no pueden poseer; gentes felices y sanas que han de escoger entre esta fortuna o elevar su nivel (...) que no desean cambiar porque cada cambio es una amenaza a su estabilidad (..) porque la ciencia es peligrosa e incompatible con su felicidad y hay que mantenerla bien encadenada...». Hace prácticamente tres cuartos de siglo había gentes felices, pero con una felicidad incompatible o, al menos, ajena a la ciencia. Se trataba de gentes felices a su manera porque el nivel de su calidad de vida se encontraba flotando -quizá sin darse cuenta-en el conjunto de ingredientes científicos, PPCCT -2002: La Comprensión Social de la Ciencia riables de una ecuación compleja que dura ya bastantes miles de años, cuya resultante es la evolución cultural o sucesión de culturas humanas en la que el periodo de ritmo va siendo cada vez más corto, y en la que, asimismo, el cambio de las estructuras sociales tiene una interpretación fundada en los avances científicos y tecnológicos. Dentro de estas ideas, debe reconocerse que a las terribles pandemias medievales que diezmaron la humanidad, se unieron las pandemias contra la incipiente ciencia por parte de la iglesia, los monarcas y la literatura, que lanzaron sus condenas y sus sátiras sobre los alquimistas; y que, sin embargo, las epidemias de terribles enfermedades como la viruela y la poliomielitis no hayan podido ser controladas hasta nuestros mismos días, en que el clima intelectual del mundo civilizado está modulado por la ciencia y el conocimiento científico sea la clase más respetada de conocimiento. La imagen actual del mundo de la gente culta viene conformada por los descubrimientos científicos y tecnológicos, de forma que se habla de la imagen científica del mundo. De un mundo en el que las apetencias generalizadas de una sociedad de consumo material e intelectual provocan las estrategias científicas y técnicas de las naciones, las instituciones y las empresas; todas ellas cada día más conectadas entre sí y entreveradas por sistemas mediáticos prácticamente uniformes que ponen en relación fácil las sociedades y las opiniones públicas. Un mundo en el que el hombre está ya embarcado en un proceso irreversible pero modulable; en el que el hombre es consciente de las consecuencias del avance científico y buen conocedor de las finalidades que se persiguen. Modulación que, a su vez, puede consistir en seleccionar, orientar y encauzar el progreso científico hacia el mejor rendimiento de su actividad social. Este progreso integral, el desarrollo, va a entrañar riesgos, inevitables unos que hay que valorar y atenuar al máximo; y salvables otros que pueden evitarse mediante normas sociales y de gobierno. Angel Martin Munido tinguir el ideal de progreso como tendencia al incremento de bienestar social y material del hombre, del progreso del conocimiento en su conjunto y del progreso particular de las ciencias y sus aplicaciones. Este progreso del conocimiento, con sus ritmos y sus altibajos, va a ser incesante e inevitable; y por sus efectos culturales y por sus aplicaciones contribuye poderosamente al progreso general de la humanidad. Ocurre también que cada tiempo, cada época, con sus gentes y sus guerras, gobiernos, influencias y prejuicios, imprime una resultante sobre las perspectivas de futuro, y, obviamente, sobre la aceptación social y cultural de la ciencia, o si queremos, sobre la comprensión pública de la ciencia y de la técnica, a cuyo estudio vamos a dedicar esta intervención. Porque hoy, esta comprensión está rellena de importantes facetas tanto de naturaleza científica como política y social; su estudio abarca una amplia colección de cuestiones al estilo de las relaciones ciencia y público, y las de científicos y no científicos; los conceptos de público y de opinión pública; y las maneras de incidir en ella como los programas educativos y los de popularización de la ciencia, su necesidad y las características de estos acercamientos. Porque hoy, para estimar el valor de la innovación, el público hace un balance entre la utilidad y sus riesgos. De aquí la necesidad de echar una ojeada, por muy somera que sea, a la evolución histórica de la ciencia y la tecnología, y la de sus relaciones con la filosofía y la cultura; y, además, a los hechos más sobresalientes de la ciencia acaecidos en los últimos siglos tras la aparición de la ciencia moderna. Y, coincidente con todo ello, la transformación de la ciencia y la tecnología en poder político y militar de los Estados, va a afectar a las relaciones internacionales económicas y políticas. Hechos que tampoco van a ser ajenos a la elaboración conceptual de la comprensión publica del fenómeno. Raíces de la Tecnología Pocas dudas pueden existir hoy acerca de la antigüedad de la relación del hombre con el hombre en la transmisión de conocimiento, y de cómo se vería influida por los procedimientos que, muy distantes aun de la ciencia, tras la revolución del Neolítico tuvieron ya un primitivo carácter tecnológico. Fue el de los métodos, utensilios y recipientes para la elaboración y conservación de los alimentos, el del paso de la recolección a la producción agrícola y a todas aquellas prácticas relacionadas con el aposentamiento estable y sedentario de pequeñas poblaciones en el territo-PPCCT -2002: La Comprensión Social de la Ciencia rio. Estos cambios sociales, hace diez o doce mil años, forzaron las artes culinarias y se vincularon a diversas prácticas biotecnológicas. Más cercanas, las grandes civilizaciones de la Antigüedad, aun varios milenios antes de Cristo, dejaron documentos, pinturas, tradiciones y mitos acerca de las fermentaciones utilizadas en la obtención del pan, el vino y la cerveza. Y también desde antiguo, el hombre sintió el impulso de explorar el universo y su propia naturaleza. Así pues nació la primera manifestación cultural de la humanidad fue indudablemente de naturaleza tecnológica, con lo que nació la tradición intelectual de la tecnología; y a la par, como consecuencia inmediata, la manifestación cultural fue también artística. Si, efectivamente, el hombre tuvo que movilizar toda su inteligencia con la que asegurar su subsistencia frente a un ambiente por completo hostil, cabe pensar que la naturaleza humana tuvo también que sentir la necesidad de exhibir su espíritu creativo. De esta manera, desde los balbuceos mismos de la civilización, el deleite sensual de la cultura artística se mostró en equilibrio con el sentido utilitario de la cultura tecnológica. A este propósito, Christian Langlois, miembro de la Academia de Bellas Artes de Francia, ha escrito: «En la variedad de razas, de etnias y de pueblos, el hombre ha conocido las más diversas condiciones; de la extrema miseria a la opulencia, de la dulzura de la vida al reino de la ferocidad, ha conocido los éxodos y las masacres, los cataclismos terroríficos y las epidemias exterminador as, la dominación y la esclavitud. Pero, jamás, aun en los peores momentos de su historia, se ha prescindido del arte y de la belleza». Y es que, en efecto, a lo largo de la historia de la humanidad, lo útil y lo bello vienen tomando parte de la evolución cultural y social. Y, desde los primeros balbuceos de la ciencia, el desarrollo corre paralelo a la marcha de la sociedad. Desde ellos, la ciencia cointerpreta, al menos, la posición del hombre en el universo y es ingrediente esencial a la fábrica de la cultura, su arte, su literatura, su ética y sus instituciones sociales. En esta consideración que estamos abordando acerca de la comprensión social de la ciencia resulta imprescindible el examen de la situación de la ciencia en la totalidad de la cultura y, particularmente, sus relaciones con la filosofía. Y a este respecto hay que señalar como la mayor conexión entre ciencia y filosofía el ejercicio simultáneo de ambas, porque 410 -afirmó el filósofo francés Paul Ricoeur-«Za filosofía se agota en sí misma cuando pierde el contacto con las ciencias (..) y cuando la filosofía no dialoga con las ciencias se repite a sí misma (..) y se recluye en un debate sobre su propio pasado». Pues bien, en el centro de este primer círculo de relaciones estrechas entre el filósofo y la ciencia, en el que el filósofo es a la vez creador de ciencia, encontramos a Aristóteles, al que acompañarían después Descartes y Leibniz, y, más recientemente, Russell y Whitehead. Hubo otros que sin cultivar expresamente la ciencia se aplicaron a conocerla desde dentro para poder construir sus elaboraciones metafísicas o reales, la materia, el universo o la vida. Así, Kant utilizó la ciencia de Newton; Comte se sirvió de diversas ciencias de su tiempo; Schelling estudió en Leipzig matemáticas, química, botánica y fisiología, que fueron la base de sus obras físico-naturales; Bergson fue buen conocedor de las teorías biológicas y cosmológicas; y, recientemente, así han actuado Zubiri, Merleau-Ponty y García Bacca. En efecto, ciencia y filosofía formaron durante bastantes siglos una unidad cultural que resistió a su fragmentación, y de la que, en el siglo IV aC, Aristóteles recopiló el saber científico de la época, lo mismo en la clasificación sistemática de los seres vivos que en el desarrollo embrionario, los cambios evolutivos, el movimiento de los cuerpos celestes o la lógica matemática. Saberes que alcanzan su mejor trascendencia al contemplar su permanencia, durante 19 siglos -hasta Galileo-, durante 22 siglos -hasta Darwin-, o durante 24 siglos -hasta Boole-. A Aristóteles acompañaron en el establecimiento y conservación de esta unidad, entre otros. Tales de Mileto en el siglo VI aC, polifacético investigador de la naturaleza, realizó demostraciones astronómicas y estudió por primera vez el magnetismo; Pitágoras filósofo, matemático y astrónomo, descubrió el teorema que aun conserva su nombre, demostró la esfericidad de la Tierra y situó la teoría de los números en el centro de la filosofía, buscó el secreto y la armonía del universo en las relaciones numéricas entre sus componentes; Empédocles anticipó la moderna teoría de la evolución al proponer que el nacimiento de los seres vivos se originó en los organismos inferiores a los que siguieron los superiores, primero las plantas, y luego los animales y los seres humanos, y reunió la teoría de los cuatro elementos -fuego, agua, aire y tierra-; Demócrito aseguró que los átomos diferían entre sí físicamente y en esta diferencia había que buscar la explicación de las distintas propiedades de las sustancias, de forma que estos diminutos corpúsculos indivisibles, inalterables, de tamaño y peso diferentes, son el fundamento de las cualidades de las cosas. Y Platón se interesó por las abstracciones matemáticas a las que consideró la forma PPCCT -2002: La Comprensión Social de la Ciencia más elevada del pensamiento; en el Timeo expuso la filosofía de la naturaleza al reseñar el origen de los seres naturales, desde los cuerpos celestes a los seres vivos de la Tierra. Con lo que pudo Platón afirmar en La República: «El estudio de las ciencias a las que hemos pasado revista -aritmética, astronomía, geometría (..)produce exactamente los mismos efectos: eleva la parte más noble del alma a la contemplación más excelente de todos los seres». Todo lo que, en sus comentarios sobre el mito de la caverna en Platón (La sourcegrecque, 1953), ha hecho exclamar a Simone Weil: «Grecia ha tenido una mística cuya contemplación se apoya en las relaciones matemáticas». La influencia de la filosofía aristotélica fue escasa durante la primera Escolástica, y no alcanzó su apogeo hasta la alta Escolástica en que se hizo accesible a la Europa cristiana a través de las traducciones árabes a lo largo de los siglos XII y XIII. Los siglos iniciales de la Edad Media contemplaron la labor de los primeros Padres de la Iglesia empeñados en armonizar la filosofía griega y la ciencia alejandrina con la fe cristiana. La influencia de Aristóteles va perdiendo gradualmente su predominio; casi nadie se acuerda de él en el s. VI, y durante siete siglos apenas si fueron tenidos en cuenta algunos comentarios sobre su Lógica, No deja de ser cierto asimismo que la exagerada actitud escatológica de la patrística, con el fin del mundo a las puertas, la venida inminente del reino de Dios y los misterios del juicio, favorecían bastante poco el deseo de investigar la naturaleza. A propósito de lo cual decía San Ambrosio que la esperanza de la vida futura no puede edificarse sobre la naturaleza y la posición de la Tierra. Aún bajo la debilitada influencia aristotélica, la vinculación de la ciencia a la filosofía se conservó en la época árabe merced a la obra de los cordobeses Averroes y Maimánides. Y en el seno de los largos siglos de decadencia europea, sobresale el enorme esfuerzo asimilador de los dominicos Alberto Magno y Tomás de Aquino, en el s. XIII, en el redescubrimiento de Aristóteles. Los escritos de Alberto Magno, editados completamente en 1651, en Lyon, alumbraron la totalidad de la filosofía aristotélica a sus contemporáneos, y recogieron y adaptaron todos los conocimientos científicos de su tiempo al pensamiento cristiano medieval además de su propia obra en los campos de la química, la botánica y la zoología. Fue Alberto Magno el pensador de mentalidad más científica que produjo la Edad Media; continuador de la obra embriológica aristotélica, su preocupación crucial fue definir el momento en el que el alma entra en el embrión -lo que tampoco sería mal asunto para nuestros mismísimos días-. Sin embargo, el tomismo no se hizo cargo tanto de la 412 Angel Martín Munido prolongación de la obra científica de Aristóteles como de integrar sus categorías bajo una perspectiva teológica con elementos de Platón y San Agustín. En este momento conviene ya señalar que, a pesar de la gran unidad de origen, la ciencia, aunque tímidamente, comenzó a liberarse de la filosofía y a desarrollarse de forma independiente desde sus iniciales desarrollos. Así, el nombre de Euclides está ligado a la geometría y fue el matemático más importante de la Edad Antigua, al lado de Apolonio y Arquimedes, Hiparco, en el s. II aC, midió la distancia y el tamaño del Sol y la Luna. Dioscórides, en el s. I, viajó con el ejército romano de Nerón y recopiló en cinco libros la primera farmacopea sistemática con el nombre de De Materia Medica. El médico griego Galeno, en el s. 11, fue la primera autoridad en anatomía cuyo prestigio conservó hasta los tiempos de Vesalio en el s. XVI. Zásimo, el primer alquimista griego, dejó en el s. IV, en 28 libros, el saber alquímico de la Antigüedad. Y en la escuela de Alejandría, el matemático Diodoro distinguió las matemáticas de las ciencias de la naturaleza. PPCCT -2002: La Comprensión Social de la Ciencia Tampoco esta situación facilitó los avances que la aún alquimia permitía. Todos a una lanzaron sus sátiras y sus condenas sobre los alquimistas. La Divina Comedia les tortura en las regiones más profundas del infierno y son ridiculizados en los Cuentos de Canterbury. Enrique IV de Inglaterra y Carlos V de Francia promulgan edictos contra ellos, persiguen sus prácticas e incautan los instrumentos de sus operaciones. En 1317, el Papa Juan XXII decretó que la alquimia fuese prohibida y castigados los que la practicasen y considerados criminales si no pudieran satisfacer las penas económicas impuestas; los clérigos perderían todos sus beneficios y serían inhabilitados para percibir cualquier otro. Ejemplos palpables de la situación que la época ofrecía en cuanto a la más distinguida comprensión pública de la ciencia. Orígenes de la Ciencia Moderna Seguramente que es este el momento para sacar a relucir el comentario de Eugenio D'Ors en su obra La Civilización en la Historia, cuando afirma: Y/ Renacimiento, a la vez que intensifica la actividad científica del hombre y hace adelantarlos conocimientos de la ciencia, rompe su unidad. De todo e/ saber, la Edad Media como la Antigüedad formaban una síntesis: tan Filosofía era entonces la Astronomía como la Botánica (..) Y es que la actividad científica del hombre nace de dos fuentes: una, el libre juego de la curiosidad, que tiende a averiguarlo todo, a observarlo y experimentarlo todo; y, sin curar de que las adquisiciones logradas por observación y experimentación sean racionales o bien absurdas, opera como un francotirador de la ciencia y le trae, cuando se ejerce libremente, un rico botín; otra fuerza, la ordenación del saber en conjuntos homogéneos, su unificación racional, lo que llamaríamos su legalidad». De todas formas, la mejor contribución de la época a la construcción de la ciencia moderna, que ya se vislumbraba, fue el empleo de las matemáticas en la cuantificacion de los fenómenos naturales y la promoción de la ciencia experimenta/ por encima de las construidas sobre la mera especulación. Y puede asegurarse, con Crombie, que toda la historia de la ciencia europea de los siglos XVIy XVll puede considerarse como la historia de la penetración gradual de las matemáticas, al lado de la metodología experimental, en los dominios que se pensaba pertenecían antes de modo exclusivo al dominio de la física. La idea de que solo lo que es calculable matemáticamente aporta un conocimiento claro surgió como consecuencia de las nuevas teorías. Un conocimiento perfecto, aseguraba Kepler, debe ser matemático; y, en efecto, los éxitos alcanzados por el método matemático se acomodaban a una cierta estructura matemática de la naturaleza. La publicación en 1543 de la obra de Copérnico De revolutionibus orbium coelestium contribuyó grandemente a la crítica de la concepción aristotélica del universo. Las ideas de Kepler se fundaron en la regularidad armónica del universo y la sujeción a leyes de todo lo creado. Clímax antiaristotélico que se alcanzó con Galileo, al medir la velocidad de caída de los cuerpos y al rechazar el estudio de la esencia de las realidades concentrándose en una descripción de los fenómenos y advertir que el comportamiento de las cosas depende de su estructura geométrica. Hobbes se dedicó a construir un nuevo sistema del mundo basado en la teoría de Copérnico; y, en oposición directa a Aristóteles, estableció una fractura entre el pensamiento y la realidad. Las categorías del ser desarrolladas por Aristóteles no eran sino artilugios verbales, y nunca una clasificación irreductible de las realidades de la naturaleza. No deja de ser notable -y hay que reiterarlo-que la misma filosofía que 20 siglos antes, en manos de sus cultivadores, acaparó la casi totalidad de la observación en la incipiente ciencia y consolidaba aquella extraordinaria unificación cultural, fue después la que, en otras manos ciertamente pero al igual cultivadoras de ambas, filosofía y ciencia, iba a contribuir a liberar a la ciencia de sus cortapisas y a crear el pensamiento racionalista. Ello fue así merced a la influencia ya mencionada del método y las doctrinas de Descartes (1596-1650) y del optimismo universal de Leibniz (1646Leibniz ( -1716)), y gracias a la introducción en la filosofía de los modos y las demostraciones matemáticas, a la vez que los descubrimientos de la naturaleza se aliviaban de las doctrinas filosóficas y religiosas. Descartes tiene un puesto entre los matemáticos de todos los tiempos, sobre todo por el invento de las coordenadas y de la geometría analítica. Con posterioridad, ya en pleno s. XVHI, Kant (17241804) introdujo la idea de una construcción dinámica de la materia, mostrando como esta, en sus diversas manifestaciones, es resultado del equilibrio entre las dos fuerzas fundamentales y universales de la atracción y la repulsión. Bajo esta hipótesis dinámica resulta rechazada la existencia de los átomos y la concepción atomística del espacio. Para Kant no hay más ciencia que la física; la biología, la química y la medicina quedarán PPCCT -2002: La Comprensión Social de la Ciencia limitadas como saberes no científicos, cuyos fenómenos no resultan explicables por los principios generales de la física. Kant no piensa la cuestión de la vida en el seno de las ciencias de la naturaleza. Schelling recogerá en su totalidad la concepción kantiana y da un paso adelante preguntándose por el origen de estas fuerzas, o lo que es igual por el de la materia. Tras este desamarre y esta desvinculación, la ciencia va a desenvolverse a sus propias expensas, y tiene, de un lado, que cuajar sus propias doctrinas, y, de otro, organizar sus propias instituciones de investigación y administración, y las relaciones con su entorno social. Y en la transición al s. XVII, Francis Bacon, que no descubrió ni inventó nada, proclamó simplemente que la ciencia podía salvarnos, y con su obra Novum Organum fue, en 1620, el preceptista de la ciencia experimental moderna. Aunque solo fuera en esbozo. Bacon dejó preparado el terreno para el ulterior desarrollo del cientificismo. «,..Una vez los hombres -aseguraba Baconsupieran cómo funcionaba la naturaleza, podrían explotarla en su propio beneficio, superarla escasez con innovaciones científicas en la agricultura, superar la enfermedad con la investigación científica en medicina, y mejorar la vida del hombre en general mediante todo tipo de avances en tecnología e industria». Sucedió, pues, que, entre unos y otros, fue rechazada en las ciencias naturales su componente de filosofía aristotélica de la naturaleza, como lo serían después sus concepciones filosóficas relativas a las realidades materiales. Las razones de este vuelco fueron, entre otras, la existencia de errores manifiestos en la cosmología de Aristóteles y la aparición de una nueva imagen del mundo con el Sol como centro del Universo; las formas sustanciales que ocupaban un lugar central en la teoría aristotélica de la naturaleza hubieron de reemplazarse por la teoría atómica. Ya en la segunda mitad del s. XVII tuvo lugar la introducción con Newton del cálculo infinitesimal, herramienta definitiva en la metodología científica moderna; aunque el mismo Newton dedicara más tiempo a la investigación química que a la física que le hiciera famoso. En cualquier caso, con Newton se penetra en la ciencia natural moderna, aunque titule todavía su obra fundamental Philosophiae naturalis principia mathematica. Constituye esta época del s. XVII un momento en el que aun no se ha descubierto el oxígeno; la revolución de la química a manos de Lavoisier está a casi un siglo de distancia; y, sin embargo, es válida la teoría del flogisto para, a pesar de su falsedad, coordinar un gran número de fenómenos diversos. El desarrollo de este nuevo espíritu científico, origen de la ciencia moderna, no fue, pues, una simple cuestión de cantidad de conocimiento, sino consecuencia de la aparición cualitativa de un parámetro decisivo: la manera de distinguirla verdad del error. Y dado que la ciencia se establecía sobre la base inatacable del hecho experimentalmente verificable, la confusión y la duda fueron dejando paso a la creencia de que lo desconocido era tan sólo lo que aún no había sido descubierto; y, poco a poco, fue tomando cuerpo la convicción de la capacidad del hombre de manejar su propio destino. Y así, este nuevo espíritu científico iba a permitir la revolución científica de la segunda mitad del XVIII -en particular la revolución de la química-, el mayor cambio de pendiente en la actitud cultural de la humanidad tras la revolución neolítica. La interpretación de la combustión, la respiración y la producción de calor, basadas en la nueva teoría del oxígeno, trastocaron el pensamiento científico que urgió el inmediato desarrollo de la química y la biología. A la vez, las fermentaciones, cuyos entresijos tanto habían desesperado a la humanidad, pudieron esclarecerse en su naturaleza biológica y sus transformaciones químicas. El gran debate sobre la naturaleza de las fermentaciones estuvo siempre en el trasfondo que engarzó la Ilustración con la revolución industrial del s. XIX y con sus corolarios, el capitalismo y la industrialización. Además de las nacientes aportaciones científicas, el nuevo espíritu tuvo otras consecuencias que añadir al entorno social de la época. La ciencia logró convertirse en la única beneficiaria de la razón; o, de otra manera, fuera de sus límites sólo permanece lo irracional. Y, desde entonces, lo racional y la ciencia forman un poderoso universo; un universo que llegó a usufructuar el poder político, que logró extenderse sin fronteras, que venció a fanatismos y religiones. La ciencia llegó a conformar un hecho social íntegro que se tradujo en su acercamiento en bloque al poder. Y en palabras del historiador francés Michel Serres, «...desde las matemáticas a la economía pasando por la física, la química, la historia natural y la medicina, toda la ciencia se introduce de golpe en la política, no individualmente sino en bloque (..) De la ciencia surge de pronto un bloque que se prepara para hacerse con todos los puestos; los sabios piensan, viven, actúan, dentro de un colectivo que obedece a sus propias leyes. Nadie pone en duda que este fenómeno se ha ido preparando lentamente durante dos siglos para acelerarse al final (...) En nombre del saber, la ciencia tiende a convertirse en un hecho social íntegro». Angel Martin Munido ta revolución en los métodos de enseñanza; no permitirá a los profesores de química desviarse de la línea de la naturaleza y ellos tendrán que rechazar la nomenclatura o seguir irresistiblemente la trayectoria delineada». España y la nueva ciencia Esta revolución de la química atrajo ya a la incipiente política científica de otros países para llevar a cabo en Francia ampliación -quizás mejor iniciación-de estudios sobre la química, comenzando ya a hacer uso de los hábitos establecidos en la práctica moderna del ejercicio de la ciencia internacional. Y fue así, por ejemplo, como la revolución científica de la química, parte fundamental de los estudios sobre la naturaleza, pudo encontrar en España, ya a finales del s. XVIII, un ambiente ciertamente propicio para su desarrollo. Ambiente al que contribuyó sobre todo, de un lado, la política de la nueva Corona Borbónica de formación en instituciones extranjeras de renombre, principalmente en Francia, de jóvenes científicos españoles; y, de otro, el reclutamiento de científicos y técnicos extranjeros para la dirección de explotaciones mineras e industriales, o para el ejercicio de la docencia en España. A ambas acciones centrales de una inicial política y sociología de la ciencia se uniría la intensificación de la creación de sociedades científicas, gabinetes, laboratorios, etc. Conjunto de acciones que, como hoy es bien sabido, actúan cooperativamente en el fortalecimiento del ejercicio de la ciencia. Este nuevo orden científico de la Corona se integraba en el nuevo orden político y en el nuevo orden social como un ingrediente de prestigio y de poder en la institucionalización del nuevo Estado; sin olvidar la importancia que esta política científica tuvo en las relaciones políticas y económicas con los países americanos. Entre los ejemplos más notables de esta identificación política y social con la nueva ciencia, figura Ramón María de Munibe, hijo del Conde de Peñaflorida y fundador de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País y del Seminario Patriótico de Vergara; siguió un curso de química en París con Rouelle -el maestro de Lavoisier-, estudió luego en Upsala y otros lugares de Suécia, y fue en 1772 el primer alumno español de la famosa Escuela de Minas de Freiburg, a la que después asistirían los hermanos Elhuyar, del Río y más de una veintena de otros químicos españoles. Carbonell estudió en Montpellier con Chaptal; Aréjula lo hizo en París con Fourcroy, gran divulgador de la teoría antiflogística de La-PPCCT -2002: La Comprensión Social de la Ciencia voisier; y Garriga y San Cristóbal lo hicieron con Vauquelin, descubridor de muchos productos naturales. Juan José y Fausto Elhuyar siguieron estudios en Paris en aquellos años de la revolución de la química y viajaron por Europa formando parte del servicio de inteligencia científica de Carlos III. Al lado de la participación global del Gobierno en el desarrollo de la ciencia, no era difícil identificar en este conjunto de acciones las particulares de las relaciones internacionales, la movilidad de los científicos, la traducción de buen número de obras extranjeras famosas, la aparición de revistas nacionales, el fomento de la industria y en particular de la minería, la transferencia de tecnología, la conexión investigación-industria, las repercusiones económicas de la investigación, la participación de la iniciativa privada, la atención al equipamiento instrumental y Iñ. selección de los temas prioritarios. Ejemplos evidentes de la aceptación política de la institucionalización de la ciencia en España en el seno de las actividades públicas del Estado en el s. XVIII. Aceptación política general que se tradujo lógicamente en acciones particulares como la creación del Jardín Botánico de Migas Calientes por Fernando VI en 1755, y después, en 1774, convertido por Carlos III en el Jardín Botánico del Paseo del Prado; y, en 1776, la del Real Gabinete de Historia Natural, Lo que, habida cuenta de la fantástica naturaleza americana, se tradujo en una serie de expediciones que si, ciertamente, contribuyeron a crear una nueva época en las relaciones de la Corona con los países americanos, no pudieron dejar de estar presentes en el naciente espíritu científico, hecho realidad en la Química, laâ Ciencias Naturales y la Medicina del último tercio del s. XVIII. Tres fueron las más importantes expediciones que estudiaron la flora americana durante esta época, y, en mayor o menor medida, penetraron en el s. XIX: la expedición botánica del Perú (1777-1815), la expedición botánica de Nueva Granada (1783-1816) protagonizada por losé Celestino Mutis, y la expedición botánica a Nueva España (1787-1803) que, dirigida por Martín Sessé, siguió los pasos de la que, dos siglos antes, enviada por Felipe II, había realizado Francisco Hernández (1571-1577). Expediciones científicas, complicadas en su planificación y organización y costosas en sus dotaciones, que, calificadas de botánicas y sin responder a un modelo uniforme, cumplieron un conjunto de variadas actividades de índole tecnológica -de minas y pesquerías, sobre todo-, iniciativas científicas e instituciones universitarias, económicas, antropológicas e, indudablemente, políticas. Y ya en la iniciación del s. XIX, la Real Expedición filantrópica de la vacuna, fue una singular demostración del impacto que la nueva ciencia hubo de causar en la cadena de transmisión que supu-420 Angel Martín Munido sieron indudablemente las expediciones. La importancia política y social de este tipo de actuaciones científicas se recoge en el siguiente ñ-agmento de la cédula que otorgaba la protección real a la expedición de Nueva Granada y señalar como principal objetivo: «el examen y conocimiento metódicos de las producciones naturales de mis dominios de América, no sólo para promoverlos progresos de las Ciencias físicas sino también para desterrar las dudas y alteraciones que hay en la Medicina, tintura y otras artes importantes, y para aumentar el comercio y que se formen herbarios y colecciones de productos naturales, describiendo y delineando las plantas que se encuentran en aquellas mis fértiles provincias, para enriquecer mi Gabinete de Historia Natural y Jardín Botánico de la Corte, remitiendo a España semillas y raíces vivas de las plantas y árboles más útiles, señaladamente de las que se empleasen o merezcan emplearse en la Medicina y en la construcción naval, para que se connaturalicen en los varios climas conducentes de esta Península, sin omitirlas observaciones geográficas y astronómicas que se puedan hacer de paso en adelantamiento de estas ciencias». Se intentaba asegurar, pues, la coordinación entre las intenciones de las instituciones peninsulares y las de las expediciones. Coordinación que, hasta entrado el s. XIX, ejerció un amplio protagonismo científico, docente, cultural y profesional, tanto a escala de la política científica nacional como internacional. También será importante considerar la singular posición epistemológica que la química, autónoma de la producción artesanal, ocupaba en las últimas décadas del s. XVIII. Así, en la «Encyclopédie, ou Dictionaire raisonné des Sciences, des Arts et des Métiers» (1751Métiers» ( -1772)), la famosa Enciclopedia de Diderot, el artículo «Química», a cargo del químico y médico Gabriel-Frangois Venel, alumno del patriarca de la química Hilaire Rouelle, aparecido en el tercer volumen, en 1753, estableció por primera vez su múltiple identidad como aglutinador de conocimiento científico, de filosofía y de política. En el mismo año de 1753, Diderot llevó a cabo un análisis semejante en los «Pensées sur l 'interprétation de la nature» en el que aboga por que los que piensan se dignen asociarse a los que actúan, los que tienen muchas ideas y ningún instrumento aprendan a colaborar con los que tienen muchos instrumentos y pocas ideas; y en el que denuncia el menosprecio que los que piensan demuestran hacia los que aprenden a partir de la experiencia. El mismo Diderot, en los «Príncipes philosophiques sur la matière et le mouvement», señaló en 1770: «¡Qué me importa que consideréis la materia homogénea o heterogénea! ¡Qué me importa que, haciendo abstracción de sus cualidades y limitándoos a su existencia, la consideréis én reposo! ¡Qué me importa que, como conse-PPCCT -2002: La Comprensión Social de la Ciencia cuencia, busquéis la causa de su movimiento! Haréis de la geometría y de la metafísica lo que os plazca; pero yo, que soy físico y químico, que tomo los cuerpos de la naturaleza y no de la imaginación, compruebo su existencia, su diversidad, los veo dotados de propiedades y de acción, agitándose en el Universo como en el laboratorio (.,) Para que la materia entre en movimiento, se dice también, precisa una acción, una fuerza; si exterior a la molécula o inherente, esencial, íntima a la molécula, que constituya su naturaleza de molécula ígnea, acuosa, nitrosa, alcalina, sulfurosa (,,) La fuerza que actúa sobre la molécula se agota; la fuerza íntima no es agota jamás. Estos sentimientos de Diderot no eran sino un reflejo de la pasión por el objeto y las singularidades de la química; reconocimiento, en primer lugar, de su incorporación a la cabeza de la ciencia moderna; exaltación, en segundo término, de los secretos y las leyes de la naturaleza; y venganza, seguramente también, del menosprecio y los ridículos sociales de la época alquimista. Tampoco hubo que esperar demasiado, y quizá no fuera difícil imaginarlo, para ver a la química, ya en los comienzos y a lo largo del s. XIX, modelo de ciencia positiva -en torno al cual se articulan la ciencia pura y sus aplicacionesvanagloriarse de ser una ciencia autónoma y desinteresada, fiel a sus inquietudes y planteamientos racionales, aunque para ello tenga desde entonces que mantenerse en el filo de la navaja que pueda deslindar la independencia de sus aplicaciones y su sometimiento a los intereses sociales y económicos. Y es muy posible que a estas circunstancias no fueran ajenos los descubrimientos de elementos químicos realizados por españoles en esta época -y nunca más repetidos ni en nuestra historia ni en la del sistema periódico de los elementos químicos-: el wolframio por los hermanos Elhuyar; el eritronio -más tarde rebautizado como vanadio-por Andrés Manuel del Río, y el platino por UUoa cuando participaba en la expedición hispanofrancesa de La Condomine. Ejemplos también que añadir a los ya mencionados de la misma época y considerados como de una marcada aceptación política de la ciencia en España. Todo lo cual ni es tan obvio, ni tan fuera de lugar en nuestra búsqueda de la comprensión pública. No es tan obvio, porque no hubo sino que esperar unos cuantos años, entrar en el s. XIX, y observar dónde estaban los acontecimientos semejantes y las referencias críticas de lo sucedido; tampoco tan fuera de lugar, porque pareciera que esta aceptación política y sus acciones correspondientes constituyen una etapa imprescindible a la educación en la ciencia, a su difusión y popularización, y, por ende, al grado de su comprensión pública. No era, en efecto, tan obvia la aceptación política cuando los materiales de todas las expediciones se vieron sujetos a los mismos avatares y, de igual manera, se dispersaron y pignoraron. Entre sus variadas causas, el superior empeño de Francia por el aislamiento de los productos naturales, y, con la gran tradición química de Francia, su extraordinario interés por el análisis y la determinación de las estructuras químicas, y la aplicación de los productos de interés farmacológico. Además, porque esa aceptación exigía ya entonces una política de la ciencia con una concepción añadida a la de las prácticas tecnológicas al uso en las explotaciones mineras; obligaba a otro tipo de tratamientos, distintos de aquellos de las expediciones ultramarinas y a superar el simple inventario de la naturaleza, con predominio del espíritu coleccionista, exaltador de la naturaleza; y se imponía la interacción multidisciplinar, esencial a la evolución del conocimiento, ya en marcha en Europa, principalmente entre las nuevas ideas y métodos de la química orgánica y la biología. Y así, cuando cada día se descubría una nueva molécula de las plantas, nuestra distancia con la ciencia de otras naciones europeas continuó incrementándose a lo largo del s. XIX, de tal manera que uno de nuestros mejores representantes en estos campos, Rodriguez Carracido -Rector de la Universidad Central y Presidente de la Real Academia de Ciencias entre 1922 y 1928-ha dejado escrito: «Desde el año 1887 hasta 1901 ¡durante catorce años! Se explicó la Química Biológica como si fuera Metafísica (.,) Al encargarme de esta enseñanza sólo disponía de una silla para la exposición oral de las pláticas de Química Biológica, careciendo de todo elemento de trabajo». Bastarán seguramente estos cuantos detalles que, aunque desviados un tanto del esquema central del argumento, serán válidos para nuestra particular consideración a la hora de medir los múltiples esfuerzos realizados por España, en la segunda mitad del s. XX, en pos de la reincorporación científica a la marcha europea. La Gran Ciencia Europea y Mundial Introducción Iniciada en el s. XVII la ciencia moderna, cabe destacar, durante los siglos siguientes, la notable presencia europea en la revolución industrial, en la gran química orgánica del s. XIX, y en el formidable desarrollo de la física en el s. XX; hechos que figuran a continuación muy resumidamente. Tres tipos de factores dieron lugar en el s. XVII al lanzamiento de la ingeniería y el diseño, y, luego, a la industrialización. En primer lugar, la naturaleza de la ciencia contemporánea y, en particular, la fundación de la Royal Society en 1660 con la intención baconiana de hacer la ciencia aplicable a la tecnologia, aunque por siglos marcharan por caminos y constituyeran mundos independientes; si bien, después, la ciencia habría de contribuir eficazmente a la instrumentación y a la medida como ingredientes fundamentales del nuevo método experimental. En segundo lugar, el predominio de las pequeñas compañías deseosas de mejorar sus actividades rutinarias y de conseguir un aumento de escala. En tercer término, la mecanización de la época como paradigma de la emergente tecnología y la posibilidad de operar sobre bases continuas. Bajo estas premisas, fue aún en la última década del s. XVII (1690) cuando Papin comenzó el desarrollo de las máquinas de vapor y, con ello se pudo, de un lado, instalar el maquinismo como condición precisa de la industrialización, y, de otro, dar lugar al nacimiento de la ciencia aplicada en íntima relación de reversibilidad con la ciencia pura. Y, pocos años después, en 1709, se utilizó por primera vez el coque en los altos hornos, para que, en la década 1712-22, Réamur estudiase la composición del acero y la conversión hierro-acero. En 1735 tuvo lugar la primera extracción de petróleo; en 1747 se comenzaba la producción industrial de ácido sulfúrico; y en 1790 Leblanc desarrolló el proceso de fabricación artificial de la sosa. A finales del s. XVIII se empleaba la primera locomotora de vapor por carretera (1797), se desarrolló una máquina para la fabricación de papel (1798) y la primera prensa de imprimir metálica (1800), y Watt fabricó más de 300 máquinas en Inglaterra y el resto de Europa. Ya entrado el s. XIX se fundaron las acerías Krupp (1811), se industrializó el telar (1811), se introdujo la locomotora de vapor sobre raíles metálicos (1814), se comenzó la fabricación industrial del jabón (1823), y se instaló en Inglaterra la primera línea de ferrocarril pública (1825). Y sin que, como prueba de la gran cultura integrada, deba dejarse constancia de que en la misma época, en la década de los 50, se publicó Madame Bovary de Flaubert; en la década de los 60 Los miserables de Victor Hugo; en los 70 Una temporada en el infierno de Rimbaud; en los 80 Los hermanos Karamazov de Dostoïevski; y en los 90 Girano de Bergerac de Rostand. De puertas adentro y en estas mismas décadas, la espléndida transición entresiglos de nuestra literatura se hizo bien patente en La Regenta de Clarín, Pepita Jiménez de Valera, Misericordia y Tristana de Galdós, y Los Pazos de Ulloa de Pardo Bazán. Durante el s. XIX se introdujo una separación entre ciencia pura y ciencia aplicada, un tanto arbitraria y ligada a las divisiones artificiales del conocimiento que dieran lugar al aislamiento administrativo de las disciplinas científicas, e intentando ignorar los mutuos orígenes y sus fuertes conexiones. Si la ciencia pura ha tenido frecuentemente un origen industrial y se ha tenido siempre que servir de los métodos instrumentales soportados por la tecnología, la ciencia aplicada ha gozado de idéntica lógica, y los mismos métodos y razonamientos de la ciencia académica. Cada vez, por otro lado, se interpenetran más ambos conceptos y se distancian menos en el tiempo, lo que tiene cierta importancia al objeto de la integración social de la ciencia a través de su uso tecnológico. Así, en cuanto al tiempo transcurrido desde un descubrimiento científico hasta su empleo práctico y plenitud social, fueron necesarios 112 años para la fotografía, 56 para el teléfono, 46 desde la síntesis bruta del ácido acetilsalicilico por el francés Gerhardt (1853) a la fabricación industrial de la aspirina por la Casa Bayer (1899); 35 para la radio; 15 para el radar; 6 para la bomba atómica; 5 para el transistor, 3 para los circuitos integrados; y solamente unos cuantos meses para la utilización de las enzimas de restricción en la tecnología biológica del DNA-recombina nte y en una gran colección de usos biotecnológicos. PPCCT -2002: La Comprensión Social de la Ciencia lo de la aparición de áreas especiales, las variadas exigencias de una reconversión industrial, y la presencia de capital riesgo. Conjunción empresarial científico-económica, fundamentada en el interés que muestran sus orígenes con la presencia y la fe del capital en su propia ciencia, y en la conexión permanente con universidades y centros de investigación como garantía indudable de innovación y, por tanto, de éxito comercial. Desarrollo de la química En cuanto al desarrollo de la química orgánica, a lo largo del s. XIX se aislan y caracterizan en Europa, en Francia principalmente, una colección de alcaloides de origen vegetal. Por ejemplo, la morfina se aisló del opio en 1803 por Derosne; la quinina de las cortezas de los árboles de la quina, y la colchicina de los bulbos de Colchicum autumnale, en 1820, por Pelletier y Caventou; la cafeína del café, en 1820, por Runge, y Pelletier y Caventou; la nicotina y una docena de bases más de las hojas del tabaco Nicotiana tabacum, en 1828, por Posselt y Reimann; la codeína del opio, en 1832, por Robiquet; la atropina y sus derivados de la belladona, Atropa belladona, en 1833; la tebaína del opio, en 1835 por Pelletier; la cocaína de las hojas de Erythroxylon coca, en 1860, por Niemann; la ergotamina y otros derivados del ácido lisérgico del homgo Claviceps purpurea, en 1875, por Tanret; la efedrina de diversas especies del género Ephedra, en 1887, por Nagai; y la pilocarpina de las hojas de jaborandi. Pilocarpus jafeora/xdi, en 1875, por Gerard y Hardy. La segunda mitad del s. XIX contempló el lanzamiento definitivo de la química orgánica: el modelo de Kekulé, la resolución del problema de la posición de los sustituyentes con Bayer y Fittig, y la gran versatilidad de los fenómenos de condensación conducentes a los nuevos compuestos orgánicos de síntesis. Todos ellos fueron los pilares sobre los que se edificó el impresionante desarrollo de la química orgánica del s. XX, y, por tanto, de la gran serie de productos naturales y de síntesis sobre los que se ha construido la moderna farmacología. En su totalidad, la ciencia tuvo en gran desarrollo en esta segunda mitad del s. XIX. Así, tuvo lugar el gran desarrollo de la síntesis orgánica por Berthelot (1860), y la síntesis de productos naturales como la del índigo por Bayer (1879). En esta segunda mitad, Pasteur disputó con Pouchet sobre la generación espontánea (1861); se descubrió el hombre de Neanderthal (1856); Maxwell diseñó la teoría dinámica de los campos electromagnéticos (1864); Nobel descubrió la dinamita (1866); Mendel in- Angel Martín Munido vestigó sobre la hibridación de las plantas (1865); Solvay describió un procedimiento para la fabricación de la sosa (1863); en 1869, Mendeleiev agrupó los elementos químicos en la tabla periódica; Golgi estudió las fibras nerviosas (1873); con Le Bell y Vant'Hoff se iniciaron los estudios sobre la estereoquímica y la química molecular (1874); en 1877, Boltzmann estableció la teoría cinética de losgases; durante los años 1880-2, Charcot descubrió las enfermedades del sistema nervioso, Pasteur obtuvo la vacuna contra el carbunco, y Koch descubrió el bacilo de la tuberculosis; en 1885, Pasteur curó a J. Meister de la rabia; y Behring y Kitasato obtuvieron un suero antitetánico (1890). En 1895, Rontgen descubrió los rayos X, y, al año siguiente. Becquerel lo hizo de la radiactividad; y, antes de concluir el siglo, se desarrollaron la teoría de los conjuntos de Cantor y los cuerpos de Hilbert, las funciones abelianas de Appel, el análisis funcional de Volterra, el cálculo tensorial de LeviCivita, la lógica matemática de Frege y los nuevos métodos de la mecánica celeste de Poincaré; se descubrieron el efecto Zeeman, la licuación del hidrógeno por Dewar, las radiaciones a y (3 de Rutherford, y la medida de la relación carga/masa del electrón por Thomson. Desarrollo de la biología y la medicina Esta segunda mitad del s. XIX constituyó un periodo especialmente brillante en las ciencias básicas de la Biología, incluida la humana, merced sobre todo a la hibridación lograda entre la química orgánica y la fisiología. A el contribuyeron de forma singular Claude Bernard en Francia y Justus von Liebig en Alemania. Ambos hicieron posible la vinculación de la química, sus principios y herramientas, a los fenómenos de la vida; ambos fueron el origen de la extraordinaria nómina de científicos que se aplicaron en Europa a estos problemas. Las escuelas francesa y alemana, por este orden, sacaron indudable ventaja a la inglesa; y en cualquier caso, fueron los modelos europeos los que vieron nacer, a su semejanza, la fisiología americana. Con estos antecedentes, la patología pudo comenzar a interpretarse en la segunda mitad del s. XIX en los mismos términos químicos y biológicos que la fisiología. Así nació la fisiopatologia, y así nacieron numerosas situaciones interdisciplinares, al estilo de la patología celular y la anatomía patológica. En la misma época, la nueva microbiología permitiría uno de los logros más brillantes en este campo: la etiología basada en las ciencias de la naturaleza. Todo ello dio. lugar a que la investigación de laboratorio fuera la principal fuente de la ciencia médica y el fundamento de la práctica clínica en el ulti-PPCCT -2002: La Comprensión Social de la Ciencia mo tercio del s. XIX. Investigación que se vio reforzada por el inicial desarrollo en la misma época de la bacteriología y la inmunología. La visión crítica con que hoy contemplamos aquella época española, ya era bien patente dentro de ella. En este sentido se expresó don Cipriano Segundo Montesinos, Duque de la Victoria, miembro de la Real Academia de Ciencias durante la segunda mitad completa del s. XIX y Presidente de la Institución en las dos décadas finales del siglo (1882-1901), con motivo de su contestación al discurso de don Práxedes Mateo Sagasta, en 1897: «.,,cuando nuestros Gobiernos se afanaban solícitos y generosos por restaurar y fomentarlos estudios en España, sorprendiónos este tumultuoso y en todos sentidos agitadísimo siglo XIX, en cuyo primer tercio bastante hicimos con lograr salvarnos de la borrasca política y administrativa que en contra nuestra muy en sus albores se desató, y que en diversas ocasiones nos puso muy a punto de perecer, y amagó concluir más de una vez con la personalidad y la vida de la nación española», Y si, en efecto, bastante hicimos con salvarnos de la borrasca política, la ciencia, la técnica y la misma universidad lograron descender hasta conñmdirse con el ruido de fondo social de las décadas centrales del siglo. De todas maneras, este espíritu crítico de unos cuantos personajes de la ciencia fue capaz de sembrar una cierta inquietud por un despegue de ese ruido de fondo al que nuestra ciencia y nuestra técnica permanecían adheridos. Inquietud crítica puesta de manifiesto nuevamente por Rodriguez Carracido, en sus Estudios histórico-críticos de la ciencia española. Entre sus numerosos comentarios, bien merece subrayarse uno por su permanente vigencia: «La idea de la inexcusable colaboración del medio social es la que conviene inculcara todas las clases de nuestra patria para que presten su concurso al cultivo de la ciencia, y así cuando florezca y fructifique podrán llamarla suya». La Ciencia en el Siglo XX Y a la vez se fueron estudiando las radiaciones ionizantes que emiten. Los rayos (3 fueron muy pronto identificados como electrones iguales a los descubiertos por I.I. Thomson (1856Thomson ( -1940)). En 1903, Rutherford y Soddy (1877-1956) concluyeron que la emisión de las radiaciones a o 13 por un átomo lleva consigo su conversión en un elemento químico distinto; proceso que termina cuando la desintegración da lugar a un átomo no radiactivo. Consecuencia de todo ello fue la formulación en 19,11 de la hipótesis atómica de Rutherford, que se vio confirmada posteriormente, y sobre la cual, en 1913, Niels Bohr (1885-1962) propuso la teoría del átomo de hidrógeno, mezcla de física tradicional y de elementos cuánticos.Los espectros de rayos X, estudiados en 1913 por HIMoseley, confirmaron el modelo de Rutherford y la teoría de Bohr. Su desarrollo y generalización fue obra de A. Sommerfeld (1868de A. Sommerfeld ( -1951) ) en 1915, al proponer las condiciones generales de cuantificación. Al año siguiente, 1916, Einstein expuso la teoría de la relatividad general, A partir de 1925, los fenómenos atómicos se describieron mediante un nuevo cuerpo de doctrina, la mecánica cuántica, desarrollada por dos vías diferentes: la de Werner Heisenberg (1901-1976) a partir del principio de correspondencia y la mecánica de matrices; y la de Louis de Broglio (1892Broglio ( -1987)), basada en la extensión a la materia de la dualidad onda-corpúsculo, A partir de esta idea, Erwin Schródinger (1887-1961) creó, en 1926, la mecánica ondulatoria. Cuando intentaba encontrar el contenido intuitivo de la mecánica cuántica, Heisenberg descubrió, en 1927, elprincipio de indeterminación que impide determinar con precisión la posición y la velocidad de un electrón. Desde entonces, la mecánica cuántica ha sido aplicada con éxito a innumerables problemas relativos a átomos, moléculas, núcleos atómicos y partículas elementales. Las partículas que se describen mediante funciones de onda simétricas o antisimétricas son, respectivamente, los bosones -en honor de Satyandra Nath Bose (1894-1974)-y los fermiones -en honor de Enrico Fermi (1901-1954)-; y las formas de tratar estadísticamente estas partículas se refieren, respectivamente, como estadísticas de Bose-Einstein o de Fermi-Dirac. Cuando en la década de los 20, el advenimiento de la mecánica cuántica supuso el desmoronamiento de uno de los más viejos y firmes pilares de la ciencia -con la caída de la causalidad, el determinismo y hasta la simple visualización de las piezas elementales de la naturaleza-, se tenía la sensación de que la ciencia había alcanzado un nuevo nivel de abstracción, próximo al mundo abstracto de las ideas en el arte. Y al lado de PPCCT -2002: La Comprensión Social de la Ciencia este movimiento estrictamente europeo, también Europa conoció el nacimiento, a finales del s. XIX, de la Gran Ciencia con el Instituto Imperial de Física y Tecnología (Physikalisch-Technische Reichsanstalt), a tres kilómetros de la Puerta de Brandeburgo, merced a los esfuerzos económicos de Werner von Siemens y bajo la presidencia de Hermann von Helmholtz (18211894). De esta manera, en 1887, este Instituto fue el primero que cumplió una misión de normalización de instrumentos físicos, catorce años antes de la fundación en los Estados Unidos del Nation al Bureau of Standards. El enigma de la composición de los núcleos atómicos se resolvió en 1932 con el descubrimiento de los previstos neutrones por James Chadwick (1891Chadwick ( -1974)),lo que culminó un laborioso proceso experimental en el que intervinieron alemanes -Bothe y Becker-, franceses -el matrimonio loliot-Curie-e ingleses del laboratorio de Rutherford. Las reacciones nucleares producidas por los neutrones fueron estudiadas con detalle, en 1934, en Roma, por Fermi. Dada la gran cantidad de energía que se desprendía en la fisión del uranio, se pensó inmediatamente en la posibilidad de encadenar las fisiones para conseguir la fisión de todos los núcleos de un trozo de uranio. La tarea de conseguir una reacción en cadena resultó más difícil de lo esperado porque, de los dos isótopos más abundantes del uranio, sólo el 235U -que se encuentra en una proporción baja, del 0.7 por ciento-se fisiona por neutrones de cualquier energía, en tanto que el otro isótopo, 23eU, absorbe fuertemente los neutrones por debajo de una cierta velocidad. El equipo de Joliot y sus colaboradores Hans Halban y Lew Kowarski, del Collège de Francia, en 1940, previeron la posibilidad de provocar una reacción en cadena que abriría el camino hacia nuevos descubrimientos científicos y hacia una nueva técnica para producir energía en cantidades ilimitadas. Ocurría, sin embargo, que en un bloque de uranio metálico natural, la reacción en cadena no se producía; pero, si como ideó Fermi en Chicago, en 1942, las barras de uranio se disponían entre bloques de grafito, la reacción en cadena se conseguía mantener. El reactor del Laboratorio Metalúrgico de Chicago contenía 400 toneladas de grafito, 6 toneladas de uranio metálico y 58 toneladas de óxido de uranio; y en el tuvo lugar la primera reacción en cadena automantenida de la historia el 2 de diciembre de 1942. En la década de los 30 se habían cumplido grandes progresos en las técnicas experimentales, que transformaron la física nuclear en una em-430 presa técnica e industrial de una envergadura gigante tanto en sus aspectos económicos como tecnológicos. Buscando instrumentos capaces de suministrar cada vez mayor energía a partículas atómicas para que estas pudiesen chocar con los núcleos atómicos y averiguar la estructura de los distintos elementos, los físicos británicos primero y después los americanos abrieron la puerta de la Gran Ciencia a las técnicas de la física nuclear. En pocos años se perfeccionaron los contadores Geiger-MüUer y nacieron los aceleradores de partículas. Primero fue el acelerador RC en cascada -Cockcroft y Walton, 1932-que utilizaba un multiplicador voltaico que alcanzaba los 125 000 voltios para observar la desintegración de los átomos de litio; luego el generador Van der Graff, en 1933, producía energías de 5 millones de voltios; y el ciclotrón de Lawrence, en 1932-3, fue el primer instrumento de la gran ciencia en la física de partículas elementales. Estos primeros aparatos nucleares podían caber en una habitación de tamaño mediano y acelerar partículas hasta unos pocos MeV. Así, en 1932, Lawrence puso en funcionamiento su primer ciclotrón de unos 30 cm de diámetro, que alcanzaba el millón de voltios. En 1939, se construyó en Berkeley un ciclotrón de 150 cm de diámetro, en el que los electrones podían alcanzar una energía equivalente a 16 MeV. En 1940, la Fundación Rockefeller donó $1.4 millones para la construcción de un ciclotrón de 45 cm de diámetro. Dato interesante en la comparación con el proyectado acelerador SSC -Supercolisionador Superconductor-a construir en Texas, según un túnel subterráneo de 86 km de perímetro para estudiar colisiones de protones a 40 millones de MeV, con un proyecto de presupuesto de $8 millardos. Para que la energía de una reacción en cadena se desprenda súbitamente es preciso disponer de 235U puro o de otra sustancia con propiedades análogas, como el 131% que se produce en los reactores nucleares por transmutación de 238U con neutrones. Ambos métodos se utilizaron en las dos bombas atómicas lanzadas sobre Japón en agosto de 1945. Y como señala Schwarzenberg «la humanidad presenció la terminación de una época que va desde Demócrito a Gandhi, desapareciendo en la millonésima parte de un segundo». Momento este que ha marcado en la reciente historia de la ciencia el punto de inflexión más importante de la confianza pública en el progreso científico. Momento este que, efectivamente, marca el final del periodo de investigación «pura» en física nuclear, a partir del cual la ciencia nuclear se acompaña de situaciones políticas, militares y sociales, impensables en todas las grandes etapas anteriores de la evolución del conocimiento científico. Desde este momento, la ciencia y la técnica se hicieron im-PPCCT -2002: La Comprensión Social de la Ciencia prescindibles para las armas de vanguardia y, por tanto, para el ordenamiento tecnológico y militar: los cohetes balísticos, el armamento nuclear, el radar, los ordenadores, la teledirección, la biotecnología militar, etc. Señala también esta época un punto de inflexión trascendental en el ordenamiento social de la ciencia. Si durante las etapas que dieron lugar a la revolución cuántica j a la revolución relativista, la ciencia tuvo un asiento total europeo, en los años que antecedieron a la II Guerra Mundial y durante el medio siglo siguiente gran parte de la elite de la ciencia mundial se acogió a la libertad política y al engrandecimiento económico de los Estados Unidos, con lo que cambió por completo el escenario en el que habían de surgir las nuevas ideas de la ciencia y de la técnica. Fueron primero los emigrantes judíos que huían del nazismo, entre los que se encontraba una formidable selección de la física centroeuropea, los que llevaron a los Estados Unidos la mejor siembra de la ciencia europea; y después de la guerra, el bieldo de la devastación y el empobrecimiento europeos aventaron hacia América las elites científicas de los nuevos campos de la física y la biología. La historia de la aplicación militar de la fisión nuclear -y, por tanto, la historia del proyecto Manhattan-, de la separación de isótopos, de la reacción en cadena de la pila de uranio enriquecido en 235 U, de la moderación de neutrones, de la metalurgia del uranio, de la producción de plutonio a gran escala, de la construcción de reactores atómicos autosostenidos, y de muchos otros campos de la física nuclear americana, está llena de nombres de científicos europeos -entre otros muchos, los de Fermi, Teller, Weisskopf, Wigner, Peierls y Bethe-y también de formidables proyectos tecnológicos, adaptados o creados de novo, sin los que no hubiera sido posible llevar a buen fin ni el proyecto Manhatann, ni tampoco los desarrollos que van desde los computadores, el radar, el maser y el láser, hasta las diferentes versiones del inicial proyecto conocido como la iniciativa de defensa estratégica, transformado recientemente en el escudo antimisiles. A propósito de estas consideraciones no deja de ser interesante observar, de un lado, la indiscutible presencia de la ciencia europea -quiere decir de los científicos europeos-en la elaboración de la singular política de la ciencia de los Estados Unidos de América a partir del segundo tercio del s. XX. Y de otro, y dentro de esta política, tanto la facilidad con que la ciencia básica y sus aplicaciones ejercen una inmediata influencia mutua, traducida en la rápida respuesta de creación de nuevos Centros de Desarrollo -el formidable «Radiation Laboratory) en el Massachusetts Institute of Technology, y los mismos laboratorios Bell, por ejemplo-. como el traspaso insensible entre campos aplicados del conocimiento y de estos con la ciencia fundamental -el proyecto del radar con el descubrimiento del transistor y la física del estado sólido; los láseres y las aplicaciones militares o médicas; la espectroscopia de microondas y los avances en cosmología y astrofísica-. Entre las aportaciones de una cosmología totalmente renovada, sabemos hoy que pertenecemos a un planeta de una estrella llamada Sol, similar a cientos de millones de estrellas que forman nuestra galaxia, la Vía Láctea, y semejante a 14 000 de otras galaxias solo entre las más cercanas; que el tamaño de nuestra galaxia es tal que una luz encendida en un extremo tardaría 30 años en llegar al extremo opuesto; que se ha detectado la presencia de CO en los quasares, los astros más lejanos conocidos; que se han detectado agujeros negros con dos mil millones de veces la masa del Sol; que el diámetro de las nuevas galaxias se mide por docenas de años-luz; que los modernos telescopios de neutrinos son capaces de detectar dos interacciones al día, mediante reacciones nucleares cloro-argon; que pueda conocerse cómo a los 10-35 s de la Gran Explosión tuvo lugar una expansión del Universo, equivalente a la que experimentara el volumen de un núcleo atómico que alcanzase unas 500 veces la masa del Sol; que conozcamos que los fotones que ahora recibimos proceden de una explosión cuando el Universo tenía solamente 300 000 años; que el satélite COBE (Cosmic Background Explorer) lanzado en 1989, ha probado la anisotropia del Universo; que el proyecto COBRAS-SAMBA, satélite capaz de medir las radiofrecuencias indicadoras del nacimiento mismo del Universo, realizó su primera observación en 1965 por Penzias y Wilson. Y, dentro del Universo, el hombre y la naturaleza de nuestro planeta; y cómo la interacción débil del Universo pudo distinguir entre izquierda y derecha y conferir la helicidad a las moléculas de DNA, al poder ser la simetría la determinante de las clases de fuerza; con la terapia gènica como nueva forma de medicina molecular extendida ahora a las enfermedades adquiridas como cáncer, sida y trastornos neurodegenerativos tipo Parkinson y Alzheimer; con los imprevisibles éxitos de las especies transgénicas, animales y vegetales, con propiedades modificadas, como sistemas de producción de materiales humanos y como modelos de enfermedades humanas; con las grandes perspectivas de manipulación de los vectores virales, las vacunas-DNA, la acción inhibidora de los antisentidos, la terapia celular y los biomateriales; con las variadas posibilidades farmacológicas que abren los conocimientos de los nuevos mecanismos de transducción de señales celulares; con la grandiosa eficacia de la manipulación de células sexuales y embriones fecundados in vitro; con las nuevas técnicas de las micromatrices de DNA; con los retos del desa-PPCCT -2002: La Comprensión Social de la Ciencia rroUo y la evolución, de las redes neuronales y la lógica borrosa, de los sistemas de gran complejidad -cerebro, organismo, biosfera y el universo mismo-, de la realidad virtual, la biodiversidad y la nanotecnologia con la electrónica molecular como alternativa al silicio. Y como parte de la más rabiosa actualidad, las nuevas áreas de conocimiento -por ejemplo, Is. genómica, la proteómica y la bioinformática-, nacidas como consecuencia de los proyectos y logros en la secuenciación del genoma humano; y las expectativas, si no inmediatas sí fantásticas, que se abren a la industria biofarmacéutica. Sin dejar de lado las disquisiciones científicas y éticas acerca de la utilización de células madre con finalidades terapéuticas o de reproducción, y el campo abierto de la obtención de células madre a partir de células adultas sin la necesidad de atravesar por los estadios embrionarios, sede de las principales objeciones éticas. Areas nuevas construidas sobre la impresionante base de las ciencias de la computación y las computadoras superrápidas con posibilidades de cálculo de cientos o miles de millones de operaciones por segundo; hechos que han cambiado por completo no sólo las áreas de investigación y los hábitos de los científicos, sino la faz misma de una sociedad globalizada -las comunicaciones, el comercio, el empleo, etc. Los sistemas de investigación, el descubrimiento y la innovación En pleno desarrollo conceptual de la ciencia moderna, a finales del s. XVII, tuvo lugar el descubrimiento de la máquina de vapor, quizá el mejor ejemplo del comienzo de la nueva era de la mecanización tanto como paradigma de la emergente tecnología, como condición precisa de la industrialización y substrato fundamental del ejercicio de la ingeniería. Lo que quiere decir que la creación científica lograda por la investigación básica -dirigida tan solo a la ampliación del conocimientocomienza pronto a distinguirse de la investigación aplicada -cuya finalidad es la creación de conocimiento útil para el desarrollo de nuevos productos o procesos-; distinción que, a lo largo del s. XX, se va ejemplificando con multitud de nuevos casos. Conocimiento adquirido a través de ambas, investigación básica e investigación aplicada, y de la experiencia práctica, que puede utilizarse bajo la forma de investigación de desarrollo para la innovación creadora de nuevos productos o procesos o la mejora de los ya existentes. Distinción conceptual que, evidentemente, ofrece áreas solapantes y reversibles, y que pudiera hacer pensar que la mejor descripción del proceso de innovación podría ser un modelo lineal del tipo: investigación bási-Angel Martín Munido ca -investigación aplicada-desarrollo. Proceso de innovación, sin embargo, que con gran frecuencia no procede de semejante manera secuenciaj, ni siquiera unidireccional, y que más bien ofrece una relación compleja e indirecta. Lo que obliga a manejar el proceso de innovación en su conjunto; y lo que, a su vez, no quita para que puedan señalarse como características generales de los avances tecnológicos: • el soporte de una rica y muchas veces extraordinaria historia previa de ciencia básica, cuyos beneficios son amplios, dispersos y utilizables en campos muy diversos; • la combinación de sus efectos sobre diversos campos; por ejemplo, los rayos X, las ecuaciones diferenciales y la tecnología de la computación se reúnen en el desarrollo de la tomografia computarizada (TC); • su empleo en el desarrollo de nuevos descubrimientos básicos por medio de nueva instrumentación o en la propuesta de nuevos avances conceptuales básicos. Y en cualquier caso un simple análisis retrospectivo puede evidenciar el papel fundamental de la investigación básica tanto en el desarrollo de muchas innovaciones tecnológicas como en la favorable repercusión académica, económica y social de los países. El conocimiento de nuevos mecanismos biológicos en el metabolismo, la defensa, la replicación vira¡, la transducción de señales, el ciclo celular, la apoptosis, etc. ha dado lugar a la identificación de blancos de acción para el diseño de nuevos medicamentos. Los láseres tienen una enorme herencia de investigación básica que ya puso Einstein de manifiesto en 1917 con su teoría de las emisiones estimuladas, y con posterioridad las emisiones estimuladas con longitudes de onda cortas y la construcción del primer láser en los laboratorios Bel¡ en 1960; para alcanzar actualmente una enorme gamma de aplicaciones que incluyen la cirugía, las telecomunicaciones, las herramientas de precisión, etc. Los semiconductores, descubiertos en 1886 por el químico alemán Clemens Winkler han permanecido durante muchos años como una curiosidad de laboratorio hasta el advenimiento, en 1948, de los transistores -desarrollados en los laboratorios Bel¡ por los físicos americanos Walter Brattain, John Bardeen y William Shockley-que, al desplazar a las válvulas de vacío, revolucionaron la electrónica hasta el punto de estar presentes en todos los dispositivos eléctricos imaginables -instrumentos de diagnóstico, radio, televisión, teléfono, ayudas a la navegación aérea, robots, etc.-; desplazamiento posterior de los transistores por los circuitos integrados y los microprocesadores. La superconduc-PPCCT -2002: La Comprensión Social de la Ciencia tividad a altas temperaturas, demostrada en 1986 por los investigadores de IBM Georg Bednorz y Alex MüUer, constituyó el comienzo de una carrera de trabajos académicos e industriales, desde la transmisión eficiente de energía a la levitación de los ferrocarriles. Las contribuciones matemáticas del físico Cormack hicieron posible la revolución que en la imagen clínica ha supuesto la tomografia computarizada (CT) de rayos X; aplicación que se ha extendido a la detección de defectos de fatiga en materiales y en conjuntos de microcircuitos electrónicos. La clásica resonancia magnética nuclear descrita en 1946 por Felix Bloch, de la Universidad de Stanford, y Edward Purcell, de la Universidad de Harvard, se aplicó inicialmente a la fisica y a la química analítica; y de la misma manera que en el caso de la CT de rayos X, gracias al empleo de potentes herramientas matemáticas se logra reconstruir la imagen (MRI) que discrimina con precisión entre los diferentes tipos de tejidos y entre los tejidos sanos y los patológicos, y que está logrando hoy el estudio en tiempo real de ciertas funciones (fMRI), como las vasculares y las cerebrales; desarrollos que conducen incluso a la localización cerebral de las funciones cognitivas. Las iniciales aplicaciones industriales y militares del ultrasonido, de la que fue ejemplo el desarrollo del SONAR utilizado durante la II Guerra Mundial, condujeron en la década de los 50 a la cooperación de ingenieros y clínicos norteamericanos para el desarrollo de técnicas ultrasónicas diagnósticas en condiciones normales y patológicas, cuyo especial valor en ginecología y obstetricia fue rápidamente reconocido y es en la actualidad una prueba rutinaria en los controles obstétricos. Estas y otras muchísimas aportaciones científicas son la causa de la afirmación de Stewart Brand: «La ciencia es lo único noticiable. Cuando uno ojea un periódico o una revista, todos los contenidos de interés humano son el mismo él-dijo-ella-dijo de siempre, la política y la economía los mismos lastimosos dramas cíclicos, las modas una patética ilusión de novedad, y hasta la tecnología es previsible si uno sabe algo de ciencia. La naturaleza no cambia demasiado, la ciencia sí y los cambios se acumulan alterando el mundo de manera irreversible». Y, de esta manera, la ciencia con todo su bagaje conceptual y metodológico, continúa día a día ganando terreno a lo desconocido; sigue acumulando datos y teorías cuyo valor no puede ponerse en duda; aunque si 436 Angel Martín Munido quepa preguntarse: ¿es consciente la sociedad de que ella es receptora de la acción de la ciencia?, o lo que es igual ¿se contempla a la ciencia en tanto que producto social?; y, además, ¿en qué medida la cultura de la sociedad, nuestra sociedad actual es capaz de asimilar, o simplemente de tomar noticia de los descubrimientos de la ciencia y la tecnología? ¿relaciona nuestra cultura social la calidad de vida moderna con los hechos de la ciencia fundamental?, ¿es adecuada la alfabetización científica de la sociedad, tanto de la macrosociedad como de sus sectores particulares, en cuanto a la necesaria comprensión para la toma de decisiones políticas relacionadas? ¿intenta compartir la educación científica, al lado de la tradicional cultura literaria, la importancia que ocupa en cualquiera de las actividades de la vida moderna? Interrogantes de las que hay que dejar constancia; de un lado, porque forman parte de la interpretación social de la ciencia y de ese formidable debate epistemológico que dominó las controversias de los últimos años 60 y 70, con la participación de la escuela de Francfort y las tesis un tanto iconoclastas y provocadoras de Lakatos y Feyerabend; y de otro, porque constituyen un importante ingrediente de la moderna investigación de las ciencias sociales. Es inevitable al llegar a este punto dejar constancia de cómo esa inocente imagen de la ciencia se ha visto alguna vez enturbiada por circunstancias como aquella de la que surgió la sentencia del filósofo Passmore: «los físicos han conocido el pecado». Lo cierto es que, de vez en cuando, se alivian los grandes entusiasmos por la ciencia y se suscitan inquietudes y desconfianzas lógicas, ante, por ejemplo, el posible asalto a las libertades individuales y a la ética social por las manipulaciones informáticas y genéticas. Desconfianzas y hasta peligros que, mucho más que las complacencias y los éxitos, exigen una renovada conciencia cultural de la sociedad. Aquella a la que se refiere el historiador Pierre Thuillier cuando asegura: «...la ciencia, conforme a una tradición bien establecida, es una empresa que, por su racionalidad y su acción liberadora, engrandece al hombre. Sería una gran catástrofe si, por algún motivo, mañana conociera su declive». En cualquier caso, el cientifismo es ya una confianza y un ambiente; es la impregnación por la ciencia de multitud de hechos familiares; es su total vinculación a los problemas económicos, sociales y culturales. Y es en este ambiente, irreversible, repleto de impresionantes logros científicos y de avances tecnológicos, con sus beneficios y riesgos hipotéticos o reales, en el que comienza a jugar un papel decisivo la estructura de la organización nacional e internacional de la creación científica, de la promoción de la investigación y de sus aprovechamientos. A pesar de todo ello, no deja de ser notable -quizá mejor dicho, de seguir siendo notable-el enfrentamiento entre la cultura tradicional, al apropiarse en exclusiva el término cultura, y los conocimientos científicos, como si el edificio intelectual del mundo físico no fuera el más maravilloso trabajo colectivo del pensamiento y la imaginación del hombre. Y si la voz y la idea de cultura han venido respondiendo tan sólo de la cultura tradicional no es menos cierto que durante bastantes décadas -que alcanzan hasta nuestros mismísimos días-el término intelectual se ha circunscrito esencialmente a la gente de letras, excluyéndose de él a físicos del tipo de Einstein, Bohr y Heisenberg, a los matemáticos Godei y Volterra y a los biólogos Fleming y Dogmagk. Uno de los científicos modernos de mejor formación literaria clásica, el Nobel británico Peter Medawar, se refería al sinsentido de que un científico sin conocimientos de la música o del arte fuera considerado como analfabeto, mientras que las gentes de letras no se han sentido nunca obligadas, para considerarse cultas, a conocer los rudimentos de la ciencia. Y a este propósito, podríamos sacar a relucir infinidad de casos en los que se refleja esta contradicción. ¡Sólo una de ellas, a modo de ejemplo! De un lado, es bien conocido como en los últimos años ha emergido una intelectualidad científica que investiga y, a través de su propia obra, difunde con solvencia las cuestiones más importantes de nuestros días, y conecta directamente con el público, sin intermediarios, y con estilo literario. Así, entre los iniciadores del estilo figuran Monod -con ^El azaryla necesidad»-y Jacob -con «La estatua interior» y, entre otros muchos ejemplos, Penrose -con «La nueva mente del emperador»-, Gel¡-Mann -con «El quark y el jaguar»-, Dawkins -con «El gen egoista» y «El relojero ciego»-, Gould -con «El dedo pulgar del panda» y «La vida maravillosa»-, Margulis -con «Microcosmos»-y Davis -con «Los mitos de la materia»-. Frente a la idea anterior nos encontramos con la publicación Teut-on encore débattre en France?, en la que, hace unos pocos meses solamente, «los principales intelectuales franceses» -entre los que, obviamente, no aparece ninguna de las grandes figuras científicas del momento-responden a la elección de los temas del debate intelectual de Francia. Los grandes debates de nuestro tiempo serían, ajuicio de los intelectuales franceses: la mundialización, el liberalismo y el análisis del pasado totalitario. Lo cierto es, sin embargo, que en los últimos años la relación cienciasociedad identifica como sus componentes principales una serie de principios que pueden concretarse en los siguientes: • la necesidad de crear una nueva cultura de diálogo entre los científicos y el público con el objetivo principal de que la sociedad se implique en la empresa científica; • la necesidad de prestar atención a los valores y actitudes del público, así como al papel de las ciencias sociales en el análisis de los fenómenos que afectan a la sociedad; • la necesidad de adaptar las políticas científicas a las necesidades de la sociedad y fomentar la participación de sus componentes en las distintas etapas de la empresa investigadora; • la necesidad de que los científicos colaboren con los medios de comunicación;.. • la existencia de una cierta crisis de confianza del público en cuanto al consejo científico a los Gobiernos; y • la necesidad de que todos los organismos e instituciones implicados en el asesoramiento científico y en la toma de decisiones que afectan a las áreas de la ciencia y la tecnología ofrezcan la mayor claridad en sus aportaciones. Ante la evidente necesidad social de la comprensión pública de la ciencia, cabe ya, finalmente, que nos aclaremos brevemente acerca de la naturaleza de esta comprensión; de la idea del público destinatario; del objeto, la ciencia, a comunicar; y de las variaciones y características de esta transmisión. La noción de comprensión tiene como significado general de su contenido el del conocimiento científico o la naturaleza de la ciencia como imprescindible ingrediente cultural. Contenidos científicos y tecnológicos, y las formas de su transmisión y comunicación que han de experimentar una gran variación de acuerdo con el fragmento social receptor -la naturaleza de público-y sus necesidades culturales y profesionales de ciencia en general o de aspectos particulares de la ciencia. Porque las necesidades de los contenidos científicos no habrán de ser las mismas si el público es un experto en una rama de la ciencia que necesita los conocimientos de los campos de conocimiento limítrofes, por ejemplo un experto en nuevos materiales que debiera conocer la biogénesis del hueso, o un experto en legislación de patentes que debiera estar al día en los avances de la biotecnología; si el público pertenece a instituciones de gobierno o de decisión política que pueden referirse a muy variadas cuestiones: energéticas, biológicas -transplantes, transgénesis, empleo de células embrionarias, fecundación in vitro, etc.-, ambientales, etc.; si el público pertenece a una clase social de rango cultural a la que debieran serle familiares contenidos científicos medios -resolución de la ecuación de segundo grado, contenidos en vitaminas de los alimentos, mecanismos de PPCCT -2002: La Comprensión Social de la Ciencia acción de antibióticos, concepto de radiactividad y radiaciones, etc.-y estar al tanto de los avances de la ciencia, la tecnología y la organización y administración de la ciencia -la exploración del espacio, la evolución humana, las partículas subatómicas, la biotecnología, las nuevas imágenes médicas, las modalidades energéticas y el medio ambiente, los biomateriales, las políticas de I+D, la política y la gestión del agua, etc.-; si el público pertenece a sectores profesionales, el profesorado de la enseñanza media por ejemplo, a los que favorece en gran medida el conocimiento de los avances científicos en los campos de las matemáticas, la física, la química y la biología; si el público, tal como el preuniversitario, puede necesitar información relativa a los nuevos campos del conocimiento científico -la bioinformática, los nuevos materiales, las ciencias de la computación, el ambiente, la proteómica, la biotecnología, etc.-; si el público conforma una media estadística de lo que puede considerarse la opinión pública, ignorante del conocimiento científico y, a la vez, deseosa de alcanzarlo, habrá que instruirle principalmente en todos aquellos aspectos que dominan la cultura actual y que participan en las condiciones habituales de vida, lo que le permitirá poseer su propio criterio en cuestiones de sanidad, nutrición, avances tecnológicos -energía nuclear y energías renovables, telecomunicaciones, ingeniería gènica, riesgos geológicos, etc.-. No harán falta muchos más esfuerzos para dejar bien patente que la ciencia y la tecnología se sitúan en el corazón de la economía y del funcionamiento de la sociedad e influyen cada día en mayor medida sobre la vida de los hombres, y puede que no existan problemas planteados a los ciudadanos cuya solución no pueda encontrarse encomendada, en mayor o menor medida, a la ciencia y a la tecnología. Aceptación que se comparte con un cierto grado de escepticismo sobre las consecuencias sociales y éticas del progreso del conocimiento. Tendencias que deberán considerarse, de un lado, a la vista de los ámbitos y las disciplinas que se van elaborando con motivo de los avances del conocimiento científico y tecnológico; y, de otro, desde el ángulo de las relaciones mutuas entre los cambios sociales y los intereses políticos, económicos, financieros y comerciales asociados a este progreso del conocimiento. En dependencia del concepto de público, así deberá ser la interacción del científico con la sociedad no científica destinataria de la información; lo que obligará al científico a construir el cuerpo de doctrina de manera didácticamente adecuada, según sea también el medio utilizado -conferencias, prensa, radio, televisión, museos, etc.-. En todo caso, la función del público, es decir de la sociedad, no se deberá detener en la adquisición de una base del conocimiento científico, sino que tendrá asimismo que ser objeto de su preocupación -sobre todo de la de los responsables políticos-la elaboración de políticas de investigación que respondan a las necesidades auténticas de la sociedad,-la administración de los posibles riesgos, y la necesidad de conjugar los imperativos de libertad de investigación y de acceso al conocimiento con los aspectos éticos del progreso tecnológico. El desarrollo de todos los ingredientes que comportan estas relaciones es algo imprescindible por todo lo que incide sobre la calidad de vida del hombre en su conjunto y, en particular, sobre la competitividad, el crecimiento y el empleo. Y es, precisamente, la importancia de esta comprensión pública de la ciencia lo que ha llevado a la Unión Europea a la creación del proyecto «espacio europeo de la investigación», en calidad de componente básico de la economía y la sociedad del conocimiento europeas. En la revista Science (276,1951,1997) el Presidente Clinton publicó un editorial titulado «Science in the 21,1 Century» en el que, entre otras ideas, se expresan las siguientes: «Imagine a new century, full of promise, molded by science, shaped by technology, powered by knowledge. Ideas que pueden hacerlas suyas todos los países y todos los ciudadanos.
En este examen que hoy comienza de la proyección social de la ciencia, me parece que ocupa un lugar importante el uso que las diferentes formas de creación literaria han llevado a cabo del hecho científico y tecnológico. Si la literatura como circunstancia cultural relevante forma parte de la calidad de vida del hombre, no habrá obstáculo que oponer a que, de esta manera, también la ciencia contribuye a la difusión de su significado social. De múltiple y variada naturaleza pueden ser las relaciones que se establecen entre la ciencia -sus conceptos, sus ideas y su expresión-, de un lado, y la creación literaria, de otro. Relaciones ciencia-literatura que pueden mostrar uno de sus extremos en el hecho de que ciencia y científicos comparten el lenguaje con otros escritores. El lenguaje literario, sin embargo, en su creatividad subjetiva, puede llegar a ser un fin en sí mismo; en tanto que el lenguaje de la ciencia es instrumental y carente de ambigüedades para el logro de algo adicional y objetivo; sus descripciones y cualidades son también distintas. En el primer caso se ha dicho que la literatura es la conciencia que el lenguaje tiene de ser eso, lenguaje; de tener una existencia independiente. La literatura puede hacer del lenguaje un ingrediente ingrávido, sin otro significado que sí mismo. La ciencia utiliza el lenguaje como código de referencia para significar algo más ajeno a él: un hecho, un significado o una verdad. Ambas, en cualquier caso, buscan nuevas visiones de las cosas. Y como representación del otro extremo bien pudiéramos escoger las confluencias formales que nos señaló Octavio Paz, hace un cuarto de siglo, en sus ensayos recogidos bajo el título de «Corriente alterna»: «Hay 444 Angel Martín Munido más de una semejanza -dice Paz-entre la poesía moderna y la ciencia. Ambas son experimentos, en el sentido de prueba de laboratorio: se trata de provocar un fenómeno por la separación o combinación de ciertos elementos, sometidos a la presión de una energía exterior o dejados a la acción de su propia naturaleza. El poeta no postula ni afirma nada de antemano su actitud frente al poema es empírica». En otro lugar, Paz llega a admitir que la posición del poeta no es muy diferente de la del hombre de ciencia. Este logra participar en la experiencia y, en ciertas ocasiones, forma parte del fenómeno y, en consecuencia, lo altera. Por lo que respecta a la poesía moderna, añade: «El sujeto de la experiencia es el poeta mismo: él es el observador y el fenómeno observado. Su cuerpo y su psique, su ser entero, son el campo en donde se operan toda suerte de transformaciones. La poesía moderna es un conocimiento experimental del sujeto mismo que conoce. La poesía es un saber y un saber experimental». Idea de la que ya participó Zola en el texto programático de su obra «La novela experimental» (1880), en la que, al adaptar las innovaciones que Claude Bernard había descrito en «La introducción al estudio de la medicina experimental» acerca de la experimentación y la prognosis, justificaba sus esquemas y procedimientos novelísticos y reivindicaba para la novela los criterios de verificación y predicción que se introducían en la Medicina. Idea compartida, ya en 1939, por Bertold Brecht en su obra «Sobre el teatro experimental». Pero, quizás, el mayor interés de este tipo de tratamientos formales en el establecimiento de la coherencia ciencia-literatura, es el de poder celebrar la universalidad del pensamiento. Universalidad que Octavio Paz explica de esta manera: « la estructura física de los átomos y sus partículas es una estructura matemática, una relación. No es menos extraordinario que esa estructura pueda reducirse a un sistema de señales y que sea, por tanto, un lenguaje. La facultad de hablar es una manifestación particular de la comunicación natural; el lenguaje humano es un dialecto más en el sistema lingüístico del universo...» Y si en este sentido, el mismo Paz ha expresado metafóricamente que el poeta participa en los asuntos de la ciudad; toda una colección de ejemplos nos dan fe de este tipo de integración del conocimiento. Así, químicos como Davy, Borodin y Khachaturian, cultivan la poesía o la música; Madariaga y Spencer ejercieron la ingeniería; Zane Grey fue dentista; Chaikovsky abogado; y Ansermet matemático. Dualidad que aunque se refiera a una múltiple actividad personal, refleja una comunicación -una Los Argumentos de la Ciencia en la Creación Literaria unidad mental, si queremos-, cultural en todo caso, biologica con toda seguridad, entre las diversas expresiones de la creatividad. Así, con motivo de la exposición «L 'àme au corps» que se presentó hace pocos años en el Grand Palais de París, su comisario Jean Pierre Changeux, director del laboratorio de neurobiologia molecular del Instituto Pasteur, escribió: «El artista y el científico pretenden lo mismo; hacer visible el mundo existente». Más aún, Dostoevsky llegó a decir: «Yo tengo mi especial visión sobre la realidad en el arte; lo que la mayoría llama fantástico y excepcional, no significa para mí sino la mismísima esencia de la realidad». A este respecto, Ernesto Sàbato, en su «Itinerario» asegura: «La literatura, esa híbrida expresión del espíritu humano que se encuentra entre el arte y el pensamiento puro, entre la fantasía y la realidad, puede dejar un profundo testimonio de este trance y quizá sea la única creación que pueda hacerlo». Literatura, pues, como buscadora de comunicación y de completitud de pensamiento. Y a ello se refiere también el mismo Sàbato cuando afirma: «En el momento mismo en que las ciencias fisicomatemáticas me acababan de salvar, empecé a comprender que no me servían: eran un refugio en medio de la tormenta, pero nada más, aunque nada menos que eso». Contrastes, pues, incluidos en los relatos de algunos escritores creativos. Y aunque no haya razones epistemológicas para dejar de admitir la relación recíproca entre ciencia y literatura, tampoco cabe pensar en una reversibilidad total. Yo creo que, al menos hasta ahora, la capacidad y la inspiración de la ciencia para inducir y dar forma a la creación literaria son superiores a la aptitud de la literatura para requerir o inspirar la creación científica. En el seno de cuyas relaciones cabe preguntarse ¿cómo las figuras, metáforas y mitos, comparten el discurso común de la creación literaria y científica?, ¿cómo el creador literario se adentra en las hipótesis, los descubrimientos y los hechos de la ciencia? Puede que tenga que ver con ello lo que se narra en una sugestiva novela de nuestro tiempo, cuando dos amigos de edad madura -como de edad tardía los refiere el autor-emprenden juegos demasiado peligrosos; y a sus personajes -cuenta la novela de Lauderò-«la primavera los sorprendió examinando los misterios del arte y de la ciencia. Gil -uno de ellos-preguntó como podía saberse el punto exacto del progreso en que se encontraba el mundo. Gregorio, que había previsto la pregunta, leyó en la libreta que había un lugar medio secreto donde iban los artistas con sus obras, los científicos con sus inventos, los filósofos con sus teorías, los médicos con sus remedios y los oradores con sus discursos. Un lugar donde se vendía, se compraba, se cambiaba y se daba a conocer, como un gran Mercado de Angel Martín Munido la Inteligencia o Lonja del Progreso». Y en ese ambiente surgió la pregunta: «¿Cuál es la diferencia entre el científico y el poeta? Bueno, la ciencia si miente pierde su valor, y el poeta siempre dice la verdad aunque mienta. Lo que se dice en verso nadie lo puede contradecir en prosa, porque no forma una opinión sino un designio. Lo que es bello es también verdadero, ya Jo dijo Platón. Y luego está la libertad. Los artistas no tenemos amos». A pesar de esa unidad mental, nos enfrentamos con visiones, pues, de dos mundos diferentes. En el de la literatura se ama y se odia, se triunfa y se humilla, se alegra o se sufre, hay sosiego o desesperanza. En el de la ciencia, se fijan sus doctrinas y sus ideas a las concepciones del mundo por medio de un lenguaje que no es un simple utensilio neutral. Mundos diferentes que no dejan por ello de participar de una base común dentro de la historia cultural y social. Mundos diferentes que cambian frecuentemente sus papeles. También en el de la ciencia -de lo que hay muchos ejemplos-se triunfa y se alegra y hay esperanza. También el de la literatura se incrusta en el ambiente producido por las corrientes científicas del mundo físico y los avances tecnológicos. Dentro de esta interacción ciencia-literatura, no son extraños^ los casos en los que la ciencia subyace en la literatura de una manera sutil, inapreciable algunas veces al examen crítico. En cualquier caso, el análisis de la huella que la ciencia ha ido dejando en la literatura puede sistematizarse según la naturaleza del hecho científico mismo, el género literario, la época de los autores, etc. y, sobre todo, por la contribución de la aportación científica -su rigor y su lenguaje-al contenido global de la creación literaria. La contribución, pues, de las descripciones científicas a la armazón creadora puede tener un peso diferente, tanto desde una consideración cuantitativa como cualitativa. De esta forma, seguramente, la contribución más somera es la que se muestra a manera de decorado natural que da fondo a la trama literaria. A su lado, nos encontramos con ideas científicas, más o menos desarrolladas, formando parte de los pormenores de la trama. Los temas científicos que en ella intervienen se mueven desde los propios de los dominios de la física, la biología o la medicina, hasta los de la psicología del hombre. Entre ambas situaciones se encuentra todo un gradiente de contribuciones científicas al conjunto del hecho literario, que tienen, a su vez, como representantes más significativos, la biografía y la novela científica, la que saca partido de las teorías y los resultados de la ciencia en el planteamiento y solución de la armazón novelesca; y Los Argumentos de la Ciencia en la Creación Literaria que tiene en la novela de ciencia-ficción una forma singular de narrativa que, al ir más allá de los hechos reales del momento, explota las perspectivas imaginativas de la ciencia moderna. Ficción en los protagonistas y sus peripecias; ficción en el mundo circundante de los personajes; y ficción, sobre todo, cuando la ciencia rehusa discriminar entre lo posible y lo imposible, y, a la vez, intenta adivinar las imágenes del futuro. Es cierto que durante algún tiempo la novela de ciencia-ficción no ha gozado de los favores de la crítica literaria, hasta el punto de recordar en su descrédito aquel castigo que recoge la primera sátira de Perseo: «A esas gentes por las mañanas les castigo con un edicto y por la tarde les hago leer una novela». Su carácter literario se puso en duda, y de ella, como de ninguna otra, se puede afirmar que es el género de la libertad; libertad de contenido y libertad deforma. Género por naturaleza polifacético y mudable. La única regla que cumple umversalmente es la de transgredirlas todas». Sin embargo, no puede ponerse en duda la existencia de un equilibrio dinámico ficción-realidad, que se ha desplazado ultimamente a gran velocidad en la dirección de la realidad, al hacer verdad fantasías de no hace muchos años. Cada vez, la utopía de la ciencia-ficción y, por tanto, su literatura, se va convirtiendo en hechos de la vida ordinaria, ya fuera en la exploración del espacio, los intríngulis de la evolución o la clonación de animales, y que, por tanto, pasan a convertirse en la narración de la misma novela científica. Dicho de otra manera, los argumentos mismos de la ciencia-ficción han ayudado a crear los futuros argumentos de la ciencia en aquellos casos en que la ciencia imaginaria se había basado en una ficción intelectual. Para darnos una ligera idea de este desplazamiento del equilibrio ficción-realidad, echemos una ojeada a lo que escribió un escritor, hombre de ciencia, Pio Baroja, en «El árbol de la ciencia». En uno de los ágiles diálogos de la vida estudiantil universitaria de la época se cruzan estas sentencias: -Ya la Ciencia para vosotros -dijo uno de los estudiantes-, no es una institución con un fin humano; la habéis convertido en un ídolo. -Hay la esperanza de que la verdad, aún la que hoy es inútil, pueda ser útil mañana -replicó otro-. ¿Tú crees que vamos a aprovechar las verdades astronómicas alguna vez? -¿Alguna vez?, ¡las hemos aprovechado ya! -¿En qué? -¡En el concepto del mundo -Está bien; pero yo hablaba de un aprovechamiento práctico, inmediato. Y en otro lugar se refiere a algunos pasajes bíblicos, y, entre otros, el siguiente: «Tú habrás leído que en el centro del paraíso había dos árboles, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. El árbol de la vida era inmenso, frondoso, y, según algunos santos padres, daba la inmortalidad. El árbol de la ciencia no se dice cómo era; probablemente sería mezquino y triste». Nadie pensará hoy que la ciencia no se aprovecha y, mucho menos aún, que la ciencia es mezquina y triste. Si, de un lado, hay que coincidir con el filósofo cuando asegura que la Naturaleza sólo es bella para una inteligencia que la ve y la contempla; de otro lado, no hace falta insistir demasiado para darnos cuenta de todo lo que nuestra presente calidad de vida debe a los hechos de la ciencia y la tecnología. La naturaleza fue siempre el escenario de las ideas morales y religiosas, y las plantas y las flores han sido protagonistas del teatro de la humanidad en todas las épocas. En la literatura clásica «De rerum natura» es la primera gran obra de poesía, anticipación científica de posteriores observaciones y descubrimientos. Es el poema de la materia, aunque se nos advierte desde sus comienzos que la verdadera realidad de esa materia consiste de corpúsculos invisibles;.... que el vacío es tan concreto como los cuerpos sólidos. Otro ejemplo, y desde antiguo, de la concepción enciclopédica de ciertas obras literarias son «Las metamorfosis». El mundo poético de Ovidio está hecho de atributos y de formas que delimitan la naturaleza de los ingredientes del mundo, las plantas, los animales, las cosas y las personas. La «Historia natural» de Plinio es, de un lado, una fabulosa compilación de datos de la anatomía y la botánica comparadas, de los metales y las piedras preciosas, de la geografía y las bellas artes. Pero, a la vez, la erudición se mezcla con la fantasía cuando cuenta sus sentimientos cosmológicos o habla del misterio de las formas y las ideas. Especial protagonismo literario de las plantas supuso la gran obra de Erasmus Darwin, a finales del siglo XVIII, titulada «The botanic Garden»; sobre todo su segunda parte «Los amores de las plantas». Erasmus fue abuelo de Charles Darwin, médico, hombre de ciencia e inventor famoso y promotor de las nuevas tecnologías durante la revolución indus-Los Argumentos de la Ciencia en la Creación Literaria trial. En 4376 versos, Darwin pormenorizó los amores de las plantas vestidos a lo humano y acogidos al rigor de las descripciones sexuales de Linneo. Mostró, personificados, sus actitudes y enredos, llenos de ironía y humor; popularizó la seriedad de los planteamientos científicos mediante descripciones frivolas, llenas de ingeniosos episodios mitológicos. Un año después de su muerte apareció su poema «El templo de la naturaleza», en el que rastrea la evolución de los seres vivos, desde los microscópicos hasta el hombre. Evolucionista antes de su tiempo, diseñó un escenario evolutivo un siglo antes de que pudiera ser aceptado. No deja de ser, sin embargo, significativo que el verso final de «El jardín botánico» sea: «Y los amores pueden reírse de todo menos de las leyes de la naturaleza». Muy frecuentes son los relatos que se desarrollan en los escenarios naturales, cuya descripción ha llenado multitud de páginas de todas las literaturas. Así, entre las encinas y alcornoques de la Mancha o en los jarales de Sierra Morena transcurrieron muchos de los episodios y aventuras de don Quijote y Sancho. Un gran maestro de la botánica española, Luis Ceballos, en su «Flora del Quijote», reúne todas las acciones de las que las encinas fueron testigo: de una encina, don Quijote desgarró una rama para sustituir su lanza; en el tronco de una desmochada encina se sienta el pastor Antonio para tocar el rabel y entonar su amoroso canto; emboscado en la floresta encinar junto al Toboso esperan la noche para que vaya Sancho a entrevistar a Dulcinea. En una reciente narración, y como simple ejemplo, se puede leer: «Cosimo estaba en el acebo..,, miraba al mundo desde el árbol. El acebo estaba junto a un olmo; las dos copas casi se tocaban. Desde el olmo, buscando siempre el lugar donde una rama pasaba a un codo de las ramas del otro árbol, se pasaba a un algarrobo, y luego a una morera,,,.Cosimo se dejó caer sobre las hojas oscuras de una planta recien importada de las colonias americanas, la magnolia, en cuyas ramas negras brotaba una carnosa flor blanca...». Lo importante es que por el jardín paseaba la Generala con el Barón, iban del brazo y miraban los rosales....era el Barón de Rondó, quien, de niño, en un arrebato de ira, trepó a los árboles y, de árbol en árbol, caza, lucha, estudia y corteja. Se trataba, a no dudarlo, del «Barón rampante», una de las obras de ítalo Calvino en la que, como en «El caballero inexistente» y en «El vizconde demediado», nos presenta visiones de la naturaleza entremezcladas con historias fantásticas. Aparte de este telón de fondo sobre el que se mecen personajes y sentimientos, las plantas han protagonizado desde la prehistoria leyendas, mitos y magias. Todos ellos, reunidos, forman la «Botánica oculta» de Juan Perucho. Por lo que se refiere a la naturaleza animal, son numerosos los seres que han participado en el lenguaje literario. En su representación elegiré los insectos. Cuando Alicia, «Al otro lado del espejo», y el mosquito, que le susurraba al oído, platicaban sobre los nombres de los insectos -el Tábano, la Libélula, el Dragón-, el mosquito preguntó a la niña: «¿de qué sirve que tengan nombre si no responden cuando se les habla por su nombre?» En ese momento faltaban varias docenas de años para que los creadores, al estilo de Rubén y Juan Ramón, dieran un nuevo paso hacia la confluencia entre la belleza y la verdad: «aún la verdad poética podría ser bella mentira», escribió Juan Ramón. En Rubén, «la reina Mab, en su carro hecho por una sola perla, tirado por cuatro coleópteros de petos dorados y alas de pedrería, caminando sobre un rayo de sol, se coló por la ventana.,..». El poeta crea, descubre y expresa la belleza. Si, además, canta la belleza de lo invisible y manifiesta la verdad oculta que revela la ciencia, de forma rigurosa y precisa, la poesía híbrida belleza y verdad. Es el caso de los insectos como realidad poética -poesía y ciencia, intuición y razón-en Dámaso Alonso. En su presentación del poema «Los insectos» aclara: «Altas horas. Y sobre la lámpara, sobre mi cabeza....inmensas bandadas de insectos;....duros, pesados coleópteros; minúsculos hemípteros saltarines; grotescos ortópteros, lepidópteros en miniatura; vivaces y remilgados dípteros; tenues, delicadísimos neurópteros y, como ojos, dos bolitas diminutas de un oro purísimo. Oh, mucho más bellas que lo que llamamos oro. Todos extraños y maravillosos». Que sabía muy bien lo que decía nos lo aseguran otros versos del poeta: «Oh, los sabios, la Ciencia, con mayúscula/ sí, sí, lo sé./ Mas sé mejor, mucho mejor, dejadme...». Sabía, en efecto Dámaso que una de las maravillas más extraordinarias de la observación biológica era el ojo compuesto de los insectos, con una estructura modular integrada por muchos cientos de omatidios, elementos visuales en forma de pirámides truncadas de cuya disposición regular resulta tanto la estructura hemisférica del ojo como el esquema preciso de proyecciones axonales hacia los ganglios ópticos. No tiene nada de extraño, pues, la admiración del poeta por estos ojos de los insectos: «Me están doliendo extraordinariamente los insectos, porque no hay duda estoy desconfiando los insectos, de tantas advertencias, de tantas patas, cabezas y esos ojos, oh, sobre todo esos ojos...... Ellos merecieron una elegía y, así fueron en ella los versos de Dámaso Alonso: «Estabas en mi casa, mirabas mi jardín, eras muy bello. Oh si pudiera ahora darte otra vez la vida, yo que te di la muerte». Dejando ya esta participación de la Naturaleza, adelantemos que los hechos de la ciencia -de la física, la biología o la psicología-intervienen en los argumentos de la creación literaria, de la novela, de la poesía e, incluso, del teatro. Una de las novelas más famosas de nuestros días pone en boca de uno de sus personajes, justo al comienzo de la narración: «Fue entonces cuando vi el Péndulo. La esfera, móvil en el extremo de un largo hilo sujeto de la bóveda del coro, describía sus amplias oscilaciones con isocrona majestad. Sabía, aunque cualquiera hubiese podido percibirlo en la magia de aquella plácida respiración, que el periodo obedecía a la relación entre la raíz cuadrada de la longitud del hilo y ese número d que, irracional para las mentes sublunares, por divina razón vincula necesariamente la circunferencia con el diámetro de todos los círculos posibles, por lo que el compás de ese vagar de una esfera entre uno y otro polo era el efecto de una arcana conjura de las más intemporales de las medidas, la unidad del punto de suspensión, la dualidad de una dimensión abstracta, la naturaleza ternaria de d, el tetrágono secreto de la raíz, la perfección del círculo». También sabía que en la vertical del punto de suspensión, en la base, un dispositivo magnético, comunicando su estímulo a un cilindro oculto en el corazón de la esfera, garantizaba la constancia del movimiento. Era un artificio introducido para contrarrestar las resistencias de la materia, pues no sólo era compatible con la ley del Péndulo, sino que, precisamente, hacía posible su manifestación, porque, en el vacío, cualquier punto material pesado, suspendido del extremo de un hilo inextensible y sin peso, que no sufriese la resistencia del aire ni tuviera fricción con su punto de sostén, habría oscilado en forma regular por toda la eternidad. Rigurosa la descripción física con que se inicia «El Péndulo de Foucault». Pocos párrafos más adelante continúa el personaje: «El Péndulo me estaba diciendo que, siendo todo móvil, el globo, el sistema solar, las nebulosas, los agujeros negros y todos los hijos de la gran emanación cósmica, desde los primeros eones hasta la materia más viscosa, un sólo punto era perno, clavija, tirante ideal, dejando que el universo se moviese a su alrededor. Y ahora yo participaba en aquella experiencia suprema, yo, que sin embargo, me movía con todo y con el todo, pero no era capaz de ver Aquello, lo Inmóvil, la Fortaleza, la niebla resplandeciente que no es cuerpo, no tiene figura, forma, peso, cantidad o calidad; y no ve, no oye, ni está sujeta a la sensibilidad; no está en algún lugar o en algún tiempo, en algún espacio; no es alma, inteligencia, imaginación, opinión, número, orden, medida, sustancia, eternidad; no es tinieblas ni luz; no es error y no es verdad». Y cuando este personaje, el personaje del Péndulo, pasaba revista a lo que Humberto Eco llama cementerio de cadáveres mecánicos, con el alma herrumbrada, puros signos de un orgullo tecnológico e intentaba esconderse y permanecer en el museo de antiguos objetos móviles; cuando tenía que ser astuto y lúcido, se dijo para sus adentros: «Animo, deja de pensar en la sabiduría. Pide ayuda a la ciencia». Nuestros clásicos, a su manera, ya lo resolvieron. Calderón, en «La estatua de Prometeo», aseguraba: «Pues, moralmente se viera, que quien da luz a las gentes, es quien da a las gentes ciencia». No se extrañaría el personaje del Péndulo, cuando correteaba por las galerías del museo que abrió la Convención para facilitar el acceso de las gentes a la ciencia y el arte. No se extrañaría, digo, si hubiera conocido este pensamiento calderoniano. Pienso que no, porque cuando en su carrera por la historia de la ciencia vio en aquellas galerias su imagen invertida en un espejo, exclamó: «Desde el medioevo árabe conocemos todas las magias de los espejos. ¿Valía la pena la Enciclopedia, el Siglo de las Luces, la Revolución, para afirmar que basta con curvar un espejo para precipitarse en lo imaginario?». Nos encontramos, pues, de lleno en la participación de las ideas de la Ciencia en los pormenores de la creación literaria. De las ideas de la física -la velocidad, la gravedad, el tiempo, la incertidumbre-, de la biología -la fisiología y la neurobiologia de la visión, por ejemplo-, de la psicología, etc. Precisamente, por la falta de pesantez vuela el cubo de Kafka, en el cuento «El jinete del cubo», para recoger un poco de carbón; vuela el barón de Munchausen en sus aventuras. O cuando el Romeo shakesperiano asegura que se hunde bajo el peso del amor, el consejo de Mercurio Los Argumentos de la Ciencia en la Creación Literaria no es otro que ya que te has enamorado, álzate con las alas que Cupido te preste. O cuando en «Cien años de soledad», García Márquez hace a sus personajes volar, levitar y atraer nubes de mariposas. La obra de Leopardi, tan rica en todo tipo de imágenes físicas, lo es de manera singular cuando fantasea sobre la velocidad, en su «Zibaldone», velocidad física o mental, y a la vista de los caballos gratísima en sí misma por la vivacidad, la energía, la fuerza, la vida de la sensación, le lleva también a asegurar que despierta una casi idea de infinito, eleva el alma, la fortalece. La dualidad rapidez-lentitud ha sido con frecuencia figura de la creación literaria. Dos humoristas, distanciados sus relatos en un siglo, Tomás de Quincey y Fernández Flórez, el primero en el «Coche correo inglés», y nuestro escritor en «El hombre que compró un automóvil», ofrecen imágenes calcadas sobre el espejo del tiempo: «Los enfurecidos caballos -los del coche correo, por supuesto-habían pasado un recodo del camino que ponía delante de nosotros la etapa final en que el choque habría de tener lugar y la catástrofe quedar sellada». Y al cabo de un siglo podemos leer: «....esta ausencia de la voluntad del hombre en los movimientos del auto los impresionaba más de lo que querían revelar. El frío del miedo corría por el cauce de sus médulas. De pronto, el industrial giró bruscamente a la derecha y en ese instante el camión se precipitó -acometió, sería más exacto decir-contra ellos». La exactitud, como precisión léxica y como expresión de los matices más finos del pensamiento, tiene en Paul Valéry y en su personaje Monsieur Teste un ejemplo de matematicidad de la imaginación. Cuando Monsieur Teste paseaba por París, un amigo que le acompañaba relata su pensamiento y sus frases aparentemente incoherentes: «Encuentro allí la ilusión de un trabajo inmenso que, de golpe, se me vuelva posible....Me da sensaciones abstractas, figuras deliciosas de todo lo que amo; del cambio del movimiento, de la mezcla, del fluir, de la transformación...¿Negaría Vd que existen cosas anestésicas?, ¿árboles que embriagan, hombres que dan fuerzas, muchachas que paralizan, cielos que cortan el habla?». Desde Heisenberg, la incertidumbre pertenece al lenguaje de la ciencia aristocrática al señalar que la naturaleza no pasa de ser sino síntesis de lo que el hombre es capaz de ver en ella; lo que ya dio pie a Unamuno para regocijarse con su presencia ya que -decía el-«es estúpida la fe sin sombra de incertidumbre y mucho más estúpida la incredulidad sin. sombra de duda». La incertidumbre es también una idea muy fructífera en las descripciones literarias, y así lo ha sido para la creación de «El ritmo de la vida», de Lyall Watson. El autor utiliza la idea, es decir, la dificultad con que se encuentra el método científico al llevar implícito el hecho de que el observador y el experimentador se encuentran fuera y son independientes de los objetos de su atención. Así es en la descripción de la novela: «El desear cualquier cosa, cambia inevitablemente la cosa que deseas». Y con estas bases describe el autor el estado actual de la cosmología, la evolución prebiótica, el origen de las partículas virales, la organización gènica y la proliferación celular. Esta misma idea caracteriza la visión del autor italiano Cario Gadda, cuyas novelas -quizá por su formación intelectual mixta, literato, ingeniero y filósofo-pertenecen a ese género narrativo enciclopédico que conforma una red de conjuntos, cada uno de ellos condicionado por los demás. Cada mínimo objeto es para Gadda un vasto horizonte con un sinnúmero de descripciones y de detalles; para Gadda también conocer es insertar algo en lo real, y por lo tanto deformar lo real. Con estos presupuestos no es extraño que cada episodio sea un mundo heterogéneo y complejo, como lo es el hallazgo de las joyas robadas en uno de los capítulos de su obra «El zafarrancho aquel de via Merulana». De esta manera, cada piedra preciosa de cada joya tiene una historia geológica, una composición química y una fórmula cristalina; a lo que se une todo un cúmulo de referencias históricas y artísticas, usos y destinos y, por supuesto, de imágenes de la mente y el sentimiento. Inevitablemente, la novela enciclopédica moderna no tiene más remedio que nutrirse del ambiente científico de la época. Y de esta manera ocurre en «Bouvard et Pécuchet» de Flaubert, «La montaña mágica» de Man, «La vida. Modo de empleo» de Perec, o en «Ulises» de Joyce, una de las últimas y mejores obras del simbolismo, en la que descubre las miserias y las dignidades de Ulises, viajante de comercio judio de Dublin. Sus penas, sus arrepentimientos y sus placeres, dan paso a descripciones científicas como en ciertos argumentos a propósito de las malformaciones congénitas, de la medicina obstétrica e, incluso, de la hibridación interespecífica. A modo de ejemplo, se habla de los fetos acardíacos, la agnacia de ciertos chinos sin barba a consecuencia de una unión defectuosa de Los Argumentos de la Ciencia en la Creación Literaria las protuberancias maxilares a lo largo de la línea media, a tal punto que una oreja podía oir lo que salía de la otra.. Aos casos de nacimientos multigeminados, bispermáticos y monstruosos debido a uniones entre consanguíneos...las anormalidaades de los labios leporinos, marcas de nacimieneto, dedos supernumerarios, manchas de frutilla.... El tiempo, tan de moda, ha sido narrado de mil maneras para explicar el curso y la mudanza de las pasiones/Ciencia y poesía, filosofía e historia, se han enfrentado con la temporalidad de los seres vivos. Ya San Agustín se preguntó insistentemente sobre esta palabra, tan sencilla y oscura, tan vulgar y profunda, ¿qué es el tiempo? Medimos el tiempo a su paso y aseguró: «el presente existe, pero no perdura y, en cambio, el pasado y el futuro tienen duración, pero no existencia». El tiempo procede del futuro y camina hacia el pasado, de lo que concluye San Agustín que «el tiempo viene de lo que no existe hacia lo que no puede alargarse». Se dice, no obstante, que hasta el siglo XIX no se planteó, en ciencia y en filosofía, en toda su complejidad, el problema del tiempo. Dudas e interrogantes parecidas a propósito del tiempo llegan hasta nuestros días. Cuando, hace casi cuatro décadas, muere Besso intentando, hasta los últimos días de sus ochenta años, conciliar la irreversibilidad del tiempo con la relatividad general, su gran amigo Einstein escribió a la familia: «Para los físicos convencidos, la distinción entre pasado, presente y futuro es sólo una ilusión por persistente que sea». Einstein solidarizó al hombre y al planeta en que vive con el cosmos; pero fue Darwin quien logró la solidaridad de la vida del hombre con la vida en el resto de la Tierra. Darwin vinculó su conocida teoría a la noción de un tiempo lento, evolutivo, que en el pensamiento de la época equivalía a natural, frente a la idea de cambio brusco, discontinuo, más vinculado a lo sobrenatural. Dos siglos antes de las observaciones fundamentales que dieron origen a las teorías de Darwin, se podía ya leer el párrafo siguiente: «La vida de todos los hombres constituye una historia que representa la naturaleza de los tiempos que fueron; y, por la observación de esta historia, un hombre puede vaticinar, casi a ciencia cierta, las cosas probables que están todavía por nacer y que reposan envueltas en sus semillas y en sus débiles orígenes». Puede que no sea fácil reconocer en este texto a Warwick, personaje shakesperiano del «Enrique IV». No es difícil, de otro lado, espigar entre las bellas figuras que el autor inglés siembra abundantemente la idea del tiempo. En el acto tercero de «As you like it», Orlando y Rosalinda^ amorosos, se preguntan ¿qué hora es en el reloj'?; en la conversación se puede escuchar: «No importa que no haya reloj en el bosque para que el tiempo cuente; se puede hacer igual de bien registrando su marcha perezosa a suspiro por Angel Martín Munido minuto y a gemido por hora». En el acto quinto de «Ricardo II», en el torreón del castillo, el Rey exclamó: «He abusado del tiempo y ahora el tiempo abusa de mí, pues ahora el tiempo me ha tomado por el reloj que marca sus divisiones; mis pensamientos son los minutos y mis suspiros son el tictac que marca la hora sobre mis ojos..,» Cela ha escrito bellas imágenes sobre el uso y los usuarios del tiempo. Hace un cuarto de siglo escribió en «Las compañías convenientes»: «Llegar a la meta prevista cuando la vida se apaga, no nos puede ilusionar. No es menester llegar el primero a nada; es, por el contrario, de toda necesidad el llegar a tiempo». Y en una colección de ensayos conmemorativos del centenario de Marañón, Cela esculpió así la huella del hombre: «Don Gregorio derrotó al tiempo con el arma que más ama el tiempo: la constancia; en su vida, más importante que el tiempo que no se aprovechó, fue el tiempo que no se dilapidó, el tiempo que no se dejó perder. El perder el tiempo no supone tan sólo una pérdida de tiempo -que bien mirado sería lo de menos-, sino también una alteración de la conciencia, un derroche de la paz más íntima y, lo que es peor, una dejación de la fe en uno mismo;....a fuerza de lavarse el alma, cada mañana, en los claros chorros del tiempo que, por usarlo con alegría se ve pasar sin congoja, fue un domador del tiempo, un árbitro de su propio tiempo. En su cigarral, Marañón tenía un reloj de sol, un reloj que no daba las horas, pero sí las contaba». En esta sutil manera de entrever las imágenes físicas, hay que hacer mención de las imágenes de infinitud de Borges y del espacio-tiempo de Juan Ramón Jiménez. Una situación excepcional de esta incursión de los argumentos de la ciencia, en particular de la biología humana, en el seno de la obra literaria, es la que viene marcada por la obra de Shakespeare. En sus aproximadas tres docenas de obras hay más de setecientas referencias a la medicina, preferentemente a la neurología. Argumento de rara utilización, que sobrepasa el conocimiento normal de un profano, aún en nuestros días. Más aún, en los dramas de Shakespeare, los puntos de vista médicos, los diagnósticos y tratamientos no fueron hechos por médicos sino por gentes llanas. Habrá que añadir que en la época aún no se había establecido la circulación de la sangre ni la función del corazón, y, por entonces, el alma se iba residenciando tan pronto en el cerebro como en el corazón o el hígado. Extraña por ello más sus conocimientos de la anatomía del cerebro, de la demencia y la senilidad, de los efectos del alcohol y de la sífilis, o de los poderes curativos o tóxicos de muchas plantas. Así, Los Argumentos de la Ciencia en la Creación Literaria Julio César, Otelo y Macbeth sufrían convulsiones, con sus funciones mentales y percepciones alteradas, diagnosticadas como epilépticas. El Rey, en la «Vida de Enrique V»; Lear, en el «Rey Lear»; Polixeno, en el «Cuento de invierno», son ejemplo de caracteres seniles. Así, Lear pierde el juicio, seguido de la pérdida de los amigos y la traición de sus más cercanos; y desarrolla una psicosis, pérdida de contacto con la realidad, como consecuencia del gran estrés físico y emocional. Lear padece alucinaciones visuales como ocurre a los pacientes psicóticos con un fondo físico, en contraposición a las alucinaciones auditivas propias del fondo psicológico. Los grandes bebedores y los alcohólicos, como Toby Belch en la «Duodécima noche», o el portero en «Macbeth», dan lugar a descripciones como las referidas al segundo cuando asegura: «La bebida, señor, produce estas tres cosas: sueño, orina y coloración de la nariz». O cuando Toby Belch comenta acerca de Andrew: «Si le abrieran encontrarían mucha sangre en el hígado». Ello indica que Shakespeare conocía los efectos crónicos del alcohol y el daño hepático y cerebral. Cientos de años antes de las explicaciones etiológicas de la hipercoagulación, Shakespeare pone en boca de Falstaff, en la segunda parte del «Rey Enrique IV», lo siguiente: «Esta apoplejía es, a mi entender, una clase de letargo....una especie de sueño de la sangre y un hormigueo de mil diablos...», debido -según Falstaff-a accidentes y perturbaciones del cerebro. Alcohol y alcoholismo se han multiplicado en la literatura. «No era pintura, ni el color de la salud, ni pregonero del alcohol; era el rojo que brota en las mejillas al calor de palabras de amor o de vergüenza», señalaba Clarín en «La Regenta». Y Miguel Ángel Asturias, al poner sitio a la dicha humana, en «Papa verde», discurre: «...el alcohol sirve para la nostalgia que nos deje en el alma el huido instante feliz...» Cambiando de tema, aún en el terreno de lo biológico, el héroe nonato de la novela, Cristóbal, en el imaginativo laberinto de Carlos Fuentes, medita sobre su origen y describe la evolución de su morfología: «El huevo de mi madre me espera en su escondite...en su trono de sangre...me abren los brazos a mí, el campion, victorioso sobre los millones de soldados y soldaderas muertos en la carrera inútil por llegar hasta aquí donde yo estoy, calentito, ávido, triste, pidiendo posada. Un esperma para un huevo. Ya se enredó en sus raíces el Cristobalita, ya se encontró su destino...Yo soy mi propio escultor: me estoy haciendo a mí mismo, desde adentro, con materiales vivps, mojados, flexibles: qué otro artista ha contado jamás con diseño más perfecto que el de mis cinceles y mis martillos: las Angel Martín Munido células se desplazan al lugar preciso para construir un brazo: es la primera vez que lo hacen, nunca antes y nunca después, ¿me entienden bien? Dentro de los argumentos biológicos, la neurobiologia de la visión, en la poesía de Dámaso Alonso, llegó a penetrar en la estructura y en los aspectos evolutivos de los ojos de diferentes especies. Así, de esta manera: «Gracias...porque mi ojo es perfecto, para mi, humano.... porque mis ojos crean, porque inventan la luz Gracias por no tener los tres mil ojillos de una avispa; por no tener la cinematográfica visión de mosaico de un estólido saltamontes. Para el hombre sus ojos son perfectos ¿para qué la acuidad meticulosa de la visión del ave? Allá en su vuelo el águila aplica y cambia momentáneamente sobre el fondo de su retina, diversos filtros de luz coloreados, de finísima precisión: en un instante elige aquel que le resalta con mayor nitidez en lo hondo del valle la presa, Sería divertido, quizá, por un momento ver cómo el anableps tetrophtalmus, feliz pez que nada con exquisita elegancia.... tan delicadamente que la mitad inferior de su ojo avanza sumergida, pero la mitad superior hiende juvenilmente el aire. Ah, la refracción del aire es distinta de la del agua, tal un señor con lentes bifocales». En cuanto a los tratamientos psicológicos, es bien conocida su abundancia en la creación literaria. Ernesto Sàbato explora en «El túnel» el universo humano, al novelar el resquebrajamiento del alma y poner sobre el tapete la mezquindad, el amor, los tedios, la soledad y la incomprensión. Su protagonista persigue lo inalcanzable a través de esperanzas imposibles y de la lucha entre la razón y la intuición. Novela psicológica que llega a justificar los suicidas por felicidad, los asesinos por benevolencia, las personas que se adoran hasta el extremo de separarse para siempre y los delatores por fervor. Es la equivalencia científica del pleno desorden, la lejanía del equilibrio y la complejidad. Ahondando en los estudios psicológicos, no hay más remedio que recordar aquel verso de Pessoa: «Cada uno es mucha gente». Y, con el, la variedad que resulta de una misma actitud o composición esencial. Muchos siglos antes, San Pablo, en una de sus Cartas a los Corintios, dice: «En el presente vemos confusamente en un espejo, pero luego veremos cara a cara. En el presente, parcial es mi ciencia, pero luego conoceré como soy conocido». Otro punto importante que merece recordar es el comienzo de la novela de corte psicoanalítico «Deseo de ser piel roja», cuando el autor, Miguel Morey, afirma y se pregunta: «Sin duda eres alguien, pero ¿quién?» Y como si aclarara la cuestión, continúa: «Por momentos, la imagen que te devuelve el espejo se asemeja en todo a un carboncillo escolar trabajosamente copiado. Son exactamente tus facciones -no puedes negarlo, Y sin embargo, es como si en ese retrato tan minucioso se hubieran deslizado algunos fallos de aprendiz: una cierta contradicción en el equilibrio de los trazos, la falta de brío de algún rasgo -como señales de un agujero pusilánime en el talento del dibujante, como una bruma inmiscuida en el brillo de la mirada. Te miras y te dices que sin duda eres alguien, que ese del espejo eres tú. Yo creo que, en vista de la perplejidad del lector, el autor intenta explicárnoslo algunos renglones después: «Alguien es cualquier rostro sin nombre que cruzamos por la calle: una cierta prisa, un aire distraido -esa forma peculiar que tiene cada cual de acompañarse, de llevarse a sí mismo de la mano. Eso es alguien: el fotograma de un desconocido en la pantalla -alguien que es alguien porque no está, porque es como si estuviera....Así te ves ahora en el espejo, como negándote desde el exterior. Puedes gritar tu nombre si quieres, y ni aún así te reconocerás -tan frío es todo. Y, sin embargo, lo que durante años has tomado por tu rostro verdadero, ¿qué era sino apenas los ecos de un nombre en la memoria? Lo que querías ver reflejado en tus facciones era el recuerdo de tantas voces como te han llamado: imperiosamente, con amor, con desprecio, en la oscuridad, nombrado en falso,,,. Era eso lo que eras -y no este silencio de ahora en el espejo». Nos encontramos, pues, frente a esta variación de uno mismo, tan persistente en la creación literaria, en la que de nuevo nos topamos con los versos de Pessoa: «Si canto lo que no miente y lloro lo que pasó, es que olvidé lo que siento y creo que no soy yo». Y, sin embargo, la identidad no se define, la solución del enigma es otro enigma. Para Lévi-Strauss la crisis de la identidad es el nuevo mal del siglo. De la siguiente manera lo expresaba: «Cuando las costumbres seculares se derrumban, cuando los géneros de vida, cuando las viejas solidaridades se deshacen, puede ocurrir, con toda seguridad, una crisis de identidad,,. La voluntad sistemática de identificación al otro va a la par de un rechazo obstinado de la propia identificación,..,, un cuestionamiento de la tautología insustancial del Yo soy yo». En efecto, desde que Platón, en el diálogo «Cratilo», se dedicó a estudiar el significado de las palabras hasta nuestros días, pocas habrán dado más juego que las de ser, individuo, hombre, alma, mente,,.A ellas tenemos que añadir las que nos ha recordado Ana Maria Matute, hace muy pocos dias, cuando dice: «La palabra hermano, la palabra miedo, la palabra amor, son palabras muy simples, pero llevan el mundo entero dentro de sí. No siempre es fácil, ni sencillo, descubrirlo. Hay que intentar alcanzar el oculto resplandor de esas palabras, de todas las palabras, o de una sola que todavía nadie oyó nunca pronunciar». Tanto que la antropología moderna nos asegura que el hombre es el único ser que es problema para sí mismo, que sabe trocar su esencia en problema. Problema que muchos hombres se habrán planteado más de una vez: ¿qué es lo que hace al ser humano dueño de una vida mental llena de emociones y esperanzas?, de una vida tan diferente de la de un arbusto, un insecto o un rumiante; dueño de una vida distinta de la de todos los demás, incluso de la de todos los demás de su misma especie. Si los progresos de la biología molecular -los antígenos de histocompatibilidad, la transducción de las señales, las redes neurales, etc.-están sirviendo en la actualidad a la mejor comprensión de la naturaleza del universo y de la condición del hombre, no debemos ignorar la interpretación de la naturaleza que trasciende a la creación literaria. Y yo quiero ver, otra vez, en los versos de Pessoa, la idea de la heterogeneidad del ser, de la unicidad de uno mismo, soportada por los antígenos de histocompatibilidad. Pudiera ser en estos versos: Los hago callar: yo hablo». La creación literaria, desde la Antigüedad hasta Kafka y desde Kafka hasta hoy, ha sido rica en ficciones y metamorfosis de la identidad. La narración es, efectivamente, un terreno apto en especial para cualquier trama en la que se enredan lo temas de la identidad y de la identificación. Y la investigación literaria se ha ocupado tradicionalmente de descubrir y clasificar los entresijos de la ficción, entre los que se cuentan múltiples cuestiones filosófico-lingüísticas, tales como las relaciones entre ver y decir, mostrar y contar. Hay un cuento de Cortázar que comienza: «Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del «Jardin des Plantes» y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl». Desde el comienzo, el narrador confiesa su extravagante identidad. La identidad consiste en apropiarse de la identidad de otro. La atenta observación da lugar a la adopción de la nueva identidad, a la que puede no sea ajena la presencia de la misma voz indígena: «Soy un axolotl». Por la observación, el narrador se transforma, se fija, y, al fijarse, el observador se cambia y se desplaza. El narrador traspasa espacios y traspasa especies. «La absoluta falta de semejanza de los axolotl con el ser humano me probó que mi reconocimiento era válido, que no me apoyaba en analogías fáciles», aseguró el narrador. ¿Cómo se produjo el cambio de identidad?. Tras la primera visita al Jardin des Plantes, continúa el cuento: «....volví al dia siguiente. Empecé a ir todas las mañanas, a veces de mañana y de tarde. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirar los... Había nueve ejemplares, y la mayoría apoyaba la cabeza contra el cristal, mirando con sus ojos de oro a los que se acercaban. Turbado, casi avergonzado, sentí como una impudicia asomarme a esas figuras silenciosas e inmóviles, aglomeradas en el fondo del acuario. Aislé mentalmente una, situada a la derecha y algo separada de las otras, para estudiarla mejor... Y entonces descubrí sus ojos, su cara. Un rostro inexpresivo, sin otro rasgo que los ojos, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente, carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior....El tiempo se siente menos si nos estamos quietos. Fue su quietud lo que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl». Observador y observado, el na-rrador se queda quieto, dia tras dia, repitiendo un gesto, cumpliendo un rito. Y en esa ceremonia puntual de encontrarse consigo, continúa: «Los ojos de los axolotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar...Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente lúcido, me penetraba como un mensaje: Sálvanos, sálvanos. Me sosprendía musitando palabras de consuelo, transmitiendo pueriles esperanzas...No se daban cuenta de que eran ellos los que me devoraban lentamente por los ojos, en un canibalismo de oro...Llegué a ir todos los días, y de noche los imaginaba...eso tenía que ocurrir. Cada mañana, al inclinarme sobre el acuario, el reconocimiento era mayor... Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio...Afuera, mi cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl...el horror venía -lo supe en el mismo momento-de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a el con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme lúcidamente entre cristuras insensibles...Ayer lo vi, me miró largo rato y se fue bruscamente...Y en esta soledad final a la que el ya no vuelve, me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl». Es muy posible que el protagonista del cuento de Cortázar fuera diagnosticado de parafrenia, o delirio de imaginación. Algo más graves me parecen los síntomas que revelan los protagonistas de «El beso de la mujer araña», de Manuel Puig, que, con una especie de psicosis alucinatória crónica, origina toda una colección de especies cruzadas en el interior de una celda a cargo de un homosexual y un terrorista. Molina, apellido de hombre, nombre de mujer. Valentín, colaboracionista o resistente, guerrillero o cómplice, cobarde o valiente. Tanto el cuento de Cortázar como esta novela acuden al encierro, al acuario o a la celda, para el diseño psicológico de la identidad. Los híbridos hombre-Dios, hombre-animal, hombre-mujer, hombre-niño, son especialmente aptos para las metamorfosis, para la apropiación de la identidad de otro, para la creación de un espacio en que identidad-alteridad no se distinguen. Umberto Eco ha recordaddo que «los Antiguos ya sabían que cualquier cosa es susceptible de parecerse a otra si se la hace objeto de cierta descripción». Y en «El beso de la mujer araña», la ficción se multiplica; la narración abarca la narración de películas, hay algo así como un montaje en el que el ámbito físico y del lenguaje de la celda carcelaria, por el hecho de la narración de una película, se extiende a otros espacios y a otros lenguajes: diálogos, Los Argumentos de la Ciencia en la Creación Literaria monólogos, informes policiales y periodísticos, actas de procesamiento, narraciones psicológicas, etc. Son de esta novela los siguientes párrafos: «Es una mujer vistosa, al primer vistazo, pero enseguida después se le nota algo rarísimo en la cara, algo que da miedo y no se sabe qué es. Porque es una cara de mujer pero también una cara de gato. Los ojos para arriba, y raros, no se como decirte, el blanco del ojo no lo tiene, el ojo es todo color verde, con la pupila negra en el centro y nada más....Ella tiembla, de frio o de miedo, aunque los rugidos parecen haberse aplacado. Ella dice, apenas en su susurro, que tiene miedo de ir a su casa y pasar la noche sola. Van al departamento de el....Ella no se anima a mirarlo en los ojos, coloca la cabeza sobre las rodillas de el. Entonces empieza a contar que había una leyenda terrible en su aldea de la montaña, que siempre la ha aterrorizado desde chica. Y eso yo no me acuerdo bien como era, algo de la Edad Media, que una vez esas aldeas quedaron aisladas por la nieve meses y meses, y se morían de hambre, y que todos los hombres se habían ido a la guerra, algo así, y las fieras del bosque llegaban ambrientas hasta las casas, no me acuerdo bien, y el diablo se apareció y pidió que saliera una mujer si querían que el les trajese comida, y salió una mujer, la más valiente, y el diablo tenía al lado una pantera hambrienta enfurecida, y esa mujer hizo un pacto con el diablo, para no morir, y no se que pasó y la mujer tuvo una hija con cara de gata. Y cuando volvieron los cruzados de la Guerra Santa, el soldado que estaba casado con esa mujer entró en la casa y cuando la fue a besar ella lo despedazó vivo como una pantera lo hubiese hecho.... Y siguieron naciendo en la montaña mujeres pantera.... Y la leyenda es que la raza de mujeres pantera no se acabó y están escondidas en algún lugar del mundo, y parecen mujeres normales, pero si un hombre las besa se pueden transformar en una bestia salvaje». Cuando, como acabamos de ver, la literatura participa del tema de la identidad, conocer y confundir, describir oposiciones y contrarios, toman parte en los discursos de ficción. A este propósito, el filósofo francés Jacques Derrida se preguntaba: «¿Qué es saber? Saber es identificar o, más todavía, reducir a lo idéntico. Identificar es buscar la identidad, resolver las ficciones de la dualidad que la identidad plantea. Pocos planteamientos en busca de la identidad con la trascendencia de los involucrados en el Derecho como valor de orden, norma y justicia; los que, a la vez, gozan de la dimensión que tiene presente las repercusiones sociales de la norma. Repercusiones sociales, tan de nuestros días, de las que ya se hizo eco Cervantes, en el coloquio entre Cipión y Berganza, en estos renglones: «.,.ni soy ni he sido hechicera en mi vida; y si he tenido fama de haberlo sido, merced a los testigos falsos y ala ley del encaje, y al juez arrojadizo y mal informado, ya sabe todo el mundo la vida que hago en penitencia..,.». No podríamos concluir esta correría a través de la literatura utilizando los descansaderos que nos han brindado los argumentos de la ciencia, sin asomarnos al mundo, a ese mundo de los sentidos tal y como nos lo describe Diane Ackerman, autora del interesante libro «Una historia natural de los sentidos», en el párrafo: «Nos agrada pensar que somos criaturas magníficamente evolucionadas, con nuestro traje y corbata, gente que vive a muchos milenios y muchas circunvoluciones mentales de distancia de la caverna, pero nuestros cuerpos no están tan convencidos de ello. Podemos darnos el lujo de estar en la cima de la cadena alimentaria, pero nuestra adrenalina sigue fluyendo cuando nos enfrentamos con predadores reales o imaginarios. Incluso alimentamos ese miedo primordial yendo a ver películas de monstruos. Seguimos marcando nuestro territorio, aunque ahora a veces lo hacemos con ondas de radio. Seguimos luchando por la posición y el poder. Seguimos creando obras de arte para realzar nuestros sentidos y sumar más sensaciones aún al mundo ya lleno de ellas, de modo que podamos anegarnos en el lujo inagotable de los espectáculos de la vida. Seguimos aferrándonos con doloroso orgullo al amor, el sexo, la lealtad y la pasión. Y seguimos percibiendo el mundo, en toda su móvil belleza y su terror, allí mismo, en el latir del pulso. Para empezar a entender la magnífica fiebre que es la conciencia, debemos tratar de entender los sentidos: cómo evolucionan, cómo pueden expandirse, cuáles son sus límites, a cuáles hemos puesto un tabú, y qué pueden enseñarnos sobre el fascinante mundo que tenemos el privilegio de habitar». Y, en otro lugar, la autora nos incita a volver a sentir las texturas de la vida y, frente al esfuerzo de la vida moderna por apartarnos de esas texturas y despojarnos de la exquisitez sensorial, nos brinda el ejemplo maravilloso de cómo «uno de los grandes sensoriales de todos los tiempos no fue Cleopatra, ni Marilyn Monroe, ni Proust, ni ningún otro de los voluptuosos clásicos, sino una mujer ciega, sorda y muda. Helen Keller tenía sus restantes sentidos tan finamente sintonizados que, cuando ponía las manos sobre la radio para gozar de la música, podía captar la diferencia entre los bronces y las cuerdas. Escuchaba las coloridas y nostálgicas historias de la vida a lo largo del Mississippi de los labios de su amigo Mark Twain. Escribió extensamente sobre los aromas, gustos, texturas y sensaciones de la vida^ que exploró con la voluptuosidad de una cortesana....pocas personas de su generación tuvieron una vida tan plena como la suya». No tiene, pues, nada de extraño que en la «Dioptrica» de Descartes los fenómenos de la vista aparezcan referidos a los del tacto, y las ilustraciones de la óptica se sustituyan por figuras de hombres tratando de obtener con bastones las perspectivas de los objetos. Ante la incuestionable grandeza de este sentido, Dámaso Alonso compuso un breve poema titulado «Gozo del tacto»: Estoy vivo y toco, pues mañana es cierto Toco, toco, toco, que ya estarás muerto, Y no, no estoy loco, tieso, hinchado, yerto. Hombre, toca, toca Toca, toca, toca, lo que te provoca: ¡qué alegría loca! seno, pluma, roca. Toca, Toca, Toca, Este predominio del tacto en la ausencia de la visión forma parte de esa superior interiorización del ciego, que la hace calcular con mayor precisión la sucesión del tiempo por la secuencia de acciones y pensamientos; o percibir con finura extrema el sentido de la suavidad de la piel, la compacidad de las carnes, la dulzura del aliento, los encantos de la voz y la pronunciación. Quizá la verdadera situación del tacto nos la narra Galdós en «Marianela». Cuando el acomodado Sr.Golfín dudaba de la exactitud del itinerario, atravesando ríos y praderas, en busca de las famosas minas de Bocartes, se preguntó ¿por qué no hay gente en estos lugares? oyó primero el violento ladrar de un perro y luego la dura voz de un hombre que gritaba: ¡Choto, Choto, ven aquí! El dueño del perro grande y negro logró hacerse con el animal una vez que este hubo olisqueado al bien parecido Sr.Golfín. el dueño resultó ser un misterioso joven que, inmóvil y rígido, se dispuso a mostrar al viajero las veredas y taludes para atajar el camino a las minas. Tras los primeros momentos de sorpresa, la conversación se inicia inevitablemente: «Sí, señor, soy ciego; pero sin vista se recorrer de un cabo a otro las minas de Socartes, El palo que uso me impide tropezar, y Choto me acompaña, cuando no lo hace la Nela, que es mi lazarillo. Conque sígame usted y déjese llevar», Y a nueva pregunta, medio compasiva medio interesada, del viajero, contestó el guía: «Sí, señor, de nacimiento. No conozco el mundo más que por el pensamiento, el tacto y el oído. He podido comprender que la parte más maravillosa del universo es esa que me está vedada. Yo se que los ojos de los demás no son como estos mios, sino que por sí conocen las cosas; pero este don me parece tan extraordinario que ni siquiera comprendo la posibilidad de poseerlo». Aparte de la idea de privación de la vista, ciego significa que algo procede sin discernimiento o reflexión -confianza ciega, codicia ciega-; o todo aquello en que no hay camino ni rumbo, como en el verso de Virgilio, en «Las Geórgicas»: «Tardo en la ciega noche, el mar turbado». De la misma manera se significa la posesión vehemente de algún atributo. Y, así, se habla de cómo son ciegos, el despecho y el amor, el error y la pasión, la obediencia y la suerte, el apetito y la fortuna. Y ¡cómo no!, la sabiduría refi: anera lo recuerda. Pues si «el ciego y el sabio yerran un paso», no cabe duda de que «si el ciego de amores muere, ¿qué hará quien vista tuviere?» A su lado, los ojos han sido siempre símbold de la hermosura, la belleza y la piedad. Quizá por ello decían los antiguos que el mirar de Júpiter era hacer misericordias; y por ello, también a los ojos hacemos referencia cuando sublimamos la guarda y el amor. Todo ello no es sino un anticipo de la intensa participación de la ceguera y de los ciegos en el fenómeno literario. Fenómeno literario que ha recogido la múltiple participación de la ceguera en la picaresca, la marginación, el arte y la vida intelectual, la sencillez y la alegría estudiantil, e, incluso, sobre la misma contemplación y el juego alegórico. Si tanto la ciencia como la poesía son instrumentos de descubrimiento y de creación; ambas revelan, en efecto, esta parte maravillosa del universo. Como la que revela Dámaso Alonso en «Los gozos de la vista»: Yo digo «forma». Y ellos extienden en silencio las manos sarmentosas, y palpan con amor: tiernamente intuyen, «ven» a su manera. Yo les digo «perspectiva», «relieve», y acarician los planos de las mesas, o siguen las paredes, y tocan largamente la esquina. Se sonríen, comprenden algo. Pero si digo «luz», se quedan absortos, inclinan la cabeza, vencidos: no me entienden». Si la literatura exalta en la creación poética la imagen del mundo sumergida en la luz y cómo ambas -imagen y luz-se perciben por el ojo y la visión; también la literatura nos sitúa en la huella de la realidad, nos descubre las relaciones de la invidencia con el entorno social y cultural. A este respecto, sucedió que a un moderno internado para jóvenes de ambos sexos llegó un nuevo alumno que desconocía quienes y cómo eran Los Argumentos de la Ciencia en la Creación Literaria sus compañeros que se encontraban charlando en una sala de estar. Al entrar en la sala Ignacio, el nuevo residente, una de las muchachas, Juana, salta de pronto: Me ha cogido de la mano Y uno de los chicos, Andrés, le pregunta: Yo....soy un pobre ciego, contestó Ignacio, el nuevo. ¿Qué has dicho que eres?, insistió la pregunta; Un ciego, insistió la respuesta. Y, en medio del regocijo general, otro de los antiguos, Miguel, parecería que intenta burlarse del pobre Ignacio al continuar con la interrogación: ¿Quiere que le pase a la otra acera? Cuando, en realidad, todos los muchachos están pensando que el burlador es, de verdad, el nuevo residente, Ignacio; este exclama: Pero, ¿es qué no lo veis? Efectivamente; nadie lo veía; todos -el nuevo y los antiguos-, todos eran ciegos. A muy grandes rasgos este es el comienzo de la obra de Huero Vallejo «En la ardiente oscuridad». El padre de Ignacio dudaba si dejar a su hijo, o no, en el internado; le parecía tan fácil una desgracia, un accidente.... cuando intervino el director, Don Pablo, también ciego: podemos llegar donde llegue cualquiera. Ocupamos empleos...somos fuertes, saludables, sociables, poseemos una moral de acero, y no son estas las conversaciones a las que ellos estén acostumbrados. Ignacio, al fin, se quedó, y entró en la vida oscura y ardiente, a la vez, de los chicos y las chicas ciegos; y entró en los estudios, las bromas, los celos y los amores....con más reticencia que camaradería. Al fin y al cabo, Ignacio es hijo único, y entre las muchachas comentan: -Este Ignacio tiene algo indefinible que me repele ¿Tú crees en el fluido magnético? -Sí, mujer ¿Quién de nosotros no? -^Muchos aseguran que eso es falso ~ Muchos tontos....que no están enamorados. Al final, Ignacio muere ¿en accidente?, ¿a manos de los celos de algún compañero? Como quiera que ello fuere, Ignacio no se acomodó ni al gozo ni al consuelo de sus compañeros. Algunas de sus frases dirigidas a ellos lo revelan: -No tenéis derecho a vivir, porque os empeñáis en no sufrir. Frente a la oscuridad atormentada de Ignacio, en la obra de Buero, se configura la imagen intelectual de Max Estrella, escritor ciego, grandilocuente e hiperbólico, en la literatura del esperpento de don Ramón del Valle-Inclán. En una ocasión en que bromeaba con su mujer Collet de que había recuperado la vista, ella le pregunta ¿pero qué ves?; el mundo, respondió Max. ¿A mi me ves? argüyó Collet. ¡Las cosas que toco, para qué necesito verlas!, fue la contestación. En esta respuesta, más que la dualidad de los sentidos, intentaba Max sacar a relucir su ingenio, como cuando en una taberna participa en un jaleo con Enriqueta, mozuela golfa, revenida de un ojo, y dirigiéndose a a don Latino le dice: «¡Latino! Préstame tus ojos para ver a la Marquesa del Tango! O como cuando, en una visita al Ministro de la Gobernación, y en respuesta al comentario de este: «Una ceguera accidental, supongo...», contestó Max: «Definitiva e irrevocable. Es el regalo de Venus». Frente a estas dos actitudes psicológicas, diametralmente opuestas: la de la inadaptación total y la de la supervivencia jocosa, Buero nos muestra en «El concierto de San Ovidio» la permanente lección de la tragedia en clave de parábola. Y es así cómo David, líder de una orquestina de ciegos, se enfrenta a su empresario, tan eficaz como vacío de moral, que disfraza su codicia con la careta de la filantropía; trampa en la que caen porque se les ofrece una olla, algo más sabrosa que la de los ciegos. «Hay que convencer a los que ven de que somos hombres como ellos, no animales enfermos», dijo David a sus temerosos compañeros de orquestina, en su permanente intento de desenmascarar al negociante sin escrúpulos. Los Argumentos de la Ciencia en la Creación Literaria Dos de ellos, Elias y Lucas, evocan la desesperanza colectiva, la sensación de no tener pasado ni forma de salir hacia el futuro en su vida individualizada: ¡Nunca hubo orquestas de ciegos! ¡Ni las habrá! respondió Lucas, ¡No servimos para nada!, continuó Elias. Cuando intervino el empresario: Per o....vosotros ¿amáis'? Lo que espoleó la clara superioridad moral de David, capaz de transformar sus movimientos temerosos y su torpeza física en el desafio a Adriana: ¡Conozco este camino mejor que tu. Puedo andarlo sin luz!. Desafio frente a la oscuridad; desafio frente a las actitudes, cuando Adriana reta a la esperanza personal y colectiva de David; y, cuando triunfante el amor, exclama: ¡Pero, nuestros hijos verán! Esta seguridad desafiante del ciego David en ese ¡Puedo andarlo sin luz! tiene semejanzas en otras narraciones literarias, como en la novela de Alvaro Cunqueiro «Cuando el viejo Sinbad vuelva a las Islas». En ella, el ciego Abdalá exclamaba: «¡Llévame de vigía, Sinbad!, ¡No te lo digo por burla! A tientas lo conozco todo, hasta si el vino tiene agua, y por el oído se donde rompe el mar. ¡Aún sirvo para algo, Sinbad! Angel Martin Munido trañamente endiablados del mundo. Lina llegó a ser la mujer de Jym, un oficial de la marina inglesa que, en cierta ocasión, contó su encuentro y su vida: «Axelina o LINA tenía dieciseis años y yo, loco de amor por ella, profesaba a sus ojos el odio más rabioso que puede caber en un corazón de hombre. Cuando Lina fijaba sus ojos en los mios, me desesperaba, me sentía inquieto y con los nervios crispados; me parecía que alguien me vaciaba una caja de alfileres en el cerebro y que se esparcían a lo largo de mi espina dorsal». La narración se extiende en estas especiales sensaciones e inexplicable fenómeno que no hacía sino sonreír a cuantos médicos y expertos consultaba. «Y lo peor es que yo adoraba a Lina -sigue asegurando el teniente Jym-con exasperación, con locura, a pesar del efecto desastroso que me producían sus ojos». Que si la tensión álgida del sistema nervioso, que si alteraciones psíquicas, que si trasfondo histérico; pero cuando Lina tenía alguna preocupación, Jym veía pasar por sus pupilas las ideas bajo la forma vaga de pequeñas sombras fugitivas coronadas por puntitos de luz. He dicho sombras -aclaró Jym-porque es la palabra que más se acerca. Salían por detrás de la esclerótica, cruzaban la pupila y al llegar a la retina destellaban, y entonces sentía yo que en el fondo de mi cerebro respondía una dolorosa vibración de las células, surgiendo a su vez una idea dentro de mí. El teniente, sin embargo, se esforzaba en interpretar la mirada y los ojos de Lina, que, claro, tenían un color; un color que ni todos los oculistas del mundo, ni todos los pintores habrían acertado a determinarlo ni a reproducirlo. Estos eran los ojos de Lina cerrados o entornados; pero, una vez abiertos y lucientes las pupilas ¡allí de mis angustias!. El enamorado teniente llegó a traducir los estados psíquicos de Lina, sus irritaciones y placeres, todos los Juegos de su espíritu, a través de las múltiples tonalidadaes de sus ojos: los sentimientos románticos eran verdes; las alegrías violáceas; amarillos los celos y sus pasiones rojas. En vano podía el tratar de resistir; y, así, se expresaba en distintos lugares de la relación: sentía mi dignidad de varón humillada....; mi mecanismo nervioso llegaba a torsiones desgarradoras....; mi cerebro saltaba dentro de mi cabeza....;me arrancaban el alma para triturarla....; la obsesión de los ojos de ella me resultaba insoportable. De noche los veía fulgurar; o incrustados en la pared, terribles y porfiados; adheridos sobre mis párpados con tenacidad. A pesar de todos estos influjos, Lina no se había percatado de su autoría hasta que, próxima la boda, en una ocasión tuvo Jym que cerrar los Los Argumentos de la Ciencia en la Creación Literaria ojos casi desvanecido por la cercanía de los de Lina. Y surge entonces la conversación central de la historia: ¡Cierra los ojos, Lina mia, te lo ruego! Lina que, sorprendida e inquieta, los abría más y más. ¿Qué tienes, estaas enfermo? ¡Mientes, algo te pasa! ¿Y, por qué querías que cerrara los ojos?, ¿No quieres que te mire? ¡Tu has hecho algo malo! ¡Te lo conoceré en los ojos, mírame! Tuve que cerrar los ojos y la besé en la frente ¡Lina, déjame! Mírame ¿por qué no me miras? El no se atrevió sino a callar, aunque se respondía para sus adentros: No te miro porque tus ojos me asesinan. Faltaban pocos días para la boda; ella enfermó durante un mes sin que nadie, tampoco el novio Jym, pudiera verla. Al fin, Jym visitó a Lina en su habitación....estaba en una oscura penumbra....rodeada de vestidos, regalos, collares y zarcillos....Ella le ofi: eció su regalo....era una cajita de cristal de roca, forrada de terciopelo rojo....Lina, trémula le ofreció la cajita, mientras aseguraba: «¡Mírala a la luz, son piedras preciosas, cuyo brillo conviene apreciar debidamente ¡Es mi regalo de boda! Ella misma abrió una hoja de la ventana para que el novio enamorado valorase el compromiso. En el lugar de aquellos ojos vencedores y ardientes, otros negros, vidriosos e inmóviles, en unas cuencas que dibujaban una sonrisa entre amorosa e irónica. En la cajita de cristal de roca, aquellos ojos que, amenazadores y burlones, seguían con la misma mirada endiablada de siempre. Esta historia no puede sino recordar las relaciones fisiopatológicas ojos-cerebro-visión, que en la época moderna van desde las teorías de la visión de Newton y Berkeley, a comienzos del siglo XVIII, hasta los conocimientos moleculares de hoy sobre la fotorrecepción y la transducción de señales. Y, así, parecía ver en los ojos de Lina una especie de hiperactivación de la rodopsina y una mediación exaltada de las proteínas de membrana para dejar permanentemente abiertos los canales de las células de la retina. Pero, todo ello habían de ser imágenes a los ojos de Jym, que las procesaba en su cerebro de esta manera tan singular. Tan singular que logró hacer verdad; verdad en la historia de amor del cuento; en aquel soneto de Unamuno «Ojos sin luz»: Hermosos ojos que no veis, topacios de lumbre muerta, cristalinas, lunas gemelas tristes, vais por los espacios tenebrosos mecidas como cunas de invisibles visiones y de agüeros de un mundo que marrara. Y de tiniebla se abren ante vosotros los senderos que van rompiendo de la luz de la niebla. Hermosos ojos que no veis, se mira el ángel de la luz en vuestro brillo, un soplo inmaterial triste suspira, alza vista sin ojos al castillo de Dios, y entona luego con su lira aquel de eterno Amor dulce estribillo.
Hay en la historia de la civilización unos cuantos temas centrales que han afectado a la vez a la consideración del universo, del hombre y de sus actividades. Y, por igual, nombres que en esta historia supieron introducir nuevas ideas sobre el funcionamiento, también, del universo y del hombre. Ha sucedido, pues, que, durante muchos siglos, no se supiera a ciencia cierta ni la naturaleza del universo, ni el centro del cosmos. Y, por igual, durante muchos siglos, se ha ignorado cual era la organización del cuerpo humano y cuales de sus partes eran responsables de su funcionamiento general y de sus disposiciones particulares. Si, en la solución de estos planteamientos, hubo una aproximación cuya figura central fue Galileo (1564-1642), quien publicó en 1632 el «Diálogo sobre los dos sistemas máximos del mundo», y mediante la cual se confirmó la tesis heliocéntrica, en la que la Tierra quedaba en cierta manera degradada a la simple posición de un planeta, más o menos importante, del sistema solar. Curiosamente, por las mismas fechas, en 1628, Harvey estableció la circulación de la sangre. Y, se ha parangonado, que lo que el Sol era en el macrocosmos respecto de la Tierra, eso mismo sería el corazón en el microcosmos animal y humano respecto de las partes periféricas. Abundando en ello, Harvey, en su obra fundamental. tribuye de nuevo, y todo esto depende del movimiento y el pulso del corazón». No deja de ser bonito, además, que las tradiciones de ambas ideas, durante siglos, tuvieran simbolismos comunes tanto en el ensalzamiento antropocéntrico de la cosmología, como en el del corazón del hombre en el seno de su biología. La tradición, pues, durante siglos, desde la literatura testamentaria hasta nuestros mismos días, ha hecho del corazón una viscera que fuera tenida como la sede de las cualidades del alma, y el símbolo del sentido moral, de las virtudes y de las pasiones. Quizá no pueda venir más a cuento a este propósito que el conocido texto de Ezequiel (36,26): «Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne». Porque desde los profetas y los apóstoles hasta hoy resulta válida la metáfora de mover el corazón como caminar hacia el bien. Viscera noble también como para llegar a ser recogida tras la muerte de los héroes, embalsamada y ofrecida a la veneración popular; tal como se referiría Cervantes, en el Quijote, cuando asegura: «Lo que a mi me admira es, que sé tan cierto como ahora es de día, que Durandarte acabó los de su vida en mis brazos, y que después de muerto le saqué el corazón con mis propias manos», A la vez, sin embargo, una viscera que, en nuestra misma época, ha liderado los objetivos de los fabulosos avances tecnológicos recientes; entre otros, los transplantes que hicieron famosa la fecha del 19 de diciembre de 1967 en la que el doctor Barnard realizó en la ciudad de El Cabo el primer transplante cardiaco; las técnicas quirúrgicas al estilo del cateterismo cardiaco y la angiografía, que permiten precisar con exactitud la localización, el carácter, la dimensión y la dinámica de cada una de sus anomalías; la cirugía a corazón abierto -cuyas primeras operaciones datan de 1953-asistida por la circulación extracorpórea, gracias al sistema de corazón-pulmón artificial cuyo primer dispositivo fue empleado en 1955; y los estimuladores implantables. Sin olvidar las técnicas no invasivas de diagnóstico cardiovascular, al estilo de las múltiples variantes de la electrocardiografía, la ecocardiografia, y la resonancia magnética, y, por supuesto, la moderna terapéutica farmacológica, centrada en los agentes -bloqueantes con su participación en el control de la hipertensión, y en los agentes fibrinolíticos supresores de trombos. Es del todo seguro que el corazón ha alcanzado todos estos tratamientos, con su extraordinario interés, debido a su autonomía funcional, consecuencia de sus propiedades específicas y motivo tanto del automa-Corazón: Ciencia y Literatura tismo que permite mantener la vida vegetativa del hombre cuando reposa o cuando duerme, como de la adaptación del ritmo y de la fuerza de sus contracciones a las numerosas variantes de las condiciones fisiológicas del esfuerzo. Si, además, en esta adaptación juega un papel esencial el sistema nervioso, tanto en el gobierno del músculo cardiaco mismo como en el de la cesión sanguínea a la periferia del organismo; no tendrá nada de extraño la importante y creciente colección de hechos de su fisiopatologia, sobre todo -como veremos en seguida-el extraordinario crecimiento de las cardiopatías que dan cuenta de más de un tercio de la mortalidad humana, como dificultad de adaptación al esfuerzo físico, al ambiente de un mundo agresivo, y a las modificaciones de los hábitos y comportamientos alimentarios. A lo que añadir, de paso, que la mejor descripción de las anomalías congénitas humanas de la estructura del corazón es a modo de símbolo de su propia embriogénesis y recuerdo evolutivo del corazón animal; sin olvidar los progresos en el examen clínico y radiológico, las investigaciones manométricas y las nuevas técnicas quirúrgicas. ¿Tendrá, entonces, algo de extraño que, desde la ciencia griega hasta la sofisticada descripción moderna de su formidable conocimiento anatómico y fisiopatológico, el simbolismo del corazón haya sido, a la vez, motivo permanente de inspiración poética y literaria, en general, e, incluso, justifique las mismísimas creaciones populares de la lengua? Antes de nada, convendrá decir que, en el seno de la anatomía animal, el término corazón designa los sacos contráctiles situados en el trayecto de los vasos del aparato circulatorio. Sin embargo, la denominación se reserva para un saco contráctil único implicado en esquemas complejos de diferenciación. Por ejemplo, en los Crustáceos, situado en el retículo dorsal; en los Moluscos, que comporta dos elementos contráctiles en serie, una pequeña aurícula y un ventrículo; en los Vertebrados, el corazón más simple es el de los peces que alinea cuatro cavidades: seno venoso, aurícula primitiva, ventrículo y bulbo arterial. Una disposición semejante se encuentra en los embriones de los Vertebrados aéreos; y, conforme a ello, el embrión humano, en el día 22, presenta un corazón comparable al de los peces. Y, en el transcurso del desarrollo, este corazón embrionario experimenta una tabicación longitudinal, que permanece incompleta en los Batracios y los Reptiles, y resulta completa en las Aves y Mamíferos. A este estado avanzado de evolución, la ausencia de comunicación entre las mitades derecha e izquierda del corazón que caracteriza a los Vertebrados superiores significa un importante progreso porque va a separar rigurosamente la circulación pulmonar y la circulación general. El corazón fue definido, hace casi tres siglos, por el famoso «Diccionario de Autoridades», de la Real Academia Española, como «la parte más noble y principal del cuerpo humano y de los animales: el cual es un pedazo de carne dura, que termina en punta, y está situado en medio del pecho. Es el primero que se forma y anima, y el postrero que muere, y es como un centro, principio y fin de todo movimiento». El corazón humano, lo definiríamos hoy como una viscera hueca, de unos 260 g, situada en la cavidad torácica, entre los pulmones, en la encrucijada de las grandes arterias y las grandes venas del organismo. Se trata de un órgano contráctil que engendra la circulación sanguínea y juega un papel esencial en la regulación de esta función y en su adaptación a las variaciones fisiológicas, en particular del esfuerzo. Desde hace tiempo se conoce que el corazón humano tiene cuatro cavidades, separadas en dos mitades independientes, aisladas por un tabique longitudinal que lo divide en una parte izquierda y otra derecha e impide la mezcla de la sangre oxigenada y la sangre desoxigenada. Cada una de estas mitades se compone de una aurícula que almacena la sangre, y de un ventrículo que, debido a su contracción -la sístole-lanza la sangre hacia el exterior. Cada uno de estos pares de cavidades, compuesto de aurícula y ventrículo, contacta por medio de las válvulas correspondientes: la válvula aurículo-ventricular izquierda es la mitral y la válvula aurículo-ventricular derecha es la tricúspide. La mitad izquierda -concretamente la aurícula izquierda-recibe la sangre, oxigenada en los pulmones, a través de las 4 venas pulmonares; y, desde esta cavidad, la sangre pasa al ventrículo izquierdo para ser distribuida a todos los órganos por medio de la arteria aorta. La mitad derecha recupera primero la sangre venosa, privada de oxígeno, a través de las venas cavas y la propulsa después a los pulmones a través de la arteria pulmonar para ser oxigenada nuevamente. En los vasos de salida, tanto en la arteria aorta como en la arteria pulmonar, existen asimismo unas válvulas -las válvulas sigmoideas-que impiden el reflujo de la sangre hacia el corazón. Es evidente que, aunque resumida ahora, a esta gran complicación estructural del corazón humano adulto se ha llegado a través de una colección de etapas evolutivas, que se van a ver reflejadas en la armonía de su propia embriogénesis. Complejidad estructural que se corresponde con la finura y multiplicidad de las funciones fisiológicas que el corazón debe cumplir. Pero que, también, por otro lado, ofrece una enorme colección de sedes para la localización de las numerosas disfunciones patológicas, tanto congénitas como adquiridas. A este conocimiento actual se ha llegado a través de unas cuantas largas etapas de la historia. Ya Platón, en el Timeo, coincidía con todas las doctrinas de Filistión de Locros, principal representante del saber médico en Siracusa en el siglo IV aC, que llevó a cabo disecciones humanas en las que no tuvo otros antecedentes que Alcmeón de Cretona dos siglos antes. Platón coincidía con el «asentamiento en el corazón del calor innato»; con que «la función de la respiración era atemperar dicho calor»; y con la vieja creencia helénica que describía el poeta Alceo en el verso «humedece los pulmones con vino», relativa al paso de la bebida por los pulmones. Filistión, sin embargo, al igual que toda la escuela siciliana, asentaba la inteligencia en el corazón. Y frente a ello, Alcmeón la había alojado en el cerebro; y Platón creía en un alma tripartita: el alma inferior o concupiscible reside en el vientre, debajo del diafragma; el alma afectiva mora en el corazón, y la inteligencia habita en el cerebro. Media docena de siglos después, Galeno, griego de nacimiento aunque vivió en Roma en el siglo II después de Cristo, devoto de Esculapio, y médico del Emperador romano Severo, considerado como el Príncipe de los Médicos después de Hipócrates, había constatado ya la existencia de un doble sistema, el corazón y la sangre, haciendo uso tan sólo de la disección de animales inferiores. Galeno, siguiendo a los grandes anatomistas alejandrinos Herophilo y Erasí strato -creadores de la escuela empírica, que habían dirigido la medicina hacia un camino rigurosamente científicohabía colocado las venas en la parte derecha del cuerpo, y las arterias en la izquierda. Las venas se originarían en el hígado, y la sangre venosa, a modo de alimento, habría de nutrir ambas partes del organismo; en tanto que las arterias, originadas en el corazón, suministrarían una especie de contenido vital. Para Galeno, la sangre venosa era una consecuencia de los alimentos que ingerimos; los que en el estómago se transformarían en el quilo, fluido lechoso, luego transportado al hígado, de forma que cada parte del organismo tendría el poder de atraerlo y cambiarlo en su propia sustancia. De esta manera, el hígado -con un aspecto de sangre congelada, decía Galeno-transformaba el quilo en su propia sustancia sanguínea. La sangre arterial, al contrario, se cargaría en los pulmones con una especie de aire espirituoso o pneuma e iría luego a parar a la cavidad izquierda del corazón. Allí se mezclaría con la sangre venosa procedente de la cavidad derecha; y, de esta manera, la sangre venosa, espesa, oscura, cargada de materiales de desecho, se haría más fluida y brillante, para regresar a los pulmones a través de la vena pulmonar. ¿Cómo, sin embargo, se movía la sangre; cómo la sangre venosa alcanzaba la cavidad izquierda del corazón? La noción de circulación, es decir el movimiento de la misma sangre en forma de círculo, le fue completamente ajena a Galeno. Para Galeno, era la necesidad de nutrición de las diversas partes del cuerpo la que originaba una atracción de la sangre venosa hacia ellas, sin que tuviera lugar movimiento regular alguno de ningún tipo. Y, por otro lado, consideraba que la diástole -la aspiración de la sangre-era el único movimiento del corazón, y que las arterias poseían una actividad pulsátil con que contribuir al movimiento de la sangre. Para solucionar el problema de cómo la sangre venosa movería desde la parte derecha hacia la izquierda del corazón, Galeno sugirió que la pared separadora -el septum-estaría dotada de unos poros invisibles. Además, la insistencia con que contemplaba la separación lateral de venas -en la parte izquierda-y arterias -en la parte derecha-, dificultó la aceptación de que la arteria pulmonar -situada en la izquierda-era una arteria tanto en estructura como en función; tan difícil que Galeno la denominó vena arterial. En resumen, el sistema de Galeno fue capaz de interpretar algunos fenómenos importantes, de acuerdo con la época, tales como la nutrición, el crecimiento, las sensaciones, etc. Sistema galénico cuya importancia queda subrayada sólo con pensar cómo permaneció en vigor y atravesó la época griega, árabe, medieval y alcanzó el Renacimiento. La debilidad, sin embargo, del sistema de Galeno consistía principal y lógicamente en defectos de observación: la acción del corazón exclusivamente en diástole, el origen de las venas en el hígado, la existencia de poros en el septo intercavitario y el rechazo del tránsito pulmonar de la sangre. Situación que, tras muchos siglos, pudo ser contradicha por la observación directa humana de los anatomistas del Renacimiento en el siglo XVI, cuyo liderazgo fue ejercido por Andreas Vesalio, médico del Emperador Carlos V, a través sobre todo de su monumental obra De Humani Corporis Fabrica, editada en 1543. Diez años más tarde, en 1553, Miguel Servet fue quemado en la Ginebra calvinista con todas las copias que se encontraron de su obra herética Christianismi Restitutio, publicada el mismo año. Un anticuario inglés publicó, sin embargo, en 1694, la obra de Servet. En ella, y a propósito de la expresión bíblica, cuando el Génesis (9.4) dice «Solamente os abstendréis de comer carne con su alma, es decir, su sangre», se preguntaba Servet cómo el espíritu divino entraba en el hombre y, basada en sus trabajos en París con Guinther von Andermacht -el maestro de Vesalio-, su explicación era que a causa del tránsito pulmonar de la sangre. La interpretación literal de la Biblia era, sin embargo, que «la sangre era Corazón: Ciencia y Literatura el asiento del alma y que el alma era expirada en el hombre por Dios»; a lo que Servet argüía que son los pulmones los que, precisamente, suministran el lugar de contacto entre la sangre y el aire -el alma bíblica-, con lo que se originaría la sangre arterial. Fue ya en pleno siglo XVII cuando William Harvey, médico en el hospital de San Bartolomé de Londres y médico de los Reyes ingleses Jaime I y Carlos I, pudo confirmar tanto el tránsito pulmonar de la sangre como la actuación del corazón a modo de músculo con una doble capacidad, de diástole como aspiración y de sístole como expulsión de la sangre. En 1628, Harvey publicó Exercitatio Anatomica de Motu Cordis et Sanguinis in Animalibus en el que anunció el descubrimiento de la circulación de la sangre. En su capítulo 8, Harvey describe una gran cantidad de estructuras anatómicas de vasos y válvulas, y el tamaño de las arterias conectadas al corazón. Con ello y con una colección de sencillos experimentos de ligazón entre vasos, Harvey pudo concluir que la sangre se movía en un círculo -había, por tanto una circulación-y que la presencia de una serie de válvulas en las venas sirve para dirigir siempre la sangre hacia el corazón, y en ningún caso para impedir la inundación sanguínea de las extremidades del organismo. Y en la dedicatoria de este libro al Rey Carlos I, Harvey, en su armoniosa visión del mundo, con el Sol, el Rey y el corazón como los centros visibles de la realidad, proclamaba: «El corazón de los animales es el fundamento de la vida, el principio de todas las cosas, el Sol del microcosmos; de él depende todo crecimiento y emana todo vigor y toda fuerza. De la misma manera, el Rey, fundamento de su reino y Sol de su microcosmos, es el corazón de la república y de él emana toda potestad y procede toda gracia... Y así como todo lo humano tiene como modelo ejemplar al hombre, el Rey se conforma en gran parte al modelo del corazón». Del escrito De motu cordis iba a salir toda una colección de insospechadas consecuencias sobre la diferencia entre la sangre venosa y la sangre arterial, es decir de la función pulmonar; lo que iba a conducir al esclarecimiento de la relación entre la circulación menor y los procesos respiratorios, del paso de la sangre desde las arterias a las venas y de la contracción de las fibras cardiacas. Una vez completado este conocimiento anatómico a través de la historia, y, merced a las recientes aportaciones de la ciencia y la tecnología, se ha llegado a la espléndida situación con que hoy puede interrogarse el funcionamiento del corazón, comenzando por la irremplazable auscultación que sirve para el análisis fino de los sonidos cardiacos, normales o anormales; para la detección de los soplos patológicos que constituyen los índices más precoces, sensibles y fieles, de las alteraciones de las válvulas; y para la recogida de información sobre la existencia de comunicaciones intracardiacas anormales, y sobre el estado del miocardio o del pericardio. Y siguiendo por los exámenes radiológicos, reveladores de su posición en el tórax, las modificaciones de forma y de dimensión de los contornos del corazón, y las alteraciones de sus latidos; los exámenes eleatrocardiográficos, registradores de las variaciones de potencial inducido en la superficie de la piel por la actividad de las fibras del miocardio, de las que pueden deducirse, entre otras condiciones, el estado de la conducción intracardiaca, la hipertrofia de las paredes del corazón, y la existencia de isquemias miocárdicas o de alteraciones metabólicas; las técnicas de cateterismo que permiten guiar una sonda, opaca a los rayos X, a las cavidades derecha -a través de una vena del brazo-o izquierda -ordinariamente, a través de la arteria femoral-y han permitido en el último cuarto de siglo la identificación y tratamiento de las complejas cardiopatías congénitas o valvulares, de la morfología de los grandes troncos coronarios, y la sede y la forma de las oclusiones y los estrechamientos patológicos; y las numerosas pruebas bioquímicas que valoran los distintos parámetros lipidíeos -lípidos, lipoproteínas y colesterol-, glucosa y ácido úrico, anticuerpos antiestreptocócicos, y, mas recientemente, la presencia de enzimas liberadas en la necrosis de las fibras miocárdicas. En cualquier caso, las enfermedades del sistema vascular resultan de una mezcla compleja de factores de susceptibilidad genética y ambiental. Y las tecnologías y las estrategias que emanan del conocimiento del genoma humano han sido aplicadas al análisis tanto de las muy raras enfermedades monogénicas, como de las muy comunes enfermedades vasculares multigénicas, con el fin de identificar nuevos genes y nuevos mecanismos propios de los trastornos cardiovasculares. El defecto más extendido del ritmo cardiaco y el más conocido por el público es la fihrilación auricular que consiste en la sucesión extraordinariamente rápida e irregular de los estímulos eléctricos con la pérdida de sincronización de las contracciones de las fibras cardiacas de las aurículas. Puede llegar a afectar al 1% de la población total y al 5% de los individuos de más de 65 años; y, debido al progresivo envejecimiento de la población en los países desarrollados, esta frecuencia se duplica en cada decenio. Se manifiesta, más o menos ocasional o permanentemente, por palpitaciones, lipotimias y síncopes, pudiendo provocar una insuficiencia cardiaca aguda, un edema pulmonar o una embolia. Sin entrar en excesivos detalles, merece la pena resaltar el interés de las malformaciones congénitas del corazón y de los grandes vasos, en su relación -como ya ha quedado mencionado-con la detención o las anomalías del conjunto perfectamente orquestado de sucesos morfogenéticos y moleculares que constituyen el desarrollo embrionario. Las anomalías cromosómicas no son formas familiares frecuentes de las carf|iopatías congénitas. Las infecciones virales, como la rubeola, contraídas durante los dos o tres primeros meses de embarazo, aunque raras, son causa de este tipo de cardiopatías congénitas, aunque -conviene distinguir-no hereditarias. Sin embargo, muchas de estas anomalías, en un tiempo atribuidas a etiologías multifactoriales, van considerándose debidas a mutaciones en los genes controladores del desarrollo. Así, por ejemplo, se han descrito mutaciones cromosómicas responsables de las anomalías septales de las auriculas -5q34-, anomalías septales de los ventrículos -12q24-, tetralogía de Fallot -20pl2-, aneurisma aórtico -15q21-, y de la estenosis aórtica supravalvular -7qll-. La mayor parte de las cardiopatías congénitas comportan -como su mismo nombre indica-una o varias comunicaciones anormales entre las dos partes, derecha e izquierda, del corazón, o los dos grandes vasos arteriales que de él emergen, con lo que se origina toda una serie de comunicaciones interauriculares, interventriculares o aortapulmonares; las cuales representan más de la mitad de las enfermedades congénitas del corazón. Estas anomalías congénitas de la comunicación favorecen un tránsito asimismo anómalo, con una serie de consecuencias clínicas, que imponen la intervención quirúrgica para restablecer la comunicación anatómica normal. En la enfermedad azul o tetralogía de Fallot, coexiste una comunicación interventricular que coloca la aorta sobre los dos ventrículos y un estrechamiento del infundíbulo del ventrículo derecho con la hipertrofia de esta cavidad. Existe otra serie de cardiopatías congénitas que no implican comunicaciones anormales intracardiacas como las descritas anteriormente. Se suele tratar casi siempre de estrechamientos más o menos pronunciados o de la malformación de los orificios valvulares, como la enfermedad de Ebstein en la que se encuentra afectada la válvula tricúspide, o en los estrechamientos aórticos congénitos. Situaciones que se corrigen hoy perfectamente, gracias a la circulación extracorpórea que permite la apertura del corazón y el examen y corrección cuidadosa de las alteraciones estructurales cardiacas. Al lado de las cardiopatías congénitas, las de naturaleza adquirida se centran principalmente en el reumatismo cardiaco articular agudo, más frecuente en los niños, y ocasionado por una infección por estreptococos hemolíticos. Ataca las diversas túnicas que comportan los tejidos del corazón, sobre todo el miocardio, y a menos de un tratamiento antimicrobiano y antiinflamatorio suficientemente intenso y precoz, corre el grave riesgo de una lenta evolución con deformaciones valvulares progresivas, con afectación de una o de varias válvulas -preferentemente la mitral, la aórtica o la tricúspide-y las consiguientes consecuencias clínicas. Las más frecuentes enfermedades cardiovasculares en la edad adulta son las cardiopatías isquémicas, principalmente debidas a aterosclerosis coronarias, que afectan 4-5 veces más al hombre que a la mujer -por ahora-, y cuyos factores de riesgo son el tabaquismo, la obesidad, la hipertensión, el sedentarismo y la hipercolesteremia. La característica fundamental es la formación patológica de la. placa de ateroma en las paredes coronarias, a base de depósitos lipidíeos, sales de calcio y fibras; y como consecuencia del estrechamiento, la reducción del flujo sanguíneo en las arterias coronarias y, por tanto, del aporte de oxígeno al músculo cardiaco, y, debido a ello, la anoxia más o menos severa y pronunciada del miocardio. Esta insuficiencia coronaria, cuando es intensa y durable, produce la isquemia de las fibras cardiacas y una lesión definitiva, más o menos masiva y más o menos extensa, del músculo, lo que constituye el sustrato anatómico del infarto de miocardio. Recientemente, la imagen de resonancia magnética (MRI) permite eva- Finalmente, existen numerosas causas de agresión externa -bacterianas, virales, parasitarias, tumorales, etc.-que dan lugar a variadas manifestaciones inflamatorias, agudas o crónicas, del pericardio. En algunos casos, la invasión de patógenos viene motivada por la deficiencia de los mecanismos de tolerancia inmunitaria; y en ciertos casos, la reacción autoinmune es causa de cardiomiopatías de etiología desconocida. Antes de dejar, sin embargo, esta visión del corazón desde el punto de vista de la ciencia y de la técnica, es importante dejar constancia de cómo las alteraciones cardiovasculares han sido objeto recientemente de la moderna terapia genica. En efecto, en 1997, en la reunión de la Asociación Americana de Cardiología se presentó el primer caso de empleo de la terapia gènica para promover el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos. Esta terapia ha supuesto la inyección de un gen promotor del crecimiento de nuevas arterias -VEGF, factor de crecimiento vascular endotelial, estimulador de la angiogénesis-en las piernas de pacientes con grave afectación; y de los 20 pacientes tratados, en 16 se crearon nuevos vasos funcionales, con la curación o mejora de las lesiones ulcerosas y gangrenas ocasionadas por una circulación sanguínea deficiente. La posibilidad de recrear el músculo cardiaco a partir de células madre -de origen embrionario terapéutico o de otra procedencia alternativa-tiene abierta hoy una impresionante posibilidad de lucha contra la insuficiencia cardiaca. La investigación prosigue en el sentido de administrar los genes directamente en el corazón, con lo que podría obviarse un buen número de intervenciones quirúrgicas. En efecto, actualmente las intervenciones cardiacas alargan cada año la vida de 300 000 personas en todo el mundo; y algunos expertos aseguran que los avances científicos -genes, láseres-tenderán a hacer desaparecer este tipo de cirugía. A su lado, el trasplante de corazón, la única solución para muchos pacientes, salva cada año la vida a 3 000 pacientes en todo el mundo, aunque muchísimos más esperan la compatibilidad de una donación. A resolver esta situación puede contribuir la preparación de cerdos transgénicos, que no reconozcan los antígenos humanos y, así, se logre evitar el por otro lado inevitable rechazo de nuestros días. Rechazo que, evidentemente, también se evita con un corazón artificial, de alrededor de 1 kg de peso, puesto a la venta en Estados Unidos, hace pocos meses, al precio de $75 000. Finalmente, merece mencionarse un amplio estudio epidemiológico llevado a cabo en Finlandia, durante diez años, con 4 630 recién nacidos a los que se ha controlado su desarrollo -18 medidas de peso y altura hasta los 12 años-y la presencia de alteraciones cardiovasculares hasta la edad adulta. Un pobre desarrollo durante el primer año de vida es indicador de riesgo de alteraciones cardiacas en la edad adulta. Yo no sé si estos comentarios científicos, obviamente sin pretenderlo, habrán logrado apagar un tanto el interés de la presencia literaria del corazón. Esta duda me recuerda, sin embargo, una anécdota que narra la ocasión eñ que el gran físico teórico Richard Feynman fue acusado por un amigo de que, como científico, al estudiar una flor pasaría por alto su belleza. A lo que Feynman respondió: «La belleza que está aquí para ti, también está a mi alcance, Pero yo veo una belleza más profunda a la que no es tan fácil acceder. Puedo ver las complicadas interacciones de la flor. El color de la flor es rojo. ¿Acaso el hecho de que la planta tenga color significa que evolucionó para atraer a los insectos? Cuestión que añade una pregunta adicional, ¿Pueden los insectos ver el color? ¿Poseen un sentido estético? No veo que el hecho de estudiar una flor le reste nada de su belleza. De la misma manera, en sus comentarios sobre el mito de la caverna en Platón (La source grecque, 1953), Simone Weil recoge la afirmación: «Si el que ha hecho caer las cadenas ha contado las maravillas del mundo exterior, las plantas, los árboles, el cielo, el Sol, no hay más que permanecer inmóvil, cerrar los ojos, e imaginar que es uno mismo el que sale, que trepa fuera de la caverna y que ve todas estas cosas». Y es así, con estas ideas, como podemos lograr acercarnos a la poesía que encierra el estudio y la resolución de los misterios de la ciencia, y de los secretos del corazón ahora en este rato, cuando al irse resolviendo van apareciendo otros, inspiradores de poesías más elevadas. Algo como lo que tuvo que inspirar al gran poeta irlandés William Butler Yeats, en el poema: Tranquilo, tranquilo, corazón trémulo; Recuerda la sabiduría de los viejos días: Aquel que tiembla ante la llama y el diluvio, Y los vientos que soplan a través de los caminos estrellados, Deja que los vientos estrellados y la llama y el diluvio Cubran todo y escóndete, porque él no forma parte De la multitud solitaria y majestuosa. Corazón: Ciencia y Literatura No ha sido fácil, en todo caso, para los poetas estrujar las esencias poéticas de los avances científicos. Lawrence, al contrario, manifestó que este progreso, como el de los nuevos datos de la cosmología, era más bien antipoético. Y, así lo refería: «El conocimiento ha matado al Sol, convirtiéndolo en una bola delgas con manchas.,.El mundo de la razón y la ciencia...éste es el mundo seco y estéril en el que habita la mente abstracta». Frente a ello, otros, como William Blake, cantaron a la ciencia con reverencia y asombro, como en esta estrofa: Ver un mundo en un grano de arena Y un cielo en una flor silvestre Sostener el infinito en la palma de tu mano Y la eternidad en una hora. Y Keats añadía; «La belleza es verdad, la verdad es belleza; esto es todo / lo que sabéis en la Tierra, y todo lo que necesitáis saber». Y el propio Einstein aplicó juicios estéticos a la ciencia: «La cosa más bella que podemos experimentar es lo misterioso. Es el origen de todo el arte y la ciencia auténticos». Por eso, siguiendo las ideas de Feynman, yo quisiera que a nosotros no nos pasara desapercibida la belleza de la ciencia del corazón, la de su anatomía y la de su función; y, a la vez, exaltemos cuanta belleza exista en la creación literaria que tenga al corazón como protagonista, o, simplemente, nos demos cuenta de la belleza del lenguaje cotidiano cuando usamos del corazón para calificar nuestros comportamientos y actitudes. Porque de la voz latina cor vienen los derivados cordial, concordia y misericordia; y a la inversa, discordia, incordiar y descorazonamiento. E, incluso, el corazón mismo puede ser leal, sano, dulce, duro, abierto, ardiente, herido, de bronce, y puede ensancharse, descubrirse, traspasarse, atravesarse, achicarse, partirse, abrirse o volcarse; se puede ser blando, duro, limpio, de buen o todo corazón, y de gran corazón; se puede estar con el corazón en la boca, en la mano o en un puño; se puede tener pelos en el corazón, y, sobre todo, mucho, buen o mal corazón o, incluso, hecho una pasa; y el corazón se levanta, se hiela, se gana, se encoge, se calienta, se roba, se bebe o se parte, y nunca es traidor. Además, el corazón apasionado no quiere ser aconsejado, el buen corazón quebranta mala ventura, la boca habla de la abundancia del corazón, algunos son todo corazón y otros van partiendo corazones; a uno le sale algo del corazón o se le sale el corazón por la boca; a otros el corazón le da saltos en el pecho. También, se hace de tripas corazón, se tiene el corazón en su sitio, se asoma el corazón a los labios, se habla con el corazón en la mano, se mete el corazón en un puño y hasta puede no caber el corazón en el pecho. Formas vulgares de hablar que archivan ese significado tradicional que ha hecho del corazón, como traducción de su imphcación fisiológica primordial, la sede de los fenómenos afectivos y la expresión de las mejores cualidades espirituales del hombre. Una de las muchísimas muestras de este significado es la que vamos a ver recogida en uno de los breves cuentos de Karen Brentano -reunidos en Historias de almanaque (1875), versión de Tomás Tuero-: «Tras una tormentosa y oscura jornada invernal, pasada la medianoche, cuando todos dormían, llamaron a la puerta de Albert Desmon, campesino que vivía a los pies del castillo de Coucy, Al abrir se encontraron con un perro vagabundo que apretaba entre sus mandíbulas un despojo sanguinolento. Asustados, cerraron la puerta de un golpe, Al abrirla de nuevo, con mucha cautela, vieron que el perro había desaparecido, pero sobre el umbral había dejado una extraña carga. Parece un corazón -dijo Robert -, Y no ha sido arrancado a dentelladas, sino por un diestro cirujano. Encargó al mayor de sus hijos que cogiera un caballo y fuera a avisar a la justicia. Pero antes de que la justicia llegara se presentó en la casa Gabriela de Vergi, la señora del castillo, una anciana que nunca salía de sus aposentos. Apretaba contra el pecho un cofre ricamente labrado. Sin que nadie se atreviera a llevarle la contraria, introdujo allí el corazón, que entretanto había dejado de sangrar, se había momificado y despedía un agradable olor a flores secas. Sabía que cumplirías tu promesa -dijo -, Por fin puedo morir tranquila. Cuando al día siguiente Albert Desmon, acompañado de los alguaciles, subió a ver a la señora, se encontró con que acababa de fallecer. Sus últimas palabras fueron que la enterraran con el cofre. Luego supimos -contaba Albert -que en Palestina, hace tres siglos, un caballero cristiano, cuando se supo herido de muerte, pidió que su corazón le fuera enviado a su amada Gabriela, que le esperaba en el castillo de Coucy, para que fuera enterrado junto a ella». Y con este significado del corazón del cuento nos topamos a lo largo de todas las épocas y todos los estilos de la literatura. Antes de nada, digamos que Aristóteles avisaba que la amistad no es otra cosa que una alma que rige dos corazones y un corazón que mora en Corazón: Ciencia y Literatura dos cuerpos. Y, referido a sus estudios zoológicos, afirmaba Aristóteles que todo animal que tiene el corazón grande, naturalmente es temeroso, y si lo tiene pequeño, más de lo que su cuerpo requiere, es atrevido y desvergonzado. En la incipiente literatura castellana medieval, el corazón es sede de la valentía y las virtudes de los caballeros. Una canción popular canta: «El corazón tengo triste / y el alma tengo confusa. / Algo me va a suceder.../ Triste corazón ¿qué anuncias"?». En los Romances viejos se canta: «Esforzad, los mis hermanos, / lidiemos con valentía / mostremos gran corazón / contra aquesta morería». En la General Estoria, Alfonso X alababa con frecuencia a sus gentes, así: «Este moço de grand coraçon sera e omne de grand valentia». El Libro de Aleixandre está lleno de referencias al estilo de: «Omnes son astrosos / de flacos coraçones / non valen pora armas». En la literatura mística -San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Fray Luis de Granada, Fray Luis de León -el corazón esta presente como sede del amor a lo divino. Fray Luis de Granada abunda en la perfección de la vida espiritual a través del amor del corazón. Lo vemos en unas cuantas referencias de su «Guía de pecadores»: «Salomón en sus Proverbios dice: descubre tu corazón al Señor y espera en él»; «el contentamiento del corazón humano es dádiva de Dios»; «porque donde está su amor allí está preso su corazón; aunque no se pierda por eso su libre albedrío»; «bastaba la menor parte de este galardón para mover nuestros corazones al amor de la virtud»; «el corazón que pensaba sobre ti pensamientos de paz y de amor, piensa ahora pensamientos de aflicción y dolor»; y «en el tiene su descanso, en el su gloria, en el su esperanza, en el todo su corazón y pensamiento». San Juan de la Cruz lo expresaba así: «El corazón que está llagado con el dolor de tu ausencia, sanará con el deleite y gloria de tu dulce presencia»; «Ni yo miraba cosa, / sin otra luz ni guía / sino la que en el corazón ardía». Y en los Nombres de Cristo, de Fray Luis de León, se lee: «Pues sea esto lo primero, que los justos son dichos ser generosos y liberales, porque son demostraciones y pruebas del corazón liberal y generoso de Dios». El Padre Sigüenza, en la Historia de la Orden de San Jerónimo, aseguraba: «Siente en el corazón tal regocijo, que solo el que lo siente es quien lo entiende...». Es seguramente en Santa Teresa de Jesús, y en el famoso poema que comienza «Vivo sin vivir en mí», donde el corazón aparece como la superación de la transformación espiritual de la materia, inflamada por el amor, cuando escribe: «Esta divina prisión / del amor con que yo vivo, / ha hecho a Dios mi cautivo, / y libre mi corazón; / y causa en mí tal pasión / ver a Dios mi prisionero, / que muero porque no muero». Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575), en Definición de los celos: «Son celos exhalaciones / que nacen del corazón, / sofistica presunción / que pare imaginaciones / de muy pequeña ocasión». La fase fundacional del nuevo género literario de los libros de caballerías culminó en los comienzos del siglo XVI con el Amadis de Gaula. El más valiente caballero fue, a la vez, el más leal enamorado, y, en los esquemas narrativos de la obra, el corazón aparece con gran frecuencia armando las virtudes del personaje. Veamos algunas de ellas: «Amadis se assentò al pie de un árbol y començó a mirar la villa y vio las torres y los muros assaz altos y dixo en su coraçón: ¡Ay, Dios!, ¿dónde está alli la flor del mundo?»; «Y Amadis le dixo: ¡Cómo eres loco en esto que dices!; sábete que no tengo seso, ni coraçón, ni esfuerço, que todo es perdido quando perdi la merced de mi señora, que della y no de mi me venia todo.,,»; «Bien puede ser -dixo Amadis-, mas bien sé quel vuestro no se faria de tan buen coraçón como el mio pequeño, según vuestra desmesura y mal talante; y pues me queréys conocer, sabed que yo soy Amadis de Gaula»; «Señor, del ardimiento de vuestro coraçón no sé nada; pero nunca vi caballero que tan fermoso armado paresciesse»; «Señora, aquel coraçón que tuvistes para errar, aquel tened agora para os dar remedio en tanto vuelvo a vos»; «Quando Garadán oyó fablar de hombre de tan alto fecho de armas, mudósele el coraçón en dos guisas: la una pesarle porque tal caballero fuesse de la parte del rey, y la otra plazerle por se combatir con él»; «Yo vos lo diré -dixo la donzella-. Agora sabed que aquel gran caballero que en la batalla murió, amaba mucho a la donzella que vuestro huésped llevó consigo; mas ella lo desamaba de todo su coraçón, y amaba al que la distes más que todas las cosas del mundo». Toda la obra de Cervantes está plagada de nuevas expresiones en las que juegan los diferentes atributos del corazón. En boca y actitudes de los personajes del Quijote: «Vamos señor dixo Sancho, que las barbas y lagrimas destas señoras las tengo clavadas en el coraçón,.,», «,,,denme a mi que Quitéria quiera de buen coraçón y de buena voluntad a Basilio.,,», «No llores maesse Pedro, ni te lamentes, que me quiebras el coraçón», «quedó el Maestresala traspasado su coraçón, y propuso de luego otro dia pedírsela por muger a su padre.,..», «...y considera, que se suele dezir, que buen coraçón quebranta mala ventura», Y lo miso ocurre en todas sus novelas y comedias. En El celoso extremeño: «Quando esto oyó Leonora, se arrojó a los pies de su marido, y saltándole el coraçón en el pecho le dixo,,,». En El vizcaino fingido: «.,,y hame dado mucho gusto el ver quan sin melindres ni rodeos me ha descubierto su coraçón.,,». En Persiles: «,,,ensanchad los coraçones, y no deis lugar que rey ne en ellos la melancolía.,.». En El coloquio de los perros: «...llevaba atravesados en el coraçon sus dos hijos, y nunca quiso, aun en el artículo de la muerte, perdonar a la Camacha...». En La Ilustre fregona: «...y ella y la huéspeda se assieron una a otra, y començaron a hazer tan amargo llanto que quebrava los coraçones de quantos la escuchaba». En Galatea: «Y con gran celeridad se iba a pasar el coraçon con ella». Prácticamente lo mismo podríamos decir en los versos de Lope de Vega. En La ingratitud vengada: «Muera yo en Italia bella, / tierra descansada y ancha, / que el corazón se me ensancha / sólo en pensar que he de velia». En La desdichada Estefanía: «Mal sin regalo os detengo, / aunque en aquesta ocasión, / ya que a recibiros vengo, / he ensanchado el coraçon, / donde como a hijo os tengo». En El castigo sin venganza: «Ya determinada estuve; / pero advertir es razón / que por una mano sube / el veneno al corazón». En El cordobés valeroso: «Tiene razón Pedro en esto; / quien no tiene coraçon / para seguir su opinión, / vuélvese a su casa presto». En La campana de Aragón: «O fiero esquadron villano, / tan malo es un Rey christiano, / santo, humilde e inocente, / piadoso, justo, clemente, / de coraçon limpio y sano?». En La corona merecida: «Que aunque bizarra y vestida / me ve, y tan disimulada, / soy mançana coloreada, / en el corazón podrida». Y del primer cuarteto del soneto de Rimas sacras son los versos: «Si de la muerte rigurosa y fiera / principios son la sequedad y el frío, / mi duro corazón, el hielo mío / indicios eran que temer pudiera». Y en otro de estos sonetos: «¡Oh duro corazón de mármol frío!, / ¿tiene tu Dios abierto el lado izquierdo, / y no te vuelves un copioso río?» Y parece lógico que en la poesía calderoniana, y de una manera más lírica, no deje de abundar. En Ero y Narciso: «Que inquietamente confusa, / no sé que siento en el alma, / que a golpes dentro del pecho / el corazón se me arranca». En Dicha y desdicha del nombre: «No sé quien al corazón / le enseñó una oculta ciencia, / que la sabe sin saber / como ni cuando se aprende». En El hijo del sol Faeton: «Arrancarte el corazón / quisiera, porque después / de muerta, quedar no pueda / tan grande secreto en él». En la novela costumbrista del XIX, Pereda abunda en expresiones como las de El sabor de la tierruca: «¡Con que me equivoco? ¡Con que tu corazón no es falso? ¡Con que no se apartó del mío de la noche a la mañana?»; «¡Ay, Pablo! No me cabía ya más en el corazón...Por que yo le doy esta cruz al más valiente, y a ver cómo la lleva»; «Pues entonces, sobran los reparos, Juan, y, si un poco me apuras, toda explicación entre nosotros; porque donde habla el corazón calla la boca»; «De lo que te pasa, a nadie culpes en ley de justicia; que seas valiente, no se te ha negado; pero que, con sólo decirlo, llegues a campar aquí, no lo sueñes nunca. Por el corazón se mide a los hombres y no por la estampa, y corazón no falta al más ruin de los presentes». De Sotileza son asimismo las expresiones: «Empeño de no callarte ni siquiera un pensamiento, para que llegaras a verme el corazón como en la palma de la mano». Y «En cuanto fue latiendo al ordinario compás su corazón honradote, observó que en lo más hondo de él había una espina que le punzaba». Y, para terminar, unos minutos con algunos de los más famosos poetas del último siglo ¿Quién no recuerda aquella Canción de Otoño en Primavera, de Rubén Darío? Aquella que comienza: «Juventud, divino tesoro, / ¡ya te vas para nó volver! / Cuando quiero llorar, no lloro.../ y a veces lloro sin querer...». Pues, a continuación, siguen los versos: «Plural ha sido la celeste / historia de mi corazón. / Era una dulce niña, en este / mundo de duelo y aflicción»......»/Y las demás! En tantos climas, / en tantas tierras siempre son, / si no pretextos de mis rimas / fantasmas de mi corazón». Y yo me sonreiré -y tú estarás asustada-, y yo me sonreiré para decirte: -No es nada,.,» Muchas, muchas veces, en la prosa y la poesía de García Lorca, sobre todo en sus sonetos, anda el corazón por medio. En el soneto Llagas de amor, el último terceto es así: «Y aunque busco la cumbre de prudencia, / me da tu corazón valle tendido / con cicuta y pasión de amarga ciencia». En otro soneto, el titulado El poeta pregunta a su amor, también su último terceto es así: «¿No viste por el aire transparente / una dalia de penas y alegrías / que te mandó mi corazón caliente?». En Noche del amor insomne, hay varios lugares para el corazón. Veámoslo: «Noche arriba los dos con luna llena, yo me puse a llorar y tú reías. Tu desdén era un dios, las quejas mías momentos y palomas en cadena. Cristal de pena, llorabas tú por hondas lejanías. Mi dolor era un grupo de agonías sobre tu débil corazón de arena. La aurora nos unió sobre la cama, las bocas puestas sobre el chorro helado de una sangre sin fin que se derrama, Y el sol entró por el balcón cerrado y el coral de la vida abrió su rama sobre mi corazón amortajado». Corazón: Ciencia y Literatura Un poeta argentino, muerto hace una docena de años, Francisco Luis Bernárdez, tiene un largo, bellísimo poema, titulado Estar enamorado. Tiene la ventaja que pueden tomarse de él, a gusto del consumidor, los versos aislados que uno desee. El primero de ellos dice así: «Estar enamorado, amigos, es encontrar el nombre justo de la vida». Y, unos cuantos que yo he seleccionado para este rato dicen: Estar enamorado Es ver el mar desde la torre donde ha quedado prisionera nuestra infancia. Es apoyar los ojos tristes en un paisaje de cigüeñas y campanas. Es ir leyendo lo que escriben en el espacio las primeras golondrinas. Es ver la estrella de la tarde por la ventana de una casa campesina. Es ignorar en qué consiste la diferencia entre la pena y la alegría.' Es escuchar a medianoche la vagabunda confesión de la llovizna. Es despertarse una mañana con el secreto de las flores y las frutas. Es comprobar en cuerpo y alma que la tarea de ser hombre es menos dura. Es empezar a decir siempre y en adelante no volver a decir nunca. Es divisar en las tinieblas del corazón una pequeña lucecita. Y, para terminar, un corto poema de Unamuno. Me parece que sus versos son capaces de unir todo lo que yo os he contado en esta tarde de ciencia y literatura del corazón. Dice así, y concluyo: «El corazón? Aurículas...ventrículos fascículos...no sé... los nombres más ridículos... bajo los nombres, ¿qué? Un músculo que lanza sangre de que se hace hiél; mas al tocar la vida su crepúsculo uno se muere de él».
Si la transformación en vino del zumo de la uva es un fenomeno por completo espontáneo, nadie dudará de que, aunque imprecisa, su aparición en los motivos culturales de la historia de la humanidad deba remontarse a su antigüedad más lejana. Y así es, en efecto, arte y literatura, pintura y escultura, compiten en hacer cierta la datacion física con carbono-14 de las pepitas de uva encontradas en Georgia, que remonta el cultivo de la vid por el hombre a 50 siglos antes de Cristo. La gran aptitud de la vid para crecer en terrenos y climas diversos permitió que, conforme al relato del capítulo IX del Génesis, Noé, tras el diluvio, al retirarse las aguas, pudiera «comenzar a cultivar la tierra y plantar las viñas», y luego «...beber su vino y emborracharse...». Tema que fue recogido por López de Ayala, en el «RIMADO DE PALACIO»: «Leemos que Noé, después que fue poblar la viña, el vino quiso ende gustar; beuiendo dello mucho, ovóse a desnudar, mostrando sus vergüengas, non podía acordar. Esto por un enxienplo, asaz es demostrado, quando los dos sus fijos a Noe ocupado de vino lo fallaron e, el rrostro tornado, con una luenga sauana, lo ouieron cobijado. Porque era su padre, e ellos cubrir quisieron sus cosas vergongosas, lo qual muy bien fizieron, e por nuestro enxienplo, algunos lo escriuieron, por que encubran muchos a los que mal rrigieron». Como este, en muchos otros lugares del Antiguo Testamento salió a relucir el cultivo de las viñas; así lo fue en la parábola de Isaías: «Voy a cantar a mi amado el canto de mi amigo a su viña: Tenía mi amado una viña en un fértil recuesto. La cavó, la descantó y la plantó de vides selectas. Edificó en medio de ella una torre; e hizo en ella un lagar, esperando que le daría uvas, pero le dio agrazones. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad entre mí y mi viña». En la Biblia, tan llena de referencias al vino; los Salmos cantan que el vino es símbolo de alegría, y, entre las numerosas citas del Eclesiastés aparecen: «El vino fortalece el corazón, si se bebe moderadamente», «dad vino a los que tengan triste el corazón, que beban y se olviden de su infortunio ¿qué vida tiene aquél al que el vino le falta?», «alegría del corazón y bienestar del alma, es el vino, bebiendo a tiempo y con moderación». En el libro de los Números, se dice a Aaron: «Ni tú ni tus hijos bebáis vino ni bebida que pudiera embriagar, cuando entréis en la tienda de la reunión». Del Cantar de los Cantares son estas palabras: «Son tus besos más dulces que el vino». En el Libro de los Proverbios se recoge: «Dad el vino a los que tienen el corazón lleno de amargura, beban todos para echar en olvido la miseria». También, en el código babilónico Hamurabi, unos dos mil años antes de Cristo, se menciona la comercialización del vino entre babilonios, asirlos, persas y egipcios. La devoción de los judios hacia el vino lo hizo objeto especial de las descripciones del Nuevo Testamento. Y así, el primer milagro de Jesús en las bodas de Cana fue la transformación del agua en vino, cuando este llegó a faltar en la atención a los invitados. La eucaristía cristiana sería en principio la prolongación de una costumbre judía, que consistía en repartir las viandas y las bebidas en el transcurso de una comida en común. Pero, sobre todo, desde la noche en que Cristo compartió con sus discípulos el pan y el vino de la última Cena, el vino es para la religión cristiana un ingrediente litúrgico indispensable; y la eucaristía llegaría a ser un sacramento en el que el vino representaría la Ciencia y Cultura del Vino sangre de Cristo. De esta forma, el papel jugado por el vino, fruto de la vid y del trabajo de los hombres, en los ritos de la religión católica, ha contribuido en gran medida a reforzar su lugar privilegiado en las civilizaciones occidentales. Sin duda, por ello mismo, los apóstoles y discípulos recogieron con frecuencia este símbolo en sus escritos. Así, Pablo de Tarso escribió a los Corintios: «¿No soy libre yo?, ¿no soy apóstol? ¿no sois vosotros mi obra en el Señor?... ¿Quién jamás milita a sus propias expensas?, ¿Quién planta una viña y no come de su fruto?. En semejanza con las palabras del Eclesiastés: «....bebe con buen ánimo tu vino, porque ya ha apreciado Dios tu obra»; o en las palabras de San Juan: «¡Ah no haced daño al vino!». Si bien parece cierto que la localización original de la vitis vinifera fue en el Caucaso meridional, entre Turquía, Armenia e Irán; y que, en efecto, los griegos no inventaron el vino, hicieron, sin embargo, algo mejor, lo atribuyeron a los dioses y lo hicieron inmortal. La mitología celebra a Dioniso por su invento del vino. En el pedigrí mitológico, Dioniso nació de Zeus y de él se apoderaron los Titanes que lo trozearon en una caldera, y, luego, salvado y recompuesto por su abuela Rea. Así las cosas, Zeus ordenó a Hermes que transfomase a Dioniso en un chivo y lo regalase a las ninfas del monte Nisa; ellas cuidaron a Dioniso, lo mimaron y lo alimentaron con miel y ramas de abeto, y él se metamorfoseó en un racimo de uvas para seducir a Erigono, hija de Icarios. Por este servicio, Zeus colocó a las ninfas entre las estrellas con el nombre de las Híades, hacedoras de lluvia. Dioniso fue después a recorrer el mundo entero y navegó primero rumbo a Egipto llevando consigo el vino, y luego a la India, cuyo país conquistó y al que enseñó el arte de la vinicultura. Recorrió las islas del Egeo, difundiendo en todas ellas las celebraciones del vino y sustituyendo en todas partes a las demás bebidas alcohólicas. En Naxos, Dionisio encontró a la bella Ariadna con la que casó y engendró a Enopión y Toante, entre otros. El mito de Dionisio fue, efectivamente, el tema de la conferencia de Vargas Llosa, hace pocos meses, al recibir el premio «Prestigio Rioja». Del antiquísimo mito nos asegura el novelista «como introduce en la vida una cultura que significa la exaltación de la vida terrenal, de la vida de los sentidos, de la vida material, el cultivo de una planta y la elaboración de una bebida que tendrá luego una larguísima historia y que evolucionará con la civilización humana como una manifestación privilegiada de esa civilización. Un dios que contribuye de ese modo extraordinario a enriquecer la vida de los seres humanos, a aumentar en ella la alegría, el goce, la exaltación y también, por supuesto, el diálogo, la coexistencia con el otro, con los demás. Un dios que, al mismo tiempo, abre las puertas de una zona del ser humano en la que están las fuentes de las peores violencias, de los instintos destructivos y autodestructivos que tiene el hombre». Y para no tener que renunciar a la razón, el elemento de nuestros instintos presente también en el mito, cuyo imprudente empleo emborrachó a los ciudadanos que se creyeron envenenados y mataron a Icarios, el mismo Platón, en LAS LEYES, hizo este comentario: «Según los prejuicios del vulgo, el vino ha sido dado a los hombres como una venganza de Dioniso, para nublarles la razón; pero el presente discurso nos demuestra, por el contrario, que los hombres lo han recibido como un medicamento cuyas virtudes inspiran pudor al alma y mantienen la salud y la fuerza del cuerpo». Toda esta descripción forma parte de las habituales narraciones de los mitos y del encuadramiento cronológico de los personajes y su acción. Mitos que bien son objeto de una creencia religiosa o, al menos, ponen en escena a personajes que poseen una cierta aura sagrada. Mitos que, con el pretexto de la ficción, expresan una verdad profunda. Pero, como la verdad cambia con los tiempos, en cada edad la sociedad reescribe sus mitos sobre los modelos antiguos. Mitos que cumplen como misión más importante la de imaginar la causa de fenómenos comunes, la creación del mundo, la forma de la naturaleza, el lugar del hombre en el mundo, el establecimiento de los poderes políticos, el origen de los principios que guian la conducta del hombre y cómo vienen a la existencia las realidades físicas y sociales. El mito -como escribió Baudelaire-es un árbol que crece espontáneamente por doquier, en todos los climas, bajo todos los soles. Las religiones y las poesías de las cuatro partes del mundo nos suministran pruebas superabundantes de ello. Al igual que el pecado y la redención, el mito lo invade todo; nada más cosmopolita que lo eterno. Quizá por todo ello, por esa necesidad de hacer balance de nuestro pasado y de dar sentido a nuestras vidas, con nuestros amores, nuestros retos y nuestra creatividad, llegó Nietzsche a afirmar en «EL NACIMIEN-TO DE LA TRAGEDIA»: «He aquí nuestra era volcada al exterminio del mito. El hombre de hoy, despojado del mito, se yergue famélico sobre su propio pasado y debe escarbar frenéticamente buscando sus raíces entre las más remotas antigüedades». Y por ello también, el biólogo Matthew Bronson, ante los estudiantes de la Universidad de California, en San Diego, afirmó: «Sentimos la necesidad del mito, a veces como lamento silencioso, en los campus de hoy. La ciencia y el humanismo deben unirse para responder a esta necesidad». La ciencia y la literatura del vino han venido recreando a lo largo de los tiempos, siglo a siglo, los mitos de su origen. Hacer vino es simple en apariencia; no hay más que cortar los racimos y abandonarlos a su suerte. Pero un análisis profundo muestra la participación de numerosos y complejos procesos químicos y microbiológicos, cuya optimizacion supone un preciso conocimiento de sus bases científicas. Si se los abandona a ellos mismos, lo más normal es que en lugar de un buen vino o de ni siquiera vino, se obtenga vinagre o, incluso, un mal vinagre. Así, pues, desde un mal vinagre a la creación de los grandes vinos actuales, a partir del siglo XVIII, y a la utilización de los desarrollos químicos y microbiológicos, a finales del siglo XIX, en la producción de los grandes vinos, hay todo un gran empirismo razonado que tuvo su origen en la revolución cultural del Neolítico, hace 10 o 12 mil años, en la que se iniciaron la domesticación de los animales, el paso de la simple recolección a la producción agrícola, el aposentamiento sedentario de pequeñas poblaciones en el territorio, la iniciación de las prácticas biotecnológicas y de los instrumentos dedicados a la transformación de los alimentos. Desde entonces, la ciencia y su expresión de lo útil -la tecnología-han caminado inseparables del desarrollo social. Desde entonces también, incluso desde el Paleolítico superior, el hombre fue capaz de dar a la materia expresiones rituales y de pintar sobre las rocas la recolección de la miel; y, ya, más cercanas las grandes civilizaciones de la Antigüedad, aún varios milenios antes de Cristo, han dejado documentos, pinturas y tradiciones acerca de las fermentaciones utilizadas en la obtención del vino, el pan y la cerveza, ya sean en los bajorrelieves asirlos, en las pinturas funerarias egipcias o en las tablillas de Cartago. Entre las innumerables muestras de este desarrollo social, paralelo al de la tecnología, pocas como las continuas menciones históricas y literarias, que iniciadas seguramente en la escritura sumeria, con la mención del término a/co/ioZ, llegan a los poemas modernos de Salvador Rueda o del francés Apollinaire, quien los reúne en un volumen, curiosamente titulado también alcools. A estas menciones históricas y literarias, acompañantes de las científicas, vamos a dedicar el grueso de esta intervención; y lo vamos a procurar hacer por medio de una división diacrònica, sistematizada a la vez por su reunión en diversos agrupamientos temáticos. Si es cierto que el vino ha sido argumento destacado en la literatura de todos los tiempos, no lo es menos que sus menciones han sido fuente histórica de informaciones precisas. Así, Homero y Hesíodo citaron ya el reparto de los viñedos y algunos vinos de renombre, así como la manera de beber. A ello hizo referencia Restrepo, en nuestros días, en «ASTROS Y RUMBOS», al escribir: «Pero no nos distraigamos de nuestra visita: entremos a ver los cultivos. Son los principales la viña y el olivo. «Aceite y vino y amigo, antiguo», nos dice el refrán. El aceite y el vino que os ofrezco son anteriores a la civilización latina, y se remontan hasta el Ática y el Peloponeso, donde aprendieron los latinos la industria del vino y el cultivo de los olivares». Así fue, en efecto, y así Virgilio recogió numerosas informaciones en sus obras; y Columela, nacido en Cádiz, en el siglo I, describió en el tratado «DE RUSTICA» todas las prácticas vitícolas -plantación, labores, abonado, injertado, poda, amugronamiento, etcasí como de la vinificación. 1000 sustancias; unifico los criterios de su descripción, ateniéndose de forma regular a la exposición de la sinonimia de cada especie, sus caracteres, comprobaciones, acciones, uso médico y falsificaciones. A partir de Galeno, a lo largo de toda la Edad Media, y hasta bien avanzado el Mundo Moderno, la «MATERIA MEDICA» es un instrumento imprescindible para la práctica de la medicina, y a la que han acudido durante siglos médicos, farmacéuticos y profanos en busca de datos para la preparación de remedios. Buena prueba de este interés son las numerosas ediciones en griego y en latín y las 40 ediciones en lenguas modernas. En la adaptación española del doctor Laguna, en el siglo XVI, se receje la queja del autor: «Por donde yo, viendo que a todas las otras lenguas se había comunicado este tan señalado autor, salvo a la nuestra española, que o por descuido o por alguna siniestra constelación ha sido siempre la menos cultivada de todas, con ser ella la más capaz, civil y fecunda de las vulgares, y teniendo entendidos los graves inconvenientes que sobrevenían a cada paso, así en aquellos vuestros reinos de España como en otras partes, por ignorancia de la materia medicinal, resolvíme de hacerla de griega española y de ilustrarla con comentarios y con las figuras de todas las hierbas, sacadas a imitación de las vivas y naturales, en beneficio inmortal de toda la patria». El capítulo I, del libro V, trata de la vid, y comienza así: «Las hojas de la vid majadas con sus pámpanos y aplicadas en forma de emplastro, mitigan los dolores de cabeza, aplicándose con polenta, tiemplan la inflamación y el ardor de estómago. Lo mismo hacen aplicadas por sí solas las hojas, por cuanto son frías juntamente y estípticas. El zumo de ellas bebido sirve a los disentéricos, a los que escupen sangre, a los flacos de estómago y a las preñadas antojadizas, que apetecen cosas extravagantes». El capítulo VII se titula De la Natura del vino, e inicia la descripción de los vinos de la manera siguiente: «El vino viejo es dañoso a los nervios y a todos los otros instrumentos de los sentidos, dado que es más agradable al gusto. Por donde conviene se guarden de él los que algún miembro interior tienen flaco. Empero los que están sanos, pueden seguramente beberle en pequeña cantidad, y aguado. El nuevo hincha, es difícil de digerirse, causa terribles sueños y provoca la orina. El vino de edad mediocre, huye los unos y los otros inconvenientes, y así se debe escoger, para el uso de sanos y enfermos. El vino blanco es sutil, distribuyese fácilmente y es amigo al estómago. El negro es grueso y difícil de digerirse, de más de esto, engendra carne y emborracha los que lo beben. El rubio, siendo de color medio, tiene facultad mediocre entre entrambos. Empero para sanos y enfermos se debe de preferir el blanco». En los capítulos siguientes trata de numerosas variedades de vino, al lado de sus modos de preparación, sus usos y sus curiosísimas facultades medi-cinales; por ejemplo describe los vinos de cedro, enebro, ciprés, laurel, pino y abeto -preparados con las ramas recién cortadas de estos árboles-; los vinos marinos, el vino de ajenjos, el vino de higos secos, el vino de dátiles, el vino myrtite -hecho con la grana del arrayán-, el vino cydonite -preparado con membrillos libres de simiente-, el vino strobilite -preparado con pinas frescas-, el vino de hysopo, y otros muchos vinos hechos de muchas suertes de hierbas. San Isidoro de Sevilla, en sus famosas «ETIMOLOGIAS», describe alrededor de dos docenas de vinos elaborados en la Península. También es cierto que los asentamientos de las poblaciones cristianas en los territorios reconquistados no tuvieron demasiado difícil el cultivo de las vides. El uso del vino no se había desarraigado, y los intentos, como el de Alhaquem II, de extirpar las vides no fueron ni siquiera iniciados ¡indudablemente, buen ejemplo para los actuales extranjeros intentos! Antes al contrario, a los musulmanes se debe la elaboración del zebibi, vino de pasas, y la práctica del soleo para provocar el endulzamiento del vino. De esta forma, los mudejares se convirtieron en entusiastas cultivadores y eficaces criadores de una de las mayores riquezas de los reinos peninsulares. Coincide con este hecho la versión de García Gómez de los versos del poeta arábigo-andaluz Aben Guzman que vivió en Córdoba entre los años 1100 y 1160: «Cuando muera, estas son mis instrucciones para el entierro:/ dormiré con una viña entre los párpados;/ que me envuelvan entre sus hojas como mortaja/ y me pongan en la cabeza un turbante de pámpanos». Los cartularios de los monasterios de San Millán de la CogoUa y Valvanera glosan que, en el Medievo, el vino alcanzó momentos de plenitud en las comarcas de Cidacos y Alhama, desde la Sierra de la Demanda hasta el Ebro. También, desde los mismísimos orígenes, la historia y la leyenda del vino implican tanto a sus virtudes como a sus desventuras y desastres; por ejemplo, las que Homero pone en boca de Héctor, hablando con Hercuba, en esta forma: «Oh Madre, a quien se debe reverencia, No me presentes esos dulces vinos. Ni quieras embotarme la potencia. La fuerza y el vigor y la excelencia, Del ánimo y del cuerpo, tan divinos». Con esta idea, Andrés de Laguna escribió en las anotaciones al capítulo I, libro V, de la mencionada «MATERIA MEDICA> de Dióscorides: (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://arbor.revistas.csic.es «...algunos ejemplos de Príncipes grandes y valerosos, cuyas heroicas virtudes mucho se oscurecieron por este negro vicio del vino, que sacándoles de sí mismos, les compelió a decir y hacer mil bajezas y cometer infinitaas enormidades». Así, aseguró de Alejandro Magno que «cuando se tomaba el vino, con un furor muy bestial por una mínima ocasioncilla, entre los frascos y las copas, mataba los mayores amigos suyos, sobre los cuales acerbamente después lloraba, rogándolos con infinitas lágrimas, ya vencida la borrachera. Del mismo Alejandro se dice que, después de haber expugnado a Persépoli, ciudad celebérrima en Asia, una noche sobre cena todo llena de vino, por satisfacer a los ruegos de cierta famosa ramera, llamada Thais, que seguía su ejército, la permitió que con un hacha encendida pegase fuego a aquella nobilísima y tan celebrada casa real de Jerjes, señora de todo el Oriente, en la cual se habían criado tantos Reyes y Príncipes, y no solamente la consintió que hiciese tan grande maldad, empero también él mismo hecho un cuero, yéndose todo cayendo tras la mujer beoda, con otra antorcha en la mano, ayudó a encender aquella estructura antiquísima, la cual juntamente fue así convertida en ceniza». De otro jefe militar de la época aseguró: «Hanibal, capitán mañoso y artero, no venció a los africanos violentos con otra cosa, sino solamente con vino, adulterado e infecto con el zumo de mandragora. Por donde aquel mahometo, enemigo capital del santo nombre cristiano, defendió a sus secuaces el vino, y esto no tanto por respecto de religión -de la cual era muy ajeno-cuando porque siendo él más soldado que verdadero profeta, se quería servir de ellos en hechos de armas, a las cuales no convenía la embriaguez, había ya conocido por la experiencia». Situaciones que pretendieron ser reguladas por los decretos de Platón; en ellos ordenó «que los hombres de guerra no bebiesen en el ejército vino, ni los Príncipes, ni los jueces, en las ciudades. Defendióle también a los que administraban negocios públicos, a los que habían de consultar o deliberar de cosas importantes a la república, y finalmente a los casados, siempre que se juntasen para engendrar, porque no sembrasen hijos borrachos. Del resto, a ningún muchacho consintió que bebiese vino, antes que fuese de 18 años, porque decía ser añadir fuego a fuego. La cual tan loable costumbre observaron asimismo los de Lacedemonia, porque no solamente apartaban del vino a sus hijos, empero también hacían que los esclavos más vinolentos de toda la casa, y más inclinados a la embriaguez, compareciesen alguna vez delante de la mesa, los cuales allí dejaban beber adrede, hasta que de sí mismos se enajenasen, y después de muy borrachos les hacían mil burlas y vituperios, para que viendo sus hijos la fealdad y desventura de los cuitados, huyesen de caer en semejante ignominia». Pero, a la vez, también los griegos defendieron su simbolismo religioso y cultural, los ritos y normas sociales de su servicio, su utilidad como bebida alimenticia y el culto a su disfrute civilizado. Así, en las anotaciones comentadas a la obra de Dioscórides se dice: «Habiendo dicho muchos males del vino, por ser un voluntario veneno, cuando se bebe sin reglas o se da a los que no conviene, será bien que ya volvamos la hoja, y digamos los bienes que de él proceden, afirmando que bebiendo con discreción, en mantenimiento muy sustancial y salubérrimo al cuerpo, juntamente y al ánimo, pues si bien miramos sus defectos y facultades, calienta los resfriados, humedece los exhaustos y consumidos, engorda los flacos, da color a los descoloridos, despierta los ingenios tardos y perezosos, hace buenos poetas, alegra los tristes y melancólicos, vuelven bien acondicionados los viejos gruñidores y muy difíciles, digiérese y distribuyese por las venas más presto que todas las otras cosas, de las cuales toma el cuerpo su refección, y en suma, es único sustentáculo de la vida humana, vistas las gracias dichas, tiene otra y digna de ser celebrada, el vino, que es conciliador de las amistades, porque muchas veces hemos visto sentarse dos enemigos capitales entre otros convidados a una mesa común, y después de haber bebídose y brindádose el vino el uno al otro, aún que no de buen corazón, a la fin encendiéndose poco a poco, en amor con el vino, y olvidando los rencores y enemistades, levantarse muy conformes y abrazarse estrechamente como entrañables hermanos». Desventuras, pues, y también, virtudes del vino, que seguramente harán verdad la afirmación del proverbio chino: «El vino no embriaga; es el hombre el que se embriaga. Equilibrio deseable en todas las actitudes de la vida del hombre, que participan de esta dualidad en sus desenlaces. Equilibrio deseable que ha sido exaltado en una gran serie de apelaciones literarias de todos los tiempos, y al que hoy mismo habría que volver para poner en su sitio las hipercríticas y las aclamaciones. Así, una vez más, el doctor Laguna, en pleno siglo XVI, afirmaba: «....Beben más de lo necesario los que dan a la natura más de lo que ella misma demanda, la cual si está bien dispuesta y templada, nunca pide sino lo que la basta, de suerte que su apetito y deseo, puede sernos regla y medida. Rómulo, rey primero de los romanos, como en un convite bebiese muy sobriamente, y le dijese cierto hombre honrado que si así bebiesen todos, valdría baratísimo el vino, respondió con igual prudencia, que antes valdría muy caro, porque todos beberían cuanto quisiesen, y hasta hartarse, dando a entender por tan preñadas palabras, la singular templanza de su natura, pues bebía cuanto quería, y con muy poquito se contentaba». Desventuras que Piquer, mediado el siglo XVIII, sitúa en la misma lógica que da título a su obra «LOGICA» de esta manera: «Si por estos abusos se hubiera de hacer juicio de las cosas, fuera menester arrancar todas las viñas para que no hubiera beodos, quitar el comercio para evitar los fraudes y abolir los juzgados para que no hubiera injusticias». Y al lado de las virtudes, reforzadas por su participación en los ritos religiosos, el vino ha sido alusión frecuente en la literatura mística. Y no será extraño que mi primera referencia mística sea la de nuestro poeta riojano Gonzalo de Berceo: «El vino significa a Dios nuestro Señor,/ la agua significa al pueblo pecador». Incluso en los «OPÚSCULOS LEGA-LES», de Alfonso X el Sabio, se recoge el texto: «...el cuerpo e la sangre de nuestro Señor Jesu Christo se face del pan e del vino sobre el altar por el poder de nuestro Señor Dios...... Son diversas las ocasiones en que Fray Luis de León hace mención del vino, en «LOS NOMBRES DE CRISTO»; citemos solamente un par de ellas: «... lo humilde del, sus palabras llanas, la vida pobre y sencilla, y sanctissima, que morando entre nosotros biuio, las obras que como hombre hizo, y las pasiones y dolores que de los hombres, y por los hombres suffrio, son pastos de vida para sus fieles ouejas. Alli hallamos el trigo, que es fuer ça el cor agon de los hombres: y el vino, que les da verdadera alegría...»', y, en otro lugar: «...Maná abscondido, porque esta secreto en el alma, y porque sino es quien lo gusta, ninguno otro entiende biewn lo que es el. Otras veces le llama aposento de vino, como en el libro de los cantares, y otras el vino mismo: y otras liquor mejor mucho que el vino». Pero, es con toda seguridad en San Juan de la Cruz y en Santa Teresa de Jesús en quienes las referencias al vino al-canzan el climax de las acepciones místicas; sobre todo cuando San Juan incita: «".,venid y comprad de mí vino y leche, que es paz y dulzura espiritual»; o cuando hace la comparación: «... los nuevos e imperfectos amadores son como el vino nuevo, que fácilmente se malean hasta que cuezan las heces de las imperfecciones y se acaben los hervores y gustos gruesos del sentido». Y en los escritos de la Santa «ha menester el Señor darles mantenimiento, y no agua, sino vino, para que, emborrachados, no entiendan lo que pasan y lo puedan sufrir». «Qué bella crece y nace de un sarmiento casi inútil la vid! ¡Qué fastuosa venciendo en lo aromático a la rosa; a la espiga, en el pródigo alimento!» Cuando se alcanzó este climax literario faltaba aún un par de siglos para acercarse al conocimiento de la naturaleza biológica y las transformaciones químicas de las fermentaciones. Hasta la consecución de este esclarecimiento no hubo otro cambio de pendiente que el que motivó Lavoisier, a finales del XVIII, con la interpretación de la combustión, la respiración y la producción de calor, basadas en la nueva teoría del oxígeno. El gran debate sobre la naturaleza de las fermentaciones estuvo siempre en el trasfondo científico que engarzó la Ilustración con la revolución industrial del siglo XIX, y, sobre todo, tuvo en Pasteur el soporte biológico en que sustentar la pasarela que Lavoisier había lanzado un siglo antes. Los nuevos paradigmas químico-biológicos surgieron de la controversia que enfrentó, a mediados del siglo, a Pasteur y Pouchet, relativa a la posibilidad de generación espontánea de seres vivos microscópicos. Durante los pormenores de esta controversia, Pasteur afirmó con autoridad: «La creencia en la generación espontánea ha existido en todas las edades; aceptada umversalmente en la Antigüedad y discutida en los tiempos modernos, sobre todo en la actualidad. Y ésta es precisamente la creencia que acabo de combatir. Su duración, por decirlo así, indefinida a través de las distintas edades no me inquieta en absoluto, pues sin duda ya saben que la vigencia de los errores más monumentales se mide en siglos». Pasteur y Pouchet tuvieron en común, sin embargo, el reconocimiento de la práctica de laboratorio -de la investigación, diríamos hoy-como el único método para dirimir el litigio; ambos estuvieron de acuerdo en que el laboratorio es el único árbitro inapelable y que «podemos recurrir a Dios, al Soberano, a la Constitución, a la moral, a la herencia, pero es imprescindible observar si el líquido de los matraces se enturbia o no». No deja de ser interesante contemplar el entramado sociocientíñco que acompañó a los aspectos meramente científicos de la disputa. Pasteur, académico de Francia, burlón e incompasivo, perfila cuidadosamente la invocación a Dios, goza de la indudable protección de la Academia y de sus comisiones especiales, vive en París, es amigo de los comisionados; los métodos experimentales de la época no permitieron que Pasteur alcanzase con mayor rapidez la sanción que su teoría, por coherencia, merecía. Enfrente, Pouchet, académico correspondiente de provincias, buen católico y enemigo del darwinismo, se ve acusado de ateo y evolucionista, protesta contra la «ciencia oficial», se queja de que siempre su adversario escoja armas y te-rreno para el duelo de los experimentos científicos; pero el adversario reconocerá siempre en él su gran pasión y honestidad. Prueba, sin duda, de los factores extracientíficos que, entonces como ahora, anduvieron por medio de esta disputa es el texto de la carta que Pasteur dirigió al ayudante del emperador Napoleón III, en la que, entre otras cosas, dice: «Cuando se me brindó el honor de veros, hace algunas semanas, tuvisteis la amabilidad de decirme, incidentalmente, que habiais tenido la oportunidad fortuita, en Vichy, de hablar con el Emperador de mi trabajo sobre las generaciones llamadas espontáneas. Por ello he pensado que, tal vez, no sería una indiscreción por mi parte ofrecer a Su Majestad un ejemplar de la memoria en la que expuse el conjunto de mis trabajos sobre este tema. Sabéis que estas investigaciones no han sido más que una disgresión obligada de las que me ocupan desde hace muchos años relativas a los misteriosos fenómenos de la fermentación, fenómenos tan íntimamente ligados a la vida, tal vez incluso más a la muerte y a la enfermedad, sobre todo a las enfermedades contagiosas Probablemente pecaría de sinceeridad si no confesara que al intentar atraer la atención del Soberano, tengo el deseo secreto de obtener los medios necesarios para desarollar mis estudios con mayor libertad y éxito». Si estos renglones de Pasteur son, ciertamente, precursores, del trasfondo de la moderna sociología de la ciencia, son, a la vez, modelo de seguridad y de anticipación; y lo que promete al Emperador como fruto de sus dádivas es vencer la enfermedad y aclarar el mecanismo de las fermentaciones. Y, así, Pasteur, químico brillante, unió su destino al de Francia, al de los vinos, al de los quesos, y al de aquella niña que enfermó antes de tiempo para ser salvada por el sabio que, impotente, tuvo que contemplar su muerte. Fue, justamente, el mérito de Pasteur el haber explicado el papel de las fermentaciones en vinificación, y, por lo mismo, la complejidad de los fenómenos en juego, a pesar de esa aparente espontaneidad de la transformación. Y, más aún, la actualidad de sus trabajos sobre las enfermedades del vino, al ligar cada una de las diferentes enfermedades a la presencia de microorganismos particulares. Tardarían, sin embargo, bastantes años hasta conseguirse el conocimiento preciso de los fenómenos químicos que subyacen al proceso de la vinificación, y, poder, por tanto, soportar con rigor las técnicas utilizadas en las bodegas. Esclarecimiento de cada una de las etapas químicas que ha conducido, en buena parte, en los últimos decenios, a la mejora de la calidad general de los vinos. La otra parte hay que atribuirla a la protección sanitaria del viñedo, muy sensible a virus, hongos e insectos, con la consiguiente pérdida del follaje y bloqueo de la fotosíntesis; y al análisis preciso de los residuos de los agentes controladores, capaces de afectar al curso de los procesos bioquímicos de la maduración, de la fermentación y de la síntesis de aromas. Frente a la lucha química, las herramientas biológicas -injertación e hibridación-se han mostrado más eficaces en el logro, sobre todo, de una mayor resistencia frente a las plagas, filoxera en particular. Es bien sabido como se han creado numerosos portainjertos, adaptados a medios diferentes, por lo general con la ayuda de variedades americanas; lo que no quita para que la restitución de los viñedos californianos, hasta el momento con pleno éxito, se haya realizado con portainjertos creados en Francia a principios de siglo. Por contra, la hibridación, a pesar de su mayor vinculación a la moderna tecnología biológica, que supone la asociación de genes de resistencia de las especies americanas -Vitis riparia, Vitis rupestris, etc.-a los genes de calidad de las viñas tradicionales -Vitis vinifera-, ha dado lugar a buenos resultados en cuanto a la resistencia, pero la calidad de los vinos no puede compararse con la de las especies tradicionales. Todo ello ha conducido a una situación en la que se mezclan los problemas de identificación de vinos híbridos, las facilidades de fraude y las consecuencias económicas. La reciente investigación enológica ha identificado, sin ambigüedad, en la materia colorante de los vinos híbridos, diglucosidos de antocianos, por la acción de un gen dominante de Vitis riparia o Vitis rupestris. Identificación que ha permitido normalizar las prácticas comerciales, y volver, de momento, al encepado tradicional. A ello hay que añadir el empleo de la moderna tecnología química en la interpretación de la calidad de los vinos. A modo de ejemplo, la detección de terpenoles libres y conjugados en aromas específicos; el empleo de las enzimas arabinosidasa, ramnosidasa y glucosidasas en la explotación del potencial aromático de la uva; el conocimiento de la variación de la estructura de los taninos en el curso de la maduración como dato fundamental de las diferencias gustativas; la identificación de la 4-metil-4-mercapto-pentanona-2 como molécula odorante en los aromas de los vinos de Sauvignon, liberada por hidrólisis enzimática durante la degustación; la modulación de la cinamato descarboxilasa, por selección de las levaduras de vinificación, que origina vinilfenoles, de olor intenso que enmascara los aromas frutados. La aplicación de las modernas técnicas de la biología molecular -perfil de restricción del DNA mitocondrial, reacción de la polimerasa en cadena, etc.-al estudio y selección de las cepas de levaduras, al estudio de enzimas biotecnológicamente importantes, y, sobre todo, las técnicas de la ingeniería gènica, permiten imaginar el diseño a voluntad de microorganismos y, por tanto, de la ejecución de procesos de vinificación en los que se module discrecionalmente la presencia de los distintos productos finales. Conviene destacar a este respecto las inmensas posibilidades que ofrece la moderna biotecnología en la creación de nuevas especies, de levaduras ciertamente, pero también de plantas dotadas de nuevas propiedades de resistencia frente a enfermedades o ambientes extremos. Viticultura y vinificación que, en las próximas décadas, serán sin duda objetivos de los avances de la ciencia y la tecnología. En la cultura del vino, la literatura se ha entremezclado también con estas nuevas técnicas. Pedro Salinas nos lo refiere en «EL DEFENSOR», en 1967: «Ahí está la química, señores, ahí está la química, la aplicada -y tan aplicada, por cierto-a sus aplicaciones. Demostrado tiene que sabe sacarse de sus retortas unas bebidas refrescantes y tónicas, que compiten con los zumos más plantados Confiemos en la química, que nos hará melocotones sin hueso, membrillos sin asperezas, vino sin alcohol de uva y títeres sin cabeza....y es que tales brebajes se están llevando de calle, en el favor público y en las cifras de consumo, a las bebidas naturales». El estudio y la definición de estos u otros parámetros han servido tradicionalmente a la validación y clasificación de los vinos. Y de ello dan cuenta, de antiguo, los textos del Fuero General de Navarra (1300), de las Ordenanzas de Castilla (1484) y de Guadalajara, de la Carta Privilegio (1460), de la Declaración de Sevilla (1486), de las Ordenanzas de Granada (1552), etc. Y en la «CRONICA GENERAL» de España, como si el designio divino hubiera concentrado en las tierras riojanas todo lo bueno del país, el Rey Sabio lo refiere: «ça a esta abastó El de todas aquellas cosas que ocurre suel cobdiciar...», o de esta otra manera: «a una estremança de abondamiento et de bondad mas que otra tierra ninguna». Seguramente por ello mismo, Alfonso X, en el «FUERO REAL», concede fueros a los vinos y reglamenta la calidad de esta forma: «Nin sea osado de mezclar dos vinos en uno para vender, ni metan en ello cal, ni sal, ni otra cosa ninguna que dado no sea a los hombres y aquel que lo ficiese, peche sesenta sueldos e pierda el vino; e haya la meytad el rey e la meytad los fieles». En la «NOVÍSIMA RECOPILACIÓN», al tratar de los Abastos y Regatones de la Corte, se consigna la prohibición de comprar vino en la capital y en un radio de cinco leguas, para revenderlo; venta que tan sólo sería permitida a los propios cosecheros. Y, en 1513, Alonso Herrera publicó un «TRATA-DO DE AGRICULTURA» en el que se detallan las características diferenciales de las uvas y la manera con arreglo a la que inciden sobre las variedades de los vinos. Finalizando el siglo XVIII se reglamentan las condiciones de instalación de las tabernas y de venta del vino; así, de esta manera: «La venta del vino nuevo, añejo remostado, ni revuelto con nuevo hasta el dia primero de cada año, permitiendo solamente la venta del vino añejo, puro legítimo y de buena calidad, sin mezcla alguna y a los precios que estén señalados, sin excederse en la postura», Al llegar a este punto administrativo del recorrido del vino en la cultura, la ciencia y la literatura, hay que recordar el comienzo del «Sermón de la viña», del Padre Fray Hortensio de Paravicino, en Sevilla, en 1624, ante el Rey Felipe IV: «De todo tiene la viña. Sacra y Real Magestad, de todo tiene la viña, uvas, pámpanos y agraz». De todo, en efecto, tiene la viña y el vino. Tanto que hasta a Ortega hizo escribir «de este problema cósmico que es el vino»; y añadir: «tan verdaderamente cósmico, que nuestra época no ha podido pasar junto a él sin darle su atención y resolverlo a su manera....por que antes, mucho antes de que el vino fuera un problema administrativo, fue el vino un dios....» Tan verdaderamente cósmico que no ha podido estar en el mundo sin ser permanente atención de la poesía: ¡Quevedo, Juan Ramón, Miguel Hernández, Aleixandre, Rueda! «No hay cuestión ni pesadumbre, que sepa, amigo, nadar; todas se ahogan en vino, todas se atascan en pan» aseguraba Quevedo, quizá por lo mismo del refrán: «Hizo el agua Dios / y el hombre el vino. / Respetemos el agua / y bebamos el vino». Y a este otro dicho «Si el agua es de un arroyo claro y cristalino, / mejor el vino», respondía Juan Ramón cuando cantaba: «¡Como ríes por la viña verde, por el trigo, por la jara, por la pradera del arroyo vivo!» o, también, Miguel Hernández, en los versos: «A lluvia de calor, techo de parras a reposo de pino, actividad de avispas y cigarras, en el sarmiento fino, cuerda de pompas y sostén de vino». Refranes entre los que también se reza: «Beber buen vino / no es desatino./ Lo que es muy malo / es beberlo malo». A lo que podemos pensar que Aleixandre añadía: «¿No sentís en la noche un clamor? ¡Ah dormidos, sordos sois a los cánticos! Dulces copas se alzan: ¡Oh estrellas mías, vino celeste, dadme toda vuestra locura, dadme vuestros hordes lucientes! Mis labios saben siempre sorberos, mi garganta se enciende de sapiencia, mis ojos brillan dulces». Permitidme, finalmente, que, antes de concluir esta marcha cultural, literaria y científica, entre vides y vinos, nos situemos ante el futuro al que hoy no tenemos más remedio que contemplar sino desde un panorama de globalidad que sea capaz de integrar, con los bienes de la tierra, el trabajo, la cultura, la imaginación de los hombres y el desarrollo de instituciones que se ocupen de la ciencia y la tecnología. No habrá quien dude hoy de que ambas, ciencia y tecnología han llegado a ser el agente más potente de transformación de nuestra sociedad, y las batallas serán ganadas o perdidas según que nos tomemos o no en serio el desafío. Desafío que no es otro que el de saber reestructurar los sistemas mixtos de hechos sociales y tecnológicos; es decir, los sistemas que ensamblan la tecnología y la sociedad: los de la convivencia urbana, los de la conservación y control del medio ambiente, los de la información y la automatización, los de la nutrición y la salud, los de las comunicaciones y los transportes. Y, más en particular, los de la cultura, la universidad y la empresa. Puede que no sea fácil, pero merece la pena la corona, como la que brinda las últimas estrofas del poema de Salvador Rueda: «Elaborada a golpes por el ritmo, esta es, ¡oh dios!, la báquica diadema, que en lugar de tus pámpanas pajizas quiero que te coloques y te prendas. Y ahora, del vino que fermenta, joven, desata un áureo chorro en mi cabeza, que derrame en mi ser nuevo bautismo, y traspore mis huesos y mis venas. También tu concha bautismal derrama sobre esta humanidad que sufre y sueña, y estruja las hermosas moscateles en héroes, santos, niños y poetas».
Es del todo obvio que las cosas, cada cosa, no son sino valores. No hay una realidad única e invariable. De forma que, al acercarnos a cada una de ellas con distintas apreciaciones, obtendremos, en lugar de una sola cosa, una colección de cosas diferentes. Para un labriego tradicional, la tierra era simplemente, hasta no hace mucho tiempo, una siembra, unos surcos y una mies; le preocupaban los abonos, y las lluvias; y soñaba con la cosechadora mecánica. Al cabo de no demasiados años, se cuida hoy de sacar a la tierra varias cosechas con semillas transgénicas y un clima a la medida. Para un astrónomo, la Tierra, además de exigir el tratamiento de «mayúscula», es un planeta del sistema solar; le preocupan la interpretación matemática de la gravitación universal y el origen de los neutrinos; y sueña con la unificación de las fuerzas del universo. A la lengua podemos acercarnos, pues, desde múltiples sistemas de valoración. La lengua tiene tantas realidades como numerosos puntos de examen, de cuyo conjunto nace un formidable panorama en el que sobresale la vinculación del lenguaje con la misma naturaleza humana. Y, dentro de este panorama, el estudio de la lengua puede abarcar en la actualidad desde el etimologismo purista de sus orígenes clásicos hasta las aplicaciones matemáticas del cálculo de probabilidades o de la «teoría de la decisión» a la desambiguación lingüística en la construcción y uso de los grandes corpus. Algunas de esas realidades son vagas, laxas, cuyas aproximaciones bastan para los usos del vivir cotidiano. Hay, además, otras realidades forjadas en un sistema de relaciones más exactas, científicas. Y, en su derredor, mitos, religiones y filosofías, que, durante mu-514 Angel Martín Munido chos siglos, sustentan lógicas o peregrinas ideas sobre los orígenes del lenguaje. Origen que si bien tropieza con insuperables dificultades en su identificación naturalista, tiene muy claro que no puede separarse de la consideración de la naturaleza humana y de la sociedad humana. Y también que la adquisición de la aptitud anatomofisiológica del hombre para el habla hubo de coordinarse con la evolución de sus capacidad cerebral para la modulación del pensamiento y expresar lo que piensa o siente. Y este pensamiento central del hombre primitivo sería su idea de Dios, del universo, de la cantidad y calidad de sus relaciones. Por ello, no tiene demasiada importancia si las primeras señales de una incipiente comunicación científica fiíeron los elementales algoritmos de las tablillas de arcilla en el periodo paleobabilónico, o los cálculos de volúmenes en los papiros egipcios del segundo milenio antes de nuestra era, o el sistema sexagesimal mesopotámico. Da igual porque la comunicación matemática nació cuando, cientos de miles de años antes, las conexiones sinápticas del cerebro en evolución permitieron al hombre contar, en coincidencia con el origen del lenguaje y en coincidencia con el origen de su propia naturaleza; para, luego, en su interacción con el pensamiento, comenzar el razonamiento abstracto. Y no será en vano que filósofos, lingüistas y antropólogos, coincidan en reconocer que sin el concurso de los signos seríamos incapaces de reconocer las ideas. El pensamiento en sí mismo sería como una nebulosa donde nada está necesariamente delimitado, y donde nada sería distinto antes de la aparición de la lengua. De aquí que el pensamiento sea imposible sin lenguaje; y más aún, como aseguró en el s. XVIII el gran naturalista Buffon, el hombre habla debido a que tiene razón. Y es que todo hombre piensa en su lengua, y ella se identifica con sus imaginaciones y sentimientos. De esta manera, el lenguaje sirvió siempre para expresar las preocupaciones del pensamiento acerca del origen y la naturaleza del hombre y del universo. Y expresión de estas preocupaciones habrían de ser las creaciones literarias mítico-religiosas en todas las lenguas; las que darían paso a la exaltación artística de los mitos y, a su lado, al razonamiento filosófico y al razonamiento matemático. Y no deja de ser impresionante que hoy, al cabo de tantos años, la moderna imagen funcional del cerebro -y que, a no dudarlo, su tecnología ha nacido a expensas de la matemática moderna-sea capaz de mostrar una localización cerebral del ejercicio matemático, diferente de la localización responsable del lenguaje. Si esta habilidad matemática, consustancial por otro lado al ejercicio de la ciencia, fue, pues, independiente a la vez que pareja al lenguaje -competencias ambas intrínsecas del hom-San Millán de la CogoUa. Ida y Vuelta de Diez Siglos... bre-no tendrá nada de extraño que la marcha de ambos haya caminado en paralelo. Y que una de las particularidades más significativas de la expresión del pensamiento del hombre, con sus altibajos y sus renovaciones, haya sido siempre la preocupación científica por su propia naturaleza y la de su presencia en el universo. Hasta que, tras un enorme salto, nos encontramos hoy con las numerosas perspectivas de su estudio tanto de la ciencia lingüística como de la historia de los lenguajes y su uso en la creación filosófica, científica y literaria. Lo que ha conducido a la moderna ciencia del lenguaje que incorpora al estudio de las lenguas particulares toda una serie de aportaciones convergentes por parte de la filosofía, de las ciencias biológicas, sociales y del comportamiento. No en balde, la palabra -en texto de Emilio Lledó-es, para la existencia, el alimento de su maduración y el inagotable caudal de su libertad para pensar. No hay otra posibilidad de crecer interiormente sino en el universo especulativo del lenguaje ante cuya visión nos encontramos y nos reconocemos(,")Pero la palabra no sólo transmite la memoria y, por consiguiente, la memoria del pasado sino que, desde ella, se puede organizar el porvenir. Al ser el lenguaje la aportación definidora del ser humano, su cultivo y crítica nutre el principio sobre el que se funda también el desarrollo individual y, en consecuencia, su posible futuro. Moderna ciencia del lenguaje que, en la actualidad, en uno de los cambios sociales mas acusados en la historia de la civilización, es sustrato de los tratamientos tecnológicos que aplican la informática, la estadística, la microelectrónica y las nuevas comunicaciones para dar lugar, por ejemplo, a la traducción automática, al reconocimiento de voz, a la construcción y consulta de los grandes corpus lingüísticos y a la transmisión instantánea de la información. Creo que todo ello tiene mucho que ver con cualquier recuerdo y cualquier evocación de las más variadas coordenadas de la lengua, de su geografía y de su historia, en el espacio y en el tiempo. Tiene que ver, pues, y sobre todo, con la infinitud hispanoamericana. Porque la lengua fue, y su camino natural nos lo recuerda y advierte, la materia y el espíritu que abrieron paso al famoso lema de los Reyes Católicos: leer, escribir y rezar. Efectivamente, los balbuceos romances de la lengua castellana -a los vagidos se referirían Menéndez Pidal, Dámaso Alonso y Emilio Alarcostuvieron sus testimonios más antiguos en los escritos de los cenobios riojanos, sin que pueda delimitarse con precisión geográfica e histórica las distancias entre la tradición latina documental y las lenguas coloquiales, de un lado, y los incipientes rasgos literarios de los pergaminos, de otro. Si esta confluencia entre lenguas, ante la carencia de fuentes orales principalmente, no puede llegar a establecerse con precisión, no resultarán extrañas las grandes dificultades con que tropiezan la investigación y las especulaciones biológicas acerca del origen del lenguaje. Porque ver y tocar las cosas -como dijera el filósofo-no son, al cabo, sino maneras de pensarlas. Y el pensamiento central del hombre primitivo no fue la aritmética ni la física, fue su idea de Dios, del universo y de sus relaciones. O lo que es igual, el lenguaje no fue, y no lo es, único instrumento de comunicación humana, sino también intercambio de abstracciones mentales para las conversaciones más importantes, las conversaciones consigo mismo y con Dios. Solamente así se explica la porfía incesante del primer capítulo del Génesis: «Dijo Dios»; dijo Dios con su palabra interna, en su decisión, por su pensamiento. Y la rotunda influencia lingüística del capítulo segundo, cuando, tras haber sido creadas todas las bestias de la Tierra las llevó a Adán, «Y Yavé Dios trajo ante el hombre todos cuantos animales del campo y cuantas aves del cielo formó de la tierra, para que viese como los llamaría, y fuese el nombre de todos los vivientes el que él les diera. Y dio el hombre nombre a todos los ganados y a todas las aves del cielo, y a todas las bestias del campo». Sólo así cabe pensar en las conversaciones consigo mismo de aquellas soledades buscadoras de trascendencia de los eremitas cristianos de los primeros siglos, dedicados al estudio y al ejercicio de las virtudes, que poblaron las covachas de los montículos de Nájera, y que anticiparon a las pequeñas comunidades de anacoretas y a la misma vida monástica comunitaria. Aquellas fábricas de soledad -que llamara Ortega-las de tantos cenobios en la cima de un monte, con un ciprés y una espadaña para amansar las pasiones de unos cuantos sayales con el color de la tierra, pulidas sus almas como cantos rodados. Y, de esta manera, por los montes Distercios, milagreaba San Millán, en los s. V y VI, en la transición de la soledad liberadora a los rediles cenobíticos. San Millán, nacido en torno al año 473, cantado por el obispo Braulio de Zaragoza y paradigma del monaquismo hispano mediado el s. VII; gracias sobre todo al entrañable recuerdo que le dedicara el primer gran poeta castellano Gonzalo de Berceo, resaltando en él la ciencia y las creencias: San Millán de la CogoUa. Ida y Vuelta de Diez Siglos... Quanto en la ciencia era más emhevido, Tanto en la creencia era más encendido; Ya querría del castiello fuera ser exido, Por tornar a los montes, bevir más escondido. Y de pronto, la vida monástica, sin abandonar su originario apartamiento del mundo, comenzaba a integrarse en él; los monjes, a la vez que continuaban en la humildad y la obediencia, cambiarían los métodos y los fines del monacato; los monasterios, recintos de oración y ascetismo, ampliarán sus funciones, albergarán tesoros materiales y espirituales, y en la actividad de los monjes participará la lectura, la creación de bibliotecas, la copia de manuscritos y, en general, la actividad intelectual. Porque, además, en el carácter arcaico de aquella sociedad castellana, la organización eclesiástica se incrustaba en la incipiente organización socio-económica. Sólo así se entiende la definición de la experiencia mística que, en «Llama de amor viva», hiciera declarar a San Juan de la Cruz que «el lenguaje propio de cosas tan subidas es entenderlo para sí y sentirlo y gozarlo y callarlo el que lo tiene». Sólo así se interpreta la referencia de Unamuno: «la lengua española pensó y sintió a Dios en Santa Teresa». Y es así que todo hombre piensa en su lengua, y ella se identifica con sus imaginaciones y sentimientos; a través de ella habla consigo mismo, como nos lo cantara Unamuno: La sangre de mi espíritu es mi lengua Y mi sangre es allí donde resuene Soberano su verbo, que no amengua Su voz, por mucho que ambos mundos lleve. No tendrá entonces nada de extraño que a esta manifestación superior de racionalidad se refiriese el filólogo hispanoamericano Amado Alonso, a propósito de cuantos hablan una lengua: «No es la lengua un organismo vegetal, ni animal, ni natural, ni tiene leyes autónomas, ni condiciones de existencia ajenas a la intervención de los hablantes; ha sido lo que sus hablantes hicieron de ella, es lo que están haciendo y será lo que hagan de ella. Nuestra lengua y su porvenir está en nuestras manos, en nuestra voluntad, en nuestra intervención cotidiana y activa». Y así, ya en el siglo X, bajo el gobierno del abad Gomesano, el scriptorium de San Millán, centro neurálgico de la biblioteca, pudo participar en el porvenir de la lengua neonata con los Comentarios a los Salmos, la copia de la Ciudad de Dios de San Agustín, y, sobre todo, el famoso códi- ce 46, diccionario enciclopédico de la época con el vocabulario, la cultura y el pensamiento medievales; que fuera el más antiguo precursor del famoso «Diccionario de Autoridades», la primera edición, hace más de dos siglos, de la obra que llega a su vigésima segunda edición en los comienzos del siglo XXI. Diez siglos ¡sí! de ida y vuelta. Al concluir el siglo XX, San Millán vuelve a ser centro neurálgico de la lengua castellana al recibir, al cabo de diez siglos, su premio como patrimonio de la humanidad. Por lo uno y por lo otro, y en fe de todo ello, acuden a San Millán y se reúnen en su Monasterio todas las Academias de la Lengua Española. Son veintidós Academias las que ahora vuelven a San Millán; y con ellas, jirones de nuestra historia, fruto y semilla a la vez de aquella lengua castellana, convertida en española. A partir de entonces, en el avance de los siglos medievales se consolidan los territorios de la corona de Castilla; aumentan los núcleos de población; el fortalecimiento dé la vida urbana origina la aparición de las voces hurgo, vico, suburbio y barrio; tiene lugar el aposentamiento estable de la artesanía a la vez que algunas de sus manifestaciones, la textil por ejemplo, adquieren mayor peso económico y social; aparecen las primeras ferias; se generalizan las concesiones de fueros y se complica la estructura social. Situación social, económica y política, que, indudablemente, se interpenetro con el marco de la actividad y el poder de los patrimonios monásticos, y a cuyo conjunto no tuvo que ser ajena la crisis de la sociedad feudal en la alta Edad Media. Monasterios los de San Millán de la CogoUa, Santo Domingo de Silos, Oña, Cárdena, San Pedro de Arlanza, San Miguel de Escalada, San Pedro de Lara, Santa María de Bujedo, San Juan de Burgos, San Zoilo de Carrión, San Facundo en Sahagún, San Martín de Castañeda, Santa Maria de Obarenes, y, entre los últimos medievales, las Cartujas de El Paular en Segovia, Aniago en Va-Uadolid y Miraflores en Burgos. Y muchos otros, algunos aún en la realidad presente y otros solamente en el recuerdo; todos ellos núcleos de la tradición eclesiástica y de encuentro con la trascendencia espiritual, y, siempre, mojones de este camino de la lengua, metáfora y realidad de aquel Camino de Santiago que se cuenta recorriera peregrino en 1213 el mismísimo Francisco de Asís, comienzo de los asentamientos franciscanos en los reinos peninsulares. Ante aquellos iniciales documentos, ante las innovaciones y las vacilaciones lingüísticas de hace un milenio, no tenemos sino que reconocer con Marañen los esfuerzos de los que nos precedieron en los siglos San Millán de la CogoUa. Ida y Vuelta de Diez Siglos... pasados, porque los que heredan una gran riqueza no se dan cuenta de ella como los que han tenido que ganarla con su esfuerzo. Nosotros tenemos situación de privilegio por haber aprendido esta lengua clara de Castilla. Pero este privilegio lo tenemos que merecer cada día con nuestro esfuerzo y con nuestro amor. El tesoro de una lengua ilustre significa un servicio permanentemente alerta, un anhelo constante de perfección. Lo han merecido, en efecto, todos los que, tras los balbuceos monacales, han ido pasando hasta nuestros días el testigo de la perfección y la belleza de la lengua, de un lado, y, de otro, los que en empresas militares, misioneras, y colonizadoras, la aventaron por mares y continentes. El testigo que, a modo de romance, acompañó al Cid en sus correrías militares; que ya como lengua de la ciencia y la tecnología sirvió a Alfonso X en el «Saber de Astronomía»', que fue usada para legislar por Don Sancho Ramirez Rey de Aragón; que se convirtió en dejes de melancolía en las coplas de Jorge Manrique; que fue picardía popular en los versos del Arcipreste y poesía regia en las obras de los Reyes de Aragón Pedro II y Pedro III; y que se convirtió en oración real en palabras de Santa Isabel, Infanta de Aragón y Reina de Portugal. Lengua que se hizo norma en la gramática de Nebrija, poesía en Garcilaso, novela en el Lazarillo, comedia en la Celestina, espiritualidad enardecida en San Juan de la Cruz, perfección en Fray Luis, universalidad en Lope, y, en Cervantes, el arranque de los tiempos modernos en la historia del hombre. Lengua que, con Calderón, se hizo teología popular y con el Cronista Lupercio Leonardo de Argensola se utilizó para las grandes noticias de la Historia. Sirvió para la exaltación barroca de Góngora. En Quevedo, encontró el cincel para la burla y la ironía; en Baltasar Gracián, la permanente atención a la profundidad del pensamiento; en Jovellanos, el cuidado y el sentido estético de su prosa, aún cuando tratara de ramplones asuntos administrativos; y en el Padre Feijoo el análisis crítico de la evolución cultural española. Tras el Descubrimiento y durante estos tres últimos siglos, los monarcas españoles, desde Carlos V y Felipe II a los primeros Borbones^ pusieron un gran empeño en la tarea de difusión del castellano. Así, en una cédula del rey Felipe IV dirigida al arzobispo de Bogotá, en 1634, se dice: «Como sabéis, me tienen con particular cuidado y desvelo la crianza, educación y buen tratamiento de estos indios, por lo que deseo su alivio y bien de sus almas. Y aunque por diferentes células tengo encargado a mis Virreyes y Prelados, que las Iglesias de esta tierra velen sobre el cumplimiento de este intento, que se consiga, deseo todavía, considerando lo mucho que importa y las consecuencias que se seguirán a estos naturales sabiendo la lengua española, particularmente para ser enseñados con per-Angel Martin Munido fección en nuestra Santa Fe Católica..., me ha parecido que a todos los naturales que estuvieren en la edad de su puericia y pudieren aprender la lengua castellana, se les enseñe...porque si no velaseis en ello y obligaseis a los otros doctrineros y demás súbditos vuestros a que hagan lo mismo, faltaréis a vuestra obligación con mucho riesgo de vuestra conciencia, que en estaparte os encargo, descargando la mía....» Lengua que se hizo universal con las Crónicas de Indias de los protagonistas descubridores Cristóbal Colón, Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo, Pedro de Valdivia, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Gonzalo Jiménez de Quesada y Pedro Cieza de León. Y que tuvo en el Inca Garcilaso no solo un espléndido ejemplo de transducción lingüística y cultural sino el origen de la prodigiosa dimensión de la literatura americana hecha realidad y fantasía, lógica y magia, capacidad narrativa y riqueza lingüística. Dimensión en la que, desde «La Florida del Inca» y los «Comentarios Reales» del hijo del capitán Garcilaso de la Vega, se ha visto fructificada en la novela contemporánea, como si esta común mitad de diez siglos de lengua compartida obedeciera desde sus inicios la orden poética de Dámaso Alonso: Hermanos, los que estáis en lejanía Tras las aguas inmensas, los cercanos De mi España natal, todos hermanos Porque habláis esta lengua que es la mía: Yo digo «amor», yo digo «madre mía», Y atravesando mares, sierras, llanos, -oh gozo-con sonidos castellanos, os llega un dulce efluvio de poesía. Yo exclamo «amigo», y en el Nuevo Mundo, «amigo» dice el eco, desde donde cruza todo el Pacífico, y aún suena. Yo digo «Dios», y hay un clamor profundo; Y «Dios», en español, todo responde, Y «Dios», sólo «Dios», «Dios», el mundo llena. Y, a la vez, como si presintiera el pensamiento de Carlos Fuentes, en aquel párrafo de «El espejo enterrado»: «La intérprete pero también la amante, la mujer de Cortés, La Malinche, estableció el hecho central de nuestra civilización, mezclando el sexo con el lenguaje. Ella fue la madre del hijo del conquistador, simbólicamente el primer mestizo. Madre del San Millán de la CogoUa. Ida y Vuelta de Diez Siglos... primer mexicano, del primer niño de sangre española e indígena. Y La Malinche parió hablando esta nueva lengua que aprendió de Cortés, la lengua española, lengua de la rebelión y la esperanza, de la vida y de la muerte, que habría de convertirse en liga más fuerte entre los descendientes de indios, europeos y negros en el hemisferio americano». Efectivamente, la literatura colonial, a pesar de las distancias y los mares, se impregnó, en el siglo XVI, de la imaginación renacentista en «La Araucana», y tuvo en Sor Juana Inés de la Cruz, en el siglo XVII, la gran representante de la lírica barroca americana. Las impresionantes aventuras del conocimiento, que significaron tanto las grandes expediciones del XVIII como las misiones científicas más reducidas en los campos más importantes de la botánica, la minería y la metalurgia, sacaron a relucir nombres ilustres -Alonso Barba, José Celestino Mutis, los hermanos Fausto y Juan José Elhuyar-que pusieron en marcha, durante muchos años, numerosas iniciativas sociales, científicas y del pensamiento, universidades incluidas, bajo el amparo de la lengua. Iniciativas, experiencia y entusiasmo sin límites de las gentes de la ciencia, que afianzaron la personalidad cultural de los reinos americanos. Sería injusto que en este momento pasáramos por alto a los tres únicos descubridores españoles de elementos químicos: Andrés Manuel del Río, licenciado por Alcalá, profesor de química del Real Seminario de Minería de México, descubridor en aquellas tierras del eritronio, el elemento 23 del sistema periódico, posteriormente conocido como vanadio; y, a su lado, los hermanos Elhuyar descubridores del wolframio, y el marino UUoa descubridor del platino; y que, como en ninguna otra época, acercaron a Europa la naciente ciencia española. Ocurría, además, y sigue ocurriendo, que las regiones periféricas, y este rincón del imperio lo era, y este camino de la lengua a su manera lo es también, tienen un singular metabolismo cultural. Ocurría y ocurre que la distancia de los centros neurálgicos de renovación cultural hace que sus propios productos sean recibidos con el retraso suficiente para que se ofrezcan distintos y, con apariencia de estatismo, se conserven más tardíamente. Y es allí mismo -asegura Mar aval-, en esas regiones periféricas, en las que lo que se recibe de dentro con retraso se combina con lo que viene de fuera vez como novedad adelantada, son el lugar en que se produce de ese modo una primera síntesis de lo viejo y lo nuevo, de lo propio y lo ajeno, según un ritmo muy característico de retraso y anticipación. Pues, conforme a estas ideas, con toda seguridad fue Mutis uno de los representantes periféricos más fieles a esa especie de mosai- cismo cultural, a ese cambio de actitud mental, social y científica del hombre renacentista, cuando contempla la nueva relación del hombre consigo mismo y con el mundo, sus nuevas tierras, sus nuevos mares y su nueva naturaleza. Porque renacentista fue la atención tan singularizada que Mutis prestó a la experiencia y a la producción de libros sobre plantas. Pero, a la vez, sintió Mutis la necesidad ilustrada de una nueva organización para responder a las apetencias del conocimiento racional, del dominio de la naturaleza y de las causas de las cosas. Y bien merece la pena que anotemos la cita de Guillermo Hernández de Alba, presidente de la Academia de la Historia de Colombia, al reseñar la visita a Mutis de Humboldt y Bonpland: «Por dos meses comparten la mesa y el hogar del patriarca de los botánicos del Nuevo Mundo, que los desconcierta con su sabiduría increíble. Jamás soñaron los dos europeos encontrar en la lejana planicie bogotana una biblioteca especializada como en la misma Europa no llegaron a conocer. Ellos, tan difíciles de sorprender en cuestiones científicas, se vieron súbitamente en un paraíso sin sierpes engañosas de que era soberano un anciano sacerdote que hacía cuarenta años ilustraba las ciencias en tales términos que sería pasmo de las edades». La Borbonia augusta, uno de los más bonitos ejemplares de la Flora de Bogotá, dedicada por Mutis a Carlos III, fue a modo de delicado testamento del hombre sabio que amaba el conocimiento del mundo y deseó -en sus propias palabras-mostrar a la culta Europa lo que es, lo que vale, lo que importa este rincón del imperio. Más tarde, si el romanticismo europeo obedeció a un proceso histórico, amplio y complejo, el romanticismo americano fue una expresión de las exigencias del patriciado criollo emergente de las luchas por la independencia, al estilo del «Martín Fierro» de José Hernández, una de las obras más famosas de la literatura argentina del XIX, y, sin duda, la maestra de la poesía gauchesca. Se imprimió la primera edición en papel de envolver, se vendió por pocos centavos en ranchos y pulperías, y la lengua de Castilla se leyó en voz alta en todas las tabernas de la pampa. Si, en efecto, la unidad de nuestra lengua tras la desunión política del XIX corrió gran riesgo, la presencia común de la Academia Española, por un lado, y, por otro, la aceptación por el castellano americano de sensibilidades independientes, con una renovación del lenguaje poético, un nuevo ritmo y una nueva estética, lograron sortear los posibles escollos. Quiere esto decir que el modernismo literario hispanoamericano, como nueva sensibilidad representada a finales de siglo por Rubén Dario y su obra en prosa y verso «Azul»^ significó no solo un gran momento de la literatura americana llena de optimismo y de elegancia verbal, sino la pre-San Millán de la CogoUa. Ida y Vuelta de Diez Siglos... sencia de nuevos intentos de renovación artística, y, a la vez, de nuevos escenarios de la lengua española con que compartir su unidad. De este movimiento se ha dicho: «Vocablos y giros, ritmos y figuras renovaron el instrumento, La prosa escogió sus epítetos, buscó efectos de visualidad y sonoridad, adoptó la paciente taracea, aprendió la pincelada corta, nerviosa y segura de los impresionistas. El verso se hizo más flexible; los acentos cambiantes lo mostraron una rama dócil bajo la inquietud saltarina del pájaro. Metros arcaicos, elásticas yuxtaposiciones de pies distintos, ensayos de versolibrismo y de melodía interior, dejaron provechosa enseñanza. Pero en prosa y en verso el ornamento lujoso privó generalmente sobre la sustancia, y la opulencia externa tuvo así el esplendor momentáneo del follaje otoñal. El decenio siguiente barrió la hojarasca, salvó el fruto, cosechó la rica experiencia». A la vez y solapante con el modernismo, una especie de realismo naturalista penetró ampliamente en el siglo XX siguiendo los pasos de variadas corrientes literarias europeas. A ello se refería el poeta venezolano Miguel Ángel Pardo cuando comentaba de sí mismo: «Si en vez de conferenciante fuera yo novelista, sería como Balzac, cruel con la sociedad de la época; como Flaubert, sereno con las costumbres de la época; como Tolstoi, pesimista y despiadado con las arbitrariedades de la época; como Zola, censor viril y en cierto modo sublime transformador gigante de su época». Aludía con ello a la pretensión de este realismo de reflejar en el individuo los vicios de la sociedad y de sus instituciones. Los ensayos del mejicano Alfonso Reyes y del dominicano Pedro Henríquez Ureña, engarzan su estilo claro y brillante con la elegante prosa del Siglo de Oro español. En el ensayo «La utopía de América», Henriquez Ureña decía: «...en el mundo de la utopía no deberán desaparecer las diferencias de carácter que nacen del clinia, de la lengua, de las tradiciones; pero todas estas diferencias, en vez de significar división y discordancia, deberán combinarse como matices diversos de la unidad humana....esperamos que cada región de América conserve y perfeccione todas sus actividades de carácter original, sobre todo en las artes: las literarias, en que nuestra originalidad se afirma cada día; las plásticas, tanto las mayores como las menores, en que poseemos el doble tesoro, de la tradición española y de la tradición indígena, fundidas ya en corrientes nuevas...». Al cabo de un siglo de independencia política, la literatura americana consolida su propia tradición. Y en expresión de Octavio Paz, ahora sabemos a ciencia cierta que somos contemporáneos de todos los hombres y sabemos que formamos parte de una tradición cultural común...». Y para dar cumplida fe de ello, valga tan sólo una corta e incompleta sarta de grandes nombres: el peruano César Vallejo, primer novelista del realismo social. El argentino Jorge Luis Borges, el autor más representativo de la literatura fantástica, luego seguido por Bioy Casares y Julio Cortázar, el mejicano Carlos Fuentes y el guatemalteco Augusto Monterroso. El guatemalteco Miguel Ángel Asturias, barroco y surrealista, nostálgico de las fábulas y los mitos indígenas. El chileno Pablo Neruda, maestro en poesía y en prosa, solidario con el dolor del mundo en sus temas recurrentes: la política, el amor y la justicia social. El mejicano Alejo Carpentier asimilador en su obra de la de los cronistas de Indias, las novelas de caballerías, la picaresca y los autores del 98. El venezolano Arturo Uslar Pietri, maestro de la novela histórica y de las crónicas periodísticas. El uruguayo Juan Carlos Onetti, existencialista en sus personajes desvalidos, sórdidos y tristes. El paraguayo Augusto Roa Bastos, novelador magistral de los misterios de la historia. El físico argentino Ernesto Sàbato, narrador de soledades e incomunicaciones. El realismo mágico de Alejo Carpentier, Juan Rulfo y Rómulo Gallegos; la sorpresa imaginativa conductora del laberinto del relato en García Márquez, revolucionador del arte de contar; y el polirrealismo de Mario Vargas Llosa, asimilador de formas populares contemporáneas. El ensayo, como continuador del quehacer poético, novelístico y político, en el mejicano Octavio Paz. Yo creo que toda esta maravillosa cosecha literaria hispanoamericana, sembrada hace diez siglos en la cuna de San Millán de la Co-goUa, ha hecho cierto el deseo de Borges, al final de su ensayo «El lenguaje de Buenos Aires», cuando dice: «Nosotros quisiéramos un español dócil y venturoso que se llevara bien con la apasionada condición de nuestros ponientes y con la infinitud de dulzura de nuestros veranos y nuestras lluvias. Y con nuestra pública fe». Sucedió, además, que en estas idas y venidas del castellano, en este camino ya de vuelta de la lengua de nuestro siglo, la lírica, la novela, el teatro y el ensayo de esa especie de gradiente continuo de las épocas y las generaciones literarias de este lado español, se taracean con las del otro lado del océano para alumbrar en la literatura contemporánea hispanoamericana una de las más maravillosas creaciones culturales de la civilización.
No tiene demasiada importancia si las primeras señales de una incipiente comunicación científica fueron los elementales algoritmos de las tablillas de arcilla en el periodo paleobabilónico, o los cálculos de volúmenes en los papiros egipcios del segundo milenio antes de nuestra era, o el sistema sexagesimal mesopotámico. Da igual porque la comunicación matemática nació cuando, cientos de miles de años antes, las conexiones sinápticas del cerebro en evolución permitieron al hombre contar, en coincidencia con el origen del lenguaje y en coincidencia con el origen de su propia naturaleza; para, luego, en su interacción con el pensamiento, comenzar el razonamiento abstracto. Y no será en vano que filósofos, lingüistas y antropólogos, coinciden en reconocer que sin el concurso de los signos seríamos incapaces de reconocer las ideas. El pensamiento en sí mismo sería como una nebulosa donde nada está necesariamente delimitado, y donde nada sería distinto antes de la aparición de la lengua. De aquí que el pensamiento sea imposible sin lenguaje; y más aún, como aseguró en el siglo XVIII el gran naturalista Buffon, el hombre habla debido a que tiene razón. Y es así que todo hombre piensa en su lengua, y ella se identifica con sus imaginaciones y sentimientos. De esta manera, el lenguaje sirvió siempre para expresar las preocupaciones del pensamiento acerca del origen y la naturaleza del hombre y del universo. Y expresión de estas preocupaciones habrían de ser las creaciones literarias mítico-religiosas en todas las lenguas; las que darían paso a la exaltación artística de los mitos y, a su lado, al razonamiento filosófico y al razonamiento matemático. Y no deja de ser impresionante que hoy, al cabo de tantos años, la moderna imagen funcional del cerebro, que, a no dudarlo, ha nacido a expensas de la matemática moderna, sea capaz de mostrarnos una localización cerebral del ejercicio matemático, diferente de la localización responsable del lenguaje. Si esta habilidad matemática, consustancial por otro lado al ejercicio de la ciencia, fue, pues, independiente a la vez que pareja al lenguaje, competencias ambas intrínsecas del hombre, no tendrá nada de extraño que la marcha de ambos haya caminado en paralelo. Y que una de las particularidades más significativas de la expresión del pensamiento del hombre, con sus altibajos y sus renovaciones, haya sido siempre la preocupación científica por su propia naturaleza y la de su presencia en el universo. No dejará de tener que ver con esta relación el que, efectivamente, la matemática griega naciera en perfecta unidad con la filosofía; y el que, de su identificación naciera el método axiomático-deductivo, aún en vigor para la correcta demostración de las verdades establecidas por los teoremas. Y, así, Pitágoras, en el siglo VI antes de Cristo, a la vez que impuso la disciplina de la demostración, viajó sus teorías por Babilonia y Egipto, y, en Cretona enseñó en el Senado a las mujeres, a los jóvenes y a los niños en una labor de formación intelectual y moral de la sociedad de la época. Insistía Pitágoras en estas instrucciones acerca de la necesidad de acomodar el comportamiento humano a los cánones de la armonía y la exactitud mostrados por la precisión de los descubrimientos del universo y de la naturaleza misma de las cosas. Pitágoras y sus seguidores trataron de descubrir las propiedades inmutables de los objetos matemáticos, prescindiendo de sus inmediatas cualidades utilitarias tan propias de la ciencia oriental. Y, sin duda, fue este el motivo por el que la nueva matemática griega se sintió objeto de estudio singular por la filosofía, en busca de lo permanente y eterno. De entonces acá, las obras de Arquimedes, Euclides y Apolonio de Perga, y su sistematización, tuvieron vigencia hasta el Renacimiento. La fama de Arquimedes, precursor en la Antigüedad de los métodos infinitesimales, se ha debido tanto a su obra como a su vida, embellecida y deformada por las anécdotas de la imaginación popular, cuyo símbolo fue su muerte, atravesado por la espada de un soldado romano mientras, negándose a dejar inconclusas sus investigaciones, contemplaba absorto sus figuras geométricas. Y los «Elementos», de Euclides, en sus trece libros, y con la Biblia las dos obras que más ediciones han conocido y entre las de mayor influencia cultural en la historia de la civilización, recopilan ordenadamente definiciones, postulados y axiomas y proposiciones, El Español como Lengua de Comunicación Científica de tal forma que Rey Pastor pudo afirmar de ellos: «Si pretendieras agregar o quitar algo reconocerías de inmediato que te alejas de la ciencia y te acercas hacia el error y la ignorancia». Tras todo ello, hubo de atravesarse la larga Edad Media en la que los diez siglos árabes y latinos ocuparon un lugar esencial en los orígenes de la ciencia europea. No en vano, las ciencias del cálculo -la aritmética, el álgebra y la trigonometría-las ciencias de lo concreto y lo práctico, deben quizá más a la ciencia oriental que a la griega; y en esas rutas hacia Europa de la matemática y la ciencia greco-oriental -de las que España fue, sin duda, la principal vía de paso-el papel del mundo árabe significó algo más que el de un simple intermediario y aparece representado principalmente por el álgebra de Al-Khwarizmi y la trigonometría esférica de Ibn al-Haytham, o Alhazen, autor de un tratado de Óptica que sirvió de guía de los conocimientos sobre la luz y la visión en el Oeste europeo medieval. Precisamente, una de las interacciones entre el Oeste europeo y los centros peninsulares de la ciencia árabe, al finalizar el primer milenio, fue la que representó el tratado De Astrolabia, del obispo de Reims, Girberto d'Aurillac, pronto Papa Silvestre II. A la vez, el Canon de Medicina del médico y filósofo Ibn Sina, o Avicena, consolidó el conocimiento médico acumulado por griegos, romanos y árabes. La Óptica de Alhazen y el Canon de Avicena han servido tradicionalmente como piezas maestras para enmarcar el estado de la comunicación de la ciencia universal en la transición al segundo milenio. Momento este, por otro lado, que supuso la trascendente iniciación del castellano, cuando, en el siglo X, el scriptorium de San Millán, centro neurálgico de su biblioteca, pudo participar en el porvenir de la lengua neonata con los Comentarios a los Salmos, la copia de la Ciudad de Dios de San Agustín, y, sobre todo, el famoso códice 46, diccionario enciclopédico de la época con el vocabulario, la cultura y el pensamiento medievales. Y, ante aquellos iniciales documentos, ante las innovaciones y las vacilaciones lingüísticas de hace un milenio, no tenemos sino que reconocer con Marañen los esfuerzos de los que nos precedieron en los siglos pasados, porque «los que heredan una gran riqueza no se dan cuenta de ella como los que han tenido que ganarla con su esfuerzo. Nosotros tenemos situación de privilegio por haber aprendido esta lengua clara de Castilla. Pero este privilegio lo tenemos que merecer cada día con nuestro esfuerzo y con nuestro amor. El tesoro de una lengua ilustre significa un servicio permanentemente alerta, un anhelo constante de perfección». Lo han merecido, en efecto, todos los que, tras los balbuceos monacales, han ido pasando hasta nuestros días el testigo de la perfección y la belleza de la lengua, de un lado, y, de otro, los que en empresas militares, misioneras y colonizadoras, la aventaron por mares y continentes. Porque cinco siglos antes de que el castellano pasara a ser universalidad en Lope, y en Cervantes el arranque de los tiempos modernos en la historia del hombre; porque, también, mucho antes de que la lengua se hiciera norma en la gramática de Nebrija, poesía en Garcilaso, novela en El Lazarillo, comedia en La Celestina y perfección en Fray Luis; y porque, y aún antes de que la lengua se convirtiera en dejes de melancolía en las coplas de Jorge Manrique, y de que fuera picardía popular en los versos del Arcipreste, el castellano, a modo de romance, acompañó al Cid en sus correrías militares y, prácticamente a la vez, sirvió ya a Alfonso X el Sabio como lengua de la ciencia y de la técnica en El Saber de Astronomía y en El lapidario y como lengua enciclopédica de cultura, y del derecho y la ley en Las Partidas, El Español como Lengua de Comunicación Científica Ocurría, además, que el entorno medieval de la ciencia venía siendo terriblemente limitado, y pocas alegrías científicas permitía; de un lado por los vaivenes económicos en los que tomó parte la economía feudal; y, de otro, debido a la vinculación casi exclusiva de la ciencia al alumbramiento de las verdades teológicas y de una sabiduría global al servicio de Dios. Tampoco esta situación facilitó los avances que la aún alquimia permitía. La iglesia, los monarcas y la literatura misma lanzaron sus sátiras y sus condenas sobre los alquimistas. La Divina Comedia les tortura en las regiones más profundas del infierno y son ridiculizados en los Cuentos de Canterbury. Enrique IV de Inglaterra y Carlos V de Francia promulgaron edictos contra ellos, persiguieron sus prácticas e incautaron los instrumentos de sus operaciones. En 1317, el Papa Juan XXII decretó que la alquimia fuese prohibida y castigados los que la practicasen y considerados criminales si no pudieran satisfacer las penas económicas impuestas; los clérigos perderían todos sus beneficios y serían inhabilitados para percibir cualquier otro». expediciones, viajes y navegaciones, razones de varias de las aventuras españolas del conocimiento en aquellos siglos. Era, es bien sabido, la época de los viajes de Magallanes y Elcano, de la estancia de Pizarro en Perú y de Cortés en Méjico, y de la apertura de la ruta de las Indias por Vasco de Gama. Lo que forzosamente había de repercutir en el interés singular por las aplicaciones náuticas y cartográficas de la ciencia física y matemática. Y a la vez, indudable por otro lado, que el ambiente de la Corte española favorecía el fomento de las aplicaciones pragmáticas de las matemáticas: la cosmografía, la cartografía, las mediciones geodésicas, la astrologia, el arte de navegar, las técnicas de arquitectura y construcción, y la ingeniería militar. A la sagacidad de Felipe II no pudieron hurtársele ni la decadencia de nuestra matemática, ni que la causa de los errores de nuestras cartas náuticas fuera la falta de conocimientos científicos. Por ello, y como reacción a los nuevos descubrimientos y garantía del éxito de los exploradores y de la resolución de problemas prácticos, Felipe II firmó en Lisboa, el 25 de diciembre de 1582, las cédulas fundacionales de la Academia Real Matemática. Acerca de ella, en la dedicatoria a Felipe II que Raimundo Lulio hizo de su Arbor scientiae, se puede leer: « mayormente aviendo V,M. en sus felicíssimos dias hecho una merced tan señalada en establecer en esta su Corte una Academia donde se leen todas las Mathematicas y Philosophia, poniendo para ello maestros tan eminentes y de tanta erudición y experiencia. Púselo en nuestra lengua Castellana por ser la voluntad de V. Magestad que en V. Academia se lean todas las sciencias en esta lengua, para que tanto bien sea a todos más facilmente aprehendido y comunicado». En esta iniciativa hubieron de pesar varios motivos: de un lado, el ambiente creado en la Corte por la convivencia de ingenieros civiles y militares, cosmógrafos, arquitectos y artilleros; de otro, la necesidad de buscar aplicaciones prácticas a las matemáticas que se hicieran patentes en las mediciones geodésicas, la cartografía y el arte de navegar; y, además, a no dudarlo, el ambiente luliano como movimiento renovador intelectual. La institución de la Academia tuvo, de otro lado, una doble finalidad: en primer lugar, la de coordinar y relacionar a científicos y técnicos con la clara orientación práctica de todas las disciplinas soportadas por las matemáticas; a lo que añadir la importancia del esfuerzo científico cooperativo y la diseminación social del conocimiento científico. Entre los profesores de la Academia Matemática figuraron los portugueses Juan Bautista Labaña y Luis Geòrgie, y el italiano Julián Ferru- El Español como Lengua de Comunicación Científica fino. Labaña, sin haber cumplido los 30 años, fue reclamado por el Rey de quien recibiría el título de Cosmógrafo mayor. Luis Geòrgie tuvo un papel protagonista en los trabajos de demarcación de los límites de las tierras conquistadas en las Indias occidentales y en Oriente. Ferrufino, a la muerte del primer director Herrera y de Felipe II, era el único profesor encargado de la totalidad de los asuntos de la Academia, y del que se dijo que leyó los cuatro primeros libros de Euclides y la materia de la esfera con tanta claridad y demostración que lo entendieron los más rudos. Y no deja de ser curiosa la mención de estos famosos profesores por parte de algunos de sus alumnos que no lo fueron menos. Así es el caso de la Epístola de Belardo a Amarilis, en la que Lope habla de sus estudios: primeras letras, artes, Raimundo Lulio, matemáticas....; y, con más detalle, en el acto V de La Dorotea, el autor, por boca de uno de sus personajes, afirma: «Esto estudié en mi tierna edad del doctísimo portugués Juan Bautista Labaña, y solo tal vez juzgo por curiosidad, y no de otra suerte, algún nacimiento; pero no responde a las interrogaciones por ningún caso. El hombre no se hizo por las estrellas, ni el libre albedrío les puede estar sujeto...». Y en la Jerusalén conquistada, una marca original anota «Juan Baptista Lauaña, Mathematica insigne», y, a su lado, los versos: «Maestro mío, si la Etherea mides / o Elementar región, o por la historia / real de España despreciaste a Euclides, / no dejes en sus líneas mi memoria». Si la Academia Matemática cumplió en el siglo XVI una misión que bien tuvo que ver con el conocimiento científico y técnico imprescindible a la materialidad de la empresa descubridora, la colonización y, en particular, las grandes expediciones científicas, representaron una impresionante aventura del conocimiento. Sus misiones científicas, concretadas las más de las veces a los campos reducidos de la botánica, la minería y la metalurgia, sacaron a relucir nombres ilustres -Alonso Barba, José Celestino Mutis, los hermanos Fausto y Juan José Elhuyar, entre otrosque pusieron en marcha durante muchos años numerosas iniciativas sociales, científicas y del pensamiento, universidades incluidas, bajo el amparo de la lengua. Iniciativas, experiencias y entusiasmo sin límites de las gentes de la ciencia, que afianzaron la personalidad cultural de los reinos americanos. Y fue bajo este ambiente cuando los españoles han realizado una de sus mejores aportaciones a la historia de la química; porque ha sido esta época la única de la historia en la que nombres españoles se inscribieron en la más famosa, universal y permanente de las cartas de la ciencia: el sistema periódico de los elementos. Figuran en él tres elementos químicos -el wolframio, el vanadio y el platino-en la his-toria de cuyos descubrimientos aparecen, respectivamente, los hermanos Elhuyar, el alcalaíno Andres Manuel del Río y el famoso marino Antonio de Ulloa. Estoy seguro de que no existe mejor escaparate externo, ni esquema que más veces se haya reproducido en infinidad de libros de todas las lenguas, que el simbolismo universal de la carta periódica de los elementos. Y en esta formidable comunicación de la ciencia, en esta historia, ni antes ni después de la Ilustración ha habido otros nombres españoles descubridores de elementos químicos; época en la que, como en ninguna otra, se acercó a Europa la naciente ciencia española. Ocurría, además, y sigue ocurriendo, que las regiones periféricas, y este rincón americano lo era, tienen un singular metabolismo cultural. Ocurría y ocurre que la distancia de los centros neurálgicos de renovación cultural hace que sus propios productos sean recibidos con el retraso suficiente para que se ofrezcan distintos y, con apariencia de estatismo se conserven más tardíamente. Y es allí mismo -asegura Mar aval-, en esas regiones periféricas, en las que lo que se recibe de dentro con retraso se combina con lo que viene de fuera como novedad adelantada, son el lugar en que se produce de ese modo una primera síntesis de lo viejo y lo nuevo, de lo propio y lo ajeno, según un ritmo muy característico de retraso y anticipación. Conforme a estas ideas, fue Mutis con toda seguridad uno de los representantes periféricos más fieles a esa especie de mosaicismo cultural, a ese cambio de actitud mental, social y científica del hombre renacentista, cuando contempla la nueva relación del hombre consigo mismo y con el mundo, sus nuevas tierras, sus nuevos mares y su nueva naturaleza, la nueva dimensión de la soledad y la distancia. Porque renacentista fue la atención tan singularizada que Mutis prestó a la experiencia y a la producción de libros sobre plantas. Pero, a la vez, sintió Mutis la necesidad ilustrada de una nueva organización para responder a las apetencias del conocimiento racional, del dominio de la naturaleza y de las causas de las cosas. Y a pesar de que, desde su llegada a Nueva Granada, tuvo que esperar 23 años para conseguir la aprobación real de la expedición. Mutis dedicó a Carlos III, con el nombre de Borbonia Augusta, uno de los más bonitos ejemplares de la Flora de Bogotá. Fue testigo avisado del despertar del mundo cultural y político americano del siglo XIX, al que de tantas formas contribuyó, incluidas la educación y la formación de elites inquietas y dinámicas de sabios discípulos, y la creación de cátedras, programas y planes económicos, lingüísticos y culturales. Y al reseñar el encuentro de Mutis con Humboldt y Bonpland, bien merece la pena hacerlo con las mismas palabras que lo hizo el mejor historiador de la obra de Mutis, el Director de la Academia de la Historia de Colombia, Guiller-El Español como Lengua de Comunicación Científica mo Hernández Alba: «Por dos meses comparten la mesa y el hogar del patriarca de los botánicos del Nuevo Mundo, que los desconcierta con su sabiduría increíble. Jamás soñaron los dos europeos encontrar en la lejana planicie bogotana una biblioteca especializada como en la misma Europa no llegaron a conocer. Ellos, tan difíciles de sorprender en cuestiones científicas, se vieron súbitamente en un paraíso sin sierpes engañosas, de que era soberano un anciano sacerdote, que hacía cuarenta años ilustraba las ciencias, en tales términos que sería pasmo de las edades». La comunicación de la naturaleza recién descubierta, y sus maravillosas láminas y dibujos, estuvieron a tono con las descripciones naturalistas, exaltadoras de su belleza y originalidad. Sin embargo, ni las Instituciones de la Corona, ni los propios directores de las expediciones y proyectos, supieron sobrepasar el simple inventario de la naturaleza y emparejarse con la interacción multidisciplinar, esencial a la evolución del conocimiento, que ya estaba al uso en Europa y que, sobre todo, en Francia y Alemania había logrado utilizar las plantas para la determinación de las estructuras químicas de sus productos y sus aplicaciones farmacológicas. Y hubo de comenzar el bautizo de la inmensa colección de productos naturales aislados de las plantas, contando con la gran suerte de la previa denominación sistemática botánica que se ha ajustado siempre a los más estrictos cánones clásicos. De esta manera, a lo largo del siglo XIX, hubo que nombrar la gran colección de sustancias químicas recién descubiertas; por ejemplo, de los bulbos de Colchicum autumnale se aisló y nombró la colchicina (Pelletier y Caventou, 1820); de las hojas de Nicotiana tabacum se aisló y nombró la nicotina (Posselt y Reimann, 1828); de las hojas de Erythroxylon coca se aisló y nombró la cocaína (Niemann, 1860); y la pilocarpina (Gerrard y Hardy, 1875) lo fue de las hojas de Pilocarpus iaborandi. Quizá sea conveniente resaltar en este momento que, con la entrada en el siglo XIX, se difuminó primero, y acabó en seguida colapsándose esa convergencia global de la ciencia española ilustrada con la ciencia europea. Sin entrar en las reconocidas razones de este fracaso, lo cierto es que durante el primer tercio del siglo XIX se frustraron los signos de continuidad científica a que España aspiró. Sucedió, y es también evidente, que cualquier intento de renovación, fuera educativa o de creación de instituciones, quedaba casi necesariamente rezagado y con perspectivas anticuadas; y la contribución de los científicos, en el mejor de los casos, era informativa y carente en general de la imprescindible aportación creadora. Y, en lógica consecuencia, muy poco es lo que España y su lengua contribuyeron en este siglo a esa fantástica misión de dar nombre a las cosas recién descubiertas. No estará de más, por otro lado, que recordemos lo que a la naciente ciencia europea le estaba reservado. Fueron los años de la genética de Mendel (1865), del descubrimiento de los cromosomas por Flemming (1875) y de los centros funcionales del cerebro por Charcot (1825-1893); de la síntesis de productos naturales, como el índigo, por Bayer (1879) y el gran desarrollo de la síntesis orgánica por Berthelot (1860); del descubrimiento de los rayos X por Rontgen (1895) y de la radiactividad por Becquerel (1896). Fueron los años del nacimiento de la termodinámica (1853), de la teoría de la valencia (1858), de la teoría de los campos electromagnéticos de Maxwell (1864), de la teoría cinética de los gases de Boltzmann (1877), de la teoría de los conjuntos de Cantor (1883), de la lógica matemática de Frege (1892) y de los números algebraicos de Hilbert (1897). A su lado, fueron también los años en los que se llevó a cabo la obtención industrial de la aspirina, del aluminio y del primer colorante artificial; se abrió el primer pozo de petróleo, y se diseñaron el primer motor de explosión y el primer vehículo automóvil con motor de gasolina de cuatro tiempos; se tendió el primer cable trasatlántico y Bell inventó el teléfono; se fabricó el celuloide y la seda artificial; entró en funcionamiento la primera locomotora eléctrica de la Casa Siemens y el alumbrado eléctrico de Nueva York; y tuvo lugar la primera sesión pública de cine. Sin que, como manifestación de la gran cultura integrada, dejemos constancia de que en la misma época, en la década de los 50, se publicó Madame Bovary de Flaubert, en la década de los 60 Los miserables de Victor Hugo, en los 70 Una temporada en el infierno de Rimbaud, en los 80 Los hermanos Karamazov de Dostoievski, y en los 90 Cirano de Bergerac de Rostand. Y mucho menos de que, puertas adentro y en estas mismas décadas, pueda borrarse de la memoria la espléndida transición entresiglos de nuestra literatura con La Regenta de Clarín, Pepita Jiménez de Valera, Misericordia y Tristana de Galdós, y los Pazos de Ulloa de Pardo Bazán. Esta visión crítica con que hoy contemplamos aquella época ya era bien patente dentro de ella. En este sentido se expresó don Cipriano Segundo Montesino, Duque de la Victoria, miembro de la Real Academia de El Español como Lengua de Comunicación Científica Ciencias durante la segunda mitad completa del siglo XIX y Presidente de la Institución en las dos décadas finales del siglo (1882)(1883)(1884)(1885)(1886)(1887)(1888)(1889)(1890)(1891)(1892)(1893)(1894)(1895)(1896)(1897)(1898)(1899)(1900)(1901), con motivo de su contestación al discurso de ingreso de don Práxedes Mateo Sagasta, en 1897: «,", cuando nuestros Gobiernos se afanaban solícitos y generosos por restaurar y fomentar los estudios en España, sorprendiónos este tumultuoso y en todos sentidos agitadísimo siglo XIX, en cuyo primer tercio bastante hicimos con lograr salvarnos de la borrasca política y administrativa que en contra nuestra muy en sus albores se desató, y que en diversas ocasiones nos puso muy a punto de perecer, y amagó concluir más de una vez con la personalidad y la vida de la nación española». Y si, en efecto, bastante hicimos con salvarnos de la borrasca política, la ciencia, la técnica y la universidad, lograron descender hasta conftmdirse con el ruido de fondo social de las décadas centrales del siglo. De todas maneras, este espíritu crítico de unos cuantos personajes de la ciencia fue capaz de sembrar una cierta inquietud por un despegue de ese ruido de fondo al que nuestra ciencia y nuestra técnica permanecían adheridos. Inquietud crítica puesta de manifiesto por don José Rodriguez Carracido, Rector de la Universidad Central, miembro de la Real Academia de Ciencias en los cuarenta años que comprendieron la época entresiglos y presidente de la Institución durante 1922-1928, en sus «Estudios histérico-críticos de la ciencia española». Entre sus numerosos comentarios, bien merece subrayarse uno por su permanente vigencia: «La idea de la inexcusable colaboración del medio social es la que conviene inculcar a todas las clases de nuestra patria para que presten su concurso al cultivo de la ciencia, y así cuando florezca y fructifique podrán llamarla suya». La historia nos prueba que nuestro último cuarto del siglo XIX se instauró en una múltiple vaguada; la de nuestro desarrollo científico, la de la institucionalización de la ciencia como actividad socioeconómica e, incluso, la de la consideración social de la ciencia. Y harto parece que de las inquietudes críticas de unos pocos y de las noticias y sucesos que llegaban de Europa, pudieran surgir individualidades e instituciones responsables de ese despegue de la pendiente a ras de suelo, con las que divisar, al menos, ya que no alcanzar, el imponente rastro europeo. Múltiple vaguada que alcanzó sus mínimos en las últimas décadas del XIX, y que, del costado de la modernidad, en los comienzos del nuevo siglo, ya tuvo atisbos de ilusión por la utilidad de la ciencia y el saber; y que, por tanto, habían de manifestarse en la aparición de los medios modernos de comunicación de la ciencia. Y así, la Sociedad Española de Física y Quími-Angel Martin Munido ca se constituyó en 1903, la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias en 1908, y la Sociedad Matemática Española en 1911; cada una de las cuales tenía como más importante misión la publicación de la correspondiente revista con los trabajos originales de la incipiente investigación española; y, obligadamente, por supuesto, llevaban a cabo la conexión con las Asociaciones Internacionales y las Uniones Internacionales, elaboradoras de nomenclaturas y normas para la denominación de sustancias, fórmulas y fenómenos. Efectivamente, las asociaciones para el progreso de las ciencias fueron un curioso fenómeno asociativo, síntoma de la popularidad de la ciencia y del deseo de aumentar sus relaciones sociales, que se extendió por los grandes países europeos durante el siglo XIX. Tampoco la universidad española, por otro lado, había logrado definir su modelo ni participar activamente en la creación científica. Como botón de muestra, las palabras de Ramón y Cajal en su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias, exactamente en 1897: «Hay que transformar la Universidad, hasta hoy casi exclusivamente consagrada a la colación de títulos y a la enseñanza profesional, en un centro de impulsión intelectual, al modo de Alemania, donde la Universidad representa el órgano principal de producción filosófica, científica e industrial». Si en la transición entresiglos hacia el XX se pudo vislumbrar una débil pero clara pendiente positiva en el avance de nuestra ciencia, y, por tanto, de nuestra comunicación científica, habrían de ser los mismos hombres del XIX -Cajal, Echegaray, Carracido, Torres Quevedo, entre los más sobresalientes-los que hubieron de regir las instituciones científicas y administrativas que, bajo la idea de ciencia experimental, maduraron en la primera década del XX: el Laboratorio de Mecánica aplicada (1906), el Laboratorio de Investigaciones físicas (1910) y la Junta para la El Español como Lengua de Comunicación Científica intelectual y cultural de la ciencia. Comenzaron a tenerse presentes las consecuencias masivas de su utilidad y aplicación, y a considerar la ciencia como una actividad que contribuye al desarrollo del espíritu humano aunque su ejercicio no se haga con esta finalidad consciente. Bajo estas premisas, tomaba cuerpo la idea de valorar la idea humanista de la formación científica en sí misma, en tanto que los resultados experimentales trascienden, como ninguna otra faceta del conocimiento lo hace, los conceptos del universo y del hombre. Y, además, porque la propia actividad científica exige actitudes de las clásicamente consideradas como de corte humanístico, relativas, por ejemplo, a la historia, la economía, la política, la sociología e, incluso, la filología. Consecuencia de todo ello -y del nacimiento en 1939 del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y sus múltiples centros-, se sintió a mediados de siglo la necesidad de construir un Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, sobre la base de recomponer las funciones de asesoramiento, planificación, coordinación y gestión de las actividades de investigación científica y técnica. Y así surgieron: en 1958, la Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica (CAICYT); y en 1964, el Fondo Nacional para el Desarrollo de la Investigación Científica, Inaugurada en 1979 la primera legislatura constitucional, el artículo 44.2 de la Constitución asegura «que los poderes públicos promoverán la ciencia y la investigación científica y técnica en beneficio del interés general». En 1981, se creó la Comisión Delegada de Política Educativa, Cultural y Científica] en 1986, se aprobó la Ley de Fomento y Coordinación General de la Investigación Científica y Técnica, en cuyo art° 6.1 se establecía la obligatoriedad de remitir a las Cortes Generales el Plan Nacional de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico, y sus informes y revisiones anuales. Al iniciarse la legislatura de 2000, ha sido creado el Ministerio de Ciencia y Tecnología. De esta manera, en el último cuarto del siglo XX, la ciencia española se ha visto sometida a una triple interacción. En primer lugar, la provocada por la perseverante acción encaminada a la mejora de la situación investigadora general y, particularmente, en algunos campos de la ciencia ~la formación de científicos en el extranjero, la conexión con centros de Europa y Estados Unidos, la creación de reducidos grupos de excelencia, la presencia en Centros y Agencias internacionales de investigación científica y técnica, etc.-que si bien es cierto no ha podido conducir por sí sola a una situación de convergencia real con la ciencia europea, es innegable a la vez su contribución a la mejor disposición potencial para este logro. En segundo término, la indiscutible y notable mejora de la eco-Angel Martín Munido nomía nacional, expresada a través de parámetros que como el PIB ha experimentado durante la segunda parte del siglo XX una elevación superior al 400 por ciento. Circunstancia que si, efectivamente, no debe prácticamente nada a la contribución de una tecnología propia subyacente, también es cierto, de un lado, que no logrará mantenerse a largo plazo sin la participación importante de ella, y, de otro, que esta mejora y esta presencia española en el Tratado de la Unión Europea (1991), y el cumplimiento de los criterios de convergencia económica, con la participación en el Instituto Monetario Europeo y en el Sistema Europeo de Bancos Centrales, han de facilitar ulteriores misiones de convergencia científica y tecnológica. Y, en tercer lugar, que la plena incorporación de España al Gobierno Económico de la Unión, en el seno de la unificación económica y monetaria, no podrá lograrse sin las adecuadas convergencias -de las actividades educativas y de I+D, de la adaptación a las nuevas tecnologías, de la liberalización de la competencia, etc.-y las oportunas reformas estructurales que exigirá el crecimiento sostenido de la producción. Todo este conjunto de circunstancias han participado en la plena incorporación actual de nuestra comunicación científica a la cultura de la ciencia. Y a este respecto conviene destacar la existencia de un interés renovado por la filosofía de la naturaleza que se nutre de la necesidad de consideraciones fundamentales acerca del valor real de los impresionantes conocimientos adquiridos por las ciencias de la naturaleza, la biología y la cosmología de modo particular; de la necesidad de averiguar hasta que punto este conocimiento expresa la realidad más profunda. Entre las aportaciones de una cosmología totalmente renovada, sabemos hoy que pertenecemos a un planeta de una estrella llamada Sol, similar a cientos de millones de estrellas que forman nuestra galaxia, la Vía Láctea, y semejante a catorce mil de otras galaxias sólo entre las más cercanas, que se agrupan formando cúmulos y otras estructuras. Huelga a este propósito mencionar las recientes aportaciones de la ciencia natural. Entre muchas otras, los procedimientos experimentales de amplificación del DNA; los imprevisibles éxitos de las especies transgénicas, animales y vegetales, como sistemas de producción de materiales humanos; las modernas técnicas de clonación destinadas tanto a la reproducción como a la obtención de materiales celulares especializados con fines terapéuticos; el conocimiento del genoma de diversas especies, vegetales y animales, el hombre incluido; las vacunas-DNA y la acción inhibidora de los polinucleotidos antisentido; y las nuevas posibilidades farmacológicas que han abierto los conocimientos de los mecanismos de la transducción de las señales biológicas celulares. Estas y otras muchas aportaciones El Español como Lengua de Comunicación Científica científicas han sido la causa de la afirmación de Stewart Brand: «La ciencia es lo único noticiable. Cuando uno ojea un periodico o revista, todos los contenidos de interés humano son el mismo «el-dijo-ella-dijo» de siempre, la política y la economía los mismos lastimosos dramas cíclicos, las modas una patética ilusión de novedad, y hasta la tecnología es previsible si uno sabe algo de ciencia. La naturaleza no cambia demasiado; la ciencia sí, y los cambios se acumulan alterando el mundo de manera irreversible». De tal forma son, sin embargo, estos cambios, que el mayor cambio es el ritmo del cambio mismo. Al lado de esta colección de formidables creaciones y descubrimientos de la ciencia y de la técnica, y, seguramente, por causa de ellos, ha surgido en los últimos años una singular y directa comunicación social de los científicos basada en la difusión de sus propios planteamientos filosóficos y de gran cultura. Y así, unas cuantas docenas de científicos investigan y, a través de su propia obra, difunden con extraordinaria solvencia las cuestiones más importantes de nuestros días, y conectan directamente con el público, sin intermediarios, y con estilo literario. Entre otros muchos ejemplos, Penrose y La nueva mente del emperador; Gell-Mann y El quark y el jaguar; Dawkins y El gen egoista y El relojero ciego; El dedo pulgar del panda y La vida maravillosa de Gould; Microcosmos de Margulis; Los mitos de la materia de Davies; Pérez Mercader y ¿Qué sabemos del Universo; y La unidad del conocimiento de Wilson. Y otros menos recientes y más iniciadores del estilo, entre los que sobresalen El azar y la necesidad de Monod y La estatua interior de Jacob. No hay lugar a dudas, pues, de que en la creación de esta nueva cultura, y, por tanto, de su comunicación, la ciencia natural está dando grandes pasos para aliviar la amputación inicial y para participar, al menos, en la reconstrucción de su globalidad bajo las formas de creación literaria y, sobre todo, de filosofía de la naturaleza. A su lado, y habida cuenta de que las humanidades no participan de la adquisición de conocimiento positivo al estilo del que suministran las ciencias positivistas; y si, además, los papeles atribuibles a las humanidades de orientación o de compensación de la ciencia resultan ya desmesurados ya exiguos, y muestran en exceso preponderancia o timidez; resulta obligada una llamada a la reflexión sobre la función de las humanidades en el mundo moderno, que no tenga que suponer la señalización territorial de la cultura. Función que, al contrario, deberá concebir una calidad de cultura más extensa que suponga la totalidad de las formas de la dedicación del hombre, con inclusión tanto de las ciencias y la tecnología como de las humanidades y sus partes. Calidad de cultura que implique la comunidad de 539 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://arbor.revistas.csic.es todas las versiones del conocimiento en la expresión de la racionalidad común que ha creado el mundo moderno. Y dentro de esta calidad -como ha señalado recientemente el profesor Jürgen Mittelstrass, de la universidad de Konstanza-, las humanidades ejercerían la reflexión crítica y constructiva sobre la forma cultural del mundo moderno, fundamental ciertamente para la estabilización y desarrollo de las sociedades modernas, cimentadas más y más cada día en el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico. Reflexión que contribuirá al interés del individuo y de la sociedad, a las ansias espirituales del hombre, a la satisfacción del placer material como motor primario de la actividad humana; y que, de otro lado, deberá abordar los trascendentes problemas que surgen de todo ello, tales como la disposición ética, individual y social, ante el alargamiento de la vida, el crecimiento del ocio, la manipulación de su propia evolución biológica; y, a no dudarlo, ante el determinismo molecular de la salud, la enfermedad e, incluso, de las cualidades del hombre. Para, en resumen, intentar conciliar al hombre con la cultura global.
exploró prosa y verso, construyó poemas, relatos de distinta extensión 1 y una obra dramática 2. Cuando murió era uno de los narradores más leídos y más prometedores de la península. Su novelística abarca Algún amor que no mate (1996), Blanca vuela mañana (1997) y Háblame, musa, de aquel varón (1998), que integran la "Trilogía de la huida" 3; después, la autora inició un camino nuevo de exploración y análisis en la memoria colectiva al que corresponden sus dos siguientes y ultimas novelas: Cielos de barro (2000) y La voz dormida (2002); ambas obtuvieron notorio éxito público. Si bien la memoria, individual y colectiva, juega importante papel en la gestación y composición de todos los relatos de Dulce Chacón, el intento de recuperar un pasado histórico nunca bien asumido, ni por tanto superado, es sobresaliente en las dos ultimas novelas. La autora se alinea así con otros escritores actuales, como Alfons Cervera, Andrés Trapiello, Javier Cercas..., que han procurado iluminar el lado oscuro, los episodios menos conocidos y las figuras olvidadas por la Historia al tratar de nuestra guerra civil y primera posguerra. Según Gonzalo Navajas, esta orientación hacia el pasado histórico inmediato por parte de la actual novela española no sorprende, puesto que el discurso cultural español ha tenido que enfrentarse con la deformación violenta de los hechos durante la etapa franquista y con la usurpación o negación de un tiempo presente por fuerzas culturales intolerantes. Así, la ficción novelesca se encarga de redescubrir los datos del pasado, recomponerlos y reordenarlos, desde una visión capaz de restituirnos una identidad en que podamos reconocernos (Navajas, 2003, 130) 4. En la mente de todos está el hecho de que la realidad histórica fue tergiversada u ocultada durante la etapa franquista; KEY WORDS: Dulce Chacón. RESUMEN: La narrativa de Dulce Chacón se compromete con las mujeres, con los conflictos que ellas viven en la España del siglo XX. Sus relatos pueden dividirse en dos grupos: la Trilogía de la huida, que abarca las obras iniciales y que muestra psicología y conflictos femeninos en la España actual; y un segundo y último conjunto dedicado al rescate de la memoria de las mujeres durante la guerra civil de 1936-39 y la posguerra. En la mayor parte de las obras de la autora, la identidad individual y colectiva pende de la memoria, que se encarna en los personajes y condiciona sus destinos. Las historias narradas por Dulce Chacón constituyen un reflejo cultural de la lucha de las mujeres contemporáneas en nuestro país, pese a la escasa o nula formación feminista doctrinaria de sus protagonistas. Sus fuentes orales de documentación ratifican el interés que sobre la oralidad y las palabras mostró siempre la autora, y su pericia a la hora de construir los discursos de sus personajes. PALABRAS CLAVE: Dulce Chacón. Oralidad. pero además existe la conciencia general de que la transición a la democracia no aireó tampoco los recovecos oscuros de la Historia. Como ha indicado Paloma Aguilar Fernández, la guerra civil todavía era entre 1976 y 1982 un recuerdo "dramático y crucial", "traumático", cuya importancia política fue enorme: A lo largo de la transición española tuvo lugar un pacto tácito entre las élites más visibles para silenciar las voces amargas del pasado que tanta inquietud suscitaban entre la población. Parte de ésta parecía temer la inminente resurrección de los viejos rencores de la guerra que, tal vez, no estuvieran tan apagados como pretendían hacer creer tanto los dirigentes políticos como algunos medios de comunicación. Muy probablemente esto fue debido a que la sociedad española no había sido formal y explícitamente reconciliada. El vencido había ido incorporándose a la vida del país lentamente, casi siempre en silencio... Así, según esta estudiosa, es poco apropiado hablar de amnesia colectiva durante la Transición; precisamente la memoria histórica de la guerra y la "aversión al riesgo" contribuyen en gran medida a explicar las estrategias de los políticos en el cambio de régimen español; como quiera que sea, el resultado es que persistió la política oficial de olvido y clausura de un pasado nunca asumido públicamente. De ahí que historiadores como Joseph María Lluró, al enfrentarse con Soldados de Salamina, de Javier Cercas, lamentan que "liquidan la memoria vivificadora de la resistencia a la barbarie y al fascismo" sin que haya mediado un debate serio sobre la derrota del 39, sobre la misma Guerra Civil, sobre qué representó la inmediata posguerra y la liquidación de las tradiciones revolucionarias españolas anteriores a 1936 -en manos de la represión franquista primero, y de la unidad de acción estalinista después, para acabar en la miserable expiación de los pecados sin pasar por el confesionario que fue el viraje eurocomunista del comunismo español y catalán... Es claro que las novelas o el cine, la ficción en suma, no pueden reemplazar la integración histórica y la superación social de un pasado abolido. Pero también lo es que hoy escritores y lectores parecen participar de la perspectiva elaborada por María Teresa López de la Vieja, según la cual, "además de tener un valor intrínseco, lo literario ensancha el conocimiento estándar, gracias a personajes e historias con los cuales identificarse a pesar de que no sean reales o no lo sean del todo" (López de la Vieja, 2003, 34-35).Así, la literatura y los relatos contribuyen a entender mejor algunas etapas de la Historia y ocupan un lugar peculiar en la construcción de la identidad y de las tradiciones culturales (López de la Vieja, 2003, 106 y 111). Esta perspectiva, que resalta la experiencia identitaria y axiológica del hecho literario, ha sido ilustrada por la profesora López de la Vieja mediante referencia a la escritura sobre hechos luctuosos de gran envergadura como la II Guerra Mundial y los campos de exterminio, o sobre la Guerra Civil española y primera posguerra. En ambos casos, las experiencias del sufrimiento no forman parte de las crónicas oficiales al uso; por otro lado, los testigos necesitan establecer distancia con las atroces experiencias pasadas, puesto que el peso de los recuerdos es tal que puede llegar a impedir seriamente la comunicación; a ello se suma la voluntad de amnesia que en su caso imponen fuerzas sociales o políticas; como resultado, la ficción literaria puede ser vía para ayudar a comprender lo que ocurrió en la esfera pública y la privada. El "testimonio estético" puede contribuir a "hacer justicia" (López de la Vieja, 2003, 131 y 135) al prestar su voz o poner voz a los derrotados; en él, la anécdota individual ofrece una visión fragmentaria pero muy contundente, sobre las dimensiones de la tragedia colectiva. Precisamente a un punto de vista similar al expresado por María Teresa López de la Vieja en su libro Ética y literatura, parece responder la labor de Dulce Chacón. La novelista expresó su deseo de "recuperar una memoria olvidada y secuestrada" (Santiago Velásquez Jordán) en alguno de sus relatos; pero ese intento de recuperación de la memoria pudiera aplicarse a varias de sus obras, que procuran arrojar una nueva luz sobre el pasado histórico o sobre el presente vivido y, más concretamente, sobre la experiencia de las mujeres. Su compromiso con ellas, con las perdedoras, a las que procura rendir homenaje en sus relatos, es constante: desde la evocación de la mujer víctima de la violencia doméstica en Algún amor que no mate, hasta el recuerdo de la inmigrante asesinada por una cuadrilla de xenófobos en Háblame, musa, de aquel varón; desde la mujer violada en el curso de la guerra civil y expoliada en la posguerra, a lo largo de Cielos de barro, hasta las mujeres encarceladas o muertas en el primer franquismo en La voz dormida. Su creación de ficciones se sirve de materiales diversos: canciones populares, reproducción de documentos originales, imaginación de la propia autora...pero también recolección de testimonios y recuerdos que han quedado en la memoria de las gentes. Respecto a alguna novela concreta, la propia Dulce Chacón explicó su esfuerzo por documentarse; en torno a la escritura de La voz dormida, la autora afirmó: Estuve cuatro años y medio documentándome. Hablé con historiadores, visité bibliotecas y hemerotecas, pero lo más importante fueron los innumerables testimonios que recogí en pueblos y ciudades. Estos testimonios son la base fundamental de la estructura narrativa, diría que la carnalidad de la novela y, por lo tanto, la que le presta más emoción, aunque los personajes son ficticios en un entramado de acontecimientos reales. Sin embargo, el cuidadoso y dilatado proceso de documentación en que se recaban anécdotas e impresiones mediante entrevistas con personas reales que conocieron bien, o sufrieron, las situaciones y conflictos descritos en sus novelas, no se limita a la preparación de las narraciones literarias, sino que engendró también sus reportajes de actualidad recogidos en importantes medios de comunicación. Dulce Chacón firma las páginas tituladas Las mujeres que perdieron la guerra en un periódico de gran tirada 5 en Septiembre de 2002, cuando está a punto de aparecer La voz dormida. En el reportaje se refiere a la cordobesa Josefa Patiño y a otras mujeres republicanas con las que se entrevistó y de las que son trasunto los personajes de su libro. Y reclama: "ya es hora de que las mujeres hablemos de la historia de las mujeres" e incluso "aún no conocemos la historia silenciada, la historia de los que perdieron la voz tras perder la guerra" (Chacón, 2003, 53). Se dirá que todo ello forma parte de una maniobra publicitaria, que se trata de apoyar el inmediato lanzamiento comercial de su novela; pero no, no podemos limitarnos a esta consideración cuando firmó reportajes similares, paralelos a sus temas de ficción narrativa, años después de la aparición de las correspondientes novelas 6. Así pues, la escritora procura alinearse junto a quienes quieren escribir contra el olvido de los que lucharon y sufrieron por la II República 7; y ella misma hace hincapié en la necesidad de rescatar a las mujeres de los abismos del silencio. La esforzada documentación, así como la pretensión de prestar voz a las mujeres perdedoras, presiden también otros textos narrativos redactados por Dulce Chacón y ajenos al tema de la guerra o posguerra civil. Poco conocido es el reportaje Mía o de nadie firmado por la autora en El País Semanal 8, y que aborda el tema de las mujeres maltratadas en el seno del hogar. La autora entrevista a la hija de una mujer que fue asesinada por su marido, hace hablar a la joven del infierno doméstico en que vivió, y se refiere a varios análisis existentes sobre el tema, conversaciones con trabajadoras sociales, psicólogas y asociaciones contra la violencia de género. En este caso, el reportaje es posterior a la publicación de la novela en cuestión: Algún amor que no mate que apareció varios años antes 9, pero muestra idéntico conocimiento de los mecanismos que permiten la perpetuación del maltrato: perdón femenino inicial, progresiva resignación y asunción del papel de víctima, pérdida de la autoestima, síndrome de Estocolmo y suspensión del juicio crítico contra el maltratador, pérdida general de referentes e indefensión; el proceso ha sido descrito por psicólogos y sociólogos repetidas veces y en parecidos términos 10. De lo que se desprende que no sólo en sus novelas sobre guerra y posguerra, sino también al construir otros textos narrativos, procuraba documentarse a la manera galdosiana de los Episodios Nacionales: entrevistas orales, bibliotecas, hemerotecas...eran utilizados como fuentes, por no hablar de sus propios recuerdos personales y familiares. Por lo tanto, Dulce Chacón reconstruye el pasado colectivo en alguno de sus relatos, pero recurre además a procedimientos similares para dotar de verosimilitud a sus evocaciones de situaciones y personajes participantes en los conflictos que están saltando a la prensa ahora mismo, en el presente. La memoria literaria de los conflictos que viven las mujeres en nuestra sociedad es parte constitutiva del legado de Dulce Chacón. Y no sólo es que el contenido de los relatos afecte a la memoria colectiva, es que en la estructura de los mismos, la configuración de los personajes viene marcada por la índole y papel de su memoria individual. La memoria del personaje novelesco se presenta en estos relatos como puntal en la caracterización del mismo y como motor de la narración. Si en Algún amor que no mate una voz enajenada ensaya diferentes perspectivas para evocar, para contarse y asumir la propia historia de terror doméstico, en el resto de la "Trilogía de la huida" la memoria juega un papel todavía más evidente: En Blanca vuela mañana se presentan unos personajes que giran en torno a la muerte de la querida Ulrike. Y varios de entre ellos rememoran con afecto y tristeza a la desaparecida: Heiner busca en su memoria la imagen de la amada (BVM, 11), Blanca evoca en la suya el accidente de tráfico (BVM, 15)... El recuerdo de Ulrike se proyecta sobre toda la historia narrada, que es la de una lucha por la independencia en el espíritu de Blanca. Y la trayectoria de ésta, su progresiva separación de Peter, su encuentro con José, su intento de volar sola, constituyen un camino empedrado de recuerdos: los ojos de Peter (BVM, 38), la pasión del cuerpo (BVM, 61), el entusiasmo ya pasado (BVM, 92)..."recuerdos que le impedían recordar" (BVM, 96) y a los que tiene que "cerrar la puerta" (BVM, 96) para seguir avanzando. Blanca, pero también Heiner y el propio Peter penden de la memoria: "Es tiempo para el recuerdo", asegura la voz narrativa haciéndose eco de las sensaciones de Heiner (BVM, 145); también José se entrega a sus recuerdos sentado en la barandilla del estanque (BVM, 139). El peso de lo vivido se proyecta sobre el presente para determinar el rumbo de los personajes, para ofrecer consuelo a Heiner, para trabar las alas de Blanca. Los personajes viven en la memoria, de la memoria, contra la memoria; y conocen la profunda soledad, que en este texto consiste en "no poder compartir con nadie los recuerdos" (BVM, 174). Si en Algún amor que no mate la protagonista va desgranando episodios de su propia vida mientras su desorientación la empuja a preguntarse, acusarse, condolerse y ensayar diferentes identidades y distancias de lo acontecido, para poder sobrevivir en un ejercicio de memoria nunca explicitado como tal, Blanca vuela mañana construye una realidad expresamente saturada de memoria, de recuerdos que tensan la voluntad de los personajes. Sólo cuando aparezca la tercera y última novela de esta trilogía, Háblame, musa, de aquel varón, la memoria será motor del vuelo de la mujer, de Aisha. Háblame, musa,... hace un ejercicio de intertextualidad en cuyo núcleo se sitúan La Odisea de Homero y Ulyses de James Joyce. La epopeya antigua y la novela irlandesa constituyen las fuentes sobre las que un productor de cine, de nombre Ulises, proyecta hacer una película. El relato está focalizado en Matilde, la esposa del guionista, que si bien inicialmente desempeña el papel de fiel comparsa social de su marido 11, termina distanciándose definitivamente de éste, y traba una sólida relación íntima con el productor. La novela está construida como discurso autorreflexivo dirigido a un tú, una segunda persona gramatical que se identifica con Adrián Noguera, el marido finalmente desdeñado, que rememora y medita para sí mismo. A lo largo de Háblame, musa..., frente a los alardes culturalistas vacíos de verdadera comprensión que se atribuyen a otros personajes 12, Matilde muestra su naturalidad, agudeza y sensibilidad estética extremas. Confiesa no haber leído la obra de Homero, aunque conoce la historia a través de una película, que le pareció muy bonita (HM, 22), y cuando más tarde llega a leer La Odisea (HM, 32), hace una interesante, ajustada y poética interpretación de la figura de Penélope (HM, 33). Pero su exquisita sensibilidad cultural queda de relieve sobre todo en la cariñosa relación que entabla con la sirvienta marroquí, con Aisha. La figura de Aisha es secundaria con respecto a la historia principal: la lealtad de Matilde hacia ella, no compartida ni comprendida cabalmente por Adrián, contribuirá decisivamente al progresivo distanciamiento de los esposos (HM, 170) 13. Sin embargo, este personaje secundario, esta Aisha, se agiganta a los ojos de Matilde y del lector a lo largo de la tercera parte de la novela; como la protagonista, es una mujer hermosa, y su habla pintoresca, su sonrisa, sus ropas exóticas, la distinguen y caracterizan en todo momento. Esta atractiva y luminosa figura de mujer, que desempeña la labor humilde de sirvienta, es también quien, mediante el recuerdo y la nostalgia resignada, trae a la novela la brisa de la memoria. Ella evoca su viaje en patera, su naufragio, la muerte de su novio Munir, la pérdida de todo cuanto traía, su dolor y su pánico; la voz narrativa y la voz de Aisha se alternan para explicar a Matilde y al lector, la historia: -Aisha no morí mi Munir si morió. Ella recuerda cómo su novio cayó al mar, sus ojos de espanto, la profunda tristeza que vio en ellos cuando supo que la miraba por última vez. Sueña todavía con esos ojos abiertos, muchas noches. Aisha se lanzó tras él para intentar salvarle. Ella viajaba abrazada a su bolsa de basura, donde llevaba ropa seca como único equipaje, y la soltó cuando lo vio caer. -Todo lo mío en borsa plástico, no sitio, muchos hombres y mujeres en barca pequenia. Noche, muy noche, no luna, muy noche. Olas muy grandes que barca. Aisha mucho miedo agarré borsa y vi hundirse Munir y también hundió y escapó borsa. La forma lingüística esquemática, las incorrecciones fonéticas, el tuteo al interlocutor... implican una torpeza idiomática que despierta la ternura de Matilde y la del lector en esta narración trágica de amor y muerte. El infortunio de la inmigrante ilegal, la alusión a las desgraciadas condiciones en que acuden a España las africanas aspirantes a un puesto de trabajo en la opulenta Europa desarrollada, se recogen así en la obra. Su añoranza permanente es un castigo purificador autoimpuesto: Pedro quiso llevarla a Marruecos en más de una ocasión, pero ella se negó siempre. Aisha pensaba que la añoranza era un castigo y que los castigos deben cumplirse para limpiar el alma. Los intentos de su marido para que abandonara la dureza con que se trataba a sí misma fueron siempre en vano... Y en su intercambio de confidencias con Matilde (HM, 137) Aisha muestra además el color de las ilusiones que en el pasado acarició, como su boda con Munir en Essauira; "Aisha resplandecía al contar su boda en Esauira. Al imaginarla en voz alta se emocionaba de tal modo que parecía que la hubiera vivido realmente" (HM, 148). La voz narrativa recoge y relata también esa boda nunca celebrada con la que soñó Aisha, y al dar cuenta de las fiestas jamás sucedidas, proporciona a la figura de la marroquí la dimensión de los ensueños: Los regalos del novio llegarían en bandejas, en procesión por la calle, acompañados de música y al descubierto, sin envolver en papel. Munir le habría enviado un cinturón de oro, ropa interior de nailon, y una caja de maderas de diferentes colores hecha con sus propias manos. El padre de Munir mandaría aceite, azúcar; harina, una jarra de miel, y un toro, para dar de comer a todos los familiares que acudieran a casa de la novia. Su madre habría contratado a Salima para que embelleciera a Aisha.... Esas bodas que sólo son imaginarias, acompañan con su abigarrado exotismo, su colorido y su aroma, a la figura de la sirvienta, cuando aparece vestida con sus ropas tradicionales pero más humildes y usadas en su boda real en España, entre los elegantes asistentes a un estreno: Aisha se deslizaba luminosa entre la gente, como un destello irresistible, y cada persona que dejaba atrás se volvía para mirarla. No era extraño que Estela recelara de su belleza, que envidiara la naturalidad de su encanto, la magia que desprendía su exotismo involuntario, su vestido color azafrán, la gracia con que paseaba sus babuchas por el salón repleto de mujeres calzadas con tacones altos. Así, la sirvienta marroquí cuyo funesto destino desembocará en una muerte ominosa a manos de una banda xenófoba, recoge las más negras expectativas de las inmigrantes africanas en la España de fines del siglo XX, y constituye a la vez una representación-homenaje a esas mujeres, que aparecen valientes, tiernas y rutilantes. En el dibujo de este personaje secundario, que roba el primer plano en una parte de la novela, Dulce Chacón ha utilizad la memoria para dotar de profundidad y volumen a una psicología femenina que está a caballo entre la nostalgia y la ilusión. Concluida su "Trilogía de la huida", en la cual las mujeres protagonistas escapan por distintos procedimientos de una relación de pareja indeseada, la memoria se ha revelado como fuente de historias luminosas. Y es entonces cuando Dulce Chacón emprende sus obras narrativas mayores, las novelas Cielos de barro y La voz dormida, que abordan problemas relativos a la memoria colectiva y al pasado histórico inmediato. Gonzalo Navajas se ha referido al hecho de que hay una importante tendencia hacia la textualización del pasado inmediato en la novela española de los últimos años; y ha señalado que no se trata de proporcionar una vía para la evasión, sino de vincularse emocionalmente a un pasado que se siente inconcluso, adherido a un presente problemático (Navajas, 1993, 112). A esa tendencia de la novela española corresponderían las dos últimas novelas de Dulce Chacón, que pueden asociarse en ese sentido con obras de Javier Cercas, Antonio Muñoz Molina, Eduardo Mendoza... y otros. Cielos de barro ha sido analizada por Shelley Godsland recientemente como parte de un movimiento general de recuperación de la memoria colectiva en torno a la guerra civil de 1936-39, un movimiento que viven la literatura y el cine español recientes, y que destaca los tintes trágicos o/y heroicos de ese capítulo de la Historia española. Cielos de barro, es "an inusual detective novel" (Godsland, 2005, 254), en que las implicaciones del crimen cometido afectan a la red de relaciones que configura todo un sistema socio-político del pasado 14. De forma que la investigación no sólo despliega recuerdos destinados a resolver un crimen, sino recuerdos que estructuran la memoria colectiva no institucionalizada, y la novela es también la indagación de un pasado nacional que transcurrió a espaldas de la Historia oficial (Godsland, 2005, 254). En esta novela, Dulce Chacón se sirvió de recuerdos personales y familiares acerca de su tierra de origen, Zafra (Extremadura), cuyo lenguaje procuró evocar: Yo creo que en mi obra hay muchas influencias de todos esos momentos [de su infancia], sobre todo en Cielos de barro, que es casi una recreación de lo que yo viví en Extremadura, en Zafra, en Almendralejo y en El Raposo.... Zafra es el lenguaje que hemos perdido. El extremeño me encanta, la música del acento de Zafra es preciosa. Y esa pérdida del lenguaje es un añadido a la añoranza de Zafra (Lama, 2003). En el mismo documento, la autora ha comentado su afición a palabras extremeñas como estrumpir, piche o morgaño; y en otro lugar (Vicente Alapont) ha explicado cómo los recuerdos de su madre y las anécdotas vividas u oídas cuando era niña se conjugaron en este relato. Cielos de barro discurre apoyada en las evocaciones del pasado que un viejo alfarero, el señor Antonio, desgrana ante el comisario investigador de un crimen múltiple. Son la memoria y el lenguaje del anciano los que dan profundidad y sentido a los movimientos de los sirvientes, de los perdedores, de los rojos que transitan por la novela, en especial de Catalina e Isidora, los personajes femeninos más conmovedores del libro. Y el alfarero constituye todo un hallazgo: un personaje analfabeto que encarna la potencia de la memoria oral popular; un personaje que no tiene más remedio que aprender de carrerilla incluso las cartas, para fijar en su memoria y disponer personalmente de lo que está ahí pero no puede leer. Personajes femeninos como Felisa, recuerdan también 16; pero no se trata en esta obra de lo que las mujeres recuerdan, de lo que está almacenado en su mente; sino de que están prendidas, como pájaros en una red, de un pasado secreto que condiciona toda la vida: Isidora, siempre veloz y hermosa, atraviesa la novela añorando calladamente a su hijito pero separada de él mediante un vil chantaje de su señora; Inmaculada muere sin revelar el secreto de su violación, vinculada a la muerte de su abuela; Catalina nunca sabrá que su madre murió violada... Su historia, la Historia cruel encarnada en estas mujeres, se vierte y guarda celosamente en todos estos corazones femeninos. La carta de la ajusticiada Julita Conesa a su madre (VD, 99) reclama: "Que mi nombre no se borre de la Historia", y para eso viven todas estas mujeres, para que los nombres de las presas no se borren, para que su historia perviva. Empresa en que las secunda la autora, cuya voz narrativa en esta novela afirma al final de este capítulo: "No, el nombre de Julita Conesa no se borrará en la Historia. De forma que la existencia de la propia novela quiere ser muestra de que las penalidades de este puñado de mujeres en la cárcel de Ventas, mujeres que han sido construidas por la novelista recogiendo testimonios reales y entretejiéndolos entre sí y con personajes o situaciones imaginarios, quedarán en la memoria colectiva 19. La memoria como homenaje a las presas rojas, la memoria como restitución de un pasado y una identidad, la memoria como antídoto contra la locura y la muerte es el fundamento de este relato; la memoria de Tomasa, que al fin "cuenta a gritos su historia para no morir": a toda su familia la tiraron al río desde el puente de Almaraz y luego los acribillaron a balazos cuando intentaban flotar en el agua... Al fin, la memoria se vierte en palabras como "un vómito de dolor y rabia", al fin sale "su voz dormida al lado de la boca. La voz que no quiso contar que todos habían muerto" (VD, 215); y gracias a estas palabras de dolor y muerte, Tomasa sobrevive, se identifica a sí misma para el lector y para sus camaradas, y encuentra un camino para alcanzar el futuro. Las palabras como experiencia catártica: vivirá para contarlo y lo contará para sobrevivir. La transformación de la memoria, del espanto sufrido, en palabras, es el destino de Tomasa, de las figuras femeninas que transitan por estas páginas, y es el sentido de esta novela, por fin titulada La voz dormida en atención a este pasaje. No son los partes de final de guerra, los documentos oficiales o la evocación de cuplés los que dan peso histórico y nombre a este relato: es la oscura historia de Tomasa, de la presa anónima y doliente la que merece bautizar esta obra. Recordar es, como señala Giuliana di Febo, "un complejo proceso no separable de la identidad, y esta misma no es algo inamovible, sino el resultado de una continua interacción de la experiencia del individuo con la de otros" (Di Febo, 1997, 240); por otra parte, las representaciones colectivas están condicionadas por la memoria del pasado. Sería errado suponer que Dulce Chacón inaugura el interés por la participación de las mujeres en la lucha antifranquista; de hecho, sobre las mujeres presas existía ya un pequeño libro testimonial en 1967, Cárcel de Ventas 20, cuando Giuliana di Febo construyó su estudio Resistencia y movimiento de mujeres en España, 1936-1972 21, elaborado a partir de fuentes orales, y en que mostraba la experiencia de resistencia compartida en las cárceles por mujeres de distinta orientación política, edad y condición. Di Febo descubrió con ellas que "la conservación de la memoria había sido una práctica política" (Di Febo, 1997, 246), que la conservación de la memoria funciona como afirmación de la propia identidad (Di Febo, 1997, 247); posteriormente muchas otras historiadoras y estudiosos en general han escrito sobre la realidad de las mujeres silenciadas por el franquismo 22. A mi juicio, lo que la novelista aporta es la convincente representación literaria de esta forma de memoria colectiva, la identificación de los lectores de ficción con esta forma de reflejar el pasado, la redefinición de lo heroico novelesco desde una perspectiva actual de género. En suma: las novelas de Dulce Chacón perciben la memoria como elemento constitutivo de la identidad y giran en torno a conflictos y experiencias femeninas. La búsqueda de la autora de formas de representación literaria de lo femenino, explora y aglutina testimonios orales, recuerdos, secretos, que interesan también a historiadores y medios de prensa. Por la índole de su temática y contenido, los relatos de esta autora pudieran agruparse en dos conjuntos distintos, cuya frontera cronológica se sitúa en el final de siglo: antes del año 2000, la novelista construye protagonistas femeninas un tanto desorientadas que se hallan en situación de crisis o conflicto; un final de ruptura, de separación, así sea mediante la enajenación o la muerte, consumará la huida de todas estas figuras femeninas. A partir del año 2000, las figuras femeninas principales muestran enorme capacidad de resistencia psicológica frente a la adversidad, adquieren una dimensión trágica en su dolor, y viven los aledaños temporales de la guerra civil o la guerra misma. Esta permanente atención que consagró la novelista a las dificultades de las mujeres, cobra quizá el aspecto de un alegato feminista. En todo caso, nótese que la conciencia de género está en la autora y no se alude directamente a ella en el universo novelado. Dulce Chacón retrata en general mujeres solidarias que se crecen casi siempre ante la desgracia, pero jamás aparecen formadas o apoyadas en un feminismo doctrinario. Por otra parte, y para terminar, quiero llamar la atención sobre un rasgo extraordinariamente interesante en la narrativa de esta autora: la memoria e identidad de los personajes se vehiculan lingüísticamente mediante un discurso caracterizado por la fuerte impresión de oralidad. Quizá contribuye a ello el hecho de que los relatos se muestran documentados parcialmente en testimonios orales; pero el hecho es que la propia escritora, como indicamos más arriba, se hallaba profundamente interesada en las palabras, en su sabor local, cronológico y social. En su doble faceta de novelista y poeta, explicaba en una entrevista:...yo entiendo que la poesía ha de encontrarse, necesariamente, en el lenguaje. Y el lenguaje, como transmisor de emoción, como capacidad de evocación, de sugerencia, no tiene por qué ser lírico; cualquier texto narrativo puede incluir los elementos que erróneamente se le adjudican en exclusiva al poema. Cualquier texto puede utilizar la palabra esencial, la necesaria, la que se dice y la que no se dice. (Morante, 2004, 46) La búsqueda de la palabra justa, la atención al sonido y el valor cotidiano de los vocablos, convierten a Dulce Chacón es una virtuosa a la hora de fraguar el discurso oral de los personajes. La demostración palmaria de lo que vengo afirmando es la voz de don Antonio, el viejo alfarero extremeño de Cielos de barro, que entremezcla expresiones castúas, coloquialismos diversos, expresiones groseras... y significativas silencios; todo ello configura con enorme acierto su personalidad, sus movimientos de ánimo, su posición frente a la historia central y la memoria de un mundo propio. Pero aciertos notorios en la forja de una identidad mediante la atención al idiolecto oral del personaje pueden ya hallarse en novelas anteriores de la misma autora: así la voz enajenada y doliente de la protagonista como núcleo narrativo en Algún amor que no mate; o la excelente muestra de incorrecciones fonéticas y gramaticales y de inusuales formas de tratamiento en el personaje de Aisha a lo largo de la tercera parte en Háblame, musa, de aquel varón. Lo expuesto a lo largo de este trabajo sobre la labor narrativa de Dulce Chacón justifica el homenaje que a su muerte le rindieron otros escritores. En la nota necrológica que el periódico El Mundo le dedicó, Julio Llamazares, amigo personal de la escritora la conceptuaba "comprometida con la literatura"; Rosa Regás y Manuel Rivas la consideraban comprometida además con la sociedad, y Fernando Delgado resumía: "una voz solidaria". Comoquiera que sea, hoy sus relatos, sobre todo los dos últimos, son devorados por los lectores. Su lenguaje y sus temas han atrapado al público. vén sobre este relato de Chacón: "La mujer maltratada en la versión de Dulce Chacón". 11 "A Matilde le gustaba agradarte, te escuchaba, reía tus bromas, y a ti te bastaba su risa y su silencio, su discreción", recuerda más tarde el guionista (HM, 17). 12 Adrián Noguera en sus iniciativas en torno a la fusión Homero-Joyce en la película, (HM, 36). Estela en sus aclaraciones sobre los gustos literarios de Virginia Wolf, (HM, 118). 13 Cuando Adrián cuenta a los contertulios la historia de Aisha, los secretos de la sirvienta, Matilde modifica definitivamente su comportamiento con él: "a partir de aquella noche, Matilde se negó a mostrarle sus emociones" (HM, 172). 14 Como en La verdad sobre el caso Savolta (1975), de Eduardo Mendoza, el sentido del asesinato y la verdad sobre su origen y alcance, son desvelados paulatinamente y forman parte de una trama social que alimenta el impulso criminal y que el lector irá conociendo fragmentariamente, a la par que la historia de cada uno de los personajes involucrados. Por otra parte, ambas novelas combinan la voz de un narrador omnisciente con la de uno de los personajes que vivieron los hechos y que ahora los rememora. 15 V., en relación con la potencia, limitaciones y procedimientos de la memoria del viejo, Dulce Chacón: Cielos de barro, 297-8. 17 La reseñadora destaca las palabras iniciales de la novela: "La mujer que iba a morir se llamaba Hortensia", que ejemplificarían sobradamente la actitud de la narradora frente a la intriga; por mi parte, quiero evocar el inicio absoluto de Gabriel García Márquez en sus conocidísimas novelas Cien años de soledad (1967) y Crónica de una muerte anunciada (1980), que se caracterizan por un comienzo anticipatorio. En Crónica..., concretamente, la frase inaugural ya avisa de la futura muerte del protagonista. Por tanto, la anticipación de un desenla-ce fatal constituye una argucia literaria ya de solera en el ámbito hispánico. Por otra parte, el carácter híbrido de este relato de Chacón, entre lo real y lo ficticio, entre lo histórico y lo poético, ha sido también apuntado en su breve trabajo por Nichols, que alude además a la eficaz y peculiar forma de manejo del tiempo verbal en esta obra. 18 La canción Ojos verdes, cuya letra todavía se escucha páginas después, en ver 41, cap. 12. 19 En este sentido, la novela es una epopeya de los vencidos en la guerra civil, al igual que Soldados de Salamina, de Javier Cercas. 20 Según asegura Di Febo. 22 Según Giuliana di Febo, 1997, 245, hay una avalancha de estudios interesados en esta cuestión a partir de los años de la transición política. Sobre varios volúmenes y perspectivas dedicados a rescatar la memoria de las presas rojas, véase el reportaje de la propia Dulce Chacón en El País Semanal aludido más arriba y relativo a la resistencia de las mujeres.
La terminología puede tener, de un lado, una consideración objetiva independientemente de la lengua utilizada. Pero, puede contemplarse, además, desde el ángulo particular de una lengua dada, y ser de consideración, no por adicionales menos importantes, asuntos pertenecientes a los ámbitos de las políticas lingüística y técnica de una nación, del tipo de la armonización y la difusión de los recursos terminológicos, la coordinación de las acciones y las relaciones internacionales. Del primer lado, la consideración objetiva de la terminología debe ir en busca de la selección de términos y vocabularios de áreas específicas del conocimiento, definirlos rigurosamente, estar al tanto de su evolución y de la génesis de nuevas ideas y nuevos términos en las lenguas de su creación. Objetivos que por sí solos construyen y relacionan la terminología con otros campos del conocimiento: la lexicografía, la traducción, la redacción técnica, la documentación, y, obviamente, los saberes propios del área de que se trate. Y sin que sea necesario, quizás tampoco posible, establecer límites definidos entre las áreas limítrofes, ya que, antes al contrario, será de su interacción conjunta de la que salgan beneficiados todos los sectores participantes. Relaciones e influencias que habrán de ser tenidas en cuenta en todo momento en que se plantee la naturaleza de la formación académica, la especialización interdisciplinar y el ejercicio cooperativo de los cultivadores de las diversas áreas. A este propósito, no olvidemos que la lengua es la primera ciencia que posee el hombre. La lengua es una primera clasificación del mundo, y ella nos muestra una organización de la realidad; pero esta inicial descripción científica por el lenguaje natural sirve demasiado trabajosamente a cier- tos tipos de realidades científicas. El desarrollo de la ciencia y la continua aparición de nuevos dominios van acompañados de una necesidad de superación del lenguaje natural. La lengua natural sirve, sin embargo, a manera de cañamazo sobre el que se enjaretan los términos específicos de la terminología científica, con pretensiones más o menos universalistas, e, incluso, los mismos sistemas simbólicos con ambición universalista plena. Es a modo de un nivel especial dentro de la lengua general; se trata de una lengua modificada, de un sistema de signos dotado de menos ambigüedad, que se usa juntamente con la lengua natural en proporciones variables. De otra manera, entre el lenguaje natural y el lenguaje lógico-matemático con mayor grado de simbolismo existe un gradiente de cientificismo que tiende hacia la abstracción y a un mejor ajuste a la estructura de la realidad. Todos los dominios de la ciencia se empeñan, sin embargo, en crear un lenguaje simbólico apropiado a su objeto. Objetividad y cuantificación que se van alejando de los modos usuales del lenguaje, a la vez que este se adapta en su intento de lograr aquellos fines. La naturaleza compleja y extensa de los hechos de la ciencia, su amplitud y difusión, y la inmediatez de sus aplicaciones, obligan a erigir con rapidez y a introducir con pulcritud y precisión los vocablos científicos en la propia lengua. Términos que cada día logran con más prontitud el rango de usos de la cultura y alcanzan la comunicación popular de la ciencia. Y no deja de resultar coincidente que la máxima capacidad creadora en el terreno científico actual se corresponda con la fácil tolerancia de la lengua inglesa a la invención de palabras. La mezcla de raíces de diferentes orígenes o las composiciones lingüísticas irregulares, traducidas en la falta de escrúpulos semánticos o léxicos y en la ausencia de trabas académicas, han hecho de la lengua inglesa el contrapunto de la rígida elaboración de la lengua castellana, intolerante frente a reales o hipotéticas veleidades lingüísticas. Y con gran frecuencia se habla de tecnicismos con un deje de amargura y celos disfrazado de corrección y de purismo, queriendo ignorar que constituyen la inmensa mayoría de las innovaciones lingüísticas actuales. Con gran frecuencia también -aquí tengo un ejemplo de hace pocos días-se opina sin el menor conocimiento del significado, de la historia y del uso de los términos; lo que, ciertamente, no contribuye a las deseables relaciones de vecindad. Sin embargo, ni la ciencia moderna había aún entrado en agujas, ni había nacido la preocupación social por la ciencia y sus efectos, ni tampoco la Academia podía tener la preparación y la homogenei-Asociación Española de Terminología dad suficientes para hacer un'ente a semejante situación. Habrá que tener en cuenta que este diccionario se terminó medio siglo antes de que Lavoisier estableciera los principios de la nomenclatura química (1787) y docenas de años antes del enunciado de las grandes leyes de la química. Situación histórica que ha de tenerse presente para enjuiciar críticamente el contenido de la terminología científica del Diccionario de Autoridades y de las primeras ediciones del Diccionario de la Lengua Española. Situación que subraya nuevamente la necesidad de que las terminologías especializadas, y en particular la terminología científica, vayan acompañadas en todo momento del conocimiento del área de especialización y de su historia. De entonces acá, la ciencia ha seguido su camino; y resulta casi una trivialidad insistir en que ningún otro periodo de la historia puede exhibir un paralelismo con el presente crecimiento exponencial de los resultados y los efectos del adelanto científico-tecnológico. Nuestro actual sistema del mundo está dirigido dominantemente por la tecnología. Las consecuencias de la revolución industrial, a finales del XVIII, cambiaron de modo fimdamental la vida y la sociedad de los países industrializados y, de manera gradual, se asimilan por las partes menos desarrolladas del mundo. Además, la llamada sociedad de la información en la que estamos sumergidos está produciendo una transformación aún más profunda. Nos encontramos, efectivamente, en un periodo de profunda transición en el que habrán de tomarse decisiones vitales que actualicen las promesas de beneficio para toda la humanidad. Y a buen seguro que no hay que esforzarse demasiado para palpar la influencia de las ciencias y de la tecnología sobre el clima material e intelectual de nuestra época, incluidas las manifestaciones lingüísticas y de la comunicación. Relevancia que puede condensarse en la expresión de la ciencia como estilo de vida. Así, el hombre adulto de hoy conoce que cuando nació acababa de comenzar la aplicación de la penicilina, no se había inventado el transistor y, en geología, no se hablaba de la tectónica de placas. Los elementos químicos rondaban el centenar frente a los 112 hoy reconocidos y nombrados, con los múltiples problemas que su bautismo ha originado. Nadie había oído hablar de los pulsares y los quásares. No existía ninguna de las técnicas hoy tan populares de la imagen médica, al estilo de la ecografía, la resonancia magnética, la tomografia computarizada o la angiografía. Más aún, en poco más de una década los métodos de la biotecnología han originado los anticuerpos monoclonales, los animales y vegetales transgénicos, la fertilización in vitro y la terapia gènica. Los descubrimientos en el campo de los nuevos materiales han dado origen a Angel Martin Munido los semiconductores, los carcerandos, los nanotúbulos y los fulerenos. De las ciencias de la computación y de la ingeniería del conocimiento han emergido con extraordinaria rapidez nuevos lenguajes de programación, las redes neuronales y la inteligencia artificial, que intentan desvelar o imitar, a toda la distancia que se quiera, el funcionamiento del cerebro humano. Muchos recientes conceptos científicos de la biología molecular responden a nuevas acepciones del lenguaje vulgar: expresión, recombinación, traducción, transcripción, transducción, receptor, canal, etc. con un significado absolutamente diferente. Y en nuestros mismos días nacen nuevos campos de la ciencia a los que hay que nombrar, al estilo de la proteinómica y la genómica como estudios respectivos de las proteínas y los genes, y sus respectivas modificaciones estructurales y funcionales. Como consecuencia de todo ello, las publicaciones de los últimos años en los campos variados de la ciencia y de la técnica están dando origen a un nuevo lenguaje que contiene unos 3.000 términos técnicos adicionales innovados cada año; con muchísima diferencia, el mayor porcentaje de todas las innovaciones lingüísticas. Datos contundentes de la rapidez y la insistencia con que los avances de la ciencia y la tecnología se abren paso en la terminología de la ciencia. Y, así, quienes tabulan el crecimiento de las ciencias están simplemente trazando el nuevo mapa del mundo. Y en este mapa se puede contemplar que más del 95 por ciento de todos los hombres y mujeres de la ciencia de todos los tiempos están vivos en la actualidad; que el número de trabajos relevantes en los campos de la física, la química y la biología, durante los últimos años, pasa de los tres millones; y que en cada una de las últimas décadas se duplican los índices críticos de las publicaciones científicas. La relevancia y los avances de la ciencia se influyen mutuamente, con el resultado cotidiano de nuevos hechos acerca del mundo y del hombre. Lo atestiguan los nuevos campos abiertos en la última década acerca de nuevas moléculas y nuevos materiales, la colección de nuevos compuestos de reconocimiento y comunicación entre las células, las nuevas partículas subatómicas, los numerosos productos e, incluso, los nuevos seres vivos creados por las originales herramientas de la biotecnología, etc.; cada uno de ellos, a fin de cuentas, subsistema del amplísimo campo semántico constituido por el macrosistema ciencia. Resulta indudable que frente al progreso diario de la creación científica y de su comunicación internacional, el diseño terminológico está obligado a exhibir un dinamismo que se traduzca en responder con prontitud crítica a los nuevos estándares internacionales, por ejemplo de las unida-Asociación Española de Terminología des de medida y sus símbolos, y de los cambios habituales de denominación en las nomenclaturas especializadas, como los que han tenido lugar recientemente en los elementos químicos de número atómico 106 a 112; en utilizar los elementos compositivos propios de la derivación léxica; en adecuarse a los cambios y complicaciones frecuentes de la sinonimia; en estar vigilante frente a los cambios sincrónicos de la terminología que se producen en los momentos de reestructuración de los dominios científicos, por ejemplo, en los cambios colesterina a colesterol, nucleínico a nucleico, proteínico a proteico, y en los cambios de acentuación que el uso de los especialistas -de los que lo usan-ha ido imponiendo, nucleotide hacia nucleotide, éster y ésteres hacia ester y esteres. Dinamismo que ha de extenderse a la solución de los problemas que ha ido presentando, por ejemplo, los mencionados cambios fonéticos que el empleo progresivo va estableciendo, la relación entre formas nominales y verbales, los problemas planteados por la aposición de sustantivos en los lemas compuestos y a la formación de plurales y en la adopción de criterios en el empleo de siglas, por ejemplo el de la universalización frente al particularismo. Es, en resumen, en el nacimiento de los nuevos vocablos, o mientras su asentamiento es oscilante, es decir a su tiempo, cuando el trabajo terminológico ha de ser más atento y cuidadoso. Así pues, y habida cuenta de estas ideas, más o menos compartidas pero indiscutibles, la ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE TERMINOLOGÍA intenta conectar los intereses y los logros de la comunidad lingüística especializada con aquellos otros que sirven a la sociedad y a la cultura. De otra manera, los ingredientes básicos de la actividad científica de la terminología tienen que buscar un procedimiento para dar el debido cauce a la presentación de sí misma, a la comunicación del nuevo conocimiento como compromiso social y a la transformación del hecho proftmdo de la verdad científica en opinión del individuo, primero, como conocimiento superficial propio del vulgo, y, después, en opinión pública como atención colectiva y general. En particular, la terminología de la ciencia ha de servir a la comunicación interna de la ciencia y, a la vez, al conocimiento público de la ciencia y a la promoción de la cultura científica y tecnológica. De un lado, la comunicación interna posibilita el paso fácil a través de los dominios particulares de la ciencia. Paso entre las fronteras disciplinares que es el mismo que ocurrió en la creación científica cuando los hallazgos del químico Pasteur o el físico Rontgen revolucionaron la medicina; o cuando, actualmente, la biotecnología se beneficia de los vuelos espaciales al conseguir una mejor purificación de proteínas y enzimas en condiciones de ingravidez. Sirve además esta multiplicidad de dominios para que el especialista no pierda el contacto con los estándares establecidos por otros especialistas y para que todo su componente terminológico científico y técnico participe en numerosas cuestiones de política pública. Por otro lado, si desde la revolución científica, hace tres siglos, la repercusión económica y social de la ciencia, y por tanto de su terminología, constituyen un soporte del Estado, a nadie puede extrañar la posición excepcional de la autonomía de la ciencia en el conjunto de la cultura universal. Además, tampoco hace falta excesiva clarividencia para darse cuenta de que la penetración del lenguaje de la ciencia y de la técnica no es sólo un problema lingüístico sino que ocupa un lugar importante en los planteamientos políticos y económicos. De esta manera, a la relevancia de la ciencia y a sus relaciones culturales y sociales se une el valor añadido de que su adquisición y su comunicación pertenecen a esa especie de soberanía compartida que es el idioma común. Soberanía compartida que exige la existencia de los inventarios de voces técnicas y la normalización terminológica de la ciencia en español. Y posiblemente, esta sociedad de la información en la que nos encontramos inmersos puede tanto favorecer la esperanza como el desespero; todo dependerá de cómo nosotros sepamos utilizar con este fin las modernas comunicaciones y el poder de la terminología. Finalmente, si la terminología, como tratamiento objetivo de los términos y vocabularios de un área del conocimiento, debe cumplir los fines generales establecidos, válidos para cualquier lengua, la terminología de la ciencia en español tiene unas exigencias particulares motivadas por la necesaria intelectualización de la lengua, que sea capaz de expresar todas las ideas y realidades contemporáneas, en particular en las áreas científicas, técnicas, jurídicas y sociales -económicas fundamentalmente-y de participar y difundirse a través de las nuevas tecnologías de la información; por su participación imprescindible en los tratamientos automatizados del lenguaje; por el número total de sus hablantes y el de las naciones miembros de la comunidad lingüística; por la evolución demográfica de los hablantes y de las comunidades científicas; por la importancia de su presencia en el contexto internacional y científico en el que se desarrollan las actividades de terminología y de normalización, que ponen en juego partidas económicas nada despreciables; y por su consideración como herramienta política en las relaciones internacionales, sobre todo con los países hispanoamericanos. Ante estas consideraciones globales cabe preguntarse si la organización de la neologia y la terminología en las lenguas de España responden Asociación Española de Terminología a tales exigencias. No quisiera entrar ahora a juzgar esta respuesta; si a asegurar que La ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE TERMINOLOGÍA nace para arrimar el hombro en la solución de estas exigencias, para suplir todo lo parcialmente que se quiera algunas de las imprescindibles acciones de coordinación. De esta serie de ideas y de ejemplos queda bien claro, de un lado, la trascendencia de los hechos de la ciencia y de la técnica, y, de otro, que el sentido de adelantamiento tiene que ser una norma de la terminología y, particularmente, de la terminología de la ciencia. A ello se refería Marañón, ya en 1956, con motivo del II Congreso de Academias de la Lengua Española. Decía así: La vida no se divide ya en literaria y técnica. Quiérase o no, somos ya todos técnicos. El poeta más puro o el filósofo que vive en pura abstracción están necesariamente contaminados cada una de las horas del día con las ciencias y con su lenguaje, por la sencilla razón de que todos la necesitan. La ciencia y la técnica tienen la vitalidad y la razón de ser suprema de su necesidad y de que, inexorablemente, lo será más cada día. Y su lenguaje es igualmente inseparable de la vida y, en consecuencia, tiene derecho también al cuidado oficial, es decir, a la misma fijeza y al mismo esplendor de sus vocablos literarios.
Vamos a comentar en este rato los esfuerzos de las mujeres a lo largo de la historia para penetrar en los diferentes campos de la ciencia y los éxitos conseguidos. Actitud que se integra en lo que se ha llamado la larga marcha de la mujer hacia la igualdad, desde el ayer hacia el mañana. Larga marcha a través de un cambio radical en la estructura social y económica, y el estilo de vida de las mujeres en la mayor parte del mundo. Cambio que lleva consigo, no se si como causa o como efecto, el matrimonio más tardío, el menor número de hijos y su advenimiento más espaciado, y la prolongación de la vida de la mujer. La mayor duración de la adolescencia de las jóvenes las permite enfrentarse a nuevas expectativas culturales; la maternidad, aunque siga cumpliendo un papel social central, está dejando de ser la finalidad toda de la existencia de la mujer; la vida más prolongada como simple reflejo de su mejor calidad no deja de tomar parte en la estructura familiar, el desarrollo económico y la dinámica de las poblaciones. Y, a pesar de esta marcha y de este cambio, aún son mujeres los dos tercios de los 800 millones de analfabetos que existen en el mundo; cada año, medio millón de mujeres mueren por causas relacionadas con la maternidad; cien millones de jóvenes han sufrido mutilaciones sexuales; en distintas partes del mundo, los fundamentalismos religiosos intentan reducir los derechos con muchos esfuerzos conseguidos por las mujeres en orden a la educación, a la salud, al empleo, a la libertad de expresión o al control de la fertilidad; sólo en los Estados Unidos, cada ocho segundos una mujer es objeto de malos tratos y cada seis minutos ocurre una violación; en Africa, de cada diez infectados de sida, seis son mujeres. «La larga marcha de las mujeres hacia la igualdad» ha sido el título del suplemento de Le Monde», con motivo de la conferencia mundial de Pekín hace pocos meses. En el artículo de cabecera, de Michèle Aulagnon, 550 Angel Martin Munido se lee: «La atmósfera que envuelve la inauguración de la conferencia mundial de las Naciones Unidas sobre la mujer, el lunes 4 de septiembre, está cargada de electricidad. Los derechos de la mujer no solo no progresan sino que se ven amenazados. El principio mismo de igualdad, tal como figura en la carta de las Naciones Unidas de 1945, está hoy en tela de juicio. Un cierto número de Estados rechazan la idea de igualdad entre los sexos y prefieren el término de equidad. La cuestión no es simplemente formal, ya que si la igualdad impone que hombres y mujeres sean tratados de la misma manera, la noción de equidaad es mucho más elástica. A esta cuestión de fondo, disimulada bajo apariencias lingüísticas, se superpone una constante preocupación. La lucha contra la discriminación marca el paso. Y aunque se hayan realizado progresos sensibles en los dominios de la educación y la salud, la mujer se siente bajo un techo de cristal en el acceso al trabajo o en la participación del poder político. Por otro lado, las crisis económico-sociales con las que se enfrentan tanto los paises desarrollados como aquellos en vías de desarrollo, fragilizan algunos de los resultados conseguidos. De esta forma, la pobreza y la violencia se ceban particularmente sobre las mujeres y comprometen los logros de los últimos veinte años». Vamos a examinar cómo se han traducido estas inquietudes, a lo largo de la historia de la humanidad, en los campos de la creación científica, y, particularmente, cómo las mujeres han alcanzado los premios Nobel, una de las metas ideales de esta marcha. Avancemos que desde la creación del premio Nobel, en 1901, de las 634 distinciones hasta el pasado agosto, sólo 28 lo han sido a mujeres; y de entre ellas, 12 lo han compartido con hombres. A ellos hay que añadir, el concedido a primeros de octubre del presente año a Christiane Nuesslein-Volhard, la primera mujer alemana galardonada con este premio en Medicina y Fisiología, por sus trabajos sobre biología del desarrollo, si bien compartido con otros dos varones, Edward B.Lewis y Eric Wieschaus. Esta marcha se inició hace muchos cientos de años. Durante ella, Aristóteles mismo antes de Cristo, y Santo Tomas de Aquino en el siglo XIII, hablaban de las diferencias entre hombre y mujer en cuanto a la implantación gradual del alma durante su respectivo desarrollo embrionario y fetal. Las teorías de los antiguos griegos estaban basadas, lógicamente, en la interpretación de los simples hechos observados, y fueron aceptadas por Tomás de Aquino en el sentido de que el alma completa su implantación a los 40 días en los embriones masculinos, y a los Mujeres en la Ciencia 90 días en los femeninos. Hace, sin embargo, tan sólo medio siglo de la demostración de que las primeras señales histológicas del desarrollo sexual masculino, la aparición de los túbulos seminíferos, se detectan en los embriones humanos a las seis semanas, en tanto que las primeras señales del desarrollo femenino, los oocitos primarios, no ocurren hasta las once semanas. Hechos que van acompañados de una mayor velocidad de desarrollo en los embriones masculinos que en los femeninos; lo que se traduce, después, en mayores velocidades metabólicas en el hombre que en la mujer, a lo largo de toda la vida; quizá, la razón por la que la expectación de vida del hombre es inferior a la de la mujer. Más modernamente, incluso Rousseau argüyó que la mujer tiene una naturaleza completamente distinta de la del hombre, y que esta diferente naturaleza la discualifica para su participación en la vida política. En contraste con esta idea, los hay que abogan por la feminización de la tecnología para lo que arguyen que los valores distintivos de la mujer han de tomar parte en el dominio público, si la tecnología, en efecto, ha de servir al bien común y promover el bienestar humano. Con estos antecedentes, por muy remotos que algunos sean, podemos darnos cuenta de la distancia que ha habido que recorrer hasta que la mujer alcanzara su participación en la ciencia moderna, con sus renuncias, sus postergaciones y sus éxitos. Antes de entrar en el relato de algunos detalles sobresalientes de esta participación, y ante la pregunta de si a esta condición social y científica responde un cierto tipo de mujer, hay que adelantar que las ha habido bonitas, atractivas, vulgares y hasta descuidadas; casadas y solteras, con y sin hijos; independientes y subordinadas. Pero siempre han poseído el nivel propio de la comunidad científica, recibieran o no los galardones reservados a los triunfadores; y, además, nunca, por lo general, intentaron ligar el trabajo científico y su creatividad a unos valores específicamente femeninos. Ninguna se quejó nunca de sentirse extraña en su trabajo porque estuviese rodeada casi exclusivamente por hombres. Ni una sóla de ellas formuló la cuestión de si en la investigación científica ha dominado excesivamente el punto de vista masculino, ni si debiera ser completado con una perspectiva femenina. A lo largo de esta intervención vamos a pasar revista a la actitud de una colección de mujeres frente a la realidad cotidians.. «Realidad cotidiana, ante cuya proximidad forzada -en palabras de Victoria Camps-la mujer ha podido desarrollar relaciones más afectivas y más pragmáticas, un lenguaje más concreto, claro y preciso, menos abstracto, una aproximación a las cosas más intuitiva. Son tópicos, sin duda, que se han repe-tido hasta la náusea, pero los tópicos no son falsos; tienen una base real que los sus tenta.... Las mujeres no han querido, o no se han atrevido, renunciar a nada: ni a los hijos ni a dejar de tenerlos, ni a llevar las riendas de la familia ni a soltarlas». Y, quizá, esta insistencia en lo impersonal de la investigación, la postergación de deseos, objetos y creencias privados, sea precisamente el secreto de las mujeres triunfadoras en los campos de la ciencia. No caigamos, sin embargo, en el error bastante extendido de pensar que no hubo mujeres en la ciencia antes de los tiempos modernos. Hoy se conoce que hubo mujeres eminentes dedicadas a la ciencia, aunque, quizá, ignoradas por su historia. Desde la Antigüedad ha habido mujeres activamente dedicadas a las ciencias físicas, biológicas y médicas, así como a la ingeniería y a la tecnología. Hace 6000 años que se conoce a ciencia cierta esta participación, aunque se desconozcan sus nombres como el de las sacerdotisas médicas que aparecen en las cuevas de la época sumeria, unos 4000 años antes de Cristo. Se conoce ya, de todas maneras, el nombre de Merit Ptah que vivió en Egipto unos 2700 años antes de Cristo, se encuentra dibujada en una tumba del Valle de los Reyes, y ha sido descrita por su hijo, un sumo sacerdote, como médico importante. La primera mujer con participación en las ciencias físicas cuyo nombre ha llegado hasta nosotros es la química babilónica, Tapputi-Belatekallim, que vivió unos 1200 años antes de Cristo. Su nombre y lo que sabemos de su trabajo aparecen en escritos cuneiformes sobre tabletas de arcilla. Tapputi trabajó en la antigua tecnología química de producción de perfumes en Mesopotamia y fue autora de un texto sobre producción de perfumes. Durante los dos milenios y medio que transcurren desde los años 3000 a los 600 antes de Cristo, se ha calculado que la identificación de mujeres dedicadas a la ciencia ocurría al ritmo de una cada 250 años. Ritmo que se acelera de forma extraordinaria al pasar de los años 600 a los 200 antes de Cristo, durante los que el número de mujeres identificadas crece a unas 20 por centuria, con lo que se eleva unas 50 veces el número anterior. Este ascenso tiene como motivo fundamental el cultivo de la ciencia y la filosofía griegas en aquellos siglos, y refleja específicamente la preeminencia de las escuelas pitagórica y platónica, así como la promoción de la presencia de la mujer en ellas. Algunas de estas mujeres griegas fueron Theano, líder de la escuela pitagórica tras la muerte de Pitágoras; Artemisia de Caria, una de las más importantes botánicas de la antigüedad; Arete de Cyrene, con especial dedicación a la física y a la filosofía; y Pythias de Assos, importante zoóloga marina de la antigüedad. Mujeres en la Ciencia Tras este período especialmente brillante del helenismo, a partir de los años 200 antes de Cristo, la participación de la mujer, con sólo algunos repuntes en el siglo I aC y tras el nacimiento de Cristo, va en descenso hasta alcanzar sus cotas mínimas durante las edades oscuras medievales. Durante los primeros siglos después de Cristo hubo una gran cosecha de mujeres alquimistas; entre las que merecen citar Maria la Judía, muy famosa en la alquimia de su tiempo; María de Alejandría, diseñadora de instrumentos de laboratorio como el famoso baño de María, a ella dedicado. Pasa por ser la última gran personalidad científica de la Antigüedad, Hypatia de Alejandría, dedicada, alrededor del año 400, a las matemáticas y a la astronomía, en la Universidad de Alejandría. Fue quemada viva por los años mismos del incendio de la biblioteca de Alejandría, y representa uno de los personajes finales de la ciencia de la Antigüedad. Durante los diez siglos siguientes, las escasas mujeres que cultivan la escasa ciencia de aquella época oscura lo hacen, precisamente, en la medicina. A partir del año 1000 vuelve a crecer, lógicamente, esta participación, debido sobre todo a la práctica de la ciencia en los conventos por las mujeres miembros de ordenes religiosas; y, así, a mediados del 1200, fae el cultivo de la ciencia por las mujeres superior a ningún otro tiempo de la historia. Mujeres singulares de este tiempo fueron Hildegard de Bingen, que pasa por la máxima autora de trabajos científicos de la Edad Media; Herrado de Landsberg, autora de obras enciclopédicas acerca de la tecnología medieval; y la famosa Heloisa, heroína de la historia de amor con Academia de Ciencias. Mary Somerville, nacida en Escocia en 1780, traductora y difusora de la Mecánica Celeste de Laplace. Y Sofya Kovalevskaya, nacida en Moscú en 1850, reconocida con el premio Bordin por sus investigaciones sobre el movimiento de un cuerpo sólido alrededor de un punto fijo; la primera mujer miembro de la Academia Imperial Rusa. Lady Lovelace, hija de Byron, estudio matemáticas con Mary Somerville y colaboró con Babbage en sus pioneros desarrollos de la máquina de calcular. En los primeros años del siglo XIX dos mujeres se distinguieron en la popularización de la ciencia, Margaret Bryan y Janet Marcet. Ambas hablaron y escribieron, principalmente, sobre física, química y astronomía. Son famosas las «Conversaciones sobre la química» de Janet, publicadas anónimamente en 1806, de las que se vendieron más de 150.000 ejemplares. Y en los primeros años del mismo siglo XX, exactamente en 1903, nos encontramos con el Premio Nobel de Física, cuya cuarta parte correspondió a Maria Curie. Maria Sklodowska, polaca de nacimiento en 1867, con una enorme dedicación al trabajo y una gran ambición, logró continuar su formación científica en París. En una de sus biografías se recogen los párrafos siguientes: «La criatura mofletuda y regordeta que había llegado a París tres años antes se había transformado durante el tiempo de estudios, lleno de privaciones, en una delicada, diáfana y ala vez disciplinada joven mujer. Desde el último año en la universidad había tenido un admirador tan serio como tenaz, el físico francés ocho años mayor que ella, Pierre Curie, que trabajaba en un puesto relativamente modesto como profesor y jefe de laboratorio en la escuela fundada por la ciudad de París de Física y Química industrial Pierre Curie cortejó de una forma poco usual a la polaca, casi esquiva y, desde un triste romance en su tiempo de institutriz, extremadamente precavida: no mandaba ramos de flores, sino separatas firmadas de sus publicaciones científicas, y sus temas de conversación giraban casi exclusivamente en torno a la ciencia. Obviamente, tuvo éxito con ello: en julio de 1895, quince meses después de su primer encuentro, su prometida fue con él al registro civil». El premio se otorgó en partes iguales a Henri Becquerel y al matrimonio Pierre y Maria Curie por el descubrimiento y el trabajo pionero en el campo de la radiactividad espontánea y los fenómenos de radiación. Los Curie no asistieron a la entrega del premio, el 10 de diciembre en Estocolmo, alegando motivos de salud. Maria Curie fue, en efecto, una bella mujer, y, además, como ha señalado hace pocos meses la biografía publicada por Mujeres en la Ciencia Susan Quinn, fue no sólo una mujer excepcional y singular, sino una mujer que experimentó las mismas dificultades que otras por su ambición y su espíritu crítico. Fue amada apasionadamente por un colega científico, Paul Langevin, casado y padre de cuatro hijos, lo que no podía entender, o dejar de envidiar, el medio social de la época. Ese medio que, para su desgracia, nunca llegará a comprender esa maravillosa, mitad afirmación, mitad interrogante, que escribiría, como más adelante veremos, a finales de este mismo siglo, otra bella y nobel mujer, Rita Levi, en su autobiografía «EL ELOGIO DE LA IMPERFECCIÓN»: «Si la disparidad evolutiva entre las facultades cognitivas y las emotivas de nuestro cerebro son la consecuencia de los procesos biológicos de los que no somos responsables, ¿podemos regocijarnos de pertenecer a esta especie expuesta a las trágicas consecuencias del predominio de lo emotivo sobre lo cognitivo en la guía de nuestra conducta? Maria Curie, viuda desde 1906 en que Pierre murió en accidente de tráfico, obtuvo para ella solita el premio Nobel de Química 1911 por el descubrimiento de los elementos radio y polonio, la caracterización del radio y su aislamiento en estado metálico y la investigación sobre la naturaleza y los enlaces químicos de este elemento. Por aquellos años, Langevin retó en duelo a Gustav Téry por haberlo insultado en un artículo de prensa. Uno de los miembros de la Academia sueca escribió a Maria Curie incitándola a rechazar el premio y a no presentarse a recibirlo. Ella respondió, poco más o menos, que «el polonio era el polonio, y su vida privada era su vida privada». Lo cierto es que Maria, entonces profesora titular de la Sorbona, acudió a Estocolmo acompañada de su hija mayor Irene, de catorce años, la que veinticuatro años más tarde se encontraría por sus propios méritos en la misma situación. Absurdamente, estos episodios arruinaron su nombramiento como miembro de la Academia de Ciencias de Francia. Murió Maria Curie en 1934 con un gran reconocimiento científico internacional, dedicada a la dirección de un magnífico laboratorio, el Instituto del Radio de París financiado conjuntamente por la Sorbona y el Instituto Pasteur; murió víctima de la ciencia que ella desarrolló, la radiactividad, y que produjo en su organismo una grave anemia perniciosa En nuestros mismísimos días en que la sociedad admite, y hasta aplaude, la paternal devoción del presidente Mitterand a su hija ilegítima, Francia ha honrado la memoria de Maria Curie depositando sus restos en el Panteón de hombres ilustres. Al año siguiente de la muerte de Maria Curie, en 1935, su hija Irène Joliot-Curie, junto con su marido Frédéric Joliot, recibió el Premio Nobel de Química en reconocimiento a Is síntesis de nuevos elementos radiacti-Angel Martin Munido vos. Irène fue la primogénita del matrimonio Curie y pasó sus primeros años al cuidado material de su abuelo paterno el médico Eugène Curie, con lo que la joven madre pudo continuar sin interrupción y sin mayores preocupaciones sus trabajos. La hermana pequeña de Irene escribió acerca del abuelo: «El es el compañero de juegos, el maestro, mucho más que la madre, que está continuamente en el laboratorio, del cual los niños oyen hablar sin interrupción, A él no le basta con introducir a Irène en la historia natural y en la botánica, con compartir con ella su afición a Victor Hugo, con escribirle durante las vacaciones atractivas cartas, de lo más divertidas y llenas de ingenio; él es quien influencia la vida intelectual de ella en forma decisiva. El equilibrio espiritual de la actual Irène Joliot-Curie, su aversión a resignarse al pesar y al dolor, el sentido asociado a las realidades de la vida, su propio anticlericalismo y sus simpatías políticas las tomó directamente de su abuelo». Así pues, con una gran formación intelectual y científica, Irène siguió los pasos de su madre, se licenció en Física y Matemáticas; a los dieciocho años, durante la guerra del 14, dirigió un servicio de rayos X en un hospital anglocanadiense de la línea del frente. Su Tesis Doctoral, leída en marzo de 1925, versó sobre las oscilaciones en el alcance de la radiación á del polonio. En la portada de la Tesis se leía: <A Maria Curie de su hija y alumna». Irène siguió, en lo científico y en lo privado, la andadura de su madre. La misma impresión frágil y enigmática; análogo el matrimonio como comunidad científica y reparto de cometidos; la misma timidez, severidad y rectitud; directora también del Instituto del Radio; el mismo entusiasmo por los hijos; la misma muerte mártir de la ciencia, como la madre. Ambos Hélène y Pierre continuaron la tradición científica de la familia; curiosamente, Hélène, dedicada como madre y abuela a la física nuclear, casó con un nieto de Paul Langevin. Llegó a ser Irène catedrática de la Sorbona y fue la primera mujer miembro de un gobierno, como secretaria de estado, en 1936, del gobierno socialista de Leon Blum. En cierta ocasión, a la pregunta de una periodista acerca de si la carrera que había elegido no era un tanto fatigosa para una mujer, contestó: «De ningún modo. Creo que la capacidad científica de un hombre y una mujer son completamente iguales. Irène Curie consideraba los compromisos familiares como posibles, bajo la condición de que fueran aceptados como una carga complementaria.... Por mi parte creo que la ciencia será el interés principal en mi vida». Corrían, pues, en este relato, los primeros años del siglo XX y Florence Sabin, tan buena conocedora de la anatomía como de las matemáticas Mujeres en la Ciencia y la zoología, fue la primera mujer que alcanzaba el profesorado en la Universidad Johns Hopkins. Después, en el Instituto Rockefeller, Florence dirigió un amplio programa de investigación sobre la química y la biología del bacilo tuberculoso y su responsabilidad en la instauración de la patología humana. Eran los primeros pasos de la formidable inmunología actual. Hasta su muerte, en 1953, a los 82 años, viajó por Europa y misionó la política de la ciencia y la naciente empresa de la salud pública. Fue Florence Sabin quien dio la bienvenida a Maria Curie en su visita, en 1921, a los Estados Unidos, y a su nombre se dedicó una de las primeras vacunas antipolio de la época actual. Aquellos tiempos de la ciencia fueron los del Mycobacteerium, y Florence Seibert, víctima a los tres años de la primera epidemia de polio en los Estados Unidos, llevó a cabo la primera cristalización de las proteínas de la tuberculina. Superó con entusiasmo y coraje su defecto físico y acudió a Suécia para conocer de cerca los nuevos métodos de separación y análisis de las proteínas, que aplicó al estudio de las fracciones purificadas de la tuberculina y los tejidos sensibles. A Rebecca Lancefield se deben las primeras aportaciones rigurosas al conocimiento químico e inmunológico de los antígenos de estreptococos. A los 75 años fue elegida miembro de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, y aún prolongó su trabajo durante otros once años. Las revistas científicas de esa época recogieron sus investigaciones sobre virulencia y protección bacterianas, cuando Rebecca andaba por sus 80 años. Tampoco es que en este relato intente espigar casos longevos, pero la verdad es que Alice Evans investigó hasta los 94 años sobre distintos tipos de bacterias patógenas. Fue la primera mujer presidenta de la Sociedad Americana de Microbiología y se contagió de brucelosis al comienzo de sus estudios, lo que le dio la ocasión de conocer durante largo tiempo, en realidad hasta su muerte en 1975, todos los detalles de la enfermedad. Margaret Pittman nació con el siglo, fue profesora de español y la primera mujer presidenta de la Academia de Ciencias de Washington. Ella trabajó en los tiempos y los lugares, y en los asuntos del cólera; y llevó a cabo un intenso estudio internacional que se prolongó hasta más de sus 80 años y, precisamente, a los 85 recibió Margaret el Premio Federal a las mujeres de la ciencia por sus logros excepcionales en el desarrollo de vacunas seguras y efectivas. Coetánea e igualmente longeva. Pearl Kendrick, estudiosa de las etiologías mixtas virobacterianas, fue contratada por la universidad de Michigan, a los 85 años, para enseñar Angel Martín Munido la historia y el tratamiento de las enfermedades infecciosas, aún durante varios años, en la década de los setenta. Por entonces estaba en un momento álgido el estudio de las enfermedades infecciosas, de sus agentes y de las reacciones del huésped; se acababa la transición de los arsenicales y las sales de oro hacia las sulfamidas y los antibióticos; la ciencia básica de los virus y de los mecanismos de acción antibacteriana sirven de fácil aplicación a las vacunas y los antimicrobianos de síntesis; la oncología viral se configura como uno de los campos más brillantes de la biología molecular. En este ambiente realizaron sus trabajos, durante largos años, Bernice Eddy y Sarah Stewart. Bernice lo hizo sobre el crecimiento de virus de polio en cultivos celulares y en el proyecto Salk de vacuna antipolio; suyas fueron las primeras revisiones sobre virus oncogénicos, cuando era vicepresidenta de la Academia de Ciencias de Washington. Las últimas publicaciones de Sarah, a los 70 años, trataron de los virus aislados de neoplasias humanas, de una de las cuales moriría después. En una de sus numerosas distinciones se puede leer: por su brillante, original, innovadora y resuelta dedicación. Muchos, quizá la mayoría de los estudiantes de bioquímica del último medio siglo conocerán de Michaelis y Monten poco más, quizá nada más que su vinculación a la famosa ecuación de la cinética enzimática, conocida como de Michaelis-Menten. De forma que este guión que suele aparecer entre Michaelis y Monten confundirá a muchos que no sabrán si se trata de una persona sóla o de dos personas distintas; y, menos aún, que se trate de dos mujeres, Leonor Michaelis y Maud Leonora Monten, sin duda los dos nombres más referidos en la historia de las publicaciones de la especialidad. Estudiaban ambas, en 1913, la reacción conocida como inversión de la sacarosa cuando llevaron a cabo la contribución más fundamental en el -campo de la enzimologia, en el laboratorio alemán de Michaelis, al que había acudido la bellísima canadiense Maud. Gerty Cori, austriaca de nacimiento, fue representante de la época heroica del metabolismo intermediario y de la gran enzimologia de los azúcares en el cuerpo humano; y, por todo ello. Premio Nobel 1947, la primera mujer galardonada con este premio en Medicina y, a la vez, el primer Nobel femenino en los Estados Unidos. Los anteriores cincuenta premios Nobel en Medicina fueron concedidos a científicos varones. Y al igual que sus predecesoras las Curie, madre e hija, le fue adjudicado con su marido Cari Cori. Ella siguió a su marido, en 1931, como simple ayudante de investigación en el departamento de Farmacología de la Universidad Washington, en San Luis; y no deja de ser notable que en se-Mujeres en la Ciencia mejante situación tuvo que permanecer durante 16 años, hasta que, en el mismo año 1947, obtuviera una cátedra de Bioquímica y el Premio Nobel de Medicina. La cooperación científica de Gerty, atractiva, pelirroja, alegre, inteligente, amante de la naturaleza, fue calificada como un tema delicado, que exige mucho dar y recibir por ambas partes y ocasionalmente conduce a conflictos, cuando ambos son cónyuges con iguales derechos y no quieren ceder en su opinión. Un amigo del matrimonio describió de esta manera su complementación: «Sus procesos intelectuales se entremezclan, de modo que hablan y piensan en común. Cuando uno formula un pensamiento, entonces el otro lo recoge, lo despliega y lo adorna para, finalmente, alcanzar al primero, para que el otro pueda seguir completándolo....Su trabajo científico opera de la misma manera. Discuten en común experimentos y deciden cómo debe interpretarse lo que han visto. Cuando ellos resuelven una de sus esporádicas diferencias de opinión, entonces queda -al contrario que en la mayoría de los equipos de investigación-ventajosamente, en familia». Su opinión de la investigación científica, del trabajo y de la vida, se han recogido en una serie de discos bajo el título THIS I BELIEVE, «EN LO QUE YO CREO». En algún lugar se dice: «La honradez, que la mayoría de las veces alimenta la integridad intelectual, el valor y la amabilidad, son virtudes que siempre he admirado, aunque en el transcurso del tiempo se ha trasladado un poco el énfasis, y hoy día me parece la amabilidad más importante que en mi juventud. El amor al trabajo y la dedicación a él me parecen la base para ser feliz. Para un investigador, las ocasiones inolvidables de su vida son aquellos raros momentos, que llegan tras años de agotador trabajo arrastrándose hacia ellos, cuando se levanta de repente el velo sobre el secreto de la naturaleza y cuando lo que era oscuro y caótico, aparece en clara luz y con bella estructura». No deja de ser interesante señalar que en aquel año 1947, y a la misma universidad en San Luis, llegó la italiana Rita Levi-Montalcini, quien 39 años después, en 1986, recibiera también el premio Nobel por sus trabajos -como luego veremos-sobre los factores de crecimiento de los nervios. Poco después, Dorothy Crowfoot, egipcia por nacimiento, aplicó en Cambridge la difracción de rayos X al conocimiento de sustancias de interés biomédico, en particular de la insulina y de la vitamina B12. Cuenta ella misma que su afición a la química, e incluso a los cristales, surgió de las enseñanzas en la propia escuela; lo hacía de esta manera: «Ya en la escuela primaria aprendí a hacer crecer cristales y lo encontraba una Angel Martín Munido ocupación fascinante. Más tarde, en la escuela superior tuve un profesor de química muy bueno, y, dado que en esa escuela no se enseñaba ninguna otra asignatura de ciencias, no había realmente ninguna competencia y me decidí rápidamente a ser química. Cuando tenía quince o dieciseis años, ratifiqué a mi madre mi decisión, por la que me regaló el libro de William Bragg con sus conferencias de Navidad para niños titulado SO-BRE LAS COSAS DE LA NATURALEZA». Allí describía Bragg cómo a través de la difracción de los rayos X puede ser explicada la estructura de los cristales y aseguraba que mediante esto podrían verse los átomos. Y, al leerlo, Dorothy se preguntaba ¿de qué moléculas me gustaría más contemplar los átomos?. Su propia contestación era que la de las moléculas más importantes para la vida. Actitud que nos obliga a repensar en la importancia de la escuela y en la grandeza del papel de los maestros, desde los primeros años, en la formación de los niños y los jóvenes. Entre 1928 y 1932 realizó sus estudios de Química en Oxford; algo poco frecuente en aquella época, en que, entre todos los colegios de la universidad, solamente había cinco mujeres estudiantes de química. En Cambridge colaboró con el gran cristalógrafo Bernal en el famoso laboratorio Cavendish. Allí, uno de sus compañeros de trabajo fue Perutz, premio Nobel de Química 1962, quién, a la muerte de Dorothy, hace un año, escribió: «Dorothy Crowfoot, una imaginación brillante y una voluntad de hierro en busca del triunfo. Irradiaba amor, amor a la ciencia, a su familia, a sus amigos, a sus estudiantes....y a sus cristales». En 1964 recibió el Premio Nobel de Química, la tercera vez concedido a una mujer, por su contribución al esclarecimiento de las estructuras de interés biológico, utilizando la difracción de rayos X. Culta y afable profesora de química, cuyo intenso compromiso con la ciencia nunca fue incompatible con su responsabilidad familiar. Casó con el historiador africanista Thomas Hodgkin, con quien tuvo tres hijos: la hija es historiadora, y los dos hijos, uno botánico y otro matemático. Ambas dedicaciones, a la familia y a la ciencia, pudieron, incluso, ser compartidas con su cooperación a movimientos por la paz y el Tercer Mundo. Durante varias décadas, la esposa, madre y científica, se comprometió sociopolíticamente con el movimiento mundial de científicos contra el desarme nuclear. Murió el año pasado, como acabo de decir, octogenaria, dedicada a la naturaleza y a la arqueología; y, según su confesión con la televisión y la tostadora como únicas concesiones al confort de la vida moderna. Este tipo de análisis de las estructuras químicas participantes de los fenómenos biológicos iba a permitir penetrar en el esclarecimiento de uno de los paradigmas fundamentales de la biología: la relación estructura-Mujeres en la Ciencia función. Sin embargo, los secretos de la función de las moléculas aguardaban nuevos desarrollos metodológicos; uno de estos fue el de la dosificación de las hormonas. Por ello, por los procedimientos radioinmunológicos de análisis, utilizados hoy en todos los laboratorios del mundo, la neoyorquina Rosalind Yalow recibió su galardón Nobel de Medicina, en 1977. Entrando un poquito en el terreno científico, comentemos que, por aquella época, algunas hormonas comenzaban a considerarse como factores de crecimiento, al estilo del factor de crecimiento nervioso que había descubierto Rita Levi. Hormonas y factores de crecimiento que actúan como señales extracelulares que luego se transducen mediante mecanismos singularísimos de interacción entre proteínas hasta llegar a gobernar multitud de efectos finales en las células; entre otros, los efectos sobre el crecimiento celular, la malignidad, las metástasis, etc. Pues bien, Rita Levi, hija de un acaudalado ingeniero de Turin, bella mujer judía, de gran elegancia y maneras altivas, hizo sus principales aportaciones a este descubrimiento en 1951 y, a pesar de todo ello, fue premiada con gran retraso, 35 años después, en 1986. Su falta de vocación para someterse al tradicional papel de esposa y madre lo relata así: «con veinte años me decidí por fin a decirle a mi padre que no tenía ninguna gana de ser esposa y madre, sino que prefería estudiar medicina. Mi niñera acababa de morir de cáncer, y un año más tarde murió también mi padre de un ataque al corazón. Eso me llevó inevitablemente a la medicina». Posiblemente, sus notables recursos económicos y sus muy agraciadas condiciones físicas, unidos a un extraordinario vigor intelectual, pudieron ser causa, más o menos parcial, de otra importante declaración: «Nunca me he sentido discriminada como mujer en ciencia, aunque muchas mujeres sí hablan de ello. Por el contrario, yo siempre he sido bien acogida por mis colegas masculinos. La comunidad científica me ha aceptado como un hombre. Como mujer, no he tenido problema de ninguna clase». A pesar de su decisión personal, a las jóvenes que intenten seguir la carrera de la ciencia aconseja: «no temas jamás a nada, tampoco al futuro. Cuando hagas algo, hazlo del todo y no a la mitad y además piensa bien con quién quieres compartir tu vida. Entonces conseguirás, si así lo quieres, ¡ser esposa, madre y científica a la vez! En una bonita autobiografía de Rita Levi, «EL ELOGIO DE LA IM-PERFECCIÓN», que he mencionado hace unos momentos, describe la imperfección como corolario del comportamiento del hombre: ¿podemos regocijarnos de pertenecer a esta especie expuesta a las trágicas consecuencias del predominio de lo emotivo sobre lo cognitivo en la guía de nuestra con-Angel Martin Munido ductal» Párrafo que muestra la preocupación filosófica y religiosa de su aventura personal y científica, y de la vida en general; imperfección que otorga a cada uno sus oportunidades y sus riesgos, sus alegrías y sus sufrimientos. Admiradora de Cajal y de El Greco, cuando ya la ciencia rebosaba de las ideas promovidas por sus antiguos resultados, obtuvo el premio Nobel en 1986, tres años después del concedido a otro gran descubrimiento: el de cómo el cambio de lugar de los genes en los cromosomas puede alterar su función. Fue el descubrimiento de otra mujer. Barbara McClintock, cuyas sorprendentes observaciones y consecuencias, alrededor de 1950, se anticiparon a lo que su tiempo podía admitir. Algo así como lo que sucedió a Mendel, cuando al no encontrar el debido reconocimiento a la constancia de sus trabajos, en el jardín de su abadía, entre guisantes y vellosillas, afirmó: «mi tiempo está por llegar». Al igual que sucedió a Rita Levi, el premio llegó a Barbara, a sus 81 años, 33 años después de sus trabajos fundamentales. Espera que no sólo afectó a la concesión del gran premio; tuvo que aguardar décadas a alcanzar una posición profesional de cierta relevancia y a que los resultados fueran no ya admitidos, sino tan sólo dejados de ser ridiculizados por sus propios colegas. Sí que también es cierto, que Barbara era una mujer especial; estas son algunas de sus opiniones: «Me acuerdo de que me sentí emocionalmente atraída por algunos hombres, pero eran artistas en uno u otro sentido, no científicos,,,,Esas relaciones no se hubieran mantenido, ninguna de ellas. Simplemente, no existía la fuerte necesidad de una relación personal con nadie,.,,Nunca pude entender el matrimonio. Aún hoy no lo entiendo. Nunca tuve la sensación de necesitarlo». Y, efectivamente, practicó estas opiniones; nunca cultivó sus atributos femeninos, renunció siempre a relaciones superficiales y a cualquier tipo de actividades que no fueran las del estudio. Y no cabe duda que estas las cultivó con esmero, hasta tal punto que uno de sus biógrafos y compañeros ha dicho de ella: «He conocido a una gran cantidad de científicos; pero el único genio de verdad entre todos ellos, era Barbara Mc-Clintok». Si es cierto que Barbara fue singular en su actitud como mujer, no es menos cierto que sus trabajos, durante las décadas de los 20 y los 30, cuando los resultados eran convencionales, fueron generalmente admitidos por la comunidad científica. Sin embargo, cesó el éxito científico cuando los resultados comenzaron a estar en desacuerdo con la tradición y en disonancia con los conocimientos genéticos precedentes. Sucedía, pues, que los resultados experimentales de Barbara no se ajustaban en absoluto con las leyes de Mendel; la presencia de numerosas manchas de colores diversos sobre los granos de maíz y la diversidad de sus formas. Mujeres en la Ciencia variables en las sucesivas generaciones, se atribuyó a la inestabilidad de los genes implicados en la síntesis de los pigmentos. Tras cuidadosos y largos experimentos responsabilizó del fenómeno a un pequeño fragmento del cromosoma 9, capaz de trasladarse desde su localización original a otra próxima al gen responsable de la formación del pigmento. Así fue el descubrimiento de estos elementos controladores que alteran la función de los genes vecinos; pero -como ya he señalado anteriormente-,y como ocurre de vez en cuando en la historia de la ciencia, estos descubrimientos y, seguramente, su mismo entorno sociocientífico, iban por delante de lo que eran capaces de admitir los paradigmas científicos del momento. Y al igual que en otros trances de la ciencia, la lenta maduración de la herejía dejó paso a la aceptación del fenómeno de la transposición de genes y a su interpretación en términos moleculares. Tuvieron que llegar, varias décadas después, algunos hechos experimentales de la importancia de la transferencia de la resistencia bacteriana a los antibióticos, la transposición de oncogenes de un cromosoma a otro en ciertas formas de cáncer, los mecanismos de acción de los virus tumorales, etc. para que, en su interpretación, se hiciera imprescindible acudir a los viejos descubrimientos de Barbara McClintock. Angel Martín Munido gota, herpes, leucemia, etc. Compartió el premio con su colega George H.Hitchings, de 83 años, director, en sus comienzos, de los trabajos de Gertrude, en la compañía farmacéutica Wellcome; por cierto, que la dirección de los laboratorios desaconsejó la contratación de Gertrude porque iba demasiado bien vestida. Ocurre, sin embargo, con relativa frecuencia, al menos en los campos de la ciencia experimental, que entre las aportaciones científicas de los premiados y las de algunos otros no premiados existe una sutil línea de separación. Han sucedido, incluso, reclamaciones judiciales en diversas ocasiones. Situación que si, en efecto, ha perjudicado a los varones, con mayor frecuencia lo ha sido a las mujeres; y ello ha dado lugar a un notable número de historias paralelas de mujeres marginadas de la gloria por el simple hecho de ser mujeres. Son los casos de la serbia Mueva Marie, al lado de Einstein; Lisa Meitner, al lado de Otto Hahn; la china Chien-Shiung Wu, al lado de sus compatriotas Lee y Yang; Rosalind Franklin, al lado de Watson, descubridor de la doble hélice del DNA; Jocelyn Bell Burnell, al lado del Premio Nobel de Fisica 1974 Anthony Hewish; M.Grunberg-Manago, actual presidenta de la Academia de Ciencias de Francia, al lado de Ochoa. Evidentemente, no todos los casos, ni todas las situaciones fueron semejantes; pero, como idea general, en una biografía colectiva de estas mujeres se dice: «En el negocio de la ciencia domina una fuerte competencia, por lo que frecuentemente la arrogancia mostrada por los hombres tiene más éxito que la modestia y la timidez que muchas mujeres practican desde pequeñas. La capacidad de presentarse a sí mismas se encuentra poco desarrollada en casi todas las mujeres, sin que las científicas representen una excepción». ¿Qué ha pasado en las últimas décadas en el acceso de las mujeres al cultivo superior de la ciencia? ¿cómo ha ido cambiando esta participación? En el último cuarto de siglo ha aumentado de forma significativa la participación de la mujer en la educación superior y en la ciencia. Las estadísticas de los Estados Unidos señalan la presencia de un 49% de mujeres del total de licenciados en 1970, llegando en 1980 a alcanzar la paridad con los varones; en la década de los 70 se duplicó el número de graduadas en ciencias de la computación, y se triplicó el de las que lograron graduarse en ingeniería. Por lo que se reñere a las materias objeto del doctorado, las mujeres suponen el 40% del total en ciencias biológicas, el 35% de los doctorados en química, y sólo el 10% en física. Hombres y mujeres acuden por igual a las instituciones más prestigiosas para realizar hoy los estudios e investigaciones doctorales. En Inglaterra, en 1978, las mujeres representaban el 2% del total de profesionales de la ciencia, la ingeniería y la tecnología; porcentaje que se elevó al 5% en 1988. El Comité de «Las Mujeres en Ciencia y Tecnología» del Reino Unido señala que, en el bienio 1990/91, aunque las mujeres representan el 23.7 del profesorado, solamente el 1.1% han accedido a sus máximos niveles. Un informe de la National Science Foundation da la cifra total de 151.400 varones que enseñan ciencias en las universidades americanas, frente a 34.900 de mujeres -un 26% de aquellos-; a la vez, un 68% de los varones tienen contratos definitivos, en tanto que solamente los poseen un 36% de las mujeres. En 1992, la situación de las mujeres en la ciencia sigue siendo compleja, pero sometida a un rápido cambio. En muchos campos se está difuminando la antigua discriminación frontal y se aprecia un claro aumento del número de mujeres que entran en el terreno de la investigación científica; sin embargo, parecen existir ciertos hechos singulares en algunos de los campos de la ciencia. Así, por ejemplo, en las neurociencias, la discriminación basada en el sexo ha desaparecido fundamentalmente, aunque ha sido reemplazada por obstáculos invisibles; en matemáticas, persisten las ideas sexistas y las mujeres se sienten aisladas y combatidas; la química se mueve entre ambos extremos. Además de este avance, todo lo lento y desesperante que queramos, pero avance, a fin de cuentas, en las posiciones científicas individuales de las mujeres, hay que hacer notar la extraordinaria influencia colectiva de la mujer en la toma de decisiones globales. Buena muestra de ello ha sido recientemente la respuesta dada por mujeres de 70 países, reunidas en una «Asamblea Mundial de la Mujer y el Medio Ambiente», para intercambiar experiencias acerca de la lucha contra la degradación ambiental. Asamblea celebrada en Miami, del 4 al 8 de noviembre de 1991, organizada conjuntamente por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la organización internacional no gubernamental «WorldWIDE» (World Women in Defense of the Environment), cuyo objetivo es fomentar el papel de las mujeres en la gestión del medio ambiente. En dicha reunión se «fijaron criterios sobre la forma en que hombres y mujeres podían aunar esfuerzos para contribuir de manera concreta a la solución de los problemas ambientales en los planos nacional, regional y mundial». Dos grandes proyectos, entre los más de 200 presentados en la Asamblea, son ejemplo de las grandes posibilidades de esta actuación colectiva. Uno de ellos ha corregido en el estado de Andhra, en la India, la degradación de las tierras productivas, con la erosión de la capa vegetal superior, la obstrucción de los sistemas de avenamiento de las aguas, el aumento de la salinidad, la pérdida de cultivos de alimentos, y, lógicamente, la agravación del desempleo rural. En el otro, consistió en la disminución de las emanaciones de plomo y cadmio procedentes de una central metalúrgica en Brasil, con la consiguiente contaminación de aguas y los peligros de intoxicación cerebral y renal.
En cualquier proceso histórico se dan franjas temporales o sectores particulares más propensos al olvido, inconsciente o deliberado, de tal manera que aparecen sumergidos, sin brillo y sin prestancia, en las simas de la injusticia social correspondiente. Tal ocurre con los lustros, cuatro o seis ¡igual da!, siguientes a nuestra Guerra Civil, que, aun cuando ofrezcan un telón y unos trasfondos oscuros, no por ello dejaron de existir en el escenario científico de España actores que continúan siendo acreedores de reconocimiento social. En varias ocasiones he proclamado la falta de este reconocimiento hacia las gentes de la ciencia de aquellos años, e, indudablemente, es este un magnífico momento para repetirlo en su globalidad y en el ejemplo de Arturo Duperier. Ejemplo que nos ofrece, ciertamente, esos telones oscuros de la época, pero que sirven también para que sobre ellos quizá se dibuje mejor la gran figura física y espiritual de nuestro recordado maestro. Ejemplo de quien supo lo que es gozar de las mieles del trabajo organizado, la consideración social y el éxito científico en el extranjero. Ejemplo de quien, al cabo de quince años, en un retorno en el vacío, con menos salud, pero, con mucha fe, y repleto aún de entusiasmo y amor a España, deseoso de incorporarse a su reconstrucción científica, lo cambia todo ello por la inseguridad de sus posibilidades profesionales e investigadoras, por la escasez de sus asignaciones económicas, pero, también, por media docena de amigos fieles, de la boca de algunos de los cuales he podido conocer algún detalle adicional ¡qué ya es decir! a los que figuran en la documentada biografía de Bru y González de Posada. En esta sesión de clausura del simposio internacional, en el que han sido resaltados los hechos científicos más importantes de la obra de Arturo Duperier, me queda a mí -que no tuve la oportunidad de conocerlo- glosar algunos de sus rasgos humanos, recordar algunos textos de los que ese puñado de amigos escribió acerca de él, y, sobre todo, como representante de la Real Academia de Ciencias, poner en estas palabras el sentido de una imaginaria realidad, a modo de contestación a un discurso nunca concluido del profesor Duperier en su posesión de miembro numerario de la Institución. Estoy absolutamente convencido de que él, en este discurso, se sentiría vinculado y agradecido a todos aquellos que le sirvieron de ejemplo con sus personas y sus obras. Y a mi me gustaría, en este rato, entablar un diálogo entre saberes distintos, entre diferentes generaciones, entre vivos y muertos. Un diálogo que no sólo nos transmita la memoria del pasado, sino que desde ella nos pueda servir para organizar el porvenir. Tuvo Arturo Duperier en su niñez y adolescencia un entorno familiar admirable, colmatado de honestidad castellana, con la suficiente y sin exceso holgura económica, y con el ambiente de cultura, educación y trabajo que podía respirarse en el entorno de una vivienda lindante con la escuela y la rebotica, que regentaban su madre y su padre respectivamente. Tampoco tuvo que ser ajeno a la formación del joven Duperier sus estudios de bachillerato en los Institutos de Segunda Enseñanza de Avila y del Cardenal Cisneros en Madrid. Institutos, y su magnífico cuerpo docente, excelentes durante muchas décadas, a los que tantos debemos las semillas de nuestra formación posterior. Simultaneó después las licenciaturas en Ciencias Químicas y en Ciencias Físicas, en la Universidad Central, que culminó en 1919. Y no era fácil en la Universidad de la época que un joven estudiante se topase con tres figuras al estilo de Cabrera, Palacios y Martínez Risco, que iniciaban la apertura europea de la física; especializándose Cabrera con Weiss, en Zurich, sobre magnetismo; Palacios en Holanda con Kamerlingh Onnes sobre bajas temperaturas; y Risco, también en Holanda, con Zeeman sobre óptica. De esta forma, el bilicenciado Duperier habría de enfrentarse, en 1919, con sus proyectos profesionales ulteriores. Y su visión certera le encaminó, como a los mejores, hacia don Blas Cabrera, director del Laboratorio de Investigaciones Físicas, creado hacía una década por la Junta para Ampliación de Estudios. En el Laboratorio de Investigaciones Físicas realizó su Tesis Doctoral sobre «Estudio termomagnético del agua», incorporado al equipo de Cabrera que trabajaba sobre «Magnetismo», uno de los temas centrales de su escuela, y que fue leída en junio de 1924. Y con Cabrera aparece Duperier, en la década de los 20, firmando una se-Arturo Duperier rie de trabajos «Acerca de las propiedades magnéticas de las tierras raras» que se publicaron, sobre todo, en los Anales de la Sociedad Española de Física y Química, fundada en 1903 bajo la presidencia de don José Echegaray, y de la que Cabrera fue socio fundador. El primero de los trabajos en el que Duperier aparece como único firmante, titulado «Nuevo estudio sobre las propiedades magnéticas de las tierras raras», en los Anales de Física y Química, en 1929, comienza: «En un trabajo recientemente publicado, realizado en colaboración con el profesor Cabrera, bajo cuya dirección vengo dedicado a estos estudios, hicimos ver ». En uno de los ejemplares de esta primera publicación, que se conserva en el archivo Cabrera de Lanzarote, se puede leer la dedicatoria «A mi queridísimo maestro, D.Blas Cabrera, filialmente. Y es que Duperier, como inmediato colaborador y amigo de Cabrera, contribuyó a forzar ese punto de inflexión en la historia de la ciencia española, en su segunda aproximación a la ciencia europea. Y juntos tienen también que aparecer en nuestro reconocimiento y recuerdo. Se dice muchas veces que la verdad es hija del tiempo, y hasta Cervantes asegura que los tiempos mudan las cosas. Pero, ni las cosas, ni mucho menos las verdades, pueden mudar con el tiempo. Lo que sí ocurre es que la distancia hace menos imperfecta y más global la contemplación de los objetos; desde las nuevas coordenadas se aprecia mejor lo que de permanente y de continuo hay en la naturaleza de los hombres. Continuidad que une el saber de las generaciones pasadas con el de las presentes. Y esa es la función perfeccionadora del tiempo al conservar pertinazmente los recuerdos. Yo, que, por razón de ese tiempo, no pude conocer a don Blas Cabrera, y por razón del espacio-tiempo tampoco pude hacerlo a Arturo Duperier, he tenido que acudir a estrujar las fuentes originales y críticas de la historia para poder concluir, tan objetiva como inequívocamente, que ambos estuvieron en la punta de lanza de ese segundo intento de aproximación de nuestra ciencia a la ciencia europea en el ecuador de la primera mitad de nuestro siglo. Yo que, a medio siglo de distancia, ocupo la presidencia de la misma Academia de Ciencias en la que Cabrera ingresó en 1910 y años después presidió, y a la que Duperier fue elegido al final de su vida, quiero, en este acto, rendirles a ambos un recuerdo afectivo que se fusione con el sentimiento añorante de sus últimos años.»¡Qué no falte la gratitud con que las nuevas generaciones aceptamos aquel ofrecimiento de Cabrera, el 4 de marzo de 1923, ante S.M.el Rey D.Alfonso XIII: Espero que al final de vuestra vida, que será también el de mi generación, la España científica que hoy apenas encontráis en embrión, haya llegado al lugar que tiene el inexcusable deber de ocupar!». Para valorar el mérito de esta aproximación hay que subrayar el enorme contraste entre la brillante situación de la física europea en la transición hacia el siglo XX y la pobre presencia española en todos sus campos. Ello dará la justa medida del gran esfuerzo de Blas Cabrera y de sus colaboradores para iniciar la incorporación de España a la creación científica de la física. A este contraste y a las pobres condiciones de la investigación física española se referiría Cabrera en muchas ocasiones. En una de ellas, con motivo de su ingreso en la Academia Española, en enero de 1936, puntualizaba: «Es necesario llegar a los primeros años del siglo actual para que se reemprendiera el camino iniciado por los coetáneos de Carlos III, precisamente gracias a la obra que comenzaron los hombres beneméritos que presidió Cajal. Pertenezco yo -continuaba Cabrera-a la última generación que se encontró huérfana de una tradición que le orientara por camino real en los años más difíciles para las grandes resoluciones que pueden guiar toda una vida y por ello mismo expuesta a la pérdida de las ventajas que por compensación se ofrecen a la actividad por la frescura imaginativa que sugiere métodos ricos en frutos para la propia labor. Por mi suerte, tuve en cambio las ventajas derivadas de la acción directa de Ramón y Cajal». Arturo Duperier den profesional, desde 1920, era Auxiliar de Meteorología; y, en 1933, lograría la cátedra de Geofísica de la Universidad Central. Sobre sus calidades docentes ha escrito el profesor Moran: «No menos que investigador era Duperier maestro de la Física, por felicísimas dotes naturales y por apasionada vocación. Ya de estudiante aleccionaba gratuitamente a sus condiscípulos, y así, a la vez que él, ingresaron en el Servicio Meteorológico varios compañeros suyos, a quienes él había preparado gratis para las oposiciones. Es incalculable lo que debemos a Duperier los que tuvimos la suerte de poder acudir a él en nuestras dudas de principiantes, pues él prodigaba sus enseñanzas y consejos con ilimitada generosidad. Adivinaba con admirable instinto los puntos oscuros que eran causa de nuestra confusión, y los dejaba inmediatamente aclarados. Pero aún más importante para nuestra formación que lo que Arturo nos enseñaba concretamente, era lo que nos sugería e inspiraba. La Física, explicada por él, resultaba asombrosamente fácil, y sobre todo maravillosamente hermosa. Aquel dominio consumado de todas sus partes y aquel entusiasta amor a ella que se traslucía en sus palabras, tenía la virtud de fertilizar la mente y de elevar el espíritu. Acaso sea siempre de esta naturaleza el influjo de los grandes hombres». Y, después de un viaje de estudios por Alemania en el verano de 1934, comenzaría en España sus investigaciones sobre la radiación cósmica. Los primeros resultados obtenidos por Duperier fueron publicados por el Observatorio Meteorológico en 1937. Este ha sido el tema central de esta reunión y huelga cualquier comentario técnico por mi parte. Sí debo insistir en como, en 1939, el conocimiento preciso de las variaciones de intensidad de los rayos cósmicos al nivel del mar en el transcurso del tiempo era considerado de importancia fundamental en el campo de la investigación de la radiación cósmica. Los intentos realizados hasta entonces en Austria, Alemania y los Estados Unidos no habían podido determinar claramente las causas de estas complejas variaciones, y, en tales circunstancias el Departamento de Física de la Universidad de Manchester, interesado particularmente en la cuestión, invitó a Duperier a emprender un nuevo estudio. Dirigía el Departamento el profesor P.M.S.Blackett, la primera autoridad de Inglaterra en rayos cósmicos. El estudio propuesto por Duperier sobre una nueva técnica experimental más adecuada al género de investigación que se pretendía comenzó en junio de 1939, y fue continuada después en la Universidad de Londres. Por el método propuesto por Duperier, y con ayuda de nuevos procedimientos para el análisis de los resultados experimentales, fue precisando y descubriendo toda una serie de efectos atmosféricos que, además de permi-tir la explicación satisfactoria de buena parte de las variaciones de intensidad, sirvieron para fijar el lugar de origen de la componente mesónica y confirmar con ello ciertas predicciones teóricas sobre los procesos de interacción de los rayos cósmicos primarios con la materia. Asimismo, pudo Duperier precisar el grado de asociación de la intensidad con los fenómenos de actividad solar y descubrir una relación insospechada entre la amplitud de la oscilación diurna de la radiación y el tipo de actividad geomagnètica que se conviene en referir a las denominadas regiones «M» del Sol, y que atribuyó a una helioemisión continua de rayos cósmicos. La mayor parte de los resultados experimentales fueron publicados en «Nature». Quince años duró la etapa británica de Duperier. La repercusión científica de sus trabajos fue creciendo a la par que las distinciones e invitaciones a participar en congresos y reuniones, e, incluso, a dirigir nuevos centros de investigación, observatorios geofísicos, etc. Durante todos estos años no dejó de sentir la presencia de España y de sus avatares científicos. Testigo muy excepcional de ello fue el corresponsal de ABC en Inglaterra durante aquellos años. Durante los días pasados me contó el marqués de Luca de Tena los detalles de su relación con Duperier, aparecidos algunos de ellos en su libro «Franco sí.... pero...». Cuenta Luca de Tena que el poeta Leopoldo Panero era en aquel tiempo adjunto a la dirección del Instituto de España, con quien, y con su mujer Feli, hizo gran amistad. «Y fue gracias a este matrimonio -señala Luca de Tena-que tuve conocimiento de la presencia en Londres, como exiliado, de un gran sabio español: Arturo Duperier, catedrático de Astrofísica, o de algo muy semejante en la Universidad Central, quien acababa de descubrir un sistema para medir el sutil bombardeo a que era sometida la Tierra por los rayos cósmicos. Por mediación de los Panero fui a visitarle a sus instalaciones de la Universidad, y quedé cautivado por su modestia, sabiduría, y hombría de bien. Deseaba escribir un artículo sobre él, con harto escepticismo por cierto, porque tratándose de una crónica elogiosa para un exiliado lo más probable es que la censura de prensa me lo tachara. Mas encontré un resquicio para tentar fortuna. La esposa y la cuñada del sabio acababan de viajar a España, a la España proscrita, a la España de Franco....y habían regresado enternecidas y entusiasmadas. Las restricciones alimenticias en España, aún siendo muchas, eran menores que las del Londres de la posguerra. Nuestra conflagración civil estaba más alejada que la mundial de los ingleses; y en nuestra patria, aunque persistían las huellas del conflicto, se apreciaba una lenta pero evidente recuperación. El contar en mi arti- «Imagínese -me dijo el sabio profesor-que mi mujer pretende que regrese a España. Tengo entendido -le dije-que quien no tiene manchadas las manos de sangre no tiene nada que temer. De otra parte usted nunca se ha metido en política. Yo creo que podría regresar con toda libertad». «No -me respondió, muy afectado, Duperier-. Porque he sido destituido de mi cátedra. Y fuera de la universidad, no tendría de qué vivir». «Pensé para mis adentros -se decía Luca de Tena-que el problema no era insoluble y, sin perder tiempo, pedí hora al embajador, quien se mostró, más que interesado, excitado, ante la posibilidad de recuperar para España a una eminencia de la talla de este hombre. Lo que yo pretendía era que el embajador consultase a Madrid si era dable concederle un visado para viajar a España aunque fuese provisionalmente, con billete de ida y vuelta, como quien dice. Y más tarde se le repusiese en su cátedra...... «¿Por qué no escribes un artículo -me sugirió interrumpiéndome Domingo de las Barcenas, el embajador-elogiando sus méritos, alabando su hombría de bien Ahora fui yo quien le interrumpí. ¿Elogios a un exiliado, embajador? ¡Lo tacharía la censura! A lo que argüyó el embajador, tú escríbelo, y yo comunicaré a Madrid la conveniencia de que se publique. Y en cuanto a Duperier, dile que venga a verme, y le daré el visado». Tras lo cual, continuaba el diálogo en los siguientes términos: «Dudo que él quiera venir a esta casa, embajador. El es un exiliado de Franco y se sentiría humillado de mendigar nada en la embajada franquista...... «Tal vez tengas razón...lo mejor sería que nos viésemos en un lugar neutral. Invítale a comer, pero....por favor, sin decirle que me has invitado a mí también». «Desde la propia embajada telefoneé a Duperier -continúa el relato de Luca de Tena-para que me recibiese de inmediato. Le aseguré con cierta audacia, pues no estaba cien por cien seguro de ello, que no habría trabas para que se le concediese pasaporte con su correspondiente visado. Y sin hacer caso a la petición del diplomático, le invité a una comida de hombres solos en mi casa advirtiéndole que también asistiría don Domingo de las Barcenas. No j)ude menos de reírme al oirle decir a Duperier: Estoy de acuerdo en reunirme en su casa con el embajador de Es-paña. Pero al invitarle preferiría que no le dijera que también me ha convocado a mí...¡Qué difícil me lo ponen ustedes! ¿Le parece bien el jueves? Y así fue cómo, sin saber el embajador que Duperier sabía que él iba a asistir a mi comida, y sin saber Duperier que el embajador sabía que él también asistiría, pero sabiendo ambos que uno y otro se encontrarían en mi casa, aceptaron la invitación. Parece un trabalenguas, cuando no era más que un trabamentes producido por unos recelos mutuos carentes de justificación. Dos hombres cultos, civilizados, y delicadamente atentos a no herir cada uno las susceptibilidades del otro, estaban condenados a entenderse. ¡Qué hábil estuvo el embajador!¡Qué despliegue de sagacidad y buen oficio diplomático el suyo! ¡Y qué dignidad la de Duperier! Y de la manera siguiente quedó relatada la trabajosa comida: «De las Barcenas sólo se interesó en conocer los estudios e investigaciones en que estaba atareado el profesor en las instalaciones que el Imperial College había puesto a su disposición, en el número de alumnos y técnicos que le ayudaban en sus pasmosos descubrimientos y en la importancia de los mismos. Se diría que el diplomático estudió astrofísica los últimos días sólo para mantenerse a una altura digna de su contertulio. A los postres el embajador se interesó por la familia del sabio, se mostró sinceramente apenado a causa de la separación impuesta por los avatares políticos a miembros de una misma sangre, contó algunas anécdotas emotivas y agudísimas al respecto, y al enterarse de que la madre de Duperier moraba en Madrid y que no se veían desde ocho años antes, parpadeó repetidas veces y se brindó a arreglar, sin que el profesor se lo pidiera, lo que fuese necesario para que pudiese ir a verla». De aquellos mismos días, o semanas, fue también la crónica que apareció en ABC el 8 de abril de 1947 y que supuso una de las primeras apariciones de Duperier en los medios populares de comunicación. Así eran algunos fragmentos de la crónica: «En una estrecha galería del Imperial College de Londres, el profesor español Arturo Duperier ha instalado su laboratorio. Cables eléctricos, tubos de cristal, láminas de cobrewolframio y pilas amontonadas en ordenado desorden por el suelo, forman el escenario de este laboratorio, donde el visitante profano ha de hacer equilibrios para no tropezar ni rozar los artefactos mágicos que ponen en relación al hombre con los invisibles átomos del aire, de que hablaba Bécquer ignorante de la fuerza cósmica que encerraban. Y entre ellos formando parte del escenario, Duperier, como un viejo león rey de aquella selva ultramoderna: alto, ligeramente encorvado por el ejercicio Arturo Duperier ininterrumpido de la investigación, con una gran cabeza bombardeada de rayos cósmicos y erizada de larga pelambrera gris, ojos tristes, algo miopes y sorprendidos, pulcra y modestamente vestido, gestos blandos y corteses Sobre una de las mesas del laboratorio un sonido monótono tictac, toc-toc, como de un receptor morse, deja caer múltiples gotas de sonido. «Escuche usted -me dice el profesor-: esos son los rayos cósmicos bombardeando mi aparato». Este complicadísimo artefacto imaginaado rueda a rueda, tornillo a tornillo, reacción a reacción por el sabio español y construido por sur propias manos es uno de los inventos fundamentales de y para la investigación cósmica, recoge el número de rayos cósmicos que caen sobre una superficie determinada Y concluía, ni que decir tiene que en Londres es nuestro compatriota Duperier la primera autoridad en esta materia». Luca de Tena tomó parte activa en la conspiración londinense para el regreso a España de Duperier, también es cierto que en otra de sus crónicas periodísticas lo comentaba de esta manera: «Hace unos días, un grupo de norteamericanos de los que, según informé en una crónica anterior, viajan por España a la caza de sabios, ofrecieron al profesor Duperier la dirección de un Observatorio cósmico situado en el Perú. Duperier lo rechazó porque, cito textualmente, le alejaría demasiado de España y su mayor emoción sería traer sus aparatos a España y continuar allí sus investigaciones y formar un cuerpo de discípulos que continuaran después de él su obra de navegante por lo desconocido». En julio de 1951, tras cuatro años de dificultades y esperanzas, angustias y deseos, regresa Duperier a España, a Mallorca particularmente, según él mismo declara, para seguir una cura de descanso por consejo de los médicos y de acuerdo con las autoridades científicas de Inglaterra de las que vengo viviendo hace doce años. Y en carta que desde las Playas de Paguera dirige a su gran amigo Alejandro Familiar dice: «En Londres me enteraré de la dirección en Estados Unidos de Luca de Tena y le escribiré anunciándole mi ida a Madrid como le prometí hace unos años». En la misma carta, reflejo intenso de su carácter intimista, sueña más que piensa en su regreso definitivo a Madrid y en su próxima visita en el siguiente mes de octubre. Su gran preocupación era que nadie pudiera poner en duda su honradez; y en la misma carta alude a ello en su deseo -dice-de hacer diáfana mi actuación tanto científica como privada en el destierro. Y continúa más adelante: «Me interesa hacer lo posible para que mi honradez en todos los campos quede patente, puesto que es el único patrimonio que puedo legar a mi hija. Esto, en el mundo en que vivimos, sé que es bien poco, pero es lo único». No sé si sería lo único, pero sí puedo asegurar que no es bien poco. Lo único que él pudiera, a su vez, haber recibido de la maestra y el boticario del pueblo castellano; pero, también seguro, que él multiplicó evangélicamente los talentos de honradez recibidos. Piedra cada vez más preciosa por más rara, mas seguro que es ella la que a muchos nos congrega en esta ocasión. Al menos, mi recuerdo, indirecto ciertamente, de Arturo Duperier, de su rectitud y sabiduría, de su dignidad y nobleza, me ha llegado también a través de mis charlas con otra alma excelsa, la de su amigo y mio Florencio Bustinza, desaparecido hace diez años. Catedrático de la Facultad de Biología, iba Bustinza frecuentemente en su pequeño Volkswagen, desde su residencia en la calle de Villanueva, a recoger a Duperier al barrio de la Concepción, y trasladarse juntos a la Ciudad Universitaria, para que no tuviera que cansarse demasiado por los andurriales de los transportes del Madrid de los 50, una vez que tuvo lugar su regreso definitivo a España en 1953. De Bustinza escuché, hace ya un cuarto de siglo, mis primeras noticias del regreso y la personalidad de Duperier. Repuesto, con toda la carga histórica y política del prefijo, hubo algunas gentes que utilizaron el re para poner palos en la rueda; otras que intentaron aliviar la carga del regreso. Si un cortés soslayo nos ha hecho olvidar a las primeras, pecaríamos de injustos si no izásemos en este momento algunos nombres de las segundas, de los que promovieron el regreso y aliviaron su carga; tres nombres, entre ellos, muchas veces unidos en la historia de la época: Joaquín Ruiz Jiménez -felizmente presente ahora con nosotros-, Joaquín Pérez Villanueva y Pedro Lain Entralgo. Otros también, los que firmaron, el 27 de diciembre de 1957, la propuesta a su favor para cubrir una vacante en la Sección de Física y Química de la Real Academia de Ciencias; fueron los académicos don José Balta, don Julio Palacios y don José Antonio de Artigas. En el oficio de remisión a la secretaría general se lee: « tienen el honor de proponer al Catedrático de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid D. Arturo Duperier Valiosa, prestigiosa personalidad científica de renombre mundial, cuyo curriculum vitae se adjunta». Y en la amplia noticia necrológica que recoge el Anuario académico del año siguiente se señala literalmente que no sólo conquistó la admiración como físico, sino la alcanzada por la bondad y la rectitud de su carácter. Hubiera sido Duperier el titular de la medalla número 22; la misma que durante treinta años colgara del pecho de su maestro don Blas Cabrera; la misma para Arturo Duperier la que, hacía un par de años, había sido elegido su buen amigo don Miguel Catalán. Nadie puede modificar el curso de la historia, pero sí cada uno puede interpretarla de acuerdo con el tiempo y con su experiencia. Yo estoy seguro de que la Academia se siente honrada por los tres nombres, aunque de sus archivos estén ausentes los discursos de los dos discípulos. Y, aunque en la historia no haya pasados obligatorios, con su falta echamos de menos piezas valiosas de la tradición; pero también su falta nos da cuenta del tiempo en que ambos vivieron. En un reciente discurso académico de un joven escritor hay un párrafo que me viene muy bien para concluir mi contestación imaginaria pero real a un discurso ideal de recepción académica de Duperier. «Olvido es ingratitud, conformidad fácilmente maquillada de irreverencia. Agradecimiento es memoria y diálogo, y, por lo tanto, también disputa y refutación. El valor de nuestra rebeldía depende en gran parte de la talla de los modelos contra los que la ejecutamos. Jacob estuvo peleando toda la noche contra el Ángel en la oscuridad, y al amanecer no supo si lo había vencido o había sido derrotado por él». Me gusta pensar -y termino-que Duperier, que pasó su noche peleando, creyó siempre, hasta este momento, haber sido derrotado por el Angel. Y, ahora, con nuestro recuerdo y nuestro afecto, quizá le de por pensar que había vencido. Esto es lo que todos nosotros, al menos, así pensamos y creemos.
Su vida se acompasó con la misma historia de la ciencia española en unas cuantas décadas del comienzo de este siglo. Y para hacer de la tradición memoria venimos a la tierra que le vio nacer a pregonar lo que él supuso en la marcha cansina de nuestra ciencia; a evocar lo que él significó como punto de inflexión de la Física española; a exaltar lo que Cabrera representó en el avance de la ciencia hacia su confluencia con el humanismo y la cultura; a ejemplificar en él una de las actitudes más completas y múltiples de las que un hombre de ciencia puede mostrar, e incluso adelantándose un tanto a ese pregón más actual de la presencia de la ciencia en la sociedad. Para evitar, pues, que el recuerdo se difumine en la simple melancolía o, peor aún, se pierda en el silencio cómplice, que dé la razón al historiador cuando, al señalar la relación de los españoles con su historia, dice que sus hazañas han caído por falta de plumas para alabarlas. Para enriquecer la historia con nuestro recuerdo, aglutinados por el profesor González de Posada, hemos conmemorado este cincuentenario, aquí y allá, la Academia de la que formó parte, los discípulos, los amigos, las gentes de su tierra. Se dice muchas veces que la verdad es hija del tiempo, y hasta Cervantes asegura que los tiempos mudan las cosas. Pero, ni las cosas, ni mucho menos las verdades, pueden mudar con el tiempo. Lo que sí ocurre es que la distancia hace menos imperfecta y más global la contemplación de los objetos. Desde las nuevas coordenadas se aprecia mejor lo que de permanente y de continuo hay en la naturaleza de los hombres. Continuidad que une el saber de las generaciones pasadas con el de la presente; y esa es la función perfeccionadora del tiempo al conservar pertinazmente los recuerdos. Yo, que, por razón de ese tiempo, no pude conocer a Don Blas Cabrera he tenido que acudir a estrujar las fuentes originales de la historia para poder concluir, tan objetiva como inequívocamente, que él supuso la punta de lanza de ese segundo intento de incorporación de nuestra ciencia a la ciencia europea en el ecuador de la primera mitad de nuestro siglo. Yo que, a medio siglo de distancia, he ocupado la presidencia de la misma Academia de Ciencias que él dirigió, quiero izar, además, en este acto un recuerdo afectivo que se fusione con ese intenso sentimiento añorante de sus últimos años. ¡Que no falte la gratitud con que las nuevas generaciones aceptamos aquel ofrecimiento de Cabrera, el 4 de marzo de 1923, ante S.M. el Rey D.Alfonso XIII: «Espero que al final de vuestra vida, que será también el de mi generación, la España científica que hoy apenas encontráis en embrión, haya llegado al lugar que tiene el inexcusable deber de ocupar»! ¡Qué en la evocación del recuerdo científico de Cabrera tampoco falte la emoción de su ejemplaridad personal y del sacrificio de los últimos años de su vida! Acabo de calificar la actividad de Cabrera como de punto de inflexión en la historia de la ciencia española, en su segunda aproximación a la ciencia europea. En efecto, las gentes de la Ilustración llevaron a cabo la primera convergencia española hacia la ciencia mundial del XVIII; la primera presencia española en lo que hoy llamaríamos política científica. Ya en el ambiente ilustrado de la época existieron planteamientos tales como los de la participación política del gobierno en el desarrollo de la ciencia, las relaciones internacionales, el fomento de la industria, la transferencia de tecnología, la conexión investigación-industria, la participación de la iniciativa privada, la contratación de personal extranjero, las repercusiones económicas de la investigación, la atención al equipamiento instrumental, los temas prioritarios, etc. Situaciones todas ellas que, con los mismos nombres o bajo etiquetas más rimbombantes, como la infraestructura, los sistemas de I+D, etc., se siguen incorporando dos siglos después a nuestra sociología de la ciencia. Lo más importante es que bajo este ambiente fue cuando los españoles realizaron una de sus mejores aportaciones a la historia de la química y de la metalurgia: en 1783, los riojanos hermanos Juan José y Fausto Elhúyar descubrieron el elemento 75, el wolframio, en muestras de las minas de Sajonia; el madrileño Andrés Manuel del Río, graduado por Alcalá de Henares, descubrió, en 1801, el eritronio, elemento 23, más tarde rebautizado como vanadio; y, anteriormente, en 1736, Antonio de UUoa, como miembro de la expedición Blas Cabrera, las Academias y su Tiempo hispanofrancesa dirigida por La Condamine, descubrió el platino. Para situar el interés de estos acontecimientos convendrá situarlos en el contexto de los hechos de la ciencia europea. Así, los hermanos Elhúyar habían previamente estudiado en París, en la época de los descubrimientos de Lavoisier y Priestley sobre el oxigeno y la combustión; mientras ambos viajaban por los centros de investigación de Europa, Coulomb descubrió la electricidad, Scheele aisló el ácido cianhídrico, y Cavendish llevó a cabo la síntesis del agua; y mientras iniciaban su larga estancia americana tenía lugar la reforma de la nomenclatura de la química a manos de Lavoisier, Guyton de Morveau, Fourcroy y Berthollet. primera síntesis de una sustancia orgánica: la urea. En España, mientras tanto, transcurrió el trienio liberal (1820-1823), el absolutismo, y se ofrecía la perspectiva de las recurrentes Guerras Carlistas. El mismo año del compromiso de Vergara, 1839, Liebig diseñó la teoría de la fermentación y Boole la de la transformación analítica. De aquí a mediados del siglo. Joule (1842) estableció el principio de conservación de la energía y Wheatstone (1843) inventó el puente de su nombre; Bessel (1840) midió por primera vez la distancia de una estrella, y Faraday (1846) intuyó la naturaleza electromagnética de la luz. En estos mismos años, Comte publicó el Discurso sobre el espíritu positivo, y Marx y Engels lo hicieron del Manifiesto del partido comunista-, a la vez que, entre Washington y Baltimore se establecía la primera línea de telégrafos (1844) y se llevó a cabo la primera anestesia total (1846). En esta época se producen en España ligeros atisbos de una cierta estructuración en los campos de la instrucción pública, con el Plan Pidal de 1845 y, una docena de años después, la Ley Moyano que gobernó la educación de los españoles hasta bien entrado el presente siglo. En el año 1847 se refundo, en su versión actual, la Real Academia de Ciencias que heredaba, ciertamente con altibajos y cambios de nombre, la tradición fundacional de la Academia de Matemáticas de Madrid, creada por Felipe II a finales del siglo XVI (1582) y que tuvo por primer presidente al arquitecto Herrera. Toda una colección de eminentes personajes de la ciencia jalona el tercer cuarto del siglo XIX. Bunsen, descubridor del magnesio (1852); Riemann, instaurador del cálculo integral; Bernard (1855) y Pasteur (1857), fundadores de la fisiología de los seres vivos; Kekulé (1858), creador de la teoría de la valencia química, y Berthelot (1860), autor de la primera síntesis del acetileno; Solvay (1863), diseñador del procedimiento que lleva su nombre de fabricación de la sosa; Maxwell (1864), artífice de la teoría dinámica de los campos electromagnéticos; Mendel (1865), investigador de la hibridación de las plantas; Nobel (1866), descubridor de la dinamita; Mendeleiv (1869), organizador de los elementos químicos en el cuadro periódico de acuerdo con sus propiedades; Le Bel y Van't Hoff, forjadores de la estereoquímica y la química molecular; Boltzmann (1877), autor de la teoría cinética de los gases. Cuarto de siglo que, al lado de la publicación de El origen de las especies (1859) de Darwin, y de la Introducción al estudio de la medicina experimental de Claude Bernard, vio la aparición de Madame Bovary (1857) de Flaubert, de Humillados y Ofendidos (1861) de Dostoievski, de Los Miserables (1862) de Victor Hugo, de Guerra y Paz (1869) de Tolstoi, de Una temporada en el Infierno (1873) de Rimbaud. La historia se planta así, con es-Blas Cabrera, las Academias y su Tiempo tos antecedentes, en 1878, fecha en que, en Lanzarote, nació Don Blas Cabrera. A propósito de aquellas «andadas» quiero traer a colación unos párrafos pronunciados el 17 de abril de 1910 por Don José Echegaray, con motivo de la contestación académica en el ingreso de Don Blas Cabrera en la Real Academia de Ciencias. Decía de esta manera Echegaray, al glosar los momentos más hondamente grabados de la vida intelectual del nuevo académico: «Recuerdo a mi vez el momento, para mí solemne, ya bien lejano, en que esta Academia me abrió sus puertas, y recuerdo el discurso que en aquella ocasión leí ante vosotros: ante vosotros no, ante otros compañeros que ya pasaron. Y como veréis, este recuerdo es oportuno. Eran tiempos aquellos de inmensa agitación en España, porque acercábase el mes de septiembre de 1868 y se sentían los estremecimientos de la gran convulsión revolucionaria. Eran tiempos de lucha y de combate, y mi discurso, aunque había de ser puramente científico, de aquellos combates y de aquellas luchas hubo de resentirse: cuando tiembla el suelo, tiemblan los palacios y tiemblan las chozas. Afirmaba yo que, desde los árabes hasta el día, España, tan grande y tan fecunda en otras esferas, había sido estéril en lo que se refiere al orden de las matemáticas puras, sin que, para vergüenza y desesperación nuestra, pudiéramos contar en nuestra gloriosísima historia con un solo matemático de primer orden, corno si el cerebro de nuestra raza fuera impotente y obtuso para las altas lucubraciones de la ciencia de Newton, Descartes y Leibnitz. Naturalmente, yo atribuía esta desdicha a causas políticas, al absolutismo y ala intolerancia, y de este modo tomaba mi peroración notas batalladoras de entre aquéllas que ya vibraban en el aire. Naturalmente, repito, mi rotunda y cruel afirmación dio motivo a muchas protestas y a muchos artículos en los periódicos de críticos, que demostraban de este modo un patriotismo, siempre respetable y simpático; pero casi todos mostraban a la vez una ignorancia inexcusable y triste en la materia de que se trataba». Tomaba parte, ciertamente, Echegaray en la tan famosa como inútil polémica sobre la ciencia española. También Cabrera, como más adelante comentaremos, habría de tomar parte en ella, con argumentos semejantes a los de Echegaray. Bajo estas condiciones innegables, difícil habría de ser la penetración en España de las corrientes europeas del pensamiento, tan sólo favoreci-da por un incipiente triunfo de la libertad de expresión que, aún con gran retraso, lograba incorporar las realizaciones más características del pensamiento europeo decimonónico. Así, por ejemplo, solamente se dieron en España noticias indirectas de los grandes filósofos del idealismo germánico, Fichte, Schelling y Hegel. La primera versión del pensamiento de Fichte, los Principios fundamentales de la teoría de la ciencia, vio la luz en Zaragoza un siglo después de su inicial publicación; la Filosofía del derecho se conoció en España con un retraso de más de medio siglo sobre la fecha de su aparición; Schelling permaneció prácticamente ignorado. Y, en un intento de superar estos males, bajo la regencia de Espartero se encargó a Sanz del Río de contactar con los krausistas y extender luego en España sus doctrinas, plenas de austeridad y rigor ético y regidas por el predominio de la autonomía moral del individuo. Bajo estas normas había de nacer en 1876, la Institución libre de enseñanza, con el objeto de crear las condiciones necesarias para la realización del ideal krausista. Institución que tanto había de influir sobre nuestro ulterior desarrollo cultural y científico. A instancias, precisamente de la Institución libre de enseñanza, creó el Gobierno, en 1907, la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas con objeto de promover la investigación científica nacional. A los pocos años, en 1910, la Junta contó con el primer laboratorio de investigación física. Poco tiempo antes, en 1903, se había fundado la Sociedad Española de Física y Química, bajo la presidencia de Echegaray. Junta de Ampliación de Estudios y Sociedad de Física y Química que entroncan ya, en la primera década del siglo XX, con la entrada de Cabrera en la actividad científica de la física. Cuatro hechos enmarcan esta inicial presencia de Cabrera en la física española: El doctorado en Ciencias Físicas, en 1901, por la Universidad de Madrid; la participación, en 1903, como socio fundador, en la creación de la Sociedad Española de Física y Química; enseguida, en 1905, es Catedrático de Electricidad en la Universidad de Madrid; y, en 1910, el ingreso, ya aludido, en la Real Academia de Ciencias. Son los años en que tiene lugar la maduración de la física moderna. En los años finales del XIX, Rontgen descubrió los rayos X (1895) y Becquerel lo hizo de la radiactividad (1896); Zeemann describió el efecto del campo magnético sobre la luz (1896); los Curie, en 1898, descubrieron el polonio y el radio, y, en el último año del siglo, Rutherford lo hizo de los rayos alfa y beta. Y, entrando ya el presente siglo, Planck estableció la teoría de los «cuantos»; Einstein, en 1905, publicó su famoso artículo «Relatividad restringida, relación masa-energía»; Geiger concibió un detector de partículas; y Bohr y Rutherford propusieron un modelo para la estructura del átomo. Es importante subrayar el enorme contraste entre la brillante situación de la ciencia europea, y de la física en particular, cuando comienza el siglo XX, y la extraordinariamente pobre presencia española en todos los campos, más aún, quizá, en el de la física. Contraste que tiene que servir para valorar en su justa medida el gran y múltiple esfuerzo de Blas Cabrera para iniciar la incorporación de España a la creación científica de la física. A este contraste y a las pobres condiciones de la investigación física española se referiría Cabrera en muchas ocasiones. En una de ellas, con motivo de su ingreso en la Academia Española, en enero de 1936, puntualizaba: «Es necesario llegar a los primeros años del siglo actual para que se reemprendiera el camino iniciado por los coetáneos de Carlos III, precisamente gracias a la obra que comenzaron los hombres beneméritos que presidió Cajal. Pertenezco yo -continuaba Cabrera-a la última generación que se encontró huérfana de una tradición que le orientara por camino real en los años más difíciles para las grandes resoluciones que pueden guiar toda una vida y por ello mismo expuesta a la pérdida de las ventajas que por compensación se ofrecen a la actividad por la frescura imaginativa que sugiere métodos ricos en frutos para la propia labor. Por mi suerte, tuve en cambio las ventajas derivadas de la acción directa de Ramón y Cajal». Nada fácil, a todas luces, liderar este reemprender el camino; esta inicial incorporación que obligaba a estar presente en todo ese conjunto de variadas acciones simultáneas exigibles, entonces y ahora, para llevar a cabo la coordinación científica y administrativa, nacional e internacional, de la investigación. Cabrera tuvo que iniciar esta incorporación desde los más variados ángulos; desde la elección del tema objeto de su propia observación experimental, a la creación del equipo de trabajo y de la escuela investigadora con sus múltiples actividades de formación y de gestión; desde la estructuración temática y humana de nuevos centros de investigación física objeto de su dirección personal al ejercicio del gobierno administrativo de la investigación, a la confección de las publicaciones nacionales e internacionales y a las conexiones con los centros extranjeros; desde el ejercicio director de instituciones del más elevado prestigio nacional -Universidades, Academias, Sociedades científicas-a su presencia en destacados organismos y comisiones internacionales; desde las publicaciones científicas en revistas especializadas al ejercicio trascendental de la divulgación y la educación científicas. Si en la actualidad, con las indudables facilidades de todo tipo en el momento presente y con las ideas en marcha, son muy escasas las gentes de la ciencia capaces de abarcar con rigor todo este conjunto de actividades, tendremos que ren-Angel Martin Munido dirnos a la inteligencia, a la capacidad y al entusiasmo de nuestros predecesores, tal es el caso singular de Blas Cabrera, impulsores de ese segundo intento de convergencia científica europea. Cabrera protagonista principal de la transformación operada en la física española en las primeras décadas del siglo XX. No se le puede pedir más al hombre que intentó, quizá como ningún otro de su generación, que España llegase al lugar que tenía el inexcusable deber de ocupar. Fue, en su época, uno de los científicos que dieron el paso gigante del hablar de al trabajar sobre. Al margen de cualquier biografía pormenorizada, yo voy a situar fervorosamente a Cabrera en el espacio y en el tiempo con motivo de sus intervenciones académicas en la Española y en la Real de Ciencias, reflejo de la tenacidad con que se enfrentó a la naciente modernidad de nuestra ciencia. Lo voy a hacer amparándome en unas bellas imágenes de Emilio Lledó sobre el lenguaje: «La palabra es, para la existencia, el alimento de su maduración y el inagotable caudal de su libertad para pensar. No hay otra posibilidad de crecer interiormente sino en el universo especulativo del lenguaje ante cuya visión nos encontramos y nos reconocemos(...)Pero la palabra no sólo transmite la memoria y, por consiguiente, la memoria del pasado sino que, desde ella, se puede organizar el porvenir. Al ser el lenguaje la aportación definidora del ser humano, su cultivo y crítica nutre el principio sobre el que se funda también el desarrollo individual y, en consecuencia, su posible futuro». Y, siendo ello así, para recoger en su lenguaje la memoria y la experiencia personales de Cabrera, y, con él, exaltar su figura en esta conmemoración. Aprovechó Cabrera cuantas oportunidades se le ofrecieron para hacer historia de las etapas más brillantes de la ciencia española del pasado; para participar en la polémica sobre los motivos de nuestro atraso científico; para señalar la importancia del reintegro a nuestro país de los científicos que llevaron a cabo en el extranjero estancias para su especialización; para criticar los obstáculos administrativos a la gestión investigadora; para difundir los momentos más sobresalientes del pensamiento científico en la física y recoger los aspectos de la ciencia de mayor repercusión nacional; para subrayar la distinción entre los menesteres científicos y los políticos; para alabar las actitudes éticas en las publicaciones científicas. Hace unos momentos que quedó reseñada la toma de postura de Echegaray en la interpretación del retraso científico español; fiíe con motivo de su contestación al discurso de ingreso de Cabrera en la Academia de Ciencias. Un cuarto de siglo después, en el discurso de Cabrera, contestación al de ingreso de Moles, insistió en los mismos argumentos: «Muchos de nosotros vinimos a la vida consciente, en una época en que pasaba como evidente la incapacidad del español para la investigación científica; peregrina idea que no dudaron en sostener algunos preclaros hombres que por otros conceptos honran la cultura española. Era un modo fácil de explicar nuestra pobre contribución al progreso científico de Europa eri los últimos tres siglos, y, además, una manera cómoda de acallar las acusaciones de nuestra conciencia colectiva por la responsabilidad en que incurrimos al ser meros usuarios de las ventajas de la civilización. No faltaron contradictores a semejante tesis, y aunque inicialmente la fortuna no les acompañó, ha llegado el momento en que nadie osa sostenerla», Y en otra ocasión señaló: «Percibo con toda claridad que el interés de este momento radica en hacer propaganda de la Ciencia, contribuyendo a despertar el deseo de su estudio, tanto para la recluta de sus futuros elaboradores, como para la creación de un ambiente que haga posible su vida». Fueron palabras de Cabrera en la sesión inaugural del curso 1921-22 en la Real Academia de Ciencias. Eran palabras válidas en aquel segundo intento, para España y para la Física, de convergencia europea, que lidero Cabrera. Son palabras que continúan siendo válidas, para España y para la Ciencia, en nuestro tercer intento ¡y ojalá sea el último! de incorporación a la ciencia mundial. Son palabras a las que siguieron otras, igualmente servibles en nuestros días: «Gran número de los hombres que consumen su existencia en el laboratorio o gabinete de trabajo, haciendo avanzar lentamente las fronteras de nuestro conocimiento, son soldados de filas que contribuyen con su esfuerzo a la victoria de la Ciencia contra la Naturaleza, en la batalla librada para arrancarle sus secretos. Sea cual fuere la extensión del campo cubierta por la labor de cada uno, su esfuerzo es necesario para el buen éxito; y ciertamente será tanto más entusiasta, cuanto más clara noción tenga del valor de su contribución y más favorable el ambiente que le rodea. En España quizá sea hoy lo más urgente, crear este ambiente para dar mayor impulso al adelantamiento de la ciencia nacional, ya iniciado. Hacer obra útil para conquistar el respeto y la consideración del mundo sabio en medio de una sociedad absolutamente indiferente, sin recibir el calor que da la crítica favorable o adversa de quienes inmediatamente nos rodean, es cosa que Angel Martín Munido sólo pueden realizar mentalidades fuera de la medida común, que por desdicha para la Humanidad son bien escasas, lo mismo en España que fuera de nuestra patria». Trató Cabrera, en sus manifestaciones públicas, de numerosos argumentos de la política científica de aquellos años, y que, de igual manera, siguen estando vigentes, o quizá aún más, en nuestros mismísimos días. Uno de los mejores documentos para el estudio de la historia de la química fue, y continua siéndolo, el discurso de ingreso en la Academia de Ciencias de don Enrique Moles. Y en la contestación de Cabrera, posiblemente la última de sus intervenciones académicas, aseguró: «Habréis podido apreciar que el trabajo de Moles tiene dos aspectos igualmente interesantes. Es el uno la crítica atenta de la obra científica de los químicos españoles de una época en que estuvimos muy próximos a la incorporación a la vida científica europea, Martí, Elhuyar, Orfila, Carbonell y del Río merecen de parte de Moles la más elevada estima, llegando a calificar la memoria sobre el análisis del aire del primero y la del descubrimiento del wolfram por el segundo, como trabajos dignos de emparejar con las más importantes publicaciones en las ciencias químicas y desde luego superiores a sus contemporáneas. El otro aspecto del discurso de Moles es el análisis que realiza de las condiciones en que desenvolvieron su actividad aquellos hombres beneméritos y las lecciones que su historia puede suministrar a quienes tienen o tengan en el porvenir la responsabilidad aneja a la conducción de la cultura nacional, A la pretendida incapacidad del español para la investigación científica, opone Moles la convicción de que la rémora que ha obstaculizado nuestra colaboración radica en la Administración pública. Fundamenta su creencia con muy interesantes episodios de la vida de aquellos hombres, como la curiosa historia de las obras del que debió ser laboratorio de Proust en Madrid, tan semejante a la de otra construcción en nuestros días, o como la contestación del ministro Ceballos a Orfila, cuando éste hubo de imponer condiciones para venir a regentar la cátedra que le fuera ofrecida en Madrid». Me parece que muy pocos, si alguno, estarán hoy en desacuerdo con este texto de' Cabrera recogiendo la opinión de Moles. Nadie hay que dude de la absoluta y completa capacidad del español para las tareas de todo tipo de creación, ya sea artística, ya sea científica. Nadie habrá tampoco que dude del origen de nuestros obstáculos. Y por si hubiera que aclararlo. Cabrera continúa: «¿Pero qué significa propiamente esto que Moles llama dificultades de la Administración'? ¿Hemos de concretar la responsabilidad a los gestores de esa administración, jefes de negociado o Blas Cabrera, las Academias y su Tiempo ministros? Creo yo que son las primeras víctimas porque es difícil no personificar en ellos la responsabilidad de un estado de cosas ciertamente lamentable. Imaginemos por un momento que en el mismo negociado que ha sido la muralla que obstaculizó una acción provechosa para el surgimiento científico de España, sentamos a un hombre comprensivo que allane los obstáculos. Habremos ganado una instancia, pero vendrá otra y después otra. Sólo con un cambio de fondo que supone la renovación de toda la vida oficial se hallaría remedio a este mal innegable. Pero tal renovación no puede ser una simple revolución. Requiere un estado de cultura cuya construcción será la obra lenta de la Universidad». Permítanme que insista en que cuando Cabrera, presidente de la Academia de Ciencias (1934-38), reflexiona de esta manera es en 1934, el mismo año en que murió Ramón y Cajal, y es el líder e impulsor principal de la investigación en los campos de la física. A pesar de estas críticas, todavía se mantenía la ilusión del acercamiento a la ciencia mundial; ilusión que, en los últimos renglones del mencionado discurso de contestación al ingreso académico de Moles, se manifestaba así: «Si todos ponemos en el esfuerzo el tesón y la actividad de Moles, quizá en nuestros días o en la generación que inmediatamente nos siga, la vida de los investigadores españoles marche por la senda fácil que no pudieron soñar aquellos héroes de los comienzos del siglo pasado, pero sería injusto negar que ya nosotros vislumbramos. Exige un poco de resignación por nuestra parte, pero no veo otro modo de llegar a esa situación que codiciamos. No será para nosotros, pero gozarán de ella nuestros hijos y discípulos». No hace falta insistir demasiado en cómo se esparcieron estos esfuerzos y estas ilusiones, desaparecieron o se aventaron muchos de los nombres que las mantenían y que, indudablemente, se produjo una discontinuidad en nuestra incorporación al pensamiento científico moderno. No hace falta reiterar tampoco que ha habido que aguardar a una tercera ocasión en la que intentar la convergencia científica con Europa, y que, en mi opinión, nos encontramos actualmente en el torbellino de este nuevo intento, con altibajos y desigualdades, con progresos y con tremendas deficiencias económicas y estructurales; con mejoras absolutas indiscutibles en muchísimos campos, pero con muy discutibles avances relativos a los que ocurren en el resto de los países europeos; con una muy pobre incorporación del cuerpo investigador a la empresa productiva; aunque se haya despenalizado la conexión con la industria, aún con una carencia extraordinaria de relaciones entre la universidad y la investigación y la empresa pública o privada; con muy severas faltas de engarce entre la investigación y los investigadores de la ciencia básica y los organismos capaces de su utilización en el sistema global productivo de la nación; con graves carencias en las políticas de personal investigador a lo que añadir incongruencias tremendas en el sistema universitario, incluidos sus planes de estudio. Situación de conjunto, de muchísima mayor envergadura cuantitativa que la que Cabrera entreviera hace seis décadas, pero aún con problemas cualitativos semejantes o agravados; problemas que se recogen en un libro reciente de Primo Yúfera, titulado INTRODUCCIÓN A LA INVESTIGACIÓN CIENTIFICA Y TECNOLOGICA, en párrafos al estilo de los siguientes: «El tercer ciclo universitario malvive y se sostiene gracias a la vocación de algunos profesores, Y esto sucede siendo el tercer ciclo la columna vertebral de la universidad, la fuente de su excelencia y la fuente de energía capaz de elevar el tono cultural, tecnológico, económico y político de la sociedad (.,.)La universidad española está enferma de un mal grave, el cual tendría un tratamiento quirúrgico, difícil pero efectivo, si no afectara a una parte demasiado extensa de su organismo,..» Comentarios que pueden darnos una idea acerca de la discutible, al menos, situación de este tercer intento de convergencia en el que nos encontramos o se encuentran las generaciones siguientes de discípulos de don Blas Cabrera. Ha cambiado mucho, en efecto, en el último medio siglo, el tema de las publicaciones científicas en general y, en particular, de las publicaciones en español. Fue Cabrera Presidente de la Sociedad Española de Física y Química durante más de una década, y como tal y personalmente contribuyo de forma extraordinaria a la publicación en sus ANALES de la creación científica española. Cabrera mismo, Moles, del Campo, Palacios, Catalán, y los mejores físicos y químicos españoles publicaron preferentemente en los Anales de la Sociedad, lo que no fue obstáculo a que lo mejor de sus aportaciones viera también la luz en otras revistas internacionales. Duro contraste con la situación actual en que, en realidad, se penaliza al científico español en la consideración oficial por publicar en su propia lengua y en sus propias revistas; y hay, sin duda, otras maneras para proteger y estimular, y para evaluar incluso, la calidad investigadora que la simple medida de la lengua extranjera en que aparecen las publicaciones. Pero, aparte de esta simple aunque importante circunstancia, es asimismo cierta y divulgada la situación, incorrecta muchas veces e incluso inmoral en algunas otras, en que el peso de las publicaciones, y no su calidad y categoría, es la medida administrativa del éxito creador del hom-Blas Cabrera, las Academias y su Tiempo bre de ciencia. No digamos de las frecuentes ocasiones en que entran en juego los juicios interesados de los censores, las prioridades alteradas por retrasos conscientes, el plagio de resultados, la ocultación sistemática, etc. Se refería Cabrera, a este propósito, al problema teórico que plantearon los multipletes descubiertos por del Campo, cuya interpretación fue dada por Russell y Saunders atribuyendo la superior emisión de energía en algunas líneas espectrales como fruto de la caída simultánea de dos electrones. De esta forma lo comentaba Cabrera, en el discurso de contestación académica a del Campo: «Lo único lamentable es que del Campo no haya recogido los laureles a que pudo tener derecho. Y no es que él no diera ninguna noticia de su labor. Publicó una parte, recogida por Sommerfeld en la cuarta edición de su obra magistral ESTRUCTURA ATOMICA Y LINEAS ESPECTRALES, reservándose otra en espera de un estudio más acabado; pero antes de darle cima, Russell y Saunders dieron a conocer lo que del Campo había callado. Esto, que en otro cualquiera hubiese producido un profundo disgusto, no inmutó a nuestro amigo, en quien pudo más la alegría de ver comprobado su descubrimiento que el natural desconsuelo por la pérdida de la paternidad. Ello prueba un alto temperamento moral ante el cual debemos descubrirnos » Angel Martín Munido servir más eficazmente a la Patria organizando su Constitución política, ya de acuerdo, ya en oposición con los ideales proclamados por la Revolución francesa. Por el contrario, estima nuestra generación que lo fundamental en los pueblos no es la forma externa, que representa su Constitución política, sino la riqueza de su contenido en aquello que es característico de la vida moderna: la abundancia de su aportación al progreso humano en todos sus órdenes». Se apuntaba, sin duda, Cabrera a los gustos de Sánchez Cuervo cuando, a continuación, afirmaba: «Asombraría a nuestros abuelos el que un hombre de la altura mental del Sr, Sánchez Cuervo no se sienta tentado por la política y prefiera la confección de un proyecto de electrificación de ferrocarriles a modificar, en un sentido más liberal o conservador, nuestro Código fundamental. En cambio, miramos muchos de nosotros con pena las energías malgastadas por muchas inteligencias deprimer orden del pasado siglo en la discusión de problemas que se nos antojan completamente secundarios. Y no es que sintamos menos que ellos las libertades individuales o la independencia de la Patria; es que sabemos que las unas y la otra no se conquistan y conservan sino con el fomento de la cultura y el mejoramiento material. Son inútiles las libertades cuando no se saben usar, y es ilusoria la independencia mientras seamos tributarios del extranjero en las más elementales exigencias de la vida contemporánea. Por esto yo aplaudo con entusiasmo a nuestro compañero cuando le veo trabajar con ahínco por la utilización más completa de los factores de riqueza que la Naturaleza nos brinda, no sólo formulando proyectos inmediatamente realizables, sino haciendo obra de propaganda en las publicaciones profesionales de nuestro país en pro de una transformación en sentido moderno de nuestra industria nacional». A través de estos cuantos retazos de la actitud científica y humana de Cabrera, se puede gustar mejor, sin duda, de su personalidad que por medio de los temas científicos particulares que experimentalmente cultivó. Tuvo Cabrera, sin embargo, especial apego a los planteamientos generales de la EVOLUCIÓN DE LOS CONCEPTOS DE LA FISICA; y a ello se debió, en 1921, el Discurso de Inauguración del Curso académico en la Real de Ciencias, así como el Discurso de ingreso en la Española, ya en 1936. Fueron ambos, modelos del magisterio que permanentemente ejerció sobre los jóvenes físicos durante un brillante cuarto de siglo de la ciencia española. Y sobre la ciencia y la cultura españolas desde sus mejores cumbres, la Academia y la Universidad, la Sociedad de Física y Química y el Laboratorio de Investigaciones físicas de la Junta, las numerosas publicaciones especializadas y su destacado reconocí- Blas Cabrera, las Academias y su Tiempo miento internacional, en un clima nada propicio que él contribuyó como pocos a transformar. Si ya hemos mencionado cómo las ilusiones, los esfuerzos e, incluso, sus artífices se vieron resquebrajados y dispersos, de forma que aquel simple embrión no pudo ni siquiera anidar en una fisiológica matriz social; Cabrera contribuyó personalmente a contrarrestar sus indudables consecuencias, y a mantener una imagen exterior, posiblemente muy débil y con toda seguridad deformada, pero sobre la que, con muchísimo esfuerzo, se ha ido forjando durante muchas décadas la realidad presente. A ello colaboró de manera extraordinaria Cabrera desde la dirección de la Universidad de Verano de Santander. En 1933 acudieron a ella Euler, Haber y Willstátter; y al año siguiente lo hizo Schrodinger, con quien Cabrera inició una relación personal de la que fue fruto una interesante correspondencia. Y, precisamente, el 28 de marzo de 1937, en una carta escrita en castellano, se preocupaba Schrodinger de sus amigos españoles de esta manera: «,,.Excuso decir que estábamos muy inquietos por Vds, todos y muy afligidos por lo que se lee en los periódicos por todo este tiempo sobre la inefable desgracia de nuestra querida España. No nos atrevimos escribirles ya que en una época alborotosa como ésa nunca se puede saber qué efecto, tal vez desgraciado o siquiera molesto, vaya a salir de una carta llegando del extranjero (..,) ¿Y qué tal, cómo lo pasan Vds,? ¿Qué se hará de su magnífico Instituto? ¿Hay alguna esperanza de volver Vd, allá? Me figuro que son estas las mismas preguntas que Vd, se pone diariamente sin poder contestarlas».
En recompensa de mis modestos trabajos científicos, una de las Corporaciones científicas mas prestigiosas del mundo, la Real Academia de Ciencias de Berlín, por acuerdo tomado a fines de 1904, tuvo la bondad de adjudicarme la medalla de oro de Helmholtz. Llegóme tan lisonjera noticia por atento oficio del Ministerio de Estado, acompañado de la comunicación oficial de la Embajada alemana en Madrid. Pocos días después transmitíame esta Embajada, además del Reglamento de la Institución del premio Helmholtz, dos enormes medallas: una de oro, de peso de 620 gramos, y otra de cobre, copia de la anterior» La cita es literal y está tomada del capítulo veinte del libro «Recuerdos de mi vida» de Santiago Ramón y Cajal. Efectivamente, hace 100 años, Cajal recibía comunicación oficial de la Academia berlinesa por la que se le otorgaba el galardón, puramente honorífico, mas prestigioso de los concedidos a los hombres de ciencia de aquella época. Dejemos constancia de que el aprecio de Cajal por la mencionada medalla Helmholtz siempre fue superior al del premio Nobel que le concedieron al año siguiente, aunque este último galardón gozara de mayor prestigio y reconocimiento a nivel popular. Digamos, como aclaración, que la medalla Helmholtz, a diferencia del Nobel, se otorgaba cada dos años al autor que hubiera logrado los descubrimientos mas importantes en cualquiera rama del saber humano y era única, es decir no contemplaba la división en especialidades que se da en el galardón Nobel. Además, nos encontramos a las puertas del cuarto centenario de la publicación de la primera parte de El Quijote. Médicos, La concurrencia fué muy numerosa y escogida, pudiéndose apreciar en más de 2,000personas, entre las cuales se contaban individuos de las clases más distinguidas de la sociedad intelectual, PROGRAMA, I"" La Estudiantina escolar ejecutó una pieza escogida de música del siglo XVII, 2"" Discurso del Presidente del Colegio, D. Julián Calleja, sobre el objeto y fines de esta sesión, 3^ ídem de D, Rafael Salillas, sobre el «Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la mancha y el Examen de Ingenios», del Doctor Juan Huarte, 4"" ídem de D, Ramón Santiago Cajal, sobre «La Psicología de Don Quijote de la mancha y el quijotismo». 5"" ídem de D, Federico Olóriz, sobre «Los caracteres físicos del Quijote», G"" El Orfeón escolar cantó á voces solas una pieza musical, y después, acompañado de orquesta, un himno a Cervantes, T" Discurso de D, José Gómez Ocaña, sobre «El trato higiénico del español en el siglo XVII». 8"" ídem de D, Blas Lázaro Ibiza, sobre «Nociones histórico-naturales, especialmente botánicas, en tiempo de Cervantes», 9^ ídem de D, Ángel Pulido, que
«Universalmente admirada es la soberbia figura moral del hidalgo manchego. D. Alonso Quijano el bueno, convertido en andante caballero por la sugestión de los disparatados libros de caballería, representa, según se ha dicho mil veces, el más perfecto símbolo del honor y del altruismo. Jamás el genio anglo-sajón, tan dado á imaginar caracteres enérgicos y originales, creó personificación mas exquisita del individualismo indómito y de la abnegación sublime. Pero puntualicemos brevemente los rasgos psicológicos sobresalientes del protagonista de la novela inmortal. Como nos refiere su creador, Don Quijote se entrega ansiosamente á la lectura de novelas caballerescas, hasta el punto «de olvidar la administración de su hacienda». Y del poco dormir y del mucho leer y cavilar, se le seca el cerebro y se le perturba el juicio. En medio de su exaltación intelectual y afectiva, cae en la cuenta que, por culpa del egoísmo humano, gime el mundo en la iniquidad y el deshonor; y así, pasando de la idea á la acción, abandona las dulcedumbres y blanduras del hogar y sale á campaña resuelto a «enderezar entuertos, amparar doncellas y pupilos y castigar agravios». Siente hacia la especie esa pasión generosa y desbordante de los grandes iniciadores religiosos, y quiere demostrarla «poniéndose en ocasión de peligros donde acabándolos cobre eterno nombre y fama». Todo lo da por bien empleado con tal de «atender al aumento de su honra y al servicio de la república», sin codiciar más galardón que el recuerdo agradecido de la posteridad y la mirada amorosa y pía de la señora de sus pensamientos. Cuando en sus dolorosas desaventuras cae vencido por aciago destino, no siente el dolor en la piel, sino en el ideal. Pero las derrotas no Santiago Ramón y Cajal entibian su fe; créese perseguido por envidiosos y malignos encantadores, y espera ablandarlos á fuerza de constancia y de heroísmo, ó recibir la ayuda de genios propicios y generosos con el valor desgraciado. En vano los equilibrados y sesudos Carrascos y Mirandas, defensores de los fueros del sentido común, le advierten del peligro y le llaman á la realidad prosaica y amarga: Don Quijote no los oye, y si á veces discute con ellos, es solamente cediendo á las inexcusables leyes de la cortesía y de la buena crianza. ¿Qué pueden decirle que supere al excelso ideal que lleva en el cerebro? En comparación del grandioso y mirífico ensueño, donde los hombres son héroes de leyenda, la naturaleza, áurea trama tejida por hadas, las mujeres, arquetipos de belleza y de soberana euritmia, ¿qué vale el pálido y mezquino mundo real? ¡Una vida interior, intensa, exclusiva y arisca le absorbe; vida recogida y ensimismada de larva ocupada en hilar impasible, entre los bramidos del trueno y los furores del viento, el áureo capullo de la gloria!... Todos los grandes soñadores aspiran á realizar sus ensueños, á vestir sus quimeras de carne y sangre, lanzando al mundo un tipo humano diferente y superior al actual, creador de una corriente de vida poderosa y arroUadora de las barreras levantadas por el sentimiento, el interés y la tradición. Diríase que es la idea que aspira á cuajarse en materia; que, surgida en el cerebro como eco lejano de la realidad, pugna por remontarse á su fuente y erigirse en tirana y maestra de la naturaleza misma. Esta importante ley psicológica, bien conocida de Cervantes, cúmplese en don Quijote. También éste acaricia un ensueño luminoso y quiere vivirlo y hacerlo vivir á los demás, hermoseando y ennobleciendo la tierra con sus mágicos destellos. Durante su ardiente apostolado, no recurrirá á la sugestión y al milagro, recursos dialécticos del manso propagandista religioso, sino á las violencias de la contradicción y á los rigores de la espada. Nada de cobardes componendas con las insidias é iniquidades de los fuertes. De dura roca son las conciencias y á botes de lanza deben esculpirse. Y él las esculpirá con arreglo al modelo ideal del honor aprendido en las heroicas historias. Porque Don Quijote, á más de poseer un yo hipertrófico, desbordante de voluntad y de energía, se siente fortalecido por esa fe ciega en la fortuna característica de los grandes conquistadores de almas y tierras. Si á tan admirable encarnación de la religión del deber y del altruismo no hubiera añadido Cervantes algunos rasgos patológicos, el tipo de Don Quijote, con ser de contextura ciclópea, habría quedado reducido á las modestas proporciones de un filósofo práctico, un tanto exaltado é imbuido en arrogante confianza en su buena estrella y en la excelsitud de La Psicología de Don Quijote de la Mancha y el Quijotismo su misión. Pero Cervantes -no hay que olvidarlo-se propuso ante todo una obra de polémica literaria. Queriendo esgrimir el arma poderosa del ridículo contra los libros de caballerías, juzgó al efecto indispensable desconceptuar y achicar un tanto, con el estigma de la locura, la simpática figura del ingenioso hidalgo, cuyo entendimiento agudísimo y genial fiíe presa y juguete de ilusiones, alucinaciones, obsesiones é ideas delirantes. Más de una vez me he preguntado: ¿por qué Cervantes no hizo cuerdo a su héroe? La defensa briosa y elocuente del realismo en la esfera del arte, no exigía necesariamente la insania del caballero del ideal. Convengamos, empero, en que un Quijote meramente filántropo, aunque apasionado y vehemente, no habría abandonado de buen grado las blanduras y regalos de la vida burguesa para lanzarse á las arriesgadas y temerarias aventuras. Y aun dado caso que la codicia de gloria y el ansia de justicia fueran poderosas á sacarle de sus casillas, llevándole á militar denodadamente contra el egoísmo y la perfidia del mundo, ¿habrían dado pie sus gestas, en tanto que materia de labor artística, para forjar los épicos, maravillosos y sorprendentes episodios que todos admiramos en el libro inmortal y que tan alto hablan del soberano ingenio y vena creadora del Príncipe de nuestros prosistas? Sin duda, á causa de esta obligada anormalidad mental de Don Quijote, que le llevaba á provocar las más descomunales é imposibles aventuras, el tono general de la novela es de honda melancolía y desconsolador pesimismo. En vano el lector, emocionado, pretende serenarse haciéndose cuenta que Cervantes no personificó en el Caballero de la Triste figura sino las desvariadas, inconsistentes é inverosímiles composiciones caballerescas. Arrastrados, á nuestro pesar, por la tendencia generalizadora de la razón, nos asalta el temor de que el anatema que en la obra de Cervantes pesa sobre el arte romántico, se extienda á dominios ajenos al designio del soberano artista. Y nos preguntamos, con inquietud en el alma y lágrimas en los ojos: ¿Cómo? ¿Estarán también condenados á perecer irremisiblemente todos los altos idealismos de la ciencia, de la filosofía y de la política? ¿Reservado queda no más á la demencia afrontar los grandes heroísmos y las magnas empresas humanitarias? Y esta emoción melancólica y deprimente llega á la agudeza al ver cómo, a la hora de la muerte, el loco sublime, convertido ya en Alonso Quijano el bueno, recobra bruscamente la razón para proclamar la triste y enervadora doctrina de la resignación ante las iniquidades del mundo. En los nidos de antaño no hay pájaros hogaño, nos dice con voz desfallecida, en que parecen vibrar extertores de agonía. ¡Arranque de infinita desilusión, que nos anuncia cómo el paraíso de paz y de ventura y la en- soñada edad de oro que la humanidad anhela para el presente ó para no muy alejado porvenir, representa un remotísimo pasado que ya no volverá!... Necio fuera desconocer que, no obstante la nota general hondamente patética, campea y retoza en la epopeya cervantina un humorismo sano y de buena ley. ¿Qué otra cosa representa el donairoso y regocijado tipo de Sancho, sino el artístico contrapeso emocional del quejumbroso y asendereado Caballero de la Triste figura? Reflejo fiel de la vida, sucédense en la inmortal novela, como en el cinematógrafo de la conciencia humana, estas dos emociones antípodas y alternantes: el placer y el dolor. Pero, al modo de esos frutos de dulce corteza y amargo hueso, en la creación cervantina la acritud es interna y el dulzor externo. Cierto que hay peripecias y coloquios de una vis cómica incomparable; mas, á despecho de la intención piadosa del autor, bajo la ingenua y blanca careta del gracioso, corren calladas las lágrimas, cual silencioso arroyuelo que bajo la soleada nieve se desliza. ¿Cómo se forjó, allá en la caldeada imaginación Cervantina, tan felicísimo y artístico contraste? ¿En virtud de qué condiciones psicológicas escritor tan sereno, quijotil y optimista puso en su obra ese dejo de tristeza y de amargo pesimismo? Cuestiones arduas y dificilísimas, para cuya solución fuera imprescindible conocer todos los repliegues y recovecos de la complicada mente de Miguel, amén de los choques, episodios é incidentes emocionales que la conmovieron y adoctrinaron durante los años tristes precursores de la genial concepción. Con todo eso, no faltan valiosos materiales que permitan, si no resolver el problema, formular al menos alguna posibilidad más ó menos plausible. Estos datos, acarreados por los penetrantes análisis de nuestro primer crítico Menendez Pelayo, por la diligencia y saber de Revilla y Valera, por la reciente labor tan copiosa, artística y evocadora de Navarro Ledesma, por los atisbos felices de Unamuno, Salillas y otros muchos expertísimos y devotos cervantistas, nos enseñan que Cervantes, salvo el paréntesis realista durante el cual planeó y escribió el libro inmortal, fue siempre Quijote incorregible en la acción y poeta romántico en el sentir y pensar. ¿Qué ocurrió, pues, para que el manco de Lepanto abandonara el culto de sus ideales artísticos? Fácil es adivinarlo, y, por otra parte, consignado aparece en no pocos estudios críticos. Nació y se crió Cervantes con altas y nobilísimas ambiciones. Héroe en Lepanto, soñó con la gloria de los grandes caudillos; escritor sentimental y amatorio, ansió ceñir la corona del poeta; íntegro y diligente La Psicología de Don Quijote de la Mancha y el Quijotismo funcionario, aspiró acaso á la prosperidad económica, o cuando menos al aurea mediocritas; enamorado de Esquivias, pensó convertir su vida en dulce y perdurable idilio. Mas ¡ay!, el destino implacable trocó sus ilusiones en desengaños, y al doblar de la cumbre de la vida se vio olvidado, solitario, pobre, cautivo y deshonrado... Los grandes desencantos desimantan las voluntades mejor orientadas y deforman hasta los caracteres más enteros. De aquel caos tenebroso de la sevillana cárcel, donde se dieron cita para acabar de cincelar al genio cuantas lacerías, angustias y miserias atormentan y degradan á la criatura humana, surgieron un libro nuevo y un hombre renovado, el único capaz de escribir este libro. ¡Obra sin par, amasada con lágrimas y carne del genio, donde se vació por entero un alma afligida y desencantada del vivir! Sus páginas son símbolo perfecto de la vida. Como en el corte de un bosque, abajo vemos las negruras del humus vegetal formado con detritus de ilusiones y despojos de esperanzas (propio alimento del genio literario); sobre la tierra, erguidos y mirando al cielo los robustos tallos de las ideas levantadas, de los propósitos nobles, de las aspiraciones sublimes; y arriba, bañadas en la atmósfera azul, las frondas del lenguaje natural, castizo y colorista, la delicada flor de la poesía y el acre fruto de la experiencia. Se ha dicho por muchos que la suprema creación cervantina es el más perfecto, el último, el insuperable libro de caballerías. Mas en juicio semejante, á primera vista paradójico, y en pugna con la finalidad confesada de la obra, y las explícitas declaraciones del mismo Cervantes, yo sólo acierto á ver la tácita afirmación de que la figura del protagonista está tan soberana, tan amorosamente sentida y dibujada, que por fuerza el autor debió tener algo y aun mucho de Quijote. No salen de la pluma tan perfectos y vivos los retratos humanos si el pintor no se miró muchas veces al espejo y enfocó los escondrijos de la propia conciencia. Pero después de reconocer este parentesco espiritual entre Don Quijote y su autor, es forzoso convenir también en que, en la incomparable novela, á vueltas de algún ritornello á las antiguas caballerescas andanzas, campean y se exteriorizan, con elocuentes acentos, el desaliento del apasionado del ideal, el doloroso abandono de una ilusión tenazmente acariciada, el mea culpa, un poco irónico quizá, del altruismo desengañado y vencido. Para conservar serena la mente y viva y plástica la fantasía, menester es que el poeta desgraciado evoque de cuando en cuando imágenes risueñas capaces de ocultar y engalanar el fondo tenebroso de la conciencia, al modo como la irisada espuma disimula el oscuro é insondable Compensación emocional de este género, representa, en mi sentir, el humorismo de Sancho Panza. En tan felicísima encarnación de la serenidad y de la bondad del alma, halló Cide Hamete el sosiego y la fuerza indispensables para proseguir su labor creadora y descartar visiones sombrías y punzantes remembranzas. ¡Yo te saludo, pues, Sancho el pacífico, Sancho el bueno, Sancho eljouiall En las páginas de la imperecedera epopeya no simbolizas tan sólo la baja meseta del sentido común, el saber humilde del pueblo acuñado en refranes, el lastre, sin el cual el hinchado globo del ideal estallara en las nubes. Tu eres algo más y mejor que todo eso. Con tus gracias, socarronerías y donaires solazaste el espíritu de Cervantes, haciéndole llevadera la carga abrumadora de angustias y desventuras. Por ti amó la vida y el trabajo, y pudo, tiempos adelante, y curado de enervadores pesimismos, retornar á los románticos amores de la juventud, componiendo el Pérsiles, verdadero libro de caballerías, y el Viaje al Parnaso, admirable y definitivo testamento literario. ¡Beleño suave de su sensibilidad sobreexcitada, tú salvaste al genio, y, con él, su gloria y nuestra gloria! Más de una vez, deplorando la amargura que destilan las páginas del libro cervantino, he exclamado para mis adentros: ¡Ah! Si el infortunado soldado de Lepanto, caído y mutilado al primer encuentro, no hubiera devorado desdenes y persecuciones injustas; si no llorara toda una juventud perdida en triste y oscuro cautiverio; si, en fin, no hubiera escrito entre ayes, carcajadas y blasfemias del hampa sevillana, en aquella infecta cárcel donde toda incomodidad tenía su asiento..., ¡cuan diferente, cuan vivificante y alentador Quijote hubiera compuesto! Acaso la novela imperecedera sería, no el poema de la resignación y de la desesperanza, sino el poema de la libertad y de la renovación. Y quién sabe si, en pos del Caballero de los Leones, otros Quijotes de carne y hueso, sugestionados por el héroe cervantino, no habrían combatido también en defensa de la justicia y del honor, convirtiéndose al fin la algarada de locos en gloriosa campaña de cuerdos, en apostolado regenerador, consagrado por los homenajes de la historia, y el eterno amor de Dulcinea..., de esa mujer ideal, cuyo nombre, suave y acariciador, evoca en el alma la sagrada imagen de la patria!... Pero en seguida, al dar de esta suerte rienda á mi desvariada fantasía, atajábame una duda inquietante. ¿Estás bien seguro -me decía-de que en un ambiente sereno y tibio, exento de pesadumbres y miserias, se habría escrito el Quijote? Y de haber visto la luz en menos rigurosas condiciones de medio moral, ¿fuera, según es ahora, resumen y compendio de la vida humana, y La Psicología de Don Quijote de la Mancha y el Quijotismo visión histórica fidelísima, donde, simbolizadas en tipos universales y eternos, se agitan y claman todas las lacras, pobrezas y decadencias de la España vieja? ¡Oh, qué gran despertador de almas é instigador de energías es el dolor! Comparable á enjambre de marinos noctilucos cuya fosforescencia se exalta al choque de la hélice del navio, las perezosas células cerebrales sólo encienden su luz bajo el látigo de las emociones penosas. ¡Quizás el privilegiado cerebro de Cervantes necesitó asimismo, para llegar al tono y hervor de la inspiración sublime, de la punzante espuela del dolor y del espectáculo desolador de la miseria! Hora es ya de decir algo del quijotismo. Cuando un genio literario acierta á forjar una personificación vigorosa, universal, rebosante de vida y de grandeza, y generadora en la esfera social de grandes corrientes de pensamiento, la figura del personaje fantástico se agiganta, trasciende de los límites de la fábula, invade la vida real y marca con sello especial é indeleble á todas las gentes de la raza ó nacionalidad a que la estupenda criatura espiritual pertenece. Tal ha ocurrido con el héroe del libro de Cervantes. Muchos extranjeros, y no pocos españoles, creyendo descubrir cierto aire de familia entre el citado protagonista y el ambiente moral en que fué concebido, no han reparado en adjudicarnos, sin más averiguaciones, el desdeñoso dictado de quijotes, calificando asimismo de quijotismos cuantas empresas y aspiraciones españolas no fueron coronadas por la fortuna. Complácense en pintarnos cual legendarios Caballeros de la Triste figura, tenazmente enamorados de un pasado imposible, é incapaces de acomodación á la realidad y á sus útiles y salvadoras enseñanzas. No seré yo, ciertamente, quien niegue la complicidad que, en tristes reveses y decadencias, tuvieron la incultura, así como la devoción y el apegamiento excesivos á la tradición moral e intelectual de la raza; pero séame permitido dudar de que la ignorancia, el aturdimiento y la imprevisión constituyan la esencia y fondo del quijotismo. Ó esta palabra carece de toda significación ética precisa, ó simboliza el culto ferviente á un alto ideal de conducta, la voluntad obstinadamente orientada hacia la luz y la felicidad de la humana colmena. Apóstoles abnegados de la paz y de la beatitud sociales, los verdaderos Quijotes siéntense abrasados por el amor á la justicia, para cuyo triunfo sacrifican sin vacilar la propia existencia, cuanto más los apetitos y fruiciones de la sensibilidad. En todos sus actos y tendencias ponen la finalidad, no dentro de sí, en las bajas regiones del alma concupiscente, sino en el espíritu de la persona colectiva, de que se reconocen células humildes y generosas. Ahora bien, ¿quién, por mediano conocedor que sea de la historia moderna, hábitos y tendencias de la actual gente española, osará calificarnos de Quijotes? Los hubo y los hay, sin duda, entre nosotros; pero ¡ah!, cuan pocos, cuan oscurecidos y desdeñados! Si tuviéramos espacio suficiente, fácil nos sería demostrar cuan raramente aparecieron en nuestra historia esos genios que Emerson designa hombres representativos (y que yo llamaría hombres de la especie, porque, limpios de bajos egoísmos, á la especie se dan y por ella perecen). Aunque nos duela en el alma el confesarlo, es fuerza reconocer y declarar que á España, si le sobraron los Sanchos, le faltaron á menudo los Quijotes. ¿Cómo? -se dirá-; los españoles que descubrieron y conquistaron la América; los que fueron generosos de su sangre combatiendo en pro del catolicismo en buena parte de Europa; los que dieron tan gallardas muestras de lealtad acrisolada á sus Reyes y de amor acendrado a su Patria, ¿no rindieron culto á la abnegación, ni aspiraron á un ideal de humanidad, de magnanimidad y de justicia? Ciertamente, injusto y antipatriótico sería desconocer que hubo un tiempo en que la Iberia rindió copiosa cosecha de Quijotes en todas las direcciones de la humana actividad. A esta casta pertenecieron señaladamente no pocos descubridores y conquistadores de América y Oceania, en cuyas rudas é ingenuas naturalezas concurrían rasgos exquisitamente quijotiles: la sed devoradora de gloria, el desprecio á la vida, y la sana ambición de poder y de mando; pasiones que, templando y sublimando caracteres que parecen arrancados de las Vidas de Plutarco, obraron verdaderos prodigios. Abundaban, sin duda, entre aquellos férreos guerreros, aventureros crueles, codiciosos, antes dispuestos á acaparar riquezas é imponer tiranías, que á enaltecer y honrar el nombre de la Patria y de su Rey. Mas, por encima de tan disonantes y antisociales instintos, descollaban dos pasiones, muy bien avenidas con el quijotismo honrado, á saber: la energía de la voluntad indomable y el ansia de nombradía. Tan abundante fué en aquellos felices tiempos el capital conquistado por el heroísmo, que sin ser después acrecentado, antes bien sufriendo importantes mermas, pudo España mantenerse respetada, próspera y gloriosa cerca de un siglo. Por desgracia, aquellos hombres enamorados de la vida y de la acción, descubridores y debeladores de inmensos continentes, dejaron una prole despreciadora de la tierra y exclusivamente ambiciosa de celestiales y beatíficas ínsulas. Refugiados en las austeridades de la religión, huidos del mundo y de sus glorias, los Quijotes cruzaron pocas veces el Atlántico en busca de dramáticas y novelescas hazañas. De Sanchos se iban progresi-La Psicología de Don Quijote de la Mancha y el Quijotismo vãmente poblando las Colonias, y, lo que fue peor, regidas por Panzas fueron, ó á lo sumo por sesudos, morigerados y egoístas Caballeros del Verde gabán. Y cuando el rústico y bonachón escudero se encontró solo, huérfano y nostálgico de los sabios consejos y del esfuerzo heroico de Don Quijote, las baratarias ínsulas se perdieron, y el pobre y mustio pejugalero, vuelto al pardo y terroso lugar, reducido quedó, acaso para siempre, a los infecundos páramos manchegos... No son, con todo eso, el arte de la guerra y los empeños de la expansión geográfica, los órdenes de la actividad nacional donde más escasearon los grandes arranques del corazón y el espíritu idealista. Harto más huérfanos de alentadores y excelsos quijotismos, quedaron los dominios del arte, de la filosofía y de la ciencia. Pese á los juicios poco compartidos de ciertos críticos, la verdad histórica obliga á reconocer que el arte español, en sus variadas manifestaciones, fué esencialmente humano y realista. Por lo que toca á la poesía, la musa nacional mostróse tan hostil al romanticismo y á la hipérbole, que, hasta en la gloriosa epopeya del Romancero, inspirada en las épicas hazañas de la reconquista, no traspasó nunca los discretos límites de la narración histórica. Como afirma la gran autoridad de Menéndez Pelayo, aludiendo al poema del Cid, «nuestra épica está limpia de toda aspiración quimérica y es sumamente parca en el empleo de lo maravilloso...» «Las hazañas atribuidas á los héroes por la musa popular, son poco más o menos las mismas que ejecutaron en el mundo» [1]. Notorio es, por otra parte, que las poesías pastoriles y los libros de caballerías fueron en su origen producciones exóticas, tardíamente inoculadas en el alma nacional, y extrañas de todo punto á nuestro peculiar genio literario, el cual, menos alejado del clasicismo que del idealismo, supo mantenerse fiel, salvo algunos coqueteos románticos y bucólicos, á su íntima tendencia realista y utilitaria. Sólo el pueblo, doquier propenso á lo trágico, maravilloso é inverosímil, como perpetuo niño que es, se entregó con ardor á la lectura de los libros y romances caballerescos; y aun hoy sucede lo mismo y sucederá siempre, mientras nuevas organizaciones sociales no permitan que el eterno infante evolucione, llegando, para los efectos artísticos, á la mayor edad. El mismo Don Quijote, con todo y ser la obra de un romántico impenitente, ¿qué representó en su tiempo, abstracción hecha de sus intrínsecos primores y soberanas armonías, sino la reacción poderosa y esencialmente conservadora del realismo nacional castizo contra los extraviados y forasteros idealismos? Más yermo aún de grandes abnegaciones y de levantados quijotismos se nos presenta el campo de la ciencia y la filosofía españolas. Enamorados de libros viejos, y ajenos á la inmensa renovación espiritual que trajo el renacimiento á todas las esferas del saber, la mayoría de nuestros pensadores y científicos limitábanse, por lo común, á aplicar modestamente los teoremas matemáticos y los hechos físicos y biológicos descubiertos por extranjeros, á la geografía, al arte de la navegación, á la metalurgia, á la industria guerrera y al arte de curar. Exceptuados sabios como Azara, Servet, Gómez Pereira, Huarte, Vives^ y algunos otros, en que fulguran, de cuando en cuando, relámpagos de fuego creador ó intuiciones geniales, nuestros científicos hicieron siempre gala de desdeñar los temas de pura investigación, las verdades especulativas despojadas de aplicación útil; sin echar de ver, según les ocurre hoy mismo á muchos intelectuales, que la ciencia llamada prdcíica está indisolublemente unida á la abstracta ó idealista, como el arroyo á su manantial. ¡Extraña aberración, propagada por la rutina, y tan vituperable, como sería la del labrador que diera en la manía de arrancar las flores para acrecentar los frutos! ¡Cómo habría de medrar el jardín de nuestra cultura, si nos hemos pasado cuatro mortales siglos desdeñando ó arrancando la flor de las ideas! [2]. Igual deplorable ausencia de salvadores quijotismos se advierte con pena en esos dominios en donde el sentimiento romántico y el ansia de lances novelescos y extraordinarios se asocia felicísimamente á los más elevados intereses de la civilización y de la política. Adivináis, sin duda, que aludo á los viajes científicos de exploración á que, en días mejores, se debió la prosperidad y renombre de la patria. Quisiera equivocarme, pero yo no conozco ninguna expedición geográfica al polo Norte ó Sur emprendida por españoles ó hispano-americanos; mientras que por docenas se cuentan las gloriosas empresas de este género intentadas ó realizadas por yanquis, ingleses, suecos, alemanes, rusos y hasta italianos. ¡Triste es confesarlo; pero ello es que el pálido sol de media noche no realzó jamás, con sus poéticos rayos, los pliegues de la española bandera! [3]. A las puertas mismas de la patria álzase el África tenebrosa, solar de la hispana raza al decir de sabios antropólogos. Acostada sobre la ribera mediterránea, parece mirarnos amorosa cual inmensa y misteriosa esfinge que invita á escrutar hondos arcanos y á meditar en épicas empresas. Pero ¡ah! en vano espera siglos hace la ingenua Dulcinea al Caballero de los Leones. ¿Cuándo arribarán á las africanas playas Quijotes geógrafos, naturalistas ó guerreros, capaces de aportar, con los trofeos de la observación científica ó los relatos de romancescas hazañas, los únicos Y convirtiendo la atención á más vulgares empresas, ¿dónde están los Quijotes de nuestra industria y comercio? ¿No es doloroso y desconsolador espectáculo el ver cómo nuestros opulentos industriales desdeñan ó descartan de sus fábricas á la ciencia, poderosa palanca impulsora á la hora actual de inmensos progresos fabriles, y se concretan modestamente (sin asomos de esa previsión lejana característica de los prudentes egoísmos) á importar y á explotar sórdidamente las máquinas y procedimientos exóticos, viviendo al día, sin lucha y sin gloria, en la mezquina incubadora del arancel y de los cambios? Labor de alta pedagogía y de verdadera regeneración es corregir en lo posible los vicios y defectos mentales, entre los cuales, acaso el más fértil en funestas consecuencias sociales es la escasez de civismos nobles y desinteresados, de sanos y levantados quijotismos en pro de la cultura, elevación moral y prosperidad duradera de la raza. Admiremos el libro de Cervantes, pero no derivemos su moraleja hacia dominios á que no tendió el ánimo del autor. El realismo en el arte, ni deja de admitir cierta discreta dosis de levadura romántica, á fin de excitar el interés y elevar los corazones, ni contradice el supremo y patriótico fin de imprimir á la filosofía, á la ciencia y á la industria rumbos resueltamente idealistas. El quijotismo de buena ley, es decir, el depurado de las roñas de la ignorancia y de las sinrazones de la locura, tiene, pues, en España ancho campo en que ejercitarse. Rescatar las almas encantadas en la tenebrosa cueva del error; explorar y explotar, con altas miras nacionales las inagotables riquezas del suelo y del subsuelo; descuajar y convertir en ameno y productivo frutar la impenetrable selva de la Naturaleza, donde se ocultan amenazadores los agentes vivos de la enfermedad y de la muerte; modelar y corregir, con el buril de la intensa cultura, nuestro propio cerebro, para que en todas las esferas de la humana actividad rinda copiosa mies de ideas nuevas y de invenciones provechosas al aumento y prosperidad de la vida: he aquí las estupendas y gloriosas aventuras reservadas a nuestros Quijotes del provenir. Consideradas desde el punto de vista moral, son las naciones síntesis supremas de ensueños y aspiraciones comunes, sublime florecimiento de una planta cuyas múltiples raicillas se extienden y nutren por todos los corazones. De buena gana compararía yo también los grandes pueblos á esas poéticas islas de coral que emergen del mar en las augustas soledades oceánicas. Si, con soñadores ojos de artista, os embelesáis contem-piando las rientes y apacibles costas festoneadas de blancas espumas, las flores peregrinas y fragantes, los colosales árboles cuyas copas semejan cimbreante coro de las aves del cielo, pensaréis que aquel paraíso surgió espontáneamente por extraño capricho de Amfítrite; pero examinad el subsuelo con el reposado análisis de la ciencia, descended al fondo del mar (lo que vale tanto como remontarse en la Historia), y al sorprender en los calcáreos colosales estribos la obra y las reliquias de mirladas de seres ínfimos y obscuros, comprenderéis que todo aquel grandioso florecimiento de lo alto representa la construcción secular y obstinada de innumerables y abnegadas existencias. Notas ^ Salillas cita también estos juicios de Menéndez Pelayo, justificando la tesis de que el alma nacional, heroica, robusta y sana en nuestro siglo de oro, degeneró más adelante en los alardes é impotencias del matonismo y de la picaresca. ^ Justo y patriótico es proclamar que la España científica del siglo XVI inició muchas investigaciones y entrevio luminosas y fecundas verdades; mas, por desdicha, acabó y perfeccionó pocas teorías, porque faltaron á sus hombres, con el ansia de gloria internacional, pasión eminentemente quijotil, el esfuerzo supraintensivo de la atención y la perseverancia infatigable. Doloroso es ver á filósofos tan esclarecidos como Gómez Pereira, Vives, Francisco Valles, Fox Morcillo, etc, formular antes que nadie los principios del método experimental, pero sin demostrar con hechos su eficacia; al famoso Arias Montano explicar la ascensión del agua en los tubos por la presión atmosférica, sin llegar, empero, á las leyes de Torricelli y Pascal; á Pérez de Oliva, profesor de Luz y Magnetismo en Salamanca (1533), anunciar la posibilidad de servirse del magnetismo para Incomunicación entre personas ausentes y distantes, sin llegar con todo á ningún descubrimiento importante en la materia; á Pedro de Liria, adivinar la existencia de un polo magnético á pocos grados de distancia del geográfico, sin precisar, mediante observaciones suficientes, su posición; a Juan de Escribano, traductor de Porta, contentarse con presagiar la importancia práctica de la fuerza elástica del vapor, etc., etc. Contribuyó, sin duda, á esta escasez de resultados, la manía enciclopédica, que si crea cimas en para descubrir amplios horizontes, empequeñece también los objetos vistiéndolos de nieblas. Enciclopedistas, al par que grandes pedagogos y comentaristas, fueron el citado Arias Montano, el Brócense, Pedro Ciruelo, Nebrija, Santa Cruz, etc., y, precisamente por serlo, resultaron, en lo tocante á los frutos científicos conseguidos, inferiores á su genio. ^ Aunque tales empresas, á primera vista baldías, no condujeran á la solución de interesantes problemas geográficos, meteorológicos y físicos, constituirían siempre una gimnasia del heroísmo, indispensable á los pueblos débiles para no descender a las ruindades del utilitarismo, é imponer respeto á los Quijotes de la gloria militar.
I. Las Ciencias de la Vida en la Transición Secular A. Introducción: Los filósofos de la naturaleza En el desarrollo de las ciencias naturales, el siglo XVIII mostró, entre otras características, el intento de levantar el inventario del reino de los seres vivos. Pero es claro que la actividad de clasificar y sistematizar equivale a una descripción analítica de la naturaleza y presupone un prolijo y paciente estudio de datos y de hechos; de ahí que no sorprenda que la abrumadora cantidad de detalles predispusiera a los investigadores a descuidar un tanto la búsqueda de lo universal en la naturaleza. Como para llenar tal laguna surgió en Alemania, hacia comienzos del siglo XIX, una escuela que hace de aquella búsqueda de lo universal su objetivo fundamental. Desafortunadamente, sus fundadores -los llamados ATaturalphilisophen-se ilusionaron en alcanzar la meta fijada mediante especulaciones ancladas meramente en postulados apriorísticos. De ahí, que el inevitable relativismo que caracteriza a todas las proposiciones científicas, sean ellas de la Biología cómo de la Física, está ausente en las premisas y en las conclusiones de esa «Filosofía Natural», cuyos escritos parecen deducidos de una misteriosa e infalible sabiduría. Lejos del espíritu de la ciencia experimental, aquellos pensadores trataron de fundamentar un esquema de la naturaleza de tipo espiritual, acudiendo a métodos de matiz escolástico con la pretensión de descubrir la estructura del mundo natural merced a una «intuición intelectual». Aunque no lograron ningún descubrimiento, llegaron a ejercer, durtante los primeros decenios del siglo XIX, una influencia indiscutible sobre algunos investigadores eminentes. Apoyado en la doctrina de Kant, que había conferido al intelecto la jerarquía de legislador de la naturaleza, Friedrich Wilhelm Joseph Schelling, carente sin embargo del vigoroso criticismo de su gran predecesor, formulo su principio de la «identidad del espíritu en nosotros y la de la naturaleza fuera de nosotros». Para él, «la naturaleza es espíritu visible, y el espíritu naturaleza invisibl0>. Basta, pues, sumergirse en el propio espíritu para descubrir la estructura de la naturaleza. Pero el representante más ilustre de este movimiento, esencialmente germánico, fue sin duda Johann Wolfgang Goethe que prestigió, con su fama de gran poeta, la idea central de la «Naturalphilosophi&K la unidad del plan morfológico de todos los seres vivos. Conforme a tal idea, las categorías taxonómicas habrían sido construidas por el sumo artífice según un plan general único, del que las formas de los seres organizados materializarían distintas modificaciones. Todos los animales serían, así, meras encarnaciones del arquetipo animal único, y todas las plantas no serían sino modos diferenciados de una protoplanta. Los planteamientos de Goethe fueron ratificados por el médico Lorenz Oken, profesor en Jena, en Munich y, por último, en Zurich. Oken, sin embargo, anticipó la teoría celular al enseñar en su escrito sobre la generación -Die Zeugung de 1805-que todos los seres vivos están formados por aglomeraciones de vesículas mucosas. También, adelantó la ley biogenètica al sostener en su monumental libro de texto Lehrbuch der Naturphilosophie, de 1809, que «el animal atraviesa en el curso de su desarrollo todas las clases del reino animal, siendo el feto una representación en el tiempo de las más distintas especies animales... Entre la evolución individual del embrión y el desarrollo del reino animal existe un perfecto paralelismo». Además, Oken fue el primero en organizar reuniones periódicas de hombres de ciencia, y lanzó la importante revista «Isis» cuya cabecera aun se conserva. La difusión excepcional que lograron en Alemania las ideas de los Naturalphilosophen durante la primera mitad del siglo XIX se revela en el número de adeptos, entre los cuales se encuentra el clínico y precursor de la teoría microbiana Lucas Schonlein, el descubridor del electromagnetismo Christian Oersted, el gran fisiólogo Johann MüUer y el químico Justus von Liebig, entre otros. Por otra parte, la repercusión se extendió también fuera de Alemania; tanto es así que uno de los más destacados naturalistas de la época, el francés Etienne Geofroy Saint-Hilaire, defendía ideas muy semejantes a las de Oken. Para construir un animal -mantenía Saint-Hilaire-la naturaleza sólo dispone de un número limitado de elementos orgánicos que puede La época de Santiago Ramón y Cajal acortar, disminuir y hasta borrar, pero que no puede remover de sus lugares respectivos. De acuerdo con la <dey de las conexiones» los órganos conservan sus relaciones locales mutuas, cualesquiera que sean las metamorfosis que les impone el ajuste a sus nuevas funciones. Otra ley que guía las investigaciones de Hilaire es la «ley del equilibrio de los órganos», que admite que el desarrollo excesivo de un órgano es compensado por la evolución regresiva de un órgano vecino, ya que en el presupuesto fijo de la naturaleza todo gasto excesivo exige una economía equivalente. Estos dos principios-leyes de las conexiones y del equilibrio -son los que permiten a Saint-Hilaire equiparar órganos, que llamamos homólogos, no obstante de su radical diferencia en forma y en funciones. Estos dos principios también implican la convicción -ya formulada antes por el naturalista Charles Bonnet-de que la multiplicidad de las formas del reino orgánico es un producto del crecimiento desigual de elementos estructuralmente iguales. «Le es suficiente a la naturaleza -sostiene Saint-Hilaire-cambiar algunas de las proporciones de los órganos para ajustarlos a sus nuevas funciones o para extender o para restringir sus aplicaciones^>. La hipótesis de un arquetipo único para el reino animal implica un origen común y sugiere que las especies han sufrido transformaciones en el curso del pasado. En una serie de memorias publicadas entre los años 1828 y 1837, Saint-Hilaire se adhiere a la idea de un radical transformismo vinculando las formas actuales de la vida con especies desaparecidas cuyos restos Cuvier y otros paleontólogos acababan de descubrir. En una memoria presentada a la Academia de Ciencias en 1831, Saint-Hilaire decía: «Los animales que actualmente viven descienden, por una serie de ininterrumpidas generaciones, de animales perdidos del mundo antediluviana. Por su parte, Saint-Hilaire reconoció que las anormalidades anatómicas no son caprichos fantásticos de la natuiraleza; detrás de la gran variedad de las formas monstruosas sostuvo que hay un cierto número de tipos fundar mentales. Más aún, esperaba que una intervención mecánica en el desarra lio embrionario podría transformar una especie en otra; al antiguo sueño alquimista de la transmutación de los metales, se sumaba otro aún más osado, el de la transformación artificial de las formas básicas de la vida. B. La aparición de Biología Con todo ello, el término Biología, que alude a los procesos generales de la vida, aparece en el umbral del siglo XIX, en el año 1802, de la Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén mano de Lamark en su obra Hydrobiologie, término -el de Biologíaacuñado simultánea e independientemente por los alemanes Treviranus y Burdach. Aunque ya antes había habido intentos de enfrentarse con problemas de este orden, puede decirse que en esta época es cuando empieza el análisis preciso y metódico de la sustancia viva y de las leyes generales de su funcionamiento; análisis que revelará la unidad fundamental de los dos reinos del mundo vivo. La idea de una Naturaleza eterna, fija para siempre, idea de la que no habían conseguido librarse ni siquiera los grandes materialistas del Siglo de las Luces, se hundirá, finalmente, en el curso del siglo XIX ante los repetidos ataques de que es objeto. El espíritu descubre en todas partes transiciones en el tiempo y conexiones en el espacio. Tras largas y difíciles luchas, desarrolladas en torno al problema de los orígenes del hombre y de la teoría de la evolución -que son los grandes temas de la Biología del XIX-el estudio de las ciencias de la Vida podrá construirse de un modo válido eliminando, finalmente, toda apelación a consideraciones extracientíficas de orden metafísico o teológico. En el curso de su rápido desarrollo, la Biología, sin dejar de describir y clasificar el mundo vivo, atenderá más particularmente a los problemas del desarrollo y de la evolución de los seres; así se diversificará en numerosas disciplinas particulares, más o menos estrictamente delimitadas a medida que se amplían sus conocimientos y que progresan las técnicas. Pero esas diversas especializaciones, provocadas por la revelación progresiva de la complejidad de las cosas, no son más que diferentes métodos de análisis dirigidos hacia un mismo objetivo de conjunto: el estudio de la Naturaleza. Este prodigioso desarrollo de las ciencias de la Vida en el curso del siglo XIX se caracteriza, a la vez, por la instauración de métodos de observación y de experimentación cada vez más rigurosos; ello, por el uso de técnicas inéditas de posibilidades hasta entonces insospechadas, por la formulación de audaces teorías con diversas finalidades y por una enorme cosecha de investigaciones de detalle. La idea de que las formas de los seres vivos están sometidas a cambio en el curso del tiempo, fue expresada por varios pensadores ya desde la antigüedad: Anaximandro de Mileto, Empédocles de Akragas o Aristóteles. Desde el Renacimiento científico, la idea de mutabilidad de las especies fue familiar a muchos pensadores: Francis Bacon en su utópica A/oua Atlantis, Leibniz en su Protogaea. Al igual que Linneo, el gran naturalista francés Buffon compartió, en un principio, la creencia de la fijeza de las formas de los seres vivos, para llegar a sus años de madurez a la ad-La época de Santiago Ramón y Cajal misión de un transformismo limitado, aceptando que la fauna del globo está sometida a cambios, que muchas especies han degenerado o se han perfeccionado, y que las especies más frágiles han desaparecido o desaparecerán con el tiempo. Buffon subraya la influencia modeladora que a través del tiempo las circunstancias del ambiente ejercen sobre los seres vivos. El problema del origen de las especies fue, mientras tanto, expuesto por Benot de Maillet, escritor y diplomático cuya curiosa obra Telliamed -anagrama del apellido del autor-trata de poner al día las ideas expresadas por Anaximandro más de 24 siglos antes. Maillet sostuvo que todas las transformaciones se produjeron bajo la acción de factores ambientales y que, convertidas en caracteres hereditarios, se transmitieron a los descendientes. Con todo, si bien en las últimas décadas del siglo XVIII la idea de la transformación de las especies comenzaba a imponerse en el pensamiento biológico, aún hacía falta una teoría coherente para asegurar al concepto de evolución el derecho de ciudadanía en las ciencias de la vida. El mérito de haber realizado esta importante tarea pertenece al naturalista francés Lamarck que, al reemplazar las ideas y opiniones aisladas y diseminadas de sus precursores por una doctrina coherente, se constituye en el verdadero iniciador del transformismo y allana el camino a la magna obra de Darwin. Jean-Baptiste-Pierre-Antoine de Monet, Chevalier de Lamarck, seminarista, artillero, contable, periodista y estudiante de medicina, se decidió, al fin, por la botánica. Su Flore française, de 1778 -contaba entonces con 34 años-, atrajo inmediatamente la atención sobre su autor. En esta obra Lamarck introduce un nuevo sistema taxonómico más sencillo que el de sus antecesores. Lamarck ya había alcanzado la edad madura -tenía 55 años y habían pasado veinte desde la publicación de su primera obra-cuando el 11 de mayo de 1800 anunció en la clase inaugural (Discours d'ouverture de Van Vili) su doctrina transformista, que desarrolló con mayor amplitud en su obra capital Philosophie zoologique y remachó en su monumental Histoire naturelle des animaux sans vertèbres, La teoría lamarckiana de la evolución de las especies, opuesta a las ideas tradicionales y rechazada o silenciada por el prestigioso Georges Cuvier, no encontró entre sus contemporáneos la valoración que merecía. El núcleo de la teoría transformista de Lamark establece que «en la marcha real de la naturaleza, su marcha dinámica, los organismos simples, por una lenta y progresiva transformación, engendran organismos cada vez más complejos y perfectos». Lamarck -desconociendo las experiencias en contra de la generación espontánea de Spallanzani o haciendo caso omiso de ellas-admitió la generación espontánea. Su punto de partida es una sustancia mucilaginosa que se produce por doquier. Los animales más primitivos así engendrados están desprovistos de órganos. Sin embargo, la materia lleva en sí -como propiedad intrínseca-el principio de su evolución progresiva: la energía motriz de sus fluidos internos que condiciona la formación de estructuras particulares: los órganos. De acuerdo con Lamarck, la evolución de los organismos encuentra su principal causa propulsora en la interacción entre las fuerzas generales de la naturaleza y los fluidos internos de la materia viva. ¿Cómo actúa el ambiente sobre la materia viva?. La respuesta a esta pregunta -contenida esencialmente en su Philosophie zoologique-constituye el núcleo central de la teoría de Lamarck. La influencia de los factores externos es directa tan sólo en el caso de las plantas y de los animales situados en los peldaños más bajos de la evolución, que son de naturaleza pasiva y, por tanto, totalmente bajo el dominio de los factores mesológicos. Pero no sucede lo mismo con los demás seres. La modificación de los factores externos crea nuevas necesidades que imponen al animal nuevos hábitos, tan duraderos como las necesidades que lo engendraron. La acción modeladora de las necesidades y de los hábitos efectúan una adaptación del organismo a los cambios del medio, y permiten al animal vivir en armonía con su ambiente. No son pues los órganos los que determinan los hábitos y las propiedades peculiares del animal, sino por el contrario son los hábitos y las necesidades impuestas por las circunstancias ambientales en las que vivieron sus antepasados, los que en el curso del tiempo modelaron su forma corpórea, sus órganos y sus facultades. Solamente cuando una serie de generaciones se mantiene sometida a su acción, la modificación orgánica que ella produce se convierte en una adquisición duradera y queda estampada en la especie. Lamarck admite, por tanto, la transmisión hereditaria de los caracteres somáticos adquiridos durante la vida individual. Tal es el esencial contenido de la «ley del uso y desuso» o «ley de la adaptación», el más conocido hallazgo lamarckiano. Por su parte, Lamarck, ajeno al antropocentrismo imperante en su tiempo, extendió los alcances de su teoría al origen del hombre. Su hipótesis asigna al Homo sapiens antepasados cuadrumanos, anticipando así una importante afirmación de la escuela de Darwin. Con todo, la hipótesis de la transmisión de los caracteres somáticos adquiridos, para la que no disponía de pruebas fue vigorosamente combati-La época de Santiago Ramón y Cajal da por August Weismann y su escuela, cayendo en el olvido antes de la muerte de su autor. C. El tiempo de Ramón y Cajal Hasta aquí, los antecedentes. La actualidad histórica o simplemente actualidad es el lapso temporal al que todos los hombres que viven un determinado momento cronológico -las tres generaciones que en cada uno de ellos coexisten entre sí, diría Ortega-pueden llamar y con frecuencia llaman, nuestro tiempo. Teniendo en cuenta lo que el año 1848 representa en el curso de la historia general de Europa, no parece inadecuado proceder como si en esa fecha comenzase la nueva situación histórica del hombre moderno. A esa mentalidad nueva, imperante en todo el mundo culto en la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo actual, corresponde el periodo de la historia al que dedicaré los próximos minutos. Corresponde, en términos generales, a los años de juventud y formación y de plenitud creadora vividos por Cajal y que si nos centramos en el periodo de su apogeo científico se refieren al momento del «positivismo naturalista». En pocos momentos de su historia ha alcanzado tan alto nivel como en ese el cultivo de las ciencias de la naturaleza y, en ninguno, tanto prestigio. Santiago contrae matrimonio con Dña. Silveria Fariñas v publica su primer trabaio: Investigaciones experimentales sobre la génesis inñamatoria y en especial sobre la emigración de los leucocitos. De este trabaio Cajal comenta: «... v fui arratsrado a una solución sincrética o de transición, errónea conforme suelen ser en ciencia casi todas las opciones diagonales».-el hombre de 1880 espera de la ciencia natural todo lo que puede conseguirse sobre el planeta. Mientras la física clásica completaba su imagen del cosmos y la química llegaba a su edad adulta, la biología científica logró convertirse en disciplina central de la visión naturalista del universo. Varias fueron las causas principales de esa fantástica ascensión: un avance decisivo de la tarea de conocer la constitución morfológica elemental de un organismo vivo; la consolidación definitiva de la fisiología científica por obra de los discípulos y continuadores de MüUer y de Magendie, y la aparición y el rápido prestigio universal de una teoría de la evolución biológica aparentemente basada sobre la pura observación de la realidad vegetal y animal. Con todo, no era nueva la concepción evolutiva de las formas vivientes: Erasmus Darwin, Buffon, los filósofos de la naturaleza alemanes Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén y Lamark la habían afirmado, cada uno a su modo, en lo tocante a las especies zoológicas. Por su parte, el geólogo Charles Lyell se atrevió a construir la geología sobre la idea de una transformación continua de la corteza terrestre y en contra de la doctrina de las catástrofes de Cuvier, entonces imperante; y el naturalista Alfred Russell Wallace dio a conocer al propio Darwin, en 1858, una monografía significativamente titulada «Sobre las tendencias de las variedades a separarse indefinidamente del tipo original»; ensayo que contenía la idea de la evolución de las especies mediante la selección natural. a. El evolucionismo Pero el verdadero triunfo del evolucionismo -o del transformismo, como entonces se decía-no advino hasta 1859, con la publicación de «El Origen de las Especies» de Charles Darwin. El uso de las palabras «evolución» y «evolucionismo» en el sentido que hoy día tienen -opuesto al que tuvieron en el siglo XVIII-fue umversalmente difundido por la obra de Herbert Spencer. Participó Darwin en la expedición científica del Beagle, entre los años 1831 y 1836, y con la experiencia en ella recogida y la que adquirió después acerca de la domesticación y la cría de de las especies animales y vegetales, maduró su famoso libro que puede resumirse, desde un punto de vista doctrinal, en las tres siguientes tesis: todas las especies vivientes proceden de la paulatina transformación de otras anteriores; esa transformación tiene su causa en la lucha de los individuos por su existencia, pues subsisten los más aptos, los mejor adaptados, y en tercer lugar, los caracteres morfológicos y fisiológicos adquiridos se transmiten hereditariamente a la descendencia. El prestigio científico y popular del darwinismo fue rápido y estruendoso. Además, el nacimiento y el pronto vigor de la ecología biológica, ciencia de la distribución de los seres vivos en la superficie del planeta, fruto de varias expediciones científicas continuadoras de las famosas de Cook y de Brown y culminadas por la del Chellenger entre los años 1872 y 1876 -Cajal se Licencia en Medicina, gana una plaza en la Sanidad Militar, viaia a Cuba v regresa, enfermo, a España-. Descendiente de una familia de intelectuales. Charles Robert Darwin nació en Inglaterra el 12 de febrero de 1809, año en que Lamarck publicó su Philosophie zoologique. Sus restos descansan en el Panteón Británico, la Abadía de Westminster, junto a los de Isaac Newton y de William Shakespeare. La época de Santiago Ramón y Cajal 1882 es, también, el año de la muerte de Theodor Schwann, anatómico y fisiólogo alemán; v para CajaL el del nacimiento de su primer hiio, Santiago. Antes de su memorable viaje alrededor del mundo, Darwin compartía la creencia, casi general de los naturalistas contemporáneos, en la fijeza de las especies y apenas abrigaba dudas acerca de la veracidad de la hipótesis creacionista bíblica. Sin embargo, tras la experiencia del Beagle Darwin concluye en su Diario de Viaje: «... parece, pues, que nos acercamos tanto en el espacio como en el tiempo al hecho fundamental, el secreto de los secretos, es decir, el problema de la aparición de nuevos seres sobre la Tierra», Darwin no tardó en convencerse de que, en realidad, estaba aún lejos del secreto de los secretos. Al admitir la mutabilidad de las especies sólo había dado el primer paso hacia una teoría de la evolución. Le resultó evidente -en contra a lo sostenido por Lamarck-que ni la acción del ambiente ni los esfiíerzos de los seres vivos para adaptarse a las condiciones circundantes, podría explicar las transformaciones de las formas de vida. Para encontrar la causa motora de la evolución Darwin, después de su regreso a Inglaterra, empezó a acumular hechos en gran escala, en especial un material realmente imponente suministrado por la horticultura y la crianza de animales. Así, las experiencias del criador, a las que está dedicado el primer capítulo del Origen de las Especies, desempeñaron un decisivo papel en la argumentación de Darwin de la selección natural. Pero, ¿cuál es, en la naturaleza el factor capaz de reemplazar al criador?. Esta pregunta detuvo a Darwin hasta el día de octubre de 1838 en que cayó en sus manos el célebre libro de Thomas Robert Malthus. En su brillante y audaz tratado Essay on the Principles of Population de 1798, el economista inglés había dado una sombría visión del porvenir de la humanidad; había sostenido que la población del globo tiende a crecer en proporción geométrica, mientras que el abastecimiento de alimentos aumenta, a pesar de los adelantos de la agricultura, solamente en progresión aritmética. Estas ideas de la teoría de Malthus proporcionaron a Darwin la clave que buscaba. Había hallado el factor que en la naturaleza reemplaza a la intervención del criador: la lucha por la existencia -struggle for life-. El principio de estos fenómenos conexos: lucha por la existencia y selección natural, constituye el eje de la teoría de Darwin y su exposición forma el contenido esencial del Origen de las Especies. Pero si a pesar del potencial reproductivo ninguna especie ha invadido el especio vital del planeta, si por el contrario la población absoluta y relativa de las especies permanece grosso modo constante, es porque la lucha por la existencia realiza una formidable destrucción de individuos jóvenes antes de que lleguen a la edad de la procreación. En medio de una naturaleza hostil, todos los seres tratan de sobrevivir. En esta tremenda y perpetua competencia ¿quién sucumbe, ¿quién logra sobrevivir?. Darwin, en su respuesta a estas preguntas, considera que los individuos de una y la misma especie siempre se distinguen entre sí, aunque esas diferencias sean a menudo ínfimas. Entre esas características diferenciales puede haber una -o incluso varias-que proporcionan al individuo una ventaja en sus complejas relaciones con los demás seres y con las condiciones biofísicas del ambiente, ayudándolo a mantenerse en la lucha por la existencia. Los portadores de tales características ventajosas poseen, pues, mayor probabilidad se escapar a los peligros de la competencia. De este modo sobreviven los más aptos -survival of the fittest-y sólo tales privilegiados resultan los elegidos para reproducirse y propagar la especie. En cada generación se realiza de esta manera un inexorable tamizado que, a la vez, elimina a los menos aptos y robustece los caracteres favorables de los que sobreviven. Esta acción acumuladora y perfeccionadora de la selección natural constituye el mecanismo que dio origen, en el curso de las edades geológicas, a la diversidad de las formas de vida -Por su parte. Cajal manifestó que «las características anatómicas que han prevalecido v se han perpetuado hereditariamente, lo han hecho por ser provechosas, no por una idea utilitaria impuesta por un principio rector inminente o trascendente,,., no debe confundirse utilidad con finalidad...»-. Pero los seres no sólo luchan para sobrevivir, sino también para reproducirse. Al lado de la selección natural surge en el reino animal la selección sexual como consecuencia de la brega entre los individuos del mismo sexo, generalmente los machos, por la posesión del otro sexo. Esta forma de selección es más específica y más restringida en sus alcances; su resultado no es la muerte del émulo fracasado sino la nulidad de la progenie. Sin embargo, la lucha no es menos encarnizada. La idea de una lucha universal por la existencia -sugerida de la lectura de la obra de Malthus-pertenecía a los supuestos psicológicos y sociológicos de la victoriosa y dominadora burguesía; y la doctrina de un origen natural y científicamente explicable de las especies vivientes pareció ser una respuesta decisiva de la ciencia al Génesis. Hubo no sólo una biología, sino también, una antropología, una ética, una sociología y una historiología darwinistas; y aunque la calidad intelectual de los adversarios del transformismo fuese muy considerable -entre otros, Owen La época de Santiago Ramón y Cajal y su vocero el obispo de Oxford Samuel Wilberforce en Inglaterra, Virchow en Alemania, Claude Bernard en Francia o Agassiz en EE.UU-, el esfuerzo y el entusiasmo de otros de no menos calidad, como Huxley, Spencer, Haeckel o Weismann en cabeza, logró hacer del pensamiento darwiniano, en las postrimerías del siglo XIX, un credo universal. Por lo que atañe a la Biología en sentido estricto, la taxonomía, la morfología descriptiva, la anatomía comparada y la ontogénesis, fueron total o parcialmente desarrolladas desde el nuevo punto de vista. Las variaciones que ofrecen los puntos de partida a la selección natural -es decir, las pequeñas diferencias ventajosas existentes entre individuos de la misma especie-las considera Darwin como hechos empíricos. Sin embargo, no por ello dejó de preguntarse cuales podrían ser sus causas. Sus especulaciones a este respecto no fueron ni muy claras ni muy profundas. Suponía que todas las variaciones, cualquiera fuera su origen, eran capaces de integrar el patrimonio hereditario; admitía, al igual que Lamarck, la trasmisibilidad de los caracteres adquiridos, y propuso una hipótesis -de la pangenesis-para dar cuenta del fenómeno de la herencia biológica, aunque se dio cuenta de la caducidad de su hipótesis. Evidentemente, la hora de la genética aún no había sonado; cuando el Origen de las Especies apareció, esta reveladora rama de la biología estaba tan sólo formándose clandestinamente en el jardín del monje Mendel. b. El nacimiento de la genética Los métodos y los conceptos fundamentales de la ciencia genética fueron establecidos por Francis Galton, quién aplicó la estadística matemática al estudio de la herencia; por Gregor Mendel, descubridor de las leyes que llevan su nombre, y por August Weismann, autor de la teoría del plasma germinativo y de la idea de los cromosomas como portadores de los caracteres hereditarios. Publicadas entre 1866 y 1869 -Caial. con 14 años, se inicia, primero en dibuio v luego, en los veranos, en los estudios anatómicos-/ publicadas en esos años las «leyes de Mendel» en una revista de tercer o cuarto orden, no fueron conocidas hasta que el holandés de Vries, el alemán Correns y el austriaco von Tschermak, las recuperaron en el año de 1900 -Caial es nombrado director del Instituto Nacional de Higiene Alfonso XIL recién fundado, v recibe el Premio Moscú, concedido en el Congreso Internacional de Medicina celebrado en París en el año anterior-. La observación diaria de la existencia de una semejanza entre los progenitores y sus descendientes pertenece, sin duda, al acervo más antiguo del saber huiiíano. Todavía en 1872 Darwin declaraba que «... las leyes que gobiernan la herencia son, en su mayor parte, desconocidas». Y, sin embargo, cuando el autor del Origen de las Especies escribía esta líneas en la sexta edición de su gran obra, tales preguntas que en ella formulaba ya habían sido claramente contestadas por el monje agustino Gregor Mendel, que había nacido el mismo año que Pasteur, en 1822. Los descubrimientos de Mendel, formulados en su ley de la «dominancia y la de la segregación o disyunción de los caracteres», señalaron el punto de arranque histórico de una nueva ciencia: la genética. En 1865 -CaiaL con 13 años, estudia en el Instituto de Huesca-Mendel hizo conocer sus investigaciones en dos sesiones de la «Sociedad para el estudio de las ciencias naturales» de Brünn, publicando luego su trabajo -una obra maestra a la vez teórica y experimental-en el boletín de la misma sociedad con el título Versuche über Pflanzenhybriden. La comunicación de Mendel cayó en oídos sordos, tanto en la sesión en que se trató su trabajo como la publicación que lo recogió. Durante los 34 años siguientes no hubo persona alguna -así lo atestiguan los documentos-que comprendiera que en el marco de aquellas 40 páginas se revelaba una de las más importantes leyes naturales descubiertas por el hombre. El hecho de que el trabajo de Mendel fuera publicado en un boletín poco leído no explica el olvido en que cayeron sus investigaciones. Ese boletín mantenía intercambio con más de 120 instituciones científicas, austríacas y extranjeras; además el propio autor hizo llegar ejemplares de su memoria a varios biólogos de nombradía. Las razones de la incomprensión fueron de otro tipo. Primero, cuando se publicó el descubrimiento poco se sabía acerca de lo que ocurría en las células reproductoras en el instante de la fecundación. Por otra parte, en ese momento el interés de los biólogos -a seis años de distancia de la gran obra de Darwin-se centraba más en los factores de evolución que modificaban las especies, que en los factores de herencia que regían su estabilidad. Durante los años en que los descubrimientos mendelianos permanecieron desconocidos, los problemas de la herencia biológica fueron estudiados principalmente en relación con la teoría de Darwin. Galton estableció la «ley de la herencia ancestral», pero el botánico danés Wilhem Ludwig Johannsen concluyó que la selección, sea natural o artificial, no actúan sobre las líneas puras, cuya sustancia hereditaria es estable y, por tanto, las razas puras son fijas, constantes y excluyen la variabilidad. En sus ultimas y rígidas consecuencias, las conclusiones de Johannsen entrañarían no sólo el derrumbe del darwinismo sino que señalarían el ocaso de la teoría de la evolución de los seres vivos. Pero únicamente tal posición sería tan trascendente si las variaciones fluctuantes fueran la única clase de variaciones o, en otros términos, si la ñjeza de las líneas puras fuera absoluta. Sin embargo, el gran paladín del darwinismo, Thomas Huxley había escrito «que la naturaleza a veces hace saltos. Este hecho nos parece -continuaba Huxley-nos parece particularmente notable, ya que permite rechazar ciertas objeciones accesorias que se hicieron a la teoría de la transformación de las especies>>. Con todo ello, el darwinismo -expresión biológica de una visión de la realidad cada vez más extendida en toda Europa desde ñnes del siglo XVIH-se hizo pronto una verdadera «concepción del mundo». Algo contribuyeron a ello los biólogos darwinistas como Huxley, Wallece, Hooker y otros; pero quienes más eficazmente ayudaron a convertir el «evolucionismo» darwiniano en una doctrina de alcance y resonancia universales fueron el filósofo Herbert Spencer y el naturalista Ernst Haeckel -Comenta Caial que, en la tertuluia del Suizo, «rendimos veneración y entusiasmo hacia el evolucionismo y sus pontífices, Darwin v Haeckeh-, En una serie de obras escritas entre 1862 y 1893 Spencer construyó sobre la evolución todo un sistema filosófico que permitía dar cuenta del curso progresivo del universo. Haeckel, profesor de Zoología en la Universidad de Jena, más fogoso e imaginativo que Spencer, fue el sumo apóstol del darwinismo. En su Morfología general de los organismos, publicada en 1866 intentó forjar una síntesis del darwinismo y de la morfología idealista; más tarde compuso una serie de libros de enorme resonancia popular -Historia Natural de la Creación y Los Enigmas del Universo, entre otros-, en los que mezcló la teoría de la evolución, el monismo, el radicalismo político y la polémica antirreligiosa. Darwin había considerado la teoría de la descendencia como una tesis que es necesario demostrar. La posición de Haeckel es totalmente distinta; Haeckel utiliza dicha teoría -que a su juicio es una verdad inquebrantable-para aclarar con su ayuda todos los problemas de la biología. «Los inapreciables descubrimientos de Darwin -escribe-han iluminado el dominio de la naturaleza orgánica de tal manera que hoy no podemos considerar como inexplicable ningún hecho biológico». Haeckel es una zoología general expuesta y explicada mediante la teoría darwiniana. «La ontogenia -sostiene Haeckel y ello es el punto central de su teoría-// la ontogenia es la rápida recapitulación de la filogenia: los estados del desarrollo que recorre el mecanismo individual desde el huevo hasta su plena evolución, es una repetición abreviada y acelerada de las transformaciones que sufrieron los antepasados del individuo en el curso de la historia de la especÍ0>, Por otro lado, Haeckel se había propuesto fijar el lugar del hombre en la genealogía del reino zoológico; esfuerzos qu alcanzaron su culminación en el Congreso Zoológico internacional celebrado en 1898 -Cai al redacta un trabaio de «tendencias filosóficas» acerca de la organización fundamental de las vías ópticas v la probábale significación de los entrecruzamientes nerviosos: veranea en Miraflores de la Sierra, en Madrid, con Olóriz. V escribe en la prensa a favor del regeneracionismo nacional-. En su exposición, Haeckel identificó el Pithecanthropus erectus -cuyos restos fósiles habían sido encontrados mientras tanto por Dubois-con el eslabón que vincula los monos superiores con el hombre. Pese a sus errores y a su incuestionable confusión mental, Haeckel, no leído ya por casi nadie, fue un buen ejemplo del entusiasmo seudorreligioso que la ciencia de la naturaleza llegó a suscitar en los últimos decenios del siglo XIX y en los primeros lustros del s XX. A las tres causas del auge de la biología -evolución, lucha por la supervivencia y herencia-/a estas tres causas hasta ahora mencionadas, deben añadirse otras tantas. Una viva y extensa preocupación en torno al problema del origen de la vida. Frente a los que seguían recurriendo a la idea de una inmediata intervención creadora, la mayoría admitió, con Huxley y Haeckel, la hipótesis de una aparición natural y azarosa de los primeros seres vivientes. Algunos idearon la teoría de la «panspermia», que admitía que los primeros gérmenes vivientes habrían sido transportados a la Tierra desde otros astros. Debe recordarse que la resonante polémica de Pasteur y Pouchet acerca de la generación espontánea fue parte muy importante en la discusión sobre la biogénesis. Los orígenes del hombre Otro ingrediente al auge biológico fue la paleontología. Los hallazgos y las reconstrucciones de Cuvier quedaron pronto muy rebasados por una serie de descubrimientos sensacionales: las plantas fósiles en la hulla -la célebre impronta de la Archaeopteryx lithographica-la ascendencia filo-La época de Santiago Ramón y Cajal genética del caballo y, por fin, la serie fósil de los animales gigantes de América. En 1859, eminentes científicos británicos, entre ellos Charles Lyell, tras visitar el cuestionado yacimiento de Abbeville y donde se había fundado una modesta Sociedad de Emulación, el paleontólogo francés Albert Gaudry el inglés Lyell, ratificaron su convinción sobre la importancia de las excavaciones realizadas; La prueba geológica de la antigüedad del hombre fue el título de una monografía publicada por Lyell en 1863 -Caiai, con 11 años, se expiava en Averbe-. A partir de esas fechas se produce una explosión de trabajos; Del hombre antediluviano y de sus obras, y Sobre la antigüedad geológica de la especie humana en la Europa occidental, son dos ejemplos que intentan dar al traste con las ideas del Diluvio y los cataclismos. Pensando que la historia del hombre, como la de los animales o la de la Tierra, es una obra continua, Edouard Lartet, abogado de profesión y autor de la última de las obras citadas, presentó los primeros elementos de una cronología paleontológica. Poco después, en 1865, Fuhlrott publicó la descripción de los pocos fragmentos que habían podido salvarse (una bóveda craneal y algunos huesos largos) de un esqueleto descubierto en 1856 -la familia de Cai al. contando éste cuatro años, se traslada a Valpasmar v Cai al inicia sus estudios en la escuela del pueblo-por los obreros de una cantera situada en el barranco llamado de Neanderthal, en la Prusia renana. Aunque numerosos naturalistas vacilaron al principio, antes de atribuirlo a un hombre, no cabe duda de que pertenecen a lo que hoy se conoce como hombre de Neanderthal. Por su parte, el ya nombrado Lartet encontró, en 1868, durante los trabajos realizados en la línea ferrerà de Périgueux, cinco esqueletos bajo el refugio de Cro-Magnon, cerca de Dordoña. Estos y otros hallazgos similares provocaron interminables discusiones. Tres obras tuvieron especial resonancia en tales discusiones: La Descendencia del Hombre y la Selección Respecto del Sexo, publicada por Charles Darwin en el año 1871, y la Historia Natural de la Creación y la Antropogénesis o Historia de la Evolución Humana, de Ernst Haeckel, escritos en 1868 y 1874. Recogiendo las teorías de Lamarck sobre el origen animal del hombre, Haeckel afirmaba la existencia de un intermediario morfológico entre los monos superiores y el hombre, al que dio incluso, en su hipótesis, el nombre de Pithecanthropus. Todo ello entusiasmó a un joven médico militar holandés, Eugène Dubois, quién se dirigió a las Indias holandesas -Rudolf Virchow había sentado el principio metódico de que había que buscar los primeros hombres Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén en el archipiélago de Sonda-con la firme intención de buscar el hipotético hombre-mono. Dubois comenzó por Sumatra y luego, en 1890 -Caial estudia la neurogenia, el desarrollo embrionario del sistema nervioso. Sus trabajos son reconocidos en Alemania v Francia-, pasó a Java. Al año siguiente -en 1891 Caial concluve el «principio de la polarización dinámica» v gana las oposiciones a la Cátedra de Histología de Madrid-, al pie del volcán Lawu-Kukusan, en las orillas del rio Solo, Dubois encontró la bóveda craneal, un fémur y un diente de un ser intermedio entre el hombre y el mono, con una capacidad craneal estimada en 900 mi; publicó su descubrimiento en 1894 -Caial es invitado a pronunciar la Croonian Lecture en la Rovai Society de Londres, v se le otorga el grado de Doctor por Cambridge. Publica, según el propio Caial «fanático irreductible de la relimón de los hechos», su primer trabaio de tendencia teórica: «Consideraciones generales sobre la morfología de las células nerviosas». que envió al Congreso Internacional de Medicina celebrado en Roma-, y dio al ser con que se había topado el nombre de Pithecanthropus erectus, considerándolo el antepasado directo del hombre moderno, lo que supuso otro nuevo escándalo. El redescubrimiento de las leyes mendelianas Hacia fines del siglo pasado la convergencia de varios adelantos de la citología contribuyeron a conferir un renovado interés hacia los problemas de la hibridación, cuya solución se encontraba oculta en la memoria desconocida de Mendel. En esta época habían sido ya investigados los fenómenos nucleares de la fecundación, ya se habían descubierto los cromosomas y observado los admirables mecanismos que distribuyen estas configuraciones filiformes localizándolas en el núcleo de las células-hijas, y ya la idea del genial teórico Weismann, que desde 1883 -Caial obtiene por oposición la Cátedra de Anatomía de Valencia, v publica varios artículos de popularización histológica baio el seudónimo de Dr. Bacteriohabía entrevisto en los cromosomas la base material de la herencia, comenzaba a adquirir contornos más firmes. Tales circunstancias atrajeron la atención de muchos investigadores hacia los problemas de la herencia, y entre ellos varios atacaron ese problema -como lo hiciera Mendel-mediante el cruzamiento de plantas. No es pues sorprendente que se redescubrieran las leyes mendelianas; lo que si fue notable es que ese redescubrimiento tuvo lugar en tres países europeos por tres botánicos y casi simultáneamente. No fue una casualidad tal redescubrimiento. Llegó como consecuencia de una discusión en torno a la continuidad o a la discontinuidad en la variación de los caracteres hereditarios. Frente al hipotético continuismo de Darwin se levantó, apoyada en hechos observables, la teoría de las mutaciones discontinuas de Hugo de Vries. El mecanismo cromosomico de la herencia mendeliana fue determinado por el belga van Beneden -padre de la constancia específica del número de cromosomas-y, sobre todo, por los pacientísimos trabajos del norteamericano Thomas Hunt Morgan y su escuela, que establecieron la teoría de los genes. Son también dignos de mención el danés Johannsen, a quién se deben los conceptos de genotipo y de fenotipo, y el alemán Roux, creador de la embriología experimental y de la mecánica del desarrollo. El primero de ellos fue el holandés Hugo de Vries, profesor de la Universidad de Amsterdam, cuya obra Die Mutationstheorie, publicada en los umbrales de nuestro siglo constituye, históricamente, el punto de arranque de la actual teoría de la evolución. Guiado por la convicción de que la variación hereditaria -contrariamente al concepto darwiniano-no es un fenómeno continuo y paulatino sino que es debida a un súbito y esporádico cambio «germinal», a una «mutación», de Vries redescubrió las leyes de la dominancia y de la segregación. Sobre las formas engendradas por tránsitos súbitos en sus células reproductoras, la selección natural ejerce luego su acción eliminando las formas no adaptadas, pero manteniéndose, por lo demás, como especies perfectamente estables entre mutaciones. Llegaba así para Mendel, 16 años después de su muerte, la hora de la rehabilitación en una forma más completa de la que él soñara. A partir de 1900 -Caial avanza en el estudio del cerebro humano, v asienta la doctrina de las localizaciones cerebrales-y sobre los fundamentos creados por Mendel y de Vries se ha erigido el gigantesco edificio de la genética experimental, uno de cuyos principales constructores, Thomas Hunt Morgan escribió en su Critique of the Theory of Evolution de 1916 el siguiente párrafo que ilustra la universalidad de las leyes de Mendel: « Se ha comprobado que el descubrimiento acerca de la herencia realizado por Mendel en los guisantes comunes se aplica en todas partes, tanto en el reino vegetal como en el animal sin exceptuar al hombr0>. Morgan obtuvo el PremioNobel de Fisiología o Medicina en el año 1933 -aparece en Archivos de Neurobiolosía un artículo de Caial titulado pNeuronismo o reticularismo?-por sus descubrimientos referentes al papel desempeñado por los cromosomas en la herencia. El fin del generacionismo Las investigaciones de Pasteur acerca de la fermentación lo llevaron, por la lógica misma de sus conclusiones, a enfrentarse con el milenario problema de la generación espontánea, antiguo legado aristotélico. Fue Rudolf Virchow quién concibió el organismo del ser vivo como una «república celular, en la que cada célula es un ciudadana>. En esa concepción la célula no es solamente el elemento morfológico, sino también la última unidad vital de los órganos. «Todo animal -afirma Virchow-parece como una suma de unidades vivientes, cada una de las células lleva en sí misma las características completas de la vida», Virchow rechaza definitivamente la hipótesis de Schwann acerca de la génesis de la célula a partir de la masa amorfa del hipotético blastema, y sostiene que donde nace una célula debe haber existido otra célula, así como un animal no puede proceder sino de otro animal y una planta de otra planta. Virchow condensa esta «ley de la continuidad del desarrollo» en su célebre axioma: «Omnis cellula ex cellula» que, por una parte recuerda el clásico lema acuñado en el siglo XVII por Francesco Redi: «Omme vivum ex vivo» y, por otra parte, preludia el que lanzaría en 1880 Walter Flemming: «Ommnis nucleus ex nucleo». Entre los comienzos de la teoría celular y la obra de Virchow transcurrirían dos decenios. En ese lapso las mejoras introducidas en el microscopio, los procedimientos más eficaces en la observación de los tejidos, los nuevos métodos de coloración y otros progresos técnicos, permitieron acumular una gran cantidad de hechos y de conjeturas sobre el papel de la célula y de sus componentes. Teoría celular que, en su versión neuronal, incide, de pleno, en la figura de Ramón y Cajal. De acuerdo con los razonamientos de Louis Pasteur no cabía duda de que los microorganismos eran seres vivos acarreados por el aire at> mosférico y depositados, constantemente, sobre todos los objetos como ya lo habían entrevisto Cagniard de la Tour y Theodor Schwan. Sin embargo, la tesis opuesta, es decir la tesis espontaneísta según la cual los microorganismos se originan por la descomposición de los líquidos fermentables, efecto y no causa del proceso, se vio nuevamente apoyada en la época de las investigaciones ya bosquejadas de Pasteur por el naturalista francés Felix Archimede Pouchet, cuyo grueso libro: «Heterogenic ou Traité de la Generation Spontanéoy de 1859, reunía el conjunto de los argumentos a favor de la antigua teoría. A ese respecto y ese mismo año, 1859, la Académie des Sciences de París organizó un concurso en torno del problema; hecho que dio pie a una célebre controversia entre Pasteur La época de Santiago Ramón y Cajal y sus adversarios acerca del origen de los microorganismos. En el año 1888 se funjló el Instituto Pasteur, año que Caí al. quién reconoció haber sido partidario, en principio, de la generación espontánea, califica como «mi año cumbre, mi año de fortuna». Cajal. instalado en Barcelona, de cuva Universidad había ganado la Cátedra de Histología Normal v Patológica el año anterior, declara que «la nueva verdad, laboriosamente buscada y tan esquiva durante años de varios tanteos, surgió de repente en mi espíritu como una revelación. Las leyes que rigen la morfología v las conexiones de las células nerviosas en la sustancia gris, patentes primeramente en mis estudios del cerebelo, confirmáronse en todos los órganos sucesivamente explorados.... Excluida la continuidad substancial entre célula v célula, se impone la opinión de que el impulso nervioso se transmite por contacto....» Con todo, el origen microbiano de las infecciones sería zanjado por el alemán Robert Koch quién, en 1876 publicó la demostración definitiva, por primera vez, de la etiología de una enfermedad infecciosa: el carbunco. Luego, en 1878 -Caial. con 26 años, obtiene en Madrid el grado de Doctor-, puso en evidencia que los microorganismos patógenos son específicos, es decir, que cada tipo de microbio propaga una sola y determinada enfermedad, derrumbando la creencia de que los microorganismos podían modificarse pasando de una a otra forma patógena, y en 1882 descubrió el agente propagador de la tuberculosis, el «bacilo de Koch», si bien con ello no concluyeron sus aportaciones. Los trabajos de Koch dispararon las investigaciones en bacteriología y especialmente en parasitología en la que los trabajos de Ronald Ross sobre la malaria fueron recompensados con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en el año 1902 -año de la muerte de Virchow-, y los de Charles Louis Alphonse Laveran sobre el papel de los protozoos en patología humana en 1907, cuando Caial colaboraba en la creación de la Junta de ampliación de estudios v cuando fue elegido Académico de la Real Academia Nacional de Medicina. Por otra parte, sin conocer las publicaciones de Kock, Pasteur obtuvo, en 1881 -«de más enjundia, define Cajal. y de índole más estrictamente objetiva fue mi segundo trabajo «Observaciones microscópicas sobre las terminaciones nerviosas en los músculos voluntarios^>-. el espléndido éxito de producir una vacuna contra el carbunco -una enfermedad producida por una bacteria-, y en 1885 -Cajal es reclamado por la Diputación de Zaragoza para estudiar la epidemia de Cólera en la región Levantina V emitir dictamen sobre el valor de la profilaxis, redactando «Estudios sobre el microbio vírgula del cólera v las inoculaciones profiláctica»>-~ con-Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén tra la rabia -una enfermedad producida por un virus-. Los trabajos de Pasteur significaron también el punto de partida de la inmunología. Uno de los destacados discípulos de Pasteur, el ruso lija Iljitsch Metschnikoff propuso, en 1884, la teoría de que los microbios patógenos al introducirse en el organismo animal son captados y englobados por determinadas células: los fagocitos. El fenómeno señalado por Metschnikoff -la fagocitosis-explica ciertos aspectos restringidos de la inmunidad, pero no aclara sus características generales. Agreguemos de paso que Metschnikoff logró mayor popularidad gracias a sus teorías relativas a la prolongación de la vida humana, que creía conseguir mediante los efectos del bacilo láctico, que neutraliza los «venenos intestinales». Opuesta al enfoque celular de la inmunidad, una teoría humoral de la misma tuvo su punto de partida en el descubrimiento del químico alemán Hans Büchner, quién puso en evidencia el poder bactericida de la sangre y la presencia en ella de «alexinas», es decir de sustancias bactericidas. Emil Adolf von Behring, Paul Ehrlich y Charles Robert Richet completaron, durante la primera década de nuestro siglo, los conceptos de inmunidad activa y pasiva que sirvieron de base a los desarrollos ulteriores de la inmunología. A Berhing se le otorgó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1901, «por su trabajo en la seroterapia, en especial por sus aplicaciones contra la difteria, lo que ha abierto una nueva vía en el dominio de la ciencia médica y con ello ha puesto en las manos del médico un arma victoriosa contra la enfermedad y la muerte», según reza el el preámbulo de la concesión. Cai al. por su parte, ocupa el Laboratorio de Investigaciones Biológicas v publica «Recuerdos de mi vida». Paul Ehrlich y Metschnikoff compartieron el Premio Nobel en 1908, en reconocimiento a sus trabajos sobre la inmunidad; mientras. Cajal inicia experiencias sobre trasplante neuronal. Charles Richet se incorporó a la orla de premiados en 1913 en reconocimiento a su trabajo en anafilaxis. g. El triunfo de la cirugía En otro terreno dos innovaciones capitales -la anestesia y la antisepsia-transformaron la cirugía del siglo XIX, ampliando su campo de acción y asegurando progresos mucho más allá de lo soñado por los cirujanos del pasado. Nadie entre éstos pudo prever que la labor de químicos y de microbiólogos prepararía el advenimiento de una nueva era quirúrgica. La anestesia se introdujo al promediar el siglo, siguiéndole tras un in-La época de Santiago Ramón y Cajal tervalo de casi dos decenios el método antiséptico; de modo que el dolor que suJErían los pacientes bajo el bisturí y la sepsis postoperatoria que provocaba una mortalidad elevada, se mantuvieron durante la primera mitad del siglo XIX como los grandes obstáculos que limitaban los progresos quirúrgicos. Fue el químico inglés Humphry Davy quién experimentando sobre sí mismo comprobó, en 1799, la notable acción narcótica del óxido nitroso, y al referirse a esa experiencia escribía, en el año 1800, que «prohahlemente podría utilizarse el gas hilarante ventajosamente durante las operaciones quirúrgicas en las que no se produce considerable pérdida de sangre». A su vez, en 1815, Michael Faraday había señalado el efecto farmacológico del éter; sin embargo, por sorprendente que parezca, ningún cirujano llegó a reconocer los alcances de estas indicaciones; y el joven médico inglés Henry Hill Hickman, que ensayó el efecto del ácido carbónico y del óxido nitroso sobre animales, y que sugirió en 1824 la aplicación de gaôes narcotizantes a la práctica quirúrgica, no encontró la atención que merecía. La anestesia debía ser un regalo de la odontología americana a la humanidad. En efecto, fue el dentista Horace Wells, de Conneticut, quién al advertir los servicios que el óxido nitroso podría prestar a la odontología, comenzó a hacer uso del gas hilarante en las extracciones dentarias en 1844. El fracaso de su método en una demostración pública llevó a Wells a retirarse de la práctica profesional. Ni Wells ni su amigo y colaborador el también dentista William Thomas Morton, podían saber que, cuatro años antes, el médico rural Cerwford Wilson Long, de Georgia, había advertido la acción anestésica del éter que había empleado en la extirpación indolora de un pequeño tumor. Pero Long no perece que reconociera los alcances de su experiencia y, durante varios años, se abstuvo de publicarla. Mientras tanto, Morton continuaba buscando un gas con efecto narcotizante seguro y guiado por las informaciones que le suministró el químico Charles Thomas Jackson, eligió el éter sulfúrico, y después de haber efectuado extracciones indoloras en sí mismo y en uno de sus pacientes, propuso al cirujano John Collins Warren realizar una demostración pública utilizando el anestésico en una operación quirúrgica; intervención que se realizó en el Hospital General de Massachussets, extirpando Warren en cinco minutos un tumor de cuello a un paciente anestesiado por Morton. «Caballeros -exclamó el paciente al despertaresto no es charlatanería». Así, el 16 de octubre de 1846 recibieron una brillante refutación las palabras escritas pocos años antes -en 1839-por el prestigioso cirujano francés Velpeau: «Suprimir el dolor en las operado-nes quirúrgicas es una quimera». La anestesia abrió las expectativas quirúrgicas a cotas sin límites. El segundo paso decisivo hacia la nueva cirugía fue dado por el inglés Joseph Lister. En 1865 el cirujano escocés Joseph Lister, guiado por las experiencias de Pasteur, advirtió la relación entre los microorganismos siempre presentes en la atmósfera y las complicaciones purulentas de las heridas quirúrgicas; siendo, por esa época, cuando comenzó a arraigar en el espíritu de Pasteur la idea de la tasmisión de las enfermedades contagiosas por microorganismos. Al introducir la antisepsia, logró un excepcional éxito en la lucha contra la infección postoperatoria de las heridas, terrible amenaza que había acompañado a las intervenciones quirúrgicas desde los tiempos más remotos. La obra reformadora de Lord Joseph Lister partió de la observación de que las fracturas abiertas siempre supuraban, mientras que aquellas en las que la piel estaba intacta se mantenían libres de pus. El problema encontró solución cuando Lister se enteró de las investigaciones de Pasteur y, en especial de los resultados consignados en la publicación Recherches sur la Putréfaction del genial francés, dándose de inmediato cuenta de que la teoría de Pasteur era aplicable a la putrefacción de los tejidos vivos en las heridas. Limpiando las heridas con una sustancia antiséptica -eligió el ácido fénico-logró disminuir la mortalidad, en los casos de amputación, del 45% al 15%. En 1867 publicó los resultados de sus tratamientos de fracturas abiertas y de abcesos en dos artículos, de los que en particular el segundo de ellos -On the Antiseptic Principles in the Practice of Surgery-señala un jalón en la historia de la cirugía. Pero sus hipótesis y experimentos le aportaron violentos ataques, en especial en la Academia de Medicina por parte de un grupo importante de clínicos. Junto con la anestesia, la asepsia fue garante de la consolidación de la cirugía como actividad científica. Las figuras del suizo Emil Theodor Kocher, recipiendario del Nobel de Medicina en 1909 -Caiai, fellow de la Rovai Society, inicia una vasta investigación sobre histología comparada-por su trabajo sobre la fisiología, patología y cirugía de la glándula tiroides, y del franco-americano Alexis Carrel, recompensado con el preciado galardón en 1912 -Caial ensava nuevos métodos de investigación: el del formol-urano v el del sublimado-oro-por su trabajo sobre la sutura vascular y los trasplantes de órganos, son claros ejemplos de la ciencia quirúrgica. En los últimos años del siglo XIX, los rayos X descubiertos por el físico alemán Wilhem Konrad Rontgen enriquecieron el arte de curar con un nuevo y maravilloso instrumento diagnóstico. «Si se interpone -escribió La época de Santiago Ramón y Cajal en su primera memoria el descubridor-// si se interpone la mano entre el tubo de descarga y la pantalla fluorescente, la sombra más oscura de los huesos se destaca entre la sombra de la mano levemente menos oscura». Estas líneas constituyeron el punto de arranque de la radioscopia y de la radiografía, permitiendo que los rayos X pudieran ser aplicados a fines diagnósticos casi inmediatamente después de difundirse la noticia del descubrimiento. Rontgen fue el primer científico al que se concedió el Premio Nobel, fue en el año 1901; noticia que fue celebrada unánimemente por el mundo científico a excepción de Philipp Lenard, quién se consideró, siempre, el verdadero descubridor de los rayos X. A Lenard le otrogaron el Premio Nobel de Física en 1905 -Cajal emprende la investigación sobre la regeneración nerviosa: estudia la arquitectura de los ganglios sensitivos v simpáticos, v se consolida la «concepción neuronal»-por su trabajo sobre los rayos catódicos. Rontgen y Lenard, amigos hasta entonces, nunca, a partir de la concesión del Premio Nobel al primero, volverían a hablarse. Cambiando de escenario, también durante el siglo XIX las investigaciones psicológicas, tanto en situación normal (psicología médica) como patológicas (psiquiatría), proclamaron su autonomía científica, que luchaba por colocarse bajo los signos de la ciencia de la época: medida, experimentación y objetividad. Las investigaciones anatómicas habían abierto el camino: Franz Joseph Gall, investigando el origen del pensamiento y de las emociones, tras disecar numerosos cerebros, inventó la frenología, y Paul Broca localizó la sede de la facultad del lenguaje articulado al pie de la tercera circunvolución frontal izquierda. Por otro lado, los fisiólogos Ernst Heinrich Weber, quién definió los conceptos de «umbral de excitación» y de «umbral diferencial», que se recogieron en la ley de Weber, y Gustav Theodor Fechner, quién introdujo el término psicofisica. Con tales antecedentes anatómicos y fisiológicos, el fundador de la psicología experimental y precursor de la psicología comparada es Wilhem Wundt, fundador del primer laboratorio sobre el tema y que en 1886 -Cajal publica su primer trabaio en una revista extranjera Internationale Monatschrift f Anat u Physiol Bd III, Heft 7: «Contribution à l 'étude des cellules anastomosées des epitheliums pavimenteux strstifié»>-fue reconocido oficialmente como Instituto de Psicología de la Universidad de Leipzig. Entre los discípulos de Wundt destacó el americano James McKeen Cattell, a quién se debe el término universal «test». La psicología entraría en el nuevo siglo de la mano de tres escuelas bien asentadas: el conductismo o behaviorismo del americano John Broadus Watson -estudio de las respuestas que el organismo considerado como un todo realiza en respuesta a un estímulo-; la psicología de la Gelstat del austriaco Christian von Ehrenfels -en toda percepción el todo es algo más que la suma de las partes-, y la teoría de los reflejos condicionados del ruso Ivan Petrovich Pavlov; teoría expuesta en Madrid, en el Congreso Internacional de Medicina del año 1903 -Caial logra una nueva fórmula de impregnación argéntica-y que le valdría el Premio Nobel en el año 1904 -Caial concluye la Textura del sistema nervioso del hombre v de los vertebrados, la «obra de su vida, v la Academia de Ciencias de Berlín concede a Caial la medalla Helmholtz-En relación con el trabajo de Pavlov, sirvan de referencia los importantes estudios llevados a cabo en el salto al siglo XX sobre fisiología sensorial, en especial de la visión de la mano del sueco Allvar GuUstrand y del aparato vestibular de la del vienes Robert Bárány. En el campo de la patología, la revolución psiquiátrica que se produjo a fines del siglo, aunque parezca paradójico, tuvo su origen en aquel movimiento de escaso valor científico que fue el mesmerismo o «doctrina del magnetismo animal» fundada por Franz Joseph Mesmer sobre la base de una mezcolanza de concepciones metafísicas, de teorías físicas de la época como la gravitación universal y de antiguas doctrinas médicas -el organismo está impregnado de un fluido magnético universal-en 1843 derivó hacia el hipnotismo -a cuva actividad dedicó Caial algún tiempo, incluida la organización de un Comité de Investigaciones Psicológicas, durante su estancia en Valencia-. El hecho es que, a finales del siglo, el hipnotismo estaba establecido como método de tratamiento y como tema de investigación en dos escuelas francesas: la de La Salpêtrière de París dirigida por Jean-Martin Charcot, escuela más investigadora y sistematizadora; y la de Nacy dirigida por Hippolyte Bernheim, más empírica, humanitaria y con preocupaciones sociales. Sin embargo, a fines de siglo el auge del hipnotismo tiene fin ante la aparición de un nuevo astro de la ciencia médica: Sigmund Freud. Cuando Cajal termina su compromiso con la Diputación de Zaragoza V regresa a Valencia v. definitivamente, a la Histología en 1885, Freud inicia su carrera docente en la cátedra de neuropatologia de la Universidad de Viena. Ese mismo año obtiene una beca y se pone en contacto con la clínica de Charcot y con el estudio de la histeria y la aplicación del hipnotismo. Regresa a Viena pero cuando oye hablar de la clínica de Nancy, La época de Santiago Ramón y Cajal realiza un segundo viaje a Francia, en 1889 -Caiai asiste al Congreso de la Sociedad Anatomica para presentar su trabaioO: «en Nacy -relata Freud-recibí las impresiones más profundas ante la posibilidad de que existieran procesos mentales que, sin embargo, permanecían ocultos a la conciencia de los hombres». Con esta nueva concepción de la enfermedad psiquiátrica se asocia con un médico vienes: Josef Breuer, quién usaba la hipnosis con sus pacientes neuróticos, y de la labor común aparece un primer ensayo, en 1893 -Caial publica un trabajo sobre tumores hepáticos-, y dos años más tarde un libro: Studien über Hystérie, que marca un jalón en la historia de la psicología médica, y en el que hacen su aparición dos nuevos conceptos fundamentales de la psicoterapia del siglo XX: la represión y el inconsciente. Más tarde Freud descubre que puede prescindir del hipnotismo utilizando un nuevo método terapéutico llamado de las asociaciones libres, en el que el paciente, hablando al azar, vencía los obstáculos reprimidos. El análisis e interpretación de lo que el paciente dice se denominó psicoanálisis. En ese análisis desempeña un papel importante el material de los sueños, cuya interpretación motivó uno de los magistrales libros de Freud: Die Traumdeutung, en 1900; y cuando publica otra de sus obras fundamentales: Zur Psychopathologie des Alltagsteben (La Psicopatologia de la Vida Cotidiana), el psicoanálisis muestra una de sus características esenciales: su extensión a la vida normal y la supresión de todo límite neto entre psicología normal y patológica, mostrando también en el campo de la psicología la validez del principio biológico, que ya había sostenido Claude Bernard, de que no existe una clara línea divisoria entre la salud y la enfermedad. Pronto aparecerían las primeras divergencias de la mano de dos de sus discípulos iniciales: el suizo Cari Gustav Jung y el austriaco Alfred Adler. La Fisiologia: protagonista del s XIX Aprovechemos la figura de Claude Bernard para cambiar de tercio. La Fisiologia del siglo XIX se distingue por la construcción de instrumentos y el uso sistemático de técnicas de detección y de medición. El reconocimiento sin reservas de la Física y de la Química como ciencias piloto permite a los fisiólogos adaptar al estudio de las cuestiones biológicas las técnicas de análisis y de medición que suministraban la prueba de su validez en el dominio de los fenómenos inorgánicos. Desde el punto de vista de la instrumentación física, el impulso en cuestión se Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén remonta a Poiseuille, y desde el punto de vista de las técnicas químicas, a von Liebig. Pero el hecho de que la Fisiología se constituya como ciencia en el siglo XIX por la sólida unión de esos dos estilos de investigación se debe a que desde los trabajos de Lavoisier y Laplace, el problema fundamental de la vida de los organismos es el problema de las fuentes y las leyes de utilización de la energía, y del metabolismo. Metabolismo que fue de la mano de importantes avances en nutrición; Frederick Gowland Hopkins señaló en 1906 -CaiaL en la cúspide, recibiría ese año el Premio Nobel en Fisiología o Medicina-que un régimen constituido por proteínas purificadas, grasas, hidratos de carbono y minerales era evidentemente insuficiente, y que otras varias sustancias presentes en los alimentos naturales eran esenciales para una buena nutrición. Hopkins sería galardonado en el año 1929 por su descubrimiento de las vitaminas estimulantes del crecimiento. Por su parte, Albrecht Kossel, que había colaborado en el descubrimiento del ciclo de la urea, inició el estudio de las nucleoproteínas, descubriendo que las piezas elementales de los ácidos nucleicos son el ácido fosfórico, una base nitrogenada y un azúcar. Por su trabajo sobre el metabolismo de las proteínas y de las sustancias nucleicas recibió el Premio Nobel de Fisiología en el año 1910 -Caial afianza la teoría neurotrópica* «sustancias neurotrópicas fabricadas por el tejido conectivo embrionario»-. Unas veces más respetuosa de la especificidad de los procedimientos, ya que no de leyes, de la vida como en el caso de Claude Bernard; otras más sometida a la legislación de la Física y de la Química, como en el caso de Ludwig, y otras más aplicada a la imitación del modelo matemático, como en el caso de Hermann Helmmholtz -para quién se creó la primera Cátedra de Fisiología en Heidelberg, en 1858-la Fisiología del siglo XIX manifestó, a pesar de todo, cierta unidad de inspiración y de proyecto. Es la ciencia de las constantes de funcionamiento de los organismos. Uno de los indicios de que, entre Magendie y Sherrington y Pavlov, la Fisiología se constituyó como ciencia auténtica, es el gran número de casos en que se sumaron las investigaciones, y hasta se consiguieron simultánea e independientemente los mismos descubrimientos, con discusión de prioridad o sin ella. La historia de la Fisiología se hizo relativamente independiente de la historia de los fisiólogos. Desde el momento en que técnicas y problemas se concillan y suscitan recíprocamente, y en que los instrumentos son lo bastante especializados y complicados como para que su uso implique la adhesión a hipótesis de trabajo, hay que decir que la ciencia hace a los científicos tanto como estos a aquélla. Cuando la investigación tiene ya rasgos de oficio y puede en rigor près-La época de Santiago Ramón y Cajal cindir por algún tiempo de apasionamientos, entonces merece el nombre de ciencia experimental. Mas, que sólo tenga derecho a existir una interpretación del mundo es, al menos, ingenuidad» escribió Federico Nietzsche en su Gaya Ciencia. Esas palabras son algo más que una diatriba contra la positivación de la vida; son la repulsa del positivismo y la afirmación de un nuevo modo de intuir y concebir la realidad. En las postrimerías del siglo XIX empezó a cobrar cuerpo una actitud frente a la naturaleza fundamentalmente distinta de la que Comte y los positivistas ulteriores habían sostenido. De esa nueva actitud fueron expresión el resuelto anti-intelectualismo de Nietzsche y de Bergson, el pragmatismo de William James, el neovitalismo de Driesch, la filosofía de Dilthey o la crítica del conocimiento científico; actitud esta última en la que se distinguieron el francés Pierre Duhem y el austriaco Ernst Mach. Duhem demostró que el acuerdo con la experiencia no garantiza por completo la verdad de una teoria, y Mach, extremando su fidelidad metódica a los principios del positivismo, según los cuales el hombre de ciencia no debe atenerse sino a lo que por su experiencia le consta, redujo los hechos, las leyes y la causalidad mecánica a una composición de sensaciones adaptada a las necesidades de la vida. Todos estos sucesos, unidos ya a la incipiente crisis de la física clásica, determinaron la publicación de un resonante artículo de Brunetière sobre «la bancarrota de la ciencia». Bancarrota que es expresión a todas luces desmesurada, pero muy significativa de la vicisitud que entonces se iniciaba en la historia del espíritu humano y que concluyeron en nuestro entorno con la crisis de 1898, y en Europa con la eclosión de la Gran Guerra, que tuvo efectos devastadores en la comunidad científica -«un golpe rudísimo», en palabras de Cajal: quién continúa: «durante seis años quedé incomunicado con los laboratorios extranjeros v reducido a un monólogo...»-. Al terminar la contienda, don Santiago recibió la noticia dela muerte de los que, en el extranjero, se consideraban amigos: van Gehuchten, Waldeyer, Ehrlich, Retzius, Edinger, Krause,... Algunos de ellos fueron firmantes del «Manifiesto de los 93». A los pocos días de su publicación se hizo circular un «contradocumento, el «Manifiesto a los europeos» que sólo firmaron cuatro personalidades. «Nunca jamás una guerra ha interrumpido tan intensamente la cooperación cultural» comenzaba el documento que concluía: «... a todos aquellos a los que Goethe Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén profeticamente llamó buenos europeos. Si piensa como nosotros, si también está decidido a crear un amplio movimiento a favor de la unidad europea, entonces le rogamos que contribuya con su firma». El manifiesto no encontró apenas apoyo; únicamente consiguió aquellas cuatro firmas. Seguro que CaiaL de haber tenido a él acceso, lo hubiera endorsado. Panorama de las Ciencias de la Vida en España Entre el firacaso de la Revolución liberal de 1848 y el comienzo de 1 Guerra Europea en 1914, fechas que enmarcan el Positivismo, discurrirá el grueso de nuestra historia; sin embargo, los bordes serán flexibles. Por su parte, el texto mostrará dos partes claramente diferenciadas: las ciencias naturales -en nuestro caso, las ciencias de la vida o biología-y la medicina; aunque indudablemente existen solapamientos. En un sentido muy amplio puede llamarse «positivismo» a toda doctrina que se atiene a, o destaca la, importancia de los positivo, esto es, de los que es cierto, efectivo "O verdadero. En su sentido más estricto -comenta Ferrater Mora-y de acuerdo con su significado histórico «positivismo» designa la doctrina y la escuela fundadas por Augusto Comte (Montpellier, 1798(Montpellier, -1857)), quién desarrolló y propuso una «filosofía positiva» que comprendía no sólo una doctrina acerca de la ciencia, sino también y sobre todo, una doctrina sobre la sociedad y sobre las normas necesarias para reformar la sociedad, conduciéndola a su «etapa positiva». Como teoría del saber el positivismo no admite otra realidad que no sean los hechos y sus relaciones. El positivismo rechaza el conocimiento metafísico y se atiene a lo dado. De todo ello derivan varias características: hostilidad a toda construcción y deducción, a la sistematización y reducción de la filosofía a los resultados de la ciencia y, finalmente, naturalismo. Casi coetáneo de Comte es Karl Christian Friedrich Krause (Sajonia, 1781-1832) y, al igual que el primero, no logró obtener nombramiento universitario alguno; ambos padecieron penurias económicas importantes y, ambos, lograron formar grupos de discípulos muy fieles. Krause aspiraba a ser la auténtica continuación de Kant contra lo que el autor consideraba las falsas interpretaciones de Fichte, Schelling o de Hegel. Como en el caso del positivismo, el krausismo es una doctrina sobre la sociedad; rechaza la teoría absolutista del estado y acentúa la importancia de las asociaciones llamadas de finalidad universal sin sacrifico de su peculiaridad -familia La época de Santiago Ramón y Cajal o nación-frente a las asociaciones limitadas -Iglesia o Estado-. Con ello se llega a una federación mundial, al ideal de una Humanidad unida que proporcione a cada uno de sus miembros la participación en la razón suprema y en el Bien. Aunque el krausismo ejerció menos influencias que la de cualquier otro de los grandes pensadores idealistas alemanes de la época no careció, sin embargo, de partidarios que propagaron con ardor sus doctrinas. El krausismo dejó pronto de ser un movimiento filosófico para convertirse en otro de renovación espiritual y, en particular, educativo; a este respecto fue significativo su influencia en la fundación de la Institución Libre de Enseñanza. Positivismo y krausismo impregnaron, en una particular combinación, la «renovación» del pensamiento español del periodo señalado. En la segunda mitad del siglo XIX, anulados los efectos del reinado fernandino que liquidó el esfuerzo científico de la Ilustración, se produjo una modesta recuperación de la ciencia española. El proceso fue desencadenado por la constitución de una nueva estructura universitaria en España. La legislación, durante el reinado isabelino, configuró un sistema universitario basado en el modelo francés, centralizado y burocrático, que ponía más énfasis en la formación de profesionales que en la investigación científica. Paradójicamente, aquel modelo universitario que relegaba la investigación permitió la formación de un cuerpo profesoral que contribuyó a difundir la ciencia en nuestro país. El proceso de incorporación de la actividad científica al quehacer universitario no era una política consciente y asumida por las autoridades educativas. Ello determinó un desequilibrio temático en el desarrollo de las diversas disciplinas científicas: la morfología, geología, mineralogía, botánica y zoología así como las especialidades médicas, alcanzaron en las últimas décadas del siglo XIX un cierto desarrollo. Diversas explicaciones caben ante este fenómeno. De un lado, la existencia de instituciones de sólida raigambre en la estructura administrativa del Estado y con edificios en aceptable estado de uso y conservación: el Real Museo de Ciencias Naturales -continuación del Real Gabinete de Historia Natural proyectado por Antonio de UUoa, iniciado con la compra de una colección particular en 1772 e instalado en 1775 compartiendo techo con la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y que, en 1815, tomó su nueva denominación-o el Real Jardín Botánico -ubicado, en 1755, en el Soto de Migas Calientes, cerca del actual Palacio de la Moncloa en Madrid y consolidado como Real Jardín del Prado en 1781-eran centros cuya actividad se remontaba al siglo XVIII, contaban con importantes colecciones y disfrutaban de una dotación de material*y de personal modesta pero no mísera. Por su parte, la existencia de Facultades de Medicina en la práctica totalidad de las universidades españolas y la existencia de hospitales vinculados a ellas proporcionó un sustrato institucional suficiente para el desarrollo de las diversas disciplinas clínicas. Por otra parte, médicos, farmacéuticos, ingenieros forestales, agrónomos o de minas, eran colectivos de considerable prestigio social, con fuerte conciencia asociativa y, en algunos casos, sólidamente instalados en el escalafón administrativo. En el desarrollo de su actividad profesional y técnica los integrantes de estos colectivos trataban cuestiones de interés científico básico. En cambio, las disciplinas fisicomatemáticas carecieron de colectivos profesionales equiparables; excepción hecha de los ingenieros de caminos, la inexistencia o endeblez de los cuerpos de ingenieros químicos o industriales acentuó el desequilibrio disciplinar de la ciencia española de la Restauración. Con todo, las principales instituciones naturalistas de la época tratada fueron la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (1847); la Real Academia de Medicina (1861); las Escuelas Libres de Medicina y Cirugía (1968); la Sociedad Española de Historia Natural (1871); la Estación Biológica Marítima de Santander (1887); la Junta para Ampliación de Estudios (1907), y la Asociación para el Progreso de las Ciencias (1908). B. El Contexto Naturalista Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales Hubo que esperar al 7 de febrero de 1834 (un mes después del R.D. de 4 de enero, que recuperaba la libertad de imprenta ya estipulada por los Reyes Católicos; una semana antes del R.D. organizando la Milicia Nacional -16 de febrero-, y un mes antes del Estatuto Real -10 de abril-) bajo la regencia de M. Cristina de Borbón (1833-1841) y estando Martínez de la Rosa al frente del gobierno, en que se produjo un nuevo intento de relanzar el pensamiento científico: el Real Decreto de creación de la Real Academia de Ciencias Naturales de Madrid, constituida en parte por los miembros naturalistas de la Real Academia de Medicina y Ciencias Naturales que poco antes se había extinguido. Sus Estatutos fueron La época de Santiago Ramón y Cajal aprobados el 16 de septiembre de 1834. Presidida por el Duque de Veragua, la corporación constaba de cuatro secciones: Ciencias Naturales descriptivas, Ciencias Físico-Matemáticas, Ciencias Físico-Químicas y Antropología. Respecto a su corta vida -no hay noticias de que se volviera a reunir después del 28 de febrero de 1843-D. Mariano Roca de Togores en el Documento de justificación para la creación de una Academia de Ciencias exponía a la reina Isabel: «SEÑORA: Uno de los ramos del saber humano que el Ministerio de mi cargo, creado por V,M, para atender especialmente a la cultura y bienestar de los pueblos que rige, debe promover con preferencia, es el de las Ciencias, Físicas y Naturales, que tan poderosamente influyen en la Industria y prosperidad de las Naciones, pero que, desgraciadamente, no ocupaban en nuestro antiguo sistema de enseñanza el lugar preeminente que de derecho les corresponde. Señora, estarán las Universidades dotadas de los medios necesarios para cultivarlas, y de esperar es que entonces sea su desarrollo tan rápido como provechoso; pero, aun así, cree el Ministro que suscribe que es indispensable acudir a otros medios no menos eficaces, que en países extranjeros han contribuido poderosamente al engrandecimiento de aquellas ciencias y ala importancia de sus aplicaciones de todas especies. Porque no bastan los esfuerzos aislados de los sabios que a tales estudios se dedican para recoger todos los óptimos frutos de un campo tan vasto, que en él se pierde la inteligencia humana, sino que es necesario que aquellos se reúnan para conferenciar entre sí, comunicarse sus observaciones, auxiliarse mutuamente y, por último, establecer extensas correspondencias con los sabios y las Corporaciones más eminentes del orbe, a fin de que este inmenso comercio de ideas y descubrimientos difunda el saber por todas partes y aparezca el tesoro de la ciencia con los tributos que todos le lleven a porfía. Si las Sociedades puramente literarias han hecho grandes servicios, no les ceden las ciencias en utilidad e importancia, y aun pueden aventajarlas, porque el estudio de la Naturaleza requiere, más todavía que el de las lenguas y otras ciencias, los esfuerzos reunidos de muchos hombres que se dediquen de consuno a arrancarle sus secretos. Por tanto, se han creado y multiplicado en todos los países cultos las Sociedades consagradas al cultivo de las Ciencia Naturales, y las primeras capitales de Europa se envanecen de que, a la sombra protectora de sus Gobiernos, hayan hecho inmensos trabajos y adquirido justo renombre. Varias veces se ha intentado en España seguir tan laudable ejemplo y aun se adelantó en este punto nuestra Nación a todas las restantes, puesto que, desde los años 1580, es decir, mucho antes de que se funden las famosas Sociedades de París y Londres, ya en Madrid existía una Academia Real de Ciencias, de la cual fueron individuos algunos Grandes y Títulos de Castilla. Fue, sin embargo, su existencia harto efímera, tanto que al extinguirse la dinastía austriaca ya no quedaba ni la memoria de ella. El Marqués de Villena, que en el reinado del Sr, Rey D, Felipe V contribuyó tanto a la creación de la Academia Española, había concebido su primer proyecto bajo un plan más vasto, queriendo que abrazase también todas las ciencias. Posteriormente, al ver los felices resultados que habían producido las de la Lengua y de la Historia, se renovó aquel primer pensamiento, y D. Ignacio de Luzán redactó un proyecto, a consecuencia del cual se mandaron comisionados a varias Academias extranjeras, y aún se compraron máquinas para el uso de la nueva Corporación, Por desgracia, tampoco produjeron aquellos esfuerzos el resultado apetecido, y la misma suerte cupo a los que en varias ocasiones se intentaron después, particularmente por los ilustres D, Jorge Juan y Don Antonio de Ulloa, Por fin, en el año 1834, la Augusta Madre de V,M,, siendo Gobernadora del Reino, aspiró a la gloria de fundar en España una institución tan necesaria, creando por Decreto de 7 de febrero, la Academia Matritense de Ciencias Naturales, que todavía existe; mas ni la época era a propósito para que tal Corporación produjese los frutos que de ella se esperaban, ni se le dieron el carácter e importancia que requería la utilidad de su objeto. Desatendida forzosamente por el Gobierno en virtud de las circunstancias, y sin medios para cumplir debidamente con los fines de su instituto, y aunque más de una vez ha elevado a la Superioridad sabias consultas, yace todavía en un estado de lastimosa postración, pidiendo auxilios y recursos que le den nueva vida y le permitan ser lo que es dado esperar de la ilustración de sus individuos, A V,M, corresponde. Señora, acabar la obra empezada por su Augusta Madre, En el adjunto proyecto propongo establecer una Academia de Ciencias con igual consideración y con las mismas prerrogativas que tienen las demás Academias Reales, De esta suerte dará V.M, una nueva prueba de la especial protección que le merece cuanto conspira a difundir la ilustración entre sus pueblos, procurando a éstos sus inapreciables beneficios y a V,M, una de las más bellas glorias que ilustrarán su rei-La época de Santiago Ramón y Cajal El día tres de abril de 1847 se proveyeron, por votación, las 18 plazas de académicos de número que se hallaban vacantes. Los Estatutos se aprobaron con fecha 23 de diciembre de 1847, siendo Bravo Murillo el Ministro de Comercio, Instrucción y Obras Públicas. En el mismo año se creó la Velada de Artistas; el nuevo Banco Español de San Fernando, así como se dispuso la Ley de Propiedad Intelectual. Dos iniciativas tuvo la recién estrenada Real Academia: dedicar buena parte de sus menguados ingresos a la suscripción de «periódicos extranjeros referentes a las Ciencias, en los países más adelantados», y la formación de un «Diccionario de los términos técnicos usados en todos los ramos de las Ciencias que forman el objeto de las tareas de la Corporación» (ambas tomadas en sesiones correspondientes al año 1848). La Revista de los Progresos de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales inició su andadura en 1850; en la «Advertencia Preliminar», que abre el Tomo I, puede leerse: «La Academia Real de Ciencias, ocupada desde su creación en las tareas propias de su instituto, ha mirado siempre como una de las principales entre cuantas reclama el estado de instrucción en España, la de formación de un resumen o análisis de lo mas notable que contengan las actas y periódicos nacionales y extranjeros. Los estatutos de la Academia, prescindiendo de su opinión en este punto, establecen y encomiendan á su cuidado terminantemente en el artículo 28 y siguientes, el trabajo de formar este resumen con el título de Revista de los progresos de las ciencias exactas, físicas y naturales, que para uso exclusivo de los académicos viene formando desde el principio del actual curso académico; es decir, desde que la corporación se vio organizada de modo que pudiera comenzar á llenar los fines de su establecimiento; pero no satisfecho el celo de sus individuos, por una parte, con dejar á ellos circunscrita la utilidad, prácticamente reconocida entre todos, de tener á la vista un estracto de los descubrimientos, investigaciones y estudios mas notables con que incesantemente es está dando impulso á las ciencias dentro y fuera de nuestro pais, y juzgando sin aventurarse, por otra, que en España no debe ser muy grande el número de personas que pueda reunir una colección de periódicos científicos tan estensa y escogida como la que posee la Academia, ha La época de Santiago Ramón y Cajal creido esta quepodria redundar en beneficio general la publicación de una tarea, por cuyo medio lograrían fácilmente y sin dispendios tener noticia las personas estudiosas de los trabajos actuales, y seguir con fruto utilizando los numerosos adelantamientos que de dia en dia imprimen una marcha rápida á todas las ciencias, y en especial á las físico-matemáticas y naturales. Este trabajo que no se desdeñan de dar á luz otras corporaciones, aun en los paises donde mas adelantada se halla la ilustración y mas abundantes son las producciones originales, se ha hecho ya una necesidad de los hombres estudiosos, porque su auxilio ven reducido á compendio todo lo relativo á descubrimientos nuevos, á observaciones modernas, y á esclarecimiento de puntos, si no ignorados, en alguna manera oscuros ó incompletos; y como en la rapidez del vuelo que han tomado las ciencias, y con la asombrosa facilidad de propagar á millares de impresos, se ha hecho casi imposible á la mayor parte de personas la adquisición de todo lo que ve la luz pública, se ha pensado en todas partes en presentar reducido á estracto cuanto digno de notarse aparece en los demás paises, adoptando este camino para difundir los conocimientos entre todos, y poner al corriente de los del dia á los que de otra manera no podrían adquirirlos. Al presentar la Academia estas razones de conveniencia está muy distante de ofrecer esta tarea como un verdadero trabajo académico, cuando por el contrario conoce que su mérito quedará reducido al de una sucinta compilación de estudios, experimentos y observaciones agenas; y si bien esta consideración hubiera bastado por sí sola para hacerla titubear en el pensamiento de la publicación, temiendo que desdijese de la severa dignidad que caracteriza á las corporaciones científicas, todavía juzga con algún fundamento que, aparte de sus memorias ó trabajos originales, podia prestar con este ensayo un especial servicio á los amantes de las ciencias, colocándose entre los hombres ilustres que en otros paises las cultivan y los que en el nuestro no tienen posibilidad de adquirir sus producciones. Con solo lograr este objeto, la Academia habrá cumplido uno de los fines de su instituto, que es difundir entre nosotros los conocimientos científicos, siquiera no alcance por el medio escogido ni la honrosa distinción, ni el mérito que acompaña á publicaciones de otra especie. Y con tanta mas libertad se decide la Academia á poner en práctica este medio sencillo de generalizar aquellos conocimientos, cuanto que ocupada sin levantar mano en la formación de un diccionario técnico de ciencias y en la reunion de memorias originales de sus miembros, no teme que pueda abrigarse la sospecha de que abandone sus verdaderas obligaciones Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén por atender á objetos que, aunque muy laudables, son sin embargo de índole muy diferente». Un año antes, en 1904, la Real Academia comenzó la edición de la Revista de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, sin que apareciera nota alguna al respecto en su Tomo I; Revista que perdura en la actualidad. El Tomo I de la «nueva» Revista incluye dos trabajos de Ramón y Cajal: «Un método de coloración de los cilindro-ejes de las células nerviosas» (pgs 7-16), y «El aparato tubuliforme del epitelio intestinal de los mamíferos» (pgs 17-21). Además, la Real Academia editó unas Memorias de las que una 1^ serie -incluía trabajos de las tres Secciones Académicas-se extendió desde 1850 hasta 1929, y una 2^ serie que distingue las diferentes Secciones: Exactas a partir de 1930, Naturales a partir de 1931 y Físico-Química desde 1935. Sociedad Española de Historia Natural A la existencia de un marco institucional mínimo y de colectivos profesionales se sumó la libertad de asociación fomentada durante el Sexenio Revolucionario; ello determinó un espectacular aumento de las sociedades científicas. La Sociedad Española de Historia Natural, la más duradera de las sociedades científicas nacidas al amparo del Sexenio, se creó en Madrid en 1871 -año en que Ramón y Cajal encauzaba la terminación de los estudios de la Licenciatura en Medicina en la Universidad de Zaragoza-gracias a la iniciativa de un grupo de naturalistas con el objetivo principal del cultivo de la Historia Natural. Sociedad creada con el aliento de Laureano Pérez Arcas (1824-1894), como corporación científica con la pretensión última de publicar una revista que tenía como antecedentes los Anales de Historia Natural en los que el Prólogo del Num° F, correspondiente al mes de octubre de 1799, recoge: «La Historia Natural ha llamado en todos los tiempos la atención de los hombres... Deseando el Rey, á exemplo de otras naciones cultas, se publique en sus estados un Periódico, que no solo presente á los nacionales los descubrimientos hechos y que vayan haciendo los extranjeros, sino también los que sucesivamente se hacen en España en la Mineralogía, Química, Botánica y otros ramos de la Historia Natural, ha resuelto S. M. confiar á D. Christiano Herrgen, D. Luis Proust, D, Do-La época de Santiago Ramón y Cajal mingo Fernández y D, Antonio Josef Cavanilles la redacción de esta importante obra, que se imprimirá en su Real imprenta baxo el nombre de Anales de Historia Natural Madrid y 30 de Setiembre de 1799», El Num° T la Revista modificó su nombre por el de Anales de Ciencias Naturales. La Advertencia que abría el número correspondiente al mes de enero de 1801 manifestaba que: «El título de Historia Natural que dimos á estos Anales nos pareció el debido para empezar á reunir en un cuerpo los descubrimientos nacionales y extranjeros, hasta que un mayor número de memoerias pidiese ampliar los estrechos límites prefixados al principio.... Habiéndose realizado estas justas esperanzas, mudamos el antiguo título de esta obra en el de Anales de Ciencias Naturales, para que sin contravenir á él podamos publicar lo perteneciente á la historia natural, y á las ciencias que por qualquier título tratan de la naturaleza...». Con este título renovado -Anales de Ciencias Naturales-se publicaron los números 7 al 20 (tomo séptimo, abril 1804). El último número de la Revista, el número 21, tomo séptimo, de mayo de 1804 recuperó la denominación inicial de Anales de Historia Natural. La nueva Revista, las Memorias de la Real Sociedad Española de Historia Natural, debería incluir: «,.. los catálogos totales o parciales de las producciones de una localidad determinada, la descripción de especies nuevas, la crítica de las ya publicadas, e igualmente las monografías de un grupo particular de seres naturales cuando haya suficientes datos para ello, y las noticias parciales acerca de la gea, flora y fauna de la Península y sus provincias ultramarinas». Quedaban, por tanto, ñiera de su objeto principal de estudio -señala Baratas Díaz-cuestiones sobre Fisiología y Morfología microscópica de los seres vivos; disciplinas que carecían de una sólida tradición investigadora en nuestro país. No obstante, tras los primeros años de consolidación, la Sociedad atrajo a su seno no sólo a naturalistas, también a médicos, farmacéuticos, ingenieros de montes, etc. El rango temático de la publicación se amplió considerablemente, y empezaron a ser habituales en sus páginas trabajos sobre morfología microscópica de los seres vivos Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén y, en menor medida, estudios sobre fisiología. Durante los últimos años del siglo XIX la Sociedad promovió y amparó diversas iniciativas para favorecer la introducción de dichas disciplinas en los institutos de investigación españoles. Entrado el siglo XX las publicaciones de la Sociedad serían un excelente elemento de difusión de los trabajos experimentales realizados en España. Finalmente, el proceso de incorporación de los estudios biológicos experimentales a la actividad de la Sociedad llegaría a su culminación en los años treinta, con la absorción de la Sociedad Española de Biología y la aparición de la Revista Española de Biología. La Sociedad publicó, en diversos momentos y en ocasiones de forma simultánea varias revistas. Los Anales de la Sociedad Española de Historia Natural se mantuvieron entre 1872 y 1901, fecha a partir de la que la Sociedad se comprometió en dos publicaciones regulares: el Boletín (1901-1950) y las Memorias. A partir de 1932, y tras ser absorbida la Sociedad Española la Sociedad Española de Biología por la de Historia Natural, esta se hizo cargo del Boletín de la Sociedad Española de Biología (1911Biología ( -1928) ) que pasó a denominarse Revista Española de Biología (1932Biología ( -1936)). El Tomo primero -1872-de los Anales de la Sociedad Española de Historia Natural inicia sus páginas con una Circular: «Hace tiempo que entre las personas dedicadas en España al estudio de la naturaleza, se echan de menos los lazos de mutua union y concierto que en otras naciones facilitan el progreso científico, alentado por la colectiva influencia y sostenido por la oportuna publicidad de todo lo bueno y útil, que sea debido á la actitud individual Demostrado se halla por larga y triste experiencia, cómo notables trabajos de acreditados naturalistas, cuyos nombres traspasaron los confines de la Península, se hicieron infructuosos, no llegando á terminarse, desvanecida la esperanza de que fuesen conocidos; ó habiéndose terminado, perdieron su novedad é importancia científica por el transcurso de los años. Debe ensayarse por cuantos cultivan actualmente las ciencias naturales en España un común esfuerzo para evitar en lo sucesivo, dentro de los posibles límites, las dificultades é inconvenientes que se originan del aislamiento, contribuyendo todos á los nobles fines que se propone la Sociedad española de Historia Natural, iniciada en Madrid á impulsos de celo y entusiasmo puramente científicos. Ninguna La época de Santiago Ramón y Cajal prueba se exige al que aspire á formar parte de esta Sociedad, ninguna obligación se imponen los socios de presentar en ella sus trabajos científicos, aun cuando se espera confiadamente que comunicarán á sus colegas los descubrimientos que hayan logrado hacer, estando reducidos todos sus compromisos á satisfacer la cuota anual, recibiendo en cambio lo que se publique durante el año. Están llamados, pues, á formar parte de esta Sociedad, no sólo las personas que por afición ó deber se dedican á las ciencias naturales, sino también cuantos crean provechoso y conveniente alentar en España tales estudios, propagar los conocimientos que se refieren á este ramo del saber humano, y dar á conocer las producciones naturales del país. Tan importante objeto tendrán los Anales de la Sociedad española de Historia Natural, y en ellos se insertarán preferentemente los catálogos totales ó parciales de las producciones de una localidad determinada, la descripción de especies nuevas, la crítica de las ya publicadas, é igualmente las monografías de un grupo particular de seres naturales, cuando haya suficientes datos para ello, y las noticias parciales acerca de la gea, flora y fauna de la península y sus provincias ultramarinas, todo acompañado de grabados y láminas necesarias. El adjunto Reglamento manifiesta en sus pormenores cuáles son los intentos de la naciente Sociedad, y es de esperar que suficientemente enterado, tanto del objeto como de la organización acordada por la misma, se servirá «Art. La SOCIEDAD ESPAÑOLA DE HISTORIA NATURAL hará dos publicaciones regulares, sin prejuicio de las extraordinarias que pudiere convenirle dar á luz por razones especiales: serán aquellas: V El BOLETÍN. 2"" Las MEMORIAS de la Sociedad. El Ba LETIN se publicará por meses, excepto los de vacaciones, y comprenderá el extracto del acta de las sesiones y las comunicaciones que se hagan á la Sociedad... Las MEMORIAS aparecerán por tomo completos con numeración correlativa, comprendiendo necesariamente estudios sobre los tres grupos de seres naturales, siempre que hubiere materiales para ello; y, tendrán cabida en ellas, los estudios generales sobre Biología, los descriptivos y oceanográficos, los trabajos sinópticos y monografías, los necrológicos y bibliográficos y los catálogos de las producciones naturales de la Península Ibérica y Baleares». La Junta Directiva de la Sociedad Española de Historia Natural para el año 1901 fue: Presidente, Blas Lázaro é Ibiza; Vicepresidente, Federico Oloriz y Aguilera; Tesorero, Ignacio Bolívar y Urrutia; Secretario, Salvador Calderón y Arana; Vicesecretario, José María Dusmet y Alonso; Bibliotecario, Rafael Blanco y Juste; Vicetesorero, Antonio García Varela. Existía una Comisión de publicación y otra de catálogo; así como Secciones en Sevilla y en Zaragoza. En la Sesión correspondiente al día uno de febrero de 1950, bajo la Presidencia de Ismael del Pan Fernández, la Sociedad Española de Historia Natural abordó la: «Modificación en la distribución de materias del Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural. De acuerdo con lo dispuesto en la sesión extraordinaria celebrada el día 7 de diciembre de 1949, la Comisión nombrada para estudiar y presentar un proyecto de modifi-La época de Santiago Ramón y Cajal cacion del boletín, según lo discutido y en principio aprobado por aquella Asamblea. Esta Comisión presenta a la consideración de los señores socios las conclusiones siguientes: 1 ". Se estima la conveniencia de modificar la estructura del boletín a partir del año 1950, en el sentido de clasificar y publicar separadamente los trabajos de Geología y Biología en dos secciones, entendiéndose esta separación de las dos ramas de las Ciencias Naturales en su más amplio sentido,... Los números del Boletín llevarán en caracteres bien visibles de su portada la designación de Sección Biológica, Sección Geológica, con la numeración correspondiente al tomo anual que pertenezcan, más una letra entre paréntesis (B), (A) que simboliza la serie a la que se refiere.... Firmado: Salustio Alvar ado, Salvador Rivas Goday, Carlos Vidal Box». En el Cuaderno 1° del Tomo I, del día 1 de junio de 1932, puede leerse: «La Revista Española de Biología es continuación del Boletín de la Sociedad Española de Biología -se publicó durante los años 1911 a 1928, el periodo que duró la Sociedad homóloga-y constituye una publicación de la SO-CIEDAD ESPAÑOLA DE HISTORIA NATURAL». Santiago Ramón y Cajal figura como presidente de Honor; Pío del Río-Hortega, redactor jefe, y redactores: C. Bolivar, C. Gallastegui, J.H. Guerra, T. Hernando, G. Marañón, J. Negrín, A. Pi Suñer, G. Pittaluga, E. Rioja, M. Tapia, J.F. Tello y A. de Zulueta. I Costero y J.M. Ortiz Picón eran los Secretarios de Redacción. La Presentación expresa: «Desde hace tiempo constituye un serio problema para muchos biólogos españoles la publicación de sus trabajos científicos, que, con frecuencia, hubieron de buscar acogida en Revistas generales. A ello se debe que algunas publicaciones de verdadero mérito hayan pasado inadvertidas para los investigadores de otros países, y que no pocos descubrimientos hechos en España sean atribuidos a biólogos extranjeros. Para que el fruto, parvo o copioso, de nuestros trabajos sea asequible a todos cuantos se interesan por los asuntos biológicos, precisa les ofrezcamos una Revista especializada que ponga singular cuidado en la perfección de la parte tipográfica y, sobre todo ello, de las ilustraciones, cuya importancia no es preciso señalar. Es lo que pretende esta Revista, fundada por acuerdo de las SOCIEDADES DE HISTO-Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén RIA NATURAL y de BIOLOGIA. La SOCIEDAD ESPAÑOLA DE HISTORIA NATURAL proyectó crear una publicación especializada que reuniese los trabajos de sus miembros, dedicados a temas de Biología general y especial. Por otra parte, la SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA -cuya vida era precaria por dificultades de diversa índole -, aspiraba a resurgir, para dar satisfacción a los que, cada día en mayor número, se interesan por las Ciencias biológicas. Tal comunidad de anhelos ha determinado la incorporación de la SOCIEDAD DE BIOLOGÍA a la SOCIEDAD DE HISTORIA NATURAL y que ésta se imponga la costosa tarea de crear y sostener la REVISTA ES-PAÑOLA DE BIOLOGÍA, que nace con modestia y ajustándose a las posibilidades del momento; pero aspira a hacerse una publicación de categoría comparable a las mejores Revistas biológicas extranjeras. Comenzará apareciendo bimestralmente, pero con el propósito de ampliar sus páginas y de publicarse más frecuentemente». El número de trabajos de carácter biológico experimental y de morfología microscópica en las publicaciones iniciales de la Sociedad es relativamente escaso; sin embrago, el número de trabajos de carácter biológico experimental y de morfología microscópica fue ascendiendo de manera paulatina hasta la Guerra Civil; acontecimiento que interrumpió la aparición de trabajos biológicos experimentales en un momento en el que se aproximaba a un salto cuantitativo definitivo, que hubiera logrado asentar definitivamente el desarrollo de la experimentación biológica en nuestro país. El análisis global por disciplinas revela un cambio radical frente a los datos iniciales: un dominio absoluto de los trabajos de histología y morfología microscópica. La morfología microscópica, además, se mantuvo como la disciplina mayoritaria en las revistas de mayor entidad científica en nuestro país. Presencia que presenta cuatro etapas bien definidas en el estudio de Baratas Díaz: en la primera, desde 1880 hasta 1892, los trabajos micrográficos presentados son relativamente escasos, destacando los de Joaquín María Castellarnau y de Llopart (1848Llopart ( -1943) ) sobre organografia vegetal y microscopía, y los de Salvador Lo Bianco y Manuel Cazurro y Ruiz (1865-) sobre prácticas y observaciones histológicas de animales marinos. Estos tres autores estaban ligados o habrían de estarlo en un futuro inmediato a la Estación Zoológica de Nápoles. En esta época también aparecieron trabajos sobre neurohistología de José Madrid Moreno, que amplió estudios en Bolonia. Un segundo momento, que abarcaría de 1892 a 1897, presentó, a diferencia de la dispersión de la primera etapa, un carácter monotemático: La época de Santiago Ramón y Cajal la histología del sistema nervioso. El autor más prolífico, casi exclusivo, fue Santiago Ramón y Cajal -se incorporó a la Sociedad en junio de 1892, tras su llegada como catedrático de Histología y Anatomía Patológica de Madrid-, quién publicó trabajos sobre anatomía microscópica de diversos centros nerviosos. Incorporado a la Cátedra de Histología y Anatomía Patológica de la Universidad Central en 1892, Cajal utilizó los Anales -ver recopilación de A Baratas y B Fernández-y como vehículo para la difusión de sus trabajos; ello, en unos años en los que ni su situación económica ni la ausencia de reconocimiento entre sus conciudadanos, le permitían disponer de su propia revista. La aparición, en 1896, de ISL Revista Trimestral de Micrografia, continuada a partir de 1901 con los Trabajos de Laboratorio de Investigaciones Biológicas, dotó a Ramón y Cajal de un marco específico en el que presentar sus trabajos y limitó cuantitativa y cualitativamente la aportación cajaliana a la Sociedad. En el contexto de ese «segundo momento» en las publicaciones de la Sociedad Española de Historia Natural, ingresaría Ramón y Cajal en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales; ello, no sin vencer ciertas dificultades. «del fallecimiento del Académico electo, Excmo Sr Don Manuel M" José de Galdo, ocurrido, tras muy larga y penosa enfermedad, el 18 de Julio último. Y después de lamentar tan triste suceso -recoge el Acta correspondiente-, de conformidad con lo que para tales casos disponen los Estatutos, se acordó declarar vacante la plaza que en la Sección de Ciencias Naturales estaba para el mismo Sr, Galdo destinada, y que de oficio se comunicase el acuerdo á la Sección, para que ésta, por los trámites de reglamento, procediese á proponer á la Academia el modo de llenarla, en los términos que más convenientes consideras&> El día 31 de octubre de 1895, el Secretario general, Miguel Merino y Melchor, oficiaba al Secretario de la Sección de Ciencias naturales -Don Daniel de Cortázar y Larrubia-instándole a cubrir la vacante (Medalla n° 17) producida por el fallecimiento del Académico electo Don Manuel María José de Galdo y López, Doctor en Ciencias y en Medicina. La Sección de Ciencias naturales celebró sesión extraordinaria a tal efecto el día ocho de noviembre, en la que se presentaron sendas propuestas a favor de dos candidatos. Una a favor de Pedro Ávila y Zumarán, Ingeniero de montes, firmada por el académico Máximo de la Paz Graells y a la que se adhiere el académico Máximo Laguna y Villanueva. La segunda, fir-Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén mada por los académicos Julián Calleja Sánchez, Daniel de Cortázar y Larrubia, Justo Egozcue y Cia y Joaquín González Hidalgo, respaldaba la candidatura de Pedro Palacios, Ingeniero del Cuerpo de minas y Bachiller en Ciencias. Tras la Sesión extraordinaria celebrada por la Sección de Ciencias naturales el día 18 de noviembre, el Secretario de la Sección de Ciencias naturales trasladaba al Secretario general de la Academia la propuesta «de dos naturalistas», siendo el orden de preferencia en primer lugar D. Pedro Palacios y Sáenz, y en segundo lugar D. Pedro Avila Zumarán. Un suceso inesperado dio un vuelco a los acontecimientos. Ramón y Cajal comentaría años más tarde: «,., El segundo acontecimiento, muy lisonjero para mí, fué mi elección espontánea de miembro de la Real Academia de Ciencias, de Madrid. Esta designación tiene su anécdota, que referiré, porque honra mucho al patriotismo e independencia de la sabia Corporación. Uno de los más conspicuos académicos, a la sazón recién llegado de Berlín, contó a sus compañeros que el gran Virchow, entonces en todo el esplendor de su gloria, habíale sorprendido con una pregunta a que no pudo responder: «¿En qué se ocupa ahora Cajal? ¿Continúa sus interesantes trabajos? Confuso y algo avergonzado nuestro prócer académico de que en Berlín inspirara interés la labor de un español de quien él no sabía palabra, procuró, de regreso a la Península, satisfacer su curiosidad. Y de sus conversaciones con el sabio astrónomo D. Miguel Merino, el inolvidable secretario perpetuo, surgió el acuerdo de iniciar y defender mi candidatura para cierta vacante, a la sazón en litigio. Tengo, pues, el singular privilegio de ser académico a propuesta de R. Virchow y de D. Miguel Merino.» El día 27 de noviembre se celebró Sesión ordinaria. En el Acta correspondiente puede leerse: «... Para cubrir la plaza de Académico, vacante por fallecimiento del Sr Galdo, de conformidad con lo acordado por la Academia en la sesión general anterior, de 30 de Octubre, la Sección de Ciencias Naturales propuso luego, con todas las formalidades de Estatutos, en propuestas razonadas, que á continuación, literalmente copiadas, se insertan: En primer lugar, al Sr Don Pedro Palacios y Saenz, Ingeniero de Minas, agregado años há á la Comisión del Mapa Geológico de España, y distinguido botánico; La época de Santiago Ramón y Cajal y, en segundo, al Sr Don Pedro Avila y Zumarân, Ingeniero de Montes y antiguo Miembro Correspondiente de esta Academia: botánico bien conocido y ventajosamente reputado por sus trabajos; y por muchos años profesor de diversas asignaturas en la Escuela especial del Cuerpo 4 que pertenece, Y el Académico Sr Merino, haciendo uso del derecho de adicionar las propuestas de las Secciones, que el artículo 60 de los estatutos, concede, en casos como el de que se trata, á todos los académicos, presentó por escrito, y en los términos que también a continuación se copian, la candidatura, para la mencionada plaza vacante, del Dr. Don Santiago Ramón y Cajal, Catedrático de Histología de la Facultad de Medicina de Madrid,... Aceptados por el orden de propuestas los tres candidatos -Palacios y Sáenz, Avila y Zumarán y Ramón y Cajal-, señalóse para la votación, ó votaciones que han de decidir la elección, previa citación bien explicita para ello y conforme los Estatutos previenen, el día 4 de Diciembre próximo, en sesión general extraordinaria...» La propuesta firmada por el Secretario General de la Academia, Sr. Merino, a favor de D. Santiago Ramón y Cajal decía: «El que suscribe tiene la honra de proponer á la Academia para ocupar la plaza vacante en la Sección de Ciencias Naturales por fallecimiento del Excmo. Sr. D. Manuel M" José de Galdo, al Catedrático de Histología en la Facultad de Medicina de Madrid, Dr. Don Santiago Ramón y Cajal. Para los señores Académicos, á cuya consideración sometemos esta propuesta, constituiría casi una ofensa la declaración minuciosa de los merecimientos científicos y títulos de lata valía, verdaderamente extraordinarios, que reúne nuestro candidato, y que con poderosa eficacia recomiendan su admisión en la Academia. Tan sólo por cumplir con una formalidad, en casos como el presente acostumbrada, aunque de ninguna manera necesaria, nos permitimos agregar a los escuetos renglones que preceden la lista, en su mayor parte impresa, de las ochenta producciones científicas, dadas a luz por nuestro candidato, á contar del año 1880, traducidas muchas inmediatamente al italiano y al francés, al inglés y al alemán, con elogio desusado de eminentes sabios de estos países; y presentar, es una muestra, un ejemplar de su libro sobre el «Sistema nervioso en los animales vertebrados» -síntesis de sus admirables y variados estudios so-bre la estructura maravillosa de la médula espinal, cerebelo, corteza cerebral, mucosa y bulbo olfativo, lóbulo óptico y retina, sistema del gran simpático, plexos nerviosos intestinales, de aquellos seres -traducido al francés en el año corriente, y a estas fechas, dice el traductor Dr, Azoulay, mas difundido y mejor apreciado en Francia que en España, Con leer la sección de Bibliografía, que completa este trabajo, basta para conocer lo que vale el Dr, Cajal, y el honroso puesto que ocupa en Europa entre los más sutiles y famosos investigadores de la composición íntima, atómica casi, y asombroso funcionamiento de la fibra orgánica animal. Y, sin embargo, del sobresaliente mérito de tan perspicaz observador de los mas recónditos fenómenos del mundo físico y sagaz intérprete de las causas de donde emanan y efectos que á su vez producen, tarde hubiéramos tenido acaso exacto conocimiento, si no nos hubiese llegado la gloriosa revelación del extranjero. Tanto que como escribe un preclaro médico español, otra de nuestras mas indiscutibles y justamente celebradas eminencias científicas, raya en asombroso que la Real Sociedad de Londres y la Universidad de Cambridge hayan tenido que otorgar entusiasmadas el título de sabio al profesor Cajal, para que España atónita se entere de que andaba trasconejado un verdadero sabio entre nosotros. Pues, aunque mi opinión nada valga ni signifique, paréceme a mi que no menos sorprendente o extraño sería que a tan ilustre cuanto modesto profesor se le recogiese, o empañase cuando menos, aquel título, cerrándole las puertas de esta casa, o deteniéndole inconsideradamente en sus umbrales. Por eso, creyendo favorecer así los intereses de la Academia, -único móvil á que en esta ocasión obedezco, propongo se le abran aquellas puertas de par en par, y se le honre y nos honremos de la única manera a nuestros alcances: acogiéndole sin vacilar entre nosotros y tributándole con esto, en representación de la ciencia patria, merecido aplauso por sus triunfos en el extranjero, Miguel Merino, Madrid 27 de noviembre de 1895,» El dos de diciembre el Secretario de la Real Academia de Ciencias firmaba la convocatoria de una sesión extraordinaria a celebrar el día cuatro de diciembre. La plaza quedó vacante al no conseguir el candidato con más votos (Sr. Ramón y Cajal), en segunda votación, los quince necesarios para ser elegido. El día nueve de diciembre se procede a la convocatoria de una nueva sesión extraordinaria el miércoles día once. Sesión que contó con la presencia de un académico más (23 frente a los 22 del La época de Santiago Ramón y Cajal día cuatro); académico (Sr. Fernández Vallín) cuya presencia pudo ser decisiva en la elección de Ramón y Cajal como electo Académico Numerario. Puede intuirse que la elección de Cajal se debió al apoyo de las Secciones de Exactas y de Ciencias Físico-Químicas, y no de la Sección de Naturales. Tras contestar al requerimiento del Secretario de la Corporación, se confeccionó la hoja de «Antecedentes de los Sres. Académicos de Número y de los Corresponsales Nacionales y Extranjeros, necesarios para la historia de la Corporación». El cinco de diciembre de 1897 ingresaba Ramón y Cajal en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. En ese momento, tres Académicos lo eran electos y 32 estaban en posesión de la Medalla correspondiente; entre estos, dos perduraban en sus cargos Académicos desde la Fundación de la Real Academia en 1847. En ese momento, los Académicos eran, mayoritariamente, ingenieros. La Junta Directiva la formaban Cipriano Segundo Montesino y Estrada (Presidente), Mariano de la Paz Graells (Vicepresidente), Miguel Merino y Melchor (Secretario perpetuo), Ricardo Becerro de Bengoa (Vicesecretario), Julián Calleja y Sánchez (Tesorero), Joaquín González Hidalgo (Contador) y Eduardo Saavedra y Moragas (Bibliotecario). El Discurso de recepción de D. Santiago -«Fundamentos Racionales y Condiciones Técnicas de la Investigación Biológica»-fue contestado por D. Julián Calleja y Sánchez. «La redacción del discurso de ingreso, ocurrida en 1897, dióme ocasión de exponer -escribió Cajal^-, ex abundantia cordis, algunas reglas y consejos destinados a despertar en nuestra distraída juventud docente el gusto y la pasión hacia la investigación científica. Puse especial empeño en hacer amables y atractivas las tareas del laboratorio, y para lograrlo empleé un lenguaje llano, sincero y rebosante de entusiasmo comunicativo y de ferviente patriotismo. Y el éxito superó a mis esperanzas. Tan lisonjera acogida halló mi fogosa arenga en el público universitario y en la prensa, que, agotada rápidamente la tirada oficial del discurso, mi excelente amigo el Dr. Lluria, supliendo mi dejadez, estimó necesario reeditarla por su cuenta, destinando generosamente la nueva y copiosísima tirada a ser gratuitamente distribuida entre los estudiantes y diversos centros de enseñanza». El Discurso de recepción de D. Santiago -^(Fundamentos Racionales y Condiciones Técnicas de la Investigación Biológica»-al que contestó D. Julián Calleja y Sánchez, fue inmediatamente publicado por el autor -tras una primera reimpresión a costa del Dr. Lluria «para regalarlo a los estudiantes y a los aficionados a las tareas de laboratorio»-con el título «Reglas y Consejos sobre Investigación Científica (Los Tónicos de la Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén Voluntad). Libro consagrado a la juventud española». «El libro actual es una reproducción, con numerosos retoques y desarrollos, de mi discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturale»>, dice el autor en el prólogo. Las numerosísimas ediciones por diferentes editoriales han hecho de Los Tónicos de la Voluntad un texto clásico y un bestseller. Retornando a la Real Sociedad de Historia Natural, en una tercera etapa, entre 1897 y 1921, el rango de autores de trabajos histológicos en la Real Sociedad se amplió de manera considerable. Las principales aportaciones se debieron a José Madrid Moreno, Salustio Alvarado, Emilio Fernández Galiano y Manuel Sánchez. Fundamental en este periodo es la activa y mayoritaria presencia de licenciados en Ciencias Naturales como autores de trabajos de Histología y Morfología microscópica; ello permite afirmar -señala Baratas Díaz-que en las primeras décadas del siglo XX esta disciplina tuvo su establecimiento definitivo, en su vertiente investigadora, entre los naturalistas españoles, quienes encontraron en las publicaciones de la Real Sociedad un vehículo idóneo para la difusión de sus estudios. Pero este predominio de los naturalistas no excluyó las aportaciones de otros colectivos profesionales como médicos QLOS hermanos Ramón y Cajal, Julián Calleja), veterinarios (Antonio Gallego) o ingenieros de montes (el mencionado Castellarnau). Esta diversidad de autores y de formaciones profesionales dio a los trabajos micrográficos publicados por la Real Sociedad una variedad temática de la que careció en la etapa inmediatamente anterior. Entonces, los trabajos de Histología y morfología microscópica animal se ocuparon menos del sistema nervioso, apareciendo estudios sobre la división celular. En ella, el autor más notable fue Pío del Rio Hortega, formado en el laboratorio de Achúcarro. Nicolás Achúcarro Lund (1880-191.9) eh-. tudió en Marburgo y Madrid, asistiendo al laboratorio que fundaron Simarro y Juan Madinaveitia (Jefe del Servicio de Patología General del Hospital Provincial de Madrid). Una vez Licenciado, Achúcarro amplió estudios en París, con el neurólogo Pierre Marie; Florencia y Munich donde trabajó con Krapelin y con Alois Alzheimer. Tras dos años en EE.UU, organizando y dirigiendo -por recomendación de Alzheimer-el laboratorio anatomopatológico del Manicomio Federal, regresó a España afincándose en el Hospital Provincial de Madrid. En 1912, La Junta de Ampliación de Estudios encargó a Achúcarro la organización de un Laboratorio de histopatología del sistema nervioso, que posteriormente formaría parte -como una Sección-del Instituto de Investigaciones Biológicas que di-La época de Santiago Ramón y Cajal rigia Cajal. En el laboratorio de Achúcarro, situado en el Museo de Historia Natural, se formaron Sacristán, Lafora, Gayarre, Calandre, Jiménez de Asúa y Pío Hortega. «Por la importancia de sus contribuciones científicas y la repercusión internacional de su obra. Pío del Rio Hortega es -comenta López Pinero-, después de Cajal, la figura más destacada de la llamada Escuela Histológica Española». Formado en Valladolid, colaboró en el citado Laboratorio de Histopatología dirigido por Achúcarro. Luego marchó a París, Berlín y Londres, para regresar a Madrid en 1915. A la muerte a Achúcarro quedó al frente del Laboratorio. Tras su traumática salida del Laboratorio de Investigaciones Biológicas por un enfrentamiento con Ramón y Cajal, del Rio Hortega encontró en las publicaciones de la Sociedad un medio en el que dar a conocer sus trabajos científicos. En el Boletín y en las Memorias publicó Don Pío algunos de sus más importantes trabajos sobre oligodendroglía y microglia. Y su incorporación como autor habitual determinó, asimismo, la presencia de sus numerosos discípulos: Isaac Costero, Juan M. Ortiz Picón, Manuel López Enriquez, Felipe Jiménez de Asúa o Urtubey. Miembros de la Sociedad Española de Historia Natural eran la práctica totalidad de los profesores de Ciencias Naturales de la universidad española, los investigadores del Museo de Ciencias Naturales, del Real jardín Botánico y no pocos profesores de enseñanza media. Es comprensible, por tanto, el interés que la Sociedad puso, una vez su situación institucional se hubo consolidado, en las cuestiones educativas y de fomento de la actividad científica. Además, proponían modificaciones puntuales en el régimen académico (reforma del mecanismo para la obtención del doctorado, creación de becas para estudios e investigaciones en centros extranjeros, etc.) y un nuevo plan de estudios, más específico y de mayor carácter práctico y experimental que el entonces en vigor. Así, en la sesión del 13 de enero de 1886 de la Sociedad Española de Historia Natural, el señor Presidente -don Antonio Machado Núñez-presentó: • «una exposición suscrita por muchos amantes de las ciencias naturales, proponiendo las bases principales que podrían tenerse presente si se desea procurar actualmente en lo posible el desarrollo de las mismas en España y la urgente reforma de los métodos de su enseñanza. Aceptada por todos los presentes la idea de que en principio los socios tenian un alto interés científico en coadyuvar á los deseos de los que firmen el citado documento, se abrió discusión para acordar la forma quepodria verificarse, tomando parte en ella los Srs. Presidente, Vice-Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén presidente, Bolivar, Perez Arcas y Vilanova y se resolvió que los Srs. Machado y Martinez, como Presidente y Secretario, suscribiesen la exposición, haciendo constar que lo hadan por acuerdo de la Sociedad. Se acordó también insertar en las actas la exposición, que es la siguiente: Al Excmo, Sr, Ministro de Fomento, Excmo. Sr.: Los que suscriben, amantes de las ciencias naturales é interesados en su progreso y desarrollo, á V, E,, con el más profundo respeto, elevan las siguientes consideraciones: La enseñanza de las ciencias naturales en España es en extremo deficiente por causa de la organización incompleta y anticuada de los estudios, así como también por dominar en ella el carácter teórico sobre el práctico y experimental que permite á los alumnos familiarizarse con el empleo de los diferentes medios y procedimientos que las exigencias de la ciencia moderna hacen de todo punto indispensables. Nótase al propio tiempo la falta de un centro de investigación que contribuya en grande ó pequeña parte al adelantamiento de la ciencia; y si España no permanece por completo apartada del movimiento científico europeo, débese en gran manera, por lo que á los ciencias naturales se refiere, á una Sociedad de carácter puramente privado, la Sociedad española de Historia Natural, y á la decidida y entusiasta voluntad de algunas personas siempre en lucha con la escasez de recursos y la falta de colecciones y medios convenientes,... Quizá no exista hoy el personal suficiente con el grado de educación necesario, ni tampoco el material indispensable para plantear grandes reformas, entre las que debieran contarse: i° el construir el Museo de Ciencias naturales en un centro independiente con personal propio y dedicado tan sólo á la investigación científica, por ser el carácter docente y universitario que hoy tiene, impropio de esta clase de establecimientos: de analogía con lo que sucede en los demás países, y aun en el nuestro, siendo de ello un excelente ejemplo el Observatorio astronómico, el Instituto geográfico y la Comisión del mapa geológico; 2"", la ampliación hasta la licenciatura ó la creación en las que faltaren de las enseñanzas que se dan en varias, ya que no en todas las universidades de provincia, y lograr que en los institutos domine el carácter práctico y experimental sobre el teórico y expositivo; 3^, la fundación de estaciones zoológicas en diferentes puntos de nuestras costas; y 4^ y último, la creación de misiones y viajes científicos encaminados á la exploración, en primer lugar de nuestro suelo y el de nuestras posesiones en Ultramar, y más tarde de otras regiones del globo... Para concluir, á fin de que el Museo de Historia natural de Madrid, en el que se dan las asignaturas especiales de la sección de ciencias naturales, La época de Santiago Ramón y Cajal pueda completar sus laboratorios,... deberia aumentarse la consignación que le esta asignada (consignación por extremo mezquina si se compara con la que disfrutan establecimientos análogos de otros países), y fijar en los presupuestos taxativamente la cantidad que deban percibir cada uno de los que componen el Museo de Ciencias, es decir, el Gabinete de Historia natural y el Jardín Botánico, Estas son, Excmo, Sr,, las razones que impulsan á los que suscriben á desear la aplicación de las reformas indicadas, por creer firmemente que en ellas va envuelto el progreso y el desarrollo de las ciencias naturales en España, como,-," Licenciatura,-... Doctorado,-,,, La enseñanza de todas las asignaturas superiores será práctica y con excursiones. Para aspirar á los grados de licenciado y doctor en la sección de naturales de la Facultad de Ciencias, una vez aprobadas las asignaturas correspondientes, se exigirá presentar una Memoria original de investigación propia, sobre un punto de libre elección. Los experimentos y trabajos necesarios para la realización de esa Memoria de llevarán a cabo en los laboratorios del Museo de Historia natural,... Respecto del cúmulo de asignaturas de la licenciatura en Ciencias naturales se propuso la sustitución de algunas asignaturas: Cosmografía por Uranografía y geografía; Dibujo lineal por Dibujo aplicado a las Ciencias naturales; Histología por Criptogamia, Antropología y Embriología comparada, y se indicaba la conveniencia de asistir a algunas lecciones de técnica microscópica. Pero la actividad de la Sociedad a favor de la reforma de la enseñanza de las Ciencias Naturales no se limitó a la redacción de manifiestos o exposiciones a las autoridades administrativas. También se ocupó la Sociedad de la enseñanza de las Ciencias Naturales en los primeros grados de escolarización y en las Escuelas Normales, proponiendo una serie de medidas para mejorar el nivel formativo de los futuros profesores y planteando mecanismos para ampliar los conocimientos del profesorado ya en ejercicio. Por todo ello, al inicio del siglo XX, la Sociedad Española de Historia Natural había jugado un importante papel presentando ante las aur toridades políticas propuestas para el fomento de las Ciencias Naturales en nuestro país, que iban desde la reforma de las enseñanzas al planteamiento de modernas instituciones científicas. c. La Institución Libre de Enseñanza y la reforma educativa Sus antecedentes entroncan con la presentación por una Junta nombrada por la Regencia, en las Cortes reunidas en Cádiz el nueve de septiembre de 1813, de un «Informe de la Junta creada por la Regencia para proponer los medios de proceder el arreglo de los diversos ramos de instrucción pública». El informe, redactado por el poeta Quintana, indicaba las bases generales de la enseñanza que «debe ser igual y completa; universal o extendida a todos los ciudadanos; uniforme; en lengua castellana, evitando ese guirigay bárbaro llamado latín de escuelas; pública, gratita y libre». En el plan Quintana se dibuja el ideal centralizador sobre el que Jovellanos propugnó una Universidad Central -una gran Universidad en Madrid -, que quedaría instalada en el local del Colegio Imperial el siete de noviembre de 1822; el presidente de la Dirección General de Estudios, don Manuel José Quintana, pronunció el discurso de inauguración. El plan Quintana fue reemplazado, en octubre de 1824, por el del padre Martínez, obispo de Málaga, y refrendado por Francisco Tadeo Calomarde (1773-1842). La Dirección General de Estudios fue reemplazada por la Inspección General de Instrucción Pública. El nuevo Plan daba completa uniformidad a la enseñanza y organización de las Universidades, destruyendo lo poco que quedaba de autonomía universitaria. Los años del ministerio de Calomarde se conocen como la ominosa década de Calomarde, siendo proverbial la frase ni en tiempo de Calomarde para ponderar la arbitrariedad de su gobierno. Ello, junto con las vicisitudes de la primera guerra carlista llevaron a la ruina universitaria. Un Real Decreto de 1845 dio un nuevo Plan General de Enseñanza para todo el reino; plan más centralizador que el del año 1824 y que ostentaba el La época de Santiago Ramón y Cajal nombre de don Antonio Gil de Zarate, director de Instrucción Pública. El nuevo plan -comenta A Jiménez-llevaba a extremos aún más exagerados la centralización y secularización de la enseñanza y no admitía en ella más dirección que la del Gobierno, fiel reflejo de los principios de soberanía del Estado y sus instituciones gubernamentales que los tiempos modernos habían heredado de las monarquías absolutas. Y aún cristalizó más esta tendencia en la famosa Ley de Instrucción Pública -Ley Moyano-de 1857; ley que perduraría hasta 1900. Sin embargo, aquel mismo año -1857-representó el inicio de un movimiento interno de reforma. Don Julián Sanz del Río -profesor de Historia de la Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras-formulaba la definición y principios del racionalismo armónico y pronunciaba el discurso correspondiente a la sesión solemne de inauguración del año académico 1857-1958 universitaria; un discurso impregnado de principio a fin de un decidido espíritu reformista que produce un grande y general impacto. En 1860, coincidiendo con la publicación del Sistema filosófico y del Ideal de la Humanidad para la vida, de Krause y traducidas por Sanz del Río, aparece la revista de los neocatólicos y antikrausistas: El Pensamiento Español, Fundado por Navarro Villoslada, y los krausistas contraatacan. La Iglesia acusa el peligro y la Sagrada Congregación del índice incluye El Ideal de la Humanidad en dicho índice de lecturas prohibidas en 22 de septiembre de aquel mismo año. «Por Real Orden de 31 de mayo último (1867) se mandó al doctor don Julián Sanz del Río, Catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central en concepto de autor y editor de un libro titulado Ideal de la humanidad para la vida, por Krause, con introducción y comentarios, impreso en Madrid en 1860, y condenado por la Suprema Autoridad de la Iglesia en 26 de septiembre de 1865.... después de madurado examen y considerando que no puede ni debe continuar en el magisterio público de las ciencias quien habiendo tenido la desgracia de que su escrito se prohiba y ponga en el índice de la doctrina reprobada, no se apresura a someterse al juicio de la Iglesia, maestra de la verdad, antes bien rehuye con fútiles pretextos la franca explicación que el Gobierno tiene derecho a exigir en su calidad de protector de los intereses de la educación, ha evacuado su dictamen de 26 de octubre, proponiendo la separación de dicho profesor,.. y mandar por tanto que el mencionado profesor sea dado de baja en el escalafón de su clase....Madrid, 31 de diciembre de 1867. Orovio [Manuel Orovio y Echagüe (1817-1883) sucedió a Alcalá-Galiano en la Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén cartera de Fomento -gobierno presidido por Narváez -tras la trágica noche de San Daniel de 1865], Sr Director General de Instrucción Pública». El «auto de fe» también incluyó a Lázaro Bardón y Manuel José de Galdo -cuyas disculpas fueron bien acogidas por el obispo auxiliar de Madrid-Alcalá-, a Fernando de Castro y a Nicolás Salmerón Alson que fue apartado de su cátedra. Francisco Giner de los Ríos «protestó respetuosamente» por el menoscabo de la consideración debida al Cuerpo universitario -el gesto de Giner le convirtió de golpe en el más acendrado defensor de la llamada libertad de la ciencia-. La protesta supuso que el Rector dejara suspenso, en el acto, a Don Francisco. En septiembre de 1868 triunfa la revolución -La Gloriosa-; Manuel Ruiz Zorrilla ocupa la cartera de Fomento, nombra a José Echegaray Director General de Instrucción Pública y destituye a Orovio. Un decreto de 21 de octubre establecía la libertad de enseñar, declarando en su artículo quinto: «La enseñanza es libre en todos sus grados y cualquiera que sea su clase», y en el sexto añadía: «Todos los españoles quedan autorizados para fundar establecimientos de enseñanza». Ese mismo mes se reponen en sus Cátedras a los sancionados. Los krausistas se imponen en la Universidad; Fernando de Castro es nombrado Rector de la Universidad Central, y el día 10 de enero de 1869 aparecía el primer número del Boletín-Revista de la Universidad de Madrid de la mano de Castro, Uña, Salmerón y, sobre todo, de Giner quién escribió una serie de artículos titulados genéricamente «La futura Ley de Instrucción Pública» -^<la educación del hombre en la verdad»-que debería modificar la Ley Moyano de 1857. En mayo de 1874 moría Fernando de Castro y comenzaba el declive revolucionario. En febrero de 1875 un Real decreto y una Circular de Fomento restablecían la legislación anterior a 1868 y, también a Orovio; con ello, la Universidad europeizada sufre un radical retroceso. Desde la primera cuestión universitaria a la segunda solo transcurrieron nueve años; esta vez los catedráticos reaccionan y están dispuestos a renunciar a sus cátedras si la Circular de Orovio se cumple. El dos de abril de 1875 ingresaba Giner de los Ríos en el Castillo de Santa Catalina, prisión militar gaditana. En julio se separa de sus cátedras a Giner, Salmerón y Azcárate. Giner y Salmerón se lanzan la idea de unos «estudios libres». El 15 de febrero de 1876, Alfonso XII abrió las Cortes Constituyentes; Canovas presidía el Consejo de Ministros, quién leyó el proyecto de Cons-La época de Santiago Ramón y Cajal titucion ante las Cortes el 27 de marzo. El artículo 13 concedía a los españoles el derecho de emitir libremente sus ideas y opiniones; y el artículo 24 prescribía que todo español podrá fimdar y mantener establecimientos de instrucción o educación. El Imparcial del 24 de mayo, bajo el epígrafe «La Universidad libre», publicó un suelto: «... Reunidos en Junta organizadora los señores don Laureano Figuerola, don Eugenio Montero Ríos, don Segismundo Moret y Prendesgast, don Nicolás Salmerón y Alonso, don Francisco Giner de los Ríos, don Augusto González de Linares, don Gumersindo de Azcárate, don Laureano Calderón, don Juan Antonio García Labiano y don Jacinto Messia, redactaron en 18 de marzo último el proyecto para la creación de un establecimiento de enseñanza libre...». El proyecto universitario de la Institución pretendía albergar estudios secundarios y superiores: «La Institución establecerá, según lo permitan las circustancias y los medios de que pueda disponer: 1 °. Estudios de cultura general y profesionales, con los efectos académicos que les conceden las leyes del Estado, 2^. Conferencias y cursos breves de carácter y científico, ya popular». Linares representó la síntesis krauso-positivista en la Institución, aunque la mayoría (Salvador Calderón, Joaquín Costa, Lázaro Ibiza, José Madrid Moreno, Luis Simarro) de los institucionistas se identificaron con el positivismo. Desde su inicio la Institución pretendió crear laboratorios dotados de material científico -gabinete de Historia natural, laboratorio de Química, gabinete micrográfico -utilizados para la enseñanza práctica de la ciencia. Así, el Boletín de la Institución (Tomo I, 1877) incluía una nota anexa al «cuadro de asignaturas para el Curso 1877-78»: «i°. Todas las clases correspondientes a la Facultad de Ciencias tendrán carácter experimental... 2"^, En las clases de Física y Química se destinarán tres lecciones semanales a trabajos de laboratorio.3^. En las clases de Historia natural se consagrará el tiempo conveniente a prácticas...». La Institución fue pionera en la enseñanza práctica de la ciencia; nació con la pretensión de convertirse en una «Universidad libre», pero limitaciones económicas y condicionantes pedagógicos terminaron por hacer evolucionar la Institución hacia un establecimiento de primera y segunda enseñanza. No obstante, a partir de 1881 la Institución se constituyó en un «gabinete de estudios sobre la reforma educativa» en todos sus grados. A lo largo de las dos últimas décadas del siglo XIX, hombres vinculados a la Institución realizaron propuestas concretas para la reforma de la enseñanza universitaria (reforma del doctorado, becas en el extranjero, aumento de la dotación material y personal, etc.). Las propuestas institucionistas planteaban, además, la necesidad de establecer un nuevo organismo encargado de poner en práctica dichas medidas. Este organismo, al que denominaban «escuela de altos estudios» o «escuela de estudios superiores», debía ser el responsable de la política de becas y la gestión de laboratorios científicos, y permitiría la creación de un nuevo cuerpo profesoral responsable a su vez de la renovación universitaria. El objetivo último de esta nueva institución, claramente inspirada en un organismo homónimo francés, la Escuela Práctica de Altos Estudios (École Pratique des Hautes Études), era configurar un nuevo marco universitario, con más funciones que las codificadas en la ya obsoleta legislación isabelina. La nueva universidad, en el ideario institucionista, debía ser un centro de formación profesional, de investigación científica y, sobre todo, centro educativo. No sólo había que habilitar para el ejercicio profesional, había que fomentar la reflexión y el estudio científico como mecanismo básico en la formación de los ciudadanos de un nuevo país. Estación de Biología Marítima de Santander Si hay un marco institucional en el que las propuestas de los dos colectivos hasta ahora reseñados (naturalistas e institucionistas) se funden es, sin duda, la Estación de Biología Marítima de Santander. Desde principios de la década de 1880, naturalistas vinculados a la Sociedad y al Museo habían promovido la concesión de becas de estudio en la Estación Zoológica de Nápoles con la pretensión última de formar algún especialista capacitado para dirigir un establecimiento similar en las costas españolas. También diversos naturalistas habían utilizado el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza para señalar la conveniencia de crear un centro de estudios marinos en nuestras costas. En la sesión del siete de junio de 1882, el señor Vilanova, catedrático de Paleontología de la Facultad de Ciencias de Madrid y socio fundador de la Sociedad Española de Historia Natural, informaba ante ésta de un viaje científico por varios países europeos en el que visitó la Estación Zoológica de Nápoles: «... y pongo fin al desaliñado relato apuntando el pensamiento que me anima de que participe un dia no lejano nuestra querida patria de los beneficios de aquel sorprendente centro de enseñanza, á cuyo fin espero fundadamente me secundareis todos, y en especial los que, en su calidad de individuos de la Junta de profesores del Museo, podéis influir en que ésta tome la iniciativa en la petición al Gobierno para que éste designe algún pensionado para estudiar esta Estación zoológica napolitana, de la que tantos y tan sorprendentes resultados pueden y deben con harto fundamento esperarse,... -Para llenar los deseos manifestados por el señor Vilanova respecto á la fundación de una Asociación para el adelanto de las ciencias en España, á propuesta del señor Presidente la Sociedad acordó la inserción en las Actas de una nota en que se dé á conocer el pensamiento, coadyuvando así por el momento á los fines que se propone el señor Vilanova», la «cuestión universitaria» de 1875 se había integrado en la Institución Libre de Enseñanza, abandonó esta en 1880 («diáspora institucionista») para incorporarse a la Sección de botánica del Museo de Historia Natural de París, desde donde escribió a Francisco Giner mostrando su satisfacción por los trabajos realizados. Con la llegada de los liberales al poder, la Dirección General de Instrucción Pública comisionó a González Linares por dos años, durante los que visitó el Museo de Historia Natural de Londres, y los Laboratorios marinos de Wimereux, Concarneau, Marsella y Nápoles. De vuelta a España, en 1883, fue comisionado de nuevo por el Ministerio de Fomento para «completar estudios sobre la fauna de los animales marinos inferiores de la costa cantábrica». Todas estas comisiones logradas gracias a las gestiones de Giner y al margen de las propuestas del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, permitieron a González de Linares adquirir una notable formación en Biología marina y conocer la estructura y funcionamiento de algunas de las más importantes estaciones marítimas europeas disfrutó de diversas comisiones oficiales que le permitieron viajar por diversos laboratorios y estaciones marítimas europeas. Al crearse en Santander, por Real Decreto de 14 de mayo de 1886 -era Ministro de Fomento Eugenio Montero Ríos -, la Estación Marítima de Zoología y Botánica Experimentales, González de Linares puede considerarse director de facto del nuevo centro. El Real Decreto decía: «Este laboratorio tiene por objeto: 1 ^. El estudio y la enseñanza dela fauna y flora de nuestras costas y mares adyacentes, así como las cuestiones científicas enlazadas con aquellas. 2^, El de las aplicaciones prácticas de estos conocimientos al desarrollo de las industrias marítimas. La formación e incremento de las colecciones científicas de los museos y establecimientos de enseñanza». Sin embargo, si la Estación fue creada oficialmente en 1886, hasta 1889 no tuvo lugar su instalación y funcionamiento. González de Linares fue enviado a la estación napolitana, siendo nombrado oficialmente director a su regreso, en junio de 1887, cargo que ocupó hasta su muerte en 1904 -a González de Linares y hasta la Guerra Civil, le sucedieron José Rioja y Martín (1866-1945) y Luis Alaejos y Sanz (1876-1967) quién, en 1935, anunció a las autoridades locales la posibilidad de que el Centro se cerrara a causa de su mal estado de conservación y la falta de subvenciones por parte del Ayuntamiento y la Diputación-. A partir de 1887 comenzó la instalación definitiva de la Estación en la ciudad de Santander, La época de Santiago Ramón y Cajal y González de Linares pudo poner en marcha algunas iniciativas largamente pensadas durante su estancia en Nápoles. La iniciativa más relevante fue el establecimiento de una comisión interministerial -Ultramar, Fomento y Marina-para enviar naturalistas y oficiales de la Armada a la estación italiana. Se satisfacían así las propuestas previas de científicos e institucionistas: se fomentaba la creación de nuevos laboratorios (dignamente dotados), se establecían becas de estudio en centros extranjeros y la formación de oficiales de la Armada en cuestiones biológicas era un paso previo, e imprescindible, en el impulso de las expediciones oceanográficas. La labor de González de Linares tuvo antecedentes -en Mariano de la Paz Graells-e iniciativas similares. Aunque hubo tentativas de crear un centro análogo en la ría de Arosa por Vila y Nadal, hubo que esperar -escribe Madariaga de la Campa-a 1905 para que apareciera la efímera Estación de Biología Marítima de África, creada en agosto de 1905 y al año siguiente, el Laboratorio de Baleares, dirigido por el profesor Odón de Buen, al que cabe considerar -continúa Madariaga-como padre de la oceanografía española. El Ministerio de Marina, por R.O. de febrero de 1908, creaba a su vez la Escuela de Zoología de Barcelona. En la elección y seguimiento de los becados en Nápoles jugaron un importante papel González de Linares, como director de la Estación santanderina, Francisco Giner de los Ríos de la Institución, e Ignacio Bolívar, director del Museo de Ciencias y de la Sociedad Española de Historia Natural. Pero el programa de becas no se limitó a enviar a unos cuantos naturalistas; siguiendo un patrón grato al institucionismo, la selección fue muy personalizada y se tomaron medidas para garantizar la mínima formación previa del pensionado. También, en colaboración con el Museo de Ciencias Naturales, se diseñaron mecanismos que permitieron la reincorporación de alguno de estos becarios al tejido científico español. A lo largo de la década de 1890, acabado ya el programa de pensiones en Nápoles, se inició un plan de becas en la Estación santanderina. A pesar de las dificultades de la Estación y los altibajos de este nuevo programa de becas, en estrecha colaboración con el Museo de Ciencias Naturales, la práctica totalidad de los naturalistas españoles de la última década del siglo XIX y la primera del XX realizaron cortas estancias en Santander. Muchos de ellos adquirieron allí conocimiento de las técnicas y prácticas micrográficas, otros encontraron tema y colecciones para sus tesis doctorales. Aunque sus responsables no realizaron una labor investigadora notable, la Estación se constituyó en una institución docente de primer orden. Dentro del esquema institucionista -debe re-saltarse la adscripción de González de Linares al grupo institucionista-, la Estación puede considerarse una «experiencia piloto» en la que se pusieron en práctica, a pequeña escala, medidas innovadoras: becas de estudio en el extranjero, control directo y minucioso de las actividades desarrolladas por los becarios, participación de especialistas en la selección de personal, medidas para el aprovechamiento posterior de los conocimientos adquiridos por los becarios, etc. Muchas de estas medidas, a mayor escala, se volverían a llevar a cabo en otro organismo público también promovido, indirectamente, por la Institución: la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Hasta 1914, año en el que la Estación pasó a depender del Instituto Español de Oceanografía -dirigido por Odón de Buen-pasaron un número importante de alumnos, entre otros: Antonio de Zulueta, Celso Arévalo -futuro director del Laboratorio de Hidrobiología de Valencia-, Antonio García Varela -que dirigiría el Laboratorio de Fisiología vegetal del real Jardín Botánico-, etc. e. Ministerio de Instrucción Pública y Junta para la Ampliación de Estudios No sería hasta 1900, tras la creación del Ministerio de Instrucción Pública, cuando se inició una amplia remodelación de los estudios universitarios. Antonio García Alix, primer ministro de Instrucción encargó a Ignacio Bolivar el proyecto de reforma de la Facultad de Ciencias y el Museo de Ciencias Naturales. La reforma diseñada por Bolivar introdujo una serie de medidas concordantes con las planteadas por la Sociedad Española de Historia Natural, modificando el plan de estudios, reorganizando el Museo de Ciencias Naturales, fomentando la enseñanza práctica, etc. Otra consecuencia capital para la ciencia española es la confluencia de intereses y la estrecha colaboración entre el institucionismo y los colectivos científicos del país. El institucionismo encontró en la clase científica sólido apoyo a sus propuestas de reforma universitaria -en las que la ciencia tenía un papel esencial-y los científicos encontraron un grupo de mayor proyección político-social, con más capacidad para conseguir la plasmación administrativa de sus intereses. La pérdida de las colonias ultramarinas originó una profunda conmoción en el sistema de la Restauración. Consecuencia de la inesperada derrota ante Estados Unidos fue la celebración en el Ateneo de Madrid, durante 1902, de un debate sobre «Oligarquía y caciquismo», organizado por Joaquín Costa Martínez, que se constituyó en un profundo examen La época de Santiago Ramón y Cajal del sistema político de la Restauración y en foro de difusión de medidas para renovarlo en profundidad. Significativamente, la primera propuesta reformista planteada por Costa -antiguo miembro de la Institución Libre de Enseñanza-fue el «fomento intensivo de la enseñanza y de la educación por métodos europeos». Inmediatamente antes del debate ateneísta, en 1899, Costa había convocado la Asamblea Nacional de Productores con la pretensión de constituir una fuerza política de carácter reformista. En las discusiones de la Asamblea se debatió un informe de Manuel Bartolomé Cossío titulado «Sobre la reforma de la educación nacional». Cossío planteó la necesidad de reformar el personal educativo, de conceder becas para ampliación de estudios en el extranjero, de introducir la enseñanza práctica en todos los grados del sistema educativo y especialmente en la universidad, de reformar el doctorado, etc. Cossío también se manifestó a favor de la «organización inmediata de una Escuela de estudios superiores, formada escogiendo las personas que reconocidamente han dado muestras de trabajo sólido, de investigación personal, en cualquier ramo; muy pocas. El trabajo sería exclusivamente de investigación, con poquísimos alumnos y muy escogidos. Aunque el proyecto político que Costa pretendía propiciar se disolvió de manera casi inmediata, las propuestas pedagógicas planteadas, síntesis de las que el institucionismo había promovido durante las dos últimas. décadas del siglo XIX, sí alcanzaron una cierta relevancia en medios oficiales. En abril de 1900 se estableció el Ministerio de Instrucción Pública, segregando estas competencias de la cartera de Fomento. El primer titular del nuevo ministerio, el conservador Antonio García Alix, concibió las cuestiones educativas como básicas en el proceso de «regeneración» del país. A pesar de su corta estancia al frente del cargo, García Alix inició una reforma en profundidad de los planes de estudios universitarios y estableció mecanismos que permitieron implantar la enseñanza práctica en las facultades. Muy significativamente, estos planteamientos encontraron en Ignacio Bolívar y en la Facultad de Ciencias terreno abonado para prosperar. Ignacio Bolívar y Urrutia, quien como vimos tuvo un papel protagonista en el desarrollo de la Estación de Biología Marina de Santander, era miembro del Consejo de Instrucción Pública y sería, en breve, decano de la Facultad de Ciencias y director del Museo. Fue Bolívar el encargado de delinear los planes de estudios de las diversas secciones de la Facultad de Ciencias y plantear la reforma reglamentaria y funcional del Museo de Ciencias Naturales. Respecto de la sección de Ciencias Naturales de la Facultad de Ciencias, el plan de es-Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén tudios aprobado se ajustaba a lo propuesto por la Sociedad Española de Historia Natural en 1886. La enseñanza práctica se introdujo, a título experimental, en algunas asignaturas de la Facultad de Ciencias. Los alumnos de dichas asignaturas debían abonar al matricularse una tasa complementaria en concepto de derechos de prácticas: con dicho dinero se esperaba completar un mínimo presupuesto para la adquisición de material e instrumentos. Esta medida se extendió posteriormente a la totalidad de las asignaturas de Ciencias y a las facultades de Farmacia y Medicina. Otra innovación, introducida bajo el mandato de García Alix, fue la reforma del mecanismo para la obtención del grado de doctor. Al dictarse un nuevo reglamento de exámenes y grados en las universidades, se exigió a los candidatos al doctorado la elaboración de una tesis o memoria sobre un punto doctrinal o de investigación práctica elegido libremente, y que entregará manuscrita en el acto de solicitar el examen. Se formalizaba así una vieja propuesta de científicos e institucionistas. También se promovió la concesión de becas; en un primer momento se autorizó a profesores numerarios y supernumerarios a solicitar licencia con sueldo por espacio de un año para ampliar estudios en el extranjero, prometiendo una subvención adicional si los presupuestos lo permitían. En los años siguientes, nuevas disposiciones permitieron la incorporación al programa de licenciados y estudiantes de doctorado, se diseñaron nuevos mecanismos de elección y valoración, de reincorporación al sistema universitario, etc. En suma, el primer Ministerio de Instrucción Pública inició una política de reforma de la enseñanza superior sin precedentes. Se adoptaron medidas, en muchos casos modestas o con carácter experimental, en la línea de lo que científicos e institucionistas habían planteado repetidamente. En los años siguientes, con otros políticos como responsables de la cartera de Instrucción Pública, la política reformista se continuó: se dictaron nuevas normas para becarios en el extranjero, se destinaron partidas presupuestarias para la adquisición de instrumental científico, se establecieron nuevos centros de investigación -Laboratorio de Investigaciones Biológicas-, etc. Por entonces, la enorme figura de Cajal supuso una situación sin precedentes. La concesión, en 1900, del Premio Moscú con motivo del Congreso Internacional de Medicina impulsó la creación de un instituto de investigaciones. Francisco Silvela -Presidente del Gobierno-, Antonio García Alix -Ministro de Instrucción Pública-y Raimundo Fernández Villaverde -Ministro de Hacienda-se mostraron partidarios de la idea. El 30 de agosto de 1900, los Ministerios de Hacienda, de Agricultura y de Obras Públicas sometieron al Consejo de Estado un informe sobre «la forma de conceder al sabio Dr. D. Santiago Ramón y Cajal el auxilio del estado»: «La forma en tal virtud más adecuada para cooperar oficialmente a la obra del doctor don Santiago Ramón y Cajal, sin menoscabar su independencia y libertándole, en cambio, de las dificultades que lleva consigo todo organismo de aquel carácter... sería la de asignarle una subvención extraordinaria por una sola vez y otras más módica permanente, ambas con carácter puramente personal, sin exigirle otra justificación que la indispensable que espontáneamente aportase...». La influencia de la creación del nuevo laboratorio -designado «Laboratorio de Investigaciones Biológicas» e instalado provisionalmente en un hotel de la calle de la Vega y luego al Museo del doctor Velasco-sobre la tarea de Cajal fue muy importante. Tras la creación de la Junta para la Ampliación de Estudios, el Laboratorio se integró en ella, en 1920, como Instituto Cajal; Cajal siguió siendo su Director hasta su muerte en 1934. Sin embargo, la culminación de la política reformista inaugurada tras el Desastre fue la creación de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) en 1907. La junta supuso la cristalización administrativa de la «escuela de estudios superiores» que los institucionistas habían propuesto en diversas ocasiones. A este respecto Cacho Viu insiste en que «no fue la Junta "de" la Institución Libre de Enseñanza... Otra cosa es que la institución y Don Francisco Giner, personalmente, inspiraran su diseño y la elección de quienes iban a ponerla en marcha...». Organismo autónomo, dependiente del Ministerio de Instrucción Pública, formado por una veintena de investigadores y profesores de prestigio incuestionable, la junta fue la encargada de la concesión de becas en el extranjero y la gestión de laboratorios y seminarios; se constituyó, por tanto, en el instrumento de política científica más importante del primer tercio del siglo XX. En la Exposición que el ministro Amalio Gimeno -ministro de Instrucción Pública en el gobierno liberal de Vega Armijo-hizo a S. M. Alfonso XIII en el R. D. 11/1/1907 {Gaceta de 18 de enero) por el que se crea la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, puede leerse: «El más importante grupo de mejoras que pueden llevarse a la instrucción pública es aquél que tiende por todos los medios posibles a 76 Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén formar el personal docente futuro y dar al actual medios y facilidades para seguir de cerca el movimiento científico y pedagógico de las naciones más cultas, tomando parte en él con positivo aprovechamiento. Abandona el Estado en España esa función a las fuerzas aisladas del Profesorado y de la juventud sin ofrecer a ésta otros medios que los indispensables para la obtención de un título, ni otorgar a aquél sino una retribución que no puede alcanzar para viajes de estudio, ni siquiera para adquirir las revistas y los libros que aumenten su caudal de erudición. El problema de la formación del personal docente, íntimamente enlazado con el fomento de los estudios científicos, lo han resuelto otros países acudiendo a un remedio que, aun sin estar, como ya está, probado y reconocido, parecía siempre eficaz». Aunque se haya insistido en destacar -comenta Moreno González-el papel de la Junta respecto al fomento de la investigación científica, es manifiesto en el Decreto de creación, así como en el Reglamento posterior, que la preocupación más imperiosamente sentida por los promotores de la misma era elevar la calidad del profesorado. El principal medio elegido para llevar a cabo esta tarea fueron las pensiones; de hecho, por la importancia concedida a las mismas la JAE fue más conocida como «Junta de Pensiones». En cierto modo, el desarrollo científico era considerado como un medio -determinante e imprescindible, eso sí-para mejorar las enseñanzas. Otra cosa es cómo fue desenvolviéndose la operación que, sin ninguna duda, resultó considerablemente más ventajosa para la investigación científica en sí misma; acaso porque pudo organizarse con bastante autonomía a través de múltiples Institutos y Laboratorios. El día 15 de enero, antes de que el decreto apareciese en la Gaceta, se celebró el acto de constitución de la nueva organización, resultando elegido Santiago Ramón y Cajal su presidente: José Castillejo y Duarte fue el secretario.. Pocos días después, pasaba el Gabinete a manos del conservador Maura, haciéndose cargo de la Cartera de Instrucción Pública Faustino Rodríguez San Pedro que, en los casi tres años de su mandato -escribe Sánchez Ron-hizo notar su presencia alicortando los vuelos con que, en su opinión, fue creada la JAE. De él escribiría Américo Castro: «La incultura de este hombre, unida al miedo de los conservadores hacia lo nuevo, pudo ser funesta para la Junta en sus primeros tiempos». El Reglamento de la Junta fue publicado en la Gaceta el 26/6/1907 siendo ministro Rodríguez San Pedro con algunas limitaciones; una de las primeras manifestaciones de las resistencias que la JAE encontró a La época de Santiago Ramón y Cajal lo largo de su historia. En 1917, Ignacio González Martí, catedrático en la Universidad Central y miembro de la Academia de Ciencias, pronunció el discurso inaugural --«Estado de la enseñanza de la Física en las Universidades de España»-de la Sección de ciencias físico-químicas del VI Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, y en el que dijo en relación con la Junta: «Perfectamente acertada hubiéramos encontrado la creación de la Junta si las Universidades, colocadas en las condiciones de aquella, no diesen los mismos resultados, o si la capacidad productora de España en investigadores fuese suficiente, no sólo para llenar los laboratorios universitarios, sino para exigir otros destinados a las personas que, no deseando someterse a los planes docentes, estuvieran capacitadas para dedicarse a la investigación.... Tal como ha sido creada la Junta constituye un agravio a la Universidad, a la que se declara impotente para obtener los resultados conseguidos por aquella, y cabe pensar, antes de declarar dicha impotencia, que si la segunda hubiera dispuesto de los medios de que la primera dispone, su estado no sería el que hoy es. El efecto externo, y nos alegraríamos de que así no fuese, es dividir a los catedráticos en dos castas, los puramente universitarios, para los cuales son las desconfianzas y las economías de Estado, y los adeptos a la Junta, para los que toda independencia y prodigalidad parecen pocas. Una vez constituida la Junta de Ampliación de Estudios tenía necesidad de justificar la utilidad de su labor y la de los laboratorios que creara, y el instinto de conservación condujo al personal a éstos adscritos a descuidar el trabajo en los suyos de la Universidad... ¿Es extraño, señores, que la Universidad mire con desconfianza y acaso con cierta hostilidad a esa Junta que hace cuantos esfuerzos puede para arrebatarle sus más preclaros hijos?.» Al año siguiente, la Junta recibía otra crítica sobre el marcado carácter centralista de la JAE; esta vez durante la sesión del día diez de abril del Segundo Congreso Universitario Catalán (7-14 abril 1918). Con todo, la Junta tuvo una destacada intervención en el desarrollo de la infraestructura necesaria para la investigación; en concreto, en la creación de centros de estudios y laboratorios., haciendo uso, cuando ello era posible, de elementos ya existentes. Las dos instituciones en torno a las que se vertebró la mayor parte de los trabajos promovidos por la Junta fueron el Centro de Estudios Históricos y el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales. El Centro de Estudios Históricos fue creado por R.D. de 18 Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén de marzo de 1910, con Ramón Menéndez Pidal como presidente y Tomás Navarro Tomás de secretario. Dos meses después, un R.D. de 27 de mayo firmado por el ministro de Instrucción Pública, conde de Romanones, puso en marcha al Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales, con Ramón y Cajal de presidente y Cabrera de secretario. Los establecimientos ya existentes que la Junta incoporó al Instituto Nacional de Ciencias ñieron: Museo Nacional de Ciencias Naturales (dirigido por Ignacio Bolivar), Museo de Antropología (Manuel Antón y Ferrándiz), Jardín Botánico (Apolinar Gredilla), Estación Biológica de Santander, y el Laboratorio de Investigaciones Biológicas (Santiago Ramón y Cajal) que, en 1920, se convertiría en el Instituto Cajal. Los nuevos laboratorios creados por la Junta ñieron: Instituto Nacional de Física y Química, erigido de nueva planta gracias a un generoso donativo de la Fundación Rockefeller; inaugurado en septiembre de 1931, sustituyo al antiguo Laboratorio de Investigaciones Físicas, ambos dirigidos por Blas Cabrera. Fueron también de nueva creación: Estación Alpina de Guadarrama (desde 1910-11); Laboratorio de Anatomía Microbiológica (1912, Luis Calandre); Laboratorio de Histología e Histopatología del Sistema Nervioso, dirigido primero por Achúcarro (1913) y luego por Río Hortega; Laboratorio y Seminario Matemático (1915); Laboratorio de Fisiología General (1916, Juan Negrín); Laboratorio de Química Fisiológica (1916, Antonio Madinaveitia); Laboratorio de Serologia y Bacteriología (1920, Paulino Suárez), y Misión Biológica de Galicia (1921, Cruz Gallástegui). La fisiología había tenido dos dignos representantes: Rafael Martínez Molina (1816-1888) dirigió, en Madrid, el Instituto Biológico, donde inició la asimilación de las tendencias químicas y experimentales; luego colaboraría con la Escuela Libre de Medicina de Sevilla primero y, después, con la Academia y Laboratorio de Ciencias Médicas de Barcelona. Por su parte, bajo la influencia de Claude Bernard -autor de la famosa Introducción al Estudio de la Medicina Experimental (1865) que sería traducida por Antonio Espina y Capo -se desarrolló en torno a las mismas fechas -1868-un movimiento fisiológico encabezado por Ezequiel Martín de Pedro. De todos modos, los avances en fisiología, patología y química no se vieron reflejados en la práctica médica; ello, principalmente, por la limitación del equipamiento disponible. Por fin, la fisiología, con escasa tradición en España, recibió el impulso esperado, en Madrid, de la mano de Juan Negrín López, formado en Alemania y que sucedió en la Cátedra de la Universidad Central a José Gómez Ocaña. Gómez Ocaña fue el La época de Santiago Ramón y Cajal pionero de la fisiología madrileña; escribió: Tratado de Fisiología de la Circulación, Cádiz 1894; Fisiología del Cerebro, Madrid 1894, y Fisiología Humana Teórica y Experimental, Madrid 1896, que fue un clásico entre los libros de texto. Negrín, que representó (1933) a España en la Organización Internacional del Trabajo y en la Unión Interparlamentaria Europea, que desempeñó la cartera de Hacienda (1936) en el Gobierno de Largo Caballero y que fue Presidente del Gobierno de la República (1937)(1938)(1939)(1940)(1941)(1942)(1943)(1944)(1945), formó una escuela a la que pertenecieron José Domingo Hernández Guerra -el colaborador más habitual de Negrín-, José Sopeña Boncompte y José M^ del Corral quienes representaron el primer núcelo de investigadores asociados al Laboratorio de Fisiología. Luego vendrían Severo Ochoa, Grande Covián, García Valdecasas, Rodríguez Delgado y Puche o Rafael Méndez. En Barcelona, coetáneo de Gómez Ocaña fue Ramnón Turró i Darder, quién sucedió a Ferrán en la dirección del Laboratorio Municipal de Barcelona. Pero el impulsor de la escuela fisiológica catalana fue Augusto Pi y Suñer (1879-1965) ~La Unidad Funcional. Ensayos de Fisiología Interorgánica (1918), Los Mecanismos de la Correlación Fisiolológica (1920)-. De la mano de la fisiología, en Cataluña, se desarrolló la bacteriología; figuras destacadas fueron Jaime Ferrán Clua (1852-1929) -director del Laboratorio Microbiológico Municipal de Barcelona, preparó vacunas anticolérica (1884), antitífica (1887) y antituberculosa o antialfa-y, sobre todo, Francisco Duran Reynalds (1899-1958), pionero en oncogenesis viral. Durán-Reynals nació en Barcelona, en 1899, graduándose en Medicina en 1925; pasó un año en el Instituto Pasteur, en París, para trasladarse al Instituto Rockefeller en el que permaneció hasta 1938 en que se desplazó a Yale donde trabajó hasta su muerte. No debe olvidarse el papel motriz del Institut d'Estudis Catalans creado por la Diputación Provincial de Barcelona en 1907, y por iniciativa de su entonces Presidente, don Enric Part de la Riba, con la función primordial de promover la investigación científica y, de modo muy principal, la cultura catalana. El Institut, para mejor llevar a cabo su contenido, creó también una serie de servicios, seminarios y laboratorios de investigación dependientes de sus Secciones. Entre ellos, y haciendo referencia tan solo a los que dependían de la Sección de Ciencias, creada en 1911, merecen ser recordados por sus meritorias publicaciones el Institut de Fisiología, el Server Geologic i Geografie y la Estado Aerológica de Catalunya. A partir de 1913 y con la finalidad de hacer posible la incorporación de más amplios núcleos reinvestigadores a sus empresas científicas el Institut creó una serie de entidades filiales como la Societat de Por otra parte, la Institució Catalana d'Historia Natural, fundada en 1899, también se convirtió, en 1915, en filial del Institut. Un Real Decreto de 26 de noviembre de 1976 otorgaba reconocimiento oficial al Institut. La genética se introdujo de la mano de dos centros: el Laboratorio de Biología -dirigido por Zulueta-en el seno del Museo Nacional de Ciencias Naturales, y un segundo de nueva creación, la Misión Biológica de Galicia diri gida por GaUástegui. Antonio de Zulueta y Escolano, perteneciente a la Generación de 1914 -la Generación de Ortega y García Morente en Filosofía, de Font Quer en Botánica, de Del Rio Hortega y Pi Suñer en Medicina-, formó parte del grupo de jóvenes que fundó en Barcelona la Institució Catalana d'Historia Natural (1899), fue socio de la Real Sociedad Española de Historia Natural desde 1905 y, al año siguiente, alumno dela Estación de Biología Marina de Santander. A los 18 años publicó sus dos primeros trabajos. En 1911 es nombrado conservador de la sección de vertebrados del Museo Nacional de Ciencias Naturales a la vez que la JAE le encarga en el mismo centro un curso práctico de Biología que sig^ nifica el origen del Laboratorio de Biología. En el cuarto de siglo de vida de ese laboratorio -comenta Valderas-fueron discípulos suyos o colaboradores, entre otros: Nicolás Achúcarro, Manuel Alia, Emilio Anadón, Cándido Bolívar, Federico Bonet, Manuel Bordas, Florencio Bustinza, José Fernández Nonídez, Kate Pariser, Reichenow, Enrique Rioja Lo Bianco, Rubio Sama y Pariser. Entre 1920 y 1922 tradujo obras de Darwin, Morgan, Scott y Newman relacionadas con la genética y la evolución. En 1925 publicó un interesante trabajo cuya conclusión era la explicación de un fenotipo admitiendo la trasmisión de genes por el cromosoma Y; que si bien no era nueva, si era la primera vez que a la evidencia genética se unía la comprobación citologica. En 1930 Zulueta, invitado por Thomas Hunt Morgan y becado por la Fundación Del Amo, trabajó en el Instituto Tecnológico de California en Pasadena. En la Cátedra Conde de Cartagena de la Real Academia de Ciencias impartió, entre 1932 y 1936, una serie de cursos de genética. Por su parte, un intento de colaboración entre el Museo de Ciencias Naturales y la Fundación Rockefeller para dotar un nuevo Laboratorio de Biología, se vio truncada por la Guerra Civil. José Fernández Nonídez, discípulo aventajado de Zulueta, fue catedrático de zoología en la Universidad de Murcia y recibió, en 1917, una beca de la JAE para trabajar en el laboratorio de Morgan La época de Santiago Ramón y Cajal en la Universidad de Columbia. De vuelta a España, en 1920, dictó un ciclo de conferencias en el Laboratorio de Biología de Zulueta; pero al año siguiente retornó a EE.UU, ubicándose, primero en la Universidad de Cornell y, luego, en la de Georgia, abandonando la genética y dedicándose a la anatomía e histología. La Misión Biológica de Galicia abrió sus puertas en marzo de 1921 y gracias a las gestiones de Juan López Suárez -estudió genética en EE.UU. en 1916 como pensionado por la JAE-, a través de la Sociedad Económica de Amigos del País ante la JAE, con el fin de crear una estación «con el objeto de realizar investigaciones y trabajos científicos relacionados con los problemas agrícolas e industriales que en la región Gallega existen». Fue nombrado director Cruz Gallástegui Unamuno, quién a su regreso a España, tras estudiar en Francia y Alemania entre 1910-4, se había ocupado de la explotación de los hermanos López Suárez en Lugo. A instancias de Juan López Suárez, Gallástegui de desplazó a EE.UU. donde estudió (1917-21) genética en las Universidades de Harvard y de Cornell y en la Estación de Agricultura Experimental de Connecticut. Durante su etapa al ñ-ente de la Estación Gallega se ocupó, preferentemente, del «problema del castaño» y de la mejora del maíz y de la raza porcina «Large White». Fueron becarios de la Estación Vicente Boceta y Miguel Odriozola. Por su parte, los estudios botánicos en España experimentaron -señalan González Bueno y Gallardo-un espectacular auge a comienzos de la segunda década del siglo XX, prolongado hasta la Guerra Civil. Las razones de este desarrollo deben buscarse -continúan los autores citados-en la infatigable labor realizada por Pío Font Quer desde el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, que llevará a la creación de un Instituto autónomo dedicado, con exclusividad, a los estudios botánicos y financiado por la Junta de Ciencias Naturales de Barcelona; y en la reorganización de la investigación botánica realizada bajo los auspicios de la JAE desde el Instituto de Ciencias Físico-Naturales. Desde la creación de la Junta y hasta 1921, los estudios botánicos patrocinados por ella fueron realizados en los locales del Museo de Ciencias; sólo después de ese año se trasladaron al Jardín Botánico de Madrid. Entre los intentos reformistas tras la creación (27 de mayo de 1910) del Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales figuró la renovación de la estructura y funcionamiento del real Jardín de Madrid. El nombramiento (R.D. de julio de 1910) de nuevos jefes de sección -Blas Lázaro Ibiza y José Madrid Moreno-chocó frontalmente con el director del Centro, Federico Gredilla. A pesar de la comisión nombrada por Cajal (noviembre 1913) y que resultó en la inspección realizada por José Gómez Ocaña, la situación del Real Jardín quedó bloqueada hasta 1921, fecha de la muerte del director Eduardo Reyes Prosper que había sucedido a Gredilla. Se nombró, entonces, a Ignacio Bolivar director del Real Jardín Botánico; con ello, la situación dio un vuelco. Con los antecedentes de los Cursos dictados por el francés Ledere du Sablón y el norteamericano Lewis Knudson, celebrados en el Museo de Ciencias entre los años 1917 y 1921 y que supusieron el embrión del Laboratorio de Fisiología Vegetal, cuta dirección se encomendó a Antonio García Varela, ya de la mano de Bolivar en el Jardín Botánico. Luis Crespi, José Rodríguez Sardina, Enri que García Subero, Miguel Ángel Junquera Muné o Manuel Castañeda AguUó., fueron investigadores en el Jardín Botánico. Pero de todos los que pasaron por el Laboratorio de Fisiología Vegetal, fue Florencio Bustinza Lachiondo el que desarrolló una labor más amplia en él. Bustinza fue catedrático de Agricultura en el Instituto de Oviedo, disfrutando a partir de 1927 de una pensión de la JAE para estudiar en el Instituto Botánico de la Universidad de Ginebra. De regreso a España se doctoró en Farmacia y en Ciencias, trasladándose a Madrid en 1930, donde ejerció como Catedrático de Agricultura en el Instituto Cardenal Cisneros; se vinculó al Laboratorio y sucedería en la Cátedra a García Varela. Con todo, en 1932 la Junta perdió a su secretario; don José Castillejo fue nombrado, en septiembre de 1932, director administrativo de la Fundación Nacional para Investigaciones Científicas y Ensayos de reformas). Le sustituyeron Prieto Bances y Tomás Navarro Tomás. Por su parte, la dirección de la JAE, tras la muerte de Cajal, pasó a las manos de Ignacio Bolivar. En diciembre de 1936 se nombra una Comisión provincial en Valencia para continuar la labor de la Junta. A comienzos de 1938 se creaba, en la zona «nacional», el Ministerio de Educación Nacional con Pedro Sainz Rodríguez como ministro, quién suscribió un decreto de fecha 19 de mayo por el que quedaba disuelta la JAE, repartiéndose sus servicios entre las Universidades y el Instituto de España, anunciándose para «fecha próxima y ocasión también de alto significado nacional la organización de otro grupo de Instituciones concernientes al estudio de las Ciencias de la naturaleza y matemática». En noviembre de 1939 se crearía el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Asociación Española para el Progreso de las Ciencias La constitución de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias (AEPC) fue uno de los resultados -señala García Sierra-de un La época de Santiago Ramón y Cajal proceso más amplio (político, filosófico, científico) que convencionalmente se inicia a partir de la muerte de Fernando VII (1833), cuando ya no cabía dar marcha atrás al proceso de modernización de España. La AEPC ñie una institución heredera de las tendencias progresistas y liberales íntimamente vinculada en su origen a los componentes más avanzados de las distintas Instituciones culturales, entre cuyos miembros se encontraban figuras destacadas de la vida política y científica del momento y en los que habían calado las ideas positivistas de «Orden-Progreso-Ciencia» propuestas por Comte en su «Curso de filosofía positiva» En la Memoria leída por el Secretario general de la AEPC -don Ricardo García Mercet-en la sesión inaugural (22 de octubre de 1908) del I Congreso de la Asociación, se explicitan los antecedentes: «... El Congreso cuyas tareas hoy se inauguran, puede decirse que cor rece de antecedentes en nuestro pais. Asambleas nacionales ó internacionales se han celebrado muchas en España, á partir de la época en que este modo de comunicación entre los hombres cultos empezó a ponerse en boga más allá de nuestras fronteras, Pero todas las que hasta la fecha se reunieron aquí tenían un carácter de clase muy restringido y acentuado: eran de médicos, de ingenieros, de arquitectos, de farmacéuticos, de agricultores solamente. Un Congreso como el actual, al que concurren abogados, filósofos, naturalistas, matemáticos, astrónomos, químicos, las clases médicas en general, ingenieros de todas procedencias y militares de todas las armas y cuerpos del ejército, no se había visto nunca en el territorio de la Península, Por esto la expectación que ha despertado entre la intelectualidad española es enorme. Por esto que de todas partes nos vengan adhesiones y nos envíen ofrecimientos. Por esto el favor que el Gobierno, las Academias, las Sociedades de cultura, los Centros de enseñanza y otras entidades y Corporaciones nos han otorgado. Por esto, en fin, la curiosidad y las simpatías generales con que se acoge nuestra presentación, Y es que toda España ve en nuestra empresa algo más que una mera reunión de eruditos y de investigadores; algo más que un campo de exhibiciones personales y de exposición de estudios. Ve en esta obre de cultura una obra á la vez de mutua compenetración; ve que á favor de ella pueden fortalecerse y afianzarse los lazos que unen á nuestras clases intelectuales;... sabed que al Congreso cuya apertura celebramos, junto á lo más granado y escogido de la intelectualidad española, al lado de los sabios de fama y nombradíaya mundiales, vendrán una porción de jóvenes que sólo son conocidos en el laboratorio, en la escuela ó el gabi-Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén nete de su trabajo, pero á los que importa mucho estimulen y vayan creando una personalidad los hombres ya hechos y conocidos;... Pero, ¿cómo hemos llegado á reunirla'?,.. En el mes de Diciembre último, la Sección que aquí, en Zaragoza, tiene establecida la Real Sociedad de Historia Natural, propuso á la Junta directiva de Madrid organizar un Congreso Nacional de naturalistas, que se celebraría en esta histórica población durante las fiestas del Centenario de los Sitios. El pensamiento fue acogido con entusiasmo, estudiado con detenimiento y discutido con amplitud de miras, conviniéndose, después de maduro examen, proponer á los naturalistas aragoneses la organización de una asamblea más extensa, á la que pudieran ser convocadas todas las profesiones científicas y llamados cuantos se dedican en España á los estudios de investigación. Modificado ó transformado de esta manera el proyecto que se concibió en Zaragoza, y con propósito decidido de llevarlo adelante, pensando que había que buscarle un alto patrocinador, si al fin había de prosperar. El Presidente, á la sazón, de la Sociedad Española de Historia Natural, D. Luis Simarro, visitó con este objeto al Excmo. Sr. D. Segismundo Moret, Prendesgast [Presidente del Ateneo de Madrid] enterándole de nuestros deseos y aspiraciones; el señor Moret aún amplió y mejoró los planes que se le exponían, y de la visita aquélla salió el proyecto de fundar en nuestro país la Asociación Española para el progreso de las Ciencias, con un programa semejante al de las Sociedades que, bajo un nombre análogo, funcionan desde hace muchos años en Inglaterra, Suiza, Francia, Alemania, los Estados Unidos y otros países tan prósperos y cultos como los enunciados. A los pocos días, el 2 de Enero del año actual, se verificaba en el salón de actos del Ateno Científico, Artístico y Literario Madrileño una reunión magna, bajo la presidencia del Sr. Moret, á la que asistían representantes de las Academias, de los Centros docentes, de las Sociedades Científicas, de los Laboratorios y de la Prensa política y noticiera, y allí quedó acordado el establecimiento de nuestra Asociación. Para formar los Estatutos á que el práctica habría de ajustarse, de entre los concurrentes, el Sr. Moret, designó una Comisión compuesta por el ex Ministro de Marina D. Victor María Concas, el General de Estado Mayor D. Leopoldo Cano y los Catedráticos de la Universidad Sres. D. Luis Simarro y D. José Rodríguez Carracido. La actividad desplegada por estos ilustres comisionados fue tanta que, el 23 de Febrero, pudo verificarse en el mismo local que la primera una nueva reunión, en la que quedó aprobado el reglamento de La época de Santiago Ramón y Cajal la naciente Sociedad y acordada la celebración de su primer Congreso en Zaragoza, dentro de las fiestas señaladas para las fiestas del Centenario de los Sitios. El Comité ejecutivo de la Asociación, que todos conocéis, ñie nombrado también aquel mismo día; á los pocos se eligieron y designaron las Secciones que han venido fiíncionando en Madrid para organizar el Congreso, y no mucho después se puso mano en la composición del Comité local de Zaragoza... Todo esto es altamente halagüeño y consolador. Las energías, las muestras de vitalidad de que los españoles van dando señales y de que es bravo pregón esta Asamblea, permiten que de una vez desechemos los negros pesimismos que abatían nuestro espíritu desde los días aciagos, inolvidables, de 1898. Resurge, animosa, confortada y resuelta, después del desastre. Los Estatutos de la Asociación junto con el Reglamento y Programa del Congreso de Zaragoza se publicaron en un folleto editado en Madrid (Imprenta Alemana) en 1908: «Artículo 1^. La Asociación tiene por objeto el fomento de la cultura nacional, en sus manifestaciones científicas principalmente. Para conseguirlo organizará Congresos, conferencias y concursos; procurará la fundación de instituciones de enseñanza; favorecerá la comunicación intelectual entre el país y las clases asociadas, y auxiliará, en la medida que sus recursos lo permitan, los trabajos y estudios de investigación.... La Asociación celebrará periódicamente Congresos científicos nacionales. Cada Congreso estará dividido en las secciones siguientes: de Ciencias Matemáticas; de Ciencias Físico-Químicas; de Ciencias Naturales; de Ciencias Sociales; de Ciencias Filosóficas; de Ciencias Médicas, y de Aplicaciones.... Como la Asociación, además de fomentar el estímulo enxtre las clases intelectuales, desea que alcance su influencia á la educación popular, organizará durante las Asambleas y en los intervalos de éstas conferencias públicas sobre cuestiones de interés general.... Los precedentes Estatutos fueron aprobados con carácter de regla provisional en reunión celebrada el 23 de febrero de 1908, en el Ateneo de Madrid, y su ratificación se verificará en la sesión de clausura del Congreso de Zaragoza, en la que se dará por definitivamente constituida la Asociación.» La época de Santiago Ramón y Cajal Instituto de epilépticos, fundación del Marqués de Vallejo), y 7^ Sección-Aplicaciones, Eduardo Saavedra (de las Reales Academias Española, de Ciencias y de la Historia). Sin embargo, pronto se detectaron síntomas de una contestación «reaccionaria». La influencia de la Academia de Ciencias fue desplazada, paulatinamente, por la de la Academia de Ciencias Morales y Políticas; ello a través de las Secciones de Ciencias Sociales y de Ciencias Históricas, Filosóficas y Filológicas. Este desplazamiento, progresivo, incluso fue favorecido por algunos miembros de la de Ciencias; por ejemplo, Obdulio Fernández y Rodríguez, Catedrático de la Facultad de Farmacia de Madrid, en su discurso de toma de posesión de la Medalla rf 31 de la Real Academia de Ciencias, en junio de 1918, manifestó que «a la Academia de Ciencias Morales y Políticas corresponde por derecho la organización económica de las industrias futuras, puesta de acuerdo con la de Exactas, Físicas y Naturales». Luis Marichalar y Monreal, Vizconde de Eza, que sucedería a Carracido en la Presidencia e la Asociación (1928Asociación ( -1945)), autor del discurso mencionado, indicó un giro completo respecto a lo que, en adelante, se entenderá como verdadero cultivo y desarrollo de la ciencia en España. Los intereses de la AEPC ya no serán los mismos que los dela etapa anterior. Ahora ya no tendrá tanta importancia exigir el desarrollo y cultivo de las ciencias positivas, ni la reforma de los planes de estudio para favorecer los estudios experimentales que permitan at canzar el desarrollo industrial propio de una nación moderna -sin perjuicio de que no se niegue la importancia de esto-, sino que bastará con favorecer el desarrollo de aquellos estudios encaminados a poner de manifiesto lo propio y característico del alma nacional, del espíritu del pueblo español, cuyos rasgos aparecerán expresados en las obras filosóficas, teológicas y morales. Sin embargo, en esta segunda etapa caben destacar dos hechos: el compromiso de la Asociación a propuesta de su Presidente para continuar el plan de una Historia dela Filosofía española, y la publicación de los Anales de la Asociación Española para el Progreso de LAS CIENCIAS. Tras un intervalo de veinticuatro años se reanuda con el presente volumen -dice la Advertencia preliminar del primer volumen-la publicación de la Historia de la Filosofía Española, comenzada en 1908 por el Dr. Adolfo Bonilla y Sanmartín -siguiendo las directrices de su maestro D. Marcelino Menéndez Pelayo-y detenida en el segundo tomo, aparecido en 1911, a causa de la temprana muerte del ilustre profesor. La AEPC anunció, en 1929, un Concurso en homenaje y estímulo de la ciencia española, para la adjudicación de cinco premios -de los que sólo se adjudicaron tres-fundados y costeados por su Presidente, Excmo. Sr. Vizconde de Eza, a otros tantos estudios que continuasen la Historia de la Filosofía Española, comenzada por D. Adolfo Bonilla y Sanmartín. El importe de cada premio era de veinte mil pesetas, más cinco mil para la publicación. Los estudios premiados fueron: «Premio Moret» -resuelto en 1935-a la memoria Filosofía Cristiana de los siglos XIII al XV, presentado por Tomás Carreas y Artau (Catedrático de la Universidad de Barcelona) y por Joaquín Carreras y Artau (Catedrático del Instituto de 2^ enseñanza «Balmes» de Barcelona); la obra se publicó en dos tomos, el Tomo I en 1939 y el Tomo II en 1943. «Premio Echegaray» -fallado en 1936-a la memoria Filosofía en la Época del renacimiento: siglo XVI, presentado por el Doctor Marcial Solana; la obra se publicó tres tomos en el año 1941. «Premio Bonilla Sanmartín» a la memoria Historia de la Filosofía HispanO'Musulmana, presentada por Miguel Cruz Hernández, catedrático de la Universidad de Salamanca; la obra se publicó en dos tomos en el año 1957. En 1934 (coincidiendo con el cambio de domicilio de la AEPC que pasaría, hasta su disolución en 1979, a compartir los locales de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales) se inicia la publicación de Las Ciencias. José María Torroja, Secretario General de la AEPC -había sucedido en el cargo a Ricardo García Mercet, en 1933-en el discurso inaugural del XV Congreso de la Asociación, celebrado en Santander en 1938, comentaba: <<... Hace cinco años, al tomar posesión del cargo de Secretario General de la AEPC..,presenté a la Junta Directiva la proposición de editar una Revista que reuniera y completase la labor de sus Congresos bienales. Concebía yo esta publicación como elevada difusora de los progresos de las Ciencias y de las Letras. No una Revista que diera a conocer novedades de la investigación a sus propios cultivadores, sino las líneas generales de sus adelantos y precisamente a aquellos que en las mismas no participaban. Una publicación, en suma, que fuera leí La época de Santiago Ramón y Cajal da con interés por los hombre cultos en todas las secciones, más que en la propia, porque de los que ésta dijere, cada uno estaba ya enterado.... Apoyada decididamente la idea por el Presidente y la Junta Directiva de la Asociación, y encargado yo de su realización como Redactor Jefe, la revista trimestral Las Ciencias apareció en 1^ de enero de 1934». Luis Marichalar, Vizconde de Eza, Presidente de la AEPC escribía en la Presentación y Saludo del número uno del año I de la Revista Las Ciencias: «Realizamos con la publicación de la revista LAS CIENCIAS una de las ilusiones más caras que abrigábamos desde nuestra elevación -en 19-, tan honrosa como inmerecida, a la Presidencia de la AEPC. La labor científica llevada a cabo por esta entidad durante los veinticinco años que cuenta ya de existencia se demuestra con la verdadera biblioteca que constituyen los tomos de los catorce Congresos celebrados, sin interrupción cada bienio, con un interés y entusiasmo siempre crecientes....la Junta Directiva de la Asociación..., ha creído llegado el momento de imprimir un nuevo impulso al cometido que nos está asignado.... Queremos, por tanto, vivir en comunicación directa y asidua con nuestros socios y con el público estudioso en general. La Revista que hoy nace y que desearíamos que llegase a ser pronto mensual, se compondrá de tanteas secciones como son las que hay en el seno de nuestra Asociación.... Concebimos la Revista como una síntesis del estado de la Ciencia en el periodo que cada número abarque... El deseo es bueno, la intención sana, el propósito patriótico, y el fin puramente de divulgación científica...». En el número 4, del año XXV, correspondiente a 1960 y siendo Manuel Lora Tamayo el Prtesidente de la AEPC, Las Ciencias concluía: «... parece oportuno modificar hoy la organización de Las Ciencias. A partir de nuestro próximo número modificaremos su formato y su contenido...». Y en el número 1, del año sXVI, correspondiente a 1961, «Una nueva época»: «... Desearíamos que, con el transcurso del tiempo y el desarrollo de adecuadas colaboraciones, la revista saliera del círculo, más o menos amplio, pero siempre limitado, de las suscripciones, a la libre solicitación de la calle, con el deseo de que esta pretendida difusión alcanzara a capas de población lo más am-Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén plias posible, contribuyendo así a una elevación del nivel científico en el ciudadano medio». La historia de la AEPC termina, prácticamente, en 1979 -año en que se celebró el XXXIII y último Congreso-y aunque Las Ciencias siguió apareciendo (con su nuevo formato desde 1961) hasta 1981. C. El Contexto Médico Hacia la modernización de la medicina española «Fernandinos» fueron los profesionales que, nacidos en su mayoría en los últimos años del siglo XVIII, iniciaron su actividad con posterioridad a la guerra de la Independencia y se adentraron en los años del gobierno de Isabel IL Escribe López Pineiro que las disciplinas fundamentales, como la anatomía y la fisiología, habían alcanzado en la España de los últimos años ilustrados uno de sus momentos de esplendor. Sin embargo, el denominado por ese autor «periodo de catástrof&> (1800-1832) dio al traste con las expectativas creadas. Mateo Seoane Sobral (1791-1870), doctorado en Medicina por la Universidad de Valladolid en 1813, escribía en 1819:... a cualquier parte que se vuelva la vista, ¿no se encuentra rutina para estudiar, rutina para hablar, rutina para pensar, rutina para curar y hasta rutina para visitar?.. La moda manda ahora rutinear. Eso se decía en la época de Laenec (1781-1826) en Francia, fundador del método anatomoclínico e inventor de la auscultación; de Bright (1789-1858) en Inglaterra, que demostró el valor semiológico de los datos del laboratorio, y de Liebig (1803-1873) en Alemania, creador del término «metabolismo». Seoane, exiliado en Londres por su condición de diputado liberal desde 1823 hasta 1834, a su regreso a España publicó una Memoria sobre el estado actual de las ciencias en Epaña (Madrid, 1842) que fue -en palabras de Francisco Guerra-punto de partida para la reorganización de la enseñanza y la práctica de la medicina en España. Sin embargo, hubo figuras interesantes. Entre ellos, el anatomista Lorenzo Boscasa Igual (1786-1857), que publicó, en 1844, un Compendio de Anatomía General y Descriptiva; los fisiólogos Juan Mosácula Cabrera (1794-1831) -autor de unos Elementos de Fisiología-y, sobre todo, Joaquín Hysern Molleras (1804-1883), que realizó una labor experimental original que fue criticada -le acusaron de dar mucha importancia a los experimentos-y careció de continuación. La transición al pensamiento La época de Santiago Ramón y Cajal anatomoclinico la cumplieron Antonio Hernández Morejón (1773-1856) en Valencia y en Madrid, y Francisco Juanich (1798-1868) en Barcelona; con todo, el foco principal de la nueva mentalidad estuvo en Cádiz, siendo sus representantes Pedro María González (1763-1837) y Francisco Laso de la Vega y Orcajada (1785-1836), líder de un grupo de clínicos integrado por Manuel J. de Porto y por José de Gardoqui. Las primeras ideas modernas sobre patología médica aparecen en Manuel José de Porto y Zepillo (1792-1860), quién escribió el primer manual español de anatomía patológica {Tratado de Anatomía Patológica, Cádiz, 1846) basado en textos franceses aunque con observaciones personales pero sin estudio microscópico. José de Gardoqui y Paino (1807-1857), gaditano como de Porto, estudió en París y se doctoró en Madrid, en 1844, tras haber publicado un Tratado de las enfermedades del aparato respiratorio (Cádiz, 1940, en el que aparecen las primeras muestras del método diagnóstico anatomoclinico, la auscultación, la percusión, el análisis de la respiración y el carácter de los esputos. A pesar del bajo nivel del saber médico hubo, entre 1800 y 1848, técnicos de cirugía de notable valor. La cirugía «fernandina» estuvo representada por Diego de Argumosa Obregón (1792-1865), considerado el Restaurador de la cirugía española y el representante más genuino y genial de la cirugía española de su tiempo; Argumosa introdujo la anestesia en España, técnica que había sido presentada en EE.UU. en público y por primera vez con éxito, en 1846. Cirujanos fernandinos fueron, también, Antonio San Germán (1755-1833), autor de un libro de texto utilizado durante muchos años; José Rives y Mayor (1758-1842), cultivador de los estudios anatómico-quirúrgicos y defensor de la anatomía patológica; Melchor Sánchez de Toca (1806-1880), médico de Isabel II, y Tomás Corral Oña (1807-1882), que asistiría al nacimiento de Alfonso XII; todos ellos, seguidores del movimiento anatomopatológico, fueron profesores de la Facultad de Medicina de Madrid. Por su parte, la higiene y la política sanitaria contaron con Pedro Monlau Roca (1808-1871) y con Francisco Méndez Alvaro (1805-1883), siendo de 1833 una circular en la que se reconocía el «lastimoso estado a que por la calamidad de los tiempos han llegado la mayor parte de los Hospicios, Hospitales y casas de Expósitos del reino», Méndez Alvaro fue discípulo de Seoane y, a partir de 1947, por su posición en el Consejo de Sanidad responsable de la gran reforma hospitalaria e higiénica en España. Su influencia fue aún mayor sobre la práctica de la medicina por haber fundado El Siglo Médico (1854), órgano de la Real Academia Nacional de Medicina. Médicos «isabelinos» fueron aquellos que encauzaron la medicina hacia el nuevo siglo; en su haber contaron la introducción de la «medicina de laboratorio», de la que la anatomía patológica sería su más temprana manifestación y la que antes consolidaría. Entre ellos, el anatómico Carlos Silóniz Ortiz (1815-1898), que recopiló su labor docente en una serie de volúmenes con el título general de Cursos y publicó la monografía Del Microscopio en su Aplicación al Diagnóstico, Juan Fourquet Muñoz (1807-1865) y el anatómico y cirujano Pedro González Velasco (1815-1882), que fundó la revista El Anfiteatro Anatómico Español Aureliano Maestre de San Juan Muñoz (1828-1890) ocupó la primera cátedra de histología dotada en España, fundó la Sociedad Española de Histología (1874) y colaboró en los textos Tratado de Anatomía General y Tratado de Histología Normal y Patológica. A la generación isabelina pertenecieron los médicos que protagonizaron una importante polémica doctrinal: positivismo frente a un añejo ideario hipocrático. Letamendi, catedrático de anatomía en Barcelona, su ciudad natal, y luego de patología general de Madrid desde 1878, fue el más significado crítico del positivismo; su concepción filosófica de la patología la abordó en su Tribiblion Médico, del que solo concluyó las dos primeras partes. La obra de Letamendi pretendió ofrecer una patología perenne, escrita al margen del imperante saber científico de la época. Los positivistas estuvieron representados por Pedro Mata y por el más efectivo de los renovadores, el citado Ezequiel Martín de Pedro (1837-1875) quién renunció a una cátedra de Patología y clínica médica de Santiago de Compostela (1866) por una plaza de médico del Hospital General de Madrid, donde introdujo las ideas fisiopatológicas y bacteriológicas contemporáneas, los métodos anatomopatológicos microscópicos, la termometria clínica, pruebas auxiliares de laboratorio y otros métodos diagnósticos modernos. La adopción de los métodos diagnósticos y las doctrinas de la medicina positivista no partió de los profesores de clínica médica en la Facultad de medicina de Madrid, sino de los médicos del Hospital General, donde se hacía la clínica médica práctica. En Valencia y en Valladolid participó de ideas similares Amallo Gimeno Cabanas (1850Cabanas ( -1936)); publicó un popular Tratado Elemental de Terapéutica (Valencia, 1880), siendo profesor de Higiene y patología general en Madrid desde 1890 y, como senador y ministro en varias carteras, tuvo gran influencia en el progreso de la sanidad pública por su creencia de las ideas bacteriológicas sobre la transmisión de las enfermedades. Su aceptación de la fisiopatologia aparece en su texto didáctico Tratado de Patología General (Valladolid, 1886). En Barcelona fue decisiva laobra de La época de Santiago Ramón y Cajal Bartolomé Robert Yarzabal (1842-1902), nacido en México pero afincado en Cataluña desde muy joven; alcalde de Barcelona, tradujo la Patología Celular de R. Virchow (1868) y publicó Enfermedades del Aparato Digestivo (Madrid, 1899). La renovación médica iniciada incluyó una tímida emergencia de las especialidades médicas. Con el antecedente, entre otros, de la Patología Psicológica de Juan Bautista Peset y Vidal, la psiquiatría se desarrolló en dos grupos. En Cataluña destacaron Emilio Pi i Molist (1824-1892), Juan Giné i Partagás (1836-1903) -cuya obra Tratado Teórico-Práctico de Frenopatología sirvió para institucionalizar la psiquiatría en España-y Arturo Galcerán -que fundó la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de Barcelona-, todos ellos ocupados en la reforma de los nosocomios. El grupo madrileño se constituyó alrededor de Pedro Mata Fontanet (1811-1877), autor de un Tratado de la Razón Humana (1878) y creador en España de la medicina legal y del cuerpo de médicos forenses; a Mata le seguiría José María Esquerdo Zaragoza, que se distinguió por la creación de centros asistenciales. La cirugía española de este periodo se vio afectada -comenta Riera-por la tardía aceptación del método antiséptico; en cambio, la anestesia por inhalación se aceptó inmediatamente después de su descubrimiento. Fue lenta, por otra parte, la adopción en la cirugía electiva de los métodos anatomoclínicos de exploración, el recurso a las pruebas diagnósticas de laboratorio y a los exámenes histopatológicos, así como la ejecución de las grandes intervenciones cavitarias según reglas asépticas regladas. Entre los cirujanos de comienzos del Positivismo destacó el malagueño Antonio Mendoza Rueda (1811-1872), quién hizo las campañas Carlistas como cirujano militar, alcanzando, en 1845, la cátedra de Anatomía quirúrgica en Barcelona; publicó Estudios clínicos de Cirugía (Barcelona, 1852). El sevillano Ramón Hernández Poggio (1823-1907) ingresó en la Sanidad Militar en 1848 y sirvió como cirujano en las guerras de África y de Cuba cuya experiencia vertió en su Tratamiento de las heridas por arma de fuego (Madrid, 1872). Las nuevas ideas quirúrgicas comenzaron a aparecer con Juan Creus Manso (1826-1897), de Guadalajara; fue ajudante de D. de Argumosa, trasladándose luego a Granada y, posteriormente, a Madrid donde llegó a ser Rector de su Universidad en 1884; estudió la anestesia local y fue el introductor del termocauterio en la hemostasia y los métodos antisépticos en cirugía. Publicó numerosas obras; entre otras: Tratado ele-Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén mental de Anatomía (Granada, 1861) y Ensayo teórico y práctico sobre las resecciones subperiósticas (Granada, 1862). Federico Rubio y Galli, diputado a Cortes y Senador del Reino, fue el máximo exponente de la cirugía española de este periodo: el de los médicos isabelinos; personalidades plenamente abiertas a las más renovadoras corrientes doctrinales de la medicina europea que buscaron modernizar la formación médica al margen, casi siempre, del ámbito uni versitario, a la vez que se comprometieron en una sociedad políticamente sensibilizada. Licenciado en Medicina, en Cádiz en 1850 publicó antes de su graduación un Manual de Clínica Quirúrgica (Cádiz, 1949). Este pionero de la cirugía en España -Rubio fue coetáneo de Billroth (1829-1894), el cirujano más innovador de Europa-se caracterizó por practicar en cadáver todas las operaciones quirúrgicas que, en su tiempo, eran corrientes; ello le permitió introducir en nuestro país las técnicas quirúrgi cas más actuales y, también, practicar algunas innovadoras; además, tuvo un decidido interés por las bases científicas de la cirugía, la anestesia, la hemostasia y la antisepsia. Por sus ideas liberales tuvo que emigrar a Londres (1860); con la proclamación de la Primera República Española regresó a Sevilla, donde creó la Escuela Libre de Medicina y Cirugía; fue elegido diputado, luego senador y embajador en Gran Bretaña. De regreso a Madrid fundó, en 1880, el Instituto de Terapéutica Operatoria en el Hospital de la princesa que, en 1896 tuvo edificio propio como Instituto Rubio, habiendo fundado un año antes una Escuela de Enfermeras. Se ocupó, también, de cuestiones sociales (Sociopatología, Madrid 1890). Al igual que la medicina, la cirugía se parceló. En obstetricia y ginecología destacaron Francisco Alonso Rubio (1813-1894), fundador de la Sociedad Ginecológica Española, Andrés del Busto López (1832-1899) y Francisco de Cortejarena (1835Cortejarena ( -1919););en oftalmología, Rafael Cervera Royo (1828-1903), Santiago Delgado Jugo (1830-1878) La primera de estas polémicas es la que surge entre el vitalismo profesado por gran parte de los académicos y el materialismo defendido por Pedro Mata -académico desde los años 1850s-que pronunció en la Academia, en 1859, un discurso sobre el tema «Hipócrates y las escuelas hipocráticas», positivista y propugnador de las más renovadoras corrientes de la medicina europea. De inmediato surgieron los defensores de un añejo ideario hipocrático que se oponía al programa de Mata centrado en el estudio delas ciencias físico-químicas, la investigación microscópica y el análisis experimental de los fenómenos. La polémica se reavivó cuando Mata publica, en 1860, su Doctrina médico-filosófica española, que fue enconadamente atacada en la Academia. La segunda polémica, menos ruidosa pero también significativa, es contra la homeopatía; una forma de entender la enfermedad y la terapéutica que avanza por entonces por Europa y que a mediado de siglo penetra en España. En 1865 una Real Orden pone en ejecución el establecimiento de cátedra y clínica homeopáticas, de modo provisional y sin carácter académico; la Academia se opone a lo que, en ese momento arraiga en Europa y supone una novedad. Sin embargo, la Academia concede el Premio Rubio, en 1877, a una obra hidrológica en la que el autor, Anastasio García López, hace profesión de su credo homeopático. La tercera polémica es de orden bacteriológico. En 1885, con motivo de la última gran epidemia de cólera en España, Jaime Ferrán idea su método de vacunación anticolérica; la actitud hostil de la Institución frente a la propuesta -la mentalidad etiopatológica no tenía aún sitio en la Academia-perjudica enormemente los esfuerzos de Ferrán. Tres actitudes negativas frente a la introducción de las nuevas mentalidades; pero también comienzan los signos de una recuperación positiva. Llegado el siglo XX la Academia, al igual que la medicina española, va a vivir lo que se ha denominado «los años de oro del arte de curar his-Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén pano: 1900-1936». El día 30 de junio de 1907, Santiago Ramón y Cajal leía el discurso «Regeneración de los nervios» en el acto de su recepción como numerario en la Real Academia Nacional de Medicina; sucedía en el sillón número 38 a Mariano Salazar y Alegret, Profesor del Hospital de la Princesa, fallecido en septiembre de 1896, cuando apenas había tomado posesión de su medalla. Escuelas libres de Medicina y Cirugía Una de las principales preocupaciones de los profesionales que protagonizaron la medicina de mediados del siglo XIX fue la enseñanza de su disciplina. En España, la unión de los estudios médicos y quirúrgicos data de Fernando VII (R.D. de julio de 1827). En 1836 se elaboró un nuevo plan de estudios, inspirado por Pedro Mata y que firmó el ministro Fermín Caballero; en el se ordenaron los estudios de las Facultades de Madrid y Barcelona, buscando más unificar titulaciones que reformar el currículo. Duramente criticado, el Plan Mata fue sustituido en 1845 por el Plan Pidal, que reconocía la capacidad formadora médica de las Universidades de Cádiz, Valencia y Santiago, junto con las de Madrid y Barcelona. Las críticas continuaron y la cambiante política universitaria ochocentista se prolongó hasta 1857, en que se aprobó la reforma universitaria conocida como Ley Moyano. Ley que, en el ámbito médico, unificó de modo definitivo la formación de los profesionales sanitarios y otorgó a todas las Universidades con estudios médicos capacidad para extender títulos de igual validez, hecha la excepción del grado honorífico de doctor que quedó reservado a la Universidad Central de Madrid. El desbarajuste educativo médico estuvo compartido con el resto de Europa y los pujantes EE.UU, donde, hasta 1859, sólo una escuela médica -en Chicago-había abordado, tímidamente, las reformas apetecidas. Junto con los vaivenes educativos, en 1849, la Ley de Beneficencia ordenaría los establecimientos sanitarios; Ley que sería modificada en 1899, diferenciándose los hospitales, las casas de misericordia, los hospicios y asilos y los manicomios. Tras la Revolución de 1868, aprovechando el clima de preocupación del momento -heredado de la época isabelina-por el distanciamiento en-La época de Santiago Ramón y Cajal tre los conocimientos facilitados en las Facultades universitarias de Medicina y el nivel de conocimiento exigido por la práctica médica, Ruiz Zorrilla autorizó una absoluta libertad de enseñanza que hizo posible la creación de centros libres de formación médica. Como quedó reseñado líneas atrás, Federico Rubio inauguró, en Sevilla, la primera «Escuela Libre de Medicina»; institución que potenció la especialización quirúrgica, en especial la otorrinolaringología (Ariza), la urología (Enrique Sender) y la ginecología, en la que el mismo Rubio y Eugenio González Gutierrez fueron los verdaderos fundadores de la moderna ginecología española. La especialización en la institución sevillana también afectó a la práctica médica, en especial la neurología. La experiencia sevillana tuvo un efecto multiplicador con la aparición de escuelas extrauniversitarias, particularmente en los hospitales. En Barcelona surgiría la Academia y Laboratorio de Ciencias Médicas de Cataluña en el Hospital del Sagrado Corazón, inaugurado en el año 1879, que fue cuna de la moderna cirugía española; aquí floreció una importante escuela quirúrgica encabezada por Salvador Cardenal Fernández (1852Fernández ( -1927)). Cardenal se destacó por su postura a favor de los métodos antisépticos. Cuando la anestesia se afianzó el cirujano pudo despreocuparse por la rapidez o por el ahorro de las maniobras quirúrgicas; sin embargo, los posibles éxitos de la cirugía se vieron ensombrecidos por las frecuentes y devastadoras infecciones que casi siempre acarreaban la muerte del enfermo. Sólo cuando se descubrió el origen bacteriano del problema y se comprobó la necesidad de proteger el campo operatorio de los gérmenes (antisepsia) -cómo había publicado Lister en 1867-se pudo acceder con éxito a las cavidades del organismo. A la escuela de Cardenal pertenecieron, entre otros, Raventós, Requeséns y Ribas y Ribas. En Madrid se fundaron tres escuelas: el Instituto Biológico por Rafael Méndez Molina, la Escuela Práctica Libre de Medicina y Cirugía por Pedro González de Velasco y la Escuela Teórico-Práctica de Medicina y Cirugía en el Hospital Provincial de Madrid por Martín de Pedro, Esquerdo, Olavide y Mariano Benavente. Por su parte, en octubre de 1880 se inauguró el Instituto de Terapéutica Operatoria en el Hospital de la' Princesa de Madrid; la dirección la ostentó Federico Rubio, que divulgó la obra Institucional a través de la publicación, por él fundada. En el momento de la fundación de la Sociedad Española de Historia Natural confluyeron -comenta Puig-Samper-dos grupos de naturalistas. Uno, formado por algunos miembros de la Comisión científica del Pacífi-Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén co (1862-1865); por ejemplo, Miguel Colmeiro, Joaquín González Hidalgo o Marcos Jiménez de la Espada. Joaquín González de Velasco, a raíz de la Revolución de septiembre de 1868 fundó, en 1873, una Sociedad Anatómica que luego desarrollaría -1875en el Museo Antropológico -sede de la Sociedad Antropológica-con la ayuda de histólogos como Maestre de San Juan o Luis Simarro, y en 1876 una Escuela Libre de Medicina que incluyó entre sus profesores a médicos renovadores como Federico Rubio, quién fundaría el Instituto de Terapéutica Operatoria. Por su parte, Martínez y Molina fundó en su domicilio un Instituto de Biología. A la muerte de Pedro González de Velasco, en 1882, los estudios de Antropología pasaron al Museo de Ciencias Naturales de Madrid, hasta que, en 1910, se creó el Museo de Antropología, Etnografía y Prehistoria. En esta segunda etapa antropológica destacaron Federico Olóriz Aguilera y Manuel Antón Ferrándiz. Entre las revistas profesionales que se publicaron en la centuria pasada, dos merecen especial atención: el Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, fundado en 1834, y la Gaceta Médica, que vio la luz en 1845. La fusión de dos de las revistas, en 1854, dio origen a una nueva publicación. El Siglo Médico (Boletín de Medicina y Gaceta Médica) Periódico Oficial de la Real Academia de Medicina de Madrid y de la Sociedad de Socorros Mutuos, cuya edición semanal se mantendría hasta 1936. Un año antes de la fusión indicada surgió La Crónica de los Hospitales, Periódico Ofical de la Facultad de Medicina, Cirugía y Farmacia del General de Madrid; revista que pretendía la revitalización de la Medicina matritense y en cuya introducción, firmada por Martínez Léganos, puede leerse: «La historia manifiesta que en las épocas de grandeza y de poder político de las naciones, de hallan también las páginas mas brillantes de su sabiduría y de su literatura.... Así es que los hospitales han sido casi siempre el terreno donde la medicina se ha cultivado con mayor éxito y donde los descubrimientos y las mejoras prácticas tuvieron su origen ó recibieron su completa confirmación....es allí en donde estos frutos deberían haber sido mas copiosos, pero desgraciadamente no sucedió así... ¿Qué ha sido de la experiencia y de los profundos cono-La época de Santiago Ramón y Cajal cimientos de los Serranos, García Sueltos, Pineras, Navalcarñeros, Alvaros, Blazquez, y otros muchos antiguos y modernos profesores de los hospitales generales de Madrid?,... Multiplicidad de hechos, juicio recto y severo para apreciarlos, y deducir de ellos legítimas consecuencias, son las dos condiciones necesarias para obtener de la observación aplicaciones provechosas: la primera existe sin duda alguna en el vasto hospital que ha de proporcionar materiales á su CRÓNICA; si los redactores aciertan á proceder con el segundo en sus estudios y trabajos, esta publicación podrá ser un paso muy avanzado para el renacimiento de la medicina española». Tras seis años de cada vez más difícil andadura, en el número de enero de 1858, José Rodríguez Benavides, director de La Crd/iica junto con Domínguez Pérez Gallego, se dirigía A Nuestros Lectores (pgs 4-6, tomo VI): «Las cosas tienen también su pasado, su presente y su futuro, y por consiguiente su vida propia... Efectivamente, La Crónica de los Hospitales, periódico único, de entre los de su clase, que en España ha sabido sostenerse por especio de cinco años, como lo han observado nuestros apreciados suscritores, á la altura que la ciencia, objeto primario de sus institución le imponía, ha tropezado desde su principio con dificultades mil, y para vencer obstáculos sin cuento ha exigido innumerables sacrificios por parte de sus redactores. Presentado, por los que en 1855 le crearon, el proyecto de fundación al cuerpo facultativo del Hospital general, á fin de que, penetrado del objeto de su misión, le declarase, no tan solo periódico oficial del establecimiento, sino también para que en la empresa tomara la parte que gustase, ó á lo menos permitieran sus individuos que en él constasen sus nombres como redactores,... (pero) no se prestaron á ser mas que colaboradores. Sin embargo, la fé y entusiasmo con que los fundadores iban á emprender una tarea de la cual habia de reportar beneficios inmensos la ciencia y la humanidad doliente, no les permitió ni aun sospechar que no cooperasen á tan grandioso proyecto aquellos que diariamente disponen de hechos prácticos que, por su importancia y por la frecuencia con que se observan en el Hospital general de Madrid, podian llegar á constituir la verdadera medicina y cirugía españolas. Desgraciador mente no sucedió asi....Tales son, ni mas ni menos, las fases por que ha pasado La Crónica de los Hospitales desde su origen. Pero confiamos sobradamente en que, vista la posición franca y esplicita que 100 Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén adoptamos, la nueva época que hoy se inaugura, completará el pensamiento que tuvimos desde el principio con respecto á esta publicación... Meses después, José Rodríguez Benavides y Domingo Pérez Gallego volvían a dirigirse A nuestros suscritores (pgs. 553-555, tomo V; 20 de diciembre de 1858) para insistir el en las causas analizadas en su llamamiento anterior, remachando la escasa colaboración del cuerpo facultativo del Hospital y anunciando la fusión de La Crónica de los Hospitales con La España Médica. Desaparecía con ello un periódico exclusivamente científico, «... un género de publicaciones que tanto han contribuido á los adelantos de la ciencia, y por cuya lectura tanta afición se muestra en las naciones extranjeras». Con todo, fernandinos e isabelinos prepararon la transición hacia el nuevo siglo; paso que realizaron dos generaciones de profesionales. En la primera de ellas destacaron el anatómico Julián Calleja Sánchez (1836Sánchez ( -1913) ) -autor de un Tratado de Anatomía en cuatro volúmenes-, el patólogo -ya citado-José de Letamendi y el clínico Bartolomé Robert Yarzábal (1842Yarzábal ( -1902)). A poco más de mediados del siglo XIX nacieron los más destacados miembros de la segunda generación -los de la Restauración-; generación que fue designada como la de «los sabios», que reincorporaron a España al terreno de las contribuciones originales, si bien la repercusión en fisiología fue más tardía que en los saberes morfológicos. En el campo de la anatomía destacaron Federico Olóriz Aguilera (1855-1912), autor de un Manual de Técnica Anatómica, otro Manuel pour L'identification des Delinquents de Madrid y fundador de un Museo Antropológico en donde reunió una importante colección de cráneos; la histología cobró marcada importancia con los discípulos de Maestre de San Juan, Eduardo García Sola (1845-1922), Leopoldo López García (1854-1932) y Luis Simarro Lacabra (1851-1934), antecesor de la obra de Santiago Ramón y Cajal, que dominaría toda la medicina española. Así cómo Federico Rubio forzó el cambio de la mentalidad quirúrgica, la patología general fue renovada por Roberto Novoa Santos; catedrático de Patología general en las Universidades de Santiago y Central representó la ruptura definitiva con la tradición ochocentista letamendiana, siendo el introductor de la interpretación fisiopatológica de la enfermedad (Manual de Patología General). Por su parte, el cambio doctrinal en el terreno clínico lo condujeron Manuel Alonso Sañudo, catedrático en Zaragoza y en Madrid, autor de unas Lecciones de Patología y Clínica Médicas (1891-93), y Juan Madinaveitia Ortiz de Zarate (1861Zarate ( -1938)), fundador de la gastroenterologia española, a quienes Gregorio Marañón calificó de maestros de su generación. Se acentuó la especialización iniciada con la promoción isabelina. Espina y Capo fue, según consta en la cubierta de la traducción del citado libro de Bernard Introducción al Estudio de la Medicina Experimental, premio extraordinario de la Facultad de Medicina (curso de 1872), premiado en las oposiciones del Cuerpo de Sanidad Militar, Médico del Hospital General, Inspector de Salubridad pública. Secretario de la Academia Médico-Quirúrgica Española y Socio fundador de la Sociedad española de Terapéutica. En el prólogo de la edición española de la obra de Bernard, Espina y Capo escribió: «En todas las obras de C. Bernard resalta la idea fundamental de apropiar, modificándoles en los accidentes, el método de investigación de las ciencias físico-químicas á las ciencias biológicas. El método analítico y experimental, ayudado del criterio razonador. La alianza de uno y otro fueron los objetivos que le guiaron, porque estaba seguro de que solamente ayudado por estos dos motores, la Medicina saldría de la rutina, dejaría de ser patrimonio del ignorante milagrero, del atrevido empírico ó del confiado vitalista, que con el auxilio de la fe, de la ignorancia ó de la confianza, en la fuerza medicatriz, más que médicos son meros espectadores de la muerte, para llegar á ser, como de derecho le correspondía, la ciencia de la vida y de la muerte, ó mejor dicho la ciencia de la creación, porque crear es vivir». No cabe duda de que Espina y Capo fue un adelantado a su tiempo. Por su parte, la neurología tuvo en Luis Barraquer Roviralta uno de sus máximos exponentes. La dermatología fue consolidada por Juan Azúa Suárez (1859Suárez ( -1922)), destacado participante en la creación de la Sociedad Española de Dermatología y Sifilografía que inició, en 1908, la publicación de las Actas Dermosifilográficas, La pediatría estuvo impulsada por Francisco Criado Aguilar (1850-1946) que, aunque la pediatría había recabado la atención de la Escuela Libre de Medicina de Sevilla creada por Federico Rubio, desempeñó la primera Cátedra de pediatría del país, en la Universidad Central; poco después se dotaron las cátedras de Barcelona, Granada y Valencia, estando ocupadas las dos primeras por Andrés Martínez Vargas (1862-1948) autor de un importante Tratado de Pediatría (1915). La pediatría se afianzó con la creación de centros asistenciales especializados como el Hospital del Niño Jesús en Madrid (1877), donde se editaron las revistas El Hospital de Niños y los Archivos de Medicina y Cirugía de los Niños, el Instituto del Dr. Rubio en Sevilla y una institución similar en Barcelona atendida por Francisco Vidal Solares (1854-1922) o el Sanatorio Marítimo para Niños de Chipiona dirigido por Manuel Tolosa Latour. La farmacología tuvo un claro exponente en Manuel Hurtado de Mendoza, que edito una voluminosa Enciclopedia de Terapéutica (1848). Otros jalones lo representaron Vicente Peset Cervera, titular de la Cátedra valenciana de terapéutica, y Benito Hernando Espinosa, que destacó como farmacólogo clínico. La cirugía, como la medicina, se polarizó en dos centros universitarios, Barcelona y Madrid. En el primero destacó el ya citado Salvador Cardenal, su discípulo Francisco de Sojo que luego se dedicaría a la otorrinolaringología y Enrique Diego Madrazo (1850Madrazo ( -1942)); en el segundo, Alejandro San Martín Satrustegui, considerado como una de las grandes figuras de la historia de la cirugía española y, según Marañen, la mejor cabeza -sin contar a Cajal-de la medicina española de su tiempo. San Martín comenzó su actividad profesional como médico rural, consiguiendo en 1874 la Cátedra de terapéutica general de Cádiz y en 1882 la de patología quirúrgica de Madrid; desempeñó los cargos de director del Hospital Clínico y de Ministro de Instrucción Pública. Otras figuras que deben recordarse son Juan Creus y Manso (1828-1897) que ocupó cátedras en Granada y en Madrid y dirigió la edición española de la Enciclopedia Internacional de Cirugía de Ashurst, y Enrique Areilza Arregui en el Santo Hospital Civil de Basurto. Al igual que las especialidades médicas, la cirugía se desglosó en especialidades cada vez más diferenciadas, debiendo ser recordadas las fi-Pedro García Barrero y Juan Fernández Santarén sares (1873-1933), en Galicia, y Agustín del Cañizo Suárez (1876-1956), en Salamanca y Madrid. En esta última ciudad, dos destacadas personalidades completaron la labor de Marañón, Fernando Enriquez de Salamanca (1890-1966) y Carlos Jiménez Díaz (1898-1967), catedrático precoz de la Universidad de Madrid y ñindador del Instituto de Investigaciones Médicas, centro de importante actividad clínica, docente e investigadora. Jiménez Díaz -de formación alemana, políglota, de vasta cultura y sólida base científica-se destacó en el estudio de las reacciones alérgicas, introduciendo el concepto de labilidad de los mecanismos de reacción celular (disreacción). La farmacología tuvo como maestro de los modernos farmacólogos españoles a Teófilo Hernando, que consiguió, en 1919, con gran visión futurista, que las cátedras de Terapéutica Farmacológica de las Facultades de Medicina estuvieran en conexión con los servicios clínicos hospitalarios; fruto de su dedicación a la gastroenterologia fue una Historia del Tenedor Entre las especialidades médicas cabe resaltar la tisiologia con Manuel Tapia Martínez (1895-1971) -director del Hospital del Rey-y Emiliano Eizaguirre Marquínez (1888Marquínez ( -1967)), o la cardiología con Luis Calandre Ibáñez (1890Ibáñez ( -1961)). La hematología tuvo un representante destacado en Gustavo Pittaluga Fatorini, que también destacaría en la parasitología. La psiquiatría siguió la polarización de la época de la transición; en Barcelona se desarrolló alrededor de la figura de Emilio Mira, interesado por la psicotecnia y la psicofisiologia y a quién, en 1936, se le encargaría la dirección de la Liga Española de Higiene Mental. En Madrid, la obra de Cajal influyó en la orientación neuropsiquiátrica de algunos de sus especialistas, en especial de Gonzalo Rodríguez Lafora (1886-1971). En pediatría destacó Enrique Suñer Ordóñez, especialidad que se complementaría con programas de protección de la infancia, destacando la Escuela Nacional de Puericultura fundada en Madrid, en 1925, bajo la dirección de Enrique Suñer Ordóñez. La cirugía, como la medicina interna, contó, en el primer tercio del siglo XX, con profesionales de prestigio: José Goyanes Capdevilla (1876-1964) -fundador del Instituto del Cáncer y de la Asociación Nacional de Cirugía-, León Cardenal Pujais (1878-1960) -autor, entre otras obras, de un Diccionario Terminológico de Ciencias Médicas-, Ricardo Lozano La época de Santiago Ramón y Cajal vieron el Santo Hospital Civil de Basurto en Bilbao (1908), la remodelación del Hospital de la Santa Cruz y de San Pablo en Barcelona (1919), y la fundación de la Casa Salud Valdecilla de Santander (1928). A la par de la iniciativa privada, la acción pública contó con el antecedente de la creación, en 1847, de la Dirección General de Sanidad con carácter consultivo del Consejo de Sanidad, y de la primera Ley de Sanidad que, aprobada en el año 1855, perduraría hasta la Instrucción General de Sanidad de 1904, inspirada por Carlos María Cortezo. En ese mismo año, la Quinta de la Salud La Alianza, de Barcelona, nació como una mutualidad cooperativista de autónomos, que se supone fue antecesora de la Seguridad Social en España. Seguridad Social que tendría como órgano gestor al Instituto Nacional de Previsión (INP), creado en febrero de 1908. El INP fue esbozado en una ponencia que José Maluquer sometió, en 1903, a la Comisión de Reformas Sociales. El Instituto, ads^ crito primero al Ministerio de la Gobernación y luego (1920) al de Trabajo, jugaría el papel directivo en la construcción de los hospitales españoles. El primer seguro social establecido con carácter obligatorio lo fue en 1919 con el nombre de Régimen de Retiro Obrero Obligatorio. En 1929 se instauró el Seguro Obligatorio de Maternidad. En 1929 se promulgó la disposición protectora de los accidentes de trabajo en el mar; en 1931, la normativa para los accidentes en la agricultura y, en 1932, la legislación de los accidentes de trabajo en la industria. La realización de una efectiva acción pública sanitaria exigió la creación de instituciones adecuadas; en ellas destacó el Instituto de Sueroterapia. Vacunación y Bacteriología Alfonso XIII, fundado en octubre de 1899. El Instituto Alfonso XIII reunió dos centros hasta entonces independientes, el Instituto Nacional de Vacunación (1871) y el Instituto de Bacteriología e Higiene; la dirección recayó en Cajal y, luego, en Tello. Una de las orientaciones más originales de la política sanitaria fueron las «luchas» contra padecimientos endémicos con grave incidencia social*: en 1905, la tuberculosis; en 1918, las enfermedades veneras; en 1919, el tracoma; en 1920, el paludismo; en 1924, el cáncer; en 1932, las enfermedades reumáticas y cardiovasculares. De 1928 datan las primeras disposiciones respecto a las toxicomanías. Fruto de tales «luchas» fueron el Instituto Nacional de Venereología y el Instituto Oncológico. Sin embargo, la indudable recuperación de la ciencia española durante la parte final del periodo referido no debe hacer olvidar que no fue realmente superada la instalación anormal del cultivo de la ciencia en nuestra sociedad. El aquietamiento político de la Restauración trajo unas condiciones de tranquilidad y continuidad que resultaron obviamente fa-
Isidro Aguillo Caño y Begoña Granadino Goenechea proceso de comunicación científica que tiene lugar en Internet. Este medio ha resultado ser una excelente plataforma para la publicación y difusión del conocimiento científico generado por las distintas instituciones académicas y de investigación. Este trabajo tiene como objetivo el estudio de la presencia de los centros del CSIC en el Web. El Web puede ser un buen indicador para medir visibilidad e impacto de las sedes de investigación y en este caso de los distintos centros del CSIC En este estudio hemos analizado la presencia del CSIC en el Web utilizando como indicadores (Ingwersen, 1998; Li et al., 2003; Thelwall & Harries, 2003; Vaughan & Thelwall, 2003) el tamaño (número de páginas html/ centro) y la visibilidad (número de enlaces externos que recibe cada centro) de los centros que componen las ocho áreas científico-técnicas de esta institución [URL]. Análisis de la presencia institucional del CSIC en el Web Los indicadores cibermétricos utilizados en este estudio ya han sido descritos con anterioridad (EICSTES, 2002) y se basan fundamentalmente en la estima del volumen de contenidos de los diferentes subdominios institucionales del CSIC y la cuantificación de la naturaleza hipertextual de las páginas Web incluidas en dichos subdominios. En primer lugar se identificó la URL de cada Centro, Instituto o unidad relevante del CSIC a partir del directorio publicado por el propio organismo en su sede web, complementado con datos actualizados obtenidos por navegación guiada las escasas ocasiones que no existían referencias concretas. En general ha sido posible adjudicar un subdominio específico a cada unidad, aunque no todas ellas están bajo el dominio institucional genérico csic.es. Los datos han sido extraídos con ayuda de los cinco motores de búsqueda que permiten la utilización de delimitadores: Google, Alltheweb, Altavista, MSN Search y Teoma. Para cada uno de los subdominios se ha calculado su tamaño, utilizando el delimitador site, excepto para Altavista (host) y Teoma:y MSNSearch (búsqueda avanzada). Los datos fueron recabados en dos momentos separados unos 6 meses (18 de julio y 23 de diciembre de 2003 respectivamente). Con ajmda de Google se obtuvo el número y distribución de los ficheros ricos para cada subdominio (Aguillo,2002), mientras que para la distribución de contenidos por idioma se utilizó el motor Alltheweb. La visibilidad fue calculada tanto en valor absoluto (comando link en Alltheweb) como relativo (utilizando el PageRank de Google en búsquedas neutras). Por último la popularidad pudo ser recabada del motor de Alexa, que intercepta visitas a las diferentes sedes y genera listados ordenados sin indicar los valores absolutos. Datos generales del tamaño del Web de las áreas científicas del CSIC Utilizando métodos indirectos de cibermetría, a través de motores de búsqueda, hemos determinado el tamaño en el Web de los distintos centros del CSIC que componen las ocho áreas científico-técnicas. La contri-Isidro Aguillo Caño y Begoña Granadino Goenechea bución relativa de cada centro al tamaño total del web de cada área científico-técnica es muy variable. Por ello analizamos inicialmente el tamaño del Web por área y posteriormente el tamaño de cada centro del CSIC. El tamaño del Web de cada área científico-técnica está representado en la figura 1. De las ocho áreas científico técnicas, la que tiene un mayor número de páginas Web es el área de Recursos Naturales, siendo ésta el área del CSIC que cuenta con mayor número de centros (27). El área de Ciencia y Tecnología de alimentos, es el área del CSIC que tiene un menor numero de páginas, y es el área con menor numero de centros (7). Tamaño del Web por centros La contribución relativa de cada centro al tamaño del Web de cada área del CSIC es muy variable. En el área de Humanidades y Sociales Análisis de la presencia institucional del CSIC en el Web 115 formada por 19 centros, el CINDOC es el centro con mayor números de páginas Web y contribuye al tamaño total de esta área en un 56,8 %. Otros centros tienen una contribución muy pequeña al número total de páginas del área como es el caso del Instituto Histórico de Hoffmeyer y el Instituto de Estudios Islámicos y de oriente Próximo. De los 20 centros que forman el área de Biología y Biomedicina, el Centro Nacional de Biotecnología es el que cuenta con mayor número de páginas Web, y contribuye con un 76,7% del total de páginas de esta área. Vé de estas páginas se deben a una sección del grupo de trabajo de proteínas de este centro [URL], con bases de datos, y páginas personales de diferentes investigadores. Por otra parte en el momento en el que se hizo el estudio, tanto el Instituto de Biología Molecular y Celular del Cáncer como el Instituto de Biología y Genética Molecular de Valladolid, contaban con un número nulo de páginas Web. Este se debe a que ambas páginas Web se encon-Isidro Aguillo Caño y Begoña Granadino Goenechea traban en proceso de cambio, ya que en el momento actual y con la nueva dirección Web, ambos centros contribuyen con un número mayor de páginas Web al tamaño total del área. En el área de Ciencias Agrarias hay 14 centros con páginas Web. La EEZ contribuye con un 52% al número total de páginas de esta área. El Centro de menor contribución es el lARN que en el momento del análisis, contaba solo con 1 pagina Web desarrollada. El área de Ciencia y Tecnologías Físicas comprende 28 centros con direcciones Web propias. De ellos el IFIC y el IMEDEA son los que tienen mayor número de páginas y contribuyen con un 40% y un 23% respectivamente, al número total de páginas Web de esta área. Otros Centros como el Instituto de Microelectrónica de Sevilla y el Instituto de Física aplicada, tienen muy pocas páginas Web en sus dominios [URL] y ifa.csic.es), teniendo la mayoría de sus páginas en las SUPERsedes del CETEF [URL] y del CNM [URL] respectivamente. El Centro de El área de Tecnología de Alimentos está formada por 8 centros, ^ende el IIM y el IG los que tienen una contribución mayor al número total de páginas Web del área. Sin embargo el Instituto de Nutrición y Bromatologia no tiene página Web propia desarrollada. • El Instituto de Física Corpuscular [URL] centro mixto CSIC-.UV, del área de Ciencia y Tecnologías Físicas -14.000 páginas Web. Distribución del tamaño por CC.AA. La distribución del tamaño del Web de los distintos centros del CSIC, por Comunidades Autónomas se refleja en la tabla 12. Madrid es la Comunidad Autónoma con mayor peso en la Web del CSIC, lo cual es lógico ya que es la Comunidad Autónoma con mayor numero de centros (40). Cataluña tiene 18 centros del CSIC y contribuye con un 10,63% al peso de la Web del CSIC. Andalucía y Valencia con 20 y 10 centros respectivamente contribuyen con un 6% cada una al peso total del Web. En Baleares el IMEDEA, que es el único centro del CSIC de esta Comunidad Autónoma, contribuye con un 2,5%. El resto de las Comunidades tienen una contribución pequeña al tamaño total del Web del CSIC. Cantabria, Castilla La Mancha, Canarias, Murcia y Navarra, cuentan con 1 único centro del CSIC. Extremadura, Asturias y el País Vasco tienen 2 centros del CSIC cada una. Galicia cuenta con 4 centros, Castilla León con 5 y Aragón con 6, todos ellos con un número bajo de páginas Web. La Rioja es la única Comunidad Autónoma que no cuenta con ningún centro del CSIC. Sin embargo existe un centro del CSIC en Roma [URL], que contribuye con un 0,02% al peso total del Web del CSIC. Idioma de las páginas Web En todas las áreas el 90% de las paginas utilizan español o inglés como idioma en un porcentaje similar con la única excepción del área de Humanidades y Ciencias Sociales que utiliza el español en el 88% de sus páginas. Estos datos están en consonancia con el hecho de que el inglés sea la lengua franca de la comunicación científica. Inclusive en las áreas de Ciencia y Tecnología Físicas y Ciencia y Tecnología Químicas, predominan sobre el español las páginas en inglés (55,31 % y 57 % respectivamente). El porcentaje de páginas en financés, alemán, portugués, italiano, catalán, gallego y éusquera es muy bajo, siendo inferior a un 10 % en todas las áreas a excepción del área de CC Agrarias, en la que el Francés está en un 15% de las paginas, debido fundamentalmente a las páginas en este último idioma de la Estación Experimental del Zaidín. De estos idiomas, el francés y el catalán son los más utilizados. En el área de Recursos Naturales el francés ocupa un 4,47% y el Catalán un 3,45%. En Ciencia y Tecnologías Físicas el catalán esta en un 1,32 % de las páginas, en Ciencia y Tecnología de Materiales en un 3% y en Ciencia y Tecnología Químicas en un 2,24. En la siguiente tabla se muestran las principales sedes multilingues. El Instituto de Química Física Rocasolano y el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial, son los centros del CSIC con mayor número de páginas Web en ingles. En la Estación Experimental del Zaidín, además de las páginas en inglés hay un alto número de páginas en francés. Hay que destacar también el alto porcentaje de páginas en Catalán del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Aimera. El porcentaje de ficheros ricos que aparecen en las páginas Web de los distintos centros del CSIC, varía entre un 1,36 % en el área de Ciencia y Tecnología Químicas y un 22,77 % en el área de Ciencia y Tecnología Físicas. La composición de estos ficheros ricos se puede observar en la tabla 12. Los ficheros pdf aparecen en todas las áreas y ocupan entre un 39,9 % y un 89,51% de los ficheros ricos. La abundancia de este tipo de ficheros en todas las áreas, se debe principalmente a que este tipo de formato se utiliza tanto en documentos burocráticos y administrativos, como en documentos de difusión científica. Los ficheros con formato rtf o doc, también se utilizan para difusión científica, y se encuentran en todas las áreas del CSIC. Son muy abundantes en el área de Ciencia y Tecnología de Alimentos (41,89 %), lo que probablemente se debe a los artículos de divulgación con interés social. En el área de Humanidades y Ciencias Sociales los ficheros con formato doc representan un 30,03 % de los ficheros ricos, debido probablemente a los textos de divulgación, libros, revistas, de los centros de esta área. Análisis de la presencia institucional del CSIC en el Web Los ficheros ps/eps, tex, ppt y xis son menos abundantes y no están representados en todas las áreas. Los ficheros ps/eps se utilizan, dada su facilidad, para fórmulas, lo que explica su abundancia en el área de Ciencia y Tecnología Físicas. Llama la atención el 18,80 % de ficheros con formato xls en el área de Ciencia y Tecnología de Alimentos, todos ellos se encuentran en el Web de Instituto de Investigaciones Marinas de esta área y se deben a las tablas correspondientes a los muéstreos de pesquerías de las distintas zonas. Visibilidad del Web de las áreas Científicas del CSIC Además del tamaño, otro criterio para analizar el impacto del Web es la visibilidad del mismo, que refleja el número total de enlaces externos recibidos por un sitio Web. Hemos analizado la visibilidad en el Web de los distintos centros del CSIC correspondientes a las ocho áreas científico-técnicas. Como se observa en la Figura 3, las áreas de Biología y Biomedicina, Recursos Naturales y Ciencia y Tecnología Físicas, son las áreas con mayor visibilidad. Estas 3 áreas también eran las de mayor tamaño del Web lo que en parte es debido al mayor número de centros de estas áreas frente a otras. Ciencias Agrarias y Ciencia y Tecnología de Alimentos, por el contrario, son las áreas que reciben menos enlaces externos coincidiendo también en este caso con las que menor tamaño del Web tienen. En la tabla 14 se muestra la composición de la visibilidad; dominios gTLD, EU y IB. Entre los dominios gTLD, el dominio com es el mayoritario, entre los dominios europeos, el dominio es como era de esperar es el que aparece mas veces. Los dominios iberoamericanos suponen un porcentaje muy pequeño de la visibilidad. Visibilidad del Web por centros En el área de Humanidades y Ciencias Sociales, el CINDOC es el centro que recibe mayor número de enlaces externos, y contribuye con un 66,37% a la visibilidad total de esta área. En la siguiente tabla mostramos un resumen del tamaño y de la visibilidad del Web de las 8 áreas del CSIC en relación al número de centros que forman cada una de estas áreas. Isidro Afillo Caño y Begoña Granadino Goenechea En la tabla 24 se muestra la contribución relativa de las sedes a la popularidad del CSIC. Como se ve en la tabla, la página Web principal del CSIC es la mas que contribuye a la popularidad del CSIC, seguida por la página del CINDOC, que también tiene una contribución alta. Popularidad según Ranking de Alexa En la tabla 23 mostramos la popularidad según el Ranking Alexa del CSIC en el contexto de las 12 universidades españolas con mayor Ranking. Como se puede ver en la tabla, el CSIC aparece en la posición 6.857, con 5 universidades españolas con mayor popularidad.
Sin entrar en disquisiciones sobre la definición de la Biotecnología, me referiré a esta como el conjunto de técnicas y tecnologías desarrolladas en los últimos 30 años para el estudio y manipulación del material genético de los seres vivos. Aunque el propio nombre tiene un sentido de aplicación tecnológica, no es menos cierto que la Biotecnología ha tenido un extraordinario impacto en ampliar nuestro conocimiento de la Biología, Sin embargo, me referiré en este capítulo sólo a los aspectos más aplicados de la Biotecnología en el campo biosanitario, como valor añadido de la Ciencia en beneficio de la humanidad. Para una mejor comprensión de la Biotecnología, presentaré sus diversos aspectos en apartados distintos cuyos límites he definido arbitrariamente: Ingeniería genética: Las técnicas para la manipulación del material genético en el tubo de ensayo empezaron a desarrollarse a principios de los años 1970. Herbert Boyer y Stanley Cohen (1), en la Universidad de Stanford (California, USA), fueron los primeros en utilizar plásmidos bacterianos para su manipulación «in vitro». Estas pequeñas moléculas circulares de DNA se encuentran en bacterias como formas extracromosómicas que confieren resistencia a determinados antibióticos. Su pequeño tamaño fue una ventaja para que Boyer y Cohen aislaran dos plásmidos distintos, los cortaran en fragmentos más pequeños utilizando enzimas de restricción (ver glosario) y reconstruyeran un nuevo plasmido a partir de fragmentos de cada uno de los originales. Esta nueva molécula de DNA, cuando se reintroducía en una bacteria, confería resistencia frente a los dos antibióticos para los que eran resistentes las bacterias portadoras de los plásmidos originales. Esto, a su vez, permitía aislar de nuevo el plasmido generado en el tubo de ensayo para su caracterización y/o posterior manipulación. Los resultados de Boyer y Cohen se extendieron rápidamente a la manipulación de otras moléculas sencillas de DNA, principalmente genomas de virus animales y bacterianos, creando nuevas moléculas quiméricas de DNA que nunca habían existido (2,3). La revolución que se dio en llamar tecnología del DNA recombinante y, posteriormente, Ingeniería Genética había comenzado. En 1975 tuvo lugar la conferencia de Asilomar, en la que más de un centenar de destacados biólogos moleculares se reunieron para evaluar los riesgos de la manipulación «in vitro» de DNA. Su principal preocupación era las consecuencias que esta tecnología podría tener para la salud pública y el medioambiente. Muchas de las preguntas que entonces se planteaban han quedado resueltas a lo largo de los últimos 25 años pero quedan otras que aún hoy son tema de debate en los ámbitos de la propiedad intelectual (por ejemplo, posibilidad de patentar genes) o de la ética (por ejemplo, manipulación y clonación de embriones humanos). De forma análoga a los planteamientos que se hicieron en los años 1940 y 1950 en el ámbito de la Física Nuclear, la Ingeniería Genética se debate actualmente en distintos foros donde se sopesan los beneficios que puede aportar a la humanidad junto con los riesgos que acarrea el mal uso de la misma. Una cosa debe quedar clara, sin embargo, y es que, en la mayoría de los casos, los organismos manipulados genéticamente son menos peligrosos que otros muchos creados por la evolución natural a lo largo de millones de años. Parafraseando a Sydney Brenner, la Ingeniería Genética todavía está en su etapa infantil de «prueba y error». Al contrario de lo que sucede con la Ingeniería convencional -en la que un cálculo de resistencias de materiales puede predecir las propiedades del puente que se desea construir-las propiedades de los organismos manipulados genéticamente son casi siempre impredecibles y deben evaluarse a posteriori. Cabe insistir, sin embargo, que en la mayoría de los casos el resultado es un organismo más débil y peor adaptado que el organismo de partida. El procedimiento utilizado por Boyer y Cohen para la manipulación de plásmidos bacterianos sigue siendo la base de la Ingeniería Genética actual (Figura 1). En general, una molécula de DNA denominada vector (casi siempre un plásmido) se utiliza para incorporar un fragmento de otro DNA y amplificarlo millones de veces. Hoy en día se han diseñado estrategias para introducir este nuevo DNA en células de plantas, animales o humanas en cultivo para modificarlas genéticamente. Así mismo, es posible manipular células en cultivo para su implantación en embriones que dan lugar a animales genéticamente manipulados. La «fabricación» de células u organismos en los que se ha eliminado o incor-Biotecnología y medicamentos porado un nuevo gen, o genes, permite explorar rápidamente las consecuencias de esas alteraciones y, por consiguiente, aventurar la posible función de los correspondientes productos génicos ó proteínas. La tarea clásica del bioquímico para esclarecer la función que realiza una determinada proteína se ha visto sobrepasada, en gran medida, por la del ingeniero genético. Un plásmido aislado de una bacteria determinada y que confiere resistencia a algún antibiótico es cortado por la acción de enzimas de restricción. El DNA cortado se liga a un fragmento exógeno de DNA por la acción de un enzima, denominado DNA ligasa. El nuevo DNA se introduce en bacterias, para su amplificación, reaislamiento y caracterización. Las técnicas de la Ingeniería Genética han permitido un avance espectacular en el conocimiento de procesos biológicos, tales como la diferenciación celular y la embriogénesis, así como en el conocimiento de enfermedades tan complejas como el cáncer. Así mismo, la Ingeniería Genética ha permitido crear genes nuevos que codifican para proteínas con propiedades que nunca se habrían podido conseguir por los métodos de la genética clásica, lo que representa un salto cualitativo para el desarrollo de nuevos fármacos. Aunque todos estos trabajos tienen una actualidad indudable y quedan muchas preguntas por contestar, el camino recorrido durante los últimos años ha sido realmente espectacular. Dejando de lado, por tanto, los avances conseguidos en la ciencia básica, me referiré a continuación a las aplicaciones que la Ingeniería Genética ha tenido en los últimos años en el campo biosanitario y su desarrollo potencial a corto y medio plazo. Vacunas: Entre las primeras aplicaciones que se vaticinaron para la Ingeniería Genética estaba el desarrollo de nuevas vacunas o la mejora de las ya existentes. Así resultó ser en el caso de la vacuna frente al virus de la hepatitis B (VHB). Esta vacuna, empezada a utilizarse en los años 80, se producía originalmente a partir de plasma sanguíneo de individuos portadores del virus. En el hígado de estos individuos se produ-ce una gran cantidad del antigene de superficie de la partícula viral que se libera a la sangre, a partir de la cual se puede purificar dicho antigene. El antigene purificado se utilizaba como vacuna para inmunizar a individuos sanos frente a la infección por el virus. Sin embargo, esa vacuna tenía el riesgo potencial de que las preparaciones de antigene llevasen trazas de virus infectivo que podían ocasionar el desarrollo de una hepatitis en el individuo receptor de la vacuna. La introducción del gen que codifica para el antigene de superficie del VHB en células de hámster en cultivo, permitió la obtención de clones celulares que producían dicho antigene y lo excretaban al medio de cultivo, de donde se pudo purificar para la preparación de una nueva vacuna, sin el riesgo de que pudiese ir acompañada de virus infectivo. Aunque hoy en día la vacuna frente al VHB sigue siendo la única que se ha desarrollado empleando exclusivamente técnicas de ingeniería genética, hay en curso la obtención de un buen número de vacunas empleando diversas aproximaciones que se resumen en la Tabla I. Aparte de la producción de antigènes, ya expuesta para el caso de la vacuna frente el VHB, la manipulación genética de diversos virus permite su atenuación para usarse como vacunas. Los virus atenuados son capaces de producir una infección limitada en el individuo, sin causar enfermedad, pero suficiente para estimular una respuesta inmune protectora frente al patógeno virulento. La <dógica» de esta aproximación es la misma que utilizó Albert Sabin para producir en los años 1950 la vacuna frente a la poliomielitis y que ha permitido la casi total erradicación de este virus de la faz de la Tierra. Pero mientras Sabin tuvo que Biotecnología y medicamentos utilizar un método totalmente empírico -basado en la infección repetida de animales de laboratorio con el virus de la polio, hasta seleccionar alguno que estuviese atenuado-la manipulación genética de los virus nos permite la obtención rápida de una variedad de virus de «diseño» que tengan las propiedades deseadas de atenuación. Así, la manipulación genética del virus de la gripe ha permitido el desarrollo de virus atenuados que parecen tener una mayor eficacia como vacunas que las actualmente utilizadas, basadas en virus inactivados químicamente o en antigènes semipurificados. La manipulación de los genomas víricos permite también generar virus que sean portadores de antígenos útiles para la vacunación frente a infecciones, o enfermedades, no relacionadas con el virus en cuestión. Valga como ejemplo la manipulación del genoma del virus vaccinia, utilizado ampliamente en las campañas de vacunación que resultaron en la erradicación de la viruela. Hoy en día, se están generando virus vaccinia portadores de antígenos relevantes para la inmunización frente al virus de la inmunodeficiencia humana -causante del SIDA-o del parásito productor de la malaria (4). Pero las aplicaciones de virus manipulados genéticamente no se restringen al desarrollo de vacunas para prevenir enfermedades infecciosas. Actualmente hay una gran actividad para manipular virus dirigidos frente a determinados tumores, con el fin de utilizarlos terapéuticamente. Así un virus común como el adenovirus se ha manipulado para que infecte solamente células en las que el gen supresor de tumores p53 esté inactivo, lo que es una situación frecuente en tumores de distinto tipo. En combinación con otras drogas, la administración local del «adenovirus recombinante» ha tenido resultados prometedores en las fases I y II de ensayos clínicos llevados a cabo en pacientes con tumores de cabeza y cuello, con una remisión total de este tipo de cáncer en un 27% de los enfermos. Actualmente, el adenovirus recombinante está en la fase III de ensayos clínicos para una mejor evaluación de su potencial terapéutico. Pe la misma manera que se pueden manipular los genomas víricos, también se puede manipular el genoma de otros microorganismos para utilizarse como vacunas frente a las enfermedades que ellos mismos causan o para que sean portadores de antígenos foráneos. Así, la cepa vacunal de la bacteria causante de la tuberculosis, que se ha utilizado de manera extensiva en algunos países, se está manipulando para utilizarse como vacuna frente a otros patógenos humanos. Del mismo modo, una cepa de V, Cholera se ha manipulado genéticamente para su atenuación y uso como vacuna frente al cólera (Tabla II). Quizá el desarrollo más espectacular en el campo de las vacunas, por simple e inesperado, haya sido el uso de ácidos nucleicos como agentes vacunales en lugar de los que se empleaban tradicionalmente (antígenos proteicos purificados o microorganismos atenuados o inactivados). Como suele suceder en la investigación científica, un resultado fortuito permitió observar a Margaret Liu y col. ( 5) que cuando un plasmido portador de la nucleoproteína del virus de la gripe se inoculaba intramuscularmente a ratones se inducía una respuesta inmune protectora frente a dicho virus. Al parecer, las moléculas de DNA inyectadas eran captadas por las células del organismo que, entonces, iniciaban la producción de la nucleoproteína y, consecuentemente, se disparaba la respuesta del sistema inmune frente a este antigene viral. Este nueva forma de inmuniza- La inmunización con DNA ofrece una serie de ventajas frente a las vacunas tradicionales. En primer lugar cabe destacar la facilidad de la producción de estas vacunas, puesto que la preparación de grandes cantidades de DNA es un proceso fácil y barato. En segundo lugar, la gran estabilidad del DNA permite su fácil distribución para campañas masivas de vacunación, sobre todo en países en vías de desarrollo. A pesar de estas ventajas, las vacunas de DNA son todavía objeto de intensa experimentación en modelos animales para entender su modo de acción y, sobre todo, estudiar sus posibles aspectos adversos. Entre estos cabe destacar la posible incorporación del DNA foráneo en las células de organismo y su transformación en células cancerosas, así como la posible respuesta inmunopatológica frente a la producción continuada del antigene extraño en el individuo receptor. 1,2, Agentes terapéuticos: Mientras que el arsenal de drogas para combatir las enfermedades tuvo su origen, en primer lugar, en productos de origen natural y, posteriormente, en productos obtenidos por síntesis química, la nueva fuente de agentes terapéuticos se ha basado en productos derivados de la Biotecnología. Estos nuevos productos se diferencian de los primeros no solo en su origen y forma de producción sino, principalmente, en la concepción de los mismos. Así, mientras que las drogas tradicionales se usaban farmacológicamente antes de que se conociese su modo de actuación (baste como ejemplo la aspirina cuyo mecanismo de acción se está desentrañando en los últimos años), los productos biotecnológicos se diseñan a partir de conocimientos, al menos parciales, de su actividad fisiológica. De la misma manera que para el caso de las vacunas, los productos bia tecnológicos con aplicaciones terapéuticas pueden sustituir a medicamentos ya existentes (para mejorar su seguridad o disponibilidad) o para diseñar nuevas drogas con aplicaciones desconocidas hasta el momento. Como ejemplo del primer tipo de productos cabe reseñar la insulina humana. Esta hormona, esencial para el tratamiento de la diabetes tipo I, se obtenía anteriormente de extractos pancreáticos porcinos o bovinos, de donde se purificaba mediante procesos complejos y costosos. Sin embargo, la insulina porcina o bovina, aunque parecida a la insulina humana, tiene ciertas diferencias en la secuencia de aminoácidos cuya influencia inmunopatola gica es desconocida. El propio origen de la insulina de cerdo o de vaca con dicionaba su seguridad al poder estar contaminada con virus u otros agen tes patógenos que tuviesen efectos adversos sobre el paciente diabético. La insulina fìie uno de los primeros medicamentos biotecnológicos que en los años 1980 reemplazaron a los que se utilizaban anteriormente. El gen de la insulina insertada en un plásmido bacteriano adecuado permitía la producción masiva de esta hormona en bacterias, sin limitaciones de su fíjente de producción. La producción a gran escala de dicha hormona en Termentadores y su purificación posterior se veía también sustancialmente simplificada al partir de extractos bacterianos en los que la insulina representaba una parte importante de la proteína total de partida. De la misma manera se han ido reemplazando otras hormonas peptídicas, tales como la hormona del crecimiento, por productos homónimos obtenidos biotecnológicamente. Algunos ejemplos de productos biotecnológicos que se han aprobado recientemente por la Agencia Europea del Medicamento para su uso farmacológico en humanos se muestran en la Tabla IL Algunos de estos productos tenían serias limitaciones para su producción industrial, puesto que se producen en cantidades muy pequeñas por ciertas células de nuestro organismo. Tal es el caso de citoquinas y quimioquinas, como los interferones a, (3 y y. Estos se empezaron a producir industrialmente a partir de cultivos de leucocitos humanos, estimulados «in vitro « por ciertos virus. El resultado, sin embargo, era una mezcla de distintos tipos de interferon cuyo coste de producción era, además, enormemente alto. Hoy en día, se han clonado los genes que codifican distintos interferones y se han introducido en células en cultivo, lo que ha permitido abaratar los costes de producción y la obtención de productos bioquímicamente homogéneos para el tratamiento de diversas enfermedades infecciosas o autoinmunes. Quizá las posibilidades terapéuticas de nuevos productos biotecnológicos estén en gran medida por desarrollar. Como se ha mencionado anteriormente, la «fabricación» de nuevos genes que incorporen, por ejemplo, fragmentos de genes distintos pueden dar lugar a proteínas con propiedades farmacológicas hasta ahora desconocidas. Este es el caso de moléculas como el Enbrel, que resultan de la fusión del receptor del factor necrosante tumoral («tumor necrosis factor», TNF) y de la región Fe de las moléculas de inmunoglobulinas. Este nuevo producto se está utilizando actualmente en el tratamiento de la artritis reumatóide (Tabla II). Mientras que la farmacología clásica se ha basado en la administración iatrogénica de agentes profilácticos o terapéuticos, la biotecnología permite la modificación de organismos productores de principios biológicos con propiedades farmacológicas y aumentar las posibilidades de su administración. Por ejemplo, la obtención de plantas «transgénicas» (por-Biotecnología y medicamentos tadoras de un nuevo gen) productoras de determinados antígenos puede servir para la inmunización por vía alimentaría frente a determinados agentes infecciosos. De forma análoga, la obtención de animales «transgenicos (vacas u ovejas) puede servir para la producción de leche portadora de determinados agentes medicinales y su administración vía alimentaría o la purificación de esos agentes a partir de diversos fluidos biológicos (leche, sangre, orina, etc.). Terapia genica y/o celular: Existe un gran número de enfermedades hereditarias en las que la deñciencia de un gen funcional conduce a patologías tan diversas como la ñbrosis quística o la hemoñlia. En estos casos, la terapia ideal es la reparación del gen defectuoso por otro que tenga las propiedades funcionales del gen normal («terapia gènica») o la administración de células portadoras del gen normal que mitiguen los efectos de su ausencia en las células del organismo («terapia celular»). Aunque este tipo de terapias se han probado en un buen número de modelos animales, su aplicación en humanos todavía se encuentra en fase de experimentación clínica. Son muchos los factores que han contribuido a la lenta introducción de la terapia gènica para su utilización en humanos. El principal problema ha sido, quizá, la ausencia de un método que permita dirigir de forma eficiente y específica el gen, cuya anomalía se quiere corregir, a un determinado órgano o tejido. La mayoría de los métodos ideados para la introducción de genes en las células somáticas de un individuo se basan en el uso de vectores virales; es decir, virus no patógenos, modificados genéticamente, portadores del gen «corrector». Estos virus tienen, sin embargo, una especificidad celular o de tejido solamente parcial, por lo que pueden liberar dicho gen no solo en las células diana que se quiere modificar sino también en otros tipos celulares con consecuencias impredecibles para el paciente. Recientes fallecimientos en pruebas clínicas de terapia gènica, cuyas causas aún no están totalmente esclarecidas, han contribuido a aumentar las reservas sobre la seguridad de este tipo de tratamientos. Las posibilidades de la terapia gènica no están limitadas a las enfermedades consideradas clásicamente como hereditarias. El cáncer, por ejemplo, es el resultado de la acumulación de determinadas alteraciones genéticas en determinados tipos celulares que conducen a la adquisición de características de proliferación y diferenciación anormales. La manipulación genética de esas células podría reparar algunas de esas alteraciones o hacer que las células tumorales expresen determinados antígenos frente a los que el sistema inmune pudiese inducir una respuesta eficaz para la eliminación de las células cancerosas. Anticuerpos monoclonales: A mediados de los años 1970 G. Kõhler y C. Milstein divisaron un método para la producción ilimitada de anticuerpos de una sola especificidad (6); es decir, que reconocen solo un determinado epitope. El método consistía en la ñisión de dos células distintas de ratón en cultivo para generar lo que se dio en llamar un hibridoma. Una de las células originales provenía de un tipo de tumor, denominado mieloma, que deriva de linfocitos B (encargados de la producción de anticuerpos), y que tiene la propiedad de crecer ilimitadamente en cultivo. La otra célula era simplemente un linfocito B obtenido del bazo de un ratón que había sido previamente inmunizado con un determinado antígeno. Entre las células del bazo de ese ratón debería haber una proporción de linfocitos B que produjesen anticuerpos dirigidos frente al antígeno que se empleó en la inmunización. Según la teoría clonal de Jerne, un. linfocito es capaz de producir moléculas de anticuerpo de una sola especificidad. El método de Kõhler y Milstein consistió en fusionar células de mieloma de ratón con células de bazo de un ratón inmunizado (Figura 2). Así se generaron células híbridas (hibridomas) que mantenían la capacidad de las células de mieloma de crecer ilimitadamente en cultivo y la capacidad de los linfocitos del bazo de producir un determinado tipo de anticuerpos. Mediante el uso de «trucos» genéticos se podían seleccionar estos hibridomas y posteriormente identificar aquellos que eran productores del anticuerpo deseado. La posibilidad de crecer continuamente estos hibridomas en cultivo hacía de estas células una fuente inagotable de anticuerpos. Mientras que los antisueros que se habían utilizado anteriormente al advenimiento de los hibridomas eran mezclas complejas de anticuerpos con especificidades distintas (deseadas y no deseadas), cada hibridoma producía un anticuerpo de una sola especificidad, denominado anticuerpo monoclonal. La especificidad única de los anticuerpos monoclonales, junto con la posibilidad de disponer de una fuente inagotable de los mismos (los hibridomas), ha hecho que este tipo de anticuerpos hayan desbancado a los antisueros tradicionales en un gran número de aplicaciones. Además, mientras que la disponibilidad de un antígeno purificado era casi un requisito imprescindible para la inmunización de animales y la obtención de los antisueros, este requisito puede obviarse en el caso de los anticuerpos monoclonales. Aunque la inmunización se haga con una mezcla compleja de antígenos, la selección de un determinado hibridoma siempre conduce a la producción de un solo tipo de anticuerpo. Se extrae el bazo de un ratón inmunizado previamente y se dispersan sus células. Estas se fusionan con células de un mieloma. Las células fusionadas se seleccionan y se derivan cultivos de cada célula fusionada (clones). Posteriormente se identifican los clones productores de los anticuerpos deseados probando el medio de cultivo donde se creció cada clon con el antigeno que se empleó en la inmunización del ratón. Los anticuerpos monoclonales no solo han desbancado a los antisueros, sino que además han ampliado enormemente sus aplicaciones no solo en el diagnóstico clínico sino también, recientemente, en el uso terapéutico de los anticuerpos. Diagnostico: La alta afinidad de los anticuerpos por sus antigènes los hacen herramientas idóneas para un gran número de pruebas diagnósticas. El advenimiento de los anticuerpos monoclonales junto con el desarrollo de métodos fáciles de estandarizar y de procesar un gran número de muestras han revolucionado las técnicas de inmunodiagnóstico tradicionales. Así, hoy en día es posible el «screening» de todas las donaciones sanguíneas para la presencia de virus infecciosos, como son el virus de la hepatitis B o el virus del SIDA, por citar solo unos ejemplos. Esto ha permitido aumentar considerablemente el grado de seguridad de las transfusiones de sangre o eliminar un buen número de riesgos en la producción de hemoderivados, tales como la albúmina o los factores de coagulación sanguínea. Las propiedades de los anticuerpos monoclonales también ha ampliado las pruebas diagnósticas «in vivo». Por ejemplo, se puede inyectar un anticuerpo monoclonal que lleve incorporado una marca radiactiva con el fin de visualizar un tumor que exprese un antigene reconocido por ese anticuerpo. El desarrollo de técnicas que permitan visualizar otro tipo de marcas, no radiactivas, contribuirá con toda seguridad a un aumento del número de pruebas diagnósticas que utilicen anticuerpos monoclonales. Terapia: Las aplicaciones terapéuticas de los anticuerpos monoclonales han tardado bastante más tiempo en desarrollarse que las de diagnóstico. No obstante, en los últimos años han empezado a incorporarse los anticuerpos monoclonales al arsenal de productos medicinales para uso terapéutico en humanos (Tabla II). El primer anticuerpo monoclonal que se aprobó en la Unión Ejiropea para uso terapéutico fue el 0KT3, un anticuerpo que reconoce un antigene presente en los linfocitos T (responsables de la inmunidad celular) y que se utiliza para inducir una inmunosupresion en los receptores de transplantes renales y evitar así su rechazo. Aunque se preveía una inmediata aplicación de los anticuerpos monoclonales al tratamiento de las enfermedades infecciosas -sustituyendo y ampliando los usos de la sueroterapia tradicional-, en realidad estos anticuerpos han tenido una lenta implantación en este campo. Sin embargo, en los últimos 3-4 años se ha autorizado el uso profiláctico en niños de alto riesgo del primer anticuerpo monoclonal neutralizante (Synagis) dirigido frente a la glicoproteina F del virus respiratorio syncytial, primer agente causal de infecciones respiratorias graves en niños de corta de edad. Es muy probable que al Synagis le sigan en breve otros anticuerpos capaces de neutralizar la infección por virus, bacterias o parásitos causantes de enfermedades en humanos. Uno de los más buscados es, sin duda, un anticuerpo capaz de Biotecnología y medicamentos neutralizar al virus del SIDA, existiendo en la actualidad algunos candidatos que se están empezando a utilizar en ensayos clínicos. Es muy probable que el uso terapéutico de los anticuerpos monoclonales se potencie con la utilización de anticuerpos «humanizados» o de anticuerpos totalmente humanos. La técnica de Kohler y Milstein para la producción de anticuerpos monoclonales murines (de ratón) no ha sido fácil de implementar para la producción de anticuerpos monoclonales humanos. Entre otras causas cabe mencionar la falta de células de mieloma humano con las propiedades adecuadas para la producción de hibridomas y la imposibilidad de inmunizar a humanos frente a cualquier antigene, por razones éticas obvias. Por ello, la mayoría de los anticuerpos monoclonales que se han obtenido hasta el momento son de origen murino. Estos anticuerpos, sin embargo, pueden encontrar ciertas dificultades para su uso en humanos, por la posibilidad de que el sistema inmune del receptor dispare una respuesta inmune frente a una proteína foránea. Los anticuerpos humanizados son el producto de la manipulación de los genes que codifican las cadenas pesada y ligera de un determinado anticuerpo murino. En estos genes se reemplaza el 95% de sus secuencias de nucleotides por las regiones análogas de los genes correspondientes a anticuerpos humanos, manteniendo solamente el 5% de los genes originales, lo que preserva su especificidad. Los genes manipulados se reintroducen en células de mieloma murino que ahora producen ilimitadamente el anticuerpo «humanizado». Una mayor ventaja puede ser el uso de anticuerpos totalmente humanos obtenidos a partir de ratones «humanizados». Estos son ratones «transgenicos» en los que los genes que codifican para los anticuerpos endógenos se han eliminado en gran parte y se han reemplazado por la parte del genoma humano que contiene genes equivalentes. Estos ratones «humanizados» son capaces de responder frente a una inmunización montando una respuesta inmune en la que los anticuerpos que se producen tienen solamente secuencias de origen humano. La inmortalización de los linfocitos productores de estos anticuerpos, mediante la fusión con células de mieloma murino, da lugar a hibridomas productores de anticuerpos monoclonales humanos. Otras aproximaciones para la producción de anticuerpos monoclonales humanos se basan en la ingeniería genética y no en la técnica de fusión celular utilizada originalmente por Kohler y Milstein para producir los primeros anticuerpos monoclonales. De la misma manera que se indicó anteriormente para el «clonaje» de los genes de diversas proteínas humanas, se pueden clonar los genes de las cadenas pesada y ligera de un determinado anticuerpo humano y reintroducirlos, por ejemplo, en células en cultivo para la producción ilimitada de ese anticuerpo. La puesta a punto de sistemas de selección y «screening» masivos permite identificar aquellas células productoras del anticuerpo deseado. PCR: Aunque la técnica de amplificación en cadena de la polimerasa («Polymerase Chain Reaction», PCR) no haya tenido una aplicación directa para la producción de productos medicinales de uso profiláctico o terapéutico, merece la pena mencionarla aquí por las enormes repercusiones que ha tenido en el campo de la Biotecnología. El principio básico de esta técnica se muestra en la Figura 3. El impacto de esta técnica en la ingeniería genética se debe a la posibilidad que la PCR ofirece de amplificar millones de veces un gen determinado en el tubo de ensayo, sin tener que clonarlo previamente. Esto ha facilitado el aislamiento de genes únicos de nuestro genoma cuya obtención habría resultado enormemente tediosa utilizando otras técnicas. Así mismo, la posibilidad de disponer de grandes cantidades de una muestra homogénea de un determinado gen facilita su clonaje y posterior caracterización de su producto gènico. Por ello, la PCR se ha instaurado en muchos laboratorios como una etapa previa al proceso de clonaje de genes en plásmidos u otros vectores. Esquema de la reacción en cadena de la polimerasa Una molécula de DNA se desnaturaliza (separan los cadenas) y se hibrida con dos oligonucleótidos, indicados por fechas cortas en sentido contrario (etapa 1), que sirven como iniciadores para la síntesis de nuevas cadenas por la acción de la DNA polimerasa (etapa 2). Las etapas 1 y 2 se repiten decenas de veces con lo que se obtiene una amplificación exponencial del número de moléculas de DNA con secuencias comprendidas entre los dos oligonucleótidos. La técnica de PCR ha tenido además un impacto importante en el diagnóstico clínico. Así, por ejemplo, hoy en día se puede cuantificar el contenido de genomas del virus del SIDA en la sangre de enfermos portadores de este virus, sin tener que utilizar las tediosas técnicas tradi-Biotecnología y medicamentos clónales de cuantificación del virus mediante inoculación de muestras de sangre en cultivos celulares. El número de genomas virales en la sangre de individuos portadores del virus del SIDA es un parámetro pronóstico del desarrollo de la enfermedad. Genómica y proteómica: Estos dos términos han saltado a las páginas de las revistas científicas en los últimos 5-6 años y se han extendido rápidamente hasta ser los temas centrales de nuevas publicaciones periódicas. La genómica se entiende como aquella parte de la Biotecnología que tiene que ver con el estudio del genoma de distintos organismos. Una vez conseguida la secuencia de nucleotides completa del genoma de diversos microorganismos (bacterias y levaduras), de organismos inferiores (la mosca del vinagre) e incluso del genoma humano, se ha empezado a hablar de la «genómica funcional». Es decir, ya no se trata de averiguar cuantos genes tiene el genoma humano, ni el orden de los mismos en los distintos cromosomas; mas bien, se trata de entender como se regula la expresión de esos genes en las distintas células del organismo y como se coordinan unos genes con otros para que el organismo funcione. Uno de los avances tecnológicos más importantes en el campo de la genómica ha sido el desarrollo de los denominados «arrays» o «chips» de DNA (Figura 4) (7). Utilizando robots de alta precisión se pueden construir actualmente «chips» en los que se han depositado en superficies de vidrio un gran número de microgotas que contengan distintas secuencias de DNA. Hoy en día se pueden disponer decenas de miles de secuencias distintas de DNA en superficies de un cm^. Estos arrays de DNA tienen un gran número de aplicaciones tanto en la investigación básica como aplicada. Por ejemplo, esos arrays de DNA se pueden utilizar para identificar aquellos genes que se expresan (están activos) en un tipo celular y no en otro. Esto nos dará no solamente una información cuantitativa sobre la expresión diferencial de diversos genes en tipos celulares distintos sino además una información cualitativa de cómo diversas agrupaciones de genes es probable que actúen coordinadamente, por ejemplo, en procesos tales como la diferenciación celular. De la misma manera, se puede analizar la expresión de genes en un tumor frente al correspondiente tejido normal. Esto está permitiendo hacer una nueva clasificación de determinados tumores, basándose en analogías entre las alteraciones genéticas detectadas. Esta nueva clasificación, a su vez, pretende explorar las posibilidades de esta tecnología para mejorar el pronóstico de determinados tumores o para diseñar drogas o tratamientos terapéuticos más indivi-José Antonio Melero Fondevila dualizados para cada tipo de tumor. Estas últimas aplicaciones entrarían a formar parte de lo que se ha dado en llamar farmacogenómica. Cada uno de los puntos del chip contiene un segmento de DNA correspondiente a un gen. En cada punto los genes representados son distintos. Dos chips idénticos se hihridan con sondas obtenidas a partir de RNA de células normales o tumorales. Las sondas llevan una marca que puede ser radiactiva^ fluorescente, etc. Después de la hibridación (unión al DNA presente en los puntos) se visualiza la marca de la sonda, observándose que en el RNA de las células normales y tumorales hay representados genes indénticos, pero también hay otros que son exclusivos de cada tipo celular. Mientras que la genómica se centra en el estudio del material genético, la proteomica se centra en el estudio de las proteínas codificadas por ese material genético. Hay razones que justifican el análisis directo de las proteínas que se expresan en un determinado tipo celular y no solamente de los genes que estén activos en esas células. Una de esas razones es que en la célula existen diversos niveles de control de la producción y actividad de una proteína, aparte de la transcripción del gen correspondiente. Así, hay proteínas que necesitan una serie de modificaciones postraduccionales para ser activas tales como la adición de azúcares, grupos fosfato, etc. La proteomica se basa en el uso de técnicas de alta resolución para separar las proteínas presentes en un determinado tipo celular y de técnicas muy sensibles de análisis para identificar esas proteínas. Aunque hay otras alternativas, las técnicas de proteomica actuales tienen como base la separación electroforetica bidimensional de las proteínas en un Biotecnología y medicamentos soporte semisólido y su identificación mediante espectrometría de masas, que permite tener una estimación precisa de la masa molecular de las proteínas o de fi^'agmentos de las mismas. Aunque la proteómica no ha tenido hasta ahora un desarrollo tan espectacular como el de la genómica, puede desplazar a esta en el futuro para los estudios de diferenciación celular o de clasificación en tumores que se mencionaron anteriormente. Otras tecnologías: Lo dicho hasta ahora no abarca todas las posibilidades que ofrecen las Ciencias Biológicas modernas para mejorar la Salud Pública. Hay otros campos que tendrán también un papel importante para el desarrollo de nuevos tests de diagnóstico o de nuevos productos medicinales, así como para ampliar nuestros conocimientos de las bases fisiopatológicas de la enfermedad. Las técnicas para la determinación de la estructura tridimensional de las proteínas seguramente tendrán un importante impacto en el diseño de nuevos fármacos en el futuro. Mientras que las técnicas de difracción de rayos X a partir de proteínas cristalizadas siguen siendo las más utilizadas para determinar la estructura de proteínas de tamaño medio o grande, las nuevas técnicas de resonancia magnética nuclear se van imponiendo para determinar la estructura de proteínas de pequeño tamaño. Estas últimas tienen la ventaja de que la proteína no tiene que cristalizarse previamente, paso limitante en muchos casos para la difracción de rayos X. El conocimiento de la estructura de una proteína puede ser la base para el diseño de drogas que puedan bloquear su función o potenciarla, utilizando programas de modelado molecular que se están desarrollando espectacularmente con las técnicas de bioinformática. Otras tecnologías que tendrán un gran desarrollo en los próximos años serán las que se emplean para el estudio de interacciones entre distintas biomoléculas (8). Con estas técnicas se podrá hacer un mapa completo de las interacciones que tienen lugar entre las distintas proteínas de un determinado tipo de célula, o entre esas proteínas y otras biomoléculas. Además de aportar un conocimiento de gran valor para entender la fisiología celular, nos permitirá diseñar drogas que inhiban esas interacciones y, así, evitar posibles alteraciones patológicas. En resumen, la Biotecnología nos ofrece hoy en día una serie de técnicas para la manipulación de organismos y producción de biomoléculas que están encontrando aplicaciones cada vez más importantes en la farmacología humana. Esta nueva etapa en el desarrollo de productos medicinales está en sus comienzos y es fácil aventurar que, en los próximos
Luisa Etxenike ha estructurado su vida en tono al oficio de escribir en sus múltiples facetas ya que es narradora, periodista y traductora. Su tarea docente incluye la dirección de diversos talleres de escritura creativa y la labor que desarrolló en la Universidad de Columbia como profesora en Nueva York en el año 1999. Desde 1988 dirige y coordina los Encuentros de mujeres escritoras, en la ciudad de San Sebastián. Es éste un foro que acerca la pluralidad, riqueza y diversidad de la creación literaria y artística protagonizada por mujeres a la ciudadanía, a la vez que impulsa el encuentro entre las escritoras del País Vasco, del Estado español y del mundo con el fin de promover intercambios intelectuales, traducciones y de establecer nuevos espacios de comunicación. Más de un centenar de escritoras de todo el mundo han compartido sus experiencias, sus sentimientos y sus reflexiones con quienes se acercan a escuchar sus palabras. Entre las invitadas cabe destacar los nombres de Rosa Regás, Josefina Aldecoa, Soledad Puértolas, Clara Janés, Teolinda Huerazo, Ying Chen, Cristina Peri Rossi, Nawal Al-Sadawwi, Ananda Nevi, Calixte Beyala, Jana Juranova o Ursula Krechel. El año pasado (2005), la XVIII edición del Encuentro estuvo dedicada a autoras de diferentes culturas que viven exiliadas en Europa, y contó con la presencia de Özlem Kumrular, Michèle Rakotoson, Clara Obligado y Ziba Karbasi, quienes establecieron puentes entre sus países y culturas de origen y las nuevas identidades en continua transformación del continente europeo. El presente artículo aspira a proporcionar, de forma necesariamente resumida e incompleta, algunas pautas que faciliten la comprensión de la obra de Etxenike en su doble versión como escritora de artículos de opinión en EL PAÍS (tarea que desempeña cada domingo en la edición del País Vasco desde octubre de 2001 hasta la actualidad 1 ), y como escritora de ficción, por medio de una selección de algunas de sus aportaciones más pertinentes en ambos campos. Los artículos de opinión publicados a lo largo de estos últimos cinco años se inscriben en el paradigma social y político más amplio que autores como Gilles Lipovetsky han caracterizado como "la ética indolora de los nuevos tiempos". Según este autor, en la época del crepúsculo del deber, se impone un tipo de cultura que prefiere las normas del bienestar a las obligaciones del ideal, y cuestiona el tipo de nueva ética a la que nos aferramos para acallar nuestras conciencias: "Miseria de la ética que, reducida a sí misma, se parece más a una operación cosmética que a un instrumento capaz de corregir los vicios o excesos de nuestro universo individualista y tecnocientífico" (16). Se pregunta Lipovetsky a qué tipo de sociedad nos encaminamos cuando el discurso ético que se va construyendo sirve para el descrédito de la acción pública en muchas ocasiones. Es más, califica a este nuevo modo operativo de las nuevas sociedades como funcionamiento posmoralista (129): las acciones humanitarias ocupan la primera plana de los periódicos y los donativos altruistas alcanzan altas sumas mientras las televisiones multiplican las emisiones de ayuda. Y se pregunta el autor de qué moral estamos hablando, ya que está en auge la idea de restauración de la moral sin que nos interroguemos demasiado acerca de tal noción. Él sí lo hace, y ésta es su conclusión: A través de la efervescencia caritativa y humanitaria, lo que actúa una vez más es el eclipse del deber; bajo los viejos hábitos de la moral se organiza en realidad el funcionamiento posmoralista de nuestras sociedades (...) instituyendo una moral sin obligación ni sanción, acorde con las aspiraciones de masas de las democracias individualistashedonistas (129). Se llega de este modo al altruismo indoloro, término que también acuña Helena Béjar (33), quien se centra en el impacto de las imágenes de infortunios o catástrofes que se exponen en televisión, cuya contemplación provoca en ciertos casos donaciones económicas. Tal reiteración del desvalimiento provoca la saturación de nuestra sensibilidad y cosifica a los pobres o destituidos ante una audiencia cada vez más indiferente. Para concluir la presentación de este paradigma de nuestras sociedades, que servirá como contexto para el análisis de los artículos de Etxenike, se expone la idea apuntada por Juan Carlos Pérez Jiménez, quien explora la noción de lo emocional tal y como se presenta hoy en día: de acuerdo con el autor, el derrumbamiento de las ideologías tradicionales nos ha dejado un vacío que oportunamente tratan de llenar los vendedores de emociones. En este contexto: "Lo emocional se presenta como vuelta a la verdadera naturaleza humana, como esencia de lo que de verdad importa, pero es comercializado igualmente en forma de libro, disco, perfume, película o programa de televisión" (102-3). Se esconde por debajo se esta re-invención de lo emocional la intención última de evitar el sufrimiento, de modo que se valora y se potencia la construcción de ciudadanos independientes sin vínculos emocionales lo suficientemente fuertes como para crearles situaciones de sufrimiento o de dependencia. Al considerar los artículos periodísticos de Luisa Etxenike, importa subrayar el componente marcadamente personal, con carácter persuasivo y alejado de la neutralidad de los artículos de opinión como género. Esteban Morán Torres rechaza de plano cualquier intento de asociar el periodismo de opinión con la neutralidad: "No cabe la neutralidad, el tratamiento aséptico de la noticia en el periodismo de opinión. Para bien o para mal, el comentarista, el editorialista, el crítico y el columnista, están dirigiendo al público en una dirección determinada", y añade: "La opinión pública, o lo que es lo mismo, el sentir de las masas, se sitúa en las áreas que determinan los medios de comunicación, tan grande es su influencia, tan grande, por lo tanto, su responsabilidad" (11). Natividad Abril afirma: "Son textos que van más allá de la explicación y de la interpretación de los hechos. Textos que además de desvelar las claves que están detras de un acontecimiento, emiten juicios y proponen soluciones" (15), y cuyo fin último es el de persuadir y convencer. Los artículos escritos en estos últimos cinco años por la autora se alejan diametralmente del panorama anteriormente reseñado. Lejos de contribuir al altruismo indoloro o al emocionalismo falso y falto de profundidad ética, Etxenike construye un cuerpo periodístico marcado por la honda preocupación por el rostro del otro, de acuerdo con la bellísima articulación de Emmanuel Levinas. Frente al individualismo exacerbado y la necesidad de constituirse como ser independiente del sufrimiento, Levinas propone el encuentro con el rostro del otro: Esta inversión humana del en-sí y para-sí, del "cada cual para sí mismo" en un yo ético, en la prioridad del para-otro; esta sustitución del para-sí de la obstinación ontológica por un yo que en tal caso es sin duda único, pero único por su elección de una responsabilidad respecto de otro hombreirrecusable e intransferible-, esta inversión radical se produce en lo que llamamos encuentro con el rostro del otro (250). Lo interhumano reside en la no-indiferencia de los unos por los otros, y en el recurso de los unos al auxilio de los otros. Este momento sitúa al yo como responsable del ser ajeno. Insiste el filósofo en "esa atención prestada al sufrimiento de otro que, a través de las crueldades de nuestro siglo-a pesar de tales crueldades y a causa de ellas-, puede afirmarse como el nudo mismo de la subjetividad humana a punto de convertirse en un supremo principio ético" (119). En este proceso es importante recordar la necesidad de una conciencia de sí misma, una conciencia del sujeto activo que se representa al mundo y a los objetos, así como el proceso mismo de la representación, "conciencia de la actividad mental" (155). En el artículo publicado el 23 de marzo de 2003, que lleva por título Acaso en este instante, Etxenike reflexiona acerca de comienzo de la guerra de Irak. A partir de su creencia firme en el lenguaje y en la capacidad de las palabras "para explicar y convencer; para construir y combatir; para organizar y proteger", distingue entre la guerra inaceptable (antes de que se produzca) e insoportable (una vez que ya es una realidad), y afirma: "Y esa distancia entre ambos conceptos yo me la represento como el trecho entre los iraquíes y nosotros, entre los que permaneceremos intactos pase lo que pase y las víctimas. Entre pensar el dolor y padecerlo". Su acercamiento al rostro del otro se articula desde la conciencia de no experimentar el sufrimiento o la muerte mientras otros lo hacen, y para ello propone dos fórmulas que parten del lenguaje y del movimiento y que se caracterizan por la ausencia para recordar el dolor y la muerte: "Y puedo conseguir no olvidar si, mientras caigan bombas sobre Irak pronuncio aquí frases sin cabeza, como casas sin tejado (...). Frases de sintaxis arruinada, arrasada, para representar cómo en un instante alguien deja de ser. Cómo se instala nadie donde hubo una persona. O cómo aparece otro, monstruosamente desfigurado, irreconocible". Escribe igualmente acerca de movimientos que quedarán truncados, sin iniciarse, sin futuro, como las vidas de quienes perecerán en esa guerra. Finaliza el artículo rememorando a Samuel Beckett, y se pregunta: "¿Dormiré mientras los otros sufren? ¿Beberé sin pensar de esta agua que corre, mientras allí, acaso en este instante, la saliva es de polvo?". En el titulado Rebelados (4 de agosto de 2002), a partir del análisis de un anuncio televisivo que lleva el lema de "fotos perfectas para un mundo imperfecto", y en relación con la época estival caracterizada por los viajes y los desplazamientos, conmina a sus lectores/as a evitar el viaje seguro, protegido, sin implicación en el lugar más allá de los escenarios programados para luego, a la vuelta, proceder al "revelado" de las fotos. En su lugar, propone: "O bien implicarse con los cinco sentidos en la otredad del subdesarrollo y la pobreza. Con los cinco sentidos, tocarla, contemplarla, sentir su aliento y su voz; su gusto ácido. Y luego regresar de otra manera, rebelados". Ese regreso desde la transformación que provoca el contacto con el rostro del otro implica una actitud de apertura y de esfuerzo más allá de la habitual autocomplacencia que se impone en nuestra sociedad. Son muchos los artículos publicados en EL PAÍS a lo largo de estos cinco años en los que la autora advierte acerca de las desigualdades existentes en función del género, y se muestra especialmente beligerante en las muertes resultantes de los casos de violencia contra las mujeres. En el publicado recientemente bajo el epígrafe ¿Relax? (11-06-2006), pone el Mundial de Fútbol en relación con la prostitución, y se declara partidaria de su prohibición: "Tenemos imágenes, testimonios y evidencias más que suficientes para saber que, ahora mismo, lo que se sigue llamando prostitución tiene mayormente que ver con explotación y tráfico humanos y con formas cada vez más agresivas de discriminación y violencia contra las mujeres". En Crimen ¿cómo? lúcidamente ataca las maneras de verbalizar los crímenes de violencia de género como "pasionales", tapadera del machismo más cruel para velar u ocultar los motivos verdaderos que provocan las altas cifras de muertes de las mujeres. En Veinticinco bofetadas (27-11-2005), busca ir a las fuentes de donde beben el sexismo, la discriminación, la confusión interesada entre diferencia y desigualdad, y así en otros muchos, en los que también con frecuencia nos trae a primera plana los cuerpos de esas mujeres: violados, desangrados, cosidos a navajazos, muertos. La preocupación por la infancia y por la juventud es otro motivo recurrente en las reflexiones que cada domingo ven la luz. Se interesa por su educación y por su felicidad y recuerda la dudosa actuación del mundo adulto que es incapaz de enseñar los beneficios del esfuerzo y del aprendizaje y que descarga su cansancio y su frustración en programas televisivos a los que los propios niños tienen un acceso constante. En el primero analiza la muerte del joven de Hondarribia y cuestiona la exhibición obscena de la violencia en los medios de comunicación, pero añade muchas otras razones, que van desde la movilidad cínica de los límites al desprecio de la autoridad, como coadyuvantes en procesos tales como el llamado bullying. En el segundo se centra en la muerte de un niño kamikaze de diez años en Kirkuk al paso de un general iraquí, y así se formula la pregunta: "¿Quería a su edad morir (y matar) por ideas? Me cuesta y me da vértigo imaginar lo que tenía en la cabeza ese niño envuelto en explosivos, corriendo hacia su destrucción". Si todas las muertes llevan a la reflexión, parece que esos suicidios de niños y jóvenes que han puesto un punto final que se nos antoja demasiado apremiante a su vida, atormentan todavía más nuestro pensamiento. Etxenike vuelve a éstas y a otras muertes, siempre injustas, desproporcionadas, desoladoras, y revuelve los cimientos de ese recuerdo para no caer en la indiferencia del olvido: La muerte de otro hombre me acusa y me cuestiona como si yo, merced a mi eventual indiferencia, me convirtiese en cómplice de esa muerte invisible para el otro que está expuesto a ella; y como si, incluso antes de ser invocado en cuanto tal, tuviese que responder de esa muerte de otro, como si estuviese obligado a no dejar al otro en su soledad mortal" (Lévinas,175). Etxenike se posiciona abiertamente en contra del terrorismo de ETA y recuerda constantemente a las personas que han muerto o que están amenazadas y con sus libertades recortadas en medio de un entorno que no refleja ese miedo y esa preocupación. Sirva como ejemplo El bien más grave (11-08-2002), en el que constata las desavenencias entre la representación ética y la estética: En Euskadi, el bienestar y la belleza conviven con la amenaza y el terror y la mezquindad (...); en Euskadi hay muchísima gente que teme fundadamente por su vida, Muchísima gente obligada a escatimar encuentros, paseos y salidas. Impedida o coartada en su trabajo; trágicamente condicionada en su vida pública o familiar. En Euskadi se disimulan opiniones, se esconden gestos. A ello añade la obligación de recordarlo siempre, de evitar el olvido de la situación como único modo de dotar de verdad ética a nuestras apariencias. Esta visión, reiterada firmemente en muchos artículos, no le impide, sin embargo, oponerse a la ilegalización de Batasuna mediante la Ley de Partidos (Brújula moral, 1-09-2002), condenar el cierre del periódico Egunkaria (Palomas mensajeras, 23-0-2003), o defender el derecho de Fermín Muguruza a actuar en directo sin censura (Canción protesta, 7-07-2003). Etxenike sigue su propio criterio desde la reflexión y desde esa conciencia que equivale al examen de lo propio y de lo ajeno, y que conlleva inevitablemente la conciencia del propio acto de la representación, de la escritura. Muchos y muy variados son los temas que ha tratado Etxenike a lo largo de su escritura en EL PAÍS: la inmigración, el SIDA, la degradación del medio ambiente, las estructuras urbanas, las herencias culturales o la tradición literaria, entre otros, siempre tratados desde una perspectiva innovadora que lleva a los/as lectores/as al cuestionamiento de nuevas y viejas nociones. Sólo resta desde aquí proponer la publicación de una recopilación de todos ellos, ya que supondría una aportación valiosísima al pensamiento intelectual del panorama actual. En lo tocante a su labor como escritora de ficción, Luisa Etxenike, además de otras narraciones publicadas independientemente y en diversas colecciones, es autora de las novelas Efectos secundarios (1996), El mal más grave (1997( ), Vino (2000)), y Los peces negros (2005), además de la colección de relatos Ejercicios de duelo (2001). Se explorarán aquí brevemente ciertos rasgos de Efectos secundarios y de Los peces negros, pero sirva como inicio un acercamiento a los dos principales rasgos que caracterizan la producción literaria total de la autora. Se advierte, en primer lugar, un esfuerzo por la condensación y la depuración estilística, caracterizado por el refinamiento en el lenguaje. Las palabras se ofrecen con una textura descarnada, directa, precisa, desnuda y poética: El esfuerzo por captar la esencia de las relaciones humanas y de los sentimientos conflictivos y en permanente mutación requiere el proceso de selección adecuado para que la forma, de modo biunívoco, logre transmitir la intención deseada. Así lo formula Isabel, una de las protagonistas de Vino, en uno de los frecuentes momentos metaliterarios del texto: "Pero no se puede contar sin elegir. Sin preocuparse por la forma. Por lo que hay que poner y que descartar para que el relato dé cuenta justa de lo sucedido" (157). Así lo ve también Ana María Moix, que afirma al referirse a la obra de Etxenike: "Una escritura que rehuye al máximo los elementos narrativos prescindibles 3 ". Está presente además en casi toda su obra literaria la aparición de varias voces narrativas, de modo que se facilita la comprensión de las diversas perspectivas en situaciones duras o penosas. Es nuevamente Isabel quien formula certeramente esta noción en su pensamiento: "Contar es admitir, por lo tanto, que caben más versiones. ¿Y qué va a pasar si lo creo, si lo admito?" En segundo lugar, sus novelas exponen con frecuencia el lado oscuro del ser humano, ya que, según ha declarado repetidamente la escritora, la oscuridad revela la capacidad de los personajes para enfrentarse al sufrimiento, para desafiar la fatalidad. Las novelas hablan de la libertad de elegir, sea cual sea el punto de partida: "Siempre me ha interesado la energía del ser humano para sobreponerse a cualquier situación, encontrar soluciones a las situaciones personales o colectivas que parecen condenadas a la negritud más absoluta 4 ". De este modo impera, sobre todo, una postura diametralmente alejada del fatalismo, y encaminada hacia la posibilidad de reconquistar la felicidad y la esperanza desde una perspectiva vital que Sainz Lerchundi ha denominado "cosmovisión antideterminista" (325). En otro momento ha expresado la autora una formulación similar de su universo literario al hablar acerca de "las posibilidades de la felicidad a pesar de que las cosas, en el punto de partida, sean difíciles 5 ". En Efectos secundarios las complicaciones llegan de la mano del triángulo amoroso y de la enfermedad que puede ser mortal, pero el esfuerzo y la constancia de los tres personajes por entenderse y por alentar la adaptación a las transformaciones favorecen la tentativa felicidad lograda. El mal más grave desvela el lado oscuro de la violencia que sufren en silencio las víctimas de abusos sexuales en la infancia, con extensión al mundo de los adultos que perpetúa esquemas patriarcales heredados y que se vuelven cómplices de los abusos. El ferviente empeño de la protagonista adolescente por liberarse de la culpa, desde sentimientos tales como la "tristeza, culpa, miedo, asco, vergüenza o rabia" (Sainz Lerchundi, 325), y por aceptar la responsabilidad de sus actos desembocará en una postura vital más esperanzadora. En Vino, la relación conflictiva que traban los jóvenes Raúl y Fermín durante los períodos estivales terminará por desvelar viejas rencillas en las generaciones anteriores, y esta evolución de los personajes a través de los años se instala en el paisaje de los viñedos, de modo que el conflicto entre las personas invade el suelo, y la maduración del vino se ve afectada por la falta de acuerdo entre sus habitantes. El diálogo final entre dos de los protagonistas ayuda a ambos a poner orden en sus mentes, a adquirir una cierta certeza en cuanto al presente y el pasado de ambos. Esta actitud final se resume en la última frase del libro: "El camino de vuelta a casa parece ahora tan claro. Por último, Los peces negros retoma el tema del abuso sexual en la infancia, pero lo hace ahora desde la perspectiva de la (im)posibilidad de la recuperación del deseo en el estado adulto. Como se verá más adelante, la exposición del daño que causa el abuelo adquiere aquí una carga formal caracterizada por la angustia, el dolor, la impotencia y en suma, el horror ante lo incomprensible. Y si antes era el vino la metáfora utilizada para contraponer las sensaciones humanas a las surgidas de la tierra, ahora serán los peces los elementos que facilitarán la comparación con la pérdida de la vida o del sentimiento. Un elemento externo, el deseo de otro personaje, activará el proceso encaminado a la posible recuperación. El acercamiento a Efectos secundarios y Los peces negros servirá para enmarcar la producción novelística de Etxenike y para dar a conocer algunas de las claves de su universo artístico. Efectos secundarios 6 contribuye a generar nuevos espacios posibles para la experiencia de amor entre mujeres y a la vez crea nuevas fórmulas para la expresión del placer. La imagen del cuerpo adquiere una relevancia fundamental y se convierte en lugar de concentración de transformaciones físicas, psíquicas y emocionales. La imagen corporal, según Elizabeth Grosz, no puede ni debe identificarse con las sensaciones derivadas de un cuerpo puramente anatómico, sino que participa igualmente del contexto psicológico y socio histórico del sujeto: "The body image does not map a biological body onto a psychological domain, providing a kind of translation of material into conceptual terms; rather, it attests to the necessary interconstituency of each for the other 7 " (85). La novela se abre con la articulación del placer del cuerpo, irremediablemente fusionado este placer a la pasión por la escritura, a la pulsión por encontrar las palabras justas que sirvan para capturarlo y para recrearlo. Así se describe el gozo que proporcionan la contemplación y el primer encuentro con el cuerpo de la amada: Yo acaricio su cuerpo. Sus pechos pequeños, su vientre liso y quieto, sus muslos duros, tan calientes; su pubis ancho. Y la nombro como en otro principio. La primera vez dije: -Quítate la ropa. Y luego dije: -Tu vello espeso. Porque el deseo era sobre todo decirla. -¿Te parezco hermosa?-me preguntó. -Me pareces-contesté-deseo sobre todo hablar de ti. -Habla. Yo voy acariciando su piel más suave y la pronuncio. Y añado: "quiero tu placer, dámelo, dámelo, abundante, dámelo" (15). La inscripción textual del cuerpo adquiere tonos cercanos a la creación original y resuena con los ecos bíblicos de la palabra que deviene cuerpo. En esas palabras se fusiona la contemplación, el deseo erótico y la formulación del cuerpo anatómico y del cuerpo textual, construidos a través del movimiento y de la alternancia de voces y de fragmentos. En la recreación del cuerpo de la amada a través de la palabra, primero oral: "deseo sobre todo hablar de ti", y más tarde escrita al pasar a la página, la escena adquiere un sentimiento de proximidad, de acercamiento in crescendo hacia el cuerpo. Sin embargo, la expresión del cuerpo erótico y del placer pronto adquiere connotaciones de conflicto y de sufrimiento a causa de la enfermedad por medio de la aparición del cáncer de pecho en Maritxu, una de las protagonistas. Las reacciones que el descubrimiento y el tratamiento de la enfermedad provocan en ella y en su amante, Laura, atraviesan varias etapas: Maritxu siente la vulnerabilidad de ver su cuerpo disminuido y mutilado, siente la abyección de su "cuerpo repulsivo, indeseable" (105), y teme que Laura la abandone. Pero en este caso, a través de las interacciones entre ambas, se produce un proceso de aceptación del cuerpo y de la herida y se descubre una nueva dignidad corporal. Laura pasa del miedo a perder a su amante a la constatación de su amor lesbiano y al abandono de su marido, Joaquín. Laura siente que ha cruzado una frontera al admitir: "Vergüenza por haberme callado y callado y callado" (52). Es más, al experimentar una época difícil de convivencia con el marido tras la confesión de su amor por Maritxu, Laura la define como días de "gestos copiados", y los soporta "porque me permiten conservar la esperanza de que al final de tantos y tantos días de incomprensión y de abandono, habrá una puerta. Y del otro lado, el camino de regreso a la cordura" (92). Así es, en efecto, tras experimentar vacilaciones en la relación amorosa y altibajos en los vaivenes del deseo, las mujeres deciden finalmente vivir juntas, sin idealismos exacerbados, tras haber alcanzado un mayor conocimiento de sí mismas. El texto evita el ocultamiento y propone una apertura y una visibilidad mayor para clamor de las mujeres. Afirma Laura: "-Hemos vivido encerradas, ocultas. Mi amor por ti sólo era verdad cuando estábamos solas. ¿No es eso una especie de mentira?" (100). La respuesta de Maritxu a esta nueva situación expresada por su amante es la siguiente: "-El mundo va a parecerme mucho más hermoso, multiplicado" (100), y parece posible aventurar que también el panorama de la narrativa contemporánea se va abriendo hacia opciones más reales y más vitales de exploración del amor para las mujeres. Los peces negros supone un avance en la elaboración de una voz propia, como ha señalado, entre otros/as, Ana María Moix en el artículo de Babelia anteriormente mencionado: "No se trata, pues, de una debutante sino de una escritora que domina perfectamente los recursos de la narración y que es muy consciente de lo que hace: construir una voz, elaborar una escritura, que, cada vez más depurada, posee ya una naturaleza propia que la hace reconocible por sí misma, al margen de la historia que nos cuenta". La novela retoma, en cierto modo, algunos de los planteamientos formulados en El mal más grave: el abuso sexual a los/as niños/as por parte de un miembro de la familia y la extrema dificultad para verbalizar el suceso 9. Sólo al final del libro sabremos que uno de los protagonistas, desde los nueve hasta los once años sufrió abusos por parte del abuelo. Así se explica Jorge Barudy el abuso en el contexto de la familia: La trasgresión se produce en el interior de la matriz biológica y social de base que debería permitir al niño convertirse en una persona sana a nivel biopsicosocial. Los niños no sólo sufren abusos de alguien de quien dependen vitalmente, sino, y esto es más grave aún, es más difícil que entiendan éstos como una violencia o un abuso de poder por parte de un adulto. Por esto se encuentran en la imposibilidad de denunciar o desvelar los hechos fuera de la familia. El contenido altamente patológico de lo descrito es probablemente una de las explicaciones de la transmisión de los abusos sexuales a nivel transgeneracional (Barudy, 206). Si bien la novela advierte acerca de la general despreocupación de los familiares en lo tocante al comportamiento del niño, en sus actividades dentro y fuera del hogar, la novela no se centra en absoluto en el comportamiento patológico del abuelo o de los familiares. Ni siquiera hay una descripción de la escena ni una articulación clara de esta situación, que el/la lector/a va deduciendo de los fragmentos que el joven rescata de su pensamiento: "Tenía exactamente nueve años, cuatro meses y diecisiete días, pero supe que lo que acababa de suceder era monstruoso. Y entendí las condiciones y las dimensiones de la monstruosidad, porque nada, absolutamente nada, del mundo de la víspera subsistía" (120). En estos momentos finales la lectura se torna tan angustiosa como las sensaciones experimentadas por el niño: hay palabras exactas que hablan del horror, de la agonía, de lo innombrable, de la imposibilidad de comunicar que lleva a la absoluta soledad: "Comprendes también que lo que conoces es, por lo tanto, incomunicable, que estás, del modo más absoluto, solo" (127). Esta impresión agónica que se transmite por medio de esas frases cortas, brutales, marcadas por la reiteración de vocablos en ocasiones ("verbalizad matemática", la llama Ana María Moix), reproduce en cierto modo la terrible sensación que experimenta el niño, a la que raramente tenemos acceso de ningún tipo en nuestra realidad. La metáfora de los peces, que recorre toda la novela, sirve en este momento para hacer más explícita esa agonía que consiste en sentir la muerte pero desear la vida: "El pez agoniza delante de los ojos: latidos de las branquias y de los labios; agitación digna de las aletas y de la cola; la mirada suspendida en el aire, sin objetivo. (...). Lo importante, sin embargo, y el argumento en torno al que gira la novela, será la posibilidad de recuperación del deseo por parte de ese personaje, que se siente cerrado, muerto, incapaz de asumir una vida futura. La pena del joven comienza verdaderamente en el paso al estado adulto: "El verdadero miedo empezó más tarde. Después de que mi abuelo muriera. El desarrollo de la metáfora de la pesca se extiende ahora al proceso de desarrollo del amor y del deseo. Por medio de la admiración (e incluso de la persecución) de M., el otro personaje principal de Los peces negros se produce la reacción, el despertar del letargo: "Igual que el pez sólo tiene dos realidades, el agua y el afuera del agua, la vida y la muerte, el amor tiene dos lados: el antes y el después de la caza, la vida ganada a la realidad del amor y su otra cara, la vida perdida, el defensivo caparazón de la soledad 10 ". En la actitud más vitalista y más creativa de M. se mira el personaje como en un reflejo que logra tirar de él, pescarlo, morder de nuevo el anzuelo. Pero la metáfora es doble, sirve para los dos protagonistas que se ven atrapados en el juego del deseo y de la seducción. La cicatriz del anzuelo, la señal física de la herida, que recuerda el trauma infantil, se superpone al final a la posibilidad de recuperación: "Recuperar la realidad sensible de la víspera. Porque yo no quería olvidar, quería volver". En palabras de Moix, el futuro consiste en "ahondar en el fondo de su vacío para volver a ser atrapado por el anzuelo cuya herida pueda quizá devolverle la capacidad de sentir". No ha sido éste más que un breve e incompleto viaje a través de la obra de Luisa Etxenike, que merece sin lugar a dudas un estudio mucho más detallado y completo tanto en lo referente a su producción periodística como en lo tocante a la narrativa. Abrimos la puerta a futuras colaboraciones teóricas que servirán para instalar a esta figura en el lugar del presente literario e intelectual que le corresponde.
En este trabajo hacemos uso de las nuevas técnicas de representación de la información, como el análisis de cocitación de sitios web (análisis de cositacion) y el escalamiento multidimensional (MDS), para analizar de forma gráfica las relaciones que establecen entre sí los sitios web de universidades de diferentes países. Pretendemos demostrar que estas relaciones siguen un patrón geopolítico en lugar de académico, y que, por lo tanto, pueden ser consideradas como auténticos mapas «geopolíticos» de Internet. Este tipo de representaciones nos permiten obtener una instantánea de una región geográfica y un momento en el tiempo determinados, por lo que podrían ser utilizadas como herramienta auxiliar para el análisis sociopolítico de la realidad. La Web a simple vista puede parecer un entorno que poco o nada tiene que ver con la realidad que nos rodea, pero si observamos con un poco de atención podemos comprobar que, de hecho, Internet es una especie de réplica virtual de nuestro mundo donde podemos encontrar muchas empresas, organismos e instituciones que ofrecen prácticamente los mismos servicios y a los que podemos acceder normalmente en nuestra vida cotidiana (periódicos, bibliotecas, supermercados, universidades, ayuntamientos, etc.). Víctor Herrero-Solana y José M, Morales del Castillo Este paralelismo es al menos aparente, ya que aunque ha habido un trasvase de cualidades del mundo real a este otro mundo virtual, no hay que olvidar que estamos ante dos medios de naturaleza muy diferente. De antemano hay una diferencia importante entre el mundo real e Internet: la ubicuidad. Por ejemplo, cuando vamos al kiosco de la esquina, por regla general, podemos encontrar los periódicos de tirada local y nacional, pero es complicado encontrar diarios extranjeros. Sin embargo este componente localista no lo encontramos en la red, ya que las diferencias de tiempo de acceso a un periódico local o a uno extranjero son verdaderamente insignificantes. La existencia de estas diferencias nos lleva a preguntarnos si se han llegado a trasladar otro tipo de estructuras más sutiles, como las relaciones de afinidad y diferencia que se establecen entre diferentes individuos o entidades. Tomemos como ejemplo la naturaleza de las relaciones que se establecen entre instituciones académicas de diversos países. Está claro que estas relaciones de afinidad mutua están supeditadas a toda una serie de circunstancias históricas, políticas, sociológicas y económicas, por citar solo algunas. Si fuésemos capaces de representar de una forma visual estas relaciones en un momento determinado, ¿sería factible trasladar estas entonces diseñar un mapa de conocimiento capaz de representar las relaciones que establecen estas instituciones entre sí en el mundo real? Con este tipo de análisis podríamos responder cuestiones como averiguar si las relaciones de las instituciones en el mundo virtual siguen el patrón geográfico/político que impone el mundo real, o por el contrario presentan una estructura de relaciones completamente independiente. 2, Mapas del conocimiento La construcción de mapas y otras representaciones gráficas con el fin de poder visualizar estructuras de relaciones sumamente complejas, es una tarea científica que se viene realizando desde hace casi dos décadas. Estas investigaciones florecieron particularmente en el ámbito de los mapas de la ciencia, que nos permite ver las relaciones entre los investigadores de un determinado campo temático. Existen infinidad de trabajos científicos que nos presentan mapas de la ciencia, pero son particularmente conocidos los realizados por White y McCain de la Universidad de Drexel, tanto para representar relaciones de autores (McCain 1990, White 1998), como de revistas (McCain 1991). Posteriormente otros autores han sofisticado estos primeros mapas, realizados con otras metodologías Análisis geopolítico de los mapas de conocimiento y dotándolos de mucha más información e interactividad (Chen 1998, 1999, 2001, Noyons 1998, Ding et.al. En nuestro caso, el mapa que deseamos construir, a diferencia de los anteriores, trabaja exclusivamente con información extraída de Internet, pero se parecerá a estos en el sentido que vamos a utilizar en su construcción técnicas contrastadas, como las que encontramos en los trabajos ya citados. La aplicación de estas técnicas informétricas al ámbito web ha dado lugar a la aparición de la webometrics ó webmetría, que podemos definir como la ciencia que comprende la investigación de todas las comunicaciones en red, usando para ello técnicas de medida de carácter cuantitativo (Almind & Ingwersen 1997). Dos de las principales técnicas usadas en la webmetría son el análisis de citas de sitios web, también denominadas sitas (Rousseau 1997), y el análisis del factor de impacto web (Ingwersen 1998). Podemos encontrar una revisión bastante exhaustiva de las investigaciones realizadas en este campo en el trabajo de Judit Bar-Han (2001). Víctor Herrero-Solana y José M. Morales del Castillo de que las universidades son centros de educación, uno de los pilares básicos sobre los que se apoya cualquier sociedad. El peso de la educación en la sociedad se ve directamente afectada por las circunstancias sociales, políticas y económicas que se dan en una sociedad en un determinado momento en el tiempo. Por ello, estas mismas circunstancias que afectan a la educación de un país son las que también afectan a ese país en otros ámbitos como, por ejemplo, sus relaciones exteriores con el resto del mundo. Las universidades son pues, en definitiva, unas entidades vivas, altamente politizadas, que poseen una gran capacidad para absorber y reflejar ñelmente estas circunstancias. Sin embargo, al margen del contexto político, las universidades son instituciones que tienen como fin último el saber universal, más allá de fronteras e ideologías. De hecho las relaciones inter-uni ver sitarlas tienen como objetivo, al menos declarado, lograr respuestas universales a preguntas universales. Tenemos de esta manera, a priori dos elementos antepuestos que no sabemos como van a influir en el medio virtual, donde no existen fronteras para relacionar estructuras de conocimiento. Quizás podríamos bautizar a esta antinomia como universalidad/nacionalidad. Otra razón de peso para elegir estas webs es la facilidad para trabajar con ellas, ya que el principal problema al que nos enfrentamos si recurrimos a las webs de organismos gubernamentales es la dificultad existente para establecer las equivalencias correctas entre ellos debido a las diferencias en materia de competencia y de denominación que presentan. Una vez elegida la tipología de los sitios web a analizar vamos a determinar cual es la mejor manera para extraer de ellos información relacional. En principio, una de las técnicas más sencillas es el análisis de cositación, que consiste en construir una matriz de números a partir de los enlaces web (hyperlinks) conjuntos que reciben dos sitios web, desde una misma página. A modo de nota aclaratoria diremos que a partir de ahora, y para diferenciar las citas de sitios web de las citas bibliográficas tradicionales vamos a recurrir a la terminología apuntada por Rousseau (1997), y vamos a hablar de sitas (producto de la fusión de los términos ingleses site [sitio web] y cite [cita]), y por derivación, de cositación. Para obtener los datos de cositación entre diferentes sitios web es necesario recurrir a las herramientas avanzadas de algunos de los motores de búsqueda que existen en la red. Este método, presenta el inconveniente de que para confiar plenamente en su validez y fiabilidad sería necesario filtrar exhaustivamente los datos obtenidos ya que, en principio, no todas las referencias recuperadas tienen por que ser válidas (no sabemos si re-Análisis geopolítico de los mapas de conocimiento almente todas se refieren al mismo sitio web), Pero dado que en este trabajo solo pretendemos presentar un ejemplo de cual podría ser la metodología a seguir para construir mapas «geopolíticos» a partir de determinados sitios web, no hemos sido muy rigurosos en este aspecto. Existen múltiples motivos por los que se pueden cositar dos webs: la proximidad geográfica ó idiomática, ó la similitud de contenidos. Pero tal y como hemos apuntado anteriormente, vamos a tratar de comprobar hasta que punto pueden influir en la cositación factores externos como las circunstancias históricas, sociales y políticas de un determinado momento en el tiempo. Veamos un caso concreto. Un caso especialmente interesante para analizar es el de Alemania debido a las peculiares circunstancias que rodean su historia reciente. Hagamos un rápido repaso a sus últimos sesenta años de su historia. Tras la segunda Guerra Mundial los aliados se reparten Alemania dando lugar a la aparición de dos estados: la República Federal Alemana (RFA), tutelada por Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, y la República Democrática Alemana (RDA) bajo la esfera de la antigua Unión Soviética. Se abre así una proñmda brecha en el seno de Alemania que quedó patente de forma física en la ciudad de Berlín, dividida en dos durante décadas por el muro que levantaron las tropas soviéticas. No será El criterio de selección ha consistido en elegir una serie de universidades que posean un servidor web de cierta entidad, en cuanto al número de páginas albergadas, para que de esta forma aumenten sus posibilidades de ser citadas (de nada nos sirven sitios que no nos ofrecen información relacional). Para determinar tanto el tamaño de los servidores como las cositaciones hemos utilizado el motor de búsqueda Altavista [URL] por las capacidades de su búsqueda avanzada (Bjonemborn 2001). El comandó host: dominio devuelve las páginas que alberga el servidor del dominio especificado, es decir, su tamaño. Con el comando link: dominio obtenemos las webs que tienen enlaces a un dominio concreto. Ya que Altavista soporta la búsqueda con operadores booleanos podemos obtener las cositaciones combinando dos dominios con el operador and {link: dominial and link: dominio2). Hay que tener en cuenta que la validez de los resultados obtenidos depende en gran medida del método de recopilación elegido (Bar-Han 1998) y de la misma naturaleza dinámica de Internet. La siguiente tabla muestra los resultados de cositación obtenidos el 12 de Mayo de 2003. En la diagonal principal (destacada en color amarillo) aparece el volumen del servidor, medido en cantidad de páginas web, de cada una de las universidades: Víctor Herrero-Solana y José M. Morales del Castillo A esta matriz de cositación le aplicamos la función de correlación 1-Pearson y construimos con ella una matriz de distancias. Es con esta matriz resultante con la que vamos a trabajar utilizando distintos métodos de análisis estadístico. Usando un paquete estadístico como Statistica realizamos un análisis de clustering y obtenemos el siguiente dendograma: Esta técnica de análisis nos permite obtener una clasificación automática de los sitios web que estamos estudiando y, a primera vista, observamos que aparecen agrupados formando dos grandes bloques: por un lado están los sitios web de las universidades estadounidenses, y por otro los de rusas y alemanas (independientemente de si son de las universidades consideradas de Alemania del Este o del Oeste). Esta clasificación, a priori parece indicar que la cositación sigue un criterio geográfico, apareciendo una clara distinción entre universidades europeas y americanas. Dentro del grupo de las universidades europeas observamos que las Análisis geopolítico de los mapas de conocimiento 167 rusas están incluidas en su clase correspondiente, pero nos llama la atención la circunstancia de que las alemanas aparecen, aunque dentro de una misma clase, agrupadas en dos subclases diferentes (¿distinguiendo quizás la RFA de la RDA?). Esto nos indica que existe una clara diferenciación entre las universidades que en su día estuvieron a un lado y a otro del muro, cuando, por lógica, al pertenecer a un mismo país ya unificado desde 1990, no debería existir tal distinción, o al menos, no de una forma tan acusada. Se podría decir que, en este caso, en la cositación ha pesado en gran medida el factor geográfico, pero vemos que en el resto de países este no parece ser un criterio determinante. Deben existir, por tanto, otros factores adicionales, quizá sociopolíticos, que aún mantienen a Alemania desunida en Internet. Por su parte, el análisis de redes sociales (White et.al. 2000, White 2003) nos permite visualizar las relaciones entre diferentes entidades con gráficos en forma de árbol. Para ello, previamente hemos realizado una «poda» de la matriz de cositación utilizando el algoritmo PathFinder (PFnet), que permite reducir la matriz a sus relaciones esenciales o más significativas. En este caso se ha decidido dejar el umbral de enlaces por encima de 10.000 para una mejor visualización de las relaciones entre los sitios web. El resultado es el siguiente gráfico: A primera vista, en este mapa encontramos dos elementos que llaman poderosamente la atención. Por un lado, la extraordinaria red de cositadones establecida entre las universidades estadounidenses (representada por líneas de mayor grosor); por otro la destacada centralidad de la universidad de Berkeley como verdadero núcleo de conocimiento que sirve de puente de conexión entre las universidades de los tres países. Pero lo que quizá sea más revelador es la evidente separación que existe entre las universidades alemanas. Las que consideramos universidades de la RFA aparecen claramente agrupadas en un bloque a la derecha del mapa junto a las estadounidenses, mientras que las de la Alemania del Este aparecen, en otro bloque bien diferenciado, próximas a las universidades rusas. Para intentar clarificar más la situación, vamos a emplear otra técnica de representación de la información, aplicando a la matriz de distancias la técnica MDS y utilizando un gráfico de burbujas para una mejor Análisis geopolítico de los mapas de conocimiento visualización de los resultados. Para su correcta interpretación hay que tener en cuenta que el tamaño de las burbujas representa el tamaño del servidor web de cada universidad. Las burbujas están ordenadas de forma que las más pequeñas queden en primer término para obtener una mayor claridad y evitar pérdidas de información. Lo primero que salta la vista al observar este gráfico es el evidente distanciamiento que existe entre las universidades de las dos Alemanias, cuando por norma general las webs de universidades de un mismo país suelen aparecer agrupadas formando un bloque más o menos compacto. Aparecen divididas en dos grupos bien diferenciados, entre los que se interponen las universidades estadounidenses. Alrededor de estas se apiñan las universidades de la RFA en la zona izquierda del mapa, mientras las de la RDA ocupan las posiciones centrales del gráfico y actúan como elemento bisagra entre ambos «bloques», trazando una línea imaginaria que divide el mapa en dos. Es como si de algún modo siguiera existiendo un intangible Telón de Acero que separa a Estados Unidos y Rusia, y cuyo nexo natural sigue siendo la Alemania del Este, Las universidades rusas por su parte aparecen a la derecha, en la periferia del mapa, poniendo de manifiesto la polarización entre los dos bloques. 5, Discusión y conclusiones Internet no es ajena a los avatares del mundo y analizando convenientemente la información que de ella podemos obtener mediante diversas técnicas, como las que proponemos en este trabajo, nos podría servir como una valiosa fuente de información sociopolitica. Esta información es posible convertirla en forma de mapas gráficos que representan de manera clara sutiles relaciones de conexión entre diferentes instituciones o entidades, que de otro modo serían difíciles de percibir. Es obvio que llevar a cabo una tarea de este calibre a gran escala presenta una multitud de problemas técnicos. Aquí hemos visto una aplicación a muy pequeña escala de esta propuesta, con países con un nivel de desarrollo similar, y con universidades que disponen de grandes servidores para albergar sus sitios web. Por el momento, nos vemos limitados a estudiar aquellas universidades que dispongan de servidores web lo suficientemente grandes como para ofrecer un mínimo de información relacional (los servidores que albergan muy pocas páginas tienen menos opciones de ser cositados). Por otro lado sería necesario extraer toda la Víctor Herrero-Solana y José M, Morales del Castillo información relacional en un plazo muy limitado de tiempo para intentar reflejar lo más ñelmente posible esas relaciones en un momento muy concreto, ya que de lo contrario obtendríamos una imagen distorsionada debido al constante cambio al que se ve sometida Internet. El análisis de cositaciones unido a la aplicación del MDS nos podrían servir como herramientas para descubrir estas relaciones entre organismos ó instituciones, que no están siempre patentes ni son fáciles de reconocer a simple vista. Como vemos, el mapa obtenido no coincide con el mapa político que podemos encontrar en un atlas, pero sí que podemos considerarlo como un mapa «geopolítico» de Internet referido a un momento y una región geográfica muy concretos, y del que se puede inferir nueva y valiosa información. Creemos que los resultados obtenidos y presentados en este trabajo, aunque modestos, dan un margen de optimismo para emprender análisis mayores en un futuro cercano. Por último, es importante destacar que si bien las técnicas utilizadas para crear las representaciones gráficas son muy potentes, existen otras con las que también se pueden trabajar. Una de las líneas de investigación futura que llevaremos adelante, consiste en la experimentación de técnicas complementarias que ya han sido aplicadas a la creación de mapas de la ciencia como, por ejemplo, las redes neuronales (Guerrero-Bote et.al. Víctor Herrero-Solana y José M Morales del Castillo dam, Chemnitz y Leipzig como universidades de la RDA, y las de Berlín, Frankfurt, Munich y Hamburgo como universidades de la RFA.
Reseña histórica de España en taiwán Hoy día la popularidad de español en Taiwárf, como en cualquier otra sociedad internacional es un hecho, pero también es otro hecho, que algunos de los habitantes de Taiwan en el siglo XVII hablaron español durante algún tiempo. Para explicar esto vamos a hablar un poco de la historia de España, un país en el que -en los siglos XVI y XVII-«nunca se ponía el sol». La reina Isabel I de Castilla se casó con Fernando el heredero del Reino de Aragón en el año 1479, y en breve tuvo lugar la integración de ambos territorios, de manera el nuevo país se convirtió en un estado importante. En 1492, expulsaron a los moros que quedaban al sur de la Península Ibérica, con lo cual la unidad territorial fue mayor; el mismo año, Cristóbal Colón descubrió las islas del Caribe y durante los siglos XVI y XVII España empezó a colonizar el continente americano. En el año 1543, se utilizó el nombre de Felipe II para denominar a las Filipinas, y desde poco después este archipiélago se convirtió en nueva tierra colonial de España, de ahí que de España se dijera que era «el país en donde nunca se ponía el sol». Esta situación duró hasta la Guerra de Hispanoamericana del año 1898, en que España perdió las Filipinas y Guam^. Así fue como tuvo lugar el final del final del imperio español. Por eso los españoles pusieron una fuerza militar al norte de Taiwan, en Keelung, para así defender la ruta comercial. Allí los españoles estuvieron durante 16 años (1626-1642): y se relacionaron los aborígenes de los pueblos más cercanos, de manera que, según las fuentes históricas, «los chiquillos hablaban muy bien el español, incluso sabían repetir con propiedad las sucias palabras de los soldados»^. Además los misioneros aprovecharon este punto para ir a China Continental, ya que no podían ir desde Macau pues no se lo permitían los portugueses. También durante los años 1629 a 1637, los españoles construyeron el fuerte de Santo Domingo, en Tanshui. Ésta sólo fue una pequeña fortaleza militar de madera. Después, los holandeses empezaron a expandirse hacia el norte de Taiwan. Al año siguiente, los holandeses utilizaron ladrillos, piedras y cal para reconstruir el antiguo castillo de Santo Domingo. Como los chinos llamaban a los holandeses «Houng-Mao», es decir, personas de pelo rojo, así este edificio se acabó denominando «el edificio de los Houng-Mao». Hoy la gente llama a este monumento Castillo de Santo Domingo o Castillo de Houng-Mao. Ahora este lugar es uno de los lugares turísticos más importantes de Taiwan. Como España estuvo poco tiempo en Taiwan, y además sólo en un par de lugares, no se puede decir que gobernara la isla. Además los holandeses utilizaron Taiwan como una base intermedia de su comercio intra-asiático, con lo que lograron la expansión de su poder y beneficio. Podemos acabar diciendo que el nombre portugués de Ilha Formosa, al que los españoles llamaban Isla Hermosa, fue popularizado después por los mapas holandeses y franceses, y con este nombre Taiwan ha sido conocido durante muchos años en Europa y en el Mundo occidental^. Tras este breve enfoque histórico, el lector se daría mejor cuenta de la causa de la existencia de tan abundante términos hispanizantes en Taiwan. A continuación, vamos a analizar desde el punto de la vista de la cultura del consumo y el aprendizaje de español para comentar el papel de Taiwan en el escenario internacional y el intercambio entre Taiwan y España, en los años recientes: La posición geográfica de Taiwan se halla en el Pacífico asiático, entre China Continental y el Japón. Desde el pasado Taiwan ya se encontraba en una zona multicultiu'al, pues la situación geográfica estratégica de Taiwan hizo que ella siempre fuese la presa de las potencias militares; ahora no sólo China Continental tiene interés por reunificarla, sino que Japón España y el español en Taiwan aún se acuerda de sus pasos por Taiwan ya que la misma había sido su colonia por cincuenta años. Retrospectivamente en la historia hasta podemos remontar a las potencias europeas, ya que tanto Holanda como España también habían dejado sus rastros en Taiwan. Consecuentemente, las di ferentes culturas referidas influyeron profundamente a Taiwan. En los años recientes, el gobierno de Taiwan ha propuesto una política de localizacion, pero la misma no equivale ni a un autoenclaustramiento por sí mismo, ni a la negación del intercambio con las culturas extranjeras, sino a reflexionar la naturaleza propia mediante el estímulo exterior, y así promover una transformación impresionante de la cultura autóctona taiwanesa. Debido a que la eñcacia de la localizacion continúa su ascenso, la tendencia del consumo de Taiwan vuelve a su originalidad, ya que al enfatizar su localizacion, el carácter de la misma naturaleza del producto se eleva, y así las culturas locales y extranjeras se distinguen y hasta se embellecen notoriamente entre sí. La compleja situación política de Taiwan hace que las intervenciones externas pesan mucho sobre su diplomacia, porque Taiwan se afana por obtener el reconocimiento de la comunidad internacional, y por ende tiene que trabajar más en el sector del comercio y el arte, libre de la política y a través de buenas representaciones multi-sectoriales para elevar el status internacional de Taiwan; Así no solamente se consigue desarrollar la fuerza original de Taiwan, sino que le permite converger rápidamente con los valores positivos de la cultura extranjera. Gracias a la influencia de su nacionalismo de apertura, Taiwan acoge beneplácidamente a las culturas extranjeras. Más los orientales son hábiles por convertir las circunstancias desfavorables en favorables, de sacar buenas partidas de los juegos adversos, la interacción entre las culturas locales y extranjeras desde hace mucho tiempo, han consolidado los lazos existentes entre las extranjera y la taiwanesa. La cultura popular de Taiwan recibe hoy día gran influencia de las japonesa y coreana, las razones principales son la cercanía geográfica, la similitud étnica y el factor común de constituirse en países orientales que comparten el confucionismo. Pero la cultura hispánica también influyó en mayor grado a Taiwan; además de que trescientos años atrás los españoles ya habían visitado a la Isla Formosa y habían dejado numerosas construcciones y nombres en la región norteña de Taiwan, tal como el fuerte de Santo Domingo^, así deja una marca indeleble en la historia de Taiwan. Como Taiwan desde hace tiempo que viene recibiendo presión política, por lo tanto, está ansiosa por ostentar un status internacional. sociedad taiwanesa se ha abierto para converger con las culturas europea y norteamericana, el gobierno taiwanés también habilitó la importación masiva de manos de obra filipinas, y hasta está considerando adoptar al inglés como la segunda lengua oficial. La música no tiene fi*ontera por ser una lengua universal, y en especial la latina que ha conquistado al mundo. Cantantes como Ricky Martín, Julio Iglesias y Shakira son archiconocidos por sus canciones. Las canciones en español siempre expresan un ritmo rico entre los estilos gitano y árabe, mientras que la samba brasileña agrega un toque de claridad y rapidez. Por su parte, la música cubana está impregnada del estilo de Jazz. Estas músicas, como una representación de la cultura latina, se caracteriza por un ritmo contagiante acompañada de emocionantes letras, de manera que a la gente le encanta escucharla una y otras veces, así va recibiendo la cultura latina y conociendo un poco más a los países hispanoparlantes. En Taiwan, las marcas de vestido usan mucho las lenguas extranjeras, ya que el uso de las lenguas extranjeras puede crear una sensación espacial de estar en el extranjero. Simultáneamente combinadas con la atractiva moda se consigue una sensación ficticia y así se trascienden las fi'onteras espacial y temporal. Especialmente cuando hoy día las modas se suceden vertiginosamente. Por su puesto la buena calidad de los productos es lo más importante. El saber adoptar adecuadamente las diferentes cualidades de las lenguas extranjeras es en sí un arte de mercadotecnia. En Taiwan, se adopta generalmente el fi-ancés cuando se desea transmitir el romanticismo; el alemán cuando se desea expresar lo pragmático; el japonés cuando se desea congeniar con la juventud de la pubertad; y se recurre al español cuando se desea incitar el sentimiento de pasión, rico en color y calor. Por eso naturalmente los diseñadores de los países hispanoparlantes tienden a un diseño vestimental más atrevido y colorido. Estos atributos combinados con la buena calidad, con los diseños tradicionales muchas veces autóctonos, y con las marcas españolas, producen gran persuasión. Es importante destacar aquí un factor sociolinguístico. Existe pues en Taiwan una gran población de trabajadores filipinos que se desempeñan principalmente como criadas y niñeras de hogar. Siendo las Filipinas una ex-colonia española, es naturalmente que los filipinos compartan la cultura hispánica con las familias taiwanesas y por ende con la sociedad taiwanesa. Entonces, esta popularidad hace que sea mejor que se adopte el español como marcas ya que tiene una relación más profunda y estrecha con Taiwan, tanto en la historia como en la modernidad. Este factor es muy influeyente pues el mercado asiático es muy diferente con el occidental, porque tuvo un pasado más cerrado y conservador, y ha sido más España y el español en Taiwan reservado en expresar los sentimientos. Otro factor igualmente importante constituye el contenido emocional del español, el que siendo una lengua multi-cultural y hasta multi-racial contiene un alto grado de aceptación. Así, comparativamente la lengua española adquiere una gran ventaja competitiva en Taiwan respecto a otras lenguas extranjeras. El diseño atrevido de los colores es notorio en las modas de vestimentas, tal como sucede en las confecciones MANGO. Otro caso que sique fielmente esta regla lo constituye la serie «Siete Cinco Cinco» de los pantalones vaqueros de Blue Way. Al pensar en España, relacionamos generalmente con la tauromaquia muy famosa por todo el mundo, por supuesto, la producción del cuero de España tiene una gran cantidad, así que España ha sido el país que exporta los productos del cuero. El cuero de Loewe es muy famoso por todo el mundo, y también tiene sus entusiastas en Taiwan; los zapatos de Camper que tienen la comodidad y creación, también son muy queridos por los consumidores del buen gusto. Estas dos famosas marcas españolas, aunque no llevan términos hispanizantes, lo mismo son muy conocidas por la gente de Taiwan, ya que en los últimos años, tanto la pasión como el estilo latino están de moda, y más todavía tras los Juegos Olímpicos. Durante los Juegos Olímpicos del año 1992, España ha maravillado a todo el mundo con la hermosura de su ciudad de Barcelona, hasta hace poco se recordaba en Taiwan lo lindo de dicho evento, durante la inauguración de la venta en el mercado local de los vestidos de CUSTO BAR-CELONA. En dicha ocasión se insistió sobre su representación de lo humano y artístico de Barcelona. España tiene muchos artistas de estándar mundial (citando a algunos: Pablo Picasso, Salvador Dalí, Joan Miró). Una compañía taiwanesa de construcción ha demonimado con el nombre del sobresaliente constructor Gaudi a toda una comunidad, cuyos edificios se asemejan al estilo del Palacio Güell de Gaudi. El estilo español, además de ser notorio en los edificios, también se evidencia en las muñecas de cerámica LLADRO^. Las muñecas de LLA-DRO tienen la cara característica en forma de gota de agua y es especialmente famoso por su serie de personajes. En dichas cerámicas, los rostros humanos son tan reales y se llenan de imaginación como si fueran vivos, ni que decir de la maravillosa finura en mano. Lladró produce anualmente una serie de productos de cantidad limitada, y son siempre adquiridos por los entusiastas coleccionistas. El poder influyente del español llega hasta la industria local. Cuando mecionamos en Taiwan algo sobre España, las ideas que surgen generalmente en la mente de la gente son el flamenco y la tauromaquia, además de una melodía combinada con con el ritmo alegre de la guitarra. O sea, imágenes de una cultura llena del color y calor hispánico. Cuando una compañía desea denominar con términos extranjeros a su producto, tiene que considerar además de dichos términos, la cultura que lo representa. La lengua y cultura española es muy eficaz porque además de ser rica y colorida, tiene una pronunciación que no es tan difícil como algunas otras lenguas extranjeras. Entonces no es problema adoptar términos del español como marcas comerciales. Para mayor facilidad de recordarlas, muchas publicidades utilizan un ambiente extranjero a fin de crear un escenario atractivo para atraer a los consumidores de una manera natural y espontánea. Un buen ejemplo es el de la empresa JBenQ, muy afamada en productos de la informática y ofimática, incluyendo la telefonía móvil. La filosofía de BenQ se basa en una concepción de disfrutar en el mundo, insistiendo en que el placer está en nuestro alrededor. En una serie de la publicidad televisiva de su teléfono móvil, se exhibe a una mujer esperando autobús en la parada, y de repente suena su móvil con una melodía típica del flamenco, entonces ella como si fuera hipnotizada comienza a bailar al son de las castañuelas. Rato después, ella se da cuenta que está todavía esperando al autobús, entonces coge el teléfono, y contesta en español «Perdona, ¡Hola! ¿Paco?», Esa forma de viva presentación no se conseguiría con otras lenguas extranjeras, salvo con el español. Es increíble la eficacia de persuasión de la cultura y lengua española, más que ninguna otra. De manera similar, encontramos otras publicidades televisivas presentando a las cortinas y mueblerías procedentes de España, y ponen de evidencia la tendencia creciente de la difusión de la cultura y el uso de la lengua de Cervantes. Presencia del español en Taiwan En Taiwan se contemplan muchas marcas comerciales cuyas denominaciones son vocablos extraídos del español, o del italiano o inglés (pero que por su origen común en el latín, son equivalentes en español). Así tenemos, por ejemplo, que NOVA y AURORA corresponden a dos famosos centros de compras (especializados en productos ofimáticos); que dos cadenas de panadería se llaman CASAMIA^ y BRAVO; que un hipermercado se llama HOLA; que una cadena de servicentro y hasta un canal te-España y el español en Taiwan levisivo coinciden en llevar la denominación FORMOSA; que un telediario se denomina ERA; que una famosa revista turística se llama BLAN-CA; que un alimento enlatado para perros tiene la marca CESAR; que la gastronomía está representada por la famosa cadena de pizzeria como el caso de DOMINO; de chocolates como el caso de CHOCOS; como el caso del ácido láctico BIFIDO; mientras que en marcas de coche son numerosísimas como PRIMERA CÉFIRO, TIERRA, SOLIO, etc., y mucha gente se va a probar el buen café de DANTE que vale treinta y cinco dólares (moneda taiwanesa): aproximadamente un euro. El popular café Dante utiliza el nombre del poeta italiano Dante, que también se escribe así en español. Las marcas aparecidas en las calles son numerosas. Algunas de ellas se toman del inglés, otras del español, y otras sólo tienen un signiñcado único. Hemos indicado en nuestro artículo «Aprender español con placer: desde el punto de vista de la publicidad comercial», que cuando una empresa denomina a su marca suele adoptar primeramente la transliteración, como insiste Wang (2002): «para conseguir un nombre éxitoso de la compañía, el mismo tiene que ser breve y fácil de recordar». Esta idea coincide con la de Bassat quien señala a la función del eslogan de la siguiente manera: «Corto y memorable; profundo y brillante; simple y único; impactante, perdurable, creíble y relevante» (1993). Así, las empresas emplean los diseñadores profesionales de arte y marketing para que, según el carácter de los productos, adopten la forma de transliteración, dependiendo de la pronunciación de la marca y de la calidad del producto para así ofrecer la traducción llamativa de una marca^. Por ejemplo: IMPREZA de Subaru, METROSTAR^ (Es ella) de Ford. Antaño, Taiwan era más bien una sociedad cerrada y conservadora. Empero, con el fenómeno de la globalización, la sociedad taiwanesa hoy se dirige hacia la internacionalización. Por eso pueden verse claramente los diversos letreros por la calle, incluyendo los productos europeos y americanos. Generalmente, las marcas populares son la primera selección del público, y, a la inversa, influyen en la gente, pues todo el mundo conoce las principales marcas famosas, hasta las puede decir sin olvidarlas; y aún más, las marcas se convierten en una parte de nuestra vida diaria. Sin tomar conciencia de ese fenómeno, la gente y las marcas famosas ya forman parte de nuestra cultura popular y así lo recordamos. Si logramos canalizar la atención de los alumnos del español hacia tales marcas en nuestras clases, es muy posible que elevemos el interés y la capacidad de los alumnos para aprender el español. Para un mejor desarrollo sistemático del tema, hemos clasificado los términos comerciales hispanizantes encontrados en Taiwàn, en un total de seis secciones, según su relación con las diversas actividades cotidianas, que son: Gastronomía, Vestimenta, Vivienda, Transporte, Educación y Entretenimiento. A fin de facilitar una mejor comprensión al lector hispanoparlantes, también hemos incluido una reseña histórica acerca de la influencia española en Taiwàn. El tema del presente artículo es «aprender el español con placer». Por consiguiente, dependemos principalmente de los productos cuyas marcas tienen algún significado en español, o sea términos hispanizantes. Por ejemplo: una cadena de restaurantes en Taipei ha utilizado la homofonía del vocablo MALA para describir a su plato principal que es un «shabu shabu» superpicante. Tan picante es ese plato que a la vez lo hace muy sabroso, que hasta produce en quien lo come una extraña sensación que entremezcla el amor con el odio. Amor por su delicia, y odio por el extremo picante insoportable. Y el chocolate CHOCOS (un calamarito): son excelentes ejemplos de la transliteración. Si pudiéramos adoptarlos con ellos motivaríamos a nuestros estudiantes, y podríamos convertir al aprendizaje del español en algo placentero. Las siguientes marcas son ampliamente conocidas en el mercado taiwanés, y las vamos a analizar conforme a su significado en español: Para una mejor comprensión hemos subclasificado a esta sección de gastromonía en un total de La vestimenta (incluyendo artículos de primera necesidad) La vestimenta otorga además de protección, elegancia y placer, tanto para el hombre como para la mujer. En comparación con nuestros ancestros, la gente moderna busca valor añadido a su vestimenta. Por ende, los taiwaneses gastan mucho dinero en comprar los vestidos, más aún cuando el mercado taiwanes se dirige hacia la internacionalizacion, haciendo que las marcas extranjeras sean altamente aceptadas. Y aunque el lector no lo sabe o percibe, existen numerosos vocablos españoles entre tales marcas. Así tenemos el bañador ARENA el cosmético de origen coreano que lleva el nombre COREANA la perfumería MASA etc. Tras nuestra búsqueda hemos encontrado y verificado a las siguientes que llevan términos españoles o extraídos del español, a saber: Primero, hay un proverbio chino archiconocido que dice «el orden se da primero en la casa, y luego se extiende al país, y de allí al mundo entero». La casa es el lugar de resguardo y también nuestro hogar tanto para el descanso del cuerpo como del espíritu. La gente hoy en día sufre de mucho estrés, lo que ha hecho que en los últimos años, el ocio se haya convertido en una moda popular, por lo tanto, las viviendas europeas también cobraron buena fama. Muchos edificios de Taiwàn llevan denominaciones del español y son muy bien acogidos por los consumidores. Existen también negocios cuya denominación guarda relación con el español. Tenemos que el saludo HOLA en el español como nombre de una famosa tienda de decoración hogareña, granjea mucha simpatía. Por coincidencia, algunos hoteles locales llevan palabras del español, tal como el Hotel FORTUNA, el GALA el GLORIA el CAPITAL TAIPEI etc. La mayoría de estas denominaciones hoteleras devienen de una traducción libre, sólo encontramos un caso de homofonía que es el Hotel SANTOS. Seguidamente ofrecemos la subclasificación que hemos realizado con las siguientes marcas que llevan términos españoles o extraídos del español, a saber: Los comercios que guardan relaciona con el hogar son: empresa de la mudanza, hipermercado especializado en los artículos del hogar HOLA empresa de cablevisión CASA empresa constructora MODER-NA tienda de edredones PICO, línea de electrodomésticos PROTON, la insecticida RATA piso de cerámica ROMA inmobiliaria SAN JOSE, polvo dentífrico TICO, bañera TINA tienda de equipos de sonido VIC-TOR, camas VICTORIA. Antaño, los medios de transporte nos proporcionaban generalmente una lentitud que hoy no lo podemos casi ni imaginar, mientras que hoy casi todo el mundo anda en coche, ya que impera la noción de que el tiempo es dinero. Muchas compañías de coches se concentran en la actividad del sol que representa España, así que eligen el español para denominar a los coches de su empresa, al mismo tiempo provoca una tendencia de la denominación de coche en lenguas extranjeras. Las palabras comerciales al igual que el español tales como: el bus de CAPITAL, la compañía de coche de FORMOSA, el banco METRO (de Filipinas) y el transporte METRO, el servicio de entrega rápida adopta como marca a, el papel higiénico del brisa primaveral de ANDANTE. Según nuestra investigación, en la sección del tráfico, las publicidades de coches ocupan una gran parte, por lo cual, esta sección se divide en dos partes: Las marcas que suelen verse en nuestro país tales como, el coche de PRIMERA CÉFIRO, TIERRA, SOLIO, etc. La forma externa de esas marcas tienen una imagen inglesa, pero en realidad no son palabras inglesas, sino españolas. Tomamos el caso del coche «Santa Fe» de Hyundai, cuyo nombre corresponde al mismo tiempo al nombre de una ciudad que hemos encontrado en los siguientes países: Argentina, Chile, Cuba y Los Estado Unidos. De esta manera, la empresa surcoreana parece sugerir una omnipresencia de su coche Santa Fe, al igual que la ciudad del mismo nombre que se encuentra por todos los rincones del mundo! En el caso de España, encontramos al famoso coche «SEAT», que para destacar su procedencia española, ha denominado a la mayoría de su serie con el nombre de las ciudades españolas, por ejemplo: Alhambra, Cordoba, Ibiza, León y Toledo. Todos estos cinco nombres corresponden a ciudades de España. A su vez, resulta muy interesante el caso del coche «Cadillac» de EE.UU. que lleva la denominación «Toledo», ya que ésa había sido la ca- Hay un dicho oriental de que «Para cultivar un buen ginseng^^ se requiere unos diez años, pero se necesitaría una centuria para obtener un ginseng silvestre». La educación como el ginseng requiere de un largo tiempo de cultivo y dedicación, por eso constituye la base de la sociedad moderna. En la época de la aidea global, abundan los términos de prece dencias extranjeras en muchos libros y revistas, a la par de coincidir con los consumidores cada vez más jóvenes. En este sector, encontramos varios términos del español que guardan relación con la educación, así tenemos que los ordenadores Leo y la plaza de oñmática Nova^^. El resto de las marcas relacionadas con «la educación» siguen, a saber: El cantante romántico latino «Julio» Iglesias, al igual que el tenor Plácido «Domingo», despiertan un especial interés en los estudiantes taiwaneses del español, ya que les son muy llamativos que algunos meses, algunos días de la semana se convierten en nombres de personas famosas. Seguidamente ofrecemos la subclasificación que hemos realizado con las siguientes marcas que llevan términos españoles o extraídos del español, a saber: En suma, no es difícil descubrir que de entre las numerosas marcas extranjeras, sobresalen muchos términos hispanizantes, sobre todo en las marcas de coches. Por lo tanto, aprender español no solamente puede ampliar la visión, sino también nos ayuda a entender el signiñcado de las marcas de coches. (Por ejemplo: Trueno Sprinter de Toyota es la marca que combina español e inglés. Trueno en español es «el sonido de relámpago». Sprinter en inglés es «esprinter». Los hispanohablantes se familiarizan de esta forma con los vocablos españoles, pues son numerosas las marcas de coche que llevan nombres hispanizantes. Esto ayuda adicionalmente a mejorar el ambiente natural de aprendizaje a los estudiantes del idioma español. Aunque la cultura española se está popularizando por todo el mundo, pero se precisa de una mayor difusión de su lengua en el Lejano Oriente, ya que nos damos cuenta con los ejemplos de términos hispanizantes, que la cultura española tiene una gran aceptación potencial en Taiwàn. Creemos entonces que una de las formas más eficaz de promover la lengua es a través de la difusión cultural, cuando mejor se lo realiza mediante las actividades cotidianas, así se atrae natural y espontáneamente la atención de la gente, al mismo tiempo de conseguir el fin propagandístico. Cuando una marca en español o de connotaciones españolas logra satisfacer al consumidor local, seguramente va a crear un interés, y se produciría un efecto multiplicador positivo en su paulatina promoción entre las amistades y familiares. Tras el análisis de los ejemplos citados, podemos concluir que las marcas comerciales representan también la imagen de un país. En el caso de España, especialmente tras su exitosa modernización industrial e incorporación a la Unión Europea a partir del año 1986, ha logrado dejar en el pasado la negativa imagen de pobreza y retraso social. El estatus in-España y el español en Taiwan ternacional de España ocupa un alto sitial reflejando una imagen de gran prestigio, de manera que cada día hay más y más compañías, incluyendo las taiwanesas, que consideran importar o denominar a sus productos con términos hispanizantes. Finalmente, la lengua y la cultura hispánica no solamente han coadyuvado a una mayor presencia de productos hispánicos que representan de una u otra manera a España, sino que han conseguido al mismo tiempo, difundir la lengua y la cultura española a la sociedad taiwanesa. Según lo mencionado, no es dificil descubrir términos hispanizantes en los numerosos productos ofrecidos en el mercado de Taiwan. Un buen ambiente en sí facilita un buen aprendizaje, y mucha gente aprende el español sin darse de cuenta. Si podemos hacer que los consumidores se encariñan con los productos que llevan denominaciones hispanizantes, igualmente podríamos hacer que les gusten el español mediante tales productos, y así los consumidores se van aprendiendo el español con placer. Artículos de escritorio: AURORA Revistas: dedicadas a trajes para mujer: BELLA BLANCA y COCO Dentro de las marcas citadas, aunque no todas son igualmente conocidas por los consumindores, se podría promocionar su significado hispanizante. Esta tarea bien puede desempeñarla los profesores de español. ^° Dentro de las marcas de motocicleta solo encontramos a la marca «Vino» de YA-MAHA que guarda relación con el español. ^^ Cuidado en no confundir pajero con pájaro. El primero es la marca hispanizante de un coche de Mitsubishi, y el segundo no. ^^ Para mayor detalle acerca del ginseng, véase la siguiente direcci6n:«perso.wanadoo.es/elperic/E/eleuterococcus_senticosum/eleuterococcus_senticosum.htm». ^^ El significado español es «la nueva estrella».
Durante muchos años las enfermedades mentales han sido vetadas del análisis filosófico. Afortunadamente, las modas filosóficas y el interés académico hoy ha cambiado y reconocen la importancia de la enfermedad mental (como paradigma de la disrupción mental) para el estudio del funcionamiento normal de la mente. Por esta razón, cualquier teoría contemporánea en filosofía de la mente debe tener en consideración una imagen detallada de lo que significa la parcial o total disolución de la mente. En este escrito, revisamos el aparato conceptual básico usado hasta la fecha por los filósofos para analizar y comprender las psicopatologías. Palabras clave: filosofía psicopatológica, análisis de las ilusiones, percepción, racionalidad, intencionalidad, autoconocimiento. «...en realidad las mayores bendiciones provienen de la locura, de hecho la locura es un regalo del cielo» Platón, Fedro. La historia de la locura nos muestra la heterogénea naturaleza de una condición que ha atraído y asustado por igual. De pronto era concebida como gracia divina, inspiración de artistas, daimon filosófico que im- 194 pulsa a la sabiduría, como al mismo tiempo aflicción y sufìrimiento individual, castigo de Dios o desequilibrio conductual pernicioso para la sociedad. La locura, la patología mental o trastorno psíquico, es fi^'uto en muchos aspectos de una construcción social (la literatura, la pintura y contemporáneamente el cine, la prensa escrita y la TV. tienen mucho que justificar en esto) pero en nuestra opinión si que es una categoría de tipo natural y no un mito. No obstante, es evidente que durante diversos periodos históricos, la locura ha sido la excusa para el uso abusivo del poder institucional, muchas veces dominado por una episteme o discursos elaborados y motivados por causas inconfesables que han producido la borrosa imagen de los límites de la cordura (Véase, para un análisis detallado Lanceros 1996y Fernández Liria 2003). Enemigos del estado, rivales políticos, vagabundos, alcohólicos, idiotas, sifilíticos, hijos desheredados, prostitutas eran sospechosamente apartados acusados de dementes. Aún más, durante la cristiandad europea la lucha contra movimientos heréticos en el seno del catolicismo vio el uso indiscriminado de dictámenes de insania. Solo el incremento en el conocimiento científico de la mente/cerebro ha podido perfeccionar la atribución de signos y síntomas que a lo largo de los siglos se ha visto como estados clínico-infecciosos eran tratados como desordenes psíquicos y viceversa, severos trastornos como rasgos idiosincrásicos de personalidad. Pero no nos engañemos, la locura existe y es positivamente^ identificable. Aunque han jugado con ventaja quienes no han querido reconocerla. Las causas de este juego desigual engrosa una lista muy extensa para mencionarlas aquí, pero una no se nos ha de escapar: la elusiva naturaleza de la mente. Incluso hoy en día con el estado actual del arte en psiquiatría, neuropsicología, neuroimagen, psicofármacologia y geonómica, sigue generando batallas de expertos una definición de pongamos el caso conciencia, percepción, sensación y no digamos el tema de este escrito; la ilusión psicopatológica. Gracias o a pesar de este panorama, el análisis filosófico ha prestado recientemente una gran atención a los trastornos mentales. Principalmente hacia aquellos que por sus características e implicaciones tienen una mayor relación con los tópicos de estudio habituales en la arena y agenda filosófica. Las ilusiones psicopatológicas son de este tipo. Estas guardan una estrecha relación con la percepción de la realidad, racionalidad (debate constreñimiento procedimental/de contenido), intencionalidad o agencia, auto-conocimiento... áreas todas ellas que trataremos en las siguientes secciones. Nuestro plan va a ser reconocer el primer tratamiento explicito contemporáneo de los trastornos mentales por parte de Análisis filosófico de las ilusiones psicopatológicas un filosofo, que reconoce la importancia del análisis filosófico de los trastornos mentales para dar cuenta de la mente en su conjunto (aunque no directamente vinculado con las ilusiones si que marca un punto de inflexión y por ello lo mencionamos). Las ilusiones y su efecto en los fenómenos básicos de la mente antes mencionados (percepción, racionalidad etc.) serán nuestro siguiente tema de revisión. Por ultimo, presentaremos a la luz de los últimos avances en neurociencia, psiquiatría evolucionista y filosofía de la mente un estatuto epistemológico de la ilusión poco intuitivo que no solo ofrece una imagen continuista entre el estado normal y el estado patológico, sino que al estado patológico lo concibe como una adaptación. El primer caso de análisis filosófico 523) Daniel Dennett y el psicólogo N. Humphrey fueron los pioneros en el análisis filosófico de las psicopatológias. Ambos autores en 1989 presentaron un análisis de una patología concreta, la cual por aquel entonces se conocía como «desorden múltiple de personalidad» que actualmente conocemos por «desorden disociativo de identidad». En este articulo seminal que llevaba por titulo Speaking for ourselves: An assesment of multiple personality disorder ^ublicado en Raritan, Dennett despliega su teoría de la conciencia otorgando un papel esencial al centro de gravedad narrativa que se supone viene a ser el «yo», espacio de narración discursiva y apariencias estructuradas en juicios reportados lingüísticamente que dan pie a la heterofenomenologia de los demás; bajo el asesoramiento del no menos eminente psicólogo codescubridor del fenómeno de la «visón ciega» N. Humphrey. Aquí Dennett y Humphrey describen a una paciente de nombre Mary que presentaba una infancia traumática llena de abusos físicos y represiones. Tras un periplo clínico con diversos diagnósticos fallidos, Mary tuvo suerte de toparse con un psicoterapeuta que durante una de sus sesiones observo que su diario parecía estar escrito por más de una persona. Había una personalidad para la coquetería, Sally la coqueta, para la agresión con Hatey y la sumisa Peggy. Esta plétora de personalidades que se sucedían durante las sesiones de hipnosis (tratamiento elegido por el especialista tras descubrir en su diario la división de su personalidad) guardaba un ego aún mucho más desconcertante para el análisis de Dennett y Humphrey. Sandra, la personalidad más fuerte, recordaba haber sido violada por su padrastro. En realidad, Mary constru-yo esta personalidad con los recuerdos más vivos y duros de su infancia traumática, con la intención no-consciente de dejar un «espacio personal» libre y ausente de conflicto emocional a través del cual dar sentido a sus experiencias. El ejemplo utilizado para el análisis ñlosóñco casa de un modo directo con el modelo de la conciencia de Dennett etiquetado por él como «modelo de versiones múltiples», que en el caso de Mary esta afectado y no permite la integración coherente de los distintos atributos de la memoria y emociones en una experiencia consciente e integrada que no tiene porque concebirse en un sentido Cartesiano y teatral. Pero aunque pensemos en la selección del caso de Mary como el más recomendable para la teoría de Dennett no cabe duda que enfatiza un problema ñlosóñco de base: la naturaleza del yo. Si el modelo de Dennett es una concepción que rechaza la presencia de un locus cerebral que integre unitariamente la conciencia, apoyando más bien una competición neuronal distribuida por todo el cerebro que va tejiendo una especie de telar penelopiano con ayuda de las relaciones socio-culturales; es difícil no caer en la perplejidad: entonces qué se disgrega, qué se desintegra, qué se disocia en el modelo de espacio consciente personal de Mary. Nosotros no pretendemos abordar en este escrito proyectos metafísicos de gran calado como la concepción de sentido interno o ipseidad. Aqui nos remitiremos a una área de la psicopatologia, las ilusiones, mucho más modesta para el análisis filosófico que a continuación iremos presentando. Sin embargo, no hay que olvidar la importancia del sujeto, del yo, como anfitrión real o virtual de los contenidos mentales sean estos ilusiones o no, que Dennett y Humphrey en el primer caso de análisis filosófico de las psicopatologias reconocen. Para un estudio metafísico en profundidad sobre el «yo» aludimos a la obra ya mencionada de T. Metzinger. Por tanto mucho más en relación con las ilusiones y después de esta digresión histórica, vamos a centrar la atención en las ilusiones y sus efectos en fenómenos básicos de la mente tales como la percepción, racionalidad, intencionalidad o agencia y autoconocimiento^. Fenómenos mentales básicos alterados por las ilusiones La percepción es un fenómeno relacionado con las ilusiones y es el proceso de organización de la información estimular. Nosotros únicamente nos referiremos a la percepción visual y cuando proceda a la per-Análisis filosófico de las ilusiones psicopatológicas cepción acústica, aunque hay otra serie de modalidades perceptivas que también sucumben a las ilusiones ya sean ilusiones táctiles, gustativas o corporales propioceptivas. Las ilusiones visuales son quizás los casos paradigmáticos por antonomasia de la ilusión psicopatológica. La ilusión visual se define en óptica como la percepción errónea de un estimulo externo, cuyos mecanismos psicofísicos estudiados por la psicología apuntan a un nivel estimular bajo que no activa el umbral de recepción y por tanto no se percibe correctamente, falta de atención consciente o estados de animo alterados. La ilusión en este escrito, será equiparada con la noción de alucinación en psiquiatría, es decir, como la percepción sin estimulo externo que estimula el órgano sensitivo, experimentadas como reales y no imaginarias y provenientes del exterior. Asumiendo esta definición de ilusión, tenemos que la ilusión según las teorías de la percepción clásicas en filosofía (la teoría causal de la percepción) son o bien una distorsión endógena durante el acceso intencional al contenido mental de la representación consciente del mundo, o bien una perturbación exógena intrínseca a las propiedades físicas de la escena visual ilusoriamente percibida. La formulación de la teoría causal de la percepción dice: Un sujeto S percibe un objeto O si y solo si la percepción de S esta causada por la presencia de O. Entonces tenemos, que como distorsión endógena el sujeto no representa adecuadamente la realidad, porque su acceso consciente al contenido de sus representaciones son engañosos. Dicho de otro modo, cree estar teniendo una experiencia visual cuando en realidad no es así. En la perturbación exógena en lugar del sujeto los responsables de la ilusión son las condiciones físicas de la escena visual, los objetos y su comportamiento fotoico debido a su composición material. Un ejemplo bien conocido es el palo sumergido en agua y su reflejo torcido. La primera clase de ilusión, la endógena, es la que más nos interesa. En primer lugar, porque se equipara a la noción de alucinación en psiquiatría como hemos comentado y en segundo lugar porque a diferencia de la perturbación exógena esta no es en la mayoría de los casos corregible. Mientras que en la perturbación exógena el sujeto gracias a los principios físicos invariables que le permiten interpretar la realidad y dar coherencia a la ontologia del mundo le aseguran que el palo es recto en lugar de torcido, aunque lo veamos torcido durante su introducción en el agua; las ilusiones de origen endógeno no solo son consideradas reales sino impenetrables o mejor dicho sin la capacidad de ser revisadas. El argumento de la incorregibilidad fue por primera vez expuesto por R. Rorty (1970). Actualmente, la posibilidad de penetrar la actividad cog-nitiva o mejor dicho de acceder a ella de un modo intencional siendo incluso el individuo capaz de subvertir una operación cognitiva, es el centro de atención de varios filósofos (Campbell 2004; Rowlands 2004) Su importancia es vital para la neurociencia cognitiva y los debates sobre la arquitectura modular del cerebro (Véase, para un enfoque filosófico Fodor 1983) y también para (directamente conectado con nuestro propósito) conocer el grado de autonomía personal y subpersonal, autoconocimiento y nivel introspectivo de las personas. Con respecto a las ilusiones de origen endógeno, estas principalmente se producen por la imprecisa representación de las experiencias privadas. Pero la cuestión es ¿qué impide, a tenor de la teoría causal de la percepción como modelo de percepción, establecer los vínculos causales entre la presencia de un objeto y su representación consciente?. ¿Es posible que el acceso intencional o cognitivo afecten a los contenidos conscientes alterando sus propiedades? Susan Hurley (1998) diferencia varios tipos de autoconciencia. La reflexividad, la primera de ellas, es la capacidad para que los contenidos conscientes se reflejen a si mismos. La segunda, la autoevidencia, permite que un sujeto acceda cognitivamente a los contenidos conscientes. De acuerdo con Hurley, la reflexividad no es suficiente para la autoconciencia. El problema como estamos viendo, es que la autoevidencia para el caso de los conr tenidos o propiedades de nuestras objetos reprsentacionales no es inmune a la falibilidad o lo que es lo mismo a la incorregibilidad en el sentido rortyano. 158) un sujeto es posible que sea consciente de p y se forme una creencia de que es consciente de p, cuando en realidad no es así. Hurley continua diciendo «una creencia acerca de una experiencia visual no entraña que tu tengas esa experiencia. Contrariamente, la ausencia de una experiencia visual no entraña la ausencia de una creei> cia de tener una experiencia visual» ( Hurley O. c,p. La anosognosia es un ejemplo de todo esto y que Hurley también menciona. La anosognosia es la negación de estar padeciendo una enfermedad o déficit. Para el caso de la visión, se conoce como el síndrome de Antón y los pacientes que no pueden ver afirman estar viendo. Pero el hecho de estar en posesión de un estado mental cuyo contenido esta falsamente representado no es el mayor de los problemas a la hora de entender la posibilidad de las ilusiones en el sentido en el que las hemos descrito. La falta de incorregibilidad que Hurley sostiene hacia una de las formas de autoconciencia es cierta, pero para el caso de nuestra fenomenològica o lo que sentimos que es una percepción, parece ser inmune a la corrección. Metzinger (O. c, p 587) arguye que la incorregibilidad rortyana para el momento fenomenològico que estamos viviendo ahora, es cierta. Ningún neurocientífico nos pude mostrar que sea falso que el con-Análisis filosófico de las ilusiones psicopatológicas tenido de nuestros estados fenoménicos es tal y como los estamos sintiendo y que además sabemos que los estamos sintiendo. El problema que hemos ido destapando, ahora se nos duplica. La üusión que sufre un enfermo menr tal (individuo delirante) es porque su contenido u objeto representado es inexistente o porque su experiencia cuahtativa de estar en posesión de un con tenido mental, es incorrecta. O compMcándolo aun más, puede ser que el objeto de la representación siguiendo las pautas de la teoría de la percepción causal, sea ilusorio; al mismo tiempo que el estado fenomenològico o el ser de estar sintiendo esa representación ilusoria sea del mismo modo ilusorio?. Por no mencionar que hay sujetos que sufren lo que se denomina intermetamorfosis inversa, la creencia de que ha habido un cambio físico o psicológico en uno mismo. Donde se puede dar el caso de no ya tener una representación consciente ilusoria o un estado fenomenologico falso sino también que yo no este sintiendo mis propias representaciones ilusorias o estados fenomenoló gicos falsos, sino los de otro. Y si esto no es lo suñcientemente complejo, para lo que nos toca con las ilusiones visuales, recientes hallazgos en neurofisiologia señalan el hecho de la equivalencia funcional entre la percepción y la imaginación. Es decir, los mismos circuitos neuronales que se activan dur rante la percepción de un objeto son los mismos que se activan cuando imaginamos el objeto. La estimulación interna durante la imaginación es la misma que durante la percepción de un estimulo externo (Kossl5ni 1994). Entonces resulta que no hay nada que te diferencie a ti (si es que eres normal) de un paciente aquejado de ilusiones visuales. La percepción normal, la imaginación y la ilusión se superponen en lo que respecta a sus propiedades características y resulta difícü distinguirlas. Las salidas a esta serie de puzzles filosóficos sobre la posibilidad de la ilusión en nuestras representaciones de la realidad pasan por el punto medio entre los informes verbales de los individuos delirantes y la investigación empírica del cerebro o lo que es lo mismo, el programa de investigación conocido como neurofenemenologia iniciado por el fallecido F. Varela. Este programa se hace eco de un externalismo semántico, una cognición situada o encarnada que diluiría los estados internos en el ambiente desdibujando las fronteras de nuestros vehículos de representación más allá de nuestra «piel» y «cabeza». Si la razón es la capacidad para el pensamiento lógico y ordenado, la racionalidad es la razón entendida desde un punto de vista socio-cultural 199 Aníbal Monasterio Astobiza 200 e individual. El caso es, que aquellos individuos que sufran estados delirantes (ilusorios) muestran una razón ilógica, o por lo menos eso dice la creencia popular. La manía persecutoria o ilusión paranoica es un ejemplo de irracionalidad. Estos individuos llegan a un punto en el cual cualquier tipo de señal, gesto o acción de una persona es interpretada como indicativo de estar siendo objeto de la intención malévola de los demás. Los marcos conceptuales básicos con los que los filósofos han entendido y entienden la racionalidad y se sirven de ellos para explicar la irracionalidad en su forma ilusoria son: el modelo de racionalidad procedimental y el modelo de la racionalidad por contenido (Gold y Hohwy 2000). El primero de ellos, el modelo procedimental, desde Hume se entiende como aquellas reglas o pasos que aplicados sobre la información pertinente de un modo genuino nos llevan hasta cierta conclusión indefectiblemente. Este modelo llega a formar ciertos axiomas. Si dos sujetos partiendo de la misma información aplican dichas reglas, llegarán a la misma conclusión. El modelo procedimental de la racionalidad es por tanto universal. Y consiste en la aplicación procedimental y correcta de las reglas, no importa el contenido. De ahí la famosa frase de Hume: «no es contradictorio para la razón preferir la destrucción del mundo entero para arrascarme el dedo» (Gold y Hohwy 2000 p. Porque para el análisis de la razón según el modelo procedimental, no es relevante el contenido de nuestros pensamientos. En cambio, es esencial para el modelo de la racionalidad por contenido, el contenido concreto de nuestros pensamientos. Para este modelo los deseos o creencias son tanto racionales o irracionales en si mismos independientemente del mecanismo instrumental que se aplique para satisfacerlos. Si yo deseo que mi gato hable, esté es un deseo y por tanto un contenido irracional. Los defensores de este último modelo entienden que por mucho aplicar reglas procedimentales la razón no es más razón, el contenido es importante. Ahora bien, qué falla en dichos modelos en la ilusión visual o acústica. Desde una explicación que parta del modelo procedimental, para el caso de una ilusión visual, el «procedimiento» no puede verse como un elemento deliberativo o reflexivo propio de las habilidades cognitivas del sujeto que no es aplicado correctamente o por lo menos si entendemos la visión en su variante simple por oposición a visón epistémica^. Para el caso de una ilusión acústica el mismo problema sobresale. Situándonos en los parámetros de la explicación del modelo de racionalidad por contenido, la ilusión visual se explicaría si todas las ilusiones visuales que un individuo sufriera tuvieran el mismo objeto visual. La ilusión se produciría porque habría una desviación desde la representación heterogénea de mundo ha-Análisis filosófico de las ilusiones psicopatológicas 201 cia la única representación de la ilusión. Pero este no es el caso. Se sabe que sujetos con ilusiones visuales creen ver tanto quimeras, dragones, bichos, extraterrestres... todo en un mismo individuo y durante el periodo más acusado de su episodio delirante. Todo esto parece indicar que ambos modelos tienen grandes limitaciones a la hora de ofrecer una explicación de la irracionalidad ilusoria, por mucho que puedan servir para explicar la racionalidad óptima. Una vía alternativa de explicación de la emergencia de la ilusión puede ser el fallo discreto de ciertos estados físicos a nivel subpersonal (estructuras y mecanismos cerebrales). Ante esto, el nivel personal (criterios normativos de determinación de los estados mentales) quizás no tengan nada que decir. Para explicarlo mejor, más arriba hemos visto como para el caso de la percepción, la autoevidencia como acceso cognitivo a los estaos conscientes, es una fuente de origen de la ilusión. Si yo me formo una creencia acerca de un estado visual inexistente, la ilusión esta presente. Pero esto es propio del nivel personal relacionado con criterios normativos, el modo en el que un individuo conceptualiza sus experiencias. Pero si pensamos que la ilusión emerge del nivel subpersonal, el individuo y su aparato conceptual no tienen acceso a este nivel. Por mucho que yo quiera no puedo subvertir los procesos metabólicos que constantemente se llevan acabo en el interior de mi cuerpo. No puedo impedir que se den disparos neuronales en la corteza asociativa cada vez que veo una forma, aunque puela cambiar su apariencia a través de mi acceso intencional siempre y lando sea a un nivel personal; porque los disparos neuronales son proís del nivel subpersonal. Así tenemos que las ilusiones no se ajustan a explicación procedimental ni de contenido. Las ilusiones de la racioiad se explican en términos de fallos o errores sistémicos. Errores o sistémicos en el espacio de monitorización tanto procedimental ie contenido. De esta forma se explica porque las ilusiones de ralad puedan afectar a los procedimientos de juicio y al contenido de IOS. líos sistémicos pueden analizarse a un nivel personal a partir ueorías atribucionales o estilos atribucionales. Las teorías atribucionales o estilos atribucionales son modos de explicación que las personas construyen para entender la realidad en función de sus historias personales y disposiciones biológicas que les llevan a dar prioridad a ciertas hipótesis o creencias frente a otras, evaluar ciertos datos a la luz de las creencias poseídas y descartar otros. Este proceso de generación de creencias y evaluación de creencias es la solución que los filósofos han dado a las ilusiones de racionalidad (Véase, Gerrans 2000). Por intencionalidad no entendemos el sentido técnico usado en filosofía de la mente para aludir a la direccionalidad referencial (dirigirse hacia algo) de los estados mentales, o como Brentano (1874)^ dijera, la característica y marca de lo mental por oposición a lo físico. Por intencionalidad nos referimos a las propiedades de las acciones que son realizadas hacia la consecución de un propósito o en otras palabras a la capacidad de actuar. Aunque el termino intencionalidad tiene un sentido técnico y otro ordinario como por ejemplo es este ultimo, a su vez este ultimo se ha convertido en técnico y hoy los filósofos de la acción han desarrollado todo un arsenal de distinciones conceptuales entre ellas la intencionalidad, pero también la agencia en general, propiedad y fenomenología motor, que a continuación vamos a revisar desde el punto de vista de su alteración en la ilusión. Una acción se describe como el resultado de varios procesos: intención, planificación, preparación y ejecución, y según la teoría causal de la acción, una acción se distingue de un mero suceso por sus antecedentes (Davidson 1963). Si yo deseo levantar el brazo y lo levanto se dice que es una acción porque ha sido dirigido hacia un propósito voluntarista: mi intención de levantar el brazo. Pero si tu me agarras del brazo y me lo levantas no es una acción, es un hecho o un mero suceso no intencional. A su vez la teoría causal clásica ejemplificada por Davidson, recogía las características esenciales que todo concepto de intención debe tener y que se exponían en Anscombe (1957): acción intencional, intención durante la acción y expresión de la intención en el futuro. Es decir, el concepto de intención (estado mental) debe explicar la acción deliberada o intencional frente a un mero suceso, explicar cómo las razones (intenciones) dan lugar a la acción ejecutada y explicar futuras acciones. No obstante, había en la teoría causal de la acción clásica, una serie de vacíos que Searle (1983) cubrió. La teoría causal de la acción no explicaba porque hay algunas acciones de las cuales no tenemos una intención consciente, no explicaba el hecho de que hay algunas acciones donde no hay intención (derivación causal) y tampoco explicaba la diferencia fenomenològica entre acciones y otros movimientos corporales. La primera limitación se resuelve en los debates en torno a la intención, aludiendo a procesos noconscientes que actualmente juegan un papel muy relevante en actividades como el procesamiento de la información, emoción, autorregulación y acción que se pensaba requerían de intenciones conscientes y ahora sabemos que no es así (Uleman 2005). La segunda, se pone de manifiesto Análisis filosófico de las ilusiones psicopatológicas en escenarios filosóficos que muestran como acciones paralelas que llevan al mismo resultado no son intencionales en sentido estricto. Por ejemplo el caso del sobrino que quiere matar a su tío para heredar la herencia (Searle O. c,p. Un buen día este sobrino esta en su coche y durante su trayecto de vuelta a casa con la intención de matar a su tío atropella a un viandante que resulta ser su tío. Para Searle este escenario no es un asesinato intencional, porque aunque el atropello haya conducido al mismo resultado, matar a su tío, el atropello no tenía la intención de causar esa acción que trajo el resultado deseado. La última limitación de la teoría causal de la acción, que Searle refina, es la distinción entre acciones y otro tipo de movimientos a nivel fenomenològico. Searle salva este obstáculo apelando a la intención previa y la intención durante la acción. El primer tipo de intención puede o no causar una acción. Mientras que toda acción necesita una intención (consciente o noconsciente) no toda intención tiene porque ir seguida de una acción. No obstante el modelo mejorado de Searle no cubre acciones no-intencionales donde pueden entran las ilusiones de la agencia (Pernor 2003). 220 y ss) ofirece para dar cuenta de este tipo de acciones su modelo de rutas duales o paralelas en el control de la acción no-intencional, como por ejemplo en el caso de las acciones automáticas, fallos normales del control... Pero nosotros repararemos en aquellas acciones que son no-intencionales y patológicas (ilusiones de la agencia) y que el modelo de Pernor no explica tampoco. Como corolario final, actualmente en las discusiones filosóficas para que una acción sea intencional, dicha intención debe incluir cinco componentes: que el agente tenga un deseo por algo, una creencia de que una determinada acción le levará a conseguir ese algo, la habilidad para realizar la acción y la conciencia de que la intención conseguirá ese algo ( Malle y Knobe 1997; Malle 2004 p. Para los casos de disfunción en la intencionalidad o agencia (ilusión intencional), la esquizofrenia es la condición patológica que mayor atractivo tiene para los filósofos de la psiquiatría o filósofos psicopatológicos^. Para entender la intencionalidad y su ilusión, la esquizofrenia^ es el mejor paradigma. Obviando los aspectos neurobiologicos, y asumiendo que el lector tiene el conocimiento nosológico y de los criterios de diagnostico de la enfermedad^; con relación a la conducta los filósofos han echado mano del marco elaborado por el neurocientífico Chris Frith (1992) para entender por qué los esquizofrénicos muestran una conducta no-intencional. El modelo de Frith se basa en diferenciar entre acciones que son motivados por la voluntad del individuo y las acciones que son causadas Aníbal Monasterio Astobiza 204 por elementos físicos del entorno. Usando un ejemplo suyo una acción motivada por la voluntad es el intento de una persona de aprender francés. Como esta persona desea aprender francés hará aquello que le conduzca al objetivo. En cambio, si yo estoy en un restaurante y leo la carta y dado que en la carta hay Mouse de salmón ahumado y decido tomar Mouse de salmón ahumado, esta acción esta causada por elementos del entorno (carta). Habiendo presentado estas dos clases de acciones. Frith propone un sistema de monitorización cognitiva que nos permite mantener y evaluar la información de cualesquiera de estas acciones. El caso es que los esquizofrénicos tienen funcionalmente «roto» este sistema de monitorización cognitiva, lo que les impide diferenciar entre la información de una y otra respectivamente. Así, cuando un esquizofrénico decide voluntariamente realizar una acción, pierde la información en ruta canalizada para la acción voluntaria y durante la realización de la acción hay un «impasse» que le hace pensar que la acción no estaba motivada por su propia voluntad sino por elementos del entorno. De nuevo usando uno de los ejemplos de Frith, si tenemos a un esquizofrénico hablando con un interlocutor mientras toman el café, el esquizofrénico mirará a su interlocutor para preguntarle algo pero inmediatamente «olvidará» por qué le estaba mirando especulando que quizás le esta mirando porque su interlocutor le había llamado por su nombre. Pero las ilusiones de la intencionalidad o la agencia no se limitan a los delirios de referencia interna o externa a nivel de control de la acción, enfatizados por el modelo de Frith; también hay ilusiones de conciencia o de propiedad de la acción que son interesantes por su significado filosófico. Para profundizar en las ilusiones de conciencia o de propiedad de la acción, es decir, tener noticia consciente del movimiento iniciado por uno mismo, hay que diferenciar entre propiedad y percatación. La «percatación» es la capacidad que nos posibilita saber si la acción que realizo esta volitivamente iniciada por mí. Se sabe que hay ciertas condiciones patológicas o síndromes como por ejemplo el conocido como síndrome de dependencia ambiental (Lhermitte 1986) que imposibilita al individuo distinguir conscientemente si una acción es iniciada por él o es parte del entorno. Es como si el «yo» del sujeto se diluyera entre los diversos movimientos que podemos estar observando en una escena visual como por ejemplo el movimiento de las ramas de un árbol, el movimiento de los coches, el movimiento del resto de personas... La «propiedad» es la capacidad que nos permite decirnos a nosotros mismos si uno es el autor de la acción por medio de la conciencia de la misma. El «síndrome de la mano anárquica» es un ejemplo de déficit de propiedad (conciencia). Individuos que padecen este síndrome se atan la camisa con una mano mientras con la otra la están desabrochando (Marcel 2003). La intencionalidad de las acciones en esta serie de casos ilusorios de acuerdo con el sentido de ilusión usado en este escrito, como vemos está cuando menos afectada. Una de las vías tentativas de solución o por lo menos de conocimiento más profundo de la problemática de la intencionalidad y sus diversos tipos de ilusiones en filosofía, estriba en estar atento a los grandes avances en neurociencia motor. Enfoques basados en la ingeniería y teoría de control han servido para explicar los trastornos de la intencionalidad. Entre los más significativos se encuentran el modelo interno de predicción motor de Wolpert (1997). Aunque en un principio hayamos dicho que por autoconomciento no nos referiremos a la empresa metafísica de la búsqueda del yo, si que hay que tomar ciertos hallazgos de este programa de investigación para dar con lo que entendemos por autoconocimiento: disponibilidad del contenido mental, sus criterios determinantes y normativos, satisfacción y ñabi-Hdad. En primer lugar, del programa de investigación metafísico acerca de la naturaleza del yo, obtenemos que hay que dejar bien claro que toda apelación a un contenido cualitativo de nuestras experiencias o qualia como los filósofos gustan en decir es un sinsentido. No solo porque no hay una definición operativa valida de qualia que todo el mundo utilice, sino porque su mera observación o disponibilidad de contenido es imposible porque son inexistentes (Metzinger O.c. p. Por introspección Metzinger nos habla de cuatro sentidos distintos, todos ellos con mayor o menor presencia en la tradición filosófica y literatura actual. Uno de ellos, la introspección como referencia cognitiva conscientemente experienciada, sino se hace un cuidadoso análisis se puede confundir con la auto-referencia cognitiva conscientemente experienciada. Por otra parte atendiendo a la experiencia fenoménica o qualia, nos recuerda Metzinger (O.c, p. 69) que la literatura filosófica ha pasado por alto, un hecho empírico, que el ser humano no dispone de un criterio de identidad introspectiva en términos de la segunda noción de introspección^ que refiera cognitivamente a los elementos simples de nuestro modelo interno del mundo. En otras palabras Metzinger niega el yo y su contenido fenomé-Aníbal Monasterio Astobiza 206 nico, pero existe una cierta incongruencia. Esta presunta incapacidad en la autoascripcion para determinar el contenido cualitativo de nuestras percepciones corre paralelo o parece similar a una de las variedades de autoconciencia que más arriba hemos mencionado: la autoevidencia. Pero el caso es que para Hurley no tiene porque ser la autoevidencia incorregible y algunas de sus consecuencias son las distintas ilusiones sobre el contenido visual que hemos comentado. En cambio, si entendemos que la autoevidencia de Hurley es equivalente a la autoascripcion de propiedades psicológicas de Metzinger que él mismo considera incorregibles como también hemos visto; entonces cómo es posible que sea la autoascripcion incorregible si no hay qualia ni yo que tenga experiencias. Tenemos que independientemente del método de disponibilidad o accesibilidad (introspección) ambos autores hacen referencia a dos niveles de autoconocimiento inter dependientes pero autónomos. Para conceptualizarlos mejor nosotros llamaremos al primer nivel etiquetado por Hurley como auto evidencia (acceso cognitivo del sujeto al contenido de los estados concientes) inmersión representativa y al segundo nivel equivalente a la autoascripcion de propiedades psicológicas del modelo de yo fenomenològico de Metzinger, inmersión fenomenològica. En la inmersión representativa o en términos hurleyanos autoevidencia es posible la alteración del contenido de nuestros estados porque hay mediación cognitiva que distorsiona o permite un acceso transparente al contenido. En la inmersión fenomenològica o en términos de Metzinger autoascripcion de propiedades uno esta en un estado o momento insustituible independiente de que haya acceso cognitivo o no. Aunque no sabemos cómo sale Metzinger de la incongruencia que hemos detectado si apelando a su modelo de fenomenològico del yo, no cabe duda que aun negando el yo o los qualia todo autoconocimiento tiene dos niveles conectados lo que nosotros llamamos inmersión representativa e inmersión fenomenològica. La ilusión en el autoconocimiento no escapa a ninguno de estos niveles. Hurley nos ha mostrado como a nivel de inmersión representativa es posible la ilusión. Pero en contra de lo que parece sugerir Metzinger, a nivel de inmersión fenomenològica también es posible la ilusión. De lo que ya no estamos seguros, dado el poder cautivador de los argumentos de Metzinger en algunos aspectos, es de la existencia de los qualia o del yo; lo que hace no solo más difícil de comprender por qué Metzinger en otros aspectos asegura la incorregibilidad de lo que nosotros llamamos inmersión fenomenològica, sino también la posibilidad misma de que haya ilusiones en el sentido usado en este escrito desviadas de una percepción, racionalidad, intencionalidad y autoconoci-Análisis filosófico de las ilusiones psicopatológicas miento normal. Porque si no existe el yo ni los qualia, entonces quién delira. Ante las perturbaciones e ilusiones en el autoconocimiento, los filósofos aun siguen dirimiendo los procesos que se ven afectados, qué enfoque tomar (primera persona o tercera persona) e incluso si en realidad hay dicho autoconocimiento en tanto y cuanto algunos piensan que el yo no es ninguna categoría de tipo natural. No hace falta abrazar una doctrina metafísica que niegue la existencia del yo (Metzinger O. c; Berrios y Marková 2003) para endosar ciertas dudas sobre la propia existencia de la ilusión o por lo menos su sentido epistemológico negativo, a pesar de las alteraciones que como hemos visto las ilusiones producen en la mente. Es decir, que no tenemos que defender una posición humeana con respecto al yo, para en su derivación lógica atenuar que la ilusión sea una disrupción de las capacidades cognitivas del sujeto^^. Sin meternos en aguas enfangadas a cerca de la existencia del yo (porque aún pensando que los argumentos de los defensores de esta postura sean cautivadores, estos tienen que mostrarnos entonces por qué tenemos la intuición de sentido común de un sujeto para pensamientos, emociones, deseos...) se puede defender la idea de la ilusión como una adaptación en lugar de un estado patológico. El modelo paradigmático que nos ha estado moviendo en la introducción a la mayoría de las ilusiones que pueden darse en fenómenos mentales básicos como la percepción, racionalidad, intencionalidad y el autoconocimiento, a la par de las diversas concepetualizaciones filosóficas que para entenderlas se han elaborado (que no es otro que el trastorno mental de la esquizofrenia) nos sirve de igual modo como ejemplo para comprender la naturaleza adaptativa de las ilusiones y patologías en general. En primer lugar, la patología (ilusión para el propósito de este escrito) es una función adaptativa biológica. No es una condición antitética a un estado de bienestar físico/mental y social, es una continuación, es la respuesta orgánica ante situaciones percibidas como peligrosas para el sujeto. Brendan Maher las define como creencias falsas que emergen como respuestas racionales ante experiencias inusuales. Volviendo al modelo de la esquizofrenia como fuente de las más desconcertantes ilusiones, el enfoque de la patología como adaptación cobra toda su virtualidad y credibilidad. Porque la esquizofrenia, el más severo de los trastornos psiquiátricos con un ratio de pre-Aníbal Monasterio Astobiza 208 valencia poblacional de 1 a 100 que afecta por igual a hombres y mujeres que se manifiesta en la ultima etapa de la adolescencia o el inicio de la edad adulta y que no se encuentran diferencias epidemiológicas en su incidencia cultural afectando a culturas preliterarias, literarias, agrícolas e industriales; nos conduce a un problema que se denomina la paradoja darwiniana en honor a C. Darwin. Si un rasgo reduce las posibilidades de éxito reproductivo y supervivencia de un individuo, es difícil ver como este mismo rasgo puede mantenerse en el acervo genético, esta es la paradoja darwiniana. La esquizofrenia sin lugar a dudas reduce las posibilidades de supervivencia. La pregunta ahora es por qué sigue habiendo esquizofrenia (para el propósito de este escrito ilusiones). A un nivel social las hipótesis para la permanencia son la posibilidad de un pensamiento mucho más analógico, transversal y creativo. Los individuos que sufren de ilusiones tienen una mayor habilidad para conectar semánticamente eventos a primera vista no interrelacionados. Esto a su vez les reporta un cierto carisma que se traduce en prestigio social sobre todo en aquellos ámbitos de la vida donde se requiere este tipo de pensamiento (ciencia, arte, política) lo que nos puede dar una idea de su persistencia. A nivel inmunologico se sabe que los individuos que sufren esquizofrenia tienen una mayor inmunocompetencia, es decir la capacidad para hacer frente a bacterias y parásitos. Pero lo más sorprendente es la relación entre la esquizofrenia, lateralidad hemisférica y lenguaje, relación avanzada por la hipótesis del psiquiatra oxoniense T. Crow. De entre la complejidad de sus argumentos se puede extraer que el lenguaje humano ha madurado y cristalizado gracias a una mutación genética que ha permitido la lateralización de esta función en el cerebro, pero que el precio por esta grandiosa habilidad que es el lenguaje es la esquizofrenia. En otras palabras, que debido a que existe la esquizofrenia tenemos lenguaje. Pero el giro epistemológico, un giro de 180°, que pasa por ver la ilusión como una adaptación y no como un desorden no acaba aquí. La psiquiatría evolucionista además de mostrarnos la naturaleza adaptativa de las ilusiones nos dice que es posible encontrar trastornos mentales en otros animales, lo que supone para la filosofía de la mente consolidar aún más la idea de no concebir cada una de las facultades mentales humanas como exclusivas y únicas del ser humano, incluso para el caso de su funcionamiento anormal. Y mucho más, para una mejora en el tratamiento clínico pero quizás más importante, para desterrar la imagen negativa y estigmatizante del enfermo mental o individuo delirante; debemos pensar como ya hemos dicho anteriormente que no hay diferencia significativa entre la percepción normal, la imaginación y la ilusión. Tal y como Análisis filosófico de las ilusiones psicopatológicas dice Metzinger (O. c,p. 51) nuestra experiencia fenoménica cuando estamos conscientes y despiertos no es más que una alucinación en-línea. Y sobre lo dicho, una revisión no constructiva sino descriptiva dado la escasa tradición en filosofía psicopatológica en España (exceptuando López-Ibor 1993), cerramos el círculo en el mismo punto donde empezamos: «En realidad las mayores bendiciones provienen de la locura, de hecho la locura es un regalo del cielo» Platón, Fedro Notas ^ Positivo es usado en su sentido etimológico de referencia a lo «dado» o «hecho físico». En este caso, el correlato anatómico neuronal. ^ Autoconocimiento no como búsqueda de un «yo» que como hemos dicho lo dejamos para empresas metafísicas mas relevantes que Metzinger y otros (Gallagher 2000) actualmente pergeñan. Autoconocimiento, como un modo de saber de la disponibilidad del contenido mental, sus criterios determinantes y normativos, satisfacción y fiabilidad. ^ Una distinción entre inmersión representativa e inmersión fenomenològica que más adelante en el escrito definiremos. 174) define la visón epistémica como aquella visión que crea contextos opacos y que se establece sobre la base de relaciones epistémicas entre el perceptor y las proposiciones. Por el contrario la visón simple la define como aquella visión que crea contextos trasparentes y se establece por relación directa entre los perceptores y los objetos. ^ Es en su obra Psicología Desde un Punto de Vista Empírico donde réévalua la concepción medieval de «esse intentionale» (objetos de la mente), Brentano formula la noción moderna de intencionalidad que mas tarde hará suya la escuela fenomenològica. ^ Aunque no hay que olvidar que los síndromes del espectro Autistico entre los que se encuentra el propio autismo, síndrome de Asperger, síndrome de Rett y Déficit de Atención Hiperactivo, también son estudiados filosóficamente por las dificultades que muestran las personas que lo sufren en relación a la intencionalidad, teoría de la mente y en definitiva el buen funcionamiento social.' ^ No deben olvidar los lectores que en un sentido laxo y no ampliamente delimitado pero identificable cada vez que hablemos de esquizofrenia a lo largo del texto, se hace mención a uno de sus síntomas: las ilusiones. Las cuales son interpretadas en su sentido alucinatório y no óptico y como estas a su vez afectan la mente objeto de estudio de la filosofía. Es decir esquizofrenia e ilusión se usara intercambiablemente. ^ Si no es el caso, para entender las bases neurobiológicas de la esquizofrenia véase, Albert et al. 2002. Para un buen conocimiento nosológico y de los criterios validos de diagnostico Fauman 2003. ^ Haciendo honor al legado kantiano Metzinger realiza un análisis trascendental de nuestra mente y diferencia como hemos comentado, cuatro nociones de introspección: 1) atención externa 2) referencia cognitiva conscientemente experienciada 3) percepción interna 4) auto-referencia conscientemente experienciada. ^° Porque si pensáramos que no hay un «yo» como bien hemos expuesto en la sección anterior, entonces cómo se puede estar delirando o mejor dicho quién delira. Aníbal Monasterio Astobiza Aníbal Monasterio Astobiza
Esta investigación ha sido motivada con la intención de analizar las ejecuciones morfológicas en dos grupos de niños procedentes de dos ambientes sociales y educativos diferentes. Concretamente, un grupo de niños-as procede de un ambiente socioeducativa de clase media (n=33X y otro grupo con desventaja medioambiental, de un ambiente social de clase baja (n=34), estando sus edades comprendidas entre 7 años y 6 meses, y 9 años. Los niñosas respondieron a un conjunto de subpruebas morfológicas, unas inventadas y otras reales: las primeras estaban destinadas a medir la capacidad para aplicar reglas morfológicas inventadas sin carga léxicosemántica específica, no estando mediatizadas por aprendizajes anteriores; mientras que las segundas presentaban contenido léxico semántico específico y recogían los efectos de la experiencia socioeducativa y de los aprendizajes previos. Los resultados indican que los alumnos con desventaja sociocultural no mostraban significatividad intergrupal en las primeras tareas, mientras que la situación variaba en la segundas. Se discute la mayor dependencia socioambiental de algunas medidas morfológicas frente a otras. Una de las cuestiones que siempre ha llamado la atención es el rápido desarrollo del lenguaje en los niños, ya que ocurre en todas las sociedades alfabetizadas o no y en todos los idiomas independientemente del 214 modo en el que éstos han sido educados, siendo uno de los factores más importantes que contribuyen al desarrollo total de la persona. Atendiendo a las explicaciones de la psicolinguistica actual, hay que señalar que estos logros dependen tanto de mecanismos específicos, como de zonas cerebrales especializadas, quedando clara la pregunta qué aprenden los niños, y debatida la cuestión de cómo representamos mentalmente el lenguaje y cómo aprendemos. Así, las concepciones que asumen una visión modular del sistema de procesamiento humano preconizan el caracter autónomo del análisis gramatical respecto a otros dominios lingüísticos, mientras que las que adoptan un punto de vista interactivo justifican la importancia de la información semántica y gramatical para construir el significado de los mensajes. Por su parte, la visión lingüística generativa asume la competencia gramatical como una capacidad innata del individuo, mientras que los enfoques sociales defienden el aprendizaje social del lenguaje, y la modificabilidad de la conducta verbal en función de los mismos. Así pues, el debate se plantea en cuanto a dos cuestiones: la primera atañe a la consideración del funcionamiento del lenguaje, bien encapsulado, o bien como una habilidad más entre otras, sujeta a procesamiento de tipo general; en otras palabras, el niño que está adquiriendo una lengua ¿interioriza un conjunto de principios cognitivos abstractos y aplica unas reglas, o aprende la lengua sin recurrir a la aplicación de reglas o paradigmas a partir de asociaciones establecidas con experiencias pasadas?; la segunda nos lleva, a su vez, hacia otro interrogante: ¿cuáles son las habilidades iniciales o predisposiciones de la especie humana para el lenguaje y cuáles son las atribuibles a los aprendizajes ambientales? Por tanto, dar una respuesta a lo planteado «implicará la comprensión no sólo de la complejidad de los sistemas lingüísticos, sino también de la dotación biológica exclusiva del niño, así como la comprensión de las características cognitivas y sociales que éstos aportan a la tarea» (Gleason y Ratner, 2001: 423). Para revisar estas cuestiones, nos centraremos en el estudio del componente morfológico o dimensión que recoge cómo se construyen las palabras, posibilitando modificar significados mediante reglas gramaticales muy diversas. Serra, Serrât, Sole, Bel y Aparici, (2000) indican que la gramaticalización se produce siguiendo tanto el eje lexical (por ejemplo, en los derivativos), como el sintáctico (por ejemplo, la concordancia para manifestar agrupación y dependencia;), lo que significa que no sólo es el léxico el que dirige la atención hacia los significados, sino que es el marco sintáctico y los patrones de uso gramatical, en los Habilidades morfológicas y experiencia socioeducativa 215 que se insertan las palabras (nombres, verbos, adjetivos, etc.), los que conducen hacia suposiciones sobre significados. En consecuencia, el uso de pistas sintácticas facilita una mayor adecuación de significado (Fisher, Gleitman y Gleitman, 1991) pero, a su vez, los niños usan el conocimiento inicial que poseeen de los significados léxicos para avanzar hacia el conocimiento de la estructura gramatical (Pinker, 1989). Asimismo, las palabras disponen de una serie de entradas denominadas morfemas que facilitan acceder a las mismas y que actúan como nexos de unión entre los elementos de la oración, siendo libres lo que adquieren sentido por sí mismos y ligados en caso contrario. Entre estos últimos, se encuentran los derivativos, usados para derivar otra palabra (los prefijos al comienzo de la palabra; por ejemplo: de «hacer, «deshacer» y los sufijos al final de la palabra; por ejemplo: de «libro», «librero); y los flexivos, utilizados para indicar el número en artículos, nombres y adjetivos, así como el tiempo verbal y la concordancia entre verbo y sujeto. A diferencia de los flexivos que no alteran la estructura de la palabra (de «mesa», «mesas»), los derivativos poseen la propiedad de cambiar la categoría gramatical de una palabra en otra, siendo el caso de los cambios de verbos en sustantivos (por ejemplo: de «comer», «comida»). La organización morfémica cuenta con la ventaja del uso eficiente de recursos cognitivos, ya que no se hace necesario el almacenamiento de léxico de todas las variantes de una palabra, lo que supondría un gasto innecesario de espacio en la memoria, junto con un menor coste en el procesamiento. Con respecto al desarrollo morfológico, Belinchón (1995: 434) asegura que la adquisición de la morfología y de la sintaxis «parece depender críticamente, en primer lugar, de la exposición a una lengua durante un periodo temprano de la vida; cuando se cumple esta condición, la construcción de los principios y categorías morfosintácticas, por parte del aprendiz de una lengua, resulta ser un proceso extremadamente robusto». En concreto, la morfología esta estrechamente ligada con la adquisición del léxico o de vocabulario que, a su vez, parece estar en dependencia de la experiencia interactiva, ya que una persona no puede recuperar el nombre de un objeto simplemente utilizando reglas, de tal forma que el léxico verbal debe alcanzar un determinado nivel o masa crítica (Marchman y Bates, 1994) para que este desarrollo tenga lugar; así se conoce que en la adquisición infantil del lenguaje, la cantidad de tiempo durante el cual la madre habla sobre temas a los que el niño ya está dedicando su atención muestra estrecha correlación con el tamaño de vocabulario inicial (Gleason y Ratner, 2001) y, que los niños que han contado con condiciones familiares y sociales que han conducido al desarro- Ilo de sus habilidades verbales (por ejemplo, la exposición al discurso narrativo), tienen ventaja en el medio escolar, ya que gran parte de las tareas escolares se centran estos aprendizajes (Garton, 1994). Al contrario, un ambiente lingüístico deficiente retarda el desarrollo del lenguaje del niño (Rondai, 1990); así, la escasa complejidad de los temas de comunicación que emplean los padres de clase baja con sus hijos, determina, a su vez, usos y enunciados lingüísticos menos complejos (Tough, 1977), lo cual puede actuar limitando el proceso de alfabetización y dar lugar a un pensamiento empobrecido, siendo ambos el origen de posibles problemas escolares (Dale, 1980). En este sentido, la caracterización de las dificultades en el componente morfológico es un paso necesario y previo de cualquier actuación dirigida a compensar las desigualdades lingüísticas de los alumnos procedentes de grupos sociales desfavorecidos (Lahey, 1990). Por lo tanto, en este trabajo se ha comparado las ejecuciones de niños-as procedentes de dos ambientes socioeducativos diferentes (normalizado y con desventaja social) con dos objetivos diferenciados: Determinar la capacidad inicial de los grupos aplicando reglas gramaticales inventadas sin carga léxicosemántica específica. Deteminar la influencia de los aprendizajes ambientales en tareas morfológicas reales con carga léxicosemántica procedente del contexto social. La muestra está compuesta por 64 niños-as de segundo y tercer curso de enseñanza primaria. Sus edades están comprendidas entre los 7 años y 6 meses y los 9 años, y su edad media es de 8 años y cuatro meses. Los participantes fueron seleccionados siguiendo los criterios de Trigo (1990) de manera que pudieran ser asignados a dos grupos con un ambiente social y educativo diferente. Así, aproximadamente la mitad de los niños-as (n=33; 17 niñas y 6 niños), que conforman el primer grupo (grupo A) asisten a colegios ( 4 en total) situados en barrios de clase media, proceden de familias en las que ambos padres tienen estudios (desde graduado escolar a títulos medios y superiores) y buena cualificación profesional (son obreros especializados, técnicos, funcionarios, profesores, etc.). Por su parte, el segundo grupo (n=34; 17 niñas y 7 niños) (grupo B) Habilidades morfológicas y experiencia socioeducativa asiste a colegios ( 4 en total) situados en zonas deprivadas socialmente, siendo considerados Centros de Actuación Educativa Preferente (CAEP) por la Administración Pública. Asimismo, sus padres presentan un nivel de alfabetización escaso (son analfabetos o semianalfabetos) y una baja cualiñcación profesional (obreros, peones, vendedor ambulante, limpiadora, o sin profesión definida). A pesar de estas diferencias los niños-as de ambos grupos no presentaban dificultades lingüísticas a juicio de sus profesores. Se aplicó un cuestionario de elaboración propia (Contreras, 2004a) compuesto por diversas medidas gramaticales: las primeras (4 en total) miden la capacidad para aplicar reglas morfológicas inventadas no aprendidas anteriormente, por lo que se considera que en éstas no interviene el efecto de los aprendizajes; mientras que las segundas (5 en total) están compuestas por medidas morfológicas reales destinadas a medir los efectos de los aprendizajes ambientales. Además, hay que señalar que se ha establecido un paralelismo entre cada medida gramatical inventada y la medida morfológica correspondiente en el ámbito real (por ejemplo, la medida de Contrarios Morfológicos Inventados tiene su control en la medida de Contrarios Morfológicos Reales). A continuación, se definen operativamente las variables: b) Medidas morfológicas reales A. Medida de Asociaciones derivativas en nombres. Considera el total de derivaciones que realiza el sujeto a partir de una palabra estímulo, esto es, la aplicación se realiza en los sufijos de las palabras reales. Por lo tanto, mide los aprendizajes realizados en nombres derivados. Consta de 5 palabras estímulos o items, uno de los cuales es el siguiente: «Dime palabras que empiecen por «zapato». La puntuación total vendrá dada por el número total de nombres derivados sobre las palabras estímulo, otorgándose un punto a cada uno de ellos. l.B. Medida derivativa de Adverbializaciones. El sujeto debe añadir a una palabra estímulo un sufijo «mente», de manera que el adjetivo se transforme en adverbio. Mide los aprendizajes realizados por los participantes en cuanto a las adverbializaciones, de manera que la categoría gramatical de la palabra cambia de adjetivo a adverbio. Consta de 10 items, uno de los cuales es el siguiente: «Debes expresar otra palabra diferente terminada en «mente». Por ejemplo, si yo te digo «posible», tú me dices «posiblemente»,.etc. Medida derivativa de Contrarios morfológicos. El sujeto tiene que expresar ante una palabra estímulo, otra que signifique lo contrario utilizando un prefijo. Mide los aprendizajes de los antónimos realizados por los participantes. Así, las palabras ofrecidas por el examinador deben ser transformadas en otras con significado contrario. Consta de 10 items, uno de los cuales es el siguiente* «Tienes que expresarme lapalabra contraria a la que te diga poniéndole algo delante. Por ejemplo, si yo te digo «posible», tú me dices «imposible»...». Medida flexiva nominal de Concordancia de género y número. Consiste en la concordancia de género y número que el sujeto ha de establecer entre determinante y núcleo en el sintagma nominal: Mide los aprendizajes realizados en estos aspectos. Consta de 6 items, uno de los cuales es el siguiente: «Arregla las expresiones que te diré. Por ejemplo, «este niñas», será «estas niñas..». Medida de Flexiones verbales. Se caracteriza porque el sujeto debe adaptar el verbo en infinitivo al número y persona del sujeto, a la vez que debe establecer adecuación temporal con el adverbio o referencia temporal que aparece en la frase. Mide los aprendizajes referidos a las flexiones verbales. Consta de 6 items, uno de los cuales es el siguiente: «Arregla estas frases. Por ejemplo «nosotros comprender ayer»...»Nosotros comprendimos ayer». Procedimiento de evaluación y de corrección de las medidas En este trabajo hemos empleado una grabadora, un cronómetro, las medidas ya comentadas y su material gráfico correspondiente. Todos los niños-as fueron evaluados individualmente por la primera autora en una habitación sin ruidos para evitar distracciones. Antes de aplicar las medidas se preguntaba a los niños-as sobre los ejemplos incluidos en las instrucciones de cada una de ellas con el fin de asegurarnos de que los entendían. A cada ítem se le ha otorgado un tiempo máximo de respuesta de 5 segundos. Como paso previo a la evaluación, se ha procurado interaccionar con los niños-as a fin conseguir un ambiente relajado, a la vez que se ha realizado una ficha de control en la que se recogen datos personales, familiares y escolares habituales en este tipo de investigación (p.e., nombre y apellidos de los niños-as, fecha de nacimiento, número de hermanos, lugar que ocupa en la familia, profesión y estudios realizados por ambos padres, centro escolar, etc.). En lo que respecta a la corrección hay que señalar que cada ítem correcto se puntuaba con un punto, mientras que los incorrectos y la omisión de respuestas con O puntos, siendo la puntuación final la suma de todos los puntos de la subprueba. Para analizar los resultados obtenidos en este estudio, hemos realizado análisis multivariados multivariados (MANOVA) de las medidas o variables pertenecientes a los distintos dominios lingüísticos, con el grupo de procedencia de los niños-as (grupo A: ambiente socioeducativo medio; o grupo B: ambiente socioeducativo deprivado o bajo) como factor de agrupación. Si los resultados eran estadísticamente significativos, se procedía a analizar los resultados de los ANOVAS para cada variable. En la tabla la y Ib pueden observarse las medias y desviaciones típicas de cada una de las variables de sintaxis medidas (Ver gráficos 1 y 2). El MANOVA de estas variables, con el grupo de procedencia de los niños-as como factor de agrupación, no arroja significatividad en las diferencias cuando se trata de Pruebas Morfológicas Inventadas en sus 4 elementos. Por lo tanto, la capacidad para aplicar estas reglas gramaticales sin carga semántica específica no parece acusar los efectos de los aprendizajes. Medias y desviaciones típicas en las medidas de morfología inventada en ambos grupos de niños-as (grupo No obstante los resultados han sido muy diferentes en las Pruebas morfológicas Reales, esto es, cuando han intervenido los efectos de los aprendizajes. El MANOVA de estas variables, con el grupo de proceden-Habilidades morfológicas y experiencia socioeducativa 221 cia de los niños-as como factor de agrupación, arroja diferencias estadísticamente significativas entre los dos grupos: F(15,51) = 4.458; p = 0.001. Como puede verse en las tablas de medias y de diferencias significativas, se confirma que éstas son favorables para el grupo de alumnos-as procedentes de clase media cuando intervienen los efectos de los aprendizajes en las tareas, con la salvedad de una medida en la que no se aprecian los efectos del ambiente (Medida de concordancia de género y número), lo que puede ser debido posiblemente a la automaticidad que implica la tarea. Además de este efecto general, la tabla 2 recoge los efectos simples (ANOVAS) encontrados en las variables utilizadas entre ambos grupos. Por otra parte, se aprecian también niveles diferentes de significatividad dentro de las variables con diferencias. Así, las dificultades se constatan en la medida de Asociaciones derivadas (nombres), se hacen más acusadas cuando estas asociaciones derivativas cambian de categoría, esto es, el adjetivo se transforma en adverbios (Medida de adverbializaciones), y adquieren relevancia en las medidas de Contrarios Morfológicos y de Morfología verbal, lo que puede orientarnos de que las diferencias aumentan según el carácter abstracto y formal de las medidas. El objetivo fundamental de este trabajo era arrojar luz sobre las diferencias morfológicas de dos grupos de niños-as que encuentran en etapas avanzadas del desarrollo del lenguaje, pero que proceden de ambientes socioeducativos muy diferentes (medios y desfavorecidos respectivamente), para determinar las capacidades para el aprendizaje reglado, así como la influencia de los aprendizajes ambientales, con vistas a la aplicación de programas educativos específicos compensadores de posibles dificultades lingüísticas. De acuerdo con los resultados obtenidos, se puede decir que las únicas variables en las que no existen diferencias significativas intergrupales han sido las relacionadas con tareas de aplicación de reglas morfológicas no aprendidas anteriormente, y que no suponen carga lexicosemantica específica, esto es, se confirma que los participantes han aplicado paradigmas sin diferencias significativas, lo que supone unas implicaciones teóricas y practicas: La capacidad en ambos grupos para el aprendizaje reglado o paradigmático apoya los planteamientos de que las personas aprendemos el lenguaje aplicando reglas gramaticales (Pinker, 1984), siendo la organización morfémica un recurso cognitivo de carácter económico que ahorra el almacenamiento de todas las variantes de una palabra. En concreto, las palabras están formadas por morfemas constituyentes, esto es, cuando escuchamos el habla de una persona, despojamos una palabra de sus afijos y activamos la raíz, junto con los morfemas ligados relevantes, lo que precisa menor número de unidades léxicas en el almacenamiento de léxico. La presencia de capacidades iniciales para aplicar reglas gramaticales indica que, al igual que los niños de clase media, los niños del grupo desfavorecido cuentan con un adecuado acceso a la representación gramatical, lo que no supondrá un obstáculo para el aprendizaje de léxico o de términos asociados (Belinchón, Igoa y Riviere, 1992); por lo tanto, ofreciendo una estimulación adecuada, estos niños pueden mejorar en breve tiempo su competencia morfológica. Por el contrario, los resultados han sido diferentes y muestran significatividad en el grupo de clase media en tareas morfológicas aprendidas, de lo que se deducen también consecuencias para la investigación: Se confirma que una vez establecido control intergrupal sobre la capacidad reglada, los aprendizajes morfológicos se hallan en estrecha dependencia de la historia educativa previa y del entorno ambiental; en consecuencia, la representación gramatical de la palabra, junto con la información que ofrece la situación de interacción ayudan para que haya un adecuado acceso a la misma y, cuanto más propicios sean los estímulos ambientales, los aprendizajes serán mejores. Asimismo, dado que la morfología integra aspectos sintácticos y semánticos se reanuda, de nuevo, la polémica sobre la ubicación de la misma, una cuestión muy debatida hasta el momento. Las interacciones sociales recibidas por los niños desfavorecidos se manifiestan en unas producciones morfológicas más pobres por desconocimiento de léxico, esto es, dado que la estimulación ambiental es menor, sus producciones han sido más escasas. Así, se presupone que los padres de clase media utilizan temas de conversación que inducen a usos más complejos en el lenguaje (Tough, 1977), lo que hace que las formas gramaticales empleadas y el léxico también lo sean; si tenemos en cuenta que el nivel de alfabetización de los padres, el trabajo de los mismos, la vivienda y el barrio, etc., varía apreciablemente entre ambos grupos de participantes, se comprende que los niños de clase social baja utilizan su lengua en un contexto que no precisa de un elevado grado de complejidad de ésta, pero esto no significa que esta capacidad no se encuentre a su alcance. Por otra parte, hay que señalar que no se observa el mismo grado de significatividad desfavorable del grupo de clase baja con respecto al de clase media. Así, confirmamos, por una parte, que el cambio de la propiedad de una palabra (Medida de adverbializaciones) acentúa la significación con respecto a su permanencia en la misma categoría (Medida de Morfología derivativa en nombres); por otra, que la presencia de palabras de carácter abstracto (Contrarios Morfológicos), de carácter procesual o de eventos que se transforman en el tiempo (Flexiones verbales) implican una complejidad lingüística acentuada que es muy posible que no esté disponible en el contexto socioeducativo de estos niños, lo que confirma que la adquisición de formas verbales, por parte del aprendiz de una lengua, se ve obstaculizada cuando hay carencia de oportunidades para llevarla a cabo. En general, y de cara a la vertiente aplicada, se deduce que es preciso valorar no sólo la capacidad de los sujetos para el aprendizaje reglado, sino también los aprendizajes resultantes del contexto ambiental, para determinar con mayor precisión si estamos ante un problema relativo a la falta de competencia gramatical, como es el caso de las patologías específicas del desarrollo del lenguaje (Gopnik y Crago, 1991; UUman y Gopnik, 1999), o ante un problema de desconocimiento de palabras por falta oportunidades socioeducativas (Tough, 1977; Lahey, 1990). En suma, la habilidad para aplicar reglas gramaticales, demuestra que ambos grupos de participantes han internalizado el conocimiento de reglas morfológicas de su lengua, es decir, no lo han hecho a base de ex-M^ Carmen Contreras González periencias memorísticas (Berko, 1958). Estos resultados apoyan los planteamientos de que los niños realizan generalizaciones a partir de una capacidad mental que les permite extraer las reglas de la gramática a partir de los estímulos que reciben, y el hecho de que lo hagan sin necesitar apenas ayuda indica que están empleando otra habilidad diferente a la inteligencia general (Jakendoff, 1997; citado por Serra Serrât, Solé, Bel y Aparici, 2000). Concretamente, Lahey (1990) citando la teoría de la inteligencias múltiples de Gadner (1985), en la que el autor sugiere varios tipos de inteligencia con distintos grados de autonomía, sostiene que las medidas en tests de inteligencia no están motivadas en términos de desarrollo cognoscitivo del lenguaje, por lo que no representan su desarrollo real (Fletcher e Ingham (1996). No obstante, a la luz de los resultados también confirmamos, que, además de presencia de capacidades para el aprendizaje reglado, se constatan los efectos de los aprendizajes. La interacción social se aprovecharía de estas habilidades o recursos de la especie para el aprendizaje del sistema comunicativo de una lengua. Por tanto, esto no nos llevaría a conclusiones de medularidad estricta, sino a considerar que los medios para procesar el lenguaje deben estar relacionados con los estímulos provenientes del medio social. En otras palabras, las predisposiciones específicas para el dominio del lenguaje canalizan el desarrollo temprano del lenguaje niño al interactuar de manera compleja con los estímulos ambientales, de manera que dicha interacción influye a su vez en el desarrollo cognitivo para poder comprender y expresar nuevos significados y estructuras, de manera que se produce una reorganización del propio sistema (Karmiloff-Smith, 1992). En resumen, estos resultados permiten constatar que las destrezas gramaticales analizadas no se manifiestan de la misma forma, ya que las tareas morfológicas sin carga léxicosemántica específica muestran escasa dependencia de la historia educativa previa y de la influencia ambiental (Fodor, 1983; Pinker, 1995); mientras que las tareas morfológicas aprendidas, evidencian estrecha relación con respecto a la experiencia socioeducativa y al entorno ambiental por la inclusión de rasgos semánticos en el léxico, lo que refleja que el aprendizaje de las palabras no tiene sentido fuera del contexto interactivo (Garton, 1994). Por tanto, todas estas observaciones revisten gran importancia en cuanto a la respuesta socioeducativa de la enseñanza compensatoria, esto es, aceptar la posición de que se transmiten unos conocimientos cuando falla herramientas básicas de aprendizaje, lejos de ayudar empeora las diferencias sociales. Si consideramos que en las tareas escolares Habilidades morfológicas y experiencia socioeducativa 225 de las etapas educativas más avanzadas se intensifican las demandas cognitivas con respecto a la conceptos abstractos y se requiere una rápida recuperación de palabras, deducimos la necesidad de insistir en estos aprendizajes básicos, para evitar que la pobreza de recursos léxicos y morfológicos de estos niños-as impacten los aprendizajes más académicos propios de la enseñanza secundaria (Vellutino, 1979), especialmente, cuando su origen no estriba en falta de capacidades gramaticales. En conclusión, el acceso a los aprendizajes morfológicos implica una representación de recursos lingüísticos, cognitivos y sociales, con la consiguiente economía de recursos y la enorme ampliación de posibilidades. Por consiguiente, hay que señalar que resulta necesario seguir profundizando en el estudio de la morfología, así como en las habilidades e influencias que la hacen posible, para comprender y mejorar las dificultades sociales y académicas que los alumnos puedan experimentar, ya que gracias a la palabra ampliarán su experiencia de manera extraordinaria. Medias en medidas morfológicas reales
La Escuela Filosófica de Kioto como paradigma para una reflexión intercultural Javier del Arco Carabias Arbor CLXXIX, 705 (Septiembre 2004), 229-246 pp. Lo que caracteriza esencialmente a la escuela de Kyoto es que constituye una contribución sostenida y original del oriente lejano -Japóna la filosofía occidental desde una perspectiva característicamente oriental. La primera vez que se utilizó la denominación escue/a de Kyoto fue en el Japón, en el año 1932; se trata pues de un pensamiento moderno que se genera en la Universidad Imperial de Kyoto a partir de las reflexiones y escritos de Kitaro Nishida (1870Nishida ( -1945)), catedrático de filosofía en dicha universidad. Su continuador fue Hajime Tanabe (1885Tanabe ( -1962) ) sucesor en la cátedra de Nishida y, a nuestro parecer, alcanzó su máximo esplendor con su tercer gran representante, Keiji Nishitani (1900Nishitani ( -1990)). Es a partir de estos tres pensadores -Nishida, Tanabe y Nishitani-cuando la escuela de Kyoto se consolida y proyecta como movimiento de ideas filosóficas, religiosas e incluso sociopolíticas. En su entorno se sitúan cierto número de figuras secundarias, algunas de ellas con un interés restringido únicamente al ámbito de la filosofía. La escuela de Kyoto tras la Segunda Guerra Mundial sufrió un oscurecimiento y su resurgimiento, ya en la década de los ochenta del pasado siglo, fue estimulado por filósofos y teólogos occidentales que, al disponer de textos traducidos, pudieron apreciar con nitidez la relevancia de su filosofía, con mucha más claridad incluso que los especialistas japoneses en historia de las ideas. Este acontecer tuvo sus efectos en el propio Japón y contó con el apoyo de que por entonces Nishitani aún estuviese vivo y en activo pues continuó reci-biondo visitas de relevancia y dando conferencias prácticamente hasta su fallecimiento. Una primera conclusión, puede que algo prematura pero hecha desde un convencimiento profundo, es que el pensamiento segregado por la escuela de Kyoto ofrece un punto de encuentro fecundo y crecientemente revitalizado para las principales corrientes filosóficas y religiosas de Oriente y Occidente. Tan sólo por ese motivo el estudio de la escuela de Kyoto es hoy fundamental para nosotros; una escuela que goza en Occidente de excelente salud, si bien todo hay que decirlo en círculos muy restringidos, y cuya influencia impregna hoy también Oriente. Se diría que su historia es la de un viaje circular que parte de Oriente, recala tardíamente en el Occidente culto donde disemina una potente semilla cuyos primeros brotes -muy sanos y fuertes-emergen en nuestro tiempo, y retorna a Oriente donde la siembra ha comenzado con interés y con un terreno abonado por la falta de un soporte teórico para asentar la convergencia inevitable y deseable de la cultura occidental y la oriental. Y la escuela de Kyoto bien puede ser ese sustrato fundamental de asentamiento entre el Oriente culturalmente budista y el Occidente culturalmente greco-cristiano; y obsérvese que lo greco-cristiano y lo budista quedan relegados en nuestro análisis a grandes marcos culturales de referencia. La escuela de Kyoto es una corriente filosófica capaz de situarse a la misma altura de las corrientes las escuelas filosóficas Occidentales más fecundas e influyentes. Si Nishida fue la fuente, de eso no hay duda, él sólo no habría bastado para ubicar el pensamiento japonés en la "gran filosofía». Fue necesario el contrapunto del pensamiento Tanabe y, sobre todo la riqueza de las aportaciones creativas del pensamiento de Nishitani, a nuestro parecer el de mayor dimensión, para hablar de una nueva filosofía japonesa y, si se quiere, de una nueva vertiente filosófica a nivel mundial. Vamos a procurar, en la medida de lo posible, huir de definiciones de filosofía y de tradiciones filosóficas orientales u occidentales. Así no avanzaríamos en nuestro propósito. Hay que partir del hecho de que los filósofos de Kyoto son orientales y budistas como Heidegger o Nietzsche o Witgenstein son occidentales y greco-cristianos. Pero también es un hecho cierto que ni su meta ni su contenido son orientales ni budistas. Como dice James W. Heising, sin duda el mejor estudioso de esta escuela en Occidente y en Oriente y profesor trashumante de Cambridge a Barcelona pasando por Estados Unidos y Méjico para echar el ancla en Nazan (Japón), Considerar los aspectos no-cristianos y no-occidentales de sus obras como un tipo de especia japonesa, ideal para sazonar ciertas preguntas en el menú de la filosofía occidental, puede ser el modo más simple para llegar a sus ideas y también, para mantenerlas a una prudente distancia^. Si bien la influencia de ésta escuela no está siendo todo lo amplia que su trabajo y profundidad merece, lo cierto es que, al menos sus escritos han alterado la posición de la filosofía, y especialmente de la filosofía japonesa en occidente. Por un lado han tenido y continúan teniendo un impacto considerable entre los teóricos del zen y del budismo de la Tierra Pura que, aunque sean pocos, buscan comprender mejor y de manera más abierta otras perspectivas intelectuales. Por otra parte, ayuda a hacer más accesible la filosofía Oriental a muchos occidentales que no se encuentran mentalizados para pensar en una filosofía mundial que incorpore términos tanto de Oriente como de Occidente. Porque si algo trascendente ha realizado la escuela de Kyoto es regalarnos una filosofía mundial que forma parte de nuestra herencia como lo es el pensamiento occidental con el que trabajaron y en el que hallaron inspiración, eclipsando la contribución académica que sus compatriotas especializados en nuestro pensamiento han realizado a lo largo del siglo XX. Tanto Nishida como Tanabe y Nishitani compartieron cátedra en una misma universidad y, así mismo, se les identifica por compartir también presupuestos de trabajo fundamentales. Ambos aspectos son suñcientes para que se les considere fundadores de una escuela sólidamente establecida lo que no quiere decir que en sus posturas filosóficas no se hallen diferencias importantes. Pero presentan aspectos comunes de los que nos ocuparemos a continuación. Comenzaremos por decir que su aproximación a la historia intelectual de Occidente no es tan sólo filosófica sino más bien «total» ocupándose, y mucho, de otros aspectos como la religión, la ciencia y la literatura. Aproximándonos a ellos de una forma más estricta, podemos también señalar: No establecen una delimitación tajante entre filosofía y religión. Se trata evidentemente de una cuestión importante y difícil de condensar en pocas líneas. No obstante diremos que tratan de "tirar por elevación» y buscan alternativas de superación del problema. Para ellos la vida de la religión incluye el pensamiento filosófico como su contrapunto, como un tipo de ñierza centríñiga para sus propias tendencias centrípetas. Señalan que el budismo carece absolutamente de lo que Pablo de Tarso llama el «locura de la cruz», lo que le ha conducido por una senda diferente a la filosofía y religión occidentales. La filosofía le sirve al budismo, como principio interior de la religión y no como entorno crítico exterior. En el budismo, la filosofía no es ni especulación ni contemplación o metafísica, sino más bien una metanoia, una conversión dentro del pensamiento reflexivo que señala un regreso al yo auténtico, el no-yo del anatman. Es una filosofía que trasciende los presupuestos de la metafísica. Lo complicado es explicar esta manera religiosa de filosofar a un mundo occidental radicalizado en su manera de entender la religión, la filosofía y no digamos la metafísica; sobre todo, y no queremos ser pesimistas, cuando la posibilidad reparadora de las grandes simas abiertas entre culturas ha disminuido porque las religiones adoptan la estructura de ideologías políticas radicales y el poder identitarie se exacerba y se torna violento. En este contexto, los intelectuales laicos de fondo filosófico serio, o bien reniegan de toda religión y de casi toda forma política o se alinean con posiciones político-religiosas fundamentalistas, tanto en el ámbito occidental como el oriental, básicamente por una cuestión de supervivencia. En este difícil terreno se plantea actualmente el diálogo entre culturas. Para los filósofos de Kyoto y para nosotros, el quehacer del pensar o el trabajo intelectual profundo, supone una necesaria transformación del modo de ver las cosas de la vida. El pensar es un auto-alumbramiento, un re-nacer a un plano nuevo en el que todo se ve de manera distinta. Si tal transformación no acontece es que no se ha cumplido el fin para el cual pensamos que no es otro que el de transformarnos y sentar las bases para una transformación del entorno sobre el que ejercemos influencia. No vienen pues al caso ciertas sutilezas academicistas que discriminan o intentan discernir donde termina lo filosófico y donde empieza lo religioso. El pensar es al fin y al cabo un ver o un desocultar y ello, entre otras cosas, es la satisfacción del pensar. Si el pensamiento es parto, ascenso, cambio de lugar intelectual, inevitablemente será también una transformación de la conciencia que había sobre lo pensado, esto es sobre las cosas de la vida. Y como todo esto pertenece a las esferas de la religión, la ética, el arte, la filosofía y la ciencia, no hay porque disociarlas La Escuela Filosófica de Kioto como paradigma. en esferas diferentes; no hay supremacía, debe haber integración y compresión. Este proyecto supera, como luego veremos, la modernidad y la Ilustración pero no para descartarlas sino para integrarlas en un proyecto más amplio y rico. También se propone superar la religión, pero tampoco para descartarla, sino para liberarla de los dogmatismos, los afanes de dominación material y «conciencial» y el absolutismo que la devienen en interesada, desconfiada y por ende cruel. La transformación de la conciencia es un tema nuclear para los filósofos de Kyoto y ello es lo que justifica las específicas tradiciones doctrinales e históricas, y no a la inversa. Por lo tanto, en la medida en que la filosofia y la religión se refieren a modos de pensamiento, los conceptos no tienen nada que perder y mucho que ganar en una co-implicación. En el Japón no hay antagonismo entre la filosofía y la religión por un lado, y la cultura por el otro. Cultura y religión son entendidas en Kyoto como formas semejantes, como algo de cuya esencia puede hablarse con independencia de las instituciones sociales en las que es incorporada. Esta esencia abarca el sistema de valores comprensivo de valores particulares de un grupo social y, por extensión, las artes tradicionales en las que esos valores se piensan y están expresados. Como señala Heisig, el más amplio contexto sociológico y antropológico de la cultura, que incluiría la génesis, transmisión y transformación del orden social de las relaciones humanas, del trabajo, el comercio, el entretenimiento y el poder político, ha sido dejado fuera de la discusión. El resultado de una concepción, de un marco operativo mermado de conexiones entre cultura y orden social, es el de una cultura capaz, objetiva y con la fuerza y la invulnerabilidad suficiente para criticar ese orden, pero no en una cultura que en sí misma sea convertida en objeto de crítica. He aquí una concepción radicalmente opuesta a la que ofrece la cultura occidental en la que los valores tradicionales de la cultura y las estructuras sociales se han considerado, por lo general, conjuntamente, como lo es en la filosofía y en la religión de Occidente. Los filósofos de Kyoto tienden a distinguir las cuestiones del despertar religioso de las del también despertar de la conciencia social. En ello coinciden con las formas budistas tradicionales del Japón que procuran que el establecimiento de principios universales no dañe su propia cultura y partir de sus propios valores morales para forjar su crítica a la cultura y sociedad occidentales. El yo-auténtico es el objetivo de su filosofía-religión y la persecución de tal yo-auténtico es entendido mucho más como una metáfora de su preocupación por la claridad del pensar y la transformación de la con-ciencia que una profesión de fe en la enseñanza budista fundamental del no-yo, coincidencia terminológica que, por cierto, no debe tomarse a la ligera. Los ñlósofos de Kyoto han puesto buen cuidado en evitar cualquier confrontación con la teoría psicoanalítica o de establecer alguna relación entre el no-yo y estados psíquicos patológicos o paranormales. Heisig da una razón para ello: El budismo, tanto en China como en Japón ha carecido de la teoría simbólica tan importante en Occidente. De sus preguntas no puede deducirse nada parecido a una desmitificación radical del cosmos, o una separación de la verdad literal de aquella que es meramente simbólica. En las cuestiones de religión todo tiene un doble sentido. El psicoanálisis se centra en los estratos del significado o en las distorsiones metafóricas elaboradas por la historia particular de unas psiques particulares. La cuestión es si una mente considerada normal según los cánones de la psicología es la más indicada para «ver» a través de la terquedad y la tan traída y tan llevada autoestima, factores que eclipsan la conciencia de la realidad tal como en verdad es dicha realidad. Los filósofos de Kyoto abordan la misma cuestión pero desde la perspectiva opuesta. En vez de considerar las distorsiones que en cada individuo pueden aparecer acerca de cómo es su percepción del mundo, buscan una vía alternativa que contempla los desperfectos generales que son parte de nuestro destino común en tanto que somos humanos. Y a la inversa, si consideramos toda percepción como un acto simbólico, hasta las percepciones consideradas como mecánicamente más fiables y aquellas que revelarían hechos objetivos no son sino factores de distracción del verdadero conocimiento del mundo, que nos inducen a manipularlo, y nos apartan del verdadero despertar al mundo tal cual es en realidad, sin la interferencia de la utilidad u otras preconcepciones. Es importante señalar que la escuela de Kyoto es ajena al positivismo lógico y a la filosofía analítica en cuestiones como la transformación de la consciência o de la iluminación filosofico-religiosa. No existe para justificar esta actitud ni una página escrita en toda la obra de los filósofos de Kyoto. Al considerar la existencia de Dios, Nishida, Tanabe y Nishitani hablan repetidamente de el, pero no de la idea de Dios tal y como puede aparecer en la filosofía y la teología de Occidente, sino simplemente de Dios. Sin duda, ninguno confesó creencia alguna en un ser divino o en seres divinos en el sentido en que esos términos son usados normalmente, y mucho menos en la tradición judeo-cristiana. Tampoco se refieren a la imagen de Dios tal y como esta nos aparece en las religiones o en la historia universal. Ni siquiera han intentado delimitar el término como sím-bolo de la última realidad o como principio metafísico, ni se habla de una realidad ontológica objetiva ni de una ficción subjetiva. Este es uno de los aspectos más desconcertantes y a la vez más significativos y grandiosos de esta escuela filosófica. Del mismo modo que el no-yo funciona como una metáfora para la persecución de un estado más y más elevado de conciencia hasta alcanzar la plenitud, la idea de Dios sirve, así mismo, como metáfora que apunta a la unidad esencial de la experiencia de la conciencia con la realidad tal cual esta es, y lo hace precisamente como una idea o imagen que opera en las mentes de aquellos que creen en Dios. Llegados a esta tesitura parecería como si Nishida, Tanabe y Nishitani hubieran pasado por alto algunas de las preguntas más serias de la hista ria de la filosofía, y que hubieran justificado esta carencia por razones que sólo pueden considerarse religiosas. De hecho parecen haber intentado escoger lo mejor de ambos mundos: pretenden ser religiosamente budistas cuando una crítica filosófica les crea algún tipo de conflicto, y a la vez están siendo filósofos al estilo occidental cuando las objeciones serias provienen del campo budista ortodoxo, que por otra parte son harto escasas. El punto crucial de su filosofía, lo que la ensalza hasta la cumbre del pensamiento mundial, es su originalísima persecución de la transformación de la conciencia, hecho en el que han centrado sus esfuerzos, ofreciendo un punto de vista suficientemente coherente, capaz simultáneamente de realzar esas áreas de la filosofía perenne que tratan el mismo tipo de pregunta, y de revitalizar el mundo cerrado de su propia tradición intelectual por medio del valor y calado de su propia capacidad filosófica. Hay que decir que todavía carecemos de un conocimiento preciso y ordenado que relacione a las tres figuras fundamentales que analizamos en este artículo. Esa carencia de conocimiento se refiere tanto al desarrollo histórico de sus ideas como en términos de filosofía comparada. Incluso hoy se discute el peso específico de cada uno, quizá ignorando que en realidad fueron esencialmente complementarios e incluso críticos entre ellos. Pero hay un rasgo importantísimo que les caracteriza a los tres y es que muchas de sus ideas hay que entenderlas como metáforas de las ambigüedades que señalaron la entrada del Japón en el mundo moderno porque, si se miran bien sus textos, existe una amplia trama de conexiones entre sus pensamientos y los cambios históricos, la mayoría inconscientes para ellos mismos, pero evidentes para nosotros. Heisig, la maxi-ma autoridad viva a la hora de considerar esta escuela es muy tajante en sostener esta afirmación. Y ello es importante porque la pretensión de posibles diálogos entre distintos culturas pasa, no por el juicio del otro sino por su comprensión que en nuestro caso es intento de comprensión teórica de las formulaciones del otro ya sea musulmán, hinduista, taoista, budista, animista o practique un aparentemente exótico sincretismo. A la masa fanatizada por mediadores interesados es fácil manejarla. Lo que se impone es el análisis de las ideas del otro allí donde puede realmente haberlas, y a partir de su conocimiento profundo que excluye los bandazos políticos temporales, ir encajando el puzzle de su civilización con la nuestra en un verdadero diálogo respetando las formalidades de la ética del discurso propuestas en occidente por Habermas. Cierto es que en occidente vivimos tiempos de decadencia, tanto de la modernidad como fuente de pensamiento y acción, como de la religión en su conjunto. La emergencia de la psicología de la religión, la llegada, no siempre a través de las mejores manos, de las espiritualidades orientales y el vacío espiritual acaecido en las sociedades industriales y postindustriales forman parte de un fenómeno más amplio: la pérdida de autoridad de los guardianes de la tradición y su transferencia a un sacerdocio nuevo de expertos, cuyo paradigma es en el mejor de los casos la ciencia y en el peor y más amplio, el dinero que domina las masas mediante la cultura del espectáculo bien sea este deportivo, musical o relacionado con la televisión, la moda o la imagen. Ni Japón lo estuvo, ni ahora China, India, Indonesia, los paises del suroeste asiático, Pakistán Irán, o determinadas ex-repúblicas soviéticas, están exentas de este clima y este es peligroso porque resulta imprevisible. Porque frente a el por un lado pueden surgir poderes identitarios muy graves que conviertan esos países emergentes en potencias agresivas y, por el otro, ellos mismos pueden enzarzarse en luchas internas que los desangren y desgarren. Cuando la filosofía generada en Kyoto iba tomando forma, en Occidente se producía un cambio considerable en el panorama filosófico. Incluso las filosofías continentales, preocupadas por otro tipo de preguntas, iban en otra dirección. Al emerger al otro lado de Wittgenstein, Foucault, Derrida, Habermas y Gadamer, la escuela de Kyoto podría parecer un anacronismo. Es más, no pocas ideas sobre las que trabajaron Nishida, Tanabe y Nishitani han sido dejadas de lado por los nuevos avances de la ciencia. Sin embargo, ya hemos repetido varias veces que la escuela de Kyoto ocupa por derecho propio un lugar en la filosofía mundial. Y esta aseveración necesita de una justificación. En primer lugar, hay una cuestión sobre la idea del no-yo como sujeto de la elección moral. Cualquier fragmento de la historia religiosa e intelectual de Oriente en el que se haya destacado la idea del no-yo demostrará que esta ha sido siempre polivalente. Al actuar como principio orientador de la meditación o de la práctica ascética, donde halla su pleno sentido una liberación del yo ordinario, la idea del no-yo puede funcionar sin que ello implique consecuencias inmediatas para la moral cotidiana. Sensu contrario, visto como ideal de una bondad humana básica en la vida cotidiana, la idea del no-yo puede entenderse como una llamada permanente, un recordatorio del mandato moral contra el egoísmo en las relaciones personales y sociales, sin que se oriente hacia la negación radical del yo central en la meditación y la ascesis. Y cuando la idea se sitúa en el campo de la epistemología, adquiere dimensiones que no requieren conexión alguna con la práctica de liberación del yo ni con la moral de actuar desinteresadamente en relación con los otros, aunque ambas puedan funcionar perfectamente sin llegar a ninguna decisión sobre la naturaleza de la subjetividad o la estructura última de la realidad. Al observar como la idea del no-yo obra realmente desde estos lugares diferentes, lejos de inducir a confusión, favorece incluso la comprensión del no-yo. Los filósofos de Kyoto no se aproximaron a la idea del no-yo de esta forma. Más bien, buscaron el mismo tipo significado singular y unívoco que la filosofía occidental siempre ha atribuido a la noción de sujeto. El sujeto de la experiencia y la intuición artística no podía ser descrito de una manera muy diferente a como es descrito el sujeto de la reflexión y el conocimiento, claro está. Para nuestros filósofos, ello condujo a un nivel más elevado de comprensión, y no a una aproximación fenomenològica u operacional. El hecho es que en su pensamiento le fue negado su lugar a la vertiente moral del no-yo, lo que entorpeció a su cometido de llegar a ser un significado unívoco y comprensivo. Como hemos visto, simplemente absorbieron la dimensión moral en su idea genérica del sujeto, reduciendo la práctica de la virtud, junto con la noción de voluntad práctica, a cuestiones de experiencia y conocimiento. Ninguno de ellos proporciona una definición clara, precisa y univoca del no-yo y de sus correlativos el yo verdadero y el no-ego que ellos mismos decían que era necesaria. El re sultado viene a oscurecer ese estrato moral del significado que histórica-mente ha sido nuclear a la idea del no-yo. Creemos que todo esto no es solo un vacío o carencia en el pensamiento de la escuela de Kyoto que hay que complementar, sino una pregunta clave en el encuentro de las filosofías orientales y occidentales. En segundo lugar, debemos abordar la relación existente entre la auto conciencia y la crítica de la concepción antropocêntrica de la realidad. El desafío al modelo sujeto-objeto como una imposición que oscurece más la naturaleza de la realidad de lo que se supone es capaz de iluminarla, es algo crucial en el pensamiento de Nishida, Tanabe y Nishitani. De alguna manera, podría entenderse que la totalidad de su pensamiento no es sino un experimento que busca remplazar ese modelo; ello les lleva siempre de una manera uniforme y reiterativa a confrontar -quizás sería mejor decir forcejear-con cada uno de los pensadores tradicionales que analizan. La lógica del locus, la lógica de lo específico y el punto de vista de la vacuidad dependen de la crítica que realizan a cómo la realidad es distorsionada para que se adecué a la idea de la conciencia centrada en el sujeto. En este proceso, van seleccionando ideas similares de la filosofía clásica, generalmente de pensadores místicos, o bien del mundo del arte y la literatura que tratan de «mudarse» de la periferia hacia el centro. Para ellos la estructura de la realidad es algo así como un auto despertar sin sujeto. El progreso del individuo hacia el despertar se contempla y se mide en términos de su liberación del egocentrismo y su resignación de las cosas, tal como son^. Además, se insiste, como en otras modernas tradiciones de sabiduría que giran entorno a Ken Wilber^, que el «sujeto» no-yo de este proceso trasciende al individuo y revela el obrar de la realidad. Lo real es mucho mas real cuando alcanza la conciencia, una conciencia en su forma más pura pero conciencia al fin al cabo. Los filósofos de Kyoto presuponen que no es posible una autoconciencia en el mundo inanimado, ni siquiera en el mundo de los seres sensibles no humanos, de manera que lo humano está más firmemente ubicado en el centro de la realidad que lo que pueda estar en el modelo sujeto-objeto'*. El problema que acabamos de plantear, nos conduce a una cuestión importante y no resuelta que la filosofía segregada por la escuela de Kyoto puede expresar mejor que ninguna otra filosofía en Occidente: los límites de la superación del antropocentrismo en la conciencia. Si el no-yo es la medida para el ideal del estadio más radicalmente desinteresado, liberado y despertado que el individuo humano puede lograr, entonces el valor de este estadio precisa ser aclarado en relación con otros estadios de existencia. De otra forma, no hay manera de evaluar lo que merece ser sacrificado para lograrlo y a qué valores mayores merecería sacrificarse La Escuela Filosófica de Kioto como paradigma... el despertar mismo. Nosotros suponemos y la escuela de Kyoto también, que la filosofía es, ante todo, un tratar de despertar al individuo humano. Ello nos obliga a preguntarnos sobre el valor de la filosofía para elucidar el resto de la realidad. Antes de llegar a la implicación moral que supone la importancia de la supervivencia y bienestar humano en el esquema más amplio de la realidad, la cuestión de si y en qué medida el presupuesto antropocéntrico es una condición necesaria para conocer la realidad, es algo que tiene que ser articulado mucho más nítidamente de lo que lo ha sido hasta ahora. La tercera cuestión se refiere a un legado importante de los tres filósofos de Kyoto y tiene que ver con una noción radicalmente despersonalizada de Dios. Al revisar la forma en que Nishida, Tanabe y Nishitani contemplan a Dios en sus textos, observamos que emergen dos ideas distintas que se usan indistintamente con el mismo término lingüístico. Por un lado, está la idea cristiana de un Dios que pertenece irrevocablemente al ser y, por consiguiente, cuyo carácter absoluto debe verse como relativo al verdadero carácter absoluto que es la nada. Por otro lado está su idea reformulada de Dios como imagen de la nada, cuyo reconocimiento está enredado a causa de presupuestos doctrinales pero que se hace transparente al filósofo que no comparta estos presupuestos ni parta ni parta de una definición de la realidad aferrada a la noción de ser. Estas dos ideas se cruzan en el camino de su filosofar cuando se vinculan cuando se vinculan a un teología kenótica^ del «autovaciarse» que sugiere una idea cristiana de de Dios como no-yo que se acerca a la noción de la nada absoluta. Esta encrucijada de ideas llega hoy con más facilidad a los occidentales que cuando fue propuesta por los filósofos de Kyoto, mediado el siglo XX. La filosofía de la religión contemporánea y muchos teólogos también, han roto con la idea de que la búsqueda de la verdad en la tradición bíblica requiere una interpretación literal de las ideas fundamentales, incluso la idea de Dios. El acercamiento a las verdades religiosas como símbolos que señalan impulsos básicos e intangibles en nuestra naturaleza humana común, como experiencias particulares que caen fuera de los patrones normales de relaciones con el mundo o con otras personas, o como alguna forma de tarea moral o intelectual que ha de ser cumplida o apropiada por el individuo para que se haga «verdadera», han acabado por debilitar la conexión, hasta hace bien poco indiscutible, entre Dios y el ser. La ambigüedad que los filósofos de Kyoto manifiestan en sus ideas paralelas de Dios -sus ideas propias y la cristiana tradicional-significa que de hecho ha llegado a ser una cuestión también para Occidente, y que la posibilidad de transferir el peso de la idea de «Dios existe» a «Dios es nada» no es ya tan descabellada como en principio podía parecer, Y precisamente porque significa esto, también significa que la noción de Dios, metafísica o simbólicamente hablando, puede servir de punto focal para atraer críticas por parte de la filosofía del ser directamente hacia la pregunta de la suficiencia una filosofía pura para la nada. Las tres cuestiones que acabamos de abordar sobre el no-yo como sujeto moral, los limites del antropocentrismo y la desvinculación de la idea del ser, han penetrado muy poco en las corrientes dominantes de la filosofía occidental. Sin embargo tienen la virtud de estar entre las muchas ideas provenientes de la escuela de Kyoto que han estimulado el encuentro y la discusión serena entre estudiosos budistas y cristianos particularmente en Japón. Ya que esta ha sido una de las vías principales para que el pensamiento de esta escuela gane terreno y atención, creemos que merece la pena considerar los factores que la han hecho posible. En primer lugar, hay que decir que ni Nishida ni Tanabe tomaron parte entre discusiones formales entre budistas y cristianos, ni promovieron directamente sus ideas religiosas para animar tales encuentros. Para decirlo todo, este dialogo era entonces desconocido e impensable. Es mas, ambos se habrían sentido incómodos de representar a las dos tradiciones o de mediar en un encuentro entre ellas desde la posición neutral de la filosofía. No podemos concluir que aquello que Nishida y Tanabe ofrecen sea una religión mas allá de la religión; tampoco el dialogo interreligioso ofrece tal perspectiva. Además, la idea de que personas que procesan distintas clases de fe pudiesen alejarse de las formulaciones doctrínales tradicionales para abordarlas desde una alternativa bien religiosa o filosófica, podrían haberles parecido a Nishida y a Tanabe como algo irreligioso. Aunque es muy probable que si las circunstancias lo hubiesen permitido habrían agradecido ese diálogo, su compromiso con la filosofía era tan fuerte que ellos mismos no podían imaginar la doctrina religiosa sino en términos filosóficos. Nishitani bastante mas moderno y todo hay que decirlo mejor estudiado por nosotros^ se comprometió mas abiertamente con el budismo y vivió lo suficiente para ver como nacía y prosperaba el dialogo budismocristianismo en Japón. Su intervención activa, que lo fue, hay que entenderla como una respuesta directa al espíritu de exclusividad y autori-La Escuela Filosófica de Kioto como paradigma. tarismo que por mucho tiempo había lastrado y bloqueado la proyección de ambas religiones. Ha de pensarse que en todo caso las ideas de la escuela de Kyoto calaron hondo en el Japón y que Nishitani fue a la vez un factor de dinamización y de atracción para los círculos académicos más serios. Desde el S. XVII, cuando Leibniz y otros comenzaron a interesarse por los primeros informes sobre el pensamiento confuciano enviadas a Europa por misioneros Jesuítas, el mundo occidental tendió -y aun muchos mantienen esta posición-a considerar estas tradiciones como esotéricas a nuestro mundo occidental. Solo una élite cultural e intelectual se interesó por estas cuestiones: filósofos como Schopenhauer o Nietzsche consideraron que la filosofía oriental tenía un valor intrínseco y una gran profundidad. Todo cambió en el S. XX en el que las tradiciones orientales están ya en la academia, en los libros de filosofía y en los libros de historia filosófica. No obstante, a estas alturas no podemos decir que hayan sido aceptadas por el pensamiento filosófico y teológico dominantes y tampoco penetrado profundamente en la educación general de las humanidades. Además, la vectorialización misional se ha equilibrado cuando no desplazado su equilibrio hacia occidente que es ahora territorio misionero para todas las religiones orientales. Con toda la cautela que procede, hemos de decir que estamos cada vez mas convencidos de que existen muchos indicios que demuestran que Occidente está al borde de una gran revolución en su espiritualidad tradicional, y que en esa revolución la sabiduría oriental puede actuar como catalizador o como elemento muy influyente. Entre tanto, el abanico de respuestas por parte de la intelectualidad oficial, tanto filosófica como teológica, se extiende desde las posiciones más superficiales u obsoletas, hasta las serias, pero lo cierto es que no parece tener el mas mínimo poder para desacelerar un proceso que se intuye ya próximo. La incursión manifiesta del pensamiento oriental en Europa y América ha tenido lugar simultáneamente al descubrimiento de que en Japón existía una filosofía global de sustrato occidental. Cuando Occidente comenzó a abrirse al dialogo con oriente los filósofos de Kyoto ya habían producido suficiente literatura basada en la interpenetración de los dos mundos. Y lo hicieron de manera muy diferente a cualquier vía producida por los estudios religiosos en occidente. La escuela de Kyoto no plantea a occidente un desafío porque el discurso lo realiza en el plano religioso y no en el teológico. Para nuestros filósofos, carece de sentido una confrontación entre fe y razón y el mencionado discurso, si se dispone de una mente lo suficientemente abierta, es valido tanto para el individuo budista o cristiano como para el agnóstico. No es un diálogo interreligioso ordinario en el que haya que negociar o imponer la supremacía de unas «verdades» sobre otras. Es un regalo que se nos ofrece gratuitamente para abrir nuestra conciencia a la posibilidad de abrir los ojos a un horizonte mucho más amplio que aquel en que parece haberse auto restringido la cultura dominante. En principio no hay distinción entre filosofía y religión en la escuela de Kyoto, al menos como la que se establece en occidente. El propio Tanabe se resistía al principio a la fusión de las dos, pero luego llegó a estrecharlas con más entusiasmo que Nishida o Nishitani. Gershom Scho-lem^ ha reiterado en que no hay «la mística» más allá de la tradición, sino tan solo una mística judía, una mística cristiana, una mística islámica etc. Esta afirmación que no compartimos y que nos sería fácil rebatir, da pie sin embargo a otra de Heisig con la que si estamos de acuerdo: se puede decir que realmente no hay ninguna cosa que pueda llamarse filosofía o religión libre del lenguaje la imaginería y los significados culturales que cada una usa para expresarse^. Por lo tanto, cuando decimos que los filósofos de Kyoto han suprimido las líneas de demarcación entre filosofía y religión esto no debe ser entendido como algo hecho dentro de un contexto occidental, sino en un marco de discurso nuevo, diferente, infinitamente más amplio. Hay quien puede caer en la tentación de decir que Hegel y Jaspers ya habían incluido la religión en la filosofía, pero su proceder no puede ser comparado directamente con la estrategia de los filósofos de la escuela de Kyoto. Filosofar sobre religión tiene un significado en el contexto judeo-cristiano y otro en el budista y ambos difieren de lo que se ha dado en llamar «estudio científico de la religión». Para Nishida, Tanabe y Nishitani, el sustrato primario o materia prima para la coincidencia entre filosofía y religión es siempre budista, y más específicamente un budismo enfocado en la búsqueda del autodespertar. Su trabajo no pretendió armonizar desacuerdos proposicionales entre diferentes tradiciones religiosas desde una posición neutral y objetiva ni usar un conjunto de «verdades» para criticar otro. El objeto de su atención -la realidad y el lugar de la conciencia en ella-no estaba vinculado a ninguna cultura especifica o historia intelectual, pero su atención si lo estaba. Esta distinción es importante pero difícil de sostener en la practica al aplicar ideas filosóficas occidentales mediante una manera de pensar característicamente japonesa a lo que consideramos más universal en la naturaleza humana; su objetivo era ver lo que esa perspectiva era capaz de revelar y también de encubrir. Así se liberaron de los modos tradicionales del pensar japonés, no suprimiéndolos, sino realzándolos y amplificándolos. Como hemos dicho a lo largo de todo este artículo, su intención siempre fue introducir la filosofía japonesa en la mundial, usando como vehículo la filosofía oriental y así ofrecer una nueva perspectiva al modo de pensar japonés y por ende oriental, atrapado en la fascinación de su propia unicidad. Este es el sistema dentro del que tratan de criticar y adaptar la tradición cristiana. Claro está que su lectura sobre esta religión se centró siempre en filósofos y místicos con lo que perdieron algunos matices fundamentales. Nunca hemos pretendido decir que Nishida, Tanabe y Ni&hitani pretendan haber descubierto una filosofía mas allá de la historia de la filosofía o una religión mas allá de la historia de la religión. Por eso, el problema de cómo acercarnos a la amalgama original de filosofía y religión que encontramos en la escuela de Kyoto se halla íntimamente relacionado con su propósito de abrir una ruta entre Oriente y Occidente. Desafortunadamente, resulta mucho más fácil criticar los resultados que emular el proceso. El occidente sobre el que escriben es altamente selectivo, centrado en la filosofia oriental que va de Descartes a Heidegger, atendiendo también al arte y la literatura de este periodo. Pero la cultura viva de occidente dentro de la cual esta historia tomó forma, está ausente. Tanto el «Oriente» como el «Occidente» de los filósofos de Kyoto tiene una parte de invención. Como estos pensadores sabián los esfuerzos que ejercieron en las zonas fronterizas de la filosofía y la religión para construir un puente que uniese la brecha entre Oriente y Occidente, no pudieron competir con lo que lograban la ciencia y la tecnología casi de manera automática y, sobre todo, con mucho menos esfuerzo consciente. Su crítica de la ciencia se fundamenta especialmente en que la preocupación por los resul tados implicó muchas veces un tipo de autoengaño. Desafortunadamente, la divulgación del método científico propiamente occidental no ha sido un he cho transcultural, transrreligioso y transfilosófico sino tan colonial en su estructura como lo había sido la modernidad misma. La ciencia y la tecnología no nos acercan a los sentimientos íntimos de los pueblos orientales sino que los enmascaran. Y en ese enmascaramiento, en ese no saber que sucede en el trasfondo de las conciencias, en esa no comprensión de los recovecos más íntimos de su cultura, radica el mayor riesgo para occidente. Para finalizar, creemos que los filósofos de la escuela de Kyoto han proporcionado a occidente un camino hacia oriente como ningún otro. El suyo no es un pensamiento oriental diluido para el consumo extranjero, ni es tampoco una simple transferencia que supone un fondo de conocimiento de la historia de las ideas orientales. Hace una contribución no solicitada a la filosofía mundial que respeta las tradiciones de la filosofía tanto como las expande. Nunca Occidente ha producido un movimiento intelectual cuya contribución a Oriente pueda compararse con lo que nuestros tres filósofos nos han ofrecido a los occidentales. Al hablar de procurar una aproximación entre civilizaciones, y buscar una comprensión mutua y reciproca y porque no, un acercamiento en un marco de respeto mutuo, habrá que profundizar en las ideas y considerar que los vaqueros y la coca-cola pronto se verán desbordados por otros instrumentos de consumo de corte oriental mucho mas atractivos e ingeniosos que aquellos que nosotros podemos ofrecer. El dialogo con oriente debe hacerse sobre bases profundas, por los senderos que han transitado los sabios y no por las rutas que se han movido con excesiva torpeza los políticos mirando siempre el interés a corto plazo. Nosotros tenemos a mano la ética del discurso para que ellos se sientan cómodos pero prescindamos de patrioterías, altanerías y supuestas superioridades con quien por lo menos nos iguala en cultura y sabiduría. TANABE, H.: El carácter reUgioso de la práctica. Notas ^ Véase Heisig James W., Filósofos de la nada. 31. ^ Ya que esta conexión no se cuestiona nunca directamente ni tampoco se justifica, mucho del antropomorfismo del que aparatosamente se han desprendido va regresando poco a poco a medida que avanza su filosofar. ^ Ken Wilber, importante pensador norteamericano contemporáneo autor de numerosas obras de vinculación y síntesis entre el pensamiento Oriental y el Occidental. ^ Véase lo dicho en la nota n° 2. ^ Presentación débil, humillada, oculta, de Dios. Dios es amor amistoso, que se da más bien al que está dispuesto a una escucha pasiva que al que quiere apresarlo racionalmente. ^ Véase Arco, J. del. Del nihilismo a la vacuidad: Keiji Nishitani, Revista Débats, n° 82 Valencia, otoño 2003 ^ Veasé Scholem, G. Las grandes tendencias de la mística judia, Siruela, Madrid, 1994. ^ Véase Heisig James W., Filósofos de la nada.
Tal vez la idea más controvertida de la filosofía de Daniel C. Dennett sea ésta: los seres humanos no son más que mecanismos dotados de intencionalidad derivada configurada por la evolución de las especies. Esto ha sido considerado por algunos como una afirenta porque relega al humano al estatus de simple artefacto: las acciones del ser humano no responden a sus propios intereses sino que se ven programados por «agentes internos especializados para recibir la información disponible en la periferia del cuerpo»^ que constituyen. Es decir, el ser humano no es más que un compuesto de pequeños sistemas intencionales organizados según los propósitos de la evolución, propósitos que por otra parte son ciegos. Sus críticos apuestan por la denuncia de esta intencionalidad como falsa: un ser humano dispone de intencionalidad real o intrínseca, de lo contrario no pasaría de ser un mero zombie sin voluntad ni decisión. Esta crítica apuesta también por denunciar la anti-intuitividad de dicha tesis: según el sentido común, los humanos nos sabemos como libres y responsables de nuestros actos, realizamos nuestros movimientos según nuestras propias intenciones. El mito de la intencionalidad intrínseca Darwin revolucionó al mundo al introducir la teoría de la evolución. Dicha teoría afirmaba que todos los seres son producto del proceso de se- lección natural iniciado no por una Mente Universal ni por una Inteligencia Divina sino por la acumulación aleatoria y arbitraria de modificaciones ambientales indicadas por algoritmos que permitieron la configuración de un cierto tipo de orden, una rutina, capaz de crear, desarrollar y evolucionar cierto tipo de organismos que consiguieron elevarse hasta la posibilidad de controlar su propio desarrollo. Este proceso de evolución, en principio arbitrario, acabó por conformar unos organismos con una cierta distribución fenotípica capaz de albergar mentes primitivas (proto-mentes), mecanismos capaces de hacerse cargo de sus propias modificaciones. Esto permitiría explicar de modo sencillo el paso del diseño natural al (re-)diseño inteligente controlado por el mismo individuo. Pero, ¿cuál es el problema? La explicación naturalista (científica) del nacimiento de la mente humana desmitifica el mundo humano, porque esta tesis desmiente la idea de la folk psychology (psicología popular) que afirma que el ser humano es libre porque es capaz de causar sus propias acciones. En realidad el ser humano no es libre de actuar libremente de este modo porque no elige sus propias acciones: sólo responde a la configuración que realiza por él su propia historia cognitiva, lo que restringe su ámbito de acción. El desarrollo se produce de modo ciego pero no de modo desordenado. Los organismos primigenios son modificados aleatoriamente para probar su resistencia al entorno en que habitan: aquellos diseños que fimcionen se potenciarán, los que no fimcionen tenderán a desaparecer. En palabras de Henry W. Beecher, «el diseño al por mayor es de mayor grandeza que el diseño al por menor» (citado en Dennett, 1995: 100). Pero, si el supuesto orden no viene establecido por una intencionalidad superior, ¿cómo pudieron evolucionar los organismos mejor diseñados? Esto es, si negamos la existencia de lo que Locke llamó Mente Universal, ¿a quién podemos atribuir el objeto de la evolución? Como hemos defendido hasta ahora, el punto fuerte de la teoría evolucionista (teoría que Dennett hará suya) es la afirmación que dice que la evolución actúa (en palabras de Richard Dawkins^) como «un relojero ciego»: la evolución posibilita el caldo de cultivo que permitirá la posibilidad de un auto-desarrollo en los individuos, un desarrollo que no viene delimitado por leyes rígidas ni estrictas que marcan el recorrido, sino que viene delimitado por la imposibilidad de cometer incompatibilidades. Es El papel de la evolución en la teoría de Danniel Dennett decir, las partículas no pueden mezclarse sin más, sino que suponen una cierta normatividad externa indicada por las enzimas que las componen y que permiten, a la vez que restringen, la posibilidad de unificación en partículas más complejas. Dennett emplea una metáfora: es como si cada partícula tuviera una puerta que sólo puede abrir quien posea la llave. Esta unificación sí que es aleatoria ya que depende del caso concreto de cada partícula el que llegue a unificarse pudiendo constituir así mejores estructuras. ¿Cómo debemos entender este proceso de unificación y desarrollo? Muchos han supuesto que lo que Dennett (y otros evolucionistas como R. Millikan^) defienden cuando hablan de este tipo de superación biológica es una determinación física. Dennett apela a la genealogía: del mismo modo que en ingeniería se recurre a la reversión para analizar los proyectos de la competencia, también los organismos recurren a esta estrategia, porque los organismos son productos de diseño creados indirectamente por el entorno en conjunción con su propia distribución interna (producto de su anterior desarrollo), que no responde más que a los intereses de supervivencia que la evolución depositó ciegamente en el inicio. Los organismos se desarrollan según conviene para sobrevivir. Pero esta declaración corre el peligro de ser malinterpretada: lo que Dennett pretende decir es que el organismo no se adapta al ambiente, sino que los organismos se modifican a sí mismos (o son modificados) o se auto-diseñan sólo según el modelo que viene codificado en su genética (que debe ser entendido en un sentido amplio y abierto y no en sentido restringido y cerrado), y si su nueva estructura reacciona bien en el ambiente se verá potenciada por su fimcionalidad. Esto es, los organismos parecen comportarse, a menudo, de tal modo que podemos comprender y explicar dicha conducta como intencional (Dennett, 1987a: 27). Esto desmiente toda pretensión de mitificación del proceso por el cual apareció la mente humana. El ser humano es uno más de los organismos evolucionados. Como todas las demás criaturas, también el hombre comenzó sus andanzas a partir de la ordenación delimitada por los algoritmos de la evolución, sólo que su evolución le ha permitido llegar hasta un punto en el cual parece tener cierto tipo de intereses. Pero dichos intereses no son suyos propios sino que vienen determinados por toda la estructura fenotípica que dicho individuo posee, estructura que (recordemos) en un principio ñie pasiva y moldeada por la acumulación aleatoria de los algoritmos de la evolución. Por lo tanto, concluye Dennett, la intencionalidad real o intrínseca que muchos parecen atribuir al ser humano es una ficción y cualquier intento de ñmdamentarla no es más que un intento de creación de ganchos celestes (Dennett, 1995: 102). Si algo explica la existencia de intencionalidad es el proceso evolutivo entendido como progresiva elevación de grados de refinamiento en los fenotipos estructurales de los organismos, elevaciones realizadas mediante grúas concretas (como capacidades añadidas o recursos aleatorios) que permiten una explicación (Dennett, 1995: 116), aunque más desmitificada y desencantada, de cómo realmente llegó el ser humano a poseer una mente capaz de representar objetos. Pero como hemos explicado, dichas representaciones no son directamente elegidas por los individuos sino que son producto de la cognición que posibilita el conjunto evolucionado de su sistema, son producto de la evolución. Por lo tanto, el ser humano sólo puede disponer de una intencionalidad derivada. Criaturas biológicas y creaturas lA Dennett comienza por denunciar los 25 años durante los que el cognitivismo pretendió ser la única respuesta posible al problema de la men-te^. Este Computacionalismo de Alta Iglesia (Dennett, 1987b: 60) pretendía responder de modo mecánico a las pretensiones de simulación de capacidades cognitivas humanas, indicando que los estados mentales y la conducta de los sujetos se debía al procesamiento de fórmulas sintácticas capaces de relacionar de modo causal entradas y salidas de datos de modo unidireccional. Pero esta ortodoxia no es capaz de salvar dos lagunas. En primer lugar, no logra salvar el problema que plantea el (llamado) cuello de botella de von Newmann^ («el procesamiento de información simbólica se basa en reglas secuenciales que se aplican una por vez», Varela, 1990: 55). Si los humanos procesaran las órdenes mentales de una en una, el procesamiento de información se ralentizaría, algo que desmiente la intuición que indica que un humano procesa la información muy rápidamente. En segundo lugar, el cognitivismo también considera que «el procesamiento simbólico está localizado» (Valera, 1990: 55), que cierta información se encuentra en sitios localizables del cerebro, algo falso (como veremos) porque cuando se dañan ciertas partes del cerebro, el procesamiento de información encuentra vías alternativas de comuni-cación^. Estas lagunas pueden solucionarse si en lugar de establecer sistemas lineales de procesamiento de información se opta por un sistema de procesamiento distribuido en paralelo, un sistema que permite el procesamiento de distintos algoritmos al mismo tiempo. Aunque la solución de Dennett parte de este supuesto, su solución pasará por considerar un El papel de la evolución en la teoría de Danniel Dennett centro de conciencia no localizado ni centralizado sino distribuido (e implementado) por toda la red cerebral y neuronaF. Como hemos dicho, Dennett insiste en la afirmación que defiende al humano como un ser intencionad. Los humanos son sistemas más o menos complejos de células cuyo comportamiento puede ser analizado, comprendido y explicado como respondiendo a cierto tipo de creencias y deseos (y otros estados mentales). El problema surge cuando intentamos unir esta tesis de la existencia de sistemas intencionales con la polémica tesis dennettiana que afirma que los humanos son también artefactos, sólo que desarrollados según los algoritmos de la ley de la evolución. Entonces, como cualquier artefacto, el ser humano tan sólo posee una intencionalidad derivada. Esto es, esos deseos, razones, creencias, etc., a las que parece responder deben ser extrínsecas al sujeto. El problema principal que plantea esta teoría derivada de la intencionalidad es establecer el punto en el que es representada: podemos solucionarlo diciendo que los propósitos de la Naturaleza son inexpresados (como hace Millikan), que nosotros somos la cadena y no un eslabón más. Pero entonces, ¿qué decir de los objetos que tienen una función determinada? Que es sólo ilusoria. Afirmar que algo tiene la función para la cual fue construido (y que no puede cumplir ningún otro propósito) es equivocarnos, caemos en la falacia intencional. La realidad es que la significación no es intrínseca ni natural, sino funcional: la función de algo viene dado por su propia historia, ya que puede ser interpretada de varios modos según su contexto causal. Del mismo modo, lo que significa depende de la época. Pero, ¿no corremos peligro de caer en el adaptacionismo lamarckiano al afirmar que algo se adapta a la función según conviene? No, porque no estamos hablando de adaptación. Algo puede no haber sido diseñado para una función concreta, pero si ahora realiza bien una tarea que no le corresponde, entonces puede ser empleado para dicha función (por ejemplo, un dispositivo detector de billetes de metro, el pulgar del panda, el pulmón). Es decir, que lo que hace la evolución no es tanto dotar a sus productos de una adaptabilidad, sino que más bien actúa como un «chapuzas»: lo que la evolución hace es bricolaje. La Naturaleza corta y pega aquello que funciona adecuadamente para alguna función concreta y lo recoloca en el lugar que más provecho puede proporcionar. No hay intencionalidad original, por lo que el realismo de los significados sólo es posible si aceptamos la teoría natural de las funciones como realista. Dennett, así, afirma que todos los organismos son el resultado de la evolución, marcada por una serie de ciegos procesos de acumulación, de-marcados por algoritmos, que les permiten llegar a tener una cierta intencionalidad derivada. Pero, ¿cómo funcionan dichos algoritmos? ¿Cómo se organizan inicialmente dichas unidades mínimas de intencionalidad para poder formar mejores y más complejos sistemas? Tipos de mentes: criaturas creadas Dennett propone un marco en el que colocar las diversas opciones de diseño: es la llamada torre de la generación y la prueba^. Como he indicado anteriormente, la evolución organiza un conjunto de células en diversos modelos según la felicidad (satisfacing) de sus respuestas: una respuesta adecuada (lo que no significa que sea la única, o la mejor, o la más correcta) es aquella que funciona, y una conducta que funciona se verá potenciada y también se verá reforzada la estructura capaz de ocasionarla, beneficiando y maximizando por ello sus posibilidades de desarrollo, mejorando las posibilidades de que dicha respuesta satisfactoria vuelva a repetirse y sea así (re-)compensada. La evolución tiene por objetivo la potenciación ciega de aquellos organismos capaces de realizar los mejores movimientos, los más eficaces. Es decir, la evolución potenciará las estructuras de aquellos organismos capaces de producir futuro, capaces de posibilitar nuevas vías de acción. Por ello, en cada estrato de la torre podemos colocar multitud de clases de organismos (que incluso llegan a solaparse, en el sentido de compartir el 99,9% de su diseño) capaces de encontrar y realizar movimientos tales que les permitan desenvolverse en su entorno, lo que permitirá la expansión de su población (crecimiento horizontal); pero sólo aquellos organismos cuyos movimientos son más eficaces verán potenciada su estructura de tal modo que serán capaces de sobrevivir y evolucionar (crecimiento vertical). Pero, ¿cómo distinguir estratos? Primer escalón: las criaturas darwinianas Este primer estrato de la evolución acoge a aquellos organismos que, ciega y arbitrariamente, fueron generados por selección natural mediante la combinación aleatoria de genes. Aquellos organismos que poseían estructuras mejor diseñadas (que poseían fenotipos estructurales más eficaces) pudieron expandirse y sobrevivir. Dichas estructuras vienen cerradas de antemano y sólo reproducen aquella información codificada genéticamente. El papel de la evolución en la teoría de Danniel Dennett Segundo escalón: las criaturas skinnerianas En algunos de esos organismos que fueron capaces de sobrevivir gracias al mejor diseño de sus estructuras, surgió una nueva propiedad: la llamada plasticidad fenotípica. Esto quiere decir que aquellos organismos poseedores de dicha propiedad no estaban genéticamente cerrados, como las criaturas darwinianas, sino que permanecían abiertos. Sus estructuras fenotípicas no estaban diseñadas por completo: ciertas partes de ellas podían ajustarse según lo requirieran los sucesos externos, permitiendo así una mayor eficacia en sus respuestas. Cuando ya no actúa la herencia genética, es la modificación abierta y aleatoria de las estructuras fenotípicas la que debe responder satisfactoriamente al estímulo externo. Así, se potenciará aquella conducta que mayor positividad externa proporcione. O mejor aún, los estímulos positivos externos serán los causantes de la potenciación de ciertas conductas y del refuerzo de la estructura que las sustenta. Una vez que alguna de las primigenias conductas lanzadas ciega y arbitrariamente según los dictados de la evolución ha sido ajustada fenotípicamente por el organismo y es reforzada por el entorno mediante la positividad de su respuesta, la conducta que automáticamente realizará el organismo cada vez que sea necesario será aquella que fue en su momento potenciada porque es la que mejor responde a la situación dada. Tercer escalón: las criaturas popperianas El ensayo-error es eficaz pero muy arriesgado: puede salir bien siempre que nuestros primeros intentos fenotípicos estructurales sean eficaces, algo poco probable teniendo en cuenta que, probabilisticamente hablando, es mucho más factible encontrar un modo de constitución defectuosa que una efectiva, por lo que es mayor la probabilidad de perecer que de sobrevivir. A ojos vista, será mejor un sistema capaz de preseleccionar aquellos comportamientos eficaces y separarlos de aquellos ineficaces minimizando así el alto riesgo de perecer y extinguirse que supone el método de ensayo-error. Pero, ¿por qué denominar popperianas a estas criaturas? Porque, como dijo Popper de las teorías científicas, esta mejora de diseño «permite que nuestras hipótesis mueran en lugar de morir nosotros» (Dennett, 1996a: 109). Los organismos popperianos adquieren la capacidad de modificar ellos mismos sus propias estructuras fenotípicas, adquieren la ca-pacidad de fijación postnatal del diseño. En condiciones normales, no hay razón para que el organismo no realice dicha acción, dados los suficientes datos (puede haber error, o coacción o prudencia). Cuarto escalón: las criaturas gregorianas Llegados a un cierto punto de la cadena evolutiva, aparecen cierto tipo de criaturas capaces de fabricar cierto tipo de herramientas conceptuales que les permiten ir más allá de la mera determinación natural, porque se requiere inteligencia para inventar/fabricar, reconocer y mantener algo como instrumento útil, pero además el uso de dicha herramienta otorga la misma inteligencia a aquellos que la emplean sin haberla creado. Cuanta más información requiera el diseño de una herramienta, mayor inteligencia potencial confiere al usuario. Las herramientas más notables son aquellas denominadas mentales: las palabras. Las criaturas skinnerianas preguntan «¿Qué voy a hacer a continuación?»; las criaturas popperianas, «¿Qué debo pensar a continuación?». Pero las criaturas gregorianas se aupan a la humanidad en tanto que son capaces de cooperar. Los organismos gregorianos son capaces de beneficiarse de la experiencia encarnada en las herramientas (especialmente las mentales) que la comunidad social en conjunto ha ido elaborando y transmitiendo a lo largo de los años, lo que les permite reflexionar mejor acerca de lo que deben hacer o pensar a continuación, (les permite aprender «... a pensar mejor sobre lo que deben pensar a propósito del siguiente movimiento» (Dennett, 1995: 624)), consiguiendo así crear una serie de reflexiones internas (meta-representaciones). El organismo gregoriano, así, es capaz de modificar su estructura fenotípica de modo que le permita crear, identificar y generalizar relaciones no existentes en el mundo externo, pero que le serán de gran utilidad por medio del simple uso de conceptos. La diferencia entre las criaturas (gregorianas) humanas y las criaturas no-humanas consiste en el manejo más eficaz que tienen las primeras de pensamientos concretos referentes a objetos del mundo que se constituyen de forma abstracta como representaciones. Pero dichas representaciones no son individuales, sino que vienen posibilitadas por el entorno social: nadie puede representarse nada más allá de aquello que su entorno le dice mediante sus herramientas mentales. Las criaturas skinnerianas y popperianas pueden actuar tan sólo como si tuvieran pen- El papel de la evolución en la teoría de Danniel Dennett samientos concretos, como si reconocieran objetos del mundo, corno si se escondieran agazapadas tras las ramas de un helécho con la intención de sorprender a su presa. Los dos tipos de intención pueden llevar a cometer errores, pero sólo en el primer caso puede llevar a la representación de una proposición falsa creyendo que es verdadera. En los animales skinnerianos y popperianos podemos adivinar multitud de lagunas en cuanto a representación y generalización porque no tienen pensamiento más allá de su modo de procesamiento central. En cambio, los organismos gregorianos humanos son capaces de pensamiento aún a pesar de perder parte de sus capacidades localizadas porque su estructura cognitiva no está centralizada sino que se compone de transductores periféricos en los que se delega parte de las competencias con el propósito de permitir al agente economizar tiempo de transacción epistémica. Los organismos gregorianos son especiales porque son capaces de construir hipótesis y representaciones generales acerca de la identidad de los objetos e individuos externos; somos capaces de rastrear objetos según su relevancia en el entorno cambiante y de percatarnos de nuestras acciones porque todo ello lo asociamos a nuestro esquema intencional. Por tanto, sólo aquella criatura (darwiniana) gregoriana dotada de herramientas mentales que es capaz de representarse los objetos del mundo, es capaz de ser considerada como persona. Pero, ¿cómo es posible que simples organismos evolucionados bajo las leyes de la selección nat> ural hayan llegado a poder construir representaciones de objetos del mundo? ¿Por qué es posible el pensamiento? Cuando la evolución creó el significado En «Conditions of personhood»^^, Dennett afirma que para ser considerado persona, un organismo debe ser un sistema intencional de primer orden (aquel sistema de deseos y creencias relacionados con los objetos del mundo que no pueden relacionarse con sus propios deseos y creencias) capaz de dar el salto a un sistema intencional de segundo orden (aquel sistema de deseos y creencias capaz de establecer relaciones, además de con los objetos del mundo, también con sus propios deseos y creencias), o bien dar el salto a un sistema de tercer orden (aquel sistema capaz de querer que otro crea que quiera algo), o bien dar el salto a un sistema intencional de cuarto orden (aquel sistema capaz de querer que otro crea que otro quiere que crea que quiere algo), y así, ad infini-tud, El paso importante es el salto de los organismos a los sistemas de segundo orden, porque este segundo nivel permite que los individuos compartan notas, se transmitan información, al poder manipular su propia significación. La comunicación permite a cada individuo «ser beneficiario de las labores cognitivas de los otros, de un modo que nos otorga poderes sin precedentes» (Dennett, 1995: 629). El paso al resto de niveles tan sólo depende de la cantidad de información que sea capaz de manejar un individuo, ya que las operaciones pueden volverse casi automáticas. Pero, ¿cuál es el límite entre aquellas criaturas que son sistemas intencionales de segundo orden y aquellas criaturas que tan sólo muestran intencionalidad aparente? La aparición de la representación Como sabemos, ciertos animales son capaces de realizar ciertos tipos de acciones con cierta (aparentemente) intencionalidad, como por ejemplo, el pájaro que se aleja un poco del nido fingiendo que está herido para evitar que el depredador no lo detecte al percibir una presa fácil, o la liebre que con aire provocador se yergue sobre sus patas traseras haciendo saber a su depredador que lo ha localizado y que es inútil intentar atraparla porque los dos saben que sería perder el tiempo porque la liebre es más rápida y la distancia que los separa es demasiado elevada como para poder atraparla, o la gacela thompson que se permite el lujo de dar cabríolicos brincos en un alarde de fanfarronería como haciendo saber al león que es tan rápida que puede perder el tiempo en saltos acrobáticos y que mejor sería desistir y buscar otra presa, pero cuyo fin es disuadir al predador. Estos animales son sistemas intencionales de primer orden pero, ¿pueden ser sistemas de orden superior? Es decir, ¿en qué modo podemos decir que el comportamiento que presentan ciertos animales es el resultado de una estrategia organizada? Parece que, en principio, las conductas organizadas requieren de un elevado número de estructuras de control semi-independiente coexistiendo en el sistema nervioso, pero la verdad es que no se puede precisar. La respuesta requiere la apelación a una fuerte presión selectiva que obligue al organismo a reorganizar sus estructuras fenotípicas de control de modo que pueda formar otra estructura capaz de llevarlo a la expansión y la supervivencia. Según Dennett, la respuesta parece ser la oportunidad de comunicación. El lenguaje permite la cooperación entre individuos. Cuando una El papel de la evolución en la teoría de Danniel Dennett 257 especie entra en disposición del lenguaje, se produce la cooperación, por lo que la honradez total o el egoísmo total no son recomendables: interviene el benegoísmo^^, Con la comunicación cooperativa surge la necesidad de representar (mentalmente) su conducta porque surge la necesidad de comunicar explícitamente la intención del comportamiento. Sólo que ciertas criaturas están dotadas de confabulación aproximada, un sustituto que puede pasar por una representación de intención capaz de configurar una lista de opciones que simulen acciones intencionales pero que sólo se activan según el caso aferente-eferente, dando incluso la sensación de que están bajo su control. Por ejemplo, el primer ñu en oler al león no puede transmitir directamente a los demás dicha información porque carece del modo representacional adecuado para hacerlo, como tampoco puede engañar a los demás miembros de la manada, ni tan siquiera puede hacer uso fraudulento de dicha información: tan sólo puede echar a correr porque su sistema eferente recibe el estímulo aferente «Hay un león ahí», que despierta la respuesta «Correr», y ese es el único modo en que los demás ñus pueden hacer uso de la información del primero (indirectamente a partir de la conducta de uno de los miembros de la manada). Este salir corriendo puede parecer una acción intencional, parece referirse a la intención «Correr-para evitar ser una presa», pero en realidad es una acción derivada porque depende de la determinación de su estructura fenotípica, depende de que su sistema aferente-eferente esté distribuido de éste modo y no depende de su propia voluntad. La red conceptual que se requiere para que un animal se muestre como si tuviera intencionalidad puede ser completamente diseñada por mecanismos darwinianos o skinnerianos, ya que el aprendizaje ABC^^ permite reforzar mediante condicionamientos ciertos comportamientos operantes. Pero tan sólo una criatura capaz de aprender de su experiencia pasada (de su historia cognitiva) puede ser considerada como intencional. Una criatura popperiana no es más que un sistema intencional de pri mer orden (capaz de tener deseos y creencias acerca del mundo). Pero tan sólo aquellas criaturas capaces de dar el salto a un sistema de segundo orden (aquellas criaturas capaces de reflexionar sobre sus propios deseos y creencias) serán capaces de forjar verdaderas estrategias intencionales: sólo criaturas gregorianas capaces de manipular representaciones y transmitirlas mediante la constitución de herramientas mentales pueden ser conside radas como verdaderamente intencionales. Dichas criaturas gregorianas disponen del principio comando en equipo: cada individuo es capaz de tener tanto conocimiento del proyecto total como para que todos y cada uno de los miembros del equipo puedan improvisar en vistas a la consecución del objetivo en caso de imprevistos. Esta estrategia de orden superior aparece sólo en aquellas criaturas cuya presión evolutiva les obliga a representar propa siciones, lo que les proporciona la posibilidad de forjar herramientas con ceptuales con las que intercambiar información y poder cooperar. Andy Clark y Annette Karmiloff-Smith^^ distinguen dos tipos de criaturas: aquellas que poseen un cerebro con el conocimiento encarnado (anteriormente explicado) y aquellas criaturas que poseen un cerebro capaz de enriquecerse internamente porque es capaz de volverse a representar (siempre que fuera necesario) el conocimiento que anteriormente se había representado. O sea, es una criatura con un cerebro capaz de recuperar memorísticamente aquellas experiencias que ya había tenido. Distinguen entre criaturas que tan sólo responden medio-instintivamente a estímulos y aquellas criaturas que son capaces de emplear estratégicamente aquel conocimiento (representado) que ya había tenido anteriormente (apelando así a su propia historia cognitiva y experiencial del mundo). Es decir, Clark y Karmiloff-Smith distinguen entre aquellas criaturas que tienen conocimiento en el sistema y aquellas criaturas que tienen conocimiento para el sistema. Las primeras son criaturas que responden al condicionamiento operante que les ofrece el entorno; las segundas son criaturas capaces de manipular sus propias representaciones, reproducirlas, combi narlas e, incluso, innovarlas; son capaces de verlas como herramientas (men tales) y de emplearlas como tales para su propio beneficio, y el de su especie. Las segundas son criaturas capaces de manipulación simbólica: el ser humano es capaz de guiarse por sus estructuras sintácticas al mismo tiempo que es capaz de comprenderlas, ya que son representaciones simbólicas cargadas de significación e información. Pero, ¿cómo es capaz el humano de llegar a comprender? ¿Cómo puede una criatura sintáctica dar el salto a la semántica? ¿Cómo puede un artefacto evolucionado pasar de movimientos sin sentido a significar su conducta? El hombre adquiere la capacidad de comprender y manejar significados porque es capaz de descargar la mayoría de teorías cognitivas en su propio entorno, proyectando hacia el exterior toda aquella información útil y relevante. Fabricando nuevas herramientas: la irrupción de la semántica Como hemos dicho, Dennett defiende la teoría que afirma que la evolución de los diseños permite a cierto tipo de criaturas privilegiadas pro-El papel de la evolución en la teoría de Danniel Dennett yectar en símbolos externos la mayor parte de la información. Es decir, adoptan la capacidad de construir dispositivos periféricos para almacenar, procesar y volver a representar, cada vez que sea necesario, aquellos significados relevantes. El ser humano tiene la capacidad de confeccionar símbolos/herramientas conceptuales que transmiten información y que se colocan en el exterior (constituyendo lenguaje) para su posterior uso. Existe la posibilidad de que cierto tipo de criaturas skinnerianas o popperianas puedan transmitir información mediante este tipo de codificación externa (como por ejemplo el rastro de feromonas que las hormigas emplean para señalar su camino o las feromonas que contiene la orina de ciertos animales para la delimitación de su territorio), pero dicha operación se produce de modo operante y condicionado, no mediante reflexión, comprensiva. En pocas palabras, Dennett defiende una especie de nominalismo. El ser humano es capaz de etiquetar las cosas, pero no de cualquier modo. Dicho etiquetado se refiere a aquello que es significativo, a aquello capaz de ser encuadrado en sistemas externos de almacenamiento de información. No es necesario que sea lenguaje. Ciertas especies se sirven de marcas externas como, por ejemplo, la posición del sol para orientarse y los restos desenterrados de las semillas ya consumidas (como el cascanueces de Clark)^^. La herencia cultural proporciona autopistas culturales que permiten extender nuestra mente al mundo. Las criaturas popperianas y gregorianas tienen dos dimensiones de entorno: la interna y la externa. El entorno interno sobrevive precisamente porque es regular: aquellas estructuras fenotípicas funcionales tienden a perpetuarse y expandirse. En cambio, el entorno externo está en continua variación, por lo que cambia aquello relevante y el organismo debe rediseñarse para poder captarlo. Una criatura necesita para sobrevivir poder identificar y discriminar aquello que es relevante de lo que no lo es. Ello sólo es posible mediante el etiquetado de aquello que es relevante. Los símbolos externos sólo tienen significado porque se refuerzan con recursos internos que permiten su identificación: el significado sólo tiene importancia porque hay alguien capaz de captarlo. De este modo, las representaciones pueden llegar a convertirse en objetos mentales. Por ejemplo, en una biblioteca se emplea un código que permite seleccionar y clasificar en secciones temáticas cada uno de los ejemplares de los que se compone, pero ¿qué sentido puede tener esto? También podríamos diseñar un artefacto capaz de clasificar los libros de una biblioteca según las palabras de su título, ¿no? No, porque necesitamos de una criatura capaz de comprender los aspectos importantes que permiten una clasificación lo más correcta o refinada posible porque esos símbolos permiten la rapidez y correcto ajuste del procesamiento de información. Es decir, si la conducta de ciertas criaturas de exportar al entorno externo información ha sobrevivido es porque ello es funcional, ya que permite agilizar el reconocimiento de aspectos y mejorar la estructura cognitiva. Todo ello conlleva el refinamiento de cierto tipo de tecnologías de re-representación: aquí hablamos de meta-representaciones. Se potencia el modo más adecuado y eficaz de clasificar, manipular y reflexionar acerca de las representaciones previas. La estrategia más potenciada es aquella que permite construir herramientas externas cargadas de información y significación pero que a la vez requiere mejorar las propias estructuras fenotípicas con el objeto de reconocer y percibir correctamente dichas representaciones, a pesar del constante cambio exterior. Esto nos viene a decir que lo necesario para la supervivencia de uno de estos organismos no es conocer todas las características del exterior, sino que en el momento adecuado sea capaz de hacer uso de la información exterior porque ha conseguido modificar sus estructuras cognitivas de modo adecuado, ha sido capaz de prever adecuadamente el próximo movimiento. Esto permite que aquellas criaturas capaces de rediseñarse adecuadamente sean capaces de construir redes conceptuales capaces de relacionar su mundo interno con el externo. Con la aparición del lenguaje, las criaturas gregorianas se dotan de palabras, y las palabras identifican (como etiquetas) aquella información depositada en el entorno externo. En lugar de lenguaje escrito del pensamiento deberíamos hablar de lenguaje hablado del pensamiento^^. El niño aprende expresiones a medio entender. Escucha sonidos, los recuerda y repite, incluso los comenta. La repetición de palabras las llega a hacer familiares y la familiaridad permite identificar el sentido de una etiqueta. Así se establecen asociaciones y se potencian las ya establecidas. La contemplación de representaciones permite recordar la significación que importa, entendemos la información constituyendo conceptos. Las palabras son conceptos primigenios, vocalizados y encarnados que podemos manipular para convertirlos en objetos mentales sobre los que deliberar. Pero, ¿cómo saber qué concepto emplear para según que situación? El hombre construye tecnologías: toda una red de habilidades estructuradas que permite captar y clasificar su entorno según su propia escala de valores, según sea significativo. Es aquí donde podemos ver el importante papel de la cooperación que permite el lenguaje: una vez los El papel de la evolución en la teoría de Danniel Dennett organismos han llegado al punto de representarse los objetos del mundo, establecer relaciones entre ellos y comunicarlo a los demás (lo que indica que son relevantes se procede al establecimiento de hipótesis que permitan prever el ñituro. Se constituye la ciencia: «una vez que tenemos lenguaje -una caja repleta de herramientas mentales-podemos utilizar estas herramientas en la estructura que genera y que somete a prueba, de manera premeditada y con visión de ñituro, conocida como ciencia» (Dennet, 1995: 626). La ciencia permite establecer leyes mediante la generalización y establecimiento de relaciones causales que (a pesar de ser ficticias) permiten al hombre tener la ilusión de poder predecir acontecimientos. La ciencia no está pensada para minimizar los errores, sino para que en caso de cometerlos, los errores se cometan en público, permitiendo la puesta en común de dificultades y escollos con el fin de que los demás miembros de la comunidad puedan llegar a una mayor precisión y refinamiento de las hipótesis. La principal crítica a esta afirmación es la tesis que afirma que ciertos seres están sometidos a un cierre cognitivo. Esta tesis, defendida por Chomsky, Fodor o McGinn afirma que, como somos subjetivistas y tenemos un acceso privilegiado de primera persona a ciertas cosas, hay conocimientos que están vedados a ciertos individuos porque no poseen los instrumentos cognitivos adecuados para captar ciertos aspectos, por lo que parte del mundo les será desconocido. Dennett niega esta posibilidad del sentido común afirmando que no existe cierre cognitivo y que un ser humano (como cualquier otro organismo evolucionado correctamente) podría llegar a conocerlo todo, pero que la entropía no se lo permite porque destruirá siempre al organismo antes de que éste llegue a poseer el conocimiento total. Parece que esta tesis dennettiana defiende la posibilidad de una clausura física del mundo^^, algo que también se contrapone al sentido común. La libertad de acción, Gedisa, 1992). -«I could not have done otherwise -so what?». 2 R. Dawkins: The blind watchmaker, Longmans, 1986(trad. cast, en Labor, 1989). ^ El lector interesado en las teorías de R. Millikan puede consultar Language, thought and other biological categories, MIT Press, 1984 y White Queen psychology and other essays for Alice, MIT Press, 1993. ^ El lector interesado en el tratamiento que Dennett realiza de otras aproximaciones a dicho problema puede consultar Dennett (1978b). ^ Este problema lo plantea por primera vez John von Newmann con la intención de reformular la llamada máquina de Turing. Una máquina de Turing es una estrutura sintáctica conceptualmente simple capaz de realizar funciones de computación mediante la entrada y salida de datos. Pero dicha máquina sólo realiza un movimiento por vez, por lo que el proceso es lento para cómputos complicados. ^ Para la revisión que hace Dennett de ciertas anomalías cerebrales puede verse Dennett (1992). ^ Dennett (1991), especialmente el capítulo 9. ^ El texto básico sobre este tema es «Intentional systems», en Dennett (1987a). El papel de la evolución en la teoría de Danniel Dennett ^° Este y otros artículos pueden encontrarse en Dennett (1978a). ^^ El término benegoísmo (benegoism) es acuñado por Dennett para referirse al comportamiento que los individuos adquieren cuando se encuentran en una situación límite. Cuando no queda más remedio que cooperar o perecer, los organismos no tienen otra salida que forjar estrategias conjuntas que les permitan el más alto grado de supervivencia posible. El término se refiere a unas palabras que (parece ser) pronunció Benjamin Franklin en la reunión previa a la fìrma de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. El lector interesado en un examen más detallado de este concepto puede consultar Dennett (2003: 221ss.). ^^ El aprendizaje ABC (Asociationism, Behavorism, Conexionism) es aquel que permite a un organismo establecer conexiones entre redes comportamentales sencillas mediante la «historia de los refuerzos» que han contribuido a la potenciación de sus conductas satisfactorias. ^^ Una primera defensa de esta teoría puede verse en Dennett, «Labeling and learning», Mind and Language, VIII, 1994, pp. 549-548. Para una versión revisada puede consultarse Dennett (1997). ^^ La tesis de la existencia de un lenguaje del pensamiento (llamado mentales) en el que se codifica toda orden cerebral es el punto fuerte de la teoría de la mente del filósofo estadounidense J. A. Fodor. El lector interesado puede ver Psychosemantics, MIT Press, 1987(trad. cast, en Tecnos, 1994). Puede verse también The language of thought, Crowell, 1975(trad, cast.. ^^ La tesis de la clausura física del mundo es actualmente defendida por varios autores, entre ellos Jaekwon Kim o David Lewis. Todo hecho del mundo (incluidos los estados mentales de los seres humanos), defienden, tiene una explicación en términos físicos, explicación que (si bien todavía no podemos aportar) la evolución y desarrollo de mejores y más completas teorías científicas permitirá en un futuro. Para una revisión pormenorizada de las tesis de la clausura física del mundo (y una contrarréplica) puede consultarse con provecho el excelente trabajo de Josep E. Corbí y José L. Prades, Minds, causes and mechanisms, Blackwell, 2000.
El «Informe Delors», cuyo texto fue presentado hace ahora diez años, señala que cualquier proyecto educativo para el siglo XXI debe contemplar dos acciones. «Enseñar a conocer, a hacer, a vivir juntos, a ser», y garantizar el acceso de todos a ello. El siglo que concluyó apenas media docena de años, ha estado cargado de inmensas paradojas: entre grandes males, extraordinarios logros y no pocas esperanzas inalcanzadas. Marcado por dos guerras mundiales, por genocidios, por la acelerada degradación de la biosfera o por la miseria de una masa de marginados frente al creciente bienestar de los privilegiados. También ha sido el siglo de mayor progreso científico y tecnológico y el de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aunque no hayamos aún asumido las correspondientes responsabilidades que de los mismos derivan, comenta el presidente del Club de Roma. La educación vive en el pasado. Se exige un gran cambio de mentalidad y es urgente acometer un amplio esfuerzo prospectivo que facilite una visión de la sociedad deseable del futuro en cuya construcción se desee participar de forma creativa. En esta encrucijada es evidente que el sistema educativo y de aprendizaje que escoja cada país debe depender, esencialmente, de la sociedad que los conciudadanos deseen para ellos mismos, y sin olvidar la creciente globalización de la realidad supranacional que se va imponiendo. La razón principal del renovado e intenso debate proviene del desempleo y del paro, coyuntural y estructural, que está afectando progresivamente a todas las sociedades del mundo. La creación de puestos de trabajo raramente coincide ya con el número de los puestos suprimidos, y las calificaciones de los parados no suelen corresponder a las expectativas de los empleadores. De este modo, la educación reglada ha ido perdiendo buena parte de su credibilidad, y, por ello, tiene puestas todas sus esperanzas en la radical me-jora de su calidad. La calidad se logra mediante el desarrollo intelectual y la equidad. La mejora de la calidad es el objetivo último y fundamental de toda reforma educativa, y es el reto fundamental de la educación del futuro. Sin embargo, ¿cual es la primera prioridad: calidad o extensión de las oportunidades educativas?, y ¿que se entiende realmente por calidad de la educación?. La primera interrogante es clara, lo primero de todo es la oportunidad de acceder a la escuela, al sistema educativo como medio indispensable para poder aspirar a una plena incorporación a la vida, en el trabajo y en la sociedad. La segunda interrogante tiene difícil y vaga respuesta. En último análisis, el requisito esencial de la calidad en la educación tiene que ver con la coherencia entre lo que se enseña y aprende, con el grado de adecuación a las necesidades de aprendizaje presentes y futuras de los aprendices concretos, habida cuenta de sus circunstancias y expectativas particulares. Los procesos de educación y aprendizaje tienen que satisfacer las propias ansias de saber, de culturización y de desarrollo personal; pero además, tienen que formar para la vida, para poder participar plenamente, innovar creativamente y anticiparse a los acontecimientos. En vez del excesivo individualismo que cultivaron ciertos sistemas educativos elitistas del pasado, se trata de formar gentes deseosas de crear riqueza, capaces de trabajar en equipo, inclinadas hacia la solidaridad y dispuestas a asumir liderazgo desde un alto sentido de la responsabilidad. Frente al tradicional énfasis en la capacidad cognitiva, se trata de enfatizar la capacidad creativa ante la incertidumbre que nos embarga y gracias al grado de ansiedad creativa que ello produce. Se trata de llevar al aula el conocimiento y la experiencia creativa, ayudando al alumno a familiarizarse con sus capacidades personales. En definitiva, aprender haciendo. Se educa y se instruye de consuno. Savater -cuyo Valor de Educar emergerá más de una vez-lo llama modelo de autoestima: el resultado englohador de todo el proceso de aprendizaje. Educar y aprender para vivir en este mundo, Y dado que la escala de valores cambia con las sociedades, dicha jerarquía no ha permanecido jamás igual en dos momentos diferentes de la historia. Ayer fue el valor la que tuvo primacía; hoy -escribió Durkheim a finales del siglo pasado-es el pensamiento y la reflexión; mañana será, tal vez el refinamiento del gusto y la sensibilidad por el arte. Así pues, tanto en el presente como en el pasado, el ideal pedagógico es, hasta en los menores detalles, obra de la sociedad. El mundo de Leonardo ¿Cómo es nuestro mundo? En los últimos años diferentes voces, a menudo autorizadas, se vienen esforzando en presentar el mundo moderno, la cultura occidental, estructurado en subculturas pretendidamente aisladas e incluso, enfrentadas: una tecnológica y otra humanista. La expresión tecnológica produce un «know-how» que determina todas sus racionalidades; en su forma humanista produce un conocimiento de sí mismo -conocimiento humanista-que debería proporcionar un sistema de autocontrol. Al mismo tiempo, el mundo moderno conjunta «knowhow» y conocimiento en forma de ciencia. Las culturas racionales -las culturas occidentales y occidentalizadas representadas por las sociedades que llamamos modernas-son culturas tecnológicas soportadas por la ciencia. Y siendo así, tales sociedades constituyen el mundo moderno. En tanto que el intelecto científico y tecnológico determina el surgimiento y el desarrollo ininterrumpido de nuestro entorno, ese mismo mundo no es sino el trabajo de los propios humanos. Si estamos en este mundo, es porque el intelecto tecnológico y científico ya ha estado en él. Leonardo da Vinci (1452-1519), el gran renacentista ingeniero, artista, filósofo y científico, en cuyas manos todo llegaba a ser un artefacto, una construcción, una realidad cincelada. El mundo de Leonardo no conoce fronteras; ni naturales, ni sociales, ni humanas. El desarrollo de la humanidad ha exigido la enculturización de la naturaleza; en la medida que el hombre se desarrolla, lo hace a sus expensas. Nunca ha existido una naturaleza virgen en el ambiente humano. Al consumir, alterar y manipular los recursos naturales, la humanidad ha ido cincelando el ambiente en una naturaleza cultivada. El ambiente del hombre no es más que el trabajo del hombre. En este sentido, el mundo moderno, con estructuras artificiales en aumento que conllevan la disminución de las estructuras naturales, es el resultado lógico de la esencia tecnológica de la humanidad. En el curso del desarrollo social, íntimamente relacionado al desarrollo científico y tecnológico, las sociedades modernas han llegado a ser tan dependientes de la ciencia y de la tecnología que cualquier cambio en el sistema ciencia-tecnología, inciden de inmediato en sus fundamentos. Sin ciencia ni tecnología todo se detiene; sin nuevas fuentes de energía, sin progreso científico-tecnológico, el mundo entraría en un proceso de regresión. Lo que es válido para la sociedad moderna, en general, también lo es para el hombre; la ciencia y la tecnología han comenzado a ver al hombre como un nuevo mundo de Leonardo en potencia y lo reclaman para ellas. De manera gradual, se ha llegado a utilizar la noción de que la naturaleza del hombre puede moldearse del mismo modo que el mundo físico y el mundo social; ahí están la ingeniería genética y la medicina regenerativa. La consecuencia es que no habrá más sujeto o acción reconocibles de desarrollo que aquellas que descansen sobre la racionalidad científicotecnológica, y que mantienen en movimiento el mundo de Leonardo; en particular, la que se ha denominado cambio tecnológico. El avance científico-tecnológico no es fácil de detener; ocurre, en cierta manera, sin nosotros. El desarrollo científico y tecnológico adquiere su propia racionalidad y su propia dinámica. Hace más de treinta años, el sociólogo Schelsky escribió; A las puertas de un estado tecnológico universal, la concepción clásica de la democracia como mancomunidad cuyas políticas dependen de la voluntad de los ciudadanos comienza a ser una ilusión. El estado tecnológico rapta el sustantivo democrático sin ser, en sí mismo, antidemocrático. Las decisiones científico-tecnológicas no son sujeto del debate democrático. El mito de las dps, tres,... culturas Hay quién pretende que los días en que las denominadas humanidades eran parte integral de un desarrollo científico bajo la bandera del progreso, de la unidad de la ciencia y del carácter humano de la sociedad, pertenezcan al pasado. Ese gran pasado está recogido, por ejemplo, en la gran Enciclopedia editada por Denis Diderot (173-84) y Jean le Rond d' Alembert (1717-83). La unidad de la ciencia está representada en la Enciclopedia por la unidad de la filosofía, en la que las humanidades, esto es, el conocimiento o la ciencia del hombre mediante la ética y la lógica, van de la mano con el conocimiento de dios, con la teología, y con el conocimiento de la naturaleza, que contempla la metafísica de los cuerpos, las matemáticas y la física o filosofía natural. Por su parte, la Enciclopedia insinúa las futuras líneas de fractura que se producirían con el desarrollo de la ciencia; la primera línea de fractura se insinúa entre la teología y las humanidades por un lado y las ciencias naturales por el otro. Lo que en la Enciclopedia eran hilvanes, en la actualidad se presentan como fracturas consolidadas. Pero el invento de las dos culturas es reciente. Charles Percy Snow (1905-80), físico, novelista y un conocido representante de la Inglaterra oficial, con su sorprendente metáfora -Las Dos Culturas-, señaló la diso-Enseñar a ser lución, iniciada hace muy largo tiempo, de la idea de la unidad de la ciencia y el dualismo entre la ciencia natural y las humanidades como un resultado de esa disolución. En su polémica, hizo de este dualismo una bandera. Para Snow, las relaciones entre las dos culturas se caracterizan por la ignorancia y el empobrecimiento mutuos, aunque las humanidades salen peor paradas de la confrontación. Para Snow, las ciencias naturales representan el ñituro, mientras que las humanidades son el pasado. Pero una distinción de este tipo es más un comportamiento literario que un análisis científico; en especial, porque la postura de Snow respecto a la cultura literaria está en el lado de los anti-intelectuales. Las humanidades se comportan como si la cultura tradicional ñiese la Cultura; como si el orden natural no existiese. Como si el edificio científico no fiíese en su cimentación intelectual, complejidad y elaboración, de los trabajos colectivos más bellos y maravillosos de la mente humana; es el principal medio para mitigar la condición humana. Haber leído a Shakespeare, en el provocador ejemplo de Snow, es cultura; conocer la segunda ley de la termodinámica no es, aparentemente, cultura. Llegado este extremo, la división disciplinar entre las ciencias se convierte en n'entera cultural. La pregunta es si las humanidades se sitúan fiíera de los límites de la ciencia y constituyen en realidad un mundo propio. La consecuencia, si el análisis lo certifica, es una cultura amputada; nuestra sociedad ya no representa una cultura común. Por un lado, el mundo objetivo de los científicos y, por otro, el literario de los humanistas. En este caso, el mundo moderno está en peligro de perder parte de su racionalidad; la parte que corresponde a las humanidades. Las dos culturas serían la expresión de que el mundo moderno se ha escindido en dos submundos; pero también pueden ser un mito que encubre las no muy fluidas relaciones entre lo científico y lo no científico. Un mito creado por la racionalidad científica para ocultar su mala conciencia, o por la incapacidad de la ciencia -o mejor la incapacidad de los científicos-para comprender sus propias acciones en el contexto de una cultura que no es posible dicotomizar. Estamos en una nueva comunidad mundial; no podemos destruir las partes sin destruir el todo, concluye May en The Cry for Myth. En el prólogo a su monumental obra Styles of Scientific Thinking in the European Tradition, Arnold C. Crombie escribe que «el estilo general de cualquier cultura y los estilos particulares de sus diferentes actividades, crean sus propios productos y objetivos, a la vez que estos mismos reelaboran el estilo cultural que los produjo». La tradición humanista, la científica y la tecnológica son, todas ellas ingredientes inseparables de la cultura Occidental iniciada en la antigua Grecia, aunque la impronta genuina de nuestra cultura sea el papel relevante de la ciencia en la cultura intelectual. El mundo de Leonardo se ha desarrollado a partir del mundo griego. Además de la tesis de las dos culturas, que abandona las humanidades a su orientación idealista o que las concibe como una iniciativa cultural que no soluciona problemas sino que aparta la atención de ellos, existe lo que se denomina teoría de la compensación humanística, en la que la tarea de las humanidades, que son conservadoras, es compensar los peligros de la modernización que derivan del desarrollo científico y la innovación tecnológica; las humanidades no son enemigas de la modernización, son el soporte del progreso. El pensamiento científico, que se encuentra en un particular periodo o en una determinada sociedad, arranca de una visión y de un estilo particulares pero enraizados con el resto de los compromisos inr telectuales y morales. De acuerdo con Marquard-escribe Savater (1947-)-, las humanidades compensan los peligros de la modernización mediante la narrativa, que engloba y totaliza los conocimientos por ella transmitidos. Los humanos no somos ecuaciones sino historias; nos parecemos menos a las cuentas que a los cuentos El modelo compensatorio de las humanidades se opone al mito de las dos culturas al afirmar su papel en la construcción de un mundo racional con perspectivas de futuro. En este sentido, la ocupación de las humanidades es la reflexión crítica de la forma cultural del mundo. Frente al know-how, el conocimiento humanístico es orientador. No hay nada que impida contemplar todas las ciencias, incluidas las humanidades, como expresiones particulares de la misma racionalidad que ha creado el mundo moderno. Esta racionalidad se expresa de varias formas y en varias tareas, pero nada nos obliga a dividirlas en dos ni en tres culturas. Por esta razón, la tesis de las dos culturas es un mito que debe rechazarse. La prevalência de los diversos dualismos en teoría del conocimiento es el producto de los fuertes y firmes muros que separan los grupos sociales y las clases dentro de un grupo. Tales barreras significan la ausencia de un trato libre y fluido, y esta ausencia da lugar a una clase de separación de los diferentes tipos de experiencias vitales entre sí, cada una de ellas con contenidos, objetivos y estándares de valores aislados. Ello, en vez de procurar una continuidad entre hecho y valor, entre el intelecto y las emociones. Educar es creer en la perfectibilidad humana, en la capacidad innata de aprender; en que hay cosas que pueden ser sabidas y que merecen ser-Enseñar a ser lo. Quizás, el resultado más valioso de toda educación -comenta Thomas Henry Huxley (1825-95) en Technical Education-sea la aptitud para hacer lo que hay que hacer cuando debe hacerse, sea que nos guste o no. Esta es la primera lección que hay que aprender, y por más temprano que se inicie la formación de un hombre, esta es, probablemente, la última lección que se aprende cabalmente. El hecho es que aprender es un trabajo duro, sin vueltas, simple. Desde luego que satisface y recompensa, pero es un trabajo duro; no necesariamente desagradable, aunque siempre exige diligencia, aplicación, esfuerzo y atención. Cuanto más pronto las escuelas y los alumnos redescubran este sencillo lugar común -el trabajo-, mejor. El trabajo duro y no el talento innato, es la llave del aprendizaje, enfatiza la Carnegie Commission. La mayoría de los ciudadanos cree que la educación pública debe preparar a los jóvenes para dos roles: el de ciudadanos de una democracia que participan en la sociedad, y el de trabajadores de una economía compleja. El conocimiento siempre gobernará a la ignorancia, y un pueblo que se quiere soberano tiene que armarse con el poder que da el conocimiento. Aceptando cierto sesgo utilitarista, hoy dia la educación para la ciudadanía y para la realización personal equivale, en gran medida, a la educación para la vida económica ordinaria, porque las habilidades y los conocimientos necesarios son los mismos. En 1991, el Departamento de Trabajo de EE.UU. emitió un informe en el que se bosquejaban los tipos de aptitudes que, de acuerdo con el mercado de trabajo, todos los estudiantes deben adquirir: administración de recursos, trabajo en equipo, organización y manejo de la información, trabajo con sistemas complejos y trabajos con diversas tecnologías. Según este informe, los trabajadores eficaces deben también poseer un nivel fundamental en aptitudes básicas -lectura, escritura, matemática en cuanto computación aritmética y razonamiento matemático, escuchar y hablar-; aptitudes intelectuales para el pensamiento creativo, la toma de decisiones, la resolución de problemas, saber aprender y razonar, y cualidades personales de responsabilidad personal, autoestima, sociabilidad, autodirección e integridad. También, el currículo común debe incluir metas nacionales y generales: geografía, historia, ciencias naturales, eduación física y salud, servicio comunitario, una segunda lengua. Quizás, algunos se burlen -escribió Alfred North Whitehead (1861Whitehead ( -1947) ) en The Aims of Education-de una educación que pretenda ser útil Pero si la educación no es útil, ¿qué es? ¿Es un talento que hay que mantener envuelto en pañales? -pregunta Whitehead-. Desde luego que la educación debe ser útil sea cual fuere nuestra meta en la vida. Le fue útil a Agustín y le fue útil a Napoleón. Es útil porque aprender es útil; pero también es un proceso necesario para llegar a adquirir la plena dignidad humana. Para ser humano no basta con nacer, sino que hay también que aprender. La mayoría de los ciudadanos, cuando se les pregunta, dicen querer que sus hijos sepan más, que estén mejor preparados que ellos, y los consterna la perspectiva de que la próxima generación sepa menos. El secreto de la vitalidad económica y política de las naciones es la mayor invención social: la educación de las masas y el compromiso de educar a todos sus ciudadanos con el presupuesto público. No obstante, paradójicamente, la educación pública, el área más vital de la vida de las naciones, no ha sufrido el mismo proceso revitalizador que otras de sus facetas. La escuela pública es nuestra herencia y debe seguir siendo nuestro futuro. En las escuelas hay una enorme cantidad de talento y de energía que esperan ser liberados. Los japoneses, que se jactan de uno de los sistemas escolares más eficaces del mundo, dicen que tienen la mejor mitad inferior del mundo. Tienen una educación de masas perfecta y educan a casi toda la población. Alguna superpotência creyó que podría arreglarse con la mejor mitad superior. Esto no es así, tanto por razones morales como prácticas. ¿A los hijos de quién se dejaría atrás?; la respuesta moral es que no se debe dejar atrás a nadie. La respuesta práctica es la misma. No podemos permitirnos que alguien se quede atrás. Si dejamos a gente atrás, no solo será negro su futuro, sino también el nuestro, y se derrumbará el gran experimento de mercados libres y de democracia. La elección de calidad escolar sobre la base del poder adquisitivo no sirve el interés social de la comunidad. La última década revela cambios dramáticos. En el ámbito de la escuela sirvan tres ejemplos: la televisión y los videojuegos ocupan ahora la mayor parte de la atención y el tiempo de los niños; el uso de drogas y la actividad sexual se ha vuelto rutinaria en las escuelas secundarias; los ordenadores han revolucionado las comunicaciones y el almacenamiento de información. En medio de esta actualidad, las escuelas han permanecido básicamente idénticas a sí mismas. Esta inmutabilidad frente al cambio no sorprende. El cambio libera pero atemoriza; es creativo, pero también exasperante. Pocos son los individuos y menos las instituciones. Enseñar a ser que lo acogen de buen grado. Sapere aude -atrévete a saber-fue, según Emmanuel Kant (1724-1804), la más secreta consigna de la Ilustración. En Mañana Siempre es Tarde, Federico Mayor Zaragoza (1934-) nos dice que hoy es preciso atreverse a saber y a hacer; a saber hacer (a crear lo inédito), a hacer saber (a enseñar lo así sabido) y a dar vigencia social de los que se sabe y se enseña. También han cambiado las relaciones entre la escuela y su entorno. En términos simples, hoy día se necesita más capital humano para ganarse una vida decente, realizar un aporte real a la empresa o para que la empresa elabore un producto competitivo en el mercado global. El resultado es que se paga más a las personas educadas, bien formadas, y menos a las no educadas. La economía no creará prácticamente puesto de trabajo alguno para quienes carezcan de las habilidades básicas. La empresa moderna -la participación de la empresa en la formación es incuestionable-no puede entrenar si la escuela no ha educado antes. Las aptitudes del pasado ya no son adecuadas para el presente. Así como la revolución industrial originaria hizo más tonto el trabajo, más simple y menos complejo, el proceso de manufactura moderno, basado en la tecnología, se hace más inteligente y exige trabajadores más cualificados. El remedio es directo: más y mejor educación. Frente a ello, las escuelas no han empeorado, sencillamente, no han mejorado. En ninguna parte se ve esto mejor ilustrado que en el empleo escolar de las nuevas tecnologías; en parte alguna de la economía la ausencia de tecnología es tan alarmante y completa. A pesar de la invención de un conjunto asombroso de nuevas herramientas informáticas que almacenan y comunican el conocimiento, y que entretienen, desafían y amplían el poder de sus usuarios, las escuelas siguen transmitiendo la información como lo han hecho desde Gutenberg. Y cuando las escuelas utilizan esa tecnología, lo más frecuente es que la traten como algo adicional o agregado. Lo típico es que los ordenadores estén en un laboratorio separado, al que se envían periódicamente a los alumnos. En la mayoría de las escuelas la tecnología es tratada como la radio del auto; es un recurso adicional que proporciona diversión y ocasionalmente informa. La lección es clara: para tener éxito, las escuelas públicas tienen que ser desreguladas. Deben tener libertad para alcanzar sus objetivos. Tienen que aferrarse a normas altas; deben pasar la prueba de todas las organizaciones eficaces: los resultados. Y los resultados no se logran por regulación burocrática; se alcanzan satisfaciendo los requerimientos del cliente, acatando la disciplina del mercado. Crear empresarios de la edu-cación es uno de los objetivos de las escuelas del próximo siglo -escribe Louis Y. Gerstner-. Pero algo debe quedar claro; la necesidad de la disciplina de mercado no significa privatización ni la disyuntiva escuela privada versus escuela pública. Estos son temas legítimos que merecen un debate serio, pero aquí se trata de otra cosa. Las escuelas públicas son nuestra herencia y han de seguir siendo nuestro futuro. Los planes de enseñanza tienden a reforzar los conocimientos científicos y técnicos a los que se supone una utilidad práctica inmediata; una directa aplicación laboral. Pero ¿qué son las humanidades? La cultura propiamente humanista, que se relaciona sobre todo con la filosofía y el estilo de vida, con las creencias, con la literatura o las lenguas culturales -a diferencia de las instrumentales-, no es primordialmente finalista y no está, por tanto, al servicio del desarrollo económico. Por otra parte, un desarrollo aislado o separado de su contexto humano y cultural, un desarrollo sin progreso, tan solo es crecimiento sin alma. Durkheim, en su Historia de la educación, comenta que la mayoría necesita ante todo vivir, saber pensar correctamente de forma que se sepa actuar. Aprender a discutir, a refutar y a justificar lo que se piensa es parte irrenunciable de cualquier educación que aspire al título de humanista. La educación transmite porque quiere conservar; y quiere conservar porque valora favorablemente ciertos conocimientos, ciertos comportamientos, ciertas habilidades y ciertos ideales. Para ello, la enseñanza de la literatura, del arte y de la filosofía es, como Henry Louis Gates Jr señala, la enseñanza de valores. Y para enseñar los valores que nuestros estudiantes necesitan como ciudadanos de una democracia pluralista y de una aldea global, tendremos que comprometernos inevitablemente en cierta medida con lo que Gates llama deformación del canon. El respeto, a diferencia de la simple tolerancia, requiere cierto conocimiento de la otra cultura; no se puede respetar lo que se desconoce. Jihn Rawls ha expresado la confianza en que personas con concepciones muy divergentes de lo bueno puedan, sin embargo, llegar a estar de acuerdo en una concepción común de la justicia política y social a través de un consenso parcialmente coincidente. Tal tipo de consenso requiere que el global de los ciudadanos se pueda comunicar entre sí en relación a los valores que orientan sus vidas; la declaración universal de los derechos humanos ha de ser la referencia. Sin embargo, están aquellos que piensan que abrir el canon, ampliar la concepción heredada de las humanidades, creará una torre de Babel donde solía existir una universidad; que lejos de mejorar la comunicación, creará incomprensión. Realmente esto sería así sino se modifican también los modos de como Enseñar a ser enseñamos, de como investigamos o de como pensamos. Gates escribió que en las humanidades, lo hechos y los valores no existen en reinos de conocimiento pulcramente separados; y no solo en las humanidades sino en la vida. Como pasos previos hacemos las siguientes consideraciones. Primero y para asegurar la formación científica básica de «todos» los estudiantes de la escuela secundaria, deben cambiarse los currículos a efectos de reducir la cantidad del material y de las especificaciones ahora cubiertas; reducir o eliminar las rígidas fronteras impuestas entre materias; insistir machaconamente en las conexiones y no en las separaciones, primero entre ciencia, matemáticas y tecnología, y, más importante, con los otros dominios del conocimiento. Es preciso presentar la empresa científica como un compromiso social que influye y es influenciado por el pensamiento y la acción de la humanidad. En segundo lugar, la enseñanza eficaz de la ciencia, matemáticas y tecnología deberá ser consistente con el espíritu, el carácter inquisitivo y los valores de la ciencia. Ello pretende una aproximación a base de preguntas sobre los fenómenos y no pretender la memorización de respuestas; también, acostumbrar a los alumnos en el uso de hipótesis, la recopilación y utilización de pruebas y el diseño de investigaciones y de procesos. Y no olvidar -tal vez lo más importante-estimular al alumno hacia la curiosidad y la creatividad. En tercer lugar, tales objetivos deben desarrollarse de manera integrada; una mejora enfocada sobre las necesidades de aprendizaje de todos los jóvenes, cubriendo todos los grados escolares y todas las áreas docentes, comprometiendo a todos los integrantes y aspectos del sistema educativo, y reclamando la financiación pública durante décadas. Por último, tan ambicioso plan debe reclamar la colaboración de administradores, profesores universitarios y líderes de la sociedad civil; de los líderes de los empresarios, de los sindicatos y, fundamentalmente, políticos. También, de los profesores de enseñanza secundaria, de los padres y de los propios estudiantes. Básicamente se aprende leyendo -dice Savater-. Fomentar la lectura y la escritura es una tarea de la educación humanista que resulta más fácil de elogiar que de llevar eficazmente a la práctica. En la biblioteca de la Real Academia de la Historia se conserva manuscrito un Regimiento de Príncipes, anónimo, compuesto por un sacerdote de poca estima, dedicado a un muy esclarecido príncipe. Un libro cuyo propósito es reformar, regir y gobernar el reino de la Verdad; allá por 1560: Dos viajeros llegan a la capital del reino, la ciudad de Oníhona; el rey Prudencio les describe el Estado, y les lleva, directamente, a la biblioteca; allí se guardan 12 libros. Diez recogen el saber; los otros dos, que se ocupan de los problemas de la educación, forman un sistema completo y racional. En cuanto al aspecto cultural, lo que viene denominándose la gran conversación o el canon occidental; desde el lado tecnológico, la divulgación científica o, mejor, capacitación para la ciencia scientific literacy-recién estrenada. Hasta hace pocos años nadie ponía en duda que el camino de la educación se recorría de la mano de los «grandes» libros. Ninguna persona estaba bien educada a menos que estuviera mínimamente familiarizada con las piezas básicas de la tradición, y nadie tenía dudas de cuales eran esas obras. En el curso de la historia, época tras época, nuevos libros han ido ganando su lugar en la lista. Lo que se ha denominado la gran conversación es el resultado del conjunto de obras que revaloran y reencarnan la tradición de la cultura en cada generación. Son nuestra memoria; el catálogo de nuestra civilización. Y más que nunca, los problemas actuales necesitan la conciencia histórica para abordar su remedio. Insistir en la lectura no es querer retornar al pasado; viendo el presente, las voces de la gran conversación nos ayudarán a modelar un futuro siempre mejor. Ignorar la lectura es una aberración y no signo de progreso. El progreso, y el progreso en educación en particular, depende de la incorporación de ideas y de imágenes en el día a día, desde la niñez hasta la vejez. Progreso -dice Ortega-es querer ser más, no tener más. Desde este punto de vista, el sistema educativo se ha ido deteriorando. Harold Bloom, en su Canon Occidental, comenta su escasa confianza en que la educación literaria sobreviva a su enfermedad actual. Los libros no van a resolver nuestros problemas, pero si pueden ofrecer alguna luz sobre los problemas básicos. La literatura muestra los orígenes de muchos de nuestras más serias dificultades. El espíritu que representa el gran diálogo y el hábito intelectual que enseñan son más necesarios que nunca. La reducción de los ciudadanos a meros objetos de propaganda, privada y pública, es uno de los principales peligros de la democracia. La idea tan manida que la gran masa de gente no puede comprender y no puede formar un juicio independiente, es otro mito. La lectura proporciona información, única base para poder enjuiciar y actuar con plena libertad. Con todo, los libros no son la panacea universal, pero representan un instrumento educativo irremplazable. Es el mejor sistema educativo si entendemos que la educación liberal es la educa- Enseñar a ser ción que todo, todo el mundo debe tener, y la democracia exige una educación liberal para todos los ciudadanos. Por su parte, la lectura es el único método que asegura una educación continuada, desde la escuela hasta la vejez. Es, por un lado, educación informal y, por otro, educación recurrente. Somos tanto lo que escribimos como lo que leemos, señala J Francisco Ruiz Casanova. Los libros hablan por si mismos, y el lector debe también decidir por si mismo. Los grandes libros contienen sus propias reglas de ayuda para su lectura; es una razón por la que son grandes. Los grandes libros son asequibles para el hombre ordinario; son inteligibles porque fueron escritos por grandes hombres en un idioma ordinario para conciudadanos ordinarios. El lector corriente todavía existe -dice Bloom-y aunque no haya que interpretarle los textos, es posible que siga siendo receptivo ante las sugerencias de lo que debería leer. Tal lector no lee -continúa Bloompara obtener un placer fácil o para expiar la culpa social, sino para ensanchar su existencia. El enfrentarse a la grandeza de un libro con su lectura esconde una búsqueda de libertad y soledad que proporcionan recompensas que solo la literatura canónica permite. La Gran Conversación y la ciencia emergen de la mano. Los más precoces de los presocráticos observaron y meditaron sobre los fenómenos naturales; entre ellos hubo quienes utilizaron nociones matemáticas con tal propósito. Incluso la experimentación no es nueva, ya cumplió el bilenio. Lo que es nuevo es la fe en el método experimental; tal es el distintivo de la modernidad. La meta hacia la que se mueve la civilización occidental es la cultura de la comunicación, la civilización del diálogo. Los libros, ya sea en forma del Quijote o el ABC de la Relatividad, o como publicaciones -Litoral o Science-, son el medio de comprender nuestra sociedad. No hay depositario similar de nuestra tradición y conocimiento. Para poner fin al espíritu de libertad intelectual que viene caracterizando al Occidente, no es necesario quemar libros, basta con dejar de leer. Al contrario, la lectura, la consulta de los originales, proporciona el basamento de la creatividad. Los libros contienen no solo la tradición, sino que son su gran exponente; muchos son, en sí mismos, modelo de las artes liberales, lo que Whitehead llamó la visión habitual de la grandeza. Los libros son esenciales en la educación y formación. Educación que el hombre adquiere como fin en sí mismo. Educación que busca la excelencia humana, privada y pública, como hombre y como ciudadano. La educación del hombre libre; la capacidad de reconocer problemas básicos, la comprensión de las ideas, avanzar mediante nuevas preguntas. Es la preocupación constante por el futuro. La libertad, en su más amplia acepción, depende hoy, en gran medida, del acceso, sin condiciones ni obstáculos, a las ñientes de información. Sólo así puede ejercerse este fundamental derecho humano: el derecho, entre otros, de informarse. Conocimiento cinetífico: práctico, cívico y cultural Un día de verano del año 1749, un público curioso se agolpó en las orillas del río Aschuykill, en Filadelfia; tras adquirir la entrada correspondiente, asistió a la Electric Dinner, La cena, que se cocinó en un horno eléctrico, la organizó Benjamín Franklin, el primer científico de América. Años más tarde, en la primavera de 1785, el químico escocés y conferenciante itinerante. Henry Moyes llegó, también a Filadelfia, para dar un ciclo de conferencias sobre la ciencia del momento. Unas mil personas de una población de cuatro mil, se congregó en el Hall de la Universidad de Pennsylvania para escucharle. Son dos ejemplos aislados de una serie de acontecimientos científicos públicos que se sucedieron, ininterrumpidamente, a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Ello no significa que la ciencia, en esas fechas, estuviera más al alcance del público lego de lo que está hoy día. Hoy, cualquier noticia científica es ofrecida a cientos de millones de espectadores a través de las cadenas de TV; su comentario más amplio se ofrecerá, al día siguiente, por una multitud de periódicos. Por otro lado, aquellos que degustaron la cena de Franklin o escucharon a Moyes, apenas constituían una muestra representativa de la población general de la época; en el mismo sentido que tampoco lo es el público que asiste a una representación de ópera hoy día. Lo que si hace ilustrativos aquellos dos acontecimientos es que, durante los siglos XVIII y XIX, los científicos salían de sus laboratorios para explicar sus descubrimientos al público. A partir de finales del siglo XIX, la especialización creciente fuerza la profesionalización de la ciencia, lo que indujo a los científicos a tomar una nueva actitud frente al público: los científicos cultivaron sus lenguajes particulares y hablaban de ciencia como algo enteramente propiedad de quienes la practicaban. Hoy y, tal como van las cosas, mañana, este aislamiento se acentúa y, lo que es más sorprendente, entre los propios científicos. Sin embargo, a partir de la década de 1960s se inició un movimiento entre los científicos para compartir con el público, de nuevo, el entusiasmo por la ciencia; con ello ha surgido un género literario conocido como Science Literacy que incluye la biografía y el ensayo científicos. Brock- Enseñar a ser man señala que La Tercera Cultura reúne a aquellos científicos y pensadores empíricos que, a través de su obra y su producción literaria, están ocupando el lugar del intelectual clásico a la hora de poner de manifiesto el sentido más preñando de nuestra vida. Lo que estamos presenciando -escribe Brockman-es el paso de la antorcha de un grupo de intelectuales, los intelectuales de letras tradicionales, a un nuevo grupo, los intelectuales de la tercera cultura que emerge. No sigue siendo más que otra versión de un tratamiento disgregador de la cultura. ¿Quienes son los intelectuales de la tercera cultura?; los best sellers corresponden a los matemáticos Stephen W. Hawking y Roger Penrose, los físicos Paul Davis y Murria Gell-Mann, los biólogos Stephen J. Gould y Richards Dawkins o los prolíficos Carl Sagan e Ysaac Asimov. Entre los antecedentes de este género, merece la pena recordar el libro Ciencia Popular, editado por los Ingenieros de Caminos como adhesión al homenaje nacional que recibió José Echegaray con motivo de habérsele otorgado -dice la advertencia a los lectores-uno de los premios de la fundación Nobel Con fecha 19 de marzo de 1905 recoge la labor meritísima-continua la advertencia-de divulgación científica de Echegaray, A lo largo de 927 páginas recoge 88 artículos divulgativos aparecidos, casi en igual número, en los diarios El Imparcial y El Liberal. Vivimos en una era de logros científicos y técnicos sin precedentes. Nuestras vidas se han transformado por los ordenadores, por los logros médicos, por las sondas espaciales y por un sin fin de otros cambios. Aun así, a pesar de su importancia, los numerosos desarrollos de la ciencia y de la tecnología permanecen ignorados por millones de personas. Los ciudadanos apenas han oído nombrar los semiconductores, la ingeniería gènica u otros muchos acontecimientos que están cambiando sus vidas. Ante esta situación, el editorialista científico Ben Patrusky señala que la indiferencia para comprender el desarrollo científico es más preocupante que la ignorancia. Mas, como señala Javier Sampedro, los libros que acercan la ciencia al gran público aumentan. Atrás empieza a quedar el cliché de que lo científico es incomprensible. La indiferencia supone un verdadero reto para la sociedad democrática que tiene que hacer frente y tomar decisiones ante temas como el sida, las drogas, la defensa nacional, la tecnología médica o las comunicaciones, que involucran al sistema de ciencia y tecnología. ¿De que manera pueden los ciudadanos tomar partido y los políticos actuar razonadamente en temas que desconocen? La economía requiere la excelencia científica y tecnológica de la industria y de la investigación, en temas punteros como la óptica, la biotecnología o la microelectrónica. La com-petitividad internacional en ciencia y tecnología es, cada vez, más fuerte; la capacidad de empleo y prosperidad personales así como el desarrollo comunitario, dependen de ellas. De cara a las próximas décadas, el conocimiento de la ciencia y la tecnología ha dejado de ser una curiosidad para convertirse en una necesidad. Retornando el término de Science literacy, puede considerarse como tal la divulgación de las matemáticas, la ciencia y la tecnología, al medio extraacadémico, mediante diferentes medios. Divulgación que puede contemplarse a tres niveles: conocimiento científico práctico, cívico y cultural. Respecto al primero, el práctico, hay todavía millones de personas en el mundo que tienen imposibilidad práctica de acceder a la información científica básica sobre cuestiones de salud, de nutrición, de agricultura moderna, etc. Conocimiento científico práctico significa el acceso a técnicas y el aprendizaje de métodos que ayudan a resolver problemas prácticos inmediatos relacionados con la supervivencia y la salud. La disponibilidad de información científica esencial puede significar la diferencia entre la salud y la enfermedad, entre la vida y la muerte. Benjamin Shen, jefe de la Comisión para el Conocimiento Público de la Ciencia de la Academia de Ciencias de New York, ha pedido a las Naciones Unidas que declaren un Año del Conocimiento Científico. Sus agencias especializadas -señala Shen-debieran redoblar sus esfuerzos para integrar programas de conocimiento científico con otros de alfabetización por un lado y de educación científica por otro. Las organizaciones científicas, gubernativas y privadas, debieran jugar un mayor papel en el planteamiento, implementación y evaluación de la divulgación científica. El esfuerzo no debe comprometer solo a los científicos, sino también a los profesionales de la popularización de la ciencia, de la educación comunitaria y de la comunicación de masas. Este conocimiento científico práctico queda reflejado, en todo su sentido, en la intervención de Indira Gandhi en Washington, en 1982. Hacía referencia a la Indian Science Policy Resolution: «... el nuevo conocimiento es la mejor manera de hacer frente a los viejos problemas que nos preocupan. Nuestro esfuerzo para participar en los programas espaciales es la mejor manera de alcanzar la integración nacional a través de los modernos sistemas de comunicación;... o nuestra participación en proyectos oceanográficos, que nos permitirá acceder a nuevos recursos naturales.... Es una obligación por nuestra parte -señalaba Indira Gandhi-el que nuestro gran país, La India, con sus tradiciones, su pensamiento original y su gran herencia cultural, integre el bagaje que supone el progreso científico, canalizador de la iniciativa de la humanidad en nuestros días. Enseñar a ser con el fin de construir la India del futura». Junto al conocimiento científico práctico existe aquel con carácter cívico y, en tercer lugar, el conocimiento científico cultural. Se ha estimado que en la legislación anglosajona actual, algo más de la mitad de las disposiciones legales tiene una base científica o tecnológica, lo que no debe sorprender dada la cantidad de temas relativos a la ciencia que afectan al ciudadano: salud, técnicas forenses, energía, decursos naturales, medio ambiente, alimentación, agricultura, seguridad, comunicaciones, transporte, etc. Es la faceta del conocimiento científico que menos atención ha recibido. El objetivo del conocimiento científico cívico es capacitar a los ciudadanos para ser más conscientes de la incidencia de la ciencia y de la técnica en relación con los aspectos niás comunes de la vida diaria; ello les permitirá anteponer el sentido común en una sociedad cada vez mas tecnológica. No es suficiente con dejar las decisiones sobre temas científicos exclusivamente a expertos, aunque solo sea porque los expertos no actúan en representación de los ciudadanos. Nadie discute que un proyecto sea desarrollado desde el punto de vista técnico por expertos, pero la decisión de su realización no es Sü responsabilidad. Para que el conocimiento científico cívico alcance un nivel de funcionamiento válido deben conseguirse, al menos, dos cosas; en primer lugar, el público debe estar expuesto a la ciencia mucho más intensamente de lo que lo está hoy día. La información científica que aparece en los medios de comunicación debe, al menos, duplicarse tanto en cantidad como en calidad. Segundo, la ciencia que soporta temas específicos de interés público debe explicarse en lenguaje vulgar, ello con la finalidad de mantener un canal informativo abierto de formación continuada. Familiarizarse con la ciencia y darse cuenta de su significado y el valor de sus aplicaciones, no es lo mismo que la adquisición de información científica para la solución de problemas específicos. En este aspecto, el conocimiento científico cívico difiere fundamentalmente del conocimiento práctico, aunque ambos enfoques se solapan inevitablemente. El primero afecta a problemas de supervivencia, el segundo es un compromiso a largo plazo en una sociedad cada vez más tecnificada. El conocimiento científico cívico es pieza fundamental de la política de información pública. En estos días de problemas y soluciones tan complejas -escribe Thomas Kean, periodista y exgobernador de New Jersey-es esencial que todos comprendamos las leyes de la naturaleza a través de la información científica para poder abordar las leyes de los hombres. Como apuntó Frank Press, expresidente de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU.,...con la esperanza de que los mundos científico y profano se Steven L. Goldman, Profesor de Humanidades, escribió, en 1990, un artículo titulado ¿Quién acabó con la ingenuidad americana? Tras repasar algunos de los títulos de las películas más taquilleras de los últimos años, concluye que todas ellas muestran imágenes hostiles o distorsionadas de los científicos, los ingenieros o la tecnología. Habla de E, T,, Robocop, Splash, Iceman o Project X La tecnología se presenta como un medio de extender el poder político o militar independientemente de su impacto social o ambiental. En La Costa de los Mosquitos, por ejemplo, el héroe es un ingeniero loco que quiere imponer líneas y ángulos rectos a una naturaleza curva. Lo mismo o parecido ocurre en The Conversation, The China Syndrome o The Esmerald Forest. En todas ellas las crisis se resuelven con la destrucción de la tecnología; la destrucción tecnológica se sigue del reestablecimiento del equilibrio natural. En la saga de la Guerra de las Galaxias el imperio del mal es el que posee superior tecnología. Por su parte, las películas de Batman y las del Agente 007, tanto Bruce como Bond vencen a solas con su coraje, con su habilidad y con el convencimiento de su buena causa. En The Terminator es la mera capacidad de un hombre desnudo -así es como se presenta en la tierra-, quien vence al enviado del mal: un robot inteligente, virtualmente indestructible. ¿Cómo es posible -se pregunta Goldman-que una cultura que se ha enorgullecido de su ingenuidad técnica y que desde hace más de cuarenta años ha subvencionado su ciencia y su tecnología con fondos públicos a escala masiva, disfrute contemplando en los medios de comunicación masiva una ciencia y una tecnología presentadas de manera tan negativa?. Una de las causas de tal actitud habría que buscarla, seguramente, en la ausencia de ciencia y de tecnología en las escuelas y en los medios de comunicación; la falta de una cultura científica básica, que impide comprender sus logros, puede estar en el meollo del rechazo cultural. Pero la situación es más compleja; como señala Sánchez Ron* Puede resultar duro de aceptar, especialmente para el acomodaticio y complaciente ego de los científicos, pero los recientes estudios históricos y sociológicos están demostrando que una parte importante de la ciencia... a partir de 1945, y hasta la actualidad, ha seguido las líneas directrices marcadas no por los propios científicos, o por la dinámica interna de la propia ciencia, sino por políticos y militares. Leon M. Lederman, Premio Nobel de Física en el año 1986 y Director Emérito de Fermilab, indica que el conocimiento de la ciencia nunca ha sido tan bajo, mientras que nunca han sido tan grandes las necesidades Enseñar a ser nacionales de un nivel público adecuado en cuestiones científicas. Estoy convencido -dice Lederman-que no habrá decisiones políticas correctas a menos que nuestros líderes y votantes se familiaricen con los conceptos y el lenguaje científico y tecnológico. Para ello es necesario formar una nueva mentalidad académica. Todo ello imbrica con el tercer nivel del conocimiento científico: el cultural. Cuando un estudiante toma un curso de física para no científicos, cuando un artista lee algo sobre el ADN en Investigación y Ciencia o cuando un abogado contempla un programa de televisión sobre la Nebulosa del Cangrejo están, cada uno de ellos, mejorando su conocimiento científico a nivel cultural. Cada uno de ellos lo hace con el mismo espíritu que cuando un estudiante de física se interesa por la historia antigua, un ingeniero lee poesía o un mecánico se deleita con las tragedias griegas. El conocimiento científico cultural está motivado por el deseo de conocer algo acerca de la ciencia en cuanto logro de la humanidad. El criterio de Lederman se explicita en su Curso Physics for Poets que impartió durante décadas en la Universidad de Chicago. Es simplemente inaceptable -remachaba Lederman-que la mayoría de los estudiantes abandonen sus estudios universitarios tan ignorantes en ciencia como cuando se integraron en sus facultades. El resumen de la situación actual, referida a los avances de la medicina, la plasma con claridad el Prof. David Weatherall: El papel, cada vez más importante, de la ciencia en la provisión de los cuidados médicos junto con la dificultad y lo complicado de los factores sociales y éticos asociados, que orientarán la capacidad para determinar el futuro, exigen de todos nosotros una mayor preparación científica. Los políticos deben comprender los rudimentos de la evidencia científica y la sociedad, en su conjunto, debe estar suficientemente informada para poder participar en el debate de las complejas repercusiones que, continuamente, derivan del avance de la investigación biomédica. Esta sensibilidad hacia el conocimiento debe comenzar en la escuela, donde la formación científica debe ocupar un lugar relevante. Una síntesis de los aspectos práctico, cívico y cultural de la divulgación o de la educación científica, lo representa el programa Science for All Americans, Project 2061, que bien pudiera adoptarse como Ciencia para todos. Como respuesta al reto de la reforma educativa en ciencia, tecnología y matemáticas, la American Association for the Advancement of Science de EE.UU. inició el Proyecto 2061; una aventura, un esñierzo en varias etapas dirigido a ayudar a que la nación americana alcance una capacitación científica. Comenzó en el año 1985, el año de la visita del Cometa Halley. El proyecto tomó cuerpo ante el hecho de que la próxima visita la realizará el cometa en el año 2061, un tiempo suficiente para conseguirlo. Los problemas más serios a los que la humanidad hace fidente son de carácter global: explosión demográfica, lluvia ácida, deforestación y esquilmación de recursos, contaminación ambiental, cáncer, enfermedades infecciosas y desnutrición, inequidad de la riqueza y el riesgo de conñictos bélicos en relación con el emergente choque de civilizaciones; la lista es larga y alarmante. El futuro depende en gran medida en la sabiduría con que los humanos utilicen la ciencia y la tecnología, y ello depende, a su vez, de las características, de la distribución y de la efectividad de la educación que la gente recibe. Educación que engloba la faceta cultural ya tratada. Albert Einstein señaló que «el hombre y su destino deben ser siempre el interés principal de todo el esfuerzo tecnológico: nunca debe olvidarse entre diagramas y ecuaciones». La mayoría de la población no tiene capacitación científica o son analfabetos funcionales desde el punto de vista científico, tecnológico y matemático. La reversión de la situación requiere un sistema escolar suficientemente dotado, maestros cualificados, administradores eficaces y un currículo apropiado. Pero una de las premisas del Proyecto 2061 es que las escuelas no tienen que enseñar más tiempo ni más contenido, sino enfocar los esfuerzos a las cuestiones fundamentales y a mejorar la enseñanza. El proyecto cree que un ciudadano capacitado científicamente es aquel que se da cuenta de que la ciencia, la tecnología y la matemática son empresas humanas interdependientes con sus pros y sus contras; el que comprende los conceptos y los principios básicos de la ciencia; el que le es familiar el mundo natural y reconoce su diversidad y a la vez su unicidad, y aquel que sabe utilizar el conocimiento y el método científicos en beneficio de objetivos personales y sociales. Los conceptos básicos incluidos en el Proyecto se han elegido sobre la base de criterios que se consideran importantes para la vida y la convivencia humana y que justifican una educación pública, universal, en una sociedad libre, democrática. Los criterios corresponden a los de utilidad, responsabilidad social, valor intrínseco del conocimiento, valor filosófico y enriquecimiento personal. Una verdadera reforma educativa en ciencia, tecnología y matemáticas, que sacuda los cimientos de la hoy vigente, exige un esfuerzo colaborativo en el que participen las comunidades educativa y científica, Enseñar a ser la tecnológica y la industrial; pero ello sólo será posible con el compromiso público. No existen razones válidas intelectuales, sociales o económicas, por las que no puedan transformarse el sistema educativo en aras a conseguir la capacitación científica de todos los estudiantes. Lo que se exige es el compromiso, la determinación y la voluntad de trabajar juntos hacia objetivos comunes. La Universidad -la creación más significativa del segundo milenio-debería jugar un papel central en todo lo expuesto. En el lado europeo ha surgido la iniciativa POLLEN, cuyo objetivo es desarrollar un modelo para dar un vuelco a la educación en ciencias en las escuelas primarias y secundarias, especialmente en las primeras, y con la finalidad de desarrollar en los más jóvenes la autonomía, pensamiento crítico, lenguaje escrito y hablado, entusiasmo por la ciencia y la tecnología... Sus bases son similares al Proyecto 2061: el convencimiento que la educación en ciencia es un factor decisivo para los futuros estudiantes de ciencias y, también, un elemento central en una educación que aspire a reducir la desigualdad social y formar ciudadanos participativos. El proyecto hace hincapié en el nivel educativo primario porque es el estadio calve en el proceso de desarrollo intelectual, y se ha demostrado la importancia de la enseñanza basada en la contestación razonada a preguntas inteligentes, en la utilización rutinaria del método científico y en la realización personal de experimentos, en el aprendizaje del lenguaje. Todo ello sobre la base de desarrollar, inicialmente, «ciudades semilla de la ciencia» como focos de implantación del programa, primero, y su difusión posterior. Las predicciones son muy difíciles de hacer; en especial cuando se trata del futuro -dicen que reflexionó Mark Twain-. Dan Quisensberry fue más específico: He visto el futuro y es calcado al presente. Estaba equivocado, replica Frank H. T. Rhodes en el capítulo The New University-The Creation of the Future. El futuro va a ser bien distinto del pasado y aún del presente. Nada escapa a esta marea que a todo afecta. Hay que establecer metas comunes desde la convicción de nuestra responsabilidad solidaria respecto de las futuras generaciones. El fundamento del nuevo orden debe ser el convencimiento de que las iniciativas e instituciones humanas tan sólo tienen razón de ser si sirven a los hombres todos. Esencial en tal empeño es que los valores nazcan como parte de la renovación interior de cada ser humano y nunca impuestos por otros. A la vista de todo ello, la educación de jóvenes y de mayores en un proceso continuo a lo largo de la vida, así cómo el constante acceso a mayor conocimiento, son ingre-dientes fundamentales para potenciar un mayor sentido de responsabilidad y una mayor capacidad de respuesta por parte de los ciudadanos de todos los países más o menos desarrollados. El hombre moderno es consciente de que necesita criterios para poder ejercitar coherentemente los valores que proclama. La tarea es inmensamente difícil, tanto más porque si bien la educación ha coadyuvado de manera indiscutible a las grandes transformaciones sociales, al desarrollo económico o al progreso científico y tecnológico, la educación en sí misma, en cambio, nunca ha logrado romper dramáticamente con sus propios enfoques y prácticas del pasado. En ese continuo, la educación infantil ha ido dejando de ser la cenicienta para configurarse en la mayor esperanza del sistema educativo; el bachillerato, que sigue siendo la mayor oportunidad para una formación cultural integral en humanidades, ciencia y tecnología, es uno de los aspectos peor tratados; la formación profesional es, sin duda, el pariente pobre del sistema educativo, y la educación permanente requiere un diseño que logre organizar programas diversos capaces de asegurar una formación, aprendizaje o especialización realmente individualizados. Por su parte, la enseñanza no reglada es una de las mayores prioridades por las que debe apostar el futuro. La transformación tiene que producirse, esta vez, de abajo hacia arriba, desde una reconversión de cada uno de los centros educativos; su excelencia es un condicionamiento básico en estos planteamientos. La educación superior está sometida a un proceso de desregulación progresivo. Las universidades han controlado la acreditación, graduación y certificación, y han controlado el lugar, tiempo, estilo y contenido del aprendizaje. En un milenio en el que el conocimiento se ha impuesto como nuevo capital económico, las universidades -proveedores tradicionales del conocimiento-deben hacer frente a grandes retos. La selección natural opera en la sociedad más despiadadamente que en el mundo biológico. La supervivencia exige adaptación; el mejor integrado en su ambiente asegura la descendencia. Las universidades conservan la experiencia humana; custodian y transmiten lo mejor que se ha pensado, escrito, dicho y hecho; integran la franqueza, el discurso racional y el experimento. También son críticas con el conocimiento que conservan y con la sociedad que las soporta. Por ello son creadoras, innovadoras y críticas. No cabe duda de que existe tensión entre la creación de nuevo conocimiento y la conservación del existente, pero la Universidad debe aceptar ambos compromisos. Las universidades son comunidades de debate y descubrimiento; pero no existen como entes aislados. El futuro de las uni- Enseñar a ser versidades tiene un interés mucho más que académico. Ni la función de la Universidad es, exclusivamente, formar profesionales. La Universidad debe educar ciudadanos capaces de afrontar los retos de la sociedad. La tarea de la Universidad -apuntaba Alfred North Whitehead-es la creación de futuro. Una generación educada en libertad tendrá esperanzas más amplias y audaces de las que nosotros tuvimos. No somos nosotros -afirmaba B. Russell a pocas líneas de concluir su «Ensayos sobre educación»-sino los hombres y mujeres libres que formemos, quienes pueden contemplar un mundo nuevo. Mil temores obstruyen el camino hacia la libertad, y el temor a la ciencia, matemáticas y tecnología es uno de los más sólidamente instaurados. Pero no existirán libertad ni respeto plenos sin educación para todos. Nota: El presente trabajo se basa en una versión previa aparecida en Rev.
1 Introdiiccióií Dentro de las actividades científicas de la Sección de Exactas de la Real Academia de Ciencias a lo largo del curso 2003--2004, el día 2 de febrero de 2004 se conmemoró el centenario del nacimiento de Andrei Nikolayevich Kolmogorov, uno de los más grandes matemáticos del siglo XX, con un breve ciclo de dos conferencias a cargo de dos especialistas en sus respectivas materias, precedidas de una breve introducción biográfica del autor de estas líneas y coordinador del ciclo, prof. Javier Girón. La primera de las conferencias corrió a cargo del profesor Javier Jiménez Sendín de la Universidad Politécnica de Madrid sobre la teoría de la turbulencia, una de las grandes aportaciones de Kolmogorov, y la segunda a cargo del prof. David Nualart de la Universidad Central de Barcelona Francisco Javier Girón 584 sobre el cálculo de probabilidades y la teoría de los procesos estocásticos quizás la contribución más importante de Kolmogorov a las matemáticas ya que sentó las bases axiomáticas de estas dos disciplinas. La Sección de Exactas desea agradecer a estos dos renombrados especialistas su participación el el ciclo. En 1920 fue a estudiar matemáticas a Moscú bajo la supervisión de Stepanov. En 1922 consiguió su primer resultado importante que demuestra que no existe ima tasa de convergencia a cero, lo más lenta posible, de los coeficientes de Fourier de una función integrable. En ese mismo año, con solo 19 años, construyó el primer ejemplo de una función integrable cuya serie de Fourier diverge casi por doquier y refino el resultado desde el casi por doquier a todo punto, lo que le hizo umversalmente famoso. En 1925 escribe un artículo con Jinchin en el que demuestran por vez primera el teorema de las tres series. Poco más tarde, como alumno de doctorado de Luzin, publicó 18 artículos sobre cálculo de probabilidades y lógica intuicionista. En 1931 sentó las bases de la teoría moderna de los procesos de difusión y los relacionó con la teoría de las ecuaciones en derivadas parciales. En ese mismo año fue nombrado catedrático de la Universidad de Moscú, Publica su famosa monografía sobre los fundamentos del cálculo de probabilidades en alemán Grundbegriffe der Wahrschemlichkeitsrechri' nung en 1933, escrita en un bosque junto a la ribera de un riachuelo. El artículo de David Nualart en este volumen examinará con detalle la importancia de esta obra y de otras cotribuciones de Kolmogorov a la Teoría de la Probabilidad y a los Procesos Estocásticos. En la década de los años 30 del siglo XX, además de proseguir con su trabajo en la teoría de la probabilidad, desarrolló la teoría de la cohomología, la teoría de la reversibüdad estadística y, en colaboración con GeMand, la teoría de los anillos de fiínciones continuas sobre espacios topológicos, entre otras numerosas aportaciones. De 1938 procede uno de los trabajos más influyentes de Kolmogorov sobre el suavizado y la predicción de procesos estocásticos. En 1939 la Academia de Ciencias de la Unión Soviética lo elige como académico y poco más tarde será nombrado secretario del departamento de ciencias físicas Breve introducción a la obra de A.N. Kolmogorov (1903Kolmogorov ( -1987) ) y matemáticas de la Academia, De 1940 es su famoso artículo sobre la turbulencia, tema en el que siguió trabajando durante un largo período y que se comenta con detalle en el artículo de Javier Jiménez Sendín en este número monográfico. Desde el punto de vista personal queremos señalar que, en 1942, Kolmogorov se casa con Anna Dimitrievna Egovora. En 1946 es nombrado director del Laboratorio de'I\irbulencia del Instituto Académico de Geofísica Ifeórica y, en el bienio 1970-72, a la manera del capitán Cook, zarpó en una vuelta al mundo en el barco oceanográfico Dimitri Mendeleyev, como supervisor científico de un estudio sobre la tur^ bidencia oceánica. En los años de la posguerra publicó artículos sobre geología matemática, inferencia estadística y procesos de ramificación y publicó un libro con Gnedenko, que pronto se convertiría en un clásico, titulado The Limit Distributons for Sums of Independent Random Variables. En 1951 publicó un artículo sobre cadenas de Markov en tiempo continuo que generó una cantidad inmensa de literatura sobre el tema. Prácticamente, Kolmogorov no dejó sin explorar ninguno de los campos de la Matemática del siglo XX, y en muchos de ellos realizó aportaciones fundamentales. Una lista, amplia pero no exhaustiva de las áreas de la Matemática donde dejó su impronta, incluiría las siguientes: la teoría de las series trigonométricas, la teoría de la medida, la teoría de los conjuntos, la teoría de la integración, la lógica constructiva (el intuicionismo), la topología, la teoría de la aproximación, la teoría de la probabilidad y la teoría de los procesos estocásticos que se examinan con detalle en el artículo de D. Nualart, la teoría de la información, la estadística ma* temática a la que dedicaremos una breve sección dentro de esta nota introductoria, los sistemas dinámicos, la teoría de autómatas, la teoría de algoritmos, la lingüística matemática, la teoría de la turbulencia que será desarrollada en el artículo de J, Jiménez Sendín, la mecánica celeste, la teoría de las ecuaciones diferenciales, su aportación al decimotercer pro* blema de Hilbert y a la balística. No debemos de olvidar las aplicaciones de las matemáticas a problemas de la Biología, la Geología, y a la cristalización de metales, en las que siempre estuvo interesado. Desde 1950 en adelante los trabajos científicos más importantes de Kolmogorov se centraron alrededor de cuatro ideas fiíndamentales: probabilidad, dinámica, información y complejidad. Su otra actividad importante fue la educación matemática a la que dedicó una gran atención hasta sus últimos días. Kolmogorov fue una persona que mostró un gran respeto y admiración Francisco Javier Girón 586 por otros grandes matemáticos de su época como Fréchet, a quién llamaba su maestro, Doob y Fisher. 3 Contribuciones a la Estadística Matemática Aunque la importancia de las aportaciones de Kolmogorov a la Estadísitica Matemática no han tenido la misma repercusión que sus grandes contribuciones a la Teoría de la probabilidad o al estudio de la Turbu-lencia^ algunos de sus trabajos sobre la estadística matemática han tenido una gran influencia en el desarrollo de esta disciplina y en algunas áreas de la ingeniería y de la econometria. La aportación de Kolmogorov a la estadística no paramétrica se refleja en los llamados tests o contrastes de Kolmogorov (1933) y de Kolmogorov-Smirnov (1939) para los llamados problemas de una y dos muestras independientes, respectivamente, que suponen una importante extensión del clásico teorema de Glivenko-Cantelli y permiten cuantificar la discrepancia entre la distribución empírica y la hipótesis nula, en un caso y la discrepancia entre dos distribuciones empíricas, respectivamente. El resultado se establece para el primero de los problemas de la siguiente manera: A la distribución límite Q(A), que no depende de F, se la conoce con el nombre de distribución de Kolmogorov-Smirnov (1939). En 1942, Kolmogorov introdujo el concepto de suficiencia parcial, o K-suficiencia, relacionado con la suficiencia parcial en presencia de parámetros marginales de la suficiencia bayesiana. Uno de los trabajos más importantes de Kolmogorov de finales de la década de los años treinta del siglo XX, concretamente del año 1938, fue Breve introducción a la obra de A.N. Kolmogorov (1903Kolmogorov ( -1987) ) el relacionado con el simvizado y predicción de series temporales estenionaricrn. Estos trabajos están muy relacionados con los que llevó a cabo en Estados Unidos Norbert Wiener sobre el mismo tema y aproximadamente en la misma época; estos se desarrollaron de modo independiente pero complementario, y se mantuvieron en secreto debido a su importancia mi-Etar, aunque al parecer no hay duda de que Kolmogorov fue el primero en publicar su trabajo. Este trabajo supuso una gran revolución y tuvo una influencia inmensa al establecer un nexo entre los probabilistas y los estadísticos, e inició una nueva rama de la ingeniería y de la economía. El paso del estudio de los procesos estacionarios a los campos estocástieos, y de estos al estudio de la turbulencia era el paso natural que condujo a Kolmogorov a uno de sus descubrimientos más importantes en 1940. Señalamos, por último, un artículo de Kolmogorov sobre la teoría de los estimadores insesgados de 1950, que demuestra su conocimiento de los resultados teóricos que se estaban produciendo por esas fechas en la teoría de los estimadores insesgados. En el artículo, utiliza el famoso teorema de Rao-BlackweU (1945-47) para calcular un estimador insesgado de la proporción 587 -*(^) de los valores que están por debajo de un valor c en una población normal de parámetros /i y cr desconocidos, problema de gran importancia práctica. En esa escuela, en la que Kolmogorov impartió 24 horas semanales de clase durante muchos años -además de elaborar planes de estudio y escribir libros^-, enseñaba literatura, poesía, arte y música, y organizaba excursiones y marchas. Su idea era ampliar y abrir nuevos horizontes que moldearan la personalidad de los niños, sin importarle que más adelante fuesen matemáticos, ho que realmente le importaba era que en su futura profesión, cualquiera que fuese, mantuvieran una gran amplitud de miras y tuvieran una curiosidad ilimitada. Añi dejó sentados los cimientos para que otros continuasen con su labor. 5 Epílogo Alexandrov, con motivo del 50 cumpleaños de Kolmogorov, comenta lo siguiente: Kolmogorov pertenece a ese reducido grupo de matemáticos para los que cualquier publicación en cualquier área conduce a una revisión completa de la misma. Es difícil en esta época (1953) encontrar a un matemático que se interese en tantos campos de especialización, y que haya tenido tanta influencia en el desarrollo de las matemáticas,.. baste decir que Hardy lo tomó por un especialista en series trigonométricas y von Karman por un especialista en mecánica.
ciencia pensamiento y cultura arbor CO: Empecemos por una pregunta compleja, me refiero a las etiquetas o categorías que se emplean para catalogar a las producciones artísticas peninsulares. Te pedimos una reflexión personal sobre lo que esto significa para ti como escritora. Nos interesa arrancar la entrevista con este cuestionamiento porque parece que cada vez más al hablar de las letras peninsulares se establecen territorios literarios que corresponden a áreas autonómicas. Es un discurso aceptado hablar de narrativa gallega o vasca, teatro catalán o poesía andaluza como si la cartografía autonómica acotara también de alguna manera el quehacer cultural. La presencia y calidad de las diversas tradiciones literarias de las lenguas cooficiales de la Península, es decir, la literatura en catalán, la literatura en euskera o la literatura en gallego, es innegable. Sin embargo estos términos no agotan la heterogeneidad de las publicaciones que se producen en Cataluña, Galicia o el País Vasco, donde se dan también literaturas en castellano u obras que no se ajustan a lo que podríamos llamar "la tradición literaria autóctona" (en el sentido más amplio que se pueda dar a este término). Pero por otra parte, hay escritores que denuncian, como declaraba el escritor gallego Xosé Luís Ferría 1 que en los periódicos, los libros además de en "ficción" y "no ficción", se agrupen en listas bajo la categoría de literatura "en gallego", en el caso que denuncia Ferría, o "catalán" o en "vasco" mezclando cualquier género literario en categorías que en realidad significan "libro no escrito en castellano". Desde el punto de vista de Ferría, que supongo comparten otros escritores nacionalistas en lenguas minoritarias, este tipo de catalogaciones fomenta la visión del escritor que escribe en una lengua autonómica como la de una figura subalterna, relegándolos a una marginalidad linguística frente a una supuesta centralidad del español. Por otro lado, en la Feria de Frankfurt del 2005, dedicada a la literatura catalana, la Generalitat de Cataluña se negó a apoyar la representación en dicha Feria de escritores catalanes que escriben en castellano como autores representativos de Cataluña. Como escritora, ¿Cuál es tu visión de todo este asunto? ¿Qué definición -o indefinición-es la que a ti te hace sentirte más cómoda? LE: La pregunta es larga y el asunto complejo. Voy a tratar de extraer lo que para mí son las palabras claves de la cuestión. En primer lugar creo que este debate coloca, visibiliza, lo que para mí es literariamente un drama. Nos preocupamos mucho de hablar de la sociedad literaria y muy poco -o bastante menos-de literatura. En mi opinión este debate casi monopoliza el debate literario generando que la gente piense que tiene más o menos claro quién pertenece a qué categoría, pero muy poca idea de qué escribe cada cual o dónde están las líneas de su trabajo. En este sentido te diré que es un debate sobre el que tengo una opinión, pero que no me interesa prácticamente nada. Entonces, ¿cuál podría ser mi opinión? Bueno, primero yo creo que pertenezco a ese mundo de escritores o escritoras que entiende que la literatura se hace mucho desde el interior y, por lo tanto, la tradición, el alimento de lo que yo hago está en la literatura misma. Desde este punto de vista, las fronteras, la idea de las literaturas nacionales, forma parte de un mapa, de una acotación, que desde mi punto de vista es artificial. Yo he leído, desde que recuerdo, autores de todas partes del mundo, y en ocasiones, te puedo decir con toda honestidad, sería casi incapaz de decir, de algunos de aquellos libros que más me han gustado, dónde nació el señor o la señora que los escribieron. Ahora, entiendo yo, por darte mi opinión, que efectivamente en este asunto se plantean varias cuestiones. Yo, por ejemplo, vivo en un país donde hay una sociedad de escritores en la que sólo se incluyen los escritores en lengua vasca, euskera. Sin embargo, habría también que ver hasta que punto el castellano, lengua en la que yo escribo, tiene con el euskera una vecindad inmensa. En este sentido, habría que ver, en la medida en la que yo soy una escritora de una cultura y una sociedad bilingüe, si a la hora de todo aquello que implica el trabajo con una lengua, no incorporo en el uso del castellano, unos ritmos, unas cadencias, vocablos etcétera, peculiares, derivados de una situación cultural y lingüística específica. Por ejemplo, ya se está hablando aquí, y esto es lo que a mí me interesa, de que los chavales y chavalas están usando el "euskañol" y creo, por tanto, que pronto tendremos un trabajo literario producto de este mestizaje. En fin, temas que a mí me parecen más interesantes cuando se habla de literatura y que siempre quedan relegados. Pero, efectivamente, ¿qué sucede con este tema? Pues que en el fondo se crea un clima de división, de agravios, que son preocupantes para la cultura de un país, creo, o para países y en momentos en que la contribución cultural es tan importante como éstos. Sucede que yo escribo en español en un lugar donde la escritura de apoyo cultural se hace esencialmente con la literatura escrita en euskera, porque eso es lo que contribuye al discurso identitario dominante del nacionalismo. Es decir, la literatura en euskera, su promoción, la inversión de fondos públicos en ella es una decisión política contra la que yo particularmente estoy en desacuerdo. No solamente porque relega a los escritores vascos que escribimos en español a una segunda periferia, sino porque en sí me parece que supone un uso de la literatura completamente desvirtuador de lo que el arte es. Por tanto, no estoy de acuerdo con este escritor gallego que mencionas, en el sentido en que percibe que se coloca a la literatura escrita en gallego -o en otras lenguas peninsulares-en una categoría subalterna sólo por ese motivo. Al contrario, en los suplementos culturales nacionales, por ejemplo, aparece la literatura de los focos centrales: Madrid, Barcelona. Es decir, la gran industria editorial. Después, al lado, lo que podríamos llamar las literaturas periféricas, difundidas por editoriales menores y escritas en las lenguas autonómicas. Pero, también existe la edición independiente, que se hace al margen de estos dos polos y que está totalmente excluida. En ese sentido creo que se añade una segunda periferia -iba a utilizar la palabra marginación, pero no-. Quizá la edición independiente se sitúa en un punto mayor de excentricidad. Lo que tiene todo esto de negativo es, como he dicho antes, la creación de un ambiente de división, de fraccionamiento, allí donde los cruces, los mestizajes, las colaboraciones podrían ser interesantes. Muchas veces este discurso provoca un desconocimiento de facto, cuando no de hostilidad, entre personas que se pueden sentir agraviadas. Por lo tanto, esa utilización política de las lenguas la veo como nefasta y tiene, por resumir mi postura, como consecuencia lamentable que se hable poquísimo de literatura y que se entienda muy poco lo que vivir en un determinado lugar, vivir en determinadas situaciones, lo que una posibilidad enriquecedora de lecturas cruzadas, permite de verdadero conocimiento de cómo el arte responde a la realidad más inmediata y circundante. Creo que hay una gran ignorancia sobre la literatura que se hace y sólo se conoce, y malamente, el uso que desde determinadas instancias políticas o editoriales se hace. A mí personalmente es un asunto que no me interesa por las razones que mencionaba. Yo tengo un bautismo literario que no tiene nada que ver con eso, y me parece que es una gran pérdida de energía. Ahora, el tema sí me permite hacer una reflexión que me interesa, y que es útil en este momento, y ésta es la noción de la periferia o de lo ex-céntrico, la noción de los márgenes. A mí me ha servido, quizá porque soy una mujer escritora y, entre las tradiciones de las que me he nutrido siempre están esas tradiciones que, de algún modo, no han sido las de la centralidad. Entonces a mí sí me parece importante este concepto, porque depende de dónde estés colocado, en esa doble o tercera o cuarta periferia, se observa y se desarrolla una curiosidad, se contemplan ciertas afinidades. Es decir, hay una búsqueda más de fondo, una búsqueda de contenido. Te colocas en un multi-perspectivismo de facto que a mí me parece fundamental y me interesa mucho. Te da también mucha libertad porque en el mundo de los usos políticos uno puede contraer también deudas políticas. En el mundo de las centralidades de la industria o de la gran sociedad literaria están también las ataduras que eso implica. Mientras los átomos, los satélites, yo creo que gozan -o por lo menos yo lo vivo así-no solamente de la libertad de estar más sueltos, sino también de esa libertad de no estar sometidos a ciertos pensamientos y a ciertos debates. Y luego, porque creo que en el diseño de la creación artística hoy, esa fragmentación es muy importante. Yo creo que el mundo del arte es un sistema compuesto por millones de piezas y, de repente, la atención se centra en un aspecto y eso revela una red de obras conectadas. A mí eso me interesa, y creo que es el diseño del futuro. Por tanto, a mí estos modelos centralizadores -aunque sean centralizadores a diferentes escalas-son modelos, en el mundo en que vivimos, destinados a tener poco futuro. En ese sentido, me parece también que los discursos que se elaboran en torno a estos conceptos son discursos inadaptados para explicar la realidad del futuro. CO: Incidiendo un poco en la pregunta ¿Cómo te presentas? ¿Eres una escritora vasca, una escritora a secas? LE: A mí la noción de movilidad me parece interesante. Yo me presento según y cuándo, y según y dónde. Como sucede con la identidad. La identidad es lo suficientemente múltiple para que afloren en ti pertenencias en función de dónde te sitúes. A mí, a veces, me parece importante definirme como escritora vasca, incluso políticamente ya que la reivindicación de una literatura vasca en dos lenguas, en determinados foros, me puede parecer fundamental. Digamos también que estos debates nos obligan, y creo que esto es un punto importante, a pronunciarnos como artistas, intelectuales, teóricos. Hablamos desde esa posición. Cuando escribo te puedo decir que eso de "ser vasca" o no, o no tiene, o tiene otro sentido. Ser escritora para mí es importante, lo que pasa es que al cabo del tiempo este aspecto también ha ido adquiriendo una importancia segunda. Yo me siento pertenecer a una familia de preocupaciones, de temas, de tonos o de formas. Yo creo que hoy me siento una escritora muchas veces en soledad o en una isla con un entorno, que es un mar en el que no me reconozco. Quizá "sola" o "en soledad" sean calificativos que más cerca pueden estar de definirme. Entonces, en esa búsqueda, buscas quién te acompañe. CO: En una de tus últimas noveles, Los Peces Negros, gravita un aspecto ya tratado en otras obras tuyas: la violencia. Es interesante que, como en El Mal Más Grave, también aquí la experiencia específica de la violencia ocurre en la infancia de los personajes. Concretamente en Los Peces Negros no se aborda el hecho violento de una forma descriptiva, sino más como una huella, una marca que queda como consecuencia de la experiencia traumática infantil -representada mediante una cicatriz en el rostro de uno de los personajes-, y que será la que determine experiencias posteriores. ¿Por qué esa insistencia en estas novelas sobre la violencia, el abuso sexual infantil y las secuelas que conlleva? ¿Qué preocupaciones expresivas te planteas a la hora de abordar un tema tan difícil? gravita en las huellas, pero me interesaba también la resistencia. Creo que en todo, el ser humano es siempre capaz de pensar el anverso y el reverso. Por eso creo en las periferias. Siempre creo que es posible ver el otro lado de todo. Entonces recreo un personaje que como ser humano es capaz de pensar ese otro lado. Este aspecto creo que se encuentra en todos mis libros, es decir, en ellos se representa la libertad como alternativa de lo que nos hace sufrir. Las personas sufren, las sociedades sufren. En ese sentido casi podríamos hablar de la política como búsqueda de la felicidad. Las sociedades sufren por la desigualdad, o la violencia; la gente sufre por el paro, la desconsideración, la ausencia de posibilidades de expresión personal. Las sociedades serían más felices si esas cosas se pudieran plantear. Así que entiendo esta búsqueda de la libertad como algo político. La política es en realidad una búsqueda de felicidad, por tanto de oposición al mal, en sentido de oposición a aquello que causa sufrimiento, que impone, que jerarquiza. CO: ¿Cómo te determina expresivamente tratar el tema de la violencia? LE: Eso sería lo fundamental para mí. Hasta ahora hemos hablado de la historia de las novelas, pero eso que acabo de decir valdría también para un documento o para una crónica, un reportaje o unas confesiones. Valdría para lo que podríamos llamar testimonios o géneros de la realidad. Otro de los problemas que veo, y del que se habla poco en literatura, es el de la relación entre realidad y arte. Para mí se han perdido los espacios. No me interesa el arte que representa la realidad. El arte no es la realidad. Evidentemente en esto estaría toda mi poética ¿Cómo construir esto?, ¿Cuáles serían las claves? Lo dice en un momento determinado uno de los personajes de Los Peces Negros: "omitiría la parte aborrecible ̈. Yo creo que la representación del horror sufre en estos momentos de una saturación de imágenes horribles, que yo cambiaría por un tratamiento omisivo, en silencio, de vaciado del horror. A mí me interesa representar el horror, y por lo tanto no ceñirlo a la representación de las imágenes de lo horrible. Ese sería mi vaciado, por decirlo de alguna manera. Mi estética es un poco à la Oteiza, para quien la escultura es lo que queda entre las formas del hierro. Mi planteamiento sería un poco similar. A mí siempre me ha interesado contar por omisión. Todo ese mundo del silencio tiene una gran tradición literaria. Creo además en la responsabilidad que tenemos ante ciertos temas. Vivimos una saturación de lo horrible, que pasado de rosca deja ya de tener capacidad expresiva. A mí me interesa la eficacia expresiva y, por tanto, la busco en esos espacios del vaciado, del aire, en el interior de lo horrible. Por tanto, esa frase de uno de mis personajes, "omitiré la parte aborrecible", omitiré lo horrible, podía casi ser la base de lo que voy a contar en la novela. Dentro de esa lógica de resistencia del personaje, no se repite o recrea de manera obsesiva lo horrible, sino que se interpreta para vencerlo. En ese sentido la estrategia del personaje es la mirada, que va dando la forma a esta historia. El personaje va a mirar, mirarse a sí mismo, en busca del otro, de la substitución. CO: En este sentido, con respecto a Los Peces Negros, la crítica ha señalado que: "Los peces que se mencionan en el título son negros si son vistos desde arriba, pero cuando se mueven tienen un perfil plateado. También esta novela tiene dos planos: un personaje lucha por librarse de la marca dejada por la violencia y labrarse un destino propio, con nuevos espacios para la felicidad; otro personaje, muy joven, se cruza en la historia, y descubre la fascinación del amor. El primero es oscuro mientras el segundo muestra la cara luminosa, como el lado plateado de los peces negros (7)" 2 El amor y el encuentro, el lado plateado del pez, juegan un importante papel en la novela como la contrapartida a la experiencia de brutalidad y violencia, el lado oscuro, que sufre uno de los personajes. Así vas tejiendo una narración en la que la metáfora del pescador y del pez sirve para hilar una trama donde el deseo es el motor de la acción, al tiempo que ayuda a desdibujar la línea de separación entre pescador y pescado, víctima y verdugo, en el juego de seducción que se va desgranando.¿Cómo surge esta idea para la novela? LE: La imagen fundacional viene de que yo, como donostiarra, de niña pescaba en el puerto. Pescábamos pantxitos, txitxarros, kabusias, etc a montones. Entonces, se establecía esa relación con la muerte -te hablo como niña de ciudad, ya que quizá los niños de campo tengan otra relación temprana con la muerte-yo veía a menudo morir a los peces. Al ponerte a escribir siempre necesitas una imagen fundacional que establezca la conexión de lo que cuentas con lo concreto. La imagen para esta novela fue ese recuerdo. Yo creo que me interesa la muerte porque perdí a mi padre muy joven, aunque nunca lo vi muerto porque en aquella época se nos ahorraba a los niños esas cosas. Yo no vi un muerto hasta que fui muy mayor. Hoy asisto con cierta "naturalidad" a un velatorio cuando desgraciadamente fallece alguien a quien conozco, pero siempre había pensado que sería incapaz de llegar a eso, ya que para mí la muerte era terrible y, la muerte de un ser humano, como digo, era algo de cuya presencia, durante mi infancia, se me mantuvo ausente. Es decir, en mi infancia había muerte, pero sin cadáveres. Entonces, en ese mundo infantil, en esa imagen de la muerte de los peces, como dice uno de los protagonistas de la novela "todo está confundido". Por ponerte un ejemplo, los vascos tenemos una relación con la comida tan sofisticada que vemos constantemente la frescura del marisco, la frescura de los peces. Ver marisco vivo, peces vivos -que nos vamos a comer-es algo que tenemos delante de los ojos desde niños. Lo tenemos como una percepción que a mí siempre me ha parecido equivocada. Es decir, el pez se está muriendo y, sin embargo, la agonía aprendemos a entenderla como un signo positivo, porque significa que el pez está fresco. Hay una repugnancia en eso que se va concretando. Yo, desde niña, tengo una de las imágenes más atroces la de los pescadores de anguilas del río que se colocaban en el Paseo de Franciadonde yo pasaba mis recreos, ya que estudiaba en el Colegio Francés-y quienes, una vez pescada la anguila, la golpeaban contra el murete de piedra para matarla. Esta novela es una novela sobre la agonía, en el sentido etimológico de la palabra: "lucha", agón. Por tanto la idea de lucha me interesaba, y también la idea de la agonía como lucha por la vida, porque si la gente se dejara morir sin más no habría agonía. La agonía pretende la vida. Entonces entendí que esta imagen de los peces me servía. Es a partir de ese concepto que las imágenes van cuajando y me planteo la historia de una huella violenta. Además la pesca es un lugar común de la seducción. A diferencia de la caza, la pesca es más sutil. En la pesca, el cebo es un cebo vivo, y el señuelo del cazador es artificial. Digamos que el pez en la pesca es parte activa. Todo esto contribuye a que las imágenes de la novela vayan cuajando para conseguir lo que yo quería hacer. En la novela la huella de la violencia no es tanto el dolor, sino hasta que punto ese hecho puede dejar una huella de herencia, hasta que punto eso te constituye como un ser abominable. Eso tiene que ver con las circunstancias, con el deseo, con la participación, con la agresividad que tiene que ver con la agresión y con las huellas, esto es lo que en este libro se va a plantear. Yo no quería hablar de una patología en este libro. Es decir, de alguien a quien esas huellas de un hecho violento dejan torturado. O de un hecho violento que no crece en el personaje y que simplemente se queda ahí, como imágenes recurrentes, obsesivas, torturantes. Ese era el tipo de huella que no me interesaba. Me interesa una huella en un ser que tiene un margen de libertad, en un ser libre. Entonces me planteé trabajar sobre los conceptos de responsabilidad, las nociones de víctima etcétera. El otro personaje, el joven, yo creo que también tiene ese doble componente de negro y plateado. Es decir, en ambos personajes se dan las mismas características, pero quizá este segundo personaje estaba ahí inicialmente para desencadenar la lógica argumental de la novela, la trama. Ese personaje, por decirlo de alguna manera, se constituye como el cebo. Pero a la vez, va a ser quien desde el exterior contemple y desarrolle una poética de todo eso. Digamos que este personaje joven constituye formalmente el relato de la vida. Es el que es capaz de sacar la historia de esa intimidad tan cerrada. Luego es un personaje que puede parecer instrumental en un primer momento, pero que se va a convertir en el personaje, no sé si principal, pero en torno al cual girará la historia, la construcción de la historia como relato. CO: Una de las novedades de Los Peces Negros es la incorporación de la música. Las letras de las canciones de uno de los personajes se intercalan como pequeños poemas. Háblanos un poco de esta incorporación de la música en tu trabajo. De una manera simple asisto muchas veces con una cierta sonrisa al eterno debate del cine y la literatura, que considero un debate tan elemental y tan pobre, porque en primer lugar considero que el noventa y nueve por ciento de las películas son narrativas y, en segundo lugar, porque la imagen ha estado incorporada desde siempre a la literatura. Por tanto la relación cine/literatura es una relación fácil. Otra cosa es que al incorporar una novela con una composición particular al cine se viera reducida a la cuestión argumental. La música, como elemento de composición, en la medida en que la literatura y la música son artes temporales, tiene más relación con la escritura. Pero en fin, de la composición musical y su relación con la literatura se ha hablado hasta la saciedad, así que no era eso lo que me interesaba. Pensaba, con cierta diversión, que si yo pudiera elegir un cruce real, yo haría libros que sonaran porque la parte acústica es siempre la que me falta. Esa incapacidad del lenguaje por representar realidades extra-lingüísticas, los diálogos, dentro de esa estética del silencio que me interesa, parece contradictorio. Pero, a veces, un telón de fondo sonoro es suficiente para aliviar al lenguaje de esa necesidad de transportar ciertas cosas. Entonces en Los Peces Negros la música tendría dos componentes: en primer lugar, yo había decidido no contar la historia, el hecho violento fundacional, por las razones que he dicho antes, pero necesitaba evidentemente su incorporación a la trama de la novela por razones evidentes de coherencia y de comprensión argumental. No quería que el personaje principal, quien ha elaborado la historia, la contara, porque si era capaz de articular su discurso, su proceso dejaba de ser creíble. El había desarrollado otro discurso. Por tanto, el segundo personaje, joven, se va a convertir en alguien muy importante. Compone música y tiene una preocupación por las letras de las canciones. Aunque nunca controla la historia, tiene mucha intuición y una ambición creadora grande que no se corresponde con su experiencia ya que, dada su juventud, es muy limitada y, por tanto, no encuentra cosas en su vida que le resulten válidas para darles estatuto de canción. Tan poco le interesa repetir lo que han hecho otros, plagiar. Y de repente, se encuentra inmerso en una historia que le desborda. La composición de las letras de sus canciones se tenían que ajustar a eso, a este personaje de ficción, con esas características de inmadurez y de deslumbramiento ante el primer amor, y al mismo tiempo desvelar una comprensión empática clara. Entonces cuenta la historia con una poética de no contar lo aborrecible, a través de sus canciones, que no son poemas porque tienen que ser composiciones musicables, por decirlo de algún modo. Hemos hecho un disco y ahora estamos construyendo la presentación de ese proyecto. La ilusión musical me apetecía mucho. Además, utilizo a este personaje joven para crear la poética de la novela que queda resumida en frases que se incluyen en el texto como: "la forma son los peces" o "alguien dice yo y no soy yo", o la que ya mencioné anteriormente, "omitiré la parte aborre-cible ̈. Las canciones que se incluyen son canciones de amor y esa es la poética de toda la novela. Esa persona joven, en su inocencia, en su estética aparentemente ligera, le va a dar una dimensión subida a una historia que se podía atascar en cualquier lado. CO: En anteriores trabajos (La Historia de Margarita Maura, Efectos Secundarios) has abordado el tema de la homosexualidad femenina. En Los Peces Negros resulta muy interesante que, mientras uno de los personajes es claramente masculino, el otro se mantiene en una indefinición genérica. LE: A mí siempre me ha interesado la no revelación del género. Ya lo hice una vez, como mencionas, en La Historia de Margarita Maura, en uno de los cuentos titulado "La Visita" y luego en Ejercicios de Duelo, aparece en dos relatos en los que no se sabe si el que narra es un hombre o una mujer. El comienzo de Efectos Secundarios también recrea una escena sexual, que hasta que no concluye, no se sabe el género de uno de los personajes. Es decir, en todos estos textos empiezas a leer y puedes imaginar como lector lo que quieras. Me interesa este ejercicio por dos razones: en primer lugar porque me parece que la literatura debe explorar espacios que le son propios y esto le es propio, ya que en el cine o en la radio o en otro medio, no sería posible esta ambigüedad. Por supuesto en las artes visuales hay recursos y se podría recurrir al travestismo, al personaje andrógino, pero en literatura se puede hacer perfectamente. No es una cuestión de ambigüedad, es un asunto de no revelación. ¿Por qué me parece importante? Primero, por esa razón meramente literaria que expongo y, segundo, porque investigar esta perspectiva es interesante desde el punto de vista de la recepción. Es decir, se nos revelan todos los estereotipos en las construcciones de género. A mí me interesa que aflore en el lector la reflexión sobre qué le hace pensar que un determinado personaje es hombre o mujer. Corresponde a la literatura incitar esa reflexión, como corresponde ensayar la hipótesis vertiginosa de cómo seríamos si ese aspecto del género fuera en la vida un aspecto irrelevante. Es decir, si actuáramos como personas, trascendidas la diferencias hombre / mujer. Evi-dentemente este no es el caso todavía. Yo vi este aspecto como una utilidad añadida en la construcción del personaje en Los Peces Negros, ya que en el centro está la construcción del deseo y este hecho es el que organiza la sexualidad del personaje, la funda, la construye. Si tú eliminas o añades que en esa construcción del deseo hay una relación heterosexual u homosexual, le restas interés, desde mi punto de vista, al aspecto más amplio de la construcción de la sexualidad. Me interesa más explorar la crueldad, la violencia, en una relación. Esa relación de desequilibrio que se da en los personajes de esta novela me llevaba también casi a un salto triple mortal. Este personaje tiene que construir una sexualidad en positivo allí donde está en negativo. Esta sugerencia de una sexualidad gerontofílica también me parecía importante. No sé quién decía que en mis libros había mucha sexualidad "desviada". Me parecía también interesante porque en este caso era el positivo de ese negativo, pero lo que yo quería es que en esa construcción, la lucha fuera por los componentes totalitarios de esa sexualidad y la crueldad. En este contexto, es irrelevante si es un niño o una niña, una persona de sexo masculino o femenino etc. En el caso del otro personaje, el más joven, esa experiencia del amor, del deseo, es también así. En definitiva, aunque sorprendentemente estas cuestiones siguen siendo polémicas, para mí el aspecto de la homosexualidad no es central en este libro para nada. Combinas tu labor literaria con la coordinación de los Encuentros de Escritoras y la enseñanza en talleres de Escritura Creativa, además de colaborar semanalmente en EL PAÍS del País Vasco, donde dedicas una columna al comentario de temas de actualidad. ¿Encuentras puntos de integración en todas estas labores? Los talleres de escritura son un permanente contacto con el hecho de que la ambición literaria es hoy muy distinta a la que era hace veinte años. El conocimiento de la tradición literaria, la formación, la información...todo esto ha cambiado. Yo me encuentro con alumnos, y se lo digo a ellos, sobre todo a los más jóvenes, que han sido expropiados culturalmente. Con esto me refiero a que de su currículo académico han sido eliminadas herramientas esenciales para una reflexión artística ambiciosa. Yo vengo de una generación en la cual se leía. Nosotros en la adolescencia leímos Rayuela etc. Y ahora me encuentro con que estos libros son inabordables para los jóvenes, les resultan difíciles. Tantos años de un tipo de escolaridad deficiente ha tenido como consecuencia que los jóvenes no estén preparados para determinados planteamientos que requieren un esfuerzo intelectual, de atención, de lectura. En los talleres me encuentro con alumnos de varias edades. Tengo alumnos universitarios, porque algunos talleres de escritura se imparten en la universidad. En este sentido tengo alumnos de licenciatura, de diplomatura y de primeros postgrados. A mis talleres fuera de la universidad también acuden universitarios, pero el público es más variado y también hay personas mayores, en general de veinte a cuarenta años, aunque alguno se pase por arriba. El tema que menciono sobre las carencias formativas, me parece fundamental y trato de remediarlo poniendo a los alumnos en contacto con obras referenciales. Quiero que a los asistentes a mis talleres nada les eche para atrás. Que sientan curiosidad si oyen hablar de Tristram Shandy, por ejemplo, y que traten de ver por qué esa novela es interesante, es importante. Me propongo que determinadas novelas que han hecho de nosotros escritores formen también parte de sus lecturas. Que sean capaces de entrar al debate literario, a la discusión de la literatura, sus maneras y sus formas. En definitiva, trato de fomentar redes, intercambios. En ese sentido los Encuentros también contribuyen. Estamos en la decimoctava edición y hemos contado con la presencia de escritoras de todo el mundo. En los Encuentros también se trata de abordar cómo ha evolucionado la escritura femenina. Desde los años sesenta a los años ochenta -cuando pusimos en marcha los Encuentros-nos encontrábamos con planteamientos de que la escritura femenina era una escritura diferente. Hoy el debate sobre la escritura de género aborda muchísimos temas. Por una parte, esta óptica permite hablar de la identidad de la escritura, pero a la vez sitúa debates muy actuales como son el tema de periferia, las identidades culturales, la diversidad interior, los mestizajes, etcétera. El año pasado dedicamos los Encuentros a la "Nueva Europa", a una Europa menos conocida desde aquí. Invitamos a una escritora francesa hija de un exiliado español, a una finlandesa, a una eslovena y a una polaca. CO: ¿Cómo agrupas a gente tan diversa? ¿Cuál es el denominador común? LE: Cada una habla de su proyecto creativo, de su obra literaria, de sus intereses. CO: ¿Viste puntos de conexión? Después de su presentación se les pide que hagan referencia a un tema durante un coloquio. Este año vamos a invitar a escritoras europeas que viven en Europa pero que vienen de otras culturas: vamos a contar con la presencia de una escritora anglo-iraní, una escritora antillano-francesa, quiero traer por primera vez a una escritora que pertenece a la diáspora sefardí que vive en Turquía, pero que escribe en ladino, también he invitado a una escritora latinoamericana que vive en España desde la época de las dictaduras, etcétera. Tenemos un público que se renueva cada año, pero también tenemos un público muy fiel que aporta mucha riqueza a los debates. En cuanto a mi colaboración semanal en EL PAÍS, yo, cuando escribo ficción, tengo claro que es el narrador el que cuenta; en los artículos de EL PAÍS firmo yo, con nombre y apellidos. A mí me interesa la actualidad. Mi preocupación general es una preocupación de forma y esto es casi una posición vital. La situación en el País Vasco -y casi me atrevería a hacerla extensiva al resto del mundo-nos obliga a ser intelectuales más que artistas. Sin embargo, yo busco, reivindico, ser artista. Trato de buscar el espacio y la forma para escribir una columna de opinión desde ese espacio casi imposible que se ha vuelto ser artista. Has dado conferencias en varias universidades norteamericanas y residiste en Nueva York como profesora visitante de la Universidad de Columbia durante algún tiempo. ¿Qué aspectos del hispanismo norteamericano te llamaron la atención? ¿Cómo ves la producción literaria peninsular en el marco europeo? LE: Yo, la verdad es que en Estado Unidos, tuve una experiencia que definiría como contradictoria. La universidad que mejor conozco es Columbia porque pasé allí más tiempo, pero también he conocido otras universidades en las que he dado conferencias. Yo casi voy a decir que mi experiencia fue un poco de ciencia-ficción o de "deseoficción". Es decir, creo que hay un mundo académico, y eso lo veo en todas partes, al que podríamos hacer coincidir con la centralidad o el poder, y que va a la zaga y que recurre un poco a los clichés y a ciertos temas ya manidos. En ese sentido, podríamos decir que hay un hispanismo clásico, que bebe en los mismos pozos. Luego, existe otro, protagonizado por gente en universidades más pequeñas, que por su situación personal cultiva espacios más propios, y ahí sí he encontrado gente que está más en sintonía, que busca otras cosas, que busca renovar el hispanismo, traducirlo a debates que de verdad son interesantes e importantes en la realidad norteamericana, cosa que me parece fundamental. Antes hablábamos de la literatura vasca, pero también hay "hispanistas vascos" en Estados Unidos que están haciendo cosas muy interesantes. Estoy pensando en concreto en Annabel Martín 3, Pilar Rodríguez 4 o tú misma. 5 Es decir, existe un núcleo de personas, todas mujeres, que esa mirada que yo te decía al principio, a lo mejor personas que vienen de ese gran sistema que es la Península, están aportando al hispanismo americano eso que va a necesitar para finalmente renovarse y para sacudirse, y quizá esto sorprenda, de esa docilidad. El hispanismo americano es muy poco polémico. Reconozco que pueden darse ciertas polémicas al nivel académico, pero en estos momentos la literatura que se hace aquí necesita activación, necesita una mirada crítica, exterior y prestigiosa para que realmente salga un poco de las claves empobrecedoras en las que se está produciendo. Yo creo que dado el prestigio y el poder de las universidades americanas se podría hacer una mayor contribución a fomentar la crítica e incentivar un debate que escapara un poco de la sociedad literaria. En cuanto al marco europeo, hay muchos retrasos. Aunque hay cada vez más interés en la literatura española, todavía decir Europa es un decir. Te pongo el mundo anglosajón como ejemplo. No recuerdo exactamente, pero el 5 o el 10% de los libros que se editan en el mundo anglosajón son de autores de habla no inglesa, mientras que aquí el 80% o más de los libros que se publican aquí son traducidos. O sea, panoramas muy distintos. Yo creo que en España el debate socio-literario, político-literario, está impidiendo los verdaderos debates. A veces tengo la sensación de que se visualiza España como una industria editorial poderosísima, pero por otra parte no estamos en condiciones de tirar del carro de una literatura europea con unas claves estimulantes. En este sentido creo que nuestra presencia en Europa no es muy importante. El número de autores que se traducen al francés, inglés, alemán, son los autores que se consideran en España más establecidos. En Italia, a lo mejor, esto cambia un poco, pero en general me sigue pareciendo que hay una política por hacer. Aquí también la política ejerce su influencia porque se conceden ayudas a las traducciones, usando muchas veces el criterio de en qué lengua escribes. Yo creo que la literatura que se proyecta al exterior en general, no es la más innovadora, ni la que puede suscitar una mayor atención o curiosidad. Todavía ofrecemos productos de lectura en claves comerciales, en el sentido de que preocupa fundamentalmente que tengan una aceptación de público sin demasiado problema. CO: Háblanos de tu próximo proyecto. Es una novela que se va a llamar Versión Original y abunda en lo que ya inicio en mi novela anterior, la poética de la sustitución. Voy a abordar el tema vasco en el sentido de que los protagonistas están inmersos en una situación violenta: son víctimas del terrorismo de ETA. Hay un asesinato que sirve como punto de partida. Me ha costado encontrar la manera. Voy a contar dos historias. Desde el punto de vista formal no hay mucha complejidad. Yo tengo esa reflexión de Sebald sobre colocar algo horrible sobre un contexto esté-tico o estetizado, que a mí me crea un conflicto. Es esta novela anterior hay una gran carga estilizadora. Me he mantenido en un límite, pero en el tema vasco huyo un poco de eso. Por tanto, la forma va a ser algo sencillo. Utilizo dos cuerpos paralelos. Es la misma historia: por una parte, se desarrolla una visión artística de los hechos y por otra la, podríamos decirlo así, "versión original ̈, aunque ambas forman parte de la ficción. Reflexiono también sobre por qué la obra artística se percibe como "mentirosa". Planteo cómo pasamos de la categoría de "la realidad" a la de la "ficción". En ese sentido la obra va a constar de dos partes: la versión original y la "película", y el planteamiento es cómo la "película" miente u oculta el proceso original. A la vez este proyecto me está permitiendo un trabajo de reflexión sobre un género que ahora estoy trabajando: el video-relato. Me interesa explorar las fronteras entre imagen y palabra. La historia la tenía pensada desde hacia muchísimo tiempo, pero no encontraba la manera. Quizá he tenido que escribir Los Peces Negros para encontrarla. Bueno, también ciertas cosas requieren una distancia y una especie de reposo. Pero ahora que tengo la perspectiva clara, este juego entre los dos niveles, que me ha costado mucho encontrar, ya quiero contarlo. Así que estoy trabajando en eso y luego en un ensayo un poco especial, una mezcla. Tengo bastante trabajo, me siento ocupada. Estoy en una época muy activa. Eskerrik asko, y esperamos leer pronto tu próxima obra.
Dos de los artículos publicados por Kolmogorov en 1941 son considerados generalmente como el origen de la teoría moderna de la turbulencia. Estos artículos incluyen los conceptos de semejanza de escala y de una cascada universal inercial. Su tercer artículo importante sobre el tema, publicado en 1962, es igualmente el origen de las investigaciones modernas sobre intermitencia. En esta nota se resume la historia de las teorías sobre la turbulencia antes de Kolmogorov, sus aportaciones en estos tres artículos, y su influencia sobre la comprensión actual del movimiento turbulento de los fluidos.
de las actividades del curso 2003-2004, ha conmemorado el sesquicentenario del nacimiento del célebre matemático francés Henri Poincaré con un ciclo de conferencias dado el 27 de mayo de 2004 en su sede, que ha contado con la intervención En 1862 comenzó sus estudios en el Lycée en Nancy (hoy llamado Lycée Henri Poincaré en su honor) donde destacó en todas las materias, salvo en Educación Física y manualidades. Su profesor de Matemáticas le describió como un «monstruo de las matemáticas» y ganó los primeros premios de los Concursos Generales, competiciones donde participaban los mejores alumnos de todos los Lycées de Francia. En 1875 se graduó en la Escuela Politécnica, donde demostró estar muy por delante de sus compañeros en Matemáticas, pero no en las asignaturas que exigían coordinación muscular. Poincaré tenía una memoria excelente, que enlazaba racionalmente todo lo que oía, y con la que suplía su deficiente visión en las conferencias que asistía. Después continuó sus estudios en la Escuela de Minas y se doctoró en Paris en 1879, siendo Charles Hermite el director de su Tesis sobre Ecuaciones Diferenciales. Se le objetó confusión en la exposición, pero se le dio la máxima calificación por la dificultad de tema y el talento demostrados. Tras enseñar dos años en la Universidad de Caen pasó, gracias al apoyo de Hermite, a París, a la Sorbona y a la Escuela Politécnica, para explicar Física Matemática y Probabilidad. En concreto se le encargó la óptica, la electricidad, el equilibrio de las masas fluidas, las matemáticas de la electricidad, astronomía, la termodinámica, la luz, y la probabilidad. Fue catedrático en la Sorbona y en la Escuela Politécnica de París hasta su muerte a los 58 años. Su producción matemática fue abrumadora. Investigaba con gran regularidad cuatro horas diarias, entre las 10 y las 12 y luego, por la tarde, entre las 17 y 19 horas, evitando investigar más tarde para poder descansar bien. A última hora de la tarde y por la noche sólo leía artículos de investigación o libros. Así es como obtuvo importantes contribuciones en muchas ramas de la Matemática, de la Mecánica Celeste, de la Mecánica de Fluidos, de la Teoría especial de la Relatividad y de la Filosofía de la Ciencia. Antes de los treinta años había desarrollado el concepto de función automorfa y había vuelto sobre su tesis doctoral con el objetivo de integrar todas las ecuaciones diferenciales lineales con coeficientes algebraicos. Sus cinco memorias sobre funciones y grupos fuchsianos, publicados en Acta matemática entre 1882 y 1884, junto con la veintena de notas en los Comptes Rendues constituyen una de las piezas más brillantes de las Matemáticas, descrita a continuación en el artículo Monodromía y ecuaciones fuchsianas en la obra de H. Poincaré, cuyo autor es el Profesor Aroca. Poincaré fue considerado en su época como el matemático más brillante del momento. Buena prueba de ello es que se le encargó la conferencia inaugural del Primer Congreso Internacional de Matemáticos, celebrado en Zurich en Agosto de 1897^. En ese congreso explicó las funciones que corresponden a un matemático, dando un programa, que se llama Programa Poincaré, relativo a como hacer Matemática no sólo para el momento, sino para el porvenir. La frase de Poincaré "en las cinco Memorias..., no he hecho más que aflorar un tema muy amplio que proporcionará sin duda a los geómetras la ocasión de hacer numerosos e importantes descubrimientos'' refleja el espíritu que trató de vivir con total honestidad toda su vida. El "Programa Poincaré" o Funciones del matemático da título a un artículo del profesor de Lorenzo, que lo pudimos oír en su conferencia en la Academia en la referida conmemoración y ahora leer en esta publicación. En Matemática Aplicada, Poincaré estudió Capilaridad, Cosmología, Elasticidad, Mecánica Celeste, Óptica, Teoría Cuántica, Teorías de la luz y de las ondas electromagnéticas. Teoría de la Relatividad, Teoría del Potencial y Termodinámica. Se le considera co-descubridor con Albert Einstein y Hendrick Lorenz de la teoría especial de la relatividad. En este ciclo de conferencias, el profesor Amadeu Deshalms fue el autor de la conferencia "Poincaré, creador de los métodos todavía modernos en las ecuaciones diferenciales y en la mecánica celestê\ donde se exponen algunas de sus contribuciones principales en Ecuaciones Diferenciales y en Mecánica Celeste, y se discute la importancia que tuvo la Memoria que presentó en 1889 sobre el problema de los tres cuerpos a un concurso, que lo ganó, convocado para conmemorar el sexagésimo aniversario del Rey Óscar II de Suécia y Noruega. Cuando esta Memoria iba a ser publicada en Acta Mathematica, Phragmen, editor de Acta Matemática, descubrió un error, que significó el comienzo del intercambio de cincuenta cartas entre Poincaré y Mittag-Leffler, que se opuso a la publicación de la Memoria en tanto contuviese el error. En la última de esas cartas se discute la naturaleza del error, que se considera hoy como el origen del estudio del caos. Finalmente una versión revisada de la Memoria de Poincaré se publicó en 1890. Entre la últimas fechas citadas, Poincaré tuvo tiempo para la publicación de su obra Analysis situs en 1895, que le convirtió en el fundador de la Topología, uno de cuyos principales problemas es el reconocer cuando dos objetos son topològicamente equivalentes, lo que significa que uno se obtiene del otro por una deformación continua, sin singularidades, llamada isotopía. En las isotopías hay propiedades que permanencen y que se llaman invariantes. Poincaré ideó interesantes invariantes de naturaleza algebraica, que forman el núcleo de la Topología Algebraica, como el grupo fundamental o grupo de Poincaré, descrito en la última conferencia de esta publicación de la Profesora Lozano Imízcoz, en la que también expone la situación actual de la, tal vez, aún no resuelta Conjetura de Poincaré, a cuya solución también está esperando el premio prometido por el Instituto Clay. Consiste en probar que la propiedad que caracteriza topològicamente la esfera tridimensional es tener el grupo fundamental trivial. Todo lo anterior constituye un material conmemorativo de gran interés y la Sección de Exactas, como no podía ser de otra manera, se congratula de su publicación en la Revista Arbor y agradece a la Comisión de Publicaciones de la Academia todo el apoyo prestado para la realización de esta publicación. Finalmente, la Sección de Exactas reitera su reconocimiento y felicitación a todos los autores que han participado en este evento, y dado que la limitación temporal ha impedido tratar algunos temas físicos y matemáticos del trabajo de Poincaré, sería deseo de la Sección poder ampliar este trabajo antes del bicentenario de su nacimiento para lo que contamos, además de la colaboración de los profesores Aroca, Cano, de Lorenzo, Delshams y de la profesora Lozano, con las Secciones de Ciencias Exactas y de Ciencias Físicas y Químicas de la Real Academia de Ciencias de Madrid.
ecuaciones diferenciales lineales ordinarias. Su ensayo que tenía como objetivo la integración de todas las ecuaciones diferenciales lineales con coeficientes algebraicos no obtuvo el premio, que se concedió a una memoria de Halphen, pero recibió la mención de muy honorable por su originalidad e interés. Su ensayo para el concurso marca el inicio de una actividad febril y cuatro años más tarde, habiendo publicado una veintena de notas en los Comptes Rendues y casi cuatrocientas páginas en Acta Mathematica, Poincaré abandona el tema de modo casi definitivo, tras escribir una de las piezas más brillantes de la Matemática. Las líneas de despedida escritas al final de su ultima memoria son muy características de su forma de ser: Esto basta para hacer comprender que en las cinco Memorias de Acta Matemática que he consagrado al estudio de las transformaciones fuchsianas y kleinianas, no he hecho más que hacer aflorar un tema muy amplio que proporcionará sin duda a los geómetras la ocasión de hacer numerosos e importantes descubrimientos. Las cinco memorias de Poincaré sobre funciones y grupos fuchsianos publicadas en Acta Mathematica entre 1882 y 1884 constituyen la culminación de la teoría geométrica de funciones y el origen de un gran número de problemas de la Matemática actual. La cuarta memoria, dedicada a los grupos de monodromía de las ecuaciones diferenciales lineales de tipo Fuchs, es la menos conocida pese a contener resultados interesantes tanto en torno al problema de Riemann-Hilbert como a la estructura de los espacios de moduli de curvas algebraicas. En esta nota, expuesta en un ciclo de conferencias sobre Poincaré en su sesquicentenario, organizado en la Real Academia de Ciencias, se exponen las conexiones de esta memoria con resultados recientes de la teoría de Galois diferencial. Introducción y un poco de historia Las cinco memorias publicadas por Poincaré en Acta Mathematica entre 1882 y 1884, representan, en palabras de Darboux (Eloge historique d'Henri Poincaré [4]), la culminación de la parte más brillante de sus trabajos, y su mayor titulo de gloria. En 1880 Poincaré, entonces un joven de 26 años, presenta una memoria, que no fue publicada hasta 1923, al concurso para el gran premio de Ciencias de la Academia convocado con un tema fijo: perfeccionar en algún punto importante la teoría de Monodromía y ecuaciones fuchsianas en la obra de... 627 mann-Hilbert o el de la estructura de los espacios de moduli de curvas de género dado. John Stillwell, traductor al inglés de una selección de los artículos sobre funciones fuchsianas de Poincaré ([24]), se refiere a esta cuarta memoria en dos ocasiones en la Introducción del traductor (ver [24]), que precede a los textos seleccionados; en la primera de ellas dice: Finalmente he introducido el cuarto artículo de Acta, porque es el más ambicioso de los suyos (de Poincaré) y continúa siendo relevante en las matemáticas de hoy en día. En la segunda ocasión explica la razón por la cual, a su entender, esta cuarta memoria es la menos comentada. Mientras gran parte de los tres primeros artículos de Acta ha sido asimilada y ha alcanzado los libros de texto, el cuarto continúa siendo misterioso y de difícil comprensión, en parte debido al retroceso de Poincaré, en los primeros parágrafos, a la teoría pregeométrica de ecuaciones diferenciales, pero también porque cuando finalmente reduce sus teoremas a topología, debe enfrentarse a variedades multidimensionales difíciles de manejar apropiadamente con los conocimientos de su época. La opinión de Stillwell que aparece en esta ultima frase, fue también la opinión de Klein ([11]) que acusaba a Poincaré de que sus trabajos, publicados demasiado rápidamente, contenían mucho de provisional e incluso mucho de falso o exagerado y que eso resultaba muy patente, en particular, en esta cuarta memoria de Acta. Poincaré, siempre según Klein: tropezaba con dificultades, insuperables en ese momento, porque debía tratar con variedades abiertas a las cuales no se les podía asignar una frontera. Sin embargo, en mi opinión, la memoria no es oscura, es por el contrario un buen exponente de la claridad de ideas de Poincaré y de su prodigiosa intuición geométrica. Poincaré vio perfectamente dónde estaban los puntos más espinosos, y la carencia de las técnicas matemáticas necesarias para sobrepasarlos no le impidió prever el camino por el cual hoy en día algunas de esas dificultades han sido superadas. No pretendo hacer en estas líneas un trabajo de historiador, no es mi oficio y sería locura practicar el intrusismo en un terreno en el que ya existe una referencia excepcional, el magnifico libro de Jeremy Gray: Linear differential equations and Group theory from Riemann to Poincaré [9]. Pero, ya que he citado algunas opiniones de Klein sobre el trabajo de Poincaré, no puedo resistir la tentación de dedicar unas líneas a su polémica (prácticamente unilateral) con éste, sobre el descubrimiento de las funciones fuchsianas -automorfas. No fue ni sencilla ni principalmente una carrera, la generosidad de cada uno de los hombres hacia el otro, hizo que fuera un autentico esfuerzo cooperativo. Aunque luego matiza estas palabras añadiendo que en cualquier caso y dados su carácter y las circunstancias de la matemática alemana de su época, Klein se vio forzado a considerar que participaba en un auténtico reto. Eso parece bastante claro, en 1928 el propio Klein afirma en su Entwicklung der Mathematik im 19 Jahrhundert [12] El precio que tuve que pagar por mi obra fue extraordinariamente alto; mi salud se colapso completamente Mi actividad productiva real pereció en 1882....En consecuencia Poincaré tuvo el campo libre y, hasta 1884, publicó sus cinco grandes artículos sobre las nuevas funciones. Estas frases no suenan precisamente a esfuerzo cooperativo. Pero hay mas: hace ya veinte años, el Seminario de historia de la Matemática del Instituto Henri Poincaré ([1], [16]), publicó una serie de cartas, recopiladas por P. Dugac, dirigidas a Poincaré por diversos matemáticos, cartas que no han sido recogidas por Gray, y que arrojan una luz especial sobre la polémica citada. En unas de ellas, escrita por Hermite [16] Lamentablemente el mes anterior Brunei había escrito a Poincaré la primera de una serie de cartas de las que parece deducirse que Hermite no había comprendido bien a Darboux. En primer lugar, Brunei en su primera carta deja patente que no era precisamente germanófilo: Siguiendo la costumbre alemana, comencé por presentarme, pero no hay que creer que porque me haya adaptado a una costumbre de los alemanes, me encuentre bien en medio de este pueblo. Cuanto más lo conozco más lo detesto. En el párrafo siguiente, Brunei echa por tierra los esfuerzos conciliadores de Darboux explicando la posición de Klein respecto a los trabajos de Poincaré. Tomando un Compte Rendue al azar, nos dijo Klein, encuentro una nota sobre las funciones fuchsianas. El nombre de fuchsianas le permitió a Mr. Klein hacer algunas chanzas más o menos finas que cosquilleaban las orejas alemanas que las escuchaban. Klein también nos ha dicho: Yo protesto contra el nombre de funciones fuchsianas. Es de Riemann de quien viene la idea fundamental, y es Schwarz quien tiene el mérito de haber aplicado la idea de Riemann. Más tarde, yo mismo he trabajado también en esa dirección. En cuanto a Mr. Fuchs que sólo se ha ocupado una vez de estas cuestiones, lo único que ha conseguido mostrarnos es una cosa: que no ha comprendido absolutamente nada. Jean Dieudonné en una conferencia conmemorativa del centenario del comienzo de los trabajos de Poincaré sobre las funciones fuchsianas, pronunciada en el congreso del Grupo de Matemáticos de expresión latina de Luxemburgo [5], se hace eco de la indignación de Klein ante el nombre de funciones fuchsianas cuando dice, aludiendo precisamente a los trabajos de Riemann, Schwarz y el propio Klein: Observando esta serie de trabajos, se concibe fácilmente el asombro un poco escandalizado de Klein cuando constata que, en las primeras notas de los Comptes Rendues, sólo se cita a Fuchs, y que se coloca bajo el patronazgo de José Manuel Avoca Hernández-Ros 630 éste la inmensa teoria que se edifica en ellos. Este asombro debió tornarse estupefacción cuando, respondiendo a Klein, Poincaré reconoce de buen grado que ignora todo sobre sus trabajos, que no ha leído nada de Riemann, al que sólo conoce de oídas, y que no sabe nada ni del género de una superficie, ni del principio de Dirichlet. Una vez que Poincaré conoce los trabajos de Klein, en un alarde de generosidad incluso da su nombre a unos nuevos objetos, los grupo kleinianos, pero este hecho disgusta aún más a Klein, según Brunei, por hacerlo aparecer en segunda fila. De nuevo, ahora a principios de julio, Brunei escribe a Poincaré, citando literalmente lo que le dice Klein en una entrevista: Leyendo lo que Poincaré acaba de publicar en los Comptes Rendues, se podrá imaginar que le he escrito,..., le he escrito que todo lo que ha hecho es conocido y está probado desde hace mucho tiempo. Además reprueba a Mr. Poincaré el publicar demasiado deprisa.... Mr. Schotty ha publicado en el vol. 83 del Journal de Brochardt, una memoria que se ocupa del caso del polígono con borde no conexo; podría ser que Mr. Poincaré llamase ahora a otro tipo de funciones, funciones schottkianas; no hay razón para detenerse. Pero Brunei no se limita al cotilleo, sus cartas contienen afirmaciones muy precisas en relación con lo que conocía Klein sobre ñmciones automorfas antes de leer los sucesivos artículos y las cartas de Poincaré, así como sobre la veracidad de sus afirmaciones de ir por delante de éste: Yo le puedo afirmar que todavía no he encontrado ninguna traza, ni en las memorias de Klein, ni en su curso del Polytechnicum, de funciones análogas a una función zeta-fuchsiana ó theta-fuchsiana. Además Mr. Klein no ha abordado nunca estas cuestiones en todas las conversaciones que hemos tenido sobre Vd. En una de mis entrevistas con él, Mr. Klein, me explicó que había sabido tras un encuentro con Mr. Weiestrass en pascua, que algunas de las ideas de Vd. existían antes, de forma algo distinta, en el cerebro del matemático berlinés. Pero esto no me parece gran cosa. En cualquier caso, está ñiera de toda duda que hay que atribuir a Poincaré la mayor parte de la teoría de funciones fuchsianas, especialmente su uso genial en dicha teoría de la geometría hiperbólica. Y también habría que atribuirle los resultados contenidos en la cuarta memoria de Acta, de la que hablaremos a continuación, y que reflejan la intuición, calificable de profética, del genial matemático francés. Monodromía y ecuaciones fuchsianas en la obra de... Las tres primeras memorias de acta mathematica Según reconoce el propio Poincaré, el origen de su trabajo está en un problema estudiado por Fuchs [8] que consiste en lo siguiente: Dada una ecuación diferencial lineal de segundo orden con coeficientes fimciones racionales de una variable compleja: y dadas dos soluciones C4inealmente independientes de la ecuación, y^, y^, averiguar bajo qué hipótesis complementaria sobre la ecuación diferencial, la ecuación funcional (*) g{D = ^ = u tiene solución z = z{ü) meromorfa en u. Pero esto es solo el principio de la obra de Poincaré. El planteamiento del problema de inversión cambia completamente tras los trabajos de Kummer, Dedekind, Riemann y Klein, que culminaron con la descripción de las funciones modulares, estableciendo que las funciones ^(z) de (*) correspondientes a la ecuación hipergeométrica, representan conformemente el semiplano superior sobre un triángulo cuyos lados son segmentos o arcos de circunferencia, de modo que las representaciones correspondientes a dos determinaciones difieren en la acción de un elemento de GSL^ (R). Ya no se trata de estudiar el cociente de dos integrales de una ecuación diferencial, sino de determinar, para un subgrupo de G, un dominio fundamental simple F, tal que toda orbita de G en el semiplano superior corte a F en un único punto. Las funciones a considerar son entonces las funciones automorfas, es decir invariantes, por la acción de subgrupos del grupo G. Se ha escrito mucho, incluso lo ha hecho el propio Poincaré, sobre la utilización de la geometría hiperbólica en este campo, en el libro de Gray [9] por ejemplo se puede encontrar una buena y detallada descripción elemental del trabajo de Poincaré. Señalemos aquí únicamente que la primera memoria de Acta esta dedicada a los grupos fuchsianos, que se introducen como grupos de movimientos para la geometría hiperbólica que preservan una teselación del semiplano superior, o lo que es lo mismo como grupos de transformaciones de Mobius con coeficientes reales que actúan de modo discontinuo en dicho semiplano. Estas condiciones llevan consigo la existencia de funciones analíticas no constantes que son automorfas para los grupos fuchsianos, estas son las funciones fuchsianas. La segunda memoria de Acta está dedicada al estudio de estas funciones. Para construir las funciones fuchsianas correspondientes a un grupo r, Poincaré traslada su geometría (eso lo hace al final del primer articulo) al círculo unidad mediante la transformación habitual: z-i y comienza con la descripción de las funciones theta -fuchsianas, por medio de series indexadas por F: Monodromía y ecuaciones fuchsianas en la obra de... donde R es una función racional y n, un número natural. Estas series, para n>2, son absolutamente convergentes en el disco unidad salvo en los polos de iî y verifican que: cz + d Entonces los cocientes de las funciones definidas por dos de estas series correspondientes al mismo entero n>2, son funciones meromorfas en el disco unidad y son exactamente las funciones automorfas para el grupo r, es decir son las funciones fuchsianas. Poincaré estudia los ceros y polos de estas funciones, además prueba que todas las funciones fuchsianas correspondientes a un mismo grupo T generan un cuerpo que es un cuerpo de funciones racionales sobre una curva algebraica cuyo género coincide con el de F, es decir con el de la superficie cociente del disco por la acción de este grupo. Por último caracteriza las ecuaciones lineales de segundo orden resolubles mediante funciones fuchsianas. La tercera memoria de la serie está dedicada a los grupos kleinianos. Los grupos kleinianos son grupos de transformaciones de Mobius que actúan de modo discontinuo en el plano y no son fuchsianos, la existencia de este tipo de grupos fue señalada a Poincaré por Klein, de ahí su nombre, que como hemos señalado no gustaba mucho a Klein. Poincaré demuestra en primer lugar que toda transformación de Mobius es producto de un número par de inversiones, de hecho va mas lejos y prueba que el grupo de proyectividades continuas de la recta proyectiva compleja está generado por las inversiones. A continuación observa que toda circunferencia del plano real es el ecuador de una esfera del espacio y que la inversión respecto a dicha esfera deja invariante el plano e induce en él la inversión respecto a la circunferencia de partida. Entonces una transformación de Mobius del plano es la sombra, en expresión de Stillwell, de una transformación del espacio producto de un número par de inversiones respecto a esferas, o sea, cuando las esferas se eligen adecuadamente, de un movimiento del espacio hiperbólico tridimensional. De nuevo Poincaré recurre a la geometría hiperbólica, esta vez en un espacio de dimensión tres, para el estudio de los grupos discontinuos de transformaciones de Mobius. Los conjuntos límite de los grupos fuchsianos están contenidos en el borde del disco unidad, en cambio los de los grupos kleinianos son curvas en general no analíticas. De hecho Poincaré conjeturó que son curvas no diferenciables en un conjunto denso de puntos, conjetura que fue probada por Fricke y Klein [7]en 1897, aunque la naturaleza fractal de la curva límite solo ha sido reconocida muy posteriormente por Mandelbrot [18]. Cálculo del grupo de monodromía de una ecuación La cuarta memoria de Acta, esta destinada a la generalización del problema de Fuchs a las ecuaciones diferenciales lineales de orden arbitrario; en este caso hay mas de dos soluciones independientes, por lo que no tiene sentido estudiar el grupo cuya acción regula las distintas determinaciones del cociente de dos de ellas, y parece mas natural preguntarse por el grupo que deja invariante el espacio de soluciones. Si pensamos en ecuaciones algebraicas, en lugar de en ecuaciones diferenciales, las transformaciones naturales para las ecuaciones polinómicas son aquellas que conservan sumas y productos, es decir los automorfismos de cuerpos, y si consideramos la extensión Z del cuerpo K donde están los coeficientes de una ecuación /(x)=0, obtenida al adjuntar a K las raíces de la ecuación, el grupo de Galois de Z respecto a K, es decir el grupo de automorfismos de E que dejan invariantes los elementos de JK, es precisamente el análogo algebraico del grupo que buscaba Poincaré. Cuando el cuerpo K es el cuerpo C{:z) de funciones racionales en la variable z con coeficientes complejos, la analogía es mas clara porque ese grupo es exactamente el grupo que traduce las distintas determinaciones de las funciones algebraicas definidas por la ecuación en dos variables, la X explícita y la z en los coeficientes, /(x)=0. Pero Poincaré no alcanza a ver esta analogía, que será descubierta por Picard unos años mas tarde. Pese a ello su construcción sobrepasa la monodromía y se aproxima indirectamente al grupo de Picard-Vessiot. Poincaré considera una ecuación lineal general: i7(3;) = y«)+«^y«-i)+...+a^7^0 con coeficientes funciones meromorfas sobre una superficie de Riemann compacta E, es decir: los a¿ = a¿ (z, x) son funciones racionales de dos variables complejas ligadas por una relación polinómica \|/(z, x)=Q. En estas condiciones, un punto de Z se dice singular de la ecuación si y sólo si es un polo de uno de sus coeficientes; el conjunto de puntos singulares de la ecuación Sing(F) es finito y para cada punto no singular. Monodromía y ecuaciones fuchsianas en la obra de.. 635 existe un entorno abierto simplemente conexo en el cual los coeficientes son analíticos. En consecuencia la ecuación admite en dicho entorno un sistema local fundamental de soluciones, es decir un conjunto de n soluciones C-linealmente independientes que generan el C-espacio vectorial de soluciones en el entorno en cuestión, (y^ y^, •••, y^). Fijemos un punto singular z y tomemos un lazo en Z \ Sing(F) basado en z, y. Por prolongación analítica del sistema fundamental (Vp 3^2' "*' y^) a lo largo de y, llegamos a otro sistema fundamental (i¿p u^, •••, u^), que está ligado necesariamente al primero por una relación: Siempre que nos mantengamos en Z \ Sing(F), M no cambia por deformaciones continuas de g y tenemos una representación lineal del grupo fundamental ó grupo de Poincaré n^ (Z \ Sing(F)): Esta representación depende del sistema fundamental de soluciones elegido inicialmente, pero depende solamente módulo conjugación. Así queda definida una clase de conjugación de subgrupos de GLJC), uno cualquiera de cuyos representantes se llama grupo de monodromía de la ecuación diferencial. Poincaré aborda tres problemas, enunciados con toda precisión en la memoria. Hallar el grupo de una ecuación dada, tanto desde el punto de vista de cálculos numéricos, como desde el de la teoría de funciones. Es decir se trata no solo de dar un método de calculo del grupo de monodromía de una ecuación concreta, sino de describir los elementos del grupo como función de los coeficientes de la ecuación y de la clase de homotopía del camino correspondiente. Para ello se limita previamente, sin perdida de generalidad, al caso en que los coeficientes de la ecuación son funciones meromorfas en la esfera de Riemann y holomorfas en el infinito. En estas condiciones y tras un cambio de variable bien conocido (transformación de Tschirnhausen) la ecuación se escribe como: Poincaré prueba este resultado partiendo de un punto ordinario de la ecuación, ZQ, y de un sistema fundamental local de soluciones en ese punto con matriz wronskiana en él igual a la identidad. Las soluciones del sistema local admiten un desarrollo de Taylor en potencias dez -z^ con coeficientes polinómicos en los parámetros A^^¿, la convergencia en los parámetros se obtiene utilizando un teorema de Kowalewsky para ecuaciones en derivadas parciales. Se considera ahora un camino y en X \ Sing(F) con origen en z^ y por prolongación analítica se extiende el sistema local a lo largo de y, los nuevos sistemas están relacionados con el inicial por una matriz cuyas entradas son también funciones enteras de los parámetros, así cuando se cierra el lazo se obtiene el resultado. Hambúrguer [15] había desarrollado previamente un algoritmo de calculo de la monodromía pero fue incapaz de comprobar la convergencia. Señalemos por último que casi veinte años mas tarde Picard [19] da una prueba directa de la convergencia del método de Poincaré que no precisa del teorema de Kowalewsky. Una vez obtenido el resultado, las soluciones del sistema fundamental se pueden desarrollar en serie de potencias en los parámetros, y al considerar los coeficientes como funciones racionales de los polos se comprueba, por el mismo proceso anterior, que se pueden calcular por cuadraturas obteniéndose una serie en polilogaritmos. Aquí llamamos polilogaritmos a una familia de funciones definidas por recurrencia de la forma siguiente: Sea un conjunto finito de puntos de la esfera de Riemann P^, y sea U el recubridor universal de P^ \ 2, con punto base O, si a es un subconjunto de E, llamamos LJ,u) a la función definida sobre U por: • Si cr = (c^p<72'"*'^r) yUamamos <^-(^P^2'"''^r-i), entonces: Monodromía y ecuaciones ñichsianas en la obra de. En este momento resulta muy interesante comparar los cálculos de Poincaré con los de Lappo Danielvskii en su solución al problema de Riemann -Hilbert, tal como los describe Beauville en su exposición para el Seminario Bourbakí [2] (no he tenido ocasión de consultar la obra original). En 1928, el joven matemático ruso Lappo Danielvskii propone una aproximación totalmente diferente; escribe explícitamente las soluciones del sistema bajo la forma de series de polilogaritmos. El método es tan elegante que no me resisto a exponerlo aquí. El método es exactamente el que Poincaré describe en 1880, el único cambio es que la notación A(x,a^,a2,"-->cc^) que Poincaré usa para el polilogaritmo se cambia por LJji), y sin embargo curiosamente Beauville no lo cita (cómo ya he indicado no se si lo hace Danielvskii) El lector no habituado a la forma de escribir de la época, puede quedar sorprendido por alguna de las afirmaciones de Poincaré, por ejemplo cuando afirma que los valores propios de una matriz son un sistema completo de invariantes de ésta, la afirmación es obviamente falsa a menos que pensemos que genéricamente todas las matrices son diagonalizables y por tanto, genéricamente, es decir para un abierto denso de matrices, la clase de conjugación de una matriz esta determinada por sus valores propios. Poincaré y el problema de Riemann-Hilbert En la sección cuarta de la memoria, y sin destacarlo especialmente Poincaré se plantea el problema de inversión para ecuaciones de orden n, es decir intenta averiguar si dado un grupo de matrices, existe una ecuación diferencial lineal que lo tenga como grupo de monodromía. Hay dos líneas de trabajo muy importante en la matemática actual en las que se toca este problema. En la primera se substituye el grupo de monodromía, demasiado pequeño para reflejar suficientes propiedades de la ecuación, por un grupo mas amplio, el grupo de Galois diferencial, definido por Picard y Vessiot. Si partimos de una ecuación diferencial lineal con coeficientes en un cuerpo K de funciones meromorfas sobre una superficie de Riemann, se puede construir una extensión E de este cuerpo generada por un sistema fundamental de soluciones de la ecuación, Z con una derivada que extiende la de if y tal que las constantes para esa derivada son exactamente los complejos. El grupo Gal^ (E, K) de automor-José Manuel Avoca Hernández-Ros 638 fismos de £ que conmutan con la derivada y dejan invariantes los elementos de K se llama grupo de Galois diferencial de la extensión. Como un automorfismo que conmuta con la derivada y deja invariantes los coeficientes de la ecuación, transforma soluciones en soluciones, el grupo de Galois diferencial admite una representación lineal sobre el C -espacio vectorial de soluciones de la ecuación. Es decir, asocia un homorfismo Gal^ (I>,K) -> GL^fC). La imagen de esta representación: • Es un grupo algebraico de matrices • Contiene al grupo de monodromía • Si la ecuación es fuchsiana es exactamente el cierre del grupo de monodromía en la topología de Zariski GLJC), El problema inverso de la teoría de Galois diferencial, consiste en caracterizar los grupos lineales algebraicos que son grupos de una ecuación diferencial lineal. Al contrario que el correspondiente problema algebraico, este ha sido resuelto por J.P. Ramis, C. Mitschi y M.F. Singer, en sus distintas versiones locales y globales. El libro de Van der Put y Singer [26] es probablemente la mejor referencia para este problema. Señalemos únicamente, que dada la forma en que Poincaré aborda el problema con la descripción explícita de las formulas de inversión, sus resultados son cerrados para la topología de Zariski, por lo cual, cuando trabaja con ecuaciones fuchsianas, esta trabajando de hecho sobre el grupo de Galois diferencial. Antes de hablar de la segunda línea de trabajo actual conectada con este problema, el teorema de Riemann-Hilbert, veamos brevemente que es lo que hace Poincaré. Poincaré intenta construir un sistema completo de invariantes del grupo de monodromía de una ecuación y probar que los coeficientes de la ecuación son función de los invariantes del grupo. Su método de solución es indirecto basado en un cálculo de dimensiones, que hace contando el numero de parámetros de que dependen los coeficientes de una ecuación con singularidades prefijadas y el número de invariantes de los generadores del grupo de monodromía correspondiente. Como los invariantes son función de los coeficientes, si el número de parámetros de que dependen estos fuera mayor que el de invariantes se podrían invertirei-general las fórmulas. Lamentablemente el número de parámetros de que efectivamente depende la ecuación es menor que la dimensión del grupo de monodromía. En consecuencia las formulas no se pueden invertir salvo para orden 2, caso en que ambos números coinciden. Ahora bien, es fácil ver que hay singularidades de la ecuación, las singularidades aparen-Monodromía y ecuaciones fuchsianas en la obra de... Entonces añadiendo un número suficientemente grande de singularidades aparentes, dice Poincaré, el numero de parámetros de la ecuación supera la dimensión del grupo. Entonces las formulas se pueden invertir siempre que se admita la presencia de suficientes singularidades aparentes. Los problemas que obvia Poincaré son los siguientes: • Necesita una clasificación módulo cambio analítico de variables de las ecuaciones diferenciales lineales, que le permita describir las componentes del espacio de mòduli, y calcular efectivamente sus dimensiones. • No puede limitarse a considerar el caso en que cada matriz de monodromía es diagonalizable, que al fin y al cabo es genérico, sino que necesita que todas estas matrices sean simultáneamente diagonalizables y esta condición ya no es genérica. Por tanto el calculo de la dimensión del grupo de monodromía no está suficientemente justificado. • La coincidencia de las dimensiones del espacio de ecuaciones con singularidades prefijadas y el grupo de monodromía, no garantiza que las formulas de la aplicación que asocia a cada ecuación su grupo sean inversibles. De todos modos merecería la pena desarrollar de modo formal y sin lagunas el programa que traza Poincaré en esta sección, sobre todo por su conexión con el llamado problema de Riemann-Hilbert. Para explicar brevemente en que consiste este problema y su conexión con el trabajo de Poincaré, debemos volver a la ecuación diferencial lineal de orden n, F(y)=0 de tipo Fuchs, tomar el conjunto Sing (F) = {z^, Z2,'•, z^ de sus singularidades, y construir el grupo de Poincaré, W^ (P¿ \ Sing(F)). Este grupo admite como generadores lazos basados en que encierran cada uno una sola singularidad y son tales que YnYn-l "'Yl ~ -"^ Las matrices de monodromía correspondientes a estos lazos verifican que Entonces el problema de Riemann -Hilbert consiste en averiguar si todo sistema de matrices ^pM2,-",M^} con producto identidad se puede obtener de esta forma, es decir las son las matrices de los generadores del grupo de monodromía de una ecuación diferencial lineal. La historia de este problema está bien recogida el texto de Hille [17] o en el artículo ya citado de Beauville [2], por lo cual no la detallaremos aquí. Digamos únicamente, que si se pueden efectuar correctamente los cálculos de Poincaré, no solo se resuelve el problema inverso de la teoría de Galois diferencial para ecuaciones fuchsianas, es claro que se resuelve también el problema de Riemann-Hilbert. De hecho la solución de Lappo Danielvskii de este problema utiliza amplios fragmentos del trabajo de Poincaré como ya hemos indicado. Mas aún Treibich [25] corrige un error presente en los trabajos de Plejmelj [20] y Birkhoff [3] sobre el problema de Riemann -Hilbert. Ese error es el de admitir la diagonalizacion simultanea como una propiedad genérica, que es casualmente el mismo que muchos años antes había cometido Poincaré. Estas dos observaciones son muestra suficiente de la inñuencia, no reconocida, de la obra de Poincaré en el trabajo de los primeros a que se atribuyen soluciones parciales del problema de Riemann -Hilbert. Existencia de ecuaciones de tipo dado y el problema de la uniformización Cómo el problema de encontrar ecuaciones con singularidades y monodromía prefijada, y sin singularidades aparentes solo se puede resolver, según Poincaré, en dimensión dos, y además Poincaré quiere encontrar ecuaciones con monodromía prefijada y singularidades regulares, no le queda mas remedio que precisar su clasificación de las ecuaciones lineales y demostrar que en toda clase hay una ecuación de tipo Fuchs. El resto de la cuarta memoria de Acta está dedicado a este objetivo. Poincaré se limita, como ya hemos señalado, a ecuaciones de segundo orden sobre una superficie de Riemann compacta, a las que supone sin término en ¿' porque aplica la transformación de Tschirnhausen, esto es a: Una vez escrita en esta forma la ecuación no tiene más singularidades que las estrictas, en cada singularidad la ecuación tiene una ecuación determinantal asociada de segundo grado, las raíces de esa ecuación se llaman exponentes característicos de la singularidad, y son invariantes del tipo de la ecuación. Poincaré llama fuchsianas a las ecuaciones de segundo orden en las que, por inversión, x es una función fuchsiana del cociente de las dos soluciones. Y llama tipo fuchsiano a una clase birracional de ecuaciones tales que para uno cualquiera de sus representantes, la diferencia entre los exponentes característicos sea de la forma 1/n con n entero, y que o bien el género q de la superficie de Riemann se mayor o igual que dos o que sea menor que dos y: \<i<p donde p es el número de singularidades de la ecuación, y a¿ es el valor absoluto de la diferencia entre los exponentes característicos de la singularidad i-ésima. La prueba de que cada tipo fuchsiano contiene una ecuación fuchsiana, no está completa y este resultado que lleva consigo la uniformizacion de curvas de genero mayor o igual que dos por funciones automorfas fue considerado conjetura hasta que en 1907 el propio Poincaré [22] y Koebe [13] dieron independientemente la prueba definitiva. José Manuel Avoca Hernández-Ros José Manuel Aroca Hernández-Ros José Manuel Aroca Hernández-Ros
que ligado al papel de las definiciones no constructivas se encuentra como problema la existencia o no del infinito actual, de si cabe ir más allá del infinito numerable. Como sugerencia, se podría dedicar una Sesión a conmemorar el nacimiento del Axioma de elección así como sus repercusiones, su papel en el Hacer matemático... El programa: funciones del matemático Considerado en su época como el matemático más brillante del momento, puede afirmarse hoy que ha sido uno de los mayores matemáticos y físicos creadores de todas las épocas. Como de alguno de sus temas matemáticos específicos van a tratar quienes me acompañan en este Sesión, voy a limitarme a esbozar un rápido panorama de lo que Poincaré consideraba la misión que todo matemático debe ejercer: las fimciones o papeles que le corresponden como matemático y que él trató de cumplir con toda honestidad a lo largo de su vida, que trató de «vivir matemáticamente». Funciones o papeles del matemático que constituyen, realmente, un Programa de cómo enfocar la Matemática, de cómo hacer matemática no ya en el momento en el que las enuncia, sino para el porvenir. Poincaré no expone problemas para resolver en el ñituro sino que, simplemente, ejemplifica con temas amplios esas fimciones que exige cumplan los matemáticos. Es un Programa, que denomino Programa Poincaré, que explicita en el Primer Congreso Internacional de Matemáticos (CIM), celebrado en Zurich en Agosto de 1897. Y donde enuncia, a la vez, una convicción, muy profunda, con todas sus consecuencias, que son muchas: la Matemática es un hacer de alguien que la trabaja y produce, del matemático. Es este quien la construye en un proceso siempre inacabado. No hay, para Poincaré, un mundo eidètico de objetos, de propiedades de unos objetos que el matemático tenga que descubrir; mundo eidètico hecho no se sabe muy bien por quién ni para qué y al que tampoco se sabe muy bien cómo acceder. Para Poincaré, el producto matemático depende del matemático individual, pero este trabaja en sociedad, con unos temas y problemas ya dados, en relación, y a veces disputa, con otros matemáticos. Las diferentes disciplinas son construcciones que sacamos enteramente de nuestro espíritu. (VC 137) Centrados en el «Programa Poincaré», las funciones o papeles que asigna a la Matemática, al matemático, son: Ante todo, agradecer a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales estar hoy, aquí, ante ustedes. No ya a la Real Academia sino a las personas que lo han hecho factible: a José Manuel Aroca y, muy en especial, a Manuel López Pellicer. Nos encontramos conmemorando un aniversario. Algo que puede convertirse en rutina, en autojustificación para reuniones; lo que, en cierta manera, está ocurriendo en otros campos. Aunque entre en esa rutina, me permito una sugerencia: Justamente este verano se cumplirá el centenario del nacimiento del Axioma de elección. Fue en 1904, en el Tercer Congreso Internacional de Matemáticos, cuando Zermelo lo formuló de manera explícita por vez primera. Y todos recordamos las inmediatas discusiones y polémicas a las que dio paso. Estaba en juego el papel de las definiciones y de las demostraciones existenciales, no constructivas. Y el problema, si cabe admitir o no la definición de un objeto sin poder mostrar, construir o calcular ese objeto. Es tema al que dedican su análisis, su crítica y rechazo, y entre otros, los matemáticos de la Escuela de París, los componentes de la denominada escuela semi4ntuicionista francesa -Borei, Lebesgue, Baire-. Por-El «Programa Poincaré» o funciones del matemático Estética Es el trabajo en sí del matemático. Plantear y resolver problemas, intuir analogías, demostrar proposiciones, crear nuevos campos de trabajo... Aportes de este fin estético o intrínseco al Hacer matemático, y como meros ejemplos, se le puede considerar el padre de la Topología -especialmente de la Homotopía y la Topología algebraica, donde formula la Conjetura de Poincaré precisamente hace ahora un siglo y donde ya ha establecido el contraejemplo que supone el dodecaedro de Poincaré-, de las funciones fuchsianas o automorfas, de las ecuaciones diferenciales cualitativas, de la geometrizacion de todas las ramas de la matemática y la física, de la importancia del Cálculo de Probabilidades para el razonamiento matemático, hasta de su anticipación a Teorías como la del caos determinista y la de fractales... Con una advertencia: para Poincaré la Matemática no tiene como misión mirarse el ombligo (CM p. 141), no puede encerrarse en una torre de marfil. Ello supondría que a corto o largo plazo el matemático quedaría estéril, esterilidad velada por el aparente desarrollo de miles de teoremas, de simples combinaciones formales de palabras, de fórmulas carentes de importancia, sin contenido matemático alguno. Aunque esas combinaciones fueran correctas lógicamente y se mostrara que los teoremas se obtienen válidamente de los axiomas, ello no significaría nada porque Reduciendo el pensamiento matemático a una forma hueca, se le mutila. 115) Por ello el matemático, la Matemática tiene otro papel, otra función, que es la Física Se trata de suministrar un instrumento para el estudio de la physis y se centra en el enlace de la Matemática con otros haceros, con otras disciplinas. Especialmente, estamos a primeros del s. XX, con la Astronomía, la Física. En este campo hay que tener presente una división de papeles. Lo que aporta la Matemática a las demás ciencias, lo que la Matemática recibe de ellas. La Matemática aporta a la Ciencia el único lenguaje que esta maneja. Si la ciencia es un lenguaje bien hecho, lo es porque dicho lenguaje es el matemático. Pero además la Matemática ayuda al cálculo. a la resolución de ecuaciones o de sistemas de ecuaciones sean diferenciales o algebraicas... Y si hasta aquí lo aportado es algo admitido generalmente, para Poincaré hay algo más: la Matemática aporta una ayuda para la invención del científico al desarrollar estructuras que pueden posteriormente interpretarse en distintos terrenos. En otras palabras, el matemático aporta la capacidad de ver analogías. Y la analogía se le muestra como el instrumento clave para la invención tanto matemática como científica. Coii lo cual el Hacer matemático permite al Físico hacerle conocer la armonía oculta de las cosas haciéndoselas ver desde un nuevo ángulo. (VC 147) Aquí Poincaré va a enunciar otra de sus creencias básicas respecto al papel de la Lógica y la invención o creación matemática y científica. Se pregunta: ¿cómo tratar las ecuaciones de la física matemática? Para algunos se trata de obtener simplemente las consecuencias y considerar estas como realidades intangibles. Sin embargo para Poincaré el trabajo del científico no ha de limitarse a deducir sino que ha de buscar las analogías profundas, la armonía que se oculta en los fenómenos de la naturaleza. Y para ello las ecuaciones de la física deben enseñarnos Lo que se puede y debe cambiar (VC 146) El matemático, a su vez, recibe aportes de los terrenos científicos. Desde ellos se le plantean problemas que debe resolver y que le llevan a crear nuevos campos de investigación, a modificar incluso los conceptos que maneja. Así la serie de Fourier ha surgido de un problema físico pero se ha convertido en un instrumento precioso del Análisis y ha forzado a estudiar las funciones discontinuas, por ejemplo, ha forzado a cambiar la propia noción de función, lo que quizá no hubiera ocurrido desde el interior de la Matemática. Pero hay algo más para Poincaré y es tema en el que quiero insistir porque ha sido uno de los campos que más ha dividido a la comunidad científica y ha vuelto a plantearse en el último tercio del siglo XX con radicalidad absoluta: la separación y el abismo producidos entre el matemático «puro» y el físico «puro», abismo que ha atravesado la Matemática y la Física a lo largo del s. XX. Para Poincaré, el matemático también recibe soluciones y demostraciones a los problemas por parte del físico. En sus palabras: El «Programa Poincaré» o funciones del matemático 649 La física (...) nos ayuda a encontrar los medios, y eso de dos maneras: Nos hace presentir la solución; nos sugiere los razonamientos. 152) Con un matiz, las demostraciones que sugiere el físico quizá carecen del rigor que puede exigir el matemático, pero no por ello son menos demostraciones. Poincaré afirmará: «no seamos tan puristas» porque ese rigor informal que aporta el físico en las soluciones y demostraciones matemáticas es un tipo de rigor que, en el fondo, permite al matemático encontrar la vía para alcanzar la solución o elaborar la demostración matemáticas que, de otra manera, le sería más difícil o, incluso, imposible de hallar. Entrevisto el camino, asegurada la existencia de una solución, de una demostración, ya se tiene parte de la solución, ahora pretendidamente rigurosa o matemática, del problema, de la demostración. No sólo sugiere las líneas demostrativas, sino que también la Física devuelve al matemático el mismo instrumento que este le aportaba: la analogía. Una analogía que ahora se apoya en la imagen no ya geométrica, sino física. Y las imágenes físicas posibilitan ver de un golpe lo que la deducción pura sólo mostraría sucesivamente. Gracias a estas imágenes el matemático acopla los elementos dispersos de la solución que le llevan a una clase de intuición por la cual adivina antes de poder demostrar. Así, en el caso de las membranas vibrantes, la naturaleza física del problema muestra de antemano la existencia de una sucesión de valores propios y sólo después de captar esta «demostración» física, Poincaré fue capaz de demostrar la existencia matemática de los valores propios correspondientes. Poincaré confiesa, realmente, su método de trabajo: es la analogía -a veces estructural, a veces geométrica, a veces estrictamente física-la que le permite presentir, intuir la solución que no está en condiciones de establecer por un razonamiento deductivo. Una forma de trabajar la matemática en la cual se manifiesta Nuestra necesidad de pensar en imágenes (CMp. 102) Forma de trabajar por la cual el mismo Her mite le calificará de vidente a quien las verdades se le aparecen con una luz intensa, pero fundamentalmente a él solo. 82) La convicción de Poincaré respecto a la unidad intrínseca de la Matemática y la Física constituye una posición que va en línea con algunas tendencias que han ido surgiendo en el último tercio del s. XX. Me basta recordar aquí las discusiones en torno a los trabajos de Donaldson y sus «demostraciones físicas» y no «estrictamente matemáticas», por ejemplo, donde las ideas físicas son las que sugieren y hacen presentir no sólo los problemas sino sus tipos de solución y razonamiento; o las exigencias de Jaffe, de Arnold, de Atiyah pidiendo un mayor enlace entre Física y Matemática intentando superar la barrera creada entre estos dos campos, una barrera que a Poincaré se le antojaría como auténtica pérdida para todos, matemáticos y físicos, porque los ñnes Estético y Físico se le muestran inseparables. En concreto, unidad en el Análisis puro y, en él, en las ecuaciones diferenciales, pero también la noción de grupo que materializa la simetría inherente a la physis, a nuestro conocimiento de la misma. Barrera que, en estos momentos, también habría que eliminar entre otros campos y no sólo con la Física como algunos actos del recordado Año Mundial de las Matemáticas han puesto de relieve. En esta función, la de enlazar Matemática y Física, Poincaré trabajó en Mecánica Celeste con aportaciones ligadas a los sistemas dinámicos con sensibilidad a las condiciones iniciales; creó su Teoría de la relatividad restringida, se lanzó a esbozar las ecuaciones que podrían regir el extraño mundo de los quantos, de una Mecánica cuántica que estaba en sus albores y nadie sabía muy bien por dónde podría continuar... Por lindar no sólo con la Física sino con la Filosofía, hay un tercer papel que ha de cumplir el matemático en su trabajo: el Filosófico. La Matemática, el matemático ha de ayudar a profundizar, a clarificar en lo posible conceptos como los de Espacio, Tiempo, Número. Pero también tiene que analizar críticamente su propia praxis, aquello que hace y cómo lo hace. No basta crear Matemática; no basta crear Ciencia. Para Poincaré el matemático tiene la obligación de pensar críticamente en lo que hace. Es aquí donde, realmente, tendría que centrar el tema: ¿qué piensa Poincaré de lo que hace y de cómo lo hace? Responder a esta pregunta constituiría lo que calificar de exposición de la Filosofía de la Matemática de Poincaré, de su pensamiento matemático. Pero también de su Filosofía de la Ciencia porque ambas, para él y como he indicado, están íntimamente entrelazadas. Me limito a exponer, dado el tiempo asignado, alguno de los temas centrales de dicho Pensamiento, marginando aquí su Convencionalismo geométrico, su Convencionalismo científico que más El «Programa Poincaré» o funciones del matemático bien debería ser calificado como Realismo estructural científico. (Para un estudio más comprensivo remito tanto a mi libro 1974 como al ensayo'Poincaré, pensador de la matemática' a publicar por la Universidad Politécnica de Barcelona). Algunos temas del pensamiento filosófico matemático de Poincaré El número natural y la inducción completa Si el matemático construye objetos, estructuras y busca y demuestra propiedades de las mismas no construye a partir de la nada. Como dato primario, fundamental, se le muestra el número natural. Afirmará reiteradamente El único objeto natural del pensamiento matemático es el número natural (VC,149). Los demás, como los números reales, los ha inventado a partir de los naturales. Pero si los ha inventado ha sido porque se ha visto forzado a inventarlos por influjo del mundo exterior. El número natural se apoya en la potencia del espíritu que se sabe capaz de reiterar una acción desde que esa acción es posible. Y se sabe capaz de esa posibilidad no por un razonamiento deductivo, lógico, sino por una captación intuitiva. Reiterar una acción como la de «sucesor», el «uno más», conduce a elaborar la sucesión de los números naturales. Para razonar sobre esta sucesión que posibilita captar el infinito potencial, nunca clausurado, el matemático maneja el razonamiento por inducción completa. Razonamiento que refleja esa misma potencia y constituye, para Poincaré El razonamiento matemático por excelencia (CH,65) Aparecen, así, el número natural, la noción sucesor y la inducción completa como manifestaciones de la potencia del espíritu humano, como los datos básicos en los que fundamentar o apoyar el Hacer matemático (Cfr. especialmente CH cap. I). La inducción completa constituye, para Poincaré, y adoptando la terminología kantiana, un juicio sintético a priori, realmente una precondición para la construcción matemática. Una terminología algo confundente porque el a priori en Poincaré no es trascendente sino un elemento constitutivo que el espíritu humano ha ido incorporando durante la evolución como especie. Incorporación efectuada en su lucha por la supervivencia aquí en la Tierra. Javier de Lorenzo Martínez res, en otros mundos como en uno gelatinoso, la especie que tratara de sobrevivir en ellos habría tenido que constituir otras precondiciones, otros a priori. En la Tierra hay cuerpos «sólidos», entre ellos el propio cuerpo humano, que reitera sus pasos al andar, y da un paso y después otro y así sucesivamente... Por otro lado, la inducción completa permite sintetizar en único bloque una infinidad de silogismos. De ahí su generatividad apoyada en la posibilidad reiterativa. Y de ahí que sea irreducible a la Lógica porque esta se apoya en el principio de identidad y, consecuentemente, carece de la generatividad del principio matemático. No es el único a priori como en general se le ha achacado. De modo explícito, en CM p. 116, afirma la existencia de otros juicios sintéticos a priori equivalentes al de inducción completa y que se apoyan o basan en la misma capacidad reiterativa por lo cual poseen idéntica capacidad generativa; también la noción de grupo es un a priori como reconoce de modo explícito, tema al que volveré más adelante. Derivación lógica -Demostración matemática En esta derivación lo único que se exige es aplicar correctamente las reglas y se pide abandonar cualquier idea o contenido semántico. Con lo cual Para demostrar un teorema no es necesario ni útil saber lo que se quiere decir. Para Poincaré es una caracterización formal que no da cuenta, para nada, de lo que para el matemàtico es una demostración. Esta parte precisamente del final, del teorema a demostrar, no de los axiomas, y el matemático va guiado por una idea aportada precisamente por la proposición planteada. Es la intuición la que guía el proceso demostrativo. Ahora bien, una vez realizada resulta que la intuición también se presenta esencial para la derivación formal, a pesar de lo que indiquen los formalistas porque la clave se centra en aplicar las reglas correctamente. Y esa aplicación sólo es factible por la intuición de qué regla aplicar y cómo aplicarla en cada caso. No hay mecanicismo formalista o sintáctico alguno en el proceso demostrativo. Es la intuición la que permite ver por qué se eligen unas reglas en lugar de otras; la que permite captar las líneas centrales, el «alma» de la misma; la que permite ver por qué se eligen unos principios en lugar de otros... Todo ello implica, una vez más, la nítida separación que existe entre Lógica y Matemática. Incluso cabe estimar que es la misma lógica la que cae bajo el hacer matemático porque la propia noción de derivación exige la reiteración: es una sucesión en la cual a una fórmula le sigue otra que es su sucesora... En este sentido la axiomatización al estilo de la escuela italiana y que asume Hilbert como campo propio, hasta el punto de convertirse en el campeón de «el método axiomático» para definir implícitamente los objetos matemáticos, se le muestra a Poincaré como proceso que sólo encuentra su justificación si se demuestra que dicha definición axiomática es consistente, no contradictoria. De aquí que la primera exigencia de la pretendida axiomatización sea dicha demostración, que ha de ser directa y no por el dato de un modelo o realización de dicha definición axiomática como ocurre con las geometrías no-euclídeas. Algo que en el caso de la Aritmética y de la Teoría de conjuntos de Zermelo no se ha conseguido y Poincaré encuentra difícil que se pueda realizar dicha demostración sin utilizar la inducción completa que es, precisamente, uno de los principios que se admiten como axiomas en la definición implícita, en la axiomatización al estilo Peano y que asume Hilbert. El continuo y su discretización El continuo es, como magnitud extensa, un elemento intuido, que se muestra incluso como un a priori respecto al punto y, por ello, no puede ser reducido a lo discreto. Un dato primario, al igual que el número nal> ural, y donde lo geométrico queda subsumido por lo topologico. Sin embargo parece que los matemáticos han discretizado ese continuo y lo han convertido en un conjunto de puntos separados entre sí, el conjunto actualmente dado de números reales. En un intento de justificar la construcción de los números reales, de esa discretización del continuo, Poincaré elabora unos estudios propios de lo que posteriormente se ha denominado Epistemología genética. Trata de aclarar cómo la especie humana, el matemático en ella, ha tenido que construir ese número real forzado por el mundo exterior en el sentido de que tiene que medir y pesar, no sólo contar. Medir la diagonal de un cuadrado, por ejemplo, fuerza a elaborar la noción de número inconmensurable, de número irracional. Y no sólo en el caso de la medida, porque también al pesar aparecen contradicciones que hay que superar. De manera modélica Poincaré muestra cómo poder superar la contradicción que se presenta al pesar tres cuerpos y encontrar que los pesos cumplen A=B, B=C, pero A:?í: C. Y ello obliga a insertar pesos intermedios que sean más aproximados y reiterar -nuevamente la reiteración como apoyatura básica-la operación. Creados los números reales, como símbolos que den cuenta de ese intercalamiento y aproximación adecuados, hay que establecer las operaciones que deben cumplir manteniendo siempre las ya obtenidas en campos numéricos previos... El problema ontológico y el infinito actual La existencia de los números reales le conduce a Poincaré a indicar que son símbolos, elementos realmente ideales, con los que representar puntos y límites entre magnitudes así como representar el valor numérico asociado a esas magnitudes extensas, al continuo. Admitirlos como objetos reales conduciría a aceptar la existencia del infinito actual. En este punto no hay que olvidar una de las convicciones centrales de Poincaré a la que hice referencia: la Matemática es un producto de la especie humana en su interrelación con la naturaleza. Y el hombre es un ser finito. De modo consecuente el único infinito real que puede construir, que puede manejar es el infinito potencial y, en cuanto a la cardinalidad, el cardinal numerable. Al difundirse las paradojas cantorianas por influjo de Russell, Poincaré manifestará que se deben a que los cantónanos han olvidado que el único infinito que cabe aceptar es el potencial y han admitido, sin más precaución, el infinito actual como un existente real, no simbólico. A pesar de ello, estudiará el origen o causa de las paradojas. Causa que encuentra en la impredicatividad o Principio de Círculo Vicioso ligado, precisamente, a la admisión de ese infinito actual. Ello no es obstáculo para que se hable del infinito pero siempre que se sepa que puede traducirse a términos finitos. Ello implica que los conjuntos han de ser dados por una ley predicativa, ley que permita obtener cada uno de los términos del conjunto sin hacer referencia al total de los mismos, obtención que ha de ser factible, calculable en un número finito de pasos. De aquí que no tiene sentido hacer referencia al total de los elementos de un conjunto que jamás podrán ser nombrados, jamás podrán ser calculados, como hacen cantónanos y pasígrafos -logicistas a lo Russell-que admiten la existencia de conjuntos no numerables. De modo consecuente las definiciones puramente existenciales se le muestran, por ello, rechazables salvo que, posteriormente, pueda calcularse, de modo efectivo, el objeto definido. En este punto la caracterización conjuntista del número natural apoyada en la noción de conjunto, biyección entre conjuntos y clase de equivalencia de conjuntos por la cual los números naturales no son otra cosa que conjuntos finitos -más bien clases de equivalencia de conjuntos bi yectivos con un conjunto finito-, se le muestra totalmente circular -requiere de la previa noción de unidad y reiteración de la misma-además de artificial y con una apoyatura ontológica que considera errónea. No se capta intuitivamente la noción de conjunto -y mucho menos la de conjunto infinito-sino que ésta se construye mediante la ley correspondiente. Los conceptos de Espacio y Tiempo. La Geometría, reflejo de la estructura de grupo Respecto al Espacio y el Tiempo, para Poincaré no existen ni el Espacio absoluto ni el Tiempo absoluto. En cuanto al tiempo no hay simultaneidad de acontecimientos. Son dos conceptos que se ligan, estrechamente, a lo que considerar Física y, como tales, entran en juego en Teorías como la de la Mecánica clásica o newtoniana, la de la relatividad especial. Teoría en la cual y años antes de que Einstein eligiera el ejemplo de los relojes para dar cuenta de la no simultaneidad lo había hecho Poincaré con radical simplicidad expositiva. Pero son conceptos que no sólo se ligan a la Física, sino en el caso del Espacio a la Geometría. De modo clásico la Geometría se había considerado como la ciencia que estudia las propiedades del espacio. Sin embargo, escribe en 1895 La geometría no tiene por única razón de ser la descripción inmediata de los cuerpos que caen bajo nuestros sentidos, es ante todo el estudio analítico de un grupo. En este punto Poincaré vuelve a realizar un estudio de carácter epistemológico genético para poder precisar el origen de las nociones y de los axiomas o principios geométricos -que estima como «definiciones disfi: azadas» o convenciones de esas nociones geométricas-y de aquellas geometrías que ha manejado el matemático. En su lucha por la supervivencia aquí en la Tierra la especie humana ha elaborado la Geometría que más le ha convenido para dicha supervivencia: la Geometría métrica euclidea. Y lo ha hecho forzando la existencia constitutiva de otro juicio sintético a priori: la noción de grupo. En la naturaleza terrestre existen cuerpos que, en principio son rígidos, como un palo, la mesa en la que me apoyo, mi propio cuerpo. Esos cuerpos sufiren transformaciones tanto de estado como de posición. En este último caso hay unas transformaciones básicas que mantienen invariante el estado del cuerpo: los desplazamientos. Los desplazamientos, su composición, forman la estructura de grupo. Noción de grupo que termina incardinándose como un juicio a priori en el individuo, lo mismo que ocurrió con la inducción completa y el proceso de reiteración de una acción desde que esa acción se hacía posible. Las geometrías aparecen como el estudio de unos grupos determinados cuando se les agrega una u otra métrica, una u otra noción de distancia, noción que es siempre convencional. La especie humana ha construido en primer lugar la Geometría métrica euclidea porque es la que le ha resultado más útil en el entorno local en que los individuos se mueven sobre la superficie terrestre. Una Geometría que ha dado paso a la creación conceptual de un Espacio homogéneo, isótropo, ilimitado e infinito. Un espacio que, por supuesto, es lo más antiperceptivo que se pueda imaginar. Poincaré ha tratado de precisar las diferencias entre lo que llamar espacio representativo y espacio conceptual, único en el cual podemos representar, por ejemplo, la línea recta. Por su lado, la Geometría Proyectiva -la geometría del ojo frente a la geometría del músculo como la euclidea-, ha tenido que aguardar al siglo XIX para aparecer. Lo mismo las geometrías métricas no-euclídeas con sus espacios conceptuales asociados correspondientes. Si cualquiera El «Programa Poincaré» o funciones del matemático de estas geometrías hubiera sido más conveniente para la supervivencia de la especie humana esta las habría llegado a construir antes que la métrica euclidea. Gracias a la métrica euclidea se ha podido construir una teoría como la Mecánica clásica. Si en el futuro el estudio de la naturaleza obligara a elegir otro tipo de geometría para captar esa physis, no habría problema para ello pero, de momento, la métrica euclidea nada tiene que temer y no lo tendrá en el ámbito local. Y no lo tiene tanto por su utilidad como por su simplicidad: el espacio al que da paso es de curvatura constante e igual a cero lo que facilita la expresión de sus fórmulas. Hay muchos tipos de individuos y, consecuentemente, de matemáticos. Poincaré establece dos tipologías según el modo de trabajar y según la ontologia que los matemáticos profesan. En cuanto al modo de trabajar apunta la existencia de dos grandes bloques: los intuitivos o geómetras -entre los cuales incluye a Riemann y habría que hacerlo con él mismo-y los lógicos o analistas -cuyo modelo básico es Weiertrass-. Pero según la ontologia que los matemáticos profesan, se escinden en otros dos bloques: realistas que creen en la existencia de un mundo eidètico de entidades matemáticas que hay que descubrir -y el modelo que presenta es su maestro Hermite-y pragmáticos que, como él, consideran que los objetos matemáticos son construcciones del matemático, construcciones de la razón humana que es un simple relámpago en medio de una noche oscura, pero sabiendo que ese relámpago lo es todo y que, por ello mismo, el mundo matemático no es un mundo cerrado, ya dado de una vez para siempre, sino que es un hacer en permanente devenir. Y, ya puestos, Poincaré trata de analizar la invención matemática; al menos conoce un caso, el suyo. Y lo expone con vivida descripción. Conviene, aquí, una precisión: para Poincaré el matemático nace, no se hace. Lo cual no implica que la educación, la enseñanza no se le muestren absolutamente imprescindibles. Porque se nace en un contexto social y en una época determinada. Según ese contexto social, según la época, ese matemático en ciernes podrá llegar a ser matemático o no, se centrará en unos determinados temas y problemas y no en otros. ¿Hay una fundamentación definitiva del Hacer matemático? Hay filósofos y matemáticos que pretenden encontrar un fundamento seguro y cierto, ya definitivo, para la Matemática. Logicistas como Russell y Couturat, siguiendo a Frege, encuentran ese fundamento en la Lógica, aunque una Lógica transformada en logística basada en una ideografía al estilo pasigráfico de Peano. Los cantónanos, por su lado, creen fundamentar la matemática en la teoría de conjuntos que supone partir del infinito actual para, desde él, y mediante toda una compleja maquinaria de cardinalidades transfinitas, alcanzar lo finito. Los formalistas y hilbertianos se apoyan en el signo como la clave de todo el hacer matemático, signo acompañado de la derivación formal sintáctica a partir de unas posiciones previamente dadas, los axiomas, para ir obteniendo los teoremas matemáticos al estilo de la legendaria máquina de Chicago, en la cual se introduce el cerdo vivo por un lado y por el otro sale transformado en jamones y salchichas. Para Poincaré, todos los que pretenden obtener ese fundamento ya definitivo del hacer matemático son profetas de desdichas. Y los profetas de desdichas, por fortuna, han fracasado siempre. No se pueden buscar unos fundamentos ya para siempre porque eso supondría que la Matemática se encontraría clausurada y podrían deducirse todos sus teoremas de sólo unos cuantos principios o axiomas como pretenden esos profetas, los fundamentalistas. Si se puede hablar de un fundamento este sería la razón humana y su interrelación con la physis. Es la razón la que construye la matemática y busca sus aplicaciones y, para esa razón, no hay un camino plenamente determinado y ya dado para siempre. Nuevos problemas provocarán nuevos desarrollos, incluso la posible aparición de nuevos juicios sintéticos a priori y no sólo de nuevas teorías... Es la razón la que, afortunadamente y hasta ahora, no se encuentra clausurada y, por ello, tampoco el Hacer matemático. Al servicio de la sociedad Si los tres papeles o funciones antes esbozados son los que Poincaré asigna de modo explícito al matemático, ya he indicado que este nace en sociedad. Y la Matemática ha surgido de una necesidad de la especie humana: la de sobrevivir sobre la Tierra. La Matemática, por ello, también está obligada a cumplir otro papel: La Matemática ha de estar al servicio de la Sociedad. Al servicio, pero con sus matices correspondientes. La Matemática, como la ciencia en general, debe ser cultivada no sólo por El «Programa Poincaré» o funciones del matemático sus aplicaciones. Frente al convencionalismo nominalista representado en su época por Le Roy, Poincaré alzará la necesidad de cultivar la teoría por encima de otras consideraciones: enfocar la ciencia en vista de sólo las aplicaciones se le muestra imposible porque si se suprime la teoría cualquier tipo de progreso se detendría. Además, la ciencia es uno de los logros más altos del espíritu humano, en sus palabras, con un lejano tinte del Macbeth shakespeareano: Sólo por la Ciencia y por el Arte valen las civilizaciones. Se ha sorprendido de esta fórmula: la Ciencia por la Ciencia; y sin embargo, ello vale tanto como la vida por la vida, aunque la vida no sea más que miseria. (...). Debemos sufrir, debemos trabajar, debemos pagar nuestro lugar en el espectáculo, pero es para ver; o al menos para que otros vean un día. Desde esta posición, estar al servicio de la sociedad implica trabajar para que otros vean, no sólo quien trabaja. Y es un papel que también ejerce Poincaré en varios frentes, en al menos los cuatro siguientes: Profesional Es el terreno en el que todos nos movemos. Cada uno ha de pertenecer a un ámbito profesional determinado y, desde él, ejercer esa función de matemático con sus diferentes papeles. Pero también, en esta profesión, además de ejercer la docencia, ha de emitir informes, dirigir tesis, pertenecer a múltiples comisiones... Poincaré fue el único miembro electo de todas las secciones de la Academia de Ciencias francesa del momento -geometría, mecánica, física, geografía, navegación-y en 1906 fue elegido Presidente de la misma; en 1908 elegido de la Academia de la Lengua de la cual, en 1912, se convirtió en su Presidente. Como académico, emitió informes de todo tipo, hasta le correspondió el estudio de la nueva medición de la longitud del Ecuador llevada a cabo desde Quito, potenciar el hallazgo de los rayos X por parte de Becquerel, ayudar a Marie Curie en sus investigaciones, recomendar a Einstein para profesor en Zurich... También como profesional cabe recibir algún premio, alguna distinción: Poincaré recibió multitud de honores, premios y distinciones. La sociedad, en un momento determinado, puede encontrarse dividida en algunas cuestiones y, para tratar de dirimirlas, acude al experto, a quien considera capaz de orientar la posible solución. El affaire Dreyfus provocó una auténtica escisión en la sociedad francesa a finales del s. XIX. Se dirimían, en el fondo, cuestiones de prestigio consecuencia de la guerra franco prusiana con la derrota de Sedán, la pérdida de la Lorena; la cuestión judía; los problemas religiosos y si el Estado debería ser laico o mantener una determinada confesionalidad... No sólo Zola sale a polémica pública sino algunos matemáticos, especialmente normalianos, publican el «manifiesto de los matemáticos» encabezado por Hadamard, por Painlevé. En 1904 -y estamos en el centenario, uno más-la Corte Suprema de Francia designa, para intentar solventar este affaire, una Comisión de Expertos: Appell, Darboux, Poincaré. Se trata de decidir si el escrito acusatorio es, como quieren los especialistas grafologos, de la mano de Dreyfus. Es una de las únicas pruebas en las que se apoyaba la acusación y por la cual se había condenado al militar judío-francés Dreyfus por espía al servicio alemán. Appel, Darboux, Poincaré tienen que decidir, como expertos -no sé si en grafologia-el tema. Como contará Appel posteriormente es Poincaré quien hace el estudio y redacta el informe que hace suyo la Comisión de expertos. Poincaré recaba la ayuda del Observatorio de París y maneja la última invención tecnológica, el micròmetro, con el cual se dedica a medir el intervalo entre cada letra, su altura, la inclinación que tienen entre sí y con la hoja total... Mediciones que se encuentran entre los papeles de Poincaré en los Archivos de la Universidad de Nancy. Mediciones con precisión de milésimas de milímetro. Y tras esas mediciones, un informe durísimo y que constituirá la apoyatura para que la Corte Suprema decida la definitiva resolución del caso con la libre absolución y restitución para Dreyfus. Los expertos han cumplido su papel. No sólo eso: Poincaré, en el informe, va a señalar, de modo radical, que el tema no es científico sino ideológico y político y, por ello, no se debe mezclar con lo científico. Los peritos grafologos habían intentado, en su estudio, ayudarse del Cálculo de Probabilidades y Poincaré va a rechazar, radicalmente, ese uso. Se le muestra como un uso ilícito de la ciencia. Para dirimir cuestiones ideológicas, políticas, religiosas no se debe acudir a la ciencia sino a la ideología, la política, la religión. El papel de experto al que se ve llevado en el caso anterior conduce a radicalizar el pensamiento de Poincaré en el sentido de que también el científico debe entrar a delimitar su papel en la sociedad, debe establecer cuál es su función en ella. Y aquí Poincaré entra en el terreno de la Moral -donde los principios son normativos, y donde lo que impera es el debe-distinguiéndolo del terreno de la Ciencia -donde los principios son declarativos, y en los que impera el es-. Una diferencia que le conduce a mantener la distinción entre la Moral y la Ciencia. De otra manera se cometería la clásica falacia de identificar es con debe. Es un tema de preocupación constante en Poincaré. Como científico niega que la ciencia pueda fundamentar la moral e insistirá en su rechazo al mal uso de la ciencia, a un uso interesado y tergiversado. No se puede utilizar la ciencia al servicio de unas ideologías como insistirá en su debate con Le Roy, en el fondo con Duhem, quienes manejan la ciencia y su historia en defensa de la religión católica, por ejemplo, y hacen lo que alguno llegó a calificar entonces de «ciencia del creyente». Terreno, el de la moral, en el que plantea cuestiones que siguen siendo de actualidad como el masivo empleo de la estadística en la vida ordinaria, la problemática de la vivisección, de las prácticas médicas y biológicas con animales, práctica que defiende de modo radical. Tampoco deja a un lado temas como el de la educación que se le muestra como esencial para el progreso moral de los individuos. Es campo en el que defenderá, a ultranza, la libertad de la Ciencia, del pensamiento científico y su separación de cualquier tipo de dogma, religión o partido. En 1909, en su alocución Le libre examen en matière scientifique, afirma El pensamiento no debe someterse nunca ni a un dogma, ni a un partido, ni a una pasión, ni a un interés, ni a una idea preconcebida, ni a nada, si no es a los hechos mismos, porque, para él, someterse sería dejar de ser. La Ciencia, la Matemática, es un producto de la razón humana, lo más digno de ella y frente a quienes sostienen la existencia de lo inefable, captable sólo por algo distinto a esa razón, alzará su voz Todo lo que no es pensado es la pura nada, ya que no podemos pensar más que el pensamiento y todas las palabras de las que disponemos para hablar de las cosas no pueden expresar más que pensamientos; decir que hay otra cosa que el pensamiento, es pues una afirmación que no puede tener sentido. El matemático, el científico, vive en sociedad. Y los miembros de esa sociedad deben conocer lo que se hace en la ciencia. Surge, así, otra fimción para el matemático: divulgar su saber. Una divulgación que le corresponde hacer al científico creador, no al simple periodista. Sólo quien investiga en un sector sabe los temas, las dificultades, las líneas posibles, los firacasos que se ligan a esa investigación. Por ello es él quien debe hacer el esñierzo y poner al alcance del gran público los grandes temas y problemas de la ciencia en cada momento. Cumpliendo esta labor Poincaré reúne alguno de sus escritos en libros que se convierten en auténticos best-seller en una época en la cual la considerada divulgación científica era prácticamente inexistente o se centraba en obras como las de Julio Verne. Un año después de morir, en 1913, se edita Últimos pensamientos. Son los libros que cimentan su popularidad y no sólo entre el gran público. Popularidad unida a su aureola de sabio, de cerebro viviente de las ciencias racionales como lo calificara Painlevé. A ellos habría que agregar los correspondientes a las traducciones al alemán, inglés, español, sueco, húngaro, japonés realizadas de Ciencia e Hipótesis antes de 1910... Publicaciones estimadas de alta divulgación, encierran más de un problema. Para hacer su pensamiento accesible al gran público Poincaré suprime las referencias matemáticas, elimina fórmulas, ecuaciones, gran parte del razonamiento estrictamente matemático que, sin embargo, permanecen subyacentes; une o trocea distintos ensayos. Son eliminaciones que, en ocasiones, llevan a confusiones al lector no atento. La claridad y aparente simplicidad de estos ensayos, su espléndida limpidez, oculta un pensamiento profundo. Luis Rougier, en 1919, cuando pretendía la publicación de un quinto volumen de ensayos de Poincaré escribía a León Daum, representante de la familia del matemático francés, que de entre los 24.000 lectores de Ciencia e Hipótesis probablemente sólo unos mil habrían comprendido el libro. Y, ciertamente, ha habido y hay muy distintas interpretaciones de ese pensamiento tan aparentemente simple, a veces, de Poincaré. En cualquier caso constituye una de las caras a las que el matemático debe someterse: la de divulgador, con todas las dificultades que ella conlleva. Pero Poincaré no sólo hace ese papel con los cuatro libros mencionados. También dedica su tiempo a divulgar temas de electricidad, de telegrafía en las revistas que las asociaciones de Electricistas, de Telégrafos editan. Una labor que completa la anterior. Una respuesta insospechada: Los 23 problemas de hilbert He intentado exponer, brevemente, lo que puede calificarse Programa Poincaré para la Matemática del futuro, programa centrado en las funciones que asigna al matemático, tanto las explícitas como las que, de manera intrínseca, ejemplifica con su trabajo. Un Programa que va a tener una repercusión un tanto inesperada e insospechada para la mayoría. En 1900 se celebra en París el 2° CIM y los organizadores invitan a participar en él a David Hilbert. Hemos conmemorado, en el 2000, el Año Mundial de las Matemáticas en recuerdo, precisamente, del programa hilbertiano. Si en 1900 Hilbert enuncia 23 problemas futuros, los problemas que estima básicos para la Matemática del s. XX, en el año 2000 se ha pretendido una retrospectiva de lo adquirido e indicar, también, las líneas futuras, los problemas centrales para el primer siglo de este nuevo milenio. Cuando Hilbert recibe la invitación para el CIM decide que su intervención sea una respuesta explícita a las palabras, al Programa Poincaré, y así lo comunica a sus dos fieles amigos y asesores, Hurwitz y Minkowski. Este, en carta de 5 de Enefo de 1900, contesta aconsejando no responder de modo directo porque supondría entrar en terrenos de naturaleza filosófica «que son probablemente mejores para una audiencia alemana» que no francesa y en cambio sugiere Más atractivo sería el intento de mirar al futuro, en otras palabras, de hacer una caracterización de los problemas a los que los matemáticos deberían orientarse en el futuro. Con esto podrías tener a la gente hablando de tu charla incluso durante décadas a partir de ahora. Por supuesto, la profecía es realmente asunto difícil. Algo que tendría el valor añadido de hacerlo, precisamente, en París, ante los matemáticos franceses. Hilbert hace caso del consejo de Minkowski como hemos visto y vivido porque la profecía de Minkowski se ha cumplido, y con creces. Pero no por ello Hilbert deja de responder, ahora de manera implícita, a Poincaré lo que se observa en, al menos, tres aspectos: • en la autolimitación a la «matemática pura», planteando problemas futuros internos a la misma, de los que se afirma que pueden ser definitivamente resueltos; y cuando plantea un problema de Física, el problema se centra en exigir que la Física se axiomatice, se formalice; • en la afirmación de que si en un origen remoto la Matemática surgió de la experiencia, de la necesidad de responder a la misma, posteriormente ha sido y es la propia razón matemática la que origina los problemas sin intervención extraña, sin dependencia o interrelaciones con otras disciplinas; todo lo opuesto a estimar como válidas las interrelaciones entre Física y Matemática, todo lo contrario a la afirmación de Poincaré de que el espíritu de ambas es el mismo; • en la elección de los problemas planteados como claves para el desarrollo futuro de la Matemática. En este punto no hay que fijarse tanto en la elección explícita de los problemas -todos ligados, realmente, a la escuela alemana, fundamentalmente a la que se está creando en Gottingen-, como en aquellos que deja a un lado y que van a ser, sin embargo, fundamentales para el Hacer matemático del s. XX: son problemas en los cuales trabajan básicamente los matemáticos franceses -y que dan paso a la Teoría de la medida con la integral-Lebesgue o el análisis funcional...-y, en particular, las cuestiones ligadas a la Topología, a la geometrización de la matemática, al problema de los tres cuerpos en dinámica..., a los temas en los que trabaja Poincaré. Lo mismo que deja a un lado la Teoría de la probabilidad, la teoría de matrices, la lógica formal iniciada por Frege y Peano... temas a los cuales, y como auténtico contraste, dedicará Hilbert su atención en los años siguientes como, por ejemplo, al análisis funcional en relación con las ecuaciones integrales. Contraste con las líneas que él mismo señala para el futuro de la Matemática y en las cuales parece no creer tan radicalmente... Al dar cuenta del Congreso en carta a Hurwitz a finales de Agosto, Hilbert no menciona su propia intervención pero señala dos puntos a destacar: su desilusión por la poca calidad de las comunicaciones y, sobre todo, el hecho de que Poincaré estuvo presente en el CIM única y exclusivamente por necesaria obligación... Que Hilbert concibió su lectura como réplica al Programa Poincaré de 1897 es algo intuido, sin conocer quizá la correspondencia, por Grattan- El Programa Poincaré tuvo, así, unas consecuencias para el hacer matemático del s. XX un tanto insospechadas al obligar a plantear a los matemáticos alemanes, en el fondo, un programa alternativo para el Hacer matemático del s. XX, especialmente a la escuela naciente de Gottingen... Alternativo porque Poincaré, en el Cuarto CIM celebrado en Roma en 1908, reitera el suyo, insiste en las funciones del matemático o, en otras palabras, en que la Matemática confina con la Física y la Filosofía. Ahora, y de modo ya explícito, titula su Ponencia El porvenir de las Matemáticas, donde también hay respuesta, por supuesto que implícita, a los problemas inventariados por Hilbert. Aquí no se plantean unos determinados problemas porque ello supondría realizar un inventario de un mundo ya cerrado, ya acabado y he indicado que, para Poincaré, la Matemática es un hacer siempre abierto, producto de la razón humana y donde Los problemas insolubles se han convertido en los más interesantes de todos, porque han planteado problemas en que ni siquiera se había soñado. 23) y, por ello, no estaban previamente inventariados ni se los puede inventariar. Por otro lado, se puede afirmar que, en cierto sentido, los problemas más interesantes son aquellos de los que se puede decir que no han sido definitivamente resueltos sino que están más o menos resueltos No hay problemas resueltos y otros que no lo están, sólo hay problemas más o menos resueltos (id.) Parece tener en mente las ecuaciones diferenciales cualitativas... Por supuesto, la insistencia en el papel de la geometría como elemento clave tanto en sí como en su papel heurístico: cualquier disciplina matemática viene subtendida por la intuición geométrica; perderla constituiría un error que es lo que se produce en el formalismo hilbertiano, en los fundamentalismos cantónanos o conjuntistas, en las pretensiones de los logicistas. Dos Programas en los que está en juego la existencia de dos conceptos del Hacer matemático: un hacer que se limita a una matemática «pura» con problemas estrictamente internos y uno que considera que no puede disociarse de otros haceros porque encerrarse en una torre de marfil terminará en una formalización sintáctica prácticamente estéril. Consecuente, distintos enfoques en cuanto a la necesidad de los formalismos, de la derivación o de la demostración intuitiva matemática... Habría que precisar que el programa finitista constructivo que plantea Poincaré, con la necesidad de la estructura formal en la cual la noción de grupo se le presenta básica, va a ser recogido por Hilbert desde los años veinte en su programa estrictamente finitista pero con un giro esencial: su apoyatura en lo puramente sintáctico formal, con las consecuencias que todos conocemos, especialmente tras el papel atribuido al bourbakismo. Aunque también es de justicia reconocer que Hilbert se ocupará de la Física teórica a partir de 1904 -y en contra, una vez más, de su inventario, del credo que explicita en su alocución de 1900-en ese proceso de tratar de liderar la Escuela de Gottingen y potenciar, en ella, y a través de diferentes colaboradores y con trabajo no ya individual sino de equipo, todos los aspectos del Hacer matemático así como sus enlaces con otras disciplinas. No deseo terminar sin citar un largo párrafo de V. I. Arnold escrito con motivo de las actividades del Año Mundial de las Matemáticas e inspirado en la lista o inventario de problemas propuestos por Hilbert en 1900. Arnold ha captado, aunque de modo implícito, la existencia de los dos programas y lo que hace, realmente, es una comparación entre las influencias que ambos han tenido en la matemática del s. XX. Las palabras con las que finaliza su ensayo, un tanto parciales y en cualquier caso con cierto aire polémico, son: Hilbert intenta predecir el desarrollo futuro de las matemáticas e influir en él por sus Problemas. El desarrollo de la matemática en el siglo 20 ha seguido un camino diferente. Los logros más importantes -el florecimiento de la teoría de la homotopía y la topología diferencial, la geometrización de todas las ramas de la matemática, su fusión con la física teórica, el descubrimiento de problemas algorítmicamente indecidibles y la aparición de los ordenadores-todo esto ha ido en dirección diferente (si no opuesta). La influencia de H. Poincaré y de H. Weyl sobre la ciencia del s. 20 ha sido más profunda. Para Poincaré, quien creó la matemática moderna, topología y teoría de sistemas dinámicos, el futuro de la matemática se enlaza con el desarrollo de la física matemática, orientado a la descripción de la teoría relativista y cuántica. Entre otras cosas importantes, Poincaré explicaba que sólo los problemas no-interesantes pueden ser formulados sin ambigüedad y resueltos completamente. Según Poincaré uno debería intentar comprender lo El «Programa Poincaré» o funciones del matemático que debe ser cambiado en la formulación del problema. Ante todo tenía en el espíritu la variación de los coeficientes de las ecuaciones problema del tipo bifurcación y todos los tipos de argumentos de posición general -los tópicos que ahora se llaman teoría de la singularidad, análisis global y análisis funcional. Bastante interesante, lo que ahora se llama teorema de la deformación versal ha sido demostrado en su Tesis (para el caso de las intersecciones holomorfas completas de dimensión cero) como lema 4, y fue la base para su teoría de la bifurcación.
Con motivo del sesquicentenario del nacimiento de Henri Poincaré, resulta impresionante comprobar la influencia actual de su obra, así como el gran adelanto de sus métodos e ideas respecto a las de los científicos coetáneos. En esta conferencia se repasan algunas de sus contribuciones principales a las ecuaciones diferenciales y ala mecánica celeste, y se discute el papel central que tuvo en éstas su memoria sobre el problema de tres cuerpos presentada en 1889 a un concurso para conmemorar el sexagésimo aniversario del Rey Óscar II de Suécia y Noruega, En particular, el descubrimiento de un error esencial en la memoria presentada por Poincaré le llevó al descubrimiento de las órbitas homoclínicas, que son la causa principal de generación de movimiento caótico, con lo que Poincaré se avanzó en muchos años a los descubridores posteriores de movimiento complicado en los sistemas dinámicos. Cuando se cumple el sesquicentenario de Poincaré, resulta impresionante volver la vista atrás, y reconocer el gran impulso que las ecuaciones diferenciales y la mecánica celeste recibieron de él. Amadeu Delshams claro comprobar el hecho de que Poincaré se avanzo en mucho a sus coetáneos, en tanto y cuanto introdujo una gran variedad de métodos totalmente nuevos, combinando métodos cuantitativos con cualitativos, con topológicos y geométricos. En esta conferencia vamos a ver que un hecho central en su carrera, al menos en lo referente a las ecuaciones diferenciales y a la mecánica celeste, fue la presentación en 1889 de una memoria sobre el problema restringido de tres cuerpos al concurso para conmemorar el sexagésimo aniversario del Rey Óscar II de Suécia y Noruega. Sus resultados anteriores a esta fecha le fueron de gran importancia para el desarrollo de la memoria, pero el esfuerzo realizado por Poincaré durante los años 1 887 a 1 889 fue extraordinario, más aún si se tiene en cuenta que por en medio tuvo que arreglar un error esencial cometido en la memoria, que invalidaba su resultado sobre la estabilidad del problema restringido de tres cuerpos. Sin embargo, al corregir este error, y en poco menos de medio año, Poincaré fue capaz de descubrir las órbitas homoclínicas, cuya existencia es la causa principal de existencia de movimiento caótico en un sistema. En este sentido se avanzó de manera considerable a los conocimientos existentes en su tiempo, hasta el punto que aún hoy en día los trabajos de Poincaré, especialmente los relacionados con su memoria, son fuente de inspiración para trabajos innovadores, con lo que se pone de manifiesto la vigencia actual de su obra. En su tesis Sur les propriétés des fonctions définies par les équations OÂJtx différences partielles [27], publicada en 1879, Poincaré estudió la linealización analítica de un campo vectorial en un entorno de un punto de equilibrio, a través de la existencia de soluciones analíticas de ecuaciones en derivadas parciales casi lineales de primer orden. En particular, descubrió que cuando los exponentes característicos del punto de equilibrio Poincaré, creador de los métodos todavía modernos... de un campo vectorial analítico de dimensión arbitraria cumplían una condición algebraica, la así llamada condición de no resonancia, junto con una condición geométrica, consistente que el origen no esté contenido en la envolvente convexa en el plano complejo de los exponentes característicos, entonces existe un cambio analítico en un entorno del punto de equilibrio que lo transforma simplemente a su parte lineal. Actualmente, esta condición geométrica es conocida como dominio de Poincaré (véase, por ejemplo, [4], y se ha revelado como uno de los pocos casos para los cuales se puede garantizar la linealizacion analítica de un campo vectorial. Es una muestra inequívoca de su genio la elegancia con la que utiliza el método de los mayorantes, introducido por Cauchy con el nombre de cálculo de los límites dentro de los cuales las series formales obtenidas eran convergentes. Pero es a continuación de su tesis cuando Poincaré engendra lo que se conoce hoy en día como teoría cualitativa de ecuaciones diferenciales ordinarias, a través de su Memoria sobre las curvas definidas por una ecuación diferencial [28,29,32,33], que de hecho consta de cuatro partes repartidas entre 1881 y 1886. En estos artículos, Poincaré, consciente de la imposibilidad de integrar la vasta mayoría de ecuaciones diferenciales ordinarias mediante cuadraturas de funciones conocidas, se propone realizar un estudio geométrico que combine el estudio local de las soluciones con el estudio global, haciendo intervenir, cuando haga falta, los métodos topológicos que él mismo desarrolla. Ya al introducir este tipo de estudio cualitativo en el primero de los artículos de esta memoria, Poincaré se plantea su posterior aplicación en los problemas de mecánica celeste, entre los cuales cita en particular el problema de los tres cuerpos, sobre el cual formula diversas cuestiones, principalmente relacionadas con la estabilidad de las trayectorias. Sin embargo, en las dos primeras partes de la memoria sobre las curvas definidas por una ecuación diferencial, Poincaré limita su estudio a las ecuaciones diferenciales de dimensión dos. En su estudio local de los puntos de equilibrio, Poincaré introduce su índice que permite, por ejemplo, diferenciar a los puntos silla de los nodos, que después dio lugar al teorema del índice de Poincaré para superficies cerradas. En particular, comprueba que todo campo sobre la esfera contiene puntos de equilibrio. También introdujo las líneas de sección y sus aplicaciones de retorno asociadas, que actualmente se conocen como secciones de PmMCGoré y aplicaciones de Poincaré, respectivamente, y utilizó estas herramientas para determinar la existencia de ciclos límite, es decir, soluciones periódicas aisladas, así como sobre su posible distribución. Lias dos primeras partes de la memoria aparecieron casi sucesivamente, mientras que las dos últimas no lo hicieron hasta al cabo de de tres años. En la introducción de la tercera parte, Poincaré pone de manifiesto la semejanza entre las cuestiones tratadas en las dos primeras partes de la memoria y el problema de estabilidad del sistema solar, mucho más difícil, al ser necesario considerar sistemas de orden mucho mayor a dos, y se plantea, así, estudiar sistemas de dimensión más alta, al menos al final de la memoria. En las dos últimas partes de esta memoria, Poincaré estudia los campos vectoriales sobre superficies, generalizando su teorema del índice para superficies diferentes a la esfera. Esto le lleva a estudiar campos vectoriales sobre el toro, donde se encuentra con problemas de pequeños denominadores, asociados a números de rotación irracionales, y similares a los que se encontrará más adelante al considerar las aproximaciones del método de Lindstedt usadas en mecánica celeste, así como con la existencia de campos vectoriales sin puntos de equilibrio. Trabajando con campos vectoriales multidimensionales, Poincaré se da cuenta que puede utilizar también las hipersuperficies de sección y las aplicaciones de Poincaré, de manera que el estudio del comportamiento alrededor de una órbita periódica se reduce al de los iterados de una aplicación en un entorno de un punto fijo. E introduce los exponentes característicos asociados a una órbita periódica, los cuales le proporcionan, en primer orden, la información sobre su estabilidad, así como los invariantes integrales, que más tarde serán de una gran importancia para el caso de sistemas hamiltonianos. Se encuentra de nuevo con los pequeños divisores al intentar calcular las series de las posibles integrales primeras o de las soluciones del sistema. De hecho, Poincaré ya había trabajado con series trigonométricas en [31,34], insistiendo entre la diferencia entre la convergencia puntual y la convergencia uniforme, así como las condiciones sobre los coeficientes de Fourier que permiten derivar término a término las series de Fourier, siempre pensando en su aplicación a las series provenientes de mecánica celeste. Finalmente, Poincaré había ya abordado en 1884 el estudio de órbitas periódicas del problema de tres cuerpos O, y generalizó el trabajo de Hill, probando la existencia de un continuo de órbitas periódicas del problema de tres cuerpos, que después clasificó en tres tipos, en función de su excentricidad e inclinación. Estos resultados le fueron de de gran importancia para la posterior discusión de órbitas periódicas que llevó a cabo en [36]. La memoria sobre el problema de tres cuerpos En el año 1 884, Gosta Mittag Leffler, profesor de matemáticas puras de la Universidad de Estocolmo, le propone al Rey Óscar II de Suécia y Noruega la realización de un concurso matemático con el fin de conmemorar el sexagésimo aniversario del monarca, que tendría lugar cinco años más tarde, más concretamente el 21 de enero de 1889. Este tipo de concursos no eran inusuales durante el siglo XIX y, aunque los premios ofi: ecidos no eran económicamente muy altos, proporcionaban un prestigio considerable a los ganadores. Además, Mittag-Leffler había fundado la revista matemática Acta Mathematica dos años antes y, como su editor jefe, quería asociar este concurso a la revista, para darle más publicidad y prestigio a la revista, esperando que atrajese artículos importantes. El Rey Óscar, que sentía una debilidad manifiesta por las matemáticas, como consecuencia de haber cursado algunas asignaturas de matemáticas en la Universidad de Uppsala, ya había ayxidado anteriormente a Mittag-Leffler en la fundación de Acta Mathematica y aceptó rápidamente la idea de Mittag-Leffler, ofreciendo un premio consistente en una medalla de oro y 2500 coronas. Aunque el valor económico del premio no era muy alto (para apreciarlo mejor, digamos que el sueldo anual de Mittag-Leffler de 7 000 coronas por entonces), el hecho de que estuviese patrocinado por todo un Rey de Suécia le daba un prestigio comparable al que podían tener, por ejemplo, los futuros premios Nobel. El diseño del jurado no fue fácil. Por un lado, la ausencia de cualquier matemático distinguido restaba prestigio al premio y alimentaba las quejas del campo o país correspondiente sobre posibles partidismos. Por otro lado, debido al fuerte carácter y rivalidades existentes entre algunos matemáticos importantes, por el bien del premio había que evitar poner en el tribunal a matemáticos claramente enfrentados. Así pues, Mittag-Leffler se decidió por un tribunal muy próximo a él, compuesto por sus antiguos mentores Hermite y Weierstrass, como representantes de la escuela francesa y alemana, y él mismo, como editor jefe de Acta. La decisión del tema o problemas del concurso también llevó su tiempo. Por un lado, dejar el tema totalmente abierto conllevaba el problema de tener que comparar trabajos sobre materias muy dispersas y desconocidas para los miembros del tribunal, y la resolución del premio abriría así las puertas a quejas sobre desconocimiento o partidismo del tribunal. Por otro lado, limitarlo a un único problema cerraba la puerta a muchos posibles concursantes, con lo que la calidad del premio se podía ver afec-tada. Finalmente se optó por plantear cuatro preguntas, dejando abierta la posibilidad para que se presentasen trabajos que versasen sobre otros temas, en el bien entendido de que se daría prioridad a las memorias que tratasen las cuatro preguntas planteadas. El anuncio oficial del concurso se publicó a mediados del año 1 885 en Acta y en Nature, En el anuncio se mencionaba el premio, se nombraba la comisión, se planteaban las cuestiones y se estipulaban las condiciones de entrega de las memorias, las cuales tenían que estar en manos del editor jefe de Acta antes del uno de junio de 1888, con lo que el plazo era de tres años. De las cuatro preguntas, Weierstrass formuló una y Hermite tres. La primera, que versaba sobre el problema de n cuerpos y había sido planteada por Weierstrass, parecía la más importante, al menos teniendo en cuenta su redacción y la longitud y detalles de su formulación: Dado un sistema formado por un número arbitrario de puntos materiales que se atraen mutuamente de acuerdo con las leyes de Newton, se propone, bajo la hipótesis de que un choque entre dos o más partículas no tiene nunca lugar, desarrollar las coordenadas de cada partícula en una serie procedente de funciones conocidas del tiempo y que sean uniformemente convergentes para cualquier valor del tiempo. Parece ser que este problema, cuya solución ampliará nuestro conocimiento sobre el sistema del universo, puede ser resuelto por medio de las herramierir tas analíticas de que se dispone actualmente; esto es al menos lo que cabe suponer, ya que poco antes de su muerte Lejeune-Dirichlet comunicó a un amigo suyo\ matemático, que había descubierto un método para integrar las ecuaciones diferenciales de la mecánica, y que él había tenido éxito, al aplicar este método, en demostrar la estabilidad de nuestro sistema planetario de manera totalmente rigurosa. Desafortunadamente no sabemos nada sobre este método, excepto que el punto de partida para este descubrimiento parece haber sido la teoría de las oscilaciones infinitesimales. Sin embargo, se puede suponer casi con total certeza que este método no estaba basado en largos y complicados cálculos, sino en el desarrollo de una idea fundamental simple, que se espera razonablemente que se pueda encontrar de nuevo por medio de un estudio más serio y perseverante. Sin embargo, en caso de que nadie tenga éxito en resolver el problema propuesto dentro del plazo del concurso, el precio podría ser otorgado a un trabajo en el cual algún otro problema de la mecánica sea tratado en la forma indicada y sea resuelto completamente. Poincaré, creador de los métodos todavía modernos. Del enunciado de esta cuestión se desprende tanto el gran interés que tenía Weierstrass por este problema, que había intentado atacar juntamente con Sofía Kovalevskaya, como el gran respeto que le merecía la reputación de Dirichlet, cuyas afirmaciones le inducían a creer que se podía probar la convergencia de algún desarrollo para las soluciones del problema de tres cuerpos. De las tres preguntes restantes, dos fueron formuladas por Weierstrass, y la última por Hermite. Así, la segunda de las preguntas requería un análisis detallado de la teoría de ecuaciones diferenciales introducida por Fuchs, la tercera versaba sobre las ecuaciones diferenciales no lineales de Briot y Bouquet, y la última estaba dedicada al estudio de las relaciones algebraicas conectando las funciones fuchsianas de Poincaré que tienen el mismo grupo de automorfismos. El efecto del concurso sobre Poincaré Cuando se publica el anuncio, Poincaré tiene solamente treinta y un años, pero ya es conocido dentro del mundo de las matemáticas por sus resultados sobre teoría cualitativa de ecuaciones diferenciales, topología y funciones fuchssianas o automorfas, entre otros. Además, los tres miembros de la comisión habían pensado en él como uno de los posibles concursantes, no solamente para atacar el problema de n cuerpos, sino también al menos para el cuarto problema, ya que era Poincaré quien había introducido las funciones llamadas por él fuchsianas. Como parece ser que a Poincaré lo costó un poco tomar la decisión de presentarse al concurso^, Mittag-Leffler decidió enviarle una carta el 13 de julio de 1887^, animándole a participar. Poincaré le contesta el 16 de julio, confirmándole su intención de hacerlo intentando resolver el primer problema. En la misiva, después de recordar Poincaré los resultados que ha encontrado para el problema restringido de tres cuerpos-áonáe se tienen dos puntos materiales, llamados primarios, girando uno alrededor del otro a lo largo de una circunferencia, y cuyo problema consiste en describir el movimiento de una tercera partícula de masa tan pequeña que 675 ^ Para más detalles sobre Poincaré y el premio del Rey Óscar, véanse, por ejemplo, [13,5,6,7] ^ La referencia estándar para la correspondencia de Poincaré son los Archivos Henri Poincaré de la Universidad de Nancy 2, http://www.univ-nancy2.fr / Poincaré/, y [24] en particular para la correspondencia entre Poincaré y Mittag-Leffler. no afecta ai movimiento de los primarios-, le comenta a Mittag-Leffler que espera atacar el problema general no ya para resolverlo, empresa que le parece casi imposible, sino al menos para obtener unos resultados nuevos lo suficientemente relevantes para poder enviarlos al concurso. A lo largo de dos años, Poincaré trabajó de manera persistente en el problema de tres cuerpos^. Al ñnal de esos dos años, Poincaré había cimentado completamente su teoría cualitativa de ecuaciones diferenciales. Así, fundamenta su teoría de invariantes integrales que especializa a sistemas hamiltonianos, donde el volumen es un invariante integral. Como aplicación, desarrolla su teorema recurrente, gracias al cual puede probar la estabilidad Poisson en sistemas conservando volumen confinados en regiones acotadas. Profundiza sus estudios sobre órbitas periódicas y su estabilidad, obteniendo condiciones de linealizacion en un entorno de ellas cuando los exponentes característicos introducidos por él satisfacen una condición análoga a la descrita por el dominio de Poincaré en el entorno de un punto de equilibrio. Aquí Poincaré se dio cuenta de que podía obtener la solución completa cerca de órbitas periódicas gracias a la ausencia de pequeños divisores. Por otro lado, cuando éstos aparecían, daban lugar típicamente a la divergencia de los desarrollos. Así, Poincaré reforzó el papel jugado por los exponentes característicos no triviales de órbitas periódicas no sólo para resultados de estabilidad, sino también para probar la inexistencia de integrales primeras uniformes para el problema restringido de tres cuerpos, lo cual generalizaba un resultado anterior, debido a Bruns, sobre la no integrabilidad algebraica. Las integrales primeras son las constantes de movimiento, y la uniformidad significaba para Poincaré la dependencia analítica no sólo respecto a las variables del sistema, sino también respecto a los parámetros del sistema, y en particular en el problema restringido de los tres cuerpos respecto a la razón relativa entre las masas de los primarios. Después de obtener este resultado, Poincaré confirma que no es posible encontrar desarrollos en serie para la solución general del problema restringido de tres cuerpos que sean uniformemente convergentes, y se concentra en la demostración de la estabilidad del problema, para la que utiliza métodos geométricos similares a los de su teoría de ecuaciones diferenciales en el plano, es decir, de un carácter mucho más cuantitativo. ^ Como prueba de ello, se puede comparar la producción científica de Poincaré en los años 1888 y 1889 con la de los años anteriores y posteriores. La lista de publicaciones de Poincaré se puede encontrar también en http://www. univ-nancy2.fr/poincare/. La existencia de exponentes característicos con partes reales no nulas da lugar a la aparición de órbitas periódicas de tipo silla, inestables por lo tanto, pero con séparatrices asociadas, consistentes en las trayectorias que tienden hacia las órbitas periódicas para tiempos arbitrariamente positivos (superficie asintotica estable, en la terminología de Poincaré), o bien para tiempos arbitrariamente negativos (superficie asintotica inestable). Poincaré prueba que estas superficies asintoticas se cortan, y de aquí deduce, erróneamente, que tienen que coincidir, con lo que las trayectorias que se encuentran entre dos séparatrices diferentes permanecen siempre allí y no se escapan al infinito, dando lugar así a un resultado de estabilidad del problema restringido de tres cuerpos, que es anunciado con cierto énfasis en la introducción de la memoria [35] que Poincaré presenta al concurso durante mayo de 1 888. Esta memoria, que representaba un avance espectacular en los métodos de la teoría de ecuaciones diferenciales, al combinar métodos cuantitativos con cualitativos y geométricos, ha sido considerada como el primer tratado sobre teoría cualitativa de ecuaciones diferenciales. Contenía tantas ideas nuevas que contribuyó significativamente a la idea general de que muy poca gente era capaz de entender los resultados de Poincaré^. Sin embargo, la memoria que aún hoy en día continua siendo tan popular, no es la misma que la que Poincaré presentó al concurso. El concurso y el error Se presentaron doce memorias, de las cuales cinco, entre ellas la de Poincaré, versaban sobre el primer problema del movimiento de los n cuerpos. Otra versaba sobre el tercer problema, y las seis restantes estaban dedicadas a otros problemas. En una primera selección, los miembros del comité, ayudados por Edvard Phragmén, uno de los editores a! Acta, destacaron a tres por encima del resto. Después de una lectura realizada en paralelo por Hermite en París, y por Weierstrass y Mittag-Leffler en Berlín, todos ellos coincidieron al cabo de un mes en que había una memoria que sobresalía por encima de las otras, que era la que se merecía claramente el premio. Aunque las memorias se presentaban anónimamente, no les fue difícil reconocer la autoría de Poincaré en la memoria ganadora. ^ Según Poincaré, no más de una docena; véase, por ejemplo, http://www.hpoincare.com/public/histoire/poincarel.htm. Ahora bien, una cosa era decidir cuál era la memoria ganadora y otra mucho más complicada justificarlo, y hacer además el trabajo de revisión necesario para que la memoria fuese publicada en Acta, tal como estaba establecido en las bases del concurso. Aquí Mittag-Leffler era el más interesado en obtener una versión final lo más clara posible, para facilitar su posterior difusión. Ahora bien, Mittag-Leffler conocía por anteriores lecturas de trabajos de Poincaré que sus escritos no se caracterizaban por una riqueza de detalles, por lo que sabía que este trabajo de revisión no sería nada fácil, aunque lo hiciese junto con Weierstrass; Además, había que tener en cuenta que la memoria presentada por Poincaré era muy larga (162 páginas), y contenía muchas ideas completamente nuevas. Finalmente, después de haber identificado toda una serie de pasos oscuros, Mittag-Leffler se decidió a escribir a Poincaré en nombre de los tres miembros del tribunal-rompiendo así las reglas del concurso, en el cual supuestamente todas las memorias eran anónimas-, confirmándole que su memoria era una obra maestra, pero adjuntándole una lista de puntos que requerían una mayor explicación. Poincaré contestó enviando nueve Notas aclaratorias a modo de apéndice, que significaban 94 páginas más. La comisión encontró otra memoria (debida a Paul Appell, compañero de estudios de Poincaré en Nancy) que era al menos merecedora de un reconocimiento, con lo que después de revisar ambas memorias, se encontró finalmente dispuesta a emitir sus resultados. En principio, era preceptivo también un informe (que, claro está, pasaría a la posterioridad), que si bien fue realizado por Hermite para la memoria de Appell, no ocurrió lo mismo con la memoria de Poincaré, ya que Weierstrass, quien era el encargado de hacerlo, se encontraba con frecuentes problemas de salud y no encontraba el tiempo y las fuerzas necesarias para llevarlo a cabo. El 20 de enero de 1889, el día anterior al sexagésimo aniversario del Rey Osear, el monarca aprobó oficialmente el resultado de la comisión que le fue presentado por Mittag-Leffler, consistente en la concesión del premio a Henri Poincaré, así como una mención honorable para Paul Appell. El resultado se publicó rápidamente en la prensa internacional, y Poincaré y Appell fueron considerados poco menos que héroes nacionales por la prensa francesa, ya que habían triunfado sobre la matemática alemana, que era la tradicionalmente considerada dominante. Posiblemente como consecuencia de este triunfo francés sobre Alemania, Poincaré y Appell fueron nombrados rápidamente caballeros de la Legión de honor. Mittag-Leffler salió también muy reforzado en su calidad de organizador del concurso y editor jefe de Acta, y alimentaba la esperanza de que Poincaré, creador de los métodos todavía modernos. ambas memorias fuesen publicadas dentro del mismo 1889. De hecho, el volumen se acabó de imprimir durante el mes de noviembre de 1889, sin el informe de Weierstrass. Pero fue entonces cuando se encontró un importante error en la memoria de Poincaré que impidió la publicación del volumen ya impreso. De hecho, la primera señal de que algo no funcionaba bien sucedió en julio de 1889 mientras Phragmén estaba revisando el artículo de Poincaré, en su calidad de editor de Acta^, Phragmén encontró algunos pasajes poco claros sobre la convergencia de los desarrollos de las series asintóticas en función del parámetro Vi"^, donde | LI es la razón relativa entre las masas de los cuerpos primarios en el problema restringido. Así se lo comunicó a Mittag-Leffler, quien escribió el 16 de julio una carta a Poincaré pidiéndole más detalles sobre este punto. Poincaré no contesta a Mittag-Leffler hasta el uno de diciembre, comunicándole que el error detectado por Phragmén es grave:^ ^ Según Goroff [40], Phragmén fue uno de los concursantes, pero no parece haber ninguna otra constancia de que esto sea cierto.' ^ Poincaré a Mittag-Leffler, 1.12.1889. Para más detalles y comentarios sobre véase [5] Esta carta es quizás el peor tipo de carta que puede recibir un editor de una revista y organizador de un premio, ya que la edición está ya acabada e incluso distribuida, y además puede acarrear serios perjuicios para el prestigio del premio y del comité el que se publique y se dé el premio a una memoria con un error esencial, sin contar con la repercusión que todo este asunto puede tener en la casa real sueca. Además, no queda claro en ella si el error tiene arreglo ni exactamente cuál es su abasto, así como cuándo se podrá arreglar. Mittag-Leffler contesta a Poincaré el 4 de diciembre manifestándole su perplejidad al conocer estas noticias, pero añadiendo que está fuera de duda el que la memoria sea una obra maestra que será una referencia puntal en la mecánica celeste, confirmándole que en su opinión el premio le ha sido justamente otorgado. (Sin embargo, no es tan indulgente con Poincaré en otra carta enviada a Hermite dos días más tarde, y que se conserva en los archivos de l'Académie des Sciences, donde le comenta que el error cometido por Poincaré es tan grave que hay pocas páginas donde no se usan resultados que no sean falsos.) Desafortunadamente, la carta de Poincaré ha llegado demasiado tarde, ya que la memoria original ha sido distribuida, y Mittag-Leffler se pone manos a la obra para intentar recuperar todos los ejemplares. Al día siguiente, el 5 de diciembre, Mittag-Leffler le escribe otra carta a Poincaré, comunicándole que está en vías de recuperar prácticamente todos los ejemplares enviados, excepto los de Lindstedt y Gyldén que espera recuperar personalmente, y le sugiere que se haga cargo del costo de la edición del ejemplar malogrado (lo que Poincaré hará más adelante, teniendo que abonar más de 3.585 coronas, con lo que Poincaré de hecho perdió dinero en este concurso). Mittag-Leffler destruye todos los ejemplares, excepto al menos dos, que se han conservado en el Instituto Mittag-Leffler. (Uno de los cuales parece ser el que descubre Richard McGehee, durante una estancia post-doctoral al instituto [13].) En la misma misiva, Mittag-Leffler le propone a Poincaré que escriba una nueva versión libre de error, pero sin hacer modificaciones muy profun Poincaré, creador de los métodos todavía modernos. das, simplemente añadiendo que en la introducción sólo se mencione que la versión publicada sólo es una modificación de la presentada, donde se inclu yen aclaraciones para algunos puntos, y se subsana un error encontrado. Finalmente, a principios de enero de 1889 Poincaré envía a Phragmén una versión corregida de su memoria. En ella incorpora las notas dentro del cuerpo del texto, y realiza importantes avances, como la introducción de las órbitas doblemente asintóticas (más tarde llamadas homoclínicas por Poincaré en [39]) para corregir el error encontrado. Por culpa del retraso acumulado debido a la edición de otros trabajos, el volumen conteniendo la memoria de Poincaré tal como se la conoce hoy en día [36], junto con la memoria de Appell y el informe de Hermite sobre ésta última, no aparece hasta mediados de noviembre de 1890. Tal como ya se ha dicho brevemente, el error de Poincaré estaba causado por su creencia de que las superficies asintóticas estable e inestable asociadas a una órbita periódica, al tener que cortarse por argumentos de conservación del volumen en sistemas hamiltonianos, tenían que coincidir. Poincaré estudiaba el problema restringido de tres cuerpos, que es un sistema hamiltoniano con dos grados de libertad. Después de haber estudiado la existencia de órbitas periódicas de tipo silla, Poincaré presentó un modelo simple de Hamiltoniano a considerar para estudiar el tipos de movimiento que tenía lugar cerca de esas órbitas periódicas. El modelo de Hamiltoniano escogido por Poincaré era de la forma H(x,q;y,p), donde (x,q) juegan el papel de variables de posición, y (y,p) son sus momentos asociados, y tenía la forma [36, pág. 220]: dependiendo de dos parámetros |i>0 y e, supuestamente pequeños, cuyas ecuaciones diferenciales asociadas son:. dH ^. dH, X = = 2y, y = = iismx + fis cos q eos x dy dx. dH ^. dH.. q = -= 1 p = ---= -/Lie sin q sm x dp dq Amadeu Delshams Para estudiar cualitativamente estas ecuaciones, Poincaré introdujo la aplicación tiempo 2K O aplicación de Poincaré, que es el difeomorfismo del plano (x,y) que a cada punto (x^, y^) le asocia P(XQ, y^) = {X(2K), y^ (271)), donde {x{t), y{t)) es la trayectoria del sistema con condiciones iniciales x{0) = XQ, y(0) = y^, q(0) = O, p(0). Tenemos así que la dinámica se reduce a la iteración de una aplicación 2-dimensional que además conserva área, como consecuencia de que las ecuaciones son hamiltonianas. Si £ = O, el Hamiltoniano (1) se reduce a H(x,q;y,p) = p-hy^-2/ism^-, que es el hamiltoniano de un rotor lineal y un péndulo. Las ecuaciones asociadas poseen la solución 27r-periódica x = 0,q = t,y = 0,p = 0, de energía H = O, que es de tipo silla, al ser sus exponentes característicos ±v^/^. Las soluciones asintóticas (estable e inestable) asociadas a esta órbita periódica forman superficies dadas por las ecuaciones J = V^, P = -^^ Sç,=S,{x,q) = ±ppco$-, ox oq 2 es decir y = ±^2iisin~, p = 0, y por tanto las superficies asintóticas para e = O cierran una región cuya anchura es del orden de ^TiT, y son por tanto doblemente asintóticas, es decir, asintóticas a la órbita periódica para t ^> ± oo^ y son comúnmente denominadas séparatrices. Si £?^ O, en la memoria presentada al concurso, Poincaré [35, pág. 143] creyó erróneamente que las superficies doblemente asintóticas, al tener que cortarse forzosamente por argumentos de conservación de área, tenían entonces que coincidir a todo orden, con lo que formaban una ba-Poincaré, creador de los métodos todavía modernos. rrera que impedía el transporte a través de ellas, con lo que una trayectoria que en algún momento se encontraba entre ellas, tenía que continuar siempre dentro y no se podía escapar. Este argumento es el que le llevó a afirmar la estabilidad del problema restringido de tres cuerpos. Sin embargo, en la memoria corregida [36, pág 222], Poincaré se dedica a buscar los puntos de intersección entre las superficies asintóticas, avanzándose en más de setenta años a lo que hoy en día recibe el nombre de método de Melnikov (véase, por ejemplo, [17]). Así, Poincaré buscó las superficies asintóticas en la forma Como Jes obviamente no nulo, Poincaré concluye que paras^O pero pequeño, las variedades doblemente asintoticas no son cerradas. De hecho, comprueba que las variedades asintoticas se cortan en una infinidad de puntos, y con este resultado cierra prácticamente su memoria [36, pág. 223]. Su memoria sobre el problema de tres cuerpos fiíe la base sobre la cual se sustentó su famoso tratado sobre la mecánica celeste Les méthodes nouvelles de la mécanique céleste, [37,38,39]. A lo largo de este tratado, aparecen desarrollados los diversos temas de la memoria, frecuentemente con mucho más detalle. En particular, Poincaré lleva a cabo el cálculo de las superficies asintoticas en el segundo tomo. Así, en [38, §225- §232] se dedica al cálculo analítico de la diferencia entre superficies asintoticas, obteniendo fórmulas análogas a (4). Poincaré, además, recalca el hecho de que la expresión obtenida en (4) es exponencialmente pequeña en el parámetro )Li, con lo que es un fenómeno que no se puede detectar simplemente desarrollando en serie respecto a dicho parámetro. En el tercer tomo, que no aparece hasta 1899, es cuando Poincaré llama homoclínicas a las trayectorias doblemente asintoticas, y después de comprobar que típicamente aparecen una infinidad de ellas, hace el siguiente comentario [39, §397, pág. 389]: Cuando se intenta representar la figura formada por estas dos curvas y sus intersecciones en número infinito donde cada una de ellas corresponde a una solución doblemente asintotica, estas intersecciones forman un tipo de enrejado, de tejido, de red de mallas infinitamente finas; cada una de estas curvas no puede volver a cortarse con ella misma, sino que tiene que plegarse sobre ella de una manera muy compleja para volver a cortar una infinidad de veces todas las mallas del entramado. La complejidad de esta figura es tan chocante, que ni siquiera intento dibujarla: No hay nada más apropiado para darnos una idea de la complicación del problema de tres cuerpos y en general de todos los problemas de la Diná-Poincaré, creador de los métodos todavía modernos... mica para los cuales no hay integral uniforme y donde las series de Bohlin son divergentes. Hay quien afirma que esta es la primera descripción de lo que hoy en día se llama caos (véanse, por ejemplo, [13, págs. 40-41], así como [26]), porque además viene generado por la detección de trayectorias transversales doblemente asintóticas. Sin embargo, como prueba clara del avance de Poincaré respecto a sus coetáneos, no hubo después de él una investigación sobre este tipo de comportamiento irregular (exceptuando, quizás, a Birkhoff). No fue hasta más de setenta años después, con la entrada en escena de los ordenadores, que apareció la posibilidad de la experimentación numérica de modelos que se aplicaban en diversos campos, con lo que comenzó una nueva ciencia multidisciplinar, denominada sistemas dinámicos por los matemáticos, dinámica no lineal por los físicos, y ciencia no lineal en general por el resto de disciplinas, donde aparecen frecuentemente fenómenos de tipo caótico. En particular, fue Lorenz en [21] quien descubrió la existencia de dependencia sensible respecto a condiciones iniciales que se daba en un modelo simple de tres ecuaciones diferenciales, supuestamente pensado como modelo atmosférico. Este fenómeno se popularizó más adelante como efecto mariposa, cuando Lorenz impartió en 1972 una conferencia en l 'American Association for the Advance of Science titulada Puede el aleteo de una mariposa en Brasil provocar un tornado en Texas'? (véase [16]). Poco después, Stephen Smale [42] introdujo un modelo matemático denominado la herradura de Smale donde se ponía de manifiesto la dependencia sensible respecto a las condiciones iniciales, junto con la existencia de una infinidad de órbitas periódicas de tipo silla así como de trayectorias densas en el retrato de fases. Más adelante Smale puso de manifiesto que la escisión de séparatrices daba lugar en general a la existencia de herraduras de Smale, y por tanto a la existencia de movimiento caótico. Así, aunque Poincaré no pudo seguramente detectar esta dependencia sensible respecto a condiciones iniciales como movimiento caótico, sí detectó cómo calcular la escisión de séparatrices, y que ésta origina un movimiento complicado, con lo que podemos considerar a Poincaré como el «abuelo» de la ciencia no lineal. También al mismo tiempo, el método de escisión de séparatrices desarrollado por Poincaré durante el breve tiempo de corrección del error en su memoria, fue redescubierto por Melnikov [22] y Arnold [3], dando lugar a lo que se conoce como el método de Poincaré-Melnikov-Arnold o, más brevemente, como el método de Melnikov. De hecho, Arnold desarrolla en [3] el método de la escisión de séparatrices para detectar, en sistemas hamiltonianos con más de dos grados de libertad, la existencia de trayectorias que pueden escaparse una distancia arbitrariamente grande. Este fenómeno se conoce como la difusión de Arnold, y no podía darse en los hamiltonianos de dos grados de libertad estudiados por Poincaré por argumentos topológicos. Aquí cabe también destacar que los sistemas de más de dos grados de libertad son mucho más complicados por la aparición de los pequeños divisores en los desarrollos de las soluciones, un problema que no se resolvió hasta que apareció el teorema K.A.M. debido a Kolmogorov, Arnold y Moser [18,2,23]. Un fenómeno detectado por Poincaré, pero que no pudo tratarlo adecuadamente, fue el de la escisión de séparatrices exponencialmente pequeñas respecto al parámetro de perturbación (véase [1] para unos comentarios recientes). Este fenómeno es muy importante porque también aparece en la difusión de Arnold, pero no fue estudiado hasta casi cien años más tarde. Los primeros trabajos relacionados no aparecieron hasta 1984 cuando Neishtadt [25] pudo ofrecer cotas superiores para la escisión de séparatrices en hamiltonianos de dos grados de libertad, y sobre todo cuando Lazutkin [19] introdujo su método basado en la parametrización de las superficies asintóticas para valores complejos de las variables, para la standard map definida sobre el plano. Dichas cotas superiores para la escisión exponencialmente pequeña fueron obtenidas para familias de difeomorfismos por Fontich y Simó en [14]. Finalmente, la primera prueba sobre expresiones asintóticas para de la existencia de escisión de séparatrices para sistemas como el estudiado por Poincaré fue debida a Delshams y Seara [11,12], y las ideas de Lazutr kin sobre la aplicación estándar fueron finalmente completadas por Gelfreich [15], quince años después de la aparición del artículo de Lazutkin. Con respecto a sistemas con más de dos grados de libertad, no ha sido hasta muy recientemente que se han obtenido resultados sobre escisión de séparatrices, debido a la dificultad añadida de que los pequeños divisores aparecen en los exponentes de las expresiones exponencialmente pequeñas. Así, los primeros resultados se deben a Simó [41] y Delshams et al. [8] para hamiltonianos de un grado de libertad perturbados casi periódicamente, y actualmente ya se dispone de resultados rigurosos para la escisión exponencialmente pequeña de séparatrices en Hamiltonianos de n grados de libertad [20,9,10]. Aquí vale la pena recalcar que algunos de estos resultados, notablemente [20], han sido obtenidos gracias a una relectura de los trabajos de Poincaré, creador de los métodos todavía modernos.. Poincaré, tanto de la memoria sobre los tres cuerpos [36], como de Les méthodes nouvelles de la mécanique céleste [38,39], con lo que nos encontramos con que pasados más de cien años de los trabajos de Poincaré en ecuaciones diferenciales y la mecánica celeste, sus trabajos son aún fuente de nuevas ideas actuales. Esto sería muy difícil de encontrar en la obra de cualquier otro matemático.
El gran matemático Henri Poincaré fue el creador de la Topología. Sólo un científico con su manera peculiar de pensar e investigar, novedosa para la época (su intuición geométrica era extraordinaria), podía imaginar y abstraer el contenido cualitativo de los objetos geométricos como él lo hizo. La Topología, que Poincaré denominó «Analysis situs», es una rama de las Matemáticas que se ocupa de caracterizar algunas propiedades cualitativas de los objetos. Aquellas que permanecen tras una deformación continua sin roturas ni pegados. Es algo así como una geometría blanda. Esta original idea sólo es posible en una mente con una extraordinaria capacidad de abstracción espacial. He aquí la definición dada por Poincaré en [Po3]: El Analysis situs es la ciencia que nos hace conocer las propiedades cualitativas de las figuras geométricas no sólo en el espacio ordinario sino en espacios de más de tres dimensiones. Mas adelante explica este grado de abstracción como la que realizamos en el arte de la geometría: razonar bien sobre figuras mal realizadas. Las proporciones de las figuras pueden ser alteradas, pero sus elementos no pueden ser trastocados y deben conservar suposición relativa. María Teresa Lozano Imízcoz 692 palabras, las propiedades cuantitativas no son importantes, sino que se deben respetar las propiedades cualitativas, es decir precisamente aquellas de las que se ocupa el Analysis situs, Los objetos de la categoría topologica son los espacios topológicos, y sus aplicaciones son las aplicaciones continuas. Las equivalencias, homeomorfismos, son aplicaciones biyectivas continuas con inversa continua. Podemos decir que en topología dos objetos (espacios topológicos) son iguales (homeomorfos) si uno se obtiene del otro por una deformación topològica (continua sin singularidades), llamada isotopía. Para un topólogo es lo mismo un poliedro sólido regular, un plato o una bola tridimensional. No es difícil imaginar la deformación sin rotura de cada uno de los dos primeros objetos anteriores en una bola si se suponen hechos de un material moldeable. Uno de los principales problemas que se plantea en topología es la de reconocer cuando dos espacios son topològicamente iguales, porque a veces no es fácil encontrar una isotopía que transforme uno en el otro, aunque tal transformación exista. En estas deformaciones topológicas hay propiedades que permanecen, son aquellas de naturaleza topològica, y su estudio desemboca en la definición de los llamados invariantes. Un problema de topología En la Figura 2 se muestran dos espacios A y B. El espacio A está formado por dos circunferencias enlazadas y el espacio B es una circunferencia. Como en una deformación topologica el número de componentes es un invariante, se concluye que A y B no son espacios (homeomorfos) topologicamente iguales. Hemos visto aquí un sencillo ejemplo de invariante numérico: número de componentes conexas. Poincaré ideó interesantes invariantes algebraicos que forman el núcleo de la Topología Algebraica. Esta rama de la topología asocia a cada espacio topològico objetos algebraicos (grupos, anillos,...) que sean invariantes, es decir, que cumplan que dos espacios homeomorfos tienen asignados objetos algebraicos isomorfos. Así, si para dos espacios X e Y encontramos un invariante algebraico G que asigna a X el objeto algebraico G(X) y a Y el objeto algebraico G(Y), de manera que G(X) y G(Y) no son isomorfos, podemos asegurar que X e Y no son homeomorfos. Los invariantes sirven fundamentalmente para asegurar que dos espacios no son homemorfos. Otro importante problema en topología es caracterizar un espacio concreto X. Es decir, encontrar un sistema S completo de invariantes de ese espacio X que permita asegurar que cualquier otro espacio con el mismo valor para los invariantes del sistema S, es homeomorfo a X. Para entender estos conceptos y avanzar en el enunciado de la conjetura objeto de esta conferencia, analizamos con más detalle el concepto topològico de esfera ó como es una esfera vista por un topólogo. La primera definición de esfera es de origen geométrico. La esfera de dimensión n, S^, es el conjunto de vectores unitarios del espacio Euclideo de dimensión n+i, E^"^^. María Teresa Lozano Imízcoz 694 En la Figura 3 dibujamos la esfera S"" como una figura geométrica. Así, la esfera S^ es la circunferencia y la esfera S^ es la superficie esférica común, pero tenemos dificultades cuando tratamos de pintar S^, n>2. La razón es que no es posible incrustar toda la esfera S"^, n>2 en una porción del espacio tridimensional, que es nuestro campo visual, de la misma manera que no es posible incrustar (sin autointersecciones) la superficie esférica en una porción de plano. Observamos que una esfera S^ es un espacio con una notable propiedad local: cualquier punto, x, tiene un entorno, t/^, que es como un disco de dimensión n, D^. En lenguaje topològico diremos que este entorno es homeomorfo a un disco (existe una aplicación biyectiva continua/^. * U^-^ D^ con inversa continua). Todo espacio con esta propiedad local recibe el nombre de variedad de dimensión n. Considerar la esfera S^ únicamente como variedad de dimensión n es olvidar la estructura rígida que le da la geometría, conservando las demás propiedades cualitativas. Caracterización topologia de las esferas Desde el punto de vista topològico cualquier curva simple cerrada en el plano o en cualquier espacio de dimensión superior es una esfera SK Por tanto el número de componentes (uno) caracteriza la circunferencia o esfera de dimensión 1 entre todas las variedades de dimensión 1 compactas. La superficie esférica S^ En dimensión 2 el problema se complica, porque existen muchas variedades de dimensión 2 (superficies) conexas y compactas que no son homeomorfas a la esfera S^, luego el invariante numérico dado por el número de componentes conexas, que era suficiente en dimensión 1, no basta en dimensión 2. La caracterización de la esfera de dimensión 2 con una propiedad intrínseca que la distinga de las otras variedades de dimensión 2 (superficies), se consigue con un invariante algebraico definido y estudiado por La conjetura de Poincaré. Un problema de topología Poincaré. Se trata del grupo fundamental o grupo de Poincaré, cuya definición recordamos a continuación. Cada espacio topològico X con un punto distinguido x^, tiene asociado un grupo algebraico, %^ (X, x^, cuyos elementos son clases de equivalencia de caminos que empiezan y terminan en el punto XQ, a los que llamamos lazos, Dos lazos son equivalentes si se puede deformar uno en el otro de forma continua manteniendo fijos los extremos. En la Figura 4 se ha dibujado un camino en una esfera de dimensión 2 y un camino p en una superficie tórica. Es fácil ver que el camino a se puede deformar continuamente dentro de la superficie esférica al camino constante manteniendo en todo momento fijos los extremos en el punto Xg. Basta imaginar que la imagen del camino es un hilo elástico que se María Teresa Lozano Imízcoz 696 encoge durante la deformación. Esto sucede con todos los lazos basados en el punto Xg que se pueden trazar en la superficie esférica. Sin embargo no es posible contraer a un punto el camino P sin salirse de la superficie tórica o sin romper el camino. Este ejemplo ilustra el siguiente resultado: Rl: La esfera es la única superficie cerrada cuyo grupo fundamental es el grupo trivial: Es consecuencia de que cada camino cerrado se contrae a un punto, luego todos los lazos basados en Xg son equivalentes al camino constante y por tanto su clase es la del elemento neutro. R2: La esfera S^ es la única superficie en la que cada camino cerrado es el borde de una superficie. Cada camino cerrado es el borde de un disco inmerso (una porción de superficie), que es el área barrida durante la contracción a un punto. Cada una de estas dos propiedades, Rl y R2, que son equivalentes, constituye una caracterización de la esfera S^. La esfera tridimensional S^: Conjetura de Poincaré En 1900, Henri Poincaré, por analogía con la caracterización R2 de la esfera S^, antes citada, escribió que también la esfera S^ es la única variedad de dimensión 3 en la que toda curva cerrada bordea una superficie. Cuatro años mas tarde, en 1904, él mismo publicó en el quinto complemento al Analysis situs [Po2], un contraejemplo a esta supuesta caracterización. En el artículo describe una variedad de dimensión 3, hoy conocida como esfera homológica de Poincaré, en la que toda curva cerrada bordea una superficie, pero no es homeomorfa a la esfera tridimensional. De hecho esta variedad tiene un grupo fundamental de 120 elementos y su recubridor universal es la esfera S^. Se puede definir como el conjunto de dodecaedros (o icosaedros) inscritos en una esfera bidimensional. Este ejemplo demuestra que la propiedad R2 que sirve para caracterizar la superficie esférica no es suficiente en dimensión 3. Además demuestra que en dimensión 3 el análogo a R2 es más débil que el análogo a Rl, aunque ambas propiedades eran iguales en dimensión 2. El artículo termina asegurando que la propiedad que caracteriza la esfe-La conjetura de Poincaré. Un problema de topología ra tridimensional es la de tener grupo fundamental trivial (análoga a RI). La última frase de este escrito es: Su investigación ha sido objeto de estudio de muchos topólogos durante todo un siglo. Un enunciado preciso de la Conjetura de Poincaré es: 697 Una variedad de dimensión 3 cerrada (compacta y sin borde) con grupo fundamental trivial es homeomorfa a la esfera tridimensional A primera vista puede parecer una sencilla afirmación, y es difícil imaginar un contraejemplo. Por eso han sido numerosos los matemáticos que a lo largo del siglo XX se han atrevido a presentar una demostración detallada, demostración que siempre ha resultado incompleta o errónea. Conjetura de Poincaré generalizada Se observa fácilmente que existen variedades de dimensión n (n>3) cerradas con grupo fundamental trivial que no son homeomorfas a la esfera. Por ejemplo, el producto cartesiano de esferas S^ x S^'^ donde k>l. Por tanto un enunciado como el de la conjetura de Poincaré en dimensión 3 es falso para dimensiones superiores a 3. La razón es que al aumentar la dimensión, aumenta la complejidad topològica de las variedades, y se hace necesario utilizar más invariantes para caracterizar un tipo concreto de variedad. La Topología Algebraica proporciona invariantes algebraicos que generalizan al grupo fundamental. Se trata de los grupos de homotopía n. cuyos elementos son clases de equivalencia de aplicaciones basadas de esferas basadas (S\ z^) en la variedad basada (M, m^), (i=l es el grupo fundamental). Dos espacios X, Y se dice que son del mismo tipo de homotopía si tienen todos sus respectivos grupos de homotopía isomorfos: K-(X, XQ) = n. (Y, yg), para todo Í€ IN. El enunciado de la conjetura en dimensión n es: Una variedad de dimensión n, n>5, cerrada (compacta y sin borde) del mismo tipo de homotopía que la esfera S^ es homeomorfa a la esfera S*^. María Teresa Lozano Imízcoz La conjetura se resolvió primero para dimensión n>4. A partir de 1960 varios matemáticos probaron por diferentes métodos distintas versiones de esta Conjetura. En dimensión menor o igual que 3 es indiferente trabajar con variedades topológicas, combinatorias o diferenciables, pero esto no sucede en dimensión superior. La categoría de variedades utilizada y sus correspondientes métodos son lo que distingue las diversas demostraciones. El hecho de que estos resultados contribuyeran a que Stephen Smale recibiera la medalla Fields en 1966, da idea de la importancia del tema. La prueba en dimensión 4 fue obtenida veinte años mas tarde por Michael Freedman [F]. En el mismo artículo clasificó todas la 4-variedades cerradas y simplementes conexas. Por este y otros importantes resultados Michael Freedman recibió también una medalla Fields en 1986. Visualizando la esfera tridimensional Estamos acostumbrados a ver variedades de dimensión 1 y 2 dentro de nuestro espacio visual, lo que nos ajnida a estudiar geometría y topología en esas dimensiones. En particular tenemos una clara idea geométrica de lo que es una circunferencia y una superficie esférica, como vemos en la Figura 3. De esta idea geométrica podemos derivar una idea topològica permitiendo deformaciones continuas, al modo en que Dalí imaginó sus relojes blandos. Pero si ni siquiera podemos dibujar la esfera geométrica de dimensión 3 o más ¿cómo vamos a imaginar la esfera topològica S^? Las siguientes ideas pretenden a5aidar a pensar como un topólogo. En primer lugar nombramos algunos elementos notables de esfera geométrica S = \Xi,^2,:^3, X4) IXj + X2 + X3 + X4 = 1 j, por analogía con los de la superficie esférica. Polo Sur: S=(0,0,0,-1) es un homeomorfismo (aplicación biyectiva continua con inversa continua). Si identificamos la imagen con nuestro espacio ambiente, podemos pensar que la esfera tridimensional es su compactificación con un punto en el infinito. En esta representación el polo sur, S, es el origen de coor-María Teresa Lozano Imízcoz 700 denadas, el hemisferio sur es la bola unidad, cuyo borde, la esfera bidimensional unidad, es el ecuador, y el exterior de la bola unidad se corresponde con el hemisferio sur, entorno del punto del infinito que representa al polo norte. Una bola con su borde identificado por reflexión en el ecuador Si partimos de la representación de S^ como dos bolas pegadas por su esfera borde y hacemos primero la identificación de un disco, el resultado es homeomorfo a una bola en la que se debe identificar la esfera borde por reflexión en una línea. Una bola con autoidentificación en el borde La conjetura de Poincaré. Un problema de topología Unión de dos toros sólidos En la representación anterior se considera la bola unidad en R^ y se saca de su interior un entorno del eje Z. El resultado tiene dos componentes A y j8 en las que hay que realizar identificaciones. La componente A es un cilindro en el que debe identificarse la base con la tapa, por tanto es un toro sólido. La componente B es un toro sólido con una identificación en parte de su borde cuyo resultado sigue siendo un toro sólido. La identificación de los dos toros sólidos formados por A y B debe hacerse de manera que coincidan en a que es meridiano de un toro y longitud del otro. Dos toros sólidosAyB Se deduce de esta representación y de 3.2 que si se considera un toro sólido (D^ X S^) no anudado en R^, su complementario en R^ [joo^S^ es también un toro sólido. Un cubo con cierto plegado de sus caras En la Figura 9 se representa un cubo que tiene en cada cara una linea central marcada con una etiqueta a, b o c, que es paralela a uno de sus lados y que la divide en dos partes iguales, de manera que caras paralelas tienen líneas marcadas paralelas con la misma etiqueta, y dos líneas marcadas no tienen ningún punto en común. Si se identifica cada cara del cubo por plegado en la línea central marcada, el resultado es S^, María Teresa Lozano Imízcoz 702 y las líneas marcadas forman el enlace conocido como anillos de Borromeo. Este enlace consta de tres circunferencias enlazadas en su conjunto, pero dos a dos desenganchadas. Si se elimina o se corta una cualquiera de ellas, las otras dos quedan desenlazadas. Cubo con líneas marcadas En la Figura 10 se ha dibujado el proceso de plegado en el cubo en varias etapas. En 1 se muestran las identificaciones a realizar. En 2 ya se han identificado las caras que tienen la línea central marcada con etiqueta a, que han quedado en el interior del sólido. En 3 se ha identificado las caras laterales dejando las líneas marcadas con c como una curva cerrada en el interior, a la vez las líneas marcadas con b se han convertido en una curva cerrada en la esfera borde del sólido, que es una bola en la que se debe identificar el borde por reflexión en b, y eso (recordando 3.3) produce la esfera S^. En 4 se ha dibujado sólo las curvas correspondientes a las aristas marcadas. Identificación en el cubo Esta representación de S^ puede parecer sofisticada, pero tienen una justificación geométrica más profunda que vamos a esbozar. Podemos do-La conjetura de Poincaré. Un problema de topología tar al cubo de la geometria euclidea que posee como cubo unidad del espacio euclideo tridimensional E^. Cada plegado en una línea marcada se realiza por giro de 180° en una recta, que es una isometría euclidea. Por tanto el cociente hereda una estructura geométrica «casi euclidea» conocida como estructura de orbifold euclidea, en la que todos los puntos tienen un entorno euclideo salvo los puntos cociente de las líneas mareadas, los anillos de Borromeo, que constituyen la singularidad de la orbifold, y para los que el ángulo alrededor de un meridiano es, en este caso, de 180° en lugar de 360°. Esta estructura de orbifold en S^ se designa por B^^^. Un dodecaedro con aristas marcadas 703 Un cubo con líneas marcadas como en la Figura 9 es combinatoriamente igual que un dodecaedro con aristas marcadas como en la Figura 11. Si se considera un dodecaedro regular en el espacio hiperbólico//^ con ángulos diedrales de 90° y se realiza el plegado indicado, el resultado es de nuevo S^, pero con una estructura «casi hiperbólica» de orbifold hiperbólica con los anillos de Borromeo como singularidad cuyo ángulo es de 90°. Esta estructura de orbifold en S^ se designa por B^ ^ ^. Por otra parte recordemos que S^ soporta una estructura geométrica esférica, orbifold esférica sin ninguna singularidad. Esta breve pincelada pretende ilustrar como en una misma variedad se pueden poner distintas estructuras rígidas geométricas de orbifold, hecho que enriquece notablemente el estudio de variedades. Buscando una solución a la conjetura de Poincaré Durante todo el siglo XX se han utilizado diversos métodos para resolver el problema. En numerosas ocasiones ha habido matemáticos que han presentado a la comunidad matemática una demostración. Pero en Maria Teresa Lozano Imízcoz 704 un tiempo más o menos breve, otros matemáticos han encontrado algún error o algán detalle no demostrado. Esto da idea de la complejidad del problema. Realmente no es difícil imaginar caminos de demostración, pero lo complicado es comprobar cada paso de la prueba. En lo que sigue vamos a indicar, con un ilustrativo y simplificado ejemplo, los pasos a seguir para demostrar la conjetura. En primer lugar fijamos un procedimiento para construir o visualizar todas las 3-variedades cerradas. Existen muchos procedimientos para hacerlo, generalizando los existentes para 2-variedades. Uno de ellos se deduce del Teorema 1.1 de [HLMW]: Toda 3-variedad cerrada es espacio recubridor de S^ ramificada sobre los anillos de Borromeo con indices 1,2 y 4. Toda 3-variedad cerrada es unión de un número finito de dodecaedros pegados por sus caras, de manera que cada arista pertenece a uno, dos ó cuatro dodecaedros. Los datos en este caso son: • n el número de dodecaedros, que corresponde al número de hojas del espacio recubridor en el Teorema, • los pegados de las caras, que vienen dados por la monodromía del espacio recubridor. En segundo lugar, como desgraciadamente no conocemos un procedimiento que asocie a cada 3-variedad un único conjunto de datos (las 3-variedades cerradas no están totalmente clasificadas), hay que estudiar las transformaciones en los datos que no modifican la variedad que representan. En nuestro caso hay que estudiar las jugadas que cambian el número de hojas o la monodromía, sin modificar el espacio recubridor. En tercer lugar hay que relacionar el grupo fimdamental de la variedad con los datos que la representan. Para nosotros esto es factible algorítmicamente usando la relación existente entre espacios recubridores y grupos fundamentales. A continuación, se establecen los datos que corresponden a una 3-variedad cerrada simplemente conexa. Por último mediante el uso de jugadas que cambian los datos pero no cambian la 3-variedad, se trata de llegar a unos datos que correspondan a la 3-esfera. Un problema de topología Como se puede deducir de este ejemplo (inconcluso hasta el momento), el camino es largo y con sutiles detalles a comprobar. Nota: El camino esbozado, es una simplificación del método general aplicado a la representación de toda 3-variedad cerrada como orbifold hiperbé lica que cubre a la orbifold hiperbólica B^^^ (con la 3-esfera como espacio subyacente y los anillos de Borromeo como singularidad de orden 4). Usando el flujo de Ricci En los últimos años, se han introducido en el estudio de las 3-variedades topológicas, métodos que utilizan estructuras Riemannianas. Es bien conocido que cada superficie cerrada admite una estructura Riemanniana de curvatura constante, aquella que tiene su espacio recubridor universal. Las superficies orientables de género mayor o igual que 2, y las no orientables de género mayor o igual que 3, tienen una estructura hiperbólica (curvatura contante negativa); el toro y la botella de Klein tienen una estructura Euclidea (curvatura 0); y la 2-esfera y el plano proyectivo tiene una estructura Riemanniana de cxurvatura constante positiva. Entonces se deduce que una superficie cerrada simplemente conexa con una estructura Riemanniana de curvatura constante positiva, es necesariamente la 2-esfera. La analogía en dimensión 3, sugiere un camino de demostración de la conjetura de Poincaré. Se trata de demostrar que toda 3-variedad cerrada simplemente conexa posee una estructura Riemanniana de curvatura constante positiva, y por tanto es la 3-esfera. El flujo de Ricci, fue ideado por Hamilton en [H] para variar de manera diferenciable la métrica en la variedad tendiendo hacia una estructura mas homogénea. Su definición es la siguiente. Sea M una 3-variedad cerrada. La familia de estructuras Riemannianas diferenciables, ^{t)\te [0,r)}, es flujo de Ricci si satisface gXt) = 2Ric{g{t)), donde Ric(g(t)) es el tensor de Ricci de la métrica g(t). En el mismo artículo, Hamilton demostró el siguiente resultado Teorema. Si M^ es una variedad Riemanniana cerrada cuyo tensor de Ricci es definido positivo, entonces la variedad colapsa a un punto bajo el flujo de Ricci, Si se considera el flujo normalizado (volumen constante) converge a una variedad con curvatura constante positiva. Entonces para demostrar la Conjetura de Poincaré es suficiente probar que toda 3-variedad cerrada simplemente conexa admite una estructura Riemanniana cuyo tensor de Ricci es definido positivo. En los últimos años, el matemático ruso Perelman ha usado el flujo de Ricci para demostrar la Conjetura de Geometrización, propuesta por el gran matemático Thruston, en la que confiere a cada pieza simple de cada 3-variedad una estructura Riemanniana. La Conjetura de Poincaré es consecuencia de la Conjetura de Geometrización. El trabajo de Perelman sobre el tema está contenido en tres artículos, [Pel], [Pe2], [Pe3], disponibles a través de la red informática de comunicaciones. Sus resultados no han sido todavía publicados en una revista científica, pero son numerosos los matemáticos que han emitido una opinión positiva de su contenido, aunque también son muchos los que esperan cautelosamente su publicación. Esta prevención se justifica por la evolución de las anteriores pruebas anunciadas periódicamente, algunas de las cuales estuvieron vigentes bastante tiempo hasta que finalmente fueron desechadas por ser incompletas o erróneas. Para mas información sobre el tema recomendamos los artículos recientes pá| y [A]. En la actualidad, podemos decir que el premio prometido por el Instituto Clay para este problema del milenio no ha sido todavía otorgado a ningún matemático. Por tanto debe ser considerado como un problema abierto.
presentación Me es grato hacer esta presentación por diversas razones, a las que no es ajena la consideración subjetiva. Antes es necesario hacer una breve referencia global respecto del presente número de Arbor que se dedica a «CUENTOS Y RELATOS», y cuya titulación puede ocasionar extrañeza en algún lector de esta Revista. Pienso que en este número se plantea una vez más la posible separación, o disyuntiva, entre «Profesión básica» y «Afición personal»; es decir, poner de manifiesto que ha existido entre profesionales dedicados a distintos ámbitos del saber, una segunda actividad en la que se ha manifestado la capacidad artística de la persona, y de forma especial la literaria, con lo cual quiero destacar que magníficos profesionales, que dedicaron su actividad básica a la medicina, a la historia, al derecho, a las ciencias en general (matemáticas, fisica, química, etc,) economistas, arquitectos, y un largo etcétera han realizado, a lo largo de su vida una importante labor literaria, y aunque parezca exagerada la referencia, creo que puede citarse la de aquel Recaudador de Contribuciones que en el s. XVII escribió la obra cumbre de nuestras letras, es decir D. Miguel de Cervantes Saavedra, y «El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha». Es posible que algunas profesiones se encuentren más próximas a la literatura, teniendo en cuenta el contenido y la actividad que deben desarrollar, como es, por ejemplo la abogacía, y entres los cuales se puede citar a Leopoldo García Alas, «Clarín», Martínez de la Rosa, Javier de Burgos, Vizcaíno Casas, etc.; en el mundo de la filosofia las figuras señeras como Gregorio Marañan o Julián Marías; o algún economista, que tras largos años de proyecciones económicas se refugian en la literatura, como es el supuesto de José Luis Sampedro. Desde un punto de vista estrictamente técnico se puede destacar la obra del ilustre arquitecto D. Fernando Chueca Goitia, que realiza auténtica literatura en muchas de sus obras técnicas. Un interés especial tienen los clérigos que compatibilizaron sus actividades religiosas con la literatura, y cuyo fenómeno se observa desde el nacimiento de la lengua castellana, debiendo citar, por todos, al Arcipreste de Hita, y la extensa relación de religiosos que también compatibilizaron, a lo largo de nuestra literatura, su actividad canónica con la literaria, siendo suficiente hacer la cita de Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz, quizás los máximos exponentes de la literatura mística española. Algunas profesiones tienen una mayor facilidad para proporcionar cultivadores de la literatura, como es el supuesto de la Medicina, respecto IX (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://arbor.revistas.csic.es Presentación X de la cual se ha comentado que los profesionales de la misma encuentran una puerta de escape en relación con los dolores y miserias humanas con las que están en contacto permanente a lo largo de su vida, hasta el punto de que se ha producido un sentido de cohesión entre ellos. Hace ya bastantes años que nació la «Asociación de Médicos Escritores», habiendo destacado muchos de ellos en la actividad literaria, aunque solo se haya hecho una sucinta referencia de alguno de ellos. El ejercicio profesional de la Abogacía, o simplemente el cultivo de la ciencia jurídica, ha dado lugar a la existencia de un crecido número de juristas que han cultivado con gran acierto la literatura española, y su explicación (aunque no sea totalmente exacta y definitoria) puede encontrarse en una observación que oí a un maduro letrado, el cual comentaba que, después de cuarenta años de ejercicio profesional, había escrito decenas de miles de folios, exigidos por el desarrollo procesal del ejercicio de la profesión letrada, y por cuya razón este letrado decía que estaba profundamente convencido de que existía una «literatura forense». No es necesario justificar la publicación del presente número de Arbor, teniendo en cuenta la amplitud de los estudio científicos que se encuentran dentro del ámbito del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, pues la Ciencia se extiende a los más alejados campos desde la astronomía a la metafisica, o desde la química a la fisica atómica, o las ciencias jurídicas. Como decía antes, el presente número es una manifestación de este fenómeno literario que se encuentra dentro del ámbito de estudio del Consejo, destacando en el contenido del mismo la espléndida aportación que realiza el Doctor José Ignacio de Arana Amurrio, autor de numerosas publicaciones, que se encuentran dentro del mas estricto concepto literario pero lejano a la profesión diaria del autor. Se publica en el presente número una auténtica antología de sus cuentos, en los que transita desde la literatura histórica novelada hasta sucintos relatos intimistas. Similar consideración debe hacerse respecto del relato de Sergio Merino Salas en el que, con una difícil facilidad, relata la situación psicológica de una persona mayor que sufre una dolencia cardiaca, que le sirve para darse cuenta de que había buscado algo que tenía y que es la felicidad. El que suscribe estas líneas también colabora en el presente número y no es la persona más indicada para emitir ningún juicio sobre si mismo, pues el valor de una persona consiste en la estimación y el afecto con que lo consideren los demás, teniendo en cuenta que el afecto es un don gratuito y el agradecimiento un deber incuestionable.
-Tengo que formular unas serias reivindicaciones, aclarando que no se trata de una reclamación sino una autentica reivindicación de los derechos que me corresponden y que históricamente han sido olvidados de una forma consciente y determinada, no sólo por los propios dioses sino también por mis contemporáneos, los artistas y aquellas personas que me han conocido. Me sorprendió enormemente esta voz, porque era una tarde de agosto en la que me sentía un tanto somnoliento y pensaba que momentáneamente me había dormido aunque de forma muy superficial, pero me quedé mirando el cuadro que había enfrente de mi y me pareció que la voz reivindicatoría procedía de allí; me quedé mirándolo fijamente era un cuadro que se había ido trasmitiendo a través de diversas generaciones en mi familia y que había llegado a aquella habitación un tanto oscurecida por la caída de la tarde, y que siempre me había llamado la atención, tanto a mi como a otras personas que, en esta media luz, se sentían impresionados por aquel cuadro oscuro con una figura arropada, con mirada un tanto atravesada que quizá reflejaba unas ideas no muy amistosas; incluso a los pequeños aquel cuadro o aquel retrato de este hombre, que no era nada grato, siempre les había inspirado un cierto recelo, y si se quiere, hasta miedo, porque en esta luz un tanto apagada o semi apagada, en los momentos del atardecer tenia un cierto aire siniestro. Me quedé mirando al cuadro y me dio la impresión de que aquella barba entrecana se había movido y que los labios del personaje también se habían movido. Pero era imposible, porque los cuadros tienen dos características, primero no hablan, segundo los personajes que en ellos existen o fi-Eduardo Roca Roca 470 guran retratados no formulan reivindicaciones o reclamaciones que es lo que aquel señor me había parecido que decía. En estas reflexiones volvió a oírse la voz. No era una voz siniestra ni que pudiera infundir miedo de ninguna naturaleza, pues tenía un sentido amistoso, era una voz varonil, sonora y no inspiraba desconfianza de ninguna clase, entonces volví a oírla cuando decía: -He sido yo el que hablo, he sido yo, porque, repito, tengo que formular serias reivindicaciones históricas lo cual es algo que en los tiempos actuales se suelen formular por todos los ciudadanos y en todos lo países, por las razones más insospechadas y con las bases menos fundamentadas. Yo tengo una fundamentación y una tradición histórica de mis reivindicaciones. Que conste que no se trata de una reclamación porque no sé a quien podría dirigirse la misma, a estas alturas el tiempo ha pasado y fluye, mana, cuando esta reivindicación debió de formularse hace quizás siglos, a lo mejor hasta milenios, pues tendré que referirme a un tiempo que medido en la forma en que lo hacéis hoy día puede ser de mil quinientos años; no pongas esa cara de extrañeza porque me siento seriamente discriminado, olvidado y totalmente alejado de una serie de derechos que hoy podrían tener el carácter fundamental en cualquier país civilizado, o al menos así lo entiendo por mi parte, porque tengo que hacer, por lo menos, tres planteamientos: uno reivindicar mi derecho de propiedad intelectual; dos, en segundo lugar, reclamar también la autoría de algo que ha sido siempre mío, y por último, una reivindicación de protesta porque alguien, ya te diré quien, me encarceló en este cuadro casi mil años después de mi desaparición de esta tierra, y a la cual habré de hacer también alguna referencia un poquito más arriba o un poquito más abajo en mi fábula que titulé «La hormiga», me refiero a la situación de aquel hombre agricultor que no solo recogía lo suyo sino que también envidiaba a los ajenos y deseaba constantemente los frutos de sus vecinos por lo que Zeus se irritó y lo transformó en hormiga, pero aún bajo la forma de este pequeño animal no cambió su costumbre, pues iba de un lado para otro por los campos y la hormiga recogía el trigo y la cebada de los otros, y la recoge para si misma, y concluye Esopo diciendo lo siguiente «esta fábula muestra que los malvados por naturaleza aunque se les castigue sobremanera no cambian su forma de ser», y en mi fábula titulada «El ratón y la rana» se recoge aquella narración en la que un ratón se hizo amigo de una rana y al final ésta lo convenció para que se echara al agua con ella, ahogándose el ratón y lo vio un ave y lo cogió entre las garras y como la rana estaba atada al ratón también ella sirvió de El hombre del cuadro comida al milano. La conclusión de esta fábula es la siguiente según Esopo: «aunque alguien esté muerto, tiene fuerza para la venganza, pues la justicia divina cuida todo y devuelve lo mismo en compensación». -Con esto que te estoy contando no trato de vengarme de nadie sino contar una realidad que sucedió hace muchos años, comentarte algo sobre mi vida y mi obra, y sobre todo, como antes decía, dejar constancia de que han existido después de mi vida ima gran cantidad de escritores que con carácter general se llaman a sí mismos «fabulistas» aunque no sean nada más que simples imitadores míos, a veces, incluso, plagiadores como antes decía. Pero me causa un gran disgusto el hecho de que bastante tiempo después de mi muerte terrenal, allá por el Siglo primero, que vosotros llamáis después de Cristo, hubo un libro, yo creo que es un libelo, que bajo el título de «Vida de Esopo» aparte de poner de relieve mi origen como esclavo, se me retrata tremendamente feo, barrigón, canijo, de gran cabeza, hasta incluso bizco y además para completar la descripción que hace este desgraciado autor insiste en que era desdentado y un poco tartamudo; no es cierto que yo fuera de esta manera y además nunca debió de conocerme el autor de tal panfleto ya que mis escritos superan en sabiduría y hacer bien las cosas, a cualquier pensamiento que pueda tenerse en contra de mi figura material o personal que se encuentra muy por debajo de la inteligencia que puse de manifiesto a lo largo de mi obra, pues no se debe de valorar a las personas por su cuerpo sino por el interior de su cabeza. De todas formas siempre la sabiduría fué la base de la solución de todos los conflictos que se presentaron a lo largo de mi existencia. Sí tengo que decirte que a mi me encantaban los viajes, incluso arriesgados, y no te voy a decir que ello sea fácil en un esclavo que es vendido y revendido y que recorre diversos países cercanos a Grecia hasta que lo venden a un filósofo llamado Janto y junto a él tuve una serie de problemas, tristezas y alegrías ya que a su lado conocí importantes filósofos, entre los que dejé constancia de mi existencia a través de mis fábulas y sucedidos, a los que siempre se les reconoció la importancia del saber. No se ha dicho quizás con bastante claridad que fui liberado, es decir, soy un liberto que, incluso mantuve con mi amo magníficas relaciones y con él viajé a los distintos países a los que antes me refería llegando incluso a Babilonia y a Egipto, si bien el final de mi vida fué muy complicado ya que el conocido Creso me mandó a Lesbos para que viera la forma de vida de aquella población, que consideré disoluta y que fustigué, con mis escritos, por lo cual los habitantes de Lesbos me persiguieron y al final me condenaron a muerte arrojándome por un profundo precipicio bajo la inexacta e injusta acusación de que había robado una copa que era del tempio, pienso que los habitantes de Lesbos fueron castigados como consecuencia de esta mala acción con una importante epidemia de peste. Es posible que yo no fuese muy agraciado, sin embargo tuve un gran atractivo con las mujeres desde la propia esposa de mi amo, al que antes me he referido como mi liberador, Janto, y con su mujer y las esclavas de Janto pasé unas jornadas plenas de amor, de felicidad y de auténtico encanto en las que me trasmitieron amor y siempre, además conocimiento tanto ellas como nuestro común dueño. «No es muy conocido mi viaje a Lesbos donde tuve la ocasión de conocer a la poetisa más grande que he tenido ocasión de tratar en mi vida y que se llamaba Safo, y también a su familia y en especial a su hermano y a sus sirvientas; con todos ellos tuve una profunda amistad, si bien Safo pensó que debía conquistarme ella, en vez de que lo hicieran sus esclavas o mantuviera una estrecha amistad con su hermano por lo cual fui expulsado de una forma quizás no muy digna de aquella hermosa isla de la que sigo conservando un magnífico recuerdo aunque sé que nunca más podré volver a ella. «Pero no he hablado de mi obra que fué extensa, mucho más extensa de lo que se comenta por la crítica y los conocedores de la literatura griega, en estos días además se me atribuye el hecho de que lo único que hice fue recoger una serie de tradiciones y escribirlas, en parte tienen razón en cuanto el conocimiento y la realidad de alguna manera son limitados dentro de la actividad de los escritores, pero los temas eternos de la humanidad, el amor, la muerte, el bien hacer, el robo, etc., son ideas que siguen latiendo desde el principio del ser humano y se puede comprobar en estos antecedentes a los que me he referido. Siempre utilicé en mis obras, en vez de personas auténticas, a un conjunto de animales que adoptaban una actitud humana en cuanto a manifestar sus sentimientos para aportar unas conclusiones que en algún momento pudieran considerarse ácidas pero que siempre tuvieron absoluto deseo de instruir, hacer reflexionar a mis conciudadanos y en toda ocasión instruirles en el bien, en la bondad, en los valores humanos, etc. «Es importante recordar en este momento que mi espíritu fue recogido por un dios menor al pie de aquel enorme desfiladero en que me arrojaron en Lesbos y, desde entonces, he vivido errabundo sin conseguir un descanso como el resto de los espíritus, ya que tenía que formular estas reivindicaciones a las que antes me he referido, en primer lugar en cuanto a los escritores de fábulas y en segundo lugar a la forma en que se ha tratado mi cuerpo, mejor dicho la imagen a que antes me he referido y que ha sido transmitida falseada e incierta hasta estos momentos. El hombre del cuadro «Mi obra, y en especial mis fábulas, han sido conocidas a lo largo de casi un milenio y medio porque, valga un poco la digresión, creo que son expresivas y contienen siempre una enseñanza. Pero el problema mío consiste en que estos escritos incluso durante mi vida, fueron copiados, o aún mejor, plagiados por una serie de escritores griegos y después latinos. Tengo que decir que hubiera sido conveniente que tu hubieras leído mi obra en griego, en la que puedes apreciar la profundidad y expresividad de este maravilloso idioma hoy prácticamente desconocido, y que es utilizado como materia de enseñanza muy restringida, en muy escasas ocasiones y a escasas personas. La realidad es que el desconocimiento del griego y, luego, más tarde del idioma latino, genera una forma de analfabetismo histórico que hoy se muestra de una manera especial en cuanto los jóvenes, y los menos jóvenes, apenas si saben o conocen unas cuantas palabras latinas y no sólo no conocen ninguna palabra griega sino que más bien lo que hacen es maltratar mi idioma materno tratando de encontrar el origen de determinadas palabras. Pero no es ocasión de realizar un estudio crítico de esta situación ahora sino decir que mi obra repito fué estudiada y plagiada a lo largo de la historia. -Pero yo le pregunté a Esopo lo siguiente: ¿Por qué te mantienes en este planteamiento reivindicativo tanto tiempo después de haber desaparecido o al menos de haber desaparecido de una forma física, e incluso simbólica, como me estás demostrando en este momento? -No es cierto lo que dices, no es verdad lo que tratas de atribuirme, quiero hacer estas reclamaciones y dejar constancia de lo que he dicho con anterioridad, pues el propio Zeus me prometió llevarme al Olimpo e incluso como premio a mi trabajo, convertirme en el dios de la fábula, y así se lo hice recordar y se lo pedí de forma incisiva en uno de mis viajes que hice a la Sicilia griega donde existían los más exquisitos templos entre Catania y Agrigento, siendo quizás el mas importante de todos el dedicado al dios Zeus, que más tarde llamarían los romanos Júpiter. Pues bien Zeus no se dignó en atender mi propuesta a pesar de haber sido él quien me salvó de la muerte espiritual, pero en aquel momento me dijo que era imposible que me elevara a la categoría de dios del Olimpo por una razón muy sencilla y es que los dioses aunque llevaran una túnica blanca tan hermosa como la mía, no eran tan feos como yo, y cuya explicación me dejó perplejo porque, seguidamente, me dijo que si yo lo deseaba podría mantener mi alma, mi espíritu, en un estado de vida latente a lo largo del tiempo futuro en el que podría conocer aventuras y acontecimientos en los que no podría participar, ya que yo no existía, ni podía manifestarme de ninguna manera de forma corporal. Fué un premio. pero a la vez fué un castigo. Yo hoy tengo que confesar que he padecido mucho y que aún no he llegado a la paz definitiva. -¿Y por qué no has conseguido la paz definitiva?, te pregunto Esopo, porque tu situación es ideal, no tienes problemas, no tienes preocupaciones, un espíritu no necesita ni habitación, ni vestido, ni comida, de forma que tienes resueltas todas las necesidades básicas de un ser humano. -Pero ten en cuenta que hay una cosa que sí he conservado, y es la forma en que fui tratado por mis compañeros y los llamados amigos escritores que, como antes te decía, me copiaron, bien traduciéndome del griego al latín, o bien adoptando directamente las mismas ideas y las mismas palabras utilizadas por mí. No quiero que se tome esto en un sentido equívoco porque he de referirme a Fedro que tradujo mi obra del griego al latín y prácticamente se la apropió aunque en su primer libro, en el prólogo viene a reconocer que soy autor de importantes obras, pero este reconocimiento no es bastante. Si eres capaz de entender un poquito de latín lee el Prólogo que Fedro escribe a sus obras que es verdaderamente ilustrativo ya que en el mismo dice lo siguiente: Aesopus auctor quam materiam repperit, Hanc ego polivi versibus senariis Duplex libelli dos est: quod risum movet. Y que se puede traducir de la siguiente forma: «La materia que Esopo ideó como su creador, yo la he perfeccionado en versos senarios. El propósito del librito es doble: por una parte, mover a la risa y, por otra, guiar con su consejo la vida del prudente. Pero si alguien quiere censurar el hecho de que hablen los árboles y no sólo las fieras, tenga presente que nosotros bromeamos con fábulas inventadas.» «Es decir Fedro casi cuatrocientos años después de mi muerte reconoce que yo fui el creador de la fábula pero que él la ha perfeccionado y da a entender que él es el creador de todo lo que viene a continuación. Son muchas las fábulas que Fedro se apropia quizás pensando que el es un poco el continuador mío y, de otra parte, que él también fue un esclavo liberto de Augusto, y que esto le daba libertad para machacar mi obra El hombre del cuadro y apropiársela. Pienso que hay unas serie de fábulas que literalmente traduce como suyas Fedro, como «la zorra y la tortuga», «el lobo y el cordero», «el enfermo y el médico», «las ranas que pedían un rey», aquella otra de la rana que se ató al ratón a la que antes me he referido, etc., pero como no es este el momento de contar una por una todas las coincidencias sí quiero destacar que Fedro, en primer lugar, realizó una serie de alusiones a mi persona como se puede comprobar en distintas ocasiones por ejemplo la fábula tercera del libro segundo, o la fábula tercera del libro tercero, sobre Esopo y el campesino mientras que referencias anteriormente citadas se titularon por Fedro « Esopo a un hombre acerca del éxito de los malvados» o la fábula quinta del libro tercero «Esopo y el indolente», él mismo cuando se autocita en la fábula veintidós, del libro cuarto, y la fábula novena del apéndice, que luego se traduce como ejemplo de la literatura greco-italiana que lleva un título en el que de nuevo aparece mi nombre, como ocurre en otras muchas fábulas de Fedro como: «El padre de familia y Esopo» que es la fábula doce, o «Esopo y el vencedor de lucha», «Esopo y su dueña», «Esopo y el esclavo prófugo», o «La ramera y el joven». «Como antes te dije, las generaciones actuales sois auténticos analfabetos del idioma griego por ello te hago la traducción de una de mis fábulas que se llama «El lobo y el cordero»: «Un lobo que vio a un cordero beber en un río quiso devorarlo con un pretexto razonable. Por eso, aunque el lobo estaba situado río arriba, le acusó de haber removido el agua y no dejarle beber. El cordero le dijo que bebía con la punta del hocico y que además no era posible, estando él río abajo, remover el agua de arriba; mas el lobo, al fracasar en ese pretexto, dijo: «El año pasado injuriaste a mi padre». Sin embargo, el cordero dijo que ni siquiera tenia un año de vida, a lo que el lobo replicó: «Aunque tengas abundantes justificaciones, no voy a dejar de devorarte, porque tu padre habló mal de mí». La fábula muestra que no tiene fuerza una defensa justa con quienes tienen la voluntad de hacer daño. Fedro traduce al latín esta fábula en la siguiente forma: Y como puedes tener alguna dificultad para traducir te diré que la traducción que hago al español es la siguiente: «Al mismo arroyo habían llegado un lobo y un cordero impulsados por la sed; el lobo estaba más arriba y, mucho más abajo, el cordero. Entonces, movido por su insaciable voracidad, el ladrón sacó a relucir un motivo de diputa. -¿Por qué -dijo-me has enturbiado el agua mientras estoy bebiendo? El lanudo, amedrentado, replicó: -¿Cómo puedo, por favor, hacer eso de lo que te quejas, lobo? La corriente fluye desde donde tú estás hasta donde yo bebo. Aquél, contrariado por la fuerza de la verdad, dice: -Hace seis meses hablaste mal de mí. -¡Pero si no había nacido! -Tu padre, por Hércules -dijo aquél-, habló mal de mí. Y así, capturado, lo destroza con injusta muerte. Esta fábula ha sido escrita a causa de esos hombres que avasallan a los inocentes por motivos inventados». «Creo que ante la evidencia no hace falta ninguna otra cita sino remitirte a ti, y a quien pueda resultar interesado, a la comparación de otras muchas como las que anteriormente he citado. Pero no fué solamente Fedro liberto de Augusto, es decir, esclavo como yo liberado, el único que se inspiró en mi obra pues hubo otra serie de escritores latinos que también se inspiraron y pasó esta técnica al mundo occidental, de origen latino donde se han reproducido de forma directa o indirecta, o que han inspirado, por ejemplo en español a satíricos o fabulistas como Iriarte o Samaniego. «Esta es, pues, la primera de mis reivindicaciones. La segunda se refiere a la necesidad de reivindicar mi propia imagen porque me estás El hombre del cuadro viendo en este cuadro que hay enfi:'ente de ti en el cual me encuentro prisionero, porque allá por el año 1640 lo pintó tu paisano, paisano como español, un pintor que fue célebre y llamado Don Diego de Velazquez que, además, me pintó de una manera crítica y satírica, mírame el escorzo del rostro poblado de una enorme barba, cubierto con este sombrero destartalado y semiembozado en una capa, que apenas si deja ver algo de mi rostro, y de mi mirada que el artista pinta con gesto torvo, acre y un tanto malvado que puede asustar a quien me contemple en la oscuridad. -Tienes razón, Esopo porque en el lugar que te encuentras siempre que pasa alguien a tu lado, a una hora vespertina, con escasa luz, siempre causas una impresión negativa, y hasta los niños sienten esta impresión, no ya meramente contemplativa, sino de auténtico pánico pues esta pintura tuya produce miedo tanto aquí como en el museo. -Tienes razón porque Velazquez me pintó de una manera un tanto satírica y agria como antes te he comentado, pero esto no es lo mas importante sino que además con este sentido critico Velazquez me ha hecho una faena tremenda, que consiste en haber capturado mi espíritu, que se encontraba en los ámbitos celestiales, flotando de una manera libre y me ha fijado, me ha introducido en el lienzo, y aquí llevo parado sin poder hacer nada desde 1640 como antes te decía. Claro es que al haberme «congelado» en este cuadro no puedo hacer nada, tengo que limitarme, desde hace cerca de cuatrocientos años y pico, a simplemente mirar y oír, no puedo decir nada, no puedo hablar nada, no puedo opinar, me encuentro aislado, atrapado y encarcelado. Por estas razones, hoy como he visto que tu atención se viene fijando en mi hace años cada vez que entras y sales de esta habitación, pensé que tenía que hacerte partícipe de alguna manera de mis problemas respecto de aquellos que me copiaron y de éste que me atrapó en un lienzo, y en él me encuentro sin poder opinar ni decir nada en absoluto. Quiero reivindicar mi figura, he sido maltratado a lo largo de la historia y desde aquel anónimo y desaparecido escritor que me describió en una presunta historia de mi vida, hace mil ochocientos o mil novecientos años, y por esta razón quiero liberarme de alguna manera de esta prisión que vengo sufriendo desde que fui despeñado por los cretenses y los que les han sucedido, considerándome para siempre sin poder hablar ni decir nada. Pero antes hablaba que aún después de fallecer se puede tomar una venganza. La mía es quizás una venganza inocente pero tiene quizás su trascendencia como te voy a relatar a continuación. Velazquez debió de hacer la pintura de diversas imágenes o retratos, o presuntos retratos, por encargo de la corona y entre otros autores clásicos nos pintó a Menipo y a mí. El cuadro que aparece pintado como Menipo, en un principio, estaba destinado a reproducir mi imagen, esta imagen desgraciada, deshecha, estropeada, tartajeante, jorobada, sin dientes, etc., con su túnica blanca y de alguna manera atribuyó este retrato a mi persona, mientras que Menipo fue retratado en la forma en que me ves ahora con este sombrero, barba, y mirada torva, envuelto en esta capa que me proporciona un calor indecible durante los estíos calurosos de esta ciudad y que no me quita el fi^ío durante los inviernos también crueles de la misma, y esto ya me sucedió en el propio taller de Velazquez, y se me sigue produciendo en la actualidad. Como ya he dicho me molestó que en el taller del pintor se me pintara en la forma en que se había hecho y, además, de forma equívoca confundiéndome con Menipo y atribuyéndome de alguna manera una figura inexacta, porque de verdad, repito, es insoportable este sombrero, esta barba, esta vestimenta. Pues bien cuando el pintor terminó de hacer los retratos, me miré y me vi verdaderamente desfigurado gracias a un espejo que existía al fondo del estudio, y que aparece en otras pinturas del señor Velazquez, y decidí entonces hacer un primer cambio y fué el de figurar a Menipo con la túnica y las exageraciones deformantes con que había pretendido pintarme a mí y, como mal menor, introducirme en el cuadro de Menipo en el que desde aquel momento apareció, o preferí que figurara mi retrato. «Pero aquí no acaba la historia porque, mi venganza ha ido más lejos. -Pero Esopo tú que siempre has combatido las malas costumbres de los hombres a través de su representación en la especie animal, en tus fábulas, no tiene sentido el que hables ahora de venganza y además respecto de un pintor que ni siquiera llego a conocerte, porque no existía ninguna constancia gráfica ni tuya ni de Menipo. -Cierto es, me contestó Esopo, pero hay un error histórico, y el pintor debió de informarse al menos, pues creo que solo leyó o le dijeron que existía y que mi figura podía ser de una manera determinada, por parte de algún malintencionado que hubiese leído aquella relación, o biografía, de mi vida anónima de la que antes he hecho mención. Yo no pienso vengarme propiamente sino simplemente reivindicar, vuelvo a repetir, mi figura y mi forma de ser, porque no solo he perdido la posibilidad de ir al Olimpo sino que mi espíritu flotante, vuelvo a insistir, ha sido encarcelado en este cuadro. Yo, propiamente no me he vengando, si se quiere he hecho una broma pequeña, o modesta venganza, que ha consistido en lo siguiente: cuando vi los dos retratos juntos y el Maestro en el ángulo inferior derecho firmó con letra roja «Velazquez», pensé que había una forma de crear una situación que me liberara de las cárceles museísticas, del tropel de gente que me miraría mordaz y sonriente y para resolver el El hombre del cuadro problema hice lo siguiente: pinté, porque tengo que afirmar, y que se sepa, que no solo tuve aficiones literarias sino también pictóricas porque fili amigo de algunos grandes escultores y pintores de la Grecia que me tocó vivir, y por lo tanto, podía intentar la realización de una broma, que consistió en lo siguiente: hice una reproducción exacta del cuadro pintado y lo sustituí por el original, y en el taller del maestro dejé la copia con una nota de un discípulo suyo que había marchado a Italia, y para la identificación del presunto original, hice lo siguiente: donde había puesto la firma Velazquez (en la parte inferior derecha del cuadro) puse la indicación siguiente: «Copia de Velasquez». Así pues el Museo en que está «colgado» es esta copia, que pinté como broma, más que venganza y reivindicación de mi forma de ser, y el original tuvo una serie de «aventuras» pasó por distintas manos y ahora esta aquí, con esta indicación que dice «copia de Velazquez» pero que es el original. Solamente quiero pedirte un pequeño favor: estoy molesto porque el tiempo ha oscurecido la imagen que se recoge de mi persona y de lo poco y mal que se ve de mi cuerpo físico, y el favor que te pido consiste en que una mano amiga me limpie, o, si lo prefieres, que me lave la cara y la vestimenta para que se pierda este color tremendamente oscuro que lo único que produce es este temor y miedo entre los pequeños, y de recelo para las personas mayores. Sé que conoces personas perfectamente capacitadas para hacerme este pequeño favor, a la vez que a ti te hago otro y es el que conozcas que tienes en tu casa un auténtico «Velazquez». «Nunca he sido amigo de recomendaciones pero, en este momento, si debo hacerte una y es que la persona que puede hacer esta limpieza de cara y de cuerpo tengo entendido que se llama Amelia y su nombre tiene un significado especial porque sabrá mantenerme limpio sin que sea necesario que me recorte las barbas o que me quite el sombrero, que estoy dispuesto a seguir conservando, teniendo en cuenta que procede de una buena mano y que seré también limpiado por otra también buena, que sabrá guardar con discreción los secretos que te he confiado en este atardecer veraniego. «Para terminar definitivamente, debo recordar que estoy dolido también con Platón ya que en alguno de sus diálogos, me estoy refiriendo a «Fedro», le dedica una elogiosa actitud personal e intelectual al mismo, al que incluso en algún momento le atribuye una serie de caracteres contrarios a la realidad, llegando a afirmar que es un ser divino por sus discursos, a la vez que «sencillamente admirable». No me parece mal esta afirmación que hace Platón, que pone en boca de Sócrates, pero no puedo olvidar, y me duele esta mención, pues Platón se olvida completa-mente de mi y que fui el inspirador, o aún más, el padre literario del fabulista Fedro, y que si no fué, como antes he dicho, un plagiario total, por lo menos debió de citar mis fábulas en algún lugar del diálogo que Platón recoge entre Sócrates y Fedro, y haberme dedicado, quizá dentro de lo que fué la consideración del amor en esta obra, una pequeña esquina, un pequeño rincón, a mi y a mi obra, porque creo que si no lo hice mejor que Fedro, tampoco lo hizo éste mejor que yo, pues escribí mis fábulas varios cientos de años antes, por que, en todo caso soy mas antiguo que Fedro, es decir, soy como cuatrocientos años más viejo que Fedro y la vejez debe de ser respetada y tenida en cuenta incluso por los más eximios escritores y filósofos. «Toda fábula tiene su moraleja que, en este caso, es doble: -el plagiario difícilmente supera al autor copiado, -no es oro todo lo que reluce; es buena la copia que se conserva de mi retrato en el museo, pero el original lo estás contemplando tú en estos momentos. Recuerda siempre nuestra conversación porque creo que mis reivindicaciones han sido atendidas, y ya vivo en el Olimpo la mejor de mis Fábulas. -Gracias, Esopo, le contesté pero el «hombre del cuadro», permaneció inmóvil, en un silencio de siglos.
Muy rápidamente se percata el lector de la obra de Menchu Gutiérrez, tanto poética como novelesca -novelesca también, sí, porque sus relatos hablan de corazones aventureros-de que estas clasificaciones son el resultado de criterios editoriales antes que de pautas creativas. La escritura de Menchu Gutiérrez es profundamente una, la forma elegida más o menos breve, lacónica 1, o sea, más o menos entreverada de silencio, como lo patentiza uno de sus últimos textos publicados, El ojo de Newton, en el que se hallan reunidas prosa y poesía, si hemos de recurrir a categorías tradicionales, caducas en este caso. La constante circulación de motivos, temas o formas entre los distintos escritos en momentos diferentes revela la profunda coherencia de su obra. Así, porqué no se podría concebir Disección de una tormenta (2005) como nacida de una variación que desarrolla un verso de El grillo, la luz y la novia (1981): "cabello que lleva murmullo de la nada" o el verso como concentración de la expansión de la tormenta. No hay antes ni después en esta dimensión en la que leemos 2. Menchu Gutiérrez reanuda con la escritura de unos tiempos que no existieron o no tuvieron escritura, primer imposible, del "antes que la razón entrase con bisturí en todos sus sueños" (2006, "La sonda...") para deshacer aquella unidad creativa, y por fin con la escritura de la fe en el poder de las palabras, en su capacidad de llegar hasta cualquier lugar de cualquier manera, o sea, de todas maneras. En esta extensión de los dominios de la palabra anida el reto de aportar a la prosa algo de la fuerza de la escritura poética, fuerza nunca abstracta antes bien vital, de sangre y huesos y piel: "palabras que se convierten en dedos. Podría decirse que donde había muñones a la poesía le crecen dedos, y que esos dedos son capaces de recuperar una memoria perdida, incluso un apunte del tacto, un roce fugaz" (2006, "La palabra y el tacto"). Pero en ningún caso trátase de una unidad desigual de forma que la prosa le brinda a la poesía el cuerpo para mantener y mover la mano en señal de reconocimiento. RESUMEN: Los relatos escritos por Menchu Gutiérrez nos someten a un presente vibrante e intenso, un presente, tan alejado de la anécdota como el propio curso de las constelaciones, que convierte cada secuencia en «hecho», en una epifanía. El presente nos adentra de inmediato en el espacio altamente simbólico tejido por la escritora y nos involucra en una serie de reduplicaciones especulares nunca exactas, mediante las cuales volvemos a recorrer tanto las moradas de algún castillo interior como las estaciones perfumadas preciosamente iluminadas de un nuevo manuscrito de las «ricas horas». Escritura al filo, en la cordillera, en que se reúnen prosa y poesía, comprensión y enigma, razón y sinrazón y por la que nos proponemos pasear, oído atento a esta lengua inaudita, tanteando oscuridades radiantes con las manos ofrecidas por los propios textos. PALABRAS CLAVES Espacio femenino. A Paloma Navares y a sus ojos abiertos en la oscuridad Escritura al filo, en la cordillera en que se reúnen prosa y poesía, comprensión y enigma, razón y sinrazón y por la que nos proponemos pasear, oído atento a esta lengua inaudita, tanteando oscuridades radiantes con las manos ofrecidas por los propios textos. "El color es la bandera de lo humano" (Zambrano,43) A la lectura de cada uno de los libros de Menchu Gutiérrez se le podría atribuir uno o varios colores dominantes: a Viaje de estudios el blanco, el negro y el rojo; a La mujer ensimismada amarillo y rojo mientras que Latente, si bien empieza con los "ocres, rojos y amarillos" del otoño pronto los deja para el color blanco de "la retirada del color"; a El ojo de Newton, todos los colores primarios, en cuanto que Disección de una tormenta nos devuelve al imperio de la nieve y del blanco y negro. Los colores, nunca adornan ni pintan tela de fondo, antes se mueven cual personajes cuya presencia cobra mayor fuerza al desempeñar cada uno un papel simbólico nunca único. El ejemplo más significativo se halla en El ojo de Newton con sus XXVIII secciones que componen la primera parte, cifra equivalente a la multiplicación de los siete colores del prisma por las "cuatro esquinas del cementerio", es decir "Invisible", "Opaco", "Translúcido" y "Transparente" 3. La teoría científica de los colores de Newton 4 aparece entrelazada con la "teoría" materna acerca de las propiedades de los colores sin que prevalga más una que otra -"No estoy aquí para suplantar a tu madre. No tengo tiempo ni ganas. Sobre todo, no tengo ninguna necesidad"(63)-, ciencia y creencia a igualdad aquí, a pesar de la muerte de la madre en amarillo y verde, siendo este último "su" color predilecto. En esta " enciclopedia " de los colores encuentra el lector la complejidad sugerente que abarca múltiples dimensiones, de las cuales sólo daré dos ejemplos empezando con el rojo, primer color perceptible por los niños después del contraste blanco/negro y cuya voluta abre el segundo ciclo de la primera parte, en la octava sección. Más allá del mero ver, si es que pueda tan fácilmente desligarse la vista de los demás sentidos, cada color lleva en sí la capacidad de suscitar emociones, de despertar los sentidos y evocar formas, visiones -que son mucho más que ver-, acopio en el que hunde Menchu Gutiérrez las manos, para componer las aventuras de un yo que intenta abrir el campo de la naturaleza y origen de sus sensaciones: Según mis ojos heredados, la contemplación del rojo genera la más perdurable de las traiciones[...] mi madre me advertía: No te fíes de él: te llevará a donde quiera, te esclavizará. Mira: diez de los remiendos que he cosido hoy se deben al color rojo. Es demasiado hermoso para decir la verdad. Una enfermedad congénita le obliga a embozarse en esa capa. No tiene perdón ni quiere ser perdonado.[...] En mí el color rojo ha hecho estragos. Y las últimas consecuencias del rojo no son, ni mucho menos, este conjunto de cicatrices que me tatúan el cuerpo. La última palabra del rojo aún no ha sido dicha. Los "ojos heredados" en la obra representan a la vez los de una suerte de vinculación genealógica más allá de cualquier paradoja -"Me pregunto en qué consisten los ojos de mi madre, tan distintos a los míos, que de ella he heredado"(36)-y los ojos "naturales", que diríamos, los cuales ocupan el espacio de la frente con el ojo único de Newton cuya apertura marca el inicio del relato. La mirada de los "ojos heredados" se puede entender a su vez como "mirada heredada", es decir la que muy pronto deja de ver las cosas por primera vez en su novísima novedad, sino que interpone una red interpretativa de generalizado reconocimiento para aniquilar sorpresas y duda. Dentro de la violencia asociada al rojo, categorías morales como la traición o la verdad coexisten con la labor femenina por excelencia de la costura y componen un cuadro extraño en el que los remiendos cosidos por la madre remedan las cicatrices en el cuerpo del(a) hijo(a), señales de su esclavitud por confiado(a), seducido(a) 5 por la hermosura del galán. El rojo señorea, ¿no es él el color por antonomasia, también nombrado el colorado? Ya estamos listos para aceptar la metamorfosis que sigue: El rojo no reconoce al resto de los colores como hermanos (me decía mi madre); se yergue como una punta de lanza y luego se expande transformado en charco de sangre; disfruta derramando vida y contagiando a la muerte con su entusiasmo. Su cara muestra siempre el mismo perfil, el lado favorecedor del asesino a sueldo de sí mismo, y nos atrae y nos mata, ahogándonos en el óleo de sus aguas. El ojo de Newton sabe a qué carta quedarse con el rojo. Elige la forma geométrica que conviene a su proyecto. Lo desarma y dice: ponte a trabajar, construye una casa para mí. El rojo se pone la ropa del obrero y empieza a sudar el edificio.(32) Lejos de rechazar el principio de contradicción propio de la entrada en la época racional, recorre el rojo la escala social de arriba abajo, a semejanza del as de los naipes, el cual, según el juego al que se juegue, representa el máximo valor o la carta ínfima, la púrpura del señor y dueño o el "rojo" del obrero. El rojo de la sangre, principio de vida y de muerte, reúne las potencias vitales expresadas con "el óleo de sus aguas", mezcla tan difícil de conseguir y efímera por ser el aceite y el agua hermanas enemigas fieles. No es única esta lucha/unión, o unión dentro de la lucha: "[el] rojo y [el] azul como reyes y reinos irreconciliables"(49) no son nada en comparación con lo que opone el verde y el amarillo, la madre y el/la hijo(a), a lo largo de la obra entera: Me doy cuenta de que en mi vida se está librando una batalla, y que en ésta lucho contra mi madre encarnizadamente. Mi estandarte amarillo se enfrenta al estandarte verde de mi madre. En el centro de la tela del mundo se libra de nuevo el otoño[...]El otoño es nuestro campo de batalla, y aunque otros muchos vengan después, ésta será nuestra primera y definitiva confrontación. Una vez muerto el verde y una vez muerta mi madre, ni el verde ni mi madre podrán renacer a este lado del color.(61-62) Madre y verde son, así, habiéndose el verde apoderado del mundo, es la "tela del mundo", ¿cómo contener en el círculo de la palabra lo que nos contiene? En el intento de resistir la tiranía y no ceder al incesto -"El verde es el padre de mi madre, y como todo buen nacido sabe, el incesto conduce a la ceguera"(53)surge la necesidad de enarbolar otro color que pueda con él y que no sea el rojo, su complementario en el espectro y la paleta de los pintores. Será el amarillo, color desbordante, "la expresión del deseo, la base de toda mezcla y la cuna del sacrificio"(47), el paso de la madre a la hija haciéndose acorde al ritmo de la creación cuando el verde de las hojas cede al amarillo del otoño: "el parpadeo de una llama verde condenada a extinguirse en el color amarillo" (La mujer ensimismada, 63-64). En El ojo de Newton, no es tanto la metáfora como la analogía, aquel demonio fuente de conocimiento, la que nos devuelve a la mística: frente a lo incognoscible, aquí central la muerte o desaparición de la madre, es decir a lo que carece de palabras ¿por dejarnos huérfanos de lengua materna?, cualquier expresión ha de considerarse como figura, como figuración. La búsqueda de la escritora consiste en escoger aquella figuración que más certeramente apunta al centro indecible, en el momento de su mayor alejamiento. Obviamente descarta la realidad directamente asequible mediante un ver, aquella realidad tan propia de nuestros tiempos en los que rige la pulsión scópica elevada a forma de conocimiento, para rehabilitar visiones a ciegas. Y la oscuridad, el negro, forma parte de la escritura, que según se quiera considerar viene a cincelar la negrura hasta dejar aparecer el blanco o esculpe la blancura de la página para dejar paso a lo negro. En el caso preciso de Menchu Gutiérrez, escribir tiene que ver con el intento de dar paso a lo negro -hacer que las palabras dejen de ocultar "su significado oscuro"(Viaje de estudios, 95), a lo que niega todas las reglas de la retórica y de la composición, aquellas que tratan de la claridad de la expresión, del conocimiento al que se supone que permiten acceder los textos. Las frases desembocan en lo negro, la incógnita y cada palabra escrita se convierte en uno de aquellos agujeros negros abiertos en la blancura de la nieve de Viaje de estudios, en ese no.do. pronunciado por los monjes de todos los monasterios visitados. El no.do. merece que se le preste atención puesto que delata el trabajo de Menchu Gutiérrez para densificar la oscuridad hacia lo negro, sin superar los límites a partir de los cuales el espíritu indagador del lector renunciaría a emitir hipótesis de lectura. Cualquier lector, al encontrarse con el no.do. de los monjes, lo asocia con el recuerdo concreto del Nodo, el noticiario propagandístico de Franco que mediante un derroche de imágenes y comentarios pretendía aclarar los acontecimientos cuando sabido es que sólo los ocultaba y torcía. Tampoco se le escapa al lector el carácter figurativo de la palabra: no.do. con sus dos círculos remite a los agujeros negros, mejor que la " na.da. " casi demasiado afirmativa ante el no rotundamente negativo, que nos devuelve al color negro. Pero el empleo de la vocal o representa otros más elementos relevantes de este relato como son el círculo de la luna llena, del eclipse, la omega que cierra el alfabeto griego, la pupila más o menos abierta, la luz al final del túnel, el cero, sin que sea necesario escoger entre ellos, todos analógicamente y textualmente exactos en negrura en Viaje de estudios. No se oponen ni la negrura ni el blanco a la actividad de los sentidos antes bien consiguen favorecer tipos de percepción que el ejercicio de la vista suele apartar o reducir. De esta misma manera reivindica Menchu Gutiérrez una estética en la que el ojo comparte su trono con los demás sentidos o, mejor dicho, deja paso a una comprensión corpórea a flor de piel, siguiendo en este aspecto diversas tradiciones heterodoxas como la de los místicos o la del pensamiento indio según lo expone en un artículo reciente: "en el Baghavad Gita, este conglomerado de emociones, de sueños, de aromas, de deseos y de memoria que nos constituye recibe el nombre de "la ciudad de las nueve puertas" ("La ciudad de las nueve puertas", 2006). Para abrir las nueve puertas de su lector, la escritora suele convocar la poesía, la pintura, la caligrafía, la música, la ópera, verdadero diván a partir del cual establecemos conexiones entre estas dimensiones creadoras antes de la tormenta, como en su último relato en el que fluyen una canción de Bilitis de Pierre Louys, la Ofelia de Millais con la del poema de Rimbaud, el cuadro del Bosco de La extracción de la piedra de la locura al lado del Sanson y Dalila de Rubens o de las obras de Liszt o de Saint-Saëns mezclándose con el Pélleas y Mélisande de Debussy y Maeterlinck. Quizá sea el entorno de nieve 6, ese ardor helado, a la par que la oscura tinta de la locura los que permitan enhebrar tantos hilos distintos entre ellos, tan dispares y convergiendo, sin embargo, en una misma tapicería. Blanco y negro, ritmo fundamental, que vienen a subrayar las manchas rojas, corazones latiendo en el centro de Viaje de estudios como de Disección de una tormenta, cuando se vuelve a acceder fugazmente a la pulsación, al pulso -"el martillo marcaba el ritmo del movimiento cósmico, [...] el herrero actuaba como un médium entre la sangre de Rumi y la sangre del universo, una sangre invisible, sangre sonora; que lo que oía era, de nuevo, como en la tabla de Khan, el pulso del universo" ("Un pulso herido")-, aquella percepción originaria de la vida cósmica o uterina colmada de sensaciones de la que nos sentimos huérfanos para siempre, desterrados sin posibilidad de regreso y encerrados en un idioma desvalido. "Así, hasta que toda la tierra se convierte en eco" (J.E. Cirlot) Todos los textos de Menchu Gutiérrez remiten a un modo peculiar de estar en el mundo que se caracteriza por la multiplicación de lugares que comunican los unos con los otros en una horizontalidad, las más de las veces. En este aspecto coincido totalmente con el análisis de la espacialidad femenina realizado por Alicia Redondo cuando declara que "el eje propiamente definidor del universo espacial femenino [...] exige crear un modelo descriptivo nuevo, al margen del masculino, y considerar que la espacialidad femenina está regida por la perspectiva espacial de la horizontalidad y no de la verticalidad. [...] en colocación espacial horizontal de dentro y fuera." (229). Trátese del cementerio de El ojo de Newton con sus 4 esquinas en las que la profundidad no representa una dimensión vertical hacia abajo antes más bien la superficie en la que se establece el contacto entre un dentro y un fuera -(VI "un abajo abierto / invisible", o IX "encima y debajo de la almohada / se mira"(88-89)-o el cobijo debajo del techo o del árbol (VI "Todo sucede bajo un techo"(88), XIX "Un tejado de plumas / resbala el agua sin lluvia"(93), XXII "Bajo invisible soy el fondo"(94), XXIII "Duermo bajo el árbol"(94)), que volvemos a encontrar en Disección de una tormenta en la representación del lago helado o del tejado de pelo cubierto de nieve. No ha de confundirse la oposición dentro-fuera con la de espacio interior-espacio al aire libre como nos lo indica el jardín central a partir del cual se accede a las distintas mansiones de La mujer ensimismada y que perfila un espacio interior. De la misma manera, la que digo ser oposición dentro-fuera dista mucho de significar incomunicación, antes bien nos hallamos frente a umbrales, en lugares de contacto y de circulación. Nada extraño entonces que se multipliquen puertas y pasillos o se constituyan nuevas ubicaciones de tránsito: "Siempre he creído que la frente es una pared levantada como provocación, un espacio excesivo y demandante [...]¿Y qué eres? ¿Eres por encima de ti y por debajo de ti? Dice la frente que por encima de ella está el mundo, pastando tranquilamente como una vaca, y dice que por debajo se ordena el laberinto, se desordena la casa, se reordena el magma" (El ojo de Newton, 9). Relieves y huecos, contenidos y continentes invierten sus relaciones, la casa halla cabida dentro de una frente que adquiere rasgos de orbe terráqueo en cuyo centro el laberinto remite a la pérdida del sentido de la orientación y a la multiplicidad de caminos mientras el magma indica esa materia en devenir y en expansión, lugar del origen y de todos los posibles antes de cobrar forma, sentido o sentimiento. En otra parte del mismo texto, el querer a su madre adopta los rasgos del laberinto, "querer a mi madre es recrearla, estar cerca de ella imaginándola. Entrar en el perfecto laberinto y estar en él"(36), un laberinto "perfecto" esta vez, ¿del que no se puede salir o en el que comunican dentro y fuera?, y que viene a cumplir las veces de ámbito, de mundo, de estancia y de lugar de origen, en la oscuridad del origen, magma-mamá. Esta red de lugares que se corresponden aparece ya en Viaje de estudios de manera inesperada con los compartimentos del tren que recorren una superficie de nieve agujereada con desapercibida frecuencia por aquellos círculos negros 7 que dibujan un mapa sin escala ni orientación. En los relatos posteriores, sin embargo, la casa como conjunto de cuartos, habitaciones y su parque-jardín constituye la forma más acostumbrada, similar a su "modelo reducido" el cofre o el bargueño, caja con cajones: "La casa del otro lado parece un cofre en el que se guardara todo lo que Ella codicia, y con la mano de la imaginación, levanta el tejado de la casa, la tapa del cofre, destapando la esencia de los deseos"(Latente, 14). Si bien remite la "casa" a la esfera doméstica asociada tradicionalmente a la representación de lo femenino 8, en la obra de Menchu Gutiérrez cobra un rasgo novedoso mediante la analogía con el bargueño:...le hablo de mi bargueño, de otra caja de música gigantela caja de los silencios-en el que cada espacio de madera evoca la música de un secreto del pasado; un gigante fragmentado para que todo lo que somos pueda respirar, para que nada tenga que morir y pueda ser guardado, para que suene y diga lo que tiene que decir en silencio (La mujer ensimismada, 46) El bargueño añade a la casa la dimensión del secreto, imprescindible para que el dentro y el fuera consigan existir y sea posible la circulación, el respirar, el movimiento vital, hasta la propia escritura en la que andan misteriosamente unidos el secreto y su servidor el secretario. Crear un espacio con secretos y misterios constituye, pues, la única posibilidad de un aventurarse afuera 9 para adentrarse en sí: "la mujer ha vuelto a cantar y la habitación entera se convierte en cajón del bargueño más grande de la casa, en espacio en el que su voz de metal puede respirar"(67), "la casa será la morada de la mujer y la mujer misma"(45). Parece compartir Menchu Gutiérrez con Juan-Eduardo Cirlot aquella meta que lee en su poesía: "construir un mundo que está hecho de experiencia, estar a un tiempo dentro y fuera de esa experiencia, dentro y fuera de una casa largo tiempo deshabitada pero siempre nuestra". Este modo de estar lo calificaré con el verbo habitar, que no se puede reducir al único ámbito doméstico, ni a un modo de vida sedentario: porque la vida sólo existe aquí, en este edificio cuadrado que se inscribe en el círculo de las montañas, en el lago helado, en la voz del director, en los libros de la biblioteca, en la sala de música, en los instrumentos de la enfermería, en la taza forrada de pelo que el director me ofrece cada vez que visito su despacho, en el poema enmarcado en la pared, en las cabezas tonsuradas, en el cementerio de pelo que yo sé que bajo el agua helada del lago. En ningún otro lugar, salvo aquí, salvo ahora. (Disección de una tormenta, 66-67) Todos estos lugares -edificio, lago, sala, cementerio-, incluyendo los menos pensados como unos libros, una taza o una voz, son moradas en el sentido teresiano o místico, un aquí que siempre apunta hacia un más allá, que no hacia un futuro: "Veo en el interior de todas las casas a la vez, y cómo su esencia está también en la casa prometida, aunque ésta sólo pueda existir como promesa [...] de tal forma soy mi casa prometida y la casa prometida es la caracola de mi voz" (La mujer ensimismada, 90). Habitar ha de entenderse entonces como un estar en expansión, una búsqueda de nuevos espacios dentro de nuestro propio espacio. La presencia de paréntesis en los títulos de las secuencias, como se da el caso en Viaje de estudios, Latente y Disección de una tormenta, las convierte verdaderamente en "islotes" tipográficos que el índice de Disección de una tormenta evidencia: (la llegada) (en la habitación) (en el comedor) (en el jardín de nieve) (en la biblioteca) (el cetro de la locura) (el director) Islotes 10 de sentido equiparables a los "erizos" de la teoría del romanticismo alemán, aquellos conjuntos verbales que tampoco se dejan atrapar tan fácilmente por la mente 11, también podemos considerarlos esperando a ser abiertos por el lector como cajones, de contenidos variados y distintos, pertenecientes a la gran caja, casa, bargueño que figura en su materialidad el libro al abrirse para mostrar su interior. Los paréntesis abren un espacio en blanco y negro dentro de la blancura de la página, sus bocas abiertas brindan la posilidad de percibir algo del todo y de la nada, apariciones, visiones, huellas. Ínfimas partes emergentes de una totalidad distante y oculta constituyen espacios al margen de lo que sería el relato principal, que permanecerá incógnito para nosotros o que será aquel "texto prometido" no escrito, nacido de nuestra incomprensión del relato agujereado y fragmentado, de nuestro andar peregrino por las ruinas. Y es que la tarea del escritor en la estética de Menchu Gutiérrez asemeja la del director de la institución en Disección de una tormenta (70) quien "muestra sin explicar; te pone en camino, sin hacer el camino contigo", de lo cual se deduce que el lector es el viajero 12, el paseante del relato el que con su paso viene a relacionar elementos yuxtapuestos sin que se le propongan o impongan de antemano nexos lógicos para reunirlos en series causales y racionales. Así sucede al principio de La mujer ensimismada, cuando el lector "acompaña" a un yo que está en medio de una plaza rodeada por doce casas y cuyo centro está ocupado por un jardín: "En el centro del jardín aprendo qué he venido a hacer aquí, y mientras..." (10). Nosotros lectores seguiremos ignorando lo que ha venido a hacer este yo, aunque sigamos sus andanzas, de la misma manera que desconocemos la naturaleza de la relación a la que se refiere el siguiente párrafo: "Hay una relación entre el dorado y el rojo de los tapices de la habitación y el color rojizo del cielo, bajo el cual parece respirar un foco dorado"(11), si bien vemos (¿lo vemos?) o percibimos a las claras (¿entre tinieblas?) el parecido entre el sol y el corazón. Y es que de eso se trata, de apelar a otras formas de percepción durante una lectura que ha de convertirse en experiencia vivida corpórea y no sólo en ejercicio de raciocinio, experiencia que nos vuelque fuera de nosotros mismos, ensanchando nuestras posibilidades de percepción y las conexiones de que seamos capaces. Leer nos lleva a habitar el mundo de otra forma, convirtiendo nuestros lugares comunes tan acostumbrados en profundidades creadoras, socavando su certidumbre inmóvil y abriendo grietas 13 en la pantalla igualada de la representación para entrever su virtud descomunal, su misterio inabarcable. EN PRIMERA PERSONA Y EN PRESENTE Para provocar este tipo de lectura recurre Menchu Gutiérrez a una escritura en primera persona, la que al ser "persona sin persona", en términos del lingüista Emile Benveniste, le proporciona al lector la posibilidad de ocupar el lugar del sujeto del relato y de ser llevado a experimentar en su propia persona (Ortega, 2001). Trátase de que el lector, al mismo tiempo que el narrador, esté fuera y dentro del relato, manteniendo cierta distancia con lo leído a la vez que lo incorpora y se involucra en él: "Hoy, la fabricación de tapices sigue siendo una de las terapias más utilizadas. El interno debe siempre intercalar pelo propio en el entramado del tapiz, para involucrarse totalmente en la historia narrada, y la historia habla siempre del deseo y de la renuncia" (Disección de una tormenta, 91). La primera persona también propone un punto de vista reducido, en relación con el que pudiera ostentar un narrador omnisciente "decimonónico", una percepción que acepta la trabas, las faltas, de ahí que "las cuatro esquinas del cementerio" en El ojo de Newton remitan a cuatro modalidades del ver que conllevan una dificultad -translúcido-, un obstáculo -opaco-, o la imposibilidad -invisible y transparente. La nieve y la niebla, tan presentes en los relatos, desempeñan este mismo papel en la estética intranquila de Menchu Gutiérrez: El frío se combina con la niebla o la niebla se alía con el frío para hacer del jardín de la plaza la casa de lo inalcanzable, la virtud de lo remoto[...]Una hoja amarilla es una hoja desposeída de color tras la niebla; como yo, una mujer poseída por la niebla[...]La niebla transforma y aleja, aleja y esconde, y el encuentro se desplaza siempre un paso más allá.(La mujer ensimismada, 77) Al igual que la primera persona, en su modestia misteriosa, al decir lo que sabe dice lo que no sabe, descorre el presente casi nada y totalmente el telón de la representación: casi nada porque permanecen fuera de alcance el pasado y el futuro, totalmente porque la humana modalidad del habitar sólo conoce el ahora, dimensión que llega a abarcar el pasado -¿no es la memoria el volver a sentir presentes elementos pasados?-y el futuro, como presencia adelantada. Uno de los alcances del presente consiste en poder yuxtaponer elementos sin establecer a la fuerza vínculo de antelación, de prelación o de causa a efecto, el presente permite la relación aleatoria. La construcción acumulativa de los relatos a partir de Viaje de estudios yuxtapone secuencias, algo así como una sucesión de visiones, de destellos cuya conexión lógica con lo que antecede y sigue nunca aparece como nexo lógico antes más bien como contigüidad de moradas dentro de un mismo conjunto por las que el recorrido, ¿pero se puede seguir empleando el término sin antes ni después?, hubiese podido ser distinto pero siempre exactamente concomitante. Así es como el final de Viaje de estudios nos acaba devolviendo al inicio del relato: "(último tren, primer tren)". El paréntesis del título de la secuencia en este caso preciso introduce la paradoja, que tendríamos quizá que nombrar, recogiendo la última palabra del relato, "aleación": el último tren viene a ser el primero, sin confundirse con él 14 sin embargo, como el propio capítulo incluye el texto de la primera secuencia, pero agujereado y aumentado. Esas son las leyes de la aleación que crea un algo, nuevo, irreductible a la mera suma de los elementos aleados, pero único. Del mismo modo, la tormenta del relato epónimo es la única, primera sin ser la última, al tiempo que pertenece a una serie, pues, aunque se nos anuncie un "(después de la tormenta )"(111), ésta queda siempre por venir: "En todos los calendarios, la llegada de la tormenta está anunciada para mañana, y la inquietud se siente en todas partes: en la sala de música, en la enfermería, en el comedor. Cuando voy a salir, el director me recuerda que el gong sonará junto al lago, al amanecer."(114). Escribir "amanecer" conlleva el mismo valor que la palabra "promesa", significa también la voluntad de situar el texto en otra dimensión que no pretende agotar su sentido, acabarlo con el punto final como en cualquier acto de comunicación. El texto a su vez ha de convertirse en gong que suena tiempo después de haber recibido el golpe y propaga sus ondas por el cuerpo del lector. Más ampliamente, en "el amanecer" y la "aurora" surge la figura de María Zambrano, explícitamente reivindicada en el epígrafe de El ojo de Newton, lo que entronca y enraiza la escritura de Menchu Gutiérrez en la corriente nietzscheana que vuelve a abrir paso al desarreglo dionisiaco dentro de una realidad pautada y recortada por el orden apolíneo o racional. La tormenta y su promesa borran las líneas perentorias del ayer y del hoy, del antes y después, del aquí y allá, del arriba y el abajo: El silencio era distinto al que nunca antes había escuchado: como si todo sonido hubiera sido absorbido por una nieve negra. Calor y frío eran ya indistinguibles, cuando bajo la masa negra de las nubes se abrió de pronto la grieta de luz, una raíz de pelo blanco, que ramificándose, se convirtió en una cabellera que cubrió todo el cielo. No antes ni después, sino en el mismo instante se abrió la grieta de aquel sonido terrible. Y cuando la grieta de luz y de sonido se apagó, se abrió la gigantesca boca de la única nube, apareciendo el río del cielo, que se precipitó en forma de terrible catarata hacia la montaña más alta del circo. (109) Los oxímoron de la "nieve negra", la "catarata hacia la montaña", el "silencio escuchado" o la "raíz de pelo" conforman un conjunto de sensaciones para el tacto, el oído y la vista y quizá también el gusto con la "boca de la única nube", en la que parece haberse fomentado el nacimiento de la tormenta. Hace tiempo ya entró la ciencia en la era de la duda, las teorías cuántica y del caos nos lo recuerdan con la noción de equilibrio inestable o de compatibilidad de la contrariedad. Introducir la tormenta en la escritura significa aceptar las turbulencias, la falta de linealidad, las incógnitas; el propio título Disección de una tormenta compone una suerte de imposible, pues ¿cómo disecar lo que carece de cuerpo? ¿lo que es puro movimiento? La novela para Menchu Gutiérrez ha de incorporar estos datos que imposibilitan ciertas formas de narración decimonónicas con sus perfectos encadenamientos temporales y lógicos, sus personajes impertérritos, sin fallos, homogéneos, todos avanzando hacia un final que venía a colmar el sentido y satisfacer la tranquilidad del lector. A cambio de estas pérdidas, la escritora nos propone relatos cuyas estructuras abiertas en infinito se repiten a modo de fractales, de escala en escala: " un libro circular, siempre equidistante de la primera y la última página, cuya única conclusión posible fuera el movimiento "(Latente, 49). La experiencia sobrecogedora de la lectura de los relatos escritos por Menchu Gutiérrez, nos somete a un presente vibrante e intenso, un presente, tan alejado de la anécdota como el propio curso de las constelaciones, que convierte cada secuencia en "hecho", como lo puede ser un poema, en una epifanía. El presente nos adentra de inmediato en el espacio altamente simbólico tejido por la escritora y nos involucra en una serie de reduplicaciones especulares nunca exactas, mediante las cuales volvemos a recorrer tanto las moradas de algún castillo interior como las estaciones perfumadas preciosamente iluminadas de un nuevo manuscrito de las "ricas horas". Escritura en presente para seguir diciendo la herida vital introducida por la letra al rasgar la lápida de la representación racional y dejar manar, con el peligro de ahogarse en ella, la sangre. 1 José Luis Cano habla de "expresividad delgada, misteriosa", cercana a "la brevedad del hai kai japonés". 2 Característica de los relatos de Menchu Gutiérrez, esta reversibilidad o " indistinción " temporal la subraya la escritora en la obra de Alberto Einstein al citar las palabras del propio físico "Para nosotros, físicos convencidos, la distinción entre pasado, presente y futuro no es más que una ilusión, aunque contumaz". 3 La dimensión simbólica de los números también se trasluce de la organización del libro con sus tres partes, las que sumadas a las cuatro " esquinas " nos devuelven a la cifra 7 de los colores del prisma, así como la séptima sección nos muestra al narrador con el volumen de Óptica de Newton del que saca el prisma de colores. Sin referirnos aquí a sus valores místicos que serán apuntados más adelante, el siete simboliza también al hombre como compuesto de elementos divino o espiritual, el 3, y material con el 4, en total adecuación con el cometido creador de Menchu Gutiérrez de reunir los opuestos o lo que fue separado. 4 Con cierta insistencia, a partir de unas oraciones como ésta " Un año entero viviendo con la visión como único sustento del hambre, para terminar escuchando el silencio "(80), la lectura de El ojo de Newton nos ha impuesto la visión de la escritora absorta en la traducción de la biografía de Isaac Newton por Richard S. Westfall, en aquel no man's land de la traducción, entre dos idiomas, combinando el aquí y el allá, hermanada en su tarea poética al propio Newton quien consiguió mostrar fenómenos de interferencias desconocidos, a la vez que mediante la óptica desarrollaba las leyes de interacción entre la luz y la materia y establecía que la luz blanca resulta de la suma de todos los colores. Ambos abocados al todo y a la nada. Es verlos a los dos sin conocerlos, reconocer el enigma desconociendo sus términos. 5 La incertidumbre en cuanto al sexo del yo, particularmente en esta obra, nos recuerda algunas de las propiedades del lenguaje místico, enunciadas por Menchu Gutiérrez, citando a José Angel Valente, en su estudio dedicado a San Juan de la Cruz, para remitir a la plenitud del ser como "conjunción de hembra y varón" o "andrógino primordial"(55). 6 Tantos campos de nieve en la obra de Menchu Gutiérrez, entre soledad y locura, ausencia y pantalla de los sueños, y la misma nieve en el título de las jornadas dedicadas al escritor suizo Robert Walser que dirigió la escritora esta primavera, "El calor de la nieve". 7 Otra visión a la lectura de Viaje de estudios: el texto con la serie de monasterios, orfanatos y llámense fosos, calderas o agujeros negros cual glosa Recibido: 28 de abril de 2006 Aceptado: 30 de junio de 2006 de una partitura de canto, con aquellas motas negras o de colores, pozos de voz, que pueden dar lugar a adornos vocales. 8 Pensemos en el lienzo de Tiziano la Venus de Urbino en el trasfondo del cual una sirvienta arrodillada revuelve en el interior de un cofre abierto mientras que en un primer plano la Venus tumbada oculta con la mano izquierda su "flor-sexo" al tiempo que sujeta un ramillete en la derecha. 9 En términos de María Zambrano, la presencia del secreto hace posible un estar humano: "No era posible aventurarse afuera, pues el afuera, o sea el espacio, se había quedado despoblado, vacío. Espacio geométrico sin mis-terios, sin secretos donde penetrar, sin sorpresas que esperar y temer. Espacio geométrico, infinito, vacío, desterrado"(19). 10 En su mayoría, los títulos de los "islotes" remiten a lugares o ubicaciones sin que se les atribuya entorno, subrayando así su dimensión de punto en medio de ninguna parte. 11 El término "concepto" Begriff en alemán está formado a partir del radical greifen que significa "asir" y tiene en com-prender su aproximado equivalente español. 12 Andar como acto de conocimiento haciéndose, como movimiento vital para relacionarse con el exterior. Véase el bellísimo estudio de Rebecca Solnit L'art de marcher, Paris, Actes Sud, 2002. 13 Antonio Ortega relacionó en Viaje de estudios la experiencia del "extrañamiento" con la presencia de la "grieta en la realidad, de la rotura de las leyes que la gobiernan". Como intento mostrarlo, múltiples son las grietas abiertas por Menchu Gutiérrez provocando aseguradamente el "extrañamiento" pero a mi ver propiciando ante todo la circulación entre esferas y dimensiones habitualmente cerradas o aisladas. 14 Cabe indicar que esta última secuencia es la vigésimo séptima, dos dígitos que sumados dan 9 símbolo del final y del inicio.
(Primer Premio IX Concurso «TRIBUNA MÉDICA» de cuentos) A pesar de que ya era de noche y soplaba un vientecillo terrano, el aire seguía oliendo a pólvora y a madera quemada. Quizá no fuese cierto; quizá es que esos olores había impregnado de tal forma la nariz de los hombres que éstos seguían percibiéndolos con claridad cuando ya hacía muchas horas que había terminado la batalla. Allí en Pétala, la pequeña isla al norte del golfo de Lepanto, dispuso Don Juan que se desembarcara a los heridos y enfermos de su Armada para recibir la asistencia de los médicos y de los cirujanos. Y Don Dionisio Daza Chacón, cirujano mayor de las galeras de España, llevaba ya casi tres días sin dormir, mojándose de vez en cuando la cara y la cabeza con agua fría para mantenerse, aun así a duras penas, despejado. Corrían voces por el improvisado campamento de tullidos y dolientes que hablaban de ocho mil cristianos muertos en la jornada y que los turcos habrían perdido en proporción de tres a uno de sus hombres: una matanza extraordinaria. Como extraordinario era el número de los que ahora estaban tendidos en yacijas de campaña, cuando no en el puro suelo, o de los que iban de un lado a otro apoyados en improvisadas muletas hechas con astiles rotos de picas y alabardas o con las horquillas de los mosquetes. La nariz de Don Dionisio ya no distinguía entre los mil olores del ambiente: al relente de la noche parecía, sí, oler a pólvora y a humo de incendios, pero en el interior de los tenduchos de lona y velas desgarradas, olía a carne chamuscada por las cauterizaciones y a podredumbre de miseria humana en su más extrema condición. Más de cincuenta cirujanos se afanaban de acá para allá atendiendo a los hombres; otros tantos clérigos consolaban a unos, daban la unción a los moribundos y procuraban hacer oídos sordos a los exabruptos y blasfemias que salían de la sala donde se amputaban miembros, se quemaban muñones y se cosían heridas espeluznantes. Los que caían en manos de Don Dionisio tenían más suerte. El Doctor Daza hacía mucho tiempo que abandonó esas prácticas y utilizaba una técnica de su invención para amputar los miembros: «primero contenía la sangre con ligaduras y cauterizando sólo las bocas de las arterias, después de hecha la amputación, limpiamente, con un cuchillo muy bien afilado, el hueso lo cortaba con una sierra de hacer peines muy finos. La cura final la hacía con una mezcla de clara de huevo, sangre de drago, bol armónico y acíbar». Esto le ocasionó quebraderos de cabeza y más de un disgusto con sus colegas que seguían propugnando la cura ígnea; otro tanto le ocurrió cuando defendió públicamente que las balas no tenían efectos ponzoñosos y que, por tanto, no era necesario someter al paciente a arriesgadas intervenciones para extraérselas, sino que valía más la pena dejarlas alojadas en el cuerpo siempre que no fuera en un lugar de riesgo vital. Todas aquellas ideas suyas no las había aprendido durante sus años de estudio en Salamanca; fue después, en sus años de práctica guerrera junto al Emperador Carlos de feliz memoria y luego en las tropas de su hijo Don Felipe el Prudente; ahora seguía actuando así pero no lograba que ningún otro cirujano le secundara. Algún día, se consolaba a sí mismo en los ratos de abatimiento, habría de escribir sobre todas esas cosas y quizá entonces alguien le hiciera caso, algún estudiante de su Salamanca o de Valencia o de aquellos hospitales de Guadalupe a donde iban a hacer sus primeras armas quirúrgicas los cirujanos recién licenciados y sin posibles para ejercer a la sombra de los maestros consagrados. Pero por el momento se conformaba con el íntimo regusto de ver cómo los heridos que él asistía mejoraban más deprisa que los otros y morían menos y quedaban con menores invalideces. Si bien la máxima de toda su vida médica había sido, y seguía siendo, «cura del mismo modo a los pobres que a los ricos y a los esclavos como a los libres», allí en Pétala tenía por fuerza que atender sólo a unos cuantos y el mismo Don Juan de Austria le había encomendado desde el primer momento el cuidado de los nobles y de los oficiales. Aun así no daba a basto, tantos eran los heridos de una y otra condición. El Capitán General en persona solía aparecer varias veces al día por el campamento, acompañado de sus generales y almirantes, destacando su extrema juventud entre Bazán, Doria o Requeséns. En la cara de Don Juan, atezada de sol y de humo, resaltaban los azules ojos que brillaban como estrellas, saliendo por ellos toda la fuerza que animaba su espíritu en aquellas La más alta ocasión jornadas de gloria. Para todos tenía palabras de consuelo y de alabanza; se agachaba a besar la frente de algunos soldados que sirvieron en su galera capitana y sus manos estrechaban las que se le ofrecían, temblorosas de fiebre unas, otras entablilladas, tímidas algunas, firmes y orgu-Uosas las más. Especial afecto demostraba con los galeotes cristianos liberados del remo turco y les prometía una parte en el botín alcanzado del enemigo que los había sub3aigado. Don Dionisio Daza Chacón asistía a todo aquello desde su cansancio infinito, resistiendo el dolor de todos y cada uno de sus huesos y la terrible pesadez de los párpados que pugnaban por cerrarse en busca de un reposo que parecía no iba a llegar nunca. Pero el hermano del Rey, aquel jovencísimo general en quien parecía resucitar el ímpetu de su padre el César Carlos, no permitía el sosiego a quienes tenían una misión que cumplir. De continuo preguntaba por unos y otros, se interesaba por la gravedad de una herida y por el pronóstico y repetía a cada paso: -Cuidádmelos bien, Don Dionisio, que hombres como éstos no ha de volver a conocer la Historia. Y Don Dionisio volvía a la tarea. Emplastos, sajaduras, tisanas y, cuando no había otra cosa que hacer, buenas palabras, un gesto cariñoso, sentarse unos minutos junto al hombre que sufre y delira, rezar con ellos y, si llegaba el final, cerrar los ojos del que ya descansaba -¡feliz él! para siempre. ¿Cuándo terminaría aquel guirigay de lamentos y de gritos, de manifestaciones de dolor humano que apenas sí se atenuaban con las entrecortadas voces de júbilo con que los heridos saludaban el paso del Generalísimo Don Juan? Para él, cirujano de guerra que tuvo su bautismo de pólvora en el sitio de Landresi a las órdenes de Don Pedro de Guzman y que había recorrido, con su caja de instrumentos quirúrgicos, desde la vega granadina ardorosa de morisma levantisca hasta los confines del Mediterráneo como médico de laâ%aleras reales, apenas existiría, si acaso, una breve pausa de paz. Los reinos de Don Felipe eran tan extensos que siempre habría ocasión de pelear con sus enemigos y trabajo para el cirujano. Echaba de menos una temporada en la tierra firme de España tras tanto tiempo de navegar en sus barcos; quizá en su Valladolid natal o, por qué no, en la corte de Madrid, donde se daban cita los más prestigiosos médicos del reino. Pero no; tendría que esperar a que sus ojos no pudieran ya seguir el curso de una herida ni sus manos empuñar el cuchíllete o la sonda; sólo entonces se daría un descanso a sí mismo, porque su vocación fue siempre estar en primera línea de lucha contra el dolor y el sufrimiento físico de sus semejantes. En estas meditaciones andaba el Doctor Daza, sin atreverse ya ni siquiera a sentarse para no caer dormido, cuando una voz tronante a su espalda le espabiló con brusquedad. ¡Dionisio Daza, amigo mío! Se volvió con más rapidez de la que esperaba él mismo y se encontró de bruces con una figura que, a la luz vacilante de las antorchas, parecía la de un gigante. ¿Qué hacéis vos por aquí, viejo matasanos? A los dos hombres, compañeros de estudios en la universidad salmantina y pupilos ambos del mismo dómine en el barrio estudiantil de la ciudad castellana, se les llenaron a la vez los ojos de lágrimas. -He estado embarcado en las galeras venecianas del almirante Barbarigo, a quien Dios tenga en su seno. Luché, pues, en Lepanto hace dos días como hicisteis vos. ¡Dios mío, cuántos años, Dionisio! -Me parece que casi veinte que os perdí la pista. -Yo a vos no os la perdí, que siempre sabía por alguien de vuestras andanzas con las tropas del Emperador y luego del Rey. Supe también que estabais en esta memorable jomada y desde que pusimos pie en tierra ando buscándoos cuando el trabajo me lo permite. Este encuentro colma mi felicidad. Gonzalo Gil descolgó de su hombro un mediano pellejo, renegrido de años y manoseos, y ofi:*eció del contenido a su amigo. Era un vinillo aloque, de áspero sabor y fácil tragar que serviría de nexo, en su vaivén de mano en mano, a la conversación de los dos médicos. Los temas surgían como torrentes y arrebataban ora risotadas, ora lágrimas, o las dos cosas a la vez de aquellos hombres que, de pronto, por la magia del encuentro y los recuerdos, habían olvidado el cansancio sobrehumano que poco antes les hacía arrastrarse por entre sus pacientes. En una de las revueltas de la bota, Gil dijo a su amigo ~ Quisiera pediros un favor que, como os conozco, sé que no habréis de negarme. -¿Qué es ello? Si está a mi alcance, está hecho. -Esto es. Se trata de un herido de mi galera, La Marquesa. No es noble ni oficial sino soldado de a pie aunque muy bravo. Os hablo de él porque a poco de embarcarme vino a verme a mi estancia; se trata, yo no le reconocí, del hijo de un Rodrigo Cervantes, cirujano de medio pelo en Alcalá de Henares, que me ayudó un tiempo cuando La más alta ocasión paré en esa ciudad en mi peregrinar por las tierras españolas. Él sí se acordaba de mí como de quien en sus pocos años veía cual un hombre de lustre junto a su padre. El caso es que durante la pasada batalla sufrió dos heridas, una en el pecho que es poca cosa, y otra en el brazo izquierdo, la cual se me antoja de peor cariz; a todo esto se suma una calentura que, teniéndole durante la travesía tendido en cama, no le impidió subir a la cubierta para luchar como el primero, pero que ahora le acongoja por demás. Vos, Dionisio, sois, que así me consta, el mejor cirujano de esta campaña y quisiera que le atendieseis porque mi ciencia no alcanza y es hombre en quien quiero honrar la grata memoria que guardo de su padre y de mis años mozos. -Juntos aprendimos esta ciencia, amigo Gonzalo, y tanto sabréis vos como yo. Pero, ¡ea!, llevadme a él y veamos qué se puede hacer. Atravesaron un par de círculos de hogueras donde algunos hombres jugaban al naipe y bebía a morro de grandes odres colgados de alabardas. A poco llegaron a un cobertizo de adobes y cañas al que tuvieron que entrar doblando cerviz y espaldas por lo menguado de la puerta, que descubría su prístina dedicación a majada de ganados. Dentro, a la temblorosa llama de dos teas, se adivinaba el bulto de varios jergones. Al lado opuesto de la puerta, en un trozo del recinto sin techo y sin apenas muro, derruidos los dos cualquier invierno, un hombre enjuto y barbicerrado se sentaba a la morisca sobre unos trapos viejos, quizá una capa irreconocible de puro astrada. Sus ojos reflejaban el brillo de las antorchas que parecían arder dentro de sus órbitas. -Ojos febriles -pensó al instante el avezado Don Dionisio-. Este debe de ser el hombre. -Mirad, Miguel -dijo Don Gonzalo agachándose hacia el personaje arrinconado-, éste es Don Dionisio Daza Chacón de quien os hablé ayer mañana. Enseñadle vuestras heridas. -¿Cómo estáis, caballero? -preguntó el médico de las galeras que se había puesto en cuclillas junto al herido-. -Pues, señor -dijo Miguel con una voz que temblaba por la fiebre-, si me miro a mí mismo me veo y me encuentro como para dar el último aliento; mas si miro en derredor, pienso que esto mío es nonada. -No es mala esa conformidad, pero ahora descubrios para que pueda examinaros. Y vos, Gonzalo, acercadme esa antorcha. El oficio de muchos años y muchos lances como aquél permitió al Doctor Daza examinar al herido en breves momentos. Sus hábiles manos palparon y percutieron, su olfato olió las laceraciones; sus ojos saltaban a José Ignacio de Arana Amurrio 486 cada instante de la zona herida a los ojos de su paciente que estaba fijos en él pero sin manifestar angustia, sólo un interés de observador que contemplara una escena ajena a su propia persona. Al acabar, el médico adoptó la postura sentada en un extremo de la capa del soldado y se dirigió a éste con lenguaje contenido y lento, como tenía por costumbre hacer con todos sus enfermos. Mi opinión coincide con la de Don Gonzalo Gil. Esa herida del pecho no tiene maldad y curará en pocos días con algún aposito y sin más dolor que el propio de la encarnadura. Lo de vuestro brazo es ya otra cosa. El arcabuzazo que en mala hora os alcanzó ha hecho mella en las partes blandas y sin duda ha roto, con la carne y los tendones, las nervosidades que le dan su natural movimiento y vida. En resolución: no podréis volver a serviros de ese brazo. La tiritera febril de Miguel, que no había cesado en ningún momento, no permitía saber si el dictamen del médico había sacudido su ánimo. La mirada de Don Dionisio escrutó nuevamente los ojos brilladores del soldado. Las primeras palabras de éste dejaron atónitos a los dos médicos. -Decidme, señores, ¿cuánto tardarán en España en conocer los hechos de esta jornada de Lepanto? ¿Creéis que ya sabrán en Castilla de nuestra victoria? El Doctor Daza miró con gesto de perplejidad a Gil, pero enseguida se repuso. -No, aún no es posible. El Generalísimo Don Juan envió, al poco de concluir la batalla, varios barcos con emisarios: a su hermano el Rey, al Papa y a las Señorías de Génova y Venecia, pero aún navegarán hacia allí. Considerad que no hace tres días de los hechos. ¿Habéis comprendido lo que antes os dije de vuestra situación? -Claro, maese Daza. Me dijisteis que seré manco de por vida. Bien está si Dios así lo dispuso. Otros muchos saldrán peor librados de la ocasión y pienso que la gloria de ésta ennoblecerá nuestras heridas y menguas ante el mundo que nos contemple mañana. Una cicatriz de Lepanto ha de valer, estad seguro buen doctor, tanto como una Encomienda en Indias. Esos barcos de que habláis navegarán aún lejos de la tierra cristiana, pero yo estoy cierto de que los hechos que aquí han sucedido no caben en los papeles de un mensajero. También sé que su noticia ha de haber volado como las aves del mar hacia tierra firme. Más o digo; el mismo sol que alumbró la La más alta ocasión pelea y contempló la victoria habrá llevado el mensaje en su camino a occidente y ha dos días que lo habrá gritado en España. Alguien allí lo habrá sabido entender sin esperar a que las campanas redoblen a la llegada de los mensajeros. Iba a decirle a aquel pobre soldado manco que no se ocupara de esos sueños sino de acomodar su vida para en adelante; le daría algún consejo y palabras de ánimo. Pero no pudo hacerlo. En ese momento alguien entró en el ruinoso edificio en su busca. Don Juan os reclama en su Real. Se incorporó con cierta dificultad de su postura; puso su mano sobre la cabeza de Miguel y salió sin despedirse. De nuevo pasó por las hogueras de campamento donde seguía el juego y el trasiego de vino. De las tiendas salían algunos gemidos, menos que hacía un rato; sin duda el sueño reparador estaba ayudando a los médicos en su tarea. Al Doctor Don Dionisio Daza Chacón, veterano de cien batallas, harto de bregar entre hombres curtidos por la pelea, oidor de dicterios y voces ásperas, le bullía una idea en la cabeza. -Entre este horror de guerras, dolor y muerte, aún tiene cabida un poeta. P.S. El relato anterior es apenas una licencia literaria sobre unos hechos que, si no sucedieron exactamente así, bien pudieron hacerlo. Los personajes -casi todos ellos-son reales; los lugares y los sucesos que los condicionan, también. Marañen en su obra La vida en las galeras en tiempos de Felipe II nos relata algo de la vida de Dionisio Daza Chacón. El encuentro entre éste y Cervantes lo da por sucedido el historiador de la Medicina Anastasio Chinchilla en la Memoria histórico-filosófìca sobre las ventajas de la reunión de la Medicina y Cirugía en un solo individuo, especialmente en el ejército (1839). Cervantes, que nos dejó en el prólogo a la segunda parte de El Quijote la mejor definición de la batalla de Lepanto -«La más alta ocasión que vieron los siglos pasados, presentes y esperan ver los venideros»-y que en varias de sus obras utiliza sus recuerdos de esa época, nada nos dice de quién le atendió de sus heridas; bien pudo ser Daza Chacón. En cualquier caso, estos dos hombres estaban allí en Pétala al mismo tiempo y la Historia, tan amiga de estas travesuras, pudo cruzar sus caminos. José Ignacio de Arana Amurrio La justicia del arte (Primer Premio XIV Concurso «TRIBUNA MÉDICA» de cuentos) El oficial de los carabinieri, inclinando la cabeza, echó una ojeada por encima de las gafas al sujeto que estaba en pie al otro lado de la mesa. Visto de abajo a arriba era una sucesión de despropósitos vestuarios: unas alpargatas de color indefinible en una de las cuales pugnaba por asomarse el extremo del dedo gordo; unos pantalones que jamás debieron sufi^'ir el peso de la plancha, con bolsillos hinchados por un contenido insondable; camisa floreada, con grandes cercos negruzcos en las sobaqueras y abierta hasta medio pecho en amplio escaparate de una abigarrada colección de cadenas y colgantes sobre fondo peludo. Y coronándolo todo una cabeza como de león desmelenado, con unas greñas revueltas alrededor de un rostro que declaraba en sus rasgos desencajados la intensa y desasosegadora emoción de su propietario. El oficial se quitó las gafas, las dejó sobre los papeles que cubrían el escritorio y echándose hacia delante extendió los brazos con las palmas abiertas en ademán de pedir calma a su interlocutor. Tranquilícese y hable despacio para que pueda entenderle. Dice usted que a su amigo... -Antonio, sí. Lo ha asesinado él -y con todo el cuerpo tembloroso señalaba con un dedo a la espalda del policía. Este se volvió y sus ojos se encontraron sólo con la pared de la habitación sin más adorno, entre los chanfarrinones de humedad y polvo, que un calendario en el que se anunciaba un negocio de imprenta bajo una foto algo desvaída de la estatua del David de Miguel Ángel. -Haga el favor de sentarse y empiece de nuevo toda la historia. -El policía se secó el sudor del cuello con un pañuelo e hizo un gesto a uno de los carabinieri presentes para que acercase un silla. Sólo hacía veinticuatro horas que el capitán había sido requerido para acudir a la orilla derecha del Arno, un poco aguas abajo del Ponte Vecchio en donde unos turistas madrugadores habían descubierto un cadáver enredado entre las plantas del río. Una vez recuperado el cuerpo comprobó que se trataba de un hombre de mediana edad, vestido con ropas que ahora le recordaban las del visitante de esta mañana. El cadáver mostraba un fuerte golpe en el entrecejo provocado seguramente por un objeto romo, los ojos desorbitadamente abiertos, la boca crispada al igual que los puños, y todo en él permitía reconocer un sentimiento de espanto que debió preceder a la muerte. Seguramente los resultados de la au-La más alta ocasión topsia podrían aclarar algo, pero hasta ese momento la policía y los carabinieri no hubieran sido capaces de establecer ninguna conclusión. Todo pudo ser un accidente; el turista que duerme poco y bebe quizá mucho y acaba una noche por dar un tropezón, o se le vence el cuerpo al asomarse demasiado a los pretiles del puente y en cualquier caso se golpea con una de las piedras del fondo ahora que en verano el río lleva escaso caudal. No era, desde luego, la primera vez ni sería la última. El muerto se llamaba Antonio con un par de apellidos españoles; era natural de Madrid y tenía cincuenta años. En la documentación encontrada en sus bolsillos no figuraba la profesión, pero por los numerosos papeles con bocetos y apuntes de obras de arte hechos a lápiz que cargaba en una especie de macuto colgado al cuello, se le podía suponer no sólo afición sino un grado alto de dedicación a tareas artísticas. En esos papeles algunos de los dibujos que representaban obras de Miguel Ángel, perfectamente hechos, estaban cruzados por unos trazos que parecían querer emborronarlos aunque sin conseguirlo. Y ahora, de pronto, con el calor que hacía esa mañana y el rimero de expedientes que había que dejar al menos medio resueltos antes de las ya próximas vacaciones; ahora, se presentaba allí aquel sujeto diciendo no sé qué de un asesinato y señalando a los asesinos en las paredes de la comisaría. -Antonio y yo somos artistas, escultores, aunque ninguno de los dos vivimos de eso habiendo estudiado Bellas Artes. Antonio trabaja -una sacudida recorrió el cuerpo del hombre-, trabajaba en un ministerio y yo en una compañía de seguros. Pero sentimos la misma afición por la escultura y nos conocimos durante una exposición colectiva que conseguimos celebrar hace unos diez años en Madrid. Nuestra obra es de la que se denomina vanguardista, no figurativa, ya sabe usted a lo que me refiero. El policía hizo un gesto apenas perceptible arrugando los párpados y la nariz. Eso de vanguardista le hacía imaginar amasijos de hierros retorcidos, objetos inservibles soldados unos con otros, bloques de piedra con un agujero en medio, mil formas absurdas en lo que algunos dicen arte y otros hasta lo elogian y lo ponen sobre los cuernos de la luna. Él por su parte no tenía ningún estudio académico, pero era italiano y además florentino desde hacía veinte generaciones y eso, se quiera o no, marca a una persona con una especial sensibilidad, verdaderamente innata, para apreciar cualquier manifestación artística. El otro hombre parecía irse tranquilizando a medida que hablaba. Había encendido un cigarrillo y le daba largas y profundas chupadas que 490 José Ignacio de Arana Amurrio a veces le provocaban golpes de tos; se restregaba la pernera del pantalón o la pechera de la camisa para enjugar el sudor que le mantenía las manos pringosas. Siguió relatando su historia. -Allí nos hicimos amigos y desde entonces hemos hecho varias exposiciones juntos. Cada cual tiene su estilo, claro, su personalidad, pero nos compenetramos bien. -Y ¿vendían ustedes muchas esculturas? -interrumpió el oficial. No muchas, esa es la verdad; e incluso hubo quien compró una obra y aún no la ha pagado; en realidad de éstos ha habido varios. Pero al menos de una forma u otra, vendiendo, fiando o regalando, hemos dado salida a buena parte de nuestra creación. »En muchas ocasiones Antonio, yo y otros escultores y pintores de nuestro círculo de amigos hemos charlado y discutido sobre el llamado arte figurativo y el realismo que ahora se han puesto de moda. Ya se puede imaginar que aunque había distintas opiniones la norma general entre nosotros era de rechazo. Antonio, sobre todo, decía que ese tipo de pintura y de escultura están al alcance de cualquiera y que sólo gustan a los nuevos ricos y a gente mediocre. Era tal el entusiasmo que ponía en sus palabras que terminaba por convencer a los que aún mantenían alguna reserva sobre la evidente superioridad de nuestro arte. Solía decir como argumento definitivo que el mejor realismo es la fotografía y que ésta se reduce a un mecanismo de óptica y a un elemental sentido de la oportunidad para hacer esta u otra foto. El policía estaba empezando a impacientarse. No estaba allí para oír un manifiesto del arte contemporáneo. Se revolvió en el asiento, dio unos golpecitos sobre el tablero de la mesa e interrumpió. -Bueno, pero vamos al fondo de la cuestión. ¿Qué cree usted que le ha sucedido a su amigo? --A eso voy. Es que lo que le estoy diciendo es muy importante para que usted comprenda lo que viene después. -Siga entonces -dijo, con un ademán de resignación. -El caso es que hace unas semanas surgió una oportunidad para visitar Italia con motivo de un viaje turístico organizado por mi empresa para sus trabajadores y en el que a última hora pudo incluirse Antonio. Al llegar a Roma comenzó la maratón que suelen representar este tipo de viajes. No parábamos de ir de un lado a otro en la pretensión de ver lo más posible durante los dos días de estancia en la ciudad. Allí Antonio todavía estaba normal. Si acaso, al visitar San Pedro y los Museos Vaticanos le noté algo nervioso y le oí murmurar varias veces algo así como "no puede ser, no La más alta ocasión puede ser"; pero lo achaqué al trote al que nos sometían los guías turísticos. Antonio llevaba un cuaderno y en él garabateaba apuntes de muchas obras que íbamos viendo. Siempre dibujó maravillosamente con el lápiz y la plumilla. »Pero fue al llegar aquí a Florencia cuando se transformó. La visita iba a durar escasamente un día y medio pero me dijo que teníamos que quedarnos. Nunca le había visto tan agitado; tenía un fuego en la mirada que llegó a asustarme. Le recordé que el viaje organizado no admitía demoras y entonces me dijo que renunciaba al resto, que hablaría con la persona responsable del grupo y que él se quedaba en Florencia. Ya ve usted, capitán, le noté tan extraño que decidí quedarme yo también; no podía dejarle solo; no hasta que averiguase lo que le estaba trastornando. Hizo una pausa para encender otro cigarrillo. El policía, que ahora comenzaba a sentirse interesado por el relato, le instó a continuar. ~ Y ¿lo averiguó? -Aún tardé unos días. Yo le preguntaba, claro, pero sólo respondía con un vago "estoy nervioso, ya se me pasará". Esos días los pasamos casi sin comer; permanecíamos horas y horas en la Capilla Mèdici viendo los sepulcros que labró Miguel Ángel; en el Museo del Duomo, sentados frente a la Piedad que éste hizo para su propia sepultura, con ese increíble José de Arimatea que es un autorretrato del Buonarroti ¡a los ochenta años!; y en la Galería de la Academia, sobrecogidos con los Esclavos a medio acabar y, sobre todo, con el David. Antonio copiaba una y otra vez en sus cuadernos todas estas obras con trazos rápidos pero exactos y luego los tachaba con brusquedad. -Sí, me he dado cuenta de ese detalle, pero no lo acabo de entender. -Yo tampoco al principio. Si le interrogaba no me decía nada; estaba absorto en su labor de dibujar y dibujar. A veces se quedaba un rato suspenso, mirando fijamente a los ojos de algún personaje esculpido, sobre todo del David que parecía mantenerle la mirada con esa suya de fiereza. El carabinieri se volvió a mirar de nuevo el calendario que colgaba de la pared a su espalda hacia el que también dirigía su vista el otro hombre. Se sorprendió a sí mismo al descubrir por primera vez que, en efecto, el rostro de David, con toda su increíble belleza, es el de un hombre desafiante, con un punto amenazador en sus ojos y en el gesto de sujetar el extremo de la honda que reposa sobre su hombro. -Por fin, anteayer pareció derrumbarse. Estábamos nuevamente frente a la Piedad del autorretrato. Antonio sudaba profusamente; estaba muy pálido y una especie de tic nervioso le sacudía continuamente la boca de la que parecían querer salir palabras. Le dije que saliéramos a la calle a tomar algo porque supuse que eran las muchas horas de ayuno que llevábamos encima lo que le había puesto de esa manera. Entonces se volvió muy despacio hacia mí y me dijo casi tartamudeando: "No es posible, no se puede crear tanta belleza con las manos de un hombre. Esto no puede ser real. Este maldito Miguel Ángel me ha convertido en una piltrafa. Esto no es arte, no es arte, no puede ser arte. Pero entonces, maldita sea, ¿qué es?, y ¿qué soy yo ahora, quieres decírmelo tú? Mi vida entera, todo lo que he defendido se hunde y se aniquila ante estas piedras". La emoción había hecho de nuevo presa en aquel hombre que se había puesto de pie y se apoyaba ahora con los puños cerrados en la mesa del policía. Este detuvo con un gesto a los carabinieri que se abalanzaban ya sobre el interrogado temerosos de que se cayera redondo al suelo, tal era el temblor que le sacudía como a un cascabel. -Antonio se guardó los últimos dibujos y salió corriendo del museo. Yo le seguí cada vez más asustado. Llegamos casi a la carrera hasta la iglesia de Santa Croce. Antonio primero y yo en persecución suya cruzamos la nave del templo y mi amigo se detuvo como si hubiera chocado con algo frente a la tumba de Miguel Ángel. Si antes estaba pálido ahora estaba encendido como si le ardieran las entrañas y todo su fuego interior pugnara por salir a través de los ojos. Alzó los puños crispados y gritó: "¡Miguel Ángel, maldito seas mil veces; yo te maldigo y te desafío! ¡Sal de ahí y demuéstrame que un hombre, sólo un hombre, puede crear lo que tú has hecho! Y cayó de rodillas sollozando primero para luego romper a llorar como un chiquillo en pleno desamparo. Al agacharme para sujetarlo se abrazó a mí sin dejar de mirar al mausoleo y le oí decir entre gemidos: "¡Dame tu arte, maldito; dámelo o te juro que te destruiré!". El policía, que notaba cómo todo su cuerpo se iba poniendo tenso al compás de aquel relato tan vividamente expuesto, creyó llegado el momento de serenar los ánimos y para ello adoptó un aire profesional. -Una actitud rara, en efecto; en cualquier caso, exagerada. Pero creo que todo esto que me cuenta de su amigo puede encajarse dentro de lo que los médicos llaman «síndrome de Stendhal». Se trata de una reacción curiosa que se produce en algunos visi-La más alta ocasión tantes de ciudades como esta Florencia u otras tan cargadas como ella de arte. Los médicos dicen que se debe a una saturación en poco tiempo de la capacidad humana para recibir impresiones de belleza; según ellos, se manifiesta en forma de mareos, depresión o excitación y trastornos del comportamiento. Es, desde luego, benigna, se pasa en pocas horas o días nada más que con reposo. Parece ser que la describió el propio Stendhal en sí mismo cuando en el siglo pasado visitó las ciudades italianas y que la sintió precisamente aquí en Florencia. Pero Antonio no es un turista cualquiera. A lo largo de su vida ha visto infinidad de obras de arte. No iba a saturársele la cabeza por cuatro días en Florencia ni en ningún otro lado. Y además Antonio podía estar nervioso, pero no ha muerto por eso. Lo ha matado él -y volvió a señalar con el dedo la fotografía del David. Ya empezamos otra vez. Dígame claramente qué tontería es esta del calendario. O, si lo prefiere, venga mañana cuando se haya serenado un poco y sacaré un rato para charlar con usted. Le digo que a Antonio lo ha matado David. Yo lo vi; bueno, lo entrevi, o creo haberlo visto, ya no estoy seguro de casi nada. Pero tengo que contárselo ahora mismo. La otra noche, cuando Antonio ya parecía más calmado después de la escena de Santa Croce, fuimos a pasear por el Ponte Vecchio y por la orilla del río. Le hice comer un buen plato de pasta y otro de carne porque todavía seguía creyendo que el motivo de todo era el hambre. Pues bien, en un momento mi amigo se adelantó unos metros y de pronto le oí gritar: "¡No, por favor, no!, ¡no lo haré, he mentido, estaba obcecado, perdón, perdón!". Y entonces vi una silueta mal definida reflejada en el agua. Era la de un hombre grande, eso sí lo sé. Movía un brazo y a su extremo giraba a gran velocidad un objeto alargado. Luego oí un zumbido que cruzaba el aire muy cerca de mí y un golpe seco que ahogó el último grito de Antonio. Se lo juro, capitán, me entró pánico y en vez de correr hacia donde debía de estar mi amigo lo hice en dirección contraria. He estado deambulando por las calles desde entonces; he maldormido sobre la escalinata de Santa María del Fiore rodeado de una docena de hippies que pasaban la noche allí. Y he venido a verle en cuanto se me ha pasado un poco el miedo. Está bien -el policía se puso en pie y cruzó al otro lado del escritorio para echarle un brazo por los hombros a aquel sujeto José Ignacio de Arana Amurrio que ahora parecía un globo desinflado-. Ahora debe usted ir a un albergue que le proporcionaremos. No se mueva de allí en un par de días por si le necesito. Cualquier cosa que sepamos se la comunicaré de inmediato. Muchas gracias por su ayuda; ha sido muy valiosa, de verdad. Unas horas después el capitán estaba en una cafetería próxima al cuartelillo tomando un capuchino con su amigo el médico forense. Hablaban del español muerto en el río. -Ya te daré los resultados completos -decía el médico-, pero puedo adelantarte que llevaba en su cuerpo una buena cantidad de alcohol, probablemente chianti o algo parecido; se conoce que regó con generosidad los spaghettis y la carne que cenó. Debió caerse desde lo alto del puente como tú suponías, porque tenía en la frente una gran herida sin duda provocada por una piedra de regular tamaño del fondo del río; vamos, como una pedrada entre los dos ojos; ¡mala suerte! Al otro lado del mostrador, fijado con cuatro chinchetas, estaba un gran cartel de la oficina turística de Florencia. Una vez más se reproducía en él la figura, esta vez completa, del David miguelangelesco. El capitán, mientras esbozaba una sonrisa al mirar aquella imagen de la que tanto había oído hablar esa mañana, dijo a su compañero de café. -Oye, si un tipo tan grande como ése anduviera por las calles, aunque fuese de noche, alguien lo tendría que ver ¿no? El médico forense, entretenido en ojear las enormes páginas del periódico, no oyó la pregunta. El amor de una lumbre (Primer Premio I Concurso Literario para Médicos, Fundación Sanitas) Cuando el mendigo harapiento y sucio arrancó del suelo aquellas tablas que formaban una tosca cruz, ignoraba de quién era la tumba que estaba profanando. De saberlo, tampoco se hubiera detenido en su macabro expolio. Hacía un frío que helaba la sangre y, desde luego, el raciocinio y la conciencia; un frío que hacía difícil mover las manos endurecidas por la humedad congelada; la única energía disponible era la desesperación y de ésa el mendigo tenía aún suficiente acopio. Metió las maderas en un mugriento saco de tela que llevaba colgado por una cuerda de la cintura, se echó el aliento sobre las puntas de los dedos y anduvo unos pasos escarbando con La más alta ocasión los pies entre los matojos blancos de escarcha a la busca de algo combustible que añadir a su menguado botín de esa mañana. Aquella huesa profanada hacía mucho tiempo que no era visitada por nadie. Hasta unos años antes solía recibir sobre la tierra el leve peso de unas flores recién cortadas y también unas lágrimas de mujer. Con la mujer y su humilde ofrenda se perdió hasta la memoria del que yacía en lo que fue calvero de un bosque y después páramo inhóspito abierto al resoplar del viento helador y al monótono, incansable caer de la nieve. Unos pocos meses, durante la estación cálida, un tímido verdor cubría la paramera como negándose a aceptar la muerte de la tierra; y hasta algún pájaro perdido en sus caminos de aire llegaba a posarse sobre los brazos de la cruz para reemprender enseguida el vuelo, sin ni siquiera entretenerse en emitir un gorjeo que rompiera el abrumador silencio que pesaba como una roca colosal puesta por el Creador en aquel lugar olvidado de los hombres. Juan hizo de la ecología su vida y la ecología marcó su muerte. Desde muy niño se integró en uno de los grupos defensores a ultranza de lo natural y con la juventud radicalizó al extremo su postura. Fue cabecilla indiscutible de sus primeros compañeros y más tarde líder mundial del movimiento ecologista. Su nombre era el más respetado por todos los medios de comunicación.y con él se bautizaron miles de niños en todo el mundo, como fervoroso homenaje a quien venía a representar el nacimiento de una nueva humanidad, más sana, más limpia, más respetuosa con el ambiente natural, más libre de la opresión sufrida hasta entonces por culpa de una industrialización sin freno. Juan Ecólogo fue, más que un hombre, el símbolo vivo del naturalismo triunfante. Cuando Juan comenzó su actividad el mundo había cambiado ya mucho en comparación con el que les tocó vivir a sus padres y más aún a sus abuelos. La lucha ecologista no era nueva y llevaba mucho camino avanzado. Numerosas fábricas en todos los países acomodaron sus procesos industriales a normas tendentes a proteger de vertidos y humos a la naturaleza. Millones de hectáreas permanecían en secano porque se detuvo la construcción de embalses que hubieran anegado amplias zonas de monte. Ciertamente con esta misma falta de embalses se había resentido la producción de energía eléctrica, ya de por sí aminorada por la estricta prohibición de las centrales nucleares y las térmicas, tan contaminantes y peligrosas unas como otras. Pero, a menos electricidad, más energía natural con fuegos de carbón y leña; claro que pronto hubo que suprimir la leña porque los pueblos se deforestaban con las talas incontroladas. La sociedad condenó primero al desprecio y luego a la cárcel a quienes utilizasen pieles de animales en su vestuario; un abrigo de astracán. José Ignacio de Arana Amurrio y no digamos uno de zorros o de vison'eran motivo de proscripción pública; la lana y el algodón se convirtieron en las únicas fibras textiles toleradas toda vez que las sintéticas provenían de un proceso de fabricación tenido por vituperable y la seda obligaba a matar a millones de indefensas mariposas. Asimismo se habían proscrito, después de muy arduos debates entre los miembros de los distintos gobiernos, los abonos artificiales para la agricultura; aquí la rama macrobiótica del movimiento ecologista llevó la voz cantante y obtuvo uno de sus mayores éxitos; sólo abonos naturales, buen estiércol y un poco de nitrato de Chile que al fin y al cabo es el excremento de unos pájaros; estos abonos tenían el inconveniente, siempre subsanable con buena voluntad, de su alto precio y de que hubiera que ir a buscarlos en explotaciones ganaderas algunas de las cuales llegaron a especular miserablemente con los restos digestivos de sus vacas y ovejas. Juan no se sentía satisfecho con lo conseguido hasta su época. Él quería llevar la realización de sus convicciones hasta el extremo, y que cayera quien hubiese de caer. La más innovadora de sus ideas fue la creación de un ejército ecologista cuya misión sería la de imponer por la fuerza los principios ecológicos ya que, a su juicio, la extensión de los mismos al mundo entero mediante la propaganda o el debate en los foros políticos y económicos, era demasiado lenta y dejaba tras de sí numerosas lagunas que los hacían ineficaces. Juan recordaba la historia de la Revolución Francesa y cómo aquellos principios de la Razón y del Liberalismo se habían extendido fecundamente por Europa no con misiones diplomáticas o con el ejemplo de sus promotores, sino aupados sobre las bayonetas de Napoleón. En este asunto de salvar a la naturaleza el tiempo es un factor decisivo que siempre corre en su contra. Era necesario, pues, acortar plazos, saltarse convencionalismos, derrumbar murallas de incomprensión o cerrazones mentales. Y así se fundó el Ejército Verde que muy pronto recibió el apoyo incondicional de los partidos políticos ecologistas que poco a poco habían alcanzado las mayorías parlamentarias en varias naciones europeas. Un ejército cuyo primer general en jefe fue el mismo Juan, poco amigo de delegar en otros las responsabilidades y los riesgos que su misión trascendental exigía. El primer objetivo fueron unas fábricas de productos químicos para el teñido de telas que, con carácter poco menos que artesanal, se mantenían clandestinamente en varios pueblos de la serranía. El Ejército Verde contaba, a buen precio, con una amplísima red de confidentes que hizo saber a su Estado Mayor la existencia de aquellas industrias. Al poco de salir el sol, una mañana de primavera, los edificios fueron incendiados y sus restos derribados piedra a piedra. Los dueños y sus pocos trabajadores. La más alta ocasión casi todos de la familia, conducidos en una vieja tartana de caballos hasta la ciudad y allí sometidos ajuicio sumarísimo y encarcelados. Se multiplicaron las acciones de combate y castigo. Las hubieron de sufrir en sus bienes y en las costillas de sus gentes centenares de pequeñas empresas tenidas por vitandas y que hasta entonces habían podido soslayar, mal que bien, las sucesivas legislaciones. Otro día se desató una campaña contra los insecticidas. Primero fueron los utilizados en los campos de labor y en los plantíos de frutales. No sólo eran perjudiciales para la salud, como enseguida manifestaron los macrobióticos, sino que además alteraban muy seriamente el ecosistema: morían aves y otros animales envenenados y se mataba a miríadas de insectos que tenían el mismo derecho que cualquier otro ser vivo, incluido el hombre, por supuesto, a la existencia. Luego les tocó el turno a los hogareños que pecaban del mismo defecto de destruir la vida de moscas, mosquitos, polillas y cucarachas, deseables copartícipes con nosotros de un mundo sano y limpio. Juan y sus colaboradores más íntimos en la planificación de ese mundo buscaban, al igual que los grandes estrategas de la Historia, una acción con suficiente espectacularidad como para asombrar al pueblo que representaban y, a la vez, capaz de sobrecoger de espanto al enemigo y a cuantos siquiera pensasen por un instante en enfrentarse a ellos y a su verdad absoluta. Se hacía preciso una Cruzada de gran magnitud y de inusitada dureza; algo como jamás vieron los tiempos. El objetivo a batir se les apareció enseguida con meridiana claridad: el tabaco y los malhadados fumadores. Hombres y mujeres que tenían el vicio nefando de fumar fueron perseguidos, acosados, cazados como animales dañinos ahora que se había declarado a todos los demás animales como poseedores del derecho inalienable a la vida libre. Esos miserables fumadores lesionaban con sus humos el bienestar y la salud del resto de los ciudadanos, contaminaban con los detritus de su vicio el medio ambiente, y eso no se podía tolerar. Bien estaba que se liberalizase el uso de las drogas psicotropas, porque tales sustancias, como había manifestado de forma reiterada y convincente muchos miembros de los partidos ecologistas, no sólo no perjudicaban al prójimo sino que eran altamente beneficiosas para el bienestar individual de sus usuarios que no tenían por qué ser marginados de la sociedad; pero de eso a permitir el consumo de tabaco había un abismo. La ejemplaridad de la Cruzada antitabaco requería un castigo de tal naturaleza que el encarcelamiento y las sanciones pecuniarias con que por lo común se solventaban otros delitos ecológicos eran un regalo. De este modo se decidió que todo fumador cogido in fraganti o en posesión de José Ignacio de Arana Amurrio la más pequeña cantidad de tabaco, sería empalado en la orilla de los caminos y carreteras. A pesar de que campañas anteriores de concienciación ciudadana habían conseguido disminuir drásticamente el número de personas ligadas a tan horrible vicio, aún quedaban muchos recalcitrantes y no pocos contumaces, de esos que habiendo dejado por un tiempo la mala costumbre de fumar cayeron de nuevo en la sima de la perdición. En la cacería participaron con notable éxito, siendo muy felicitados públicamente por ello, antiguos fumadores y fumadoras, especialmente hábiles por el resabio de su pasada lacra en detectar el olor del tabaco en el aliento y en los dedos de los acusados, por más que éstos hubieran intentado camuflarlo con enjabonamientos y perfumes. La red viaria se jalonó de estacas con sus reos espetados para público escarmiento; cada cincuenta metros, un ramillete; cada miliario, un centenar. Los sembradíos de tabaco fueron arrasados y su terreno se cubrió de sal. Se utilizaron voluntarios para expurgar las librerías y las hemerotecas tachando o arrancando cualquier dibujo o fotografía en la que apareciese una persona fumando o una marginal referencia al tabaco; esto se llevó a cabo tan a conciencia que de algunas ñguras históricas como Winston Churchill hubieron de improvisarse retratos imaginarios para los libros de texto porque todos los reales quedaron destruidos al estar siempre el sujeto unido íntimamente a un cigarro puro. Ya puestos a ello, la imaginación de los hombres no tiene límite. Fueron abolidas las Fallas de Valencia y las Hogueras de San Juan por la contaminación aérea de sus humos y ambiental de sus ruidos de cohetes y triquitraques. La mal llamada fiesta de los toros fue, como es natural, suprimida bajo pena de muerte en el desolladero para los transgresores, fueran éstos toreros o simples espectadores de tan brutal como inadmisible orgía de sangre y sufrimiento de unos pobres animales. Las cosas fueron un poco más complicadas cuando se quiso llevar a efecto otra de las ideas luminosas de aquellos adalides del naturismo. Se trataba de impedir la tala de millones de árboles utilizados en la fabricación de papel, sobre todo de papel prensa, pero también para otros usos. Algunos parlamentarios, anclados sin duda en la obsoleta mentalidad que por fortuna iba siendo derrotada por los nuevos tiempos, objetaron que con esa medida se iba en detrimento de toda la cultura escrita. Con gran espíritu de condescendencia se accedió a debatir sus objeciones, pero claro, para eso están las mayorías, faltaría más, fueron derrotados en la votación y se les amonestó severamente para que en adelante no mareasen más. Los medios de comunicación, de información y educativos quedaron, pues, limitados a la televisión y, en mucha menor medida, a la radio. Apenas tres o cuatro publicaciones utilizaban papel reciclado que terminó por agotarse al cabo de poco tiempo. La televisión, durante las cinco horas diarias de programación que permitían las restricciones eléctricas vigentes, se ocupaba de manera fundamental en concursos donde el premio mayor era un coche movido por energía solar, monoplaza, de líneas atrevidas ya que no estéticas, capaz de circular a treinta kilómetros por hora con una autonomía, en días soleados, de más de tres horas: una maravilla de los nuevos tiempos, no demasiado útil, esa es la verdad, pero una maravilla. Llegó el día en que el Ejército Verde había alcanzado sus últimos objetivos. De grado -la mayoría-o por fuerza, todos ahorraban agua; comían unas hortalizas entecas y picoteadas por el gorgojo, pero muy sabrosas y nutritivas; cocinaban con leña recogida en el suelo de los bosques; curaban sus enfermedades, o las aliviaban cuando menos, con emplastos y tisanas; vestían gruesas prendas de lana al exterior y de algodón en contacto con las carnes; o se divertían con apasionantes concursos televisivos en los que una pareja de novios competía con otra en responder acertadamente, entre mohines de ellas y gestos picaros de sus compañeros, a las preguntas que se les planteaba sobre cómo organizar su futuro hogar de acuerdo con los principios de la ecología. Desde luego, no existía el paro laboral ya que todos los brazos eran necesarios como fuente energética para cualquier labor cotidiana, desde lavar las sábanas a moler el trigo o arrastrar por las calles un carretón de leña para la cocina o de humeante estiércol para la huertecilla familiar. Pero ni el mayor y mejor pertrechado ejército ha sido nunca capaz de someter hasta la anulación las más íntimas pasiones y necesidades de los hombres. Así sucedió también con el Ejército Verde. No es que se creara un movimiento de resistencia entre la población al igual que otros que recoge la Historia; la cosa sucedió más espontáneamente, sin nadie que la dirigiera o se colocase a su cabeza; aquí o allá brotó como esos jaramagos que de pronto, sin que nadie se lo explique ni lo espere, nacen en medio del asfalto o entre las invisibles rendijas de un roquedal; alguien o algo, animal o viento, puso allí la semilla, o quizá estaba de siempre y los fríos y los hielos y las máquinas no la supieron conocer para destruirla. En muchos puntos a la vez alguien pensó que aquella vida tan sana, tan pura, tan en íntimo contacto con la naturaleza, era una vida de hambre y de frío; que seguramente no valía la pena estar tan sano con la gazuza rugiendo en el propio estómago y en el de los hijos, y el frío traspasando los huesos mineralizados y vitaminados; y también pensó que el hombre es el amo de la naturaleza y no una pieza más de la misma, aun-500 José Ignacio de Arana Amurrio que tenga que cuidar su dominio como lo hace cualquier buen amo con sus bienes. El miedo atenazaba los ánimos que así pensaban, y las vigilantes patrullas del Ejército Verde se encargaban de que ese miedo estuviera siempre presente. Mas, con todo y eso, el movimiento fue tomando envergadura. Al principio no pasó de ser una corriente de opinión que apenas traspasaba el recato de las conversaciones con los más íntimos y podía traslucirse en que sus adeptos se negaban a permanecer ni siquiera un rato frente al televisor desde donde se impartían las consignas del poder vigente. Luego fueron pasando a la acción. Hasta las necesidades y apremios más elementales tienen una jerarquía, de modo que lo primero fue lograr una dieta más sabrosa y que saciase más las ganas de comer. Unos huevos fritos con chorizo o con torreznos, antaño plato de dioses, pero ahora vituperable amasijo de colesterol por el que entran en el cuerpo más de una docena de enfermedades conocidas, llegó a convertirse en el centro de algunos conciliábulos secretísimos, reuniones de catacumba con olor a fritanga. En público había que seguir comiendo y bebiendo alimentos sin grasas, bajos en calorías, con el azúcar reducido a la mínima expresión, por supuesto que sin alcohol y, por mucho que se empeñaran sus promotores, también sin sabor y sin gracia. Pero cabía el consuelo de ser invitado alguna vez a una de esas otras comidas en las que se sacaba el cuerpo de penas para una larga temporada. Renació un olvidado estraperlo de tabaco y de café, complementos casi imprescindibles de las otras transgresiones a las normas. Nadie sabía la procedencia de aquellos artículos tan severamente perseguidos y de consumo tan castigado. Se oían rumores, que más parecían leyendas para encarecer el precio, sobre plantaciones clandestinas en algunos países atrasados de Hispanoamérica y el sudeste asiático; de caravanas que se jugaban la vida para traerlos desde tan lejanos lugares; y de mafias que se enriquecían a costa de los vicios y la debilidad humanos. En algunas ocasiones las patrullas verdes llegaron a decomisar algún cargamento oculto entre la marihuana y la cocaína destinadas a los estancos y a los colegios. Si con unas cosas y otras se conseguía que a veces el cuerpo entrase en calor por dentro, había que buscar también con qué calentarlo por fuera. De modo que se volvió a la tala de árboles y a las leñeras camufladas en algún rincón oscuro de la casa. Las familias reencontraron el placer de reunirse alrededor de un fuego en animada conversación o con cada cual ensimismado en sus pensamientos o en sus sueños. Viejos sótanos se convirtieron en talleres y fábricas artesanales al amparo del secreto cómplice de unos pocos iniciados. La más alta ocasión según fórmulas rescatadas del olvido y la prohibición, jabones de olor; pilas eléctricas con cobre viejo y ácido buscado en algún recóndito almacén; extrañas mezclas combustibles que permitieran a un vehículo ir tirando un poco más aunque fuese a trompicones; piensos para los animales con desechos de basurero y alcantarilla; y cualquier cosa que pudiera hacer más llevadera, más humana la existencia aun a costa de perturbar en algo el equilibrio natural. Los científicos preecologistas habían predicho para el futuro algo que llamaron «efecto invernadero». La Tierra, cubierta por una espesa capa de humos industriales, con su atmósfera recalentada por tanta energía dilapidada y sin capa de ozono protectora, habría de perecer bajo las aguas de los hielos polares derretidos; un nuevo diluvio, pero esta vez no caído del cielo sino surgido de los mares; y quizá, aunque esto nadie lo decía, un nuevo Noé salvando in extremis la humanidad y la vida animal a bordo de un arca. Lo que cubrió la Tierra fue el frío. Un frío que primero heló el suelo para luego introducirse en los cuerpos y finalmente en los corazones, en las almas de los hombres. Alguien avisó tímidamente recordando que lo más característico, quizá, de los tiempos preindustriales, de aquellos milenios en que la humanidad anduvo por necesidad más apegada a la naturaleza, fue precisamente el frío que lo mismo atenazaba a los moradores de los palacios que torturaba a los que lo sufrían en las chozas o en las casonas destempladas. Pero no se le hizo caso; es más, su advertencia fue tomada por la exageración de alguien que no sabía adaptarse a los nuevos tiempos y, por lo tanto, condenada al desprecio y al anatema. Los bosques fueron cayendo uno tras otro; furtivamente al principio, salvajemente después. La búsqueda de calor se convirtió en la primera necesidad para gran parte de los hombres; en muchos casos anterior incluso a la de comer. Aquellos antecesores nuestros que habitaban en las cavernas -más ecologistas que nadie, ¡a ver qué remedio!-debieron sentir otro tanto mientras pintaban caballos y bisontes en las rocosas paredes de sus viviendas y se aplicaban con entusiasmo al siempre enardecedor ejercicio de la caza y al no menos cálido de la fornicación. Juan Ecólogo tardó en darse cuenta de la situación, del rumbo que tomaban los acontecimientos. En un principio, apoyado aún por la mayoría de sus seguidores de primera hora, trató de combatirla intensificando la propaganda de los ideales ecológicos, de los maravillosos resultados esperables a corto plazo con la vigencia y puesta en práctica de esos ideales; utilizó exhaustivamente su Ejército Verde, pero tuvo que contemplar con ira, con resignación, con profundo desencanto, según pasaba el tiempo, las deserciones de los suyos. Ella, la compañera desde José Ignacio de Arana Amurrio siempre, seguía a su lado; era su continuo acicate y llegó a ser su único consuelo. El mundo quería cambiar, pero le iba a ser difícil si no imposible. Ya era demasiado tarde. Si el desenfrenado uso de la naturaleza amenazaba seriamente con destruirla hasta el advenimiento de la era ecológica, la llegada de ésta vino a segar de raíz las posibilidades de un desarrollo humano. Se había pasado de un extremo al otro en un sobrecogedor bandazo al modo de estar el hombre en el mundo. Se había perdido la oportunidad de modificar muchas conductas, sin suprimirlas por completo, para alcanzar una armoniosas relación entre las necesidades humanas y su progreso por una parte y la conservación por otra de un bien tan perecedero como la naturaleza. Una vez más todo exceso se demostraba inconveniente y preñado del riesgo de no permitir la vuelta atrás; el arrepentimiento en estos asuntos no puede ser constante; llega un día en que hay que apechugar para siempre con las consecuencias. Juan se fue quedando solo; solo con ella que le seguiría a cualquier parte. Y decidió irse al calvero de un bosque donde tiempo atrás se hizo una choza con cortezas de robles y techumbre de junquera. Allí serían felices; allí la naturaleza y ellos serían una misma cosa; allí tendrían la visita de los fieles y desde allí conseguirían otra vez proclamar y expandir su evangelio ecologista. Aquel invierno se debió de helar hasta el sol porque cada mañana parecía más remiso a asomarse por la línea ondulada de los montes y luego sus rayos se quedaban yertos antes de alcanzar la piel del hombre y la mujer que salían a buscarlos a la puerta de su cabana. Los siempre cantarines pájaros de la arboleda y los zumbadores insectos habían enmudecido; los únicos ruidos que acompañaban la decaída conversación de los dos seres humanos eran el viento entre la enramada y el crepitar mortecino de un puñado de tamuja y otro de cascabillo que ardían en el improvisado hogar de la casucha regalando más humo que calorías. Uno al otro se daban calor en la yacija y el cariño tomó la forma casi única de un contacto tibio que consolaba cada noche los helores de cada día..Un hombre hecho desde la niñez a la acción soporta mal la inactividad. Juan no se resignaba a la quietud de su nueva vida, ni siquiera a cambio de gozar por primera vez en tantos años de tiempo para amar y sentirse amado en singular; porque hasta entonces gozó del amor de las multitudes y él entregó el suyo a la humanidad entera, pero sólo ahora empezaba a intuir que existían dos clases muy diferentes de amor y que la filantropía tiene muy poco que ver con ese extraño flujo que brota del encuentro entre un hombre y una mujer. Aun así un amargo rescoldo le desazonaba en lo más profundo de su ser. Una mañana, con los primeros albores del día, llegaron hasta el improvisado hogar de la pareja cinco o seis hombres. Juan los reconoció a distancia como algunos de sus más fieles oficiales en el Ejército Verde y les salió al encuentro con los brazos abiertos adelantando el abrazo en que terminaron por fimdirse todos ellos. Se les veía animosos, o mejor sería decir enardecidos; gesticulaban y hacían mil ademanes por los que se podía adivinar que eran portadores de noticias importantes y urgentes. La cosa no era, en realidad, para menos. Las ñierzas ecologistas se estaban reagrupando dispuestas a tomar la iniciativa. Pero necesitaban a su jefe natural, a Juan Ecólogo. Sin él nada se podría conseguir pues su sola presencia enardecería de tal modo a sus seguidores que superarían, siendo ahora menos, a cualquier enemigo. A Juan se le iluminó en el cerebro el recuerdo de Elba; Napoleón regresando de su destierro para hacerse de nuevo señor de Europa; sus enemigos huyendo ante el solo rumor de su retorno o corriendo a ponerse bajo sus banderas otra vez triunfantes. Claro que al final estaba Waterloo, pero los recuerdos tienen la ventaja sobre la realidad de que se pueden modificar al antojo de quien los revive, y se pueden cortar aquí o allá como quien lee un libro y lo cierra por la página que no le gusta o se la salta. Juan y su Estado Mayor contemplaron a los pocos días el grueso de sus fuerzas. Eran bastante menos numerosas de lo que habían supuesto: un disculpable error de optimismo o de prever cómo serán los hechos por cómo nos gustaría que fuesen. Y el ánimo y el esfuerzo y la seguridad en sí mismo ¿no valen nada?; claro que sí. Lo iban a demostrar bien pronto en su primera acción. Luego se les unirían muchos más: todos los que ahora estaban indecisos; y también los que siempre esperan a ver de qué lado se inclina una balanza para subirse al platillo ganador, que es otra forma distinta de indecisión con la que deben contar los ganadores de cualquier batalla. En un pueblo pirenaico sus habitantes habían organizado un próspero negocio alrededor de los ganados que pastaban en su alfoz durante los meses cálidos. Un matadero, un taller de curtidos y una tenería completaban la utilización de los animales, con gran aceptación de sus productos alimenticios y vestuarios aun a costa de transgredir una docena de normas ecológicas. También la primera vez que el Ejército Verde, recién fundado por Juan, actuó por el bien común lo hizo contra una industria parecida; sin duda se trataba de un buen augurio. El pueblo se encontraba a mitad de altura entre el valle y la cima de una de las montañas que forman la cordillera. Era invierno y la nieve cubría casi por completo el paisaje hasta donde alcanzaba la vista. Ape-José Ignacio de Arana Amurrio nas algún tejado de pizarra dejaba entrever un poco su color entre la uniforme blancura señalando la posición de las casas. Las ramas cimeras de los árboles, de un verde casi negro, mojonaban las laderas durante un trecho para luego perderse. El camino que condujera allí arriba desde la llanada se había perdido y la subida no se presentaba fácil para los atacantes. Juan miró tras de sí y vio cómo algunos de sus hombres se volvían atrás iniciando el regreso a sus hogares; lo hacían sin aparente prisa ni tampoco ocultándose; no como quien huye sino como quien da por fracasado de antemano el logro de un objetivo y prefiere no perder más el tiempo en seguir adelante. Juan quiso gritar, insultarlos, amenazarlos, pero la voz no salió de su garganta. En los primeros pasos, con la nieve hasta las rodillas, Juan sintió frío y creyó percibir en la nariz el consolador aroma de aquel fuego que él y ella mantenían encendido en su choza. Fue sólo un instante; se sobrepuso de inmediato y le quedó en el ánimo una punzada de vergüenza, como de haber faltado a su destino por aquella brevísima concesión a la añoranza. Continuó ascendiendo; al principio oía a su espalda las voces de los que le seguían; eran voces de estímulo y alguna de reniego; después dejó de oírlas y únicamente el crepitar de la nieve bajo sus botas rompía el silencio. Si hubiese vuelto la cabeza entonces se habría encontrado solo, pero no lo hizo. Un alud no se anuncia; se desencadena de improviso y sólo durante una fracción de segundo es posible recibir la intuición más que el sonido de la montaña que cruje y se despereza. Luego ya no hay escapatoria y el derrumbe se lleva consigo todo cuanto encuentra en su camino hacia la hondura. Y allí, en ese camino insoslayable, estaba Juan y la naturaleza lo arrastró sin que se diera cuenta de que estaba solo. Al ver la nieve en avalancha se agarró a lo primero que tuvo a mano; era un plantón reciente de árbol y la fuerza de la caída hizo que se desarraigara como una brizna de hierba y acompañase en su último viaje a Juan, sujeto en su puño crispado. Unos pocos de los hombres que habían ido a buscar a su jefe a la choza del calvero fueron testigos lejanos y seguros de la desgracia. Rescataron el cuerpo cavando en la nieve con sus manos y las culatas de las armas. Al ver que aún tenía entre los dedos el delgado tronco del arbolillo, uno se permitió comentar: «Parece mentira que Juan haya sido capaz de destruir un árbol, ¡quién lo hubiera dicho!». Los otros miraron con desprecio al que hablaba, envolvieron a su jefe y amigo entre dos mantas e iniciaron la vuelta hacia el mismo lugar donde apenas unos días antes se encontraron todos con los ánimos exaltados por la ilusión del triunfo. Napoleón sobrevivió a Waterloo, pero quizá ésa fue su mayor desgracia por-La más alta ocasión que le obligó a sufrir dos veces la derrota. Juan, en esto, fue más afortunado que su ídolo histórico. Ella lo enterró en el mismo calvero con ajnda de aquellos hombres. Puso sobre el hoyo una cruz de palo y se quedó llorando a su lado. En los días siguientes vinieron gentes de muchos lugares a darle consuelo queriendo llevársela a la ciudad donde, decían, la vida sigue. No quiso ir con nadie porque todo lo suyo estaba en aquel trozo de tierra removida sobre la que plantó unas flores que también se helaron y en la que más tarde depositaba día a día un ramillete de jaramagos o de amapolas o de clavellinas y de violetas. Pasó el tiempo y el calvero, apenas un minúsculo claro en la espesura de aquel bosque según lo hubieran visto la golondrina o el milano que a veces surcaban el trozo de cielo que lo cubría, oyó los golpes secos, rítmicos, de las hachas que talaban cada vez más cerca los árboles y luego vio los rostros fieros, curtidos, de los leñadores que hacían su labor como movidos por un espíritu demoníaco que los impulsara a la destrucción. Llegó a faltar el bosque y la choza y la tumba se encontraron solas en mitad del páramo, como único testimonio, a la vez, de vida y muerte en muchos kilómetros a la redonda. Ella terminó cediendo y buscó cobijo en casa de unos familiares de una ciudad en la que las gentes se agrupaban porque ya no sabían vivir de otro modo. Aquello del contacto con la naturaleza libre y pura estaba muy bien para un desahogo de fin de semana o de vacación, pero cuando esa naturaleza libre se demostró también salvaje y enseñó los dientes, la ciudad apareció como un refugio; se estaban descubriendo, como en una revuelta de la espiral de los tiempos, las ventajas de la civilización. Aun así no dejó de acudir casi a diario hasta la paramera. La mujer se quedaba un largo rato junto a la tumba, pero luego corría a refugiarse al amor de una lumbre que terminaba venciendo al otro amor, el del héroe muerto. La mirada de la reina (Accésit XI Premio «TRIBUNA MÉDICA» de Cuentos) -¡Qué pesada es María Agustina! Pero si yo ahora no quiero beber agua; y ella empeñada en darme el búcaro; ¡si al menos fuese de chocolate!; pero ¡qué va!, eso sólo lo toman los mayores, con las ganas que yo tengo de tomarme una jicara de las que se almuerzan ellos, con ese olorcillo tan gustoso. ¡Que no, María Agustina, déjame ahora tranquila! ¡Qué guapa está mi madre con esas ropas nue-José Ignacio de Arana Amurrio vas y el aderezo que le regaló el Condestable! Siempre oigo decir que el rey es muy serio, y doña Isabel Velasco le llamó triste la otra tarde. Yo creo que es el hombre más simpático y cariñoso del mundo, y el más guapo y el más... ¡Cuánto les quiero a los dos! Me gustaría estar más veces con ellos y darles besos, y subirme al regazo de mamá o a los hombros de papá sin que vengan corriendo mis meninas o doña Marcela para regañarme. A ellos también les gusta, sobre todo a papá; y me hace cosquillas con el bigote y simula el trotar de un caballo con sus rodillas y el ruido de los cascos chasqueando la lengua... ¡Que no, María Agustina, que no quiero agua! Menguado oficio es este mío. Pero, en fin, ¡cómo ha de ser! Mientras haya damas en el mundo -que no se han de acabar-tendrán necesidad los palacios de servidores como yo. Por más que tampoco me agobia la faena, siendo como es lo peor de ella el aguantar a esta doña Marcela de UUoa, que no parece sino que si se calla se muere. El mayordomo quiso sin duda compensar a un guardadamas taciturno con una dueña de lengua imparable. Me pone dolor de cabeza tanto oír minucias de la casa, tanto murmurar de unos y de otros; que si la infanta juega más de lo que se debe a su condición y con impropia desenvoltura; que si habrá que hablar a sus majestades de la conveniencia de cambiar las meninas porque éstas empiezan a pensar más en sus asuntos que en el solaz y acompañamiento de doña Margarita; que si éste dice y aquél deja de decir... Si el mayordomo atendiera a mis ruegos y, de acuerdo a mis méritos, me nombrase camarero... Pero me parece que antes atenderá a Miguel de Molina que le trajo una esquela de su tío el canónigo. Y el caso es que llevo yo en este oficio de celar el gallinero más de veinte años y sería tiempo de mudarlo. En la cámara del rey siempre se hisopan prebendas y malo sería que no me cayese alguna sin buscarla. No me he de olvidar, así se recoja la infanta, de buscar al mayordomo y hablarle otra vez de lo mío; tendrá, como siempre, buenas palabras, «se proveerá lo que mejor acomode al servicio del rey nuestro señor, sosegaos, tengo vuestra petición en la memoria, si sólo de mí dependiera...» En cualquier caso, no dejaré de rogarle, aunque sea importuno, que yo no tengo familiar en ningún cabildo y sólo mi insistencia tiene que lidiar contra los Molina. A ver si nos vamos a pasar aquí todo el día. Además me va a entrar la risa viendo al rey y la reina tan serios y tan quietos que parece que ni pestañean. Y lo que ha tardado el La más alta ocasión maestro Velazquez en colocarles, con palabras que sólo al pintor de cámara se consienten: «ese mentón más alto, majestad», «mirad hacia aquel espejo, señora, y juntaos más a vuestro esposo», «¡voto a tal, que os han peinado hoy sin gracia!» Y sus majestades venga a cumplir las indicaciones de don Diego como los soldados de una parada a la voz de su sargento. Ha querido doña Margarita venir a ver a sus padres y aquí estamos todos como pasmarotes. ¡Nicolás, para quieto y deja en paz al perro que no te está haciendo nada! Si le sigues pisando ladrará y nos van a reprender a los dos. Siempre eres tú el que anda haciendo barrabasadas, que tienes el seso tan de niño como tu cuerpo y no como tus años. Luego me llevo yo parte del capítulo: «¡Maribárbola, Maribárbola, estate quieta, que no es hora de chanzas!» Hace una mañana espléndida y mejor estaríamos en el jardín del alcázar que no en el estudio del maestro Velazquez; claro que tampoco ahora estaríamos allí sino en la lección de latines de la infanta, que ella, al fin, algo aprende, pero a mí me parece, tanto «temporis» y «vobiscum», tanto «nuncupo» y «elido» que es segunda misa diaria pero sin capellán ni comunión, ¡Dios me perdone! Hoy están los reyes con ganas de posar, ¡que también son ganas! A mí no han de hacerme nunca un retrato, ¡quia!, pero si don Diego, que anda pintando bufones en palacio y ha retratado a Pablo de Valladolid y al pobre tonto de Calabacillas, me pidiese un día que posara para él, le diría que yo no aguanto quieta más de un rato y que no iba a estar las horas muertas sin rascarme la cabeza o la nariz si me picaran y sin moverme de acá para allá. Pero bueno, a santo de qué me iba a querer pintar a mí nadie; buena compañía soy para la infanta y hasta los reyes gustan de mi presencia y dicen que soy despierta y enseño a doña Margarita más que algunos de sus preceptores; pero no quiso Dios darme presencia que merezca ser expuesta colgada de una pared; no se reiría poco mi buen padre si un día le dijera que el pintor de sus majestades me iba a poner en un lienzo; al honrado Juan Barbóla le faltaría tiempo para correr al figón y contárselo entre risotadas a sus cofrades. Vaya, ahora se ha movido la reina; a ver, lo que yo digo, quién puede hacer de estatua si no es de mármol. Bueno, ya recuperó la postura, la tiene bien aprendida. Me parece que el maestro Velazquez no tiene hoy la inspiración a su lado. Hace un buen rato que está como suspenso, dudoso en qué color mojar el pincel. Por lo que veo desde aquí, ni siquiera ha abocetado el cuadro. Mucho se lo piensa hoy; y para eso tiene a los reyes detenidos mientras la antesala de audiencias rebosa de gentes José Ignacio de Arana Amurrio que han de ver sin demora al rey. Y la reina; nunca la han pintado junto a su esposo y sin duda que le alegra esta ocasión, pero como no se dé prisa el maestro este cuadro se queda sin nacer. Luego quizá me echen a mí la culpa: «don José, me dirá Velazquez, estoy quejoso de vos; sois el aposentador y no habéis dispuesto el recinto como os indiqué, aquella cortina sobraba, ese lienzo no es el adecuado, aquel otro ¡qué color!» No es cierto; si la inspiración no le faltase, todo estaría a su gusto, pero un artista no va a negar su capacidad de una hora habiendo quien pueda cargar sus culpas. Voy a mis cosas y luego volveré. Para mí que lo mejor que podía hacer don Diego es dejar la sesión para otra jornada; hoy no creo que le salga bien ni un trazo. -La reina me mira, ¿querrá indicarme algo? No, no; está mirando a la infanta. Está bellísima su majestad. ¡Qué gran suerte ser menina de doña Margarita! No cambiaba yo mi posición por la de ninguna de las muchachas de mi familia. Bien es cierto que ser un Velasco en la corte no es poca cosa, pero de nuestro apellido gozan los hombres y lo llevan como plumas en sus chambergos. Las mujeres entrarán por matrimonio en otras casas y serán lo que sean sus esposos, y allí se va el Velasco con la dote. ¿Me mira ahora la reina? ¿Quién puede presumir de estar más cerca de la reina, excepción de sus damas y camareras, que nosotras, que por estar junto a su hija preferida entramos y salimos por los aposentos reales con más soltura que por los de nuestros padres? Menina de la infanta tengo por más título que el solo de mi apellido. Otra vez parece que se fija en mí; sin duda quiere algo y no lo dice por no descomponer la postura. -Pintor de cámara soy y pinto de encargo y por tanto alzado, pero a fe mía que no me apetece ni poco ni mucho retratar hoy a sus majestades. Otras veces lo he hecho y más aún lo haré en lo venidero, no tendrán queja. Pero siempre ante un lienzo en blanco he visto dibujado aquello que luego plasmaré para que lo vean todos. Hoy no. No consigo que se me aparezca la composición. El rey y la reina, juntos, irradiando señorío y majestad, y sin embargo... Sí, ahora estoy seguro; es la mirada de la reina lo que me desconcierta. Don Felipe está como otras veces, como siempre, hierático y un tanto ido de lo que le rodea; podría copiar su rostro de algún otro retrato y nadie sino yo conocería que es imitación y no toma del natural. ¿Es la reina quien tengo delante o es una mujer que mira con dulzura a su hija? Esa mirada, ¡ay si yo pudiera captar con mis pinceles esa mirada!, si supiera dar a su re-La más alta ocasión trato el inapreciable toque de color o de sombra y luz que señalara esa sutil diferencia entre la mirada de una reina y la de una madre. Habría de mover mi mano el espíritu divino y aun así fuera difícil. ¿Qué verán sus ojos y, sobre todo, cómo nos verán a los que aquí estamos pues somos a quienes mira? Si yo pudiera aprehender la imagen que se refleja en su pupila... Y ¿por qué no he de poder? ¡Ea!, he de pintar en un cuadro ya que no la virtud de una mirada, sí la visión que la provoca. Entremos todos en él y piérdase la noción de espacio; el aquí y el allá se han de confundir; ¿quién mira a quién?, ¿cuál es el color de una mirada? Mire la reina, mire el rey y mirémosles nosotros; todo es uno y quien mira es visto y a quien se ve nos ve; he de hacer una obra en la que no importe tanto lo que aparece ante los ojos como el que un mundo entero existe porque hay ojos que lo ven. Empiezo, pues, y Dios con todos. José Ignacio de Arana Amurrio lejos, apenas al otro lado de las montañas que la vigilan por el norte. En cualquier caso, el ambiente es siempre húmedo y de vez en vez el cuerpo pide escaparse a tierras de secarral o cuando menos pasar unas jomadas en otro lugar donde el sol sea más complaciente y seque los huesos que también se pueden oxidar como las rejerías de la ciudad y hasta las de su imponente catedral. Cuenta también en esta vocación mía andariega, estoy seguro, el que en mi ciudad se tenga especial devoción a dos figuras de santos peregrinos. Uno es san Roque, que tiene asiento numerario en el canon hagiográfico y cuya imagen con bordón, esclavina y vieiras, se saca en solemne procesión en su festividad de agosto por las calles empinadas y serpenteantes que ascienden desde la plaza de la catedral hasta los barrios altos, para seguir luego el camino contrario, siempre entre dos filas de fervorosos vecinos. La otra se conoce allá como el Conde Santo, don Osório, un hombre que vivió en la Edad Media con fama de santidad entre sus gentes, que guerreó contra invasores moros y normandos y que luego marchó de palmero a Jerusalén para fundar a su vuelta un gran monasterio al que se va de romería primaveral desde todos los rincones de Galicia. Por eso un par de veces al año, como si fuese una medicina, suelo bajar a los caminos de Castilla o Andalucía y aprovecho entonces para hacer rutas que llamo yo literarias porque me gusta proyectarlas según las lecturas que haya acumulado en los meses anteriores. Una manía como otra cualquiera pero que a mí me permite disfrutar del viaje desde mucho antes de realizarlo físicamente. Hace poco me decidí por Soria. Era primavera y durante el mojado invierno transcurrido había manoseado mis viejos libros de Machado; con los buenos libros sucede que la relectura siempre consigue mejorarlos y que no hay ocasión en que no salte ante nuestros ojos una nueva perla que en la anterior nos quedó a trasmano o se soslayó porque teníamos la atención puesta en otros derroteros. Así fue también ahora. Entre los cientos de versos que componen la edición que manejo de las Poesías completas machadianas -un volumen de Austral desencuadernado por el uso-unos atraparon mi ánimo hasta convertirse en obsesión el volver una vez tras otra sobre ellos; son aquellos que comienzan con las palabras «Soñé que tú me llevabas». Nació, pues, el deseo, que se fue transformando paulatinamente en necesidad, de buscar por las tierras sorianas esa blanca vereda, esas sierras y montes azules y aquel verde campo por el que anduvo el bueno de don Antonio soñando compañías ya perdidas para siempre. En Soria habré estado veinte veces, pero en esto los paisajes se asemejan a los libros -páginas del libro de la naturaleza los llamó alguien, poeta también La más alta ocasión aun cuando ni él lo sospechara-: en que siendo iguales a sí mismos los vemos diferentes según sean los ojos con que los miramos, y así nos pueden parecer siempre nuevos y nunca se acaba el placer de su contemplación por más que repitamos la visita. Esto ya lo descubrieron con sus pinceles los impresionistas y con sus palabras nuestros escritores del noventa y ocho. Mi alma gallega, a la que no puedo sustraerme, me llevó para comenzar mi camino a las estribaciones del Monte de las Ánimas y desde allí, a un paso, al sobrecogedor claustro de san Juan de Duero, un lugar donde, debí suponerlo, toda aparición sobrenatural es posible y hasta esperable. Con mi mochila al hombro -«ligero de equipaje»-deambulé por sus cuatro naves destechadas, por su centro abierto al cielo castellano de un azul que parece hablar a los hombres para recordarles su nimiedad al mismo tiempo que abrirles sus ansias de infinitud, y me senté en la base de la columnata occidental, con el monte frente a mí y el rumor del río a mis espaldas. Era uno de esos días largos y luminosos de la primavera corrida y las primeras horas de la tarde llenaban de claridad todo el recinto. Muy cerca, el Duero bajaba crecido por el deshielo de Urbión y parecía lamer como con rabia los tajamares del puente. Si no fuera demasiado tópico diría que luz y sonido se acordaban en un relajante concierto que hacía al viajero perder por momentos la noción de realidad. Así pasó lo que pasó. Por entre la arquería románica entrevi cinco figuras. Con esa omnisciencia de la que todos gozamos en los sueños, los identifiqué sin titubeos. Eran Ramón, Miguel, José, Pío y Antonio. En otras circunstancias y habiendo sido yo de otra nación me hubiese sobresaltado. Pero en Galicia cualquiera sabe desde chiquillo de la existencia de la Santa Compaña y la teme a la par que la espera en cada encrucijada. Y también tenemos allí, en el cabo de Ortigueira, el santuario de san Andrés de Teixido a donde acuden con su cuerpo metamorfoseado las almas de quienes no hicieron la romería de vivos. De modo que sin el menor aspaviento del ánimo me dije: estos cinco seguro que vienen de promesa o a pagar una deuda y a algún sitio habrán de ir; voy tras ellos, y Dios me asista. Los cinco aparecidos llegaban ciertamente desde lugares distintos y alejados entre sí, pero no intercambiaron ningún saludo y tampoco, a lo que pude observar, se percataron de mi presencia como intruso en tan peculiar cofradía. La cita debía de estar muy concertada y aquellos personajes de figura tan dispar apenas se entretuvieron unos instantes en mirarse los unos a los otros y en hacer cada cual un gesto de asentimiento con la cabeza, como quien dice sin palabras que todo está en orden. Pensé yo que quizá fueran espíritus mudos porque, al fin y al cabo, para qué ne-José Ignacio de Arana Amurrio cesitan los trasgos ejercitar la lengua si podrían entenderse en un idioma sin vocablos y hasta sin sonido. Pero meditando en ello caí en la cuenta de que nunca oí contar un relato de espectros en el que éstos no hicieran uso de palabras humanas e inteligibles, aunque quizá cargadas de misterio, para comunicarse entre sí y con los mortales. Así pues, lo que tenía que hacer era aguzar los oídos y estar atento al más sutil movimiento del aire porque sin duda en él iría prendido el lenguaje de quienes ya tenía por compañeros de aventura. Y, en efecto, hablaron; o con más precisión, hablaban casi siempre cuatro, y el quinto, Antonio, escuchaba lo que los otros tenían que decir. A Ramón era a quien con más facilidad se le identificaba, tanto por el tono más alto y casi declamatorio que se gastaba como por el peculiar ceceo tan chocante con la solemnidad de su parlamento. Su figura, además, era inconfundible, como extraída o recortada de una de esas antiguas fotografías con que se ilustran las sobrecubiertas de sus obras: una pelambrera alucinada y una larga y fosca barba que apenas dejan entrever unos ojillos inquietos y vivarachos asomados al cristal de unas antiparras; el resto, un cuerpo larguirucho y que se adivina con pocas carnes embutido en un traje negro lleno de brillos y con hilachas en cada costura y en cada borde; y la manga izquierda de la chaqueta plegada sobre sí misma pero de tal modo que más que signo de manquera parece condecoración de combatiente. En ese punto me cupo una duda y es la de si los fantasmas humanos conservan sus invalideces cuando regresan al mundo para ocuparse de algún asunto que dejaron aquí pendiente. Pero debe de ser así por cuanto en el libro AZmas en pena y visión que tienen de ellas los mortales y del sabio morabito Omar al Haif, que es para estas cuestiones de aparecidos como el evangelio, se nos narra un sinfín de casos en los que seres que vienen del más allá, de encargo o por deudas sin pagar, lo hacen no sólo con su indumentaria habitual y sus menguas físicas si las tuvieron antes del tránsito, sino hasta con los más pequeños detalles de su anatomía como cicatrices o verrugas; y todo ello precisamente para poder ser reconocidos sin lugar a dudas. Menciona por ejemplo el autor árabe el caso de un hijo bastardo del caíd de Alejandría que habiendo muerto decapitado en Bagdad acudió sin cabeza a su ciudad natal para satisfacer una deuda de juego y fue reconocido por su padre y por su acreedor porque conservaba un lunar estrellado y piloso sobre la clavícula derecha que era muy popular en los baños alejandrinos. Decía Ramón: «A mí no me duelen prendas y admito mi falta como he admitido antes tantas otras. Lo cierto es que fui cayendo de error en error y apenas me levantaba de uno cuando ya estaba metido de hoz y coz en el siguiente.» Miguel parecía refunfuñar y movía la cabeza de un lado a otro. Llevaba el pelo cano muy corto y por su vestimenta se le podría confundir con un clérigo, algo que a él en el fondo no le hubiera disgustado aunque fuera capaz de rebatirle sus argumentos al mismísimo diablo si éste le mencionase tal parecido. «Yo -iba diciendo-siempre la puse en un lugar de privilegio pero, eso también es verdad, casi nunca la concedí demasiado protagonismo. Ella detrás, en el fortín del hogar, cuidando la casa y la prole y siendo el símbolo de lo permanente y lo fructífero. Pero no escatimé los elogios y muchos de mis personajes más recios son ellas.» La comitiva espectral, con su clandestino escudero, había llegado a la altura de san Polo, el viejo recinto templario que monta guardia desde hace siglos a uno de los paisajes más sugestivos de la vetusta ciudad castellana. Hace mucho tiempo que sólo queda en pie una mínima parte de lo que hubo de ser una gran construcción de los frailes militares, pero entre ese poco está un arco con la piedra semioculta por la hiedra enredadera que parece puesto allí como una escenografía medieval o romántica; cruzarlo se convierte en un rito de paso y así debieron entenderlo los cinco hombres porque se detuvieron en su umbral por unos instantes y echaron la mirada atrás, hacia el camino que ya habían hecho, de forma tan penetrante y rápida que apenas tuve tiempo de ocultarme con el tronco de un grueso olmo, aunque seguramente no me hubiesen descubierto porque para mí que sus ojos no buscaban la insignificancia de un ser como yo sino que escrutaban la invisibilidad del pasado. Al otro lado del arco de san Polo, ya se sabe, comienza el paseo de san Saturio, antaño lugar de recogimiento peripatético y hoy punto de cita de un buen número de seríanos y de la mayoría de los visitantes ocasionales de la ciudad. Lugar cargado de resonancias machadianas como pocos que está ahora jalonado con estelas de piedra en las que figuran escritos algunos de los versos más conocidos del poeta, aquellos que se saben de corrido hasta los niños de escuela. Mis personajes eligieron el lado del paseo que se desploma hacia el río y cada poco rato se detenían en el antepecho dejando ir la vista hasta las aguas que un suave vientecillo rizaba como un remedo del mar. Demostraban bien a las claras no tener ninguna prisa por llegar a su destino cualquiera que fuese éste, algo que aún era para mí una incógnita. Antonio, el más encorvado de los cinco, como si le pesara un mundo sobre los hombros, se apoyó en el múrete cuyas piedras de granito están suaves y brillantes de tanto y tanto roce de manos y cuerpos de paseantes. No hablaba para los demás sino para sí; desgranaba sus propios versos: «Sentí tu mano en la mía, tu mano de compañera, José Ignacio de Arana Amurrio tu voz de niña en mi oído como una campana nueva, como una campana virgen de un alba de primavera. ¡Eran tu voz y tu mano, en sueños tan verdaderas!...» A su lado, José y Pío parecían estar a otra cosa. Los dos distraían sus miradas en el entorno como tomando apunte mental para llevar luego a un papel la descripción minuciosa de cada detalle. Sin embargo, sí escuchaban a su compañero porque cuando éste calló se volvieron hacia él al unísono esperando quizá que continuase con su evocación de aquel soñado paseo tomando de la mano a una mujer. José fue el primero en romper el silencio que se había establecido: «Cae la tarde; sigamos.» Para mi sorpresa y sobresalto los cinco no siguieron hacia la ermita de san Saturio que estaba ya a la vista y ni siquiera hacia el nuevo puente que salva el Duero a aquella altura de la carretera, sino que bajaron directamente hacia el río con la inequívoca intención de cruzarlo en dirección a la ciudad que baja a buscar la orilla opuesta. Me lancé, pues, a la carrera para alcanzar yo el puente y no perderlos habiendo llegado hasta allí en tan mágica vecindad. Los vi aproximarse a la ribera y, como si tal cosa, empezar a discurrir sobre las aguas. La brisa, viniéndoles de frente, deshacía una parte de sus figuras en retazos vaporosos, como lo hace cuando sopla sobre la niebla que cubre un río en las horas del amanecer. Conformaban una extraña y sobrecogedora procesión fl.uvial que tenía algo de esos cuadros en que los pintores del romanticismo han querido plasmar los relatos de sus coetáneos con fantasmagóricas letanías cruzando los campos y las aguas neblinosas camino de ritos justicieros o de expiación. Y viéndolos desde mi balconada del puente me dio por mirarles los pies y me extrañó que en ninguno fuesen perceptibles. Y no porque los llevaran sumidos en el agua que en ese momento atravesaban, sino que carecían de ellos y sus figura se movían como a una cuarta de altura sobre el nivel del río. Hasta entonces no me había percatado de ese detalle que más tarde pude confirmar cuando llegaron a tierra. Aquellos espíritus -y quizá todos, pero mi experiencia era en esto bien menguada-no tenían, efectivamente, pies; cosa que de inmediato achaqué a que siendo meros espíritus, aunque de apariencia humana en todo lo demás que se alcanzaba a ver, no necesitaban de pies para moverse, y que esta parte del cuerpo en el hombre no tiene otra misión que sustentarlo vertical y La más alta ocasión darle apoyo en el caminar. Cualquier otra porción de la anatomía visible, brazos, manos, y no digamos la cara, cumple una función comunicadora con los demás y a su través se trasluce gran parte si no toda la personalidad del individuo, mientras que piernas y pies sólo son apoyatura física y medio de transporte. Soria tiene por aquel lado de su caserío una subida escarpada a mitad de la cual están mortecinos y arrumbados los restos de un castillo. Imaginé que hasta allí iríamos a parar en la peregrinación aunque seguía sin hacerme idea de con qué fin mis cinco caballeros venían desde tan lejos para terminar entre sillares asolados de una fortaleza que, según mi memoria, no guardaba en su pasado ningún dato de interés y menos todavía nada con poder de convocatoria para cinco sujetos tan dispares como los ahora reunidos ante mi cada vez más intrigada curiosidad. Pero nuevamente me equivoqué: no era el castillo su destino. Dejando el ruinoso solar a su derecha, enfilaron hacia un alto muro de mampostería, encalado a trozos, que se encuentra más al norte siguiendo el curso del río hacia su nacimiento. Por encima del muro y de su desconchado tejaroz, el viajero que se acerca puede ver la negrura enhiesta de unos cipreses: es el cementerio de El Espino, donde reposan desde hace más de un siglo los seríanos. A pesar de mi ya declarada condición de gallego formado en un ambiente cultural donde la muerte y todo lo que la rodea es tratado confianzudamente, no pude reprimir el repeluzno que me sacudió el cuerpo de arriba abajo y estuve tentado de dejar allí mismo la insensata carrera que comencé, ya no sabía cuándo, en el claustro de san Juan. Lo que empezó como aventura de ensoñación literaria tomaba visos de convertirse en un episodio macabro en el que yo mismo, y eso me provocaba sudores helados, podía terminar por ser obligado protagonista. Me paré en seco mientras ellos traspasaban la verja entreabierta del camposanto. Tenía que pensar mi próximo movimiento. En el volumen Guía de España con detallada relación de sus tierras y mares para uso de espíritus y trasgos viajeros de fray Andrés de Ecija O.S.H., publicado en Amberes en 1588, el año de la Invencible, que compré en una librería de lance a espaldas de la Catedral Primada de Toledo y que, según se conoce por su ex lihris en una de las guardas, perteneció al canónigo magistral don Francisco Penalva y Díaz, se mencionan como principales deudas que hacen regresar del más allá a los muertos las de honor, las de amor y las de juego, amén de la promesa no cumplida de peregrinar a algún santuario apostólico o de santo de los considerados mayores, es decir, de los de festividad y misa cantada o por lo menos doblada. Ahora bien, ¿cuál de estos motivos o cuál otro tenía su lugar de asiento en El Espino soriano? Tenía razón aquel que dijo que luia de las mayores fuerzas de la naturaleza es la curiosidad. En mí, desde luego, se sobrepuso a cualquier otra consideración incluido el miedo que no deja de ser otro gran condicionante de los actos humanos. Y avancé, avancé despacio, pasito a paso, que el valor no se improvisa ni aun con el acicate de esa curiosidad. Crucé la cancela con un cosquilleo en el cogote que no me dejaba desde que avisté la punta de los cipreses. Era además esa hora que dicen en mi tierra de entre lusco y fusco, cuando las sombras de los objetos y de las personas comienzan a perder sus contornos y a sumirse en la sombra general de la noche; aún no la hora de ánimas, pero sí su preludio. Deambulé un rato por calles de gravilla, otras de césped y alguna de asfalto, todas de fúnebres arcenes, con esa tristeza que hizo exclamar al poeta. «¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!». Unos pocos vencejos agotaban su último vuelo del día allá en lo alto mientras más abajo tomaban el relevo del aire los murciélagos de la anochecida. Un espeso y agobiante silencio, sólo roto intermitentemente por el agudo chillido de los pájaros en retirada, lo enseñoreaba todo y hasta me parecía que me calaba la piel y la carne aposentándose en mis entrañas y en mis huesos; pensamiento funeral que he experimentado en otras ocasiones cuando he visitado cementerios rurales, de esos en los que no es nada difícil comprender las palabras del memento mori porque se integran sin solución de continuidad con la tierra, con el humus originario y terminal. Al fin los volví a encontrar. Estaban alrededor de una tumba sobre cuya piedra habían depositado un ramillete de flores silvestres: malvas, retamas, jaramagos, amapolas, en un abigarrado conjunto de los colores de la primavera, esos mismos colores que vistos en los campos son como una exageración de Dios. La vieja lápida había adquirido con el tiempo una pátina grisácea aunque en sus junturas verdeaba una fina cenefa de musgo. Costaba esfuerzo leer las letras del epitafio, pero un nombre destelló ante mis ojos que miraban la escena desde una docena de pasos de distancia: Leonor. «Vive, esperanza, ¡quién sabe lo que se traga la tierra!» Entonces, de pronto, me parecieron los cinco un grupo de viejos cansados, llegados al límite de una existencia que en su caso iba más allá de una vida larga y azacaneada de sinsabores y frustraciones. Y perdido ya el último atisbo de temor a la vez que embargado por un tremendo respeto hacia ellos, me acerqué hasta su misma intimidad, para ser el sex-La más alta ocasión to en aquel ritual que culminaba, según creí, el misterioso peregrinaje de esa tarde de fantasmagoría y ensueño. Ninguno levantó la cabeza que todos tenían inclinada en ademán de profundo recogimiento. Me pareció, sí, que me miraban por el rabillo de sus ojos tristes y hasta quise adivinar que Antonio, quizá también José, esbozaban algo parecido a una sonrisa de agradecimiento por mi inesperada compañía. Es posible que en ese momento sintieran levemente atenuada su ultraterrenal soledad. Como quiera que fuese, debieron sentir la necesidad de compartir conmigo lo que bullía en el hondón de sus conciencias y unas palabras, musitadas más que dichas en voz alta y que no sabría decir de cuál de los cinco partieron, me llegaron a los oídos sin que fuese capaz yo mismo de alzar la vista para identificar al autor o los autores de la confidencia. Las letras de Leonor me imantaban y hubiese pensado entonces que ni siquiera la sangre se movía por mis venas, cuanto menos un solo músculo. Todo mi ser, en una suerte especial de minimalización como la que dicen alcanzar los maestros del yoga, estaba localizado en los dos sentidos de la vista y el oído. Leonor y aquella voz. «Este es un acto de desagravio, un reconocimiento de culpas y una petición de indulgencia. Leonor es la mujer, no una mujer singular. Es una deuda que arrastra nuestra generación: la de no haber sabido o querido poner a la mujer como eje de nuestra literatura; o al menos como uno de sus pilares esenciales. La literatura medieval brotó alrededor del amor cortés en Provenza o del amor más cercano en la poesía andalusi y castellana; el Renacimiento tiene en Beatriz y en Laura sus cimas de inspiración; después, la mujer está presente en todos los textos de los siglos de oro español, inglés o francés; el Romanticismo no se entendería sin la constante referencia a una mujer amada. Y nosotros la olvidamos. »Cierto que en nuestras obras aparecen muchas mujeres; no podía ser de otro modo cuando hemos pretendido hacer un retablo del alma humana, hemos buceado y hasta escarbado de forma inmisericorde en todos los modos de vivir, de pensar, de amar y de soñar del hombre. Pero nos guiábamos con otras brújulas, cada cual la suya, y ninguna apuntaba al norte de la mujer como absoluto. Miguel la hace recia, con la maternidad como objetivo y como gloriosa misión en la vida, y cuando esa función se frustra, como en Tula, se desborda la fuerza maternal en otras pasiones. Pío lleva a sus páginas mujeres que comparten la acción varonil pero pasan a un segundo plano cuando aquélla se torna dramática o aventurera. Ramón imaginó a niña Chole como un vendaval en el que prender la pasión de los hombres, pero poco más. En José la mujer es un retrato está-José Ignacio de Arana Amurrio tico que sabe dibujar con preciosas pinceladas, pero que nunca llena el conjunto y ni siquiera lo suele presidir. »Ahora ya sabes por qué estamos aquí. Le debíamos a Leonor un instante al menos de entre toda la eternidad. Desde luego nuestra época, la que influyó en nuestros intereses a la hora de escribir, no era muy propicia, en esta España que a todos nos dolía como sólo alcanzó a decir Miguel, para embelesarse con seres ideales. Otros problemas acuciaban a la sociedad y nosotros nos propusimos, si no darles remedio, que eso escapaba de las posibilidades de quienes no tenían otra fuerza que su pluma, sí encontrarles la razón en los entresijos del alma española y sugerir acaso una luz de esperanza. También en esto cada uno fue por una senda distinta; quien intentó el camino derecho aun rompiendo montañas que al fin se demostrarían insalvables; quien prefirió los congostos o las trochas del monte. Y en ese caminar no supimos ver la Beatriz que guió al Dante. Sólo Antonio columbró con Leonor a quien ha sido en toda la historia de los hombres su principal y posiblemente su único conductor: la mujer.» Quizá siempre estuve solo; no lo sé. Ya era de noche y busqué cobijo en la ciudad; a la mañana siguiente volví para mi tierra umbrosa y húmeda todavía en esa época del año. El regreso de un viaje es lo que da auténtico sentido a éste; si no se volviera al punto de partida, a rumiar lo visto y vivido, viajar sería nada más que moverse de sitio y no una actividad enriquecedora del espíritu. Mi paisano Licerio de Lemos, que era por mitades matemático y filósofo pero que ejercía de maestro de escuela, publicó de su bolsillo un libro titulado El mundo en mi chimenea en el que conjuga hábilmente los principios geométricos con el resto de los saberes humanos, y en sus páginas, que nos regaló a los amigos unas navidades, dice que viajar es moverse en una circunferencia o en muchas de distinto radio, pero que a todas quien al final las define es el centro, ese puntito que él situaba justamente entre los morillos de su chimenea. Yo estoy del todo de acuerdo con Licerio y también pienso que de las potencias del alma la principal es la memoria que por algo figura la primera. Mas llegado a este convencimiento y cuando he regresado del viaje imaginario o cierto que acabo de contar, tengo necesariamente que hacer mías aquellas palabras de mi reciente amigo a orillas del Duero: «De toda la memoria, sólo vale el don preclaro de evocar los sueños.» A cada paso de los porteadores un dolor. A cada traspié, un ramalazo casi insufrible que le recorría desde la pierna hasta las sienes y le hacía La más alta ocasión morderse los labios y crispar los puños. Los dos meses que había durado el viaje desde Laredo a Jarandilla no fueron tan penosos como esa corta jomada para llegar a Yuste. En aquellos dos meses se habían sucedido además las prolongadas estancias en uno u otro de los muchos palacios que los Grandes de España ponían a su disposición en cada etapa del camino. Los festejos eran casi continuos y la compañía nunca faltaba así como la buena mesa, surtida de comidas fuertes, salazones y carnes rojas sobre todo, y vino añejo como eran de su gusto y del disgusto de sus médicos. Luego, dos meses más en el magnífico palacio del conde de Oropesa en Jarandilla mientras terminaban de acondicionar las dependencias del monasterio Jerónimo bajo la dirección de su fiel mayordomo Quijada. Era tiempo de invierno y se acercaba el día en que habría de cumplir cincuenta y siete años. ¡Santo Dios, qué viejo se sentía! Y, sin embargo ¡cuántas cosas quisiera hacer aún! Su vida entera había sido un constante ir y venir, una perpetua actividad que agotaba a cuantos le rodeaban y debían obedecer sus órdenes o sus caprichos. Mas ahora el cansado era él y de este viaje, por propia decisión, no habría regreso. En la sierra de Gredos, cuyas cumbres parecía que se podían tocar con los dedos en las mañanas claras del invierno extremeño, la nieve desde las cimas se derramaba hasta los mismos bordes del río que se crecía con esa vecindad. No obstante, la blancura no era absoluta: aquí y allá sobresalían por las laderas manchones oscuros de robles, encinas y algún pinarejo que aguantaban la heladera con un estoicismo vegetal que seguramente estaba emparentado en los arcanos de la naturaleza con la reciedumbre de las gentes de esa misma tierra, capaces, bien lo sabía él, de los mayores sacrificios y austeridades; un entero mundo nuevo le habían entregado sufriendo lo indecible pero permaneciendo al final firmes como esos árboles. Unos meses después, apenas se intuye la primavera en el aire que vuela sobre la serranía o se mete impetuoso por sus cortadas y por sus puertos, las orillas del río se van a cubrir de otro blanco, el de los cerezos en flor que lo jalonan; y cuando caigan los pétalos en una nevada fingida vendrá, sin solución de continuidad, la explosión del campo con colores incontables que sorprenden al hombre cada año desde los orígenes de la humanidad. Piornos y jaramagos amarillos, lentiscos con la flor morada enhiesta y casi desafiante, rosales silvestres y espinosos de flores pequeñas pero tupidas, tomillo oloroso, brezo que parece querer formar un tapiz entretejiendo su retorcido tronco y sus amarillas flores con el verdor del suelo; y las jaras; las jaras que aquí en Extremadura son omnipresentes y llenan el aire de su olor penetrante y un poco pegajoso como el haz de sus hojas. La primavera es una exageración de la naturaleza. José Ignacio de Arana Amurrio una exageración de Dios que abruma el ánimo y lo sume en obligada meditación sobre Su obra. Así lo han entendido siempre los poetas y los místicos y muchos filósofos; y estas tres clases de hombres no faltaron nunca en la proximidad de Carlos aunque no fuesen, ni mucho menos, los peones que él había tenido que utilizar en la mayoría de sus partidas de ajedrez con el mundo por tablero. Alguna vez, con el dolor se le escapaba un gemido que procuraba amortiguar, pero otras era un grito el que salía de su garganta. Y entonces Quijada se acercaba solícito al lado de la silla de manos, que alguien hubiera podido comparar con un instrumento de tortura si se pensaba que la habían construido para transportar por más de media España a un hombre aviejado y achacoso. -¿Qué os sucede, majestad?-preguntaba el mayordomo descorriendo un poco la tela que cubría la ventana. -¿Qué me ha de suceder. Que estos porteadores parecen malas acémilas y se trastabillan a cada paso. Las palabras no se dirigían directamente a los cuatro fornidos hombres que sujetaban los varales de la silla, pero ellos bajaron la cabeza como si esperasen que cayera sobre sus pescuezos recios de músculo y renegridos de soles un latigazo. La voz del rey, desde luego, restallaba como la cola de un látigo y además no la habían oído antes porque fueron elegidos para esta última etapa entre los criados del de Oropesa sustituyendo a los que anteriormente se turnaban en ese menester. Sin duda, algún palo se iban a llevar. Pero por el contrario fue la también enérgica pero mucho más calmada voz de don Luis de Quijada la que oyeron a continuación. -¡Ea, muchachos, mirad dónde ponéis los pies! Por peores trochas habréis andado y tampoco la carga es tan pesada aunque sea la persona del mayor Señor que ha conocido la historia. Esmeraos en la caminata y si el suelo es áspero haceos cuenta de que sois cuatro nobles señores del Imperio que llevan a su emperador por los patios y las gradas de un palacio. Tiento, pues, y adelante. Y Quijada, que se había apeado del caballo, acompasaba su caminar al de la silla dispuesto a distraer con su conversación los amargores de su rey. Siempre hubo entre los dos hombres, situados por la vida a tan gran distancia jerárquica, una especial comunicación y confianza. Para don Luis Méndez de Quijada, mayordomo del César Carlos desde hacía ya muchos años, éste era la figura más alta, después de Dios, a quien se podía servir; y en ese servicio había consumido gran parte de su existen-La más alta ocasión cia hasta el punto de seguirle por toda Europa y dejar mucho tiempo sola a su esposa Magdalena de Ulloa en sus tierras vallisoletanas de Villagarcía, y hasta de confiarle a ésta un encargo singularísimo del que hemos de volver a hablar. Para Carlos, Señor natural de la mitad del orbe. Quijada había sido uno de los pocos amigos en quien descargar las ocultas cuitas que también se agazapan en el pecho de los más grandes hombres. El mayordomo, al contrario de tantos otros, jamás ñie servil sino servicial, nunca calló un comentario sobre alguna cuestión que Carlos le propusiera y, menos aún, algo que el César hubiera detestado, almibaró jamás con palabras palaciegas y cobardes la dureza de una crítica si a su sentir debía mostrar su oposición al juicio del rey todopoderoso. Confidente, consejero, fidelísimo brazo ejecutor de muy delicadas gestiones que atañían a lo más íntimo de la vida del emperador, éste tenía a don Luis como el primero en la muy corta nómina de personas a las que abrir su corazón sin el menor recelo. Quijada se fijó en unos pliegos que había en el estrecho asiento junto al rey y que no parecían en absoluto documentos oficiales de los que siempre iba Carlos ojeando y estudiando en todos sus desplazamientos. Éstos le parecieron papeles en que con letra grande estaban escritas algo así como cortas estrofas de algún poema; pero en su discreción apartó enseguida los ojos de aquel sitio aunque no con la suficiente rapidez para que Carlos no hubiese notado la dirección de la mirada y el gesto de sorpresa. Cogió los papeles y los asomó por la ventanilla hacia el mayordomo. -Mira, Quijada, son versos. La otra mañana en Jarandilla, antes de la misa de alba, me quise confesar y allí sólo estaba el capellán del conde, un hombre con el que apenas había cruzado unas pocas palabras durante estos dos meses porque el pobre se debía de sentir acobardado ante los clérigos de mi séquito. El caso es que ese cura es un hombre singular y me parece que con muchos más conocimientos de lo humano y lo divino de los que suelen tener la mayoría de los que uno se encuentra por ahí. Unos te hablan en confesión con tal sarta de palabrería que de no ser por el respeto al sacramento les diese con gusto una patada en sus grandes traseros; otros se acoquinan porque es el rey el penitente y no parece sino que te elogiaran los pecados que has cometido; unos, necios; otros, rastracueros. Pero este don Manuel no es ni una cosa ni otra. El día que me confesé con él estaba yo más mustio de lo que últimamente acostumbro y debí contarle mis cuitas de espíritu de algún modo especial. Al finalizar no me soltó ningún sermón, ni siquiera me puso José Ignacio de Arana Amurrio de penitencia una ristra de pater noster. No; se hurgó bajó el hábito y me entregó estos pliegos: "Leedlos, Señor, me dijo, y meditadlos. No los escribió un clérigo sino alguien que buscaba alivio a una pesadumbre parecida a la vuestra. Os darán qué pensar, pero también encontrareis en ellos más alivio que en lo que yo pudiera deciros ahora". »Y aquí los tienes, Luis, no me he desprendido de ellos en tres días, los he leído de cabo a rabo unas cuantas veces y cada una me gustan más. He leído y me han hecho leer muchos libros en mi vida pero no conocía éste. Lo compuso un soldado que sirvió a mis abuelos y que murió luchando por el reino que yo habría de heredar; y yo sin enterarme. Se llama Jorge Manrique y habla de la muerte de su padre que fue Comendador de Santiago. - -Hablas de Chievres y de los otros. ¡Menuda pandilla de imbéciles, de ladrones y de malas personas me rodeaba como consejeros! Yo era un jovenzuelo que nunca había pisado esta tierra de España y me hicieron creer que su corona era un regalo para gozar y repartir en lugar de una responsabilidad para con el solar de lo mejor de La más alta ocasión mi sangre. Pero, ¡ea!, Quijada, dejemos ahora esos recuerdos amargos. Y lee, o mejor dicho, relee, pues dices que ya los conoces, estos versos: »Ved de cuan poco valor I son las cosas tras que andamos I y corremos, I que en este mundo traidor I aun primero que miramos I las perdemos: I de ellas deshace la edad, I de ellas casos desastrados I que acaecen, I de ellas, por su calidad, I en los más altos estados I desfallecen, »0 estos otros: »No se os haga tan amarga I la batalla temerosa I que esperáis, I pues otra vida más larga I de la fama gloriosa I acá dejáis, I (aunque esta vida de honor I no es eternal I ni verdadera); I mas, con todo, es mejor I que la otra temporal, I perecedera. »Hermosas y sabias palabras, ¿no te parece, Luis? -Sí que lo son. Y se pueden aphcar a cualquiera que tenga anhelo de perdurar en la memoria de los hombres; pero yo creo que a Vos se os ha de recordar por los siglos de los siglos con estas otras-y sin mirar los papeles, Quijada entonó, con la vista fija en algún lugar de la montaña, aquellos que dicen-: »Amigo de sus amigos, I ¡qué señor para criados I y parientes! I ¡Qué enemigo de enemigos! I ¡Qué maestro de esforzados I y valientes! I ¡Qué seso para discretos! I ¡Qué gracia para donosos! I ¡Qué benigno a los sujetos! I ¡A los bravos y dañosos, I qué león! -¿Tú crees que será así?, ¿No me odiarán los hombres puesto que a tantos he hecho la guerra, a tantos he sometido y tantos se han tenido que plegar a mi voluntad de grado o por ñierza? Ese es uno de los grandes temores si no el mayor de los que me atenazan el alma y me hacen pasar muchas noches de claro en claro. Mira Luis que cuando se tiene el poder que yo he tenido, todo son zalemas y uno oye en su presencia crujir las espaldas más empingorotadas aunque adivine resquemores y hasta odios cervales en algunas miradas que se escabullen huidizas ante la mía. Mas luego es muy propio de los hombres menguados el querer granjearse honores alanceando moros muertos. -Señor, no se os pase por la cabeza ese pensamiento. Vuestra labor durante más de cuarenta años de reinado ha sido, más que humana, sagrada. La Universitas Christiana que habéis propugnado y defendido con actitudes, con palabras, con leyes y también, cómo no, con las armas, es la mayor obra que jamás se ha hecho; ni siquiera el Sacro Imperio llegó a tanto porque vuestro esfuerzo ha José Ignacio de Arana Amurrio 524 cruzado los mares y dado la vuelta al mundo. ¿Recordáis cuando Vos mismo escribisteis, de vuestro puño y letra, el lema para el blasón del vasco Elcano?: Primum circundediste me. Y en las velas de aquellos navios, y en las de la Victoria que arribó a Sanlúcar con unos pocos hombres consumidos de hambre y sed, no soplaba sólo el viento de los océanos sino el de una idea universal que se encarna en vuestra persona. -No me halagues mucho. Quijada, que no es tu estilo. Una crispación de dolor demudó el rostro de Carlos ante un nuevo traspié de los porteadores. Los papeles que aún sostenía en la mano izquierda casi acabaron en el camino, pero los dedos del mayordomo se apresuraron a cogerlos al vuelo y los depositaron otra vez en el asiento. Una vez que el dolor pareció atenuarse, el César siguió hablando. --Este Manrique me ha traído al recuerdo a otro poeta también soldado, Garcilaso de la Vega. A ése sí que le conocí pues fue miembro de mi guardia personal, luchó bravamente en Europa y se destacó en Rodas. Y al igual que Manrique cayó durante un asedio, de un arcabuzazo que le dispararon los malsines desde el adarve de la muralla en Frejús; murió a los pocos días en mi campamento de Niza. -Tuvo, sin embargo el consuelo de morir con un gran amigo suyo y también buen servidor vuestro a la cabecera: el marqués de Lombay. -^Ah, Lombaj?;! En pocos generales puse más confianza que en ese Francisco de Borja; hubiese llegado por su valor y el de su familia a lo más alto en la carrera de las armas o en la diplomacia, y lo dejó todo de la noche a la mañana. Cuando me contaron su transformación te juro que no supe si enojarme o emocionarme. El muy bribón debía de estar enamorado de mi Isabel, porque estoy seguro de que era amor lo que sentía por aquella santa mujer que Dios quiso llevarse de mi lado. Quijada creyó entrever el brillo de unas lágrimas en los ojos de Carlos cuando decía esto. El César giró la cabeza hacia el otro lado como para esconder ese desliz de blandura. Luego de unos segundos de silencio que el mayordomo respetó con reverencia, siguió. -Abandonó mi servicio por otro más alto y en eso sí tenía razón. Ahora anda guerreando en otro ejército, esa Compañía de Jesús que fundó Ignacio de Loyola, también capitán mío y también herido defendiendo mi señorío sobre Pamplona. Dios me perdone, he La más alta ocasión llegado a pensar que en el cielo envidian mi ejército y se me llevan a los mejores capitanes; unos con la muerte prematura, otros con la recluta para esos Tercios que no llevan espada ni arcabuz sino sólo palabras. Pero no puedo quejarme. Yo mismo he pretendido ser adalid de la Cristiandad y en Trento esos jesuítas se portaron con tales palabras como los más aguerridos de mis soldados de Mülhberg lo hicieron con sus armas. Es un raro pueblo este de España: brotan de cualquier rincón santos, soldados y poetas y en muchas ocasiones son las tres cosas la misma persona; una trinidad que no he visto en ninguna otra parte de Europa. -Quizá, Señor, es que para esos frutos hace falta una tierra recia, que parece seca en la superficie pero oculta soterrada la mejor materia prima. El paisaje impresionante y a la vez austero inspira la poesía; la historia, el guerrear porque nunca se ha hecho otra cosa; y en cuanto a la santidad, eso ya es asunto que Dios sabrá por qué la ha sembrado aquí con prodigalidad. -Tierra recia, dices bien. Tierra donde puede asentar sus pies con seguridad un Imperio; todas podrán tambalearse pero no ésta, y desde aquí siempre será posible empezar de nuevo aunque el mundo entero se venga abajo. Una ráfaga de viento helado alcanzó a los hombres cuando la comitiva perdió por unos instantes, al cruzar una vaguadilla, el abrigo de la montaña. Carlos se estremeció y Quijada le ayudó a arrebujarse con las pieles de marta que cubrían su espalda y sus rodillas hasta la cintura; tenía los labios un poco morados, la nariz enrojecida y de ella empezaba a gotear una mucosidad transparente que el rey se apresuró a enjugar con el dorso de su guante. Don Luis, sin necesidad de que se lo dijeran, corrió las cortinillas: «Seguiremos charlando» le anunció, sólo con la mirada, el rey. Montó en el caballo que le había seguido dócilmente el largo trecho que caminó junto a la silla y se adelantó hasta la cabecera del cortejo no sin antes dirigirse a los cuatro porteadores. -¡Apresurad el paso, pero, por los clavos de Cristo, no sacudáis la silla! En Yuste los días pasaban monótonos tras las primeras jornadas de ajetreo con la llegada del emperador y mientras éste se acomodaba en la escasa docena de habitaciones que componían el edificio adosado al monasterio y que iban a ser su morada durante lo que le quedase de vida. Los monjes Jerónimos, que habían enjambrado hasta allí unos años antes desde el no muy lejano Guadalupe, se mostraban inquietos por tan singular presencia. Cuando tiempo atrás se les comunicó el deseo de Carlos de retirarse del mundo entre sus paredes hubo revuelo durante muchas sesiones capitulares. Algunos monjes hicieron protesta de que tal situación iría en detrimento de su soledad monástica porque inevitablemente al César le habría de acompañar un amplio cortejo; otros vieron en ello la ocasión de que el todavía pequeño cenobio prosperara. Pero fueron el prior y los más antiguos de los monjes los que hicieron valer la razón de que la Orden de San Jerónimo, que nunca desde su fundación, hacía más de doscientos años, había salido de las fronteras de Castilla primero y luego de España, fue siempre la preferida por los reyes para su reposo espiritual y ni uno solo, desde Alfonso XI, había dejado de recalar por más o menos tiempo en algunos de sus monasterios: el rey Enrique IV, medio hermano de la abuela del emperador, incluso yacía en la capilla mayor de Guadalupe después de un reinado colmado de tragedias, traiciones y desafectos de casi todos menos de sus monjes Jerónimos. Con todo, durante unas semanas la vida monástica se vio por completo alterada. Un ir y venir continuo de palaciegos y de servidores llenaba a todas horas las estancias monacales y no se respetaba ni la clausura ni el riguroso orden de las Horas que antes regía cada quehacer de la jornada. Pero pronto las cosas volvieron a su ser. En el pequeño palacio quedaron junto al emperador su mayordomo Quijada, el secretario de despacho, el vasco Martín de Gaztelu, los médicos flamencos Mathys y van Male y unos pocos criados de servicio inmediato. Otros sirvientes se acomodaron en un ala del monasterio que desocuparon los monjes; y el resto hubo de irse al vecino pueblo de Cuacos, distante apenas un tercio de legua de las tapias de Yuste. El prior estableció un turno rotatorio entre los monjes para que acompañaran de día y de noche al César y nombró a fray Juan de Regla, un monje que ceceaba ostensiblemente al hablar por su origen andaluz, como su confesor. Las habitaciones del palacio no las hubiese querido ni para sus criados cualquier rey o noble de mediano pelaje de Europa, tal era su sobriedad rayana en la pobreza tanto en adornos como en comodidades. Pero Carlos se encontraba a gusto en ellas. Orientadas a mediodía, el sol calentaba incluso en invierno; y en los días estivales en que por aquellos pagos suele hacer un calor riguroso, los árboles que proliferaban junto a los muros daban sombra suficiente; sobre todo el nogal de grandioso ramaje que crece al comienzo de la rampa de acceso al porche del palacio. Aún ayudaba más a refrescar el ambiente el riachuelo que corría entre enredaderas y helechales y el amplio aljibe que se construyó justo a los pies del edificio y en donde Carlos se entretenía en pescar carpas y alguna tenca de brillante lomo que luego hacía entregar a los cocineros. En cuan-La más alta ocasión to a placeres de estancia no echaba nada de menos quien habitó en los más grandes y lujosos palacios del mundo. A otras cosas, en cambio, no estaba dispuesto a renunciar. Y la más importante de todas era la de estar enterado día a día de cómo sucedían las cosas en los que habían sido sus reinos. Hasta Yuste llegaban, pues, constantes embajadas y mensajeros con nuevas de cada acontecimiento en Castilla, en la frontera con los turcos junto a los Balcanes o en aquellas Indias que ya casi todo el mundo llamaba América. Y Carlos preguntaba hasta los más nimios detalles llegando a agotar a sus interlocutores que ya no sabían qué más contarle. Y sobre todo se interesaba por cómo hacía las cosas su hijo Felipe, todavía en Flandes arreglando los últimos flecos de la onerosa carga heredada; y su hija Juana, gobernadora de los reinos de España en ausencia de su hermano el rey; y de los avatares que corría su propio hermano Femando al que legó el Imperio aunque todavía no hubiese sido aceptado por todos los Grandes Electores: «Es cuestión de dineros -decía-; en Europa mientras tintinea el oro en la bolsa todos escuchan y luego se deciden por quien más monedas saca y pone sobre la mesa o en la faltriquera de cada cual». Mas no sólo escuchaba. Algo en su interior, invencible, le hacía querer también mandar, seguir mandando. Había abdicado solemnemente de todas sus prerrogativas, pero el afán, o la costumbre, de mandar se sobreponía a cualquier otra consideración. Gaztelu no daba abasto escribiendo esquelas, largas cartas y detallados memorandos que luego los correos habrían de hacer llegar a las manos de Felipe, de Juana o de Fernando. El caso que éstos hicieran de su contenido, de sus consejos, y más a menudo de sus órdenes, era ya otra cuestión. Por lo general los leían con sumo interés, los meditaban con moderada dedicación y los obedecían o desobedecían con sólo un lánguido recuerdo para el hombre que desde Yuste, perdido entre las fragosidades de una serranía extremeña, creía seguir dominando el mundo. Únicamente Felipe procuraba acomodar su conducta, la pública y aun la privada, a los deseos de su padre y muchas veces se apretaba el papel contra el pecho y hasta lo besaba aunque estuviese rodeado de cortesanos. Pero aun con eso el nuevo rey tomaba sus propias decisiones porque la condición de monarca no era compartible a su juicio y todo el amor y el respeto inmenso que profesaba a su padre habían de quedar en segundo lugar ante su obligación como Señor natural de tantos y tantos hombres a los que ni siquiera vería nunca la cara. Una de estas decisiones de Felipe causó conmoción en Yuste y todavía años después de morir el emperador se contaban los detalles. A primeros de septiembre de 1557 llegó hasta Yuste, destrozando caballos, un men-José Ignacio de Arana Amurrio sajero del rey. Traía la mayor y mejor noticia: las tropas de Felipe habían aplastado a las francesas de Enrique II en San Quintín, a las puertas de la capital, el día 10 de agosto; los franceses habían huido dejando sobre el campo nada menos que ochenta banderas de sus regimientos; el condestable Montmorency, herido, el conde de Montpensier, el mariscal de Saint André y el duque de Longueville, junto con dos mil hombres habían sido hechos prisioneros y más de seis mil soldados franceses quedaron muertos; los soldados españoles apenas habían perdido un centenar de hombres. Una victoria sin precedentes, absoluta; Felipe era dueño de Francia. Carlos, sin hacer caso del dolor que aquella mañana le atormentaba los huesos y las cos^inturas, se levantó como un resorte del sillón: «¿Ha entrado ya mi hijo en París?», preguntó con el rostro enrojecido, los ojos a punto de saltar de las órbitas y la prominente mandíbula de los Augsburgo más llamativa que nunca, como la roda de una galera lanzada al choque en ariete contra la amura de un navio enemigo. «¿Ha entrado ya mi hijo en París?» Era la culminación de muchos años de guerras que no acababan nunca. Francisco I, al que derrotó en Pavía y tuvo preso, aunque entre consideraciones regias, en Madrid, traicionó luego todas sus promesas por lo más sagrado aliándose hasta con los protestantes y los turcos contra él; el hijo, Enrique II, seguía los pasos del «rey galante»... el muy hideputa. Francia a sus pies y su capital en sus manos: «¿Ha entrado ya mi hijo en París?» El mensajero, que aún resollaba mitad por cansancio y mitad por la majestuosa presencia del gran Carlos a tan sólo unos centímetros de su cara, dudó antes de contestar a la ansiosa pregunta. El rey don Felipe se mantiene a las puertas de San Quintín y ha liberado a los prisioneros bajo condición de que no luchen contra él por un plazo de seis meses. Carlos se dejó caer pesadamente y varios de sus acompañantes, entre ellos, cómo no, Quijada, se abalanzaron para sujetarle porque la impresión era la de que se iba a desplomar al suelo. El color rubicundo de su rostro se había tornado en un instante en cérea palidez; los ojos entrecerrados; el belfo desmayado sobre el pecho dejando abierta la desdentada boca; componiendo todo ello la figura desmadejada de un hombre al que hubieran propinado un descomunal mazazo en la cabeza. -¿Cómo es posible eso? ¡Te equivocas o mientes, mentecato! La apariencia del mensajero no era mejor que la del César pero a él no se dirigía ninguna mirada de los circunstantes. En ese momento su La más alta ocasión mayor deseo era que se abriese la tierra bajo sus pies o cayeran sobre él el cielo o la montaña, pero quedar sepultado. Por unos segundos sólo se oyó en todo el recinto, o eso creía él, el entrechocar tembloroso de los quijotes de su liviana armadura de soldado. Quijada vino en a3ruda del joven y con un gesto le indicó que se retirara, cosa que hizo más corrido que un gozquecillo al que le acaban de dar un puntapié. Tardó en desaparecer de la estancia regia menos que el suspiro que brotó de su pecho al atravesar los cortinajes que hacían las veces de puerta con la antesala de la guardia. Carlos permanecía en silencio; el único atisbo de vitalidad eran sus puños crispados en los brazales del sillón fi:'ailuno y el color amoratado que iban tomando sus nudillos por la presión sobre la madera. Pudieron pasar minutos u horas antes de que el ademán cambiase. Los que estaban allí no sabrían contar el tiempo a pesar de la docena de relojes que había sobre estantes y junto a la gran chimenea; no se atrevían a moverse, tragaban con dificultad la saliva porque todos tenían un nudo en la garganta y como un cuchillo clavado unos en la boca del estómago y otros en el pecho, y se miraban de reojo entre sí esperando que alguno rompiese la tensión con una palabra o con un gesto. Al final el más decidido fiíe, como siempre. Quijada; la extrema confianza le favorecía. -Señor, ¿queréis quedaros solo?, ¿queréis que vengan fi:-ay Luis o el médico? -Solo, -musitó más que dijo Carlos.-Idos todos. Salieron en taciturna procesión que cerraba el mayordomo quien aún se mantuvo un momento en la puerta mirando a su Señor y moviendo acompasadamente la cabeza de un lado a otro. Era el amigo que mira al amigo en un trance de dolor y se siente solidario hasta la médula de ese pesar. Pero él mejor que nadie sabía que cuando el César quería quedarse solo, y en los últimos meses era cada vez más a menudo, nada ni nadie podía entrar en esa intimidad. El dolor y hasta la rabia, compartidos, parece que son menos gravosos para el hombre; mas aquél no era un hombre cualquiera sino el ungido un día por el Papa el Bolonia para ser el guardián de la cristiandad y del mundo; y semejante privilegio lleva consigo, pensaba don Luis, la contrapartida de estar solo en los momentos más difíciles: nadie a su lado; nadie sobre él sino Dios que habla a los hombres a veces de forma demasiado enigmática para que se le comprenda cuando se necesita. Aquella primavera de 1558 reventó en la Vera como si nunca fuera a haber otra; y ello era verdad para algunos, pero no lo sabían. Los mismos José Ignacio de Arana Amurrio monjes se lo dijeron a Carlos: no recordaban otra igual. Al blanco de los cerezos se unía el azahar de los naranjos y limoneros de la huerta monacal que alcanzaba hasta los mismos umbrales del palacio llenando el ambiente de perfume elaborado por el mejor perfumero; las chiribitas cubrían el suelo hasta donde alcanzaba la vista y las primeras malvas parecían surgir por ensalmo, multiplicadas cada amanecer, de lo que hasta hacía unos días eran secas rastrojeras. El campo saludaba a la nueva estación exponiendo día a día, se diría que hora a hora, lo más bello que atesoraba. El sol, vivo otra vez, contribuía con su luz renacida a la hermosura de los días cada vez más largos, de atardeceres prolongados que se fundían lentamente con la noche y no se truncaban abruptamente en la oscuridad como en el invierno. A pesar de todo, Carlos sentía frío en los huesos y se arropaba con mantas y con pieles junto a la chimenea que debía permanecer siempre encendida con grandes troncos de encina sobre los morillos que tardaban en consumirse chisporroteando de vez en cuando y soltando una constelación de brasas rojizas y de pavesas grisáceas. El era consciente de que ese frío no le entraba desde fuera sino que procedía de su mismo interior: «Se me hiela la vida y aquí dentro no se pueden meter braseros ni chimeneas... o quizá sí». Conversaba a ratos, despachaba con Gaztelu cada vez menos, leía mucho, sobre todo libros de filosofía, de teología, incluso algunos para los que sólo él disponía de licencia papal para su lectura, sin olvidar otros de poesía y muy de vez en vez aquellos versos de Jorge Manrique: Despierte el alma dormida, avive el seso y contemple,..¡pero sobre todo pensaba arrebujado frente al fuego o en el porche de las columnas, dejando que la vista se perdiera a través de caminos imaginados que recorrían España, Italia, Flandes, Alemania, Austria, parando en esta o aquella ciudad, olfateando por encima del olor del azahar o de los rosales el de la pólvora de las batallas o el de los pebeteros de los grandes salones palaciegos; viendo a mil soldados de rostro tiznado, a mil cortesanos de ricas vestiduras a la moda de cada reino, a mil mujeres hermosas que doblaban la rodilla a su paso dejando que sus escotes hablaran más que sus ojos o sus labios. Don Luis Quijada acababa de regresar de Villagarcía donde había pasado unas cortas semanas con doña Magdalena y con el chiquillo. Aquel muchacho acababa de cumplir doce años el mismo día de febrero en que Carlos cumplía cincuenta y ocho. Su aún corta vida estaba rodeada de misterio hasta para él mismo. Sólo tres personas conocían la verdad de sus orígenes. Carlos, su hijo Felipe desde hacía poco, y don Luis Quijada. Éste lo había recogido nada más nacer en Ratisbona, fruto de una corta relación entre el ya viudo Carlos y la flamenca Bárbara Blomberg, y por La más alta ocasión encargo del emperador lo tomó desde ese día bajo su cuidado personal. Con el nombre de Jerónimo, Jeromín le llamaban todos sin sospechar su cuna, lo trajo a España a los cinco años y le dispuso alojamiento y custodia en Leganés, muy cerca de Madrid. Pero como las enseñanzas que allí recibía del cura del pueblo y de la persona a quien don Luis había encomendado el cuidado del niño, el músico flamenco conocido como Francisquín casado con una castellana de Leganés, todos ellos bien ajenos de saber la auténtica personalidad del chaval, no le parecían adecuadas, Quijada decidió llevárselo a su castillo de Villagarcía de Campos. Allí se lo presentó a su esposa como hijo de un alto señor del reino diciéndole que deberían cuidarlo como hijo propio. La buena de doña Magdalena creyó que tal criatura era fruto de algún desliz de su marido, pero se cuidó mucho de manifestar ningún reproche y acogió a Jerónimo como una verdadera madre, algo que el muchacho no olvidaría jamás. En este viaje don Luis esperaba convencer al César para que permitiera que doña Magdalena viniese hasta Cuacos con el niño y así poder acercar a éste a su padre natural que no lo había vuelto a ver desde que tenía apenas dos años. Creía el fiel Quijada que esa cercanía habría de alegrar la melancolía que cada vez más se apoderaba del ánimo del emperador. De lo que no estaba seguro era de que fuese fácil que Carlos aceptara la propuesta. Por eso se extrañó mucho cuando tras la primera conversación sobre el asunto el emperador le dijo: --Tráelo este verano y que entre como paje a mi servicio. Así lo tendré más cerca todavía. ¿Cómo está Juan? -Jerónimo, digo, perdón Señor, vuestro hijo don Juan está muy bien. Crecido, guapo, listo, juguetón como mandan sus años. Digno hijo de su padre. -Pero no de su madre, a Dios gracias -dijo Carlos con un mohín de burla en el gesto-, que menudo pendón ha resultado la mujer aunque esté a buen recaudo, casada y bien pagada. Luego Carlos quedó en silencio mirando el cuadro que colgaba en la pared de la estancia frente a él. Era el maravilloso retrato que de la emperatriz Isabel hizo Tiziano; Isabel había muerto cuando el pintor realizó su obra y como no la conoció en vida copió la imagen de otra, ésta sí del natural, que Carlos guardaba en un pequeño estuche que siempre colgaba de su cuello. Desde el lienzo los ojos de Isabel, serenos como toda su figura, parecían devolverle la mirada. Carlos retiró la vista y la fijó ahora en la punta de sus botas que asomaban por debajo de la gruesa manta, pero siguió en silencio. José Ignacio de Arana Amurrio bargo, una sonrisa que don Luis conocía muy bien se comenzó a dibujar en su cara. Pasados unos momentos, Quijada se atrevió a preguntar: -¿En qué pensáis, majestad? -En mujeres. Quijada, en mujeres-y al levantar la vista y tropezar con los ojos garzos del mayordomo, del amigo, prosiguió-. Y no me mires así, que pareces tonto y de eso no tienes un pelo. Aunque esta vez te equivocas en lo que estás imaginando o por lo menos en pensar sólo eso. -Yo, Señor... -comenzó a excusarse el otro. -Tú, Quijada, me conoces mejor que nadie y a ti no puedo, ni quiero, ocultarte nada. De modo que siéntate y escucha. El mayordomo acercó una silla al escabel donde Carlos descansaba sus doloridos pies que se adivinaban hinchados aun a través del fino cuero de las botas. No se atrevió a apoyar la espalda y en esa postura incómoda pero a la vez anhelante se dispuso a oír lo que ya suponía que iba á ser una especie de confesión laica. Muchas veces había vivido escenas semejantes y de cada una de ellas habían salido reforzados su admiración y su cariño por el emperador. Pienso en mujeres, pero no en una determinada sino en muchas, en las que más han influido en mi vida. La mayoría, fíjate, para bien. En eso también he tenido suerte. Y ahora, después de meses recordando como un penitente mis malas acciones, me ha dado por traer a la memoria los buenos momentos y en muchos de ellos, desde luego en casi todos los mejores, siempre ha habido una mujer. Ya ves que, por ahora, te equivocas. Por otro lado, casi todo lo que te voy a contar lo conoces de sobra; pero aun así, calla. »La primera mujer en la que pienso es mi madre, la desafortunada reina Juana a quien todos, plebeyos, señores y hasta papas llamaron loca y no voy a ser yo quien niegue que estaba trastornada de la sesera. Por desgracia tuvo poco trato conmigo pero en ese desquiciamiento que la asaltó desde su juventud siempre tuvo hacia mí una devoción especial y además, que nadie lo olvide, fue la auténtica reina de España hasta su muerte hace apenas tres años, de modo que yo, a quien todos habéis llamado vuestro rey desde hace cuarenta, no lo he sido en plenitud más que estos tres últimos; antes sólo he gobernado estos reinos y los del otro lado del océano con su nombre por delante del mío en cada orden y documento. Pobre madre, qué pocos días tuvo de felicidad en su existencia; los años en que permaneció soltera junto a mi abuela Isabel y los cortos meses que duró el enamoramiento de mi padre por ella. La más alta ocasión »Luego todo ñieron sinsabores, desdenes del esposo que sólo se acercaba a ella para preñarla en el altar de la dinastía, y burlas y ninguneos por los cortesanos. ¿No había de volverse loca? Cuando yo nací mi padre ya cambiaba de lecho cada noche y no había mujer en Borgoña que no estuviese deseando ser la que se subiese a él en la madrugada, al acabar los festejos diarios. Por eso mi madre procuraba asistir a cada fiesta para celar al marido veleidoso. En una de éstas, en el palacio de un noble de Gante, llevándome en el vientre los nueve meses cumplidos que manda la naturaleza, se sintió indispuesta y creyendo que eran retortijones de tripa lo que era anuncio de otra cosa, me parió en las letrinas mientras le llegaban los sones de la música con la que mi padre danzaba con la linajuda zorrona de turno. Al cabo, tan buen sitio para nacer es ése como la mullida cama de una alcoba real. Se nace en un instante pero se vive todo lo demás y la cuna ha de valerle al hombre menos que sus hazañas. »En Tordesillas, ¡durante cuarenta y seis años!, vivió encerrada y el marqués de Denia y sus descendientes que habrían de velar por su cuidado la maltrataron muchas veces hasta la tortura y sólo disimulaban su vesania cuando primero mi abuelo don Fernando y luego yo íbamos en persona a visitarla, lo que por desgracia pudo ser muy pocas veces. Pero aun en su locura, que no lo era sino a ratos aunque cada vez más prolongados, fue capaz de defender mis derechos frente a los comuneros que la importunaban día y noche para que firmase documentos a su favor. Al menos, los primeros diecisiete años de su encierro tuvo el consuelo de la compañía de mi hermana Catalina, la que nació después de muerto mi padre y que iba en su vientre mientras recorría enajenada los campos de Castilla tras su féretro. De esta hermanita mía, hoy reina de Portugal, te he de decir que anduvo enamoriscado aquel capitán guipuzcoano, Ignacio de Loyola, y que hasta la escribió cartas antes de cambiar la armadura por la sotana. Quijada, que a estos jesuítas les han gustado siempre las mujeres de mi casa, lo que no deja de ser curioso y hasta puede que quiera significar algo que no se me alcanza. Francisco de Borja asistió a mi madre en su muerte y me mandó decir que en sus últimos días parecía que había recuperado por completo el juicio perdido: si realidad o consuelo de cura, no lo sé. El mayordomo que, en efecto, conocía todo aquello de cabo a rabo, sólo se sorprendió por lo de los amores del de Loyola hacia la infanta Catalina, uno de los pocos secretos de familia que el rey no le había contado antes. Durante el relato apenas se había movido; ahora descansó el cuerpo en el respaldo de la silla tras atizar un poco el fuego que seguía ardiendo en el hogar de la chimenea y se preparó para continuar de mudo testigo de aquel desahogo de su Señor. José Ignacio de Arana Amurrio -Si mi padre picoteó en todos los nidos ajenos, aunque bien es cierto que éstos se le abrían de par en par incluso con el cornudo consentimiento de sus legítimos dueños, yo no he tenido muchas experiencias en esas batallas de amor. Y no es que lo sienta... hasta ahora, porque de las pocas, tres contadas, he sacado en cada una un placer muy diferente y que se acomodaba a la perfección con cada etapa de mi vida. »Poco antes de cumplir los veintidós años, que es edad harto madura para iniciarse en estos menesteres, tuve, no siéndolo yo, un amor de juventud. Ella sí era casi una niña, Juana van der Gheyst, y nos amamos como sólo saben hacerlo los muchachos, a la carrera pero disfrutando cada segundo y aprendiendo cada uno de la ignorancia del otro; sin más pensamiento en todas las horas del día que el deseo de que llegara la noche y en ésta de que no se acabara nunca la acogedora oscuridad. A mí que me armó caballero un emperador y emperador un papa, me inició en esa otra orden de caballería una jovencita con la cara llena de pecas, una trenza que yo deshacía con manos torpes y ansiosas cada noche y unos pechos pequeños y redondos que me volvían loco en cada encuentro. Tuvimos una hija, Margarita de Parma, y hoy de aquellos escarceos de aprendiz conozco ya mi segunda generación. Mi nieto Alejandro Farnesio sé que es un mozalbete con visos de llegar a los más altos puestos de mis reinos; o por mejor decir, de los de mi hijo, que la memoria me suele hacer este servicio, no sé si bueno o malo, de olvidar que lo que fue mío es ya suyo. Felipe quiere mucho a su sobrino Alejandro, como llegará a querer a Juan, amigo Quijada, y lo tiene destinado a mandar algún día sus ejércitos así que las fuerzas, al crecer el cuerpo, acompañen a la voluntad que ya demuestra. »Por cierto que, en hablando de mujeres, así como yo no tengo queja de las que han compartido conmigo su intimidad, no puede decirse lo mismo de mi hijo Felipe. Mi sobrina María Manuela de Portugal, la hija de la triste Catalina, apenas le vivió el tiempo justo de darle un hijo medio tarado; lo malo es que ese mi nieto Carlos estoy seguro de que va a proporcionar más disgustos que alegrías a Felipe y al reino. Y qué me dices, amigo Luis, de su actual esposa, María Tudor, mi prima la inglesa. La razón de Estado para esa boda fue cosa mía y aunque espero que beneficie al reino, debo coufesar que en algún punto me arrepiento. La mujer es más fea que una docena de demonios, con menos gracia femenina que una berza de esa huerta de los monjes que ahora nos rodea a ti y a mí. Pero, ¡lo que son las cosas!, ella que es casi veinte años mayor que mi hijo se volvió loca de amor nada más verle desembarcar en Inglaterra y qui-La más alta ocasión so consumar el matrimonio allí mismo. ¡Vaya papelón para Felipe! Pero, en fin, cumplió y siguió cumpliendo con el débito hasta que María, de quien me dicen que anda en este tiempo muy mala de salud, creyó estar embarazada. A Carlos se le escapó una carcajada que sobresaltó al mayordomo aunque bien sabía éste el motivo y la continuación de la historia. El no se atrevió a reír abiertamente pero en su interior sintió el mismo regocijo. Hasta se le hinchó la barriga y se le retiraron los meses como si aquello fuese de verdad. Pero todo terminó en viento. Allí dentro no había criatura ni para un aborto. Es tremendo y sobrecogedor lo que puede llegar a hacer la mente humana, Quijada. En fin, se fi:'ustró esa esperanza aunque lo hiciera de modo tan ridículo, y ahora anda mi hijo ocupándose de la política de nuestros reinos, ¿has visto?, ya digo nuestros reinos y no míos, en el continente y alguna vez que visita, como de cumplido, a su esposa creo que ésta quiere a toda costa llevárselo a la cama para probar otra vez aunque los médicos de allí le han dicho a las claras que no podrá tener hijos. »¡Ojalá mi hijo hubiese encontrado a una mujer como su madre, mi bien amada Isabel! Isabel, Isabel, ella sola reina en mi corazón aun después de tantos años en que la muerte se la llevó de mi lado-los ojos del César se volvieron una vez más al retrato y se empañaron de lágrimas-. Sentí por ella el mayor amor que puede nacer de un hombre y recogí de su vida no otro tanto sino muchísimo más. Me amó con entrega total, con delicadeza, con paciencia por mis continuas ausencias, con respeto y, cuando era el momento, con pasión. Me dio cinco hijos de los que dos murieron muy pronto y supo cuidarlos y educarlos a todos como madre y durante largas temporadas también como padre porque yo estaba muy lejos. Quijada, que los momentos más gratos de toda mi vida, quizá con los únicos con los que me quedaría si el Creador me permitiese elegir el equipaje que me lleve al otro mundo, fiíeron los que pafeé a su lado: Sevilla y sus Alcázares tras la boda; Granada en nuestra luna de miel que intentamos apurar y alargar cuanto pudimos; el Alcázar de Toledo y la vega del Tajo donde solíamos reencontrarnos cuando yo volvía a España y desde donde ella supo gobernar mejor que ningún hombre mis estados; Valladolid cuando nació nuestro hijo Felipe y el mundo entero se abría ante nosotros. El César cerró los ojos y apretó los párpados para contener el llanto que aun así se le desbordó por las arrugadas mejillas, como un arroyo de 536 José Ignacio de Arana Amurrio agua clara y fresca sobre la resecura de un erial. Quijada le contemplaba sin poder reprimir él mismo un sollozo. Conocía cada detalle porque los había oído muchas veces de labios del emperador y en alguna ocasión también adivinó algún retazo en las conversaciones, mucho menos confianzudas, desde luego, que había tenido en Toledo con la emperatriz, en esos atardeceres que sólo son dados contemplar en la ciudad del Tajo durante la otoñada. Luego siguió el monólogo. -Hablando de Isabel se me turba el pensamiento. Su solo nombre debería impedirme continuar con esta charla; pero, en fin, te dije, Luis, que pensaba en mujeres y así lo voy a seguir haciendo en voz alta. Ella, una vez más, sabrá perdonarme que me aleje porque sabe desde el cielo que nunca se me pasó por las mientes el más mínimo deseo de engañarla. Y le ñii fiel, sin esñierzo además, todo el tiempo que duró nuestro matrimonio. »Es lugar de que salga a la palestra de estas evocaciones la figura de Bárbara Blomberg. Había pasado un lustro de la muerte de Isabel y yo me sentía muy solo aunque nunca en soledad, siempre rodeado de gente desde el despertar hasta que el alabardero cerraba la puerta de mi cámara creyendo que yo dormiría, cuando en realidad me pasaba las más de las noches en vela, sin encontrar acomodo en ninguna postura en la cama, dando paseos por la habitación, descalzo para no sobresaltar a la guardia, o leyendo a la luz de un velón; luego me amodorraba cuando ya el amanecer se anunciaba por la ventana y por fin podía descansar unas pocas horas. Además de solo me sentía viejo a los cuarenta y cinco años, y esa mezcla de sentimientos es muy mala para un hombre. Quijada, amigo mío, que tú no la conoces. Y entonces apareció Bárbara. No era la púber Juana van der Gheyst; ni mucho menos la gran señora Isabel; era..., era... una hembra que destellaba tentaciones en la figura, en la mirada, en el moverse, en el olor de su piel blanca como la leche que procuraba acercar a mis narices a la menor ocasión. »Nuestra relación tuvo poco o nada de amor; ñie una pasión desenfi:'enada que duró muy corto tiempo. Pero en ese tiempo ella dio muestras sobradas de conocer todo lo que a un hombre en mi situación le hace sentirse, aunque efímeramente, cómo te diría yo...: hombre otra vez; sí, ésa es la expresión que más le cuadra. Me prodigó en el lecho placeres que yo no podía ni imaginar aunque los hubiese oído contar a algunos de mis capitanes ante el fiíego de campamento la víspera de alguna batalla, cuando los hombres hablan de todo por si mañana han de morir; algo como lo que yo hago hoy aquí contigo, viejo camarada. »Ella lo hacía todo y yo me dejaba; cuando la fatiga de tanto jadeo me hacía desfallecer el ánimo o las armas de aquel combate, ella me daba a beber de una copa vino caliente con especias o lo derramaba desde su boca sobre mi cuerpo; luego se erguía un poco, hablaba de cualquier tema baladí, del ropaje de tal dama, de los ademanes de cual caballero en la fiesta vespertina, del calor o del frío, y poco a poco sus manos, que no descansaban nunca, lograban resucitar al guerrero languidecido y entonces vuelta a empezar. Su cuerpo, completamente desnudo, era como un mar que empieza a rizarse y acaba embravecido y yo me hundía en él como un náufrago, a la desesperada, agitando cada uno de mis miembros para salir a flote y boqueando para coger resuello. Quijada, era furor, pero éste me cegaba y no podía ver más allá de aquellas caderas, aquellos muslos, aquellos pechos desorbitados, aquella boca entreabierta dispuesta al juego, cada vez uno nuevo y más excitante. »Cuando al cabo de unos meses me vino otra vez la luz de la razón, quizá porque la animación del cuerpo, del mío, ya no daba más de sí, empecé a entrever que aquella mujer, si alguna vez me quiso, cosa que no creo, no era ya más que un zorrastrón. Como no hay secreto que guarden ni las sepulturas, me fueron llegando noticias cada vez menos veladas de los alardes que hacía de nuestra relación y hasta de que confiaba a sus amigas el sueño de ser emperatriz. A esto último quizá la llevó, junto con su ambición y falta de escrúpulos, el saberse portadora en su seno de un hijo mío: ese Jerónimo tuyo y mi Juan. Nacida la criatura la aparté de mi lado, que mi cama hacía ya tiempo que no la frecuentaba, y dispuse lo mejor para ella y sobre todo para el niño. Pero de lo que pasó después sabes tú más que yo y con nada podré pagarte tu labor. -Vuestra amistad y confianza superan cualquier pago que pudiera esperar hombre alguno. Y en cuanto a don Juan, muy pronto lo vais a tener aquí mismo. En ese sentido podéis estar tranquilo. -Y lo estoy como siempre. Nadie mejor que tú y Magdalena para cuidar de mi hijo. Aunque cuando yo muera, que no ha de faltar mucho por los amagos que me da este cuerpo mío, habrá de cambiar su vida. Felipe ya sabe que en ese mismo momento Juan pasará a su lado y todo lo que debe hacerse con su persona y su futuro. Esta vez fue a don Luis Quijada a quien se le nublaron los ojos. -Yo sé muy bien cuánto lo habréis de sentir los tres; porque no sólo Magdalena y tú perderéis al que habéis tenido como hijo, sino que el mismo Jerónimo perderá a los que quiere como padres aun sabiendo que no lo son naturales, y su vida va a sufrir un cambio tan radical que espero lo sepa afrontar con bien y para bien. José Ignacio de Arana Amurrio -Lo hará, Señor, lo hará. Tiene todas las cualidades para ello, doy fe-don Luis hizo ademán de incorporarse de su asiento; parecía claro que había terminado la larga remembranza del emperador sobre las mujeres que más significaron para él-. Con vuestro permiso me retiraré. Mañana mismo quiero empezar los preparativos en Cuacos para la llegada de don Juan. Carlos alzó una mano y el mayordomo detuvo en seco su movimiento. -Aún no es todo, quédate un poco que he de hacerte otro encargo. Quijada obedeció, pero algo en los ojos del emperador le avisaba que lo que ahora venía no iba a ser plato de su gusto. -Me queda poco, Luis. Los médicos y los monjes tratan de engañarme cada uno a su modo, pero yo soy más listo que ellos y además el que nota cómo día a día se me escapa la vida. Y si bien sé que me quedarían muchas cosas importantes por hacer y que no haré, hay una de menor cuantía de la que no quisiera privarme -vio el gesto de interrogación esbozado en la cara del mayordomo pero contestó sin esperar la pregunta-. Quiero que me consigas una mujer que me caliente el frío que noto en los huesos; una mujer sencilla, del pueblo, que venga por las noches a caldearme la cama y el cuerpo. Esta vez Quijada no pudo reprimir el impulso de levantarse y miró con ojos de asombro al valetudinario rey que tenía frente a él. -Pero, Señor, ¿una mujer aquí y ahora...? -Considéralo una medicina, mejor, desde luego, que tanta pócima y ungüento como me recetan los médicos. Además, fuiste tú quien me enseñó ese refrán que dicen en Castilla: «El hombre pierde antes el diente que la simiente». Sé que es difícil traerla a un palacio lleno de gente en medio de un monasterio lleno de monjes, pero arréglatelas como puedas. La disfrazas de arriero, de paje o, si hace falta, de fraile peregrino, pero me la traes. Te repito que no es necesario que te esmeres en la elección, entre otras cosas porque ya no hay mucho tiempo; pero por lo menos que no sea ni un cardo de carácter ni un sarmiento de cuerpo. Confío en ti; y ahora sí puedes retirarte. El mayordomo siempre fiel salió de la habitación sintiendo como un vahído que le nublaba el pensamiento. No esperaba aquello, pero jamás discutió un mandato de su rey y no iba a empezar a hacerlo entonces. De modo que se encerró en su estrecha cámara y apenas se concedió unos La más alta ocasión minutos para poner en orden las ideas que como en un juego de pelota le rebotaban en las paredes de la sesera. Había que trazar un plan, una estrategia complejísima y, por supuesto, hallar a la mujer en cuestión, aunque ése era el punto que paradójicamente menos le preocupaba ahora. Cuatro semanas tardó en urdir la trama y durante esos días en cada encuentro con el emperador éste no volvió a hablar del asunto pero siempre dejaba aflorar en su inquisitiva mirada un «¿Cuándo, Quijada, cuándo?» La mujer elegida fue una moza de nombre Miguela, sobrina de un colono de las tierras del conde de Oropesa; no muy alta, con el rostro marcado con unas pocas cacarañas de unas viruelas pasadas en la niñez, pero de cuerpo con redondeces suñcientes para satisfacer a cualquier hombre sólo de vista, cuanto más de tacto. Al tío de la moza lo convenció Quijada con facilidad para que ésta pasase a servir en la casa que se aparejaba en Cuacos para la próxima llegada de su esposa doña Magdalena. A la chica, de carácter dulce como era el encargo, pero de menguadas luces por no tener más que las de su tío ni más mundo que las lindes de un huerto, la hizo ver que un alto señor del palacio era quien de verdad la necesitaba y que si cumplía con aquello que se le mandase, sin más detalles, obtendría muy buenos dineros y un puesto en la servidumbre palaciega. El modo de entrarla hasta el emperador sería con ropaje de mozo de cuadra que acompañase al mayordomo en sus casi diarios trayectos desde Cuacos a Yuste y viceversa. Cuando Quijada transmitió sus planes a Carlos éste no pareció inmutarse. Llevaba unos días con fortísimos dolores, tenía el rostro macilento y apenas abría los ojos ni para hablar con los que le rodeaban. -Déjalo estar; espera unos días a que mejore-, le dijo por fin en un aparte. Los días de que hablaba el emperador se fueron alargando y los calores de aquel verano quizá contribuyeron a encubrir otros ardores. En ese tiempo había llegado ya don Juan a Yuste y al César sólo parecía despertarle interés el tener cerca suyo al chiquillo que hacía las veces de paje ignorante de todo. Como ignorante estaba doña Magdalena de las funciones que podía desempeñar en su casa de Cuacos aquella moza de la que su marido sólo le dijo que estaba allí para algo importante. Otro secreto más de Luis al que también accedió la esposa como doce años antes. La noche del penúltimo día de agosto, el emperador le dijo a su mayordomo. -Estoy mejor, Quijada; mañana trae lo que me guardas. A la mañana siguiente, mientras leía en el porche del palacio, al socaire del viento que ya empezaba a soplar por entre los encinares y al amor del resol que se filtraba por las ramas del gran nogal de la entrada, Carlos se sintió desfallecer, soltó el libro y se rehundió en el sillón. Lo llevaron aprisa a la cama y ya no se levantó. Murió el día 21 de septiembre apretando entre sus manos el mismo crucifijo con el que expiró Isabel, la que en realidad ñie la única mujer de su vida. Dio el alma a quien se la dio I (el cual la ponga en el cielo I en su gloria), I que aunque la vida perdió, I dejónos harto consuelo I su memoria. El hombre que no quería abrir los ojos En medio de la rutina y la general mediocridad por las que discurrían las sesiones del congreso médico, aquella comunicación estuvo a punto de pasar desapercibida pero acabó por convertirse en la estrella del programa. Su ponente recibió numerosas preguntas en el coloquio abierto tras la exposición y muchas solicitudes para que acudiese a otros simposia de la especialidad con nuevos datos sobre aquel caso singularísimo. Muy pronto las revistas médicas se hicieron eco del mismo y en pocas semanas toda la profesión lo comentaba con uno u otro talante. Algunos galenos jóvenes se rieron, otros, más viejos, con más años y muchos enfermos vistos, lo tomaron más en serio y no faltó quien creyese recordar que en su experiencia profesional había tenido un caso algo similar si no idéntico. Celestino Barrios García era, en efecto, un enfermo digno de figurar en los anales, tan repletos, de la medicina. Su enfermedad, que muchos no se atrevían a llamar así, era en extremo peculiar y concitó desde su publicación las más diversas teorías patogénicas e infinidad de intentos de explicación al margen de los mecanismos clásicos, canónicos, de la ciencia diagnóstica. Hasta ahora nadie ha dado en el clavo sino que cada vez se enzarzan más los partidarios de una explicación con los de otra distinta u opuesta. Mientras tanto, Celestino sigue como estaba cuando sus familiares llamaron por primera vez al doctor Suárez. Por si alguien pudiese aportar algo de luz sobre el caso, lo describo a continuación resumiendo lo que han publicado los medios científicos y lo que el mismo doctor Suárez me contó en una entrevista que pude hacerle en medio de su ajetreo y del cerco periodístico al que está sometido desde su participación en el citado congreso. Una mañana de un día cualquiera, en apariencia igual que el anterior, Beatriz, la mujer de Celestino, se sobresaltó al comprobar que su marido, que debía haberse levantado de la cama para ir al trabajo hacía La más alta ocasión más de una hora, seguía allí a su lado. En otras ocasiones ya se había quedado dormido tras apagar el despertador a las siete y media y luego se despertaba de muy mal humor, corriendo y tropezando con todos los objetos del dormitorio mientras se vestía apresuradamente. Beatriz le sacudió en el hombro. -¡Despierta, Celestino, despierta, que son las ocho y media pasadas! Pero su marido se zafó del meneo y con voz no de recién salido del sueño sino totalmente lúcida replicó: Estoy despierto hace rato. ~ Pues levanta, hombre. ¿O es que hoy no vas a la oficina? -Ni hoy ni nunca más. No pienso abrir los ojos. Beatriz se incorporó y encendió la lámpara de la mesilla. No era muy aficionada a las bromas, pero además aquello más que chanza le parecía despropósito. Celestino reposaba la cabeza sobre los brazos cruzados y en sus labios aparecía una sonrisa que a su mujer le sonó a burlona; mantenía los párpados cerrados como si dormitara aunque bajo ellos los ojos se movieron hacia Beatriz cuando ésta siguió hablando. -Pero bueno, ¿a qué viene esta bobada?, ¿te has vuelto tonto o qué? -No. Es que no me da la gana abrir los ojos; estoy muy a gusto así. Ahora me levantaré si quieres, pero los ojos no los abro. No los pienso abrir de ahora en adelante, ¡para lo que hay que ver! Continuó la rara escena familiar y fue subiendo el tono de las palabras y reproches de Beatriz sin que su creciente excitación pareciese hacer mella en el semblante ni en la actitud de su marido. Aquí es necesario intercalar un comentario para deshacer la primera impresión que lo dicho hasta ahora pudiera suscitar en el lector. Celestino había sido hasta ese mismo momento un hombre laborioso al que jamás se oyó renegar de su trabajo más de lo que pueda ser habitual en cualquier sujeto tenido socialmente por ejemplar. Desde muy joven tuvo que trabajar para sostener a su familia paterna y luego a la formada con su matrimonio. Siempre hizo las cosas bien, sin la menor queja de sus superiores sino con numerosas muestras de consideración por parte de éstos. Quiere decirse que Celestino en modo alguno era un vago que aprovechase la menor ocasión para rehuir el trabajo, incluso inventándose las ocasiones cuando no aparecieran de natural. Si aquel día había decidido no ir a la oficina el motivo tendría que ser otro que el gusto o el deseo de permanecer en casa. Esa tarde Celestino había hecho muchas cosas: se había levantado; se arregló, incluso afeitándose sin que la cuchilla le hiciera el más pequeño rasguño, desayunó sin derramar una gota del café o una miga del bizco-José Ignacio de Arana Amurrio cho; oyó la radio y a mediodía las noticias de la televisión; ajoidó a Beatriz a fregar los platos después de comer; bajó al portal las bolsas de basura; y hasta, con algo de dificultad al principio, anduvo un rato manipulando en su mayor tesoro, una colección de monedas que empezó en la niñez y ahora empezaba a ser importante. A todo esto Beatriz pasó de la primera sorpresa al enfado y luego a la burla, y más tarde al enfado otra vez y a la incredulidad y por fin al desasosiego. Cuando al acabar el día Celestino se sentó en su butaca de siempre, frente al televisor, sin haber abierto los ojos ni por un instante desde la mañana, Beatriz explotó: ¿Qué piensas hacer?, ¿qué piensas que hagamos? -Mira, mujer, te confieso que hoy ha sido de prueba. Ni yo mismo creí que lo conseguiría. Desde hoy nos haremos cuenta de que soy ciego; como si hubiera tenido un accidente o una enfermedad de la vista. -Ya; así, de repente -Beatriz estaba de pie frente a su marido con la tentación a punto de brotar de sacudirle un testarazo o un par de bofetadas-. Ciego de repente, pero, eso sí, ciego porque al señor le da la gana. No estás loco, ¡eres idiota! -Lo que tú digas, cariño. Mañana llamas a primera hora al médico o vamos los dos a la consulta y le decimos que me he quedado ciego. A ver qué se hace en estos casos; yo no lo sé. -Pues, seguramente, encerrarte en un manicomio o darte de palos o echarse a reír; yo tampoco lo sé. El doctor Suárez llegó a la mañana siguiente sin que le hubiesen advertido de lo que se iba a encontrar en lo que debía de ser una visita más de un día como otro. Procurando que la sorpresa no le desencajara la serenidad debida a su oficio, escuchaba los argumentos del paciente. -Poco a poco me he ido hartando del mundo que me rodea, y como casi todo él entra por la vista, pues he decidido cerrarle el paso. Si no abro los ojos y no veo las cosas el mundo cambia absolutamente. O sea, que me niego a ver, ¿eso es malo? -Es raro; eso no me lo negará usted. No lo de hartarse del mundo, que eso nos ha pasado a todos, sino lo de creer que cerrando los ojos el mundo desaparece. Es algo, permítame decírselo, propio de niños, una chiquillada. La táctica del avestruz no le da resultado ni al avestruz ni al niño, ni mucho menos a una persona adulta como usted. El mundo sigue aquí aunque no queramos verlo. La más alta ocasión -Seguirá, sí; bueno, ya sé que sigue, pero la cosa cambia mucho cuando no se mira. -Y ¿en qué cambia? -el médico empezaba a sentir en su interior una indefinible inquietud, quizá la de no saber muy bien qué pintaba realmente allí, porque aquél era un problema, en todo caso, de psiquiatra y no de médico de cabecera. -Para empezar en que ya no nos pueden alterar tantas imágenes dañinas como continuamente nos asaltan desde cualquier sitio al que miremos. Al tener los ojos cerrados puede uno imaginarse la realidad a su gusto, estar continuamente en un mundo como de sueño; ese mundo que se nos representa cada noche cuando los cerramos en la cama y antes de que el verdadero sueño se apodere de nosotros; o como el que disfi:*utamos en esos momentos, tan cortos pero tan apasionantes a veces, del duermevela. Como además no soy ciego de nacimiento, tengo en la memoria todas las imágenes que existen para elegir. -Pero es muy distinto estar dormido o a punto de dormirse o despertarse que esto que hace usted. Porque, a pesar de todo, tendrá que continuar viviendo y ese mundo que existe aunque no quiera verlo le va a exigir un comportamiento no de soñador sino real, como el de los demás. -En todo caso, doctor, como el de los demás ciegos, lo que ya es una ventaja. Tendrán que adaptar una parte de sus actos a mi condición de invidente; y a cambio yo no lamentaré el no poder hacer muchas de las cosas que hagan los que ven porque lo mío no es una desgracia o una pérdida sino una situación voluntaria. -Y, además, fácilmente reversible, claro. Ciego mientras le interese, y cuando deje de obtener beneficio o diversión, con abrir de nuevo los ojos asunto concluido. -¡Ah, no, eso no! -Celestino pareció enojarse y se puso en pie con brusquedad-. Si he decidido ser ciego he de ser, y lo seré, consecuente con mi determinación. Así que, doctor, usted nos dirá qué se hace en un caso de ceguera; necesitaré lo papeles de incapacidad laboral, algún certificado para ingresar en la ONCE, porque yo quiero seguir trabajando pero, claro, en algo adaptado a mi ceguera. Sé que los invidentes realizan muchísimos trabajos con tan buen rendimiento o mejor que las personas normales. Nunca he sido un parásito ni pienso serlo a partir de ahora. El doctor Suárez se levantó y se dirigió a Beatriz que había asistido al diálogo anterior con expresión de creciente angustia junto con un sen-José Ignacio de Arana Amurrio timiento cada vez mayor de vergüenza, restregándose las manos sudorosas una contra otra. -Señora: yo no puedo hacer nada más que extenderle un volante para el especialista en psiquiatría. Lo que sí le ruego es que me tenga al corriente. El psiquiatra sólo fue la primera estación de un viacrucis que empezaba para Beatriz y Celestino, aunque éste parecía no darse cuenta del sufrimiento de su esposa, y en cuanto a él mismo, se mostraba cada día más feliz y adaptado con su ceguera. Hubieron de pasar por tribunales médicos, especialistas del hospital, someterse a innumerables pruebas clínicas y psicológicas, y hasta a la inquisición de un inspector de la empresa donde trabajaba Celestino y otro de la Seguridad Social, ambos convencidos de que en aquel asunto se estaba produciendo un intento de fraude aunque no hubiese precedentes en el método. A los tres meses Beatriz seguía penando y casi ni se atrevía a salir de casa por no cruzarse con las miradas entre burlonas y censorias de los vecinos o de cualquier conocido. El grupo de amigos prácticamente había desaparecido; en la mayoría de los casos por decisión de éstos y en otros por la de Beatriz, incapaz de mantener una conversación con nadie sin que le aflorasen las lágrimas angustiadas que había de reprimir en la convivencia con Celestino una vez que se le agotaron los lamentos, los reproches y las súplicas. También la crisis económica comenzó a hacer presa en el matrimonio. La empresa no admitía la ceguera voluntaria de su empleado como causa de baja laboral y le abrió un expediente de despido. La ONCE tampoco contemplaba en su estructura el ingreso de un ciego voluntario y se esfumaba el deseo de Celestino de encontrar un trabajo a través suyo. Los médicos no se decidían a dar un diagnóstico y trataban el caso como un hallazgo experimental, como un conejillo de Indias en el que intentar todas las ocurrencias diagnósticas y terapéuticas que se iban sucediendo en cada consulta o sesión clínica. Hoy las cosas han mejorado algo. Por supuesto que Celestino sigue sin querer abrir los ojos y, lo que sorprende enormemente a todos los médicos, no lo ha hecho una sola vez ni por equivocación ni siquiera por instinto. Se le ha dado un certificado de padecer una neurosis que ha sido aceptado aun a regañadientes por la Seguridad Social y cobra un dinero de incapacidad transitoria en tanto se decide su pase a la invalidez total como enfermo mental grave. Pero eso de que Celestino sea realmente un enfermo mental no lo aceptan muchos de los que le conocen y le han tratado en estos meses. Su capacidad intelectual es absolutamente normal; La más alta ocasión su comportamiento en nada ha variado con respecto al mantenido hasta aquella dichosa mañana salvo, claro es, en lo tocante a su empecinamiento en no abrir los ojos. Desde luego todo esto entra en el cajón de sastre que los médicos etiquetan de neurosis, pero como en tantas de éstas es muy difícil poner la raya que limite la enfermedad de la simple rareza o del comportamiento insólito. Este es, muy resumido, el caso de Celestino Barrios García, ciego por voluntad; un hombre distinto a los demás por el que no es lícito sentir compasión, ni tampoco juzgarle con un rigor para el que carecemos de autoridad. No faltará hasta quien sienta una cierta envidia, sobre todo entre la legión de hombres y mujeres que tienen como mayor y a veces único deleite en su triste, rutinaria existencia, esos momentos en que a la noche o al amanecer permanecen con los ojos cerrados y su imaginación vuela voluntaria o inconscientemente por un mundo irreal pero más luminoso que el que alumbra el sol de cada día. Un encargo de Violante Te escribo, N., y de seguro que te extraña esta misiva si es que llega, como espero, a tus manos y no se queda atrapada en alguno de los muchos filtros que interpones entre tu persona y el resto del mimdo. Te escribo, decía, porque quizá no me atreviese a decirte estas cosas cara a cara y ni siquiera por teléfono si lograra hablar contigo y no con una secretaria o cualquier quídam que te rodea y protege aun sin tú mandarlo de propósito. Quiero hablarte de tu último encargo. Si recuerdas, me llamaste hace unos días, a una hora intempestiva, como sueles hacer, sin pedir siquiera las disculpas que al principio solicitabas aduciendo tus muchos quehaceres. Me soltaste el encargo de sopetón: ~ Necesito un cuento para antes de quince días. Entre tres y seis folios. Escribe lo que quieras, pero con algún asunto emotivo. Es para el suplemento dominical del periódico X, así que ya sabes, carga las tintas en lo social, pon alguna que otra palabrota y dos o tres términos latinoamericanos. En fin, ya sabes lo que te digo. Oye, sin falta antes de quince días. Adiós, macho, a ver cuando tengo un rato y charlamos tranquilamente. Te confieso que tardé unos minutos en hacerme a la idea de lo que me habías pedido. Pensé que desbarrabas, que, por la hora de tu llamada, quizá estuvieras un poco bebido y rodeado de amigos que reirían tu broma. Pero no. No podía ser así. Tus amigos, hasta los que se creen más José Ignacio de Arana Amurrio íntimos, seguramente intuyen la verdad pero no se atreven a decirla y tú no vas a sincerarte con ellos ni aun con varias copas de más en tu cuerpo; siempre supiste aguantar el alcohol mejor que nadie del grupo. Ahora que menciono a la pandilla, perdóname, me vienen a la memoria muchos recuerdos. En realidad tampoco hace tantos años como para que se olviden o para que la bruma del tiempo difumine las cosas y nos haga perder los contomos entre lo que fue y lo que nos imaginamos. Lo pasábamos bien; a ratos muy bien y otros sólo medianejo, pero según esas estadísticas que tanto manejáis los de tu oficio, el resultado es, como decís vosotros, «positivo». Me ayuda a recordar la orla de la Facultad en la que estamos todos en el último curso, hasta Pepe Ortigosa que todavía arrastraba dos parciales de tercero pero que no quiso faltar en la foto de «su curso». De la fila de cátedros sólo quedan tres en activo, los otros se han ido muriendo casi todos o están ya jubilados. ¿Será que somos viejos? No, seguramente los viejos eran ellos cuando les tocó darnos clase. Pero me estoy desviando, así que vuelvo a nuestro asunto. Hasta ahora me habías pedido un montón de artículos de todas clases y media docena de prólogos para libros que ni habías leído ni tenías intención de hacerlo, pero cuyos autores -salvo uno, ¡vaya rollos, amigo mío!-estarían encantados de contar con unas letras tuyas al inicio de sus obras y en la sobrecubierta del volumen. Me acuerdo de cuando me pediste un libro sobre literatura social en el Siglo de Oro. Esto de lo «social» siempre te ha tirado mucho, sobre todo que se note y se mencione como tal, como si todo lo que se hace y se dice no fuera, sin tener que pregonarlo, tan social como lo otro. En aquella ocasión me llamaste hasta tres veces para meterme prisa. Le he prometido el original al editor con tiempo para que salga a la Feria del Libro, así que no me fastidies. Con lo que a ti te gusta el tema no puede ser tan difícil. Aunque sea mándame mañana lo que tengas para ir tirando y date prisa con el resto. \Siempre con prisas. Como firmar te cuesta poco, te crees que lo que va éiicima de tu nombre y apellidos se hace como los churros. Siempre ha salido todo; no creo que en ese sentido puedas quejarte de mí. Algunos artículos los hiciste -te los hice-en una noche y la verdad es que así quedaron. Una o dos veces, reconcomido de rabia, estuve tentado de hacerte esa faena que a todo «negro» se le ha pasado por la cabeza y que alguno ha hecho pasar a las antologías: mandarte un artículo copiado a la letra de algún autor célebre, con lo que se descubriría el pastel. Pensaba que eso, al fin y al cabo a mí no me La más alta ocasión daría renombre y sí disgustos y tú, después del sofocón, que ése sí que no te lo quitaba nadie, seguirías tan campante y ya buscarías otro camino para realzar tu prestigio de oropel. En la Facultad -otra vez los recuerdos-ya te alzabas sobre los méritos de los demás. Tus chistes eran de Pepe, el de la foto, el gran repetidor; tus trabajos de clase, o inspirados cuando más, o copiados de los otros o, como el de fin de carrera, pagado a tocateja al buenazo de Carlos, siempre a dos velas el hombre y pidiendo préstamos aquí y allá para ir tirando. Hasta las chicas te las habíamos «madurado» para cuando tú llegabas. Pero, a cada cual lo suyo, tenías la simpatía por arrobas, arrastrabas tras de ti a todo el curso como delegado y sabías llevarte de calle a los profesores para acomodar exámenes o prácticas o jornadas de huelga o lo que fuese menester. Luego te aprendías -porque cuando te daba la gana eras capaz de aprenderte cualquier cosa-los cuatro o cinco temas que sabíamos que le gustaban a cada cátedro y a ir tirando. Y fuera de clase, no digamos. Conocías gente de toda la Universidad y de todo Madrid; eras capaz de meterte, y de metemos si íbamos contigo, en casi cualquier sitio echándole a la cosa conocimientos o cara dura y a veces las dos cosas juntas. A ver luego quién te negaba algo cuando lo pedías echando el brazo por encima de los hombros del pardillo de turno. Entonces no se te veía muy clara ninguna vocación, ningún proyecto profesional para después de licenciamos. O, por lo menos, eso nos parecía, porque cuando luego te he visto encumbrado en la sociedad y en la política, he llegado a la conclusión de que ése era tu proyecto: subir; subir a donde sea si está en alto y ser perejil de cien salsas. Yo no era para ti en esa época nada especial; uno más de la pandilla; si acaso, más «empollón» que algunos pero, desde luego, menos brillante que la mayoría. No sé por qué te fijaste en mí más tarde, cuando ya cada uno andaba buscándose la vida por caminos tan dispares. Ya sé, ya sé que no soy único en tu fichero. He leído algunas cosas que has firmado y es obligado pensar que tras ellas se esconde otro «negro» o varios, que quien hace un cesto, hace ciento. Se ve a las claras que son estilos diferentes, pero quizá sea yo solo quien lo ve transparente porque estoy en el secreto, porque «soy el secreto». Ahora me encargas un cuento. Chico, los que te rodean deben de estar verdaderamente admirados de lo variado que es tu numen literario. A lo mejor es cierto lo que un día me dijiste en una de tus llamadas y yo tomé a broma. -Cualquier día me nombran Académico o me dan un premio gordo. Ya puedes liarte a escribir un buen Discurso de Ingreso. Y soltaste una risotada y yo también me reí a pesar de revolvérseme las tripas. Cuando se lo comenté a mi mujer no saliste muy bien parado. Pero eso no es novedad. No la conoces y eso te salva, porque las barbaridades que dice de ti -y ya puedes imaginarte que de mí-te las iba a soltar una detrás de otra y no son para oídas por más que yo las tenga que aguantar un día sí y el otro también. Me pides un cuento y me pones en un serio aprieto. Yo no he escrito nunca ninguno. Me he ido a los libros y a los diccionarios a ver qué cosa sea. Las opiniones, ya sabes -bueno, no lo sabrás, claro, pero te lo digo yo-, son muchas y no aclaran nada. Porque, además, cuentos escribía Cervantes y el Canciller de Ayala, y cuentos han escritos todos los autores españoles y extranjeros del prolífico siglo XIX y cada uno lo hace de una forma diferente. Para lo que tú quieres quizá se ajusten más los cuentistas hispanoamericanos -perdón, latinoamericanos-de estos últimos años, pero aun éstos no se ponen de acuerdo. Dicen que un cuento es un relato corto en el que debe haber, sin embargo, un asunto tratado por completo, esto es, una miniatura. O dicen que ha de ser una pincelada que apunte apenas un retazo de una vida o de una situación que queda difuminada, sobreentendida, a las márgenes de lo narrado. En cualquier caso, es un auténtico género literario que no se puede, que no se debe improvisar. Ya me daría yo por satisfecho con tener idea clara de un tema que tratar, de alguna vivencia que poder trasladar al papel. Pero llevo estos días estrujándome la mollera y no se me ocurre nada válido. Otra cosa es un artículo o hasta un libro que tienen su «pie forzado» y a él te agarras para tejer un entramado de frases, de períodos y hasta, de vez en cuando y sin exagerar, alguna idea original. Pero un cuento, y además con prisas, se sale de mis posibilidades. Los asuntos que se me ocurren son tan trillados que no merecen la pena ni de ponerse sobre ellos. Esto quizá a ti te trajera sin cuidado; seguramente no van a juzgar tu originalidad sino el mérito de dar a la luz una obra literaria de forma tan distinta a lo que les tienes acostumbrados. Mas a mí -respétame al menos este resto de dignidad que no saldrá nunca de mi coleto-me parecería rebajarme; -rebajarme, fíjate qué cosas digo a estas alturas-el hacer un recuelo de asuntos manidos, de lugares comunes, aunque lo salpimentara, como me pides, con alguna palabrota, algún americanismo y, eso sí, mucha carga social. Ahora me doy cuenta de que llevo escritos muchos párrafos y aún no te he dicho cuál es el motivo de esta carta. Sin duda, si has llegado hasta aquí, tú que no lees más que lo imprescindible para mantenerte a ñote, tienes méritos sobrados para saber a qué viene este ya largo escrito La más alta ocasión de tu «ayudante» como me llamaste en una ocasión, no sé sin con sinceridad que se te escapó o con retranca. Pues bien, esto quiere ser una petición de cese en esa ayudantía. Sí, no cuentes más conmigo para mantener esa tramoya que sostiene tu prestigio. Se acabó el ser tu «negro», se acabó. Podrías preguntarme que por qué ahora, por qué he esperado tanto para tomar esta decisión. Y no sé si te sabré contestar acertadamente. Verás, N.] las razones son las mismas que me hubieran debido mover a mandarte a paseo la primera vez que me buscaste. Mi situación no ha cambiado desde aquel día. Sigo, tú lo sabes, con mi trabajo de profesor en la Facultad, enseñando a otros para que a su vez enseñen... etc.; es un poco como aquella caja de galletas en cuyo paquete estaba dibujada una niña con un paquete en la mano en el que estaba una niña con un paquete en el que estaba.... y así infinito. Apenas sí rompemos ocasionalmente ese círculo vicioso que puede llegar a ser agobiante, y a este dar vueltas y vueltas no sois ajenos vosotros los políticos, que os habéis olvidado de la Universidad quizá porque pasasteis por ella como sobre ascuas y sin que os «prendiera» lo que allí se pretende inocular. Pero otra vez me desvío del tema; debe de ser el subconsciente que me hace derivar para no tener que plantarme ante la realidad. Aquella primera vez me tentó la oferta económica y el pensar que sería la única. Me han pedido de una revista del Ministerio un artículo sobre ese tema y ya sabes que esa asignatura la aprobé por los pelos y por la cara. Hazme el favor, hombre. Total no se va a enterar nadie; con cuatro bobadas salimos del apuro, yo con una buena nota ante mis jefes y tú con unos duros en el bolsillo que nunca vienen mal. Y tragué; tragué quina, pero lo hice. Tuviste el artículo y yo nunca lo vi porque no tenía acceso a la revista y tú tampoco me la enviaste. Fue una suerte, sobre todo para ti. Si lo hubiera visto quizá mi conciencia hubiera podido con mi interés. Lo mismo pasó, supongo, con los dos o tres siguientes artículos. Luego ya estaba metido en el tinglado y seguí tragando. La primera vez que leí uno de «tus» artículos en el periódico, a los cuatro vientos, sentí más que asco una extraña sensación de abatimiento, de rendición casi sin condiciones; hasta llegué a releerlo con cierta fruición o a lo menos con un cierto regusto de paternidad silenciosa y sacrificada. Eras una fuente de ingresos más, de buenas pesetas porque nunca has sido tacaño para pagarte los caprichos. Te mencioné antes a mi mujer y sus reproches; mis hijos aún no tienen edad suficiente para darse cuenta de las cosas, pero si continúan así también lo llegarán a hacer. Ella ha influido, no lo voy a negar, en mi decisión de hoy. Pero quiero creer, necesito creer que ha salido de mí mismo, de un rescoldo de dignidad que no hayan podido apagar tu dinero y mi dejadez. El que escribe se siente, ya te lo he dicho antes, como un padre de su obra y es muy doloroso entregar a los hijos en adopción; alguna vez la sangre ha de poder más que los otros humores de los clásicos y subirse a la cabeza y nublar razones e intereses. Encontrarás otros que hagan mi trabajo; siempre los hay y la gente como tú sabe encontrarnos porque estáis alzados no sobre vuestros méritos sino sobre las miserias humanas de los demás y si éstas desaparecieran desaparecerían también los de tu calaña. Pero no caerá esa breva. Al cabo, nada te debo. Como dijo Machado, «debéisme cuanto he escrito». A lo mejor, a partir de ahora me dedico a escribir para mí mismo y hasta consigo verlo publicado. Será difícil que se me ocurran cosas sin ser de encargo, pero, al fin, oficio no ha de faltarme; casi puedo escribir de cualquier cosa y en cualquier formato. Lo que no veo factible es escribir un cuento. Ese ha podido ser el detonante de toda esta historia. Me mandas hacer un cuento y estoy, después de mucho rasguear con la pluma, terminando de escribirte una carta cuanto amarga liberadora. Yo no sé escribir palabrotas, no me salen; yo no sé escribir americanismos a pesar de haberlos leído en Borges y en Cortázar y en García Márquez y en tantos otros y de haberlos repasado en las últimas jomadas por tu interés en ellos. Pero acabo de releer lo que llevo escrito, con una fugaz tentación de romperlo, y me doy cuenta de que si no hay palabras malsonantes o exóticas, no cabe duda de que sí hay suficiente de esa «carga social» que tanto te interesaba. Así pues, me despido de ti usando otra vez palabras prestadas de un poeta que quizá se viera en alguna situación semejante a la mía de hoy: «Contad si son catorce, y está hecho». En el cielo -esto lo sabe muy poca gente-existe una tertulia literaria que se reúne todas las tardes si es que tiene tardes la eternidad. La preside Homero, elegido sin discusión primero entre los iguales por haber sido ya divino mientras vivió. Asisten a ella, según les dé: César, lacónico y un poco impertinente; el Arcipreste Juan Ruiz, jocoso; Cervantes, ta-La más alta ocasión citurno por lo general; Shakespeare, siempre polemista y agrio; Molière, burlón y malintencionado; Balzac, charlatán incansable; Tagore y Kipling, espiritados y haciendo corrillo aparte para hablar de las cosas de su India; Juan Ramón, hipocondríaco y huidizo; Juan de la Cruz, siempre absorto; y otros muchos escritores de todos los tiempos aunque con claro predominio de los que fueron en vida españoles, quizá porque aquí la tertulia ha tenido mayor raigambre y eso se traslada también a la otra orilla. En esta asamblea se habla -está de más decirlo-de todo lo divino y lo humano. Los asuntos brotan de continuo y espontáneos y cada cual aporta su versión y su criterio sin que por lo común se pongan de acuerdo los tertulianos; pesa mucho la gloria de la inmortalidad a la hora de aceptar la razón ajena o de ceder un punto siquiera en el mantenimiento de la propia. Pero si en este encastillarse cada cual en sus razones reside buena parte de la gracia de las tertulias humanas, no puede esperarse que la cosa sea distinta allá arriba. Las tertulias no se han hecho para que sus miembros de diario se convenzan mutuamente sino para dar acompañamiento a los monólogos sucesivos o simultáneos y para que aprendan los mirones lo que es sabiduría y gracia y agudeza de ingenio. José Zorrilla es cofrade tenido por fijo aunque menudean sus ausencias cuando se va de charla con hidalgos castellanos o a recitarle endecasílabos a alguna princesa morisca que vea pasar como alma en pena temblorosa de amores desgraciados. A Zorrilla los otros de la reunión no suelen tomarle muy en serio y hacen frecuentes chanzas de sus arrebatos románticos. Si acaso, Cervantes le mira con ojos de comprensión y hace gestos de compartir muchos de aquellos ensueños, pero Don Miguel habla poco y Zorrilla se queda solo añorando lances caballerescos de final siempre dramático. Seguramente fue el coñón de Juan Ruiz o, quizá, Mariano José de Larra que respira siempre por la herida, quien sacó aquella tarde el asunto a colación. Por unos instantes todos callaron para oír sus argumentos que exponía sin quitar la vista del poeta del Tenorio. -Ahí abajo ya no queda ninguna Doña Inés, virgen y pura, capaz de sufrir un embeleso por cuatro palabras bien dichas y dispuesta a ofrecer su alma por la salvación del sinvergüenza que se las dijo. Yo afirmo que no la hubo nunca; que las mujeres han sido antes como ahora unos seres movidos por el interés: de poseer riquezas, de ser admiradas y servidas por los hombres y por las otras mujeres o, sencillamente, de dominar a quienes tienen más cerca, que suelen ser los novios primero y los maridos o los amantes después. Ila novicia que se invento nuestro amigo Zorrilla no es más que eso, un puro invento que careció siempre de la más mínima realidad. Y desafío a quien me lleve la contraria para que señale un solo caso, en este mismo instante, de una jovencita que atesore esa pureza que imaginó el ingenuo José. -Yo mismo lo haré -saltó Zorrilla, blanco ahora de las miradas de todos los asistentes-; voy a pedir al Señor el Día de Gracia y os indicaré no una sino hasta una docena en cuanto baje. -Con una basta-dijo el otro. El Día de Gracia es un efímero retorno del más allá que la Misericordia Divina concede una sola vez en la eternidad a quienes dejaron alguna cuenta pendiente. A estos Días corresponden muchos hechos extraordinarios que los mortales no sabemos explicar pero en los que tenemos la intuición de que algo o alguien ha venido para torcer con un soplo la llama de nuestra existencia; unas veces a nuestro gusto, otras, de acuerdo a una escondida voluntad cuyo origen se nos escapa. La juventud se rige por horarios particulares que poco o nada tienen que ver con los del resto de la sociedad de la que forman parte biológica. Cuando la mayoría de los humanos se recoge en sus hogares después de una jomada laboral o de ocio es el momento elegido por los jóvenes para salir de esos mismos hogares camino de sus centros de reunión. Incluso el atardecer o la anochecida son pronto para ellos; buscan para sus actividades la noche cerrada; pero no porque gusten de la oscuridad celestinesca, ya que sus lugares de diversión disponen de abundante iluminación artificial. Son como las polillas y mariposas nocturnas, que rehuyen al sol, brillante y vivificador, y revolotean alrededor de una farola o del pábilo oscilante de una vela, remedos artificiales de la luz del día a la que jamás conseguirán aproximarse. * Era una tarde primaveral de Madrid, de esa primavera madrileña algo tardía que empieza a caldear los cuerpos después de muchos meses de estar ateridos, y, sobre todo, despierta los espíritus con un suave cosquilleo a través de los sentidos: el aroma de las primeras flores en parterres y jardineras; los colores de un cielo increíblemente transparente y de las arboledas que renacen del invierno; el piar incansable a todas horas de los pájaros que se buscan en las enramadas; el contacto sobre la piel de un aire tenuemente caldeado, como una caricia. Zorrilla callejeaba sin que las muchas novedades ciudadanas le sorprendieran demasiado a pesar de la colosal diferencia entre esta ciudad y la que él paseó durante sus años de vida. Quienes vuelven en su Día de Gracia apenas tienen sensibilidad para los objetos inanimados; su misión La más alta ocasión se dirige hacia los hombres y es a éstos a los que prestan atención, a sus conductas y a sus íntimos pensamientos que para ellos son tan visibles como para nosotros los gestos de la cara. En esas horas vespertinas muy pocos jóvenes andaban por las calles. Abundaban, por contra, las personas ajetreadas en vehículos y a pie, yendo en mil direcciones, sin mirarse unos a otros si no era porque tropezasen o se interrumpieran el paso entre sí. Y aun entonces sólo se dirigían un vistazo malhumorado con un gesto de desdén hacia el prójimo que parecía existir nada más que para estorbarle a uno. En esto sí notaba un cambio sustancial con su tiempo, cuando todos se conocían o hacían por conocerse; cuando el saludo y la cortesía eran todo un rito aprendido en la niñez y fomentado en la edad adulta aunque no pocas veces se tiñera de hipocresía o de amaneramiento. Al cerrarse la noche miró Zorrilla hacia lo alto buscando entre las estrellas el lugar desde donde sus contertulios estarían observándole. Pero no vio ninguna estrella. El cielo de la ciudad tenía un color lechoso o como de panza de burro allí donde unas horas antes se extendía el azul cambiante del último resol. ¡Qué cosa más rara!, se dijo el poeta, ¿no tendrá nunca esta gente la necesidad o el gusto de mirar el cielo estrellado? Desde el otro lado sí se ven los luceros y se pasea entre ellos y sirven de punto de cita para los que ya han cruzado la frontera. Poco a poco se vio rodeado por la juventud que buscaba. Al traspasar un rectángulo de luz irisada que se filtraba por los cristales de un local, del que también salía una música de ritmo machacón, casi se dio de bruces con una pareja que, apoyada en un automóvil se abrazaba y besaba con un ardor que sería de esperar en la penumbra de una alcoba mejor que al aire libre y frente a cualquier espectador. No; aquélla no podía ser una Doña Inés que contiene su impulso amoroso en la escena del sofá. Pocos metros más allá se detuvo a contemplar otro espectáculo. Esta vez era un grupo de chicos y chicas, apenas en los límites de la adolescencia, quienes ocupaban su tiempo en jugueteos amorosos durante los que no se recataban de entregar su intimidad al manoseo del vecino que, a cambio, ofrecía la suya con la misma ligereza. Unos vasos, presumiblemente de alguna bebida alcohólica, pasaban de mano en mano y de boca en boca, lo mismo que unos cigarros malolientes que apuraban hasta quemarse los labios. El lenguaje que utilizaban para comunicarse no solamente no era el de las endechas y madrigales sino que estaba limitado a muy pocos vocablos que además parecían necesitar la ayuda continua de muletillas para salir de las gargantas. La siguiente pareja, que caminaba unos pasos adelante, parecía más normal; él y ella, cogidos de la mano, con las cabezas muy juntas, man-José Ignacio de Arana Amurrio tenían una actitud de enamorados que se arrullan. Zorrilla apresuró el paso para verlos de frente, seguro de que en la cara de aquella muchacha iba a encontrar los rasgos de primor que imaginara para su Doña Inés. Ni siquiera lo imperturbable de su condición de espíritu fue suficiente para evitarle la sacudida. Aquella pareja lo era sólo por ser dos, como los animales de una yunta; la previsible muchachita era un tipo rubiasco, con una buena mano de maquillaje por la cara que no bastaba a cubrir sus rasgos de hombre; el otro mantenía algo más la imagen varonil a cuenta de un bigote tupido y la aparente ausencia de afeites en el rostro. La sola idea de los arrullos amorosos que un momento antes estimuló al poeta se le convirtió de pronto en un pensamiento repugnante. Bien sabía él que más de uno de sus contertulios cojeaba del mismo pie que aquellos dos sujetos y que en el gremio de los poetas y literatos hay quien además de en la mano lleva la pluma como adorno de solapa. Pero guardaron las formas y el que no lo supo hacer recibió el rechazo de sus coetáneos y la sorna de sus lectores. En cambio, esa pareja de ninfo y cacorro no parecían llamar la atención de nadie sino la de él que venía de otro mundo. Zorrilla había llegado a estar casi de acuerdo con uno de sus frecuentes compañeros de charla, Gregorio Marañen, sobre la inmadura virilidad de su Don Juan; pero ni el sabio médico ni nadie en sus cabales hubiese imaginado al burlador sevillano en el lugar de uno de aquellos muñecos. Avanzaba la noche y con ella su Día de Gracia sin que viera culminada la misión que le había hecho solicitar, y agotar, aquel privilegio. Ya no miraba al cielo, borrado por las luces de los hombres, pero adivinaba sobre sí los ojillos burlones del Arcipreste y creía escuchar sus infantiles palmoteos de alegría al sentirse vencedor en el envite que se jugaba entre ambos. El límite sería la primera claridad que, como en el Ramadàn, permitiese distinguir un hilo blanco de otro negro. Curioso límite, se dijo, cuando aquí se niegan las tinieblas con un millón de lámparas que parecen esperar desafiantes la amanecida. Sin embargo, allá arriba esos detalles se cuidan mucho y quizá le sorprendiese el primer rayo de sol sin darse cuenta. La ciudad, tan grande, tan exagerada, se va deshilachando por los arrabales y se acaba perdiendo en el campo con salpicaduras aquí y allá de casuchas que esperan verse algún día engullidas por otro ensanche. Estas tierras de nadie son, como lo fue siempre el alfoz de cada ciudad, el escenario de una vida marginal que ignora las leyes y a la que éstas parecen también dejar de lado. En uno de esos lugares, mitad por mitad sembradío y escombrera, dos figuras llamaron la atención de nuestro espíritu itinerante. Una era un cuerpo tendido sobre unos terrones hú-La más alta ocasión medos aún de las últimas lluvias; un jovencillo de edad no muy diferente a los que poco antes viera bebiendo y manoseándose; parecía yerto o quizá ya sin vida; su brazo izquierdo, arremangado, mostraba un riachuelo de sangre que había brotado del punto en el que todavía estaba clavada la aguja de una jeringuilla. La otra figura se arrodillaba junto a la primera y sollozaba sin aspavientos; era una muchachita morena, desgreñada, con el rostro sucio surcado por dos regueros de lágrimas que emborronaban más aún aquella cara que seguramente era bonita y suave. La chiquilla sujetaba entre las suyas una mano de su compañero y se la acercaba al pecho y a los labios. ¡Yo te quiero, llévame contigo! ¡Todo te lo perdono, pero llévame contigo! Alzó la mujer los ojos al cielo en actitud suplicante. Y Zorrilla siguió aquella mirada. Entonces se dio cuenta de que allí si había estrellas, todas las estrellas asistiendo como mudos testigos al drama humano. Y de que por la raya del horizonte una línea de plata anunciaba el final de la noche y de su tiempo. -¡Arcipreste -gritó a lo alto-, ésta es Inés; te he vencido! A Marcelino Suárez Figueredo le llaman en la aldea el halcón. Si alguien preguntase, que no lo hará, el porqué de este mal nombre, le dirían que por tener la cara de ese pájaro, los ojos muy abiertos y bullidores y, sobre todo, por tenerlos siempre mirando lejos, como viendo algo que los demás no alcanzan. Marcelino el halcón tiene ya más de sesenta años cumplidos que se le marcan en las facciones porque han sido años de trabajo recio en el terruño, para arrancarle poco más que la subsistencia cotidiana y algo que bajar al mercado los primeros y terceros jueves de cada mes. A decir verdad, lo único que conserva fresco Marcelino es el brillo de esa mirada que le valió el apodo. ¿Qué mira Marcelino el halcón? ¿A dónde va su mirada? Nadie podría decirlo sin temor a errar; sólo él nos lo diría si quisiera. Y ¿dónde le encontraremos para preguntárselo? Marcelino el halcón pasa el día entre el sembrado y las rúas de la aldea; alguna tarde se le ve por la taberna de la plaza, haciendo de cuarto en una partida de brisca o de chámelo, con un cigarrillo en los labios y una copa de aguardiente a la vera, o sentado junto a la mesa en que otros juegan y hablan. Pero el lugar preferido de Marcelino el halcón, en el que pasa sus mejores ratos y donde siempre se José Ignacio de Arana Amurrio le encuentra desde media tarde hasta la caída del sol, es el banco de piedra carcomida y musgosa del viejo apeadero del ferrocarril. Allí Marcelino es más halcón que en ningún otro sitio. Allí sus ojos otean el punto en que los raíles se pierden tras el recoveco de un cerrillo y así permanece, sin casi pestañear, las horas que dure la luz del día. Cuando al crepúsculo ya no se distinguen las vías del campo que las bordea, Marcelino el halcón aún echa otro pitillo sin apartar la vista del ya invisible sendero de hierro; luego se levanta y a paso lento, ¿qué prisa tiene?, se va hacia el caserío, saluda a unos y a otros, capacea con alguno que ahora sale de la taberna y se entra en su casa donde su hermana Rosa tendrá ya puesta la mesa y el condumio con que acabar la jornada. Sólo una vez en su vida, cuando entró en quintas, salió Marcelino de la aldea. El y otros dos mozos subieron en el apeadero al tren que paraba un instante en su camino del pueblo minero, más arriba del suyo, a la ciudad industrial del valle. A los dos días estaba, él solo, de vuelta. El tribunal médico le había dado por inútil para el Servicio por estrecho de caja. En total viajó en aquel tren apenas seis horas entre la ida y el regreso. Un vagón mixto de carbonera, almacén de herramientas y unos bancos corridos de tablas para una docena de pasajeros fue toda la comodidad que pudo tener. Pero aquel viaje marcó indeleblemente su vida para en adelante. En las tres horas de recorrido, asomado a la ventana y medio cegado por la carbonilla, contempló un mundo del que nadie le hablara nunca. La ciudad, pequeña ciudad de antañona catedral, seis palacios blasonados, unos centenares de tiendas y otros cientos de bares, fue para Marcelino un descubrimiento no menor que lo sería Méjico para Cortés y sus soldados. Aquellas escasas cuarenta y ocho horas, descontado el tiempo de fonda y cuartel, las disfrutó hasta exprimir cada minuto como el borracho pueda hacerlo con la indeformable botella que contiene su néctar de vida. Al volver a la aldea y reintegrarse a las labores que siempre hizo y siempre haría, comenzaron por las tardes sus paseos hasta el apeadero. Sentado en el banco, ajeno al por otro lado escaso ajetreo del lugar, pasaba las horas fijo en el perderse de las vías. El guardagujas intentó al principio entablar alguna charla con el visitante, pero éste parecía no escucharle por lo que pronto desistió y se limitaba a mirarle al llegar y al marcharse. ¿Qué hace Marcelino en esa actitud? Marcelino imagina y sueña viajes y para enderezar sus pensamientos toma como ringleros los raíles del tren. Cada persona usa una referencia para dar vuelo a su imaginación si es que la deja marchar. Marcelino usa la vía del ferrocarril y sobre sus bruñidas rayas desliza su mundo interno hasta los confines del otro mundo, el exterior. Mas la fertilidad de una imaginación, como la de la tierra, sólo se manifiesta si sobre ella cae una semilla y llueve y luce el sol. La semilla, el agua y el sol eran para Marcelino el halcón los relatos que escuchaba de quienes, habiendo salido de la aldea, volvían y se explayaban en conversaciones sobre lo visto y vivido. Primero fueron sus compañeros de quinta; por ellos conoció Marcelino la existencia de lugares más lejanos aún que la ciudad que él correteó de pasada en su frustrada incorporación al Servicio. Supo de otras plazas, otras calles y otras gentes. Y lo que les oía contar alrededor de la mesa tabernaria o al solecillo caliente de la salida de misa, sentados junto a la olma, él lo guardaba para sí y después, cuando el día se acaba, se iba a rumiarlo en su banco del apeadero y adornaba de su propia cosecha lo relatado por los mozos y se veía a sí mismo en los pasos que ellos dieron. Más tarde fueron unos vecinos que habían llegado hasta la capital de la provincia. La imaginación calenturienta de Marcelino el halcón le presentaba ante los ojos, allá donde los raíles se juntan, inmensas luminarias, coches, tranvías, tiendas, edificios colosales, hermosas mujeres, hombres trajeados y encorbatados. Esta ciudad le dio de sí para muchos meses, cada día con variantes en uno u otro detalle que él pensaba haber oído pero que quizá fuesen inventados por su desbocado cerebro. Cuando Jesús, el alcalde, volvió de Madrid tras una imperiosa gestión en el Ministerio de no sé qué, Marcelino no faltaba ninguna tarde a la taberna donde Jesús jugaba su partida para extasiarse con sus palabras que atesoraba en la memoria para hacer su «viaje» vespertino. Otros del pueblo envidiaban al alcalde por haber hecho esa escapada. Marcelino el halcón no. El sabía que cuanto aquél contase lo podía revivir en sí mismo y aun acrecentarlo con sólo mirar su querida vía del tren. Un día vino a la aldea un nuevo cura a sustituir a Don Fermín que había muerto entre olores de santidad y miseria. El recién llegado era joven, aproximadamente de la misma edad que Marcelino por entonces. Se llamaba Don Crescencio y no hacía mucho que había cantado su primera misa. Pronto se integró en la vida sin excesivos recodos buenos o malos del pueblo. Si acaso, ruaba menos que sus predecesores y gustaba más de pasar las tardes en la rectoral dedicado a su afición favorita que no le parecía muy digna de divulgarse entre los parroquianos: era infatigable lector de libros de aventuras y en especial de las obras de Julio Verne. Trajo consigo una buena provisión de volúmenes de cubiertas y bordes sobados por el frecuente uso; a más de éstos, estaba suscrito a una editorial que le remitía periódicamente, envueltas en un discreto papel marrón, las últimas publicaciones del tema. El caso es que Marcelino, que no era demasiado curioso, hubo de ir cierto día a la casa rectoral y sorprendió a Don Crescendo en abstraída lectura, y al dejar éste sobre la mesa, un poco azorado por la visita, el libro con que se ocupaba, los ojos vivaces del halcón cayeron sobre la cubierta en que destacaba en colorines un ferrocarril atravesando una llanura. No pasó desapercibida para el sacerdote la brusca fijación de la mirada e interrogó a Marcelino sobre ese interés. A partir de ese día se entabló entre ambos hombres una amistad fortalecida por un tácito acuerdo de secreto sobre sus comunes aficiones. El cura comenzó a prestar algunos libros a Marcelino que los leía en su cuartucho con harto esfuerzo pues nunca tuvo más letras que las imprescindibles para no ser incluido en el censo anual de analfabetismo que redactaba el secretario del ayuntamiento para enviarlo al Gobierno Civil. Con esto se le iban las noches en vela, cerrada la puerta del dormitorio para que Rosa no se enterase de lo que hacía. Y las tardes en el apeadero se convirtieron en una inacabable serie de viajes no ya a la capital o a Madrid, sino al mundo entero, con el recuerdo de lo leído y siempre con el único apoyo material de los raíles por los que habría de iniciarse cualquier salida. Recorría ensimismado el Africa y América, Asia y toda Europa aunque nunca hubiese visto en un mapa el escenario de sus sueños. Si se mezclan en un trayecto indios y negros y caballeros británicos y cosacos rubios, no importa, porque nadie pone fronteras geográficas o raciales en un viaje que se hace dentro del propio alma. Cuando Jesús, el alcalde, traía al recuerdo de la tertulia algún episodio de su estancia madrileña, Marcelino el halcón se sonreía y, aunque callaba, adquiría un cierto aire de superioridad mientras pensaba para su coleto: «sí, sí, mucho Madrid, pero no se puede comparar con Londres y París, y no digamos con Bombay sin ir más lejos». Las posibles variantes eran, claro está, prácticamente infinitas, que nunca se agotaba el reservorio de Don Crescendo. Julio Verne, Salgari, Mark Twain y tantos aseguraban a Marcelino el halcón un repertorio inacabable de viajes, placenteros unos, transidos de aventuras otros; éstos de corto recorrido, aquéllos transoceánicos; todos, al cabo, apasionantes y deleitosos. Empezaban en el andén del apeadero y finalizaban cuando el sueño podía más que el ardor de la imaginación y cerraba los sentidos al halcón para recomenzarse al día siguiente. Ahora, en algún lugar de la Administración donde seguramente saben más de esto, han decidido que el tendido ferroviario que une la ciudad industrial del valle con el pueblo minero de la montaña ya no es necesario o no es rentable o lo que sea, y van a suprimirlo. Pero no La más alta ocasión conformes con dejar en el olvido este viejo ramal y que las hierbas y las aguas lo desmoronen y lo entierren, han tomado la determinación de desmantelarlo por completo y ya han comenzado a arrancar los raíles y a hacer hogueras con las traviesas que los sustentaban. Al apeadero de la aldea le ha tocado también el turno en el desguace. Grandes camiones y otras máquinas han venido estos días para hacer el trabajo que no durará más allá de dos o tres jornadas. Desde que el rumor empezó a correr por el pueblo, Marcelino el halcón estaba extraño aunque nadie le llegó a preguntar la causa. No se le veía más que muy esporádicamente por la taberna, parecía huidizo con los que se cruzaban con él en el camino de la huerta y a las veces ni respondía al saludo que se le dirigía. Semejaba haber envejecido y hasta aquellos ojos brillantes tan característicos parecerían a quien se fijase en ellos más apagados. A los pocos días incluso dejó de ir por la casa curai para su casi clandestino préstamo de libros. En la soledad de su cuarto no leía sino que se limitaba a mirar los libros y a acariciar sus lomos y el corte de las hojas en movimiento repetitivo y diríase que alelado. Lo que no dejó de hacer fue subir al apeadero cada tarde y allí siempre seguir mirando el mismo punto; en esos ratos volvía a sus ojos el brillo de antes y casi nadie podría decir que algo estaba pasando en la intimidad de el halcón. Alguien, quizá, sí pudiese. Don Crescendo echó en falta a su asiduo visitante y un poco confidente y, al cabo de los días, decidió resolver su extrañeza. Se dirigió un atardecer al sitio donde estaba seguro de encontrarle. Allí estaba, sentado en su eterna postura, dando maquinales chupadas al pitillo. No vio al cura hasta que éste le tocó el hombro sobresaltándole. El viejo y destartalado apeadero estaba ahora solitario; hasta un rato antes habían estado los obreros desmontando las vías y cargándolas en un camión. El cura, conocedor por oficio de lo que los semblantes humanos significan, percibió enseguida que eran tristeza y amargura las que atenazaban a su feligrés y amigo; pero no se le alcanzaba el por qué pudiera hallarse bajo esa pesadumbre. -¿Qué te pasa Marcelino? ¿Qué tienes, hijo, que así te preocupa? La respuesta de el halcón sorprendió al sacerdote, a pesar de que en toda la aldea, en todo el mundo, sólo él podría comprenderla. -¡Ay, señor cura! -dijo, a la vez que desviaba los ojos una vez más hacia las vías ya casi desaparecidas-¿Y a dónde voy a viajar yo ahora? El pescador y la princesa Celestino Bazán es pescador de bajura, ni siquiera patrón del barco en que faena, y apenas tiene cuatro cuartos. Pero Celestino Bazán es un hombre afortunado porque anda en amores con la princesa de un castillo de arena. Su amor es limpio y puro y ya va para tres años que se iniciaron las relaciones. A Celestino Bazán no lo creyó nadie cuando contó sus primeros encuentros, sus iniciales requiebros correspondidos y los comienzos de su romance. Hoy ya no habla de ello con los otros hombres; sólo se sincera con la espuma de las olas y con los peces que brillan con la luz de la luna entre las redes del aparejo. A Celestino, hombre de la mar, no le gusta perderla de vista. Por eso solía pasear por la playa que se extiende desde donde se apoya el largo brazo del malecón hasta el infinito. El rumor del oleaje acompasaba su andar y de trecho en trecho se detenía a mirar al horizonte o pasaba un rato garabateando con una concha monigotes en la orilla húmeda de la bajamar y apostando consigo mismo a si alguna ola más tendida que las otras alcanzaría a borrar el dibujo. Una tarde, cuando el sol cae del otro lado de la montaña y el mar toma un color de acero, como si el piélago quisiera cubrirse de una armadura para no sé qué combates nocturnos con algún gigante de los sueños, Celestino tropezó con un castillo de arena y del traspié cayó de bruces. Soltó entre dientes un juramento y escupió un salivazo embarrado. Luego oyó muy cerca de él lo que le parecía una risa de mujer. Sin levantarse, se volvió hacia el montón de arena que le había zancadilleado. Era un castillo de los que hacen los niños durante sus juegos en la playa. Con su foso, su puente, sus torres y sus almenas y líasta con un gallardete de plástico anaranjado sujeto por una pajuela en lo más alto de una de las torres. La imaginación del niño había labrado con las uñas unas ventanas en uno de los lienzos de la muralla. En uno de tales huecos, nada más que esbozado en la pared arenosa, vio la figura completa de una mujer vestida con unos ropajes como jamás hubiese contemplado. Un manto de raso verde, una capa de seda roja, unos chapines de ante y un tocado alto y de punta con un velo de blanca gasa que la brisa flameaba. Y en medio de aquellas telas un rostro como de ángel, sonrosado y perfecto, alegrado por una risa que aún lo embellecía más. -¡Qué gracioso, qué gracioso! Celestino sacudió la cabeza varias veces, pestañeó otras tantas y hasta se pellizcó en la cara por ver si estaba consciente o el golpe le había atolondrado. Al fin, se atrevió a preguntar. La más alta ocasión -¿Quién demonios eres tú? -Ningún demonio -respondió ella con una voz algo metálica, como de caja de música-. Soy la princesa Marlinda, hija del rey Océano. Vivo aquí mientras mi padre rige el curso de los mares. Si quieres, puedes pasar. Mi dueña duerme hace rato y se me pasan las horas aburridas: no sé bordar aunque me enseñaron de niña, leo poco y sueño mucho. Un rato de conversación quizá me alivie del tedio de tantas jornadas mirando cómo sube y cómo baja ese mar y de dirigir mis monólogos a los peces y a las conchas que no me entienden o parecen no hacerme caso. Entró Celestino cruzando el puente y enseguida llegó a un salón de estilo gótico, con alto techo de fina crucería y grandes ventanales ojivados por los que penetraba el sol poniente rompiéndose en los mil colores de las vidrieras. En uno de los extremos, sentada sobre el poyo de piedra de una ventana salediza, estaba la princesa; lo vio entrar e hizo un gesto de sorpresa que era más de coquetería; lo llamó a su lado. Iniciaron una charla como se hace siempre, hablando del tiempo, pero muy pronto se hallaron hablando de sí mismos. Por cortesía, fue Celestino el primero en contar su vida, que tampoco llenaba una crónica. A los rasgos vulgares, lineales, que iba trazando el pescador, asistía la princesa con muestras de alborozo, como si lo que oyera fuese la mismísima historia de Lanzarote del Lago o los triunfos de Carlomagno y sus doce Pares. Los mínimos detalles de una jornada de pesca, con su mar rizada y mareadora, las redes llenas de peces y el trabajo de subirlos a bordo; las chanzas entre marineros, el mal genio del patrón, el cansancio de la madrugada; todo, todo le parecía fascinante y suspiraba con cada uno o dejaba escapar un pequeño gemido de tensión. Y este recibimiento que la princesa hacía de sus pobres cosas sirvió para que Celestino mismo se las creyera importantes, y así que iba hablando encampanaba la voz y manoteaba en el aire para dar mayor realce a cada punto del relato. Marlinda le contó, seguido, que aquella morada era sólo provisional porque cada noche la pleamar arrasaba su castillo y tenía que mudarse a otro cualquiera que encontrase por la orilla, recién construido y a veces hasta sin terminar porque la constancia no es virtud que posean los niños. Pero siempre encontraba alguno y nunca le faltó un techo que la cobijara de los rayos del sol. También le dijo que su estancia en las playas era por temporadas, durante las estaciones de calor, cuando los hombres y, sobre todo, los niños bajan hasta allí y rescatan su vocación constructora, esa vocación que yace en el fondo de los hombres desde la más remota antigüedad y que los tiempos han disimulado. Durante el invier-562 José Ignacio de Arana Amurrio no Marlinda vivía con su padre porque éste, viejo ya, soportaba mal la soledad en los meses fríos y la mandaba llamar por medio de un hipocampo muy brioso de sus cuadras submarinas. Allá en el palacio abisal Marlinda cocinaba para el rey y para los íntimos de la corte, siendo muy celebrados sus potajes, tan reconfortantes en el mal tiempo y, sobre todo, sus postres de sartén, en especial las torrijas y la leche frita. Celestino quiso saber, ya entrados en confianza, si la princesa no tenía novio o, al ñienos, pretendientes de su clase. Dijo ella que ño, que alguno hubo que se acercó a esa condición: el hijo de un duque que gobernaba en nombre de Océano los lejanos mares de China. Pero que a ella no le gustaba ni poco ni mucho. -Tiene los ojos chiquitos y rasgados, es amarillento de piel y le huele el aliento a bacalao porque en su ducado es costumbre masticar sus raspas como si fuese tabaco de hebra, pues dicen que ajnda a conservar la dentadura blanca y lustrosa. -¿El bacalao? -preguntó interesado el pescador. -Sí. Han probado con dorada y con lubina, que dan mejor aliento, pero el bacalao se ha mostrado mucho más eficaz. -¡Caray! A partir de aquel día se sucedieron las visitas de Celestino a la princesa. Algunas veces la tenía que buscar en los distintos castillos que aún se mantenían enhiestos, pero otras era ella quien le silbaba desde alguna almena o sentada en el puente con los pies chapoteando en el agua del foso. De la amistad del primer encuentro pasaron en pocas fechas al amor mutuamente correspondido. No fue necesaria una declaración formal; los dos supieron lo que sentían y se cogieron de la mano mientras hablaban de cualquier cosa que a ambos les divertía. Una sola duda cruzó por la mente de Celestino y se apresuró a plantearla. -¿Qué dirá tu padre de los nuestro? -No dirá nada -contestó la princesa-. Seguramente no le hará mucha gracia porque es muy suyo y tiene para mí el proyecto de que me case con un príncipe, quizá el hijo del rey de los vientos que es muy amigo suyo, o un sobrino del rey de las tormentas, aunque éste le gusta menos porque dice que habla muy alto y que arrastra los pies, dos detalles que, según mi padre, desdicen del señorío de los príncipes. Habrá que darle tiempo; al final aceptará lo que yo le diga y terminaréis por haceros buenos amigos. Pasaban las jomadas como un suspiro. Una tarde en que la marea alta había sido muy temprana no quedaron castillos en la orilla. Tuvie-La más alta ocasión ron que verse en una humilde atalaya hecha con un simple cubo vaciado al desgaire. Pero para compensar, ese mismo día encontraron sobre la arena la figura de un delfín que algún veraneante con alma de artista había modelado, y sobre su lomo surcaron durante horas el mar, con gran regocijo por lo insólito del paseo y porque, a causa de los movimientos del animal, tuvieron que agarrarse mucho el uno contra el otro. Otros días volaban montados en dos gaviotas y se saludaban y se lanzaban besos al cruzarse las aves en el aire. Al declinar el verano llegó el momento de la despedida. A Celestino se le hizo un nudo en la garganta, pero Marlinda supo consolarlo diciéndole que, aunque no la viese, ella estaría pensando en él en su palacio y que antes de darse cuenta ya habría de nuevo niños en la arena levantando castillos y ella volvería al primero que se construyera y allí le estaría aguardando. En una noche de otoño, un pescador al que invité a una jarra de cerveza en una taberna junto a la lonja, me habló de la sinrazón de Celestino. Y mi natural, proclive a ensoñaciones y cuentos absurdos, me obligó a buscarle. Lo hallé a punto de embarcarse para la traína nocturna y le retuve, contra su deseo al principio, durante el tiempo que tardó en aparejarse el bou. Mentí para atraerme su voluntad y que me abriera su corazón. -La otra tarde -le dije-una princesa me habló de usted y de si le conocía. Fue en la playa de Levante y casi a la anochecida. Luego le pregunté si eran ciertos sus amores con aquella dama que yo decía haber visto. -Tan ciertos como esta mar y este cielo -me dijo con vehemencia-; aunque quizá usted se burle como los otros. Le aseguré que no, que le tomaba en serio, y le pedí más detalles de aquella relación. Me contó lo que tengo escrito y luego, con un punto de emoción en sus ojos, añadió: -Pero no lo cuente por ahí; no le creerían. Y si lo cuento es porque a veces estoy seguro de que es verdad; o porque me gustaría que lo fuese. Diálogos en el parque El día anterior había sido muy caluroso y las primeras horas de la noche continuaron manteniendo la temperatura. Ahora, próximo ya el José Ignacio de Arana Amurrio 564 amanecer, empezaba a correr un poco de aire por entre las frondas del Retiro madrileño. Al otro lado de las rejas y tapias del parque la ciudad estaba sumida en el sueño y, siendo domingo y veraniego el día que se avecinaba, ni tan siquiera circulaban vehículos de trabajadores tempraneros. Miles de pájaros despertaban en setos y enramadas iniciando una algarabía que pronto llenó toda la extensión de los jardines. La brisa agitaba las hojas de los árboles y su rumor, con el piar y los trinos de las aves, parecía formar un misterioso coloquio. En ese momento el roble de áspero y recio tronco llevaba la voz cantante. Castaños, plátanos de Indias y acacias atendían al viejo compañero atenuando el parloteo de sus follajes. -Estoy decidido; me marcho. Ya sé que hemos hablado muchas veces de lo mismo y que siempre os habéis burlado de mí. Pero ha llegado el momento. Fue la acacia la primera en responder. ¿Cómo quieres escapar a tu naturaleza? Somos árboles y nuestro ser nos ata a un pedazo de tierra desde que brota nuestra semilla o prende el esqueje hasta que, antes o después, se nos secan las entrañas. Así fue siempre; así será eternamente. ¿Y tú vas a cambiarlo? -Es cierto que siempre ha sido así, pero lo que ha de ser en adelante lo podemos decidir nosotros. Nunca ningún árbol intentó moverse, pero si uno lo hiciera, si yo lo lograse, ¿no sería mentira todo lo que hemos creído hasta ahora? Terció un magnolie en cuyas gruesas ramas una docena de pardillos, algunos, los machos, de rojiza pechera, se revolvían en busca de mosquitos y bullidoras polillas. -Yo te comprendo, amigo roble y en muchas ocasiones he sentido el mismo ansia de descuajarme. El mundo es grande, enorme, y el nuestro se reduce a lo que cubre nuestra sombra. Sin embargo, eso no es del todo cierto. Tú y yo estamos aquí arraigados, pero no debe cegarnos la egolatría. Cada uno no es sino una parte casi insignificante de nuestra especie. Ese mundo que anhelamos está en realidad recorrido por robles y por magnolios, como lo está por hermanos de todos y cada uno de los ejemplares que pasamos nuestra vida en este parque. Nuestros hermanos llenan la tierra; y nuestros hijos también, porque mis semillas y las tuyas y las de ellos han traspasado estos límites y quizá retoñen al otro lado del mundo. El roble, en una racha más fuerte de viento, pareció gritar. La más alta ocasión -¡Mi vida es mía! ¡Allá se vaya la especie y mis padres y mis hijos!, ¡mía, mía y de nadie más! Yo seré lo que yo haga y me llevaré mis solos recuerdos cuando algún día arda en una hoguera o mis restos adornen cualquier obra de los hombres. De nada me vale saber que otros están donde yo quisiera. Incluso me incita más el pensarlo. En noches como ésta he tenido largas conversaciones, a través del viento y de los amistosos y parlanchines mirlos, con algunos árboles del Jardín Botánico, nuestros vecinos. Ellos no nacieron aquí como nosotros; muchos han surgido a la vida en lugares muy lejanos y viajaron hasta nuestra vecindad. La ceiba y el tulipero y la palmera de Japón y tantos otros me han hablado de sus tierras de origen, de las que unos salieron levantando una cuarta del suelo y otros ya en sazón de sus frutos. Ese mundo con el que yo sueño no es invención mía aunque quizá lo adorne mi ilusión; pero existe, ¡claro que existe!; ellos lo han conocido y yo quiero conocerlo también. -¡Vana ilusión! -volvió a intervenir la acacia-. Te hablan de algo que perdieron para siempre; su vida es la nuestra, fijos aquí, con un exotismo que los hace, quizá, más apreciados, pero inmóviles como tú o como yo. Un álamo que esperaba la luz del sol para hacer brillar la plata de sus hojas, tomó la palabra. -Yo también he hablado con las plantas del Jardín, pero mi charla ha sido sobre todo con las vides de las pérgolas, no con los solemnes e imponentes árboles; las cepas, casi ignoradas, están deseosas por ello de hablar. Una noche otoñal, cuando mis hojas amarilleaban y se me iban con cada soplo de brisa y las suyas apenas podían cubrir los racimos preñados de zumo, hablamos de ti y de tus sueños que todos conocemos. Yo te defendí y hasta hice ver que compartía tu deseo de marcha. Las cepas hablaban cansinamente, como agobiadas por el peso de sus frutos. Ellas me dijeron que estabas en un error; salía por su voz la luz de la experiencia y era unánime la opinión de sus sarmientos. «Nosotras, decían, valemos precisamente por estar donde estamos; cada una da su fruto y es lo que es por la tierra en que se enraiza. Aragón, Rioja, Andalucía, Castilla... somos la misma planta, pero por el suelo que nos nutre nadie nos confundirá. Si cambiáramos de lugar dejaríamos de ser nosotras mismas y entonces de qué nos serviría el viaje. Nadie es sino en su tierra con la que forma unidad indisoluble. Cuando todo cambia, nada es seguro ni firme, es cuando adquiere mayor importancia la fijeza de 566 José Ignacio de Arana Amurrio nuestras especies; las plantas somos el símbolo de lo perenne, de lo inmutable aunque cambie nuestro aspecto exterior; siempre estaremos en nuestro sitio, para quien quiera buscamos y hallar a nuestro lado el reposo a tanta mudanza. Con el alba, el murmullo que llenaba el espacio del Retiro se intensificó y el lenguaje de trinos, gorjeos, piares y entrechocar de hojas se extendió fuera de sus tapias. Ahora participaban del coloquio, nacido a orillas del lago de los cisnes, todas las plantas del gran parque y también los árboles de bulevares, glorietas y jardincillos. La discusión se animaba con el aviso del sol. Castaños, tilos, chopos callejeros se unían al diálogo; surgían por doquier partidarios de una u otra postura. Entre hermanos de la misma especie había enfrentamientos. Algunos árboles constreñidos por su alcorque porfiaban casi con violencia a favor de la huida; otros, a cuya sombra se acogerían dentro de unas horas hombres cansados, mujeres afanosas y niños juguetones, renunciaban a un sueño imposible por la callada compañía a aquellos seres que, sin reconocerlo, les necesitaban. En la orilla del estanque una secular higuera que apoyaba su ya casi estéril estructura en un montón de rocalla alzó su voz trémula. No te dejes convencer por los que no tienen tu ánimo. ¡Ay, si yo hubiese cedido a ese impulso cuando tenía fuerzas! Pero ahora ya ves: sólo corren por mi interior unas tenues gotas de vida y apenas sirvo de sostén a esta yedra que tiñe de verde ajeno mi viejo y seco tronco. Vete de una vez, rompe con todo, recorre el mundo y cuando vuelvas, feliz o amargado, si aún me encuentras, cuéntame cómo es y quizá algo reviva en lo más profundo de mis raíces. Amanece en el Retiro... El madrugador visitante cree oír palabras sueltas entre el frondoso techo vegetal que tiene sobre su cabeza. Un petirrojo salta en corto vuelo de un árbol a otro; un mirlo, indiferente al hombre, sigue terne su canto agudo; los primeros rayos de sol cruzan las enramadas y dibujan en el suelo, a los pies del paseante, extraños y cambiantes signos. Amanece en el Retiro. (Primer Premio XIII Concurso TRIBUNA MÉDICA de Cuentos) Don Salvador Manjón y Bosch, cincuenta y tres años de edad, magistrado juez de la Audiencia Provincial, es miembro de la Cofradía de la Buena Muerte desde hace seis años y en las últimas elecciones ha sido La más alta ocasión nombrado Hermano Mayor por una inmensa diferencia de votos, incluido el suyo propio, sobre el otro candidato. Don Salvador mira con impaciencia el gran reloj de péndulo que hay frente a él en su despacho. Tempus fugit, proclama en su esfera con letra gótica. Mientras el secretario va leyendo parsimoniosamente los expedientes y otros documentos que Su Señoría ha de firmar inexcusablemente esta tarde, Don Salvador tamborilea con los dedos sobre el brazo de su butaca. -Hala, Mariano, abrevie; sáltese usted los prolegómenos y léame sólo el meollo que esta tarde tengo un poco de prisa. Al terminar, Don Salvador sale del edificio de la Audiencia como una exhalación, sin contestar a los saludos de los ujieres y de los dos o tres abogados que se cruzan con él por los anchos pasillos. Coge su coche del aparcamiento reservado y se dirige hacia una de las calles en que termina el casco viejo de la ciudad y empieza el ensanche. Estaciona el vehículo y permanece en su interior hasta que ve aproximarse un taxi por el extremo de la calle; sólo entonces se apea, se sube las solapas del abrigo y hace un gesto para detenerlo mientras echa la llave a su coche. Da al conductor una dirección y se arrebuja en el asiento sin aceptar los varios intentos del taxista por entablar palique. Llegado al fin de la carrera deja que el taxi desaparezca de su vista para iniciar a pie el último tramo de su recorrido hasta un callejón donde hay varias puertas todas iguales; llama a la tercera en la que se abre un ventanuco por el que asoma los ojos y la nariz un individuo medio bizco que, una vez comprobada la identidad del recién llegado, le franquea la entrada. Don Ángel de la Gándara Pérez, sesenta años recién estrenados, médico de la plaza desde que sustituyó a su padre, es uno de los fundadores de la Cofradía de la Buena Muerte y ha sido su Hermano Mayor durante los tres períodos que permiten los estatutos; ahora ha pasado a ser vocal de honor en la junta directiva. A la hora en que debía marcharse aún le quedan en la sala de espera dos pacientes; uno de ellos, además, es Leocadio, un hipocondríaco que vendrá a contarle los últimos síntomas que se ha notado desde la anterior visita hace cuatro días y que, de seguro, coincidirán con los que padece algún personaje popular que los haya narrado con pelos y señales en las revistas del corazón. Menos de veinte minutos no le va a costar echar de allí a Leocadio con dos pildoras y unas tisanas tras convencerle a medias de que lo suyo no es de operar. Esta tarde Don Ángel llegará con retraso a la reunión y habrá perdido casi media hora de disfrute. Don Ramón Sanchís Ortega, cincuenta y nueve años bastante mal llevados, esa es la verdad, dueño de La llave de oro, ferretería, material José Ignacio de Arana Amurrio de bricolaje y jardín, sueña desde hace quince años en que ingresó en la Cofi:'adía de la Buena Muerte con llegar a ser Hermano Mayor y en las elecciones pasadas pensó que podía conseguirlo, pero vio con dolor cómo era elegido Don Salvador Manjón y Bosch, el magistrado. Don Ramón Sanchís no es hombre rencoroso pero sí perseverante y está dispuesto dentro de cuatro años a realizar una campaña con todos los medios y a vencer en las urnas a Don Salvador o a quien se presente. Hoy le ha dicho a Bartolo, el dependiente, que tiene que irse antes del cierre para arreglar unas cosillas con el concesionario de las segadoras y que se ocupe él, Bartolo, de cerrar el establecimiento y dejar el arqueo para mañana. Bartolo dice que bueno, que lo hará como los otros días en que el jefe sale de estampida sobre la misma hora. -Oye, ¿a ti te importa que yo me vaya, o qué? -No, señor, a mí qué me va a importar. Don Primitivo Artiñano Artiñano, a dos meses de cumplir los setenta años, canónigo penitencial de la Santa Iglesia Catedral, es, con Don Ángel, de los fundadores de la Cofradía de la Buena Muerte. Aunque la Cofradía se define como apolítica y aconfesional, a Don Primitivo se le nombró capellán honorífico sin demasiadas reticencias entre los cofrades. Don Primitivo, como Don Ángel, tiene sus clientes especialmente insoportables, y en su caso es Doña Angelina, la esposa de Don Ramón, el de La llave de oro. La hipocondría espiritual no es menos fatigosa que la física y se la suele llamar escrúpulos de conciencia. Cuando hoy Don Primitivo ha visto desde su confesonario acercarse por la nave de la Catedral a Doña Angelina, le han entrado deseos de desaparecer y casi ha renegado de sus obligaciones sacerdotales. Al final ha podido liberarse de ella en poco más de un cuarto de hora por el expeditivo sistema de indicarle, ante la primera duda de la penitente, que creía que no había hecho bien el examen de conciencia y que sería mejor dejar la confesión para el día siguiente, no sin asegurarle que, en su caso y hasta ese momento, era suficiente el propósito de enmienda para estar en gracia. Don Roque Zúñiga Santiago, cincuenta años, jefe del negociado de epizootias en la delegación provincial del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, entró en la Cofradía de la Buena Muerte hace sólo dos años, casi nada más llegar destinado desde otra provincia de menor categoría. Cuando Don Roque llegó aquí traía instrucciones de un amigo del Ministerio, miembro de la Cofradía del Buen Aire en su ciudad de origen, para ponerse en contacto con los de la Buena Muerte. Así, una mañana se dirigió a la Audiencia, preguntó por el Señor Magistrado Don Salvador Manjón y cuando estuvo frente a él, aunque rodeado de otras La más alta ocasión seis o siete personas cuya filiación desconocía, se llevó a los labios los dedos índice y corazón de la mano izquierda ligeramente abiertos y vio enseguida cómo Don Salvador le devolvía el mismo gesto; luego hablaron breves momentos de algún tema banal y recibió una esquela con una dirección. La misma a la que ahora iba por calles secundarias, echando de vez en vez la vista atrás y deteniéndose ante cualquier escaparate si notaba que alguien iba en pos suyo durante más de dos manzanas. Don Indalecio Martín Agreda, cuarenta años, catedrático de literatura. Área de Lenguaje, en el Instituto Sancho el Fuerte, es miembro de la Cofi:'adía de la Buena Muerte desde hace cinco años y actualmente tesorero de la institución. Don Indalecio, durante las reuniones, suele tirarle puyas a Don Primitivo, el capellán honorario, dándoselas de agnóstico y alardeando de que su padre lo educó en los principios de la Institución Libre de Enseñanza. Alguna vez Don Primitivo entra al trapo, y hasta sospecha que Don Indalecio tiene dejes o algo más de masón, pero nunca ha llegado la sangre al río y siempre está al quite algún que otro cofi:*ade que cambia la conversación hacia temas menos conflictivos: la subida del catastro, la reciente faena de un Curro ante un Albaserrada, el programa de festejos para San Atilano o incluso, aunque Don Primitivo tuerza el gesto, las piernas y el antifonario de una presentadora de televisión. Esta tarde, como cada lunes, miércoles o viernes, hay reunión en la Cofradía de la Buena Muerte. Preside Don Salvador y están presentes todos sus miembros, treinta y dos, excepto Don Ángel de la Gándara que llega al rato de iniciarse y con un humor de perros, mascullando no sé qué del número de imbéciles que hay en el mundo. La Cofradía de la Buena Muerte tiene su sede en un amplio salón abovedado en el que se distribuyen butacas de muy distinta condición y procedencia; algunas desvencijadas y enseñando sus tripas de alambre y estopa o goma espuma; otras de plástico imitando piel, cuarteadas y semidescoloridas; unas pocas de piel auténtica y hasta alguna con orejas y acompañada de un escabel a juego. Cada asiento tiene su dueño al iniciarse la sesión, aunque en su transcurso los asistentes cambian de lugar sin protocolo según se van estableciendo los corrillos de tertulia. El Hermano Mayor da la orden de que se cierren las puertas, comprueba, como es su obligación, que todos los presentes tienen derecho a estar allí por ser miembros de la Cofradía y que no se ha introducido ningún extraño a menos que haya sido presentado por un miembro y aceptado por unanimidad. Una vez cumplidos estos trámites, no sólo rituales sino necesarios para la supervivencia de la Cofradía, el Hermano Mayor saca de su bolsillo un Uavín camuñado entre otros diez de distintos usos y con él abre el candado de un viejo arcón de roble con herrajes
La escasa claridad que pasa a través de las cortinas alumbra mi habitación. La única música que estoy oyendo son las gotas de lluvia estrellándose contra el cristal de la ventana. Se acerca el ocaso y aunque el sol proyectaría la energía suficiente como para discernir los colores, las nubes se lo impiden. Casi todas las tardes de este octubre han sido así. Es el otoño, del que los pájaros huyen porque seca las hojas de los caducos. Yo también soy caduco. Pero ese consuelo de tontos no me sirve. Soy viejo en la cara; largos y profundos surcos serpentean en mi piel. Soy joven de edad; me quedan unos años aún para que la gente de esta sociedad me considere anciano. Soy viejo en el alma, porque surcos más profundos casi la fragmentan. Como dicen muchos, yo tengo más recuerdos que ilusiones; sí, porque he perdido la ilusión, lo que siempre busqué jamás he encontrado, y ahora, a los incontables años, he perdido la fuerza para seguir buscando. La buscaba de noche y de día. Pernoctaba, pero no dormía de día. Tenía fotofobia y nictefobia. Nunca estaba a gusto. Me dirijo a abrir la ventana, tengo calor. No me acostumbro al brasero eléctrico, y aunque lleva rato apagado aún emana flama. El otro que tiré, el de toda la vida (por eso lo tiré, porque «era de toda la vida»), me servía mejor, pero siempre había estado conmigo y ahora, como no, lo busco junto a toda una vida. Pensaba que me haría ilusión ser más moderno. Al abrir la ventana me abofeteó este viento de la sierra que parece que me ha fracturado los huesos. Ya de vuelta en mi sillón me quedo anonadado viendo ahuecarse las cortinas. Primero acercándose a mí, inflándose, pero cuando más cerca están, se hunden y se alejan. Así parecen estar condenadas eternamente por una divinidad griega, ¡qué cosas se me ocurren! Es que así estoy condenado yo. Sí, porque todo en esta vida depende del cristal con el que se mira. Una vez soñé que paseaba por la calle solo, y que me paraba ante una verja. A través de ella veía un bulto que se me acercaba. Era un bulto con forma humana, tanta que cuando se acercó vi que era un hombre. Pero de pronto me sobrevino un miedo terrible, y sentí que era yo el encerrado. Corrí y corrí para ver el ñnal de esa jaula, pero no existía. El hombre tenía cara de pena pero, lo que en principio pensé que era por soledad, sentí que era por empatia. Sin embargo, algo en mí, en lo muy hondo, me decía que yo era libre y él no. Esa voz era débil y confusa, pero yo la oía, aunque lejos. Aun no sabía quien era el preso, pero me convencí de que era yo, de que era un animal de zoo al que la gente va a ver para apiadarse, reírse o simplemente dar de comer palomitas. Eso me frustró durante mucho tiempo, y todavía lo hace. Las cortinas se han mojado un poco, pero parece haber terminado de llover. Así es esta estación. El otoño, tan castizo hasta en sus letras. Sí, es muy típico su olor, su color... Algunos lo llaman fall, como caída. Es el final de una era, pero pronto llegará otra mejor. A muchos nos llega el otoño alguna vez, y el invierno sólo a muy pocos, pero luego se va. Es como un resfriado, se quita. Pero de mí nunca se ha ido, es decir, nunca me lo he quitado de encima. Siempre he esperado la primavera, pero nunca ha llegado. Me considero un hombre vetusto, que siempre busqué algo, ese algo que no quiero ni nombrar, que es lo que ha marcado mi vida. Mi vida ha sido una búsqueda. Eso explica toda mi trayectoria, eso explica mi vida. Tengo dos hijas y un hijo. Éste es el más joven, que lleva mi nombre y después mi primer apellido. Todos parecen haber alcanzado lo que yo siempre busqué, lo que siempre intenté, y me alegro por ello. Vivo en una pequeña ciudad, capital de provincia, que para muchos es la más bonita de este país. Yo no la creo, porque busqué la más bella y no la encontré. Mi calle es estrecha, oscura y empinada. También es húmeda (dicen que está hecha sobre una acequia, pero yo no me lo creo). A la pendiente se le suman escalones, por lo que, para colmo, he de subir andando. Soy de estatura media, y estoy en línea (curva), por si me ayudaba a encontrar. Me vine a la ciudad con los noviales aún. No soportaba el pueblo, las costumbres no eran más que demostraciones de incultura, de mediocridad. Me vine a la ciudad buscando. Hogaño, en la ciudad, no soporto vivir. Existe un ambiente, como una nube que lo rodea todo, de estulticia. Es como el éter y no te puedes librar de ella. Por ejemplo, el brasero eléctrico (no me es fácil ocultar que lo odio) eso que hace unos años me pareció lo más moderno, hoy me parece un armatoste. Echo de menos el brasero de picón de orujo, el fuego de palos de olivo, la puerta entreabierta... Supongo que el brasero es el símbolo que para mí mejor representa la vida en el pueblo, la que tanto aborrecí cuando era joven y que tanto echo de menos ahora. Lo mismo ocurría con los velatorios. Los odiaba: las muestras hipócritas de pésame de algunos, el féretro en la casa, el luto... justo lo que eché en falta el día en que enterré a mi mujer, en un tanatorio donde sólo acudió la familia (más próxima), tan frío y artificial. \^ Esto me recuerda que soy viudo, que estoy solo. Me casé debido a mi búsqueda, y cuando pensé que lo había encontrado (a los 30 años de casado) se fue. La culpé a ella (nunca se lo dije ni se lo demostré), y casi llegué a odiarla. Murió a los pocos años. En principio me alegré, disfrutando por la soltería que anhelaba, pero esta euforia fue pasajera y me sumí en un enorme dolor. La quise, la quería y la quiero. Yo pensaba que nunca pasaría luto por un familiar, pero lo tuve, y mucho. No sólo en la ropa, sino que aun lo tengo en el alma. Así es mi vida, una búsqueda. Parece que ha dejado de llover. Sí, ya se ven unos reflejos dorados sobre el cristal: está cayendo el sol, ese que está peleado con la noche, pero que no la puede dejar del todo, porque nos da luz a través de la benevolente luna. Es que el sol, con su fuerza y energía, tiene envidia de la noche. Cuando él está, se van las estrellas, tan juntas y brillantes... por eso quiere hacer día la noche. Sólo la luna, que es piadosa, deja que, al menos, sus rayos se presenten. La luna tiene lástima del sol, y hace un sacrificio: si se deja dominar por el sol y da mucha luz, las estrellas que la rodean se alejarán, y estará algo sola, aunque no tanto como él. Yo le tengo envidia a la luna: puede estar siempre rodeada por estrellas. Además el sol la eligió a ella para alumbrar la noche. Los débiles rayos de luz se extinguen por completo. Será de los pocos atardeceres que quedarán por ver en este otoño. Parece haber sido una señal, como si fuera el último, porque las nubes se han disipado, le han dejado un pasillo para que el sol pueda irse. Me gusta el atardecer. Para un pobre desnortado, si sólo ve un segundo el sol a esa altura no puede saber si está amaneciendo o atardeciendo. Eso debe ser triste: no puedes saber si llega la noche, fría y oscura, o el día, lleno de luz y de calor; si te recibirá la luna o el sol; si verás al grajo o a la lechuza... Está oscureciendo y no sé, es un día feo pero tiene algo de encanto. Voy a coger mi zamarra y como no, mi bastón. A mis hijos le hace gracia: en la casa es lo primero que dejo, y cuando salgo lo primero que cojo. No me apoyo en él, porque no me hace falta, pero me parece que así voy más seguro, y no sólo físicamente, sino también para defender mi alma. Se está levantando algo de viento y las persianas, de esas de las que quedan pocas, se levantan como flotando y se estrellan contra la ventana: en esta zona baja el aire húmedo y frío de esta sierra blanca que casi todos los inviernos hace que me constipe y que, cómo no, lo logrará este año frío. Ya en la calle, al mirar al suelo, se observan hojas amarillas (color avivado por el alumbrado, que ya está encendido), señal de que ha bajado agua por esta dichosa cuesta. Los adoquines, colocados probablemente antes de que yo naciera, dejan pequeños charcos en los que se pueden reflejar los primeros luceros. Los magos de la noche. Son magos, o eso me hacen pensar, porque mientras las estrellas deben parpadear para mirar a la tierra, éstos no lo necesitan, y su luz permanece quieta y fija, como hipnotizando a los terrícolas. Me hace ilusión pensar que son ellos los que hacen que las estrellas, más pequeñas (a nuestra vista) parpadeen. También creo que son los luceros los que las hacen aparecer, porque primero aparecen mis magos, y hasta que no se van las estrellas, no desaparecen los luceros. Voy paseando al pie de una colina, la Sabika, a la vera de un río, al que llaman de oro. Mirando al palacio que corona ese monte, no es difícil hacerse una idea de cómo sería aquel tiempo en el que Alamar y sus súbditos entrarían a la ciudad gritando «Sólo Alah es victorioso», después de haber ganado una importante batalla. Esa fortaleza, adornada como palacio es fuente de inspiración para mi búsqueda, que si se acompaña de un té y de mis soledades no hacen más que recordarme que aún no he encontrado lo que busco. Sí, llevo toda mi vida buscando la felicidad. Creo que no es una tarea imposible, pero nunca la he encontrado. Yo sé que hay gente que la tiene, que la comparte, pero creo que realmente no la siente. También está la felicidad del inculto, que sólo es capaz de ver donde le llega la vista, que es feliz con una caña de vino antes de almorzar o con Mi Búsqueda ver el fútbol los domingos. Siento envidia, creo que me arrepiento de mi cultura, que sólo me ha servido para vivir como un infeliz en mi vida emocional, en lo más hondo de mi alma. Supongo que debe ser como todo, que no hay que buscarla, sólo encontrarla. Hay quien dice que no se puede ser feliz, que la felicidad es pasajera, que tan sólo (y como mucho) se puede estar feliz. Yo la he buscado por todas partes, y no la encuentro. Mis hijos y mi mujer nunca han tratado este tema conmigo (y, por lo tanto, ni yo con ellos), pero creo que nunca he demostrado mi infelicidad. Siempre he estado con ellos, en sus buenos ratos como en los malos, y he intentado que lo que yo no he tenido nunca, ni lo tengo aún, no les falte por mi culpa. Tuve tres hijos porque pensé que un varón con mi nombre me traería la felicidad plena. No la encontré, y me hizo igual de feliz que mis dos hijas. Me vine a la ciudad porque era lo moderno, y yo creí que era sinónimo de felicidad, pero no es así. Y ahora echo de menos lo antiguo. Creo que se llama trastorno bipolar: cuando ya casi soy feliz (casi he encontrado la felicidad) me caigo en un pozo muy hondo del que no se puede salir, donde sólo entra la luz por un orificio apenas visible, que únicamente me permite ver mis propios desperdicios. Pero ya estoy viejo y cansado. Sí, cuando era joven estaba ansioso por tener más años y con ellos experiencia para buscar, pero veo que me equivocaba. Pensaba que era un problema que se pasaría con la edad (el único problema que se quita con el tiempo es la juventud), pero no es así. Pedía consejos a la edad, pero ésta no respondía, porque era joven. Hoy tengo más experiencia, pero no la suficiente como para encontrar lo que busco. Ahora puedo afirmar que la edad es buena consejera (aunque no perfecta), pero mala estilista. Sigo caminando por este paseo que, cuánta casualidad, lo llaman de los tristes. La negra melancolía me invade el cuerpo y me llena de un sabor amargo que hace que sienta un malestar. Como siempre, voy mirando al suelo, y me he encontrado un papel con un relato que creo que es de Jorge Luis Borges. Este gran hombre pensaría igual que yo cuando escribía estas líneas. Al menos no soy el único, cosa que aunque no me haga más feliz, sí me hace menos miserable. Me siento a descansar. Es una plaza con un mirador desde donde se vislumbran multitud de maravillas, pero desde no veo el horizonte. Espero que sea porque es de noche, aunque esto me ocurre siempre, de día y a todas horas, sólo veo la superficie de las cosas, sólo la proximidad, no busco a lo lejos, en lo profundo. Sólo veo unas distantes luces. Otro día pensaría que la última luz es el horizonte, pero sé que no es así. Sin embargo, no sé porque hoy me doy cuenta de esto. Con el pasar del tiempo la noche se hace más fría. Me apetecería un té caliente en una de estas teterías árabes de éste mi barrio. El problema es que no tengo con quién tomarlo. Me gustaría tomarlo con mis hijos... ¡qué casualidad! Fue mi hijo quien me lo propuso hace unos días y yo lo rechacé: estaba muy ocupado en mi búsqueda, en ese caso concreto hundido en la intelectualidad. Me estoy empezando a sentir mal. Será por eso que me rondan ideas nuevas por la cabeza. Como ésta de que pase lo que pase hoy, se caiga lo que se caiga o muera quien muera, sólo hay algo seguro: mañana será otro día. Tengo escalofríos y el dolor en el pecho cada vez me va oprimiendo más. Sudores fríos recorren mi cuerpo, empiezo a notar que me falta el aire... Me he despertado en el hospital. Dicen que es una angina de pecho, ya ves, cuando era niño siempre tenía anginas, y ahora con la edad vuelven. Cuando he abierto los ojos me he encontrado con una grata sorpresa. Mis dos hijas y mis dos yernos (esos que nunca me gustaron para ellas, porque siempre pensaré que se merecen más), y mi hijo están a mi alrededor. Incluso entre sueños me pareció ver a mi mujer, más guapa que nunca. Mi hija mayor está embarazada. No sé si es por darme una alegría, pero cuando le he preguntado por su hijo (creo que es de las primeras veces que lo hago) me ha dicho que si quiero le pondrán mi nombre. Ha sido entonces cuando otro escalofrío, distinto al de hace un rato, me ha recorrido el cuerpo, poniéndome el vello de punta y los ojos llorosos. Yo le he contestado que no, que deben ponerle el que más les guste, ya que yo he querido igual tanto al hijo que lleva mi nombre como a las que no lo llevan, y todos me han dado las mismas alegrías. Y es eso, se lo he dicho, creo que por primera vez en sus vidas. Y al verme llorar a lágrima viva, me han dicho que no me preocupe, que cuidarán de mí. -No, hijos míos, lloro de alegría, de felicidad. Nunca os he dicho lo que os quiero. -Papá, aunque no nos lo hayas dicho, siempre nos lo has demostrado. Y entonces los tres me abrazaron al mismo tiempo, mientras yo no dejaba de llorar las lágrimas que durante toda mi vida había aguantado. Ha tenido que pasar la muerte cerca para darme cuenta que he estado buscando algo que siempre he tenido, que he estado feliz a veces, pero que siempre he sido feliz. Por eso, en cuanto salga de esto voy a quedar con mis hijos y voy a hablar y a disfrutar con ellos y con mi nieto y también, y cómo no, de nuestra felicidad. Me siento estúpido: ahora que sé que me queda poco tiempo he descubierto que la felicidad la hacen las cosas poco importantes, la rutina... sólo me queda pensar que si he hecho algo mal en mi búsqueda, el tiempo me absolverá.
presentación En el vigésimo quinto aniversario de la Constitución española, la Escuela de Sociología de la Familia «Enrique Gómez Arboleya» de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo celebró su tercera edición estudiando «La Familia en la España Democrática», Los trabajos que se recogen en el presente número de Arbor contienen la casi totalidad de los estudios presentados en dicha oportunidad y constituyen una buena muestra de la altura de la investigación sociológica española en nuestro campo. El historiador de la Demografìa, David Reher, se ocupa en su interesante trabajo de los cambios y continuidades de la familia desde una perspectiva histórica y avanza, usando su oficio, algunas ideas sobre la evolución futura. El Profesor Javier Elzo presenta una tipología de la familia española analizando datos de sus propios trabajos y otros secundarios y los de diversos investigadores, haciendo referencia a las relaciones internas entre padres e hijos y a los valores de los padres. Evidentemente, las variables que utiliza y la metodología que emplea describen una situación cambiante en la que la concreción de su tipología supone un referente muy valioso. También se ocupa de las relaciones familiares el Profesor Gerardo Meil Landwerlin, que examina los cambios estructurales en las redes de parentesco, así como la proximidad residencial, la frecuencia de las relaciones y los conflictos dentro de la red familiar. Asimismo analiza el papel de la familia como fuente de ayuda en caso de necesidad y se extiende en consideraciones sobre la solidaridad familiar. En definitiva, su trabajo enlaza con los clásicos que condujeron a acuñar la expresión «familia extensa modificada», que es la que mejor describe la situación de la familia actual en el medio urbano desde un cierto punto de vista. Otros autores se ocupan de aspectos más concretos, como la vejez y su relación con la familia que trata la Profesora María Teresa Bazo, y acerca de la paternidad y la maternidad en un artículo muy esclarecedor del Profesor Enrique Gil Calvo, mientras que el Profesor Manuel Navarro López lo hace de los jóvenes y la familia en la España democrática incidiendo en un tema en el que sus escritos se han hecho indispensables. Su com-JX (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://arbor.revistas.csic.es Presentación X paración entre lo que sucedía antes de la democracia, lo que ha pasado durante el periodo que esta lleva vigente en España y cómo ven las cosas nuestros jóvenes, es de suma utilidad para entender la vida española actual. El Profesor Lluís Flaquer ofrece a los lectores el resultado de sus estudios sobre la monoparentalidad en su perspectiva comparada, no solamente con la Unión Europea sino también de ésta con Estados Unidos y, finalmente, el Profesor Gerardo Meil Landwerlin, que actuó de Secretario en esta sesión de la Escuela, expone en un nuevo artículo la situación comparada de la familia española dentro de la Unión Europea, principalmente por lo que toca a los valores y las uniones de hecho, calificando la etapa actual como una de «pluralización limitada de los modos de vida». Cierra el número un artículo de Salustiano del Campo sobre las transiciones de la familia española, utilizando el paradigma de las dos transiciones demográficas y mencionando hasta una decena más de transiciones familiares. En definitiva, este número continúa la serie de tres en los que Arbor ha recogido los trabajos de la Escuela de Sociología «Enrique Gómez Arboleya» y, sin mengua ninguna de la calidad alcanzada, se presentan resultados que siguen moviéndose dentro de unas coordenadas que con total seguridad van a verse afectadas si, y cuando, se consoliden las innovaciones que el presente Gobierno espera introducir en la familia,
Un interesante utopista del XIX, Fourier, formuló una acertada apreciación sobre la dinámica histórica. Vinculaba la evolución de la sociedad, directamente, a la situación de la mujer, al escribir que: «Los progresos sociales y los cambios de fases históricas se producen en razón del progreso de las mujeres hacia la libertad, y las decadencias de orden social se operan en función de la limitación de la libertad de las mujeres» («Théorie des Quatre mouvements» vol. 1.°, ed. Anthropos, Paris, 1966 pag. Su juicio se adelantó a la historia y tardó en hacerse realidad. Pero si en el futuro merecemos la atención de los historiadores, sin duda el siglo XX será juzgado muy positivamente por el cambio de la situación de las mujeres en las sociedades desarrolladas occidentales. La aceleración histórica ha sido simultánea a su plena incorporación al trabajo, al sistema educativo y a las esferas de poder. Esta vinculación establecida por Fourier del movimiento de la historia en función de la situación de mujer, incide de manera notoria en el examen de la relación entre familia y trabajo. Esa misma dicotomía que muchas veces se contempla entre vida familiar y trabajo extradoméstico, o el planteamiento de los efectos del trabajo de la mujer en la familia pueden ser enfoques analíticos adecuados; la realidad social hay que trocearla para escudriñar sus características. Pero la familia no es causa ni efecto del trabajo. Sus lógicas se encuentran imbricadas. Podemos y debemos en ocasiones analizarlas por separado, pero lo importante es tomar constancia que ninguna puede existir sin la otra. Son las dos caras de la misma moneda. El trabajo supone la familia y, recíprocamente, la familia supone el trabajo. Ninguno puede existir sin el otro, de ahí el acierto de estudiar conjuntamente familia y 168 Julio Iglesias de Ussel trabajo. El libro de Barreré Maurison («La división familiar del trabajo» 1999) es muy acertado en este planteamiento. Pero conviene hacer otra precisión previa. Es usual repetir que «las mujeres se están incorporando al trabajo». Se trata de una afirmación que rueda incesantemente y que todos -yo incluido, desde luego-hemos sostenido o deslizado en alguna ocasión. Se trata de un juicio que acierta, al resaltar los cambios en la población activa; pero si analizamos con precisión el pasado ese juicio es erróneo. Históricamente en las sociedades agrarias siempre han trabajado las mujeres, con la misma eventualidad, con la misma temporalidad derivada de las circunstancias climatológicas, del ciclo agrario, de las posibilidades de riegos etc. que los varones. En estas sociedades, muchas veces basadas en el autoconsumo y el trueque, ha sido siempre toda la sociedad -incluidos también los niños-la que ha estado involucrada en la actividad laboral y la obtención de medios de subsistencia. Quizá con mayor intensidad y responsabilidad los adultos varones, pero nadie quedaba excluido de colaborar en la subsistencia del grupo. Toda la familia ha sido una pieza esencial para la obtención de medios y recursos; incluso hoy mismo en España nadie ignora la presencia de los niños en determinadas actividades agrícolas, como en la recolección de aceituna entre otras. Las mujeres pues siempre han trabajado con la misma eventualidad que lo hacían los varones y su aportación a la supervivencia económica del grupo familiar ha sido siempre decisiva. La fortaleza de esta apreciación sobre la ausencia de la mujer del trabajo, tiene unas raíces próximas en el tiempo. Se trata de un fenómeno vinculado con la Revolución Industrial. Entre otros muchos cambios sociales imposibles de analizar ahora, la Revolución Industrial ocasionó la separación del hogar y del trabajo en ámbitos espaciales diferenciados y, lo que fue todavía más relevante, la imposibilidad de simultanear las actividades laborales con las domésticas, incluyendo las de contenido económico como el cuidado de animales domésticos. Entonces es cuando se produce el trasvase de actividad laboral de la mujer -al igual que de los niños-a las nuevas fábricas, alejadas de sus domicilios y con jornadas rígidas de trabajo. La industrialización nació con nombre también de mujer, por mucho que se quiera ocultar. Los historiadores han analizado los efectos de la incorporación al moderno sistema fabril, con jornadas de trabajo extenuantes, de las mujeres y niños. La quiebra de los ritmos vitales de la sociedad agraria, al igual que la aparición de la productividad por tiempo de trabajo -en el mundo agrario era innecesario la prolongación del tiempo de trabajo una Familia y trabajo de la mujer vez hechas las actividades debidas-, modificó por completo las condiciones de vida de la población. Toda la literatura romántica del XIX contiene una exaltación de la palidez de la mujer que es testimonio de los nuevos valores burgueses que priman la ausencia de la mujer del trabajo y su confinamiento en la esfera doméstica, la ausencia de contacto con el exterior. Si encontrarse moreno es hoy el símbolo del ocio, la palidez era entonces la manifestación de la ociosidad, de ocupar posiciones sociales privilegiadas y de encontrarse fuera de la actividad laboral. Fue entonces cuando se organiza el discurso orientado a exaltar el encapsulamiento doméstico de la mujer -en el que los médicos tuvieron gran protagonismo-, cuando atravesaban las peores experiencias laborales de la historia, al igual que los niños. Se debe pues subrayar que históricamente siempre han trabajado las mujeres. Por eso cuando decimos que hoy se incorporan las mujeres al trabajo, estamos excluyendo el trabajo no remunerado que ha sido a lo largo de la historia instrumento decisivo para la supervivencia de las familias y parte esencial de la vida de la mujer. La actividad del hogar, asentada fundamentalmente en el trabajo de la mujer, con un importante componente monetario directo o indirecto, era esencial para la supervivencia del grupo. Hoy que ha sido analizado ya todo ese enorme iceberg de tareas no remuneradas, se ha evidenciado que ha sostenido siempre la vida nacional. Igualmente, al afirmar la incorporación de la mujer al trabajo, estamos ignorando o minusvalorando el papel de la mujer en el medio rural en la actualidad. Aunque persisten arraigados tópicos sobre su retraso, el dinamismo del medio urbano no puede hacer desconocer los acelerados cambios también el medio rural. Y según el último Censo Agrario, medio millón de mujeres son titulares de explotaciones agrarias españolas. Pero el empleo en el medio rural cada vez está menos vinculado a la agricultura. La terciarización de su actividad económica es un hecho como lo prueba que del total de mujeres ocupadas, el 67,7% lo están en el sector servicios. Y si a ello se añade que se estima que en España hay cerca de un millón de mujeres que colaboran en las explotaciones como a5aida familiar, pero no están incluidas en las estadísticas, nos ofrece un panorama muy lejano a la falta de relevancia del empleo de la mujer en el medio rural. La actividad de la mujer es también mucho más alta de lo que se suele dar por hecho desde él medio urbano. (Véase sobre esto: CES: «Panorama sociolaboral de la mujer en España» N.° 32, 2003). En relación a la situación anterior a la democracia, deben mencionarse algunos cambios relevantes. Desde la década de los sesenta se ha incrementado notablemente la incorporación de la mujer al trabajo extradoméstico, sobre todo desde 1996. Son muy numerosos los factores que han inñuido tanto privados, como sociales desde económicos, ideológicos, oportunidades laborales, esperanza de vida, etc. Pero conviene mencionar algunos rasgos singulares de este proceso. En la democracia las mujeres se incorporan al mercado de trabajo con más edad. En el fi:'anquismo accedían menos mujeres, pero las que accedían se incorporaban muy jóvenes. En segundo lugar, hoy se incorporan al mercado de trabajo con niveles educativos más elevados que los varones. Como pone de relieve la Encuesta Sociodemográfica del INE, cuentan con más años de estudios que los varones. En España, como en otros países, el incremento del nivel educativo de la mujer ha sido un factor de atracción decisivo. Quien sabe si las dificultades históricas para que la mujer estudiase en España tenían como objetivo oculto impedir que las mujeres se incorporaran al mercado de trabajo. Porque el hecho es que la tasa de actividad crece con el nivel educativo. Y España es el país de la Unión Europea de los 12, con más alta proporción de mujeres con estudios universitarios, en los grupos de edad de 25 a 34 años, después tan solo de Finlandia y Bélgica. Una circunstancia que influye de doble manera: ha aumentado la oferta de empleos cualificados aptos para ser desempeñados con personas con estudios y por otra parte, al ser empleos con mayor cualificación y salarios, atraen empleo de la mujer y, sobre todo, la retienen dentro del mercado de trabajo, sin excedencias ni abandonos. Al incorporase con más edad y con mayor nivel educativo, lo hacen en puestos de trabajo con un nivel retributivo más elevado que lo hacían en el pasado. Y como consecuencia, un cambio básico y determinante en nuestra vida social y en el análisis de la relación entre trabajo y familia. Me refiero a que las mujeres se incorporan pero ahora con plena continuidad laboral. Se trata de una dimensión esencial y que ha cambiado radicalmente en relación al franquismo. La mujer se incorpora hoy al trabajo pero para hacer una carrera profesional. Por consiguiente la novedad en relación a nuestro pasado no es que la mujer trabaje hoy y en el pasado no. La novedad no es que hoy entren en el mercado, sino que no salen, que es muy distinto. En el franquismo, la mujer se integraba -en menor número-en el mercado de trabajo, pero muy joven y sin estudios y por tanto en puestos Familia y trabajo de la mujer con bajas retribuciones. Pero por mandato legal o por costumbres sociales o por todo al mismo tiempo, entraban pero luego salían o las hacían salir. Por eso la diferencia es que antes salían y ahora no; ahí está el cambio radical con consecuencias de todo orden en nuestra vida colectiva. Hoy se incorporan con la misma voluntad de permanencia o continuidad o vocación o para ganarse la vida como lo hacen los varones. Son una variedad de heterogéneas razones las que mantienen dentro de las estructuras laborales a los ciudadanos. Y esta novedad se ve reforzada, como entre los varones, a causa del paro y del temor a encontrarse con dificultades para retornar un empleo si se abandona voluntariamente. El paro y la sensibilidad ante el paro, que no es lo mismo, generan rigideces en el mercado de trabajo, reduciendo muy considerablemente los flujos voluntarios de entrada y salidas. Conseguido un empleo, se mantendrá indefinidamente, salvo encontrar otro más gratificante. Pero quedan excluidas otras opciones como salir para mejorar la formación o el abandono por insatisfacción. El paro hace tan rígida la entrada como la salida del empleo. Se trata de una situación relevante para nuestra reflexión. Esto quiere decir, que en situación de crisis de empleo ni los padres ni las madres se muestran proclives a prolongar su alejamiento del trabajo, más allá de las licencias legales. Pero se renuncia a alargar los períodos de cuidado de los niños con excedencias o permisos, porque el temor a dificultades de retorno al empleo mantiene dentro a personas que estarían fuera con otras expectativas. Trabajo de la mujer y mercado de trabajo El dinamismo de nuestra sociedad ha producido cambios significativos en el mercado laboral. Por eso si hablamos de toda la sociedad española, las desigualdades o falta de equidad es notoria, pero si tratamos de las cohortes generacionales jóvenes la situación es mucho menos discriminatoria. La conquista de la equiparación está mucho más próxima en las generaciones jóvenes que en las adultas. Por eso queda por suceder, en el futuro inmediato, un cambio, por decirlo gráficamente: que manden mujeres viejas, como lo hacen hoy hombres viejos en la magistratura, en la universidad, la medicina, el periodismo, la política, la empresa y en cualquier otro ámbito social. Hoy esas mujeres son minoría, porque fueron muy minoritarias quienes pudieron acceder al empleo con altas cualificaciones -y continuar en el empleo-treinta o cuarenta años atrás. Pero desde la democracia ya no ocurre lo mismo. Y por eso será cada vez más habitual la accesibilidad de mujeres mayores hasta altos niveles ocupacionales y a la cúspide de sus carreras profesionales. Y en algunas profesiones ocurrirá lo contrario: serán muy minoritarios los varones en los puestos más altos -por ejemplo, la judicatura o muchas carreras funcionariales-porque desde hace años son muy mayoritarias en el acceso las mujeres. Es una cuestión de tiempo. La mayoría de los notarios de Madrid serán mujeres, o los Magistrados de los Tribunales de mayor rango, cuando lleguen a la cima de sus carreras las promociones mayoritarias de mujeres. Igualniente hay que mencionar que haya sido alta o baja la presencia de la mujer en el mercado de trabajo, éste ha sido siempre segregado. La mayoría de los empresarios son varones (73,5 por ciento). Entre los asalariados, son mayoría los varones (60,6 por ciento). Pero esa desigualdad es resultado de una situación presente sobre todo en el sector privado donde hay un 62,8% de varones. Sin embargo en el sector público sí hay una situación de equilibrio: 48,3% de mujeres y 51,6% de varones. En todos los países, el sector público cuenta con tasas elevadas de empleo de mujeres; sea por su mayor flexibilidad, por las políticas públicas o por las mayores presiones sindicales, el caso es que el sector público ha sido casi siempre el sector de vanguardia en el empleo de mujeres. Incluso históricamente, el sector público o parapúblico -piénsese en las telefonistas o en las cigarreras de las fábricas de tabaco-ha incorporado a mujeres con adelanto sobre el sector privado. Sus diferencias internas han sido tan acusadas como las externas. Las mujeres siempre han sido muy minoritarias en ciertos sectores ocupacionales (la agricultura, la construcción o la minería por ejemplo) y también en otros casi siempre han sido mayoritarias. Donde hay cierta equidad es en el sector servicios donde el 51,4% son varones y el 48,6% son mujeres. Entre 19 categorías del INE, las únicas donde la mayoría son mujeres son la del Resto del personal administrativo y comercial y Resto del personal de servicios (Ine: «Hombres y mujeres en España» Madrid 2003). Añadiré que las mujeres son mayoría en sectores en expansión, mientras que tienen muy escasa presencia en sectores con pérdida de empleo: agricultura, industria, minería etc, donde los varones son claramente mayoritarios. Otra precisión que debe hacerse es la naturaleza del trabajo a tiempo parcial o a tiempo completo. Siempre se destaca que la tasa de actividad de la mujer en España es inferior a la que prevalece en Europa de los 12. Es cierto, pero sobre todo por la menor actividad de las mujeres de más edad; entre las más jóvenes las pautas son análogas a las de países más de-Familia y trabajo de la mujer sarroUados. Pero lo que no se destaca suficientemente es que en España está muy poco extendido el empleo a tiempo parcial. En éste son mayoría en España las mujeres. Es notablemente mayor el porcentaje de las mujeres entre los ocupados a tiempo parcial, el 79,8%, mientras que la mayoría de los ocupados a jomada completa son varones: el 66%. Problema diferente que no es posible abordar aquí es el grado de voluntariedad de quienes trabajan a tiempo parcial; probablemente es más alto en España el porcentaje de quienes lo hacen a falta de otra oportunidad laboral. Si nos fijamos únicamente en la realidad laboral pero solo de las parejas con hijos, la situación española es diferente a la predominante en la Unión Europea de los 12. España contaba en el año 2000 el porcentaje más alto de parejas con un solo sustentador económico (56,3%); Irlanda, Italia y Luxemburgo el porcentaje supera también a la mitad. En España trabajan los dos miembros en el 43, 7% de los hogares con niños. Pero en el caso de que ambos miembros de la pareja estén ocupados, en ningún país era frecuente que la mujer trabajase a tiempo completo y el hombre a tiempo parcial; sucedía en España en el 0,4% de los casos pero no llega al 2% en ningún país. Los porcentajes son iguales de reducidos en el supuesto de si los dos trabajan a tiempo parcial; ocurre en el 0,2% de los hogares con hijos en España. La situación más frecuente, en general, es que los dos trabajen a tiempo completo, lo que ocurre en España en el 35,6% de estos hogares con hijos. Y le siguen en frecuencia cuando el varón trabajo a tiempo completo y la mujer a tiempo parcial que sucede en el 7,5% de los casos en España (CES: Panorama sociolaboral de la Mujer en España, 28, 2002). Las diferencias retributivas existen y son significativas, pero su análisis requiere ponderar los datos en función de la duración de la jornada, antigüedad en el empleo, nivel ocupacional o los componentes retributivos incluidos (pagas extraordinarias y otros), etc. Pero los datos globales, con toda su imperfección, son reveladores. Hace unos años, en 1998, la Unión Europea elaboró un estudio sobre las diferencias retributivas por sexo entre cuatro países. De la comparación de los salarios de las mujeres por hora de trabajo, se desprende que es en Suécia donde existe mayor igualdad salarial con el 84,0% del salario medio de los hombres, frente al 72,9% en Francia; el 72,7% en España y el 64,4 en el Reino Unido. Los resultados nos sitúan en una posición intermedia, debajo de Suécia, análogo a Francia y mejor al del Reino Unido. Por categoría profesional del trabajador, los cuadros profesionales y directivos es donde se produce mayor discriminación. Al examinar los datos por edad, se observa un hecho presente en otros muchos aspectos de nuestra realidad social: el cambio radical según generaciones. Aquí tam-bien se constata: Disminuye la discriminación retributiva a medida que se desciende en la edad, donde la discriminación salarial desciende mucho en los grupos de edad con menos de 30 años (CES: Panorama sociolaboral de la mujer en España» n.° 13, julio 1998). Estos datos de participación laboral ponen de relieve la importancia de analizar la cuestión no en términos de principios -trabajo sí, trabajo nosino en términos de balance laboral de la pareja o matrimonio (o incluso de todos los miembros del hogar). Pero en España debe advertirse el menor peso de la mujer en la población activa y también la menor presencia del trabajo a tiempo parcial. Y cuando hablamos de los efectos hay que hacerlo en función de las singulares condiciones laborales realmente existentes. Cuando se piensa en el trabajo se tiene como marco de referencia el trabajo en el sector servicios en jornada, continuada o partida, a tiempo completo. Pero hay multitud de actividades sometidas a horarios y a ritmos temporales singulares. Y esto sin entrar en el componente espacial que pueda conllevar el trabajo. Me refiero a la necesidad de desplazamientos estables, pero duraderos, que pueden ser obligados en el puesto de trabajo que se desempeñe. Se trata del acceso a un puesto de trabajo en distinta localidad de la residencia del resto de la familia, y cuya distancia impida el reencuentro cotidiano del grupo familiar. Y hay una dimensión que resulta esencial para verificar la relación trabajo mujer-familia. No es posible examinar esta relación en términos individuales. No es posible examinar la relación trabajo de la mujer-familia en términos dicotómicos: trabajo-no trabajo. Para captar sus vínculos se necesita no solo el conocimiento de la relación individual, sino la bolsa laboral con que cuenta la familia. No son idénticos los efectos de ese trabajo si coincide con la situación de paro, de jubilación, de trabajo del mismo nivel o más alto o más bajo por parte de su cónyuge, etc. Y lo mismo se puede decir en relación a la propia naturaleza del trabajo. No es lo mismo el trabajo nocturno, el de fin de semana, el trabajo en turnos rotatorios etc. a la hora de compaginar la vida familiar y las responsabilidades laborales. Lo que interesa realmente son las peculiaridades de la actividad laboral de la totalidad del grupo familiar donde se inserta el trabajo de la mujer y del varón. Acceso familiar al trabajo Otro hecho a destacar es que el trabajo de los dos miembros de la pareja constituye un componente básico del bienestar de la sociedad española. Sin la aportación económica de los dos sería bien difícil de man- Familia y trabajo de la mujer tener los niveles de consumo de buena parte de los hogares. Pero la importancia laboral de la familia arranca de la propia génesis de la relación: el acceso al mercado de trabajo se realiza en buena parte gracias a las conexiones familiares y, en general, particularistas. Incluso en convenios colectivos existen cláusulas que favorecen el acceso a la empresa cuando son familiares de personas que ya pertenecen a la empresa. En todo caso, y como ya mostró un trabajo de Felix Requena, es extraordinariamente frecuente que se acceda a un empleo donde ya se encontraba trabajando algún familiar (13%) o algún amigo (11%); en conjunto una de cada cuatro personas accedían por conductos particularistas (en «Determinantes estructurales de las redes sociales en los hombres y las mujeres» Papers, n.° 45; 1995 pag. Si el ingreso en el mercado de trabajo se encuentra mediatizado por la realidad familiar, los efectos del trabajo en la familia se producen en primer lugar en la nupcialidad. Existen numerosas evidencias de las altas tasa de endogamia en España. El mercado de trabajo es mercado, también, matrimonial. La proximidad favorece el establecimiento de alianzas y compromisos interpersonales. Aunque la norma ideal de las sociedades occidentales establece que cualquier persona puede casarse con cualquier otra -no hay sectores excluidos en abstracto-, en la práctica la elección de pareja se produce entre los próximos. Y esa proximidad se produce en el mercado laboral, al igual que en las Universidades. Los intereses se concretan con el contacto en espacios determinados, como el laboral. El influjo de estos escenarios en el matrimonio posiblemente sea más alto en los segundos matrimonios que en los primeros, pero no hay datos suficientes para avalarlo. En la categoría de Profesionales técnicos y trabajadores asimilados, el 48% de las esposas se casan con esposos de la misma profesión. Y el porcentaje asciende aún más en sectores como Trabajadores de la producción y asimilados (66,87%), profesionales de las fuerzas armadas (53,82%). En el conjunto de todas las categorías profesionales la endogamia profesional asciende a 33,93% en el año 2000, con un muy leve crecimiento en los últimos seis años (INE: Indicadores Sociales 2003, pag. Trabajo y tasa de nupcialidad Pero la relación del trabajo con la nupcialidad no se limita a la elección de pareja, abarca también a su frecuencia. El mercado de trabajo repercute en la formalización de uniones matrimoniales. La crisis de empleo y las elevadas tasas de paro de los años 80 y 90, han afectado imposibilitando la formación de parejas y/o retrasando los proyectos. Sin duda, una buena parte del descenso continuado desde 1975 de las tasas de nupcialidad ha de atribuirse a la crisis de empleo en el mercado laboral. Casarse y tener hijos, son decisiones y compromisos esencialmente de futuro. Por consiguiente cuando se perciben incertidumbres en ese futuro, en torno a la estabilidad o seguridad en el empleo, esos proyectos de futuro se retrasan o en todo caso se perturban. La pauta mayoritaria de la sociedad española establece que para contraer matrimonio, el varón ha de tener trabajo y, si es posible, también la mujer. Pero la situación inversa es contemplada tal vez sin censuras, pero sin entusiasmo. Y esto es lo que ocurre efectivamente en la mayoría de los casos. En un estudio realizado por Alberdi, Flaquer e Iglesias de Ussel, examinamos las parejas en relación con el empleo de los respectivos cónyuges en el momento de formar el primer hogar. Encontramos que en la mitad de los casos (50,9%) trabajaba tan sólo el varón; en un 40,8% trabajaban ambos cónyuges; en el 5,4% no trabajaba ninguno de ellos y el porcentaje más bajo, en un 2,9% de los casos, tenía empleo la mujer pero no el varón («Parejas y matrimonios: actitudes, comportamientos y experiencias» 1994 pag. Sin embargo ha de advertirse que aunque estas sean las tendencias mayoritarias, cada vez son menos acusadas las censuras cuando se produce la situación inversa: la mujer con trabajo y el varón sin él, sobre todo si esa situación deriva de la falta de oportunidades o se compagina con ampliación de formación o estudios. Históricamente el individuo aislado tenía muy difícil supervivir. La familia era una unidad organizativa imprescindible para hacer frente a las necesidades de la vida cotidiana y sus emergencias, fueran estas la enfermedad, la ancianidad o la incapacidad laboral. No era posible sobrevivir sin el apoyo del grupo. Por esto siempre hubo escasa soltería que, además, estaba estigmatizada porque, en efecto, quienes quedaban fuera del mercado matrimonial con frecuencia contaban con defectos o Familia y trabajo de la mujer carencias significativas. Incluso las muy altas tasas de viudedad a edades tempranas, eran acompañadas con tasas igualmente altas de segundos matrimonios. Este escenario ha desaparecido por completo. Hoy el matrimonio constituye una opción real para los ciudadanos, y nada les obliga a vivir en familia si prefieren hacerlo en solitario. El matrimonio, ahora sí, constituye una elección personal. Y en esta dirección, el acceso creciente de mujeres a niveles ocupacionales y retributivos altos, esta ocasionando tanto el aumento de mujeres que postergan hasta edades muy tardías sus proyectos matrimoniales, también aumentan las cohabitaciones en esos niveles ocupacionales o, en definitiva, la soltería definitiva. De paso debe destacarse que este nuevo escenario ñmdado en la existencia de libertad de elección, refiíerza la relevancia de la nupcialidad que se produce hoy. Ha cambiado radicalmente el entorno, pero la mayoritaria aspiración social se orienta a configurar los proyectos vitales en el matrimonio o en la cohabitación. Es decir, el trabajo altera los escenarios vitales pautados o estandarizados del pasado. Ha ampliado la heterogeneidad de las opciones vitales, con repercusión en las opciones matrimoniales. Matrimonios a distancia por razón de trabajo El creciente acceso de la mujer al mercado de trabajo -que además no abandona por tener las mismas aspiraciones de carrera y promoción que los varones-, ha hecho aparecer el fenómeno del trabajo separado del marido y de la mujer en provincias separadas, incluso lejanas que permiten únicamente encuentros de fin de semana, y a veces ni eso. Se trata de un fenómeno nuevo, al menos en la magnitud que ya se constata. Siempre han existido ocupaciones que ocasionaban la separación y distancia entre la pareja. Piénsese, por ejemplo, en los marinos que pescan en lejanos caladeros durante largas temporadas, entre otras muchas ocupaciones. Pero lo que se trata ahora es de personas que cada una tiene un empleo fijo en localidades diferentes y distantes. Hasta ahora en determinadas profesiones de la administración pública se hacía frente a la situación, concediendo un derecho preferente de traslado al cónyuge, para favorecer el reagrupamiento; era el llamado derecho de consorte que existía, por ejemplo entre los maestros, ocupación de siempre muy feminizada. Pero este fenómeno no solo ha crecido en otros ámbitos de la administración pública, sino en la empresa privada. Son matrimonios que bien pueden llamarse como «matrimonios a tiempo parcial» por la permanente separación, acompañada de cortos semanales reencuentros. ¿Cómo funcionan estos matrimonios separados por el trabajo? Depende de muchas variables. Una, muy importante, es la perspectiva de futuro en que se ubica la situación de separación, la percepción de su transitoriedad o estabilidad. Esa consideración del futuro genera muy diferentes vivencias del presente. Pero otras dimensiones son igualmente básicas: el número de hijos, los ingresos, quien sea el desplazado si la mujer o el marido y los eventuales apoyos que puedan recibir uno u otro en los dos domicilios familiares, la duración de la separación, el momento de la vida de pareja en que se produce la separación y, claro está, la situación real en que se encuentre el matrimonio en el momento de la separación por motivo del trabajo. Se trata pues de una realidad muy compleja para resumir con una respuesta genérica. Pero una tesis doctoral que dirijo, de Roseta Rodrigo, parece avalar que no son negativas estas experiencias. Lo que reducen en cantidad, pueden incrementarlo en calidad sin llegar a cristalizar roces derivados de la vida cotidiana. Desde siempre se ha dado por hecho que uno de los efectos más evidentes de la incorporación de la mujer al trabajo era la reducción de la natalidad. Pero las evidencias no siempre son eternas. La manifestación más clara la tenemos hoy a escala europea. Los países con más alta tasa de natalidad son los nórdicos, y son al mismo tiempo los que cuentan con las más altas tasas de incorporación de la mujer. Y viceversa: países como España o Italia con tasas de actividad de la mujer más bajas, tienen también menor natalidad. Luego la correlación entre trabajo y descenso de natalidad, dista de ser clara y se encuentra mediatizada por numerosas variables a tener en cuenta. Las Encuestas de Fecundidad ponen de relieve en España el descenso de la natalidad y su vinculación con la actividad laboral, pero de manera bastante compleja. Por ejemplo en España esta creciendo la maternidad a edades avanzadas; no me refiero a edades que cabe interpretar como retraso en el calendario reproductivo, hasta 30 ó 34 años, en gran medida como consecuencia del retraso en el matrimonio. To-Familia y trabajo de la mujer davía se incrementan más los nacidos de madres con 40 y más años; en esos años el porcentaje de nacidos pasa de ser 0,1% a ser 1,3%. Como los mecanismos de control de natalidad han aumentado en ese período, debe concluirse que se trata sobre todo de embarazos deseados, deliberados y, por las edades, en su mayoría de mujeres activas; en parte quizá de segundos matrimonios de la mujer o del varón, o de los dos. A esta creciente natalidad a edades tardías, debe añadirse un fenómeno concurrente, aunque sea de escaso peso estadístico pero revelador de los cambios en las orientaciones culturales de nuestra sociedad. Se trata de la inseminación artificial de mujeres con edades avanzadas y con altos niveles ocupacionales, que exhiben su subsiguiente maternidad en los medios de comunicación. Se trata de una muestra del giro cultural que afecta a la edad de la maternidad, pero más aún de su postergación hasta su acceso estable a altos niveles ocupacionales. Emerge una maternidad voluntaria, a menudo asociada a mujeres con una trayectoria laboral exitosa, que cumplen a continuación su aspiración a tener hijos. Parece que una nueva generación de mujeres posterga sus decisiones reproductivas hasta tener consolidadas sus posiciones laborales. Hay que señalar que se observa igualmente una tendencia a la homogeneidad en los comportamientos reproductivos de la mujer. En situaciones de tradicionalismo, cuando es muy baja la incorporación -duradera-de la mujer al trabajo extradoméstico, la actividad laboral de la mujer reduce claramente la tasa de natalidad; si se quiere son las pioneras. Pero cuando es baja ya la natalidad de esa sociedad, las pautas de reproducción son mucho menos afectadas por el hecho del trabajo. Y en gran medida esta es la situación que se percibe en España. En cualquier caso ha de advertirse que la tasa de natalidad requiere examen pormenorizado. En España todos los estudios acreditan que se ha producido un cambio muy importante: históricamente se daba por hecho que nacían más hijos que los deseados, como consecuencia de los fallos en los mecanismos de control. Pero desde la democracia la tendencia es la contraria: nacen menos niños de los que las madres y padres desean. Se trata de una grave situación el que una democracia no permita que se puedan materializar los deseos legítimos de los ciudadanos. Por otro lado no es el hecho del trabajo -en abstracto-lo que genera efectos en la natalidad. Las diferencias se producen según el tipo, nivel y demás condiciones efectivas del trabajo. Margarita Delgado, analizando los datos de la Encuesta de Fecundidad del INE de 1999, observó consecuencias muy decisivas en relación con la temporalidad del empleo. Su inñujo es muy alto. Por ejemplo, en función de la categoría ocupacional, el promedio de hijos más bajo (0,72) se produce cuando son ocupados temporales los dos miembros de la pareja. Todavía más: de las seis categorías más bajas respecto a la media de hijos tenidos, en todas al menos un miembro de la pareja es ocupado temporal. Por el contrario, las categorías con media de hijos más altas cuentan con una mujer que se dedica a las labores del hogar o es empresaria autónoma; es decir la mujer dispone de tiempo o flexibilidad para dedicarse a la crianza. En el fondo de la evolución de las tasas de natalidad -especialmente de las mujeres activas-se encuentra la dificultad de compaginar responsabilidades familiares y laborales. El retraso en la incorporación a la actividad explica que sea ahora cuando la sociedad española deba abordar esta cuestión. España cuenta con notables carencias para facilitar esa compatibilidad en el sistema cultural, en equipamiento y servicios públicos, en vida cotidiana y hasta en comportamientos en las nuevas generaciones poco proclives -o si se quiere poco exigidas-para compartir la realización de tareas domésticas. No podemos examinarlas ahora. Pero se necesita tener presente estas dinámicas para contextualizar el descenso de la natalidad de las mujeres activas y valorarlo debidamente. Aunque se trata de decisiones personales, los contextos sociales son decisivos para promover u obstaculizar los comportamientos reproductivos de la sociedad. Y en el momento actual es un hecho que el contexto dificulta notablemente la natalidad de las mujeres activas. Las dificultades objetivas son subsanadas por costes personales y familiares. Y en gran medida por el apoyo de la red familiar extensa, de manera especial por los abuelos, que sustituyen a los padres en las tareas de custodia y crianza de sus nietos, hijos de parejas que ambos trabajan. La consistencia de la red familiar de apoyo es muy alta y por completo desconocida fuera de los países latinos. No deja de ser un contrasentido que un paso hacia la modernidad, como la creciente actividad de las mujeres, se posibilite por el afianzamiento de la red familiar extensa. Pero en fin, ya se sabe que el progreso no es nunca lineal y sus sendas son, a menudo, sinuosas. Trabajo y calidad de la relación Los efectos de la incorporación al trabajo extradoméstico no se circunscriben a la natalidad. No se limitan al número de hijos sino a la calidad de las interacciones en el seno del grupo familiar entre la pareja y entre los padres e hijos. Familia y trabajo de la mujer Los datos disponibles evidencian la alta calidad de las interacciones entre los padres y los hijos. La visión catastrofista o rupturista de las relaciones intergeneracionales, que tantas veces se difunden desde los medios de comunicación, es difícil encontrarle fundamentación empírica en la sociedad española. La sociedad española ha incorporado con una rapidez y profundidad, que ya quisieran otras instituciones sociales, a los cambios radicales en su mismo cimiento familiar. Esta innovación no ha signiñcado una quiebra, sino una readaptación muy exitosa de la vida familiar. Y no solo en las relaciones padres e hijos, sino en las relaciones de pareja. Las relaciones de pareja se han visto enriquecidas y, a la vez, dificultadas en virtud de la autonomía que ahora tienen los dos miembros de la pareja, en lugar de uno en el pasado. El trabajo de los dos miembros de la pareja permite enriquecer su relación siempre y cuando los elementos de contexto -duración, nivel ocupacional-sean adaptables a esa relación. Pero como ya he apuntado, lo importante no es el hecho de la actividad laboral, sino las condiciones, aspiraciones y satisfacción en relación a la actividad. Si se rechaza el trabajo que se realiza, la frustración puede trasladarse al ámbito doméstico y empeorar la relación. Pero la actividad laboral tiene una importante consecuencia al facilitar sin duda el divorcio. El salario proporciona una ampliación de los márgenes de libertad y autonomía. Por consiguiente facilita que, si existen tensiones y conflictos, éstas terminen en divorcio. Pero no existen datos que avalen que el divorcio aumente porque la mujer trabaje. Incrementa la autonomía económica para afrontar una perspectiva de ruptura, que en otras condiciones pudiera ser sofocada. Y estos efectos son tan notorios que algunos sociólogos, estoy pensando por ejemplo en B Bastard, destacan que el empleo de la mujer facilita también el planteamiento del divorcio por parte de los maridos. No hay que olvidar que los efectos económicos de las rupturas son importantes y una situación de autonomía económica de la mujer reduce el alcance -económico o temporal-de las consecuencias económicas de la ruptura para el marido. Trabajo y socialización de los hijos Es imposible tratar de una cuestión que requiere por si sólo una monografía. Los efectos del trabajo de la madre y del padre se entremezclan con otros aspectos como la televisión. Es un hecho que no se están produciendo tendencias todo lo positivas que se aspiran en relación al desa-rrollo y socialización de los hijos. El alto número de horas dedicadas a contemplar la televisión, sobre todo en las grandes ciudades, puede guardar relación con la disponibilidad de tiempo. Los padres que los dos trabajan pasan menos tiempo con sus hijos, pero no está demostrada que la calidad de la relación sea inferior. En la socialización de los hijos se están produciendo problemas derivados de un conglomerado de hechos que cristalizan en las crisis de la escuela. Los efectos del trabajo en el rendimiento académico son igualmente complejos de discernir. No es fácil aislar lo que puedan ser efectos de ese trabajo y los efectos atribuibles, en su caso, a la mejora económica o de oportunidades que los ingresos de ese empleo proporciona. Posiblemente esos efectos sean diferentes cuando se introduce el divorcio que cuando éste es una realidad ya asentada. Y por supuesto los efectos académicos pueden variar sustantivamente en el momento de crisis y con posterioridad. El alcance real del divorcio en el rendimiento académico de los hijos está sujeto a multitud de dimensiones sin investigar a fondo en España. A lo mejor no son análogos para los hijos y para las hijas. Pero en países con historia dilatada de divorcios, los datos constatan efectos positivos de la participación laboral de la mujer en los resultados educativos de los hijos. Incluso sus efectos positivos son independientes de la educación o de la ocupación del padre, y persiste tanto para las hijas como para los hijos. En qué medida estas tendencias se encuentran en España es imposible determinarlo. Lo único cierto es que la relación se necesita estudiar en profundidad, más allá de una simple relación entre actividad y divorcio. Cada una se encuentra mediatizada por multitud de aspectos -personales, de ciclo vital, sociales, familiares, laborales-que se entrecruzan y ese entrecruce es la biografía particular donde se produce un determinado resultado escolar. Aislar el trabajo y el divorcio para verificar el resultado académico significa mutilar la compleja realidad social. Trabajo mujer y estado de bienestar La creciente realidad del trabajo extradoméstico de los dos miembros de la pareja altera por completo situaciones históricamente muy consolidadas. La familia siempre ha sido el ámbito de protección, acogida y ayuda de sus miembros en situaciones de ancianidad, enfermedad, jubilación, parto, invalidez, desempleo o cualquier otra dificultad sobrevenida. Ese papel se le ha asignado siempre a la familia pero con la peculiaridad Familia y trabajo de la mujer de que, en realidad, quien asumía su desempeño era, casi en exclusiva, la mujer. La familia era el ámbito, pero la mujer era la persona que ha tenido a su cargo la realización de esas actividades. Durante mucho tiempo, incluso milenios, existieron condiciones sociales -todo lo discriminatorias que se quiera-que posibilitaban llevar a cabo la tarea. Pero con la incorporación de la mujer a la actividad extradoméstica, cambia por completo la situación: desaparecen las bases sociales que permitían que la familia desempeñara esas actividades de cuidado en el pasado. Hoy ya no hay ningún adulto en permanencia constante en el hogar; la pareja desempeña su jornada fuera del mismo. Ninguna persona con necesidades de cuidado puede permanecer en tal escenario hoy. No es, como muchas veces se argumenta, que aumente el egoísmo; la razón es estructural. Las condiciones actuales de vida dificultan, se quiera o no, el desempeño de actividades de cuidado que terminaban antes desempeñadas en el ámbito de la familia por la mujer. Los cambios familiares requieren por consiguiente innovaciones en el ámbito de las prestaciones propias del estado de bienestar. En particular, la atención a los mayores es ya una cuestión urgente en nuestra sociedad como consecuencia de la nueva realidad familiar y el descenso de la natalidad, junto a otros muchos factores incluso la mayor movilidad geográfica que puede dificultar aún más la participación de la red familiar en el apoyo de los mayores. La familia como fuente de emipleo La situación descrita no solo alude a las dificultades de vida de las familias españolas. En un momento de transición, como nos encontramos, la incorporación ya se ha materializado, pero todavía no los ajustes sociales, organizativos, de servicios y equipamientos públicos que respondan a esa nueva realidad. De ahí la necesidad de desarrollar medidas activas de compatibilidad por parte del sector público. Pero esas dificultades estructurales convierten a la familia en uno de los principales yacimientos de empleo en estos momentos. Para atender a las necesidades reales de las familias, se crean empleos para hacer frente a sus necesidades. Los servicios a domicilio están ya creando empleo en numerosas dimensiones; los servicios para el acompañamiento y prestación de servicios a personas mayores o discapacitados, servicios a personas enfermas, preparación y distribución de comidas a domicilio, servicios de limpieza y arreglo del hogar, entrega de todo tipo de mer-cancías a domicilio etc. Y son muy numerosos también en relación al cuidado de los niños, en una atención regular antes de la escolaridad obligatoria, ocasional o durante las vacaciones con estancias deportivas, de ocio o de estudio. Y además los servicios de atención a quienes están ya en edad escolar, sobre todo con actividades deportivas, culturales, recreativas o de ampliación de estudio. El libro de L. Cachón («Nuevos yacimientos de empleo en España» 1998) ilustra muy bien las potencialidades de creación de empleo derivadas de la transferencia de actividades desempeñadas antes por la familia y las nuevas demandas de calidad de vida y el cambio social están desarrollando. El examen de algunas relaciones entre trabajo de la mujer y familia acredita, ante todo la multiplicidad de sus dimensiones. Los puntos aludidos son tan sólo una corta parcela que requiere atención a otras muchas cuestiones. No hemos examinado, por ejemplo, los efectos en la estructura de toma de decisiones dentro de la familia o en las relaciones de poder en la pareja o en la gestión económica de los bienes familiares. O en la socialización de los hijos y de las hijas, en la misma realización de las tareas domésticas, donde pueden estarse produciendo desequilibrios más fuertes por razón de generación que por razón de sexo. O incluso tantos aspectos internos del trabajo, como las experiencias de promoción o ascenso, o al revés y tantas otras cuestiones. Pero, en el fondo, el problema supera claramente las experiencias de las parejas. Lo que se evidencia son las difíciles relaciones entre las responsabilidades familiares y laborales, para varones y mujeres. La sociedad española no está organizada para abordar y resolver cuestiones que otros países -porque iniciaron antes la trayectoria de la incorporación de la mujer al trabajo-tienen mejor resueltas. Y no son solo mecanismos económicos ni de servicios sociales. Son imprescindibles todos pero hay uno que ha de estar presente si se busca la efectividad de cualquier medida material. Me refiero al esfuerzo de mentalización de la sociedad española. Las leyes no cambian la realidad social, por consiguiente no creo en ninguna medida que se funde solo en la introducción de normas legales. Por eso es preciso reordenar aspectos de nuestra vida cotidiana que posibiliten esa compatibilidad sin los costes que se derivan de ello ahora. Los ritmos temporales de nuestra sociedad deben reordenarse para facilitar las actividades públicas y privadas de las personas. Se convocan actividades y reuniones en España a unas horas que en el resto de Euro- Familia y trabajo de la mujer pa ya se ha cenado. Las dificultades reales de compatibilidad se encuentran en la trama misma de nuestra vida cotidiana. La jomada partida, los horarios comerciales, los hábitos culinarios dificultan la doble responsabilidad. Bienvenidas pues sean las leyes, pero que no vengan solas. Y además, que arrastren al sector privado. Son fáciles las innovaciones en el sector público. Pero se necesita implicar a las empresas privadas, que vean incluso los beneficios que les pueden reportar las facilidades en la compatibilidad. El bienestar de los trabajadores -y por eso las medidas para la compatibilidad-constituye un componente básico de su rendimiento, además de un derecho inherente a su condición de trabajador y persona con responsabilidades familiares. El impulso de esta compatibilidad es el reto de nuestra sociedad en estos inicios del siglo XXI y una aportación decisiva para el bienestar de los ciudadanos españoles.
Cambios y continuidades desde una perspectiva histórica La población y los distintos retos relacionados con ella constituyen uno de los temas sociales claves que tiene y tendrá ante sí la sociedad española. En los próximos años, incluso décadas, varios de los retos más importantes que la sociedad tiene están relacionados directamente con la población. Migraciones, envejecimiento, sistemas de pensiones, reproducción y familia, salud; todos ellos constituyen aspectos fundamentales de cara al bienestar de la sociedad, y todos ellos están íntimamente relacionado con la población y su estudio. El tema de las formas familiares y su desarrollo en España se puede abordar desde un marco histórico de análisis ya que ayuda a facilitar una comprensión más dimensionada de los procesos recientes de transformación que siguen en curso. La perspectiva histórica, al estar algo distante en el tiempo, resta inmediatez en nuestros análisis y permite ver cambios recientes de forma más sosegada. No es la única perspectiva posible, pero considero que es muy útil. Constituye un buen complemento a los análisis más pegados a la actualidad, propios, por ejemplo, de la sociología. En los años recientes la familia se ha convertido en objeto de preocupación dentro de la sociedad española. Esta preocupación a veces se carga de tintes de crisis y de decadencia. Se habla mucho de la crisis de la familia actual, del declive de la autoridad paterna y de los valores que sustentan a la familia, de la incapacidad de la familia para llevar a cabo adecuadamente la tarea de educar a sus hijos, del abandono por parte de las mujeres de su papel tradicional como vertebradoras del hogar a favor David Reher 188 de una actividad cada vez mayor dentro del mercado de trabajo, de las familias que no parecen ya saber socializar a sus hijos ni disciplinarlos, dejando esa tarea en manos de la televisión o de los profesores de educación primaria y secundaria, del fin de la familia como motor capaz de cubrir las necesidades reproductivas de la sociedad, de la falta de respeto de los jóvenes hacia el matrimonio, sustituyéndolo por la cohabitación y, cuando hay hijos, éstos nacen fuera del matrimonio. En fin, muchas preocupaciones que suenan, salen en la prensa y hacen pensar como si hubiéramos pasado en España de una situación de una familia tradicional, capaz de justificar las más duras de las políticas, a otra familia apenas reconocible, secuestrada por modas y por realidades contemporáneas. Se trata de un panorama nada optimista. Si a ello se le añade la creciente preocupación social por la falta de nacimientos en el país, realidad íntimamente ligada a la familia, no es difícil comprender esta preocupación social. Ante esto yo creo que cabe preguntarse si la realidad actual de la familia en España es tan negativa como parecerían indicar estos hechos. Es útil a veces tener una perspectiva un poco menos inmediata, más distante, más histórica, a fin de poder comprender algo mejor las distintas transformaciones que están ocurriendo, con el propósito de separar los cambios puntuales de los de verdadera alcance. En las últimas décadas se pueden detectar importantes cambios, aunque también importantes continuidades en las formas familiares. Aunque los cambios hayan sido enormes, paralelos en muchos sentidos a los procesos de modernización de la sociedad, todavía es posible detectar muchos elementos de la familia tradicional en España. Se trata de una familia tradicional que sigue siendo perfectamente identificable dentro del conjunto europeo, como siempre lo ha sido. Entonces, pues, tenemos esta mezcla de cambios brutales junto con continuidades notables. En el siglo XX, y sobre todo durante su segunda mitad, se han producido profundas transformaciones sociales y económicas en España. Recordemos que en el citado siglo el ritmo de cambio social ha sido tal vez más intenso que en cualquier época del pasado. En 1900 España era un país bastante pobre, con niveles muy elevados de mortalidad y de fecundidad, un país eminentemente rural (más del 60% de la población vivía en el campo), con una producción económica en el mundo rural destinada en parte no despreciable al autoconsumo. Se trataba de un país con un bajo nivel educativo, mucho analfabetismo (pero con grandes variaciones regionales y por sexo). En el tramo final del siglo, el régimen demográfico era totalmente distinto. Se trataba de una sociedad urbana, con una economía destinada en buena medida a la exportación, con unos El cambio familiar en España en el marco de la niveles de educación comparables a los de los países del norte de Europa y con una sociedad de consumo bien asentada. Fue el gran siglo de modernización y de cambio social. No cabe subestimar la importancia de este proceso. Forzosamente, la familia no podía quedar al margen de todo ello y efectivamente fue también un siglo de enormes transformaciones en la institución familiar. Conviene enumerar aquí algunos de los más significativos que hayan afectado a la familia. Aún con el riesgo de simplificar en exceso, se puede hablar de las cuatro de las principales transformaciones ocurridas en la segunda mitad del siglo XX que hayan afectado a la familia en España. Desde una perspectiva estrictamente histórica, la pérdida de relevancia social de los grandes sistemas familiares, uno de ellos basado en la sucesión divisible y otro en la sucesión indivisible del patrimonio familiar -la familia nuclear frente a la familia troncal-constituye el cambio de mayor alcance. Esta pérdida de importancia de estas grandes formas de organizar la vida familiar en España se debe más a transformaciones sociales, económicas y demográficas en España que a cualquier proceso legislativo o de reforma. Se trata de sistemas de familia que perdieron su vigencia definitoria sin conflictos, sin revueltas, sin apenas debates. Aunque desde la perspectiva de ahora pueda parecer una transformación algo menos importante que otras, no cabe duda de que alteró profundamente lo había sido durante siglos uno de los ejes centrales de la familia y de la sociedad españolas. El segundo gran cambio ha sido la profunda transformación del régimen demográfico que gobierna la reproducción de las familias españolas. Conviene tener presente que esta transformación ha tenido dos fases claramente distintas. Hay una primera fase tendente a mejorar, en palabras de Massimo Livi Bacci, «la eficacia» en materia reproductiva, seguida de otra fase caracterizada por un verdadero descalabro, un desfondamiento de los niveles de fecundidad, donde se da la reducción drástica de una de las funciones que tradicionalmente se consideraba prioritaria de la familia, la de asegurar la reproducción demográfica de la sociedad. La primera fase de esta transformación consistió en una reducción del esfuerzo, en términos de tiempo y de desgaste físico, que precisaban las familias para satisfacer sus propias pretensiones reproductivas: disminuyó la mortalidad en la infancia y disminuyó la fecundidad de las mujeres. Tener una familia pasó de ocupar múltiples partos y veinticinco años de la vida de una mujer a ocupar sólo una pequeña parte de ese es-David Reher 190 pació de tiempo. Ese proceso se había iniciado a principios de siglo y culminó en la década de 1970 cuando España por fin había superado su déficit demográfico con respecto a los países del Norte de Europa, con una mortalidad perfectamente comparable y una fecundidad, si bien todavía bastante alta, dentro de lo que podríamos considerar normal para la época. Esta transformación animó a las familias a invertir más en sus hijos, a tener lo que llaman los demógrafos «hijos de calidad», con las consabidas implicaciones para los sistemas educativos y para el crecimiento económico del país. De hecho, a pesar de una mayor «eficacia» del régimen demográfico, con toda probabilidad el coste estrictamente económico de tener una familia aumentó significativamente, debido precisamente a estas inversiones. Esta fue la primera fase del gran cambio demográfico. La segunda fase se ha dado en los últimos treinta años, cuando esa mayor eficacia reproductiva se ha transformado en un desplome de la fecundidad, con enormes consecuencias tanto para la sociedad como para las familias. A partir de 1980 en España la fecundidad se situó en niveles jamás conocidos históricamente. Se trata de un cambio que tiene y tendrá importantes implicaciones para la sociedad en las décadas venideras. En términos generales, tanto en lo que se refiere a la primera fase como la segunda de esta transformación demográfica, España sigue un camino similar al de otros países de nuestro entorno europeo. Puestos a señalar especifidades españolas en este proceso, cabe enfatizar que España suele llegar tarde a estos fenómenos, pero los experimenta con mucha rapidez e intensidad, más que otros países de nuestro entorno. Esta característica está presente en otras transformaciones y puede considerarse realmente «española». Tiene implicaciones para las formas en las que se desarrollan estos procesos de cambio social. El tercer gran cambio en la familia ocurrido en el siglo XX, sobre todo en su segunda mitad, y relacionado al menos indirectamente con el punto anterior, consiste en el rápido aumento en la participación laboral de las mujeres. Empujadas en parte por las realidades económicas y por las aspiraciones de sus propias familias, y animadas a ocupar un papel social muy distinto al vigente en el pasado, a partir de la década de los 1970 las mujeres entraron masivamente en el mercado de trabajo, produciendo aumentos verdaderamente espectaculares en sus tasas de actividad económica. De hecho, se trata de un proceso similar al que se produce en toda Europa, aunque más tardíamente y tal vez con mayor rapidez en España. Esta participación laboral de la mujer ha tenido enormes efectos sociales y económicos. En cuanto a la familia, ha supuesto la eliminación efectiva El cambio familiar en España en el marco de la... de la madre como referente fundamental y única de la familia. Se trata de un cambio de tal magnitud que no podía dejar sin tocar una institución como la familia, obligando, dicho sea de paso, a todos los miembros del grupo familiar, y por supuesto a la sociedad, a modificar sus comportamientos tradicionales, empezando por las madres mismas. Ha tenido, claro está, efectos económicos beneficiosos para las economías familiares, ha sido un factor no despreciable en el auge del desempleo en España en los últimos treinta años, y ha hecho mucho más compleja la vida de las madres trabajadoras y la de sus parejas y sus hijos. El cuarto gran cambio ocurrido en el siglo XX ha sido que el Estado ha ido ocupando cada vez mayores esferas de la vida, esferas que tradicionalmente correspondían a la familia. Cabe citar dos ejemplos claros y muy conocidos al respecto. Por un lado, en el terreno de la educación y la socialización de los niños, la familia ha terminado cediendo protagonismo al Estado, a la escuela y a los medios de comunicación. Se trata de una cesión, ya en marcha tímidamente desde finales del siglo XIX, que no hizo más que acelerarse con la entrada masiva de las mujeres en el mercado de trabajo. Algo que antiguamente correspondía en su gran mayoría a la familia ahora es sólo en parte parcela de la misma. El otro ejemplo, igualmente elocuente, de este proceso ha sido la implementación de un sistema público de salud y, sobre todo, de pensiones, hecho que ha alterado de manera fundamental uno de los papeles más tradicionales de la familia. A partir de ahora, en su tarea de socorrer a sus propios necesitados, sobre todo a los ancianos, la familia pasó a tener un aliado importante en el Estado. He aquí cuatro grandes transformaciones que han afectado a la familia, a la institución familiar durante el siglo XX. No cabe entender estos cambios de forma aislada. Forman parte de otras transformaciones económicas, sociales, culturales y políticas que también han afectado a la sociedad española. Juntos constituyen el gran proceso modernizador que ha caracterizado al siglo XX europeo. Como a menudo ocurre, tampoco han sido específicamente españolas, aunque su calendario preciso, así como su intensidad, sí que eran hasta cierto punto específicamente españolas. Ahora bien, no todo han sido cambios. La realidad de la familia en España también muestra grandes y notables continuidades a lo largo del siglo XX, especialmente visibles muchas de ellas en su último tramo. Desde hace siglos, la familia española ha sido una institución, muchas de cuyas características principales se han distinguido de forma notable de la institución familiar vigente en el norte de Europa. En otra parte yo he escrito sobre la existencia de una familia «fuerte», ubicada en el sur del continen- te europeo, donde tendía a primar la familia sobre el individuo, frente a una familia «débil», característica en buena parte del centro y del norte de Europa, donde lo individual tendía a primar sobre lo familiar^. Estas formas distintas, norte-sur/débil-fuerte, de vivir la familia, que probablemente datan al menos desde la Edad Media, terminan marcando las formas familiares contemporáneas, de tal modo que las diferencias espaciales en Europa no sólo no han desaparecido sino incluso, en términos relativos, se han ampliado en muchas ocasiones. Ello no significa que no se hayan producido cambios importantes en los regímenes familiares -que los ha habido y son muchos y muy importantes-sino que no han servido para borrar esta distinción tan importante entre las distintas formas de entender la familia en el continente europeo. Así pues, también cabe hablar de importantes continuidades en la institución familiar, no sólo en cuanto a su distribución básica en Europa, sino también a lo largo del tiempo. Quisiera a continuación dar algunos ejemplos de estas continuidades. El primero es que en España, desde siempre y también en la actualidad, la familia interviene muy activamente en asegurar el bienestar de sus miembros, sobre todo los miembros vulnerables. Cabe mencionar tres ejemplos de ello. Para empezar, la atención a los ancianos en España en la actualidad es mucho más activa que en los países del norte de Europa. Parece que ha sido siempre más activo el papel de la familia «fuerte» del sur de Europa de cara a los ancianos, desde como mínimo el siglo XVIII. De ahí la proporción de ancianos en instituciones es relativamente baja en España, aunque va en aumento, como no podía ser de otra manera. Los ancianos en contacto habitual con sus hijos, bien mediante la corresidencia, la proximidad residencial o las visitas frecuentes, es una situación habitual en España, tanto ahora como en el pasado. La frecuencia e intensidad de estos contactos que se dan aquí no parecen tener comparación con los habituales en el norte de Europa. Por ejemplo, de acuerdo con el censo de 1991 en España, un 44 por cien de la población >60 seguía residiendo con algún hijo, porcentaje muy superior a la existente en Europa. En el sur del continente, en una encuesta reciente, un 74 por cien de la población considera que la situación ideal para los ancianos es la corresidencia con sus hijos, frente a países del norte donde tan sólo 25 por cien decían lo mismo. Desde esta perspectiva, los cambios en la demografía de la vejez indudablemente traerán grandes transformaciones estructurales en el futuro, pero el bienestar de los ancianos y de la población vulnerable ha sido, es y parece que seguirá siendo una característica fundamental de la familia. Otro ejemplo de las dinámicas de solidaridad familiar lo constituye el papel de los abuelos en apoyo de sus hijos y sus hijas que trabajan fuera del hogar o que tienen dificultades para atender a sus hijos. Esta dinámica se ha dado en llamar «el efecto abuela» y es muy característica de la organización familiar del sur de Europa. Todo parece indicar que también fue importante en el pasado, aunque la presencia de abuelos en la sociedad era mucho menor por razones demográficas evidentes. Debido al aumento en que el número de madres solas con hijos y sobre todo de mujeres trabajadoras junto con la mayor presencia de abuelos en la sociedad, la importancia de las intervenciones de los abuelos en la vida de sus hijos y sus nietos no cesa de crecer. En tercer lugar, los efectos perniciosos de los niveles tan elevados de desempleo en España en los últimos años han sido neutralizados, al menos en parte, por la familia, mediante la prolongación de la corresidencia de padres con hijos mayores o por las transferencias económicas directas e indirectas hacia los hijos sin empleo. En este sentido, las edades tan elevadas de emancipación de los jóvenes españoles no sólo son un indicio de un mercado laboral precario y de una vivienda cara, sino de la fortaleza y eficacia de los apoyos familiares ante una situación de incertidumbre económica. De hecho, desde épocas muy remotas en España la salida del hogar paterno para la inmensa mayoría de la población ha coincidido con el matrimonio. Este patrón no sólo no se ha roto en años recientes, sino que se ha reforzado -aunque con matices-. Por regla general, los españoles suelen pasar de un contexto familiar a otro sin pasar por etapa alguna de independencia. Esta situación contrasta poderosamente con la existente en el norte de Europa donde la emancipación siempre ha tenido lugar varios años antes del matrimonio (hasta 5 ó más), tanto en épocas históricas como actuales. Incluso para su emancipación y la creación de sus propias familias a menudo cuentan con apoyos económicos paternos considerables. Cabe, por otra parte, considerar la posibilidad de que el apoyo tan fuerte que dan las familias a sus hijos, cuyo indicador principal es la prolongada corresidencia de hijos con padres, haya sido también causa indirecta de los niveles tan elevados de desempleo existentes en España en los últimos años. Es decir, es posible que la vida «cómoda» en casa haya hecho a los jóvenes elevar sus niveles de exigencia ante el empleo, despreciando opciones menos «idóneas» o las que supusiesen asumir los costes de cambiar de entorno, de emigrar. Aunque todo ello pueda resultar bastante especulativo, no cabe descartar esta dimensión de los lazos familiares de cara al funcionamiento del mercado de trabajo en los últimos David Reher 194 años. Visto desde esta perspectiva, el papel de la familia asumiría una importancia fundamental de cara al bienestar de los jóvenes, como respuesta al desempleo y como causa indirecta del mismo. Relacionado con esto, pero en sentido diferente, el eje fundamental de las lealtades y de los valores en España ha partido siempre del contexto familiar. No hay indicio tampoco en décadas recientes de cambios al respecto. Es cierto que la autoridad paterna ha disminuido de forma notable, pero sigue siendo muy superior a la existente en otras partes del continente, donde el papel de los padres en la vida de sus hijos se reduce drásticamente a partir de los dieciocho o diecinueve años de edad. Para españoles de todas las edades, la familia sigue siendo un referente fundamental en sus propias vidas. Por fin, es innegable que el peso de las políticas familiares y de las instituciones públicas en la sociedad española es menor que en otros contextos europeos. Se trata de un hecho incontrovertible. Es interesante observar que hay indicios de que dicho peso haya sido siempre menor en España. No se trataría, pues, de un hecho reciente, sino uno de larga duración. Ello puede desprenderse indirectamente de varias maneras diferentes. Todo parece indicar que en España, desde al menos el siglo XVIII, el peso de la población en instituciones públicas, como hospitales, casas de misericordia, orfanatos, etc., ha sido muy inferior a su peso en países como Inglaterra. Por ejemplo, según el Censo de Floridablanca (1787), aproximadamente 1,4 por cien de la población >50 residía en instituciones de caridad, frente a Inglaterra donde el porcentaje era en torno al 5 por cien -es decir, más de tres veces mayor. De hecho, en el norte de Europa la gestión de la pobreza se hacía sobre todo mediante las leyes de pobres, producto de políticas públicas, mientras que en España ello corría a cargo sobre todo de la familia y las instituciones públicas sólo intervenían en situaciones realmente extremas. Muchas dimensiones de pobreza y de marginalidad caían dentro del terreno de la familia. De hecho, siempre se dijo en España que el único verdaderamente pobre era el que no tenía familia. Este menor peso de lo público o lo institucional en España a lo largo de los siglos se puede explicar por el papel activo de las familias a la hora de asegurar niveles admisibles de bienestar social para sus propios miembros. Desde esta perspectiva, no sería un indicio de retraso en España, sino uno de la existencia de otra forma de resolver los problemas de la vulnerabilidad dentro de la sociedad. Por ello, los especialistas que tratan estos temas harían bien en tener presente que parece que nunca ha habido políticas familiares tan fuertes y activas aquí como en otros El cambio familiar en España en el marco de la países europeos. Reconocer esta realidad nos lleva también a reconocer el hecho, tal vez algo desconcertante, de que en la época en que España tenía, por ejemplo, una familia «tradicional» y unos niveles bastante elevados de fecundidad -los años 1960-tampoco tenía políticas sociales tan desarrolladas y coherentes como en otras partes del continente europeo. Es decir, hemos pasado de tener la máxima fecundidad europea sin grandes políticas a tener la menor fecundidad europea sin grandes políticas. Con esto no pretendo argumentar que aquí no hacen falta políticas. Por supuesto que hacen falta, pero conviene no esperar milagros de ellas. En resumidas cuentas, persiste con claridad la divisoria misma entre norte y sur de Europa, entre familia débil y familia fuerte. Persistencia de posiciones relativas a pesar de la existencia de cambios muy considerables en distintos indicadores sociales, demográficos y económicos. Los que preconizan la homogeneización de la familia en Europa, en mi modesta opinión, están en un error. Se trata de un error basado en la idea de que los procesos de modernización son universales y uniformes. En ese sentido, las especifidades españolas serían fruto de un hipotético retraso o tardanza en dicho proceso de modernización. A mi modo de ver, creo más acertado comprender la familia dentro de un contexto de grandes cambios, pero también de grandes continuidades, tanto entre países como a lo largo del tiempo. Existen presiones en la misma dirección -motivadas en buena medida por factores económicos y realidades demográficas-, pero también diferencias persistentes. Aparte de los ejemplos ya aducidos aquí, se podrían citar otras muchas variables sociales (el suicidio, la cohabitación, la fecundidad fuera del matrimonio, etc.) que enfatizarían el mismo fenómeno. La familia española es, pues, una mezcla de lo nuevo y de lo tradicional, de continuidades y de discontinuidades. Comprender adecuadamente este hecho nos ayudará a situar los cambios recientes dentro de un contexto adecuado. Reflexiones a propósito de un libro reciente La reciente aparición de un libro muy interesante acerca de la familia en Italia nos permite ampliar estas reflexiones acerca de la familia en España. Fare famiglia in Italia, Un secolo di cambiamenti a cargo de Marzio Barbagli, Maria Castiglioni y Gianpiero Dalla Zuanna (Bologna, Il Mulino, 2003) supone una contribución importante a nuestro conocimiento de la familia en Italia y, dadas las similitudes entre las formas familiares en Italia y en España, nos termina planteando temas extrema- damente pertinentes que afectan a la familia aquí. Los autores emprenden su estudio desde una perspectiva histórica y sociológica y centran sus análisis en cuatro temas centrales para la vida familiar: los procesos de emancipación de los jóvenes, el matrimonio (la edad al casarse, la boda, el banquete de bodas y el viaje de novios), la corresidencia después del matrimonio y los procesos reproductivos. Es decir, sólo abordan una parte de la vida familiar, si bien se trata de una parte clave de la misma. En todos estos campos, los autores encuentran indicios de un fortalecimiento reciente en el papel de la familia dentro de la sociedad italiana. Persisten los tradicionales lazos familiares fuertes y hasta van en aumento. En muchos aspectos, los autores de este estudio constatan que los vínculos familiares en Italia nunca han sido tan fuertes como en los años recientes. Todo ello se inserta dentro de un contexto de persistencia de formas familiares marcadamente distintas a los vigentes en el norte de Europa, aunque las tendencias generales de diversos indicadores sean similares en todas partes. En este sentido, sus resultados no distan mucho de otros similares que han aparecido en muchos estudios recientes de la familia en España. Los autores encuentran que en Italia la emancipación de los jóvenes y el matrimonio se producen cada vez más tardíamente. Una vez casados los jóvenes, más de dos tercios de ellos establecen su residencia cercana a la de sus progenitores. Existe un verdadero auge de la vivienda en propiedad, en lugar de la de alquiler, y los padres suelen intervenir activamente en apoyo a la compra de la primera vivienda. Los estudios duran cada vez más e invariablemente son costeados por los padres. Los autores encuentran que los padres también intervienen activamente en el cuidado de sus nietos, así constatando la existencia del llamado «efecto abuela» tan conocido en España. Todos estos parámetros de la vida familiar, comunes a buena parte del sur de Europa, indican un papel de la familia en auge y el reforzamiento de los lazos familiares, ya de por sí fuertes en el mundo mediterráneo. Se puede afirmar que en muchos aspectos casi nunca ha tenido la familia tantas relaciones y lazos tan fuertes como en la actualidad. Se trata de una situación ciertamente irónica a tenor de la «muerte de la familia» tan en boga en los años 1960-1980 entre sociológicos y otros llamados expertos. Todavía es posible, hoy en día, oír que la vigencia de la familia se debe a un supuesto déficit de modernización. De igual manera, la persistencia en Europa de zonas de familia fuerte (la Europa meridional) y de familia débil (la Europa central y septentrional) a menudo se considera como vestigio de retraso de los países del sur en el proceso El cambio familiar en España en el marco de la de modernización. Todo ello se afirma, aún a sabiendas de que los países del sur llevan décadas plenamente modernizadas. Pues, contrario a tantos augurios, la familia no ha desaparecido en absoluto. Ha cambiado pero no ha perdido ni un ápice de su importancia. Mientras ha perdido ciertas prerrogativas tradicionales (sobre todo las relacionadas con la autoridad paterna), ha asumido otras, muchas de ellas de naturaleza económica y de solidaridad para con sus miembros necesitados, bien sea jóvenes o ancianos. Cabe afirmar que en la actualidad su capacidad de influencia en la vida de sus miembros está más fiíerte y visible que nunca. Esta flexibilidad no es nada sorprendente en una institución tan antigua como la familia, aunque tal vez lo sea más el aumento en su influencia que ha tenido lugar en estos últimos años. Esta situación se ha debido a una serie de factores que han afectado muy directamente las funciones de la familia. Un mercado de trabajo endeble, la prolongación del período de escolarización de los jóvenes, la actividad laboral de las mujeres y una insistencia en una vivienda en propiedad en lugar de una en alquiler han contribuido todos ellos a hacer a los jóvenes más dependientes de sus propias familias. Las familias han respondido a estos retos, acudiendo en apoyo a sus miembros jóvenes. La constatación tan rotunda de esta fortaleza y vigencia de los lazos familiares merece otras reflexiones más generales, menos pegadas a las realidades inmediatas de las sociedades italianas y españolas. No cabe dudar ni de la fuerza de estos vínculos ni de su vigencia. Se trata de una realidad incontrovertible. Pero no se trata de una realidad neutral, ya que tiene implicaciones tanto positivas como negativas para las sociedades del sur de Europa. Entre aquellas, cabe destacar que la intervención activa de la familia en la vida de los jóvenes tiene lugar en un momento difícil de sus vidas. En una situación potencialmente negativa (desempleo, desaliento, falta de opciones) y en ausencia de políticas públicas intervencionistas como las existentes en muchas sociedades del norte de Europa, interviene la familia para minimizar los obstáculos en la transición a la vida adulta. Por otra parte, este apoyo familiar facilita la entrada de la mujer en el mercado de trabajo, sobre todo por el intervencionismo de los padres de cara a los hijos de sus hijos. El enorme incremento en las tasas de actividad económica de mujeres en los últimos dos o tres décadas difícilmente se podría comprender sin este apoyo por parte de sus familias, ayudándolas a simultanear trabajo y reproducción. Aunque este aspecto puede tener su lado negativo (ver más abajo) y la a5mda dista mucho de resolver todos los problemas de las madres trabajadoras, indudablemente la familia ha tenido algo que ver con esta transformación social de tan enormes consecuencias. El apoyo familiar, por otra parte, ha permitido alcanzar mayores niveles de educación entre los jóvenes, con la posibilidad, al menos en teoría, de mejores colocaciones profesionales. No hay que olvidar que no sólo costean las familias los estudios de sus hijos, sino también les permiten continuar residiendo en casa mientras prosigan sus estudios. De esta forma, la familia costea doblemente la formación de sus hijos ya mayores, mediante el pago de las matrículas y la asunción por parte de las familias de los gastos habituales que incurren los hijos en su quehacer diario. Relacionado con todo ello, una de las consecuencias más notables de este intervencionismo familiar es que permite a los jóvenes disfrutar de un nivel de vida bastante superior a la que hubiesen tenido de haber estado viviendo por su cuenta, gracias a sus propios ingresos. Es más, mientras el desaliento causado por los enormes niveles de desempleo corresponde por entero a los jóvenes, los costes económicos del mismo tocan en su mayoría a las familias. Finalmente, entre los aspectos positivos de esta vigencia de la familia cabe citar a la familia misma que inesperadamente ha encontrado una enorme constatación de su propia vigencia y utilidad. Se puede afirmar que, desde las décadas centrales del siglo XX, nunca se ha sentido tan segura de si misma la institución familiar. Además, en este terreno la familia ha venido a cubrir una necesidad social que en algunos países corresponde en buena medida a las políticas públicas y en otros no se encuentra cubierto más que por el mercado de trabajo y las condiciones económicas. A pesar de estos aspectos incuestionablemente positivos relacionados con el papel de la familia, sería miope no darse cuenta de su lado negativo, tanto para los jóvenes como para las familias y para la sociedad en su conjunto. El primero de entre ellos es el hecho de que la falta de salidas profesionales para jóvenes y el consiguiente intervencionismo de las familias en sus vidas conllevan una evidente falta de autonomía entre los jóvenes y una mentalidad de dependencia más allá de lo que sería deseable. Aunque pueda parecer sorprendente a primera vista, dadas las relaciones tan cordiales existentes, por regla general, entre padres e hijos así como el superior nivel de vida de los hijos es muy legítimo preguntarse si de verdad podemos hablar de autonomía de los individuos cuando en lo económico no hay autonomía alguna. ¿Es necesaria una autonomía individual para el bienestar íntegro, para el sentido de la responsabilidad y para la capacidad de pensar y actuar con independencia de criterio de los individuos? Nos inclinamos a pensar que sí que es necesario y que esta etapa de prolongada dependencia de hijos con respecto a sus padres tendrá consecuencias a medio y largo plazo nada positivas para los individuos y para la sociedad misma. En segundo lugar, los perfiles concretos de este protagonismo implican que corresponde a la familia costear este apoyo a sus hijos. A pesar del hecho de que en los países meridionales de Europa siempre ha sido relativamente tardía la emancipación, no es en modo alguno similar el coste cuando los hijos se marchaban de casa a los 22-25 años, a menudo sin haber hecho estudios universitarios, que cuando se marchan entre los 28 y 32 años, habiendo terminado sus estudios universitarios y a menudo con títulos de postgrado. Es decir, la estancia de los hijos en sus hogares paternos dura más y es mucho más costosa que antes. Además, como bien ha puesto de manifiesto este estudio sobre la realidad italiana y como se da en la sociedad española, cuando se emancipan los jóvenes suelen recibir abundante ajoida de sus familias tanto para sus bodas como para facilitar el acceso a su primera vivienda, habitualmente en propiedad. En estos momentos, es difícil estimar las implicaciones que tiene todo ello para las economías familiares, salvo en sus efectos inmediatos. Pero podemos sospechar que dichos efectos serán importantes. Como mínimo, la capacidad de ahorro de las familias se encontrará hipotecado -o al menos retrasado-por este proceso, hecho que tendrá implicaciones para el bienestar de los padres en el presente y sobre todo cuando sean ancianos. Conviene recordar, al respecto, todas las dudas e incertidumbres que rodean y rodearán la vejez en el presente y en el futuro, sobre todo referidas a los sistemas de pensiones, a la salud en la vejez y, tal vez lo más importante, a la duración de la vida. ¿Están hipotecando una parte de su futuro los padres al apoyar tanto a sus jóvenes? Es evidente que ello no es cierto del todo, pero igualmente evidente es el hecho de que dinero que se gasta hoy no existe para mañana. Relacionado con este mismo tema, cabe preguntarse si dentro de varios años existirán presiones familiares mayores a los hijos para hacerse cargo de las necesidades de sus progenitores y si estarán ellos dispuestos a asumir estas responsabilidades. No sabemos responder adecuadamente a estos interrogantes, pero es indudable que el apoyo de padres a hijos en estas cosas sí que tendrá repercusión a largo plazo tanto para unos como para otros. Por otro lado, cabe la posibilidad de que tanto apoyo a los jóvenes sea un desincentivo para ellos a la hora de buscar trabajo y lograr su propia autonomía. Al vivir cómodamente, muchos jóvenes podrían encontrarse reticentes a la hora de aceptar empleos o situaciones residenciales inferiores a sus aspiraciones. Es decir, el apoyo familiar puede dificultar decisiones que impliquen un menor nivel de vida o de seguridad. Es lícito preguntar si la familia y los lazos familiares tienen algo que ver con la reticencia de muchos jóvenes a utilizar el recurso de la migración a fin de David Reher 200 optimizar sus opciones para conseguir trabajo, con la insistencia entre muchos jóvenes de acceder a una vivienda en propiedad en lugar de una en alquiler, a menudo compartida con otros, o con la aversión al riesgo tan evidente en muchos jóvenes. Por otra parte, en un artículo reciente, Massimo Livi Bacci ha relacionado los niveles bajísimos de fecundidad en el sur europeo precisamente con una cultura de comodidad y de dependencia entre los jóvenes, que les lleva a retrasar al máximo el comienzo de sus propias vidas reproductivas. Todos estos son interrogantes preocupantes que van al meollo de algunas de las grandes preocupaciones sociales. Si nuestra respuesta ante ellos corrobora que la familia, con todo su apoyo y dedicación, está facilitando estos tipos de comportamiento, no tendríamos más remedio de dejar de ver a la familia como parte de la solución y situarla como parte del problema. Es evidente que estas cuestiones sociales son complejas y no existen explicaciones unilaterales. También es evidente, no obstante, que es imposible realizar un análisis social convincente sin tener presente el papel de la familia y de los lazos familiares. Una cuestión menos clara es el protagonismo que hay que atribuir a la familia en los procesos sociales ya mencionadas. Por un lado, cabe la posibilidad de atribuirle un gran protagonismo en estos procesos, situándole como un factor causal fundamental. Por otro, en cambio, el papel de la familia se puede ver como una respuesta a procesos desencadenados por otras fuerzas económicas y sociales. En este caso el verdadero protagonismo lo tendría el desempleo y el empleo inestable, las dificultades en el mercado de la vivienda, las aspiraciones de los individuos, pero no la familia. Es imposible responder con seguridad a este interrogante, aunque sospecho que la causalidad va en ambas direcciones. La familia como recurso de defensa, de colchón, ante las incertidumbres sociales es incuestionable. Asimismo, sin embargo, ¿qué duda cabe que la familia desempeña un papel crucial en la creación de las aspiraciones y las exigencias entre los jóvenes, y en su aversión al riesgo? ¿Qué va a pasar el día de mañana? Es indudable que muchos jóvenes consideran que esta ayuda familiar que están recibiendo es una ayuda 'estructural', por así decirlo, y por lo tanto es gratis. Me parece que no. En cualquier sociedad, los lazos, bien sean familiares o de otro tipo, siempre son recíprocos; exigen reciprocidad. ¿Cómo van a cumplir los jóvenes su parte del pacto? Es evidente que no estamos en condiciones de responder con una mínima de confianza a este interrogante, aunque no ponemos en duda su evidente pertinencia. Lo que sí nos parece seguro es que las relaciones intergeneracionales propias de las fami-El cambio familiar en España en el marco de la lias fuertes continuarán cuando los padres de ahora se conviertan en ancianos de mañana. Pero habrán cambiado con respecto a la actualidad por muchas razones, una de las cuales relacionada con la situación vigente en los últimos 20 años en España. Algunas consideraciones acerca del futuro de la familia Aparte de estas consideraciones generales, hay poco que podemos afirmar con seguridad acerca del futuro de la familia en España. Únicamente, tal vez, en aspectos relacionados con la demografía existe posibilidad de prever algo del futuro ya que podemos tener alguna certeza de que las personas, por ejemplo, que hayan nacido en los últimos años estarán presentes en la población española durante muchas décadas. El presente y el futuro demográfico de España afecta y afectará muy directamente a la institución familiar así como a la sociedad en su conjunto. No cabe distinguir en este sentido entre sociedad y familia, salvo en cuestiones de escala. En España en los últimos veinticinco años hemos entrado en un mundo demográfico realmente desconocido, con una reducción drástica en la fecundidad y en el número de nacimientos. Nos estamos adentrando en un mundo probablemente regresivo en lo demográfico y de rápido envejecimiento de la sociedad. Las familias van a resentir estos procesos a la hora de cumplir con su misión tradicional de solidaridad o de socorro a sus miembros vulnerables, simplemente por el hecho de que el número de ancianos por hijo va a cambiar. Vamos a pasar de una situación donde existen varios miembros de la familia por cada anciano vulnerable, a otra donde esta ratio se invierte. Ello va a tener una gran importancia a largo plazo ya que afectará profundamente a la capacidad de la familia para cumplir uno de sus papeles centrales. En un futuro muy próximo, este mismo proceso de reducción en el número de nacimientos va a llevar a una disminución de la fuerza de trabajo en España. Estamos pasando de una época donde predominaba una oferta de trabajo abundante, sobrante en muchos momentos, a otra de escasez de la fuerza de trabajo. Ello va a tener cuatro implicaciones que ya se vislumbran en la actualidad: un aumento en la intensidad migratoria, un aumento en las tasas de actividad económica de las mujeres, un progresivo retraso en la edad de jubilación de los distintos sectores de la población y la cada vez mayor dificultad para sostener las prestaciones sociales que han venido caracterizando el Estado de bienestar. Se trata de Una situación en la que hay una abundancia de población anciana, que percibe pensiones y cuyos costes en salud resultan relativamente elevados, junto con una población en edad laboral con tendencia a disminuir, difícilmente puede acarrear optimismo económico alguno. La sociedad española sólo acaba de internarse en el debate público acerca de esta cuestión, muchos años después de que hubiera debido comenzar. El retraso en la edad de jubilación es una de las soluciones barajadas para un futuro más o menos próximo. Otra es el aumento en la actividad económica de las mujeres. Sin duda ambos recursos se pondrán en práctica en los próximos años. Pero ante la magnitud de los cambios previsibles, es difícil pensar que sean más que remedios parciales. La inmigración de trabajadores de otros países es ya una realidad en España y en años futuros esta inmigración no hará sino aumentar. Su capacidad para rellenar adecuadamente el hueco dejado por tanta escasez de mano de obra española, no obstante, suscita dudas muy razonables. La llegada masiva de inmigrantes, además, terminará planteando problemas de integración dentro de la sociedad española difíciles de imaginar en estos momentos. Por el contrario, sin embargo, cabe preguntarse que si no llegan, ¿dónde se encontrará la mano de obra precisa para hacer funcionar la economía española, amén de los sistemas de pensiones o de un estado de bienestar de tamaño reducido, pero al menos existente? De esta manera, la realidad futura de la familia, caracterizada por crecientes dificultades para socorrer a sus miembros necesitados, y una situación social, con creciente escasez de mano de obra y abundancia de población dependiente, seguirán cursos paralelos e interdependientes. El problema español es, claro está y con matices, el problema de todos los países desarrollados de la Europa occidental. Se trata de un problema agravado aquí por la rapidez de los cambios demográficos que empezaron tarde pero ocurrieron con mucha mayor intensidad que en otros países. Pueden existir otros escenarios futuros diferentes, como por ejemplo un aumento importante en la productividad económica o que el desarrollo tecnológico desemboque en una disminución de nuestra dependencia de la fuerza de trabajo para crear riqueza. Pero estas salidas no son probables. Tener una población anciana numerosa y en buena medida dependiente en lo económico y lo social, estar entrando en una larga fase de previsible disminución de la fuerza de trabajo existente en el país posiblemente a pesar de los aportes migratorios, y tener una sociedad y un sector público que no parecen reaccionar ante los retos de asegurar la re-El cambio familiar en España en el marco de la... producción de la sociedad, no prometen nada bueno para la economía y la sociedad españolas en estos inicios del siglo XXI. A pesar de estar en la cúspide histórica de su riqueza, de haber culminado un siglo de grandes avances, y de haber logrado niveles desconocidos de bienestar social, nos tememos que España no ha podido iniciar el nuevo siglo con peor pie. ^ Una primera versión de estas ideas apareció en: «Familia y sociedad en el mundo occidental desarrollado: una lección de contrastes», Revista de Occidente, n.° 199, Diciembre de 1997, pp. 112-132. Una versión más elaborada se encuentra en (1998) «Family ties in Western Europe: Persistent contrasts». Population and Development Review, vol. 24,2, Existe una versión española de este último escrito: «Lazos familiares en la Europa Occidental: una lección de contrastes perdurables», en M.A. Duran, et.al. (eds), Estructura y cambio social.
En esta conferencia vamos a presentar una Tipología de familias españolas fruto de un trabajo colectivo dirigido por Eusebio Megías, elaborado en la FAD así como su capacidad socializadora. Procederemos en dos tiempos. En un primer momento presentaremos cuales son, a tenor de diferentes trabajos en los que hemos participado recientemente, tanto en el marco de las investigaciones de la Fundación Santa María como en las que hemos llevado a cabo en la Universidad de Deusto, los principales de agentes de socialización de la juventud actual y, de modo particular, el papel de la familia entre ellos. En un segundo momento presentaremos la tipología propiamente dicha en base al estudio arriba mencionado al que hemos añadido algunas consideraciones posteriores^.!• La familia como agente de socialización Como acabamos de señalar en este primer punto nos detendremos en los resultados de los estudios que la Fundación Santa María ha realizado sobre la juventud, cuando se detiene en la familia como agente de socialización. En un primer momento haremos un sucinto repaso a los datos ya existentes, completados con los de otros estudios, particularmente de INJUVE y en un segundo apartado avanzaremos, en base a un estudio inédito, el papel de la familia cuando de una dimensión de socialización fuerte se trata, la socialización en vistas a una posible vocación religiosa. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://arbor.revistas.csic.es * La suma de respuestas es superior a 100% en cada columna porque los jóvenes podían dar tantas respuestas, indicar tantos espacios de socialización como quisieran. ** No se preguntó por los partidos políticos el año 1999. Nadie los mencionó en el test piloto. La familia como agente genérico de socialización en la juventud española En los estudios sobre la juventud de la Fundación Santa María se analiza en diferentes capítulos esta cuestión central (uno de los ejes transversales de todas las investigaciones de la Fundación), abordada bajo la fórmula de preguntarles, muy al inicio del cuestionario: «Dónde piensas tu que se dicen las cosas más importantes en cuanto a ideas e interpretaciones del mundo». Es una cuestión ya clásica de los estudios de juventud donde se incide en la importancia de los valores (y sus agentes de transmisión) para comprender los comportamientos de las personas. En la tabla 1 presentamos la evolución en los últimos años (desde que tenemos la cuestión así formulada) del «locus» donde según los jóvenes españoles se dicen las cosas más importantes para orientarse en la vida. En Tipología y socialización de las familias españolas niéndose en esta posición a lo largo de los años. Y los que siguen perdiendo fuerza son los medios institucionales: Iglesia y partidos. La Iglesia y los partidos políticos, asociaciones de carácter ideológico en sentido amplio, han dejado prácticamente de contar como agencias de socialización. En 1999 se omitió por irrelevante la cuestión sobre la influencia socializadora de los partidos políticos (nadie los señaló en el test piloto) y se mantuvo la de la Iglesia que solamente la citaron el 2,7% de los jóvenes españoles. La red social de los amigos ha registrado un fuerte ascenso en los jóvenes como agente de socialización. Con ello se le da todavía más peso a los grupos primarios frente a los institucionales, lo que es una tendencia que ya se venía produciendo años atrás. Esto es indicador evidente del espacio privilegiado que ocupan en la socialización juvenil. En efecto, los amigos conforman el espacio en el que las relaciones están menos formalizadas, son más horizontales (junto a los medios de comunicación; pero frente a estos, los adolescentes son más pasivos y con menor o nula interacción), son más próximas, con todo lo que ello conlleva de participación en experiencias comunes, muchas veces en un marco no normativizado (o no formal y visiblemente normativizado), con la percepción de vivir en libertad, de estar con los suyos, sin tutelas, aspectos estos que, en plena edad de experimentación y descubrimiento, tienen una capacidad de penetración, quizá epidérmica o puntual, pero no por ello menos trascendente en un período de su vida, en el período que ahora están viviendo. Añadamos que en este ámbito la noche, la dimensión de la noche, es central en la socialización de los adolescentes españoles. Volviendo al tema de la familia, González Anleo, comentando la tabla anterior {Jóvenes españoles 99, pág. 125) y la evolución de los agentes de socialización, indica acertadamente que «aunque en la tabla anterior se ha manejado un solo indicador, los datos apuntan inequívocamente el papel central de la familia en la socialización, seguida ahora muy de cerca por el grupo de amigos, que hace diez años la superaba en influencia socializadora. El papel y poder socializador de los padres ha sido recientemente puesto en duda por Fernando Savater, que ha hablado del eclipse de la familia (1997: 55-89), atribuyéndolo a la crisis de autoridad de la familia y a la influencia de la TV que desvela a los niños los misterios de la vida, les disipa las nieblas cautelares de la ignorancia, lo cuenta todo..., actuando así de catalizador y acelerador de los ingredientes de la educación infantil. Pero la tabla no deja lugar a dudas: la familia sigue ocupando un puesto privilegiado en la transmisión de saberes fundamentales, no solo de hábitos, habilidades y pautas de convivencia». Si analizamos los datos atendiendo al género y edad de los adolescentes y jóvenes constatamos lo siguiente. En lo que al género se refiere hay que decir que apenas hay diferencias en las estimaciones de los chicos y de las chicas. Para ellos y para ellas el ranking es el mismo. Las chicas se decantan ligeramente al alza, por conceder más importancia que los chicos a la familia, a la escuela y a los libros. Los chicos, por su parte, también muy ligeramente por encima de las chicas, se decantan por dar más importancia a los amigos. Respecto de la edad, hay que resaltar que la importancia de la familia, como espacio de socialización, es prácticamente idéntica en cualquier franja de edad considerada. Si me apuran señalaría que es entre los 18 y 20 años cuando desciende un tanto el papel de la familia, en la primera juventud, para remontar, perceptiblemente, en la segunda, entre los 21 y los 24 años. Pero todo dentro de unos valores similares. Esto nos hace Tipología y socialización de las familias españolas decir que estamos ante un fenómeno de generación y no ante un fenómeno de edad. Estamos ante una nueva generación, una generación diferente de otras generaciones, incluso próximas en el tiempo. Sin ir más lejos, los jóvenes españoles de los ochenta (y en gran medida también los europeos) son diferentes de estos de final de siglo. Por lo demás, los amigos adquieren una mayor relevancia a medida que avanzan en edad, así como los libros, descendiendo por el contrario, al ir haciéndose mayores, la importancia que conceden a la escuela. En fin, los medios de comunicación social aparecen como factores de socialización con el mismo peso, independientemente de la edad. Pero lo esencial, de ahí el subrayado, es que estamos ante un fenómeno de generación que va más allá de la edad y del género. Sí, la familia ocupa un espacio central en la vida de los jóvenes. De esto no hay duda Los jóvenes españoles de 15 a 24 años viven con sus padres en su gran mayoría: el 92,5%. El resto lo hacen con su mujer, con su pareja el 4%, solos el 1,4%, con un amigo el 1,2%, y el 0,9% en otras situaciones. Pero entre los adolescentes en edades comprendidas entre los 15 y los 17 años el 98,6% viven con sus padres. Anotemos también que los jóvenes españoles, después de los italianos, son los jóvenes europeos que más tarde abandonan el hogar familiar. Aunque no fuera más que por estos elementales datos estadísticos, podemos pensar que hay una realidad sociológica específica a la familia española en el universo simbólico de la sociedad española. Además, las Encuestas de la juventud, desde 1960 hasta 1999, nos señalan que el anclaje de los jóvenes españoles en su familia viene de hace más de cuarenta años. Es lo que nos indica la tabla 3. La tabla muestra una más que llamativa persistencia del nicho familiar como lugar donde habitan nuestros adolescentes. Nueve de cada diez adolescentes españoles entre los 15 y los 24 años siguen viviendo con sus padres. Las diferencias son escasas a lo largo de cuatro décadas, luego más de dos generaciones. Será difícil encontrar en la sociología española de los últimos cuarenta años una tabla similar a la presente. La sociedad española, en la que se han producido cambios profundos, mantiene por el contrario una continuidad en la «fidelidad» de los adolescentes españoles al habitat familiar. Tanto cuando la evolución demográfica señalaba un número grande de hijos por familia (hasta el año 1990, más o menos) como cuando la media de un hijo por familia es la norma. La evolución de valores (liberalidad en las relaciones sexuales, aumento de las parejas de hecho, descenso de los matrimonios canónicos), así como el aumento de las parejas separadas o divorciadas, no tienen correlato con la salida de los hijos del hogar familiar. La explicación del paro juvenil es absoluta-mente insuficiente para explicar este estado de cosas, pues hemos pasado de períodos de casi pleno empleo a dar las mayores tasas de paro juvenil en Europa, triplicando incluso las cifi:'as de la media europea, para abocar a trasladar el tema del empleo de su mayor o menor fi:"ecuencia a la cuestión de calidad del empleo exigible, situación en la que nos encontramos actualmente en la gran mayoría de la geografía española. Algo similar cabe decir del tema de la vivienda, por señalar los dos órdenes de factores que se esgrimen habitualmente para explicar la persistencia de los jóvenes españoles en su hogar, que solo encuentra parangón en Europa, en la sociedad italiana (ver Elzo 98). De todas las maneras tamaña cuestión no cabe zanjarla con unas pocas tablas, aún en su evolución en el tiempo. Es significativo, en todo caso, que en otras investigaciones se llega a las mismas consideraciones. Así en nuestra serie Drogas y Escuela de la que presentamos la sexta investigación en febrero de 2003, así como en los estudios de INJUVE, de los del Grupo Europeo de Estudio de los valores en sus aplicaciones a España etc., etc. Nos limitamos a presentar aquí la última investigación en la que hemos participado con esta cuestión específica, en el marco de los trabajos que llevamos a cabo en el Instituto de Drogodependencias de la Universidad de Deusto, y que aún no sido publicado^. Tipología y socialización de las familias españolas 1,2, La familia como agente de socialización entre los escolares vitorianos En Noviembre de 2002 se procedió a administrar un cuestionario, ya validado en estudios anteriores entre escolares de San Sebastián en los homónimos de la ciudad de Vitoria. El estudio fue encargado por el Ayuntamiento de Vitoria al Instituto de Drogodependencias de la Universidad de Deusto. El universo correspondiente a la investigación es el alumnado de la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO), del Bachillerato LOG-SE y del grado medio de Formación Profesional (FP), de las redes educativas pública y privada. El ámbito del estudio es el término municipal de Vitoria/Gasteiz. El número total de componentes de este universo, para el curso escolar 2001-2002, fue de 14.951 alumnos y alumnas, del que se seleccionaron 1891 escolares mediante selección primaria de aulas escolares en diferentes centros. La designación de centros educativos fue establecida con probabilidad proporcional, según su tamaño medido en número de alumnos y de acuerdo a su representación en las redes de enseñanza, centros públicos y privados, diferenciando -en estos últimoslos colegios religiosos, los laicos y las ikastolas. De los 34 centros existentes se encuesto en 18 de ellos, en 97 aulas Fueron encuestados/as 978 chicos y 913 chicas en 97 aulas de 18 centros educativos en las Redes Pública y Privada (religiosa, ikastolas y laica). Se les formuló idéntica cuestión a la de la investigación de la Fundación Santa María, aunque se les propusieron algunos ítems más de respuesta y no se estableció número máximo de respuestas posibles. Esto y la diferencia de edades en el universo de ambos estudios explican los resultados numéricamente divergentes aunque convergentes en el ranking de espacios citados, como aquellos en los que se dicen las cosas más importantes para orientarse en la vida. Reproducimos los resultados de la encuesta de Vitoria en la tabla xf 4 El auge en la elección de la familia como marco prioritario de orientación para los jóvenes es un hecho que viene produciéndose de forma imparable desde hace años. También es habitual que para las chicas sea ligeramente más decisiva y que esa trascendencia que le conceden desde niños supere incluso los inevitables choques de la preadolescencia y se mantenga hasta la juventud, incrementándose en esta investigación entre los mayores, lo que no deja ser significativo. Es un hecho constatado que los jóvenes se influyen en gran medida entre amigos. Sin embargo en sus respuestas posicionan a sus amistades en segundo lugar y lo hacen a considerable distancia de la familia (30 puntos por debajo). Ésta es una constante que no deja de sorprender a los padres, que tienen una percepción de su influencia en los hijos bastante menos rotunda. Suele ocurrir también, tal como en esta ocasión se confirma, que las chicas, en estas edades concretas, se apoyen más en sus amistades que los chicos. Por otra parte la evolución en ñmción de la edad refleja un incremento paralelo al aumento de los años hasta cumplir los 18, para acercarse al valor medio a los 19 años. Los centros educativos son considerados referentes de interés para más de la mitad de los encuestados y levemente más para las encuestadas. Esta postura es coherente con el hecho de que las chicas estén más integradas en el marco escolar y obtengan mejores resultados académicos, como sabemos bien los docentes. Al ir creciendo se van desenvolviendo más cómodamente en el colegio, pero el aumento de satisfacción se detiene y desciende al llegar a los mayores (19 años), lo que ya nos muestran con más claridad aún en los estudios con universitarios. Además en ese grupo de los mayores de 18 años se sitúan los repetidores de curso. La lectura y los medios de comunicación social no llegan a influir en la cuarta parte de los y las escolares. Las chicas priman un poco más los Tipología y socialización de las familias españolas libros -ellas tienen un mayor hábito de lectura-y los chicos los medios de comunicación social. Al controlar la edad vemos que los mayores tienden a apreciar la lectura mientras los más jóvenes priorizan a los M.C.S. La Iglesia merece la consideración del 10 % de los jóvenes y, tal y como viene ocurriendo últimamente, es más valorada por los chicos que por las chicas, a la vez que su trascendencia es inversa a la edad cumplida, si bien sin grandes cambios entre estos escolares de Vitoria. En cuanto a la utilización de Internet, goza de mayor predicamento entre los chicos y entre los de 12 a 15 años. En este punto no cabe señalar la evolución, porque es la primera vez que lo incluimos en este listado pero hay algo que es ya muy significativo: los escolares ven en Internet básicamente un instrumento de diversión y juego, más que de socialización. Los partidos políticos continúan con una presencia casi testimonial, bastante más considerados por los chicos y sin que la edad inñuya prácticamente en su escasa valoración. La posibilidad abierta en la que los encuestados apuntaron a sus parejas como agente de referencia aparece en penúltimo lugar, con importancia similar para chicos y chicas pero significativamente incrementada entre los mayores, más en edad de tener pareja. Respecto a la valoración de esta respuesta espontánea hay que considerar que su peso real es superior al porcentaje alcanzado, comparativamente a los otros, por el valor que le da el haber surgido de los propios encuestados sin que hubiera estado propuesta en el Cuestionario. 2, Una tipología de familias españolas El año 2002 publicó la Fundación de Ayuda a la Drogadicción (FAD) un largo y laborioso trabajo en el que más allá del tema específico de la drogadicción queríamos analizar las «relaciones internas» en las familias españolas. Para ello se llevó a cabo un trabajo de campo que, salvo ignorancia por nuestra parte, es absolutamente inédito en el conjunto de la sociedad española, pues se administró un mismo cuestionario, idéntico en su practica totalidad, a una muestra representativa de hijos e hijos entre los 14 y 20 años y sus padres (sea el padre, sea la madre, aleatoriamente) de toda la población española. El trabajo de campo con un análisis cualitativo con cuatro grupos de discusión de ocho personas cada grupo^. Un capítulo de esta investigación comprendía una tipología de familias españolas, capitulo en el que trabajé particularmente. Las pági-nas que siguen están parcialmente extraídas de ese capítulo al par que completadas con otras consideraciones y análisis posteriores. Una tipología, toda tipología, es un intento de distinguir en un universo concreto una serie de grupos lo más heterogéneos entre si al par que, internamente, lo más homogéneos que sea posible. Técnicamente diríamos que tratamos de construir grupos con gran varianza intergrupal y escasa varianza intragrupal. El objetivo de toda tipología es muy claro: diferenciar, dentro de un único universo, grupos diversos a tenor de una serie de características sobre las que se desea investigar. De ahí que sobre un mismo universo quepan tantas tipologías cuantas quiera el investigador (y se lo permitan los datos recolectados). Es pues preciso tener muy en cuenta que la tipología que se presenta a continuación no es la única tipología posible de familias españolas, ni siquiera con los datos que disponemos y es evidente que puedan redactarse otras distintas a la que aquí se presenta. Todo depende de la información con la que se trabaje. Es en la constitución de la tipología donde la investigación determina sus prioridades, más que en el perfil resultante de los diferentes tipos o «clusters» que es, obviamente, una operación posterior a la previa elaboración de la tipología. Así vamos a proceder en esta presentación. En un primer momento indicaremos cómo y porqué se ha construido la tipología aquí presentada para, en un segundo momento, presentar, de forma más pormenorizada las características de cada grupo resultante y el perfil sociológico de sus miembros. La Construcción de la tipología Para la elaboración de la tipología hemos trabajado con cuatro bloques de preguntas del cuestionario administrado a los padres y madres de nuestro estudio. Es pues una tipología construida sobre las respuestas de los padres aunque, después, en el análisis también hemos tenido en cuenta las respuestas de sus hijos. Hemos buscado la imbricación interna en la familia, todas las cuestiones que se refieren al funcionamiento familiar, a las relaciones que mantienen los padres con sus hijos y la valoración que les merecen esas relaciones, las causas o motivaciones por las que pueda haber conflictos o motivos de discrepancia entre padres e hijos y por último, la importancia que conceden a una serie de valores finalistas en su vida. En total 59 informaciones diferentes, de las que la gran mayoría, 50 exactamente, se refieren a aspectos concretas de la vida Tipología y socialización de las familias españolas familiar, de la relaciones de los padres con sus hijos, siendo las 9 restantes las referidas al universo nómico de los padres bajo la hipótesis subyacente que los valores tienen que ver con los comportamientos y las actitudes consiguientes. A estas 59 informaciones diferentes, y al objeto de buscar algunas líneas de fuerza mayores, las hemos sometido a un factorial conjunto de componentes principales (tras haber realizado previamente sendos factoriales particularizados por bloques diferenciados para comprobar su pertinencia, factoriales que no presentamos para simplificar el texto) que ha dado como resultado haber logrado «reducir» toda la información contenida en los 59 ítems en 15 grandes factores como 15 grandes tendencias que ilustran, explicando el 56,9 % de la varianza, la dispersión de comportamientos y actitudes de los padres y madres de la sociedad española de hoy. Es lo que presentamos en el Cuadro n° 1. Hemos respetado al máximo la literalidad de los ítems propuestos en el cuestionario para una recta comprensión de los factores resultantes. CUADRO Resumamos brevemente los contenidos de cada factor. Factor 1.°: Factor que describe con 9 ítems las respuestas de los padres que manifiestan tener unas excelentes comunicaciones con sus hijos: pueden hablar entre sí sin problemas, muestran abiertamente sus afectos etc. Factor 2.°: Agrupa las respuestas de los padres que manifiestan discutir con sus hijos por razón de comportamientos relacionados con los consumos de drogas y de alcohol, por temas de orden sexual, por sus amigos. También discusiones entre hermanos Factor 3.°: En este factor se agrupan las respuestas paternas que destacan por discutir respecto de la hora a la que se levantan los hijos, la colaboración en las tareas domésticas, por el dinero que gastan, por sus estudios... Factor 5.°: Muy malas relaciones de los padres con sus hijos: se dicen cosas que confiesan no debieran decirse, llegan al insulto...su hijo o su hija les agobia Factor 6.'': No se llevan mal con sus hijos. Tampoco son excelentes sus relaciones. Andan con cuidado a la hora de hablarse. Son relaciones precavidas las que dominan en estas respuestas Factor 7.°: En este factor habría relaciones que hemos calificado de abiertas e incluso anémicas, en el sentido de que no se sabe bien quien manda en esa familia, donde apenas hay reglas fijas en la que, a la postre, parece que las opiniones de los hijos acaban imponiéndose. Factor 8.°: Los padres de este factor valoran, sobre los demás, la moralidad, la capacitacién cultural y profesional y también ganar dinero. Es importante anotarlo por lo que supone de introducir en el mismo esquema, moralidad, capacitación y éxito económico. Factor 9.°: Apuestan por una reglas flexibles en la convivencia familiar, cuya unión sin embargo consideran importante hasta el punto que también destacan en la capacidad para hablar de sus creencias (ideas u opiniones) con su hijo de forma desinhibida. Este factor será muy dirimente en la configuración posterior del cluster Factor 10.°: Estos padres valoran más que los demás vivir al día, invertir tiempo y dinero en estar guapos y tener mucho tiempo libre. Fosicionándose en contra de las respuestas dadas en el factor anterior, conformará el tipo más numeroso de nuestra tipología. Factor 11.°: Las opiniones de los hijos son muy consideradas por estos padres. Factor 12.°: Familia que valora la rotación de responsabilidades, hacer cosas juntos en la familia (no son los únicos en destacar este punto) y, aunque en menor medida consultarse las decisiones entre los miembros de la familia. Factor 13.°: Los que en más alto grado valoran lo que sucede en otras partes del mundo... y en su propio barrio o comunidad. De ahí el epíteto de altruismo Factor 14.°: Los pocos que discuten con sus hijos por religión y política. Servirá para completar la configuración, pero en negativo (discuten aún menos que los demás) en el tipo más conflictivo de la tipología. Factor 15.°: Desdibujado y débil último factor conformado por un solo ítem que viene a decir que ya se sabe quien hace qué en la familia, fac-tor que no interviene en la configuración de la Topología. Ejemplo claro de que lo estadísticamente relevante puede no serlo sociológicamente. Quince factores, quince líneas de fuerzas, quince aspectos de la vida familiar, de las preferencias, acentuaciones, modalidades de las relaciones entre los padres y los hijos que ya nos resumen bastante las 59 informaciones básicas con las que hemos partido. Sirva ya para eliminar todo intento de generalización abusiva del tipo «la familia española es... Hay muchos matices, muchas pluralidades para simplificaciones abusivas. Así y todo hay que hacer aún otro esfuerzo para concentrar la información y buscar los engarces entre los quince factores. Es exactamente lo que hace la tipologización de resultados en base a factoriales previos. Enlaza las respuestas, ya previamente agrupadas en los quince factores, en razón de las similitudes y de las diferencias de unos y otros factores, creando constructos estadísticos homogéneos de los que el investigador debe retener el que presente una mayor pertinencia analítica interna. Así llegamos, en este caso, a propuestas de clasificación entre tres y seis grupos. Tras detenido análisis retuvimos la solución en cuatro tipos que es lo que se propone en las páginas que siguen. Repitámoslo: no hay una sola tipología posible de familias. Esta es una de tantas posibles que se sostiene en tanto permite ver mas claro, con todo el rigor científico de las ciencias sociales, y con pertinencia sociológica, pensamos que evidente, en el mosaico de los múltiples modelos de familias españolas en los inicios de este siglo XXI. Una Tipología de familias españolas en razón de las relaciones internas entre padres e hijos y de los valores finalistas de los padres Descripción de la Tipología propuesta A continuación vamos a presentar el detalle de cada uno de los modelos familiares propuestos. En cada caso distinguiremos la construcción del cluster, los elementos que lo componen y el perfil de sus miembros. Para muchas personas, digamos que tradicionales en el sentido de que miran con agrado lo que siempre han conocido y valorado como bueno, este modelo de familia sería «el» modelo de familia. Se trata de una familia donde las responsabilidades de unos y otros están claras y son asumidas sin dificultad, por previamente sabidas y reconocidas, familia en la que las relaciones de padres e hijos son buenas (las mejores de entre los cuatro grupos que conforman nuestra tipología), que valora fuertemente hacer cosas juntos y que tiene relativa capacidad para adaptarse a las nuevas circunstancias que puedan surgir en la vida familiar. Los padres valoran fuertemente tres valores finalistas: moralidad, buena formación y dinero; características definitorias de un modelo de familia «políticamente correcto». Las opiniones de los hijos son tenidas en cuenta a la hora de tomar decisiones (aunque los componentes del grupo 4° todavía destacan más en este punto). Otros dos aspectos acaban de definir bien a este modelo y que, a la postre, han servido para etiquetar el grupo: no buscan necesariamente las relaciones externas (aún sin rehuirlas) pues parece que están más a gusto entre ellos solos que con otras gentes (es lo que hemos definido con el término de familista) y, en segundo lugar, se posicionan negativamente, respecto de la media poblacional, cuando se trata de preocuparse por lo que pasa en el mundo o en el propio barrio o comunidad (de ahí la calificación de endogàmica). Parecería que están a tan a gusto entre ellos, y lo están, que se bastarían, y «lo de fuera» sería visto, si no como una molestia, sí como una intromisión innecesaria. Forzando un tanto diríamos que estamos ante una familia excelentemente avenida, preocupada por el éxito y la felicidad de sus miembros, en la que la opinión de todos es tenida en cuenta, muy probablemente tolerante con el diferente, con el de fuera...a condición de que se quede fuera o, al menos, de que no entre demasiado en casa. Familia muy centrada en sí misma, prácticamente autosuficiente, con distanciada preocupación por lo que sucede fuera de sus muros, capaz de procurar, y conseguir un clima cálido y agradable que sus hijos vendrán a corroborar. Obviamente, en este clima, la socialización familiar es muy importante y es uno de los dos modelos de familia (el otro será el 4° de nuestro estudio) en el que la familia es el elemento central de la socialización. Estamos ante padres con identidades fuertes (mayor presencia de católicos practicantes, pero también hay agnósticos y no creyentes por encima de la media), con opciones probablemente ya asentadas. Los hijos son los que menos drogas consumen de entre todos los tipos de la muestra, lo que no quiere decir, en absoluto, que no las consuman. Este tipo de familia no parece estar condicionado por factores sociodemográficos: puede darse en cualquier grupo social, cultural o económico, y en diferente habitat y contextos. Para no pocos, sería el modelo de familia «de siempre», ideal y relativamente añorado. 2, Familia conflictiva (15,0% de las familias españolas) De los cuatro grupos, éste es el más compacto, el más homogéneo, en las características que hemos seleccionado para realizar la tipología. Es la familia en la que sus miembros peor se llevan entre sí, donde más conflictos se dan, por causa del consumo de drogas, por las cuestiones de orden sexual de los hijos, por las amistades de éstos e, incluso, por las relaciones entre los hermanos. Las relaciones de los padres con sus hijos son, con diferencia, las peores de los cuatro grupos, y la comunicación es muy escasa o mala (cuando no muy mala).'^ Para entender lo que sucede en el seno de estas familias, conviene detenerse en la ecuación nómica de los padres. Estos padres no valoran «vivir al día, la estética física, ni el tiempo de ocio», valores todos ellos en los que destacan la mayoría de los adolescentes españoles de hoy. Luego gran distancia nómica con sus hijos. Además estos padres se singularizan por no tener en cuenta las opiniones de los hijos, o por tenerla en cuenta en notoria menor medida que los demás. Así mismo determinados posicionamientos de los padres denotan ausencia de flexibilidad en las relaciones que mantienen con sus hijos, siendo, con diferencia, los que menos discuten con ellos por temas políticos y religiosas, cuestión esta que, ciertamente, puede tener muchas lecturas: desinterés (como sucede en los grupos 1.° y 3.°, aunque por razones distintas en ambos), o dificultad particular para entablar discusiones sobre estos puntos en un clima de diálogo difícil (hipótesis que nos parece más plausible en este caso). En definitiva nos inclinamos a pensar que estamos ante situaciones que tienen su raíz, en no pocos casos, en los propios padres, pues presentan un universo de valores muy distante al mayoritario en los hijos, amén de una rigidez en sus propias concepciones de la familia, con una delimitación de estatus y roles paterno y filiares relativamente envarados. Las malas comunicaciones, los conflictos, pueden estar inmediatamente ocasionados por el comportamiento de los propios hijos (en este grupo en-Tipología y socialización de las familias españolas contramos los máximos consumidores de drogas), pero en su raíz, en su secuencia temporal, nos inclinamos a pensar que cabe inscribirlos en la ecuación nómica de los padres. El perfil sociodemográfico de éstos nos habla de padres con un estatus socioprofesional y un nivel de salarios conforme a la media poblacional, pero con un nivel de estudios algo inferior al de esa media. Cuando se trata de pedir aynda para resolver los conflictos en la familia estos padres destacan, al alza, por pedir mayor actuación policial y, a la baja, por la demanda de recursos educativos. Son padres nominalmente religiosos, algo menos formalmente definidos en sus valencias políticas (inclinados a la derecha), y con unos hijos que, éstos ya en mayor proporción, son claramente no religiosos y no tienen reparo en decirse de derechas, incluso en mayor proporción que sus propios padres y más allá del posicionamiento que éstos les atribuyen. Familia nominal (42,9% de las familias) Es el modelo mayoritario en nuestra sociedad. Se trata de una familia en la que las relaciones de padres e hijos pueden ser calificadas, con absoluta propiedad, como de coexistencia pacífica más que de convivencia participativa; los miembros de estas familias se comunican poco y, menos aún, participan en afanes, preocupaciones y objetivos comunes. Los padres están, en gran medida, cohibidos, desimplicados, sin que aborden con una mínima profundidad lo que requieren sus hijos; son padres, que buscan vivir al aire del tiempo, valorando el día a día, el tiempo libre y de ocio, el estar guapos... Una familia «light», cuya unión se considera menos importante que para el conjunto poblacional, en la que las opiniones de los hijos no son, de verdad y en profundidad, muy consideradas por sus padres; una familia que destaca de las demás por ser la que, en menor grado, refiere que haya conflictos en su seno por causa de las drogas, de los consumos de alcohol, de las relaciones de los hijos con sus amigos, de las relaciones sexuales, etc., básicamente porque ha decidido no enfrentarse, no enterarse de los conflictos, no porque no haya «motivos» para ello. No es entre ellos donde encontramos los mayores consumos de drogas, aunque sí de alcohol, pero no siempre hay relación directa entre los niveles de consumo y los conflictos y disputas familiares asociados a ellos. Hay que introducir otros elementos más: la importancia y gravedad que los padres asocian a esos consumos y, anteriormente, el nivel de segui-miento que realizan de los hábitos de sus hijos adolescentes. Nuestra hipótesis, en este caso (que es el mayoritario, no lo olvidemos), es que estamos ante un prototipo de coexistencia pacífica en muchas familias españolas: «las cosas son como son, los hábitos juveniles son los que son y más vale que nuestros hijos no resulten 'bichos raros'; con tal de que no se sobrepasen demasiado, es normal que se diviertan al modo como se divierten hoy los adolescentes»; algunas charlas precautorias de cuando en vez, y que la fortuna reparta suerte o, al menos, evada la peor suerte. «Cuando se vayan introduciendo en la veintena, las cosas se irán aquilatando por sí mismas», se concluye y se mira a otro lado. Obviamente no se discute con los hijos: dos no discuten si uno no quiere. Al preguntar a los padres de este grupo por las cosas que les ayudarían a resolver la educación de sus hijos, exigen un mayor compromiso del otro miembro de la pareja, lo que nos indica una falla en la responsabilización conjunta de la educación de los hijos. Tanto los padres como los hijos sitúan, en comparación con los otros tipos, a los amigos como el espacio privilegiado donde se dicen las cosas más importantes para orientarse en la vida, otorgando menor grado de importancia (de forma particularmente llamativa) a los libros, a la escuela y a la iglesia. La socialización, de la que los padres parecen haber dimitido, se presenta informal, por osmosis, y primando la horizontalidad del grupo de pares: no es de extrañar que estemos ante el modelo de familia en el que la socialización estructurada sea la más escasa de los cuatro modelos que presentamos. Los padres se posicionan como católicos no practicantes, ligeramente escorados a la derecha, fiel imagen de las tendencias mayoritarias de la sociedad de la España de tránsito de siglo a la que, por razones estadísticas (son el 43%, no se olvide) y, también sociológicas, reflejan y representan. Familia adaptativa (18,4% de las familias) He aquí el modelo de familias nacientes: es el más moderno, el que mejor refleja las tensiones de las nuevas familias. Frente a los perfiles relativamente estereotipados de los modelos anteriores, que los hacen fácilmente perceptibles e identificables, este cuarto modelo exige un esfuerzo de abstracción, imaginación y prospección. Probablemente, lo señalamos de entrada, bajo su denominación se esconden variantes que no podemos tener en cuenta dada la escasez de la submuestra, 144 padres, que aunque extrapolables a 184, no permiten desgajamientos con Tipología y socialización de las familias españolas cierta seguridad estadística. Gran parte de los nuevos e incipientes modelos familiares de los que hablan los sociólogos de la familia cabrían en este «macromodelo». Por la búsqueda de acomodo, de adaptación a las nuevas condiciones, a los nuevos papeles del hombre y de la mujer de hoy en el microcosmos familiar, al creciente protagonismo de los hijos que vienen pidiendo autonomía nómica (quieren crear «su» universo de valores), y que también pretenden libertad en el uso y disfrute del tiempo libre al par que acompañamiento (discreto pero efectivo) de los padres en su inexorable autonomización. Unos hijos que están dispuestos a llevar esa autonomía a la práctica en el modo de vivir con sus pares, en los estudios, en el trabajo (los que se deciden a trabajar y pueden hacerlo) pero, siempre, entendiendo que su hogar familiar de origen, el de sus padres, seguirá siendo el suyo hasta bien entrada la veintena (si no es la treintena ya cumplida), cuando se decidirán, no antes, a crear su propio espacio. Los padres que intentan gestionar estos hijos y la interrelación que se establece entre todos, padres e hijos, conforman este cuarto modelo de familia. Se trata de una familia con buena comunicación entre padres e hijos, con capacidad de transmitir opiniones y creencias, abierta al exterior aún valorando la dimensión familiar donde las opiniones de los hijos son particularmente tenidas en cuenta. Pero, aún siendo cierto todo lo anterior, es una familia no exenta de conflictos, de desavenencias, a veces graves, fruto básicamente de situaciones nuevas en los papeles de sus integrantes, mujer y hombre, madre y padre, padres e hijos. A diferencia de lo que sucede con el grupo primero, en el que los roles y estatus están claros, en este modelo las responsabilidades de cada uno están en revisión continua y el trabajo o las acciones familiares, en tanto que familiares, no resultan evidentes y son objeto de tanteos y de incertidumbres. De ahí la presencia de conflictos derivados de un ajuste de roles en las nuevas estructuras familiares y de relación, de la necesidad de ir creando una nueva cultura, de la búsqueda conjunta de un acomodo ante las nuevas formas de trabajo y ocio de las generaciones emergentes, ante las exigencias de autonomía de los adolescentes (que unos padres, con más formación que la media y con unas ideas, llamémoslas así, progresistas, no pueden no escuchar aunque no siempre estén dispuestos a aquiescer). Estos padres piden más y mejores recursos para el ocio y el tiempo libre, así como para el sistema educativo; también piden ayudas fiscales y créditos más asequibles para las familias; a la vez son los que, en menor grado, solicitan que la policía aumente sus controles. Estos padres también son los que, más frecuentemente, sitúan a los centros educativos como los lugares donde se dicen las cosas más importantes para orientarse en la vida, y los que, en más alto grado, intentan inculcar en sus hijos la solidaridad, la tolerancia y el respeto a los demás, así como la honradez y la lealtad (con resultados no siempre satisfactorios, todo hay que decirlo). Otro rasgo clave es que es una familia que, aún valorando fuertemente la vida intrafamiliar, está muy abierta al mundo exterior; sus miembros no son familistas y endogámicos como los del grupo primero. Entre esos miembros hay agnósticos, no creyentes y ateos por encima de la media, especialmente en los hijos. Estos últimos también consumen más drogas que la media, aunque bastante menos que los del tipo de la familia conflictiva. Esta familia (mosaico de familias, más exactamente) que hemos denominado adaptativa, emergente parece ser la familia de la «negociación», de la búsqueda, del acomodo, no llegando siempre y, menos aún a corto plazo, a los resultados deseados. Pero, las que atraviesen con éxito la prueba de la adaptación a la modernidad, permitirán a las nuevas generaciones insertarse con mayores garantías en la sociedad del futuro. Ausencia de conflicto en la adolescencia, en el seno de las familias, no es garantía de solidez en las estructuras nómicas adquiridas y conformadas con las que andar por la vida, ya adultos, con criterios autónomos. El grupo primero, la familia añorada y, justamente por más de una razón, tiene el handicap de un enrocamiento excesivo en si misma, con una mirada básicamente precautoria hacia el exterior, exterior con el que algún día los hijos tendrán que enfrentarse, ya fuera del nicho familiar. Esta familia tiene capacidad para transmitir los valores de los padres. La duda, nuestra duda, está en si la transmisión de valores, realizada, en este caso, por reproducción de lo inculcado por sus padres se ha hecho propia, esto es, si ha pasado por cedazo de la duda y la confrontación personal al modo como se realiza la socialización en la mayoría de la juventud actual, sobretodo cuando tal socialización tiene alguna espesura. Espesura, consistencia, una mínima estructura es, precisamente, lo que no tiene capacidad de trasladar el tercer colectivo, el mayoritario, el que hemos denominado familia nominal. Es en este modelo en el que se piensa, y con toda razón, cuando se habla de la incapacidad de la actual familia para transmitir valores. Así y todo hay que añadir que aunque conforma casi la mitad de las familias, tampoco cabe generalizar al conjunto de familias españolas. Tipología y socialización de las familias españolas El grupo segundo puede ser considerado como el reverso del primero. Forzando un tanto la comparación diríamos que si en este los hijos corren el riesgo de adoptar, acriticamente los valores que les inculcan sus padres, los hijos del segundo grupo, al que hemos denominado conflictivo, recuérdese, corren el riesgo, a su vez, de adoptar no solo valores sino comportamientos, en oposición a los valores dominantes de sus padres. De nuevo quedará en duda lo que advengan en el futuro pero, ya en el momento presente, además de ser los más conflictivos en casa, presentan los mayores consumos de drogas que no de alcohol (donde se singularizan los hijos de la familia nominal), significando en ello, en este punto de los consumos de alcohol y drogas, la mayor distancia social sobre el modelo dominante en los componentes del grupo segundo y la menor en los del tercero. En fin, las familias adaptativas, corren el riesgo de rupturas por desentendimientos entre padres e hijos, cuando no en la propia pareja (arrojan la mayor presencia de parejas separadas y están en la capa social en la que estas situaciones se dan con más frecuencia). De ahí, entre otras causas, la presencia de conflictos en su seno, pero la preocupación por los hijos, los intentos de diálogo, la preocupación y, relativa, implicación por lo que sucede más allá de los muros familiares, hacen pensar que estamos, además de ante los modelos de las nuevas familias, aquellas en las que, junto con las familias del primer grupo, haya transmisión estructurada de valores y, cuando las cosas vayan bien, mayor probabilidad de que los hijos se adapten, autónomamente, a la nueva sociedad. Notas ^ En consecuencia algunos de los materiales que aquí presentamos han sido ya objeto de debate e incluso de publicación. Sin embargo, el texto que aquí ofrecemos tiene prolongaciones respecto de lo ya publicado, su articulación interna es propia y determinados aspectos son absolutamente inéditos, particularmente los de una investigación sobre escolares vitorianos, con trabajo de campo de noviembre de 2002, de los que sacamos a la luz algunos datos que nunca han sido objeto de presentación ni de publicación. 2 JAVIER ELZO y M.^ TERESA LAESPADA (directores), IRATXE ARÍSTEGI, ELISABETE ARÓS-TEGí, ARACELI FERNÁNDEZ, NIEVES GARCÍA DEL MORAL, CONCHA MAÍZTEGI. «El consumo de drogas en escolares vitorianos». ^ «Hijos y Padres: comunicación y conflictos». EUSEBIO MEGÍAS (coordinador), JAVIER ELZO, IGNACIO MEGÍAS, SUSANA MÉNDEZ, FRANCISCO JOSÉ NAVARRO, ELENA RODRÍGUEZ. En el País Vasco poco antes se llevó a cabo otro estudio con características similares promovido por la Universidad de Deusto. Ver Isabel Vielva, Luis Pantoja, Juan Antonio Abeijón (eds). «Las familias y sus adolescentes ante las drogas». Universidad de Deusto, 250 Páginas, 2001. ^ Conviene recordar que una tipología no es una separación de grupos en departamentos estancos. Se trata de acentuaciones respecto de un valor medio. Decir que los componentes de un grupo, por ejemplo el conflictivo que ahora estamos presentando, se llevan mal entre sí, no significa que estén todo el día tirándose los trastos a la cabeza. Significa que, en relación a la media poblacional, son los que peor se llevan, los que más discuten, los que peor comunicación tienen. Es una apreciación de orden cualitativo (que hemos cuidado en la redacción con el uso de epítetos ajustados a cada caso) pero que para su cuantificación exige dirigirse a las tablas, tanto las de los cuadros definitorios del Cluster como las tablas pormenorizadas del Anexo al capítulo 7.° (Megias E. FAD 2002, páginas 157 y ss).
Los cambios en los modelos de familia se pueden considerar como un fenómeno complejo con múltiples dimensiones. Las formulas alternativas de convivencia van tomando legitimidad e incluso cobran los rasgos de un mayor compromiso emocional. Las razones que impulsan las uniones matrimoniales han cambiado. Una de las conclusiones más notables del estudio es la desaparición del concepto sacralizado del matrimonio y su sustitución por una idea más instrumental del mismo. Una de las claves del cambio es la transformación del escenario que tienen ante sí las parejas, pasando de un esquema único de convivencia, el matrimonio, a contemplar un panorama de múltiples opciones, por las que optan en función de los estilos de vida, creencias e intereses de cada uno o según los periodos o las etapas de su vida. Sentirse libres ante el propio proyecto de vida es la filosofía que define la vida de la mayoría de la población joven española, es decir la que marca las tendencias de las futuras generaciones, y ello se refleja en la encuesta realizada en el año 2000 sobre estilos de vida familiar. En el marco de este proceso de flexibilidad y diversidad de formas de convivencia, la encuesta refleja una creciente tolerancia hacia las parejas homosexuales; incluso respecto a encuestas anteriores se avanza en el sentido de aceptar que estas puedan unirse en matrimonio. Hay que hacer notar también como la adopción genera actitudes muy positivas sin que a ello sea obstáculo la nacionalidad de los niños adoptados. Las actitudes de solidaridad e identificación con el fenómeno de la adopción son unánimes. El concepto de vida completa, de logro o éxito en la vida, ya no pasa necesariamente por contraer matrimonio aunque incluye, como ingredientes fundamentales, tener una pareja y tener un trabajo. La decisión de tener hijos, del momento de tenerlos y el número de ellos es consecuencia de un nuevo concepto de ser padres. Nadie quiere renunciar a tener hijos en el momento actual. La maternidad sigue siendo un valor muy importante y la paternidad también. El tener un hijo entra dentro del proyecto vital de la mayoría de los jóvenes, pero está rodeado de múltiples condicionantes que hacen emerger contradicciones entre los deseos y realidades. A través del estudio realizado aparecen de forma constante las contradicciones entre expectativas y realidades; lo que no es de extrañar en la dinámica de una sociedad sometida a importantes procesos de cambio. Esta distancia entre expectativas y realidades se agudiza en dos cuestiones, la decisión sobre el número de hijos y la actividad laboral femenina. La tasa de fecundidad actual en España está por debajo del número ideal de hijos que desean las parejas. Tener un solo hijo, opción muy frecuente, parece una solución para cumplir con el deseo de maternidad o paternidad y a la vez cargarse lo menos posible de responsabilidades familiares. El ideal de familia incluye más hijos pero el tener sólo uno es una solución de compromiso que permite mantener otras exigencias. El reparto del trabajo remunerado y del trabajo doméstico entre hombres y mujeres es el caballo de batalla que presentan las mujeres y se ve como condición indispensable para el logro de la familia igualitaria. Este modelo de familia igualitaria también es el preferido por los hombres, que lo incluyen dentro de sus aspiraciones; aunque no lo hagan realidad. En esta cuestión del reparto de las tareas domésticas el estudio demuestra que existe aún una gran contradicción y una importante distancia entre las expectativas y la realidad. El ideal de familia igualitaria es mayoritario. Sin embargo en la realidad cotidiana de las familias españolas hay una gran cantidad de mujeres que no son activas y se produce, mayoritariamente, un reparto desigual de tareas y responsabilidades entre el hombre y la mujer. Las mujeres quieren tener trabajo remunerado y demandan que los hombres se incorporen de forma paritaria al trabajo familiar y doméstico. La desigualdad en el reparto de responsabilidades domésticas, que no se comparten en la medida que deberían en una sociedad avanzada que reclama una posición de igualdad para las mujeres, es el principal obstáculo que tienen las mujeres jóvenes para poder incorporarse al empleo y progresar profesionalmente. El modelo igualitario, que mayoritariamente se prefiere, supone que tanto el hombre como la mujer trabajen fuera de casa y que ambos contribuyan por igual al trabajo doméstico y al cuidado familiar. Este tipo de familia igualitaria es minoritario, y se da en mayor medida en las familias dónde la mujer tiene un alto nivel educativo. En la presente fase de transición, las mujeres siguen enfrentándose a trabas en el mercado laboral. Esto implica a menudo frustración de sus expectativas y sacrificios personales. Los hombres jóvenes apoyan el cambio hacia la igualdad, pero esto no se traduce significativamente en un compromiso constante por hacerse cargo de la mitad del trabajo doméstico y familiar. El papel del hombre como principal proveedor económico de la familia contribuye a que su empleo prime en importancia sobre el empleo de la mujer. En nuestro estudio también se han abordado las estrategias de conciliación, por ser uno de los temas que acapara actualmente el mayor interés de los estudios sobre la familia. Se trata primordialmente de saber cómo hacer compatibles la variedad de responsabilidades y tareas familiares de los adultos jóvenes, sobre todo de las mujeres que pretenden trabajar y tener hijos. El compatibilizar maternidad y empleo es el núcleo duro de las estrategias de conciliación. Entre las dos opciones, muchas mujeres se inclinan hacia el trabajo y hacen que se resienta el proyecto familiar. He aquí según este estudio una de las razones que pueden estar influyendo en la reducción de la natalidad: tener menos hijos es una consecuencia de las estrategias para hacer compatibles el trabajo y la familia. Como resultado de la doble carga que siguen llevando las mujeres sus carreras profesionales se ven mermadas porque tienen una sobrecarga de responsabilidades cotidianas. Y una de las consecuencias de este problema es el descenso de la natalidad. El número de hijos se reduce debido a las dificultades que encuentran las madres activas cuando tienen su primer hijo y el peligro que supondría para sus empleos y sus carreras el volver a tener otro. La reducción del número de hijos es la principal estrategia de compatibilidad entre la vida laboral y la vida familiar que están ensayando las mujeres españolas. Reducir el número de hijos se vislumbra como la salida más coherente con la realidad de una sociedad que reconoce el valor del trabajo para las mujeres y las prepara para ello, permitiendo el acceso de un número elevado de mujeres a estudios superiores. No obstante, a pesar de la adquisición de un capital educativo, buena parte de ellas no llegan a poder invertirlo en un trabajo adecuado a sus aspiraciones y ello es un motivo de frustración que encuentra difícil solución. Las responsabilidades familiares siguen siendo la principal barrera en el mundo laboral. Se refleja en el estudio que apenas existen otras alternativas para las mujeres que la precariedad en el trabajo o la precariedad en la maternidad, si no se aportan otras soluciones que partan de los servicios públicos al alcance de todos y de un reparto equitativo en el interior de las familias. Optar por el trabajo a tiempo parcial, es otra fórmula que mayoritariamente se reconoce como una vía importante, realista y razonable, para salir del conflicto que enfrenta maternidad y empleo. En este sentido, llama la atención como se tiene asumido que, en todo lo que concierne a la conciliación de vida familiar y empleo, el sujeto que ha de «conciliar» siempre sea la mujer y no se piensa en un mayor equilibrio entre ambos miembros de la pareja. Solo recientemente se comienza a hablar de conciliar trabajo y familia refiriéndose tanto para los hombres como para las mujeres Puesto que la tasa de actividad de las mujeres en edad reproductiva es una realidad positiva e irrevocable, la necesidad de encontrar respuestas sociales e institucionales al problema de la incompatibilidad entre familia y trabajo es de gran importancia. Hay que atender las necesidades de las familias desde diversos frentes: equiparación real de las oportunidades laborales de las mujeres, flexibilización de horarios de trabajo y aumento del trabajo a media jornada con derechos sociales y garantías de estabilidad, sensibilización de la sociedad de los efectos negativos de los estereotipos sexuales, y aumento de las ayudas y los servicios sociales de atención a la infancia y a la dependencia por parte del Estado. Tipos de unión familiar Los resultados de la encuesta reflejan que las imágenes de la familia están cambiando en la sociedad española, sobre todo entre los grupos de edad más jóvenes. La encuesta refleja que los españoles tienen unas ideas acerca del matrimonio, de las relaciones familiares, de la dedicación laboral de las mujeres, así como de las relaciones entre las mujeres y los hombres y sus hijos un tanto diferentes de las que reflejan estudios realizados con anterioridad. En esta encuesta del año 2000 se refleja la pluralidad de opciones que están apareciendo en la sociedad española respecto del modelo que familia que cada cual asume y configura. Aunque la forma predominante de hogar familiar es la de un matrimonio que tiene hijos y convive con ellos, ha desaparecido la idea de que este tipo de familia es el único posible y Cambios en los roles familiares y domésticos van surgiendo, de forma numerosa en cuanto a opiniones y de forma reducida en cuanto a situaciones reales, las parejas que conviven sin casarse, las cuales incluso tienen hijos, los matrimonios que deciden no tener hijos y otras formas de convivencia entre gentes de diferentes edades, ya sean del mismo o de distinto sexo. Se vislumbra la posibilidad de que los individuos y las parejas, de forma sucesiva, pasen por formas diferentes de convivencia. A la vez, se atenúa la idea de estabilidad y se acrecienta la desinstitucionalización. El rechazo o la posposición del matrimonio legal, y la libertad de cambiar de situación, en cuanto existe la posibilidad de divorcio o ruptura de pareja, hacen que las formas de convivencia que se establecen vayan perdiendo ese carácter de inamovilidad que tuvieron en épocas pasadas el matrimonio y la familia. Se advierte cada vez más, por ahora mayormente en términos de concepción teórica que de realidad fáctica, una cierta flexibilidad en cuanto a las formas de pareja y de convivencia, que han perdido su carácter de definitivas. Las diferentes formas de convivencia han dejado de ser opciones únicas en la vida de cada individuo y se empiezan a ver como parte de un proceso a través del cual se desarrolla la biografía individual. Van desapareciendo las reglas, o se hacen más flexibles, y las parejas se configuran a la carta, con hijos, sin hijos, viviendo con ellos o separadamente ambos progenitores, con matrimonio o sólo mediante acuerdo mutuo. Las familias que se forman son resultado de estas nuevas tendencias, derivadas del aumento del individualismo y de la libertad y, a la vez, conviven con creencias y normas del pasado que no han desaparecido aunque se han flexibilizado enormemente. Este proceso de inercia y superación, a la vez, de las ideas del pasado se refleja muy bien en las opiniones de los diferentes grupos de edad sobre sus preferencias acerca de las formas de convivencia y las formas de celebración del matrimonio o de iniciación de la convivencia. Esta cuestión se incluía en una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas dedicada a la Juventud y el Entorno Familiar (CIS 1997). Preguntando las opiniones acerca de cual era, en su opinión, la forma más adecuada de establecer la convivencia para una pareja estable, un 24% de los encuestados respondía «vivir juntos y luego casarse por la iglesia» manifestando con ello una contradicción intrínseca en sus ideas y sus preferencias. Esta opción era señalada por uno de cada cuatro jóvenes entrevistados (muestra de jóvenes entre 15 y 29 años) reflejando la coexistencia de formas tradicionales e innovadoras de pensar acerca de la pareja y del matrimonio o, dicho de otro modo, la existencia de valores contradictorios que presionan sobre los jóvenes en los momentos de defi-nir los modelos familiares de su preferencia. Por una parte, convivir sin matrimonio, aunque sea temporalmente, supone una posición de ruptura con los esquemas tradicionales en los que el matrimonio se consideraba requisito necesario, legal y socialmente, para la iniciación de la convivencia. A la vez, optar por el matrimonio religioso supone un cierto compromiso con los principios más tradicionales de la Iglesia católica. La Iglesia da al matrimonio el rango de sacramento, ya no solo de contrato civil, sino que lo hace requisito imprescindible y necesario para la convivencia, dictaminando como pecado la convivencia entre todos aquellos que no lo hayan contraído, sin aceptar excusas ni atenuantes. Formas de convivencia y formas de iniciación de la misma preferidas por los jóvenes Podemos concluir que una parte importante de la juventud se muestra partidaria de la convivencia sin matrimonio. De hecho, sumando los partidarios de usarla temporalmente y los partidarios de verla como fórmula definitiva, son mayoría los jóvenes que ven con simpatía la convivencia sin matrimonio. Sin embargo, al mismo tiempo, una buena parte de ellos no renuncian, a pesar de defender la pareja de hecho, al proyecto de casarse por la iglesia. Y lo más asombroso de todo es que la Iglesia católica, al menos en España, transige con esta situación y no pone el menor impedimento, ni tan siquiera algún tipo de condicionante, a las parejas que acuden a celebrar en ella su matrimonio, aún sabiendo que, de hecho, en sus formas de vida y en sus opiniones están en contradicción con sus doctrinas y sus enseñanzas. Al igual que en muchas otras cuestiones, se manifies-ta en esto la importancia en nuestro país del llamado catolicismo cultural. En la sociedad española coexiste el respeto de las tradiciones y los ritos religiosos con el declive de la influencia doctrinal de la Iglesia. Pero no es este el tema que nos interesa ahora. Al señalar esta cuestión de las celebraciones del matrimonio y de las preferencias de los jóvenes acerca de las formas de convivencia, lo que nos interesa resaltar es la diversidad y la flexibilidad que se van introduciendo en la sociedad española y que se reflejan de forma significativa en la coexistencia de valores y de comportamientos tradicionales con ideas y comportamientos que podemos considerar nuevos y rupturistas. El matrimonio sigue siendo una institución muy importante en la sociedad española. Sin embargo, ha perdido la hegemonía que tenía como única puerta de acceso a la formación de la familia. Los comportamientos de la población española reflejan la importancia del matrimonio, la mayoría de las familias españolas se construyen a partir del matrimonio, pero es interesante señalar los cambios que se están produciendo en las actitudes respecto de la institución matrimonial. La convivencia sin matrimonio se acepta cada vez más por parte de la población española. Comparando las opiniones expresadas en encuestas realizadas a lo largo de la última década se advierte que, aunque son mayoría los que prefieren el matrimonio, es significativo el aumento de los que aceptan la convivencia, ya sea como alternativa al matrimonio o como periodo previo al mismo. Evolución de las opiniones acerca del matrimonio y de la convivencia Porcentaje de los que responden a la pregunta ¿Cuál de las siguientes formas de convivencia le parece mejor? Podemos ver que han cambiado las actitudes con respecto al matrimonio y a la convivencia. De las opiniones expresadas en nuestra encuesta se desprende que son mayoría los que creen que no es importante casarse cuando se quieren tener hijos y que son mayoritarias las expresiones de comprensión y tolerancia acerca de las parejas estables que conviven sin matrimonio. Sin embargo los comportamientos no acompañan estas opiniones. Los comportamientos se mantienen más tradicionales y la llegada de los hijos se pospone en la mayoría de los casos a la celebración del matrimonio. Respecto de la relación entre el matrimonio y la decisión de tener hijos, las actitudes que se reflejan en la encuesta contradicen los comportamientos mayoritarios de los españoles. Mientras que, en la actualidad, son una exigua minoría las parejas que tienen hijos sin estar casados, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los países europeos, los entrevistados que dicen que es importante o muy importante casarse cuando se quieren tener hijos son menos que los que lo consideran poco o nada importante. En cierto modo, podemos considerar estas manifestaciones como reflejo de las actitudes que se van extendiendo por la sociedad española aunque todavía los comportamientos no son coherentes con ellas. Consideramos que estas opiniones reflejan cambios importantes dada su contradicción con valores muy arraigados tradicionalmente en la sociedad española, como son los de la vinculación entre matrimonio y reproducción. Estos cambios son relativamente recientes, como reflejan las diferencias que advertimos entre unos grupos de edad y otros. Curiosamente, son las mujeres menores de 45 años el grupo que manifiesta conceder menos importancia al hecho de contraer matrimonio si se piensa en tener hijos. Comparando con estudios anteriores también se confirma que en los últimos años han cambiado fuertemente las opiniones en esta materia. Según una encuesta de 1990 eran un 67% los que daban importancia o mucha importancia a casarse antes de tener hijos y solo un 32% lo consideraban poco o nada importante (Alberdi, Flaquer e Iglesias 1994). La comprensión que manifiestan los entrevistados de la convivencia sin matrimonio nos parece indicio de una relativa desinstitucionalización de la familia. Un 48% de los entrevistados dice que no viviría en pareja sin casarse personalmente, pero que comprende que otros lo hagan. Y un 46% dice incluso que podría verse personalmente en esa situación. Entre hombres y mujeres hay una cierta diferencia que indica que las mujeres en mayor medida reflejan una comprensión desde el exterior de esta situación, mientras que los hombres en mayor medida muestran una cierta identificación personal. Entre los casados y no casados y según posiciones ideológicas de izquierda o derecha en las que se sitúan los individuos también se advierten diferencias en los niveles de tolerancia e identificación respecto de la convivencia sin matrimonio manifestándose más proclives, como era de esperar, los solteros y los que se sitúan políticamente más a la izquierda. (Cuadro 4) Sin embargo, es la edad la variable que más discrimina en cuanto a las opiniones acerca de la convivencia sin matrimonio. Entre los más jóvenes aumenta enormemente las posiciones de tolerancia e identificación mientras que se reducen de forma significativa entre los mayores de 45 años. Tenemos que analizar otras opiniones para entender porqué se casan los que lo hacen, dada esa enorme tolerancia, al menos como declaración, de la convivencia sin matrimonio. Para ello nos a5aidan las explicaciones que dan los entrevistados acerca de las razones que consideran que influyen para casarse en lugar de vivir juntos. Las «presiones familiares» son las que más se señalan, un 66% de los entrevistados considera que las «presiones familiares» influyen mucho o bastante para que las parejas contraigan matrimonio en lugar de irse a vivir juntos. Esta es una opinión similar entre individuos de ambos sexos y de todas las edades. En segundo lugar, se señala el tener hijos o el pensar en tenerlos (60% suman los que dicen que influye mucho o bastante) y razones prácticas, de comodidad para evitarse problemas de todo tipo (60% entre mucho y bastante). Y a continuación, en mucha menor medida, se señalan como razones las creencias religiosas (51% entre mucho y bastante), la estabilidad de la pareja (48% entre mucho y bastante) y las ventajas económicas (48% entre mucho y bastante). Es interesante señalar que las declaraciones acerca de la existencia de presiones familiares, la razón más advertida por todos, es coherente con las diferentes actitudes ante el matrimonio y la convivencia que tienen los mayores y menores de 45 años y que explicaría, en cierta forma, la existencia de presiones por parte de las generaciones mayores sobre los jóvenes para empujarlos a contraer matrimonio. Queríamos saber en qué tipo de matrimonio se está pensando cuando se habla de parejas bien avenidas; y cuales son las variables a las que se da mayor importancia para que un matrimonio funcione. De forma similar a como se ha visto en estudios anteriores, los aspectos que más se valoran para el éxito del matrimonio son los de la «fidelidad», la «comprensión y tolerancia» y el «respeto y cariño mutuos». A estas tres variables es a las que más frecuentemente se las señala como índices de estabilidad y armonía matrimonial. En un segundo lugar, aparecen las «relaciones sexuales satisfactorias» como factor de éxito en el matrimonio. Mucha menor consideración reciben las cuestiones ideológicas como «compartir las creencias religiosas» o «compartir las afinidades políticas» que aparecen como las menos señaladas. En una posición intermedia se señala la importancia de ciertas cuestiones materiales como el «tener ingresos adecuados», el tener «una vivienda en condiciones» y el Cuando comparamos las respuestas a nuestra encuesta con otras encuestas realizadas hace 10 y 20 años advertimos algunos cambios. Los encuestados señalan los mismos factores fundamentales que dan éxito y estabilidad a un matrimonio: la comprensión, el cariño, la fidelidad y las relaciones sexuales satisfactorias. Sin embargo, se aprecian cambios con relación a otros factores que no son los más fundamentales pero que pa- 242 recen también tener influencia en que un matrimonio vaya bien. En estos años ha aumentado la importancia de compartir las tareas domésticas y el que las mujeres también trabajen fuera de casa como factores positivos para apoyar un matrimonio. Por el contrario ha disminuido la importancia de tener hijos como apoyo del matrimonio. En todas estas cuestiones las opiniones expresadas por los hombres y las mujeres de todos los grupos de edad son similares, salvo en la cuestión de compartir las tareas domésticas, aspecto que cobra mayor importancia entre los jóvenes y algo más entre las mujeres que los hombres, en cuanto se valora como algo que hace que un matrimonio vaya bien. Según algunos estudios, son las parejas menos convencionales, las de aquellos que conviven sin estar casados, los que dan mayor importancia a esta cuestión de participar los dos en el mundo laboral y compartir el trabajo doméstico (Alabart, Cabré et al. 1988). Entre los entrevistados que dicen vivir en pareja se confirman esta hipótesis pues ellos son los que señalan en mayor medida la importancia de compartir las tareas domésticas para que un matrimonio vaya bien. Un 56% lo consideran muy importante, y un 33% importante. Para este grupo, la fidelidad y el respecto y cariño mutuo adquieren sus valores máximos, no solo porque son los primeros sino también porque son más elevados que los de ningún Cambios en los roles familiares y domésticos otro grupo; después sitúan en importancia el tener relaciones sexuales satisfactorias y a continuación señalan este aspecto de compartir los trabajos domésticos. Quizás, en estas repuestas, se estén sumando los factores edad y estilos de vida a la vez que la mayor frecuencia de convivencia en pareja entre las generaciones más jóvenes. Otro indicio a través del cual se advierte que está cambiando el valor de la institución matrimonial es en la pérdida de importancia del matrimonio respecto a la reproducción y en como se considera que buena parte de los jóvenes contraen matrimonio debido a presiones familiares o por razones prácticas. Sin embargo, a pesar de estas opiniones, ya sea por unas u otras razones, en nuestro país una mayoría de las parejas que tienen un proyecto de vida en común estable contraen matrimonio. Habría que saber si esto se debe mayormente a presiones externas o se debe a valores intrínsecos del matrimonio que todavía tienen vigencia; Y qué importancia tiene el matrimonio con relación a otros logros de la vida de estas parejas jóvenes. Para contestar estas preguntas hemos tratado de comparar una serie de valores fundamentales, como tener trabajo o tener un hijo, con el valor que el matrimonio ofrece en cuanto al logro de una vida completa. Mayoritariamente se piensa que tanto las mujeres como los hombres pueden tener una vida completa sin casarse. En mucha mayor medida se considera necesario tener un trabajo y tener un hijo para «que pueda considerarse que una mujer tiene una vida completa» que el hecho de casarse. No es posible que una mujer tenga una vida completa sin tener un trabajo, dice un 38%; no es posible sin tener un hijo, dice un 44%; y no es posible sin tener una pareja estable, dice un 49%. Es decir, sin tener pareja no es posible considerar que se tiene todo pero, sin embargo, del matrimonio se puede prescindir, un 73% cree que «puede considerarse que un hombre tiene una vida completa sin casarse» y un 70% piensa lo mismo si se trata de una mujer. Esta es una opinión que disminuye con la edad, que disminuye más entre los hombres que entre las mujeres y entre las personas políticamente más conservadoras. Aspectos necesarios para alcanzar una vida completa, en el caso de una mujer y en el caso de un hombre Porcentajes de quienes afirman que se puede tener una vida completa en cada caso Fuente: Encuesta propia «Flexibilidad, elección y estilos de vida familiar» 2000 La importancia de tener hijos Más de la mitad de los entrevistados considera que tener un hijo es algo fundamental en la vida tanto si hablamos de los hombres como si pensamos en las mujeres. Tener hijos no se considera razón suficiente para contraer matrimonio ni tampoco un aspecto necesario para que un matrimonio vaya bien, sigue siendo, en sí mismo, un proyecto de gran importancia vital que, para buena parte de la población, es necesario para alcanzar una vida plena. Estas opiniones se hacen algo más reducidas entre las mujeres menores de 25 años y entre los que viven en pareja sin contraer matrimonio. Podemos decir que el valor de los hijos, dentro de la vida de los individuos, se sitúa en una posición de importancia, se afirma como necesario por parte de la mitad de la población y como no necesario por parte de la otra mitad. Después del valor del trabajo, visto como necesario para te-ner una vida completa, para la mayoría de los entrevistados, el tener un hijo es el siguiente asunto en importancia; tanto si se trata de una mujer o de un hombre. La mayoría de los encuestados declara que no es necesario casarse cuando se van a tener hijos pero a la vez manifiestan como opción preferible que los niños vivan con el padre y con la madre. Es decir, parece perder importancia la legalización o no de la pareja pero, sin embargo, si se da gran importancia, cuando hay hijos, a la configuración de la familia sobre la base de la pareja estable del padre y de la madre. En este sentido, podemos decir que se siguen, por lo menos en el ámbito de opinión, los caminos recorridos en la evolución de las familias en los países europeos en los que buena parte de los niños nacen actualmente de padres no casados, pero que son parejas que conviven de forma estable, es decir que configuran una familia en la que el padre y la madre están presentes. Otra cuestión es que la ruptura de estas familias, ya estén basadas en matrimonio o en convivencia de hecho, pueda suponer para los hijos el pasar a vivir en una nueva forma de hogar en el que solo esté presente el padre o la madre. Las opiniones de nuestros entrevistados reflejan la preocupación, cada vez más presente en la mayoría de las sociedades europeas, acerca de la vida de los niños que se crían solamente con uno de sus progenitores. Las opiniones están muy divididas, son más los que no creen que «un niño puede crecer felizmente viviendo solamente con su padre o solamente con su madre» pero es también un porcentaje muy elevado (el 43%), el de los que creen que esto si es posible. Opiniones acerca de la necesidad de convivir con ambos progenitores paraque un niño pueda crecer felizmente. La edad y el género diferencian las opiniones respecto de esta cuestión siendo las mujeres, y sobre todo las más jóvenes, las que creen en mayor medida que es posible crecer felizmente viviendo solo con la madre o solo con el padre. Podríamos interpretar que la posibilidad del divorcio, y la mayor frecuencia con que los hijos pasan a vivir con las madres después de la ruptura, inclinan a las mujeres en mayor medida a ver los aspectos positivos de esta situación. Otro aspecto a destacar es como los hijos, aun cuando se consideran algo fundamental e importantísimo, han dejado de ser la justificación y el fin del matrimonio. Se han diversificado y se han flexibilizado las formas y las razones de tenerlos. El tener hijos se ha convertido en una opción y ha dejado de ser una obligación. Como consecuencia de ello la fecundidad se ha reducido enormemente en España en las dos últimas décadas y, acorde con esta evolución, también se ha reducido el «número ideal de hijos», es decir el número de hijos que la población, tengan o no tengan hijos, cree que el más adecuado para una familia. Entre nuestros entrevistados domina, de acuerdo con la mayoría de las encuestas recientes, la preferencia por tener dos hijos. Un 69% de los entrevistados señalan esta cifra como el número ideal. Sin embargo, la preferencia de dos hijos por pareja está en contradicción con la realidad actual de la sociedad española en la que la media alcanza el 1,3 de hijos por mujer, y con la enorme cantidad de hombres y mujeres jóvenes que declaran, en estudios de tipo cualitativo, que no quieren tener más que un hijo. El concepto de número ideal de hijos es un concepto, una opinión que no compromete personalmente, y que refleja la idea acerca de los hijos que los entrevistados piensan que sería mejor tener, en una situación Cambios en los roles familiares y domésticos ideal de vida sin inseguridad económica y sin la presión de los problemas concretos. El ideal dominante es el de tener una pareja de hijos, a ser posible una hija y un hijo; ideal que tiene una persistencia grande en la sociedad española en los últimos años. La variación que nos interesa tener en cuenta es el declive de los partidarios de tener tres o más hijos y el aumento de los que piensan que lo ideal es tener uno solamente. Esta evolución en el tiempo también se refleja en las opiniones de los distintos grupos de edad, siendo entre los hombres y mujeres mayores de 45 años entre los que se encuentra un mayor número de partidarios de las familias numerosas. Un 27% de los hombres y un 33% de las mujeres mayores de 45 años consideran como cifra ideal tener tres o más hijos. Entre los entrevistados menores de 25 años, solo el 24% cifran el número ideal de hijos en tres, y entre los que tienen de 25 a 45 años descienden a 19 los que consideran como «ideal» tener lo que ahora se considera familia numerosa, es decir tres hijos. De modo que, a través de estos datos, advertimos que los españoles desean tener menos hijos que en el pasado y que, a la vez, tienen menos hijos de los que, idealmente, querrían tener. Entre las razones que se señalan para explicar que la gente tenga menos hijos de los que en realidad desearía tener dominan las de carácter material, siendo las razones económicas las más señaladas por todos los entrevistados sin diferencias por edad, género, nivel de instrucción, situación familiar o posicionamiento ideológico. Un 83% de los preguntados señalan las razones económicas como causa para tener menos hijos y en consecuencia señalan las ayudas a las familias con hijos y las deducciones de impuestos como las medidas que serian más eficaces para tener más hijos. De todas maneras, estas declaraciones globales encubren muchas razones diferentes, y todas pueden tener una traducción económica. Para entenderlas hay que relativizarias y situarlas en el contexto personal de cada individuo en el que las dificultades económicas tiene significados muy diferentes, ya que no se produce, en el ámbito general, una correlación entre el bienestar económico de los individuos y el aumento del número de sus hijos. Por supuesto que los ingresos económicos, la estabilidad de estos ingresos, las condiciones de la vivienda y la multitud de factores que se engloban en esos términos de «condiciones económicas», van a influir en la decisión de tener hijos una vez que se ha pasado históricamente de la incapacidad de controlar la reproducción a una situación de libertad y voluntariedad de la misma. En este sentido de entender las razones por las que las gentes deciden o evitan tener hijos, tenemos que señalar que una aproximación de carácter cuantitativo es menos rica en posibles matices que los estudios previos de carácter cualitativo que hemos realizado, en los que se ponían de manifiesto la diversidad de razones que los individuos tienen para tener o no tener hijos y para reducir el número de los mismos. Por supuesto que las razones principalmente señaladas son las económicas, pero es interesante advertir la importancia con que se señalan otro tipo de razones que ponen de relieve los cambios de estilo de vida que conlleva la paternidad y la maternidad. Las «cargas que los hijos implican» y el que «la mujer trabaje fuera de casa» aparecen como razones de peso para explicar que no se tengan tantos hijos como se desean. Es en estos aspectos en los que podemos advertir un cambio en la sociedad española, que explica, mejor que las solas variables económicas, el declive de la fecundidad. Nunca se ha vivido en la historia de España en unas condiciones económicas más favorables que ahora y sin embargo asistimos a un declive importante de la fecundidad. Por supuesto que todavía es pronto para comparaciones entre niveles de vida y fecundidad dado que el logro de la voluntariedad en la reproducción es algo recientemente alcanzado en la sociedad española y las altas tasas de fecundidad de los años sesenta y primeros setenta se produjeron en una situación de limitadas posibilidades de controlar la natalidad. El trabajo remunerado de la mujer se señala en un 22% de los casos como una de las razones para tener menos hijos; hay que señalar que lo Cambios en los roles familiares y domésticos indican en mayor medida las mujeres mayores de 25 años, es decir aquellas que se enfrentan realmente con la decisión de tener hijos y con la responsabilidad de cuidarlos. Las «cargas que implican los hijos» se señalan como razón en un 28% de los casos y esta opinión aumenta entre los menores de 25 años, tanto hombres como mujeres. Quizás se refleje con ello ese miedo a perder libertad y tiempo libre que indican numerosos estudios realizados entre jóvenes como una de las dificultades mayores que se oponen a la decisión de tener hijos. Respecto de cuales serian las ayudas más eficaces, después de las ayudas de tipo económico, aparece con una gran importancia el «promover el trabajo a tiempo parcial de las mujeres con hijos». Un 18,5% lo señala en primer lugar y un 29% en segundo lugar, como medida eficaz. Son sobre todo las mujeres las que consideran el trabajo a tiempo parcial como forma de apoyar el tener hijos; incluso a las mujeres de entre 25 y 45 años les parece una medida más eficaz que las deducciones en impuestos. La ampliación de los permisos de maternidad se señala en mucha menor medida, un 5% lo señala en primer lugar y un 12% en segundo lugar, y no aparecen las mujeres como especialmente partidarias de esta medida. En general estos datos coinciden con las percepciones encontradas en los trabajos cualitativos anteriores; los permisos de maternidad, tal y como están actualmente, no benefician a las madres trabajadoras tanto como deberían, quizás porque solo alcanzan a beneficiar a las trabajadoras con contrato indefinido y porque provocan, paralelamente a la posible ayuda que aportan, un efecto pernicioso por las reacciones negativas que suscitan entre los empresarios. El aumento del número de guarderías se señala como posible medida para fomentar que la gente tenga hijos en una proporción muy reducida, 3% en primero y 8% en segundo lugar, siendo las personas con estudios superiores, las mujeres entre 25 y 45 años y los hombres entre 25 y 65 años los que más señalan esto como medida eficaz. La incorporación de las mujeres al trabajo remunerado es uno de los cambios sociales que más ha influido en la transformación de los roles y las relaciones familiares. El aumento del empleo femenino en España, pese a que ofrece una de las cifras más reducidas de los países europeos, ha supuesto una transformación de las familias españolas y es de prever que esta tendencia se afiance, dada la diferencia de actividad femenina Inés Alberai 250 por grupos de edad. Las mujeres jóvenes tienen tasas de actividad mucho más elevadas que las mujeres mayores de 40 años y ello influye de forma creciente en las nuevas familias. La idea de cómo deben ser los matrimonios, con relación a las actividades de hombres y de mujeres y en cuanto a como se obtengan los recursos económicos para la familia, ha cambiado mucho. Un 88% de los entrevistados dice estar de acuerdo en que «tanto el marido como la mujer deben contribuir a los ingresos del hogar». Es cierto que esta afirmación esta de acuerdo con las responsabilidades que el Código Civil desde 1981 atribuye a los hombres y a las mujeres en el seno del matrimonio y de la familia, pero no deja de llamar la atención una unanimidad tan alta en una sociedad en la que mayoritariamente las mujeres casadas no trabajan fuera del hogar y en la que las tasas de paro femenino se elevan hasta el doble de las tasas de paro masculino. En el conjunto de nuestra muestra, son activas un 45% de las mujeres pero la actividad alcanza a un 58% para las que tienen entre 25 y 45 años. Además, entre las mujeres de esas edades que dicen que no trabajan, un 77,5 declaran que lamentan no tener empleo. Es interesante señalar que al preguntar las mismas cuestiones a los hombres que están casados con mujeres que no trabajan no parece que, según ellos, sus mujeres lamenten, en tanta medida, el no ser activas. Solo un 47% de estos maridos creen que sus mujeres lamentan no tener un empleo. Las razones principales que señalan las mujeres como causa de no tener empleo remunerado, reflejan que esta no es una elección voluntaria; en primer lugar señalan la falta de tiempo debido a las responsabilidades familiares y en segundo lugar la escasez de empleo. Solo un 27% de estas mujeres que no trabajan dice que es por propia decisión. En este aspecto también se advierte un contraste entre la sensibilidad que tienen las mujeres que no tienen empleo remunerado y la opinión que expresan los maridos de mujeres en igual situación. Las razones para no trabajar por un sueldo son, según ellos, de carácter algo más voluntario, siendo un 39% las que, en opinión de sus maridos, están en esta situación por decisión propia. Las razones por las que las mujeres buscan un empleo remunerado son muchas, en primer lugar razones económicas, comunes a la mayoría de los trabajadores; pero también se señalan razones de índole más personal, que se relacionan con las relaciones personales y la vida familiar. Por este orden, el tener independencia, el gusto por su profesión, el ganar un dinero extra, el relacionarse con otras personas, el sentido del deber y liberarse del encierro doméstico aparecen como ex-plicaciones que las mujeres señalan como motivaciones de su actividad laboral. Las mujeres mayores de 45 años hablan más de relacionarse con otras personas y las menores de 45 años señalan en mayor medida el tener independencia como razón de su decisión de trabajar fuera de casa. Los hombres entrevistados, cuya mujer trabaja fuera de casa, no señalan las razones de necesidad económica y de la búsqueda de la independencia tanto como las mujeres. Sin embargo, los hombres del grupo de edad entre 25 y 45 años, que coinciden en ser las cohortes de edad en que mayor número de mujeres son activas, dan como razones principales para explicar por qué sus mujeres trabajan las de las necesidades económicas (un 54%), el gusto por su profesión (un 36%) y la de tener independencia (un 33%), coincidiendo con las declaraciones de las entrevistadas activas. El trabajo remunerado es visto por las mujeres, crecientemente, como mecanismo de independencia y ello se refleja en las opiniones que, a lo largo de los últimos años, señalan el carácter imprescindible que cobra el trabajo remunerado para las mujeres. Un 38% cree que «una mujer puede tener una vida completa sin tener un trabajo», cifra que desciende hasta un 23% entre las mujeres de 18 a 25 años. Por otra parte, el 79% de nuestros entrevistados están de acuerdo en que «tener un empleo es imprescindible para poder ser independiente», cifra que llega al 94% entre las mujeres de 18 a 25 años. Estos datos ponen de manifiesto el valor creciente que el trabajo remunerado tiene para las mujeres a las que, por otra parte, se les hace difícil compaginar su actividad y sus obligaciones familiares, no solo en tanto en cuanto son competitivos los tiempos dedicados a unas y otras actividades, sino también por la ideología que tradicionalmente ha adjudicado a las mujeres una serie de responsabilidades de cuidado y atención a los hijos y que aparece como un mecanismo de culpabilización de las mujeres trabajadoras que saben que, debido a su trabajo pueden dedicar menos horas a estar con sus hijos. El valor que ha adquirido el trabajo remunerado para las mujeres es muy elevado, superando incluso al valor que tiene para los hombres. Según una encuesta de 1997, en los grupos de edad entre 25 y 45 años son más las mujeres que los hombres las que declaran que les gustaría tener un trabajo remunerado incluso aunque no necesitaran el dinero (CIS E.2235). La diferencia de género es pequeña, un 60% de las mujeres de 25 a 45 años afirman esto frente a un 59% de los hombres de la misma edad. Otro aspecto importante de las actitudes ante el trabajo de las mujeres hace referencia a lo que esto pueda influir en los hijos. A pesar de la frecuente realidad de mujeres jóvenes que tienen hijos y a la vez trabajan, la idea de que las relaciones entre madre e hijo se deterioran por ello es una constante de la mentalidad tradicional que tiene todavía bastante vigencia. El que las relaciones con sus hijos de las madres trabajadoras pueden ser tan buenas como las de las madres que no trabajan fuera de casa es una idea que se va abriendo camino con dificultad. Siempre han existido madres que trabajaban por un sueldo; es más, muy frecuentemente, las mujeres pioneras en dedicarse a las actividades laborales han sido madres que lo han hecho para sacar adelante a sus hijos. Las madres solteras, las viudas y las separadas de todas las épocas han trabajado, sobre todo por sus hijos. A pesar de ello, todavía se ve la actividad femenina con recelo desde la perspectiva de la situación de los hijos. Las opiniones acerca del impacto que el trabajo de las madres puede tener en sus hijos han evolucionado; nos da idea de su evolución el ver como son muy diferentes entre unos grupos de edad y otros. Las mujeres se muestran más de acuerdo que los hombres en que «una madre que trabaja puede tener con sus hijos una relación tan cálida y segura como la que no trabaja» pero es sobre todo entre los hombres y las mujeres más jóvenes entre los que encontramos mayor nivel de acuerdo con esta opinión, 73% y 76% respectivamente. La gente joven empieza a pensar de otra manera. Pero los miedos no desaparecen fácilmente y la idea de que el trabajo de la madre perjudica a los hijos pequeños es mayoritaria en el ámbito de la población, un 53% está de acuerdo con ella. El nivel de acuerdo con esta idea es todavía más importante entre determinados grupos sociales. Un 65% de los mayores de 45 años están de acuerdo con ella, algo más en el caso de los hombres y algo menos en el de las mujeres. Los casados, los que tienen hijos y los que se sitúan políticamente más a la derecha, son los que muestran un mayor nivel de acuerdo con estas ideas. Contradicción entre expectativas y realidades Nos ha parecido importante analizar en esta investigación las preferencias de la población acerca del tipo de familia en que les gustaría vivir, para detectar hacia dónde se dirigen los deseos de los entrevistados en cuanto a los modelos de familia, y en qué medida ese ideal se corresponde con su propia realidad. Concretamente en el punto relativo a cual sea el ideal de familia los datos del estudio muestran dónde están situadas las aspiraciones mayoritarias, en un modelo de obligaciones y responsabilidades iguales entre el hombre y la mujer, que en la práctica real está bastante lejano del modelo en que realmente viven los entrevistados y que predomina en la sociedad española. Se plantearon como modelos tres tipos de distribución de roles en la familia: a) Una familia en la que tanto el hombre como la mujer trabajen fuera de casa y se repartan las tareas del hogar y el cuidado de los hijos (si los hubiera) b) Una familia en la que la mujer trabaje menos horas fuera de casa y por tanto se ocupe en mayor medida que el hombre de las tareas del hogar y del cuidado de los hijos (si los hubiera) c) Una familia donde solo el hombre trabaje fuera de casa y sea la mujer la que se ocupe de las tareas del hogar y del cuidado de los hijos (si los hubiera). Acerca de estos tres tipos de familia, según el reparto de roles en la pareja, se preguntaba a los entrevistados cual se acercaba más a su modelo ideal de familia y a continuación se les preguntaba cuál era, de hecho, el modelo que más se acercaba a su propia familia. Opiniones acerca del tipo de familia que se prefiere. Porcentaje de los que dicen preferir una familia en la que: Tanto el hombre como la mujer trabajan y se reparten las tareas del hogar y el cuidado de los hijos La mujer trabaja menos horas fuera de casa y se ocupa más que el hombre de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos Solo el hombre trabaja fuera de casa y es la mujer la que se ocupa de las tareas domésticas y del cuidado de los Los datos de la encuesta muestran que la mayoría de la población señala su preferencia por el tipo de matrimonio de similares roles de género, en la que ambos trabajan y se reparten las tareas domésticas y familiares por igual. Más de la mitad de los entrevistados, un 60%, optan por esta alternativa. Sin embargo el modelo más frecuente en la realidad es el de la distribución de responsabilidades diferentes entre el hombre y la mujer. Un 42% de los entrevistados señala que en la realidad viven en ese otro tipo de familia, aquel en el que solo el hombre trabaja y por tanto es la mujer la que se responsabiliza de todo lo relacionado con el hogar y la familia. Este tipo de familia con separación de roles por género representa el modelo español de toda la vida, que está lentamente reduciéndose, y que solo sigue siendo el ideal para un tercio de los hombres mayores de 45 años y para un cuarto de los encuestados con menor nivel educativo. Sin embargo la realidad de este modelo, que no es el preferido por los entrevistados, es todavía el más extendido en la sociedad española. Parece que el camino hacia una mayor igualdad en el reparto de las responsabilidades familiares está trazado y nos atrevemos a afirmar que las opiniones de la población a este respecto suponen la no posibilidad de retorno a modelos tradicionales de familia o de convivencia. La evolución hacia el nuevo modelo igualitario ha sido muy fuerte. A lo largo de las últimas décadas han aumentado los que prefieren este tipo de familia y vemos en las encuestas realizadas en los años noventa que se manifiesta con claridad esa preferencia mayoritaria hacia una pareja con roles laborales y domésticos iguales para el hombre y la mujer. Una familia en la que tanto hombre como mujer trabajan fuera de casa y se reparten las tareas del hogar y el cuidado de los hijos Las respuestas obtenidas a estas preguntas muestran un panorama muy distante entre las preferencias de la población en cuanto al modelo de familia o convivencia que les parece el ideal y la realidad de la convivencia familiar en la que viven. (Cuadro 17) Debido a este contraste que se advierte entre la realidad y los deseos nos atrevemos a decir que el conseguir un cambio en el modelo de familia es lui objetivo, una meta difícil de alcanzar y muy deseada. A pesar de las trabas que tienen las mujeres para situarse en el mundo del trabajo y las dificultades que tienen los hombres para asumir un modelo de convivencia basado en el compartir, muy distinto al que tienen interiorizado por su educación familiar y social, creemos que la sociedad española valora como superior una pareja donde existe un reparto de roles equilibrado por género. Este espacio que separa las aspiraciones y la realidad es el que conforma la dinámica de la evolución social y el que marca los objetivos que impulsan al cambio. Son los modelos a los que se aspira, y los deseos que movilizan los comportamientos, pero no como un ideal genérico, sino como un objetivo que hay que alcanzar, y más aún tomando como referencia lo que se tiene y se pretende transformar. Distancia entre el tipo de familia que la mayoría de personas prefieren y el porcentaje de personas que viven eñ este tipo de familia. Por edades Porcentaje de encuestados que tipo ideal la familia en la que el hombre y la mujer trabajan fuera de casa y se reparten las tareas del hogar y el cuidado de los hijos si los hubiera, y porcentaje de encuestados que viven realmente en una familia así. Porcentaje de los que: Les gustaría vivir en una familia igualitaria Los que viven realmente en una familia igualitaria A continuación se analizarán los datos de la encuesta que ponen de manifiesto este contraste entre las preferencias y la realidad familiar a la que se pertenece, diferenciando según las variables de sexo y edad. 258 Salta a la vista que los jóvenes son los abanderados del modelo igualitario, y que precisamente en el grupo de 18 a 25 años es dónde mayor diferencia hay entre sus aspiraciones y la realidad en la que viven. Esto se debe probablemente a que en este tramo de edad muchos jóvenes siguen viviendo en la casa paterna dónde el modelo de familia es mayoritariamente el tradicional. Proyectan para su futura familia ideal unas aspiraciones alejadas de lo que constituye su familia de origen. Son los más abiertos al cambio, pero en su mayoría no se han tenido que enfrentar en primera persona a las dificultades de compatibilizar trabajo y familia. En este sentido, el grupo de edad de 26 a 45 años es el más rompedor de hecho, porque aunque su modelo ideal igualitario sea ligeramente menor, en la práctica están luchando por conseguir el modelo de familia igualitaria y son el grupo en el que este está más implantado. La preferencia hacia una familia igualitaria es algo mayor entre las mujeres que entre los hombres: 62.5% lo desean frente a un 57% de los hombres. Esta diferencia adquiere más relevancia cuando se compara la familia real en la que los encuestados dicen vivir en su propia casa; más hombres que mujeres dicen vivir en familia igualitaria y más mujeres dicen vivir en familia tradicional. Esto se puede explicar porque los encuestados sean muy optimistas a la hora de analizar su situación, mientras que las mujeres son más conscientes de la diferencia de hecho que les separa del ideal al que aspiran. Tal interpretación indicaría que las mujeres son más propensas a protagonizar el cambio y que a su vez están más concienciadas de las dificultades que ello plantea. Cabe destacar que las mujeres de 26-45 años optan más que las de 18 a 25 años por la alternativa de trabajar a media jornada. En otra pregunta de la encuesta, las mujeres de 26 a 45 años se decantaron en un 29% por promover la jornada a tiempo parcial para mujeres con hijos, mientras que los hombres de su misma edad sólo apoyaban esta medida en un 15%. La posible explicación de por qué las mujeres de este grupo de edad se muestran partidarias de una jornada laboral reducida para ocuparse más de los hijos, puede ser que estas mujeres son las que tienen que hacerse cargo de hijos pequeños. El 57% de estas mujeres trabajan fuera del hogar, y un 75% de ellas tiene hijos. La variable de tener hijos es muy significativa. Vemos como el modelo ideal para los encuestados sin hijos es el igualitario, en un 67% de los casos, y desciende considerablemente cuando tienen hijos al 54.7%. Asimismo su situación real cambia, y pasan de un 35% que viven en un tipo de familia igualitaria, desde el punto de vista de trabajo exterior y trabajo doméstico, cuando no tienen hijos, a ser tan solo un 25% cuando tienen hijos. La explicación podríamos darla por sentido común. La sobrecarga real a la que se enfrentan estas mujeres con hijos pequeños las obliga a hacer un reajuste ideológico y ceder a una opción intermedia. La jornada a tiempo parcial es la opción o salida que permite que cuiden de los hijos pequeños sin tener que renunciar a su trabajo. Por tanto son ellas las que desean amortiguar la situación cediendo a la opción «menos mala». Pero una vez más se produce el desfase entre aspiraciones y realidad cuando vemos que solo el 62% de las entrevistadas que desean una jornada reducida la consiguen. Esto se debe sobre todo a las dificultades que plantea el mercado laboral, y la rigidez contractual que existe en España respecto a la jornada a tiempo parcial y a las estrategias de flexibilización del tiempo de trabajo. Esta demanda por parte de las mujeres se constato en el estudio cualitativo previo a esta encuesta en el que apareció con gran énfasis la demanda que presentaban muchas mujeres con hijos pequeños de lograr una reducción de las jornadas laborales para poder conciliar trabajo y familia, con posterior posibilidad de reincorporarse plenamente al trabajo una vez que los hijos fueran lo suficientemente mayores. Por otra parte, la posición ideológica también influye en estas preferencias de modelo familiar. Cuanto más a la izquierda política se sitúa el encuestado, más prefiere y más se encuentra en el modelo familiar igualitario. Otra variable de interés es el nivel educativo, estrechamente ligado a la clase social. Distancia entre el tipo de familia ideal igualitario y el modelo de familia al que se pertenece, por nivel de estudios Porcentaje de entrevistados que prefiere el tipo ideal igualitario (ambos trabajan y se reparten tareas del hogar y cuidado de los hijos) y porcentaje que afirma pertenecer a una familia de este tipo en la realidad. Hay una notable diferencia en cuanto a los modelos familiares tanto en el plano de las preferencias como en el plano de las realidades de convivencia. Los entrevistados de mayor nivel educativo son los que más prefieren el modelo igualitario, un 76%, y los que más lo viven en su propia familia, un 40%, mientras que los entrevistados de nivel educativo de EGB y menos muestran en mucha menor medida, un 50%, preferencia por la familia simétrica y aun mucho menos, un 20%, viven realmente en este tipo de familia. Esta diferencia evidencia que el estrato social más favorecido culturalmente y socialmente es el que está protagonizando el Cambios en los roles familiares y domésticos cambio. Esto tiene mucho que ver con que las mujeres con niveles de cualificación superior son precisamente las más proclives a trabajar fuera de casa, y las que tienen mayores oportunidades de obtener un puesto de trabajo lo suficientemente bueno como para igualarse con su pareja en estatus y en ingresos. Las mejores posibilidades laborales de la mujer dentro de una pareja es un elemento muy importante para el cambio de su posición en la familia. Como conclusión, podemos decir que cada vez está más arraigado el modelo igualitario de roles y ello empuja al abandono de los modelos vividos en la familia de origen. Es un cambio en gran medida generacional, que presenta todavía resistencias culturales en cuanto que los hombres y la cultura empresarial no asumen plenamente las consecuencias del cambio en el sentido de la incorporación de los hombres a las tareas domésticas y familiares. Hasta ahora, en esta cuestión del reparto de roles domésticos y laborales, las mujeres son las más desfavorecidas por su desventaja en el mercado de trabajo y por sus responsabilidades familiares escasamente compartidas. Muchas mujeres se encuentran pilladas en un círculo vicioso difícil de romper: su propia situación familiar les impide satisfacer unas expectativas laborales que, serian precisamente las que les permitirían cambiar su situación familiar hacia la igualdad. Es decir, la discriminación laboral de las mujeres se debe a que son consideradas las responsables de su casa y de sus hijos, y ello actúa como obstáculo para que su trabajo sea equivalente al de sus parejas y para que los hombres asuman su parte correspondiente del trabajo doméstico y familiar. Como consecuencia de esta situación, el mayor desencadenante del cambio es el empuje de las mujeres que logran entrar en el mercado de trabajo, pues la igualdad doméstica se justifica en la medida en la que consigan igualarse a los hombres en el terreno laboral. Este avance se da en mayor medida en las mujeres más cualificadas, y por eso entre ellas hay menos distancia entre el tipo de familia en la que viven y el tipo de familia en la que desearían vivir. A pesar de las dificultades y de los deseos insatisfechos que reflejan, cabe realizar una lectura optimista de los datos, ya que de éstos no se desprende una actitud conformista o resignada, sino una voluntad de cambio. Es más, se puede definir como una voluntad sentida desde dentro, acuñada en el propio caldo de cultivo de la insatisfacción, y no solo como producto de imitación de otros modelos familiares extranjeros.
Como se ha argumentado en «La familia española en el contexto de la Unión Europea», publicado en este mismo número, la vida familiar en España, hoy como en el pasado y como en los demás países, está sujeta a un profundo proceso de cambio caracterizado por una privatización creciente de los proyectos de vida familiar, privatización que implica una mayor autonomía individual en relación a la configuración de los proyectos de vida y de formación de una familia. En este trabajo se quiere analizar en qué medida este proceso de cambio está alterando o no las bases de la solidaridad entre los miembros de la familia. En este contexto utilizaremos el significado sociológico de familia, entendiendo por tal toda unión de un hombre y una mujer con vocación de estabilidad en el tiempo, que comparten una vivienda y una economía común así como los asecendientes, descendientes y colaterales comunes, con los que no necesariamente tiene que mantener ni vivienda ni economía común. Esto es, por familia entenderemos un grupo definido por lazos de parentesco consanguíneos o políticos más amplio que la definición estadística de hogar (persona(s) que comparten una vivienda y economía común). Para este análisis nos basaremos mayormente en los datos de una encuesta levantada en la Comunidad de Madrid a finales del 2000, a falta de datos su- 264 fìcientes para todo el territorio nacional. No obstante, y a reserva de las características específicas de cada región, consideramos que si bien los porcentajes no son directamente extrapolables a todas las CC.AA., las características estructurales básicas de la solidaridad familiar y sus pautas de cambio, que son las que aquí se analizan, sí son representativas de todo el conjunto nacional, máxime si se tiene presente que se trata de una Comunidad Autónoma en la que el grado de modernización social está muy avanzado. Esta encuesta se realizó durante el mes de noviembre de 2000 a una muestra representativa de 922 hombres y mujeres cabezas de familia o su cónyuge de 65 o menos años^ y nos referiremos a ella como «Encuesta madrileña sobre relaciones familiares». Para abordar esta cuestión analizaremos primero las características estructurales que presenta la red familiar y las relaciones entre sus miembros, atendiendo también a la presencia de conflictos, para a continuación abordar las pautas que siguen los flujos de ayuda mutua dentro de lo que podríamos denominar la «economía solidaria familiar» y discutir finalmente en qué medida el proceso de privatización de los proyectos de vida familiar y la pérdida del control social ejercido sobre éstos está erosionando las bases de la solidaridad familiar. La tesis que se mantendrá, es que a pesar del profundo cambio que está conociendo la realidad familiar española, la solidaridad familiar, y particularmente la solidaridad entre las generaciones, lejos de presentar signos de debilitamiento se ha fortalecido, aunque está sujeta a un proceso de redefinición en el que el apoyo mutuo comienza a fundamentarse sobre unas nuevas bases en las que la percepción subjetiva de independencia dentro de la red familiar juega un papel creciente. Cambios estructurales en las redes de parentesco Al hacerse referencia al tamaño de la familia es muy frecuente centrar la atención en el tamaño de los hogares, pudiéndose constatar que el número de miembros que componen los hogares ha caído de forma sistemática a lo largo de las últimas décadas. Así, el tamaño medio de los hogares ha pasado de alrededor de cuatro miembros a lo largo de la década de los 60 a 2,9 en 2001. Comparativamente con el resto de los países de la Unión Europea, sin embargo, los hogares españoles aparecen como relativamente grandes, pues la media comunitaria se sitúa en 2,6 miembros por hogar, y, de hecho, es uno de los países con mayor tamaño relativo de sus hogares (Eurostat, 2002). Detrás de este proceso de re-Cambios en las relaciones familiares y en la solidaridad... ducción del tamaño de los hogares se encuentran las profundas transformaciones que ha conocido la sociedad española en el pasado reciente, debiéndose destacar como causas más inmediatas, por un lado, los efectos derivados de la caída de la natalidad y de la reducción del tamaño de la descendencia y, por tanto, de las familias y, por otra parte, la tendencia a que los mayores permanezcan durante cada vez más tiempo en su propio hogar (Fundación Encuentro, 2001) y que se traduce tanto en un aumento de los hogares de dos personas como de los hogares unipersonales. Así, la proporción de hogares unipersonales dentro del conjunto de los hogares ha aumentado un 53% a lo largo de la década de los noventa para situarse en el 20,3% en el año 2001; en el extremo opuesto, los hogares de 6 o más miembros se han reducido a menos de la mitad, pasando a representar sólo un 4,8% del total de hogares, y los de 5 miembros también han disminuido en un 34% para representar sólo un 7,8% del total de hogares. Los hogares que, por el contrario, han aumentado tanto en número como en peso son los formados por dos y tres personas, siendo particularmente pronunciado el de dos personas (han registrado un aumento del 15% para pasar a representar uno de cada cuatro hogares) (véase también tabla 15, más adelante) (INE, 2004). El reducido tamaño de los hogares no refleja, sin embargo, adecuadamente el tamaño real de las redes de parentesco que se extienden más allá de los límites de los hogares. Las estadísticas de hogares no reflejan el tamaño real de las familias e inducen además a error cuando a partir de las mismas se pretende deducir la importancia de la vida familiar en un momento temporal determinado (Bertram, 2000; Nave-Herz, 2002). En términos generales, el tamaño de la red de parentesco está condicionado fundamentalmente por la evolución demográfica que ha conocido y conoce la región de procedencia de los padres. Por tanto, en la actualidad, el tamaño de la red de parentesco está definido básicamente por las características de la transición demográfica que ha conocido España durante el pasado siglo. Así, si bien la transición demográfica ha supuesto un descenso paulatino de la fecundidad a lo largo de todo el siglo XX, parte de esta tendencia se ha visto compensada con una reducción paralela de la mortalidad, y singularmente de la mortalidad infantil, con el correspondiente alargamiento de la vida. Según la «Encuesta madrileña sobre relaciones familiares», en conjunto y considerando solamente las líneas vertical y horizontal de parentesco, así como la eventual tenencia de cónyuge, la media de familiares propios^ (los de la familia de origen junto con los comunes con el cónyuge) que tienen las personas que han respondido a la encuesta se eleva a 266 Gerardo Meil Landwerlin 13,2 personas, oscilando entre 3 o menos familiares en un 4% de los casos y 40 o más en otro 2% de los casos. El número de miembros que componen la red familiar propia, sin embargo, varía no solamente de un individuo a otro, sino que lo hace principalmente en función de la fase del ciclo de vida en que se encuentre, dependiendo de su proyecto de vida familiar, de los proyectos de vida familiar de los demás miembros que componen su red familiar así como de la inexorabilidad de la muerte. Así, mientras los entrevistados menores de 30 años emancipados tienen una media de 7,7 familiares propios, los mayores de 60 años tienen una media de 21,2, de suerte que a mayor edad mayor número de familiares tanto propios como políticos. En la conformación de esta tendencia confluyen distintos factores, coyunturales unos, estructurales otros. Así, por un lado, el número de ascendientes va disminuyendo con la edad y en función de la incidencia de la mortalidad, que -como es sabido-tiene lugar a edades cada vez más avanzadas. Pero estas pérdidas se compensan con la aparición de los descendientes cuando se opta por la formación de un familia, aunque el número de los mismos está disminuyendo entre las nuevas familias. Cuando éstos se hacen mayores y optan por la formación de su propia familia aparecen los nietos. Los hermanos, por otro lado, también tienden en general a formar sus propias familias, con lo que se amplían los miembros de la red familiar por la vía colateral. El diferente tamaño de la red según la fase del ciclo familiar recoge así, por un lado, los efectos del descenso de la fecundidad, pero también los efectos propios del ciclo de vida y de la materialización de los proyectos de vida familiar de los hermanos. El peso que tiene cada uno de los factores no es posible aislarlo cuando se dispone de datos correspondientes a un único momento temporal, como es éste el caso, debido a que ambos procesos se cruzan en todas las fases del ciclo vital. Para aislar los efectos derivados de la caída de la natalidad sería necesario disponer de datos comparables referidos a dos momentos temporales diferentes. Pero el inicio de un proyecto de vida en común (matrimonial o en pareja) implica también el establecimiento de un vínculo familiar de hecho con la red familiar propia del cónyuge, por lo que la red familiar en la que se encuentran las personas que han optado por un proyecto de vida en común es de hecho mucho mayor. Así, como media para el conjunto de los entrevistados, la diferencia en el número de familiares próximos entre quienes tienen cónyuge frente a quienes no lo tienen es de 6,6 miembros, variando nuevamente de forma apreciable según la fase del ciclo vital en la que se encuentren el entrevistado y los miembros de su familia politi-Cambios en las relaciones familiares y en la solidaridad. ca, aunque también en este caso se cumple la regla de a mayor edad mayor tamaño de la familia política. Por tanto, las personas se encuentran insertas en una amplia red familiar, que puede ir -como media-desde 6 miembros entre quienes no han optado por iniciar un proyecto de vida en común con otra persona hasta 27 entre quienes son ya abuelos, aunque sin haber entrado todavía en la tercera edad. Las personas que realmente carecen de red familiar próxima, consanguínea o política, son casos meramente testimoniales, así como es muy poco frecuente el disponer de una red muy poco numerosa (sólo un 8% dispone de una red formada por menos de 6 miembros dentro de las categorías consideradas). Por otro lado, la prolongación credente de la vida hace que el número de generaciones que conviven en un momento determinado sea muy superior a lo que podría pensarse a partir de las estadísticas de hogares. Mientras que el número de hogares en el que conviven tres generaciones es muy bajo, particularmente en la Comunidad de Madrid pero también en resto de Comunidades Autónomas (salvo en las de la mitad norte, de Galicia a Cataluña, donde existe tradicionalmente una mayor proporción de este tipo de hogares), no representando en nuestra muestra más que un 5% del total de hogares, el número de redes familiares próximas de tres generaciones (considerando únicamente la línea vertical de ego o su cónyuge) es, de hecho, la más frecuente, pues dos de cada tres encuestados están insertos en una red compuesta por miembros de tres generaciones distintas. Por otro lado, la coexistencia de cuatro generaciones en alguna fase del ciclo vital no es ni mucho menos infrecuente, dándose principalmente o en la treintena, cuando se pasa a ser padres y todavía vive algún abuelo, o en la cincuentena, cuando se pasa a ser abuelos y todavía vive algún progenitor. La coexistencia de cinco generaciones, por el contrario, es meramente testimonial. Como es fácilmente imaginable, quienes no han optado por formar una familia o no han materializado un proyecto de vida en común son quienes tienen una red familiar con menor número de generaciones, estando integrada por la propia generación de pertenencia y la de los ascendientes. Estructura según generaciones de la red familiar del entrevistado o su cónyuge y tipos de hogares en los que vive según el número de generaciones que conviven en el mismo hogar. En porcentajes En conjunto, por tanto, la estructura de la red de parentesco se caracteriza por una tendencia hacia la reducción de su tamaño vinculada a Cambios en las relaciones familiares y en la solidaridad... la reducción del número de hijos de una generación a otra, al tiempo que se alarga la coexistencia de las generaciones, de suerte que la mayor parte de los individuos están insertos a lo largo de su ciclo vitad en una familia compuesta por al menos tres órdenes generacionales, no siendo infrecuente la coexistencia de cuatro generaciones. Si lo queremos expresar mediante un símil vegetal, podemos decir que la estructura de la red familiar se ha transformado desde una forma de «berenjena» (ancha por la base y estrecha por arriba) hacia una estructura más parecida a la de una «vaina de guisante» (estrecha por la base y por arriba). Esta reducción del número de parientes sería, según Reher (1996), una de las características más sobresalientes de la vida familiar en la España de hoy. El tamaño de la red por sí misma no prejuzga ni la intensidad de las relaciones, ni el tipo de intercambios entre sus miembros. La intensidad de estas relaciones e intercambios está condicionada por multitud de factores, pero el que se evidencia como uno de los más importantes es, sin duda, la distancia geográfica que separa a los miembros de la red de parentesco. A pesar del desarrollo de las nuevas tecnologías y los grandes avances en los medios de comunicación, la accesibilidad está en la base de toda interacción e intercambio de ayuda, de ahí que la distancia a la que vivan los miembros de la red de parentesco y particularmente los que se sienten como más próximos sea de gran importancia (Szydlik, 2000; Logan y Spitze, 1996; Attias-Donfut, 1995; Bien, 1994). La norma social dominante para la formación de una familia es la neolocalidad, esto es, que los hijos que deciden iniciar su biografía de pareja, tanto si es por la vía matrimonial como con mayor motivo si lo es a través de una unión de hecho, lo hacen estableciéndose en una vivienda independiente. Solamente en determinadas circunstancias que abordaremos más adelante se inicia la biografía de pareja en la propia vivienda de los padres. El establecimiento de un hogar independiente al de los padres, por otra parte, no necesariamente tiene por qué estar vinculado a la formación de una unidad conyugal, sino que también puede venir determinado bien por el deseo de emancipación de la casa de los padres para vivir solo, una fórmula poco extendida, o más frecuente por motivos de emigración laboral. Durante la década de los cincuenta, sesenta y primeros años de los setenta España conoció un profundo proceso de recolocación de la población Gerardo Meil Landwerlin 270 en el territorio que implico a 5,23 millones de personas, que cambiaron su residencia desde las zonas rurales hacia las zonas de fuerte expansión industrial (País Vasco, Cataluña y Madrid), siendo especialmente intenso en la década de los sesenta al absorver la mitad de todo este volumen de emigración interprovincial. Este proceso migratorio masivo supuso el alejamiento espacial de los miembros de la red de parentesco y especialmente de las generaciones más jóvenes, que en los períodos estivales «volvían al pueblo» a visitar a sus familiares. Este masivo desplazamiento de las generaciones más jóvenes terminó a raíz de la profunda crisis económica y del empleo que se desató a partir de mediados de los setenta y no ha vuelto a repetirse dadas las características de los cambios demográficos, económicos y sociales que ha conocido la sociedad española desde entonces. Esto no significa, sin embargo, que no siga registrándose un «moderado» proceso migratorio desde las regiones económicamente menos dinámicas hacia aquéllas con mayor expansión del empleo, pero, como el nuevo fenómeno de la inmigración extranjera de los países no desarrollados pone de relieve, las condiciones en las que ésta se produce son muy diferentes, teniendo un alcance mucho menor. Estos patrones de desplazamiento de la población en el espacio tienen gran importancia para la solidaridad familiar, pues, como ya hemos señalado, condicionan decisivamente la accesibilidad a los servicios de ayuda mutua entre los miembros de la red de parentesco y, sobre todo, para aquellas ayudas que suponen servicios personales, tales como, por ejemplo, ayudar en el cuidado de los niños o de los enfermos. Los datos disponibles sobre Madrid, y a falta de otros datos con una cobertura territorial más amplia, nos indican que el proceso de privatización de los proyectos de vida familiar y la aspiración a una intimidad más distante entre las generaciones, no comporta, salvo en los casos de emigración, un alejamiento espacial de las generaciones y una mayor dispersión de los miembros de la red familiar. Por el contrario, la distancia a la que las nuevas generaciones viven de su red de parentesco parece haberse reducido habida cuenta de la gran ralentización de los procesos migratorios. Según la encuesta sobre relaciones familiares en la Comunidad de Madrid, la distancia a la que viven la gran mayoría de los padres de los entrevistados no es muy elevada, incluso aunque los entrevistados hayan nacido fuera de la Comunidad de Madrid. Así, sólo un 50% de los entrevistados que no han nacido en la CAM tienen a sus padres a más de Cambios en las relaciones familiares y en la solidaridad... una hora de distancia en medio de transporte de donde tienen fijado su domicilio y sólo poco más de un tercio (37%) viven a más de dos horas de distancia (véase Tabla 3). Entre quienes han nacido en la CAM, estas proporciones ascienden únicamente al 11 y 5% respectivamente. La situación más frecuente entre éstos, por el contrario, es que vivan muy próximos geográficamente, de suerte que casi la mitad vive a menos de 15 minutos a pie de donde viven sus padres (40% en otro hogar más un 8% que viven con el entrevistado), situación frecuente también incluso entre quienes no han nacido en la CAM y tienen algún progenitor vivo (23 más un 8% respectivamente). Valores no muy diferentes, aunque sí inferiores, se obtienen si se considera la distancia a la que viven los suegros de los entrevistados. Dado que entre los entrevistados hay una mayor proporción de mujeres, esta circunstancia sugiere la hipótesis de que las mujeres tienden a fijar su residencia en mayor medida cerca de sus padres que lo que lo hacen los varones. El sexo del entrevistado, sin embargo y al margen del hecho bien establecido de que los mayores cuando viven con sus hijos tienden a hacerlo con mucha mayor frecuencia en casa de las hijas que de los hijos, no afecta a la distancia a la que se vive de los padres, controlados los efectos del lugar de nacimiento. Las distancias a las que viven los padres y los suegros no presentan diferencias significativas en función del sexo del entrevistado y ello tanto si se consideran todas las categorías de distancias, como si se fija la atención únicamente entre quienes viven en el entorno más próximo. Las mujeres, por tanto, no viven ni más cerca ni más lejos de sus padres que los varones. Esta pauta se evidencia además de una forma muy consistente, pues no sólo se constanta considerando las distancias a las que viven padres y suegros, sino también tomando en consideración la variable edad y generaciones. No sólo no hay diferencias en función de la edad de los entrevistados, sino que los hijos emancipados de los entrevistados tampoco viven más lejos que las hijas emancipadas, como puede observarse en la Tabla 4. Los datos de la tabla 4 parecen sugerir que entre los hijos de rango segundo, los varones tienden en mayor medida a fijar su residencia más lejos de sus padres e incluso a emigrar fuera de la Comunidad de Madrid que el resto de sus hermanos, pero estos resultados pueden ser meramente casuales y no responder a pauta familiar alguna, no reflejando así reminiscencias de un sistema familiar tradicional ya desaparecido. Los datos evidencian, por tanto, de una forma muy clara que las hijas no tienden a vivir en mayor medida que los hijos varones más cerca de sus padres y ello ni entre las generaciones más jóvenes, ni entre las genera-Gerardo Meil Landwerlin 272 clones más mayores. Por otro lado, los hijos emancipados de los entrevistados tampoco viven más lejos de lo que viven el conjunto de entrevistados nacidos en la CAM de sus padres. Esto es, las generaciones más jóvenes tienden a vivir tan cerca o tan lejos de sus padres como las generaciones menos jóvenes de los suyos, siempre que no hayan emigrado. Por tanto, no puede afirmarse que el proceso de privatización de los proyectos de vida familiar haya comportado el distanciamiento geográfico de las generaciones, controlados los efectos de la migración, ni que exista tendencia alguna en este sentido. Esta misma conclusión se ve corrobarada por dos encuestas que realizó el autor en 1995 y 2004 a una muestra de madres de hijos menores de 13 años en la corona metropolitana de Madrid: la proporción de mujeres que señalaron que vivían a menos de V4 de hora de sus padres (si los tenían) era del 32 y 31% respectivamente y las que vivían a una distancia de entre % y V2 hora un 21 y 23%, mientras que las que vivían a menos de 1 hora pero a más de 1/2 hora era del 16 y 17% respectivamente, viviendo el resto (32 y 29%) a mayor distancia. Dada esta tendencia a vivir cerca de los progenitores también es probable que no se viva muy alejado de los hermanos o de los hermanos del cónyuge, sobre todo si no se ha migrado, aunque sea más frecuente vivir cerca de alguno de los ascendientes que de los hermanos. Consecuencia de estas pautas residenciales, es la presencia de al menos un familiar consanguíneo o político en las inmediaciones y varios en un radio de distancia de menos de media hora de transporte. Así, un tercio de todos los entrevistados tienen a dos o más familiares a menos de 15 minutos a pie de donde viven y tres de cada cuatro de los que han nacido en Madrid tienen a más de dos en un radio de media hora (véase tablas 5 y 6). Para comprender estas pautas residenciales es preciso tomar en consideración, no sólo motivos familiares sino también otros de carácter social, pues el lugar donde viven los padres es también el contexto geográficosocial en el que se ha vivido durante la juventud y donde se han trabado Gerardo Meil Landwerlin 274 amistades y se ha adquirido la identidad social, por lo que no debe resultar extraño que se desee también residir como adulto en el mismo espacio. Mientras dos de cada tres mujeres nacidas en la CAM afirman ver a sus padres diariamente, sólo uno de cada cuatro entrevistados varones ve a los suyos con igual fi:'ecuencia. Por otro lado, las mujeres también ven con mayor fi:'ecuencia a sus hermanos, particularmente si son hermanas, así como a sus abuelos maternos que los varones, aunque no así a los abuelos paternos, lo que no es sino también un reflejo del papel de las mujeres como mediadoras en el sistema de parentesco (kinkeepers). No obstante, y a pesar de la mayor inversión de tiempo y energía de las mujeres en las relaciones con sus familiares que los varones, la fi:*ecuencia de contacto de éstos con sus familiares es indudablemente elevada, lo que no significa que la intensidad y proximidad afectiva sean similares: de los varones nacidos en la CAM con padres o hermanos vivos, tres de cada cuatro varones afirman ver a sus padres una o más veces a la semana y uno de cada dos afirma ver al menos a un hermano con igual frecuencia. El contacto telefónico con los miembros de la red de parentesco es algo más frecuente que las visitas personales, particularmente el contacto con los padres cuando se ha migrado, pero el recurso al teléfono y las visitas personales lejos de funcionar como sustitutos el uno del otro, se refuerzan mutuamente. Quienes ven a sus familiares con frecuencia también hablan con frecuencia con ellos por teléfono, mientras que quienes los ven con menor frecuencia tienden también a hablar con ellos más esporádicamente. Así, algo más del 50% de las mujeres que afirman ver a su madre varias veces a la semana o diariamente hablan con igual frecuencia por teléfono con ella, mientras que quienes la ven un par de veces al año tienden a hablar semanalmente o varias veces al mes con ella por teléfono. Esta relación es especialmente fuerte en los contactos entre los hermanos, más que en las relaciones entre las generaciones, donde el recurso al teléfono sirve para compensar un menor contacto personal, sobre todo, cuando media una mayor distancia geográfica entre las generaciones. Al igual que sucede con las visitas personales, las mujeres hablan por teléfono con mucha mayor frecuencia con familiares que los hombres y es que además de invertir más en las relaciones sociales, las mujeres tienden a elegir entre sus confidentes para expresar sus preocupaciones y buscar soluciones a sus problemas (o a los problemas familiares) a miembros de la red familiar antes que a miembros fuera de ella, particularmente cuando ya han formado una familia. Así, es la madre o una de las hermanas a quien se suele buscar para consultar, comentar o participar de la multitud de alegrías y preocupaciones que el día a día va deparando en todos los planos de la vida cotidiana, sin que ello signifique que no se haga partícipe de las mismas al cónyuge, amigas u otras personas. Los varones, por el contrario, más reservados en general (así como menos implicados en los problemas familiares del día a día), cuando buscan a alguien a quien confiar sus preocupaciones o sus proyectos, más allá del cónyuge, suelen preferir, por el contrario, a amigos antes que a familiares. La frecuencia de contactos personales con familiares más alejados tiende a ser, por el contrario, mayormente esporádica. Así, un tercio de los entrevistados (37%) ven al menos varias veces al año a los tíos que con mayor frecuencia ven, aunque los que declaran no ver nunca a ninguno (teniéndolos) se eleva sólo al 20%, siendo el contacto menos frecuente en las zonas urbanas que en los pueblos. El contacto con los primos no está mucho más extendido, ni tampoco es más frecuente que con los tíos (40 y 15% respectivamente), disminuyendo además con la edad. Las relaciones con los parientes más alejados no desaparecen, por tanto, pero sí se hacen esporádicas, sobre todo en los contextos más urbanizados, lo cual está en relación no sólo con la distancia geográfica a la que viven sino, sobre todo, con la «distancia afectiva». Por lo que se refiere a la variable sexo, mientras el contacto con tíos es algo más frecuente entre las mujeres que entre los varones, en el caso de los primos las diferencias no son significativas. Los contactos familiares regulares se centran, por tanto, fundamentalmente dentro del círculo familiar más próximo integrado por los miembros de la familia nuclear de origen (padres, hijos y hermanos) y sólo en los nú-Gerardo Meil Landwerlin 278 cieos menos urbanizados incluye con mayor frecuencia a miembros más alejados en la línea de parentesco. En los ritos de tránsito, tales como los bautizos, bodas, funerales o comuniones, por el contrario, la pauta dominante es la de la reactivación de los lazos simbólicos de pertenencia a «la familia», sin que ello comporte, sin embargo, una sociabilidad elevada entre celebración y celebración, ni se traduzca, como veremos más adelante, en intercambios de aynda mutua. Comparativemente con los amigos, la utilización del tiempo libre y de ocio en el contexto familiar tiende a crecer según se avanza en el ciclo familiar: cuando no hay pareja (pero sí independencia residencial) o no hay hijos, el tiempo de ocio se realiza más con los amigos antes que con familiares; cuando aparecen los hijos tiende a focalizarse en mayor medida con miembros de la familia, en especial con los padres y ello además en todas las clases sociales, por tanto, tanto entre los trabajadores como entre los profesionales. A medida que los hijos van haciéndose mayores, esta orientación preferente hacia la familia se refuerza, lo que no significa que se deje de tener contactos más o menos frecuentes o espaciados, según las circunstancias, con amigos. Los lazos familiares se reproducen y se refuerzan así a través de las generaciones con los niños como principales mediadores familiares. En este sentido «la visita a los abuelos» supone un importantísimo cemento social para las redes de parentesco, aunque, como hemos señalado anteriormente, los abuelos y singularmente la abuela no constituyen el único polo de atracción para los miembros de la red familiar, por más que en determinadas fases del ciclo de vida familiar ocupen un lugar central en la articulación de la sociabilidad familiar. Con quién diría usted que pasa más tiempo libre y de ocio, ¿con la familia o con los amigos?, respuestas según la fase del ciclo familiar Cambios en las relaciones familiares y en la solidaridad... Esta elevada frecuencia de contactos sugiere una buena relación entre los miembros de la red familiar y así es también en la gran mayoría de los casos, lo que no significa, sin embargo, que las relaciones con la familia, dada la centralidad que ocupan en el sistema de relaciones sociales de los individuos, no sean también fuente de desavenencias más o menos espaciadas en el tiempo tanto entre los cónyuges, como con los miembros de la red de parentesco, desavenencias que pueden transformarse en conflictos más o menos agudos, llegando incluso en ocasiones a escalar hasta el recurso a la violencia, física o psíquica, o, sin llegar a dichos extremos, hasta la ruptura de las relaciones. En efecto y al margen de la violencia familiar, que no podemos abordar aquí, las relaciones con la familia se encuentran entre uno de los temas más frecuentes de desavenencias entre los cón3mges (Meil, 1999: 164 y ss). Junto con la división de las tareas domésticas y el cuidado de los niños, las relaciones con la familia es uno de los temas que con cierta recurrencia suelen enfrentar a marido y mujer, por delante incluso de las desavenencias por temas de dinero o de las muy inusuales desavenencias por motivos ideológicos. Estas desavenencias se dan sobre todo cuando los cónyuges son más jóvenes y se encuentran en la fase de crianza de los niños, en la que tienen que afirmar su autoridad y su modelo educativo frente a lo que se interpreta como «injerencias» de los demás miembros de la red. Estos conflictos suelen referirse en general a los padres de uno u otro cónyuge, por lo que a medida que los niños se van haciendo mayores y aquéllos van muriendo, las desavencias conyugales por temas de familia se hacen, salvo excepciones, infrecuentes. Las desavenencias por temas familiares no se limitan al núcleo conyugal, sino que suelen implicar también desavenencias con los miembros de la red de parentesco. Estas desavenencias pueden ser de muy distinto grado y alcance, pero no son ni mucho menos infrecuentes, incluso las más acaloradas no son del todo raras en las biografías de las personas. Así, en la «Encuesta sobre relaciones familiares de la CAM», uno de cada cinco encuestados (22%) ha mantenido una discusión agria y acalorada con algún miembro de su red de parentesco, no habiendo diferencias significativas en función del sexo, por lo que las han experimentado con igual frecuencia hombres y mujeres. Estos enfrentamientos verbales elevados de tono se dan, sobre todo, con la familia consanguínea y particularmente en las relaciones padres-hijos, ya sea con los padres mayores, o con los hijos ya adultos, o bien con uno de los hermanos o hermanas. Así, Gerardo Meil Landwerlin 280 uno de cada dos entrevistados que ha discutido agria y acaloradamente con algún familiar lo ha hecho con su padre o su madre y uno de cada tres lo ha hecho con algún hijo. Los enfrentamientos verbales agudos con la familia política son poco frecuentes (sólo un 15% de los que han discutido agria y acaloradamente con algún familiar lo han hecho con los suegros y sólo un 8% lo han hecho con los hermanos del cónyuge), lo que no puede interpretarse como una mejor relación con los allegados que con los consanguíneos, sino como signo de un mayor distanciamiento emocional, menor proximidad afectiva y mayor sujeción de estas relaciones a las normas sociales más formalizadas. Estas desavenencias con la red familiar se tornan en ocasiones especialmente vejatorias y así algo menos de uno de cada diez entrevistados ha sido insultado, despreciado o ridiculizado reiteradamente por un familiar, afectando por igual a varones y a mujeres. Este tipo de relaciones tan negativas se da nuevamente con mayor frecuencia entre los familiares consanguíneos directos antes que con los familiares políticos, procediendo en mayor medida de miembros varones antes que femeninos (padre o hermanos varones), tal como sucede también en las demás dimensiones de los malos tratos en el espacio doméstico. La ruptura total de relaciones con algún miembro de la red de parentesco tampoco es ni mucho menos un hecho infrecuente, pues hay un 11% de los entrevistados que afirman no hablarse con algún miembro de la familia. Esta ruptura de relaciones se da con mayor frecuencia entre los colaterales que con los ascendientes e incluso es más frecuente una ruptura con los hermanos o cuñados'que con los suegros: es el conocido odio entre hermanos. Así, un 28% de los que no se hablan con algún familiar no lo hacen con alguno de sus hermanos, un 25% no se habla con algún cuñado y un 12% no lo hace con alguno de los hermanos del cónyuge frente a un 17% que no se habla con sus padres, un 10% que no se habla con los suegros y un 3% que no se habla con alguno de sus hijos. Sin que se llegue al enfrentamiento, otra forma de debilitamiento de las relaciones de parentesco es el espaciamiento en los contactos hasta hacerlos esporádicos. En la inmensa mayoría de los casos, la frecuencia de contactos con los miembros más próximos de la red de parentesco con los que no se vive tiene lugar por lo menos una o varias veces al año. Hay casos, no obstante, en los que la frecuencia de contactos es menor y ello viene determinado fundamentalmente por la distancia a la que viven los allegados. Las categorías de parentesco en las que esta situación se da con más frecuencia son abuelos (un 18% de los entrevistados con abuelos vivos los ven con una frecuencia menor que la anual), hermanos (11%), suegros (8%), padres (6%) e hijos emancipados (7%), debiéndose en la Gerardo Meil Landwerlin 282 gran mayoría de los casos (salvo en el caso de los progenitores) a que viven en lugares alejados. En este contexto conviene llamar la atención sobre el escaso alcance de la imagen popularmente negativa que tienen las relaciones con los suegros. Aunque las relaciones con los suegros se valoran más bajo que las relaciones con los padres (véase tabla 12), los distintos indicadores de conflicto que hemos utilizado no muestran una mayor conflictividad con los suegros que con los padres, ni por parte de los varones ni por parte de las mujeres. Por el contrario, como queda patente en los párrafos anteriores, los conflictos más intensos se dan entre los familiares consanguíneos antes que con los políticos. La familia como fuente de ayudas en caso de necesidad La convivencia de las generaciones Una de las manifestaciones más tradicionales de la importancia de la solidaridad familiar entre las generaciones ha sido la de facilitar un espacio en la vivienda para afrontar situaciones de necesidad en determinados momentos o en determinadas circunstancias del ciclo de vida. Este ha sido el caso del cuidado de los mayores en casa de los hijos o de los propios mayores, el inicio de la biografía de familia en el hogar de los padres antes de acceder a una vivienda independiente o el acogimiento temporal de algún miembro de la familia que se ha desplazado a la ciudad bien en busca de trabajo o para estudiar. Aunque en el pasado la familia española no se ha caracterizado por ser una familia extensa en la que era frecuente la conviviencia de tres generaciones en un mismo hogar o la convivencia con otros parientes ajenos al núcleo conyugal (de Pablo, 1976; del Campo y Navarro, 1985; Reher, 1996), sino que el modelo de fa-milia nuclear ha sido siempre dominante, comparativamente con los demás países de la Unión Europea, España se ha caracterizado y continúa caracterizándose por una elevada proporción de hogares complejos formados por más categorías que el cónyuge y los hijos así como por una elevada proporción de hogares formados por el núcleo conyngal y los hijos adultos. Esto quiere decir que lo que podemos llamar «solidaridad residencial» continúa jugando un papel muy importante en la sociedad española. ¿Quiénes son los principales beneficiarios de esta solidaridad residencial de las familias españolas? Tres son las situaciones en el ciclo de vida en las que la solidaridad residencial juega un papel importante para los beneficiarios, aunque tienden a generar con cierta frecuencia situaciones de insatisfacción y estrés entre los implicados: • Jóvenes adultos antes de iniciar su biografía familiar En primer lugar se encuentran los jóvenes adultos, que desde la década de los ochenta han ido postponiendo cada vez más en el tiempo su salida del hogar de los padres para constituir un hogar independiente. Si Gerardo Meil Landwerlin 284 desde los años sesenta hasta comienzos de los ochenta los jóvenes se han ido emancipando cada vez más temprano hasta alcanzar un mínimo a comienzos de los ochenta, a partir de entonces el proceso se ha ido invirtiendo y cada vez se emancipan del hogar paterno más tarde. Dada la escasa incidencia de la experiencia de la convivencia prematrimonial y de los hogares unipersonales en España (aunque no así en los países del centro y norte de Europa), la edad al matrimonio constituye un indicador bastante ajustado de la emancipación de los hijos y esta edad no ha hecho, como en el resto de países de la UE, más que aumentar de año en año, de forma que en 2002 la edad media al matrimonio de los varones españoles se situaba ya en los 30,6 años y en las mujeres en los 29. Detrás de esta postposición sistemática de la emancipación de la familia de origen y la constitución de un hogar independiente se encuentran tanto razones de orden económico, como razones de orden social y cultural. Entre las razones de orden económico hay que citar ante todo la elevada tasa de desempleo juvenil y la dualización del mercado de trabajo que ha ido registrándose a partir de mediados de la década de los setenta y que ha afectado, sobre todo, a los miembros que se han ido incorporando al mercado de trabajo, esto es, a los jóvenes y a las mujeres. Las aspiraciones a mantener al menos los niveles de consumo y el status social logrado por los padres, junto con las exigencias derivadas de una cultura juvenil centrada en elevados niveles de consumo de bienes y servicios de ocio, a la que se añade un modelo cultural donde la formación de un hogar independiente, y tanto más la constitución de una familia propia, pasa por el acceso a la propiedad de una vivienda plenamente equipada, en un contexto, por otra parte, donde el sistema de protección social de las rentas depende no tanto del estado de necesidad como de la carrera de aseguramiento que se ha podido formar, todos estos factores han contribuido decisivamente a hacer cada vez más difícil la formación de un hogar independiente y la necesidad de acumular durante más tiempo el capital necesario para poder emanciparse con arreglo a los modelos socialmente establecidos. En el contexto actual de una limitada movilidad geográfica, esta acumulación se ha hecho posible gracias a la prolongación de la permanencia en el hogar de los padres, facilitada por el profundo proceso de democratización de las relaciones intergeneracionales en el seno de la familia nuclear al reducir el control ejercido por los padres sobre el comportamiento de los hijos y evitar los consecuentes conñictos intergeneracionales. Así, no deja de resultar sorprendente que a pesar de esta prolongación de la permanencia en el hogar, y a la luz de los cambios culturales arriba esbozados, las relaciones entre padres e hi-jos sean valoradas masivamente como positivas por éstos. En este sentido, el cambio familiar registrado en España en dirección hacia la privatización de los proyectos de vida familiar y la pluralización (limitada) de los modos de vida, lejos de minar una de las formas tradicionales de la solidaridad familiar, la ha reforzado en tiempos de crisis al redefinirla sobre unas nuevas bases. Los datos contenidos en la Tabla 14 son claramente ilustrativos del alcance y la importancia de esta «solidaridad residencial» de los padres hacia sus hijos, evidenciando así la relevancia que tiene la familia española como mecanismo de estabilización social en un contexto marcado por una extendida frustración profesional derivada de la prolongación del período formativo y las elevadas tasas de desempleo, así como ilustra el papel decisivo que cumple como plataforma de colocación de sus miembros en la estructura social. Más de la mitad de los recién casados dispone de una vivienda en propiedad y del resto uno de cada cuatro disfruta de una vivienda cedida gratuitamente, que si bien la encuesta del INE «Panel de hogares, 1994» no proporciona información sobre quién la ha cedido, es razonable suponer que mayormente procede de la familia. El equipamiento de las viviendas de los jóvenes matrimonios con televisión en color, video, microondas, lavavajillas y teléfono, así como la posesión de un vehículo propio no difiere, por otro lado, del equipamiento medio de los hogares de las personas casadas y, por tanto, como media del equipamiento del hogar de sus propios padres. Aunque hay lógicamente diferencias por clases sociales así como promoción social intergeneracional, estos datos ilustran que durante la prolongación de la permanencia en Gerardo Meil Landwerlin 286 casa de los padres los hijos han podido no sólo consolidar su situación en el mercado de trabajo a fin de poder hacer fi:'ente a un elevado endeudamiento por la compra de la vivienda, sino acumular el capital necesario para equipar su vivienda con arreglo al nivel medio de vida. El hecho de que la suficiencia de los ingresos para hacer fi:-ente a los pagos sea la misma que las dificultades que tienen el conjunto de los hogares (como media) para llegar a finales de mes evidencia que el proceso de independización no se hace habitualmente bajo condiciones especialmente críticas, lo que demuestra aun más claramente la importancia de la capitalización financiera durante la prolongación de la permanencia de los jóvenes en el hogar de los padres. La solidaridad familiar juega, por tanto, un papel muy destacado en la formación del nuevo hogar y, por tanto, en el inicio de la biografía familiar de los hijos de acuerdo con los criterios socialmente establecidos. Una cuestión diferente, no obstante, es si los actores son conscientes o no de la importancia de la solidaridad familiar. Los datos de los que disponemos no sugieren una conciencia de la importancia que ésta tiene. Así, la mitad de los entrevistados casados o emparejados consideraban en 1990 que la ayuda recibida de su familia era insuficiente (48%) (Alberdi, Flaquer e Iglesias de Ussel, 1994). Pero el hecho de que los actores no sean plenamente conscientes de las características de sus relaciones familiares, a pesar de tener sus consecuencias en términos de la calidad de sus relaciones, no afecta, sin embargo, al funcionamiento real de la solidaridad familiar. Pero además de la facilitación del acceso a un hogar independiente, hay una parte no despreciable de casos en los que los padres facilitan el inicio de la biografía familiar de sus hijos en su propio hogar, alojando en su propia vivienda al hijo con la familia (cónyuge y eventualmente hijos) que ha formado. Así, según la explotación de la Encuesta de Población Activa que ha realizado Miguel Requena (Garrido y Requena, 1996), en 1995 había 717.000 personas casadas que vivían como hijos (consanguíneos o políticos) en el hogar del cabeza de familia. Aunque el número de personas que viven en casa de los padres habiendo iniciado su propia biografía familiar ha disminuido en el tiempo (en un 26% respecto a 1976), a mediados de los noventa todavía representaban un 3,5% de los hogares encabezados por varones casados. La desagregación por edades y su evolución en el tiempo sugiere que en la mayor parte de los casos se trata de situaciones transitorias, pues la mayor proporción de casados que viven como hijos en el hogar del cabeza de familia se da entre los menores de 30 años y los porcentajes disminuyen de cohorte en cohorte a medida que Cambios en las relaciones familiares y en la solidaridad... pasa el tiempo. El análisis de la situación económica de estas personas sugiere que no se trata mayormente del modelo de familia troncal, en virtud de la cual los hijos permanecen en casa de los padres porque heredan la actividad económica (agrícola o de servicios) del padre, sino que responde en general a situaciones económicas precarias caracterizadas por tasas relativamente altas de desempleo o de condiciones laborales precarias derivadas de la ausencia de un trabajo fijo. Una parte importante de estos hogares responden, por tanto, a situaciones en las que se inicia la biografía familiar sin las condiciones económicas necesarias para mantener un hogar independiente y al amparo de la solidaridad probablemente forzada de los padres. Otra circunstancia vital en la que se plantea la demanda de «la solidaridad residencial» entre la red de parentesco es el envejecimiento y la muerte de uno de los padres. La edad y la viudedad como tales han dejado de ser causa necesaria del reagrupamiento de las generaciones, tanto para las mujeres, como incluso crecientemente también para los varones. Mientras viven ambos padres se mantiene el principio de separación residencial de las generaciones, la proporción de mayores en pareja que viven en casa de sus hijos es muy baja (menos de un 2% de los mayores de 65 años en 1998) y suele corresponder a situaciones especiales de necesidad de cuidado de los mayores. La muerte de uno de los mayores no es en sí misma causa inmediata del acogimiento del mayor en casa de los hijos, ni para las mujeres, ni entre tanto tampoco para los hombres, aunque la proporción de viudos que viven solos es minoritaria (un 28% de los varones y un 37% de las mujeres mayores de 64 años en 1993) (Fundación Encuentro, 2001). La razón de ello está en la extensión de la «solidaridad residencial» de las generaciones, pero no sólo derivada de la norma de acogimiento de los mayores en el hogar de los hijos, sino porque en una apreciable proporción de hogares de los mayores enviudados todavía viven hijos solteros. De hecho viven casi tantos mayores de 64 años viudos con hijos en su casa (29%, de los que algo más de la mitad tienen algún hijo soltero) como viudos viven en la de sus hijos (31%). El número de hogares formados por personas mayores que viven solas está creciendo, tal como pude verse en la tabla 15. En este sentido, puede afirmarse que el principio que rige la convivencia entre las generaciones es, en la afortunada expresión de Rosenmayr, el de «intimidad a distancia», no exento, sin embargo, de ambivalencias. Ayudas recibidas de la red familiar La red familiar funciona como «capital relacional» de reserva que según las circunstancias y necesidades puede activarse para resolver los problemas a los que se tiene que hacer frente en el curso de la vida. El tipo de ayuda que se puede obtener de la red familiar es muy amplio, yendo desde el sentimiento de pertenencia a una comunidad que funciona sobre la base de valores adscriptivos y particularistas, esto es, donde lo que cuenta es quién se es y no lo que se vale, hasta prestaciones sin contrapartida directa en forma de dinero o servicios personales de ayuda de todo tipo, pasando por la herencia de medios de vida. Este carácter de activo de reserva que solamente opera bajo circunstancias especiales plantea cuestiones difíciles de resolver desde el punto de vista metodológico, particularmente cuando se quiere estudiar cómo va cambiando, por lo que sólo puede ser explorado de forma aproximada. Si dejamos de lado el papel de la familia en la construcción de la identidad personal y centramos la atención en la prestación de servicios de ayuda personal (cuidado de niños, ayuda en el «papeleo», reparaciones, etc.) o financieros (préstamos, regalos en forma de dinero u apoyo financiero), en nueve de cada diez familias, según nuestra «Encuesta sobre relaciones familiares en la Comunidad de Madrid», se ha recibido alguna ayuda de estas características en alguna ocasión de algún miembro de la red familiar y en dos de cada tres de las que no han recibido ayuda se acudiría, no obstante, a un familiar si en caso de enfermedad se necesi-Cambios en las relaciones familiares y en la solidaridad.. tara la a5ruda de alguien fuera del núcleo familiar para prestar cuidados, hacer camas, etc. De hecho, un 86% de los entrevistados acudiría a un familiar antes que a amigos, vecinos u otras personas si necesitara ayuda no médica en caso de enfermedad. Por lo que se refiere a apoyos de carácter menos concreto y más inmaterial, la red familiar también opera, como hemos visto más arriba, como compañía en la utilización del tiempo libre y de ocio, como medio para tener contactos sociales recurrentes y como interlocutores con los que expresar las preocupaciones, tristezas o alegrías vitales. La red familiar más próxima no es así sólo una especie de «seguridad social doméstica», sino también lugar de sociabilidad primaria. Las circunstancias bajo las cuales se recibe ayuda son muy variadas, dependiendo de multitud de factores. Estas ayudas tampoco tienen necesariamente un carácter recurrente o continuo, sino que están adaptadas a las necesidades y posibilidades de cada momento tanto del donante como del receptor, por ello para analizar el alcance de las mismas no se preguntó en la encuesta por tipos de ajuda recibidas por el entrevistado en el año en el que se hizo la entrevista, sino en algún momento de su vida, salvo en lo que se refiere a ayuda en las tareas domésticas y en sus relaciones con las instituciones (Hacienda, Seguridad Social o bancos), en las que por razones obvias se preguntó sólo por el momento en el que se realizó la entrevista. Las ajoidas más frecuentes que se reciben son ayndas en el cuidado y atención de los niños, sobre todo cuando estos son (o eran) pequeños, antes de ir al colegio. Uno de cada dos entrevistados con hijos ha recibido ayuda de familiares en esta fase del ciclo familiar, siendo esta ayuda en la mitad de los casos (42%) diaria, mientras que en los demás tenía un carácter más ocasional. Las ayudas en el cuidado y atención de niños escolares es algo más infrecuente (39%), pero aún así, está también muy extendida y se da mayormente (67%) más de forma ocasional para resolver necesidades puntuales (en vacaciones, en casos de enfermedad, para que los padres puedan salir de ocio sin los hijos, etc.) que de forma diaria. Esta ayuda ha sido más frecuente para los cónyuges más jóvenes que para los más mayores y en los casos en los que la mujer trabaja fuera de casa, pero también entre los demás colectivos. Las ayudas recibidas en este ámbito lejos de erosionarse, por tanto, parecen haberse intensificado entre las familias más jóvenes. El segundo tipo de ayudas más frecuentemente recibidas es el hospedaje en el hogar de algún familiar. La mitad de los entrevistados (46%) ha pasado un fin de semana o unos días de descanso en casa de algún fa-Gerardo Meil Landwerlin 290 miliar durante el útimo año, normalmente en casa de los padres y suegros o de los hijos, aunque también con cierta frecuencia en casa de hermanos. Esta elevada frecuencia de hospedaje guarda relación no sólo con la elevada frecuencia de contacto entre los miembros de la red familiar próxima, sino también con la extendida utilización del tiempo libre y de ocio en el marco familiar, que hace que sea frecuente que todas o parte de las vacaciones se pasen también en compañía de familiares (un 71% de todos los encuestados ha pasado parte de sus vacaciones con algún familiar en los últimos 3 años). ^ Cantidad de dinero importante prestada para sufragar obras, compra de una casa o un coche o para un negocio. Porcetaje sobre el total que han pedido prestado dinero para la adquisición de este tipo bienes. 2 Regalo en forma de dinero o herencia anticipada para sufragar gastos como en la columna anterior. ^ Bienes como un coche, apartamento de vacaciones, vivienda y similares cedidos durante un tiempo y sin pago a cambio. Fuente: G. Meil «Encuesta sobre relaciones familiares en la Comunidad de Madrid». El tercer tipo de ayudas frecuentes tienen que ver con la situación financiera de las familias y más concretamente con el flujo de dinero o de bienes dentro de la red familiar. En principio las ayudas en dinero para vivir son infrecuentes y están limitadas a situaciones excepcionales, pues el principio que rige la dinámica de los hogares es su autonomía finan-Cambios en las relaciones familiares y en la solidaridad... ciera. Entre nuestros entrevistados, sólo un 8% recibía ayuda en forma de dinero para sufi:'agar los gastos de la vida ordinaria, una proporción muy similar a la obtenida también en otras encuestas (en el Panel de Hogares, 1994 del INE, por ejemplo, donde sólo en un 10% de los hogares reciben ingresos de otros hogares). Mucho más fi:-ecuente, por el contrario, es el regalo puntual de una cantidad de dinero importante, que afirman haber recibido uno de cada cinco entrevistados (18%) para financiar bien la adquisición de una vivienda (44% de los casos), bien para hacer fi:'ente a obras de mejora de la misma (14%), para la adquisición de un coche (12%) o para la adquisición de otros bienes. Pero más que la transmisión de propiedad en vida o de dinero para su adquisición, lo más fi:-ecuente es el préstamo de bienes o de dinero. Uno de cada tres encuestados que afirma haber necesitado tomar prestado dinero para un desembolso importante, ha acudido a miembros de la red familiar, ya sea de forma transitoria hasta conseguir un préstamo bancario o de forma sustitutiva al préstamo de una entidad financiera, estando estos préstamos fundamentalmente destinados a la adquisición de una vivienda (72%), aunque también ha sido relativamente frecuente para la compra de un coche (20%). Por otra parte, uno de cada cuatro entrevistados ha recibido prestado para su uso temporal bien un coche (51% de los casos), bien un apartamento o casa de vacaciones (36%) o una vivienda (28%). En conjunto, tomando en consideración todas estas a5aidas, uno de cada dos entrevistados ha recibido en alguna ocasión bien sea dinero prestado o regalado o algún bien en usufructo. El cuarto ámbito en las que se recibe ayuda se refieren al funcionamiento ordinario del hogar, tales como el resolver tareas domésticas o el «papeleo», aunque en estos casos la ayuda que recibe el entrevistado o su cónyuge procede fundamentalmente de hijos que conviven en el hogar. Si se excluyen estas ayudas, la implicación de miembros fuera del hogar es relativamente limitada, centrándose en mayor medida en la ayuda en el acondicionamiento o mejora de la casa, en el cuidado del coche o en otras tareas similares, ayuda de la que se ha beneficiado uno de cada cuatro encuestados. Por último, la familia como capital relacional para encontrar un empleo ha sido reiteradamente señalada, pero tan importante como la familia son también otros conocidos, ya sean éstos amigos o simples conocidos. Entre los entrevistados de este estudio, no obstante, fueron mucho más los que consiguieron un empleo gracias a un familiar (16%) que los que lo hicieron gracias a la intervención de no familiares (9%) y en mayor medida los más jóvenes que los más mayores. El flujo de estas a)rudas no procede de forma indiferenciada de todos los miembros de la red familiar, sino que, por el contrario, presenta pautas muy claramente estructuradas. Las principales características de esta estructura son: En primer lugar, los familiares más alejados no aparecen como prestadores de ayuda, ni emocional, ni financiera, ni en servicios personales, salvo los tíos en algunos casos muy puntuales. Las ayudas proceden, por el contrario, casi exclusivamente del círculo familiar más próximo, esto es, de la familia nuclear de origen. En este sentido resulta especialmente llamativo que los abuelos no jueguen prácticamente ningún papel como fuente de solidaridad familiar para sus nietos ya adultos e independizados, centrándose su ayuda, sobre todo, en la fase en la que fueron niños. Así, aunque no están ausentes en las ayudas financieras, su importancia es menor incluso que la de los tíos. Dentro del círculo de la familia nuclear de origen, la principal fuente de ayuda procede de los padres, con una diferencia abrumadora respecto a lo que se recibe de los hijos. Investigaciones llevadas a cabo en otros países (Attias-Donfut, 1995) han puesto de relieve que mientras las ayudas financieras procedían de los padres (varones), las ayudas recibidas en forma de servicios personales procedían fundamentalmente de las madres, pauta que en España se ha podido observar entre los viudos mayores de 65 años, pero no así entre los casados de dicha edad, probablemente debido, por un lado, a la importante diferencia de ingresos entre los viudos y las viudas y porque, por otro lado, entre los mayores casados la administración del dinero es conjunta y las relaciones con la madre suelen ser más estrechas que con el padre (Meil, 2000). En el caso que nos ocupa, aunque la ayuda recibida en forma de dinero, ya sea prestado o regalado, así como el usufructo de bienes tiende a recibirse con mayor frecuencia del padre que de la madre, las diferencias no son significativas, no sólo por el limitado alcance de las mismas, sino sobre todo porque dos de cada tres entrevistados han identificado conjuntamente a su padre y a su madre como los prestadores de la ayuda. Las ayudas en servicios personales, por el contrario, sí están fuertemente diferenciadas según el sexo, de forma que el cuidado de niños o la ayuda en las tareas domésticas procede fundamentalmente (aunque no exclusivamente) de la madre, mientras que las ayudas recibidas para el papeleo o para reparaciones domésticas o el mantenimiento del coche proceden fundamentalmente (aunque tampoco exclusivamente) del padre. El hecho de que las diferen-Cambios en las relaciones familiares y en la solidaridad... cias sean apreciables pero no extremas es un signo, creemos, de que los tradicionales roles de género familiares se encuentran sujetos a un proceso de (lenta) redefinición, como se evidencia también en el papel diferencial como mediadores a la hora de obtener un empleo, en cuyo caso el menor papel de la madre es atribuible a su menor grado de integración en el mercado de trabajo. Comparativamente con los suegros, los padres aparecen con mucha más frecuencia citados que éstos como fuente de ayuda en cualesquiera de la dimensiones consideradas. La razón de esta diferencia no deriva sólo de la mayor frecuencia de mujeres entre los entrevistados, pues tanto varones como mujeres citan a sus padres mucho más que a sus suegros como fuente de la ayuda (salvo en el cuidado de niños, donde los varones citan con similar frecuencia a suegras y a madres), sino también de las percepciones diferenciales de la realidad que lleva a destacar más lo más cercano sobre lo más distante. No obstante, de esta pauta cabe deducir que las ayudas no proceden solamente de la familia de la mujer, frente a la del marido, sino que los núcleos conyugales reciben, en conjunto, ayudas por ambas vías, estando más orientadas en una dirección u otra según sean las circunstancias. Frente a los padres, los hijos, por el contrario, apenas apareen como fuentes de ayuda en las dimensiones que estamos considerando, salvo en lo que se refiere a la a5nuda doméstica y a resolver «el papeleo», que desempeñan mayormente cuando conviven con los padres. Las «contrapartidas» que los hijos dan a los padres se ubican, sobre todo, en el plano relacional de la utilización del tiempo libre y de la sociabilidad comunitaria, siendo además en algunos casos (sobre todo en las relaciones madre-hija) los interlocutores en quienes «descargar» los sentimientos y preocupaciones más íntimos. De una forma gráfica, por tanto, puede decirse que la ayuda en dinero o servicios funciona con arreglo al modelo de «cascada». Los hermanos y sobre todo las hermanas, por el contrario, tienen o han tenido un papel mucho más activo que los hijos, estando especialmente presentes en las ayudas financieras y préstamo de bienes para su disfrute temporal, en el cuidado de niños, en el hospedaje, como mediadores para encontrar un empleo y, sobre todo, como confidentes. Tras los padres, las hermanas y en menor medida los hermanos son los principales recursos con los que cuentan los núcleos conyugales cuando necesitan ayuda, sobre todo en la fase del ciclo familiar en que los hijos son pequeños, mucho más que los amigos. No obstante, la extensión de estas ayndas es limitada, pues sólo uno de cada tres entrevistados ha recibido algún tipo de las ayudas consideradas de sus hermanos. Ayudas prestadas a otros miembros de la red familiar Los núcleos conyugales no sólo son receptores de ayuda, sino que también prestan apoyo y ajiida a los miembros de la red familiar. De hecho, nueve de cada diez entrevistados han prestado algún tipo de las ajmdas consideradas, sin que existan diferencias significativas en razón del sexo, a lo que hay que añadir que tres de cada cuatro mujeres entrevistadas (70%) y la mitad de los varones (52%) actúan como interlocutores privilegiados de los aspectos más íntimos e importantes de otros miembros de la red familiar. Lo más frecuente es haber prestado una (24%) o dos ayudas (20%), siendo los casos en los que se prestan cuatro o más relativamente infrecuentes (31%). Comparativamente con las ayudas recibidas, la proporción de los que han proporcionado algún tipo de ajoida y los que la han recibido es prácticamente igual, pero consideradas una a una las distintas dimensiones se declara con más frecuencia recibir aynda de miembros de la red que prestarla a otros miembros. Estas diferencias pueden deberse al desequilibrio intergeneracional en el flujo de las ayudas, esto es, a la mayor propensión de los padres a ayudar a los hijos particularmente en el proceso de emancipación de su hogar y cuando tienen hijos pequeños, tal como sugiere la desagregación de los datos de ayuda recibida en función de la edad y como también se ha puesto de relieve en otros países. El limitado peso dentro de la encuesta de los entrevistados con hijos emancipados (23%), consecuencia de limitar el universo muestral a hogares cuyo cabeza o cónyuge tuviese entre 18 y 65 años, estaría en el origen de estas diferencias. Ahora bien, si se tiene en cuenta que es más habitual afirmar que se han prestado ayudas que reconocer que se han recibido, pues la memoria opera de forma selectiva, la interpretación más plausible es que los entrevistados tiendan a subestimar el alcance de los intercambios de ayuda dentro de la red y a expresar sólo las ayudas de mayor importancia, ya sea por el volumen de recursos implicados o por el tiempo y energía invertidas en las mismas. Las ayudas que con mayor frecuencia se han prestado se refieren también al cuidado de niños, tanto en edad preescolar como en edad escolar, así como en las tareas domésticas. Entre una de cada tres y una de cada dos nLUJeres y alrededor de uno de cada seis varones han ayudado o ayudan a otros familiares en estas tareas. Aunque la dcynàa. en el cuidado de los niños es más frecuente entre las entrevistadas que son abuelas (57% a niños preescolares y 47% a niños escolares) y en menor medida entre los abuelos (38 y 32% respectivamente), este tipo de ayudas no se prestan solamente en esta fase del ciclo familiar sino a lo largo de todo el ciclo de vida. En el caso de los abuelos, los beneficiarios del cuidado son los nietos, mientras que en los demás casos se trata de los sobrinos, fundamental-mente los hijos de los hermanos camales y mayormente entre hermanas. El cuidado de los sobrinos es, como es fácilmente imaginable, de carácter ocasional y esporádico, pero también el de los nietos. Así dos de cada tres abuelos (65% de las abuelas y 73% de los abuelos) afirman haber cuidado de niños preescolares de forma ocasional, en casos de enfermedad, para salir, etc., y sólo uno de cada tres entrevistados abuelos afirman haberlo hecho de forma continua, cuando los padres trabajaban. Las proporciones para el cuidado de niños escolares son similares (67 y 83% respectivamente). Estos datos junto con los ya discutidos sobre ayudas recibidas y con los que se obtienen de otras encuestas evidencian que los abuelos son un importante recurso para la conciliación de vida familiar y vida laboral de sus hijos, pero sólo en un limitado número de casos son el único o principal recurso disponible y la figura de la «nueva abuela» implicada en una «segunda maternidad» con el cuidado y atención de sus nietos, aunque se dé con cierta frecuencia, no es la pauta social dominante. ^ Cantidad de dinero importante prestada para sufragar obras, compra de una casa o un coche o para un negocio. Porcetaje sobre el total que han pedido prestado dinero para la adquisición de este tipo bienes ^ Regalo en forma de dinero o herencia anticipada para sufragar gastos como en la columna anterior ^ Bienes como un coche, apartamento de vacaciones, vivienda y similares cedidos durante un tiempo y sin pago a cambio Fuente: G. Meil «Encuesta sobre relaciones familiares en la Comunidad de Madrid». La aynda en las tareas domésticas y en la compra también se encuentra bastante extendida, siendo mucho más frecuente en las mujeres que en los varones, aunque entre éstos no es tampoco testimonial: una de cada tres mujeres frente a uno de cada seis varones entrevistados, sin diferencias significativas según la edad, ayuda a algún otro miembro de la red familiar con el que no convive ya sea de forma regular o de vez en cuando en el momento de la entrevista. Los principales beneficiarios de estas ayudas son los padres, aunque también cabe encontrar este tipo de ayuda a los hijos emancipados y a hermanas, discurriendo en este caso la ayuda casi exclusivamente por vía femenina: una mujer ayuda a sus padres, a una hermana o a una hija. La situación inversa se da, por el contrario, en las ayudas para el mantenimiento y obras en vivienda y coches, aunque en este caso el flujo de la ayuda no discurre sólo a través de la línea masculina, pues hermanas e hijas son en igual medida beneficiarias de estas ayudas como lo son los hermanos y los hijos. La aynda financiera para vivir es poco frecuente y cuando se da suele ser a hijos mucho más que a padres, discurriendo fundamental aunque no exclusivamente por línea vertical, como sucedía también cuando se analizaron desde el punto de vista de las ayudas recibidas. Sólo un 3% de los encuestados con algún progenitor vivo a5midaba económicamente con dinero a sus padres y los que lo hacían no lo hacían de forma regular, sino ocasionalmente, según las necesidades, por lo que los medios de vida de la generación de los mayores procede exclusivamente de las pensiones y de los ahorros acumulados. Sólo en los hogares donde conviven las generaciones existe cierto grado de economía común. Los préstamos de dinero y la cesión temporal de bienes son, por el contrario, mucho más frecuentes y se inscriben no sólo en las relaciones verticales, sino que incluyen igualmente a colaterales. Así, los hermanos aparecen con más frecuencia citados como beneficiarios de préstamos de dinero y de disfrute temporal de bienes que los hijos y que los padres. La escasa importancia relativa de los hijos como beneficiarios de los préstamos se debe a los efectos del ciclo familiar, pues uno de cada tres padres que tiene algún hijo emancipado ha prestado dinero. Por otro lado, los bienes más frecuentemente cedidos son en dos de cada tres casos coches y en mucha menor medida viviendas (uno de cada tres). Los regalos de dinero para contribuir a sufragar la compra de una vivienda, un coche u otros gastos importantes son también poco frecuentes y tienen como destinatarios preferentes a los hijos, aunque padres y hermanos aparecen también citados con cierta frecuencia, estando estos regalos destinados en los pocos casos en que se producen a financiar fundamentalmente la adquisición de coches y viviendas. Cambios en las relaciones familiares y en la solidaridad. Al igual que sucedía con las ajadas recibidas, las ajoidas prestadas para encontrar un empleo están relativamente extendidas, no beneficiando además sólo a la familia, sino también, e incluso en mayor medida, a amigos y conocidos. Entre los familiares, los principales beneficiarios son los colaterales, más los consanguíneos, pero también políticos, y en menor medida los hijos. Dar en herencia un negocio o dar trabajo a un familiar es muy poco frecuente e implica fundamentalmente a hijos. En conjunto y por lo que se refiere al flujo de las a5aidas prestadas por el entrevistado puede observarse también una clara estructura caracterizada por los siguientes rasgos: Como en el caso de las ayudas recibidas, las ayudas prestadas a otras personas lo son fundamentalmente a familiares, aunque tampoco exclusivamente a éstos. Los amigos, aunque no son los principales protagonistas de la «economía solidaria» sí aparecen con una frecuencia no despreciable como destinatarios de ayuda para encontrar un empleo, como beneficiarios del usufructo temporal de bienes duraderos, reciben dinero prestado y ayndas ocasionales en el cuidado de niños o en las reparaciones domésticas. Así, algo menos de uno de cada tres entrevistados ha a5aidado a algún amigo de forma desinteresada en alguna de las dimensiones consideradas, siendo más frecuente entre los varones que entre las mujeres (36 y 24% respectivamente). Esta mayor propensión de los varones a invertir en las redes de amistad que las mujeres se encuentra también en la dimensión del intercambio de preocupaciones y experiencias íntimas con otras personas, mucho menos frecuente entre los varones, pero que cuando tiene lugar tiene como destinatario a los amigos antes que a los familiares (uno de cada dos varones (45%) elige a amigos más que a familiares como confidentes frente a una de cada tres mujeres (36%)). Por lo que se refiere al flujo de ayudas dentro de la red familiar, las ayudas prestadas se centran, como las recibidas, casi exclusivamente dentro del círculo de la familia nuclear de origen, quedando excluidos los familiares más alejados, no sólo tíos, primos o políticos, sino también los abuelos se encuentran fuera del círculo más estrecho de la «economía solidaria familiar». Con ello no queremos decir que los mayores necesitados de cuidado personal no sean atendidos casi exclusivamente por familiares, como está ampliamente demostrado, sino que los abuelos no son cuidados en caso de necesidad por los nietos, sino por sus hijas -las madres de Gerardo Meil Landwerlin 298 los entrevistados-(sólo un 5% de los entrevistados que afirman cuidar de un familiar necesitado de a5aida para la realización de las tareas cotidianas lo hace a sus abuelos). Las ayndas se dan (como se recibían también), por tanto, entre generaciones contiguas, pero no entre generaciones discontinuas. De igual forma y como sucedía también con las ajmdas recibidas, la familia política apenas si aparece como destinataria de las ayudas prestadas por el entrevistado, como tampoco aparecen como interlocutores privilegiados para la comunicación de los aspectos más íntimos de los miembros de la red. De hecho, en muchas de las dimensiones aparecen menos veces citados que los amigos. Las razones de este desequilibrio entre consanguíneos y políticos no se debe, creemos, a una lateralización extrema del flujo de intercambios entre los núcleos conyugales, sino que deriva del hecho de que la unidad de análisis no es la unidad conyugal, sino sólo uno de lo cónyuges. Por lo que se refiere a los familiares más próximos, y a diferencia de lo que sucedía con la ayudas recibidas, los destinatarios de las ayudas de los encuestados se reparten más homogéneamente entre los colaterales, ascendientes y descendientes, no existiendo un desequilibrio tan marcado a favor de las relaciones padres-hijos. De hecho, los padres sí aparecen con cierta frecuencia como receptores de las ayudas de sus hijos, sobre todo, en lo que se refiere a servicios personales, ya sea en el ámbito de las tareas domésticas, en el «papeleo», en el mantenimiento o mejoras de la vivienda o el coche o en el cuidado personal cuando ya no pueden realizar sin ayuda las tareas cotidianas de la vida. Los hijos aparecen como beneficiarios, sobre todo, de ayudas financieras, usufructo temporal de bienes y ajoida en el cuidado de niños, particularmente cuando se han emancipado, mientras que los hermanos aparecen también como beneficiarios ocasionales de este mismo tipo de ayuda o de ajm-das en la mejora y mantenimiento de la vivienda o el coche. También en este caso cabe encontrar una diferencia importante según el sexo, como ya hemos apuntado, de forma que las hermanas se prestan ayuda entre ellas en el cuidado de niños y en algún caso también en tareas domésticas o la compra, mientras que las ayudas en mejora y mantenimiento de viviendas o coches está indiferenciada, como también está indiferenciada según el sexo la circulación de dinero ya sea prestado o regalado. Cambio familiar y solidaridad familiar A partir del análisis pormenorizado realizado en los apartados anteriores puede observarse que la red familiar continua ocupando un lugar privilegiado en el sistema de relaciones sociales de las personas, constituyendo el principal contexto de sociabilidad en el tiempo libre y de ocio a partir del momento en el que se inicia la biografía familiar y ello independientemente de la clase social de pertenencia. Las variables que explican la frecuencia de contactos con los miembros de la red próxima de parentesco se centran fundamentalmente en el sexo del entrevistado y la distancia geográfica entre los lugares de residencia de padres, hijos y hermanos. Las variables que miden el cambio familiar tales como institucionalización o no del vínculo conyugal, ideología de rol de género, trabajo extradoméstico de ambos cónyuges y pauta de división del trabajo doméstico no influyen, por el contrario, en absoluto en estas pautas de relación. Los entrevistados, aunque vivan en una pareja de hecho, con modelos de rol igualitarios, trabajando ambos y dividiéndose las tareas domésticas de forma no tradicional, no ven con menor frecuencia a sus padres o hermanos, controlados los efectos de la distancia y del sexo, que un matrimonio organizado con arreglo al modelo tradicional de roles de género. Así, 8 de cada diez entrevistados que viven en pareja de hecho y a una distancia de menos de 15 minutos a pie de sus padres les ven más de una vez a la semana, proporción idéntica a la de los casados. Si el tipo de vínculo legal que une a los cón3aiges no afecta a la frecuencia de contacto con los padres, como tampoco afecta a la calidad de esta relación^, tampoco tiene por qué afectar a la frecuencia de contacto con los hermanos, como, de hecho, tampoco afecta: tres de cada cuatro entrevistados casados y algo más de los que viven en pareja que tienen su residencia a menos de 15 minutos a pie de un hermano/a ven a éste/a con una frecuencia de al menos una vez por semana. A ello se une el hecho además, como vimos, que el cambio familiar en sus distintas manifestaciones no se traduce tampoco en un mayor distanciamiento geográfico de las generaciones y de la red de parentesco. El proceso de privatización creciente de los proyectos de vida familiar que ha conocido la sociedad española y que se ha traducido en una pérdida del tradicional control social ejercido por el entorno social y activamente impulsado por la familia en favor de una mayor libertad de conformación de los proyectos de vida individuales no ha comportado así un debilitamiento de la sociabilidad familiar dentro del círculo más próximo integrado por los miembros del núcleo familiar de origen. El hecho de que Gerardo Meil Landwerlin 300 las parejas de hecho vean con tanta o más frecuencia a amigos que a familiares no se debe a una supuesta ruptura con la familia, de la que no hay signos, sino a las circunstancias propias del ciclo de vida familiar y que también se dan entre los matrimonios sin hijos. La ausencia de hijos, mucho más frecuente en las uniones de hecho, se traduce en una mayor disponibilidad de tiempo libre y en un contacto más frecuente con las amistades. Cuando hay niños y los abuelos no viven lejos, el tiempo de ocio, trabajen o no ambos progenitores, tiende a centrarse en la visita a los abuelos más que en la salida con los amigos y, en cualquier caso, ésta suele pasar por el cuidado de los niños por los abuelos. El proceso de individualización, o de liberación de las regulaciones tradicionales, según la conceptualización de Ulrich Beck, aunque haya podido debilitar profundamente la institución matrimonial no ha comportado una pérdida de funcionalidad del carácter expresivo de la red de parentesco próxima o nuclear (en el sentido del núcleo familiar de procedencia). Las relaciones con la red de parentesco más alejada, por otro lado, han ido debilitándose y espaciándose en el tiempo con el proceso de urbanización e industrialización, como lo evidencia el hecho de su mayor intensidad en las zonas menos urbanizadas (del Campo y Navarro, 1985; de Pablo, 1976). El proceso de privatización creciente de los proyectos de vida familiar apenas sí ha influido en este proceso, de forma que hoy como en el pasado más reciente el contacto con primos o tíos más allá de las celebraciones y rituales familiares depende más de criterios afectivos que estatutarios. Si se ve a un primo con cierta frecuencia, es más por su condición de amigo que por el vínculo familiar. Si la dimensión expresiva de las relaciones familiares no se ha visto sustancialmente alterada por la postmodernización de la vida familiar, sus efectos sobre la dimensión instrumental son, por el contrario, más ambiguos. Por un lado y como hemos visto, hay múltiples indicadores que apuntan hacia su fortalecimiento, pero también hay otros que lo hacen hacia su debilitamiento o, quizá habría que decir más bien, hacia una redefinición de la solidaridad familiar como «solidaridad de emergencia». Así, entre los primeros hay que citar la prolongación durante cada vez más tiempo de los jóvenes en casa de sus padres y el apoyo económico que en dicho contexto se les brinda, ya sea, en expresión de Pitrou, bajo la forma de «solidaridad de subsistencia» o bien bajo la forma de «solidaridad de promoción». En el primer caso, se trata fundamentalmente de hospedaje, alimentación y cuidado personal hasta adquirir independencia económica suficiente para poder iniciar un proyecto de vida propio en un hogar independiente, sirviendo la solidaridad intergeneracional para ha-Cambios en las relaciones familiares y en la solidaridad. cer frente al masivo desempleo juvenil y a la precarización de los nuevos contratos laborales. En el segundo caso se trata, además de garantizar la subsistencia, de facilitar el acceso a una formación de calidad que permita la consolidación y promoción profesional y el acceso a la propiedad de la vivienda antes de iniciar el ciclo de vida familiar. La crisis del empleo iniciada en la segunda mitad de los setenta ha forzado así ambos tipos de solidaridad entre las generaciones en el seno de los núcleos familiares, amortiguando con ello los efectos del extendido desempleo juvenil, allanando el camino a la reforma del mercado de trabajo y la reestructuración económica, al tiempo que facilitaba a los jóvenes unos niveles de consumo desconocidos para las generaciones precedentes, tanto en lo que se refiere al consumo juvenil propiamente dicho, como en lo que se refiere al acceso a la propiedad de la vivienda (y su adecuado equipamiento) en la que iniciar un proyecto de vida independiente de la familia de origen. Así, las ayudas en dinero, con arreglo fundamentalmente al principio del préstamo, como se ha visto, lejos de debilitarse se han incrementado entre las generaciones más jóvenes: mientras que entre los menores de 30 años que han solicitado prestado dinero para la adquisición de una vivienda un 41% lo ha pedido no sólo al banco sino también a familiares, entre los mayores de 50 años dicho porcentaje se reduce al 27%. Si establecemos un corte de edad convencional a los 45 años, los menores de dicha edad (emancipados ya) declaran en mayor proporción que los mayores de dicho límite (hasta los 65 años) haber recibido dinero prestado, regalado, ayuda en forma de dinero para vivir así como bienes cedidos temporalmente para su disfrute. Inversamente, los mayores de 45 años declaran en mayor medida que los menores de dicha edad haber prestado o regalado a otros familiares dinero o bienes. En algunos casos estas diferencias no son significativas, mientras que en otras sí, pero en cualquier caso evidencian que, lejos de debilitarse, la solidaridad material en esta dimensión no ha dejado de perder su carácter instrumental, incluso entre las familias postmodernas. Por lo que se refiere a la prestación de servicios de ayuda que implican dedicación y tiempo tampoco cabe encontrar signos claros y contundentes de un debilitamiento en la disposición a la ayuda en los casos de necesidad. Por el contrario, la solidaridad intergeneracional parece haberse reforzado. Así, las proporciones de los que prestan ayuda a otros familiares con los que no conviven en la compra o en la realización de las tareas domésticas, en reparaciones y mantenimiento, en la resolución de problemas burocráticos o en el cuidado de niños no varía sustancialmente con la edad ni con los indicadores más claros del cambio familiar Gerardo Meil Landwerlin 302 (vínculo conyugal, incorporación de la mujer al mercado de trabajo e ideología de rol). Si se consideran las ayudas recibidas por las generaciones más jóvenes, éstas tienden a afirmar en mayor medida el haber recibido aynuda que las más mayores, sobre todo, en la crucial dimensión del cuidado de los niños. La excepción parecen serlo las ayndas en las tareas domésticas, pero las respuestas dadas por los entrevistados recogen no sólo las ayudas de miembros de ñiera del hogar, sino también la de los hijos que conviven con sus padres, por lo que la menor ayuda en esta dimensión entre las familias más jóvenes no deriva de un debilitamiento de la solidaridad familiar en esta dimensión, sino de los efectos del ciclo familiar. Por lo que se refiere al cuidado de niños, entre las familias más jóvenes las ayudas recibidas ya sea para el cuidado de niños escolares o preescolares, lejos de disminuir parecen haber aumentado, beneficiando, como se ha señalado más arriba, en mayor medida a las familias en las que ambos padres trabajan que a las familias con una división de roles de tipo tradicional. Estas ayudas, no obstante, tienden a tener un carácter «limitado», ya sea porque el cuidado es ocasional y no continuado cuando los padres trabajan, o por comenzar la escolarización a edades muy tempranas (a los 3 años). El hecho de que estas ayudas sean calificadas como «limitadas» no implica en absoluto que sean irrelevantes, antes bien al contrario, contribuyen decisivamente a facilitar la conciliación de vida familiar y vida laboral o a organizar mejor la vida cotidiana, pero sólo en un limitado número de casos, como se ha argumentado más arriba, constituye esta ayuda un esfuerzo temporal equivalente a una jornada laboral. En este sentido, por tanto, la gran mayoría de los servicios de ayuda mutua que fluyen a través de «la economía solidaria familiar», son ayudas limitadas en cuanto al tiempo y/o esfuerzo que requieren para prestarlas, no suponiendo una carga equivalente a la asunción de una segunda jornada laboral. La disposición para prestar este tipo de servicios de ayuda a los familiares próximos no se ha erosionado así con el proceso de privatización registrado en las últimas décadas, ni ha comportado tampoco la exclusión de los flujos de ayuda puntuales a los familiares colaterales' (hermanos y hermanas). No obstante, la disposición para asumir servicios de ayuda que impliquen una dedicación temporal prolongada en el tiempo y que requieran un elevado esfuerzo, de forma que constituyan una auténtica carga laboral, creemos que, aunque continúa jugando un importante papel dentro de las redes familiares en la actualidad, está sujeta a un proceso de redefinición. Esta redefinición supone que se pasa de una actitud en la que sólo se admite el cuidado familiar a dar cabida también a la intervención de cuidadores no familiares, sin que Cambios en las relaciones familiares y en la solidaridad... ello implique un desentendimiento por parte de los familiares. Expresado en otros términos, lo que el proceso de privatización ha empezado a cuestionar, creemos, no son las ayudas puntuales más o menos regulares a miembros de la familia, sino fundamentalmente la disposición de los abuelos a asumir el rol de padres cuando sus hijos trabajan (o la de éstos para delegar estas responsabilidades en sus padres) y la disposición (o capacidad) de los hijos (hijas fundamentalmente) a cuidar de sus mayores sin ayuda exterior cuando se han vuelto dependientes y necesitan de cuidado continuado. Para fundamentar esta tesis discutiremos brevemente los datos sobre estos dos tipos de ayudas desde otra perspectiva. Por lo que se refiere al cuidado continuado de niños preescolares, la información que proporcionan las encuestadas con hijos de 3 o menos años indican que la ayuda diaria recibida de familiares (abuelos fundamentalmente) cuando los padres están trabajando está bastante extendida (42% de las mujeres que trabajan), aunque, por otro lado, sólo el 21% de las abuelas encuestadas declaran haber cuidado de sus nietos diariamente cuando los padres de éstos trabajaban. Estos datos comparados con los de las generaciones precedentes indican que las abuelas han contribuido decisivamente a facilitar la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo y que la solidaridad intergeneracional se ha reforzado con la postmodemización de la familia, como hemos señalado anteriormente. Pero como en el caso de la botella medio llena y medio vacía, estos datos también puede leerse desde el punto de vista inverso: son mayoría quienes no acuden a la ajoida familiar para resolver el problema de la conciliación de la vida familiar y vida laboral. A falta de datos longitudinales consistentes, creemos que el modelo del cuidado de los niños preescolares antes de ir al colegio por parte de los abuelos está perdiendo vigencia en favor de un modelo de ayuda «de emergencia» que suponga un recurso adicional para las familias con hijos pequeños a la hora de conciliar ambas obligaciones, pero no el recurso fundamental. Se busca o presta la a5aida, pero cada vez más como complemento a otros servicios profesionales. Así, preguntados los encuestados si era preferible que un niño pequeño vaya a una guardería cuando ambos padres trabajan o es mejor que los cuiden los abuelos, varones y mujeres menores de 50 años se decantaban mayoritariamente a favor de la guardería (o una «chica», 66%) y entre los mayores de dicha edad las opiniones estaban divididas (sólo un 52% se decantaba claramente a favor de los abuelos). En este sentido, la ampliación de la oferta de Escuelas infantiles ya sean públicas o privadas (aunque con preferencia por aquéllas), junto con la mejora de la capacidad económica de las familias, lleva no tanto Gerardo Meil Landwerlin 304 a prescindir de la red familiar y singularmente de los padres como fuente de ajmda en el cuidado de los niños, como a no sobrecargar su capacidad de ayuda y reducir así la dependencia exclusiva de la red familiar. Esta misma erosión en el plano normativo cabe encontrarla también respecto al cuidado de los ancianos necesitados de ayuda, aunque las actitudes en este aspecto son ambiguas. La elevada sensibilidad de las respuestas a la redacción de las preguntas no hace sino reflejar el conflicto entre las normas de solidaridad familiar tradicionales y la tendencia hacia una concepción de ésta con un carácter más de aynda y atención que de dedicación continuada, en la que las responsabilidades familiares se articulan con la colaboración de «ayudas» no familiares (servicios sociales, «chica», residencia, etc.). Así, la idea de que «lo mejor que uno puede hacer es ayudar a sus padres ancianos» es umversalmente aceptada en la sociedad española, pero también está generalizada la idea de que «el cuidado de los padres ancianos no es un problema exclusivo de los hijos, sino que atañe igualmente a la sociedad y al Estado»^. En nuestra encuesta una de cada dos mujeres y uno de cada tres varones (46 y 39% respectivamente) se mostraban de acuerdo con la proposición «en la vejez, cuando uno no puede valerse solo, si se puede conseguir la ayuda de los Servicios Sociales, es mejor acudir a ellos antes que a la familia», siendo este tipo de actitudes más propio de quienes ven más cerca dicha posibilidad y ya ha educado a sus hijos, que entre quienes se encuentran en las primeras fases del ciclo familiar o incluso entre quienes no tienen hijos. En el plano de las representaciones sociales, por tanto, el proceso de privatización de los proyectos de vida familiar se está traduciendo en una redefinición de las normas de solidaridad familiar que, sin abandonar la norma de obligación filial de cuidado, tiende a acentuar también la dimensión de complementariedad, coordinación y supervisión de la ayuda prestada por personas ajenas a la familia así como a acentuar la sociabilidad más que el cuidado personal directo y exclusivo. La redefinición de la solidaridad entre las generaciones al hilo del desarrollo del Estado de bienestar y de los niveles de bienestar material de ambas generaciones se ha concretado en el plano de los comportamientos en el desarrollo del modelo de relaciones «intimidad a distancia», en virtud del cual la corresidencia de las generaciones se postpone cada vez más en el tiempo de forma que la viudedad y la edad, por sí mismas, han dejado de implicar el reagrupamiento de las generaciones. La familia y singularmente las hijas continúan, no obstante, siendo las principales prestadoras de cuidados y atención a los miembros incapacitados de la red familiar y el papel que ocupan los Servicios Sociales o el mercado es Cambios en las relaciones familiares y en la solidaridad... muy limitado, aunque creciente. En nuestra encuesta, en la que se admitía respuesta múltiple a la pregunta sobre quién cuida de un familiar necesitado de «aynda o cuidado para la realización de las tareas cotidianas tales como lavarse, vestirse, comer, etc.», también es la familia la principal cuidadora de los miembros necesitados de ayuda, pero también aparece reflejada la tendencia de cambio que afirmamos: en un 15% de los casos en los que algún ascendiente necesita estos cuidados (padres, abuelos o padres del cónyuge), éstos proceden, en primera respuesta, de no familiares (7% se encuentra en una residencia y otro 7% es atendido por servicios sociales o una asistenta), porcentaje que se duplica (32%) si se consideran también las segundas respuestas. Ciertamente el cuidado por la familia no sólo es la regla, sino también la norma, incluso en una ámbito socioeconómico como el madrileño, fuertemente urbanizado, industrializado y donde el proceso de privatización de los proyectos de vida familiar está ampliamente extendido, pero esta norma está en proceso de redefinición en la dirección hacia una solidaridad más «teledirigida», menos absorbente, más de «emergencia» y que empieza a implicar también en mayor medida a los varones en la prestación de ayudas tradicionalmente consideradas como propias de la mujer. Ambos procesos de redefinición de la solidaridad familiar, en realidad, no hacen sino apuntar en la misma dirección de reforzamiento de la independencia de los núcleos conyugales dentro de la red familiar similar al que se produjo en las pasadas décadas en el ámbito de la independencia financiera de las generaciones, sin que ello tuviera como consecuencia la erosión de la solidaridad familiar en otras dimensiones. Lo mismo que el desarrollo del sistema de pensiones (y la salarización de la población) han comportado una redefinición de las pautas de relación entre los mayores y sus descendientes en dirección hacia un reforzamiento de la independencia residencial y económica de ambos, así la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, la consecuente mejora económica de las familias y el proceso de privatización creciente de los proyectos de vida familiar están llevando también hacia una acentuación del principio de independencia en las relaciones intergeneracionales, sin que ello comporte necesariamente ni una renuncia a la disposición a «ayudar», ni una pérdida del alcance e importancia subjetiva de la sociabilidad familiar para sus miembros. Y en la medida en la que la sociabilidad familiar no pierda su importancia, la red familiar próxima seguirá funcionando como «capital relacional» de reserva en casos de necesidad. Aspectos comparativos con otros países Es una idea comúnmente extendida que la familia de Europa del sur y, por tanto, la española es mucho más solidaria que la familia del norte de Europa. Varios son los indicadores que en este sentido se pueden citar para fundamentar esta impresión: -Los jóvenes, como se ha visto, permanecen cada vez más tiempo en el hogar de los padres para poder iniciar su propia biografía familiar sin renunciar a las comodidades y niveles de consumo que han podido lograr en casa de sus padres, aunque éstos se quejen con frecuencia del egoísmo de los hijos y de que los explotan en su beneficio. No obstante, y como hemos visto, esta dimensión de la solidaridad familiar es fundamental para la colocación de los hijos en la estructura social. -Los mayores necesitados de ayuda son cuidados también casi siempre, como hemos visto, en el ámbito familiar. Tanto el número de hogares unipersonales como la proporción de mayores en residencias de la tercera edad es mucho menor que en los países del centro y norte de Europa. Así, mientras el número de plazas residenciales en España representa sólo el 3% de la población mayor de 65 años, en Alemania representa un 5,5%, en Francia un 7,75% y en Dinamarca un 13,8%. Por otro lado, mientras en España la proporción de mujeres mayores de 75 años que viven por su cuenta es del 28%, en Francia es el doble (59%) y en Alemania incluso más (68%). -Por lo que se refiere al cuidado de niños, España también se encuentra entre los países de la UE con una relativamente importante proporción de abuelas que cuidan de sus nietos. Así, según el Panel de hogares de la UE de 1994, un 12% de las mujeres de más de 50 años cuidaban niños frente a un 4% en Francia o poco más del 5% en Dinamarca, aunque en Alemania la proporción estaba ligeramente por encima del 10% mientras que en Italia y Grecia llegaba a alcanzar hasta el 29 y 25% respectivamente. Buena parte de esta impresión se ve reforzada también por el mayor tamaño de los hogares y la relativamente baja proporción de familias monoparentales y de hogares unipersonales comparativamente con los países del norte de Europa. Pero la extrapolación de conclusiones sobre la solidaridad familiar a partir de las estadísticas de hogares induce a muchos errores, porque las formas de convivencia se ven muy condicionadas por las condiciones económicas, la coyuntara del mercado de trabajo y el tipo de prestaciones sociales que se reconocen por el Estado de bienestar. En España, el desarrollo de la protección social ha sido lento y se ha centrado sobre todo en la garantía de ingresos (pensiones y prestaciones por desempleo) más que en la prestación de servicios sociales, que tienen un limitado alcance y se destinan fundamentalmente a los grupos más necesitados. La denuncia del Defensor del Pueblo (1999) de insuficiencia de recursos para el cuidado de los mayores y su demanda a los poderes públicos de una mayor sensibilidad hacia las necesidades de los mayores es ilustrativa en este sentido. Ahora bien, la solidaridad familiar funciona allí donde el mercado y el Estado no llegan, por lo que una parte importante de la solidaridad familiar ha venido inducida por la falta de suficiente protección social por parte del Estado y/o una inadecuada oferta de servicios por el mercado (ausencia de servicios, precios demasiado altos, etc.). En este sentido, las formas de convivencia reflejan tanto el alcance de la solidaridad familiar como también las limitaciones y características específicas de la protección social. La temprana emancipación de los jóvenes de los hogares de sus padres en los países del norte de Europa, por ejemplo, se ha visto facilitada por la existencia de un mercado de viviendas subvencionadas relativamente extendido así como por la frecuente existencia de becas o préstamos generalizados para el estudio, además de un mercado de viviendas de alquiler mucho mayor y más dinámico que el que existe en los países del sur. Las características específicas de la protección social promueven incluso, puede decirse, la temprana emancipación de los jóvenes del hogar paterno en estos países. Ahora bien esta separación residencial de las generaciones oculta en muchos casos la existencia también de un apoyo económico por parte de los padres. Así, estudios llevados a cabo en Alemania han puesto en evidencia que un 83% de los jóvenes de 18 a 28 años es económicamente dependiente de sus padres y que las ayudas financieras directas mensuales llegan a alcanzar una media de 375 euros al mes. Por otro lado, y también referido a Alemania, aunque la proporción de hogares unipersonales encabezados por personas mayores es muy superior al que existe en España así como también la proporción de personas en residencias de la tercera edad, 2/3 de los servicios de cuidado y atención a los mayores es realizado por la familia (Nave-Herz, 2002b). Por tanto, las estadísticas de hogares ocultan en gran medida el alcance real y la dinámica de la vida familiar. De hecho, y al hilo del profundo cambio familiar que están conociendo las sociedades euopeas, en las últimas décadas han surgido distintos estudios nacionales que han tenido por objeto analizar precisamente las características de la sociabilidad familiar y el alcance de la solidaridad Gerardo Meil Landwerlin 308 familiar. Todos los autores de estos estudios coinciden en concluir que a pesar de la creciente reducción del tamaño de los hogares, los individuos, a diferencia de lo que sucedía en el pasado, viven cada vez más inmersos en el marco de una familia compuesta por al menos tres órdenes generacionales, geográficamente no tan separada y con relaciones mutuas frecuentes. Es lo que se ha denominado «familia multigeneracional» (Bertram, 2000; Nave-Herz, 2002) o también «familia multilocal». Por otro lado, y dada la frecuencia de las relaciones intergeneracionales, también se encuenta un intercambio más o menos regular de ayudas dentro de las redes familiares, al menos en el marco de lo que Kellerhals y colaboradores han denominado la «familia restringida» (Attias-Donfut, 1995), esto es, entre los miembros de la familia de origen, y ello a pesar de todos los cambios registrados en las últimas décadas. Comparar los resultados de estos estudios con los que hemos presentado hasta ahora es, sin embargo, una tarea imposible, pues las metodologías seguidas y, sobre todo, el tipo de indicadores que se han utilizado en los distintos estudios son muy diferentes. No obstante, hay algunos datos que sí pueden compararse y que aunque proporcionan una imagen muy impresionista, sí resultan suficientemente ilustrativos como para poner de relieve que aunque las formas de convivencia estén más individualizadas en los países del centro de Europa, la solidaridad familar juega también en esos países un importante papel en la provisión de bienestar, tanto material, como, sobre todo, inmaterial, que se encuentra lejos de desaparecer con el proceso de individualización. Así, por lo que se refiere a la frecuencia de contactos, podemos observar en la tabla 21 que la frecuencia de contacto con los padres es también muy intensa en Alemania y Francia, al menos cuando padres e hijos viven en el mismo municipio (lo que no es infrecuente). De hecho no existen diferencias significativas entre los entrevistados de los tres países considerados cuando se controlan los efectos de la distancia, tanto si se consideran los contactos con los padres como si se centra la atención en los contactos de los padres con sus hijos emancipados. No sucede, sin embargo, lo mismo si se considera el conjunto de la muestra, en cuyo caso las familias madrileñas aparecen como más cohesionadas, pero ello tiene su origen probablemente no en la intensidad de los contactos, sino en la mayor dispersión de las redes familiares en las muestras nacionales (como son las de Alemania y Francia). Los contactos con los hermanos, por el contrario, no pueden compararse satisfactoriamente, pues en la encuesta alemana no están aislados de los contactos con los amigos y en la francesa, al considerarse solamente los casos en los que se cita a los hermanos como «próximos», los datos están muy distorsionados, pues sólo uno de cada dos entrevistados cita a un hermano/a como «próximo». Esta circunstancia, sin embargo, permite suponer que los contactos con los hermanos pueden estar más extendidos en la familia española que en la francesa, pues tres de cada cuatro entrevistados que tienen un hermano/a en el mismo municipio lo ven al menos una vez al mes. Más en general, los contactos con otros miembros de la red familiar más allá de los padres e hijos pueden ser algo más frecuentes en la famiHa española, pero cualquier conclusión en este sentido requiere de un estudio comparativo destinado a contrastar precisamente esta hipótesis, pues los datos disponibles no permiten sacar conclusiones empíricamente fundamentadas. Frecuencia de contacto personal, telefónico o escrito entre las generaciones (ambos sexos) cuando viven en hogares distintos y en el mismo municipio Notas: La encuesta de Francia corresponde a una muestra nacional de 1952 entrevistados adultos realizada en 1990 y la tabla recoge los porcentajes de contactos de aquellos entrevistados solo que señalan a sus padres como personas «próximas» (un 76 % del total de entrevistados). La encuesta alemana corresponde a una muestra de 423 hogares encabezados por personas de 21 a 34 años a partir de la cual se entrevista también a sus padres y a sus abuelos, lo que supone en total 1.285 entrevistas realizadas en 1990. De la base de datos original se han aislado los contactos con la madre cuando ambos viven en el mismo municipio. La información no está desagregada en función de tipo de contacto en ninguna de las dos encuestas. En el caso de la encuesta madrileña hemos supuesto que cuando viven a más de una hora de transporte viven en otro municipio. Notas: La encuesta de Suiza se basa en una muestra de 817 familias entrevistadas entre 50 y 57 años y se refiere a ayndas dadas o recibidas a lo largo de los 25 años que como media llevan casados. La encuesta belga se basa en una muestra de 569 individuos de todas las edades y se refiere a "intercambios", sin especificar si dan o reciben ni el período temporal al que se refieren, por ello, y a efectos comparativos, se han tomado para Madrid los porcentajes más altos de ayudas dadas o recibidas. En los tres casos los porcentajes representan ayudas a cualquier miembro de la red de parentesco y la diferencia hasta cien de cada valor representa el porcentaje de familias entrevistadas que no han recibido o dado el tipo de ayuda considerado (así, por ejemplo, el 20 % de familias suizas han recibido alguna donación de algún familiar durante su vida conyugal). (1995), Les solidarités entre générations, Nathan, Paris Todos estos estudios evidencian también que la sociabilidad familiar sienta las bases para el intercambio de ayudas cuando éstas son requeridas y hay capacidad para prestarlas, sobre todo, en las relaciones intergeneracionales. Ahora bien, los estudios manejados sobre Bélgica, Francia, Suiza y Alemania evidencian en todos los casos una fuerte verticalidad, consanguinidad y polarización. Verticalidad en el sentido de que se da una fuerte concentración de la sociabilidad familiar y sobre todo de las ayudas en las relaciones intergeneracionales. Consanguinidad en el sentido de una mayor intensidad, o de la percepción de la misma, en lo que hemos denominado «familia propia», esto es, se ve más a los familiares consanguíneos que a los políticos. Y polarización en el sentido tanto del papel central desempeñado por las mujeres como por el mayor flujo de ayuda de los padres hacia los hijos, aunque las percepciones subjetivas sobre los intercambios a lo largo del tiempo tienden a reflejar un sentimiento de equilibrio entre el dar y el recibir, pues además de ayudas específicas también se «intercambia» compañía, afecto y apoyo emocional. La «familia restringida» sigue jugando así en todos estos países un importante papel tanto en el plano subjetivo como en el plano objetivo de las ayudas concretas a lo largo del ciclo familiar. A pesar del profundo cambio familiar registrado y a pesar de la existencia de indicadores de individualización más evidentes (hogares unipersonales, divor-312 Gerardo Meil Landwerlin ^ Se introduce el calificativo de «propios» y no el habitualmente utilizado de «consanguíneos», porque se quiere incluir en dicha categoría tanto al cónjruge como a los eventuales cónyuges de la fi'atría, que no entran dentro de la definición de «consanguíneos». ^ Estos resultados se evidencian muy consistentes y se ven confirmados tanto si se realiza un análisis de regresión lineal de la frecuencia de contactos para cada uno de los hermanos aisladamente, como si se considera al hermano/a que se ve con mayor frecuencia o el porcentaje de hermanos que se ve semanal o mensualmente, controlados los efectos de la distancia y el sexo. ^ En una escala de 1 a 10 en la que se pedía valoraran su relación con su padre y con su madre, las mujeres que vivían en pareja valoraban esta relación, como media, en 8,7 y 8 puntos respectivamente frente a 9 y 8,7 de las casadas. Los valores correspondientes para los varones encuestados se elevaban a 8,5 y 7,9 entre quienes convivían y 8,5 y 8,1 entre los casados. Todo un indicador de cómo se han privatizado los proyectos de vida familiar. Ha recibido insultos, desprecio o ha sido ridiculizado por Mujer Contacto del entrevistado con sus hijos emancipados CÍO, familias monoparentales), la familia no ha dejado de ser «una comunidad solidaria» también en estos países, aunque, como se apunta también en España, esta solidaridad sea cada vez más una solidaridad de carácter complementario y de «emergencia».
El título de esta intervención, que es obra de los organizadores del ciclo, debo advertirlo, nos obliga, por lo menos a primera vista, a colocar el punto de partida de nuestras reflexiones en el momento de la entrada en vigor de la Constitución, toda vez que es en ella donde España se organiza como Estado social y democrático de derecho. Sin embargo, tal vez convenga ir un poco más atrás. Ante todo, porque en materia jurídica los cambios no se producen nunca milagrosamente por obra de los textos normativos. Sólo cuando éstos son recibidos por un terreno que está previamente abonado, tienen efectividad. Con ello lo que quiero decir, aunque parezca una paradoja, es que una gran parte de las reformas del Derecho de familia, que la Constitución terminó por consagrar, se encontraban preparadas por una larga evolución, cuyos hitos se pueden, en alguna medida, rastrear. Porque lo cierto es que quizás no exista, en el Derecho privado, ninguna otra parte que haya experimentado los embates de los cambios sociales como el Derecho de familia. Es verdad que el régimen político anterior, que adopta lo que algunos denominaron el nacionalcatolicismo, había tratado de retornar y de defender un sistema de familia mucho más tradicional, tratando de poner coto a una evolución que, por lo menos en los locos años veinte, había contemplado ya el avance del feminismo, reflejado en una novela de Víctor Marguerite, que lleva el expresivo título de «La Garçonne». Entre nosotros, la Segunda República había proclamado el derecho de voto de la mujer y, además, habían aparecido ya las primeras señoras que llegaban a ser ministros del gobierno. El franquismo supuso una ruptura y adoptó un modelo tradicional. Entresacaré alguno de mis recuerdos. El primero de ellos es la agenda de la Sección Femenina del Movimiento, dedicada a mujeres que (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) Luis Diez-Picazo 314 eran mujeres de su casa, con recetas de cocina y cosas parecidas, de suerte que el prototipo y los roles eran de mujer de su casa-madre de familia. El segundo dato que abona la línea del nacionalcatolicismo es la abolición, en 1938, del matrimonio civil, que subsistirá sólo para aquellos que no profesaran la religión católica. Y el tercer dato es la prohibición del acceso de la mujer a puestos funcionariales relevantes que en la Segunda República habían quedado abiertos. Y así, en 1944 el Reglamento hipotecario y en 1946 el Reglamento notarial impidieron el acceso de la mujer a los cuerpos de notarios y registradores de la propiedad, aunque se permitió, de manera transitoria, que las que habían hecho antes alguna oposición sin éxito continuaran haciéndola. Sin embargo, nada de ello impidió la evolución social. Seguramente, en la evolución social los cambios que se producen en las estructuras económicas, por una parte, y, por otra, los cambios que se producen en el conjunto de las opiniones y de los valores que se profesan, tienen mucha más importancia que las normas jurídicas. La evolución se reinicio y hay un primer hito que seguramente ha de colocarse en el año 1958, fecha de una conocida reforma del Código Civil, impulsada por una, entonces, famosa abogada. Doña Mercedes Fórmica, por la cual fue llamada «La refórmica del Código Civil». Se introdujeron allí paliativos en materia de separación de los cón3aiges, se suprimió el depósito antes necesario para que una mujer casada demandara la separación y se exigió el consentimiento uxorio para la disposición de bienes inmuebles y establecimientos mercantiles de carácter ganancial. Un segundo hito debe ser colocado en el año 1961, fecha en que, fomentada desde la Dirección General de Asociaciones de la Secretaría General del Movimiento, se impulsó y, finalmente, se aprobó una ley llamada de derechos políticos, profesionales y de trabajo de la mujer que suprimió una gran parte de las discriminaciones que la política inicial del régimen franquista había ido introduciendo, lo cual puede llevarnos a la conclusión, fácil de adoptar, de que ningún régimen político puede, finalmente, detener la evolución social. Es cierto que en esa Ley de 1961 todavía subsistían algunas limitaciones, sobre todo en lo que se refiere a la capacidad de acceso de la mujer a cargos y puestos públicos, porque quedaron sin abrir la carrera judicial y los empleos en las fuerzas armadas, que tuvieron que esperar ocasión mejor, que, según mis recuerdos, no llegó hasta el momento inmediatamente anterior, o posterior a la Constitución de 1978. En todos esos años hubo también un trasiego constante de reformas legales de la institución de la adopción. Se suele decir, al estudiar la materia, que en el siglo XIX se la consideraba como algo casi ignoto y el có-Derecho de familia y sociedad democrática digo la reguló con perfiles muy estrictos. La presión social, que continuó después, condujo a la regla o principio adoptio natura imitatur y, en consecuencia, a dotar a los hijos adoptivos de un estatuto prácticamente idéntico al de los hijos por naturaleza, aunque, todavía en esos años, se hiciera la reforma introduciendo dos formas de adopción, plena y menos plena, que después terminaron por desaparecer. Al mismo tiempo que la equiparación completa en la filiación formaba parte también de las aspiraciones de los adoptantes que se rompieran totalmente los vínculos preexistentes con lo que hoy se llamaría familia biológica del adoptado y que se restringiera, también lo más posible, cualquier pretensión de anulación o revocación de la adopción. Dentro de este conjunto de recuerdos y de fechas, hay un momento, que, por lo menos para mí, tiene un carácter especialmente significativo. En el año 1972, por consiguiente todavía en los años del régimen del General Franco, su Ministro de Justicia, que era el señor Oriol, constituyó, en el seno de la Comisión General de Codificación, donde a mí me llevó Antonio Hernández-Gil que entonces la presidía, una sección especial de reforma del Derecho de familia. Quiero decir con ello que la necesidad de una reforma del Derecho de familia era sentida, no diré imperiosamente, pero sí con una cierta urgencia por la sociedad, hasta el punto de que el Ministerio de Justicia adoptó aquella decisión tres años antes de periclitar aquél régimen político y seis años antes de la promulgación de la Constitución. Puedo dibujar las líneas generales de aquellos trabajos y puedo decir, muy resumidamente que dentro de la sección especial, había un grupo que trataba de articular un sistema civil de igualdad jurídica de los cónyuges dentro del matrimonio y dentro de la sociedad conyugal; otro que trabajaba en materia de filiación buscando la completa igualdad jurídica de los hijos cualquiera que fuera su origen; y un tercero que estaba tratando de esbozar una legislación de divorcio. No puedo decir si los que trabajaban en ese último tema eran zahoríes de un futuro lejano o se creían razonablemente que sus propuestas o proyectos podían llegar a entrar en vigor dentro de un tiempo razonable. En el fondo, creo también que para la supervivencia de aquel régimen político dar cauce a determinadas aspiraciones de movimientos sociales, sobre todo feministas, no representaba ningún peligro notable y, además, como ya he dicho, todo ello era una consecuencia del desarrollo económico que nuestro país había experimentado a lo largo de los años sesenta, que ejercía un notable influjo en las condiciones sociales y en las aspiraciones de muy destacados grupos. Las mujeres casadas (porque las solteras no debían tener ya mayores problemas desde el punto de vista jurídico) continuaban sintiendo como opresivo un sistema legal que exigía las licencias maritales para llevar a cabo cualquier tipo de actos jurídicos por muy anodinos que fueran o que las consideraba incapaces para contratar, como todavía decía el art. 1.262 del Código Civil. Es verdad que la vida ordinaria solía ir por un lado y los preceptos legales por otro hasta el momento en que había que toparse con alguna administración, pública o privada, que era con frecuencia especialmente rigurosa, como ocurría con los bancos o con los notarios. Hubo, pues, que proceder con una cierta urgencia a organizar un proyecto de ley en que se adoptaran tres tipos de medidas: la supresión de toda clase de licencias maritales, con el reconocimiento pleno de la capacidad de obrar de la mujer casada y la coparticipación de ésta en la gestión y disposición de los bienes comunes; lo que podríamos llamar la ruptura del principio de unidad jurídica de la familia, que significa que cada familia está regida por un mismo ordenamiento jurídico y tiene, para ello, la misma nacionalidad, reconociendo que los cónyuges pueden tener tras el matrimonio nacionalidades distintas; y un sistema paccionado para modificar el régimen económico por la vía de las capitulaciones postnupciales, aboliendo el principio, estatuido en el código, de que los capítulos eran siempre prenupciales e inmodificables, pues se consideraba que la vía capitular era un modo posible de aliviar las tensiones y el número de los pleitos surgidos de los conflictos conyugales, vulgarmente llamados pleitos de separación. Ese proyecto hubo que organizarlo con una cierta urgencia porque el año 1975 había sido declarado por las Naciones Unidas «Año Internacional de la Mujer» y los grupos de presión querían que la ley se aprobara en ese mismo año por las Cortes, que eran todavía Cortes orgánicas, por llamarlas así. El proyecto no tuvo ningún tipo de dificultad y fue casi de inmediato aprobado, convirtiéndose, según quiero recordar, en la Ley de 2 de mayo de 1975. Los miembros de aquellas Cortes no sólo dieron su aprobación al proyecto, sino que urgieron al gobierno para que completara las reformas y le dieron un mandato para que llevara a buen puerto la completa igualdad jurídica de los cónyuges dentro del matrimonio. En la penumbra habían quedado todavía las otras dos líneas sobre las que la Comisión General de Codificación trabajaba, como eran la regulación del divorcio y la completa igualdad de los hijos cualquiera que fuera su filiación. Por eso hay que volver a insistir en la gran importancia que tienen las evoluciones sociales, que muchas veces son más importantes que los mismos textos legales e incluso que los constitucionales. Derecho de familia y sociedad democrática en este sentido que en la Constitución española de 1931, había existido ya una regla sobre la igualdad de todos los hijos con independencia de su filiación, que en aquellos años se quedó poco más o menos como letra muerta, porque los operadores jurídicos continuaron diciendo que la Constitución tenía un simple alcance programático, que la hacía ineficaz mientras no se dictaran las leyes de desarrollo. En 1978, los vientos habían cambiado de dirección y se adoptó de inmediato la idea, surgida en la pos-guerra de 1945, según la cual la Constitución es un Corpus inris con eficacia inmediata, por lo menos en algunos terrenos, de manera que cualquier tentativa, que alguna hubo, de retornar a la idea del carácter meramente programático de la Constitución, quedó segada de raíz. Los datos constitucionales de los que debe básicamente partirse, para definir lo que era el objeto de esta disertación, son básicamente dos, los arts. 32 y 39. En el art. 32, la Constitución dice que «El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica». La expresión «derecho a contraer matrimonio» es seguramente elíptica, porque no se puede considerar como un derecho subjetivo en abstracto. Uno no lo ejercita si no encuentra con quien y, aunque lo encuentre, tampoco existe un derecho a contraer matrimonio, porque el hecho de celebrar un matrimonio es más bien un producto de la libertad y, en este sentido, de su traducción jurídica que es la capacidad de obrar. Sin embargo, el reconocimiento constitucional del ius connubii, como a veces se le ha llamado, posee desde el punto de vista constitucional un alcance importante. Ante todo, hay una garantía institucional de una institución llamada matrimonio a la que la Constitución recoge y ampara, porque cumple una importante fimción social. Además, se encuentra la idea de que a esa institución llegan uniéndose un hombre y una mujer. La tercera idea es que, de acuerdo con el sistema constitucional, entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio debe existir una plena igualdad jurídica. Finalmente, el art. 32 remite a la ley ordinaria la regulación de las «formas de matrimonio». En este punto hay que decir que lo remitido a la regulación legal son las formas y no los tipos, pues tipo hay uno solo. Las variantes son formas de expresión del llamado consentimiento matrimonial. En el régimen jurídico-político inmediatamente anterior se propendió a admitir la existencia de dos tipos, matrimonio canónico y matrimonio civil, y se vivía bajo la idea del predominio y la primacía del matrimonio contraído de acuerdo con el Derecho de la Iglesia católica, quedando el matrimonio civil como subsidiario para aquellos que no profesaran la mencionada religión. A partir de 1978 se entendió, sin problemas, que, aunque no Luis Diez-Picazo 318 existía un mandato constitucional de matrimonio civil obligatorio, el sistema de la Constitución era de libre opción respecto del modo de prestación del consentimiento, que recae sobre un único tipo de institución. El art. 32 remite también a la ley ordinaria la edad para contraer matrimonio, los derechos y deberes de los cónyuges, las causas de separación y disolución y sus efectos. No ofrece dificultades especiales entender que, al remitir a la ley ordinaria las llamadas «causas de disolución», quedaba abierto el camino para una ley de divorcio. El segundo de los artículos, había dicho es el art. 39. Según él «Los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia». El precepto añade que «Los poderes públicos aseguran, asimismo, la protección integral de los hijos, iguales éstos ante la ley con independencia de su filiación, y de las madres, cualquiera que sea su estado civil». El precepto concluye diciendo que «La ley posibilitará la investigación de la paternidad» y que «Los padres deben prestar asistencia de todo tipo y orden a los hijos nacidos dentro o fuera del matrimonio, durante su minoría de edad y en los demás casos en que legalmente proceda». Es muy difícil, a partir de estos datos, llegar a la conclusión de que existe un concepto constitucional de familia. Si bien se mira, ocurre con familia, como ocurre con matrimonio o con propiedad privada o con tantas otras palabras jurídicas que la Constitución utiliza tomándolas en préstamo del metalenguaje de los juristas y del acervo de ideas que éstos tenían sobre las instituciones en el momento de promulgarse el texto constitucional. A mí me parece que familia presupone generaciones sucesivas. En algún momento, en un prólogo que redacté para un libro de la profesora Roca Trías, apunté la idea de que se podía parafrasear un viejo brocardo escolástico que en materia de asociaciones dice tria faciunt collegia (hacen falta tres para que exista una asociación y no bastan dos), diciendo tria faciunt familia. Solamente cuando hay tres existe una familia y el tercero pertenece a una generación subsiguiente. Frente a esto se me podrá decir, y creo que la objeción es correcta, que existen sin duda y que sin duda debe ser considerado como familia lo que algunos han llamado relaciones segmentarias, es decir, un solo progenitor relacionado con su progenie. Progenitor e hijo forman familia y no hay tres sino solamente dos. Por eso he dicho antes que familia exige la relación intergeneracional y que familia, básicamente, en mi opinión, son hijos. Y esto parece desprenderse del artículo 39, que, cuando habla de protección de la familia, está mencionando, básicamente, a los hijos y a los padres. El matrimonio pertenece, sin duda, al Derecho de familia pero sólo como un Derecho de familia y sociedad democrática momento que me atrevería a llamar fundacional, porque los matrimonios parece que se celebran a la espera de los hijos. Es verdad que estas esperas en los tiempos que corren se multiplican por muchos años, pero que la idea de hijos está presente en la idea institucional del matrimonio es algo de lo que no cabe duda, aunque también se pueda decir que la ley, arrancando de tradiciones canónicas, admite los matrimonios estériles siempre que la impotencia sea generandi y no coeundi, y los llamados matrimonios blancos de personas de edad avanzada. En la idea de familia del art. 39 de la Constitución por las mismas razones antedichas no está sólo la familia fundada en el matrimonio. He dicho que el matrimonio es fundacional de la familia, pero de ahí no deduzco que sea la única vía de fundación. Todavía en el año 1979 en unas jornadas celebradas en el Centro de Estudios Sociales del Valle de los Caídos, se sostuvo que familia en el sentido del art. 39 de la Constitución era sólo la familia llamada anteriormente legítima y la familia fundada en el matrimonio. A mí me parece que, después de volver a leer: «los padres deben prestar asistencia de todo orden a los hijos nacidos dentro y fuera del matrimonio», las cosas aparecen perfectamente claras. Es el mismo artículo que acaba de hablar la protección integral de los hijos, iguales éstos ante la ley con independencia de su configuración. Y es el que se ha abierto con la idea de familia. Me gustaría todavía esquematizar algunos puntos. El primero de ellos está ya expuesto: es el estrechamiento de la idea de familia que sociólogos y juristas habíamos ya señalado. Dos relaciones básicas: la relación entre los progenitores y la relación de filiación. Por consiguiente, es la pareja con sus hijos y, además, hay que añadir, con los hijos mientras éstos no han alcanzado el grado de desarrollo suficiente para vivir la vida por su cuenta, porque, a partir de ese momento, sus relaciones familiares pueden ser afectivas pero no son en puridad relaciones jurídicas. De aquí se deduce que el papel de lo que el Código civil llama parentesco es casi un papel residual que en los códigos civiles es difícil de rastrear, aunque en algunas leyes forales, como las aragonesas o las navarras, se regula una llamada junta de parientes que es un llamamiento a los parientes para ejercitar papeles sustitutorios de la patria potestad. El parentesco, básicamente, sólo tiene como efecto un llamamiento sucesorio abintestate a falta de ascendientes y de descendientes. Sin embargo, tengo que anotar que curiosamente ahora aparece o reaparece una sociedad de abuelos. No lo digo sólo porque uno los vea muchos días, yo que vivo enfrente de un colegio público, en el invierno madrileño, que no es que sea muy frío, pero que no resulta especialmente acogedor, ir a reco- No lo digo sólo por eso, lo digo también porque se nos amenaza, en estos días, con lo que yo llamo la ley tonta del Ministro Zaplana que quiere hacer reaparecer los abuelos en el Código Civil. Digo hacerlos reaparecer, no hacerlos aparecer, porque por allí nunca estuvieron. Efectivamente en el Código Civil ustedes encuentran un precepto en virtud del cual no pueden impedirse las relaciones del hijo con otros parientes o allegados y uno supone fundadamente que los abuelos están dentro de la fórmula «otros parientes o allegados». Sin embargo, esta ley se empeña en decir «los abuelos y otros parientes o allegados» con gran entusiasmo de los lectores que mandan cartas a los periódicos diciendo que ya era hora de acordarse de los abuelos como si no estuvieran perfectamente recordados aunque no fuera nominatim. Sin embargo, se cambia el sentido que el precepto tenía. Porque el precepto estaba tratando de contemplar el interés del hijo -del hijo-nieto quiero decir-. Entre paréntesis diré que ese interés del hijo es una guía para los jueces, en los casos que tengan que tomar decisiones en relación con problemas de conflictos familiares, de crisis matrimoniales, en la adopción o en cosas parecidas. El Derecho de familia parece dirigido sobre todo hacia el mejor interés del hijo, probablemente porque tenemos un pobre concepto de la sociedad en la que vivimos, aspiramos a mejorarla y comprendemos que sólo la mejoraremos en nuestros hijos, lo cual continúa siendo, habrá que decirlo, otra vana esperanza porque uno al final sabe perfectamente que la sociedad de nuestros hijos, la vuestra o la de los vuestros, no será mucho mejor que la que nosotros tenemos, porque hay cosas que están implícitas en la condición humana. El segundo problema que esta ley -la ley tonta de Zaplana-suscita, es que menciona también a los abuelos en los preceptos del Código Civil dictados para los casos de separación, nulidad y divorcio donde dice que el juez en casos excepcionales puede privar a ambos padres de la patria potestad y entonces designar tutor a un pariente o a una institución ad hoc y ahora dice los abuelos, los parientes y una institución ad hoc como si los abuelos no fueran parientes y no hubieran estado mencionados antes. Y hay un tercer punto donde esta ley de abuelos trata de introducirse. Exige que en los convenios reguladores de los supuestos de separación, nulidad y divorcio los cónyuges que adoptan tales convenios reguladores establezcan también el derecho de visitas de los abuelos. Lo cual, si bien se mira, es poner una bomba de relojería al convenio regulador, porque los que se están separando pueden llegar a ponerse de acuerdo sobre sus bienes (el piso, el coche y las cuentas bancarias), pero como tengan que ponerse de acuerdo en las visitas de la Derecho de familia y sociedad democrática suegra el acuerdo zozobrará. Dejo simplemente la idea de la reaparición de los abuelos, lo cual a lo mejor les gustará a D. Benito Pérez-Galdós y a José Luis Garci. Al primero porque escribió la novela, pequeña novela y al segundo porque escribió la película sobre el papel de los abuelos. Para concluir, me parece conveniente señalar el final de un pretendido ciclo de publificación del Derecho de familia, que tiene raíces muy antiguas. Creo que era Cicerón el que hablaba ya de seminarium rei publicae y de la relación entre la familia y la res publica, que reaparece curiosamente en algunas fórmulas profascistas donde se pretendía la intermediación entre el individuo y el Estado a través de grupos intermedios entre los cuales se encontraba la familia. A los más viejos de entre nosotros les recordará el eslogan «familia, municipio y sindicato», por más que sean cosas bastante heterogéneas, como intermediadores de la relación entre individuo y el Estado en la llamada democracia orgánica, como si a la democracia de verdad hubiera que ponerle algún tipo de adjetivos. Era todavía frecuente en los libros de Derecho civil de los años cincuenta y sesenta traer a colación la obra de Antonio Cicu, a quien he citado entre los profascistas italianos, que era de 1914, sobre la relación entre el Derecho de familia y el Derecho público. Ese intento tenía más de retórica que de otra cosa, pero hoy es un ciclo que podemos considerar completamente cerrado y agotado. Sin embargo, no debemos perder de vista el incremento de controles y de intervenciones de carácter público sobre el ejercicio de los derechos y de las potestades familiares. Y así tenemos administraciones, especialmente administraciones autonómicas, dedicadas a la atención y al cuidado de los niños en situaciones de cualquier tipo de abandono que además controlan las formas de ejercicio de la patria potestad, la ponen en cuestión y la suprimen siempre que consideran que así se debe hacer.
ciencia pensamiento y cultura arbor Flavia Company (1963) es una prolija desconocida. Me atrevo a afirmarlo considerando el adjetivo tanto en su sentido de minuciosa como en el de incisiva, además de porque su obra es extensa. A la publicación de su primera novela, Querida Nélida (1988), la ha seguido la aparición de ocho novelas más -la más reciente La mitad sombría (2006)-, dos recopilaciones de relatos, un par de cuentos infantiles, una antología de sus artículos periodísticos y un retrato literario de Sant Carles de la Ràpita. No obstante Company sigue siendo una autora relativamente poco considerada. Bien sabido es que no tendría que ser la cantidad lo que debería provocar nuestra atención sobre sus textos sino, por supuesto, el valor de su obra, el riesgo de la apuesta narrativa, el compromiso del oficio literario de esta escritora, con una larga trayectoria detrás, delante y, qué duda cabe, hacia todos lados y direcciones. Y ahora entran en juego las otras dos acepciones del adjetivo. Porque si algo es Flavia Company esto es imprevisible. A cada nueva entrega, los lectores y las lectoras habituales de sus textos podemos reconocer eso que suele denominarse como estilo autorial sobre todo en la imposición de la obligación de tener que recurrir a estrategias de lectura diferentes; de modo que si los temas regresan (que sucede, en la literatura en general y en el corpus de un autor en particular) retornan en Company de una forma distinta, a través de un lenguaje cuidado y de una notable (y nada gratuita) voluntad de experimentación formal. 1 A raíz de la publicación de Dame placer (1999) -sobre la que centraré la mayor parte de este artículo-Flavia Company afirmó: "Lo arriesgo todo cada vez que escribo, [...] busco nuevas fórmulas y las llevo hasta el extremo porque considero que la literatura es aquello experimental. En otro caso, más que crear, lo que se hace es fabricar". 2 Con ella sucede lo que los formalistas rusos apuntaban como garante de literariedad: la forma significa. No obstante, antes de dar algunas directrices para el estudio de sus textos y mostrar -aunque sea fundamentalmente a ADICCIONES Y COMPLICIDADES: PLACER, Pleasure, body and languaje. RESUMEN: Este artículo se centra en la obra narrativa de la autora argentino-catalana-española Flavia Company (1963) y analiza el uso experimental de las formas y los géneros de la tradición literaria, centrándose fundamentalmente en el texto Dame placer (1999). Se propone una lectura de esta novela en diálogo temático-formal con otras obras literarias-propias y ajenas-, así como transformación de la tradición epistolar de las heroínas literarias seducidas y abandonadas. Igualmente, se pone de manifiesto la cuidadosa labor de la autora para escribir la pasión en la anatomía del texto así como la búsqueda de la complicidad lectora, a través de la contrafigura de la narrataria. PALABRAS CLAVE: Narrativa española contemporánea. Placer, cuerpo y lenguaje. Y el tiempo" partir de Dame placer-el uso experimental de las formas y los géneros de la tradición literaria, cabe demorarse un poco más en la figura autorial y tratar de aventurar por qué razones (o sinrazones) Flavia Company no goza de la atención crítica que merecería y sus mejores textos lamentablemente permanecen todavía en la mitad sombría. HIBRIDISMO CULTURAL Y POCA TIBIEZA Flavia Company nació en Buenos Aires y se trasladó a España, concretamente a Esplugues del Llobregat, en 1973 con sus progenitores y su hermana por causa de la nefasta situación de persecución política y la amenaza a la que estaba sometida la sociedad argentina. Con apenas diez años, Company tuvo que asimilarse rápidamente -operación que conlleva sus mutilaciones-a una realidad ajena que no estaba nada habituada a la diversidad cultural y que no le hablaba ni en su lengua materna -la variante argentina-ni exactamente en una de distinta, porque el español de Cataluña al fin y al cabo se entendía. Al dualismo cultural y a la situación de diglosia lingüística -el uso del español argentino en el ámbito familiar y el del español peninsular en la esfera pública (fundamentalmente, por entonces, la escuela)-de una preadolescencia por ello precozmente doliente, se le sumó con el tiempo la definitiva elección del castellano como lengua literaria y, ya con la paulatina adquisición del catalán, la asunción de esta lengua -a partir de la aparición de Viatges subterranis (1993)-, también como medio de creación literaria: "Si una se enamora de dos lenguas, ¿por qué tiene que casarse con una de ellas?" -argumentará-"¿Por qué renunciar a otros idiomas con los que explorar territorios distintos?". 4 Las novelas y los relatos de Flavia Company pueden aparecer en castellano o en catalán. El proceso creador impone una lengua y exige que no se la abandone hasta el final, aunque luego es muy habitual, sobre todo con la obra catalana de origen, que ella misma la traduzca al castellano. Así ocurrió con la ya citada Viatges subterranis, Llum de gel (1996) y Ni tu, ni jo, ni ningú (1998). Incluso, inusitadamente, Melalcor (2000) se gestó a la vez en catalán y en castellano, casi como si el bilingüismo creativo simultáneo hiciera eco de la ambigüedad de sexo de uno/a de los personajes de mayor protagonismo en la novela, que apunta, en definitiva, a una forma más de resistencia frente a las categorías monolíticas. Nuevas lanzas rotas a favor de autoreconocer la identidad como constituida por y constituida de categorías impuras: la divisa de la obra de Company parece advertirnos que, en tanto que sujetos que somos (y estamos), tenemos que atrevernos a cruzar las fronteras que nos limitan para poder ser, redibujar contornos lingüísticos, corporales, culturales e institucionales. Habrá que volver a ello. Esta variedad de orígenes y lenguas de producción conlleva que los lectores y las lectoras de esta autora incorporen la costumbre de tener que buscar sus textos en distintas secciones de las librerías: narrativa catalana, narrativa castellana, narrativa traducida al castellano o, incluso, narrativa hispanoamericana. La propia Company se resiste a una clasificación pura y estable; como sus propios textos y muchos de sus personajes, participa de las categorías sin pertenecer totalmente a ninguna de ellas. Este hibridismo cultural, resistente, poroso e impuro probablemente es la causa de que ni desde la literatura catalana ni desde la literatura castellana se le haya dispensado la atención crítica que sin lugar a dudas merece. En un artículo del periódico Avui con motivo de la Diada de Sant Jordi, Marta Ciércoles hacía referencia a los prejuicios que acechan a cualquier escritora con motivo de su género sexual. Y junto con la condición de mujer, la lengua utilizada; y como ejemplo de este prejuicio citaba justamente el caso de Company (y sus palabras): Flavia Company alterna en su carrera literaria el catalán y el castellano. Según nos cuenta, esto no supone ningún problema en su evolución creativa. Parece que el problema lo tienen los demás. "Muchas veces me dicen que tendría que decidirme por alguna de las dos lenguas, que sería conveniente para mí. Hablan de las lenguas como si se tratara de clubes privados incompatibles", se lamenta. "Soy consciente de que el uso de una lengua no es inocente, que es una voluntad de compromiso, pero no pienso renunciar a ninguno de los dos idiomas en los que escribo", afirma Company. 5 Asomarse a la obra de Flavia Company es, sobre todo, conocer una apuesta narrativa arriesgada, sin tibiezas ni sumisiones mercantiles. A excepción del premio Documenta (que ganó en 1996 con Ni tu ni jo ni ningú, consiguiendo así que el galardón cayera por vez primera en una mujer), Company no gusta de presentarse a premios literarios, prefiere tratar directamente -o a través de su agente-con las editoriales, sin que ello implique una negociación para editar a cualquier precio. Eva Gutiérrez recoge una anécdota a mi juicio significativa del compromiso de Company con su obra. Obtuvo una beca de la Institució de les Lletres Catalanes que le permitió escribir la novela Llum de gel, no obstante, una vez terminada las editoriales no acogieron con demasiado ánimo la novela; les pareció ilegible, demasiado asfixiante. Ni El Mèdol ni Planeta. Sí, en cambio, el editor de Quaderns Crema que, entusiasmado, se ofreció a publicársela con la condición de que Company modificara el texto a fin de dejar patente la -a juicio del editor-indudable impotencia sexual del protagonista. Company declinó la oferta. Las ironías del destino, en su particular modo de vengarse, hicieron que esta novela haya sido la que más editoriales distintas le han publicado: apareció en catalán por El Mèdol -el editor cambió radicalmente de idea-y después en Edicions 62. Luz de hielo se publicó en edición castellana por Bassarai y posteriormente por El Aleph. Estamos ante una autora de obra autorreflexiva que, con más o menos fortuna y/o acierto, pero con toda la implicación de un compromiso serio, se plantea y resuelve desafíos formales en diálogo íntimo con la tradición literaria que la precede y la acompaña de modos diversos. De entrada, Flavia Company es una escritora con formación filológica, lo cual le ofrece un instrumental conceptual para pensar su obra. Además, al oficio de escribir se le suma el de traducir, habitualmente del inglés y del italiano, o el de impartir desde hace unos años talleres literarios. Y, sobre todo, la pasión de leer: Company es una lectora insaciable: "La mejor escuela de un buen escritor o escritora -afirma-es sin duda alguna la lectura". 7 Y esta es la materia de su obra literaria: literatura y vida, pero vida literaturizada. UN DIÁLOGO CON LA LITERATURA (PROPIA Y AJENA) En segundo lugar, porque ha habido por parte de la crítica una tímida tentativa de marcar una inflexión en la obra narrativa de Company a partir de la novela siguiente -Melalcor-que abriría una segunda etapa. En una reseña-artículo aparecida en El País, a cargo de Pau Vidal, se concluía -remitiendo a las propias palabras de la autora-que tras esta trilogía improvisada de "novelas de interior" sobre las relaciones imposibles ahora iba a dedicarse a las "novelas de exterior". A pesar de esta diferenciación, Melalcor recoge muchos de los motivos que repetidamente hallamos en sus obras precedentes y, a mi juicio, guarda mucha relación con Ni tú, ni yo, ni nadie. Curiosamente -omitiendo cualquier referencia a Dame placer, que es la novela que se encuentra enmedio-Company establecía el siguiente vínculo entre ambas: "Si la novela anterior, Ni tú, ni yo, ni nadie, era un puzzle, Melalcor es un caleidoscopio que pide una intervención mayor del lector". 10 Incluso me atrevería a afirmar que ésta última guarda estrechas referencias a Dame placer, aunque con una apuesta formal muy distinta. Como se verá más adelante, recurro a un uso particular de la metáfora del caleidoscopio para explicar cómo Dame placer va trazando ciclos que exigen al/a la lector/a un reposicionamiento constante ante lo narrado, un volver a considerar lo mismo de un modo distinto, la imposibilidad -en definitiva-de plantarse en una única interpretación satisfactoria, en un juicio definitivo. Y es que los textos de Company son híbridos y resistentes a imagen y semejanza de su autora. Estas denominadas novelas de exterior se antojan más como una revisión mayor a propósito de cómo las instituciones consignan nuestra identidad y gobiernan nuestro comportamiento; o bien como un foco de trabajo en los modos directos de narración de palabras y al uso de una focalización externa o, mejor, a un mayor protagonismo de una focalización interna variable desvinculada a propósito de las acciones y las palabras de los propios personajes. Esto ya sucedía en Ni tú, ni yo, ni nadie donde asistíamos a un diálogo absurdo donde los protagonistas decían algo que se veía inmediatamente contrapunteado por otra cosa -lo que no decían y pensaban o sentían-, como también es posible rastrear una crítica al control institucional a través de las palabras que dirige la narradora a la narrataria de Dame placer. En fin, dicho en breve (y para zanjar este asunto), creo que es precoz y aventurado señalar etapas definitivas en la obra literaria de Company y que es más productivo, por ahora, perseguir los vínculos temático-formales, que se engarzan desparejados y combinados, para establecer así consonancias entre las distintas propuestas que cruzan su obra. En la narrativa de Company no hay rupturas tanto como continuidades. Sin embargo, en la visagra de esta tímida tentativa clasificadora reside precisamente Dame placer, que apuesta por el deseo de lo imposible, sin duda, pero que incide a su vez en el triángulo amoroso que como una letanía recorre entero el corpus novelístico de Company (tal vez con la única excepción de la última entrega, ¿acaso la apertura de una nueva nueva etapa? ¿su confirmación? Tiempo habrá para aventurarlo). Otros nexos entre Dame placer y su consiguiente Melalcor -y que retomaría el aspecto de crítica institucional-residen en la sexualidad no ortodoxa de sus protagonistas. Si la novela de 1999 vehicula el relato de amor y desamor de una mujer con otra mujer, Melalcor se hace opaca y resistente a nuestros intentos de determinar el sexo-género-sexualidad del/de la protagonista. De nuevo, como lectores/as tendremos que medirnos con el texto, cuerpo a cuerpo, para representarnos precisamente un cuerpo en confrontación con la presunta naturalidad del género y la heterosexualidad obligatoria que se deriva del mismo y sostiene, entre otras cosas, la institución familiar. Este aspecto permite relacionar Melalcor con Jeanette Winterson, quien en Written on the Body (1992) es capaz de desarrollar la trama entera manteniendo con diversos recursos lingüísticos (del inglés) la ambigüedad sexual de su protagonista. Cristina Peri Rossi en castellano y Carme Riera en catalán hicieron algo semejante en sus respectivos textos Solitario de amor (1988) y "Te deix, amor, la mar com a penyora" (1975). Las tramas desarrolladas por las tres autoras citadas se asemejan más a la de Dame placer que, a su vez, muestra correspondencias al menos con otra novela de Riera -Qüestió d'amor propi-y otra de Winterson: la aplaudida The Passion (1987), especialmente en la concepción de la pasión como juego y destino y motor de la narración (vital y literaria), que es la misma que retomará Company por boca de su protagonista, así como por tratarse en todos los casos (excepto el segundo de Riera) de relaciones lesbianas o, si se prefiere, queer. La red de guiños, evocaciones y homenajes intertextuales reconocibles en Dame placer es tan extensa que sobrepasa tanto el espacio del que dispongo como el objetivo que persigo en este artículo. En efecto, no es mi propósito el rastrear influencias o concomitancias sino sobre todo poner de manifiesto cómo el diálogo que establece Company -queriendo o sin querer-a través de sus textos con la tradición literaria trasciende las fronteras nacionales. Tratándose de una lectora voraz y eficaz, una nunca sabe si acierta retrospectivamente o prospectivamente en sus reconocimientos, dado que -según cuenta Francesc Bombí-Vilasecala primera vez que compararon su obra con Clarice Lispector, Flavia Company no la había leído pero no dudó en hacerlo inmediatamente. Es la poeta Concha García la que a mi entender da con uno de los referentes literarios fundamentales de Dame placer y que desde mi primera lectura del texto reconocí, con acierto o sin él, palpitando íntimamente en el texto de Company como también en el ya citado Solitario de amor de Peri Rossi: me refiero a Nightwood (1936) de la escritora norteamericana Djuna Barnes. 12 La narradora de Dame placer se presenta como una nueva Nora Flood que rescribe el dolor por la pérdida de la persona amada, su pertinaz presencia en la ausencia. Podría hacer suyas palabras como las siguientes: Robin puede ir a cualquier lugar y hacer cualquier cosa [...] porque se olvida, y yo no puedo hacer nada y debo quedarme donde estoy, porque recuerdo. [...] En otros tiempos no tenía remordimientos, pero ese es un amor distinto... me sigue por todas partes, no hay modo de detenerlo... me consume. 13 Todo este material literario se transforma en otra cosa de la mano de Flavia Company, quien no cesa de seducir -etimológicamente-al lector cómplice. Algunos homenajes son guiños puntuales: en Dame placer, París es una postal de cielo por el verso de Jaime Gil de Biedma, así como el hecho de que las protagonistas se conozcan en unos grandes almacenes apela a The Price of Salt, título con el que Patricia Highsmith -bajo el pseudónimo de Claire Morgan-publicara en 1952 Carol: una historia de amor entre mujeres cuyas protagonistas se conocen en unos grandes almacenes. Para muestra estos dos botones. El diálogo intertextual con la tradición literaria conlleva, como ya se ha podido adivinar, algo más que la simple similitud argumental, la citación o la alusión velada. Todo, por supuesto, deviene en la obra narrativa de Company, un compromiso con la creación literaria, un reconocimiento y un guiño a la vez, así como también una clave. En el proceder creador supone un riguroso cuidado en la forma, una apuesta por la experimentación y una ardua batalla con/contra el lenguaje, mientras que en el proceder lector permite, si uno/a quiere ser cómplice, leer con la literatura a cuestas, transitar por los textos leídos, por las galerías de motivos y formas, descubrir nuevas combinatorias e interpretar -entender-el libro que se tiene entre las manos a partir de la identificación de estos códigos hermenéuticos. La poética creadora de Company despliega unos protocolos de interacción con la figura lectora. Como se verá más adelante, Dame placer no es una excepción y constituye ese diálogo a partir de la figura intermedia explícita: la narrataria del texto, esto es: la destinataria del mismo dentro de la ficción. Pero vayamos por partes. En la reseña crítica que dedica a Melalcor, Vidal-Folch la caracteriza de novela de búsqueda y desarrollo, al tiempo que advierte que "Se trata más de [una obra] para creadores que no para lectores de a pie". 14 Dame placer, sin embargo, recurre a unos clichés más fácilmente reconocibles al rescribir la tradición de la mujer que, tras vivir una intensa relación sentimental y ser abandonada, relata desde la soledad insufrible y la ausencia devastadora del amante, la experiencia amorosa vivida y su consiguiente desamor. Este relato viene la mayoría de las veces en forma de epístola dirigida a él. La reestructuración de Company trastoca estos dos aspectos: por un lado, ya no se trata de un amor ortodoxo siguiendo la heterosexualidad normativa sino un amor entre dos mujeres (de ahí el diálogo-homenaje con los textos literarios precedentes que han vehiculado una relación lésbica y a los que me he referido más arriba). Por otro lado, el molde epistolar pasa a convertirse en Dame placer en un monólogo de la protagonista ante un tú, mujer, que tanto puede ser su psicóloga o psicoanalista como una trabajadora de servicios sociales o de un centro de acogida. 15 No acabo de entender para qué me han traído ante usted. Pero bueno, tal vez conversar un rato me ayude. Por otro lado, no tengo nada mejor que hacer. Usted dirá, "otra vida de bolero", y pensará que se la sabe ya porque son todas la misma, pero no se lleve a engaño, son distintas porque cada uno es cada cual y los sufrimientos no hay quien los traspase. 16 A pesar de este ligero doble desvío del papel a la oralidad y de la persona amada ausente a una desconocida interpuesta, subyace en el texto la tradición epistolar de las heroínas literarias seducidas y posteriormente abandonadas, desde las Heroidas ovidianas hasta el presente, pasando por Eloísa (de Abelardo), Mariana Alcoforado, la Nueva Eloísa, Clarissa, las Nuevas cartas portuguesas de las tres Marías, la mismísima protagonista de Qüestió d'amor propi o Las amigas de Héloïse que pueblan la magnífica novela epistolar en clave lésbica de Hélène de Monferrand. 17 En otras y diversas ocasiones he analizado detenidamente los vínculos entre el género femenino y el género epistolar y no voy a volver a ello. 18 Mi interés aquí reside en señalar cómo lejos de articularse siguiendo estrictamente lo que mandan los cánones del tópico, Company sabe tejer un traje a medida para el relato que se propone contarnos, por boca de esta mujer sin nombre propio explicitado y ante una profesional (¿de la psicología?) que la escucha parece que con el fin de documentar y posteriormente analizar su caso. ¿Qué puede comprender usted por unas cuantas palabras que salen de aquí y que ni siquiera anota, ni retiene? Subráyeme, hágame la letra pequeña, casi invisible, de su contrato feliz con la vida. ¿Y cómo me atrevo verdad a inventarle a su silencio una vida feliz? ¿Se lo pregunta o no se pregunta usted nada acerca de mis suposiciones? Vamos, vamos, dígame que me entiende porque sufre, porque le duele lo que le cuento, porque en definitiva lo comparte hasta un punto inconfesable. Hágame ver que no estoy tan sola. 19 La apelación de la protagonista para que su testimonio mudo se atreva a leerla/escribirla (a ella y a si misma) de otro modo apunta, por un lado, hacia la poética de la rescritura que practica la propia Company y, por otro -como retomaré más adelante-anima, por persona interpuesta, a que la figura lectora (implícita y real) proceda así, esto es, osando reescribir a su vez las directrices que gobiernan sus prejuicios (en un sentido etimológico), su vida, su identidad, su lugar en el mundo. Como sus precedentes de papel (o de carne y hueso), la narradora vivió una pasión amoroso-sexual (en su caso con otra mujer) y fue posteriormente abandonada (por una modista). Como lectores/as asistimos al relato discontinuo y desordenado de esas figuras del discurso amoroso -para decirlo con Roland Barthes-: son frecuentes las analepsis y las prolepsis en relación a una narración primera desmembrada, tartamuda en su avance porque Dis-cursus es, originalmente, la acción de correr aquí y allá, son idas y venidas, "andanzas", "intrigas". En su cabeza, el enamorado no cesa en efecto de correr [...]. Su discurso no existe jamás sino por arrebatos de lenguaje, que le sobrevienen al capricho de circunstancias ínfimas, aleatorias. Se puede llamar a estos retazos de discurso figuras. La palabra no debe entenderse en sentido retórico, sino más bien en sentido gimnástico o coreográfico;[...]. 20 Muy a menudo la ilación viene por asociación; de ahí que la narradora retome una palabra, una idea, un concepto del párrafo anterior y, a partir de ahí, inaugure otro a lo largo del párrafo siguiente, en un texto convertido en aparente y constante excursus que no es tal, sino que, como un caleidoscopio, a cada nuevo giro el dibujo varia ligeramente, pero lo suficiente para ser otro desde lo mismo. A veces no son solamente las palabras que se repiten de un párrafo a otro, sino fragmentos enteros que páginas más adelante reaparecen con variantes. La autocita revela, una vez más, un viraje de muñeca, una imagen nueva desde lo mismo: solamente en la repetición podemos percibir la diferencia y únicamente lo diferente guarda parecido. Todo esto es posible gracias a una excelente labor de cuidado del lenguaje, tanto del cómo se dice como de qué se dice (porque el cómo es también el qué y todo qué reivindica un cómo). El gran logro de Company es que ese pulcro y esmerado trabajo pasa desapercibido de modo que el texto reproduce mediante el artificio la fluidez de la oralidad. Deviene así, por arte y oficio de la escritura, como un reloj de orfebrería: posee la fluidez acompasada e incesante que cala y arrastra consigo sin que nos demos ni cuenta, a la vez que obedece a un mecanismo sofisticado y complejo que cruza la novela sin apenas hacerse perceptible, al menos en una primera lectura. Dame placer parece un texto de lectura fácil que, no obstante, abre continuas apelaciones a paradigmas verticales en su suceder horizontal, de modo que el/la lector/a puede aventurarse por ellos -o no-en función de su deseo, su destino o, en definitiva, su pasión. Porque en la poética de Company -y particularmente en Dame placer-la pasión es causa consecuencia no sólo de la ficción sino de la misma posibilidad de la ficción. Y ahí, como lectores/as, no podemos pretender permanecer indemnes. PLACER, CUERPO Y LENGUAJE La pasión es subversiva, escapa del control; atreverse a vivirla es reconocer de antemano que uno/a va a transgredir o, al menos, desatender las prescripciones. Tampoco se sabe si se trata de una verdadera elección: por definición una pasión nos despoja de nuestra condición de agentes y nos convierte en sujetos pacientes de las acciones que nos acontecen, de lo que provoca ese alguien (o ese algo) que pasa por mí. Por eso la pasión es sobre todo un destino. Una puede explicar así la pasión, ¿no? Cuando el sabor que encontramos no es el que se anunciaba sino otro, mucho mejor. Algo nuevo, distinto, intenso. Un sabor que nos desorienta, que nos domina, que nos invade y expulsa de nosotros el peso de la soledad. Un sabor que no existe en ninguna parte excepto en nuestra imaginación, pero que es al mismo tiempo lo más real de nuestras vidas, junto al miedo de que se gaste de tanto chupar. 21 Una vez se escribe en el cuerpo, una vez se ha probado su placer, no es posible desistir. "Dame placer y te daré la vida", esa es la consigna que cruza la novela, el cuerpo del texto y los cuerpos de las protagonistas. Puesto que, con John Donne -pasado por Gil de Biedmapodríamos afirmar que los misterios de amor son del alma, pero el cuerpo es el libro en que se leen. 22 Las señales que nos dejábamos en el cuerpo eran la literatura jeroglífica de nuestro amor. Eran las cartas, las otras, las escritas en la piel. Los círculos de baba y de hierro y de fuego y de cuero y de noche y de pasado y de locura. 23 Hay que nombrar de nuevo el cuerpo y sus partes, porque todo es diferente desde la otra. Inventar un lenguaje a propósito para decirla. 24 Todos los sentidos entran en juego. Las amantes necesitan un cuerpo hecho a prueba y a la desmesura de su pasión, capaz de medir por igual placer y dolor, convertir lo uno en lo otro, en la (con)fusión de los cuerpos que hacen interdependientes las identidades. Como una caja china: se la abría a ella, y dentro de ella se me encontraba a mí, agazapada y feliz. Si me hubiesen abierto a mí... habría estado ella dentro, agazapada y feliz. Y así hasta el infinito. Todo se pierde en un instante. Ocurre de repente y de repente pasa. 25 Ya luego no se podrá nunca volver a ser la misma. La protagonista destierra los espejos, que no sirven, puesto que la muestran escindida, mutilada, incompleta, en la soledad de estar sin ese alguien que le daba la entereza en el lance del amor, del que solamente queda el desasosiego. He perdido mi única referencia. Yo existía a través de su mirada y de su amor. Lo demás ha sido siempre fantasía. Con ella, la realidad no existía. Sin ella, tampoco yo. 26 La narración -el acto de contarlo..., darle existencia en palabras, es como enfrentarse a un espejo sin reflejo: "Déjeme mostrarle mi imagen, pero no me la devuelva". 27 La silenciosa narrataria gana protagonismo o, al menos, funcionalidad. El texto se constituye aparentemente como oral, en tanto que relato presuntamente proferido de viva voz ante alguien -esa mujer que anota a veces, que oye (incluso puede que escuche) pero no responde jamás. Pero usted no va a implicarse. La profesionalidad ante todo. El resultado de la técnica bien aplicada. La distancia de quien cuando deje de prestarme atención regresará a sus cosas como si nada. O como si casi nada, que para el caso da igual. Ha estudiado usted demasiado como para dejarse atrapar ahora por un interés desmesurado e inexplicable, impropio de su condición. 28 Eso lo convierte en algo más y algo menos a la vez de lo que sería -siguiendo el modelo heredado-una carta de amor a la persona amada ausente y lo acerca a otro género autográfico: la confesión. La narradora habla retomando la tradición de la autobiografía por mandato que proviene directamente de las "Cuentas de conciencia" o "Relaciones del espíritu". Como precisa Beatriz Ferrús, siguiendo a su vez el trabajo de Sonja Herpoel: 29 Las "cuentas de conciencia" serían relatos de pequeños fragmentos de vida, aunque en el caso de una confesión general por algún motivo especial podían contener el relato de una vida completa. Esta misma práctica tendría gran arraigo entre las monjas, más todavía cuando a lo largo de los Siglos de Oro la confesión ganará en sofisticación, a partir de las pautas perfectamente estipuladas que facilitarían los manuales de confesión. 30 Y esas monjas que se confesaban seguían modelos de vida en su escritura por mandato. Con y contra esos y otros modelos más contemporáneos escribe/habla la protagonista de Dame placer. El cuerpo de su texto la representa, la dice incluso más allá de lo que ella puede alcanzar saber, aunque se trate de una voz plenamente consciente de que el discurso institucional -de la psicología, por ejemplo-convertirá su relato de vida en otra cosa, lo encauzará por las tipologías de los desórdenes establecidos, lo remitirá a lo patológico estándar. Por eso hay un matiz: "Mis palabras, aunque parezcan una confesión, son en verdad mi escudo", advierte la narradora. Más adelante precisará: Mire usted, yo ya no voy a permitir según qué proximidades, ¿me comprende? Las palabras son el escudo, las cosas son así. La palabra es mi modo de permanecer en contacto con lo que me rodea. Cuando me despojo de ella empieza un distanciamiento irreversible. Quíteme la voz y me roba la guarida. La suya, en cambio, parece ser el silencio. 31 Las palabras separan al yo enunciador de las cosas, por eso pueden ser condenatorias pero también protectoras. Porque las palabras no son las cosas sino un modo -tal vez sólo un intento vano y fútil-de decírnoslas. 32 En las palabras está la ausencia de las cosas, la falta de la persona amada, la desaparición de lo vivido. Hablar (o escribir) para protegerse del olvido a la vez que se constata irremisiblemente la pérdida. Se trata de dos actos indisociables en las gramáticas del desamor. Pero el olvido no es selectivo: [...] ahí está el problema: el olvido. Un esfuerzo palpitante ahí donde la memoria duele, o donde no llega. Un borbotón de sangre que lo nubla, lo cubre todo. Cada olvido es un vacío por el que se nos pierde algo, como de un bolsillo agujereado. Pero luego pasa lo que pasa, y una no sabe como borrar justo aquello que desearía enterrar allá lejos, ajeno y distante. Hay cosas que se quedan grabadas para siempre. 33 No olvida quien quiere ni quien puede, sino quien no sabe que puede, puesto que olvidó. Lo demás es apenas desmemoria, lo que comporta la amenaza del recuerdo súbito, deseado o no, y/o de la imposibilidad de recordar. Relatar se instala en la paradoja de hacer presente la ausencia y a la vez protegerse de ella por el recuerdo. Company recurre a mi juicio a una comparación muy gráfica: la evocación por el lenguaje como un diccionario esto es, un círculo infinito de significantes que se necesitan y se requieren para significar y por tanto donde la completitud del sentido nunca es posible. Un diccionario señala al mismo tiempo la existencia de un código particular y su aislamiento. Todo me recuerda a algo. Es como si tuviera en la cabeza un diccionario de entradas infinitas. Una memoria maldita e inacabable. 34 Una memoria oscura y nostálgica, puesto que es el testimonio de la pérdida y la desposesión. No se puede volver ni a las personas, ni a los lugares, ni a las cosas -la pasión vivida, el cuerpo amado...-, todo malexiste en el discurso sobre las cosas -el relato de esa pasión, del cuerpo amado...-sin poder llegar a ser. Las palabras no son las cosas. A través de la narración se ficcionaliza lo vivido, que es la única forma de que el pasado puede recogerse y cobrar sentido (o sinsentido). No para todo puede encontrarse una explicación. Siempre me ha dado mucha risa ese afán que mostramos todos por aplicar una lógica, por razonar lo sucedido y lo pensado como si se tratara de un encadenamiento perfecto de causas y efectos. Puede que incluso usted esté contaminada, y crea que esta charla la llevará hasta la causa de este efecto. No de cualquier hueso puede deducirse todo un esqueleto. No se pueden intuir las mutilaciones, por ejemplo. 35 El relato da cuerpo a lo que fue, pero siempre es un cuerpo mutilado, incompleto. La historia es una pero informe que no puede existir si no es a través del relato deforme, siempre sesgado, por el filtro de un yo. 36 Pero además está el otro, ese yo que lee y/o escucha, a quien no podemos olvidar ya que es, en definitiva, quien cerrará el círculo. El lugar de ese otro, en principio, lo ocupa dentro de la ficción, la figura de esta ocasional narrataria muda que parece cumplir con su profesión escuchando el relato de la protagonista. Su presencia textual supone un doble desvío con aprovechamiento. Por una parte como suplantadora de la destinataria natural -según manda la tradición-del texto amoroso de la mujer abandonada: la amante perdida. Muchas veces he pensado en escribirle una carta, ¿sabe? Una carta que diga lo que le estoy diciendo a usted, sin más, para que supiera que ni el miedo, ni el estupor, ni el dolor y ni siquiera el tiempo han hecho mella en el sentimiento que alimentaba esta pasión. Una carta que le pida que vuelva, que siga queriéndome como antes [...]. Una carta hecha de besos. 37 No obstante, matiza: Pero no. Después no me atrevería a enviárselo y me quedaría con un montón de palabras aprisionadas en jaulas de papel, de letras con las alas cortadas.... ¡Yo no podría hablarle a ella como le hablo a usted! Más aún... yo... nunca podría hablarle a usted como le hablaría a ella... sí, sería tal vez más exacto decir esto último. 38 La presencia de la extraña silenciosa (y tal vez indiferente) ritualiza institucionalmente la mirada del otro en tanto que interpreta sus palabras según formas organizadas de existencia; es decir, entiende el sentimiento amoroso según unos códigos de comportamiento legislados y aceptados que la pasión vivida por la protagonista han desgarrado a través del relato. Es, por tanto, una presencia ajena a la pasión y sus consecuencias que probablemente cumple la función de juzgar/diagnosticar y tal vez tratar de enderezar la vida descarrilada de la protagonista. O simplemente evidenciar, por contraste, este descarrilamiento y la acción de los raíles mismos. Porque la resistencia e incluso imposibilidad de comunión de mundos entre la narradora y la narrataria ponen de manifiesto el regreso imposible de la primera a una vida ordenada como la que llevaba antes de aventurarse por los caminos de la pasión. 39 Y no es que ésta considere que hay que instalarse en el descalabro y el caos sino simplemente ha constatado que de algunos lugares no se puede volver, no existe la posibilidad de una marcha atrás. Por otra parte, pues, ajena a cualquier empatía, la narrataria se convierte en un contraejemplo de la figura lectora quien sí, sabe, debe y puede permitirse palpitar con el texto, con el relato de la protagonista y con la novela de Flavia Company. Porque Dame placer remite al goce de narrar, de escribir y de leer; apunta, en definitiva, a la relación afectiva de cualquiera que se asome a un relato. Estamos pues, también, ante una declaración poética: Dame placer y te daré la vida sigue siendo la consigna, tal vez porque la literatura -como advirtió Derrida-toda entera, no es otra cosa que una carta de amor.