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En la que es seguramente la revista más leída (y mejor escrita) sobre crítica de libros, la London Review of Books, apareció en el 2007 un artículo sobre varios libros que habían sido publicados con ocasión del centenario del nacimiento de Hannah Arendt (Robin, 2007). El artículo tenía una doble intención: dibujar un mapa de los temas más recurrentes del expansivo universo académico de los estudios arendtianos, y señalar aquéllos que, a juicio del autor, habían quedado desde su concepción, y siguen quedándose en la actualidad, y de una forma sintomática, en los márgenes. Los temas que se han venido repitiendo hasta la saciedad giran en su mayor parte en torno a la teoría arendtiana del totalitarismo. Según Robin, se trata de ideas promovidas por los numerosos y acérrimos defensores de la política norteamericana en versión Guerra Fría o Eje del Mal, y en forma de armazón teórico con el que representar la psicología social del enemigo: sea el del pasado reciente -la Alemania Nazi-, o la Unión Soviética y el resto de países comunistas, hasta, por supuesto, nuestros días -Al-Qaida, Hamas o la Jihad islámica-. A estos ultraliberales cabría añadir los no menos aguerridos seguidores del liberalismo (político y/o económico) que emergieron en la Francia post-68 desde posiciones radicales de izquierda en la juventud, transformados en la madurez, y sin solución de continuidad, en la vanguardia e intelligentsia del acomodaticio centrismo y del conservadurismo europeos 1. Entrar en el porqué de este uso ad nauseam de ciertas tesis de Arendt por parte de determinados sectores políticos no es lo que me ocupará aquí: mi objetivo será, por el contrario, el de volver a uno de esos temas fundamentales de Arendt que se han ido significativamente dejando a un lado, aquél que tiene que ver con los formidables estudios que la filósofa le dedicó al imperialismo 2. Ellos no sólo trastocan y cuestionan las fáciles aplicaciones habituales de la tesis totalitarista, sino que además, como trataré de mostrar, nos proporcionan un utensilio teórico muy necesario para entender el mundo contemporáneo. De forma particular, y para desarrollar esta idea, quisiera concentrarme en la apropiación que de estos análisis han llevado a cabo recientemente un reducido pero influyente número de politólogos, economistas y colectivos para investigar la coyuntura geopolítica y económica mundial desde el comienzo del nuevo siglo. Creo, no obstante, y aunque sólo se percibirá de manera indirecta, que esta lectura estará respondiendo de algún modo al cómo es que ciertos planteamientos filosóficos, en este caso la teoría del totalitarismo de Arendt, han ganado la batalla hegemónica de las ideas en un momento histórico muy determinado: las fuerzas triunfantes de toda coyuntura geopolítica y económica, y en particular de la que aquí quedará reflejada, necesitan siempre un marco ideológico con el que expresarse. Así es desde luego como interpreta el propio Corey Robin el éxito académico, e intelectual en general, de la teoría arendtiana del totalitarismo 3. dos lógicas en conflicto: el estado-nación y la expansión capitalista Las tesis sobre el imperialismo que aparecen en el primer capítulo "La emancipación política de la burguesía" de la segunda parte de Los Orígenes del Totalitarismo se pueden reducir, sin entrar en los abundantes pormenores históricos que acompañan la narrativa de Arendt, a una serie de rasgos característicos. Estos elementos teóricos son los que conforman el marco conceptual que ha sido retomado en la actualidad por un grupo importante de economistas y analistas políticos para delimitar el campo de fuerzas (económicas, geopolíticas, etc.) desde el que vislumbrar la escena internacional contemporánea. Hannah Arendt toma como período álgido del imperialismo el que tuvo lugar en las tres décadas que transcurren entre 1884 y 1914, aquél en el que la burguesía adquirió una gran preeminencia económica, que no quedó traducida, no obstante, en un fuerte dominio político. Según Arendt, en ese período convulsivo de la historia mundial el estado-nación y sus instituciones se terminaron por establecer como el centro neurálgico de las decisiones políticas, pero también, y simultáneamente, como el marco desde el que se tenían que emplazar las operaciones capitalistas de la burguesía. Este cruce entre los límites territoriales del estado-nación, en buena medida necesitados de un emplazamiento fijo, y las operaciones expansivas e ilimitadas de la economía burguesa capitalista generó un conflicto que sólo se pudo solventar mediante la salida hacia el exterior -más allá de las fronteras estatales-del funcionamiento económico del capital (y del encuadre político, según los países en juego). De ahí que la característica fundamental de la combinación imperialismo y estado-nación fuera justamente su inagotable necesidad de expansión en términos geográficos y monetarios, pero también en términos de movimientos de población. Esta combinación, históricamente nueva de finales del siglo XIX, tuvo su razón de ser, según Arendt, en la especulación empresarial capitalista: es decir, en el siempre infinito crecimiento promovido por el desarrollo de la producción tecnológico-industrial y las transacciones económicas. En el estado-nación europeo del siglo XIX, sostiene Arendt, se había constituido una clase dominante, la burguesa, que paulatinamente se fue encontrando con que los límites nacionales de sus mismo nacimiento le imponían una barrera infranqueable a la expansión económica, necesitada siempre de nuevos territorios, más fuerza de trabajo, un creciente suministro de materias primas, y mercados cada vez más amplios para el intercambio de mercancías. Tal situación le forzó la salida hacia fuera de las fronteras nacionales, a la exportación del sistema económico. El objetivo era poder alcanzar el ritmo de crecimiento impuesto por las demandas capitalistas. El auge de una política verdaderamente a escala mundial (lo que hoy llamaríamos "globalización") provino de la superación de los límites territoriales que se habían ido consolidando desde dos siglos antes aproximadamente, es decir, como consecuencia no sólo de la expansión económica a marchas forzadas, sino también de la exportación, según los casos, de ciertas instituciones políticas a los nuevos territorios conquistados. Pero la expansión característica del imperialismo estuvo lastrada en su mismo ser por una tensión interna. Arendt utiliza el término "contradicción" para dar cuenta de esta tensión. Toma la idea de los análisis de Marx sobre la naturaleza necesariamente contradictoria del capitalismo 4, aunque sin desarrollarla por completo, pues en su caso está únicamente dirigida al estudio histórico del imperialismo: según Arendt, en medio de ese afán expansivo del imperialismo, se daba una contradicción (o disimetría) entre la estructura política (y jurídica, habría que añadir) desde la que se establecían y funcionaban las operaciones industriales y financieras de la clase burguesa (es decir, el estado-nación) y la expansión económica requerida por el imperativo capitalista de la productividad y el crecimiento por el crecimiento mismo: "A diferencia de la estructura económica, la estructura política no puede ser expandida manecen drásticamente separadas de la administración colonial, incluso cuando las primeras no cesan de ejercer un control férreo sobre las segundas. Es decir, el imperialismo persigue la expansión del poder político, pero sin el fundamento de un cuerpo político. En los términos de Marx, se podría diferenciar, a muy grandes rasgos, entre el imperio en tanto que formación social precapitalista, y el imperialismo como formación social propiamente capitalista. Esta diferenciación también le permite denunciar a Arendt los errores de cierta historiografía contemporánea que confunde los conceptos de imperio y de imperialismo con la intención de suavizar estética e ideológicamente los efectos del imperialismo a escala global: "los historiadores contemporáneos, confrontados con el espectáculo de unos pocos capitalistas conduciendo sus búsquedas predatorias de nuevas inversiones... visten el imperialismo con la antigua grandeza de Roma y de Alejandro el Grande, una grandeza que haría más humanamente tolerable lo que estaba ocurriendo" (Arendt, 1976, 132). La denuncia que hace Arendt a la asimilación del concepto de imperio con el de imperialismo tiene también relevancia en la situación geopolítica contemporánea. Siguiendo la propuesta conceptual de Arendt, se podrían muy bien interpretar y criticar, por ejemplo, las tesis centrales que el politólogo Herfried Münkler defiende en un libro con bastante éxito de ventas actualmente en Alemania sobre la historia y lógica del imperio desde una perspectiva de sociología comparativa (Münkler, 2005). El argumento teórico del libro se basa en la idea de que es posible hallar las coordenadas periódicas de la lógica de un modelo transhistórico de imperio -una especie de tipo ideal de imperio reconocible a través de sus distintas encarnaciones históricas-. A grandes rasgos, Münkler argumenta que ya se trate del imperium romanum, del imperio español de los Habsburgo, o los Estados Unidos desde finales del siglo XIX, todo imperio se establece y mantiene (y finalmente es llevado a la desintegración) en la esfera de la dominación mundial predominantemente mediante la intervención militar y política. Su declive cierra un ciclo civilizatorio y hegemónico y es la consecuencia de la pérdida de ese poderío militar y político, de la competencia a muerte y la guerra con nuevas fuerzas emergentes. Pues bien, al no llevar a cabo una distinción conceptual entre la noción de imperio precapitalista y la del imperialismo capitalista, este análisis no presta atención a la creciente importancia, podría argumentarse que a partir del siglo XV, indefinidamente, porque no está basada en la productividad del hombre, la cual es, por supuesto, ilimitada. De todas las formas de gobierno y organizaciones del pueblo, el estado-nación es el menos apropiado para el crecimiento ilimitado porque el consenso genuino que está a su base no puede ser estirado indefinidamente y sólo se puede conseguir raramente, y con dificultades, en los pueblos conquistados" (Arendt, 1976, 126) Más aún, mientras que el estado-nación estaba configurado desde sus inicios y en su mayor parte por la identidad de un pueblo y por instituciones estatales afincadas en un territorio, los requerimientos expansivos de la economía capitalista, su misma necesidad interna de acaparamiento y acumulación de valor, desbarataban sin piedad los límites jurídico-políticos que delimitaban el emplazamiento local de partida. Esta tensión interna al imperialismo permite explicar, por ejemplo, que el modelo del imperialismo francés tuviera un éxito mucho menor que el británico. El imperialismo francés persiguió la difusión bajo una única bandera, la suya, y en algunos casos incluso intentó la creación de la estructura de un cuerpo político colonial en los territorios conquistados que pudiera servir a los intereses del estado-nación francés. En cierto modo se podría argumentar que su proceder era un resquicio de la lógica de la exportación del imperio -de cierta estructura política estable, parecida formalmente al estado-nación-. El modelo británico, por el contrario, el que podríamos caracterizar como propiamente imperialista, separó por completo las instituciones nacionales en casa de la administración colonial en los territorios bajo su dominio (que pasaron a llamarse Commonwealth), aun cuando las primeras ejercieron un fuerte control sobre los segundos, y con el objetivo último de que la expansión económica no se encontrase con los límites provenientes de la configuración de cuerpos políticos estables (y dibujados en gran medida a semejanza del estado-nación). Esta fundamental diferencia tuvo su razón de ser, a juicio de Arendt, en el hecho de que imperialismo y construcción de un imperio son, desde una perspectiva histórica, fenómenos muy diferentes. Y es que no es lo mismo un proceso de expansión por la expansión misma, y la conquista político-militar para obtener territorios, materias primas y productos. La diferencia que se da entre ambos reside en que mientras que el imperio y la conquista se proponen trasladar las instituciones de la nación a los territorios bajo su dominio y en su conjunto, en el imperialismo y la expansión las instituciones nacionales per- político de base, del de las luchas por la independencia provenientes de las sometidas al dominio británico. La expansión imperialista proviene en primer término de una crisis económica por la cual la producción del capital y la emergencia de dinero "superfluo", el resultado de una especie de ahorro excesivo, ya no encuentra una inversión productiva y rentable dentro de las fronteras nacionales y tiene que salir a otras geografías para lograrla. El imperialismo persigue, en principio, que las leyes del capitalismo por sí solas penetren la nueva realidad, recreándola para ofrecer los materiales necesarios para la creación ilimitada de más dinero, de capital. Y sólo de una forma complementaria o subsidiaria aparece cierta forma de estructura política para facilitar esa expansión ilimitada. Así surge, sostiene Arendt, la idea de un poder político ilimitado y sin otro fin que ser concebido como la estructura que dé forma a ese afán expansivo. Pero esta estructura es en sí misma contradictoria puesto que el cuerpo político tiende a la estabilidad y a la fijación institucional y jurídica en un territorio y población nacionales, mientras que la expansión tiende a la desestabilización continua pues consiste en un torrente eterno de cambios que arrasa con todas las formas políticas. No es de extrañar en este sentido que el Leviathan de Hobbes ejemplifique para Arendt la filosofía política que ya en el siglo XVII anticiparía y encarnaría esta contradicción interna al imperialismo (Hobbes, 1985). Hobbes representó filosóficamente la práctica efectiva, constatada por la teoría del imperialismo de Arendt, de que la acumulación de poder deriva en última instancia del beneficio propio, del interés egoísta, de la búsqueda de riqueza y el bien privado. El poder es el control que permite al individuo burgués, desde una posición de aislamiento, mirar por sí mismo fijando los precios y regulando la demanda y la oferta. Y la esfera política no es un fin en sí mismo sino tan sólo el medio para conseguir la seguridad y el orden donde lograr el objetivo del beneficio individual. A estos fines, logrados precariamente, subyace un estado de guerra permanente, de lucha de todos contra todos. La inestabilidad inherente a la comunidad política tan sólo se subsana, en tal estado de cosas, mediante el constante crecimiento del poder político. Sólo un poder político ilimitado, así lee Arendt a Hobbes, consigue estar a la altura del insaciable deseo de la acumulación capitalista, del incansable acaparamiento de propiedad y capital, de la especulación sin límites. pero ya de forma intensiva a partir del predominio holandés en el siglo XVII, de los movimientos transnacionales de flujos de capital, así como las actividades mercantiles que operan en un nivel distinto del estado-nación, y cuya naturaleza necesariamente trasciende las fronteras nacionales. Es decir, la lógica imperialista -especialmente la que derivó de la crisis interna del capitalismo de finales del siglo XIXproviene no tanto o primariamente de la rivalidad interestatal (o inter-imperios) basada en la dominación geopolítica y militar, sino de la competencia económica entre agentes privados y en un mercado cada vez más universal -y, no conviene olvidarlo, en una relación tensional con la lógica territorial y/o configuración del estado-nación. Y, lo que es tan importante, la lectura de Münkler tampoco da cuenta de la enorme variación en el nexo producido por las estrategias capitalistas del estado-nación y la lógica territorial: ha habido estados que han otorgado independencia jurídica a los territorios bajo su dominio, también múltiples situaciones intermedias de semi-dependencia, hasta por supuesto el control directo del territorio y la población en la búsqueda de Lebensraum 5. De hecho, según Arendt, la diferencia que se da entre el imperialismo y el imperio también se traduce en el plano económico: es decir, una cosa es el comercio y la conquista marítima en pro del comercio (propios del imperio), otra muy distinta la expansión por la expansión misma (característica fundamental del imperialismo). El primero no genera la susodicha contradicción entre la estructura estable del estado-nación y las necesidades del comercio (y Arendt argumenta al respecto que se puede exportar el nacionalismo sin que vaya en detrimento del imperio) y el segundo, por el contrario, sí que genera la contradicción. De nuevo, Arendt compara al respecto el caso del imperialismo británico, cuyo rasgo fundamental consistió en el hecho de que no intentó exportar su idea de nación y sus instituciones democráticas a los territorios donde alcanzaba, con el método francés, que se caracterizó por sus desastrosos intentos de combinar la aspiración nacional en los países o zonas receptoras (por ejemplo, Argelia) con la construcción de un imperio. Sus coordenadas básicas no hallaron su plasmación principal en la expansión y especulación capitalistas, sino en la exportación de ciertas ideas y prácticas características del estado-nación. Esta exportación de lo político, también explica, según Arendt, el que la rebelión nacional por parte de las colonias francesas frente al estado francés tuviera un cariz muy distinto, vinculado a un cuerpo nada. Éstos son los que hoy carecen de propiedades. Pero, por otro lado, desde la perspectiva de la crítica de la economía política, se vislumbra que este mito ha ser invertido porque esconde un secreto: no es más que la justificación de una situación presente en la que se constata que mientras que hay individuos que sin trabajar acumulan riqueza sin cesar, otros no poseen otra cosa que su propia fuerza de trabajo, su propia vida, porque han sido desposeídos de todo lo demás. En otras palabras, el mito que desde la perspectiva de la economía política se remonta a un pasado imaginado para justificar en términos del mérito de cada cual las injusticias actuales, lo desmonta la crítica de la economía política como una práctica presente y real de reproducción de desigualdad e injusticia, de expolio, violencia y robos silenciados, convertidos en secretos: "en la historia real desempeñan un gran papel la conquista, la esclavización, el robo y el asesinato, en una palabra, la violencia. En la dulce economía política, por el contrario, reinó desde siempre el idilio [...] En realidad, los medios de la acumulación originaria son cualquier cosa menos idílicos" (Marx, 2000b, 198). Por su parte, Rosa Luxemburgo apunta, desarrollando las intuiciones de Marx, que el fenómeno de la acumulación originaria tiene lugar no sólo en los primeros momentos de la formación y consolidación del sistema de producción capitalista, sino en todas y cada una de las fases históricas de acumulación de capital (Luxemburg, 2003, 434). Juega un papel importante en las primeras etapas del capitalismo europeo, cuando las fuerzas emergentes se lanzaban a la conquista del nuevo mundo, de países productores de materias primas como la India. Pero también tiene lugar acumulación originaria en tanto que una forma de sujeción de las colonias en los siglos posteriores mediante la paulatina destrucción de las organizaciones político-sociales de las sociedades primitivas y la concomitante apropiación de sus medios de producción, la introducción forzosa del comercio de mercancías y la conversión de los nativos en un proletariado colonial forzado a trabajar sin remedio por un salario. Todo esto, señala también Luxemburgo, viene siempre acompañado de un fuerte militarismo mediante el cual se fuerza la apropiación originaria en las zonas no capitalistas, esto es, su progresiva transformación al capitalismo: "El imperialismo es la expresión política de la acumulación de capital en su lucha competitiva por lo que todavía permanece abierto en el entorno no capitalista" (Luxemburg, 2003, 426). El imperialismo se expande me-Hay otro factor que Arendt considera extremadamente relevante a la hora de delimitar la lógica del imperialismo: junto a la exportación del capital inherente a la expansión productiva, la enorme riqueza (y la pobre redistribución que la acompaña), el imperialismo se hace posible mediante "una acumulación original de capital". Este concepto lo toma Arendt de El Capital de Marx (Marx, 2000b, 197-259), así como de los estudios de Rosa Luxemburgo sobre la acumulación de capital y el imperialismo (Luxemburg, 2003). Consiste en una repetición de la apropiación del capital, por parte de la burguesía, a partir del robo y del expolio de otros lugares de la tierra y como consecuencia de las necesidades expansivas de la acumulación por la acumulación misma. Arendt trae a colación en este sentido diversos tipos de métodos fraudulentos que se practicaron en numerosos lugares del planeta (Panamá, Sudáfrica, etc.) para la obtención de capital y la futura consecución de beneficios. Los dueños de riqueza superflua perseguían en un primer término la expansión por la expansión misma, sin someter a sus empresas a ningún tipo de control político y jurídico "en una orgía sin paralelo de estafas, escándalos financieros y especulación en la bolsa, tanto más alarmante cuanto que las inversiones en el extranjero crecían mucho más rápidamente que las domésticas" (Arendt, 1976, 149). Sólo en un segundo momento, cuando las empresas llevaban más tiempo funcionando en un determinado lugar, sólo entonces se buscaba el amparo de las instituciones políticas y la reglamentación jurídica, pero exclusivamente como un instrumento de protección de la propiedad privada recién adquirida mediante el expolio y la destrucción. La explicación de Arendt sigue al pie de la letra las magistrales páginas de Marx en el primer volumen de El Capital dedicadas al "secreto de la acumulación originaria". En Marx, la acumulación originaria se distingue por dos aspectos paralelos: por un lado, tiene la función de mito para la ideología burguesa y para la economía política en tanto que punto de partida previo a -y fundador dela acumulación capitalista: "Esta acumulación originaria desempeña en la economía política aproximadamente el mismo papel que el pecado original en la teología" (Marx, 2000b, 197). En un pasado remoto -así reza el mito-hubo determinados individuos o grupos que se hicieron con una gran cantidad de riqueza gracias a su laboriosidad y su capacidad ahorrativa, y a diferencia de la ociosidad y holgazanería de aquéllos que pasaban el tiempo sin hacer rialismo, fase superior del capitalismo (Lenin, 1948) 7, publicado originariamente en 1916, y donde se ofrece un análisis de cómo la transición del capitalismo liberal al capitalismo monopolista definió no sólo el pasaje al imperialismo salvaje, sino también a la grave situación de rivalidad inter-imperialista que finalmente concluyó en la Primera Guerra Mundial. El capitalismo monopolista significó una etapa nueva, más allá del capitalismo competitivo de mediados de siglo, porque en él el capital financiero se asentó mediante una alianza entre las grandes empresas y el capital bancario que acabó imponiéndose a los estados mismos. Y la concentración y la centralización del capital que este proceso acarreó llevaron asimismo consigo una explotación nunca vista de la periferia. Lo que los anteriores análisis resaltaron fue el hecho de que el imperialismo, especialmente el británico de finales del siglo XIX, fuese una consecuencia directa de la expansión comercial resultante de una crisis y de una transformación económica a gran escala. Si Gran Bretaña acompañó sus necesidades expansivas de una política militar, lo hizo primariamente como consecuencia de los imperativos económicos, y no como un fin en sí mismo de dominación político-militar. Así se explica, por ejemplo, la enorme influencia que ejerció en Sudamérica, el que tratase de establecer, con la ayuda de su dominio marítimo, tratados comerciales y relaciones financieras con los territorios de ultramar. Aunque el sometimiento de la periferia a la metrópoli no fue total (es decir, era técnicamente hablando "informal") y se mantenía la separación entre ambas, sí que se producía una dependencia en el plano económico, consecuencia de las necesidades expansivas del capital británico. Hannah Arendt toma estas conclusiones en sus análisis sobre el imperialismo y se sitúa por tanto en una línea muy próxima a las tesis marxistas, en el sentido, ya citado, de su diferenciación con respecto a la noción de imperio y el énfasis que pone en el proceso histórico, afectado por las formas políticas, de la expansión económica. El sistema de producción capitalista atravesó distintas etapas de desarrollo y la etapa del monopolio fue la que creó las condiciones para la expansión imperialista, ayudada de fuerzas militares y de dominio político. El imperialismo no tuvo sólo lugar (ni lo sigue teniendo hoy día) principalmente mediante los actos de los estados-naciones en su lucha por la hegemonía, sino mediante las acciones de las corpora-diante la extorsión, la falta de ley, la violencia y la agresión continua frente al mundo no capitalista. Como resumen, la lógica expansiva del imperialismo, según Arendt, consiste en tres rasgos esenciales: (1) se sostiene bajo la forma del conflicto entre la configuración estable de las instituciones jurídico-políticas y territoriales, por un lado, y la lógica de la acumulación capitalista, por otro; (2) la contradicción inherente entre estas dos lógicas sólo se resuelve mediante la expansión geográfica; y (3) a la base de esta expansión geográfica tiene lugar una acumulación originaria de capital, tal y como Marx concibió este proceso. otros antecedentes de la teoría del iMperialisMo de arendt El período investigado por Arendt, el que transcurre entre el último cuarto del siglo XIX y la Primera Guerra Mundial, y con protagonistas a las grandes potencias europeas en su brutal competencia por materias y mercados, recibe comúnmente el nombre de "nuevo imperialismo". En 1898 apareció ya un artículo de Charles A. Conant, "The Economic Basis of Imperialism", en el que se exponía que el imperialismo era el proceso que se derivaba de la necesidad de absorción del capital excedente en un momento de crisis doméstica y falta de salidas a la inversión 6. Según esta descripción, el conflicto de las grandes potencias en distintos lugares del mundo, asociado a la emergencia del capitalismo monopolista, era de un calibre muy distinto -de ahí el adjetivo de "nuevo"-que el colonialismo que le precedió. En los análisis del clásico de 1902 Imperialism: A Study (Hobson, 2006), sobre el imperialismo británico, se acentuaba asimismo que la mejora de los métodos de producción y la concentración de la propiedad y el control iban necesariamente de la mano de una tendencia imperialista. A medida que las naciones europeas iban adoptando métodos industriales avanzados, se les hacía más y más difícil encontrar los mercados para dar salida a los recursos económicos excesivos y al capital excedente. La capacidad de crecimiento y de producción dentro de los países superaba la posibilidad de consumo, de manera que en el mercado sobraba tanto dinero como faltaban espacios donde invertirlo con rentabilidad. El otro gran referente del imperialismo es el libro de Lenin, El Impe-tipo a nivel mundial. Por otro lado, la lógica de acumulación consiste en procesos moleculares de acumulación de capital en el espacio y el tiempo, a través de distintos territorios, y mediante las prácticas de la producción, el intercambio, el comercio, los flujos de capital, la migración del trabajo, la transferencia de tecnología, la especulación monetaria, los flujos de información, de cultura, etc. Se trata, por consiguiente, de dos lógicas distintas puesto que tienen motivaciones distintas: la del capital busca la acumulación (la expansión por la expansión misma en Arendt), la de la política persigue principalmente el aumento del poder estatal con respecto a otros estados. La del capital opera en un espacio y tiempo ilimitados, mientras que la política opera en un territorio y por un tiempo determinado [Aparte del trabajo de Arendt, Harvey también cita el monumental libro de Giovanni Arrighi sobre las distintas épocas del desarrollo capitalista desde sus orígenes hace 700 años. Las dos lógicas reciben aquí los nombres de "territorial" y "capitalista" (Arrighi, 1994)]. Según Harvey, la lógica política y la capitalista pueden atravesar momentos de gran antagonismo. Para el caso que Harvey estudia, esto significa que no se puede interpretar la invasión de Irak simplemente como funcional con respecto a los requisitos de la acumulación del capital. La relación entre ambas tiene que interpretarse dialécticamente: esto es, ni funcionalmente con respecto a la acumulación del capital, ni unilateralmente con respecto al dominio político, militar y geoestratégico. Ahora bien, según el momento histórico-geográfico, lo que sí que ocurre es que una de las dos lógicas puede dominar a la otra. Lo característico del imperialismo es que la lógica propiamente capitalista domina -aunque puede haber momentos, dentro de un período histórico imperialista, en que predomine la lógica territorial-. Si la lógica de acumulación y expansión capitalista es de naturaleza ilimitada en lo temporal y espacial, la pregunta que se plantea Harvey es la misma que ya se hiciera Arendt: ¿Cómo puede responder la lógica territorial, limitada a un territorio estatal, a la lógica infinita de la acumulación capitalista, de naturaleza ilimitada? Y Arendt misma le proporciona la respuesta: "una acumulación sin fin de propiedad debe basarse en una acumulación sin fin de poder. El proceso de la acumulación ilimitada de capital necesita la estructura política de un 'poder tan ilimitado' que pueda proteger la propiedad creciente al hacerse constantemente más poderoso" (Arendt, 1976, 143 8; también citado en Harvey, 2005, 34). En un período imperialista hay ciones, los agentes privados, y los mecanismos internacionales de intercambio, finanzas e inversiones y, eso sí, de la mano de un poder político y jurídico que los acompaña y los da forma, que los ayuda jurídica y militarmente, y con los que está constitutivamente en conflicto. el nuevo iMperialisMo según david Harvey ¿Por qué se están interesando en la actualidad diversos politólogos, sociólogos y economistas en las tesis de Hannah Arendt sobre el imperialismo? Si nos retrotraemos unos 20 años, no es difícil constatar que hacia finales del siglo XX, y en particular después de la caída del muro de Berlín, se estaba dando una situación en el plano internacional que a primera vista parecía bastante favorable. A grandes rasgos, este período se caracterizó por: (1) la OTAN se afianzaba como única fuerza mayor tras la descomposición de la URSS; (2) se daba cierto renacer económico de especulaciones explosivas tras un lapso de 25 años de declive financiero; (3) Europa se situaba cómodamente en el ámbito de influencia atlántico; (4) se iniciaba una sinergia con China, que suplía mano de obra y mercancías baratas; (5) en el plano militar, la ONU hacía la vista gorda frente a los pequeños excesos de EEUU, y se montaban iniciativas de intervención en otros países, violando la Carta de la ONU, con el deseo y la voluntad de que estas excepciones servirían al objetivo de la consecución de la democracia en el futuro. Pues bien, esta situación queda rota de una forma manifiesta con el ataque terrorista a las Torres Gemelas, la llegada de George Bush Jr. al poder, la "guerra contra el terror" y la posterior invasión de Irak. Los analistas que vuelven a Hannah Arendt encuentran en su teoría los elementos teóricos desde los que conceptualizar esta ruptura, así como la constelación política, geoestratégica y económica que se ha derivado de ella. En el primero de los libros que nos ocupa, denomina David Harvey "imperialismo capitalista" a una fusión contradictoria entre la política del estado y la del imperio (Harvey, 2005). Por falta de espacio, me limitaré a exponer los puntos teóricos en los que el autor remite a los análisis de Hannah Arendt sobre el imperialismo. Por un lado, el imperialismo se define como un proyecto político de ocupación y organización de territorios con fines políticos, económicos y militares, y conlleva estrategias de distinto de la acumulación original es la fuerza constante en el imperialismo que crea al tiempo que necesita tierras vacías, nuevos recursos materiales, más fuerza de trabajo. ¿Cómo se traduce esta acumulación por desposesión en situación global actual? Los fenómenos que cita Harvey son, entre otros: la mercantilización y privatización de la tierra, la expulsión a la fuerza de la población campesina, la conversión de derechos de propiedad (comunes, colectivos, estatales, etc.) en derechos de propiedad privada exclusiva, la mercantilización de la fuerza de trabajo y la supresión de formas alternativas (indígenas) de producción y consumo, la monetarización del cambio y los impuestos, la creciente deuda nacional, y el sistema de créditos 11. un colectivo frente al iMperialisMo: retort El colectivo Retort, afincado en la bahía de San Francisco, está formado por 40 personas provenientes de distintas esferas: entre ellas hay activistas, académicos, artistas, etc. y ha sido uno de los más activos en las manifestaciones contra la política exterior norteamericana durante el mandato de George Bush. El lema con el que salió a la calle fue: "Ni su guerra ni su paz" 12. Para Retort el concepto de acumulación primitiva u originaria, tomado de Marx vía Arendt, es el utensilio teórico básico para explicar la prolongada vida del capitalismo: no consiste en un fenómeno del pasado, sino en un proceso incompleto y recurrente, que está actualmente teniendo lugar y que ellos hacen remontar a la Doctrina Monroe de 1823, es decir, a la primera formulación política de la independencia norteamericana en lo que se refiere a su política exterior. La acumulación originaria se sigue dando no sólo porque la clase de los pequeños trabajadores propietarios de tierra haya sido bastante resistente al capitalismo, y sigue hoy en el siglo XXI luchando por su supervivencia, también porque el colapso de los "socialismos realmente existentes" produjo unos cientos de millones de nuevos campesinos. Si la acumulación depende de la multiplicación del proletariado "verdadero", los últimos 30 años -y contra la opinión predominante que sostiene que el proletariado como tal ha desaparecido-son testigos de que nunca terminan de desaparecer los obstáculos para la creación de esta uniformidad (Retort, 2005, 75). Y tam-un estado hegemónico que necesita mantener su posición en relación a la acumulación de capital y que necesita extender, expandir y intensificar su poder político -lo que es perfectamente legible, según Harvey, en la política exterior de los Estados Unidos desde los años 1990. La otra pregunta que se hace Harvey es si los Estados Unidos tienen hoy el suficiente poder estratégico y de recursos, el suficiente poder político, para efectivamente ser ese dirigente o administrador a escala global de la acumulación ilimitada de capital. Es decir, a nivel internacional, Harvey se cuestiona por un lado si tienen los Estados Unidos la suficiente fuerza militar y política para mantener el consenso internacional de los países afectados, involucrados o de los observadores 9. Y en el plano doméstico, Harvey investiga por otro lado cómo se asienta y legitima actualmente el poder político en Estados Unidos. Aquí de nuevo echa mano de los análisis de Arendt sobre el imperialismo, también de los que aparecen en el capítulo 5 de la segunda parte, para señalar que, en efecto, se puede producir una suspensión de la lucha de clases interna mediante la construcción de una alianza entre lo que Arendt denomina "the mob" (el populacho) y el capital dentro del estado-nación 10. Harvey también actualiza el concepto marxiano de la acumulación originaria y denomina "acumulación por desposesión" al fenómeno por el cual se deja en la intemperie absoluta a grupos enteros de población que en un momento dado no logran incorporarse plenamente al mercado de trabajo, y se quedan como un ejército de reserva industrial para ser utilizados cuando el momento lo requiera. Según Harvey, el capitalismo necesita un otro, una especie de afuera con el que alimentarse cuando le resulte necesario. O bien un otro exterior que ya está ahí, un entorno no capitalista (otro país, pero también domésticamente: la educación, la sanidad por ejemplo), u otro que se puede manufacturar activamente. Y, de nuevo en este segundo caso, la referencia es Arendt, en este caso los análisis que la filósofa le dedicó a las depresiones de 1860 y 1870 en Gran Bretaña, que transformaron una economía capitalista basada en la producción a una economía de especulación financiera. Harvey traslada esos mismos análisis al neoliberalismo y movimientos especulativos en gran escala durante los años 80 y 90. Como hemos visto, según Arendt el proceso el iMperialisMo Hoy: las tesis de arendt en la encrucijada de los debates conteMporáneos Lo que está en juego en los libros analizados es cómo interpretar la etapa de Bush Jr. en el poder no sólo en tanto que una etapa imperialista caracterizada por una fuerte alianza de lo militar y lo expansivo y de unilateralismo -reflejados en el ataque a Afganistán y la invasión de Irak-, sino también como un episodio sintomático dentro de un proceso mucho más largo de hegemonía norteamericana y de turbulencias económicas domésticas con repercusiones a escala global (El factor principal dentro de estas turbulencias está siendo, de forma cada vez alarmante, la creciente deuda). En ellos se ponen asimismo sobre el tapete una serie de utensilios teóricos, aprendidos de Arendt (y de Marx), y manejados dialécticamente para abordar la coyuntura mundial actual atendiendo simultáneamente a factores económicos, geopolíticos y militares. Ahora bien, aun siguiendo a grandes rasgos los parámetros de Arendt, las lecturas, interpretaciones o predicciones que se siguen en cada caso pueden ser divergentes (tanto si se investiga la política exterior norteamericana, como si lo que se estudian son otros casos más locales de expansión acumulativa del capital): 1) Retort considera que la etapa de Bush Jr. se ha tratado de una etapa más del desarrollo capitalista, el cual tiene como centro neurálgico de momento, hasta la posible ascensión de China o la India, a los Estados Unidos. Sería, por consiguiente, una etapa más de una guerra permanente capitalista, eso sí, con ciertas etapas más militaristas y otras menos, pero cada vez más necesitada del dominio espectacular, geoestratégico y mediático. 2) Se podría interpretar, no obstante, que la necesaria conexión que establece Retort entre la lógica expansiva del capitalismo y la de la guerra es demasiado forzada. Se están dando casos de expansión por expansión misma, de acumulación originaria -el tsunami inmobiliario, a escala mundial por ejemplo-sin uso de violencia explícita. 3) También se podría considerar con Harvey, y siguiendo a Gramsci, si lo que está en juego en el imperialismo actual son etapas del capitalismo en las que prevalece o bien la fuerza/la violencia, o bien el consenso. Esta bién porque la desposesión de los trabajadores no es la única forma de acumulación primitiva. La desposesión se puede dar a nieveles muy distintos, como decía Arendt: "el pecado original del simple robo debe ser repetido para que el motor de la acumulación no se ralentice" (Retort, 2005, 76). De ahí los movimientos periódicos del capitalismo hacia fuera, hacia geografías y zonas que pueda saquear sin oposición (Esa falta de resistencia es la que se esperaba en el caso de Irak). Pero del mismo modo también se explica su impulso hacia dentro, hacia la profundidad de la fábrica de lo social, en búsqueda de más y más recursos que privatizar (pensiones, viviendas, bosques, etc.). En los mismos términos explica asimismo Retort la devaluación a gran escala de la riqueza, la permanente transferencia a través de las fronteras y hacia el exterior de los recursos locales 13. Pero Retort también se pregunta por qué este proceso de acumulación primitiva necesita regularmente una forma imperialista militar, por qué tiene que ir de la mano de todos los recursos militares del estado. Las razones por las que un estado se decide por la acción militar suelen ser pocas veces puramente económicas: se trata de razones económicas y también "espectaculares" y geopolíticas. Para el caso de la invasión de Irak, los Estados Unidos no actuaron pensando que el petróleo ya es un bien escaso en el momento presente, sino que están anticipando el momento en que se llegue en el futuro a la mayor cota de extracción y a partir de ahí haya que ir disminuyendo las cantidades que se van extrayendo. Es decir, lo que subyace a la decisión no es una razón meramente económica (aunque también lo sea), sino una cuestión estratégica y geopolítica. Esta multiplicidad de factores se anudan en la idea de "guerra permanente", cuya conceptualización básica toman de la lectura arendtiana de Hobbes y del mismo modo que ya lo hiciera David Harvey: "El proceso ilimitado de la acumulación de capital necesita la estructura política de un 'poder tan ilimitado' que puede proteger la propiedad creciente haciéndose cada vez más poderoso" (Arendt, 1976, 143). La guerra no es un fenómeno excepcional a los procesos de modernización capitalista, sino un fenómeno consustancial a ellos, especialmente durante los últimos 200 años, desde que Estados Unidos se convirtió en hegemónico después de que la guerra de 1812 acabó con los designios británicos en el Atlántico norte. La guerra irá en aumento hasta la futura consecución de un estado de guerra permanente. el diario británico "The Guardian" escrito por Hardt, justamente cuando empezaba la invasión de Irak, y en la que argumentaba que Bush se estaba alejando de la lógica del capital que tan efectivamente había desempeñado Bill Clinton, -y que Hardt veía como la lógica natural a nuestro período histórico (Hardt, 2002)-. Las críticas a la lectura del imperio de Negri y Hardt han sido múltiples y aquí no puedo entrar a analizarlas 14. 6) En cualquier caso, los estudios sobre el imperialismo de Hannah Arendt ponen claramente de manifiesto que un capitalismo ajeno a las fricciones violentas entre estados, o violentas con respecto a los territorios sometidos a los efectos de la expansión capitalista, nunca ha tenido lugar por completo. Viendo el poco éxito de la invasión de Irak, parece que este tipo de operaciones bélicas se van a convertir en un riesgo demasiado alto de asumir en el futuro. Sin embargo, los líderes del partido demócrata, victorioso en las elecciones al congreso del pasado mes de noviembre, tampoco están mostrando ningún tipo de interés en cambiar los parámetros básicos de esta lógica que desgraciadamente desde hace más de un siglo nos acompaña (Brenner, 2007) (Davis, 2007). consideración podría llevar a hacer distinciones en términos de qué estados favorecen una u otra medida, y establecer así los parámetros de coordinación o conflicto que se dan en las relaciones interestatales. Aún más, cabría asimismo conjeturar si cuando se llega a la violencia extrema se pueden transformar incluso las coordenadas mismas del estado burgués y su sistema de libertades, de tal forma que deje ya de serlo y se convierta en otra cosa (Así se ha interpretado desde muchos frentes la "Patriot Act" norteamericana). Es decir, se trataría de articular la dialéctica siempre en transformación entre el desarrollo a largo plazo de la expansión capitalista y las relaciones inter-estatales. 4) Pero también se puede pensar, como lo hacen Toni Negri y Michael Hardt (Hardt y Negri, 2001, 221-239) y en este caso a diferencia de Hannah Arendt, que hemos entrado en una etapa del capitalismo en que ya no se puede hablar tanto de estados soberanos, de una lógica que se pueda definir en lo puramente territorial, sino más bien de una lógica de expansión que ha arrasado con la etapa del imperialismo (el cual requería en su misma definición, como hemos visto, el conflicto entre lo expansivo y lo territorial). En este sentido, es interesante traer a colación un editorial en imperio que no puede acabar siendo sino una rehabilitación del concepto y las prácticas del imperio. 7 Hannah Arendt critica la idea de que el imperialismo se trate de la "última" etapa del capitalismo en referencia a Lenin sin darse cuenta de que Lenin quería más bien decir la etapa más desarrollada del capitalismo, es decir, la etapa monopolista: (Arendt, 1976, 138). 8 De ahí deriva, según Arendt, la ideología del progreso de finales del s. XIX que presagió el nacimiento del imperialismo -y cuya crítica Arendt toma de Walter Benjamin (Mate, 2006). 9 El aparato teórico proviene en este caso de: (Gramsci, 2001). 10 En estos términos, por ejemplo, interpreta Tom Mertes el voto del proletariado norteamericano en la segunda victoria de George Bush en el 2004 (Mertes, 2004) consecuencia inmediata de la falta de alternativas ofrecidas por la izquierda demócrata tras el progresivo desmantelamiento, también en el período Clinton, de los últimos resquicios del "New Deal". El éxito republicano en el logro del voto de la clase trabajadora más pudiente mediante la fórmula ideológica de la defensa de los valores familiares se consiguió en un entorno (el de los estados sureños de los Estados Unidos) fragmentado e individualizado al máximo y dispuesto a aferrarse a formas de afiliación no relacionadas con la clase: la familia patriarcal, el nacionalismo militarista y el fundamentalismo protestante (Brenner, 2007, 46-49). 11 Para una crítica al sistema de microcréditos y el proletariado informal desde la perspectiva de la crítica marxista a la "acumulación originaria": (Davis, 2004). (estalinismo) reducen al individuo a la animalidad más básica. Robin subraya la pobreza conceptual de estos análisis en lo que se refiere a la falta de una paciente toma en consideración de los factores políticos, económicos y de poder específicos de cada caso, desaparecidos todos bajo el manto del común denominador de la anomia desértica del totalitarismo. También recuerda el comentario que el crítico Irving Howe hizo sobre la tesis arendtiana del totalitarismo hacia finales de la Guerra Fría, el que tuvo que realizar en su defensa frente a los ataques a los que fue sometida por los historiadores: se trata, según Irving Howe, de una intuición metafísica, una ficción límite e imaginativa, más próxima a la especulación filosófica que al análisis histórico y político riguroso. 4 En Marx la contradicción del sistema de producción ya se encuentra in nuce en la mercancía entre los dos polos de la forma del valor, los que posteriormente se desarrollan a medida que esta forma también se va desarrollando en sus sucesivas encarnaciones (Marx, 2000a). 5 Una magnífica crítica de este libro es (Teschke, 2006) donde aparte de subrayar lo que significa eliminar al estilo de Münkler el análisis marxista de la lógica imperialista, es decir, la crítica al imperialismo como fuente de genocidios, racismo, guerra permanente, desplazamientos de masas de población, epidemias, etc., -nada de lo cual aparece en el libro en cuestión-, se hace también una pequeña biografía de la bastante típica trayectoria intelectual y académica del politólogo alemán, desde una posición marxista en la juventud, hasta esta supuestamente neutral descripción de la transhistoricidad de la lógica del ARENDT Y EL NUEVO IMPERIALISMO
En el trasfondo de la cuestión moral está, según la aborda Arendt, el problema del mal (que también tiene una dimensión política). La autora conceptualiza este problema en dos formulaciones distintas, la del mal radical y la del mal banal, formulaciones que ella misma explicó y entendió como diferentes y antagónicas. Estudios posteriores sobre su obra, sin embargo, coinciden en mantener que son coherentes y compatibles entre sí. La banalidad del mal constituye un concepto nacido tras la constatación de que no hay trasfondo demoníaco del mal, de que éste es tan superficial como superficiales son los hombres capaces de practicarlo. Es un concepto que nace a raíz de la obra Eichmann en Jerusalén (1963), a propósito del juicio del criminal nazi. El concepto de mal radical, sin embargo, era bastante anterior (de 1951, año de publicación de la obra Los orígenes del totalitarismo). A partir de la formulación del concepto de banalidad del mal, Arendt considera que ha modificado su planteamiento con respecto a este problema, como mantiene en la carta a Scholem 1. En esa carta distingue entre mal radical y mal extremo, concepto que utilizará abundantemente en sus reflexiones éticas posteriores a Eichmann en Jerusalén. El mal extremo tiene en común con el mal radical el tratarse de un mal inhumano, que deshumaniza, un mal propio de acontecimientos que nunca debieran de haber ocurrido. La diferencia que Arendt apunta como definitiva entre las nociones de mal radical (incompatible, según ella, con el concepto de banalidad del mal) y mal extremo (compatible a todas luces, pues aparece en la etapa posterior a su cambio de opinión), es que según el segundo el mal carece de profundidad y es superficial. En cualquier caso, no es éste el lugar para analizar los conceptos de mal de la autora de manera minuciosa. Digamos solamente que el problema del mal se le plantea a Hannah Arendt vivencialmente, a raíz de los regímenes totalitarios y los campos de concentración y exterminio. Se le plantea desde la experiencia y no en abstracto, no meramente en el plano conceptual. ¿Qué significa partir de una experiencia? Para ella, significa partir de lo que con naturalidad llamaba "hechos", "fenómenos". Cuando escribió su libro Eichmann en Jerusalén se sorprendió de la inmensa polémica suscitada por lo que en su opinión se trataba no de una reflexión teórica, sino un informe de los hechos que había presenciado durante el juicio del criminal nazi, complementados con sus propias investigaciones acerca de acontecimientos que le permitían valorar las acciones y cavilaciones del jurado. Sin duda, esta metodología que toma como punto de partida la experiencia, la vivencia de los hechos, tiene un carácter fenomenológico. En ese sentido, se le criticó a Arendt que llamase hechos o fenómenos a acontecimientos que estaban sin embargo lejos de tal objetividad, pues eran mostrados desde su particular punto de vista. Esta crítica aparece, por ejemplo, en la carta que Scholem le escribió criticando duramente su libro Eichmann en Jerusalén 2. Podemos explicar la actitud de Arendt en términos orteguianos. Ella afirmaba partir de hechos, a pesar de que partía de un punto de vista, porque no habría otra manera más objetiva de partir de los hechos. Un sujeto no puede desembarazarse de las circunstancias, ellas forman parte de él y él de ellas. No hay posibilidad de explicación o de comprensión al margen del propio punto de vista. La oposición sujeto-objeto tradicional (o sujeto enfrentado a unos hechos desnudos) no sirve aquí. Cuando Arendt habla de hechos no puede más que referirse a experiencias, es decir, a hechos vividos (no necesariamente vividos directamente, puede ser también que hayan sido vivenciados a través de la investigación). Según esto, lo único que Arendt puede ofrecer, de la misma manera que cualquier otro investigador, son acontecimientos vividos, pasados por el tamiz de la comprensión de quien los narra, explica o relata. En favor de Scholem en esta polémica se podría decir que, efectivamente, en Eichmann en Jerusalén es muy patente el punto de vista de la autora, su perspectiva peculiar, a veces marcada por un estilo irónico. En contra, que difícilmente el punto de vista arendtiano podría dejarnos ver los hechos, pues esto es imposible. Los hechos no pueden "verse" en directo, nadie puede relatarlos o explicarlos, desde la historia, la filosofía o la literatura, de tal manera que elimine su propio punto de vista. Sin punto de vista no se puede ver. acción y banalidad del Mal Dos de los conceptos quizás más importantes y significativos de la obra de Arendt, el de acción y el de banalidad del mal, nacen de la experiencia de los totalitarismos, del tratamiento que estas formas de gobierno hicieron de las personas y de la deshumanización que practicaron en los campos de exterminio. El concepto de acción merecería por sí mismo un estudio aparte: es la libertad entendida como comienzo. Este concepto podría tener su origen en una pregunta que subyace a Los orígenes del totalitarismo: ¿de qué carece el hombre dominado por el totalitarismo? ¿qué le falta para ser plenamente persona? La respuesta es, claro, desde una determinada forma de entender al hombre, la acción 3. Esa determinada forma de entender al hombre es la de un ser único, irrepetible, al que la dominación totalitaria impide mostrar su espontaneidad, su carácter de diferente de cada uno de sus semejantes. La acción no es sólo política, pero hay una acción política. En cualquier caso, la acción es parte de la vida activa del hombre y es una forma en que éste puede mostrarse ante la comunidad de la que forma parte. La política, para Arendt, es una relación, posible sólo por la pluralidad de los hombres. Sin acción, sin iniciativa personal en libertad, iniciativa practicada a través de la palabra, no hay política. Ahora bien, el individuo, aunque ciertamente se muestra al mundo al actuar, sólo construye su identidad en ese revelarse, que presupone el conjunto de seres humanos que le rodean y que actúan a su vez. Los hombres actúan y, en tanto que la iniciativa particular se inicia en el sujeto, que es él mismo comienzo, hay un componente subjetivo en la política arendtiana. Pero en el campo de la política predomina el componente que podríamos llamar intersubjetivo, pues ya hemos dicho que la pluralidad de los hombres es la condición necesaria para que pueda haber política. Además, la identidad personal se construye entre los otros. Sólo cuando me presento en público y tomo la iniciativa me identifico, no solamente ante los demás, sino también ante mí misma/o. El concepto de banalidad del mal será aquí más central que el de acción, pues vamos a ocuparnos principalmente de la subjetividad de la ética arendtiana, y la acción corresponde al terreno de la política. De la misma manera que en el caso de la acción, las perplejidades que le suscitaron a la autora la personalidad de un criminal nazi durante su juicio y las condiciones de los hombres y mujeres que fraguaron o vieron fraguar los totalitarismos (en Los orígenes del totalitarismo), le llevaron a formular el concepto de banalidad del mal. Entre estas condiciones está por ejemplo la El diagnóstico de Arendt es adecuado cuando señala que la moral se ocupaba en la filosofía clásica griega de las virtudes políticas del ciudadano. Al lector actual de la Ética a Nicómaco le sorprende encontrarse con esto, pero en Aristóteles las virtudes no tenían como fin la bondad del individuo, su realización personal, sino la buena marcha de la convivencia en la ciudad. La felicidad, el bienestar de todos, era el fin de la política y el de la ética (subordinada a ella), pero no como fin de un proceso de mejora de las personas individuales, sino más bien como un asunto que concierne a todos, un asunto común. ¿Qué problema hay en llamar a un asunto común, en el que varios tienen que ponerse de acuerdo, moral?, podría preguntarse. Ninguno, excepto para Arendt, que considera que los asuntos de la ciudad, los que conciernen a la convivencia común, son estrictamente políticos. En el análisis histórico arendtiano, el carácter mundano de las éticas clásicas ha sido históricamente sustituido poco a poco por la evasión del mundo que propone el cristianismo. De esta manera, las preocupaciones ensalzadas no son las preocupaciones terrenales, sino las que conciernen a la pureza del alma, necesaria para el goce y la evitación del sufrimiento en el Más Allá. También las escuelas helenísiticas de la moral (de las que ha bebido, precisamente, el cristianismo), abogaban por una moral intimista, incluso podríamos decir que subjetiva, donde el fin era la ataraxia o desarrollo pleno del propio individuo, no la buena marcha de la vida común. Para Arendt, preceptos como el de "no matarás" o "no levantarás falso testimonio" 4 tienen su justificación clara en el hecho de que los hombres, singulares y distintos, han de convivir en un mismo planeta. Y son, en tanto que conciernen a la conducta del hombre en el mundo, cuestiones políticas. Los asuntos que conciernen a la conducta del hombre para consigo mismo son cuestiones éticas 5. Si tomamos el punto de vista de las categorías de moral y política a las que estamos acostumbrados, Arendt introduce algo moral en lo político, introduce valores, hace de la política una ciencia normativa. De esta manera, considera que la política exige como presupuesto la libertad humana y la asociación espontánea y voluntaria de los hombres. Ésta es ya una definición normativa de política, prescriptiva y no realista o descriptiva. El único ideal político es, para nuestra autora, "permitir a los hombres vivir juntos" superficialidad del hombre resultante de la modernidad. Ya a simple vista la banalidad del mal puede relacionarse bien con la superficialidad de los hombres. La banalidad del mal concierne al sujeto cuya práctica del mal no lleva tras de sí perversidad alguna (puede actuar con otros motivos, pero no con motivos malvados). Es un concepto subjetivo, por tanto; el mal es banal en virtud de las motivaciones (más bien de la ausencia de éstas) intrínsecas al sujeto. ra la razón humana podría servir como fundamento de una ética que definiese el bien y el mal, en vistas de los terribles acontecimientos. La cuestión es que no parece difícil aceptar que hubo una "moral nazi" si por moral se entiende una serie de normas que se convirtieron en habituales; lo difícil es aceptar que fue una moral con pretensiones de universalización, pretensiones que quizás podrían haberse visto cumplidas. En este sentido, durante los períodos totalitarios hubo moral; lo que no hubo fue política, teniendo en cuenta su definición normativa de la misma. El problema que acucia a Arendt es el siguiente: tras la vuelta a la "normalidad" después del caos nazi, se precisan unos conceptos de bien y de mal que nos permitan dirimir si los actos de Eichmann y de otros muchos (que causaron un inmenso mal pero que no se sienten culpables, alegando en muchos casos que obedecieron a escala masiva) fueron malvados o no, dejando al margen la cuestión legal. Y teniendo en cuenta que en su momento y de acuerdo a sus circunstancias, actuaron no sólo conforme a la ley, sino también conforme a la moral que se había impuesto. Además de que, a menudo, como Eichmann, no sintieron remordimientos de conciencia al cometer los actos criminales, y afirmaron que los habrían sentido en el caso de haber desobedecido las órdenes de Hitler. Es decir, que obedecieron a Hitler en conciencia. Esos criterios que necesita Arendt deberían servir para juzgar desde el presente, por encima de las circunstancias particulares. En el fondo de la cuestión está la aterradora posibilidad, bien patente en la novela de Orwell (1984) de que los hombres del mundo olviden, en su mayoría, lo que son el bien y el mal o los intercambien. Formulado a modo de pregunta: ¿Qué nos queda si no aceptamos una razón común a todos los seres humanos que dicte a cada uno al oído lo que está bien y lo que está mal, es decir, una conciencia -pero al modo occidental-y si la explicación religiosa ya no nos vale? Una opción es aferrarse a lo que ocurrió en el interior de quienes se mantuvieron firmes en sus convicciones morales a pesar de la inversión moral generalizada. De este hilo tirará Arendt abundantemente. En el fondo, su análisis se mantiene dentro de las coordenadas de la modernidad, porque, si bien hace una modificación de las categorías de moral y política, busca con ahínco esos conceptos de bien y de mal perpetuos, que se mantienen firmes, aunque no en todos los hombres, sí en algunos, a lo largo de la historia y haga lo que haga el ser humano. Desde esa idea de moral a la que nos hemos referido antes, que es la usual en la época actual, este ideal bien podría considerarse como un ideal moral y no político. acción y política/banalidad del Mal y Moral La libertad es la precondición de la política; la acción es el hombre hecho comienzo en la entrada en escena de la plaza pública, en la discusión de los asuntos que conciernen a todos. Por supuesto, esto se combina con una teoría política que se ha tachado de utópica, por cuanto promueve la eliminación de los partidos y defiende una democracia directa y deliberativa. La política es un asunto que sucede entre los sujetos. La moral es un asunto que se inicia en la vida contemplativa, concierne al sujeto consigo mismo. Y esto es así precisamente porque buena parte de aquello que pueda haber en la moral que trascienda al sujeto consigo mismo, ha sido trasplantado al terreno de la política. Es probable que esta categorización que Arendt hace de la cuestión moral/política nazca de la inquietud causada, una vez más, por la experiencia del totalitarismo. Éste provocó el caos moral en Europa, al invertir los valores tradicionales bien/mal, hasta el punto de que, cuando el mal era lo habitual y rutinario, Himmler debía velar contra la tentación que podría surgir en los hombres de hacer el bien o sentir piedad de alguien que no fueran ellos mismos (Arendt, 2003, 154). La conciencia, la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, se perdió durante la Alemania nazi (Arendt, 2003, 151). En definitiva, lo que la experiencia totalitaria parecía revelar, para Arendt, era que la palabra "moral" no tendría que haber significado nunca algo diferente de lo que significa etimológicamente, esto es, un conjunto de usos y hábitos (Arendt, 2005a, 50). Que, en vistas de la confusión moral de ese período, quedaría probada la inexistencia de unos criterios absolutos de bien y mal (ni siquiera, si se quiere, de unos criterios universales, válidos para todo hombre en todo tiempo y lugar). Que las éticas que hablan de una voz divina o ley natural que dicta a cada hombre lo que debe hacer (como algo separado de lo que quiere hacer, que puede o no coincidir con lo que quiere), eran, simplemente, falsas. Ni siquie-Hemos dicho que el ideal político es permitir a los hombres vivir juntos. Pues bien, podríamos decir que el ideal moral, para Arendt, es que el sujeto se permita a sí mismo vivir consigo mismo (valga la redundancia). Si la pluralidad de los hombres y la libertad eran precondiciones de la política, la dualidad del yo pensante (necesaria para el pensamiento) es la precondición de la moral. La dualidad del yo es precondición de la moral en las dos máximas socráticas que Arendt rescata (considera que son los principios morales que quedan una vez superada la secularización, en parte por ser previos al cristianismo): "Cometer injusticia es peor que recibirla" y "Es mejor que mi lira esté desafinada y que desentone de mí, e igualmente el coro que yo dirija, y que muchos hombres no estén de acuerdo conmigo y me contradigan, antes de que yo, que no soy más que uno, esté en desacuerdo conmigo mismo y me contradiga" 7. Para Arendt las máximas quedan justificadas -y aquí es a donde queríamos llegar-en la idea de que "Es preferible sufrir el mal que hacerlo, porque se puede seguir siendo amigo de la víctima; ¿quién querría ser el amigo de un asesino y vivir junto a él? Hasta tal punto la ética es subjetiva que la justificación de la norma según la cual es mejor ser víctima que verdugo se encuentra en el propio sujeto y en el hecho de que éste debe vivir consigo mismo, de la misma manera que debe vivir con otros sujetos. Si la justificación fuese externa al sujeto, la norma no sería ética, sino política, como hemos dicho. Pero, yendo un paso más allá, diremos que la justificación de esa norma es tal que ni siquiera el lenguaje usualmente empleado por la ética nos sirve aquí. No se trata de una justificación, ni se trata de una norma. El problema de las normas morales, piensa Arendt, es que las hemos convertido en obligatorias. Y la cuestión es que, en virtud de esto, su validez no puede ser demostrada (Arendt, 2005a, 72). La única opción de validez, entonces, viene dada porque sean autoevidentes. Al ser autoevidentes, no son coactivas: quienes permanecieron incólumes ante el caos moral nazi no hicieron nada en especial, simplemente no podían participar de los crímenes (no tuvieron dudas acerca del carácter criminal de estos, a pesar de lo que dijeran las leyes), no podían hacerlo de la misma manera que no podían aceptar que dos y dos son cinco. Negar la criminalidad de los actos habría sido, para ellos, una contradicción consigo mismos El pensamiento (subjetivo, interno al hombre) se convierte, de esta manera, en un criterio para dirimir, en cada caso particular en que el hombre se ve inmerso, lo que sensatamente es el bien y lo que es el mal. Cuando todo alrededor parece ir en contra de las propias concepciones del bien y del mal, la reflexión, que exige una fuerte personalidad y un sujeto consciente de sí, de sus principios y de su diferencia con respecto al resto de sujetos que le rodean, puede servir de orientación. Nos queda por ver el lugar concreto que el pensamiento ocupa en la moral de Arendt. Como el pensamiento es algo subjetivo -no objetivo y real en el sentido del tercer reino de Popper-, esto introduce un componente subjetivo importante en la ética arendtiana. Está claro que una de las cosas que Arendt hizo en su obra fue procurar un ennoblecimiento de la política, gravemente denostada tras las experiencias totalitarias. Visto que concibe a la política como un asunto público, que incluye la deliberación acerca de lo que conviene hacer (siempre que el fin sea el de la convivencia en compañía unos de otros) hemos de tener en cuenta que el sujeto y todo lo que le concierne, es un punto de llegada. Es decir, que tanto en el desarrollo histórico de su obra como en el desarrollo conceptual, lo que íntimamente concierne al sujeto está al final, una vez que hemos pasado por la reflexión sobre lo político, sobre lo intersubjetual. Así, la política sienta las bases de la moral arendtiana. En el vivir con los otros, la condición y el fin de la política, encuentra Arendt las bases para la elaboración de la moral, cuyo principio fundamental rescata del pensamiento socrático. Lo inverso, la importancia de la moral en política, sólo ocurre en medio de la impotencia. Cuando el sujeto está completamente aislado y vive una situación extrema, las cuestiones morales tienen validez en el ámbito de la política 6. Sócrates habría formulado, antes que el cristianismo y por contraposición a unas éticas, como hemos dicho, relacionadas con las virtudes políticas, una ética que vinculaba al sujeto en su ser íntimo, en su pensamiento, como la que interesa a nuestra autora. Es decir, que la internalización que el sujeto cristiano hace de los valores éticos tiene la dificultad, para Arendt (que hizo la tesis sobre el concepto de amor en San Agustín) de la fundamentación trascendental, que no se sostiene si se quiere construir una moral laica. Por eso acude a Sócrates. conciencia, pensaMiento y juicio La subjetividad de la ética arendtiana parece suficientemente probada. Las referencias a ella son una constante en sus distintos ensayos de ética 8. Además, el principio moral en que el individuo se insta a sí mismo a no hacer el mal porque luego quizás no sería capaz de convivir con la persona que resultara de ese mal, no vale para fundamentar una justificación jurídica o política (tampoco para una ética que quiera ir más allá de lo subjetivo). Ese principio, basado en la autoevidencia de la no-contradicción, sirve para fundamentar sólo una moral subjetiva 9. Ahora bien, hay una conexión importante entre ética y política. Viene dada a través del juicio, que es una capacidad política pero también moral. La conciencia moral es posterior al pensamiento y éste, previo al juicio. Mientras la primera y el segundo son subjetivos e internos al individuo, el juicio es la manifestación tangible y pública de tales procesos. El juicio implica el aparecer, el revelarse a los otros. La conciencia puede justificar una opinión que, si en la plaza pública coincide con otras opiniones, ve acrecentarse su poder. Como señalaremos brevemente más adelante, el juicio puede tener en cuenta los juicios ajenos a través de la representación y en virtud del sentido común, para ver reforzada su validez al hablar del bien y el mal. La intersubjetividad de la ética arendtiana pasa por la capacidad de juzgar. límites a la acción, no predica en positivo que sean el bien y el mal. Por otro lado está esa especie de sentimiento de que algo está bien o mal y que suele generar satisfacción o remordimientos acerca de las propias acciones; esto no tiene por qué ser fiable, por supuesto (Arendt, 2005b, 107). A este tipo de conciencia falible alude Arendt en Eichmann en Jerusalén cuando afirma que lo que movió al criminal nazi a tratar de continuar con la Solución Final durante el último año de guerra, a pesar de las órdenes de Himmler de desmantelar los campos de concentración, fue su "mismísima conciencia" (Arendt, 2003, 213). Esa misma conciencia que lo llevó a contradecir las primeras órdenes de Himmler contrarias a la tendencia hitleriana había llevado a Eichmann a contradecir algunas de las primeras órdenes recibidas al inicio del exterminio masivo de hombres, mujeres y niños. Es decir, esa conciencia ofrecía una cierta resistencia cada vez que había un cambio en la moralidad de su entorno. Pero no tenía en absoluto la profundidad necesaria que requiere una opinión personal no fotocopiada de la moral al uso, pues Eichmann era incapaz de pensamiento. Por eso, la única conciencia que podía tener era esta especie de sentimiento vago del bien y el mal, que solía coincidir con la moral que le rodeaba y que se resistía ligeramente al cambio. Los únicos problemas de conciencia que tenía Eichmann eran los de adaptarse a los repentinos cambios de moral de un período convulso y, desde luego, no tenían nada que ver con lo que históricamente la filosofía y las religiones han llamado bien y mal. La capacidad del pensamiento no es prerrogativa de unos pocos hombres sabios: todo el mundo la posee, como hemos dicho. Esto es así porque el pensamiento no tiene que ver con el conocimiento ni con la inteligencia. El pensamiento es autodestructivo, opera en círculos, no crea valores y conlleva un riesgo de nihilismo porque sí los destruye. No es útil para la sociedad pero en situaciones muy extremas, puede tener un significado moral y hasta político. Este significado no lo tiene por sí mismo (pues es subjetivo, íntimo casi), sino en virtud del juicio. La capacidad del juicio, la que Arendt denomina "la más política de las capacidades mentales del hombre" (Arendt, 2003, 188) actualiza el pensamiento, lo pone sobre el tapete de los asuntos intersubjetivos, políticos, lo traduce en consideraciones concretas, esta vez sí, ya en sentencias que dicen lo que está bien y lo que está mal. La manifestación del pensamiento son estos juicios. El problema es que, en lugar de proceder desde el pensamiento, del diálogo con actos 12, es decir, un mismo acto puede ser bueno o malo, según la persona tras él. La superficialidad, la ausencia de profundidad, el desaparecer tras los propios actos (los criminales nazis alegaron obediencia, desconocimiento, etc., pero parecía no haberles preocupado lo más mínimo las consecuencias de lo que hacían), cuando esos actos resultan horrorosos y terriblemente malignos, constituyen la banalidad del mal. El pensamiento tiene una especial conexión con el recordar. Una forma de evitar el arrepentimiento es olvidarse de lo que uno ha hecho 13. De esta manera, si se olvida, tampoco se piensa. El mal conlleva una ausencia: la ausencia de pensamiento, de recuerdo de lo hecho y de arrepentimiento (de conciencia). El olvido es muy bueno para no pensar. El pensamiento es previo a la conciencia moral. Veamos cómo y a qué nos referimos con "conciencia moral". La palabra castellana "conciencia" se emplea con dos sentidos, recogidos por palabras distintas en otros idiomas. En primer lugar, tenemos "consciousness" (literalmente, "saber conmigo mismo" 14 ); esta conciencia implica que hay una diferencia en el "uno mismo". La diferencia que el hombre aprecia en el mundo del aparecer (entre los otros hombres) existe también en uno mismo. Esta conciencia, a la que podríamos llamar "conciencia de sí", no es igual al pensamiento, sino que es previa a él. Es decir, que no se puede dialogar con uno mismo (pensar) si primero no se ha tomado conciencia de que uno mismo es dos-en-uno, es decir, de que hay dos polos para el diálogo en el propio interior. Arendt no lo dice, pero teniendo en cuenta el primado de la política en el conjunto de su obra, podríamos pensar que el reconocimiento de la diferencia de los otros hombres entre sí y conmigo podría ser la pista que le lleva a uno mismo a descubrir la diferencia dentro de sí. Ahora bien, cuando el individuo particular se presenta ante los otros (cuando aparece en la esfera pública), entonces ante los demás aparece como uno; es decir, el dos-en-uno es sólo para uno mismo, no para los demás. El segundo sentido de la conciencia, "conscience", es el más usual, el del reconocimiento de la distinción entre bien y mal. La conciencia moral es posterior al pensamiento. Sólo quienes piensan pueden tener conciencia moral 15. La conciencia moral no prescribe en positivo qué hacer; sólo dice qué no hacer, pone dificultades a la acción, a la propia acción. Esta conciencia moral solamente pone esos punto de llegada en la forma (toma esa forma del espacio político), porque así como el sujeto se construye entre otros, se construye el pensamiento entre dos. Y además es punto de partida en el contenido: en la emisión de juicios, necesaria para cualquier construcción ética intersubjetiva. De esta relación se concluye que la intersubjetividad política es modelo para la intersubjetividad ética. El pensamiento tiene un papel en los asuntos morales. El mal está relacionado con la ausencia de pensamiento y de juicio, la principal cualidad de los hombres banales. Sobre todo, el pensamiento protege del peligro de las ideologías. En todas ellas, por encontrarse alejadas del transcurrir impredecible de los hechos, por querer amoldarlos a una lógica que se les impone, hay un ápice de totalitarismo, de represión. La ética arendtiana tiene componentes subjetivos, sí, pero Arendt no aceptaría nunca un relativismo moral. No es, por tanto, una ética tan subjetiva como podría parecer a simple vista 18. Los límites que cada uno se impone a sí mismo a propósito del pensamiento varían de persona en persona, pero en el límite, el mal extremo (aquí podría decirse que también el mal banal) es posible solamente cuando no hay en absoluto límites, cuando no hay pensamiento ni autocontrol ninguno. Esta ética sirve para condenar a Eichmann porque va más allá de lo que uno entiende para sí por bien y por mal, al menos en el extremo. Lo permite el componente que hemos llamado intersubjetivo de esta ética -el que el pensamiento sea una capacidad de todos y se base en la autoevidencia de la coherencia con uno mismo-. Y también el hecho de que bienes y males menores son subjetivos, pero no el mal extremo. El mal extremo es inhumano, se corresponde con acciones que nunca tendrían que haber sucedido. uno mismo (diálogo que requiere un lenguaje), los hombres pueden evitar juzgar, repitiendo las normas aprendidas mediante clichés y no a través de un lenguaje creativo y propio (Arendt, 2003, 76-77). Es el caso de Eichmann. Por eso el pensamiento puede, en situaciones límite, prevenir catástrofes 16. Pero ¿en virtud de qué el pensamiento puede, en esas situaciones límite, prevenir catástrofes y no provocarlas? Si se es consecuente con la idea de pensamiento como diálogo interior en el vacío, sin nada más previo que esa distinción del dos-en-uno de las personas, entonces, ¿por qué de ese pensamiento se ha de seguir un juicio acertado, que en momentos de caos moral guíe por el camino correcto? Para empezar, el juicio, además de ser una capacidad ética, tiene un papel que cumplir también en los asuntos morales. El juicio opera sobre cosas concretas (por el contrario, el pensamiento se ocupa de abstracciones). Y está muy vinculado al sentido común. La validez de los juicios emitidos por el sujeto depende de la capacidad de representación de éste, es decir, de tener en cuenta el mayor número posible de posiciones de otros 17. Esto es posible por la imaginación y por el "sentido común", fruto de la pertenencia de ese sujeto a una comunidad. Hay aquí una vía abierta para la intersubjetividad en el ámbito de las cuestiones morales. Pero no hay que olvidar que el punto de partida del juicio es el sujeto particular capaz de pensamiento. Es el sujeto el que se representa las opiniones de otros para tratar de juzgar captando el sentido común de la comunidad. Cuando todos suspenden el juicio, aparece el riesgo mayor de mal banal (también de mal radical), el seguimiento irreflexivo de los modos y las maneras impuestos por otros. Anteriormente habíamos dicho que el sujeto era el punto de llegada (pues el pensamiento seguía los moldes del estar entre otros, político). Pues bien, el sujeto pensante es 150). Scholem está criticándole, en ese momento de la carta, el tono, que él considera malicioso, del ya mencionado libro. 3 La "horrible originalidad de los totalitarismos habría sido el pulverizar literalmente nuestras categorías del pensamiento político y nuestros criterios de juicio moral", además de negar la libertad más radicalmente que ninguna forma de gobierno antes (Arendt, 1995, 31-32). 4 Ambos citados en el artículo indicado arriba, considerados por la autora los dos únicos de aquéllos que Dios le entregó a Moisés a los que aún nos sentimos moralmente obligados y asimismo desafiados "con éxito reciente más que notable por Hitler y por Stalin, respectivamente" (Arendt, 1999, 10). 5 "En el centro de las consideraciones morales sobre la conducta humana está el yo. En el centro de las consideraciones políticas sobre la conducta está el mundo" (Arendt, 1999, 10). 6 "La situación marginal en que las proposiciones morales se tornan absolutamente válidas dentro del reino de la política es la impotencia. Esta falta de todo poder, que presupone siempre aislamiento, es una excusa válida para no hacer nada" (Arendt, 1973, 110). Y: "La voz de la conciencia no sólo es impolítica sino siempre extremadamente subjetiva (...) Pero políticamente hablando sólo cuenta que la injusticia ha tenido lugar y a la ley le es indiferente a quien le resulta mejor, si al autor o a la víctima" (Arendt, 2002b, 121). 9 Es bastante evidente que sólo sirve para una moral subjetiva. Arendt señala dos razones de que esto es así: guardarse de hacer algo con lo que uno después no pueda vivir es algo subjetivo. "Las dificultades políticas y jurídicas de una justificación semejante son de dos tipos. Por un lado, no pueden generalizarse, tienen que ser subjetivas para conservar su validez. Aquello con lo que yo no puedo vivir puede no perturbar la conciencia de otro. Al fin y al cabo se trata de una conciencia contra otra conciencia (...). La segunda dificultad, probablemente más seria, consiste en que la conciencia, si no la definimos metafísicamente, no sólo Recibido: 16 de abril de 2009 Aceptado: 4 de julio de 2009 supone la capacidad humana innata de discernir entre lo justo y lo injusto sino el interés del hombre en sí mismo, ya que la obligación sólo se traduce en un determinado comportamiento en virtud de tal interés. 10 Claramente aparece formulada la duda en Arendt, 2002a, 40: "quizá la maldad tenga su causa en la ausencia de pensamiento". 11 "Aunque sabemos que todos los hombres son capaces de pensar y de tratar consigo mismos, no sabemos cuántos pueden permitirse el lujo de este comercio más bien poco lucrativo", en "Desobediencia civil", recogido en (Arendt, 2002b, 122).
I. LAS RESISTENCIAS CONTRA EL PSICOANÁLISIS El 150.o aniversario del nacimiento de Freud ha motivado la publicación de ingentes artículos y comentarios, tanto en periódicos y revistas como en los medios radiofónicos y televisivos. En términos generales, no se cuestiona el lugar que, sin duda alguna, ocupa el homenajeado en la historia de la cultura y se valoran sus originales aportaciones al pensamiento contemporáneo, su mérito como investigador infatigable y la excelencia de su escritura. Sin embargo, con sorprendente frecuencia 2, a ese reconocimiento se añade la afirmación de que el psicoanálisis como método psicoterapéutico no tiene validez alguna o bien que ha sido superado. Curiosamente, en más de una ocasión se ha llegado a definir a Freud como "médico y escritor", lo que sin dejar de ser cierto lo despoja de lo primordial; no conmemoramos por cierto su nacimiento porque haya ejercido la medicina ni por la calidad de su prosa, merecedora del premio Goethe de literatura en 1930. Más allá de la veracidad de estos enunciados, constituye una grave distorsión no poner el acento en lo esencial: la creación del psicoanálisis. Su identidad -la que nos interesa hoy-se construye a partir de su obra; su singularidad radica en haber sido el primer psicoanalista. Es posible que la celebración de aspectos que, sin carecer de importancia, dejan al margen la médula, constituya un recurso retórico destinado a conferir credibilidad al rechazo a las bases del descubrimiento freudiano y a su método psicoterapéutico, al que se tacha de anacrónico, ineficaz o carente de rigor. Sin embargo, es obvio que nadie se ocuparía de cuestionar teorías o métodos científicos que efectivamente hubieran sido superados o cuya falsedad o ineficacia hubiesen sido fehacientemente demostrados. Es evidente que el psicoanálisis, como cualquier otra teoría, como cualquier otro método, puede y debe ser objeto de una permanente vigilancia epistemológica, sobre todo por parte de quienes lo practican y lo transmiten. Una de sus enseñanzas fundamentales es que el desconocimiento de ciertos aspectos de nuestro propio ser no puede dejar de tener efectos sobre la elaboración teórica misma. Por un lado, permite acceder a la consciencia de los límites del conocimiento; por otro, desenmascara el doble carácter de toda elaboración teórica que, en cuanto producto del proceso secundario, revela tanto como encubre; genera cierto saber en la misma medida en que oculta el orden del deseo que pone en movimiento al proceso cognoscitivo; todo lo que se formula en el plano del enunciado deja en la penumbra al sujeto de la enunciación. Debemos recordar además que la contradicción es inherente al modo de funcionamiento de lo inconsciente y por lo tanto no puede dejar de marcar la lógica del psicoanálisis. No podemos situarnos en la perspectiva psicoanalítica sin contar con la emergencia permanente del conflicto y la paradoja; no se trata entonces de resolverlos ilusoriamente sino de articular el sentido a partir de ellos, ya que no son contingencias sino condiciones de posibilidad de la teoría. No se comprende, en consecuencia, que se lo considere dogmático; se trata de una disciplina cuyas proposiciones no son definitivas y de hecho han sido reelaboradas, reformuladas y reinterpretadas por el mismo Freud a lo largo de su vida y por sus discípulos en el curso de los años transcurridos desde su muerte. Como se sabe, existen diversas corrientes dentro del movimiento psicoanalítico que, lejos de ser monolítico, es saludablemente rico en polémicas y controversias. La reiteración de los ataques pone en evidencia, entonces, que el muerto goza de muy buena salud. ¡Freud sigue cumpliendo años! 3 El más ligero examen revela que las críticas, en su mayor parte, no resultan de análisis serios y rigurosos, en cuyo caso serían bienvenidas, sino que se formulan desde la ignorancia o la mala fe y no resisten la confrontación con los textos teóricos ni con los informes clínicos. ¿Cómo es posible que se considere perimido al psicoanálisis y al mismo tiempo se lo combata, negando que se trata de un proceso continuo de investigación, elaboración teórica y auto-cuestionamiento? Freud mismo se ocupó de esta cuestión y todavía tienen validez sus palabras acerca de la recepción de la teoría de las neurosis: "... semejante orientación científica no podía agradar a la generación médica de entonces, educada en el sentido de la valoración exclusiva de los factores anatómicos, físicos y químicos, sin estar preparada para apreciar lo psíquico" (Freud, 1981h, 2802. Pero actualmente el rechazo no es privativo del orden médico: también desde la perspectiva de la psicología pretendidamente "científica" se considera al psicoanálisis como un sistema especulativo y no se reconoce que se basa "en una paciente y afanosa elaboración de hechos" (Freud, 1981h, 2803. Es indudable que lo inconsciente no es observable, pero sí lo son sus efectos en el discurso, los actos y las producciones de los seres humanos. El psicoanálisis construye, como toda ciencia, modelos teóricos que -en ello radica su singularidadse desarrollan y se ponen a prueba en la práctica clínica. Finalmente, es imposible abordar el estudio de la subjetividad, del sentido y, en términos generales, de la complejidad de lo humano con los métodos utilizados por las ciencias experimentales. Los intentos de hacerlo han conducido a propuestas simplificadoras y reduccionistas que, en última instancia, disuelven el nivel de lo psíquico. De todos modos, como señalara Freud, el rechazo mencionado puede explicar "la recepción indignada y reticente que los círculos científicos dispensaron al psicoanálisis, pero no permite comprender cómo se pudo llegar a esos estallidos de furia, sarcasmo y desprecio, al abandono de todos los preceptos de la lógica y del buen gusto en la polémica" (Freud, 1981h, 2804. Aún hoy, sorprende encontrar tal abandono de la lógica y el buen gusto en los textos "conmemorativos" de su aniversario. Baste mencionar, a título de ejemplo, un artículo de Isidoro Reguera en el que, por un lado, afirma que "Hay que reconocer la grandeza de Freud por el hecho, sobre todo, de haber iluminado fuerzas oscuras que limitan los poderes de la razón. Pero eso fue también un gran acto de ilustración. Mediante él liberó al siglo XX de la opresión e hipocresía victorianas, puso al descubierto los efectos patológicos de la represión sexual, la sexualidad infantil, los aspectos oscuros de un yo considerado puro, señor de sí mismo y del mundo, hasta entonces. (...) Enseñó que los síntomas neuróticos son representaciones de conflictos emocionales inconscientes e ideó métodos clínicos por los que los factores ocultos en la etiología de la enfermedad pueden salir a SILVIA TUBERT la luz. La comprensión de la cultura, el arte y de la religión es otra también después de él..." (Reguera, 2006, 16) 4 Por otro lado el autor reproduce, sin cuestionamiento alguno, ciertos argumentos ad hominem de Louis Breger, que no sólo son irrelevantes a la hora de evaluar una teoría sino, además, erróneos. Así, por ejemplo, las ideas básicas del psicoanálisis "serían generalizaciones indiscriminadas, invenciones surgidas de la necesidad de Freud de convertirse en un poderoso héroe científico racionalizando sus miserias" y que responderían "a un intento de Freud de sobreponerse a la pobreza y carencias infantiles." Pero ¿no se trataba de "un acto de ilustración"? El lenguaje empleado en este artículo es más propio de un panfleto denigratorio que de un análisis crítico: a las reuniones que Freud mantenía con sus primeros discípulos -que hoy llamaríamos seminarios-se las califica de "conciliábulos", en los que "maquinaba" una conquista teórica del mundo "como un malo de cómic"; "casi un conventículo judío de novela negra." ¿Cómo puede luego hablar de "la grandeza de Freud", afirmar que tanto el psicoanálisis como su autor "siguen suscitando un interés enorme", que "el psicoanálisis no ha pasado de moda: se ha ampliado clínicamente, por una parte, y se ha extendido más allá de la práctica clínica, por otra, hasta convertirse en una forma de pensar o en un enfoque de la experiencia humana característicos de nuestra cultura"? Aunque está claro que su autor no es un interlocutor válido, cito este texto porque no ha sido único en su género: los medios convocan, con frecuencia, a personas no calificadas para hablar sobre cuestiones que desconocen y aquellas lo hacen a la ligera, contribuyendo a la desinformación y a la degradación cultural reinantes. Bastará mencionar, como prueba de ignorancia y falta de honestidad, un artículo en el que se incluye al conductismo y al cognitivismo como parte del legado de Freud. Skinner figura como uno de sus herederos, aunque se menciona que "siguió los pasos de Watson al ignorar las motivaciones inconscientes" 5. El apasionamiento y la falta de lógica de este tipo de reacciones sugieren, como ya había observado Freud, que las resistencias contra el psicoanálisis son en su menor parte de índole intelectual, en tanto la mayor parte arraiga en la afectividad. Estamos ante una teoría que ha puesto en cuestión la auto-representación narcisista del ser humano, alineándose con otras formulaciones que habían herido profundamente su amor propio. La primera afrenta, que Freud califica de cosmológica, fue la infligida por el descubrimiento de Copérnico: el planeta habitado por la humanidad no es el centro del universo sino que se mueve en torno al sol. La segunda, biológica, corresponde a las investigaciones de Darwin: la humanidad no tiene un origen divino sino que procede de la escala zoológica y está emparentada con otras especies. La tercera, psicológica, consiste en la afirmación freudiana de que lo psíquico no coincide con la consciencia; una parte de la vida psíquica, trátese de representaciones o de pulsiones, escapa al conocimiento y al control del yo: "El yo no es dueño y señor en su propia casa. (...) No es de extrañar, por tanto, que el yo no acoja favorablemente las tesis psicoanalíticas y se niegue tenazmente a darles crédito" (Freud, 1981g, 2436. Los motivos de las resistencias contra el psicoanálisis no han variado mucho en los ochenta años transcurridos desde que Freud se ocupara del tema porque la sociedad no acepta fácilmente que se cuestionen sus creencias y menos aún en un momento como el presente, en que domina el utilitarismo. Patrick Juignet sostiene, sin embargo, que el lugar del psicoanálisis en la sociedad occidental ha ido variando en función de las fuerzas ideológicas que estaban en juego en distintos momentos. Perseguido tanto por el nazismo como por el stalinismo, conoció un renacimiento después de la segunda guerra mundial: sus principios y su práctica se extendieron a diversos ámbitos, como hospitales y escuelas. Pero después de un período en el que había encarnado las esperanzas de liberación de toda una generación y se había desarrollado ampliamente, entre los años 60 y 80, se produjo un retroceso (Juignet, 2006, 200). Es cierto que el descubrimiento de que los síntomas neuróticos tienen un origen psíquico y no orgánico influyó poderosamente en la psiquiatría dinámica que privilegiaba el determinismo psíquico. Sin embargo podemos decir, sin cuestionar su valor intrínseco sino su extensión abusiva, que el desarrollo de los psicofármacos y los ingentes avances de la biología, en especial de la neurofisiología, tuvieron el efecto colateral de exacerbar las resistencias. Apoyándose en la psicofarmacología, la psiquiatría reemplazó al modelo nosográfico por una clasificación de las conductas, y a la psicoterapia por el intento de eliminar los síntomas. De este modo se deja al margen la incómoda subjetividad -junto a la significación-que no se puede medir ni cuantificar. Roudinesco habla de una verdadera "derrota del sujeto" al referirse a las prescripciones psicofarmacológicas actuales, al enfoque biopolítico del sufrimiento psíquico como mero reflejo de alguna anomalía química en el organismo, al tratamiento de todo conflicto neurótico como depresión. El cientificismo se ha erigido en una especie de religión, que niega todo lo que depende del orden fantasmático o de lo imaginario, en tanto las ciencias cognitivas, que consideran que lo mental y lo neurobiológico son dos caras de una misma moneda, "valorizan al hombre-máquina en detrimento del hombre deseante" (Roudinesco, 2000, 16). En consecuencia, se potencian "los procesos psicológicos de normalización en detrimento de las diferentes formas de exploración del inconsciente" (Roudinesco, 2000, 18). El poder de los medicamentos es, para la autora, síntoma de una modernidad que prefiere el silencio al lenguaje. El reproche de que la cura psicoanalítica es muy larga y costosa sólo se justifica desde la perspectiva liberal que somete la clínica a criterios de rentabilidad. No hay que olvidar el papel que desempeñan en este proceso los laboratorios, que subvencionan investigaciones y publicaciones. Así, bajo la máscara de la moderinad, se prescribe un medicamento para cada síndrome y se ponen los avances científicos al servicio de una ideología que se niega a reconocer la dimensión subjetiva al reducir al ser humano a mero organismo. Debemos tener presente, sin embargo, que no es frecuente que los científicos sean partidarios del reduccionismo que conduce a la negación de la subjetividad. La mayoría acepta la idea de que existen diferentes niveles de integración de lo real, que son estudiados por distintas disciplinas que desarrollan otros tantos niveles de análisis. El neurobiólogo alemán Gerhard Roth, por ejemplo, afirma que "le debemos a Freud la teoría más amplia del psiquismo. Y al menos en tres aspectos la neurociencia confirma hoy sus hipótesis: lo inconsciente influye más en lo consciente que a la inversa; lo inconsciente se origina mucho antes que los estados conscientes; y el yo consciente conoce poco los fundamentos de sus deseos y acciones" (Roth, 2006, 36). El investigador considera que la administración de psicofármacos que no se acompaña de psicoterapia "tiene a menudo consecuencias funestas" y sostiene que "El cerebro es un órgano social. Lo que podemos estudiar directamente como neurobiólogos es el aparato mismo pero no los significados que procesa. Sobre ello nos informan las ciencias del espíritu y las ciencias sociales" (Roth, 2006, 37). Es decir, su interés por estudiar las relaciones entre psicoanálisis y neurobiología es ajeno a todo reduccionismo; la neurociencia no puede explicar lo que concierne al orden del sentido. Asimismo, Gerald Edelman, neurobiólogo norteamericano y premio Nobel de Medicina, considera que lo inconsciente, en el sentido freudiano, es una noción indispensable para la comprensión científica de la vida psíquica. Edelman comparte la opinión freudiana de que la hostilidad al psicoanálisis depende menos de la discusión científica que de la resistencia de los expertos a su propio inconsciente (Roudinesco, 2000, 52). El libro A cada cual su cerebro. Plasticidad neuronal e inconsciente, escrito conjuntamente por un neurobiólogo y un psicoanalista, propone "hipótesis para un modelo del inconsciente que integre los datos recientes de la neurobiología con los principios fundadores del psicoanálisis" (Ansermet y Magistretti, 2006, 17). Los autores reconocen que las neurociencias y el psicoanálisis son dos campos inconmensurables, puesto que la realidad neurobiológica y la vida psíquica tienen características totalmente diferentes. No se trata de que pierdan sus propios fundamentos para confundirse en un impreciso sincretismo ni en una imposible síntesis; sino de reemplazar el vago concepto de interacción por el de plasticidad neuronal, que articula dos ejes de determinación: el genoma y el ambiente. En efecto, los autores demuestran que "lo psíquico marca lo orgánico y afecta a la materia, pues deja huellas materiales, concretas, acordes con la experiencia" (Id.,(28)(29). Estos desarrollos confirman la idea de que el rechazo al psicoanálisis tiene poco que ver con los avances de la ciencia. En consecuencia, considero pertinente centrar mi exposición en dos cuestiones: en primer lugar, los aspectos de la teoría que atentaron en mayor medida contra la imagen idealizada del sujeto de la ilustración suscitando un rechazo irracional. En segundo lugar, las bases del método psicoanalítico tal como aparecen en los textos de Freud, que muestran con claridad el carácter infundado de la mayor parte de las críticas. LA CONCEPCIÓN PSICOANALÍTICA DEL SUJETO El psicoanálisis no es sólo un método de investigación de lo inconsciente, con efectos psicoterapéuticos, y una SILVIA TUBERT teoría que da cuenta de los hallazgos de tal método; sus descubrimientos representaron un cambio radical en la concepción del ser humano sobre su propia naturaleza. Como vamos a ver, su carácter de pensamiento crítico por excelencia contrasta ostensiblemente con las acusaciones de dogmatismo. La crítica del sujeto Los descubrimientos freudianos subvirtieron la noción de sujeto, vigente en la filosofía y en la psicología de la consciencia, infligiéndonos una profunda herida narcisista, aunque sin incurrir en la afirmación nihilista de la muerte del sujeto. La noción de inconsciente rompe con la idea de un sujeto auto-consciente, dueño de sus actos y de su voluntad. El sujeto freudiano es el sujeto de deseos que él mismo desconoce. Si el yo alcanza el éxito en su lucha contra los deseos que le resultan inaceptables a través de la represión de los mismos, no deja de pagar un alto precio por ello: la auto-mutilación que supone haber enajenado algo que le atañe íntimamente y de lo que, además, sólo imaginariamente se ha desembarazado, ya que en cualquier momento puede retornar lo reprimido dando lugar a la formación de síntomas que habrán de limitarlo. El yo, sometido a aquello mismo que pretende rechazar, no es el centro de la personalidad; el descentramiento del sujeto supone que la unificación y la totalización, a las que tiende el yo, sólo pueden ser imaginarias y el sujeto se constituye como tal en tanto escindido. De modo que esta concepción choca contra las aspiraciones del yo, que responde resistiéndose a aceptar que la imagen que tiene de sí mismo es ilusoria. La desnaturalización de la sexualidad se produce merced a la ruptura de Freud con la concepción vulgar -también la de la ciencia de su época-que sostenía que la sexualidad aparece en el momento de la pubertad, que tiene un objeto natural -un adulto del otro sexo-y cuyo fin es la procreación. Esta concepción desmonta la representación esencialista de la masculinidad y la feminidad. Hombres y mujeres no son tales a priori de la historia de su constitución como sujetos, que es al mismo tiempo la historia de su sexuación, es decir, de la asunción de una identidad en el seno de la diferencia entre los sexos. Masculinidad y feminidad no son puntos de partida sino de llegada, nunca suficientemente asegurados; en palabras de Freud, son "construcciones teóricas de contenido incierto" que se estructuran a través del pasaje por el complejo de Edipo (Freud, 1925(Freud,, 2902)). Su correlato, el complejo de castración, es la vertiente subjetiva de la ley que funda universalmente la cultura: el tabú del incesto. El sujeto sexuado es el que, al ser atravesado por la castración, ha de reconocer que está privado de unidad y de plenitud; sólo podrá desear en la medida en que asuma esa falta. Esto nos permite entender por qué se reprime precisamente lo sexual: la sexualidad se estructura en torno a un corte que opera el orden simbólico, correlativo a la herida narcisista que supone, para ambos sexos, el descubrimiento de la diferencia sexual anatómica. Esa falta se articula, al mismo tiempo, con la falta de un objeto natural y predeterminado de la pulsión. Así, la teoría sexual deconstruye las certezas ilusorias acerca del deseo y sus objetos y cuestiona una identidad que, al haber sido construida culturalmente como natural y hallarse dotada de significados fijos, impide formular preguntas y crear nuevas significaciones. Lo inconsciente resulta del rechazo del sujeto a enfrentarse con este no-saber, con este enigma que le plantea la sexualidad. Si bien el complejo de Edipo es el relato mítico de la articulación de los deseos incestuosos y hostiles con la prohibición y la culpa, al mismo tiempo muestra el carácter enigmático de la propia identidad: el Edipo de Sófocles rechaza y ordena el castigo de un personaje desconocido, pero este no es otro que él mismo. pora las experiencias agradables, tomándose a sí mismo como fuente de todo placer, al tiempo que rechaza fuera de sí las displacenteras, configurándose como un yo ideal. El bebe es un objeto de amor para la madre -en el mejor de los casos-lo que le permitirá eventualmente tomarse a sí mismo como objeto de amor. Pero no acabaríamos de constituirnos como sujetos deseantes si quedáramos atrapados en esta posición; para ello será necesario diferenciarse del otro mediante la intervención de una instancia tercera. El cuerpo se ha sexualizado en la historia de una relación sobre la cual, precisamente, recae una prohibición. El niño o niña tendrá que desprenderse del cuerpo materno como referente erótico y esta función de corte se realiza merced a la interiorización del tabú del incesto. De este modo puede salir de la posición narcisista para acceder al universo simbólico y, más tarde, a la sustitución del objeto primario por otros, siendo la exogamia la contrapartida de la prohibición del incesto. El amor al objeto llevará para siempre la marca de su origen, configurándose como una suerte de rodeo para recuperar el narcisismo perdido: ser amado por un objeto idealizado permitirá al yo fusionarse imaginariamente con el primitivo yo ideal. He aquí otro paso en la desmitificación del yo y de sus sentimientos más desinteresados. La ruptura del narcisismo supone el reconocimiento del otro como tal, lo que no resulta fácil. Si bien es cierto que no hay identidad sin alteridad, la existencia del otro exige una limitación del narcisismo: ya no puedo concebir a mi yo (mi pueblo, mi nación, mi cultura) como ideal, puesto que no lo engloba todo; hay otras posibilidades, otras perspectivas. La idealización de la propia identidad (personal o grupal) y el desprecio hacia los otros constituye una defensa narcisista, del mismo modo que el rechazo a "lo otro" que habita en nosotros. Por eso el concepto de narcisismo representó un paso importante en el proceso de desmistificación de la identidad y de los ideales colectivos como, por ejemplo, los nacionales. Poco más tarde Freud opuso la pulsión de muerte -concepto formulado anteriormente por Sabina Spielrein-a la de vida. Aquella tiende a la reducción completa de la excitación, a conducir al ser vivo, en última instancia, al estado inorgánico. Orientada inicialmente hacia el interior del individuo y tendiente, en consecuencia, a la autodestrucción, habrá de manifestarse luego en forma de pulsiones agresivas o destructivas. En efecto, la libido se SILVIA TUBERT une a la pulsión de muerte y le señala el camino hacia los objetos, lo que permite al sujeto desembarazarse de ella al derivarla hacia el exterior. La introducción de este concepto responde, por una parte, a una necesidad estructural de la teoría puesto que, a partir de la introducción del concepto de narcisismo, el yo no se reduce a ser el agente de la auto-conservación sino que se convierte en objeto y reservorio de la libido, que desde él se orientará hacia los objetos. No hay pan-sexualismo alguno puesto que la teoría de las pulsiones ha sido siempre dualista; para definir la libido Freud la diferenció siempre de otro polo pulsional. Cuando auto-conservación y libido se integran en Eros, les opone Thanatos. Su introducción permite también dar cuenta de una cantidad de hechos clínicos que. Ante todo, los fenómenos de repetición, imposibles de explicar desde la perspectiva de la búsqueda de satisfacción libidinal o del simple intento de dominar activamente las experiencias desagradables que se habían sufrido pasivamente. La compulsión a la repetición pone de manifiesto una fuerza irreprimible de apariencia demoníaca, independiente del principio del placer y capaz de enfrentarse a él. Eso le sugiere a Freud la idea del carácter regresivo de las pulsiones y lo conduce a considerar a Thanatos como pulsión por excelencia: "lo más pulsional de la pulsión". Al mismo tiempo, las nociones de ambivalencia, agresividad, sadismo y masoquismo, elaboradas a partir de la clínica de la neurosis obsesiva y de la melancolía adquirieron cada vez más importancia en la experiencia psicoanalítica. La sexualidad ya no se presenta, entonces, como una fuerza disruptiva, perturbadora, sino que, bajo el nombre de Eros, se convierte en principio de vida y cohesión. En su lugar, algo aun más irracional se instala en el corazón del sujeto psicoanalítico: la esencia de lo inconsciente en tanto indestructible e inmodificable; la irreductibilidad de la tendencia a la destrucción que se revela en el sadomasoquismo; la articulación indisoluble, en fin, de todo deseo, ya sea agresivo o sexual, con el deseo de muerte (Freud, 1919). La crítica de la cultura Si bien el contexto de descubrimiento y de aplicación del psicoanálisis es la práctica clínica, Freud se ocupó amplia-mente de la incidencia de lo inconsciente en la cultura. En El porvenir de una ilusión la define como "todo aquello en lo que la vida humana se ha elevado sobre sus condicionamientos animales" (Freud, 1927, 139). El orden cultural que configura la existencia humana presupone, a la vez que instaura, un corte radical que constituye al sujeto al tiempo que lo escinde, en la medida en que lo aliena de la naturalidad animal. La cultura es parte del reino de la necesidad (Ananké): los individuos no pueden sobrevivir aislados pero la vida en común requiere unas normas y una organización que impone sacrificios como la renuncia a la satisfacción de las pulsiones, especialmente las destructivas y antisociales. Ninguna cultura ha encontrado hasta ahora -decía Freud en 1927, pero lo podemos suscribir hoy-las instituciones adecuadas para influir en los individuos, desde la infancia, de manera tal que puedan valorar el pensar y experimentar los beneficios que proporciona, lo que les permitiría aceptar las renuncias mencionadas La prohibición (Verbot), fundamentalmente del canibalismo, el incesto y el asesinato, establece el paso de la prehistoria animal a la cultura. Pero si la privación o carencia (Entbehrung) resultantes son comunes a todos los seres humanos, hay otras penurias que son específicas de algunos grupos, clases sociales o individuos. Freud denuncia la injusticia social al señalar que hay clases postergadas, explotadas, en la medida en que la satisfacción de unas minorías condena a la mayoría a un exceso de carencias y privaciones que inevitablemente genera hostilidad. Si el superyó (interiorización de las exigencias externas) representa un patrimonio cultural valioso como progreso psíquico, en tanto convierte a los individuos de enemigos de la cultura en soportes de la misma, no se puede esperar que tal interiorización de las prohibiciones culturales, en el caso de los oprimidos, no engendre descontento y rebeliones. Es notable la vigencia de las observaciones de Freud acerca de los ideales culturales, que proporcionan una satisfacción narcisista a los miembros de una sociedad, pues se basan en el orgullo por sus realizaciones convertidas en modelo, orgullo realzado por la comparación con otros pueblos: según las diferencias halladas, cada uno se arroga el derecho a desvalorizar a los demás. La discordia entre diferentes pueblos o naciones tiene la función de contra- rrestar la hostilidad a la propia cultura. Así, el desprecio a los otros compensa imaginariamente a las clases más desfavorecidas por las limitaciones que sufren. Uno de los aspectos más significativos del acervo psíquico de una cultura es, para Freud, la ilusión constituida por sus representaciones religiosas. Éstas tienen su razón de ser en el desamparo (Hilflosigkeit) del ser humano ante las fuerzas naturales que no se pueden controlar, ante la naturaleza como destino, ante la realidad externa como Ananké. El prototipo infantil de esta situación es la indefensión del niño ante la pareja de los padres que, al mismo tiempo, lo protege contra los peligros de la vida. A partir de este modelo, mediante un proceso de realización de deseos similar al que opera en los sueños, el ser humano transformó las fuerzas naturales en personajes de carácter paterno, en dioses protectores y temibles a la vez. Con el tiempo, los dioses pasaron de la naturaleza al ámbito moral: su función consiste en compensar las exigencias, atender a los sufrimientos, velar por el cumplimiento de los preceptos que se consideran producto de los dioses, negar la aniquilación que supone la muerte. Si bien las representaciones religiosas surgen de la misma necesidad que las demás producciones -defenderse del abrumador poder de la naturaleza-se les añade otro motivo: el impulso a corregir las imperfecciones de la cultura. Las representaciones religiosas son ilusiones, es decir, realizaciones de los deseos más antiguos, fuertes y urgentes de la humanidad. La divina providencia alivia la angustia ante los peligros de la vida; el establecimiento de un orden moral asegura la realización de la justicia; la esperanza de la prolongación de la existencia en una vida futura proporciona el marco espacial y temporal en el que se habrían de realizar tales deseos. Una ilusión no es lo mismo que un error ni es necesariamente un error. Una creencia puede llamarse ilusión cuando en su motivación se abre paso la realización de deseos, prescindiendo de su relación con la realidad y renunciando a confirmarla. En este sentido, también hay otros patrimonios culturales ilusorios, como los supuestos que regulan las instituciones estatales o las ilusiones eróticas que enturbian las relaciones entre los sexos. Sin embargo, a lo largo de miles de años la religión se demostró incapaz de consolar y hacer felices a la mayoría de los seres humanos, de reconciliarlos con la vida, de convertirlos en soportes de la cultura. Por el contrario, al sacralizar la prohibición se corre el riesgo de que su cumplimiento dependa exclusivamente de la creencia en Dios. Freud propone renunciar a esta transposición de la prohibición, aceptar su fundamento social y reconocer el origen humano de las instituciones y preceptos. Así se disolverían su rigidez e inmutabilidad y en lugar de pretender abolirlas los seres humanos podrían intentar mejorarlas. Propugna así una fundamentación racional de los preceptos que los base en la necesidad social. Esta revisión de los preceptos hará posible la superación de muchos de ellos. Su propuesta es, entonces, llegar hasta las fronteras del entendimiento, hasta los límites que la necesidad impone al Logos. La crítica de la razón Thomas Mann es uno de los pensadores que mejor ha sabido situar a Freud en la historia del pensamiento moderno, al ocuparse de una pregunta que había tenido respuestas antagónicas: ¿Freud es un representante de la corriente irracional que se opone a la cultura y se dispone a anular la ilustración o por el contrario se aleja del irracionalismo, lo combate e intenta vencerlo? Mann observa que el reconocimiento de la influencia de las pulsiones no implica someterse a ellas ni escarnecer la razón. El interés por "la noche, el sueño, la pulsión, lo irracional" no entraña ponerse al servicio del oscurantismo, de la exaltación de lo retrógrado. Freud encarna lo que él mismo llamó "la voz queda de la razón" que a la larga, confía, terminará por hacerse oír. Al ocuparse del análisis, de la cura, de la verdad, procede en el sentido de la ilustración, auspiciando un orden de vida basado en la libertad y la verdad, en el conocimiento y no en la ilusión. Sin embargo, el escritor reconoce en él un escepticismo que limita al optimismo ilustrado (Mann, 1929). Habermas ha afirmado que "como ilustrado sin ambages, Freud sigue siendo actual" (Gimbernat, 1989). No obstante, es probable que siga siendo actual precisamente porque no fue un ilustrado sin ambages. Freud era racionalista, pero no optimista; era escéptico pero no pesimista. A diferencia de los ilustrados, no se refiere a una razón y una historia unificadas en un movimiento de totalización. No hallamos en él la creencia en una modernidad que tendría que llevar a la humanidad al triunfo de un mundo reconciliado consigo mismo y con la razón, más allá de toda contradicción. Algunas prohibiciones -y en consecuencia cierto grado de malestar-son consustanciales con la cultura y por lo tanto inevitables; constituyen el precio del proceso civilizador, de aquello que nos hace humanos, de modo que son también deseables. Pero además de la oposición entre cultura y sexualidad, hay "algo inherente a la propia esencia de la función sexual que nos priva de satisfacción completa" (Freud, 1930, 3042); como hemos visto, las pulsiones no constituyen una unidad ni una totalidad, de modo que la satisfacción de algunas puede exigir la represión o la insatisfacción de las otras. No obstante, sería absurdo tachar de pesimista a uno de los pensadores críticos que han puesto de manifiesto el carácter problemático del ser humano. El malestar es inherente a la cultura no sólo por las restricciones que impone sino también porque la persistencia de los deseos, una vez que se ha interiorizado su prohibición, genera sentimientos de culpa. Sin embargo, es posible aspirar a disminuir el exceso de carencia y de malestar generados por instituciones imperfectas pero modificables. En efecto, de la experiencia de lo inconsciente surgir la capacidad de discernimiento y de veracidad que hicieran posible una nueva responsabilidad moral, que incluyera el reconocimiento del deseo inconsciente, tanto en uno mismo como en los otros. Si la teoría de la neurosis nos hace dudar de la capacidad del ser humano para lograr la responsabilidad, en tanto se lo impiden los deseos, ideales y sentimientos de culpa inconscientes que lo determinan sin que lo sepa, la razón sólo puede ser la razón relativa de la asunción responsable de las condiciones de la propia existencia (Schöpf, 1982). En suma, Freud no considera -como afirman sus detractores-que fuerzas oscuras y ciegas sean las motivaciones exclusivas de nuestra vida y de nuestra historia, pero tampoco es un racionalista sin ambages. No abandona la desconfianza, la sospecha, como instancia de vigilancia epistemológica, pues reconoce que la creencia en la posibilidad de progreso de la razón también puede ser una ilusión. Ante esta posibilidad, lo único que podemos hacer es ponerla a prueba y renunciar a ella si el intento falla. Pero tampoco arroja al niño con el agua de la bañera, como sucede en el caso de la crítica radical de la razón, que ofrece como única alternativa lo otro de la razón: la experiencia mística, lo irracional, el sinsentido, el caos. Hay aún otros riesgos; podemos recurrir a otro sistema doctrinal que asuma desde el comienzo, para defenderse, los caracteres de sacralidad, rigidez e intolerancia; es decir, la misma prohibición de pensar, la sustitución de una religión por otra. El problema es que el levantamiento de la prohibición de pensar puede conducir a cuestionar y perturbar el orden establecido. Si es cierto que es muy difícil evitar las ilusiones, y Freud reconoce que aquellas pueden filtrarse en su propia teoría, podemos aspirar al menos a que las nuestras no sean incorregibles como las religiosas y no prescindan de la realidad. La única forma de no caer en la trampa de sustituir unas ilusiones por otras, dice, es estar dispuestos a reemplazar las teorías científicas que resulten erróneas. El psicoanálisis no debe conducir a una visión particular y totalizadora del universo, en tanto una concepción semejante (Weltanschauung) "es una construcción intelectual que resuelve unitariamente, sobre la base de una hipótesis superior, todos los problemas de nuestro ser y en la cual, por tanto, no queda abierta interrogación ninguna" (Freud, 1933, 3191). Sólo dando libre curso a su fantasía e ignorando estas proposiciones sus detractores han podido hablar de oscurantismo y dogma. Pero el cuestionamiento de las ilusiones produce la misma herida narcisista que el descubrimiento de lo reprimido y suscita, por consiguiente, el rechazo emocional que empaña la posibilidad de una crítica racional. Freud comprendió que, en tanto trabaja para disolver las ilusiones, al psicoanálisis no le será fácil vencer las resistencias que despierta en la sociedad, pues "la sometemos a nuestra crítica y la acusamos de tener gran parte de responsabilidad en la causación de las neurosis. Del mismo modo que nos atraemos la hostilidad del individuo al descubrir lo reprimido, la sociedad no puede pagarnos con simpatía la revelación de sus daños y de sus imperfecciones (...)" La prohibición de pensar representa un peligro para el porvenir de la humanidad (Freud, 1933, 3199) Y pensar significa cuestionar, interrogar, interpretar, sin asignar un sentido fijo o inmutable a las proposiciones teóricas, así como no asignamos un sentido definitivo a un síntoma o a un sueño, sin dejar por ello de buscarlo. Pero pensar significa también reconocer los límites del pensar mismo, límites que Freud recogió en el concepto de Ananké: la creencia de que todo es interpretable, la búsqueda de sentido a todo cuanto le sucede al ser humano y cuanto sucede en él, no es más que una nueva Weltanschauung que nos promete la ilusión de un saber absoluto. "Puedo afirmar que la psicoterapia analítica es la más poderosa, la de más amplio alcance y la que consigue una mayor transformación del enfermo. Abandonando por un momento el punto de vista terapéutico, puedo afirmar también que es la más interesante y la única que nos instruye sobre la génesis y la conexión de los fenómenos patológicos. Por la visión que nos procura de los mecanismos de la enfermedad anímica, es también la única que puede conducirnos más allá de sus propios límites e indicarnos el camino a otras formas de influjo terapéutico." Hoy podemos suscribir plenamente -y no diría "a pesar de" los cien años transcurridos sino "gracias a" la experiencia acumulada en ese lapso-estas palabras pronunciadas por Freud en el Colegio de Médicos de Viena el 12 de diciembre de 1904 (Freud, 1904(Freud,, 1009)). En efecto, como método terapéutico, el psicoanálisis no se limita a buscar alivio sintomático sino que intenta producir una transformación en el sujeto. El procedimiento es terapéutico precisamente porque investiga los procesos psíquicos inconscientes, cuyo acceso a la consciencia modifica la posición del sujeto ante sí mismo y ante su historia vital. La aplicación del método, a su vez, condujo a Freud a la elaboración de una teoría psicopatológica que no tardó en extenderse al funcionamiento psíquico en general, borrando la rígida e ilusoria demarcación psiquiátrica entre lo normal y lo patológico: los sueños y las funciones fallidas tienen la misma estructura que los síntomas neuróticos. Finalmente, no se trata de una técnica cerrada en sí misma, sino que se concibe como un método que, fiel a la etimología, es un camino que puede conducir siempre a nuevos hallazgos. En este sentido, no sólo es cierto que el psicoanálisis no ha sido superado, sino que ninguna otra teoría actual es capaz de dar cuenta de la problemática del ser humano como tal, es decir, de su subjetividad en tanto hablante, en tanto deseante. Por eso, no es una teoría psicológica más sino una disciplina específica, en la medida en que ha creado tanto un nuevo objeto de estudio -lo inconsciente y sus efectos en todas las manifestaciones humanas-como el método adecuado para estudiarlo. Desde el punto de vista terapéutico, es el único método que busca -o construye-el sentido de los síntomas, inhibiciones y demás perturbaciones psíquicas, incluyendo aquellas que conciernen al cuerpo y a la relación con los otros. Se trata, más exactamente, del sentido inconsciente, inaccesible a la observación externa y a la consciencia del sujeto. El estudio de la subjetividad, en efecto, requiere procedimientos diferentes de la observación -que se limita a la conducta manifiesta-, la experimentación -inaplicable el pasado y, además, limitada por la ética-o la introspección -que sólo puede acceder a lo que ya se conoce de uno mismo. Por otra parte, la significación inconsciente se vincula con la historia de las relaciones intersubjetivas en las que se constituyó el ser hablante como tal. Esto implica que la referencia al otro está presente en la existencia desde sus comienzos y, asimismo, en el corazón de la teoría psicoanalítica. Ya en los Estudios sobre la histeria, que datan de 1895, Freud descubre la relación entre los síntomas y ciertos sucesos de la historia infantil o del pasado reciente en los que se hallan involucrados personajes significativos en la vida del paciente. Bastará mencionar aquí la trama familiar que se desvela en la historia clínica de Elisabeth von R., sin la cual sería imposible comprender su sintomatología. Asimismo, los cinco grandes casos clínicos publicados por Freud (Dora, el pequeño Hans, Schreber, el hombre de las ratas, el hombre de los lobos) muestran el enlace de la historia vital con la familiar; la palabra del sujeto, en la que se articulan los acontecimientos del pasado, imprime su singularidad a los discursos y mitos heredados. Llama la atención, entonces, que algunos críticos consideren que el psicoanálisis es una teoría "individualista" que estudia al ser humano aislado. En tanto los demás métodos terapéuticos actualmente en uso, ya sea de naturaleza biológica o psicológica, pretenden suprimir el síntoma, el psicoanálisis lo entiende como un mensaje cifrado, que revela y encubre a un tiempo aquello que el sujeto no ha llegado a formular verbalmente. Revela porque es efecto del deseo inconsciente que aspira a SILVIA TUBERT ser reconocido; encubre porque el yo se angustia ante los deseos que no puede controlar, opuestos a sus exigencias narcisistas y normativas o a sus ideales éticos y estéticos (superyo, ideal del yo) y se defiende mediante la represión. Esta pseudo-solución del conflicto es inestable, porque se ve constantemente amenazada por el retorno de lo reprimido, que sólo podrá producirse de una manera simbólica, "engañando" al yo mediante los enigmáticos síntomas. Por lo tanto, toda pretensión de eliminar el síntoma sin haber accedido a su significación, aún cuando logre su objetivo, desconoce la dinámica intrapsíquica, el conflicto que lo ha generado, lo que equivale a desconocer que lo que está en juego es un ser humano en toda su complejidad. Y, puesto que se trata de un sujeto, el sentido sólo podrá emerger en su propio discurso, a partir de sus asociaciones u ocurrencias. Corolario de esta noción es la regla psicoanalítica fundamental: la asociación libre. Libre en un sentido muy particular, puesto que se puede apreciar que la palabra del analizante, al liberarse de todo propósito consciente, pasa a estar rigurosamente determinada por los procesos inconscientes. Recordemos que el determinismo se refiere a relaciones de sentido y no de causa-efecto. Las ocurrencias tendrán, entonces, un valor significante análogo al de los síntomas, sueños o lapsus. La asociación libre indica, además, que el procedimiento psicoanalítico se define como una relación de palabras: no hay otro instrumento que la palabra y la escucha. Los fallos y equívocos del lenguaje permiten escuchar lo que el sujeto no quiere decir (porque no lo sabe) y posibilitan así la enunciación del deseo inconsciente. El proceso de asociación y elaboración -en el que el psicoanalista interviene mediante la interpretación y la construcción, como veremos más adelante, se despliega en el discurso; lo inconsciente, aunque atemporal, produce sus efectos en la dimensión temporal de la palabra. La función de la palabra La primera referencia freudiana al respecto, anterior aún a la fundación del psicoanálisis, corresponde a la eficacia simbólica de la palabra. En un artículo escrito en 1890 para una enciclopedia, titulado El tratamiento psíquico, Freud habla de la cura de las perturbaciones anímicas y corporales con un medio que actúa inmediatamente sobre lo psíquico: "Tal medio es ante todo la palabra, y las pala-bras son también el instrumento esencial del tratamiento psíquico. Seguramente para el lego será difícil comprender que se puedan vencer las enfermedades del cuerpo y del alma mediante 'meras' palabras del médico. Pensará que se lo alienta a creer en la magia. Al hacerlo no se equivoca tanto; las palabras de nuestro hablar (Reden) cotidiano no son otra cosa que magia descolorida. Será necesario, sin embargo, dar un rodeo para hacer comprensible cómo la ciencia se las arregla para devolver a la palabra al menos una parte de su antiguo poder mágico" (Freud, 1890, 17) 6. Este rodeo supone varios momentos: En la cura psicoanalítica la magia o eficacia simbólica no corresponde a la palabra del psicoterapeuta sino a la del paciente. El lugar del psicoanalista no es el del chamán, al decir de Lévi-Strauss, sino que requiere el desarrollo de una particular forma de escucha que ha de ir más allá del sentido convencional de los discursos establecidos. Fueron los pacientes de Freud quienes exigieron ser escuchados, revelando el deseo de hablar "libremente", sin guía ni orientación alguna, tal como se aprecia en la historia clínica de Emmy von N. En ella, Freud comienza por observar que "sucede como si la paciente se hubiera apropiado de mi procedimiento..." En efecto, cuando él la interrumpe Emmy dice, malhumorada, "que no debo preguntarle continuamente de dónde viene esto o aquello, sino que debo dejarla relatar lo que ella me quiere decir" (Freud, 1895b, 52). Freud ya había constatado que sus propias interrupciones eran contraproducentes: "Observo que de ese modo no consigo nada, que no puedo ahorrarme el escucharla hasta el final en cada tema" (Freud, 1895b, 51). Notemos cuán lejos está Freud, por un lado, de la epistemología de la mirada propia de la clínica médica y, por otro, de las psicoterapias directivas, que buscan modificar la conducta o los esquemas cognitivos a partir del saber del terapeuta, sin preguntarse por la significación que aquellos tienen en la biografía del sujeto. Precisamente ha sido su capacidad de escuchar al otro, sustrayéndose a la actitud del chamán, lo que hizo posible el nacimiento del psicoanálisis; la incapacidad del psicoterapeuta para escuchar torna imposible el acceso a la subjetividad y, lo que es aún más grave, niega al sujeto su condición de tal. Señalemos también la enorme influencia innovadora que tuvo esta perspectiva en la psiquiatría, al hacer posible la comprensión de manifestaciones que hasta entonces se consideraban carentes de sentido o se atribuían exclusivamente a causas orgánicas. A Freud le debemos tanto el surgimiento de la psiquiatría dinámica como el abandono del nihilismo terapéutico dominante en la Facultad de Medicina de Viena (Johnston, 1972). Si la expresión verbal es eficaz en la cura, ello se debe a que una experiencia o representación psíquica, que no llegó a ser formulada en palabras, se abrió camino mediante la producción del síntoma. El método psicoterapéutico tiene, entonces, su correlato en el desarrollo de la psicopatología. Además, el modelo explicativo del síntoma encuentra un eco en el análisis de los sueños, chistes, lapsus y diversos tipos de funciones fallidas, de modo que la teoría psicopatológica se amplía para abarcar todas las funciones y manifestaciones de nuestra vida cotidiana. Como ya he señalado, la eliminación de las fronteras rígidas entre lo normal y lo patológico constituye una de las aportaciones más relevantes del pensamiento freudiano. Sería utópico esperar que semejante atentado a la construcción imaginaria de la "normalidad" no despertara rechazo... Si aquello que no pudo acceder a la palabra en la situación traumática postulada como origen de la histeria encuentra una forma de expresión simbólica en los síntomas, también la interpretación habrá de situarse en el plano de la significación. En consecuencia, la deconstrucción del poder mágico de las palabras se produce mediante una triple inversión dialéctica, al efectuar el pasaje: I. De la eficacia sugestiva de la palabra del terapeuta al discurso del analizante, enunciado bajo la forma de asociación libre. De los intentos de eliminación del síntoma al descubrimiento de su origen, lo que da lugar a la articulación -mediante la operación del lenguaje-del método de investigación, el método psicoterapéutico, la teoría de las neurosis y, más adelante, la teoría del funcionamiento psíquico en general. De la localización corporal de la enfermedad a la reformulación de los síntomas neuróticos como otro lenguaje que es necesario descifrar y cuyas leyes hay que descubrir (Tubert, 1999, 208-9). El caso de Elisabeth von R. muestra este proceso de manera paradigmática. Freud refiere que pudo esclarecer el origen de una zona histerógena atípica cuando la paciente, al referirse a sus dolores en las piernas, relató que sobre esa zona dolorida del muslo su padre había apoyado cada mañana su pierna enferma, mientras ella le cambiaba las vendas. Pero luego las piernas doloridas comenzaron a "participar en la conversación" (mitsprechen), a hablar junto con Elisabeth: cada vez que aparecía un recuerdo referido a ese fragmento de su historia se presentaba también la sensación dolorosa, que se mantenía mientras ella continuaba dominada por ese recuerdo, alcanzaba su culminación cuando se disponía a relatar lo esencial y decisivo del mismo y desaparecía con las últimas palabras referidas a ese tema. "Así aprendí a utilizar este dolor como una brújula", escribe Freud, "Cuando ella se callaba, pero el dolor permanecía, sabía que aún no lo había dicho todo" (Freud, 1895b, 120). El dolor, entonces, como cualquier otro síntoma, ya no es considerado como el problema a atacar sino como "brújula", como algo que señala el camino hacia otro espacio. Y desaparece cuando su traducción a palabras lo despoja de su función. La localización del síntoma neurótico en el cuerpo, en consecuencia, está determinada por un sistema de representaciones cuya expresión plástica se vincula con algún giro verbal. La perturbación de la función se produce o se intensifica mediante un proceso de simbolización. En el caso de Elisabeth von R., la astasia-abasia facilitaba la expresión somática de su dependencia y de su impotencia frente a diversos problemas y desgracias familiares y personales. Algunas locuciones (Redensarten) como "no avanzar" (nicht von der Stelle kommen), "no tener apoyo" (keinen Anhalt haben) proporcionaban un puente para el proceso de conversión (Freud, 1895b, 143). Es decir, un puente verbal, una frase, opera como intermediario entre el dolor y ciertas representaciones teñidas de afecto: el salto interpretativo del dolor físico al psíquico se produce merced a esta mediación lingüística. En este contexto Freud evoca el caso de Cecilia: el dolor en el talón derecho que le impedía andar desaparece cuando ella pronuncia una frase: temía "no entrar con buen pie" en un medio social desconocido. La expresión alemana rechte Auftreten significa tanto "pisar bien" como "presentarse correctamente". También en este caso apreciamos que el puente verbal se establece por la polisemia de las expresiones empleadas. Es evidente la originalidad -y la vigencia actual-de la concepción freudiana del síntoma histérico como simbolización que se opera mediante una expresión lingüística (sprachliche Ausdruck) (Freud, 1895b, 148). Es innegable que, si las palabras reemplazan a los síntomas en el proceso de curación, es válido postular que han sido las palabras las que les dieron su forma específica. Al interpretar literalmente una expresión verbal como si se tratara de "una puñalada en el corazón" o "una bofetada", es decir, al experimentarla como un suceso o acto real, el histérico no está jugando abusivamente con las palabras, sino que simplemente revive las sensaciones que, precisamente, constituyen el referente de esa expresión verbal. La diferencia entre una enunciación "normal" y otra histérica es la misma que existe entre los usos figurado y literal del lenguaje. La estructura misma del lenguaje hace posible este doble uso, articulando así la construcción individual de la significación y las propiedades generales de la lengua (Forrester, 1989). Como hemos visto, si el síntoma es la expresión de enunciados que no pudieron ser formulados en su momento, la cura consiste en poner en palabras los recuerdos investidos de afecto que habían llegado a configurar síntomas. Se establece así una oposición entre la operación del lenguaje en el proceso de formación de síntomas y su función en el análisis. En efecto, Freud considera que el síntoma histérico se funda en un tipo particular de formación de símbolos; en el Proyecto de una psicología para neurólogos especifica que se trata de una simbolización rígida que sustituye completamente la cosa por el símbolo; esta inconmovible simbolización constituye una "función en exceso" que va más allá de la defensa normal (Freud, 1895a, 249;251). Por el contrario, el discurso del analizante es de carácter fluctuante; su significación deriva, por un lado, de su historia vital y, por otro, de su relación transferencial con la persona del analista. Como ha observado Forrester, la antítesis freudiana entre memoria y percepción-consciencia se puede vincular con la oposición entre lengua y habla. La lengua representa el apoyo de toda permanencia simbólica, el medio por el cual los seres humanos conservan -y crean-el pasado, el recuerdo que insiste como reminiscencia en el síntoma. El habla, precisamente por su carácter efímero, hace posible disolver, transformar y olvidar las marcas que el lenguaje ha dejado en el sujeto (Forrester, 1989, 162-164). Pero el habla del analizante también tiene un carácter sintomático: los lapsus, los sueños, los chistes, dicen lo que podría ser verbalizado, pero lo hacen "con otras palabras". El eje del trabajo analítico es una estructura lingüística rígida, que se repite continuamente, ya sea a través de un síntoma corporal o de expresiones verbales. Se puede decir que el neurótico no dispone de la multiplicidad de combinaciones potenciales propias de todo lenguaje humano, sino que ha quedado literalmente atrapado en la repetición de unas pocas fórmulas, como se observa particularmente en el caso del pensamiento obsesivo. El campo del lenguaje es, entonces, el que establece los límites del campo analítico, tal como define, para Wittgenstein, los límites del propio mundo. Significación de la transferencia Es importante destacar que, a partir de su práctica clínica, Freud formuló dos conceptos esenciales y específicos del psicoanálisis, que lo diferencian de los demás métodos psicoterapéuticos: transferencia y resistencia. En uno de sus escritos sobre técnica, La dinámica de la transferencia, indica desde el título mismo que entiende la cura como un proceso determinado por un juego de fuerzas. Se trata de la puesta en escena del conflicto entre las defensas del yo y lo reprimido, el mismo conflicto que subyace a la producción de síntomas neuróticos. Si nos limitamos a una demanda manifiesta de curación no comprenderemos los fenómenos transferenciales, que constituyen la clave tanto de las resistencias del analizante al trabajo analítico como de la posibilidad de su prosecución. Las disposiciones y experiencias de la infancia establecen la modalidad de la vida erótica "fijando los fines de la misma, las condiciones que el sujeto habrá de exigir en ella y las pulsiones que en ella habrá de satisfacer" (Freud, 1912a(Freud,, 1648)). Esa modalidad se repite luego, en el curso de la vida, de una manera regular, en la medida en que las circunstancias y los objetos eróticos accesibles lo permitan. Me gustaría subrayar que la compulsión a la repetición no supone una negación de la posibilidad de todo cambio, como se piensa con frecuencia; eso sería más bien lo que caracteriza a la neurosis: la simbolización inconmovible, la función en exceso. El modelo, o serie de modelos, estructurados en la infancia, es "susceptible también de alguna modificación bajo la acción de las impresiones recientes" (Freud, 1912a(Freud,, 1648)). Pero no todas las tendencias que configuran la vida erótica son accesibles a la consciencia; aquellas que han sido reprimidas sólo pueden desplegarse en la fantasía o permanecer inconscientes. Entonces intentarán satisfacerse dirigiéndose hacia nuevos objetos, entre ellos el psicoanalista. Esta transferencia libidinal no se presenta sólo en el tratamiento psicoanalítico sino también en cualquier contexto terapéutico; lo que singulariza al psicoanálisis es el hecho de analizarla, transformando en instrumento terapéutico lo que constituía un obstáculo. En efecto, la transferencia surge bajo la forma de resistencia opuesta a la cura. ¿Cómo se explica esta paradoja? En la neurosis la represión se acompaña de la regresión de la que reactiva los complejos infantiles o, más exactamente, sus elementos inconscientes. La cura analítica se propone hacerlos conscientes para que la libido, accesible a la consciencia, no necesite ya satisfacerse en las fantasías implícitas en los síntomas. Como es de esperar, las fuerzas represoras que motivaron la regresión de la libido se opondrán a la investigación analítica. Además la libido, alejada de la realidad, ha quedado fijada a aquellos complejos: "Para libertarla tiene que ser vencida esta atracción de lo inconsciente, lo cual equivale a levantar la represión de las pulsiones inconscientes y de sus productos" (Freud, 1912a(Freud,, 1650)). La búsqueda de las raíces inconscientes de las representaciones accesibles a la consciencia -incluidas aquellas que se manifiestan como síntomas-encuentra, tarde o temprano, la resistencia a su desvelamiento y en este punto interviene la transferencia. Llamamos positiva a la transferencia de sentimientos afectuosos que facilitan la prosecución de las asociaciones y, mientras su acción es favorable al análisis, no la advertimos ni necesitamos ocuparnos de ella. La negativa corresponde a sentimientos hostiles que dificultan o impiden continuar el trabajo analítico. No obstante, la transferencia que se pone al servicio de la resistencia no es siempre la negativa; puede serlo también la positiva, cuando no corresponde a sentimientos cariñosos conscientes sino más bien a impulsos eróticos reprimidos. Cada vez que la investigación psicoanalítica se acerca a un complejo patógeno, el elemento que se presenta en la consciencia es precisamente el más adecuado para ser transferido a la figura del terapeuta y, a la vez, el que despierta mayor resistencia generando, por ejemplo, la interrupción de las asociaciones. Este proceso se desencadena en el momento en que están a punto de desvelarse contenidos reprimidos especialmente importantes, lo que pone de manifiesto el carácter dual de la transferencia: es una forma de resistencia al mismo tiempo que indica, como una brújula, la proximidad del conflicto inconsciente. Este carácter nos permite concebirla como un nuevo síntoma, en tanto hay una equivalencia estructural y dinámica entre las reacciones transferenciales y los síntomas propiamente dichos. Su naturaleza sintomática implica que no se trata de repeticiones literales sino de equivalentes simbólicos de lo transferido. La deformación por medio de la transferencia, análoga a la transposición del sueño latente en sueño manifiesto o al disfraz del deseo inconsciente conflictivo mediante el síntoma, se convierte en el proceso analítico en un derivado privilegiado de lo inconsciente. En consecuencia, la transferencia es la escena en la que habrán de dirimirse los conflictos reprimidos, que se reviven en la medida en que no pueden ser recordados: lo que no se puede reproducir como recuerdo se repite como acto. Por ejemplo, la rebeldía infantil contra la autoridad paterna se repite bajo la forma de enfrentamiento con el terapeuta. La compulsión a repetir es, entonces, una manera especial de recordar y la transferencia es una repetición del pasado "olvidado", que corrobora la permanencia y la fuerza de los deseos y fantasmas inconscientes (Freud, 1914a(Freud,, 1684-5)-5). No se trata de una actualización de relaciones efectivamente vividas sino, fundamentalmente, de la realidad psíquica. Más precisamente, lo que se repite es todo aquello que, a partir de lo reprimido, ha pasado a formar parte de la personalidad: impulsos insatisfechos, inhibiciones, rasgos de carácter. La enfermedad no es sólo una cuestión histórica sino un poder actual y real; el trabajo terapéutico consiste, en gran medida, en reconducirla al pasado (Freud, 1914a(Freud,, 1686)). ¿Cómo funciona, entonces, el método psicoanalítico? Su eficacia resulta de transformar en consciente lo inconsciente, llenando las lagunas de la memoria: "levantamos las represiones, anulamos las precondiciones que presiden la formación de síntomas y transformamos el conflicto patógeno en un conflicto normal que acabará por hallar alguna solución" (Freud, 1915(Freud, -17, 2393)). Sin embargo, no se trata meramente de descubrir lo inconsciente y comunicárselo al paciente; esto no produce modificación alguna puesto que, como hemos visto, existen resistencias que se empeñan en mantener la represión. Es necesario descubrirlas vencerlas resistencias para levantar la represión y acceder a lo inconsciente; se desarrolla así una lucha entre motivaciones contrarias: la que pretende descubrir las causas del sufrimiento psíquico inherente a los síntomas, y la que ha provocado originariamente la represión. De este modo, se reanima el antiguo conflicto con las exigencias libidinales, que el yo débil e infantil sólo fue capaz de controlar mediante la represión: por eso la resistencia, que se presenta como obstáculo, se convertirá al ser analizada en un instrumento para acceder a lo reprimido. "El medio de vencer la transferencia es demostrar al enfermo que sus sentimientos no son producto de la situación del momento ni se refieren, en realidad, a la persona del médico, sino repiten una situación anterior de su vida" (Freud, 1915(Freud, -1917(Freud,, 2399)). La transferencia se convierte en recurso terapéutico, al permitir el acceso a sectores encubiertos de la vida psíquica, en la medida en que la repetición es sustituida por la rememoración. Estos conceptos muestran la especificidad del método psicoanalítico: ningún otro sistema psicoterapéutico toma en consideración la escenificación del conflicto psíquico en la situación clínica, es decir, la transferencia como derivado de lo inconsciente que lo revela y lo encubre a un tiempo, y cuyo análisis permite trascender los límites de la consciencia, de la voluntad y de la demanda del sujeto. Por otra parte, en tanto la transferencia se funda la pervivencia del pasado en el presente, se comprende la pertinencia de un enfoque histórico-genético para descifrar -o construir-la significación de los síntomas y demás manifestaciones del analizante. Con frecuencia se critica al psicoanálisis por remontarse al pasado en lugar de centrarse, como otros sistemas psicoterapéuticos, en el conflicto actual. Pero, ¿es posible comprenderlo sin tomar en consideración sus raíces históricas? Lo que tiene validez para la historia social también la tiene para la individual: su desconocimiento nos condena a repetirla; sólo la recuperación de la memoria y la elaboración consiguiente permiten romper el círculo de la repetición y, por consiguiente, ganar grados de libertad. ¿De qué modo interviene el psicoanalista en este proceso? Si el paciente debe observar la regla de la asociación libre, diciendo todo lo que se le ocurre sin ejercer ningún tipo de autocrítica, el analista debe escucharlo con una atención flotante. Es decir, en la suspensión, tan completa como sea posible, de todo lo que habitualmente orienta nuestra atención al escuchar: inclinaciones personales, prejuicios, presupuestos teóricos, por fundados que éstos sean. Esta regla permitirá al analista descubrir las conexiones inconscientes en el discurso del paciente, conservando en su memoria una diversidad de elementos que aparentemente carecen de importancia pero que, con el tiempo, pueden demostrar su valor. La propuesta de la atención flotante plantea un problema. La técnica de la asociación libre supone que al abandonar las representaciones finales conscientes, que habitualmente ordenan nuestro pensamiento según las reglas de la lógica y de la sintaxis, aquéllas son reemplazadas por representaciones finales inconscientes. Podemos sospechar, entonces, que cuando el analista asume la actitud de la atención flotante, serán sus propias motivaciones inconscientes las que orienten su atención. La solución que Freud aportó al problema de la intervención de la subjetividad del terapeuta -y que sigue siendo rigurosamente respetada por todas las corrientes del psicoanálisis contemporáneo-es la exigencia de que aquél haya pasado por la experiencia de un análisis personal, elemento clave de la formación psicoanalítica. Esta se completa con la formación teórica y clínica, que incluye la supervisión o control, con un analista experimentado, de los tratamientos que lleva a cabo. De todos modos, sea cual fuere su formación y su experiencia, el analista debe proseguir la investigación de su propia personalidad. Sobre todo, es preciso analizar permanentemente su contratransferencia, es decir, sus reacciones inconscientes tanto ante la persona del analizante como ante la transferencia El reconocimiento de la ineludible intervención de la subjetividad del analista conduce a un continuo retorno crítico sobre la situación clínica. Como hemos visto, la intervención psicoanalítica tiende a descifrar los fenómenos transferenciales mediante su referencia al pasado, con el fin de evocarlo en lugar de actuarlo, para que los deseos o conflictos inconscientes se reproduzcan en el terreno psíquico en lugar de ser derivados mediante actos. Cuando indica que la tarea del psicoanalista es "hacer surgir lo que ha sido olvidado a partir de las huellas que ha dejado tras de sí o, más correctamente, construirlo" (Freud, 1937, 3366), Freud establece una distinción entre dos procedimientos: interpretación y construcción. La interpretación se aplica de manera puntual a un elemento sencillo y tiende a subrayar las repeticiones, lapsus y lagunas del discurso del analizante, para desvelar el deseo inconsciente y los fantasmas en los que se "realiza". En el curso del tratamiento, el psicoanalista realiza también otro tipo de intervenciones que, aunque diferentes de la interpretación propiamente dicha, pueden asumir en el contexto transferencial un valor interpretativo. Es lo que sucede cuando estimula al analizante a hablar, lo reasegura, le explica algún mecanismo o un símbolo, etc. La construcción es una elaboración más amplia que la interpretación, un intento de dar cuenta de un fragmento de la verdad histórica (Freud, 1937b, 3373). Es difícil cumplir el objetivo ideal de la cura, es decir, alcanzar una rememoración total de la historia del sujeto, superando la amnesia infantil. En consecuencia, el analista puede verse obligado a realizar esa elaboración, que intenta reconstruir un fragmento olvidado de su historia, y comunicarla al paciente; si la construcción es adecuada y se formula en el momento oportuno, puede tener eficacia terapéutica e incluso hacer resurgir recuerdos reprimidos. Notemos que Freud no habla de reconstrucción ni de recuperación del pasado olvidado, sino de algo que participa del carácter de la ficción, pero que puede ser eficaz porque recoge, aunque fragmentariamente, aquella verdad y permite encontrar, o conferir, un sentido a la realidad opaca y enigmática del sujeto, de su sufrimiento, de su pasado. La construcción es "una conjetura que espera examen" (Freud, 1937b, 3370), concerniente a un fragmento de la historia del analizante, formulada a partir de indicios del pasado presentes en sus síntomas, en los rasgos de su carácter y en su discurso. Se trata de una hipótesis que habrá de ser confirmada o rechazada en función de las asociaciones u ocurrencias subsiguientes. El psicoanálisis, como método de interpretación, difiere de toda exégesis teológica, moral y escatológica de los símbolos y, por lo mismo, no busca la restauración del sentido. A lo que remite es a la historia del sujeto, en tanto no se confunde con el pasado sino que es reconstrucción, construcción, trabajo de creación de sentido. No hay revelación ni emergencia de un sujeto verdadero; por el contrario, nos vemos enfrentados permanentemente con la división, la fragmentación, la multiplicidad. Pero el trabajo de producción de sentido puede liberarnos de la neurosis, en tanto ésta es un circuito estancado en el que se repite aquello que no llegó a constituirse como historia (Pontalis, 1957). Esta producción de sentido se abre a la multiplicidad sin acceder jamás a la totalización ni a la unificación. En consecuencia, se presenta como una tarea imposible en tanto jamás se logra restituir completamente el pasado, ni dar palabras a lo reprimido hasta el punto de agotarlo; aunque tenga siempre un punto final por razones prácticas, es en sí mismo inacabable. Además de los factores que inciden en sus resultados -la etiología traumática de la enfermedad, la intensidad de las pulsiones y la alteración del yo-, Freud considera que la imposibilidad de dar cuenta de lo real opera como límite de la actividad psicoanalítica. No es factible transponer totalmente la realidad humana, la experiencia, el pasado vivido, al terreno psíquico de la representación o de la expresión verbal: el discurso se detiene cuando topa con la roca de la castración, con el hecho biológico de la diferencia sexual, ese gran enigma (Freud, 1937a, 3364). Es notable el contraste entre este enfoque y las psicoterapias que prometen la felicidad merced a la aplicación omnipotente de fórmulas prefabricadas que ignoran tanto la singularidad subjetiva como sus propios límites. En oposición a lo que algunos creen, el método psicoanalítico excluye la formulación de interpretaciones según un código y de construcciones en función de la teoría; ambas resultan de la escucha del discurso singular del sujeto, y su validez se juzga por sus efectos, es decir, por las representaciones o recuerdos que permiten -o no-evocar. "El camino que empieza en la construcción del analista debería acabar en SILVIA TUBERT los recuerdos del paciente", aunque no siempre se puede llegar a ellos (Freud, 1937, 3371) En este caso, su valor se juzga por sus efectos terapéuticos; la construcción es eficaz en la medida en que acoge una parte de la experiencia perdida y permite así "liberar el fragmento de verdad histórica de sus distorsiones y relaciones con el presente y hacerlo remontar al momento del pasado al cual pertenece" (Freud, 1937, 3372). Ética y límites de la técnica Ninguna propuesta psicoterapéutica puede concebirse como ajena a la ética: Freud aconseja al psicoanalista el distanciamiento afectivo necesario para abstenerse de todo encarnizamiento terapéutico y de toda ambición pedagógica, para renunciar a sus propios deseos y crear las condiciones para que el analizante se constituya en sujeto de su propio deseo. El analista debería contentarse con ayudar al sujeto a recuperar "su capacidad funcional y de goce", sin poner en juego su propia individualidad; "... debe permanecer impenetrable para el enfermo y no mostrar, como un espejo, más que aquello que le es mostrado", afirma en "Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico" (Freud, 1912b(Freud,, 1658)). Freud insiste en su rechazo a "adueñarse" del analizante para "estructurar su destino" e imponerle los ideales propios. Sin embargo, lo primordial es la flexibilidad requerida por la consideración de cada sujeto en su singularidad: en circunstancias especiales, el analista puede intervenir ocasionalmente como consejero o educador. "Pero en estos casos -añadirá más tarde-habremos de actuar siempre con máxima prudencia, tendiendo a desarrollar y robustecer la personalidad del paciente en lugar de imponerle las directrices de la nuestra propia" (Freud, 1918(Freud,, 2461)). En términos generales, imponer al analizante una determinada concepción del universo, aún cuando se realice con las mejores intenciones, constituye una violencia. Evidentemente, la actitud adecuada sólo es posible si el terapeuta se ha sometido, a su vez, a un psicoanálisis personal, para vencer sus propias resistencias merced al reconocimiento de "aquellos complejos propios que pudieran perturbar su aprehensión del material suministrado por los analizados" (Freud, 1913(Freud,, 1657)). Ningún otro método exige al terapeuta colocarse inicialmente en el lugar del paciente, comprobar en sí mismo el procedimiento, en este caso, hacer la experiencia de lo inconsciente que limita el narcisismo del yo y exige asumir el desconocimiento -de sí y del otro-como punto de partida y como frontera. No es este el único límite que debe asumir el psicoanalista. En primer lugar, en "La iniciación del tratamiento" Freud señaló que, como en el juego de ajedrez, "sólo las aperturas y los finales pueden ser objeto de una exposición sistemática exhaustiva, a la que se sustrae en cambio totalmente la infinita variedad de las jugadas siguientes a la apertura." Más allá de la regla fundamental de la asociación libre, se limitó a formular algunas pautas o "consejos", indicando que "la extraordinaria diversidad de las constelaciones psíquicas dadas, la plasticidad de todos los procesos psíquicos y la riqueza de los factores que hemos de determinar se oponen también a una mecanización de la técnica" (Freud, 1913(Freud,, 1661)). La intervención de factores emocionales (resistencias mencionadas al comienzo de este trabajo) es lo único que nos permite comprender que lo consideren "dogmático" sus detractores, inclusive aquellos psicoterapeutas que aplican "protocolos" estandarizados despreciando la singularidad de los sujetos. O que quienes pretenden ser psicoanalistas y al mismo tiempo haber superado al psicoanálisis traten de desacreditarlo afirmando que se ha limitado a proponer un procedimiento único para la cura de cada tipo de neurosis. En segundo lugar, lejos de postular su método como panacea, Freud se preocupó por consignar que no está indicado en todos los casos. Más aún, cuando resultaba difícil decidir desde un principio si el psicoanálisis está indicado, propone un "ensayo previo" para ahorrar al paciente, en caso de constatar que no lo está, "la penosa impresión de una tentativa de curación fracasada", puesto que sólo se ha tratado de un "período de prueba" (Freud, 1913(Freud,, 1661)). Como vemos, Freud ha respondido por anticipado a críticas que, sorprendentemente, se siguen planteando en la actualidad. Otra de ellas se refiere a la prolongada duración de la cura. Aunque sería de desear que la cura pudiera abreviarse, no es fácil si se aspira a lograr "modificaciones anímicas algo profundas"; el tiempo es necesariamente proporcional al trabajo y al resultado (Freud, 1913(Freud,, 1665)). El intento de resolver y eliminar únicamente algún síntoma aislado conduce al fracaso, puesto que la neurosis "posee los caracteres de un organismo, y sus fenómenos parciales no son independientes entre sí, sino que se condicionan y se apoyan unos a otros". Si fuera posible eliminar algún síntoma particularmente intolerable, podría producirse la intensificación de otro más leve o la aparición de uno nuevo (Freud, 1913(Freud,, 1666)). La duración de la cura depende de la complejidad, tanto de los procesos que subyacen a los síntomas como de los que se desencadenan en la relación transferencial. Debemos añadir que sobre la base de la teoría y de la escucha psicoanalítica se han desarrollado variantes técnicas que permiten abordar, por un lado, la cura de niños, de pacientes psicóticos o el tratamiento grupal y, por otro, la asistencia en instituciones, como hospitales y centros de salud. Más allá de la aplicación rigurosa de la técnica, la comprensión psicoanalítica puede llevarse a distintos ámbitos sociales y culturales: la extensión de sus aplicaciones es una prueba de su vitalidad. He intentado mostrar que el psicoanálisis, tanto en sus procedimientos técnicos como en sus fundamentos teóricos, implica una actitud ética en la medida en que respeta la complejidad de lo humano, rechaza el reduccionismo que despoja al sujeto de su condición de tal y difiere de los métodos normativos y reeducativos que buscan la adaptación social y la rentabilidad.
La noción de "banalidad del mal" apareció en la obra de Hannah Arendt, aunque sin detalles conceptuales, en 1963 cuando se publicó su elaboración del reporte del juicio de Otto Adolf Eichmann, uno de los criminales de guerra especialmente famoso, realizado en Jerusalén el año de 1961. El reportaje, Eichmann en Jersusalén, un estudio sobre la banalidad del mal, alcanzó especial significación tanto por la formulación que adquiría la existencia del mal como por la distinción entre no pensar y estupidez que, según Hannah Arendt, caracterizó la actitud del acusado: "ausencia de pensamiento no quiere decir estupidez; puede encontrarse en personas muy inteligentes, y no proviene de un mal corazón; probablemente sea a la inversa, que la maldad puede ser causada por la ausencia de pensamiento" (Arendt, 1984, 24). Es esta ausencia de pensamiento lo que motivó a Hannah Arendt a investigar acerca de la vida de la mente 1 y, con ello, el origen del mal aunque ya no en el libro sobre el reportaje, sino en La vida del espíritu. La controversia 2 que suscitó la afirmación de la banalidad del mal de Eichmann en Jerusalén... no sólo se debe a la gravedad de su formulación, sino también a que se presenta como una aparente ruptura en las consideraciones de Hannah Arendt. En Los orígenes del Totalitarismo el mal tenía el carácter de radical, mientras que en Eichmann en Jerusalén es banal. Esta ruptura es casi más bien una contradicción aunque sea dicha diez años después de la publicación de Los orígenes del totalitarismo. Hannah Arendt, no obstante, reduce sus consideraciones a un nivel donde la importancia del tema se diluye, a pesar de que afirme en carta a Sholem que "ha cambiado de opinión" respecto al tema. Pero que sólo es una aparente ruptura lo confirman las palabras de Arendt en la misma carta: "opino que el mal no es nunca 'radical', que sólo es extremo, y que carece de toda profundidad y de cualquier dimensión demoníaca" (Arendt, 2004, 150). La obra de Hannah Arendt desde Los orígenes del Totalitarismo contiene, a mi ver, una defensa de la dignidad humana: el principio sobre el que se sostiene no sólo el mundo sino toda comunidad política; y es desde la noción de "banalidad del mal" que se aproxima al carácter completamente novedoso y absoluto del régimen nazi, del Totalitarismo y de sus posibilidades permanentes. Y todavía más: una de las características del sistema Totalitario es que no sólo actuó sobre sus víctimas, sino además, y ésa fue la garantía de su funcionamiento, al eliminar la capacidad de espontaneidad entre ellas en tanto que no protestaron mientras avanzaban hacía su propia muerte, también lo hizo sobre los victimarios entre quienes la obediencia fue un factor común. En Los orígenes del Totalitarismo, el arma letal y símbolo de las capacidades del régimen Totalitario son, para Hannah Arendt, los campos de exterminio, una realidad que no fue propiamente invento del régimen y, sin embargo, funcionaron como la verdadera institución totalitaria. Es en los campos de exterminio donde es posible la eliminación de la identidad de los individuos y la eliminación de las capacidades no sólo de pensamiento sino también sensitivas a través de dos formas de exterminio que confluyen en la desaparición de la persona jurídico-moral y física: "los campos son concebidos no sólo para exterminar a las personas y degradar a los seres humanos, sino también para servir a los fantásticos experimentos de eliminar, bajo condiciones científicamente controladas, a la misma espontaneidad como expresión del comportamiento humano y de transformar a la personalidad humana en una simple cosa, algo que ni siquiera son los animales" (Arendt, 1987, 533). Al punto de que Eichmann, al igual que muchos otros oficiales SS, "superó la necesidad de sentir, en general" (Arendt, 2000, 205) a medida que pasaba el tiempo y él obedecía las leyes dictadas por el Führer. La aniquilación de la espontaneidad y la consiguiente "ausencia de pensamiento" tienen una consecuencia mucho más peligrosa para la vida que el hecho del asesinato porque, afirma Hannah Arendt, sistemáticamente el Totalitarismo extirpó la libertad de los individuos. Eliminar la espontaneidad y transformar la personalidad son, en este sentido, las formas más infames de exterminio, al punto de que antes de la eliminación física de los internados en los campos era preciso, primero, "matar en el hombre a la persona jurídica" y, segundo, "el asesinato de la persona moral en el hombre". Este proceso de desintegración se desarrolla, según Hannah Arendt en tres estadios: 1. el arresto arbitrario, con el que "se destruye a la persona jurídica no a causa de la injusticia sino a causa de que el arresto no tiene la más mínima relación, cualquiera que sea, con las acciones u opiniones de la persona", 2. la desintegración de la personalidad moral, que "se consigue mediante la separación de los campos de concentración del resto del mundo [situación por la que no atraviesan las cárceles que nunca están fuera de la sociedad, sino que forman parte de su propia estabilidad], una separación que hace del martirio algo sin sentido, vacío, ridículo" y 3. la destrucción de la individualidad, que "se logra mediante la permanencia e institucionalización de la tortura". El resultado es la reducción de los seres humanos a su "ínfimo denominador común posible de 'reacciones idénticas'" (Arendt, 2005, 296). Si, por una parte, no hay un país que reclame el cadáver de las personas desaparecidas y, por otra, esos mismos países más bien colaboran en la deportación de sus judíos, la muerte física es sólo una consecuencia lógica innecesaria para la permanencia del régimen. De ahí que "el Totalitarismo busca no la dominación despótica sobre los hombres, sino un sistema en el que los hombres sean superfluos" (Arendt, 1987, 554, cursivas de M.L.). O en otras palabras, banales, incapaces, por un lado, de desobedecer y, por otro, de distinguir el bien del mal y, no obstante, seguir con vida. Esa capacidad del régimen Totalitario de hacer superfluos a los seres humanos llevó a Hannah Arendt a encontrar, durante el juicio de Eichmann en Jerusalén, que el problema es que el mal no tiene raíces ni "diabólica profundidad". Y más allá de que haya aparecido como condición de la vida humana con el comienzo del tiempo y el nacimiento de los hombres en el mundo, según la distinción que ella misma hace a partir del pensamiento político de san Agustín, tampoco cabe que se acepte en calidad de parte esencial de la condición humana. Que el mal no tenga raíces implica, en términos de las posibilidades del conocimiento, que carece de esencia, la cualidad de todas las cosas a partir de la que es posible acercarse a su naturaleza, como el bien. Uno de los presupuestos del juicio de Jerusalén era que el mal había sido encarnado en la persona de Eichmann. Éste, sin embargo, no era ningún monstruo y los motivos que lo pudieron haber llevado a cometer los crímenes de los que era acusado no derivaron más que de su "naturaleza idealista" (el éxito para Eichmann era la única razón por la que cabía dar credibilidad y sentir respeto por alguien más), pese a lo que Eichmann "habría sido incapaz de matar a un superior para heredar su cargo" 3. Y estas son las peculiaridades que Hannah Arendt encontró en Eichmann. 1) Se declaró "inocente en los términos en que se formula la acusación", y aseguró que nunca había matado a ninguna persona judía o no, ni ordenado que le dieran muerte a persona alguna, porque, según dijo, "no tuve que hacerlo"; pero, por otra parte, también afirmó que "hubiera matado a su propio padre, si se lo hubieran ordenado" (Arendt, 2000, 41). 2) Eichmann no enfrentaba cargos de conciencia porque había hecho todo cuanto se le había pedido, de lo contrario "hubiera llevado un peso en ella en el caso de que no hubiera cumplido las órdenes recibidas, las órdenes de enviar a la muerte a millones de hombres, mujeres y niños, con la mayor diligencia y meticulosidad" (Arendt, 2000, 46). 3) Eichmann no constituía un caso de insanía moral. Declaró que "nunca tuvo nada contra los judíos", y en caso de ser un sádico no se le habría condenado a la muerte sino que se le habría encerrado en un manicomio. El problema de los jueces para no creerle, fue que eran "demasiado honestos, o quizá estaban convencidos de los conceptos que forman la base de su ministerio, para admitir que una persona 'normal', que no era ni un débil mental ni un cínico, ni un doctrinario, fuera totalmente incapaz de distinguir el bien del mal" (Arendt, 2000, 47). 4) Y, por otra parte, Eichmann siempre presentó dificultades para recordar lo que hacía y el momento preciso en que sucedía tal o cual cosa. a) Eichmann recordaba poco, tanto en sus declaraciones como en la biografía que escribió mientras estuvo en prisión, la manera en que cambió de uno a otro trabajo en el transcurso de su vida anterior a su ingreso en el partido en 1932. Falseó constantemente respecto a que si su padre le había conseguido un empleo o él mismo lo había solicitado diciendo que le habían ofrecido importantes puestos en esta o aquella compañía. b) Eichmann, por otra parte, tenía una gran propensión a "atribuirse méritos ajenos": "pretender El problema está en otra parte y el comportamiento de Eichmann lo sacó a relucir en el proceso del juicio: a Eichmann, en más de una ocasión, le traicionó la memoria, era incapaz de recordar cualquier cosa excepto las frases hechas del lenguaje burocrático que se empleaba en el régimen, al punto de atribuirse actos que las pruebas documentales mostraban que no habían sido de su autoría, como el proyecto Madagascar (que consistía en transportar a los judíos y colocarlos en una patria) y aceptar haber sido el autor de la muerte de millones de judíos, cuando sus funciones se limitaron a las negociaciones en torno al transporte útil a la deportación de judíos a los distintos campos. En este sentido, no sólo resulta molesto calificar a Eichmann como un sujeto del montón, banal o vulgar dependiendo del uso de los términos, en la medida en que no cabe la menor duda de que tuvo el papel de "deportador" de judíos en el régimen nacionalsocialista; molesto también es que en función de sus acciones se pretenda (al menos así se quiere interpretar) justificar las más monstruosas actividades realizadas por un grupo de hombres sobre todo un pueblo. Sin embargo, y aunque la adjetivación está utilizada en función de la persona de Eichmann, su comportamiento es una de las características más generales de los individuos durante el Totalitarismo: "lo más grave en el caso de Eichmann es que hubo muchos hombres como él, y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron, y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales" (Arendt, 2000, 417). ¿Pero cuáles son, pues, esas características generales de los hombres como Eichmann a las que Hannah Arendt se refiere? ¿En qué radica la banalidad del mal en los agentes SS? "Cuando hablo de banalidad del mal [indica Hannah Arendt en el 'Post Scriptum' de Eichmann en Jerusalén] lo hago solamente a un nivel estrictamente objetivo, y me limito a señalar un fenómeno que, en el curso del juicio, resultó evidente" (Arendt, 2000, 433): que "Eichmann no era estúpido", simplemente no pensaba. No había en él esa capacidad de reflexión a través de la que es posible distinguir lo que está bien de lo que está mal. En este sentido, "una de las lecciones que nos dio el proceso de Jerusalén fue que tal alejamiento de la realidad y tal irreflexión pueden causar más daño que todos los malos instintos inherentes, quizá, a la naturaleza humana" (Arendt, 2000, 434s). hombres. Pero la gravedad de estas circunstancias no se encuentra en que se considere, finalmente, a Eichmann o bien como alguien del montón, o como alguien que se comportaba según la norma al interior del régimen, sino que al hacerlo se evaden consecuencias sumamente peligrosas para la humanidad entera y no sólo para un individuo, "porque tratamos de comprender el comportamiento psicológico de los internados en los campos de concentración y de los hombres de las SS, cuando lo que debe comprenderse es que el verdadero espíritu puede ser destruido sin llegar a la destrucción física del hombre; y que, desde luego, el espíritu, el carácter de individualidad, bajo determinadas circunstancias, sólo parecen expresarse por la rapidez o lentitud con la que se desintegran" (Arendt, 1987, 536). La destrucción del espíritu y de la individualidad se logra sin el exterminio propiamente físico, no es necesario y en todo caso resulta inútil, porque quienes permanecen aislados de lo que verdaderamente sucede en realidad no existen. El exterminio del espíritu es, desde Los orígenes del Totalitarismo, la preocupación de Hannah Arendt en relación a los desarrollos del régimen nacionalsocialista y es, a mi parecer, el punto que para la autora elimina la dignidad humana, de ahí que el problema del mal no sea de carácter moral, jurídico o epistemológico, sino político. No es moral porque no cabe la discusión acerca de si está bien o está mal matar a nuestros semejantes. En ese caso, la condena y ejecución de Eichmann sólo tiene justificación por el hecho de que contribuyó al asesinato de miles de personas y no en que hubiera sido un monstruo o un individuo poseído por el diablo. El problema tampoco es epistemológico: Eichmann no era estúpido, la precisión con que llevaba a cabo su trabajo es una muestra de que conocía a la perfección el departamento en que se desempeñaba. En otras palabras, Eichmann no era estúpido por cuanto que evidenciaba con sus acciones que conocía lo que hacía; pero, no pensaba. Y, finalmente, la eliminación de la espontaneidad y la personalidad jurídica y moral de los seres humanos es un crimen contra la dignidad humana, que no requiere forzosamente, decíamos, el exterminio físico, por lo que el problema de la "banalidad del mal" se ubica en el centro de las discusiones de carácter político. atribuirse la muerte de cinco millones de judíos, aproximadamente el total de pérdidas sufridas a causa de los esfuerzos combinados de todas las oficinas y autoridades nazis era absurdo, y él lo sabía perfectamente" (Arendt, 2000, 77). La tarea de Eichmann estaba encaminada a deportar judíos, porque en todo aquel complejo burocrático "sabía organizar y negociar". Por lo que si bien es cierto que sus actividades abarcaron la totalidad de Europa no fue porque él fuera alguien influyente sino porque en su calidad de deportador de judíos debía tratar los asuntos pertinentes al caso en todo el continente. c) Eichmann era incapaz de considerar cualquier cosa "desde el punto de vista de su interlocutor". Su único lenguaje era el burocrático que, a pesar de su deficiente memoria, Eichmann repetía constantemente: "sólo necesitaba recordar su pasado para sentirse seguro de que no mentía y de que no se estaba engañando a sí mismo, ya que él y el mundo en que vivió habían estado, en otro tiempo, en perfecta armonía" (Arendt, 2000, 83). El autoengaño, en este punto, fue fundamental no sólo para los oficiales SS sino para la población común alemana, porque se había convertido en un requisito moral para sobrevivir. Y también para las víctimas. Este es otro de los aspectos del libro constantemente reprochados a Hannah Arendt, por cuanto que coloca en el centro de sus investigaciones sobre el Totalitarismo la participación judía, que no fue sino otro resultado del régimen 4. d) Y, por último, la existencia de una "mendacidad sistemática" permitía a Eichmann recordar las frases hechas y el lenguaje en clave utilizado durante el régimen, aunque no recordara "con exactitud la fecha del estallido de la guerra o la invasión a Rusia". Este fue el factor decisivo para que Eichmann no experimentara cargo de conciencia alguno, pues tenía la frase hecha que le provocaba la mayor "satisfacción" en cualquier circunstancia. Esta costumbre no lo abandonaría, precisa Hannah Arendt, ni en el último momento, al punto de olvidar que "se trataba de su propia muerte" al declarar: "Dentro de muy poco, caballeros, volveremos a encontrarnos. Tal es el destino de todos los crímenes cometidos durante el nacionalsocialismo, sólo las víctimas, y no el delito, "podía ser la consecuencia de la larga historia de antisemitismo y odio hacía los judíos" ( (Arendt, 1987, 406). A mi ver, más que colocar a Eichmann en el lugar de un posible arquetipo de la "banalidad del mal", Hannah Arendt continua, en los límites del reportaje, explorando en torno a los peligros que encierran los regímenes burocráticos para el espíritu humano. Una exploración que le permitió observar y señalar no sólo que los cargos por los que Eichmann fue juzgado, condenado y ejecutado no estuvieron exentos de equívocos (respecto a los "crímenes de guerra" y los "crímenes contra el pueblo judío") sino enfatizar en la poca luz que dio el juicio sobre el único crimen que era completamente nuevo, en nada útil a la guerra que se estaba librando y al que cabe esperar en tiempos de paz (Arendt, 2000, 389): los "crímenes contra la humanidad" que son el resultado del proceso de transformación de los seres humanos en funcionarios, como en el caso de los oficiales SS, de todo régimen burocrático. Poner el énfasis en la destrucción de la espontaneidad, que es posible sin la aniquilación física, nos permite encontrar en Hannah Arendt una historia de los modos en que se ve afectado al espíritu, más que con las actividades propias del pensamiento, con los cambios que la práctica ha proporcionado al mundo. En otras palabras, es en el trabajo de hacer del mundo una casa, donde la humanidad ha creado, más allá de sus objetivos primarios, tanto el modo de comprensión de ese mundo como las maneras de relación más peligrosas para su estabilidad y permanencia. Fue este proceso de desmantelamiento de la personalidad, de la espontaneidad (según los términos de la propia Hannah Arendt), lo que orilló tanto a víctimas como a victimarios a no protestar sobre lo que les estaba sucediendo. El resultado de ese proceso es la "ausencia de pensamiento" que Hannah Arendt observó en Eichmann en sus declaraciones durante el juicio en que fue procesado en Jerusalén. En este sentido es que Hannah Arendt resalta que lo terrible no es que los crímenes hayan sido cometidos "contra los judíos" sino "contra la humanidad", lo que significa que puede aparecer en cualquier momento en nuestras sociedades en la medida en que, por una parte, hay "un explosivo incremento de la población mundial", avances tecnológicos y desarrollo de la tecnología nuclear que, "a través de la automación, darán a la población el carácter de 'superfluos', incluso desde el punto de vista laboral" se dará lugar a instrumentos que "en comparación con las instalaciones de gastamiento de Hitler parecen un juguete para niños con malas inclinaciones". Lo que descubrió Hannah Arendt, entre otros asuntos, es que los "crímenes contra la humanidad" o "crímenes contra la condición humana", más allá de la persona de Eichmann, aunque no separados de su comportamiento, no atentan únicamente contra la personalidad e integridad física de las víctimas, sino que también, a la vez que dan lugar a un "nuevo tipo de criminal" (Arendt, 1987, 404), un criminal que comete sus delitos en "circunstancias que casi le impiden saber o intuir que realiza actos de maldad", y que, para que ese nuevo tipo de criminal exista, es necesaria la aniquilación del espíritu; por lo que, en el caso de los
"Para Kant toda la filosofía está inextricablemente vinculada con esa cuestión fundamental que conmovió tan honda y apasionadamente al siglo XVIII: la cuestión de los imperecederos, inmutables e inalienables derechos del hombre." (E. Cassirer, El concepto de filosofía como problema de la filosofía, ECN 9, p. Cuando el 3 de agosto de 1944 le invitaron a impartir una lección sobre "Filosofía y Política" en Conneticut, no era la primera vez que Cassirer se preguntaba por la significación más profunda del filosofar y el papel social de los filósofos. En octubre de 1935, al iniciar la etapa sueca de su exilio sin retorno, ya había dictado una conferencia inaugural en Götteborg que tituló El concepto de la filosofía como problema de la filosofía 2. Entonces comenzaba diciendo que, antes de tomar un camino concreto, la filosofía debía preguntarse primero qué es y qué quiere, convirtiéndose así ella misma en un problema para la propia filosofía, un problema que nunca se resuelve y que, merced a un movimiento dialéctico del pensar, siempre tiene que verse abordado de nuevo una y otra vez, como él mismo hará nueve años después ya en suelo norteamericano, para explorar entonces, más concretamente, las relaciones entre filosofía y política. Según parece, a Cassirer le habría gustado "escribir una refutación filosófica del movimiento nacionalsocialista" 3 ya en abril de 1933, confiando en despertar con ello de su letargo a los intelectuales alemanes, pero su mujer se opuso enérgicamente a ello, temiendo que algo así pudiera perjudicar a sus hijos y allegados que todavía estaban en Alemania. Cassirer habría tomado buena nota de tal recomendación y nunca trató el tema en público hasta que su tío, Max Cassirer, abandonó Alemania en 1939, aun cuando no dejará de hacerlo en privado, ámbito en el que no auguraba más de diez años al régimen de Hitler, si bien reconocía que sus nocivos efectos podrían perdurar durante décadas. Cuando un buen día escuchó a Hitler afirmar que "la justicia o el derecho es lo que sirve al Führer", Cassirer le comentó a su esposa: "Si mañana todos nuestros prestigiosos juristas no se alzan como un solo hombre para protestar contra este aserto, Alemania está perdida" 4. Desafortunadamente, no hubo ninguna voz que así lo hiciera. Desde luego, Cassirer sí elevará su propia voz y, de alguna manera, su obra póstuma, El mito del Estado, materializará ese viejo proyecto suyo, acariciado en 1933, de redactar una refutación del nazismo, aun cuando se refiera indirectamente a éste como "el mito del siglo veinte" o "el mito político moderno" 5, en cuanto sinónimos de cualquier totalitarismo. Sin embargo, contra lo que tiende a creerse, no será ésta la única vez que Cassirer aborde cuestiones políticas en sus escritos y por eso en otro lugar le he presentado como un "francotirador intelectual contra el nazismo" 6, al que combatió incluso en sus primeros compases. En 1928 dictó una memorable conferencia sobre La idea de la constitución republicana 7 para defender a la República de Weimar. Ésta era considerada entre los alemanes como un dictado foráneo, una intolerable secuela impuesta por las humillantes condiciones del Tratado de Versalles. Frente a ese resentimiento nacionalista que tanto ensalzaba los conceptos de una patria germana y un pueblo alemán, Cassirer opuso un patriotismo constitucional, demostrando en primer lugar, que lejos de ser una importación extranjera, los valores constitucionales tendrían una genuina raigambre alemana, puesto que se hallarían inspirados por Leibniz o Kant. Según advierte Deniz Coskun, "Cassirer vio en la Constitución de Weimar un documento con un gran significado simbólico que podía inspirar y guiar las mentes del pueblo en la dirección que hallaba su inspiración en los ideales de la Ilustración y del Idealismo alemán. Su defensa de la Constitución de Weimar bajo la forma de un patriotismo constitucional fue un acto excepcional de coraje cívico, pero también algo enormemente ingenioso y perspicaz al respecto. La Constitución de Weimar podía ejercer un poder simbólico que incentivaría al pueblo a contribuir a mantener la política de Weimar. Podía infundir en unas gentes a las que atenazaba el fatalismo cierto entusiasmo y cierta esperanza por un futuro común" 8. A mi modo de ver, Cassirer albergó la íntima convicción de que los grandes problemas histórico-políticos no pueden resolverse sin atender a las cuestiones fundamentales abordadas desde una perspectiva filosófica, puesto que para él se da una insoslayable interacción entre la estructura de las ideas y la configuración de nuestra realidad político-social. Entre pensar y actuar no habría un abismo infranqueable, sino una fecunda y continua interacción mutua. En agosto de 1789 la Asamblea constituyente francesa promulgó su Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano, muy poco tiempo después de que la filosofía del idealismo alemán hubiese alcanzado su cénit con las dos primeras Críticas kantianas, y Cassirer se pregunta si estos dos hechos, cada uno de los cuales conlleva un enorme giro en la historia universal, se hallan simplemente cercanos en el tiempo o más bien están vinculados entre sí por su significación interna en el orden de las ideas 9. El objetivo perseguido por su conferencia sobre la constitución de Weimar es compulsar la relación entre teoría y praxis, tal como ésta se da en las ideas iusnaturalistas y políticas del idealismo alemán. Leibniz -argumenta Cassirer-parte del "presupuesto de que entre el mundo de lo ideal y el mundo de lo real no puede haber un abismo infranqueable, sino que ambos, en una verdadera armonía, se relacionan entre sí y se compenetran mutuamente: lo real no deja de gobernarse por lo ideal y lo abstracto. Lo auténticamente ideal es lo que finalmente confiere a la realidad su forma, su configuración y su impronta. Y Leibniz es asimismo el primero entre los grandes pensadores europeos que, al fundamentar su ética y su teoría jurídicopolítica, invoca enfáticamente y con toda resolución el principio de los derechos inalienables del individuo" 10. Estas ideas de la filosofía leizniziana, que serán sistematizadas por Wolff y a partir de ahí se verán difundidas por Blackstone en sus Comentarios a las leyes de Inglaterra, calarán en los padres fundadores de la Revolución americana y serán luego importadas de nuevo al continente por pantes de la semana universitaria de Davos les venía a la memoria ese suceso imaginario. ¿Acaso estaba detrás de Cassirer el fantasma de Settembrini y detrás de Heidegger el de Naphta?" -se pregunta Safranski 17. Comoquiera que sea, frente a la interpretación heideggeriana de Kant, con la suya Cassirer pretende recuperar los valores políticomorales de la Ilustración europea 18. Mientras redactaba su Filosofía de la Ilustración Cassirer pasó unos meses en Paris, donde dictó una conferencia sobre su interpretación kantianizante de Rousseau. Cuando allí afirma que Rousseau atribuye a la política una misión moral y que someter la política a un imperativo ético constituye "su acto propiamente revolucionario" 19, indicando que los enciclopedistas se conformaban con algunas reformas destinadas a paliar puntualmente una u otra injusticia social, mientras que Rousseau quiere transformar de un modo radical el orden social existente, se diría que a Cassirer le gustaría poder identificarse con esta faceta del pensador ginebrino. Éste no hubiera soñado con intervenir activamente en la política y, sin embargo, "fue de él, y no de los hombres que representaban la opinión pública en Francia y que modelaban ésta, de donde provino el impulso propiamente revolucionario. Porque él no busca remedios para casos particulares. Para él, no había avenencia posible con la sociedad de entonces. Él rechaza toda solución parcial. Porque, para él, la función del Estado no es hacer surgir y proteger la felicidad, ni defender o aumentar el poder. A la idea de Estado considerada como institución bienhechora o como poder, él opone la idea del Estado fundado sobre el Derecho" 20. Conviene recordar que Cassirer escribió estas líneas en 1932, en pleno ascenso del nazismo en Alemania, poco antes de partir al exilio por creerse incapaz de seguir desempeñando sus funciones como profesor universitario en medio de aquel irrespirable clima político. Tal como ha señalado Jean Starobinski, "presentar el cuadro de la Ilustración europea cuando las ideas del nazismo campaban por sus respetos, reencontrar en Rousseau el pensamiento que inspiró a Kant, Goethe y la idea republicana, suponía, sin perspectiva de alcanzar éxito alguno, tanto como poner del revés los mitos que por aquel entonces movilizaban a las masas y que, en las universidades, encontraban filósofos e historiadores bien dispuestos a propagarlas" 21. Para Starobinski sería un error ver en Cassirer al intelectual desdeñoso de los conflictos que le rodeaban y encerrado en su torre de marfil. Lafayette, quien habrá de instigar a la Asamblea constituyente francesa para que promulgue una declaración sobre los derechos humanos del ciudadano europeo, a imagen y semejanza del Bill of Rights de los nuevos Estados norteamericanos. Kant viene a cerrar este bucle dialéctico con su interpretación simbólica de la Revolución francesa, que "no mira su resultado, sino su motivo ético, la máxima donde se apoya y la orientación fundamental que revela" 11. Semejante dialéctica entre filósofos y políticos, entre pensadores y hombres de acción, se revela extremadamente fecunda para Cassirer, quien suscribe a pie juntillas el adagio leibniziano de Theoria cum praxi 12, avalado por el Kant de Teoría y práctica, empeñado aquí en refutar el refrán de que ciertas cosas válidas en teoría no sirven para la práctica, toda vez que a su juicio, "cuando la teoría sirve de poco a la práctica, eso no se debe achacar a la teoría, sino precisamente al hecho de que no había bastante teoría" 13. También para Cassirer las ideas tienen una incontestable virtualidad práctica 14 que puede tener efectos positivos o negativos y que acaba por moldear una u otra realidad, como bien pudo intuir en el célebre coloquio celebrado en Davos con Heidegger 15. En ese legendario torneo dialéctico de Davos ambos contendientes defendieron con ardor sus diferentes prioridades, a saber, los valores de la modernidad en un caso y el ensalzamiento de nuestra finitud en el otro; mientras Cassirer aboga por una decidida reivindicación de la libertad en todos los órdenes, Heidegger propugna el abandono del hombre a la dureza de su destino. Los asistentes al coloquio de Davos presenciaron la pugna entre dos orientaciones, dos filosofías, dos políticas. "Heidegger era un metafísico prendado por la ontología que quiere preservar los derechos del ser. Cassirer era un humanista preocupado por preservar los derechos del hombre" 16. La montaña mágica de Thomas Mann, en su parte central, contiene unos acalorados diálogos entre dos de sus personajes, el humanista Settembrini y el jesuita Naphta. Según señala Rüdiger Safranski, ambos eran arquetipos de las controversias intelectuales en boga por esa época. "En un lado estaba Settembrini, hijo impenitente de la Ilustración, un liberal y anticlerical, un humanista de enorme elocuencia. Y en el ala opuesta se hallaba Naphta, el apóstol del irracionalismo y la inquisición, enamorado del eros de la muerte y de la fuerza. A muchos partici-el aniquilamiento de la idea misma de derecho y de la del Estado: conllevaría la disolución del pacto social y el retorno al estado de naturaleza, que en este contexto quedaría caracterizado como un estado de violencia" 24. Los asertos que Cassirer va desgranando en su lectura de Rousseau no tienen desperdicio, máxime si los contemplamos bajo la óptica de una pedagogía política que pretende conjurar el imparable ascenso del nazismo: "La hora de la salvación -escribe Cassirer-llegará cuando, en el lugar de la actual sociedad coactiva, se instaure una comunidad ético-política libre en la que, en vez de someterse al arbitrio ajeno, cada cual obedezca a esa voluntad general que reconoce como suya propia. Pero resulta vano esperar que esa salvación de deba a algún auxilio externo. Ningún Dios [ni caudillo político alguno, cabe apostillar] puede conducirnos a ella, siendo el hombre quien ha de convertirse en su propio salvador e incluso en su creador en un sentido ético" 25. "Allí donde reina el simple poder, donde gobierna un individuo o un grupo de individuos y se imponen sus mandatos a la totalidad -observa Cassirer frente al advenimiento del tercer Reich-es conveniente y necesario poner límites al soberano, vinculándole a una constitución escrita que no pueda sobrepasar ni modificar. Pues cualquier poder coactivo en cuanto tal está expuesto al abuso y, en la medida de lo posible, hay que prevenir e impedir el empleo abusivo del mismo. A decir verdad, en el fondo todas esas medidas preventivas resultarán ineficaces, puesto que, si la voluntad de legitimidad brilla por su ausencia en cuanto tal, entonces resulta imposible evitar que las 'leyes fundamentales', tan cuidadosamente pensadas como válidas e inviolables para el soberano, sean interpretadas por éste a la hora de aplicarlas en un sentido que le sea favorable y las manipule a su antojo. Es inútil limitar simplemente la cantidad del poder, si no se modifica su cualidad, es decir, su origen y su fundamento jurídico. Frente al poder usurpado -y usurpado está todo poder que no se base en el libre sometimiento de todos bajo una ley universalmente obligatoria-toda restricción será insuficiente, al no suprimir el principio de lo arbitrario en cuanto tal" 26. Este Rousseau, presentado como paladín del Estado de derecho y defensor a ultranza de una dimensión ética del derecho, habría ejercido una enorme influencia sobre Kant 27, puesto que, a juicio de Cassirer, "el moralista "Su manera de combatir en pro de ciertas causas consistía en remontarse hasta sus fuentes intelectuales, en releer los grandes textos fundadores, al estar convencido de que una fuerza de persuasión particular podía resultar de un buen análisis histórico de los valores que le parecían merecer verse salvaguardados" 22. En 1932 la inefable situación política de Alemania le hace volver sus ojos hacia un autor como Rousseau, buscando en sus ideas una pedagogía política que le parece absolutamente necesaria. Según reconoce Cassirer en El problema Jean-Jacques Rousseau, lo dicho por este pensador no es para él "objeto de una curiosidad meramente erudita o de un examen puramente histórico-filológico. Más bien aparece como una problemática viva y plenamente actual, siempre que no se contente uno con el examen de sus resultados y se sumerja en sus primeros presupuestos. Las preguntas que Rousseau plantea y le hacen oponerse a su siglo no han quedado en modo alguno anticuadas ni tampoco se pueden despachar sin más. Puede que sus formulaciones únicamente puedan comprenderse históricamente y sólo resulten significativas en términos históricos, pero el contenido no ha perdido nada de su inmediatez" 23. Cassirer juzga necesario recordar en pleno ascenso del nazismo los planteamientos morales y políticos de Rousseau, por si pudieran servir para combatir el totalitarismo en ciernes. Para ello se propone interpelar directamente al propio Rousseau, marginando los prejuicios y las opiniones preconcebidas que se han hecho gravitar sobre su obra, reivindicando por ejemplo su concepto de libertad. De todos los conceptos de Rousseau, aduce Cassirer, su concepto de libertad es que ha sido objeto de las interpretaciones más variopintas y contradictorias. Libertad no es para él sinónimo de arbitrariedad, sino justamente la superación y el abandono de todo lo arbitrario, al suponer la vinculación a una ley estricta e inquebrantable que un individuo suscribe autónomamente. Resulta muy sugerente leer entre líneas el texto de Cassirer sobre Rousseau, evocando la época en que lo escribe, con Hitler a un paso del poder: "La libertad es negada cuando se exige el sometimiento a la voluntad de uno solo o de un grupo dirigente. Ningún privilegio particular puede verse atribuido a un individuo en cuanto tal o a una clase determinada, ni tampoco puede reclamarse un trato especial. No puede haber excepciones en el seno del derecho y en virtud del derecho; antes bien cualquier excepción a la que se hallaran sometidos algunos ciudadanos o ciertas clases significaría automáticamente Es comprensible que, para eludir todos esos conflictos y contradicciones, se considere oportuno erradicar completamente la metafísica, declarando vanos a sus conceptos. Pero por más que se ha intentando llevar a cabo esta erradicación, nunca se ha logrado consumarla. Ello se debe al hecho de que, lejos de ser una invención conceptual arbitraria e imputable a ciertos pensadores particulares, la metafísica clava sus raíces en una 'disposición natural' universal" 33. Algunos conceptos metafísicos podrán verse criticados, mas no eliminados. "Conviene asignar su lugar a los conceptos de libertad y de naturaleza, al concepto ético fundamental del deber y al de intuición estética, así como definir sus límites. Una vez consumada esa determinación crítica de sus límites, las esferas particulares dejan de hacerse sombra entre sí y no se desbordan arbitrariamente, sino que cada una es reconocida en su significación y su propia legalidad autónomas" 34. "Asimismo, el sentido puro de los conceptos kantianos del deber y de autonomía ética puede retenerse sin fundarlo igual que Kant. También aquí los conceptos éticos fundamentales conservan un significado funcional determinado que no está ligado a su concepción o a su hechura metafísica" 35. Desechar esta última no conllevaría necesariamente obviar el significado funcional de tales conceptos éticos. Frente a la ontología metafísica heideggeriana del Dasein, Cassirer apuesta por lo que denomina en un escrito inédito La metafísica de las formas simbólicas, que define como "una dinámica de la forma-en-devenir" (Form-Werdung) 36. bre sería incapaz de hacer la ley, tal como tampoco puede ser el artífice de su lenguaje o religión, puesto que todo ello sería obra del espíritu nacional. De igual modo, en su obra sobre La decadencia de Occidente, Spengler suprime la idea de libertad y coloca en su lugar la de fatalidad. En ese contexto no podemos escapar a nuestro inexorable destino ni hacer nada por prevenir ese peligro. Sólo cabe la desesperación, al no poder intervenir en el decurso de un mundo histórico regulado sin más por el fatalismo. En esa misma estela se ubicaría la filosofía del Heidegger de Ser y Tiempo, pues el hombre no puede salir de la corriente temporal en que se ve arrojado y ha de someterse a su destino aceptando pasivamente sus circunstancias históricas. "Nos encontramos -escribe Cassirer en un pasaje no publicado del borrador de su obra póstuma, El mito del Estado-con una actitud filosófica que no deja de tener una poderosa y extraña influencia. Durante los primeros días en que Hitler accedió al poder, tuve que oír con frecuencia en labios de gente cultivada, de académicos y filósofos, cómo se repetían una y otra vez las ominosas palabras 'ha hablado la Historia'. Gente que no era nada proclive al partido nacionalsocialista cambió repentinamente su parecer. El éxito político era contemplado por ellos como la incontrovertible prueba de la 'verdad' y de lo 'justo', un juicio irrevocable de la historia, un decreto del fatídico destino. Inclinarse ante los hechos consumados no era sólo una máxima de prudencia política, sino que se consideraba más bien una suerte de imperativo categórico y algo así como el resultado de una profunda sabiduría metafísica" 44. LOS CLIMAS POLÍTICOS Y LAS RESPONSABILIDADES FILOSÓFICAS Ciertamente, Cassirer no afirma que Spengler o Heidegger fueran directamente responsables del desarrollo de las funestas ideas políticas materializadas en Alemania, puesto que la ideología del nacionalsocialismo se gestó en terrenos enteramente ajenos al filosofar. Pero sí habría una conexión indirecta entre tales filosofías y el clima político-social de Alemania tras la Primera Guerra Mundial. "Tan pronto como la filosofía deja de confiar en su propio poder -afirma Cassirer en Filosofía y política-, tan pronto como da paso a una actitud meramente pasiva, no puede seguir cumpliendo con su tarea educativa más importante. No puede enseñar al hombre cómo desarrollar sus facultades activas en orden a configurar su vida individual y social. Una filosofía que se permite el lujo de dar pábulo a sombrías predicciones sobre el declive y la inevitable destrucción de la cultura humana, una filosofía cuya atención global se focaliza en la Geworfenheit del bre no puede enfrentarse ya con la realidad de un modo inmediato; no puede verla, como si dijéramos, cara a cara. En lugar de tratar con las cosas mismas, en cierto sentido conversa constantemente consigo mismo. Su situación es la misma en la esfera teórica que en la práctica. Tampoco en ésta vive en un mundo de crudos hechos o a tenor de sus necesidades y deseos inmediatos, Vive, más bien, en medio de sus fantasías y de sus sueños" 40. A juicio de Cassirer, "no podemos definir al hombre mediante ningún principio inherente que constituya su esencia metafísica, ni tampoco por ninguna facultad o instinto congénito que se le pudiera atribuir por la observación empírica. La característica sobresaliente del hombre no es una naturaleza metafísica o física, sino su obra" 41 Así pues, "la razón es un término verdaderamente inadecuado para abarcar las formas de la vida cultural humana en toda su riqueza y diversidad, pero todas estas formas son formas simbólicas. Por tanto, en lugar de definir al hombre como un animal racional, lo definiremos como un animal simbólico" 42. Su "filosofía de las formas simbólicas parte del supuesto de que, que si existe alguna definición de la naturaleza o esencia del hombre, debe ser entendida como una definición funcional y no sustancial" 43. Esta premisa fundamental de su filosofía le habilita para suscribir una metafísica "crítico-moral" en la estela del criticismo kantiano, donde gracias al principio del simbolismo se rescatan algunos conceptos presuntamente metafísicos cuya funcionalidad se revela imprescindible para la reflexión teórica o práctica. Tras esta panorámica del pensamiento de Cassirer, podremos comprender mejor las tesis de su conferencia sobre Filosofía y política, cuya versión castellana presentamos aquí. La filosofía puede parecer demasiado abstracta y alejada de nuestra cotidianeidad. Se diría que tiene nula influencia sobre nuestra vida política o social. Sin embargo, Cassirer enfatiza el hecho de que todas las grandes crisis del pensamiento llevan aparejadas convulsiones morales, políticas y sociales. En una palabra: los climas políticos quedan seriamente condicionados por las circunstancias filosóficas en que se desarrollan y una determinada cosmovisión dará lugar a uno u otro escenario social, generando horizontes de bonanza o tiempos borrascosos. Así por ejemplo, con arreglo a los principios de la escuela del derecho histórico, el hom-hacer Cassirer desde la historia de las ideas, para conjurar el inmovilismo propiciado por filosofías como las de Spengler o Heidegger. Ahora mismo, sin ir más lejos, estamos atravesando una severa crisis económica cuyas consecuencias político-sociales todavía no se nos alcanzan. Los partidarios del pensamiento único y el neoconservadurismo estarán muy interesados en convencernos de que tal coyuntura era inevitable y de que debemos acatar sin más las perversas consecuencias del enredo provocado por la mencionada crisis, como si se tratara del fatídico decreto de un inexorable destino. Sin embargo, un pensamiento de corte neo-ilustrado, consciente de que la Ilustración es ante todo un proyecto inacabado y de que conviene recuperar los valores implícitos en la Revolución americana o la Revolución francesa 47, tendería desde luego a motivar el análisis de las causas más inmediatas que han provocado esa crisis para tomar buena nota y penalizar a sus responsables directos, aun cuando ello conlleve cambiar ciertas reglas de juego que parecían inamovibles y retornar a viejos ideales como el de "pensar por uno mismo", aireado por la Enciclopedia de Diderot y que Kant convertiría en lema de la Ilustración. "Hitler desarrolló en Mi lucha -nos dice Cassirer-toda una teoría de la mentira política, de su uso y de su inevitabilidad. Pero la mentira es un arma peligrosa que fácilmente se vuelve contra su inventor para atormentarle, como el cáliz envenenado del que habla Macbeth. Finalmente, todos los grandes mentirosos políticos acaban siendo 'embusteros engañados'. Una vez que se desata el poder de la mentira somos incapaces durante mucho tiempo de revocar o restringir ese poder. Como el aprendiz de brujo de Goethe no podemos deshacernos de los espíritus que nosotros mismos hemos invocado" 48. Por eso la filosofía no puede renunciar a lo que constituiría una de sus mayores responsabilidades: denunciar a los aprendices de brujo empeñados en expandir mentiras políticas aparentemente inevitables que generan climas políticos irrespirables. hombre, una filosofía así no puede seguir cumpliendo con su deber". Al renunciar a sus propios ideales básicos, éticos y teóricos, tal filosofía puede ser empleada luego como un instrumento flexible por las manos de los caudillos políticos 45. En este sentido, Cassirer suscribe a pie juntillas el diagnóstico de su admirado Albert Schweitzer. La predominancia del nacionalismo y el influjo del espíritu colectivo serían unos de los fenómenos más preocupantes. El hombre se ve dominado por la masa y de ahí saca las opiniones en que vive, ya se trate de una cuestión política o de sus propias creencias. La filosofía no debe descuidar su misión formativa y dejar el terreno libre a la superstición de cualquier fanatismo. Definitivamente, hay que reclamar a cualquier filosofía su responsabilidad más o menos directa en la génesis de uno u otro clima político. Tras haber asistido recientemente a la proclamación del final de la historia y a la hegemonía del pensamiento único, tras una convulsa y efímera posmodernidad que ha navegado bastante tiempo sin rumbo alguno, conviene recuperar los valores que se gestaron con el estoicismo, afloraron a lo largo del renacimiento y cristalizaron en los ideales ilustrados, viéndose plasmados por ejemplo en unos derechos humanos inalienables con pretensiones de universalidad. Como bien dijo Condorcet, no basta que los derechos originarios e imprescriptibles vivan en los escritos de los filósofos o en los corazones de los hombres; hay que leerlos en su concreción social y, sin lugar a dudas, la filosofía puede ayudar a escribir las partituras de tal materialización, aunque no siempre, ni tan siquiera principalmente, le corresponda su ejecución en la realidad, que suele depender sobre todo de quienes interpretan esas partituras filosóficas consagrándose a la política 46. La interdependencia e interacción dinámica entre filosofía y política, entre pensamiento y acción, entre teoría y praxis, debería resultar bastante obvia, pero de vez en cuando conviene ponerla de manifiesto, como bien supo "La naturaleza y sus leyes permanecían ocultas en la noche; Dios dijo,'que exista Newton', y se hizo la luz" -dice Alexander Pope en un célebre verso. La conquista del mundo físico había de verse complementada y completada con la conquista del mundo político y social. Al hombre no le basta con discutir las leyes de la naturaleza. Mientras no conozca o no comprenda la estructura del mundo específicamente humano, del mundo social e histórico, seguirá viviendo en un caótico estado mental. Poner este caos del mundo político bajo el control del pensamiento racional fue el problema predominante y más serio del período de la Ilustración. Todos los filósofos y todos los grandes científicos de este período cooperaron en la solución de este gran problema 50. En Inglaterra encontramos la filosofía política de Locke, de sus discípulos y partidarios. En Francia encontramos a los enciclopedistas: los fundadores y los colaboradores de la gran Enciclopedia. En Alemania encontramos a Kant -el crítico de la razón teórica y práctica. Hay fuerte diferencias entre las diversas naciones y las diversas escuelas filosóficas. Pero todas esas diferencias quedan eclipsadas por la misma tendencia fundamental del pensamiento -por el común esfuerzo de encontrar una respuesta filosófica, una respuesta racional, a los problemas más acuciantes de la vida política y social del hombre. Este esfuerzo no se circunscribía a un país en especial. Es un rasgo genérico que encontramos en la vida intelectual de todas las naciones civilizadas. A este respecto quedaron derrocadas todas las líneas fronterizas entre los diferentes países e incluso entre los diferentes continentes. Encontramos las mismas convicciones y los mismos ideales fundamentales diseminados a lo largo de todo el mundo culturizado. Quizá su más clara y característica expresión se encuentre en el Bill of Rights americano, particularmente en el del Estado de Virginia. Las mismas ideas fueron expresadas en la Declaración de Independencia Americana. Todo esto tuvo la mayor importancia, incluso para el desarrollo del pensamiento político europeo. "No es suficiente" -escribió uno de los filósofos franceses más influyentes, Condorcet, quien asimismo tomó parte activa en las batallas de la Revolución Francesa-"no basta que estos derechos originarios e imprescriptibles vivan en los FILOSOFÍA Y POLÍTICA (1944) 49 Ernst Cassirer Que el pensamiento político constituye uno de los ingredientes necesarios de la cultura teórica y científica es algo que por lo general se admite sin mayores dificultades. La filosofía es el ímprobo esfuerzo del pensamiento por abarcar y unificar todas las diferentes actividades del hombre, reuniéndolas bajo un mismo foco. A este respecto, su papel y su misión resultan incontestables. Pero hablar de la filosofía no sólo como fuente principal del pensamiento humano, sino de la conducta humana parece un punto de vista exagerado. En nuestra vida práctica nos vemos movidos por cosas muy diversas. Nos vemos incitados por emociones, no por pensamientos; por la presión y la urgencia de nuestras necesidades inmediatas, no por principios generales. La filosofía es demasiado abstracta, está demasiado lejana de esa esfera de nuestras necesidades inmediatas. Parece consistir en elevadas especulaciones que tienen muy poco o nada que ver con nuestro mundo actual, con nuestra vida política y social. Tales especulaciones pueden suscitar nuestra curiosidad intelectual, pero propendemos a olvidarlas u obviarlas en cuanto nos vemos confrontados con problemas prácticos concretos. A buen seguro la filosofía tiene un enorme poder organizativo; pero ese poder parece menguar e incluso paralizarse cuando pasamos del campo del pensamiento al terreno de la acción. Sin embargo, la historia del pensamiento político y social nos muestra que esta visión del papel de la filosofía es algo miope e inadecuada. Toda gran crisis en el pensamiento humano suele verse acompañada por una profunda crisis en la conducta moral y social. Permítaseme ilustrar esto mediante un ejemplo histórico concreto. Si pasamos del siglo XVIII al siglo XIX, nos encontramos con un profundo cambio en la orientación general del pensamiento filosófico. El siglo XVIII fue el período de la Ilustración. Fue el triunfo del pensamiento racional. El pensamiento racional había comenzado por conquistar la naturaleza. Newton había encontrado una ley universal, la ley de gravitación, que abrió un nuevo acceso a la interpretación de la naturaleza. Había dado con una fórmula muy simple que parecía contener la solución a los fenómenos más complicados que hasta entonces se habían considerado como inaccesibles para el pensamiento humano. de los Derechos del Hombre y del Ciudadano permanecerá inquebrantable. "Tal acontecimiento no consiste en las relevantes acciones o en los alevosos crímenes ejecutados por los hombres, merced a lo cual se empequeñece lo que era grande entre los hombres o se engrandece lo que era pequeño, haciendo desaparecer como por arte de magia las antiguas y esplendorosas edificaciones políticas, para poner en su lugar otras surgidas cual de las entrañas de la tierra. La revolución de un pueblo pletórico que estamos presenciando en nuestros días puede triunfar o fracasar; puede acumular miseria y atrocidades en tal medida que cualquier hombre bienpensante nunca se decidiese a repetir un experimento tan costoso, aunque pudiera llevarlo a cabo venturosamente al emprenderlo por segunda vez y, sin embargo, esa revolución -a mi modo de ver-encuentra en los ánimos de todos los espectadores una complicidad en el orden de los deseos rayana en el entusiasmo. Un fenómeno semejante en la historia de la humanidad nunca se olvida, porque revela en la naturaleza humana una disposición y una capacidad hacia lo mejor que político alguno hubiera podido argüir a partir del curso de las cosas acontecidas hasta entonces" 54. Pero esta profecía de Kant no se cumplió. Al menos en Alemania los principios de la Revolución Francesa y de la Declaración Americana de Independencia no sólo fueron olvidados, sino que fueron abiertamente desafiados y atacados por la mayoría de las escuelas políticas y filosóficas. Fichte fue el único pensador alemán que, en sus primeros escritos, hablaba todavía de los derechos del hombre en un estilo similar al de Kant. Todos los demás escritores románticos, Schelling y Hegel, Friedrich Schlegel y Adam Müller, menosprecian las ideas sobre los derechos naturales innatos e imprescriptibles. El entusiasmo inicial -compartido incluso por Hegel y Schelling-fue seguido por una honda decepción y desconfianza. Las razones políticas de esta aptitud son obvias. La Revolución Francesa culminó con el régimen del terror y el período de las guerras napoleónicas. "Espero que este fuego de libertad que ha prendido en toda Europa -escribió Benjamín Franklin al comienzo de la revolución en una carta desde París-se comporte con los inestimables derechos del hombre como el fuego con el oro, purificando sin destruir" 55. Mas esta esperanza pareció frustrarse de una vez por todas. La gran promesa de la Revolución Francesa quedó incumplida; todo el orden político y social pareció verse amenazado por un total colapso. Edmund Burke, una de las grandes autoridades de los escritos de los filósofos o en los corazones de los hombres de bien. Hay que leerlos en el ejemplo de una gran nación. América ha dado ese ejemplo. La Declaración Americana de Independencia es una expresión simple y sublime de estos sagrados derechos olvidados por tan largo tiempo" 51. La cuestión del origen histórico de la Declaración de los Derechos del Hombre y de los Ciudadanos promulgada por la Asamblea Constituyente francesa el 26 de agosto de 1789 sigue siendo controvertida. En un artículo muy interesante publicado en 1895, Georg Jellineck, un distinguido especialista alemán en derecho constitucional, planteó que era erróneo considerar esta Declaración como el resultado inmediato y el fruto maduro de las ideas de los filósofos franceses del Siglo dieciocho. Según Jellineck, la verdadera fuente de las ideas políticas y morales de la Revolución Francesa hay que buscarla en el Bill of Rights norteamericanos en vez de buscarla en los escritos de Montesquieu o Rousseau. Otros autores han atacado con viveza este punto de vista 52. No es preciso abordar este problema tan debatido aquí, donde la cuestión de la prioridad cuenta poco. Los campeones de la Revolución Francesa y "los padres de la democracia americana" apenas hubieran entendido esta cuestión. Ninguno de ellos hubiera reivindicado la originalidad de sus principios fundamentales, al estar convencidos de que tales principios eran en cierto sentido tan viejos como el mundo. El conocimiento de los derechos inalienables del hombre se consideraba una "noción común", como algo "que siempre ha sido, es y será presupuesto por todos" (Quod Kant o por otros pensadores del siglo XVIII. De acuerdo con Kant, la razón se manifiesta en la vida teórica y en la vida práctica del hombre, en la ciencia y en la conciencia moral del hombre. "No es posible pensar nada dentro del mundo, ni después de todo tampoco fuera del mismo, que pueda ser tenido por bueno sin restricción alguna, salvo una buena voluntad" 57, dice Kant en su Fundamentación para una metafísica de las costumbres. Pero este principio ético de Kant es constantemente atacado por Hegel. En su Filosofía del espíritu declara que esta presunta buena voluntad o, como él la describe, esta "ley del corazón" es tan sólo una idea quimérica. Una ley semejante puede ser considerada como una regla para nuestra vida individual, pero sin poder alguno sobre la verdadera realidad, sobre la historia y la política, sobre la vida del Estado. No podemos medir el curso del mundo y de las grandes acciones políticas con arreglo a los insignificantes referentes de nuestra conciencia moral. Tienen una realidad y por ende un derecho propios. Según Hegel la historia es la encarnación de la "Idea absoluta", es "el despliegue del Espíritu en el tiempo". Y el Estado es definido como esa misma "Idea divina" tal como existe sobre la tierra. Frente a esta idea divina lo individual en cuanto tal no tiene ningún derecho. "El Estado -dice Hegel-es la sustancia ética, el Espíritu absoluto autoconsciente que no reconoce ninguna regla abstracta del bien y del mal, de lo vergonzoso y de lo miserable, de lo burdo y de lo engañoso" 58. Esto constituye una actitud totalmente nueva del pensamiento filosófico hacia el mundo político e histórico. El pensamiento filosófico abandona toda pretensión a reformar este mundo, a moldearlo bajo una nueva forma. Su propósito supremo es comprender e interpretar el mundo, describir la realidad histórica tal cual es, no como debe ser. Según afirma Hegel, el filósofo ha de someterse a su realidad presente. Es hijo de su tiempo y no puede saltar sobre su época. La expresión más característica y chocante de esta nueva actitud la encontramos en las célebres palabras del prefacio de Hegel a su Filosofía del Derecho. "Respecto a lo que el mundo deba ser, la filosofía siempre llega demasiado tarde. En cuanto pensamiento sólo aparece cuando la realidad ha concluido su proceso de formación y lo culmina. Lo que enseña el concepto también lo muestra la historia con algo necesario; hay que aguardar a que la realidad alcance su madurez para que escritores románticos, describió la constitución francesa de 1793 como "un resumen de anarquía" y la doctrina de los derechos inalienables era para él "una invitación a la insurrección y una persistente causa de anarquía" 56. El retorno a una autoridad absoluta y firmemente establecida parecía ser la única escapatoria. Para la mayoría de los pensadores románticos, con la excepción de Hegel, la política no era una inquietud primordial. Ellos vivían más bien en el mundo del "espíritu", en el mundo de la poesía, del arte, de la filosofía, antes que en el mundo de los arduos hechos políticos. En ese mundo habían descubierto una nueva provincia. Y toda su atención quedaba focalizada por ese descubrimiento que les colmaba del mayor entusiasmo. En los inicios del romanticismo el interés por la historia eclipsa cualquier otro interés. Desde este punto de vista censuran las teorías iusnaturalistas del Estado. El contrato social no es un hecho histórico; es una ficción. Todas las teorías del Estado que parten de tales presupuestos están construidas sobre la arena. La ley y el Estado no han sido "hechos" por el hombre. No son productos de voluntades individuales y precisamente por ello no se hallan bajo su jurisdicción; no se hallan limitados ni restringidos por nuestros presuntos derechos individuales. Con arreglo a los principios de la escuela del derecho histórico, tal como fueron expuestos por Savigny, el hombre sería incapaz de hacer la ley, al igual que no puede ser el artífice del lenguaje, el mito y la religión. La cultura no nace de actividades humanas libres y conscientes; se origina en una "necesidad más elevada", en el espíritu nacional que trabaja y crea inconscientemente. Si aceptamos estas teorías románticas, las teorías de la denominada escuela histórica del derecho, habremos de corregir e incluso desbaratar todas esas concepciones relativas al papel de la filosofía en la vida social y política del hombre que compartieron todos los grandes pensadores del siglo XVIII. Este cambio apareció, del modo más característico, en el sistema del más grande pensador filosófico del siglo XIX, en el sistema de Hegel. A buen seguro Hegel nunca pretendió sacrificar uno de los derechos inherentes a la razón filosófica, Bien al contrario, fue el más resuelto campeón del racionalismo que se haya dado nunca en la historia de la filosofía. Para él no existe diferencia entre lo real y lo racional. Todo lo real es racional; todo lo racional es real. Pero el término "razón" no es comprendido por Hegel en el mismo sentido en que es comprendido por "No podemos reanimar el cadáver de la civilización humana. No podemos esperar tener pensamientos nuevos o crear nuevas grandes obras de arte. A los pueblos de Occidente no les resulta posible seguir teniendo una gran pintura o una gran música. Tan sólo les queda posibilidades extensivas. Sin embargo, no se me alcanza que sea ninguna desventaja para una generación sana y vigorosa, llena de esperanzas ilimitadas, descubrir a su debido tiempo que algunas de esas esperanzas tienen que desvanecerse. Es verdad que el desenlace puede ser trágico para algunos individuos que en sus años decisivos se vean abrumados por la convicción de que a ellos no les queda nada por conquistar en las esferas de la arquitectura, el drama o la pintura. Ahora por fin el trabajo de siglos capacita a los europeos occidentales para ver la disposición de su propia vida en relación con el esquema general de la cultura y sondear sus propias capacidades y propósitos. Y sólo puedo esperar que los hombres de las nuevas generaciones puedan verse movidos por este libro a consagrarse más a la técnica en lugar de a la lírica, al mar más que al pincel, y a la política en vez de a la epistemología. Eso sería lo mejor para ellos" 62. Técnica en lugar de lírica, política en vez de epistemología. Esta advertencia de un filósofo podía comprenderse con facilidad y fue ávidamente seguida por la nueva generación que crecía en Alemania. El problema de hecho es que Spengler no había escrito un libro sobre historia -sus errores a este respecto son tan innumerables como llamativos-, sino un libro de adivinación. En el primer aserto de su libro Spengler se preciaba de haber descubierto un nuevo arte merced al cual era posible predecir el curso de la civilización humana de una manera infalible. "En este libro -dice-se intenta por primera vez la osadía de predeterminar la historia, persiguiendo escenarios inexplorados hasta el momento en el destino de una cultura, de la única cultura de nuestro tiempo y de nuestro planeta que está actualmente en fase de culminación, la cultura europeo-americana" 63. Quizá no haya un concepto más arcaico, más profundo, más genéricamente mítico que el concepto de destino. Este concepto, el concepto de un poder misterioso, inescrutable e invencible que gobierna todas las cosas en el cielo y en la tierra, lo encontramos en las mitologías de todos los pueblos, en la mitología babilónica, china, egipcia, griega, persa o alemana. En los poemas homéricos incluso los lo ideal aparezca frente a lo real, capte el mundo en su sustancia y lo reconstruya en un reino intelectual. Cuando la filosofía pinta su gris en gris, cierta forma de vida ha envejecido y con ese gris sobre gris no cabe rejuvenecerla, sino sólo conocerla. El búho de Minerva sólo emprende su vuelo al caer la noche" 59. Permítasenos dar un gran salto e ir desde la filosofía de Hegel al pensamiento alemán contemporáneo 60. En 1918, inmediatamente después del final de la Primera Guerra Mundial, Oswald Spengler publicó su libro La decadencia de Occidente 61. El libro tuvo enseguida un éxito sensacional. Era leído y estudiado, no sólo en Alemania, sino también en todos los demás países y fue traducido a casi todas las lenguas. ¿Cuál es la concepción de Spengler sobre la vida cultural del hombre? En su libro se da un nuevo paso, un paso que, en cierto sentido, se reveló como algo de la más grave importancia y que había de tener consecuencias políticas de mucho mayor alcance que el sistema de Hegel. Spengler no hizo la menor tentativa para cambiar la situación histórica concreta dada. Su única intención era describir e interpretar la situación para hacerla más clara a sus lectores. Describe el declive y la caída de todos nuestros ideales culturales como algo inevitable. Su libro está plagado de las prospectivas más sombrías. Ningún esfuerzo de pensamiento o de voluntad -afirma-puede cambiar nuestro destino. Hegel ya había glorificado e incluso deificado el proceso histórico en que vio la marcha de la idea absoluta. Ya para él la historia del mundo era el juicio del mundo. Contra el veredicto de esta corte suprema no había apelación posible. Pero Hegel creía en el progreso desconocido de la historia y ese progreso significaba para él el "progreso en la consciencia de la libertad". Tal es la definición de la historia dada por Hegel en sus Lecciones sobre filosofía de la historia. El punto de vista de Spengler es el opuesto. En su filosofía la idea de libertad es reemplazada por la idea de necesidad y de fatalidad. increencias 67. ¿Acaso cabe encontrar una expresión mejor y más impresionante del actual estado de ánimo en Alemania y otros países que estas palabras pronunciadas hace tantos años? Y, ¿qué hizo la filosofía para conjurar este peligro? -se pregunta Schweitzer. "En el siglo XVIII y la primera parte del XIX la filosofía era quien guiaba el pensamiento en general. En esa época la filosofía incluía en ella un filosofar elemental sobre el hombre, la sociedad, la raza, la humanidad y la civilización que producía, de un modo perfectamente natural, una filosofía popular vital que controlaba el pensamiento general y preservaba el entusiasmo por la civilización" 68. Todo esto se perdió durante la segunda mitad del siglo XIX. Y la filosofía ni siquiera reconoció esta pérdida. No se dio cuenta de que el poder de las ideas sobre la civilización que le había sido confiado alcanzaba una consistencia dudosa. Pese a toda su enseñanza, la filosofía se convirtió en algo extraño al mundo, y los problemas de la vida que ocupaban al hombre y a todo el pensamiento de la época no tuvieron parte en sus actividades. "La filosofía filosofaba tan poco sobre la civilización que no se dio cuenta de que ella misma, y con ella toda su época, perdía cada vez más esa civilización. A la hora del peligro, el vigilante que habría debido avisarnos estaba él mismo adormecido y el resultado es que no combatimos en absoluto a favor de nuestra civilización" 69. Ésta es una de las más graves y más serias acusaciones hechas contra la filosofía contemporánea, pero si contemplamos el desarrollo de nuestra vida política y social en estas últimas décadas, difícilmente podemos decir que tal acusación sea injusta. primeras ideas acerca de la decadencia y la restauración de la civilización. Después dio a conocer esas ideas en lecciones impartidas en la universidad de Uppsala, en Suecia. Si se estudian esas lecciones, dictadas en 1922 -cosa que recomiendo vivamente-, uno se asombra al encontrar en ellas un perfecto diagnóstico de la actual crisis de la cultura humana 65. Hay dos cosas a las que, según piensa Schweitzer, cabría responsabilizar de esta crisis. La primera es la predominancia del nacionalismo; la segunda es la arrolladora influencia de lo que Schweitzer describe como "espíritu colectivo". "¿Qué es el nacionalismo? -se pregunta Schweitzer. Un patriotismo vil, exagerado hasta perder todo su sentido, que guarda con el patriotismo noble y sano la misma relación que la idea fija de un imbécil tiene con una convicción normal" 66. Y, ¿qué es ese "espíritu colectivo" que hemos de combatir si aspiramos a desarrollar hasta sus más altas cotas nuestra vida ética? "El hombre moderno -dice Schweitzer-está perdido en la masa de una manera sin precedentes en la historia y acaso sea ése su rasgo más característico. Su mermado interés sobre su propia naturaleza le hace patológicamente receptivo a los puntos de vista que la sociedad y sus órganos de expresión pongan en circulación. Por doquier esta sociedad, merced a una organización bien estructurada, alcanza un poder de una fuerza desconocida hasta el momento en la vida espiritual, hasta el punto de que el deseo de independencia del hombre cesa de reclamar una existencia individual propia. El hombre es como una goma elástica que ha perdido su elasticidad y que conserva indefinidamente la huella de todas las presiones. Está dominado por la masa y de ahí saca las opiniones en que vive, ya se trate de una cuestión nacional o política, cuando no de sus propias creencias o
El pensamiento dialéctico se puede describir como un modo de concebir una idea que involucra la necesaria coexistencia de su contrario o complementario. En las filosofías de Empédocles y en Schopenhauer se da una semejanza en este sentido, que es advertida por este último y que apunta a la reivindicación de la experiencia moral como soporte de una representación del devenir del mundo de la vida. Empédocles; Schopenhauer; dialéctica; cosmología y moral. El estilo de pensar el ente natural finito como un núcleo de tensiones dinámicas, tiene una premisa fundamental en el pensamiento del filósofo siciliano Empédocles (c. C.), que representa sus intuiciones cosmológicas como una pluralidad de 4 elementos materiales junto a dos categorías psicológicas como causas motrices -el amor y el odio: filía kaì neîkos-. La influencia alternada de estas fuerzas motrices sirve para explicar las tendencias opuestas, de aversión y de unión, pasando también desde ser múltiple a lo uno, y viceversa, disgregándose de lo Uno para retornar a lo elemental determinado, en un ciclo temporal semejante al que señala el célebre fragmento de Anaximandro. Por otra parte, uno de los paralelos más interesantes de la filosofía, que se hace cargo de intuir dialécticamente el vaivén cósmico de unión-separación en la naturaleza, vive en el pensamiento de Arthur Schopenhauer. Este original filósofo, cuya intuición central y cosmológica es la presencia inmanente de una Voluntad en la Naturaleza, identificada con la cosa en sí kantiana y descrito también como un impulso ciego y libre, desarrolla una interesante analogía, paralela a las antiguas visiones de Empédocles, pues lo que para éste era el poder de la odiosa separación será entendido por el alemán como un principio natural de la individuación de todo ente. I. eMpédocles y el poder de la indistinción Las grandes fuerzas de la Naturaleza son quizás los enigmas más difíciles de abordar por la racionalidad filosófica, mas aún cuando la perspectiva adoptada es un pensamiento que considera a la realidad humana como una parte orgánica de ella misma, vale decir, que en la estructura del sujeto particular se encuentra operando un dinamismo análogo al todo natural. En este predicamento uno de los relatos más verosímiles que se han tejido en la filosofía antigua, sobre el eterno flujo del devenir de los entes, es la tentativa de explicarnos el misterio del Ser haciendo un uso especial de categorías antropológicas y éticas. Es el caso que me propongo analizar, pues dentro de la multitud de matices del lenguaje de las pasiones, parece natural proponer que los dos grandes polos en que se agita el Alma del mundo, como también el alma humana individual, son las emociones básicas del amor y del odio, en una tensión dialéctica constante y alternada de fenómenos de generación y de destrucción de los entes naturales que entran al juego de lenguaje de la representación filosófica. En efecto, según señala Anaximandro en su célebre fragmento, los entes particulares purgan la injusticia de su separación del todo primordial según el orden del tiempo, y el fenómeno sucesivo del nacimiento y la disolución, parecen tener en estas pasiones -del amor y el odio-sus causas primordiales. Así lo parece sugerir el primer verso con que amanece la poesía de Occidente: Canta oh diosa, la cólera del pélida Aquiles, cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de los héroes 2. Por otro lado, el hexámetro poético es también el vehículo preferido de la temprana filosofía de la naturaleza, que surge a inicios del siglo VI tanto en Asia Menor como en el sur de Italia. De esta última región, en la volcánica Sicilia, surge la figura enigmática de Empédocles de Agrigento, mezcla de filósofo, mago y líder espiritual. Se sabe que floreció cerca del 444 a.C. y por su situación histórica puede ser llamado con justicia un epígono del período cosmológico de la filosofía, dado que su sistema es una especie de sincretismo, en donde conviven perfectamente entrelazadas ciertas creencias órfico-pitagóricas sobre el destino del alma, junto al típico discurso verosímil desarrollado por los cosmólogos de la época 3. De tal modo que su pensamiento gravita entre la física teórica, en este caso pluralista de causas, y una psicología individual orientada a la purificación, sin hacer gran diferencia entre estos planos físico-psíquicos, ni distinciones entre las causas, como si lo hace Aristóteles. La referencia a Aristóteles no es casual, dada la decisiva influencia del libro I de su Metafísica en la historia de la interpretación de los filósofos pre-platónicos, y de nuestro Empédocles en particular 4. Esta valoración histórica es advertida por Schopenhauer en sus Fragmentos sobre la Historia de la Filosofía, y reacciona de este modo. Como carácter fundamental de Aristóteles se podría señalar una enorme sagacidad unida a la circunspección, dotes de observación, carácter polifacético y falta de profundidad. Su visión del mundo es plana, aunque sagazmente trabajada...Su metafísica es en su mayor parte, un hablar aquí y allá sobre los filosofemas de sus predecesores, a los que critica y rebate desde su propio punto de vista, la mayoría de las veces en virtud de sentencias aisladas de aquellos, sin penetrar verdaderamente en su sentido, sino más bien como quien rompe la ventana desde afuera... siendo incapaz de seguir cualquier curso de pensamiento hasta el final: pues justamente en esto consiste el pensamiento profundo. Parecen mezquinas estas irónicas palabras del pensador de Frankfurt contra Aristóteles, pero lo cierto es que llevan algo de cierto, ya que el consabido lenguaje tetra-causal del macedonio termina imponiendo, históricamente, ciertas condiciones de inteligibilidad para el pensamiento del pasado, en este caso, sobre la noción misma de causalidad. Por otro lado, debo reconocer que no podemos renunciar del todo al aparato conceptual de las cuatro causas de Aristóteles, para repensar el pensamiento de Empédocles, pero la observación anterior de Schopenhauer nos advierte de que al menos debemos tomar cierta distancia crítica cuando este dispositivo desvía al pensamiento hacia otros asuntos, puesto que Empédocles propone, en su pensamiento cosmológico, una pluralidad de raíces elementales para descifrar el enigma ciclo del tiempo. En el siguiente pasaje se describe de modo conciso el difícil tema de su cosmogonía: "Su sistema es en extremo complejo. El elemento pasivo se halla representado por las cuatro raíces (rizomas) o cuerpos elementales: fuego, aire, tierra y agua 5, los cuatro elementos típicos de la filosofía griega posterior. Además hay dos causas movientes: el principio unificador, Amor (eros) o Afrodita, y el principio separativo, Discordia (eris) o Ares; el proceso cósmico es un ciclo siempre repetido en el que cada una de estas causas (motrices) prevalece alternativamente. Este proceso comienza con el Esfero inmóvil en el que los cuatro elementos se encuentran perfectamente mezclados bajo el dominio absoluto del Amor. Este Sphairos de Empédocles es una concepción estrechamente emparentada con el huevo del mundo de los órficos, y la idea es una mezcla perfecta o equilibrio de los elementos opuestos (...) el período siguiente del ciclo se produce cuando la Discordia comienza a ganar terreno gradualmente hasta que llega a un estado de perfec-suerte, en la sucesión del devenir de las cosas generadas en el mundo, y que se dan a partir de combinaciones con los elementos básicos, las emociones originales, de la inclinación y el rechazo, se proyectan también hacia el orden del cosmos para explicar la unión y la separación permanente de los seres generados en el tiempo, ya sea en una amistosa concentración o en una odiosa repulsión natural. De forma alternada e interminable entonces, lo semejante consigo mismos alterna con lo desemejante para producir los múltiples individuos y, recursivamente, los elementos vuelven a reunirse consigo mismos al cabo del ciclo vital que cumple cada organismo multicelular, que se representa como una porción determinada de la mezcla de los elementos, en un ir y venir de lo uno a lo múltiple y viceversa, para continuar la historia del cosmos. Para ilustrar los anteriores conceptos, que corresponden a una interpretación global de diversos fragmentos, cito a continuación partes del famoso fragmento 17, que reúne en pocos párrafos una versión inteligible de la compleja filosofía de Empédocles. Cito: Debo anunciarte una doble narración. Una vez, una sola cosa creció a partir de muchas, y, otra vez, se separó para ser muchas a partir de una. Doble es la generación de los seres mortales, y doble su destrucción. Un par (de generación y destrucción) nace y muere por la concurrencia de todas las cosas; (5) el otro crece y, luego, se disipa cuando ellas se separan de nuevo. Y ellos no dejan nunca de cambiar de lugar incesantemente, de este modo; unas veces confluyendo todos en uno por medio del Amor, y otras veces separándose cada uno por el odio de la Discordia. Así, en tanto que se habituaron a que uno crezca a partir de muchos,(10) y a que uno se divida, a su vez en muchos de nuevo, de este modo están sometidos al devenir y no tienen vida estable; pues en tanto que no cesan nunca de confluir y separarse alternativamente, existen para siempre, inmutables en su camino cíclico. Pero vamos, escucha mi discurso, ya que el aprendizaje acrecienta la sabiduría. (15) Como ya dije antes, cuando estaba estableciendo los confines de mi discurso, yo te contaré una doble narración. Una vez, una sola cosa creció a partir de muchas, y otra vez se separó para ser muchas a partir de una: el fuego, el agua, la tierra y la inconmensurable altura del aire, y la funesta Discordia, separada de éstos e igual en cualquier respecto (20) y el Amor entre ellos, semejante en longitud ta separación de los elementos. Entonces vuelve a predominar el Amor, hasta que finalmente el ciclo retorna a su punto de partida, es decir, a la perfecta mezcla de los elementos dentro de la Esfera. Sólo en las etapas intermedias, cuando no hay ni completa separación, ni completa fusión de los elementos, pueden existir los entes particulares y el Universo tal como lo conocemos" (A. H. Armstrong, Introducción a la Fil. Este ajustado resumen sintetiza de modo notable las difíciles cuestiones relacionadas con la sucesión y la resolución de los momentos del ciclo cósmico de Empédocles, dado que, siendo coherente con la intuición mítica del eterno retorno de lo mismo, termina cerrando un movimiento del tiempo natural con el inicio de otro ciclo, al estilo de un gran año cósmico que se repite por toda la eternidad del mundo. Entretanto, apreciamos que en la teoría de Empédocles, resumida más arriba, se encuentra una versión sin precedentes de dualismo físico y moral a la vez, cuestión que en otro momento del pensar griego no habría sido posible. Este aspecto dialéctico de su pensar se observa también en la coexistencia de los factores psíquicos que encontramos en su explicación sobre la mecánica del mundo físico. En efecto, junto con las cuatro raíces -o rizomas-elementales: el fuego, aire, tierra y agua, se añaden dos fuerzas motrices, que son la causa de sus múltiples combinaciones en el universo cósmico. Estas causas móviles están representados por la Amistad (o amor = eros), y su contrario, el Odio (o discordia = eris). Estos seis factores físico-psíquicos se encuentran interrelacionados en el sistema, siendo éstos la causa del movimiento combinatorio de aquellos. Cuando se aman a sí mismos, se reúnen los elementos, y su causa es la separación de lo otro; luego cuando se mezclan con sus complementarios, la amistad comienza produciéndose una unión provisional, auspiciada por eros. En otro momento teórico, cuando los elementos mezclados en uno se disipan, ya se odian entre ellos, ya van generando otras reuniones afines entre las raíces, reconocibles en los cuatro elementos que van rotando y girando según el predominio de la amistad o del odio. Consecuentemente reconocemos, en esta original visión cosmológica del devenir, el Microcosmos humano y el Macrocosmos físico, gobernados por los mismos principios orgánicos, y que no son sólo las materias pasivas. De tal despliega en una explicación filosófica, que considera también a los elementos materiales conllevando cualidades móviles intrínsecas, pues, los elementos físicos contienen una naturaleza semoviente propia y por otra parte las causas motrices amor-odio también conservan una vinculación con el comportamiento corporal en sus fragmentos, como por ejemplo cuando se refiere que el amor se extiende en longitud (cf. fragmento 17, 20). 2.o El poder de la indistinción nos permite asemejar a la vida orgánica de los animales, con la vida "inorgánica" de los seres inanimados, que desde su poder elemental sostienen los fundamentos de todas las cadenas de vida orgánica, que son dependientes de un oscuro trasfondo inorgánico. Basta con el ejemplo de la vida vegetal que provee de base para toda la cadena trófica, y que es la que sostiene un puente de continuidad con lo elemental, realizando el milagro alquímico de transformar la luz del sol, la firmeza de la tierra, el espacio del aire y la humedad líquida del agua, en las condiciones de posibilidad de la vida del vegetal, vinculando el concepto de Hyle con el de Zoé como dos aspectos de una realidad que tiene relación de continuidad; este argumento tiene sus raíces en una comprensión ecológica profunda y en el sentido de ser una cosmovisión de sistemas interdependientes. 3.o Más interesante aún es el factor explicativo de las inclinaciones humanas, pues la visión de Empédocles, como ya está dicho, relaciona sin resistencias a la física con la psicología -es el caso de las causas motrices del amor y el odio, motor dialéctico del mundo físico y psíquico-y que tiene un campo de interesantes aplicaciones en la psicología individual y en la intuición mítica, capaz de generar alegorías de lenguaje simbólico de gran eficacia especulativa (por ej. la astrología racional como sprachspiel). 4.o Por último, y como una evocación panteísta, podemos decir que es el propio cosmos el que despliega su autoconciencia por la boca de los poetas. Es el caso de la inspiración de Hesíodo, quizás el mejor ejemplo de un logos cósmico que revela su verdad en virtud del rapto de las musas divinas. Sin embargo fue Empédocles el más osado, toda vez que se consideraba él mismo un ser divinizado que desde su apoteosis y profundidad. A él tienes que mirarlo con la mente, no te quedes inmóvil con ojos de asombro: es a él quién se considera innato en los miembros de los mortales, y es por él por quién los hombres piensan amorosos pensamientos y realizan acciones pacíficas, llamándolo por los nombres de Gozo y Afrodita (25). Ningún mortal lo ha visto cuando gira en derredor de ellos (es decir, de los elementos de la Discordia); pero escucha tú el orden no engañoso de mi discurso. Todos ellos son semejantes y de la misma edad, pero cada uno es señor de un distrito diferente y cada uno posee su propio carácter, y prevalecen, alternativamente, conforme el tiempo gira trazando su círculo. W. K. C. Guthrie, Historia de la filosofía Griega, Vol. En esta visión sinóptica de la procesión del Ser de Empédocles se presentan sus intuiciones proto-cósmicas, con una clara noción dialéctica de las relaciones entre lo uno y lo múltiple, ya que junto con la absoluta irreductibilidad del amor en el odio y viceversa, encontramos un ejemplo extraordinario de pensamiento dialéctico; un pensar que, siendo pluralista en su referencia a las causas de las sustancias, exige del lector una perspectiva holística del ser, vale decir una visión que considera suspender por un momento el juicio analítico -de herencia aristotélica-, para dejarse llevar por el poder de la indistinción, que es también un nombre para el método de la dialéctica del ser, algo que justamente para Aristóteles es una cualidad criticable del pensamiento de Empédocles. En efecto, el hábito crítico de distinguir los aspectos físicos de la realidad, no siempre es útil como instrumento de comprensión profunda de los hilozoístas, pues los conceptos aristotélicos del ser pueden causar la obnubilación del entendimiento, pues su método separa en el concepto lo que en la naturaleza está unido. Esto ocurre toda vez que las fuerzas cósmicas son pensadas con el dispositivo automático de su análisis. Algunos tópicos importantes que se recuperan utilizando el poder de la indistinción dialéctica son: 1.o La percepción hilozoísta del mundo físico; actitud intelectual que siendo remanente del pensamiento mítico arcaico, piensa a todas las materias primas como sustancias animadas mediante fuerzas metafísicas. En el caso de la dialéctica amor-odio, rinden una intuición plena de simbolismos que Empédocles no hay personalidad ni causalidad algunas. Para ella no cabe la distinción entre sujeto y objeto, por no haber ni siquiera sitio para ninguna divinidad (Idem, Aramayo, p. Trataré de mostrar en lo siguiente en que puede consistir esta consciencia orgánica de ser en el mundo y luego ver en que se asemeja Schopenhauer al pensar del filósofo siciliano. Debo partir señalando que el pensamiento filosófico de Schopenhauer, según el mismo reconoce, estuvo orientado principalmente a buscar un remedio eficaz contra el sufrimiento de la vida, y por eso su punto de partida no es el de la admiración del ser, sino la clara intuición de la pobre condición humana, ya que según su opinión, si el ser humano fuera feliz, no tendría ninguna necesidad de pensarse. Esta peculiaridad está bien descrita por Max Horkheimer: El ser sumo, supremamente real, el ser esencial metafísico al que dirigen la mirada los filósofos desde el cambiante mundo de las cosas existentes, no es al mismo tiempo el bien, y los grados de realidad no son grados de perfección; la mirada que contempla lo positivamente infinito, lo incondicionado, no enseña lo que ha de hacerse: es imposible invocar la autoridad del ser si se quiere ir a parar a una acción conveniente...Para Schopenhauer, el bien es mucho más lo efímero, el pensamiento y la apariencia que lo que se reproduce perennemente (F. Savater, "Schopenhauer", Hia. de la ética, V. Camps ed., Crítica, 1989, p. Esta perspectiva claramente pesimista se comprende mejor desde el concepto central de su metafísica, que es el de Voluntad (Wille). Para aclarar un poco esto revisemos brevemente su itinerario filosófico pues, ¿Cuál es ese descubrimiento del que miraba hacia el mundo de los hombres derramando su saber cósmico 6. Finalmente lo importante aquí es que el poder de la indistinción, que actúa también entre mythos y logos, nos conduce a reconocer la tremenda capacidad representacional de ambos dispositivos discursivos que conviven en Empédocles en un mismo soporte psíquico. A modo de aclaración, quisiera volver a señalar que el poder de la indistinción, sugerida también como una actitud anti o pre-aristotélica, posibilita tener un pensamiento más propiamente dialéctico, en donde lo uno y lo otro son factores indisolubles e irreductibles entre sí, como lo son el amor y el odio en el cosmos, a la hora de pensar humanamente la realidad del hombre, del mundo y de lo absoluto. II. la filosofía trascendental coMo paradoja del pensaMiento en scHopenHauer De acuerdo con Schopenhauer (1788-1960) su filosofía pesimista tiende un puente entre la intuición (que es verdadera pero lamentablemente incomunicable) y el conocimiento conceptual y abstracto (que es comunicable pero falso). No obstante esta paradoja, la filosofía es una empresa que comienza con la experiencia vivida, cuestión que también alcanza a la intuición metafísica. Aquí también encontramos un caso notable de escritura metafórica pero con declarado afán de esclarecimiento, en la medida que lo permita la escritura, cito al autor: De allí que el hombre debe renunciar a su pretensión de comprender lo que está más allá de su representación, puesto que no es ningún ser especial, es sólo una fase de la objetivación de la voluntad, y sólo tiene una diferencia de grado con el resto de los seres orgánicos e inorgánicos, pues más allá de las fronteras de la representación sólo existe la voluntad. Si se consideran las contadas ocasiones en que a lo largo de la Crítica de la Razón Pura y de los Prolegómenos, Kant saca un poco a la cosa en sí de las tinieblas en que la mantiene, es para presentarla como responsabilidad moral dentro de nosotros y por tanto como voluntad...se advertirá entonces que yo, mediante la identificación de la voluntad con la cosa en sí, he puesto en claro y llevado hasta sus últimas consecuencias el pensamiento de Kant...pues el mito de la caverna de Platón, y el velo de Maya de los Vedas hindúes, serían imágenes equivalentes a los términos trascendentales de la cosa en si kantiana y a la voluntad schopenhaueriana 8. En tanto, la vida moral, trasunta un hondo pesimismo trágico y no transa con los términos de la moral de deberes kantiana, pues a su juicio: "no hay otro camino para llegar al fundamento de la ética salvo el empírico, es decir indagar si se dan acciones a las que debamos atribuir auténtico valor moral" tales como cualquier forma de altruismo o filantropía. Este punto de partida le hace ironizar con la escuela kantiana: Puesto que la moral ha de habérselas con la conducta real del hombre y no con apriorísticos castillos de naipes, ante cuyos resultados ningún hombre inmerso en los graves apremios de la vida y al torbellino de pasiones, resultaría salvo, por lo tanto es comparable al querer apagar un incendio con una jeringuilla. En su opinión, el formalismo legalista de Kant, que supone una autoridad trascendente a la inclinación se muestra insolvente para combatir a ese antagonista de la moral, que es el egoísmo. ¿Pero acaso existe de hecho algún principio que pueda contrarrestar la fuerza inmediata del egoísmo? Y en efecto que lo hay, el principio contrapuesto a la preocupación particular por lo provechoso es la compasión (Mitleid), entendida como la apertura incondicionada hacia el otro y que a Schopenhauer se le antoja nombrar como el mayor misterio de la ética y objeto propio de la especulación metafísica, pues constituye su tanto se preció Schopenhauer? Lo que él reconoce como tal es el haber despejado la gran incógnita kantiana sobre "la cosa en sí", trasfondo del mundo fenoménico según la perspectiva trascendental kantiana. En efecto, para Schopenhauer como para Kant el mundo que conocemos es puro fenómeno: pues el mundo de nuestro conocimiento es nuestra representación del mundo, tal como el sujeto se lo representa a través de las formas subjetivas de la percepción, que son el tiempo y el espacio, y que en el entendimiento aparecen ligadas por una categoría necesaria, el principio de razón suficiente o de causalidad del conocer 7. Este complejo asunto, de definir las fronteras representacionales del fenómeno y su relación con la fuerza de la voluntad de vida, forma parte esencial del programa teórico de su obra mayor Die Welt als Wille und Vorstellung. Por otra parte, nos resulta evidente que la distinción entre ensueño y embriaguez que establece el joven Nietzsche en El Nacimiento de la Tragedia es tomada de la distinción schopenhaueriana entre representación y voluntad. Estos dos principios se derivan a su vez de la teoría del conocimiento kantiana, que considera que sólo conocemos el fenómeno y nunca la cosa en sí, ya que no nos podemos liberar de las condiciones de posibilidad de nuestro conocimiento. De este modo, Nietzsche habla del mundo de la apariencia apolínea y Schopenhauer del mundo de la representación, para referirse a ese terreno meramente fenoménico y sujeto al principio de razón (tiempo, espacio y causalidad) en el que los hombres "normales" se mueven diariamente. No obstante, para ambos la cosa en sí es cognoscible pero está libre de toda razón. La voluntad es un principio irracional, indeterminado, infinito (no está sujeto al espacio), eterno (no está sujeto al tiempo), independiente y único. Por otro lado, la Voluntad o el Uno primordial es el fondo místico de todo lo que existe; carece de la díada sujetoobjeto porque pone en evidencia que el mundo es uno y en él cada individuo se funde, se pierde, se olvida de sí y de todo lo que le es propio. No obstante las diferencias ambos reconocen que el fondo del mundo es irracional, que no existe una clara relación de causa y efecto, y es por esto que Schopenhauer habla de la voluntad como un continuo querer sin fin, sin más causa aparente que la motivación egoísta, que en el fondo sería una objetivación individual del devenir natural de la Voluntad infinita. dición, pues en su diálogo libresco con los presocráticos sigue también el orden establecido por Aristóteles, así al menos en el tratamiento de estos temas en sus Fragmentos sobre la Historia de la Filosofía. En el siguiente texto encontramos finalmente su valoración definitiva de Empédocles desde su visión filosófica y sistemática, a la vez que expone y critica primero, los conceptos cosmológicos de Anaxágoras, -que propone una inteligencia ordenadora (nous) de múltiples partes similares-para luego ensalzar la lúcida dialéctica del amor-odio para dar cuenta del mundo como Voluntad de ser. Empédocles en cambio, en lugar de innumerables homeomerías mantenía cuatro elementos de los que luego habrían de resultar las cosas como productos y no como eductos, según ocurría en Anaxágoras. El papel unificador y separador, esto es, ordenador del nous, lo desempeña en él filía kai neîkos, amor y odio. Esto es mucho más sensato. En efecto, el no recomienda la disposición de las cosas al intelecto (nous) sino a la voluntad (filia kai neikos), y las diferentes sustancias no son, como en Anaxágoras, meros eductos, sino productos reales. Si para Anaxágoras surgían en virtud de un entendimiento diferenciador, para Empédocles nacen de un impulso ciego, es decir, de una voluntad carente de conocimiento. Empédocles es, en fin, todo un hombre y su filía kai neikos se basa en un apercibimiento profundo y verdadero, Ya en la naturaleza vemos que las sustancias se buscan y rehúyen... Así filía kai neikos están realmente presentes en todas partes, y únicamente de acuerdo con las circunstancias aparecerá en cada caso la una o el otro. Conforme a ello, también nosotros mismos podemos en un instante tener amistad o enemistad con cada hombre que se nos acerca: la disposición a ambas cosas está ahí y aguarda las circunstancias. Sólo la prudencia nos ordena quedarnos en el punto medio de la indiferencia, aun cuando este sea al mismo tiempo el punto de congelación. Igualmente también el perro extraño al que nos acercamos está dispuesto en un instante a tocar la tecla amistosa o la enemistosa y pasa fácilmente de ladrar y gruñir, a menear la cola y viceversa. Lo que funda ese fenómeno universal de filía kai neikos, es en último término la gran contraposición originaria entre la unidad de todos los seres según su ser en sí, y su total diversidad en el fenómeno, que tiene por forma el principium individuationis. Tanto Empédocles como Schopenhauer son pensadores intuitivos, cuyas teorías del Ser incluyen aspectos anímicos fenómeno primordial y originario. Y puesto que ya que se sabe que nuestra motivación principal para actuar es el egoísmo, por ello mismo propone adoptar "la ausencia de toda motivación egoísta como criterio de valor moral de las acciones" pues la compasión es un sentimiento que nos hace identificarnos con el dolor de aquello que no somos nosotros, ya sea hombres, animales o plantas; y dado que la vida es principalmente dolor y hastío, la compasión es el sentimiento ético fundamental y, en las antípodas, es inmoral el que goza, aumenta o es indiferente al dolor ajeno. De otra parte es la voluntad de la naturaleza, constreñida en un ser individual, la condición que permite la inmoralidad, puesto que esta tendencia naturalmente egoísta esta fundada en el principio de individuación, que se revela como la causa más eficiente del mal moral, al motivar permanentemente la antipatía por la otredad. Así describe su propia experiencia: En mi mismo observo que a veces contemplo a todos los seres con una cordial compasión, otras con gran indiferencia y, si se tercia, con odio, regocijándome del mal ajeno. Todo ello brinda muy claros indicios respecto a que poseemos dos modos de conocimiento diversos y contradictorios; uno con arreglo al principium individuationis nos hace ver a todo ser como algo que nos es totalmente ajeno y extraño, como un categórico No-Yo; en tal caso no podremos experimentar hacia ellos más que indiferencia, envidia, odio o malicia. En cambio, el otro modo de conocimiento, que yo quisiera denominar conforme al axioma védico tat-twan-asi (tu eres eso), nos hace ver a cualquier ser como idéntico con mi propio yo, por lo que su contemplación nos provoca compasión y afecto. El primer modo de conocimiento es el único que resulta demostrable y razonable; el otro constituye la puerta del universo y no posee refrendo alguno por encima suyo, suponiendo por ello el punto más abstracto y complicado de mi doctrina (Manuscritos berlineses, HN, III, 371;1996c, 178, 189). Pese al mezquino juicio de Schopenhauer sobre los méritos intelectuales del autor de la Metafísica, paradójicamente también se revela como un atento seguidor de esta tra- Schopenhauer, que piensa también al odio -y al amorcomo fuerzas necesarias para el proceso de individuación de todo ente. Podemos entonces reconocer un hilo de Ariadna que relaciona ambas visones y que tienen cosas en común, tales como: Ambos manejan un pensamiento dialéctico, que estiman necesario para la comprensión de la necesidad de las fuerzas contrarias. Ambos discursos desarrollan intuiciones psíquicas que se proyectan en el mundo físico. Por último y a modo de conclusión afirmaría que ambas filosofías son, aunque de muy distinto modo, trascendentales en su comprensión de los primeros principios del ser y no ser, del bien y del mal, y sobre todo, enfatizaría, en su reconocimiento de la necesidad indesmentible del odio (y del amor), como fuerzas vivas, tanto en las relaciones elementales del mundo material, como en la larga vía de la auto realización de los sujetos de la moralidad. Por último, para quienes aún duermen el sueño dogmático de la bondad innata del ser humano, puede ser difícil de aceptar que debamos convivir no sólo con el mundo que amamos, sino que también lidiar con el odio metafísico que nos acecha en cada encrucijada. en un discurso verosímil que da cuenta de la lucha entre fuerzas contrarias, tanto en el plano físico como en la moral, y que se representan a través de una dinámica de movimientos teóricos alternos. En Empédocles la dinámica dualista se intuye en la generación y la corrupción de los cuerpos que habitan el mundo múltiple del devenir, que se pierde y se recupera eternamente a sí mismo. En Schopenhauer nuestro interés está más orientado a la teoría ética para aclarar su intuición de la presencia de una voluntad en la naturaleza. ed. Gredos, 1987, p. En tanto, el período cosmológico de la filosofía se caracteriza también por su interés en dar explicaciones racionales sobre el movimiento de la physis mediante argumentaciones construidas en principios causales (arjé) ya sean materiales o formales. A estos filósofos tempranos se les aplica en general el término de hilozoístas, por vincular la materia (Hyle) a la vida (Zoê) sin hacer distinciones de causas. 4 El texto crítico de Aristóteles, basado en su defensa del ordenamiento físico de las causas, reza así: "Pero puesto que resultaba evidente que en la naturaleza se da también lo contrario del bien, y que no sólo hay orden y belleza, sino también desorden y fealdad, y que los males son más abundantes que los bienes, y las cosas feas más que las bellas, he aquí que otro introdujo la Amistad y el Odio, cada uno como causa -respectivamente-de los unos y de los otros. En efecto, si se sigue y LA DIALéCTICA DEL AMOR-ODIO EN EMPéDOCLES Y SCHOPENHAUER ARboR LA DIALéCTICA DEL AMOR-ODIO EN EMPéDOCLES Y SCHOPENHAUER
Las definiciones de argumentación son tan variadas como las distintas posiciones existentes en torno a la pregunta de qué hacemos exactamente cuando argumentamos y cuándo estamos, de hecho, argumentando. Incluso el mismo autor puede ofrecer más de una definición de lo que entiende por argumentación; en parte, porque el problema de la argumentación no se circunscribe a un solo ámbito, ni del conocimiento, ni de la vida práctica. Sea como fuere, y para todos los casos, llama nuestra atención que no se haya analizado el problema de la argumentación (sobre todo en su aplicación a métodos hipotético-inductivos) como un problema colindante con el de la interpretación. Que la argumentación colinda con la interpretación y viceversa se ve claramente por dos razones: la primera, porque si "la argumentación es una de las características de la vida racional" (Corcoran 1994, pp. 27-55), se debe a que la radical necesidad de interpretar el medio político y social, histórico, institucional, personal, etc., en el que se desarrolla nuestra existencia (y no sólo la nuestra, anclada en el presente, sino la pasada, así como la futura), hace de la argumentación un medio más para dirigir esa sustantiva y elemental disposición de la existencia humana que lleva a hacer uso de la interpretación como un medio y un fin. La segunda razón estriba en que, desde un punto de vista lógico, la aplicación de la argumentación a los métodos hipotético-deductivos e hipotético-inductivos va de suyo, en la medida en que ambos métodos parten de procedimientos conjeturales. Podemos distinguir esta segunda razón, de naturaleza lógica, de la primera, que aludiría a las dimensiones ontológicas e históricas. Una definición de argumentación en la que se aúnan ambas dimensiones (la estrictamente lógica y la ontológica) es esta que sigue: "La argumentación está involucrada en la reducción de problemas nuevos a otros viejos que han sido resueltos" (Corcoran, 1994, p. Sin embargo, un argumento con el que mostrar que ni el método deductivo ni el inductivo son propiamente métodos encaminados al descubrimiento de hipótesis se obtiene cuando se observa que "[...] ninguno de estos métodos es un método para descubrir cadenas de razonamientos" (Corcoran, ibidem,p. Luego existirían procedimientos coadyutorios para descubrir hipótesis que además servirían para hallar posibles cadenas de razonamientos. Estas vías de descubrimiento o hallazgo de hipótesis son propiamente vías heurísticas, es decir, son parte de un ars inveniendi que hunde sus raíces en un ars interpretandi, y que se contrapone al ars iudicandi, pues no sigue una lógica demostrativa como éste último. Así, por ejemplo, el método por analogía es un procedimiento heurístico. La aplicación de procedimientos interpretativos o conjeturales puede conducir a la producción y aportación de pruebas cuando, por ejemplo, se hace uso de un procedimiento heurístico consistente en desarrollar, a partir de una hipótesis originaria, argumentos que van comprobándose verdaderos. Así es como, a partir de interpretaciones y conjeturas que se apoyan sobre petitio principii, se pueden convertir a éstos en pruebas. Todo ello habría de dar idea de las potencialidades epistémicas de los procesos interpretativos en su dimensión heurística. Según Stuart Russell y Peter Norvig, la función heurística suele estimar "el costo de una solución que comienza desde el estado en el nodo n'" (Russell y Norvig, 2004, p. 773) y que, a todas luces, consigue construir una función aprendiendo de la experiencia, ya que cada solución óptima en un problema cualquiera proporciona elementos o ejemplos para que se pueda aprender la función h(n). Esto es, que cada ejemplo se compone de un estado del camino solucionado; de manera que es por este motivo por el que suele decirse que una estrategia heurística -se aplique o no ulteriormente a un razonamiento-utiliza el conocimiento de un problema en un sentido que va más allá de la definición del problema en sí mismo. Esta estrategia pone en juego una modalidad de aprendizaje y de razonamiento que no es deductivo sino inductivo. El aprendizaje inductivo sólo se puede desplegar si se le ofrece al sistema que haya de realizar dicho cálculo una información que, por las razones que fuera, sea relevante para la evolución y descripción del problema. Muchas veces, sin embargo, haciendo uso de este mismo esquema procedimental, se echa en falta que las conclusiones obtenidas se sigan efectivamente de la argumentación. Y también suele suceder que cuando no se hace con rigor generalmente se le achaca al procedimiento interpretativo de naturaleza heurística, exploratoria, una limitación lógica que no depende propiamente de él, sino del procedimiento lógico-discursivo mediante el cual conducimos los argumentos. Cuando dicho procedimiento no se realiza con rigor, invalidamos un procedimiento heurístico transformándolo en una mera falacia o conclusión equivocada a consecuencia bien de un encadenamiento equívoco, bien de basar la fuerza de los razonamientos en una interpretación errada acerca del sentido implícito en esa petición de principio. La estrategia heurística -profundamente hermenéuticapone en juego una modalidad de razonamiento inductivo. Como puede observarse, el razonamiento y el aprendizaje inductivos sólo se pueden desplegar si se le ofrece al sistema que haya de realizar dicho cálculo una información que, por las razones que fuera, sea relevante para la evolución y descripción del problema. Todos estos factores parecen poner en tela de juicio la idoneidad del esquema lineal basado en el razonamiento y aprendizaje mecánicos e incluso en concepciones del lenguaje como mero instrumento para la representación del conocimiento. Estas concepciones del razonamiento heurístico y hermenéutico se ponen de manifiesto, por ejemplo, en el diseño de ambientes inteligentes para los que es menester investigar los procesos cognitivos implicados en el razonamiento: un campo de plena actualidad en Inteligencia Artificial. En dicho ámbito, los agentes lógicos ya no se diseñan teniendo a la vista lenguajes de programación según patrones de razonamiento prototípicos de la lógica proposicional (por ejemplo, siguiendo el desarrollo de patrones de inferencia que se puedan aplicar para derivar cadenas de conclusiones que nos llevarían a un objetivo deseado). Por el contrario, hoy en día, se tienen a la vista modelos más complejos como, por ejemplo, los consistentes en la descripción de acciones para realizar cálculos e interpretaciones de situaciones en las cuales está fundado en una razón: una argumentación correcta no es meramente el resultado de un proceso inferencial, de manera que tampoco una interpretación adecuada o coherente se presenta siempre bajo la forma de una argumentación cogente. Que las expectativas de llevar a buen término nuestras interpretaciones son de tipo lógico se aprecia en lo molesto que puede llegar a resultar que nuestro interlocutor formule interpretaciones manifiesta o claramente erradas a partir de acontecimientos, textos, relatos, etc. que habrían de llevar a otras interpretaciones. Acostumbramos a vincular los procesos interpretativos con los lógicos o, al menos, con ciertas dimensiones de la lógica que, si bien asumimos desde cierta flexibilidad en la conversación relajada o, en general, en la vida en común, no podríamos dejar tampoco por ello de exigir o presuponer en todo acto de habla. Mas también cabe advertir que el hecho de que descalifiquemos a nuestro interlocutor diciendo: "¡esa es tan sólo tu interpretación!", no hace sino abundar en lo anteriormente dicho, es decir, la razón de ser de esta descalificación o recriminación radica en que se hace depender de la subjetividad del interlocutor la dilucidación de una cuestión que habría de conducir a alguna forma de comunión en el razonamiento. Cuando es así, se habla de interpretaciones erradas, es decir, interpretaciones que no cumplen adecuadamente su función heurística y que, por ello, resultan tan ilógicas como personales o subjetivas. Sostenemos en fin que una de las claves argumentativas en lo que concierne a la conexión entre interpretación y argumentación radica en que tanto la existencia de premisas como de conclusión(es) tiene un carácter meramente funcional en los procesos argumentativos, y ello en virtud precisamente de que las argumentaciones tienen un alcance interpretativo: a partir de ellas se inducen otras proposiciones, conclusiones o interpretaciones, por lo que todas son temporales. Corcoran se ha referido a este problema aduciendo que es particularmente llamativo que muchos filósofos escépticos o incluso nihilistas epistemológicos hayan concluido que ninguna proposición se sabe verdadera en sí misma. Sin embargo, pocos han hecho ver a partir de esta sentencia que realmente ello indica que ningún razonamiento se sabe válido si pensamos que para constatar como válido un suele darse un axioma de posibilidad (que da una idea de cuándo es posible o necesario realizar una acción determinada) y un axioma de efecto (que da una idea de qué sucede cuando se ejecuta una acción o qué cambios son posibles como resultado de realizar un acción). Pese a estas conexiones entre razonamiento heurístico y hermenéutica, en la historia de la hermenéutica, especialmente en la etapa romántica, se asociaba a aquélla con el problema de simples malos entendidos (una forma algo roma de expresar la problemática a la que nos hemos referido arriba). Igualmente se ha insistido en que la función de la hermenéutica (claramente epistémica, a juicio mío) era, sencillamente, la de una propedéutica para alcanzar una correcta interpretación o comprensión en los casos en los que se nos manifiesta algo confuso, obtuso, ininteligible o mal entendido, cuando por lo general es el caso que ese algo se habría de presentar inteligible, claro y perceptible. Sin embargo, el hecho de mantener que los procedimientos heurísticos -de una u otra manera siempre de naturaleza interpretativa-colindan con los argumentativos debilita la idea de que existan acaso argumentos que den lugar a razonamientos cogentes per se. Normalmente se considera que un razonamiento es cogente per se si la conclusión que ofrece se sigue lógicamente de las premisas de que ha dispuesto. No obstante, con demasiada frecuencia observamos que esta circunstancia se puede dar de modo tal que las personas no reconozcan la consistencia de la conclusión exhibida bien porque no acepten las premisas utilizadas, bien porque sencillamente las desconozcan. Eso habría de dar idea de hasta qué punto confluyen en la práctica los procesos interpretativos y los estrictamente lógicos. Por tanto, que pese a la pulcritud lógica en la cadena de razonamiento, una argumentación puede no ser una prueba para una persona o un conjunto de personas en un contexto particular y, en ese caso, ser simplemente peticiones de principio. Frecuentemente, este fenómeno (de naturaleza lógica, y en el que entrarían en juego los elementos pragmáticos ínsitos en el razonamiento) se confunde con un problema relativo al empleo de interpretaciones equívocas. Es decir, se confunde una petición de principio con una mera interpretación sin valor epistémico ni lógico. Este fenómeno tan frecuente en la comunicación de la vida en común argumentación puede tratar asuntos que se presten a una elaboración dialéctica. Este es el punto de vista del que parte Gadamer, a saber: que las cuestiones filosóficas sólo se pueden considerar desde la perspectiva dialéctica por eso el método más adecuado para ellas es el diálogo. Como se habrá de ver más adelante, no podría aplicarse una teoría de la argumentación en sentido filosófico que hubiera de abordar problemas políticos, epistemológicos, ontológicos, éticos, etc. que no estuviera plenamente integrada en una tópica. Es a partir de esta circunstancia como se observa la estrecha conexión entre los procesos argumentativos y los interpretativos pues, por decirlo con toda simplicidad, el procedimiento interpretativo comienza allí donde no cabe aplicar deductivamente el razonamiento: allí donde la plausibilidad sólo puede medirse según un cierto grado. 14) ha expresado este problema en los siguientes términos: En otras palabras: para que un argumento sea efectivamente una prueba, es necesario que su poder de aceptación o su plausibilidad sea mayor que la de la mera proposición de a n en el marco discursivo dado. Cuándo un argumento resulta plausible o no es un problema dependiente de marcos discursivos, esto es, de contextos pragmáticos e históricos cuya significación puede ser definida como el producto final pero temporáneo de la compleja lógica de las interpretaciones. 409) ha expresado en estos términos la tesis que aquí buscamos pergeñar: Si la racionalidad discursiva es esencialmente un asunto de la facultad de juzgar [...] el contexto de la crítica y la justificación nunca puede ser acotado completamente por reglas, aún cuando debe seguir [...] ciertas reglas elementales (por ejemplo, las de la gramaticalidad o la consistencia lógica). Por consiguiente, una lógica de la argumentación nunca será posible como teoría puramente axiomático-deductiva [...]. algunas perspectivas en el abordaje del probleMa de la arguMentación Existen tres elementos centrales para abordar el problema de la argumentación: el pragmático, el hermenéutico y el argumento es preciso tener por válidos otros argumentos, por lo que siempre habría algún argumento que se daría como válido por necesidad, a fin de dar por válidos al resto. Todo argumento es un argumento concreto y singular: no hay un esquema o un a priori de la argumentación, esto implica que todo proceso inductivo está basado en argumentos concretos y que consiguientemente le asisten procedimientos heurísticos de tipo hermenéutico. Si esto es así, parece razonable ampliar el dominio de investigación de la disciplina de la lógica con el problema propiamente hermenéutico. A partir de lo expuesto puede tenerse por consistente y completa que la anterior esta otra definición de argumentación, en la que se incorporan todos los problemas hasta aquí referidos: "Una argumentación es un sistema de tres partes compuesto de un conjunto de proposiciones llamado el conjunto de premisas, una única proposición llamada la conclusión y un discurso llamado la cadena de razonamiento" (Corcoran, 1994, p. En la elaboración de argumentos obtenidos tanto a través de un método hipotético-inductivo como hipotético-deductivo intervienen premisas que se dan como válidas o bien otros argumentos cuya validez se da por demostrada. Por lo general, son estos los argumentos y las proposiciones plausibles que Aristóteles consideraba dignas de consideración o de crédito en la medida en que gozaban de reputación. Son las éndoxa definidas como "proposiciones dialécticas más o menos aceptadas o aceptables" (Vega, 1993, p. Según sostiene Vega, las éndoxa generan su propio modelo de argumentación. Aristóteles ya les confirió el espacio propio del silogismo dialéctico. Aquí adoptamos el punto de vista de Vega, según el cual las éndoxa tienen dos rasgos primordiales: por una parte, su condición pragmática y, de la otra, su gradualismo. En efecto, nos parece claro por todo lo expuesto que la plausibilidad de un argumento se basa en elementos pragmáticos, y no en aspectos semánticos -relativos al significado específico de cada argumento ora atendiendo a sus premisas, ora a sus conclusiones. Ahora bien, también hemos hecho aquí hincapié en que hay argumentos que, aunque concluyan adecuadamente, podrían no llegar a gozar de plausibilidad. Esto es así porque lo plausible no es resultado de una cadena de argumentos lógicamente consistente sino del criterio con el cual se lleva a efecto un juicio: ya que la dimientos adecuados para conseguir efectos persuasivos, ambas, dialéctica y retórica, no pertenecen a una ciencia determinada, sino que se sustentan en cuestiones y aspectos que todas las personas conocen por algún medio por el hecho de formar parte de una comunidad política y tener competencias comunicativas. Si nos fijamos, estos presupuestos aristotélicos están presentes tanto en la investigación de J.-B. Grize como en la investigación de J. Habermas. Desde un punto de vista semántico, la primera de ellas se ocupa de la reconstrucción de los esquemas que hacen posible la articulación e interpretación de un discurso, ampliando con ello el concepto de lógica aplicado al campo de la argumentación. Mientras que en la investigación del segundo se sostiene un planteamiento equivalente al de Grize en este punto, si hacemos la salvedad de que, a juicio del filósofo alemán, serían los aspectos pragmáticos, y no las oraciones tomadas como unidades semánticas, las causas principales de la producción de una lógica informal de la argumentación. Todo parece indicar que el estudio de la argumentación constituye un campo que va más allá de los límites de una lógica formal deductiva e inductiva, encaminándose, según mi punto de vista, hacia el universo de problemas propio de la hermenéutica. Las definiciones de argumentación presentadas en el parágrafo anterior se han visto completadas en la historia de las teorías de la argumentación con enfoques como el de Anscombre y Ducrot para quienes la argumentación es un acto comunicativo en el que se presenta un enunciado con la finalidad de apoyar una conclusión, pudiendo contribuir a su fuerza argumentativa la aplicación de otros enunciados elegidos con objeto de apoyar la misma conclusión u otra que, presentándose más obvia en un contexto determinado, pudiera reforzar o incluso presentarse como una prueba de la conclusión a debatir. Victoria Escandell lo ha sabido expresar al apuntar al hecho de que con respecto al problema de la argumentación, a diferencia de la tradición pragmática inglesa más interesada "en poner de relieve el carácter de acción que subyace a toda comunicación lingüística" (Escandel, 1999, p. 109), la tradición francesa (entre quienes figuran Anscombre y Ducrot) ha prestado mayor atención a los principios que determinan los efectos argumentativos de los enunciados que al contexto lingüístico en que éstos se inscriben, dándose el caso de que en la práctica comunicativa los enunciados que cabe propiamente argumental. Asimismo, el análisis del problema de la argumentación conduce a importantes temas filosóficos relacionados, a su vez, con el debate en torno al sentido, el alcance y los límites de la racionalidad o la dimensión heurística e interpretativa del razonamiento. Por ejemplo, hemos hecho alusión a la distinción entre la persuasión y la convicción, temas que establecerían el vínculo entre la intencionalidad presente en la dimensión argumentativa de los intercambios comunicativos y la retórica. Mas también puede hacerse alusión a la dimensión dialógica y a las reglas dialécticas que presiden en los intercambios comunicativos polémicos. R. Marafioti, B. Zamudio y A. Rubione (1997) consideran que algunos de los enfoques más destacados acerca del problema de la argumentación no han dado cuenta suficientemente de aspectos tales como la influencia que las instituciones sociales ejercen sobre los discursos argumentativos, indicando con ello que sería menester contar con una sociología de la argumentación. Igualmente importante es que la construcción de teorías en torno a la argumentación observe que ésta aconseja el estudio de la argumentación desde una perspectiva psicolingüística en la que fueran objeto de investigación problemas como la psicogénesis de la competencia argumentativa, así como los presupuestos contextuales compartidos para realizar inferencias. Marafioti destaca además otro punto de vista en el estudio de la argumentación como es el de la teoría de la enunciación que ha conseguido ampliar ostensiblemente la definición de argumento que en la retórica tradicional se ajustó a un cierto esquema (exordio, narratio, confirmatio, etc.) incrementado, a día de hoy, por otras formas de discursividad generadoras de dimensiones argumentativas En definitiva, los aspectos retóricos, dialécticos y lógicos habrían de enriquecerse con perspectivas tales como la sociología de la argumentación, la psicología de la argumentación y los estudios en lingüística en torno a las estrategias de enunciación y demarcación de las múltiples estructuras de un texto, y su influencia sobre una visión más compleja de los procedimientos y procesos argumentativos. Sin embargo, tampoco hay que olvidar que esta perspectiva estaba ya presente en el pensamiento aristotélico pues, si bien la dialéctica se ocupa del problema de la demostración cuando las premisas no son verdaderas sino probables y la retórica comprende el estudio de las técnicas o proce-orientar el discurso o el enunciado argumentativamente a fin de ora mostrar la probabilidad de una argumentación en particular, ora contra-argumentarla. 8) queda singularmente recogido en este fragmento: Nuestra tesis es que en la lengua hay restricciones que determinan esta presentación. Para que un enunciado E 1 pueda darse como un argumento a favor de E 2 (conclusión) no basta con que efectivamente E 1 dé razones para aceptar E 2. La estructura lingüística de E 1, debe, además, satisfacer ciertas condiciones que la hagan apta para constituir, en un discurso, un argumento para E 2. Las condiciones que debe cumplir esa estructura lingüística de E 1 para que sea (discursivamente) apta como razonamiento vienen dadas por el tipo de encadenamiento argumentativo que las vincule. Para Anscombre y Ducrot, lo mismo que para el Nietzsche de la retórica, el sentido de la unidad lingüística no depende de propiedades denotadas por ella en un mundo situado de manera ingenuamente realista en el exterior. La unidad lingüística tampoco depende de pensamientos, sino de los discursos que quepa asociar a tal unidad pues es en virtud de ellos como se da un determinado encadenamiento argumentativo. Consiguientemente, estos puntos de vista amplían la definición anteriormente planteada porque presentan la argumentación como problema situacional al sostener la existencia de situaciones argumentativas y campos argumentativos per se. Parece pues claro que uno de los conceptos más importantes para mostrar que en los procesos argumentativos se dan, a la par, procesos interpretativos (sin que, hasta ahora, estemos indicando que ambos sean subsumibles el uno bajo el otro sino, antes bien, complementarios) es el concepto de coherencia. En relación al ámbito de problemas propio de las teorías de la argumentación, la importancia del concepto de coherencia en la interpretación del discurso la han puesto de relieve G. Brown y G. Yule (1993). En las propuestas de Brown y Yule se ha prestado más atención a esa otra cara del problema de la argumentación que aquí entendemos como el problema de la interpretación. Dentro de esta última, lejos de analizarse la naturaleza de los argumentos en sí mismos, se concede mayor atención al análisis de las situaciones argumentativas en caracterizar como argumentos se alejan de las leyes lógicas discursivas clásicas. Todo ello da cuenta de la existencia de operadores 1 y conectores 2 argumentativos tan sutiles o complejos como para estar presentes en textos que, en principio, no tienen una función argumentativa sino incluso poética, narrativa, descriptiva, etc. Y eso sin contar con la perspectiva habermasiana en torno a los actos de habla como desencadenantes de las unidades pragmáticas que en contextos sociales y políticos determinados vivifican la potencia argumentativa de los textos con independencia del contenido semántico primigeniamente establecido con objeto de alcanzar determinadas pretensiones de validez. Todo ello refuerza, si no me equivoco, el punto de vista de Ducrot en torno a la preeminencia de la función argumentativa de la lengua sobre el resto de las funciones, en la medida en que ésta subyace bajo todas las demás. Los trabajos de Anscombre y Ducrot son relevantes para esta investigación sobre todo en lo que respecta a un punto, a saber, si bien los enunciados se pueden orientar argumentativamente mediante procedimientos formales (por lo que su apuesta sería la de una semántica compleja, que abarcaría a la pragmática), la interpretación de los mismos parece depender de medios formales específicos. De manera que, en los procesos comunicativos, la interpretación representaría la otra cara o el reverso de la argumentación, y podría explicarse como el proceso cognitivo mediante el cual el receptor distingue los conectores y los operadores argumentativos llegando así a establecer un valor final en la ecuación de sentido. Sin embargo, esta definición resulta aún excesivamente semántica ya que lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones comprobamos que tanto los argumentos como las conclusiones están implícitas, por lo que la tarea consiste mayormente en saber interpretar la orientación argumentativa de un discurso, en términos pragmáticos y semánticos, más que en distinguir sus operadores y conectores en términos formales. El corolario que podría extraerse acerca de la hipótesis de investigación planteada por los autores es que los procesos interpretativos actualizan otras dimensiones del razonamiento discursivo como son un discernimiento comprensivo de la situación, una valoración adecuada de los topoi empleados explícita y/o implícitamente, así como de las técnicas retóricas y los límites dialécticos utilizados para se utiliza para llegar a construir una hipótesis con la que vislumbrar, de la manera más productiva y atinada posible, las intenciones comunicativas del emisor. La noción de relevancia hace alusión, en definitiva, a la producción de efectos contextuales. La generación de efectos contextuales relevantes guarda una estrecha relación con el razonamiento inductivo en su modalidad abductiva. En ella, inducción e interpretación ofrecen aspectos tan propios de cada una como indistintos y comunes a ambas. Hay que considerar el problema de la relevancia junto al de implicaturas fuertes e implicaturas débiles: dos de los aspectos más sugestivos de la teoría de la relevancia de Sperber y Wilson. En definitiva, una teoría que surge en oposición al modelo del código basado en la idea de que "un emisor, de acuerdo con un determinado código, emite una seña cuyo referente es ajeno al proceso de comunicación (es un suceso, un estado de ánimo, una verdad científica, etc.). Las señales emitidas viajan a través de un canal y llegan al receptor quien, si posee la clave oportuna, realizará la descodificación" (Tusón, 1984, p. En su estudio introductorio a los escritos sobre retórica nietzscheanos Santiago Guervós escribía: "Ya que la epistemología opera -lo mismo que la filosofía-por medio del lenguaje, y el lenguaje es esencialmente retórico, es decir, persuasión, todas las cuestiones que se refieren al lenguaje y a la filosofía son cuestiones retóricas" (Santiago Guervós, 2000, p. Pues bien, parafraseando a Guervós en su ejemplar estudio introductorio, aquí se sostiene que ya que la epistemología opera por medio del razonamiento, y el lenguaje es esencialmente razonamiento, es decir, expresión persuasiva, todas las cuestiones que se refieren a la filosofía y a la epistemología son cuestiones retóricas, dialécticas y argumentativas 5. Sin embargo, este enfoque sería insuficiente en sí mismo, pues presenta problemas difícilmente abordables sin asumir la perspectiva propia de una ontología lingüística 6 donde se pone definitivamente de relieve que el lenguaje no es un instrumento de representación sino que preforma nuestro horizonte de comprensión al estar condicionado por nuestra experiencia del mundo; de modo que es la dimensión especulativa que dota de vida al lenguaje lo que le inclina a la producción incesante de enunciados con función suasoria y disuasoria. que aquéllos se producen, así como a la interpretación y valoración de la fuerza argumentativa, los operadores y conectores argumentativos, los topoi implícitos, etc. Propio de este enfoque son sus conclusiones acerca de la presunción de coherencia en el proceso de interpretación del significado. La dilucidación de ese grado de coherencia exige el análisis de varios aspectos, a saber, el cálculo de la función comunicativa que incluye no sólo una comprensión del significado de los enunciados, sino de estos últimos a la luz de su significado en tanto acciones, así como el empleo de conocimientos previos y la producción de inferencias. Una de las aportaciones más valiosas en torno a la compresión de los enunciados como acciones es la de Labov. Según la perspectiva sociolingüística, habría claramente reglas de interpretación que se usarían para establecer una inferencia no sólo a partir de lo que se dice sino de esto último a la luz de lo que se hace pues las acciones se actualizarían mediante enunciados. Si lo pensamos, caeremos rápidamente en la cuenta de que la mayoría de nuestros intercambios comunicativos son coherentes únicamente presuponiendo esta hipótesis por lo demás fuertemente compartida, a saber, que la estructura de la interacción lingüística no queda fragmentada ni disuelta por el hecho de que los enunciados sean inconexos, pues la continuidad discursiva es ya un motivo para suponer una conexión lógico-discursiva. En este sentido, puede decirse que uno de los problemas fundamentales para toda teoría de la argumentación es el de la inferencia pues es a través de procesos inferenciales como se otorga validez a un supuesto y, en general, a una argumentación. A este respecto, la teoría de la relevancia 3 sostiene que los cuantiosos procesos inferenciales son consecuencia de que la comunicación tiene una dimensión ostensiva, es decir, es un medio para la manifestación de algo. Y la intención por la que se busca hacer manifiesto algo hace de la inferencia un proceso coadyutor de aquel otro. La teoría de la relevancia de Sperber y Wilson versa precisamente sobre el problema de los supuestos a la luz de los procesos inferenciales, pues dependiendo del grado de fuerza de un supuesto y/o varios supuestos éstos, por lo general, producen inferencias más o menos adecuadas. Se parte también aquí del hecho de que los razonamientos heurísticos no son enteramente falsables o comprobables y que, no obstante, es este tipo de razonamiento el que nueva retórica y el empuje de las teorías de la argumentación. Lo que sostenemos puede observarse, por ejemplo, en la defensa llevada a cabo desde la nueva retórica del llamado principio de inercia que postula que no puede rechazarse sin motivo racional algo que se ha aceptado anteriormente. De alguna manera, puede decirse que el principio de inercia es una defensa del importante lugar que ocupa la tópica en los procesos argumentativos ya que sin presuponer algo no puede comenzar a argumentarse. La defensa gadameriana de la idea de prejuicio descansa sobre idéntica razón. Pero volvamos al tema anteriormente referido, a fin de comprender por qué el anterior ejemplo da idea del fracaso de una aplicación en clave trascendental de los rendimientos lógico-pragmáticos del giro lingüístico. Que los acuerdos intersubjetivos basados en una idea cuasi-trascendental de la lógica de los argumentos puedan dar lugar a una idea de acuerdo garantizada por una impugnable normatividad que imprimiría la estructura de la argumentación sobre los procesos controversiales o polémicos, es, en definitiva, algo con lo que disintió rotundamente Gadamer, al expresar que no puede haber criterios universales con los que dirimir la validez de los argumentos. Tanto los argumentos como las interpretaciones están históricamente situados. No puede garantizarse racionalmente la generalización de la validez universal de una norma por el hecho de que, en un auditorio universal, todos puedan estar de acuerdo con ella. La defensa gadameriana del concepto de universalidad queda circunscrita, como ya vimos, a la universalidad de un medio, el medio lingüístico. En éste se observa que rige el principio de la dimensión especulativa del lenguaje que aquí hemos consignado bajo la famosa fórmula gadameriana que reza: "el ser que puede ser comprendido es lenguaje". Mas de la condición del medio lingüístico no puede derivarse la validez universal de ninguna regla o norma emanada del asentimiento general, incluso aunque éste fuese concebido -hipotética y, sin embargo, definitivamentecomo fruto de la validez universal del contenido de la norma. valor y estructura de los arguMentos Las investigaciones de Perelman y Olbrechts-Tyteca (1989) sobre la nueva retórica fueron clasificadas por ellos mismos dentro de la disciplina de la lógica. En cierto modo, puede dividirse la investigación de estos autores en torno a dos problemas fundamentales, a saber: por una parte, el valor de los argumentos y, de la otra, la estructura de los mismos. La segunda de las cuestiones hunde sus raíces en la tradición analítica de la filosofía, y conduce a un examen detenido y minucioso de las técnicas de la argumentación. En el contexto de la filosofía continental, el análisis de las clases de argumentación y de su estructura también ha sido contemplado desde el punto de vista de la tradición de la filosofía trascendental, dando como resultado líneas de investigación como la de Apel 7 que puede describirse como una reconstrucción trascendental de las condiciones lingüístico-pragmáticas de posibilidad y validez implícitas en toda argumentación (Apel, 1984). Sin embargo, en esta aplicación del giro lingüístico a la tradición de la filosofía trascendental existe una contradicción inmanente: concebir la tradición retórica y las teorías de la argumentación a la luz del problema kantiano de una fundamentación última del conocimiento objetivo a partir de la filosofía de la conciencia. La contradicción radica en que la figura de la conciencia ha perdido definitivamente su carácter de instancia garante del conocimiento objetivo precisamente en este ámbito de problemas, debido a que las condiciones de validez de la argumentación remiten a marcos intersubjetivos elementales, cuya condición de garantes de la validez objetiva de cualesquiera conocimientos obtenidos depende de procesos argumentativos públicos en los que ni la estructura de los argumentos, ni su valor (epistémico, moral, jurídico, estético, etc.) podrían concebirse desde los lineamientos metafísicos de la filosofía trascendental kantiana toda vez que la convicción racional (otrora objetivamente suficiente) y la persuasión (otrora radicada en la índole particular de un sujeto y, por tanto, objetivamente insuficiente) pasan a ser analizadas como dos fenómenos interdependientes a partir de la rehabilitación de Aristóteles y Platón llevada a cabo en los años cincuenta 8 por la sobre todo si aceptamos que todas las proposiciones pueden concebirse como acciones, y que no pueden sustraerse de los contextos pragmáticos en que se profieren y, en virtud de los cuales, significan y connotan. 656), frecuentemente, entienda que la hermenéutica filosófica se caracteriza por dar pábulo a la disolución de la moderna dicotomía entre filosofía y retórica o nueva retórica dentro de la que él situaría los desarrollos propios de las teorías de la argumentación. Las connotaciones de una expresión no enturbian, pues, su comprensibilidad (ya que ellas no designan unívocamente a su referencia), sino que la incrementan en cuanto que todo el nexo al que se refieren se vuelve en su conjunto más comprensible. Es el todo lo que se construye aquí con palabras [argumentaciones, interpretaciones, etc.] 10, y que sólo está dado en ellas. Gadamer mantiene una perspectiva platónica cuando sostiene que la dialéctica es un medio más indicado que la retórica debido a que ofrece la posibilidad de contraargumentar. El modelo dialéctico de contraargumentación no puede equipararse al retórico si concebimos a este último como medio para mostrar que la pericia del orador puede orientar su posición tanto hacia la defensa como hacia al ataque de lo ya mantenido cuando es el caso que se sostiene un concepto de argumentación en el que ésta no tiene una función específica y, por tanto, se puede usar para defender una variedad tendencialmente ilimitada de perspectivas teóricas o incluso para una variedad no menos limitada de propósitos y fines para la acción. No es este el caso del modelo argumentativo que prevalece en los procesos interpretativos basado en el método dialéctico del preguntar, en el que la dialéctica es presentada como un medio para la resolución y exposición pragmática y especulativa de tesis enfrentadas 11. Este método es probatorio, es decir, no es demostrativo; tampoco es un modelo equiparable a los procesos persuasivos en cuanto tales pues su finalidad no es propiamente la persuasión, y sólo se puede aplicar -según Aristóteles-a aquellos asuntos filosóficos cuya notoriedad se pretende mostrar 12. A partir de estas primeras distinciones entre dialéctica, retórica y tópica cabe sostener que la hermenéutica filo-Por esta razón, cabe decir que los prejuicios o el principio de inercia modulan y orientan los procesos argumentativos, conduciéndoles hacia formas de consenso en las que la modalidad de validez ya no puede ser establecida en relación a la universalidad del contenido semántico expresado en la proposición, sino a partir de criterios acerca del valor de los argumentos. Criterios que no sortean el carácter contingente 9 de los mismos, es decir, su dimensión interpretativa, con la que aumentan, de hecho, la cantidad de principios de inercia de que dispone una época para reflexionar sobre otros argumentos en general, siendo una de las tareas más importantes la de distinguir entre los razonamientos erísticos (basados en premisas aparentemente aceptadas) y los razonamientos en los que sí existe, al menos, una dimensión dialéctica (basados en premisas aceptadas y con los que se exploran posibles contradicciones). Que el grado de contingencia que atribuye implícitamente Gadamer a la validez de toda argumentación es mayor que la estimada, por ejemplo, por Apel, se hace patente si atendemos a su concepción filosófica de la hermenéutica. Me refiero a que no parece conceder a las premisas de argumentación que conciernen a lo real (divididas por Perelman en hechos y verdades, en contraposición a las premisas de argumentación que son presunciones) el que puedan alcanzar una validez universal frente a un auditorio hipotéticamente universal. Gadamer no concedería esto porque no concibe la validez argumentativa de las premisas de argumentación separadas de los topoi y los principios característicos de la ontología lingüística. Por todo ello, en relación al problema de la estructura y validez de los argumentos, sostengo aquí que la filosofía hermenéutica vuelve a proponer implícitamente una noción de argumentación en la que las proposiciones que aparecen en los argumentos no pueden disociarse de la estructura de éstos porque, según fue consignado en la tradición de la hermenéutica clásica: pertenecen al todo del texto o, tal y como fue expresado por la metáfora organicista de Toulmin (1958, 29), van más allá de la suma de sus partes. Ese todo se conforma lingüísticamente, esto es, en un medio universal, pero no puede proporcionar una condición universal de validez merced a instancias trascendentales reformuladas dentro de un paradigma lógico-lingüístico, Consiguientemente, por ser una modalidad de racionalidad inconcebible más allá de la(s) línea(s) histórica(s) del tiempo, no proporciona modelos de normatividad de una necesidad tal como para autoerigirse ni en un instante del tiempo histórico ni, en puridad, tampoco en el concepto de un espíritu absoluto hegeliano, sino acaso en modelos cuya normatividad depende del (ser) del lenguaje como forma de mediación entre: (1) la conciencia común de una época, (2) el desarrollo del razonamiento característico de lo que Gadamer llama la conciencia social (por lo que en toda época habría una modalidad de virtud retórica compartida o, al menos, una lógica, una retórica civil, así como una psicología y una sociología del razonamiento), (3) la experiencia de lo verosímil, (4) la experiencia del valor normativo (lógico, ético y jurídico) de las interpretaciones del mundo -entendiendo "mundo" no sólo en el sentido de cosmovisión, sino como conjunto de códigos, teorías, tradiciones, etc. que constituyen un saber-, las cuales podrían llegar a motivar e incluso, en algunos casos, conformar o preformar valores argumentativos. La definición de argumentación e interpretación presenta límites semánticos de una porosidad tan sutil como elocuente, habida cuenta de que, en última instancia, toda forma de conocimiento no puede por menos que plantear y construir su objeto o su tópica mediante procesos argumentativos e interpretativos. En ello radica que estos últimos puedan caracterizarse como la nueva koiné de nuestro tiempo. las raíces HerMenéuticas del caMpo arguMental En el Epílogo escrito en 1972 a la tercera edición de Verdad y método, Gadamer comenzaba rememorando que ya sófica, si bien no analiza los conceptos de validez y estructura de los argumentos -aunque sí se ocupó de la validez y estructura de las interpretaciones en el período clásico-, proporciona el modelo de una ontología lingüística en el que se sustentan las teorías de la argumentación. Tanto si mantenemos una perspectiva prescripcionista, descripcionista como instrumentalista para dilucidar si cabe una teoría normativa de la argumentación, es decir, si puede pensarse, y en qué términos, la legitimidad de las normas que regulan la acción de argumentar (respecto a la estructura de los argumentos y al valor argumentativo de los razonamientos), puede decirse que existe una cuestión previa a ésta, a saber: la cuestión de la ontología lingüística tras el giro lingüístico. Por ejemplo, se puede sostener que el contenido semántico del concepto normatividad argumentativa es fruto de convenciones o, por el contrario que no es, sensu stricto, producto de convenciones. Pero si aceptamos los presupuestos de una ontología lingüística, cabe pensar aún una posición limítrofe. Dado que el concepto de normatividad argumentativa remite al más general de valor argumentativo, las hipotéticas convenciones en las que habría de basarse la norma o las reglas con las que argumentar -según la posición convencional-llegarían a ser dirimibles mas llegado un punto no son negociables, porque su valor argumentativo estaría estrechamente vinculado a la condición epistémica de ser un acto de mostrar un argumento mediante una o varias proposiciones. La convención de la norma -incluso si se sostiene una concepción convencional sobre el fundamento de las leyes lógicas-, al formar parte de la actividad argumentativa, acabaría adquiriendo una dimensión normativa. Pues bien, en virtud de una exploración de índole no tanto reproductiva cuanto "propositiva" con la que actualizar el pensamiento gadameriano, sostenemos aquí que la ontología lingüística es el modelo implícito en los desarrollos de la teoría de la argumentación por dos razones: la primera, porque es en el lenguaje donde se efectúa la acción de argumentar. Y la segunda, porque es en virtud del lenguaje como se realiza una compleja consignación del lógos histórico. Fórmula que, en el pensamiento de Gadamer, aúna tanto el concepto griego de racionalidad de la naturaleza, como el hegeliano de razón en la historia no siendo, al (una filosofía centrada en el problema del lenguaje, la lógica, la argumentación, etc.), para desarrollar plenamente el legado de la filosofía continental, siendo a su juicio Frege una referencia primordial dentro de ese hipotético proyecto de integración de analíticos y continentales que ha generado ríos de tinta 15. La perspectiva hermenéutica llegaba demasiado tarde en relación a la influencia de la idea de rigor metodológico de la ciencia moderna, y Gadamer parecía querer adelantarse a la recepción de su propuesta cuando, de seguido, escribía que "lo que da vigencia a la hermenéutica es algo muy distinto y que no plantea la menor tensión con el ethos más estricto de la ciencia" (Gadamer, 1984, p. Gadamer sostiene que la investigación que propone no sólo "procede de la praxis concreta de la ciencia" (ibidem, p.642), sino que incluso ofrece una aportación que media entre la filosofía y las ciencias. Y al parecer, ni una cosa ni la otra podían llevarse a cabo sin "ir más allá del reducido horizonte de interés de la metodología de la teoría de la ciencia" (ibidem, p. 642), por ello, puede decirse que la hermenéutica impulsa la perspectiva filosófica que critica y va más allá del factum de la ciencia del neokantismo y del positivismo. [...] la hermenéutica es relevante igualmente para la teoría de la ciencia en cuanto que, con su reflexión, descubre también dentro de la ciencia condiciones de verdad que no están en la lógica de la investigación sino que la preceden. Esto ocurre en particular, aunque no sólo, en las llamadas ciencias del espíritu, cuyo término inglés equivalente, moral sciences, muestra que estas ciencias tienen por objeto algo de lo que forma parte necesariamente el mismo sujeto que conoce. Gadamer busca hacer evidente aquí que la construcción del ideal de ciencia, así como la hipótesis de un objeto de investigación científica son cuestiones tan determinantes como para llevarle a poner en duda que acaso su aportación llegue demasiado tarde y que, por tanto, no haya llegado aún el momento de reconsiderar el objeto, el método y el estilo propios de la investigación hermenéutica, ciertamente presente en las moral sciences o ciencias del espíritu, mas no sólo en ellas. A mi juicio, Gadamer formulaba aquí estratégicamente sus dudas con el fin de abrir o incluso producir, una vez más, el contexto de reflexión que incluso cuando en 1959 puso fin a su libro dudaba de que no hubiese llegado demasiado tarde y, en consecuencia, pudiese resultar superflua una investigación realizada desde una perspectiva como la suya, que partía de la tradición humanista romántica de las ciencias del espíritu si bien no reconocía en dicha tradición ni su límite ni su objetivo. Pero ¿en relación a qué llegaba demasiado tarde? 13. Gadamer tenía a la vista "los signos que anunciaban una nueva ola de hostilidad tecnológica contra la historia" (Gadamer, 1984, p. A juicio del filósofo alemán éstos se multiplicaban a consecuencia de la recepción de la teoría de la ciencia y de la filosofía analítica anglosajona. Le parecía a él notoria su influencia sobre las nuevas perspectivas en las ciencias sociales y la socio-lingüística, sobre el auge de la metodología estadística aplicada, la organización tecnológica de la investigación y, en fin, causa manifiesta de las muchas consecuencias derivadas de la asimilación de "planteamientos anglosajones" (Gadamer, 1984, p. Un punto de vista nada halagüeño -se nos dirá-si lo que se busca es justificar la proximidad entre la hermenéutica filosófica gadameriana y los desarrollos propios de las teorías de la argumentación; ámbito que aunque no sea exclusivo de la filosofía escrita en lengua inglesa, sí debe mucho al fenómeno que Rorty describió como la crisis de la filosofía analítica y el auge de la postanalítica (Rorty, 1982, p. Incluso puede decirse que, salvando las distancias, la interpretación de la historia de la filosofía según la cual existiría una tradición continental y una anglosajona o anglófona, tiene mucho que ver con la escasez de estudios en torno a la asunción de puntos de vista similares, no equidistantes, y en los que las problemáticas fueran consignadas de manera tal que unas perspectivas enriquecieran otras: las continentales a las analíticas, y viceversa. Tal es el caso de, por una parte, la hermenéutica filosófica, de raigambre claramente continental, y las teorías de la argumentación que comparten al menos una veta claramente postanalítica y anglosajona. Junto a Kuhn 14 y a Apel, el caso de Tugendhat es claramente paradigmático, pues dentro de la tradición hermenéutica en la que se formó -más precisamente, bajo la influencia de Heidegger-ha realizado uno de los intentos más sugestivos por mostrar el interés e incluso la necesidad de adentrarse en la "filosofía lingüística anglosajona" o subsumir cualesquiera formas de singularidad) responden, en verdad, a una forma de escisión harto artificiosa: pues lo general siempre tiene su límite en lo singular originario. Frente a este modelo, Gadamer ensaya otros procedimientos con los que ejercer la actividad filosófica. Ya hemos visto que una de esas formas consistió en concebir la historia conceptual como una metodología propiamente filosófica; ella va más allá de la semántica o teoría del significado -de los acontecimientos históricos-con objeto de indagar en la constelación histórica desde la que algo puede llegar a significar algo, producir algo, actualizar algo e incluso pronosticar algo. Pero por encima de todas esas formas de discursividad está el pensamiento de una ontología hermenéutica u ontología lingüística que da una idea del paralelismo existente entre el giro lingüístico y el hermenéutico. Existe una profunda conexión entre la ontología lingüística y los presupuestos filosóficos presentes en los desarrollos de la argumentación: la proximidad histórica entre ambos movimientos es una de las razones que explican el efecto de esa nueva koiné de la que, con frecuencia, se olvida que representó también una crisis y, a su vez, una nueva koiné para la filosofía postanalítica. Pese a la falta de distancia temporal, Gadamer (1994, p. 661) parecía ser consciente de ello cuando afirmaba: Echo de menos un mayor reconocimiento del hecho de que éste es el ámbito que la hermenéutica comparte con la retórica: el ámbito de los argumentos convincentes (no de los lógicamente concluyentes). Es el ámbito de la praxis y en general de la humanidad, cuya tarea no aparece allí donde es vigente el poder del "férreo concluir", al que hay que someterse sin discusión, ni tampoco allí donde la reflexión emancipadora está segura de su "acuerdo contrafáctico", sino allí donde determinados puntos discutibles deben llegar a dirimirse mediante una reflexión racional. [Es] el arte de hablar y argumentar (y de su otra cara silenciosa, la reflexiva deliberación consigo mismo) [...] El que el arte de hablar se dirija también a los afectos, como se viene comprendiendo desde la antigüedad, no quiere decir en ningún caso que con ello quede fuera de lo razonable. El tema de la retórica es recurrente en la obra de Gadamer (Beuchot, 1991) y, por ello, es uno los tópicos más importantes en la historia de su recepción 16. Aquí se sostiene que le permitiría volver a plantear la problemática e incluso ilustrarla de modo tal que fuera también provechosa, de manera retrospectiva al menos, para la tradición positivista y la neokantiana. La propuesta de Gadamer es esencialmente controversial, él mismo lo reconoce cuando afirma que "la agudización de la tensión entre verdad y método en mi [...] trabajo estaba guiada por una intención polémica" (ibidem, p. En la medida en que su trabajo representa también la apertura a un legado filosófico como la hermenéutica clásica y la hermenéutica de la facticidad heideggeriana inconcebibles, ya desde el comienzo, sin su determinante actualización (la hermenéutica filosófica, la ontología lingüística), puede decirse que en su trabajo tiene a la vista las perspectivas de otros colegas -europeos todos ellos-, cuya labor crítica está tan relacionada con la recepción de su obra como con una forma otra de entender la actualización del legado hermenéutico en su conjunto. A tal punto es solamente retórica la duda que le asalta sobre si su aportación llega "demasiado tarde", toda vez que parece consciente de la influencia de su perspectiva sobre los debates filosóficos desarrollados, por ejemplo, por Betti, Apel, Habermas, Vattimo, Rorty, Ricoeur, etc. Pero también tuvo noticia y siguió muy de cerca las controversias desarrolladas en los ámbitos que él describía como "terrenos especiales de la metodología hermenéutica", a saber: la hermenéutica jurídica, la teoría de la literatura, la hermenéutica teológica y la hermenéutica en las ciencias sociales. Como es sabido, la filosofía gadameriana conceptualiza críticamente un prejuicio epocal acerca del supuesto alcance y determinación ontológicas del método científico que degrada la praxis por pervertir el asunto primordial de la racionalidad constituida políticamente en la que él indaga a través del concepto aristotélico de phrónesis, así como del principio de la conciencia histórica. Gadamer fue siempre consciente de que el legado aristotélico implicaba atender a este principio prudencial o principio activo de experiencia en el seno de la política, para poder entender el alcance y los límites de toda otra forma de determinación posterior de lo general a través, por ejemplo, de inducciones. En El significado paradigmático de la hermenéutica jurídica indicaba que el juicio determinante kantiano (con el que se subsume lo particular o singular bajo una forma de generalidad dada), pero también el juicio reflexionante o de discernimiento (que da con conceptos para describir habría que añadir que toda hermenéutica dogmática o normativa es reproductiva, comprensiva, de otro modo no podría ser aplicativa. Este esquema está presente en las definiciones de las distintas perspectivas de la hermenéutica esbozadas por Richard E. Palmer (1969, pp. 53-67) que van desde la hermenéutica entendida como exégesis bíblica (transitiva), hasta la hermenéutica entendida como metodología lingüística (transitiva), como ciencia de la comprensión lingüística o hermenéutica general (intransitiva), la hermenéutica entendida en tanto metodología de las ciencias del espíritu (intransitiva), la hermenéutica como fenomenología o indagación en la preestructura ontológica del Dasein (intransitiva) y, finalmente, la hermenéutica como interpretación simbólica (transitiva). A su vez, es preciso comprender dicho esquema como una respuesta al problema de definir, mediante aplicaciones hermenéuticas funcionales, qué entendemos por racionalidad. Así pues, el esquema de la tradición hermenéutica no se refiere a otra cosa que al problema de dar razón o fundamento de los problemas epistémicos: ¿por qué se acepta algo?, ¿por qué se supone algo?, ¿por qué se sabe algo o se concluye algo y, en definitiva por qué se interpreta algo como algo?, y los problemas normativos, en los que podrían incluirse también los intencionales: ¿por qué debe hacerse algo?, ¿por qué debe aplicarse un norma?, ¿por qué hice algo o reproduje así algo? Dicho esquema se ha desarrollado en tres grandes corrientes en las que se adopta bien una perspectiva ontológica bien metodológica, bien crítica. Ahora bien, es la concepción de la hermenéutica intransitiva (la referida al problema del comprender, del interpretar en sí mismo) aquella que ha despertado más interés en el panorama filosófico contemporáneo. Como ya se ha sugerido anteriormente, la distinción entre una perspectiva intransitiva, una transitiva y una normativa tiene una utilidad clasificatoria inmediata, general, pero no es rigurosa, puesto que no se puede abarcar el problema del comprender o interpretar sin, al instante, estar al cabo indagando en aquello que se hace transmisible por medio de ese comprender o ese interpretar. La clasificación en hermenéutica cognoscitiva, reproductiva y normativa reproduce el mismo esquema presente incluso en la distinción entre la subtilitas implicandi, la subtilitas explicandi y la subtilitas applicandi. el problema de la argumentación era igualmente de una importancia extrema, mas Gadamer lo concibió implícito en el problema de la retórica y la dialéctica, así como en el de la inducción y la applicatio. El propio Gadamer, que no gustaba en exceso de enriquecer sus textos con excesivas notas a pie de página, dedica sin embargo una a elogiar la importancia de los trabajos de Perelman, en ella escribía: "Los trabajos de Chaim Perelman y sus discípulos me parecen una aportación valiosa a la hermenéutica filosófica, sobre todo su Traité de l' argumentation, en común con L. Olbrecht-Tyteca, y recientemente Le champ de l 'argumentation" (Gadamer, 1984, p. Mas, aunque era de la opinión de que el concepto de reflexión emancipadora era "demasiado vago e indeterminado" como para explicar la complejidad de la reflexión racional o la dimensión práctica y política de los razonamientos como ideal para alcanzar una ilustración total, no se demoró en análisis detallados sobre ese arte del hablar y del argumentar (verdadera sabia de los procesos interpretativos), acaso subsumible dentro de un ars interpretandi con el que dirimir y calcular al menos parcialmente los asuntos más controvertidos y complejos, para los que no existen argumentos más convincentes que aquellos que no son producto del férreo concluir. un Método sin objetividad Dediquemos unas líneas a justificar el ámbito y definición de los sentidos de hermenéutica a fin de clasificar, dentro de la tradición hermenéutica, nuestra propia propuesta. Si bien se suele despachar con presteza el origen etimológico del término, no es menos cierto que la definición de esta voz como "expresión" (de un pensamiento), con frecuencia, encubre la variedad de sentidos y diferencias atribuibles al ars interpretandi. Según puso de relieve la investigación de Betti (1995), puede decirse que existe una hermenéutica intransitiva cuya finalidad es el entender en sí mismo; una hermenéutica transitiva o reproductiva cuya finalidad es volver algo transmisible, hacer entender; y una hermenéutica normativa o dogmática cuya finalidad es reglar el obrar. Aunque generales o comunes, mas entendiéndolos también como principios lógicos porque, tanto si el sujeto cognoscente es consciente de su principialidad como si obran en su comprensión o conocimiento de algo, subyacen a todo discurso racional. Mas un discurso racional no lo es en la medida en que se nos represente como objetivo, habida cuenta de que la objetividad no es una virtud epistémica si asumimos, por ejemplo, que el principio de la historicidad de la comprensión o el principio de la dimensión especulativa del lenguaje rigen en cualquier forma de comprensión expresada en un medio lingüístico. Por el contrario, un discurso racional puede estar fundado en razonamientos no deductivos, incluso no objetivos, y aun así, se nos puede presentar como concluyente; este modelo de razonamiento, el de las moral sciences, era el que fascinaba a Gadamer. Él asociaba dicho modelo de razonamiento al medio lingüístico, a la comunicación dialogada, a la indagación dialéctica en sentido platónico y a la productividad de efectos de verdad con la cual participamos en el juego retórico. A mi juicio, en esto se basa la veta metódica en la hermenéutica: una ontología lingüística es, a su vez, un medio y un método de investigación para una teoría acerca de las modalidades de la argumentación. 55) se refería, de alguna manera, a la misma idea cuando escribía que "en su más íntima esencia, el pensar filosófico desemboca en la argumentación hermenéutica. Sin embargo, históricamente, vino a registrarse en su interior un determinado "endurecimiento semántico" que abrió las puertas a la ilusión del método". 282) sostiene que la perspectiva heideggeriana sobre la determinación ontológica del comprender transforma por completo el problema de la relación entre hermenéutica y epistemología (una relación conflictiva, amplia, que atraviesa la historia misma de la filosofía contemporánea, consignada de modos muy diversos, desde distintos ámbitos y tradiciones filosóficas, durante la historia de la indagación en torno a la legitimidad epistemológica y ontológica de las ciencias del espíritu) 18. Según el autor, una de las razones que justificaría la constante tensión entre hermenéutica y epistemología radica en el hecho de que durante la modernidad filosófica, la tradición bajo la que se plantearon la mayor Precisamente, en virtud de una sutil distinción conviene no hacer distingos demasiado severos entre el enfoque transitivo y el intransitivo. La hipótesis que aquí desarrollamos se suma a otros planteamientos existentes acerca de la proximidad de la filosofía continental y la anglosajona 17 (en su derivación postanalítica) y plantea la hipótesis de que no hay investigación hermenéutica de naturaleza intransitiva que no haya de abordar el problema de la interpretación desde el punto de vista de los procesos interpretativos. Dentro de ellos, los argumentativos son tan importantes como para no poder distinguir entre la transitividad y la intransitividad, si asumimos una perspectiva flexible en torno a la argumentación. Así, las famosas y abundantes afirmaciones gadamerianas acerca de la radical diferencia entre el problema de la hermenéutica asumido desde una perspectiva intransitiva (o filosófica) y una transitiva (referida a los problemas metodológicos de los que depende la eficacia de la reproducción o transmisión de algo, una composición musical, por ejemplo) resulta tan sutil como vacua más allá de los propósitos investigativos de su obra, de su contexto filosófico y de su proyecto de rehabilitación del legado filosófico. Esta perspectiva se alejaría de la férrea tesis gadameriana según la cual cuando se comprende no se comprende mejor "ni en el sentido objetivo de saber más en virtud de conceptos claros, ni en el de la superioridad básica que posee lo consciente respecto a lo inconsciente de la producción; bastaría decir que cuando se comprende, se comprende de un modo diferente" (Gadamer, 1984, p. El posicionamiento gadameriano frente al proyecto del jurista italiano consistente en alumbrar una forma de síntesis entre objetividad y corrección interpretativas e indagación psicológica acerca de la intentio autoris, parece claro y sumamente persuasivo: la tradición orienta nuestra comprensión invalidando el concepto de objetividad tal y como lo entiende Betti, en cuya formación jugó un papel determinante el realismo fenomenológico de N. Hartmann y el idealismo trascendental. El planteamiento gadameriano se sustenta en la idea de principio como instancia regulativa en el plano de la constitución de nuestro conocimiento que, precisamente, porque preforma nuestra comprensión no garantiza la objetividad de la producción misma de conocimiento. Gadamer elabora, según mi punto de vista, una ontología lingüística como filosofía acerca de principios comunes, esto es, principios que todo sujeto que elabora alguna forma de comprensión reconoce como dos sentidos y una misma dirección, pues "ya no se trata de un camino que conduzca a la interioridad, similar a la de la exhortación agustiniana, sino de un camino de completo abandono al exterior, en cuyo recorrido el que se busca a sí mismo termina encontrándose" (Gadamer, 1976, p. Cada intento de salir del lenguaje en el interior del lenguaje, como cada descripción de la misma cosa puede implicar descripciones opuestas (ora el camino se dice hacia arriba, ora hacia abajo). Nos referimos aquí a la circunstancia de que según interpretación de Hipólito -que pudo contar con un manual en el que las sentencias del filósofo de Éfeso aparecían clasificadas por temas-la expresión "el camino arriba y abajo" se tomó como una ilustración de la unidad de los opuestos. Y es en este sentido en el que se expresa aquí la imagen del camino hacia el (diálogo) interior y hacia el (mundo) exterior: ambos son extremos opuestos unidos por la lengua que imprime sobre ellos una forma de interpretabilidad constituyente (de ambos: diálogo y mundo) y análoga (entre el diálogo y el mundo). Nota: El trabajo de investigación que ha dado como resultado este artículo forma parte del Proyecto de Investigación: "Una nueva filosofía de la historia para una nueva Europa" HUM2005-02006/FISO, así como de la Red Interuniversitaria "Construyendo Europa: tradición, valores y nueva ciudadanía" HUM2004-21961-E del Programa Nacional de Humanidades del Ministerio de Educación y Ciencia (MEC). Este trabajo se ha llevado a cabo gracias a un contrato postdoctoral del Ministerio de Ciencia e Innovación (MICINN) que se desarrolla en el Department of Speech Communication, Argumentation Theory and Rhetoric de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Ámsterdam. parte de los problemas filosóficos no fue la humanista ni la ontológica propiamente, sino la epistemología "en sus articulaciones dentro de las ciencias del espíritu" (Ferraris, 2000, p. Consiguientemente, si acertamos a representarnos la relación entre hermenéutica y epistemología en un sentido amplio, ésta habría de abarcar, especialmente, al paradigma moderno y su influencia sobre la empresa gadameriana -de espíritu postdiltheyano-, de repensar las ciencias del espíritu no ya bajo el problema de la especificidad de las virtualidades epistémicas propias de su método de investigación e interpretación, sino a la luz de una cuestión previa, a saber, la del modelo de una ontología lingüística. Lo que nos interesa traer aquí a colación es la hipótesis histórica según la cual esta problemática habría sido determinante en relación a la tradición neopositivista presente en la filosofía anglosajona y, sobre todo, en el complejo mapa de la filosofía postanalítica. Según Ferraris, la filosofía analítica de los últimos treinta años indaga en torno al problema de la acción (o más específicamente "a la posibilidad de una filosofía analítica de la acción" 19 ). Así las cosas, el problema de la construcción del concepto de racionalidad, a la luz de los procesos argumentativos, entraría dentro de ese conjunto de problemas filosóficos en los que se observa que el movimiento producido por la dialéctica hermenéutica-epistemología-ontología es de doble sentido o, para decirlo con más propiedad: es el movimiento de un problema que, yendo de una tradición a otra, muestra que camino arriba, camino abajo es uno y el mismo 20. Es un camino que une el diálogo interior con el diálogo exterior de los signos y las cosas: un camino de en la década de los setenta el campo de la teoría de la argumentación. En efecto, Gadamer no era un entusiasta de las orientaciones formalistas y no concebía que el problema de la dialéctica se pudiera reducir a un estudio formal sin que ello desvirtuase la importancia del alcance político y especulativo del mismo. No obstante, la obra de Hamblin fue determinante para la corriente posterior de lógica formal que exploraron J. Woods y D. Walton (1989). 13 A finales de la década de los sesenta tuvo lugar un amplio debate en torno a la obra de Gadamer, las tesis de más calado las sostuvo Habermas (1988) en Un Informe bibliográfico: la lógica de las ciencias sociales y apenas tres años después en La pretensión de universalidad de la hermenéutica, a dichas críticas Gadamer respondió con dos trabajos que se editaron en la segunda parte de Verdad y Método, a saber: "Retórica, hermenéutica y crítica de la ideología" y un segundo texto en respuesta a la segunda de las críticas habermasianas: "Réplica a Hermenéutica y crítica de la ideología" (Gadamer, 1984, pp. 222-242 y pp. 243-266). Pues bien, el Epílogo debe entenderse también como una respuesta que surgida en el contexto de esta controversia. 14 En su libro The Essential Tension. The University of Chicago Press, Chicago, Kuhn afirmaba que aquellos que, como él, sostenían que el papel jugado por la historia y la hermenéutica era fundamental habría bien en lanzar un puente entre la tradición continental y la anglosajona. 15 Uno de los estudios más competentes a este respecto sigue siendo el de Franca D'Agostini (2000). Franca D'Agostini cita varios estudios de interés a partir de los cuales habría de las aportaciones más importantes a la teoría de la argumentación que él sitúa igualmente en la década de los cincuenta. 6 Entre los autores que se han dedicado a desarrollar la orientación lingüística de la ontología es, a nuestro parecer, Gadamer quien ha dedicado los esfuerzos más determinantes. 7 Como se sabe, la filosofía de Apel comienza inspirándose en los trabajos de Peirce y defiende un giro semiótico de la filosofía trascendental kantiana. De esta investigación inicial surgieron los problemas relativos a la cuestión de los intereses cognoscitivos en el sentido en que dicha cuestión es abordada por Habermas. 8 Me refiero aquí a los hitos más importantes dentro de la historia de las teorías de la argumentación -con respecto a la cual, si no me equivoco, aún andamos escasos de estudios históricos sistemáticos-, si bien habría que añadir el estudio de Ch. Plantin (2002, pp. 19 y ss.) en el que se puede encontrar una breve sección dedicada a enumerar algunos complejo decurso de esa relación: desde el prejuicio platónico de que el intérprete no puede entregar ni explicar con toda claridad el mensaje que transmite, hasta la metáfora de la naturaleza como un libro abierto que es preciso investigar interpretando sus signos y la distinción de Dilthey (en clave metodológica) entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias del espíritu. Sin embargo, en lo que se refiere al decurso del problema filosófico de la interpretación, según la perspectiva de Ferraris, será en la filosofía de Wittgenstein y de Heidegger donde se observa ese giro determinante hacia el horizonte o fondo del lenguaje como instancia desde la que volver a replantear el problema del conocimiento, el problema de los juicios sintéticos a priori y el de su posible vinculación con el concepto de categorías prelingüísticas. 20 Según reza la sentencia de Heráclito referida por Hipólito. Brown, G; Yule, G (1993): Análisis del discurso, Madrid, Visor Libros. sofía analítica americana, inglesa, racionalismo crítico). En dicho mapa, la hermenéutica habría de situarse en un lugar intermedio, como elemento de ambos conjuntos, compartiendo dicho espacio con otras corrientes (fenomenología, estructuralismo, teóricos de los actos de habla, teoría crítica habermasiana, epistemología postpositivista). 122) cree interpretar más fielmente a Gadamer que Apel o Habermas cuando entiende la hermenéutica como retórica. Es a través de esta perspectiva como se comprende, por ejemplo, la aplicación de la perspectiva hermenéutica a la filosofía de la ciencia. Sobre la conexión entre hermenéutica, retórica y lenguaje científico, es de gran interés el libro de M. Pera (1991). También Rorty comparte con Vattimo este punto de vista: la hermenéutica tendría que ver con nuestro modo de estar en el mundo y, en este sentido, con nuestra necesidad de educación, de formación. Los aspectos normativos y metodológicos de la hermenéutica han sido puestos de manifiesto más rotundamente por Apel y Habermas. El primero, en su intento por hacer confluir la tradición de la filosofía trascendental, la hermenéutica y la analítica. El segundo, con su indagación de las condiciones de validez que permiten realizar una reconstrucción racional de nuestras disputas, comunicaciones, etc. 17 Es ya clásica la alusión del autor de La estructura de las revoluciones científicas al hecho de que era menester salvar la distancia entre la filosofía continental (refiriéndose a la hermenéutica) y la filosofía anglosajona en Kuhn (1982, p. 18 De alguna manera, la propia historia de la hermenéutica da una idea del que entender su reconstrucción de la historia de la filosofía, a saber: el de I. Hacking (1975) donde sostiene la tesis de que la filosofía analítica es más pobre que la continental, acaso también más inmadura, y no cuenta con figuras como Kant, Hegel o Marx, etc. La perspectiva desarrollada por D. E. Cooper (1994) resulta aquí de especial interés por prestar atención a la modalidad argumentativa: la tradición analítica es rigurosa, minuciosa, sintética, mientras que la continental construye la perspectiva y hace uso de explicaciones históricas, extensas, e interpretativas. Igualmente interesante es el punto de vista de J. Hintikka porque da cuenta del hecho de que numerosos filósofos de tradición analítica reciben claras influencias de la tradición hermenéutica -que Hintikka personaliza en la figura de Heidegger y en su método para volver a pensar las palabras a través de aproximaciones etimológicas, para retornar poéticamente al instante inaugural de significación como donación que va más allá no sólo de la reorientación metafísica del lenguaje filosófico o de su huella semántica, sino incluso de la afamada distinción rortyana entre la filosofía descriptiva y la interpretativa. En lo que respecta a la tradición postanalítica, aquí se busca producir argumentos (en la mayoría de los casos de naturaleza analógica) con los que volver a situar la hermenéutica en el mapa-esquema que F. D'Agostini elaboró hace ya una década, y en el que la hermenéutica aparecía dentro del conjunto de corrientes que conforman la "racionalidad continental" (existencialismo, teoría crítica frankfurtiana, postestructuralismo) frente a la "racionalidad analítica" (pragmatismo, neopositivismo, filo-
Si el mundo estético romántico y su versión política más eminente (revolucionaria) se fundamenta en la idea de lo sublime, la evolución del final del siglo XIX y su entrada en el siglo XX, hasta la Primera Guerra Mundial, diluyó sus fundamentos, anclados a su vez en la unitaria idea de totalidad e infinitud, pero manteniendo en buena parte la iconografía o los tratamientos simbólicos y sus temas, aunque sin su fuerza primigenia, como motivos bellos, como adornos o sentimentalismo superfluo, efímero a menudo. Belleza de algo que, en su génesis, fue entendido como ruptura y trágica realidad, difícil de interpretar como belleza plácida o armónica; tales son las pinturas negras de Goya o la quinta sinfonía de Beethoven, la música de Wagner o la literatura de Hölderlin, e incluso los paisajes de C. D. Friedrich, como el Monje a la orilla del mar, que tienen no poco de inquietante y evidentes pretensiones transcendentales. La Viena que corresponde al período de Stefan Zweig está anclada en un pasado extremadamente brillante, y de este inmediato pasado y todavía fecundo presente, Zweig toma casi sólo lo que le resulta amable y adecuado, no distorsionante, en plena consonancia con el espíritu burgués de comodidad, de un poder que se creía casi perfecto y eterno. Por ello no podía admitir, en cuanto a esplendor logrado, ninguna distorsión siquiera en lo estético; ninguna rebelión o camino alternativo al que tan "buenos" resultados había proporcionado hasta entonces; desde un serio absolutismo que pobló el Imperio de espías y delaciones, como sucedió en la época de Beethoven y que explica el esplendor musical del momento frente al vacío filosófico o literario de aquellos años, hacia una lenta y difícil evolución en busca de moldes más liberales. En el final del siglo XIX y el principio del XX, Viena parece un mundo absolutamente estable, como si el modelo, para los burgueses, hubiera llegado casi a su perfección, con una aristocracia plegada en parte a su pujanza. Muchos burgueses accedían a puestos fundamentales de decisión para el Imperio, mayormente por sus méritos y ya no sólo por nacimiento. El afán por calcular rentas futuras o el ansia de poder llegar a ser funcionario imperial resumía las más altas aspiraciones de muchos. Sin embargo, esa altiva corte vienesa, de pulcritud externa evidente en su arquitectura oficial, en avenidas y palacios, escondía o no quería ver, tapándolas, fallas estructurales graves. El pluralismo de naciones, lenguas o religiones que albergaba dentro de sus fronteras no era fácil, sino al contrario, tal y como se vio en el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial. La disolución posterior del hacía poco esplendoroso Imperio, unida al sabor de la derrota, y su derrumbe y entrega al fascismo que la engulló bajo las botas dirigidas desde Berlín, como provincia, fue para muchos una pesadilla imposible que les anonadó, y entre ellos Zweig, como si no dieran crédito a lo que veían. Ese Imperio, culturalmente diverso, resultaba más que paradójico en no pocos aspectos, y así hallamos que las figuras más destacadas de la literatura checa (Kafka y Rilke) escribían en alemán, vehículo idiomático unificador en un estado fragmentado por demasiadas lenguas, lo mismo que, por otra parte, también era la lengua materna y habitual de muchos nacionalistas eminentes, como Dvorak. Por otro lado, la historia y la cultura húngara parecía desarrollarse al margen de la capital vienesa, en una especie de paridad capitalina que, sin embargo, no terminaba de igualar a Budapest con la preeminencia de Viena. Los escritores húngaros, siguiendo la estela romántica de Petöfi, Mór Jókai o Mihály Vörösmarty, llegarían a posiciones extremas y revolucionarias como la de Attila József. La evidencia de que era una estructura superficial y aparentemente calma la que permitía el desarrollo de aquel amplio enclave centroeuropeo está en cómo desembocó, y con gran celeridad, en la disolución, después de la Primera Guerra Mundial. Lo que iba a quedar de aquel glorioso Imperio, con su artificiosa unidad, se diluyó en la unificación con Alemania y su gran derrota conjunta. Los grandes intelectuales austríacos apoyaron decididamente, en su gran mayoría, la entrada en la Primera Guerra Mundial, del lado de Alemania, como si fuese algo justo, oportuno y adecuado, amén de glorioso. El resultado, per-dida la contienda, fue la desmembración radical de algo que antes muchos creían perfectamente unificado. La violencia institucional contra otras naciones era lógica desde el punto de vista de un Imperio que se concebía a sí mismo casi como perfecto, creciente y estable, al margen de los problemas que el pueblo llano podía padecer o no. Los intelectuales, en su conjunto, no alentaron entonces a la paz, sino que promovieron la defensa de los valores imperiales y tradicionales. Sin embargo, esa Viena en descomposición espiritual -asunto que no vio o no quiso ver Zweig-vivió culturalmente, hasta la victoria del nazismo, uno de sus períodos más ricos desde el punto de vista cultural, aunque con tendencias contrarias: la herencia de Wagner, continuada por Bruckner, Ricardo Strauss o Mahler, por un lado, frente al tradicionalismo de Brahms, se convertiría luego en la pugna con las vanguardias que surgieron tomando el nombre de la capital: la Escuela de Viena (Schönberg, Alban Berg y Webern), en una comunidad de sensibilidad similar a la que llevaría a Béla Bartók a desarrollar sus sonoridades o a Stravinsky en otros ámbitos. La tendencia dodecafónica o atonal de los emergentes compositores vieneses poco tenía que ver con el gusto burgués, era revolucionaria estética y casi políticamente, resultaba estridente y retomaba la tradición de lo sublime concentrada en sus elementos de ruptura y tragedia. En el lado opuesto, la belleza a menudo superflua de los diversos Strauss, de los valses, despreocupada, coqueta y suave. Junto a la Secesión Vienesa, encarnada en la arquitectura modernista de un Otto Wagner o en la pintura límite de Gustav Klimt, el otro extremo abrupto, obsceno y trágico, tensando la interpretación de lo sublime romántico en lo corporal, de Egon Schiele, o la vía germánica del expresionismo alemán: Die Brücke (siguiendo la estela de Munch: Nolde, Kirchner), a la que serían arrastrados austríacos como Kokoschka. Un arte roto para unos tiempos rotos, como el famoso grito de Munch. Frente a la reprimida moral burguesa de la época se establecían las teorías desarrolladas en los escritos de Freud. Frente a un Zweig liberal e ilustrado, aunque con restos románticos, se levantaban autores diversos, como el escabroso Kafka, el confuso Musil, el destrozado Paul Celan, no muy lejos, A. Schnitzler o H. Hoffmansthal, o en Alemania el también liberal Tomás Mann, el todavía joven Brecht y el bélico y titánico Jünger. Ese mundo cultural propio del entorno germánico, y en especial en Viena, produciría también en filosofía autores destacados, algunos bajo el afamado grupo del Círculo de Viena, desarrollando el neopositivismo (Otto Neurath, Frank, Morris estoica de Zweig, como la que se trasluce claramente en su narrativa, La piedad peligrosa, o El jugador de ajedrez, por ejemplo; o en sus biografías (Fouché, encarnación del mal, pero excelencia del calculador; María Antonieta o la destrucción de una persona encantadora, belleza truncada por la barbarie; no trata apenas la miseria que el pueblo francés sufría mientras la linda reina derrochaba el dinero en fiestas superficiales y juegos ridículos, considerándola casi una mártir). Zweig es un ilustrado al estilo de Goethe, aunque menos profundo, menos metafísico, pero precisamente en una época donde la razón o la lógica ilustrada se descoyunta ante el surgimiento de la masa, controlada o incontrolada. El proletariado, miserable, descubre que hay un sistema que con supuestas razones explota o roba legalmente a los trabajadores, abusa de los demás con un supuesto orden ancestral que se perpetúa en estructuras cada vez más caducas, como la del Imperio. El orden social ha de tener también una cierta base racional o científica, no sólo sentimental e irracional; tal es la mentalidad emergente. Zweig no entiende lo que sucede cuando Marx, Engels, Bakunin o Kropotkin irrumpen en las mentes de muchos como una solución: la demolición del sistema por la violencia pues ese mismo sistema no deja otra opción para salir de la miseria. Para Zweig el proletariado parece una imagen de lo bestial en sí, lo burdo, lo ajeno a lo bello; tolerable si es conducido por la elite, al modo del propuesto en el Despotismo Ilustrado, aunque en su época fuera un despotismo compartido también por la burguesía, pese a la tendencia generalista de lo democrático. De esta manera de ser y concebir el mundo se comprende cómo corrientes que le son contemporáneas, pero demoledoras, como el dadaísmo y luego el surrealismo, le resulten ajenas, absurdas, locas, pues se nutren eminentemente de la estética del romanticismo más radical: lo sublime. El comienzo de la segunda elegía a Duino, de Rilke, Jeder Engel ist schrecklich (Todo ángel es terrible), parece ajeno a la sensibilidad de Zweig, como si resultase intolerable una belleza que no pueda ser siempre, de alguna manera, confortable y equilibrada; una belleza convulsa y lo terrible de lo enormemente bello le hace huir como a Jonás le espantó la llamada de Jehová, cayendo en el vientre de la ballena, en medio de la tempestad que el racionalismo ilustrado llevó al casi puro irracionalismo de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, ese horror a la locura se ve patente en sus trabajos y estudios sobre autores que su-Schlick, Rudolf Carnap) en consonancia con la elaborada por el Círculo de Berlín (Reichenbach, Hempel...) o tan peculiares como Wittgenstein. Sin embargo, el desarrollo del pensamiento filosófico y su variedad no pueden deslindarse de la influencia de autores alemanes tan variados como son: Nietzsche, Husserl, Hartmann, Max Scheller, los neokantianos (Cassirer, Windelband, Rickert) o Heidegger. Todo ello en una misma zona cultural. Ni sólo habitaba una unidad filosófica ni estética, ni una calma ordenada y armónica, sino que las graves y profundas contradicciones, los desajustes evidentes entre unos y otros, conducían a mundos que, rozándose en el mismo territorio fisico, sin embargo eran excluyentes, ciegos unos para otros o bien antagónicos. Zweig vive, como burgués medio, cómodamente aposentado y amparado, adulado, por un notorio y firme éxito literario. En realidad, habita una torre de marfil y queda ajeno a los problemas de las barriadas obreras, recluido como un monje en su biblioteca suntuosa y llena de reliquias de sus venerados "santones" culturales: la pluma con la que escribía Goethe, el mobiliario de Beethoven... En un ejercicio casi religioso del placer que la cultura otorga con sus excelencias, como un ejercicio de yoga, relajación, o como una droga que hace evadirse, disfrutar y descansar, redacta biografías sobre los personajes que más estimulan su mitología personal, a la manera de un "teólogo de lo cultural": Fouché como paradigma del genio político en su versión tenebrosa, María Antonieta, o la belleza quebrada, como lo sería luego su Viena, Hölderlin, Kleist, Nietzsche, Tolstoi, Erasmo de Rotterdam, Dickens, Balzac, Stendhal, Casanova, Dostoievski, etc. Incluso en su perspectiva política, liberal y conciliadora, se muestra esa tendencia a lo equilibrado, a lo claro y distinto, al punto medio, ajena a lo convulso y revolucionario; esto se trasluce también, como un carácter, en su obra literaria, como adoptando su modo de ser unas categorías estéticas que le resultan cómodas, más bien tendente a la representación de lo bello, y, aunque el tema sea dramático y trágico, la estructura de la obra, el modo de expresarse y la concepción de la totalidad no deja de ser equilibrada, comprensiva, apaciguada, como desde una razón que vertebrara el caos de pasiones y elementos irracionales. Esto no excluye, sin embargo, su parte entregada al sentimiento e incluso a cierta tragedia que viene a reforzar la tendencia hedonista y a la vez La historia parece repetirse también en nuestros días, con el resurgimiento de los partidos de extrema derecha que se apoyan sobre todo en sectores amplios de una población que no se siente representada por los partidos tradicionales, tal ha sido el caso francés con Le Pen, el austríaco, con Haider y, en otra medida, lo que sucede en Holanda, Bélgica o Italia, en especial, ante el fenómeno de una inmigración cuantiosa y descontrolada, una de cuyas consecuencias ha sido el aumento de la violencia. Desde el punto de vista económico, la solución para evitar conflictos revolucionarios fue aburguesar al obrero y convertirle en propietario. Aunque mayo del 68 se levantó frente a un sistema ético y en contra de unas costumbres que impedían más libertad en los muchos campos de la vida cotidiana: vestido, sexualidad, arte, etc. En cierto modo fue una revolución contra el aburrimiento que pretendía ser el único modelo de la sensatez. Lo irracional irrumpió también en su faceta alegre y positiva, en los bailes y en el amor. La lectura que Lukács, en Asalto a la razón, hace del irracionalismo teórico como fuente de los fascismos y de la Segunda Guerra Mundial, puede invertirse. Siguiendo los análisis de Glucksmann desarrollados en El undécimo mandamiento, las utopías ilustradas, tanto ponen de algún modo la destrucción, tal es La lucha contra el demonio; locos o suicidas, como su mundo (es llamativo que Zweig acabara, desde su equilibrio, pero ante un mundo desequilibrado, suicidándose). En Francia florecían escritores como Leon Bloy, Huysmanns o d'Aurevilly y, más tarde, Cèline o Gracq, en un sentarse sobre las fisuras con las que aquel mundo parecía reventar, asentados en lo sublime pero sobre el vacío, perdida la totalidad y sin añorarla -hasta los autores católicos hablaban desde la parcialidad de una visión religiosa radicalizada-, contra la lógica ilustrada hacia la que luego vendrían a arremeter Beckett, Camus o Ionesco, como después han mostrado algunos pensadores postmodernos. El desarrollo de la civilización occidental en un grupo de potencias europeas divididas y con intereses comerciales contrapuestos, fue entendido por muchos como una confirmación del progreso ilustrado (evidente en el terreno científico, en las tecnologías y en la industria; en el poderío militar o económico de las naciones y en las libertades conseguidas por la población respecto a épocas pasadas) se vio truncado con la Primera Guerra Mundial. A partir de esta destrucción masiva que afectó a una buena parte del planeta, en muchas conciencias surgió como algo patente la idea de que el progreso no era algo firme ni un ascenso asegurado por la historia, que se podía retroceder, y que la racionalidad ilustrada se desmoronaba ante la irracionalidad de las instituciones más eminentes y preclaras que habían conducido a sus pueblos a una hecatombe. Para muchos intelectuales, la constatación de que los países "más civilizados" e ilustrados del planeta, con el pensamiento liberal asumido en gran parte, se destrozaban irracionalmente entre sí, no podía conducir sino a una sospecha sobre la misma racionalidad y sobre el liberalismo superficial entonces imperante; la lógica ilustrada -podían deducir algunosconduce a la guerra por causa de unos valores impuestos desde un estado presuntamente racional, aconsejado con científicos. Muchos de los intelectuales de ambos bandos, antes del conflicto, habían alertado y animado a la población a luchar por la patria contra el enemigo. Los que parecían más ilustrados habían sido instrumentos de la más trágica barbarie, desde una supuesta lógica y civilizada posición prestigiosa a la hora de señalar o emitir principios. El dadaísmo partía así de la razón como un fenómeno imposible; la demostración: el experimento de la misma historia. Lo religioso parece dejado de lado por Zweig, hasta el punto de que el protagonista de El jugador de ajedrez, un hombre encerrado en una habitación en perpetuo silencio, durante meses, sólo sacado de vez en cuando para los interrogatorios de los nazis, es capaz de aprender de memoria jugadas de ajedrez y aun un libro entero y hasta jugar contra sí mismo antes que hacer consideración alguna sobre la vida y la muerte, sobre si hay espíritu que viva más allá o lo religioso pueda tener o no fundamento. Pese a todo, las consideraciones que sobre la cuestión judía eran habituales, aunque individualmente puedan no afectar al mismo Zweig, por su distancia con la religiosidad judaica o su concepción personal del mundo, sirven de muestra para el grupo étnico y cultural en el que por nacimiento se vio inmerso. De hecho, cabría aplicarse en él, y a su rápido y fácil éxito en la vida económica y literaria, el famoso pensamiento de Feuerbach, según el cual uno es lo que come, si rico y feliz con el mundo, tendrá que ser conservador; si pobre y desgraciado, con tendencia a revolucionario. Ese vivir como en una burbuja social y cultural parece que le impidió ver lo que se le venía encima a su querida Austria Imperial, la Felix Austria, como si se concentrase en los objetos agradables que caían a sus ojos, en los paisajes humanos que le resultaban interesantes, cual si tuviera anteojeras, como un caballo que sólo quiere un recorrido, eso sí, a galope, de praderas florecidas. Por un lado extremadamente fino y sutil para los análisis psicológicos y culturales, como su correligionario y contemporáneo Sigmund Freud, y por otro tan superficial e incluso ciego para ciertas manifestaciones de lo político, lo social, lo metafísico y lo religioso. No es así extraño que se dedicase exclusivamente a lo más elevado del espíritu humano de lo que en la sociedad cultural hallara, o así lo pretendía, en un mundo de elites que compartía unos valores y unas sensibilidades muy poco desarrolladas en la gran mayoría de sus compatriotas. Así, sus Momentos estelares de la humanidad resultan además de un ejemplo de la grandeza de sus ansias y deseos, de su ideal, un posible refugio en la utopía, en el mundo de los héroes y de los dioses; una huida del mundo real que vivía la mayoría. Como si viviese en una escena teatral, entre héroes de cartón piedra, ajeno a la miseria real sobre la que se sustentaba, sin ver las maderas podridas con las que el tablado que hacía de escenario se levantaba con esplendores vacuos. Tal vez sin el contraste, sin la justa apreciación del mal y del horror, sin sentirlo y saborearlo, no sea posible una concepción honda y perdurable del bien o de la belleza, pues no sería propia del mundo que habitamos, entre los las de la Revolución Francesa como las de estilo socialista o marxista, al igual que las fascistas, han desembocado en atroces carnicerías, precisamente buscando un ideal supuestamente mejor para la humanidad. Ni todo irracionalismo es, de suyo, negativo y va necesariamente unido al fascismo, ni todo racionalismo o todo pensamiento ilustrado conduce necesariamente a lo mejor. Tal vez, como en el pensamiento individual que los seres humanos ejercitamos, sea precisa una síntesis de ambos, combinar razón, sentimientos, sentidos e intuición, también a la hora de analizar los fenómenos políticos, especialmente en la filosofía política, pues analizar los hechos políticos como si sólo fueran producto de la economía (Marx y algunas versiones del capitalismo extremo), o como si sólo fuera producto de una intrínseca racionalidad (Ilustración en su versión más típica y sobre todo Hegel), puede hacer retorcer el fenómeno para, torturado, hacerle decir lo que uno quiere escuchar de él, sin lograr ver lo que hay sino sólo lo que se quiere encontrar (es decir, lo que se puso inicialmente para analizar la cosa; las categorías y los prejuicios con los que se acudió a teñir y encasillar el fenómeno). La perspicaz y sutil mirada de S. Zweig sobre no pocos autores a los que magistralmente biografió reposa en su atención analítica dedicada a los fenómenos de la mente, como se ve en La curación por el espíritu, en consonancia con las pautas establecidas por Freud. Sin embargo, se torna inexplicablemente opaca en algunos casos al analizar su presente o los posibles futuros; sólo cuando ya ha pasado, como en El mundo de ayer. Memorias de un europeo, vuelve a encontrar algunas de las ocultas claves con las que la historia se da a sí misma explicaciones. Buscar un argumento que aclare esta divergencia no es fácil, de no ser que algo tuviera que ver en ello su condición de judío, por un lado económicamente privilegiado, de otro algo apartado y excluido de cierta sociedad. Los escritos que otros autores más o menos contemporáneos del mundo germánico, como Bruno Bauer o el también de origen judío Karl Marx, sobre la cuestión judía, pueden resultar esclarecedores: según ambos, las comunidades judías tendían a concebir un estado no sólo al margen de los demás sino aun por encima de las demás sociedades, por cuanto era un pueblo elegido por Dios, y la ley de Dios estaría por encima de las demás. El fundamento se hallaba en una supralógica teológica capaz de invalidar las leyes humanas. En realidad, por desgracia, nada nuevo. Goethe, tan querido de Zweig, relata sin asombrarse de ello, lacónicamente, como algo normal, la destrucción de la catedral de Maguncia que él mismo pudo ver directamente mientras se producía, junto a las tropas prusianas y monárquicas y contra una ciudad alemana que intentaban rescatar del dominio de los republicanos franceses y su bandera de libertades: "28 de junio, de noche. Bombardeo prolongado contra la catedral; torre y techumbre arden, y muchas casas alrededor; después de medianoche, la iglesia de los jesuitas" (Goethe, 1932, 355). Junto con la creencia en una cultura superior, después de la Primera Guerra Mundial se desmoronaron, entre las ruinas de las ciudades y pueblos, junto a las ruinas humanas, algunos cetros considerados casi como eternos, el emperador alemán Guillermo II huye y comienza la república, el Imperio Austro-húngaro se disuelve y la antes altiva Viena se reduce a capital de una pequeña región que deviene república con pretensiones, y los zares desaparecieron bajo la revolución soviética. La plácida tranquilidad de un Imperio esplendoroso cede paso a la miseria: "En el imperio Austro-Húngaro la situación alimenticia es todavía mucho más grave. Aunque Hungría apenas se ve afectada, las regiones montañosas e industriales de Austria son víctimas del hambre, y se imponen al ejército los fleischlose Tage, los días sin carne; el racionamiento insuficiente y la pésima situación sanitaria desmoralizan tanto al ejército como a la población" (Crouzet, 1982, 35). Alrededor de diez millones de cadáveres, varios millones más de heridos y mutilados, y una devastación material que resultaba impensable pocos años antes. La concepción mítica del combatiente como un caballero se derrumba ante la amargura y la decepción que proporciona a las tropas una guerra mecánica donde la masa humana sólo sirve de carnaza en grandes cantidades para no lograr apenas conquistar nada. El orden legitimado por tronos y leyes, por tradiciones y bendecido por el clero de cada lugar se derrumba estrepitosamente dejando un vacío rápidamente ocupado por los que proponen soluciones radicales, como radical fue la autodestrucción de ese orden de estilo decimonónico: comunistas y fascistas proponen demoler de modos diferentes los restos del sistema para poder construir encima sus quiméricas soluciones. La vida cómoda de los ciudadanos de la capital del Imperio Austro-Húngaro se ha de ajustar a la rotunda derrota, a la demolición de los viejos valores y una realidad política mínima respecto a lo que seres finitos y por tanto abocados al choque propio de los límites. La síntesis es necesaria, sin omitir completamente a ninguno de los contrarios. La finitud implica negación, no ser; y de fomentar lo negativo, no se puede mirar como si no existiese la falta de ser, los límites o las negaciones, como si la nada tuviese un modo específico de hacerse notar, siendo, de algún modo, relacional, absurda en su ser que no es, pero se hace notar. Zweig, incluso en sus novelas y relatos más trágicos, tiende a hacer una flor delicada. Rehuye el horror y el dolor puro y lo suaviza con sedas de románticos sentimientos. El punto medio del liberalismo conservador al que Zweig tendía tal vez se vea bonito cuando a uno, como él, le van bien las cosas, imbuido en una rica y fecunda vida burguesa, enriquecida por la economía y el arte, aunque evasiva ante ciertos problemas. Sin embargo, la legitimación de ese sistema se derrumbó ante el común de las gentes cuando estallaron los graves problemas sociales derivados del desastre de la Primera Gran Guerra, especialmente destructiva y absurda, tras aniquilar a millones de seres humanos, ciudades y pueblos, y todo a veces por unos metros de trinchera ganados o perdidos con esfuerzo de miles de muertos, una guerra que cercenó la vida de todos, dejando una generación perdida, heridos y mutilados, junto a muertos, en prácticamente todas las familias. Iglesias y palacios, multitud de obras de arte, fueron arrasadas, junto a las vidas de los hombres, entre los países supuestamente más civilizados, desarrollados y con una cultura que se consideraba superior a las demás. Valle Inclán relata con detalle sus vivencias en el frente francés: "Al estampido de las bombas surgen las llamas de los incendios: Arden las mieses, y las sobrecogidas aldeas, y las ciudades que lloran derrumbarse las torres de sus catedrales" (Valle Inclán, 1995, 175). El bombardeo de Reims y su fabuloso templo gótico, uno de los más emblemáticos de Europa, por parte de las tropas alemanas a las que Valle tilda de bárbaras e incivilizadas, sin pasado ni cultura, todavía sujetos al yugo de un emperador y por tanto primitivas, tiene aspectos patéticos que recuerdan a la descripción del final de Sobre los acantilados de mármol de Jünger, escrito años más tarde por uno que participó activamente junto al ejército que provocaba tales destrucciones: "Las bombas caen sobre la catedral, el barrio que se tiende a su espalda yace todo en ruinas, y es un montón de piedras mutiladas aquella capilla donde eran consagrados los reyes de Francia. En el viejo atrio desierto, el rumor de la guerra adquiere un sentido alturas políticas e informativas les parecía realmente algo ajeno; lo cercano, una burocracia ineficaz, siempre kafkiana pese a la desaparición del Imperio, ineficaz para resolver sus verdaderas necesidades. Para las masas menesterosas se hacía preferible una dictadura que les librase de la miseria, que les liberase del hambre (la primera de las esclavitudes), a unas libertades generales en las que poco o nada podían decidir; antes que seres humanos (libres) somos animales y las necesidades elementales (cobijo, nutrición, seguridad...) difícilmente se anulan, cuando no se solventan, con una situación más o menos estable en lo general pero que en poco puede resultar convincente para el particular que piensa en particular y sufre su particularidad. Parte de las elites culturales se arrojó en brazos de las "soluciones" extremas, únicas posibilidades novedosas y esperanzadoras ante un mundo ya caduco, "el mundo de ayer", a veces convencida, otras como quien apuesta por un cambio, el que sea, ante una situación insostenible. Acusar a la minoría judía que tenía relevancia económica resultaba fácil. Sin embargo, otros, entre los intelectuales, decidieron huir, como los filósofos componentes de la Escuela de Frankfurt, músicos como Schönberg, pensadores o científicos como Freud y Einstein, escritores como Tomás Mann, Hermann Hesse o el mismo Zweig. Entre los que quedaron, algunos ligados al comunismo se fueron radicalizando hasta desaparecer o pasar a la acción (las diversas "resistencias"), pronto aplastados; otros, como Jünger, D'Annunzio en Italia o Céline en Francia, se vieron ligados de una u otra manera a la marea ascendente de las diferentes formas con las que brotaba el fascismo. Zweig se estrelló contra el duro suelo de la realidad al caer de su nube, con la decepción del intelectual de prestigio y éxito reconocido que confiaba en su influencia en la sociedad que años antes le alababa (como los filósofos y escritores antes de la Revolución Francesa: Voltaire, Rousseau, Diderot, D'Alambert, etc.), al estilo ilustrado. El desmoronamiento de una sociedad y unos valores en los que creía como firmes y estables se le hizo tan horrendo como increíble, y es que, como buena parte de la intelectualidad de nuestros días (ante los problemas de la inmigración, el envejecimiento de la población, la nueva situación mundial y la emergencia y triunfo de partidos de extrema derecha...) vivía fuera del mundo real, ajeno a lo que era, realmente, la situación de la mayor parte de la población; por vivir en una nube, en los sueños de un arte que vino a ser de evasión, como un don Quijote imaginado, sin acción, y desterrado. Los fatuos esplendores y los honorables valores en los que parecían sostenerse poco antes tan firmemente ya apenas tienen sentido después de la hecatombe producida por la corte que, como un adorno, escuchaba sinfonías de Mozart o bailaba los valses de los Strauss. La miseria general de la población y la falta de trabajo para aquel mundo de porcelana y cristal de Bohemia que antes se sentía en lo más alto le daba un aspecto resquebrajado y polvoriento, logrando, ante las necesidades acuciantes de una espantosa posguerra del derrotado, que el liberalismo resultara entonces una propuesta gris y casi estéril. Comunistas y luego nazis, con otros grupos radicales, prometían en cambio soluciones drásticas para problemas dramáticos, respuestas tajantes a preguntas acuciantes. Sin un fuerte ímpetu interior (movido por la religión o por una sublimación religiosa del arte o de la política, allí donde pueda sentirse o imaginarse, vislumbrarse o palpar la sublimidad, la infinitud) el liberalismo de Zweig frente a los problemas de masas, en especial frente al mundo obrero, resultaba, además de caduco, estéril, mediocre y "burgués" en el sentido más peyorativo que la palabra tiene entre el léxico revolucionario y en especial en el marxismo. Zweig, por otro lado, creía en la fuerza de los intelectuales para influir en la sociedad, en su capacidad de acción sobre el entorno político, como un grupo sacerdotal, una elite escuchada y directora de los destinos del mundo. Esta concepción se mantenía en pie ante sus ojos, hasta que el nazismo le expulsó de su torre de marfil, de su querida concepción del mundo y de la cultura, por otro lado, originariamente romántica, de raíz ilustrada y oriunda de la República Platónica. Lo que no veía o no quería ver es que, en el período de entreguerras, buena parte de los intelectuales se entregaron a los movimientos de masas, a las soluciones radicales, reclamando soluciones con urgencia. La necesidad extrema de los que pasaban hambre, los que habían perdido al cabeza de familia en la guerra, los mutilados y todos los que habían visto desvanecida la frágil tranquilidad del pasado, en el caso de los que la tuvieron realmente, unido a los que no veían abierto futuro alguno, convertía el sistema liberal en un entramado de lujo, sólo interesante para unos pocos privilegiados que veían real la aportación de sus decisiones voluntarias. La gran mayoría quedaba aparte, ajena a unas libertades civiles (prensa, elecciones...) que no resultaban prácticas para sus intereses vitales, pues poco o nada de lo que en el estado podían elegir les resultaba útil o satisfactorio y por lo tanto el sistema general donde se mueven las CONSECUENCIAS POLÍTICAS DE UNA DISOLUCIÓN DEL ROMANTICISMO ARboR
La misma serie editorial en la que aparecieron obras de Robert Walter, Hasso Höfman, Arthur Kaufmann o Robert Alexy ofrece ahora a los lectores interesados por el mundo de la argumentación jurídica una esmerada traducción de la obra de Eveline T. Feteris, Fundamentals of Legal Argumentation, editada en inglés por Kluwer Academic en 1999. En los doce capítulos que componen esta obra, Feteris consigue mostrar de manera a un tiempo sustantiva y concisa los problemas teóricos más importantes de las distintas tradiciones que componen el ámbito de la argumentación jurídica. Sobre la base de esta exposición de naturaleza histórica, la profesora holandesa examina con detalle las teorías de la justificación de las decisiones judiciales sin perder de vista el hilo realmente vertebrador de esta investigación, a saber: la descripción de los componentes teóricos implícitos en las distintas concepciones sobre la argumentación jurídica. Los objetivos de la obra siguen estando de plena actualidad en el ámbito de la argumentación jurídica, por lo que la traducción al español de esta obra representa una aportación de gran valor a la bibliografía existente sobre el tema. Seguramente, la vigencia de la obra de Feteris radica en el modo en que consigue resolver la relación entre los distintos objetivos teóricos que encierra esta investigación. La concisión y claridad expositiva a la hora de consignar los problemas teóricos y las tradiciones en las cuales quedarían éstos plasmados, hacen del libro una obra valiosa para quien desee saber más sobre la historia de las concepciones acerca de la argumentación jurídica y la justificación de las decisiones jurídicas, así como sobre los componentes filosóficos y lógicos del más amplio ámbito de las teorías de la argumentación. Es precisamente en virtud de la perspectiva adoptada por la autora como la obra continua a día de hoy siendo una contribución de particular vigencia en el ámbito no sólo de la argumentación jurídica, sino del más amplio campo denominado teorías de la argumentación. En este último, siguen siendo necesarias investigaciones que consigan mostrar la evolución histórica de los componentes lógicos y filosóficos que darían lugar a las distintas concepciones sobre la argumentación. Fundamentos de argumentación jurídica es también, a mi juicio, una contribución de gran valor para futuros trabajos sobre la historia de las teorías de la argumentación aún por escribir; si bien es en su especialidad donde este libro, después de una década, sigue conservando una notable vigencia y una utilidad clara para el lector interesado en proyectos de aproximación de la racionalidad de la argumentación hacia la teoría del derecho. La actualidad de la temática (por una parte, la revisión de los enfoques y tradiciones teóricas más importantes, y entre las que destacan autores como Stephen Toulmin, Chaïm Perelman, Jürgen Habermas, Neil MacCormick, Robert Alexy, Aulis Aarnio, Aleksander Peczenik y la propia contribución de la autora junto a otros colegas de la Universidad de Ámsterdam dentro de la corriente pragma-dialéctica de la argumentación propuesta por Frans Van Eemeren y Rob Grootendorst), así como el interés de la perspectiva adoptada por la autora (ceñida en todo momento al esclarecimiento y exposición de los criterios merced a los cuales puede sostenerse cuándo un argumento es racional y aceptable en la práctica legal) hacen de esta publicación una obra de referencia no sólo dentro del conjunto de la literatura escrita en inglés sino en español. Es cierto que, desde la fecha en la cual se publicó por primera vez el trabajo e incluso durante su gestación, se publicaron obras que habrían merecido formar parte en algún sentido de ese recorrido magistral por la historia de las concepciones de la norma en relación con el problema de la argumentación jurídica, tales como la de Manuel Atienza, Luigi Ferrajoli o Federick Schauer. No obstante, la traducción al español de esta obra puede jugar un papel central a este efecto, ya que propone un hilo conductor a partir del cual considerar y analizar las aportaciones de otros investigadores y estudiosos del tema. RESEÑAS DE LIBROS BOOKS REVIEWS Da una idea del interés que esta publicación reviste, la capacidad de su autora para convertir el tema de la argumentación jurídica en una fuente de temas de investigación que rebasan el contexto de la justificación de las decisiones judiciales hacia el más amplio y complejo tema de la reconstrucción racional de la argumentación del juez, pero también de la argumentación que se utiliza para defender una interpretación. El enfoque lógico, retórico y dialógico en el que cada escuela y autor ha insistido de un modo diferente a la hora de concebir y justificar el sentido de la argumentación jurídica en la teoría del derecho, nos dan también las claves para distinguir aspectos sustantivos en toda argumentación jurídica. Tales aspectos guardarían relación con los modelos teóricos de argumentación que definen las reglas de aceptabilidad del argumento, la reconstrucción de las etapas bien patentes, bien latentes en todo proceso argumentativo o la índole de la racionalidad de la argumentación jurídica. Por todo ello, cabe decir que un valor añadido de Fundamentos de argumentación jurídica radica en el hecho de que su concisión a la hora de plantear problemas teóricos que van más allá de una mera revisión de las teorías sobre la justificación de las decisiones judiciales, cosechará a buen seguro lectores que busquen saber más acerca de disciplinas colindantes, tales como la retórica, la lógica deóntica, la lógica dialógica, la filosofía del derecho, la teoría de la argumentación, así como sobre temas relacionados con modelos de razonamiento.
codirige la revista Isegoría [http://isegoria. revistas.csic.es] y la colección Theoria cum praxi [http:/ www.plazayvaldes.es/theoria/], además de coordinar el GI TcP (Valores en la Europa del Siglo XXI) integrado en la Línea sobre Conceptos y Valores que lidera Concha Roldán. Sonia ARRIBAS (Ph.D. New School for Social Research, 2004) es investigadora ICREA en el Departamento de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Su tesis recibió el premio "Hannah Arendt Memorial Award". Centra su investigación en la teoría social y política. En la actualidad completa su formación como psicoanalista en el Institut du Champ Freudien. Es autora de The last conceptual revolution? Su libro Egocracy: Marx, Freud and Lacan acaba de salir en Diaphanes Verlag. Ha coordinado (junto a G. Cano y J. Ugarte) un curso de postgrado sobre biopolítica en el CSIC de Madrid y coordina entre otros los números de Arbor dedicados a Volver a Freud, Crisis republicanas y Hacer morir, dejar vivir. Es Licenciada en Filosofía por la Universidad de Oviedo (Segundo Premio Nacional de Terminación de Estudios Universitarios, 2007). Tiene un Máster en Estudios Sociales de la Ciencia (Universidad de Salamanca, Universidad de Oviedo y OEI, 2008) Ha disfrutado de una Beca de Introducción a la investigación (CSIC, Instituto de Filosofía, 2007), con la que ha estudiado el problema del mal en Hannah Arendt. Actualmente trabaja en su tesis doctoral Ser y apariencia. Un estudio del sujeto contemporáneo desde la obra de Hannah Arendt con una beca FPU (Universidad de Oviedo). Algunas de sus publicaciones son: "Ser y apariencia en el mito de la caverna" en DOMÍNGUEZ, V. (ed.) Lecturas del mito de la caverna de Platón. Madrid, Biblioteca Nueva, 2009 y "Del concepto kantiano de juicio a la reflexión estética actual" en Círculo Hermenéutico, n.o 7. Ilia GALÁN (Javier Díez Galán). Licenciado en Filosofía, por Navarra, y con estudios de Ciencias de la Información, por Leioa. Doctor en Filosofía del Arte, por la Universidad Complutense de Madrid, 1991, con la tesis: Deus vel Ars sive Natura: Schelling. Fundador y director de la revista de pensamiento Aula Cero. Cofundador y miembro del consejo de redacción de la revista literaria AHORA. Colaborador Honorífico en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid donde ha impartido varios cursos. Colaborador Honorífico en la Facultad de Ciencias de la Información. Investigador en Boulogne-sur-Mer, en Perugia, en Cambridge y en la Sorbona (París I) y Academic Visitor en Oxford. Investigador del Programa Ramón y Cajal y Profesor Titular de Estética por la Universidad Carlos III de Madrid. Es autor de diez y siete libros y veintiocho más en colaboración con otros autores, y de numerosos artículos en revistas científicas y culturales. Su línea de investigación se orienta hacia los aspectos metafísicos y éticos del pensamiento orteguiano. Ha sido editor de Semblanza de Ortega y Ethos y Logos, de Antonio Rodríguez Huéscar, y ha publicado en diversas revistas como Claves de la razón práctica, El Basilisco, Revista de Occidente, Postdata (Puerto Rico), Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, Abril (Luxemburgo), Pompeji (Szged, Hungría), y en los diarios El País y ABC. Es autor de José Ortega y Gasset Marina LÓPEZ. Es Licenciada en Filosofía y Maestra en Filosofía de la Cultura, docente en Facultad de Filosofía "Samuel Ramos", Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Asimismo es editora de la revista Devenires: revista internacional de Filosofía y Filosofía de la Cultura, editada por la Facultad de Filosofía "Samuel Ramos" y el Instituto de Investigaciones Filosóficas "Luis Villoro Toranzo". Se desempeña también como docente en el Conservatorio de las Rosas, A. C. en la especialidad de Musicología. Es autora de Política, cuerpo y escritura (2004), Un destino personal, sobre el desarrollo de la subjetividad moderna (2005) y coordinadora del libro Republicanos y republicanismos (2008). Reyes MATE es Profesor de Investigación en el Instituto de Filosofía del CCHS-CSIC. Es director del Proyecto editorial "La Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía" (con 30 vls. publicados y la colaboración de unos 500 autores), comenzado en 1987, lugar desde el que se han creado los Congresos Iberoamericanos de Filosofía y el programa "pensar en español". Es también el investigador principal del proyecto "La filosofía después del holocausto", en que trabaja ininterrumpidamente desde 1990. David Emilio MORALES TRONCOSO es Licenciado y Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es Profesor de filosofía en la Universidad Diego Portales donde enseña filosofía, ética y estética. Investigador Responsable del Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología de Chile (Fondecyt) actualmente cursa el proyecto Eros y Sofía en la filosofía de Sócrates (2007Sócrates ( -2010)). Durante su doctorando realizó estudios de investigación en el University College of London, con el profesor G. O'Daily. Ha publicado numerosos artículos tales como: "Acerca de lo Divino en la Orestiada", "Tres Modulaciones de la Ironía", "Sócrates, una perspectiva para la enseñanza de las virtudes", "La dialéctica del eros y las virtudes en Plotino", "La respuesta emocional en la comedia desde la Poética de Aristóteles", cap. del libro De las pasiones en la filosofía medieval, ed. LOM. Además es jefe de redacción de Diadokhe, Revista de estudios de Filosofía Platónica y Cristiana (cf. en www.diadokhe.cl) email: davidmorales. cl, [EMAIL] María G. NAVARRO. Es licenciada en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y doctora con mención europea en filosofía por la UNED. Ha sido becaria con una beca de Formación del Personal Investigador en el Instituto de Filosofía (IFS) del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Es miembro de varios proyectos de investigación nacionales e internacionales en el Instituto de Filosofía del CSIC. Ha realizado varias estancias de investigación en las universidades de Heidelberg, Friburgo i/B, la Universidad Técnica de Berlín y la Universidad de Amsterdam. En la actualidad realiza un segundo doctorado en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM. Es autora del libro Interpretar y argumentar. La hermenéutica gadameriana a la luz de las teorías de la argumentación. (Plaza y Valdés/Servicio de Publicaciones del CSIC. Actualmente disfruta de un contrato postdoctoral en la Universidad de Ámsterdam. Es Profesor de Filosofía en la Universidad de Murcia y miembro de la Sociedad Académica de Filosofía (SAAF), autor entre otras obras de Axiología de la modernidad. Ensayos sobre Ágnes Héller (Madrid, Cátedra-Universitat de València, 2002), Los Manuscritos: Economía y Filosofía de Karl Marx (Madrid, Alianza, 1998) en la crisis de la Ilustración, editor y coautor (Valencia, Biblioteca Valenciana, 2002) y Los dos pilares de la ética moderna: diálogos de Ágnes Heller (2008). También ha tenido a su cargo la edición de Karl Marx, Crítica a la Filosofía del Estado de Hegel (Madrid, Biblioteca Nueva, 2002). Es un filósofo italiano que ejerce la docencia y la investigación sobre la filosofía de la religión en la Università degli studi di Salerno. No sólo es uno de los mayores expertos italianos de Friedrich Schleiermacher, del que ha traducido buena parte de su obra al italiano, además de las lecturas teológico-religiosas, es también creador de una filosofía original y libre. Asimismo ha sido editor de numerosos volúmenes, entre los cuales se encuentran: Diversità e rapporto tra culture,
Magda Szabó nace en Hungría en 1917 y vive en Budapest en el seno de una familia burguesa y especial (su padre le hablaba en latín, según cuenta en sus memorias). Empezó a publicar después de la Segunda Guerra Mundial y fue represaliada al igual que su marido, el escritor Tibor Sziobotica, por los comunistas, aunque algunos años más tarde reanudó su obra y su proyección. En 1987 publicó La puerta, tal vez su novela más internacional, con la que ganó, entre otros, el Premio Femina. tereSa aguStín es poeta y nació en Teruel en 1962. Empezó a publicar a los veinte años en revistas como Turía y Andalán. Ha traducido, entre otros, a Marguerite Duras. Hasta la fecha ha publicado los libros Dhuoda (Asociación Cultural Ana Abarca de Bolea, 1986), Cartas para una mujer (PuZ, 1993); La tela que tiembla (Olifante, 1998); Hombre sentado en un jardín, con lirios, lilas y dos amapolas (Prames, 2004); Dos Pasillos (Huerga y Fierro, en prensa). Su obra figura en diferentes antologías: Erotemas (Ayuntamiento de Zaragoza, 1980), Poemas a viva voz (IFC, 1988), Penúltimos poetas aragoneses (DPZ, col. Veruela, 1990), Ellas tienen la palabra. Dos décadas de poesía española (Hiperión, 1997), Mujeres de carne y verso: antología poética femenina en lengua española del s. xx (La Esfera de los libros, 2001). a [EMAIL] NUEVE GATOS Y UN PERRO (entrevista sin preguntas). LA PUERTA, DE MAGDA SZABÓ TErESA AGuSTín reSuMen Magda Szabó nace en Hungría en 1917 y sus primeras obras ven la luz a finales de la Segunda Guerra Mundial, pero cuando los comunistas llegan al poder ella desaparece de la escena literaria hasta la década de los sesenta, en que publica poesía, novela y ensayo. Probablemente hoy es una de las autoras más destacadas y reconocidas de la literatura húngara y su obra ha sido traducida en más de cuarenta países. La puerta, única obra publicada en España, es una historia real novelada entre dos mujeres, una escritora célebre y su criada. También es la historia de nueve gatos encerrados en una habitación y un perro, Viola, que se convierte en el catalizador de lo afectos. Es la vida de dos mujeres diferentes, con vidas diferentes, con edades diferentes, que acaban siendo indispensables la una para la otra. Es también un país, Hungría, como telón de fondo, que durante mucho tiempo también vivió encerrado en una habitación. a PALABrAS CLAVE: puerta, habitación, comida, Emerenc, barrio, Viola, heren- cia, pañuelo, escritora, puerta. Siempre giro la llave, pero nuestro destino es el de seguir luchando en vano. Parece que a lo largo de esos años las estaciones no se sucedan, hay nieve y el paisaje se retrata en grises, como si todo ocurriera entre el otoño y el invierno, sólo por la nieve que Emerenc barre de vez en cuando; por lo demás, el color del sitio es gris, como en un eterno otoñal. Todas las vidas tienen una puerta, la llave puede existir o no, puede encontrarse cerca o lejos, tal vez llega colgada de nuestro cuello a la hora de nacer, como un regalo, o la nuestra, la que nos corresponde, la que abre, está colgada de otro cuello y pueda ser que no la merezcamos nunca, o que simple-mente, no la encontremos jamás. ¿Hay algo más fascinante que una puerta cerrada que lleva a una habitación propia, que contiene un secreto? Pensamos en lo que hay dentro, pero en realidad lo más fascinante es el camino que lleva a la llave, esa otra, que contiene tu propio silencio, que sin saberlo da forma a tus amnesias. Lo que se encierra en ese cuarto también está fuera, soy yo misma. Mi herencia material se hace polvo, se desvanece cuando finalmente la toco. Al final de este libro hay otra puerta. «nos atendió durante más de veinte años, pero en los cinco primeros se podía percibir, con la precisión de un instrumento de medición, la distancia que ella marcaba en la relación. Yo tengo un carácter abierto, me gusta hablar con la gente, incluso con desconocidos, pero Emerenc limitaba la comunicación a lo estrictamente necesario». Es una historia real, como siempre retratada y mentida por la literatura, es la vida de alguien anónimo como tantos, que recorre un camino, topándose con unos y otros como tantas «colometas», sin ser consciente de ello. En este barrio de maravillas las cosas parecen detenidas en el tiempo y el universo transcurre entre esas calles, es casi una obra teatral intimista donde la narración se sitúa en un dilatado espacio de tiempo y donde suceden en realidad pocas cosas, pero donde se sacude todo un universo. Es la atracción entre dos mujeres, no es el retrato de un hombre y una mujer, o dos hombres, son dos mujeres: la una inculta y viva en su propio exilio interior, y la otra culta, una escritora, fascinada por la libertad cautiva de la otra. Poco a poco la vieja colometa húngara revienta el universo formal de la escritora. Lo cotidiano, que es lo que se retrata, llega a resultar fascinante, no es sólo la historia de una amistad, es también la relación entre dos generaciones, el desencuentro, y la relación de poderes entre una criada y su señora. una criada que tiene una puerta cerrada, que sabe manejar la llave de la indiferencia, que no tiene horario. Tal vez es el empeño «de que las personas más cercanas manifiesten el placer de volver a verme». un empeño que nos obsesiona, es una verdadera historia de amor; lo que parece que llega y no llega en realidad; «éramos amigas» lo que parece que sí, que ya es, pero siempre hay algo que lo trastoca y hay que volver a reconquistarlo. En el fondo se trata de sentir siempre atracción por la otra, que no acaba de ser del todo nuestra, sentir esa curiosidad, ese algo que hace que alguien siempre nos parezca que está por descubrir, que siempre nos cuenta cosas que no nos aburren, que nos mantienen alerta, aunque no tenga nuestros gustos, ni podamos hablar en el mismo registro. Alguien «que no deja entrar a nadie en su casa». un perro se convierte en el catalizador de los afectos, él sólo reconoce a Emerenc como dueña y señora, como madre y ella actúa como tal, castiga y premia, y lo hace como sólo puede hacerlo alguien que se ha relacionado con la vida rozando su dureza, nuestra vieja. «Emerenc sostenía que la labor intelectual no era más que simple holgazanería, casi comparable a trucos de magia barata», pensaba que la «sociedad estaba dividida en dos, los que barrían y los que ordenaban barrer», «odiaba la idea de poder y, con ella, a cualquiera que lo ejerciera». nuestra sirvienta había sobrevivido a ese destino que cruzó todos los mapas de Hungría. Hungría, dicho «sin ningún transfondo de patriotismo sentimentalista» con una Primera Guerra Mundial en la que salió derrotada de la contienda. Para años después en una sucesión de proclamas republicanas y comunistas el país fuera perdiendo territorios e identidades, y luego la Segunda Guerra Mundial y un pueblo, que no era fascista terminó al lado de Hitler y finalmente, invadido por las tropas alemanas. Y luego llegaron las deportaciones de los judíos húngaros y la persecuciones. Y luego las tropas soviéticas se quedaron con el país y todo se tiñó de grises. Y Emerenc ayudaba a los judíos, refugiaba a un alemán herido o a un ruso en su alcoba secreta. Ella «prefería decidir por si sola», siempre animada por un espíritu de lo solidario, de esos que hacen sobrevivir a los pueblos. Es la matrona que hace el caldo para el vecino enfermo, es la que cocina para sus gatos, encerrados en una habitación, la que mima al perro Viola, la que manifiesta su amor haciendo comida y haciendo comer. «Ella no aceptaba ese país». «Yo asumía el papel de robespierre, la representación de la soberanía popular, a pesar de que a mí, personalmente, ese poder pretendía quitarme de en medio censurando mi obra literaria y obligándome a aislarme en un gueto privado, junto con mi marido ya bastante humillado hasta el punto de ver secada su vena creativa». «Acorralada de ese modo, sólo me dejaban dos opciones para borrarme del mapa: quitarme la vida o abandonar el país. Pese a todo, logré mantenerme a flote, tan fuerte era mi odio hacia mis perseguidores». Luego vino la revolución del 56 y entró un poco de aíre fresco, era «la barraca más alegre», o eso decían respecto a los otros países del Este. Era el lado negativo lo que ella veía, era tal vez su dignidad lo que dejaba aflorar su visión dramática de la vida y de la historia que le había tocado vivir. Es esa visión oscura del ser humano que acaba sacando lo peor de uno mismo y lo mejor, pero que no predispone a la dulzura, o sólo se sabe de ella pasado el tiempo. El retrato de alguien que no pide nunca nada, que no depende de nadie pero que es capaz de dar lo mejor de sí mismo y de proteger a los demás marcando distancias e imponiendo carácter. Lo puro, sin el edulcorante añadido de los buenos. Esa clase de gente a la que amas sin saberlo y que te enseña que «morir del todo no es tan fácil», de los que aprendes una vez abierta la puerta de una habitación que en el fondo no contiene más que polvo. Son los nueve gatos encerrados en una habitación, que viven cautivos pero están vivos. «Si Viola y esos gatos encontraran la libertad morirían». Y mueren los nueve gatos y Viola, el perro, que muere en vida. Y termina una novela. Y yo misma, que me acercaba sin saber a la enfermedad, a la vejez, a la soledad y al desamparo. «Que yo era su hija lo supe cuando los gatos y Emerenc ya no estaban». Cuando rompimos sus puertas y la «herencia se desvaneció». Cuando la ausencia te descubre que el destino de los hombres es el de seguir luchando en vano y «yo soy ya bastante mayor para sentir vergüenza por el pasado». Los ojos de Emerenc eran azules, los míos ya no recuerdo.
anne WaldMan (Milville, nueva Jersey, 1945) es autora de cuarenta y dos libros, entre los que se incluye poesía, ensayo y antología. Hoy es reconocida como una de las voces más destacadas de la poesía contemporánea de EE.uu., fundamentalmente por el impulso que ha procurado a la poesía oral y por su magistral manejo del poema largo. Fundadora de la revista literaria Angel Hair, desde 1968 hasta 1978 fue directora del St. Mark's Poetry Project (asociación cultural por la que han transitado los autores más representativos de la poesía norteamericana de las últimas décadas). iSabel CaMblor (Madrid, 1969) es licenciada en Filosof ía y Letras y diplomada es Psicología. Ha colaborado con prensa y crítica literaria y ha publicado relatos y artículos en diversos medios desde 1998. Su primera novela, Perdona el desorden, fue reconocida por el jurado del premio Joven y Brillante; con Mistela con Aristóteles (Algaida, 2002) resultó finalista del IV Premio río Manzanares. Su tercera novela, Maldita Cenicienta (Algaida, 2005), ha sido traducida al alemán, el rumano y el francés. Dios es una dama con moño, su cuarta novela, ha sido publicada por Planeta en 2008. a [EMAIL] ANNE WALDMAN (LA ELEGÍA) ISABEL CAMBLOr reSuMen La noche del cinco de abril de 1997, el poeta Allen Ginsberg muere en brazos de la poeta Anne Waldman. Waldman logra capturar el espíritu beat durante unas horas, las necesarias para velar el cadáver. Su misión consiste en congregar uno por uno a cuantos poetas y demás criaturas líricas, vivas o muertas, sean capaces de producir una elegía beatnik en honor del poeta muerto. Anne Waldman impulsa la velada con su fuerza escénica de poeta y performer, y como anfitriona perfecta, se erige en guardiana del cuerpo de Ginsberg hasta la madrugada. a PALABrAS CLAVE: espíritu beat, elegía beatnik. El año en que Allen Ginsberg murió El cielo estaba roto de estrellas de metal Y de gotas de mercurio, y de patinadores Sobre la lámina del pozo. (Amaral) ¡Haced que corra la voz! ¡Que los patrones se enteren!: ¡Allen Ginsberg ha muerto! Se quebró finalmente por despreciar la rima, por su frágil complexión de poeta maldito, por rasgar poemas y sobre todo por ser un villano orgulloso de serlo. La voz de la tribu ha desaparecido, amigos y enemigos, ciudadanos norteamericanos todos: se hace saber. (Al otro lado del río Grande se halla la gran reserva de poetas que nombran y revelan, cantó neruda, cantan ahora con menos fuerza los herederos de los dadaístas. Y poco a poco van sucumbiendo también, como estaba previsto que sucediera. Se advierte intensamente cómo los prudentes, los reverendos y los suspendidos en la posguerra desarticulan con facilidad parte del discurso; sin embargo, ahí escondidas resisten ciertas criaturas cómplices capaces de virar en redondo, criaturas de la noche que chillarán con todas sus fuerzas como murciélagos en la caverna de las ideas de academia para ahuyentar a los espíritus mansos.) Anne Waldman, la poeta escénica que ruge en lugar de recitar, es perfectamente capaz hoy, el día de la muerte de Ginsberg, de tomar cartas en el asunto. Puntualicemos: ella es la única capaz. Pero Anne Waldman no es sólo poeta, Anne es la fuerza misma de la naturaleza. (Keith Taylor) El cinco de abril de 1997 Anne Waldman tuvo el tiempo justo para correr hasta el lecho en el que su amigo agonizaba y recogerle en sus brazos. Ginsberg moría a la manera beat, con forma de verso libre: unos cuantos monjes budistas cantaban alrededor de su lecho en el mismo momento en que todo terminaba. Anne se colocó entonces justo detrás del cadáver caliente y, sin ruido, compuso un poema. Hasta aquí todo es rigurosamente cierto, pero a partir de este momento en lo que yo cuente puede que haya escondida alguna patraña que me permitiré llamar pequeña licencia de autora. Como un árbol centenario, Ginsberg ha muerto de pie. Sin embargo el Poeta ahora mismo yace tendido para poder ser velado con mayor facilidad. Pero el mundo de trovadores desvergonzados se limita únicamente a observar el escorzo de su cuerpo muerto sobre el lecho, poco más pueden hacer, o poco creen que podría ya hacerse. Sólo Anne Waldman está preparada para proceder; convoca a individuos de vocación iconoclasta, beat, anacorética y semiabatida -vivos y muertos-. Su intención es despedir a Allen Ginsberg (ese amigo rugiente que, como ella, aulló a la Guerra Fría con la misma náusea con que lo hacían los simbolistas franceses) como mandan los dioses. Anne Waldman no usa carmín, ni rímel, sí usa rima, pero resulta imperceptible. Se alza por encima de las cabezas. Ella, la poeta y ventrílocua de Ginsberg, hembra y varón, guardiana de los bosques, reclama las presencias necesarias: ¡Acudid! ¡Acudid y preparaos para asistir a una velada fastuosa! remangaos las faldas señoras mías que vamos a atravesar el infierno. (Williams Carlos Williams, prólogo a Aullido) Anne se envuelve en un extraño manto -una túnica de sacerdotisa pudiera ser-, y de esa guisa recita a César Vallejo en inglés. Esto lo hace hoy, pero hace diez años, cuando convocó al resto de plañideros, adoptó atuendo de poeta beatnik; cubierta de flores iba, como los cuerpos yertos destinados a instalarse en camposanto. Vistió así porque las circunstancias lo exigían, porque se imponía la elegía al puro espíritu beat que acababa de morir. Pero Anne no es, Anne nunca fue beat. Hay que advertir que Anne Waldman no fue iniciada junto a los demás, aunque a ella esta particularidad le resulte indiferente, pero aun así hay que prevenir al lector. Todo comenzó en la Six Gallery, en la costa oeste, cuando en el cincuenta y cinco Ginsberg dio el tono a todos los que se hicieron llamar después poetas de la generación beat. La lectura de Aullido marcó el nuevo ritmo. Y ella no estaba presente. Perfectamente consciente de que no es una de ellos, se disfraza igualmente con flores y los selecciona con tanta sabiduría -y con tanto instinto-como si de uno de ellos se tratara. necesita el efecto erótico del escenario, es preciso, así que va invocándolos con una proposición cantada, más que recitada. utiliza el criterio de la energía. Se concentra en los poemas hechos voz y diálogo, murmura entre dientes, pincha un vinilo donde las líneas de jazz dejan hueco para que todos esos versos hablados, gritados, penetren, y en medio de la cadencia libre, llena de la estricta con-ciencia de la nocturnidad, con su amigo todavía caliente en sus brazos, congrega a los poetas vagabundos que quieran entrar a ofrecer sus honores. Anne ha escogido el café La Boheme, precisamente en San Francisco (porque tiene buen gusto y también por sentido de la legitimidad). Charles Olson ha muerto, pero ésa no es razón suficiente para que no presida el adiós junto a ella. Además no hay que olvidar que Anne y Olson componen sobre un tándem. ninguno de los dos es beat, ni confesional, ambos se establecen en un ángulo muerto y libre, pasan desapercibidos, se muestran instantáneos, como el poema hablado. Por todas estas razones -y también por buen gusto y sentido de la legitimidad-, Olson despierta para acompañarla esta noche, luego volverá a dormir probablemente para siempre. Con el decimonoveno compás entra el segundo invitado. Podría haber tensión, pero no se da el caso. Lawrence Ferlinghetti se muestra altivo ante el mundo: haber editado a Camus proporciona demasiado prestigio como para fingir modestia. Anne Waldman responde con altivez a la altivez de Ferlinghetti, ella editó al mismo Ginsberg, no va ella a ser alfombra de nadie justo ahora, no es posible mayor credencial, dadas las circunstancias. Ferlinghetti y Anne se entienden, aun en versión fanfarrona se entienden. Son performers, y no todo el mundo puede ser performer por muy beatnik que uno sea. Eso une, proporciona afinidad y la complicidad que en esta noche de elegía se exige. Michael Mc Clure entra con paso firme. Podría permitirse ser arrogante igualmente, es uno de los cinco que participaron en la lectura de Six Gallery. Y eso son palabras mayores. Trae debajo del brazo «Point lobs: animism» y toca la armónica porque necesita jolgorio hasta en los funerales. Detrás de él Janis Joplin reza a su manera: pide a Dios que le regale un Mercedes Benz y que pague la siguiente ronda; de estos dos podría decirse también que conducen un tándem. El guardia de seguridad se pone algo tenso: el nuevo invitado lleva un rifle en la mano izquierda y blande su carné de la Asociación nacional de Armas en la mano derecha. Anne y Olson lo aceptan, un ligero gesto de sus cabezas y el guardia no mueve una pestaña. nadie puede interceptar el paso de Burroughs. Es Burroughs, sin él las cosas no habrían evolucionado. Además dentro de dos meses morirá también, seamos pues indulgentes. A pesar de ser un adicto al wellness y a la medicina antiedad, Olson vaticina que en agosto Burroughs alcanzará otra vida no sabría especificar si mejor o peor (pero por ser el más maldito de todos los poetas beat, tal vez tenga el privilegio de encontrarse en el Hades con rimbaud, trata de templar Olson aunque sea un poco su presagio terrible). Burroughs llora un rato al escuchar las nuevas y luego regresa al bosque de boj donde vive, esnifa coenzima Q10 y grita que Howl es y será por siempre el único himno. En eso tiene razón, y desde la fiesta, nadie se arrepiente por haberle dejado entrar. Muriel rukeyser guiña un ojo a los concurrentes, pasa delante de Anne, es la anfitriona, por lo que le parece de recibo soplarle al oído: «no más máscaras! ¡no más mitología!». Anne sonríe ante la primera observación pero parece impacientarse algo ante la segunda. Entra robert Bly muy enfadado y provoca a Olson: ¿Qué hiciste tú cuando Vietnam? En cuanto a ti (ahora se dirige a Anne), tú no es que mires las profundidades del inconsciente, aunque te las das de hacerlo atentamente (busca el pareado aposta), tú miras las profundidades de tu propio ombligo. nadie le hace caso, son cosas que pasan. Siempre se han peleado entre ellos. no sólo batallan académicos frente a experimentales, eso sería muy previsible. Adoran pelear -sólo los de la escuela de nueva York podrían ser considerados conciliadores-, alaban el desencuentro. (Tal vez pelear sea un principio dadaísta, sugiere O'Hara). Alguien dice: «Por supuesto, amigos, "EL CHOrrO DE SAnGrE ES POESíA"». Es Sylvia Plath, que exige ser invitada y, como hada perversa, amenaza con dormirlos a todos a punta de aguja de huso si le impiden pasar. Olson la rechazaría, por suicida. Pero en esta fiesta de vivos y muertos ¿quién se aventura a disponer el modo en el que alguien debe morir?¿Es más digna acaso una Muerte que intercepta a la vida sin que nadie la haya reclamado? El suicidio, amigos vivos y muertos, es el summum de la pasión, y la pasión siempre es bienvenida en una elegía. Entre pues Sylvia Plath. Y junto a ella Adrianne rich. Todos se arrodillan entonces, más ellas que ellos, creo en la diosa madre, todopoderosa, creo en Adrianne capaz de inventar un lenguaje con tal de rechazar el lenguaje patriarcal. Los chicos desvían la atención y piden una oración por las almas de los simbolistas franceses, que en paz descansen. Hilda Doolittle y William Carlos Williams, canonizados, observan, bendicen como mucho, desde su paraíso iconoclasta. Por encima de ellos, sólo Eliot, aburrido, ocioso, trata de acercarse al Hades, donde reinan Baudelaire y su prostituta desdentada y rimbaud, que se empeña en gritar Merde! (aquí, en el paraíso de Belcebú, están muy bien vistas las blasfemias). Los muertos se retiran finalmente (ya antes trataron de retirarse de la Historia, pero no les resultó tan sencillo). Llegan templados poetas de los años cincuenta, burócratas literarios, tratan de colarse, pero alguien les descubre rezando un padrenuestro por Eliot, y eso sí que no. Burroughs regresa del bosque de boj, canta acompañado de la música de ray Manzarek, antiguo teclista de The Doors, y eso da mucho juego y mucho prestigio en la pequeña fiesta funeraria. (Qué bien se sentiría aquí Bukowski, se atreve a pensar Anne. Es también un muerto reciente, y se sentiría cómodo viendo cómo nos herimos los unos a los otros. Todo resulta tan felizmente inarmó-nico... pero nos ha hecho el feo de no aparecer, él sabrá.) Por fin, Ken Kesey, el invitado de honor. Llega tarde y aparece sobre un nido de cucos y se trae consigo a Milos Forman (todos aplauden) y también a la señorita rachet, a Frederickson, al Jefe, a Manzini (que se queja de fatiga crónica), a Mc Murphy y a Taber. El Jefe lleva una almohada en la mano y su mirada torva se clava en la cicatriz de Mc Murphy, recién lobotomizado. Llega Paul McCartney a calmar los ánimos. Se trae el logotipo de Apple. Kesey grabó ahí, en Apple. Todos los personajes guardan silencio y reverencian a McCartney, que es gentil y aporta su granito de arena beatnik mostrando imágenes del Sargento Pimienta. Anne se compadece y hace traer a Bowie (es el único al que nunca percibe hostil). Bob Dylan se dirige hacia un reservado con la anfitriona, una mujer, la gran mujer que habla rápido, y que, sola junto a él, se rompe como una niña seducida. Se besan mientras Iggy Pop canta junto a Bowie «Vi a las mejores mentes de mi generación enloquecer» y Patti Smith anima el cotarro con sus aullidos perfectos: «Go Ginsber, go». Sólo Frank Zappa se burla de Ginsberg y de su forma de recitar en vida -circunstancia que enfurece moderadamente a Anne-. Pronto asomará el sol. Se iza lentamente la raya del alba pero sólo los vivos obtendrán sus favores. Llega el momento de la nostalgia (ésta también para difuntos receptivos). Anne decide recitar todo lo que cada uno de ellos vaya recordando. roger Waters y el resto de pinkfloydistas estrenan la lluvia de ideas: recuerdan en verso el encuentro en el royal Albert Hall. Pero no gusta el sonido de sus guitarras sinfónicas y les silban. Entra Miles, el dueño de la librería Indica. Es el autor de la gran biograf ía de Ginsberg, por lo que todos le reverencian y piden testimonio. Sólo Paul Mc Cartney tiene sus reservas (no le parece justo que el dueño del antro donde Lennon y su grotesca japonesa con pretensiones experimentales se conocieron, ande ahí, tan campante, impune, recitando recuerdos que indiscutiblemente son patrimonio de todos). El ambiente parece inesperadamente tornarse algo tenso y Anne no duda, con rápidos reflejos, en recurrir a sus propias evocaciones para suavizar. Localiza un capítulo que es preciso hacer notar: ella fundó junto a Ginsberg la Escuela de Poetas Kerouac. Ojalá estuviera aquí Kerouac el grande, pero no, es el único muerto que no escucha ouijas, no acaba de perdonar que Ginsberg jurara haber tenido sexo con él (curioso es observar que Burroughs parece no tener nada que objetar, aunque fuera acusado exactamente de lo mismo). Alguien trata de que Dylan convenza a Kerouac, pero no es sencillo. Salta con un alegato que carece de réplica posible: -Cuando estuvimos juntos, Ginsberg y yo, cantando frente a su tumba (la de Kerouac, me refiero) en el cementerio de Lowell Edison, entre lápidas y cipreses, se oyó claramente un exabrupto: «¡A callar y a dejar descansar a las almas inmortales de los poetas mortales!» (Asiente Anne: «Cierto, cierto, fue escalofriante. nO insistamos, amigos».) Anne Waldman no podría permitir que decayese la fiesta, todo performer es en esencia un animador sociocultural y es su deber dar nuevo impulso cuando flaquean los ánimos. Sólo por esta vez llega a un acuerdo con su propia energía masculina y cruza su cuerpo a tal velocidad que nadie lo advierte. Así está en idóneas condiciones para recitar First baby poems. Y lo hace para albricias de la concurrencia. Y así es como en una circunstancia impecable permite Anne Waldman que regrese el espíritu del verano de San Francisco. Los representantes de la comunidad afroamericana proponen un solo de bajo y teclado midi para acompañar a Anne. Sin duda tenían buenas intenciones, pero Dylan les hace callar, Anne llena completamente con su voz. Y ella prolonga sus versos hermafroditas haciendo las delicias de Ginsberg, muerto, y cantando un collage a la fecundidad. Finalmente aparece el arpegio de notas graves, ha sido inevitable, una línea comprometida de contrabajo impone un contrapunto en cada sílaba: Oh estratégico mapa del desastre, hambrienta América Blanco del canto, del poema que anda a los tumbos, de toda la protesta una larga e imperfecta historia ensombrece tu rostro América: deja que el sufrimiento, la fatiga, el sexo y las distracciones sublimes caigan en el olvido se desvanezcan de los expedientes Dale tu permiso a este mundo para que pueda seguir respirando Amanece por fin.
Las neurociencias nos autorizan a hablar de lo inconsciente" se congratulan algunos simpatizantes del psicoanálisis e incluso algunos psicoanalistas sin percatarse de la confusión de la que parte su entusiasmo, ni de sus efectos contraproducentes 1. Los descubrimientos que han hecho las neurociencias sobre lo inconsciente en los últimos años significan un interesante avance dentro de esta disciplina. Pero son irrelevantes si de lo que se trata es de conferir validez a la apuesta por el sujeto que entraña el concepto psicoanalítico de 'lo inconsciente'. Creer lo contrario no hace sino profundizar aún más la tan extendida incomprensión de lo que es el psicoanálisis. Lo que hace "a los muchos, andar a tientas y entre tinieblas" (Platón, 1986) en este territorio es, entre otras cosas, no saber distinguir el carácter filosófico -no científico-de la problemática conceptual que lo habita: el antiguo problema filosófico de la relación entre el cuerpo y el alma se plantea en nuestros días como el problema de el carácter que puede atribuirse a la relación entre las explicaciones fisioneuronales y las mentales 2. Se está pasando por alto una verdad de Perogrullo: de la misma manera que el método científico es el instrumento con el que se avanza en la construcción del conocimiento científico, es mediante el pensamiento filosófico que se pueden clarificar los problemas que pertenecen a su campo. Sólo la ciencia puede hablar del significado científico de sus descubrimientos, pero no es apta para dar cuenta de su significación filosófica -es decir-de la relevancia que puedan o no tener sus descubrimientos en la clarificación de cuestiones filosóficas determinadas. ¿Por qué se pasa por alto algo tan elemental?, ¿por qué no se reconoce el carácter filosófico de la cuestión?, ¿qué se esconde tras estas brumas que nublan el pensamiento de una manera tan sorprendente y extendida como inexplicable? Estamos frente a una negligencia epistemológica monumental: ¿inocente o culpable? Las ciencias sociales, la teoría crítica, la ética y el psicoanálisis -con su potencial crítico del discurso-podrían tener en esto la palabra. La enorme y amerengada tarta con que Berlín celebró el cumpleaños de Freud en el Museo Judío es -como los sueños-muchas cosas y entre otras, la expresión de un deseo: ojalá Sigmund Freud pudiera brindar por sus 150 años y añadir el blanco del merengue al de sus bigotes y sus barbas comiendo con nosotros un trozo de esa gran tarta en la que se representaron los momentos más significativos de su vida. Ojalá pudiera estar entre nosotros con la potente clarividencia de su hoy -como ayer-valeroso pensamiento. A escasos tres kilómetros del recinto en el que se instaló esta gran tarta se encuentra la Bebel Platz donde hay al LAS NEUROCIENCIAS EN EL 150 ANIVERSARIO DE FREUD. COMO AYER ras del suelo un recuadro de vidrio apenas perceptible para el turista avisado que -si se asoma-podrá ver un sótano en el que se han colocado iluminadas unas grandes pero vacías librerías también blancas. Una manera de hacer presentes las ausencias: de recordar los libros que ardieron en esa plaza a manos de los nazis en 1933. Subterráneas, semiescondidas y vacías, estas librerías blancas intentan -mudas-decir algo, "hacer memoria", "hacer algo", lo que se pueda, con aquello para lo que las palabras no alcanzan. Los guedens-tete son un tipo muy particular de monumentos que abunda en Berlín. Su lenguaje es sutil y su emoción, contenida. Con ellos se pretende dejar constancia de la experiencia inenarrable de las personas víctimas de terribles acontecimientos históricos, confiando en la memoria como antídoto contra la repetición. Se trata de evocar una dimensión de la experiencia humana que rebasa nuestra capacidad expresiva. De acuerdo con la teoría psicoanalítica, esta dimensión aparece en la vida de todas las personas: siempre hay algo en nuestras vidas que escapa a la palabra, aunque sea sólo por el "simple" hecho de que todos hemos de morir. Precisamente de eso, de aquello para lo que las palabras no fueron hechas y de la manera en que convivimos con ello, hablaban los libros de Freud que fueron quemados -entre los de otros muchos-en la Bebel Platz de 1933. Con eso innombrable es con lo que la clínica psicoanalítica intenta hacer algo y por eso se habla de ella como "clínica de lo real".'Lo real', entendido en el sentido con el que le usamos dentro del marco conceptual psicoanalítico: como aquello que no se puede decir, pero no porque esté prohibido, sino porque es imposible. La aparente paradoja está en que aunque el psicoanálisis trata con aquello que no se puede decir, nació -hace ya 150 años-de una apuesta radical por la palabra, de una tozuda voluntad de "lo único" que no pueden hacer las neurociencias: escuchar. Es muy famoso el óleo en el que se representa una lección de Charcot, el famoso psiquiatra parisino al que Freud fue a buscar en los comienzos de su carrera profesional. En este cuadro se retrata a una mujer que ha perdido la conciencia. Está sostenida por un hombre y a su lado está también -con gesto protector-una mujer mayor, tal vez una enfermera. Arqueada, con la cabeza echada para atrás, dibuja con sus brazos colgantes una torsión que continúan los puños cerrados de sus manos. Ella y su contorsionado cuerpo son el campo de visión. La observan varios científi-cos seguidores de las lecciones de Charcot que es quien habla. Ella -así exhibida-es el objeto de estudio: enajenada de sí, enmudecida. La ciencia tiene la palabra en relación con aquello que le pasa, la observación y no la escucha es el instrumento de investigación 3. Es hasta finales del siglo XIX cuando Freud se detiene a escuchar a quienes padecían dolencias que se resistían a las explicaciones fisiológicas. Eran pacientes, en su mayoría mujeres, que habían recibido un diagnóstico de parte de la comunidad médica y/o un estigma por parte de la sociedad: sus dolencias eran resultado de factores biológicos más o menos determinados o bien eran simuladoras. Freud, en cambio, se detuvo a escucharles y se encontró con una conexión entre su sintomatología y algo que asomaba como en un segundo plano entre las palabras de estas mujeres. Había en sus síntomas -incluso en los aparentemente más adheridos al cuerpo-algo que hablaba y cumplía con una función representativa, significante. La mejor manera de entender los motivos del malestar de estas mujeres era escuchándolas. Mientras la psiquiatría se colocaba en el lugar de la mirada basando su diagnóstico en la observación, al fundador del psicoanálisis le pareció oportuno realizar una escucha esmerada de las palabras de quienes presentaban el cuadro sintomático dejando así surgir otra escena antes insospechada, una escena que no se podía ver, pero sí escuchar: la escena inconsciente [Paráfrasis] (Noejovich, Vanina, texto inédito). De hecho, no es Freud sino una mujer -Ana O.-quien inventa el psicoanálisis, una mujer que a pesar de su lastimoso estado psíquico y de sus veintiún años, consigue dar a su invento un nombre: "talking cure" -curación por la palabra-4. Cuando Freud se va a encontrar con Charcot en París lleva en su maleta el historial de esta joven que llama poderosamente su atención. Escuchando esa historia y a sus pacientes como nadie lo había hecho antes, Freud desarrolla el invento de Ana O. hasta sus últimas consecuencias, rebautizando la "talking cure" con el nombre de 'psicoanálisis' (Roudinesco, 1999). Esta apuesta por la palabra y su escucha, concreta en su acto el reconocimiento pleno de que el rasgo verdaderamente distintivo de la condición humana es el lenguaje y desemboca en la hipótesis del inconsciente. Su consecuencia ética es una práctica clínica en la que -pensamos-la dignidad humana puede encontrar el espacio propicio para una de sus más altas expresiones. El enorme y amerengado pastel con el que se celebró en el Museo Judío el cumpleaños de Freud es como los sueños -decíamos-muchas cosas: una estructura que tal vez sea de fibra de vidrio, pintura blanca, y también el azúcar y los retazos de tela con los que Manfred Podlesny y Tobias Mengue -pasteleros de una confitería de Berlín-confeccionaron el peculiar adorno de la tarta: veinticuatro de las escenas más significativas de la biografía del fundador del psicoanálisis representadas con muñecos de azúcar convenientemente vestidos -o desvestidos 5. La tarta emblemática es pues fibra de vidrio, pintura blanca, azúcar, tela, etc. todos ellos elementos cuya composición química les ha hecho adecuados para cumplir con su función: dar un soporte material a la representación de la vida del creador del psicoanálisis y según nuestra interpretación, expresar un deseo. Los sueños son también muchas cosas, y entre otras, una compleja serie de fenómenos neurofisiológicos que la ciencia reconstruye de una manera cada vez más precisa, pero que al igual que el pastel de Freud, no son sino el material que da soporte a la creación de imágenes que representan algo, algo que -de acuerdo con Freud-es la expresión, más o menos distorsionada, más o menos disfrazada de un deseo, y en ello no ha de confundirnos lo que confundió en su día a la Bella Carnicera (Freud, 1972b; Lacan, 1984), a saber, que el deseo muchas veces no quiere más que seguir deseando, subsistir y por lo tanto, quedar insatisfecho 6. En el caso de la tarta está claro: el azúcar de las figuras es tan sólo el soporte material que permite la representación de que se trata. Sin embargo, la afirmación de que los fenómenos fisioneuronales no son sino el soporte material que permite a los sueños cumplir con su función representativa -implícita en la apuesta psicoanalítica por e sujeto-parece requerir mayor fundamento y ser analizada como lo que es, una posible respuesta frente al problema filosófico sobre el carácter de la relación entre las explicaciones fisioneuronales y las explicaciones mentales. En primera instancia parece oportuno recordar la distinción entre causa y condición material a la que aludía Platón hace veinticinco siglos en uno de sus diálogos donde Sócrates siendo protagonista dice:.. salí defraudado, cuando [vi] que [Anaxágoras] no recurre para nada a la inteligencia ni le atribuye ninguna causalidad en la ordenación de las cosas, sino que aduce como causas aires, éteres, aguas y otras muchas cosas absurdas. Me pareció que había sucedido algo muy parecido a como si uno afirmara que Sócrates hace todo lo que hace con inteligencia, y, luego, al intentar exponer las causas de lo que hago, dijera que ahora estoy aquí sentado [esperando la cicuta para poner con ella fin a mi vida a pesar de haber tenido la posibilidad de escapar]... porque mi cuerpo está formado por huesos y tendones, y que mis huesos son sólidos y tienen articulaciones que los separan unos de otros, y los tendones son capaces de contraerse y distenderse, y envuelven los huesos junto con las carnes y la piel que los rodea. Así que al balancearse los huesos en sus propias coyunturas, los nervios al relajarse y tensarse a su modo hacen que sea yo ahora capaz de flexionar mis piernas, y esa es la razón por la que estoy yo aquí sentado... Pero llamar causa a las cosas de esa clase es...absurdo. Si uno dijera que sin tener... tendones y huesos y todo lo demás que tengo, no sería capaz de hacer lo que decido, diría cosas ciertas. Sin embargo, decir que hago lo que hago a causa de ellas, y eso al actuar con inteligencia [... ], sería un enorme y excesivo abuso de expresión. Pues eso es no ser capaz de distinguir que una cosa es lo que es la causa de las cosas y otra aquello sin lo cual la causa no podría nunca ser causa 7. A esto me parece que los muchos que andan a tientas como en tinieblas, adoptando un nombre incorrecto, lo denominan como causa [Las cursivas son mías] (Platón, 1986, 98a). La afirmación de que las explicaciones fisioneuronales sólo pueden dar cuenta de la condición de posibilidad material de los fenómenos psicológicos cuyos motivos sólo pueden ser referidos en términos mentales -no-fisiológicos-da lugar a una hipótesis que tiene para la clínica consecuencias de gran relevancia ética: si los procesos fisioneuronales no son más que el soporte material que permite la creación de las imágenes de los sueños y la producción de otros síntomas, entonces, el único modo de explicar tanto los sueños como los otros síntomas, es confiriéndoles una función representativa detrás de la cual ha de suponerse la existencia de un autor. Se abre así lugar a la hipótesis de lo inconsciente. En esto consiste la apuesta psicoanalítica por el sujeto, por "el sujeto de lo inconsciente" que es como llama Lacan al supuesto autor de las representaciones de los sueños y de otros síntomas significantes. LA CONFUSIÓN COMO OBJETO DE CONSUMO Pensar que las neurociencias pueden "demostrar" las teorías psicoanalíticas tal como lo sugiere Gérard Pommier (2006) con el título de su libro "Coment les neurociences demostrent la psychanalyse" entraña una contradicción que entre otras cosas atenta -sin saberlo-contra la apuesta psicoanalítica por el sujeto. Pues, sólo se puede decir de un saber (x) que es la demostración de otro saber (y) si se considera que entre ambos prevalece una relación de reductibilidad y como se verá más adelante, es precisamente por el carácter de irreductibilidad de la relación que existe entre las explicaciones fisioneuronales y las explicaciones mentales por lo que cabe la hipótesis del inconsciente freudiano y hay lugar para el sujeto. "La neurociencias describen las condiciones de posibilidad material de los fenómenos que hace un siglo descubrió el psicoanálisis" sería un título demasiado largo -es verdad-sin embargo, el título elegido en su lugar contribuye a profundizar la extendida ignorancia en relación con la significación del psicoanálisis. Y lamentablemente amenaza con colocar al libro que intitula en el riesgo de sumarse a una serie de productos bibliográficos que proliferan en nuestros días e incurren en el mismo despropósito: pretender dar respuesta a problemas filosóficos -sin identificarlos como tales-a partir de los descubrimientos de la ciencia, ignorando el desarrollo que ha tenido el pensamiento filosófico desde sus orígenes y menospreciando -sin conocerla-la función que puede tener el ejercicio profesional de la filosofía en la clarificación de algunas cuestiones que pertenecen a su campo de reflexión. Por dar algunos ejemplos: nos encontramos en el mercado, entre otros muchos, con un libro titulado El error de Descartes, editado por primera vez en 1994 con el título Descarte's error. Se trata de un exitoso libro de divulgación científica, su autor -Antonio Damasio 8 -pretende valerse de los nuevos descubrimientos de las neurociencias para desmentir la separación entre el cuerpo y la mente del dualismo cartesiano. Y bien, abriendo su libro hacia el final, nos encontramos con que el autor no distingue el orden lógico del orden fáctico en su interpretación de la famosa frase cartesiana "Cogito ergo sum" / "Pienso luego existo". Parece ignorar la función lógica que cumple en esta frase la palabra latina 'ergo' /'luego' /'por lo tanto'. Como resultado, menosprecia la inteligencia del filósofo "equivocado" y muestra un grado importante de incomprensión del carácter filosófico -no-científico-del problema del que se trata. Pretende señalar un error en el pensamiento de un filósofo al que adjudica una creencia opuesta a la que éste afirma y que por lo demás es de sentido común. A continuación algunas de sus palabras sobre la famosa sentencia cartesiana: ADRIANA FLÓREZ (Rizzolatti, 2006) se citan las palabras de Vilayanur Ramachandran, Director del Centro Cerebro y Cognición de la Universidad de California: "La neuronas espejo serán tan importantes para la psicología como el ADN lo fue para la biología". Y, o donde dice 'psicología' debe de decir 'neurociencias', o estamos una vez más frete a la afirmación irreflexiva de un científico que supone la reductibilidad de las explicaciones psicológicas a explicaciones fisioneuronales, sin argumentos de por medio. En cualquier caso, todo parece indicar que esta confusión vende. Se alimenta la fantasía de que muy pronto llegará un conocimiento omnipotente, pleno y exacto de lo que más nos importa de nosotros mismos: la supuesta ciencia exacta de nuestras alegrías, de nuestras tristezas, de nuestros amores y de todas nuestras emociones, encarnada en las neurociencias. Una fantasía que satisface las misma necesidad que la religión, por lo menos en lo que toca a nuestra relación con el saber sobre nosotros mismos. Otro ejemplo muy claro de lo que aquí llamamos "la confusión como objeto de consumo" es un panfleto que se hace pasar por libro "¿¡Y tú qué sabes!?" Está basado en la película del mismo nombre. Sus pastas duras, sus doscientas setenta y seis páginas de papel cuché con ilustraciones de los más variopintas y el millón de ejemplares vendidos a la fecha en Estados Unidos no es -desde luego-su mejor carta de recomendación; pero sí la muestra de la importancia que puede tener la confusión a que se ha estado haciendo referencia en el imaginario social. Se trata de una supuesta argumentación que -partiendo de atractivos datos de la ciencia que se presentan de manera fragmentaria-va encadenando datos de manera engañosa y arbitraria acudiendo a una retórica efectista que fuera de toda ley utiliza la astucia y seguramente el autoengaño para vender una promesa: los datos que nos aporta la ciencia más reciente y exacta de disciplinas diversas -sobre todo las neurociencias y la física cuántica-nos autorizan a pensar que somos libres, dueños absolutos y soberanos de nuestras vidas. Efectivamente: una nueva manera de creer en el paraíso. De hecho tanto la película como el libro fueron producidos por una agrupación religiosa 9. Aparece en todo momento la referencia a procesos inconscientes pero en ningún momento se menciona a Freud. Se plantean constantemente problemas filosóficos pero no se incluye entre las personas que se presentan como autoridades del saber a ninguna persona que se dedique profesionalmente a la filosofía. Estamos frente a una confusión que convirtiéndose bajo muchas formas en objeto de consumo -libros de divulgación científica, manuales de autoayuda, determinados tipos de tratamientos psicológicos, etc.-genera un ambiente muy poco propicio para el psicoanálisis y su apuesta por el sujeto. Esta confusión tiene una historia larga y compleja, a continuación mostraremos brevemente como es que ésta asoma; en Nietzsche de manera paradigmática aunque paradójica; y en Freud de manera ambigua. LA FISIOLOGÍA Y LA PSICOLOGÍA EN NIETZSCHE Nietzsche ve en el estado de lo que él llama "los instintos", la fuente de aquellas motivaciones que originan las falsas creencias fundamento de la moralidad que critica. En la idea nietzscheana de que detrás de las falsas creencias y sus motivaciones están los instintos podemos encontrar la idea implícita de que la psicología es reductible a la fisiología de que el carácter fisiológico del estado en cuestión "no penetre como tal en la conciencia" permite que en ámbitos como el de la religión, tanto su causa como su remedio sean "buscados e intentados por vía moral-psicológica". Sin embargo, el pensamiento de Nietzsche tomado en su conjunto es ambiguo frente al problema de la relación entre las explicaciones psicológicas y las explicaciones fisiológicas y su consecuente manera de tratar el problema de la responsabilidad subjetiva. Es verdad que en momentos importantes de su crítica a la moralidad, Nietzsche utiliza el supuesto de la reductibilidad para enfatizar su concepción determinista de la naturaleza humana. Pero además de que dentro de su propia interpretación del supuesto metafísico determinista sería difícil justificar la indignación que anima toda su crítica; hay momentos en los que más allá de su crítica a la idea metafísica de la "voluntad libre" se atisba en su pensamiento una crítica más general a los conceptos metafísicos involucrados en algunas expresiones del pensamiento ético: Suponiendo que alguien llegue así a darse cuenta de la rústica simpleza de ese famoso concepto "voluntad libre" y se lo borre de la cabeza, yo le ruego entonces que dé un paso más en su "ilustración" y se borre también de la cabeza lo contrario de aquel concepto "voluntad libre": me refiero a la "voluntad no libre" [...] Así pues, tal vez lo más interesante, para nuestro propósito, es que si se quisiera definir en qué consiste el supuesto determinismo de Nietzsche y cuál es la distinción que establece entre las explicaciones psicológicas y fisiológicas que considera reductibles entre sí, ni la claridad, ni la consecuencia parecen estar de su parte: Nietzsche emplea conceptos familiares a la biología en un nivel radicalmente distinto al de dicha ciencia. Presenta la "fortaleza" y la "debilidad" como las dos grandes determinaciones fisiológicas, pero al querer dar cuenta de aquello en lo que consisten, acude a términos psicológicos: la fortaleza consiste en el reconocimiento de la voluntad de poder y la debilidad en su negación (Eugen Fink, 1989). Aunque Nietzsche insiste en que la debilidad es un fenómeno fisiológico producto de la "degeneración de los instintos"; cuando habla con un mayor grado de concreción en ningún momento hace referencia a reacciones químicas, ni fisioneuronales, ni a nada que se les parezca, habla en cambio, y con desprecio indignado, de ansias de venganza, resentimiento, deseos de culpar y castigar, desamor propio e impotencia para dar valor y sentido a la propia vida. No habla de litio ni de endorfinas; habla de la incapacidad para asumir los propios deseos y de la consecuente necesidad de proyectarlos en el invento de un otro todo poderoso. Así pues, cuando describe aquella impotencia que considera producto de la "degeneración fisiológica de los instintos", lo hace con términos psicológicos. La debilidad a que alude de este modo, no se manifiesta sino en fenómenos psicológicos cuyo rasgo común es la actitud que les da soporte: el autoengaño, la "automendacidad moralista". Nuestra hipótesis es que Nietzsche habría podido superar ciertas ambigüedades si hubiera podido compatibilizar una concepción materialista -no dualista-del ser humano en la que "el cuerpo" y "la mente" no se piensan separados; con la afirmación de la irreductibilidad de las explicaciones psicológicas a explicaciones fisiológicas. Esto -como veremos-es posible cuando se toman en cuenta las consecuancias que tienen las características del lenguaje propiamente dicho -es decir, del lenguaje humano-tal como lo hace primero Freud aunque con importantes titubeos y más tarde Jacques Laca 10 de manera cumplida; pero también el filósofo contemporáneo Donald Davidson 11 que -desde una perspectiva muy distinta a la del psicoanálisis-con su argumentación sostiene su famoso "Monismo Materialista Anómalo" (Sáez, 2002) Por su parte, Marcia Cavell que desarrolla un análisis de la concepción psicoanalítica de la mente retomando la perspectiva de Davidson, llega a afirmar que "entre pensar, como los cartesianos, que el reconocimiento en primera persona es el único criterio de lo mental o, como los conductistas, pensar que lo es el comportamiento, se encuentra el concepto de estados mentales inconscientes" (Cavell, 2000, 107). FREUD Y LA HIPÓTESIS DEL INCONSCIENTE Cuando en 1915 Freud escribe su Justificación del concepto de lo inconsciente (Freud, 1972a) intenta demostrar el estatuto científico de la teoría psicoanalítica apoyándose en la crítica Kantiana de la teoría de la percepción. Buscando dar una explicación "científica" de muchos fenómenos a los cuales hasta ahora se les había negado relegándolos, tanto desde el punto de vista teórico como terapéutico, a la "mística", el psicoanálisis -nos dice-ha encontrado provechoso hablar de lo psíquico como algo que es inconsciente considerado en sí mismo, exactamente de la misma manera que Kant, señaló la conveniencia teórica de considerar como imperceptible, toda realidad considerada en sí misma. En esta medida y retomando la epistemología kantiana, para Freud, la percepción por parte de la conciencia de lo psíquico inconsciente, que no es sino decir de "lo psíquico en sí" puede equipararse a la que realizan los órganos sensoriales del mundo exterior (Freud, 1972a(Freud,, 2064)). Desde esta perspectiva epistemológica, se puede creer en lo inconsciente, por las mismas y "naturales" razones, por las que se cree en la existencia de la conciencia de los otros. Suponemos que los demás, distintos de nuestro yo individual, poseen una conciencia semejante a la propia, no a partir de una experiencia directa -evidencia sensible-de su conciencia, sino por una mera deducción que partiendo, per analogiam, de la observación de sus actos y su comparación con los nuestros, nos permite comprender su conducta (Freud, 1972a(Freud,, 2063) ) y conducirnos de una manera razonable cuando entramos en relación los unos con los otros. Todos los actos y manifestaciones que, a pesar de sernos propios, no podemos enlazar con nuestra conciencia, también nos tendrían que hacer suponer por deducción analógica, la existencia de otra "conciencia" adjunta a la nuestra (Freud, 1972a(Freud,, 2064)). Así pues, Freud pretende mostrar cómo, considerar que la psicología empieza y termina donde lo hace la psicología descriptiva, es restringir injustificadamente las posibilidades de esta ciencia, que, atreviéndose a ir más allá de la mera descripción y clasificación de los fenómenos visibles, puede construir explicaciones en las cuales "los fenómenos observados pasan a segundo término" (Freud, 1985, 66) y son tomados como lo que son, fenómenos, manifestaciones, síntomas, indicios de un mecanismo que gobierna en nuestra psique. Los fenómenos que reclaman alguna explicación y que no pueden enlazarse directamente a la conciencia a los que hace referencia Freud son: actos fallidos, sueños, síntomas diversos, algunas ocurrencias, conclusiones, recuerdos, conocimientos latentes, etc. Según él, restringir la ciencia psicológica a la consideración exclusiva de los datos empíricamente observables, es renunciar al intento de construir una explicación coherente, que dé algún sentido a dichos fenómenos, en definitiva, es renunciar a su comprensión, exiliándolos de este modo, a los dominios del misterio (Freud, 1972a, 20062). Existen otras dos opciones, una de ellas es considerar la ocurrencia de dichos fenómenos como productos del azar, mientras que la otra, consistiría en salir del campo de la psicología para dar una explicación organicista que, pretendiéndose completa, negara la posibilidad de que el origen de los fenómenos en cuestión, se encuentre en otros fenómenos de naturaleza anímica. Pero, según Freud, dadas las limitaciones históricas de las ciencias organicistas de su tiempo, negarse a incorporar la hipótesis de lo inconsciente, no hace sino privar de explicación a las manifestaciones por las cuales se interesa el psicoanálisis, que además son equiparables a fenómenos tan elementales como lo es el recordar. Por otra parte, intentar construir una explicación, tanto del recordar como de las manifestaciones referidas, acudiendo para ello a términos orgánicos, resulta sumamente artificial. Freud llama la atención al hecho -aparentemente simple-de que cuando se intenta explicar el fenómeno de recordar, es mucho más natural hacerlo mediante la utilización de términos mentales, suponiendo la existencia de fenómenos psíquicos que, permaneciendo en estado de latencia escapan temporalmente a la conciencia y en su opinión, negarse a esta naturalidad, no puede responder sino al injustificado prejuicio de considerar que todo lo psíquico es consciente. Así pues, no admitir la hipótesis de lo inconsciente es para Freud resultado de un prejuicio que limita la investigación psicológica y la terapéutica que de ella se desprende, sin ofrecer a cambio ninguna compensación. Para Freud, al adoptar una perspectiva completamente diferente, la teoría psicoanalítica realiza una importante aportación, pues, en su esfuerzo por conceptualizar la relación entre lo anímico y lo somático, comienza a ocupar lo que hasta su aparición había sido un vacío teórico, ampliando, de esta forma, el campo de la psicología y dotando a la psiquiatría de la base psicológica de la cual carecía. Y aunque en un momento dado dirá que llegará el día en que se podrá influir directamente con sustancias químicas en el aparato psíquico, creemos que lo dice de mala gana y sólo por carecer de las herramientas conceptuales que le habrían permitido compatibilizar su para él irrenunciable concepción materialista del ser humano, con la afirmación de la irreductibilidad de las explicaciones psicológicas a explicaciones fisiológicas. Por lo demás, una vez que Freud fundamenta la cientificidad de la hipótesis del inconsciente y muestra su naturalidad, platea las cosas en otro sentido. No es la aceptación, sino el rechazo de la hipótesis lo que reclama una explicación, y en el afán por construirla -nos dice-no debiera pasarse por alto el hecho de que la teoría psicoanalítica conmociona profundamente la concepción que de sí misma tenga, una persona que nunca haya incluido la hipótesis de lo inconsciente en el intento por entender algo de sí misma. La resistencia que se opone a la hipótesis del inconsciente -dice Freud-debería de hacernos recordar cómo nos conducimos todos en la vida cotidiana. Para explicar la conducta de una tercera persona, siempre aceptaremos con mayor comodidad una explicación que involucre la intervención de elementos inconscientes, que si se trata de nosotros mismos. Cuando somos los implicados, en muchas ocasiones preferiríamos que nuestra conducta pudiera ser explicada por el azar o alguna otra sustancia química que se le parezca. Existe pues una influencia de nuestras motivaciones psicológicas en nuestros juicios epistemológicos (Freud, 1972b(Freud,, 2063)). Por último, aun aceptando que no existiera ningún criterio objetivo para demostrar el grado de veracidad del psicoanálisis. (Freud, 1985, 14) Contra la sintomática exigencia de certezas absolutas, Freud afirma: Sería un error creer que una ciencia no se compone sino de tesis rigurosamente demostradas y sería una injusticia exigir que así fuera. Tal exigencia es signo de temperamentos que tienen necesidad de autoridad y buscan reemplazar el catecismo religioso por otro de orden científico (Freud, 1985, 48). Así pues, como se advirtió desde un principio, la argumentación que construye Freud, está dirigida a justificar el uso de la hipótesis de lo inconsciente en la explicación de ciertos fenómenos, lo cual, tal como él lo presenta en algunos momentos, es equivalente a la legitimación del uso de términos anímicos y no fisiológicos en la explicación de los mismos. De todos modos, en otros momentos y en relación con el problema de si el origen de los fenómenos objeto del psicoanálisis, es de carácter anímico o somático, Freud llega a decir: "[...] la discusión de si hemos de considerar como estados anímicos conscientes o como estados físicos los estados latentes de la vida anímica, amenaza convertirse en una mera cuestión de palabras". Freud expresa así una intuición filosófica que convenientemente desarrollada le habría podido llevar -creemos-a afirmar la irreductibilidad de las explicaciones psicológicas a explicaciones fisiológicas y a sostener con mayor solidez la hipótesis de lo inconsciente. Freud filósofo, intuye que el supuesto dilema entre materialismo y dualismo, que en algunas versiones desembocaría en el dilema libertarianismo y determinismo (Ferrater, 1994, 941) asociado -este último-a la anulación del sujeto, es en realidad un falso problema. Pensamos que su aguda intuición filosófica no toma su aliento sino de su apuesta ética por el sujeto. NIETZSCHE, FREUD Y DAVIDSON Así pues, dentro de las resonancias que se dejan sentir entre el pensamiento de Nietzsche y Freud, habrá de contarse, como una de las más importantes, la manera en que la problemática de la relación entre las explicaciones fisiológicas y psicológicas se ve implicada en la concepción de ambos autores. Los fenómenos que tiene presente Nietzsche al hablar del tipo de autoengaño que según él da cimiento a la moralidad, cuando no son idénticos, se encuentran en estrecha relación con aquellos que motivaron las indagaciones del inventor de la escucha analítica. En su afán por conceptuar dichos fenómenos, donde Nietzsche coloca lo fisiológico, Freud coloca su hipótesis de lo inconsciente, hipótesis de la que en algunos momentos dirá que en realidad, no es más que un recurso para referirse mediante términos psicológicos a procesos que en última instancia son procesos fisiológicos, física, materia pura. El que Freud no haya conseguido defender el principio de la irreductibilidad con la solidez que, dados sus propósitos, le hubiera convenido hacerlo, se debe -como se dijo anteriormente-a que no vislumbró la manera de compatibilizar su concepción no-dualista y materialista del ser humano, con la idea de que las explicaciones psicológicas, que estaba construyendo valiéndose del concepto de inconsciente, eran irreductibles a las explicaciones fisiológicas que en un futuro podría aportar una muy avanzada ciencia médica (Margáin, 1998; Cavell, 2000) 12. De hecho, la construcción freudiana del concepto de inconsciente puede entenderse, entre otras cosas, justa y precisamente como un intento por superar dicha aparente incompatibilidad, un intento que no pudo cumplir suficientemente al carecer de los recursos conceptuales necesarios. De acuerdo con Marcia Cavell,'la pulsión' es el concepto equívoco de Freud, quien concibe lo pulsional como un territorio intermedio entre lo psíquico y lo somático, pero tal vez este tercer terreno no exista ni tampoco una especie de tercera explicación, para la cual sea adecuado un vocabulario especial. Entonces, es comprensible que Freud vacile entre mentalizar lo biológico, por una parte, y por la otra, reducir lo mental a otra cosa (Cavell, 2000, 99). Freud tiene razón en que, incluso antes de alejarnos del campo de lo mental para adentrarnos en el de lo estrictamente neurofisiológico, hay un limbo entre lo que es por completo intencional y lo deliberado en un sentido más débil. [Pero la solución para conceptualizar este fenómeno no puede ser] abandonar el lenguaje de la mente por la neurofisiología. Freud sostiene que la hipótesis psicológica sobre lo Inconsciente es similar a las teorías [kantianas críticas de la percepción...] acerca de lo que se encuentra tras la apariencia fenoménica de las cosas. Pero el paralelo no funciona: la física no se limita a describir este dominio 'incognoscible' con el lenguaje de la experiencia cotidiana, mientras que este lenguaje de la mente 'cotidiano', dice el propio Freud, es justo lo que debemos usar para habla sobre el Inconsciente. La solución es ver si podemos hacer justicia a los fenómenos clínicos sin apartarnos demasiado de este lenguaje cotidiano (Cavell, 2000, 278). Las herramientas conceptuales que hubiera requerido Freud para defender mejor su apuesta no vienen de la metafísica, sino del análisis del lenguaje. Tal como se mencionará más adelante, Lacan pone a funcionar elementos de la lingüística de Saussure, en particular su distinción entre significado y significante, para ahondar los cimientos de la hipótesis del inconsciente ahí donde su autor había podido sostenerla sólo de manera ambigua. Ahora bien, nos ha parecido interesante para los propósitos de este artículo, sumar a los argumentos que ya ha presentado Lacan, otros que apuntan en el mismo sentido. Sin ser psicoanalista y sin que sea ese su propósito, Donald Davidson aporta elementos conceptuales pertinentes -al menos hasta cierto punto-para sostener la hipótesis psicoanalítica de lo inconsciente. Una vez más, el camino es el análisis del lenguaje. Así, nos encontramos con que desde la perspectiva que ofrece la teoría del significado de Davidson de la que parte el análisis de Cavell antes mencionado; se puede defender con una claridad y puntería que resulta imposible dejar de reconocer, la idea de la irreductibilidad de las explicaciones mentales a explicaciones físioneuronales (Davidson, 1994). El enigma recuerda, como el mismo Davidson señala, el misterio de la libertad tal y como Kant lo puso de relieve: como un presupuesto que ha de hacerse compatible con la necesidad natural. [...] el autor hace derivar su posición de [...] tres principios: el principio de interacción causal -según el cual los acontecimientos mentales interactúan con los físicos-; el principio del carácter nomológico de la causalidad -que enuncia el carácter legaliforme de la causalidad y la necesidad físico-natural que implica-; finalmente, el principio del carácter anómalo de lo mental -según el cual no es posible recurrir a ninguna ley estricta para predecir y explicar sucesos mentales. Su posición es materialista y monista, porque afirma que los acontecimientos mentales son idénticos a los acontecimientos físicos. Es, sin embargo, la de un monismo anómalo porque considera que no existen leyes psico-físicas (es decir, leyes que permitan explicar secuencias de acontecimientos mentales tomando como base cadenas de acontecimientos físicos, o viceversa) (Sáez, 2002, 404). Se trata de una argumentación que parte de la consideración del carácter Intencional de lo mental. Entendiendo la Intencionalidad en el sentido de que no se puede hablar del lo mental, sin referir a sus representaciones. Decimos "creo que x", o "deseo que x", donde x es una representación 13. De acuerdo con Davidson, dada nuestra relación con el lenguaje, aun si la ciencia avanzara lo bastante como para hacernos capaces de fabricar un robot perfecto -un robot que nadie pudiera distinguir de un ser humano-las explicaciones mentales de lo humano no podrían ser substituidas por las explicaciones que se construyeran mediante aquella avanzadísima neurociencia que habría hecho posible la construcción de un robot perfecto. En su artículo de 1973, La mente material, Davidson anuncia su propósito de "discutir algunas cuestiones metodológicas generales acerca de la naturaleza de la psicología como ciencia" partiendo del supuesto de la existencia de una neurociencia tan avanzada como pudiera imaginarse. Se trataría de imaginar aquel extraordinario avance, en términos de la capacidad de la ciencia en cuestión para describir cada uno de los fenómenos del cerebro y el sistema nervioso, ya no digamos en términos neurológicos, eléctricos y químicos, sino puramente físicos 14. Davidson está describiendo aquel estado de cosas "de ficción" en el cual, según lo sugiere en algún momento el propio Freud, ni la postulación de fenómenos psíquicos inconscientes, el psicoanálisis, tendría razón de ser ya que podría influirse directamente con sustancias químicas en el aparato psíquico. Como dijimos, no se trata de una posibilidad que Freud acepte de buena gana, se ve forzado a hacerlo en la medida en que considera incompatible su concepción no dualista y materialista del ser humano -a la que no está dispuesto a renunciar por ningún motivo-con el rechazo de la reductibilidad de las explicaciones mentales a explicaciones físicas. Pues bien, la argumentación de Davidson es una vía posible a partir de la cual dicha incompatibilidad es superada. En lo que a Nietzsche se refiere, la descripción fisioneuronal completa de todo lo que nos pasa, podría entenderse como la deseable expresión de aquél "saber fisiológico" que desenmascararía a la moral liquidando su engaño por completo; al menos si obedecemos a lo que por momentos -y auque mostrando una interesante dubitación-pareciera dar por sentado, a saber: por un lado, que la posibilidad de describir lo psicológico en términos puramente fisiológicos implica la verdad del determinismo donde "el hombre es un fragmento de fatum"; y por el otro, que demostrar esta realidad impediría hablar del tipo de responsabilidad que considera ser el supuesto engañoso de la moralidad. qué ingenuidad es decir: "¡el hombre debería ser de éste y de aquél modo!" [...] incluso cuando el moralista se dirige nada más que al individuo y le dice: "¡tú deberías ser de este y de aquél modo!", no deja de ponerse en ridículo. Pues bien, Davidson nos propone imaginar que aquél extraordinario avance en la ciencia ya ha tenido lugar y ha hecho posible la construcción de un robot en todo idéntico a un ser humano. La producción lograda de "Art", que es cómo ha querido llamarle a dicho engendro imaginario, demostraría que se han reproducido con absoluta exactitud todos los elementos físicos que constituyen al fenómeno humano en su totalidad previamente descubiertos. Nadie que no lo supiera de antemano, podría saber que Art es un engendro, ni un psicoanalista, ni un neurocirujano, ni nadie, y quien lo supiera de antemano, no podría notar en Art nada que le confirmara su saber. Lo que pretende Davidson con esta ficción es demostrar la irreductibilidad de las explicaciones mentales a explicaciones físicas y afirma que la argumentación que ofrecerá para el efecto, implica también la irreductibilidad definicional en general y en particular la que pretende eliminar los términos psicológicos mediante su redefinición a través de "conceptos más propios de la conducta o, dicho de otro modo, más próximos a los utilizados en las ciencias físicas" (Davidson, 1994, 246). Además, y sobre todo, quiere demostrar que la irreductibilidad en cuestión, es independiente del avance de las neurociencias. En cualquier caso, hace una aclaración que es el punto clave de la problemática y que muestra su simplicidad de fondo. La irreductibilidad de las explicaciones psicológicas a explicaciones fisiológicas, es un hecho "al menos mientras mantengamos determinada concepción del objeto de la psicología". Este planteamiento en principio se muestra trivial e incluso parece anunciar un argumento tautológico, pero lejos de devaluar el argumento en cuestión, justifica aún más el asombro frente a la confusión que reina en este ámbito, así como frente a la insistencia de cierta concepción de la psicología que pretende plausible la reductibilidad de sus explicaciones a explicaciones fisiológicas o a cualquier otro tipo de explicación mediante la "reducción definicional" de sus conceptos. Davidson toma como punto de partida la idea de que "la psicología se ocupa de fenómenos descritos mediante conceptos que comportan intención, creencia, y actitudes conativas como el deseo... [estos son conceptos tales como]... la acción, la decisión, la memoria, la percepción, el aprendizaje, el [deseo]... y muchos otros" (Davidson, 1994, 246). Anuncia también que, si no se acepta dicho punto de partida, su argumentación no tiene ningún sentido. Según Davidson, la existencia de Art, demostraría que "el determinismo (en la medida en que la física sea determinista [y dicho adjetivo tenga algún significado]) es compatible con cualquier manifestación de acción intencional..." (Davidson, 1994, 247) Habría de aceptarse que, podría decirse de Art, al menos a juzgar por lo que de él se puede observar, que actúa guiado por su voluntad de manera tan libre como cualquiera de nosotros. Davidson dice también que Art demostraría que el conflicto entre explicaciones psicológicas y explicaciones físicas es inexistente -tal como dijimos, lo intuyó Freud en su momento 15 -, que el hecho de que los avances en la neurociencia pueda influir en la psicología, no quiere decir ADRIANA FLÓREZ que el conocimiento que se produce en la neurociencia sea un conocimiento psicológico. Lo que le interesa subrayar a Davidson, es que, si acaso la psicología pudiera en algún sentido enriquecerse con los aportes de otras ciencias, este enriquecimiento tiene sus límites: la neurociencias resultan interesantes para la psicología, pero, por definición, no aportan saber psicológico. La existencia de estos límites demuestra que Freud se equivocaba, cuando con desgana afirmaba que la medicina podría algún día llegar a eclipsar a la psicología en el universo del conocimiento; demuestra que Nietzsche también lo hacía, cuando creía que los términos psicológicos pueden redefinirse en términos fisiológicos. De manera que la clarificación del sentido en el cual la psicología puede enriquecerse con otras ciencias y la posibilidad de identificar los límites de dicho enriquecimiento es lo que se juega en la irreductibilidad de las explicaciones psicológicas a explicaciones físicas o fisioneuronales. Buscando la posibilidad de definir estos límites, Davidson retoma su creación imaginaria y nos dice: Art no puede distinguirse de cualquier otro ser humano ni por su físico ni por su comportamiento y se pueden "identificar las partes del interior de Art que están conectadas físicamente con cada [... una de sus manifestaciones conductuales, gracias a...] todo lo que se sabe acerca de la constitución del cerebro y del sistema nervioso. Todo esto, sin embargo, no nos permite suponer que hayamos tenido éxito en la tarea de identificar elementos tales como las creencias, deseos, intenciones, esperanzas, inferencias o decisiones con estados concretos o mecanismos concretos del cerebro.... Puede haber razones para conectar ciertas partes del cerebro con diversos procesos cognitivos; pero las partes no son mecanismos...nada hay en nuestra descripción de Art [que nos haga] capaces de identificar mecanismos físicos concretos con estados y mecanismos cognitivos concretos.[Así pues, en la medida en ] que estados y procesos tales como pensar, creer, percibir y proponerse algo ocupan un lugar conceptualmente central en relación con todos los conceptos psicológicos [al menos si se mantiene el principio estipulativo que define el objeto de la psicología], parece justificado... decir que Art no puede, directamente al menos, enseñarnos gran cosa de psicología" (Davidson, 1994, 247-248) 16 [las cursivas son mías]. En fin, el análisis de Davidson -del que aquí a penas se ha presentado un esbozo muy tenue -es uno entre otros muchos posibles pero dada la solidez e inteligencia de sus filosóficamente informados argumentos, resulta insoslayable para quien en nuestros días quiera pronunciarse reflexivamente sobre el problema de la relación entre las explicaciones mentales y las fisioneuronales. Dada la naturaleza del lenguaje, ninguna explicación que se construya en términos mentales (el psicoanálisis entre ellas) sería reductible a las explicaciones fisioneuronales por mucho que llegaran a avanzar las neurociencias. No se trata de una imposibilidad fáctica que pueda desmentirse mediante la práctica o la experimentación, sino de una imposibilidad lógica demostrable mediante el análisis conceptual. Desde la perspectiva que ofrece Davidson podemos percibir mejor las limitaciones conceptuales de Nietzsche, pero también las de Freud. Su dificultad a la hora de concebir la irreductibilidad de las explicaciones psicológicas a explicaciones fisiológicas dentro de una concepción no dualista y APUNTES SOBRE EL SUJETO DEL PSICOANÁLISIS Y LOS LÍMITES DE LA FILOSOFÍA "Soy allí donde no pienso pensar", "Pienso donde no soy, soy donde no pienso", dirá Lacan evocando a Descartes y valiéndose de una estrategia retórica para hablar en nombre del sujeto del inconsciente y de paso hacer un llamado de atención frente a la tendencia de la filosofía -que ya señalaba Freud-a soslayar la dimensión de lo inconsciente (Lacan, 2003). La obra de Lacan se encuentra íntegramente consagrada al rescate del aporte freudiano, por eso él mismo proclama en su esfuerzo un "retorno a Freud". Este retorno adquiere sentido precisamente dada la insuficiencia de las herramientas conceptuales con que contaba el inventor de la escucha analítica, para abordar los problemas teóricos a que le enfrentaba su propio descubrimiento. En este contexto, "la teoría lacaniana puede ser vista como una cubierta estructural que vuelve a trazar la arquitectura del pensamiento freudiano revelando su coherencia como por primera vez". De las dificultades conceptuales con que lidiaba Freud es elocuente su relación conflictiva con la "hechicera", que era como gustaba llamar a su metapsicología 17. Es en su concepción energética, eje alrededor del cual se desarrolla esta última, donde vemos a Freud más forzado a utilizar metáforas fisiologistas. Se trata de un recurso que él mismo rechaza sin conseguir reemplazarlo por otra mejor opción. Lacan aporta herramientas conceptuales de gran valor para superar estas limitaciones (Boothby, 1998). Se esbozaron algunos caminos por los que discurre la argumentación de Davidson para apartarse tanto del dualismo cartesiano como del fisiologismo, afirmando una relación de irreductibilidad entre las explicaciones mentales y las explicaciones fisiológicas. La piedra de toque de su análisis es la consideración del carácter Intencional de lo mental, entendiendo la Intencionalidad en el sentido de que no se puede hablar del lo mental, sin hacer referencia a sus representaciones. Sin embargo, ni Davidson, ni la mayoría de los filósofos, ni tampoco la psicología, toman en cuenta otro rasgo fundamental de nuestra relación con el lenguaje, un rasgo que tiene que ver con el sujeto por el que apuesta de manera específica el psicoanálisis y también -sin saberlo-el propio Nietzsche. La irreductibilidad entre lo mental y lo fisiológico se puede defender aun con mayor profundidad atendiendo -con Lacan-a las consecuencias que en nuestra relación con el lenguaje tiene algo tan elemental como la distinción entre el significado y significante. La abejas tienen la capacidad de transmitir mediante una danza exacta a sus compañeras el lugar exacto donde se encuentra un botín, la prueba de ello es que éstas responden acudiendo, también, al lugar exacto. "¿Es por ello [esta danza] un lenguaje? Podemos decir que se distingue de él precisamente por la correlación fija de sus signos con la realidad que significan." (Lacan, 2003, 286) En cambio nuestro lenguaje no es un código, una misma palabra pueda significar distintas cosas, por eso es posible que digamos a la vez varias cosas con la misma palabra -unas queriendo y otras "sin querer". Por eso es posible que cuando alguien dice "memoria" pueda -sin saberlo-estar diciendo también, "me moría". Una vez que los síntomas son considerados como significantes y sabiendo que los significantes nunca están ligados a un mismo significado -como sí lo están los signos de un código-queda claro que la descripción de los mismos y su consecuente clasificación en cuadros sintomáticos -hoy llamados trastornos-en realidad no nos dice nada interesante de lo que le pasa a quien los presenta y por eso hemos de escucharle. único animal que engaña sin querer, el único que se autoengaña. Esta característica "demasiado humana", es el epicentro de la obra de Nietzsche y de Freud. "La mentira más habitual es aquella por la que uno se miente a sí mismo; el mentir a otros es relativamente el caso excepcional." Hay algo en el ser humano que -aunque le pertenece-se le escapa y por eso, a veces dice "teatro" cuando en realidad quería decir "trato", "copas" cuando quería decir "copias" e "incestivo" cuando se supone que hubiera querido decir "incentivo"; y esto le puede ocurrir incluso cuando está hablando a solas. Se abre así toda una dimensión que si se le ignora como ocurre con la psicología y las más de las veces también con la filosofía, se tiene por consecuencia una noción de sujeto sumamente empobrecida. El sujeto del inconsciente no se encuentra en ninguna parte, se produce incesantemente como efecto significante en las cadenas asociativas asomando entre los huecos que dejan las palabras. Por eso, el psicoanálisis no es un método para descubrir algo oculto, sino un espacio donde el sujeto se produce, y en ese sentido tiene más que ver con una apuesta ética que con un afán epistemológico interesado por las causas. Sus condiciones de posibilidad se encuentran en la naturaleza del lenguaje y en la manera en la que nos relacionamos con él. Además del carácter Intencional de lo mental a que hace referencia Davidson, y en íntima relación con la distinción entre el significado y el significante que hace Sassure y retoma Lacan, ha de contarse también con la distinción entre el enunciado y la enunciación (Lacan, 2003). La enunciación es el acto del decir en el que se pronuncia un enunciado.'Enunciado' y 'enunciación' son conceptos que guardan entre sí relaciones complejas que son entendidas de manera distinta, según sea el marco conceptual desde el cual se analicen. El estudio de la enunciación es el campo donde la lingüística, las teorías del lenguaje y el psicoanálisis confluyen de manera natural y es también el campo donde el carácter del contraste entre estas disciplinas, puede apreciarse con mayor claridad. La diferencia que caracteriza al psicoanálisis, frente a aquellas otras perspectivas teóricas, radica precisamente en la concepción que tiene del sujeto de la enunciación. El sujeto de la enunciación para el psicoanálisis es 'el sujeto de lo inconsciente', una expresión que -según É. Porge-debe de entenderse como si Lacan, habiendo retomado la expresión freudiana de 'hipótesis de lo inconsciente', hubiera substituido 'inconsciente' por 'sujeto', y entender así que el sujeto al que se refiere en todo momento el psicoanálisis no es sino la hipótesis misma, ni más, ni menos (Kaufmann, 1996). Esa que permite a Lacan decir en nombre del sujeto del inconsciente: "Soy allí donde no pienso pensar", "Pienso donde no soy, soy donde no pienso" (Lacan, 2003). La distinción que hace el psicoanálisis entre el sujeto de la enunciación y el sujeto del enunciado, constituye su principal aportación y caracteriza su concepto de 'enunciación' y de 'sujeto' diferenciándolo frente a los de otras disciplinas, no teniendo con ellos sino una relación de homonimia, donde la proximidad semántica que pudiera adjudicárseles, no hace sino confundir a la hora de captar lo más importante: el acto en el que se produce el sujeto de la enunciación, entendido como sujeto del inconsciente, es lo más contrario que pudiera haber en relación con lo que es un acto intencional (Lacan, 2003). Cuando el sujeto habla en nosotros, en realidad, nunca podemos llegar a saber plenamente lo que decimos. El sujeto no tiene más remedio que comportarse -en sintonía con el objeto de su deseo-como la gota de mercurio que querían atrapar nuestros dedos cuando éramos pequeños: resbala y se escapa irremediablemente en el preciso instante en que pretendemos nombrar su deseo. Así pues, el sujeto no tiene una localización anatómica, ni está escondido en ninguna parte, es una producción a la que da lugar la "talking cure" que inventó Ana O. en su día y que Freud convirtió en aquél método "un tanto sutil pero insustituible" (Freud, 1996, 282) que llamó psicoanálisis. Un método que no tendría lugar en un mundo -que esperamos imposible-en el que todos llegáramos a convencernos plenamente y sin atisbo de duda de que las neurociencias y/o las explicaciones psicológicas que ignoran lo inconsciente son capaces de darnos las palabras justas y completas para poder decirnos lo que nos pasa cerrando así el paso a una palabra propia e irreductiblemente singular en la que podamos reconocernos como sujetos y que nunca acaba de decirlo todo. El sujeto del inconsciente requiere de ciertas condiciones para su producción y no es cualquier cosa lo que está en juego. En nuestro ser sujetos radica la dignidad humana que encuentra en la apuesta psicoanalítica por la palabra y su escucha una de sus expresiones más altas. De manera que la enorme y amerengada tarta con la que se celebró en Berlín el 150 aniversario del inventor del psicoanálisis es en realidad minúscula en comparación con la inconmensurable significación de lo que con ella se conmemora: ¡Feliz cumpleaños, Sigmund Freud! que vivas muchos años.. Una] joven de veintiún años que presenta síntomas histéricos relacionados con la enfermedad de su padre. Tiene parálisis de tres miembros, perturbaciones de la vista y del lenguaje, una tos nerviosa que no para; es además anoréxica y se observan en ella dos estados distintos: unas veces, tranquila y ordenada, otras, se comporta como una niña insoportable, molestando sin cesar con sus gritos y sus quejas. El paso de un estado a otro es acompañado con frases de autohimnotismo de las que despierta lúcida y tranquila. Breuer la visita durante estos períodos y ella se acostumbra a contarle sus alucinaciones, sus angustias, los diferentes incidentes que perturban su existencia; un día, después de haber relatado ciertos síntomas, los hace desaparecer por sí misma y da nombre a su descubrimiento: llama 'cura por la palabra' o 'limpieza de chimenea' a los procesos que la conducen a la curación. Se sabe ahora que Ana O.'inventó' literalmente el psicoanálisis; esta invención se hace en inglés, en una época en la que la joven ha olvidado su lengua materna, el alemán, y en la que habla varias lenguas extranjeras" (Roudinesco, 1999, 25). 5 En una de las escenas se representa la primera vez que Freud -siendo niño-recuerda haber visto desnuda a su madre. 6 "La Bella Carnicera" fue el nombre que dio Freud a una paciente que quiso contradecir su teoría llevándole un sueño en el que su propio deseo aparecía frustrado, intentando frustrar así también el deseo que suponía en Freud de comprobar su teoría de que "los sueños son la realización de deseos". Freud entonces tuvo la fecunda osadía de preguntar por el afán que muestra el deseo de permanecer insatisfecho, por el "deseo de deseo". 7 El traductor señala que "La diferencia entre causa y condición material está ya aquí bien marcada. La importancia de la cuestión aparece también como referencia constante en el análisis que ofrece Marcia Cavell sobre la mente psicoanalítica (Cavell, 2000). 13 Davidson escribe 'intencional' con minúscula para referirse al carácter voluntario que puede adjudicarse a algunos actos, y escribe 'Intencional' con mayúscula para referirse a la nota distintiva de lo mental a la que alude. 14 Davidson decide asumir el supuesto -que reconoce como muy probablemente falso-de que las explicaciones neurológicas, químicas y eléctricas sean reductibles a explicaciones físicas. El propósito de dicha asunción es tan sólo simplificar la exposición de su argumento. 15 "[...] la discusión de si hemos de considerar como estados anímicos conscientes o como estados físicos los estados latentes de la vida aními-ca, amenaza convertirse en una mera cuestión de palabras". 16 Por su parte Lacan dirá "Si ahora me coloco frente al otro para interrogarlo, ningún aparato cibernético, por rico que lo imaginéis, puede hacer una reacción de lo que es la respuesta. Su definición como segundo término del circuito estímulo-respuesta no es sino una metáfora que se apoya en la subjetividad imputada al animal para elidirla después en el esquema psíquico a que la reduce. Es lo que hemos llamado meter el conejo en el sombrero para sacarlo después. 17 Las posiciones que se han ido tomando en relación con la metapsicología freudiana han sido uno de los motivos que han dividido al mundo psicoanalítico, hay quienes la rechazan completamente y hay quienes, como Lacan, consideran que prescindir de la metapsicología freudiana es prescindir de la aportación más importante del inventor del psicoanálisis. En este contexto, Lacan concibe su labor teórica como una vuelta a Freud que es un retorno a la metapsicología en el cual se pone en juego "la ética específica del psicoanálisis". COMO AYER ESQUEMA 1: DIFERENTES EXPLICACIONES DAN LUGAR A DIFERENTES EXPLICACIONES DE UN MISMO FENÓMENO Y FUNDAMENTAN PRÁCTICAS CLÍNICAS DISTINTAS
Doctora en Ciencias de la Información por la universidad Complutense de Madrid. Fue profesora en la universidad Europea, donde fundó y dirigió la revista científica digital Binaria: Revista de Comunicación, Cultura y Tecnología, y donde fue directora del Doctorado en «Comunicación, Auge Tecnológico y renovación Sociocultural», y decana de la Facultad de Comunicación y Humanidades. Ha publicado numerosos textos científicos relacionados con la fiabilidad de las fuentes de información. Desde el año 2005, en que aparece su primera novela, La princesa india (Alfaguara), centra su actividad en el campo de la literatura. En 2006 publica su primer poemario Alas (Ellago Ediciones), y en 2007 Urdimbres (Ellago Ediciones). Su segunda novela, Las Filipinianas (Alfaguara), aparece en octubre del mismo año. Columnista de El Periódico de Extremadura desde finales de 2005, ha colaborado en tertulias radiofónicas («El punto sobre la i», Punto radio Extremadura y «Concha en su punto», Punto radio) y en otros medios de comunicación, donde ha publicado relatos y cuentos (El País y EPS), y entrevistas y tertulias (Yo Dona-El Mundo). Becada por la universidad de Extremadura, como profesora visitante, dirigió, junto a Antonio Sáez Delgado, el curso de verano «Cómo enfrentarse a un proyecto literario: del acto creador a la edición y distribución de la obra», que volverá a impartirse en el Campus de Cáceres durante el primer semestre del curso 2007-2008. Actualmente es profesora de la universidad rey Juan Carlos de Madrid. GISELA KOZAK ROVERO: LA REINVENCIÓN DE CARACAS InMA CHACón reSuMen Gisela Kozak rovero es una escritora venezolana que ha reflejado en su narrativa las inquietudes y los anhelos de una parte importante de la sociedad de su país. A través de la mirada de la autora, siempre desde posturas comprometidas y feministas, el lector de su obra se encuentra con una Caracas que, al mismo tiempo, se acerca y se aleja de la ciudad a la que hace referencia el título de dos de sus textos literarios más importantes, Latidos de Caracas y Pecados de la capital. El presente artículo, que se apoya en una entrevista en profundidad, pretende un acercamiento, tanto a la persona como a la obra de esta escritora latinoamericana, que enseña literatura en la universidad Central de Venezuela, y cuyos textos científicos y literarios constituyen un referente para la vida cultural de su país. Su ciudad, su necesidad de escribir, sus preocupaciones políticas y sociales, su versatilidad a la hora de construir personajes, y su capacidad para la ironía y la crítica social, son los elementos fundamentales de esta aproximación a su figura literaria. a PALABrAS CLAVE: Caracas, feminismo, compromiso, literatura, crítica social, Venezuela, nació en 1963, el año en que rómulo Betancourt ganó las elecciones generales, y sustituyó en la presidencia a su compañero de partido raúl Leoni. Era la primera vez en la historia de Venezuela que un presidente electo por el pueblo entregaba el poder a otro presidente electo por el pueblo. Tiempos de esperanza democrática en un país que ahora se ahoga en la quimera de un «socialismo del siglo xxI», que ni parece socialismo, ni ha situado a Venezuela en el siglo xxI. un país en el que la miseria viste de horror los cerros que rodean la capital, como si se tratase de una condena de la que no parece haber escapatoria. Caracas se levanta junto a un monte de vegetación exuberante, un pulmón natural que oxigena a cerca de seis millones de personas, el Monte Ávila, majestuoso y emblemático, omnipresente, con su gama de verdes infinitos avistada desde cualquier punto de la ciudad. Pero también la circundan decenas de lomas cuajadas de chabolas hasta el último palmo de tierra. Construcciones precarias, llamadas ranchitos, en las que la pobreza se refleja en una estética atroz, que se extiende decenas de kilómetros alrededor de una ciudad a la que se denomina «la sucursal del cielo» 1. una ciudad de contrastes, en la que abundan los centros comerciales, similares a los que pueden verse en cualquier otro país, pero también donde se puede estudiar en uno de los recintos universitarios más bellos del mundo -la Ciudad universitaria de Caracas, sede de la universidad Central de Venezuela, fue declarada por la unESCO en el año 2000, Patrimonio Mundial, Cultural y natural de la Humanidad-. una ciudad luminosa, repleta de plantas y de rascacielos, en la que se produce un promedio de treinta y cinco asesinatos cada fin de semana. una ciudad insegura, incómoda, donde casi todas las casas se protegen con rejas y, a determinadas horas, los semáforos pueden convertirse en trampas mortales. una ciudad de la que muchos quisieran huir, pero también, de la que resulta dif ícil no enamorarse. un lugar de contradicciones y de exuberancias. una ciudad sin medida: desde el verde de su vegetación, hasta la longitud de 2 Los entrecomillados atribuidos a Gisela Kozak, a lo largo de todo el artículo, se corresponden con declaraciones de la escritora extraídas de una entrevista mantenida con la autora de este artículo, elaborada expresamente para la redacción del mismo. sus calles y de sus atascos; desde la belleza y la amabilidad de sus habitantes, hasta la inseguridad de sus noches cálidas; desde el agobio de los atascos en la autopista del Este, que recorre la ciudad de norte a sur como una columna vertebral, a la placidez del barrio de Altamira, con sus mansiones y sus cámaras de vigilancia en permanente estado de alerta. Así es la ciudad donde vive, escribe, y enseña literatura Gisela Kozak rovero. una ciudad que ella retrata en sus textos con una especie de ironía escéptica, de descreimiento, una ciudad reinventada a través de una narrativa que parece centrarse en Caracas, pero que, según sus palabras, no influye en sus textos más que de una forma relativa. «La narrativa en lengua castellana es un lenguaje absolutamente internacionalizado y, por lo tanto, creo que las influencias temáticas y la huella de las vivencias, originadas en el hecho de nacer y radicarse en una ciudad, son siempre relativas. La Caracas de mi novela Latidos de Caracas es un invento, con conexiones con la Caracas real indudablemente, pero invento al fin y al cabo. En los cuentos de Pecados de la capital y otras historias, Caracas está prácticamente ausente como referencia directa y en mi novela inédita tampoco está. Quizá por deformación profesional, o por simple justicia poética, se resiste a elegir entre todos ellos, de la misma manera que se resiste a elegir entre sus obras de referencia: Las mil y una noches, El Quijote, de Cervantes, Gargantúa y Pantagruel, de rabelais, Memorias de Adriano, de Yourcenar (en la traducción de Julio Cortázar), El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, Los ríos profundos, de José María Arguedas, Ficciones, de Borges, la diversidad heterómica de Pessoa: Caeiro, reis, Campos, Canto a mí mismo, de Whitman, en la traducción de Borges, Ifigenia, diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba, de Parra, los cuentos de Cortázar, Grande sertão: veredas, de Guimarães rosa, El cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell, La tienda de muñecos, de Julio Garmendia, y La torres de timón, de José Antonio ramos Sucre. Es posible que tenga un poco de todos ellos, que probablemente su obra refleje aspectos encerrados en cada uno de esos universos narrativos. O quizá sólo sean las fuentes a las que se acerca cada vez que necesita sentirse viva, o, como diría su compatriota, el escritor y periodista Daniel Centeno Maldonado, recordando a Vargas Llosa y su teoría de los vasos comunicantes, que su obra se interconecte con la de ellos, porque «toda obra trae a colación a otra, y éstas se interconectan para buscar una nivelación entre lo ya escrito con lo que está por crearse» 4. Sea como sea, de lo que no cabe la menor duda es de que Gisela Kozak rovero impregna a sus textos de esa virtud que sólo transmiten los que saben empaparse de las enseñanzas de otros antes de comenzar a escribir. siva situación de poder del estado venezolano actual sale a la luz. En cuanto a por qué no está publicada, tengo que confesar que es un proyecto al que apuesto mucho. Me gustaría verla circular en un ámbito mayor que el venezolano, y estoy tanteando el terreno.» Comenzó a escribir a la edad de ocho años, y lo hizo como suelen hacerse las cosas a esa edad, como un juego, imitando autores, como Oscar Wilde o los hermanos Grimm, pero, cuando habla de este tema, advierte del cuidado que hay que tener en estas historias de escritura de infancia, «porque suena a que ser escritora es una suerte de destino, una relación con el lenguaje que se forma desde la primera infancia, y creo, sinceramente, que no es así. Soy escritora porque soy lectora y, como diría, Vargas Llosa, porque siempre he sido radicalmente inconforme con el mundo que me rodea y no me queda más que inventarme mundos dotados de un orden que me es propio. Además, no me puedo escapar de una herencia cultural que veo como algo irrenunciable y digno de ser prolongado en el tiempo». Como profesora universitaria de la Escuela de Letras, ha publicado numerosos textos científicos, en los que ha de argumentar y probar cada hipótesis que defiende, pero, lejos de las rigideces metodológicas de la ciencia, en la narrativa se desprende del método y se deja llevar por la musa. Porque escribir narrativa es una forma de liberarse, una forma de mirar al mundo sin cristales protectores, sin corsés y sin normas preestablecidas. Pero Gisela Kozak no sólo se libera del método cuando escribe narrativa, ella se libera también de esa característica de la ciencia que se convierte a su vez en condición, la necesidad de ser sancionada por la comunidad científica: «Me libero de la necesidad de ser aprobada de inmediato y de acuerdo a criterios explícitos y reconocibles. En Venezuela, los escritores profesionales sólo tienen cabida en el periodismo y la escritura para radio y televisión. Con la narrativa puedo darme el lujo de esperar por la publicación sin verme obligada a cambiar mis textos, a menos que quiera yo hacerlo por libre decisión. Con los textos académicos es imprescindible ajustarse a los criterios de evaluación internacionalmente reconocidos porque forman parte de las obligaciones de una profesora asociada del Departamento de Teoría de la Literatura de la universidad Central de Venezuela. Debo publicar al menos dos de estos textos por año». Pero, ya sean textos científicos o literarios, la escritora utiliza siempre esa arma cargada de futuro de la que hablaba Gabriel Celaya. Gisela Kozak escribe siempre desde el compromiso, con la convicción de que la sociedad no podría avanzar sin la contribución de los escritores. «La literatura es compromiso con la transformación del lenguaje y, por ende, responde a la sociedad desde este ángulo específico, pues nadie puede imaginar una sociedad humana sin lengua. Eso sí, jamás la literatura influirá en la sociedad del modo en que lo hacen ciertos inventos como internet o la píldora anticonceptiva: su influencia es mucho más lenta, como la de las gotas que con el paso de los siglos transforman las cuevas.» Gabriela Méndez, célebre periodista venezolana, ha dicho que «su verbo -el que escribe, el que dice-no tiene miedo. Gisela Kozak rovero tiene la profundidad de quien conoce las entrañas del lenguaje y usa la ironía sutil y sagaz de los inteligentes. no le tiembla el pulso para narrar desde la ficción y menos para analizar la realidad con frialdad pero con vehemencia» 6. Sin embargo, Kozak no se considera una escritora valiente, ni siquiera una persona valiente. «Soy frontal, directa y digo lo que pienso, siempre y cuando no se trate de la vida ajena o de asuntos que no me competen. Esta actitud no es muy bien vista en una mujer, ni forma parte de los hábitos sociales, culturales e intelectuales en Venezuela. Ahora bien, estoy tan acostumbrada a hacer o decir lo que quiero, con los límites que todos y todas tenemos, que lo siento como algo normal: si esto es valentía...» Y si no lo es, bien podría llamársele, porque la escritora latinoamericana no sólo dice lo que quiere, sino también lo que siente como un compromiso con su país y con la época que le ha tocado vivir. una época confusa y dif ícil, donde muchos venezolanos sufren los abusos de un poder populista y desmesurado, pero pocos se atreven a denunciarlo. una época que, según la escritora, marcará el futuro del país de una forma determinante, «el cheque en blanco dado a Hugo Chávez, más allá de Hugo Chávez mismo, es un error histórico cuyas magnitudes han sacudido todas las dimensiones de nuestra vida nacional» 7. Según la escritora, entre estas dimensiones, la literatura se resiente bajo una política de control social, cuyo objetivo principal persigue la centralización de las actividades culturales en el poder ejecutivo, a través del llamado Ministerio del Poder Popular para la Cultura. «El problema es que las políticas culturales del Gobierno venezolano responden a un modelo de control de la sociedad que coloca en el ejecutivo nacional las riendas económicas, políticas e ideológicas de la gestión cultural. El objetivo es cercenar los liderazgos políticos de base y los liderazgos intermedios para favorecer al supremo comandante Hugo Chávez. Desde el punto de vista de la difusión y recepción de la literatura, la hipertrofia estatista y el personalismo presidencial se traducen en un debilitamiento de las posibilidades de autonomía y gestión regional, municipal y, en general, pública y privada, a favor de la centralización de las actividades en el poder ejecutivo a través del Ministerio del Poder Popular para la Cultura y su Plataforma del Libro y la Lectura. uno de los síntomas preocupantes de esta gestión es la división del campo literario venezolano en dos circuitos de escritura, difusión y recepción claramente diferenciados, situación que, desde mi perspectiva, debilitará cada vez más las posibilidades de los escritores(as) y pensadores(as) opuestos al régimen de circular dentro del país tomando en cuenta las presiones existentes sobre el sector económico privado en el contexto de la revolución. En cuanto a las características mismas de esta política cultural es preocupante el ansia del poder ejecutivo central de dominar desde la producción editorial hasta la distribución y venta de los textos literarios, en coherencia con políticas de Estado en las que todas las áreas de la vida venezolana están intervenidas por la presencia ubicua del superestado petrolero y con un ideario que ni siquiera admite la posibilidad de que los sectores opositores del país puedan alguna vez obtener el poder central. »Sobra decir que los libros de los opositores no cuentan entre los "libros necesarios". Se trata, pues, de una gestión cultural orien-tada hacia la construcción de una hegemonía ideológica (en el sentido dado por Antonio Gramsci a este término) cuyos únicos puntos de aceptación de la constitutiva diversidad política, social y cultural venezolana son el estar a favor o en contra del Gobierno y de las desigualdades de clase, en detrimento de las múltiples diferencias existentes en la sociedad venezolana. un ejemplo de cómo funciona este sistema de anulación cultural por exclusión política es la política comunicacional oficial del Gobierno bolivariano. Esta política consiste en definir a los opositores políticos de la revolución como enfermos psiquiátricos, en la mejor tradición soviética pero sin "gulags" ni intelectuales presos. nuestra enfermedad se llama "disociación psicótica" y es producida por las infernales trasmisiones de los medios de comunicación que cuestionan la acción revolucionaria. »La literatura, herencia directa del legado europeo, es vista como espacio de necesaria lucha contra la cultura de masas y la globalización, rescatando un sentido de la escritura y del arte muy propio de las reflexiones marxistas gramscianas y lukácsianas (Walter Benjamin no tiene lugar aquí) sobre las industrias culturales que deja de lado por completo toda la reflexión sobre modernidad, tradición, lo popular, lo culto, las mediaciones, las industrias culturales y los procesos de hibridación cultural manejados por teóricos como néstor García Canclini. La cultura de masas de inspiración estadounidense es el enemigo a vencer en la educación del pueblo. La revolución bolivariana postula que las prácticas culturales deben abonar el terreno de la salvación ideológica y política de la multitud infantilizada, a la que hay proteger de la obscenidad consumista del capitalismo controlándola y dictándole lo que tiene que hacer y pensar.» el feMiniSMo En más de una ocasión, algunos autores varones venezolanos se han permitido decir en público que ellos no leen a mujeres. Si se tratase de un solo caso, podría pensarse que tal afirmación se debe a la excentricidad del escritor que afirmaba tal despropósito, pero lo cierto es que no es dif ícil escuchar tales afirmaciones en los escritores caraqueños. Probablemente, en España suceda algo muy similar, aunque no se confiese tan abiertamente. En este sentido, Gisela se lamenta de que este fenómeno, que no es exclusivamente venezolano, sea «una manera de relacionarse con el acto mismo de crear que hace que el hombre narrador, científico, o artista, ignore o reste importancia a la presencia de las mujeres en estos terrenos. Simplemente les cuesta verlas o las ignoran, pero creo que en pocos casos hay una conciencia absoluta del fenómeno; es más bien un hábito arraigado que constriñe la presencia femenina al ámbito amoroso, sexual y familiar. En el caso de la literatura, el fenómeno tiene especial arraigo entre los narradores. Entre poetas la presencia de mujeres es aceptada con mayor comodidad, quizá por el gran número de mujeres poetas y por el carácter íntimo, imaginativo e irracional que se le asigna a la poesía desde una perspectiva heredada del romanticismo alemán que todavía tiene vigencia. Tomando en cuenta el punto de vista social y cultural, sin duda es un fenómeno propio de las sociedades patriarcales; si vemos el asunto desde el psicoanálisis, el poder del falo es, simplemente, el poder: una mujer no es admirable sino como objeto de amor. Por último, y desde una perspectiva estrictamente de oficio, es una tontería gigantesca que no tiene ningún sentido y que demuestra, una vez más, que la estética no se salva de los prejuicios y banalidades de las discriminaciones varias que nos aquejan». Gabriela Hierro Perezcastro, reconocida feminista mexicana, escribió una vez: «Todo lo que sé se lo debo a las mujeres, brujas que se atreven a pensar. Yo sólo leo a mujeres, ya leí a tantos hombres... Aprendí lo que necesitaba de ellos y sólo consulto a algunos cuyas ideas sirven a mis propósitos. Ser feminista, para mí, significa personalizar todo» 8. Es posible que algunos de los hombres que no leen a mujeres tengan razones de parecida naturaleza; Kozak, sin embargo, no lo ve así: «Para nada: la posición de esta feminista, que personalmente no comparto, es una decisión política, un acto de conciencia y un riesgo; los hombres que no leen a las mujeres es por simple hábito de exclusión y chovinismo». Algunas feministas latinoamericanas consideran necesario luchar no sólo por reclamar el lugar que le corresponde a la mujer, sino también por liberarse del modelo político, social y económico heredado de la colonización, de la occidentalización forzada en la que se ha visto inmersa América Latina, en la que se han obviado las diferentes identidades culturales de los pueblos indígenas. En este sentido, Francesca Gargallo, feminista italiana afincada en México, sostiene la tesis de que la mujer latinoamericana necesita una doble liberación, por un lado como mujer, y por otro como latinoamericana 9. Gisela Kozak, reconocida también por su feminismo combatiente, no está de acuerdo, sin embargo, con estas tesis: «Soy hija de un checo y una venezolana. Esta venezolana es de las pocas que puede afirmar que, por parte de madre, cuenta con tatarabuelos nacidos en Venezuela, con algún rastro de sangre indígena; por parte de padre, mi madre cuenta con una abuela arubana, hija de una descendiente de esclavos africanos y de un francés, y con un abuelo belga: el apellido rovero, en realidad era rovere. Soy Gisela Kozak rovero, de clase media trabajadora de recursos muy limitados, y venezolana de primera generación por parte de mi padre y de sexta por la línea materna de mamá... Es casi un galimatías racial, genealógico y cultural... Esto es una latinoamericana, cuyo idioma es el castellano. ¿América Latina es indígena? no, como tampoco es europea o africana. Es un continente que ha pasado por complejos procesos de modernización, hibridez cultural, violencia política, replanteamiento permanente de la función del Estado, consolidación de naciones con diversos proyectos y miles de deudas y fracasos económicos y sociales. Pienso que los pueblos indígenas fueron víctimas de una expoliación masiva y que este tipo de horror histórico es irrepetible y condenable en los tiempos que corren, pero los pueblos indígenas no son los únicos sectores víctimas de discriminación: las mujeres, las poblaciones de raíces culturales africanas, los sectores populares, las minorías sexuales, las minorías políticas son objeto de discriminación, violencia y exclusión. El gran desaf ío de América Latina es hacer de su diversidad cultural el punto de partida para consolidar naciones que sepan resolver sus conflictos sin violencia y mantener delicados equilibrios en los casos de conflictos irresolubles. Pongo un ejemplo: respeto la identidad cultural de los pueblos indígenas, pero la declaración de un conjunto de pueblos indígenas en Guatemala respecto a que la homosexualidad es una tara heredada de la colonización europea es inaceptable. Creo que la pertenencia a una cultura -una lengua, una religión, una visión de mundo-le da sentido y coherencia a la vida de los individuos, pero, al mismo tiempo, una cultura no es un destino: si un hombre indígena quiere seguir su orientación sexual libremente, su comunidad no puede coartarlo ni excluirlo porque sería repetir la actitud del colonizador. Lo mismo vale para una mujer o para los descendientes de practicantes de diversas religiones. Soy heredera del feminismo, la secularización, la democracia, los derechos humanos y culturales y, por lo tanto, mi lugar como latinoamericana no está en alguna de las culturas indígenas, que por demás no permanecen iguales a hace quinientos años, sino con otras culturas en pleno proceso de interacción: creo en la interculturalidad, no en la multiculturalidad. América Latina se deshará de las rémoras del colonialismo -desigualdades sociales, étnicas y culturales-en la medida en que asuma su propio destino con responsabilidad y sin excusas: no resisto el antiimperialismo y anticolonialismo acomodaticio de dirigentes como Hugo Chávez, cuyo Gobierno ha contado con cuatrocientos mil millones de dólares de ingreso económico en ocho años; es una pantalla de humo para ocultar su mala gestión en materias como seguridad social, creación de puestos de trabajo, seguridad personal, infraestructura, corrupción administrativa». En un artículo publicado en el 2006, la escritora valoraba el esfuerzo de un grupo de autores jóvenes venezolanos que publicaron un conjunto de obras narrativas y poéticas, a las que el público debería haberse acercado y no lo hizo. Al mismo tiempo, se quejaba de la falta de apoyo editorial con la que se enfrenta el autor en su país 10. Esa misma queja se plantea continuamente también en España, a pesar de que cada año se editan más títulos que el anterior. ¿Es posible que todavía digamos que no se lee? Gisela Kozak opina que sí, que se lee, «pero los lectores de lo que convencionalmente consideraríamos "buena literatura", conocedora de las tradiciones literarias nacional e internacional, consciente de las virtualidades de la lengua, reflexiva y sin censuras temáticas, no constituyen el mayor porcentaje de los receptores. En Venezuela, concretamente, las novelas más exitosas de los últimos años han sido Falke, de Federico Vegas, y La enfermedad, de Alberto Barrera, ganador del Premio Herralde de novela. ninguna de las dos, que yo sepa, ha pasado de lo siete u ocho mil ejemplares vendidos. Los libros que más se venden son textos sobre el proceso político actual, de autoayuda y éxitos mundiales como Harry Potter o El código Da Vinci». La obra literaria de Gisela Kozak rovero se desarrolla en el campo de la narrativa, fundamentalmente en el cuento, donde la autora despliega todas sus cualidades metafóricas y simbólicas, además de su capacidad para la ironía y la crítica social. Hay momentos en los que da la impresión de que se esconde mucha esperanza detrás de la pátina de descreimiento con que tiñe su obra; en otros, parece que se ahoga en la impotencia y el desengaño, y en otros, se reviste de compromiso y de lucha. Pero siempre, en cualquier caso, desesperada o alegre, impotente o combativa, se descubre en sus textos una extraordinaria fuerza, una sensualidad y una capacidad emotiva que Gisela Kozak controla a su antojo. una especie de ráfaga poética que en realidad no muestra nunca del todo, como si quisiera que el lector la intuyera, la deseara, la buscara, y ella sólo le mostrase una ventana minúscula, una fisura a través de la que puede intuirse un mundo que vibra y que se expande, pero que Kozak se empeña en contener, envolviéndolo de sarcasmo y de escepticismo. A veces, los párrafos alcanzan tal altura poética que podría decirse que se trata de auténticos versos extraídos de un poema. Versos que terminan en puntos suspensivos, como si con ellos advirtiera de que no es ella quien ha de concluir el texto, sino el propio lector. O quizá, puntos suspensivos detrás de los que ella misma se desdibuja, se desresponsabiliza y se esconde. «no se muleta al lado de su cuerpo, exponiéndose, culminando un pase en el que toda la plaza ha vibrado con la música callada del toreo de la que hablaba Bergamín 15. Versos blancos con los que huye el narrador, antes de que el lector pueda descubrir ese lado poético que no desea mostrar. Incluso puede ser que esos puntos suspensivos representen todo lo contrario a una huida, quizá representen una forma de entregarse, una forma de ser uno con el animal, como ella diría, una forma de sentirse en la piel de «una torera que hunde la espada en el cuerpo inmenso del toro y le transfunde su propia sangre». Con frecuencia, en su narrativa, coloca a sus personajes en situaciones que les obligan a enfrentarse a un espejo donde ven lo peor y lo mejor de sí mismos, aquello que no siempre desearían mostrar, ni reconocer, pero que les hace diferentes. Personajes que admiten la «cruel plenitud que significa en ciertas circunstancias matar a un hombre» 16, que tienen el «valor de ser una puta y una lesbiana sin complejos en un mundo de mujeres que no hablan de sexo y no se desnudan delante del marido» 17, o que perciben «el aroma del vivir verdadero con la ansiedad arteramente oculta de una fiera alerta y veloz, tensa por el olor de una presa dif ícil pero no imposible de universidad Central de Venezuela, la Avenida del Libertador, el barrio de Chacaito, la Autopista del Este, la Maripérez... Incluso cuando sitúa la acción en Venecia, como en «Dead can Dance» parece que estuviera refiriéndose otra vez a la ciudad donde sitúa sus Latidos de Caracas y sus Pecados de la capital. no por casualidad su país le debe su nombre a esa ciudad italiana, «mi cruel Venecia, amada y odiada Venecia (...) la ciudad en la que nací y me entregué a todas las batallas para perderlas una por una. Lugar de desastres y divisiones, donde ríos de sangre ahogan el mar, fuego y hielo queman las contradicciones, siempre hay necesidad de regreso, las almas libérrimas son ráfagas de luz, la niebla tiene olor a tiranía; donde fui una y tres en esos instantes, intuiciones de la eternidad, en los que la existencia se muestra entera» 20. Pero ya sea Caracas, Venecia, o la Guaira, en sus textos las ciudades cobran una personalidad casi melancólica, evocadora, y atrayente. una personalidad revestida de una especie de tristeza, unas veces teñida de escepticismo y de ironía, y otras de una sensualidad poética en la que parece que la escritora no quiere recrearse. Y sin embargo, a pesar de su contención, la sensualidad y la poesía afloran en casi todos sus textos como una atmósfera, una lluvia fina que aparece y desaparece antes de que el lector llegue a empaparse del todo. una atmósfera que envuelve sus ciudades de una mezcla de realidad y de ficción en la que sus personajes crecen y se desarrollan, un ambiente urbano y cosmopolita, reinventado en esa suerte de realidad ficticia de la hablaba Vargas Llosa 21. un ambiente que Gisela Kozak rovero transforma a su voluntad, para volver a inventarlo en cada una de sus obras. El ambiente con el que ella se identifica, y en el que desea vivir, porque, de la misma manera que ella las reinventa, las ciudades obligan también a las personas a reinventarse a sí mismas. «Me gusta mucho la naturaleza pero soy flor de asfalto. La ciudad es el lugar donde lo humano que tenemos explota.» bibliografía de ConSulta En este momento escribo dos libros de cuentos Y CaraCaS, SieMpre CaraCaS Y 19 Gisela Kozak rovero, «Detrás del deseo», en Pecados de la capital y otras historias, Caracas, Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2005, p.
Es una de las escritoras más conocidas en la literatura serbia contemporánea. Todas sus novelas han tenido gran éxito en el territorio de la ex Yugoslavia y recientemente se ha presentado una edición de sus obras completas en la Feria del Libro de Belgrado. Sus padres vivían en Sarajevo y al comenzar la Segunda Guerra Mundial huyeron a Belgrado, donde vino al mundo. Estudió Filología Inglesa y trabajó en la embajada estadounidense hasta su jubilación. Actualmente vive y escribe en Belgrado. Tanto por su origen serbio-sefardí, como por las circunstancias políticas en la Yugoslavia de la guerra y la posguerra, Gordana Kuić no se educó como judía, pero conoció la vida sefardí de las generaciones anteriores a través del testimonio de su madre y de una tía que vivía con la familia. Así, las principales fuentes de sus novelas Miris kiše na Balkanu (El olor de lluvia en los Balcanes) y la Balada o Bohoreti (Balada sobre Bohoreta) son los recuerdos de su madre Blanka y su tía riki. Hasta ahora ha escrito siete novelas, todas en serbio, que forman dos trilogías. La primera (en realidad, una tetralogía) está compuesta por: Miris kiše na Balkanu ('El olor de lluvia en los Balcanes'), Belgrado, Vuk Karadžić, 1986; traducida al inglés por richard Williams, con el título The Scent of Rain in the Balkans, (Belgrado: narodna Knjiga-Alfa, 2004) y al francés por Dejan Babić con el título Parfum de pluie sur les Balkans. Como profesora e investigadora se ha dedicado especialmente a la literatura hispanojudía y sefardí y al romancero, campos en los que ha publicado libros como Los sefardíes: Historia, lengua y cultura (Barcelona, riopiedras, 1986, varias eds.), que se tradujo al inglés con el título Sephardim. The Jews from Spain (Chicago university Press, 1992); una antología del Romancero (Barcelona, Crítica, 1994) o la edición (con Carlos Mota) de los Proverbios morales de don Sem Tob de Carrión (Madrid, Cátedra, 1998). Ha colaborado también en la edición de La Celestina patrocinada por la Fundación Duques de Soria y dirigida por el profesor Francisco rico (Barcelona, Crítica, 2000). Actualmente dirige en el CSIC un proyecto de investigación sobre identidad y mentalidades de los judíos sefardíes en el paso del siglo xIx al xx. Como escritora ha publicado las novelas El rapto del santo Grial (Barcelona, Anagrama, 1984), El sueño de Venecia (Anagrama, 1992, Premio Herralde de novela) y La tierra fértil (Anagrama, 1999, Premio Euskadi y finalista del Premio de la Crítica). También ha recogido sus experiencias de un viaje a Estados unidos en Una ciudad llamada Eugenio (Anagrama, 1992) y publicado cuentos en su libro Nuestro milenio (Anagrama, 1987) y en varias antologías, entre ellas Madres e hijas (Anagrama, 1996). Su obra más reciente es Como un libro cerrado (Anagrama, 2005), en el que recrea una serie de experiencias de infancia y juventud que fueron determinantes en su formación como escritora. 1 Véase en la bibliografía KOVACEVIć, en preparación. El presente artículo es producto del proyecto de investigación HuM2006-03050 «Los sefardíes ante sí mismos y en sus relaciones con España» del Ministerio de Educación y Ciencia, que se desarrolla en el CSIC. GORDANA KUIĆ: LA MEMORIA DE LAS MUJERES SEFARDÍES DE BOSNIA PALOMA DíAZ-MAS reSuMen Gordana Kuić (1942) es una escritora, hija de madre sefardí y padre serbio, que ha publicado hasta ahora siete novelas en serbio; sólo una de ellas, Miris kiše na Balkanu ha sido traducida al francés (Parfum de pluie sur les Balkans, publicada con el seudónimo de Ana Gord) y al inglés (Scent of rain in the Balkans). En este artículo se presenta a esta escritora y se proponen varias lecturas de esa novela: como novela sobre mujeres, como reconstrucción de la historia reciente de los países balcánicos, como evocación de la evolución de la minoría sefardí de Bosnia en el siglo xx y como historia oral familiar. a PALABrAS CLAVE: países balcánicos, Bosnia, sefardíes. Hace unos meses yo no sabía quién era Gordana Kuić. Sin embargo, hay escritores a los que no conocemos y que parece que en un momento determinado nos persiguen a distancia para que los leamos. Y así me pasó con ella. La primera en hablarme de esta autora fue nela Kovacević, una joven investigadora de Belgrado que prepara su tesis doctoral sobre la imagen de las mujeres en la obra de Kuić y en la de su tía, la también escritora Laura Papo 1. Yo ya sabía quién fue Laura Papo, llamada Bohoreta: una de las pocas escritoras sefardíes de la primera mitad del siglo xx -nacida en Sarajevo en 1891 y fallecida en la misma ciudad en 1942-, que escribió novelas, poemas y obras de teatro en judeoespañol 2. Pero ignoraba completamente que tuviera una sobrina también escritora, y que esa sobrina fuese hoy en día una novelista en lengua serbia muy reconocida en su país. Pocas semanas después, coincidí en un congreso con Eliezer Papo, profesor de la universidad Ben Gurión del néguev, en Israel; Eliezer es sefardí de Sarajevo, habla un precioso judeoespañol (en el que además ha escrito alguna obra literaria) y acaba de publicar un artículo sobre Laura Papo 3, cuyas obras inéditas proyecta publicar. La conversación derivó, como no podía ser menos, hacia la sobrina serbia de esa escritora sefardí: una vez más, el nombre de Gordana Kuić me salió al encuentro. Sólo unos pocos días más tarde, otra colega, Pilar romeu Ferré, presentó en un congreso al que yo asistía una comunicación sobre las memorias y novelas autobiográficas publicadas en el siglo xx por mujeres sefardíes 4. una de las autoras estudiadas era una tal Ana Gord, cuyo nombre en principio no me sugería nada, hasta que me enteré de que ese es el seudónimo con el que Gordana Kuić ha publicado la traducción al francés de una de sus novelas. Así que de repente me encontré con que todo el mundo me hablaba de la misma escritora, de la cual yo no había leído nada. Me puse a buscar sus obras; no me resultó fácil conseguirlas, porque ha publicado todas sus novelas en serbio y, que yo sepa, sólo una ha sido traducida al francés y al inglés. Al fin me hice con la versión francesa, titulada Parfum de pluie sur les Balkans, empecé a leer el libro y me fascinó. quién eS gordana Kuić Gordana Kuić nació en 1942 en Belgrado, cuando la ciudad había sido ocupada por el ejército alemán y anexionada por la fuerza al Estado Independiente de Croacia, títere del régimen nazi. Dif ícil momento y dif ícil lugar para nacer cuando una es hija de madre judía y padre serbio y, por tanto, además de venir al mundo en una ciudad ocupada y descender de dos etnias sometidas, entra en la categoría de lo que el régimen nazi denominaba mestizos de primer grado (se clasificaba así a los que tenían dos abuelos judíos). Las circunstancias de su nacimiento y el cómo su madre judía y ella misma se salvaron de la deportación nazi están recreadas con detalle en su única novela traducida. Actualmente, Gordana Kuić vive en Belgrado. Entre 1986 y 2006 ha publicado siete novelas en serbio, que se agrupan en una tetralogía y una trilogía. La «tetralogía de los Balcanes» está compuesta por Miris kiše na Balkanu (El olor de lluvia en los Balcanes); Cvat lipe na Balkanu (El florecer de tilos en los Balcanes); Smiraj dana na Balkanu (El atardecer en los Balcanes), y su colofón Duhovi nad Balkanom (Los espíritus sobre los Balca-nes). En cuanto a la trilogía, cada novela se centra en un personaje sefardí más o menos inspirado en personajes reales: Legenda o Luni Levi (Leyenda sobre Luna Levi), Bajka o Benjaminu Baruhu (Cuento sobre Benjamin Baruh) y Balada o Bohoreti (Balada sobre Bohoreta: Bohoreta es una palabra hebrea con diminutivo castellano que podríamos traducir como «hermanita mayor», y era precisamente el apelativo cariñoso que recibía en la familia su tía Laura Papo, quien lo usó como seudónimo) 5. De las siete novelas, sólo Miris kiše na Balkanu ha sido traducida a otros idiomas: la traducción al inglés (The Scent of Rain in the Balkans) se publicó también en Belgrado en 2004, pero antes, en 2000, había visto la luz en Lausana la versión francesa (Parfum de pluie sur les Balkans), publicada con el seudónimo de Ana Gord. a qué huele la lluvia en loS balCaneS Sarajevo, la capital de Bosnia-Herzegovina, es una ciudad interior, situada a bastante altura (sus distintos barrios se elevan entre quinientos y setecientos metros sobre el nivel del mar), rodeada de montañas de los Alpes Dináricos, algunas de las cuales alcanzan los dos mil metros de altitud. La atraviesa el río Miljacka y tiene un clima extremado, muy caluroso en verano y frío en invierno, con frecuentes nevadas que dejan la ciudad cubierta durante semanas. La lluvia, en Sarajevo, se produce sobre todo en otoño y marca el tiempo más dulce del año, aquel en el que, acabados los calores del verano, la ciudad se ve envuelta en una humedad que produce una neblina un tanto soñolienta y potencia todos los aromas de la tierra, de la hierba y de los árboles. De ahí que, en la novela de Gordana Kuić, el olor de la lluvia (o, más precisamente, el de la tierra mojada por la lluvia y del aire húmedo) represente la nostalgia de la ciudad por parte de quienes se encuentran ausentes de ella. En varios momentos de la narración, diversos personajes evocan ese olor de la lluvia que les trae el recuerdo de una Sarajevo que, por una u otra razón, tuvieron que dejar. Porque esta es, en gran medida, una novela de trasterrados, de prófugos y de exiliados. La narración es tan rica y densa, tan llena de matices e implicaciones, que se presta a varias lecturas. Aquí propongo algunas de las posibles. priMera leCtura: una novela Sobre MujereS Perfume de lluvia sobre los Balcanes es, a primera vista, una novela de mujeres. no porque esté escrita por una mujer o para mujeres, sino porque tiene a varias mujeres como principales protagonistas, hasta el punto de que los personajes masculinos quedan deliberadamente desdibujados frente a la fuerza, la personalidad y la credibilidad de los femeninos. El núcleo argumental lo constituye la vida de una familia sefardí de Sarajevo (la familia Salom), a través de las peripecias vitales de las mujeres. El núcleo vertebrador es la madre, Esther, prototipo del ama de casa sefardí, educada a la manera tradicional judía en una Sarajevo que en época de sus padres formaba parte del imperio otomano, que tiene que afrontar los cambios vertiginosos que se producen en las formas de vida y de pensamiento de su tiempo y que, pese a su formación y mentalidad tradicionales, muestra una actitud abierta a la hora de aceptar y comprender con cariño las posiciones de sus hijas, muy divergentes de las suyas propias. Aunque las verdaderas protagonistas son las cinco hermanas Salom: Buka, Klara, nina, Blanki y riki, a cada una de las cuales la vida llevará por distintos derroteros. Hay también un padre ausente y dos hermanos varones indolentes, que malgastan o desaprovechan las oportunidades que la vida les ofrece de forma natural y que les niega a sus hermanas por el hecho de ser mujeres: el acceso a la educación y al trabajo remunerado, la independencia económica y personal, la posibilidad de labrarse por sí mismos un futuro. Pero las mujeres protagonistas de Perfume de lluvia sobre los Balcanes se las ingenian para buscar su independencia y construir su propia vida, afrontando toda clase de dificultades, riesgos y peligros. Eso es, en realidad, lo que nos cuenta la novela: la historia de la búsqueda de un espacio vital -a veces, simplemente, de un espacio donde sobrevivir-por parte de una generación de mujeres que viven la transición entre el mundo sólidamente estructurado de sus madres y abuelas y el suyo propio, que es un mundo en dolorosa fase de construcción. Cada una de estas mujeres afrontará los retos de los nuevos tiempos de una manera diferente, primero en la Sarajevo natal y luego en los lugares a los que las aboca el exilio. Así, las hermanas mayores empiezan a romper los moldes del papel tradicional que les correspondería como mujeres de su casa y madres de familia, no tanto movidas por motivaciones ideológicas, como por simple necesidad: ante la inutilidad de los varones para sacar adelante a la familia, son ellas las que toman la iniciativa de establecerse como modistas y fabricantes de sombreros femeninos, y logran hacerse con una clientela en la Sarajevo de los años de entreguerras, pequeña y un tanto provinciana, donde todo el mundo se conoce y perviven modos de vida tradicionales, pero en la que una burguesía emergente pretende imitar las modas y los estilos de vida de Viena o de París. La sombrerería -en el judeoespañol afrancesado de la época, la butica de chapeospermite a las hermanas Salom conseguir una independencia económica, pero también un reconocimiento social a través de su distinguida clientela, unas relaciones fuera del entorno endogámico de la comunidad judía y unos matrimonios que también rompen las convenciones de su grupo: de las hermanas, sólo la de más edad, Buka, se casa con un judío, siguiendo la tradición; las otras dos hermanas mayores, nina y Klara, se casan con cristianos (un serbio y un croata, es decir, un ortodoxo y un católico), con toda la ruptura de tradiciones culturales y de afiliación religiosa que ello conlleva. La voz de la novela es la de un narrador omnisciente, pero las peripecias de la trama se presentan por medio de las dos hermanas pequeñas, Blanki y riki, a través de cuya mirada y experiencias se nos presenta primero el mundo de la madre y de las hermanas mayores, y luego el suyo propio, desde su primera niñez hasta que rondan la cuarentena. rivales en sus primeros años, pero inseparables durante toda la vida, representan dos tipos opuestos. Blanki es durante la niñez y la adolescencia una muchacha sensata, estudiosa y sacrificada, que no puede acabar su formación escolar porque la familia decide que ella, como es mujer, debe ponerse a trabajar en la butica de sus hermanas para poder pagar los estudios a los herma-nos varones; al llegar a la juventud, también se rebelará y romperá moldes, abandonando el trabajo -que había adquirido casi tintes de esclavitud-en el negocio familiar e iniciando una larga relación amorosa con un empresario serbio, con el que acaba casándose sólo después de que su amor se consolide tras largos años de vida como pareja abierta. riki, la menor, la que fuera niña caprichosa y malcriada, resulta tener un extraordinario talento como bailarina de ballet clásico, y persevera hasta que su familia la envía, todavía adolescente, a formarse a Viena, para convertirse después en la bailarina estrella del recién creado Ballet nacional de Belgrado. El ascenso del nazismo y la Segunda Guerra Mundial provocan la dispersión de la familia, la mayoría de cuyos miembros se convierten en prófugos por su condición de judíos. La hermana mayor, Buka, se libra de vivir los horrores de la guerra porque fallece de muerte natural -en un hospital donde las monjas católicas que la cuidan la ocultan para que no sea deportada-sin llegar a saber que sus dos hijos han muerto en un campo de concentración. La tercera hermana, nina, pasa toda la guerra en Sarajevo junto con su marido serbio, y se libra misteriosamente de ser perseguida como judía sin que nadie se explique por qué. Las otras tres se ven obligadas a huir o a esconderse: Klara, abandonada con dos hijos por su marido católico en París, se asienta en Zagreb y luego huye in extremis a Italia, donde sobreviven gracias a la iniciativa y la inteligencia de su hija adolescente (otra mujer fuerte de la novela). La sofisticada y cosmopolita riki, la antigua bailarina mimada por los círculos intelectuales y artísticos de Belgrado, logra salvarse ocultándose en una granja de una aldea serbia, compartiendo la vida miserable de los campesinos rudos e ignorantes que la acogen. Blanki, casada por fin con su eterno amante serbio -que la toma por mujer precisamente para protegerla, en el momento en que arrecian las persecuciones antijudías-, pasa toda la guerra en un Belgrado bajo las bombas, escondida por su marido, quien, a riesgo de su vida, se niega a declarar a su mujer como judía ante las autoridades nazis; en ese Belgrado en guerra tienen una hija. El final de la guerra es también el final de la novela. Los supervivientes tratan de recomponer su vida, del mismo modo que las ciudades empiezan a reconstruirse desde sus ruinas y un nuevo panorama político comienza a estructurarse. Pero todo ha cambiado y ya nada es lo mismo. Cuando las dos hermanas menores, Blanki y riki, deciden volver un día a Sarajevo para tratar de visitar la tumba de su hermana mayor, ni siquiera son capaces de encontrar la sepultura en un cementerio caótico que ha recibido miles de cuerpos en los últimos años; las dos hermanas constatan que ya no tienen nada que hacer en la ciudad en que nacieron y vivieron, ni siquiera visitar las tumbas de sus muertos. De su pasado, de su infancia y su juventud, de su familia y de sus recuerdos, sólo queda la palabra: los poemas, las narraciones y las obras teatrales que Buka escribió en judeoespañol (la lengua materna de todas las hermanas) y que quedaron inéditos a su muerte. Segunda leCtura: una novela Sobre la hiStoria de loS paíSeS balCániCoS La acción de la novela empieza el 28 de junio de 1914, precisamente el día en que se produce el asesinato del principe heredero del imperio austrohúngaro -del que formaba parte Bosnia por aquel entonces-, acontecimiento que servirá de motivo o pretexto para la declaración de la Primera Guerra Mundial. Esa mañana, dos niñas sefardíes, Blanki y riki Salom, acuden a ver el desfile con que la ciudad de Sarajevo da la bienvenida al heredero del Imperio, y se encuentran de repente solas, perdidas entre la multitud, envueltas en la confusión que sigue al atentado. Ese episodio adquiere el valor de un símbolo de lo que en adelante serán sus vidas. no se puede decir que en 1914 comienza una nueva época para Europa, porque la nueva época había comenzado ya. El asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria y la subsiguiente Gran Guerra son una parte más de un proceso de reestructuración política de Europa (y especialmente de los países del Oriente Mediterráneo) que había empezado veinticinco años antes, con la guerra ruso-turca de 1887-1888. Como es bien sabido, el Tratado de Berlín que dio fin a esa guerra fue un paso definitivo hacia el desmembramiento del imperio otomano, al que durante cuatro siglos pertenecieron los países balcánicos: se creó entonces el principado de Bulgaria y se ampliaron los territorios de Grecia y Montenegro y del reino de Serbia, que se había constituido como principado en 1817 tras una serie de revueltas antiotomanas, y como reino en 1882. También a raíz del Tratado de Berlín, Bosnia-Herzegovina quedó bajo control del imperio austrohúngaro. En 1908 se produjo la revolución de los Jóvenes Turcos, que impuso en el todavía existente imperio otomano una monarquía constitucional, primer paso para la abolición del sultanato y la creación de la república turca en los años veinte del siglo. Pero entre la revolución de los Jóvenes Turcos y la creación de la nueva república de Turquía tuvieron lugar las guerras balcánicas de 1912-1913, en las que Bulgaria, Grecia, Serbia y Montenegro ampliaron su territorio conquistando al imperio turco los territorios de Macedonia y Tracia. Por tanto, el marco en el que se inicia la novela es un mundo balcánico en el que Sarajevo es una ciudad del imperio austrohúngaro, cada vez más occidentalizada y que se va alejando de la sociedad oriental otomana a la que antes pertenecía. La familia protagonista encarna ese proceso de occidentalización, en el que las generaciones más antiguas (los padres o los abuelos de las protagonistas) siguen en gran medida apegadas a modos de vida y mentalidades vigentes durante el período otomano, mientras que las jóvenes generaciones se incorporan a una sociedad que vive ya bajo las pautas sociales y culturales del Occidente europeo que emanan de las grandes ciudades de Europa, y singularmente de Viena. Belgrado, la otra ciudad referente de la novela, aparece como la capital de una Serbia independiente, dominada por fuertes sentimientos nacionalistas, que está construyendo su identidad nacional en muchos sentidos, desde el surgimiento de partidos políticos hasta el desarrollo del tejido comercial e industrial, los movimientos artísticos, o la entrada de las nuevas tecnologías y la difusión de nuevos medios de comunicación de masas. En la narración, el epítome de todas esas tendencias es Marko, el eterno amante serbio y luego marido de Blanki, que se hace rico con diversos negocios en Sarajevo (entre ellos, un cine para el que importa las últimas producciones de la cinematografía del momento, es decir, de los años veinte y treinta) y funda un periódico nacionalista serbio, motivo por el cual es perseguido por el régimen ustacha croata y tiene que huir con su mujer a Belgrado. Así la novela se convierte, también, en una historia de los países balcánicos entre la Primera Guerra Mundial y el final de la Segunda. Como telón de fondo de las vidas de las protagonistas entrevemos las consecuencias de la Primera Guerra Mundial (para la cual es movilizado uno de los hijos varones de la familia Salom) y la creación en 1918 de una Yugoslavia que integra diversos grupos étnicos (serbios ortodoxos, croatas católicos, musulmanes kosovares o bosnios, judíos sefardíes y askenazíes). Varios capítulos se desarrollan en el Belgrado de los años veinte y treinta, donde la hija menor ejerce su brillante carrera de bailarina y a través de la cual nos asomamos a las vitalidad de la capital serbia, con su activa vida callejera, sus elegantes comercios y los cafés en los que intelectuales, artistas y periodistas se reunen en tertulias que son caldo de cultivo de polémicas políticas, teorizaciones un tanto pedantes sobre las artes y las letras, frivolidades y amoríos con mujeres hermosas y sofisticadas. El panorama cambia radicalmente a partir de los años cuarenta. Desde entonces, las peripecias de los protagonistas vienen determinadas por el avance del nazismo hacia el Este de Europa, los coqueteos pronazis del príncipe regente de Serbia y la rebelión popular contra él, seguida de un golpe de Estado, el establecimiento del régimen fascista de los ustachas en Croacia, los bombardeos de Belgrado a partir de abril de 1941 (descritos en algunos de los capítulos con el impresionante realismo de los testigos presenciales) o la invasión alemana y la anexión de Serbia y Bosnia al estado independiente de Croacia. Casi cuatro interminables años de ocupación y de guerra -con sus secuelas de persecuciones y ejecuciones de eslavos, medidas antijudías y deportaciones a campos de exterminio-dejan a los personajes tan exhaustos que, cuando el final se acerca, son incapaces de creer que la guerra está a punto de acabar de verdad. Los combates de la liberación de Belgrado por los partisanos de Tito y el Ejército rojo se llevan por delante un último saldo de vidas, pero dejan milagrosamente intactos a los miembros de la familia protagonista, algunos de ellos salvados in extremis por la casualidad o por la compasión de quienes se atreven a ayudarles. La novela se cierra justamente cuando, acabada la guerra, se abre un futuro que para unos (como nina) es continuación de una rutina apenas interrumpida por el cataclismo de su alrededor, para otros es el camino hacia un nuevo exilio (uno de los hermanos, Elias, emigra a Palestina; otra hermana, Klara, proyecta marcharse también allá con sus hijos, aunque finalmente acaba asentándose en Estados unidos) y para otros, como riki, Blanki y su marido Marko, está hecho de una mezcla de esperanza e incertidumbre: la república Federal de Yugoslavia que se constituye tras la guerra no será su soñada nación eslava, liberal, diversa y abierta a Occidente, sino un país comunista en la órbita de la unión Soviética. Pero ésa es ya otra historia, que queda fuera del marco temporal de la novela. Como fuera del marco de la novela queda también la guerra que ha desgarrado y desmembrado definitivamente la antigua Yugoslavia, medio siglo después. terCera leCtura: la Minoría Sefardí en un Mundo CaMbiante no cabe olvidar que los protagonistas, los Salom, son una familia sefardí. Y por eso la novela es también -quizá, sobre todo-una reconstrucción de los cambios de vida, identidad y mentalidades que sufrió la minoría judía de los Balcanes, y concretamente en la rama judía sefardí de Bosnia, a lo largo de la primera mitad del siglo xx 6. Los cambios políticos y culturales del período de entreguerras afectaron de distinta forma a las diferentes minorías étnicas de los países balcánicos. Hay que recordar que el régimen de mil•let, vigente en el imperio otomano desde la Edad Media hasta las primeras décadas del siglo xx, permitía a las minorías étnicas mantener sus propios rasgos identitarios (la religión, la lengua, los usos y costumbres) e incluso tener una legislación propia para asuntos internos (como el derecho de familia o la organización interna de sus comunidades), a condición de someterse a la autoridad del sultán, pagar elevados impuestos y respetar una serie de prohibiciones que afectaban a los no musulmanes (y que iban desde la imposibilidad de ocupar cargos públicos o de pertenecer al ejército, hasta normas suntuarias o indumentarias). En ese régimen, los judíos de las distintas provincias del imperio otomano -la mayoría de los cuales eran sefardíes, es decir, descendientes de los expulsados de la Península Ibérica a finales de la Edad Media-pudieron mantener y desarrollar una cultura propia, en la que se integraban su condición de judíos, la herencia hispánica y la influencia de los pueblos y culturas de su entorno. Hasta finales del siglo xIx, la vida de los judíos sefardíes estuvo determinada por la práctica religiosa, que no sólo afectaba al culto o a la celebración de las festividades del ciclo anual, sino también a todos los aspectos de la vida social y familiar, al trabajo y al ocio, a la educación (las comunidades judías mantenían sus propias escuelas, en las que la enseñanza estaba presidida por la religión y se aprendía a leer y escribir con el alfabeto hebreo) o al papel de hombres y mujeres en la sociedad. Por otro lado, esa vida autónoma propició que durante cinco siglos los sefardíes pudieran -al igual que otras minorías-vivir en el imperio otomano sin aprender (o sin aprender bien) la lengua del grupo dominante; de la misma forma que griegos, armenios o serbios y croatas pertenecieron durante siglos al imperio otomano y siguieron hablando y escribiendo en sus respectivas lenguas, también los sefardíes siguieron hablando una variedad del español derivada del castellano medieval que hablaban sus antepasados en la época de la Expulsión: lo que llamamos judeoespañol o ladino, que ha pervivido hasta la actualidad. La situación de la minoría sefardí, a la que pertenecen los protagonistas de varias de las novelas de Gordana Kuić, fue cambiando desde finales del siglo xIx hasta mediados del xx, al hilo de los ya mencionados cambios políticos y sociales que se produjeron en Turquía y los países balcánicos. Con el desmembramiento del imperio otomano y la emergencia de las nuevas naciones, las minorías étnicas (y los sefardíes entre ellos) pasaron del régimen de mil•let otomano a convertirse en ciudadanos de pleno derecho de las naciones emergentes. Y eso significaba, entre otras cosas, aceptar la organización del Estado en aspectos como la educación, la participación en el ejército o la estandarización de la vida de los ciudadanos independientemente de su pertenencia étnica o religiosa. Aunque cada grupo siguió manteniendo sus prácticas religiosas y sintiéndolas como un elemento de gran valor identitario, la vida pasó a estar pautada, no por la religión de cada uno, sino por la legislación civil común a todos. Se trata, por tanto, de un proceso de modernización y de occidentalización de los países del Oriente Mediterráneo, ya que los modelos nacionales de los países que emergen de las ruinas del imperio otomano se basan en las naciones de la Europa Occidental. Y ello conlleva, además, la politización de las minorías étnicas, que hasta entonces habían permanecido también al margen de la vida política; entre los sefardíes arraigan partidos y movimientos que van desde el nacionalismo hasta el socialismo comunista o el sionismo. La evolución de la trama y los personajes en Perfume de lluvia sobre los Balcanes es producto de todas esas circunstancias. En la religión judía, el papel de la mujer es importantísimo, pero se circunscribe al ámbito doméstico: a ellas les corresponde no sólo la transmisión de los valores y las creencias del judaísmo a los hijos cuando son pequeños, sino cuestiones tan relevantes como la preparación de las celebraciones que tienen lugar en el hogar (varias de las principales festividades litúrgicas del judaísmo se celebran precisamente con una cena familiar) o el velar por la kasherut o pureza ritual del hogar (lo cual implica, entre otras cosas, la preparación de la comida apta para el consumo judío) 7. La realización del culto público, sin embargo, corresponde a los hombres. Se da, por tanto, la división de papeles entre géneros frecuente en las sociedades tradicionales: lo público está regido por los hombres, mientras que a las mujeres corresponde el ámbito privado y familiar. La subversión de esta división de papeles se refleja vigorosa y expresivamente en la novela de Gordana Kuić, en el contraste entre la forma de vida de la madre de familia, Esther, y sus propias hijas. La madre es un ama de casa tradicional, aunque con gran predicamento en la familia y capacidad de decisión (llega incluso a echar de casa a su hijo mayor cuando ve que lleva camino de convertirse en un inútil sin oficio ni beneficio); viste la indumentaria tradicional de las judías sefardíes (que implica, entre otras cosas, que las mujeres casadas lleven siempre la cabeza cubierta con un tocado); su trabajo se desarrolla sólo en el ámbito del hogar, cuidando de la casa y de los hijos y dedicando buena parte de su tiempo a la cocina (fundamental en el hogar judío, y no sólo por razones gastronómicas, sino de pureza ritual) y a la preparación doméstica de las festividades (por ejemplo, en las primeras páginas de la novela se describe la preparación ritual de la casa previa a la celebración de Pésah, la Pascua judía). Por una conversación con su hija Blanki sabemos que se casó prácticamente con un desconocido, en un matrimonio concertado por los padres cuando era casi una adolescente. Y siempre habla judeoespañol, por lo cual es el español sefardí la lengua materna de sus hijas. En las hijas se encarnan los múltiples cambios de la comunidad sefardí en el paso del siglo xIx al xx8. nacidas en una Bosnia que es ya parte del imperio austrohúngaro, se sienten ciudadanas de un país cuyos modelos y referentes están en la Europa occidental. En contraste con el enclaustramiento doméstico de sus madres y abuelas, se incorporan al trabajo remunerado como pequeñas empresarias abriendo en pleno centro de Sarajevo un negocio familiar (la butica de chapeos) al que, significativamente, dan un nombre francés: La Parisienne. En el aspecto formal -a diferencia de su madre-visten a la moda occidental, que además se convierte para ellas en un medio de vida: varios pasajes de la novela aluden a los viajes de las hermanas a Viena o a París para comprar tejidos de última moda para su tienda. Y en un episodio memorable, Blanki, para espanto de su madre, se convierte en la primera mujer de Sarajevo que se corta el pelo à la garçon. Aspectos todos que pueden parecer superficiales, pero que son un indicativo de la integración de los sefardíes en una nueva forma de vida. Las hermanas Salom se niegan también a adoptar el papel tradicional de madres, esposas, perservadoras y transmisoras de la tradición judía, que había correspondido a las mujeres en la generación de su madre. Exigen su derecho a elegir el compañero de sus vidas: la menor, riki, aunque tiene varios amantes -entre ellos, un hombre casado-, permanece voluntariamente soltera, cosa insólita en las mujeres judías de las generaciones anteriores; Klara, nina y Blanki se casan con cristianos, para lo cual se convierten al cristianismo ortodoxo o católico, según la religón de sus respectivos maridos, y a través de sus historias se introduce en la narración un rasgo característico del judaísmo en los tiempos modernos, frente a la tradición de siglos: la ruptura de la endogamia, los matrimonios mixtos, la conversión y la asimilación. Sus hijos, los nietos de Esther, serán bautizados y educados como cristianos. Con la dispersión de las hermanas y la conversión de tres de ellas, se produce también en estas mujeres un distanciamiento con respecto a la religión judía, que se convierte en algo perteneciente a los recuerdos de infancia y a los orígenes del grupo familiar, pero que también sirve de importante elemento de cohesión entre ellas, puesto que la vivencia del judaísmo es una experiencia compartida por todas. Su judaísmo es elemento que une a las hermanas, no sólo por los recuerdos compartidos y por la tradición recibida: también porque el rechazo de las familias de sus maridos cristianos, primero, y las persecuciones nazis, después, se encargan de recordarles (¡y de qué manera!) sus orígenes judíos. Se da así, en las protagonistas de la novela, una paradoja que se dio en buena parte de los judíos europeos desde los años ochenta del siglo xIx hasta la Segunda Guerra Mundial: precisamente en el momento en que se habían distanciado de la tradición judía de sus orígenes e incluso se habían asimilado a la sociedad laica o se habían convertido, el antisemitismo, con su empeño por aislarlos y negarles la integración en la sociedad civil, vino a reforzar su conciencia de ser judíos. Las guerras y las persecuciones son la causa de otra de las circunstancias que vive la familia Salom, y que constituyen una de las señas de identidad del judaísmo en el siglo xx: el transnacionalismo, a veces provocado por la emigración económica, y otras por la huida hacia el exilio. También viven las hermanas Salom los cambios de su comunidad sefardí con respecto a la lengua, lo cual determina sus posibilidades de relación con el entorno. Frente a unos padres y abuelos que se expresan casi exclusivamente en judeoespañol -y que, en consecuencia, se relacionan principalmente con la comunidad judía sefardí, judeohispanófonos como ellos-las hijas viven en una sociedad plurilingüe que les da la oportunidad de aprender -por estudio o de forma autodidacta, como es el caso de Blanki-varias lenguas, como el alemán, el serbocroata o el francés, además de su judeoespañol materno; en la generación siguiente, la de los hijos de Klara, el repertorio de lenguas se ampliará también al italiano y al inglés; por su parte, riki llega a dominar también el ruso por el contacto con sus colegas de profesión, las bailarinas rusas del ballet. El judeoespañol (en la peculiar variedad de Bosnia, que tiende a cerrar todas las vocales) 9, está presente, sin embargo, a lo largo de la novela, salpicada aquí y allá de palabas, dichos y expresiones en ladino, cuando las hermanas hablan con la madre, cuando hablan entre sí o -significativamente-cuando hablan consigo mismas: mi fijikya kerida (mi hijita querida), faci byen no miris kun ken (haz bien y no mires a quién), tristi di mi! (¡triste de mí, desdichada de mí!), Sinyor dil mundu (Señor del mundo, para referirse a Dios), ez varda (es verdad), pur luke? (¿por qué?), trezoro miyu (tesoro mío), kerida de la madri (querida por tu madre', como apelativo cariñoso), mi siyentu mutchu mas kulay (me siento mucho mejor), etc. Cuarta leCtura: de la tradiCión oral faMiliar a la novela El simple resumen del argumento de Perfume de lluvia sobre los Balcanes podría hacernos pensar que la autora ha querido acumular demasiadas cosas en una sola novela. La historia de cinco hermanas que parecen un muestrario de posibles situaciones vitales de mujeres sefardíes de Bosnia, el carácter un tanto rocambolesco de algunas de las peripecias (como los episodios de riki escondida en una aldea serbia durante la guerra y a punto de ser violada por un grupo de soldados búlgaros, la huida de Blanki y su marido de Sarajevo a Belgrado o la de Kara con sus hijos a Italia) y el hecho de que en ella se reflejen algunos de los principales conflictos vividos por las minorías en los países balcánicos de entreguerras, parecen demasiado exhaustivos y completos para resultar verosímiles. La sorpresa se produce cuando descubrimos que este libro, en el fondo, no es una ficción, sino la recreación literaria de un testimonio de historia oral. La narración se basa en los recuerdos de la madre de la autora, llamada Blanka, como una de las protagonistas de la novela (Blanki es hipocorístico judeoespañol de Blanka, naturalmente). Las cinco hermanas Salom existieron realmente -son la madre y las tías de la autora-con los nombres con los que aparecen en el libro, sólo que su apellido real era Levy. La mayor, llamada Buka en el libro, es Laura Papo, Bohoreta (Papo es su apellido de casada) y algunos de sus poemas y obras dramáticas que se mencionan en Perfume de lluvia sobre los Balcanes se conservan aún inéditos: son precisamente los que se propone editar el profesor Eliezer Papo, y sobre los que va a trabajar la licenciada nela Kovacević. naturalmente, hay partes noveladas en el libro. Pero eso sucede en todo relato cuyo objetivo es la construcción de la memoria. Vera, la niña nacida de Blanki y su marido Marko en el Belgrado ocupado por los nazis, tenía en la realidad otro nombre: Gordana Kuić. Es la autora de Perfume de lluvia sobre los Balcanes, y de otras seis novelas que no he podido leer porque están escritas en serbio y de momento no han sido traducidas. A juzgar por el único libro que he leído de ella -en traducción-, es una escritora espléndida; que, como tantos otros buenos escritores y escritoras, resultan menos visibles en el panorama literario internacional de lo que merecen, simplemente porque escriben en una lengua minoritaria. 6 una panorámica académica sobre el proceso la ofrece el libro de Benbassa y rodrigue, 1993 y su versión revisada de 2002.
Es una de las figuras más destacadas de las letras latinoamericanas contemporáneas. Sus obras están traducidas a varios idiomas y se han publicado en más de veinte países. En 1995 le fue otorgado el prestigioso premio latinoamericano Juan rulfo y en 2005 el Príncipe de Asturias de las Letras por «su incitante obra narrativa, artísticamente sustentada en la realidad y la memoria y también en la fantasía y los sueños». Próximamente publicará el libro de ensayo Aprendiz de Homero y un libro de aforismos y memorias que lleva por título Corazón andariego. Es licenciada en Geograf ía e Historia por la universidad de Santiago de Compostela y en Historia de América por la universidad de Barcelona. Con su primera novela, Querido Corto Maltés, ganó en 1994 el Premio nuevos narradores; en 2001 fue finalista del Premio Primavera, convocado por la editorial Espasa, con la novela Fronteras de arena. En 2003 fue finalista del premio Planeta con la novela El amante albanés, que ha conseguido en EE.uu. el tercer premio «2006 Book of the Year Awards». Posteriormente, su novela El azar de Laura Ulloa (Planeta, 2006) recibió el Premio de la Critica concedido por la Asociación de Escritores y Críticos de la Comunidad Valenciana. Hasta la fecha sus obras han sido traducidas a numerosos idiomas. Los derechos internacionales de su última novela publicada recientemente en España, Quattrocento, ya han sido vendidos hasta el momento a más de quince países. Colabora habitualmente en el diario El País, así como en revistas de cine y literatura. LAS PATRIAS SECRETAS DE NÉLIDA PIÑÓN reSuMen Brasileña de ascendencia gallega, nélida Piñón es una de las voces más interesantes de la literatura contemporánea. En ella confluyen diversas tradiciones literarias que configuran una personal teoría del mestizaje, donde la memoria se mezcla con la fantasía y los sueños. El éxito no la ha cogido de brazos cruzados. Agradece el reconocimiento y los premios con franqueza, pero su propia ironía la mantiene a salvo de la vanidad. Polisémica, camaleónica, Tauro con ascendente Sagitario, tierra y fuego, optimista, comprometida, enamorada de Homero... Su obra representa un diálogo inteligente y vivificante entre los dos lados del Atlántico. El portugués es el idioma de su alma y narrar viene a ser para ella un acto fundacional, por eso no concibe que «alguien pueda volver a su casa o a su falsa modernidad sin llevar en el corazón o en el bolsillo un pequeño relato». a PALABrAS CLAVE: narrativa brasileña, Galicia. Conocí a nélida Piñón en el invierno de 2005 en un homenaje que le brindó el ayuntamiento gallego de Cotobade, nombrándola hija adoptiva en honor a los dos años que pasó de niña en la aldea de Borela, de la que procedía su familia. Después de la entrega de premios y de los discursos institucionales de rigor, la reunión acabó, como suele ocurrir en Galicia, con una cena de amigos en una casa de campo con chimenea encendida, bacallao a la teja y filloas caseras rellenas de nata. Fue entonces, en los postres, cuando la escritora dio rienda suelta a una vena narrativa y humorística en la mejor línea de la tradición oral que une como una corriente poderosísima la literatura a los dos lados del Atlántico. En medio del aguacero que azotaba las ventanas, su voz pasó a formar parte de la lluvia como una retahíla entreverada de cuentos, historias, anécdo-tas... Esa sustancia misteriosa que borbotea en las cocinas de las casas, porque en los sociedades rurales la cocina ha sido siempre el lugar donde se habla, donde se recuerda a los que no están, a los que emigraron, donde se resuelven problemas, donde se cuece el caldo de la vida. Ese primer sustrato narrativo es sin ninguna duda el germen de toda la escritura de nélida Piñón, que como la princesa Sherezade, cuyo mito recrea en la novela Voces del desierto, es capaz de deshacer los nudos de la mortalidad. Apenas tenía diez años cuando llegó por primera vez a Galicia y nada más bajar del barco, debió de sorprenderle el aura de aquella tierra de huertos pequeños, encapotada de nubes, con mujeres vestidas siempre de negro que iban enlazando unos muertos con otros. Ella que venía de la luz y de la naturaleza exuberante... «no me gustó el gallego -reconoció-». Me pareció arisco, áspero como el vino verde, el vino de aguja. Pero luego me llevaron a la aldea de mi padre. Llegamos con maletas y maletas. Llovía y pasamos por un puente. Todo estaba lleno de barro, entonces miré el puente y una capillita que había a un lado del camino y creo que fue en ese momento cuando empecé a enamorarme de aquel nuevo mundo. Tuve la sensación de que iba a amar Galicia para siempre». Diez años es la edad en la que empiezan a establecerse los fundamentos del imaginario. Quizá fue entonces cuando nélida Piñón se dejó impregnar por ese sentimiento tan gallego de la memoria y de lo sobrenatural, del sentido panteísta de la tierra, del paso de las estaciones y la pasión por los tiempos pretéritos que aparece en todas sus novelas. Por supuesto ése no es el único fermento de su literatura, que está recorrida por otras muchas corrientes, como un río mestizo en el que cabe desde la alquimia de los druidas celtas 84 hasta el espíritu de los filósofos grecolatinos o el sueño de los poetas árabes. También la herencia africana, la hebrea y la de todas las civilizaciones que pasaron por tierras brasileñas: portugueses, españoles, holandeses... Porque la literatura no se puede separar de la vida ni de la historia, y como ella misma dijo alguna vez: «Las patrias son muchas y exceden el lugar en el que nacimos, son patrias secretas que no tienen nombre, pero que nos simbolizan». Muchas veces la patria son los libros y los escritores que una admira: Cervantes, Garcilaso de la Vega, unamuno, Ortega y Gasset, Joâo Guimaraes rosa, la escritora Clarice Lispector, a quien le unía una verdadera amistad y sobre todo, Machado de Assis, ese otro gran escritor brasileño por quien nélida Piñón manifestó siempre una admiración profundísima. «Lo considero un genio -afirmaba recientemente en una entrevista-. Me emociona que haya existido. Siempre digo una frase que sigue teniendo vigencia: Si Machado de Assis existió, Brasil es posible. no hay pretextos para el fracaso en un país que ha generado y engendrado un hombre como él.» Yo creo que esto mismo podría decirse también de nélida Piñón, una escritora que se considera a sí misma como la última mohicana, porque es el último eslabón de su familia y que, cuando empezó a escribir lo tenía todo en contra: era muy joven, mujer y brasileña. El portugués era una lengua minoritaria y no existía un puente entre Brasil y Europa, como ocurría por ejemplo con los escritores hispanoamericanos del boom, que tenían la ventaja del idioma, del poder literario y de los nombres ya implantados que ella nunca tuvo. Sin embargo mantuvo una fidelidad inquebrantable al portugués al que considera mucho más que un idioma. «Siempre sentí que tenía una deuda moral y afectiva con la lengua -dice-. Soy una mujer absolutamente enamorada del portugués. Es SUSANA FORTES u NÉLIDA PIÑÓN mi dominio, mi territorio». Desde luego no debió de ser fácil bajo una dictadura, ni en un país tan pobre como era el Brasil de su juventud, pero logró abrirse paso en esas condiciones. Fue la primera mujer que presidió una academia de la lengua en todo el mundo -A Academia Brasileira das Letras-, además es miembro de la Academia de las Ciencias de Lisboa y de la Academia de Filosofía de Brasil. resultó distinguida como doctora honoris causa por diversas universidades y se convirtió en una de las voces narrativas más interesantes de la literatura contemporánea. Cultivó todos los géneros: relato, novela, teatro, crítica, ensayo... recibió importantísimos premios literarios, como el PEn Club, en 1985, el Premio Principe de Asturias de Las Letras, en 2005, o el Juan rulfo, que viene a ser como el nobel hispanoamericano, por La República de los sueños, probablemente su mejor novela. una auténtica épica de la emigración, inspirada en la experiencia de sus abuelos, en la que los protagonistas, Madruga y Venancio, se conocen en 1913, siendo casi unos niños, durante el trayecto de Vigo a río de Janeiro, a bordo de un barco inglés que los llevaba, como a tantos otros, desde la miseria de su Galicia natal hacia otro mundo fascinante en busca de un sueño. Los sueños están hechos de emociones, de esfuerzo, de sentimientos, pero también de derrotas íntimas, y La República de los sueños es ese lugar donde todas las esperanzas humanas pueden cumplirse. A fin de cuentas el triunfo y el fracaso no son más que los dos polos de cualquier epopeya. una enseñanza ésta que seguramente nélida Piñón tiene grabada a fuego en la memoria, porque fue precisamente el mensaje que le transmitió su madre, a quien la escritora se sentía especialmente unida, antes de morir: «Hija, estoy contenta con tus caminos, pero no hablo de la profesional, de la que gana premios y doc-torados honoris causa... Hablo como ser humano, cada vez más compasiva y más alejada de las vanidades de la profesión». nélida Piñón no suele citar a grandes sabios, ni a intelectuales, ni a escritores. Sin embargo habla mucho de su familia. nombra con frecuencia a su abuelo, Daniel, a su padre, a su madre, Carmen, tal vez porque siente que de verdad fueron ellos quienes le concedieron un estatuto moral con el cual ha ido construyendo su propio ideario íntimo y literario. «Cada vez recuerdo más lo que decían. Voy almacenando frases, las guardo en el armario junto con los mejores trajes. Entre las mejores alhajas de mi familia están las palabras.» Este año volví a encontrar a nélida Piñón en Santa Cruz de Tenerife en un congreso sobre Mujer y Literatura. Cenamos la última noche en el restaurante del hotel con la escritora Cristina Sánchez-Andrade. Hay una fotografía de las tres en franca hermandad galaico-portuguesa, brindando sobre los manteles blancos de la madrugada por su último amor: un perro huérfano de ojos biafreños, llamado Gravetinho, que significa «astilla». La mirada de nélida Piñón, es exótica, sonriente, una mirada viajera, que va de aquí para allá, elegante, generosa. La manera de mirar es también la manera de pensar y de enfrentarse al mundo o de adelantarse a él. Desde luego la suya no es la mirada de alguien que escribe desde una torre de marfil, sino desde el puro centro de la vida. Puede que nélida Piñon haya tenido una formación clásica, casi aristocrática, pero es sobre todo una mujer moderna, interesada por todo cuanto sucede a su alrededor, comprometida con la vida y con la literatura. Probablemente la escritora estuviera ya en aquel momento enredada en algún pensamiento de su próximo libro, un ensayo que está a punto de publicar y cuyo título la identifica quizá mejor que ningún otro: Aprendiz de Homero.
eSpido freire (Bilbao, 1974) es licenciada en Filología Inglesa por la universidad de Deusto. Entre sus novelas publicadas cabe citar Irlanda (1998), Donde siempre es Octubre (1999) y Melocotones Helados (Premio Planeta de novela, 1999). Ha cultivado el relato y el cuento, y su primer libro de poemas es Aland la blanca (2001). Colaboradora en prensa (El País, La Razón, El Mundo), radio (Onda Cero) y televisión (Antena 3), pasó de participar activamente en talleres literarios a interesarse por la pedagogía de la creación, impartiendo cursos de creación literaria en diversas universidades españolas e internacionales (en la actualidad hay varios cursos en marcha en Toledo, Ávila y La Coruña). La crítica la ha saludado como a una de las voces más interesantes de la narrativa española, y las alabanzas que surgieron con su primera obra han acompañado a las siguientes. Sus libros se han traducido al francés, alemán, portugués, griego, polaco, holandés, italiano y turco, y su novela Irlanda recibió en 1999 el premio francés Millepage, que los libreros conceden a la novela revelación extranjera. En la narrativa de Margaret Atwood la sorpresa, el uso poético del lenguaje y la reconstrucción constante de la identidad de los personajes guían al lector a traves de los distintos textos. Tanto en la reconstrucción de Los diarios de Susanna Moodie como en la traducción de emociones y sentimientos de la reina de Dinamarca en «La respuesta de Getrudis», la figura de las protagonistas femeninas fuertes e imprevisibles reinventan el misterio del eterno femenino. Las criadas y las señoras, desde sus peculiares puntos de vista, definen la sociedad con distancia y escepticismo, sabedoras de que son más de lo que el otro (el lector o los personajes) pueden atisbar. En un acto lúdico constante, la literatura se convierte en un juego eterno, con las palabras como reglas. a PALABrAS CLAVE: M. Atwood, personaje femenino, Canadá, juego, literatura. Como si, tras la liebre blanca, nos hubiéramos introducido en un universo paralelo, en una realidad con normas crueles y propias, sus personajes poseen una consistencia especial, una densidad mucho más pesada, que hace que caminen por la historia como si fueran seres normales. Si al kilo de plomo le brindáramos la apariencia de cien gramos de pluma, daríamos con la fórmula alquímica que les permite ser al mismo tiempo gráciles e inamovibles, serenos y atroces. resulta terrible que sus novelas acaben, porque ese hermoso espejo se diluye: pero algo aún más horrendo llega con la relectura y la compresión real de esa obra. nadie puede escapar de Atwood, porque sus personajes han renunciado a la mentira, y no ofrecen ni siquiera el consuelo del autoengaño. Eso buscábamos, la verdad, esa obscena obsesión de los lectores por la verdad. Luego, cuando la obtenemos, qué terrible error ha sido morder la manzana, qué exilio tan duro nos espera. Los poetas, por regla general, no cuentan historias. Eso nos permite refugiarnos en lo subjetivo: el poema se convierte en algo inofensivo porque ellos piensan, ellos sienten esos versos. Podemos apropiarnos de la obra o no, pero sus ideas, mucho más terribles que los sustantivos y su orden, continúan flotando, inmóviles en la voluntad de la incomprensión. Atwood decidió en algún momento entregar sus dones al servicio del mal, es decir, de la prosa, cotidiana, inteligible, inmediata y retorcida aliada. Se mueve entre los dos géneros como una sirena con voz y con piernas, pero como las sirenas, en cada uno de ellos añora lo que no encuentra, y lo importa a través de pequeños trucos. no adopta el aspecto de las sirenas de mar, de largos cabellos rubios y ojos soñadores y turbios. Los rizos de Atwood se rebelan contra cualquier sujeción, y la mirada, desde cualquier fotograf ía, en las entrevistas más superficiales, no pierden una curiosidad punzante, incómoda. Tiene algo de bruja que rompe la burbuja de un sueño, de esclavo que susurra al vencedor, bajo la corona de laurel, que no debe olvidar que es mortal, de niño que grita que el emperador está desnudo. no había ninguna necesidad, por ejemplo, de rescatar los textos de Susanna Moodie. Se habían convertido ya en un clásico, una lucha diaria entre la tenacidad y la naturaleza, una descripción de cómo la naturaleza canadiense podía convertir a quien la observara, y después, por la espalda, hundir un puñal en su espalda. Susanna Moodie, desde sus palabras algo alambicadas, pero con-servada con el respeto y la nariz torcida que merece algo conservado en formol, hablaba de su esfuerzo británico por comprender qué acechaba en los bosques del nuevo Mundo, de los indios y la caza, de su horror por la esclavitud, y su loza inglesa cuidadosamente preservada en cajas de paja, a la espera de un té con los notables de la localidad. nada más se le podía pedir: había cumplido de sobra su papel. Bien educada, incluso un poco demasiado liberal para su época y país, escritora en un mundo en el que no debía serlo, en una época en la que las hermanas Brontë daban a la imprenta novelas ocultas bajo nombres falsos, ¿qué podía decirse de Susanna Moodie, salvo una alabanza, un tenue silbido de admiración ante su valor y su coraje? nunca se sabe con Margaret Atwood. Ella se enfrentó a la ilustre pionera y le levantó las faldas. Si Moodie escribió en prosa, ella le respondió en verso, y revolvió con saña una puñal en cada herida que adivinó. Allí, ocultas bajo el civilizado narrar de los hechos, se encontraban las debilidades y las flaquezas de Susanna Moodie: el dolor tras perder a su hijo ahogado, el espanto hacia lo desconocido, aquel bosque impenetrable que no se parecía a ningún otro, salvo en sus pesadillas, el miedo a los incendios. En Los diarios de Susanna Moodie, Atwood revela una mujer mucho más interesante que la de los textos que los escolares canadienses estudian cada año, desconcertada y valiente muy a su pesar. Que la muerte y la distancia nos libren de caer bajo el ojo claro, de cazador tras la liebre, auque sea blanca y lleve a otro mundo, de Margaret Atwood. Como los monstruos mitológicos, nadie puede acabar con ella hasta que desvele su enigma, y éste dista mucho de ser descubierto. ESPIDO FREIRE u MARGARET ATWOOD Salta, por ejemplo, hasta los versos de Shakespeare, y, aburrida, decide volcarlos en prosa. En «La respuesta de Gertrudis» (Gertrude talks back) la reina de Dinamarca se muestra a salvo del tóxico encanto que su hijo Hamlet ha esparcido por toda la corte. Adorado, mimado, hijo único, convencido como todo heredero de que un gesto suyo puede detener cielo y tierra, Hamlet acusa a su madre de sus pecados, de sus vicios, de haber buscado demasiado pronto a un hombre que meter en su cama. Shakespeare, asomado tras su capa negra, asiente, tan seducido como el resto de los cortesanos, y deja a Gertrudis temblorosa y sumisa, tras la durísima conversación en su cuarto, que finaliza con Polonio muerto y la absoluta claudicación de la reina. Gertrudis, cuando es Atwood quien le permite hablar, mira con serenidad a su hijo. Lo conoce bien, y sabe de qué mañas es capaz, con tal de salirse con la suya. Hamlet gritará todo lo que desee. Ella lo tiene por un niño impulsivo, egoísta, que no merece más que una mano firme hasta que se le pase el berrinche. Cuando él clama que debe mirarse en el espejo, para ver su auténtico rostro, ella contesta, impasible: «deja de liar con mi espejo, Hamlet. Sería el tercero que me rompieras». ¿Amó esta Gertrudis a su esposo? Es posible, pero tal cosa es asunto suyo. Lo cierto es que ahora, clame Hamlet lo que desee, prefiere a Claudio, y no hay más vueltas que darle. El mundo hubiera perdido una tragedia, y Dinamarca conservado unos cuantos nobles ciudadanos, si la actitud de Gertrudis hubiera sido la que Atwood defiende: hijo, está todo en orden, te guste o no. no has venido a enderezar nada. «Madre, no te retuerzas así las manos». «no me retuerzo las manos, me estoy secando las uñas». Atwood no deja en paz el pasado, pero tampoco piensa admitir el futuro sin luchar. Sus novelas de ciencia ficción hablan con esa misma seguridad abrumadora de un mundo en el que sólo el sentido común puede vencer el absurdo de permanecer vivos. En El cuento de la criada, se balancea traviesa sobre los miedos contemporáneos y nos reta a un y si. ¿Y si, definitivamente, las máscaras desaparecieran, y se revelara que el único valor que la sociedad encuentra a las mujeres es su capacidad para reproducirse? ¿Y si se hablara claro, y se prohibiera a las jóvenes que leyeran, que escribiera, que mostraran su cuerpo? Caminarían entonces custodiadas bajo largos velos rojos, indicada su fertilidad por un código. Todas las fábulas se convierten en realidad por un giro casual, algo que no debería haber ocurrido, y de pronto sucede. Cuando Atwood habla de las criadas embarazadas, silenciosas y veladas, las Torres Gemelas permanecían intactas, y los burka no dejaban de ser una realidad horrenda, pero lejana. Entonces, de nuevo, como una oscilación sobre las aguas de lago, que algunos llamarían sombra, y otros nessie, Margaret Atwood se escapa y salta a otra realidad. En Alias Grace habla de otra criada, Grace Marks, condenada en 1848 por haber asesinado a sus señores. una abominación, dijeron entonces, porque los libros de historia también recogen ese hecho, un toque de atención para aquellos que dejaban sus vidas en manos de los sirvientes, y olvidaban la pobreza, la desesperación y el hambre que éstos atravesaban. Grace no es buena, ni mala. no del todo, al menos. Quien la observa, y quien nos transmite a través de sus ojos su concepto del mundo, no sabe si ha sido asesina o instrumento, una perversa seductora o una joven demasiado asustada para huir. Tampoco el lector tiene del todo claro qué versión le gus-ESPIDO FREIRE u MARGARET ATWOOD taría más que fuera la verdadera. De hecho, sospecha que prefiere la mentira, pese a lo que en el propio texto se deja claro: que buscamos, ingenuos cazadores de historias, la verdad. ¿Qué le interesa a ella? Los niños, parece claro. Las niñas claras y malignas, que ejercen el control sobre las que son buenas, algo lentas, algo bobonas. Los animales, como corresponde a la hija de un zoólogo, que ha visto qué guardan los mamíferos bajo la piel y los prefiere intactos. Los seres humanos, a los que disecciona, en cambio, como si la piel estorbara y nublara el mecanismo palpitante que les hace moverse. Las mujeres, a las que trata sin compasión ni idealizaciones, como temas poco explorados, terra incognita, y por lo tanto, propensa a ser mitificada. no parece ser el dinero lo que la mueve: cuando obtuvo el Premio Booker, lo donó integramente a grupos que lucharan por el medio ambiente (los bosques canadienses, espesos y enzarzados en murmullos, las criaturas aún no descubiertas que lo protegen); ni la fama, ya que pocos premios le quedan por conseguir. Habla como hablaba Casandra en Troya, porque ésa es su obligación, y porque sería un pecado desperdiciar el don otorgado por los dioses. Pero, como a la profetisa griega, nadie la cree hasta que resulta demasiado tarde. Entonces, confusos, alzan los ojos hacia ella, y dicen, ah, era eso, a eso te referías, de eso advertían tus palabras... A veces dice la verdad, y otras no. Era sólo un juego, parece indicar, entre sus versos. Tranquilos, sólo son mentiras... ¿Qué estúpido se tomaría la literatura en serio? no se sabe.
Es directora, guionista, productora y actriz. Incluso se puede ver su nombre asociado al diseño de vestuario de algunos trabajos. Ha trabajado como actriz en cine y televisión. Algunas de las películas donde podemos verla son: Star Wars: Episodio I -La amenaza fantasma, El Padrino, tercera parte, Peggy Sue se casó. También ha sido productora de cine y televisión. De hecho, ha producido sus dos últimas películas, María Antonieta y Lost in traslation. Como productora ejecutiva podemos verla en la serie Platinum y High Octane, entre otras. Como guionista, ha escrito sus tres largometrajes, María Antonieta, Lost in traslation y Las vírgenes suicidas, además del episodio de Historias de Nueva York, dirigido por su padre. Tras el bachiller, estudió relaciones Públicas y trabajó durante varios años en una oficina ejerciendo como secretaria. Mientras, estudiaba arte dramático y enseguida empezó a escribir teatro, primero infantil y luego para adultos. Ha realizado varios cursos y talleres de escritura dramática con Fermín Cabal, Jose Luis Alonso de Santos, Jesús Campos... También narrativa, relato, etc., y aún hoy en día sigue aprendiendo en distintos talleres. Estudió guión con Joaquín Oristrell, Lola Salvador y Manolo Matgi, y ha hecho talleres con guionistas norteamericanos e hispanos. Su carrera como guionista profesional comenzó en 1988, y desde entonces ha realizado guiones para películas, cortos, programas y series de televisión y de radio. Ha dirigido algunas películas y series de televisión, como Hasta aquí hemos llegado (cine), Raquel busca su sitio (serie TVE) o La verdad después de la sonrisa (teatro), y es asimismo autora de teatro, directora y productora, y autora de novela. Es profesora de guión ECAM y de teatro. Imparte clases a niños de preescolar. Entre los premios recibidos se encuentran el Goya al mejor guión original por Todos los hombres sois iguales, el Premio a la mejor película de L.A. Gay & Lesbian Film Festival a Amor de hombre, y el Premio a la mejor película en el Festival de Turín a Km 0. a [EMAIL] YOLAnDA GArCíA SErrAnO reSuMen Sofia Coppola ha tenido que luchar para lograr un reconocimiento propio como guionista y directora. Con tan sólo tres largometrajes en su haber, ha demostrado al público y a la crítica que su talento es independiente de su apellido. El aislamiento, la juventud, los hijos o el erotismo son temas coincidentes en las tres películas, donde la mujer brilla por encima de todo. Sus protagonistas nos hablan de las preocupaciones inherentes a su edad: qué hacer con el futuro, lo dif ícil que es amar, las primeras relaciones, el sexo, las relaciones materno-filiales, el miedo. En una palabra: la vida. Y de todo ello nos habla con personalidad propia y un punto de vista original, lo más dif ícil de encontrar en esta profesión. a PALABrAS CLAVE: aislamiento, juventud, hijos, erotismo. «Cuanto MáS SabeS lo que quiereS Y lo que ereS, MenoS te inCoModan laS CoSaS» Esta frase, escrita por Sofia Coppola para el guión de su película Lost in translation, podría muy bien ser una declaración pública de sus sentimientos. Con tan sólo treinta y ocho años, Coppola tiene una trayectoria sobre la que se han escrito infinidad de artículos, lo que es lógico teniendo en cuenta que nació con uno de los apellidos más importantes de la industria cinematográfica internacional. Pero ateniéndonos únicamente a su faceta de guionista, podríamos tratar de descubrir qué inquietudes se esconden tras esta mujer que nació en el seno de una familia artística de éxito. Si un guionista elige los temas sobre los que va a escribir, esos mismos temas marcan la trayectoria del autor y definen la personalidad del mismo por encima de sus pretensiones. Guionista y directora de tres largometrajes, Las vírgenes suicidas, Lost in translation y María Antonieta, Sofia parece abordar un tema principal a la hora de realizar sus proyectos: el aislamiento. Pero hay otros temas coincidentes en las tres historias que iremos viendo paso a paso. Para desarrollar este razonamiento, habrá que analizar sus películas y ver en qué puntos coinciden y cómo he llegado a esta conclusión. Por encima de todos los demás temas, el aislamiento tiñe las tres historias sobre las que la guionista/directora ha decidido escribir en su carrera cinematográfica. Que sea premeditado o no, sólo ella lo sabe, pero sin duda los guiones hablan más de sus autores que los autores mismos. En la primera película, Las vírgenes suicidas, con guión basado en la novela de Jeffrey Eugenides, muestra a cinco hermanas entre los trece y los diecisiete años marcadas por una madre rígida y religiosa que, tras el suicidio de la más pequeña, siente un miedo atroz a lo que les pueda pasar al resto de sus hijas. Pero ese miedo, sobre todo relacionado con el sexo, ya estaba presente antes del suicidio y centrado en la figura de la segunda hija, Lux, de tan sólo catorce años. un detalle que lo confirma: cuando invitan a un joven a cenar, ella es a la única a la que obliga a ponerse una rebeca para tapar sus hombros apenas desnudos. De la opinión del padre no sabemos prácticamente nada, excepto que vive en su mundo y nunca le lleva la contraria a su mujer, aunque está de parte de sus hijas en la medida de lo posible. un tiempo después, Lux, convertida en la más pequeña tras el suicidio de su hermana, se ausenta de casa durante toda una noche y eso provoca que la madre decida encerrarlas a todas sin posibilidad de salir, ni siquiera de asistir a clase. A partir de este momento, el aislamiento f ísico es el eje central de la película. Las hermanas viven sin contacto con el exterior, a excepción de lo que atisban desde la ventana. En realidad, el grupo de hermanas funciona como un personaje único desde el encierro hasta el desenlace final. ni ellas pueden salir, ni las pueden visitar. La casa, como símbolo de la familia, convertida en cárcel. Se relacionan con los vecinos a escondidas a través de la música escuchada por teléfono, Lux mantiene relaciones sexuales en el tejado con cualquier desconocido que se preste, las hermanas imaginan planes de futuro expresados a través de folletos de viaje, pero en sus cabezas se va forjando la idea que las conducirá al fatal suicidio colectivo, aunque no la formulen verbalmente. El aislamiento funciona como detonante, pero ese mismo aislamiento planea desde el principio de la película. Las jóvenes apenas se relacionan con la gente y es tan sólo por el consejo del psiquiatra, tras el primer intento de suicidio de la pequeña, por lo que deciden llevar a alguien a la casa. Curiosamente, en lugar de una niña, es un joven el elegido para que la hija tenga más relaciones sociales, como sugiere el médico. Las hermanas no parecen tener amigas y viven aisladas en su mundo interior. De hecho, a pesar de ser sumamente atractivas, sólo Lux consigue un pretendiente, pretendiente que es invitado a ver la televisión en compañía de toda la familia, en una secuencia agobiante con la madre sentada en medio de los dos. Y aunque parecería lógico que en algún momento escaparan de esa prisión, ya que tenían acceso al jardín, «todas vivían en la YOLANDA GARCÍA SERRANO u SOFIA COPPOLA muerte, convirtiéndose en sombras», como expresa uno de los personajes que las observa. El aislamiento no sólo es f ísico sino interior y es llevado a sus últimas consecuencias con el suicidio de las cuatro hermanas. La última frase en off habla del mismo asunto. no importa la edad que tuvieran, o que fueran chicas. Sólo que las amamos y que ellas no nos oyeron llamarlas y aún no nos oyen desde fuera de esas habitaciones donde ellas estarán solas para siempre y donde nunca encontraremos las piezas para hacerlas encajar. En Lost in translation, guión original de Sofia Coppola, el aislamiento viene dado por la ciudad donde transcurre la película y la situación personal de los protagonistas. Bob y Charlotte son dos norteamericanos de visita en Tokio por distintos motivos. él, actor en la crisis de los cincuenta, ha ido a hacer un spot de whisky y ella, de poco más de veinte años, a acompañar a su marido fotógrafo. Desde el primer momento, Sofia nos cuenta que sus dos protagonistas están aislados de su rutina, separados de los suyos, aun cuando Charlotte ha llegado con su marido, puesto que la abandona para irse a trabajar. La presentación de Bob le muestra a él solo en un coche; a Charlotte la muestra mirando sola por la ventana del dormitorio mientras su marido ronca en la cama. Y enseguida sabemos más datos de la situación actual de los dos personajes. él tiene una mujer que sólo se preocupa por la nueva moqueta o echarle en cara que ha olvidado el cumpleaños del hijo. El marido de ella la critica en las pocas ocasiones en que coinciden con frases del estilo «no todo el mundo ha ido a Yale». Es decir, son dos personas en un momento de crisis interior a las que el viaje les hará salir, aunque sea por unas horas, del aislamiento en que se encuentran. Y en cuanto queda establecida la situación de ambos, se da pie a una relación entre dos solitarios. A pesar de ser Tokio una ciudad superpoblada, Coppola elige un hotel para aislar a su pareja del resto del mundo. -Creo que el punto de partida fue Tokio. Solía viajar allí a menudo, he pasado largas temporadas en esta ciudad. Quería incluir en una película algunas de mis impresiones durante el tiempo que pasé allí: regresar a casa sola por la noche con las luces de neón, o escuchando música... [...] la primera vez que llegué a Japón, mi estancia en el hotel Park Hyatt que es un lugar de tranquilidad en medio de esta ciudad tan caótica. Aunque en este caso, es a él a quién mantiene en el hotel mientras que a ella la saca a pasear sola por la ciudad, quizá para identificarla como el soplo de aire fresco que necesita el hombre en crisis de edad. Ella aparece como princesa que viene a rescatarle. una princesa con sus propios problemas personales. Vemos a Bob solo en el bar, en el gimnasio, viendo la televisión, jugando al golf, en la piscina... huyendo de quien le pide un autógrafo... A ella la vemos hablando por teléfono con su madre mientras le caen las lágrimas: «no sé con quién me he casado», y la madre cambiando de tema sin hacerle caso; visitando un templo, haciendo ikebana, en una sala de juegos recreativos... y luego encerrada en el hotel, en la bañera, escuchando una cinta de búsqueda del alma... Y ambos con insomnio, excusa que da pie a que se encuentren solos en el bar. Charlotte es quien le invita a salir de noche con amigos de ella, y tras un recorrido por distintos locales donde parecen disfrutar realmente el uno con el otro, acaban fumando en un pasillo solitario y por fin, de vuelta al hotel, los dos consiguen dormir. YOLANDA GARCÍA SERRANO u SOFIA COPPOLA Al día siguiente, otra vez de noche, huyen de un local para aislarse de nuevo en el dormitorio a ver una película. En esta secuencia surge un diálogo que habla de las preocupaciones de la guionista, aunque es Charlotte quien las expresa. ¿Eso mejora? -no, si... -no sé lo que quiero ser. La misma sensación con distintas palabras dijo la propia autora en una de sus entrevistas relacionadas con la película: -Creo que con veinte años uno se hace este tipo de preguntas. ¿Qué voy a hacer con mi vida? ¿Estoy tomando la decisión correcta? En la misma secuencia, Charlotte habla de las cosas que ha probado, como escribir o hacer fotos, y de que sabe que es negada, pero él la anima a seguir escribiendo. Ahí solos, aislados del resto del mundo, su relación se convierte en el oasis de sus existencias. Y de nuevo, un recorrido por la vida solitaria de ambos personajes hasta reunirlos en la despedida final, cuando los dos saben que sus vidas deben seguir por separado. La última imagen de Bob es la misma del principio: él solo en el coche. La de ella, perdiéndose entre la multitud. De nuevo los dos aislados, aunque han aprendido a ser un poco más felices el uno con el otro. María Antonieta vuelve a ser la adaptación cinematográfica de una novela, esta vez de Antonia Fraser, pero el tema es recurrente: una joven aislada por completo, no sólo de su familia sino también de su propio país. Sofia Coppola lo comenta en una entrevista con esta respuesta: Siempre quise pensar en María Antonieta como en una joven americana que arriba al Viejo Continente. una especie de Daisy Miller en la Francia del xVIII. Ella llega con toda la curiosidad natural de su edad para verse constreñida en algo más que un corsé. María Antonieta es obligada en la frontera a despojarse de cualquier cosa que la una a su país, Austria. Incluso debe dejar a su perrito, lo que provoca una tristeza inmensa en la adolescente. A partir de su llegada a la corte, aunque esté rodeada de multitud de personas relacionadas con el poder, ella siente que vive en una cárcel lujosa, con un marido que la abandona para ir de cacería y que no cumple en la cama. En muchos momentos de la película vemos a María Antonieta sola: en el lecho nupcial, encerrada en un cuarto, paseando, aplau-diendo... Pero incluso rodeada de gente de su confianza, sabe que siempre será «la austríaca». Cuando su hermano llega a visitarla, la joven le hace una pregunta esperanzada: -¿Venís para llevarme a casa? -no se puede raptar a la reina de Francia. En la historia real, y que queda reflejada en la versión que Sofia Coppola adapta para su guión, la reina de Francia se hace construir un refugio para aislarse del ruido de la corte. Allí lleva una vida de campesina, tratando sin duda de encontrar un lugar que le pertenezca. El único nexo de unión que tiene con su pasado es su madre, con la que mantiene una correspondencia abundante en la que es criticada por no hacer que su marido cumpla con el papel de YOLANDA GARCÍA SERRANO u SOFIA COPPOLA esposo. María Antonieta es obligada a vivir en un país que no es el suyo y a partir de ahí, con tan sólo quince años es desposada con un extraño y abandonada en una corte que le es hostil. Coppola lo explica en una entrevista: Desde el principio quise que se percibiera la absoluta ingenuidad y frescura del personaje, de esa joven llena de vida que llega a lo que se puede convertir en una tumba en vida. Como en Las vírgenes suicidas, habla de una joven muerta en vida. De modo parecido se siente la protagonista de Lost in translation cuando dice que se siente estancada y no sabe qué hacer. María Antonieta recurre a las compras, al juego, a las fiestas, tratando de romper el aislamiento al que le ha sometido el matrimonio concertado gracias a las alianzas políticas de la época. Pero lo único que consigue es que el pueblo se arme contra ella y la culpe de todas sus desgracias. La joven reina, inclinada en el balcón frente a una muchedumbre que pide venganza, es el símbolo más clarificador de su soledad. Así lo cuenta Sofia en una entrevista: la juventud frente a la Madurez En las tres películas escritas y dirigidas por Coppola, la edad de las protagonistas y el hecho de que sean mujeres tiene una importancia extrema. De hecho, los fotogramas iniciales nos hablan de ello. La primera imagen que aparece en pantalla en Las vírgenes suicidas es la protagonista, Lux, acabando de chupar el palo de un helado; en Lost in translation es un primer plano trasero de la braguita infantil semitransparente de Charlotte y en María Antonieta aparece la adolescente protagonista tumbada chupándose un dedo untado en pastel mientras le ponen un zapato. Tres imágenes realmente ingenuas de las que después serán las protagonistas de intensas historias. Como anécdota para demostrar que Sofia encara los trabajos desde su propia juventud, basta detenerse en un plano de María Antonieta, donde podemos ver unas deportivas junto a los zapatos de la reina, fruto seguramente de una chiquillada de la directora. Otra osadía fue emplear música moderna, y así se justificaba la propia Sofia: En este diálogo el médico nos cuenta que la vida es mala, aunque uno no debería saberlo a tan corta edad. Los que parecen saberlo en las tres películas son los adultos. En Lost in translation, Bob cuenta lo que significa la vida después de veinticinco años de casado. Cuando Charlotte le pregunta qué hace en el hotel, él responde: -Descansar de mi mujer, olvidar el cumpleaños de mi hijo y ganar dos millones promocionando un whisky. Y en María Antonieta, la madre se lo dice claramente en una de sus cartas: años de esa joven mujer que tanto le atrae. De hecho, cuando Bob tiene una aventura de una noche con una mujer adulta, la misma Charlotte le justifica: -Ella es más de tu edad. Y en la tercera, la juventud es la causante de todas las desgracias de María Antonieta. Quizá porque Sofia Coppola empezó a trabajar desde muy joven, y muy especialmente en su caso, por ser hija de quien es, nos encontramos con otro de los temas coincidentes en los tres guiones: los hijos. En sus tres películas este elemento funciona como conflicto. Si ser hijo es dif ícil, lo es aún más cuando se tiene la figura de un padre poderoso y triunfador. La opinión de la guionista sobre el tema queda reflejada en sus personajes y diálogos, a veces de manera brutal. Sin lugar a dudas, las hijas son el componente indispensable de Las vírgenes suicidas. Las hijas ponen en marcha la historia y son las protagonistas de la tragedia. Pero estos personajes no funcionarían si no tuvieran enfrente a la madre dominadora, una mujer que es incapaz de entender lo ocurrido tras el suicidio de sus cinco hijas, como expresa en la últimas frases de la película: -nunca les faltó amor. nunca les faltó amor. El amor maternal queda dibujado como ahogo de las jóvenes, con una madre castradora hasta el punto de encerrarlas sin permitirles ir a clase. una madre que les confecciona sacos para que asis-YOLANDA GARCÍA SERRANO u SOFIA COPPOLA tan al baile, que interroga a los chicos que vienen a buscarlas, que golpea a la hija díscola y la obliga a deshacerse de sus discos favori-tos... una madre con unas reglas tan estrictas que sus hijas sólo saben romper quitándose la vida. En Lost in translation, Sofia Coppola escribe una de las frases más demoledoras que se hayan escuchado sobre los hijos, y la pone en boca de su protagonista, Bob: -Todo se complica mucho cuando tienes hijos. El más aterrador es el primero. Tu vida tal como la conoces se va... para no volver. Interrogada sobre esta frase, la misma autora declara: recuerdo a dos amigos algo más mayores que yo que me dijeron lo mismo, algo que me sorprendió mucho por lo poco habitual, y sólo podía atraer la atención de una joven que se cuestionaba ciertas cosas sobre su vida. Bob olvida el cumpleaños de su hijo, habla sobre las consecuencias de la paternidad y de lo encantadores que se vuelven esos hijos que tanto miedo te han dado al nacer. Y no olvidemos que la diferencia de edad entre él y Charlotte es tan grande como para poder ser padre e hija. Si exceptuamos el último beso, se relacionan con la misma ternura que un padre lo haría con su pequeña: la besa en la mejilla, la lleva en brazos cuando se duerme, se agarran de la mano, se acuestan uno junto al otro sin tocarse... María Antonieta es la historia de una hija convertida en reina por deseo de su madre, de nuevo una madre dominante que critica a su hija en la distancia, sin preocuparse por conocer sus sentimientos. En una de las cartas que le envía escuchamos palabras tan duras como éstas: Y la hija obedece sin rechistar, aunque no logra el objetivo de conquistar a su marido en la cama hasta muchos años después. Más adelante, la madre vuelve a la carga en otra de sus misivas para hablar de nuevo sobre el hijo que no llega. Todo depende de la esposa, si es cariñosa y dispuesta. no me canso de repetiros lo importante que es que empleéis vuestro encanto y paciencia, nunca el mal humor para remediar esta lamentable situación. recordad que nada de lo que tenéis está asegurado hasta que llegue un heredero. El futuro de María Antonieta depende del hecho de que sea madre y dé un heredero a la corona de Francia. La maternidad por encima del amor, de los deseos, del hecho de ser persona. Y coincidiendo en las tres películas, unas madres que asfixian a sus hijas con sus demandas, o ignorando sus problemas como en el caso de Lost in translation. Sofia Coppola, mujer y cineasta valiente, que ha encontrado un camino personal donde desarrollar su talento tantas veces cuestionado en su faceta de actriz, habla también de lo femenino en sus guiones, mostrando unas mujeres sensuales y fuertes a partes iguales. Sus protagonistas, a pesar de su corta edad, son las que toman las decisiones, ya sea para bien o para mal como en Las vírgenes suicidas, cuando ellas se quitan la vida, o Charlotte pidiéndole a Bob que se quede con ella en Lost in translation, o María Antonieta YOLANDA GARCÍA SERRANO u SOFIA COPPOLA eligiendo quedarse junto a su marido en plena revolución. De la misma manera, en el terreno sexual son sus mujeres quienes toman la iniciativa en los tres casos. El personaje de Lux es quien seduce al joven, le acaricia por primera vez, le besa por sorpresa, hace el amor con desconocidos... Charlotte es quien se acerca por la noche a la barra para hablar con el recien llegado; es ella quien le invita a salir, quien le dice que se quede, que va a echarle de menos... Y María Antonieta se esfuerza por ser deseada en la cama, se perfuma, toca a su marido, le mira con pasión... y por fin se queda a su lado en el peor momento. Esta elección de centrar las historias en personajes femeninos no significa, en cambio, que los hombres queden relegados a un segundo plano. Son hombres con personalidades definidas, magníficos coprotagonistas de las historias de ellas. Incluso en el caso de Lost in translation, que Coppola imaginó a partir de un hombre en la crisis de los cincuenta, es Charlotte quien pone en marcha la peripecia. Si no fuera por su decisión de acercarse a él, no avanzaríamos en la relación de esta singular pareja. Tan sólo tres largometrajes han situado a Sofia Coppola entre los cineastas más prestigiosos de los últimos años. El Oscar al mejor guión conseguido por Lost in translation y haber sido la primera directora americana nominada al Oscar en esta categoría, así lo confirman. En una industria tan ardua como la cinematográfica, Sofia Coppola parece haber encontrado la vía para desarrollar una personalidad que vuela por encima de su apellido.
doriS leSSing, escritora británica ganadora del Premio nobel de Literatura en 2007, nació en 1919 en la localidad persa de Kermanshash. Cuando contaba seis años, su familia se traslada a rhodesia, hoy Zimbabwe, donde pasa su infancia y juventud. A los quince años abandona los estudios prosiguiendo su formación de manera autodidacta. En 1937 se independiza, deja la granja de sus padres y se va a la ciudad, donde se inicia en el mundo de la escritura. En 1949 se traslada a Inglaterra, donde publica su primera novela, The Grass is Singing (Canta la hierba, 1950), ambientada en África. Publica luego una serie que, con el título genérico de Hijos de la violencia, dio comienzo con Martha Quest (1952) y terminó con La ciudad de las cuatro puertas (1969). Su obra más conocida es The Golden Notebook (El cuaderno dorado, 1962), un relato que durante años ha sido considerado un clásico de la literatura feminista. También Mara y Dann (1999) y El sueño más dulce (2002), novelas con un indiscutible contenido autobiográfico. Doris Lessing, que militó en el Partido Comunista Británico entre 1952 y 1956, fue declarada persona non grata por los gobiernos de África del Sur y rhodesia especialmente. En 1995 regresó a Sudáfrica para visitar a su hija y a sus nietos y presentar una autobiograf ía que, según ella misma reconoce, era necesaria para dar su versión de unos hechos que los jóvenes de hoy ni siquiera saben que existieron. Después de haber publicado medio centenar de obras, sigue escribiendo cada día, mientras participa activamente en las causas más diversas. En la actualidad defiende los derechos de los animales, lucha contra la contaminación del planeta, ha abrazado el sufismo y participa en el Proyecto Biblia, una versión laica del libro sagrado que fue impulsada por la editorial Fischer. Estudió Filología Hispánica en las universidades de Deusto y Barcelona, y se licenció en Ciencias de la Información por la universidad Complutense de Madrid. Ha publicado las siguientes obras: Fabricar noticias (AA.VV.), Mitre, Barcelona, 1987 (ensayo), El león dormido, Editorial Algaida, Sevilla, 2005 (novela), La Bolivia, Editorial Aguaclara, Alicante, 2003 (novela), El ópalo y la serpiente, Guadalquivir Ediciones, Sevilla, 1996 (novela), Para toda la vida, Editorial Fundamentos, Madrid, 1991 (novela), La vida elíptica, Diseño Editorial, Madrid, 1991 (novela), Cuentos para la memoria (AA.VV.), Huelva, 2002 (libro de cuentos), Nadie es la patria, ni siquiera el tiempo, Caja España, Valladolid, 1999 (libro de cuentos), El "De Soto" de Rita Hayworth y diecinueve cuentos más (AA.VV.), CECA, Madrid, 1992 (libro de cuentos), La Gala (AA.VV.), Ediciones Torremozas, Madrid, 1990 (libro de cuentos), Un ángel en la basura, Ayuntamiento de Sevilla, 1989 (libro de cuentos), Lucías letzte Liebe, Der Club Bertelsmann, 2008 (novela), Lucías letzte Liebe, Goldman Verlag, Múnich, 2008 (novela), Der opal und schlange, Goldmann Verlag, Múnich,1998 (novela), Opalen og slangen, Centrum, Denmark, 1998 (novela), A opala e a serpente, Difel, Portugal, 1997 (novela). Entre otros ha obtenido los premios Sésamo, Andalucía de novela, Ana María Matute, Ciudad de Salamanca y Caja España de libro de cuentos. a [EMAIL] LAS DAMAS DE SHANGHAI Doris Lessing visita a Elizabeth Costello El ancestral país de los zimbabwe. una granja de tres mil acres. Lo primero que existe son las paredes de barro y los techos de paja que se levantan provisionalmente y que luego se convierten en un hogar que hay que rehacer cada año después de las lluvias torrenciales. una niña deambula por las selvas y sabanas, sola con su fusil y un perro. Y luego esa niña se convierte en la joven oficinista de un bufete de abogados de Salisbury. El mundo de los colonos blancos. Vienen después el marxismo y los matrimonios fallidos. Y más tarde la huida a Europa. El feminismo y la lucha política. La vida es como esa granja de Zimbabwe que hay que reconstruir cada año. La mujer de accidentada vida que nació en Persia y vivió en África se convierte en una escritora reconocida. Lucha para erradicar las desigualdades, es enérgica, vehemente, incansable. Ahora es una mujer de ochenta y ocho años que cuida de su hijo Peter y que combate (todavía) en diferentes lizas: la ecología, la defensa de los animales, la lucha contra las guerras, las invasiones... Y se enfrenta a todo (incluso al terrible esfuerzo que trae consigo la concesión del Premio nobel) con una vehemencia lúcida, la que produce haber entrado y salido con pasión y coherencia de los grandes ismos del siglo xx. a PALABrAS CLAVE: Blanco y negro, Europa y África, espejos, mujeres, incon- formismo, independencia, sabiduría, memoria; conocer, saber, ver, penetrar en ese mundo que hay al otro lado de... todo. El primer libro que leí de Doris Lessing tiene ahora las páginas amarillentas. Al abrirlo las hojas sueltan un sonido abarquillado, como si se quejaran del paso del tiempo. Es una encuadernación rústica y un poco primitiva, cosida con hilo vegetal gris. Compré este libro en Cuba, a principios de los años ochenta, en una de esas librerías destartaladas de la calle O'reilly. Eran tan baratos y había tan poco donde elegir que recuerdo haber adquirido indiscrimina-damente un diario del Che, la historia de las armas, grados, uniformes y organización del Ejército Libertador, varios cuentos infantiles de la Editorial Progreso de Moscú, algunos libros de arte entre los que había un volumen de pintura veneciana (con una preciosa lámina de Caterina Cornaro, la reina de Chipre, pintada por Gentile Bellini y que con el tiempo se transformó en la historia de uno de mis libros), y también esta recopilación de los primeros cuentos y novelas de Doris Lessing que los editores cubanos agruparon bajo el título de El hormiguero. Son dos cuentos y tres novelas breves, todos de ambiente africano. Ahí está la génesis de la escritura de esa mujer que, mientras se escribía este artículo, fue galardonada con el Premio nobel. Sí, ése es el comienzo. África. un país que se llama rhodesia y que es el antiguo reino de los zimbabwe. En el momento de la conquista británica Zimbabwe (en lengua shona quiere decir «el recinto de un jefe») estaba dividido en dos territorios: el de los shona, al norte, y el de los matabele al sur. Ambos territorios eran codiciados tanto por los bóers como por los ingleses, pero fue el avispado Cecil John rhodes quien conquistó las tierras que fueron llamadas rhodesia del norte y rhodesia del Sur en su honor. Y a ese territorio llega la familia Tayler, el padre mutilado en la Primera Guerra Mundial, la madre, una enfermera que le cuidó en el hospital, y los hijos. una pequeña de seis años que crece entre la granja, en la que los negros cultivan maíz y tabaco, y el colegio de monjas donde la obligan a bañarse con una tabla en el cuello para que no pueda ver su propio cuerpo desnudo. Conocer, saber, ver, penetrar en ese mundo que hay al otro lado... de la vida de los colonos blancos. Eso será lo que guarde en su mente de escri-tora que aún no escribe. El abismo entre dos mundos. Las injusticias sociales, los delgados panfletos azules (la Ley de empleo de los nativos adolescentes, la Ley de inscripción o la Ley de alojamiento de los nativos) con los que el Gobierno de los administradores blancos intenta vertebrar un país que se ha quedado sin esqueleto. Esos panfletos que se filtran en los primeros cuentos y novelas como una parte más de la historia que la joven Doris intenta contar. Ahora es una muchacha de pelo oscuro y rizado, tiene unos destellantes ojos verdes que con los años se volverán un poco azules y mucho más sabios, y está llena de anhelos. Conocer, saber, ver, penetrar en ese mundo que hay al otro lado... de las granjas. El mundo de las ciudades. Y allí va, a Salisbury, con quince años y un empleo de telefonista en el despacho de unos abogados. Seguramente es en esta época cuando archiva en la memoria esos otros textos que luego aparecerán en sus libros de manera más o menos explícita: la Ley de Conciliación Industrial, El desarrollo de la trata de esclavos en el siglo xVIII, o La historia de una granja africana, esa novela escrita por Olive Schreiner, en 1882, que para Sudáfrica fue tan importante como Cumbres borrascosas lo es para Inglaterra. De Olive Schreiner aprendió que con los materiales más burdos y humildes se puede construir una obra literaria importante y vital, que una mujer puede hacerse un lugar en ese mundo brutal, viril y precario en el que quedan enterradas las personalidades más débiles y sumisas. Desde luego esa niña que antes vagaba por la jungla con su perro y un fusil no ha crecido para ser la esposa de un funcionario de Salisbury. A los doce años sabía conducir, cuidar cerdos y gallinas, disparar. A los quince aprendió a huir de su propia niñez (una nube plomiza y gris que ha llevado sobre la conciencia durante toda la vida) de la única manera posible, la más directa, la que de un modo intuitivo y primario considera efectiva: consiguiendo un trabajo en la ciudad para escapar definitivamente de la rígida tutela materna. Y en Salisbury es libre. Por primera vez se siente libre. Para equivocarse, para contraer matrimonio a los diecinueve años con un funcionario rhodesiano llamado Frank Wisdom y tener dos hijos con él. Cuatro años más tarde abandonará ese matrimonio triste, opaco y escaso, insuficiente para el anhelo incansable que la hija de los Tayler adquirió mientras crecía salvaje en los tres mil acres de tierra desbrozada donde los hombres eran esclavos y los animales libres. Conocer, saber, ver, penetrar en ese mundo que hay al otro lado... del matrimonio. Los hijos quedan bajo la custodia del padre y otra vez la muchacha que creció en la granja de los Tayler es libre para acertar, equivocarse, o ambas cosas a la vez. no hay normas lo suficientemente sólidas como para obligarla a vivir según el cliché de los colonos blancos. Los viejos valores de la Inglaterra victoriana crecen mal en el exuberante suelo africano. Y eso que la tierra es fecunda, opulenta, generosa. En ese suelo germinan con abundancia las pasiones, los vicios secretos y, a veces, la rebeldía. En Salisbury, tras el malogrado matrimonio con Frank Wisdom, y mientras los dos hijos nacidos de esa unión quedan al cuidado del padre, Doris Lessing pone en marcha su sueño de escribir, ese impulso que Frank Wisdom consideraba terrible y amenazante para su apacible condición de funcionario. Y cuando la joven madre sin hijos vuelve a sentirse libre, presa de ese feroz deseo de independencia que guía siempre sus pasos, lucha por sus sueños más secretos. Conocer, saber, ver, pene-trar en ese mundo que hay al otro lado... de la nube espesa que fue la infancia. Escribe sobre lo que conoce, sobre un hormiguero, sobre las espantosas condiciones de vida de los nativos en su propia tierra, sobre las actitudes vergonzantes de los blancos y los intereses espurios de los estados. Escribe sobre un Gran Árbol adornado con cuentas y abalorios y sobre calles estrechas y tortuosas donde los negros malviven hacinados en ruinosas edificaciones de hojalata. Y en esos cuentos africanos se yergue a veces la chimenea de una planta eléctrica que inunda el aire con humo negro. necesita mostrar al resto del mundo eso que sus jóvenes ojos contemplan en las ciudades africanas, algo que ella no sabe se repite en todas las urbes pobres del mundo, en los suburbios miserables de América de Sur y en los asentamientos donde la gente bebe de las charcas cubiertas de una fina capa de petróleo que les protege de los mosquitos. Eso ocurre en África, y al mismo tiempo en otras muchas partes del mundo donde el hambre y la pobreza han anidado. Hay bidones oxidados que brillan con la luz del sol y espantan a los halcones, hay ríos secos cubiertos de basura donde la gente construye sus casas mientras las garzas se congregan al atardecer en la desembocadura y las gaviotas revuelven la basura en busca de un despojo comestible. Ella ha visto todo eso. Pero también las montañas grandes y majestuosas, los cielos limpios de la sabana, el aire denso de las selvas, los árboles de grandes raíces aéreas y por eso es capaz de reconocer también las cualidades humanas de algunos colonos, escribir con compasión y honestidad sobre las gentes entre las que ha crecido, aunque critique ácidamente sus conductas. Ella ha vivido en medio de dos mundos opuestos, a un lado y al otro del espejo. Y quiere explicárselo a los demás, pero sobre todo a sí misma. Por eso necesita escribir. Por aquella época Doris Lessing conoce a Gottfried Lessing, un militante comunista de origen alemán con el que se casa en 1943. él es un rígido prosoviético que, según reconoce años más tarde la propia Lessing, nunca soñaba y apenas podía creer que hubiera gente que soñara. Gottfried ve sólo un lado del espejo, mientras que su joven esposa posee el don de ver las dos caras al mismo tiempo. Para él la superficie del cristal es una muralla opaca. Para ella el azogue es una lupa que multiplica la realidad. En ese laberinto de espejos construirá su obra, un reflejo que lleva a otro reflejo, una imagen frontal que de pronto muestra lo que oculta la espalda. A Doris Lessing le gustan los westerns: en una entrevista reciente habla de La legión invencible, El bueno, el feo y el malo y Había una vez en el oeste. ¿Pero ha visto Doris Lesing esa película de Orson Welles que se titula La dama de Shanghai? En la última escena, la gran secuencia visual del laberinto de espejos, Orson Welles y rita Hayworth se enfrentan al inevitable desenlace, mientras la imagen de ambos se multiplica mil veces como en un trágico calidoscopio. Quizá Doris Lessing no sabe todavía que su vida va estar llena de espejos en los que la realidad se da la vuelta. En las fotos que se conservan de esa época vemos a una Doris Lessing desconocida. Lleva el pelo corto y ondulado, retirado de la cara, y posa increíblemente joven, seductora, a veces sentada sobre una cama que se adivina deshecha, a veces con un cigarrillo en la mano, adoptando una pose tan cinematográfica que uno diría que se trata de una estrella de cine. ésa también fue la mujer, no la viejecita de pelo canoso recogido, la de los amplios ropajes y aspecto austero, la que escapará con su hijo, dos baúles y ciento cincuenta libras camino de Inglaterra. El niño se llama Peter y tiene dos años y medio. En uno de los baúles lleva el manuscrito de su primera novela: Canta la hierba. También lleva consigo el inconformismo, la feroz independencia y la lucha incansable contra la resignación. De ese secreto equipaje no se desprenderá nunca. En Inglaterra milita en el Partido Comunista y escribe todavía con África en la cabeza. Después de Canta la hierba publicará Hijos de la violencia, una serie de cinco novelas que nos llevan de mano de Martha Quest (la protagonista que da nombre al primer libro de la pentalogía, escrito en 1952) y que se prolonga en el tiempo con títulos como Un casamiento convencional (1954), Al final de la tormenta (1958), Cerco de tierra (1965) y La ciudad de las cuatro puertas (1969). En 1962, publica El cuaderno dorado, el libro que se convertirá en emblema del feminismo de los años sesenta. Inglaterra es ahora el país en el que vive. Está viviendo su sueño, lo que no parecía posible. Publica sus novelas en el país de los cielos plomizos y las continuas lluvias. Van Cuando quiso abordar el tercer volumen se dio cuenta de que lo que quería escribir podía afectar a personas todavía vulnerables. Y entonces con sus recuerdos hizo una novela. un acta notarial de algo que se ha esfumado: el espíritu de los sesenta. Se deja crecer el pelo, que ahora se ha vuelto gris, y se lo recoge en un sencillo moño. Los periódicos y revistas reproducen la imagen de una anciana imbatible de cabello gris y ojos claros que había levantado la voz contra todas las injusticias, primero la segregación racial, luego la lucha de clases, la discriminación de la mujer, las guerras, las invasiones, y que más tarde es capaz de elevar sus protestas sobre los abusos y confusiones de sus propias creencias, despotricando sin piedad contra el comunismo o el feminismo deteriorado, todo eso que pertenece a la más contundente realidad y que se proyecta como un hábil diaporama sobre sus obras de ficción. Como en ese laberinto de espejos. Y de pronto puedes reconocerla en otra mujer, esa mujer que escucha de su propio hijo: Yo diría que cargas con más realidad de la que eres capaz de soportar. Doris Lessing cumple hoy ochenta y tres años. Cuida de un gato al que unos adolescentes salvajes cortaron el rabo. Vive en una de esas clásicas casas de ladrillo adosadas en hilera con un pequeño jardín delantero y un secreto jardín trasero donde los vecinos se ignoran educadamente mientras recortan el seto. A veces pasea bajo los árboles de Hampstead Heath. En la entrada de su casa hay un suelo de baldosas blancas y negras. Se peina, abre una pulcra raya en el centro de su cabellera gris y recoge las hondas indómitas (como ella) en un sencillo moño de abuelita de cuento. Pero Doris Lessing no es una apacible abuelita que teje bufandas. Al otro lado del mundo, en Australia, un escritor sudafricano llamado Coetzee ha escrito una novela sobre una mujer que se llama Elizabeth Costello. Es una novela tan de verdad que casi no lo parece. Por eso el personaje se escapa, se filtra desde la ficción hacia la realidad, adquiere cuerpo, músculos, sangre, huesos cargados de osteoporosis (porque es una mujer mayor, una anciana combativa que ha hecho de la coherencia y el desaf ío su última bandera). Ese cuerpo fatigado por los años alberga un espíritu beligerante, polémico, que la lleva de aquí para allá como si todavía tuviera veinte años. Elizabeth Costello tiene un hijo que se llama John y que a veces le acompaña en sus viajes. Tiene también un gato al que le falta el rabo. Elizabeth Costello lleva un vestido azul y una chaqueta de seda, es su uniforme de novelista. Se ha puesto unos aparatosos zapatos blancos y se ha peinado hacia atrás el pelo. -El otro día alguien dijo de mí que yo era una escritora poscolonial -le dice a su hijo. Y luego mira su imagen en el laberinto de espejos y ve a esa otra mujer que lleva el pelo gris recogido en un moño. -¿Te llamas John o Peter? -pregunta al hijo que se está alejando. él no puede responder. Ya sólo están las dos ancianas frente a frente. Y de pronto oye su voz, la voz de esa otra imagen que no reconoce. -Yo viví en la región de Lomagundi, al nordeste de rhodesia. Había una oscura jungla junto a los campos de maíz. Elizabeth Costello no sabe quién es esa mujer, pero se ve obligada a responder. -¿Es que usted también es una escritora poscolonial? Doris Lessing recuerda el pelo rubio platino de rita Hayworth, peinado hacia atrás, en la película de Orson Welles. Piensa que son ellos dos los que deberían estar aquí. Quizá entonces alguien podría responder: -Alguna gente puede oler el peligro. Yo no. Ochenta espejos cilíndricos de más de dos metros de altura. Muchos de ellos son deformantes. -¿Poscolonial? -repite molesta-. no sé. Han dicho que soy un icono del feminismo, una comunista radical, una vieja furiosa que siempre está enfadada. -¿Y es cierto? -Sí, todavía estoy enfadada por las guerras, las desigualdades, el destrozo medioambiental. -¿no se siente cansada a veces? -Seguramente sí. Pero luego pienso que no puedo permitírmelo. Acaban de darme el Premio nobel. Habrá cientos de entrevistas y discursos, me llevarán de un lado a otro. A lo mejor eso acaba conmigo. Quieren agasajarnos de la única manera que conocen. -Pero nos exigen un mensaje. ¿Tenemos la obligación de transmitir un mensaje? -Yo no soy una buena oradora. En ocasiones, cuando tengo que hablar en público, me falta el ánimo. -Eso es porque nos sentimos rodeadas de cazadores de reliquias. Quieren vernos, oírnos en persona, y no se dan cuenta de que destrozan las voces interiores y los pensamientos sobre los que todavía tenemos que escribir. nos queda poco tiempo y aún hay mucho que hacer. Las dos mujeres están paradas frente a los espejos. una lleva ese vestido azul con chaqueta de seda y la otra una falda vaquera y una cotidiana camisa de cuadros bajo el chaleco inglés de lana. Las dos están preocupadas. Doris Lessing se pasa ambas manos por el pelo, como si quisiera ajustarse el peinado. Parece que estuviera sopesando su propia imagen. -He ganado todos los premios -dice en un tono neutro, sin asomo de presunción-, todos y cada uno de ellos. Ahora tengo la colección completa, una escalera de color. Es el principal premio de las letras inglesas. -ése no. Lo había olvidado. -¿Piensa que Inglaterra le ha dado la espalda? -no especialmente. Quizá no espero gran cosa porque a veces todavía me siento como una recién llegada. Vi esta ciudad desde el barco, cuando vine de África. Era una auténtica ruina, desconchada, agrietada, sucia y muy gris. -Yo vivo en Australia. Es un país todavía algo salvaje, ¿sabe? Elizabeth Costello descubre que está bamboleándose. Lessing se ha sentado en el suelo. Tiene las piernas descuidadamente abiertas bajo su larga falda vaquera. -¿Qué nos ha traído aquí? Somos las dos tan viejas... -nuestro brío. Debe de ser que estamos vivas. -Sí, eso debe de ser. Que todavía tenemos cierta fuerza. -¿Volverás a Australia? -Sí. Estoy inmersa en un programa por los derechos de los animales. Tengo que seguir adelante. Mi hijo me preguntó hace poco si realmente creo que unas cuantas conferencias van a cerrar los mataderos. El mundo aún no asume que a los animales la vida les importa tanto como a nosotros. Así que tengo que seguir. no sé lo que quiero hacer. Lo único que no quiero hacer es quedarme callada. En muchas cosas está de acuerdo con esa mujer a la que contempla en la superficie de un espejo. Le parece extraño que así sea, al fin y al cabo sólo es un personaje ficticio, la invención de un escritor que se llama Coetzee y que, como ella ahora, también ha ganado el Premio nobel. -¿Cree usted que finalmente el viento se llevará nuestras palabras? -le pregunta a esa mujer extraña. Entonces rita Hayworth dispara sobre el malvado Bannister (su marido) y cae también herida de muerte. Los espejos se rompen en mil pedazos. En los trozos que aún se mantienen en pie se ve a los muertos de mentira tendidos en el suelo, y sobre ellos se reflejan, veraces y reales, el cabello gris de Doris Lessing, pulcramente recogido, y los zapatos blancos de Elizabeth Costello.
Pensilvania y, finalmente, en Oxford. Fue profesora de Historia del Arte y Literatura en la universidad de Londres durante años, hasta que en 1982 decidió dedicarse en exclusiva a la escritura. En 1990 publicó Posesión, novela que obtuvo el Premio Booker. Es autora, entre otros libros, de Ángeles e insectos, The virgin in the garden, Still life, La mujer que silba y Sugar and other Stories. Considerada como una autoridad en el análisis de los dos últimos siglos de literatura anglosajona, A. S. Byatt ha publicado estudios literarios sobre Iris Murdoch y William Wordsworth y ha editado los ensayos de George Eliot. paula izquierdo, escritora nacida en Madrid, psicóloga de carrera, lleva diez años dedicada a la escritura. Después de su último ensayo, Picasso y las mujeres (Belacqua), ha salido a la luz Sexoadictas o amantes. Ha publicado las novelas La falta (Alianza), finalista del VI Premio Fernando Quiñones, El hueco de tu cuerpo (Anagrama) y La vida sin secreto (Plaza & Janés); el libro de relatos Anónimas (Seix Barral) y la traducción de Bubu de Montparnasse de Charles-Louis Philippe en Trama Editorial. Además de su tarea como narradora, ensayista y traductora colabora habitualmente en ABCD, suplemento cultural del ABC, y en otros medios escritos. Es profesora titular de la Escuela Contemporánea de Humanidades, pertenece a la junta directiva de la ACE y, por último, ha coordinado, antologado y participado en el libro de relatos Cada vez lo imposible (Alianza). Actualmente pertenece al Consejo Editorial y colabora en la revista Texturas. a www.paulaizquierdo.net ANTONIA S. BYATT: UNA NARRADORA TOTAL PAuLA IZQuIErDO reSuMen Antonia S. Byatt nació en 1936, en Sheffield, Yorkshire. Es una de las novelistas mas complejas e intensas en lengua inglesa del momento. Inició su andadura en la literatura como profesora y crítica, y esta doble faceta le fue muy útil a la hora de pergeñar qué y cómo escribir. Si algo caracteriza la literatura moderna es que los narradores no suelen juzgar, sino que ofrecen los distintos puntos de vista para que sea el lector quien saque conclusiones. Si algo caracteriza su prosa es el virtuosismo con que da voz y verosimilitud a los personajes que habitan sus novelas. Algunos críticos la han tildado de victoriana postmoderna, debido a sus gustos refinados y, qué duda cabe, a que sus textos ponen de manifiesto su formación: su estilo es literario; los personajes pertenecen al que fue su ámbito académico; las referencias cultas y las disquisiciones intrincadas son ella misma. una gran propuesta. a PALABrAS CLAVE: A. S. Byatt, literatura inglesa, mujeres escritoras. Antonia S. Byatt nació en 1936, en Sheffield, Yorkshire. Es una de las novelistas más complejas e intensas en lengua inglesa del momento. Byatt estudió en el newnham College de Cambridge, en el Byrn Mawr College de Pensylvania y en el Somerville College de Oxford. Durante años ejerció como profesora de Historia de Arte y Literatura en la universidad de Londres, hasta que se decidió a probar con la escritura. Su hermana, también novelista, firma como Margaret Drablee. Aunque su primera novela, The Game, la publicó en 1967, no fue hasta 1990, al ganar el Premio Booker con su novela Posesión, cuando se dio a conocer al conseguir una conquista insólita para una novela tan culta y erudita. 130 15 X 15 MUJERES QUE CUENTAN EN EL SIGLO XXI cionalmente reconocida, se convirtió en un best seller y fue adaptada al cine, con Gwyneth Paltrow como protagonista -Byatt ha dedicado su vida a la literatura y la crítica literaria. Byatt es una autora de novelas totales. Como decía Virginia Woolf respecto a su intencionalidad como escritora, también Byatt ha querido «meterlo todo» en cada una de sus prolijas y extensas publicaciones. Son textos, los suyos, donde la autora hace un trabajo de vivisección de la psicología y de la naturaleza humana, en definitiva, un alarde de inteligencia. Según Juan Javier Vásquez 1, las novelas de Byatt pueden dividirse en dos especies: unas, como Posesión y Ángeles e insectos, son «ambiciosas y largas discusiones»; otras, «forman un ciclo bastante cerrado y casi endogámico, son novelas de dif ícil clasificación, novelas de las ideas, registros rigurosos de la educación sentimental que a lo largo de una tetralogía va describiendo; sus títulos son: The Virgin in the Garden, Still Life, Babel Tower y La mujer que silba». Para dar una idea del tipo de escritora a la nos enfrentamos, mi comentario se centrará tanto en la magnífica novela Posesión (Anagrama, 1990), como en La mujer que silba (Emecé, 2003), primera novela de su ambiciosa tetralogía, y que correspondería a la segunda forma de enfrentarse a la literatura de A. S. Byatt. Posesión es una novela que deja sin resuello al lector desde el primer momento. El título no puede ser más apropiado; uno quiere poseer no sólo la sabiduría, sino también vivir las vidas de los personajes que pululan por el libro. En ella se combinan dos ingredientes sabiamente dosificados: la trama novelesca y la erudición. no debemos olvidar que A. S. Byatt comenzó su andadura en la literatura como profesora y crítica y, ella misma reconoce que esta doble faceta le fue muy útil a la hora de pergeñar qué y cómo escribir. Según sus palabras en este libro su objetivo era que el lector recordara la literatura de autores como Dickens. Es, por tanto, un homenaje que la autora ha querido rendir a la «gran literatura», como ella define a la del siglo xIx. El germen del argumento parte de las cartas que a lo largo de los años se cruzaron Browning y rosetti. Este intercambio epistolar va narrando la vampiresca relación que une a sus autores, y al mismo tiempo a los investigadores de este intercambio epistolar. La vida de Browning, un poeta afamado, y rosetti se imbrica en la de los dos estudiantes de literatura. Como en un juego de espejos. Todo comienza cuando un joven investigador, roland Mitchell, descubre de forma casual en una biblioteca londinense las cartas que el poeta victoriano Browning (1812-1889) envió a una mujer desconocida que no es otra que Christabel LaMotte. Ambos jóvenes, estudiosos de la literatura británica del siglo xIx, se ven inmersos en una vieja historia de amor que les conduce a través del tiempo y el espacio a descubrir sus propios sentimientos. Esta confrontación de dos mundos pretende, según la autora, analizar algo sobre la naturaleza del amor. «El hombre moderno ha vaciado de significado la palabra amor. En la actualidad, una pareja no sabe qué hacer con su relación, todo se convierte en técnica. En cambio los victorianos tenían muy clara la idea del amor.» En Posesión se mezclan diferentes géneros como la prosa, la poesía y el género epistolar. una amalgama de la que se siente muy orgullosa, sobre todo porque fue el primer libro en el que introdujo un número importante de sus poemas. Si algo caracteriza la literatura moderna es, precisamente, que los narradores no suelen juzgar, sino que ofrecen los distintos puntos de vista para que sea el lector quien saque sus propias conclusiones. Si algo caracteriza la prosa de esta mujer es el virtuosismo con que da verosimilitud al conseguir encontrar el tono idóneo para cada uno de los muchos personajes que habitan sus novelas. La mujer que silba corresponde a la cuarta entrega de la tetralogía. Desgraciadamente, cuando leí este libro en 2003, no habían sido traducidas las anteriores novelas que conforman el calidoscopio de una vida, la de su protagonista. De modo que lo leí como una unidad, como un texto en sí mismo. Ambición que debe tener cualquier texto que posee un comienzo y un final, independientemente de que la historia de sus personajes pueda alargarse antes y después del tiempo en que está narrada la anécdota que tenemos en las manos. «Y el universo se me destajaría del costado», escribió Silvia Plath en su novela La campana de cristal. Bien, pues a la novela de Antonia S. Byatt, narrada por Frederica Potter, nada se le destaja del costado. Esta obra, La mujer que silba, es precisamente todo lo contrario; Frederica, más bien, se aferra a la vida, la disfruta la sufre a partes iguales. Ella es una mujer divorciada, con un hijo pequeño y profesora de literatura, pero por encima de sus datos biográficos late una mujer que quiere vivir, sentir y sobre todo expresarse. no deja de ser sintomático que la novela se titule La mujer que silba; una mujer que en 1968 quisiera ser ella debía silbar, llamar la atención, entonces no teníamos aún la palabra. no disponíamos de ningún lugar en el mundo. A. S. Byatt es una escritora excepcional, algunos críticos la han tildado de victoriana postmoderna, debido a sus gustos refinados y, qué duda cabe, que las novelas de Byatt ponen de manifiesto su formación: su estilo es literario; los personajes pertenecen al que fue su ámbito académico; las referencias cultas y las disquisiciones intrincadas son ella misma. La escritora nos demuestra con este libro que, así como en el siglo xIx las novelas eran totales, todavía hoy en día se pueden escribir novelas de similares características. Es cierto que el relato es fragmentario, pero los trozos construyen un todo, un enjambre de la vida que vivimos o que no vivimos y nos gustaría conocer. Pero, ¿cuántas cosas nos ocurren de las que no somos conscientes? La mujer que silba es una historia sobre el miedo a poseer y no obtener nada. Tal y como entiende la protagonista la vida, nuestras vidas están hechas de retazos, somos láminas solapadas, somos fragmentarios, nuestra vida pese lo que nos pese no está escrita y así, en la página 24, la protagonista se pregunta: ¿Qué clases de finales hacían llorar de felicidad? Esta novela, sin embargo, no ha sido escrita para construir finales sino para describir peripecias vitales. Diferentes vidas inconexas que confluyen de una forma azarosa. Es un relato que habla de la ciencia y del arte, de la teoría y la práctica, de la guerra y sus consecuencias, pero sobre todo habla de las mujeres. no por ello es una novela feminista, ni es una novela de «mujeres», sino que se trata de una historia donde el papel principal lo interpreta una mujer. El único aspecto por lo que los críticos la pudieron tildar de feminista es porque la historia se desarrolla en unos años donde la píldora y la libertad sexual empezaban a tener unas connotaciones de normalidad. A pesar de los éxitos literarios y su inagotable deseo de saber, A. S. Byatt sufrió una pérdida de la que nunca podrá recuperarse PAULA IZQUIERDO u ANTONIA S. BYATT una madre; su hijo fue atropellado al lado de su casa cuando sólo contaba once años. un crítico, bastante mezquino, escribió en un titular para reseñar una novela de Byatt: una poetisa que es madre. Desde luego el comienzo no podía ser menos oportuno. Jamás he leído una crítica en la que se dijera: un novelista que es padre. Este comentario funesto, dicho / escrito en los años noventa, me recuerda lo que en su día publicó Erica Jong en su ensayo ¿Qué queremos las mujeres? 2. Me atrevería a decir que no han cambiado tanto las cosas. Erica Jong escribe, refiriéndose a sus años de estudiante: «Se nos hacía sentir que la poesía era un terreno exclusivo para las que no tenían hijos. Y las mujeres habían nacido para ser una de dos: musas o madres». «Algunas poetisas que tienen que lidiar con estas paradojas llegaron a dar su vida por ello. La poesía es un arte peligroso para la mujer». un poco más adelante, Jong añade, refiriéndose a las que habían sido sus cómplices gracias a su tesón y determinación para pelear por hacerse un hueco en la literatura de los hombres, a pesar de los pesares: «Virginia Woolf se preguntaba: ¿Quién es capaz de calibrar la pasión y la violencia del corazón de un poeta cuando éste se encuentra enredado dentro de un cuerpo de mujer?». La respuesta, setenta años más tarde, quizá no sea muy alentadora, pero lo cierto es que las mujeres no hemos dejado de escribir y el mejor ejemplo lo tenemos en esta autora, Antonia S. Byatt, cuyo talento, contundencia y brillantez a nadie puede dejar indiferente.
SUJATA BHATT: LOS COLORES DEL ENCUENTRO CLArA JAnéS nADAL reSuMen Invitada al Festival de Poesía de Bremen, movida por la alegría de ir a Alemania cuando el último poeta amado era un alemán, Johannes Bobrowski, confesé este hecho en público. Se me acercó entonces Sujata Bahtt, poetisa india que también admira a este poeta, e iniciamos un hermoso intercambio. Al día siguiente me regaló sus libros, donde se trasluce el contraste entre las culturas oriental y occidental. En Bremen escribí yo un largo poema-crónica con trasfondos y citas múltiples. Luego traduje uno de los libros de Sujata y lo presentamos en Cartagena. Meses después nos encontramos en Delhi. Finalmente nos volvimos a reunir en Bremen, de nuevo en el Festival. una sesión para las dos solas en el Museo Paula Modersohn-Becker, donde ella presentó un nuevo libro puesto en boca de esa pintora amiga de rilke, yo el poema-crónica donde hablo de poesía, de la ciudad y cito a rilke. a PALABrAS CLAVE: Bobrowski, nachiketas, poema, pregunta, vida, muerte, encuentro. Plantada estaba en mí como un árbol la palabra «árbol», en alemán Baum; árbol del lenguaje, «árbol más allá del silencio», como escribió Bobrowski... Y fue el nombre de este poeta el que desencadenó el diálogo con Sujata Bhatt. Segundo Festival Internacional de Poesía. En la oscuridad iluminada del escenario yo había pronunciado el nombre y, al salir, se me acercó con su ondulado pelo negro y sus grandes ojos inquietantes. Al día siguiente me dio sus libros y me habló de nachiketas, un personaje de la Katha Upanishad que forma parte ya del mito, al que el dios de la muerte, Yama, concedió tres deseos, el último de los cuales fue conocer cuál era el sentido de la vida y del «viaje al más allá»... no pensé entonces, con el asombro de que hubiera sido ella, y no un poeta alemán, quien se acercara la víspera a mí, que también buscaba respuesta a la pregunta de nachiketas, ni que al escribir poesía buscamos seguramente esto. Después, al leer sus poemas, vi que en ellos aparecía también el nombre de Bobrowski, y vi las distintas atmósferas donde se desarrollaban sus versos, y que la búsqueda, que traslucían nítidos los ojos de Sujata, abarcaba no sólo los espacios, sino los tiempos. nacida en Ahmadabad, India, en 1956, estudió en Estados unidos, en la universidad de Iowa, luego vivió en Canadá, y, finalmente, se casó con un poeta alemán y vivía en Bremen. Pero ¿cuál había sido su lengua primera, el gujarati, el marathi, el hindi? ¿Y sus estratos literarios anteriores? ¿Los Veda, las Upanishad, el Ramayana, el Kuruntokai? Lo que se percibía con claridad era que pronto se asentaron en su mente, T. S. Eliot, Ezra Pound, rilke, y sí, Bobrowski. Pero ella no sólo estaba abierta a los poetas, sino a los idiomas, sobre todo a los desaparecidos, como el latín... Todas aquellas lenguas que caen -escribe-«en el agujero del viento», a las que se acercaba y valoraba de un modo distinto, en sus vocales y sus consonantes, y que le llevaban por ejemplo a decir: «Me gustaría desaparecer / en las vocales». El viento, el aire, se relaciona con la culminación para los hindúes, abre un espacio a las cosas para que se eleven hasta su fin: el sol. El aire, además, es núcleo del aliento, de la voz. Y ahora la de Sujata se encarna en el inglés, placidamente. Sujata es una quietud, pero una quietud que no cesa en la pregunta que ocupa sus ojos y procede del cruce de dos mundos, y puede concretarse así: ¿qué es más real, ese baño en el agua del Ganges que se lleva a cabo desde hace miles de años y actualmente, al hindú evolucionado, le des-pierta la conciencia de que tras él no ha quedado más limpio, dejarse morder por una serpiente -no venenosa-para poder cazarla, la madre propia poniéndose meticulosamente el sari, con todos sus pliegues, uno por uno, o ese globo que rapta sin piedad a unos congresistas? ¿O son esos mares con barcos naufragados de los que hablan los periódicos...? Traduje uno de los primeros libros que me dio, Augatora, palabra que remite a ojo, agujero, apertura, puerta, y que procede del noruego antiguo y comporta todo ese interrogar de Sujata. Lo presentamos en Cartagena, en el Festival Mar de Músicas -dedicado aquel año, 2003, a la India-: segundo encuentro. Piedras romanas, puerto moderno, mar y olor a sal y a yodo, conciertos bajo las estrellas; una flauta india de bambú, el bansuri, tocada por Hariprasad Chaurasia, serpenteando por el ámbito solemne de la catedral antigua; y en el castillo, el dinamismo, la voz, la percusión y estallante fuerza de Trilok Gurtu. Paseamos en calma por las callejuelas, nos comemos un helado en una terraza. Sujata conoce bien España, pasa temporadas en la casa que tienen sus suegros en Andalucía. La sorpresa es otra, es el libro, tan bellamente editado; son las entrevistas, la lectura de poemas para los alumnos del curso de verano, los estudios de la radio... Y mi pregunta insistente por uno de sus poemas, ese en que Jane habla con Tarzán, que creo la representa enteramente y expresa la doble cara de la condición femenina, la ingenuidad y el salvajismo, por un lado, y la entrega amorosa, por otro. «Con tu modo de hablar / me has sometido [...] has modificado mi modo de mirar a los árboles», dice Jane... Y algo más: «las palabras que conozco / ya no me sirven»... Cada vez -y sobre todo en poesía-la palabra ha de «estar» nueva. Esa renovación perpetua anida en la palabra y también en CLARA JANÉS u SUJATA BHATT la mirada de Sujata, y da un salto en los versos del siguiente libro que me envía, A colour for solitude (un color para la soledad). Los colores de Sujata abarcan ya todo el arco iris, su ahora es espacialmente esa hermosa ciudad, Bremen, abrazada por un río, con calles con elementos muy concretos referidos a la literatura, algunas de las cuales nos asaltan. Si no hallamos escrita ninguna memoralia de que fue allí donde Paul Celan, al recibir el premio otorgado por la ciudad, dijo, siguiendo a Mandelstam, que la poesía es una botella de mensaje, sí encontramos un edificio con una placa que nos informa de que se inauguró con una obra teatral de rilke, y otro, que se define como Museo Paula Modersohn-Bec-ker... Sujata no sólo ha paseado por estas calles, sino que ha entrado en el museo y se ha familiarizado tanto con los cuadros de la pintora amiga de rilke que ha sufrido metamorfosis en su escritura. Ya no surgen serpientes ni saris ni baños rituales en el nuevo libro, quien habla por sus versos es la misma Paula Modersohn-Becker que descubre el secreto de los colores, o el humor de su amigo, en el momento en que le hacía uno u otro retrato. unos versos intensísimos, profundos, atrevidos en su planteamiento. Yo, en la visita a Bremen del año 2001, escribí un extenso poema con un atrevimiento distinto: el de narrar, el de hacer precisamente la crónica del festival, y en él no sólo hablaba de los poetas, sino de la ciudad, del río, de la sorpresa de hallar de pronto ese museo, y del encuentro con Sujata. Lo titulé, desde luego, Árbol más allá del silencio. Pero la osadía de Sujata era distinta: se adentraba en un ahora de otro tiempo y lugar. La fuerza de la enorme naturalidad de Augatora seguía creciendo. Se trataba de sensibilidad, de inteligencia, y de «entidad»: de firmeza del propio ser. Inesperadamente, la embajada española en Delhi me invita a un coloquio con poetisas del país y me pide que, a mí vez, proponga, para participar en él, a una española y a una hindú. Así viaja Sujata, de mi mano, a su propia tierra. Y estamos, de pronto, en Agra visitando el Taj Majal, ese monumento edificado por el emperador Shajahán, a modo de tumba para su esposa Mumtaz, moviéndonos entre los centenares de turistas autóctonos que boquiabiertos contemplan la hermosa arquitectura de mármol blanco que destella con los rayos del sol, tras la inmensa dimensión de los jardines que la preceden. Vemos los juegos decorativos hechos con mármoles de sobrios colores, la talla que convierte en encaje a la piedra, las tumbas, el río Yamuna, que discurre detrás del edificio, los anexos, tan perfectos. Los ojos de Sujata siguen interrogando e interrogan también cuando visitamos la Fortaleza roja -construida por el mismo emperador-, tras recorrer la larga avenida que lleva al recinto y luego seguimos sala tras sala, absortas ante las celosías que tan bellamente tamizan la luz. Aquí casi no hay turistas, y nosotras avanzamos en una admiración silenciosa. Luego, en Delhi, me toca dar la conferencia inaugural. Con sólo entrar en la sala, salta a la vista una diferencia entre las que venimos de Europa y las poetisas del país: la seda. Shankar, Vibha Maurya, Shormishtha Panja visten bellísimos saris de seda y van enjoyadas y peinadas y, con todo, se percibe de inmediato que se trata de mujeres en lucha, en una sociedad que conserva las tradiciones; se percibe también un recelo respecto a Sujata. Conocen sus libros, distintos, donde se ignora el aspecto combativo que aflora en los suyos. Pienso en un poema indio muy antiguo, del Kuruntokai: [...] en la plaza un tigre negro de ojos rojos mata a un toro, separado de su asustada vaca negra, y ruge; así que éste no es tiempo para secretos. Me digo que Sujata está más cerca de este poema que Savita o Mandira. Su energía india interior no ha sido dañada por esa lucha. Ella se ha incorporado naturalmente a cambios por los cambios de espacio vital. Como sus atuendos, los poemas de estas indias son destellantes, deslumbrantes, gran riqueza de imágenes, arco perfecto, pero uno siente la finalidad que los ha movido y los acepta con precaución. Sujata ha quedado para el final. Con voz pausada va exponiendo su último libro, transmitiendo el fondo de esos versos en los que ella -o la voz poética-entra en el pellejo de Paula Modersohn-Becker, y cuando la escuchamos, captamos de qué modo sutil, en la percepción de la actitud de la artista cara a las cosas y al hombre, que es rilke, hay también una soterrada protesta contra la sociedad, una protesta natural y que nos incumbe a toda la humanidad. Así, la voz de Sujata va sometiendo las hostilidades y, al llegar al final, alguien le expresa su agradecimiento por su presencia y sus poemas. Estos mismos poemas los leerá precisamente en el Museo Paula Modersohn-Becker en el siguiente festival de Bremen. Y volvemos al punto de partida, pues con ella -toda una sesión para las dos solas-leeré también yo allí mismo Árbol más allá del silencio. rodeadas de los cuadros de la pintora, en un amplísimo espacio lleno de luz, oigo mis versos hermosamente traducidos al alemán y observo la sorpresa en los ojos de los oyentes asaltados de pronto por citas de rilke. Luego, aún más, al escuchar de Sujata la voz misma de los cuadros presentes. ¿A dónde pertenece Sujata? ¿Y por qué plantear esta pregunta? La poesía, o mejor dicho la capacidad de poesía, está en ella, igual que en mí, como parte de un silencio que dilata espacio y tiempo y permite avanzar por sutiles rendijas hasta la entraña -o el espíritu-de la materia. Ahora Sujata penetra en un alma y un mundo desaparecidos. Contención, sin duda, aunque el medio en que el avance hacia las entrañas se produce, y por el que se regresa, es la emoción, es decir, es el mismo medio por el que fluye el descubrimiento. También fue sutil nuestro modo de conocernos. nuestros pasos materiales futuros, ¿por qué caminos nos llevarán? ¿Volveremos a coincidir en Berlín, en Bombay? Pero, de hecho, cotidianamente nos encontramos, sea en los versos, sea en el pensamiento, en la eterna pregunta de nachiketas.
aSSia djebar, cuyas obras han sido traducidas a la mayoría de las lenguas europeas, está considerada como una de las grandes escritoras del Magreb. Es autora de más de quince títulos, varios premiados en diversos países. Han sido editadas en español y catalán las obras más representativas de su etapa de madurez: inMaCulada jiMénez Morell es editora de Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. Compagina su labor editorial con la traducción literaria. Ha traducido, entre otros autores magrebíes de lengua francesa, a Assia Djebar (El amor, la fantasía, Sombra sultana, Grande es la prisión, y El blanco de Argelia), Fátima Mernissi (Marruecos a través de sus mujeres, Miedo a la modernidad: Islam y democracia, El harén político. El Profeta y las mujeres...), Dris Chraibi, Abdellatif Laabi... Es autora de La prensa femenina en España. Desde sus orígenes a 1868 (Premio nacional María Espinosa, 1983; Ediciones de la Torre, 1992) y «Alejandrinas», en Biblioteca Alejandrina: Homenaje a la memoria, apuesta por el futuro (Biblioteca nacional, 2003). a [EMAIL] 1 Pseudónimo literario de Fatma Zohra Imalayen. 2 En la actualidad, de los 40 miembros de la Academia Francesa cuatro son mujeres (tres de los cuarenta y seis que componen la Española). La primera en atravesar la puerta para ocupar un sillón de tan docta institución fue Marguerite Yourcenar, en el año 1980. Dos años antes, Carmen Conde hacía lo propio en la real Academia Española. Más de un siglo costó a las mujeres tener una presencia -que podríamos calificar de testimonial-en tan alta institución. Ya a mediados del siglo xIx, Gertrudis Gómez de Avellaneda, una de las primeras escritoras españolas que pretendió ser admitida, se lamentaba así de su fracaso: «Como desgraciadamente la mayor potencia intelectual no alcanza a hacer brotar de la parte inferior del rostro humano esa exuberancia animal que requiere el filo de la navaja, ella ha venido a ser la única e insuperable distinción de los literatos varones, quienes -viéndose despojados día a día de otras prerrogativas que reputaban exclusivamente suyas-se aferran a aquella con todas sus fuerzas de sexo fuerte, haciéndola prudentísimamente el sine qua non de las académicas glorias». Véase Gertrudis Gómez de Avellaneda, «La mujer considerada particularmente en su capacidad científica, artística y literaria», Álbum Cubano de lo Bello y lo Bueno, en Obras literarias de la srta... Colección Completa, Madrid, Imprenta rivadeneira, 1871. a PALABrAS CLAVE: Argelia, narrativa magrebí, Academia Francesa, Premio de la Paz. la lengua del eneMigo El 22 de junio de 2006 Assia Djebar 1 tomó posesión del sillón 5 de la Academia Francesa, un acto poco usual en las Academias, como su larga historia se obstina en demostrarnos 2. Pero si inusual es que una mujer ocupe uno de sus sillones, más sorprendente es si cabe que quien lo ocupe sea una «antigua colonizada». Assia Djebar es la primera persona de origen magrebí que accede a la Academia. recuerdo que el año pasado, en junio de 2005, el día en que me eligieron ustedes a su Academia, respondí a los periodistas que buscaban mi reacción que estaba contenta por la francofonía del Magreb. Se imponía la sobriedad, pues tenía la sensación casi f ísica de que sus puertas se abrían no solo para mí y mis libros, sino para las sombras todavía vivas de mis compañeros -escritores, periodistas, intelectuales, mujeres y hombres de Argelia que en la década de los noventa pagaron con su vida el hecho de escribir, exponer sus ideas o, sencillamente, enseñar... en francés 3. Sombras vivas que convoca en El blanco de Argelia4, porque el blanco es el color del luto para los musulmanes... Por sus páginas desfilan como en una procesión ritual esos «queridos desaparecidos», abatidos por los cuchillos o las balas de la intransigencia: a tres de ellos, Tahar Djaout -escritor, periodista y crítico literario-, Youssef Sebti -sociólogo-y Abdelkáder Alloula -uno de los más populares dramaturgos argelinos-dedicó años antes el Premio de la Paz que, en el año 2002, le otorgó la Asociación de Editores y Libreros alemanes. Este nombramiento podría no ser más que una anécdota, desde luego una anécdota importante en la vida de una escritora, si no 5 Véase n. 6 El amor, la fantasía, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 1990, p. 11. fuera por el hecho de que la ambigua/dolorosa relación con la lengua francesa, lengua del enemigo, del colonizador, ha sido y sigue siendo la esencia misma de su escritura desde sus primeras obras. una escritura que a lo largo de sus más de cuarenta años de actividad literaria ha ido tejiendo en dif ícil arabesco esa lengua del Otro con las del origen: el bereber de sus abuelas y el árabe, salpicado de bereber y con melodía andalusí, de su madre: «El sonido del origen fermentó en el propio corazón del francés» 5. CoMo Si fuera un ChiCo La relación de Assia Djebar con la lengua del colonizador se inicia a una edad temprana. Y es precisamente su padre -la persona que debía vigilar su entrada en el gineceo para salvaguardar su honorquien le abre la puerta -real y simbólica-... al conocimiento, a la libertad: Chiquilla árabe que va por primera vez a la escuela, una mañana de otoño, de la mano de su padre. éste, cabeza tocada con fez, la silueta alta y erguida dentro del traje europeo, lleva una cartera y es maestro en la escuela francesa. Chiquilla árabe en un pueblo del Sahel argelino 6. Aún me producen emoción estas palabras recogidas en las páginas del primer libro que traduje de Assia. Esa chiquilla me tendió la mano y caminé junto a ella recorriendo las páginas de la his-toria dolorida de su país. El viaje duró cuatro libros. Pero fue en éste cuando se produjo la fascinación. Ese gesto paterno: tomar de la mano a su hija mayor y encaminarla hacia la escuela -algo tan trivial en nuestros días-se revela gesto revolucionario, fundador. no recuerdo nada de la sesión del fotógrafo de escuela; al menos de la primera fotografía en que aparezco, precisamente en esa clase de chicos. Debía de estar esperando, dócil y silenciosa, un poco apartada, a un lado. Era la primera vez: nadie me había explicado el ritual de la foto de clase. ¿Qué impulso de repente arrastró a mi padre? Me vio sola, esperando, e intimidada, como de costumbre. ¿Qué le pasó? ¿una repentina ternura? ¿un sentimiento vago de injusticia al verme sola, separada de aquellos niños, como excluida? Por un instante olvidó que era una niña, y por lo tanto un ser aparte para sus alumnos... Vino a buscarme y me cogió de la mano; mandó retroceder a los niños de la primera fila y me sentó en el centro, frente al fotógrafo... Volvió a su sitio de maestro vigilante. Y entonces yo, como presidiendo: inesperada reina entre futuros guerreros. Presidiendo y sin saberlo. Para el maestro, ahora todo está en su sitio, justo antes del disparo, se estira y espera junto a los que instruye. Posa para los demás -para todo el pueblo, incluida la pequeña sociedad colonial a la que insolentemente provoca con su orgullo y sus reivindicaciones igualitarias. Posa orgulloso junto con los cuarenta chicos que educa, y no solo en el aprendizaje del francés, y orgulloso también de su hija mayor -es una niña, bueno y qué-, y la ha colocado en el centro. Ahí se queda la chiquilla, con el torso ligeramente inclinado hacia delante, la cara tensa y con una mirada seria que no corresponde a su edad -cuatro años, tanto como decir cuarenta dentro de nada. Se da cuenta, pero muy confusamente, de que desentona: en otros sitios esto no debe de pasar, colocar a una chiquilla completamente sola en medio de cuarenta niños, y además mayores. no sabe que los intimida; los percibe como una presencia única, respetuosa, pero desconfiada, por no decir hostil. Su padre, a un lado, espera, como todos, el disparo. Fue la primera fotograf ía que me hicieron. un día de clase en los comienzos de la guerra mundial en un pueblo del Sahel argelino 7. La fotograf ía me habla desde la distancia en el tiempo e ilumina con otro matiz su escritura. La pequeña Fatma es la única niña en el nutrido grupo de chiquillos que asisten a la escuela donde es maestro su padre. De modo que Fatma/Assia es una niña como las demás -niña entre las mujeres de la casa, va al hamman, asiste a bodas con su madre, sus tías y sus primas, aprende a bailar al ritmo de las palmas que acompañan la música en las fiestas de mujeres-, y no lo es. Cuando llegue la edad núbil no se velará como la mayoría de sus iguales, es más, vivirá alejada de la familia, interna en una ciudad de provincias, Blida, donde estudia bachillerato en la rama de lenguas clásicas. También aquí será la única musulmana de su clase; las otras argelinas, unas veinte, a las que llaman «indígenas», pertenecen a la sección de modernas. A aquel primer desgarro vivido por todos los magrebíes escolarizados por Francia en sus colonias -sonrisa irónica y condescendiente cuando rememoran y relatan los años en que estudiaban las hazañas de «sus» antepasados galos-se suma la separación f ísica de la familia: sentimiento ambiguo. A la libertad de gozar plenamente de sus horas de estudio y amistad con muchachas de procedencia diversa, al placer de embelesarse con las lecturas de los grandes escritores... franceses, se contrapone el sentimiento de desarraigo: ágrafa en su lengua de origen, distanciada de sus iguales, con las que se reúne durante el periodo vacacional. Pero ya no es lo mismo. El francés, ese idioma del «enemigo», va abriéndole el camino que la conducirá a París, donde estudia Historia en la Escuela normal Superior. También allí será la primera argelina que se inscriba. Parece un signo. el CoMproMiSo En los convulsos años cincuenta (la guerra de Argelia comienza en 1954), Fatma se aparta del estudio, participa en la huelga de estudiantes argelinos en París de mayo-junio de 1956, y no se examina: suena la hora de la independencia y decide tomar parte activa en ella. Con La soif (La sed), que escribe en dos meses y que se traduce enseguida con enorme éxito en Estados unidos, inicia su carrera literaria, adoptando ya el pseudónimo de Assia Djebar. En 1958 continúa con el boicot a los exámenes y se ve obligada por la dirección a abandonar la Escuela. Se traslada a Túnez, donde colabora con Frantz Fanon en el Moudjahid, órgano de prensa del clandestino FLn (Frente de Liberación nacional), y visita los campos de refugiados de argelinos en la frontera entre Túnez y Argelia. Durante tres años, da clase de historia moderna del Magreb en rabat. En 1962, regresa a Argel en los primeros días de la independencia. En septiembre de ese año, es nombrada profesora de Historia -también la única-. En 1964, tras el golpe de Estado de Bumedian y la política de arabización, que obliga a impartir las clases en árabe, pide la excedencia y regresa a París. Desde aquella mañana de otoño en que su padre la llevó de la mano a la escuela no ha dejado de moverse. Porque para Assia escritura y movimiento están íntimamente ligados. Así lo recordó más de tres décadas después, cuando en el año 2000 recibió el Premio de la Paz que otorgan los libreros y editores alemanes: no habría iniciado con ardor mi carrera literaria (y esto puede sorprender) si no me hubiera gustado recorrer anónimamente las calles de las ciudades, curiosa, como si fuera un chico (subrayado mío), y aún hoy como una simple paseante. La libertad de moverse y desplazarse. Esta es para mí la primera de las libertades 8. Palabras pronunciadas ocho años después de que se iniciaran los nuevos «sucesos» de Argelia, la guerra sucia, soterrada, no reconocida, que ensangrentó el país y que tuvo como uno de sus blancos preferido a las mujeres que se «movían» fuera de su esfera, es decir, de las cuatro paredes de su casa. ni el velo islámico sirvió en muchos casos de freno. ¡Ay, hermana mía!, tengo miedo, yo que creí despertarte. Tengo miedo de que las dos, las tres, todas -salvo las paridoras, las madres guardianas, las abuelas necrófagas-nos volvamos a encontrar atadas en «este occidente de Oriente», en este lugar de la tierra donde brilló para nosotras con tal lentitud la aurora, que ya, por todas partes, nos cerca el crepúsculo 9. Con este párrafo premonitorio pone fin en 1986 a Sombra sultana, la segunda entrega de su quator argelino -inmenso fresco que inicia El amor, la fantasía y se continúa con Grande es la prisióny que es ya escritura de madurez: biograf ía personal y «biograf ía» del país, historia con mayúsculas e historia de las gentes sin historia, de las mujeres en suma, se entrelazan, como la historia de Hayila e Isma, la una sultana, sombra la otra. Silencio de más de diez años, durante los que se va gestando esa escritura de madurez en la que expresará con lengua propia todas sus heridas. Pero la gestación no es muda. Vuelve al origen, a la caverna que le devuelve los sonidos de la lengua materna, terciopelo y espinas. Lengua de amor, ternura sororal, calor del gineceo. Y de esa búsqueda, de ese deseo, quizá, de recuperar su voz dormida, nacen sus dos largometrajes, saludados por la crítica, La Nouba des femmes du mont Chenoua 10 y La Zerda des chants de l'oublie 11. Tras ese paréntesis: «Yo habría podido ser, a finales de los años setenta, cineasta de lengua árabe a la vez que novelista francohablante» 14... Pero no fue así: las estructuras asfixiantes de la cinematograf ía de Estado de su país la disuadieron 15. Y recobra la escritura, que ya no abandonará nunca. Se instala en ella, como en un territorio propio, en un cuarto propio. Fuera ya de Argelia, desde su exilio (¿es la palabra adecuada?) voluntario en París o nueva York, camina y escribe; escribe y camina, como en aquellos inicios apasionados de su carrera, como si fuera un chico. El francés aprendido metamorfoseado en francés suyo: ya no se trata de hablar con el otro o como el otro, sino de hablar diferente. Instalada en el margen de la lengua, desentraña sus secretos y cicatriza sus heridas, herencia irrenunciable. Abre los brazos de su escritura a la historia enterrada de su patria de origen, a la memoria olvidada, da voz a las sin voz, invita a la conquista del afuera, ese espacio que para las mujeres de su «tribu», incluso las de su edad, era agujero negro, vacío lleno de incertidumbre y peligros, espacio ajeno... al que sólo se accedía a través de celosías -figura constante en su narrativa, la mirona-y azo-teas... O -deprisa, deprisa, pegadas a las paredes, cubiertas de la cabeza a los pies, fija la mirada en el suelo al cruzarse con un extraño y siempre acompañadas por un varón-camino del baño o de la mezquita en las fiestas de guardar. El camino no contaba, sólo la meta. Assia camina sin rumbo, sin meta, «mirona», pero afuera: libertad de ver y ser vista, de «desnudar» el cuerpo -desnuda es la palabra que se utiliza para referirse a una mujer que sale fuera de la casa sin velo-. Escritura en lengua francesa, sí, pero con el oído atento a los sonidos de la lengua materna -a medio camino entre el bereber de las montañas y el árabe de la ciudad cercana 16 -, una lengua más allá de las lenguas «que sólo la literatura puede secretar» 17. Y Assia resume en las siguientes palabras el itinerario que estas líneas han querido dibujar: Mi francés, forrado con el terciopelo, pero también con las espinas de las lenguas ocultadas de antaño, quizá cicatrizará mis heridas de la memoria. 16 Su madre, Bahia Sahraoui, era originaria de la tribu de los Berkani de las montañas de Dahra. La ciudad a la que alude es Cherchell, antigua Cesarea, capital de la Mauritania romana.
Estudia Filología Francesa en la universidad de Barcelona y, más tarde, se especializa en lingüística aplicada en las universidades de Estrasburgo y Caen. Breve repaso de la obra de Amélie nothomb (autora belga nacida en Kobe, Japón en 1967), que pone de relieve la importancia de la biograf ía personal en las novelas de esta popular autora. a PALABrAS CLAVE: Autobiograf ía, narrativa belga en francés.
Relacionar la investigación, las bibliotecas y la música debería resultarme algo no muy complicado, teniendo en cuenta que ese conjunto de términos ha constituido el nucleo de mi vida profesional. Investigación, utilizando el diccionario de la Real Academia de la Lengua, supone un trabajo intelectual encaminado al descubrimiento de algo nuevo. Para "música" podríamos encontrar varias definiciones y detenernos en la que aparece, no en primer lugar, en el mismo diccionario: "arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente". Y de "bibliotecas", poniendo en juego le experiencia a la que ya he aludido, no me quedo con nada, ni con el nombre que se da al local donde se reunen libros ordenados para su lectura ni con el conjunto de esos libros. De los tres términos que van a formar la base de este artículo, este ha sido el más inestable de contenido, el más sujeto a cambios y a la presión de las circunstancias. Clasificadas según su misión en la sociedad o el ámbito abarcado por sus colecciones, las bibliotecas, aparentemente pacíficas, aparentemente aburridas -de lo cual habría mucho que hablar-parecen haber despertado de golpe -y, desde luego, porrazo-, para, fuera de sus casillas, lanzarse a la busca de nuevos nombres y de nuevas funciones. El movimiento continuo se diría encaminado a la caza del posible usuario, un tanto indiferente o acomodado en una rutina establecida. Lo interesante es que los nuevos nombres siguen con un claro olor clásico y que las personas que ya entraban en las bibliotecas siguen entrando, sin importarles cómo se llaman estas ni cómo se les llama a ellos. Parece mal principio para tratar el tema de la investigación en las bibliotecas. Algunas quejas son infantiles, poco Y eso es lo que me pasa a mí con las bibliotecas actuales. Algo parecido a lo que he sufrido con los museos, ¡ay de aquellos museos, como la National Gallery de Londres, por los que se podía pasear casi como por un jardín privado y escoger un cómodo sillón con respaldo mullido frente al cuadro elegido! En aquel silencio, que aparentaba soledad, uno creía disfrutar a la sombra de los árboles de Gainsborough. No es lo mismo que andar, andar... para acabar, con la espalda desprotegida, en el banco más inmisericorde del mundo. De vuelta a la lógica y a lo exigido en este momento, vamos a juntar bibliotecas e investigación. Nos limitaremos a los centros dedicados a una materia determinada en los que todos los procesos que aparecen enumerados en los manuales de biblioteconomía, están encaminados a completar la información sobre un tema concreto, desde las adquisiciones a la formación de las colecciones de referencia o a los servicios que se ofrecen. Lo normal es que el trabajo de un investigador en uno de estos centros siga caminos novedosos no pensados, o mejor, no totalmente trillados por el bibliotecario, aunque aquel se tenga que apoyar en la base que este le proporciona. Ahí está el punto clave, en la calidad, en la fiabilidad de la documentación que pasa del bibliotecario al investigador, la cual debe estar basada en un estudio, una consulta de fuentes suficientes que ya en sí misma deje vías abiertas. La música no es el campo más frecuentado por el bibliotecario especialista. La explicación es fácil, existen pocas bibliotecas dedicadas a esta materia a un nivel de investigación. Habría que hablar de algunos hechos relativos a la investigación en la documentación musical y que han enfrentado, por decirlo así, "a bote pronto", a musicólogos y bibliotecarios de música. Algunos de los aspectos del trabajo del musicólogo irremediablemente se fundamentan en las colecciones documentales y no pocas veces se ha encontrado con que esta no estaba ni bien organizada, ni disponible ni, ya en último extremo, bien descrita. Cuando apareció, por fin, la figura del bibliotecario/archivero /documentalista, o como se le quiera denominar, capaz de dar una información correcta, y de acuerdo con lo exigido en la normativa internacional, ya su puesto lo habían ocupado los musicólogos, y con muy diferentes fortunas. En España, pese al esfuerzo y al avance de los últimos años, nos falta todavía un poco para levantar la voz. De salida existe un fallo de formación musical, un entrar en la profesión por una única puerta grande en la que se van a perder las especialidades, y un acceso a puestos de una manera tradicional y un tanto equivocada. No es frecuente la presencia de bibliotecarios en reuniones de expertos musicólogos, aunque ya ha habido algunas excepciones en los últimos congresos de la Sociedad Española de Musicología. Para entrar en materia y tratar de los trabajos de investigación en bibliotecas y archivos, podemos empezar por algunos de los que están actualmente en funcionamiento. En un ámbito internacional no hay más remedio que referirse al RISM (Répertoire International des Sources Musicales). El proyecto surgió en 1952 con el propósito de crear un corpus documental de fuentes musicales. Los países que habían participado a través de la colaboración de algunos musicólogos, casi a título personal, decidieron establecer sus grupos nacionales. El RISM-España se creó en 1989, con sede en el Departamento de Musicología de la Institución "Milá y Fontanals" de Barcelona. RISM internacional, a lo largo del tiempo, ha conservado dos características: una organización férrea y una relativa apertura a los investigadores. Mantiene un sistema editorial con varias series especializadas: manuscritos, impresos, colecciones... e incluso un directorio de archivos y bibliotecas con fondos musicales. Utiliza como herramienta un programa informático complicado en el que se recuperan los incipits musicales gracias a una codificación prefijada. En España, con la colaboración de la Subdirección General de Archivos Estatales y del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música, en 1996 se publicó una traducción de las normas de la serie A, dedicada a la catalogación de fuentes musicales históricas, 1600-1850. Pese al esfuerzo que los bibliotecarios llamados a colaborar en la preparación de esta obra hicimos por relacionar la terminología, la distribución y orden de los campos en los que se incluían los datos del documento RISM con lo establecido en las normas internacionales de descripción bibliográfica (ISBDs, MARC, etc.), creo, por comportamientos posteriores, que el fruto ha sido escaso y que se ha seguido insistiendo en las diferencias y en el aislamiento. El RISM España no va viento en popa, agobiado siempre por problemas de personal y de presupuesto, es incapaz de romper ninguna barrera. Adolece de la falta de apoyo en una estructura fuerte de carácter bibliotecario, en unos cuadros formados en una normativa que en el momento de la creación del gran proyecto musical no existía. Haberlo conseguido o intentarlo ahora mismo sería darle un soplo de vida a algo que respira apenas. La separación de profesiones e intereses va resultando poco productiva. Esto no puede ser una crítica a la otra labor de edición y de crítica musicológica etc. que lleva paralelamente a cabo el Instituto de Musicología. El gran hallazgo del RISM fue fijarse en archivos bastante olvidados, como los pertenecientes a las distintas confesiones religiosas. En España se ha mirado a los depósitos de centros como las catedrales o los grandes monasterios. Hay que recordar un convenio pionero de la Comunidad Autónoma de Andalucía con la Iglesia Católica en el que se consiguió microfilmar gran parte de la documentación musical de catedrales, etc. y que ahora conserva y pone a disposición de investigadores el Centro de Documentación Musical que se encuentra en Granada. Pero vamos a seguir avanzando por España. Hoy, cuando se acaba de inaugurar una biblioteca, gestionada por la Comunidad de Madrid, dedicada en exclusiva a los documentos musicales, y donde la oferta se dedica solo a la difusión de la música en soportes al alcance de cualquier formación musical, es el momento de hablar de las otras bibliotecas. Las Comunidades Autónomas se atreven con sus bibliotecas centrales y con centros de documentación musical que ejercen sus funciones sobre su zona geográfica y algunos de los cuales tienen muy buenas actuaciones, como Eresbil, dedicado a los compositores vascos, en Rentería, o el Centro de Documentación Musical de Andalucía, ya citado. También existen archivos dedicados a un solo compositor, o instituciones, que dando un giro significativo a sus actividades, han adquirido un nuevo valor y una presencia evidente en el campo de la documentación musical, como la SGAE, hoy Sociedad General de Autores y Editores, antes Sociedad General de Autores de España, que justificando su origen a partir de la defensa de los derechos de compositores y autores literarios del género lírico frente a la explotación de los gestores particulares de los archivos musicales, empezó, ya hace algunos años, a mover su colección de zarzuelas, sainetes, etc. y a unir la conservación, la edición y la ejecución, todo con una gran eficacia. Nunca es tarde si la dicha es buena. Hay que dejar aquí también constancia del paso de las bibliotecas de los conservatorios a manos de bibliotecarios, como ha sucedido, por ejemplo en el Real Conservatorio Superior de Madrid o del mismo encargo en otras instituciones. Al mismo tiempo ya no es pequeño el conjunto de catálogos que describen las colecciones documentales españolas. Como me está tirando ya de la lengua la Biblioteca Nacional, antes de entrar en ella voy a dar una de cal y otra de arena. Voy a presentar brevemente un proyecto puesto en marcha muy recientemente relacionado con el tipo de documentación que nos ocupa. Se trata de Música inédita, dirigido por la Biblioteca del Palacio Real. Su finalidad era la descripción bibliográfica de los documentos musicales manuscritos guardados en instituciones del Patrimonio Nacional: el palacio real de Madrid, los monasterios de El Escorial, de Las Huelgas (Burgos), las Descalzas reales y la Encarnación (Madrid) y Santa Clara (Tordesillas). Los resultados están presentes en Internet a través de la base IBIS del Patrimonio Nacional. Nos podría hacer volver a la crónica negra algún detalle (he aquí la arena). Hemos ido dejando año tras año demasiadas pruebas de nuestra falta de presencia en la investigación musical. Por ejemplo, en las obras del musicólogo Cecil Hopkinson, sobre todo: A bibliography of the works of Giacomo Puccini 1858-1924(New York: Broude Brothers, 1968) y A bibliography of the works of Giuseppe Verdi 1813-1901(New York: Broude Brothers Limited, 1973-1978), no aparecen las referencias a las colecciones españolas, no, desde luego, a las de la Biblioteca Nacional de España, que ahora, una vez metidos en la catalogación de documentos no descritos, o en la corrección de los ya presentes en ficheros o en la base de datos, se han descubierto bastante importantes. Esperemos que sólo para Hopkinson. La cita del siguiente proyecto en marcha, del que está excluida la música, es más para indicar una posibilidad que una realidad: el Catálogo colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español. Comprometido con el inventario y descripción del patrimonio bibliográfico depositado en bibliotecas españolas, públicas y privadas, es responsabilidad de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura y las Comunidades Autónomas y responde al cumplimiento de la ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español. En su última actualización (17 noviembre de 2005) contenía 677.790 registros que describen en su mayor parte distintas ediciones de obras impresas entre los siglos XV y XX, así como información sobre 1.733.314 ejemplares concretos de dichas ediciones depositados en cerca de 690 bibliotecas. La pregunta sobre Música daba como resultados unos 800 registros bibliográficos en los que se mezclaban las obras de música práctica con los tratados. Eso quiere decir que no se ha empezado a trabajar sistemáticamente con la documentación musical. Ya en la Biblioteca Nacional puedo asegurar que en ella, con una entrada periódica de documentos musicales en todos los soportes controlada por la legislación, con los manuscritos originales y los primeros impresos guardados en los depósitos, la defensa -si es que hay que hacer una defensa-de la investigación llevada a cabo por los bibliotecarios, está favorecida por la base de datos bastante nutrida, aunque aun necesitada de cierto repaso. Además, utilizando la estructura de La Asociación de Estados Iberoamericanos para el Desarrollo de las Bibliotecas Nacionales de los Paises de Iberoamérica, (antigua Asociación de Bibliotecas Nacionales de Iberoamérica, Abina), fundada en México en 1989 para mejorar el conocimiento y la conservación del patrimonio bibliográfico, y como paralelo al Novum Regestrum (Catálogo colectivo de monografías entre los siglos XVI y XVIII), está funcionando el Instrumenta Musicae que tiene como misión la localización y descripción de la documentación musical del siglo XIX guardada en los depósitos de las Bibliotecas Nacionales comprometidas en el proyecto. En este momento, con unos dieciseis mil registros bibliográficos elaborados por España que lidera el proyecto, espera la incorporación de los que vengan del otro lado del océano para recibir el espaldarazo de catálogo colectivo hispanoamericano. El trabajo realizado en estos registros no queda ahí cerrado. Además de la primera consecuencia de un buen trabajo bibliotecario, que es el echar a andar un producto artístico, literario, etc. para que, utilizado por unos y otros, sea capaz de crear placer y conocimiento, ha generado nuevos caminos de investigación, de los que hablaremos a continuación. Es decir que tenemos la Biblioteca Nacional y la investigación centrada en los documentos musicales del siglo XIX. De la primera no podemos decir mucho aquí. Es una institución compleja con un rico patrimonio bibliográfico de muy diferente procedencia. De ese patrimonio forma parte la música. Prescindiendo de algo tan importante, significativo y abierto a mútiples investigaciones como la grabación sonora que nos llevaría por otros mundos, pensando unicamente en el papel, nos encontramos con manuscritos e impresos de todas las procedencias y de todas las épocas, de manera que queda clara la evolución de la notación musical, de los sistemas de impresión, etc. Se puede presumir en este conjunto tanto de cantidad como de calidad. En el primer caso se calculan unas quinientas mil partituras y, como complemento, un número no calculado de manuales y tratados de musicología, libretos y argumentos de teatro lírico, y publicaciones menores en forma de carteles, programas, publicidad, catálogos editoriales, etc. La calidad no se refiere a una calificación de la propia música sino a la de la colección documental, fundamentada en sus orígenes: colecciones reales incorporadas a la nueva institución o compradas expresamente, conjuntos documentales procedentes de desamortizaciones o consecuencia de legislaciones de Propiedad Intelectual o de Depósito Legal, ingresos especiales (como el legado de Francisco Asenjo Barbieri), compras de archivos (de compositores, de autores literarios, de editores) o de documentos sueltos. Si seguimos al otro punto, el del siglo XIX, hay que aclarar que, en paralelo con la práctica habitual de control bibliográfico de las partituras que se incluyen en la Bibliografia española de música impresa, de aparición anual, y de trabajos puntuales que afectan a la descripción de documentos muy anteriores que, o formaban ya parte de la colección o van ingresando por compra, etc. existe ahora en el campo de la música en la Biblioteca Nacional una especial dedicación al siglo XIX. Entre los años 1946 y 1951 precisamente el Instituto Español de Musicología del CSIC publicó el "Catálogo musical de la Biblioteca Nacional", obra de los musicológos Higinio Angles y José Subirá, que se cerraba, recogiendo manuscritos e impresos, en el siglo XVIII. Sus entradas se han modificado ya en gran parte, sobre todo en lo que se refiere a este siglo, con la publicación del Catálogo de impresos musicales del siglo XVIII en la Biblioteca Nacional, que apareció en 1989 ya elaborado por personal del Departamento de Música. Con estos preámbulos, y también empujados por un interés más generalizado, la mirada hacia el siglo XIX era inevitable. Incluso la Biblioteca Nacional intentó un catálogo colectivo de monografías de esa época que se inició en 1989 del que se llegarían a publicar solamente cuatro volúmenes, el último de índices, y que no fue capaz de ir más allá de la letra A. Ya dentro totalmente del campo de la música, y fuera de la Biblioteca, el III Congreso de la Sociedad Española de Musicología, celebrado en Granada en 1990, estuvo dedicado al siglo XIX. Nuestro teatro lírico más representativo, la zarzuela, el género chico, cuya época de apogeo se centra en el siglo XIX y principios del XX, había sobrevivido escondido, con los aficionados a ultranza un tanto avergonzados y algo despreciado por los estudiosos de la música. Tal estado latente se rompió cuando con el preámbulo de las Jornadas celebradas en Madrid en noviembre de 1991, que se llamaron precisamente Actualidad y Futuro de la zarzuela, estas manifestaciones del teatro musical fueron el nucleo de una gran actividad que tomaba como punto de apoyo nada menos que la colección de la Sociedad General de Autores y que constituyeron un tanto por ciento muy elevado del programa editorial del Instituto Complutense de Ciencias Musicales, nueva entidad nacida del hermanamiento de la Sociedad con la Universidad Complutense de Madrid. Por lo tanto, sin que haya sido una elección muy consciente, las circunstancias interiores (mejora de recursos humanos y económicos, aunque siempre amenazados de recorte) y las circunstancias exteriores, nos han ido conduciendo al siglo XIX, puerta que se ha abierto, por ejemplo, en el "Instrumenta Musicae". Para presumir un poco tenemos que decir que ya en 1986 había aparecido el primer volumen de lo que pretendíamos un catálogo completísimo del teatro lírico en la Biblioteca Nacional y que se quedó unicamente en tres volúmenes dedicados a los libretos. La Biblioteca Naconal -o concretando, el Departamento de Música-ha seguido insistiendo en el siglo XIX a través de sus publicaciones, por ejemplo, parte de la serie Colecciones singulares describe archivos de compositores de la época como Teodoro San José o Tomás Bretón (1850Bretón ( -1923)), ambos catálogos aparecidos en el año 2001. Y si la Fundación Banco Exterior había publicado en 1986-1988 gran parte de los papeles que estaban incluidos en el Legado Barbieri, trabajo dirigido por Emilio Casares, la Biblioteca ofreció en 1998 la descripción bibliográfica de todos los documentos, manuscritos, impresos o grabados, que recogían la música del compositor. Está a la espera la recomposición, con localizaciones, de la biblioteca que nos dejó en su testamento. Sería algo tonto por mi parte asegurar que el trabajo de investigación de un bibliotecario que maneja la documentación musical del siglo XIX es diferente del que se dedica a partituras anteriores o posteriores. Si embargo, teniendo menos tradición el interés por esta época, debido a la cercanía, a un cierto menosprecio, etc., etc. sí que afirmo que hay que poner en juego bastante más imaginación. Como en otros casos, una descripción correcta exige el manejo de obras de referencia y fuentes concretas sobre los compositores, sobre los autores literarios que colaboran en la creación de obras en las que interviene la voz, sobre la edición, si se trata de impresos. Y este sí que es un campo donde todo ha cambiado con la presencia definitiva del intermediario por excelencia, el editor, atento a la voz de la demanda y a dejar su huella en cada uno de sus productos, encaminada a favorecer su supervivencia. Y para conseguirlo oculta fechas de salida, manipula datos o añade hojas de publicidad. Una partitura se publica en un periodo de tiempo concreto en el que están funcionando estilos artísticos determinados y lo mismo que a los libros les afectan los nuevos diseños de portadas y cubiertas, la elección de letras, la utilización de las ilustraciones... Para los bibliotecarios no deja de ser un reto el enfrentarse con unas fuentes de información (es decir, las citadas portadas y cubiertas), rebosantes de barroquismo que debemos reflejar con la mayor fidelidad posible, al mismo tiempo que encajamos los datos en las áreas de una descripción bibliográfica normalizada. Pero no vamos a dar una relación de herramientas de trabajo que den valor a la labor diaria de catalogación de partituras de esta época sino a indicar de dónde han salido o van a salir informaciones importantes. Existen unas recomendaciones de la IFLA (Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas) que aparecen recogidas en el documento de su Comité de Control Bibliográfico Universal: los Requisitos funcionales de los registros bibliográficos (FRBR), en el que se va indicando lo que corresponde a distintos niveles en la descripción bibliográfica de un documento, sea el que sea su contenido. En una gradación lógica se desciende desde la obra, pasando por una manifestación o expresión de esta, hasta el ejemplar concreto. Es decir que hay una información objetiva, normalizada, que afecta al autor y a la obra creada por él, otra que ya se refiere a una edición concreta en un soporte determinado (partitura, grabación sonora, etc.) y la última que informa de las características propias de un único ejemplar, el que tenemos entre manos, que añade a lo anterior testimonios de su historia como documento singular: sellos, marcas de propietario, anotaciones manuscritas o una encuadernación significativa. Ya sé que ex-libris o super-libris o anotaciones manuscritas han servido para conocer la procedencia de ejemplares importantes, pero quizás estos datos hayan sido poco utilizados en fondos modernos, y, desde luego, casi nada en lo que se refiere a colecciones originadas por disposiciones oficiales. Me gustaría poder demostrar en el poco espacio que me queda la importancia de ese último nivel de la descripción bibliográfica para conocer aspectos no ya de la documentación musical, sino de la propia música... y más allá. Se puede pretender que un archivo o una biblioteca concreta son mejores que otras para una investigación determinada, pero siempre teniendo en cuenta que hay muy pocos trabajos de investigación que no necesiten de otros. Pues lo que pretendemos se hace mejor desde la Biblioteca Nacional. Vamos a partir de la base que ese tipo de información se recoge aparte, en su propio formato Ibermarc, el que afecta a los fondos, y que debe constituir un conjunto de datos que, en relación con la descripción de autor/obra, edición y soporte físico nos lleve a conocimientos extras sobre difusión, comercio y uso particular. La Biblioteca para aumentar sus colecciones ha contado sobre todo con dos tipos de leyes en las que ha basado la mayor parte de sus ingresos y de las que vamos a hablar por orden cronológico: legislación de Propiedad Intelectual y legislación de Depósito Legal. De esta última, de momento, no tenemos más remedio qure prescindir. En 1994 el Homenaje a Barbieri que preparó la Biblioteca con el catálogo de sus obras en todos los soportes, modificó la idea que teníamos de la repercusión del funcionamiento del Registro de la Propiedad Intelectual en la investigación musical, sobre todo en lo que se refería al siglo XIX, lógicamente, por la fecha de aparición de la legislación protectora de derechos de autor. La información biográfica que se incluye en "La música de Francisco Asenjo Barbieri en la Biblioteca Nacional" se obtuvo de la consulta del archivo administrativo del Registro, que se nos permitió en un momento determinado. El capítulo "Desastres y lujos del Registro de la Propiedad Intelectual", además de enumerar las ventajas que ofrece: a) información de carácter biográfico a través de anotación de transmisiones de derechos que constan en cada registro b) datos sobre la edición, con nombres de editores propietarios, con las fechas de publicación y con el número de ejemplares de las tiradas, aunque, por desgracia, no siempre c) declaración de colaboraciones y aclaración de seudónimos incluye una "Transmisión de derechos de propiedad intelectual de las obras musicales del compositor" que así escrito apenas deja ver cuánto nos descubría ese cuadro elemental sobre Barbieri. En primer lugar era la única fuente para conocer las aventuras de la colección de originales del compositor, que aunque él por disposición testamentaria, había dejado a su hija Carmen Asenjo, por reclamaciones judiciales estuvo dividida durante casi cuarenta años hasta que en 1941, por compra de lo que estaba disperso, pasa a un único propietario, nieto de Barbieri, y cuyos herederos la vendieron a la Biblioteca Nacional en el año 1999. En segundo lugar, leyendo y leyendo tras la prosa oficial lo que iba quedando al descubierto era la vida del que creó prácticamente la Sección de Música de la Biblioteca Nacional. Entonces ya se había publicado bastante sobre Barbieri fuera de la Biblioteca Nacional. Insistiendo en la Propiedad Intelectual, en el siglo que nos ocupa hubo dos leyes, la primera en 1847 y la segunda en 1879. Entre estos años la necesidad de protección para autores y compositores del género lírico había quedado patente. La ley de 1879 establece normas de entrega para libros, composiciones musicales, etc. que van formando colecciones en Madrid y en las bibliotecas de las capitales de provincia. Nuestra obra "La música en el Boletín de la Propiedad Intelectual: 1847-1915", publicada por la Biblioteca en 1997, recoge los registros bibliográficos de obras presentadas, según los había recogido un Boletín que, iniciado en 1886, termina en 1915, aunque hubo una breve recuperación en 1949. Poco más tarde de entrar en vigor la ley de 1879 se firmaron convenios bilaterales de protección con otros paises que presentaban parte de su producción musical, para su venta, en España. ¿ADÓNDE NOS LLEVA ESTO? De momento a una colección de impresos y manuscritos musicales. Una vez estudiados los responsables de la obra y los datos que se refieren a la edición o a la copia, etc., queda otro campo de exploración que ha resultado enormemente productivo. Las partituras que han atracado por en la Biblioteca Nacional, han hecho un largo camino. Hay que mirarlas despacio. Los pasos que han seguido han ido dejando huellas. Se protesta mucho -yo la primera-por estas marcas que se ven mucho y estorban para una reproducción limpia de una portada o de una cubierta, pero ya que están ahí, veamos qué nos enseñan. Lo primero, las condiciones físicas. Puede que hasta falte una parte tan importante e informativa como la cubierta. Es fácil, si se comparan partituras que han entrado por cumplimiento de la legislación con las que han llegado, por compra o donativo, incorporadas a lotes de un coleccionista cuidadoso, comprobar que las peor conservadas son las primeras. Por desgracia muchas veces para un funcionario el trabajo de recepción detrás de un mostrador se convierte en una rutina y no le interesan las consecuencias de recibir algo incompleto, de no exigir que los impresos estén cumplimentados correcta y totalmente o de no preparar de manera adecuada el traslado a los depósitos definitivos. Además, y esta es la parte buena, a veces en la propia partitura existen indicaciones manuscritas de ingreso en el Registro -libro y número de la inscripción-o, incluso, la fecha de la recepción. Un compositor puede firmar su obra En relación con el primer comentario sobre lo que entraba del extranjero y se controlaba oficialmente, hay que recordar algunas reprimendas muy públicas, puesto que aparecían en el Boletín del Registro de la Propiedad Intelectual, y que ya he citado en otras ocasiones. Por ejemplo una circular de 1893 del Ministerio de Fomento que advierte, pausada y elegantemente del desastre "Viene advirtiendo el Centro directivo de mi cargo muy escaso celo, rayano ya en abandono, del Registro de la Propiedad Intelectual, no obstante la claridad y la precisión que en la vigente ley y en el Reglamento campean, y a pesar de la recomendación que en circulares varias dirigieron a V. algunos de mis dignos antecesores... " Cuando se encarga al Cuerpo Facultativo de Archiveros la reponsabilidad del mantenimiento del Registro, no por eso se paran las críticas: "el importantísimo servicio mencionado se viene practicando lenta y deficientemente". Eso lo sabemos bien los que hemos trabajado con los documentos musicales depositados y hemos hecho la comparación con la información que nos daba el Boletín citado: nombres equivocados, mal leídos, datos incompletos, etc. La catalogación de las partituras del siglo XIX en la Biblioteca ha avanzado ultimamente de manera que no solo ha permitido la inauguración de ese catálogo colectivo hispanoamericano del que ya he hablado, sino que nos ha llevado a una colaboración con la Biblioteca Nacional Francesa. Guarda la Biblioteca aproximadamente diez mil partituras del s. XIX publicadas en Francia, la mayor parte en París. El trabajo realizado ha consistido en la localización de los documentos en los depósitos, la preparación de la conservación utilizando cajas y carpetas de papel especial y, por fin, la catalogación, dividiendo la información, según el sistema informático de la Biblioteca y las normas internacionales, entre los tres ficheros: autoridades, registros bibliográficos y fondos. Los primeros contienen los datos normalizados de autores y obras con los títulos uniformes y los encabezamientos de materia que se pueden asignar a cada género o forma musical. Los segundos recogen la ficha entera con datos de publicación, descripción física, serie, etc. En los últimos hemos recogido las características propias de cada ejemplar, que precisamente incluyen fechas de ingreso en el Registro de la Propiedad Intelectual, sellos de editores, sellos y firmas de los libreros o distribuidores españoles. Ese conjunto de datos se está ahora estudiando y esperamos enseñar pronto el fruto. Se ha trabajado con los más importantes editores franceses, Heugel, Brandus, Escudier, Leduc, Lemoine... y hemos desembocado en los editores y libreros españoles más conocidos: Casimiro y Pablo Martín, Andrés Vidal y Roger y su hijo Vidal Llimona, Zozaya, etc. No cabe duda de que lo mismo se podría haber hecho -y estamos "en ello"-con la edición italiana, por ejemplo de los Ricordi, o la alemana de Breitkopf und Härtel, Meser o Schott, y el hecho de encontrar los mismos nombres españoles nos llevaría a completar el conocimiento del comercio de la música en España. Todavía nos faltan algunas cosas: averiguar el procedimiento exacto de entrada en España de los documentos, la consulta de los archivos del Registro de la Propiedad Intelectual, el estudio de los archivos de nuestros editores/libreros -¿pero existen?-Y si hablamos en este primer paso de Francia, habría que consultar los archivos civiles o los propios de los editores para conocer los contratos que hacían con distribuidores españoles. Contamos con algunas obras importantes para trabajar, para fechar, para justificar las siglas que preceden a los números de planchas que aparecen al pie de las páginas de música, para explicarnos las reimpresiones, los pasos de los fondos de unos editores a otros. 4) o la obra de José Carlos Gosálvez Lara "La edición musical en España hasta 1936", que publicó la Asociación española de Documentación Musical en 1995. Aún faltan algunos pasos más en el trabajo para llegar a conclusiones fundamentadas sobre compositores, obras, tipo de arreglos, etc. Lo que no cabe duda es de la presencia llamativa de obras facilitadas, de arreglos para piano o para violín, flauta, etc. o pequeñas agrupaciones musicales. Se repiten los nombres de los profesionales de arreglos, fantasías sobre, potpourrís de, en la oferta que preparan los distribuidores. Y no se puede olvidar la abundancia de obras de enseñanza, de colecciones de ejercicios prácticos de varios instrumentos, literatura toda dedicada a las escuelas de música y a los profesionales de la interpretación. Ahí está la idea del librero español de lo que va a consumir la sociedad a la que atienden. Para los salones se traen muchas obras para piano o para voz y piano, como las canciones de Gounod, editadas por Lemoine. Atentos los españoles al éxito en París, pasan la frontera las operetas cómicas de Fromental Halévy, de Ambroise Thomas, de Jacques Offenbach, de Charles Lecocq, pero también óperas de Massenet, y lo que había contratado Escudier de Verdi en Milán. El mismo Escudier, que suele trabajar con los Vidal, edita a los cubanos Nicolás Ruiz Espadero y Gaspar Villate o al americano, muy relacionado con Cuba, Louis Moreau Gottschalk, obras que entran en España. Al mismo tiempo Julio Nombela, en representación de Vidal, firma por poder la responsabilidad de la distribución en España de las óperas de Wagner publicadas por Breitkopf & Härtel. Parece que hay una especie de preferencia de los editores franceses con ciertos españoles. Heugel parece haber escogido a Casimiro Martín, francés de Toulouse, que montó en Madrid su negocio musical. La comparación de fechas de edición y fechas de presentación de los documentos en el Registro de la Propiedad Intelectual es interesante por la rapidez, que indica el deseo de estar dentro de la estela del éxito. Las anotaciones de las partituras nos informan de otras cosas, por ejemplo los Vidal padre e hijo, utilizan como representantes a dos personas conocidas, el pianista Eduardo Compta, pianista formado en Madrid, París y Bruselas, profesor en el Conservatorio de Madrid, autor de un método de piano y al escritor Julio Nombela que cuenta en sus memorias: "En el verano de 1882 conocí en El Escorial a don Andrés Vidal y Llimona. La Societé de gens de lettres de París me nombró representante suyo en España, y como Vidal tenía la representación de las casas editoriales de música más importantes de Francia, deseó aprovechar la coincidencia de residir también en El Escorial para entrar en relaciones conmigo". Uno se pregunta si el paso por España es importante para los editores franceses pensando en Hispanoamérica. Es difícil hacer una selección de ilustraciones que demuestren algo de lo que se ha ido contando. En primer lugar aparece el catálogo que editó Lemoine en 1852: Las tabletas del pianista, así en español, en el que se recoge la referencia a unas setencientas obras para la práctica y enseñanza del piano, ordenadas de manera progresiva. Tenían su paralelo, mucho más amplio, en francés. En el prólogo aparecen varias advertencias de uso y la primera la que se refiere a los profesionales para los que se ha pensado la obra: "... los profesores y los almacenistas de música residentes en colonias y, en general, en los países extranjeros en que no se publican las ediciones francesas". Y: " Nota importante: para mayor claridad hemos traducido casi todos los títulos de las piezas de piano comprendidas en estas tabletas y suplicamos a las personas que quieran hacernos algún pedido, que tengan la bondad de indicar el nombre del autor, el número de la obra y la página en que se halle, pues estando nuestros títulos en francés, nos sería difícil el poder atender con prontitud a todos los pedidos". A continuación se han reproducido las portadas de dos obras del compositor cubano Gaspar Villate (1851-1891), editadas en París por Léon Escudier en 1875 y en 1874, presentadas en el Registro de la Propiedad Intelectual. Ya fuera de la edición francesa nos parece interesante acabar con dos muestras de lo interesante que puede ser en la música la información que nos dan los ejemplares. Se trata de una edición cubana y de otra española. En el siguiente caso aparecen dos procedencias: el Registro de la Propiedad Intelectual, realizado en la ciudad de La Habana, en 1895, todavía según la legislación española, y la Biblioteca de Ultramar, surgida a partir de "Museo Ultramarino permanente" creado por el Real Decreto de 17 de octubre de 1887. Se trata de un cánto religioso, obra de un compositor cubano, Carlos Anckerman (1829Anckerman ( -1909)). Además de las anotaciones del Registro, como era habitual, también aparece la firma del editor, Anselmo López. Y también como demostración de los trasvases musicales, de nuevo una composición del cubano Gaspar Villate, esta vez del editor Zozaya, de Madrid, que deja bien clara su procedencia en una nota manuscrita.
La lectura que realiza Lacan del mito del Edipo freudiano en cualquiera de sus tres versiones más importantes (La Interpretación de los sueños, Tótem y tabú y Moisés y la religión monoteísta) significa, por encima de todo, la historización y desmitologización de esta narrativa con el objetivo de convertirla en la ejemplificación por antonomasia del discurso del amo o de la metáfora paterna en tanto que efecto del lenguaje y principio fundamental de la subjetivación. Ahora bien, la condición de posibilidad de esta historización proviene en primer término de la constatación empírica de una crisis, también histórica, del complejo del Edipo en cuanto discurso social y político: el Edipo representa, en el psicoanálisis freudiano, a un sujeto burgués socializado por medio de la culpa y la distancia crítica respecto a lo social, pero sólo y paradójicamente en el instante en que este complejo estructurador de la subjetividad empieza a entrar en quiebra. La crisis histórica del complejo del Edipo ha sido analizada por varios autores en la tradición de la teoría crítica como fruto de la descomposición y desintegración del orden simbólico o ideología liberal característicos de cierta etapa del capitalismo de finales del siglo XIX. La pregunta que se plantea este artículo es de qué manera articular la dialéctica entre esa quiebra de la ideología liberal y la crisis del complejo de Edipo como condición de posibilidad de la emergencia de la práctica del psicoanálisis en tanto que fenómeno histórico. La respuesta más afinada, más allá de las interpretaciones de la teoría crítica (Adorno y Horkheimer) y posteriormente de Zizek está esbozada, aunque sin 1. EDIPO El mito de Edipo, tal y como es articulado en el psicoanálisis, no es una historia unívoca, sino una narrativa que Freud mismo va desarrollando paulatinamente en varias etapas, como sucesivas variaciones sobre un mismo tema -que aparece bajo el nombre de Edipo o con otros-. La primera interpretación freudiana de la tragedia de Sófocles figura así en La Interpretación de los sueños (1900): Si el destino de Edipo nos conmueve es porque habría podido ser el nuestro y porque el oráculo ha suspendido igual maldición sobre nuestras cabezas antes que naciéramos. Quizá nos estaba reservado a todos dirigir hacia nuestra madre nuestro primer impulso sexual y hacia nuestro padre el primer sentimiento de odio y el primer deseo destructor. Nuestros sueños testimonian de ello. El rey Edipo, que ha matado a su padre y tomado a su madre en matrimonio, no es sino la realización de nuestros deseos infantiles. Pero, más dichosos que él, nos ha sido posible, en épocas posteriores a la infancia, y en tanto en cuanto no hemos contraído una psiconeurosis, desviar de nuestra madre nuestros impulsos sexuales y olvidar los celos que el padre nos inspiró. [...] Mientras que el poeta extrae a la luz [...] la culpa de Edipo, nos obliga a una introspección en la que descubrimos que aquellos impulsos infantiles existen todavía en nosotros, aunque reprimidos. [...] Como Edipo, vivimos en la ignorancia de aquellos deseos inmorales que la Naturaleza nos ha impuesto, y al descubrirlos quisiéramos apartar la vista de nuestra infancia (Freud, 1997, 507-8). En el segundo apartado entraré de lleno en la interpretación freudiana de este mito (de la mano de Lacan); de momento basta la trascripción. La siguiente variante del tema es la que aparece de Tótem y tabú. En este caso Freud está tratando de investigar la función psíquica del tabú como principio regulador y normativo, también constituyente, del orden social, de las normas que rigen colectivamente. Entre ambas versiones se da una diferencia importante, aunque bastante sutil: si el mito de Edipo de la Interpretación de los sueños ejemplifica, en tanto que complejo, la intervención del padre como obstáculo frente al objeto incestuoso (la madre), por tanto en tanto que esa instancia que da pie a la ilusión de que su asesinato nos permitiría hipotéticamente el acceso total al goce, en esta segunda versión, el padre/rey resulta que es efectivamente, de hecho, aniquilado por sus hijos, de tal forma que, una vez muerto -y mediante su posterior encarnación en el animal tabú-se instaura en un segundo momento en tanto que prohibición simbólica, en tanto que ley. Así se desenvuelve la genealogía de la horda primitiva, la que se establece, en el psicoanálisis freudiano, como raíz fundamental o primigenia de las distintas sociedades históricas: La organización más primitiva que conocemos, y que subsiste aún en ciertas tribus, consiste en asociaciones de hombres que gozan de iguales derechos [...] Los hermanos expulsados se reunieron un día, mataron al padre y devoraron su cadáver, poniendo así un fin a la existencia de la horda paterna. Unidos, emprendieron y llevaron a cabo lo que individualmente les hubiera sido imposible. [...] [E]l violento y tiránico padre constituía seguramente el modelo envidiado y temido de cada uno de los miembros de la asociación fraternal, y al devorarlo se identificaban con él y se apropiaban de parte de su fuerza. [...] [L]a horda fraterna rebelde abrigaba con respecto al padre aquellos mismos sentimientos contradictorios que forman el contenido ambivalente del complejo paterno en nuestros niños y en nuestros enfermos neuróticos. Odiaban al padre que tan violentamente se oponía a su necesidad de poderío y a sus exigencias sexuales, pero al mismo tiempo le amaban y admiraban. [...] A consecuencia de este proceso afectivo surgió el remordimiento y nació la conciencia de la culpabilidad [...] y el padre muerto adquirió un poder mucho mayor del que había poseído en vida (Freud, 2001a(Freud,, 1837-9)-9). Freud prosigue explicando cómo el animal totémico encarna a esa figura del padre muerto, a su vez fuente del odio, remordimiento y también poderío, y en torno al que se articulan las ambivalentes pasiones de la horda fraternal. Y acompañando al nacimiento del animal totémico (o símbolo del padre) se distingue otro tabú fundamental: el del incesto. Es decir, junto a la ley instaurada retroactivamente por la eficacia simbólica del padre muerto, los hijos instituyen simultáneamente la prohibición de mantener relaciones sexuales con las mujeres de la misma horda: La necesidad sexual, lejos de unir a los hombres, los divide. Los hermanos, asociados para suprimir al padre, tenían SONIA ARRIBAS que convertirse en rivales al tratarse de la posesión de las mujeres. Cada uno hubiera querido tenerlas todas para sí, a ejemplo del padre, y la lucha general que de ello hubiese resultado habría traído consigo el naufragio de la nueva organización. En ella no existía ya ningún individuo superior a los demás por su poderío que hubiese podido asumir con éxito el papel de padre. Así, pues, si los hermanos querían vivir juntos, no tenían otra solución que instituir -después de haber dominado quizá grandes discordias-la prohibición del incesto, con la cual renunciaban todos a la posesión de las mujeres deseadas, móvil principal del parricidio (Freud, 2001a(Freud,, 1839)). Si en el complejo de Edipo, en tanto que estructura de la subjetividad del neurótico, el asesinato del padre es un deseo inconsciente, pero no realizado, en el pasaje del estado de naturaleza a la cultura o al estado político/social dibujado en Tótem y tabú, el asesinato del padre tiene que tener lugar como hecho real efectivo y fundante de la humanidad (ejemplificada en el mito como un grupo de hermanos). El asesinato del padre se constituye, en esta segunda versión, como la fuente de la prohibición simbólica por la cual la humanidad se define como tal, como el trágico hecho que siempre tuvo que haber tenido lugar para hablar propiamente de cultura (Zizek, 1999, 315). La tercera variante del mito del Edipo lleva más lejos la cuestión del asesinato del padre. En Moisés y la religión monoteísta Freud mantiene que el egipcio Moisés fue el introductor del monoteísmo como orden simbólico unificador de la nación judía. Su autoridad encarna la instauración de un orden simbólico único, una deidad espiritual, omnipotente y universal, en contraposición a la previa multiplicidad de órdenes, propios del panteísmo y la superstición. A diferencia de Tótem y tabú, el padre que en este relato es asesinado no es el padre anterior a la fundación de lo social, sino esa misma figura simbólica, Moisés, que establece el decálogo, la ley, y que instituye al pueblo judío como elegido. La memoria de su asesinato es conservada por la casta sacerdotal: DEL MITO AL DISCURSO... VÍA LA REPETICIÓN -Y SIN ORIGEN Los capítulos 7, 8 y 9 del seminario en el que por primera vez plantea Lacan los cuatro discursos (amo, histérica, analista y universidad), Seminario XVII: El reverso del psicoanálisis (1969-1970) (Lacan, 1992a), están destinados a pasar revista y realizar una revisión crítica de los textos de Freud dedicados respectivamente al tema del mito de Edipo y al de Moisés y el origen del monoteísmo (el cual, como ya hemos empezado a apuntar, es una variación del tema del Edipo). En este seminario Lacan se separa aún más del estructuralismo de Saussure, anteriormente referencia indispensable del giro lingüístico de su práctica, estableciendo que el lenguaje no ha de considerarse en primer término como un conjunto de enunciados sobre el mundo (según el modelo típicamente representacional), tampoco como un sistema de estructuración del mismo (de acuerdo con los planteamientos estructuralistas), sino por encima de todo como la plasmación discursiva de relaciones sociales en las que están inscritas inevitablemente actos subjetivos. Éste es, en efecto, el significado del muy peculiar estructuralismo lacaniano y de su más importante implicación, su notoria definición del sujeto: relaciones entre significantes formadas en un entramado en red y en las cuales un significante representa a un su sujeto ante otro significante. El significante, en tanto que parte del lenguaje, aparece como un signo que ni se refiere a un objeto, ni tampoco al rastro de un objeto, sino a otro signo. Ya en el seminario del año anterior, De un otro al Otro, había anticipado Lacan la idea de un campo de significantes S 2 en tanto que una red de saber en la que interviene el significante amo o S 1 y cuyo resultado es el surgimiento del sujeto barrado o / S, acerca del que se habla, así como la pérdida del objeto a: Siendo el objeto a la traducción estructural de la pulsión (Trieb) de muerte freudiana, esa tendencia de lo animado a volver a lo inanimado. En manos de Lacan, la pulsión de muerte es interpretada, ya en términos puramente discursivos, como la intervención de un saber lastrado o asediado por el significante y cuyo fruto es, de nuevo en los específicos términos lacanianos, el goce. Consiste en lo que no puede ser representado por la articulación significante, algo que queda perdido en la cadena del lenguaje. Los cuatro elementos del discurso (S 1, S 2, a, / S -en este orden) giran en torno a cuatro puntos de referencia, que señalan a su vez el lugar desde el que se establece la relación dominante (o agencia) con respecto al otro hacia al que se dirige lo dicho, así como el lugar de la verdad con respecto al que ocupa la producción. Es decir, son relaciones estables que marcan simultáneamente la posición en la que el discurso se inscribe y tiene lugar (agente), el lugar hacia el que se dirige el discurso (otro), el efecto de la acción discursiva (producción) y la fuerza o motivación desde la que se emite el discurso (verdad), la cual siempre está disociada de los efectos de lo dicho, de la producción: Pero lo que conviene hacer resaltar, más allá de esta traducción discursivo-lingüística, es que en el Seminario XVII Lacan ponga asimismo en relación esta pulsión de muerte con la lógica de la repetición de los significantes. La repetición lacaniana de los significantes no puede ser sino la traducción post-estructuralista de la oscura repetición freudiana: el hecho de que el significante S 1 (que Lacan también denomina el "rasgo unario") se vaya a repetir ante S 2 y el que de esta relación surja el sujeto emparentado con cierta pérdida de goce. O para expresarlo según el modelo de la estructura discursiva, el que el significante se articule representando a un sujeto ante otro significante. O, de nuevo con otras palabras, el que se dé una repetición inaugural del significante, de la que se desprende un goce u objeto perdido (a) cuya función es precisamente la de emerger en el lugar de esa pérdida introducida por la repetición. La definición de los términos es siempre y necesariamente circular. Lo que se repite, según la reveladora tesis de Lacan, no puede estar más que en posición de pérdida con respecto a lo que es repetido. De ahí que la pulsión de muerte aparezca simplemente no como una entidad positiva, perfectamente representable en la cadena significante, sino más bien como cierta mengua de goce -y especialmente como esa base a partir de la cual se habrán de derivar, e interpretar, todos los estudios del masoquismo desarrollados por Freud-. Y lo que es más importante: con el descubrimiento de la repetición inaugural Freud finalmente se empezaría a situar en el más allá del principio del placer. A partir de ese momento, la ley general en la que el psicoanálisis se empezaría a mover -la ley del más allá del placer-no podría ser sino la de que todo aquello con que nos enfrentaríamos al explorar el inconsciente estaría irremediable, y esencialmente, determinado por la repetición. La repetición sería, a partir de ese instante, la zona que definiría la práctica y la razón de ser del psicoanálisis. Pero el Seminario XVII está lleno de descubrimientos. Lo particularmente novedoso es que esta estructura lingüís-SONIA ARRIBAS tica fundamental -y aquí entronca Lacan con su anterior influencia kojèviana-se constituya asimismo como la formulación básica del discurso del amo en tanto que aquella relación social y política más recurrida en el transcurso de la historia -y que Lacan hace retrotraer, sin demasiadas complicaciones historicistas, hasta la Política de Aristóteles-. Según esta función político-discursiva, que Lacan toma prestada en su formulación teórica de los célebres pasajes en la Fenomenología del Espíritu de Hegel sobre la dialéctica entre el amo y el esclavo, el amo (o significante amo) da órdenes a un esclavo (o significantes en red) que las obedece sin más ni más porque, por un lado, sabe cómo llevar a cabo una técnica artesana (que ha aprendido) y porque, por otro, se somete sin remedio a la ejecución de la tarea encomendada. Pues bien, la apropiación lacaniana de la célebre dialéctica consiste en el establecimiento de una estructura discursiva que sostiene al mismo tiempo y de manera simultánea una relación social de poder (o política), por un lado, y otra, por otro, en la que lo que está en juego es el reparto de saber. Esto es, en los términos lingüísticos paralelos, propios del psicoanálisis lacaniano, el trabajo del esclavo se supone de la misma índole o naturaleza que el trabajo del inconsciente en la medida en que constituye en sí mismo un inconsciente no revelado. Y, por su parte, la orden del amo es del mismo orden que la del significante que instaura la relación social de inscripción de un sujeto en el orden simbólico. La estructura del discurso es dialéctica en el sentido de que del esclavo se presupone que maneja un saber de naturaleza práctica que se pone al servicio de la figura del amo, y que consiste por encima de todo, y aquí se observa inmediatamente el giro dialéctico, en un saber de aquello que el amo quiere. Del amo se afirma por su parte que no sabe nada, que tampoco posee destreza práctica, pero que logra que la relación de poder o dominación se instaure y mantenga, esto es, que el esclavo trabaje. En Lacan la relación dialéctica equivale al funcionamiento de los mecanismos inconscientes en la medida en que está partiendo de la base de un sujeto que está siendo sometido a una serie de significantes amo bajo los que está parcialmente representado y que le son desconocidos (excepto, claro está, si inicia un análisis) y a los que sólo se puede tener acceso mediante el trabajo de asociación de significantes, como si su trabajo inconsciente se llegase a expresar, aunque sólo sea a trompicones, mediante una cadena de pensamiento. Lo que nos retrotrae de nuevo, y circularmente, a la estructura fundamental de la que partíamos: el trabajo -el saber inconsciente que trabaja-depende, lo sepa o no el que habla, del rasgo unario y de la articulación significante. Con ello, Lacan no hace sino reformular la afirmación de Freud de que el sujeto no sabe quién lo dice, de que el sujeto del discurso no se sabe en tanto que sujeto que sostiene ese discurso. Esto es debido a que el sujeto está representado por el rasgo unario, pero en tanto que repetición. Por lo que al tiempo que está representado, también deja de estarlo en la medida en que siempre y necesariamente hay algo que permanece oculto en relación con el significante. El carácter eminentemente político del discurso del amo se pone de manifiesto claramente en la afirmación de Lacan según la cual en nuestro tiempo el discurso del amo se ha puesto en crisis del mismo modo en que, tal y como lo demuestra la práctica analítica, la ley se pone continuamente en cuestión, y de una manera radical, en tanto que síntoma. Lo que entra en crisis, en el primer esquema arriba dibujado, es el S 1 del enunciado. Con la puesta en crisis del significante amo se revela nítidamente la ilusión -que no deja de ser eficaz en el inconsciente por el hecho de ser ilusoria-del imperativo puro de un yo transcendental que tiene la capacidad de dominar política y socialmente porque es supuestamente idéntico a sí mismo. Sobre esta cuestión de la puesta en crisis del S 1 volveré en el siguiente apartado. Pero hemos de dar paso más para entroncar de nuevo con el mito del Edipo convertido, con Lacan, en discurso estructurador de cierta forma de vínculo social y de subjetivación. El discurso del amo es el establecimiento de la ley, y la ley, tal y como logró articular Freud en sus escritos, es la forma de prohibición del goce fálico en tanto que complejo de Edipo. Ése fue su gran descubrimiento, el que adquirió principalmente, como Lacan recalca mil veces a lo largo de su obra, por medio de su escucha a la histérica. La histérica pone de relieve que ese S 1 del discurso del amo está inmediatamente conectado con el goce, esto es, con un resto -y que, por lo tanto, nunca es idéntico a sí mismo-. Más aún, la histérica pone de relieve que el sujeto, en sí mismo, es histérico. La histeria no es si no la alienación del sujeto por el significante, su división esencial por el discurso. A juicio de Lacan, lo particular (y políticamente interesante) de la histérica es que se hace solidaria con la función del amo desenmas- carándola y haciendo ver lo que hay de amo, lo que hay de poder, en el S 1. Así, en efecto, operan tanto la función del padre idealizado (al que se adora tanto como se odia) como la paralela operación histérica de castración. Éste es el significado último del mito del Edipo freudiano: la reunión mítica del saber de la histérica en tanto que, por una parte, castración del padre idealizado y, por otra, privación, asunción por parte del sujeto del goce de ser privado. Ahora bien, Lacan ve un problema fundamental en la articulación freudiana sucintamente expuesta más arriba: mediante el recurso al mito en cualquiera de sus tres variantes lo que hace Freud es intentar disimular que en el discurso del amo -y tal y como de por sí muestra el discurso de la histérica-el padre está castrado desde el mismo origen, es decir, lo que intenta obcecadamente es ocultar que no hay un lugar previo a la castración. Como vimos anteriormente, Freud despliega en Tótem y tabú una narrativa del asesinato del padre original que se desenvuelve hasta concluir con el establecimiento de cierto orden (legal) como aquél el que se dan las precisas condiciones para que sus miembros se puedan atribuir el amor por el padre muerto. Pues bien, Lacan es contundente con respecto a esta formulación freudiana, en forma de mito, y a ella le contrapone el discurso de la histérica sin más. Este discurso, asegura Lacan, sin recurso alguno a lo mitológico, habría sido mucho mejor guía que el mito del complejo del Edipo. El discurso de la histérica supone la elevación de la posición del sujeto al lugar dominante. Su división -el vel del que tantas veces habla Lacan-significa que allí donde la histérica piensa, allí justamente no se reconoce ni es. La división del sujeto encarnada por la histérica significa ante todo que el sujeto está situado, por decirlo así, en dos lugares. Allí donde la histérica es significa para ella, esencialmente, el extravío del inconsciente: Si además se relaciona el complejo Edipo con la historia del asesinato de la horda primitiva tenemos más pistas sobre el funcionamiento estructural del inconsciente. De nuevo, en el relato que aparece en Tótem y tabú los hijos matan al padre para luego descubrir que eran en efecto hermanos, es decir, que lo que se puede dar entre ellos, a partir de ese terrible suceso, es sólo el lazo de la fraternidad. En la lectura estructuralista de Lacan, cuando el mito se pone a prueba, lo que se desvela acto seguido son sus contradicciones internas. Por ejemplo, Lacan critica contundentemente esa misma idea de la fraternidad mostrando sin reparos que la condición de posibilidad de la unión fraternal es una buena dosis de segregación: es imposible concebir una unión sin que se produzca en primer término una separación con respecto a un resto. En segundo lugar porque, tal y como relata la historia, los hermanos deciden que no tendrán relaciones con las madres (pues hay más de una, y el padre las posee a todas). La pregunta que Lacan alza ante el desarrollo de este episodio es sencilla: ¿no les resultaría mucho más simple hacer un mero intercambio entre ellos para así poder tener relaciones con la madre de los demás? Por otro lado, si ya finalmente enlazamos con Moisés y la religión monoteísta, lo que según Lacan ha de quedar claro es que es necesario que el padre haya sido asesinado para que retorne de manera mítica a través de los profetas. En términos psicoanalíticos, este retorno significa que la única manera de acceso a esa prohibición es por vía de la represión. De manera que si la tesis sobre el retorno de lo reprimido se expresa en los términos post-estructuralistas SONIA ARRIBAS de Lacan, vemos que lo que llega a descubrir el discurso del amo es que, en efecto, no hay relación sexual. Esto es, para decirlo de nuevo en los términos míticos, ya abandonados: o bien el padre posee todas las mujeres, o bien (tal y como también aparece en el libro Oseas de la Biblia) se cree que el pueblo elegido estuvo una vez sumergido en relaciones sexuales sin fin -ese fantástico lugar en el que todas las mujeres eran prostitutas-. Ambos fantasmas son los típicos de la falta de relación sexual. ¿Qué significa efectivamente esta traducción del mito freudiano a un discurso psicoanalítico basado en la estructura discursiva? Lacan ha invertido la narrativa freudiana según la cual la relación con la madre (clave del goce, del objeto supremo del incesto) se explica gracias al asesinato del padre. Él considera, como acabamos de ver, que la prohibición del goce se edifica al revés, es decir, a partir del asesinato del padre. El asesinato del padre es la condición en sí misma del goce y no a la inversa: si Layo no desapareciese en primer lugar, no habría ni siquiera la posibilidad de tal goce. Tótem y tabú produce una equivalencia entre el padre muerto el goce como tal: el padre muerto tiene la salvaguarda del goce, de ahí parte su prohibición. En Lacan el padre muerto en tanto que goce es el signo del imposible mismo: lo real en tanto que imposible. Y lo real ha de entenderse, en el último Lacan, no como un tope contra el que lo simbólico (la ley) choca, sino como el tope lógico que de lo simbólico (la ley) se enuncia como imposible. El padre asesinado es el padre de lo real, de lo imposible, aquél que, en términos míticos, gozaba de todas las mujeres. El mito ejemplifica en términos discursivos la castración como el principio del significante amo: el goce que le llega al Otro y que sólo se obtiene insistiendo hasta producir la pérdida por la que toma cuerpo el plus de goce. El mito del asesinato del padre no es sino la plasmación en imágenes del discurso del amo. Lo que el énfasis lacaniano logra al retrotraer el mito a la estructura de la repetición fundante en el discurso del amo es establecer que si todo acto está siempre en un contexto significante, no hay ningún acto (un asesinato) al principio. El mito enunciado por Freud no puede, por lo tanto, tener otro sentido que el de constituirse como un enunciado de lo imposible. Hay que verlo, por lo tanto, como si se tratase de una matriz articuladora de una ontología que reza que no puede haber un acto fuera de un campo completamente articulado como es el de la ley. No hay más acto que el acto que se refiere a los efectos de la articulación significante. El padre real, representado en el mito por medio de un padre de la horda imaginario, no es más que un efecto del lenguaje. MÁS ALLÁ DEL COMPLEJO DE EDIPO Las anteriores reflexiones de Lacan se pueden también relacionar con una formulación muy reveladora que aparece en el Seminario 7: La ética del psicoanálisis según la cual Edipo se concibe como la única figura (límite) que carece del complejo de Edipo. Huyendo de cierta sospecha y evitando la posibilidad de un crimen, Edipo comete un crimen, sin saber que ése al que ha asesinado es su padre. Su tragedia consiste en que tampoco sabe que su felicidad conyugal se basa en una relación sexual mantenida con su madre. ¿Qué ejemplifica este mito? Según Lacan, el problema de Edipo, el porqué del destino de su tragedia, es que su trayectoria es trazada como la narrativa de alguien que aspira a saber más sobre su propio deseo. Lo que la trágica figura de Edipo revela es que quien avanza por esta zona en la que ya no funciona el "servicio de los bienes" -así denomina Lacan el orden simbólico de los intercambios de mercancías y favores-, y se deja llevar más bien por el deseo de saber sobre uno mismo, está destinado a transcurrir por el mundo solo y traicionado. ¿Por qué la soledad y la traición? Porque Edipo encarna -y aquí podemos empezar a vislumbrar la conexión con el Seminario XVII-la verdadera muerte, la muerte de la pulsión (o la pulsión de muerte), aquélla en la el propio ser de uno está tachado, aquélla por medio de la que, y de manera paradójica, uno es esencialmente, y sin que esto signifique la adaptación plena al mundo, sino todo lo contrario. La maldición de Edipo "es una maldición consentida de esa verdadera subsistencia que es la del ser humano, subsistencia en la sustracción de él mismo al orden del mundo" (Lacan, 1992a, 365). En los términos establecidos posteriormente en el Seminario XVII, los expuestos en nuestro anterior apartado, Edipo encarna la pulsión de muerte, la que va más allá del principio del placer, la que ya no está al servicio del intercambio de los bienes o la ley. Ahora bien, lo que la dialéctica de Lacan intenta poner de relieve es que el propio Edipo no padece del complejo por el que le conocemos porque, para tenerlo, para sufrir del com- plejo, es necesario en primer lugar que el Edipo como tal haya empezado a declinar. Y el Edipo empieza a declinar, según apuntó Freud, cuando empieza a producirse en la economía libidinal el superyó. O habría que decir más bien, invirtiendo la fórmula, el superyó edípico nace cuando declina el Edipo. En esto consiste, en el nacimiento del superyó como instancia culpabilizadora, el que el sujeto lo haya, en efecto, incorporado en sí mismo. Edipo es la encarnación de la figura que no ha incorporado todavía la instancia del superyó. Edipo es esa figura (mítica) que todavía no tiene superyó. La estructura de la articulación del complejo de Edipo, según Lacan, proviene precisamente de su declive y de la concomitante formación del superyó. El niño experimenta la privación, y a partir de ese instante, instaura el duelo del padre imaginario (un padre que fuese verdaderamente alguien, diría Lacan, idéntico consigo mismo). La estructura del Edipo está instaurada en el sujeto en el instante en que un padre imaginario (que puede llegar a plasmarse también como Dios) se alza como esa instancia a la que dirigir el reproche continuo e incluso el odio ante la constatación de la privación. Por eso se permite Lacan la afirmación de que Edipo no tiene el complejo de Edipo: porque en su biografía el padre no está instaurado subjetivamente (o sólo lo está en el final). En efecto, cuando el padre sí está instaurado subjetivamente -y en Lacan esto ocurre en tanto que Nombre-del-Padre-el duelo del Edipo se manifiesta en tanto que realidad psíquica del superyó. El superyó es esa culpa por la cual el sujeto se vincula con un padre imaginario hacia el que siente, de una forma ambivalente, amor u odio. De ahí la continua queja del neurótico, del hecho de que el padre, sostén de lo simbólico, siempre tenga algún defecto y nunca está a la altura del imaginario. La figura del héroe, de Edipo, se sitúa antes de que esto acontezca, antes de que, por decirlo así, la ley se haya interiorizado en el sujeto. Su tragedia consiste en que desde el principio de sus andaduras se encuentra de lleno en el mundo de lo simbólico, de la falta constitutiva de la ley -y sin embargo no lo sabe. Su camino es un camino de iniciación hacia ese saber (que lo es también sobre su deseo), pero sin la mediación de la culpa. Así, en una conversación con Creón frente a los atenienses, Edipo muestra con elocuencia cómo la idea misma de que él pudiera ser responsable, por lo tanto culpable de los actos cometidos (el asesinato de su padre y la relación sexual con su madre) es casi irrisoria y está totalmente fuera de lugar: ¿a quién se le ocurriría pensar -se defiende ante las acusaciones-cuando uno se encuentra a un extraño por el camino, que ése es su padre? ¿Quién se podría imaginar -pregunta en ridículo-cuando alguien se va acostar con una mujer, que esa mujer es su madre? Edipo no siente culpabilidad, su subjetividad no ha interiorizado la ley. De él se puede afirmar que ni es culpable ni inocente. Edipo es la encarnación de ese resto material que queda fuera de la ley simbólica (Zizek, 1996, 145). La ley (moderna) está interiorizada subjetivamente, por el contrario, sólo en la medida en que de ella se vislumbra que, históricamente, ha entrado en crisis. Crisis de la ley y complejo de Edipo vienen a decir lo mismo. ¿Qué significa en términos prácticos que la ley haya entrado en crisis? En el neurótico, en el que sí padece del complejo de Edipo, su culpabilidad apunta al hecho, ya irreversible, de que ni el padre empírico, ni ninguna otra figura sustituta, están nunca a la altura de ese padre imaginario (idéntico a sí mismo) que podría garantizar la eficacia de la ley simbólica. La ley ha entrado en crisis y el neurótico se queja justamente de eso: su anhelo es de esa ley simbólica que supuestamente funcionaría sin fallas. La crisis de la ley simbólica ha sido conceptualizada, desde el psicoanálisis contemporáneo, en tanto que la "crisis de investidura" característica de finales del siglo XIX (Santner, 1996). Pero los resquicios de esta ley en crisis no cesan de percibirse por doquier. Por un lado, la autoridad simbólica se ha ido progresivamente minando desde dentro al tiempo que la ley se ha ido poco a poco conceptualizando, en términos políticos, en tanto que constitutivamente excepcional. Por otro, mientras que en la familia burguesa tradicional, la figura del padre funcionaba dentro de un marco social que amparaba su autoridad, la descomposición de las estructuras sociales burguesas ha traído consigo la comprobación de que tal autoridad está siempre lastrada por un lado obsceno, de goce. De ahí -como vimos anteriormente-la llamada de la histérica, su constante impasse entre la crítica y la afirmación de la figura del amo. Pero es importante llamar la atención sobre algo que habitualmente pasa desapercibido entre el psicoanálisis contemporáneo: el que Lacan enuncia cuatro discursos (y la relación dialéctica que se da entre ellos) en un solo seminario: el Seminario XVII, de manera que el tercero de ellos, el discurso de la universidad, se establece (conceptual SONIA ARRIBAS e históricamente) en una relación dialéctica con los otros tres. En este discurso la posición de agente está ocupada por la acumulación de saber (S 2 ) acumulado, coleccionado y dispuesto para la transmisión: En Lacan, la crisis de investidura característica de finales del siglo XIX no se puede desvincular, como ya se mostró más arriba, del discurso de la histérica que lo acompaña. Hasta aquí las interpretaciones habituales. Pero lo crucial de este seminario, a mi juicio, es que en él Lacan también nos muestra que no hay forma de desvincular el discurso del amo o estructura simbólica del lenguaje (así como su concomitante y continua crítica/reafirmación ejercida por la histeria) del discurso de la universidad o capitalismo. Y esta vinculación se pone de manifiesto de varias formas, todas conectadas entre sí. El discurso de la universidad o capitalismo es, en primer lugar, una formación discursiva que disloca y hace entrar en crisis al discurso del amo o investidura simbólica propios de la sociedad burguesa tradicional. En segundo lugar, y de forma simultánea, Lacan argumenta que el discurso de la universidad consiste en un vínculo social que, para funcionar con eficacia, depende constitutivamente de la ficción del sujeto burgués autónomo e individualista. Es decir, el complejo de Edipo es el resultado histórico de un proceso por el cual el sujeto se inserta en el orden simbólico por medio de la culpa, pero justa (y paradójicamente) en el momento en el que este orden simbólico ha entrado en crisis por la permanente dislocación operada por el discurso (superyoico) de la acumulación capitalista. Se trata de un dualismo dialéctico por el que el moderno sujeto burgués se constituye de forma individualista, pero a costa de perder la identificación completa con el orden simbólico, es decir, a costa de subjetivarse por medio de una ley que está, ya de forma irremediable, en una continua crisis de investidura (o de legitimidad). La crisis de legitimidad (o declive de la metáfora paterna) implica, para volver a los términos arriba empleados, que el padre muerto de Tótem y tabú, es decir, esa estructura legal y discursiva que, en tanto que muerta, impone la prohibición del goce, carece de la eficacia simbólica para seguir prohibiendo. Slavoj Zizek apunta varias de las paradójicas (y fetichistas) consecuencias de esta dialéctica por la que la eficacia de la ley simbólica declina críticamente en el mundo contemporáneo (Zizek, 1999). En primer lugar, el sujeto contemporáneo se encuentra con que ya no hay una autoridad que prohíba el acceso al goce (Dios, obviamente, fue la mayor prohibición, y Dios ha muerto), y lo que surge en su lugar son formas de representación en las que prima la armonía cósmica o un anhelo de regreso a una naturaleza supuestamente ajena al hombre, libre de su intrusión. Es decir, el sujeto contemporáneo intenta evadir la falta de eficacia simbólica de la ley mediante representaciones imaginarias de un más allá de la ley. Zizek también percibe, por seguir con su diagnosis, y lo siguiente se da principalmente en las concepciones religiosas contemporáneas, cómo la ficción simbólica por la cual se determinaba tradicionalmente la eficacia preformativa de los actos retrocede cediendo el paso a formas New Age y gnósticas de lo religioso. Si el Cristianismo tradicional asumía la resurrección de Cristo como la marca última de la fe en Dios y de la posibilidad de una instauración en la tierra de una comunidad de creyentes, las formas contemporáneas de lo religioso abandonan ese aspecto de la trascendencia (aunque sea una ficción) para entregarse al individualismo del crecimiento autónomo del alma o del espíritu. En tercer lugar, el declive de la eficacia del orden simbólico se revela en la sobreabundancia compensatoria de comités de expertos que deciden sobre la tecnología y la ciencia (biogenética, medicina, etc.) en relación con cuestiones sobre la vida y la muerte. Parece como si la proliferación de comités se impusiera frenéticamente como un freno ante la inminente realidad de que la estructura legal ha perdido su anclaje, o está siempre a la zaga, con respecto a las posibilidades reales de la ciencia y la tecnología (Miller, 2005). Así, el trabajo de los comités de expertos se sustenta por un círculo vicioso por el que la legalidad se encuentra atrapada entre la apelación al desarrollo científico y sus fluctuantes definiciones de la vida y la muerte como legitimación última de las decisiones, por un lado, y el recurso a criterios éticos no científicos, también aleatorios, como límite a la investigación científica (Agamben, 1998). Estos últimos, los comités, se autoafirman como pequeños legisladores, reinventando las leyes y creando normas ad hoc por las que se suplanta la falta o quiebra constitutiva de la ley. Y el Edipo contemporáneo, ahora con un complejo muy mal resuelto, ha perdido su lugar simbólico (de la culpa) y no le queda más remedio que delegar su responsabilidad en ellos. En cuarto lugar (y ya vimos que esta idea aparece en el Seminario XVII de Lacan), la histeria clama por una autoridad paterna que esté a la altura de su posición simbólica en el mismo instante en que critica y humilla a ese padre que no logra encarnar performativamente la autoridad que se ha encomendado a sí mismo. En lugar de percibir al padre (y a otras figuras similares, habría que añadir, como la del maestro) como un Yo ideal que sostiene la autoridad anhelada, el padre es sentido como un ideal del yo, es decir, como alguien con el que competir de una manera adolescente e imaginaria. Finalmente, en quinto lugar, la autoridad simbólica patriarcal -del Nombre-del-Padre-nunca pudo estar totalmente a la altura del mandato que se le otorgaba, pero previamente a la crisis simbólica sí que aparentaba, en su imperfección, la ficción de un orden que funcionaba sin demasiadas fisuras. Su paulatina desintegración ha ido viniendo de la mano, según Zizek, de la aparición de figuras malévolas con una disposición autoritaria de una índole diferente a la clásica autoridad paterna. Se trata de figuras, como la de Bill Gates, por ejemplo, que sentimos como amistosas, simpáticas incluso, normales, pero que no obstante pueden tornarse en un momento dado figuras demoníacas que nos imaginamos controlan nuestras vidas desde la oscuridad. Estas figuras encarnarían otra forma de la suspensión del Yo-ideal en pro del ideal imaginario. El psicoanálisis emerge, por lo tanto, en ese instante en que las estructuras que regulaban la vida libidinal de manera efectiva quiebran, en ese momento en que la metáfora paterna que ajustaba las identidades (sexuales, familiares, sociales, políticas) entra en un estado de descomposición -esto es, cuando el Edipo entra en crisis, revelándose como tal, en tanto que estructura discursiva que constitutivamente hace aguas-. En Autoridad y familia, Max Horkheimer señalaba de una manera similar que la desintegración gradual de la familia formada en torno a la autoridad paterna podía traer consigo, y concomitantemente a la liberalización de las costumbres y la proliferación de las identidades, el declive del sujeto crítico, sustentado por convicciones éticas surgidas a partir de la oposición a la figura del padre y la autónoma recreación de la propia autoridad en la vida adulta (Horkheimer, 2001). Hoy la figura del narcisista contemporáneo (que crea y recrea sus formas de vida alegremente, sin compromisos) sustituye a la del individuo burgués del siglo XX. Según Zizek, otras posibles sustituciones contemporáneas del individualismo burgués se deslizan hacia prácticas donde lo que prima es la modelación artificial y extrema de figuras de la sujeción (relaciones lesbianas entre ama y esclava, por ejemplo) (Zizek, 1999, 344). NARRATIVA DEL CAPITALISMO SEGÚN ADORNO En la narrativa de las etapas del desarrollo capitalista construida por Horkheimer (y retomada posteriormente por Zizek), el psicoanálisis emerge en un período de transición y crisis en el seno de la misma matriz, ambivalente y contradictoria, característica del capitalismo. Aquello que en primer lugar permite y garantiza la posibilidad de una autonomía crítica, salvaguarda de ese sujeto de derechos creador y agitador de una espera pública compartida, eso mismo se constituye, en una segunda etapa, como el elemento desestabilizador de la subjetividad, generador de las neurosis (y habría que añadir, en el caso más extremo, de la psicosis), y asimismo desintegrador de la estructura social y política. Theodor W. Adorno compone una narrativa similar en su apropiación dialéctica del psicoanálisis. La modernidad trae consigo, según Adorno, la emergencia de un sujeto que se supone autónomo (suyos son los rasgos de la autodeterminación, la autoconciencia y autoexpresión) para participar en la esfera pública de los intercambios, ahí donde se hacen valer los intereses particulares, los proyectos de felicidad individuales, y donde se supone que los sujetos se hacen cargo de sus responsabilidades políticas (Zamora, 2004, 101-116). El sistema de producción capitalista crea, por lo menos en una etapa inicial (que Adorno denomina "capitalismo liberal"), las condiciones para que la estructura social burguesa venga de la mano de un plano político de libertades y obligaciones que avalan que la propiedad y los intercambios económicos no se encuentren con obstáculos. Con ello se rompen las tradicionales adscripciones de roles (religiosos, sexuales, familiares, etc.) y se entra en la abstracción del sujeto transcendental (en filosofía) y del sujeto de derechos, teóricamente universales (en las constituciones). Se trata del sujeto abstracto de derechos, partícipe del contrato social (del estado) y cuyo fundamento último reside en la propiedad. Ahora bien, una segunda etapa del desarrollo capitalista (que Adorno califica de "capitalismo monopolista") es incapaz de controlar esa ambivalencia que le es inherente, y entra en una etapa ulterior en la cual la centralidad de la autonomía del individuo pierde terreno y se va consolidando en su lugar un poder económico formado por grupos de poder -empresariales y estatales, políticos y militares-que no deja espacio a la iniciativa, responsabilidad y creatividad de los individuos, rasgos del anterior período liberal, porque está al servicio de la monopolización del capital y la administración y burocratización de la vida. ¿Cuáles son -según Adorno-los efectos sobre la subjetividad de esta transformación en el desarrollo capitalista? Si en el período liberal el individuo burgués se socializaba edípicamente mediante la subjetivación de la autoridad paterna (y su concomitante oposición a esta misma autoridad), en el período monopolista la subjetivación edípica entra en crisis porque esa autoridad, la del padre autónomo, libre y emprendedor, declina progresivamente ante el avance de la acumulación desubjetivada y desubjetizante del capital (Adorno y Horkheimer, 1994). Si en el período liberal el sujeto se constituye en oposición y distancia frente a lo social, en el período monopolista el sujeto se diluye en pro de la creciente administración, burocratización y anonimato de la vida (Zamora, 2004, 108). Si el individuo burgués tenía un yo fuerte, tendente a la autoafirmación y crítica, el individuo post-edípico posee más bien un yo débil, incapaz de generar sus propios valores y, en ausencia de figuras paternales concretas, proclive a la mera identificación imaginaria consigo mismo (narcisismo) o con figuras paternales fuertes, pero autoritarias: La debilidad del yo hoy, que no es simplemente patológica, sino en la que el mecanismo psíquico registra la impotencia real del individuo frente al aparato socializador, estaría expuesta a una dosis insoportable de agravio narcisista, si no se buscara una compensación a través de la identificación con el poder y la grandeza del colectivo 1. El yo débil, en Adorno, es el del sujeto burgués, antaño socializado eficazmente mediante el complejo de Edipo, ahora incapaz de ofrecer resistencia frente a la administración de la vida, precariamente adaptado a su entorno, casi al nivel de la mera supervivencia, y conformado sin remedio a los patrones económicos que se le imponen. LA LEY BAJO LOS EFECTOS DEL CAPITALISMO Los anteriores análisis de Adorno, Horkheimer y Zizek sobre del desarrollo del sistema de producción capitalista y la emergencia del psicoanálisis en un período de crisis tienen como presupuesto común la idea de que el complejo de Edipo, mecanismo por el cual el sujeto se inserta en lo social, entra en crisis y se desestabiliza por los efectos que el capitalismo ejerce sobre lo simbólico. Según estas interpretaciones, el capitalismo tiene desde sus inicios un carácter ambivalente: el que el sujeto abstracto de derechos surja como individuo autónomo y libre, pero al tiempo que distanciado y desvinculado con respecto a lo social. Ahora bien, esa radical ambivalencia pierde progresivamente el frágil equilibrio que la sustentaba, rompiendo con ello la inestable solidez del sujeto edípico, destruyendo la ficción del orden paternal estructurado, y haciendo entrar la subjetivación en una etapa post-edípica mucho más problemática en cuanto a sus síntomas característicos: el narcisismo a pequeña escala y el autoritarismo en el plano de la política (me refiero en este segundo caso a los estudios de Adorno y Horkheimer). Una parecida y muy válida interpretación del paulatino proceso de descomposición de cierta forma de autoridad y de idea del sujeto como consecuencia de la gran crisis capitalista de finales del siglo XIX es esbozada por el crítico literario Franco Moretti en su brillante exposición de la desmantelación de la etapa decimonónica del capitalismo liberal y del imperialismo británicos, y su concomitante plasmación literaria en la obra de James Joyce (Moretti, 1983). ¿En qué consiste la expresión de una crisis capitalista en el campo de la literatura? En una vena similar a la de Adorno, pero en este caso bajo la influencia del clásico estudio de Karl Polanyi sobre la "gran transformación" (Polanyi, 1992) la crisis en cuestión es interpretada como el declive del mercado autorregulador propio de la sociedad burguesa. El supuestamente racional funcionamiento del mercado en tanto que ese juego de intercambios que da perfecta cabida a la prosecución de los intereses privados entra, hacia finales del siglo XIX y con una duración que se extiende hasta la Primera Guerra Mundial, en una crisis estructural que lo desestabiliza por completo, en su misma raíz. Puesto que lo que entra en crisis es, en lo fundamental, la ideología del individuo autónomo, en Ulises nos encontramos, según Moretti, con un individuos fuera de control, dibujados como si las fuerzas sociales y políticas que los gobiernan se hubiesen escapado de sus manos, como si su identidad individual se hubiese transformado en una corriente de pensamientos ajena a ellos mismos. Ulises representa el capitalismo liberal agonizante, el que apenas sustenta a los pequeños burgueses que en él habitan, menos aún cuando viven en la colonia irlandesa. La escritura de la novela Ulises representaría homólogamente, en el contexto de Irlanda y Gran Bretaña -y ésta es la tesis que yo quisiera derivar de esta breve exposición del análisis de Moretti-lo que la emergencia del psicoanálisis significó en la Viena de Freud. Pues esta emergencia tiene su raíz en una crisis derivada de una dialéctica, a la que ya he apuntado con anterioridad, y que ahora voy a exponer escuetamente para ir finalizando este artículo (como hipótesis a desarrollar en un estudio futuro): la que se da entre el discurso de la universidad y el discurso del amo. Si nos retrotraemos al tercer esquema que aparece en el Seminario XVII, el del discurso de la universidad o capitalismo, nos encontramos cara a cara con una explicación de la lógica capitalista en dialéctica con la del discurso del amo. La entrada en vigor del capitalismo como discurso dominante en lo social no destruye por completo el funcionamiento del discurso del amo (Lacan considera que el discurso del amo tiene distintos revestimientos en distintas etapas históricas), sino que lo que hace más bien es entrar en una peculiar dialéctica con él, modificándolo. Y es que lo característico del discurso del amo, aparte de la relación política (de poder) que funda entre el saber inconsciente y el trabajo del esclavo, es que el significante amo S 1 que lo constituye se auto-establece necesariamente gracias a la ficción de que es idéntico a sí mismo. Es decir, como un sujeto mítico sin un resto que lo acompañe. La entrada progresiva en lo social del discurso del capitalismo (y los estudios históricos sobre el tema parten de la idea de la "acumulación originaria" que aparece en el Libro I, tomo III de El Capital de Marx) (Marx, 2000) se logra mediante la destrucción de las anteriores estructuras de dominación del discurso del amo tradicional, pero sin que esto conlleve, y paradójicamente, el abandono de la ficción (característica del discurso del amo) de que hay un sujeto idéntico a sí mismo, sin resto. De hecho, el discurso del capitalismo entra en vigor y se mantiene precisamente gracias a la generalización (práctica, pero también política, en un plano constitucional, por ejemplo) de que todos los sujetos son estos sujetos idénticos a sí mismos, sin resto. Es decir, la ficción de que ninguno de ellos está sometido al dominio de otros, y todos son, por decirlo así, dominantes. En esta ficción residiría la ideología del sujeto autónomo, creador de su vida y valores, productor de sí mismo y de su entorno. Se trata de una ideología (o ficción) en el sentido de una práctica constitutiva y esencial al discurso del capitalismo, sin la cual el capitalismo mismo no funciona. Ahora bien, lo que está en juego en el capitalismo es, por encima de todo, una subversión social y económica de la posición del goce (o pulsión de muerte) con respecto a la posición que ese goce tomaba en el discurso del amo u orden simbólico al estilo tradicional. En el discurso del amo tradicional, como señalamos anteriormente, la pulsión de muerte aparece como un resto que impide que la estructura discursiva se conciba en términos de una totalidad cerrada, sino más bien como una apertura constante debida a los efectos del significante. Esa apertura proviene de la misma relación político-discursiva por la cual se establece una relación de dominación y reparto de saber. El que está en la posición de subordinación en este discurso está sometido a la orden del amo, acata su función y, al hacerlo, instituye en ese mismo acto al amo como tal. La relación de dominación por la que el trabajo del subordinado pasa a ser aprovechado/disfrutado por el amo está representada a las claras, en la misma estructura, esto es, amo y esclavo saben quién es quién. En términos psicoanalíticos y en referencia al inconsciente, esto equivaldría a la tesis de que la imposición del significante amo o rasgo unario viene de la mano necesariamente de la producción de un goce (masoquismo). El goce es eso que sobra de la inserción del significante, pero que está, por decirlo así, visible en tanto que estructura discursiva o vínculo social de dominación. Lacan explica muy claramente la naturaleza del goce o plus de goce en los términos de la teoría de la entropía: si alguien baja una distancia de 500 metros con un peso de 80 kilogramos a las espaldas y luego vuelve de nuevo a subir esa misma distancia con el mismo peso, el resultado de ese proceso -en el registro del significante-equivale a cero. El significante no registra el esfuerzo por el que se ha hecho todo un recorrido y se ha subido y bajado un peso. Sin embargo, el sudor de la frente muestra que ahí ha habido un trabajo, un resto que constitutivamente desaparece de la cadena significante. Ahora bien, en el sistema de producción capitalista tiene lugar algo bastante peculiar: la transformación de la posición del goce en el discurso. El trabajador no posee los medios de producción y su única propiedad, por decirlo así, es su persona. Cobra por su fuerza de trabajo un salario (lo que, como dice Marx, es algo así como dar un precio a su persona, pero sólo por horas) pero al mismo tiempo y simultáneamente realiza un trabajo, que es generador de valor. Este trabajo extra, generador de valor (Marx sostiene, y esto es crucial, que el trabajo es fuente de valor y no un valor en sí mismo) es la que engendra la plusvalía, la cual es luego acumulada en forma de capital. Pues bien, cuando esta forma de trabajo se universaliza, lo que ocurre efectivamente, para volver a los términos psicoanalíticos, es que la pulsión de muerte -ese goce que en el discurso del amo siempre quedaba fuera, como un resto, pero que era visualizable en tanto que relación de dominación entre amo y subordinado-empieza ahora a contabilizarse en tanto que creador de un valor que genera capital, dinero revalorizado. El dinero se revaloriza justamente gracias a que ha habido un trabajo escondido, no representado, que ha hecho que el dinero genere milagrosamente más dinero. Y sin embargo, y aquí está la peculiar idiosincrasia y resistencia del capitalismo, en el proceso mismo de revalorización se ocluye no sólo la esencia misma de la pulsión de muerte en tanto que resto, sino también el hecho de que a la base misma del proceso se halla una división de poder (los poseedores de los medios de producción y los que no). En Televisión Lacan expresa en términos similares esta oclusión social de la pulsión de muerte: "el objeto causal es aquél cuya exclusión (coupe) regulada asume su forma ética en el aburguesamiento que da una dimensión planetaria al destino de lo que se llama en francés, no sin razón, cadres (empleados de oficina)" (Lacan, 1992b, 111). Y eso debido justamente al hecho de que el trabajador ha recibido -en la lógica del intercambio o de la circulaciónun dinero por su fuerza de trabajo que es siempre inferior al valor que produjo efectivamente mediante su trabajo. En este margen entre valor incrementado y el valor otorgado a la fuerza de trabajo se inscribe y se acumula la plusvalía como el indicio de un algo que, desde el punto de vista del sujeto involucrado, sólo aparece en tanto que pérdida. E indicio es el término justo puesto que, como también señala Lacan, esa revalorización del dinero o acumulación que emerge en lo social en tanto que número nos permite conocer o inferir la existencia del plus de goce del sujeto: "Marx denuncia este proceso como una expoliación. Sólo que lo hace sin darse cuenta de que su secreto está en el mismo saber, como lo está el de la reducción del propio trabajador a no ser nada más que valor. Cuando pasa al piso de encima 2, el plus de goce ya no es plus de goce, sino que se inscribe simplemente como valor que debe inscribirse o deducirse de la totalidad que se acumula -lo que se acumula de una naturaleza esencialmente transformada. Si nos atenemos a la exposición de Lacan, al mero hecho de que articulase en un mismo seminario la lógica del discurso de la universidad junto a la del discurso del amo, empezamos entonces a vislumbrar que esta peculiar ocultación, histórica y discursiva, de la pulsión de muerte, se consigue mediante un giro dialéctico, cuyas raíces son históricas. A saber, la constatación de que hay un resto constitutivo al trabajo realizado a las órdenes de un amo -el que en la instauración de una relación de dominación por medio de una relación social vía el significante amo, quede siempre un plus no cuantificable-sólo es posible en la medida en que el trabajo queda en primer término cuantificado y el dinero genera más dinero, revalorizándose. Esta constatación es la que permitió afirmar a Lacan, en efecto, que Marx fue el descubridor del plus de goce (Lacan, 1992a, 85). Lo que descubrió es aquello que aparece en el capitalismo bajo la forma de revalorización del capital, como algo cuantificable, pero que siempre y constitutivamente desaparece en tanto que no es registrado por el significante. Lo que registra el significante es únicamente un saber acumulado y transmitido de unos a otros, puesto en circulación (de ahí que Lacan lo denomine, en efecto, discurso de la universidad). La progresiva consolidación de la lógica del capital trae consigo la cuantificación del plus de goce, su solidificación en forma de valor, pero también y simultáneamente, el descubrimiento del discurso del amo en tanto que discurso. Porque el resto que desaparecía del significante en el discurso del amo tradicional, ahora aparece en tanto que fuente de revalorización, en tanto que dinero revalorizado, aunque, y paradójicamente, no quede registrado por el significante, tampoco en el capitalismo. El porqué de la revalorización del dinero lo halla Marx en ese resto o trabajo que no es registrable por el significante. Su aparición como valor y en tanto que resto implica, por consiguiente, que el S 1 del que mitológicamente se afirmaba que era idéntico a sí mismo, efectivamente no lo es (pues de lo contrario no habría resto). Y es que el capital sólo es posible gracias a ese resto inherente al significante, inherente al discurso del amo, pero no registrable por él. Partimos de una tesis histórica que dice que sólo en la medida en que finalmente se empieza a contabilizar, por tanto a generar valor, el plus de goce, sólo en ese instante se puede llegar a percibir que hay un resto no cuantificable, inherente al discurso. De nuevo, se llega a percibir ese resto del discurso, aunque el discurso predominante (el de EDIPO SIN COMPLEJOS: LA LEY EN CRISIS BAJO LOS EFECTOS DEL CAPITALISMO la universidad) lo ocluye tanto como el discurso del amo tradicional en la medida en que aparece transformado en tanto que revalorización del dinero. Pero -y aquí encontramos la raíz de por qué el discurso de la universidad y el discurso del amo pueden entrar en crisis-el discurso de la universidad necesita también, y de una forma contradictoria, la creación de la ficción del sujeto idéntico a sí mismo, sin resto. Para funcionar, el capitalismo instaura la ficción ideológica de que todo sujeto es idéntico a sí mismo, autónomo e igual que los demás, creador de su vida. La ficción del sujeto idéntico a sí mismo es, ya lo dijo Lacan, la ficción del discurso del amo. El sistema de producción capitalista destruye el discurso del amo tradicional, sus formas tradicionales de dominación, pero al tiempo instaura para su eficaz funcionamiento una nueva ficción del discurso del amo: el discurso del amo contemporáneo. El discurso de la universidad tiene una doble faz: por un lado, crea la ficción o ideología del sujeto idéntico a sí mismo y autónomo (el sujeto del liberalismo, de los intercambios de mercancías, y aquí por supuesto se incluye asimismo a aquél que sólo puede vender su propia fuerza de trabajo) y, por otro, establece las condiciones para que la producción de un trabajo o plus de goce o pulsión de muerte pase a ser acumulado en tanto que revalorización del capital. Esta segunda faz es el campo que tradicionalmente (o en términos marxistas) se llama de la producción, la primera consiste en la circulación o el intercambio. Parece que la estructura dialéctica que se da entre el discurso de la universidad y el discurso del amo empieza a emerger levemente: en el momento histórico en que se posibilita que el plus de goce deje de visualizarse en términos políticos y se empiece a contabilizar como fuente de valor, en ese mismo instante también se van dando las condiciones históricas para que todos los sujetos se conciban a sí mismos y a los demás como idénticos a sí mismos. O en los términos de Lacan: el descubrimiento del plus de goce se alcanza en la medida en que, gracias al capitalismo, se instaura un discurso del amo, no tradicional, sino contemporáneo. Pero si se descubre gracias al capitalismo el plus de goce, aquello que en discurso del amo tradicional siempre quedaba como un resto, eso significa que el capital es el motor principal de la desmito-logización del significante amo. Lo que no equivale, como acabamos de ver, a la desaparición del significante amo, sino a su metamorfosis. Y si ahora finalmente volvemos a la narrativa que hemos ido elaborando de las fases del capitalismo, podemos observar con nuestro vocabulario que lo que entra en crisis a finales del siglo XIX es precisamente la idea de este sujeto idéntico a sí mismo, autónomo, productor de sí mismo, pero creado en tanto que ficción por el capitalismo mismo. Entra en crisis la esfera de la circulación e intercambio de mercancías, revelándose en tanto que ficción constitutiva, aunque necesaria, al capitalismo. Lo que el psicoanálisis descubre, gracias a la histeria, pero también (y principalmente) gracias a los efectos del capitalismo, es que el sistema que da pie a la creencia en el individuo propietario, sujeto libre para vender y comprar mercancías (incluida, por supuesto, la mercancía fuerza de trabajo si se la compra a un proletario), tiene un lado constitutivo pero irrepresentable, que desestabiliza y subvierte el sistema desde dentro, aunque se alimente de él: el de la pulsión de muerte. Es el resto que no queda representado, pero que pasa a ser parte del sistema de la acumulación, y el que hace girar y mantener el sistema en su totalidad. En unos términos más marxistas, que ahora tomo parcialmente de Franco Moretti: en un momento de quiebra del sistema de producción capitalista se rompe principalmente la ideología constitutiva del capitalismo por la cual el sujeto liberal se autoafirma como instancia central del intercambio de las mercancías. Lo que surge entonces (y el psicoanálisis se hace cargo de algo de esto, a nivel individual) es el resto no representado que está a la base de, y mueve, el sistema. ¿Cuándo, para volver a la pregunta inicial, descubre Freud el complejo de Edipo? El complejo de Edipo deja de ser un mito y se convierte en un discurso en aquel momento en que el mito del sujeto idéntico a sí mismo se muestra como tal, como ficción. Y esto sólo ocurre, históricamente, en el instante en que la ficción es puesta de manifiesto como tal por la dialéctica (en crisis) entre el discurso del capitalismo y el discurso del amo. El capitalismo instaura la ficción del discurso del amo, pero en tanto que en relación dialéctica con la lógica de la acumulación, cuyo movimiento tiende a arrasar con todos los amos en su continua busca de revaloración -nutriéndose de la pulsión de muerte.
zadie SMith (Londres, 1975) estudió filología en la universidad de Cambridge, y publicó su primera novela, Dientes blancos, cuando contaba veinticinco años, obteniendo un inmediato éxito de crítica y ventas. Su siguiente novela, El cazador de autógrafos, fue publicada en 2002, y ese mismo año se trasladó a Estados unidos para pasar un año académico en la universidad de Harvard. En 2005 publicó Sobre la belleza, que contó con el aplauso unánime de la crítica internacional y ha ocupado los primeros puestos en la lista de libros más vendidos en varios países. Sobre la belleza será llevada al cine próximamente. Además de estas tres novelas, Zadie Smith es autora de varios relatos que han sido publicados en diferentes antologías y en revistas especializadas. Marta rivera de la Cruz (Lugo, 1970) es licenciada en Ciencias de la Información y especialista en Comunicación Política por la universidad Complutense. Pertenece al equipo fundador de la revista Espéculo, la primera publicación literaria en lengua española difundida vía internet. En 1998 obtuvo el Premio Ateneo Joven de Sevilla con Que veinte años no es nada, y en 2006 fue finalista del Premio Planeta con la novela En tiempo de prodigios, que ha vendido en un año más de cien mil ejemplares. Ha publicado también las novelas Hotel Almirante y El inventor de historias, así como tres ensayos de divulgación, varios cuentos en antologías de autores contemporáneos y la novela juvenil Otra vida para Cristina. Como editora es responsable de los volúmenes Cuentos de Navidad, 18 relatos móviles y de la última edición de La ciudad de las columnas, de Alejo Carpentier. Como periodista, colabora habitualmente con El País Semanal, y participa en el programa «Al sur de la semana», de la cadena COPE. a www.martariveradelacruz.com ZADIE SMITH: UN HOMENAJE MArTA rIVErA DE LA CruZ reSuMen Considerada por la prestigiosa revista Granta uno de los nombres propios de las letras anglosajonas, Zadie Smith irrumpió en la escena literaria con Dientes blancos cuando contaba con poco más de veinte años. Su extraordinario talento unido a su extrema juventud sorprendieron a la crítica, pero también al público y a los medios de comunicación, que no tardaron en hacer de ella un nuevo icono de la literatura moderna. Zadie Smith ha pasado los últimos años escribiendo y huyendo a la vez de la feria de vanidades de la fama, que amenazaba con oscurecer sus dotes de narradora. Es una escritora total, cuya tercera novela, Sobre la belleza, la ha consagrado de forma definitiva. a PALABrAS CLAVE: Zadie Smith, popularidad, éxito, Forster, multicultura- lidad, belleza. Zadie Smith (Londres, 1975) ha sido incluida por la revista Times en una lista de cien personas cuyo poder, talento o ejemplo moral están transformando la sociedad. resulta gratificante pensar que un escritor puede hacer ese tipo de cosas. Lo cierto es que Zadie Smith no es una autora corriente. Fue extraordinariamente precoz: aprendió a leer a los tres años, a los catorce cambió la primera letra de su nombre (se llama Sadie) para hacerlo más sonoro o más exótico (o, probablemente, ambas cosas) y a los veinticinco publicaba su primera novela, Dientes blancos, con la que obtenía un éxito instantáneo. Criada en un suburbio obrero de Inglaterra, hija de un fotógrafo inglés y una modelo jamaicana, Zadie Smith tuvo una infan-cia tranquila de niña de clase media baja, que se pasaba el tiempo leyendo, estudiando y bailando. Cuenta que, por influencia de su padre, su habitación estaba llena de fotograf ías de películas de los años treinta y cuarenta. Imágenes de Joan Crawford donde debería haber fotos de Julia roberts. Gary Cooper en lugar de Kevin Costner. reconoce que, antes incluso que los libros, sus primeros amores fueron dos astros hollywoodienses de la edad dorada del cine: James Stewart y Fred Astaire. Mientras las niñas de su edad suspiraban por los guapos del momento, la pequeña Zadie prefería soñar con dos mitos que llevaban años muertos. Siguiendo con su línea de precocidad, Zadie Smith tenía diecinueve años cuando empezó a escribir su ópera prima, y consiguió para ella un jugoso contrato de una editorial cuando llevaba menos de cien folios redactados. no está mal para una novata. Así las cosas, mucho antes de que Dientes blancos llegase a las librerías, el texto y su autora eran ya tema de conversación en los cenáculos literarios. Los lectores la esperaban con curiosidad. Los críticos, con los cuchillos afilados, decididos muchos a despedazar a aquella advenediza postadolescente que tantas expectativas estaba generando. Para algunos, Zadie Smith era un bluff, un producto de marketing de esos que tan sabiamente han aprendido a lanzar las editoriales. Pero cuando apareció Dientes blancos, los mismos que se preparaban para despedazar a la autora y a su criatura se pusieron a los pies de Zadie Smith, y la declararon la nueva reina de las letras inglesas. El libro estuvo durante semanas en las listas de los más vendidos, y al éxito de ventas se sucedió el entusiasmo popular por la recién llegada a la galaxia editorial. Porque Zadie Smith era además una mujer hermosa y dotada de un particular magnetismo, y su insultante juventud la convertía en un misterio y en una baza segura como producto. La zadiemanía se desató entre lectores, periodistas y expertos literarios. De pronto todo el mundo quería saber quién era aquella chica de grandes ojos oscuros que se había convertido -según la prestigiosa revista Grantaen uno de los más sólidos valores de las letras anglosajonas para el siglo xxI. La escritora no tardó en cansarse del revuelo que se había formado a su alrededor. Su editorial recibía a diario decenas de peticiones de entrevistas con la señorita Smith, y no todos los periodistas se acercaban a ella para hacer preguntas exclusivamente literarias. Había quien quería indagar en torno al origen de su belleza mestiza, quien investigaba acerca de sus usos y sus costumbres, sus supersticiones y sus manías, y quien intentaba hacer averiguaciones en torno a su vida sentimental. Aunque los lectores y los críticos la considerasen una de las voces más completas de la narrativa en lengua inglesa, algunos reporteros pretendían tratarla como un personaje propio de la crónica social, o como a las estrellas fugaces surgidas en los reality. A Zadie no le gusta ese tinglado. Ella sólo quiere escribir, y Dientes blancos la había convertido prácticamente en un personaje público. Quizá por eso recela de conceder entrevistas. Dice que prefiere responder cuestionarios vía mail, y sólo recibe a periodistas cuando tiene que promocionar sus libros fuera de Inglaterra. Le molesta que los entrevistadores estén más interesados en su vestimenta o en sus maneras que en su forma de escribir o en sus referentes literarios. Cuando se le pregunta sobre ellos, Zadie Smith se refiere a una desordenada batería de autores que van de Dickens a nabokov, de Keats a Edith Wharton, pasando por Jane Austen o Philip Larkin. Y E. M. Forster, por supuesto. La primera novela del autor que miss Smith leyó fue Una habitación con vistas, pero la que más le impresionó fue Howards End. Tanto, que hizo de ella un homenaje en su más reciente libro, Sobre la belleza. Si alguien con menos talento que Zadie Smith hubiese hecho lo que ella al inspirarse en el texto de Forster para escribir una novela, posiblemente se la hubiese acusado de plagio. Pero Zadie Smith hace algo mucho más complicado. reinterpreta. Crea tras recrear, lo cual convierte la novela en un delicioso monumento posmodernista. Comparar Howards End con Sobre la belleza podría ser objeto de una compleja tesis doctoral. Hay escenas de innegable parecido -aquella en que, tras el fallecimiento de la madre, se descubre el legado hecho a la amiga reciente, o el encuentro fortuito en un concierto con un inferior en la escala social que da pie a una posterior relación merced a la confusión de dos objetos-y, si no fuese porque la autora se adelantó a señalar las concomitancias entre ambas obras, más de uno la hubiese acusado de tomar prestado de los clásicos un poco más de lo debido. Pero en la alta literatura el plagio y el homenaje están claramente delimitados. Y es muy alta literatura lo que tiene entre las manos el lector de las páginas de Smith. Publicada por primera vez en 2005, Sobre la belleza (On Beauty en el original) es seguramente la más deslumbrante de las novelas de Zadie Smith. Si en su primer trabajo, Dientes blancos, hacía un brillante mosaico de la realidad multicultural en el Londres de fin de siglo, El cazador de autógrafos era una aguda reflexión sobre los matices de la fama. Es cierto que esta novela no despertó entre los expertos -tampoco entre los lectores-el mismo entusiasmo que el primer libro de la escritora. Por eso Sobre la belleza salía al ruedo con un cierto lastre: ¿y si Dientes blancos había sido sólo fruto de la buena suerte, y Zadie Smith no era la narradora prodigiosa capaz de renovar el panorama literario inglés? Pero las predicciones funestas no se cumplieron, y Sobre la belleza demostró estar no ya a la altura de Dientes blancos, sino en un nivel muy superior. Está claro que Zadie Smith ha llegado al Olimpo literario con la intención -y el derecho-de quedarse allí para siempre. Sobre la belleza es una novela total. Ambientada en el marco de una universidad privada situada en Boston -está claro que el año académico pasado en Harvard inspiró a la autora la elección de este espacio-, la novela retrata las mezquinas luchas de poder en el claustro de las universidades, el frágil equilibrio de la vida matrimonial, la complejidad de las relaciones familiares y el arduo proceso de maduración de un puñado de jóvenes -Vee, Zora, Jerome, Michael, Carl, Levi-que están convencidos de ser adultos mientras su madre en la ficción pone de manifiesto con su prosa agudísima las incontables fisuras de sus caracteres respectivos. Es una historia sobre la vanidad, el miedo, el deseo satisfecho o no, la codicia, la lealtad y la traición. Zadie Smith ha dibujado un intenso abanico de personajes que se definen por sus actos, pero también por la tupida red de relaciones establecidas entre dos familias: los Belsey y los Kipp. Los primeros, americanos y mestizos, librepensadores, supuestamente progresistas. Los Kipp, ingleses, negros, conservadores y cristianos ortodoxos. El destino de ambos grupos debería haber estado unido sólo por la eterna enemistad académica que se profesan los cabezas de familia, rivales en sus investigaciones. Pero el destino hará las cosas a su modo, y la vida de los Belsey y los Kipp entrará en un proceso de complicada simbiosis de amistades y odios eternos. Si en sus otras dos novelas Zadie Smith había trabajado con especial ahínco sus personajes masculinos y dejado a las mujeres en un discreto segundo plano, en Sobre la belleza echa el resto con los Mientras las traducciones del libro se multiplican, Zadie Smith intenta retirarse a sus cuarteles para seguir trabajando y también, de alguna manera, para alimentar su propia leyenda. Es alguien a quien no le importa reconocer que nunca ha leído a Hemingway, que escribió su primera novela «para impresionar a la gente» o que lo único que sabe de España es «Picasso, toros y tortilla». Asegura que cuando empieza un libro no tiene la menor idea de cómo va a terminar, y que redactar las primeras cincuenta páginas le cuesta un trabajo ímprobo. Dice que le parece divertido leer críticas que ni siquiera comprende, y que lo mejor de la celebridad y el éxito es haber podido conocer a los autores que admira. «La fama se la regalo», espetó a un periodista, con apenas veintiún años y cuando empezaba a convalecer del éxito de Dientes blancos. Ahora, Zadie debe prepararse para enfrentar otro posible baño de popularidad: el que le dará la versión cinematográfica de Sobre la belleza, que se está preparando bajo la supervisión de Scott rudin (Las cenizas de Ángela, Las horas) y con un presupuesto millonario. Pero, como alguien dijo una vez, ésa ya es otra historia.
la que se trasladó de muy niña junto con su familia. Su obra se caracteriza por la sencillez, la observación y reflexión sobre mundo actual -al que en ocasiones se anticipa-y la fina ironía. Sus primeras traducciones al español se publicaron después de que obtuviera el Premio nobel en 1996. Care SantoS (Mataró, Barcelona, 1970) es escritora, autora de una extensa bibliograf ía que comprende novelas, colecciones de relatos y novelas breves para jóvenes y niños. recientemente fue galardonada con el Premio Primavera de novela por La muerte de Venus (Espasa-Calpe, 2007) y con el Carmen Conde de poesía por Disección (Torremozas, 2007). Su obra ha sido traducida a media docena de idiomas. a [EMAIL] NOTAS AL MARGEN: LEYENDO A WISŁAWA SZYMBORSKA La poetisa polaca Wisława Szymborska, premio nobel desde 1996, califica como «la catástrofe» el galardón que la convirtió en una mujer conocida en el mundo entero. Amante de su soledad, su sencillez y las calles de la ciudad que la vio crecer -Cracovia-, ha logrado mantener su estilo de vida a pesar de todo. Su poesía se caracteriza por la ironía y la ausencia de solemnidad. En este artículo, la novelista Care Santos aborda algunos de sus textos desde una mirada personal y también cargada de lirismo. a PALABrAS CLAVE: Polonia, poesía, ironía, Wisława, Szymborska. Wisława Szymborska llama «la catástrofe» al hecho de que le concedieran el Premio nobel en el año 1996. Lo hace en las entrevistas, cuando habla con la prensa, con ese sentido del humor que es marca de la casa. no es dif ícil imaginar por qué Szymborska llama de ese modo al galardón más codiciado y prestigioso de la literatura mundial, aquel que te convierte en sólo unas horas en un nombre conocido en todo el planeta, que hace saltar de alegría a los agentes y brindar con champán francés a los editores reunidos en Fráncfort, que revaloriza tu obra, multiplica las traducciones y anima a miles de lectores a preguntar por ti a su librero. Sólo hay que leer a la poetisa polaca para comprender que es una persona poco amiga de este tipo de pantomimas de lo literario. Que no debe de disfrutar mucho en las comparecencias públicas. Que debe de ser del tipo de personas que mira esquinadamente cuando alguien le prodiga elogios, que nunca sabe qué responder a los halagos desmedidos, que casi prefiere que la ataquen a que la alaben largamente. Once años después del catastrófico reconocimiento, Wisława Szymbosrska sigue viviendo en un piso pequeño de un barrio periférico de Cracovia. no viste mejor que antes, no se ha desprendido de su rebeca, no se ha teñido el pelo. no utiliza palabras altisonantes. no escribe más que antes. Sale a pasear por la nieve, regresa a casa, hace collages, medita acerca de las otras catástrofes del mundo, dedica un poema a dos personas suspendidas en el aire en su caída libre desde las Torres Gemelas. Apenas ejerce de Premio nobel. Apenas ejerce de nada. no es de extrañar que le moleste tratar con editores, con agentes, con subagentes. Seguro que ha delegado todas estas desagradables cuestiones a terceros, para así poder dedicarse a sus collages y a sus paseos. Wisława Szymborska no va a cambiar nunca y sus fieles se lo agradecemos. Sólo los espíritus realmente fuertes resisten la acometida de un éxito semejante. Hace poco, asistí a un interesante debate acerca del éxito en literatura. ¿Qué supone, para un autor, el éxito? ¿Qué cosa es -comencemos por ahí-lo que llamamos éxito? ¿Qué trae en las alforjas? una de las partes del debate tenía enormes prejuicios acerca de la literatura que consigue lectores por miles (la literatura que triunfa) y atacaba a los autores que defienden la dignidad de cobrar por su trabajo mientras se vanagloriaba de no hacerlo y de ser, por ello mismo, más escritor. La otra parte reclamaba el derecho a ser ambicioso: deseaba seducir a la mayor cantidad de lectores posible, cuantos más mejor, sin límite. rebasar fronteras, conocer otras lenguas del caos de Babel, seducir al vecino y al que habita las antípodas con las mismas armas de la emoción. Me acordé de Wisława Szymborska y sus paseos por Cracovia. Pensé que salió indemne de la catástrofe y me valió como ejemplo: hay que protegerse, pasear, meditar, estar en silencio, observar cómo nieva, pisar la nieve recién caída y escuchar su crujido. Hay que luchar con todas las fuerzas contra la banalización, la prisa, el vodevil editorial. Mantenerse escritor, el del primer día, el que no sabía a qué se enfrentaba, aquel al que emocionaban las palabras por sí mismas y no por sus consecuencias. Hay que protegerse del que nos lee con excesiva benevolencia y del que no nos lee en absoluto. Hay que tener claro que nos dedicamos a algo que sólo sirve para hacer el mundo más soportable. Por eso, sobre todo, es necesario escribir. Qué ocurra luego con lo que escribimos, qué puertas derribe, a quién seduzca, qué fronteras rebase, no es de nuestra incumbencia. La catástrofe, cuanto más lejos de nosotros, mejor. La hermana de Wisława Szymborska -desconozco su nombre, aunque quisiera saberlo-no escribe poemas. Cocina sopas deliciosas y escribe postales desde sus destinos vacacionales. En sus postales, la hermana de Wislawa, escribe -imagino la caligraf ía cuidada, la tinta negra que alguna lluvia se encargó de desleír por el camino...-un mismo mensaje atemporal, esperanzador, una invitación en futuro: «Cuando vuelva te lo contaré todo, todo, todo». Hay dos tipos de escritores: aquellos que escriben lo que ven -todo, todo, todo-y aquellos que escriben lo que sienten. Szymborska pertenece a los segundos, por eso, sospecho, agradece tener una hermana infiltrada en el clan de los otros, los que van y vienen, los que ven mundo, los que escriben postales, los que regresan para contarlo todo. En su poema La estación de ferrocarril, Szymborska rememora un viaje nunca realizado: «Mi no llegada a la ciudad de n / tuvo lugar puntualmente», dice. El poema tiene que ver con un viaje, pero no con el que se nos apunta en la primera línea. Se trata de un periplo mucho más importante, regido por las sempiternas normas del azar que gobiernan nuestras vidas. El poema al que me refiero tiene que ver con el viaje de la existencia, aquel que discurre siempre «en el paraíso perdido / de la probabilidad». Me gustan los libros que evocan otros, tal vez lejanos en el tiempo o en el espacio, pero muy próximos en sensibilidad, en focalización de la mirada. Cuando imagino el escenario de La estación de ferrocarril de Wislawa Szymborska y leo este verso: «Entre la muchedumbre se dirigió a la salida / la ausencia de mi persona», no puedo evitar -ni creo que ningún lector pueda-evocar a ese gran escritor del azar que es Paul Auster, y a una escena de Ciudad de cristal, la primera novela de la Trilogía de Nueva York en la cual hay también una estación de ferrocarril y un azar. Hay allí un desdoblamiento de personajes, un juego de dobles, una elección tan absurda como todas las que deben tomarse en la vida, y un paseo frenético por una estación atestada de gente. Casi podríamos decir que en los vasos comunicantes de la literatura, este poema de Szymborska se equilibra con aquel relato de Auster. Y de hecho, ocurre algo similar en los versos de la polaca, cuando afirma que también ella fue sustituida -todos somos sustitubles, es duro aprenderlo, como todos somos suplentes de alguien-: «Varias mujeres me sustituyeron / rápidamente / en aquella prisa». También hay algo de la estación de El guardagujas, el relato del mexicano Juan José Arreola, en estos andenes trazados por Szymborska. «La estación de la ciudad de n / pasó bien el examen / de la existencia objetiva», afirma la poetisa. Lo mismo estaría en disposición de afirmar Arreola en aquel relato suyo, inspirado a su vez en otro de Charles Dickens llamado El guardavías. Alguien llega a una estación. Pero todo es un decorado, un truco: no hay estación, no hay guardavías, ni siquiera hay viaje. Sin embargo, la no-llegada tiene lugar, también en aquella ocasión, puntualmente, como sucede en el poema de Szymborska. Parece evidente, ¿no?: la literatura es el viaje. De Szymborska a Auster y de él a Arreola y a Dickens. una vuelta intertextual por varios continentes con sólo pasar unas páginas. Todo ocurre «fuera del alcance / de nuestra presencia». Lo cual de ningún modo significa que no ocurra. Ocurre, maravillosamente, «en el paraíso perdido de la probabilidad». WiSłaWa elogia a Su herMana Me parece entender que en los bolsos de Wisława se acumulan los papeles con versos garabateados. Que en sus cajones descansan centenares de poemas combustibles. Pienso que la poetisa debería quemarlos. Si tuviera con ella alguna confianza, se lo diría: quema lo que no quisiste publicar, Wisława, líbrate de ello, olvídalo, entrégalo sin CARE SANTOS u WISŁAWA SZYMBORSKA clemencia a la hoguera. recuerda los Cuadernos de Temuco, escritos cuando neftalí reyes estaba lejos de ser Pablo neruda. Acuérdate de la sofisticada Anaïs nin, convertida para siempre en la escritora procaz de unos diarios que nunca escribió para nadie, más que para sí misma. Asústate ante el caso de Flaubert, autor con veinte años de una novela mediocre que jamás quiso publicar, pero que sus editores dieron a la imprenta treinta años después de su muerte, cuando el autor ni siquiera podía defenderse con la memoria ajena. La muerte no alcanza a los escritores, es cierto, pero hay que saber mantener bajo control tal privilegio. Tú misma lo has dicho, Wisława: «Leemos las cartas de los difuntos como impotentes dioses (...) Todo lo previsto por ellos salió de una manera totalmente diferente». no todo puede dejarse a manos del azar. Anticípate, Wisława: no derrames café sobre tus versos durante las sobremesas. Tritúralos. no esperes a que tu hermana regrese de ningún viaje para leerle los poemas desechados. regálale el último volumen publicado, f írmalo, sonríe orgullosa. Haz confeti con el resto. Arrójalo sobre el suelo del patio de un colegio. Deja que cada niño recoja dos, tres o hasta cuatro porciones diminutas de papel. Que se las lleven a casa encerradas en sus diminutas manos. Sílabas prisioneras del futuro del mundo. Así, por lo menos, si los versos logran reconstruirse, habría sido en un acto de belleza sin igual. Hay dos tipos de escritores: los que cuentan lo que ven y los que cuentan lo que sienten. ¿Por qué tú, Wisława, eres de las segundas? no espero que sepas darme una respuesta. Tal vez la clave la tenga tu hermana, la que viaja, la que lo cuenta todo-todo-todo, la que siguiendo la tradición familiar jamás escribió un solo verso. Acaso de pequeñas, las dos hermanas compartíais habitación. De noche, debíais de escuchar estremecidas el ruido de la lluvia. Tu hermana soñaba entonces con lugares a los que escapar, lugares donde el sol brillara con fuerza. Tú, en cambio, imaginabas el camino a la escuela del día siguiente. Lo sabías ya minado de grandes charcos. Se haría muy dif ícil esquivarlos, estarían por todas partes. Te estremecía la idea de rozar siquiera uno de ellos con la punta del zapato. Podías trastabillar y caer al pozo sin fondo. Desde la superficie no se sabe cómo son de profundos esos espejos negros que reflejan las nubes del cielo. Caerías y caerías, tragada por las aguas, quién sabe en qué dirección. Después saldría el sol, secaría las calles, borraría todo rastro de la tormenta. Pero tú continuarías atrapada en el abismo. El charco comenzaría a secarse, a hacerse más pequeño, se convertiría apenas en una mota de luz allá arriba, en la oscuridad absoluta de tu encierro. Hasta que se cegara del todo y te dejara para siempre atrapada en las tinieblas. Te cobijabas bajo las sábanas y se hacían las tinieblas a tu alrededor. * * * una noche, la niña Wisława se despierta en la oscuridad. Llueve en el patio y ella piensa en sus temores sin fondo. Se levanta en silencio, tantea las tinieblas de la mesa hasta dar con un papel y una pluma. Escribe: «no todos los accidentes siguen las reglas del mundo». Luego va al baño (ningún charco en el pasillo), orina, regresa a la cama, esconde la cabeza bajo las sábanas, cierra los ojos. En ese instante, la niña Wisława aprende que el miedo es la diferencia. elogio de la ignoranCia Wisława tiene una lista con preguntas cuyas respuestas nunca alcanzará a saber. En su discurso durante el acto de entrega del Premio nobel repitió más de una docena de veces un mismo sintagma: «no sé». «no sabemos nada, eso es lo fascinante. Las cosas que no se saben son, precisamente, las que convierten la vida en algo fascinante», leo en una de sus escasas entrevistas. repitamos, pues, al unísono, el estribillo que Szymborska nos propone: no sé, no sé, no sé... Y escuchémosla recoger el premio catastrófico al compás de ese estribillo: La inspiración nace de un continuo «no sé» (...). Si Isaac newton no se hubiera dicho «no sé» las manzanas de su jardín podrían seguir cayendo como granizo y él, en el mejor de los casos, sólo se hubiera inclinado para recogerlas y comérselas. (...) También el poeta, si es un verdadero poeta, tiene que repetirse perpetuamente «no sé». Con cada verso intenta responder, pero en el momento que pone el punto final le asaltan de nuevo las dudas y comienza a advertir que su respuesta es temporal y nunca satisfactoria. Los poemas de Szymborska están contagiados de ese «no sé» alumbrador. «La poesía / qué es la poesía», se pregunta de pronto, a los setenta años. Más de uno esperaría que conociera de sobra la respuesta y que otorgara una respuesta clara, precisa, justa, a una pregunta, en apariencia, tan sencilla. En lugar de eso, Szymborska afirma: «Y yo no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro / como a un oportuno pasamanos». La duda lo llena casi todo en su poemario Fin y principio, el primero que publicó tras el premio de la Academia Sueca. Hay poemas asentados sobre los mismos cimientos de la duda, como Cálculo elegíaco, en el que la poeta se plantea el sentido exacto de cada palabra y cada concepto a medida que los va utilizando. Habla del destino de los muertos y se pregunta si hay destino para ellos y si hay muertos en realidad. Todo el poema es una interrogación sin respuesta posible. Todo el poema clama un silencioso «no sé» constante. Merecería, en sí mismo, formar parte de la lista de preguntas sin respuesta de su autora. La lista, además, es mudable. «Tomé nota antes de dormirme / de algunas preguntas. / Al despertarme / ya no pude leerlas», dicen sus versos. Las dudas lo son por poco tiempo. ¿Acaso la vida da respuestas? ¿Acaso hay respuesta para algo? Y si las hay, ¿podemos nosotros comprendelas? no sé, no sé, parece decirnos Wisława. -, Instante, Igitur, Montblanc (Tarragona), 2004.
anne tYler nació en Minneapolis (Minnesota), en 1941, pero vivió y creció en raleigh (Carolina del norte). Se graduó en la Duke university. Estudió lengua y literatura rusas en la universidad de Columbia. A los veintitrés años publicó su primera novela If Morning Ever Comes (1964), con la que inició una carrera literaria que la llevó a colaborar en las más prestigiosas publicaciones estadounidenses. Sus novelas fueron apareciendo con regularidad: Morgans's Passing, Searching for Caleb, A Slippin-down Life, The Tin can Tree, ¿Qué fue de Delia Grinstead?... Con Dinner at the Homesick Restaurant (1982) se colocó en los primeros puestos de las listas de libros más vendidos de su país. El turista accidental (1985) fue llevada al cine, y se convirtió en un éxito literario internacional. Ejercicios respiratorios la consagró como una de las primeras firmas en lengua inglesa al recibir el Premio Pulitzer en 1988. En El matrimonio amateur alteró la gradación vital de una pareja obligando al lector a imaginar episodios de su vida en común dejados conscientemente en blanco. Casada con el psiquiatra de origen iraní Taghi M. Modarressi, de quien enviudó, reside en Baltimore ángela vallveY arévalo es periodista y escritora. Entre sus libros publicados cabe destacar A la caza del último hombre salvaje (Booket, 2008), Los estados carenciales (Destino, novela ganadora del Premio nadal 2002), El tamaño del universo (Poesía Hiperión, 1998), La ciudad del diablo (Destino, Premio Ciudad de Cartagena de novela Histórica 2006), Nacida en cautividad (Algaida, Premio Ateneo de Sevilla de Poesía 2005), y Todas las muñecas son carnívoras (Destino, 2006). Sus novelas han sido traducidas a dieciséis idiomas. Es colaboradora habitual de prensa, radio y televisión. HOMBRES Y MUJERES TYLER ÁnGELA VALLVEY AréVALO reSuMen Este artículo es una breve mirada sobre los personajes masculinos y femeninos de la escritora Anne Tyler, cuyo indiscutible talento para los caracteres la ha hecho mundialmente reconocida. La autora tiene una inmensa capacidad para bosquejar personajes, sobre todo masculinos, de gran fuerza y originalidad. Es una magnífica retratista de las miserias y alegrías de la clase media occidental. Anne Tyler (Minneapolis, 1941) ha sido considerada la heredera de Eudora Welty, aquella escritora que tan bien supo retratar en sus textos las esencias de la tierra sureña que la vio nacer. Pero Tyler, al contrario que Welty, procede de una región del Midwest (Medio Oeste) americano: el estado de Minnesota, cuya población es descendiente mayoritariamente de emigrantes de la Europa occidental. nació en Minneapolis, en el área metropolitana de una de las Ciudades Gemelas (Twin Cities); la otra es Saint Paul, a la que Minneapolis se enfrenta desde el otro lado del río Mississippi. Minnesota es uno de los estados «más sanos» de la unión, poblado por ciudadanos educados y altamente alfabetizados. Muchos de ellos, como los de algunas comunidades de Saint Paul, con tendencias artísticas. un estado en el que la naturaleza ha esculpido bosques boreales, inmensas praderas y profundos y hermosos lagos. Sus habitantes suelen tener fama de sensatos y moderados; el sentido común forma parte de su ADn tal como debe hacerlo el frío y la nieve de los inviernos que azotan sus paisajes. Tyler creció en Carolina del norte, estudió literatura rusa y se casó con un psiquiatra iraní con el que tuvo dos hijas. Actualmente vive en Baltimore, una ciudad «independiente» -pues no depende de ningún condado-en la que suele situar las historias de sus personajes. Es una de esas escritoras admirada por otros muchos escritores (hazaña nada fácil de conseguir), desde John updike a Ignacio Martínez de Pisón, pasando por nick Hornby. Lo mejor de Anne Tyler son sin duda sus personajes. Ellos son la propia historia en todas sus novelas. La escritora sólo precisa inventarlos y echarlos a andar a través de las páginas de sus libros para que tracen por sí mismos, en un ejercicio de naturalidad tan pasmosa que abruma por el talento que derrocha, la realidad narrativa que Tyler quiere contar, los motivos y elementos, la riqueza y el color de un destino existencial que los hace vagar -más bien perdidos-en el mundo simple, ingenuo, surrealista y fragmentado de la clase media occidental contemporánea. Los personajes masculinos de Tyler son hombres que a menudo carecen de esa brusca y decidida fe en sí mismos tan propia del carácter americano. Aferrados a la corriente de sus vidas acomodadas e insulsas, con los dedos asidos a la puerta de la nevera como si se tratara de una tabla de madera en un naufragio, un día se lanzan sin embargo al abismo de lo desconocido -en una boda, un funeral, un aparcamiento, una calle de París...-con la firmeza de una hoja seca arrastrada por el viento que barriera las calles de Baltimore. Los impulsa una cierta virtud, tan cándida y original que llega a resultar decadente. También una inusitada inclinación al desastre, espiritual y doméstico, o las dos cosas a la vez. Se consumen a la par que renacen, y sus desoladas tristezas cotidianas no dejan de parecer enternecedoramente cómicas para el lector. Los hombres de Tyler son «redondos» como personajes. no recurren a la violencia porque prefieren la apatía al miedo, la huida al cáliz acre de la existencia que discurre bajo los asoleados adoquines de aparcamientos frente a los grandes supermercados de una típica ciudad norteamericana. Aunque sus corazones no escasean de hondura, aparentan desvanecerse entre la luminosa y atolondrada herida que se inflingen a sí mismos, inducidos por un afán melancólico, casi angelical. Sus figuras despiertan inmediatamente la simpatía del lector -excepto cuando les da por filosofar en exceso-, y sus yoes descarriados alimentan el placer y la falsedad de la lectura a cada línea, con cada frase de diálogos que bordean la frontera entre la más vigorosa lucidez y la más mundana insustancialidad. El tránsito de Morgan, Reunión en el restaurante Nostalgia, Ejercicios respiratorios y El turista accidental (llevada al cine por Lawrence Kasdan y protagonizada por William Hurt y Geena Davis) dan buena prueba de ello. También Casi un santo, impregnada -como bien sugiere el título-de tal ejemplaridad que roza un éxtasis primorosamente ridículo aunque sabio. La mirada de Anne Tyler sobre la condición masculina está impregnada de una compasión burlona, de una maternal dulzura desolada. En cuanto a sus personajes «mujeres», habitualmente no salen tan bien paradas. Les falta, por lo general, un poco de esa fiera santidad que adorna a sus hombres como un halo de abejorros dora-dos prestos a llenar el vacío de su alrededor a picotazo limpio. Los personajes femeninos de Anne Tyler son erizos de mar cargados de remordimientos narcóticos, dispuestos para ser servidos crudos en la cena de un restaurante que bien podría llamarse -cómo nonostalgia. La cuidadora de perros de El turista accidental es una de sus creaciones más logradas, siempre que vaya acompañada del protagonista masculino de la novela, que le da un esplendor literario y una profundidad que probablemente jamás lograría adquirir por sí sola. En Back When We Were Grownups la cincuentona rebecca se pregunta si su vida tiene algún sentido; lo hace justo cuando todas las mujeres (a cierta edad, ya se sabe) se preguntan lo mismo. Ella lo va encontrando (el sentido) a la par que el pasado le devuelve un amor adolescente, lo que no deja de ser, quizá, un tanto previsible. Tal vez a las mujeres de Tyler les falta ese punto perturbado, que florece hasta convertirse en casi un despilfarro, de sus hombres. En cualquier caso, a menudo logra el milagro de hacer surgir como de la nada un personaje femenino inolvidable: es el caso de la matriarca de Reunión en el restaurante Nostalgia, por ejemplo. Desde luego, si algo no se les puede negar a las novelas de Tyler es que estén desprovistas de originalidad. Escribía Arnold Hauser al respecto que: Si se quisiera encontrar un criterio de validez general para el arte, podría pensarse como solución en la originalidad. Tal criterio, sin embargo, no existe. Sobre el arte apenas si puede afirmarse nada, de lo cual no pudiera también afirmarse, en cierto aspecto, lo contrario. La obra de arte es, a la vez, forma y contenido, profesión de fe, y engaño, juego y mensaje, próxima y lejana a la naturaleza, con un fin y sin finalidad propia, histórica y suprahistórica, personal y suprapersonal. ninguno de estos atributos, sin embargo, parece poseer una validez tan general como el de la originalidad. Para poseer un valor autónomo, más aún, para tener en absoluto calidad artística, una obra de arte tiene que abrir las puertas a una visión del mundo nueva y peculiar. La novedad constituye, no sólo la justificación, sino la condición de existencia de todo arte. no sabemos si el marido de Anne Tyler, psicoanalista de profesión, tuvo influencia en la autora a la hora de pergeñar sus historias y de idear sus personajes. Es posible que así fuera, y ello explicaría al menos una pequeña parte de la sutil ironía que subyace en todas sus novelas, retratos límpidos y geniales pincelados a medias con la mirada entremetida y cómplice de una moderna Jane Austen y las elegantes garras de una linsang hembra de clase media, nacida en la jungla urbana de la muy civilizada Minnesota (si ello fuera posible), que ha leído mucha literatura rusa en nueva York y conoce -aunque se niega a revelarlo del todo-el secreto de la vida. Al menos, de la vida de clase media americana.
Now the joke is on us, because half a century of research has taught us that we are not alone RESUMEN: El objetivo de este trabajo es presentar una reflexión sobre el cambio en la historia, en particular, el cambio en un área de trabajo del historiador tan particular como es la cultura. Para ello se tendrán en cuenta, en primer lugar, aspectos relacionados con el desarrollo de la cultura no-humana, tomados de áreas como la primatología o la zoología cultural, para después analizar el ritmo cada vez más frenético de transformaciones que experimenta nuestra cultura contemporánea. Cambio; cultura; cambio cultural; primatología.
"Es posible vivir, y aún vivir felizmente, casi sin recordar; pero es del todo imposible vivir sin olvidar". Esto dice Nietzsche en su Consideración sobre la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida. Durante el siglo anterior al suyo se había discutido hasta la saciedad la relación entre la involuntariedad del olvido y la voluntariedad de la memoria, del mismo modo que se había desplegado toda una panoplia de pensamientos éticos ligados a la relación moral de los movimientos reflejos, voluntarios y mixtos. Pensar, para Nietzsche, como más tarde para Foucault, era pensar la historia. Pero no una historia que convirtiera el pasado en un pecio arqueológico o en un monumento inalterable, sino una historia crítica y esencial para el alimento de los vivos. Hay muchas similitudes entre el texto del filósofo alemán y una de las frases más enigmáticas que cierra la obra póstuma del filósofo Immanuel Kant. Una vez que el pensador prusiano despidió a su mayordomo después de cuarenta años de servicio, escribió en su diario la lacónica frase "Acordarse de olvidar a Lampe". Ante una pérdida que parecía ser incapaz de comprender -pero que, al parecer, tampoco podía dejar de pensar-, el creador del imperativo categórico se asignó la difícil tarea de olvidar a Lampe. Este nombre, dice el historiador y filósofo de la ciencia Nicolas Jardine, es el nombre con el que Kant asocia la metafísica y, por extensión, el nombre con el que tal vez nosotros también soñamos con las grandes filosofías de la historia, con los esfuerzos de la memoria por conjugar las historias locales con la "Historia Universal", la historia de los hombres con la historia natural, o la función con la estructura interna, esto es: la historia con el resto de las ciencias comprensivas que Windelband y Droysen llamaron ideográficas. No le falta razón a Nick Jardine. Durante los últimos veinte años, la historia y la filosofía de las ciencias han ido renunciando, uno tras uno, a los grandes planteamientos historiográficos y a sus no menos anquilosados modelos filosóficos. La proliferación de objetos y de técnicas de análisis, la sobreabundancia de notas frente a textos cada vez más minimalistas, ha provocado una generación tal de compilaciones que la relación entre el pasado y el presente se nos presenta como una crisis discursiva enraizada, como en Kant o como en Nietzsche, en la disyuntiva entre el deseo de la historia y la necesidad del olvido. No tiene razón Simon Schaffer cuando afirma que nunca hemos sido ilustrados. No tiene razón Bruno Latour cuando escribe que nunca hemos sido modernos. Más bien al contrario, al menos en lo que respecta a las posibilidades de representación de una ciencia de la historia, o de una historia de la ciencia, nunca lo habíamos sido tanto. La crisis de las grandes narrativas, la forma en la que hemos despedido al mayordomo después de tantos siglos de servicio, nos ha remitido a un modelo historiográfico en el que, parafraseando a Lichtenberg, resulta difícil distinguir la realidad de la ficción y las crónicas de las novelas. El historiador como detective, a la manera propugnada por UN HOMENAJE A PETER BURKE La historia de la ciencia ha perdido los elementos fundacionales de la poética. Liberados de las construcciones aristotélicas sobre la unidad del tema, del tiempo y del espacio, hemos pasado de comprender la relación entre los sistemas científicos y los sistemas de pensamiento a la nueva epistemología histórica, desdiciendo por el camino la longue durée, la historia de las ideas, la historia intelectual, la historia social, la sociología histórica y, sobre todo, revelándonos contra una historia total que pareciera haber convertido el pasado, muy a pesar de Nietzsche, en pequeños restos arqueológicos o en una nueva y confusa ciencia forense. No queda otro remedio que retornar, sin pesar alguno, sobre Kant y sobre Nietzsche, que abren visiones de la historia y la filosofía de las ciencias, unidas a la dimensión poliédrica o polifónica, características del impulso historiográfico en lo que llevamos del siglo XXI. Un ímpetu que se apoya, de manera harto evidente, en una puesta al día de muchos de los planteamientos sobre las formas y las maneras de escribir historia. Nunca antes había sido tan verdad que, como nos ha recordado con insistencia Peter Burke, la resolución del problema fundamental de la variedad y la unidad de la cultura requiere tomar nuevas perspectivas, escuchar las diferentes voces que interpretan la obra al mismo tiempo: "Una historia cultural centrada en los contactos no debe escribirse desde un punto de vista únicamente. Para dar cuenta de los acontecimientos del pasado necesitamos de un coro que cante a muchas voces, lo que impone tanto la hibridación como la interdisciplinariedad. Por eso la "vigilancia fronteriza" en los límites de las disciplinas académicas de la que hablaba el erudito Aby Warburg ha adquirido un nuevo protagonismo en la constitución de lo que él mismo denominó la Kulturwissenschaft. Ya sea que nos apoyemos en Las palabras y las cosas de Michael Foucault o en Los futuros pasados de Reinhart Koselleck, ya sabemos que la reestructuración o transformación del discurso y la conciencia histórica no puede sostenerse sobre la historia interna, cualquiera que sea su naturaleza, del espíritu, de la cultura, o de la ciencia. Al mismo tiempo, la historia polifónica, siquiera sea en su carácter fragmentado, nos recuerda que aún no hemos podido olvidarnos del viejo mayordomo. Y que la Historia, con mayúscula, se nos sigue apareciendo como una necesidad, filosófica, ética y política, de escribir no para la gloria de los muertos, sino para alimento de los vivos. Este estímulo que sin duda podríamos llamar "burkiano", educador de una mirada y una pretensión de acercarnos a las muchas voces que habitan la historia, aparece en las distintas obras de Peter Burke de forma más elíptica, como apelación a acercarnos a la "contemporaneidad de lo contemporáneo" en el clásico libro que dedicó a la Escuela de los Annales (Burke, 1999, 13), o en forma nada escondida, con una dura crítica a los historiadores por el relegamiento de la sensibilidad hacia el relato multivocal o polifónico propuesto por Bajtin: "It remains a pity that the majority of historians (I cannot speak for anthropologists and sociologists) have so far been so reluctant to recognize the poetics of their work" (Burke, 1992, 128). Somos conscientes de que las modificaciones en las formas de hacer y de entender las humanidades y las ciencias sociales, que han pasado en los últimos veinte años por el giro lingüístico, por el giro visual, por el giro praxiológico o por la revuelta historicista, siempre apuntan al mismo sitio, hacia la renovación y superación de los binomios y las taxonomías dicotómicas del estructuralismo, por un lado, y a la puesta en valor de nuevas formas de estudio que crecieron alrededor de los nuevos estudios sobre la cultura. Por una parte, el golpe de gracia a la vieja filosofía de la ciencia provino de la distinción entre enunciados analíticos y sintéticos. Por la otra, no es casualidad que algunos de los libros más emblemáticos en historia y filosofía de las ciencias publicados durante los últimos veinte años partan de un principio metodológico derivado de planteamientos antropológicos. No es difícil identificar esta circunstancia con la apelación de Peter Burke a la sensibilidad "polifónica" enunciada por Bajtin. Por eso, tanto desde el cultivo de una historia en busca de definición de nuevos objetos, como desde una filosofía que no quiere ni puede desentenderse de la evidencia histórica, hemos reunido un conjunto de textos que plantean debates de enorme calado. Buena parte de ellos fueron presentados en el seminario "Historia polifónica", que tuvo lugar en el Centro de Ciencias Sociales y Humanas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en enero de 2008, en el que estuvo presente el propio Peter Burke, recientemente jubilado de su cátedra de Historia cultural en la Universidad de Cambridge. Nuestra voluntad más amplio y complejo. En "La cultura de la imagen y el declive de la lecto-escritura", Fernando Rodríguez de la Flor estudia el impacto del giro visual en los estudios culturales y la rivalidad entre escritura e imagen, estableciendo una cierta genealogía para este "enfrentamiento", y en "Sobre los límites de la representación" Javier Gil analiza brevemente esta noción y examina sus diferentes usos en el contexto de la historia cultural. Una aplicación concreta de estos métodos aparece en "Diosa Fortuna e Identidades Barrocas" de José M. González García, mientras Michael Hagner repasa en "La representación visual de los procesos cerebrales" la historia de la visualización de los procesos mentales a través de la descripción de las diferentes tecnologías desarrolladas para representar la actividad cerebral. A continuación, Juan Pimentel trata de explicar en "¿Qué es la historia cultural de la ciencia? su correcta definición y demarcación y Antonio Sánchez pretende recuperar en "La voz de los artesanos en el Renacimiento científico: cosmógrafos y cartógrafos en el preludio de la 'nueva filosofía natural'" la voz de estas figuras que, hacia mediados del siglo XVI, iniciaron un nuevo estilo de pensar la naturaleza que más tarde interesaría a la nueva filosofía. Finalmente, Peter Burke concluye con el artículo "Historia cultural como historia polifónica", en que refuerza sus argumentos y repasa la vigencia del concepto bajtiano. Su apelación final a la importancia de los encuentros culturales constituye una invitación para adentrarnos en el futuro hacia lo desconocido, allí donde la polifonía humana, con sus muchas voces, puede dar algún sentido a nuestro trabajo y a nuestras vidas. Muchas gracias a todos, y muy en especial al maestro Peter Burke. con el seminario y con el ofrecimiento de estos trabajos a su persona ha sido no sólo rendirle un homenaje, sino agradecerle sus muchas enseñanzas a la manera clásica, leyéndolo y haciendo nuestras sus inquietudes. El primer artículo, "El silencio de los antropólogos. Historia y antropología: una ambigua relación", a cargo de Emanuele Amodio, plantea precisamente los acercamientos y alejamientos periódicos entre ambos campos y la necesidad del diálogo frente a lo que llama "el embate de los nihilismos epistemológicos". Joanna Bourke plantea luego un estudio modélico en torno a la superación de barreras disciplinarias con "Violación y trauma desde una perspectiva histórica", ya que mantiene que éste no constituye una forma universal de expresión de los efectos de un "suceso desagradable" sino que es construido socialmente. En esta línea, Roger Cooter propone en "El giro del cuerpo: historia y política de lo corpóreo", una reevaluación del tratamiento de lo corporal en la historia desde un reciente pasado foucaultiano hasta el presente y discute las alternativas para el tratamiento del cuerpo en la historia. Los autores que le siguen abordan el problema de la perspectiva. Mientras en "Historia y cambio", Felipe Fernández-Armesto analiza el papel central del cambio, sus escenarios y ritmos, José Ferreirós se acerca en "¿Un doble vínculo? Reflexiones sobre historia, ciencia y cultura" a las actividades científicas, en particular las asociadas al conocimiento matemático, en tanto que conjuntos de saberes y prácticas pertenecientes a un contexto intelectual, social y político
El parangón entre las artes del discurso textual y aquellas otras que crean las formas bi o tridimensionales es un paso dialéctico clásico fuertemente enraizado, al menos desde la cultura humanística en lo que fue su primer período 1, y ello alcanza todo tipo de reformulaciones en todas las estéticas epocales, en las que ciertamente se ha discutido con qué pertenencia uno y otro de aquellos sistemas de representación "representan" verdaderamente mejor el mundo 2, satisfaciendo el horizonte de perspectivas que las sociedades históricamente depositan en estos procesos. Si bien es verdad que se ha primado en muchas circunstancias aquel pensamiento de Horacio que, haciendo reposar toda su confianza en la escritura de sus Odas, llegó a decir de ellas que, sin duda, por estar escritas y ser reproducibles serían más duraderas que los propios monumentos conmemorativos de bronce que ponían ante los ojos la evidencia de una memoria única, solidificada y real ("Exegi monumentum aere perennius"... "construiré un monumento más duradero que el bronce"), es evidente que los tejidos mitopoéticos que piensan en la profundidad y verdad de la representación le han concedido de siempre al mundo de las formas y de las figurae una suerte de monarquía en lo que es el régimen de la mimesis de ese mismo real 3, y ello con una potencialidad y registro más amplio del que pudiera alcanzarse a través de la escritura. Después de un lapsus temporal de acaso quinientos años -el que corresponde al primado de la imprenta-, acaso estemos reingresando de nuevo en una suerte de "civilización de la imagen", que destronaría de su lugar a la cultura basada en la escritura. La potencia de la imagen; el triunfo indiscutible de la imagen y su correspondiente ubicuidad en la vida de la polys contemporánea sería el corolario de este nuevo estadio 4. Potencialidad ésta a la que no puede, ciertamente, aspirar la palabra escrita, en razón sobre todo del cambio necesario de código sígnico (que en la escritura ya no es morfológicamente analógico al relieve y superficie del mundo, como, al cabo, sí lo puede ser el trazo o el modelado picto-escultórico 5 ) y, también, por la abierta abstractalización que tales signos alfabéticos comprometen 6; es decir: su ser completamente arbitrario (al menos en la escritura occidental). Una última cuestión será la del propio ritmo secuencial de la lectura de signos tipográficos, la cual, realizada en un orden sucesivo, pierde entonces ventaja frente a la simultaneidad estructural y orgánica que alcanza la visión de imágenes. Si de simulacros se trata, la imago mentis, generada por las escrituras en su lector (cuando lo encuentran 7 ), no puede al cabo competir con la imago vera que producen las artes miméticas por excelencia: la pintura y la escultura (seguidas por la ficción de realidad que aporta en nuestros días el píxel; y, antes, la propia imagen sin soporte, la imagen proyectada) 8. En definitiva, el poder de una activa "persuasión" y de una apelación contundente a la imaginación humana se encuentra profundamente enraizado en las configuraciones formales y plásticas de las imágenes -imago; figura-, cuya fuerza turbulenta y acaso inconsciente 9 ha sido históricamente más relevante y decisiva que las del propio texto (Moxey, 2003), y de cuya compleja fenomenología y perceptualismo -además del "efecto pragmático" que encadena su propia presencia-empezamos a tener una información más detallada, sobre todo por la antropología, ciencia que nos ha revelado la trascendencia mayúscula de la imagen en lo que fue la constitución de la humanidad arcaica (Brysson, 1991). En definitiva: "La imagen es una cuestión vital, viva y altamente compleja: un verdadero centro neurálgico, la clavija dialéctica por excelencia de la vida histórica" (Didi-Huberman, 2005, 55). Las imágenes mueven con más fuerza que los textos, ésta podría ser la conclusión, la de que la fuerza pragmática está siempre del lado de la imagen; que su presencia enlaza y desemboca en lo vital de modo más natural que lo puede hacer el texto. Y, entonces, en ese caso, la imagen, por encima de la abstractalización que supone la escritura, promueve un efecto de "real" cuya reconquista ha podido constituir, por otra parte, un horizonte de nuestra posmodernidad (Foster, 2001). En definitiva, el texto, si bien es capaz de desarrollar un mundo propio, no parece en suma tan capaz de venir a desembocar en lo real, apareciendo como más propio de él el reino de lo imaginario y de lo radical virtual 10. Esta supremacía de la imagen en cuanto simulacro y "analogon" de lo real, que a menudo se ha jugado en el terri-torio de lo mítico -tal y como queda representado en la historia de Pygmalion 11 -, y que, en todo caso, tiene su raíz en unas estructuras antropológicas compartidas por toda la humanidad y con base en el reservorio psíquico colectivo al que no por nada denominamos "imaginario" 12, ha sido, sin embargo, continuamente negada por los teóricos de una cultura unilineal, los cuales han querido suponer siempre que la escritura adviene en estadios superiores de la cultura, y que la misma releva completamente con su autoridad manifiesta y dogmática los restos "primitivos" y "animistas" depositados en la cultura visual, en la imagen 13. Quizá lo más significativo de las percepciones a que nos conduce nuestro tiempo es la de que con toda evidencia se estaría produciendo una nueva y más potente (acaso también decisiva, por última) translación de una visión del mundo generada a través de textos 14, a otra basada en la visión del mundo en cuanto imagen, o reducida a imagen, recordando tal vez aquí la pulsación efímera de la misma, la inestabilidad temporal de la que se habría hecho ya eco un San Pablo: Pertranseat imago mundi.... "pasará la imagen del mundo...". En efecto, la antigua metáfora del "libro del universo", que pudo ser incluso teóricamente desarrollada por ingenios peninsulares como Alejo Venegas, ha sido definitivamente transformada en "imago mundi" (Venegas, 1540). Focalidad, entonces, de lo visual; capacidad de la imagen por contener, por dar cuenta del mundo 15, y, subsidiariamente, y como corolario, quizá comencemos a situarnos sobre la pista de un pensamiento imaginativo, mucho más adelantado que un pensamiento conceptual, desequilibrándose a favor de lo primero el viejo orden histórico, en el cual se compensaba, por un lado, el poder de la concepción y, por otro, el de la representación. La vida psíquica se desenvuelve en el terreno de lo imaginario, en todo caso estamos habitados por representaciones mentales de imágenes (Sartre, 2005). Los ídolos de la tribu en estos momentos históricos son, antes que nada, eso, eidolon, imágenes, y deberemos recordar a este respecto que en el relato fundador bíblico Moisés rompe las tablas de la Ley evidenciando, en un gesto de la máxima relevancia simbólica, la superior capacidad persuasiva que sobre el pueblo judío tenían en ese momento los simulacros (sacrílegos) (Ginzburg, 2000) a los que adoran por estar dotados de una fuerza apotropaica, por un investimiento que da cuenta con vigor inusitado del manifiesta como ausencia, reintegrando el "arte" en la vida (dando soplo vital a las formas, a las figuras) y borrando por este procedimiento (que contiene dosis importantes de engaño, de tromp-l-oeil) las barreras entre ambos. Esta historia pues de Pygmalion, como dicho fundador que es, devuelve al hombre su anhelada posición demiúrgica, y hace reposar sobre las imágenes una posibilidad que nunca alcanzarán los propios textos, en este sentido, sólo manifestaciones de la capacidad reduplicativa del hombre (en cuanto actúa exclusivamente en una suerte de segunda naturaleza que ocupa un dominio mental, fantasioso). Sucede pues que los Zeuxis y los Apeles han devenido al cabo como aquellas figuras centrales en el desarrollo de la representación en la cultura occidental, y ello incluso más que lo puedan ser aquellos otros Zeuz (el dios inventor de los caracteres de la escritura) o Zamus (el monarca al que le fue regalado el alfabeto escrito), citados por Platón (Fedro), que pusieron entre los hombres un pharmakon que había de devenir peligroso y ambiguo: la escritura (Derrida, 1975), precisamente por atenuarse en su uso la resonancia originaria del mundo y promover en consecuencia un "olvido" del mismo o, al menos, de la experiencia sensorial del mismo. Víctor Hugo viene aquí al caso cuando prevé la muerte del monumento "asesinado" (la expresión es de un más tardío Marcel Proust) por la imprenta, que difunde de él discursos que no están ya sujetos a experiencia directa (Hugo, 2006). Este antiguo enfrentamiento entre sistemas de representación sobre el que han sido vertidos ríos de tinta alcanza hoy, entre nosotros, un momento verdaderamente climático y especial. Esto es así porque parece que la "civilización de la imagen", y, en general, el proceso que ha podido ser conocido como "imagocentrismo" (o, también, si lo que se acentúa es la otra polaridad del hecho visual: el "ocularcentrismo") avanza sobre sí mismo, descubriendo las fronteras insospechadas de lo digital, lo holográfico, lo virtual 20, generando así una "democracia" visual (y la correspondiente "imagen democrática"), al cabo una verdadera internacional de la imagen total (del, diríamos, efecto "pantalla total" 21 ), en sí mismo todo ello más potente y universalizador que lo logrado por la civilización del texto anudamiento simbólico allí producido y canalizado en el icono, y, por tanto, casi se diría que encarnado o apresado en un objeto que posee dimensiones y existencia física, y cuya virtud última es la de trabar una relación empática con su observador, constituyéndose en una suerte de imagen sublime y cultual 16. Las formas plásticas cuajan en universales antropológicos, directamente reconocibles y de una gran potencialidad expresiva. Abby Warburg, que partió desde principios del siglo XX a la búsqueda de estas imágenes radicalmente habitadas de una poderosa energía semántica, las denominó: pathosformel y por ellas podemos entender: "Un conglomerado de formas representativas y significantes, históricamente determinado en el momento de su primera síntesis, que refuerza la comprensión del sentido de lo representado mediante la inducción de un campo afectivo donde se desenvuelven las emociones precisas y bipolares que una cultura subraya como experiencia básica de la vida social" (Burucúa, 2006, 15). Una elaboración más sofisticada de esta idea de arquetipos figurales es la teorización de Walter Benjamín de la "imagen dialéctica", definida por el filósofo como aquello que "despierta" e induce un conocimiento fulgurante mediante el cual "el Otrora se encuentra con el Ahora". Esta figura, que es en sí misma dialéctica, no es de otra naturaleza que no sea "figurativa" 17. De este modo resulta que Pigmalión, a través de la creación de una imagen pregnante y casi viva, siempre se enfrentará con ventaja a Kadmos (este último el organizador mítico del mundo de la escritura), y el relato del primero alcanzará así más fuerza definitoria y más entidad y presencia en la cultura 18, en la medida misma en que la historia del hombre, que logra dar vida a una representación que él mismo crea, funda la institución del arte de la fabricación de imágenes, como convocación absoluta de lo que siempre permanece ausente en la propia representación: la vida. Y entonces, cabe decir de esta vida que es más susceptible de ser evocada y conjurada a mostrarse encarnándose en la materia que en la propia sustancia lingüística 19. Así, la creación plástica (estaríamos tentados de decir "alfarera") del analogon naturalista (amparada en las cosmologías primitivas, en el inconsciente y en los mitos) aspira sin ambages a convertir en presencia lo que siempre se los textos (cuyas praxis, en todo caso, siempre supone o requiere un apartamiento, una distancia, una diferencia, una reserva, una retirada del mundo en derredor 23 ). Cuando de estos últimos, los textos, se trata, el acceso al campo del escrito se encontrará siempre custodiado por unos protocolos insoslayables, los cuales aumentan fantásticamente en el caso de la alta cultura escrita. Mientras, la "lectura" de la imagen es siempre algo inmediato, se ofrece desregularizado, e, incluso, está dotado de un aspecto inquisitivo, interrogativo, que demanda una aproximación primera al sentido de la misma y que en sí mismo lo fuerza, haciendo que la percepción de la imagen contenga ya inevitablemente los primeros pasos de lo que es su propia interpretación 24. La imagen convoca de modo instantáneo un sentido que se manifiesta en un aspecto empático y profundo, haciendo que la respuesta a la figuración desencadene una mecánica psicológica en la que alcanzan todo su papel, como escribe Freedberg, sentimientos tales como la admiración, el sobrecogimiento, el terror, el deseo... (Freedberg, 1989), que es lo que constituye específicamente el "visual thinking" (Arnheim, 1969). Los analfabetos "técnicos", que sí existen en el dominio lecto-escritor, no tienen homólogos en el espacio de la imagen, donde, en efecto, en rigor no los hay, ya que, en todo caso, aquélla siempre alcanza una suerte de cognoscibilidad y transmite una cierta información a aquel sujeto ante el que se constituye, podríamos decir que estructurándole también y constituyéndole a su vez 25. Con toda evidencia, hoy comenzamos a ver alzarse una "cultura visual" 26, que en su objeto y en sus métodos parece inflexionar de modo tan potente, al menos (pero en realidad se revelará como mucho más) como la antigua cultura basada en el discurso, en el texto, en el escrito 27. En definitiva, está en marcha una revolución epistémica y un cambio en lo que es el paradigma cognitivo 28. Ello da pie a formular ya una suerte de ley del giro visual, y a interpretar los signos acentuados de la decadencia palpable del escrito, y ello en un aspecto que nos es específicamente cercano: el de la constitución de un campo de estudios humanísticos propio, es decir: formado en la plena posmodernidad. Es una evidencia el hecho de que tal emergencia de lo visible (por encima de lo legible), tal ubicuidad de la imago, como veremos, obliga a una reconstrucción entera del a partir de la difusión de la imprenta; lo que ha generado que, en realidad, de modo masivo, la era de la reproductibilidad técnica de la imagen (y, en particular, de la imagen de la obra de arte 22 ) haya venido a suceder -e incluso a dejar en la sombra-aquella primitiva reproductibilidad técnica que para siempre vincularemos a una cultura del impreso y del texto (aunque lo fuera también, al cabo, de la propia imagen -Iving, 1953-), cultura tipográfica forzadamente en ello reductora, y pronto ya dispuesta para ser considerada naif, arcaica, rudimentaria. Podemos incluso suponer con Latour (1998), que a la imprenta basada en la tipografía como objeto fetiche único del racionalismo moderno, le envuelve ya hoy otro fenómeno superior, el cual atañe a la completa remodelación de la visión y al alumbramiento de la perspectiva también moderna que permite unos traslados cada vez más perfectos en sus efectos realistas del mundo no ya ahora "sobre el papel" (Olson, 1997), sino sobre las superficies inmateriales, sobre el aire mismo, como sucede en el caso notable del holograma. En definitiva, nos encontramos en el último y más potente de los regímenes de visualización que ha conocido la modernidad (Jay, 2003). El ataque sobre lo textual, el cual proviene del mismo engrandecimiento de la dimensión que cobra la esfera de lo visual, hace que el sentimiento de la lengua se repliegue hacia realizaciones altamente sofisticadas donde encuentra una suerte de última línea de resistencia. En palabras de Jordi Ibáñez, se produce la "exacerbación de la función poética convertida en reserva testimonial" (Ibáñez, 2004). Diremos que, entre tanto, en realidad lo que ha sucedido es un cambio de escenario trascendental, pues el lugar de diafanía de la imagen es hoy, no el sancta sanctorum de la reserva intelectual del gabinete, del estudio, del circuito de las letras constituidas como tales, sino la extensión inabarcable de la vida cotidiana en donde campea sin restricciones la imagen multiplicada y el simulacro general que afecta a todas las almas de la polys. La visión, en suma: la "lógica de la mirada" (Brysson, 1991), como quieren los modernos promotores de una cultura o civilización de la imagen, tiene las mismas (si no superiores) cualidades hermenéuticas que el propio lenguaje, construye al cabo mundo, y tal vez lo hace de un modo más firme e impresivo de aquello a que alcancen a movilizar entretanto puede que se haya hecho verdad el que "la vida moderna" -como ha escrito recientemente un especialista de la cultura visual-"se desarrolla ya toda ella en la pantalla" (Mirzoeff, 2003, 17), y, en todo caso, metodológicamente se aventura ahora una vía de privilegio en el acceso a la dimensión histórica de lo humano, siendo este acceso del orden de lo visual; se realiza a través de objetos visivos. Si nos preguntamos por la genealogía de esta supremacía de la imagen adquirida por encima del poder de los discursos y del objeto escrito, diremos que fue el propio Benjamín quien puso esa misma imagen en el centro de la vida histórica; asunto que fue materia en su día del gran libro de Peter Burke, Visto y no visto (Burke, 2001). En todo caso, la ubicuidad de las imágenes, su actual omnipresencia espectralizada (condición que se da en el caso de la reciente expansión de las llamadas "imágenes incorpóreas") en el campo de la óptica social, donde han terminado por formalizar una "cultura de la pantalla", con su inmanencia logra definitivamente desplazar de su centro de gravedad ponderada a las culturas del escrito, antaño las poderosas y realmente significativas en el campo de la historia cultural. Lo que, como corolario, tiene otro efecto, que es por ahora el que nos interesa en adelante analizar aquí. Pues, en realidad, lo que ha venido a suceder en el espacio académico de las Humanidades, puesto radicalmente en crisis por esta revolución epistémica, es que hoy el campo de la antigua batalla se ha desplazado desde las competencias y pugnas de las prácticas simbólico-plásticas, por un lado, y las simbólicodiscursivas y textuales (por otro) a lo que es el terreno especulativo hermenéutico y crítico de las propias disciplinas que las soportan y las teorizan, abriendo una cierta fosa entre las mismas, y enfrentando duramente ambas formaciones por la hegemonía en el dominio del campo simbólico de la cultura. Cuestión esta a la que nos dedicaremos en lo que sigue, según promesa contenida en el exergo y título de este comentario. RuptuRa del antiguO ORden disciplinaR En efecto, la imagen releva a la escritura, pero también la relega a constituir su comentario, a ilustrarla; la fuerza a una servidumbre, disponiéndola en una posición ancilar, dado que la imagen reclama ahora ser, por encima del texto, "el instrumento de análisis del mundo y el mejor soporte de la memoria [histórica]" (Choay, 2007, 83). Nuestro tiempo, indudablemente, se hace más legible en lo imaginal y visivo, que en la postulación que del mismo puedan hacer las escrituras (o sus correlatos orales, pues también cabe decir que ha retrocedido la posición del oído como canal hermenéutico, antaño privilegiado). En efecto, La posición singular, solitaria, elevada que el arte hasta este momento habría tenido es, en efecto, como habría avisado Hegel, ya "cosa de otros tiempos". Fenómenos entonces concomitantes, por un lado, éste de la muerte o fin del arte con la agresiva afirmación de un campo de estudio que mediante un acto imperialista y arriesgado convierte automáticamente en objeto de la disciplina toda la producción social de la imagen. La formación académica resultante -a la que provisionalmente bien podemos denominar: Estudios de Cultura de la Imagen-, en consecuencia, amenaza ya, desde su foco originario en la universidad americana, en convertirse en la nueva estrella rutilante en el cielo de los estudios de Humanidades. No se trata, en todo caso, de una operación de partogénesis, sino de un movimiento a partir del cual un campo de estudio crece y engloba la unidad inferior de la que partía. Podemos decir así que la historia del arte, núcleo originario en los últimos doscientos años de una historia del objeto artístico (que subsidiariamente se enfrentaba a una homóloga historia de la literatura/filología, la cual realizaba su praxis sobre un canon de textos), ha sido definitivamente englobada en una superior unidad, que en cierto modo la anula, o, en todo caso, la desplaza: de nuevo, los estudios de cultura de la imagen, los estudios visuales que se dan por objeto, la cultura visual generada sin recortes en lo social. En realidad, la cultura visual no sería otra cosa sino el precipitado, la consecuencia misma del "encuentro" -como escribe Mirzoeff-"de la modernidad con la vida cotidiana" (Mirzoeff, 2003, 101). Frente a esta unidad superior, en realidad, la historia de las artes plásticas no constituyen sino una "provincia", una parte necesariamente integrada en el conjunto superior. Estos estudios parten, pues, de un reconocimiento expreso: el de que al presente resulta imposible separar los objetos visuales artísticos de otro tipo de imágenes o realizaciones; faltos de criterio de discriminación en un universo de dobles y simulacros, la formación científica parece haberse así rendido a la evidencia y comenzado a desarticular el viejo paradigma disciplinario sobre el que estaba montada toda su misión 36. En efecto, el nuevo estudio de la imagen, sin más especificaciones ni fronteras en su interior, se reorganiza ahora diciéndole adiós a la hasta hoy todopoderosa metodología historicista en que ha abundado su análisis. En lugar de ello -de ese corte diacrónico que siempre impone el mo-bata a las formaciones sobrevivientes y a los órdenes simbólicos arcaicos todo su fundamento de ser 33. Los debates cerrados, los consumos restringidos, las interpretaciones esotéricas son devueltos hoy a su matriz decisiva (y acaso última, pues integra ya al total de lo social): se trata de la esfera pública, convertida en el lugar y en el hogar del tránsito de las cosas. Allí, en el interior de esa esfera de lo público, lo que se produce es el consenso sobre el consumo que las cosas deben tener. Es ese el lugar último y tribunal postrero de la negociación, escena de la atribución y el espacio natural que toda producción simbólica se da a sí mismo en tanto instancia decisiva e instancia de superior decisión. Una actual estetización general, masiva y democrática, de las imágenes del mundo habría pues aniquilado el sentido de un arte superior o elevado, y dado por concluida la relación privilegiada de éste con la "verdad" 34, mientras que la propia cuestión de lo "bello", y acaso también la de lo sublime, se vuelve irrelevante, abriendo de este modo el paso a una más general y potente epistemología del ver o de la construcción social de la visión (Virilio, 1989), que tiene su momento historicista en la formación de saber que se ocupará de la "arqueología de la mirada". Tal desinvestimiento simbólico y, en realidad, fin de régimen para el arte elevado habría venido siendo anunciado por las mismas vanguardias que, en el caso de la música, preconizaban ya la llegada imparable de una "música de mobiliario", cuya presencia sería en el futuro comparable a la de la manifestación del papel pintado en la pared. Podríamos decir, en efecto, con Arthur Honegger: En todo caso, ciertamente a lo que asistimos en este momento en el debate crítico es, precisamente, a la presentación y puesta en escena de esa "muerte del arte"; momento en el que, cumplida su misión, e, incluso rebasadas ya sus últimas emergencias históricas en tanto que praxis revolucionaria y radicalización de la teoría crítica, el arte se habría disuelto sin fronteras en la corriente de la vida, y ya no constituiría más esa especial posición desde la cual se hacía posible la toma de autoconsciencia 35. giRO visual vs. giRO lingüísticO Los efectos de esta ampliación sorpresiva se dejan sentir sobre todo desestabilizando la vieja pugna entre estudios de historia del arte vs. estudios de literatura -algo que se había mantenido latente en las viejas facultades europeas de Humanidades-, y obligan u obligarán muy pronto a una remodelación de las posiciones que sin duda deberán ir encaminadas a la creación, a su vez, de unos "estudios de la cultura del escrito" 40, cuyo propio amanecer creo que ya puede comenzar a observarse en los manifiestos teóricos que desde hace veinte años producen estudiosos como Olson, Havelok o Chartier y Darnton, y que claramente han comenzado a desbordar el objeto textual inscrito canónicamente en la historia de la literatura, para dirigirse al escrito sin más determinaciones (como a la imagen sin más determinaciones se dirige ahora mismo la formación académica denominada, al menos en España a modo de tentativa: comunicación visual, en la que idealmente se engloban las imágenes artísticas, tanto como aquellas otras que no lo son, sucediendo en realidad que esa vieja distinción pierde toda su fuerza y eficacia, viniéndose a anular). En suma, este inminente "giro visual" 41, al desplazar la zona central de expresión de lo social desde el logos a la imago, supone un gran cambio de paradigma cultural y filosófico 42 -y, en realidad, una mutación epistemológica de primer orden-, pero sobre lo cual advertiremos en este punto uno de sus primeros efectos que pueden ser comprobados directamente con el valor paradigmático que la imagen comienza a cobrar, incluso en el interior del propio campo expositivo de otras disciplinas, como, entre todas, puede ser destacadamente la propia literatura, que pasa a ser así de disciplina colonizadora de mundos en la primera época de la modernidad, a resultar colonizada en la era posmoderna; dicho en otros términos: a constituirse en una suerte de parergon o suplemento para todo lo visual, inaugurando de este modo el declive de su estrella en la historia de los medios de representación. delo académico, como reflejo de su voluntad de hacer historia-la imagen se reintegra en el campo antropológico, donde se revela su pura sincronía, su inmediatez funcional, su conexión directa con los "hechos de vida". Cabe decir aquí, como apostilla, que el trabajo desrealizador de la esfera del arte autónomo que llevó a cabo Marcel Duchamp tiene mucho que ver con la situación actual que tratamos de describir, en la que un objeto privilegiado y la formación científica que lo ha legitimado en la historia inician su retroceso, mientras ceden definitivamente el interés social, desplazándose a otras prácticas más abiertas y omnicomprensivas para con lo que es la nueva situación creada. En todo caso, apuntemos a aquel Marcel Duchamp como un verdadero desarticulador de un régimen restrictivo de la imagen, así como un artista que se constituye en ejemplo para un porvenir inmediato del que se convierte en su máximo profeta. Martín Jay ha sustantivado el registro de operaciones deconstructivas en que se inscribe el ciclo de trabajo conceptual de Marcel Duchamp. En efecto, el artista francés (el más influyente en el panorama artístico de nuestro tiempo) abre el camino del desinterés por "lo estético", que ya no se ofrece más como objeto de una búsqueda y que conllevaba el discurso del canon, hoy combatido y pulverizado. Duchamp -los "duchampianos" de toda hora-, pues, desafía la institución diferenciada del arte, y se salen y sacan también sus producciones del campo artístico en que éstas tradicionalmente venían jugando. Con el borrado minucioso de las fronteras de lo culto y lo popular, y acaso también rechazando visceralmente la relevancia concedida de antiguo a la singularidad, al unnicum, Duchamp ha dado un paso decisivo a favor de la simulación y el régimen de los dobles, los falsos, las parodias, la copia y, en general, la perversión misma de la "imagen" (perversión que llega a su límite en las manipulaciones del discípulo Warhol, o de su coetáneo Salvador Dalí) 37. Ello, además, ha visto reduplicado el efecto de su estatuto espectral con la aparición de la imagen incorpórea, virtual, fractal, hologramática 38; también la pos-fotografía, objetos todos que apuntan a un tecno-sublime, a una sublimidad tecnológica 39. han, 1968. 5 Y, sin embargo, la paradoja, como es bien sabido, reside en la común procedencia etimológica, tanto de los "signos" de la escritura, como de los "trazos" (de la pintura). 6 Asunto éste explorado en nuestra tradición inmediata por Lledó, 1992. 7 Imago mentis lograda en el texto mediante la operación retórica a la que se conoce como hypotiposis, una disposición del discurso textual u oral que "hace ver" y que configura la imagen mental de la cosa evocada, haciendo realidad la expresión de Simónides de Ceos: "La palabra es la imagen de las cosas". 8 Para la relación que se establece entre verdad y pintura, debe verse ahora Derrida, 2001. 9 Pues, en efecto, hay un inconsciente óptico que ha sido el objeto del análisis de Krauss, 1997, tarea que la propia autora expresa como que "el deseo que anima El inconsciente óptico es empañar desde dentro de la visión moderna, nublando su enfoque cristalino, disipando sus sublimaciones y reubicando lo visual en una anatomía opaca impulsada por automatismos inconscientes" (87). Las relaciones entre la forma y lo inteligible han conocido un análisis de tipo historicista que permanece como un texto de referencia, el de Klein, 1980. 10 Y, sin embargo, la literatura se esfuerza en suministrar las evidencias de su fuerza pragmática, como quedó inmortalizado en el "Canto V" del Infierno dantesco: allí Paolo y Francesca caen presas del amor al leer juntos un episodio del beso de Lanzarote y Ginebra: "Leímos un día por gusto como fue que el amor hirió a Lanzarote. Estábamos solos y sin sospecha. Nos miramos muchas veces durante aquella lectura, y nuestro rostro palideció; pero sólo fuimos vencidos por un pasaje. Cuando leímos que la deseada sonrisa fue besada por el amante, éste que ya nunca se apartará de mí, a su vez me besó temblando en la boca". 12 Durand, 1981 del escrito, las siguientes fases, hasta venir a dar en esta reciente, a la que conocemos como posmodernidad, se expresan a sí mismas en una implementación progresiva del régimen de lo visual, convirtiendo a este último registro en la "escena" verdadera de sus operaciones taumatúrgicas y de sus estrategias, que han podido ser consideradas desde el punto de vista del "hombre natural" como "estrategias fatales" (Baudrillard, 1984). Para esta dialéctica puede también verse el libro de Wellmer, 1993. 28 Proceso al cual, un fenomenólogo actual, Bruno Latour, ha podido bautizar como "iconoclash" (Latour, 2002). 29 Situación implosiva, la que resulta al cabo del desequilibrio contemporáneo de estas polaridades (palabra e imagen) que se habían mantenido como aliadas en un hoy lejano Antiguo Régimen, y que, junto a otra serie de causas, ha producido la crisis de las humanidades y de la institución universitaria que se encarga de gestionar tal saber. 41 La fórmula está acreditada; en realidad se opone y sucede al denominado "giro lingüístico" o "giro semiótico", que expresa a su vez el triunfo de los modelos de textualidad, y cuya primera formulación se pude encontrar en la obra de Rortry, 1998, y, sobre todo, Rortry, 1999. 42 Reconozcamos aquí a quien fue el analista pionero en esta transformación fulgurante de la masa crítica de una cultura: Marshall Mac Luhan. nográfico" (1990, 1). 38 Esta última "novedad" es trascendental, pues reintroduce en el estudio de la estética el valor heurístico que tiene una disciplina como el psicoanálisis, que ciertamente retorna entonces como una de las grandes formaciones del saber contemporáneo que no pueden sufrir un desplazamiento o, peor, un ocultamiento prolongado como al que parecía condenado en el campo tradicional de unos estudios de "historia del arte". La espectralización de la imagen omnipresente en los medios de comunicación, pone pues de actualidad ciertas apreciaciones pioneras de un Freud en su conjunto de ensayos reunidos bajo el LA CULTURA DE LA IMAGEN Y EL DECLIVE DE LA LECTO-ESCRITURA
La posibilidad de reflexionar sobre las relaciones entre historia y antropología, ofrecida por este espacio de homenaje y reflexión a partir de la obra de Peter Burke, podría ser la ocasión propicia para presentar un estado del arte, como se decía una vez, si no fuera que esta posibilidad ha ido debilitándose con el tiempo y la globalización galopante nos ha vuelto conscientes que elaborar cuadros generales con algún valor empírico ya no es factible, particularmente porque no podemos continuar ignorando que circulan cada vez más informaciones, no necesariamente mediatizadas por las traducciones norteamericanas, sobre la relación disciplinar que nos ocupa en lugares hasta hoy no tomados en consideración como pueden ser la India, México o Italia. Así, lo que queda es elegir un recorrido a partir de la propia experiencia disciplinar, investigadora y/o docente, matizándola con algunas lecturas de textos que uno recorta por elección consciente o por azar, por sintonía o necesidad. En este sentido, vale decirlo de antemano, la lectura de algunas escrituras de Peter Burke nos ha servido de aliciente, en los últimos veinte años, para continuar insistiendo en la trivialidad de las fronteras disciplinares y, al mismo tiempo, de sostén en las diarias actividades docentes, ya que algunos de sus textos han marcado definidamente las bibliografías obligatorias de mis cursos de antropología histórica en ese lejano Occidente que es Venezuela. Actividades académicas, éstas, que se realizan dentro de un espacio mirado con desconfianza tanto por mis colegas antropólogos como por mis amigos historiadores, lo que no debe ser muy diferente, salvando las diferencias, de lo vivido por Burke cuando, después de llegar a Cambridge en 1979, intentó con Bob Scribner organizar un curso de "antropología histórica" cuya aprobación el Comité académico pospuso más de una vez, convencido que había "demasiada teoría" en el programa propuesto 1. RESUMEN: La historia de las relaciones entre historia y antropología, presentes desde la formación de los dos campos disciplinarios, ha registrado acercamientos y alejamientos periódicos, hasta estancarse dentro de sus barreras universitarias. Por esto, para intentar encontrar un campo común de confrontación, se hace necesario recuperar algunos eslabones de la relación, a partir de la experiencia de cada uno en sus campos específicos de investigación. De esta manera, se analizan algunas posturas antropológicas e historiográficas para entender esta ambigua relación, en el convencimiento de que, siendo el objeto de ambas disciplinas el mismo, aunque desfasado temporalmente, el diálogo se vuelve urgente, sobre todo frente al embate de los nihilismos epistemológicos que avanzan sus pretensiones para desbaratar ambas miradas. PALABRAS CLAVE: Historia social; antropología; epistemología. Es precisamente esta desconfianza lo que aparece cuando se intentan recortar nuevos espacios disciplinares o, peor, eliminar barreras para unificar o ampliar otros ya establecidos. Así, ya que me intereso por una sociedad colonial específica del siglo XVIII, después de largos años de trabajo de campo entre sociedades indígenas americanas contemporáneas, para mis colegas antropólogos me he vuelto un historiador, perdiendo mi identidad profesional; mientras que para mis amigos historiadores, continúo siendo un antropólogo "metiche" o infiltrado, como bien repetía hace unos años una amiga francesa, historiadora de las mentalidades. Al fin, un traidor para los unos y un intruso para los otros. Estas vivencias académicas, por la carga emocional que conllevan, a menudo impiden aclarar un problema histórico y epistemológico: la formación histórica de las disciplinas sociales, coherentes con el contexto social, económico y cultural de su producción, y la crisis que sufren una vez que cambia precisamente el terreno en las cuales se han desarrollado a lo largo de los últimos doscientos años. De hecho, antes que estilos de pensamiento y presupuestos teóricos diferentes, las barreras entre campos disciplinares son académicas, es decir, levantadas históricamente por esa máquina aglutinante que es la administración universitaria, experta en moler deseos y triturar voluntades. Véase, en este sentido, la distancia entre carreras como antropología e historia en muchas de nuestras universidades: la de antropología se incluye, generalmente, dentro de las facultades de ciencias sociales, mientras la de historia lo es en humanidades, lo que es claramente el resultado de un largo proceso de decantación de intereses, pero también de definición y demarcación de espacios de poder. RetRatO de familia, cOn invitadOs... Es un hecho, un poco obvio, que la estructuración histórica local de las disciplinas dificulta diálogos y transversalidades, y se solapa con un problema un poco más complejo y resbaladizo que, de alguna manera, termina por justificar las barreras epistémicas: la segmentación de la realidad social en compartimentos más o menos estancos, dentro del proyecto ilustrado de conocimiento científico de la realidad que generó durante el siglo XIX y primera mitad del XX, a partir del modelo de la ciencias que con una metáfora poco feliz se ha dado en llamar duras, las "ciencias sociales", por un lado, y la "disciplina historiográfica", por el otro. Es evidente que la diferencia semántica entre "ciencia", aunque blanda, y "disciplina" pesa enormemente en las relaciones entre las diferentes "comunidades" de pensamiento; sin considerar que cada macro-comunidad se diferencia, en su interior, en subgrupos geográficos o temáticos, cada uno con su estilo, protocolos de investigación y medios de transmisión y control del saber producido. Si ejemplos hay que hacer a este propósito, el del grupo de los Annales, estudiado y citado a menudo por Peter Burke (Burke, 1999), es ineludible ya que se presta magníficamente para ilustrar una historia particular de relaciones entre mundos epistémicos diferentes, que se ha vuelto modélica para inspirar nuevos recorridos investigativos y, también, como antecedente valorativo para la acción académica. Así, en la producción de las obras que están en el origen mismo de la nueva corriente historiográfica -el Felipe II de Febvre, El Mediterráneo de Braudel y Los Reyes Taumaturgos de Bloch-privó la influencia explícita del padre de la antropología francesa, Durkheim; de la misma manera que el paso de una histoire évènementielle a una estructural es coherente con el auge estructuralista, sobre todo antropológico. Precisamente Braudel, cuyo concepto de "larga duración" es, de hecho, una propuesta de temporalidad cultural que los antropólogos no deberían desdeñar, se dedicó a difundir la necesidad de una relación fructífera entre historia y ciencias sociales (Braudel, 1995), apuntando a la necesidad de estudios que abarcaran la "totalidad" de las vivencias sociales, así como Febvre y Mauss habían enseñado, cada uno desde perspectivas diferentes (Burke, 1999, 47). Sin embargo, es el acercamiento a Claude Lévi-Strauss, con quien Braudel integró la Misión Cultural francesa en la Universidad de Sao Paulo a mitad de los años treinta (Skidmore, 2003), lo que estructura la relación entre los dos campos disciplinares, sobre todo considerando que el difícil diálogo y las polémicas conceptuales que en la posguerra se produjeron tenían un referente espacial que le daba contexto implícito a la relación: la coexistencia en un mismo lugar académico, la École, sobre todo en ese momento mágico cuando por sus pasillos se cruzaban Lévi-Strauss y Barthes, Foucault y Braudel, cada uno arrastrando su cortejo de creyentes, gli uni contro gli altri armati. El segundo aspecto de la cuestión resultaba más perturbante para la sensibilidad de los historiadores, tanto para los clásicos alemanes como para los modernos franceses, ya que ponía definitivamente en duda la importancia y hasta la existencia misma de su objeto de estudio. Así, volviendo al texto ya citado de Burke: "Primero se le criticó a las explicaciones históricas que fueran especulativas, después se las rechazó por irrelevantes. Durkheim había combinado un método funcionalista con el interés por la historia, pero los funcionalistas posteriores, como Malinowski, abandonaron la historia completamente. Según él, el pasado estaba 'muerto y enterrado', y sólo importaba la imagen del pasado, porque esa imagen formaba parte de la 'realidad psicológica de hoy'" (Burke, 1987, 23) Sin embargo, hay que prestar atención a todo esto: los funcionalistas no negaban la pretérita existencia del pasado a la manera, por ejemplo, de algunos actuales postmodernos, sino que, en la búsqueda de leyes generales con valor universal, su teoría antropológica del funcionamiento de la sociedad los llevaba a deducirlas de la comparación entre formas sociales del presente, dejando en segundo plano la posibilidad de contrastarlas históricamente 4. A este propósito, mucho antes de Malinowski, el padre de la definición de cultura, E. B. Taylor, anticipándose al mismo estructuralismo funcionalista, había dicho que "si de un conjunto de hechos puede inferirse una ley, el papel de la historia queda enteramente superado. Si vemos que un imán atrae un trozo de hierro y si hemos logrado extraer la ley general según la cual el imán atrae el hierro, no vale la pena que profundicemos en la historia del imán en cuestión" (Taylor, 1871; en Lévi-Strauss, 1995, 52). Sin embargo, mientras la lógica de la afirmación parece funcionar, lo que chirría es la transposición de los términos considerados al mundo de la vida social, porque, como bien observa Lévi-Strauss, "a diferencia del físico, el etnólogo sigue indeciso acerca de la posibilidad de identificar objetos que aparecen superficialmente como dos imanes o dos pedazos de hierro. Tan sólo una 'historia detallada' le permitiría en cada caso superar la duda" (Lévi-Strauss, 1995, 52). Más allá de la defensa de la investigación historiográfica que el padre del estructuralismo antropológico hace, fueron los mismos continuadores de la obra de Malinowski quienes matizaron las posturas de sus maestros, como es Queremos insistir sobre la presencia de Lévi-Strauss en nuestra "foto de familia" no sólo por la importancia que el padre del estructuralismo tiene para el campo disciplinar del cual provenimos, sino porque es común en quienes se han interesado en reconstruir la historia de estas relaciones disciplinares hacer referencia al funcionalismo inglés, dejando en segundo plano y hasta "olvidando" que las mayores discusiones, por los menos en la Europa continental de los años sesenta y setenta, se dieron a partir del estructuralismo. Véase la reconstrucción dramática que, con suficientes razones, elabora Peter Burke en la versión de 1980 de Sociology and History: "Entonces, repentinamente, alrededor del año 1920 los antropólogos y los sociólogos rompieron con el pasado" (Burke, 1987, 21). "El antropólogo formado en Gran Bretaña Bronislaw Malinowski descubrió y proclamó la importancia del 'trabajo de campo', como él lo denominó; en otras palabras, la observación participante. Dicha observación participante no era completamente nueva; desde 1886 Boas había hecho largas visitas a los kwakiutl y Radcliffe-Brown vivió los años 1906-8 en las islas Andamán. Lo nuevo era la insistencia de Malinowski en el trabajo de campo como el método antropológico por excellence.'El antropólogo', declaró,'debe renunciar a su confortable posición en la mecedora del porche'. El trabajo de campo se convirtió en una fase necesaria de la formación de cada antropólogo. El nuevo método, como la historia de Ranke, era más científico; una forma más segura de estudiar las sociedades tribales contemporáneas que la historia evolutiva, en gran medida conjetural, que le había precedido. Dejando la última afirmación para más adelante, es evidente que no hubo una ruptura tan abrupta y, además, ésta nunca se consumó completamente, sobre todo considerando que se sumaban en un mismo reparo dos aspectos distintos de la cuestión. Antes que nada, el problema del método, y no de la simple técnica, en el contexto de un fuerte impulso positivista para "hacer ciencia", con una base epistemológica suficientemente sólida para permitir una verdadera comparación entre los "casos" estudiados, implicaba preguntarse tanto sobre la manera de recoger los datos (se necesitaban más expertos etnógrafos que misioneros y viajeros) 2, como la atención sobre el tratamiento de los datos, es decir, el relato antropológico como protocolo de un "experimento" ex post facto. mirada desde adentro y la mirada desde afuera, lo que nos llama la atención en la postura conciliadora de Evans-Pritchard es su cercanía con la que, en esa misma época, tomaba en Francia Lévi-Strauss desde un estructuralismo que ya no pactaba con el funcionalismo 6. Es ampliamente conocido el impacto que tuvo para la antropología y las ciencias sociales la publicación en 1958 de la recopilación de textos de Lévi-Strauss que lleva el nombre de Antropología Estructural, sobre todo el primer capítulo Etnología e historia, donde consigna de manera explícita su apreciación de la relación entre los dos campos disciplinares. Rechazando la perspectiva de los funcionalistas ingleses y, en particular, de Malinowski, e inspirándose en la obra de Boas, Lévi-Strauss considera que aun siendo verdad que la ausencia de documentos impide en gran parte reconstruir la historia de los pueblos donde el saber se trasmite de manera oral, produciendo una abundancia de inferencias conjeturales, esto no debe necesariamente producir una postura extrema, renunciando a priori a intentarlo, y hasta teoriza su poca utilidad, "para transformar el estudio de las culturas en un análisis sincrónico de las relaciones entre sus elementos constitutivos en el presente". Al contrario, la pregunta que hay que hacerse es "si el más penetrante análisis de una cultura particular que abarque la descripción de las instituciones y de sus relaciones funcionales y el estudio de los procesos dinámicos por los cuales cada individuo obra sobre su cultura y la cultura sobre el individuo, puede adquirir todo su sentido sin el conocimiento del desarrollo histórico que ha desembocado en las formas actuales" (Lévi-Strauss, 1995, 57). Resulta un poco chocante leer afirmaciones como la anterior por parte de quien ha sido considerado, por lo menos por la vulgata estructuralista, como el "negador" de la importancia de la historia para la descripción e interpretación de las sociedades del presente 7. En verdad, y aquí estriba la equivocación, lo que era un debate sobre la posibilidad de historiar sociedades sin escritura -los kwakiutl de Boas, los trobriandeses de Malinowski o los nambiquara de Lévi-Strauss-se extendió, de manera más o menos maliciosa, al pasado de cualquier sociedad, generando equivocaciones y obvios rechazos, comenzando por el mismo Lévi-Strauss, para quien la distancia entre los métodos de las dos disciplinas no es tanta como la indicada por los funcionalistas (el trabajo de campo para los unos, el trabajo de archivo para los otros). En ambos casos se trata de estudiar sociedades el caso de Evans-Pritchard, quien a comienzo de los años cincuenta del siglo pasado abogaba por un cambio de actitud en la antropología inglesa, cuando remarcaba que las pequeñas comunidades de bajo grado de estructuración social forman parte siempre de "grandes sociedades históricas" y, por ende, su estudio diacrónico era posible, además de útil a la interpretación general (Evans-Pritchard, 1990, 14) 5. Sin embargo, iba más allá de la simple constatación de esta posibilidad, llegando a la conclusión de que el estudio histórico, aunque a partir de materiales documentales indirectos, permitía un comprensión más amplia y profunda de la realidad investigada por los antropólogos. De allí que avanzaba la temprana hipótesis de delimitar, por un lado, un campo de estudio que ya llamaba historia social, mientras que, por el otro, la misma antropología social podría considerarse una "especie de historiografía", y a esta conclusión llegaba a partir precisamente de la homología de los recorridos investigadores historiográfico y antropológico: recolectar datos, anotar observaciones y, finalmente, regresar al despacho para revivir "la experiencia crítica e interpretativamente de acuerdo con las categorías y valores de su propia cultura y con el cuerpo general de conocimientos de su disciplina. En otras palabras, traduce una cultura a otra" (Evans-Pritchard, 1990, 15). Así, en esta actitud interpretativa y traductora, historia y antropología harían lo mismo, la una para las sociedades "primitivas" del presente y la otra para las del pasado. El auspicio de una posible integración, donde cada disciplina aportaría su experiencia histórica y sus métodos característicos, es explícito: "Los historiadores pueden suministrar a los antropólogos sociales un inapreciable material, examinado y comprobado por técnicas críticas de verificación e interpretación. Los antropólogos sociales pueden proporcionar al historiador del futuro algunos de sus mejores informes, basados en observaciones cuidadosas y detalladas, y pueden también derramar sobre la historia, por medio del descubrimiento de modelos estructurales latentes, la luz de los universales. El valor que cada disciplina tiene para la otra pienso que será reconocido cuando los antropólogos se entreguen con más asiduidad a la erudición histórica y muestren cómo el conocimiento de la antropología ilumina con frecuencia los problemas históricos" (Evans-Pritchard, 1990, 19). Dejando por ahora de lado la referencia a los "historiadores del futuro", que abre la senda de una discusión sobre la "Pero el paralelismo metodológico que se pretende trazar entre etnografía e historia para oponer la una a la otra es ilusorio. El etnógrafo es un individuo que recoge los hechos y los presenta (si es un buen etnógrafo) de acuerdo a las mismas exigencias que rigen para el historiador. El papel del historiador consiste en utilizar estos trabajos cuando las observaciones, escalonadas a lo largo de un período suficiente de tiempo, se lo permiten; éste es también el papel del etnólogo, cuando observaciones de un mismo tipo, relativas a un número suficiente de regiones distintas, lo hacen posible. En todos los casos, el etnógrafo establece documentos que pueden ser útiles al historiador. Y si los documentos existen ya, y el etnógrafo decide integrar su trabajo con la sustancia de los mismos, ¿no debe acaso el historiador envidiarle el privilegio -a condición, naturalmente, de que el etnógrafo tenga un buen método histórico-de hacer historia de una sociedad de la cual posee una experiencia vivida?" La utilización del trabajo etnográfico por parte de los historiadores, esta vez no del futuro, como había indicado Evans-Pritchard, sino del presente, tendría su contrapartida en la toma en consideración de las "reconstrucciones" historiográficas por parte del etnógrafo. De esta manera, y si esto fuera todo, el aporte de Lévi-Strauss, aunque más sofisticado, no iría más allá de las exhortaciones genéricas de antropólogos e historiadores que, durante la segunda mitad del siglo XX, se han dedicado a auspiciar la existencia de canales de comunicación entre las dos disciplinas, sin considerar en absoluto el problema de la diferencia entre las epistemologías que definen estas dos disciplinas. Al contrario, nos parece que ésta es precisamente la dirección indicada por Lévi-Strauss. En la cita anterior llama la atención que, después de indicar la utilidad que los informes etnográficos pueden tener para los historiadores, Lévi-Strauss añade que lo mismo ocurre con los etnólogos. La entrada en escena de este tercer personaje, presuntamente homólogo del historiador, complica el panorama y perturba la genérica y general exhortación de fraternidad, pero permite aclarar el problema epistemológico: ¿Cuál es la diferencia entre un etnógrafo y un etnólogo y por qué es tan importante en el contexto de la propuesta estructuralista? En palabras del mismo antropólogo francés, "la etnografía consiste en la observación y el análisis de grupos humanos considerados en su particularidad... y que busca restituir, con la mayor fideli-diferentes de la propia, no importando si esta heterogeneidad cultural deriva de la distancia espacial o de la temporal, para "ampliar una experiencia particular hasta alcanzar las dimensiones de una experiencia más general que para esta misma razón resulta accesible como experiencia a hombres de otro país o de otro tiempo. Y ambos lo logran bajo las mismas condiciones: ejercicio, rigor, simpatía, objetividad" (Lévi-Strauss, 1995, 64). Evidentemente, entre la recolección presencial de los datos y la recopilación a través de documentos escritos o restos materiales, como en el caso de los arqueólogos, hay una diferencia que no puede solaparse, sobre todo considerando que las diferencias de materiales imponen técnicas de acopio diferentes, además que la presencia del investigador en el lugar de los hechos permite disminuir las mediaciones que presenta, por ejemplo, el relato histórico de un contemporáneo no entrenado. Esta equivalencia de los dos tipos de actividad investigadora, es decir, el historiador como etnógrafo o viceversa, resulta muy cercana a la expresada por Evans-Pritchard más o menos una década después: "Cuando el historiador fija su atención exclusivamente en una cultura particular y en un período determinado y limitado de su historia, produce lo que podríamos llamar una monografía etnográfica... Cuando, por otra parte, un antropólogo social escribe acerca del desarrollo en el tiempo de una sociedad, escribe un libro de historia, distinto, es verdad, de la historia narrativa y política corriente, pero en lo esencial el mismo que redactaría un historiador social" (Evans-Pritchard, 1990, 17-18). Sin embargo, esta simple homologación no resiste mucho un análisis epistemológico, ya que unifica los objetos (la sociedad), aunque desplazados en el tiempo, y parece también unificar los métodos, aunque unos testimoniales y otros documentales; pero nada nos dice de la "mirada", es decir, a partir de cuál teoría del mundo se produce el interés del investigador y, sobre todo, la construcción de su objeto. Y esto porque un mismo objeto puede adquirir significado y sentido diferente precisamente a partir de una diferente mirada dentro de un mismo campo disciplinar y más aún cuando se trata de campos diferentes. Pienso que Lévi-Strauss fue consciente de esta problemática y de hecho su planteamiento sucesivo puede considerarse una solución posible, por lo menos desde la perspectiva antropológica estructuralista: a partir de una diferenciación de objeto y de mirada, es decir, de carácter epistemológico. Será precisamente este último aspecto el que socavará, de alguna manera, la propuesta. De hecho, en cuanto al método, Lévi-Strauss se pregunta cómo alcanzar esas estructuras inconscientes, ya que, para él, de eso se trata: "¿Cómo llegar a esta estructura inconsciente? Aquí convergen el método etnológico y el método histórico. Resulta inútil invocar en este caso el problema de las estructuras diacrónicas, para las cuales los conocimientos históricos son evidentemente indispensables. Ciertos desarrollos de la vida social traen consigo sin duda una estructura diacrónica, pero el ejemplo de la fonología enseña a los etnólogos que este estudio es más complejo -y plantea otros problemas-que el de las estructuras sincrónicas que ellos apenas comienzan a emprender. Sin embargo, inclusive el análisis de las estructuras sincrónicas implica un constante recurrir a la historia. Únicamente ésta permite extraer, al poner de manifiesto instituciones que se trasforman, la estructura subyacente a formulaciones múltiples" (Lévi-Strauss, 1995, 68-69). Ahora, más allá de esta necesaria complementariedad, para Lévi-Strauss los dos recorridos investigadores se cruzan doblemente: la historia avanza desde lo explícito hacia lo implícito, mientras la etnología de lo particular hacia lo universal, pero en "direcciones opuestas": "el etnólogo marcha hacia delante, tratando de alcanzar, a través de un consciente que jamás ignora, un sector cada vez mayor del inconsciente hacia el cual se dirige, mientras que el historiador avanza, para decirlo así, mirando hacia atrás, los ojos fijos en las actividades concretas y particulares, de las cuales se aleja únicamente para considerarlas desde una perspectiva más rica y más completa" (Lévi-Strauss, 1995, 71). Desde esta perspectiva, las diferencias entre los dos campos no llevarían a un antagonismo epistemológico sino a una complementariedad, tanto que el antropólogo francés termina por definirlos como "Jano bifronte". Sin embargo, más allá de la particular visión que Lévi-Strauss tiene de la historia, en gran parte influenciada precisamente por la Escuela de los Annales, los problemas que su propuesta suscitó y continúa suscitando no son pocos. Primeramente, el problema de las estructuras y, en segundo lugar, el de sociedades frías y sociedades calientes. Sobre el primer asunto, la polémica que se desató apuntaba a varios aspectos: la existencia de estructuras, su función y, sobre dad posible, la vida de cada uno de ellos, mientras que la etnología utiliza de manera comparativa... los documentos presentados por el etnógrafo" (Lévi-Strauss, 1995, 50). En este sentido, la etnología correspondería a la anglosajona antropología social y cultural. Son precisamente estos dos niveles o fases del trabajo antropológico los que permiten a Lévi-Strauss articular las relaciones entre historia y antropología: "Teniendo el mismo objeto, que es la vida social, el mismo propósito, que es una mejor comprensión del hombre, y un método que sólo varía en cuanto a la dosificación de los procedimientos de investigación, se distinguen sobre todo por la elección de perspectivas complementarias: la historia organiza sus datos en relación con las expresiones conscientes de la vida social, y la etnología en relación con las condiciones inconscientes" (Lévi-Strauss, 1995, 65-66). Lo que podría parecer un argucia digna de un prestidigitador, en el contexto de nuestra discusión aparece como un verdadero aporte teórico. Lévi-Strauss asume y lleva a su lógica consecuencia la koiné que constituye el centro medular de la representación del mundo de la modernidad: que la vivencia humana está constituida por diferentes niveles de existencia, algunos de los cuales funcionan de manera inconsciente, y es precisamente este "opacamiento" lo que permite el funcionamiento de individuos y sociedades, desde la producción de identidades culturales y étnicas, hasta la puesta en práctica automática de las reglas sociales. Así, éste sería el objetivo de la etnología: "Su objetivo consiste en alcanzar, más allá de la imagen consciente y siempre diferente que los hombres forman de su propio devenir, un inventario de posibilidades inconscientes, cuyo número no es ilimitado: el repertorio de estas posibilidades y las relaciones de compatibilidad e incompatibilidad que cada una de ellas mantiene con todas las demás proporcionan una arquitectura lógica a desarrollos históricos que pueden ser imprevisibles sin ser nunca arbitrarios. En este sentido, la célebre fórmula de Marx:'los hombres hacen su propia historia, pero no saben que la hacen' justifica, en su primer término la historia, y en su segundo término, la etnología. Al mismo tiempo muestra que ambos caminos son indisociables" (Lévi-Strauss, 1995, 70). Así, derivando de la teoría de la alienación de Marx y, sobre todo, de la psicología freudiana, el padre del estructuralismo propone diferenciar antropología y disciplina histórica procesos que se refieren a la manera particular en la que una temporalidad es vivida por el sujeto. Lo que equivale a decir que sólo existe proceso para el individuo implicado en su propio devenir histórico o, más exactamente, en el del grupo al que pertenece" (Lévi-Strauss, 1984, 44). Reaparece aquí la diferencia de enfoque entre historiadores y antropólogos, por lo menos según Lévi-Strauss, en cuanto al estudio de procesos conscientes y estructuras inconscientes. Pero, precisamente, la referencia al concepto de "procesos" permite echar otro puente, este vez más operativo, entre antropología e historia, ya que de alguna manera permite la superación de la clásica "fijación" de las dos disciplinas sobre los hechos, como si éstos existieran en realidad como "objetos" y no fueran una construcción del observador, incluyendo a los investigadores. La referencia introduce también el otro polo de la polémica: la diferenciación entre sociedades frías y sociedades calientes, es decir, según la lectura vulgar, con y sin historia. La incomprensión fue máxima en la época. Esta vez no fueron los historiadores a reclamar, tan convencidos ellos de su implícito evolucionismo cultural y de su adhesión a las teoría de Lévi-Bruhl sobre mentalidades pre-lógicas y afines, sino los antropólogos, sobre todo los del campo marxista 9. Para responder a este y otros problemas de la polémica, Lévi-Strauss escribió un segundo texto con el mismo título que el primero, Etnología e historia, presentándolo en 1983 como conferencia en honor a Marc Bloch, precisamente uno de los padres de la llamada Nueva Historia. Aquí ridiculizaba un poco la interpretación que se había hecho de su definición de sociedades frías y sociedades calientes, reafirmando que: "Todas las sociedades son históricas con el mismo grado, pero algunas lo admiten francamente mientras otras lo repugnan y prefieren ignorarlo" (Lévi-Strauss, 1988, 59). A partir de esto se pregunta cómo, en nuestras palabras, una sociedad que vive o intenta vivir en el presente, alejando de sí cualquier idea de pasado, puede "abrirse" a la historia y "cabalgarla", si se nos permite el uso de esta metáfora. Mejor: se pregunta, marxianamente nos parece, cuáles son "las condiciones y en qué formas se abren a la historia el pensamiento colectivo y los individuos" (ídem). Para explicar este proceso, Lévi-Strauss recurre a ejemplos japoneses y samoanos, introduciendo el concepto de ideología: todo, su presunta universalidad. Se trata, en verdad, de dos aspectos distintos aunque complementarios, que giran alrededor de la relación entre acontecimiento y estructura. Siguiendo a Braudel y su propuesta de distinguir por lo menos tres "duraciones", los acontecimientos son los que más rápidamente se trasforman, mientras las estructuras lo harían a una velocidad menor, en la "larga duración". Sin embargo, el valor semántico del concepto de estructura de Lévi-Strauss parece ser otro del considerado por Braudel: "Si, como creemos nosotros, la actividad inconsciente del espíritu consiste en imponer formas a un contenido, y si estas formas son fundamentalmente las mismas para todos los espíritus, antiguos o modernos, primitivos o civilizados -como lo muestra de manera brillante el estudio de la función simbólica, tal como se expresa en el lenguaje-, es necesario y suficiente alcanzar la estructura inconsciente que subyace en cada institución o cada costumbre para obtener un principio de interpretación válida para otras instituciones y otras costumbres a condición, naturalmente, de llevar lo bastante lejos el análisis" (Lévi-Strauss, 1995, 68). Aquí estriba el núcleo central de la polémica: si las formas que el inconsciente da a los contenidos son "universales" y válidas para cualquier sociedad, del presente o del pasado, evidentemente estas formas no cambian, aunque la segunda parte de la cita deja entrever que podría tratarse de una "universalidad" interna a cada sociedad, sobre todo cuando se refiere a su utilización, una vez identificadas, para interpretar instituciones diferentes de aquélla que permitió la determinación 8. Pero, frente a las equivocaciones que su propuesta produjo, Lévi-Strauss abandona un poco este aspecto de su definición de estructura, tendencialmente inmóvil y universal, en función de una definición más dinámica, haciendo explícita referencia a estructuras de comunicación y estructura de subordinación, lo que permite concluir a Gilles Granger, utilizando por ejemplo una cierta lectura de las Mitológicas, que se trata de "un movimiento constante de desestructuración y de reestructuración, inseparables de la estructura 'precaria', que es, pues, un proceso" (Granger, 1969, 28). Hablar de "proceso" en este contexto y relacionarlo con Lévi-Strauss parece una provocación. Sin embargo, es él mismo quien en El Pensamiento Salvaje afirma que: "Las estructuras sólo aparecen a la observación practicada desde afuera y, en contrapartida, ésta no puede captar los históricas convencido, pero en gran parte equivocado, de que esa era también la dirección tomada por los nuevos historiadores de los Annales. Hablar de estructuras inconscientes en psicología o en antropología no era lo mismo que hablar de estructuras, por ejemplo, económicas, aun cuando estas últimas se producen sin la participación consciente de los individuos. Retorna aquí el problema del nivel de existencia de las estructuras: ¿formas estructurantes, ordenaciones virtuales, modelos, formaciones discursivas, como las llamará Foucault, ciclos? Sin embargo, para entonces, y eran ya los años ochenta del siglo pasado, parafraseando a Burke, por segunda vez, aunque esta vez no tan repentinamente, "los antropólogos rompieron con el pasado". Me explico: la crisis del estructuralismo, así como del marxismo, sepultó el debate entre estructura y acontecimiento, y los antropólogos, ya en plena búsqueda posmoderna de soluciones a la crisis de la misma modernidad, centraron su atención en los relatos etnográficos, poniendo en duda su bases metodológicas, mientras el campo epistémico de su disciplina se fragmentaba en una multiplicidad de recorridos, perdiendo para siempre los asideros fuertes, totalizantes, que habían dado origen a la antropología que ya podía ser definida como clásica. Además, al lado de los antropólogos intranquilos con su propio campo, otros continuaron reproduciendo su idea clásica de la disciplina sin percatarse mucho de que el contexto de producción de esa mirada ya había cambiado; lo mismo que muchos historiadores, comprometidos todavía con sus reconstrucciones de los "hechos" pasados, sobre todo políticos. Para todo ellos, continuó valiendo lo que Burke escribía en 1980: "Tanto los sociólogos como los historiadores ven la paja en el ojo de su vecino. Por desgracia, cada grupo tiende a percibir al otro en términos estereotipados... Un contraste similar se ha establecido entre la tribu de los historiadores y la de los antropólogos. Desde un punto de vista histórico, está claro que las dos partes sufren de anacronismo. Parece que los sociólogos piensan que la historia todavía está en la fase de Ranke, narrativa sin análisis; mientras que para los historiadores es como si la sociología todavía estuviera en la fase de Comte, grandes generalizaciones sin investigación empírica" (Burke, 1987, 13). "El llamar frías a las sociedades de este tipo lleva implícito que existe una distancia mínima entre su ideología y su práctica; o, como se creyó durante mucho tiempo, la primera es el fiel reflejo de la segunda; o la ideología disfraza la realidad, pero le inflige un pequeño número de distorsiones que se pueden enderezar fácilmente con la observación y el análisis". En las sociedades llamadas complejas o semicomplejas, la ideología se despega más de la infraestructura. Las distancias se amplían y se redistribuyen sobre varios ejes..." El despegue puede originarse tanto de un acontecimiento que pone en estado de "turbulencia" el orden social local, así como de un cambio en las relaciones de producción, que determinan nuevos arreglos de poder. Precisamente, considerando un ejemplo del primer caso, la llegada del capitán Cook a Tahití, Marshall Sahlins elaboró su fundamental aporte contenido en el libro Islas de Historia (Sahlins, 1988). Lo anterior es pensable en la medida que la vivencia diacrónica no sea percibida como continua sino como una serie discontinua. El pasado, así, más que la historia, hecha ésta por los historiadores desde su mirada y contexto social y cultural, se eslabonaría de forma discontinua, en sucesiones de sincronías que intentan apaciguar las turbulencias a través de sistemas de estabilización, como los ha llamado Hobsbawm; y cuando no lo consiguen, se transforman, precisamente por las contradicciones que no resuelven o, si se quiere, por el conflicto que conllevan las relaciones entre sujetos sociales de diferente género, posición social o poder. Y estos sujetos, más que individuos, son grupos, estamentos y, finalmente, clases. De ahí que, para Lévi-Strauss, y en polémica con Piaget y su epistemología genética, una vez negada la continuidad, el problema de los orígenes no tiene asidero epistemológico, salvo precisamente como identificación de tendencia de una sociedad específica que se busca en el pasado, que es lo mismo que decir que cada presente construye su pasado con fines ideológicos o simplemente identitarios. El pasado, así, es construido por el presente y "emerge", diría Foucault, a la conciencia de los individuos como Minerva con su yelmo y armadura de la cabeza de Zeus 10. Resumimos: la intención de Lévi-Strauss era la de introducir el concepto de inconsciente en las reconstrucciones en el hecho de que no hay percepción de la realidad inmediata y directa sino que siempre está mediada por las teorías implícitas de la sociedad del investigador, lo que es obligatorio "vigilar" precisamente a través de la producción de modelos teóricos conscientes. Como escribe Charles M. Radding en 1984, "la elección no es entre hechos y teoría, sino entre teoría consciente y teoría inconsciente" (Radding, 1989, 113). Sin embargo, lo que ha pasado, en la relación de muchos historiadores con la antropología, ha sido más una positiva consideración y aprehensión de las metodologías etnográficas, que una reflexión sobre la epistemología que las producían. En palabras de Radding: "Lo que los historiadores han adoptado con entusiasmo son las metodologías, de las que parecen creer que pueden ser utilizadas independientemente de cualquier posición teórica sobre algo. Como el sexo sin matrimonio, es algo bonito cuando se consigue. Pero, como el sexo, las metodologías pueden llevar, voluntariamente o no, a responsabilidades y complicaciones imprevistas. Efectivamente, las metodologías no son simplemente, como parecen pensar a menudo los historiadores, modos de proceder en la recogida de los datos, ni siquiera valoraciones sobre la importancia de ciertos hechos. Las metodologías implican juicios sobre el nexo que une los hechos entre sí, que derivan de una precisa concepción de cómo funcionan las sociedades y de cómo piensa la gente" (Radding, 1989, 106). En relación con este problema de la teoría en campo historiográfico, vale la pena citar la lectura que Giovanni Levi, uno de los más importantes miembros de la llamada microhistoria italiana, ha hecho de la obra del antropólogo Clifford Geertz, sobre todo a partir de su teoría de la "descripción densa" (Geertz, 1987), contenida en la antología de textos Formas de hacer historia, editada por Peter Burke (1993a). Después de aclarar que "las características de la microhistoria demuestran los lazos íntimos que ligan la historia a la antropología" (Levi, 1993, 126), el historiador italiano presenta las consideraciones de Geertz sobre las descripciones que los antropólogos realizan y su característica de "densidad", es decir, interpretativa, haciendo propio el concepto, pero sin llegar al extremo, como hace el antropólogo, de afirmar la imposibilidad de "formular sistemas intelectuales sin recurrir a la guía de modelos de emoción públicos y simbólicos, de manera que tales modelos son elementos esenciales utilizados para dar sentido al mundo" (Lévi, 1993, 129); lo que llevaría a la De cualquier manera, ingenuos unos o complicados los otros, los historiadores "intranquilos" insistieron en leer a los antropólogos y utilizar algunos de sus aportes, aunque con polémicas de un lado y del otro. Pensamos, por ejemplo, en el debate que se dio en el Journal of Interdisciplinary History, en 1975, sobre la utilización de ejemplos etnográficos por parte de Keith Thomas en su Religion and the Decline of Magic (1971), criticado por Hildred Geertz por "haber tomado, en palabras de Thompson, prestados enfoques de varias escuelas antropológicas dispares, cuando lo que se supone que tendría que haber hecho es haberse mantenido bajo la disciplina de una sola de ellas. Sin una disciplina teórica coherente tales préstamos revelan un oportunismo empírico o un mero amateurismo. La brujería debe ser explicada de esta o de aquella manera; no estamos autorizados a jugar con varias categorías de interpretación alternativas, tomadas de teorías antropológicas incompatibles" (Thompson, 1989, 81). El comentarista sin embargo está explícitamente del lado de Thomas, aunque está convencido de que "las categorías o modelos derivados de un contexto deben ser probados, refinados, y quizás reformados en el curso de la investigación histórica; por ello debemos ser cautos en su uso por el momento" (ídem), considerando que "el estímulo antropológico no surte su efecto en la construcción de modelos, sino en la localización de nuevos problemas, en la percepción de problemas antiguos con ojos nuevos..." Sin embargo, aunque nos parece que recibir un estímulo para reconsiderar el planteamiento de los problemas a partir del aporte antropológico es deseable, permanece el problema de cómo construir conscientemente los datos sin una teoría explícita, ya que, como bien dijo Burke: "Los historiadores tradicionales a menudo niegan que tengan alguna relación con los modelos, pero en la práctica muchos de ellos usan modelos, como M. Jourdain usaba la prosa, sin darse cuenta de ellos. Sin embargo, a pesar de que eviten la palabra 'modelo', se permiten utilizar términos generales como 'feudalismo' y 'capitalismo','Renacimiento' e 'Ilustración', o hablar sobre la forma 'clásica' o 'de libros de texto' de un fenómeno social como la manor (casa señorial) medieval. El utilizar modelos de esta forma, sin ser conscientes de su estatus lógico, a veces ha llevado a los historiadores a dificultades innecesarias" (Burke, 1987, 41). La necesidad de explicitar la teoría o los modelos interpretativos en la recopilación de datos estriba precisamente en la descripción), como parece indicar cuando sugiere que las "micronarraciones" permitirían esa densidad, aunque la "reducción de escala no adensa de por sí una narración" (Burke, 1993c, 300). En verdad, en la propuesta de Geertz, la "descripción densa" atañe sobre todo a la "interpretación", sea ésta de los actores sociales implicados en acontecimientos específicos, como la de los antropólogos, ocupados en describir etnográficamente (a menudo sin consciencia que están ya interpretando) y, después, interpretar etnológicamente. "El derecho de la relación etnográfica a que se le preste atención no depende de la habilidad que tenga su autor para recoger hechos primitivos en remotos lugares y llevarlos a su país, como si fueran una máscara o una escultura exótica, sino que depende del grado en que ese autor sea capaz de clarificar lo que ocurre en tales lugares, de reducir el enigma -¿qué clase de hombres son ésos?-al que naturalmente dan nacimiento hechos no familiares que surgen en escenarios desconocidos... Si ésta es descripción densa y los etnógrafos son los que hacen las descripciones, luego la cuestión fundamental en todo ejemplo dado en la descripción (ya se trate de una nota aislada de la libreta de campo, o de una monografía de las dimensiones de las de Malinowski) es la de saber si la descripción distingue los guiños de los tics y los guiños verdaderos de los guiños fingidos. Debemos medir la validez de nuestras explicaciones, no atendiendo a un cuerpo de datos no interpretados y a descripciones radicalmente tenues y superficiales, sino atendiendo al poder de la imaginación científica para ponernos en contacto con la vida de gentes extrañas. Como dijo Thoreau, no vale la pena dar la vuelta al mundo para ir a contar los gatos que hay en Zanzíbar" (Geertz, 1987, 29). Pienso que, en vista de la periódica vuelta de la narración en el campo historiográfico, así como de la descripción etnográfica sin pretensiones interpretativas, por lo menos conscientes, o nomotéticas, se hace necesario volver a estos temas con la consciencia, como dice Reynoso en su crítica a Geertz: "Los hechos no hablan a menos que los interrogue una teoría, como los significados no proliferan a menos que actúe un método interpretante (expresable, comunicable y replicable en tanto método)..." (Reynoso, 1995, 22). antropología interpretativa, según la lectura de Lévi, a "la renuncia a cualquier intento de construir modelos y establecer las reglas formales del juego de la interpretación y la comunicación" (Lévi, 1993, 134). Por esto, piensa que "una de las principales diferencias de perspectiva entre la microhistoria y la antropología interpretativa es que ésta ve significados en los signos y símbolos públicos, mientras que la microhistoria intenta definirlos y medirlos por referencia a la multiplicidad de representaciones sociales que generan" (Lévi, 1993, 132) 11. Resulta interesante esta crítica, entre otras sobre el relativismo, que un historiador formula a un antropólogo, ya que coincide con otras que a la antropología interpretativa y a la "descripción densa" han sido expresadas desde el mismo campo disciplinar, aunque a partir de otras corrientes antropológicas (Reynoso, 1995). De hecho, que las descripciones sean interpretativas lo sabíamos ya tanto antropólogos como historiadores y "el problema, como dice Lévi, reside más bien en cómo podríamos elaborar un paradigma que gire sobre el conocimiento de lo particular sin renunciar a la descripción formal y el conocimiento científico de ese mismo particular" (Lévi, 1993, 141). Sobre estos aspectos de la relación entre antropología interpretativa e historia, también Burke interviene, en la misma antología citada, con un texto sobre Historia de los acontecimientos y renacimiento de la narración (Burke, 1993c), para matizar la fuerza totalizante de la propuesta de Geertz insinuando que así como hay "descripciones densas" lo mismo las hay "fluidas": "La narración, como la descripción, podría calificarse de más o menos 'fluida' o 'densa'. En el polo fluido del espectro tenemos la mera observación de un libro de anales, como los de la Crónica Anglosajona, donde se lee:'En este año Ceowulf perdió su reino'. En el otro extremo hallamos relatos (demasiado escasos hasta el momento) construidos deliberadamente para soportar un gran peso interpretativo" (Burke, 1993c, 297). Más allá del hecho de que, por ejemplo, en el caso latinoamericano, los ejemplos de "narración densa", entendida de esta manera, existan en abundancia -basta pensar en los Cronistas de la conquista-tengo la sospecha de que la lectura de Burke se refiere solamente a un aspecto de la teoría de Geertz (la densidad de los "textos" expresados, es decir, la de los "guiños" de los actores social de Ryle) y menos a la descripción etnográfica (la densidad implícita de las representaciones", término que, en su utilización historiográfica, confunde a menudo modelos culturales, discursos culturales y hasta ideologías. Ha sido tanta la fuerza de estos movimientos disciplinarios en el campo historiográfico que se le ha ido reduciendo el campo a los mismos antropólogos, tanto que cada vez más hay historiadores que se interesan por el presente, aunque esa definición de "historia instantánea" que algunos utilizan no es de las más felices. Precisamente a partir de la última observación, vale la pena citar un aporte que pensamos importante para nuestro recorrido: un historiador que se interesa por el presente. Queremos referirnos a Carlo Ginzburg con su texto El juez y el historiador, sobre el caso Sofri (Ginzburg, 1993). Ginzburg ha desempeñado un rol fundamental en la producción del enfoque historiográfico llamado microhistoria, donde se han conjugado una reducción de escala en la delimitación de los objetos de estudio con una explícita referencia a la vivencia cultural de individuos y pequeños grupos humanos. Más allá de las críticas metodológicas, en parte acertadas, la investigación que lleva el nombre de El queso y los gusanos (1996) constituye un ejemplo importante de sensibilidad antropológica que hace de Menocchio un personaje no fácil de olvidar, más allá de que se trata de una "construcción" que tanto debe a los documentos inquisitoriales como a la trayectoria vivencial del mismo autor. Después de haber buceado a lo largo del pasado italiano y europeo de la temprana modernidad, con especial atención a los procesos inquisitoriales, y de haber sugerido la utilidad metodológica del llamado "paradigma indiciario", Ginzburg se siente impelido, por motivos declaradamente personales, a examinar las actas del largo proceso a Adriano Sofri, acusado de ser la mente detrás del asesinato del jefe de policía Calabresi, en los años setenta, italianos, llamados de "plomo". Es opinión compartida que los varios procesos contra Sofri han sido plagados de problemas de procedimiento y las actas registran con abundancia lo que Ginzburg, siguiendo las mismas requisitorias, define irónicamente como "pequeños errores" (Ginzburg, 1993, 28). No viene al caso aquí discutir los resultados de estas indagaciones, sino apuntar a que un material documental del presente es sometido al análisis de un experto en documentos del pasado. Valdría aquí la pregunta sobre cuál sería la diferencia entre esta mirada microhistórica y la del antropólogo, ya que este último, en su lugar, analizaría los documentos del proceso, vería las miRadas y campOs de estudiOs: cOnveRgencias pOsibles O iRReductibles Como cualquier reconstrucción del pasado, la elaborada en las páginas anteriores es personal y deriva de dos criterios más o menos conscientemente elegidos: el primero se refiere a la búsqueda de asideros para valorizar una perspectiva disciplinar actual, aunque estos son asumidos como pretéritos, lo que implica producir un efecto de superación sin negación; el segundo deriva de una constatación, tal vez un poco exagerada, que, sin embargo, puede servir a los fines de nuestra discusión. En la historia de la relación, ya se dijo ambigua, entre antropología e historia, lo que quiere decir entre antropólogos e historiadores, las discrepancias han sido más pretexto para delimitar campos disciplinares y cuotas de poder universitario que real discusión sobre las diferencias epistemológicas. Además, visto el desinterés de los antropólogos, para decirlo en términos coloquiales, la pelota quedó solamente en el campo de los historiadores, quienes continuaron en busca de teorías que dieran sentido a su eterna búsqueda de los "hechos", mirando esperanzados a los desentendidos colegas del campo limítrofe. El silencio de los antropólogos, a partir sobre todo de los años ochenta, les obligó a experimentar por su cuenta la utilización de textos más o menos clásicos de la antropología en búsqueda de ejemplos que sirvieran para entender e interpretar fenómenos superficialmente parecidos, pero producidos en contextos diferentes, lo que terminaba por banalizar la comparación ya que, como diría Lévi-Strauss, "un hacha, en cambio, no engendra nunca otra hacha". No son los objetos o los acontecimientos, cada uno con su contexto de sentido, los que son comparables, sino su representación (Lévi-Strauss, 1995, 52). A esta misma conclusión parecen haber llegado también algunos historiadores sociales, aunque permanecen algunos problemas de coherencia epistemológica sobre la realidad que el término "representación" expresa. De cualquier manera, ha habido un intento, más o menos explícito, de construir modelos que dieran cuenta de realidades más o menos olvidadas por los historiadores políticos: "historia de las mentalidades", aunque las debilidades del término de Lévi-Bruhl son obvias; "historia de las sensibilidades", aunque hay un problema de transposición del mundo psicológico individual al mundo de lo social; y hasta "historia la realidad por ellos designada o representada. Pues bien, estas relaciones nunca son obvias: definirlas en términos de representación sí que sería ingenuo. Sabemos perfectamente que todo testimonio está construido según un código determinado: (alcanzar la realidad histórica o la realidad) directamente es por definición imposible. Pero inferir de ello la incognoscibilidad de la realidad significa caer en una forma de escepticismo perezosamente radical que es al mismo tiempo insostenible desde el punto de vista existencial y contradictoria desde el punto de vista lógico: como es sabido, la elección fundamental del escéptico no es sometida a la duda metódica que declara profesar" (Ginzburg, 1993, 22-23). Resulta interesante constatar que a las mismas conclusiones había llegado un antropólogo que se ha interesado del pasado, como es el caso de Marshall Sahlins y su reconstrucción de la muerte del capitán Cook en Tahití en 1778 (Sahlins, 1988). Retomando la discusión sobre acontecimiento y estructura, Sahlins se pregunta en qué relación se encuentran los dos términos, llegando a la conclusión de que "el acontecimiento es una relación entre un suceso y una estructura (o varias estructuras): un englobamiento del fenómeno en sí mismo como valor significativo, del que se deduce su eficacia histórica específica", proponiendo interponer "un tercer término entre estructura y el acontecimiento: la síntesis situacional de los dos en una 'estructura de la coyuntura'" (Sahlins, 1988, 14). De manera explícita el concepto de coyuntura difiere un poco del de Braudel, ya que se trataría de "la realización práctica de las categorías culturales en un contexto histórico específico, como se expresa en la acción interesada de los agentes históricos, incluida la microsociología de su interacción" (ídem). La cercanía con la postura de Ginzburg es evidente, lo que hace posible delimitar un campo interesante de interacción entre las dos miradas disciplinares a partir, esta vez, de dos epistemologías conmensurables, donde la atención a la realidad de los procesos tiene en cuenta tanto la materialidad de las interacciones como las representaciones que de ellos se hacen culturalmente individuos o grupos, dando por adquirida y necesaria la noción de inconsciente 12. Ésta nos parece la misma dirección indicada por Burke en varias de sus obras, sobre todo cuando, identificando las deficiencias del funcionalismo, advierte del "peligro de estudiar la vida social desde fuera sin tener en cuenta las intenciones de los 'actores' o sus definiciones de la situación" (Burke, 1987, 31), además de estar convencido que grabaciones de las diferentes sesiones, leería los periódicos y, sobre todo, escucharía lo que la gente común tiene que decir sobre el caso. Esto es precisamente lo que Ginzburg ha hecho y con buenos resultados. En verdad, y en esta investigación sobre todo, Ginzburg parece ser consciente de que su mirada se ha ampliado. Así, rememorando la tradición antigua que ve el trabajo del historiador homólogo al del juez, Ginzburg pone su experiencia en el análisis de los procesos inquisitoriales al servicio de un examen de las actas de un procedimiento contemporáneo a su misma vivencia. Sin embargo, no en el sentido estricto de la homología citada: "El modelo judicial tuvo dos efectos interdependientes sobre los historiadores. Por una parte les indujo a centrarse en los acontecimientos (políticos, militares, diplomáticos) que en cuanto tales podían ser atribuidos sin demasiadas dificultades a la actuación de uno o más individuos; por otra, a descuidar todos los fenómenos (historia de los grupos sociales, historia de las mentalidades y así sucesivamente) que no encajaban en esta pauta explicativa" (Ginzburg, 1993, 20). Aunque puede parecer reductivo, nos parece que lo que esa historiografía se olvidaba es precisamente del objeto de estudio de la antropología, es decir, la cultura. De hecho, el mismo Ginzburg, paseándose por los ejemplos de la historiografía de los Anales, hace referencia a los "acontecimientos fantasmales", "la imagen que de ellos se hacía una miríada de individuos anónimos" (Ginzburg, 1993, 21), haciendo hincapié en su "eficacia simbólica", término precisamente empleado por Lévi-Strauss en un texto con este mismo título contenido en su Antropología estructural. En verdad, Ginzburg se está refiriendo a las "representaciones", concepto muy utilizado por los antropólogos desde por lo menos el mismo Durkheim, y que los historiadores franceses y norteamericanos han puesto en auge, aunque a menudo olvidando la necesidad de anclarlas en una realidad etnográfica concreta. Como escribe Ginzburg, y esto vale también para los antropólogos interpretativos: "La fuente histórica tiende a ser examinada exclusivamente en tanto que fuente de sí misma (según el modo en qué ha sido construida), y no de aquello de lo que se habla. Por decirlo con otras palabras, se analizan las fuentes (escritas, en imágenes, etcétera) en tanto que testimonios de 'representaciones' sociales; pero al mismo tiempo se rechaza, como una imperdonable ingenuidad positivista, la posibilidad de analizar las relaciones existentes entre estos testimonios y creencia en la autonomía de las representaciones, su evolucionismo y etnocentrismo (Burke, 2006, 217-222)-que, en positivo, diseñan una disciplina que podríamos bien llamar "antropología histórica", a secas. De hecho, el mismo Burke, recorriendo los problemas y alcances de la "Historia cultural", sugiere implícitamente su necesaria transformación en "historia antropológica" (Burke, 2006, 241). Asumiendo esta sugerencia y ampliándola, podríamos llegar a la conclusión de que todos estos enfoques pueden desembocar en una disciplina unitaria con dos vertientes: una antropología histórica que se interese de estudiar la sociedad en su "sincronía", cruzando los niveles estructurales con los conformados por los acontecimientos; y una historia antropológica que apunte su mirada hacia los cambios sociales y culturales, intentando una explicación antropológica de los mismos, sin desvalorizar el impacto de los cambios económicos y políticos y, naturalmente, las experticias historiográficas que sobre estos se han producido. Esta confluencia disciplinar no puede pasar por alto el problema de la diferencia de método, sobre todo en cuanto se refiere al llamado "trabajo de campo" de los antropólogos, es decir, la convivencia con la gente investigada (o "en que se estudia", para recordar la proposición de Clifford Geertz) que definiría la diferencia metodológica entre la disciplina historiográfica y la antropológica. Volvemos así al comienzo de nuestro recorrido, al Malinowski que teorizaba el método antropológico descalificando los métodos historiográficos de conocimiento de la realidad social y cultural. No cabe duda de que el impacto emocional de la convivencia favorece la producción de una sensibilidad especial hacia la diferencia, que es base de cualquier mirada relativista, permitiendo no sólo ver a los otros en acción, sino también percibir con mayor facilidad la manera en que los actores miran su mundo y el mundo de los demás. En este sentido, y a fines sobre todo didácticos, una previa experiencia antropológica de campo para cualquier historiador podría redundar en una mayor capacidad de comprensión de la diversidad temporal ya que, como escribe Burke, "la cuestión es que para comprender el comportamiento de la gente de otras culturas no basta con ponerse en su situación; también es necesario imaginar su definición de la situación, verla a través de sus ojos" (Burke, 2006, 216) 13. Sin embargo, ante la importancia de lo anterior, cabe también observar que, a fin de cuentas, lo que el antropólogo "el cambio está estructurado, y las estructuras cambian" (Burke, 1987, 11). Y, finalmente, describe de la siguiente manera, a comienzo de los noventa, la perspectiva de los historiadores sociales, entre los cuales se adscribe: "Lo común a estas formas de abordar la cuestión es su interés por el mundo de la experiencia ordinaria (más que por la sociedad en abstracto) en cuanto punto de partida, junto con un empeño por considerar problemática la vida diaria, en el sentido de mostrar que el comportamiento o valores dados por supuestos en una sociedad se descartan como en otra como evidentemente absurdos. Ciertos historiadores, al igual que los antropólogos sociales, intentan en la actualidad desvelar las reglas latentes de la vida cotidiana (la 'poética' de cada día, en expresión del semiólogo ruso Juri Lotman) y mostrar a sus lectores cómo se es padre o hija, legislador o santo en una determinada cultura. En este punto, la historia social y cultural parecen disolverse la una en la otra. Algunos de quienes las practican se describen como 'nuevos' historiadores de la cultura; otros como historiadores 'socioculturales'. En cualquier caso, el impacto del relativismo cultural en la historiografía parece ineludible" (Burke, 1993b, 25). Evidentemente, nos encontramos en un ambiente que podemos bien definir como antropológico, entendiendo con esta caracterización: (a) la vida social y cultural como objeto de estudio, con atención a las prácticas sociales y a las representaciones culturales; (b) una atención metodológica particular a las "voces" de los actores sociales, es decir, atención a la vivencia y a las ideas que alrededor de ella circulan en la sociedad local; (c) un interés tanto por las ideas conscientes como por los niveles inconscientes que las definen; y (c) la necesidad de una teoría previa, aunque no constrictiva, del objeto elegido. Burke, en su análisis de la "historia de las mentalidades", corrobora de alguna manera nuestras conclusiones cuando identifica características similares en esta corriente que también propone definir como "antropología histórica de las ideas" (Burke, 2006, 208). Sin embargo, precisamente esta referencia a las "ideas" lo hace afirmar críticamente que "la primera observación que cabe hacer sobre la historia de las mentalidades es que algo debe ocupar el espacio conceptual entre historia de las ideas e historia social a fin de no tener que elegir entre una historia intelectual que excluye a la sociedad y una historia social que excluya el pensamiento" (Burke, 2006, 210). A estas críticas añade otras -la sobrevalorización de la homogeneidad social, la poca atención al cambio social, la implícita que se ocupe de las tradiciones, pero deje margen para su continua reinterpretación, y que tenga en cuenta la importancia de las consecuencias no intencionales en la historia de la escritura histórica además de en la historia política" (Burke, 2006, 16). 11 Sobre el trabajo etnográfico, afirma Clifford Geertz: "Lo que en realidad encara el etnógrafo (salvo cuando está entregado a la más automática de las rutinas que es la recolección de datos) es una multiplicidad de estructuras conceptuales complejas, muchas de las cuales están superpuestas o enlazadas entre sí, estructuras que son al mismo tiempo extrañas, irregulares, no explícitas, y a las cuales el etnógrafo debe ingeniarse de alguna manera, para captarlas primero y para explicarlas después. Y esto ocurre hasta en los niveles de trabajo más vulgares y rutinarios de su actividad: entrevistar a informantes, observar ritos, elicitar términos de parentesco, establecer límites de propiedad, hacer censo de casas... escribir su diario. Hacer etnografía es como tratar de leer (en el sentido de 'interpretar un texto') un manuscrito extranjero, borroso, plagado de elipsis, de incoherencias, de sospechosas enmiendas y de comentarios tendenciosos y además escrito, no en las grafías convencionales de representación sonora, sino en ejemplos volátiles de conducta modelada" (Geertz, 1987, 24). La referencia al "manuscrito extranjero, borroso" pa-ción de estructura en etnología, texto contenido en la misma Antropología estructural, Lévi-Strauss escribe: "El principio fundamental afirma que la noción de estructura social no se refiere a la realidad empírica, sino a los modelos construidos de acuerdo a ésta" (Lévi-Strauss, 1995, 301), distinguiendo tajantemente la noción de estructura de la relaciones sociales. 9 A propósito de la polémica sobre sociedades frías y sociedades calientes, en la entrevista que Viveiros tural (Lévi-Strauss, 1995). De alguna manera, también en el caso de Evans-Pritchard, pasó lo mismo, aunque con menor peso, ya que los dos textos citados fueron publicados en 1962 en la antología Ensayos de Antropología Social (Evans-Pritchard, 1990). 7 Resulta útil acotar que Lévi-Strauss ha sido un constante lector de la obra de los historiadores de los Anales, sobre todo en los años inmediatamente posteriores a la segunda guerra mundial. Véase, por ejemplo, la referencia al libro de Lucien Febvre, Probléme de l'incroyance au XVI siécle, citado como ejemplo de historia cercana a la antropología (Lévi-Strauss, 1995, 71) y la misma invitación a participar en 1983 en las Conférences-Marc Bloch, de la École des hautes études en sciences sociales. 8 Es importante resaltar que las equivocaciones, producidas también por el uso ambiguo de ciertas definiciones del mismo Lévi-Strauss, se refieren también a la existencia empírica o virtual de la estructura. Así, en La no-rece acercar, más allá de las intenciones del antropólogo norteamericano, el trabajo del antropólogo con el del historiador. Sin embargo, aunque Geertz no se haya interesado directamente de sociedades pretéritas, parece tener una resistencia a aceptar esta homología, sobre todo considerando el hecho que la "distancia", temporal en un caso, espacial en el otro, no unifica las dos "otredades", ya que en el caso del pasado, "el Otro se nos aparece como ancestral" (Geertz, 1992, 58). 12 A propósito de Sahlins y del capitán Cook, escribe Burke: "Sahlins nos ha contado una historia con moraleja o, quizá, con dos moralejas. La destinada a los 'estructuralistas' es que deberían reconocer el poder de los acontecimientos, su lugar en el proceso de 'estructuración'. Por otra parte, los defensores de la narración son estimulados a examinar la relación entre los acontecimientos y la cultura en que suceden. Sahlins ha ido más allá de la famosa yuxtaposición de Braudel entre acontecimientos y estructuras. De hecho ha resuelto, o disuelto, la oposición binaria entre estas dos categorías" (Burke, 2006, 304). 13 Escribe Marc Augé: "Todo lo que aleja de la observación directa del campo, aleja también de la antropología, y los historiadores que tienen intereses antropológicos no por eso hacen antropología" (Augé, 1993, 16). Precisamente nuestra sugerencia pretende superar esta apreciación. Amodio, Emanuele (2005): "Extranjero en un país ajeno: Construcción del pasado y realidad histórica desde una perspectiva antropológica", Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, 11(2): 141-157. EL SILENCIO DE LOS ANTROPÓLOGOS. HISTORIA Y ANTROPOLOGÍA: UNA AMBIGUA RELACIÓN
What he RESUMEN: En este artículo se evalúa el tratamiento de lo corporal en la historia desde un reciente pasado foucaultiano hasta el presente. El "giro somático", se argumenta, no sólo puso de moda el cuerpo en los textos de historia sino que cuestionó de manera fundamental la naturaleza misma de la historia como forma de investigación. En este trabajo resumimos primero la concepción anti-esencialista del cuerpo que Foucault desarrolla a través de sus conceptos de "biopoder" y "biopolítica", para después discutir el impacto del giro somático en la nueva historia cultural. Se discute el modo representacionalista de expresión foucaultiano en relación con las reacciones "experienciales" que ha suscitado así como el espacio que se abre para un nuevo y políticamente alarmante tipo de esencialismo, el "presentacionalismo". Se discuten otras dos alternativas posibles para el tratamiento del cuerpo en la historia hoy en día, una radicalmente neo-esencialista y la otra no, dado su esfuerzo por sacar a la luz los aspectos políticos en torno a la contemporánea vida biologizada. PALABRAS CLAVE: Foucault; biopoder; historia de la medicina; historia cultural; representaciones; presentacionalismo; políticas de la vida; biologización.
Four years later, the American Journal of Psychiatry published Ann RESUMEN: El trauma no constituye una forma universal de expresión de los efectos de un "suceso desagradable" sino que es construido socialmente. En el caso de la violación, el trauma psicológico es una forma relativamente reciente de conceptualizar las consecuencias de la agresión. En este artículo se examina el desarrollo de la noción de trauma en manuales psiquiátricos, legales y forenses, a propósito de las víctimas de violación, y se investigan las razones para su relativamente reciente puesta en práctica. PALABRAS CLAVE: Trauma; violación; violencia sexual.
Para hablar del significado y el lugar de la historia cultural de la ciencia quizás no esté de más comenzar por la pregunta preliminar: ¿Existe, es reconocible e identificable una historia cultural de la ciencia? ¿Se trata de una rúbrica à la page, otro modismo pasajero, la penúltima sutileza escolástica con que se trata de relanzar una disciplina algo marginal como es la historia de la ciencia? ¿O por el contrario es una categoría útil que recoge el pulso más actual de uno de los subgéneros historiográficos más innovadores de los últimos tiempos? No 418 ¿QUÉ ES LA HISTORIA CULTURAL DE LA CIENCIA? el dOble vínculO y la Redundancia Vaya por delante que quizás para algunos la fórmula "historia cultural de la ciencia" entrañe algo parecido a una doble constricción, un doble requerimiento o doble vínculo, a double bind, como se dice en inglés, una expresión -dicho sea de paso-acuñada por el antropólogo Gregory Bateson en el ámbito de la psiquiatría terapéutica para referirse a una información paradójica o esquizofrénica, donde una parte del mensaje niega y contradice otra parte del mismo mensaje 1. En efecto, quienes lo entienden así dan por hecha una suerte de oposición entre ciencia y cultura, una relación paradójica o esquizofrénica entre ambas, lo que en cierto sentido es una reminiscencia de la versión popular de la dialéctica entre las dos culturas, originada en la conferencia que dictó Charles P. Snow en el Senate House de Cambridge en 1959 2. Pese a que la polémica entre Snow y C.R. Leavis entrañaba una consideración de la ciencia como cultura, incluso en medios académicos son numerosos quienes todavía presuponen que ciencia y cultura ocupan hemisferios opuestos del conocimiento: uno habitado por la racionalidad, la objetividad, el método y el conocimiento de la naturaleza; el otro por aspectos vinculados a lo subjetivo, lo afectivo y lo creativo, a las artes y las letras. El propio Snow daba carta de naturaleza a esta visión, cuando arrancaba su famoso texto con una confesión francamente reveladora: "Por formación yo era científico; por vocación, escritor". Es un lugar común: una cosa es el mundo del conocimiento, asociado al método, la pedagogía, al logos y a lo público; otra bien distinta el de las artes y las letras, donde adquieren desarrollo aspectos más creativos y afectivos de la personalidad humana, un espacio donde cobran vida el pathos y lo privado. El lenguaje sanciona esta economía binaria: los científicos conocen o descubren; los artistas crean o transmiten emociones; la ciencia transcribe el mundo, la cultura lo recrea. Es preciso dejarlo muy claro: quienes piensan así, creen que detrás de la fórmula historia cultural de la ciencia se ABSTRACT: This essay examines what the cultural history of science is, and points out some of the problems with regard to its correct definition and demarcation. Este ensayo trata de explicar qué es la historia cultural de la ciencia y apunta algunos de los problemas para su correcta definición y demarcación. Destaca algunos términos clave (prácticas y representaciones) y algunas orientaciones significativas (lo visual, lo material, lo simbólico) en el desarrollo de un área de estudios que puede contribuir a entender la ciencia como cultura. Historia cultural de la ciencia; prácticas; representaciones; cultura material; cultura visual. tratan los aspectos culturales de la ciencia, es decir, los que no son científicos estrictamente hablando, una afirmación que niega la mayor, esto es, que la ciencia es cultura. Esa forma de entender las cosas vendría a reproducir otro esquema antiguo, el que oponía a internalistas y externalistas en la historia de la ciencia de mediados del siglo pasado, la clásica dialéctica de la época de la Guerra Fría, como ha señalado Peter Gallison en un artículo reciente 3. Desde esta perspectiva -que aquí estamos caricaturizando, obviamente-los historiadores culturales de la ciencia de ahora -huelga decir-se corresponderían con los externalistas de entonces. Esta visión, finalmente, reproduciría la propia oposición entre naturaleza y cultura. Mientras que por ciencia entendemos el conocimiento de la naturaleza, la expresión historia cultural de la ciencia vendría a recordar cuánto de artificial o de humano hay en este conocimiento de la naturaleza. Así las cosas, resulta explicable que otros muchos, entre los cuales me encuentro, tengamos ideas encontradas (y hasta sentimientos ambivalentes) respecto a la expresión. Guardamos ciertos recelos, lo que resulta paradójico en cierto modo, pues somos considerados historiadores culturales de la ciencia, incluso damos por buena la etiqueta, y sin embargo discrepamos de la forma de entender las cosas recién descrita y advertimos el pleonasmo, la redundancia innecesaria que anida bajo la fórmula historia cultural de la ciencia. Toda historia, por definición, es historia cultural, en la medida en que toda expresión o manifestación de la actividad humana es culturalmente significativa o está instalada en una trama que puede ser leída en términos culturales. Desde el momento en que aceptamos que la cultura (sea cuál sea la acepción de un término elusivo pero no por ello prescindible) viene a ser, como se ha dicho a menudo, la naturaleza del ser humano (no importa si la consideramos primera o segunda naturaleza), habremos de inferir que todo relato histórico recoge o reconstruye, explícita o implícitamente, de manera más diáfana, consciente o todo lo contario, elementos y perfiles de las formas y los significados con que las distintas sociedades o grupos humanos emprenden cualquier actividad. Todo hecho científico, toda teoría o toda práctica relacionada con el conocimiento de la naturaleza es un hecho profundamente cultural. Tal y como también es un hecho social. Podríamos tomar el dictum de Bruno Latour ("hay tanta ciencia fuera como dentro del laboratorio y tanta sociedad fuera como en su seno") y canjear el término cultura por sociedad. En ambas fórmulas se deshace el antiguo binomio internalismo/externalismo y se pone de manifiesto que hablar de historia social o cultural de la ciencia viene a redundar sobre cosas -esta vez sí-que deberíamos dar por supuestas y que quizás no sería necesario enfatizar o subrayar. ¿Por qué se hace entonces? Lo cierto es que también se habla de historia cultural de la ciencia de manera justificada por el giro culturalista que ha experimentado la historiografía en términos generales, así como por el propio desarrollo de la historia de la ciencia en los últimos veinte años, una disciplina que venía de una tradición muy vinculada a la historia de las ideas. Se trataba de un relato que había hecho de la ciencia (y en concreto de la ciencia moderna occidental) una epopeya del pensamiento, una cruzada liberadora de la razón contra la superstición y la ignorancia, en fin, la aventura por antonomasia del género humano (una gesta paradójicamente sin hechos físicos, sino intelectuales). Fijémonos en aquella historia de la ciencia moderna elaborada entre 1920 y 1970, la llamada gran tradición que hunde sus raíces en figuras como Herbert Butterfield, que conecta precisamente con la historia de las ideas de la Johns Hopkins (Lovejoy, Marjorie Hope Nicholson) y que se despliega con propiedad con el gran fresco de la Revolución Científica trazado por Westfall, Bernard Cohen, A.R. Hall o Koyré 4. Era un formato historiográfico característico de una gran narrativa, centrado en ciertos héroes del pensamiento y en sus textos, una historia hecha de descubrimientos, teorías, ideas y palabras. Su inconfundible aliento neoilustrado convertía los hechos del pasado en un relato ascendente y progresivo de carácter emancipador. Reproducía el irremediable ascenso y la difusión de las luces. Frente a dicho formato surgieron nuevas propuestas de entender y practicar la disciplina desde mediados de la década de 1980, algunas de las cuales han terminado por ser calificadas como historia cultural de la ciencia, un dos a la antigua historia de las mentalidades (¿acaso la Historia del miedo en Occidente de Delumeau no es una historia cultural?), hasta la nueva historia del libro y la cultura escrita (Chartier), pasando por la sombra alargada de Foucault y el postestructuralismo. La historia cultural en el mundo anglosajón, por su parte, es otro repertorio de tradiciones que guardan relación unas con la historia del arte (con Panofsky, Gombrich y el Instituto Warburg), otras con los estudios sobre cultura popular (como los del propio Burke e incluso E.P. Thompson) o con los trabajos del americano Robert Darnton sobre el episodio de la matanza de los gatos en la época de la Revolución francesa o el negocio editorial de la Enciclopedia, por citar algunos referentes conocidos. Precisamente y a propósito de Darnton, la historia cultural debe mucho al giro antropológico de las ciencias sociales y en concreto a la antropología simbólica. Tras el estructuralismo, la obra de Clifford Geertz, La interpretación de las culturas (1973), marcó un hito en este sentido y sigue siendo un referente obligado. La descripción densa con que retrató las famosas peleas de gallos en Bali tuvo la virtud de desvelar el juego profundo y la pluralidad de significados que se movilizaban tras algo aparentemente trivial. La acción social pasaba a ser vista como un discurso al que el etnógrafo -o cualquier estudioso de la conducta humanase enfrentaba con el objeto de interpretar sus significados. Los significados, los ritos y los símbolos se introducían así en la agenda de todos los estudiosos e historiadores de la cultura. El propio Geertz reconocía que su punto de vista nacía del interés creciente que, dentro de la antropología, pero también en el resto de las ciencias sociales, había logrado despertar el papel de las formas simbólicas en la vida humana 6. Cierto que ese interés se había desatado ya desde el estructuralismo y la obra de Lévi-Strauss, pero el acento científico, explicativo, se trasladó hacia una orientación más weberiana, más autoconsciente de la inconmensurabilidad de la acción humana y más próxima al sentir de las ¿cómo llamarlas? Sucede, sencillamente, que algunos historiadores siempre se reconocieron mejor (nos hemos reconocido mejor, para qué ocultarlo) en quienes -como Geertz-defendieron que su tarea o la nuestra, más que una ciencia experimental en busca de leyes, era una ciencia interpretativa en busca hecho que sin duda obedece al doble influjo de la historia cultural y los estudios culturales -dos campos muy diferentes-y que sin embargo tiende a esconder o a maquillar un dato fundamental: que el énfasis sobre la dimensión cultural en los estudios históricos de la ciencia se debió en un primer momento y fundamentalmente al impacto de los SSK (estudios sociológicos del conocimiento científico), al doble giro antropológico, pero también sociológico que experimentó la historia de la ciencia como disciplina 5. Así tenemos, por chocante que pueda parecer, que cuando se habla de historia cultural de la ciencia se está haciendo referencia a un dominio ciertamente difuso donde confluye una amalgama de miradas alternativas a la historia de la ciencia more tradicional (vinculada a la historia intelectual y de las ideas), marcadas en cierto modo por los SSK, aunque también -como es lógico-por la antropología, los estudios culturales y la propia historia cultural (Dear, 1995, 159; Golinski, 1998, 162-170). Tenemos el caso sintomático de la UCLA, en cuyo departamento de historia se creó a principios de los'90 un Center for the Cultural History of Science que rápidamente fue rebautizado como Center for Cultural Studies of Science, Technology, and Medicine. Si echamos un vistazo a los programas de doctorado de historia de la ciencia en todo el mundo, veremos que muchos incluyen asignaturas bajo sendas fórmulas. Respecto a los estudios culturales, no parece exagerado afirmar que son un cajón de sastre en todo el mundo. Originalmente remiten a Birmingham, donde allá por 1964 se creó el Center for Contemporary Cultural Studies, dedicado al estudio simultáneo del cine y los media, los museos, la comunicación y la teoría social, un tipo de estudios deudores de la Escuela de Frankfurt con un acento político determinado. Por el contrario, los actuales estudios culturales en Estados Unidos están más relacionados con la crítica literaria, los estudios de género y las culturas marginales. La historia cultural, a su vez, también comprende temas y trabajos muy dispares. Por un lado remite a cierta tradición germánica o centroeuropea. Pensamos en Burkhardt, naturalmente, en el propio Norbert Elias, pero también en Huizinga, incluso en Cassirer. En Francia, por ejemplo, se encuentran ejemplos muy diversos, desde los más liga-Las comunidades científicas, sus reuniones y actividades, podían ser tratadas con la mirada etnográfica de quien trataba de descifrar la conducta significativa -pongamos por caso-de una tribu en la Polinesia. Frente a la manera wigh (presentista) de abordar la tradición científica occidental, esa manera convencional de rescatar y proyectarse sobre los antecedentes de nuestras formas actuales de conocimiento, la historia cultural de la ciencia ha tratado de acogerse a un lema antropológico que Shapin y Schaffer ejercieron como pocos: play the stranger. El caso de los viajes también es un buen ejemplo. Siempre se ha sabido que buena parte de la geografía, la cartografía, la historia natural e incluso la astronomía moderna se habían nutrido de las observaciones y noticias recopiladas por los viajeros y los exploradores. Sin embargo, la antigua historia de la ciencia, centrada en los resultados y no en cómo se habían generado, tendía a silenciarlos o al menos no los situaba en el centro del relato. Hoy día, la proliferación de estudios sobre viajes y prácticas viajeras en el seno de la nueva historia cultural de la ciencia no sólo es proverbial, sino también sintomática (Elsner y Rubies, 1999). Unos agentes y una actividad antes considerados menores resultan ahora de gran interés. En realidad, toda la actividad científica tiende a ser vista hoy como una actividad que se comunica y se desplaza: la circulación del conocimiento ha devenido en uno de los grandes tópicos de la historia de la ciencia actual (Secord, 2004). Otro tanto podría decirse de las prácticas sociales de los científicos o de la propia actividad científica como práctica social, cuyo nacimiento en la temprana Edad Moderna ha sido dibujado en el contexto de las relaciones de corte y las de mecenazgo, como es el caso del libro de Mario Biagioli, Galileo Courtier. Así que el acento se ha ido desplazando desde el qué al cómo, siendo éste uno de los rasgos más distintivos de una nueva historia de la ciencia que, como vemos, tiene tanto de cultural como de social. Hoy día los historiadores ya no se preocupan tanto de los contenidos de la ciencia como de las formas con que los obtuvieron quienes los crearon, constatando por otra parte la estrecha relación -por no decir la fuerte dependencia-que hay entre lo uno y lo otro. de significado. Esta mirada nos resulta más ajustada a la naturaleza de nuestro objeto de estudio, esto es y precisamente: más cultural. No sería difícil detectar la influencia de algunos de estos ejemplos en la historia cultural de la ciencia, en absoluto un campo bien definido y delimitado como estamos viendo, pero sí al menos una perspectiva o una manera de acercarse al pasado de la ciencia marcada por una serie de estrategias, preguntas, puntos de atención y tópicos recurrentes. Quizás sean los dos términos más repetidos en los últimos años: prácticas y representaciones. La historia cultural de la ciencia los emplea por razones fáciles de explicar. La noción de práctica viene a recordar algo tan elemental como que los científicos no sólo hablan, no sólo dicen que hacen cosas, sino que también las hacen. Las "prácticas experimentales" o las "prácticas médicas", las "prácticas de la historia natural" o las "prácticas de observación astronómicas", cualquier escenario se ha transformado en un campo idóneo para estudiar el comportamiento de los científicos y las formas de producir conocimiento. El libro de Shapin y Schaffer, El Leviatán y la bomba de aire (1985), sigue ocupando un lugar destacado en este capítulo. El extrañamiento de la mirada antropológica sobre lo que hacían Boyle y el resto de los honorables caballeros en el laboratorio, así como el desplazamiento del interés desde las palabras y los textos hacia las reglas sociales que rigen las relaciones en las comunidades y el manejo de los instrumentos, convirtieron la vida experimental en un espacio abonado para indagar cuánto de artificial hay en la elaboración del conocimiento natural. La ciencia moderna, en cierto sentido, abandonaba aquel aire estilizado, abstracto, evanescente, para transformarse en una actividad sometida a una serie de contingencias sociales y materiales. Y también dejaba de estar fijada a la palabra escrita y la teoría. Dejaba de ser exclusivamente una historia textual o libresca para convertirse también en la historia de cómo se realizó tal o cual experimento y cómo se replicó en otro espacio o en otro momento, bajo otras circunstancias. cultuRa visual y mateRial El énfasis en las formas de producción y comunicación de conocimiento, en sus medios de representación, así como la fuerte conciencia de que la ciencia no sólo se dice -se enuncia-sino que fundamentalmente se hace, ha motivado una apreciable deriva hacia las dimensiones visuales y materiales de la ciencia. En realidad, la deriva podría ampliarse hacia sus aspectos físicos, tangibles o visibles. Forma parte de la reacción comentada arriba contra la ciencia entendida como una abstracción, un producto inmaterial procedente del intelecto. Las manos y los ojos, los soportes materiales y las propias cosas han entrado en escena para los historiadores de la ciencia, de la misma forma que lo han hecho otros elementos relacionados con lo físico y lo sensible (así, el cuerpo, el espacio, la arquitectura y todo lo vinculado a los lugares donde se produce la ciencia, puesto que la propia noción de cultura tiende a resaltar lo local frente a lo universal). Respecto a lo visual, qué duda cabe que vivimos una era de expansión del mundo de la imagen (Rodríguez de la Flor se refería a ello como una "hiperplasia de la imagen"). Los estudios visuales han penetrado con fuerza en la historiografía y en términos generales podemos decir que hoy día los historiadores han dejado de considerar las imágenes como ilustraciones, para tratarlas como fuentes, susceptibles de ser interrogadas, leídas e interpretadas como si fueran un texto. En historia de la ciencia moderna se citan además otras circunstancias que han contribuido a revalorizar la imagen, la vista y las artes visuales. Al fin y al cabo, como afirma Norton Wise en la introducción de un monográfico de la revista Isis dedicado a la ciencia y la cultura visual, "gran parte de la historia de la ciencia puede ser escrita en términos de cómo se hicieron visibles cosas nuevas" 7. Tenemos la propia importancia que los partidarios de la filosofía natural moderna concedieron a los hechos sensibles sobre la autoridad de la palabra escrita. El contacto directo con los fenómenos naturales frente al saber textual -el triunfo del libro de la naturaleza frente al Libro-condujo a exaltar la cultura visual. Se inventaron y perfeccionaron nuevos instrumentos y métodos de observación. No casualmente, una de las primeras academias científicas se Ligado en cierta manera a esta preocupación por las formas de producción de conocimiento, aunque también motivado por el giro lingüístico y la influencia de la semiótica y del llamado literary criticism, tenemos el segundo término, representaciones, un término verdaderamente polisémico y polifónico. La historia de la ciencia también se ha visto anegada por este concepto tan cargado desde la epistemología y la filosofía del lenguaje. Su sola mención pone sobre la mesa un hecho notable, la cercanía entre la actividad científica, la pintura, la poesía, la narrativa de ficción, el teatro y en general cualquier actividad humana impregnada por la poética y la retórica. Se han multiplicado los estudios que subrayan cómo el lenguaje y el discurso científico, lejos de mimetizar los fenómenos naturales estudiados, lejos de copiarlos asépticamente, los fabrican o si se prefiere los reconstruyen con el ánimo de persuadir o convencer a una comunidad (de expertos o legos, según el caso). Es decir, el lenguaje científico hace cosas (interviene sobre la realidad) y está dotado de los mismos aspectos comunicativos que cualquier otro lenguaje. Es un lenguaje, en este sentido, poético y retórico. Esto explica que se hayan estudiado las técnicas literarias de comunicación científica, la retórica de la objetividad, la prosa o la estructura narrativa de los escritos científicos. Palabras como argumentación o metáfora son hoy día comunes en los estudios culturales de la ciencia. Precisamente y a modo de ejemplo, podemos citar el libro Darwin's Metaphor: Nature's Place in Victorian Culture (1985), un texto que trató de superar las divisiones disciplinares actuales para estudiar el darwinismo dentro de un amplio sistema de valores y referencias culturales en la época victoriana. No es casual que su autor, Robert M. Young, sea el editor de la revista británica Science as culture, una de las publicaciones periódicas donde tienen cabida trabajos de esta nueva orientación. Tampoco es casual que otra revista se llame precisamente Representations, editada en la UCLA. Pese a no estar centrada en historia de la ciencia, resulta ilustrativo ver cómo entre sus tópicos se encuentran mezclados algunos de los más recurrentes dentro de los estudios culturales y la historia cultural: junto a los estudios de ciencia y tecnología, tenemos los de género, cuerpo y sexualidad, raza y etnicidad, historia y memoria, narrativa y poética, cultura visual, etc. Por último, es evidente que dicha orientación visual, iconográfica e incluso iconológica de los estudios sobre el pasado de la ciencia ha discurrido en paralelo con la revalorización de la cultura material. Si nos preocupa cómo se obtiene el conocimiento, nada más normal que nos interese con qué procedimientos y medios materiales se obtiene. Esto explica el lugar central que han adquirido los instrumentos en la nueva historia de la ciencia. Los instrumentos no son ya sólo "teoremas rectificados", como quería Bachelard, sino que han pasado a soportar toda una trama de ideas, prácticas, negocios y relaciones sociales que forman parte de la actividad científica. La construcción, venta y difusión del instrumental científico, así como su empleo y el conjunto de reglas no escritas que comporta éste para que las observaciones o los experimentos puedan ser replicados, forman parte de la literatura común hoy día en historia de la ciencia. Se escriben artículos y libros sobre la historia cultural del barómetro o el microscopio. Hemos aprendido detalles decisivos sobre los prismas con que Newton realizó el experimento crucial para descomponer la luz y demostrar su teoría del color. La historia cultural de la ciencia tiene en la historia cultural de la tecnología más que un apéndice o un derivado. Igualmente, los historiadores de la medicina estudian los modelos anatómicos de cera; los de la biología y la geología los fósiles y su comercio a través de las redes científicas y diplomáticas del siglo XIX. Se han multiplicado los estudios sobre coleccionismo y repositorios de objetos y productos naturales en gabinetes de curiosidades y museos de historia natural. Al igual que Appadurai reivindicaba una historia social de las cosas, los historiadores de la ciencia hemos acabado por trazar biografías de objetos científicos, haciendo hablar a esos spechless objects, testigos antes mudos donde ahora se precipitan y proyectan relatos inéditos, discursos reveladores de los propósitos y las condiciones con que fueron fabricados o adquiridos, puestos en circulación o exhibidos. En la introducción de uno de los textos que sirve para ilustrar este apartado, Things that talk. Objects lessons form Art and Science (2004), Lorraine Daston, su editora, reconocía que su "colección de ensayos afronta y da por hecha la paradoja de que las cosas son materiales y a la vez están dotadas de significado. Asumimos que la materia tiene significado y viceversa" 8. llamó los Lincei, una elección que nos recuerda el papel de la agudeza visual en los tiempos fundacionales de la nueva ciencia. Se generalizó la idea de que las imágenes representaban las cosas de manera más fidedigna que el lenguaje y el discurso. Recordemos la cruzada de los modernos contra la retórica escolástica y el "ruido del mundo". A falta de la presencia real de un objeto o un fenómeno, se llegó al acuerdo de que las imágenes los sustituían mejor que las palabras. Merecían mayor crédito, tenían un estatus epistemológico de mayor rango. Desde entonces, la alianza entre iconografía y verdad se convirtió en un artículo de fe compartido por los partidarios de la ciencia moderna. La relación entre ciencia y arte es mucho más acusada de lo que nuestra economía binaria está dispuesta a admitir. Si pensamos en lo que supuso la revolución de la pintura en el Renacimiento, la alianza entre el dibujo y los tratados de medicina, botánica e historia natural, no tardamos en apreciar la importancia de lo artesanal y lo artificial en la confección del conocimiento, ese dios otrora incorpóreo que sólo desde tiempos recientes estamos aprendiendo a dotar de forma, color, peso y medida, en una palabra, a materializarlo. ¿Y qué decir de la estampa y el grabado? El mecanismo de reproducción de la imagen ideado a finales del siglo XV fue tan decisivo en su día para la implantación y la expansión de la ciencia moderna, como luego ha sido ocultado por la historiografía tradicional de la Revolución científica, centrada en la imprenta de tipos móviles, en la reproducción de la palabra escrita y en su producto más característico, el libro. Se trata de un hecho muy sintomático. De nuevo tenemos otra versión del enfrentamiento ya comentado: la antigua historia de la ciencia se ocupaba de las ideas y la palabra escrita, frente a la nueva historia cultural de la ciencia, más interesada por las prácticas y las imágenes. Son muchos los estudios que transitan entre la ciencia y el arte, estableciendo puentes y recordándonos el indisoluble vínculo que hay entre lo que pensamos, hacemos y vemos, tres operaciones tan conectadas como lo están la vista, las manos y el cerebro. Podemos mencionar en este capítulo la dilatada obra de Martin Kemp, quien lleva una vida trabajando en esta dirección, el volumen colectivo C.A. Jones y P. Gallison (ed.) Picturing Science, Producing Art (1998), o el citado monográfico de la revista Isis sobre ciencia y cultura visual (Isis, 2006, 97). ciencia 9. Un historiador del electromagnetismo, en efecto, debe entrar en contacto con las ecuaciones de Maxwell, pero también con los diseños y planos del laboratorio que dirigió, los instrumentos que se conservan de entonces, las técnicas pedagógicas que empleó con sus estudiantes en Cambridge o las propias relaciones que había entre competiciones matemáticas y deportivas en la universidad. La tarea, en consecuencia, se ha diversificado notablemente y se ha vuelto más penosa en cierto sentido. La historia cultural de la ciencia que se escribe hoy es una práctica sofisticada que ha logrado remodelar la imagen que teníamos de la actividad científica y que se ha convertido en una referencia imprescindible dentro de la historia cultural, como lo muestra la atención que le prestan algunos historiadores destacados que no procedían de la historia de la ciencia y que han acabado por incorporar sus tópicos y preocupaciones en su agenda y en sus investigaciones (Darnton, Chartier, el propio Burke). La antigua visión textual, ideal y universal del conocimiento científico ha devenido en un conjunto de miradas más fragmentarias sobre las prácticas, los significados, la cultura visual y material de la actividad científica. Por descontado, como ocurre cuando las etiquetas responden a modismos de época muy generalizados, junto al uso encontramos el abuso, una banalización fruto de una moda que, como todas, tiene o puede tener algo de impostura. ¿Quién no se acuerda de cierta historiografía marxista de los años'70 que en realidad se limitaba a citar el materialismo histórico sin haber leído a Engles, a Feuberbach o a Hegel? No todo lo que se presenta como historia cultural de la ciencia lo es. Y como sucede con cualquier orientación, dentro de ésta hay trabajos de calidad desigual. Sólo el tiempo juzgará qué aportaciones han sido relevantes, pues una de las peculiaridades del trabajo historiográfico bien hecho es que perdura aunque sea superado o pase de moda, lo que provoca que ciertos trabajos antiguos sigan diciendo y enseñando tanto, mientras que otros, muy actuales o muy aggiornados, sean prescindibles. Al fin y al cabo, como a los científicos o a los políticos, a los historiadores conviene juzgarlos por lo que hacen y dan, más que por lo que prometen o teorizan. La historiografía, como género narrativo, muestra más de lo que dice. En realidad, sólo puede llegar a decir cosas -como quería Aristóteles-poniéndolas delante de los ojos. la ciencia cOmO cultuRa Bien mirado, es una afirmación que recoge los dos aspectos quizás más característicos de la historia cultural de la ciencia, lo material y lo simbólico. La ciencia nos parece hoy una actividad por una parte más tangible, más física, más cercana a un bien de consumo o un producto que circula en el espacio y con el que se comercia; y por otra, se nos antoja como una práctica profundamente significativa de la conducta humana, una actividad donde se plasman y hacen visibles las estrechas relaciones entre orden natural y orden social. En lugar de estudiar la ciencia en la cultura, la ciencia es vista como cultura, una distinción que puede parecer escolástica, pero que revela concepciones muy diferentes de lo que es la ciencia y también de la propia tarea del historiador. Respecto a la primera, una concepción cultural entiende la ciencia como una realidad diversa y mutable (las culturas son diversas y mutables), diferente a la antigua concepción universalista y permanente del conocimiento. Respecto al trabajo de los historiadores culturales de la ciencia, viene definido por su visión integradora del campo de visión y actuación de un historiador. Un historiador cultural de la ciencia, por ejemplo, no se contenta con saber cuándo fue traducido el tratado de Óptica de Newton o cuando llegó a tal biblioteca o a cual ciudad. Tampoco induce de sendos hechos la arribada del newtonismo. Un historiador cultural de la ciencia se pregunta cómo, cuándo, de qué forma y con qué resultados se replicaron sus experimentos; se interroga sobre el significado cultural del newtonismo; rastrea si al ser trasladado fuera de Inglaterra mantuvo las implicaciones antitrinitarias y latitudinarias que había tenido en el contexto de los debates religiosos y políticos en la Inglaterra de la Restauración o si por el contrario adoptó otras nuevas; permanece atento a las manifestaciones artísticas o poéticas que originó; se pregunta si su adopción llevó aparejada la de otras formas de newtonismo filosófico o social (Locke, el lenguaje de la economía política, etc.). Su batería de preguntas es amplia. También son variadas las fuentes con las que trabaja: documentos, materiales, imágenes, espacios urbanos, etc. Lorraine Daston habla del tratamiento ecuménico de las fuentes como el rasgo distintivo de la historia cultural de la Gallison, 2008, 112. 4 Para una visión panorámica de esta tradición historiográfica, véase el monográfico que publicó la revista Isis con ocasión del 75 aniversario de la fundación de la Sociedad de Historia de la Ciencia (Isis, 1999). ¿QUÉ ES LA HISTORIA CULTURAL DE LA CIENCIA?
En esta conmemoración de Freud podemos seguir hablando del contexto en el que surge su experiencia y en la radical mutación que sus conceptos provocan. Me refiero a la irrupción de la llamada hipótesis de lo inconsciente, como vertebradora de un modo de mirar y escuchar que engendra una novedosa relación con la teoría. Me refiero al nuevo modo de mirar el tiempo y los relatos de sentido que este cambio de perspectiva se desprenden. Discurso impar, como Lacan lo considera en su seminario Sobre la transferencia, la experiencia psicoanalítica circula en un contexto de crisis. Schorske, Riedl, entre otros subrayan y así lo hemos analizado con detalle 1, que la experiencia y la teorización analítica que Freud inaugura es una de las respuestas ante la urgencia de la crisis de fin de siglo XIX. Crisis que bien puede llevar por nombre genérico la quiebra del sujeto liberal. La imparidad, el carácter sin par que el psicoanálisis propone, consiste, como es sabido, en la suposición de otra escena: junto a las dimensiones conscientes, voluntarias, instrumentalmente diseñadas, sostenedoras de la posición universalista como criterio ético, hay formas de nuestro hacer que parecen regirse por extraños modos y rara lógica. Nos llevan personal y comunitariamente la contraria. Tienen que ver con las escenas de lo inconsciente, que lejos de ser una delirante quimera, consisten en aquellas experiencias del sujeto en la cultura que, por su desajuste con la capacidad de este, resultan desmesuradas (traumáticas) y son enviadas a otro lugar (esto es la represión), es decir a lo inconsciente. Desde ese lugar sin sitio concreto, desde esa memoria no controlada nos siguen enviando señales distorsionadas, en la forma de repeticiones: síntomas, lapsus, sueños, formaciones sociales de lo inconsciente en la cultura, los relatos, los significantes del arte. La experiencia del análisis consiste, como quizá no es tan sabido, en liberar una palabra en la que puedan aparecer los representantes de estos contenidos reprimidos (no de las escenas como tal, se trata de representaciones de representaciones Vorstellungsrepräsentanz) y puedan hacer que nuestra palabra medio llena, pueda acercarse a una palabra plena, que diga cada vez mejor lo que (nos) ocurre, Si estos rasgos caracterizadores pueden valer, sólo me quedaría añadir por redondear esta entrada en materia, que el psicoanálisis nace entretejido (esto es el contexto) de manera inseparable -aunque no se confunde con ellos-con otros discursos y representaciones. Estos surgen del conflicto entre las identidades del antiguo régimen y sus contradictoras que inauguran el capitalismo industrial. Anuncian la tensión de estas con las nuevas formas de la LA CONSTELACIÓN FREUDIANA Y EL TIEMPO DEL CONSUMO cultura del consumo. Freud, su escritura, que no ceja en el intento de contar lo no dicho de lo que está en juego en la experiencia del análisis, está atravesado por estas tres culturas (linaje, trabajo, consumo), e inaugura una dimensión del teorizar, del mirar, que está presente sobre todo en sus obras maduras. De manera especial en El malestar en la cultura, obrita del fatídico año 1929, en la que Freud da una lección interpretativa de lo incómodo que nos resulta este traje de la cultura: producido por nosotros, vivido como cuerpo extraño. Diagnostica como un verdadero pensador de la crisis, pero, con ser decisivo, no se repliega en el este papel. Además de cómo crítico de la cultura, habla como avezado a escuchar las manifestaciones de lo inconsciente: habla como analista 2. Es decir propone una exploración, un saber del deseo, del sujeto que se supone que constituye lo inconsciente. Y muestra con ello, su posición de continuidad crítica respecto de los pensadores anticipados del nuevo tiempo del consumo (Nietzsche, Kierkegaard). Hablamos, pues, de esta constelación intelectual y de sus aportaciones al hallazgo freudiano. UNA NUEVA LEYENDA DEL TIEMPO La sociedad de llamada de consumo, aquella que establece los vínculo sociales masivamente mediados por los significantes de mercado, se establece de manera tensa, contradictoria, en la medida en que inaugura un nuevo modo de vivir el tiempo y, por consiguiente, el sentido de la vida. Junto a la creencia aún arraigada en un tiempo lineal, acumulativo: el tiempo de la historia, regido por la ley del progreso (tecnológico y moral, en principio), surge un tiempo azacanado, una rítmica interna (Simmel), una nerviosidad (Freud) que viene de la renovación incesante, fugaz que el mercado promete, y que comienza a ser experiencia cotidiana primero de elites, luego de metropolitanos en general. Las exposiciones universales, los grandes almacenes y el cambio urbano de los pasajes comerciales, fueron siendo los hitos de esta innovación en la que nuestro tiempo como consumidores se fue gestando. Pero a la vez, surgía la experiencia de un nuevo modo de vivir el tiempo, regido esto no por el cálculo y la necesidad, sino por el contradictorio motor del deseo (deseo de gozar, deseo incluso de lo que nos daña). Es el que podemos lla-mar tiempo de lo inconsciente, postulado por el hallazgo psicoanalítico. Y, viviendo entre tres tiempos contradictorios, no quedó más remedio que hacer hueco a un tiempo nuevo, que es el de la biografía: cada sujeto del cabo de siglo, a la vista del fracaso de los modelos del antiguo régimen, a la vista de la disarmonía entre lo que le exige como productor moderno con visión de futuro, y lo que se le anuncia como consumidor de lo instantáneo, de lo nuevo, a la vista de lo extraño de ese otro tiempo, de esa otra escena de lo inconsciente, experimenta -como dice Simona de Beauvoir-la necesidad de narrarse, de coherentizar una vida guiada con modelos plurales y abiertos. Para ir más ligeros propongo este cuadro, en el que vengo figurando las representaciones del tiempo que surgen a la vez que el psicoanálisis, es decir en el momento de la industrialización y (a la vez) la crisis del sujeto moderno. Veamos, pues, en la constelación en la que Freud se inscribe, que relación parece dibujarse especialmente entre el tiempo del consumo, de lo instantáneo y el tiempo de lo inconsciente. El tiempo de lo instantáneo es el tiempo de la moda: nos facilita la vertiginosa experiencia del instante, puesto que lo que se pone de moda, en ese mismo instante comienza a dejar de estar de moda. Experiencia de la repetición, de la aparición continuamente renovada de lo nuevo (gracias al mercado) y que, como sabemos, aparece a un tiempo en los libros de los filósofos y en la experiencia (sin palabras) de de ciudadanos y consumidores. La chispa de iluminación, que conté en La fábula del bazar, la encontré en el fragmento de Benjamin en uno de los apartados del Passagen Werk sobre Baudelaire y su percepción del París del espectáculo de los pasajes. Este capítulo nuclear de la obra está acompañado por otro titulado significativamente El aburrimiento y el eterno retorno. He aquí el texto inicial: El pensamiento del eterno retorno transforma el acontecimiento histórico mismo en artículo de masas. Pero esta concepción lleva a otro punto de vista -podríamos decir a su envés-la huella de las circunstancias económicas a las que debe su repentina actualidad. Esta se manifiesta en el momento el que la estabilidad de las condiciones de vida se vio considerablemente reducida por la sucesión acelerada de las crisis [J 62a,2] Como podemos apreciar, la vía que Nietzsche inaugura y que conquista a un Benjamín estudioso de los pasajes comerciales, y excelente lector del astuto Simmel, es la del repliegue en el mundo subjetivo, en lo alternativo a un orden objetivo en crisis, que se tensiona precisamente en el intento de domesticar a un sujeto al que se le ha prometido la abundancia, el colmo de sus deseos, a costa de dejar atrás las representaciones y creencias del pasado. Simmel, como es sabido es testigo del enorme esfuerzo por despegarse del pasado que el mundo moderno realiza. Nietzsche, por su parte, detecta la cara interna del proceso: la evidencia de una nueva temporalidad -para Benjamin inseparable de la nueva espectacularización del mundo de la mercancía-que remueve el universo del deseo, de la propia intimidad de los sujetos contemporáneos. Lo que Nietzsche registra son las primeras señales de la solicitación de un nuevo modo de intimidad: el deseo que no es placidez fruitiva sino tragedia. El contexto de este hallazgo y de su formulación mítica, alegórica, además de conceptual, es el que conocemos bajo el rótulo del marginalismo económico. Es decir la emergente insistencia en el momento del consumo y no tanto en la producción. Este giro no tiene en un principio el modo de una reestructuración de la sociedad en lo ocupacional o en la planificación del circuito de consumo. Eso es precisamente lo que daría la especificidad de una sociedad de consumo: la preponderancia del sector servicios, pero también la generalización de la lógica del simulacro. Pero sí equivale a la creación de una sensibilidad nueva en los que conviven con el espectáculo del mercado condenado a renovarse sin cesar y de inmediato. Esa renovación exige mucho más de la psique de cada ciudadana y ciudadano. Los marginalistas señalan bien esa psicologización de lo económico. Esta que Lawrence Birken caracteriza de "diso-lución de la economía política" 3 implica un desplazamiento del consumo productivo al improductivo e inmediato. Así pues, el giro que la economía da se produce en la dirección de suscitar cada vez más, de modo más preciso, con tenacidad renovada el deseo de los consumidores. Benjamin lo señala de manera condensada y precisa. En la economía psíquica el artículo de masas se presenta como una representación obsesiva (No responde a un deseo natural) El neurótico se ve impulsado a introducirla a la fuerza en el proceso natural de circulación, intercalándola entre las representaciones [J 62a,1]. Nos encontramos aquí con una relación elementos que desborda el presente comentario -entre otras cosas el apunte de una psicopatología del consumo-pero podemos quedarnos con el carácter compulsivo y coercitivo de lo que ya no es del orden de la utilidad o de la necesidad y menos del orden de lo natural. Nietzsche vive esta solicitación del universo moderno y de ella huya precisamente en la dirección del ensimismarse en el presente. Nietzsche se manifiesta como alguien "de costumbres breves" en un sentido sorprendentemente cercano de la fenomenología del presente que Simmel subraya en su trabajo sobre la moda: lo que el hombre de hoy prefiere no es disfrutar de algo sino volver a empezar. No apetecemos un estímulo o un bien que sacie, sino algo que se consuma pronto para poder empezar con otra cosa, aunque sea más de lo mismo, pero como si fuera de nuevo. En este contexto, la imagen presentista del tiempo que el mito del eterno retorno consagra cae con una cierta lógica y da nombre una experiencia hasta el momento inefable. Por eso el valor de antecedente que es posible atribuir a Nietzsche. Y sin embargo esta contextualización no es mecánica. Entre la experiencia y el texto hay un trabajo de estilización, de prefiguración que tiene el nombre del filosofar nietzscheano. En su núcleo más despojado y tremendo no hay resto de la circunstancia en la que este pensamiento se engendró. Nietzsche lo enuncia e invita a pensarlo así: Pensemos este pensamiento en su más terrible forma: la existencia tal como es privada de sentido y de meta pero repitiéndose ineluctablemente, sin final en la nada: el eterno De ahí la peculiar relación de texto y contexto nietzscheanos que Benjamin sigue comentando: El pensamiento del eterno retorno estalla por el hecho de que ya no era posible pretender volver a ver en todas las circunstancias el retorno de determinadas situaciones en plazos más cortos que los ofrecidos por la eternidad. De manera muy progresiva, las constelaciones cotidianas comenzaron a hacerse menos cotidianas. Su retorno se hizo progresivamente más raro y así es como pudo nacer el oscuro presentimiento de que en adelante habría que contentarse con las constelaciones cósmicas. En resumen, la costumbre se dispuso a ceder algunos de sus derechos. Nietzsche dijo "Me gustan las costumbres breves", y Baudelaire fue ya incapaz de adquirir costumbres estables en su vida. Las costumbres son la armadura de la experiencia (Erfahrung) y las experiencias vividas (Erlebnisse) las desagregan [J 62a,2]. Esa fragmentación no es un efecto de la retórica o de la estilística discursiva de Nietzsche. Más bien este la detecta en el contexto en el que hacen crisis muchas de las grandes verdades con las que el capitalismo de producción puso en marcha su fantasmagoría 5. La exigencia de reproducción del sistema económico promueve un nuevo tiempo de la generación y el consumo de las cosas. Este proceso, que en el capitalismo de producción tenía un ritmo acelerado pero marcado por las instituciones del fabricar y el vender, adquiere ahora un ritmo vertiginoso. No se trata de una aceleración de las ruedas dentadas de la cadena de montaje, como en la gran fábula Tiempos modernos de Chaplin, es algo peor: es que se forma una promesa y consiguientemente una expectativa generalizada de innovación, de invención continua de lo nuevo, dicho de otro modo: es que se acorta el ritmo y aligera tanto el tiempo de la novedad que se queda fijado en el instante. En un presente continuamente repetido: un mandato de innovar que se repite. Que venga otra vez lo nuevo. Esta es la paradoja y la vertiginosa potencia del mito del tiempo del consumo. Y el hueco de ese tiempo es lo que Nietzsche -que no tiene intención de desmontar la sociedad de consumo, pero, como el buen psicólogo que gusta de ser, sí se hace eco de muchas de sus señales-contribuye a formular con la fragmentación del tiempo que forma su invención principal. NIETZSCHE, KIERKEGAARD Y EL TIEMPO DE LA MODA La operación cultural de fondo que aquí se inaugura es de una estremecedora densidad. Y de ella no hemos sacado aún, a mi entender, las consecuencias oportunas. Es cierto que sus efectos de superficie, sus indicios, se domestican bajo los rótulos comerciales del ready-made, del pret-àporter o del más castizo usar y tirar. Esa domesticación aparente no nos impide acercarnos un poco a la fuente del fenómeno. La que nos hace ver el segundo régimen de la mercancía: el simulacro y el tiempo de la moda. La ruptura del tiempo del progreso que la moda, como universo general de las mercancías, efectúa, genera a mi entender dos líneas argumentales que el texto de Nietzsche suministra a los autores del bazar. Uno es la reflexión sobre la triple apertura del tiempo: el instante, el retorno, la novedad. Otro es el pensamiento de la otra cara del mercado: la escena del eterno retorno como lo sagrado o excluido que el consumo representa. Benjamin trata de poner a Nietzsche sobre sus pies: lo pone en relación con la crisis de la época en la que a la promesa de omnipotencia del estado industrial, que engendra un sujeto deseante más allá de la propia lógica de la necesidad, le sigue una crisis tras otra. Esta secuencia desembocará en las confrontaciones bélicas que se alternan con los avances de los pasajes comerciales 6. El instante, como primera figura de la fragmentación de tiempo, es el modo de la vivencia para quien está desarraigado. Este desarraigo se expresa en las formas del consumo artístico, en la confección de nuevas utopías. Entre el hallazgo de Kierkegaard sobre el "seccionamiento del tiempo", que Benjamin recoge esta cita: "Se da de la experiencia estética la expresión más adecuada diciendo que esta ocurre en el momento. De ahí las enormes oscilaciones a las que está expuesta la vida estética" 7 la sensación de impotencia que genera utopías del consumo: A propósito de la impotencia. Hacia mediados del siglo (XIX) la clase burguesa deja de preocuparse por el provenir de las fuerzas productivas que ella misma ha liberado. Entonces es cuando se ven aparecer los correlatos de las grandes utopías de un Moro o un Campanella que saludaron el ascenso de esta clase y manifestaron la identidad de sus intereses y las JOSÉ MIGUEL MARINAS exigencias de la libertad y de la justicia. Estos correlatos son las utopías de un Bellamy o de un Moilin que piensan sobre todo en aportar retoques al consumo y sus estimulantes 8. Se trata de una elaboración imaginaria que pretende salir del impasse de la crisis (promesa de omnipotencia y abundancia -realidad de frustración), que bien podemos nombrar, siguiendo a Mario Erdheim, como denegación estetizante 9. Nietzsche se enfrenta con estos síntomas de una manera tan despojada en su núcleo como atentísima a los detalles concretos. En el fondo de esta indagación radica la pregunta por el asentamiento. El sujeto al que llama ultramoderno se siente desplazado hacia un espacio que no tiene el arraigo del origen. Esta búsqueda de mi Heim fue mi prueba (Heimsuchung): ¿dónde está mi casa? Eso lo que pregunto y busco y lo que he buscado sin hallarlo 10. La idea del tiempo roto desemboca en el mismo escenario: la construcción de una nueva fantasmagoría. Retengamos este término no sólo por su identidad con el que Marx emplea para el mundo de la mercancía sino porque coincide con la percepción más radical que Nietzsche tiene de la extrañeza que le provoca su tiempo. Todo lo que no se deja aprehender a través de relaciones musicales engendra en mí hastío y náusea. Al volver del concierto de Mannheim sentí en mayor medida el singular miedo nocturno ante la realidad del día, pues esta ya no me parecía real, sino fantasmagórica 11. Las rutinas, las costumbres, que normalmente dan apoyo, aparecen de pronto como lo que son: construcciones auxiliares. También el fantasmagórico escenario del aburrimiento revela un instante de percepción verdadera 12. Esta fenomenología detallada que Benjamin despliega en una parte central del libro de los Pasajes, no es sólo una apertura de un ictus, de un acento vertical que suspende el tiempo que, por rutina, representamos horizontalmente. Es más que eso: la sospecha de fondo es que se ha entrado en otra temporalidad: la del mandato de que haya nuevos instantes, la de la renovación de la oferta, la de la actualización continua del poder del fetiche. En este suelo azacanado brota la formulación del eterno retorno o al menos su posible lectura desde la subversión que supone de la historia productivista. Así lo formula Benjamin: El historicismo del siglo XIX se invierte en la idea del eterno retorno, idea que refiere toda tradición, incluida la más reciente, a la de algo que ya se ha desarrollado en la vida inmemorial de los tiempos anteriores. La tradición adopta así el carácter de una fantasmagoría en la que la prehistoria (Urgeschichte) es interpretada como un apaño ultramoderno [D 8, a 2]. La idea del eterno retorno ha hecho surgir por arte de magia la fantasmagoría de la dicha a partir de la miseria de los años de crecimiento. Esta doctrina es un intento por reunir las tendencias contradictorias del placer: la de repetición y la de eternidad. Este heroísmo remeda al de Baudelaire quien hace surgir por arte de magia la fantasmagoría de la modernidad de la miseria del segundo imperio [D 9,2]. La quiebra del tiempo es una experiencia que conviene con la formación de un mercado más volcado en la mercancía que sustituye lo natural, que supera la lógica del producto. Y el elemento unificador de esos instantes que sustituyen al tiempo lineal del progreso es impuesto por la realidad de la moda. No natural, convencional, normativa, fugaz. Se trata evidentemente de algo más que la vigencia en materia vestimentaria: la moda es pertenecer o no al presente, es decir a la sociedad, a la cultura. El apresamiento de lo peculiar, incluso de lo dramático del instante que se acaba y vuelve -en esto es eterno retorno-como ocasión de otra cosa -en esto es de lo diferente 13 -será el gran leitmotif que circula desde las artes a la exposición de las obras 14. Así parece que la cultura del consumo incipiente realiza imaginariamente el eterno retorno, al tiempo que contiene y aplaza su vértigo constitutivo, que no es otro que la eterna repetición, la atemporalidad -en el sentido de estar regido por otra lógica no de la identidad ni lineal acumulativa-del deseo. Es el pasaje estremecedor de la Gaia Ciencia de Nietzsche en el que éste plantea al lector: si un día se te dijera que todo, gozo y dolor, cada avatar te sería dado volverlo a vivir ¿qué harías?, protestarías o serías capaz de reconocer que "te ha llegado un momento formidable en el que podrías haber respondido: ¡Eres un dios y nunca antes escuché cosas tan divinas!" [D 10,1] Concluye Benjamin con esta sentencia definitiva: "El 'eterno retorno' es la forma fundamental de la conciencia mítica, prehistórica: Es una conciencia mítica porque LA CONSTELACIÓN FREUDIANA Y EL TIEMPO DEL CONSUMO no reflexiona" [D 10,3]. Tal circularidad del tiempo, de la mostración de la mercancía como algo renovado, que es fundamento del mito, forma a partir de ahora el horizonte de lo posible en la cultura del consumo. El hallazgo de Nietzsche toca el mayor de los productos: el instante que vige, vuelve e integra. La moda determina a cada instante la última norma de la identificación (Einfühlung) [J 75,3]. Por ello Benjamin, como veremos con más detalle, hace una corrección de la perspectiva del modelo dialéctico tratando de incorporar la fugacidad, el aparecer y no tanto el peso de la tendencia. En el campo de la moda en el sentido más pleno, en el tiempo del consumo analizar la distorsión no supone llevar las formas distorsionadas -fetiche-de la mercancía a su lugar "natural" de origen para que encuentren su verdad. En el próximo capítulo veremos con más precisión este aspecto. Lo que este antecedente de la fábula del bazar popularizada nos enseña es que lo nuevo, por banal que parezca, encierra la cifra de nuestro futuro. Si supiéramos leer la moda seríamos capaces de pronosticar lo que ha de sucedernos, dice Benjamin en una sentencia tan enigmática como coherente con esta deriva nietzscheana. A la lógica del instante y del retorno le acompaña de manera tensionada la lógica de la novedad. Nuevo es, como Benjamin muestra, uno de los primeros nombres de ese retorno en que consiste el tiempo de la moda. Es una paradoja si nos mantenemos en el tiempo del progreso, no lo es tanto si efectuamos el desmontaje radical que Nietzsche propone. Nuevo propiamente no hay salvo en una mirada superficial 15. A Benjamin le afectan enormemente estas enseñanzas sobre todo cuando las ve superpuestas a las mutaciones que comenzaban en los tiempos de turista de Engadine y ahora han hecho efecto trágicos. Por eso concluye con una lucidez formidable desde el interior del texto de Nietzsche. La alternancia de las modas, el eterno Hoy se escapan a la reflexión "histórica" pues no son superados más que por la reflexión política (teológica). La política reconoce en cada constelación presente lo auténticamente único, lo que nunca vuelve. Para caracterizar la visión que no se vincula sino a la moda y que procede de la mala actualidad se puede citar la afirmación que se encuentra en la Trahison des Clercs de Benda... [S 1,3] Podemos ver mejor ahora los efectos de la operación descrita. Lo que instaura es otro tiempo. Esta mala actualidad es un hallazgo en la medida en que dibuja ya el falso presente en que consiste el régimen del simulacro. Benjamin concluye con el recurso una alegoría religiosa, la que equipara modernidad e infierno. Lo moderno es el tiempo del infierno: los castigos de infierno están siempre en el filo de la novedad en este campo. No se trata de decir que llegan sin cesar las mismas cosas, aun menos de hablar de eterno retorno. Se trata más bien de esto: el rostro del mundo no se modifica jamás en lo que hay de más nuevo, esta extrema novedad sigue siendo en todo idéntica a sí misma. Eso es lo que constituye la eternidad del infierno. Determinar la totalidad de los rasgos básicos bajo los que lo moderno se manifiesta seria dar una presentación del infierno [S1,5]. Pasemos ahora a la segunda vía. Es decir a la visión que tiene Nietzsche de la vida del mercado contemporáneo. Sus textos aforísticos, apuntes, casi lo que Barthes practicaría un siglo después como mitologías, permiten ver los ecos contextuales del retrato que Nietzsche realiza. El valor de fondo es la reconciliación con este tiempo fragmentado y circular, que es el punto del que Nietzsche parte en su propuesta de la trasvaloración. En medio de las señales de la crítica de costumbres y de modas, se desliza la postulación de una nueva subjetividad como base de la creación de valores, la reconciliación con el cuerpo y el deseo como fuente de superación de las aporías de la época. Desde ella, desde este repliegue 16, es posible entender la aportación brillante que Nietzsche hace acerca del don y en contra de la utilidad. La capacidad, seguida luego por Simmel, Mauss y Bataille, de analizar el reverso de las formas instituidas en la sociedad de la abundancia que entra en crisis. Tras el hallazgo del eterno retorno de lo diferente -expresión de Deleuze, como recordamos-Nietzsche observa un nuevo tiempo para la sociedad, el tiempo de la moda, de la vigencia no sólo vestimentaria. La segunda intempestiva, publicada en 1874, un año después de la Expo de Viena, en tiempo de crisis monetaria en Alemania, recoge una serie de críticas ante la situación de la industrialización. Antes que cantar las loas de la productividad señala lo que la modernización encierra de decadencia. Este es el correlato de la postulación de otro tiempo antes mostrada: el señalamiento de historia productiva como "enfermedad". A partir de aquí, Nietzsche colecciona una serie de miradas sobre la incipiente sociedad de consumo que resultan de enorme perspicacia, precisamente por las contradicciones que expresan y por la mutación de fondo a la que apuntan. La moda y las formas de la mentalidad de lo nuevo rematan el apunte anterior acerca del tiempo. La Segunda Intempestiva -dice en Ecce Homo-descubre lo que hay de peligroso, de corrosivo y envenenador de la vida en nuestro modo de hacer ciencia: -la vida enferma de este engranaje y de este mecanismo deshumanizador, enferma de la "impersonalidad" del trabajador, de la falsa economía de la división del trabajo. Se pierde finalidad, esto es, la cultura -el medio del cultivo moderno de la ciencia barbariza...-En este tratado el "sentido histórico" del cual se halla orgulloso este siglo fue reconocido por primera vez como enfermedad, como signo típico de decadencia 17. La vitalidad, la afirmación de la vida contra la historia, el acordarse de vivir más que de morir, son piezas fundantes de un discurso en el que las señales de tiempo aparecen bajo el signo de la suspensión de la historia como tendencia, como orden. La Historia también conserva la memoria de los grandes luchadores contra la Historia, esto es, contra ese ciego poder de lo real... Aquello que les impulsa sin cesar no es el pensamiento de llevar su linaje a la tumba, sino de fundar uno nuevo" 18. Esta es la mirada crítica sobre la crisis del presente, entre un disciplinamiento productivista y la necesidad de una afirmación de sí que no sea un tributo al mito ordenador del progreso sin ocasión de invención o afirmación personal. Entre los varios matices que vamos recogiendo de este tiempo, una precisión más del autor: "Y si han nacido ellos mismo como vástagos tardíos, existe también un modo de vivir que hace olvidar esto. Las generaciones venideras les conocerán como primicias" (Erstlinge) 19. Las paradojas del presentismo son mostradas ahora con una expresiva lucidez. Pero también se asombró de sí mismo por no poder aprender a olvidar y depender siempre del pasado y es que cuando más lejos vaya, cuando más lejos corra, esa cadena siempre le acompaña. Es asombroso: ahí está el instante presente, pero en un abrir y cerrar de ojos desaparece. Surge de la nada para desaparece en la misma nada. Sin embargo, lue-go regresa como un fantasma perturbando la calma de un presente posterior. Continuamente se separa una hoja del libro del tiempo, cae y se aleja aleteando para, de repente, volver al seno del hombre. Entonces, al mismo tiempo que el hombre dice "me acuerdo", envidia al animal que olvida inmediatamente mientras observa cómo ese instante presente llega a morir realmente, vuelve a hundirse en la niebla y en la noche desapareciendo para siempre. Así vive el animal de manera no histórica (Unistorisch) pues se aparta del tiempo de modo similar a un número que no deja como resto ninguna fracción fantástica 20. Esta conexión entre la imposibilidad del olvido, el retorno de lo real, y el surgimiento de la fantasía resulta un nexo entre las metáforas marxianas y la afirmación de lo fantasmagórico en el interior del sujeto de la época a cargo de Freud. Así se entiende mejor, creo yo, el carácter de hecho analizador -en el sentido en que emplea este término el análisis institucional-que el texto nietzscheano tiene. Como a Kafka 21 le cabe la tarea de ser más testigo que reformador del tiempo. Como a Zaratustra, su engendro, le cabe la expresión de las tensiones entre afirmación de sí y la lectura del mundo reactivo que el progreso va dejando a su paso. La metodología y la mirada que nombra esa tensión quedan expuestas principalmente en El viajero y su sombra 22, que completa en 1879 el texto Humano demasiado humano así como Opiniones y sentencias. En él el punto de partida supone romper con la invención del origen como se ha roto con la ficción domesticadora de la Historia que busca normalizar. Al principio era.." -Exaltar, magnificar los orígenes es una especie de retoño metafísico que se repite constantemente en la concepción de la historia y nos hace creer que "en el principio de todas las cosas" se encuentra lo que hay de más valioso y más esencial 23 Lenguaje de la realidad -Hay un desprecio hipócrita de todas las cosas que de hecho consideran los hombres como las más importantes de todas las cosas próximas Se dice, por ejemplo: "no se come más que para vivir". Mentira execrable, como el que habla de procreación de los hijos como designio LA CONSTELACIÓN FREUDIANA Y EL TIEMPO DEL CONSUMO propio de toda voluptuosidad. Al contrario, la gran estimación de las "cosas importantes" casi nunca es enteramente verdadera; aunque los sacerdotes y los metafísicos nos hayan habituado en estas materias a un lenguaje hipócritamente exagerado, no han logrado modificar el sentimiento que no atribuye a estas cosas importantes tanta importancia como a esas cosas próximas despreciadas. De esta doble hipótesis se desprende una enojosa consecuencia y es la de la s cosas más inmediatas, como el comer, la habitación, el vestido, las relaciones sociales, no se hace un objeto de reflexión y de reforma constante, libre de prejuicios y general, sino que, considerándolas degradantes, se prescinde de su aplicación intelectual y artística; pero, que de un lado la costumbre y la frivolidad vencen el elemento inconsiderado, por ejemplo, a la juventud inexperta, consiguiendo una victoria fácil, mientras, por otra parte, nuestras continuas infracciones de las leyes más sencillas del cuerpo y el espíritu nos conducen a todos, jóvenes y viejos, a una servidumbre y dependencia vergonzosas; es decir, a esa dependencia, en el fondo superflua, de los méritos y curanderos de almas, cuya presión se ejerce siempre, hoy también, sobre la sociedad entera 24. Pese a lo largo de la cita, se puede apreciar en ella una reivindicación de lo cotidiano que resulta pionera en el momento. Reivindicación que va ligada a una crítica sistemática de la maquinización de la vida. Lo que implica saber interpretar la edad de las máquinas: "la prensa, la máquina, el ferrocarril, el telégrafo son premisas de las que nadie ha osado aún sacar las conclusiones milenarias" (aforismo 278); aprender que la máquina "enseña con su manejo el engranaje de las multitudes en las acciones en que cada individuo no toma más que una pequeña parte, sólo tiene una misión determinada; nos suministrará el modelo de la organización de los partidos y de la táctica militar en caso de guerra. En cambio no enseña al individuo el camino de sí mismo; hace una gran máquina de la multitud, y de cada individuo un instrumento para utilizarlo en vista de un solo fin. Su efecto más general es demostrar la utilidad de la centralización" (aforismo 218); porque no pone en funcionamiento más que "fuerzas inferiores e irreflexivas... Nos hace activos y uniformes, lo que produce a la larga un aburrimiento desesperado se apodera del alma que aspira, por la máquina misma, a una ociosidad dinámica" (aforismo 220). Esta afinada crítica tiene ecos, como en otros pasajes, de la crítica de Marx y de los mismos socialistas utópicos. Lo que a mi modo de ver distingue es la afirmación de posible ociosidad dinámica como horizonte de la industrialización. Si hay que pagar el precio de la maquinización, al menos que esta no nos despoje del orgullo del trabajo, dice, que es signo de humanidad. Y concluye esta crítica con el siguiente comentario del valor representacional del consumo, que ahora da como fruto la uniformidad. Antiguamente, toda compra a los artesanos era una distinción concedida a una persona de cuyas marcas nos rodeábamos; de esta forma los objetos de uso diario y los vestidos convertían en una especie de símbolo de estimación y homogeneidad personal, mientras que hoy parece que vivimos solamente en medio de una esclavitud anónima e impersonal. No hay que pagar demasiado caras las posibilidades de trabajo (aforismo 288). La transvaloración de los valores no tiene un suelo aéreo, metafísico, antes bien parte de una crítica de la distorsión del proceso del valor y sus repercusiones en las relaciones sociales. Con la competencia en el trabajo y entre los vendedores, el público es el que se ha erigido en juez de los oficios, pero el público no posee capacidad suficiente para juzgar y sólo lo hace por las apariencias. Por consiguiente, el arte de aparentar, y tal vez también el gusto, se desarrollan bajo el dominio de la competencia, pero la calidad de todos lo productos desciende...La "baratura" de un artículo engaña también al profano de otra manera pues únicamente la duración puede revelarnos si el precio del objeto es verdaderamente módico; pero es difícil y casi imposible que el profano pueda apreciar esta duración. Por consiguiente lo que produce efecto a la vista y cuesta poco es lo que tiene hoy la ventaja en el mercado y esto no es otra cosa que el trabajo de la máquina (aforismo 280) El ocultamiento del proceso de producción, el carácter fetiche se liga al simulacro de la esencia de la mercancía. Esto, ligado a la presencia del anonimato en las relaciones sociales mediadas por el mercado, cierra la capacidad de estimar, domesticada por las reglas de juego de ese trabajo abstracto: "En el trabajo de la persona conocida hay algo que no podríamos pagar: el sentimiento y la ingeniosidad que aquella ha desarrollado por nosotros...cuando más impera la concurrencia, más cosas compramos a desconocidos y cuanto más se trabaja por los desconocidos, JOSÉ MIGUEL MARINAS más insignificante se hace esta distribución; en cambio, da la justa medida de las relaciones humanas " de alma a alma" (aforismo 283). Así vemos también como cambia el peso social del trabajo comparado con el del ocio. Para valorar el trabajo habría que poner en el platillo la persona entera, pero lo que ocurre es que nadie es responsable de las condiciones de su trabajo (aforismo 286) la situación actual, dice Nietzsche, de preguerra muestra que el precio para superar esto será muy grande "porque la locura de los explotadores fue muy grande y de muy larga duración" (ibid.). Y esta tragedia de fondo se ve en el lugar que tiene el consumo del arte, como indicio de la contradicción de la mentalidad productivista ("poseemos la conciencia de una época laboriosa" -dice en el aforismo 170): el arte se va convirtiendo en objeto de mero reposo, en un arte pequeño, en la distracción recreativa, mientras que tiene que hacerse sitio en el margen del tiempo del trabajo. Lo hace mediante los artificios: "encuentran en las armas los excitantes más poderosos para despertar de su letargo y excitar al hombre medio muerto; poseen estupefacientes medios de embriagar, de quebrantar, de provocar crisis de lágrimas; por todos estos medios subyugan al hombre fatigado y le conducen a un estado de fiebre nocturna, de desbordamiento de excitación y de temor" (aforismo 170). Lo que está de moda, lo que domestica la conciencia y la autopercepción adquiere un peso específico que es más que la mera presentación de su carácter de mercancía o de espectáculo para ser contemplado. Si estos aforismos nos tocan es seguramente porque entre ellos reconocemos señales de un tiempo que en esos días.no hacía sino comenzar. El repliegue reflexivo del tiempo, la conciencia lúcida de la quiebra de un modelo y la exigencia de búsqueda de una nueva subjetividad, parece suturarse con una nuevo factor disciplinante que enajena: la moda. La moda 25 se convierte así en un escenario principal para analizar este nuevo modo de la cultura del protoconsumo. El texto es largo pero merece la pena por su valor anticipatorio de muchos de los mejores análisis de la moda, a partir de Simmel y de Benjamin. LA CONSTELACIÓN FREUDIANA Y EL TIEMPO DEL CONSUMO El anuncio de los dones, de la ética del don que bordea la férrea lógica de la mercancía. Entonces aprendiste, interrumpió Zaratustra al que hablaba, que es más difícil dar bien que tomar bien, y que regalar bien es un arte y la última y más refinada maestría de la bondad 27. Se trata de una nueva manera de postular la presencia de un sujeto que atiende a su deseo y que aparece en escena como creador y no sólo consumidor de valores. El tiempo del consumo contiene, pues, y representa estos síntomas levantados por Nietzsche: esta forma nueva de lo sagrado, es decir de la afanisis (exención) del sujeto, la conciencia de fragilidad, el vértigo del origen, el individualismo 28. Pero esta es ya la constelación que el propio Freud inaugura.
Cuando hablamos de la ciencia como cultura, parecemos movernos entre lo tautológico y lo contradictorio. Para el público en general, hoy resulta más bien incoherente hablar de la ciencia como cultura: la cultura es "lo otro", el reverso, lo que no es ciencia ni tecnología; ésta es la concepción que parecen reflejar (e imponer) las páginas de los periódicos. Entretanto, si adoptamos la noción de cultura que manejan los especialistas en ciencias sociales, es un truísmo que la ciencia es y sólo puede ser una forma más de cultura. Pero el historiador de la ciencia no debería dejarse atrapar por ninguna de esas tentaciones extremas: su posición le vincula tanto a las ciencias como a la cultura en general, de modo que su arte consiste precisamente en la manipulación sutil de ambos vínculos. Debo decir que, en mi caso, siempre he sido favorable a emplear la concepción de la cultura propia del enfoque antropológico; he aquí un punto de encuentro evidente con la concepción de la historia cultural que ha propuesto Peter Burke. La ciencia es y sólo puede ser una forma de cultura. Otra cosa será juzgar si el juego cultural de la ciencia no es muy distinto del de la política (como propuso a fin de cuentas el modelo de red de actores latouriano) o bien tiene características distintivas, y hasta qué punto éstas hacen única a alguna de las culturas y/o prácticas científicas. Éste me parece un tema de gran interés, de manera que centraré en él mi texto. A la vista de lo que acabamos de decir, surgen una serie de preguntas: • ¿Cuál es el mejor modo en que el historiador puede guardar la doble ligazón a ciencia y cultura? • ¿Cuál es la manera más adecuada de juzgar el estatuto cultural de la ciencia?, y, por cierto, • ¿Está el historiador en una posición privilegiada para juzgar? Parece, de nuevo, una obviedad que las posiciones más adecuadas habrán de partir de la interdisciplinariedad, pero esto ni siquiera es un comienzo de respuesta. Dividiré mi discusión en dos partes, una más general y otra que toma por base la experiencia que he obtenido como historiador de las matemáticas. RESUMEN: El objetivo de este trabajo es explorar el doble vínculo entre ciencia y cultura a través de un repaso, desde la historia y la filosofía de la ciencia, de las actividades científicas, en particular las asociadas al conocimiento matemático, en tanto que conjuntos de saberes y prácticas pertenecientes a un contexto intelectual, social y político más amplio y complejo. PALABRAS CLAVE: Historia cultural de la ciencia; historia de las matemáticas. En mi opinión, el historiador encuentra elementos relevantes, muy relevantes para juzgar acerca de la naturaleza de la ciencia (o la cultura de la ciencia); dispone pues elementos de juicio. Pero, a mi ver, la posición del historiador en tanto tal no es privilegiada. Entrar a juzgar el estatuto cultural (o natural) de la ciencia implica disponerse a teorizar, y ya se sabe que las relaciones entre historia y teoría han sido siempre tensas. Me parece ver una confirmación de esta idea en la manera como los historiadores más comprometidos en sus tomas de posición han recurrido a elementos extraídos de la sociología (véase el caso de Shapin, Schaffer, etc.) Ahora bien, las posibles lecturas de tal fenómeno son múltiples, lo que invita a sopesarlas en un ejercicio de crítica y reflexión. A filósofos y científicos suele preocuparles mucho la interpretación relativista, que haría de la ciencia un producto cultural deudor de cierta organización política; pero esta interpretación no se sigue necesariamente. Sobre todo, no se sigue con claridad ninguna idea acerca de la dirección de una supuesta flecha causal. Nótese cómo los miembros de la generación de Popper, más conservadores, tendieron a ver una flecha del tipo ciencia → cultura (ética) mientras que los de la generación de Schaffer, radicales, han visto más bien algo así: cultura (política) → ciencia. Ambas interpretaciones enfatizan una sola dirección, y con ello se exponen a acusaciones de simplismo que algunos -pienso en Latour-les plantearían de inmediato. Sucede algo similar con la idea de que el conocimiento es intrínsecamente un asunto colectivo, social (idea que yo al menos defiendo, alineado en esto con Shapin, etc.): no se sigue de ella, en absoluto, que sólo influyan en la célebre "construcción del conocimiento" factores del tipo de los que ha venido estudiando la sociología. Para centrar la discusión, pongamos algunos ejemplos concretos de trabajos sobre la fábrica social del conocimiento científico. Quizá el clásico número uno es Leviathan and the Air Pump (1985) de Shapin y Schaffer, un trabajo pionero en unir la historia de la ciencia con la sociología política, en torno al problema de la instauración de los métodos de producción del conocimiento en el siglo XVII (el célebre método experimental). Obras posteriores de ambos autores han continuado, y a veces matizado, esa orientación. En su breve libro ampliamente leído de hace 10 años 4, Steven Shapin trata, precisamente, de la diversidad de prácticas culturales que se emplearon hacia los años 1550-1700 para comprender / explicar / controlar lo que daba en llamarse "el mundo natural". Pone énfasis en las dimensiones políticas y religiosas de los procesos relacionados: por ejemplo, el proceso de erosión de las autoridades sobrenaturales en lo relativo al conocimiento del mundo natural. El movimiento que describe Shapin es sin duda polifónico -e incluso cacofónico-como, por otro lado, cabía esperar 5. Sin embargo, en esta obrita tiene buen cuidado en no proponer juicios definitivos acerca de las culturas de la ciencia y sus bases últimas, o si se prefiere decirlo así, acerca de la naturaleza de la ciencia. Trabaja como historiador y se distancia del teórico. Otro ejemplo notable puede ser el artículo de Schaffer "Glass works" sobre los famosos experimentos de Newton con prismas y su recepción, un trabajo que el mismo Shapin considera "uno de los estudios más minuciosos y perceptivos de la práctica experimental y de la inferencia buen caso para aplicar la tesis collinsiana del regreso del experimentador. La opción de Schaffer y otros muchos por una historia fuertemente sociológica, ¿representa la manera más adecuada de juzgar el estatuto cultural de la ciencia? Volvemos a nuestras preguntas de partida, y ya habrá notado el lector que me inclino a responder con un no. Me parece más correctas las conclusiones del estilo histórico más prudente y neutral de Shapin, que no las de su colega de Cambridge (aún reconociendo que la tesis radical es más interesante de leer y entretenida para discutir). Es claro que todo esto tiene que ver con (1) la cuestión de si el problema de comprender la cultura atañe solamente a las llamadas "ciencias de la cultura", o compete también a las ciencias llamadas "naturales". Y tiene que ver también, aunque hoy resulte menos obvio, con (2) el papel de las humanidades -más allá de las ciencias-en una comprensión adecuada de la cultura: la propia historia, claro, y sobre todo la filosofía. Respecto a este segundo punto, apenas necesito enfatizar que, en mi opinión, se debe resistir a las tentaciones cientificistas y debemos reivindicar el papel crucial de la reflexión histórico-filosófica. En relación al punto (1), déjenme decir telegráficamente, que comparto la desconfianza de los filósofos pragmatistas respecto a las dicotomías heredadas: llevada a un cierto límite, la dicotomía natural / cultural sólo puede ser contundente, y es fundamental atender a las zonas de sombra entre los polos blanco y negro. De esto abundan los signos, comenzando por el carácter innato de la capacidad lingüística humana, base irrenunciable de nuestras prácticas culturales. Permítanme recordar algunas verdades de Perogrullo. Las culturas y la historia humana, incluyendo la historia de la ciencia, son expresión de actividades de hombres y mujeres; su diversidad, sus grados de libertad, están limitados y restringidos por las ligaduras, del tipo que sean, que condicionen profundamente la actividad humana. Somos miembros de la especie homo sapiens, "animales de lenguaje" como dijo Aristóteles, biológicos y sociales: compartimos un medio ambiente de objetos físicos; aptitudes y necesidades biológicas; la percepción sensorial y la actuación motora; el empleo del lenguaje; entramados de vida social y actividades en común. Éstas son algunas de las ligaduras que condicionan la actividad y la historia humana, las prácticas culturales, y como revela basada en el experimento, en el siglo XVII" (op. cit., 1996, 246). Aquí encontramos algo más parecido a una tesis sobre la naturaleza de la ciencia, que de hecho está en línea con las ideas del sociólogo H. M. Collins 6. De acuerdo con el estudio de Schaffer, la historia de los experimentos ópticos de Newton resulta ser un magnífico ejemplo de las tesis de Collins sobre las enormes dificultades de la replicación experimental, el carácter a menudo inconcluyente de la "evidencia" empírica, y el celebrado regreso del experimentador. Ello arroja la imagen de un círculo vicioso en las prácticas experimentales, que sólo se rompe por el peso de la autoridad en la comunidad científica, en este caso la autoridad del Newton triunfante -como presidente de la Royal Society y director de la Casa de la Moneda-a comienzos del siglo XVIII. Dicha tesis es un ataque de raíz a la fiabilidad de los llamados "datos" en tanto informes intersubjetivos sobre fenómenos físicos, y por tanto cuestiona radicalmente las visiones tradicionales sobre el carácter epistémicamente privilegiado del conocimiento científico. Está en línea pues con los enfoques más duros de la sociología y la antropología de la ciencia (la escuela de Edimburgo, Latour, etc.) que han dado pie a las reacciones extremas y alarmadas de muchos científicos y algunos filósofos en las conocidas science wars de hace unos años. Por cierto, un fenómeno cultural, éste de las science wars, que dará para interesantes estudios en el futuro 7. En otros trabajos he mostrado cómo la reconstrucción histórica de Schaffer no puede considerarse completa, y cómo en realidad es deudora de visiones teóricas acerca del conocimiento científico 8. Curiosamente, los extremos se tocan, porque entre las deudas de Schaffer (y sobre todo de Collins) hay una buena cantidad de trabajos de filósofos de la ciencia tradicionales, ¡incluyendo al mismo Popper! 9 Estos viejos trabajos estimularon una visión empobrecida y mecánica de la obtención de datos experimentales, que ciertamente no encaja con la complejidad de las prácticas experimentales. Pero las conclusiones de Collins y Schaffer, junto a algunos aciertos, son apresuradas; más bien se necesitan estudios históricos aún más ricos, y una nueva filosofía de las prácticas experimentales que de hecho está comenzando a elaborarse. Para bien o para mal, la investigación experimental de Newton sobre la luz y los colores fue más compleja de lo que presenta Schaffer, se analiza mejor al estilo de Hacking (1993) El papel atribuido a las matemáticas en la formación y cultivo de la mente es un tema clásico de la civilización occidental, y probablemente una de las características más permanentes y específicas de esta cultura. En el extremo opuesto, desde hace unas décadas florece la etnomatemática, que explora los patrones matemáticos implícitos a producciones culturales de todo tipo: diagramas rituales trazados por tribus del Pacífico, patrones en las telas manufacturadas por indígenas de Sudamérica, pautas musicales, y un largo etcétera. Sin embargo, pese a todo esto, el grado de abstracción propio del lenguaje matemático y el altísimo nivel de articulación interna que caracteriza a sus discursos deductivos hacen que parezca muy difícil encontrar puentes concretos y tangibles (valga la metáfora) entre matemáticas y cultura. Difícil, pero no imposible. Consideraremos a continuación algunos aspectos concretos de la interacción ciencia-cultura, basados en la historia de las matemáticas. Al hacer esto, no tendré ningún ánimo de exhaustividad, y ni siquiera vamos a mencionar aspectos muy importantes de las bases institucionales de la actividad profesional de los matemáticos. Me centraré particularmente en las conexiones entre grandes movimientos culturales y transformaciones del discurso matemático, un campo muy amplio en el que he disfrutado explorando algunos fragmentos. Consideraré conexiones entre el modernismo y la "ma-un examen de esa breve lista no se trata de elementos analizables sólo desde las "ciencias de la cultura", ni sólo desde las ciencias. Añadiré una idea más sobre las "science wars", que por supuesto continúan en forma larvada. Estas acaloradas polémicas apuntan precisamente al problema del alcance y los límites de los enfoques propios de las ciencias sociales y las ciencias naturales. Era natural que este problema surgiera, por dos razones: (1) la elaboración del conocimiento científico se da en entornos de alta complejidad, que admiten la aplicación de metodologías tanto "naturalistas" como "sociales" (y también "humanistas"); pero, además (2) los científicos han tendido generalmente al reduccionismo, al intento de explicar la totalidad del fenómeno considerado por aplicación exclusiva de sus métodos, si bien el alcance de éstos puede ser parcial. Moraleja: del mismo modo que conviene enfrentarse a las dicotomías heredadas, es conveniente también luchar contra el reduccionismo. Y en esto, la contribución de las reflexiones histórico-filosóficas es imprescindible. sObRe las cultuRas matemáticas En el caso particular de las matemáticas, la cuestión de su estatuto cultural parece ser particularmente controvertida. Considerada por unos como paradigma de lo "frío" e "inhumano", como una especie de polo opuesto al cálido universo de la cultura, otros se inclinan a pensar las matemáticas como una especie de hilo de oro que trenza en la sombra claves profundas de la evolución cultural 11. movimiento donde hubo fuertes tensiones y divergencias entre tendencias opuestas. En mi propio trabajo sobre el tema, he insistido en la necesidad de desligar el modernismo cultural de una actitud positiva hacia la modernización social, y acabo llegando a la conclusión de que la figura de Brouwer es mucho más representativa del fenómeno modernista que la de Hilbert 14. A propósito del arte abstracto, Kramer explica que su emergencia hacia 1910 representó para los pioneros "la solución de una crisis espiritual" y vino ligada a "un rechazo categórico del materialismo de la vida moderna" 15. La abstracción estuvo relacionada con visionarios como Kandinsky que pretendían redefinir nuestra relación con el universo. Estas ideas se aplican con naturalidad al intuicionismo de Brouwer, sus orígenes y sus metas: el misticismo de su autor, su rechazo a la vida burguesa moderna y al materialismo, vinieron unidos a una actitud negativa hacia la técnica y hacia todas las "aplicaciones" de las matemáticas. La reinvención de la matemática como una expresión libre del sujeto creativo, desligada de sus anteriores conexiones, fue la solución del intuicionismo a esa crisis espiritual. Si la "leyenda central" del modernismo fue, como ha dicho Herf, "el espíritu creador libre, en guerra con la burguesía, que rechaza aceptar ningún límite" 16, ningún matemático ha encarnado esta tendencia tanto como Brouwer. En general, hay que afirmar que el modernismo no fue un movimiento de derechas ni de izquierdas, que a menudo se opuso a los mitos de la civilización moderna y su idea de progreso, o también estuvo ligado a valores antidemocráticos y elitistas. Brouwer, en sus escritos filosóficos, expresa maravillosamente estos temas, que de nuevo reflejó en su reforma de las matemáticas. Raíces del "puRismO" en matemáticas: un casO de ambivalencia Consideremos ahora el otro caso de estudio, la matemática pura del siglo XIX y sus conexiones culturales. Aunque las matemáticas pasan por ser el prototipo de lo clásico, racionalista y cartesiano, lo cual parecería situarlas lejos de movimientos como el romántico; y aunque autores de orígenes varios han insistido en la autonomía de la mate-temática moderna" del siglo XX, a propósito de Hilbert y Brouwer, y relaciones entre el romanticismo y la "matemática pura" del XIX, enlazando con Gauss y Cantor. La posible resonancia entre el modernismo cultural y artístico del período 1890-1940 y el irresistible ascenso de una "nueva matemática" asociada a la figura del alemán David Hilbert, es tema que han explorado algunos trabajos pioneros como los de Mehrtens (1990) y Gray ( 2008) 13. En ambos casos se sugiere que la resonancia indicada es profunda y, aunque con matices significativamente diferentes, se desarrolla la imagen de un paralelismo fuerte entre el modernismo artístico y la modernidad matemática; la figura de Hilbert se consolida como una especie de Picasso de las matemáticas. Particularmente interesante es la tesis de Mehrtens, cuyo subtítulo reza: "una historia de la lucha por los fundamentos de la disciplina y por el sujeto [Subjekt, tema, materia] de los sistemas formales" (el juego de palabras es intraducible). Según este autor, podemos entender mucho mejor la conocida "crisis de fundamentos" en matemáticas si pensamos que no sólo tuvo que ver con cuestiones de rigor y fundamentación sistemática, sino que fue expresión de "reajustes sociales" dentro de la disciplina matemática, incluyendo definiciones culturales en conflicto de la figura del matemático mismo. Se trató de reconfigurar la disciplina, no meramente en el sentido (aparentemente objetivo) de establecer nuevos métodos y nuevas teorías "modernas", sino muy particularmente la nueva disciplina a la que fueron sometidos los sujetos que las promovieron. Según Mehrtens, las diferentes opciones y actitudes expresadas por los actores de la crisis fundacional correlacionan fuertemente con su toma de posición a favor o en contra del modernismo. Ciertamente Hilbert expresa actitudes favorables a la libertad de trabajo, la productividad y la fecundidad, igual que sus seguidores tendieron a enfatizar la abstracción de su nuevo estilo y la tendencia formal de sus lenguajes. Al contrario, una figura como la del holandés L. E. J. Brouwer será partidaria de preocuparse por la integridad de las matemáticas, imponiendo restricciones al trabajo matemático ligadas a una preocupación por el significado y la verdad que es ajena al formalismo de sus oponentes; en general, los críticos de la matemática moderna hablaron a favor de lo concreto y la intuición. Ahora bien, Mehrtens no ignoraba la complejidad del modernismo cultural, el hecho de que se trató de un amplio conjuntos como un proceso de elaboración de conceptos matemáticos que servirían a la causa del organicismo, posibilitando una nueva armonía entre ciencia y fe; la teoría de conjuntos sería a la nueva filosofía natural organicista lo que el cálculo infinitesimal había sido a la mecánica. Las conexiones con tendencias filosóficas románticas son obvias, tanto si pensamos en Friedrich W. J. Schelling como en autores tardíos y de posiciones más moderadas, de la índole del también filósofo (y médico) Rudolf H. Lotze. Pero esta presencia de motivos románticos en la teoría de conjuntos resultó ser frágil, modificable, y sobre todo pasajera. En una generación posterior, encontramos una figura tan apasionante como la de Cantor, el importante matemático Felix Hausdorff, quien no sólo axiomatizó la idea de espacio topológico, sino también firmó obras literarias y filosóficas con el pseudónimo de Paul Mongré. Pues bien, la vía de Hausdorff la teoría de conjuntos se inició con motivaciones ligadas a las de Cantor: el interés por una reflexión crítica, amplia y libre sobre las posibilidades de concebir en modos nuevos el orden del mundo 20. Sin embargo, con este autor hace su entrada el tardorromanticismo de Nietzsche, filósofo que Cantor aborrecía por los elementos "perversos y anticristianos" de su obra. Y en todo caso, la herencia de Hausdorff llegó con su Grundzüge der Mengenlehre (1914), obra de la cual se ha purificado toda traza filosófica. A partir de, digamos, 1908 no parece haber ya ninguna influencia de los elementos científico-filosóficos, tan importantes para Cantor, sobre quienes heredaron sus conceptos, métodos y resultados. La definitiva "modernización" de la teoría de conjuntos, de manos de Hausdorff y Zermelo, supuso una purificación de las trazas románticas y filosófico-científicas. Otra cosa distinta sucedió, en mi opinión, con los elementos románticos de corte neohumanista que inspiraron la redefinición de la disciplina matemática en Alemania, a comienzos del XIX 21. En relación con esto, he elaborado un argumento estilo Forman (aunque, si se me permite decirlo, lo creo más convincente que el del propio Forman en relación con la física cuántica) acerca del modo en que el romanticismo neohumanista, al coincidir con la reforma institucional de las disciplinas científicas en el contexto de la nueva Universidad alemana, indujo una modificación profunda en la orientación de la investigación matemáti-mática, especialmente cuando se trata de su giro hacia lo abstracto y lo estructural en el siglo XIX; lo cierto es que no resulta nada difícil encontrar filiaciones entre ambos, incluso a niveles muy profundos. Por ejemplo, las resonancias románticas se encuentran en lugares muy significativos de la obra y la correspondencia de Georg Cantor, cuyo nombre pasa por sinónimo de la teoría de conjuntos; teoría que vino a constituir el nuevo lenguaje, la metodología y el marco general en el que terminó por formularse la matemática moderna". Sin embargo, la enorme figura de Carl F. Gauss parecerá a casi todos, incluyendo conocedores expertos, demasiado serena, clásica y conservadora como para tolerar la compañía del adjetivo "romántico". Paradójicamente, en mis trabajos al respecto he tratado de mostrar que las resonancias románticas resultaron de mucho mayor calado en Gauss y en las generaciones de matemáticos que nacieron desde 1800; mientras que los visibles elementos de romanticismo tardío que encontramos en Cantor no dejaron una impronta muy honda en las teorías y el estilo matemático que asociamos con su nombre 17. Así, a mi entender, encontramos situaciones muy diversas, que exigen del historiador de las ciencias una flexibilidad muy alejada de prejuicios y/o de opciones metodológicas preconcebidas. Las épocas históricas están marcadas por conflictos y tensiones, ya que "lo nuevo" no es monovalente: lo viejo y lo nuevo pueden combinarse en una variedad ilimitada de formas, y las circunstancias que pueden otorgar durabilidad a esas combinaciones son, a veces, inesperadas. Todo esto complica la tarea del historiador que pretenda establecer lazos entre los movimientos culturales y las ciencias, y por cierto hace muy difícil formularlos en forma sumaria, al estilo de los manuales. Pero sólo afrontando esas dificultades podremos empezar a confrontar las cuestiones del estatuto de la ciencia como forma de cultura. Las arriesgadas opciones teóricas de Cantor, en su exploración del transfinito mediante números que cuentan y ordenan las múltiples gradaciones de los infinitos, no surgieron de motivaciones puramente internas a las matemáticas de su época 18. Antes bien, motivos filosóficocientíficos, ligados al rechazo del materialismo y el mecanicismo, estuvieron íntimamente ligados a su programa de trabajo y pueden rastrearse incluso en alguno de sus teoremas 19. Cantor concibió sus aportaciones a la teoría de evolucionistas de la humanidad, y, en el caso alemán, como un período empapado de idealismo. Buena parte del estudio histórico de la ciencia en Alemania durante esa era se reduce al problema de hasta qué punto la Naturphilosophie idealista influyó sobre los científicos alemanes y hasta qué punto dejó huellas en las nuevas orientaciones de la ciencia decimonónica. Este planteamiento da por supuesto que el idealismo absoluto es elemento nuclear del Zeitgeist romántico define en buena medida la "esencia" del romanticismo alemán. Los historiadores de la ciencia que han buscado el impacto del romanticismo idealista se han centrado típicamente en las ciencias naturales, sobre todo la biología (caso paradigmático sería la embriología, pero también la teoría celular) y en menor medida la física (el electromagnetismo, Oersted y Faraday, la física de la energía). Para esa tradición historiográfica el caso de la matemática habría sido una excepción, pues su continuidad con la tradición clásica y moderna fue mucho mayor, y los matemáticos se mostraron en general refractarios a las ideas especulativas del idealismo. Sin embargo, en mi opinión, el impacto de las concepciones románticas sobre las matemáticas fue grande y su caso mucho menos excepcional de lo que se ha pensado. Ahora bien, si pueden establecerse lazos importantes entre la nueva matemática y el romanticismo, es sólo a condición de que nos liberemos de la imagen romántica del Zeitgeist. El ejemplo de Gauss nos enseña cómo los ideales culturales y educativos del neohumanismo dejaron una huella muy profunda en la concepción de la ciencia propia de la Alemania decimonónica. Actuaron redefiniendo el ethos de la ciencia y sus valores, en un proceso que afectó a la profesionalización de los matemáticos y, con ello, a la orientación de toda una disciplina 24. Estamos hablando de factores que determinaron en buena parte a la matemática tal como la hemos conocido. Si estoy en lo cierto, el impacto de aquella tendencia en la conformación de la profesión matemática fue muy profundo, como lo fue más generalmente en todo el contexto de la Universidad alemana, su ideal de la ciencia pura y su redefinición del mapa de las disciplinas. El rastro de ese impacto puede seguirse a lo largo de muchas décadas, hasta llegar al cataclismo cultural e institucional que supuso la época nazi. Por muchas décadas ha afectado a la producción, la recepción y la transmisión del conocimiento matemático. Fue una época en la que coincidieron el surgimiento de las disciplinas científicas especializadas (ligado a la negociación de sus fronteras), la profesionalización del científico, la reforma de las instituciones de enseñanza superior, y el romanticismo neohumanista con su peculiar escala de valores relativa a la formación del individuo, el ethos científico, y la idea de pureza. Una constelación llamativa, y una combinación múltiple de factores que parece difícilmente repetible. Algunos datos significativos respecto al caso de Gauss son los siguientes: su elección de la teoría de números, alejada de las aplicaciones, como foco de trabajo inicial; el intenso trabajo de sistematización à la Euclides de esta teoría; su énfasis en la pura matemática como reina de las ciencias; su interés por diferenciar las partes de la matemática que consideraba meramente un producto de la razón, de aquéllas con contenido empírico; su lema de inspiración platónica, O qeo Variqmhtize i [dios es aritmético]; y la carga neohumanista del discurso con el que inauguró su actividad como astrónomo en Göttingen, en el año 1808 23. Estas tendencias de Gauss encontraron resonancia y multiplicación en las universidades prusianas de primera mitad del XIX, cuya reforma vino marcada por el neohumanismo, con su rechazo del modelo de "civilización" francés a favor de una forma de cultura autóctona [Kultur]. A nivel disciplinar, la apuesta del neohumanismo fue por la filología, la historia, la filosofía y las matemáticas; sólo en un segundo nivel se incorporaban las ciencias naturales como propias de la Universidad. La función de la Universidad se expresaba en el conocido "vivir las ciencias" de Humboldt, la apuesta por ligar enseñanza e investigación; pero más importante para nosotros es cómo el ethos científico neohumanista, y su idea de pureza, estimularon una separación entre ingeniería (Escuelas Técnicas) y ciencia (Universidad). Fruto de esta separación, reflejada incluso en las publicaciones periódicas, fue la "purificación" de las matemáticas de todo el contenido ingenieril que les había sido tan propio. Y aún se fue más lejos en esta dirección con el movimiento de la matemática pura, inaugurado por Gauss pero intensificado por Weierstrass y otros, divorciando la geometría (asociada ahora con la mecánica, por empírica) de la aritmética y sus desarrollos puros, el álgebra y el análisis. El romanticismo suele concebirse como una era impregnada de nuevas concepciones históricas, progresistas y (2000). 12 Dice Juan Gris: "Considero que el lado arquitectónico de la pintura es la matemática, el lado abstracto; quiero humanizarlo". 13 Próximamente se publicará también el volumen colectivo editado por M. Epple (ed), Modernism in the Sciences, ca.
El debate en torno a la representación cerebral y la localización de los procesos mentales se ha animado recientemente. No porque el debate sobre la relación entre el cerebro y la mente, que siempre fue muy irregular, haya sido enriquecido ahora con planteamientos teóricos particularmente originales. Se trata más bien de planteamientos visuales, basados en un número de técnicas de imagología que trascienden el ámbito de cualquier técnica de visualización conocida hasta ahora en las neurociencias. En la historia de las ciencias humanas, las innovaciones en tecnología de la visualización han influido en la propia percepción de la naturaleza física y moral del hombre. La neuroimagología ha convertido los fenómenos psicológicos en categorías visuales, transformando de este modo su estatus epistémico y cultural. Cuán profundos y prolongados llegarán a ser estos cambios no está claro aún, pero básicamente existen dos escenarios posibles. O bien las imágenes del cerebro vendrán a jugar un papel fundamental a la hora de determinar nuestra identidad, al menos en ciertos ámbitos, o bien perderán eventualmente su atractivo, pues contemplar imágenes asociando supuestos estados mentales con ciertas regiones del cerebro resultará a la larga ineficaz si no consiguen proporcionar algún tipo de comprensión más profunda del modo en que se relacionan el estado cerebral y los estados mentales. Aunque tiendo a pensar que la fascinación de estas imágenes terminará mostrando sus límites, el objeto de este artículo es discutir las posibles consecuencias de una antropología basada en imágenes del cerebro 1. La tradicional tecnología de rayos X no aportó ninguna interpretación nueva sobre el funcionamiento del cerebro. Tampoco la tomografía por ordenador, que fue acogida como revolucionaria cuando se desarrolló hace unos cuarenta años y ahora puede ser considerada probablemente como una tecnología transitoria en el paso de la imagología radiológica a la realizada por ordenador. Aunque el desarrollo de la tomografía por ordenador estuvo íntimamente ligado a la decepción del momento respecto a las técnicas radiológicas para la representación del cerebro (Blume, 1992, 159-60), las esperanzas puestas en ella se limitaron al dominio de la medicina clínica y apenas afectó a las neurociencias cognitivas. Con las nuevas técnicas en imagología -FMRT (tomografía de resonancia magnética funcional), PET (tomografía por emisión de positrones) o SPECT (tomografía por emisión de fotón único), por nombrar sólo las más importantes-la situación ha cambiado. Las imágenes del cerebro producidas mediante tales técnicas ocupan páginas enteras en revistas y diarios. Dan la impresión de abrir una ventana nueva hacia el funcionamiento del cerebro y por ende hacia la vida mental del hombre, una impresión que titulares y comentarios se encargan de consolidar. En sí misma, semejante retórica no resulta especialmente relevante. Siempre acompaña de un modo u otro a cualquier innovación tecnológica. La introducción de los rayos X al comienzo del siglo XX fue también recibida con una buena dosis de retórica (Cartwright, 1995; Dommann, 2003). Pero la percepción e interpretación culturales que han surgido en relación a la neuroimagología son algo más que una simple fascinación de moda respecto a la nueva visualización de los procesos cerebrales. Conjeturas, ideas y juicios de valor que tienen su origen en el siglo XIX y que, cabría pensar, han estado soterradas durante mucho tiempo, están siendo recuperadas a la hora de interpretar estas imágenes. Para una mejor comprensión y apreciación de estas imágenes es importante que las situemos en el contexto algo más amplio de otro cambio profundamente arraigado que influyó en la producción de imágenes: la transición de la fotografía ordinaria, basada en principios de óptica, a las imágenes asistidas por ordenador, que ya no se basan en los mismos principios. La técnica conocida como BOLD-fMRT (BOLD= Blood-Oxygen-Level-Dependent, dependiente del nivel de oxígeno en la sangre) aprovecha el hecho de que la hemoglobina desoxigenada en los vasos sanguíneos del cerebro sea magnética, mientras que la hemoglobina oxigenada no lo es (Hüsing et al., 2006, 21-50). La aplicación de un campo magnético fuerte permite medir la distribución de los átomos de hidrógeno. Se requiere una complicada operación matemática para transformar los datos obtenidos en una imagen. El término inglés para la imagología, imaging, es muy apropiado para designar este proceso, dado que la imagen no es una simple representación del objeto, sino más bien algo que se elabora. Los datos podrían ser igualmente transformados en una gráfica o en una curva de distribución. Pero esto no tendría el impacto visual de las coloridas imágenes cerebrales, las cuales dan la impresión, algo engañosa, de la evidencia inmediata. Las nuevas imágenes del cerebro son entonces el resultado de un proceso de elaboración que sin embargo remite a una realidad orgánica. Como la fotografía o la radiología, las nuevas técnicas de imagología requieren de un cuerpo. Esto es lo que las distingue de las imágenes simuladas por ordenador. Como observó Roland Barthes respecto a la fotografía, no se puede negar que "la cosa esté ahí" (Barthes, 1981, 86). Pero, ¿qué es lo que se está midiendo? Básicamente sólo un pequeño aumento del flujo sanguíneo en una determinada región del cerebro. O dicho con más exactitud: la sangre en un punto concreto contiene algo más de oxígeno que en otro. Esto es lo que se ve en el escáner del cerebro. Esta actividad, que es primero medida y luego visualizada, puede estar relacionada con el incremento de la actividad neuronal. En zonas con mayor descarga neuronal, es necesario más oxígeno. Pero aquí surge ya un problema: cuando las neuronas de una zona concreta están activas, transcurren unos tres u ocho segundos para que les llegue sangre fresca enriquecida de oxígeno. Inicialmente, queda aún una gota de sangre oxigenada, precisamente porque es consumida de inmediato por las neuronas. Entonces, en unos pocos segundos, habrá disponible más sangre oxigenada de la necesaria para la actividad neuronal. Lo que significa que hay un correlato entre el flujo sanguíneo y la actividad neuronal, pero con un intervalo de tiempo entre ambos que por el momento no es posible determinar con exactitud. No es posible establecer un correlato exacto entre ambas variables. Probablemente este problema se resolverá mejor en el futuro mediante una combinación de fMRT y de una medición directa de la actividad neuronal gracias al electroencefalograma, pero no está claro hasta qué punto será posible establecer una correlación precisa entre ambos procesos. Estas observaciones conciernen únicamente a los procesos físicos del cerebro. En qué modo este aumento mínimo del flujo sanguíneo puede estar vinculado a la actividad mental es una cuestión abierta. A tenor de lo expuesto, la metáfora generalizada de la nueva imagología por ordenador a la manera de máquinas abriendo la cabeza y observando cómo el cerebro lleva a cabo sus actividades no parece especialmente útil. La comparación sugiere que somos simplemente capaces de ver lo que normalmente no podemos, asumiendo que el instrumento mismo no tiene un efecto significativo entre el observador y lo observado, el que mide y lo que es medido. La neuroimagología, según esta noción, es en esencia un órgano sensorial externo perfeccionado. Pero los instrumentos tecnológicos han sido desacreditados como órganos sensoriales externos desde el siglo XIX. No son simples asistentes de laboratorio mudos al servicio del investigador. Las técnicas de manipulación y representación transforman las cosas en objetos epistemológicamente relevantes; los instrumentos y aparatos adquieren su significado experimental en varias etapas de adaptación uno de los más importantes anatomistas de su tiempo, conocido por la gran exactitud de sus representaciones, escribió: "Es bien sabido lo difícil que resulta encontrar un dibujante que por un lado sea capaz de comprender todo lo que realmente necesita saber un disector, y por otro no sea demasiado obstinado para tomar ejemplo [...] A algunos artistas sencillamente no se les puede enseñar a ver sólo lo que realmente debe ser representado y a omitir los detalles que no pertenecen al objeto o son meramente accidentales" (Soemmerring, 1791, 5). Según Soemmerring, el anatomista no ve el cuerpo como lo hace el artista, porque sus intereses y la experiencia de cada uno son diferentes. La creación de una realidad anatómica presupone así un adiestramiento de la mirada y de la pluma. A medida que las técnicas de la representación se vuelven más complejas, el problema de la exactitud y el riesgo de confundir un detalle artificial por un elemento natural del cuerpo se agravan. En la anatomía microscópica, por ejemplo, no sólo debía estar disciplinado el ojo, sino que el propio objeto de estudio tenía que ser sometido a una serie de complicados procesos (Chadarevian, 1994; Schickore, 2007). La visualización de células con la ayuda del microscopio dependía de diversos métodos de preparación y tintura, cada uno de los cuales hacía visibles estructuras distintas. Pero, ¿qué es lo que hacían estos métodos en realidad? ¿Seguía siendo el tejido igual de natural tras ser tratado? Si ciertas estructuras celulares se veían representadas y otras no, ¿se había obtenido una imagen fiel del sistema nervioso? Problemas de esta índole fueron predominantes a finales del siglo XIX y a comienzos del XX dentro de los debates en torno a la naturaleza de las neuronas y la construcción del sistema nervioso (Breidbach, 1993, 109-115). No obstante, a pesar de todas las incertidumbres que reinaban en aquel momento, una cosa estaba fuera de duda: sólo tenía sentido observar una neurona bajo el microscopio porque era aceptada como un elemento del cerebro. Las imágenes morfológicas del cerebro siempre tuvieron un correlato natural. Las imágenes funcionales del cerebro son también el resultado de técnicas, experimentos, hipótesis y modelos. Pero su propósito no es crear una imagen morfológica que corresponda a una estructura material. Sirven antes bien para explicar funciones, en el más amplio sentido del término, o indicar una asociación entre funciones y ciertas estructuras del cuerpo. No son representaciones, y ajuste a medida que los científicos desarrollan su pautas de actuación. Así, la cuestión que surge es: ¿Hay o habrá algo radicalmente nuevo en el presente y futuro de las imágenes del cerebro? ¿O estas nuevas técnicas en imagología difieren de las anteriores sólo en su grado de perfeccionamiento técnico? ¿Es la tecnología imagológica de comienzos del siglo XXI una continuación de las tecnologías desarrolladas desde el siglo XIX, cuando los dispositivos de registro redefinían los sistemas orgánicos del cuerpo? ¿O es posible discernir una nueva neurobiopolítica que pretende definir, a través de la tecnología, la naturaleza de la mente? Sin duda alguna, la autoridad médica y cultural de las nuevas imágenes del cerebro es indiscutible. Pero, ¿qué tienen que decir sobre la naturaleza humana? Estas son las cuestiones sobre las que quisiera detenerme. En la primera parte de esta exposición haré un breve recorrido histórico sobre las imágenes del cerebro más tempranas. En la segunda parte, mostraré la diferencia existente entre las primeras imágenes del cerebro y las más recientes, y señalaré las posibles consecuencias de esta distinción. visualizaciOnes mORfOlógicas y funciOnales del ceRebRO Para una presentación histórica de las representaciones visuales del cerebro, considero útil establecer una distinción entre las imágenes morfológicas y las imágenes funcionales del cerebro. El propósito de las primeras es capturar y representar una estructura material. Toda representación anatómica, sea el dibujo de un anatomista del siglo XVIII o una fotografía de una muestra histológica del cerebro en el siglo XX, presupone el órgano representado como punto natural de referencia. Los anatomistas fueron muy conscientes desde el principio de que las cosas no eran tan simples: para crear una representación apropiada era preciso establecer y respetar una serie de reglas. En el siglo XVIII, era fundamentalmente una cuestión de preservación adecuada del órgano, de modo que tras ser seccionado podía ser guardado en un frasco o reproducido en un dibujo más o menos realista. Se trataba entonces de encontrar el enfoque correcto para la representación, no el del observador y dibujante fortuito, sino la mirada instruida del anatomista. Samuel Thomas Soemmerring, sino apuntes, diagramas o registros gráficos. Tales imágenes son por lo general consideradas como medios provisionales de clarificación y por tanto secundarios en el proceso mismo de investigación. Pero reducirlas a meras aportaciones didácticas o ilustraciones es subestimar su verdadero mérito. Las imágenes funcionales tienen una historia de su propia independencia respecto de las imágenes morfológicas, como puede advertirse en el desarrollo de la localización de las facultades mentales en el cerebro. En el siglo XIX, se hizo posible visualizar el cerebro de un modo distinto al de las imágenes morfológicas cuando se comenzó a asociar determinadas áreas del cerebro con ciertas facultades mentales. Esto significaba que tales facultades se habían convertido en objetos susceptibles de estudio científico. ¿Cómo fueron trasladadas a imágenes visuales, y cómo estas imágenes cambiaron a medida que progresó la investigación de la localización? La representación visual de las funciones físicas y psicológicas del cerebro es tan antigua como la idea de la localización de las propiedades mentales en el cerebro. Las imágenes frenológicas en la tradición de Franz Joseph Gall proporcionaron la base para el primer mapa funcional del cerebro. Gall introdujo de manera sistemática la idea de la localización cerebral de las tendencias, talentos y propiedades mentales en las ciencias humanas al comienzo del siglo XIX, obteniendo como resultado cierta incomodidad en la época. La suposición de la existecia de órganos especiales en el cerebro para calcular, para la religiosidad, la caridad o la misericordia fue considerada por muchos contemporáneos como una amenaza para la autonomía del sujeto. La práctica popular de palpar el cráneo para elaborar el perfil de una personalidad era objeto de burla. La figura 1 ilustra el miserable estado de la frenología, rechazada por la ciencia oficial: toda suerte de propiedades y tendencias mentales son incluidas en pequeñas celdas sobre el cráneo. Hay más órganos aquí de los que Gall jamás hubiera imaginado, pero lo más digno de destacar es la representación pictórica de las figuras, de tradición medieval y moderna (figura 2). La cabeza misma, adornada como un gorro de baño por estas inscripciones, recuerda a las cabezas de la teoría ventricular medieval, en la que las facultades (sensus communis, ratio, phantasia, memoria) aparecían inscritas a través de este tipo de bocadillos en el cerebro. Aunque la intención de Gall era completamente distinta a la teoría ventricular, la conexión visual de la frenología con esta tradición hizo que fuera considerada ajena al discurso científico. De este modo minó su propia reivindicación de presentar resultados de manera científica. Ninguna ciencia que se tuviera por seria habría utilizado este tipo de imágenes. A pesar de todas las críticas a la frenología, las ideas básicas de Gall fueron desarrolladas más tarde, cuando la antropología, la biología y la medicina se convirtieron, en la segunda mitad del siglo XIX, en las principales ciencias para el estudio cuantitativo y físico del hombre. Un entramado de métodos clínicos, anatómicos y fisiológicos, de técnicas e instrumentos, se aplicó al estudio de las facultades mentales, y cada vez fue más aceptada la imagen del cerebro como un mapa en el cual se iban añadiendo suce-sivamente facultades. Las imágenes funcionales del cerebro que sirvieron como guía a este respecto eran curiosamente muy poco llamativas -al principio no eran más que bosquejos esquemáticos, cuya exactitud anatómica era sólo aproximada-. De ahí que el potencial del dibujo mostrado en la Figura 3, que localiza en el cerebro el mecanismo del lenguaje, fuera apenas apreciable. En 1874, el psiquiatra Carl Wernicke causó cierto revuelo con su teoría de la afasia, la cual sintetizaba elementos de anatomía, fisiología y patología clínica. Al centro frontal del lenguaje, donde Paul Broca había localizado el factor motriz del mecanismo del habla junto a las llamadas "imágenes del movimiento", Wernicke añadió un centro sensorial posterior que incluía además "imágenes de la memoria", con las impresiones sensoriales del pasado (Wernicke, 1874, 19). La Figura 3 describe este mecanismo cerebral: x indica el centro sensorial del lenguaje, y es el centro motor del lenguaje, ax representa la vía auditiva, ym la vía de salida del lenguaje. Con esta representación de las funciones conectadas entre ellas, Wernicke presentaba un modelo del cerebro como máquina sensomotora. La fuerza de este modelo radicaba en el hecho de que estaba basado en estudios anatómicos y clínicos que parecían sugerir tal diferenciación funcional en la corteza cerebral. Esto llevó a que Wernicke definiera los mecanismos del lenguaje como un "arco reflejo cortical", en el que los impulsos eran recibidos, transformados y reenviados. El lenguaje no se convirtió, al menos para los propósitos estratégicos de la investigación, en algo distinto de cualquier función física, y esto es justo lo que el dibujo pretendía mostrar. Para este tipo de visualización no era necesaria la precisión anatómica en la representación de los dos centros del lenguaje. Tras Wernicke, siguió un proceso de difusión, una búsqueda sistemática de regiones del cerebro que pudieran ser aisladas según su funcionalidad. Esta búsqueda se centró sobre todo en las propiedades que habían sido descartadas anteriormente, como la vista, el oído, o las funciones somáticas y sensoriales. Inicialmente su localización fue el objeto de una serie de experimentos planeados metódicamente. El fisiólogo berlinés Hermann Munk destacó especialmente en este sentido. Sus localizaciones en la corteza cerebral fueron más allá de la distinción topográfica de las funciones mencionadas (figura 4). Así como Wernicke había establecido una distinción entre los aspectos sensorial y motor del lenguaje, Munk distinguió, en sus experimentos sobre el sistema visual, entre la ceguera y la ceguera mental mentales, aun cuando las declaraciones programáticas de la teoría de la localización apuntaran en la dirección de un estudio exhaustivo de las funciones orgánicas. La simplicidad de sus figuras ayudaron a prevenir cualquier asociación aventurada respecto a la organología de Gall. Lo mismo puede decirse del dibujo realizado por el neurólogo suizo Constantin von Monakov, a pesar de no indicar ya simplemente la localización de una intervención experimental o una lesión patológica. El objetivo de Monakov era identificar las áreas motoras en la corteza cerebral humana (figura 5), para cuyo fin recurrió a datos que procedían de muy diversas fuentes. Lo que parece ser en esta imagen una colección de datos homogéneos provenía en parte de resultados de experimentos realizados sobre animales y en parte de observaciones sobre pacientes con lesiones cerebrales (Monakov, 1897, 381). La imagen de Monakov no mostraba por tanto el cerebro de un individuo concreto, se trataba más bien de un espacio material de representación en el cual habían tenido lugar distintas técnicas científicas, algunas de ellas ni siquiera realizadas sobre el cerebro humano. ("Seelenblindheit"), y en sus experimentos sobre el sistema motor y sensorial, entre la parálisis de partes concretas del cuerpo y la parálisis mental ("Seelenlähmung"). Cada una presentaba síntomas diferentes y apuntaban a lesiones en regiones cerebrales distintas. La ceguera mental hacía referencia a la ausencia de memoria visual sobre objetos familiares; la parálisis mental significaba, en el tosco lenguaje experimental de Munk, que un mono "con parálisis mental en una extremidad frontal ya no sabe cómo llevar la mano a la boca, no importa cuán grande sea su apetito hacia los manjares que tiene en las manos" (Munk, 1890, 59). Cabe destacar que no fue el comportamiento del desgraciado mono lo que encauzó la investigación de Munk. Al contrario, fue la posibilidad de representar la realidad anatómica de una región cerebral dañada lo que hizo de la conducta del mono una acción deficiente claramente identificable. Esto es lo que las figuras de Munk pretendían mostrar. Indicaban el lugar de la intervención experimental, y fueron tomadas como modelo para posteriores usos en el laboratorio. Imágenes como éstas se encontraban muy lejos de las descripciones frenológicas sobre las representaciones aquel entonces las inscripciones anatómicas, clínicas y experimentales de funciones en la corteza cerebral se encontraban bastante avanzadas, pero la carrera del hombrecillo del cerebro no había hecho más que empezar. Los primeros estudios experimentales fueron realizados sobre animales, pero un campo enteramente nuevo de investigación se abrió con las primeras operaciones neuroquirúrgicas. Las experiencias sobre el cerebro humano fueron realizadas en relación a la terapia quirúrgica para la epilepsia, cuya práctica estaba a la vanguardia: la es timulación eléctrica de varias regiones de la corteza cerebral durante la operación no eran experimentos adicionales, pues el propósito era localizar con exactitud el foco epiléptico. Esto permitió trazar un mapa más exacto, que a la vez permitiera intervenciones neuroquirúrgicas más efectivas y seguras. Así, la experimentación y el tratamiento terapéutico eran uno y lo mismo. Su éxito se confirmaba clínicamente por la evolución postoperatoria, y científicamente por el correlato hallado entre una estructura anatómica conocida y la ubicación de la estimulación eléctrica (Hagner, 1994). El neurólogo y neurocirujano de Breslau Otfried Foerster fue capaz de dibujar un mapa con todas las áreas de proyección sensorial y motora en la corteza cerebral (Foerster, 1925). Los resultados obtenidos a través de la estimulación directa sobre personas vivas permitían a Foerster introducir una serie de funciones en una misma sección del mapa cerebral: "los movimientos rítmicos al masticar, salivar, tragar, relamerse, gruñir, bramar, gimotear" (ibid., 539-40). Los experimentos provocaban artificialmente actos involuntarios que en condiciones normales estaban controlados mínimamente por la voluntad del sujeto. Los pacientes de Foerster estaban despiertos durante la operación, pero no eran más que indefensos objetos de las sucesivas estimulaciones eléctricas. Sometidos a estimulaciones en la región parietal de la corteza cerebral, se esperaba que experimentaran sensaciones como la de "flotar, cosquilleo, sensaciones eléctricas, sensaciones de ahogo, fatiga muscular" (ibid., 543). En estos experimentos realizados por Foerster, la técnica anatómica de la citoarquitectónica mostró ser muy efectiva en dos aspectos: en primer lugar como apoyo metodológico para la cirugía del cerebro, que al fin presentaba alguna promesa de éxito, y en segundo lugar como representación de la maquinaria psicológica del cerebro, la reconstrucción completa de lo que era la el hOmúnculO cORtical El desarrollo de la teoría de la localización en el siglo XX no es una historia lineal de acumulación de éxitos. Las concepciones holistas en torno a una función integral del cerebro tomado en su totalidad resultaron de interés en determinadas ocasiones para la investigación del cerebro, por ayudar a resolver ciertas anomalías derivadas de la idea de localización y porque evitaban una visión reduccionista del hombre. Ajenos a tales ideas fueron los intentos posteriores de localizar las funciones motoras y sobre todo sensoriales que no eran consideradas psicológicas en el sentido estricto del término, aun cuando fueran de gran importancia a la hora de establecer la presencia icónica de las funciones mentales. La interacción de estas consideraciones puede observarse en la obra de Sigmund Freud. En su estudio prepsicoanalítico La afasia se opuso a la localización cerebral del mecanismo del lenguaje de Wernicke. Para Freud, a pesar de la innegable conexión entre la actividad mental y la anatomía de la corteza cerebral, ni la localización de las facultades mentales de Gall ni la ubicación de las propiedades psicológicas elementales de Wernicke podían escapar a la naturaleza arbitraria de la formación de los conceptos psicológicos. Estos conceptos y categorías estaban basados en observaciones de la conducta y no eran necesariamente compatibles con las complicadas leyes que regían la función cerebral (Freud, 1992, 96-7, 106-10). Por otro lado, Freud advirtió del peligro de creer que las funciones o regiones concretas de la periferia del cuerpo tuvieran una representación topográfica exacta en la corteza cerebral. Esta observación tocaba una cuestión fundamental: si cada músculo individual y cada zona particular de la piel tuviera su proyección en una ubicación precisa de la corteza cerebral, entonces, sostenía Freud, al final tendría que aparecer inevitablemente un doble cerebral de la persona misma, quizá deformado. En un pasaje central de El yo y el ello, sostenía que el desarrollo del ego estaba íntimamente ligado a la percepción del propio cuerpo: "El ego es en primer lugar un ego corporal; no es una mera entidad superficial, sino la proyección misma de una superficie". Consciente de que esta tesis era insostenible si no hacía referencia a la anatomía del cerebro, Freud añadía: "Si deseamos encontrar una analogía anatómica para el ego, podemos identificarlo fácilmente con el 'homúnculo cortical' de los anatomistas" (Freud, 1955, 253-4). Por meta de la investigación del cerebro. Pero las imágenes visuales eran además la expresión de la voluntad de verdad en la investigación sobre el cerebro. Pues las imágenes funcionales del cerebro se habían convertido ahora en algo más que un simple modo de indicar la localización obtenida de la manipulación del investigador: presentaban verdades sobre el cerebro y, por ende, sobre el ser humano (figura 6). No pasaron más que unos pocos años para que apareciera una oportuna confirmación visual de esta reivindicación. El neurocirujano canadiense Wilder Penfield se familiarizó con la técnica de la estimulación intraoperativa de la corteza cerebral durante una estancia de investigación con Foerster en Breslau. Penfield tenía mejores técnicas a su disposición y un número mucho mayor de pacientes a quienes poder realizar las operaciones. Así, fue capaz de modificar y mejorar la representación cerebral de Foerster, y dedujo que las proyecciones sensomotoras en la corteza cerebral mostraban que el ser humano era un ser concentrado en los pulgares, los labios y la lengua. La representación del ser humano como un pequeño homúnculo (figura 7) formado por las partes separadas del cuerpo indicaba una nueva etapa en la representación de las cualidades psicofísicas, en las que una persona se hacía visible, a la manera exacta de la prognosis de Freud. La deformación en el homúnculo de Penfield mostraba cómo era entonces la delegación estructural de las funciones, lo constitutivo al ser humano. Las representación con formas prominentes de regiones del cuerpo como los pulgares, los labios y la lengua, indicaba que ocupaban más espacio en el cerebro, en proporción a su importancia sensorial y motora en el mundo real (Penfield and Rasmussen, 1950, 114-5). Un icono como el homúnculo sugería que los investigadores del cerebro eran capaces de desmontar al hombre y volverlo a montar, aunque al final pareciera algo distinto a lo que antes era. Lejos de ser un mero divertimento, el homúnculo es la visualización de décadas de investigación experimental. Este breve recorrido, que abarca el período comprendido entre la organología de Gall y el homúnculo de Penfield, muestra cómo mientras los conceptos y prácticas antropológicos y psicológicos evolucionaron, la pretensión de comprender la vida mental humana a través de medios cuantitativos no lo hizo. A Gall le preocupaba dividir al hombre en propiedades, deseos, tendencias y talentos. Más la vieja cuestión filosófica mente-cuerpo, y la concepción del cerebro como un espacio material de representación se ha conservado desde el comienzo de la investigación sobre la localización. Pero la principal división entre las imágenes morfológicas y funcionales ya no tiene sentido. A partir de la segunda mitad del siglo XX, cuando las técnicas aún vigentes como la tomografía por ordenador representan estructuras y los impulsos nerviosos se han hecho visibles, sobre todo a través de la técnica de desviación y los registros gráficos del electroencefalograma, la división se ha vuelto obsoleta con las nuevas técnicas de visualización. neuROimagOlOgía: la fisiOnOmía intROspectiva En la medida que el conocimiento de las funciones cerebrales y sus ubicaciones se basa cada vez más en la neuroimagología, el problema epistemológico que surge es: ¿Qué significa, entre otros aspectos, que una determinada actividad mental corresponda con una determinada imagen del cerebro? ¿Qué significa corresponder en este caso, qué significa representar? A la luz del tremendo poder de las imágenes, ¿Seguirá sirviendo la construcción simbólica del cuerpo como respuesta a la pregunta "Qué es el hombre"? ¿O se desarrollará un nuevo vocabulario para explicar nuestro acceso a través del cerebro hacia nosotros mismos y hacia el mundo? ¿Cómo cambiará nuestra percepción de nosotros mismos en tanto que humanos capaces de viajar hacia nuestro interior, no sólo mediante un endoscopio insertado por los orificios naturales del cuerpo, sino a través de nuestros propios cerebros? ¿Siendo capaces de observarnos por partida doble: mediante el pensamiento introspectivo y las sensaciones, y observando después las correspondientes alteraciones del cerebro en la pantalla del ordenador? Semejantes planteamientos arrojan luz sobre una nueva forma de biopolítica. Es ya casi una realidad que los escáneres del cerebro se conviertan en un medio de exteriorizar nuestro más íntimo ser de un modo tal que, en comparación, los detectores de mentiras parezcan meros confesores indulgentes. Hace quince años, John Taylor, director del Centro para las Redes Neuronales en el King's College de Londres, declaró: "Se abren ventanas hacia la mente por toda la materia gris" (Taylor, 1994, iv-v). Este es uno de los más tempranos ejemplos de jactancia retórica que terminó siendo un tarde se trató de dividir al hombre en funciones psicológicas y físicas. Las imágenes funcionales del cerebro usadas en la investigación de la localización estuvieron siempre presentes durante este período, ya fuera como apoyo heurístico o como representación de las cualidades mentales o del hombre mismo. A menudo ocurre que la ciencia no aborda su propia historia con suficiente rigor. La historia del progreso científico se altera para que la investigación vigente encaje con las clasificaciones históricas. Tras alcanzar un lugar bien asentado en el conocimiento de los libros de texto e influir en la estrategia de la investigación del cerebro durante varias décadas, con una avalancha de representaciones gráficas del cerebro en su haber, el homúnculo de Penfield terminó siendo desacreditado como naif y erróneo. En un artículo del influyente Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry, Penfield fue acusado de haber abusado del homúnculo pasando por alto la falta de precisión metodológica en sus resultados -como por ejemplo mediciones no contrastadas sobre grupos de pacientes, una inadecuada determinación funcional de determinadas regiones, o el fracaso a la hora de diferenciar diversas localizaciones o tipos de estimulación-y por consiguiente también de haber traspasado la frontera que separa al hecho de la ficción: "Con el homúnculo, la ciencia ha cedido el paso a la filosofía" (Schott, 1993, 333). En otras palabras, el valor científico del homúnculo fue puesto en duda, y hoy en día no es ya considerado ni útil ni válido. No es accidental que esta nueva consideración tenga lugar en un momento en el que los historiadores han estudiado el homúnculo como símbolo tangible de las pretensiones de explicar al hombre en su totalidad, y cuando puede ser admirado en grandes exposiciones en torno a la historia de la investigación sobre la mente humana, adquiriendo finalmente el estatus de una "semiófora" (Pomian, 1997) culturalmente establecida. Mientras tanto, la neuroimagología ha producido nuevos ídolos icónicos. El homúnculo cumplió con sus propósitos. A la luz de estas pinceladas históricas podemos preguntarnos en qué sentido estas imágenes, apuntes y esquemas que acabamos de ver, incluyendo el homúnculo de Penfield, están relacionadas con las actuales imágenes por ordenador, con su contenido morfológico y su producción técnica. La respuesta es simple: no hay relación alguna. Ha perdurado la intención de hallar una solución científica a investigaciones presentes y futuras son: ¿Qué áreas del cerebro están activas durante el proceso de una tarea lingüística concreta, qué parte de la tarea se lleva a cabo en qué lugar; cómo se relacionan entre sí las diferentes redes neuronales? A medida que va progresando la investigación, no parece tan utópico imaginar la posibilidad de insertar, por ejemplo, en un individuo todos los procesos mentales necesarios para el cálculo, para jugar al ajedrez, componer música, realizar algún trabajo artesano, leer, o ver imágenes morfológicas o funcionales del cerebro en tres dimensiones. Se ha hecho posible representar la diferente actividad cerebral resultante de la percepción de una cara conocida y la de una cara desconocida. Esta destreza puede ser de gran interés para la policía secreta o militar. Sin embargo, ¿será alguna vez posible leer el perfil de una persona como si de un curriculum vitae o un apunte autobiográfico se tratara, con la excepción de que el autor no es ya el individuo que reflexiona sobre sí mismo, sino la representación visual de una actividad cerebral que puede ser localizada en el espacio y el tiempo? Imaginemos un jugador de ajedrez meditando su próximo movimiento. Su concentración se hace evidente en su postura y su expresión facial. Pero no son poses específicas del juego del ajedrez ni dicen nada del contenido del proceso mental. La imagen cerebral que muestra la mente en plena actividad da otros resultados. La fisionomía del cerebro, la imagen de la actividad que acompaña a la reflexión del jugador sobre su próximo movimiento, es específica en el sentido de que puede distinguirse de otras actividades mentales. Además, la actividad es cuantificable, al menos para tareas de un mismo tipo o semejantes: lo que para uno es el titileo de una vaga luz para otro es una antorcha resplandeciente. Es posible establecer conclusiones de tales diferencias. Aun asumiendo que este tipo de datos no son siempre accesibles, resulta concebible que el perfil cerebral de un individuo se utilice en el proceso selectivo de profesiones con cierto grado de dificultad o riesgo, o para cubrir puestos de responsabilidad. Quizá esto sólo pudiera darse junto a tests psicológicos, los cuales no desaparecerán tan pronto como creemos. Pero se podría descartar la posibilidad de que en ciertos dominios las imágenes del cerebro pudieran convertirse en elementos rutinarios, como lo es el electrocardiograma en la diagnosis de las enfermedades del corazón y de la circulación. Esto podría ser ante todo una cuestión de viabilidad técnica, administrativa y de financiación. Es cierto que tanto el factor determinante en la percepción pública de la neuroimagología. Un elemento central en este tipo de puesta en escena fue el refuerzo mutuo entre la palabra y la imagen. Hacia la mitad de la página, próximo al título del artículo de Taylor hay una amplia imagen a color con una resplandeciente bola de fuego sobre una esfera deformada y atravesada por surcos que se vuelve más oscura hacia los bordes, con un fondo negro de contraste. A decir verdad, la imagen parece un logotipo del MRT. La bola de fuego representa la región activa del cerebro de un voluntario que empieza a pronunciar una palabra para sus adentros. Una imagen del cerebro como ésta, señala Taylor, ofrece "un enfoque mucho más concreto" de la mente. Su artículo arremete contra las ideas de conciencia y autoconciencia como si se tratara del frente enemigo, y da la sensación de que el problema sobre el modo en que el cerebro da lugar a los procesos mentales puede ser pronto resuelto. Michael Posner y Marcus Raichle, dos pioneros en la neuroimagología, han manifestado un sentimiento parecido en su libro Images of Mind, cuyo propio título mantiene ya la promesa de hacer visible algo que usualmente se considera imposible de visualizar. Las imágenes del libro son algo obsoletas, pues es ya posible representar el flujo sanguíneo con mucha más precisión mediante el BOLD-fMRT, pero esto no cambia su pretensión de presentar nuevos mundos cerebrales, "los sistemas cerebrales que intervienen cuando pensamos" (Posner and Raichle, 1994, 245). Mientras los frenólogos estudiaban partes muertas del cráneo o del cerebro, las nuevas visualizaciones del cerebro en vivo lo hacen sobre lo que percibimos como un yo pienso o un yo siento. Todas las imágenes del cerebro de las nuevas neurociencias cognitivas poseen un importante aspecto fisionómico. Podemos observar cómo funciona la mente a través de la mera observación del rubor o la mímica de un rostro y a partir de ahí trazar conclusiones sobre el estado de la persona en cuestión. La neuroimagología es entonces una especie de fisionomía introspectiva. ¿Qué es lo que quieren decir los neurocientíficos cuando proclaman que mediante el acceso a los procesos neuronales las nuevas técnicas en imagología son capaces de producir una visualización cada vez más perfecta de la actividad mental? En primer lugar, la vieja idea de la localización, según la cual una facultad estaba asociada a una región particular, se aplica ahora a una red mucho más compleja. Nadie duda de la existencia de los centros motores y sensoriales del lenguaje. Pero las cuestiones a las que responden las Las imágenes del cerebro son mucho más apropiadas para este propósito. Muestran aspectos mucho menos complejos de la personalidad y son por tanto más fácilmente adaptables a propósitos biopolíticos. Las imágenes del cerebro podrían servir para inscribir normas, consultar, controlar, hacer sugerencias, proporcionar pautas para la autoevaluación y planes de acción. Así como un electrocardiograma advierte si un paciente que ha sufrido un ataque al corazón está recuperado para el ajetreo del acto sexual, las imágenes del cerebro determinarían si alguien está más dotado para la música o para las matemáticas. Por supuesto, una sola imagen no es suficiente para tal propósito. En el transcurso de un determinado período de tiempo, imágenes adicionales podrían dar cuenta de los progresos y ser grabadas en chips de datos personales, listos para ser consultados en cualquier momento y lugar. Un aumento de lucidez en la imagen cerebral de un estudiante podría servir de motivación en su aprendizaje, del mismo modo que una imagen de rayos X le muestra a un paciente que su hueso roto se está recuperando. El punto de referencia para la valoración de tales imágenes pueden ser las imágenes grabadas con anterioridad. Avances de este tipo podrían conducir a una situación en la cual la diversidad y relevancia de la vida mental se midieran principalmente por su visualización. De acuerdo con Vilém Flusser, las nuevas imágenes nos "permiten dejar atrás una vez más el vago mundo de las abstracciones y volver a la experiencia concreta, al conocimiento, al juicio y a la acción" (Flusser, 1992, 44). Pero este desarrollo tiene un precio: "la búsqueda de conexiones más profundas, explicaciones, enumeraciones, recuentos y cálculos, esto es, el pensamiento lineal y textual con un enfoque histórico y científico, ha sido reemplazado por un modo de pensar superficial vinculado a la imagen". En las ciencias humanas, el pensamiento y la profundización a la antigua usanza, del cual el psicoanálisis puede considerarse representativo, está siendo reemplazado por el conocimiento superficial de las imágenes del cerebro -sin preocuparse por la validez o invalidez del enfoque anterior-. El estudio de los seres humanos podría limitarse entonces a producir formas materiales de representación como churros. No se trata del problema de la abolición del sujeto sino del advenimiento de una nueva antropología: una antropología cerebral que en realidad no produce ya nada más que estructuras superficiales. encefalograma como otros métodos de examen utilizados desde hace tiempo no se han hecho rutinarios en la determinación y optimización de resultados. Pero esto se ha debido principalmente a su escaso valor en comparación con otras fuentes de información sobre el funcionamiento del cerebro. Por el contrario, el electrocardiograma ha jugado en las pasadas décadas un considerable papel en la determinación de la disposición para trabajar, tomarse unas vacaciones, hacer deporte o amar. En rigor los electrocardiogramas proporcionan información sobre el funcionamiento del corazón, pero en un sentido más amplio contribuyen sustancialmente a determinar el perfil del rendimiento físico de una persona. Para algunos, las nuevas técnicas en imagología deben trabajar con la esperanza de elaborar una especie de perfil mental. ¿Sobre qué podría arrojar luz tal hiperfisionomía? El pensamiento desordenado puede distinguirse de la resolución de problemas matemáticos, reconocer el rostro de un familiar lo hace respecto a entonar una canción para los adentros, recordar las primeras experiencias de la infancia respecto a la primera discusión con la pareja, el conflicto con los padres respecto a los sueños eróticos. ¿Qué se gana con estas distinciones? La respuesta no se halla ni en el cerebro ni en las máquinas y por tanto no puede determinarse ni cerebral ni técnológicamente. Más bien puede hallarse sólo en el ámbito de las negociaciones sociales y culturales que determinan lo que ha de significar esta información sobre el cerebro. En el siglo XX la investigación sobre la psique humana era tarea del psicoanálisis principalmente. Ningún escáner del cerebro puede igualar los detalles biográficos, las intimidades y los más ocultos estratos de la personalidad desvelados por el psicoanálisis. Pero lo crucial se halla en otro lugar. El psicoanálisis tuvo ciertas repercusiones, pero nunca se convirtió en un método recurrente para la biopolítica. Supongo que no es porque los presupuestos del psicoanálisis hayan sido considerados aberrantes, ni porque el inconsciente o los deseos humanos no hayan tenido un buen recibimiento en la ingeniería social. Es mucho más probable que la cuestión radique en que el psicoanálisis ha resultado demasiado elitista y complicado, demasiado tedioso, impracticable y difícil de manejar. Sus resultados no son lo bastante elementales y sí demasiado complejos para resultar operacionales en una determinación general de perfiles de personalidad., ver Hagner 2002;2004;2006; Dumit 2004; Weigel 2004; Burri 2008. intencionalidad, la identidad y el libre albedrío son considerados como "el comportamiento de un gran número de neuronas y sus moléculas" (ibid., 17). Es inevitable que concibamos el aumento mínimo del flujo sanguíneo en una determinada región del cerebro como el correlato o la causa de un esfuerzo mental, de la declamación de un poema o de los pensamientos y sensaciones que acompañan a la contemplación de una imagen fotográfica o un rostro transfigurado. Qué se obtiene con ello es una cuestión cuya respuesta difícilmente se hallará en las meras imágenes. Una de las consecuencias de este nuevo desarrollo podría ser que la introspección y las interpretaciones subjetivas se fueran quedando en el camino. Algunos investigadores del cerebro ya han recomendado alguna vez evitar tales categorías. El difunto Francis Crick consideró desproporcionada esta hipótesis según la cual "para conocernos a nosotros mismos necesitamos comprender el comportamiento y la interacción de las neuronas" (Crick, 1994, 10). Este punto de vista no es precisamente nuevo, pero mientras en los primeros tiempos los investigadores del cerebro se retiraban adoptando en cierta medida posiciones de escepticismo o agnosticismo, ahora la alegría y el sufrimiento, la
hacia una epistemOlOgía aRtesanal: cOsmOgRafía y caRtOgRafía en la euROpa del siglO xvi En 1531 Juan Luis Vives (1492-1540) escribía en su De tratendis disciplinis que los hombres doctos no debían dar la espalda al trabajo de los artesanos, sino más bien conocer los detalles de su actividad. La cita de Vives viene muy al caso. La mayoría de los historiadores de la ciencia moderna han mantenido un punto de vista demasiado clásico a este respecto, donde no se han tenido a penas en cuenta, ya no sólo las instituciones de las considera-das "ciencias menores", sino tampoco su propio quehacer científico. Si uno se detiene en el puritanismo de Charles Webster, el análisis contextual de Michael Hunter, la política radical y el latitudinarianismo de Margaret Jacob, el corporativismo profesional de Harold Cook, la historia de las universidades de Mordechai Feingold, los resultados epistemológicos de Barbara Saphiro o el discurso político de Shapin y Schaffer, un tema singular emerge en todos ellos: la práctica científica como una actividad que en el siglo XVII inglés dependía en gran parte de otro tipo de actividades (Lux, 1991). ¿Qué tipo de prácticas eran éstas? En este artículo se pretende recuperar la voz de los cosmógrafos, de los navegantes y de los cartógrafos como artesanos de la ciencia que ya hacia mediados del siglo XVI iniciaron un nuevo estilo de pensar la naturaleza que más tarde interesaría a la nueva filosofía natural. Intento mantener que cuando se habla de la ciencia moderna deben analizarse todas las ciencias de la naturaleza y no sólo las disciplinas físico-matemáticas. Asimismo, deben considerarse las concepciones mecanicistas de la naturaleza emparentadas con la filosofía experimental, a la que tanto contribuyeron cartógrafos y cosmógrafos como Abraham Ortelius. Bajo la estela de los escritos de Zilsel y el rescate de los artesanos de los siglos XV y XVI por parte de autores como Rossi, Crombie, Hooykaas y, más recientemente Pamela H. Smith, se examina ese nuevo estilo de formular y resolver los problemas de la naturaleza por parte de las disciplinas emergentes que acabaron controlando la representación del espacio visual a través de nuevos métodos cartográficos. Se trata en definitiva de reconocer en estas disciplinas un estilo intelectual común que también contribuyó a los orígenes de la ciencia experimental moderna. Cosmografía; Cartografía; Ciencia Moderna; Epistemología Artesanal; Zilsel; Hooykaas; Ortelius; Filosofía Natural; teoría; práctica; Ciencias Baconianas. postura menos ortodoxa ante la práctica científica de la Europa moderna 1; autores que también han atendido a las actividades de "segundo orden" con anterioridad a la explosión de las grandes instituciones científicas como la Royal Society de Londres o l'Académie des sciences de París. Edgar Zilsel, Paolo Rossi, Peter Burke y, en buena medida, la tradición historiográfica francesa de la Escuela de Annales (Sánchez y Fragio, forthcoming) constituyen los cimientos de lo que se podría llamar la nueva "epistemología artesanal". Por epistemología artesanal entiendo, en consonancia con Pamela H. Smith 2, la forma en que los artesanos, como nuevas autoridades sociales e intelectuales, eran conscientes de su propia manipulación de la naturaleza a través de sus producciones materiales y sus procesos de creación. Este nuevo estatus epistemológico se produjo, en buena medida, por la aceleración del comercio mundial y la reactivación de la nobleza urbana. Se trata, en definitiva, de una nueva forma creativa de generar conocimiento mediante el control de la naturaleza. En este artículo se intenta esclarecer, con el ejemplo de la cosmografía y la cartografía del siglo XVI, y siguiendo la tradición promovida por Olschki, Zilsel, Rossi y, más recientemente, Smith, en qué consistió esa epistemología artesanal que tan decisiva fue para el futuro del programa baconiano. Un programa que no contribuyó de forma categórica al desarrollo de las ciencias clásicas, pero si al resurgir de nuevos campos científicos que en la mayoría de los casos provenían de los oficios ya existentes (Kuhn, 1993). En un alarde de apropiación del conocimiento empírico Bacon reconstruyó los pilares sobre los que se había levantado el conocimiento artesanal que aún giraba a su alrededor. Una nueva "instauración" filosófica bajo la aureola de las artes mecánicas, la ciencia activa que promulgaba el bienestar de la humanidad. Las nuevas técnicas de observación y representación junto con sus procesos de cognición coincidieron con la reforma educativa de la filosofía. Y esto no fue una casualidad. En la Europa del siglo XVI los artesanos de la ciencia e, incluso, los descubrimientos geográficos 3, o ambos a la vez, propiciaron nuevas formas de representar el mundo más allá de las espiritualistas representaciones medievales y de las imprecisas cartas portulanas. Evidentemente, este argumento no simpatizaría con aquellos autores continuistas como Duhem, Crombie o Grant, pero podría tener una considerable carga persuasiva frente a autores como Butterfield o Koyré, ya que la geografía, y por extensión, la cosmografía, la cartografía, la hidrografía y la navegación ejercieron una influencia primordial como disciplinas modernas que no fueron ajenas a la supuesta revolución de las ciencias. Dentro del campo de acción de estas ciencias matemático-geométricas, el mundo ya no estaba limitado al Mediterráneo. El mundo del Atlántico y, por extensión, del Nuevo Mundo abrió las puertas a un nuevo imaginario europeo donde el mundo físico crecía por instantes. La ciencia moderna también vino precedida por la nueva representación cartográfica del mundo. Los métodos de los cartógrafos portugueses 4, italianos, españoles y flamencos contribuyeron a esa nueva forma de hacer ciencia (Martín-Merás, 1993; Cerezo Martínez, 1994; Higueras Rodríguez, 2002). Sin ánimo de abrir un viejo debate, las raíces de la llamada Revolución Científica también podrían encontrarse en las actividades promocionales de un grupo de pensadores menores con una firme creencia en la "utilidad" del conocimiento, tanto teórico como práctico (Sandman, 2001). Si bien, el florecimiento de dicha revolución quedó más allá de la propuesta inicial. El filósofo de la ciencia Edgar Zilsel mantuvo en la primera mitad del siglo XX ya no sólo que existía una vinculación ineludible entre la tecnología, las artes y el capitalismo moderno, sino que la separación en distintos estratos sociales tanto de artesanos como de filósofos naturales impidió que la emergencia de la ciencia moderna no se produjera antes de 1600. Tras el derrumbe de dicha barrera social como consecuencia de la mirada de los académicos a las artes mecánicas, ambos sectores unieron sus fuerzas bajo la senda de las habilidades empíricas de los artesanos (Zilsel, 1942). La ruptura de las trabas sociales en la segunda mitad del siglo XVI debió ser tan intensa que provocó la reacción de escritores como Rabelais o Vives (Keller, 1950). A partir de entonces podría afirmarse que tanto los valores y objetivos políticos, o imperiales, como los valores económicos o comerciales, y en menor medida los de la ideología cristiana de los siglos XVI y XVII, coincidían institucionalmente en las cortes y academias, e individualmente en comerciantes, artesanos, oficiales y cosmógrafos. Una vez que se empezó a difuminar la frontera que separaba las artes liberales de las artes mecánicas los progresos del conocimiento científico fueron proclamados bajo el programa científico y filosófico de Francis Bacon. Ya -si artesanal o académica-tuvo una mayor influencia sobre el otro, pero en cambio cabría afirmar que si unos aportaron los experimentos y las observaciones, los otros suministraron la teoría y las matemáticas para el desarrollo de la ciencia natural (Zilsel, 1941). Alistair C. Crombie, y en menor medida J. H. Randall Jr., ha señalado que la acción de estos grupos de trabajadores se desenvolvió, aunque sin dejar de mantener un contacto con ellas, fuera de las universidades, donde sin regirse por una formación rigurosa desarrollaron una serie de habilidades que facilitarían el dominio de la naturaleza (Crombie, 1980; Randall, 1961). Un dominio que comenzaba con la construcción material e instrumental y que acababa con análisis cuantitativos, poniendo así en evidencia la mensurabilidad de la naturaleza. Más allá del uso de la palabra y de la certeza de la escritura, estos nuevos procedimientos permitieron el control de las formas de representación del espacio, ya fuera mediante la perspectiva en pintura, por medio de la proyección en cartografía o por la construcción de relojes mecánicos en horolojía 6. En este sentido los nuevos usos estéticos y tecnológicos de la trigonometría topográfica, de las coordenadas cartográficas o de las grabaciones numéricas no deben confundirse con los objetivos de la filosofía, pero en cambio sí debe reconocerse un estilo intelectual que desembocaría en lo que Crombie ha señalado como el "tercer escenario" de la ciencia moderna. Una nueva filosofía experimental centrada en el saber físico-matemático. Práctica y teoría, investigación científica y composición artística, análisis racional y análisis material contribuyeron a la historia intelectual del movimiento científico europeo bajo la premisa de la representación y de la manipulada imitación de la naturaleza. Tanto en la ciencia artesanal como en la ciencia académica el hombre se ha relacionado con la naturaleza como receptor, como conocedor y como sujeto de conocimiento sin necesidad de establecer un clasismo epistemológico que supere cualquier barrera temporal. ¿Cómo la metodología, la epistemología y, en el fondo, la historia del ethos tecno-científico de los que producían con sus manos, se convirtió en la piedra de toque de la nueva filosofía natural gobernada por aquéllos que trabajaban con su mente, artífices de grandes sistemas de pensamiento? ¿Dónde quedaba ahora la manipulación lingüística y dónde la manipulación de objetos materiales? ¿Dónde se sitúa en esta narrativa sobre el nacimiento de la modernidad el antiguo esquema aristotélico que separaba la teoría, los silogismos lógicos y las demostraciones geométricas, de existía entre los navegantes, geodestas, topógrafos y artesanos una gran producción literaria en lengua vernácula que los príncipes, generales y comerciantes utilizaban como manuales de referencia. Fue en estos oficios donde la idea moderna de cooperación científica se desarrolló entre aquellos académicos que estaban próximos a los trabajadores manuales. El Theatrum de Ortelius, publicado en 1570, representó un ejemplo paradigmático de trabajo colectivo con una lista de colaboradores de casi ochenta cartógrafos. La navegación, la cartografía y, en general, todo aquello que el mundo moderno denominó "matemáticas aplicadas" pudieron ser las herramientas de las que Bacon se nutrió para desarrollar sus implicaciones filosóficas y culturales. En tiempos de la reina Elizabeth, un reinado que fue desde 1558 hasta su muerte en 1603, la Corona inglesa envió una comisión de expertos a la Casa de la Contratación de Sevilla, fundada en 1503 por los Reyes Católicos, para comprobar el funcionamiento científico y burocrático de una institución que encarnaría a la Casa de Salomón de la Nueva Atlántida. Contra el escolasticismo primero y frente al humanismo después el programa baconiano supuso el punto de inflexión a partir del cual se forjó el ideal de progreso de la civilización 5. El cosmógrafo Pedro Apiano o el cartógrafo Gerard Mercator fueron algunos de esos artesanos superiores, como Durero o Gemma Frisius, que anticiparon las ideas de Bacon con la reivindicación del uso de la perspectiva, de la proyección y de los métodos geométricos para el dominio y control de la naturaleza. Zilsel sugiere que busquemos en otras fuentes las raíces tanto de la filosofía natural del Renacimiento tardío como del método experimental. Lejos de hallar la respuesta en las tesis aristotélicas o en la supremacía de la palabra, convendría girar la mirada hacia el entusiasmo de la experiencia física, el experimento y la observación; buscar entre aquellos creadores que elaboraban el conocimiento técnico y científico con su mente y con sus manos (Zilsel, 1940). Entre ellos se encontraban cirujanos, navegantes, cosmógrafos, constructores de instrumentos, una suerte de ingenieros que dadas las dificultades técnicas de sus ocupaciones iban alternando su oficio hacia la experimentación y el empirismo ¿Hubiera existido la ciencia experimental tal cual la conocemos de no haber sido demolida la barrera entre las artes liberales y las artes mecánicas? ¿Se preocuparon los respetables académicos de las artes mecánicas por su potencial económico? Resultaría una ardua tarea determinar qué sector de la ciencia decisiva a la hora de delimitar los deberes jurisdiccionales y los derechos económicos de la corte (Moran, 1991; Pimentel, 2001). El trabajo práctico de levantar un mapa, de explorar el territorio, de relacionarse corporalmente con la naturaleza que tanto interesó a la nueva filosofía natural se convertía también, tras su producción, en ocio y ostentación política, en un nuevo carácter estético que unía la ciencia con el arte, ahora desde la representación de la grandeza de los imperios, a la que los príncipes más ambiciosos no eran ajenos. En este sentido la cosmografía se complementó con las pretensiones imperiales de la Europa moderna. Como un espejo de imperios, más que de príncipes, la cosmografía trataba de unificar el cielo y la tierra de tal manera que el mundo entero y sus partes fuesen visibles y mensurables. Para lo particular integraba dentro de sí la navegación, la cartografía o la topografía, disciplinas, todas ellas, que compartían un cierto aire de familia, una forma geométrica y matemática de operar. A fin de cuentas la cosmografía era una ciencia matemática, una ciencia de lo universal y de lo particular, de lo natural y de los hechos mundanos; pertenecía a la esfera de la acción y de la contemplación. Si en principio no coincidía con los supuestos de la filosofía natural contemporánea al menos sí compartieron su ethos material (Bennett, 2003). Además de coleccionista y comerciante, Ortelius también fue cartógrafo. La cartografía de Ortelius, junto con las obras de geometría, óptica y arquitectura, ayudaron a reflexionar sobre el espacio en el Renacimiento europeo. Sus trabajos cartográficos comenzaron a conocerse en los años sesenta 7, donde coincidió en Amberes con otros célebres cartógrafos como Hieronimus Cock, Gérard o el propio Mercator, entre otros. La labor de Ortelius no se reduce al Theatrum, sin embargo en nuestro estudio nos limitaremos exclusivamente a este trabajo. En algunos de sus mapas, como también ocurre en el Theatrum, se deja entrever la asociación renacentista entre la acumulación y la colección de bienes con el cuidado por el gusto y el virtuosismo (Cook, 2007). Estos mapas y el Theatrum, como la Historia Naturalis de Plinio o la Geographia de Ptolomeo, eran pequeños gabinetes de coleccionista, no de cosas naturales, sino de representaciones cartográficas del mundo, de acuerdo a la información de muchas personas, adquirida gracias al reconocimiento del terreno y a los viajes transoceánicos. No en vano, Ortelius publicó algunos mapas del sur de Francia y de la Península Ibérica con la información que su amigo Carolus Clusius trajo de sus viajes. Sin duda, el gran tesoro cartográfico de Ortelius fue el Theatrum Orbis Terrarum publicado en 1570. Con anterioridad al atlas de Ortelius existieron otros libros con mapas, pero ninguno de ellos ha sido considerado el primer atlas del mundo, privilegio que si ostenta el Theatrum (Van den Broecke, Van der Krogt y Meurer, 1998). La obra magna del cartógrafo de Amberes se caracterizaba, principalmente, por la subordinación del texto a la imagen, por la homogeneización de la exposición cartográfica y por el paulatino acuerdo de presentar las ediciones impresas. En este sentido fue el primer ejemplar que vio la luz como un mapa de mapas. Esta obra hizo de Ortelius algo más que un mero editor, un meta-cartógrafo, un nuevo artesano del mundo, e hizo suya una nueva forma de narración cartográfica. Los atlas de finales del siglo XVI surgieron de la necesidad de recopilar en un solo ejemplar encuadernado una serie de mapas ordenados de acuerdo a una secuencia lógica. Era preciso recopilar a través de imágenes la totalidad del mundo descubierto. Lejos de presentarse ante el observador filosofía natural, o lo que es lo mismo, la preocupación por el entendimiento causal y teorético del mundo natural, era menor de lo que se ha imaginado (Bennett, 1986). A lo largo de todo el siglo XVI existió un importante grupo de practicantes fuera de los ámbitos universitarios cuya filosofía activa descansaba en el conocimiento matemático como paradigma del conocimiento humano, tanto por su fiabilidad, eficacia y autoridad como por su utilidad y aplicabilidad. Este conjunto de navegantes, cartógrafos, geómetras o aritméticos ejercían un importante grupo de presión no sólo porque en ocasiones gozara de los favores de la corte, sino porque también se apoyaba en una nada desdeñable producción bibliográfica en lengua vernácula. Ésta ha sido una ruta desatendida por la historia de la ciencia, pero gracias a pequeñas adaptaciones ha sido reconducida dentro del dominio de la filosofía natural. El mecanicismo, la experimentación y la instrumentación requerida para su desarrollo fueron lugares comunes (Bennett, 1986). Tras infinidad de inconvenientes instrumentales y de problemas científicos difíciles de resolver, la representación cartográfica alcanzó la nitidez esperada que los acontecimientos de principios de siglo parecían presagiar. La aparición en los Países Bajos primero de Mercator y después de Ortelius en la segunda mitad del siglo XVI, como los dos grandes promotores de la nueva ciencia cartográfica, marcó el rumbo, también en España, de los aspectos formales y científicos a la hora de levantar un mapa. Dos acontecimientos fueron los responsables: la proyección Mercator de 1569 y el Theatrum Orbis Terrarum de Ortelius publicado en 1570. A partir de entonces, las pautas a seguir para la representación en plano de la esfera terrestre y la imagen del mundo contenida en un solo volumen facilitaron las vías de acceso hacia un mundo cercado y dominado por la vista. La aparición de estos dos hitos de la historia de la cartografía acabó casi definitivamente con la sombra de Ptolomeo. Ortelius fue un hombre apreciado en toda Europa y, especialmente, en los contornos imperialistas de raigambre erasmista. Ortelius gozó del respeto de las cortes de Viena y Madrid. En 1573 fue nombrado por la Corona de Castilla "geógrafo real", por influencia de su amigo Benito Arias Montano, quien había llegado a Amberes para dirigir la impresión de la Biblia políglota en los talleres de Cristóbal y principios del siglo XVII, como el orteliano, constituían auténticos trozos de realidad. Ortelius creó su propio museo científico, su propio gabinete de curiosidades para poder estudiar y visualizar el mundo sin necesidad de salir de su estudio. El Theatrum representaba, como los museos, un espectáculo para la vista. Fue un gran éxito editorial desde la fecha de su aparición hasta bien entrado el siglo XVII, pese a su elevado precio (Van den Broecke, Van der Krogt y Meurer, 1998). A partir del Atlas de Ortelius este género descriptivo se convirtió en una nueva forma de conocimiento objetivo como consecuencia de una nueva forma de relacionarse con la naturaleza. Este conocimiento estaba legitimado por la idea de información, recopilación y acumulación, categorías que le eran inherentes. Se trataba de una imagen del mundo a la vez particular y universal. A través del atlas podía leerse la historia contemporánea, una historia transmitida de observador en observador. Se trataba de una "de-mostración" del mundo que cada uno debía "interpretar" según su criterio. El Theatrum significaba un espectáculo para la mirada, un escenario montado para deleite del espectador, como si se tratara de una imagen fiel de la realidad, en definitiva, un espejo a escala de la naturaleza. El Atlas de Ortelius, como otros teatros del siglo XVI -anatómicos, botánicos, zoológicos-, representaba el teatro del mundo mediante diversas formas de representación cartográfica. En el folio tres de la edición española de 1588 apunta Ortelius: Y cuanto ya estamos hechos algún tanto al uso de ellas, y por ellas hemos alcanzado alguna noticia siquiera mediana de la Geografía, cualquier cosa que leyéremos, teniendo delante de los ojos estas cartas (mapas) como unos espejos de las cosas, queda más impreso en la memoria (Ortelius, 1570). La posesión no sólo de la naturaleza mediante gabinetes de curiosidades o jardines botánicos, sino también la posesión de bonitos libros que resumían el conjunto de la naturaleza en tamaño reducido supuso, durante el Renacimiento, un elemento importante para el esplendor de prestigiosas familias, que dando a conocer sus nuevas adquisiciones, gozarían de los elogios de sus amistades y, a la postre, generarían más riqueza de la que ya ostentaban. La posesión de estos resúmenes completos de la naturaleza otorgaba igualmente fama y autoridad a quienes los poseían y, en como un mero libro de mapas de carácter enciclopédico regido por los valores de la acumulación y el almacenamiento, los atlas no sólo cumplían con la función social de educar geográficamente a los ciudadanos del Renacimiento, sino que también informaba, a la manera de periódico cartográfico, a las cortes más influyentes de Europa. Desde los atlas que llegaban a Castilla, Felipe II se encontraba en disposición de ver todo el mundo descubierto ante sus ojos. Desde El Escorial, el rey se sentía dueño y señor del mundo que sus artesanos habían recreado para él. Con los atlas el libro ejerció más que nunca su fuerza de síntesis para ofrecer a los ciudadanos renacentistas una imagen del mundo a la vez parcial y global. El formato libro sirvió para que un público cada vez más amplio leyera la historia contemporánea. Una historia que entraba por los ojos y no por los oídos. El Theatrum de Ortelius representa el caso más notorio dentro de esa historia renacentista de la cultura visual, una historia marcada por las necesidades geográficas de reflexionar sobre los espacios de representación de los conocimientos (Besse, 2007). El Atlas de Ortelius no era entonces un mero objeto material. Como su título indica, quien abre el Theatrum está dispuesto al espectáculo, a un modo de figuración, a un bosquejo de conocimiento que va más allá de la mirada, pero al que no se llega sino por la contemplación. El Atlas, y los mapas que contenían, en tanto que instrumentos de pensamiento, hicieron posible un nuevo imaginario espacial más allá de la imagen artística y científica al desnudo, un teatro de auto-representación. El teatro barroco redujo, como nunca antes se había hecho, el macrocosmos al microcosmos mediante un espectáculo representacional que ponía en evidencia los productos de la ingenuidad e invención humana. El mayor logro de la idea de teatro fue la recreación del mundo en microcosmos, el mundo del creador en escena. Un meta-teatro del mundo que intentaba representar la realidad con fines didácticos y metafóricos. Como ilustraba el drama de Calderón de la Barca, una realidad que conjugaba tanto el emplazamiento del drama cósmico de la redención como el cotidiano engaño de la vida diaria. La idea de teatro figuró como el vehículo idóneo de un dualismo insalvable entre lo material y lo espiritual, lo real y lo aparente, la verdad y la mentira, las palabras y las cosas, la teoría y la práctica, la realidad y su representación (Smith, 1994b; Rodríguez de la Flor, 1999, 2005). Los teatros de finales del siglo XVI la preferencia por un lenguaje claro y preciso. Tanto en un campo como en otro existía un cierto compromiso por el conocimiento objetivo y una mirada atenta de las colectividades hacia la forma en que ese conocimiento se presentaba. Cuando este tipo de valores se convirtieron en el objeto de la filosofía natural un cambio se produjo en la forma de hacer ciencia. Las categorías inherentes al mundo del comercio sentaron las bases del establecimiento de la nueva ciencia para los contemporáneos (Cook, 2007). El movimiento de personas y de objetos, el cambio y conocimiento del mundo tras su descubrimiento, la acumulación de datos, su catalogación y la representación de la esfera desembocaron en esta serie de valores que afectaron tanto a comerciantes como a navegantes y cosmógrafos. cOnclusión: cRuzandO las cOlumnas de héRcules Los viajes de los descubrimientos no sólo provocaron transformaciones en disciplinas como la cosmografía o la navegación, sino también en todas aquellas ciencias emparentadas con la historia natural. El proceso entre los primeros viajes transoceánicos y los trabajos científicos de principios del siglo XVII representan un período de incubación de la nueva filosofía natural. La tendencia empirista que intentaba resolver los problemas científicos a través de la contrastación de los resultados obtenidos mediante la experiencia se impuso a las discusiones escolásticas. Autores como Bernard Palissy o Martin Waldseemüller ya se habían adelantado, a lo largo y ancho del siglo XVI, a los trabajos de Gilbert o Kepler (Hooykaas, 1987; Capel, 1985). Con el trabajo de Ortelius no pretendemos establecer una conexión directa de lo que fue la cosmografía y la cartografía en la Europa del siglo XVI con las pretensiones especulativas de la nueva filosofía natural promulgada por Francis Bacon. Los mapas del Theatrum representaban la naturaleza de forma tangible y visible. En el marco del imperio español, las representaciones ortelianas también quedaban lejos de la antigua filosofía natural de corte aristotélica. En una política dominada por un sistema de mecenazgo al que en gran parte sólo le preocupaban los resultados utilitarios, la metafísica aristotélica no tenía nada que hacer (Portuondo, 2005). La cosmografía de Or-el caso del Theatrum y de España, se convirtió en una cuestión de Estado, era necesario para la prosperidad del mismo. En este caso, los bienes materiales desembocaban en influyentes valores morales (Cook, 2007). Sorprende el eclecticismo de Ortelius para ensamblar las piezas cartográficas disponibles. Sólo cartógrafos como Mercator y Ortelius supieron articular con fortuna las piezas de las que dispusieron. Para verificar y demostrar cómo era el mundo, y representarlo, se necesitaba un instrumento, y para juzgar la precisión del instrumento se necesitaba una demostración (Cook, 2007). Los mapas y los atlas contribuyeron al gran mundo material y visual que conocieron las personas del Renacimiento. El mapa de Mercator y el Atlas de Ortelius no significaron meramente conceptos aceptados sin más, sino descripciones del mundo y los acontecimientos asociados a ellas. No pertenecían al mundo de la especulación, sino de los hechos. Ellos mismos generaban certidumbre. Bajo estas premisas se representaba cartográficamente el mundo en el siglo XVI y así se aproximaron los seres humanos al conocimiento. La adquisición y transmisión de información adecuada jugó un papel decisivo, pero aún fue más importante el acuerdo entre personas de la misma opinión, regidos por ciertos deseos e intereses más que por factores intelectuales. La transformación de la representación cartográfica y, en consecuencia, del conocimiento, se debió más a la producción, acumulación e intercambio de información -de la que por otra parte dependía el comercio-del previo contacto con la naturaleza (Cook, 2007) que de cualquier otro factor innato a la mente humana. El alto grado de aceptación de estos valores brindó una descripción del mundo cada vez más adecuada. Una representación del mundo que se consideraba cada vez más precisa, conforme a los secretos de la naturaleza, fue a la par de una mayor experiencia personal de aquellos que estaban cualificados para ello, mediante una vía empírica de conocimiento. Ésta fue la forma en que se conocía, se experimentaba y se poseía la naturaleza. Los valores de la ciencia parecían ser aquellos que gobernaban el mundo del comercio y el mercantilismo: el viaje, el intercambio, la conmensurabilidad -las dificultades que se derivan de encontrar un patrón de medida, un común denominador-, la credibilidad, las mejoras materiales y Podríamos concluir que los problemas derivados de la ciencia aplicada por la necesidad de agrandar las fronteras imperiales en la búsqueda de nuevos territorios transoceánicos, transformaron sustancialmente la forma que hasta entonces había existido de representar el mundo. Este cambio de actitud que hizo dar prioridad a la experiencia por encima de cualquier otro valor como resultado de los largos viajes hacia el Nuevo Mundo no sólo afectó a la representación cartográfica, sino también a otras muchas disciplinas científicas como la medicina o la historia natural, que a partir de entonces modificaron sus métodos de trabajo (Hooykaas, 1987). A la manera en que Peter Burke en su ya célebre Popular Culture in Early Modern Europe, publicado en 1978, intentó dar voz a una cultura que ya por sí misma era una cultura oral, en este artículo se ha intentado agudizar la voz de otro tipo de cultura moderna, la cultura artesanal como una cultura vinculada a la nueva filosofía natural del siglo XVII ¿Podría confirmarse, de una vez por todas, el éxito de la clase hegemónica en la revolución de las ciencias sin la colaboración de los artesanos? El propósito aquí ha sido, como podría hacerse entre la actividad artística y científica del mismo período, el de unir, más que separar, entre clases sociales de científicos. En el ámbito de las ciencias, más allá de la revolución en astronomía y en física asociada a los nombres de Copérnico, Kepler, Galileo y Newton, otros fueron los ámbitos que contribuyeron a un nuevo movimiento preocupado por la matematización y geometrización del mundo. La mensurabilidad de la naturaleza, la observación, el empirismo, la experimentación y la clasificación no sólo fue un programa propugnado por las ciencias baconianas de principios del siglo XVII, sino que también se extendió a nuevas áreas que incluían tanto las bellas artes como las artes plásticas durante todo el siglo XVI. Sus ambiciones en la resolución de problemas prácticos tuvieron un efecto transformador sobre la forma de entender el mundo natural y el mundo de las artes a partir, sobre todo, de la era de los descubrimientos. La aportación de los artesanos ya no sólo transformó la ciencia a nivel técnico y conceptual, sino la cultura europea en el sentido en que proporcionó nuevas concepciones de la naturaleza y nuevos modos de ejercer su potestad sobre ella. Roy Porter manifestó hace unos años que en la telius no sólo tenía el propósito de abarcar y rodear el mundo, sino también de explicarlo. Y para esta labor la filosofía natural aristotélica ya no era adecuada. La misión de los cosmógrafos hacia finales del siglo XVI había superado la mera tarea de la descripción. No se pretende plantear como una novedad el hecho de que se haya aceptado la capacidad explicativa de las disciplinas geométrico-matemáticas, su consecuente adaptación a una metodología experimental y su acomodación a una narrativa mecanicista de la causalidad. Pero sí, como ha sugerido Jim Bennett, el hecho de que -con anterioridad al advenimiento de la filosofía natural como se conoce hoy día-la geometría y sus manifestaciones cartográficas demostraran su poder explicativo sobre el mundo natural (Bennett, 1998). Su retórica, coherencia y persuasión técnica acabaron por disciplinar la nueva filosofía natural. Por encima de las derivas epistemológicas se encontraban las agendas de las políticas europeas, las exploraciones de nuevos territorios y el cercamiento visual del globo. Los nuevos artesanos del mundo ofrecieron sus herramientas y las pusieron a disposición de los nuevos intelectuales. Se desplazaron de la acción a la organización del conocimiento. El puente entre ambos espacios lo levantaron, entre otros, los mapas, las cartas náuticas, los globos y los atlas. En los siglos XV y XVI se produjeron no pocas transformaciones en el ámbito de la ciencia popular y aplicada. La forma en que los habitantes europeos pensaron y se relacionaron físicamente con el medio ambiente sufrió algunas transformaciones. La solución pasaba por la aportación de remedios prácticos apoyados, en la mayoría de los casos, en intercambios culturales -ideológicos y materiales-y la sofisticación e invención de nuevas tecnologías como la imprenta. Estos factores junto con los conocimientos teóricos, las técnicas instrumentales y las formas de representación del mundo contribuyeron a explicar los modos de conocer que utilizó la cartografía. Los nuevos conocimientos matemáticos y geométricos que facilitaron la proliferación de tratados sobre cosmografía, cartografía y navegación, como consecuencia de la difusión que a partir de entonces proporcionó la imprenta, propiciaron la mejora del diseño naval, de los métodos topográficos y de la cartografía en general. En definitiva, con los avances de estas ciencias aumentaron de forma vertiginosa las transacciones comerciales por todo el globo (Brotton, 2003). 4 Reijer Hooykaas manifestó en los años cincuenta su simpatía hacia la consideración de los oficios y los artesanos. Su tesis mantiene que los navegantes y cosmógrafos portugueses de los siglos XV y XVI contribuyeron sin pretenderlo a la emergencia de la ciencia moderna, socavando, por un lado, la autoridad científica de físicos y matemáticos y fortaleciendo, por otro lado, la confianza en un método empírico cada vez más robusto. Hooykaas se superpone tanto a la concepción historiográfica de corte teleológica como a aquélla que intenta revivir el pasado. Y lo hace tras la caracterización de los cuatro
La prosperidad mercantil y la tolerancia religiosa que caracterizaban a Amsterdam durante el siglo XVII atrajeron a la ciudad a personas de una amplia variedad de orígenes nacionales, etnias y confesiones. Y así quedó registrado en diversos documentos, desde listas escritas hasta grabados y pinturas. Entre esas naciones figuraban los musulmanes, cuya vistosa presencia no era inusual en estampas de escenas callejeras y costumbristas de la ciudad. Musulmanes o, por lo menos, individuos vestidos a la usanza musulmana, pues turbantes y túnicas eran también usados por armenios, que formaban un grupo bien definido en la ciudad, y también por cristianos y judíos que vivían en el seno de comunidades musulmanas. La presencia de figuras de apariencia musulmana en esos grabados resulta exagerada en relación a las cifras reales de musulmanes en Amsterdam, de modo que hay que atribuirla a un deseo de subrayar la doble condición de la ciudad holandesa como emporium mundi y como puerto de tolerancia. Pero esta última tampoco era tan efectiva como la apariencia quería hacer creer: en tanto que los musulmanes residentes podían acogerse a la tolerancia y aún a cierta condición de ciudadanía, ambas fueron severamente negadas a los nativos convertidos al Islam, que también los había, objeto de hostilidad por renegados. Las condiciones de natural o forastero, las opciones religiosas individuales en una u otra dirección y, ciertamente, la realidad y su representación eran factores en juego en las transitadas calles de Amsterdam, factores que se ofrecen a la consideración del historiador (Kaplan, 2006). El Profesor Peter Burke se ha ocupado por extenso de estas consideraciones y de otras relacionadas con ellas. Baste recordar sus reflexiones sobre los usos de las imágenes como documento histórico, en las que advierte juiciosamente que no son ni mero reflejo de una determinada realidad social ni tampoco un sistema de signos desligados de la realidad, sino que ocupan múltiples posiciones intermedias entre ambos extremos; y sus observaciones acerca del valor y de las limitaciones del concepto de "representación", que es precisamente uno de los temas de discusión en el presente seminario (Burke, 2001(Burke,, 2006)). Como no pocas de las tendencias que conforman nuestro presente historiográfico, la noción de representación se asentó con fuerza en la terminología y en los análisis a lo largo de la década de 1980: desde la fundación de la revista Representations en 1983 hasta el artículo de Roger Chartier, "Le monde comme répresentation", su célebre contribución a las reflexiones del "tournant critique" de Annales de 1989, unos años que, además, conocieron la influencia de la antropología cultural y al creciente uso de imágenes en el sentido acabado de mencionar. La noción surgía en buena medida como vía de solución al impasse al que había llegado la historia de las mentalidades de fuerte base cuantitativa y permitía, asimismo, salvar la dicotomía entre objetividad de las conductas y subjetividad de las categorías en los actores históricos. Su atractivo parecía irresistible. El objetivo del presente trabajo es analizar brevemente la noción de representación y examinar sus diferentes usos en el contexto de la historia cultural. Sin embargo, no faltaron objeciones tempranas, publicadas asimismo en Annales. Ya en el mismo año 1989, y en un ensayo sobre el género biográfico, Giovanni Levi se ocupó de la noción de representación según la acababa de plantear Chartier y la consideró justificada -por cuanto permitía abandonar conceptos demasiado indeterminados, como mentalidades, cultura popular o clases-pero, a la vez, insuficiente. Según Levi, el acento seguía situado en el grupo, cuya estabilidad relativa era tomada como dada, de modo que, por un lado, la cuestión de las relaciones entre individuo y grupo quedaba sin resolver y, por otro, persistía buena parte de la indeterminación. Además, discrepó de la asimilación que Chartier hacía entre representaciones individuales y representaciones colectivas y advirtió que otros temas esenciales, tales que la solidaridad de grupo, los conflictos de clasificación o los márgenes de libertad y coerción que éstos revelaban, seguían requiriendo estudio (Levi, 1989). Poco después era Carlo Ginzburg quien entraba en liza, sometiendo el término mismo de representación a estudio detenido y advirtiendo de la engañosa familiaridad que parecían tener palabras habituales como ésa. Para mostrar su complejidad, trazó la alambicada génesis de la idea de que determinadas figuras de madera o cera utilizadas en los funerales reales franceses de finales de la Edad Media representaban al rey difunto. Subyacente a la aparente continuidad de esas ceremonias respecto de los entierros de emperadores romanos, mediaba una fuerte discontinuidad, nacida, por un lado, del estatuto cambiante de las imágenes en el Cristianismo, con sus consecuencias en cuanto al valor de las reliquias y a las fronteras de la idolatría, y, por otro, de la noción de praesentia del cuerpo de Cristo en la Eucaristía, según quedó establecida en el dogma de la transubstanciación (Ginzburg, 1991). Aún siendo de consideración, las objeciones de Levi suponían una aceptación del término representación y buscaban afinar sus resultados. En cambio, la línea marcada por Ginzburg, más severa, parecía llamar a un uso restrictivo del término, ceñido a temas y tipos de documentación bien delimitados. Pero el caso es que "representación" se convirtió en uno de los estandartes de la llamada nueva historia cultural, que precisamente se encontraba entonces en fase expansiva. Y lo hizo acompañado de otros términos no menos autorizados, como el "discurso" de Michel Foucault, las "prácticas" de Michel de Certeau y el habitus de Pierre Bourdieu. Y así, el creciente énfasis en la representación acabó propiciando un sensible cambio en la manera de entender las relaciones entre los distintos factores que constituyen el tejido histórico: desechado le quantitatif au troisième niveau, súbitamente envejecido, eran las representaciones las que parecían alcanzar análisis más profundos. En un aliento similar, al discurso se le consideraba capaz de modelar, cuando no construir, la realidad; y, en otra vuelta no menos visible, esta vez sufrida por la vieja ortodoxia marxista, el estudio de las repercusiones de las imágenes sobre la sociedad ha orillado recientemente a los análisis de la influencia de la sociedad sobre la imagen (Burke, 2001, 228). El estudio de las representaciones se ha asentado y se ha aplicado a las ciencias sociales en general. Y el mundo de la percepción y de la representación se han ampliado a otros ámbitos, como el jurídico y gubernativo: procesos de visita, ceremonias públicas y categorías fijadas en un código civil son entendidas como actos que operan dentro de un sistema de comunicación, sistema que, a su vez, moviliza operaciones de observación, clasificación y comprensión a través de los cuales una realidad es representada y construida (V.V.A.A., 2003; Scholz y Herzog, 1997, esp. las conclusiones, a cargo de T. Herzog). Así pues, si una visita en un virreinato constituye un acto de comunicación, también una lista de precios -icono, antaño, de la historia objetiva y mensurable-supone una representación, según afirma Chartier, sin ningún asomo de boutade (Chartier, 2007, 61). Explorador de las variedades de historia cultural, como reza el título de uno de sus libros (1997; trad., española, 1999), Peter Burke ha seguido muy de cerca la evolución historiográfica que ha pivotado sobre la generalización del término representación. Y aunque el término suele asociarse, ante todo, a Roger Chartier, nuestro autor no ha dejado de efectuar sus aportaciones al respecto. Así queda de manifiesto en tres trabajos suyos, entre otros muchos que podrían aportarse al efecto. En primer lugar, la introducción al volumen final de la New Cambridge Modern History (1979). Ese volumen es una excelente muestra de un panorama historiográfico que muy pronto iba a cambiar ante la irrupción de la renovada historia política y de la nueva historia cultural. Burke dedicó la introducción a reflexionar sobre los conceptos de cambio y continuidad a lo largo del tiempo. Tras observar que las personas tienen Y, en tercer lugar, el artículo sobre los requisitos para alcanzar la canonización durante la Contrarreforma (Burke, 1984). Además de proporcionar una útil prosopografía de los santos canonizados entre 1588 y 1767, Burke trata a los santos como indicadores sociales, culturales y religiosos de su época. Ello se debe a que, vinculados como estaban a las representaciones colectivas vigentes, fueron elevados a los altares tras superar un proceso judicial de canonización, proceso que venía a ser como una construcción de la santidad. En estos y en otros trabajos Peter Burke ha planteado con buen pulso la delicada relación entre realidad y representación. De hecho, es aquí donde radica una de las facetas más notables de la cuestión de los límites de la representación. Y sobre ella versó otro intercambio significativo, el mantenido entre Angelo Torre y Roger Chartier en las páginas de Quaderni Storici en 1995 y 1996. En un detenido análisis de la obra de António M. Hespanha, Bartolomé Clavero, Pierre Bourdieu y Roger Chartier, autores que estaban modificando de manera apreciable la manera de mirar al pasado, Torre reclamaba mayor atención hacia las acciones y, en particular, encontraba un déficit de realidad en los resultados de la aproximación de Chartier. Compartía su planteamiento inicial de que las representaciones no reflejan, sin más, los comportamientos reales, pero consideró que el binomio de Chartier (prácticas y representaciones) se había ido escorando claramente a favor de las segundas, de modo que los actores históricos, entendidos sobre todo en su papel de observadores, recibían más atención que la realidad observada. Las prácticas, en consecuencia, quedaban reducidas a la apropiación de modelos culturales preexistentes y, por ello, subsumidas en las representaciones, crítica que parecía hacerse eco de la observación de Levi acerca de la asimilación de las representaciones individuales en las colectivas. La selección y tratamiento de la documentación se veían, a su juicio, igualmente afectados y todo esto Torre lo descalificó como antipositivismo e idealismo (Torre, 1995 2 ). En su respuesta, intensa, Chartier rechazó de plano las críticas de Torre. Tras considerar dicotómica la diferencia que éste establecía entre realidad y representación (la cual, dijo, Torre entendía como algo abstracto), se preguntó cuáles son las fuentes que gozan de una tal inmediatez experiencias de los acontecimientos y que viven en el seno de tendencias, de las cuales pueden ser más o menos conscientes, arguyó que cambio y continuidad son, sobre todo, conceptos elaborados por los historiadores para organizar y dar sentido a los hechos y datos obtenidos en la investigación, unos hechos y datos a los que, a la altura de 1979, se les consideraba todavía como esencialmente reales y objetivos. Además, Burke habló ya de la transmisión de culturas, tema al que dedicaría estudios específicos, e incluso llamó la atención sobre el interés de la libertad de acción de los individuos, factor de primera magnitud en el estudio del cambio y de la continuidad y que, por entonces, estaba más bien eclipsado por las tendencias dominantes del funcionalismo y del marxismo y que, por contra, en años recientes se ha erigido en uno de los temas centrales en la historia política, social y cultural. En segundo lugar, su artículo sobre la revuelta napolitana de Masaniello de 1648 y el papel atribuido a la Virgen del Carmen en el curso de la misma, publicado en Past and Present en 1983, que dio lugar a una réplica de Rosario Villari en la misma revista. Burke identificó determinados elementos rituales en el comportamiento de Masaniello y demás protagonistas, análisis que Villari consideró que ocultaba la amplitud de los sectores sociales que secundaron la revuelta y que despolitizaba el significado de la misma (Burke, 1983; Villari, 1985). La historia social clásica bien podía considerar que posibles elementos de representación de un ritual reducían la espontaneidad o autenticidad de una revuelta popular. Pero ya Natalie Z. Davis había dedicado un luminoso artículo a los ritos de violencia en la cultura popular, ritos que en modo alguno desmerecían de su carga política (Davis, 1975 1 ). Y en años sucesivos la presencia de esos elementos fue confirmada para un número mayor de casos, hasta el punto que ahora aquellas diferencias de apreciación a propósito de la revuelta napolitana resultan de menor importancia y adquieren el sentido de síntoma de las nuevas orientaciones que estaba tomando entonces la historia social. De hecho, conforme se ha venido imponiendo el enfoque cultural en el estudio de los fenómenos sociales, con el objetivo de estudiar más el significado que la función de los mismos, la llamada "analogía dramatúrgica" ha ganado terreno. Al cabo, las capacidades y los límites de la representación para los estudios históricos parecen encontrarse en el uso que el historiador haga del concepto. En su estudio de las autobiografías de artesanos en la Europa moderna, James S. Amelang ha reflexionado sobre la concepción de uno mismo y la visión de mundo que estos textos desvelan, cuestiones que le ha llevado a tocar -de modo más bien tangencialla cuestión de la autorepresentación. Pero no ha puesto su énfasis a estas cuestiones, sino antes bien en el acto de escribir, en los motivos y propósitos que aquellos artesanos tuvieron en su gesto consciente de practicar la escritura. Al final, repasados algunos de los pros y los contras del término representación, se impone la sensata postura de Peter Burke a propósito de otras dos expresiones historiográficas, no menos conocidas y discutidas: según ha advertido, si se prescindiera del término "mentalidad", se necesitaría otro en su lugar; y la "historia desde abajo" debe seguir practicándose, pese a las objeciones que el término pueda suscitar (Pallares- Burke, 2005, 186, 183). La historia cultural ha conocido grandes avances, los cuales han comportado, a su vez, nuevos problemas. La representación pertenece a ambos terrenos. Peter Burke ha contribuido de manera muy destacada y personal a lograr los primeros y a identificar los segundos. Y ha resumido la situación resultante con imagen feliz: los historiadores culturales han de caminar sobre la cuerda floja (Burke, 2006, 111). Por su parte, Roger Chartier ha representado al historiador situado au bord de la falaise, según el gráfico título de su libro. Las reflexiones de ambos nos permiten habitar en esos lugares, un tanto angostos, sin precipitarnos en el vacío. documental que permitan el estudio del mundo real sin la mediación de las representaciones. Y tras manifestar su discrepancia con el giro lingüístico por el peso excesivo que éste atribuye al lenguaje sobre la realidad, renovó su afirmación de que hay una diferencia irreductible entre las prácticas que construyen relaciones sociales y las prácticas que gobiernan la producción de discursos, de modo que las prácticas no quedan subsumidas ni absorbidas por las representaciones que las designan. Señaló que entre un documento y la realidad que éste construye por el mero hecho de registrarla hay distancias; se pronunció a favor de articular la representación de la práctica y la práctica de la representación: y, a tal efecto, recordó el uso que en varios trabajos había hecho del término "apropiación". Recordó asimismo que el término representación acoge varios registros de experiencia y de realidad y acabó señalando que la historia de la construcción de las relaciones y de las identidades sociales deviene una historia de las relaciones de fuerza simbólica (Chartier, 1996. A su manera, este debate -igual que el intercambio entre Burke y Villari acerca de Masaniello-responde también a las inquietudes del momento en que se desarrolló. Chartier ha explicado posteriormente que, a su juicio, denota la manera en que los practicantes de la microstoria entendían entonces la historia social, una historia muy atenta a las interacciones y estrategias de relaciones entre individuos, familias y poderes (Chartier, 2007, 57-58). En cualquier caso, conforme el constructivismo y el postmodernismo han venido agudizando sus posturas sobre la construcción cultural de la realidad, Torre y Chartier, así como Burke, Ginzburg y otros, todos ellos esencialmente historiadores, han convergido en una postura más compartida, postura consciente de los elementos constructivos subyacentes en los documentos, en el lenguaje o en la mirada del historiador, pero, al mismo tiempo, exigente con los requisitos de verificación y prueba y con el anclaje de cualquier análisis en la realidad estudiada (Torre, 1995, 811-812; Chartier,
Como el título de este artículo puede parecer incongruente a primera vista, quiero comenzar con una palabra de explicación: el título unifica en una sola frase los dos libros sobre los que he trabajado en la Universidad de Cambridge bajo la dirección de Peter Burke 1. El primer libro, La diosa Fortuna. Metamorfosis de una metáfora política, se publicó a finales de 2006 y obtuvo en 2007 el Premio Nacional de Ensayo otorgado por el Ministerio de Cultura. El segundo libro, Identidades barrocas, empecé a escribirlo en la segunda mitad de 2007 y todavía me llevará algún tiempo terminarlo. Entre ambos libros hay, además, otro elemento común basado en la preocupación por el Barroco. Una parte importante de La diosa Fortuna está referida a la filosofía política, la literatura y la iconografía del siglo XVII. E Identidades barrocas parte del intento de clarificar las características que determinan al sujeto de esa misma época, sus formas de expresión y también de simulación/disimulación en el contexto de las cortes absolutistas europeas. En el libro sobre la Fortuna se trata de un análisis de esta diosa desde el punto de vista de la historia cultural de las metáforas, alegorías e imágenes que impregnaron el pensamiento político, la literatura y las artes durante el Renacimiento y el Barroco europeos. De manera multidisciplinar, analizo el tema de la Fortuna en tres claves fundamentales: iconografía, literatura y filosofía política. En la tradición iconográfica resultan especialmente importantes los temas de la Fortuna como diosa del Tiempo, sus relaciones con la Ocasión y también con la Vanidad del Mundo, la Melancolía y la Muerte. Además no debemos olvidar que la Fortuna es hija del Océano y responsable en determinadas épocas del cambio de vientos en el mar que originan las tormentas y el hundimiento de los barcos. Por ello fue venerada la Fortuna marina de forma especial por los marineros, pescadores y mercaderes. Estos últimos dependían de la razón técnica y económica representada por Mercurio, pero también de que la Fortuna hiciera llegar a puerto a las naves mercantes. En las tradiciones literarias europeas, el tema de la Fortuna está presente como un hilo rojo que recorre la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco. Se invoca la protección de la Fortuna en todas las épocas de crisis colectiva, de guerra, azar e inseguridad, de transformación global de las relaciones sociales, épocas en las que los individuos se comprenden a sí mismos como dominados por fuerzas que no pueden controlar, que no comprenden y por ello atribuyen tanto poder a la figura personalizada de la diosa Fortuna que mueve a su capricho y volubilidad la rueda del cambio. Después de un recorrido por la literatura española, privilegio la barroca perspectiva de Gracián, pues en sus conceptos, metáforas y construcciones alegóricas sobre la Fortuna se dan la mano la tradición con todas sus figuras y la capacidad de invención de otras nuevas. En cuanto a la filosofía política me centro en dos momentos: en el siglo XVI analizo las reflexiones de Maquiavelo sobre el poder de la Fortuna en los asuntos humanos y cómo el Príncipe ha de enfrentarse a ella y dominarla, pues en la contraposición entre virtù y Fortuna se puede ver el núcleo central de su pensamiento. En el siglo XVII, estudio las empresas políticas de Saavedra Fajardo en que la Fortuna es utilizada como medio retórico para la educación del príncipe cristiano. En Saavedra se dan la mano el Barroco de la palabra con el Barroco de la imagen en esa conjunción de grabado y explicación textual en que consiste cada una de sus empresas. Durante los siglos XVIII y XIX la diosa Fortuna pasa a un segundo plano, oscurecida por las luces de la razón y del progreso, pero no desaparece del todo. Y regresa de nuevo en el siglo XX transmutada en otras categorías como las de azar, suerte, riesgo o destino. La segunda parte del libro se dedica al análisis de cuatro formas de recuperación de la diosa Fortuna, ya secularizada, en nuestra época: la fragilidad de la vida humana ante la tragedia y el amor, ya que éste no depende sólo de factores racionales sino también de la "buena suerte", como afirmara Max Weber; la compleja relación entre Fortuna y Justicia en algunos filósofos contemporáneos como John Rawls o Jon Elster; el retorno de la diosa Fortuna en la llamada "sociedad del riesgo"; y el poder de la Fortuna en los campos de concentración y de exterminio, pues los relatos de los supervivientes siempre han hecho hincapié en la necesidad de la suerte para sobrevivir, y de hecho, Primo Levi, consecuente con la tradición italiana, habla de intervenciones de la Fortuna necesarias para seguir con vida en tan extremas circunstancias. Así pues, en las esferas del Amor, la Justicia, el Riesgo y la Muerte hace su aparición la Fortuna contemporánea. Pero como este libro sobre la diosa Fortuna ya ha sido publicado no quiero volver más aquí sobre él. El resto de este artículo estará dedicado a algunos elementos del segundo libro, también deudor de Peter Burke, en cuya escritura me encuentro trabajando actualmente y que llevará por título Identidades barrocas. Con este rótulo me quiero referir a una nueva categoría del análisis político de las identidades colectivas. En la filosofía política contemporánea se suele hablar de dos modelos contrapuestos de construcción de las identidades: el modelo ilustrado, cuyo más alto representante sería el cosmopolitismo de cuño kantiano, por un lado, y por otro, el romanticismo político que está en la base de todos o casi todos los procesos de construcción de identidades nacionales desde el siglo XIX. A mi juicio, la forma barroca de identidad se plantea como un tercer "tipo ideal" (en terminología weberiana), claramente diferenciado de los otros dos y no asimilable a ellos. Así pues, nos encontramos con tres tipos ideales de construcción de identidades políticas: barroco, romanticismo y cosmopolitismo ilustrado. Y además, la identidad barroca no es sólo un elemento del pasado, sino que se encuentra presente en la actualidad, en todas las circunstancias en que alguien no puede mostrarse plenamente como es, sino que ha de disimular su verdadera forma de pensar o su condición y opiniones políticas o de otro tipo. Parto de la hipótesis de que la identidad -personal o colectiva-es siempre una narración compleja. Y esta identidad narrativa se construye en relatos, mitos de pertenencia o de origen, se vertebra en torno a metáforas centrales del yo y de la sociedad, al tiempo que se expresa en imágenes artísticas. Como ya he dicho, en la filosofía política contemporánea sobre el tema de la identidad colectiva se suele contraponer el cosmopolitismo ilustrado frente a los particularismos románticos. Sin embargo, pienso que la contraposición más interesante se da entre el Barroco y el Romanticismo y se formula también en torno a metáforas contrapuestas. La metáfora central de la identidad barroca es el teatro, la creación del propio personaje, la apariencia, los principios de la simulación y la disimulación. En torno a la categoría de Theatrum mundi se engarzan toda otra serie de ideas que componen un campo metafórico muy rico. La identidad barroca se define por la complejidad del yo, de un sujeto doble que ha de fingir ser un personaje distinto a quien realmente es en su fuero interno. Por otra parte, la metáfora central de la identidad romántica es la autenticidad. En torno a ella se compone un campo metafórico en el que encontramos otras metáforas como las "fuentes del yo" (Charles Taylor), el "bosque originario" (Jon Juaristi) o En uno de los capítulos de este libro en construcción distinguiré ocho metáforas o figuras principales de la identidad barroca en las que el yo se expresa hacia el exterior o también se entiende a sí mismo. Cada una de las figuras de la identidad es una manera de comprender el mundo desde la perspectiva del individuo y tiene una fuerte impronta en las artes visuales, pues no en vano la época privilegia de una manera especial el sentido de la vista: la cultura del Barroco es una cultura eminentemente visual en la que las imágenes transmiten contenidos pedagógicos importantes en una incipiente "sociedad de masas" que ha de ser dirigida desde un poder concebido como absoluto 4. Mis ocho figuras de la identidad barroca serán: el teatro, el espejo, la calavera, el camino, el libro, el baluarte, el laberinto y el sueño. Pero en este artículo sólo me voy a referir a las dos últimas. el yO en su labeRintO Sorprende a primera vista la profusión de laberintos en la época renacentista y barroca: juegos en los jardines de los palacios, laberintos espirituales, el alma concebida como arrojada al laberinto de la vida del que sólo la puede sacar un Cristo-Teseo, poemas laberínticos, laberintos como emblemas y empresas personales, sellos de arquitectos y divisas nobiliarias, laberintos del amor, o sucesos históricos como la guerra de los treinta años expresados como un laberinto de acontecimientos en los que resulta imposible orientarse. La figura del laberinto define todos los niveles de la experiencia social: el mundo en su conjunto, la sociedad cortesana como maraña de intenciones ocultas que impiden la transparencia, el palacio confuso de que nos habla un título de Lope de Vega, laberintos en los suelos de iglesias y catedrales, el infierno como laberinto, la muerte en el centro del laberinto de la vida, los bastiones defensivos de las fortalezas adquieren forma de laberintos, la ciudad como dédalo inextricable de calles en que uno se pierde o el individuo como embrollo de intenciones y movimiento de pasiones ocultas o en conflicto que el yo no comprende o no puede dominar 5. alegórica de laberintos de los que Andrenio y Critilo han de buscar la salida en El Criticón. Después de haber sido aleccionados por el centauro Quirón, quien les muestra la depravación del "estado del siglo", en el que ya no hay héroes ni hombres eminentes en armas o en letras, todo anda al revés, trabucado, el mundo se ha convertido en Babel confusa y llena de mentiras, caos de la razón de Estado, en el "peregrino viaje de su vida" comprenden Andrenio y Critilo que han de entender todas las cosas al contrario de lo que muestran. Apariencia y realidad se oponen y la política se define como un gran artificio, como la forma de medrar y valer en el mundo, como el arte de ganar voluntades y tener amigos y sobre todo como "el hacer parecer las cosas, que es el arte de en compañía de un representante de la diosa Sabiduría y otro representante del Engaño. El mundo es definido como un laberinto mucho más confuso que el de Creta, en donde nadie debe entrar solo, pues jamás encontrará la salida, especialmente en esta época de desconcierto y falsedad 6. También el viaje de la vida se transforma en un laberinto en la edición de la Iconología de Ripa publicada por Johann Georg Hertel en Augsburgo, ya en pleno siglo XVIII, y cuya lámina 6 podemos ver más abajo. El grabado fue realizado por Jeremias Wachsmuth según un dibujo original de Gottfried Eichler el joven. En la figura, el camino de la vida de la Tabla de Cebes parece haber dado lugar a una construcción laberíntica con tres círculos concéntricos que conducen al ser humano desde el nacimiento a la muerte. Hermann Kern describe así esta imagen: El laberinto como símbolo del curso de la vida humana: en la entrada del laberinto se muestra a un niño de pie y con dos ramos de flores; un joven con una hoz y espìgas de trigo en las manos aparece en el círculo exterior; una mujer madura con uvas es representada en el siguiente circuito; un viejo sentado frente al fuego en el circuito más interno. Es una ilustración de las cuatro edades de la humanidad y, al mismo tiempo, una imagen de las cuatro estaciones del año. En el centro, sobre una plataforma se muestra a la muerte con la guadaña y el reloj de arena: destino final de la existencia humana (Kern, 2000, 223) 7. Con razón ha señalado Fernando R. de la Flor que la transición del Renacimiento al Barroco puede entenderse simbólicamente como la sustitución del bivio (o encrucijada de caminos ante la que el individuo debe reflexionar cuál de ellos seguir en la vida) por el laberinto o confusión de senderos donde resulta difícil encontrar una salida. La figura renacentista de "Hércules en la encrucijada" abre paso al "Minotauro en su laberinto", la plaza abierta del ancho mundo se clausura en una construcción cerrada de la que no hay salida posible más que gracias a un hilo de Ariadna que no siempre se encuentra 8. El gusto renacentista por los caminos de la vida se transforma en una figura de desorden, desconcierto, confusión y caos, en un encierro entre las paredes del laberinto a la búsqueda incierta de una escapatoria. De Cervantes a Gracián, los caminos abiertos de La Mancha por los que transitan D. Quijote y Sancho a la búsqueda de aventuras se transforman en la profusión un Palermo de volcanes, una Constantinopla de nieblas, un Londres de pestilencias y un Argel de cautiverios (Gracián, 1998, 242). El Sabio se despide y Critilo y Andrenio entran en Madrid por la espaciosa calle de Toledo, topando en primer lugar con una librería. En ella entra Critilo y le pide al librero que les venda un "ovillo de oro". Ante la extrañeza del librero que no entiende la demanda, tercia en la conversación un cortesano para aclarar que lo que le están pidiendo es "una aguja de marear en este golfo de Circes". Tampoco ahora comprende el librero la nueva metáfora y contesta que no vende oro ni plata sino libros, que son mucho más preciosos. Critilo aclara que eso es lo que buscan, libros "y entre ellos alguno que nos dé avisos para no perdernos en este laberinto cortesano". La corte también, pues, como laberinto en el que es preciso orientarse con la ayuda de los libros, ovillos de oro de Ariadna o brújulas en un mar peligroso por sus tormentas frecuentes. Gracián da su propia versión de la crítica -ya tradicional en su momento histórico-de la corte como un confuso laberinto. Un ejemplo de esta tradición sería el libro de Julio Antonio de El libro describe los trabajos y penas del Privado y de los cortesanos en el "labirinto" de la corte, en medio del cual se halla el cruel Minotauro, bravo y fiero animal de quien nadie puede escaparse: En el medio de tantas y tan grandes desventuras está el Minotauro, el remordimiento de la propia conciencia; el continuo cuydado de los malos sucesos que han tenido otros las artes". En la crisis VII de la primera parte titulada "La Fuente de los Engaños", -pues quien bebe de ella todo se lo traga y todo lo trueca-describe Gracián la ciudad como un "modelo de laberintos y centro de minotauros": Divisábase ya la gran ciudad por los humos, vulgar señal de habitación humana, en que todo se resuelve. Tenía extremada apariencia, y mejor cuanto más de lejos. Era increíble el concurso que de todas las provincias y a todos los tiempos acudían a aquel paradero de todos, levantando espesas nubes de polvo que quitaban la vista. Cuando llegaron a ella, hallaron que lo que parecía clara por fuera, era confusa dentro; ninguna calle había derecha ni despejada: modelo de laberintos y centro de minotauros (Gracián, 1998, 168). Andrenio y Critilo entran en la ciudad y a través de las calles de la Hipocresía, de la Ostentación y del Artificio llegan a la Plaza Mayor, que es el Palacio. Después de haber descrito la ciudad como un laberinto, Gracián describe ahora el palacio como una confusión de espacios, espacioso y nada proporcionado, ni trazado a escuadra, lleno de ángulos y traveses, sin perspectiva ni igualdad, con muchas puertas falsas, más torres que en Babilonia y ventanas verdes ("color alegre por lo que promete y el que más engaña"). Dentro vivía, o mejor yacía, "aquel tan grande como escondido monarca, que muy entretenido asistía estos días a unas fiestas dedicadas a engañar al pueblo no dejándole lugar para discurrir en cosas mayores" (Gracián,1998, 172). Así pues, la ciudad y el palacio como laberintos confusos en los que es preciso encontrar un hilo para orientarse. Esta idea es corroborada varias crisis más adelante al definir la corte también como un laberinto. En efecto, cuando Andrenio y Critilo divisan de lejos la corte, definen a Madrid de una manera contrapuesta, como corresponde a los personajes que representan, el hombre natural y el hombre de criterio. Preguntados por el Sabio -la figura alegórica que les acompaña en el camino-por lo que están viendo, responde cada uno lo siguiente: -Veo dijo él [Andrenio] una real madre de tantas naciones, una corona de dos mundos, un centro de tantos reinos, un joyel de entrambas Indias, un nido del mismo fénix y una esfera del Sol Católico, coronado de prendas en rayos y de blasones en luces. -Pues yo veo -dijo Critilo-una Babilonia de confusiones, una Lutecia de inmundicias, una Roma de mutaciones, Así pues, el mundo en su conjunto, la sociedad cortesana y la ciudad son vistos como laberintos confusos en los que se desarrolla la vida humana. Pero también el individuo es concebido como laberinto, según podemos ver en los dos ejemplos con los que concluyo este apartado. En Privados; el disgusto y la congoja de la mala satisfacción que se ha dado à tantos, y tan graves pretendientes que pueden en algún tiempo, y manera vengarse (Brancalasso, 1609, 16). Un segundo ejemplo es el Emblema 31 (Tanta est fallacia tecti) de la primera centuria de los Emblemas Morales de Sebastián de Covarrubias Orozco, libro publicado en Madrid en 1610. En el cuerpo de dicho Emblema se muestra a un individuo que envejece y muere en el laberinto de la corte, a pesar de estar siempre deseando salir de ella. primer lugar, el caballero del laberinto en el pecho, óleo de Bartolomeo Veneto realizado probablemente en Milán en torno a 1510. Esta pintura ha sido objeto de múltiples interpretaciones en las que no puedo detenerme aquí 9. Sólo quiero destacar el broche del sombrero en el que a modo de empresa política o familiar aparece un barco hundiéndose en el mar con un hombre a bordo y sobre la escena, la divisa "La esperanza me guía". Pero lo más interesante son los veintidós nudos de las vestiduras y, sobre todo, el laberinto en el centro del pecho, detrás de las dos manos que sostienen una espada en actitud de defensa de la propia interioridad. Kern recuerda que el laberinto se bordaba tradicionalmente en las vestiduras oficiales de los emperadores bizantinos como símbolo del secreto que debe guardar el hombre de estado: el laberinto del silencio. El secreto se convertirá en una de las armas fundamentales de la política barroca, junto con la simulación y el disimulo. Pero aquí podemos ver también el laberinto como un signo de la complejidad del yo, que se oculta en un dédalo de corredores y estancias complejas y tiene que luchar con su propio Minotauro interior. La figura de la transparencia del yo representada por Momo y su ventana en el pecho que dejaba ver todas las intenciones del corazón deviene imposible en la sociedad cortesana del Renacimiento y sobre todo del Barroco, de forma que el cristal es sustituido por un confuso laberinto que oculta el pecho del individuo, al tiempo que señala la complejidad de su interior. O también la ventana en el pecho deviene innecesaria para la mirada escrutadora de Gracián, quien ayuda a desvelar la verdad -o la mentira-oculta en el corazón de los otros 10. Por último, Roger Bartra ha analizado magistralmente el uso de la metáfora del laberinto interior en las teorías humorales de los médicos del Siglo de Oro español, quienes describen la fuerza de la melancolía en las funciones mentales del individuo y en las actitudes sociales de la época. Los médicos acaban refiriéndose al complejo universo cerebral, a la "casa del alma", como un laberinto cercano a las inquietudes cotidianas, pero también conectado con los secretos de la astrología y los misterios de la teología: No era fácil orientarse en ese laberinto mental y cerebral de temperamentos, fluidos, emanaciones, espíritus, luces e impresiones. La idea de un laberinto interior era importante, pues dejaba un lugar para las opciones: a pesar de la influencia de astros, humores y temperamentos, la máquina cerebral debía ser flexible, ya que el libre albedrío estaba encerrado en Hombre, que la vida pasas durmiendo, si conoces que duermes, vive despierto, si presumes que vives, muere durmiendo. Este paralelismo entre sueño y muerte es también central en Sor Juana Inés de la Cruz, quien escribe que el cuerpo, poseído por el sueño, en medio de un absoluto silencio, era "un cadáver con alma, /muerto a la vida y a la muerte vivo". Por otro lado, La Bruyère insistirá en la vida como sueño confuso del que uno sólo despierta cuando comienza a morir 11. El sueño como figura de la identidad resulta especialmente importante en el Barroco y está relacionada también con la concepción de la vida como un gran teatro, en que cada uno de los actores sueña el papel que representa hasta despertar, que es el morir a esta vida y el comenzar a vivir en la otra: "el hombre que vive sueña / lo que es hasta despertar" afirma Segismundo. "La vida es un sueño y el mundo, un teatro" representa una fórmula muy extendida en la época y que, de una manera o de otra, encontramos en muchos escritores. Tal vez quien mejor la formula es Calderón en los títulos de sus obras más famosas, La vida es sueño y El gran teatro del mundo. La metáfora del sueño significa la brevedad de la vida pues, según formulará de nuevo Calderón, "que toda la dicha humana / en fin pasa como sueño". El mundo es definido por Clotaldo como un confuso laberinto en el que la razón no puede encontrar el hilo para salir. Y en la confusión entre realidad y ensoñación, debe Segismundo obrar bien, aunque sea en sueños. Además de la versión calderoniana "a lo divino", nos encontramos en la época con otras versiones "humanas, demasiado humanas", como la narrada por Quevedo, quien representa al sueño como cumplimiento de una fantasía o deseo erótico, varios siglos antes de que Freud escribiera su famosa obra sobre La interpretación de los sueños. Dice así el soneto de Quevedo: Soñé que te... ¿dirélo? Sí, pues que sueño fue: que te gozaba. ¿Y quién, sino un amante que soñaba, juntara tanto infierno a tanto cielo? la caja craneana y sus movimientos ocasionaban un cierto desorden en la casa del alma (Bartra, 2001, 210-211). Los laberintos del corazón y del cerebro son el último nivel de una metáfora que intenta explicar la complejidad y la confusión del mundo, de un espacio y un tiempo convulsos, de la sociedad cortesana, de la ciudad, del propio interior del ser humano y su identidad personal. el sueñO de la identidad O la identidad cOmO sueñO Se trata de un tópico que, viniendo de épocas anteriores, recorre todo el siglo XVII, desde Calderón a Sor Juana, y que tiene también su expresión en la pintura y en las canciones anónimas o populares, como aquélla que dice: tiempo. En efecto, sus Sueños y Discursos, son un análisis profundo y una crítica de muchos personajes, individuos de toda laya y condición, mentirosos, hipócritas, actores en el Theatrum mundi de la vida. Se trata también de un proceso de aprendizaje para llegar a distinguir la realidad profunda de la vida frente a las apariencias externas, según afirma el viejo en El mundo por de dentro: "Eso todo es por fuera, pero agora lo verás por dentro y verás con cuánta verdad el ser desmiente a las apariencias" (Quevedo, 2003, 370). Pienso que tiene razón Juan F. Villar Dégano en su comparación entre la ficción del sueño en la escritura de Quevedo y en la pintura de Antonio de Pereda, al afirmar que "Quevedo hace lo contrario que Calderón, sueña el infierno -que es la realidad de la vida-para destacar más esta realidad deformándola, y en ella al hombre con sus imperfecciones" (Villar Dégano, 1981, 53). Quisiera referirme al cuadro de Antonio de Pereda, El sueño del caballero o Desengaño de la vida, pintado hacia 1650 y que se puede admirar en una de las salas centrales del Museo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando Mis llamas con tu nieve y con tu yelo, cual suele opuestas flechas de su aljaba, mezclaba Amor, y honesto las mezclaba, como mi adoración en su desvelo. Y dije: "Quiera amor, quiera mi suerte, que nunca duerma yo si estoy despierto, y que si duermo, que jamás despierte". Mas desperté del dulce desconcierto; y vi que estuve vivo con la muerte, y vi que con la vida estaba muerto 12. Por otro lado, Quevedo expresa el desengaño barroco ante la vida que se deshace en nada, que está destinada a no durar, ya que, según afirma en otro soneto "¡Fue sueño ayer, mañana será tierra! ¡Poco antes, nada; y poco después, humo!" La vida se consume en un momento y la identidad humana es un sueño entre la nada y la muerte. Pero lo más interesante de Quevedo es su utilización de la ficción del sueño como mecanismo de crítica de la sociedad de su morir"), la vela apagada, el reloj, o la flecha que vuela y mata en la cartela del ángel. El camino de la vida está presente de manera indirecta pues todo el cuadro se podría interpretar en referencia a la composición alegórica de Rafael, El sueño del caballero, pintada en 1501. Aquí, León el Africano (en una nueva versión de la figura de Hércules en la encrucijada) tiene que elegir entre las dos figuras que se le aparecen mientras duerme en una encrucijada del camino de la vida: Atenea le señala el difícil camino de la virtud, mientras que Venus le muestra el fácil camino del placer. De manera similar, el caballero de Pereda ha de rechazar los placeres y honores de este mundo que son mera y fugaz vanidad. Villar Dégano ve en el cuadro una síntesis perfecta de los tópicos barrocos de la existencia como camino y del individuo como homo viator, "itinerante de las cosas hacia una trascendentalidad que sólo puede ser Dios (o la nada en una mayor heterodoxia)" (Villar Dégano, 1981, 59). El laberinto podría verse en la multiplicidad y confusión de objetos que pueblan los sueños del dormido caballero. La identidad como libro aparece pintada en los mamotretos -uno abierto y otro cerrado-bajo la calavera: los libros de la vida (y de la muerte). La fortaleza barroca del yo se muestra en la armadura y las armas de una identidad siempre a la defensiva, encerrada en la torre barroca del reloj, que de nuevo nos recuerda que somos tiempo, una breve cláusula de tiempo entre la cuna y la sepultura. Y, por último, la identidad como sueño o el sueño de la identidad barroca es el tema central de toda la composición. De esta manera, podemos visualizar todas las metáforas de la identidad barroca en el óleo de Antonio de Pereda, El sueño del caballero o Desengaño de la vida. Se trata, tal vez junto con las "vanidades" de Valdés Leal, de uno de los mejores exponentes de la meditación de la pintura española del siglo XVII sobre los problemas existenciales de la vida humana y acerca de la propia identidad del individuo barroco. Pereda nos muestra una escena en la que un joven caballero, elegantemente vestido, se ha quedado dormido sentado en un sillón y con la cabeza apoyada en el puño izquierdo, en una postura de reflexión melancólica que hiciera famosa Durero en su grabado de la Melancolía. Pereda desdobla la figura del ángel de la melancolía dureriana: transforma el puño sobre el rostro del ángel de Durero en la misma actitud de un caballero sumido en un profundo sueño, y el ángel alado de la melancolía se aparece en el sueño mirando al joven, presentándole toda una panoplia de objetos sobre la mesa y sosteniendo en las manos una cartela con la inscripción: Aeterne pungit cito volat et occidit (Eternamente hiere, vuela veloz y mata). Además, la inscripción se refuerza con la imagen de la flecha en el arco. El sueño de la melancolía barroca conduce a la desilusión y desengaño de la vida, a la desvalorización de todos los honores y riquezas del mundo que se le presentan al caballero como los objetivos de su existencia. Resuenan las palabras del Eclesiastés: "Vanidad de vanidades y todo vanidad". Pereda llega aquí a su máxima altura como pintor de Vanitas, tema central de su obra y sobre el que vuelve una y otra vez en su Alegoría de la Vanidad o también en su Vanitas del Kunsthistorisches Museum de Viena. En los tres casos, aparece la figura central del ángel alado de la melancolía, advirtiéndonos de la caducidad de todos los asuntos humanos. Me parece que es posible considerar este cuadro de Pereda como un elemento central de mi interpretación, pues en él se representan todas las metáforas de la identidad barroca que analizaré en mi libro 13: La identidad como teatro está simbolizada por el rico traje del caballero, vestido para representar su papel en el Theatrum mundi de la vida social. Y además, sobre el extremo derecho de la mesa se encuentra la máscara que define también el carácter de teatralidad de la vida humana. El espejo barroco está en el centro de la mesa, reflejando otra figura de la identidad barroca: la calavera. La calavera como imagen de la identidad ("Y hoy calavera ya soy") juega un papel central en la composición y está pintada en dos posiciones diferentes, además del reflejo en el espejo. Hay también otros símbolos de la muerte y de la caducidad de la vida: las flores ("flor de un día, el mismo sol que las ve nacer las ve Maravall, 1975, 129-304. 5 Un magnífico recorrido por la historia cultural del laberinto puede encontrarse en el libro de Kern, Hermann (2000). Interesante resulta también el libro de Hocke, Gustav René (1963). Recibido: 1 de diciembre de 2008 Aceptado: 1 de junio de 2009 revés, con la cruz invertida, hacia abajo, haciendo visible otro tópico de la época: "el mundo al revés". Encima del globo terráqueo, el diablo triunfante pone la corona de la victoria sobre la cabeza de un hombre que seduce a una mujer ofreciéndole riquezas. En ese mundo invertido triunfa el mal sobre el bien, la violencia domina todas las relaciones humanas y la Naturaleza provoca los desastres desatando las tormentas. La vida humana no es más que vanidad de vanidades como figura arriba del todo y lo dejan claro también los dos putti, con la calavera, el reloj de arena y las pompas de jabón. Frente a este espectáculo teatral sólo caben las dos posturas de los filósofos: el llanto de Heráclito sobre la estupidez de los hombres o la risa de Demócrito como terapia sobre la locura de sus semejantes. Tiene razón Remo Bodei al establecer, en su magnífico estudio acerca de la geometría de las pasiones, que la risa y el llanto sobre los acontecimientos humanos y sobre la manera en que los hombres representan su papel en el teatro del mundo equivalen a los dos rostros de la melancolía (Bodei, 1995, 164-173). Y ese doble rostro únicamente puede ser derrotado con la fórmula de un gran filósofo del Barroco, Baruch Spinoza: "He tenido sumo cuidado de no burlarme de los actos humanos, ni lamentarme o maldecirlos, sino comprenderlos" (Spinoza, 1966, 143). cOda final: hacia una supeRación de lOs dOs ROstROs de la melancOlía La doble perspectiva de Heráclito y Demócrito, del filósofo que llora y del filósofo que ríe, se convierte en los siglos XVI y XVII en un tópico de la literatura, de la filosofía y de las artes plásticas. A modo de ejemplo podemos ver el grabado de Crispyn de Passe con los dos filósofos en actitudes contrapuestas sobre el globo terráqueo puesto al 7 El propio Kern señala la relación de este grabado con la alegoría del camino de la vida en la Tabla de Cebes. La figura del laberinto es clave en la argumentación de este libro, especialmente en el capítulo 3 ("Laberintos del yo"), pero también en los capítulos 1 ("Humanismo ingenuo") y 2 ("El príncipe escéptico"). En todos ellos insiste el autor en el papel central del laberinto como un gran emblema de la época barroca. Los viejos son los que le han tenido más largo y no comienzan a despertar sino cuando es preciso morir. Si echan entonces una ojeada sobre todo el curso de sus años, muchas veces no encuentran ni virtudes ni acciones loables que distingan los unos de los otros: confunden sus diferentes edades y no encuentran en ellas nada que puedan hacerles medir el tiempo que han vivido. Han tenido un sueño confuso, informe y sin ilación; sin embargo, como los que despiertan, sienten haber dormido largo tiempo". 13 También aparece en el cuadro otra metáfora a la que no me he referido: la identidad como juego, simbolizada por la baraja de cartas encima de la mesa. Sobre la metáfora del juego puede verse el libro de J.-P. Etiènvre, 1990.
HISTORIA CULTURAL COMO HISTORIA POLIFÓNICA In the last decades, historical writing on cultural encounters and also desencuentros -to use the expressive Spanish term which RESUMEN: En este texto se ofrece una reflexión sobre el origen y actual desarrollo del campo de la historia cultural a través de una comparación con el término que ha dado título a este seminario: "historia polifónica". El autor propone un recorrido por las áreas temáticas que han conformado la estructura del seminario (la historia de las representaciones, la historia del cuerpo y la historia cultural de la ciencia) con el objeto de explicitar y explicar esta pluralidad de voces en el campo de la historia, así como su repercusión en otras áreas del conocimiento. Historia cultural; giro cultural; historia polifónica.
¿Qué impORtancia tiene la estadística en la sOciedad de la infORmación? La ciencia intenta conocer los fenómenos naturales y mejorarlos. Tal entendimiento puede explicarse mediante un juicio de abstracción y frecuentemente se expresa en términos de leyes, axiomas y teorías que permiten predecir eventos futuros sin precisar ciertos límites de exactitud (Rubio de Juan, 2001). En la sociedad de la información las actividades humanas están basadas en predicciones, en ella la creación, distribución y tratamiento de la información forman parte de todas las actividades sociales y económicas que forman parte de nuestra vida y que constituyen nuestro medio ambiente. La abundancia de información nos rodea, en ocasiones sobrepasa nuestra capacidad, procede de fuentes diversas y es necesaria para tomar decisiones en un ambiente de incertidumbre (ANECA, 2004). Cualquier toma de decisiones lleva implícita la incertidumbre: ¿qué carrera estudiar? ¿qué producto comprar? ¿dónde invertir? Cuidarse de tomar decisiones puede considerarse como la alternativa para evitar errores, sin embargo, no podríamos hablar de progreso si aceptásemos esa forma de proceder. Por ello, la mejor forma de proceder a la hora de tomar decisiones es optimizar, recortar el riesgo que cualquier alternativa lleva implícita. Una conocida chanza estadística afirma que "La probabilidad de tener un accidente de tráfico aumenta con el tiempo que te pases en la calle. Por tanto, cuanto más rápido circules, menor es la probabilidad de que tengas un accidente" Quizás en este caso deberíamos parar a reflexionar más sobre las consecuencias de la decisión. La Estadística es una herramienta ineludible para tratar de cuantificar la incertidumbre y su uso es inevitable en la exploración del conocimiento. Los conceptos de incertidumbre y aleatoriedad han ofuscado a la humanidad desde el origen de los tiempos, así las sociedades primitivas, aunque de manera rudimentaria, ya contaban y procesaban información numérica, como el número de cabezas de ganado que poseían. Actualmente y muy frecuentemente, nos acecha la incertidumbre en el entorno físico y social en el que vivimos, más tanto en cuanto cuánta más información y más incertidumbre sufrimos en la esta era de la información y de la informática. Soportamos las incertidumbres de la naturaleza y sufrimos sus catástrofes (Rubio de Juan, 2001), sólo hay que recordar la impredictibilidad de los terremotos. Desde el punto de vista filosófico, algunos teólogos contemporáneos discuten que nada es aleatorio excepto Dios, ya que es la causa de todo lo que sucede, pero en la antigüedad los filósofos coetáneos de Aristóteles no contemplaban la posibilidad de estudiar el azar o medir su incertidumbre, así "Las leyes científicas no avanzan mediante un principio dictatorial o pueden justificarse mediante fe o filosofía medieval; La Estadística es el único tribunal hacia el nuevo conocimiento." Rao (1989) destaca la necesidad de buscar estrategias en el análisis de datos para extraer información relevante de lo observado y ocuparse de la incertidumbre. En ciertas tecnologías como la criptografía, donde se aplican números aleatorios, requieren de la impredictibilidad. En otras como la simulación, es esencial la aleatoriedad es-tadística, pero también de la predictibilidad (si se ejecutan repetidamente simulaciones o pruebas de reconocimiento, puede sea útil poder volver a ejecutar el modelo con la entrada aleatoria exacta (semilla aleatoria) cuando sea requerido. El pensamiento de la sociedad actual donde la información se genera en tiempo real y de manera industrial, se fundamente en el racionalismo empírico, pensamiento desarrollado esencialmente por René Descartes (1596-1650) y expuesto esencialmente en su obra cumbre, el Discurso del Método (1637), donde destaca la facultad natural que todo hombre tiene para razonar, realizando una aproximación a la ciencia, la medicina, las matemáticas y la geometría: "En los escritos de los poetas hay sentencias más serias que en los de los filósofos. La razón es que los poetas las escribieron movidos por el entusiasmo y el poder de la imaginación. En cada uno de nosotros existen, cual pedernales, chispas de conocimiento ocultas. Los filósofos las manifiestan a través de la razón; los poetas las exteriorizan por medio de la imaginación, y son mucho más brillantes". Así actualmente los procesos de toma de decisiones están sometidos a procesos de análisis estadísticos, previa la cuantificación, valoración o estimación de las causas y los efectos de las decisiones citadas (ANECA, 2004). Del racionalismo empírico nace la aspiración por saber y los esfuerzos para la cuantificación de los fenómenos, también para su clasificación y sistematización, para describir o para inventar clases y órdenes (Rubio de Juan, 2001) tan común en todos los ámbitos del conocimiento. La estadística es la ciencia que utiliza como instrumento de trabajo las matemáticas y el cálculo de probabilidades, estudiando y prediciendo el comportamiento de los fenómenos que dependen del azar, con los que detectar comportamientos futuros, pero en muchos casos no queda claro su origen, definición y fundamentación, por lo que a continuación se exponen muy brevemente. ¿peRO Qué es la estadística y en Qué se fundamente? "La probabilidad de tener un accidente de tráfico aumenta con el tiempo que pasas en la calle. Por tanto, cuanto mas tablas sobre la producción agrícola y de los géneros vendidos o cambiados mediante trueque. Los egipcios analizaban los datos de la población y la renta del país mucho antes de construir las pirámides (siglo XI a. Los libros bíblicos de Números y Crónicas incluyen, en algunas partes, tratados de estadística. El primero contiene dos censos de la población de Israel y el segundo describe el bienestar material de las diversas tribus judías. En China existían registros numéricos similares con anterioridad al año 2000 a. C. Los griegos clásicos realizaban censos cuya información se utilizaba hacia el 594 a. Para hablar de qué es la estadística, recuerdo una viñeta del dibujante Antonio Fraguas de Pablo "Forges" en un periódico de ámbito estatal donde dos individuos dialogaban acaloradamente y uno decía a otro "Si la estadística no miente" y el otro lo increpaba diciendo "Miente!", el primero respondía "entonces nada", así la estadística ha sido definida de muchas maneras informalmente que se refieren a la célebre frase del estadista inglés Benjamín Disraeli (1804-1881): "Hay tres tipos de mentiras: mentiras, condenadas mentiras y mentiras estadísticas" que reflejan un principio negativo de la sociedad ante esta ciencia; otra es aquella que la reduce a la ciencia de los promedios o de los números mágicos que indica que si usted introduce su cabeza en la nevera y los pies en un horno caliente, como media su temperatura es la idónea. Bromas aparte, esta rama de las matemática se define como "la ciencia con base matemática referente a la recolección, análisis e interpretación de datos, que busca explicar condiciones regulares en fenómenos de tipo aleatorio" (Wikipedia, 2009). La estadística estudia poblaciones y efectúa afirmaciones sobre sus parámetros, por tanto no se interesa en lo que ocurre con un individuo concretos de la población, ya que no se conoce exactamente lo que va a sucederle; por ello la estadística estudia subconjuntos de la población, la muestra, y luego generaliza sus conclusiones a la población completa, que se denomina inferencia. Si se estudiara toda la población completa no estaríamos hablando de estadística, y las conclusiones obtenidas serían ciertas con una probabilidad del 100 % (p = 1). La muestra ha de ser representativa de la población, sino se produciría un sesgo y por ello generalmente se escogen los individuos al azar dentro de la población, a este proceso se lo denomina muestreo. Así el azar garantiza que la muestra es representativa de la población, pero los resultados obtenidos se enuncian como una probabilidad y por ello las afirmaciones de la estadística se apunta que son probabilísticas. Como ciencia la estadística no explica fenómenos ni establece relaciones causales, sino asociaciones estadísticas. Esto, requiere explicaciones adicionales: por ejemplo existe una asociación en ciertas zonas de la Península, entre el aumento de las cigüeñas y el número de nacimiento de niños, pero esto no significa que las cigüeñas sean las causantes de los nacimientos, sino que son relaciones indirectas. Según Sánchez de Cos ( 2007) "no podemos prescindir de la estadística porque ésta nos ayuda a estudiar poblaciones completas acudiendo a una pequeña muestra, ahorrando así recursos y tiempo; asimismo, nuestro desconocimiento de realidades muy complejas nos permite al menos establecer asociaciones estadísticas, que nos pueden proporcionar pistas sobre posibles interpretaciones causales que posteriormente serán experimentadas". Con respecto a la estadística sanitaria, especialidad en la que trabaja el autor de este trabajo, cabe decir que se utilizó en España por primera vez para solucionar y mejorar la salud pública de los ciudadanos hace más de 100 años. La estadística sanitaria se convirtió en un ideal para la medicina del siglo XIX, y en uno de los fundamentos de la salud pública actual. Sin embargo, en el caso español, las dificultades que encontró el perfeccionamiento para disponer de adecuada organización de la moderna estadística determinaron el avance de las estadísticas demográficosanitarias y la aplicación del método numérico a los regis-tros poblacionales (Bernabe-Mestre, 2007), piénsese que no existían ordenadores y todos los cálculos se realizaban a mano o utilizando tablas aproximadas. En medicina, como en cualquier otra ciencia (natural, técnica o humanística) se requiere de la investigación, tanto observacional como experimental, y en cada caso es necesario someter los resultados a análisis estadístico para confirmar o rechazar las hipótesis planteadas inicialmente (Salinas, 2007). Las respuestas esperadas por el propio investigador a dicha pregunta son lo que se conoce por hipótesis de estudio. Una vez definida la hipótesis, el investigador debe evaluar su cumplimiento mediante un estudio diseñado con este fin empleando la sistemática del método científico y la metodología estadística, lo que le permitirá aceptar, modificar o rechazar la hipótesis definida. En función de la aceptación o no de la hipótesis, el investigador formulará la ley en base a un razonamiento de tipo inductivo, es decir generalizará los resultados del estudio a la población de referencia correspondiente. Las características y contenidos de los estudios o ensayos que se realicen como parte de la investigación de un fenómeno deben estar definidos en un protocolo que establece la razón de ser de un estudio (objetivos, diseño, metodología, análisis previsto de los resultados y condiciones de realización). La medida de respuesta o respuestas al tratamiento elegidas en el estudio determinarán los métodos estadísticos que se utilizarán durante el análisis de los datos del estudio y también el tamaño de muestra. Mediante la correcta aplicación del análisis estadístico y de una adecuada planificación se puede determinar si la relación encontrada entre la exposición a un tratamiento y un resultado es casual o por el contrario, está sujeto a una relación no aleatoria que podría establecer una relación de causalidad. La estadística ayuda a conocer el papel del azar en las hipótesis de trabajo, pero no previene de otros errores comunes que se cometen durante la investigación clínica, como son los sesgos de confusión y selección de la muestra. Por ejemplo, en el ámbito médico, deben realizarse estudios clínicos con grupos de pacientes y no con un solo paciente ya que existe una enorme variabilidad en la respuesta entre los diferentes pacientes aunque presenten características similares (Dos personas, aunque parezcan iguales pueden responder de manera muy diferente al mismo tratamiento). La valoración del efecto del tratamiento deberá realizarse en una muestra de pacientes para extrapolar posteriormente los resultados al resto de la población. La formulación de las hipótesis corresponde a la redacción numérica de la pregunta u objetivo del estudio, que tras ser evaluado su resultado permitirá decidir aceptar o rechazar las hipótesis formuladas mediante un contraste de hipótesis. Las hipótesis formuladas en todo estudio son dos, la hipótesis nula o H 0 y la hipótesis alternativa o H A, que son mutuamente excluyentes. La H 0 es la hipótesis que se considera cierta antes de iniciar el estudio y en ausencia de resultados del mismo, por lo que el objetivo del estudio será decidir, con los datos obtenidos, si se acepta una hipótesis distinta (H A ). Para la evaluación del cumplimiento o no cumplimiento de H A, se calcula un valor característico de la muestra, denominado estadístico. A partir de dicho estadístico se define la región crítica o rango de valores y en el caso de que el estadístico esté dentro de la región crítica, podremos aceptar H A y rechazar H 0. La aceptación o no aceptación de H A se basa en criterios estadísticos, por lo que está sujeta a dos tipos de errores distintos, tal y como se describe en la tabla 1. La aceptación de H A cuando ésta es falsa, siendo cierta H 0, equivale a un error tipo I (a) o falso positivo, mientras que el rechazo de H A cuando ésta es cierta, siendo falsa H 0, equivale a un error tipo II (b) o falso negativo (1 -a, corresponde a la sensibilidad de la prueba). A partir del error de tipo II se define el poder estadístico (potencia) del estudio, como la probabilidad (1b) de aceptar H A cuando es cierta (es-pecificidad de la prueba). También se define la potencia como la capacidad que posee una prueba estadística para detectar diferencias significativas de una cierta magnitud. La estadística se divide en dos partes principalmente: 1) La estadística descriptiva, que estudia los métodos de recogida, descripción, visualización y síntesis de los datos del estudio. Los datos pueden ser resumidos numérica o gráficamente. Algunos ejemplos de parámetros estadísticos serían la media y la desviación estándar, ejemplos gráficos son el histograma, diagramas de líneas, pirámide de población, clusters, etc. 2) La inferencia estadística estudia la generación de modelos, inferencias y predicciones asociadas a los diferentes fenómenos estudiados. Se utiliza para realizar modelos o patrones en los datos y extraer inferencias sobre la población en estudio. Estas inferencias pueden ser respuestas a preguntas del tipo si/no (pruebas o test de hipótesis), estimaciones de características numéricas (estimación), pronósticos de futuras observaciones, descripciones de asociación numérica (correlación) o relaciones entre variables (análisis de regresión, análisis de la varianza (anova), series temporales, etc). La estadística inferencial trata de establecer conclusiones relacionadas con la población a través de extrapolar los resultados obtenidos de la muestra a la población de procedencia. Las características que definen a la población se denominan parámetros poblacionales y las que definen a la muestra, estadísticos muestrales o estimadores (Ejemplo: medida de la probabilidad (P) de incidencia de una enfermedad y su estimador la frecuencia relativa (f r ) de la enfermedad). Las ramas descriptiva e inferencial componen la estadística aplicada. Hay también una disciplina denominada estadística matemática, la cual representa sus bases teóricas (Wikipedia, 2009a). Un modelo frecuente en muchos tipos de variables utilizadas habitualmente en los estudios indica que existe una tendencia de los valores alrededor de la media y menos observaciones a medida que nos acercamos a que tiende asintóticamente a infinito por los extremos y cuyos valores X, se estandarizan a valores Z en una función normal de media 0 y desviación estándar 1, N(0,1) (Figura 1). los extremos del rango de valores. Si el número (n) de observaciones es grande, las distribuciones de frecuencia adoptan una forma de campana: campana de Gauss o distribución normal. Es una función continua Figura 1. Valores de probabilidad de una función normal estandarizada N(0,1) A partir de la información aprovechable, el análisis estadístico pretende obtener una serie de conclusiones generales sobre la población, formulando una o varias hipótesis acerca de los datos. La estadística establece criterios de aceptación o no de las hipótesis que se plantean a partir de los datos, en términos de probabilidad. Es necesario conocer el tipo de distribución de probabilidad de la población para poder estimar una probabilidad (P) que ofrezca un criterio para aceptar o no la hipótesis nula. El P-value puede entenderse como una medida de la disconformidad de los datos con la hipótesis nula. P-value suele ser utilizado ampliamente por los investigadores y se define la siguiente regla (En base a a = 0,05): Si P-value ≤ 0,05  Se decide H A Si P-value > 0,05  Se decide H 0 Cuando se desea determinar si un tratamiento es diferente de otro, se habla de prueba bilateral y por el contrario si se desea demostrar que un tratamiento es mejor que otro, se habla de prueba unilateral. El valor de P-value en un test de 2 colas es el doble del de un test de 1 cola. Es ampliamente utilizado para representar significaciones la siguiente notación (Monleón, 2005): * P-value ≤ 0,05 (Resultados significativos) ** P-value ≤ 0,01 (Resultados muy significativos) *** P-value ≤ 0,001 (Resultados altamente significativos). Cuando comparamos la efectividad de dos tratamientos A y B para tratar una determinada enfermedad puede que no sepamos cómo actúan farmacológicamente los tratamientos, pero si constatamos una asociación estadística más favorable con el tratamiento A que con el B, y esto lo hacemos con una probabilidad de error inferior al 5% (a), por lo que convenimos que la asociación no se debe sólo al azar (relación azarosa). Contrariamente si dado el caso de necesitar uno de los tratamientos y acudimos a un médico que desconoce las limitaciones del método estadístico y que sabe a ciencia cierta que el tratamiento A es superior al B para tratar nuestra enfermedad y cambia al paciente el tratamiento B que estaba tomando por el A, podría suceder que al paciente le resultara más efectivo el tratamiento B porque nos encontramos en ese 5% erróneo, y sin embargo el médico se negaría a prescribirnos el tratamiento B al considerar que ésto se debe a un efecto psicológico u otra causa (Sánchez de Cos, 2007). métodos y aplicaciones de la estadística y a la dedicación colectiva de sus miembros pertenecientes a 133 países" (ANECA, 2004). Es en estas fechas del siglo XIX cuando se inicia la difusión y estructuración de la enseñanza de las técnicas y métodos estadísticos en la universidad. En el Reino Unido las primeras enseñanzas en Estadística Aplicada estuvieron vinculadas a la Demografía y la Salud Pública. Este horizonte explica el origen y la evolución de lo que actualmente nos encontramos como estudios universitarios europeos en Estadística (ANECA, 2004). Actualmente en España, existen dos titulaciones oficiales de Estadística: Diplomado en Estadística (titulación de primer ciclo, creada en 20 de diciembre de 1990, que se imparte en 13 universidades españolas de 7 comunidades autónomas) y Licenciado en Ciencias y Técnicas Estadísticas (título de segundo ciclo, de 6-8 de diciembre de 1994, que se imparte en 10 universidades de 7 comunidades autónomas) (ANECA, 2009). En el curso 2009/2010 se inician en España los nuevos estudios del Grado de Estadística que según ANECA( 2009) adaptados al Espacio Europeo de Enseñanaza Cómún (EEEC), denominado comúnmente Proceso de Bolonia. Así el título de Grado en Estadística que se inicia en España en el curso 2009/2010 tiene como objetivo "la formación de profesionales capacitados para aplicar los métodos y modelos de la Estadística y la Investigación Operativa, así como para realizar una gran cantidad de tareas específicas que acompañan a cualquier proceso de análisis de datos, que a menudo es un primer paso para preparar la toma de decisiones". El título de Grado en Estadística cubre una demanda social específica de estadísticos profesionales y es homologable con títulos similares de los países más avanzados de nuestro entorno socioeconómico, especialmente Europa. Este título de Grado se orienta al mercado laboral en el que se observa una creciente demanda de titulados. Cada vez con más frecuencia no solo la investigación científica universitaria sino la empresa privada se abre al campo de la estadística. Y es normal, si se tiene en cuenta que los grandes progresos empresariales acontecen por adelantarse a las acciones de su competencia, y la mejor estrategia es analizar el mercado y saber cómo va a responder ante un producto novedoso. lOs estudiOs univeRsitaRiOs y lOs pROfesiOnales de la estadística Actualmente todas las carreras científicas, técnicas o humanistas se ofrecen asignaturas de estadística o relacionadas con ellas. Se suele introducir al alumno en el concepto de probabilidad y de variable aleatoria, explicando qué son las funciones de distribución y densidad de una variable aleatoria, se estudian típicamente la frecuencia, media, mediana, moda, varianza y desviación típica, población y muestra, comentando especialmente las propiedades de la distribución normal (gausiana) y el uso las diferentes pruebas estadísticas o técnicas como la regresión o el análisis de la varianza. En el Libro Blanco del Grado de Estadística (ANECA, 2004) se hace una buena introducción a la historia de los estudios de estadística en Europa y España, así el comienzo de la Estadística en Europa se relaciona con el estudio de juegos de azar de mediados del siglo XVII, piénsese que en esa época el juego era considerado como una parte más de lo social, es decir en una forma más de expresión y comunicación humana. En 1654 se le propuso a Blaise Pascal (1623-1662) el problema siguiente "Una partida entre dos jugadores de igual habilidad se interrumpe por cualquier razón antes de llegar a su fin. A la vista de los tantos hasta el momento de la interrupción, y del tanteo total exigido para adjudicar el triunfo, ¿en qué proporción deberá dividirse el dinero en juego?" Pascal envió el problema a su amigo Pierre de Fermat (1601-1665) a través de la correspondencia que mantenían y entre ambos crearon para resolverlo, la Teoría de Probabilidades (Newman,1962). La elaboración de estadísticas oficiales durante el siglo XIX y su secuela en el avance del bienestar logrado mediante la aplicación de políticas públicas eficientes fue un enorme impulso para ahondar de forma rigurosa de tipo de conocimiento. La Royal Statistical Society fue fundada en 1834 y en 1839 lo fue la American Statistical Association. El International Statistical Institute (ISI) fue fundado en 1885 y es hoy por hoy una de las asociaciones científicas más antiguas aún activas, su primer congreso tuvo lugar en 1853. ISI, como instituto autónomo, se ocupa de desarrollar y promover acciones de mejora de los métodos estadísticos y de su aplicación, así su éxito debe imputarse a "la creciente demanda mundial de información estadística profesional, a su sostenido liderazgo en el desarrollo de La oferta de empleo público para estos profesionales es extensa, por ejemplo en algunos ministerios tienen un cuerpo específico de Técnicos Estadísticos, así como en las Administraciones autonómicas y las locales, también pueden ocupar puestos en diferentes áreas técnicas de la empresa, gracias a sus conocimientos matemáticos, y en áreas de marketing y comerciales, gracias a su conocimiento del mercado. Existen actualmente numerosas empresas de servicios para la industria farmacéutica que colaboran con los laboratorios farmacéuticos en el análisis de los datos de los desarrollos de nuevas moléculas farmacéuticas. Es imposible entender una sociedad moderna o Sociedad de la Información, sin la estadística, ya que es la ciencia que ayuda a conocer y predecir el comportamiento de los individuos en su conjunto a partir de una muestra. Esto facilita conocer la intención de voto, las posibilidades de comercialización de un producto o si tendrá éxito un medicamento antes de que salga al mercado. En esta situación se hace evidente la necesidad de disponer de profesionales encargados de la planificación, diseño, registro, selección, ordenación, síntesis y tratamiento específico de la información para que ésta se convierta en una herramienta útil que dé soporte a la toma de decisiones. Así la demanda actual de expertos en Estadística es muy alta y va en aumento, habiéndose convertido la demanda social de la Estadística en un indicador del nivel de desarrollo de los países (ANECA, 2004). A pesar de que imposible entender una sociedad moderna sin estadística, es preocupante la situación actual de las ciencias matemáticas y más concretamente de la estadística en España, con un descenso año a año del número de estudiantes de estadística y matemáticas desde hace unos 10 años, aproximadamente, ya que a pesar de su imprescindibilidad y de las salidas profesionales en la Sociedad de la Información en la que vivimos, existe una falta de vocación entre los jóvenes por su estudio y uso, ya sea por su dificultad matemática u otros motivos. No creo que haya una crisis real de "vocaciones científicas", aunque sí han cambiado los términos del cálculo coste-beneficio entre el esfuerzo de estudiar una carrera técnica o científica y el sueldo obtenido, con lo que reivindico desde aquí la mejora de éstos profesionales imprescindibles, ya que en la actualidad se exporta más talento científico del que se importa. Estas impresiones vienen confirmadas por un reciente estudio "¿Hay una "crisis de vocaciones" científico-técnicas? El tránsito de la enseñanza secundaria a la universidad", presentado en el 2004 en Madrid el informe titulado cuya realización fue encargada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT). El objetivo del informe era analizar la evolución de las preferencias hacia las diversas ramas de estudios de los alumnos que están acabando la enseñanza secundaria y comenzando la universitaria, en el período 1988-2001. Los resultados son interesantes para indicarnos las tendencias de las preferencias de la juventud española hacia unos u otros tipos de "saberes" (Zamora-Bonilla, 2004). El Estadístico es por tanto un profesional que registra y analiza datos biológicos, médicos, económicos, sociológicos, físicos o de marketing a través de estudios, encuestas y observaciones. Con ellos, confecciona aclaraciones de lo que puede pasar en el futuro. Los datos de esas pesquisas, ordenados y depurados, se tornan estudios y gráficos donde se muestran los resultados y conclusiones que se derivan. De esta manera, la estadística y el análisis de los datos propician el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información, exigiendo disponer de datos previamente registrados y generando nuevos datos, nuevo conocimiento, y por tanto información nueva y útil a la sociedad que permite su avance y la mejora de la calidad de nuestras vidas. EL TRATAMIENTO NUMÉRICO DE LA REALIDAD. REFLEXIONES SOBRE LA IMPORTANCIA ACTUAL DE LA ESTADÍSTICA EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Enriqueta de la Cruz es una escritora valiente, combativa, arriesgada, que traslada a sus novelas las inquietudes que marcan su propia vida: la justicia, el honor, la verdad, la restitución de la dignidad de los que perdieron la guerra civil, el olvido y la memoria. A través de una minuciosa investigación, la autora elabora la trama de sus novelas como si se tratara de un puzzle en el que conviven hechos verídicos con imaginarios, de tal manera, que el lector no puede sustraerse a la tentación de adjudicar nombres reales a algunos de sus personajes de ficción. Sus novelas son auténticas declaraciones de intenciones. Una forma de denuncia que no se queda en lo superficial o lo anecdótico, sino que profundiza hasta el fondo, para tratar de llegar a la verdad que sistemáticamente nos han pretendido ocultar, desde que aquel nefasto 18 de julio de 1936 se convirtiera en una de las fechas más fatídicas de nuestra historia. Con su primera novela, El Testamento de la Liga Santa, de la Cruz denuncia el pacto de silencio que supuso la Transición, del que algunos hablan pero del que muy pocos saben, donde el silencio pareció ser la única alternativa de reconciliación. Como si de un fotógrafo científico se tratase, la autora retrata los entresijos de nuestra historia reciente acercándose con su lente hasta percibir lo que el ojo humano es incapaz de captar: una malla finísima en la que se entreteje el contexto donde sitúa a sus personajes, y que utilizará la escritora para rebelarse contra la manipulación que supone tratar de construir el futuro sin poder manejar todas las claves del pasado. En su segunda novela, Nada es lo que parece, la manipulación de la historia vuelve a ser protagonista. En esta ocasión, el objetivo de su cámara se abre, se distancia y gira alrededor de su eje, para mostrar un mundo globalizado en el que la mentira, el uso interesado de la información y las verdades a medias se utilizan como armas de control en algunas manos poderosas. Las de aquellos que no desean que la verdad se imponga sobre la farsa en que algunos convierten la vida pública, el periodismo o los negocios. Su última novela, Memoria vigilada, tal y como dice su contracubierta, es un viaje inquietante a los poderes e intereses que luchan por mantener en su sitio la losa del pasado. Un relato en el que la autora ofrece una perspectiva inédita sobre el trasfondo de la lucha por recuperar la memoria republicana y romper la impunidad del franquismo. Si las primeras novelas nos atraparon por su investigación minuciosa y su compromiso con la Historia, en ésta la autora nos atrapa también por el salto cualitativo que se ha producido en su literatura. Parece como si las novelas anteriores sólo fueran un ejercicio literario, una forma de ensayar lo que nos tenía reservado para ésta. Memoria Vigilada es una novela compleja, audaz, atrevida y sólida, en la que la escritora se permite jugar con el pasado y con el presente a través de una estructura difícil de ensamblar, pero que Enriqueta resuelve sin que apenas se perciban las dificultades que entrañaba. El hoy y el ayer se dedican a esconderse y a encontrarse, en un ejercicio de malabarismo donde los personajes se van construyendo a pinceladas. Cada cual con sus propios interrogantes a cuestas. Sin titubeos, sin artificios innecesarios que enreden al lector y lo desvíen del argumento. La novela está construida con la técnica de un artesano. Poco a poco, se van desvelando los secretos que envuelven a los protagonistas, los lazos que los unen y los abismos que los separan. Las verdades escondidas, las mentiras alimentadas por Enriqueta de la Cruz escribe para desenmascarar ese silencio. Y lo hace con la convicción y la vehemencia del que llega a la conclusión de que ha encontrado la verdad, después de rastrearla sin otra intención que conocerla, para mostrarla en sus libros tal y como ella la ha visto, a veces cruel y otras hermosa, pero siempre desnuda, sin maquillajes, sin velos que la dulcifiquen o deformen. Memoria vigilada es un cruce entre la novela negra y la de denuncia que se adentra en un tema que en nuestro país parece seguir siendo tabú, a pesar de los más de treinta años de democracia: la sustracción de niños a madres republicanas para su "reeducación" por parte de familias afectas al régimen. Benjamín Prado, en Mala gente que camina, ya se adentró en ese laberinto, una de las páginas más negras de nuestra historia. Un crimen que en otros países provoca un rechazo frontal y sin fisuras, y que en España parece que todavía hay que denunciar a hurtadillas, pero que, afortunadamente, ha encontrado en los escritores y en los investigadores una oportunidad para salir a la luz. ¿Por qué una Einführung? Aborda las estrategias heideggerianas para superar la tradición de la metafísica: en la época de Sein und Zeit la idea es una destrucción fenomenológica, en la época de la "torna" radicaliza el proyecto con la idea explícita de la "superación de la metafísica" y, en su última fase, la metafísica se encontraría ya superada en la esencia de la técnica moderna. El tercer capítulo, ¿En qué ayuda la gramática en la pregunta por el Ser? analiza la pregunta ¿por qué apoyarse en la gramática (función sintética) y en la etimología (función léxica)? Heidegger no dudará en tomar como referencia el griego. El análisis gramatical en Platón, Sofista y Aristóteles De Interpretatione que nuestro filósofo estudia profundamente, establece dos partes del discurso: el nombre o sustantivo (onoma) y el verbo (rhema), "expresión de la cosa" y "expresión de la acción", en Platón y "significante sin el tiempo" y lo que "añade la significación del tiempo" en Aristóteles. Heidegger añade otras informaciones semánticas y señala que ser significa para los griegos constancia y estabilidad, en el doble sentido de phýsis y ousía. El cuarto capítulo se titula ¿Una respuesta indirecta a Carnap? La cuestión de la nada y relata como Carnap, desde el órgano oficial del Círculo de Viena, Erkenntnis, señaló que el discurso heideggeriano reflejado en ¿Qué es la metafísca? cional, y Ser, con mayúscula, para su propio concepto de Ser. Esta doble terminología fue en su momento muy criticada incluso por sus discípulos y Hannah Arendt escribe a Jaspers en 1949: "esa vida suya en Todtnauberg, imprecando contra la civilización y escribiendo Seny con y, no es en verdad sino la madriguera en la que se ha refugiado. En 1955 Heidegger renuncia a esa grafía e intenta otra: escribe el término con una tachadura en forma de cruz. El filósofo se pregunta: ¿puede la etimología ser de ayuda para aclarar el problema filosófico del ser? En Introducción a la metafísica la respuesta es negativa. La explotación en clave filosófica del verbo wesen y sus diferentes formas gramaticales, da paso al análisis del término Ereignis alrededor del cual gira todo el pensamiento heideggeriano en su última investigación sobre el ser. El séptimo capítulo "Tengo la sensación de que crezco sólo en las raíces, y no ya en las ramas" se describe el intento más radical, y fallido, de Heidegger de apartarse del la metafísica A nadie se le oculta, y así se señala en el texto de contraportada, que en Heidegger lenguaje y pensamiento son indisociables. Dicho lenguaje ha sido y aún es motivo de crítica tanto por su carácter críptico, como por sus arcaísmos, neologismos, agresividad semántica, construcción y (re)construcción de nuevas palabras y, en definitiva, su naturaleza esotérica que a veces escapa incluso a los profesionales de la filosofía. Un premio Príncipe de Asturias, de cuyo nombre no quiero acordarme, ha llegado a decir que el lenguaje heideggeriano es una añagaza para no decir nada. Pero al margen de tan disparatada opinión, lo cierto es que ese lenguaje crea toda una serie de problemas: baste recordar la curiosa terminología utilizada en su momento por don José Gaos en su traducción de Ser y Tiempo. El profesor Jesús Adrián Escudero (Hamburgo, 1964) de la Universidad Autónoma de Barcelona, docente en diversas y prestigiosas universidades alemanas e italianas, nos ofrece una excelente herramienta de trabajo: un diccionario en el que se analiza el vocabulario filosófico del joven Heidegger desde 1912 a 1927, espacio temporal en el que el filósofo impartió su magisterio en Friburgo y Marburgo, y en el que, como se señala, discutió sobre la fenomenología, la hermenéutica, el neokantismo, la filosofía de la vida y la neoescolástica. Tres apartados de desigual extensión componen este diccionario: a la breve introducción, titulada "Presentación: Heidegger como creador de lenguaje", le siguen los concisos "Instrumentos lexicográficos" que incluyen también los glosarios utilizados por el filósofo; y a continuación nos enfrentamos de lleno al grueso de la obra, un "Glosario Terminológico comentado" en el que, tras las notas sobre el uso y las abreviaturas y referencias, se enumeran los términos alemanes, los griegos y latinos y, finalmente, el listado de términos alemáncastellano, seguido de otro castellanoalemán. Insistimos, una vez más, en la enorme utilidad de este diccionario, que añade un eslabón más a la labor de la editorial Herder que ha dedicado una gran parte de su esfuerzo a la obra de Heidegger y a los estudios sobre el gran filósofo con obras tan importantes como las de Saviani y Gadamer. Por Alberto Sánchez Álvarez-Insúa Instituto de Filosofía CSIC racterización del arte de vanguardias, la tipología, la discusión de teorías, etc. La confrontación de la práctica del vanguardismo con los conceptos de las tradiciones clásica y romántica es esclarecedora; y no falta en este aspecto una revisión de la noción de modernidad, a la cual el vanguardismo conducía inevitablemente. Una segunda parte pone en marcha conceptos renovados para comprender el arte de vanguardia, y lo hace confrontándolos con obras concretas, especialmente con el arte abstracto y el cuadrado blanco sobre fondo blanco de Malevich. La quiebra de la representación. El arte de vanguardias y la estética moderna conflictos en las espesas relaciones que desde hace más de un siglo entablan literatura y filosofía hasta el punto de complicar en ocasiones la distinción entre ambas disciplinas. A este respecto, afirma Rampérez que, no queriendo ni separarlas completamente ni en absoluto hacerlas indiscernibles, la literatura es más libre que la filosofía, porque a aquélla no hay que pedirle cuentas de nada, mientras que a ésta habrá que juzgarla siempre por su racionalidad y los intereses a los cuales sus conceptos sirven. En esta parte se recogen planteamiento extraídos del análisis de Proust y se enlazan con la concepción de la vida como relato, texto o libro. De especial relevancia son los comentarios sobre la llamada edad de los poetas (en términos de Badiou), o sobre el plateamiento de la metaforicidad en las teorías nietzscheanas como origen del acercamiento entre lo literario y lo filosófico. Tanto uno como el autor, se forman como relatos inventados poniendo en movimiento el texto a partir de ese motor que es el desplazamiento metafórico. Y dan lugar así, por una parte, a una concepción de la temporalidad que no niega el carácter disolvente del tiempo, y, por otra, a la concepción de una comunidad literario-política (a través de Blanchot o Nancy) compuesta por amantes de la palabra abierta que rehuyen cerrar el sentido o encerrarse en "lo común". Abundantes sugerencias, por tanto, en un libro original, novedoso, fruto de investigaciones que se desarrollan poco en nuestras latitudes pero ocupan muchas páginas en la filosofía francesa y alemana especialmente. Valiosa aportación, por tanto, a la bibliografía sobre el tema en castellano. Queda, sin embargo, imaginar la continuidad y la diferencia entre ambos libros. La continuidad radica probablemente en lo adecuado, pero queda para otra ocasión un trabajo detenido sobre la transformación que sus conceptos suponen para la historia de la estética. Y lo mismo puede decirse de Ortega: Fernando Rampérez traza una reflexión muy completa sobre las enormes limitaciones que la teoría del filósofo español encuentra cuando trata de concebir el arte de vanguardias desde la deshumanización del arte (y un propósito crítico que faltaba probablemente en muchos estudios orteguianos); queda pendiente, sin embargo, un tratamiento crítico y global de lo que podría llamarse la estética orteguiana. El capítulo final, "Después de la representación", más que exponer conclusiones dibuja las líneas de apertura por las cuales no ha dejado de transitar la estética contemporánea. Quizá también en esta apertura reside uno de los valores de este libro, junto a la sin duda amplísima documentación que recoge, tanto en forma de citas como en bibliografía. El segundo libro tiene dos partes bien diferenciadas. La primera consiste en un análisis estético de la obra En busca del tiempo perdido. No solamente se ponen en juego las diversas interpretaciones que en una larga lista ha provocado esta obra proustiana en diferentes filósofos (pasando por Deleuze, Genette o Blanchot, por ejemplo). Se añade también un comentario de sus temas, los motivos más recurrentes, los estilemas más usados y la espesa prosa de Proust. Rampérez añade conclusiones propias: que es el libro el que pone su propia lógica a la vida del autor y del narrador, si es que son distinguibles; y que precisamente por eso deja el narrador que su nombre lo construya el libro. La segunda parte, compuesta en su mayoría por capítulos breves y provocativos, va anotando tensiones, acercamientos y esta palabra retomando su etimología para hacerla casi coincidir con la de traducción: lo esencial parece ser el desplazamiento, el llevar a otro lado el sentido, la alteración del significado que nunca queda estable sino que, a través del arte, muestra su movimiento, su inacabamiento, su perpetua transformación. De modo que en la página 134 se afirma: "la abstracción es la metáfora de un universo cristalino, la metáfora es la transposición abstracta de una singularidad concreta e irreducible". O, como dice a menudo también el autor, traducción y metáfora son también capacidad de "transgresión": "se trata, en resumen, de no ser indiferente a la obra ni a lo que transgrede" (pág. 56). Este libro está basado claramente, y el autor así lo confiesa, sobre todo en un tipo de análisis que procede la llamada filosofía francesa de la diferencia. Es una de sus virtudes, en la medida en que la metodología que parte de Foucault, Derrida o Blanchot, se quiera o no llamar deconstructiva, se muestra especialmente flexible para ocuparse del cambio categorial de que se trata. Sin embargo, y aunque aparecen con frecuencia autores de otras tradiciones filosóficas, cabe lamentar un trato más detenido de Heidegger, precisamente como desencadenante de cierta metamorfosis en la terminología clásica de la filosofía; el autor alemán aparece, de hecho, en múltiples ocasiones, pero quizá sería más aprovechable un tratamiento más detenido de sus reflexiones estéticas. Y lo mismo cabe afirmar con respecto a Walter Benjamin: en este libro apenas se utiliza su reflexión estética, y de hecho Fernando Rampérez, en trabajos posteriores, ha ido dedicando cada vez más importancia a la obra de ese autor y al potencial emancipador que encierran los conceptos estéticos que diseña. Los autores alemanes aparecen especialmente a la hora de discutir la teoría de la vanguardia, y este tratamiento es libros han servido para que Fernando Rampérez haya incluido una voz cada vez más personal y atrevida, planteando caminos para un pensamiento no dogmático que hacen de su filosofía una puerta abierta hacia el porvenir de ideas sin cierre. Por Stella Wittenberg posibilidades de conocimiento menos restrictivas; a saber, las que desde hace tanto tiempo la literatura se ha atrevido a sugerir. Pero también diferencia entre ambos libros. El primero resulta más académico, quizá, menos atrevido en sus conclusiones. Los cinco años que separan estos siguiente: de la investigación categorial que se plantea la quiebra de la representación surgen conceptos abiertos, alejados de la férrea lógica clásica y cercanos a la experiencia literaria. Son estos conceptos los que piden un análisis de lo literario y un acercamiento sin fusión entre poesía y filosofía. Una concepción de la verdad no representativa debe dejar paso a otras Descubriendo el pensamiento a través del documento: las Historias de la Filosofía en las Bibliotecas de la Red Madroño Que la filosofía encierra una técnica, y no solamente un reflexión libre y abierta, cuando no una elucubración gratuita, es algo que a cada paso se le impone a quien entre en esta disciplina. No solamente tiene un vocabulario específico, sólo en apariencia similar al del uso ordinario de los términos; también requiere de una tecnología del análisis y la difusión, e incluso un procedimiento de investigación especialmente si de historia de la filosofía tratamos. Y por este motivo la obra de Muñoz Alonso y Villaseñor constituye un valiosísimo trabajo a la hora de concretar qué requisitos metodológicos ayudan a trabajar en la tarea filosófica. No obstante, en este libro aparecido en 2010, su compromiso con ese ámbito resulta transparente y directo. El lector se ve llevado por la seguridad con que se exponen los criterios de evaluación de las diez Historias de la Filosofía puestas sobre el tapete para su radiografía documental. El libro se divide en dos partes claramente diferenciadas, que se corresponden con el título y el subtítulo del mismo. Mayor importancia representa quizá la segunda parte, que es precisamente la que aporta la selección, el análisis, la evaluación y la exposición de esas diez Historias de la Filosofía calificadas como más importantes, más valiosas y merecedoras de lectura por parte de la comunidad científica. Es preciso señalar que Villaseñor aporta al libro, entre otras muchas cosas, vocabulario técnico procedente de la Red Madroño, así como la recopilación del en España sino también en el campo internacional. Sorprende la casi total ausencia de asignaturas o monografías que aporten a los estudiantes una metodología de trabajo en filosofía. Ciertamente, esta materia deberá cuestionar todo método, pero cada filósofo y cadaestudiante lo harán sólo en la medida en que previamente conozcan los repertorios de documentación y su manejo. Por eso, aportaciones como la de Muñoz Alonso y Villaseñor resultan imprescindibles. En resumen, la originalidad de Descubriendo el pensamiento a través del documento estriba en conseguir aunar la labor de documentación, a cargo de Villaseñor, y la labor de reflexión filosófica, a cargo de Muñoz-Alonso. La repercusión de sus contenidos, el cuidadoso análisis de los documentos elegidos, así como su puesta en escena, hacen presuponer que el destino de esta obra será fructífero para las bibliotecas, los documentalistas, los filósofos, y los amantes de la buena filosofía, y no sólo material para su posterior reconocimiento y análisis filosófico, tarea en absoluto desdeñable dada la dificultad de encontrar las ediciones más actuales, sus diferencias con respecto a otras ediciones, y distintas cuestiones técnicas que requieren tiempo y paciencia. Hay que hacer notar también que el libro presenta una cuidadosa puesta en página, con una escrupulosa atención a los aspectos ortotipográfricos, muy conocidos por Muñoz-Alonso y transmitidos ya en diversos escritos suyos como el titulado «Identificación de fuentes digitales en la investigación filosófica» (Anales del Seminario de Historia de la Filosofía.
Entre las publicaciones recientes, se encuentran: Las Pautas de crianza entre los pueblos indígenas de Venezuela (2005); Producción y transmisión del saber: oralidad, escritura e imágenes (2006). "Los pueblos de Aricagua. Paisajes culturales y cartografía colonial de los pueblos del sur de Mérida" (2006); "Curas de armas tomar. Violencia corporal y control misionero de un pueblo de misión del Orinoco a mitad del siglo XVIII" (2006); "El Banquete barroco. Fiesta y cocina suntuaria en Venezuela durante el siglo XVIII" (2008). Recientemente ha trabajado en la historia cultural del miedo y la violación, y entre sus últimas obras destacan An Intimate History of Killing: Face-to-Face Killing in Twentieth Century Warfare (1999; Fraenkel José Ferreirós. José Ferreirós es Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Sevilla. Trabaja en la historia de la matemática moderna (1800-1950), y en la filosofía y epistemología de la matemática. Es autor de Labyrinth of Thought: A history of set theory and its role in modern mathematics (1999), Riemanniana Selecta (2000), Fundamentos para una Teoría General de Conjuntos: Escritos y Correspondencia Selecta (2006). Es actualmente profesor Lector (Assistant profesor) del Dep. de Estadística de la U. de Barcelona (UB) y profesor en la UB desde 1998. Su docencia abarca las principales enseñanzas experimentales, científicas e ingenierías (Biología, Geología, Ingeniería Industrial, I. Química, etc.). Ha sido también profesor del Dep. de Estadística e Investigación Operativa de la U. Politécnica de Cataluña (ETSEIAT y ETSEIB). Su formación es multidisciplinar y es doctor en Ciencias Biológicas desde 2005 por la UB, Ingeniero Técnico (I. Alimentarias) y MBA por la UPC. Actualmente cursa el 3 er curso de Ciencias Matemáticas en la UNED. Su investigación se engloba dentro de las líneas de la estadística computacional y la inferencia estadística aplicadas en el Grupo de Modelización Estadística Multivariante y Computacional, dirigido por el Dr. Carlos Cuadras. Ha sido también Investigador del grupo de investigación "Infancia y entorno" (PRBB-IMIM/ Hospital del Mar) dirigido por el Dr. Oriol Valls (2005-2009) y del grupo de Optimización en Investigación en Salud (GORS). Premio nacional de investigación "Quintana Marí" 1997, concedido por "A. Esp. de Téc. Autor de 41 publicaciones científicas: 15 artículos en revistas internacionales indexadas (Science Citation Index), 5 libros, 21 otras publicaciones. Ha realizado estancias de investigación postdoctorales en centros de investigación internacional [Instituto Superiore di Sanità (Roma) y Institut für Statistik (Múnich)] y en Barcelona (PRBB/ IMIM-Hospital del Mar), habiendo participado en 20 congresos nacionales e internacionales y en 12 proyectos de investigación y/o contratos con empresas. Fernando R. de la Flor. Fernando R. de la Flor es Catedrático de Literatura española en la Universidad de Salamanca. Autor de una importante obra sobre el Barroco hispano, entre sus últimos libros destacan La era melancólica. Figuras del imaginario barroco hispano (2007), Pasiones frías. Disimulación y secreto en la cultura del barroco hispano (2005) y Biblioclasmo. Antonio Sánchez es Licenciado en Filosofía por la Universidad de Murcia y en la actualidad está realizando una tesis doctoral en Historia y Filosofía de la Ciencia sobre la objetividad científica en la representación cartográfica del mundo moderno. Sus investigaciones han desembocado en algunas publicaciones entre las que destacan dos textos de próxima aparición: "Cartographical Representation on the New World in Sixteenth-Century Spain, 1503-1598" (Imago Mundi) y "El asedio de la naturaleza y la potestad del mundo: la representación cartográfica como escenario de la cultura visual renacentista" (en un volumen monográfico editado en el CSIC por Javier Moscoso y Javier Ordóñez).
presentación Una de las características distintivas de los profesionales de nuestro tiempo es la especialización. Se tiende a aprender cada vez más de cada vez menos temas. Nos alejamos aceleradamente de aquella, en cierto modo envidiada, época en que los pensadores, intelectuales o sabios eran, o pretendían ser, entendidos en todas o en las principales ramas del saber Claro que esta evolución obedece a justificadas razones de dedicación personal y de estructura social y que no es netamente negativa. Las ventajas de distribuir el trabajo y la adquisición de conocimientos entre diferentes individuos y grupos profesionales de especialistas son evidentes. Los avances científicos, o los intelectuales en general, se han generado en los últimos tiempos gracias principalmente al trabajo en equipo. El siglo XX, ya en las últimas, nos ha dejado una carga de progreso nada despreciable y claramente superior a la de los anteriores. En algunos ámbitos científicos, quizás en todos, se detectan sin embargo importantes lagunas atribuibles al desconocimiento de algunos especialistas en determinada materia de lo que se ha avanzado en otras. Esta situación se agravará si continúa la tendencia a acotar cada vez más los campos en la enseñanza obligatoria. La justificación puede estar en que esas otras materias están, en su origen, alejadas del propio campo de estudio. Sin embargo, con frecuencia disciplinas en principio alejadas unas de otras pueden confluir y aportar conocimientos útiles a un tema concreto. En este número, al tratar las relaciones entre los alimentos que ingerimos y nuestra salud, se pone claramente de manifiesto las conexiones entre distintas disciplinas, como la Biología, la Fisiología, la Psicología, la Sociología, la Físico-Química. Ramas de estas grandes áreas, como la Nutrición, la Bromatología, la Tecnología de Procesos, la Biotecnología o el Análisis Sensorial de alimentos, inciden más directamente en el estudio y en la búsqueda de soluciones, nunca definitivas, al tema central de las relaciones entre los alimentos que el hombre ingiere para su subsistencia y la salud de la que disfruta. Las aportaciones que siguen, provenientes de especialistas de distinto origen, convergen en el estudio del papel de la alimentación en el desarrollo y cuidado de la salud humana. Se han escrito teniendo en consideración que el consumidor actual, en contraste con el de hace unas décadas, tiene ante sí una enorme diversidad de alimentos, cada vez más saludables, y una alarmante escasez de información. Provocada tal vez por la celeridad relativa de los avances científicos y tecnológicos, se diría que hoy, más que antes, se manifiesta la ancestral neofobia del ser humano, su instintivo rechazo a lo nuevo. La casi totalidad de la información que recibe sobre novedades, tanto en este campo como en otros, le llega a través de la prensa y ésta, salvo contadas y loables excepciones, incide preferentemente en los casos de riesgo o de clara agresión a los derechos del consumidor Daniel Ramón y Luis Duran
RESUMEN: El estudio de la cultura no fue en Freud un mero complemento, sino que contribuyó desde un principio a fraguar las hipótesis y conceptos psicoanalíticos. Es preciso, sin embargo, señalar los caracteres y límites del "psicoanálisis aplicado" (1). Tras reconsiderar el concepto freudiano de sexualidad -pulsional, no instintiva-y la polémica con autores como Bloch, se trata de poner de manifiesto por qué, para Freud, es la sexualidad lo que se reprime y estructura el psiquismo (2). A través de Duelo y melancolía y El yo y el ello se analiza el anudamiento establecido por Freud entre lo sexual y lo cultural, entre el deseo y la norma (3), para plantear, finalmente, en la tensión entre arcaísmo y progreso (4), uno de los problemas culturales abordados en las obras finales de Freud, el de la concepción de la historia, y apuntar las principales líneas de influencia del psicoanálisis en el pensamiento filosófico del siglo XX. PALABRAS CLAVE: "Psicoanálisis aplicado", sexualidad/autoconservación, pulsión/instinto, represión y estructura del psiquismo, lo sexual y lo cultural, deseo y norma, arcaísmo y progreso, concepción de la historia, psicoanálisis y filosofía. El destino del psicoanálisis, en los aproximadamente cien años que lleva de existencia, ha sido extraordinariamente peculiar. Denostado al comienzo por los medios académicos y la mayor parte del público que tenía acceso a ese tipo de informaciones, se encontró sometido más tarde a una marea de expansión, que ha llegado a inundar nuestra sociedad, haciéndose presente en los más diversos ámbitos de pensamiento, en los medios de comunicación, en el lenguaje de la vida cotidiana. Pero tal expansión ha sido a costa, no ya de la desfiguración o trivialización que todo proceso divulgatorio puede comportar, sino de una deformación sistemática, que transpira freudismo en el mismo momento en que lo niega. Esta gloria ambigua es responsable de que, si por una parte, diversas disciplinas y todas las grandes corrientes filosóficas del siglo XX se hayan visto obligadas a confrontarse con él, por otra, las alusiones más o menos divertidas o grotescas al "subconsciente" (como suele decirse, aun cuando se dice mal), la re-presión, la castración, la envidia del pene y otros avatares de esa índole se han convertido en moneda común, hasta convertir al psicoanálisis, como el propio Freud temía, en "tema de frívola conversación" (1950, III, 3179) 1. No se trata de restaurar ninguna "ortodoxia", pues leer hoy a Freud exige hacerlo a través de las múltiples lecturas ya suscitadas, esto es, exige algo así como una cierta freudología, indispensable, aun cuando fuese con el propósito de "retornar" a él en cualquiera de los sentidos en que cabe hacerlo, pues cada uno de esos "retornos" reacciona frente a otras interpretaciones. Así sucede en los dos más famosos que a lo largo de la última centuria se llevaron a cabo: el propuesto por los frankfurtianos de primera generación, y en particular por Adorno y Horkheimer, en ocasiones frente a otros miembros de la "Escuela", además de frente a ciertas corrientes dentro del propio psicoanálisis, y, especialmente, la usamericana psicología del yo, que es, ante todo, a la que querrá oponerse el "retorno" de Jacques Lacan, sin que los denunciados abusos de esos miembros y esas corrientes tengan por qué llevarnos a demonizarlos o condenarlos en bloque, como a veces sucede entre los seguidores de los que pretendían retornar, pero que, en realidad, fundan otra interpretación, otra "escuela" u otra inspiración que se disemina, a su vez, en miríadas de ellas. Sin pretender entrar ahora en esa pugna o, por decirlo con los términos de E. Roudinesco, en esa "batalla de los cien años" (Roudinesco, 1988(Roudinesco, -1993)), pero tomando nota de ella, trataré de algunos problemas del "psicoanálisis aplicado", planteando, en primer lugar, por qué y cómo se ocupa el psicoanálisis de la cultura, para analizar, más tarde, algún momento privilegiado del anudamiento efectuado por Freud entre lo sexual y lo cultural, y finalizar apuntando ciertas cuestiones y perspectivas abiertas dentro de un ámbito particular, que quizá se dejara englobar bajo el rótulo de "filosofía de la historia" 2. ¿POR QUÉ Y CÓMO SE OCUPA EL PSICOANÁLISIS DE TEMAS CULTURALES? Las relaciones del individuo y la sociedad o, si se quiere, de las pulsiones y la cultura, son, en Freud, un tema de larga data. Ya en las cartas a Fliess, le comentaba en 1897: "El ser humano sacrifica, en aras de la más amplia comunidad humana, una parte de su libertad de incurrir en perversiones sexuales [...]. El incesto es antisocial y la cultura consiste en la progresiva renuncia al mismo" (1950, III, 3575). Concebido como un método terapéutico, desde el que se trata de alzar una teoría del psiquismo, el psicoanálisis es también, para su fundador, un método de estudio de las instituciones culturales, dando lugar a lo que se suele conocer como "psicoanálisis aplicado". Mas, aunque la denominación provenga del propio Freud, no deja de suscitar equívocos. Sugiere la imagen de una técnica y una teoría, ya preparadas y listas, que después se aplican. Sin embargo, el estudio de la cultura no es, para el psicoanálisis, un mero complemento, sino que, según hemos indicado, estuvo presente en Freud desde el principio, contribuyendo a la forja de las principales hipótesis y conceptos psicoana-líticos. Sin multiplicar los ejemplos se puede reparar en el papel de la censura en la primera tópica o del superyó en el segundo modelo del psiquismo, equivalentes psíquicos de la función social de interdicción y de los ideales que la cultura ostenta. Institución intrapsíquica e institución social se doblan, así, mutuamente, de forma que las neurosis, nos advierte en Múltiple interés del psicoanálisis, "se nos revelan como tentativas de resolver individualmente aquellos problemas de la compensación de los deseos, que habrían de ser resueltos socialmente por las instituciones" (1913b(, II, 1864)). Y, nada más abrir su estudio Psicología de las masas y análisis del yo, Freud rechaza la oposición entre psicología individual y psicología social, dado que, "en la vida anímica individual aparece siempre integrado 'el otro', como modelo, objeto, auxiliar o adversario" (1921(, III, 2563)). Mas, en cualquier caso, la interpretación de las formaciones culturales no puede realizarse como la de los individuos 3. Es preciso considerar su peculiaridad. Capaz de ocuparse de las más variadas y, en principio, de todas ellas, por cuanto que todas pueden ser psicoanalíticamente cuestionadas, se podría decir, con Paul Ricoeur (Ricoeur, 1970), que el estudio psicoanalítico de la cultura se caracteriza por la irrestricción del campo y la limitación de la perspectiva, la cual no tiene por qué negar reductivamente otros acercamientos. El riesgo se puede conjurar si el psicoanálisis se atiene al punto de vista que potencia su examen: Freud intentó explicar los caracteres del psiquismo considerado "normal" a través de los caracteres agigantados de su caricatura, un poco a la manera en que -caricaturas aparte-Platón trataba de averiguar qué es la justicia -después de la infructuosa discusión con Trasímaco en el Libro I de La República-pasando a considerarla, no en los individuos, sino en "las letras grandes de la ciudad" (Platón, 1986, 368d-369a). Si en 1900, cuando diseña la "primera tópica" del psiquismo, el modelo fue el sueño -ese producto habitual y extraordinario, esa, por así decirlo, "excepción cotidiana"-, en 1914, cuando trate de investigar el narcisismo presente en todos los individuos, parte de las psiconeurosis narcisistas, y, más tarde aún, tratará de explicar un fenómeno común, el duelo, desde la afección melancólica. Pues bien, enlazando, una vez más, normalidad y patología, diríamos que la perspectiva desde la que enfoca el estudio de la cultura se caracteriza por el valor ejemplar que para la interpretación de la misma tienen la neurosis (cf., p. ej., 1913a(cf., p. ej.,, II, 1794) y el sueño. Ambas, neurosis e instituciones sociales, tratan, para decirlo en términos habermasianos, de domeñar el conflicto entre el exceso de pulsión y la coacción de la realidad (Habermas, 1982, 278). Pero, sobre todo, está el valor paradigmático del sueño. En analogía con lo descubierto en su interpretación, las instituciones culturales habrán de ser reconducidas a los deseos que operan latentemente tras sus expresiones, tras su contenido manifiesto, considerado, desde ese punto de vista, como máscara de los mismos. Los deseos, escapando a la ruda disciplina de la realidad, buscan el atajo de la satisfacción inmediata, la Wunscherfüllung, sea en la alucinación onírica o en el delirio colectivo de la vigilia. A través de múltiples cambios y desplazamientos, persisten en su tenacidad, pues los procesos del sistema inconsciente se encuentran zeitlos, fuera del tiempo. En consonancia, al analizar las producciones culturales, subrayará Freud, "nuestra mirada persigue a través de los tiempos la identidad" (1913a(, II, 1846)). De ahí el recelo frente a la ilusión, el contrapunto tenazmente sostenido frente a cualquier cómoda noción de progreso que, pese a todo, quizá Freud no quiera por completo arrumbar. Sin embargo, aunque ése sea su tono mayor, Freud no desdeñará el significado y aportaciones de la labor cultural, por cuanto la analogía con las neurosis y el sueño, no permite arrastrar al nuevo campo todos los caracteres del registro metafórico de origen. Entre la alucinación onírica, privada y nocturna, y la pública lucidez del símbolo cultural -ético, estético, religioso-media el trabajo mismo de la cultura. Freud hubo de reconocer así, más de una vez, que "el psicoanálisis tiene que rendir las armas ante el problema del poeta" (1928, III, 3004). Y es que, por valiosas que resulten sus aportaciones, el psicoanálisis no debe tratar de convertirse en una concepción del mundo (Weltanschauung) o en una filosofía (1933, III, 3191). La crítica psicoanalítica es, ante todo, una crítica genética y funcional, esto es, pregunta por el origen y el papel jugado por determinadas instancias psíquicas o instituciones culturales en el conjunto del psiquismo o de la cultura. Pero no ha de suplantar a una crítica sustantiva, que demanda por el valor de verdad de determinadas afirmaciones o por la corrección o incorrección de determinadas propuestas. Todo lo primario en psicoanálisis (proceso primario, represión primaria, narcisismo primario, identificación primaria y, más tarde aún, masoquismo primario) es primario en el orden de la distorsión o del desplazamiento, nunca en el de la justificación: ser primero (genéticamente) no es ser primero (desde el punto de vista de la fundamentación). Es preciso tener en cuenta esas diferencias, si no queremos que el incuestionable valor de la crítica psicoanalítica degenere en el totalitarismo de una perspectiva totalizante, ajena al propio psicoanálisis y ruinosa para el cuestionamiento filosófico. Es cierto que las razones aducidas no constituyen, a veces, sino racionalizaciones (esto es, procesos por los que el individuo trata de dar una explicación coherente, desde un punto de vista lógico, o aceptable, desde un punto de vista moral, a actitudes, ideas o sentimientos cuyos motivos se le escapan), o funcionan también como racionalizaciones, pues, con independencia del valor de verdad de determinadas afirmaciones, éstas permiten canalizar -dada la polisemia del lenguaje-otros significados inconscientes: de este modo, al hablar intencionalmente respecto de una cuestión, estamos hablando, sin percibirlo, de muchas otras y siendo hablados por ellas, al producirse un desplazamiento desde los temas inconfesados a aquéllos que admiten un tratamiento social. Más aún, una racionalización no tiene por qué echar mano de tesis absurdas o fantasías caprichosas: funciona tanto mejor cuanto más coherente y racional sea la proposición que la permite. Pero todo ello no excusa de, sino que obliga a, una mutua crítica, capaz de conjugar el desvelamiento de los motivos inconscientes de nuestro discurso, con la discusión racional de los temas debatidos, como el propio Freud intentó a través de toda su obra. Los temas mayores de ese debate, por lo que a las instituciones sociales se refiere, se circunscriben para Freud, básicamente, a la crítica de la religión y de la moral, y algo más oblicuamente, pero no por ello con menor interés, a la crítica de la obra estética o a la concepción de la historia. Posponiendo para el último apartado la consideración de alguno de ellos, podemos considerar previamente, en ciertos momentos privilegiados, el peculiar anudamiento establecido por Freud entre lo sexual y lo cultural, lo que nos obligará, con antelación aún, a plantear el sentido de la sexualidad en Freud y a tratar de responder a persistentes reproches al respecto, esgrimidos desde diversos ámbitos. ¿POR QUÉ ES LA SEXUALIDAD LO QUE SE REPRIME Y ESTRUCTURA EL PSIQUISMO? En efecto, desde sus orígenes, el psicoanálisis se ha tenido que enfrentar a la acusación de pansexualismo, a la que Freud intentó responder como pudo -sin acabar quizá de ofrecer un planteamiento sistemático-en diversas ocasiones. Por referirnos a un caso paradigmático, podemos considerar las objeciones de ese peculiar marxista que fue E. Bloch, quien, sin embargo, pretendía recoger las aportaciones freudianas -la importancia de los procesos inconscientes, el peso de la represión, dos pilares del freudismo-, frente a las formulaciones oscurantistas de alguno de sus seguidores, como Jung. Reproches difíciles -por afectar a lo nuclear-y que no se dejan de repetir, no hemos de pasarlos por alto, por cuanto su aparente contundencia puede ocultar algo importante que ahí está en juego y sobre lo que quizá no esté de más arrojar alguna luz. Como tantos otros, Bloch considera que Freud hiperdimensionó, en detrimento de otros más importantes que él, el impulso sexual, el cual, sin embargo, "no se hace valer tan incontestablemente como, por ejemplo, el hambre, un impulso olvidado siempre por el psicoanálisis", cuando, en realidad, el impulso de autoconservación es prioritario, "porque una persona sin alimento perece, mientras que sin el placer amoroso puede sobrevivir largo tiempo". Es por eso, por lo que, frente a la erótica freudiana, Bloch quiere hacer valer la económica de la alimentación: "El estómago es la primera lamparilla a la que hay que echar aceite" (Bloch, 1977, 49-50). Frente a ese tipo de argumentación, Freud tendió a subrayar que sólo a partir de una teoría dualista se podía explicar un psiquismo básicamente conflictivo, en el que era preciso algo opuesto a la sexualidad, si uno de los destinos habituales de la misma era la represión 4. Esa dualidad se expresa en múltiples niveles dentro de la obra freudiana (pulsiones de conservación/pulsiones sexuales, en la primera teoría de las pulsiones; pulsiones eróticas/ pulsiones de muerte, en la segunda teoría pulsional; proceso primario/proceso secundario; principio del placer/principio de realidad, etc.). No obstante, si en ocasiones da la impresión de que Freud no acaba de responder quizá ello se deba a que, tal como trató de mostrar en los Tres ensayos para una teoría sexual de 1905 (el otro gran pilar, junto a La Interpretación de los sueños, de la Teoría psicoanalí-tica), si no cabe decir que todo es sexual sí se podría decir que hay sexualidad en todo, incluso en esos impulsos de autoconservación, que sirven de apoyo (Anlehnung) para una sexualidad en sentido ampliado, la cual, apuntalándose y desviándose de ellos, se manifestará como verdadera perversión universal del instinto. Precisamente, a través de sus múltiples consideraciones y ejemplos, la tesis básica que tratan de defender los Tres ensayos para una teoría sexual quizá se podría dejar resumir en la proposición según la cual la sexualidad humana no es del orden del instinto, sino de la pulsión. Es discutible la existencia de instintos en el hombre, ya que el equipamiento genético dota al ser humano con una red de posibilidades, susceptibles de múltiples recreaciones culturales, que le fuerzan a preferir y elegir las que considera mejores. Con todo, algunos aspectos tienen un carácter más instintivo que otros y la sexualidad se caracteriza precisamente por la pérdida de rasgos instintivos. Podríamos decir que mientras el instinto (Instinkt) se expresa en una conducta genéticamente adquirida y estereotipada, la pulsión supone también un empuje, una insistencia, una fuerza irrefrenable (treiben, empujar), mas sin objeto ni fin específicos, que han de ser social y biográficamente moldeados. Si consideramos la nutrición como uno de los registros más instintivos del hombre y a la necesidad subjetiva que acompaña a esa necesidad la denominamos hambre, Freud propone denominar a lo que corresponde al hambre en el dominio sexual libido, término derivado del latín, que significa deseo, envidia, y que expresaría ante todo el aspecto energético de las pulsiones sexuales. Si la sexualidad fuera un instinto, viene a decir la argumentación freudiana, las denominadas perversiones serían una excepción, la excepción que confirma la regla. Sin embargo, los testimonios históricos y antropológicos dan cuenta de la amplitud y variabilidad de las perversiones sexuales (entendiendo por tal la unilateralización de aquellas actividades que normalmente coadyuvan al coito, pero que el perverso busca como el fin de su goce, tal como sucede en el exhibicionismo, el voyerismo, el sadismo, el masoquismo, el fetichismo, etc.). Ahora bien, el perverso no llega tanto a serlo cuanto sigue siéndolo, ya que todos lo fuimos en la infancia, caracterizada por una sexualidad de tendencias perversas (autoerotismo, conductas incestuosas...), a las que las sanciones sociales y morales tratarán de poner más tarde un dique. Cuando el conflicto entre los CARLOS GÓMEZ SÁNCHEZ impulsos y las normas no se elabora bien, surgen las neurosis, que por eso constituyen el negativo de las perversiones. Y sólo por una limitación efectiva de tales tendencias y una determinada elaboración surge la sexualidad humana "normal", que, en realidad, supone, para Freud, un canon ideal: la superación de las tendencias incestuosas, expresadas en el mito de Edipo 5, y la asunción de la castración simbólica (para decirlo en términos lacanianos) respecto a una imaginaria omnipotencia y completud, en la que, al no asumir la ley paterna (impuesta por el padre o por quien ejerza su función), ley que rompe la mítica unidad entre el infante y la madre, se es incapaz de dar reconocimiento a la diferencia sexual y al límite, el cual otorga, sin embargo, su campo al deseo, al lenguaje -que trata de simbolizar lo ausente-y al orden humano de la historia y de la cultura. Es esa maleabilidad de la sexualidad humana la que posibilita su represión o satisfacciones sustitutivas muy diversas (todo el campo recubierto por conceptos como los de desplazamiento, fijación, sublimación, regresión), mientras que el hambre no se reprime. No se trata, pues, de ningún pansexualismo ni de establecer la primacía de uno u otro orden, sino de destacar la importancia de la sexualidad para la estructura del psiquismo, dadas las diferentes elaboraciones y posiciones subjetivas que respecto a la misma pueden darse. Un impulso sexual puede en efecto satisfacerse, más o menos cumplidamente, masturbándose, por ejemplo, o paseando por la sección de lencería de unos grandes almacenes, mientras que el hambre no se apacigua frotándose el estómago o recorriendo los repletos estantes de un buen supermercado. Freud rastrea la incidencia de lo sexual en los más diversos órdenes de la vida, no para reducirlos todos a aquél, sino para mostrar los diversos destinos de pulsión. Y, desde este punto de vista, en efecto, el psicoanálisis sólo trata con la sexualidad (Laplanche, 1973). No por ello niega otros aspectos, pero se limita a relegar su estudio a otros ámbitos (1917b(, III, 2433)). Un analista no puede -ni debe-resolver, por ejemplo, el problema del paro laboral de un paciente, y sería absurdo reducir las diversas dimensiones del problema -su entramado económico y social-al juego pulsional; lo único que puede es tratar de analizar la posición subjetiva, inconsciente-pulsional, del paciente respecto al mismo, así como, en teorías sociales interdisciplinares (como las ensayadas, entre otros, por los frankfurtianos), contribuir, desde su enfoque, a su planteamiento. En todo caso, el concepto freudiano de sexualidad es mucho más amplio que el de genitalidad, refiriéndose a aquellas conductas capaces de suscitar un placer desligado de la satisfacción de una necesidad fisiológica, tal como se manifiesta ejemplarmente en la sexualidad oral del niño, que sigue chupando con deleite el pecho, sin succionar, o que lo sustituye por el chupete o por el chupeteo del pulgar. Precisamente, y como hemos indicado, las pulsiones sexuales nacerán apuntaladas o apoyadas en las pulsiones del yo o de conservación (primera teoría de las pulsiones), conforme a lo que ya expresara Schiller a propósito de las grandes fuerzas que mueven el mundo: el hambre y el amor. Sin embargo, más tarde, sobre todo a partir de Introducción al narcisismo (1914), Freud estima que el yo no es sólo una instancia de adaptación a la realidad, sino asimismo una reserva libidinal, lo que rompe la equiparación entre el yo y la conservación, y comporta un ineliminable "narcisismo primario". Tal reserva libidinal puede dirigirse hacia otros objetos, pero puede también retornar a sí, como los seudópodos de un protozoo, en el fenómeno del enamoramiento de la propia imagen, que es a lo que se suele denominar narcisismo (para Freud, "narcisismo secundario", puesto que sigue a una investición objetal, siquiera sea la de los objetos parentales), según narra el mito griego transmitido por Ovidio en Metamorfosis. Y fueron ésas, entre otras observaciones -sobre todo, la compulsión a la repetición por parte de los pacientes neuróticos, en una conducta que parecía alejarse de los dictados de la realidad y del deber, pero también de la prosecución del placer-, las que le llevaron a plantear, en Más allá del principio del placer (1920), un nuevo dualismo pulsional: el de pulsiones de vida o eróticas, que tratan de unir los seres, buscando agregados cada vez más amplios, y pulsiones de muerte, destructivas o de agresividad, que tratan de disociarlos y volver al estado anorgánico. Sea como fuere, y a través de esas elaboraciones, lo que no aparece en Freud es la pretensión de eliminar todo tipo de normas o principios morales (aunque podamos discutir cuáles nos parecen adecuados), por cuanto la sociedad es impensable sin diques sólidamente establecidos, o, si se quiere, sin tabúes (para Freud, la forma primitiva del mandato moral, pero que, a su entender, aún resuena en el imperativo categórico kantiano), pues una cultura sin tabúes es algo así como un círculo cuadrado: cultura equivale a represión, al menos en el sentido de la represión primaria (Urverdrängung), a la que hemos procurado aludir en los anteriores comentarios, sin poder proseguir una discusión que requeriría andamios más complejos (Freud, 1915). La contención sexual (o una cierta contención sexual) no es, pues, siempre índice de represión (Verdrängung); en ocasiones, en cambio, actividades sexuales directas pueden encubrir represiones mucho más efectivas, de acuerdo con el concepto forjado por Herbert Marcuse de "desublimación represiva" (Marcuse, 1970(Marcuse, y 1972)); como es obvio, es posible una amplia gama de conductas intermedias y de combinaciones. A través de todas ellas, la escisión (Spaltung) a la que se encuentra sometido el individuo torna quimérico el sueño de una completa identidad y transparencia consigo mismo y con su sociedad. EL ENGARCE ENTRE LO SEXUAL Y LO CULTURAL Introducción al narcisismo suele considerarse como el gran giro hacia la segunda tópica y el análisis más sistemático de las formaciones culturales, pues no en vano ese giro comienza, por así decirlo, por "arriba", con la consideración de las instancias "ideales" -el "yo ideal" (Idealich)-y los procesos de idealización y de sublimación, a los que se consagra el final del estudio. Pero, como no podemos detenernos en todos ellos, podemos abordar el engarce entre lo sexual y lo cultural atendiendo a una obrita a la que su brevedad no resta ni dificultad ni belleza, y que, a mi entender, constituye la gran bisagra que enlaza con el superyó de la segunda tópica, instancia de las prohibiciones y del "ideal del yo" (Ichideal): Duelo y melancolía, de 1917. De nuevo ahora, y según advertimos, el fenómeno normal del duelo, el sentimiento de aflicción por la pérdida de un ser querido (o también de un ideal o de la patria -piénsese en el caso de los emigrantes y en el doble duelo que han de elaborar, al abandonar la suya y al retornar, abandonando la de adopción (Zeul, 1998)-), trata de aclararse desde su caricatura patológica, la psicosis maníaco-depresiva, a la que Freud todavía denomina melancolía. Ambos fenómenos presentan profundas similitudes: el mismo abatimiento, la misma incapacidad para pensar en algo que no se refiera al objeto perdido, la misma imposibilidad de elegir un nuevo objeto sexual. Sin embargo, existen también diferencias, apreciadas ya por la observación común, la cual no ve en el duelo manifestación alguna de enfermedad y sí en cambio en la melancolía. La más llamativa consiste en los profundos reproches del melancólico a sí mismo; reproches que sólo en las manifestaciones extremas y ya patológicas de duelo alcanzan tal intensidad; reproches que, en el desprecio de sí, pueden acabar por llevar al individuo al suicidio. Por otra parte, resulta sospechosa la desproporción entre la intensidad autocrítica del melancólico y su justificación real, así como la falta de pudor en exhibir sus culpas y rebajarse, como si en ello encontrara una satisfacción. Lo que el análisis descubre tras esa acentuada crítica se formula de manera escueta: ihre Klage sind Anklage, los autorreproches no son sino acusaciones. Acusaciones que se querrían dirigir al objeto, siendo frente a su pérdida frente a la que se alza la tendencia del melancólico, que, resistiéndose a abandonarlo y a fin de que la relación perviva, se identifica con él, en sustitución de la carga erótica. Freud forja ahí el concepto de identificación narcisista con el objeto, como una forma de retenerle, como una regresión de la elección de objeto narcisista al narcisismo. Pero esa vuelta no es un retorno sin más: la ambivalencia afectiva que en toda relación se establece hace que, con la pérdida, los aspectos negativos pasen a primer plano (además de que todo objeto perdido es, en cuanto tal, un objeto malo, por abandonarnos) y las acusaciones al objeto se transforman en autorreproches del sujeto enfrentado consigo mismo. En el trabajo del duelo, la libido acaba por obedecer las órdenes de la realidad, la cual exige al individuo abandonar todas las ligaduras con el objeto, si es que no quiere perecer con él. Dicha exigencia suscita una fuerte oposición y sólo se cumple con gran gasto de tiempo y de energía, al que se denomina, precisamente, trabajo del duelo. Pero, al identificarse con el objeto para obviar el conflicto (muerte, ruptura), el melancólico no hace sino trasladarlo al propio yo, que queda así disociado. Por eso, a diferencia del trabajo del duelo, referido a un objeto exterior, el debate del melancólico es un debate consigo mismo: La sombra del objeto recayó así sobre el yo [...]. De este modo se transformó la pérdida del objeto en una pérdida del yo, y el conflicto entre el yo y la persona amada, en una disociación entre la actividad crítica del yo y el yo modificado por la identificación (1917a(, II, 2095)). Al tratarse a sí mismo como quisiera tratar al objeto, denigrándolo, el individuo puede contrariar la fortísima tendencia a la autoconservación y llegar al suicidio, como forma de acabar con "la sombra del objeto", mientras preserva una imagen no dañada de sí, cercana a la omnipotencia, narcisista e ideal. Pues bien, cuando el proceso de identificación con los objetos sexuales abandonados, como reacción a la pérdida de éstos, se aplique a esos objetos sexuales de referencia que son los padres, estaremos en presencia de la constitución del superyó, tal como Freud la aborda en el capítulo III de El yo y el ello. El superyó se yergue así como el "heredero del complejo de Edipo". Cuando el niño se ve obligado, por las normas sociales y la prohibición del incesto, a abandonar las intensas relaciones con sus padres, privilegiados objetos de amor, se resiste a hacerlo y, ante una pérdida de tal magnitud, no encuentra otro recurso que hacerse a sí mismo como eran ellos, como si se ofreciera a sus pulsiones, diciéndoles: "Mirad, podéis amarme a mí también: ¡Me parezco tanto al objeto perdido!..." Más allá de la imitación y de la endoculturación, Freud quiere destacar, pues, el lazo inconsciente y sexual que liga a las generaciones. Subraya también, de un solo trazo, la ambivalencia de la instancia superyoica, la cual supone un dique frente al incesto, pero, asimismo, y de algún modo, su prolongación. Problema moral por excelencia, la posición subjetiva adoptada respecto a las primitivas inclinaciones sexuales determinará en buena medida el modelo de relación con los demás, aunque, en cuanto problema moral, sólo se planteará más tarde, en las resignificaciones que el individuo adulto pueda hacer respecto a sus tempranas "elecciones", en las que, sin embargo, más tarde, se descubrirá implicado. Tal conexión con lo pulsional, ese anudamiento entre lo sexual y lo moral, entre el deseo y la norma, revestirá de una profunda ambivalencia a los mandatos superyoicos, tanto más severos (con independencia de cómo fuesen los padres) cuanto más fuertes fueran las tempranas inclinaciones libidinales. De ahí que el superyó, esa instancia surgida a través de un proceso de modificación del yo y necesaria para su desarrollo, poniéndole a resguardo de la fantasía de omnipotencia y de la maraña sin salida del incesto, puede con frecuencia adquirir un rostro tiránico y cruel, por el que llega a torturar al yo, que estaba llamado a redimir. Cuando esto sucede, se produce el cortocircuito entre lo sublime y lo arcaico, y aquello de lo que parece podríamos sentirnos más orgullosos conecta con lo abyecto. Freud, con desoladora comparación, se limita a observar que, entonces, el destino del yo "ofrece grandes analogías con el de los protozoos que sucumben a los productos de descomposición creados por ellos mismos" (1923(, III, 2726)). Y es que, frente a sus pretensiones de soberanía, el yo suele ser cobarde, oportunista y falso: habiendo de mediar entre los impulsos incoercibles del ello, los reproches superyoicos y la indiferente realidad, intenta satisfacer a varios señores y no es extraño verle fracturado y roto entre exigencias contradictorias, cuando no trata de presentarse, en contraste, rígido, inmaculado y sin fisuras. Más allá de esas hinchazones imaginarias, disolviéndolas y analizándolas en sus componentes pulsionales, la terapia analítica tratará sin embargo de robustecer el yo en una nueva reestructuración, que ha de admitir, frente a la pretendida perfección narcisista, las propias carencias, sin desistir por ello del poder -limitado, pero real-del que un hombre es capaz. El lema de esa terapia, tal como Freud lo enuncia en sus Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis, dice: wo es war, soll ich werden, "donde era ello, ha de llegar a ser yo" (1933, III, 3146). Se trata de ganar para el campo de acción del yo nuevas partes del ello -como los pólderes holandeses ganan tierra al mar-, aun cuando resulte ilusoria la pretensión de absorber el océano de impulsos sobre los que se asienta. EL PESO DE LO ARCAICO Y LA ESPERANZA DE FUTURO En efecto, en diversos registros y desde diversos frentes, en diferentes ocasiones el psicoanálisis ha sido interrogado acerca de la cuestión del futuro y del progreso. La teoría sólo la recoge oblicuamente (por eso, Ricoeur habla, al respecto, de una doctrina de lo arcaico tematizada y una teleología implícita), a través del concepto, central pero no sistematizado, de sublimación (Ricoeur, 1970, 140ss., 423ss., 450ss.;Laplanche, 1987a). Pero la práctica psicoanalítica continuamente la supone, si es que en ella se trata, por decirlo con Habermas (Habermas, 1982), de desbloquear la comunicación sistemáticamente distorsionada con los demás y consigo a fin -tal como en alguna ocasión lo expresara el propio Freud-de "liberar el amor reprimido, amor que había encontrado en los síntomas, por pobres bastardos, un compromiso" (1907(, II, 1334)). Es cierto que, en otras ocasiones, los pronunciamientos freudianos fueron más sobrios. Al final de Estudios sobre la histeria su esfuerzo parece contentarse con cambiar "el sufrimiento neurótico por la miseria corriente" (1895, I, 168). Pero, se formule como se formule, esa posibilidad de progreso no deja de estar apuntada. De las múltiples ramificaciones de esa trama, y para dirigirnos derechamente a una de las cuestiones "culturales", nosotros sólo vamos a bosquejar ahora las reflexiones que, en sus obras tardías, cuando se afloja el freno que le había querido poner a sus tendencias especulativas, Freud ofrece a propósito de la evolución cultural, en la que esas posibilidades de apertura al futuro no están simplemente ausentes, aunque sus meditaciones no dejaron de ser cautelosas y, desde luego, no exentas de tensiones. En todo caso, es preciso advertir que no por ello Freud olvida las aportaciones psicoanalíticas, pues, como él mismo observa, para no perder suelo, evita aproximarse a la Filosofía propiamente dicha, contentándose con "alcanzar, partiendo de la observación psicoanalítica, puntos de vista generales " (1925a" (, III, 2790" ( -2791)). Nuestra presentación será muy sumaria. Se podría decir que en la concepción de la historia que, más o menos implícitamente, opera en el pensamiento de Freud hay dos perspectivas nunca del todo conciliadas (Brown, 1967; cf. asimismo Bloch, 1977; Gómez, 1993; Marcuse, 1971). El proyecto freudiano, tal como se expresaba en El porvenir de una ilusión (1927) era sustituir la antigua legitimación religiosa de la moral, por otra, basada en su necesidad social, guiados por la luz de la ciencia. Línea de pensamiento que, por lo demás, no era en él nueva sino que enlazaba con lo que ya había expuesto años antes en Tótem y tabú (1913), donde defendía una evolución de los sistemas de pensamiento cercana a la ley de los tres estadios de Comte y en la que, por tanto, el reconocimiento de la posibilidad de progreso está expresamente recogido, a condición de renunciar a la omnipotencia, educados por la necesidad. En todo caso, para el Freud de 1927, el "pequeño dios Logos" sería capaz de ofrecer no sólo eficacia técnica, sino asimismo visión de conjunto y sentido (al parecer, las funciones que Freud se atrevía a atribuirle no eran tan nimias). En algún momento, y en tono desusadamente optimista, llega a afirmar que si el hombre concentra en este mundo todas sus energías "conseguirá probablemente que la vida se haga más llevadera a todos y que la civilización no abrume ya a ninguno" (1927, III, 2988; cursiva mía). Pero ese tono, algo más vehemente, en el marco de la polémica con la religión, y un tanto más confiado respecto a las expectativas, como herencia del positivismo, iba a cambiar, en cierta medida, poco después, en El malestar en la cultura, donde la dificultad de regular las relaciones sociales hacía quebrar la confianza depositada en la razón científico-técnica. En efecto, en contraste con la anterior perspectiva, Freud da cauce en esa obra a la decepción que los progresos científicos por sí solos, pese al valor irrenunciable que comportan, suponen para la humanidad, pues la sujeción de las fuerzas naturales, cumplimiento de un anhelo multimilenario, no garantiza la posibilidad de una vida lograda. Lo que no ha de implicar la recusación de esa racionalidad técnica sino únicamente señalar sus límites o sus carencias: "Deberíamos limitarnos a deducir de esta comprobación que el dominio sobre la Naturaleza no es el único requisito de la felicidad humana -como, por otra parte, tampoco es la meta exclusiva de las aspiraciones culturales-, sin inferir de ella que los progresos técnicos son inútiles para la economía de nuestra felicidad" (1930, III, 3032). Pese a sus dificultades, cabe esperar, sin embargo, "que poco a poco lograremos imponer a nuestra cultura modificaciones que satisfagan mejor nuestras necesidades". Sólo que, frente a lo que luego serán, por ejemplo, los animosos proyectos de Marcuse, él ya mostró por adelantado sus reservas, no sólo frente al pasado irrevocable de las víctimas -que era lo que oscurecía para Marcuse la perspectiva de una civilización sin represión-, sino también respecto a las posibilidades de mejora en el futuro. Pues aunque no toda transformación esté descartada de antemano, "quizá convenga que nos familiaricemos también con la idea de que existen dificultades inherentes a la esencia misma de la cultura e inaccesibles a cualquier intento de reforma" (1930, III, 3048-3049; cursiva mía). Estamos lejos, pues, de la esperanza de tres años antes según la cual sería posible que algún día la civilización "no abrumara ya a ninguno". Algunos de los motivos del "pesimismo" freudiano se remontan también muy atrás en su obra. Enunciados brevemente, ellos se refieren en primer lugar a la contrapartida de la sexualidad infantil. Más allá del escándalo que supuso para mentiras habituales de la sociedad civilizada, lo que importa resaltar es que la réplica de esa sexualidad inicialmente errática es una entrada en la cultura inevitablemente penosa. La historia de cada individuo está hecha de renuncias dolorosas, jalonada de objetos perdidos, de forma que los conflictos no son un accidente, una contingencia que una pedagogía mejor o una sociedad mejor pudieran por entero evitar, sino conflictos necesarios, cuyos jirones acompañan el desarrollo del yo. Y, sobre todo -es el argumento principal de El malestar en la cultura-, está el dualismo pulsional, la lucha entre Eros y Tánatos, y la renuncia a los componentes agresivos que el propio entramado de la civilización exige, a fin de que los lazos libidinales en los que ella se asienta puedan fructificar. Lo que supone el corolario de la exaltación ineliminable del sentimiento de culpabilidad, al volver contra el individuo la agresividad que quisiera desplegar contra los otros. Y son ese carácter inevitable del proceso y los desajustes entre las exigencias culturales y la perspectiva individual los que llevaban a Freud a destacar los componentes trágicos de la cultura, de la que no nos podemos desembarazar y en la que, sin embargo, no nos podemos desenvolver. Al arribar así a esa "insociable sociabilidad" (por decirlo en términos kantianos), Freud no quiere confiar en ninguna astucia de la razón que dialectizara el mal y lo negativo y parece llevarnos a una antitética irresoluble, más cercana de Kant que de Hegel o Marx. El balance no puede ser más cauteloso. Por decirlo con Habermas, "Freud dio a la dominación y a la ideología fundamentos demasiado profundos como para que pudiera prometer seguridad" (Habermas, 1982, 280; cf. Gómez, 1995). Al final de la obra Freud hace una declaración que es todo un alegato frente a la Ilustración ingenua: He procurado eludir el prejucio entusiasta según el cual nuestra cultura sería lo más precioso que podríamos poseer o adquirir y su camino habría de conducirnos indefectiblemente a la cumbre de una insospechada perfección (1930, III, 3067). No por ello Freud quiere arrumbar toda posibilidad de futuro, y dado que si no el infinito mar de lo posible, al menos algunas posibilidades se dan, tampoco quiere zanjar la cuestión por el otro extremo ni trata de hacer una apología de la impotencia. Más bien, adonde parece querer conducirnos es a ese tipo de sabiduría que acompaña a la visión trágica, invitando al hombre a renunciar a las ambiciones desmesuradas, pero también, a agotar el campo de lo posible. Aun cuando, en todo caso, la esperanza ahí puesta en juego es radicalmente incierta, dado que la fuerza creativa de Eros no permite, sin embargo, asegurar el desenlace final. Las expecativas que el desarrollo científico-técnico parecía abrir ceden así el paso a una incertidumbre radical, donde las mejores posibilidades quieren venir de la mano de Eros, al que significativamente apela (en vez de hacerlo simplemente a Logos) al final de la obra, dentro de un cuadro en el que el escenario mitológico acaba por sobrepasar la austeridad científica. De este modo, el hijo positivista de la Ilustración del estudio de 1927 se convierte ahora, sin por ello renunciar a la misma, en uno de sus principales críticos, en el pensador romántico que quiere hacernos ver las sombras que arroja, ella también, la luminaria del progreso. La mitología, la lucha de los titanes Eros y Tánatos entre los que se desenvuelve el drama de nuestra existencia, complementa, si es que no alcanza la primacía, a la sobria y positivista razón científica, de la que él quiso siempre ser un defensor, sin lograr, pese a sus deliberados propósitos, mantenerse en el cuadro que la misma le ofrecía. Probablemente, la grandeza de un pensador pueda medirse por su capacidad de hacer convivir en sí mismo tendencias opuestas, de difícil armonización, sin decantarse unilateralmente por ninguno de los extremos de las cuestiones, sino elaborándolos en nuevas figuras que dan que pensar. Pese a sus tentaciones reduccionistas (a las que a veces sucumbió) y sus puntos ciegos filosóficos (que también los tuvo) no cabe duda de que ése es el caso de Freud. Para algunos, esas tensiones, nunca del todo resueltas, entre positivismo y romanticismo, entre empirismo y especu- lación, entre cientificismo y poesía son el aspecto más endeble de su producción. A mi modo de ver, en cambio, es esa pugna la que presta a Freud, desde un punto de vista filosófico, su mayor grandeza y su talante peculiar. Ilustrado crítico, hijo de la Ilustración en muchos de sus temas y orientaciones, él es también una de las figuras en las que la primera Ilustración hace crisis, no para claudicar de su tarea, sino tratar de ilustrar a la Ilustración misma y, así, proseguirla. Que esa prosecución ha dado sus frutos, se puede hacer notar con sólo establecer un muy breve recuento de la influencia que, más allá del campo estrictamente psicoanalítico, Freud ha ejercido en los más diversos ámbitos y, desde luego, en el pensamiento filosófico del siglo XX (Gómez, 2003). De las tres grandes corrientes que lo vertebran, quizá en el movimiento analítico su huella ha sido menor, pese a que su cabeza de fila (un cabeza de fila que desborda ampliamente ese marco), Ludwig Wittgenstein, se ocupó ocasionalmente de la cuestión. En cambio, en los otros dos grandes su impronta ha sido notable. Ése es el caso del marxismo, al menos en sus versiones más críticas y abiertas, de Ernst Bloch a la Escuela de Frankfort y, dentro de ella, no sólo en los autores más recordados al respecto (Fromm, Marcuse), sino asimismo en Adorno y Horkheimer, cuya Dialéctica de la Ilustración, de tan amplia repercusión en planteamientos posteriores, no puede entenderse sin las premisas del psicoanálisis, una y otra vez utilizadas en los desarrollos de la obra.Y esa influencia se prolonga en la segunda generación, la representada ante todo por J. Habermas. En cuanto a la línea fenomenológico-existencialista y su transformación hermenéutica, baste pensar en la obra de P. Ricoeur para calibrar la importancia de ese influjo, que se hace sentir asimismo en el postestructuralismo (Foucault, Deleuze) y otros autores (Zizeck). Si a ello se agrega el que muchos han querido hacer de Freud uno de los padres de la postmodernidad -lo que, según acabamos de indicar, resulta discutible y requiere precisiones-, podemos hacernos una idea del inmenso legado que Freud ha dejado a la posteridad. Legado al que, en algunos aspectos, y dentro del marco ahora posible, este estudio ha pretendido apuntar. Obras completas, trad. de L. López-Ballesteros y de Torres (Freud, 1973), la primera de las traducciones llevadas a cabo, por indicación de Ortega, a un idioma distinto del alemán; aunque incurre en el grave error de verter indistintamente Instinkt (instinto) y Trieb (pulsión) por "instinto" -confusión también presente en la afamada Standard Edition-, sigue conservando una riqueza literaria, no superada por otras traducciones más recientes -como la de Etcheverry (Freud, 1976(Freud, -1979)-, en las que aquella deficiencia se subsana. Las citas remiten al año de edición, volumen en números romanos, página. 2 Un debate más amplio de alguno de los temas abordados en este artículo lo llevé a cabo en Freud, crítico de la Ilustración (Gómez, 1998) y en Freud y su obra. Génesis y constitución de la Teoría Psicoanalítica (Gómez, 2002). 3 Sobre la peculiaridad de la "hermenéutica" freudiana, cf. Laplanche (1987b). Algunos problemas epistemológicos del psicoanálisis los consideré en Gómez (2001). 4 En sentido psicoanalítico, la represión no equivale a la no realización de un deseo percibido (que ya es consciente, si uno se da cuenta de él, aunque luego no lo satisfaga, por otro tipo de consideraciones -morales, por ejemplo-), sino el no percibir algo que se desea, lo que es muy distinto. A Freud se le atribuye a menudo la peregrina idea de que todo deseo no satisfecho provoca neurosis, cuando para él, como insistió desde muy pronto, "la educación requiere displacer".Un deseo del que se es consciente, aunque no se satisfaga, no se encuentra reprimido desde el punto de vista psicoanalítico, para el que Freud reserva el término Verdrängung, frente a Unterdrückung (que es el sentido adoptado por el término cuando lo empleamos en un contexto coloquial o político, por ejemplo, al hablar de que "la policía reprimió una manifestación", de la que la propia policía es muy consciente, por supuesto), diferencia establecida en francés entre répression y refoulement, careciendo el castellano de términos diferenciadores de esos conceptos. Pero la contención de muchos de nuestros deseos es un presupuesto ineludible de la cultura y de la moral, sin que tal contención acarree necesariamente riesgos patológicos. Así, se puede experimentar una intensa agresividad hacia alguien -razonablemente motivada o no-, hasta el punto de desearle la muerte, sin que por ello hayamos de procurársela. El conflicto entre los propios deseos y los principios morales, se puede tratar, por tanto, de resolver, bien procurando satisfacer aquéllos sin límite, como lo intenta el perverso (en cuanto estructura psicológica), bien reprimiéndolos, como sucede en las neurosis. En uno y otro caso se es incapaz de una elaboración paciente del conflicto, en vez de tratar de cancelarlo con el simplista expediente de pretender anular uno de los polos del mismo. 5 Freud trató de ofrecer una presentación más amplia de la estructura edípica que la ofrecida en sus primeras versiones en El yo y el ello (1923), La disolución del complejo de Edipo (1924) y Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica (1925a). Citamos según la fecha de publicación que aparece en: Freud, S. ( 1973), Obras completas, trad. de L. López-Ballesteros y de Torres, Madrid, Biblioteca Nueva, 3.a ed., 3 vols. Si la fecha de redacción es distinta, la indicamos, tras el título, entre paréntesis.
El binomio Alimento-Salud y sus implicaciones conceptuales Uno de los factores que han dejado una huella importante en la sociedad occidental y han caracterizado muchas de sus preocupaciones durante la segunda mitad del siglo XX ha sido el binomio Alimentación-Salud. A lo largo de todos esos años, el ser humano ha desarrollado una gran sensibilidad frente a la posible relación entre la alimentación que recibe y su estado de salud. Dentro de esta línea, diversos trabajos científicos han puesto de relieve cómo ciertos ingredientes naturales contenidos en los alimentos, proporcionan beneficios medicinales, de tal modo que su presencia en la dieta puede resultar muy útil, unas veces para prevenir y otras para curar algunas enfermedades: Acciones curativas: 1. oligosacáridos (malas digestiones^ altos niveles de colesterolj baja biodisponibilidad de nutrientes). 2. fibra dietética (hipertensión, cáncer de colon). antioxidantes, betacarotenos, vitamina A y agentes probióticos (cáncer en general) 2. calcio (osteoporosis) 3. proteínas de leguminosas (altos niveles de colesterol, enfermedades cardiovasculares) 4. vitaminas C y E (cataratas, escorbuto, hepatitis) 5. di y poliaminas (demencia senil). Es evidente que, en la actualidad, nuestra sociedad occidental presenta una gran preocupación por las repercusiones que sobre su salud puedan tener los alimentos que ingiere; incluso se acepta sin reparos, que la salud de una persona o de un grupo de población, es un bien capaz de ser controlado mediante una alimentación adecuada. Precisamente estos planteamientos han conducido a la aparición en el mercado alimentario de productos que recaban un cierto papel en la medicina nutricional al ofertar beneficios para la salud del consumidor. Sin embargo, muchos de estos productos alimenticios no siempre están de acuerdo con las definiciones admitidas para los atributos alimenticios relacionados con la salud humana. Considerado desde un punto de vista nutricional, un ALIMENTO es «todo producto que, por sus componentes químicos y por sus características organolépticas, puede formar parte de una dieta con el objeto de calmar el hambre, satisfacer el apetito y aportar los nutrientes necesarios para mantener al organismo en un estado de salud». Es decir, un alimento es aquel producto, natural o transformado, capaz de suministrar al organismo que lo ingiere la energía y las estructuras químicas necesarias, para que pueda desarrollar sin problemas sus procesos biológicos. Pero un alimento no sólo debe nutrir, sino también ha de poseer tales atributos sensoriales que estimule el apetito y sea apetecible. En la práctica, existen productos que pueden formar parte de la dieta sin una finalidad nutricional, sólo para satisfacer un deseo apetecido: el café o el té por su acción estimulante; las bebidas carbonatadas, por su acción refrescante; los condimentos y especias, por la función organoléptica que desempeñan; etc. En relación con los alimentos, cabe hablar hoy día de dos tipos de propiedades: a) nutricionales. b) funcionales. a) Las Propiedades nutricionales se definen como aquellas que derivan de la capacidad para contribuir al nivel de nutrientes aportados por la dieta alimenticia y que son necesarios para que el organismo pueda llevar a cabo todas las funciones fisiológicas y bioquímicas propias de sus procesos vitales. De todas las estructuras químicas integradas en la composición de los alimentos, solamente seis pueden realizar la función de nutrientes: agua, proteínas, hidratos de carbono, Kpidos, vitaminas y elementos minerales. b) Se consideran Propiedades funcionales las que, al margen del valor nutritivo, determinan el comportamiento del alimento, entendido éste como un sistema integrado por diversas especies químicas. Muchas de las estructuras presentes en la composición química de un alimento pueden desempeñar varias funciones determinantes de sus propiedades, al margen de su papel de nutrientes. De hecho, estas propiedades funcionales pueden abarcar tres ámbitos importantes, en relación con el uso y consumo de los alimentos: • Propiedades sensoriales: son las que hacen apetecible o atractivo a un alimento, en virtud de unos atributos percibidos por los Alimentos para la salud órganos de los sentidos: color, sabor, olor, flavor, textura, jugosidad, apariencia, etc. • Propiedades tecnológicas: son las que permiten contribuir, o al menos facilitar, los procesos vinculados a la tecnología de fabricación industrial, o a las operaciones culinarias, siempre orientados a proporcionar las condiciones más aptas para su consumo. • Propiedades saludables: son las que contribuyen a que el consumo del alimento no resulte perjudicial desde un punto de vista higiénico-sanitario. Hoy día se conocen cuáles son las estructuras químicas responsables de las diferentes propiedades específicas de un alimento: las que intervienen en las características organolépticas, como color, sabor, olor, flavor, textura, etc.; las relacionadas con propiedades tecnológicas, esenciales para la específica elaboración de un alimento; incluso las que inciden sobre su calidad higiénico-sanitaria, bien porque proporcionan beneficios saludables o, por el contrario dan lugar a efectos tóxicos. De este modo, cabe relacionar las funciones específicas de cada componente químico con las diferentes propiedades manifestadas por los sistemas alimentarios (Cuadro 1). Todas ellas inciden cada vez más en la demanda de alimentos, porque hoy día se exige que todo producto alimenticio sea nutritivo, apetecible, y sanitariamente correcto. No obstante, ante el interés por la incidencia de la alimentación sobre la salud, la ciencia de los alimentos se ha encontrado ante la necesidad de adoptar nuevos calificativos, cuya aplicación ofrezca una mejor comprensión de los atributos que, en este sentido, caracterizan a los alimentos comercializados. • alimento sano: cuando su composición carece de sustancias tóxicas, o de microorganismos patógenos, que puedan ocasionar alguna intoxicación o enfermedad en el que lo consume. Es un requisito que debe cumplir todo alimento en uso, para que desde un punto de vista higiénico-sanitario pueda ser calificado como seguro. • alimento saludable: cuando carece de sustancias, o al menos no las contiene en cantidades importantes, cuyo frecuente consumo pueda significar algún riesgo de enfermedad crónica. • alimento para la salud: cuando en su composición participa algún tipo de estructura química, cuya ingestión tenga acreditada actividades preventivas frente a ciertas enfermedades de tipo crónico. Principales funciones vinculadas a las especies químicas que integran la composición de un alimento Azúcares, lípidos, polisacáridos, proteínas. Ácidos grasos poliinsaturados omega, ácido ascórbico, ácido fítico, aminoácidos, catequinas, ditioltionas, fructo-y galacto-oligosacáridos, isoflavonas, péptidos de caseína, tialilos, tocoferoles, etc. Incidencia en el mercado alimentario Aunque las primeras aplicaciones dietéticas de los alimentos se remontan a los tiempos de Hipócrates en el siglo V antes de Cristo, la evolución que ha experimentado la clínica médica a lo largo del tiempo las ha relegado a consideraciones secundarias. Sin embargo, el interés actual por el binomio Alimentación-Salud hace que, poco a poco, el alimento recupere su papel en la prevención y tratamiento de las enfermedades y alcance una mayor relevancia en el ámbito de la salud humana. Sin embargo, dentro del amplio espectro de prácticas nutricionales que se aplican como complementarias a los tratamientos clínicos de las enfermedades crónicas existen algunas metodologías que no responden a verdaderos fundamentos científicos: ofertas de suplementos nutricionales, modificaciones dietéticas o sistemas terapéuticos, basados en consideraciones puramente teóricas, sin un fundamento científico que las apoye. Entre otros planteamientos, habría que citar a los numerosos alimentos milagros que en estos últimos tiempos inundan el Alimentos para la salud mercado alimentario. A pesar de todo, la industria alimentaria ha sabido responder a las demandas de la sociedad en su preocupación por la mejora de su estado de salud y ha puesto en el mercado productos alimenticios avalados por la experimentación científica. Desde un punto de vista histórico, los primeros en aparecer han sido los alimentos calificados de «Saludables» («Health Foods»). Son productos cuyos diseños resultan adecuados para elaborar dietas que han de ajustarse a requisitos dietéticos estrictos: exentos de gluten, bajos en sodio, pobres en calorías, etc. Entre los primeros comercializados cabe destacar los productos caracterizados por un bajo contenido en sodio, aunque no siempre respondan a las reducidas exigencias de las personas hipertensas. En la práctica, estos alimentos exigen una tecnología de elaboración que plantea problemas prácticos muy difíciles de resolver, sobre todo en cuanto a su aceptación sensorial. Dentro de esta línea, adquieren un gran auge comercial por la década de los años 80 los alimentos que ofertan un aporte de energía inferior a lo tradicional. Suelen llevar en su etiquetado la calificación de «producto light». Pueden citarse diversos tipos que, en sus formulaciones, introducen cambios cuantitativos y cualitativos con el fin de reducir su oferta energética: productos de panadería, bebidas no alcohólicas, caramelos y chicles, derivados lácteos, postres helados, frutas rellenas, salsas mayonesas, sopas, cubiertas, extendedores grasos, etc. No obstante, conviene aclarar que este calificativo puede significar simplemente un aporte de calorías inferior al del alimento convencional. Así por ejemplo, una mermelada se denomina «light» por el simple hecho de contener un 50 % de azúcar, en vez del 60 % habitual; o de un embutido «light», porque su contenido graso resulta ser del 10 % en lugar del 30 %; etc. Posteriormente, aparece una nueva gama comercial de alimentos con la pretensión de ofertar beneficios saludables. Como consecuencia de su contenido en algún tipo de compuesto químico. Estos productos recibieron diversas denominaciones según el país de origen: «Alimentos Funcionales» o «Alimentos para uso saludable específico», en Japón; «Productos Nutracéuticos» o «Alimentos de Diseño» en Estados Unidos; etc. En su número de marzo de 1997, la Revista Food Technology se planteaba la distinción entre los productos que pueden ser calificados como «Alimentos saludables» y los que deben ser considerados como «Alimentos para la salud». Entiende que con la denominación de «Alimentos saludables» se hace referencia a un concepto algo difuso basado en la ausencia de sustancias con efectos negativos. denominación también podría ser aplicable a muchos de los alimentos tradicionales cuya ingestión con la dieta no representan peligro para la salud, por los bajos niveles que contienen de esas sustancias consideradas nocivas desde un punto de vista clínico: sal, grasa, azúcar, colesterol, etc. En general, se debe calificar como «saludable» a todo alimento cuya ingestión permita mantener la homeostasis fisiológica del organismo humano que lo consume. Por el contrario, aquellos productos alimenticios que ofrecen algún componente con una actividad positivamente favorable en el ámbito de la prevención de enfermedades crónicas habrían de ser calificados como «Alimentos para la salud». En la práctica, serán «alimentos saludables» aquellos que carecen, al menos en cantidades importantes, de sustancias que se suponen representan un riesgo para el desarrollo de algún tipo de enfermedad crónica. Deberán ser considerados «alimentos para la salud» aquellos que en su composición contienen sustancias que, una vez consumidas, desarrollan una actividad preventiva frente a ciertas enfermedades. En la actualidad, estos productos están adquiriendo unas perspectivas y unas dimensiones de muchísimo interés, y el mercado alimentario se inunda de ellos, porque el consumidor espera unos beneficios preventivos para su salud. De acuerdo con la opinión de los especialistas, es posible destacar tres requisitos a cumplir por un producto alimenticio para que pueda ser incluido en el grupo de «Alimentos para la salud»: a) debe responder a las características propias y genuinas de lo que se entiende por un producto alimenticio: conjunto complejo de sistemas fisicoquímicos, en los que toman parte ingredientes naturales. b) deben ser consumidos formando parte de un dieta, dentro del modo convencional seguido para cualquier alimento. c) Su presencia dentro del organismo debe conducir a la regulación de algún proceso biológico concreto: mecanismos de defensa, procesos de envejecimiento, estado físico y/o mental, etc. De acuerdo con la opinión científica más generalizada, estos nuevos productos alimenticios pueden ser definidos del modo siguiente: «aquellos alimentos capaces de provocar un impacto positivo sobre la salud de las personas que los consumen, así como sobre su desarrollo físico o sobre su salud mental, al margen de contribuir al aporte dietético de nutrientes». En definitiva se puede afirmar que algunos componentes químicos de los alimentos pueden desempeñar, además de funciones nutritivas o sensoriales, una tercera función relacionada con los efectos fisiológicos: Alimentos para la salud neutralización de sustratos nocivos, prevención de enfermedades, promover la recuperación hasta un estado general de buena salud, etc.; algunos de ellos se indican en el Cuadro 2. Dentro de esta consideración, la legislación alimentaria japonesa establece varios grupos de ingredientes alimenticios con propiedades saludables: 1. Bases científicas de la nueva gama de productos alimenticios En opinión de los expertos, muchas de las enfermedades crónicas que de un modo particular afligen a la sociedad occidental, se relacionan de un modo muy estrecho con la dieta alimenticia que se recibe: cáncer, obesidad, hipertensión, trastornos cardiovasculares, etc. Por el contrario, en los últimos años han sido identificadas algunas sustancias naturales presentes en los alimentos, cuyas actividades fisiológicas han resultado tener efectos saludables para el organismo que las ingiere. Según los datos experimentales algunas han destacado por desempeñar un papel primordial tanto en el tratamiento como en la prevención, de diversas enfermedades, en su mayor parte de naturaleza grave: cáncer, diabetes, hipertensión, alteraciones cardiovasculares, osteoporosis, defectos en los tubos neuronales, anormal función del colon, artritis, etc. Tales tipos de sustancias responden a diversos grupos de estructuras químicas. Entre las proteínas alimentarias que han reclamado un cierto interés por sus propiedades saludables hay que citar las contenidas en el suero lácteo, normalmente separado en las queserías a partir de las cuajadas caseínicas. En la actualidad, estos concentrados proteicos se incluyen en la alimentación de los deportistas, por su potencial efecto sobre la formación de la masa muscular. También se están describiendo otras consecuencias positivas: estimulación del sistema inmune, reducción de los niveles de LDL-colesterol en sangre y un incremento en la producción de colecistoquinina, implicada en la supresión del apetito. Algunos de los recientes avances en biomedicina ha permitido conocer cómo proteínas de diversas procedencias (leches, pescados, cereales, legumbres, etc.) pueden ejercer determinadas influencias sobre la fisiología del organismo a través de algunos grupos específicos de aminoácidos, contenidos en sus secuencias primarias, que se liberan por la hidrólisis «in vitro», enzimática o química, dando lugar a péptidos que han demostrado actividades biológicas de extraordinario interés: a) Actividad opioide: fuentes proteicas como soja, trigo, cebada, maíz y sangre de bovino liberan péptidos con actividad opioide. La función saludable de estos péptidos parece centrarse en todo el tracto intestinal, donde enaltecen la absorción de agua y de electrolitos; de este modo, ejercen un efecto antidiarréico potente. Debido a la actividad mimética de estos péptidos exógenos hacia la morfina, se le ha impuesto el nombre de exorfinas, como oposición al de endorfinas. b) Actividad inmunomodulante: la digestión con tripsina de algunos tipos de caseínas (alfa si-y beta), tanto humanas como bovinas, origina péptidos que, en experiencias con ratones, han manifestado cierta capacidad para enaltecer la resistencia frente a la infección ocasionada por algunas bacterias. c) Actividad transportadora de minerales: varios tipos de caseínas (alfa si, alfa s2, beta) integran en sus secuencias aminoacídicas algunos residuos fosforilados que corresponden a la serina. En su proteolisis aparecen los denominados caseinofosfopéptidos, capaces de formar complejos solubles con los cationes divalentes aportados por la dieta (calcio, magnesio, hierro, zinc, cobre) y favorecer su solubilidad y absorción. d) Actividad antihipertensora: las proteolisis enzimáticas de una gran variedad de fuentes (caseína bovina, gelatina, bonito, sardina, atún, zeína del maíz, glutelina y prolamina del arroz, etc.) han proporcionado péptidos que han puesto de manifiesto una cierta actividad antihipertensiva. También, los aminoácidos aportados por la alimentación han sido objeto de investigaciones acerca de posibles efectos beneficiosos en el tratamiento de situaciones patológicas: así, bajo condiciones de estrés fisiológico, como puede ser una herida importante, niveles elevados de aminoácidos hidrofílicos de cadena ramificada (leucina, isoleucina, valina) parecen facilitar una mejor cicatrización, aunque el mecanismo implicado en ello no haya podido ser aclarado todavía. La glutamina tiene reconocido un papel importante en el mantenimiento de la integridad del tracto intestinal, tanto en personas sanas, como enfermas: una carencia de glutamina en la dieta puede implicar cambios degenerativos en la mucosa intestinal, con la consiguiente absorción defectuosa de los nutrientes; además, esta circunstancia resulta particularmente peligrosa en el caso de enfermos crónicos, en los que hay que evitar el riesgo de paso de las bacterias entéricas a la sangre. Los aminoácidos que tienen la capacidad de atravesar la barrera cerebral (aspártico, glutámico, fenilalanina, tirosina y triptófano) pueden influir en la función del sistema nervioso central, al promover la formación de los neurotransmisores: serotonina, dopamina, norepinefrina y epinefi:'ina. Se sabe que los niveles cerebrales de estos aminoácidos se relacionan de modo muy estrecho con el aporte aminoacídico de la dieta, que de este modo puede modular diversos procesos fisiológicos y psicológicos, entre ellos el estado mental y el comportamiento de los individuos. No obstante, algunas experiencias han demostrado que la ingestión excesiva de algunos aminoácidos durante períodos prolongados, puede significar una amenaza para la salud. De aquí la necesidad de actuar de un modo responsable y con cautela cuando se trate de aconsejar tratamientos con preparados aminoacídicos. Los conocimientos acerca de los aspectos biológicos de los ácidos grasos insaturados han mejorado gracias a que han sido perfeccionados los métodos analíticos para su identificación y cuantificación y también a los resultados proporcionados por diversos tipos de estudios: epidemiológicos, investigaciones clínicas, experiencias con animales y trabajos con cultivos celulares. Con ello se ha producido un cambio de mentalidad en lo que respecta a las relaciones entre la salud y las enfermedades vinculadas a los ácidos grasos aportados por la dieta. Hace tiempo que se puso de manifiesto cómo la ingestión de ácidos grasos saturados (AGS) tenían la tendencia a elevar los niveles del colesterol sérico. Con posterioridad se observó que su sustitución por ácidos grasos monoinsaturados (AGMI) daba lugar a una reducción de los niveles del LDL-colesterol. En relación con la salud, los ácidos grasos poliinsa-José Bello Gutiérrez 10 turados (AGPI) no sólo deben ser considerados, por sus efectos sobre los niveles de colesterol, sino también por su actividad sobre la agregación plaquetaria y el metabolismo de las prostaglandinas y los leucotrienos, además de otras funciones celulares. En este sentido hay que resaltar de modo especial el papel del ácido alfa-linolénico (AAL), que inicia la serie de los omega-3. En el metabolismo humano se forman los ácidos eicosapentanoico (AEP, 20:5, co-3) y docosahexaenoico (ADH, 22:6, co-3) a partir del AAL. Hay que señalar como relevante, el papel del ADH en la formación de los fosfolípidos de las membranas celulares y de los componentes principales de los lípidos complejos del tejido cerebral. Por tanto, cualquier incremento en el consumo dietético de AAL tendrá su importante reflejo en los niveles de ADH exigidos para cubrir las necesidades humanas. Precisamente, una de las ventajas de las acreditadas dietas de los países mediterráneos es su rica aportación de este ácido graso; son numerosas las propiedades atribuidas a la actividad del ácido AAL: contribuye al «pool» total de los precursores lipogénicos de la síntesis lipídica cerebral; alivia los síntomas neurológicos clínicos, como parestesia, visión borrosa, entumecimiento; protege frente a los infartos de miocardio; reduce la tensión arterial y rebaja los niveles séricos de triglicéridos y colesterol; potencia los efectos antiarrítmicos y antitrombogénicos; corrige algunos desórdenes inmunológicos; retrasa el desarrollo de tumores; presenta actividad antimalaria y antiparasitaria; es esencial para el óptimo desarrollo neurológico en hiunanos. Entre las diferentes estructuras de carbohidratos que forman parte de la composición de los alimentos existen dos grupos a los que se les ha vinculado con alguna propiedad saludable: a) el almidón de arroz, b) los polisacáridos no almidones, que forman la denominada ñbra dietética, en sus dos variedades de solubles e insolubles. a) Almidón de arroz: algunas variedades de arroz se caracterizan por disponer de granulos de almidón con una digestibilidad bastante lenta en el tracto intestinal y, por tanto, dan lugar después de su ingestión a una respuesta glucémica reducida. Sin duda que la elaboración de productos alimenticios basados en este almidón de arroz, pueden ofrecer la ventaja de proporcionar un bajo índice glucémico, con el correspondiente beneficio tanto para las personas diabéticas como para los atletas. Disponer de productos a base de este tipo de almidón, que se digiere con cierta lentitud, tiene gran importancia para ser ingeridos por los deportistas que necesitan mantener niveles adecuados de glucosa en sangre durante prolongadas etapas de ejercicios Alimentos para la salud físicos; de este modo, consiguen obtener de modo continuado la energía necesaria para realizar las oxidaciones metabólicas. b) Fibra dietética: desde un punto de vista bastante general, puede ser definida como «el conjunto de polisacáridos alimentarios que resisten a la acción hidrolítica de los enzimas digestivos propios del tracto gastrointestinal». Desde hace varios años, ha sido objeto de numerosos estudios sobre sus efectos bioquímicos y fisiológicos: incidencia sobre los metabolismos de hidratos de carbono y de lípidos; posible relación con los desórdenes gastrointestinales; papel desarrollado en el cáncer de colon, etc. Hasta el momento presente, la evidencia científica acumulada ha puesto de relieve que la ingesta de fibra se relaciona, de modo directo, con el normal funcionamiento del tracto digestivo. Más aún, se han obtenido resultados que indican ciertos efectos beneficiosos sobre el constipado intestinal y el síndrome de intestino irritado. No obstante, de acuerdo con los conocimientos disponibles, hay que proceder con cautela y no generalizar sobre la naturaleza preventiva y terapéutica de la fibra. En este sentido, adquiere especial relevancia la necesidad de especificar las fuentes de las fibras alimentarias que se utilizan, porque son las determinantes de su naturaleza química y de sus efectos sobre la salud, es decir, de su funcionalidad. En un intento de clarificar el concepto de fibra dietética, muchos científicos han optado por definir cada tipo de fibra individual en función de sus propiedades físicas. En este sentido, una característica discriminante empleada ha sido el factor solubilidad, que permite distinguir dos grupos bien definidos: la fibra soluble, capaz de formar soluciones viscosas, y la fibra insoluble. Dos son las fuentes importantes de fibra insoluble: en primer lugar, el salvado de trigo y, después, el salvado de arroz, rico en los dos tipos de fibras. Las fibras solubles son aportadas por muchos productos vegetales, tales como salvado de algunos cereales (arroz, cebada o avena principalmente), verduras y frutas: corresponden a estructuras de polisacáridos capaces de ser ampliamente degradados por las bacterias del colon, dando lugar a toda una serie de sustancias que favorecen el desarrollo de la población microbiana intestinal. Dentro de este tipo de polisacáridos se pueden citar las hemicelulosas del salvado de arroz, las sustancias pécticas de muchas frutas o los betaglucanos del salvado de avena. Todos presentan la particularidad de formar soluciones viscosas, además de tener una gran capacidad de enlazar iones y otros componentes, aunque estas propiedades enlazantes varían según la estructura de la fibra. En estos últimos años existe una clara insistencia para que la población vuelva a lo que se denomina de modo genérico «dieta me- diterránea», caracterizada por un elevado consumo de alimentos de origen vegetal, de modo principal verduras y frutas. Entre otras cosas, muchos de los efectos beneficiosos para la salud de tales alimentos es su contenido en sustancias (algunas de ellas vitaminas), que en el organismo desempeñan funciones antioxidantes: ácido ascórbico, carotenos, flavonoides, isoflavonas, licopeno, luteínas, órgano sulfurados, tocoferoles, tocotrienoles, ubiquinonas, cobre y manganeso. Algunos de estas fuentes vegetales de antioxidantes han demostrado ser bastante potentes y eficaces. Las funciones saludables de todos estos compuestos están relacionadas con su propiedad fisiológica de contrarrestar los agentes oxidantes biológicos y evitar las posibles alteraciones oxidativas de compuestos, que son esenciales para el funcionamiento normal del organismo humano. Así, vitaminas como el ácido ascórbico, alfa-tocoferol y betacaroteno resultan primordiales para la prevención de tumores por su carácter antioxidante, capaces de neutralizar los nocivos radicales libres que se pueden forman en los tejidos vivos. Entre los elementos minerales cabe citar la vinculación del Calcio con la osteoporosis y la osteomalacia; el Magnesio con el funcionamiento de los músculos cardíaco y esquelético, la función cerebral y la anorexia; el Hierro con la anemia (carencia) o la oxidación del LDL (exceso); el Zinc con la actividad de las hormonas de crecimiento y tiroideas; el Selenio con el cáncer. Entre los compuestos no nutrientes hay que citar a las denominadas sustancias fitoquímicas: estructuras químicas presentes en los alimentos vegetales que, una vez ingeridas, resultan muy activas desde el punto de vista fisiológico y medicinal. Entre los alimentos tradicionalmente usados por la medicina popular destacan las cebollas y los ajos, que pertenencen al género Allium, de los que han sido estudiadas, tanto en animales como en humanos, algunas propiedades fisiológicas importantes: actividad fibrinolítica que protege del infarto de miocardio; incidencia sobre los tiempos de coagulación de la sangre; alivio de la hipertensión; reducción de los niveles séricos de triacilgliceroles y del colesterol; estimulación del sistema inmune; bajada de la glucosa en sangre con beneficio para los diabéticos; etc. Se ha sugerido que muchas de estas propiedades se deben a sus contenidos en componentes azufrados, considerándose como los más activos el (prop-2-enil)-propil disulfuro para las cebollas y el di(prop-2-enil) disulfuro en los ajos. También cabe señalar la relevancia del ajo en su contenido en compuestos tioalilos, de fórmula general H2C = CH -CH2X, en los que X representa una gran variedad de estructuras orgánicas. Con respecto a las verduras y otros alimentos vegetales verdes, se ha visto en algunas experiencias con animales, que las clorofilinas, derivadas de las clorofilas, son capaces de reducir la biodisponibilidad de los carcinógenos químicos y también pueden proteger firente a la mutagenicidad de otros carcinógenos, valorada por el test de Ames. Los lignanos son compuestos difenólicos que se forman en la digestión bacteriana intestinal, a partir de unos precursores aportados por los alimentos de origen vegetal. Se ha señalado que estos lignanos ejercen una cierta influencia sobre la regulación de sustancias estrógenas y presentan actividades antioxidativas y antimitóticas, lo que ha hecho pensar en una posible efecto anticancerígeno, que todavía no ha sido confirmado de un modo experimental. Una elevada ingestión de plantas cruciferas ha sido asociada con situaciones de bajo riesgo para el desarrollo de tumores malignos. Es posible que la actividad beneficiosa observada se deba a un efecto protector de los isotiocianatos que contienen, aunque no está claro si tales efectos se deben a la propia estructura, muy reactiva por su carbono central fuertemente electrofilico, o bien a sus metabolitos secundarios: carbamates, tiocarbamatos y derivados de la tiourea. De todos modos, las estructuras activas afectan a la actividad de los enzimas de fase I y II, que metabolizan los xenobióticos y, con ello, modifican la activación oxidativa de los carcinógenos químicos. También las ditioltionas, unos glucosinolatos presentes en las berzas, parecen tener efectos protectores frente a sustancias químicas de potente actividad cancerígena, como pueden ser las aflatoxinas. Las saponinas, glicósidos triterpénicos o esteroídicos unidos a mono u oligosacáridos, presentes en una gran variedad de plantas y de modo especial en las leguminosas, sobre todo en garbanzos y soja, han manifestado efectos hipocolesterolemiantes. Tales efectos se han intentado explicar de diversas formas, como impedir la absorción del colesterol o de los ácidos biliares, que al excretarse con las heces, provoca un aumento de la síntesis hepática de dichos ácidos a partir de colesterol con el correspondiente descenso de los niveles sanguíneos. Los flavonoides son un numeroso grupo de compuestos que incluyen en su esqueleto el conjunto C6-C3-C6 y se caracterizan por ser poderosos antioxidantes, muchos de los cuales han presentado una actividad protectora del desarrollo de tumores, que se ha relacionado con una posible inhibición de polimerasas ARN y ADN de diversas células, así como a la inactivación de la ornitina descarboxilasa. Claramente se ha visto que los flavonoides, en cuanto compuestos habituales de la dieta, participan en la prevención del cáncer a través de muy diversos mecanismos. También uno de ellos, las isoflavonas, tienen una actividad hipocolesterolemiante que se ha vinculado al hecho de poseer una estructura similar a la de los estrógenos, puesto que puede interaccionar con los receptores de éstos, con la consecuencia de un efecto beneficioso sobre los niveles del colesterol sanguíneo. Otros compuestos fenólicos, tales como las catequinas contenidas en las hojas de té verde y en las uvas, o las curcuminas de la Cúrcuma longa, también han demostrado, en algunas experiencias «in vitro», un efecto inhibidor de la carcinogenesis. Sin embargo, hay que subrayar cómo sustancias que son citostáticas en cultivos de células cancerosas, resultan totalmente ineficaces «in vivo». Por tanto, la obtención de resultados positivos «in vitro» no significa, necesariamente, que también vayan a suceder «in vivo». Dos componentes de las uvas, el ácido ellagico y el resveratrol, parecen gozar de una actividad quimiopreventiva a través de actuaciones que abarcan a las tres principales etapas de la carcinogenesis: actúan como antioxidante, como antimutágenos e inhiben los enzimas que metabolizan los tóxicos en fase IL El ácido fítico, un inositol hexafosfato que con frecuencia se encuentra en muchas plantas y sobre todo en cereales, ha presentado diversos efectos beneficiosos: hipocolesterolémico, hipolipidémico y anticarcinogénico, tal vez por su poder antioxidante. Por último, la población microbiana del tracto intestinal parece tener gran importancia para la salud del organismo que la contiene. Por ello, se justifica el actual intento de incidir sobre la población microbiótica del intestino grueso y sobre su actividad metabólica. En esta línea surgen ofertas de productos alimenticios que proporcionan suplementos alimenticios de microorganismos vivos (agentesprobióticos), que mejoran el equilibrio microbiano intestinal. Se han atribuido diversos efectos beneficiosos a la ingestión de agentes probióticos: a) favorece el crecimiento (experimentado en ratas y pollos), b) contribuye a la síntesis de algunas vitaminas en el intestino: tiamina, riboflavina, niacina, cianocobalamina y ácido fólico, d) favorece la absorción intestinal de minerales, e) reduce la población patógena al producir acético, láctico y bacteriocinas, f) mejora de la intolerancia a la lactosa (Lactobacillus accidophilus), g) inhibición de sistemas enzimáticos potencialmente nocivos, asociados al cáncer de colon (experiencias con animales), h) alivia el constipado intestinal, i) rebaja los niveles séricos de colesterol, j) inhibe la actividad mutagénica de algunas sustancias. A pesar de ser conocidos y usados desde hace muchos años, sin embargo los fundamentos científicos que apoyen sus pretendidos beneficios son Alimentos para la salud todavía poco concluyentes. Desde luego, ha sido demostrada su eficacia para corregir algunos desórdenes intestinales; incluso, no resulta aventurado pensar que su actividad abarca tanto a la inhibición del crecimiento de los microorganismos patógenos como a la estimulación de la respuesta inmune, aunque los mecanismos responsables de estos efectos necesiten ser bien aclarados. En opinión de algunos especialistas, los alimentos probióticos han sido reducidos a un nivel bastante simplista dentro del ámbito de los productos comercializados. Principales aplicaciones clínicas de los «Alimentos para la salud» Entre los diferentes ámbitos clínicos en los que los «Alimentos para la salud» pueden jugar un papel relevante cabe destacar cinco: 1. enfermedades cardiovasculares; 2. desarrollo de tumores malignos; 3. obesidad; 4. control de la función inmune; 5. modulación del envejecimiento; 5. comportamiento humano. Alimentos que reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares: Desde hace muchos años, las enfermedades cardiovasculares (ECV) han sido la causa de una elevada mortalidad entre la población humana occidental. Como agentes causales, o al menos indicadores de riesgo, fueron en principio sugeridas las elevadas concentraciones de colesterol en sangre (hipótesis lipídica), y posteriormente la oxidación del colesterol por la acción de radicales libres (hipótesis oxidante). Los estudios bioquímicos y epidemiológicos han hecho sospechar que el posible factor responsable es la ingesta inadecuada de aquellos micronutrientes que, como los tocoferoles, el betacaroteno y el ácido ascórbico, están relacionados con actividades antioxidantes. En efecto, las sustancias con actividad de vitamina E rompen la cadena de radicales libres provocadoras de peroxidaciones en los ácidos grasos poliinsaturados. Función similar pueden desempeñar el betacaroteno y otros carotenoides, de modo fundamental en los tejidos con una baja presión parcial de oxígeno. También, la vitamina C limpia de radicales libres los compartimentos acuosos de las células, así como puede contribuir a la regeneración de la actividad vitamínica E. En adición, varios enzimas antioxidantes, como la glutation peroxidasa, las catalasas y la superóxido dismutasa metabolizan los compuestos intermediarios tóxicos, producidos en las oxidaciones de los materiales biológicos. A menudo, estos enzimas requieren la presencia de micronutrientes para realizar su actividad catalítica: Se, Fe, Cu, Zn, Mn. Según ha podido observarse, la mortalidad debida a ECV resulta inversamente proporcional al denominado «indice antioxidante acumulativo (LA.A.)», que se define de acuerdo con la ecuación siguiente: donde las concentraciones corresponden a las valoradas en el plasma sanguíneo. Se ha comprobado que la incidencia de ECV está fuertemente relacionada con los niveles plasmáticos de vitamina E. Los carotenoides desempeñan una función biológica similar y, de todos ellos, los más eficaces son el betacaroteno y el licopeno, capaces de inhibir la oxidación, hasta su forma aterogénica, de las moléculas de lipoproteínas LDL, vinculadas al transporte sanguíneo del colesterol. También el ácido ascórbico tiene esta propiedad de protección frente a las peroxidaciones de los lípidos de las biomembranas y de las moléculas de LDL, por su eficacia para atrapar los radicales peroxilos en la fase acuosa del citosol, o plasma celular. Un hecho comprobado es la relación inversa entre las incidencia de ECV y las concentraciones en plasma de vitamina C. Incluso, una deficiencia en ascorbato incrementa la concentración en plasma de lipoproteínas(a), importante marcador aterogénico. Los sistemas relacionados con la antioxidación requieren como cofactores ciertos elementos que se encuentran en los alimentos en cantidades traza: selenio, para la glutation peroxidasa; cobre, zinc y manganeso para la superoxide dismutasa; hierro para la catalasa. Por tanto, una ingestión inadecuada de estos elementos trazas puede comprometer la eficacia de los mecanismos biológicos de la defensa antioxidante. Esta circunstancia puede resultar particularmente relevante para el grupo de personas de la tercera edad. Aparte de las sustancias citadas, los alimentos pueden contener una cierta variedad de otras sustancias con actividad antioxidante, que igualmente pueden alcanzar una significación nutricional en la prevención de las ECV Así, la ubiquinona, o coenzima Qio, de estructura similar a las vitaminas E puede proteger de la peroxidación a los lípidos de las membranas celulares y de las moléculas de LDL, además de contribuir a la regeneración de la vitamina E. Es una molécula Alimentos para la salud biológica que se sintetiza en el organismo humano a partir de los precursores de la síntesis del colesterol. Como esta capacidad de síntesis se reduce con la edad, quiere decir que su presencia en el organismo de las personas de la tercera edad pasa a depender de lo que se reciba con los alimentos. También, sustancias polifenoles, tales como los flavonoides, presentan por su semejanza estructural con la vitamina E, cierto interés como antioxidantes capaces de prevenir la formación de radicales libres. En realidad, la importancia dietética de cada tipo de alimento depende de las cantidades consumidas con la dieta. En el cuadro 3 se indican las principales fuentes de estos compuestos antioxidantes. Alimentos que reducen el riesgo de tumores malignos: Se admite que algunos componentes específicos de los alimentos pueden modificar el proceso de desarrollo de tumores cancerosos, unas veces porque alteran la formación de carcinógenos, otras porque modifican su activación metabólica. Sin embargo, a pesar de que se reconozca que algunos nutrientes son capaces de modificar los procesos cancerosos, todavía no están bien definidas sus implicaciones clínicas. Resulta escasa la información acerca del papel desempeñado por los hábitos alimentarios en el fenómeno carcinogénico, aunque existen aportaciones epidemiológicas y experimentales que apoyan estos efectos positivos. Alimentos de origen vegetal considerados como fuentes importantes de sustancias antioxidantes Se conocen alimentos que pueden actuar como modificadores de los procesos tumorales a través de diversos tipos de mecanismos: a) Por destoxificación molecular: Ciertas sustancias presentes en algunos alimentos pueden inhibir el desarrollo de tumores al modificar los procesos de bioactivación; así, el selenio y la vitamina C pueden inhibir la conversión de un procarcinógeno en carcinógeno activo. Otros, como el benzil isotiocianato y el indol-3-carbinol pueden inducir reacciones de conjugación y acelerar la eliminación de carcinógenos. Son muy diversos los alimentos incluidos en este grupo: pepinos, perejil, zanahorias, melocotones, manzanas, arándanos, ajos, cebollas, brécoles, coliflores, pimientos, aceite esencial de limón. b) Por oponerse a la proliferación celular. Sustancias con actividad de vitamina A, posiblemente el betacaroteno, pueden inhibir los procesos tumorales al oponerse a la proliferación de los tejidos neoplásicos. Cabe citar en este grupo a los granos de cereales, soja, pescados, zanahorias, pepinos, batatas, frutos cítricos, manzanas. c) Por una actividad antihormonal. Existen compuestos antiestrogénicos que pueden ser los responsables de la inhibición del crecimiento de los tumores dependientes de hormonas. Tal ocurre con soja, zanahorias, hinojo y anís. Diversos estudios epidemiológicos han proporcionado cierta evidencia acerca de los efectos positivos sobre la reducción del riesgo a desarrollar tumores malignos por parte de algunas sustancias químicas (Cuadro 4) o de algunos alimentos (Cuadro 5). Macronutrientes: fibra dietética, contenido en ácidos grasos de la serie co-3. No nutrientes: cafeína, capsaicina, fitoestrógenos. Evidencia de estudios epidemiológicos acerca de los efectos positivos de algunas sustancias sobre la reducción del riesgo a desarrollar diversos tipos de cáncer No obstante, los problemas referentes al desarrollo de la obesidad podrían ser minimizados cuando se consigan identificar cuáles son los factores con ella relacionados. En la actualidad existe un gran interés por conocer más a fondo el modo de influir en el apetito. Se ha visto que las xantinas (cafeína y teobromina) y las exorfinas (péptidos pequeños con actividad opioide) se presentan como agentes anoréxicos. Las primeras parecen actuar a nivel cortical y las segundas actúan en el intestino, tanto a nivel central como periférico. Algunos tipos de «Alimentos para la salud» se presentan como interesantes reguladores del peso corporal, pero hay que tener en cuenta que no todas las personas responden de la misma manera a su ingestión, debido a la influencia de la edad, el género, la predisposición genética y la actividad física. En este sentido, se ha ensayado con una hormona hipotalámica que regula la función pituitaria, pero aunque los resultados parezcan ser favorables, sin embargo no son concluyentes. No obstante, se insiste en el tema y en algunos alimentos se ha creído identificar péptidos y análogos de estos compuestos. Alimentos para la salud de la función inmune celular el aporte dietético de bases purinas y pirimidinas. El cobre, el hierro, el manganeso, el selenio y el zinc son cinco elementos minerales que en el organismo humano se asocian a sistemas enzimáticos implicados en el sistema inmune, aparte de que puedan actuar como antioxidantes. Aunque se ha podido comprobar que una deficiencia dietética origina desequilibrios en la inmunidad, sin embargo, su consumo como suplemento de la dieta debe ser realizado con cautela por cuanto una ingestión excesiva puede ocasionar efectos tóxicos que, en algunos casos, se traducen en una reducción de las defensas del organismo. Así mismo, varias vitaminas están implicadas en el correcto mantenimiento de la función inmune, hasta el punto que sus deficiencias en el organismo implican un incremento significativo del riesgo de aparición de situaciones inmunodeficientes. De todas ellas hay que destacar cinco: betacaroteno, calciferol, tocoferol, ácido ascórbico y muchas de las incluidas en el complejo B, aunque no haya sido aclarada la importancia relativa de estas últimas. Factores dietéticos moduladores del envejecimiento Hasta el momento existe muy poca evidencia en lo referente a la capacidad de los factores dietéticos para alterar «per se» el progreso de envejecimiento. Algunos científicos dan por supuesto un solapamiento sustancial entre los factores de riesgo propios del envejecimiento y los implicados en las patologías relacionadas con la edad. No obstante, se admite que cualquier intervención que reduzca los procesos degenerativos deberá hacer más lentos los fenómenos de envejecimiento. Dentro de esta línea pueden plantearse tres estrategias dietéticas que puedan incidir sobre la velocidad de envejecimiento en los seres humanos: a) reducción de la ingesta calórica; b) prevención y/o reparación del daño oxidative; c) ingestión de ácidos grasos polinsaturados de la serie co-3. Desde luego, son muchos los cambios relacionados con la edad que se hacen reversibles con la restricción calórica, pero resulta muy difícil precisar cuál de ellos es el crítico. De todos los micronutrientes que desempeñan un papel relevante para atenuar el daño oxidative hay que señalar a la vitamina C como principal agente, para los compuestos hidrosolubles y la vitamina E para los liposolubles. Algunas experiencias con animales han permitido relacionar la esperanza de vida con los José Bello Gutiérrez 22 lípidos de la dieta, aunque no ha podido aclararse si el efecto beneficioso se debía a la composición total en ácidos grasos o a la presencia de ácidos de la serie CD-3. Desde luego, estos últimos han demostrado su eficacia frente a enfermedades vinculadas a la edad, como son el cáncer y las enfermedades cardiovasculares. Por su carácter oxidante se discuten los efectos negativos del Fe y el Cu de la dieta, en cuanto pueden representar un riesgo para los organismos maduros, pero se desconoce cuál es el nivel de exposición necesario para que se incrementen aquellos cambios degenerativos que aparecen como resultado de la edad. La relación entre los alimentos de la dieta y el' comportamiento humano Durante este último cuarto del siglo XX, se ha conseguido reunir un cuerpo sustancial de investigación que pone de relieve la existencia de un cierto impacto de los alimentos ingeridos en el comportamiento y carácter humano. Sin embargo, hay que señalar la dificultad de aplicar esos resultados a la vida real, porque exige una contribución interdisciplinaria y se plantean diversas cuestiones metodológicas en torno a los diseños experimentales. Entre los componentes de los alimentos que han sido estudiados de un modo especial en relación con su posible incidencia sobre el comportamiento, hay que citar aminoácidos y carbohidratos. En principio, se consideran como más probables aquellos aminoácidos que tienen la capacidad de atravesar la barrera cerebral y son precursores de neurotransmisores cerebrales: triptófano, tirosina y fenilalanina. El triptófano es precursor de la serotonina y de la hormona melatonina. Desde la década de los años 60 se viene hablando de los efectos sedantes de la administración de este aminoácido neutro. Se ha intentado explicar su posible efecto hipnótico, o sedante, mediante el papel de la serotonina en la regulación del sueño. Existe bastante controversia sobre la naturaleza de sus efectos acerca de los niveles de vigilia y de sueño. En el paso del triptófano a través de la barrera cerebral pueden influir dos factores relacionados con la dieta: la relación de su concentración con el nivel de los demás aminoácidos neutros y la presencia de carbohidratos, que afecta a los niveles plasmáticos de los aminoácidos neutros superiores. La tirosina es el precursor de tres catecolaminas cerebrales: dopamina, norepinefrina y epinefirina, cuyos excesos de secreción se asocian Alimentos para la salud con la exposición a un estrés agudo. La administración de tirosina ha manifestado efectos beneficiosos en individuos estresados, a los que mejora su memoria y la recuperación de la fatiga mental. En cambio, la fenilalanina que también es un precursor de catecolaminas cerebrales, no ha presentado, hasta el momento, efectos notables sobre el comportamiento. Se ha descubierto que las comidas ricas en proteínas, o en carbohidratos, tienen efectos diferentes sobre un neurotransmisor cerebral clave: la serotonina. Este hecho ha suministrado una base racional para que se deba insistir en la importancia de investigar más a fondo los efectos sobre el comportamiento de aquellos alimentos que aportan determinados nutrientes. En realidad, hasta el momento no se han podido establecer, de modo evidente, los efectos definitivos provocados sobre el carácter y el comportamiento humano por las proteínas y los carbohidratos de la dieta. A pesar de la corta historia de esta nueva gama de productos, las denominaciones recibidas han sido bastante profusas y se han prestado a muchas confusiones. Aunque en los últimos años se ha avanzado de modo importante acerca de lo que debe ser entendido como alimento cuyo consumo implica beneficios para la salud, sin embargo aún resulta necesaria una mayor profundización para que se establezcan ideas más exactas sobre su concepto y su uso. Diversos grupos de especialistas trabajan en la actualidad, en este sentido, con el fin de acordar una puesta en común sobre su definición y sus opciones de aplicación. La comercialización de este tipo de productos arranca del empleo de los suplementos alimenticios, definidos en 1994 por la FDA (Administración de Alimentos y Fármacos) de EEUU como «sustancia incorporada a un alimento para incrementar la ingesta diaria en vitaminas, minerales, aminoácidos, etc., y previsto para ser tomado bajo la forma de pfldoras, cápsulas, pastillas o líquido, pero nunca como un alimento convencional o como un único producto alimenticio dentro de una comida». No obstante, en la práctica clínica se han señalado diversos efectos adversos, que han aparecido por el abuso de tales suplementos dietéticos (Cuadro 6). Por otra parte, este tipo de productos alimenticios no responde a lo que actualmente se entiende como Alimentos Funcionales o Productos Nutracéuticos. Aunque en la práctica, los productos nutracéuticos y los alimentos funcionales hayan sido ideados para reforzar la ingesta en agentes bioactivos saludables, hoy día se tiende a diferenciar conceptualmente unos de otros. Así. en Septiembre de 1999, la Revista SCIENCE daba la siguiente definición, sugerida por Zeissel para los Productos Nutracéuticos: «Aquel suplemento dietético que contiene una cantidad concentrada de un agente presumiblemente bioactivo, extraído de una materia alimenticia e incluido dentro de una matriz no alimenticia, que para enaltecer la salud se emplea en dosis superiores a las que se encuentra en los alimentos usados como convencionales.» Efectos adversos de suplementos dietéticos Excesiva absorción de hierro que conduce a hemacromatosis. Enmascaramiento de una deficiencia en vitamina B12, que posiblemente cause daño en el sistema nervioso. Incremento de las necesidades de vitamina E para contrarrestar los radicales libres y la oxidación lipídica. Perturbaciones gastrointestinales (vómitos y diarreas). Inhibe la absorción de otros minerales. Mortandad en niños pequeños. En cambio, los Alimentos Funcionales deben ser similares en apariencia a los convencionales y deben ser empleados como parte de la dieta normal. Ofrecen uno, o más, ingredientes activos (que tienen efectos fisiológicos o quizás enaltecen la salud) dentro de una matriz alimenticia, como por ejemplo los cereales para el desayuno, que han sido enriquecidos con altas dosis de ácido fólico. Es decir, hoy día se aplican notas diferenciadoras de lo que debe ser considerado Producto Nutracéutico de lo que corresponde a un Alimento Funcional. Lo esencial de los primeros radica en su carácter de ingrediente específico, mientras que los segundos son alimentos, semejantes a los convencionales, que contienen cantidades significativas de algún compuesto químico, biológicamente activo, capaz de propor-donar algún beneficio para la salud más allá de lo conseguido con alimentos convencionales, siempre bajo dosis óptimas normales. Desde luego, al carecer de un definición legal, tales productos suelen ser objeto de muchas confiísiones y abusos. De hecho, son diversos los alimentos de consumo firecuente que pueden ser considerados como poseedores de alguna actividad saludable potencial (Cuadro 7). Regulación de la función intestinal. Alivio del síndrome de colon irritado, constipación y diverticulosis. Posible prevención de cáncer de colon y de mama. Protección del riesgo cardiovascular y del cáncer. En el ámbito de los profesionales de la alimentación, los denominados «Alimentos para la salud» han sido muy discutidos al ser considerados bajo dos estimaciones muy diferentes: a) Unos hablan de ellos como lo último en los avances científicos para proteger con la dieta unas situaciones fisiológicas saludables. b) Otros los califican de artilugio de mercadotecnia, diseñados para exagerar los posibles efectos beneficiosos saludables de algunos de sus ingredientes. Aunque el tema ha provocado intensos debates en reuniones científicas, sin embargo la evidencia de algunos resultados experimentales abogan bastante en favor de tales alimentos. Cuando menos hay que reconocerles una gran verosimilitud en sus planteamientos. Es muy posible, que el éxito de su aceptación y demanda, por parte de los consumidores, se deba a dos circunstancias fundamentales: El consimíiidor confía, cada vez más, en Tos efectos saludables de ciertos ingredientes alimenticios y acepta, sin dificultad, que la alimentación pueda ser un factor crítico en el control de su estado de salud. Cada vez se dispone de una mejor información, tanto clínica como epidemiológica, que apoya la utilidad y eficacia de esos productos. Son muchas las empresas que, en diversos países del mundo, han invertido en el desarrollo y mercadotecnia de este tipo de alimentos, bajo las más diversas presentaciones: bebidas blandas, cereales para desayuno, bizcochos, confituras, productos lácteos, bebidas con bacterias acidolácticas, etc. En Europa, la oferta se ha centrado, de modo principal, en alimentos ricos en ingredientes muy concretos: ácidos grasos de estructura omega, betacaroteno, estructuras azufradas presentes en la composición de los ajos, algunos oligosacáridos, etc. En cambio, el mercado norteamericano se ha inclinado por los alimentos ricos en fibra dietética a base de salvado de avena o de arroz. A medida que la vida de la población occidental ha incrementado el ritmo de vida y lo ha hecho más estresante, resulta más acuciante la necesidad de productos alimenticios que proporcionen a la vez beneficios nutricionales y efectos psicológicos positivos. La calidad de la alimentación en sus aspectos nutritivos y saludables se percibe, en la actualidad, como una cuestión social, e incluso llega a ser considerada algunas veces como un tema de interés público. Muchos consumidores piensan que mejoran físicamente cuando incluyen en su dieta alimentos saludables. Incluso algunos, de modo particular las personas de la tercera edad, consideran que su consumo les permite reducir el empleo de medicamentos. En estos planteamientos existe el trasfondo del binomio alimentación-salud, que lleva a distinguir si el uso de los «alimentos para la salud» deben proporcionar un efecto preventivo o una acción terapéutica. No obstante, durante años se ha tenido muy claro que, de modo general, el objetivo esencial de estos alimentos no era curar, sino prevenir. En Japón obtuvieron un gran desarrollo, incluso con una legislación alimentaria propia, debido al apoyo recibido de la Administración Pública interesada en reducir el gasto sanitario, de modo particular en lo que hacía referencia a los grupos de población que integran la tercera edad. El despliegue alcanzado en países como Japón, EEUU, Alemania, Australia, Canadá, etc. ha exigido, y sigue exigiendo, una gran capacidad tanto tecnológica como de investigación, por lo que viene a ser un ámbito casi exclusivo de las grandes industrias alimentarias. Por lo general, suelen aparecer como soluciones de mercados estancados (como los lácteos y las bebidas), pero también se extiende a otros mercados maduros (cárnicos). En la práctica son productos que cumplen en el ámbito empresarial una doble función: abren nuevas oportunidades comerciales y con su oferta saludable cubren las demandas del consumidor actual. En España, esta nueva gama de productos alimenticios ha despuntado en el mercado de los lácteos, que ha diversificado sus productos comerciales hacia los alimentos enriquecidos, cuyo consumo habitual pretende ofrecer mejoras saludables. A este sector le sigue el de bebidas con su oferta de productos energéticos, que pretenden devolver al organismo la energía perdida, ayudarle a eliminar las toxinas acumuladas y mejorar el estado de ánimo. Incluso, cabe citar nuevos productos en el sector confitero, que incorporan ingredientes saludables con el fin de llegar a los consumidores adultos. En la práctica, nuestro país dispone actualmente de una oferta variada en esta gama de nuevos productos, entre los que cabe destacar los siguientes. leches desnatadas ( o semidescremadas) ricas en calcio. leches enriquecidas en vitamina D. yogures que contienen agentes probióticos. embutidos crudos-curados, enriquecidos con bifidobacterias. huevos ricos en ácidos grasos insaturados co'^. huevos ricos en vitamina E. pastas de hígado y salchichas de ave, ricas en áddos grasos insaturados cû-3. pastas alimenticias enriquecidas con ácidos grasos insaturados (0-3. cereales para el desayuno ricos en minerales, vitaminas y fibra dietética. mermeladas enriquecidas con fibra dietética, vitaminas y minerales. bebidas energéticas que llevan cafeína, taurina y glucoronolactona. Tanto el buen uso, como la consideración correcta, de estos nuevos alimentos implica tener en cuenta una serie de factores: Desde el punto de vista de la medicina nutricional, un alimento es algo más que una suma de nutrientes. Alimentos para la salud SADLER, M.J and SALTMARSH, M. (eds.)
Evolución de la composición corporal desde la concepción hasta la senectud. Influencia de los factores medioambientales. El organismo utiliza energía desde el momento en que es concebido hasta que muere e incluso la propia concepción depende, en buena parte, de la ingesta energética de la madre y de su estado nutricional. Las mujeres no comienzan a menstruar hasta que, aparte otros factores, sus reservas de grasa no superan el 20% del peso corporal y dejan de hacerlo, y por tanto de concebir, cuando sus reservas energéticas disminuyen de manera significativa. El tamaño y peso de la madre en el periodo preconcepcional y la ganancia ponderal que ésta experimenta durante la gestación, son los factores determinantes de la nutrición fetal y, por tanto, del ritmo de crecimiento prenatal y del peso del neonato. Las madres con mayor masa corporal desarrollan placentas más grandes y eficaces, además de almacenar en su organismo mayores cantidades de nutrientes que las embarazadas de reducido tamaño y peso. El tamaño de la placenta y, por tanto, la extensión de su área de vellosidades periféricas, zona donde se realizan los intercambios de nutrientes materno-fetales, condiciona de forma decisiva las posibilidades de nutrición fetal y afecta al peso del recién nacido, ya que el feto obtiene todos los nutrientes de la sangre materna. Algunos (aminoácidos, vitaminas hidrosolubles y D, Ca, P y K) se encuentran en mayor proporción en el plasma fetal que en el materno, lo que implica una extracción activa por parte de la placenta. Na, O2 y CO2) circulan libremente en ambas direcciones y la glucosa, principal Rosaura Farré Rouira e Isabel Frasquet Pons fuente de energía para el feto, se encuentra en menor proporción en su plasma. La mortalidad perinatal se correlaciona mejor con el peso al nacer que con la edad gestacional y en los recién nacidos de bajo peso, menos de 2.5 kg, la tasa de mortalidad durante el primer año de vida es unas 40 veces mayor que la de los niños que nacen con un peso normal. El bajo peso al nacer también condiciona negativamente la vida adulta ya que, a menudo, provoca, aparte de otros problemas de salud a largo plazo, alteraciones del crecimiento y del aprendizaje. Al inicio de la gestación, las membranas fetales y la placenta se desarrollan a un ritmo mucho más rápido que el propio feto, casi microscópico en esta etapa. Después éste aumenta de tamaño de forma casi paralela a la edad, mide unos 10 cm a los 3 meses, 25 a la mitad del embarazo y alrededor de 50 en el momento del parto. La ganancia ponderal es inicialmente más lenta, pesa cerca de un gramo a los dos meses, un kilo a los seis y tres o más al nacer. Así pues, la mayor parte del aumento de peso fetal, que implica una gran acumulación de nutrientes, ocurre durante el último trimestre del embarazo. Después del agua, las grasas son el principal componente de los tejidos fetales. Hasta los 6 meses el embrión absorbe a través de la placenta todos los ácidos grasos (AG) que necesita y las grasas representan alrededor del 2% de su peso. Desde entonces el feto comienza a sintetizar, a partir de la glucosa, su propia grasa y ésta aumenta hasta representar un 15% del peso en el momento del nacimiento. En estos últimos meses continúa la transferencia de AG a través de la placenta, único medio para obtener los AG poliinsaturados y con ellos los AG esenciales y, por ello, la composición de la grasa dietética materna afecta al patrón lipídico del feto y' a la composición lipídica de su sistema nervioso. La formación de los tejidos fetales requiere, obviamente, un importante aporte de aminoácidos maternos para la síntesis proteica del feto, que suele ser muy eficiente, alrededor del 70%. Un aporte proteico escaso durante la gestación repercute negativamente en el desarrollo fetal pero, como el déficit rara vez es sólo de proteínas los suplementos dietéticos a base de éstas únicamente son eficaces si se acompañan de un aporte energético suficiente. En mujeres con buen estado nutricional en el momento de la concepción se aconseja, a lo largo del embarazo y en particular en su segunda mitad, un incremento de unos 10-15 g/día de la ingesta proteica recomendada. Durante el embarazo y por influencia hormonal, en particular por efecto de la somatotropina coriónica, el metabolismo calcico de la mujer La alimentación en las distintas estapas vitales se modifica de forma importante, aumenta la absorción intestinal, se inhibe la resorción y se favorece la progresiva retención ósea de calcio a la vez que, gracias a un aumento compensador en la liberación de parathormona, la calcemia se mantiene estable. A lo largo de la gestación, sobre todo en el último mes, se retienen unos 30 g de calcio, de los que unos 25 se acumulan en el esqueleto del feto y el resto en el de su madre, incrementándose las reservas que serán necesarias en el periodo de lactación. La leche materna o sus sustitutos (fórmulas para lactantes) constituyen el alimento único del recién nacido, cuyo aparato digestivo es todavía inmaduro, pero que en respuesta a los componentes de la leche madura con rapidez. Inevitablemente las pérdidas de nutrientes son mayores en la nutrición enteral que en la parenteral (placentaria) y, además, durante los primeros meses de vida, gran parte de la energía aportada por la leche debe utilizarse para producir calor y mantener estable la temperatura corporal, ya que el ambiente suele ser más frío que el útero. Durante los dos primeros meses la cuarta parte de los nutrientes se destinan a la formación de nuevos tejidos, disminuyendo la proporción al 8% a los 4-6 meses de edad. A pesar de ello, cómo el niño tiene cada vez más apetito y come más, obtiene suficiente energía y nutrientes plásticos y su cuerpo crece de forma progresiva. Durante el primer año el peso se triplica y la talla se incrementa en un 50%. Ambos parámetros deben aumentar a un ritmo similar y su control permitir la detección precoz de deficiencias nutricionales o de alguna patología. Los dos primeros años de vida se caracterizan por ser una época de rápido crecimiento y desarrollo, tanto físico como psíquico y social, que se resentirán si no es suficiente o adecuada la ingesta de energía y de nutrientes. Después, el ritmo de crecimiento y desarrollo se desacelera y los cambios que se producen en el organismo del niño, aunque constantes, son más graduales y menos perceptibles. El niño gana de 2 a 3 kg y de 6 a 8 cm anuales, a la vez que de forma progresiva disminuye su proporción de grasa corporal y cambia la forma de su cuerpo, que se hace más longilíneo al crecer más las extremidades que el tronco y detenerse el crecimiento cefálico. Durante estos años el niño adquiere los gustos y hábitos alimentarios propios de su familia y entorno sociocultural que, normalmente, le acompañan durante el resto de su vida. Justo antes y durante el tiempo en que se produce la maduración sexual, más precoz en las niñas, se produce un rápido y muy importante incremento del crecimiento, que supone más del 20% de la talla adulta, y que se acompaña de un gran aumento del apetito y, por tanto, de la ingesta y del peso corporal (se gana alrededor del 50% del peso adulto). Durante estos años también se modifican significativamente las proporciones de masa muscular y de tejido adiposo de cada sexo. Los varones no alteran, prácticamente, su proporción de grasa (15%) y aumenta mucho su masa muscular mientras que en ellas, aunque la masa muscular también crece, lo hace mucho más la grasa (22%). Es fácil constatar que, en los últimos 30 años, los adolescentes españoles, al igual que los del resto de los países desarrollados, mejor alimentados y nutridos que en cualquier otra época histórica, tienen mayores pesos y tallas que los de generaciones anteriores. Igualmente se ha adelantado la pubertad (12-13 vs 16 años en las chicas) y la talla máxima se alcanza antes (17 vs 26 años). La maduración sexual supone evidentes cambios físicos y también numerosos cambios psicológicos e intelectuales que deben permitir al adolescente enfirentarse de forma adecuada a los problemas que implica su entrada en la vida adulta. En la actualidad, aunque los jóvenes estén mucho mejor dotados que sus antecesores y, por tanto, a una edad determinada su madurez debería ser mayor, es evidente que no es así o, al menos, no lo parece. Posiblemente el exceso de comodidades y de protección en el que han crecido les impida, a menudo, expresarlo de forma adecuada. La misma alimentación que hace crecer más y más rápido a los niños, rica en energía y en alimentos de origen animal, o sea hiperproteica e hiperlipídica, es la responsable de muchos de los problemas alimentario-nutricionales que aquejan a los adultos de los países desarrollados. Además de la dieta colaboran en la etiología de estos trastornos: -El estrés que conlleva el actual ritmo de vida, que hace mantener unos horarios inadecuados, funcionar siempre con prisas, soportar ruidos y embotellamientos, segregar mucha adrenalina, fumar y/o recunir al alcohol y/o a los somníferos para relajarse y dormir, etc. -La creciente mecanización que reduce al mínimo el gasto energético por actividad física y hace que se deba recurrir al deporte para gastar más, so pena de ingerir dietas adecuadas en cuanto a nutrientes pero de excesivo valor energético que conduzcan al sobrepeso y a la obesidad o, si se pretende no engordar, depender de por vida de dietas hipocalóricas, poco satisfactorias La alimentación en las distintas estapas vitales y tan escasas en nutrientes que obligatoriamente deben ir acompañadas de suplementos de minerales y vitaminas. -Las comidas habituales fuera de casa, ricas en grasas y azúcares refinados, sin firuta ni vegetales crudos, por lo que resultan desequilibradas y que, debido a la prisa, se toman sin masticar, a toda velocidad, sin dar tiempo a que aparezca de forma natural la sensación de saciedad y que, por ello, muchas veces se ingieren en cantidades exageradas. -La utilización cada vez mayor, tanto en casa como fuera de ella, de productos alimenticios ya elaborados, ricos en azúcares, sal y grasas, poco recomendables al ser demasiado energéticos al tiempo que resultan pobres en fibra y algunos micronutrientes. Las consecuencias de todo lo mencionado son: la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, el estreñimiento, las metabolopatías (gota, diabetes, hipertensión y dislipemias), las gastritis y úlceras gastroduodenales, la litiasis biliar, la hernia de hiato, la diverticulosis, las varices, la osteoporosis y hasta algunos tipos de cáncer. En paralelo con el aumento del nivel de vida mejoran de forma evidente las condiciones higiénico-sanitarias en que se vive, lo que junto a los notables avances médico-quirúrgicos, hacen que, caso de no sufrir accidentes de tráfico, cáncer o aterosclerosis precoz, lo normal es que se llegue a edades muy avanzadas, lo que también planteará problemas alimentario-nutricionales. Las personas mayores e incluso muy mayores suelen, por costumbre, mantener mientras pueden su patrón alimentario habitual y comer de manera similar a cuando eran más jóvenes, lo que puede resultar inadecuado ya que: -Al disminuir de forma progresiva su masa muscular y fuerza física se cansan más, inclusive hasta de masticar, por lo que suelen comer menos. -Suelen tomar muchos fármacos que pueden interacccionar con distintos nutrientes o producirles anorexia, náuseas o diarreas, con lo que comerán menos y/o lo aprovecharán peor. -La ausencia de piezas dentales y/o las prótesis mal ajustadas, la dureza de los alimentos y/o la debilidad muscular les hacen masticar mal, lo que junto a la disminución del trofismo y de las secreciones de las mucosas digestivas, les hace digerir peor y dificulta los procesos de absorción, por lo que además de diarreas, tienen mayores necesidades de muchos nutrientes que, cuando escasean, pueden causarles graves trastornos (fi:'acturas. anemias, inmunodepresión, alteraciones cutáneas y de la visión, disminución en la percepción de los sabores, etc.). -Como producen menos calor (disminución del metabolismo) y lo pierden con mayor facilidad, ya que con la edad disminuye la cantidad de grasa subcutánea (aislante térmico), los ancianos suelen ser muy sensibles al frío y acostumbran a abrigarse bien y a quedarse en casa. Por lo que ni sintetizan suficiente vitamina D ni hacen ejercicio, factores que contribuyen al deterioro de su masa muscular y ósea. Por todo ello, en los ancianos de mayor edad, es fácil encontrar signos de desnutrición que repercutirán en su sistema inmunitario y en el funcionamiento de todos sus órganos y sistemas. Además, puesto que las personas que actualmente tienen 90 o más años nacieron en una época, en que las condiciones ambientales eran más desfavorables y la mortalidad infantil mucho mayor, es de suponer que, quienes han conseguido sobrevivir son los mejor dotados genéticamente y se desconoce como reaccionará el organismo de los jóvenes actuales (bien alimentados, altos, fuertes, educados' y estresados) cuando lleguen a la vejez. Dieta equilibrada y estilo de vida saludable. Su importancia en la consecución de un estado de salud óptimo. ¿Cómo debe ser la dieta para gozar de un buen estado nutricional a todas las edades y aprovechar al máximo y con los menores problemas posibles los alimentos ingeridos?. Aunque todo es discutible, en principio y mientras no se demuestre lo contrario, la mayoría de los especialistas aconsejan consumir una dieta suficiente, equilibrada y adaptada a cada circunstancia particular (edad, sexo, tipo de actividad, embarazo, lactación, etc.). Siendo además preferible que no se aparte, de forma significativa, del patrón alimentario propio de cada cultura. Se considera que una dieta es suficiente cuando aporta, con un holgado margen pero sin grandes excesos que siempre resultan perjudiciales, la energía y los nutrientes necesarios para garantizar, en los primeros años, un crecimiento y desarrollo psicosomático óptimos y para mantener, en cualquier circunstancia, el correcto funcionamiento de todos los órganos y sistemas corporales. El equilibrio entre los aportes de los diferentes nutrientes previene la aparición de sobrecargas metabólicas que, a medio o largo plazo. La alimentación en las distintas estapas vitales son causa de disfunciones e incluso de alteraciones precoces de los órganos más directamente involucrados en los procesos metabólicos (hígado, riñon, páncreas, etc.). Los aportes dietéticos deben adaptarse a las particulares necesidades de cada consumidor, tanto en volumen (diferente apetito o capacidad gástrica), como en textura (estado de la dentadura, alteraciones en la deglución o en el volumen y características de las secreciones digestivas) y composición, ya que los alimentos que se consumen deben, además de nutricionalmente adecuados, resultar socialmente aceptables y agradables (palatabilidad, olor, color y sabor), por lo que, en lo posible, la dieta no debe incluir alimentos que causen repugnancia, individual o socialmente^, o sean rechazados por una determinada tradición religioso-cultural, razones por las que conviene que la «dieta ideal» no se aparte sustancialmente del patrón alimentario típico de cada entorno cultural, basado en unos determinados alimentos, mezclas y preparaciones a las que el ser humano se habitúa desde niño y que, por tanto, le resultan familiares y agradables. Además de suficiente, equilibrada y adaptada, conviene qué la dieta sea lo más variada posible ya que, cuanto mayor sea el número de alimentos distintos (de cada tipo) que habitualmente se consuman, mayor será la seguridad de obtener aportes suficientes de todos los micronutrientes y de que no resulten excesivos los de los diferentes contaminantes que se acumulan en los alimentos. Por otra parte, las dietas variadas son más agradables desde un punto de vista sensorial y estimulan el apetito. La dieta es un factor importante para gozar de un buen estado de salud, pero no lo es todo, debe formar parte de un estilo de vida saludable. Patrones dietéticos y estilos de vida aconsejables: el modelo mediterráneo. La dieta tradicional española responde al patrón de la llamada dieta mediterránea considerada por muchos uno de los mejores patrones dietéticos conocidos. La dieta actual conserva todavía, a pesar de las fuertes influencias externas, buena parte de sus características. En cualquier caso debería tomarse de referencia y adaptarla a las condiciones actuales de vida. La dieta mediterránea tradicional se basa en el consumo abundante y diario de: -Cereales, legumbres y frutos secos, que proporcionan buena parte de la energía, proteínas y fibra de la ración. -Frutas y hortalizas muy variadas, disponibles durante todo el año, que se consumen tanto crudas como cocidas, contribuyendo de forma significativa al aporte de fibra, vitaminas y compuestos antioxidantes. -Derivados lácteos fermentados, leches acidas y quesos, que tradicionalmente se elaboraban para poder conservar la leche, principalmente de ovejas y cabras. -Aceite de oliva virgen como única grasa de cocina y aliño, rico en ácidos grasos monoinsaturados y antioxidantes con efectos protectores frente a los trastornos cardiovasculares, pues incrementa las concentraciones plasmáticas de HDL-colesterol. Las características de este aceite (sabor, aroma y punto de humo) le dan un carácter único para el consumo en crudo y la fritura. Los platos básicos (cereales, legumbres y verduras) incluyen o van acompañados de cantidades moderadas, nunca excesivas, de pescados, huevos y carnes, mayoiitariamente de animales de corral (pollo, conejo, pato...) que aportan proteínas de buena calidad, minerales fácilmente biodisponibles y grasa relativamente poco saturada, en comparación con carnes de otro origen. En los países mediterráneos de tradición cristiana está ampliamente difundido el consumo de carne de cerdo, más rica en ácidos grasos monoinsaturados que la carne de vacuno. La carne de cerdo es la más utilizada para elaborar la gran variedad de derivados cárnicos que tradicionalmente forman parte de la dieta de la población. Mientras que con su grasa, manteca, se elaboran variadas pastas, que en otras áreas se preparan con mantequilla u otras grasas sólidas más ricas en ácidos grasos saturados. Otra característica de la alimentación de esta cultura es la de aderezar los alimentos a conservar (salmueras, encurtidos, embutidos..) con ajo, cebolla y especias que en la actualidad se sabe son fuentes de compuestos con actividad protectora, entre ellos los antioxidantes. Además del agua, de bebidas tradicionales como el agua de cebada y las horchatas de chufa o arroz, y de algunas infusiones, en los países mediterráneos donde la tradición no lo prohibe expresamente, se bebe vino. Se trata de una bebida fermentada, cuya graduación alcohólica es relativamente baja, rica en antioxidantes naturales, con efectos aperitivos y que incrementa, al igual que el ejercicio físico continuado, el contenido de HDL-colesterol en sangre. La alimentación en las distintas estapas vitales Muchos de los alimentos mencionados, característicos de la dieta mediterránea, responderían al concepto de alimentos funcionales y son, en gran parte, los responsables de sus virtudes. Entre ellos deben señalarse los componentes con actividad antioxidante de las frutas y hortalizas (vitamina C, polifenoles, carotenoides), del vino (polifenoles, resveratrol), de los frutos secos (vitamina E) y del aceite virgen (vitamina E, sitosterol, escualeno); las bacterias «saludables» y el calcio de los derivados lácteos fermentados; la fibra de los cereales integrales o poco refinados, leguminosas y muchas frutas; los ácidos grasos co-3 de los pescados; la lecitina de los huevos, el cinc de los moluscos y los compuestos fitoquímicos, como los tioalilos del ajo, las clorofilinas de los vegetales verdes, el fenilisotiocianato de las cruciferas, etc., que ejercen, directa o indirectamente, funciones antiaterogénicas y anticancerígenas. Pervivencia y desviaciones de la dieta y estilo de vida mediterráneos en la sociedad española actual. ¿Qué conserva la dieta y estilo de vida actuales de los mediterráneos tradicionales? Fundamentalmente el uso doméstico de aceite de oliva, algunos platos típicos regionales, entre ellos la paella u otros tipos de arroces, que se siguen consumiendo, sobre todo en los días de fiesta, y las hortalizas y frutas frescas que, desde hace algunos años y en especial por personas concienciadas por su salud, vuelven a consumirse en abundancia Y ello es prácticamente todo. En la actualidad el estilo de vida del español medio, sobre todo del urbanita, es muy similar al del resto de ciudadanos de los países industrializados. El estrés, las prisas, el consumo desorbitado y la falta de ejercicio físico son sus características fundamentales. A la hora de comer, a menudo fuera de casa, tiende a consumir, si dispone de medios y de tiempo, un menú consistente en un primer plato, escaso y confeccionado con los mismos ingredientes que tradicionalmente se utilizaban para elaborar el plato único en el que se basaba la comida principal del día, y un segundo plato a base de alimentos de origen animal (carnes, pescados o huevos con algo de guarnición), además de un postre (dulce, helado, lácteo o fruta fresca) y algo, no siempre, de pan. Cuando se tiene más prisa o menos medios se prefiere el plato único o combinado, en el que junto a un poco de ensalada, se encuentran uno o varios alimentos de origen animal que se consumen en buena cantidad para saciar el apetito y que rara vez se acompañan de pan (a veces untado con mantequilla) y de un postre dulce. Los más jóvenes o los más ocupados recurren, con ñ:'ecuencia, a consumir un bocadillo, sandwich o hamburguesa que, acompañados de un refi:-esco, unas patatas fidtas, abundante salsa «ketchup» y, a veces, por un pastelito constituyen un triste menú. El resultado de todo ello es un bajo aporte dietético de polisacáridos (almidón y fibra) y excesivamente elevado de alimentos de origen animal, en especial de carnes rojas, más caras y de mayor prestigio, pero ricas en ácidos grasos saturados. Además con la industrialización se ha generalizado y diñmdido ampliamente el consumo de leche y derivados lácteos, y también, en especial entre niños y adolescentes, de azúcares (golosinas, dulces, refirescos....). Adaptaciones del modelo mediterráneo a las necesidades de la vida actual. Se considera que una dieta debe contener un tercio de alimentos de origen animal, de los que aproximadamente la mitad deberían ser lácteos, y el resto alimentos vegetales, incluyendo cereales, leguminosas, fi:-utas, verduras y hortalizas junto a pequeñas cantidades de aceites vegetales, como grasas de adición, y de azúcares refinados. Esta pauta es aplicable, con ligeras modificaciones y variando el tamaño de las raciones, a lo largo de la vida, a partir del momento del destete y, si se toma como referencia para comparar con la dieta usual, es posible detectar las deficiencias y excesos de la alimentación cotidiana. Las necesidades energéticas totales aumentan, conforme lo hace la masa corporal, desde el nacimiento hasta el final de la adolescencia. Aunque si se refieren a unidad de peso corporal, las necesidades de energía y de la mayor parte de los nutrientes son máximas en los lactantes para a continuación disminuir a lo largo de la vida, con incrementos puntuales durante la adolescencia, el embarazo y la lactación. Algunos de los objetivos de la alimentación varían en el transcurso de la vida, así en los niños los alimentos y el hecho alimentario en su conjunto, además de asegurar un correcto crecimiento y desarrollo, deben permitir y fomentar la adquisición de hábitos alimentarios e higiénicos correctos y las nociones elementales del equilibrio alimentario La alimentación en las distintas estapas vitales que permitirán evitar muchos problemas de salud en la vida adulta. También la alimentación y todo lo que la rodea debe, asimismo, colaborar al desarrollo psicofísico del niño, a su socialización y la comprensión de los roles y estatus que imperan en la sociedad. Por lo demás el niño pequeño debe comer con regularidad, en pequeñas porciones repartidas en cuatro o cinco tomas al día, alimentos y preparados de fácil digestión, cuya textura debe ser, progresivamente, menos fina, con suficiente fibra y líquidos (no sienten sed) y, al menos hasta la pubertad, debe de incrementarse el aporte de lácteos para conseguir una buena densidad ósea. El niño de mayor edad y el adolescente puede y debe comer de todo y satisfacer su mayor apetito y necesidades energéticas con un mayor número de alimentos ricos en féculas y no con más carne, azúcares o grasas que, en cuanto deje de hacer tanto ejercicio, para dedicar, por ejemplo, mayor tiempo al estudio, favorecerá la obesidad, que se perpetuará fácilmente en la edad adulta y que, eventualmente, puede conducirle a una situación de anorexia nerviosa o, con mayor frecuencia, a conductas bulímicas. Los adultos deberían comer según se ha descrito, con un número de raciones de féculas que depende de la actividad física, que siempre se procurará mantener en un nivel aceptable puesto que eso permite el mantenimiento de la masa muscular y reduce el riesgo de engordar. Recuérdese que, en todos los países desarrollados, aumenta el porcentaje de obesos a pesar de que el aporte energético se reduce y que, este último hecho, dificulta la satisfacción de las necesidades de micronutrientes. Entre los adultos sólo las mujeres embarazadas o en fase de lactación tienen mayores necesidades de energía y de nutrientes como las proteínas, calcio, cinc y la mayor parte de las vitaminas, que deben satisfacerse con mayores aportes de lácteos (calcio, proteínas y calorías), de moluscos (ricos en cinc y en proteínas), de frutas y hortalizas crudas (vitaminas y fibra) y de agua (para hidratar el contenido intestinal e impedir el estreñimiento ya que las tasas altas de progesterona disminuyen el peristaltismo), además de tener que repartir su ingesta en muchas tomas de pequeño tamaño ya que, como su abdomen ya está muy lleno, disminuye la capacidad del estómago y, sí se llena demasiado, tiende a producirse reflujo esofágico, también favorecido por el bajo tono muscular que condiciona la alta tasa de progesterona circulante. En la vejez se debe procurar mantener el mismo tipo de dieta aunque, si es necesario modificando la textura de los alimentos (cor-
El progreso científico y tecnológico ha tenido muchas consecuencias beneficiosas para la humanidad pero también conlleva riesgos. Un ámbito en el que estos dos aspectos de la cuestión se manifiestan más claramente es el de la alimentación humana. Las posibilidades actuales de la industria alimentaria permiten la obtención de productos cada vez más adaptados a las necesidades y gustos del consumidor No obstante, existe una desconfianza frente a los alimentos transformados que se juzgan, injustamente, como menos seguros que los frescos o naturales. Ciertos escándalos de gran resonancia alimentan esta desconfianza, y no suele tenerse en cuenta que las vacas locas, los pollos con dioxinas o la carne con hormonas, por ejemplo, son problemas de las fases primarias de producción, agrícola y ganadera, y no de la industria alimentaria propiamente dicha. Bajo la perspectiva global de lo que son los alimentos y de lo que conocemos de su composición y funciones en el ser humano, y teniendo en cuenta de que el riesgo cero no existe para ninguna actividad, y por lo tanto tampoco en la alimentación, se puede afirmar que nuestros alimentos nunca han sido tan seguros como en la actualidad, aunque sigue habiendo problemas y en un tema como éste, de evidente implicación sanitaria, toda precaución es poca. En este artículo se discuten las relaciones entre alimentación y riesgo y la percepción social sobre estas relaciones, se describen someramente los componentes tóxicos naturales de los alimentos, la contaminación de los mismos, los problemas de alteración y deterioro, así como la adulteración y el fraude y sus consecuencias. También se aborda la significación de casos actuales que cuestionan la seguridad de los alimentos y el papel del control alimentario, por parte de productores y Abel Mariné y M. Carmen Vidal administraciones públicas, para garantizar la calidad y la seguridad de los alimentos. El «Comité de Protección de los Alimentos» de los Estados Unidos definió en 1959 la seguridad de los alimentos como «la práctica certeza de que no se derivará ningún daño o lesión del uso de una substancia en una forma o cantidad propuesta». Esto significa que cabe esperar y exigir que se pueda alcanzar una razonable seguridad de que los alimentos que ingerimos, y por lo tanto las substancias naturales o propias así como las añadidas que contienen, no causarán ningún efecto negativo sobre el organismo. Bajo esta perspectiva estamos considerando los mínimos que debe cumplir un alimento, es decir, la ausencia de cualquier forma de adulteración, deterioro o contaminación que pueda dar lugar a efectos tóxicos o indeseables para el consumidor. Aunque sea obvio, hay que recordar y destacar que los objetivos de la ingestión de alimentos van mucho más allá, dado que aportan nutrientes esenciales para el mantenimiento de todas las funciones vitales, componentes con efectos beneficiosos a medio y largo plazo, placer en su consumo (el valor gastronómico es importante) e incluso satisfacen deseos de prestigio o status social. En el mundo en que vivimos, con un desarrollo tecnológico acelerado que rápidamente se transforma en productos (entre ellos nuevos alimentos) y servicios (nuevas tecnologías de tratamiento industrial y culinario de los mismos) al alcance de la población con suficiente poder adquisitivo, subsiste permanentemente una desconfianza con respecto a los alimentos, especialmente los industrializados. Ciertos hechos parecen confirmar esta desconfianza, cuando en realidad se trata de las excepciones, no de la regla. Teniendo en cuenta los datos a partir de los cuales se considera un producto como seguro, hay que admitir que estimar el nivel inocuo de un contaminante de un alimento, por ejemplo, siempre tendrá un inevitable margen de incertidumbre. Nunca se insistirá bastante en destacar que esto también ocurre en cualquier otra actividad humana, y baste citar, por obvio, el riesgo que supone circular en coche, sobre Seguridad y toxicidad de los alimentos: un debate actual todo en un fin de semana. En la mayoría de los casos, a lo más que podemos aspirar es a definir de la manera más clara posible el eventual riesgo asociado a unas particulares condiciones de exposición a una sustancia determinada. Si consideramos la cuestión del riesgo respecto a la contaminación de los alimentos, hay que recordar que el alimento no contaminado nunca ha existido. Es más, si tenemos en cuenta todas las formas posibles de contaminación, nuestra dieta actual es la menos contaminada de la historia humana. Es un hecho evidente que la esperanza de vida ha aumentado de forma espectacular en las sociedades desarrolladas desde principios del siglo XX hasta hoy en día, y es indudable que la alimentación ha sido un elemento importante de este progreso. Aunque se trate de una referencia literaria, citemos como ejemplo ilustrativo de una situación anterior una descripción que hace Upton Sinclair, en su gran novela «La jungla» publicada en Estados Unidos en 1906: «Había reses que, cebadas con la malta de los desperdicios de las fábricas de cerveza, tenían todo el cuerpo cubierto de tumores. Y era un trabajo verdaderamente asqueroso y repugnante matar estos animales, puesto que, al hundir el cuchillo en el cuerpo de la res, los tumores se reventaban y salpicaba por todas partes el pus hediondo y verdaderamente intolerable...Pues con este material se fabricaba la llamada 'carne embalsamada', que ocasionó más víctimas entre los soldados americanos durante la guerra de Cuba que las balas de los españoles». Esto hoy ya no ocurre, entre otras razones porque la publicación de esta obra fue un elemento determinante para que Estados Unidos promulgara, como ya habían hecho diversos países europeos, normas legislativas sobre la seguridad y control de los alimentos y sus componentes. Otro salto cualitativo importante en la evaluación de la seguridad de los productos destinados al consumo humano se dio en la década de 1960, a raíz de la observación de los efectos teratógenos del fármaco talidomida. El rigor, con criterios internacionales, que se introdujo a partir de este momento en la evaluación de aditivos alimentarios, ingredientes y en nuevos alimentos es la mejor garantía de que si los estudios (toxicológicos, nutricionales y de equivalencia de los nuevos alimentos con respecto a los tradicionales aceptados como seguros) se llevan a cabo correctamente la evaluación riesgo/beneficio aporta toda la seguridad posible, en el bien entendido que debe asumirse que el riesgo cero no existe en ninguna actividad humana. Recordemos que los ensayos toxicológicos que se realizan incluyen estudios toxocinéticos, de genotoxicidad, de alergenicidad potencial, de capacidad de colonización del tracto gastrointestinal por Abel Mariné y M, Carmen Vidal parte de los microorganismos que contienen los alimentos, de patogenicidad, ensayos de efectos subcrónicos, estudios sobre efectos en la reproducción y de carcinogenicidad. Percepción social del riesgo alimentario Como ya ponía de manifiesto Golberg en 1971, el clima de opinión frente a los alimentos, especialmente los elaborados por la industria, plantea el problema de si es aceptable para el consumidor estar expuesto a un riesgo potencial, aunque remoto, que debe ser compartido, de hecho inconscientemente, por un vasto número de personas de edades y estados de salud diversos. Se considera por parte de los consumidores que este nivel de seguridad no basta, ya que en definitiva se estiman como inadecuados, o insuficientes, los argumentos basados en que el uso más o menos prolongado de una sustancia, por ejemplo un aditivo alimentario, sin que se hayan observado efectos negativos confiere un grado suficiente de garantía. A este respecto es muy ilustrativo el caso del aditivo alimentario edulcorante sacarina. Su descubrimiento y uso son anteriores a los estrictos -y lógicos-criterios actuales de autorización de un nuevo aditivo o ingrediente alimentario. Cuando, hace ya algunos años, las autoridades sanitarias de los Estados Unidos se plantearon su prohibición, las asociaciones de diabéticos, usuarios tradicionales de sacarina, se opusieron a esta medida, que les privaría de tener acceso a muchas formas de productos dulces. De hecho la sacarina puede ser cancerígena en ciertos animales de laboratorio y en determinadas condiciones experimentales, pero parece suficientemente demostrado que no lo es en las dosis usadas como ingrediente de productos edulcorados artificialmente. En este caso los consumidores, conocedores de estos hechos, asumieron conscientemente y libremente «su riesgo», porque ya conocían y valoraban por experiencia propia los beneficios. El problema surge, sobre todo, cuando el consumidor cree que no conoce o no controla lo que estima como riesgos y peligros y/o cuando no conoce o valora los beneficios de la incorporación de un aditivo, por ejemplo. Por otro lado, las opiniones de los consumidores han evolucionado en estas últimas décadas, tal como se demuestra en las encuestas que hizo el Food Market Institute de los Estados Unidos, sobre los temas que preocupaban a los consumidores con respecto a los alimentos, en 1983 y en 1995. En 1983 la primera inquietud eran los aditivos alimentarios (injustamente considerados como contaminantes de hecho Seguridad y toxicidad de los alimentos: un debate actual o como indicadores de manipulación incorrecta por parte de la industria alimentaria), y en 1995 las primeras preocupaciones eran el contenido en grasas, sal o colesterol. Aunque con un cierto retraso, lo mismo ha ocurrido en Europa; es decir, actualmente preocupa más la relación alimentación/salud respecto a la naturaleza de los alimentos que consumimos que su posible falta de seguridad, que en principio se considera suficiente. No obstante, esta situación se trastoca cuando se producen accidentes que dan lugar a intoxicaciones reales o a riesgos percibidos como graves, como es el caso de las llamadas «vacas locas» o las dioxinas en los pollos belgas. Es muy ilustrativo de la percepción contraria de los consumidores a los que consideran «alimentos industrializados» el que, según un reciente sondeo llevado a cabo por el Institut Cátala de Consum, no se han cambiado los hábitos a raíz de estos escándalos alimentarios porque siguen suscitando más confianza los productos agrícolas que los procesados por la industria alimentaria, a pesar de que dichos escándalos están más vinculados al sector primario que al industrial. Componentes tóxicos naturales de los alimentos Una idea muy arraigada entre los que no son expertos en los alimentos es que los productos naturales son inocuos y que el peligro siempre procede de los productos transformados. Ello no es necesariamente así. En efecto, incluso un alimento natural en buen estado y no manipulado o manipulado de forma correcta puede provocar efectos adversos por causas diversas (entre las que no es la única la sensibilidad individual), dado que el organismo humano no distingue entre natural o trasformado o sintético, sino entre perjudicial o inocuo. Debemos tener en cuenta que los componentes (macrocomponentes y microcomponentes) naturales o propios de un alimento son muchos Abel Mariné y M. Carmen Vidal nada indica que su ingestión en cantidades razonables revista ningún peligro. Análogos razonamientos podríamos hacer, y con mayor motivo, respecto al alcohol étnico. Sin pretender ser exhaustivos podemos citar una serie de ejemplos de toxicidad natural de los alimentos, ya sea porque contienen en origen substancias potencialmente tóxicas o porque éstas se generan durante los tratamientos de obtención de alimentos o en los procesos culinarios tradicionales. Igualmente, pueden presentarse efectos indeseables y/o tóxicos por el consumo de alimentos naturales por parte de individuos con situaciones metabólicas o farmacológicas particulares. Las toxinas paralizantes, diarreicas, amnésicas y neurotóxicas de los moluscos se forman debido a complejos ciclos meteorológicos y biológicos del medio ambiente marino, en los que no parece intervenir la actividad humana. Estos tóxicos son producidos fundamentalmente por dinoflagelados que los moluscos filtran. Por causas parecidas se pueden encontrar peces comestibles que son tóxicos si se consumen en determinadas épocas (ictiotoxismo). Las mieotoxinas son substancias tóxicas producidas por hongos microscópicos del medio ambiente que afectan a los animales y al ser humano. Contaminan a los alimentos en origen o a causa de un acondicionamiento deficiente. Se pueden encontrar en alimentos como frutos secos o cereales. Entre ellas podemos destacar las aflatoxinas que son poderosos tóxicos hepáticos y cancerígenos. Muchos metales como selenio, mercurio, plomo, cromo, arsénico y otros, pueden encontrarse en elevadas concentraciones, y por tanto tóxicas, en alimentos, como consecuencia de las características geológicas de los terrenos en que se cultivaron los vegetales. Las alergias de origen alimentario, no sólo son debidas a proteínas sino incluso a moléculas de menor tamaño. Pueden ser provocadas por alimentos naturales y en buen estado como cacahuetes, fresas, leche, huevos, trigo, marisco, apio, chocolate y otros. En realidad son mucho más frecuentes las alergias debidas a componentes naturales de los alimentos que las debidas a ciertos aditivos alimentarios. Hay intolerancias alimentarias, de origen no alérgico, como la intolerancia a la lactosa, que hace a los afectados intolerantes a la leche. Este es un trastorno muy extendido que aparece casi siempre después del normal periodo de lactancia. De hecho una tolerancia generalizada a la lactosa en adultos sólo se da en los pueblos de origen nórdico y en algunas tribus pastoriles africanas, todos ellos habituales y ancestrales consumidores de leche. Seguridad y toxicidad de los alimentos: un debate actual Una forma de manifestación tóxica de los alimentos, que puede parecer singular pero que no es insólita, la constituyen las interacciones entre alimentos y medicamentos, debidas a alimentos en buen estado y fármacos en principio prescritos y dosificados correctamente. Citemos como ejemplo el denominado «síndrome del queso», que consiste en unas crisis hipertensivas (a veces mortales) desencadenadas al ingerir ciertos quesos u otros alimentos ricos en aminas biógenas por parte de individuos sometidos a tratamientos con medicamentos inhibidores de la mono-amino-oxidasa (IMAO). El favismo, es un síndrome hemolítico debido a la ingestión de habas, causado por un defecto genético, que se da sobre todo en el área mediterránea y en el que hay riesgo de muerte. Los errores innatos del metabolismo, como la fenilcetonuria o la galactosemia, debidos a defectos genéticos, impiden metabolizar la fenilalanina (aminoácido esencial) y la galactosa (componente de la lactosa de la leche) respectivamente. Conllevan graves trastornos metabólicos, para los que la dietética es fundamental para prevenir los efectos y para el tratamiento. Algunos desequilibrios en la dieta pueden llegar a causar efectos tóxicos cuando diversos alimentos, en perfecto estado e incluso recomendables en cantidades normales, se consumen en exceso dentro de dietas monótonas (que nunca son aconsejables). Citemos por ejemplo diversos tipos de plantas cruciferas (coles y similares), que pueden llegar a ser bociógenas (generadoras de bocio), ciertos pescados de agua dulce que contienen antagonistas de la vitamina Bl, o leguminosas que contienen inhibidores de enzimas digestivos que pueden llegar a causar retraso en el crecimiento e hipertrofia pancreática. Hay que señalar también que algunos de los componentes causantes de estos efectos se destruyen total o por lo menos parcialmente con la cocción o los tratamientos térmicos. Es decir, en este caso la tecnología industrial o culinaria aportan la solución. Los tratamientos tecnológicos o culinarios inadecuados pueden dar lugar, por ejemplo, a grasas sobrecalentadas, en las que se pueden formar compuestos tóxicos como peróxidos o hidrocarburos policíclicos. Por otro lado una cocción insuficiente de algunas leguminosas determinará que no se destruyan las fitohemaglutininas tóxicas que contienen. Hay substancias naturales cancerígenas, como algunos derivados del selenio que se encuentran en cereales cultivados en terrenos seleníferos, o los hidrocarburos policíclicos que se encuentran en alimentos ahumados con humo natural o las aminas heterocíclicas que 50 Abel Mariné y M. Carmen Vidal se generan al calentar a temperaturas elevadas (asados, grill, parrilla, brasa) alimentos ricos en proteínas como carne y pescado. Contaminación biótica de los alimentos La contaminación biótica de los alimentos se debe a la presencia no deseada de microorganismos, virus, parásitos y/o productos tóxicos de origen biológico. Es importante destacar que este tipo de contaminación está mucho más asumida por el consumidor que la abiótica, lo cual seguramente se debe a que es más conocida, en sus causas y efectos. Así, una intoxicación alimentaria causada por una salsa mayonesa u otra salsa casera (o en restauración colectiva) no desencadena una reacción de alarma tan grande como cualquier contaminación que es o se considera de origen industrial. Este hecho no deja de resultar paradójico, si tenemos en cuenta que el número de casos de este tipo es muy superior a los que se deben a contaminaciones abióticas, aún teniendo en cuenta que el registro y control de las abióticas está mucho menos desarrollado y es de más difícil seguimiento, en especial si se consideran, y así debe ser, los eventuales efectos crónicos. Como señalan Herrera y Conchello (1999), las enfermedades de origen microbiano y de transm.isión alimentaria son en la actualidad de índole universal, tanto desde el punto de vista de la salud pública como desde el económico. En España el número de casos de toxiinfecciones alimentarias registradas es de aproximadamente 12.000 al año (con una media de aproximadamente 1000 brotes/año). Teniendo en cuenta que el número de casos declarados se estima que es entre el 1 y el 10 por ciento de los que realmente ocurren, resulta evidente que la frecuencia de estas intoxicaciones es muy elevada y su coste sin lugar a dudas excesivo. Los microorganismos más implicados son las Salmonella, aunque se registra un crecimiento de las gastroenteritis producidas por Campylobacter. También debemos citar Staphylococcus aureus, Clostridium perfringens, Clostridium botulinum. Yersinia enterocolitica y Escherichia coli (entérico). La contaminación por estos microorganismos puede tener lugar en la granja, en los procesos de transformación o bien durante la preparación de los alimentos en el hogar o en los establecimientos de restauración. Deben destacarse por su frecuencia las contaminaciones no vinculadas con la producción propiamente dicha, es decir en el hogar o en los establecimientos de restauración, a pesar de lo cual Seguridad y toxicidad de los alimentos: un debate actual los productores siempre suelen ser los que se llevan la «mala prensa». Como también señalan Herrera y Conchello, las causas primordiales que explican la alta incidencia de este tipo de intoxicaciones y/o toxiinfecciones son el rápido incremento de la población mundial, el crecimiento expansivo de la residencia urbana, la modificación de los sistemas de oferta alimentaria, la aparición de nuevos hábitos alimentarios (restauración colectiva, restauración diferida, preparación de comidas precocinadas, etc.), los avances importantes en tecnología alimentaria no asimilados totalmente por el colectivo de consumidores, y el incremento desmesurado de los movimientos poblacionales (turismo, refugiados, emigración, etc.). Todo ello ha propiciado la aparición de las llamadas «enfermedades emergentes» de origen alimentario, entendiendo por tales las que han aparecido recientemente en una población, o que existían antes pero cuya extensión ha aumentado rápidamente, o incluso enfermedades no descritas anteriormente. Contammación abiótica de los alimentos La contaminación abiótica se debe a la presencia en los alimentos de productos químicos o residuos de los mismos. La OMS define como residuo cualquier sustancia que persiste en un medio tras haber sido introducido en él, voluntariamente o no, y cuya presencia es cualitativa o cuantitativamente anormal. También hay que considerar los contaminantes de naturaleza radioactiva. Las fuentes de contaminación de origen industrial pueden ser los vertidos de industrias y los residuos procedentes de equipos y maquinaria o de envases y embalajes. También algunos procesos tecnológicos pueden dar lugar a formación de contaminantes químicos, como las nitrosaminas o los hidrocarburos aromáticos policíclicos resultantes del ahumado. Las substancias que más frecuentemente son responsables de la contaminación abiótica de los alimentos son: metales pesados, hidrocarburos policíclicos, aminas heterocíclicas y plaguicidas. Indiquemos por su singularidad el «plumbismo» o saturnismo que se está dando en España en aves silvestres por la ingestión del plomo de los perdigones que estas aves encuentran en el medio en el que se desenvuelven, y que puede afectar al consumidor que cree ingerir animales en su estado natural y por lo tanto sin riesgo de productos extraños en su carne. En el caso de los pesticidas o plaguicidas conviene recordar que su presencia en alimentos no sólo se debe a tratamientos fitosanitarios inadecuados sino también a la impregnación ambiental de Abel Mariné y M. Carmen Vidal los mismos, problema que puso dramáticamente en evidencia Rachel Carson al publicar en 1962 su libro Silent Spring (Primavera silenciosa). A efectos de valorar la toxicidad de los alimentos contaminados es muy importante disponer de datos cuantitativos sobre las concentraciones de estos contaminantes. Las nitrosaminas constituyen un ejemplo muy ilustrativo de las opciones que hay que tomar ante un problema de seguridad que presenta diversos enfoques, y que exponemos muy sintéticamente. En la elaboración de derivados cárnicos curados (embutidos) se utilizan nitratos y nitritos, que tienen un efecto estabilizador del color y protector frente a la contaminación por Clostridium botulinum, responsable de una grave intoxicación alimentaria, que se evita al utilizar estos aditivos. No obstante, los nitritos (añadidos o procedentes de nitratos) pueden reaccionar con aminoácidos y aminas, que se encuentran de forma natural en estos productos, y formar nitrosaminas potencialmente cancerígenas. Evitar este segundo riesgo, es decir prescindir de estos aditivos, comportaría aumentar el de botulisme. Por esta razón, el uso de nitratos y nitritos está reglamentado y debe hacerse en condiciones muy controladas, para reducir al mínimo posible el contenido en nitrosaminas. Se han ensayado tecnologías que permitirían prescindir totalmente de nitratos y nitritos pero el costo de producción es mayor. De una forma muy esquemática el riesgo cero en este caso sería no consumir embutidos curados con sales nitrificantes y, aún cuando ningún alimento es imprescindible dentro de una dieta variada, no parece que sea conveniente ni que un consumo moderado de los mismos, bien elaborados, aumente el riesgo de cáncer. Alteración y deterioro de los alimentos Según el Código Alimentario Español, alimento alterado es todo alimento que durante su obtención, preparación, manipulación, transporte, almacenamiento o tenencia, y por causas no provocadas deliberadamente, sufre variaciones en sus caracteres organolépticos o sensoriales (color, aroma, textura, sabor), composición química o valor nutritivo, de tal forma que su aptitud para el consumo queda anulada o sensiblemente disminuida, aunque se mantenga inocuo. Como esta misma definición ya sugiere, la alteración de los alimentos no afecta necesariamente a su seguridad, en el sentido de aparición de toxicidad. No obstante, especialmente si la alteración es intensa, se pueden formar compuestos tóxicos. Seguridad y toxicidad de los alimentos: un debate actual Las modificaciones que pueden sufirir los alimentos a lo largo de la cadena alimentaria son de naturaleza química, física o microbiológica. Las consecuencias pueden ser de tipo higiénico-sanitario, sensoriales o nutricionales. Es importante destacar que las repercusiones de algunas modificaciones pueden ser favorables o desfavorables en función de la intensidad y del alimento de que se trate. Una de las causas más importantes de alteración de los alimentos es el desarrollo de microorganismos, hongos, levaduras o bacterias, a lo que hay que añadir los efectos de la infestación por insectos y roedores. En general, en la alteración de los alimentos de origen animal predominan las bacterias, mientras que en los de origen vegetal lo hacen los hongos y las levaduras. Esto explica que suelan ser más nocivos los alimentos de origen animal deteriorados que los de origen vegetal. Como productos tóxicos resultantes de la alteración química y bioquímica de los alimentos podemos citar algunos de los formados en las llamadas reacciones de pardeamiento u oscurecimiento, si se dan con demasiada intensidad, o como consecuencia de la oxidación y consiguiente enranciamiento de las grasas. Adulteración y fraude de los alimentos Según el Código Alimentario Español tendrá la consideración de adulterado todo alimento al que se haya adicionado o sustraído cualquier sustancia para variar su composición, peso o volumen, con fines fraudulentos o para encubrir o corregir cualquier defecto debido a ser de inferior calidad o a tener ésta alterada. Este mismo código considera falsificado todo alimento en el que se haga concurrir alguna de las siguientes circunstancias: a) Que haya sido preparado o rotulado para simular otro conocido, b) Que su composición real no corresponda a la declarada y comercialmente anunciada, y c) Cualquier otra capaz de inducir error al consumidor. Los motivos de la adulteración o la falsificación de alimentos son económicos y, en la mayoría de los casos, afectan a la honradez en las transacciones comerciales y no a la salud del consumidor. No obstante, ha habido casos en que la adulteración de un alimento ha dado lugar a consecuencias que han afectado la salud de los consumidores. Baste recordar el síndrome del aceite tóxico que afectó a España en 1981, sobre el que todavía subsisten dudas acerca de sus causas, aunque todo parece apuntar a que se debió a que se hizo pasar aceite de colza desnaturalizado para usos industriales por aceite de cocina. Ahel Mariné y M, Carmen Vidal manipulaciones químicas que se llevaron a cabo en el aceite de colza (adición de anilina), unidas a los tratamientos de refinado posteriores, adecuados para el aceite para consumo humano pero no para un aceite de colza desnaturalizado, originaron los compuestos tóxicos responsables de una gravísima intoxicación de origen alimentario. Entre los fraudes que más o menos siguen dándose y que pueden afectar a la seguridad de los alimentos podemos citar: adición de persulfatos a las harinas de trigo, adición de ácido bórico a los crustáceos (gambas) y presencia de cloropicrinas en vinos. Sin embargo, hemos de añadir que no son muy frecuentes y que, en general, no revisten un peligro realmente importante. Casos actuales que cuestionan la seguridad de los alimentos El tema de la seguridad alimentaria se ha venido manteniendo de actualidad en los últimos años por diversos casos, que no vamos a discutir con detalle sino que simplemente se comentarán para valorar su significación y hasta donde constituyen el reflejo de una situación. En este sentido pueden resultar ilustrativos los que se exponen a continuación: 1) La crisis de las vacas locas La encefalopatía espongiforme bovina (EEB) se describió por primera vez en el Reino Unido en 1985, aunque se han presentado casos también en otros países. Parece ser que esta enfermedad neurodegenerativa ha sido transmitida a los animales bovinos a través de piensos elaborados con harinas de animales afectados por scrapie, una enfermedad del mismo tipo en ovejas y cabras ya descrita en el siglo XVIII. En la elaboración de estos piensos se había modificado la tecnología para reducir costos, disminuyendo la temperatura de tratamiento y variando el uso de disolventes. La enfermedad más conocida en el ser humano del mismo tipo es la llamada enfermedad de Creutzfeld-Jakob (ECJ). En un principio se pensaba que había una barrera entre especies y que la enfermedad no podía ser transmitida de una especie animal a otra y tampoco de un animal al hombre. Sin embargo la posibilidad de que la ECJ esté producida por un agente transmisible (una proteína designada como prion) sembró la alarma y la consiguiente caída en picado del mercado de la carne del Reino Unido. Ante la gravedad Seguridad y toxicidad de los alimentos: un debate actual del riesgo deben adoptarse y se adoptaron medidas, como la inmovilización de productos derivados de los animales afectados o presuntamente afectados y el sacrificio de un gran número de ellos. Aún subsisten interrogantes y son necesarios más estudios epidemiológicos y sobre las vías de transmisión de los priones entre especies. En cuanto a las precauciones obligadas deben impedirse los contactos del agente productor de la EEB con animales y personas y desarrollar sistemas de vigilancia epidemiológica sobre estas enfermedades neurodegenerativas en seres humanos y animales. La gestión de la crisis por parte de las autoridades del Reino Unido y de la Unión Europea fue, entre otras cosas, lenta, poniendo de manifiesto, y ello es importante, que un mismo departamento de la administración de la Gran Bretaña se ocupaba de los intereses de los productores de animales y de los consumidores. Sin ser demasiado desconfiados, parece bastante evidente que la lógica visión «productivista» del ganadero no será la misma que la del consumidor. El control de los alimentos siempre debe ser llevado a cabo con una visión sanitaria y es necesario que este control sea independiente de la producción, por lo menos en lo que respecta a las decisiones finales a tomar, lo que no significa valorar insuficientemente las repercusiones económicas de un decomiso de reses 2) El escándalo de los pollos belgas En enero de 1999 un avicultor belga observó trastornos y muertes en muchos de sus pollos. La causa era una contaminación espectacular del pienso por dioxinas, conjunto de compuestos químicos policlorados que incluyen las dioxinas propiamente dichas y los fur anos. Se trata de substancias muy estables y por lo tanto con gran capacidad de permanencia en el medio ambiente, que se forman siempre que hay una combustión de materia orgánica en presencia de cloro (incineradoras de residuos domésticos e industriales y otras actividades industriales) y como subproducto de la fabricación de muchas substancias químicas como herbicidas, plaguicidas y otros productos. El riesgo radica en su estabilidad en el organismo y en la cronicidad de sus efectos. En el caso de los pollos belgas se trataba de una contaminación accidental, cuyo origen era un lote de grasas animales a las que se añadieron aceites de fritura recuperados indebidamente y que, a su vez, estaban contaminados con aceite de motores, siendo este último el responsable de la toxicidad, ya que la fritura no puede dar lugar a la formación de dioxinas. Se trata de un hecho grave pero excepcional, que también fue tratado con lentitud por las autoridades responsables, belgas en este caso. La psicosis fue extraordinaria y baste citar como ejemplo anecdótico pero ilustrativo el que en nuestro país se llegara a inmovilizar unas galletas simplemente porque la marca que figura en su etiquetado es «Belga». El problema fue serio, ya que un hombre de 70 kilos que comiera 150 gramos de pollo contaminado sobrepasaría el límite máximo permitido de dioxinas en 10 veces, lo cual es mucho en un día. No obstante, cabe recordar que sobrepasar las dosis máximas fijadas representa un riesgo cuando esta ingestión es reiterada, pero puede ser insignificante si se trata de un hecho aislado. Por lo tanto, el hecho es grave pero seguramente, aun cuando no disponemos de suficientes datos, no tanto como pareció percibirse por parte de los consumidores. 3) Las carnes con hormonas Entre los productos que se utilizan fraudulentamente en producción animal se encuentran diversos compuestos de los que podemos considerar como paradigmático el clembuterol, substancia de carácter adrenérgico. Ya en 1990 se produjo en España una intoxicación alimentaria debida al consumo de hígado de animales bovinos (135 casos) cuya causa fue el uso ilícito de un fármaco 6eía-agonista, el clembuterol. Este fármaco se usa, a veces asociado a tireostáticos, para obtener carnes más magras e incrementar el peso de los animales con una notable reducción del costo de producción. El criterio de la Unión Europea en este ámbito es restrictivo, porque subsisten residuos, preferentemente en el hígado, que pueden afectar al consumidor, en especial si sufre ciertas patologías cardiovasculares. Aquí cabe hacer consideraciones de todo tipo, sobre todo económ.icas. Probablemente una política más realista de precios, con una adecuada información al consumidor de que la carne de calidad adecuadamente obtenida tiene un costo, sería un buen camino. 4) Los antibióticos como residuos en productos cárnicos'Se ha afirmado que una de las posibles causas del desarrollo de resistencia a los antibióticos por parte de bacterias, lo cual constituye un problema sanitario importante, es el uso de antibacterianos en la producción animal, con fines profilácticos y quimioterápicos y también como promotores del crecimiento. Asimismo se ha atribuido a este uso Seguridad y toxicidad de los alimentos: un debate actual de antibacterianos la aparición de ciertas alergias. Las actuales técnicas de producción, con animales hacinados y muy uniformes en sus características, los hacen especialmente vulnerables a plagas masivas, que es lo se trata de evitar y/o compensar con estas técnicas. Debe quedar claro que el problema podría darse cuando haya un mal uso de estos fármacos, pero no se estima que sea así si se aplican en dosis subterapéuticas para facilitar la crianza de las aves. Es de señalar que se preconiza que los antibióticos que se usen con estas finalidades sean distintos de los utilizados en medicina humana. En definitiva, no está probado realmente que el fracaso de ciertos antibióticos en medicina humana sea atribuible a una resistencia adquirida a causa de la ingestión de productos de origen animal contaminados con agentes antibacterianos, y no se deba a otras causas. Recordemos que el abuso de antibióticos en España en terapéuticas inadecuadas (automedicación en muchas ocasiones) es elevado. El desarrollo de nuevas técnicas de alimentación y cría más acordes con la salud y bienestar de los animales reduciría sin duda estos eventuales riesgos, aunque quizás aumentaría los costos. 5) La Coca-Cola contaminada En junio de 1999 se retiraron en Bélgica y Francia los productos de Coca-Cola después que unos cuarenta niños de una escuela fueran hospitalizados con trastornos que no revistieron gravedad. Se planteó como causa la presencia de sulfuro de hidrógeno en los productos afectados y también se aventuraron otras hipótesis (uso de dióxido de carbono impurificado e incluso productos del tratamiento de los embalajes). Automáticamente se registraron muchos casos parecidos, en localizaciones geográficas diversas y con síntomas heterogéneos. No se ha encontrado el tóxico responsable. Finalmente, aunque subsisten ciertos interrogantes, parece que se ha tratado simplemente, como decía el periódico francés Le Figaro, el 30 de diciembre de 1999, de una «enfermedad de masas determinada sociológicamente». Podríamos citar otros casos como la presencia de Listeria en productos cárnicos franceses o de Escherichia coli 0157: H7 en Japón, Estados Unidos o el Reino Unido. Es importante destacar que el sector implicado en la mayoría de estos casos en los que realmente se ha dado un problema es el de la producción primaria de alimentos y no el industrial. Ello pone de manifiesto, como han señalado Focant y de Pauw (1999), que la ne-cesidad de control de la industria alimentaria no sólo debe ir «hacia abajo» sino también «hacia arriba». Es decir, ha de extenderse hacia el sector agrícola y ganadero productor de las materias primas. Esto es más difícil de llevar a la práctica, tanto por razones sociales y económicas como también por la naturaleza del sector. Podríamos decir que también en esto es difícil «poner puertas al campo». Otro miotivo de reflexión sería el que estos casos se han dado en países desarrollados. Ello es así, entre otras razones, porque si bien la industrialización de los alimentos permite, sin duda, disponer de técnicas de producción y control más seguras, la masificación de esta producción y de la distribución hacen que las consecuencias de cualquier incidente, aunque sea excepcional, adquiera grandes proporciones. El control alimentario como prevención Es una obviedad que la garantía de la seguridad alimentaria radica en un control completo y ñable de los alimentos a lo largo de toda la cadena de producción y distribución. En este sentido ha cambiado el concepto y la ejecución de este control. La idea clásica se basaba en el análisis de los productos acabados en la industria. Como es lógico, esto sólo servía para aceptar o descartar los productos. En la actualidad, el criterio que se ha impuesto en todos los niveles es el preventivo. Podemos ilustrarlo, por ejemplo, indicando que el control para asegurar la calidad de una leche de vaca empieza en las granjas en las que se encuentran los animales productores. Es fácil entender que si ya a este nivel se hacen las cosas bien, la leche llegará a la planta de tratamiento en buenas condiciones, y los consiguientes tratamientos de higienización podrán ser más suaves para conseguir y garantizar una leche no sólo segura desde el punto de vista microbiológico, sino que también mantenga al máximo sus características sensoriales y nutricionales. El desarrollo de estos criterios ha llevado a la implantación cada vez más generalizada del Sistema llamado de Análisis de Riesgos e Identificación y Control de Puntos Críticos (ARICPC), en virtud del cual se lleva a cabo un estudio de todas las etapas que comprende el proceso de obtención y tratamiento de un alimento y se evalúan cuáles son las etapas o puntos más delicados de toda esta secuencia, para dedicar a ellos una atención preferente. Siguiendo con el ejemplo de la leche, el control riguroso de la temperatura y del tiempo de tratamiento térmico correspondiente es fundamental. Si la materia prima ya llegó en buenas condiciones y este Seguridad y toxicidad de los alimentos: un debate actual proceso ha sido correcto, el análisis final del producto elaborado será una comprobación necesaria pero no la operación clave o crítica para garantizar la calidad de la leche. Es decir, si limitamos los aportes microbianos y su multiplicación, no deberemos forzar los tratamientos para destruir microorganismos con la consiguiente merma en la calidad del producto, la cual conlleva mucho más que cumplir con las mínimas condiciones higiénico-sanitarias. Por lo tanto, el control no se reduce a los meros análisis concretos, que son una herramienta pero no la esencia del proceso. Por esto hoy se puede decir que la calidad de un producto no se analiza, sino que se gestiona en virtud de unas «Buenas Prácticas de Fabricación», que a partir de unas pautas bien determinadas apelan a la responsabilidad de todos los agentes que intervienen en el proceso y no sólo de los que al final controlan el producto. Es importante señalar que el sistema ARICPC para controlar los peligros y disminuir el riesgo real al máximo no sólo es aplicable para los eventuales contaminantes biológicos (especialmente microbiológicos), sino también a los de tipo químico. También debemos señalar que éste es un sistema implantado en la industria que no es fácil de extender a los productos frescos de origen estrictamente agrario, que por su especial naturaleza es donde hoy sigue habiendo más problemas como ya hemos señalado. En los aspectos estrictamente microbiológicos, la microbiología predictiva complementa el sistema ARICPC. La microbiología predictiva estudia el crecimiento de los microorganismos en los alimentos y los factores que los condicionan, para así poder predecir lo que eventualmente sucedería en el alimento durante su almacenamiento y distribución. Dentro de toda esta perspectiva, vemos que la inspección y análisis de alimentos por parte de las Administraciones ya no es la única acción que garantiza la calidad de los alimentos, sino que la clave es la confianza en que la industria hace las cosas bien según los criterios expuestos, de cuyo cumplimiento la inspección simplemente dará cuenta o detectará sus fallos. El papel de las Administraciones Públicas La Declaración Universal de los derechos del Hombre reconoce que todas las personas tienen derecho a una alimentación suficiente y sana. Por ello las Administraciones públicas, y en Europa esto empieza por la Unión Europea, deben actuar para proteger la salud de los consumidores y velar por la seguridad de los alimentos. Como respuesta a Ahel Mariné y M, Carmen Vidal todas estas inquietudes, la Comisión Europea ha puesto en marcha en todos los países de la UE xina Campaña de Seguridad Alimentaría dirígida a los consumidores, poniendo en evidencia que el objetivo de alcanzar las máximas cotas de segurídad alimentaría requiere un ejercicio de responsabilidad compartida entre todos los eslabones que integran la cadena alimentaria: productores, transformadores y distríbuidores, y también consumidores. Debido, sobre todo, a los recientes y espectaculares casos de contaminación de alimentos en la Unión Europea, la Comisión Europea ha elaborado y presentado su «Libro Blanco sobre la Segurídad Alimentaría», en el cual se propone la creación de una Agencia Alimentaría Europea o Autoridad Alimentaría Europea, que se pretende que tenga funciones análogas a la Food and Drug Administration (Administración de Alimentos y Medicamentos) de los Estados Unidos. El objetivo último es aumentar los estándares de los productos alimenticios, aplicar príncipios estríctos de etiquetado y aumentar los controles y las inspecciones. Dicha Autorídad Alimentaria «independiente y transparente» tendrá como príncipal objetivo la confirmación y comunicación de los riesgos en el ámbito alimentarío, aunque la gestión de los ríesgos (incluyendo la legislación y el control) continuará siendo competencia de las instituciones comunitarias y de los Estados. Esta Autorídad, cuya sede está pendiente de decisión, deberá colaborar estrechamente con los organismos científicos de los estados miembros y con la Comisión Europea. También ha habido respuestas a estas contaminaciones de alimentos de las administraciones estatales y de las comunidades autónomas en España. Todas estas reacciones son lógicas, pero no podemos por menos que temer que por querer evidenciar capacidad de reacción no se tomen medidas apresuradas o excesivas. En España, después del síndrome del aceite tóxico se dio una gran aceleración legislativa, que alguien calificó de «legislatorrea», que no siempre condujo a resultados realmente positivos. La comunidad científica debería transmitir con clarídad, y recabar la confianza del consumidor al respecto, que como indica Golberg todo lo que un toxicólogo puede conseguir es valorar el grado en el que unos determinados niveles de contaminantes, en unos determinados alimentos, consumidos en cantidades definidas y con una fi:'ecuencia también conocida, añaden algún ríesgo a los diversos tipos de riesgos Seguridad y toxicidad de los alimentos: un debate actual potenciales ya preexistentes que puede haber en una dieta. Como ya se ha indicado, por lo menos de momento, la dieta absolutamente inocua para cualquier persona o colectivo no existe, aunque debe ser un permanente objetivo a alcanzar. Hay que exigir datos científicamente consistentes, criterios de evaluación juiciosos y, por encima de todo, libertad firente a cualquier tipo de presión ajena. De esta manera seguiremos en el buen camino de irnos acercando «asintóticamente» a la alimentación segura. Nos parece que puede ser una muy adecuada reflexión final la que hacían Egeland y Middaugh en diciembre de 1997 en Science. Con muy buen criterio estos autores critican la tendencia a reducir el consumo de pescado por su eventual contenido en metilmercurio y otros derivados orgánicos del mercurio, ya que ello lleva a perder los efectos positivos del consumo de pescado. En efecto^ los criterios restrictivos que pretenden aumentar la seguridad olvidan, en este caso, los beneficios derivados del consumo de pescado, y en especial el graso, que contribuye a disminuir el riesgo de trastornos cardiovasculares y tiene otros efectos beneficiosos, por su contenido elevado en proteínas, bajo en grasas saturadas, ser vehículo de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 y de antioxidantes como selenio y vitamina E. Además, estos mismos componentes del pescado, en especial el selenio y la vitamina E, pueden incluso proteger frente a los efectos negativos de bajas dosis de metilmercurio. Si consideramos debidamente el valor en conjunto de los alimentos, que incluye sus características nutricionales y no sólo de seguridad, no caeremos en el error de por una precaución excesiva frente a un contaminante prescindir de otras propiedades cuyo impacto positivo es superior al eventual impacto negativo de una contaminación. Por lo tanto, una correcta aplicación de la evaluación riesgo/beneficio nos lleva a la conclusión de que es mejor ingerir pescado aún asumiendo una cierta contaminación con metil mercurio que suprimirlo de la dieta, a no ser que se tratara de niveles significativamente elevados. Ni que decir tiene que esto no debe significar que se acepta «resignadamente» la contaminación por organomercuriales. Como en cualquier actividad humana, y parafraseando a Kierkegaard «vivir es elegir». Los científicos y tecnólogos, en contacto con los clínicos y los productores de alimentos, deben seguir investigando sobre la seguridad de los alimentos y aportar nuevos datos, certezas o dudas, que deben ser divulgados con rigor y claridad a la población en general, la cual, como hicieron los diabéticos norteamericanos a que antes aludimos, en uso de su libertad elegirá.
El proceso por el que el hombre acepta o rechaza un alimento tiene un carácter multidimensional con una estructura dinámica y variable. Considerando que la percepción humana es el resultado conjunto de la sensación que le hombre experimenta y de cómo él la interpreta, en este trabajo se comenta el papel de los principales factores que influyen en la aceptabilidad -el alimento, el hombre y su entorno-y se pone de manifiesto la necesidad de abordar su estudio desde una perspectiva multidisciplinaria. En el mundo animal, sólo aquellos organismos capaces de elegir los nutrientes que necesitan, en la proporción adecuada, tienen una evolución satisfactoria. Los seres humanos no son una excepción y necesitan ingerir una serie de compuestos para desarrollarse correctamente y para mantener una integridad física y funcional durante su vida. Aunque básicamente los animales tienden a seleccionar su dieta en función de sus necesidades nutritivas, en el caso del hombre la relación entre estas necesidades y el tipo y cantidad de los alimentos que consume no es tan obvia. Con frecuencia, la selección e ingestión de los alimentos no se realiza teniendo en cuenta su contenido en carbohidratos, aminoácidos o vitaminas sino que las personas comen y beben determinados productos Elvira Costell 66 principalmente porque les gustan o les apetecen en un momento determinado. ¿Por qué una persona decide consumir un alimento? ¿por qué le gusta? ¿por qué le apetece? Es evidente que ni el contenido nutritivo ni las razones estrictamente hedónicas pueden justificar totalmente las tendencias de consumo ni los hábitos alimentarios de distintos grupos o poblaciones y menos todavía, los de los individuos que los integran. Las circunstancias personales por un lado y las culturales y sociales por otro, juegan un papel importante en la respuesta a las anteriores cuestiones. Por ejemplo, la consideración de un determinado producto como alimento tiene un marcado carácter cultural y esto podría explicar porqué determinadas especies de animales (insectos, caracoles, ranas o perros), se consideran o no como productos comestibles en distintas culturas. Como comenta Fishier (1988), esta situación es difi'cil de explicar en fimción del contenido en nutrientes de estas especies; de hecho, muchos insectos son, por ejemplo, una buena ñiente de proteínas. Tampoco se puede explicar tomando como base exclusivamente la sensación sensorial que sus componentes y propiedades físicas provocan en el consumidor ya que, en muchos casos, no existen grandes diferencias entre los de algunos de estos animales y los de otros que sí son consumidos habitualmente por una determinada población. Otra cuestión es que los hábitos alimentarios de las distintas poblaciones han evolucionado y lo continúan haciendo, más o menos rápidamente, en función de los cambios sociales que se van produciendo en su entorno. A nivel histórico, los grandes cambios en los hábitos alimentarios asociados, por ejemplo, a la aparición de los animales domésticos, al desarrollo de las nuevas técnicas agrícolas o al de los procesos de industrialización de alimentos, han supuesto modificaciones importantes en la disponibilidad de alimentos lo que, indudablemente, ha repercutido en la aceptabilidad de los mismos y en el estado nutricional de los hombres en las diferentes épocas de la historia. Quizá en estos momentos estemos asistiendo al comienzo de una nueva etapa, en la que los alimentos obtenidos biotecnológicamente pueden llegar a ocupar un lugar importante. Pero, aparte de estos cambios necesariamente lentos, otras situaciones sociales, como las guerras o los periodos de hambre, pueden modificar rápidamente los hábitos alimentarios de la población. Cuando cesa la causa, estos hábitos vuelven a cambiar o no, según las circunstancias. Todo va a depender del grado de aceptación de las nuevas dietas o alimentos. Por ejemplo, el consumo de algunos productos (pan, legumbres o patatas) suele incrementarse en épocas de escasez, como la que sufrió Europa en la La aceptabilidad de los alimentos: nutrición y placer Segunda Guerra Mundial, pero después, suele disminuir. Sin embargo, en algunos casos, un cambio en la dieta, provocado por una circunstancia especial, se traduce en una modificación importante de la misma que se mantiene posteriormente. Una ilustración de este hecho lo constituye la historia de la aceptación de la patata como alimento en Suiza (Ahebi, 1981). A pesar de que las primeras patatas llegaron a Europa en 1550 y que, ya en 1596, aparece la planta descrita en una publicación, tuvieron que pasar más de 200 años y producirse en el país una situación de hambre, para que fuera considerada como alimento humano. Hoy, nadie duda que muchos de los platos mas «tradicionales» de este país incluyen, como componente principal, este tubérculo. Este planteamiento pone de manifiesto que el proceso por el que el hombre acepta o rechaza un alimento tiene un carácter multidimensional con una estructura dinámica y variable, no sólo entre los distintos individuos de un grupo sino incluso, para un mismo individuo en momentos y contextos diferentes. Por ello es complicado estudiar la aceptabilidad de los alimentos, intentar predecirla o interpretar su variaciones. Esta dificultad no impide que investigadores de distintas disciplinas estudien los diferentes aspectos del proceso por el que el hombre decide consumir determinados alimentos. En definitiva, todos estamos interesados en ello ya que nuestro estado nutricional y por tanto, nuestra salud y nuestra calidad de vida van a depender, en gran parte, de esta decisión. El proceso de aceptación de los alimentos Básicamente, la aceptación de los alimentos es el resultado de la interacción entre el alimento y el hombre en un momento determinado. Por un lado, las características del alimento (composición química y nutritiva, estructura y propiedades físicas) y por otro, las de cada consumidor (genéticas, etarias, estado fisiológico y sicológico) y las del entorno que le rodea (hábitos familiares y geográficos, religión, educación, moda, precio o conveniencia de uso), influyen en su actitud en el momento de aceptar o rechazar un alimento. En la práctica, el principal problema que se presenta en el estudio del proceso que regula la elección e ingestión de los alimentos es que, en función del objetivo del estudio y de la especialidad de los autores, el planteamiento del problema suele tener un enfoque diferente y la metodología aplicada para registrar la respuesta humana, caracterís- Elvira Costell ticas distintas. Por ello no siempre es fácil analizar comparativamente la información disponible. Por ejemplo, en el área de la Tecnología de los Alimentos, el tema central suele ser el análisis de la relación entre la composición, estructura y propiedades del alimento y su aceptabilidad y los métodos más utilizados para investigar la opinión de las consumidores, suelen ser el registro de sus respuestas a cuestiones de tipo cuantitativo, generalmente en forma de escalas (Meiselman, 1994) aunque también se utilizan, en algunos casos, métodos de investigación cualitativos (Chambers y Smith, 1991). Sin embargo, en el área de la Neurofisiología de la Percepción, los temas centrales suelen estar relacionados principalmente con: a) la respuesta de los receptores frente a los distintos estímulos; b) las rutas neuronales y los mecanismos que gobiernan la transducción de la sensación percibida hasta el cerebro y c) el estudio de cómo reacciona éste. En este caso, la metodología aplicada puede oscilar entre el registro directo de las respuestas de los receptores (Brown, 1994) y el indirecto, por observación o medida de otras respuestas fisiológicas relacionadas con la percepción de un estímulo (Cowart y Beauchamp, 1990); o centrarse en el análisis de los cambios bioquímicos implicados en la transmisión del estímulo a través de las neuronas (Kurihara et al, 1989) o en la medida de la respuesta electroencefálica o de la actividad eléctrica cerebral que se registra como respuesta ante determinados estímulos (Van Toiler, 1994). En el campo de la Sicofísica, los estudios se orientan a la modelización de la relación entre la magnitud del estímulo y la de la respuesta (Stevens, 1975; Norwich, 1991) aunque más recientemente se intenta desarrollar modelos sicofísicos integrados sobre la base de que la respuesta humana es casi siempre el resultado de la interacción entre diferentes estímulos (Me Bride y Anderson, 1990). Existen muchas otras líneas de investigación como las orientadas a dilucidar el papel de las actitudes y de las creencias previas en la elección de los alimentos (Shepherd, 1990) o el de las expectativas sobre la calidad del producto generadas por sus características externas, marca o precio. Varios autores han propuesto diferentes modelos teóricos para explicar el proceso de la aceptabilidad de los alimentos intentando incluir en los mismos los distintos factores que influyen y las conexiones e interacciones que pueden haber entre ellos. Prácticamente en todas ellas se considera, más o menos implícitamente, que los factores que determinan la aceptabilidad La aceptabilidad de los alimentos: nutrición y placer de un alimento responden a tres orígenes: el alimento, el hombre y el entorno. Las diferencias entre los distintos modelos residen, principalmente, en los factores que incluyen, en la importancia relativa que se les asigna y en la representación, mas o menos complicada, de los nexos que existen entre ellos. De una forma simplificada, se puede considerar que la percepción que el hombre tiene de un ahmento es el resultado conjunto de la sensación que éste le provoca y de cómo él la interpreta (Figura 1). La sensación que experimenta el hombre es la respuesta a los estímulos procedentes de los alimentos y el proceso de interpretación incluye referencias a informaciones o situaciones previas almacenadas en la memoria, que modulan la sensación percibida antes de decidir la aceptación o rechazo del alimento. Esquema simplificado del proceso de aceptación de los alimentos ^ lA-i PERCEPCIÓN Kr- Factores que influyen en la sensación La sensación que experimenta el hombre al observar e ingerir un alimento depende por un lado de la composición, propiedades físicas y características estructurales del producto y por otro, de su sensibilidad fisiológica, que le capacita para captar el estímulo procedente del alimento. Elvira Costell Los estímulos procedentes del alimento Las sensaciones sensoriales son siempre respuestas a estímulos externos y éstos son configuraciones de energía que, según su naturaleza, son capaces de activar un receptor sensorial u otro. De una forma general, la luz (energía electromagnética) activa el sistema visual; las vibraciones (energía mecánica) activan los sistemas auditivo y táctil y los compuestos químicos (energía química) activan los sentidos químicos, gusto y olfato (Guirao, 1981). Considerando los alimentos como origen del estímulo, sólo algunos de sus componentes o propiedades físicas son capaces de estimular los sentidos humanos y cuando lo hacen, la respuesta sólo se produce en un determinado intervalo de concentraciones o de magnitudes. Quizá los primeros estímulos que se reciben de un alimento sean los visuales. De ellos recibimos información sobre el tamaño, forma y color de los alimentos y de estas sensaciones, las originadas por las propiedades ópticas del producto, tienen un especial interés. La respuesta del alimento a la luz que incide sobre él da lugar, principalmente, a la sensación que el hombre identifica como color y las características del mismo dependen fundamentalmente de la longitud de onda transmitida o reflejada por el alimento. Si consideramos, por un lado, la existencia del amplio espectro de frecuencias de energía electromagnética que conocemos y que somos capaces de medir instrumentalmente, por ejemplo, desde la de 10'^* metros, correspondiente a los rayos gamma, hasta la de 10^ metros, que nos permite oír la radio, y observamos, por otro, que sólo una estrecha banda de las mismas, la comprendida entre 400 y 700 nm, es capaz de estimular el ojo humano y además que, dentro de ella, pequeñas variaciones de longitud de onda provocan sensaciones cualitativamente distintas, tendremos una idea sobre la diferencia que puede haber entre el mundo físico y el que somos capaces de detectar sensorialmente. Una relación parecida se puede establecer entre las propiedades mecánicas de los alimentos, que son las que se ponen de manifiesto cuando actúan sobre ellos fuerzas externas, y las sensaciones de viscosidad y textura. Aunque en éstas influyen también los sentidos de la vista y el oído, es el sentido del tacto y la respuesta de los receptores musculares y de las articulaciones los que definen la ruta capaz de traducir una fuerza o deformación mecánica a un código neuronal. La relación entre el estímulo y la respuesta en este caso no está tan clara como en el del color y es difícil establecer qué propiedad o propiedades mecánicas del alimento son los estímulos que dan lugar, aunque La aceptabilidad de los alimentos: nutrición y placer sea parcialmente, a las sensaciones percibidas. Mientras que en los alimentos líquidos de ñujo newtoniano, en los que la viscosidad es independiente de la ñierza aplicada (agua, vino, aceite) parece que el estímulo de la viscosidad que se percibe sensorialmente es la viscosidad instrumental, en los que fluyen con carácter no-newtoniano (concentrados de fi:-utas, purés, sopas) la naturaleza del estímulo no está bien identificada (Costell y Duran, 2000). En el caso de la textura de los alimentos sólidos el problema se complica y a pesar de los avances conseguidos (Brennan, 1988) sólo algunas de las propiedades mecánicas como la resistencia a la deformación, a la rotura, al corte, etc parecen estar relacionadas claramente con algunas de las sensaciones percibidas cuando se manipula y mastica el alimento. El gusto y el olfato se suelen denominar «sentidos químicos» porque responden a estímulos que son esencialmente grupos atómicos o moléculas capaces de activar los receptores específicos situados en la boca y en la cavidad nasal. Los estímulos del gusto son compuestos químicos no volátiles y solubles en agua y los del olfato, son sustancias volátiles. La percepción conjunta de ambos conforman lo que se conoce popularmente como sabor. Existen otros estímulos, que también se perciben en la cavidad bucal y que se transmiten por el nervio trigémino, que suelen considerarse como sensaciones irritantes (picante, ardiente, mentolado, refrescante, etc). Existe un elevado número de compuestos químicos en los alimentos (mono y disacáridos, polialcoholes, terpenos, ureas, peptides, alcaloides, procianidinas, ácidos, sales, etc) capaces de estimular las papilas gustativas. Sin embargo, tradicionalmente, se ha considerado que sólo pueden producir cuatro tipos de sensaciones diferentes o fundamentales: Dulce, amargo, ácido y salado. Actualmente se acepta una quinta sensación como fundamental y diferente de las anteriores, el umami (Kawamura y Kare, 1987). Este gusto, identificado inicialmente con la sensación provocada por el glutamato monosódico, se consideró en principio como un modificador de los gustos primarios porque pequeñas cantidades del mismo, añadidas a algunos alimentos, los hacía mas sabrosos. Sin embargo parece que su adición no modifica directamente la percepción de los gustos fundamentales y por tanto, que no los refuerza directamente sino que su efecto se produce a través de un proceso sinérgico con los nucleotides contenidos en diferentes alimentos (Kurihara, 1987). Algunos autores han sugerido otros gustos como fundamentales, como el metálico o el alcalino pero no existe evidencia sobre la naturaleza de los estímulos que los provocan ni sobre su mecanismo de percepción. De hecho, en función de los diferentes me-canismos receptores de los diferentes gustos, el concepto de gusto fundamental o primario, a pesar de su utilidad práctica, no tiene hoy un significado absoluto (Kurihara^ 1987; Delwiche,1996). A pesar de los avances producidos en el estudio de los mecanismos que regulan los procesos de quimiorecepción (Duran y Costell, 1999), es difícil predecir, en función de su composición o estructura química, si un determinado compuesto del alimento va a ser capaz de estimular las papilas gustativas y si lo hace, qué tipo de sensación va a provocar. Es bien conocido que pequeñas diferencias en la composición química o en la configuración estérica de algunas moléculas dan lugar a sensaciones gustativas distintas (Amerine et al, 1965). Por ejemplo, cuando se sustituye el azufre de la molécula de feniltiocarbamato, que da sabor amargo, por un oxígeno se obtiene el compuesto conocido por dulcina que es, aproximadamente, 300 veces mas dulce que la sacarosa. En cuanto a la influencia de la configuración estérica, muchos aminoácidos como la leucina, isoleucina, valina, histidina o triptófano se perciben como dulces en su forma dextro pero no en su forma levo y la isomaltosa origina una sensación dulce mientras que su anómero, la gentibiosa, se percibe como amarga. El aroma de los alimentos está ligado a la presencia de un elevado número de compuestos volátiles muchos de los cuales es lógico pensar que no se hayan identificado todavía. Pero de los cientos de compuestos volátiles identificados en diferentes tipos de alimentos y bebidas (Tabla 1) sólo un porcentaje relativamente bajo de ellos, en unas concentraciones determinadas y en unas proporciones específicas, dan lugar al olor o aroma característico de algunos productos. En ocasiones, sólo uno de ellos es el principal responsable de la sensación experimentada por el hombre. Por ejemplo, de los 51 componentes encontrados en el aceite esencial del anís, uno de ellos, el anetol, es el principal responsable de su aroma (Boelens,1991). Si bien, conforme se incrementa la investigación en este campo, se obtiene información que permite evaluar la contribución de determinados componentes minoritarios que pueden modificar cualitativamente la sensación percibida. El caso del aroma del limón puede ilustrar esta situación. Tradicionalmente se ha considerado que el citral, que es un aldehido mezcla de dos isómeros, el neral y el geranial, era el responsable del aroma de limón. Pero hay datos de otros componentes como el p-pineno, el y-terpineno, el geraniol y el cariofileno, entre otros, que modifican el olor propio del citral (Shaw, 1991) y contribuyen al aroma que es identificado como «a limón» por el hombre. Si en el caso de los compuestos químicos capaces de producir sensaciones gustativas era difícil establecer reía-clones generales entre su composición y estructura y el gusto, en el caso de los olores el problema es mayor. Productos de composición química muy similar pueden dar lugar a olores muy diferentes mientras que sustancias de distinta composición, si tienen una forma y un tamaño molecular parecidos, pueden originar olores similares. Como comenta Lawless (1991), es fácil distinguir entre el aroma de la lavanda y el del orégano y sin embargo, ambos tienen un perfil de volátiles muy similar y ni la identificación y cuantificación de los picos de sus cromatogramas explica claramente a qué se deben las diferencias detectadas entre el aroma de ambos compuestos. Otro problema adicional cuando se identifica, de forma errónea, el cromatograma de una sustancia con su aroma, es que algunos compuestos tienen un fuerte impacto sensorial a concentraciones muy bajas mientras que otros volátiles, presentes en altas concentraciones, tienen poco o nulo impacto sensorial. Número de compuestos volátiles identificados en algunos tipos de alimentos y bebidas Los alimentos, por tanto, no tienen color, ni textura, ni gusto, sabor o aroma, sino unas determinadas propiedades físicas o estructurales y unos componentes químicos capaces de estimular los sentidos humanos. Para que estos estímulos sean percibidos por el hombre es necesario además, que estén en unas determinadas concentraciones o sean de una magnitud concreta. La relación entre el estímulo y la respuesta Igual que ocurre con el estímulo visual, que sólo un pequeño intervalo de longitudes de onda puede ser captado por el ojo humano, sucede con los otros sentidos. Es necesario que el estímulo alcance una de-terminada magnitud para ser percibido por el hombre y una magnitud ligeramente superior para ser reconocido. La primera es la que se conoce como umbral de detección y marca el momento en que se inicia la relación entre el estímulo físico y la respuesta humana, la segunda, recibe el nombre de umbral de reconocimiento. Es evidente que existe una gran variabilidad entre los umbrales de detección de diferentes personas e incluso, entre los de una misma persona, en función del momento y de la situación en que se encuentre. Por ello, en la práctica, se considera como valores umbrales de un determinado estímulo aquel que es capaz de ser percibido o reconocido por el 50% de la población (Tabla 2). Como comentaremos mas adelante, esta solución puede resultar adecuada cuando los umbrales individuales tienen una distribución normal, pero puede presentar problemas de interpretación en los casos en que dicha distribución se aleja de la normalidad o incluso, es claramente bi-o multimodal. Una vez establecida esta relación, es de esperar que si se modifica la magnitud del estímulo se produzca una variación en la sensación. Si esta variación es cuantitativa, como por ejemplo cuando se añade azúcar a un zumo de fi:*utas y se nota un incremento de dulzor, estamos ante lo que se conoce en sicofísica como un continuo protético. Si la variación del estímulo da lugar a una modificación cualitativa en la sensación, como ocurre con los diferentes colores que vemos cuando se modifica la longitud de onda que percibimos, entonces estamos ante un continuo metatético (Stevens, 1975). Estos dos tipos de continuos parece que obedecen a principios de percepción fisiológica distintos. En el caso del protético, la modificación de la intensidad de la sensación correspondería a un mecanismo aditivo y en los continuos metatéticos estaríamos ante mecanismos sustitutivos en los que un receptor deja de ser activado a favor de otro (Guirao, 1981). En el estudio de la relación entre el estímulo y la respuesta existen otros dos temas de especial interés, sobre todo en los continuos protéticos. Uno está relacionado con cuánto se tiene que incrementar el estímulo en cada caso para dar lugar a un incremento en la sensación y esta magnitud es la que se conoce como umbral diferencial. El otro, está relacionado con las leyes que expresan las relaciones funcionales existentes entre la variación de la magnitud del estímulo y la variación de la magnitud de la sensación. Entre las leyes sicoficas clásicas, la ley de Stevens es una de las mas populares y establece que «a proporciones iguales del aumento del estímulo corresponden proporciones iguales del aumento de la sensación» o dicho de otra forma, la relación entre la magnitud de la sensación (S) y la del estímulo (I) es de tipo potencial: S = kP. El valor del exponente n, define el factor de proporcionalidad entre el estímulo y la respuesta y da una idea sobre la capacidad de discriminación de un sistema sensorial. Cuando el valor de n es inferior a la unidad, indica que es necesario un incremento relativo mayor de la intensidad del estímulo para lograr un incremento de la sensación. Cuando el valor de n es superior a la unidad, ocurre lo contrario, pequeños incrementos del estímulo dan lugar a incrementos détectables de la sensación. En la tabla 3 se recogen algunos de los valores del exponente n de interés en el campo de los alimentos. Si se comparan, por ejemplo, los valores de los exponentes obtenidos para el sabor dulce de la sacarosa (n=l,30) y el de la sacarina (n=0,80) podemos concluir que hace falta un incremento relativo mayor en la concentración de sacarina que en la de sacarosa para incrementar la intensidad del sabor dulce que se percibe. La respuesta humana a los estímulos procedentes de los alimentos es muy variable y está condicionada por diversos factores de distinta naturaleza. Unos, dependientes de las características particulares de cada individuo y otros, relacionados con sus condiciones fisiológicas y sicológicas en el momento de establecer el contacto con el alimento. No es el objetivo de este trabajo hacer una enumeración exhaustiva de todos y cada uno de los factores que influyen en la respuesta humana sino comentar algunos de especial interés. Entre las características propias de cada individuo, las genéticas (incluido el sexo), la edad y la personalidad son las que han recibido una mayor atención. Entre las que pueden ejercer una influencia puntual, las de tipo fisiológico (hambre, saciedad, sueño, salud, adaptación) son las que se considera que más pueden influir en la magnitud de la respuesta, en un momento determinado. La contribución de las características genéticas y del sexo a la variabilidad de sensibilidad entre las personas que tienen los sentidos del gusto y del olfato «normales» no está bien definida. Si bien algunos autores han detectado una mayor sensibilidad al dulce y al salado en las mujeres y una mayor sensibilidad al ácido en los hombres (Amerine et al 1965) los datos no han sido suficientemente confirmados ni explicados satisfactoriamente. Parece que otras causas, como la personalidad, la salud o determinadas condiciones fisiológicas hacen que se detecten mayores diferencias entre personas de un mismo sexo que cuando se compara la sensibilidad de ambos. Quizá una de las causas de esta situación sea que, excepto en algunos casos, no son muy frecuentes los estudios genéticos del proceso que regula la quimiorecepción en los mamíferos (Wysocki y Beauchamp, 1991). La mayoría de los estudios en este campo se han centrado en el análisis de los comportamientos que se alejan del considerado como «normal» como vía para llegar a dilucidar el mecanismo que regula la percepción sensorial de los distintos estímulos. Por la importancia de la visión y la clara identificación de los estímulos responsables de las sensaciones que se traducen como colores, las anomalías permanentes en la percepción de los mismos son las mas investigadas. Estas anomalías, que popularmente se denominan de forma genérica como daltonismo, responden a una alteración genética ligada al cromosoma X, de carácter recesivo, que se manifiesta por la falta de alguno de los pigmentos sensibles al color, que habitualmente se encuentran en los conos de la retina y se traduce en la ceguera a determinados colores. La mayor parte La aceptabilidad de los alimentos: nutrición y placer de las personas con esta anomalía, no son capaces de ver el verde (deutanopes), otra parte tiene problemas para ver el rojo (protanopes) y sólo un pequeño porcentaje es incapaz de ver el azul (tritanopes). En este caso, la alteración sí aparece ligada al sexo y es más frecuente en los hombres, que la presentan en un porcentaje del 8%, que en las mujeres en las que el porcentaje de aparición de la ceguera a los colores no llega al 0.5% (Lawless y Heymann, 1998). En el caso del gusto y del olfato también se detectan alteraciones permanentes en personas que, con una sensibilidad normal frente a la mayoría de los gustos y de los olores, son incapaces de percibir determinados estímulos. Estas «cegueras» ante determinados compuestos se describen como ageusias (gusto) y anosmias (olor) específicas. Entre las primeras, uno de los ejemplos más conocidos es la insensibilidad ante los compuestos que contienen el grupo fimcional N-C=S que, habitualmente, tienen sabor amargo. Las primeras noticias de esta ageusia, datan de 1930, cuando Fox (Lawless, 1991) detectó que determinadas sustancias eran amargas para muchas personas y totalmente insípidas para otras y que la distribución de los datos obtenidos al analizar la relación entre la intensidad del estímulo y su percepción era claramente bimodal. Los estudios iniciales se realizaron con la feniltiourea (PTC) aunque posteriormente, se sustituyó por el propiltiouracil (PROP) que es menos tóxico y no tiene olor sulfiíroso. El interés de esta anomalía reside en que parece que la presenta un elevado porcentaje de personas de la raza blanca caucasiana (~ 35%) mientras que no se ha detectado en grupos africanos ni orientales. Genéticamente parece que se trasmite siguiendo la leyes de la herencia mendelianas y que requiere la presencia de dos aleles recesivos. El interés por este caso se ha incrementado recientemente al ponerse de manifiesto que, además de la gente incapaz de detectar el gusto amargo de estas sustancias, entre los que lo detectan, existe un grupo hipersensible. Hasta qué punto los que no lo detectan pueden percibir otros gustos del alimento como más intensos y los hipersensibles pueden percibir determinados alimentos, como ciertas frutas y verduras, con un excesivo sabor amargo, es un tema de interés actual por su posible implicación en la nutrición. Ya en 1954, Fox consideró la posible transcendencia de esta situación y la puso de manifiesto en la conferencia que pronunció en la reunión de la American Chemical Society con el título: Yfhy Johnny likes spinach and Mary doesnt? El concepto de anosmia específica fiie introducido por Amoore en 1967 y desde entonces, el mismo autor ha descrito mas de 76 ejemplos de anosmias a diferentes compuestos químicos (Amoore y Steinle, 1991) Elvira Costell que afectan a un mayor o menor porcentaje de la población (tabla 4). Según estos autores, la existencia de estas anosmias implica que el sistema olfativo se apoya en sensores químicos específicos y que podrían explicarse por la falta o malformación de determinadas proteínas receptoras. Es lógico pensar que los genes jueguen un papel importante en este proceso pero es difícil actualmente concluir los orígenes de la herencia de estas alteraciones de la respuesta humana. Por ejemplo, la anosmia a la androsterona, compuesto responsable de un olor desagadable en muchos productos derivados del cerdo, parece que tiene una fuerte base genética pero la influencia en la evolución de la sensibilidad a este compuesto con la edad -rara vez los niños presentan esta anosmia y sin embargo, el porcentaje de anósmicos se incrementa después de la pubertad-y la que se registra con la exposición continuada al estímulo, obliga a matizar esta conclusión (Wisocky y Beauchamp, 1991). Otras anosmias interesantes por su relación con los alimentos son la del aroma a malta, provocado por el isobutiraldehído y la del aroma a rancio, por la trimetilamina. La primera hace que una parte de la población sea poco sensible a la alteración del sabor y aroma de la leche contaminada por el Streptococcus lactis v. maltigenes y que otra, lo sea ante el deterioro de los pescados con el almacenamiento. Pero, aparte de la incidencia directa de estas alteraciones en la percepción de estímulos concretos, hay que tener en cuenta su influencia en las características cualitativas percibidas en el aroma de determinados alimentos como consecuencia de dejar de percibir uno de sus componentes (O'Conell, 1991). Pero no sólo estos tipos de anomalías regulan la respuesta del hombre frente a los distintos estímulos. Otros factores, como la edad, juegan un papel importante en la sensibilidad. En los niños recién nacidos, parece que existe una reacción clara a los estímulos dulce y La aceptabilidad de los alimentos: nutrición y placer ácido pero su reacción ante los estímulos amargo y salado es más dudosa. Existe poca información y no siempre está contrastada, sobre la evolución de la sensibilidad en el periodo posterior (1-24 meses) debido, en parte, a la dificultad de medir la sensibilidad en niños de esta edad (Cowart y Beauchamp, 1990). Sin embargo, sí está demostrado que existe un moderado incremento en los umbrales de percepción de los distintos estímulos químicos al aumentar la edad, si bien este efecto es más importante en los aromas que en los gustos. La disminución del número de papilas gustativas con la edad, ha sugerido una pérdida de la sensibilidad del gusto en las personas mayores que no se corresponde con los resultados experimentales. La disminución de la sensibilidad a los diferentes gustos no es muy acusada y además es específica para cada uno de ellos; la mayor pérdida se produce en el amargo y la menor, en el dulce. Ello indica que en el envejecimiento del sentido del gusto influye más la modificación de la membrana y del mecanismo receptor que la disminución del número de papilas gustativas. En el caso de la sensibilidad a los aromas, la edad sí que juega un papel importante y se ha comprobado una clara disminución de la misma que también se produce en las sensaciones trigeminales. Por ello, muchos de los componentes responsables del aroma y del sabor de los alimentos dejan de percibirse lo que puede afectar a su aceptabilidad e incidir en la selección de la dieta y por tanto, afectar al contenido nutritivo de la misma (Murphy y Gilmore, 1990). Entre los factores de carácter no estrictamente fisiológico, la personalidad, es una de las características del hombre relacionada con su sensibilidad a diferentes estímulos. Utilizando las respuestas a la prueba PBC (Private Body Conciousness) las personas se clasifican como de alta o baja consciencia frente a los cambios que se producen en su cuerpo. Existen datos que avalan una mayor sensibilidad a los diferentes gustos y a algunas sensaciones trigeminales en las personas de alto PBC (Stevens, 1991). En una experiencia realizada sobre la variación de la intensidad del sabor salado percibido en una sopa de pollo al incrementar la concentración de sal, al estudiar la relación entre el estímulo y la respuesta se observó que para el grupo de personas con alto PBC, el exponente n de la ley de Stevens tenia un valor de 1,168 mientras que, para el grupo de bajo PBC, el valor de n era de 0,846. En el análisis de la relación entre la personalidad y la sensibilidad a los diferentes estímulos la cuestión es ¿las diferencias en personalidad dan lugar a personas de distinta sensibilidad o las personas con distinta sensibilidad a los estímulos externos desarrollan personalidades de rasgos diferentes? La influencia de todos estos factores y de otros no comentados en este trabajo, como los relacionados con el hambre, el sueño, algunas enfermedades, etc. determinan la magnitud de la respuesta himaana a los estímulos procedentes del alimento pero no la aceptabilidad de los mismos. No todos los estímulos que se perciben influyen en la aceptabilidad, ni tampoco lo hacen todas las diferencias de magnitud detectadas en los mismos. Depende de la interpretación personal de las sensaciones experimentadas el que éstas se traduzcan en la aceptación o no, de un determinado producto. Como ha comentado recientemente el Prof Mira (1999), «estudios neurofisiológicos han puesto de manifiesto que las neuronas no responden a ningún componente hedónico asociado al estímulo. El cerebro procesa inicialmente la información sensorial de una manera desprovista de todo componente emocional y sólo cuando el estímulo alcanza ciertas áreas, los llamados «circuitos límbicos» es cuando adquiere la tonalidad afectiva y emocional». Factores que influyen en la interpretación de la sensación En una primera aproximación, la aceptación del alimento durante la infancia está regulada por las necesidades fisiológicas del niño y responde a determinados mecanismos neurofisiológicos y bioquímicos que regulan la sensación de apetito. Los niños recién nacidos tienen una preferencia innata por el dulce y también, una aversión por el ácido. La respuesta al amargo está menos clara, porque muestran disgusto frente a la quinina pero no, frente a la urea. Parece que son bastante insensibles al gusto salado aunque ya a los cuatro meses, se ha detectado una preferencia en la ingestión de agua con sal al compararla con la ingestión de agua sola (Cowart y Beauchamp, 1990). Sin embargo, no está claro que existan respuestas innatas de aceptación o de rechazo a diferentes olores, colores o texturas. Lo que sí es cierto es que el niño aprende en poco tiempo a conectar la sensación de placer o de aversión con el gusto de los alimentos y éste con su aspecto y su textura y empieza a desarrollar sus preferencias. Este aprendizaje se desarrolla en función de sus propias experiencias y esta relacionado con su dieta, que le hace familiarizarse con determinado tipo de alimentos, pero también, está claramente influido por los hábitos alimentarios de su familia y, en algunos casos, por reacciones emocionales derivadas de su relación con sus padres o cuidadores. Las preferencias y aversiones desarrolladas durante la infancia, que influyen en los productos que consumen y por tanto, en su estado nutricional, se van La aceptabilidad de los alimentos: nutrición y placer modificando con la edad por la incidencia en las mismas de las condiciones particulares de cada consumidor y por las condiciones sociales y culturales del entorno que le rodea. Considerando el entorno que rodea al hombre, la disponibilidad de los alimentos, los hábitos alimentarios de la sociedad en que vive, su nivel cultural, su conocimiento sobre las características y el contenido nutritivo de los alimentos, sus creencias religiosas, las modas o el precio, van modificando paulatinamente los criterios de preferencia de los seres humanos a lo largo de su vida. Sólo así se explica, por ejemplo, que una aversión inicial por el gusto amargo se transforme no sólo en una característica aceptable sino incluso, deseable, en productos de elevado consumo como el café o la cerveza. Algo similar ocurre con otras sensaciones como las ligeramente irritantes de las bebidas carbónicas o las picantes propias de determinadas especias. En estos casos, la moda y las costumbres sociales juegan, aparentemente, un papel decisivo. Sin embargo, si consideramos el efecto fisiológico estimulante del café y del alcohol o las inmediatas respuestas fisiológicas a la ingestión de sustancias picantes (incremento de la salivación que mejora la transmisión del sabor de otros productos, secreción de endomorfinas) se debe matizar hasta qué punto ciertos factores externos pueden llegar a modificar determinados hábitos. Lo mismo ocurre con la información acerca de los posibles efectos que determinadas sustancias pueden tener en nuestra salud. ¿Influyen en nuestra elección de la dieta? Otra vez la respuesta es ambivalente: sí y no. Depende en cada caso de la relación personal que se establece entre el placer de consumir determinado alimento y el daño que nos puede causar. Si éste es inmediato o importante (alergias, náuseas) suele ser suficiente para rechazar el alimento pero si el daño aparece como más difuso y lejano (elevación del nivel de colesterol, enfermedades futuras, etc.) su posible influencia en la dieta es menor porque el placer de comer es inmediato mientras que las posibles consecuencias negativas se esperan a largo plazo. Cuando el cerebro del hombre procesa conjuntamente la información procedente de las sensaciones que experimenta al observar, manipular y consumir el alimento, la información adquirida del contexto social y cultural que le rodea y la obtenida de los efectos fisiológicos (placer, saciedad, desagrado, malestar, etc.) que experimenta al ingerir y después de ingerir un determinado alimento y las compara con la información almacenada en la memoria de experiencias anteriores, se produce la aceptación o el rechazo del alimento. Cualquier variación temporal en alguno de los factores que contribuyen a ello puede y de hecho lo Elvira Costell hace, modificar el sentido de la respuesta. Esta situación obliga, para entender e interpretar el proceso por el que el hombre acepta o rechaza un alimento, a enfocar el problema desde un punto de vista multidisciplinario y a interpretar con mucha prudencia, los resultados obtenidos al estudiar la relación entre unos determinados factores y la aceptabilidad de un alimento. En este sentido, hay que tener en cuenta que cuando, en una investigación, los orígenes de las diferencias individuales no se identifican, la variabilidad detectada en los datos experimentales se incluye en el término del error al analizarlos estadísticamente. En la mayoría de los trabajos que se realizan sobre este tema, el tratamiento estadístico de los datos suele apoyarse en una suposición que no siempre responde a la realidad: Se considera que los consumidores de una determinada edad o los pertenecientes a un determinado grupo étnico o a una determinada categoría social, reaccionan frente a los alimentos de acuerdo con un patrón de comportamiento común y que de los datos agrupados según criterios de este tipo, se puede inferir cómo va a reaccionar o lo que va a preferir cualquier individuo del grupo o por lo menos, la mayoría de los individuos que lo integran. En realidad, las relaciones entre los diferentes factores que determinan la elección e ingestión de un alimento en un momento determinado es, como hemos comentado, una cuestión totalmente individual y el uso de un valor medio, obtenido de un grupo del que se desconoce la variabilidad y el origen de la misma, puede dar resultados totalmente erróneos (Booth, 1990). El estudio previo de la estructura de los datos experimentales, mediante algunas técnicas estadísticas multivariantes como la de los conglomerados o la de los mapas de preferencia internos (Williams, 1988; Greenhoff y MacFie, 1994) puede ayndar a detectar si dentro de un grupo de personas de características fisiológicas, étnicas o sociológicas comunes, existen subgrupos con patrones de comportamiento o con criterios de preferencia distintos y si esto ocurre, al analizar por separado los datos obtenidos para cada uno de estos subgrupos, se puede obtener una información más representativa de las pautas de comportamiento o de las preferencias reales del grupo estudiado (Damásio et al, 1999). Idealmente, el poder identificar las razones que explican los diferentes criterios de aceptabilidad de los distintos grupos, aportaría una información interesante para el diseño de dietas y para la formulación de nuevos alimentos, especialmente los destinados a grupos con unos requerimientos nutritivos especiales. En última instancia, sólo los alimentos que se consumen con placer tienen una incidencia importante en la nutrición humana. La aceptabilidad de los alimentos: nutrición y placer Elvira Costell Elvira Costell Elvira Costell
El consumidor prefiere alimentos naturales, sanos y fi^escos, además de agradables a la vista y al paladar, nutritivos y de fácil manejo y consumo. La tendencia a seleccionar alimentos naturales es justa y explicable, solo que no puede ser siempre complacida. En una mayoría de situaciones, en nuestra sociedad actual, adquirimos y consumimos alimentos, sometidos a tratamientos industriales o con aditivos. Pero esta limitación en nuestra capacidad de elección no es tan negativa como en principio pudiera parecer. En el caso concreto de los aditivos, es decir, de las sustancias que se añaden a los alimentos con distintos fines, se puede decir, en términos generales, que el consumidor se beneficia de su uso, en algunos casos incluso en el aspecto sanitario. Además, disponemos de un buen número de aditivos que son tan naturales como los propios alimentos. En este capítulo se ofi^ece información, no necesariamente exhaustiva, sobre la naturaleza de estos aditivos, más frecuentes de lo que es comúnmente conocido, y de sus aplicaciones, ventajas e inconvenientes. De forma espontánea, los consumidores tenemos una tendencia clara a preferir los alimentos naturales, entendiendo por tales los que no han suñido ninguna transformación industrial para alargar su período de conservación ni tienen incorporadas sustancias extrañas, destinadas al mismo fin o a mejorar su calidad. Si nos ofrecen un alimento con 88 Luis Duran aditivos, reaccionamos pensando que no es natural. En el peor de los casos incluso pensamos que puede ser nocivo para nuestra salud. Estas reacciones tienen una justificación, derivada de la gran cantidad de información que recibimos, sobre todo a través de los medios de comunicación, sobre inadecuadas prácticas de uso de aditivos con fines exclusivamente comerciales, que pueden ir en contra de la salud o de la integridad de los consumidores y de su derecho a recibir una alimentación sana o, como mínimo, una información clara sobre los posibles efectos negativos de los productos que ingiere. Históricamente, la humanidad ha pasado por diferentes épocas, en lo que se refiere al uso de aditivos o sustancias añadidas a los alimentos con distintos fines. En una primera fase, el hombre primitivo utilizó la sal, la miel y algunas especias para conservar los alimentos perecederos, además de recurrir a procedimientos rudimentarios, pero útiles, de conservación como el secado, la fermentación o el ahumado de carnes y pescados. Se supone que también practicó la coloración de algunos platos con polvos o extractos de plantas. En una segunda fase, en una sociedad con un cierto grado de industrialización, se inició el empleo de compuestos químicos, de conocido efecto inhibidor del desarrollo microbiano, para alargar el período de conservación de los alimentos más perecederos. Igualmente se utilizaron colorantes, algunos de ellos de origen mineral. En esta época, la fabricación de productos alimenticios estaba en manos de técnicos, procedentes de otras industrias, desconocedores de los posibles efectos en el organismo humano de las sustancias que utilizaban, como también de la eficacia sanitaria de los métodos de conservación. Además, las actividades industriales no estaban reguladas ni controladas por ningún organismo oficial, por lo que toman cuerpo técnicas y prácticas de adición de sustancias poco conocidas, que originan la desconfianza y hasta el miedo de los consumidores hacia el uso de alimentos conservados y con aditivos. Sensaciones éstas que, aunque algo debilitadas, nos han llegado hasta hoy. En una tercera fase, bien entrado el siglo XX, se inicia la reacción de las autoridades sanitarias de los países industrializados, que regulan con detalle las sustancias que pueden utilizarse, en qué alimentos y en qué proporciones máximas, para salvaguardar la salud y el bienestar de los ciudadanos. En nuestros días, el consumidor conserva algo de esos prejuicios pero cada vez demuestra más confianza en la eficacia del control oficial, al que se someten los productos alimentarios y todas las actividades con ellos relacionadas. La prensa se encarga de informarnos de la constante lucha de las autoridades contra el fraude, la adulteración Aditivos naturales y la contaminación de alimentos, que inevitablemente continúa y continuará. Pero lo más importante es que los técnicos y directivos de las empresas actuales, que fabrican productos alimenticios, no sólo saben cuáles son las prácticas correctas sino que son los primeros interesados en que sus productos lleguen en óptimas condiciones al consumidor. Las excepciones, como la del desgraciado caso del aceite de colza, confirman la regla. Recientemente se puede detectar una clara tendencia de la industria a conseguir alimentos cada vez más naturales, es decir, de composición y características más próximas a los originales, respondiendo a las exigencias del consumidor actual. Según la Directiva L 40/27 del Diario Oficial de la Comunidad Europea (DOCE) de 21 de diciembre de 1988, «se entiende por «aditivo alimentario» cualquier sustancia que, normalmente, no se consuma como alimento en sí ni se use como ingrediente característico en la alimentación, independientemente de que tenga o no valor nutritivo, y cuya adición intencionada a los productos alimenticios, con un propósito tecnológico en la fase de su fabricación, transformación, preparación, tratamiento, envase, transporte y almacenamiento tenga, o pueda esperarse razonablemente que tenga, directa o indirectamente, como resultado que el propio aditivo o sus subproductos se conviertan en un componente de dichos productos alimenticios». Esta definición, farragosa como casi todas las definiciones legales, es sin embargo útil para distinguir entre las sustancias que actúan como tales aditivos, las que son ingredientes comunes de los alimentos y las que, añadiéndose durante los procesos de fabricación, transporte y almacenamiento, no permanecen como componente del alimento final que llega al consumidor. Ejemplos de estos tres grupos podrían ser, respectivamente, el ácido benzoico, el vinagre y el anhídrido carbónico, este último utilizado en cámaras o en envases para alargar la conservación de algunas frutas. Los aditivos cumplen funciones diversas y por ello se pueden agrupar, según su cometido, en espesantes, gelificantes, estabilizadores, colorantes, edulcorantes, aromas y sabores, antioxidantes y conservadores, entre otros de menor importancia. Existen listas de aditivos permitidos en prácticamente todos los países, en los que el comercio de alimentos está organizado. La Unión Europea dispone de una lista de aditivos 90 Luis Duran permitidos para su uso en alimentos, que es aceptada en todos los países miembros, aunque se admite que cada país incorpore alguno más dentro de sus fronteras. La consideración de aditivo permitido, incluido en esta lista, no quiere decir, sin embargo, que se pueda adicionar a cualquier alimento y en cualquier proporción. De hecho, las reglamentaciones y normas emitidas para cada grupo de alimentos contienen las listas de sustancias permitidas en cada caso y las proporciones máximas de empleo. Cada una de las sustancias incluidas en esta lista tiene asignado un «número E», que sirve de identificación inequívoca, ya que los nombres químicos o comerciales varían con el idioma y pueden variar incluso dentro del mismo idioma. También es de utilidad para simplificar su declaración en etiquetas aunque este aspecto ha dado -y sigue dando -lugar a discusiones, sobre todo porque su uso tiene algo de ocultismo. ¿Quién no se ha sorprendido alguna vez al leer en una etiqueta que el alimento contiene E-334, por ejemplo? ¿Reaccionaría mejor si leyera que contiene ácido tartárico? Probablemente no, a no ser que el consumidor supiera que este nombre corresponde a un componente natural de la uva y no sospechara de algo extraño, como que podría ser un aditivo inventado por los tártaros. La legislación actual exige que las etiquetas de los productos alimenticios contengan una relación de los ingredientes y aditivos. El consumidor tiene derecho a estar informado de la composición de cada producto, aunque, en ocasiones, la lectura de la lista de las sustancias declaradas le asuste o, al menos, le lleve a considerar que el producto está lejos de ser natural. El Diccionario de la Real Academia Española de 1992 define el adjetivo «natural» como: «Perteneciente a la naturaleza o conforme a la cualidad o propiedad de las cosas». Este concepto es manejado con soltura por los consumidores de alimentos y a menudo se relaciona, y casi se identifica, con otros conceptos como «firesco», «sano», «genuino», «casero» o «tradicional». El significado más generalizado del término es el de no sometido a procesos industriales y libre de aditivos. Esta interpretación es, en general, correcta pero en bastantes casos induce a error o, por lo menos, a una razonable duda. En general, un consumidor normal no distingue entre productos sometidos a procesos industriales que afectan a la composición química del alimento y aquellos otros que, o no la modifican o si lo hacen el resultado es la formación de Aditivos naturales compuestos, tan naturales como los originales. El pan, el queso y el vino, que se obtienen por procesos fermentativos, se consideran naturales, sobre todo si se adquieren en un pueblo o en una tienda pequeña y no vienen envasados. El azúcar, que usamos en casa para endulzar o para preparar postres naturales se obtiene de la remolacha, o de la caña de azúcar, por un proceso industrial, algo complejo, que se esquematiza en la figura 1. El producto final es natural porque se parte de una planta y todas las operaciones son de carácter físico. En el mercado actual existen multitud de ejemplos de productos alimenticios, a los que se ha incorporado algún aditivo natural, que merecen por ello seguir siendo considerados como alimentos naturales. A continuación se describen y comentan los aditivos naturales de uso más frecuente, clasificados según su función específica. Espesantes, gelificantes y estabilizadores Estos aditivos se suelen agrupar bajo la denominación de hidrocoloides, que alude a su estado físico en disolución acuosa. Son moléculas grandes, polímeros de moléculas más pequeñas, y según su composición química podemos distinguir los polisacáridos, polímeros de azúíiares simples, y las proteínas, polímeros de aminoácidos. Su característica común es que todos son de origen natural, vegetal o animal, como se especifica en la tabla 1. Las pectinas se obtienen de las manzanas o de los cítricos, de los que son componentes importantes, las gomas de garrofín y de guar se extraen de semillas, los alginatos, los carragenatos y el agar de algunas especies de algas marinas, la goma arábiga es un exudado de la acacia, las gomas xantana y gelana son excretadas por determinados microorganismos, la gelatina es una proteína que se obtiene de los cartílagos de animales (principalmente de cerdo), la caseína es la proteína de la leche y las proteínas de suero de leche y de soja son obviamente de origen animal y vegetal, respectivamente. En varios países, particularmente en Iberoamérica, se trabaja en la obtención de proteínas de lupino o altramuz, para su aplicación como emulgente o estabilizador de emulsiones, en sustitución de la lecitina, otro aditivo natural pero de más alto costo. Como se indica en la tabla 1, algunos tienen propiedades funcionales varias, pudiendo actuar como espesantes de productos líquidos (zumos, sopas), aumentando su viscosidad, como gelificantes, contribuyendo a la formación de geles en productos tales como yogures, confituras, geles de frutas (dulce de membrillo, por ejemplo), embutidos, etc. y como estabilizadores de emulsiones, tales como la mayonesa, las bebidas lácteas (batidos) o algunas salsas de aderezo. Otros, en cambio, ejercen una o dos de estas funciones solamente. En la tabla 1 se han incluido dos compuestos que, no siendo hidrocoloides, son también estabilizadores de emulsiones, de origen natural: la lecitina, que es un fosfolípido, presente en la yema de huevo (a ella debe la yema su conocida utilidad para estabilizar emulsiones culinarias) y los mono-y diglicéridos, que son esteres de uno o dos ácidos grasos con la glicerina (composición Aditivos naturales muy similar a la de los aceites vegetales y las grasas animales, que son triglicéridos). En términos generales puede afirmarse que estos aditivos naturales son en realidad modificadores, reforzadores de la textura de un buen número de alimentos. A ellos debemos la suave y firme consistencia de las confituras, el agradable espesor (viscosidad) de una crema o de una sopa, la conveniente estabilidad de emulsiones y salsas, la textura firme de algunos tipos de embutidos, etc. Podemos tener la tranquilidad de que un alimento espesado, gelificado o estabilizado, lo ha sido gracias a un aditivo de origen natural. Nos podemos quejar, eso sí, de que debido al uso de excesiva cantidad de estas sustancias el alimento resulte desagradable por demasiado viscoso o demasiado duro, por áspero o por lo que podíamos denominar sensación terrosa o «a tiza». El aumento del número de preparados alimenticios con bajo o nulo contenido en grasa en el mercado es posible gracias al empleo de otras sustancias, que tratan de conseguir el efecto sensorial de los alimentos con grasa (cuerpo, cremosidad, suavidad al paladar) sin aportar los conocidos problemas que el consumo de grasas aporta a la nutrición y a la salud humanas. Los hidrocoloides más utilizados en la formulación de los alimentos dietéticos, con esta característica, son: celulosa microcristalina, carboximetilcelulosa, almidones y derivados, polidextrosas, maltodextrinas, y mezclas de éstos entre sí o con proteínas, como las del suero lácteo. Todas ellas son sustancias naturales pero ¿son aditivos o simplemente ingredientes? De todas formas, este dilema es de carácter legal y comercial y no afecta al consumidor, a quien sólo le importa que los componentes del alimento que ingiere sean sanos y, a ser posible, naturales. Algunas de estas sustancias tienen otros efectos positivos para la salud humana. Las pectinas, algunos almidones y las maltodextrinas, por ejemplo, forman parte de la fibra dietética y los hidrocoloides.de algas (alginates, carragenatos) reducen el nivel de colesterol en sangre. Los colorantes, en general, son los aditivos más escandalosos. Se ven y en muchos casos el consumidor reacciona pensando en el aspecto negativo del uso de aditivos, la falta de naturalidad. Sin embargo, puede decirse que el empleo de colorantes responde más a exigencias de carácter estético de los consumidores que a necesidades del fabricante o del comerciante. Un ejemplo claro son las golosinas, sobre todo las destinadas a los niños, para quienes el aspecto atractivo es un factor decisivo en la aceptación o rechazo del producto. En los alimentos para adultos también ocurre algo similar. Por ejemplo, se ha intentado comercializar la mantequilla o la margarina con su aspecto natural, es decir, de color blanco grisáceo, con resultados desastrosos. El consimaidor está tan acostumbrado al color amarillo «típico» de estos productos que considera extraño cualquier otro color. Lo mismo podría decirse de la paella, preparada sin colorante. La solución está en el empleo de colorantes naturales, como el azafi'án en la paella, práctica extinguida por razones económicas y de suministro. Se consideran naturales los colorantes que se obtienen de fuentes naturales, vegetales o animales, con un proceso que no implique incorporación de otras sustancias no naturales. Hay ejemplos muy claros como la clorofila o los carotenoides, el primero procedente de cualquier Alguno de los carotenoides, como el beta-caroteno (amarillo anaranjado), puede también obtenerse de fuentes naturales por un proceso fermentativo. La fermentación reduce el contenido de otros componentes, como hidratos de carbono y proteínas, e incrementa la proporción de colorante a extraer, lo que continúa confiriéndole el carácter de natural. Sin embargo, este colorante, junto con el apo-carotenal (rojo anaranjado) y la cantaxantina (rojo), pueden obtenerse por síntesis y pierden su «naturalidad» pero si el producto, obtenido por este último método es suficientemente puro, podrá etiquetarse como «idéntico al natural». En cualquiera de estas formas, el beta-caroteno tiene además valor nutritivo al ser activo como provitamina A. Adicionalmente, éste y otros carotenos ejercen una función preventiva de tumores en el organismo humano (ver Antioxidantes). Además de las citadas anteriormente, las materias primas de donde se extraen colorantes naturales pueden ser insectos (caso del ácido carmínico, que se obtiene de los caparazones de cochinillas hembras), flores (antocianos, del hibisco), plantas no comestibles (clorofila, de las ortigas o de la alfalfa), algas (rodofitas y cianofitas), o incluso hongos de la especie Monascus. Si los consumidores supieran el origen de algunos de estos colorantes naturales, ¿los preferirían a los sintéticos, obtenidos por laboratorios de prestigio, con las máximas garantías sanitarias? Un procedimiento prometedor para la obtención de colorantes naturales lo constituye la técnica de los cultivos celulares. El crecimiento de células de un determinado tejido, como el de zanahoria por ejemplo, puede acelerarse en condiciones apropiadas y permitir la obtención de grandes masas de células con un alto contenido del colorante deseado, que puede ser extraído con facilidad. Una de las espectaculares ventajas de este método es que no ocupa terreno de cultivo, aparte del inicial para conseguir el tejido de su correspondiente planta, por lo que su producción no depende de actividades agrícolas. En comparación con los colorantes sintéticos y en términos generales, los naturales son más caros, menos eficaces y menos estables durante el almacenamiento. Por ello, en la actualidad su uso es limitado. Los colorantes sintéticos permitidos, libres de toxicidad y comercializados bajo controles estrictos, constituyen la alternativa más extendida y aceptada. Definitivamente, la alternativa de eliminar por completo el uso de colorantes, que ha llegado a proponerse, parece inviable en el mercado actual de la mayoría de los productos alimenticios coloreados. La conocida frase propagandística «sin colorantes» es posible en algunos productos. Aún siendo cierta, esta declaración no es del todo ética a veces, ya que induce a pensar que todos los demás productos similares del mercado los contienen y que su adición es contraria a los intereses del consumidor. Esta frase, como otras análogas, puede incluso utilizarse para distraer la atención del consumidor en cuanto a la posible presencia de otro tipo de aditivos. Este grupo de aditivos es, sin duda, el que disfruta de mayor aceptación por el consumidor. El gusto dulce es deseado por el hombre desde sus primeros días. Se ha podido demostrar la favorable reacción de los recién nacidos a sustancias que producen esta sensación. La sacarosa, que comúnmente llamamos azúcar, es el compuesto patrón de los edulcorantes que, a decir de Disraeli, «encanta a los niños y apacigua a los viejos», Pero tanto la sacarosa (dímero de glucosa y fructosa), como otros azúcares simples o compuestos (glucosa, fructosa, maltosa, lactosa, jarabes de glucosa, miel) no se consideran aditivos sino ingredientes, que o bien forman parte del alimento o se añaden para endulzarlos. Todos estos azúcares cumplen otras funciones, además del aporte de gusto dulce, como la de dar cuerpo (textura) a los caramelos y a muchas bebidas, salsas, mermeladas y productos de pastelería, y la de aportar calorías al organismo humano, concretamente unas 4 kilocalorías (o 17 kilojulios) por gramo. Esta última función, vital en la nutrición, se ha convertido en nuestros tiempos en el mayor inconveniente para muchos consumidores, que padecen de obesidad o simplemente desean adelgazar. El consumo de azúcares supone también un problema para los diabéticos y además favorece el desarrollo de caries dental. Estos inconvenientes de la sacarosa, compartidos por los otros azúcares (excepto la fructosa, que no requiere insulina y está, por tanto, indicada para diabéticos), han llevado a la búsqueda de sustancias edulcorantes que no los presenten (Tabla 3). Los resultados más espectaculares en la sustitución del azúcar se han conseguido con el descubrimiento de los edulcorantes intensos no calóricos, tan conocidos de todos como la sacarina (el primero y el que a menudo representa al grupo), el ciclamato y el acesulfamo potásico. Pero éstos son artificiales, obtenidos por síntesis química, aunque eso sí, con características adecuadas al consumo humano, confirmadas por abundantes pruebas de ausencia de toxicidad. En adelante nos ocuparemos solamente de los edulcorantes naturales. Aunque no se consideren aditivos, ya que en realidad son componentes o ingredientes comunes de algunos alimentos, principalmente de las fi:"utas, vale la pena comentar algunas de las características de los azúcares, distintos de la sacarosa. Uno de los más conocidos es la fiructosa, cuya principal virtud es la de no necesitar insulina, por lo que es el azúcar ideal para los diabéticos. Además su poder edulcorante es algo superior al de la sacarosa, 1,3 a 1,5 veces, lo que permite usar menos proporción para endulzar y así disminuir el aporte calórico del alimento formulado, aunque su contribución energética por gramo sea igual que la del azúcar común (Tabla 3). La glucosa, cuyo poder edulcorante es inferior al de la sacarosa, 0,7 a 0,8 veces, se presenta comercialmente como jarabe de glucosa, o jarabe de maíz,. Se obtiene por hidrólisis de polisacáridos abundantes en la naturaleza, como el almidón de patata o de maíz, y contiene otros azúcares, además de glucosa. Su amplio uso en la industria lo debe a su facilidad de manejo y dosificación. La lactosa, por último, es de reducido uso por su bajo poder edulcorante. Se conoce más por ser el azúcar presente en la leche y por no ser tolerada por algunos individuos. Entre los edulcorantes naturales, presentes en el mercado actual, podemos hacer la distinción entre calóricos y no calóricos o adecuados para alimentos de bajas calorías. El grupo de los polialcoholes, sustancias que derivan de los azúcares por reducción o hidrogenación de éstos, son populares sobre todo por su uso en preparados dietéticos para diabéticos, ya que no requieren insulina en su metabolización. Excepto el xilitol, que aporta la misma intensidad de dulzor que la sacarosa, los demás son menos dulces (Tabla 3). Se encuentran en la naturaleza formando parte de la composición de algunas frutas. Son por tanto tan naturales como los azúcares aunque su consumo por encima de determinados niveles, 30 a 50 gramos diarios, puede producir algunos trastornos intestinales. Este aspecto viene normalmente declarado en la etiqueta de los productos, como las llamadas mermeladas dietéticas. que los contienen en cantidades que no permitan alcanzar los mencionados niveles de consumo. El interés por conseguir edulcorantes que no aporten calorías y que no sean artificiales ha conducido al descubrimiento de algunas sustancias, que hoy se usan con cierta frecuencia en alimentos para regímenes especiales. En su mayoría proceden de plantas que, de forma más o menos casual, eran conocidas por su gusto dulce. Una de estas sustancias es la taumatina, proteína extraída de los frutos de la planta africana Taumatococcus daniellii. Estos frutos son comúnmente utilizados por los nativos para contrarrestar la acidez de las bebidas hechas a partir de otras frutas. Es una proteína y tiene un poder edulcorante de 1600 a 2000 veces el de la sacarosa (solución al 7%), aunque adolece de un cierto regusto a regaliz. Su consideración de producto natural es incuestionable, dada su composición química, análoga a la de otras proteínas, y su obtención por extracción acuosa a partir del citado fruto. Otro edulcorante análogo al anterior es la monelina, extraída de los frutos de otra planta africana, Dioscoreophyllum cumminsii, que igualmente presenta un poder edulcorante de 1500 a 2000 veces el de la sacarosa. Es también una proteína y su composición química fue elucidada por investigadores de la firma Monell Chemical Senses Center, a la que debe su nombre, juntamente con Unilever Research (Krutosikova y Uher, 1992). En los frutos cítricos se encuentran unos compuestos llamados flavonoides, entre los que están la naringina del pomelo y la neohesperidina de la naranja amarga. De ellos se obtienen, por alcalinización y posterior hidrogenación, unos compuestos entre los que destaca la neohesperidina dihidrochalcona. Este derivado tiene un sabor dulce 2000 veces más intenso que el de la sacarosa. El mayor inconveniente para su uso es el de que el dulzor se desarrolla lentamente y luego permanece durante un tiempo con un cierto regusto a regaliz y mentol. Entre otros edulcorantes naturales de menor uso podrían citarse el esteviósido, glucósido terpénico que se extrae de la planta Stevia rebaudiana, cultivada en América del Sur, muy utilizado en Japón pero poco en los países occidentales y que presenta un poder edulcorante 300 veces superior a la sacarosa y la glicirricina, también un glucósido terpénico, de las raíces de la planta de regaliz (Glycyrrhiza glabra), con un poder edulcorante equivalente al anterior y, como es de esperar, un fuerte sabor a regaliz, por lo que sus aplicaciones son limitadas. Un caso curioso es el de la hernandulcina, que se obtiene por extracción con éter de petróleo de la planta mexicana Lippia dulcís, conocida por los aztecas por su sabor dulce. El nombre lo debe al médico español 100 Francisco Hernández, que describió la propiedad de esta planta. Es 1000 veces más dulce que la sacarosa pero su uso no se ha extendido porque su gusto dulce viene acompañado de gusto amargo y de un desagradable gusto residual. El problema de la dependencia de la producción agrícola en determinadas zonas geográficas, a la hora de obtener los citados productos naturales, es una fuerte limitación comercial. Por ello, la investigación científica continúa en pos de alternativas de producción por síntesis, a partir de materias primas abundantes, tratando de acercarse lo más posible a la composición química de los productos naturales. En esta línea merecen citarse el aspartamo, de extendido uso actualmente, y la sucralosa, con claras posibilidades de futuro. El aspartamo (E 951) es un dipéptido, compuesto de los aminoácidos ácido aspártico y fenüalanina. Se puede considerar, por tanto, como un fragmento de proteína. Como tal su rendimiento energético es de 4,2 kilocalorías por gramo pero como se utiliza en proporciones muy pequeñas (del orden de 1 miligramo por kilo), el aporte calórico es despreciable, lo que le confiere la calificación de edulcorante no calórico. Es del orden de 180 veces más dulce que la sacarosa. Su descubrimiento se produjo por azar, aunque como en otros casos similares (los de la penicilina y la sacarina, por ejemplo), contando con las dotes de observación del científico responsable. En este caso, en el curso de un trabajo de laboratorio, realizado en 1965 para conseguir la síntesis de un tetrapéptido, componente de una hormona, parte de una de las soluciones se derramó, manchando los dedos de J. Schlatter, investigador de la empresa Searle, de Illinois, EEUU. Cuando más tarde, Schlatter tocó su dedo con la lengua para coger una hoja de papel, percibió un fuerte sabor dulce, que le hizo seguir la pista de la sustancia causante, que era precisamente el aspartamo (Krutosikova y Uher, 1992). La obtención de este compuesto se puede realizar mediante varias rutas de síntesis. En esencia, se provoca la reacción de derivados de los aminoácidos constituyentes para conseguir su unión, eliminándose después los grupos protectores. Se consigue así un producto que, debidamente purificado, se comporta como un dipéptido natural, por lo que merece la aprobación de las legislaciones de los países más exigentes. Una importante limitación para su uso es que, debido a que contiene fenilalanina, no es tolerado por individuos que padecen fenilcetonuria. Este extremo viene indicado en la etiqueta de los preparados que lo contienen, respondiendo a las exigencias de la legislación vigente. Todos los edulcorantes no calóricos, citados o no en este trabajo, suponen una fuerte competencia comercial para los productores de Aditivos naturales azúcar, que aimienta a medida que crece la preocupación del consumidor por las calorías de su dieta. Para luchar contra ella, las empresas productoras de azúcar investigan para encontrar derivados de la sacarosa con propiedades «atractivas». El mayor éxito conseguido hasta ahora lo constituye la sucralosa, derivado clorado de la sacarosa, 600 veces más dulce que ésta, no calórica y no cariogénica. Sus propiedades, su estabilidad y su inocuidad han sido ampliamente demostradas pero su posible aplicación comercial a algunos alimentos no está contemplada aún en la legislación actual. La condimentación de alimentos con sustancias ricas en sabor para hacerlos más apetitosos es una práctica ancestral. Se tienen noticias del uso del árbol de Cassia (del que se obtiene la canela) en China hacia el año 2700 antes de Cristo. Bien conocido es el empleo de especias por los egipcios, griegos y romanos para mejorar el sabor de sus platos. Y no menos conocido el papel que las especias representaron en las Cruzadas. Si hablamos de alimentos naturales, entendemos, en principio, que su sabor debe provenir exclusivamente de los componentes o ingredientes característicos. Sin embargo, en ipuchos casos se requiere reforzar el sabor natural, para conseguir un alimento más apetecible para todos los consumidores o particularmente dirigido a los consumidores de más edad. Parece ser que la capacidad de detección de los sabores disminuye con la edad (Schiffman, 1998), aunque no está claramente demostrado. Un objetivo importante de los fabricantes es uniformizar el sabor de los distintos lotes de un mismo producto, para responder a la exigencia del consumidor de encontrar productos iguales en sucesivas compras o degustaciones. Esta exigencia es una actitud generalizada, derivada del consumo de alimentos formulados en la industria, que difícilmente se puede satisfacer sin recurrir a la adición controlada de aromas o sabores. En algunas gamas de alimentos, como los helados, yogures, bebidas lácteas, bebidas refrescantes, productos de bollería y golosinas, el uso de aditivos aromatizantes o saborizantes puede considerarse imprescindible en nuestra sociedad actual. La tendencia inicial de la industria fabricante de estos productos es la de utilizar aromas extraídos de alimentos o, al menos, de materiales vegetales o animales, compatibles con la alimentación humana. Así se consigue en un buen número de aromas comerciales, como los de fresa, melocotón, pera, etc. La legislación española, como la de la mayoría de los países industrializados, distingue entre sustancias aromatizantes naturales, idénticas a las naturales y artificiales. Las primeras, las mejor aceptadas por el consumidor, son las obtenidas por procedimientos físicos apropiados (incluidos la destilación y extracción por disolventes) o procedimientos enzimáticos o microbiológicos a partir de una materia vegetal o animal en estado natural o transformada para el consumo humano por procedimientos tradicionales de preparación de productos alimenticios (incluidos el secado, el tostado y la fermentación) (Real Decreto 1477/1990 de 2 de noviembre. Se establecen también en esta norma legal los disolventes que pueden utilizarse para su extracción, los límites de residuos de estos disolventes o de otros posibles contaminantes y una relación de plantas y partes de plantas prohibidas en la elaboración de aromas. Esta última limitación demuestra, una vez más, que «natural» no es necesariamente sinónimo de «sano», lo que es de dominio común. En Europa se está discutiendo el establecimiento de una lista positiva de aromas naturales, lo que supone que sólo los productos especificados en ella pueden considerarse como tales. Este sistema da confianza a los usuarios pero supone un obstáculo en la investigación de nuevos aromas naturales, en la que están implicadas muchas empresas privadas y laboratorios oficiales. Se consideran sustancias idénticas a las naturales a las obtenidas por síntesis química o aislada por procesos químicos y químicamente idénticas a sustancias presentes de manera natural en una materia de origen vegetal o animal. Para ellas existen también limitaciones en cuanto a los disolventes, a sus residuos y a otros posibles contaminantes. Recientemente se está estudiando la extracción de aromas con «gases supercríticos», especialmente con anhídrido carbónico (CO2) en unas condiciones de presión y temperatura muy específicas, que permiten separar el compuesto deseado de todos los demás por disolución en dicho gas, cuya eliminación posterior está garantizada. En cualquier caso el CO2 es totalmente inocuo. El problema que queda por resolver es el elevado costo actual de este procedimiento. A continuación se comentan algunos aspectos interesantes de aromas y sabores muy conocidos en el mercado: la vainilla, los aromas cítricos y el gusto «umami». La preferencia por los aromas naturales no encuentra siempre respuesta en el mercado de los aromas. El caso de la vainilla es muy Aditivos naturales ilustrativo. Solamente un 3% de los aromas de vainilla, hoy en el mercado, son naturales (Benz y Muheim, 1996). Esta bajísima proporción se explica considerando los siguientes datos: El producto natural se obtiene de las vainas de la planta del mismo nombre (de la familia de las orquidáceas), de la que se producen sólo 1.800 toneladas anuales en todo el mundo, o mejor dicho, en climas subtropicales casi exclusivamente. Las vainas recolectadas se someten a un largo proceso de tratamiento con agua caliente, fermentación, secado y maduración. Finalmente se extrae la vainillina (principal sustancia responsable del aroma), que se encuentra en una proporción del 2% del peso de las vainas. El resultado final es un producto que puede variar en calidad y características aromáticas, según la variedad de planta utilizada y según las condiciones del proceso de extracción. Por el contrario, se dispone, desde finales del siglo XEX, de un procedimiento patentado por una empresa alemana, que permite obtener vainillina de alta pureza, perfectamente estandarizada, a partir de distintas materias vegetales, lo que explica que prácticamente toda la vainilla producida en la actualidad (del orden de 12.000 toneladas anuales) lo sea por este proceso y calificada como idéntica al natural. Queda bien claro que mandan los intereses comerciales, pero en éste como en otros casos, juegan a favor del consumidor o, al menos, de la economía del consumidor sin menoscabo de su salud. Una alternativa, considerada y estudiada recientemente, es el empleo de procesos biotecnológicos. Con ellos, en principio, se puede obtener la vainillina de forma natural, según los requisitos legales, y con un rendimiento mayor y un costo menor que el que se emplea actualmente para conseguir el producto natural. Estos métodos van desde el cultivo de células de raíces de la planta Vanilla planifolia, enriquecidas con ácido ferúlico (precursor de la vainillina) hasta el cultivo en medios adecuados de hongos que la producen. Hasta el momento los rendimientos no parecen ofrecer condiciones suficientes para competir con los que hoy están en el mercado. Aceites esenciales de cítricos Un grupo importante de aromas naturales lo constituyen estos aceites esenciales, llamados así precisamente por su uso como esencias desde la antigüedad. En la naturaleza estos aceites se encuentran en glándulas existentes en el flavedo o parte coloreada de la corteza de los frutos cítricos (naranja, limón, pomelo, etc.). Se obtienen prensando las cortezas o rascándolas con púas de acero y separando posteriormente 104 Luis Duran el aceite del tejido restante y del agua, mediante el uso de potentes centrífugas. Se consigue así un producto que tiene exactamente la misma composición que el contenido en las células vegetales, siempre que se evite la oxidación por el aire. Su carácter natural es, por tanto, indiscutible y su uso está muy extendido en bebidas refrescantes, helados, yogures y productos de pastelería. En su composición entran terpenos (principalmente limoneno), compuestos oxigenados (aldehidos, cetonas, esteres y alcoholes), carotenoides y ceras o parafinas. Los compuestos oxigenados son los principales responsables del aroma frutal típico. La esencia de naranja aporta también color, debido a los carotenoides que contiene, lo que resulta deseable en el caso de usarse para aromatizar bebidas refrescantes. El término «umami» es japonés y se aplica en este país al gusto que producen determinadas sustancias, frecuentes en su dieta. Desconocido en Occidente hasta hace unas décadas, este concepto ha entrado con fuerza de la mano de un compuesto denominado glutamato monosódico, ampliamente utilizado en la condimentación de carnes, pescados y salsas. El efecto principal de este compuesto es el de reforzar los sabores propios de estos alimentos. En España, como en otros países occidentales, se presenta mayoritariamente formando parte esencial de los cubitos o preparados reforzadores del sabor de las sopas y otros platos. Además forma parte de los condimentos de un gran número de platos preparados congelados, refrigerados o enlatados. El glutamato monosódico es un derivado sódico de un aminoácido (ácido glutámico), que forma parte de las proteínas. Su consideración de aditivo natural se debe no sólo a su composición sino también a que se obtiene por fermentación de materias primas como las melazas del azúcar de caña o de remolacha y de los jarabes de maíz, mediante el cultivo de una bacteria llamada Corynebacterium glutamicum, es decir, por un proceso biotecnológico. En la lista de aditivos permitidos en Europa figura con el número E621, que lo distingue de otros similares (E620: ácido glutámico; E622: Glutamato monopotásico; E623: Diglutamato calcico; E624: Glutamato monoamónico y E625: Diglutamato magnésico) y de parecidas funciones, aunque de menor efecto reforzador del sabor. Este efecto, sobre todo el de reforzar el sabor a carne, se conseguía tradicionalmente en los países occidentales con el conocido «extracto de carne», especie de oscuro jarabe (no dulce) de fuerte olor envasado Aditivos naturales en tarros de vidrio. Hoy se ha sustituido casi en su totalidad por el mencionado glutamato y por otros aditivos del grupo de los ribonucleótidos. Concretamente el 5'-monofosfato de inosina y el 5'-monofosfato de guanosina presentan también las características antes mencionadas y están admitidos en Europa con los números E634 para los derivados calcicos y E635 para los disódicos. Se obtienen por vía enzimática a partir del ácido ribonucleico (ARN), constituyente de todas las células. Algunos alimentos sufren oxidaciones durante el almacenamiento, sobre todo si se exponen a la acción del oxígeno y de la luz, que pueden perjudicar sus características sensoriales, principalmente color y sabor. Una forma de evitarlo es añadir sustancias antioxidantes. La mayoría de estos aditivos se obtienen por síntesis química. Hay antioxidantes naturales que se vienen utilizando con cierta frecuencia, para inhibir o reducir la oxidación de algunos alimentos. Los ejemplos más conocidos son el ácido ascórbico en los zumos de frutas y los tocoferoles en aceites y emulsiones, empleados para evitar el pardeamiento de los primeros y el enranciamiento de los segundos. En la década de los 80 se empezó a investigar sobre las reacciones de oxidación de las células del cuerpo humano, sus consecuencias negativas para la salud y los posibles remedios. La oxidación de las células conduce al desarrollo de cáncer de diferentes tipos, a enfermedades cardiovasculares y a cataratas. Los antioxidantes actúan reduciendo estos efectos, sobre todo con carácter preventivo. Se han comprobado los resultados positivos de la adición de ácido ascórbico (vitamina C), tocoferoles (vitamina E) y beta-caroteno (vitamina A) en la reducción de la incidencia de las citadas enfermedades. Estos tres funcionan también como vitaminas y el último, además, actúa como colorante, como se ha comentado antes. Otros compuestos «fitoquímicos», como se ha dado en llamar a un grupo de componentes de las frutas y hortalizas con propiedades favorables para la salud humana, son los flavonoides, citados en el apartado de colorantes naturales, que también actúan como antioxidantes. De forma general y simplificada se puede afirmar que la conservación o extensión del período de almacenamiento de un alimento, en con- diciones adecuadas de consumo, se consigue mediante procesos tecnológicos, como la esterilización térmica (conservas enlatadas), el secado, la congelación y otros, o mediante el uso de aditivos, que al inhibir el crecimiento de microorganismos impiden o retrasan la alteración microbiana. La tendencia general de la industria es la de reducir al mínimo el uso de estos aditivos y conseguir la conservación de los alimentos por métodos físicos como los ya citados. En todo caso, combinar el uso de aditivos en pequeñas dosis para complementar el efecto de los procesos térmicos, por ejemplo. La mayoría de estos aditivos son artificiales, como el ácido benzoico o el sórbico. En los alimentos, en los que está permitido su uso y a los niveles de concentración a los que se usan, del orden de un gramo por kilo de producto, no presentan problemas de toxicidad. Entre los compuestos naturales que pueden utilizarse para conservar, o al menos para complementar la acción de los tratamientos físicos, se encuentran los ácidos cítrico, acético y láctico. El más conocido y utilizado es el ácido cítrico, componente de la mayoría de los alimentos vegetales y especialmente de los frutos cítricos. Su amplio uso lo debe a que, además de favorecer la conservación por aumento de la acidez, ejerce otras funciones de interés: mejora el sabor de muchos preparados vegetales y cárnicos, tiene un efecto antioxidante y previene o disminuye el pardeamiento de algunas frutas (manzana) y hortalizas (alcachofas). Se obtenía por extracción a partir de cítricos, como el limón, pero hoy se fabrica esencialmente por procedimientos biotecnólogicos, concretamente por fermentación de materias primas como el almidón de maíz, las melazas o el azúcar de caña o de remolacha, mediante la acción del hongo Aspergillus niger, con rendimientos elevados. Otro caso similar es el del ácido láctico, componente de los yogures y de otros fermentados lácteos así como de las aceitunas, pepinillos y encurtidos de otras hortalizas. Hasta hace poco, el ácido láctico, comercializado como aditivo, se obtenía por síntesis a partir de derivados del petróleo. En la actualidad se calcula que más de la mitad del láctico usado en los alimentos es de origen microbiano: se obtiene por fermentación de azúcares mediante el cultivo de lactobacilos, con rendimientos aceptables. Muchas sustancias naturales, sobre todo componentes de especias y condimentos, tienen efecto conservador. Conocida es la propiedad de alargar la duración de alimentos de las especias como la pimienta y el clavo o de condimentos como los ajos y las cebollas, probablemente los primeros conservadores utilizados por el hombre, junto con el empleo de la sal y el vinagre.
Los alimentos se deterioran con el tiempo, fundamentalmente por la acción de organismos vivos (mohos, bacterias, insectos, roedores, etc.), la acción físico-química del entorno (temperatura, humedad relativa, oxígeno, radiaciones, etc.) y la actividad biológica del propio alimento. Las medidas tecnológicas adoptadas para evitar o minimizar los efectos adversos de los factores citados han sido la génesis de las técnicas de conservación de alimentos. Todas ellas incluyen un amplio conjunto de operaciones de muy distinta naturaleza y complejidad, entre las que se incluye el envasado. Para algunos alimentos el envase constituye únicamente una forma de presentación o un medio de distribución comercial, tal sucede con alimentos frescos destinados al consumo inmediato o aquellos que por sus características físico-químicas pueden considerarse como autoestables. Ahora bien, en general, los alimentos requieren para su comercialización un estricto control de las condiciones en que se procesan, distribuyen y almacenan. Los envases, interponiéndose entre el alimento y el entorno, tienen como misión fundamental reducir la incidencia de los factores externos, protegiendo la integridad del producto y evitando o retrasando la pérdida o deterioro de las características nutritivas, sensoriales y sanitarias que definen su calidad y aceptación para el consumo. El envase se configura así como un elemento fundamental del sistema de conservación de los alimentos. En general, cualquiera que sea la forma de protección a aplicar, el envase es siempre lio Ramón Cátala y Rafael Gavara un elemento imprescindible; incluso para muchos alimentos el envase establece la tecnología de conservación. Del papel fundamental del envase en la conservación y distribución de los alimentos da idea la diferencia en la magnitud de las pérdidas de alimentos por deterioro entre los países en vías de desarrollo y los países occidentales desarrollados; de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el deterioro en los países en desarrollo alcanza el 30-50%, mientras que en los desarrollados esta cifra se reduce al 2-3%, merced al envasado y a los sistemas de distribución. Ahora bien, también los envases han tenido y tienen para una parte de la opinión pública una cierta imagen negativa, que llega a poner en cuestión incluso su utilidad. Por un lado, el aspecto sanitario. Se cuestiona la salubridad de muchos materiales de envase y su incidencia en la calidad sensorial de los alimentos. Por otro, su responsabilidad en el deterioro medio ambiental. Es indudable que algunos componentes de los envases, como pueden ser ciertos monómeros o aditivos de los materiales plásticos o los metales pesados en los envases metálicos o en el cartón, son tóxicos. Pero, en general, se conocen suficientemente y se ejerce sobre ellos un estricto control con las legislaciones sanitarias establecidas por todos los países, y en particular por la Unión Europea. También es indudable que los envases se convierten en un residuo inútil y molesto, del que hay que deshacerse una vez cumplida su misión, lo que puede significar un problema por la creciente preocupación por la conservación del medio ambiente de las sociedades mas desarrolladas. Pero sólo en la medida que no se hace nada para evitarlo. Si se analiza adecuadamente su papel se concluye sin género de dudas que los envases no son algo superfino y caro que sólo crea problemas sanitarios y medio ambientales, como a veces puede pensarse sin un análisis riguroso, sino todo lo contrario, la base para una correcta protección y comercialización de todo tipo de artículos a precios razonables. Así, la generalización del uso de los envases y embalajes junto con el desarrollo de las modernas técnicas de protección y comercialización han hecho posible la universalización del consumo de todo tipo de productos, sin limitaciones de distancias, estacionalidad, etc., con precios asequibles en cualquier mercado; nuestras frutas y hortalizas, por ejemplo, se comercializan en toda Europa y nosotros comemos durante todo el año frutas tropicales. Recientes estudios en diferentes países han puesto en evidencia que la venta en autoservicio de los productos envasados abarata los productos de uso corriente, que pueden llegar al consumidor reduciendo su precio a la mitad. De la protección pasiva a la defensa... Los envases utilizados para la conservación y comercialización de alimentos han ido cambiando a lo largo de los años como respuesta a factores sociales, tales como el crecimiento de la población, la urbanización, la necesidad de evitar pérdidas y desperdicios de alimentos, la incorporación de la mujer al trabajo, el comercio internacional, la creciente preocupación por la higiene y por el consumo de alimentos naturales, el deterioro del medio ambiente, etc.. A instancias de éstos y otros impulsos, los primitivos envases «naturales» como calabazas, pellejos, recipientes de alfarería, etc., fueron cediendo paso a los nuevos materiales industriales -^papel, vidrio, hojalata, plásticos-en una progresiva evolución tecnológica, hasta llegar a la situación actual, caracterizada por una amplia y variada oferta de materiales y diseños. En ésta, como en otras áreas tecnológicas, la innovación es continua, para dar respuesta a las crecientes exigencias sociales. Se dispone en la actualidad de una gama de envases y embalajes de muy diversos materiales y características adecuadas para cubrir la diversidad de demandas específicas que plantea la gran cantidad y variedad de bienes de consumo que se comercializan en las sociedades urbanas más desarrolladas. Por ello, no puede pensarse en un envase ideal, con validez universal para todos los productos y tanto menos para el envasado de alimentos. Para cada uso es necesario seleccionar el envase más adecuado en función de muy diversos parámetros. Aspectos tales como las características del producto (naturaleza, composición, sensibilidad a los factores atmosféricos, temperatura, etc. ), forma de transporte y distribución comercial, mercado consumidor, vida útil esperada, costos, posibilidad de reutilización o reciclado de los materiales, compatibilidad medio ambiental, etc., son algunos de los muchos que deben tomarse en consideración en la elección del envase y de la tecnología de envasado. Sin duda, la introducción de los materiales de origen polimérico (comúnmente plásticos) ha producido una revolución en el diseño de los envases y en los equipos de envasado. Estos modernos materiales (los primeros plásticos se desarrollaron durante la II guerra mundial) presentan una serie de propiedades atractivas frente a los clásicos vidrio y metal, como son ligereza, flexibilidad, transparencia u opacidad, inercia química, resistencia térmica, versatilidad de formas que hace posible el uso de envases flexibles y los procesos integrados de fabricación y envasado, bajo costo de materias primas, fabricación y transformación, compatibilidad con las microondas, termosoldabilidad, etc. Además, el término genérico plástico engloba miles de materiales diferentes, que pueden ser transformados de forma similar, por lo que se pueden con- seguir mezclas y estructuras multicapas, incluso con otros materiales como papel, cartón o aluminio, aumentando exponencialmente sus posibilidades de aplicación y permitiendo una total adecuación del envase a los requisitos de un producto específico. Por otra parte, los plásticos también encuentran aplicación y llegan a formar parte de los envases metálicos y de vidrio; se aplican barnices y lacas para limitar la corrosión de las latas y mejorar su aspecto y para reducir la fragilidad de los envases de vidrio. Además, se utilizan gomas (polímeros elásticos) en los elementos de cierre de estos envases. Ahora bien, los plásticos también presentan limitaciones con respecto al vidrio y los metales, dado que permiten el paso de substancias de bajo peso molecular como oxígeno, agua, aromas, etc. a través de las paredes del envase. Este hecho es consecuencia de mecanismos de transferencia de masa, que hacen que los plásticos no sean siempre barrera para los gases o aromas, o transfieran sustancias al alimento, lo que, sin duda, es un factor limitativo en sus aplicaciones en envases para alimentos. Sin embargo, esta característica, sin duda negativa, puede hacerse positiva y ser usada en provecho propio. Así, en la actualidad, se aprovecha la permeabilidad haciendo posible el envasado de hortalizas y frutas frescas en los que el envase actúa regulando su tasa de respiración y alargando su vida útil, o también introduciendo elementos en el envase capaces de retener componentes del alimento no deseados como el colesterol o la lactosa. De una u otra forma, las peculiares características de los materiales plásticos han propiciado la aparición en el mercado de nuevos envases y tecnologías de envasado, con nuevos conceptos como los aumentos envasados en atmósfera modificada, el envasado en porciones para consumo individual, el envasado de productos constituidos por varios componentes que se presentan separados, los alimentos que permiten el horneado en su propio envase, los envases comestibles, o los envases activos para productos frescos. Se comentan brevemente en este artículo, algunos de los más actuales desarrollos en el envasado de alimentos y que en los próximos años pueden tener la mayor significación práctica, como son el envasado en atmósfera modificada, el uso de envases activos o los materiales comestibles y biodégradables. Alimentos envasados en atmósfera modificada Día a día crece la preferencia de los consumidores por disponer de alimentos frescos de calidad o, cuanto menos, con el menor trata-Nuevos envases. De la protección pasiva a la defensa. miento posible sin aditivos ni conservadores, lo que ha impulsado el desarrollo de tecnologías que cumpliendo este requisito fundamental permitan alargar su vida útil por un periodo razonable. Tal es la tecnología de envasado en atmósferas modificadas. Alterando convenientemente la composición de los gases del ambiente, se reduce el crecimiento microbiano, así como la velocidad de las reacciones químicas internas o de intercambio con el medio que pueden llevar a la alteración y/o pérdida de calidad de los alimentos. Estos efectos se ven lógicamente potenciados con la reducción de la temperatura, por lo que en la práctica estas técnicas se aplican conjuntamente, en general, con la refrigeración. De acuerdo con la definición más aceptada el Envasado en Atmósfera Modificada (comúnmente MAP) implica el reemplazo del aire atmosférico en un envase por una mezcla de gases diferentes, con lo cual la proporción de cada componente se fija cuando se introduce la mezcla, pero sin ejercer ningún control posterior durante el almacenamiento. En la práctica comercial se recurre usualmente a la reducción del oxígeno y aumento del dióxido de carbono y/o nitrógeno. Cuando se mantiene la composición de la atmósfera a lo largo del almacenamiento, bien haya sido o no modificado previamente, se dice que la atmósfera está controlada (CAP). En el envasado en atmósferas modificadas no es necesario, en general, mantener la composición del gas a lo largo del almacenamiento, por lo que resulta más práctico y económico y adecuado para envases de venta al consumidor, mientras que la atmósfera controlada tiene sentido práctico para la conservación a granel. De cualquier forma, el envasado en atmósferas controladas/modificadas es una alternativa diferenciada del bien asentado envasado a vacío, en el que el gas atmosférico no ve alterada su composición. El envasado en atmósferas controladas/modificadas es, en definitiva, un sistema de alargar la vida útil de alimentos frescos o elaborados, sin aditivos ni conservadores y sin prácticamente tratamiento, mediante la regulación de la atmósfera de envasado y la refrigeración, manteniendo las características de calidad y salubridad del alimento durante el tiempo necesario para su comercialización y consumo. Se consigue para algunos productos duplicar o incluso triplicar la vida útil. La utilización práctica de la modificación del entorno gaseoso de los alimentos se desarrolló en las primeras décadas del siglo, con diferentes experiencias orientadas a alargar la vida útil comercial de algunas frutas y carnes frescas. El desarrollo industrial de la conservación de alimentos frescos por control de la composición atmosférica, sin embargo, hay que Ramón Cátala y Rafael Gavara situarlo en los años 50, cuando la empresa americana Whirpool Corporation desarrolló técnicas para el control directo de la atmósfera de conservación de carnes y productos hortofrutícolas. Desde aquellas fechas ha ido creciendo día a día, tanto en Estados Unidos como en Europa, la utilización de la técnica para la conservación en almacenes o el transporte a granel de estos productos. La extensión del control de la composición atmosférica a envases de tamaño familiar, lo que se ha definido como atmósfera modificada, no encontró un desarrollo significativo hasta los años 70, inicialmente en Gran Bretaña y Alemania. En España no se introducen hasta mitad de la década de los 80. Desde su introducción, las técnicas de envasado en atmósfera modificada han ido perfeccionándose hasta llegar a la situación de pleno desarrollo actual. Aunque los alimentos envasados en atmósfera modificada no parecen muy visibles en el mercado, constituyen ya una fracción importante y creciente del suministro de alimentos. Mayoritariamente los productos comercializados con esta tecnología no llevan ninguna indicación al respecto, o bien se indica «envasado en atmósfera protectora». Parece que todavía el consumidor no conoce o acepta bien el término atmósfera modificada, por lo que se impone el de atmósfera protectora, mucho menos real, pero posiblemente menos comprometido. La gama de productos que se comercializan ha ido extendiéndose sucesivamente y en la actualidad se aplica a todo tipo de alimentos, si bien carnes, pastas, productos de panadería y bollería y en menor medida frutas y hortalizas, son los alimentos mas comercializados con estas técnicas. Realmente, el gran desarrollo del envasado en atmósfera modificada está siendo posible por las indudables ventajas prácticas que aporta, pero no sólo a los consumidores, sino tanto más a las propias empresas elaboradoras, entre las que pueden destacarse: el aumento significativo de la vida útil comercial de alimentos frescos y/o poco procesados, manteniendo íntegramente su calidad y características «naturales»; el aprovechamiento de excedentes y productos defectuosos y reducción de desperdicios, así como la mejora de la distribución comercial de alimentos frescos, con aumento sensible del radio de distribución y con reducción de la frecuencia de reposición de mercancías. No obstante, también hay que reseñar algunos inconvenientes destacables, tales como la necesaria inversión en los equipos de envasado y aplicación de gases y el coste de los mismos; el aumento de los costos de transporte y almacenamiento de envases y productos elaborados, la necesidad de mantener la temperatura controlada ya que se requiere, en general, refrigeración y, también, ocasionalmente problemas de salubridad por Nuevos envases. De la protección pasiva a la defensa... crecimiento de patógenos si no se mantiene la atmósfera y/o la temperatura de conservación adecuada. En la práctica industrial la aplicación del envasado en atmósfera modificada, aunque sencilla, plantea ciertas dificultades, ya que el efecto de la composición atmosférica no es igual para todos los productos y condiciones de trabajo. Hay que tener en cuenta, básicamente, la composición, características y estado sanitario del alimento a conservar, la composición de la atmósfera y la temperatura de conservación, así como los materiales de envase y tecnología de envasado. En primer lugar hay que considerar las características del alimento, su naturaleza, composición, actividad de agua, presencia de grasas, etc., y, tanto más, el estado sanitario del mismo, es decir la carga microbiológica con que llega al envase. El efecto de los gases atmosféricos sobre los alimentos varía muy significativamente según la naturaleza del alimento e incluso entre alimentos de similares características, por lo que en la práctica debe estudiarse específicamente cada alimento a envasar, para una selección adecuada de la atmósfera de envasado. Los gases que intervienen en la tecnología de conservación en atmósferas modificadas son básicamente los gases atmosféricos oxígeno, nitrógeno y dióxido de carbono, si bien también otros gases como el monóxido de carbono, dióxido de azufi:-e, etileno, ozono, etc. han sido estudiados, sin llegar a su aplicación comercial. En la práctica industrial la modificación de la atmósfera significa, usualmente, la introducción de una apreciable concentración de dióxido de carbono y la reducción de la presencia de oxígeno. Las tecnologías desarrolladas para la aplicación de los gases pueden ser muy diversas y adaptables a las necesidades del producto y tecnología de conservación aplicada. Básicamente, aplicación de vacío previo en el envase e inyección de gases, barrido de la atmósfera del envase con mezclas de gases o bien generación de la atmósfera adecuada mediante modificadores. El dióxido de carbono actúa como agente bacteriostático y fungistático retardando la fase de crecimiento y reduciendo la fase de multiplicación de microorganismos aerobios. El incremento del nivel de dióxido de carbono, así mismo, lleva a las reacciones de respiración aeróbica en sentido contrario, reduciendo así la respiración de los alimentos. Es un gas muy soluble en agua y en grasas, lo que ocasionalmente puede originar su absorción por el producto envasado con la consiguiente retracción y colapso del envase. La presencia de oxígeno se considera de forma general como indeseable para la conservación de los alimentos, por su intervención Ramón Cátala y Rafael Gavara en reacciones bioquímicas y medio de desarrollo de microorganismos. Con la reducción de oxígeno se rebaja sustancialmente la velocidad de respiración de los alimentos vivos y de las reacciones enzimáticas aeróbicas y se limita el crecimiento de microorganismos aerobios. No obstante, puede ser problemático llegar a condiciones anaeróbicas en algunos casos, ya que pueden también permitir el crecimiento de organismos productores de toxinas anaerobias en alimentos con actividad de agua superior al 0,85 (carnes o pescados, por ej.). Por otra parte, la reducción de la presencia de oxígeno limita ciertamente las reacciones de oxidación bioquímica tales como el enranciamiento de grasas, pardeamiento, cambios de sabor, etc., pero también, la reducción a ultranza del oxígeno en productos como frutas y hortalizas puede llevar a un incremento de metabolismos que dan lugar a la aparición de sabores extraños y otros efectos indeseables. Para la conservación de muchos productos, así mismo, la presencia de oxígeno puede tener una acción muy positiva, tal sucede, por ej. en la conservación del color en las carnes frescas, o en el metabolismo de los productos vegetales. También hay que considerar, aunque en menor, medida la presencia humedad en la atmósfera de envasado. La elevación del nivel de humedad invierte la respiración aeróbica y reduce la velocidad de respiración. Simultáneamente el mantenimiento de alto nivel de agua reduce su pérdida en el producto ayudando, por tanto, a mantener su calidad inicial. El nitrógeno como gas inerte no tiene por sí mismo acción directa sobre los alimentos por lo que puede emplearse para completar la atmósfera del envase, pero sobre todo puede ejercer una acción muy favorable sustituyendo al oxígeno en aquellos productos susceptibles de reacciones de oxidación. Así pues, la atmósfera modificada implica un control muy cuidadoso del gas ambiente del alimento, en un esfuerzo por limitar todas las reacciones que conducirían a su deterioro o alteración, para alargar la vida útil de alimentos frescos. De cualquier forma el efecto de la atmósfera ambiente no es igual para todos los productos y condiciones de trabajo. También hay que tener en cuenta que el efecto de los gases varía muy significativamente con la temperatura. Aunque algunos productos pueden conservarse a temperatura ambiente, el éxito de esta tecnología, como forma de alargar la vida útil de los alimentos, está estrechamente ligado al mantenimiento de la temperatura de refrigeración, tanto durante la comercialización, como por parte del consumidor en su domicilio. Otro aspecto fundamental en la tecnología de envasado en atmósfera modificada es, lógicamente, el envase. Los materiales de envase tradicionales, vidrio y metal, no son muy adecuados para la mayor parte de los usos en el envasado en atmósferas modificadas. Por su condición de barrera total, no permiten la modificación de las condiciones del interior del envase. Para ello, es necesaria la utilización de materiales poliméricos, cuya permeabilidad permite un adecuado control de la atmósfera de envasado. De hecho, la moderna tecnología de envasado en atmósfera modificada no hubiera sido posible sin la aportación de los materiales poliméricos, que han permitido disponer de una amplia variedad de envases para cubrir las exigencias de cada tipo de alimentos. Atendiendo a las condiciones del alimento a envasar y a las exigencias de la comercialización se dispone en la actualidad de muy variadas alternativas. Se emplean diversos tipos de envases flexibles o semirígidos con una amplia gama de materiales poliméricos simples o complejos con diversos grados de permeabilidad y características mecánicas. Los diseños de envases de mayor utilización práctica para el envasado en atmósferas modificadas son: las bolsas flexibles con tres o cuatro soldaduras, las bandejas y tarrinas semi-rígidas con cubierta flexible termosoldada o las bandejas rígidas con tapa o envoltura flexible. Para la selección adecuada del material de envases hay que atender a una serie de características y propiedades que definen su idoneidad. En primer lugar las propiedades mecánicas (resistencia a la abrasión, al desgarro, a la perforación, al impacto, a la flexión, etc.) que garanticen la integridad del envase durante el envasado y manipulación comercial. La transparencia es, generalmente, una exigencia comercial como reclamo para el consumidor. Ahora bien, hay que tener en cuenta que las radiaciones pueden ser también problemáticas para la conservación de algunos productos, al provocar cambios oxidativos en lípidos, colorantes u otros componentes básicos del alimento. La termosoldabilidad, responsable de la hermeticidad del envase es también una exigencia básica, para controlar la composición de la atmósfera de envasado. Pero si todas las características apuntadas son importantes para la adecuada selección del envase la permeabilidad es, sin duda, la característica fundamental. La permeabilidad del material (simple o complejo) determina las condiciones atmosféricas durante el almacenamiento, siendo la característica esencial, en la práctica, para la conservación del producto envasado. Así, algunos alimentos, una vez envasados tienen una actividad biológica escasa. Alimentos de estas características son, entre otros. los deshidratados, los productos secos para aperitivo o algunos productos cárnicos curados. Dado que el alimento no genera gases ni prácticamente los consume, el envase debe ser capaz de mantener la atmósfera inicial o, al menos, evitar la entrada de oxígeno o humedad para limitar algunos procesos como la oxidación de grasas, o cambios de textura, que conducirían a la pérdida del producto. El envase debe ofrecer un alto nivel de barrera, que se consigue con materiales multicapa con aluminio o copolímeros de etileno-alcohol vinflico. Sin embargo, la mayor parte de alimentos envasados en atmósfera modificada, son productos frescos o poco procesados que durante el almacenamiento mantienen, como se ha dicho, una apreciable actividad biológica. Así, las frutas y hortalizas continúan respirando y, por tanto, consumiendo oxígeno y desprendiendo dióxido de carbono. El envase debe controlar el intercambio de gases con el medio ambiente para mantener las concentraciones en los niveles adecuados, lo cual requiere un estudio muy cuidadoso de los materiales de envasado. En ocasiones es necesario, incluso, la utilización de materiales con permeabilidad selectiva o alta porosidad obtenida por microperfor ación de material. El desarrollo de envases aptos para las distintas situaciones que se presentan en la práctica es, en la actualidad, uno de los temas de mayor interés para el avance de la tecnología de envasado en atmósfera modificada. En conclusión el envasado en atmósferas modificadas ha representado una gran revolución y está alcanzando una rapidísima expansión aplicándose a todo tipo de productos. Según opinión generalizada, se estima que en una década más del 50 % de los alimentos se elaborarán con esta tecnología Tradicionalmente una de las características mejor valoradas de los envases era su inercia frente al alimento a envasar. El envase debía actuar como un simple contenedor y barrera aisladora del medio exterior, con mínima incidencia sobre el producto envasado. En la última década, sin embargo, están emergiendo nuevas tecnologías de conservación de alimentos basadas, precisamente, en potenciar o aprovechar las posibles interacciones del envase con el producto y/o el medio ambiente. Así, por ejemplo, durante el almacenamiento de productos vegetales en atmósfera modificada se generan o consumen gases como oxígeno, dióxido de carbono, etc. con mayor o menor ve-Nuevos envases. De la protección pasiva a la defensa. locidad, en función de las características del producto. Pues bien, con la introducción en el envase de ciertas sustancias que eliminen o generen estos gases y el control de la permeabilidad del material de envase, puede mantenerse la atmósfera adecuada para la mejor conservación del alimento envasado. Esta manipulación de la atmósfera de envasado nos lleva al concepto de envase activo. Se entiende como envase activo un sistema alimento/envase/entorno que actúa de forma coordinada para mejorar la salubridad y la calidad del alimento envasado y aumentar su vida útil. Con esta definición se amplía el concepto de envase activo con respecto al envasado en atmósfera modificada, extendiendo sus posibilidades para todo tipo de tecnologías de conservación. Es decir, el envase pasa de ser un mero contenedor a desempeñar un papel activo en el mantenimiento o incluso mejora de la calidad del alimento envasado. Realmente, como ha dicho algún autor, el envase corrige las deficiencias del sistema de conservación con diversas formas de actuación, por lo que este concepto ha sido definido también como envase inteligente, funcional, interactivo, etc. El concepto de envase activo no es realmente nuevo. Al fin y al cabo las hojas, con las que poblaciones indígenas de países tropicales recubren algunos productos tradicionales, son ejemplos de envases activos; estas hojas proporcionan al producto compuestos aromáticos y enzimas, responsables de algunas de las características sensoriales por las que esos alimentos son apreciados, así como agentes antimicrobianos que contribuyen a su conservación. En la actualidad, con la redefinición del concepto de envase activo se puede pensar en diseñar envases y tecnologías de envasado a medida de las necesidades de los diferentes productos y del mercado consumidor, posibilitando nuevas formas de conservación y comercialización de alimentos. Los envases activos pueden conseguirse por diversos medios, pero son dos básicamente los mecanismos de actuación: ® Introduciendo el elemento activo en el interior del envase, junto con el producto a envasar. « Formando parte el elemento activo del material de envase. Desde los inicios del desarrollo de estas tecnologías, la forma más usual para introducir el elemento activo ha sido la utilización de una pequeña bolsa o sobre, conteniendo dicho principio -^por ejemplo, hierro para eliminar el oxígeno residual en el envase, o gel de sílice para eliminar la humedad-. La bolsa se construye con material polimérico suficientemente permeable para permitir la liberación y/o actuación Ramón Cátala y Rafael Gavara del principio activo, pero sin que entre en contacto, en general, con el producto. Por supuesto deben usarse materias activas que no pongan en peligro la salubridad del producto envasado. Actúan así la mayor parte de los sistemas que han constituido la primera generación de envases activos y aún sigue siendo la técnica mas generalizada. Una alternativa que empieza a ser usada para algunos productos y que presenta las mejores perspectivas de futuro, es la introducción del principio activo en el propio material de envase, bien formando parte del polímero, bien incorporado por medio de algún componente del mismo. Podría decirse que se trata de un efecto positivo del mecanismo de migración; en lugar de ceder al alimento sustancias indeseables cede sustancias con efecto beneficioso, previamente incorporadas al mismo. Ésta es, sin duda, la forma más atractiva para el consumidor, que no encuentra nada extraño en el interior del producto, que pueda llamarle la atención y hacerle dudar sobre la calidad sanitaria del alimento que va a consumir. El envase activo ha ido introduciéndose comercialmente y ya son muchos y muy diversos los usos, sobre todo en Japón y Australia y algo menos en USA. En Europa, hasta el momento la introducción de estos envases es mínima. Sin duda, la mayor apHcación actual de los envases activos es el control y modificación de la atmósfera interior de los envases, como medio o como complemento de las propiedades barrera del material para conseguir la composición gaseosa adecuada para la conservación del producto en atmósfera modificada. Se han propuesto muy diversas soluciones para el control del oxígeno, del dióxido de carbono y de la humedad y, en menor medida del etileno y del alcohol, gran número de ellas ya plenamente comercializadas. Los absorbedores de oxígeno constituyen la aplicación actual más extendida. El control del oxígeno en el interior de los envases siempre es una exigencia para la mejor conservación de los alimentos, pero sobre todo para productos susceptibles de sufrir reacciones de oxidación y enranciamiento de sus componentes grasos, pardeamiento enzimático o crecimiento microbiano. Se emplean básicamente sales de hierro, ácido ascórbico o bien sistemas enzimáticos como glucosa oxidasa/catalasa, introducidos en pequeñas bolsas localizadas en el fondo o en el espacio de cabeza del envase. Con estos sistemas se consigue reducir la presencia de oxígeno por debajo del 0,01%, en combinación con el uso de materiales de envases de alta barrera. Se han empleado con éxito para el control del oxígeno en productos de bollería, pastas, quesos, frutos secos o carnes y pescados curados o ahumados. Un uso interesante Nuevos envases. De la protección pasiva a la defensa... de los absorbedores de oxígeno es el control de la presencia de oxígeno en el espacio de cabeza de cervezas envasadas. Para este uso el elemento activo se incorpora al compuesto de cierre {liner) del tapón del envase. También está extendido el uso de envases activos para el control del dióxido de carbono en el envasado en atmósfera modificada de finitas y hortalizas. Se comercializan bolsas conteniendo hidróxido calcico o carbón activo para absorber el exceso de dióxido de carbono que se genera abundantemente en la respiración de muchas finitas, o bien bicarbonato sódico como emisor de dicho gas para algunos productos vegetales o finitos secos. Otra aplicación interesante es el control del dióxido de carbono en el café envasado; el café genera gas tras el proceso de tostado y su acumulación puede crear la presión suficiente para poner en peligro la integridad del envase. El control de la humedad es otra aplicación interesante de los envases activos. Se emplean ampliamente para el control de la condensación de agua en el interior del envase de carnes o productos vegetales frescos que desvaloriza la presentación comercial del producto; se incorporan al plástico aditivos antivaho, generalmente monoglicéridos, con la misión de reducir la tensión superficial de las gotas de condensado hasta formar una fina película continua apenas perceptible. Otra aplicación interesante es la retención de los líquidos exudados en carnes y pescados frescos envasados. Para ello se han diseñado diferentes sistemas basados en polímeros absorbentes con copolímeros de almidón o poliacrilatos, que pueden situarse en el fondo de las bandejas de comercialización del alimento, protegidos por una lámina de polietileno o polipropileno. Se están estudiando técnicas de envasado activo para el control del crecimiento superficial de microorganismos en los envases. Así, se ha ensayado con éxito el uso de la nisina producida por Lactococcus lactis, introducida en metilcelulosa recubriendo un film de polietileno. También se han ensayado otros microbicidas usuales como los derivados de los ácidos benzoico, sórbico y propiónico en diferentes filmes plásticos y en polímeros comestibles. El isocianato de alilo, un microbicida extraído de plantas, ha sido aprobado como aditivo en Japón para su empleo, difundiendo desde el envase en forma de vapor para extender la vida útil de carnes, pencados o quesos. También se ha ensayado la incorporación a los materiales de envase de zeolitas que retienen y liberan de forma controlada estas sustancias. La incorporación de agentes microbicidas a los materiales poliméricos es, sin duda, una técnica de gran potencial. Permite la lenta liberación e incorporación al alimento de un agente fungicida o bactericida, que puede reducir Ramón Cátala y Rafael Gavara la carga microbiológica de productos frescos sin ningún otro tratamiento, permitiendo alargar su tiempo de comercialización. En la misma línea hay actualmente numerosos grupos de investigación estudiando la introducción de diferentes aditivos para usos muy específicos, que pueden tener gran interés práctico. Así, se ha estudiado la inmovilización de la enzima naringinasa, que produce la rotura de las ñavononas, responsables del desarrollo del sabor amargo de los cítricos, en un polímero que puede incorporarse al interior de un envase de cartón complejo de los que se emplean habitualmente para el envasado de zumos. Cuando el zumo está en contacto con el polímero el enzima hidroliza los compuestos amargos haciendo que la bebida se endulce con el tiempo. También se ha ensayado la inmovilización de enzimas para eliminar lactosa y colesterol en leche envasada, lo que posibilitaría el consumo de este producto a quienes no pueden hacerlo por la conocida intolerancia a la lactosa. Un desarrollo interesante, aunque no puede considerarse un envase activo en la línea de lo comentado hasta ahora, es la incorporación de sustancias al producto envasado que cambian de color con la presencia de algún patógeno en el alimento. De esta forma podría alertase al consumidor sobre la salubridad del producto antes de su consumo. La idea es atractiva, pero aún no está desarrollada. Con la misma finalidad de servir de alerta a los consumidores sobre la estabilidad del producto, se han desarrollado los llamados indicadores de tiempo-temperatura, que pueden mostrar si un alimento congelado o refrigerado ha mantenido adecuadamente la temperatura durante todo el almacenamiento. Es ésta una vieja aspiración de los consumidores, pero todavía está lejos de ser una realidad comercial generalizada. En algunos usos de los envases activos pueden plantearse dudas por parte del consumidor sobre posibles efectos en la salubridad de los alimentos envasados. Aunque no existe legislación específica sobre el uso de estos envases, en general puede decirse que los sistemas diseñados han sido objeto de intensa investigación antes de su comercialización. Los fabricantes son conscientes del riesgo que puede significar la utilización de sustancias problemáticas. De cualquier forma, sería deseable una mayor información a los consumidores sobre el significado y características de los envases activos. Envases y recubrimientos comestibles, biopolímeros Sin duda uno de los avances de mayor interés actual y perspectivas de futuro es la utilización de polímeros comestibles y/o biodégradables Nuevos envases. •-genéricamente biopolímeros -obtenidos a partir de macromoléculas de origen natural, como sustitutos de los actuales polímeros sintéticos para muchos usos. Aunque el uso de biopolímeros parece algo novedoso, la realidad es que ya se empleaban en la antigüedad, aunque quizás con otra perspectiva. Son muchos los ejemplos que pueden aducirse. Así, durante los siglos trece y catorce, ya se practicaba en China el recubrimiento de naranjas y limones por inmersión en ceras para retardar la pérdida de agua y con igual fin se recubría la carne con manteca en Inglaterra en el siglo dieciséis. Por esas fechas, también se empleaban en Asia películas comestibles de yuba, material proteico obtenido a partir de soja hervida, para mejorar la apariencia y la consei^ación de alimentos. Realmente el uso moderno de polímeros comestibles se inició en los años 30, con la aplicación sobre frutas de ceras y aceites espolvoreados en forma de emulsión acuosa, para mejorar su presentación, reducir la pérdida de agua o aplicar fungicidas superficiales para retardar su alteración. También se inició la aplicación de algunos polisacáridos como alginatos, carragenatos o pectinas, para la protección de carnes, y sucesivamente se han ido ampliando los usos de biopolímeros, hasta alcanzar actualmente una presencia significativa en gran variedad de aplicaciones, pero sobre todo en tripas para embutidos, recubrimientos con ceras de frutas y hortalizas y recubrimientos de productos de bollería. En la última década la investigación sobre biopolímeros ha sido intensa, tratando de desarrollar materiales a partir de muy diferentes polímeros naturales como lípidos, polisacáridos y proteínas y combinaciones entre ellos y diferentes aditivos para mejorar propiedades funcionales, con el fin de encontrar materiales con posibles aplicaciones como envases o embalajes y sobre todo útiles para la protección de alimentos. En la actualidad las películas y recubrimientos comestibles de alimentos están encontrado muchos usos, tales como proteger al alimento de la acción de microorganismos, o evitar su contacto con el oxígeno o la humedad del medio, o bien retardar o limitar la pérdida de humedad, aromas, o solutos de alimentos. También con funciones de envase, protegiendo la integridad estructural de los alimentos durante su comercialización. Las películas y recubrimientos comestibles son, por tanto, un interesante medio para reducir el uso de polímeros sintéticos para envases, aunque de cualquier modo un producto tratado con una película comestible requerirá siempre un envase o embalaje adicional, por ejemplo una caja de cartón que lo proteja de posibles contaminaciones durante Ramón Cátala y Rafael Gavara la comercialización. En cualquier caso, los envases o recubrimientos hechos entera o parcialmente con polímeros naturales comestibles y/o biodégradables pueden ser una excelente aportación para limitar la polución ambiental de los residuos de envases, creando además nuevas posibilidades de mercado para productos agrícolas. Los recubrimientos comestibles pueden ser aplicados directamente sobre los alimentos, generalmente tras solubilización, dispersión o emulsificación del polímero. Alternativamente pueden producirse películas, por ejemplo por extrusión, que pueden usarse igualmente como recubrimientos o envases comestibles. Los dos términos, película o recubrimiento, son a menudo intercambiables, generalmente sin embargo, las películas se preforman y los recubrimientos se forman directamente sobre el producto. Debeaufort y colaboradores plantean una cuestión interesante sobre el uso de biopolímeros en la alimentación: ¿pueden considerarse estos materiales ingredientes o aditivos en los alimentos?. La Unión Europea no ha establecido ninguna reglamentación al respecto. De acuerdo con el Codex Alimentarius, se entiende por alimento todo producto, natural o tratado, usado para la alimentación y nutrición humana. Con esta definición en cierto modo pueden considerarse alimento las películas y recubrimientos comestibles. Ahora bien, en la mayor parte de los casos estos materiales no proporcionan ningún aporte nutritivo, por lo que deberían ser calificados como aditivos. Pero, al mismo tiempo, hay que considerar que con ellos se trata de mejorar de alguna forma las cualidades nutritivas del producto, aunque sea indirectamente por la protección que le ofrecen y, en tal sentido, ser calificados de ingrediente. Bien, en tanto no se establece una legislación al respecto, son válidas ambas consideraciones, si bien parece más justificable la consideración de ingredientes. En tal caso, una condición básica para estos materiales es que no sean détectables al consumir el alimento y no le confieran olor ni sabor. Sin embargo, para tener una significación comercial de cara a la aceptación de su presencia por parte del consumidor, debe formar parte integral del producto y debe llegar a ser considerado por el consumidor como un componente natural de un todo que es el alimento que va a consumir. Bien, en cualquier caso, en su doble condición de componentes de los alimentos y a la vez de materiales de envase, las películas y recubrimientos comestibles han de cumplir una serie de exigencias tales como: tener buenas cualidades sensoriales, ausencia de toxicidad y ser sanos; han de aportar alta barrera y eficacia protectora del alimento, con suficiente estabilidad bioquímica, fisico-química y microbiológica Nuevos envases. De la protección pasiva a la defensa. durante la comercialización del producto; la tecnología de aplicación ha de ser simple y las materias primas han de ser de coste bajo, al igual que los procesos de preparación y aplicación; y, por supuesto, no deben presentar problemas de polución ambiental. Con estas características se han patentado en los últimos años muy diversas tecnologías, muchas de las cuales están teniendo ya una amplia repercusión comercial. La obtención de estos materiales puede hacerse directamente a partir de polímeros naturales, generalmente de origen agrícola, pero también por fermentación de algunos de estos mismos sustratos agrícolas por acción de ciertos microorganismos. Algunos biopolímeros de origen agrícola como almidones, proteínas, celulosa, etc. se han utilizado como materia prima para la fabricación de envases totalmente biodégradables, y aun comestibles, si no se adiciona ningún aditivo no comestible; generalmente se incluyen aditivos para mejorar las propiedades funcionales, por ejemplo plastificantes como polioles o lípidos. Las propiedades termoplásticas de los almidones han sido aprovechadas para numerosas aplicaciones. Envases completamente de almidón, comestibles y totalmente biodégradables, han sido desarrollados industrialmente y comercializados en Europa y Japón por varias empresas. Estos materiales se benefician del bajo costo de la materia prima y de costos moderados de transformación por los procedimientos clásicos de fusión termoplástica. Sin embargo, la sensibilidad al agua y las débiles propiedades mecánicas de estos materiales limitan sus aplicaciones prácticas. Se trabaja en la introducción por vía química o por extrusión reactiva de fragmentos de polímeros sintéticos, como estireno, sobre moléculas de almidón para mejorar las propiedades funcionales de estos materiales. También se ha trabajado con gluten de trigo en presencia de agentes reductores y derivados de la celulosa para la fabricación de películas por extrusión termoplástica La fabricación de filmes a base de biopolímeros a partir de soluciones filmógenas constituye un método complementario para la producción de bioenvases. El proceso consiste en formar una fina capa de la solución y después eliminar la fase disolvente por secado en condiciones de temperatura y humedad relativa controladas. Las propiedades filmógenas de los derivados celulósicos son explotadas comercialmente para la fabricación de recubrimientos comestibles. Entre sus aplicaciones actuales cabe destacar la aplicación de filmes mediante pulverización de una disolución o emulsión con el fin de separar componentes de un producto que presentan diferente actividad de agua. Un ejemplo típico es la separación del pan de la salsa de tomate en las pizzas. También se aplican como elemento de sujeción de los componentes de la pizza durante su almacenamiento y distribución comercial. En cuanto a materiales de origen microbiano, pueden destacarse algunos como el pululan, las gomas de xantana o los quitosanos. El pululan es un poliósido lineal soluble en agua, sintetizado por Aurobasidium pullulans. Puede ser mezclado con otros polímeros solubles en agua -gelatina, amilosa y PVOH-para formar materiales compuestos. Aunque el pululan no es bien digerido por el hombre, las películas a base de pululan se han utilizado para recubrimientos comestibles y se comercializan en Japón. Las gomas de xantana y gelana son también poliósidos bacterianos solubles en agua segregados, respectivamente, por Xanthomonas compestris y por Seudomonas elodea. Además de sus notables propiedades gelificantes tienen propiedades filmógenas que permiten la formación de recubrimientos comestibles. Así mismo, los quitosanos son poliósidos lineales, extraídos de caparazones de crustáceos o producidos por fermentación de los mismos. Han sido ensayados recubrimientos de quitosanos con éxito para ralentizar la maduración de frutas frescas. Se comercializan en Japón películas biodégradables insolubles a base de quitosanos y celulosa. De hecho es en ese país donde se ha llegado a un mayor nivel de desarrollo y comercialización de materiales comestibles, fundamentalmente para frutas, hortalizas y productos cárnicos, pero también para sopas deshidratadas, dulces y productos de bollería y medicinas, entre otros. Una importante posibilidad de los biopolímeros, que está empezando a ser explotada, es la utilización de mezclas con los polímeros sintéticos (plásticos convencionales) para mejorar la biodegradabilidad de éstos. Gracias a su costo relativamente bajo y su gran disponibilidad, el almidón es la materia prima de origen agrícola mas corrientemente utilizada en las mezclas con polímeros sintéticos, y también diversas proteínas como la caseína, lípidos, celulosa, etc. No obstante sus posibilidades y el avanzado grado de desarrollo, en la actualidad los envases biodégradables no pueden considerarse, en general, competitivos. Las técnicas de fabricación de los materiales sintéticos convencionales y de su transformación en envases son perfectamente conocidas y sus propiedades funcionales son notables (ligereza, fiabilidad, estabilidad a la mayor parte de agentes químicos y biológicos, etc.) y, sobre todo, los costos actuales son relativamente bajos. El precio medio de un envase sintético resulta, en general, bastante inferior a los de los materiales de origen natural frente a los Nuevos envases. De la protección pasiva a la defensa. que podrían ser una alternativa. Particularmente los polímeros de origen microbiano son materiales relativamente caros, cuyo uso es difícil de justificar en la actualidad para la mayor parte de usos potenciales. A pesar de todo, puede pronosticarse sin ninguna duda que los materiales comestibles tienen ante sí unas excelentes perspectivas para encontrar nuevas aplicaciones y consolidar las ya en uso, aunque hace falta aún mucha investigación para conocer mejor sus características, limitaciones y, tanto más, la incidencia en la calidad y salubridad de los alimentos tratados con ellos. Pero, sobre todo, el mayor reto será vencer los recelos de los consumidores, siempre reticentes a estas innovaciones, aunque en muchos casos estén haciendo uso de las mismas, pero sin tener conciencia de ello.
La industria alimentaria y las administraciones públicas realizan grandes esfuerzos para mejorar el mantenimiento de las condiciones higiénicas y evitar la contaminación de alimentos. Pese a estos esfuerzos siguen produciéndose un gran numero de procesos patológicos relacionados con los alimentos. Las buenas prácticas higiénicas pueden reducir el nivel de contaminación, pero algunos microorganismos patógenos resulta imposible eliminarlos, especialmente de aquellos alimentos que se comercializan crudos y con procesado mínimo. La irradiación se presenta como un método de descontaminación posible para este grupo de alimentos, especialmente válido como método de descontaminación final. Dosis de irradiación inferiores a 10 kGy (dependiendo del alimento y condiciones) son efectivas para eliminar posibles patógenos no esporulados, inactivar parásitos, tratar especias, condimentos y otros ingredientes secos, fruta fresca y productos de cuarta gama (vegetales frescos, limpios y envasados, listos para consumo). Respecto a la seguridad de los alimentos irradiados, está plenamente demostrado que no provoca la aparición de compuestos especiales y provoca una ligera reducción en el contenido de algunas vitaminas, que es equiparable a la producida por otros tratamientos tecnológicos. Se ha visto también que microorganismos que han sido sometidos a radiaciones y han sobrevivido a ellas se muestran más sensibles a las condiciones ambientales de estrés que aquellos que nunca han sido irradiados. Pese a que los organismos internacionales FAO y OMS presentan la irradiación como un método seguro, eficaz, limpio con el medio ambiente y energéticamente eficiente, los consumidores siguen estando desinformados y mostrándose reticentes a su utilización. En la actualidad se están llevando a cabo muchos sondeos, de los que se deriva que una correcta in-130 Sendra, E., Capellas, M. y Guarnís, B. formación al consumidor es el único método válido para conseguir la aceptación de esta tecnología. Las investigaciones actuales en este sector se centran en la optimización de su aplicación a alimentos concretos y en los posibles efectos sobre los materiales de envasado. Por lo que respecta a la aplicación industrial, se tiende a crear centros de tratamiento donde diferentes productores llevan sus materias a tratar. Se espera que esta tecnología presente una fuerte tendencia creciente en los próximos años. El descubrimiento de los rayos X por W.K. Roetgen en 1895 y el descubrimiento en 1896 de las sustancias radioactivas por H. Becquerel condujo al estudio de los efectos biológicos de estas radiaciones. El interés por la irradiación de alimentos resurgió a mediados de los años 40 cuando Huber sugirió el uso de aceleradores de electrones para la conservación de los alimentos, pero todavía eran costosos y de difícil aplicación en la práctica industrial. En los años 50 el interés se decantó por los isótopos radioactivos, con la previsión de un futuro de abundancia de tales sustancias. Según cálculos estimados, las pérdidas anuales de granos y legumbres son de un 10% y las de verduras y frutas frescas de un 50% (OMS/ FAO, 1989). Estas pérdidas son mayores en países en vías de desarrollo, favorecidas por las condiciones climáticas. Otro problema a tener en cuenta es la gran incidencia de las enfermedades de transmisión alimentaria, se calcula que su apreciación es de sólo un 5% del total (Mossel, 1990). Estos han sido los motivos principales que han llevado a las grandes organizaciones internacionales -Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Organización Mundial de la Salud (OMS) y Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA)-a promover, primero, estudios sobre la irradiación de alimentos y, en segundo lugar, a proponer su uso para aquellas aplicaciones que han considerado necesarias (FAO/OMS, 1977, 1979,1983, OMS/FAO, 1989, AIEA/FAO, 1992y OMS, 1994). De todo esto no se puede deducir que la irradiación de los alimentos sea la panacea y no puede sustituir a la higiene en la manipulación ni a todos los tratamientos convencionales. Es una tecnología con un lugar propio dado que permite tratar alimentos para los que no hay otra alternativa. La definición del estado actual de la irradiación pasa por la falta de armonización legislativa entre los diferentes países del mundo, como en el caso de la UE, donde no hay consenso entre los estados miembros (en Reino Unido y Alemania no está permitido), esto conlleva dificultades en el comercio internacional de alimentos irradiados (Loaharanu, 1989y Derr, 1993). La Unión Europea propuso la irradiación de alimentos como tema prioritario de estudio dentro del programa FLAIR (EUR 15017 EN). A partir de los resultados obtenidos por los expertos se ha iniciado un nuevo intento de regulación común de la irradiación de alimentos para la UE. La única categoría que aparece en la lista es la de hierbas aromáticas secas, especias y condimentos vegetales, con un valor máximo de la dosis total de radiación absorbida de 10 kGy. La directiva establece que los Estados miembros de la UE no podrán prohibir la comercialización de los productos irradiados de esta categoría, sin perjuicio de las restricciones nacionales no relativas a dichos productos, que podrán seguir aplicándose. Con fecha límite del 31 de diciembre de 2000, se presentará una propuesta de lista positiva para completar la actual. Por otra parte, en los Estados Unidos la autoridad sanitaria en materia de alimentación, la Food and Drug Administration (FDA) consideró, en 1958, las fuentes de radiaciones ionizantes como aditivos alimentarios. Así, se hacía necesario un estudio previo de seguridad como requisito para que la FDA aceptara un tratamiento. También era necesario un estudio previo a la salida del producto al mercado. De este modo, la irradiación se ha ido aprobando en USA tan sólo para aplicaciones específicas. La información solicitada por la FDA para establecer la seguridad de un alimento irradiado es la siguiente (Olson, 1998): Seguridad radiológica: es decir, posible presencia de radioactividad inducida en los alimentos. Seguridad toxicológica: si existe evidencia de formación de tóxicos, qué parámetros o compuestos deben ser evaluados y qué tests pueden proporcionar información útil. Este segundo punto es muy difícil de evaluar pues la base del tratamiento es la absorción de energía y no la adición química. Suele llevarse a cabo alimentando animales de laboratorio con alimentos irradiados, aplicando factores de seguridad y de variabilidad individual y posteriormente extrapolando a humanos. Está aceptado que la aplicación de dosis de hasta 4 kGy no necesita test toxicológico pues nunca se ha observado toxicidad. Aquellos alimentos de gran consumo que vayan a tratarse a dosis elevadas sí requieren un estudio individualizado. Seguridad microbiológica: si existe posibilidad de aparición de mutantes más virulentos o si puede darse el caso que la irradiación disminuya el número de microorganismos alteradores dejando a los patógenos crecer libres de competencia. Farkas (1989) observó que, al contrario de lo que sugieren estos postulados, la irradiación disminuía la virulencia y la adaptación a condiciones de estrés de las formas bacterianas normales. Este punto ya no supone una preocupación para la FDA. De todos modos sí se intenta asegurar la destrucción de Clostridium botulinum e impedir la producción de toxina. Adecuación nutricional: si hay pérdida significativa de nutrientes, si el alimento a tratar supone una fuente importante de dicho nutriente. En definitiva se pretende asegurar que el aporte vitamínico no se vea afectado en la dieta global. Respecto a la pérdida de vitaminas, a veces la cocción resulta más destructiva que la irradiación. La FDA y el USDA tienen aprobado el tratamiento de especias, frutas, vegetales, trigo y harina de trigo, carne de cerdo, pollo y carnes rojas (IFT, 1999; Anón., 2000). Existe además una demanda continua de aprobación de la irradiación, así, en agosto de 1999, la Food Irradiation Coalition, un grupo de 30 industrias alimentarias, organizaciones de salud, académicas y consumidores, solicitaron a la FDA la aprobación de la irradiación de carne y productos avícolas preparados para su consumo, frutas y vegetales, incluyendo semillas, frutos secos y brotes germinados. Basan su petición en que la pasterización fría que ellos persiguen ha sido ampliamente estudiada y se ha demostrado segura y efectiva. La aprobación del tratamiento de semillas germinadas ha sido solicitada por separado por otra industria (Mermelstein, 1999b). Asimismo, la creación de nuevas plantas de tratamiento, generalmente creadas por un grupo de industrias, va en aumento (Melmerstein, 1999a). Defínición, fundamento y fuentes La irradiación de alimentos es el proceso controlado para tratar alimentos con radiaciones ionizantes. La energía que éstos reciben es suficiente para romper enlaces químicos que provocan cambios en sus componentes y contaminantes. Los productos de la irradiación pueden estar eléctricamente cargados (iones) o ser neutros (radicales libres). Estos a su vez reaccionan dando lugar a cambios en el material irradiado que se conocen como radiolisis. Estas reacciones son las responsables de la destrucción de microorganismos, insectos y parásitos. Las fuentes de radiaciones ionizantes autorizadas para alimentos son de dos tipos: Son equipos eléctricos, que a su vez se clasifican según las radiaciones emitidas: 1.1) Equipos generadores de rayos X. 1.2) Equipos generadores de electrones acelerados. Las fiíentes mecánicas ofi: ecen la ventaja de su seguridad, pues cuando no están en fiíncionamiento la emisión de radiaciones cesa, por lo que no revisten peligro alguno para los operarios ni para el medio que les rodea (Boaler, 1984). Las que pueden emplearse para tratar alimentos son el Cobalto 60 y el Cesio 137. Las radiaciones gamma que emiten las sustancias radioactivas tienen un poder de penetración adecuado para el tratamiento de la mayor parte de los alimentos. Tienen en su contra el hecho de que el radionucléido sigue desintegrándose continuamente, sin que se pueda detener el proceso de emisión aunque no estén en funcionamiento las plantas de tratamiento (Fellows, 1988y Couvercelle-Halbwachs, 1989). Las unidades en que se mide la energía de las radiaciones ionizantes son los electronvoltios (eV) siendo su equivalencia leV=l,610-^^ julios. La unidad de dosis absorbida se denomina Gray (Gy) y se define como la energía media comunicada por la radiación ionizante a la materia por unidad de masa (1 gray = 1 julio/kg). El Council for Agricultural Science and Tkchnology estima que esta dosis rompe menos de 10 enlaces químicos por cada 10 millones de enlaces presentes (Olson, 1998). Sendra, E., Capellas, M. y Guaráis, B, En 1983 la Comisión FAO/OMS del Codex Alimentarius estableció una dosis máxima recomendada de 10 kGy. Una dosis de 10 kGy es una cantidad muy pequeña de energía, equivalente a la cantidad de calor necesaria para elevar la temperatura del agua 2,4°C (OMS/FAO, 1989). La OMS en 1994 concluyó que la irradiación de alimentos no conlleva la formación de compuestos tóxicos, no eleva el riesgo microbiológico y no genera pérdidas de nutrientes que puedan afectar al estado nutricional de la población. En 1997 el comité conjunto de expertos de FAO-OMS-AIEA concluyó que los alimentos irradiados son seguros y salubres a cualquier dosis (OMS, 1997). La FDA debe aprobar ahora los materiales de envase para alimentos que van a ser irradiados. El tratamiento de alimentos con radiaciones ionizantes con las fuentes mencionadas y a las dosis recomendadas no da lugar a radioactividad inducida en los alimentos (Fellows, 1988, Furuta et al. 1988y Thayer, 1994). Además, no se han encontrado compuestos radiolíticos diferentes de compuestos formados por otros tratamientos (Crawford and Ruff, 1996). Algunas posibles aplicaciones son: En el proceso de desarrollo de los insectos, los huevos son la forma más sensible a las radiaciones y las formas adultas las más tolerantes pues aunque quedan estériles siguen viviendo y alterando el substrato un cierto tiempo. Desinfestación de granos y harinas. A dosis de 0,75-1,5 kGy se obtienen resultados eficientes y sin aumento en la concentración de aflatoxinas en granos y harinas (Mitchell, 1988). Los insectos supervivientes no desarrollan radiorresistencia. En cambio se ha observado un aumento de ácidos grasos libres en harinas irradiadas, así como ligeras pérdidas de vitaminas A y tiamina, que se ven potenciadas si el tratamiento de irradiación va seguido de cocción (Thayer, 1990y Rayas Duarte y Rupnow, 1994). En arroz irradiado se observaron pérdidas de algunas vitaminas: un 22% de tiamina, riboflavina, niacina y piridoxina (Murray, 1983). Aunque a las dosis de aplicación comercial no se observan cambios organolépticos, se conoce que los efectos de Alimentos irradiados la irradiación en el almidón pueden dar cambios de comportamiento en sus derivados (Basson, 1983y Ohinata et al, 1988). Desinfestación de especias, vegetales deshidratados y frutos secos. La radiación a dosis de 3-10 kGy se ha mostrado efectiva para el tratamiento de especias, condimentos^ preparados enziroáticos y otros ingredientes secos (Farkas, 1998). Una dosis de 0,3 kGy es suficiente para erradicar la mayoría de plagas de insectos en frutos secos, en general dosis de hasta 0,9 kGy no ocasionan cambios nutricionales y de calidad de consideración, sólo los frutos secos con alto contenido en ácidos grasos insaturados empiezan a presentar efectos adversos a partir de 0,6 kGy (Johnson y Marcotte, 1999). En plantas medicinales, aplicando dosis de 10 kGy en manzanilla, no se encontraron variaciones en los aceites esenciales y compuestos hidrofílicos extraídos de flores irradiadas (Katusin-Razem et al. 1985). En cacao, no se observaron cambios organolépticos en los derivados obtenidos de cacao irradiado (Appiah et al. 1982). En vegetales deshidratados para sopas, se observó un ligero aumento de la viscosidad y una disminución del tiempo de ebullición de la sopa, se vio que 3 kGy era la dosis óptima, sin dar lugar a cambios organolépticos (Paul et al. 1969). Desinfestación, retraso de la maduración y alteración de la fruta fresca. Estos efectos se consiguen a las mismas dosis. En este caso se pueden dar pérdidas de algunas vitaminas (niacina, tiamina, riboflavina y beta-caroteno), poco importantes para las dosis comerciales de aplicación en estos alimentos. El ácido ascórbico pasa a dehidroascórbico, que también tiene efecto de vitamina. Los azúcares irradiados en presencia de oxígeno pueden dar lugar a azúcares con dos grupos carbonilo. Se recomienda una dosis de 0-1 kGy para la desinfestación de fruta fresca (Thayer, 1990). En estudios con aguacates, irradiando después de la descontaminación en baño de agua caliente y el envasado, se observa una mejora en el mantenimiento de la calidad (Ang et al. 1986). En manzanas 'Delicious', se ha visto que la dosis óptima de irradiación es de 2 kGy, duplicando su vida útil (Lastarria Tapia y Sequeiros, 1985). En frutas tropicales está recomendado como tratamiento de cuarentena (Thomas, 1986y AIEA/FAO, 1992). Inhibición de la aparición de brotes en bulbos y tubérculos En patatas, la dosis está limitada a 0,15 kGy debido a la aparición de pardeamiento (Tasumitsu et al., 1972(Tasumitsu et al.,, 1974)). En cebollas se ha visto que hay una inhibición total de brotes y una disminución de pérdidas por deshidratación y podredumbre (Matin et al. 1985). Se ha estudiado la inactivación de helmintos y protozoos en carnes y pescados. Este efecto se consigue a bajas dosis. Como ejemplo, las dosis de inactivación para las especies más importantes son: Toxoplasma gondii, 0,25 kGy; Cysticercus bovis y Cysticercus cellulosae, 0,4-0,6 kGy y Trichinella spiralis 0,3 kGy. En general, dosis de 0,15 a 0,7 kGy en determinadas condiciones de tratamiento son efectivas para la inactivación de parásitos y garantizan que el consumo de estos alimentos es seguro (Farkas, 1998). Eliminación de bacterias patógenas Este efecto se ha estudiado en carnes rojas, de aves, pescados y mariscos. Dosis de 2 a 7 kGy (dependiendo del alimento y condiciones) pueden eliminar posibles patógenos no esporulados presentes en alimentos, incluyendo: Salmonella spp. Staphylococcus aureus, Campylobacter, Listeria monocytogenes y Escherichia coli 0157: H7, (Farkas, 1998), sin modificar sus propiedades sensoriales, nutricionales y tecnológicas. En este caso, la dosis está limitada por los cambios organolépticos. No se puede utilizar la irradiación para sustituir totalmente la sal, nitratos y nitritos pero sí en combinación con ellos con lo que se permite la reducción de dosis. En estudios realizados en carne de Alimentos irradiados de cocción y de remojo dando como consecuencia un mayor rendimiento. En cambio dosis superiores afectaron negativamente a las proteínas de soja (Myung-Woo et al 1994). Los productos cárnicos constituyen el último grupo de alimentos de reciente aprobación para su tratamiento por radiaciones. Los microorganismos alteradores más comunes son Gram negativos psicrótrofos que, a su vez, son muy susceptibles a la irradiación pues se eliminan prácticamente con dosis de 1 kGy (Monk et al. 1995). En cambio, tienen muy poco efecto sobre Gram positivos productores de ácido (Thayer et al. 1993). La calidad de la carne puede verse más o menos afectada, dependiendo de la dosis, temperatura y atmósfera durante el tratamiento y de las condiciones de almacenamiento. En carne cruda, pueden desarrollarse olores extraños que desaparecen al cocinar (Luchsinger et al. 1996). Pueden producirse también cambios de color: irradiando en ausencia de oxígeno se acentúa el brillo de los colores (Lebepe et al. 1990), mientras que en presencia de oxígeno se producen decoloraciones (Grant y Patterson, 1991a). Irradiando a bajas temperaturas y en ausencia de oxígeno se minimizan los cambios en la carne. Para asegurar la higiene de las carnes irradiadas éstas deben ser envasadas antes del tratamiento. En productos de la pesca Los estudios realizados en pescado y productos de la pesca han dado muy buenos resultados, habiéndose encontrado diferentes niveles de descontaminación en función de las dosis utilizadas (Ninjoor et al. 1981, Maha et al. 1981, Giddings, 1984y Hammad y El-Mongy, 1992). Se han observado pérdidas de la vitamina tiamina poco importantes a dosis de 1 kGy, con la que se obtiene una disminución importante de microorganismos sin afectar a las características organolépticas (Ming-Sai Liu et al. 1991). Para especies subtropicales se recomienda el tratamiento a 1 kGy como óptimo por las características sensoriales y de conservación que se obtienen, mientras que el límite máximo de dosis es de 3 kGy debido a la aparición de cambios organolépticos indeseables (Poole et al. 1994). Idénticos resultados se han obtenido más recientemente para merluza (Silva et al. 1994). Se ha visto que al irradiar gambas en estado congelado se evita la aparición de malos olores (Ito et al. 1987(Ito et al., 1988)). Básicamente destinados a la alimentación de animales de laboratorio (Thayer, 1990). Aplicada al queso Camembert de leche cruda para permitir su exportación a USA (Fiess, 1992y Boissseau, 1994). Irradiación como alternativa a algunos aditivos El uso de radiaciones ionizantes puede sustituir el uso de desinfestantes: profam/clorofam en patatas, hidracida maleica en cebollas, fosfina o bromuro de metilo en granos y legumbres, dibromuro de etileno en fruta fresca, óxido de etileno en especias, condimentos, hierbas aromáticas... También puede sustituir el uso de antimicrobianos como ácido benzoico y cítrico en gambas y camaroneSj y reducir la dosis de nitritos necesaria en productos curados. La irradiación puede ser una alternativa al uso de algunos aditivos químicos pero no es seguro que vaya a serlo (Diehl, 1992). El paso de la posibilidad de aplicación a su uso comercial dependerá de la necesidad real, en los casos siguientes: para evitar pérdidas de alimentos que no tienen otra alternativa de tratamiento, en alimentos perecederos de elevado coste económico y donde la irradiación permite un mejor mantenimiento de la calidad frente a otros tratamientos (Hanmaad y El-Momgy, 1992) y en la esterilización de alimentos para pacientes inmunosuprimidos (Hashisaka et al. 1990) o preparados de administración parenteral (Koornhof et al. 1994). Efecto sobre los alimentos y sus contaminantes* Limitaciones de aplicación Un radical libre se define como una especie química capaz de existir de forma independiente que contiene uno o más electrones desapareados (esto es, un electrón que ocupa un orbital atómico o molecular sólo). La vida media de los radicales que se forman por efecto del tratamiento con radiaciones es de 10"^ segundos y se calcula que bajo un tratamiento de 10 kGy se forman 5 x 10'^ moles de radicales por kilo de alimento (Grootveld et al. 1990y Fellows, 1988). Los compuestos formados son predecibles a partir de la composición del alimento e idénticos a los que se forman por otras vías (Basson, 1983, Elias, 1989y Grootveld et al, 1990) como son la acción de enzimas (p.e. lipooxigenasas, peroxidasas y xantina oxidasa), la oxidación de la grasa y ácidos grasos (Lebovics et al, 1992) y la degradación de vitaminas liposolubles y pigmentos. Los efectos principales que producen en los alimentos consisten en: hidroxilaciones aromáticas de los fenoles y ácidos fenólicos -interesante por la formación de 0-tirosina por hidroxilación de la fenilalanina-, cambios oxidativos en el ADN con rotura de hebras dobles y simples y formación de productos volátiles a partir de la degradación de ácidos grasos, que se pueden estudiar por cromatografía de gases (Grootveld et al 1990). Existe un estudio comparativo del efecto de la irradiación con rayos gannna y con electrones acelerados en los principales nutrientes frente a la congelación y el tratamiento térmico a elevada temperatura, así como del efecto de la alimentación exclusiva con carne de pollo así tratada sobre diferentes especies animales. De los resultados obtenidos se deriva que los efectos que estos tratamientos tienen en los alimentos y sus efectos nutricionales son comparables para las distintas tecnologías estudiadas (Thayer, 1990). Las proteínas, las grasas, los hidratos de carbono, los minerales y los elementos traza no se ven afectados a dosis de 10 kGy. Las vitaminas son los nutrientes más sensibles y pueden afectarse dependiendo del sustrato, dosis, temperatura y presencia de oxígeno durante el tratamiento (Diehl, 1995). Según datos de la QMS las condiciones para la pérdida mínima de vitaminas son: bajas temperaturas, ausencia de oxígeno y envasado adecuado del alimento. Las vitaminas hidrosolubles por orden de mayor a menor sensibilidad son: tiamina, ácido ascórbico, piridoxina, riboflavina, ácido fólico, cobalamina y ácido nicotínico. Las liposolubles, en el mismo orden: E, caroteno. Cuando se valoran las pérdidas de vitaminas con cualquier tratamiento tecnológico hay que considerar la magnitud de la pérdida o reducción y la importancia del alimento en concreto en la dieta de la población como fuente de dicha vitamina. Así por ejemplo, los alimentos que constituyen las principales fuentes de vitaminas A y E en nuestra dieta (lácteos, yema de huevo, mantequilla, grasas y aceites) no son buenos candidatos a ser tratados por radiaciones por los cambios Sendra, E., Capellas, M. y Guarnís, B. A su vez, la vitamina A y sus precursores son más radiosensibles en estado puro que en un sistema físico-químico complejo como puede ser un alimento (Bloomfield, 1993). Por todo ello, diversos investigadores así como el Comité mixto de expertos FAO/AIEA/OMS concluyen que la irradiación de alimentos a dosis inferiores a 10 kGy no causa cambios nutricionales importantes (Diehl et al 1991a, 1991b, Thayer, 1990, Murray 1983y OMS/FAO, 1989). Efectos en la microbiota Los microorganismos irradiados supervivientes quedan con poca vitalidad, no habiéndose detectado aumento en la radio-resistencia ni aparición de mutaciones que den lugar a nuevos microorganismos. Los efectos microbiológicos son comparables a los que causa la aplicación de los procesos habituales de conservación de alimentos (Teufel, 1983). En general, las bacterias Gram negativas son más sensibles a las radiaciones que las Gram positivas y todas ellas más sensibles que las formas esporuladas de bacterias, los mohos y los virus (Couvercelle-Halbwachs, 1989) (Tabla 1). La eficacia bactericida de una dosis dada de irradiación depende de: tipo y especies de microorganismos, recuentos iniciales, condiciones en que se encuentran los microorganismos, condiciones ambientales (pH, temperatura, composición química de los alimentos, presencia o ausencia de oxígeno) y estado físico del alimento durante el tratamiento (Barbosa-Cánovas et al, 1998). Estudios en Escherichia coli enterohemorrágica han revelado que la resistencia inducida al medio ácido confiere resistencia a la radiación, este hecho debe tenerse en cuenta para calcular el valor de reducción decimal D, es decir, el tiempo en minutos necesario para inactivar el 90% de la población de un microorganismo a una dosis determinada (Buchanan et al, 1999). Respecto a las temperaturas de aplicación de radiaciones, las especies Escherichia coli, Campylobacter jejuni y Salmonella, inoculadas en carne de vacuno picada, pueden inactivarse a dosis inferiores a 1 kGy y en todos los casos el valor de reducción decimal D es inferior al irradiar en refiigeración que al hacerlo en congelación (-15 a -17°C) (Clavero et al. 1994). Las toxinas microbianas en general y las aflatoxinas en concreto son estables a la irradiación (Lambert et al, 1991y Kume et al, 1987). En cuanto a los hongos responsables de su formación, se ha observado que especies del género Aspergillus irradiadas experimentaban un aumento de su capacidad productora de aflatoxinas en medios de cultivo enriquecidos (Ifeufel, 1983) pero esta capacidad no se modifica cuando el sustrato es un alimento (Mitchel, 1988y Borsa et al. 1992). En estudios realizados con el género Pénicillium se observó una reducción de la capacidad productora de patulina por parte de P. patulum irradiado (BuUerman and Hartung, 1975). Cuando se ha estudiado el efecto de la irradiación sobre componentes puros se ha visto que los cambios inducidos son mayores que cuando se irradia una matriz más compleja como es un alimento (Barbosa-Cánovas et al. 1998). La irradiación puede eliminar los microorganismos alteradores pero no enmascarar el mal olor y aspecto de un alimento ya alterado. Las dosis generalmente recomendadas para alimentos no permiten la destrucción total de microorganismos. Una desventaja frente a los tratamientos térmicos es que no se inactivan las enzimas y por tanto siempre que se pueda convendría combinar con un tratamiento de escaldado. La mayor potencialidad de la irradiación es su combinación con otros tratamientos, por ejemplo: tratamientos térmicos moderados. 142 Sendra, E., Capellas, M. y Guarnís, B. atmósferas modificadas o sales curantes, o para el tratamiento de zimio de naranja y cremogenado de mango con la adición de sorbato potásico (Barbosa-Cánovas et al. 1998). Limitaciones de aplicación y combinación de tratamientos No se pueden generalizar los efectos de las radiaciones ionizantes si no se especifican la dosis, condiciones y producto a tratar. La temperatura y la presencia o ausencia de oxígeno son determinantes de los efectos del tratamiento (Diehl, 1992). Las dosis comerciales son generalmente de pocos kGy, dados los cambios que se producen en las características organolépticas de los alimentos. Los efectos organolépticos y nutricionales derivados de la aplicación de las radiaciones pueden minimizarse si se combina con otros tratamientos, lo que nos permite disminuir las dosis de ambos (Diehl, 1991y Kilcast, 1991). No todos los alimentos son buenos candidatos a ser tratados por radiaciones, de igual modo que no todos los tratamientos de conservación pueden aplicarse a todos los alimentos. Como ejemplo, algunas frutas se ablandan y decoloran, la viscosidad de la clara de huevo se altera y la hace inaceptable, la leche adquiere sabores desagradables. En muchos alimentos la dosis de tratamiento es limitada debido a las alteraciones organolépticas. La mayoría de frutas frescas y vegetales resisten un máximo de 2,25 kGy Algunas alteraciones pueden evitarse irradiando en estado congelado (Barbosa-Cánovas, 1998). Se acostumbra a combinar la irradiación con el uso de antioxidantes (Maha et al. 1981). Hay que considerar que algunas combinaciones con aditivos químicos conllevan modificaciones organolépticas (la adición de cloruro sódico, de SO2 y la disminución del pH). Estas modificaciones pueden ser deseables o no según el alimento. En el caso de productos curados podemos disminuir la dosis necesaria de sales curantes a utilizar pero nunca sustituirlas (Diehl, 1992). La combinación de la irradiación con el control de la temperatura y ambiente gaseoso durante el tratamiento y las condiciones adecuadas de almacenaje son los métodos más idóneos para minimizar los cambios que se producen al irradiar (Kilcast, 1991). Aunque cada alimento tiene sus condiciones óptimas concretas, en general se acepta que irradiar a temperaturas criogénicas y en ausencia de oxígeno es la combinación más recomendable (Diehl, 1991, Grant y Patterson 1991b, Kildcast, 1991, Lambert et al. 1991, Grandison y Jennings 1993y Lebovics et al. 1994). La humedad del alimento y el ambiente durante el tratamiento influyen en la sensibilidad de los microorganismos a la irradiación: a mayor humedad relativa ambiental, mayor radio-resistencia presentan las esporas de Aspergillus flavus (Amoako et al. 1981). Los alimentos con bajo contenido en humedad mantienen durante más tiempo los productos de radiolisis, pero éstos disminuyen rápidamente al ser expuestos a la humedad ambiente o al entrar en contacto con el agua (Hayashi et al 1972, 1973, Komiya y Nara, 1974y Thayer, 1990). Para algunos alimentos puede resultar de utilidad controlar este parámetro durante el tratamiento. Otras posibilidades son la combinación con tratamientos de inactivación de enzimas (Ninjoor et al. 1981) y con tratamientos térmicos por calor (Kaupert et al. 1981). Efecto en los materiales de envasado El efecto de la irradiación no es duradero a no ser que utilicemos el envase adecuado para preservar de la recontaminación (Diehl, 1992). A su vez el efecto que la irradiación pueda tener en los materiales de envase y embalaje debe ser estudiado (materiales, tintas y aditivos de envases: Kilcast, 1990, Alien et al 1990y Helle et al 1993). La FDA tiene pendiente de aprobación los materiales de envasado que pueden utilizarse. Hasta el momento, se han realizado estudios sobre posibles migraciones desde plásticos de polipropileno irradiados utilizados para la cocción al vacío y la conservación de carnes. Los compuestos que potencialmente pueden migrar del plástico al alimento son aditivos (menos del 1% del total) y mayoritariamente oligómeros. Los estudios han mostrado que el tratamiento de los plásticos a dosis elevadas (80 kGy) reduce el riesgo de migraciones frente al uso de bajas dosis de radiación (Marque et al 1998). Se ha observado que se produce migración de los aditivos dioctil adipato (DOA) y acetil tributil citrato (ATBC) -^utilizados • como plastificantes de PVC y PVDC/PVC-al aceite de oliva. Esta migración es mayor para el DOA y alimenta con la dosis, mientras que el ATBC no presenta migraciones a dosis inferiores a 20 kGy (Goulas et al. 1998). El proceso de irradiación de alimentos consiste en exponer éstos a una fuente de energía de manera que absorban una dosis precisa. 144 Sendra, E., Capellas, M. y Guamis, B. Para controlar el proceso es necesario conocer la producción de energía de la fuente por unidad de tiempo, conocer las características físicas del equipo (distancia fuente-producto) y exponer el alimento el tiempo necesario para que absorba la dosis deseada. La dosis a utilizar vendrá dada por el alimento a tratar y el efecto que queremos obtener (Tabla 2). En la literatura científica se encuentra una gran variedad de dosímetros para controlar el proceso, con pocas repeticiones, de lo que se deduce que el seguimiento de la dosis recibida no está estandarizado. Entre los trabajos en que se hace mención a la medición de dosis se encuentran: estudios de dosimetría (Sharpe, 1990), dosímetro opticrómico (Grandison y Jennings, 1993), dosímetro de Fricke (Rashid et al, 1992), film radiocrómico (Hashisaka et al. 1990) y calorímetro de agua (Brynjolfsson, 1989). Actualmente, un tercio de las instalaciones existentes son multipropósito, son centros de tratamiento donde se utilizan diferentes Alimentos irradiados fuentes según el nivel de penetración deseado (Barbosa-Cánovas et al 1998). Todas las instalaciones para irradiación de alimentos están obligadas a cumplir normas estrictas de seguridad. En la actualidad cada vez se tiende más al uso de equipos mecánicos (Brynjolfsson, 1989). Detección de alimentos irradiados Se necesitan métodos para la detección de los alimentos que han sido irradiados. Las autoridades gubernamentales los necesitan para verificar e inspeccionar, así como para regular el comercio internacional y la industria los necesita para su propio control de calidad (Camcigil, 1991). A su vez, la posibilidad de detección mejora la confianza del consumidor. La detección de alimentos irradiados con el propósito de regular su aplicación es un activo campo de estudio. En 1993, Glidewell et al. publicaron una interesante revisión del tema. Por el momento no se ha encontrado ninguna técnica aplicable a todos los alimentos y las más aceptadas son: detección de hidrocarbono y ciclobutanona en alimentos ricos en grasas, resonancia de spin electrónico para alimentos que contengan hueso y termoluminiscencia para alimentos que contengan silicatos minerales. Otras técnicas que se intenta desarrollar están basadas en la detección de daños en ADN, valoración del daño celular y determinación de ratios entre células viables y totales. No hay una huella universal del tratamiento por radiaciones y no es posible por tanto un método de detección universal. La detección de hidrógeno sería uno posible, siempre apoyando a otro complementario, pero posee limitaciones (Barbosa-Cánovas et al. 1998). Aceptabilidad de alimentos irradiados En los últimos años se han llevado a cabo un gran número de estudios sobre la aceptabilidad de alimentos irradiados por los consumidores, mayoritariamente en Estados Unidos. De entre los consumidores, los varones, a mayor grado de educación, y de entre, ellos aquellos con mayores ingresos y residentes en áreas no urbanas constituían el grupo de población con mayor inclinación a consumir productos irradiados. La población de mayor edad y la de color expresó un mayor grado de desconfianza en estas prácticas de producción (Nayga, 1996). Los grupos con menores ingresos económicos y menor grado de estudios son los más preocupados. En general las mujeres se preocupan más que los hombres (Lusk et al. 1999). Al consimaidor le cuesta entender por qué deben irradiarse los alimentos cuando el mismo alimento sin irradiar puede estar también presente en el mercado. Al parecer, los consumidores están más preocupados por la seguridad de los operarios de las plantas de irradiación que por que los alimentos se vuelvan radioactivos tras el tratamiento. Los consumidores confiesan no conocer mucho sobre la irradiación de alimentos y es el concepto radiación lo que les asusta. Preferirían que se les presentase la irradiación como un proceso, no como aditivo, que es como lo contempla la FDA. Prefieren la palabra irradiación a radiación, a esta segunda le encuentran más connotaciones negativas y creen que en cuanto se familiaricen con el etiquetado, el logo de alimento irradiado llegará a ser suficiente. Piensan que es una tecnología muy nueva de la que no hay suficientes estudios y que no tiene todos los problemas solucionados, y tarde o temprano alguien puede cometer un error y algo puede salir mal. Desconocen que la irradiación, a las dosis permitidas, no induce radioactividad en los alimentos y que no provoca cáncer. Se debe tener especial cuidado de no dar la imagen que la irradiación puede sustituir a las medidas sanitarias apropiadas. La presencia de hormonas del crecimiento, pesticidas y residuos de tratamientos veterinarios en alimentos son los principales riesgos captados por el consumidor (>50%), mientras que la irradiación y la presencia de toxinas naturales de los alimentos son percibidos como alto riesgo por sólo un 26% de los americanos. El 99% de los americanos encuestados consideran que el correcto etiquetado de los alimentos es primordial. Los empresarios, por su parte, mantienen el deseo de ser los segundos en lanzarse y evitar dar el primer paso y reclaman ayndas para facilitar el etiquetado, como cambiar el nombre a «pasterización en frío» y que no fuera obligatorio indicar el símbolo de alimento irradiado (IFT, 1999). Una consulta a dietistas de Estados Unidos sobre los posibles métodos para la reducción de enfermedades de transmisión alimentaria concluyó que preferían la correcta implantación de los sistemas de Análisis de peligros y puntos de control crítico que la irradiación o el empleo de aditivos químicos (Giavalma et al. 1998). Es necesario tener en cuenta la actitud de los grupos influyentes de profesionales y proporcionarles correcta información sobre el tema. Desafortunadamente, las nuevas tecnologías (irradiación y biotecnología) están mediatizadas, un 87% de la población americana cree Alimentos irradiados todo lo que los medios de comunicación dicen acerca de seguridad alimentaria (Sloan, 1999). La mayoría de estudiosos del tema coinciden en que, con el tiempo, el conocimiento de las ventajas económicas y la clara superioridad tecnológica de la irradiación para el tratamiento de algunos alimentos como el pollo y sus derivados, llevará a la aceptación de este proceso por el consumidor y que la correcta información, a ser posible proporcionada por autoridades sanitarias (Bruhn, 1995), prevalecerá sobre las distorsiones y desinformación originadas por los oponentes a la irradiación de alimentos (Andrews et al. 1998). Las campañas informativas sobre los beneficios de la irradiación se han mostrado efectivas. Se han realizado estudios en supermercados en los que se observó que, sin información previa, un 51,5% compraría carne de vacuno irradiada, pero que si se realizaba una campaña informativa este porcentaje crecía hasta un 71,3% (Ressurrección y Gálvez, 1999). Aunque en la UE se están llevando a cabo un gran número de estudios sobre irradiación de alimentos, no disponemos todavía de esta clase de estudios de mercado y no podemos saber cuál será la respuesta del consumidor medio europeo frente a la comercialización de alimentos irradiados. De entrada, es previsible que las reticiencias sean mayores en Europa, donde los hábitos culinarios son más tradicionales que en Estados Unidos. Además existen opiniones políticas sobre este tema (los grupos Verdes se declaran abiertamente en contra), los consumidores somos menos perceptivos a las innovaciones y tenemos un bajo conocimiento de las grandes pérdidas de alimentos que se producen en el mundo, generalmente en zonas lejanas de'Europa.
Se han investigado los principios básicos de tres tecnologías emergentes para pasteurizar y esterilizar alimentos sin empleo del calor Mediante numerosos estudios se ha comprobado la efectividad de los campos eléctricos pulsantes de alta intensidad (CEPAI), los pulsos de luz (PL) y los campos magnéticos oscilantes (CMO) en la destrucción de microorganismos y enzimas de sistemas alimentarios. En la inactivación microbiana por CE-PA!, el blanco principal es la membrana celular que, al ser sometida a campos eléctricos de alta intensidad, se hace permeable formando huecos o poros cuyo tamaño se incrementa a medida que aumenta la intensidad del campo eléctrico o el tiempo de tratamiento o se reduce la resistencia iónica del medio de pulsación. Por otra parte, los PL inducen reacciones fotoquímicas y fototérmicas en los alimentos, causando la muerte de gran cantidad de microorganismos, especialmente en productos alimenticios envasados. Los CMO producen simulación o inhibición en el crecimiento y reproducción de los microorganismos, un simple pulso de intensidad de 5-10 teslas y frecuencias de 5-500 kHz es suficiente para reducir el número de microorganismos en un mínimo de 2 ciclos logarítmicos. Se ha comprobado que estas tecnologías alargan la vida de anaquel de diversos productos alimenticios y pueden ser consideradas como sustitutos parciales de los procesos convencionales de pasteurización y esterilización de alimentos por tratamientos térmicos. La tecnología de conservación de alimentos se inició con el descubrimiento de Nicolás Appert a principios del siglo XIX. Este confitero francés, con el estímulo de un premio ofrecido por Napoleón a quien encontrara un procedimiento para conservar los alimentos para sus campañas militares, desarrolló un método que consistía esencialmente en envasarlos en botellas de vidrio cerradas y someterlos a cocciones de larga duración. De esta forma se conseguía almacenar diferentes alimentos por tiempos más o menos largos, según los casos, aunque la calidad de los productos así conservados dejaba bastante que desear. Con el tiempo este procedimiento empírico fue perfeccionándose hasta convertirse en una auténtica tecnología de conservación por calor, dando lugar a las conservas esterilizadas térmicamente que hoy conocemos, cuya conservación por largos períodos de tiempo se debe a la destrucción de los microorganismos responsables de su alteración y a la protección que los envases herméticamente cerrados le confieren frente a posibles recontaminaciones. La eficacia de esta tecnología para conseguir la destrucción de los microorganismos que pueden alterar los alimentos durante su almacenamiento y de los patógenos, tiene como contrapartida que el calor aplicado produce alteraciones de la composición de los productos alimenticios. Estas alteraciones suponen en muchos casos pérdidas de calidad sensorial (los productos se reblandecen, cambia su sabor y su color) y de calidad nutritiva (pérdidas de vitaminas, principalmente). Aunque estas pérdidas son mínimas si el proceso térmico aplicado es correcto, los investigadores han continuado buscando alternativas de conservación de alimentos evitando el uso del calor, con el fin de conseguir alimentos más parecidos a los frescos en sus características nutritivas y sensoriales. La esterilización de alimentos sin aplicación de calor, es decir por métodos no térmicos, constituye una alternativa novedosa de conservación de los alimentos. Las tecnologías que aparecieron al comienzo del siglo XX como prometedoras en la pasteurización de alimentos líquidos, como la leche, vienen a ser ahora tecnologías de avanzada, que ofrecen grandes ventajas en el procesamiento de alimentos sin aplicación de calor. Los métodos eléctricos para pasteurizar y/o esterilizar alimentos están recibiendo gran atención en los últimos tiempos, debido al interés de la industria alimentaria en identificar métodos rápidos y uniformes de calentamiento o métodos de procesamiento a bajas temperaturas. Existen varios métodos para procesar alimentos a bajas temperaturas, entre los que figuran los calentamientos óhmicos y las microondas, los campos eléctricos, los campos magnéticos oscilantes, los arcos de descarga eléctrica y los campos eléctricos pulsantes de alta intensidad. La energía eléctrica puede ser aplicada al alimento en forma continua, generando calor en éste y promoviendo la inactivación de los microorganismos por efecto térmico. Por otra parte, si la energía es aplicada en forma de pulsos eléctricos cortos de alta intensidad, se generará muy poco calor en el alimento y la inactivación microbiana se logra con la destrucción de la membrana celular. En este trabajo se hace una revisión de las nuevas alternativas tecnológicas que podrán, en un corto o mediano plazo, reemplazar parcialmente los tratamientos térmicos convencionales existentes, utilizados industrialmente para pasteurizar y/o esterilizar los alimentos. Se tratarán los campos eléctricos pulsantes de alta intensidad (CEPAI), los pulsos de luz (PL) y los campos magnéticos oscilantes (CMO), así como sus mecanismos de inactivación microbiana y la validez de estos procesos. Campos Eléctricos Pulsantes de Alta Intensidad (CEPAI) Los CEPAI constituyen una de las tecnologías más prometedoras para la conservación de los alimentos. La pasteurización con CEPAI involucra la utilización de pulsos eléctricos de alto voltaje en el alimento colocado entre dos electrodos. El tratamiento se realiza a temperatura ambiente o por debajo de ésta, en milésimas de segundos, y las pérdidas de energía por calor son minimizadas. Esta tecnología es considerada superior al tratamiento térmico convencional, debido a que reduce grandemente los cambios que ocurren en las propiedades sensoriales (sabor, color), y físicas (textura, viscosidad) de los alimentos (Quass, 1997). Además de conservar los atributos sensoriales de los alimentos, los CEPAI no introducen cambios químicos significativos en ellos y puede que no sean considerados como aditivo alimentario. Por el contrario, es una tecnología efectiva, segura y limpia. Los aspectos más importantes de esta tecnología son la generación de campos eléctricos pulsantes de alta intensidad, el diseño de cámaras para el tratamiento del alimento, de tal manera que éste reciba un tratamiento uniforme con un mínimo incremento de la temperatura, y el buen diseño de electrodos para minimizar la electrólisis. Para generar los campos eléctricos de alta intensidad se utiliza un banco de condensadores conteniendo más de un condensador. Gran cantidad de esta energía se almacena en los condensadores mediante la carga de una fuente eléctrica de corriente alterna, el voltaje es entonces suministrado en forma de pulsos en la medida que el condensador es descargado (Zhang y col., 1995). La aplicación de los CEPAI está restringida a aquellos productos alimenticios que puedan soportar campos eléctricos de alta intensidad. La constante dieléctrica del alimento está estrechamente relacionada con su estructura física y su composición química. Los líquidos homogéneos de baja conductividad eléctrica proporcionan las condiciones ideales para el tratamiento continuo con CEPAL Los alimentos sólidos también pueden ser procesados con CEPAI en operaciones por lotes, siempre y cuando se evite la ruptura dieléctrica en el alimento. Las burbujas de aire en el fluido alimentario deben ser eliminadas cuando se usa este método, ya que, como soportan campos eléctricos de alta intensidad, causan arcos eléctricos, que pueden dar lugar a daños en la cámara y en los electrodos. En general, esta tecnología no es recomendable para el tratamiento de alimentos sólidos que retengan burbujas de aire al ser colocados en la cámara de tratamiento. Otra limitación es el tamaño de partícula de los alimentos sólidos. Para mantener una operación de proceso adecuada, el tamaño máximo de partícula en el fluido alimentario debe ser menor que la abertura de la región de tratamiento dentro de la cámara. Mecanismos de Inactivación Microhiológica por medio de Campos Eléctricos Pulsantes de Alta Intensidad Se han propuesto varias teorías para explicar la inactivación de los microorganismos con CEPAL Las más estudiadas son la ruptura dieléctrica y la electroporación o desprendimiento de la membranas celulares (Zimermmann y Benz, 1980;1986; Castro y col., 1993; Sale y Hamilton, 1967; Vega Mercado y col., 1996a, b). La aplicación de campos eléctricos a células biológicas en un medio (p.e., agua) causa la formación de cargas eléctricas en la membrana celular (Schoenbach y col., 1997). La destrucción de la membrana ocurre cuando el potencial eléctrico inducido en la membrana de muchos sistemas celulares excede el valor crítico de 1 voltio, lo que corresponde a un campo eléctrico externo de aproximadamente 10 kV/cm para la bacteria Escherichia coH (Castro y col., 1993). Representación esquemática de la ruptura reversible de la membrana cecular á (a) membrana celular con potencial V'm, (b) compresión de la membrana, (c) formación de poros con ruptura reversible, (d) gran parte de la membrana sometida a ruptura irreversible con poros muy grandes. Como se muestra en la Figura 1, Zimmermann (1986) explica el mecanismo de ruptura eléctrica de la membrana celular. La membrana puede ser considerada como un condensador lleno con circuito eléctrico (Fig. la). El potencial eléctrico normal en ambos lados de la membrana es de aproximadamente 10 mV. La exposición de la membrana (célula) a un campo eléctrico (pulsos) como se muestra en la Fig. Ib conduce al desarrollo en ésta de un potencial diferencial (V), promovido por la separación de cargas eléctricas a través de la membrana ceMar. V es proporcional al campo eléctrico (E) y al radio de la membrana. El aimiento del potencial eléctrico de la membrana conlleva una reducción del espesor de la membrana celular. La ruptura de la membrana celular ocurre si el voltaje de ruptura crítico, Ve (~1 V) es alcanzado por un incremento adicional del campo eléctrico extemo, E (Fig. le). Se supone que la ruptura es causada por la formación de poros transmembránicos (llenados con solución conductora), lo cual conduce a una descarga inmediata de la membrana y a la descomposición de ésta. La ruptura es irreversible si los poros del producto son pequeños en relación con la superficie total de la membrana. A intensidades de campo eléctrico supercríticas y largos tiempos de exposición, grandes áreas de la membrana estarán sujetas a la ruptura (Fig. Id). Si el tamaño y el número de poros se hace mayor, en relación con la superficie total de la membrana, la ruptura reversible cambia a una ruptura irreversible, la cual está asociada con la destrucción mecánica de la membrana celular. El otro mecanismo propuesto, la electroporación, es un fenómeno que desestabiliza temporalmente la capa lipídica y las proteínas de la membrana celular, al ser sometidas a campos eléctricos pulsantes de alto voltaje (Castro y col., 1993). El plasma de las membranas celulares se hace permeable a pequeñas moléculas, después de haber sido expuesto a un campo eléctrico, y la permeabilidad causa hinchazón y una eventual ruptura de la membrana celular como se muestra en la Fig. 2 (Vega-Mercado y col., 1996b). El principal efecto de los campos eléctricos en la membrana celular es, por lo tanto, causar permeabilidad debido a la compresión y formación de poros en ésta (Vega-Mercado et al., 1996b). Eanosita y Tsong (1977aTsong (, 1979) ) demostraron que un campo eléctrico de 2.2 kV/cm inducía poros en eritrocitos humanos de aproximadamente 1 mm de diámetro (Martín y col., 1995). Kinosita y Tsong (1977a) sugirieron un mecanismo de dos pasos para la formación de los poros, en el cual el inicial es una respuesta a un potencial de campo eléctrico superior al umbral, seguido de una expansión del tamaño del poro en el tiempo, como se indica en la Fig. 2. Se obtienen grandes poros mediante incrementos de la intensidad del campo eléctrico y la duración del pulso o reduciendo la resistencia iónica del medio de pulsación. En la membrana celular las cargas eléctricas bipolares de los lípidos, proteínas, carbohidratos, iones, y la polarizabilidad de estas moléculas forman el campo eléctrico. Por lo tanto la electroporación ocurre en los liposomas y en las membranas celulares, pero las moléculas afectadas por el campo aplicado no son necesariamente las mismas en estos dos sistemas (Tsong, 1990). Electroporación de una membrana celular mostrando las zonas de hinchamiento, lisis e inactivación celular Iniciación de Poros Flujo de Agua Ruptura de Membrana En una vesícula lipídica, los movimientos electroforéticos de iones y dipolos de agua a través de poros hidrofóbicos espontáneos pueden ser el primer paso de la electroporación; después de lo cual las moléculas se reorganizan para formar poros hidrofílicos estables. En una membrana celular esto puede ocurrir, sin embargo, también están presentes canales proteicos, poros y bombas. Estas membranas son extremadamente sensibles al campo eléctrico transmembránico (Tsong, 1990). Los potenciales de abertura a los canales constituidos por las proteínas están en el orden de los 50 mV (Castro y col., 1993). Miller y col. (1988) encontraron que la electroporación permite la toma de ADN por las células mamarias y protoplastos de las plantas, debido a que ésta reduce la permeabilidad de la membrana celular. Estos investigadores demostraron la utilidad de la electroporación de altos voltajes para la transformación genética de células bacterianas intactas, utilizando la bacteria patógena Campylobacter jejuni como sistema modelo. El método involucra la exposición de células en suspensión de Campylobacter a un potencial exponencial de alto voltaje con una descarga de 5-13 kV/cm con tiempos de tratamiento cortos de 2,4-2,6 s en la presencia de ADN plásmido. Validación del Proceso de Campos Eléctricos Pulsantes de Alta Intensidad Los campos eléctricos pulsantes de alta intensidad producen una serie de cambios degradantes en las células de sangre, algas, bacterias y levaduras (Castro y col., 1993). Estos cambios incluyen electroporación y desprendimiento de las membranas semipermeables, lo que conduce al hinchamiento y/o encogimiento y finalmente lisis de la célula. Los mecanismos de inactivación de microorganismos incluyen ruptura eléctrica, efecto iónico de pulso y electroporación de las membranas celulares (Vega-Mercado y col., 1996b). La inactivación microbiana usando CEPAI, reportada por varios investigadores se resume en la tabla 1. En las citas contenidas en esta tabla puede encontrarse información detallada sobre los tratamientos aplicados y los resultados obtenidos. El proceso de tratamiento con CEPAI ha demostrado que extiende la vida de anaquel de los jugos de manzana hasta cuatro semanas, diez días para jugos frescos de naranja y hasta dos semanas para leche cruda descremada. Qin y col. (1995) no encontraron diferencias significativas en la evaluación sensorial de huevos frescos líquidos y tratados con CEPAI. Más aún, los huevos tratados con CEPAI fueron preferidos por el panel de catadores frente a los huevos líquidos, provenientes de huevos líquidos comerciales. Barbosa-Cánovas y col. (1998) reportaron que el tratamiento de CEPAI en crema de guisantes extendía la vida de anaquel hasta cuatro semanas a 4°C. Las propiedades químicas, físicas y sensoriales de esta crema no variaron después del Tecnologías para la conservación... tratamiento con CEPAI y después del almacenamiento. Dunn y Pearlman (1987) encontraron que la vida de anaquel de yogur, inoculado con S. cerevisiae y tratado con CEPAI a 45°C, podía aumentarse hasta diez días cuando se almacenaba a 4°C. Aumentando el tratamiento con CEPAI y la temperatura a 55°C se extendía la vida de anaquel del yogur hasta un mes, almacenado a 4°C. Tecnología de Pulsos de Luz (PL) Los pulsos de luz son producidos utilizando tecnologías de ingeniería que multiplican la potencia varias veces. La potencia se magnifica por la acumulación de energía eléctrica en un condensador que almacena energía por tiempos relativamente largos (fracciones de segundos). Esta energía almacenada se utiliza para realizar el trabajo en tiempos mucho más cortos (millones o miles de segundos). El resultado es una potencia elevada durante el ciclo de trabajo, con un gasto moderado en el consumo de energía (Dunn, 1996). "^ Las tecnologías de Pure Pulse han desarrollado dos nuevos procesos para matar microorganismos, asociados con el envasado de productos alimenticios, suministros médicos, farmacéuticos, agua y aire (Dunn, 1996). Estos nuevos procesos son denominados por su nombre en inglés «Pure Bright» y «Cool Pure». Los pulsos de luz denominados «Pure Bright» utilizan rayos de luz de corta duración en el espectro amplio de luz blanca para matar un amplio número de microorganismos incluyendo esporos y hongos. Cada pulso de luz dura solamente millonésimas de segundos. Durante cada pulso que pasa la intensidad de la luz es de unas 200.000 veces la intensidad de la luz en la superficie terrestre (Dunn, 1996). El proceso de campos eléctricos pulsantes de alta intensidad (Cool Pure) utiliza múltiples pulsos de corta duración, y campos eléctricos pulsantes de alta intensidad para inactivar los microorganismos en los alimentos transportados por tuberías. El intervalo de temperaturas durante la aplicación de este proceso es muy bajo, por lo que no causa daños térmicos apreciables. El sabor original, textura y ñmcionalidad de los productos alimenticios se mantiene (Dunn, 1996). Mecanismos de Inactivación con Pulsos de Luz (PL) La letalidad de los pulsos de luz es diferente a distintas longitudes de ondas. Por lo tanto, para tratar los alimentos se puede utilizar el espectro completo o la longitud de onda seleccionada. Las longitudes de onda conocidas que producen productos indeseables en los alimentos se eliminan a través de filtros de vidrio o filtros líquidos. Los pulsos de luz inducen reacciones fotoquímicas o fototérmicas en el alimento. La luz ultravioleta causa cambios fotoquímicos mientras que la luz visible e infi:-arroja causan cambios fototérmicos. Los efectos antimicrobianos de estas longitudes de ondas son primariamente mediados a través de la absorción de sistemas conjugados de dobles enlaces carbono-carbono en proteínas y ácidos nucleicos. El material a esterilizar se expone como mínimo a un pulso de luz con una densidad de energía en el intervalo de 0,01 a 50 J/cm^ en la superficie, usando una distribución de longitudes de onda, de tal manera que por lo menos un 70% de la energía electromagnética se distribuya en un intervalo de longitudes de onda de 170 a 2600 nm (Barbosa-Cánovas y col., 1997). La duración de los pulsos varía entre 1 y 0,01 |LIS. LOS rayos se aplican a una tasa de 1 a 20 rayos por segundo. Para la mayoría de las aplicaciones, pocos rayos aplicados en fracciones de segundo suministran un alto nivel de inactivación microbiana. Por lo tanto el proceso es muy rápido y sencillo para la obtención de altos rendimientos. Validación del Proceso de Pulsos de Luz (PL) Los pulsos de luz proporcionan una extraordinaria ampliación de la vida de anaquel de una gran variedad de alimentos. Se ha comprobado que el proceso es efectivo en la inactivación de hongos en gran variedad de productos horneados. Camarones tratados con PL, almacenados y refrigerados permanecieron comestibles por siete días, mientras que los no tratados mostraron una notable degradación, decoloración, olores desagradables y no eran comestibles (Dunn y col., 1995). Barbosa-Cánovas y col. (1998) reportaron más de siete ciclos logarítmicos de reducción en la inactivación de esporas de Aspergillus niger tratados con PL. Una gran variedad de microorganismos, incluyendo E. coli, S. aureus, B. subtilis y S. cerevisiae, se inactivaron utilizando 1 a 35 pulsos de luz con una intensidad entre 1 y 2 J/cm^. Con el proceso «Pure Bright» de PL la Salmonella pudo ser reducida, en dos ciclos logarítmicos, en muestras de alas de pollos inoculadas con 5 ó 2 log/cm^. La listeria también fue reducida en dos ciclos logarítmicos en salchichas (inoculadas con 3 ó 5 log/salchicha) después del tratamiento con PL (Barbosa-Cánovas y col., 1998). Tecnologías para la conservación. El tratamiento con PL de cuajadas comerciales de queso seco (cottage), inoculadas con Pseudomonas, con una densidad de energía de 16 J/cm^ y una duración de pulso de 0,05 ms, redujo la población microbiana en 1,5 ciclos logarítmicos después de la aplicación de dos rayos de luz. La temperatura en la superficie de la cuajada estaba cercana a la ñiente de luz y aumentó 5°C (Dunn y col., 1991). Un panel de evaluación sensorial entrenado demostró que no se habían producido efectos en el sabor de los quesos tratados con PL. Una combinación de alta presión y exposición a PL redujo la población de coliformes de la superficie de tejidos de pescados en tres ciclos logarítmicos. Las muestras de pescado permanecieron sensorialmente aceptables después de quince días de almacenadas en refidgeración (Dunn y col., 1988). Los pulsos de luz han sido muy efectivos en la eliminación de la contaminación microbiana de la superficie de cascaras de huevo. Se han conseguido hasta ocho ciclos logarítmicos de reducción, sin encontrar diferencias entre huevos comerciales y huevos crudos. En la superficie de diferentes materiales de envasado un simple pulso de luz inactivo S. aureus con una cantidad de energía tan pequeña como 1,25 J/cm^ mientras que esporas de B. cereus y Apergülus fueron inactivadas con una densidad de energía superior a 2 J/cm^ (Barbosa-Cánovas y col., 1998). La utilización de campos magnéticos oscilantes para la inactivación de microorganismos tiene el potencial de pasteurizar alimentos con una mejora en la calidad y en la vida de anaquel, en comparación con los procesos convencionales de pasteurización. Los campos magnéticos pueden ser estáticos (CMS) u oscilantes (CMO). En el campo magnético estático la intensidad del campo magnético es constante con el tiempo, mientras que en un campo magnético oscilante se aplica en forma de pulsos. La carga de los pulsos es inversa en cada pulso. El campo magnético puede ser homogéneo o heterogéneo. En un campo magnético homogéneo la intensidad del campo (B) es uniforme en el área envuelta por el campo magnético mientras que en un campo magnético heterogéneo, B no es uniforme con las intensidades, disminuyendo así como las distancias del centro del alambre aumentan. Los campos magnéticos oscilantes, aplicados en forma de pulsos, invierten la carga en cada pulso pero también la intensidad de cada pulso disminuye con el tiempo en un 10% de la intensidad inicial (Pothakamury y col., 1993 ). La exposición a los campos magnéticos causa estimulación o inhibición en el crecimiento y reproducción de los microorganismos. Un simple pulso de intensidad de 5 a 10 tesla (T) y frecuencia de 5 a 500 kHz se aplica generalmente para reducir el número de microorganismos por lo mínimo en dos ciclos logarítmicos (Barbosa-Cánovas y col., 1996). Los campos magnéticos oscilantes de esta magnitud se pueden generar utilizando: (1) alambres superconductores; (2) alambres que producen campos DC; o (3) alambres energetizados por la descarga de energía almacenada en un condensador (Barbosa-Cánovas y col., 1998). La inhibición o estimulación de microorganismos, expuestos a campos magnéticos, puede ser el resultado de un campo magnético o de campos eléctricos inducidos. Este último es medido en términos de la intensidad del campo eléctrico inducido y la densidad de corriente inducida. Para diferenciar entre efectos de campos magnéticos y campos eléctricos se recomienda el uso de un cilindro que contiene células y un medio que pueda ser adaptado a estudios in vitro, empleando campos magnéticos uniformes de fases sencillas y frecuencias extremadamente bajas. Mecanismos de Inactivación Microbiana con Campos Magnéticos Oscilantes Pothakamury y col. (1993) reportaron dos teorías que explican los mecanismos de inactivación de células colocadas en campos magnéticos estáticos u oscilantes. La primera teoría afirma que un campo magnético oscilante débil puede debilitar los enlaces entre iones y proteínas. Muchas proteínas vitales para un metabolismo saludable contienen iones. En presencia de un campo magnético inmóvil, como el de la tierra, los efectos biológicos de los campos magnéticos oscilantes son más pronunciados alrededor de frecuencias particulares, tales como la frecuencia de resonancia del ciclotrón de iones. A una resonancia de ciclotrón, la energía es transferida selectivamente del campo magnético al ion con una girofrecuencia equivalente a la frecuencia del campo magnético. El sitio de interacción del campo magnético es el tejido de la célula, que viene a ser el más afectado por éste. Los iones transmiten los efectos de los campos magnéticos a otros tejidos de órganos a través del sitio de interacción. Una segunda teoría considera el efecto de los campos magnéticos estáticos y oscilantes en enlaces de iones de calcio pegados a proteínas Tecnologías para la conservación. tales como el calmodulin. Los iones de calcio continuamente vibran alrededor de una posición de equilibrio en el sitio de enlace del calmodulin. Aplicando un campo magnético inmóvil al calmodulin causa rotación y vibración del plano o procede en la dirección del campo magnético a una frecuencia que es exactamente la frecuencia del ciclotrón del enlace del calcio. Al agregar un campo magnético vibratorio a la frecuencia del ciclotrón se perturba la precisión a tal extensión que resulta en la debilitación del enlace entre el ion de calcio y el calmodulin (Pothakamury y col., 1993). La inactivación de microorganismos está basada en la teoría de los campos magnéticos oscilantes, los cuales pueden acumular la energía en partes activamente magnetizadas de grandes moléculas como las de ADN. Dentro de un intervalo de 5 a 50 T, la cantidad de energía por oscilaciones acopladas a un dipolo de ADN es de 10'^ a 10'^ eV. Con diferentes oscilaciones y ensamblaje colectivo de dipolos se obtiene suficiente activación local que puede resultar en la ruptura de los enlaces covalentes de la molécula de ADN y por consiguiente en la inactivación de los microorganismos (Pothakamury y col., 1993). Validación del Proceso de Campos Magnéticos Oscilantes (CMO) Hoffman (1985) investigó la validación del proceso de campos magnéticos oscilantes. Este autor reportó la inactivación de microorganismos con CMO con una densidad de flujo mayor a 2 T para obtener una reducción de, como mínimo, dos ciclos logarítmicos. La conservación de alimentos con CMO involucra colocar los alimentos en bolsas plásticas selladas y someterlas de 1-100 pulsos con una frecuencia de 50 a 500 kHz y temperatura de O a 50°C para un tiempo total de exposición que varia entre 25 y 100 ms. Las frecuencias mayores de 500 kHz son ráenos efectivas para la inactivación microbiana y tienden a calentar el alimento (Barbosa-Cánovas y col., 1998). Los tratamientos con campos magnéticos se llevan a cabo a presión atmosférica y a una temperatura que estabiliza el material alimenticio. El alimento es esterilizado sin cambios apreciables en su calidad y la temperatura del alimento aumenta entre 2 y 5 °C. Hofïman (1985) ha reportado la inactivación de microorganismos en productos como la leche, yogur, jugo de naranja y pan, tratados con CMO. Los resultados indican que solamente un pulso de CMO es suficiente para reducir la población bacteriana entre 10^ y 10^ microorganismos/gramo. La intensidad del campo magnético, requerida para obtener estos efectos, varía entre 2-25 T y las frecuencias entre 5-500 kHz (Pothakamury y col, 1993). La aplicación de tecnologías alternas para pasteurizar y esterilizar alimentos sin calor, como los campos eléctricos pulsantes de alta intensidad, los pulsos de luz y los campos magnéticos oscilantes, constituyen un potencial a ser explotado por la industria alimentaria. Su forma única de aplicación a bajas temperaturas hace de estas tecnologías una alternativa de sustitución de los procesos térmicos tradicionales utilizados en la pasteurización y esterilización de alimentos líquidos. Los resultados de estudios experimentales han demostrado la eficacia y validación de estos métodos en la conservación y extensión de la vida de anaquel de productos alimenticios como la leche, huevos líquidos, jugos de manzana, naranja y yogures, entre otros. Los campos eléctricos pulsantes de alta intensidad y los pulsos de luz son las dos tecnologías más estudiadas y que parecen estar listas para su aplicación industrial, como se ha demostrado en pruebas de laboratorio y de planta piloto.
La aplicación de la genética a la alimentación es tan antigua como la agricultura o la ganadería. Desde que el hombre comenzó a cultivar vegetales o domesticar animales viene llevando a cabo un proceso de mejora genética valiéndose sobre todo de la técnica del cruce sexual. Por ello podemos afirmar que ninguno de los alimentos que consumimos en nuestra dieta es, desde el punto de vista genético, igual al que comían nuestros abuelos. Los últimos años han dado lugar a la aplicación de técnicas genéticas novedosas como la ingeniería genética a la tecnología de alimentos. La consecuencia ha sido la aparición de los denominados alimentos transgénicos. La comercialización de estos nuevos alimentos ha generado una gran polémica en los países miembros de la Unión Europea. Sus posibles riesgos sanitarios, medioambientales o económicos son tema constante de debate, en la mayoría de los casos con grandes dosis de apasionamiento y pocas de racionalidad. En este trabajo se pretende llevar a cabo una revisión sobre dicha situación. Alimentos transgénicos: qué son, cuántos hay y qué tienen de particular Un alimento transgénico es aquel en cuyo diseño intervienen técnicas de ingeniería genética ^. El término «transgénico» sólo se utiliza en los países castellanoparlantes, ya que en otros países de nuestro entorno se habla de ellos como «alimentos modificados genéticamente» (genetically modified foods). No es un término científicamente correcto, ya que por transgenia se entiende la expresión del gen de un organismo en otro, y existen alimentos transgénicos donde se modula la expresión de un gen propio por ingeniería genética pero no se expresa gen alguno proveniente de otro organismo. Además, se trata de un término en evolución. Hasta hace unos meses, el consumidor europeo entendía que un alimento transgénico era aquel en el que se modificaba por ingeniería genética la materia prima o, en el caso de los alimentos fermentados, el microorganismo responsable de la fermentación, llamado vulgarmente iniciador. Esta situación ha variado, y ahora el consumidor europeo no sólo entiende por alimento transgénico aquel en el que se modifica por ingeniería genética la materia prima o el iniciador, sino también aquel que porta un aditivo alimentario obtenido a partir de un organismo modificado por ingeniería genética. La consecuencia es clara: si una galleta porta almidón obtenido a partir de un maíz modificado genéticamente esta galleta es transgénica. Esta ampliación de la definición de alimento transgénico es una realidad social que origina consecuencias imprevisibles. Quizás la más llamativa de todas consista en que un porcentaje elevado de los alimentos contiene enzimas añadidos y, según datos recientes, un 50% de los enzimas alimentarios se obtienen a partir de microorganismos modificados genéticamente ^, con lo que deberíamos clasificar como alimentos transgénicos muchos de los convencionales actuales. Estas dos posibles definiciones dificultan el conocimiento de cuantos alimentos transgénicos se comercializan en la actualidad. Si nos atenemos a la definición estricta de alimento transgénico sabemos que no más de sesenta en todo el mundo, la gran mayoría de ellos en Estados Unidos, Australia, Canadá o Japón. Si evaluamos no sólo los que se comercializan, sino aquellos que están en última fase de experimentación o en solicitud de permiso de comercialización, podemos calcular un número superior a trescientos. Ahora bien, si asumimos la definición amplia, es imposible contestar a esta pregunta ya que existen miles de alimentos que contienen enzimas, lecitinas, almidones o harinas provenientes de organismos modificados genéticamente. ¿Qué diferencian los alimentos transgénicos de los convencionales? En principio sólo la técnica genética utilizada en su diseño. Como anteriormente se indicó, venimos aplicando genética a la alimentación desde el comienzo de la agricultura y la ganadería. En cualquier alimento convencional ha habido un proceso de mejora genética por cruce Debate en torno a la comercialización de los. sexual y, en menos casos por mutagenesis. En el alimento transgénico, esa mejora se ha obtenido por ingeniería genética. Las consecuencias son las siguientes: i) En el diseño de un alimento transgénico prima la direccionalidad firente al azar. En el cruce sexual se juntan dos genomas al azar con varios miles de genes cada uno de ellos hasta obtener la combinación adecuada. Mediante ingeniería genética se toma el gen adecuado y en un único paso se introduce en el genoma receptor logrando la combinación deseada. ii) En el diseño de un alimento transgénico es posible obtener la combinación genética adecuada de forma mucho más rápida. No hay una estrategia de tiro y error. iii) Es posible saltar la barrera de especie. Todos los organismos vivos tiene ADN como material hereditario. Por ello es posible transferir genes de un organismo a otro. No es posible cruzar sexualmente una fresa con una patata, pero se pueden expresar genes de fresa en patatas o viceversa. Es evidente que se trata de diferencias técnicas pero la última de ellas tiene claras repercusiones éticas. Por ejemplo, un hipotético vegetal transgénico que porte un gen de un animal puede ser un problema para un vegetariano de dieta estricta. Es, bajo nuestro punto de vista, muy importante que los científicos que trabajan en estos temas tengan presentes estas consecuencias en sus investigaciones. Tipos de alimentos transgénicos Con frecuencia el consumidor europeo piensa que no hay mas alimentos transgénicos que la soja y el maíz transgénicos Como anteriormente se comentó, ateniéndose a la definición estricta existen más de trescientos alimentos transgénicos en últimas fases de experimentación o primeras de solicitud de comercialización. Pueden ser de origen animal, vegetal o fermentado y, aunque en la mayoría de las ocasiones han sido desarrollados por compañías multinacionales del sector, los hay diseñados en organismos públicos de investigación. Se han diseñado una gran variedad de vegetales transgénicos comestibles. Sobre todo se han construido plantas resistentes al ataque por plagas, así como vegetales con mayor vida útil o mejorados en cuanto a su composición nutricional o propiedades organolépticas. El ejemplo más conocido es el del maíz transgénico que resiste el ataque del taladro (un gusano que produce enormes pérdidas anuales) al contener un gen de la bacteria Bacillus thuringiensis que da lugar a la síntesis de la proteína tóxica Bt^. El empleo de este vegetal transgénico constituye un ejemplo de beneficio tanto para el productor que vende sus semillas transgénicas como para el agricultor que ve protegida sus plantaciones. Por el contrario no oferta algo nuevo al consumidor, ya que las propiedades organolépticas y nutricionales de este maíz transgénico son las mismas que las de un maíz convencional. Un ejemplo distinto es el del tomate FlavrSavrTM, el primer alimento transgénico que obtuvo el permiso de comercialización en todo el mundo ^. Este tomate tiene limitada la capacidad de producir poligalacturonasa, un enzima que degrada la pectina produciendo el ablandamiento del fruto. Como consecuencia el tomate retrasa su ablandamiento y puede almacenarse durante largos períodos sin que se produzcan cambios de color o sabor. Un claro beneficio para el consumidor, pero también para las grandes superficies que pueden almacenar durante más semanas el producto sin pérdida de vida comercial. Un último caso de vegetal transgénico en el que el beneficiado es sólo el consumidor hace referencia al reciente desarrollo de una variedad de patata transgénica que, al contener el gen de la subunidad B de la toxina del cólera, es capaz de inmunizar contra esta enfermedad ^. La vacuna es el propio vegetal, evitando así los problemas de pérdida de la cadena de frío asociados a la vacunación, sobre todo en países del Tercer Mundo. No es el único caso, existen más vegetales transgénicos que actúan como vacunas orales, e incluso algunos de ellos han sido ensayados con éxito en humanos ^. En alimentos transgénicos animales se ha avanzado menos, aunque es posible construir animales de granja transgénicos. Se ha investigado la producción de animales de mayor tamaño y la utilización de la glándula mamaria de vacas, cerdos u ovejas como una factoría celular. Se han construido carpas y salmones transgénicos que portan múltiples copias del gen de la hormona de crecimiento de la trucha y ganan tamaño mucho más rápido con el consiguiente beneficio para el productor ^. Ahora bien, sin duda las mejores perspectivas de futuro la tienen la expresión de genes que codifican proteínas de alto valor añadido en la glándula mamaria de diferentes mamíferos ^. Como consecuencia se produce una leche enriquecida en determinados productos como el activador del plasminógeno o el factor antihemofílico, con lo que un rebaño de tamaño medio podría producir la suficiente cantidad de estos fármacos para poder atender la demanda de todos los enfermos Debate en torno a la comercialización de los.. actuales durante un año. Muy recientemente se ha descrito la construcción de un mamífero transgénico que expresa en su leche una enzima que degrada la lactosa ^. La leche producida es ideal para el consumo por parte de enfermos intolerantes a la lactosa. Todos estos casos son beneficios importantes para el consumidor. Finalmente, también en el caso de los alimentos fermentados se han aplicado técnicas de ingeniería genética. Se han construido bacterias lácticas o levaduras transgénicas que portan genes de otros organismos. Los resultados son quesos en los que es posible controlar, e incluso acortar, los tiempos de maduración sin pérdida de calidad ^°, o vinos con un incremento de aroma afrutado, una característica organoléptica muy apreciada por el consumidor centroeuropeo ^^. De todo lo expuesto resulta evidente que nos enfi:"entamos a una nueva tecnología en expansión que puede cambiar la oferta alimentaria de nuestros hijos. En este sentido resulta esclarecedor confirmar que la asociación de compañías biotecnológicas americanas espera obtener en el año 2000 unos beneficios de varios miles de millones de dólares por la venta de estos productos ^^. ¿Son peligrosos los alimentos transgénicos? Los logros que se han descrito en las líneas anteriores son importantes. Las nuevas combinaciones de genes en un alimento transgénico permiten desarrollar lo hasta ahora inabordable. Frente a esta postura hay organizaciones que hablan de riesgos ^^. ¿Qué hay de cierto en todo ello?. Para contestar a esta pregunta hay que partir de tres supuestos: i) Riesgo cero no existe. En alimentación esta afirmación es clara, ya que no hay una uniformidad en las poblaciones y determinados riesgos pueden afectar sólo a determinadas subpoblaciones. Por ejemplo, el gluten de trigo es un peligro para los celíacos pero no para el resto de la población. ii) No es posible generalizar al hablar de riesgos de los alimentos transgénicos. Se hace preciso recordar una vez más el gran número de alimentos transgénicos desarrollados y la imposibilidad de dar una respuesta global con respecto a su inocuidad. En otras palabras, como en el caso de los fármacos, la evaluación caso por caso, alimento transgénico por alimento transgénico, parece la forma más racional de abordar el estudio. iii) No existe un solo riesgo. Pueden darse riesgos sanitarios y medioambientales e incluso económicos. Como consecuencia, para cada alimento transgénico habría que evaluar cada tipo de riesgo. Organismos internacionales como la FAO, la OMS o la OCDE han establecido durante los últimos años sus propios grupos de trabajo sobre la seguridad para el consumidor de los nuevos alimentos transgénicos, concediéndole prioridad a la elaboración de los principios científicos de evaluación de la misma. La conclusión de estos grupos de trabajo es el desarrollo del concepto de equivalencia sustancial. Este concepto, utilizado por la normativa europea sobre la comercialización de alimentos transgénicos, otorga dicha categoría a aquellos alimentos transgénicos cuya composición nutricional y características organolépticas son iguales a aquel del que proviene, con la única excepción del nuevo carácter introducido por ingeniería genética ^^. En cualquiera de los alimentos transgénicos que se han comercializado hasta la fecha se ha llevado a cabo una evaluación de riesgos sanitarios atendiendo a tres criterios: el contenido nutricional (equivalencia sustancial), la posible presencia de alérgenos y el nivel de toxicidad (para una revisión de casos ver i^-^^). La conclusión de todos estos estudios es que no existe un solo dato científico que indique que dichos alimentos, por el hecho de ser transgénicos representen un riesgo para la salud del consumidor superior al que implica la ingestión del alimento convencional correspondiente. Pese a ello, y como antes indicamos, se habla de riesgos sanitarios ^^. Se hace referencia a aumentos de casos de alergia, peligro de aparición de resistencias a antibióticos, generación de cánceres o retardos en el desarrollo inmunitario. Con respecto al primer problema, la generación de alergias, hay que destacar que sólo en un caso de todos los evaluados hasta la fecha se ha detectado un problema de alergenicidad. Se trata de una soja transgénica que contiene un gen proveniente del genoma de la nuez brasileña y como consecuencia puede resultar perjudicial para consumidores que sean alérgicos a dicho fruto seco ^^. Este problema se detectó durante la evaluación del producto previa a la concesión del permiso de comercialización y, aunque este último se obtuvo siempre y cuando se etiquetara el aHmento transgénico, la compañía productora decidió no comercializarlo. Con el resto de alimentos transgénicos ensayados hasta la fecha no se han detectado problemas de alergenicidad, es más, existen desarrollos transgénicos que los eliminan. Este es el caso de una levadura panadera transgénica desarrollada en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas cuyo uso previene la aparición Debate en torno a la comercialización de los... de alergias inespecíficas en profesionales del sector panadero ligadas a la adición de enzimas durante la panificaciónm ^^. El uso de genes que codifican resistencia a antibióticos como marcadores de selección en plantas, animales o microorganismos transgénicos abrió la polémica sobre la posible transferencia de dichos genes desde el alimento transgénico a bacterias de la microbiota intestinal y la posible aparición de nuevas cepas bacterianas resistentes a antibióticos. No hay pruebas ni datos experimentales que apoyen esta hipótesis, lo que llevó en su día a la OMS a afirmar que la presencia de genes de resistencia a antibióticos per se en un alimento no debería constituir un riesgo para la salud ^^. Sin embargo, durante los últimos años y por el rechazo social generado en torno a este tema, se han desarrollado técnicas que permiten eliminar los marcadores de resistencia en el producto final obviando el problema ^^. Pese a ello, este argumento se sigue utilizando. Finalmente, a mediados del año 1998 en el Reino Unido se generó una campaña en contra de los alimentos transgénicos tras aparecer el Dr. Arpard Pustzai en un prograraa de la televisión inglesa afirmando que ratas aUmentadas con patatas transgénicas que expresaban lectinas tenían retardos en el desarrollo inmunitario. Dicha campaña se extendió a otros países de la UE, mereciendo en nuestro país primeras páginas y editoriales en varios periódicos de tirada nacional. Conviene aclarar que dichas patatas transgénicas fueron diseñadas en organismos públicos de investigación para disponer de controles positivos de toxicidad. En ningún caso se pretendía comercializarlas. Además, muy recientemente los resultados del Dr. Pustzai han sido publicados en la revista The Lancet, a pesar de haber sido rechazados y criticados por seis recensores ^^. La opinión de los expertos en evaluación toxicológica no puede ser más negativa: los datos son incompletos, se han incluido pocos animales en el experimento y hay deficiencias en los controles ^^' ^^. En resimaen, un trabajo poco riguroso unido a los deseos de notoriedad de im científico generaron un alarmismo social que fue expandido por la prensa, la misma prensa que meses más tarde apenas ha dado cabida a la noticia sobre la falta de fundamento científico de dichas investigaciones. Si analizamos el riesgo que para el medio ambiente supone la aparición de estos alimentos, sobre todo la de los vegetales transgénicos, las cosas son, desde el punto de vista científico, menos claras. El problema fundamental radica en la falta de conocimiento y metodologías para analizar riesgos medioambientales, tanto de las plantas transgénicas como de las convencionales. A menudo se habla de la posible transferencia de los genes exógenos desde la variedad transgénica a variedades silvestres. Esta transferencia se produce frecuentemente en la Naturaleza, en algunas especies convencionales más que en otras. Por eso podemos afirmar que, por ejemplo en Europa, la transferencia de genes es improbable si utilizamos maíz transgénico y probable si utilizamos soja transgénica ^^. Conviene recordar que ese mismo riesgo se da con cualquier variedad de maíz resistente generada por cruce sexual: el problema no son los alimentos transgénicos en sí, sino nuestro desconocimiento en materia de evaluación medioambiental. Hasta la fecha se han realizado más de 25000 liberaciones controladas de plantas transgénicas al medio ambiente y se ha detectado un caso de transferencia de genes de una variedad transgénica de colza a una variedad silvestre ^^. ¿Supone esta nueva variedad un riesgo ecológico?. Los grupos que han trabajado en el tema han concluido que no hay indicaciones de ello ^^. Aun así, resulta evidente que hay que analizar caso por caso y que el control sobre este tipo de experimentos debe ser riguroso. Un segundo riesgo medioambiental lo constituye la pérdida de biodiversidad asociada al cultivo de plantas transgénicas. Desgraciadamente ésta se viene produciendo desde que el hombre decidió hacerse agricultor y somos los consumidores con nuestros gustos los que la alimentamos. A finales del siglo XVIII en Lleida había 24 variedades distintas de manzanas. Hoy sólo se cultivan dos y no son ninguna de aquellas, sino las que el consumidor demanda. Esta problemática tiene, entre otros, un freno racional consistente en potenciar los bancos de germoplasma y las colecciones de cultivo. Finalmente, otro posible riesgo medioambiental hace referencia a los efectos dañinos que ciertas plantas transgénicas resistentes a insectos pueden tener sobre poblaciones de insectos distintas a aquellas contra las que protegen. Hace unos meses todos los medios de comimicación se hicieron eco de un trabajo científico que demostraba que las larvas de la mariposa monarca morían al ingerir polen de maíz transgénico, a pesar de que los propios autores indicaban en su artículo lo prematuro de sus investigaciones ^^. La reacción del mundo académico a la publicación de dicho trabajo fue inmediata, concluyéndose que los datos presentados eran poco convincentes e incompletos, pero como en el caso Pustzai, dichas conclusiones tuvieron poca difusión en los medios de comunicación ^^. Beneficios de los alimentos transgénicos: ¿un negocio de multinacionales? Como en el caso de los riesgos, es imposible generalizar los beneficios que se pueden obtener de los alimentos transgénicos. Conviene destacar Debate en torno a la comercialización de los. que uno que nunca se logrará es el de acabar con el problema del hambre en el mundo, algo defendido en ocasiones por algunas compañías del sector y biotecnólogos entusiastas. Este problema tiene solución hoy en día al producirse la suficiente cantidad de alimentos para que nadie pase hambre, pero por desgracia el reparto de excedentes alimentarios es un problema político sin solución. Para hablar de beneficios merece la pena formularse la pregunta ¿para qué queremos alimentos transgénicos?. La respuesta a esta pregunta difiere en función de donde vivamos. En países desarrollados como el nuestro es evidente que nos preocupa la calidad de nuestra comida. Estamos obsesionados por que aquello que comemos sepa bien y favorezca nuestra salud. Atendiendo a estas demandas, mediante ingeniería genética es posible conseguir desarrollos inabordables por tecnologías convencionales. Ejemplos de ellos son las levaduras transgénicas que incrementan el aroma afrutado de los vinos ^^, las semillas transgénicas que producen aceites con un contenido de ácidos grasos adecuado ^^ o las patatas transgénicas sobreproductoras de almidón que acumulan menos aceite al freirse ^^. ¿Cómo pueden beneficiarse los países del Tercer Mundo? La respuesta es obvia: se pueden construir variedades de papaya capaces de crecer en suelos ácidos ^^, se pueden diseñar alimentos que actúen como vacunas ^' ^ e incluso se pueden conseguir variedades de arroz transgénico con un alto contenido de provitamina A y hierro capaces de solventar los problemas de avitaminosis y carencia de este metal en zonas subdesarroUadas donde este cereal es la base de la dieta 22. Ahora bien, todo ello hay que ponerlo en su contexto. La inmensa mayoría de alimentos transgénicos son producidos por compañías multinacionales interesadas tan sólo en aquellos cultivos que consumen los países desarrollados. En este sentido merece la pena hacer una doble reflexión. Por un lado, indicar que no se han creado compañías nuevas para vender alimentos transgénicos. El centrar el debate de los alimentos transgénicos en una campaña contra las multinacionales es, cuanto menos, una ingenuidad con un cierto grado de perversión. Por otro, recordar a los científicos que trabajan en organismos públicos de investigación su obligación moral de apoyar en la medida de sus posibilidades a los ciudadanos de países desfavorecidos, ya sea formando científicos de dichas nacionalidades en las técnicas de ingeniería genética, ya sea cooperando científicamente con ellos utilizando como material de trabajo sus variedades autóctonas. La opinión del consiunidor: el problema del etiquetado Se estima que sólo en el intervalo comprendido entre los años 1984 y 1994 se ha entrevistado a más de 70.000 personas, sobre todo en Estados Unidos, Japón y Europa, para conocer su opinión sobre la biotecnología ^^. Apenas se dispone de datos en países subdesarroUados. La heterogeneidad de las poblaciones encuestadas, del tipo de encuesta (telefónica, escrita, entrevista personal), o de las preguntas, dificulta el obtener tendencias entre consumidores de distintos países. No obstante es posible extraer ciertas características propias de poblaciones. Así, en Estados Unidos el conocimiento sobre biotecnología es bajo y su aceptación alta. En Europa la situación es contradictoria: en los países del norte de Europa el público tiende a estar informado acerca de esta tecnología y presenta objeciones éticas y morales; por el contrario, en los países del Sur el conocimiento es menor y la aceptación mayor. En cualquier caso, las opiniones varían en función del tiempo. Quedan muy lejos las encuestas en el Reino Unido que denotaban hace apenas dos años una aceptación razonable de los alimentos transgénicos. El escándalo Pustzai dio un vuelco a esta situación que, a pesar de la falta de base, no se ha recuperado. Se han realizado diversas encuestas para conocer la opinión del consumidor sobre los alimentos transgénicos ^^' ^^. De ellas se extraen las siguientes generalidades: i) Hay un desconocimiento profundo sobre qué es biotecnología, ingeniería genética y alimentos transgénicos. ii) Se observa un rechazo frontal a todo aquello que implique la modificación genética de animales, y más si se manipulan genes provenientes de células humanas. iii) Las variedades vegetales transgénicas o la producción de levaduras o bacterias lácticas transgénicas que produzcan respectivamente vino, cerveza o yogur son mejor aceptadas por el consumidor, sobre todo si la modificación genética afepta positivamente al producto final. No es tan receptiva la postura si la modificación tan sólo favorece al productor. iv) Los consumidores están unánimemente a favor del etiquetado de los alimentos transgénicos. La percepción de riesgos y el interés por el consumo de alimentos transgénicos varía entre distintos países. Recientemente se han llevado a cabo encuestas que demuestran que la mayoría de consumidores en Suecia (65%), Portugal (62%), Austria (60%) y Alemania (57%) con-Debate en torno a la comercialización de los... sidéra la ingeniería genética un riesgo importante, mientras que en Grecia (33%), Italia (30%), Noruega (28%) y Estados Unidos (21%) sólo opina así una minoría ^^. La actitud positiva hacia el consumo de alimentos transgénicos es muy alta en Canadá (74%), Estados Unidos (73%), Portugal (71%) y Japón (69%), y muy baja en Alemania (30%) y Austria (22%). Curiosamente, a pesar de considerar los alimentos transgénicos un riesgo, los consumidores portugueses aceptan su consumo. De hecho, la percepción de riesgos y el consumo presentan interesantes controversias: la media de consumidores califica a los alimentos transgénicos con un porcentaje de peligrosidad del 44% frente a un 38% para el colesterol y un 58% para el consumo de alimentos pasados de la fecha de caducidad. En otras encuestas los consumidores sitúan los alimentos transgénicos a un nivel de peligrosidad inferior a los aditivos alimentarios o viajar en avión y superior a la cirugía o el viajar en tren. Legislación sobre los alimentos transgénicos: el caso español ¿Quién regula la comercialización de estos productos? El ciudadano suele tener la impresión de que existe poco control sobre la comercialización de los alimentos transgénicos. En nuestro país, como en el resto de países miembros de la UE, existe todo un entramado normativo que regula la investigación, liberación al ambiente, patentabilidad, comercialización y etiquetado de estos productos (Tabla 1). De todos ellos los más interesantes son los que hacen referencia a su comercialización y etiquetado. En la UE, para comercializar por primera vez un alimento transgénico, y siguiendo el Reglamento CE 258/97, es necesario formular una solicitud al Estado miembro en el que se quiere comercializar conteniendo la información técnica necesaria junto con una copia de los estudios de evaluación de riesgo sanitario y ambiental. A continuación se lleva a cabo una evaluación inicial por parte del organismo competente en materia de evaluación en el país de solicitud que puede solicitar evaluaciones complementarias. Una vez se disponga de la evaluación final, el informe se remite a la Comisión que lo distribuirá a todos los países miembros. Los Estados miembros pueden presentar alegaciones u observaciones referentes a la comercialización del alimento. Si se realiza una objeción se adoptará una decisión de autorización que precisará las condiciones de uso del alimento transgénico, su denominación y su descripción, así como los requisitos de etiquetado. De lo descrito se deduce el complicado entramado burocrático para conceder la comercialización de un alimento transgénico en la UE que contrasta con la aparente sencillez de la administración de Estados Unidos. En este país, en 1992 la FDA (Food and Drug Administration) hizo pública una declaración de intenciones en la que afirmaba que no era necesario desarrollar una legislación específica para la comercialización de los alimentos transgénicos, ya que la usada para evaluar la comercialización de los alimentos obtenidos por técnicas genéticas convencionales era suficiente al exigir un análisis detallado de la inocuidad higiénica, sanitaria y medio ambiental del alimento final ^^. Existe por lo tanto una clara contradicción entre el modelo americano que evalúa el producto final sin interesarse por la técnica utilizada para obtenerlo, y el modelo europeo que se fija en ambas cuestiones ^^. En otros países como Australia, Canadá y Japón el sistema es bastante similar al americano. Todavía existen países con una legislación muy laxa o en discusión (Argentina, India) donde se están comercializando Debate en torno a la comercialización de los.. alimentos transgénicos. Sin duda todas estas diferencias pueden dar lugar a la creación de paraísos de permisividad que, en última instancia, rebajen las medidas encaminadas a asegurar la falta de un riesgo adicional en la comercialización de estos alimentos, algo a todas luces indeseable. Con respecto al etiquetado, en la UE está contemplado en cuatro reglamentos (Tabla 1). El Reglamento CE 258/97, siguiendo el modelo establecido en su día por la FDA, establece que los alimentos transgénicos deberán etiquetarse sí: i) No son sustancialmente equivalentes a aquellos de los que proceden, es decir tienen diferente composición nutricional. ii) Suponen un riesgo para un subsector de la población (por ejemplo exceso de fenilalanina para los enfermos fenilcetonúricos). iii) Contienen genes de reserva ética o religiosa (genes de un animal en un vegetal para los vegetarianos, genes humanos en cualquier alimento). iv) Contienen organismos modificados genéticamente vivos. El segundo Reglamento (1139/98) apareció tan solo un año más tarde del anterior, y regula de una forma particular los alimentos compuestos de soja o maíz transgénico o que contengan aditivos provenientes de estos vegetales transgénicos. Conviene mencionar que éstos fueron los únicos alimentos transgénicos autorizados en la UE previamente a la entrada en vigor del Reglamento 258/97. En este segundo Reglamento se especifica que habrá que etiquetar siempre que se detecte el gen o la proteína transgénica en el alimento final, e incluso indica los requisitos específicos de dicha etiqueta tales como mensaje, tamaño y posición en la etiqueta. En sus considerandos se comenta que la comunidad científica no disponía en el momento de su aprobación de una técnica analítica validada para detectar el gen o la proteína transgénica y que habría que definir los límites de sensibilidad para descartar falsos positivos. Resulta cuanto menos singular el desarrollar una normativa jurídica que se base en una técnica analítica sin disponer de la misma. Además, como recientemente se ha puesto de manifiesto, existe una contradicción jurídica en su formulación, ya que se trata de un reglamento particular, aplicable a dos casos, la soja y el maíz transgénico, cuyo contenido es distinto al previamente descrito para regular la globalidad de los alimentos transgénicos ^^. Sin duda, su publicación ha suscitado muchas reacciones negativas. Cuestiones tales como si cada nuevo alimento transgénico autorizado para su comercialización conllevará el desarrollo de un nuevo reglamento específico de etiquetado o si se pueden etiquetar negativamente los alimentos no transgénicos surgen tras su aprobación y recuerdan que su publicación se vio sin duda forzada por presiones políticas. En cualquier caso es un dato más de confusión para el consumidor, cuya lectura del problema es que los científicos son capaces de generar alimentos transgénicos e incapaces de detectar las modificaciones que han introducido. Hace apenas unas semanas han aparecido dos nuevos Reglamentos destinados a definir los límites de detección en el caso de contaminación artificial (Reglamento 49/2000) y el etiquetado de aromas y aditivos alimentarios obtenidos a partir de organismos modificados genéticamente (Reglamento 50/2000). Respecto al futuro de los alimentos transgénicos Los alimentos transgénicos son una realidad incuestionable. Es evidente que en la actualidad constituyen un problema, pero no es un problema científico ni social, sino económico. Todos los colectivos implicados en el debate tienen sus intereses. Los tienen las compañías multinacionales que los venden y lo quieren hacer cuanto antes, como los tienen algunas de las organizaciones ecologistas con estructura de multinacional que se oponen a su comercialización. Los tienen los científicos que trabajan en organismos públicos y ven peligrar su tema de trabajo, y los tienen los periodistas que han encontrado en este tema un filón de noticias sensacionalistas. Y frente a este conflicto de intereses ¿qué va a hacer el consumidor? Es difícil predecir lo que va a suceder. Nuestra impresión es que todo dependerá de tres cuestiones: la respuesta de la clase política europea frente a la presión social de los grupos que se oponen y la presión económica de las compañías productoras, la posición que adopten los medios de comunicación, y la posible aparición en el mercado de alimentos transgénicos cuya mejora favorezca claramente al consumidor e implique beneficios sanitarios. En cualquier caso es necesario recordar que la investigación en alimentos transgénicos tiene múltiples repercusiones sociales y jurídicas. Los científicos que trabajan en estos temas no pueden obviarlas, de la misma forma que la sociedad difícilmente podrá prescindir de estos adelantos tecnológicos. En cualquier caso, el intercambio de conocimientos entre científicos sociales y experimentales es, y será, una atrae- relativa a la liberación al ambiente de organismos modificados genéticamente susceptibles de ser utilizados como materia prima de alimentos transgénicos o fuente de obtención de aditivos alimentarios relativa a la comercialización de los alimentos transgénicos y su etiquetado
hacer dichos comentarios, importantes expertos en diferentes campos han escrito los artículos que componen este número. El pasado de la investigación biológica (menos cuantitativa que la actual), puede seguirse observando la denominación de algunos Centros del CSIC; Ferrán, López-Neyra, Cajal, Marañón, Ochoa, Sois o Primo Yufera. Sin embargo, tan importante como el conocimiento de los nombres es el conocimiento de las circunstancias en las que se realizaron las investigaciones. Teniendo en cuenta las circunstancias y la calidad de investigación, parece obvio indicar que la figura de Cajal es el paradigma de la mejor investigación en España. Cajal tuvo su escuela (Tello, Lorente de No, Fernando de Castro..), pero éste embrión (y otros) de investigación de excelencia se deterioró por la guerra civil. Muchos de los mejores investigadores se exiliaron durante o tras la contienda (Ochoa es un ejemplo), y la investigación en Universidades y CSIC tuvo que empezar casi de cero. En el CSIC fue Albareda el que empezó la reorganización y como aspecto positivo de su labor se incluye su idea de enviar a los investigadores jóvenes al extranjero para formarse. Adicionalmente, en aquel periodo de tiempo sucedió algo inesperado en España y fue la concesión del Premio Nobel de Medicina y Fisiología a un español nacionalizado norteamericano. En base a este hecho (año 1959) se fue buscando la aproximación al galardonado, en parte con fines científicos, en parte con fines propagandísticos, fundamentalmente en la década de los sesenta. Esta aproximación fue fructífera y dio lugar al regreso a España de Severo Ochoa en la década de los ochenta. Durante este periodo existieron dos tipos de personas que jugaron un papel importante en lo que ha sido posteriormente la investigación Presentación X en Biología Experimental en España. Un tipo de personas fueron los organizadores, que se dedicaron a la administración de la ciencia, otro tipo fueron los estudiosos, los conocedores de los últimos trabajos y técnicas. Obviamente, existen o han existido individuos con características intermedias. Los estudiosos, con una gran afición por conocer, se caracterizaron por promover un ambiente científico, con seminarios internos, y tener laboratorios (de mayor o menor tamaño o complejidad) homologables con los de países punteros en Investigación. Ejemplos de los diferentes tipos de personas de las décadas de los sesenta y setenta son (se indican algunos, no todos, pues por distracción o ignorancia seguro que me olvido de alguno, y que ese alguno sea verdaderamente importante); A. Sois, J. Rodríguez Candela, A. Gallego, G. Giménez Martín, M. Losada, M. Munido, J. A. Subirana, G. Morrealle, E. Muñoz, A. G. Bellido, F. Mayor, D. Vázquez, M. Salas y E. Viñuela. El caso de E. Viñuela es el paradigma del científico con afición y con grandes dotes organizativas que promueve, junto con M. Salas, el desarrollo de la Biología Molecular en España. Es en parte por este motivo por el que este número de Arbor está dedicado a él. La Biología Molecular y disciplinas relacionadas que pueden constituir lo que se conoce como Biología Experimental Cuantitativa se ha desarrollado considerablemente en España desde la década de los setenta. Sin embargo, este crecimiento ha sido más anárquico que planificado y más voluntarioso que subvencionado, por lo que ha tenido un gran coste en esfuerzo, horas de trabajo y búsqueda de ahorro para poder desarrollar con la máxima eficiencia el trabajo que nos hiciera homologables, con los países con mayor dotación económica. El resultado, en términos generales, puede considerarse como positivo, pero obviamente se podría haber mejorado. Para el futuro se parte de una contradicción. La administración hace planes a corto plazo (el tiempo máximo es el que transcurre entre elecciones), mientras que un buen desarrollo de la Ciencia (no de sus materias, sino de su planificación) requiere de planes a largo plazo. Esta discrepancia trae consigo improvisación y pérdida de eficacia. Recientemente, Sánchez Ron ha comparado la subvención a la Ciencia con la del deporte en España (de hecho ambas disciplinas han tenido hasta hace poco los mismos administradores). Para el deporte se hizo el plan ADO, que periódicamente, cada cuatro años (tiempo entre Olimpiadas o entre elecciones), tiene como objetivo el que los deportistas españoles saquen el mayor número de medallas en los JJOO. En su escrito Sánchez Ron sugería la conveniencia de realizar un plan ADO para la Ciencia, poniendo como objetivo la obtención de Premios Nobel. Obviamente para que una persona (o equipo) consiga un Premio Nobel cuatro años de planificación no es nada (es lo mínimo casi para realizar una buena tesis doctoral); se requiere más tiempo. Por otra parte, realizar buena Ciencia no es buscar la concesión del Premio Nobel, sino alcanzar un excelente nivel de conocimiento. El deporte aparte de buscar tener un país sano, tiene un componente importante de espectáculo. Este nivel de espectáculo no parece necesario para la Ciencia. Las medallas y premios tienen un alto nivel propagandístico que es importante para la que la sociedad conozca esas actividades pero debe de considerarse como un aspecto complementario y evitar cualquier tipo de actitud picaresca. Así en el deporte actual existe una tendencia en ir complementando (¿o cambiando?) el plan ADO con el fichaje de nadadoras rusas, saltadoras cubanas, judokas japoneses, etc... ya formados, de amplia experiencia y con cierta madurez para poder lograr medallas sin necesidad de una larga planificación. Ahora, en ciencia se pretende complementar la escasez de medios para la formación de investigadores y desarrollo de la investigación en España con la llegada a nuestro país (abundantemente indicada en los medios de comunicación) de fichajes del exterior Estos fichajes, de indudable valía, pueden ser muy beneficiosos para enseñar y colaborar con los investigadores endógenos, afortunadamente todos tienen cabida en la Ciencia, pero esto no debe de provocar confusión sugiriendo que una vez realizada la publicidad del fichaje, ya parece que son menores las necesidades endógenas de formación y desarrollo científicos. Por ello, los planes para el futuro buscando la formación y el desarrollo general de la ciencia deben de realizarse a largo plazo buscando tener también científicos formados en España y fichables por países foráneos debido a su prestigio y no solo publicidades coyunturales. La existencia de científicos españoles (trabajando en España) de calidad y de reconocido prestigio internacional es, afortunadamente, un hecho. En este sentido, los artículos que se publican en este número sobre diferentes áreas de investigación en Biología Experimental están escritos por algunos de estos científicos, de excelente trayectoria investigadora y que han sido protagonistas de importantes contribuciones científicas. Aunque no ha sido posible abarcar todas las áreas de la Biología Experimental, los trabajos sobre Biología Celular, del Desarrollo, Virología, Plantas, Oncología o Neurobiología dan una buena idea de lo que se hace en estos campos en España. Adicionalmente, en este número de Arbor se ha intentado hacer una visión histórica Presentación XII de algunos aspectos de la investigación en Biología Experimental en España. Desde mi punto de vista personal, el área que más conozco (la relativa al estudio del citoesqueleto de neuronas, una mezcla de Biología Celular, Molecular y Neurobiología) se ha desarrollado extensamente. Durante los últimos años, en el laboratorio, hemos intentado seguir los criterios indicados por E. Viñuela sobre como trabajan En este tiempo hemos analizado la regulación de la polimerización de la tubulina (el componente mayoritario de los microtúbulos). La tubulina es una interesante proteína G, con una importante zona carboxi-terminal implicada en varias funciones. Hemos estudiado las características de una serie de proteínas asociadas a los microtúbulos (MAPs), describiendo que una de estas MAPs, la proteína tau, tiene capacidad para ensamblarse en unas estructuras aberrantes (ovillos neurofibrilares) presentes en el cerebro de los pacientes con la enfermedad de Alzheimer, y cuya presencia se relaciona con la demencia que se observa en dichos pacientes. Adicionalmente, se han realizado experimentos buscando la regeneración axonal de neuronas del sistema nervioso central, habiéndose obtenido resultados positivos para la regeneración de la médula espinal en rata. Por otra parte, el desarrollo a nivel básico en Biología Celular ha sido espectacular (fundamentalmente en USA), en estos últimos veinte años. En este campo se han conocido las características de otras proteínas G relacionadas con el citoesqueleto; de proteínas como las cohesina, separina y securina, implicadas en la segregación cromosómica; de proteínas de la matriz extracelular implicadas en procesos de transducción de señal; y del importante futuro que pueden tener las denominadas células madre sobre los procesos de regeneración tisular. Este desarrollo de la investigación básica ha facilitado el comienzo del estudio, a un nivel más aplicado, de procesos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer. En esta área, como en otras, sería bueno que nuestro país realizara un mayor esfuerzo para buscar un mayor desarrollo investigador. Así, en lo referente al estudio de procesos neurodegenerativos existen grupos de investigación básica y buenos grupos clínicos. La realización de un análisis multidisciplinar, como se está realizando en otros países, para el estudio de la enfermedad de Alzheimer (u otros procesos neurodegenerativos), sería de gran interés. Para ese tipo de estudios es importante apoyar a los grupos de investigación, no solo a los grandes grupos sino también a los de pequeño tamaño o"^aquellos que están comenzando su desarrollo. Para la ciencia básica es fundamental la existencia de maestros, y no solo la de grandes líderes (que tampoco deben despreciarse). En el día a día de la experimentación se requiere de una atención al trabajo que solo puede ser fructífera si el maestro está atento a lo realizado por el investigador en formación. Por ello, este aspecto debe de cuidarse de un modo primordial. En este sentido debo de indicar que Eladio Viñuela fue fundamentalmente un maestro y nunca buscó asumir un papel de líder (aunque por naturaleza lo fuera). Como consecuencia, su labor ha tenido una escasa publicidad, aunque, para bien de la Biología Molecular en España, creó una escuela de investigadores, algunos de los cuales, tras seguir sus enseñanzas, han tenido la culpa del espectacular desarrollo que se ha dado en España a la Investigación sobre Biología Experimental, algo que empezó en el año 1967 cuando el matrimonio Viñuela-Salas creó su primer laboratorio en el Centro de Investigaciones Científicas.
LA ACTUALIDAD DEL BARROCO Las revisiones, las relecturas y, sobre todo, las reivindicaciones del barroco han propiciado, en las últimas décadas, la aparición de varios puntos de vista para reconsiderar la crisis de la modernidad, así como para prestar apoyos para investigar el fenómeno del postmodernismo (Calabrese. Naturalmente, la intensificación del interés por el Barroco desde los años setenta del siglo pasado, coincide con el gran debate sobre la postmodernidad. El reconocimiento de que el barroco puede insertarse en la fase terminal o de crisis de la modernidad, como una especie de encrucijada de nuevos significados, favorece la emergencia de un nuevo tipo de pensamiento que se instala en la actual sociedad de consumo de masas, dentro de la tercera revolución tecnológica y acusando los efectos del capitalismo avanzado de la era postindustrial. En esta compleja época, la incredulidad hacia los metarrelatos (Lyotard. 1980), puede explicar la sintomatología de un malestar en la cultura tardomoderna, que provoca desde el descrédito de los programas sobreracionalizadores, al rechazo de las totalidades y totalizaciones, hasta la obsesión epistemológica por los fragmentos, divisiones, apoteosis de las diferencias, así como las quiebras sin fin de los dispositivos de legitimación. Dentro de este contexto epocal, varios han sido los autores que han recogido esa tradición reivindicativa de los maestros barrocos, desarrollando su propia teoría en el marco de los cambios culturales de estos últimos años, o sea, cuando la crisis de lo moderno ha permitido emanciparse del discurso intimidatorio de la razón. 1998, etc.), al abordar una definición de la cultura contemporánea coinciden en la utilización de los términos "barroco" y "neobarroco", como pertinente y relevante metáfora cultural para caracterizar las señas de identidad de nuestro tiempo. Ahora bien, lo barroco, y su actualización como neobarroco, no debe entenderse como un simple retorno al célebre estilo de los siglos XVII y XVIII, sino también y, sobre todo, como una forma de organización cultural con estrategias de representación propias, una metáfora cultural de nuestro tiempo, que retoma y redefine comportamientos estéticos y socioculturales que se vienen desarrollando desde la antigüedad clásica hasta hoy. Al usar el término barroco queremos referirnos tanto al estilo artístico y literario que fue imponiéndose desde finales del siglo XVI hasta el siglo XVIII en Europa y en América, como a una forma de nombrar una cierta forma social, política, cultural o científica de hacer y de pensar, que se visualizó con claridad durante aquellos siglos. Hoy, la política, la cultura, o ciertos comportamientos sociales o individuales pueden recibir el adjetivo de "barrocos", a modo de categoría que intenta subrayar causas y efectos específicos. Tras esta breve presentación del marco sociocultural, que hace relevante hoy la pertinencia de los estudios sobre el barroco, expresamos nuestro inicial punto de partida: la constatación de la presencia de ciertos núcleos barrocos en la cultura psicoanalítica, tanto en lo que refiere a sus discursos identitarios y a sus programas de representa-ción, como en su teoría y práctica. Línea de trabajo que pretende promover una reflexión sobre lo barroco, como herencia relevante, para tener una visión más profunda y comprensiva sobre su impacto en la cultura psicoanalítica y, por extensión, en nuestra actualidad sociocultural. No obstante, cabe reconocer que vincular el psicoanálisis y el barroco puede parecer, en un principio, un ejercicio apriorístico de imponer una manera de leer ambas cuestiones. Sin embargo, en nuestra opinión, existen una serie de elementos que, al analizarlos de cerca y con los matices que la historia ha aportado, redefinen la utilidad de hablar del psicoanálisis desde ciertos lugares barrocos. De ellos hablamos en este trabajo. El propósito último es adentrarse en el trasfondo de la cultura psicoanalítica para captar una conciencia real de sus herencias y de lo que ellas suponen. Las temáticas en consideración son las siguientes: ciertas señas de identidad; el arte de la mirada; la concepción terapéutica; y, por último, el estilo. A nuestro juicio, estas temáticas, entre otras, siendo en origen barrocas serán retomadas ulteriormente por el psicoanálisis, configurando, en cierto modo, su peculiar identidad, sus valores y algunas de sus teorías y prácticas. Por tanto, desde este trabajo, en homenaje a los 150 años del nacimiento de Sigmund Freud, se propone un ejercicio de reconstrucción de la cultura barroca, superando el frecuente anacronismo en la aproximación al tema, para activar nuevos mecanismos de representación y pensamiento más transitivos, de ida y vuelta, capaces de iluminar la compleja actualidad de nuestras sociedades, que no se pueden entender sin sus relaciones con el pasado-futuro (Koselleck. El Barroco no es la modernidad del humanismo clásico que confía en el punto de vista exclusivo de la racionalidad (Panofsky. 1980), ni de la modernidad mistificadora de la cultura dirigida desde las poderosas Cortes del barroco (Maravall1. 1979), sino de una modernidad insatisfecha, "rebelde", generadora de incertidumbre, de autorreflexividad y extrañamiento, que se relaciona con varias temáticas -todas ellas próximas al psicoanálisis-y que cuestionan los principios de realidad tanto del humanismo renacentista como del "barroquismo oficial". Razones de sobra habría, con los autores citados anteriormente, para señalar el barroco "rebelde" frente al logocentrismo "oficial". El barroco, pues, no es un fetiche histórico como así lo han entendido algunos, sino que es una fecunda matriz que impregna varias ramas del árbol de las Ciencias y de las Artes pasadas y contemporáneas, mostrando, al buen entendedor, ciertas temáticas como son: la inarmonía, la ruptura de la homogeneidad, la desaparición del logos como absoluto, la crisis del concepto de progreso lineal de la historia, el retorno a la concepción cíclica del tiempo, la división (spaltung) del sujeto, etc.. En consecuencia, presentamos lo Barroco como una categoría indispensable de la historia de la cultura, útil no sólo para apreciar mejor los fascinantes retablos del pasado sitos en nuestras Iglesias, sino sobre todo para entender los productos culturales de nuestro presente, como es el caso que ahora nos ocupa del Psicoanálisis. Por tanto este trabajo pretende ser un dispositivo de reflexión comparativa entre una y otra perspectiva, de tal modo que nos sirva para reflexionar sobre las contradicciones del presente y sus síntomas, pero, al tiempo, pretende ser una exposición para el disfrute de la ampliación de horizontes culturales, muy conveniente para la interpretación de fenómenos diversos como este caso de las analogías entre Psicoanálisis y el Barroco. Pero es hora ya de pasar a las temáticas barrocas de amplia influencia en la cultura psicoanalítica. ALGUNAS SEÑAS DE IDENTIDAD Sigmund Freud, a los 13 años, comenzó su amistad con Eduard Silverstein (1856Silverstein ( -1925)), con quien pasaba el tiempo de que disponía fuera de las horas de clase. Para la comunicación de sus secretos personales, estudian juntos el castellano y fundan la "Academia Española", un pacto entre dos únicos miembros que implica el uso del idioma español en su epistolario y la adopción de los nombres de "Cipión" y "Berganza", nombres tomados de los perros parlantes que había creado Cervantes en "El coloquio de los perros" (1613). Freud era Cipión -el crítico, pedagógico e inteligente-y Silverstein era Berganza, su atrevido y charlatán amigo. Así nos lo describe, en su epistolario, el propio Freud: "Acostumbrábamos a estar juntos literalmente todas las horas del día que no pasábamos en el aula. Aprendimos español juntos y poseíamos una mitología que nos era peculiar, así como ciertos nombres secretos que habíamos extraído de los diálogos del gran Cervantes... Tanto al escribirnos como en la conversación yo le llamaba Berganza, y él a mí, Cipión. ¡Cuantas veces he escrito: Querido Berganza, y he terminado la carta: tu fiel Cipión. Juntos fundamos una extraña sociedad escolástica: la Academia Castellana" (Freud. Desde luego y, en un plano psicológico, Cipión y Berganza representan el diálogo y el necesario contraste que los adolescentes necesitan tener por medio del amigo y confidente. Pero en un orden más profundo se encuentra la predilección por la cultura barroca española, por su denuesto a la modernidad científico-positivista, por su atenta escucha a la subjetividad epocal; así como por su apuesta por una decidida cuestión existencial que luego retomará el psicoanálisis: que el ser humano nace al mundo de la cultura marcado por el lenguaje, la enfermedad, la muerte y por el empuje de sus pasiones. Otra seña de identidad barroca es la predilección de los psicoanalistas por la sabiduría aforística sedimentada en divisas, insignias y emblemas. Baste señalar, en un sentido paradigmático, cómo se incorpora al psicoanálisis la divisa "Fluctuat nec mergitur" ("fluctuando, sin sumergirse jamás"), que, a su vez, figuraba en el escudo de armas de la ciudad de París 1. Esta divisa llamó la atención de Freud que la incluyó en un momento decisivo, el de su primera compilación de la teoría y práctica psicoanalítica: "Fluctuat nec mergitur" fue elegido como epígrafe de la "Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico" (1914). Por otro lado, Carl Gustav Jung desde los seis años maneja el latín, comenzando así su largo interés por la lengua y la literatura antigua. Además de saber las lenguas de Europa occidental, podía leer algunas antiguas, incluyendo el Sánscrito. Una de sus obras fundamentales lleva por título: "Mysterium coniunctionis. Investigaciones sobre la separación y la unión de los opuestos anímicos en la alquimia" (Jung. Última de sus obras, donde Jung corona su indagación sobre el concepto de inconsciente colectivo y sobre la teoría de los arquetipos (pautas instintivas que tienen un carácter universal y que se expresan a través de comportamientos e imágenes); temáticas abordadas en su obra "El hombre y los símbolos" (1964). Para ello fue fundamental el estudio del barroco, período donde, según Jung, se recoge y culmina la iconología, el simbolismo y el conocimiento medieval. El rico anecdotario de las señas identitarias barrocas se amplia con Jacques Lacan, psicoanalista que se identifica nítidamente con el estilo barroco. "Como advirtió alguien hace poco, me coloco -¿quién me coloca? ¿él o yo? Sutileza de la lengua-me coloco más bien del lado del barroco" (Lacan. Y, además, en su escritura, como en su práctica en vivo (los Seminarios), retoma el estilo barroco produciendo deliberadamente dispersiones de sentido y descentramientos de frases. Discurso barroco lacaniano que opera como lo hace el trampantojo: como artefacto de desorientación, cuyo objetivo es eludir el cierre del sentido, producido por la obsesividad racionalista, para favorecer otro tipo de racionalidad, la que versa sobre lo inconsciente. De esta manera, el estilo lacaniano que es difícil, irregular, de amplia densidad laberíntica en sus juegos homofónicos de palabras, participa claramente del estilo barroco. El mismo Lacan llega a asumir la comparación con Góngora, para muchos un tanto extraña, sobre todo en un horizonte francés de claro clasicismo normativo y de robusto denuesto a lo barroco: "Lo cual nos obliga a concluir que no hay forma tan elaborada del estilo que el inconsciente no abunde en ella, sin exceptuar las eruditas, las conceptistas y las preciosas, a las que no desdeña más de lo que lo hace el autor de estas líneas, el Góngora del psicoanálisis, según dicen, para servirles" (Lacan. Góngora, el responsable del estilo culto o culterano. El mismo Góngora que los simbolistas franceses comparan con Mallarmé. Y como Góngora, Lacan en sus Seminarios habla expresando un lenguaje de fondo, sofisticado, dispuesto a captar las imágenes en su duplicación por su contraste con el espejo. Por último, Lacan incita a sus oyentes y lectores a que lean a Baltasar Gracián, en concreto: "El Comulgatorio" (1655), último libro del gran maestro aragonés, donde Lacan encuentra el cruce de dos itinerarios: el de la iniciación mística y el de la dirección de la cura psicoanalítica, que más adelante retomaremos (Lacan. En la antigüedad los ojos representaban la divinidad luminosa, creadora y vigilante así como la inmortalidad. En Egipto, los ojos de Ra repartían su luz en la aurora. En Mesopotamia, el dios-padre Ea era "el dios de ojos brillantes". Y tanto Zeus como el Dios Padre cristiano (que se representa mediante un único ojo inscrito en un triángulo) se describen o representan como el ojo que todo lo ve. En Grecia, la diosa de la inteligencia (Atenea) se simbolizaba por una lechuza. Sus ojos agrandados veían perfectamente en medio de las tinieblas (representando la noche o la ignorancia). Sin embargo, para los mortales tal mirada les era imposible. Por tanto, ciegos tenían que ser aquellos que tenían el don de vislumbrar lo que no era visible. Los ojos normales, atraídos por las bellezas sensibles, tenían que cerrarse necesariamente para poder abrirse al conocimiento, esto es: a lo invisible. Un busto de Homero, poeta ciego a lo inmediato, sirve para distinguir la vista de la visión profunda. Pero la ceguera necesaria de Homero y Tiresias no acredita deficiencia, sino la verdadera visión que se lograba con un órgano interno, el tercer ojo, allí donde se fraguan las facultades del alma (memoria, fantasía, imaginación) y que sólo se alcanzan cuando se deja de mirar directamente al mundo exterior. Por eso, profetas, adivinos y poetas tenían que ser ciegos. El ojo dañado era signo del talante visionario. Los seres normales poseen dos ojos. Los excepcionales tres o ninguno. En este contexto, la ceguera es símbolo de una visión extraordinaria que sólo se alcanza con los ojos del alma, abiertos cuando los ojos físicos se cierran para siempre. Incluso esto es así para Platón, por eso escribe el libro VII de "La República" (475-470 a. C.), para prescribir la ceguera a los que pretendan aproximarse a la sabiduría. Instalada en una fe extraordinaria y sus consiguientes certezas, la Edad Media no necesitó elaborar un arte de la mirada, tan sólo reflejó en su pintura la solidez de sus creencias y la rígida plasticidad de sus prácticas. Tampoco lo necesitó el clasicismo renacentista, que inventa la perspectiva para racionalizar los espacios visuales, dándoles un contenido de razón y una estabilidad más que razonable. Sin embargo, el Barroco, época de crisis e incertidumbres, necesitó que ese tercer ojo hiciese visible lo invisible. El gran anhelo del barroco, por tanto, fue mostrar cuestiones aparentemente inaccesibles, invisibles, situadas más allá de la percepción humana y a la que sólo se podía llegar mediante una cierta intensificación del espíritu. De ahí que, el gran arte de la mirada, se deba al barroco. El barroco ha sido un estilo excesivamente pretencioso, pues no sólo se ha caracterizado por su empeño, bien conceptista o bien culteranista, en retorcer, contorsionar (volver loca) la lengua para hacerla decir lo indecible, sino que también, como afirma Christine Buci-Glucksmann (1986), el barroco pretendió ver lo invisible, desplegando una cierta "locura de ver" (la folie du voir) propia del arte de la mirada del CARLOS SOLDEVILLA PÉREZ barroco: el exceso de formas visuales, la búsqueda de efectos especiales; ambicionando, a través de estos recursos, desbordar la visión escuetamente racionalista del clasicismo renacentista. Desde ese entonces, hacer visible lo invisible, producir sensibilidad y conciencia mediante la imagen ha sido una constante heredada del arte de la mirada del barroco. Pero ¿en qué consiste lo invisible?, ¿cuál es el contenido de la invisibilidad? La respuesta surge súbita: dar cuerpo a la escisión entre razón e inconsciente, entre luces y sombras, afirmando la diferencia, como expresa Deleuze (1989), a través de formas de pliegues y despliegues, en una coextensividad del desvelamiento y del velamiento del ser racional, respecto de lo que se le opone como inconsciente; y al ambigú onírico, fantástico y fantasmático, que media como umbral decisivo entre la razón y su otredad. Por eso el artista barroco, es un buceador de su propia intimidad; y, a costa de mantener una actitud perseverante o, mejor, obsesiva, quiere llegar a percibir el negativo y luego el positivo de su identidad. En consecuencia, el arte de la mirada del barroco pretende, sin acogerse a la ceguera, desarrollar un tercer ojo y con él abrirse a lo invisible, porque lo invisible representa a los enigmas más profundos (los que se esconden tras las apariencias de las cosas). Intenta encontrar el secreto de todo lo que, en el espacio y en el tiempo, nos prolonga más allá de nosotros mismos. La razón barroca es, por tanto, una locura de la mirada que se atreve a mirar las razones de lo Otro (restos, excesos, caos, pulsiones, anhelos y goces), adentrándose para ello, sin miedo, con coraje, en el mundo de lo ilusorio, de la locura y de las sombras que la racionalidad Renacentista y luego Ilustrada siempre se apresuró a soslayar. Hay, por tanto, una peculiar búsqueda de lo inconsciente en la estética del barroco. El artista desciende o, mejor, penetra en el oscuro espacio en el que todo son inquietudes y misterios, allí donde se entreveran la experiencia creadora y la experiencia del dolor. En líneas generales, el arte barroco busca impactar y conmover a través de diversos procedimientos: crear la sensación de movimiento, recargar la obra hasta cotas insospechadas, rompiendo los límites entre el espacio del arte y el del espectador para así captar el momento más profundo y dramático de la acción, apelando a lo emotivo más allá de lo razonable ("Amor constante más allá de la muerte". Pues, para el barroco hay una verdad que está por detrás del realismo ingenuo renacentista, una verdad más profunda -por definición, alejada de la simple racionalidad-, que sólo se puede captar a través de unas apariencias no verosímiles (no naturales, no realistas), sino por medio de recursos barrocos como el trampantojo y la anamorfosis 2, apariencias, en suma, de no realidad, que distorsionan una mirada racional, bien para despistar a los espectadores incautos o más bien para conducir la mirada hacia verdades más profundas y enigmáticas. Siguiendo la tesis de Buci-Gluksman, el barroco pretende una teatralización de la existencia, una lógica de la ambivalencia que conduce la razón "otra", interna a la modernidad, hasta la razón de lo "otro" que es desbordado continuamente. El barroco es caos y exceso, que se sustrae a las totalizaciones racionalistas de la modernidad. De ahí, que el mundo conceptual barroco renuncie a la armonía clásica, profundizando en las escisiones, custodiando los amargos fragmentos que persisten como señas del dolor que supone el avatar humano. En realidad, en el barroco, el sufrimiento y la muerte (Vanitas) compadecen ante la mirada como un espectáculo, como un juego corporal y psicológico que tiene que interiorizarse, que tiene que hacerse consciente. Quizá, por eso, Jacques Lacan confirme que: "El barroco es la regulación del alma por la escopia corporal" (Lacan. Los habituales temas barrocos sobre la brevedad de la vida y sus desasosiegos; el grito desbordado de la naturaleza frente a la mesura y armonía del ideal de belleza clásicorenacentista; las incertidumbres de la vida, lo trágico de la enfermedad y la muerte; la severa dificultad del libre albedrío requieren una formalización estética que recurra al empleo de las curvas y contra curvas, de formas decorativas aparentemente ilógicas, arbotantes de repisas invertidas, trampantojos visuales. Quizá así podamos comprender mejor la pintura barroca en su uso del torbellino de formas y la lujuria de los efectos coloristas en Rubens, que tienden a hacer estallar los límites del marco. El horadamiento de las apariencias mediante ilusiones luminosas y fantásticas en Rembrandt. La valoración de las expresiones simbólicas, no exentas de contrastes y tensiones en los retratos mitológicos de Velázquez. El juego de la luz y de la sombra en todos ellos, se corresponde con el juego de lo lleno y lo vacío, donde la luz no sólo ilumina los objetos sino que hace surgir el vacío que hay entre ellos. En consecuencia, el arte de la mirada del barroco pivota sobre la alegoría. Porque lo evanescente de la alegoría reside en la ausencia de un centro al que apelar, para así recorrer mejor el vacío que está detrás de las apariencias 3. La imagen alegórica tiene estructura serial, es una repetición que hace desvanecerse el aura de lo único y, sin embargo, se encuentra en relación perfecta para captar plenamente la trastienda de la subjetividad, y con ella sus motivos más ocultos, sus intenciones más secretas. Ética y estética del espejo. Mirada del alma y mirada interior, especie de reflexión y de vuelta sobre sí mismo, para mostrar y velar -voluptuosamente con exhibicionismo-las relaciones entre lo privado y lo público, entre la política y la intimidad. El arte de la mirada y de la escucha psicoanalítica Este arte de la mirada del barroco, que invita al ojo a captar las motivaciones e intenciones más recónditas de la subjetividad epocal, es la herencia que retoma del barroco la cultura psicoanalítica. Pues la mirada, en psicoanálisis, no sólo equivale a la escucha como "atención flotante", sino que tiene valor propio, en el sentido que lee/mira el avatar humano a través de la experiencia de lo inconsciente que, por definición, es lo invisible, lo que traba y turba la razón, por mucho que ésta se esmere en ocultar la falta y el horror vacui en el cual se encuentra alojada la experiencia del deseo humano. De ahí, que el sujeto deba ser mirado/escuchado en su más recóndita intimidad, la que pone en acto la experiencia del deseo que, en sí misma, siempre requiere de una representación: la misa en escena de las redes del deseo entre amantes, misa en escena de las redes del amor de transferencia en el análisis. Por eso para la cultura psicoanalítica y, en especial para Jacques Lacan, es muy importante el campo escópico (perceptivo) para comprender y mostrar lo inconsciente. Para este autor, el sujeto humano está dividido por el campo escópico, el cual se caracteriza, a su vez, por la escisión entre visión y mirada, entre lo que vemos y lo que nos mira. Pues, hay siempre algo que queda fuera de nuestra posibilidad de captación, quedando la conciencia destinada a su función de desconocimiento, dado que el campo escópico está determinado por la oscura y opaca relación con el objeto del deseo, a expensas siempre del amor y la pasión. Intentando explicar estas complejas cuestiones, Lacan afirma que la dimensión de lo visual/escópico (la percepción) se organiza a partir de lo que denomina como la "fase del espejo"; esto es, el momento en que un niño (entre los 6 y los 18 meses) reconoce su imagen reflejada; y tras este reconocimiento, se constituye su psiquismo. Así, en la "teoría del espejo (1949), Lacan parte de que el cuerpo del neonato funciona como si estuviese fragmentado, para plantear que, precisamente el psiquismo se estructura en la mirada del otro, y que somos lo que somos porque fuimos mirados de una determinada manera. A partir de este momento de desarrollo, el bebé va a cambiar, gracias a la capacidad simbólica que le permite estructurarse y organizarse en torno a un símbolo: la mirada del otro-materno. Ahora bien, no sin distorsiones, pues precisamente en ese momento del cruce de miradas del bebé con el otro-materno, también el bebe se aliena. En consecuencia, Lacan, como el barroco, expone sucesivamente la idea de la alienación del sujeto que ve en el acto de mirar -como en el trampantojo barroco-una trampa para la mirada. El propósito es presentar la naturaleza quiasmática o cruzada de la visión: la manera en que la mirada procede del sujeto y también del "sujeto desde fuera". Es una intuición eminentemente barroca, comprensible en la atmósfera de trampantojos y antropomorfismos que Lacan aprende de los teóricos y pintores barrocos, sobre todo de Holbein y Velázquez. De ahí que el arte de la mirada del barroco sea retomado por el Psicoanálisis para descubrir la estructura del inconsciente en el sujeto humano, y en cómo ésta se manifiesta a través de los sueños, los lapsus, los chistes y las miradas. Porque la mirada psicoanalítica no puede utilizar la vía recta, sino que, al igual que el barroco, necesita también del trampantojo y de la anamorfosis para ir descubriendo los núcleos de lo inconsciente, desvelándolos, pero también, muy prudentemente, distorsionando/desenmascarando la racionalidad del sujeto humano, que está impidiéndolo. Por eso Lacan dedica el "Seminario 11" (1964) al arte de la mirada, discurriendo entre la anamorfosis de Holbein, como recurso que nos permite comprender cómo estamos configurados por Otro (inconsciente); que, como en las pinturas del barroco, produce un efecto externo en nuestra intimidad, constituyéndola desde el exterior, desde lo "éxtimo". Síntesis de miradas opuestas, por un lado, la mirada próxima y estrecha del que fija la vista en la imagen; por el otro, la mirada distante y amplia, que se recoge en la concavidad del soporte y en el vacío de su entorno convexo. Este es el legado del arte CARLOS SOLDEVILLA PÉREZ de la mirada del barroco incorporado a la teoría psicoanalítica, en ese retorno a Freud, en que consiste la propuesta de Jacques Lacan. Mientras que el hombre medieval podía erigirse en representante de su especie, el hombre postrenacenstista, degradado a su posición como sujeto dividido (razón/pasiones, catolicismo/protestantismo, absolutismo/liberalismo, etc.), ve cómo, poco a poco, esta situación va desgarrando su yo, abriendo en él una herida profunda. De este modo, el barroco refleja ampliamente la inarmonía, la ruptura de la homogeneidad, el crepúsculo del logos en tanto absoluto. Barroco del desequilibrio, reflejo estructural de un deseo que no puede alcanzar su objeto, deseo para el cual la razón no ha organizado más que una pantalla que esconde la carencia, en el límite del caos y de la desarticulación del yo. Sin embargo, el barroco cuenta con una significativa dimensión terapéutica que trata de insistir en la "ausencia", "elipsis", "expulsión" e incluso "exilio" del significante emotivo y pasional, reprimido por la modernidad racionalista. Así, el Barroco surge como un intento de entender la sintomatología del malestar en la cultura moderna del siglo XVII, el relevo al Psicoanálisis que lo hará a comienzos del siglo XX. Para el barroco el yo es un fragmento, un yo dividido que, paradójicamente, se ha constituido en un todo independiente, al hacer de su subjetividad racional todo un mundo. La terapéutica barroca comienza a concebir, por tanto, la necesidad de una imagen ideal de la subjetividad (Bildung), retomando la tarea de tutelar el proceso de emancipación del sujeto humano de los determinismos interno y externos de su identidad, para alentar así el autoconocimiento, el uso de la apropiación constructiva y creadora de sus propios valores vitales para, de este modo, poder crear-constituir (poíesis) el singular y diferente margen de autorrealización de su proyecto existencial. Pero ¿cómo lo hace?, ¿Cuál es el método? El método va a ser la novela formativa (Bildungsroman) 5, que será el instrumento educativo fundamental de la terapéutica barroca, desde que, con Cervantes, naciera el arte de la novela como género para expresar la insólita extrañeza del yo con el mundo, una vez que éste ha perdido su sentido espiritual para la interioridad del sujeto. La novela formativa barroca presenta una subjetividad ejemplar, en proceso de autoconstitución permanente, cuya evolución conserva, dentro de un mundo desencantado, algo de ese heroísmo y simbolismo de los tiempos antiguos, y que vemos de forma permanente en las obras de los distintos autores del barroco. La ética del psicoanálisis posteriormente recoge el legado barroco para plantear el problema de la subjetividad y de la búsqueda de un principio de individuación que, además de la pertenencia a una especie, pueda otorgarle al sujeto humano una existencia singular concreta. Con ello Freud inaugura una concepción terapéutica de la subjetividad como capacidad para actuar en concordancia con las propias prioridades o principios, sin ceder ante los síntomas, a las pulsiones o deseos no conscientes, pero teniendo que asumir la falibilidad de la razón, la subversión de la conciencia. De igual modo que en el barroco, el psicoanálisis freudiano, en ese umbral de finales del siglo XIX y comienzos del XX, en lugar de seducir a la subjetividad moderna con el espejismo de una perfección imposible, como así lo hará la modernidad racionalista, le enseña a verse en la precariedad de su yo dividido (razón/pasiones; salud/enfermedad) y afrontando el síntoma, la enfermedad y la muerte. Al igual que en la terapia barroca, el psicoanálisis muestra al paciente cómo tomar consciencia de su novela familiar, mostrándole cómo realizar un destino personal enfrentándose y resolviendo sus síntomas, en una sociedad que, a semejanza con la del siglo XVII, también está en crisis, en cambio vertiginoso, masificada y dominada por la circulación del dinero. Al igual que en el barroco, ante el laberinto de la existencia y sus problemas sólo cabe desarrollar el arte del "ingenio" y de la "agudeza" (Gracián). Por eso, ingenio y agudeza son las destrezas que requiere el psicoanalista para ir recomponiendo el puzzle rizomórfico del inconsciente -y sus síntomas-de su paciente. Así, contra el conductismo positivista, el Barroco y el Psicoanálisis suponen un paso retroactivo hacia la filosofía perenne, la que prescribe el necesario "conocimiento de sí mismo" antes de lanzarse a la acción, bien sea éste griego (Gnothi seauton) o latino (Nosce te ipsum). Pues, frente al conductismo social anticipado que, según Maravall (1979) 6, significa lo barroco como sistema de propaganda y manipulación de masas, EL TRASFONDO BARROCO DEL PSICOANÁLISIS existe otro barroco que desconfía de la política, para así centrar mejor su atención en el afrontamiento de los conflictos públicos e íntimos. Este es el barroco que, bajo las distintas concepciones terapéuticas va a presidir la dirección de la cura del alma y de la mente a lo largo del siglo XVII en adelante. Escojamos alguna de estas terapias entre sus más ilustres ejemplos: la terapéutica barroca de la novela de formación en Cervantes y en la novela Picaresca; la terapia del autodominio prudente de "El Discreto" de Gracián; el trabajo de los sueños como propedéutica para la comprensión profunda de la subjetividad en "Los sueños" de Quevedo y en "La vida es sueño", de Calderón; el barroco atento, en su escucha y en su mirada, al continente de lo inconsciente y, en él, la omnipresente pulsión sexual que se emblematiza como mitologema emergente en el Don Juan de "El burlador de Sevilla" de Tirso de Molina; el uso de la alegoría 7 como medio de acceso a la constitución fantasmática de la personalidad individual y colectiva en "El diablo Cojuelo" de Luis de Guevara; la retirada a la soledad/intimidad para el autoconocimiento en "Las Soledades" de Góngora; el auxilio de una cierta lucidez escéptica para el mejor gobierno de la propia vida en "El Guzmán de Alfarache" de Mateo Alemán, y en "El Criticón" de Gracián 8; y en el gusto por la acumulación y continuidad narrativa (metafórica y metonímica) del conceptismo y del culteranismo en sus intentos por volcar al ser en la palabra, primer paso en la adopción de un modelo narrativo y alegórico de cura a través de la palabra, que participa de la idea de que el psiquismo está estructurado como un lenguaje (señera tesis del barroco que ulteriormente incorporaran Freud y Lacan a sus teorías y a sus prácticas clínicas). Tradición barroca, por tanto, que incoa las temáticas centrales de la cultura psicoanalítica. Punto de continuidad que intentará salvaguardar la diferencia personal, frente a la roma homogeneización social conductista agenciada desde el poder. En consecuencia, el Barroco y luego el Psicoanálisis, renuevan sus estilos y métodos, diversifican su abordaje de lo inconsciente, hacen exactamente lo contrario de lo que toda ingeniería social hace: deconstruir los modelos biopolíticos de subjetividad que interesan al poder, trasladando la responsabilidad a los propios sujetos para que constituyan así los suyos. Esta es la ética del estilo de vida en el barroco y también del psicoanálisis. Por eso ambos proponen devolver al individuo a las verdaderas fuentes de su intimidad, y con ellas intentar ofrecerle recursos para abordar y resolver sus problemas internos para, desde este paso, dar el siguiente, que consiste en abordar el difícil reto de las relaciones con los semejantes (con la extimidad) desde la certeza y la fuerza que proporciona saberse con salud mental, con la suficiente salud mental como para poder sobreponerse a la nerviosidad cotidiana y guiar así de manera firme el propio destino con dignidad. La musicoterapia, otra aportación terapéutica del barroco Desde antiguo estuvo recomendada la melodía para hacer salir del cuerpo de los enfermos a los malos espíritus causantes de la enfermedad. Más tarde, Pitágoras y los pitagóricos aconsejaron la música para lograr la armonía universal y el retorno al equilibrio de las mentes enfermas. Aristóteles asienta que la música forma el carácter y el alma, y permite establecer un punto de sintonía entre ritmo y alma. La música, según Aristóteles, tiene un efecto de catarsis, de apaciguamiento, de serenidad. Tesis que continuaran los regímenes de salud (Regimen sanitatis) medievales y renacentistas. Pero es el barroco el que desarrolla toda una terapéutica a través de la música, la de musicoterapia, para tratar las enfermedades mentales. Terapia que utiliza la música y/o sus elementos musicales (sonido, ritmo, melodía y armonía) para facilitar la comunicación, las relaciones, el aprendizaje, el movimiento, la expresión, la organización y otros objetivos terapéuticos relevantes, para así satisfacer las necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas. Por ello el barroco sitúa a la música en la cumbre de la jerarquía de las artes, al ser el lenguaje mismo de la voluntad. De ahí el surgimiento de músicos como Claudio Monteverdi, Antonio Vivaldi, Alessandro Scarlatti, Tomaso Albinoni y Arcangello Corelli. Pero sin duda las cumbres del barroco musical se cifran en Alemania con las figuras de Johann Sebastian Bach y Georg Friedrich Haendel. Como otra concepción terapéutica heredada del barroco, la músicoterapia es retomada por diferentes modelos terapéuticos psicoanalíticos con el objetivo de expresar y desarrollar emociones sensoriales, allí donde la palabra no llega, introduciendo la música en el mundo interior para maximizar y ampliar el estado de conciencia, sobre ese CARLOS SOLDEVILLA PÉREZ flujo volitivo que alienta las emociones, las pasiones y las sexualidades. Freud, desde el comienzo de su obra reconoce la capacidad de la música para movilizar las emociones internas. En su obra "El Moisés de Miguel Ángel" (1913-1914), manifiesta la dificultad para reducir a conceptos lo que de inexplicable tiene el arte; y, en concreto, destaca de la música su capacidad de conmover. Más adelante, Lacan, en el Seminario XX, hace también una referencia a la música como el supremo arte de la invocación de la pulsión inconsciente: "Alguna vez -no sé si tendré algún día-habría que hablar de la música" (Lacan. El misticismo como terapia Otra temática eximia del barroco es el misticismo, entendido como búsqueda de perfección, de salud mental y espiritual, por la vía de la contemplación y, más concretamente, la experiencia vivida por aquellos que sienten de un modo directo la presencia de Dios. Algunos místicos han expresado sus vivencias por medio de obras artísticas, principalmente literarias, sobre todo, poéticas, pues la poesía se ha mostrado especialmente apta para ir más allá del lenguaje corriente y profano, reflejando una trascendencia del orden de lo inefable. Numerosos autores han visto una equivalencia entre el cuidado espiritual de la mística y la cura terapéutica psicoanalítica. Véase por ejemplo Ignacio Garate y José Miguel Marinas que afirman que la "experiencia de los místicos sirvió para abrir paso a un mejor decir sobre la individualidad y la intimidad" (Gárate y Marinas. Freud en "El porvenir de una ilusión" (1927) atribuye el origen del sentimiento religioso en el hecho simple y directo de la sensación de "lo eterno", que caracterizará como "sentimiento oceánico". Sentimiento que expresan las obras de los místicos, aquellos cuya existencia se caracteriza por el hecho de que los objetivos del principio de placer, la búsqueda del goce máximo y la evitación del dolor, no pueden alcanzarse en razón del orden del universo. Asumiendo, pues, el despojamiento de dichos objetivos, para así poder combatir la experiencia de la desdicha: la infligida por el sufrimiento del cuerpo, la hostilidad del mundo exterior y la insatisfacción en las relaciones con los otros. Lacan también retoma la experiencia mística porque entiende que ella contiene, junto con el arte, la posibilidad de revelar ese plus de satisfacción que mueve al deseo humano y que Lacan denomina "goce". "Gozo" que, para Lacan, revela el arte barroco, él es el único, según este autor, que puede evocar/invocar el "goce" (Lacan. Pues el místico es aquel que escoge la vía de iniciación que se propone el rechazo del goce. Este principio místico del despojamiento es retomado por Lacan, para hablarnos de un principio ineludible en la tarea analítica: la de renunciar a sí mismo y la de aceptar y reconocer la alteridad del paciente. Lacan, en el seminario XIX afirma lo siguiente: "Lleguemos al psicoanalista y no nos andemos con vueltas... Objetivamente no podría situárselo mejor que con aquello que en un pasado se llamó: ser un santo. Un santo durante su vida no impone el respeto que otrora le valía una aureola... Nadie lo nota cuando sigue la vía del Baltasar Gracián, la de no deslumbrar... Sólo el santo permanece indiferente a él, el goce no es nada para él" (Lacan. El estilo del barroco participa de una lógica de la "monumentalización", con unas maneras eficaces en que se narra la ciudad, convirtiéndose ésta en "ciudad letrada", que aspira a servir, pero también a contravenir el poder de las Cortes del barroco. Expansión, rebosamiento que acaba por socializar la nueva realidad de las ciudades españolas de la época, sometidas al nuevo ordenamiento contrareformista, persuasivo, publicitario, abiertamente dirigido a las masas. Pero no exento de hondura y complejidad, pues, el estilo escritural propio del barroco es aquel en el que las palabras se hacen, además de legibles, "visibles". Se trata de la potenciación de un discurso de la mirada que funda una narrativa escritural. Así, el discurso de la mirada en el conceptismo (Quevedo, Gracián) no sería más que significar una estética racionalizada, intelectualizada, llena de categorías conceptuales; mientras que escribir culteranismo (Góngora, Sor Juana Inés de la Cruz) implicaría una estética dominada no por el intelecto sino por la sensibilidad, no por las categorías sino por las formas, por los valores sensibles, etc. Por otro lado, el estilo barroco concita la natural disposición a la agudeza, al ingenio, a la apertura por arriba hacia la mística y, por abajo, hacia la literatura picaresca, EL TRASFONDO BARROCO DEL PSICOANÁLISIS pasando por el intermedio del arte de la novela y de la poesía. Estilo barroco que, en este caso, aspira a contener el conflicto de las pasiones, mientras puja por un mayor grado de conciencia social. Esto es, dándoles un sentido moral de máximos: en la mística, en la poesía, conceptista y/o culterana; o de mínimos: en la literatura picaresca, con el objetivo de que sirva de espejo a la cultura popular. Estilo que atiende a lo raro y peregrino, que deriva también en esa pasión por la singularidad, la excelencia y también por lo aberrante y lo anómalo, que Maravall (1979) definió en su día como patrimonio del sempiterno barroquismo español. Componente idiosincrásico, que desemboca a través de innumerables autores en un auténtico genius loci que encarna el furor ingenii hispano: el grado fiero de la lengua, que hace exclamar a Cioran que: "El mérito de España ha consistido no sólo en haber cultivado lo excesivo y lo insensato, sino también en haber demostrado que el vértigo es el clima moral del hombre" (Cioran. La característica principal del estilo barroco es la seducción que produce el "artificio". Con esto se podría considerar la razón barroca como la razón del otro tipo de racionalidad que atraviesa la razón de lo otro. Es decir, se trataría de entender el artificio como cuerpo retórico de una realidad más profunda. El artificio como estilo tiene como finalidad el desmantelamiento de la realidad racionalmente concebida. La representación nos parece, al contrario, con su repetición de volutas, de arabescos y máscaras, la apoteosis del artificio, la ironía e irrisión de toda una teatralización de la vida íntima y también de la pública. Pero el teatro es también terapia catártica respecto a un síntoma (fobos) que se tiene que exorcizar para que no cristalice en enfermedad. Por eso, en la retórica barroca, el erotismo se presenta como la ruptura total del nivel denotativo, directo y natural del lenguaje, como una transgresión respecto al lenguaje -somático-comunicativo, económico, austero, reducido a su funcionalidad; para el estilo barroco el erotismo es sobre todo lujo 9, superabundancia y desperdicio, demasía y suplemento, todo es metáfora, todo es metonimia. El estilo barroco repudia las formas que sugieren lo inerte o lo permanente, colmo del engaño, para enfatizar el movimiento y el perpetuo juego de las diferencias, la dinámica de fuerzas figurada en fenómenos. Es un arte de la abundancia del ánimo y de las emociones, que no son jamás, sin embargo, transparentes. En suma, las características del estilo barroco que retomará más tarde la cultura psicoanalítica a la hora de configurar un estilo propio son las siguientes: discurso de la mirada, mirada que "escucha" con agudeza e ingenio; excesividad, dramatismo y sensualidad como vías de acceso -atrevidas e irreverentes-al goce amoroso, al sexual, incluso al místico. Herencia barroca y estilo psicoanalítico Como en el barroco, el contexto de descubrimiento del psicoanálisis es el de un tiempo caracterizado por la creación nerviosa y agitada, en los que Freud quiere abrir las puertas de la percepción a lo insólito, a lo novedoso, a las nuevas sintomatologías que afloran en ese momento histórico-concreto y que sacuden, por dentro, al sujeto enajenándolo. Del estilo barroco hereda el Psicoanálisis las anteriores características antes reseñadas, para forjar un estilo lingüístico en el que se conjugan dos fundamentales concepciones estéticas propias del barroco: la estética como teoría de la sensibilidad (que tiende a aproximarse al deseo) y la estética como clínica o como empresa de salud que libera el deseo creativo, trazando líneas de fuga saludables, siguiendo la delgadísima línea que serpentea entre el déficit de la razón y el exceso de la pulsión. Otro legado del estilo barroco es su oposición a la modernidad, que el psicoanálisis llevará a cabo a través del rechazo al positivismo psicológico y/o psiquiátrico. Pues, hay que tener en cuenta que el barroco comienza al principio diferenciándose trabajosamente del racionalismo/clasicismo renacentista, conservando aún caracteres de equilibrio, y poco a poco va desbordándose, como cobrando conciencia de que ese equilibrio está perdido y que además es represivo. Es una reacción contra el clasicismo renacentista que prometía mucho en punto de equilibrio y mesura, pero a costa del sometimiento de la subjetividad epocal a la funcionalidad adaptativa impuesta por la naciente modernidad racionalista, secular e industrial. De ahí que el estilo barroco conlleve un desengaño, una pretensión de ruptura, una innegable tonalidad pesimista. Así el gusto Barroco se inclina hacia lo inestable, lo polidimensional y lo fragmentario. Antes que un estilo es una sensibilidad subjetiva puesta en acto por sujetos, tanto en las artes como en la literatura como en las corrientes científicas, cuyo objetivo es la sanación de las almas y la cura psicológica de las mentes. Concepción antimodernista del estilo nacida en el Barroco, en su clara oposición a la modernización renacentista como administración de las sociedades complejas, que necesita convertir al individuo en res extensa susceptible de cuantificación; y cuyo consecuente peaje consiste en la anulación de lo cualitativamente singular de la subjetividad, cuyos atributos sensibles, emotivos y sexuales, pasan a ser ninguneados por una socialización racionalizadora y masológica, impuesta por el Renacimiento, primero, y luego por la Ilustración. Bastará esperar a los comienzos del siglo XX para ver los efectos indeseados de la modernización, cuyos resultados, entre otros, son: la banalización del yo convertido en hombre masa en peligro de perder su racionalidad ante la eclosión de los nuevas nosologías: psiconeurosis histérica y obsesiva, fobias, psicosis, etc., cuyo afrontamiento y cura reparación hace surgir el psicoanálisis. El psicoanálisis puede entenderse, al igual que el barroco, como una micro cultura de resistencia, opuesta a estas consecuencias no queridas de la modernidad. Así, el estilo psicoanalítico, cubierto de furor sanandi, impugna la modernidad del positivismo psicologista, para prender en las márgenes críticas y rigurosas de un gran espacio excéntrico, límite fronterizo de una hegemonía psiquiátrica/ psicológica positivista. De este modo, mientras el estilo Barroco surge como reacción contra los ideales de la modernidad, cuyo comienzo fue el humanismo renacentista, el psicoanálisis surge como rechazo critico al psicologismo positivista. Conlleva una crítica de la razón, un desengaño de la misma, un abandono de los patrones científicos, por ejemplo, el positivismo. El estilo Barroco es nominalista, frente al Clasicismo y al Cientificismo que entienden la realidad como un todo regido por el predominio de los universales, con la intención de recrear un sistema teórico que aprendiese los rasgos fundamentes de la existencia humana. A su vez el discurso psicoanalítico es también nominalista y, al igual que el barroco, en su tiempo, intimida, juzga, parodia la economía racionalista y adaptativa del homo faber sobre el que pivota la antropología de la modernidad. Contrariamente al lenguaje comunicativo, económico, austero, reducido a su funcionalidad (lenguaje destinado a servir de vehículo a una información), el estilo nominalista del psicoanálisis se complace en atender al paciente con nombre propio y al síntoma a través de su expresión lingüística. Es justo allí donde confluye con el estilo nominalista y antimoderno del barroco que hereda y continúa. Porque el barroco, según Eugeio D'Ors (2002), más que un estilo, es una suerte de pulsión crítica que, cíclicamente, vuelve a través de la historia en un movimiento constante que de ningún modo puede circunscribirse, ni clausurarse, con la actividad estética nacida en el siglo XVII. Estilo que permite afirmar la característica barroca de la identidad psicoanalítica, que se liga a una cultura cuya tradición ha reestilizado, apropiándose de las características antes señaladas del estilo barroco, para dar cuenta de lo más propiamente subjetivo: las emociones, las pasiones y la sexualidad. La anfibología del estilo barroco y del psicoanálisis: las tendencias elitistas y las populares Barroco y Psicoanálisis, aunque comenzaron siendo códigos elitistas, rigurosos, sofisticados y difíciles, terminan convirtiéndose en instrumentos útiles para la cultura popular. De este modo, el Barroco se convierte en literatura picaresca, disponible como recurso de afrontamiento popular frente al desafío de la existencia y el empuje de las bajas pasiones, en las sociedades en crisis del siglo XVII. Mientras que la teoría psicoanalítica se ha convertido en lenguaje coloquial, en código privilegiado para reflexionar sobre la propia existencia. El psicoanálisis, que previamente era de consulta es ahora consumido a domicilio, presencia insoslayable en los medios de comunicación de masas, en Internet. Quizá sí, por la pérdida de especificidad, la vulgarización de su riguroso y sofisticado cuerpo teórico. Pero a cambio el psicoanálisis se ha convertido en un complejo discursivo popular en curso de transformación; reactivando los saberes populares y, por ende, necesariamente ya modificados, desclasados, bajo la forma de un discursos narrativo embrionario y polifónico. Diseminación ¿barroca y/o posmoderna? del psicoanálisis que impone el respeto por las diferencias, la descentralización democratizadora, coexisten junto a las formas más concentradas de acumulación de poder y centralización transnacional en la International Psychoanalytical Association (IPA). Pero es hora ya de ir concluyendo. Cumplido, por ahora, el desarrollo de las temáticas que expresan la vinculación entre el barroco y el psicoanálisis, sólo nos cabe concluir EL TRASFONDO BARROCO DEL PSICOANÁLISIS afirmando que la voluntad de unidad de estilo, cuando se da de forma intensiva e indivisible, cuando consigue, además, apropiarse de la memoria de la tradición y, por tanto, incoar sus verdaderas implicaciones de futuro; cuando todo esto se consigue se logra la articulación entre la intuición sensible, la intelectual y la espiritual. Y estos son los signos que acreditan la verdad de las obras de Arte y también las de las Ciencias Humanas, como es el caso del Psicoanálisis. Signos todos presentes en el trasfondo barroco del psicoanálisis. Lacan se refiere a que lo social y lo político no son ámbitos en los que nos insertamos sino más bien dimensiones constitutivas de nuestra propia condición de sujetos (espacios de lucha hegemónica, de seducción, de violencias y de antagonismos). El supuesto implícito es que el eje de la existencia es inaccesible para el sujeto. Éste permanece expropiado de su intimidad y por eso Lacan habla de "extimidad", de un afuera que está en el centro mismo del sujeto 5 Se denomina con el término alemán Bildungsroman (novela de aprendizaje o de formación) a aquella en la que se muestra el desarrollo físico, moral y psicosocial de un personaje, generalmente desde la infancia hasta la madurez. A pesar de que existen rasgos de Bildungsroman en obras clásicas o medievales, se puede situar el nacimiento embrionario de este tipo de novela en el barroco, con Cervantes y su Don Quijote y algunas obras picarescas. 6 José Antonio Maraval (1979), entiende lo barroco como un conjunto de prácticas represivas dispuestas por una cultura dirigida por el poder a su servicio, manipulando al hombre de letras, al artista y al intelectual. Habla de una cultura masiva, de masas, que rinde cuenta de un fenómeno económico-demográfico de la época, el del éxodo de las masas rurales hacia los centros urbanos. Por último, una cultura conservadora, donde lo nuevo es condenado, prohibido. Una cultura alienante que se acompaña en múltiples acciones psicológicas sobre la gente (impresionar con majestad, exuberancia, exageración, valoración de la dificultad) para manipular los comportamientos humanos de manera que quedasen asimilados al tipo de sociedad preconizada por el poder. 7 Recordemos que la tesis central de Walter Benjamin en "El origen del drama barroco alemán" (1990) es que la alegoría es la vía principal para el acceso a la fantasmaticidad. 8 El Criticón, es una reflexión teórica sobre la vida por medio de dos personares: Cratilo, el reflexivo, y Andrenio, el salvaje, que aprende a hablar; llevados a través de etapas que son a la vez geográficas y simbólicas de las edades humanas y de sus síntomas y vicios. 9 Según la tesis de Sombart (1913) el Barroco relaciona el erotismo con el consumo de lujo. Pues el capitalismo se inicia con el consumo de lujo emergente en la esfera privada que fue creciendo en las Cortes del barroco, afianzándose como estilo de vida hedonista, que ejerció una fuerte influencia en la génesis del sistema capitalista primitivo. En el período de transición del estilo barroco al rococó (siglos XVII y XVIII) se caracterizó por el culto a la imagen, a la intensa sensualidad, a refinamiento. Es decir, a la búsqueda del deleite de los sentidos como manifestación de los rasgos dionisiacos en la cultura. Cómo cabe entender si no la voluptuosidad carnal en Rubens, así como el tenebrismo de Caravaggio, o la sensualidad presente en los cuadros mitológicos de Velázquez (Venus, Baco, Vulcano), en el gusto por la fantasmagoría de Rembrandt. El estilo barroco utiliza el virtuosismo que aparece como un desborde de técnica que da la impresión de estar mostrando todo, de que no hay reglas que limiten su expresión. De allí que Rubens pueda tratar temas religiosos con una sensualidad impresionante, del modo que Sor Juana Inés de la Cruz lo hará en la literatura y Bernini en arquitectura (cuyo éxtasis de Sta. Teresa llegará ser emblema del pensamiento libertino, hasta tal punto, que será la carátula de la obra de "El Erotismo" de George Bataille), todos capaces de transformar, de darle sensualidad a cualquier elemento.
La Virología se ha desarrollado durante la última parte del siglo XX en paralelo con las nuevas técnicas de análisis y manipulación genética y con el auxilio de técnicas físicas e informáticas. En España se han formado núcleos activos tanto en genética viral como en virus patógenos de animales y plantas. Contrariamente a predicciones de hace tan solo tres décadas, las enfermedades víricas siguen siendo un importante problema en medicina, veterinaria y agricultura. Un gran número de enfermedades víricas emergentes constituyen un importante desafío para el siglo XXI. Nacimiento y desarrollo inicial de la Virología La Virología, quizás con más propiedad que cualquier otra rama de las ciencias biológicas, puede considerarse enteramente un desarrollo del siglo XX. Su nacimiento se atisbo en las postrimerías del siglo XIX con observaciones germinales de Loeffler y Frosch con el agente causal de la fiebre aftosa^ y de Beijerinck con el del mosaico del tabaco^. En ambos estudios se reconoció la naturaleza singular -incompatible con que se tratase de bacterias o de toxinas-de los agentes de dichas enfermedades. Durante la primera década del siglo XX se identificaron numerosos virus como el virus de la fiebre amarilla por Reed y sus colaboradores. Esteban Domingo y Margarita Salas el virus de la peste aviar por Lode y Gruber, el de la rabia por Remlinger, Riffat-Bay y Negri, o el de la poliomielitis por Landsteiner y Popper, entre otros virus^. Acontecimientos posteriores clave para el desarrollo de la Virología fueron la cristalización del virus del mosaico del tabaco por Stanley'* así como el reconocimiento de la presencia tanto de ácido nucleico como de proteína en este agente infeccioso^. Los virus que infectan bacterias, denominados bacteriófagos (o abreviadamente fagos) jugaron un papel central en el desarrollo tanto de la Virología como de la Biología Molecular. Su existencia fue propuesta inicialmente por Twort en 1915 y fueron descritos con mayor detalle por d'Herèlle en 1917^. Los fagos despertaron interés como posibles agentes terapéuticos por su capacidad de lisar bacterias patógenas. Aunque nunca hallaron una aplicación terapéutica resulta curioso que a finales del siglo XX ha renacido el interés por su posible aplicación antibacteriana, animado quizás por la creciente prevalencia de bacterias patógenas resistentes a uno o múltiples antibióticos. La contribución más fundamental de los bacteriófagos al desarrollo de la Biología Molecular surgió de los trabajos de Delbrück y sus asociados a partir de la década de los 40: el llamado grupo de los fagos («phage group»)'^. Delbrück y Luria tenían un convencimiento profundo de que los fagos permitirían comprender la naturaleza de los genes y su funcionamiento. Y más provocativo todavía, buscaban afanosamente nuevos «principios» que explicasen el comportamiento de los seres vivos y que difiriesen de los principios de la física y de la química cuya naturaleza aparecía como ya firmemente establecida. A la caracterización del ciclo replicativo de los bacteriófagos con DNA siguió el clásico experimento de Hershey y Chase que sugirió que el material genético e infeccioso de los fagos era el ácido desoxirribonucleico (DNA) y no la proteína^. Este experimento fue casi coetáneo con la elucidación de la estructura de la doble hélice del DNA por Watson, Crick y Franklin. La conjunción de los reultados estructurales sobre el DNA con los del grupo de los fagos -con Adams, Hershey, Luria y Delbrück como protagonistas más destacados-reveló de modo casi inmediato tanto la naturaleza de los virus y de su material genético como las líneas generales que debían regir su replicación, a través de la síntesis de cadenas de DNA complementarias a las de DNA molde, siguiendo las reglas de apareamiento de bases: adenina con timina y guanina con citosina. Había nacido la biología molecular. Una perspectiva sobre la situación actual de la Virología Los virus y su implicación en la gran revolución de la biología: la ingeniería genética La segunda mitad del siglo XX deparó muchas sorpresas en el desarrollo de la virología y una gran revolución que afectó, y sigue afectando, a todo el ámbito de la Biología: la capacidad de aislar y modificar de modo controlado el material genético de los organismos vivos. Pero dentro de la Virología cabe destacar nuevas observaciones. Se demostró que la infectividad del virus del mosaico del tabaco también residía en su ácido nucleico que era ácido ribonucleico (RNA) y no DNA. Además se aislaron numerosos virus cuyo material genético era RNA, notablemente varios fagos^ que diferían en sus propiedades replicativas de los estudiados por Delbrück y sus asociados. En la década de los 60 Spiegelman y su grupo desarrollaron el primer sistema de replicación en el tubo de ensayo, empleando uno de los fagos con RNA que acababan de ser descubiertos: el bacteriófago QB. El RNA se copiaba mediante una replicasa viral obtenida a partir de extractos de Escherichia coli infectada con el fago, un factor proteico de la misma bacteria y ribonucleósido trifosfatos como sustratos monoméricos-^^. Ello implicaba que el material genético podía sintetizarse a partir de unos pocos componentes purificados, fuera del contexto de la célula viva. En esta época Weissmann, trabajando en el grupo de Ochoa en Nueva York, demostró que la replicación del RNA del fago QB también tenía lugar, como en el caso del DNA, a través de la síntesis de una cadena de RNA de polaridad contraria a la del RNA presente en el virus^-^. La replicación seguía las reglas de apareamiento de bases ya establecidas para el DNA, ocupando el uracilo el lugar de la timina. En el grupo de Ochoa de Nueva York se realizaban en esta época experimentos muy fundamentales en Biología Molecular encaminados a elucidar el mecanismo de lectura del material genético para la biosíntesis de proteínas. Eladio Viñuela y uno de nosotros (M.S.) participaron activamente en estos avances^^ que posteriormente permitieron iniciar uno de los núcleos de desarrollo de la Biología Molecular y de la Virología en España, en el Centro de Investigaciones Biológicas. En Nueva York, Eladio Viñuela participó en el desarrollo de una técnica de separación de proteínas por electroforesis en medio desnaturalizante que tuvo una gran utilidad para los análisis de composición de virus y de mezclas de proteínas celulares, y que resultó uno de los trabajos más citados en la historia de la Biología^^. El grupo iniciado en el Centro de Investigaciones Biológicas por Eladio Viñuela y M.S. utilizó como sistema modelo el bacteriófago 029 que infecta Bacillus subtilis. El estudio del fago 029 llevó a la elucidación por primera vez en España de la estructura de un virus, así como su morfogénesis, con la identificación de proteínas morfogenéticas, que intervienen en la formación del virus pero no forman parte del virus maduro. Por otra parte, se caracterizó por primera vez una proteína unida covalentemente a los extremos 5' del DNA viral, lo que ha supuesto un nuevo mecanismo de iniciación de la replicación del DNA del virus. Este tipo de proteínas unidas a ácidos nucleicos virales, implicadas en la iniciación de la replicación, se encuentran en virus de animales y de plantas de un gran interés sanitario y económico, como, por ejemplo, adenovirus, el virus de la poliomelitis, el de la fiebre añosa, etc.-^^'-^^. El sistema de replicación del RNA de QB in vitro, desarrollado por los grupos de Spiegelman y Weissmann, sigue siendo uno de los sistemas más eficaces para la replicación de un RNA viral y permitió realizar una década más tarde los primeros experimentos de mutagénesis dirigida^^ y revelar una alta tasa de error durante la replicación del fago QB-^^. Las altas tasas de error calculadas por primera vez por Weissmann y sus asociados son una característica compartida por otros virus RNA de animales y plantas y subyacen al poder de adaptación y de persistencia de muchos virus patógenos. El problema de la variabilidad genética de los virus RNA sigue actualmente investigándose en el Centro de Biología Molecular «Severo Ochoa» por uno de nosotros (E.D.), como continuación de un grupo de trabajo que se inició en colaboración con Juan Ortín en 1978. Uno de los mayores logros de la Virología del siglo XX fue la determinación por Fiers y sus colaboradores de la secuencia de nucleotides del genoma completo del fago MS2, emparentado con el fago QB. Este logro^^ representó la primera estructura completa de un genoma dotado de capacidad replicativa, una de las propiedades fundamentales que definen la vida. El mecanismo de replicación de los fagos RNA resultó un modelo adecuado para otros virus RNA de animales y plantas que, aunque con diferencias en el detalle molecular, se multiplican a través de una cadena de RNA complementario a la cadena presente en las partículas virales. No obstante, el modelo replicativo a través de moléculas de RNA de secuencia y polaridad complementarias no era universal y la excepción propició uno de los pilares en los que se asentó la gran revolución de la Biología. Una perspectiva sobre la situación actual de la Virología Retrotranscriptasa o el fin del dogma de la biología molecular El desarrollo de la Biología Molecular hasta 1970 había conducido a una generalización acerca del flujo de la información genética en los organismos vivos que puede representarse como: o DNA -> RNA -^ Proteína en el que la flecha en forma de círculo representa la replicación del material genético y las flechas horizontales el flujo irreversible de información mediante dos procesos de expresión genética: la transcripción o copia de DNA en RNA y la traducción o copia del mensaje genético en forma de cadena de aminoácidos. La transcripción originaba las distintas formas conocidas de RNA: ribosomal, mensajero, de transferencia y varios RNAs de bajo peso molecular. La traducción era el proceso clave para generar tanto proteínas estructurales corao enzimáticas, sometidas frecuentemente a modificaciones post-traduccionales (procesamiento proteolítico, fosforilación, glicosilación, acetilación, etc.) y cuyo estudio constituía la materia central de la Bioquímica. El flujo de información genética DNA -> RNA -> Proteína era conocido como el «dogma de la Biología Molecular», tal era la convicción sobre su veracidad general. El dogma se quebró a comienzos de la década de los 70 con el descubrimiento por Baltimore y Temin de una enzima presente en un grupo de virus animales, que actualmente reciben el nombre de retrovirus, y que era capaz de copiar RNA en DNA: la transcriptasa en reverso o retrotranscriptasa^^. El esquema del flujo de información genética debía reescribirse: Los retrovirus contienen esta enzima en sus partículas porque su ciclo replicativo incluye una etapa de DNA que se integra en el DNA celular. La síntesis de RNA y proteínas víricas ocurre a partir del DNA integrado, denominado DNAproviral. La retrotranscriptasa carece de especificidad de molde y a partir de un iniciador adecuado permite copiar cualquier RNA en DNA. Ello incluye a RNAs mensajeros celulares codificantes de proteínas con importantes propiedades biológicas (como enzimas, hormonas, citoquinas, factores de crecimiento, etc.) cuyo men-saje queda registrado en forma de DNA. El DNA puede ser transferido a vectores plasmídicos o víricos para su amplificación y manipulación. Ello fue posible por el desarrollo paralelo de la enzimología del DNA, que permitió disponer de una batería de enzimas capaces de alterar DNA de un modo que no resultaba practicable con RNA^°. El papel de los virus en el desarrollo de la ingeniería genética Varias actividades enzimáticas que permitían la síntesis y modificación de moléculas DNA fueron caracterizadas a nivel funcional y estructural durante la segunda mitad del siglo XX: DNA polimerasas, DNA ligasas, polinucleótido quinasas, exonucleasas y endonucleasas de restricción, entre otras. Precisamente las endonucleasas de restricción de tipo II, que reconocen y cortan el DNA en secuencias específicas, permitieron obtener fragmentos definidos que se conocen como fragmentos de restricción. Las DNA ligasas hicieron posible la unión de fragmentos de DNA de orígenes distintos para formar DNA quiméricos, el punto inicial de la manipulación tanto de DNAs víricos, como bacterianos y celulares. Cabe destacar que en el grupo de Eladio Viñuela y uno de nosotros (M.S.) se utilizaron por primera vez en España las endonucleasas de restricción, concretamente la EcoRI, con la que Marta R. Inciarte y José M^ Lázaro construyeron el primer mapa físico del DNA de 029, y su correlación con el mapa genético^^. Los virus tuvieron una presencia importante en el desarrollo de la ingeniería genética y a su vez ésta aceleró muy notablemente el desarrollo de la Virología. Los primeros DNA quiméricos construidos por Berg^^ y sus asociados contenían fragmentos de DNA de un virus animal, el SV40 -un papovavirus de ratón-y de un virus bacteriano -el bacteriófago X-. Ello permitía a la quimera su replicación tanto en células animales como bacterianas. El empleo de vectores bacterianos, tanto plasmídicos como virales, para el clonaje y expresión en grandes cantidades de proteínas de interés, constituye una de las principales aplicaciones de la ingeniería genética y el origen de una nueva rama de la biología aplicada: la biotecnología. El empleo de la retrotranscriptasa de retrovirus y la capacidad de cortar y religar DNA no solo constituye una herramienta muy importante para investigaciones en Biología Molecular y Celular sino que ha hallado una amplísima aplicación en la industria farmacéutica. RNAs mensajeros que codifican productos de interés médico, veterinario o agrícola (como son hormonas, citoquinas, factores de resistencia a Una perspectiva sobre la situación actual de la Virología infecciones, etc.) pudieron ser copiados en DNA, éste transferido a vectores para su amplificación y expresión en sistemas eucarióticos o procarióticos, y el producto de expresión purificado y ensayado para una posible comercialización. A este desarrollo contribuyeron de modo definitivo las técnicas de secuenciación rápida de ácidos nucleicos que alteraron los diseños experimentales de la genética clásica. Secuenciación de nucleotides y genética inversa: alterar antes de ensayar Durante la década de los 70 se pusieron a punto dos métodos de secuenciación de ácidos nucleicos que incrementaban varios ordenes de magnitud la rapidez de determinación de secuencias por los procedimientos clásicos. Se trata del método de modificación química de Maxam y Gilbert y el de síntesis enzimática y terminación de cadenas de Sanger^^. El método enzimático es el que finalmente se ha impuesto y adaptado a tecnología informatizada de secuenciación automática. Al desarrollo de esta metodología contribuyó decisivamente poder disponer de fragmentos de restricción específicos y puros obtenidos a partir de DNAs plasmídicos y virales de baja complejidad. Las primeras secuencias de nucleotides realizadas en España, las de los extremos del DNA del fago 029, fueron obtenidas por Cristina Escarmís, trabajando con M.S.^'*. En España todos los núcleos importantes de Virología bacteriana, animal y de plantas han adaptado las técnicas de DNA recombinante y secuenciación de DNA como rutina de laboratorio para abordar problemas de índole básica o aplicada. En el capítulo de secuenciación de genomas víricos destaca la determinación de la secuencia completa del genoma del virus de la peste porcina africana por Eladio Viñuela y su equipo^^. La peste porcina africana representó durante mucho tiempo un importante problema económico para España porque impedía la exportación de cabana porcina y de sus productos derivados. Deseamos destacar la contribución del grupo de Eladio Viñuela al desarrollo de la genética e inmunología del virus, lo que propició que sea considerado el único miembro de una nueva familia de virus DNA altamente com-plejos^^. Los trabajos del grupo de Eladio Viñuela, junto con otros de índole más práctica en el Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias, con la participación del grupo de José Manuel Sánchez Vizcaíno, culminaron en la erradicación de la enfermedad en España en 1995, con los consiguientes beneficios de tipo económico. Gracias a la secuenciación rápida de ácidos nucleicos se pudo conocer con gran precisión el mensaje genético en virus, bacterias y células eucarióticas, abriendo el camino a análisis estructurales y funcionales más rigurosos. Asimismo, el creciente número de secuencias propició el desarrollo de la biología evolutiva mediante comparaciones de genes con función parecida presentes en distintos tipos de virus, microorganismos o células eucarióticas. Bases de datos de secuencias, asequibles a todos los investigadores mediante procedimientos electrónicos, han facilitado grandemente las tareas de la Virología comparativa y evolutiva. La conjunción de técnicas de recombinación de DNA in vitro'^^''^^ con las de secuenciación de nucleotides^^ permitió también obtener genes con modificaciones de secuencia específicas y preseleccionadas. Tales diseños experimentales se conocen con el nombre de técnicas de mutagénesis dirigida y permiten ensayar las consecuencias funcionales de alteraciones específicas en zonas reguladoras o codificantes^^'^^. En el caso de virus, copias en DNA de genomas enteros, pueden producir progenie infecciosa al ser introducidos los DNAs o sus productos de transcripción en células susceptibles^^. Por tanto, genes virales alterados pueden ser introducidos en clones infecciosos para analizar el efecto de las alteraciones sobre las distintas etapas del ciclo replicativo del virus. Al conjunto de técnicas con las que primero se altera el material genético de modo diseñado y controlado, y posteriormente se analizan las consecuencias de la alteración, se conoce como genética inversa (o genética en reverso). Este término subraya la diferencia de diseño con respecto a la metodología de la genética clásica consistente en xma mutagenesis al azar y la subsiguiente búsqueda de mutantes con un determinado comportamiento, para finalmente mapear el sitio de la lesión. Más recientemente, la amplificación de genes mediante la reacción de la polimerasa en cadena (PCR) empleando DNA polimerasas termoestables se ha convertido en una técnica muy potente para el desarrollo de la Virología. Permite obtener cantidades analizables de DNA a partir de una sola molécula molde, lo que convierte al PCR en un método altamente sensible para el diagnóstico de virus, con la posibilidad de determinar secuencias de genomas virales a partir de cantidades mínimas provenientes de muestras biológicas^^. Genes discontinuos: intrones, exones y procesamiento del RNA La primera evidencia de que los genes eucarióticos no eran colineares con los RNA mensajeros maduros y los productos de traducción que Una perspectiva sobre la situación actual de la Virología codificaban, se obtuvo con adenovirus, un virus humano patogénico que ha jugado un papel importante en el desarrollo de la Virología. Las regiones codificantes de proteína en células eucarióticas, así como en muchos virus que las infectan, se hallan muy fi: ecuentemente interrumpidas por zonas no codificantes denominadas intrones^^. Ello implica que los productos primarios de la transcripción son RNAs que deben ser procesados para dar los RNA mensajeros ñmcionales, en un proceso de rotura y religamiento («splicing») sometido a múltiples mecanismos de regulación, en cuya investigación los virus siguen actualmente teniendo un papel relevante. La complejidad de la estructura de los genes eucarióticos constituye im.a de las dificultades para la manipulación de organismos enteros tanto para fines terapéuticos (terapia génica) como de investigación (producción de animales transgénicos). No obstante, animales con genes específicos delecionados o silenciados («knock out») se han convertido en im.a herramienta importante para entender procesos de infección vírica in vivo. De genes a proteínas y a imágenes: proteómica Un aspecto complementario a la capacidad de identificar, aislar y modificar material genético es el del estudio estructural y funcional de proteínas. Las interacciones virus-célula y las perturbaciones celulares como resultado de las infecciones víricas ocurren en gran medida con la participación de proteínas. Actualmente se ha impuesto el término de proteómica para designar a un conjunto de técnicas cuyo objetivo es abordar la relación entre la estructura y la función de las proteínas, técnicas que son el contrapunto del campo de la genómica delineado en párrafos anteriores. Para la Virología resultó de una gran importancia la preparación de anticuerpos monoclonales, con los que se pudieron definir epitopes individuales en las proteínas de superficie de virus patógenos^^. Los anticuerpos monoclonales permitieron identificar sitios antigénicos con precisión molecular y abrieron el campo del diseño más racional de nuevas vacunas antivíricas, un área de investigación muy activa en la actualidad. La proteómica hace hincapié en nuevos métodos para la separación de mezclas complejas de proteínas -mediante tónicas electroforéticas y cromatográficas con alto poder de resolución-así como micrométodos para determinar masas molares de fragmentos proteicos y secuencias de aminoácidos -mediante técnicas físicas como la espectrometría de masas-. Varios grupos españoles son muy activos en los diversos campos de la proteómica, a menudo organizados en forma de servicios técnicos adheridos a Universidades y a Centros del CSIC. Estos grupos representan un importante apoyo a la Virología. La determinación de estructuras tridimensionales de proteínas virales y de virus enteros empleando métodos de difracción de rayos X está jugando un papel muy importante en la Virología actual. Se han cristalizado numerosos virus sin envuelta tanto de animales como de plantas, aunque todavía no ha sido posible cristalizar virus enteros con una envuelta lipídica. No obstante, la cristalización de proteínas de superficie que se insertan en envueltas lipídicas virales ha permitido la resolución a nivel atómico de dominios fimcionalmente importantes como son los que interaccionan con receptores celulares o con anticuerpos que neutralizan la infectividad del virus. El ejemplo más clásico es el de la hemaglutinina del virus de la gripe humana. Actualmente, varios grupos tanto de química sintética -^producción de peptides víricos antigénicos-como de análisis estructurales, situados en Universidades y Centros del CSIC están representando un importante apoyo a proyectos de Virología en curso. Desde su invención en la primera parte del siglo XX la microscopía electrónica ha sido una herramienta fundamental para el desarrollo de la Virología. Recientemente, métodos de reconstrucción de imágenes tanto de virus enteros como de complejos entre virus y ligandos (receptores, anticuerpos) con procesamiento de muestras nativas a muy bajas temperaturas -criomicroscopía electrónica-están proporcionando nueva información sobre relaciones estructura-función y aclarando en gran medida datos obtenidos con estudios genéticos. Eladio Viñuela, a cuya memoria se dedica este volumen, tuvo la visión de que el desarrollo de la Virología requería una confluencia de abordajes experimentales complementarios, apoyada en técnicas distintas. El entendimiento profundo de un virus, en cualquier faceta de su ciclo de infección, no puede prescindir ni de la genética ni de la biología estructural, ni de la inmunología, ni de la evolución, ni de la enzimología, entre otras disciplinas relacionadas. El relato del progreso de la Virología a lo largo de la segunda mitad del siglo XX es una confirmación de la visión de Eladio Viñuela sobre la interdisciplinaridad de la Virología. Perspectivas de la Virología para el siglo XXI El relato histórico de párrafos anteriores ha subrayado los desarrollos metodológicos que han permitido un conocimiento detallado de los virus. Una perspectiva sobre la situación actual de la Virología sus mecanismos de replicación y las interacciones con sus hospedadores. ¿Qué conclusiones generales pueden derivarse de los estudios de la Virología empleando las nuevas herramientas del manejo de DNA recombinante? A nuestro entender hay dos palabras clave que podrían considerarse definitorias: complejidad y diversidad. Es difícil en Virología establecer generalizaciones tanto respecto a la estructura como al comportamiento de los virus. Cada grupo de virus aparece como un universo único y fascinante merecedor de estudio. En los siguientes párrafos aventuramos, aún a riesgo de equivocarnos, algunos de los desafíos y líneas de investigación que deberían caracterizar a la Virología en las próximas décadas y cuál puede ser el papel de los grupos españoles en tales desafíos. Los virus deberán seguir siendo sistemas modelo para elucidar mecanismos de replicación de DNA y su expresión en RNA y proteínas. Dada su simplicidad y facilidad de manejo, en especial la de los virus bacterianos, se seguirán utilizando para descifrar mecanismos básicos, tanto desde el punto de vista del conocimiento molecular de la compleja maquinaria replicativa como de los mecanismos que controlan la expresión de los genes. Todo ello, sin duda, será extrapolable a otros sistemas más complejos. El empleo de virus para transferencias de genes heterólogos, en particular con fines de terapia génica, requerirá investigaciones básicas encaminadas a alcanzar una mayor especificidad de transferencia a células diferenciadas específicas y a dianas preseleccionadas del DNA de la célula receptora. Ello requerirá un mejor conocimiento de los receptores y correceptores presentes en cada tipo de célula diferenciada y de sus afinidades por distintos variantes víricos. Asimismo, un esfuerzo considerable deberá dirigirse a evitar la respuesta inmune frente a los propios vectores virales. Varios aspectos de seguridad en la manipulación genética de organismos enteros también quedan condicionados a dichas mejoras de especificidad. Los aspectos éticos de estas manipulaciones, principalmente cuando repercutan en alteraciones de la línea germinal humana, serán probablemente objeto de creciente debate en nuestra sociedad. El desarrollo de nuevos vectores virales para transferencias génicas está llamado a ser un capítulo importante de la Virología del siglo XXI. Respecto al propio conocimiento de los virus y de sus ciclos infectivos, quedan multitud de tareas a completar, difíciles de enumerar por lo extenso de su contenido. Cabe destacar que se conocen de modo muy rudimentario procesos tan esenciales como son la penetración de partículas virales a través de la membrana celular, las bases moleculares del desensamblaje de los viriones para liberar su material genético en el interior de la célula, los mecanismos que regulan las cantidades de distintas proteínas víricas para que se de la estequiometría adecuada en cada etapa del ciclo replicativo, el proceso de ensamblaje de las partículas con reconocimientos específicos entre ácidos nucleicos y proteínas y el mecanismo de salida de las partículas infecciosas al exterior de la célula. Al igual que ha ocurrido históricamente, la elucidación del detalle molecular de las distintas etapas enumeradas aquí, puede tener una aplicación al mejor conocimiento de procesos celulares basados también en interacciones entre proteínas y entre ácidos nucleicos y proteínas. El estudio de las distintas etapas de la replicación de virus patógenos -notablemente el virus de la inmunodeficiencia humana y retrovirus relacionados, el virus de la hepatitis C y otros posibles virus hepáticos patógenos cuya existencia se sospecha, así como nuevos virus emergentes como arenavirus y hantavirus-podrían definir nuevas dianas terapéuticas para el diseño de inhibidores antivirales. A pesar de ingentes esfuerzos por parte de la industria farmacéutica, existe un número muy limitado de agentes antivirales eficaces y uno de los desafíos de la Virología es traducir en aplicaciones prácticas el bagaje de conocimientos básicos acumulado hasta ahora. El diseño de nuevos agentes antivíricos constituye un ejemplo de lo importante de mantener una estrecha coordinación entre la investigación básica y la investigación aplicada. El examen de las vacunas antivirales que se emplean en la actualidad revela que tan sólo unas pocas se han basado en los nuevos métodos de la ingeniería genética. Una de las excepciones más notables es la vacuna contra el virus de la hepatitis B, cuya administración no ha redundado en un control de la infección viral y de sus secuelas tan efectivo como podía anticiparse. Probablemente ello se deba a la falta de cobertura de la vacuna, asociada a los conflictos socioeconómicos que azotan buena parte del planeta, haciendo inaccesibles medidas preventivas y terapéuticas. Claramente el mapa de prevalencia de enfermedades infecciosas solapa con el mapa del subdesarroUo, y los problemas derivados de la pobreza en el mundo serán un impedimento para la aplicación práctica de los conocimientos de la Virología y de la Medicina en general. Para numerosas enfermedades víricas tan importantes como son la hepatitis asociada al virus de la hepatitis C o el SIDA no existe ningún tipo de vacuna eficaz. Se dan varias circunstancias para explicar el escaso progreso en el diseño de vacunas para prevenir estas im-Una perspectiva sobre la situación actual de la Virología portantes enfermedades. Una es de tipo económico, por las pocas perspectivas de rentabilidad percibidas por la industria farmacéutica, incluso en el caso de que las vacunas mostraran buena eficacia. Otra circunstancia, relacionada con la anterior, es la gran diversidad genética y antigénica de las poblaciones virales que circulan en el mundo, y que hará necesario en muchos casos preparar una vacuna distinta para cada zona geográfica en donde se dé la enfermedad. Además, la heterogeneidad de los aislados virales (heterogeneidad incluso dentro de la población que replica en un individuo infectado) hace que sea necesario que la vacuna incluya multiples determinantes antigénicos capaces de estimular de modo efectivo tanto la rama humoral (producción de anticuerpos) como la rama celular (inducción de células T citotóxicas y células T cooperadoras con los linfocitos productores de anticuerpos) del sistema inmunitario. El carácter multivalente de las vacunas antivirales es necesario para disminuir las probabilidades de selección de virus que puedan escapar a la respuesta inmune inducida. Hasta 1994, el 90% del esfuerzo en el diseño de vacunas para la prevención del SIDA se basaba en síntesis de péptidos que reproducían un sitio antigénico situado en una proteína de la superficie del virus, precisamente la estrategia más inadecuada para tratar de producir una vacuna eficaz frente a un virus tan variable como es el de la inmunodeficiencia humana. Afortunadamente, se está aceptando cada vez de modo más generalizado que las vacunas más prometedoras son aquellas consistentes en virus vivos atenuados o inactivados, independientemente de consideraciones de seguridad que indudablemente deben ser también abordadas. Es muy probable que el desarrollo de nuevas vacunas sea un campo de gran actividad en la Virología del siglo XXI. Conceptos paralelos a los delineados para el diseño de vacunas son aplicables al empleo de inhibidores antivirales. Es necesaria la aplicación de varios inhibidores simultáneamente -lo que se conoce como terapia de combinación-para disminuir la probabilidad de selección de virus capaces de escapar a las acciones de inhibidores. El empleo de un solo inhibidor antirretroviral para controlar el virus de la inmunodeficiencia humana cuando se dispuso de los primeros inhibidores de este virus representó un experimento a gran escala que demostró la selección sistemática de virus resistentes a cada uno de los inhibidores administrados de forma individual. En cambio, mediante terapia de combinación con tres o más inhibidores -conocida como terapia altamente agresiva-que ha sido implementada en los últimos años, se ha reducido grandemente la replicación viral y se ha alargado espectacularmente la esperanza de vida de personas infectadas por el virus de la inmunodeficiencia humana. La búsqueda de nuevos inhibidores eficaces y con menos efectos secundarios que los producidos por los inhibidores disponibles actualmente, constituye un importante desafío para la Virología, no solamente para el control del SIDA sino también de numerosas enfermedades emergentes y reemergentes que tienen una etiología viral. El mundo biológico, tanto el celular como el vírico, se halla en constante evolución. Las dificultades para el control de enfermedades víricas apuntadas en párrafos anteriores, tienen su raíz en parte en este elevado dinamismo genético de las poblaciones de virus que replican en los organismos infectados. Para virus RNAlas tasas de error durante la replicación alcanzan valores promedio de una a dos mutaciones introducidas por cada genoma copiado durante la replicación. Tanto estudios teóricos como observaciones experimentales convergen en indicar que estas tasas de error se hallan muy cercanas a las máximas tolerables para el mantenimiento de la información genética del virus. Por ello, en los últimos años ha surgido interés en una nueva estrategia antiviral consistente en la aplicación de drogas que en vez de inhibir la replicación viral, disminuyan la fidelidad de copia hasta el punto de que el virus perdiera su identidad genética y su infectividad. Esta transición, denominada entrada del virus en catástrofe de error, será probablemente objeto de exploración en los próximos años^^. Se han descrito unas cuarenta nuevas enfermedades víricas emergentes (desconocidas hasta hoy día) o reemergentes (nuevas para una cierta área geográfica), que incluye nuevas enfermedades asociadas a agentes no convencionales (priones). El SIDA no es un caso único y los expertos predicen que un conjunto de factores socioeconómicos (desnutrición, conflictos bélicos que obligan a migraciones, grandes aglomeraciones urbanas, etc.) y ambientales (el cambio climático, construcción de pantanos que proporcionan grandes superficies de agua en las que proliferan larvas de insectos transmisores de virus, etc.) hará inevitable la aparición de nuevas enfermedades víricas en el futuro. Ello representa un importante desafío para la Virología tanto en aspectos básicos para entender los mecanismos de replicación de los nuevos virus como para habilitar métodos de diagnóstico, prevención y terapia. No solamente las poblaciones víricas son muchísimo más complejas y dinámicas de lo sospechado tan solo hace dos décadas, sino que las interacciones virus-célula muestran una complejidad elevadísima. La célula responde a la infección viral mediante múltiples cambios en los niveles de expresión de numerosos RNAs y proteínas. Nuevas téc-Una perspectiva sobre la situación actual de la Virología nicas analíticas basadas en hibridaciones selectivas a oligonucleotides fluorescentes y métodos informatizados de detección, empiezan a entrar en escena. En particular, detecciones basadas en microchips (o «microarrays») de DNA podrán proporcionar tanto una visión global de las perturbaciones de expresión de genes celulares como una descripción más detallada de la composición genética (distinción entre genomas mayoritarios y minoritarios) de las poblaciones virales^^. Creemos que la aplicación de nuevas técnicas físicas de análisis, apoyadas en el desarrollo de la informática, también contribuirá al desarrollo de la Virología en el siglo XXI. Un número considerable de virólogos españoles especialistas tanto en aspectos básicos como aplicados, relacionados con virus de bacterias, virus animales, virus de plantas y replicones subvirales, han alcanzado reconocimiento a nivel internacional, y sin duda contribuirán a resolver los múltiples desafíos que se plantean en Virología.
Situarse a popa y contemplar la efímera estela Invita a anudar el equipaje para el olvido Y también a no llorar lo que no se ganó en el empeño Al recibir la invitación de escribir un artículo sobre el desarrollo de la genética molecular de las plantas superiores en España, acepté sin dudarlo, antes de percatarme de la dificultad del encargo. Se trataba de escribir en memoria de Eladio, mi siempre añorado amigo, y era natural que yo estuviera dispuesto a contribuir a tal homenaje. Esa circunstancia tal vez ocultó el problema de cubrir un área de investigación tan amplia y tan diversa en un tiempo y un espacio tan limitados. A los que practicamos investigación de secano nos tenían bastante olvidados y ahora, cuando nos invitan, tenemos el reflejo condicionado de aceptar en el acto, sin plena consciencia de a qué nos comprometemos. Lo que sigue es una serie de recuerdos, notas y reflexiones relacionadas con el mencionado tema, escritas mientras buscaba cómo evitar mi fracaso. Las he plasmado en forma epistolar. Espero que me las acepten en sustitución del producto genuino. Eladio sabía en qué consistía y respetaba la investigación de «año y vez». Reconocía que, a igualdad de ingenio y esfuerzo, los resultados tendían a ser menos jugosos, pero no menos respetables o útiles. Las Francisco García Olmedo 210 investigaciones sobre las plantas en nuestro país ñieron siempre consideradas de secano, si se juzga por la magnitud de los apoyos recibidos. De aquí que, cuando uno ha cedido ya el testigo, sea una satisfacción observar el vigor actual de estos estudios entre nosotros. Para empezar mi aventura, he desempolvado la edición española de la «Química Biológica» de H. R. Mahler y E. B. Cordes (Omega, 1971), uno de los libros que yo utilicé en tiempos como apoyo docente. Después de tanto tiempo no me falla la memoria: el texto tiene referencias bibliográficas al final de cada capítulo. Sólo tres de éstas corresponden a trabajo hecho en España y reflejado en revistas internacionales. Las tres, publicadas entre 1963 y 1965, llevan como autores a Eladio Viñuela, Margarita Salas y Alberto Sois, en distintos órdenes. En relación con las plantas sólo aparece Manuel Losada, todavía como coautor de trabajos del grupo de D. L Arnon, aunque sí encuentro cita de sus primeros trabajos en España cuando consulto otro libro de la misma época. Se trata de un trabajo de 1965 -cofirmado con A. Paneque, J. M. Ramírez y F. F. del Campo-sobre la reducción del nitrito en la espinaca, un trabajo de los de «empujar electrones», como alguien los llamaba entonces. Estas investigaciones, que se ocupaban de la incidencia de la fotosíntesis sobre el metabolismo del nitrógeno en las plantas, eran de absoluta vanguardia en la época y dieron lugar a un poderoso venero que fluyó hacia cotas cada vez más reduccionistas, desde las espinacas a las algas y los microorganismos. Y es que, bien pensado, para algunas características distintivas de una planta superior -^la pared celular o la capacidad fotosintética-siempre se encuentran modelos más sencillos donde estudiarlas. La escuela de Losada ha brillado en los estudios sobre el metabolismo del nitrógeno durante estas últimas décadas y ha confluido con otras tradiciones centradas en el lado bacteriano de la fijación simbiótica del nitrógeno para ocupar una parcela bien definida en la investigación biológica española. Si esta tradición se desarrollaba por cauces estrictamente bioquímicos, ajenos a la herramienta genética, algo similar ocurría con la mejora vegetal, que se atenía a unos métodos genéticos bien depurados, sin necesidad de descender a lo molecular. Esta tradición en España se remonta a la década de los años treinta, cuando Cruz Gallástegui introdujo los maíces híbridos, y ha sido dominada por la figura de Enrique Sanchez-Monge. Dicho sea de paso, Gallástegui, que era veterinario, fue mentor de mi admirado Miguel Odriozola, ingeniero agrónomo cuyas investigaciones sobre la genética de animales superiores Cartas botánicas en recuerdo de Eladio Viñuela -el caballo, el toro de lidia, el cerdo-merecieron admiración y respeto por parte de figuras como T. Dobzhansky, Sewall Wright o R. A. Fisher. Yo relacioné a Eladio con Odriozola y atesoro en mi memoria -como creo que lo harás tú, Margarita-las numerosas, largas, espléndidas veladas que pasamos juntos. Sanchez-Monge inició su carrera como investigador en la Estación Experimental de Aula Dei, donde colaboró con Joe Hin Tjio, el mismo que unos años más tarde determinaría de forma definitiva el número de cromosomas del ser humano. Juntos obtuvieron el Triticale hexaploide, anfiploide de trigo tetraploide y centeno, que representa la única especie vegetal obtenida experimentalmente que se cultiva a una escala de miles de hectáreas. De mayor transcendencia para nuestro país fiíe la selección por Sanchez-Monge de la variedad de cebada «Albacete» que, cuatro décadas después, sigue siendo la más sembrada en el secano español y que se cultiva también en el norte de Afi: ica. En Aula Dei se inició también una tradición de investigaciones sobre citogenética vegetal por el mismo Sanchez-Monge y por su sucesor J. R. Lacadena. En este contexto, también debe mencionarse a Manuel Alonso Peña, agrónomo que fiíe desterrado a Cuenca por republicano, donde con el tiempo llegaría a desempeñar la jefatura agronómica provincial. A pesar de sus ideas, discutía de Teología con el famoso Monseñor Guerra Campos, obispo integrista donde los hubiera, y, los días de fiesta, enseñaba la catedral a los turistas. A menudo, éstos confundían su capa española con la indumentaria eclesiástica y llegaban a besarle la mano en señal de respeto. Era un excelente botánico y genético formado en Alemania -había coincidido con Odriozola en Berlín-y subrepticiamente hacía experimentos en un solar del casco urbano, hoy construido. El nos cedió un rico material genético sobre el que aún hoy se investiga en nuestro laboratorio. Estas eran mis referencias de partida; éste era el panorama que se divisaba desde la peculiar institución en la que me tocó iniciar mi carrera científica, esencialmente como autodidacta. Del clima alienado que imperaba en ella me salvaron dos personas admirables: el ya mencionado Enrique Sanchez-Monge y mi tutor de tesis, Juan Santa María, especialista en levaduras de prestigio internacional, quien enseñó Bioquímica con un carisma inigualable a muchas generaciones de agrónomos. De mis vivencias hablaré en la siguiente epístola, no porque me parezcan más importantes que las de otros -^hace tiempo que estoy preparado para el olvido-sino sencillamente porque son las que conozco mejor. Yo quería ser bioquímico, pero no tenía acceso al equipo más indispensable, a excepción de un extendedor de placas cromatográficas y de un colorímetro, y esta limitación me llevó a intentar combinar la bioquímica con la genética, a dejar que fueran las plantas las que hicieran los experimentos. El primer gen que caractericé resultó ser responsable de la esterificación de esteróles libres en las fases finales del desarrollo del grano de trigo. Viendo su distribución en especies próximas, llegué a la conclusión de que en la evolución de éstas ocurría un silenciamiento génico en loci redundantes. Entre los libros que con frecuencia me regalaba Eladio estuvo, un tiempo después, uno de Susumu Ohno, en el que hacía un magnífico tratamiento del significado de la duplicación génica en la evolución. Las mencionadas observaciones, que se extendieron a más genes, así como otras similares que se hicieron más tarde en especies de peces ciprínidos, tuvieron sus efímeros momentos de reconocimiento y están hoy justamente olvidadas, aunque el fenómeno ha vuelto a suscitar interés -^véase si no una reseña y un trabajo recientemente aparecido en Science-y se ha confirmado su importancia de forma más directa al secuenciar el ADN de diversas especies. No merecerían mención alguna si no fuera por evocar las circunstancias en que se hicieron. Hacía años que la institución había dejado de suscribirse a las escasas revistas de la especialidad que habían poblado su biblioteca por un tiempo. Parece que, un buen día, el investigador que las demandaba había abandonado su laboratorio por la frontera, sin aviso o trámite alguno, y, en consecuencia, la dirección había cancelado las suscripciones. Se rumoreaba que Santa María estaba suscrito personalmente a algunas de las revistas más importantes, que recibía en su domicilio, mientras Sanchez-Monge, que dirigía un instituto, tenía una persona dedicada casi con exclusividad a pedir y clasificar separatas. En su inmensa colección, a la que tenía generoso acceso, navegaba yo con frecuencia, buscando un norte a mis experimentos. El instituto en el que yo trabajaba se dedicaba oficialmente a los trigos, pero allí no parecía que se hiciera genética de especie alguna. En cambio, en el que oficialmente se debía mejorar el maíz, se investigaba muy activamente en trigo híbrido bajo la dirección de Sanchez-Monge. El castrado del trigo a mano se asemeja a la práctica del yoga, se requiere la misma paciencia y el mismo estado de ánimo: con unas pinzas se eliminan las anteras de cada una de las espiguillas que componen una espiga, la mente vuela hasta las nubes y uno tiene la sensación de Cartas botánicas en recuerdo de Eladio Viñuela levitar. Recuerdo ese tiempo -en que, con su consentimiento y apoyo, parasité el programa de Sanchez-Monge-como el que más próximo estuve a la experiencia mística. Poco antes de completar el estudio del primer gen, encontré en la colección antes aludida una separata de la revista Nature en la que se describía un gen de trigo y la adopté no sólo como «guía de viaje» sino como manual de estilo: la seguí casi al pie de la letra para escribir mi trabajo. Cuando lo tuve listo, se lo enseñé a Sanchez-Monge y a Santa María, quienes me animaron a enviarlo a la mencionada revista, donde ambos habían publicado más de una vez. Creo recordar que fue Santa María quien me dio la dirección editorial, ya que yo no conocía biblioteca alguna que me diera acceso a la revista en cuestión. Después de más de treinta años, éste sigue siendo el único trabajo que me ha sido aceptado sin corrección u objeción alguna, así como el único del que he sido autor en solitario. Años más tarde, en una recepción en New Dehli -después de pasear por el jardín de la residencia de Indira Ghandi-el presidente de la Academia de Ciencias de la India, cuya tarjeta de visita enumeraba medio centenar de honores por ambas caras, me presentó a Sir Ralph Riley, entonces asesor científico del gobierno británico, y en la conversación que siguió saqué a relucir la historia de mi exitoso plagio literario, que no científico. Me quedé sorprendido cuando mi interlocutor dio muestras de conocerlo muy bien. Según declaró, no sólo era el autor de mi «guía» sino que había sido el evaluador de nñ trabajo en nombre de Nature. Hace muy poco, visitando una biblioteca, me entretuve en ver por primera vez mi trabajo en las páginas de la revista -sólo lo conocía en separata-y pude comprobar que entonces, como ahora, los trabajos con domicilio español en las páginas de dicha revista distaban mucho de formar legión. Creo recordar que ese trabajo fiíe el primero que presenté a una reunión de la Sociedad Española de Bioquímica. Esta fiíe también la primera ocasión en que fiai presentado a Alberto Sois, luego lo sería muchas veces a lo largo de los años. Contigo y con Eladio, sus discípulos, no me atrevería a hablar hasta un tiempo después. Por entonces encarnabais para mí a unos seres superiores que parecían saber de donde venían y adonde iban. Con la obtención de una cátedra en 1970 mejoró mi status social pero no mi situación real. El nuevo destino se reducía a poco más Francisco García Olmedo 214 que un aulario y unos laboratorios de prácticas apenas dotados, excepción hecha de una enciclopedia. Los pocos profesores que investigaban, lo hacían en otros organismos. No existían despachos, excepto los de dirección, y resultó insólito que yo solicitara uno, al tiempo que la dedicación exclusiva. Lo primero llegó antes que lo segundo. Un dato cuantitativo retrata la situación mejor que cualquier descripción: el edificio consumía entonces mil veces menos energía que en la actualidad. La tarea a realizar estaba muy clara; no así los modelos a emular. Nuestra experiencia americana -^la de Pilar Carbonero y la míaera de muy difícil traducción a las precarias condiciones que nos tocaron en suerte y resultó inevitable que el naciente Centro de Biología Molecular (CBM) acabara convirtiéndose en nuestra referencia. Mi trato asiduo contigo y con Eladio empezó por aquellos tiempos en que se gestó la idea del CBM y recuerdo bien muchas anécdotas que contradicen la historia oficial que se ha impuesto, aunque no es éste el lugar de desmentirla. El CBM era un modelo utópico y fuera de alcance, aunque visitable. No nos hubiera servido de nada -no podíamos soñar siquiera con introducir en nuestro entorno las más modestas de sus características-a no ser por vuestra amistad y respeto. Todos los problemas que abordamos en la década de los 70 lo fueron con medios en extremo rudimentarios, que se reducían en esencia a unos aparatos para electoforesis bidimensional que nos fabricábamos, un invernadero en desuso y unos cientos de metros cuadrados de suelo laborable. La investigación experimental ha sido siempre el arte de lo posible y, en nuestro caso, los medios limitaban seriamente a la imaginación. Aunque, así descrito, el panorama pueda parecer desolado, existían compensaciones -extinguidas en las circunstancias actualesque nos permitían sobrevivir y no ser del todo infelices. Por un lado estaba el agudo sentido de progreso casi heroico que nos embargaba siempre que conseguíamos cualquier mejora, aunque fuera nimia. Por otro, el placer y la celebración que entonces acompañaban a la aceptación de cualquier trabajo en Genetics o en los Proceedings of the National Academy of Sciences. Entre los temas que abordamos en esa década pueden mencionarse los siguientes: peptides vegetales activos frente a patógenos de las plantas; peptides vegetales activos frente a insectos; mapas genéticos y uso de marcadores en la transferencia de genes de resistencia desde especies silvestres a cultivadas; silenciamiento de genes duplicados; y variación genética de la relación dosis génica/cantidad de proteína, incluido el fenómeno de compensación de dosis génica en plantas. Con Cartas botánicas en recuerdo de Eladio Viñuela todas las salvedades, hoy describiríamos como proteo-genómica la aproximación experimental que dominaba en estos estudios. Hacia el final de la década empezó a resultar evidente que se estaban desarrollando nuevas formas mucho más adecuadas para enfrentar este tipo de investigación y que no tendríamos más opción que reconvertirnos si queríamos seguir adelante. Eramos reacios -como recordarás, Margarita-a empezar de nuevo y nos daban miedo los problemas prácticos de obtener un equipamiento sofisticado del que carecíamos por completo y para el que nos iba a costar trabajo obtener los recursos necesarios. Como también recordarás, nos refugiamos en el CBM durante unos meses antes de emprender la nueva aventura. Volver a empezar -a la edad que muchos terminan su periodo álgido como investigadoresproduce sentimientos encontrados, una sensación de rejuvenecimiento junto a la de no estar a la altura de las circunstancias. Pilar se involucró en el proyecto del virus de la peste porcina africana y luego pasaría un tiempo en Cold Spring Harbor, donde, entre otras aventuras, conoció a su ídolo Barbara McClintock. Yo fui usuario del despacho de Ochoa, donde pasé largas horas leyendo e incluso durmiendo la siesta en su amplio sofá, y aprendí los arcanos de la traducción in vitro con José Manuel Sierra, para luego irme a Gante, donde aprendería a transformar plantas antes de que se hubiera logrado la expresión de ningún gen foráneo en ellas. En 1983, al tiempo que publicamos en EMBO J. los primeros resultados de nuestra nueva etapa, nos aceptaron en Nature los últimos de la anterior, que se referían precisamente a la transferencia -^mediante trucos in planta-de un gen de resistencia al «mal de pie» desde una especie silvestre al trigo. Dicha enfermedad, causada por el hongo Pseudocercosporella herpotricoides, causa graves pérdidas de cosecha en muchas regiones trigueras del mundo. El gen que caracterizamos sigue siendo el único que confiere tal resistencia y se usa en muchos programas de mejora. La publicación fue reseñada en diversas revistas de divulgación y aún hoy se suele aludir a ella sin citar a los autores, tal como hacía una reciente editorial de Nature. Fue un fin de fiesta digno. Como puede verse, al principio de la década de los 80, no nos cupo más que cambiar deprisa para poder seguir en el mismo tajo. Francisco García Olmedo Y así desembocamos en la ingeniería genética de plantas. Por esas fechas hubo además una gran afluencia de investigadores procedentes de otras áreas hacia lo vegetal. Dentro de esta corriente se identifica el grupo del CSIC Barcelona, que empieza a publicar sobre proteínas de endospermo de maíz hacia 1984. Entre los autores de esos primeros trabajos -J. Palau, P. Puigdomènech, M. Pages, S. Prat, M. D.Ludevid, J. A. Martínez Izquierdo, J. Cortadas (qepd)-estaban los principales responsables del vigor actual que estos estudios han alcanzado en el CID-CSIC de Barcelona bajo la gestión de Pere Puigdomenech: de las proteínas de reserva a la embriología vegetal, la respuesta a la sequía, la genómica y la cartografía genética, los mecanismos de acción hormonal y muchas otras cuestiones. En nuestro entorno inmediato, lo que nos involucró inicialmente a dos investigadores al principio de la década, acabó implicando a casi un centenar de personas al final de ella, cuando en 1987 se consolidó lo que luego se llamaría Departamento de Biotecnología de la Universidad Politécnica de Madrid. La ingeniería genética era ya herramienta común en varios de los cinco departamentos que se fusionaron en el nuevo: Bioquímica y Biología Molecular de la Escuela de Ingenieros de Montes, Bioquímica y Biología Molecular, Microbiología, Genética y Mejora Vegetal y Patología Vegetal de la de Ingenieros Agrónomos. Al final de la década, el departamento estaba razonablemente equipado para el trabajo que realizábamos, aunque muy por debajo de otros laboratorios nacionales. Habíamos olvidado ya los tiempos en que reciclábamos los tubos Eppendorf y los tips de pipeta del CBM y teníamos que regenerar las plantas transformadas sobre los bancos del laboratorio, sin control de luz, humedad o temperatura. Además, nos parecía mentira que hubiéramos empezado a vender tecnología en el mercado internacional (primera cesión de derechos de patente y licencia exclusiva en 1989) o que en nuestro nuevo departamento pudieran convivir, en un momento dado, investigadores de Estados Unidos, varios países hispano-americanos, Australia, Reino Unido, Holanda, Rusia, Suiza, Italia y el Magreb. En los laboratorios verdes del CNB, en los que trabajan unas 60 personas, se investiga sobre factores transcripcionales, estrés abiótico, interacción patógeno-planta, virología, biología del desarrollo y genómica, entre otras líneas. El último núcleo numéricamente importante de genética molecular de plantas se inaugura en Valencia en 1995. Se trata del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP), que resulta de la confluencia intelectual de Vicente Conejero y José Pío Beltrán, junto con la cooperación institucional entre la Universidad Politécnica de Valencia y el CSIC. Los estudios sobre interacción patógeno-planta del primero y los de carácter fisiológico del segundo habían desembocado en un abordaje de genética molecular al principio de la década de los 90. De la vitalidad del IBMCP da una idea el hecho de que se haya pasado de 75 personas en 1994 a 175 personas en la actualidad. La lista de líneas de trabajo de este instituto es muy extensa y cubre prácticamente todas las vertientes actuales de la especialidad. El panorama de la genética molecular de plantas en nuestro país no se restringe a los centros antes mencionados sino que afortunadamente abarca a numerosos laboratorios distribuidos por todo el mapa. En la siguiente carta trataré de reflejar la rica variedad que esto representa. Estoy seguro que tú, que llevas años conviviendo con un fago, eres plenamente consciente del grado de babelización a que ha llegado el lenguaje biológico. Yo empiezo a no entender una buena parte de lo que se comunica en los congresos y reuniones científicas. Tuve que hacer un esfuerzo especial en la última a la que asistí: la V Reunión de Biología Molecular de Plantas, que se celebró hace unos meses en Alicante. Presidía un jurado que debía dirimir unos premios a las mejores comunicaciones y no pude distraerme ni un segundo. Usaré las actas de dicha reunión como guía o apoyo en el safari comentado que sigue. La reunión estuvo coordinada por J. L. Micol, un especialista en biología del desarrollo que se ha interesado recientemente por las plantas. La idea de esta serie de reuniones fue de Gregorio Nicolás, quien ya empezó en los años 80 a abordar la fisiología vegetal en su aspecto molecular. La primera tuvo lugar en Salamanca en 1991 y fue co-organizada con B. Sabater. Suelen coincidir en estos saraos tanto investigadores vinculados a la Bioquímica y Biología Molecular como militantes de la Fisiología Vegetal. Apenas medio centenar de comunicaciones se presentaron en la I Reunión, mientras que en la V lo han sido casi dos centenares. Francisco García Olmedo representados y unos 450 nombres figuraban al final de las actas. Por supuesto, la lista no incluye a todos los que forman parte del colectivo nacional, que es de casi un millar de miembros, y entre los laboratorios representados faltaban algunos ciertamente importantes. Finalmente, algunas comunicaciones eran de jóvenes investigadores integrados en grupos extranjeros. La reunión de Alicante se organizó en diversas sesiones bajo los siguientes conceptos: regulación de la expresión génica; desarrollo; metabolismo; estrés abiótico; estrés biótico; y fitopatógenos. Seguiré ese orden en los breves comentarios que siguen. Regulación de la expresión génica.-El primer factor de transcripción de plantas fue descrito por J. Paz-Ares hace unos años en el Instituto Max Planck de Colonia (Alemania). Este investigador coordina un consorcio europeo de tres decenas de grupos que ha abordado la descripción sistemática de los factores de transcripción de Arabidopsis. Entre las comunicaciones presentadas, cuatro tenían que ver con transcripción y las restantes estaban relacionadas con transposición, regulación por etileno y procesamiento de RNA en cloroplastos, respectivamente. Desarrollo.-Los estudios sobre biología del desarrollo vegetal en nuestro país fueron iniciados, después de sendas estancias foráneas, por J. M. Martínez Zapater en Madrid (INLAL) y por J. P. Beltrán en Valencia. Se presentaron nueve comunicaciones orales, dos de las cuales correspondían a jóvenes post-doctorales en laboratorios extranjeros. Metabolismo.-La aplicación de la ingeniería genética a la resolución de los problemas tradicionales de la bioquímica y la fisiología vegetal está dando sus frutos en forma de una variada gama de trabajos sobre enzimas, hormonas, acumulación de sustancias de reserva, metabolitos secundarios, etc. Esta parcela ha de salir muy revitalizada -no sólo en España sino también a escala global-con los recientes avances en genómica. Hay que señalar que el estudio del metabolismo del nitrógeno ha atraído a un alto número de laboratorios que suelen reunirse separadamente y están poco representados en las reuniones de plantas. Estrés abiótico.-La decana de este tipo de estudios es Monserrat Pages, quien lleva dos décadas investigando aspectos relevantes de la respuesta de las plantas a la sequía. Merece también mencionarse la aportación al conocimiento de la tolerancia de las plantas a la salinidad que ha supuesto el desembarco verde de especialistas en levaduras interesados en el transporte iónico. Las investigaciones de R. Serrano (IBMCP) son un buen exponente de esta tendencia, muy bien representada en nuestra comunidad científica. Estrés biótico.-^V. Conejero lleva casi tres décadas interesándose por el estrés causado en las plantas por organismos foráneos y son muchos los laboratorios que en la actualidad se ocupan de las interacciones de las plantas con viroides, virus, bacterias, hongos, nematodos, insectos y otros organismos adversos a los cultivos Fitopatógenos.-El estudio de los organismos fitopatógenos en sí centra el interés de un número reducido de grupos con proyección internacional. Varios equipos involucrados en el estudio de viroides y virus, así como los muy pocos centrados en bacterias y hongos enlazan con el corpus representado por la Sociedad Española de Fitopatología. Naturalmente, parte de lo que se hace no se encuadra en los apartados anteriores y, por otra parte, una reseña como ésta tiene que ser deliberadamente injusta, marcada por el sesgo subjetivo del que la escribe y plagada de omisiones debidas a su flaca memoria y a su perversidad. Como verás, en la carta siguiente acabaré de perderme. Tenía pensado pasarme unas tardes visitando el Science Citation Index, ese espejo de Narciso que tanto frecuentan algunos. Las premuras con que escribo estas líneas no me permiten cumplir dicho plan, por lo que no podré revestir mis conclusiones de la aparente objetividad de lo falsamente científico. En esta última carta pretendo expresarte mis ideas extraviadas sobre la apreciación de la ciencia por los propios científicos y resumirte mis opiniones globales sobre el presente y futuro de la investigación botánica en nuestro país. Todavía recuerdo cuando la mayor parte de la ciencia que se hacía en España se publicaba en revistas institucionales españolas. Trabajos excelentes compartían el espacio impreso con aportaciones triviales y la comunidad científica -tanto la nacional como la internacionaltenía que apañarse para separar el grano de la paja. Luego empezó a imponerse la publicación en lengua inglesa, sin importar mucho la naturaleza de la revista donde se hiciera. Así por ejemplo, en la rápida expansión universitaria de los años 70, uno de los decanos-comisarios que se reclutaban al crear nuevas facultades se ufanaba de haber nombrado encargado de cátedra a alguien que tenía «tres trabajos en inglés». Luego resultó que ninguno de esos trabajos tenían que ver con la disciplina correspondiente. Ese mismo decano impidió a los primeros profesores que llegaron al centro Francisco García Olmedo subscribirse a las revistas científicas de sus respectivas especialidades porque él ya se había gastado el presupuesto en comprar «todo lo de Harvard». Al cabo de unos meses llegaron unas cajas que contenían preciosas ediciones de Sófocles, Esquilo, y otros autores clásicos publicadas en inglés por Harvard University Press. Pronto se pasó a valorar sólo lo publicado en revistas contenidas en el Current Contents, esa biblioteca para pobres que tantos servicios nos prestó. En esa época yo ayndé a colegas de las más diversas disciplinas a poner sus trabajos científicos en inglés, una tarea no muy distinta de la del actor, por lo que tiene de asumir personalidades distintas a la propia. Esto me resultaba muy gratificante. Mi mayor éxito fiíe con un trabajo sobre los mitos religiosos en la pintura rupestre: su autor proclamó públicamente que la versión inglesa era muy superior a la española. Yo le solía dar a Eladio algunos de mis manuscritos para que me hiciera sugerencias y él también me pasaba a veces los suyos con el mismo fin. Tú no lo liacías, Margarita, pero, en cualquier caso, nunca hubiera podido estar a la altura de tu ritmo de publicación que era, ya entonces, trepidante. Eladio solía hacerme bastante caso, lo que me resultaba de gran estímulo. En particular, incluyó varias sugerencias mías -una de ellas tachada luego por Ochoa, que la consideró demasiado indiscreta-en el ensayo que escribió por invitación de Garfield cuando el trabajo sobre la electroforesis con SDS fiíe seleccionado como citation classic. Antes de la ocasión referida, el nombre de Eladio ya había aparecido en una de esas recopilaciones que publicaba Garfield en el Current Contents, Según creo recordar, su nombre era el único domiciliado en España que figuraba en una lista de los mil autores más citados de cualquier disciplina en todo el mundo durante una década. Su trabajo más popular era, en efecto, el ya aludido, pero el resto de sus trabajos también habían recibido un alto número de citas. Resulta obvio decir que la obra de Eladio era ya mucho más importante que su idea feliz y oportuna sobre la electroforesis y que él mismo suponía mucho más que sus publicaciones tomadas de una en una. Eladio era sobre todo su creatividad al plantear grandes avenidas que transitar, era su vocación de abordar problemas difíciles y relevantes, junto a su disponibilidad para correr los riesgos consiguientes, era la congruencia de toda su obra y era su visión del futuro. El número de veces que sus trabajos fueron citados no nos cuenta en absoluto quien era Eladio, por digno de ser tenido en cuenta que sea este dato numérico. Todos los cambiantes criterios de calidad científica han sido extraordinariamente útiles para que el país pudiera empezar a aproximarse a lo que tiene que ser. En la sabia aplicación de estos criterios ha estado en parte el secreto de nuestro progreso. Sin embargo, ha llegado la hora de no conñmdir el recipiente con el contenido o la calidad de la obra con el número de espectadores. El índice de audiencia debe ser tenido en cuenta, pero usado sin mesura tiene consecuencias deletéreas que todos podemos comprobar con sólo apretar un botón. Alguien con criterio tiene que examinar el contenido de las obras de Corín Tellado, de Valente, de Pérez Reverte o de Joyce si quiere saber lo que significan para la literatura y para la sociedad. Cuando en España ha dejado de crecer exponencialmente la actividad investigadora, va siendo hora de primar el juicio maduro sobre la pueril y alocada aplicación de criterios falsamente cuantitativos. Valente y Corin Tellado pertenecen a «universos de citación distintos», los conjuntos de sus lectores quiero creer que no se solapan, su valor literario y social nada tiene que ver con cuántos lean o citen a cada uno. Como sabes, Margarita, hace unos meses se sometieron unas decenas de nombres españoles a evaluación por parte de varios cientos de sus colegas europeos. Las conclusiones que pude sacar de los resultados de esa encuesta-votación son en esencia tres: a) no estamos realmente donde creemos estar; b) hay que pelear duramente por que nos reconozcan donde estamos realmente; c) la valoración de la obra científica implica algo más que constatar en qué revistas se publicó o cuantas citas acumuló. Si algún malicioso piensa que hago estas reflexiones por razones interesadas, debo decir que los departamentos que se dedican a lo vegetal en las universidades politécnicas salen en cabeza de la investigación biomédica universitaria en un reciente estudio bibliométrico publicado en el Boletín de la SEBBM. He hecho la anterior digresión porque debo ñmdamentar ahora una mala noticia, después de haber dado la buena nueva de que la genética molecular de plantas ha hecho progresos notables y en la actualidad goza de buena salud. La mala noticia es que vamos a perder de nuevo el tren de un momento a otro. Las alusiones a la obra de Eladio no las he incluido sólo porque estas líneas estén escritas en su homenaje sino porque las cualidades que él encarnó resultan esenciales para enfirentar el reto que acabo de enunciar. En el ámbito botánico, como en otras vertientes de los estudios biológicos, se ha pasado bruscamente de una investigación guiada por las hipótesis a una concepción de dicha actividad dominada por las Francisco García Olmedo 222 grandes plataformas de generación de datos. Mientras está ocurriendo este cambio radical, la administración científica española está distraída maquillando las estadísticas y parece carecer en su seno de una visión certera de los cambios que están ocurriendo y de cómo adaptarnos a ellos. La comunidad científica vive una firagmentación considerable -^la más extrema de Europa, con un tamaño medio de los grupos realmente ridículo-que está condicionada por el marco legal y estructural, así como por el firenazo que nuestro desarrollo científico ha sufiddo en los últimos años. No sólo no encuentran puesto de trabajo científicos ya plenamente formados sino que la alarma ha cundido y, ante la inexistencia de una carrera científica, cada vez menos jóvenes eligen dedicarse a la investigación. En esta coyuntura resulta difícil emprender trayectorias a largo plazo que, por su ambición, comporten un riesgo cierto de fracasar y que requieran infraestructuras modernas, así como equipos humanos grandes y diversificados. El futuro requiere que nos integremos en foros de los que estamos siendo excluidos rápidamente. Los nuevos tiempos requieren jóvenes que, como Eladio en su día, tengan visión de futuro, espíritu de lucha, ambición y disposición para el riesgo, que no sólo sean buenos secundadores del juego que crean otros sino que sean ellos mismos creadores de juego capaces de encabezar iniciativas internacionales. La genética molecular de plantas se encuentra claramente en esta situación y las circunstancias no favorecen los cambios necesarios. En 1852, Franz Unger, que era profesor de Mendel, publicó en la prensa vienesa, de forma anónima, diecisiete «Cartas Botánicas» en las que exponía ideas tan heterodoxas que, una vez identificado como autor por el director del periódico oficial católico, hicieron peligrar su puesto y le valieron una feroz campaña en contra, en la que fue acusado de agnóstico, socialista y pagano. Espero que, aunque se presenten bajo el mismo título, estas modestas líneas no suscitarán las mismas iras que las que escribió Unger y que, en cambio, serán tomadas con el mismo humor con que han sido escritas. A Eladio le hubiera gustado que hubiera habido tomate.
La Neurociencia se encarga del estudio multidisciplinar e integrado del sistema nervioso, y en su concepción actual es una disciplina relativamente reciente. Los departamentos y programas de doctorado en Neurociencia más influyentes aparecieron en universidades americanas y europeas en la década de los sesenta entre otras causas como reacción al auge y desarrollo de la Bioquímica y la Biología molecular. Se consideró que el abordaje meramente reduccionista de los procesos neurobiológicos podría conducir a la pérdida de la visión global del cerebro, limitando la posibilidad de comprender un órgano cuyas propiedades más genuinas emergen del funcionamiento integrado de sus elementos constitutivos. La Neurociencia nació con una vocación holística aunque, paradójicamente, los mayores avances en este campo se han producido asociados a la Biología molecular, la Fisiología celular o la Farmacología. Esta aparente contradicción que existe entre la perspectiva integradora del estudio del sistema nervioso y el éxito del abordaje metodológico reduccionista ha sido una constante en la evolución de la Neurociencia que posiblemente también determine su evolución futura. Como es bien conocido, España ha sido en los últimos siglos un país con una actividad científica muy precaria y lo poco que se generó durante el auge intelectual del primer tercio del siglo XX fue destruido por la Guerra Civil y el exilio posterior. Como ocurrió con otras disciplinas, la Neurociencia española moderna se originó prácticamente de novo, por lo que es fácil identificar a las personas e instituciones que tuvieron el «efecto fundador» y dibujar el «árbol genealógico» de José López Barneo los neurocientíficos de la actualidad. Aunque por diversas razones, entre otras su naturaleza interdisciplinar, las raices de la Neurociencia española son más borrosas y menos definidas que las de otras ciencias biomédicas, es indudable que el desarrollo actual se inició gracias al trabajo de unos pocos profesores e investigadores y se debe en gran medida a la influencia que éstos ejercieron sobre la generación posterior. El objetivo de este breve recorrido por la Neurociencia española no es describir la labor o los logros de personas y grupos concretos sino resaltar los hechos y situaciones que han tenido mayor trascendencia. Este artículo refleja una opinión personal espontánea sobre el estado actual y perspectivas de la Neurociencia española que indudablemente está influenciada por la cercanía del autor a determinadas personas e instituciones. Espero que este sesgo no reste valor conceptual a la visión de conjunto. El pasado reciente y la situación actual Los primeros balbuceos de la Neurociencia española están ligados a la actividad científica de grupos en la Universidad, generalmente dentro de departamentos de Fisiología o Anatomía. La Neurociencia nunca creció con la estructura administrativa universitaria debido a que no han existido, ni existen, en España cátedras o departamentos universitarios de Neurociencia y, salvo alguna excepción muy puntual, tampoco se han impartido asignaturas troncales con esa denominación. Como es bien conocido la escuela de Cajal desapareció casi completamente por lo que no tuvo una influencia decisiva en el resurgir de la Neurociencia española. El instituto Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), heredero en parte del Instituto de Investigaciones Biológicas creado por Cajal, contó con algún investigador en Neurohistología y Neurofisiología de nivel internacional, pero en su conjunto fue durante mucho tiempo una reliquia del pasado. Aunque en la decada de los sesenta y principio de los setenta ya existía un núcleo estable de neurocientíficos, el desarrollo de la Neurociencia fue mucho más lento que el de áreas como la Bioquímica o la Biología molecular, que a mediados de los setenta ya tenían masa crítica suficiente como para contar con una asociación numerosa y activa como la Sociedad Española de Bioquímica o generar el Centro de Biología Molecular del CSIC. Posiblemente una de las causas más importantes del relativo retraso de la Neurociencia fueron sus dificultades y limitaciones metodológicas, agravadas por la situación precaria de la España Estado actual y perspectivas de la Neurociencia en España de los setenta, y el poseer un lenguaje propio que dificultaba la comunicación con investigadores de otras áreas. Al inicio de la década de los ochenta la investigación en Neurociencia en los paises desarrollados sufirió una eclosión que disparó un progreso acelerado que se ha mantenido hasta la actualidad. El impulso inicial se debió fundamentalmente a la incorporación de técnicas de la Biología molecular y celular a la investigación neurobiológica y a la aparición de una nueva Electrofisiología, más sencilla pero a la vez más analítica, gracias al descubrimiento de la técnica de «patch-clamp». Los estudios en preparaciones in vitro mostraron ser enormemente eficaces para potenciar el conocimiento de la estructura y función del tejido nervioso y facilitar el desarrollo de disciplinas como la Neurofarmacología o la Neuroquímica. Esta situación general afectó a la Neurociencia española de forma especial pues coincidió con la incorporación a nuestro país de neurobiólogos de la segunda generación, entrenados en laboratorios extranjeros, que contribuyeron decisivamente a la puesta al día de los grupos existentes y facilitaron el encuentro con investigadores formados en otras áreas pero atraídos por la investigación sobre el sistema nervioso. Una de las acciones que contribuyó de forma más decisiva a dar solidez al tejido de investigación en Neurobiología fue le creación de la Sociedad Española de Neurociencia (SENC) a la que además de neurohistólogos y neurofisiólogos, se incorporaron de forma particularmente activa neurofarmacólogos y neuroquímicos, así como biólogos del desarrollo y de las ciencias del comportamiento. La SENC apostó de forma rotunda por la modernidad y la calidad científica y en pocos años llegó a ser, y todavía es, una de las sociedades científicas nacionales más numerosas y de mayor prestigio. La potenciación de la Neurociencia española se manifestó por la modernización de Instituto Cajal del CSIC, al que se incorporaron numerosos investigadores de nivel internacional, la creación de nuevos institutos de Neurociencia, como el de Alicante, y la formación de grupos con calidad contrastada en centros del CSIC y las universidades en Barcelona, Madrid, Murcia, Valladolid, Santiago y Sevilla, entre otras. Aunque se han creado excelentes servicios de Neurología y Neurocirugía en los grandes hospitales que, en algún caso realizan una investigación de un nivel muy alto, en su conjunto la contribución de los grupos clínicos al desarrollo de la investigación ha sido inferior a lo deseable. Por diversas razones, los intentos de acercamiento de la investigación neurobiológica básica y clínica en la década de los setenta no llegaron a fructificar. En la última década la Neurociencia española ha madurado gracias al fortalecimiento de los grupos ya existentes aunque no se ha estimulado José López Barneo la creación de grupos nuevos y no han aparecido iniciativas institucionales dignas de mención. Sin embargo, creo que no es exagerado afirmar que la Neurociencia es una de las áreas de la Biomedicina que más y mejor se ha desarrollado en nuestro país. Existe una investigación independiente, realizada en laboratorios españoles, con resultados que se publican en revistas del mayor nivel de la especialidad y es frecuente encontrar investigadores españoles con cargos de responsabilidad en comités internacionales, en consejos editoriales de revistas o participando como invitados en congresos de Neurociencia. A pesar de su calidad y del proceso de maduración reciente, hay que ser conscientes de que el tejido de la investigación neurobiológica en España, como en otras áreas, es frágil y elemental con un tamaño muy inferior a lo que cabría esperar de un país con el nivel de desarrollo socioeconómico de España. Como he comentado anteriormente, a la fragilidad y parquedad proverbial del sistema de ciencia y tecnología español hay que añadir, en el caso de la Neurociencia, la ausencia de plantilla administrativa en las universidades. En otras áreas, como la Bioquímica o la Fisiología, la existencia de profesores que son también investigadores, permite el que algunos grupos mantengan una cierta capacidad vegetativa de incorporación de nuevos profesionales. La comprensión de la organización y funcionamiento del sistema nervioso es uno de los límites de la ciencia moderna y un reto para la investigación de las próximas décadas. En los países desarrollados la investigación en Neurociencia se considera prioritaria y de valor estratégico especial, no solo por la necesidad de prevenir o buscar remedios para las enfermedades neurodegenerativas o psiquiátricas, sino porque el cerebro es un máquina extraordinaria de procesado de la información cuyo conocimiento, además de ayudar a entendernos mejor, permitirá avances revolucionarios de las ciencias de la computación y la rebotica. Por lo tanto, no basta con mantener o incluso potenciar la Neurociencia existente sino que ésta debe dar un salto cualitativo, sobre todo en lo que concierne a la creación de instituciones de excelencia, que faciliten la incorporación de España en condiciones creíbles y competitivas al concierto internacional. Como indiqué en la «Introducción», aunque el mantenimiento de una visión integrada del cerebro es consustancial a la Neurociencia, los avances más importantes en Psicofarmacología o en Neurobiología Estado actual y perspectivas de la Neurociencia en España molecular se han obtenido gracias al abordaje metodológico reduccionista. La realidad demuestra que para estudiar, por ejemplo, las causas de la degeneración neuronal o el efecto de los fármacos sobre los receptores sinápticos no se necesita el conocimiento detallado del funcionamiento de la corteza cerebral, que básicamente se desconoce. Reciprocamente, el investigador en Neurociencia cognitiva no tiene por qué ser experto en biofísica de canales iónicos. Por lo tanto, es posible que la forma más eñcaz de enfocar el desarrollo institucional futuro de la Neurociencia sea basándose en grupos organizados en departamentos o unidades temáticas en las que se aborden problemas científicos concretos. Algunos de los temas que me parecen particularmente importantes son la degeneración, lesión y reparación en el sistema nervioso, la Neurobiología del desarrollo, la Neurobiología sensorial y, con relevancia especial, la Neurociencia cognitiva. Este último campo, prácticamente inexistente en España, está teniendo un progreso reciente particularmente significativo debido al avance tecnológico en adquisición y procesado digital de imágenes. En mi opinión, la Neurociencia cognitiva debería ser objeto de un plan especial que facilitase su desarrollo en contacto con las ciencias de la conducta, la rebotica, las matemáticas y las ciencias de la computación. Una forma de potenciar la investigación en Neurociencia podría ser la creación de varias unidades temáticas ubicadas en institutos del CSIC o en centros mixtos CSIC/universidades que deberían estar coordinadas en redes nacionales. Otro modelo podría basarse en unidades asociadas a grandes centros hospitalarios donde la investigación básica y clínica se enfocasen hacia áreas temáticas específicas. Por ejemplo, sería enormemente ventajoso que las unidades de investigación sobre la degeneración, lesión y reparación del sistema nervioso se desarrollasen junto a departamentos de Neurología y Neurocirugía o las unidades de Neurociencia cognitiva junto a servicios de Radiología y Radiodiagnóstico. En mi opinión, una de las carencias más importantes de nuestro sistema de ciencia y tecnología es la no existencia de instituciones relacionadas con la investigación, el desarrollo y la innovación en Medicina. Esta situación es particularmente grave si se considera que contamos con un sistema sanitario público de tamaño considerable y de calidad asistencial más que aceptable. En conclusión, la investigación en Neurociencia es de valor estratégico y debe ser prioritaria. El desarrollo reciente en este área ha sido importante pero queda mucho por hacer para que la investigación neurobiológica española tenga el tamaño, la estabilidad y la calidad requeridas para su homologación internacional.
Orígenes de la Biología del Desarrollo Desde el principio de la Cultura humana el hombre se ha interrogado sobre los hechos biológicos del desarrollo, seguramente porque era partícipe de muchos de ellos o los observaba en los animales domésticos. De hecho, la primera teoría biológica conocida pretendía explicar el desarrollo de los seres vivos. Se observaba que las hembras de nuestra especie, por algún procedimiento misterioso, son capaces de generar dentro de ellas a otro ser de la misma especie. Este hecho fascinante seguramente debería de tener una explicación lógica y ya en los textos durante el desarrollo de las diversas especies; duración de las diversas fases embríonarias, tamaño de los embriones, etc. Con el advenimiento de la Genética se puso de manifiesto el papel que tienen los genes en los procesos de desarrollo. A raiz del descubrimiento por MuUer de la posibilidad de inducir mutaciones artificialmente por medio de rayos X y de agentes químicos, se pudo sistematizar el efecto sobre el desarrollo de las diversas mutaciones. Esto dio lugar al nacimiento de la Genética del Desarrollo. En este punto conviene claríficar que se entiende por Genética del Desarrollo. En un sentido trívial la gran mayoría de los genes están involucrados en el proceso, ya que el 90 % de las mutaciones son letales, esto es, son incompatibles con el desarrollo completo del individuo. Sin embargo, la gran mayoría de estas mutaciones lo son en genes imprescindibles para la correcta función celular. El concepto de Desarrollo está ligado a organismos multicelulares, que manifiestan diversos tipo de diferenciaciones celulares (células nerviosas, musculares, epidérmicas, etc) y que aparecen en posiciones fijas demtro de la estructura tridimensional del cuerpo. Asi pues, la Genética del Desarrollo se ocuparía esencialmente del control genético los procesos de Diferenciación y Morfogénesis. Durante los años 20 a 50 se encontraron y estudiaron gran cantidad de mutaciones, pero pocas de ellas estaban directamente relacionadas con procesos específicos de desarrollo. Entre estas se incluían un grupo especial que daban lugar a transformaciones de un órgano en otro. Aumque llamaron la atención por lo espectacular de su fenotipo, no se hizo un análisis sistemático hasta que Edward Lewis inició sus estudios en los llamados genes bithorax en los años 50. El reduccionismo en Biología. El ADN es la fórmula básica El año 1953 marca, con el descubrimiento de la estructura del ácido desoxiribonucleico (ADN) por parte de Watson y Crick, el inicio de la Biología Molecular y con ella el comienzo de una nueva era en la biología. Esencialmente lo que Watson y Crick demostraron es que la información genética, esto es, la información necesaria para construir un ser vivo, sea este una bacteria, una mosca o un ser humano, está contenida en la estructura de una molécula concreta que tiene unas características químicas determinadas y que se puede aislar, estudiar y eventualmente modificar. El análisis experimental de los fenómenos biológicos más profundos, los procesos mediante los cuales se construyen La historia de los genes homeóticos y funcionan los seres vivos, quedó conceptualmente reducido al estudio de como se libera la información contnida en el ADN. Este enfoque reduccionista ha marcado la mentalidad de los investigadores en las últimas décadas y ha tenido una influencia muy profunda en la percepción actual de la Genética del Desarrollo. Un principio que emergió rápidamente de los primeros estudios moleculares es el de la Universalidad de los procesos biológicos fundamentales. El ADN es la molécula informacional de todos los seres vivos. Químicamente el ADN de una planta, un bacteria o un ser humano son indistinguibles. Además, el código genético, el procedimiento por el cual se traduce la información del ADN en proteínas, que son los componentes fundamentales de los seres vivos, es asimismo universal. E igualmente son generales muchos procesos celulares como el metabolismo energético, control de la división celular, mecanismos de transporte intracelular etc. Sin embargo, la gran diversidad morfológica que presentan los animales multicelulares produce tal impresión de complejidad que hasta recientemente no se concebía que existieran leyes generales aplicables a todas las especies. Hay en la actualidad unoslO millones de especies animales, y han existido muchas más, que manifiestan una enorme variedad de formas, tamaños y ciclos vitales. Era difícil imaginar que debajo de esta gran variabilidad morfológica y funcional subyacen unos mecanismos unitarios comunes. Y sin embargo uno de los descubrimientos más fascinantes de la Biología de la última década es que estos mecanismos universales existen, aparecieron en el Cámbrico inferior, hace unos 540 millones de años y son los que generan la diversidad morfológica en el Reino Animal. El principio de información posicional. Ensamblaje de las partes de un organismo El aspecto más destacable del diseño del cuerpo de los organismos multicelulares, un gusano, una mosca o un ser humano, es que estamos construidos en las tres dimensiones de espacio y que nuestra morfología particular resulta de la disposición espacial de los diversos órganos y tejidos unos con respecto a otros. La construcción del organismo tiene por consiguiente que integrar información sobre la posición relativa de las diversas partes a medida que estos se van generando. Para construir un organismo tridimensional se necesita un tipo de información genética nueva que no está presente en un organismo unicelular. Aquí se trata no solamente de hacer funcionar la célula, replicar el ADN, expresarlo convenientemente, manufacturar las proteínas, etc.; hay que crear además tipos diferentes de células especializadas y órganos que se han de ensamblar en la posición adecuada en relación a los demás órganos. Tiene por lo tanto que existir un tipo de información posicional, naturalmente codificado en el ADN, de forma que las diversas partes del organismo se ensamblen de forma adecuada unas respecto de otras. El registro fósil indica que todos los grupos animales existentes en la actualidad aparecieron en un plazo de tiempo muy corto de unos 25 millones de años en el Cámbrico inferior, hace unos 540 millones de años. Es lo que se llama la «explosión del Cámbrico». Lo que la evolución inventó en el Cámbrico inferior fue el sistema genético por el que se genera la diversidad morfológica y el ensamblaje de los organismos multicelulares. La comprensión de este proceso de información posicional y su universalidad ha sido uno de los descubrimientos mas fascinantes de la Biología del final del siglo XX. Los resultados mas significativos se han obtenido en la mosca del vinagre Drosophüa melanogaster, que es el objeto clásico de investigación en genética durante gran parte del siglo XX. Drosophila como organismo modelo para el estudio del desarrollo Drosophila es un insecto pequeño, de 1 mm de largo y aproximadamente un millón de células, que abunda en todo el mundo, con un ciclo biológico muy corto de 9-10 días, y que es muy fácil de cultivar en el laboratorio. Ha sido un modelo clásico de investigación en Genética durante el siglo XX y es con gran diferencia el organismo multicelular donde las tecnologías y métodos genéticos son más sofisticados. Perteneciente al grupo de los insectos holometábolos, Drosophila tiene un ciclo biológico complejo. El embrión se desarrolla dentro del huevo hasta formar la larva de primer estadio que emerge a las 22 hrs (a 25° C) de la fertilización. Durante este periodo no hay crecimiento en volumen, pero la célula inicial proliféra para formar todos los tejidos y órganos larvarios, formándose incluso los primordios de las estructuras del adulto. Como fuente de energía se utiliza el vitelo depositado en el huevo. La fase larvaria se caracteriza por crecimiento en volumen, tiene tres estadios y dura aproximadamente 96 hrs, al final de las cuales se inicia la metamorfosis, fase durante la cual la gran mayoría La historia de los genes homeóticos de los tejidos larvarios se histolizan y desaparecen, siendo sustituidos por los tejidos adultos. La metamorfosis dura 96 horas, emergiendo después el insecto adulto de la nueva generación. Una característica importante de la organización del cuerpo de Drosophila es que es un organismo metamerizado. El cuerpo consiste en una cadena de segmentos o metámeros que se desarrollan de forma independiente unos de otros y que confieren la estructura segmentada característica de los insectos. Esta organización metamerizada se establece ya en el embríón temprano, en el que ya se encuentran separadas las células que formarán cada segmento, el cual se desarrolla de forma particular tanto en sus aspectos externos como las estructuras internas, musculatura, sistema nervioso, etc. Un prímer problema que se planteó hace ya muchos años en Drosophila fue identificar el proceso genético responsable de la diversidad metaméríca a lo largo del eje antero-posterior del cuerpo. Como se indica anteriormente ya se habia descrito un tipo muy especial de mutaciones, las llamadas mutaciones homeóticas, que transforman un órgano o un segmento en otro. Los ejemplos más notables son las mutaciones Antennapedia que transforman la antena en pata o Ultrabithorax que transforman el halterio en ala dando lugar a una mosca con cuatro alas. Claramente habia un elemento posicional involucrado, de forma que las células en la posición antena o halterío desarrollan estructuras normales, pero correspondientes a otra posición del cuerpo. El descubrimiento de estas mutaciones tiene gran importancia teórica ya que indican la existencia de mecanismos de control general del desarrollo. En una mosca mutante con cuatro alas como la producida por la mutación Ultrabithorax de la figura 1 no se produce un desarrollo aberrante, ya que las alas adicionales que se forman en lugar del halterío son normales, lo que es anómalo es el sitio del cuerpo donde aparecen. La conclusión es que la función normal del gen sería reconocer la posición de células que han de formar el halterío y establecer en ellas el programa de desarrollo apropiado; en las moscas mutantes este grupo de células no es reconocido correctamente y adquieren un desarrollo inapropiado. Estas transformaciones sugieren que genes como Ultrabithorax son reguladores de alto rango que especifican (presumiblemente a través de otros genes subsidiarios) el desarrollo característico de un órgano o segmento. Un análisis más detallado de las diversas mutaciones homeóticas indica que todas ellas producen alteraciones de tipo segmental, transformando unos segmentos en otros siempre a lo largo del eje antero-posterior del cuerpo. La transformación afecta no solamente los elementos externos sino también todas las estructuras internas, sistema nervioso, musculatura, etc. Todo el desarrollo del segmento está modificado en la misma dirección. La implicación es que cada uno de estos genes controla el desarrollo de uno o varios de los segmentos de la mosca. Es importante resaltar que este tipo de mutaciones no son una especialidad de Drosophüa. Curiosamente, se descubrieron el siglo pasado en la especie humana como una serie de anomalías congénitas que transformaban unas vértebras en otras. El término homeosis alude precisamente a transformaciones de este tipo entre órganos homólogos. Como veremos más adelante, las anomalías encontradas en seres humanos muy probablemente reflejan una alteración genética similar a las encontradas en Drosophüa, Número y disposición de los genes homeóticos de Drosophila. Dado el importante papel que tienen estos genes como reguladores generales del desarrollo, era muy importante saber cuántos de estos genes existen en el genoma de Drosophila. El fenotipo de las mutaciones individuales, que frecuentemente afectan solamente o mayormente a un único segmento sugería, y así fue aceptado durante mucho tiempo, que existía un gen por cada segmento. Esta idea fue propuesta en 1978 por Edward Lewis, el gran especialista en los genes bithorax, laureado con el premio Nobel en 1995. Se estimaba que hablan de existir al menos 9 genes responsables del desarrollo del parte del tórax y el abdomen. Nuestro laboratorio contribuyó decisivamente a la solución de este problema en los años ochenta, aunque planteando una hipótesis radicalmente distinta a la de Lewis. El análisis genético llevado a cabo fundamentalmente por Ernesto Sánchez-Herero, demostró que había muchos menos genes homeóticos de los que se creía. Los 9 segmentos que forman la mitad posterior del tórax y el abdomen entero se especifican con solamente tres genes, cada uno de estos genes controlaría el desarrollo no de un segmento sino de un grupo de ellos. Análisis posteriores tanto genéticos como moleculares corroboraron el modelo de varios segmentos por gen. Los últimos resultados han establecido que el conjunto de genes homeóticos primarios, el llamado complejo Hox, consiste en nueve genes que dan cuenta del desarrollo de los segmentos cefálicos, torácicos y abdominales (Figura 2). La historia de los genes homeóticos Una observación muy importante es que estos genes no están distribuidos al azar en los cromosomas, sino que forman dos grupos, tres genes del subcomplejo BX están adyacentes, mientras que los cinco del subcomplejo ANT forman un grupo aparte. Este hecho es muy significativo ya que sugiere que derivan de un gen ancestral por duplicación. Además, los genes BX tienen una estructura de doblete en los cromosomas politénicos de las glándulas salivares. Esta estructura también es indicio de duplicación, como habia sugerido Lewis. Posteriormente se observó que en otras especies de insectos como el coleóptero Triholium y en otros lepidópteros y dípteros los complejos ANT y BX están juntos, abundando en la idea de un origen común para todos los homeóticos. Se ha visto que la regla general es que todos los genes homeóticos están agrupados en todas las especies en que se ha podido determinar su localización cromosómica. Puesto que están agrupados y tienen una evidente relación funcional y evolutiva, al conjunto se le denomina complejo homeótico o complejo Hox. Función del complejo Hox El análisis de la función de los genes Hox se ha estudiado mediante la inducción de combinaciones mutantes que eliminan la actividad de uno o varios genes homeóticos. Del fenotipo de la mutación se puede deducir en muchos casos la función normal del gen. De esta forma se ha visto que los genes del complejo ANT tienen su función primordial en la región cefálica y anterior del tórax, mientras que los genes BX controlan el desarrollo de parte del tórax y del abdomen. Existe la dificultad de que la mayoría de estas mutaciones son letales, por lo que no se puede estudiar el fenotipo en individuos adultos. Sin embargo, todas ellas permiten el desarrollo de la larva de primer estadio por lo que es posible estudiar el efecto de estas mutaciones en los segmentos larvarios. Se observa que en larvas deficientes para los genes Hox todos los segmentos se desarrollan de la misma forma, con el patrón característico de un segmento torácico, es decir, toda la diversidad morfológica del cuerpo desaparece. La función de estos genes es pues la de generar la diversidad morfológica en el eje anteroposterior. El mecanismo de acción de estos genes no se conocía cuando se describió el fenotipo de las mutaciones, pero el efecto tan dramático de transformar un segmento en otro no podía ser evidentemente la función de un único gen. Se propuso que los genes homeóticos realizarían su función activando y/o reprimiendo baterías de genes subsidiarios. que serían responsables de cada uno de los aspectos particulares del desarrollo de cada segmento. Biología molecular de los genes homeóticos Aunque para comienzo de los años ochenta el análisis funcional de estos genes estaba ya muy elaborado, se sabia muy poco de la base molecular de su función. La nueva era en la Biología del Desarrollo se inició cuando el grupo de Hogness en Stanford clonó el primer gen homeótico, el gen Ultrabithorax. Inmediatamente se clonaron otros genes homeóticos como Antennapedia, abdominal-A y Abdominal-B y a continuación el resto. Esto permitió un análisis muy detallado de la estructura íntima y averiguar la naturaleza de los productos génicos de los genes Hox. La primera sorpresa surgió muy pronto, durante los años 1984-85, cuando se observó por los grupos de Walter Gehring y Matt Scott que varios de los genes homeóticos clonados tenían secuencias en común. En concreto, todos tenían una secuencia de 180 pares de bases, que se llamó homeobox. Se demostró que la homeobox codifica para un polipéptido básico de 60 aminoácidos, el homeodominio, que es capaz de unirse al DNA. El análisis estructural indicó que el homeodominio tiene la clásica estructura hélice/vuelta/hélice que presentan varias proteínas con afinidad a ADN de levaduras y de bacterias. Aunque todos los genes del complejo Hox contienen una homeobox, estas no son exactamente idénticas, hay pequeñas diferencias entre ellas, que las hacen características de cada gen homeótico. El hecho de que todos los genes homeóticos tuvieran la secuencia homeobox tiene dos implicaciones teóricas de gran importancia. 1) Las características físicas y estructurales del homeodominio como un motivo capaz de unirse al ADN indican que los genes homeóticos serian factores de transcripción. Esto es, las proteínas homeóticas regularían la actividad de otros genes reconociendo determinadas secuencias de ADN de determinados genes y controlando su transcripción. Esta implicación ha sido comprobada ya de muchas formas; se ha demostrado que las proteínas homeóticas están en el núcleo celular, que reconocen y se unen a determinadas secuencias de DNA, que activan transcripción en ensayos de transfección, etc. 2) La presencia de secuencias casi idénticas en varios genes adyacentes sugiere de forma muy rotunda que los genes homeóticos tienen un origen evolutivo común: todos derivan de un gen homeótico ancestral. Esto apoyaba firmemente la an-La historia de los genes homeóticos terior sugerencia de Ed Lewis basada en la localización cromosómica y en la formación de dupletes en los cromosomas politénicos. Hubo, además otra consecuencia de índole práctico que se detalla a continuación, y que resultó ser de gran transcendencia. Genes homeóticos en otras especies. Conservación del complejo homeótico La identificación de genes homeóticos en otras especies, sobre todo en vertebrados, estaba dificultado por el escaso desarrollo relativo de las tecnologías genéticas y de análisis funcional. Era cuestionable que genes homeóticos como los descritos para Drosophila existieran en estas especies, y si así fuera, que tuvieran una función similar. El descubrimiento de la homeobox como marcador molecular de los genes homeóticos permitió la búsqueda de estos genes en especies como la humana en las que seria muy difícil identificarlos por métodos genéticos convencionales. Sin embargo, las técnicas moleculares modernas permiten un aproximación diferente ya que las secuencias de homeobox de Drosophila se pueden utilizar para buscar en otros genomas, de ratón, humanos, etc. la presencia de secuencias parecidas. Este tipo de análisis inmediatamente permitió demostrar que la secuencia homeobox existe en diversas especies de vertebrados, así como en especies representativas de todos los grupos animales existentes. La homeobox resultó ser una secuencia universal de los organismos multicelulares. Además, se pudo determinar que los genes de vertebrados con homeobox tenían otras secuencias en común con los genes de Drosophila y que además existían clases de homeobox similares a los de Drosophila. Así, en el ratón existía un gen con homeobox como la de Antennapedia, otro con homología con la de labial otro con Ahdominal-Bj etc. Se definieron así los genes ortólogos de ratón (que son además prácticamente idénticos a los humanos). Es decir en vertebrados existían genes muy parecidos a los de Drosophila^ que además están agrupados en clases similares. El siguiente descubrimiento, y quizás el más significativo, fué que los genes homeóticos de vertebrados también están formando un complejo de genes adyacentes y que el orden relativo de ellos es el mismo que el de Drosophila. La implicación de esta observación es que lo que se ha conservado en la evolución no es simplemente la homeobox o algún gen homeótico, sino el complejo Hox como un todo, su organización interna y el orden de los diferentes genes. La diferencia mayor entre insectos y vertebrados es que en estos se ha cuadruplicado el complejo, situación que aparentemente es única para este grupo animal ya que no se ha observado en ningún otro grupo. Además, en amphioxus, que se puede considerar como un vertebrado primitivo, solamente se observa una dosis del complejo. El significado funcional de esta cuadruplicación aún no ha sido establecido. El estudio de los genes Hox en muchas especies diferentes de los diversos grupos animales ha establecido que el complejo homeótico es una característica universal de los animales pluricelulares. El registro fósil revela que los diferentes grupos sistemáticos o phila en los que se ha demostrado la existencia del complejo Hox existían ya hace unos 540 millones de años durante el Cámbrico inferior. Justamente es este periodo cuando tuvo lugar la aparición repentina de todos los phila del Reino Animal. La creencia general hoy dia es que existe una estrecha relación causal entre ambos fenómenos, la explosión del Cámbrico y la aparición del complejo Hox. Seguramente la gran diversificación evolutiva que dio lugar a todos los grupos animales existentes fué debida a la creación de un sistema genético generador de diversidad morfológica. Conservación de la función homeótica en el Reino Animal Puesto que en Drosophila la función del complejo Hox es la de generar la diversidad morfológica a lo largo del eje anteroposterior, es de suponer que los Hox del resto de los organismos tengan una función parecida. La demostración de que las propiedades funcionales de los Hox son también comunes para insectos y vertebrados ha sido mas complicada debido a las dificultades del análisis genético en vertebrados y sobre todo al hecho de que existan cuatro copias de complejo Hox por genoma haploide. Esto plantea un problema de análisis genético de difícil solución ya que la misma función puede estar codificada de forma mas o menos redundante por varios genes. Si por ejemplo se induce una mutación en el gen HoxaS (homólogo de Ultrabithorax) de ratón, aun quedan las formas normales de los los paralogos (los homólogos presentes en las restantes copias) Hab8, Hoxc8 y HoxdS los cuales pueden sustituir en parte al menos la función perdida en HoxaS. El resultado es que la mutaciones individuales en ratón frecuentemente no tienen fenotipo, o tienen un fenotipo muy débil, lo que dificulta el análisis funcional. La generación de ratones conteniendo mutaciones para todos los genes paralogos y en los que por lo tanto La historia de los genes homeóticos no es posible la redundancia funcional, es una posibilidad que se está utilizando en la actualidad. A pesar de estas limitaciones, las técnicas de «knock out», nombre con el que se conocen los métodos de inducir mutaciones dirigidas en el ratón, ya han proporcionado datos que indican que el modo de acción y la función de los genes Hox de vertebrados son similares a los de Drosophila. Además, hay otros tipos de evidencia que indican que muchas de las características funcionales de los genes Hox se han conservado durante la evolución del Reino Animal. Un ejemplo es la propiedad definida como colinearidad, la correspondencia que existe entre la posición de los diversos genes en el complejo y la expresión de esos mismos genes en el cuerpo: el orden de los genes en el complejo se correlaciona con el orden de expresión a lo largo del eje antero-posterior del cuerpo. El significado funcional de esta propiedad no esta esclarecido, pero es común a nematodes, insectos y vertebrados y por lo tanto se supone que tiene que tener algún tipo de ventaja selectiva, ya que parece ser que es consustancial a la propia estructura del complejo Hox. Una demostración más directa de la conservación funcional del complejo Hox es el hecho de que se pueden reemplazar genes de una especie por los de otra y realizan en la especie huésped una función similar a la del gen endógeno. Un ejemplo es el gen Antennapedia de Drosophila, responsable del desarrollo de las patas. Si este gen se expresa en la antena esta se transforma en una pata. En el ratón el gen homologo de Antennapedia es Hoxb4, y cuando Hoxbá se introduce en Drosophila y se expresa en la antena, esta se transforma en una pata de mosca. Otro ejemplo es el gen Abd-B de Drosophila es el responsable de la diferenciación, entre otras estructuras, de los llamados filzkorpers, órganos relacionados con la respiración de las larvas y localizados al final de las traqueas. Si este gen no funciona debido a una mutación que lo inactiva, no se producen filzkorpers. En nuestro laboratorio hemos llevado a cabo experimentos en los que a una larva mutante para Abd-B se le ha introducido el gen Hoxdll de ratón y se le ha hecho expresar en la región posterior del cuerpo. Esta larvas diferencian filzskorpers muy parecidos a los normales, indicando que el gen de ratón sustituye eficientemente al de Drosophila, Estos ejemplos de sustitución ilustran con claridad el papel de estos genes Hox. Como genes reguladores que son, controlan transcripcionalmente la función de otros genes subsidiarios que son los que realizan las funciones concretas para producir una pata o un filzskorper. Esta función de control la realizan de forma parecida en todas las especies a base de reconocer determinadas secuencias de ADN comunes a los genes subsidiarios y unirse a ellas. Los genes subsidiarios son específicos de especie, pero la estrategia general es común y los genes Hox que la controlan también, por lo que la cascada efectora se puede desencadenar por genes Hox de especies muy alejadas filogenéticamente. Lo que estos experimentos indican es que los procesos generales para organizar los patrones morfológicos son comunes a todo el Reino Animal. Otros genes homeóticos que no pertenecen al complejo Hox La búsqueda de genes con homeobox o secuencias similares ha conducido al aislamiento en muchas especies animales y en la especie humana de un numero relativamente grande de genes que contienen estas secuencias pero que no están ligados al complejo Hox. El proyecto Genoma de Drosophüa ha demostrado le existencia en esta especie de mas de 100 secuencias homeobox, de los cuales al menos 25 representan funciones biológicas concretas ya que se han identificado mutaciones en ellos. La historia evolutiva de cada uno de estos genes no está resuelta, se piensa que en algunos casos son genes del complejo homeótico original que se separaron mediante reordenamientos cromosómicos. Sin embargo, lo que está claro es que la homeobox es evolutivamente anterior al complejo Hox y que este apareció debido a la duplicación en tandem de un único gen con homeobox. El resto de los genes con homeobox habrían seguido una evolución independiente. Como ha propuesto Burglin (1995) hubo un gen con una homeobox ascentral, urohomeobox, del que derivarían todos los demás. Una característica muy importante de estos genes es que aunque no tienen una función tan general como los genes Hox prácticamente en todos los casos son responsables de procesos de especificación del desarrollo de órganos o tejidos. Parece ser que el tipo de unión al ADN que produce el homeodominio hace que estas proteínas sean particularmente apropiadas para regular los procesos de desarrollo. Los ejemplos que se detallan a continuación ilustran el importante papel que tienen estos genes. Genes con homeobox y la formación de apéndices Los apéndices de insectos, como las extremidades de vertebrados, son estructuras especiales, generalmente relacionados con el movimien-La historia de los genes homeóticos to, locomoción, vuelo etc. y que surgen a partir del la parte principal del cuerpo o tronco. Los genes encargados del desarrollo de los apéndices de Drosophüa, alas, patas y antenas se conocen con bastante detalle. En el caso de los apéndices ventrales, patas y antenas, el papel fundamental lo ejerce Distal4ess. Este gen se activa en durante el desarrollo embrionario precisamente en las células que han de formar los apéndices ventrales y partir de este momento establece en esas células el programa genético característico. Para distinguir entre los diversos apéndices ventrales, pata, antena o analia Distal-less actúa en combinación con el gen Hox correspondiente. Quizás la forma mas directa de demostrar el papel de este gen en el desarrollo sean los experimentos de expresión ectópica, en los que se manipula la expresión del gen activándolo en zonas del organismo donde normalmente no funciona. Se ha demostrado que si por ejemplo Distal-less se expresa en el ala, esta se transforma en pata, mientras que si se expresa en el ojo este se transforma en antena. Estos experimentos demuestran claramente el importante papel regulador del gen, ya que su producto es capaz por si solo de generar un apéndice supernumerario. El gen Distal-less está presente en todas las especies analizadas del Reino Animal y en todos los casos se expresa específicamente en las células que forman apéndices, lo cual sugiere que ejerce una función similar o idéntica en al menos todos los artrópodos. Aunque el análisis funcional de los homólogos in vertebrados está menos avanzado, su expresión en el borde de crecimiento de las extremidades de ratón claramente sugiere un papel en la especificación de estas estructuras. La conservación funcional de la función homeótica en los mecanismos de formación de apéndices se demuestra también apterous, un gen también con homeobox, que es esencial para formar el ala de Drosophila. La mutaciones que inactivan el gen producen moscas sin alas. Este gen también existe en la especie humana aunque su función no se conoce dadas las dificultades que se dan para el análisis funcional. Sin embargo, el gen humano homólogo al de mosca, llamado Lhx, ha sido clonado y es posible introducirlo en Drosophila. Hemos demostrado (en colaboración con los grupos de Juan Botas y el de Izpizua Belmente) que el gen humano es capaz de rescatar el fenotipo mutante de moscas deficiente para su propio gen endógeno. Este ejemplo ilustra con claridad el grado de conservación de los sistemas genéticos de diseño en todo el Reino Animal; los genes de moscas y humanos han estado separados durante 540 millones de años y aun así son intercambiables. Los ojos, órganos desarrollados para recibir e interpretar la señales luminosas, son una de las estructuras más fascinantes producidos por la evolución. El mismo Darwin argumentaba que encontraba serias dificultades para explicar mediante selección natural la formación de estructuras tan delicadas y complejas como son los ojos de las diversas especies. Sobre todo porque se suponía que los ojos habían aparecido de forma independiente muchas veces durante la evolución. Se consideraba que el ojo simple de un vertebrado es muy diferente del ojo compuesto de un insecto, formado por cientos de ommatidias. En 1991, el grupo de Walter Gehring en Basilea clonó y secuenció en Drosophila un gen, llamado eyeless, cuya función es esencial para que se forme el ojo de la mosca; las mutaciones que inactivan este gen no poseen ojos. Se encontró en primer lugar que posee una homeobox, sugiriendo que eyeless tiene un papel regulador de alto rango similar al que tienen los otros genes homeóticos tratados anteriormente. La búsqueda de secuencias parecidas en otras especies indicó la existencia de un gen, llamado Pax6, con alta homología tanto en ratón como en humanos. Además en este caso se conocían mutaciones en los genes Pax6 de ratón y humanos. Estas mutaciones, small eye en ratón y Aniridia en humanos, también dan lugar a falta de ojos. Estos resultados sugerían que el mismo gen se encarga de especificar el desarrollo de los ojos en insectos, ratones y humanos, en contra de la idea de que los ojos tienen un origen evolutivo diferente en los diversos grupos animales. Pero quizás la demostración mas espectacular de la homología de estos genes es la realizada por el grupo de Gehring de que el gen de ratón es capaz de reemplazar al gen de mosca y generar un ojo en la mosca. Estos experimentos consistieron en introducir el gen de ratón en Drosophila y activarlo en diversas regiones del cuerpo tales como patas, alas, antenas, etc. El resultado fue que aparecen ojos ectópicos en todas estas estructuras. Estos experimentos revelan una homología extraordinaria en lo que respecta al sistema genético que forma el ojo. Un ratón no tiene ojos de mosca, los cuales se forman por la contribución de varios cientos de genes específicos que no existen en el ratón. El papel del gen eyeless es precisamente activar toda esa maquinaria genética. El hecho de que el gen Pax6 de ratón sea capaz de activar esta maquinaria indica que lo que está conservado en insectos y vertebrados es la programación genética general de la formación del ojo, su diseño genético. Durante los últimos años varios grupos de investigadores han buscado homólogos La historia de los genes homeóticos de Pax6 en todo el Reino Animal, habiéndose encontrado en prácticamente todas las especies estudiadas. El análisis de su expresión en el cuerpo indica que en todos los casos bien caracterizados está asociado a los aparatos visuales y mecanismos receptores de luz. Como se exponía en la introducción, quizás el descubrimiento mas significativo de la Biología Molecular es el de la universalidad de los fenómenos biológicos básicos; la naturaleza de la información genética, su expresión y replicación, el metabolismo celular etc. Esta universalidad tiene sus raíces en el propio mecanismo de la evolución que tiende a fijar la aparición de nuevas funciones que confieren ventaja selectiva a los grupos que las poseen. En lo que respecta al diseño del cuerpo de los organismos multicelulares, la diversificación morfológica del cuerpo en diversos componentes con distintas funciones especializadas seguramente representó un gran ventaja selectiva para los grupos animales que los desarrollaron, ya que permitió una división de trabajo que sin duda influyó en su capacidad de adaptación y supervivencia. Piénsese en la ventaja evolutiva que supuso la aparición de apéndices para locomoción, órganos de visión o el desarrollo del cerebro en la parte anterior del cuerpo, la dirección de movimiento, como órgano receptor señales externas y coordinador de muchas de las actividades internas. Toda esta diversificación proviene en última instancia de la función de los genes con la secuencia homeobox, bien en forma del complejo Hox o en forma de genes individuales como Distal-less, apterous o eyeless, por citar solamente algunos casos. La homeobox surgió hace unos 1000 millones de años, y hace unos 540 millones uno de los varios genes con homeobox que deberían existir entonces sufrió una serie de duplicaciones en tandem (mecanismo por otro lado muy frecuente en la evolución) que dio lugar a un conjunto de genes similares y orientados de la misma forma en el cromosoma. Este fue el origen del complejo homeótico. Por un procedimiento que aun está por dilucidar, la disposición de los genes dentro del complejo se traduce en una lectura posicional de su propia activación en los ejes espaciales del cuerpo. Este fascinante proceso de colinearidad está presente en todas las especies estudiadas del Reino Animal y es la clave de la diversificación morfológica en el eje antero-posterior del cuerpo. Esto es debido a que siendo los genes homeóticos reguladores de otros genes subsidiarios que se ocupan de cada uno de los aspectos concretos de la morfogénesis, la función espacialmente localizada de los genes homeóticos da lugar a la activación espacialmente regulada de los genes subsidiarios, lo que conduce a la formación de estructuras diferentes a lo largo del eje antero-posterior. Las posibilidades evolutivas que ofrecía este dispositivo eran tales que en un tiempo evolutivo muy pequeño (se calcula unos 25 millones de años) dio lugar a la famosa «explosión del Cámbrico», que detectaron los paleontólogos: la repentina aparición durante esta época de todos los grupos animales tal como los conocemos en al actualidad. La tremenda diversificación morfológica que se observa en los millones de especies que pueblan el planeta resulta en gran medida de la aparición de esta cadena de 6-8 genes que originalmente formaron el complejo homeótico ancestral.
Los cercanos orígenes de la investigación oncológica en España Mi trayectoria científica en el campo de la investigación oncológica es ciertamente reciente, pues se inició a principios de los años 90, cuando tras concluir una inolvidable etapa de aprendizaje en otros temas al amparo de Eladio Viñuela, decidí adentrarme en la exploración de los mecanismos de progresión tumoral. Tal vez por esta limitada experiencia personal, al aproximarme por primera vez al análisis de los orígenes y evolución de esta disciplina científica en nuestro país, acuciado por la redacción de este artículo, no he dejado de asombrarme. En efecto, mi primera sorpresa ha sido constatar la escasa atención que tradicionalmente se ha prestado en nuestro país a la investigación oncológica. El Libro Blanco de la Oncología en España ^ recoge algunos datos que pueden contribuir a avalar mi sorpresa por este desinterés histórico hacia la investigación sobre una enfermedad que causa la muerte de cerca de 100.000 españoles cada año ^. Así, el primer Congreso de Investigación sobre el Cáncer en España no se celebró hasta 1982, cuando un grupo de pioneros se reunió en Madrid para reclamar la necesidad de una política científica estatal que facilitara el desarrollo de la investigación básica, apMcada y clínica acerca de esta enfermedad ^. Hasta entonces, las distintas iniciativas en este sentido habían tenido un matiz eminentemente clínico y derivaron en buena medida del trabajo de investigadores agrupados en el denominado Instituto Nacional de Oncología, cuyo Departamento de Bioquímica Oncológica coordinado con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) fue creado en 1963. Parece claro que las inquietudes de estos primeros investi- gadores oncológicos españoles no tuvieron una respuesta inmediata, pues las cifras que año tras año se siguieron dedicando a esta disciplina fueron realmente mínimas. Por ejemplo, en una fecha tan cercana como 1989, cuando la investigación oncológica mundial estaba en plena ebullición tras el descubrimiento de los oncogenes y los genes supresores de tumores, en España, y a través de la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología (CICYT) sólo se financiaron 4 proyectos de investigación dentro del objetivo «Cáncer». Estos proyectos procedían de distintas Universidades y la cantidad total asignada a los mismos fue de 13 millones de pesetas, según los datos recogidos por Valladares y Alvarez ^. De acuerdo con estos mismos autores, la participación del CSIC en la investigación sobre el cáncer en esta época tan reciente era meramente testimonial ya que «en los 147 proyectos de colaboración bilateral entre el CSIC y centros extranjeros, y los 112 proyectos de programas de la CE en las que interviene el CSIC, no existe la investigación oncológica» ^. Parece, por tanto, que el problema de la limitada atención hacia esta disciplina no estaba únicamente en la tradicional escasez presupuestaria de la que ha venido adoleciendo la investigación científica en cualquier campo en nuestro país, sino también en la falta de un número significativo de grupos con una trayectoria consolidada en el terreno de la investigación oncológica. Durante esta época, la investigación clínica y epidemiológica sobre el cáncer recibió ayudas adicionales por parte del Fondo de Investigaciones Sanitarias de la Seguridad Social (FIS), que habitualmente financió un número muy amplio de proyectos de oncología (un total de 87, en el periodo 1988-89), pero con unas cantidades mínimas, ya que en muchos proyectos no se superaba el millón de pesetas, limitando seriamente la competitividad y alcance internacional de los mismos. Estos datos y muchos otros de este mismo tenor recogidos en el Libro Blanco de la Oncología en España llevaron a sus autores a concluir que «no se contempla seriamente la investigación oncológica como programa de reconocimiento oficial ni en la Administración Central ni en ninguna de las 17 Comunidades Autónomas españolas». Evolución reciente de la investigación oncológica en España Afortunadamente, a finales de los años 80 y principios de los 90, la situación de la investigación oncológica comenzó a cambiar apreciablemente. Son varios los factores que a mi juicio contribuyeron al inicio de esta nueva etapa. En primer lugar, podemos mencionar la La investigación oncológica en España influencia que ejerció la introducción del Plan Nacional de I+D en 1988, en el que se contemplaba un apoyo explícito a la investigación oncológica. Este hecho animó sin duda a diversos grupos sin una trayectoria previa en este campo, a plantear proyectos de investigación sobre el cáncer. A mi juicio, los responsables de este Plan actuaron generosamente y con notable visión de futuro, y proporcionaron el sustrato suficiente para que varios grupos se incorporaran por primera vez a la investigación oncológica. Fruto de esta apuesta continuada, la financiación ñie aumentando paulatinamente hasta alcanzar cifiras cercanas a los 500 millones de pesetas anuales que se dedican en la actualidad a proyectos de investigación sobre el cáncer. Cifiras similares se destinan actualmente en el FIS para proyectos oncológicos, siendo especialmente reseñable el intento de cambio hacia la financiación de proyectos de mayor cuantía y entidad que los avalados en tiempos anteriores. Un hecho que vino a complementar esta situación cambiante derivó de la reincorporación a España en esos años de un número significativo de científicos que se habían introducido en la investigación oncológica en el extranjero. Varios de estos jóvenes investigadores se habían formado en grupos liderados por destacados científicos españoles como Mariano Barbacid, Joan Massagué, Ángel Pellicer, Manuel Perucho o Eugenio Santos, que estaban desarrollando trabajos oncológicos de vanguardia en distintos centros de investigación norteamericanos. En estos mismos años, tuvo lugar un hecho adicional que favoreció un impulso general de la investigación oncológica en nuestro país: la consolidación y expansión de sociedades de investigación oncológica y especialmente la Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer (ASEICA) ^. Esta Sociedad que en la actualidad agrupa a más de 600 investigadores básicos o clínicos, aglutinó una parte significativa de los esfuerzos iniciales en este sentido y destacó en la organización de cursos que en su momento fueron decisivos para trasladar una metodología de investigación oncológica a Centros alejados de Madrid o Barcelona, en donde tradicionalmente se habían concentrado dichas actividades. A medida que fue transcurriendo la década de los 90, la investigación oncológica española recorrió un camino paralelo al de la práctica totalidad de la Ciencia española en el mismo periodo. Tras los mencionados estímulos positivos se fue entrando lentamente en una etapa en la que la inversión inicial no se concretó en acciones más amplias, la incorporación de jóvenes investigadores con capacidad de iniciar su actividad como científicos independientes fue mucho más limitada de lo necesario, y en definitiva, la mayoría de los grupos encontraron grandes dificultades para dotar a su trabajo en investigación oncológica de la dimensión adicional que la magnitud del problema y la competitividad internacional requerían. Algunas iniciativas aisladas, pero sin duda relevantes por insólitas en el panorama científico español, contribuyeron a paliar alguna de estas deficiencias. Tal vez la primera de ellas fiíe la creación del Departamento de Inmunología y Oncología en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB), a través de un acuerdo entre el CSIC y la empresa Pharmacia. Dicho Departamento, dirigido por Carlos Martínez, acogió a jóvenes investigadores como María A. Blasco o Manuel Serrano, que dinamizaron la investigación oncológica con proyectos de gran impacto dentro de nuestra especialidad. Otras compañías multinacionales como Bristol-Myers o Glaxo-Wellcome, apoyaron puntualmente iniciativas de investigadores españoles dentro de la Oncología. Por otra parte, cabe señalar que algunas Fundaciones contemplaron y siguen contemplando específicamente la ayuda a la investigación oncológica como la Fundación Científica de la Asociación Española contra el Cáncer o la Fundación para la Investigación y la Formación en Oncología, mientras que otras han avalado numerosos proyectos de esta temática, siendo éste el caso por ejemplo de la Fundación Ramón Areces. Son los claros y escasos casos de mecenazgo científico tan firecuentes en otros países y tan raros en el nuestro, y que en el terreno concreto de la investigación oncológica deberían estar llamados a desempeñar un papel mucho más relevante del que en la actualidad juegan. Finalmente, debemos resaltar la labor de empresas farmacéuticas españolas que se han incorporado a la investigación oncológica con nuevas ideas y aproximaciones, que tal vez podían abrir caminos de esperanza hacia el fiíturo no sólo en lo clínico o en lo científico, sino también en los ámbitos tecnológicos y económicos. La más representativa de todas ellas puede ser la situación de Pharma Mar, una de las pocas compañías netamente españolas implicada en ensayos multicéntricos internacionales con productos propios. Uno de ellos, denominado ET-743 y extraído de un organismo tunicado del Mar Caribe, ha atravesado con éxito las primeras fases de ensayo clínico y puede ser de futura utilidad para el tratamiento de distintos tipos de tumores, especialmente sarcomas. En cualquier caso, y más allá de todas estas iniciativas que surgen esencialmente de acciones individuales o puntuales, recientemente hemos asistido a la presentación de un ambicioso proyecto en el marco de la investigación sobre el cáncer en nuestro país: la creación del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas Carlos III (CNIO) ^. Este Centro, dirigido por Mariano Barbacid, estará ubicado en el antiguo La investigación oncológica en España Hospital Victoria Eugenia de Madrid una vez concluyan las obras de remodelación presupuestadas en 4.500 millones de pesetas y sufragadas en su totalidad por el Ministerio de Sanidad y Consumo. Se espera que el CNIO abra sus puertas a finales del año 2001, aunque las actividades científicas de alguno de sus Programas como el de Oncología Molecular han comenzado ya en laboratorios cedidos por el CSIC en el CNB. Además, se han iniciado algunas acciones que tratan de ir más allá de la investigación básica proponiendo vías de aplicación clínica como la creación de un Banco de Tumores y el desarrollo de chips genéticos que permitan la puesta en marcha de un programa de diagnóstico molecular del cáncer en los Hospitales españoles. El futuro de la investigación oncológica en España El cáncer es un problema universal a cuya resolución o alivio todos debemos contribuir y España no puede quedar al margen. Parece obvio, por tanto, que la apuesta por la investigación oncológica a todos los niveles debería ser una prioridad absoluta en nuestro país. En los últimos años hemos asistido a una impresionante serie de hallazgos moleculares y mecanísticos que han facilitado la comprensión de muchas facetas de los procesos de carcinogenesis, la mejora de los procedimientos de diagnóstico de la enfernedad y la introducción de nuevas terapias ^. su desarrollo. En el terreno de la investigación clínica debería aprovecharse científicamente la reciente puesta en fimcionamiento de centros oncológicos en Barcelona y Madrid, dependientes de centros americanos de gran prestigio como el Memorial Sloan Kettering Cancer Center o el MD Anderson Cancer Center. El fiituro también anuncia la incorporación de científicos españoles con trayectorias excelentes en el extranjero y de cuya experiencia podemos extraer grandes lecciones. En cualquier caso sería imprescindible que junto a ellos ocupen su lugar sin la acostumbrada precariedad en formas y fondos, aquellos jóvenes científicos con las dosis de ambición e ilusión suficientes para intentar contribuir con nuevo impulso al conocimiento y tratamiento de las enfermedades neoplásicas. Para concluir, me gustaría señalar que este artículo no ha pretendido bajo ninguna circunstancia ser exhaustivo, sino sólo una breve reflexión acerca de diversos aspectos de la investigación oncológica española. Pido disculpas anticipadas por las involuntarias omisiones de los nombres de aquellos que han colaborado en una u otra manera al desarrollo de la investigación oncológica en nuestro país, y que aquí no han quedado reflejados explícitamente. Para una lectura curiosa de alguno de los avatares que sufrió nuestra disciplina a lo largo de su corta historia, remitiría a los lectores a un reciente artículo sobre los orígenes de la Oncología en España, en el que se hace especial énfasis en los aspectos de investigación clínica ^. En cualquier caso, parece evidente que en el desarrollo de esta disciplina en nuestro país tal vez se eche de menos el liderazgo que científicos como Eladio Viñuela, a quien se dedica este número de la revista Arbor, ejercieron en otros ámbitos como la Biología Molecular o la Virología. A medida que pasa el tiempo desde que Eladio se despidió de la vida, su influencia en muchos de nosotros se percibe cada vez con mayor nitidez. Esperemos que en la futura historia de la investigación oncológica en España, surjan nombres como el suyo, con la capacidad de impulsar definitivamente una disciplina que trata de buscar soluciones a un problema apasionante desde una perspectiva científica y tantas veces dramático desde un punto de vista humano y social.
Durante los últimos años está mejorando aceleradamente nuestro conocimiento de las bases genéticas y moleculares de las enfermedades humanas (es decir, qué genes y cadenas de genes toman parte en procesos tales como el desarrollo embrionario, el crecimiento, el envejecimiento, el funcionamiento de los diversos órganos o en enfermedades de alta incidencia como las cardivasculares, la diabetes o el cáncer). Este conocimiento es una consecuencia directa de los avances que durante los últimos 25 años se han venido desarrollando en el campo de la Biología Molecular y Celular que han permitido a los investigadores que trabajan en esta área 1) ser capaces de identiñcar, aislar, amplificar y modificar genes responsables de múltiples funciones y características animales; 2) poder introducir estos genes, en su forma natural o modificados de maneras predeterminadas, en células y organismos vivos para estudiar sus funciones y efectos. Se espera que en el futuro inmediato este conocimiento de las bases moleculares de las enfermedades se acelere aún más. Por una parte, la finalización de la secuenciación del genoma humano y la posterior identificación de los genes que lo componen (diferentes investigadores estiman su número entre 60.000 y 100.000) facilitará enormementre el trabajo en este campo. Además, aunque la secuenciación por primera vez del genoma ha sido un proceso costoso tanto temporal como económicamente, la tecnología de secuenciación que se está desarrollando es mucho más potente y se espera que en el futuro será posible secuenciar el genoma de un recién nacido de manera muy rápida y poco gravosa económicamente. Esto permitirá predecir la susceptibilidad individual tanto a diversas enfermedades como a los tratamientos disponibles. Por otra parte, la irrupción de nuevas técnicas de alto rendimiento está permitiendo obtener tales cantidades de datos experimentales que éstos sólo pueden ser almacenados y explotados con la ayuda de sofisticados programaas informáticos, lo que ha dado lugar a una nueva disciplina, la Bioinformática. De entre estas tecnologías merecen especial mención la Genómica y la Proteómica, las cuales permiten analizar en un plazo relativamente breve los genes y proteínas de un tejido o tipo celular que alteran su expresión en respuesta a un estímulo o en una situación patológica. Por ejemplo, nos permiten analizar de forma masiva los cambios moleculares que ocurren en las células hepáticas a lo largo de la evolución de un proceso cirrótico o en la respuesta de estas células a diferentes tratamientos. Las compañías farmacéuticas están volcándose en el uso de estos métodos por suponer que permitirán identificar genes clave en el desarrollo de las patologías, lo que abriría la posibilidad de utilizarlos directamente como armas terapéuticas o de diseñar medicamentos que actúen específicamente sobre ellos, con pocos efectos secundarios para el paciente. Imbricada con todos estos avances está la Terapia Génica: la transferencia de genes a células y tejidos con fines terapéuticos es una consecuencia lógica de ellos y, al mismo tiempo, esta aplicación terapéutica hace todavía más importante la investigación básica sobre las bases moleculares de las enfermedades. Su atractivo radica en que la Terapia Génica posee el potencial de corrección a largo término y puede ser aplicada a enfermedades para las cuales no existen actualmente terapias efectivas. Como se puede ver en la Tabla I, en el momento presente básicamente todos los tipos de enfermedades son candidatos a recibir un «tratamiento genético». Dadas sus diversas características, puede afirmarse que cada tipo de enfermedad requiere una estrategia diseñada a medida. Por ejemplo, la base genética de la enfermedad (monogénica o poligénica/multifactorial) condiciona el tipo de estrategia a seguir. Las enfermedades monogénicas son enfermedades, generalmente hereditarias, que resultan de la mutación de un solo gen y, en consecuencia, de la pérdida de función de una proteína, como la hemofilia, fibrosis quística, hipercolesterolemia familiar, deficiencia de alfa-1 antitripsina, genodermatosis, etc. En estos casos, la estrategia es muy clara: reintroducir el gen normal en las células afectadas. En algunos casos como la hemofilia, el gen puede ser introducido en tipos celulares o tejidos (por ejemplo, la piel o el músculo) diferentes del usual (el hígado) siempre que su producto, el factor de coagulación, tenga acceso a la circulación La terapia génica ante el nuevo milenio sanguínea que es donde ejerce su acción. En otros, como la fibrosis quística, la introducción del gen debe realizarse específicamente en los tejidos afectados (epitelio pulmonar, gastrointestinal, etc.). Las enfermedades poligénicas agrupan una gran variedad de trastornos, entre ellos los más comunes (enfermedad coronaria, diabetes, cáncer, SIDA, etc.) en cuya etiología se hallan implicados varios genes. En estos casos, la complejidad genética complica enormemente el problema. En la mayor parte de los casos no conocemos todos los genes implicados ni sus interrelaciones, por lo que no nos podemos plantear corregir la enfermedad, sino tan sólo paliarla, retrasarla o, en el mejor de los casos, cuando es posible, como en el cáncer, destruir las células afectadas. Sin embargo, una de las potenciales ventajas de la Terapia Génica a la hora de diseñar tratamientos contra este tipo de enfermedades es que estos tratamientos pueden ser muy específicos, prácticamente diseñados para cada paciente. Por ejemplo, en el caso del cáncer, cuando un tumor de un determinado tipo llega a su grado más alto de malignidad, tiene mutaciones en varios genes. Estos genes son de diferentes categorías: oncogenes (favorecedores del proceso tumoral), genes supresores de tumores (inhibidores de los tumores), genes relacionados con la apoptosis (regulan la supervivencia celular), genes implicados en el reconocimiento por el sistema inmune (los tumores evaden la vigilancia inmunológica), etc. Aunque estas mutaciones se van acumulando según el tumor progresa en su proceso de malignización, esta acumulación presenta cierta variabilidad, de modo que no todos los tumores tienen mutaciones exactamente en los mismos genes en un determinado momento, ni las que tienen en un gen son idénticas. Esto hace que los tumores, incluso los de un mismo tipo, sean genéticamente diferentes y, por lo tanto, su tratamiento podría ser también diferente. Estas discriminaciones tan finas no son posibles con las armas terapéuticas convencionales de que actualmente disponemos, pero serán probablemente posibles en el futuro a través de la Terapia Génica. Tipos de Terapia Génica Teniendo en cuenta cómo se administra el gen terapéutico, se distinguen dos tipos de Terapia Génica: Usando alguno de los vectores que se describirán más tarde, el gen terapéutico se administra directamente al paciente. Dependiendo del tipo de enfermedad, esta administración es frecuentemente a través del torrente sanguíneo, pero existen otra posibilidades, tales como inyección directa en músculo o en un tumor, spray de inhalación nasal, etc. No todos los vectores son aptos para ser usados de todas estas formas. Por ejemplo, los vectores retrovirales son rápidamente inactivados por el complemento y, por lo tanto, no son útiles para ser inyectados en el torrente sanguíneo; por el contrario, los vectores adenovirales son muy eficientes para ser administrados de esta manera aunque no alcanzan a todos lo órganos con igual eficacia, siendo sus blancos principales el hígado y los pulmones. Esta es la modalida del futuro ya que en ella los genes terapéuticos se administran de manera parecida a los medicamentos actuales. Sin embargo, estamos todavía lejos de conseguir que funcione adecuadamente, aunque se está trabajando muy activamente en ello. En esta modalidad se le extraen células al paciente, que son puestas en cultivo in vitro y mientras están en esta situación se les introduce el gen terapéutico. Tras comprobar in vitro que los resultados de esta manipulación son los deseados (por ejemplo, que los niveles del producto terapéutico son suficientemente altos o que no se detecta ninguna alteración en las células), las células manipuladas son trasplantadas al paciente. En la Figura 1 se presenta un esquema de este tipo de terapia usando la piel. Aunque más complicada técnicamente, ya que implica el establecimiento de cultivos in vitro y el posterior trasplante de las células, esta modalidad presenta algunas ventajas: se pueden utilizar todos los tipos de vectores existentes; los vectores no se introducen directamente en el paciente, con lo que disminuye la toxicidad y sus riesgos asociados; el resultado de la manipulación puede ser estudiado antes del trasplante, incluso pueden seleccionarse con criterios adecuados las células a trasplantar. Todo ésto redunda en una mayor eficacia y seguridad, por lo que una buena parte de los protocolos que en momento presente se están ensayando son de este tipo. Considerando el tiempo de duración de la actividad del gen terapéutico, hay casos, como por ejemplo en enfermedades monogénicas hereditarias tales como la hemofilia, en que es necesaria una corrección permanente de la enfermedad y es necesario, por lo tanto, conseguir que el gen terapéutico sea funcional durante toda la vida del paciente o, al menos, durante prolongados periodos. Por el contrario, existen otras situaciones, como, por ejemplo, en el caso de tumores, en los que sólo se requiere una terapia transitoria, ya que la actividad del gen terapéutico no es requerida, y a veces no es deseable, más allá del tiempo necesario para llevar a cabo la corrección. Como veremos más adelante, aunque todavía imperfectos, se están desarrollando métodos de introducir los genes terapéuticos en las células a corregir que sean lo suficientemente ñexibles para dar respuesta a estas demandas. En este contexto cabe mencionar que todas las correcciones que en el momento presente se están llevando a cabo son de adición, es decir, añadimos a las células una copia del gen terapéutico. Sin embargo, desde el punto de vista de nuestras capacidades de alterar genéticamente las células, podemos llevar a cabo modificaciones genéticas mucho más sofisticadas y precisas. Por ejemplo, haciendo uso de la técnica de la recombinación homologa en células embrionarias de ratón, somos capaces de sustituir un gen predeterminado o partes de él, de manera muy precisa, sin alterar el resto del genoma y, a partir de estas células, generar ratones que porten esta modificación. Es decir, podríamos hablar de una auténtica cirugía genética. A través de estas técnicas sería posible «operar» un gen mutado y sustituir su región alterada por otra intacta. Desgraciadamente, estas técnicas, conocidas como de sustitución genética, funcionan muy ineficientemente en células humanas somáticas y no son todavía aplicables en Terapia Génica, aunque, por su tremendo potencial, están siendo estudiadas intensamente. Métodos de transferencia génica En estos momentos, quizás el punto crítico de la Terapia Génica resida en nuestra capacidad de mejorar los sistemas existentes de (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://arbor.revistas.csic.es transferencia de genes a células: han de ser seguros, eficaces, capaces de fimcionar en cualquier tipo de células, tanto si éstas se dividen como si no lo hacen, garantizar la estabilidad de la expresión del gen terapéutico e, idealmente, de actividad controlable en ñmción de las características del problema a tratar. La práctica demostró que estos objetivos son más difíciles de alcanzar que lo que los datos iniciales hacían prever y, por ello, es un campo de intensísima investigación: nuevos vectores y nuevas generaciones de los ya existentes aparecen casi continuamente. Denominamos vector al vehículo utilizado para transferir material genético a las células diana. El término «transducción» indica la transferencia del gen terapéutico, mediada por el vector, a las células blanco. Los vectores se clasifican en virales o no virales, según deriven de un virus o no. Puesto que los virus de eucariotas, y en particular los que afectan a humanos, han evolucionado para transferir material genético con mayor eficacia a células humanas, los vectores derivados de ellos transducen en general mucho más eficientemente que los vectores no virales y por ello son los más profusamente utilizados en el momento presente. Sin embargo, los vectores no virales presentan menor riesgo patogénico y se pueden producir a gran escala por métodos químicos a modo de fármacos clásicos; estas cualidades les hacen muy atractivos para las compañías farmacéuticas, por lo que también se trabaja activamente en su desrroUo. En la Tabla 2 se muestran los principales tipos de vectores utilizados en terapia génica, sus propiedades, y las limitaciones distintivas de cada vector, que en conjunto determinan sus posibles aplicaciones. Los retrovirus fueron los primeros virus empleados como vectores de transferencia y siguen siendo los más usados. Tienen la enorme ventaja de que integran su material genético y, por lo tanto, el gen terapéutico que se les ha introducido, en el genoma de las células que infectan, lo que permite su empleo en enfermedades que requieran su expresión a largo plazo. Actualmente, aproximadamente el 60% de los protocolos clínicos existentes emplean estos vectores. Todos lo virus usados como vectores son patógenos potenciales o reales de los humanos, por lo que hay que modificarlos para convertirlos en «seguros». Para ello, se les quitan los genes responsables de su patogenicidad, que son sustituidos por el gen terapéutico. Dado que el tamaño del genoma de un virus no se puede incrementar, el tamaño del gen o genes que en él se introducen no puede superar al de los genes que se extraen. Este parámetro es una característica importante de cada tipo de vector, ya que limita el tamaño del gen terapéutico (ver Tabla 2); en el caso de los retrovirus, este tamaño es de 8 kilobases (kb), adecuado para la mayoría de propósitos. No patogénico, escasa capacidad, producción a gran escala difícil, admite 5 kb de ADN exógeno Se integra en el cromosoma de células en división y fiíera de ciclo, sistema de producción aún no bien establecido, riesgo controvertido La Figura 2 describe el proceso de generar un retrovirus portador de un gen terapéutico. Los primeros vectores usados se derivaron del virus de la leucemia murina de Moloney. A éste se le extraen los genes Gag, Pol y Env, que codifican por proteínas reguladoras y de la envuelta del virus, y se sustituyen por el gen terapéutico. El vector resultante, si se introduce en células, no puede dar lugar a virus al haber perdido la capacidad de producir las envueltas. En paralelo, se modifica de nuevo el genoma del retrovirus original, al que se le inactiva esta vez el gen \|/ (pasa de ser X] / "^ a ser \|/"), que es el responsable de empaquetar el genoma del virus dentro de la envuelta vírica; este virus mutante recibe el nombre inglés de «helper» (auxiliador). Al in- troducirlo en células en cultivo, éstas producirán todos los componentes del virus: envueltas y genomas; pero los genomas Xj / " no se pueden empaquetar en las cápsidas, que quedan vacías. En estas células, llamadas empaquetadoras, se introduce el ADN del vector con el gen terapéutico. Gracias a la presencia del virus helper, este ADN será copiado repetidamente («replicado») y las copias (que son \|/^) serán empaquetadas en las envueltas víricas existentes, dando lugar a virus infectivos, es decir, que pueden ser usados para infectar células e integrar en sus genomas el gen terapéutico. Además de potencialmente terapéuticos, estos virus, en principio, son seguros ya que, por caracer de los genes Gag, Pol y Env, no pueden dar lugar a retrovirus en una célula normal. Los retrovirus presentan dos problemas. Por una parte, sólo son capaces de transducir células que se dividen activamente. Es el caso de las células humanas cuando se cultivan in vitro, o el de células tumorales. Pero algunos tipos celulares importantes no se dividen, como, por ejemplo, las neuronas. Por otra parte, puesto que el genoma retroviral se integra al azar en el de la célula blanco, puede hacerlo dentro de un gen importante de ésta dando lugar a un fenómeno llamado mutagenesis insercional. Afortunadamente, la probabilidad de que ésto ocurra es pequeña y no ha sido observada nunca en pacientes. Debido a sus características, los protocolos basados en retrovirus son usados en terapias ex vivo. Además, cuando se usan in vivo introducidos, por ejemplo, a través de la sangre, estos vectores son rápidamente inactivados y son difíciles de dirigir hacia el tejido de interés. Estos «defectos» han motivado la continua modificación de los vectores retrovirales, tratando de mejorar sus características, así como el uso de otros tipos de vectores virales. Los adenovirus humanos del tipo 5, que causan resfriados leves, son una de las alternativas más usadas. Debido a su gran tamaño, permiten transferir regiones de ADN de hasta 35 kb; son muy eficientes infectando muchos tipos celulares, incluyendo células que no se dividen, tanto in vitro como in vivo y pueden ser producidos a muy altas concentraciones. Sin embargo, también adolecen de defectos. Por no integrar su genoma en el de la célula blanco, en células que se dividen acaban diluyéndose y perdiéndose sus efectos. Por otra parte, generan reacciones inflamatorias e inmunitarias fuertes en el paciente, lo que limita el número de ellos que se puede administrar y, además, hace que se sólo se puedan aplicar una sola vez al paciente, lo que claramente constituye una seria complicación. Para evitar este problema, se han generado recientemente vectores sin genes virales (los llamados «gutless» (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://arbor.revistas.csic.es o «sin tripas») y, aunque la experiencia con ellos es todavía limitada, los resultados existentes parecen indicar que, efectivamente, la respuesta inmune frente a ellos está disminuida. Otros dos tipos de vectores cuyo uso está ganado muchos adeptos son los derivados de los virus AAV (virus asociado al adenovirus) y de los lentivirus (virus HIV del SIDA). La capacidad de estos vectores de infectar tanto células en división como quiescentes, así como las recientes y continuas mejoras técnicas respecto a su producción y manejo, hacen preveer que serán ampliamente usados en el futuro. Finalmente, otro aspecto en el que se han producido avances significativos es en la capacidad de manipular genéticamente los vectores virales para modificar su envuelta proteica de tal manera que solamente infecten tejidos previamente determinados (es decir, que aunque se diseminen por el torrente sanguíneo, sólo sean capaces de reconocer e infectar células hepáticas o pancreáticas, etc). A pesar de que, a la vista de lo expuesto, parece probable que en el futuro no existirá un vector «universal» sino un conjunto de vectores adecuados para ser usados en diferentes situaciones y que, claramente, los vectores existentes tienen que ser mejorados en diferentes aspectos, los continuos avances que se producen permiten ser optimistas de cara a la obtención de vectores suficientemente eficaces, estables, regulables, seguros y flexibles. La Terapia Génica es todavía un tratamiento experimental. Su aplicación está restringida a protocolos de ensayos clínicos realizados en centros médicos cualificados, bajo el riguroso control de diversas agencias gubernamentales y comités institucionales. Se ha difundido la opinión de que, a pesar de las altas expectativas iniciales, la Terapia Génica cuenta con pocos éxitos en su haber. Ala hora de hacer estas afirmaciones hay que tener en cuenta varios hechos. Por una parte, como siempre ocurre con nuevos fármacos, una buena parte de los ensayos clínicos llevados a cabo hasta la fecha son de fase I/II, diseñados para determinar la factibilidad/toxicidad del ensayo casi más que su potencial terapéutico. En estos ensayos los pacientes involucrados son pocos y, casi siempre, se hallan en fase avanzada o terminal de su enfermedad, habiendo sido tratados previamente con diferentes drogas. La falta de experiencia hace que las dosis de vectores y los métodos de administración sean necesariamente empíricos y no siempre los adecuados. Todo ésto hace difícil extraer conclusiones acerca de las potencialidades terapéuticas reales de los métodos empleados. Por otra parte, y ésto es lo realmente importante, datos muy recientes indican que se está llegando a correcciones reales en pacientes. Como era de esperar, dos de las enfermedades en las que se están obteniendo estos resultados son monogénicas: hemofilia y ADA. En la primera, los valores estables del factor IX de coagulación obtenidos, aunque todavía no curativos, empiezan a permitir que los pacientes vayan espaciando las inyecciones del factor. En el caso del ADA, se ha comunicado la obtención de concentraciones terapéuticas en sangre durante más de un año. Otro caso donde se han logrado resultados inesperadamente favorables, por tratarse de una situación más compleja, es el tratamiento post-infarto del músculo cardiaco con VEGF (factor de crecimiento del endotelio vascular). Este tratamiento permite una rápida revascularización de la zona dañada y parece mejorar la recuperación del paciente. Además, los ensayos clínicos están permitiendo llegar a conclusiones globales importantes. Por ejemplo, se está acumulando información respecto a múltiples aspectos relacionados con la biología y la farmacología de la transferencia de genes en el contexto de diversas enfermedades. A pesar de que recientemente se ha informado de algunas muertes de pacientes, las estrategias utilizadas parecen poco tóxicas, sobre todo en el caso de los vectores retrovirales, cuya capacidad real de producir mutagenesis insercional era importante evaluar. Finalmente, los ensayos clínicos han puesto de manifiesto que, si bien la transferencia de genes es posible, su eficacia presente tiene que ser mejorada y a pesar de las desfavorables condiciones de estos ensayos, algunos resultados fueron alentadores. Estas observaciones, a su vez, están sirviendo para dirigir las nuevas investigaciones de laboratorio, encaminadas a superar los problem.as detectados. El primer ensayo clínico de transferencia génica aprobado en EEUU se realizó en 1989 y no tenía una finalidad terapéutica. El siguiente ensayo, esta vez terapéutico, comenzó en 1990 en una paciente con síndrome de inmunodeficiencia combinada, y consistió en la infusión de linfocitos T modificados con la enzima deaminasa de adenosina (ADA). Desde entonces, más de 3.000 pacientes han recibido terapia génica en todo el mundo. Los Institutos Nacionales de la Salud de EE.UU (NIH), el organismo que controla y aprueba los ensayos clínicos, tenía en el mes de agosto de 2.000 registrados 431 protocolos, de los que el 91% eran de su propio país (Tabla 3). Aunque estos datos pueden adolecer de una cierta falta de información de los NIH respecto a lo que ocurre en otros países, ciertamente demuestran la enorme ventaja que en este campo, de gran importancia para la medicina, y por tanto para la economía, del futuro llevan los estadounidenses al resto del mundo. Esto es debido, entre otros, a dos factores: 1) En esta disciplina es absolutamente necesario integrar investigadores básicos (que poseen y desarrollan los métodos) con investigadores clínicos (que entienden las enfermedades y pueden tratar a pacientes). Mientras que los norteamericanos han llevado a cabo esta integración de una forma bastante satisfactoria, ésta es muy difícil de conseguir en otros países y, en particular, en el nuestro. 2) En un campo con un enorme potencial futuro pero todavía de claro riesgo, es necesario conseguir una adecuada financiación para desarrollar los protocolos y llevar a cabo ensayos clínicos, que son muy costosos. El interés de las empresas estadounidenses por este campo, la capacidad de este país para aportar capital-riesgo y su facilidad para crear empresas «start-up», en las que se integran los investigadores que han llevado a cabo los desarrollos técnicos, son cualidades que nuestro país tiene que imitar de modo inmediato si no quiere perder sus oportunidades de futuro en este campo de tan alto potencial en el que, por otra parte, dispone de investigadores que están realizando una investigación altamente competitiva. A pesar de los por algunos considerados progresos demasiado parciales, el interés por la Terapia Génica aumentó continuament a lo largo de la década de los 90, como lo demustra el constante incremento en el número de ensayos clínicos presentados a los NIH para su aprobación (Tabla 4). Como se muestra en la Tabla 5, ya han pasado la etapa de experimentación básica y han llegado al estado de ensayo clínico protocolos diseñados para tratar una gran variedad de enfermedades. Como se documenta en esta Tabla, más de la mitad de los ensayos clínicos van dirigidos al tratamiento del cáncer. Dada la complejidad de esta enfermedad poligénica y la mutiplicidad de tipos de cáncer, con muy poca relación entre sí tanto en lo que se refiere a sus componentes genéticos como a la evolución de la enfermedad, se están desarrollando diversas estrategias anticáncer tales como la compensación de mutaciones, la terapia antiangiogénica, la quimioterapia molecular y la potenciación genética del sistema inmune. N.° de ensayos presentados hasta agosto 2.000 por tipos'" Mediante la compensación de mutaciones se trata de corregir las alteraciones genéticas encontradas en los diferentes tipos de tumores, las cuales están implicadas en la aparición, progresión y metástasis tumoral; el gen p53 ha sido utilizado en la mayoría de este tipo de ensayos. En la terapia antiangiogénica ^e trata de evitar la contribución al crecimiento tumoral de los vasos sanguíneos que lo alimentan, sin los que el tumor no puede crecer ni hacer metástasis. La quimioterapia molecular busca inducir un efecto citotóxico selectivo en la célula tumoral o en las células del estroma. El paradigma es la administración selectiva del gen de la enzima timidina quinasa (TK) seguido de la administración sistémica de la prodroga ganciclovir. En las células que expresan TK el ganciclovir es transformado en un metabolite tóxico. Para asegurar la selectividad necesaria de dicho efecto es necesario controlar la entrega del gen tóxico, o su expresión, limitándola al tejido tumoral. Alternativamente, la quimioterapia molecular intenta aumentar la sensibilidad del tumor a quimioterapia o radioterapia convencionales. Para ello se transfieren genes cuyos productos actúan sobre los mecanismos de acción de las drogas citotóxicas o de la radiación, sensibilizando así a la célula receptora. Otra estrategia consiste en transferir genes que protegen a la médula ósea y otros tejidos normales de los efectos tóxicos de drogas citotóxicas convencionales, como el gen MDR-1 de la resistencia a múltiples drogas. Esto permite la administración de mayores dosis sin alcanzar niveles intolerables de mielosupresión. Finalmente, con la potenciación genética del sistema inmune se propone inmunizar el paciente contra antígenos asociados al tumor mediante la transferencia de una variedad de genes, incluyendo los propios antígenos y genes que activan el sistema inmune. Con este propósito se han modificado genéticamente tanto células tumorales como células del sistema inmune con moléculas estimuladoras, tales como interleuquinas. A pesar de todos estos esfuerzos, y como se preveía debido a su complejidad, el cáncer está revelándose como una enfermedad difícil de corregir y los progresos han sido modestos. El futuro de la Terapia Génica Las bases conceptuales de la terapia génica pueden considerarse como consolidadas. Durante la pasada década, la seguridad de la transferencia de genes al ser humano, aunque no absoluta, se ha confirmado repetidamente como adecuada y mejorable en cuanto se amplíe la experiencia. Quedan ahora, no obstante, problemas serios que resolver para lograr que la terapia génica sea eficaz, práctica, ampliamente disponible y económicamente asequible. El mayor de todos ellos es desarrollar la tecnología que permita una transferencia de genes eficiente y dirigida in vivo al tejido diana. Con los avances en la tecnología de vectores, es posible anticipar que los resultados prometedores observados tantas veces en los estudios preclínicos se obtendrán también en la clínica y permitirán mejorar el tratamiento de multitud de enfermedades que se acompañan actualmente de alta morbimortalidad. Ello requerirá unos años de intensa investigación conjunta entre laboratorios y hospitales. La terapia génica ante el nuevo milenio Las promesas de la Medicina A la vista de lo descrito acerca de la Terapia Génica, de los avances que están produciéndose acerca del entendimiento de las bases moleculares de las enfermedades y de los que se esperan debidos a la secuenciación del genoma humano y a la aplicación de las tecnologías de la genómica y proteómica, estamos asistiendo a una revolución en el concepto de la Medicina, tanto en sus aspectos diagnósticos como en los terapéuticos. Uno de los aspectos que ciertamente veremos emerger es el de Medicina «a la carta» o individualizada, es decir, específica para cada enfermedad de cada paciente (véase la Figura 3): La posibilidad de secuenciar el genoma de un recién nacido nos permitirá predecir su grado de predisposición a un número creciente de enfermedades (por ejemplo, analizando si porta mutaciones en genes supresores o moduladores de tumores) e, incluso, predecir su respuesta a determinadas drogas y, por lo tanto, la eficacia de los tratamientos que las incluyan. Por otro lado, será posible determinar qué genes, y en qué grado, están implicados en una enfermedad concreta (por ejemplo, si padece un cáncer de un tipo determinado, qué oncogenes, genes supresores, genes de apoptosis, etc. portan mutaciones y cuales son éstas, o cuales de estos genes presentan una expresión alterada). Con todos estos datos, será posible diseñar una terapia individualizada, potencialmente la más eficaz y con menos efectos secundarios para ese paciente. Además, existirán ensayos «in vitro» (por ejemplo, cultivos de las células afectadas del paciente, tumorales en caso de tratarse Larcher, Del Río, García, Muñoz, García y Jorcano de un tumor) o en modelos de animales «humanizados» (es decir, portadores de células del paciente) en los cuales evaluar la eficacia de las terapias diseñadas antes de tratar al propio paciente. Desde el punto de vista terapéutico, también conviene señalar la emergencia de nuevas posibilidades hace poco impensables. Por una parte, la recientemente puesta de manifiesto, y ampliamente debatida en los medios de comunicación, capacidad de llegar a producir tejidos (y, en un ñituro más lejano, órganos) a partir de células «stem» pluripotentes obtenidas de embriones o tejidos adultos, abre una prometedora vía para abordar enfermedades actualmente incurables, como las neurodegenerativas o la diabetes, que tanto impacto tienen en nuestra sociedad. Por otra parte, la muy recientemente anunciada capacidad de clonar cerdos, los cuales podrían estar modificados genéticamente de tal manera que sus órganos no ñieran rechazados por los humanos, ha vuelto a poner sobre el tapete la posibilidad de los xenotrasplantes. Aunque muchos y muy importantes aspectos de estas posibilidades (por ejemplo, la bioseguridad de los xenotrasplantes, es decir, que no pasen virus porcinos a humanos que den lugar a enfermedades difíciles de controlar, como ocurrió con el SIDA), el futuro que se empieza a entrever es altamente esperanzador pero, si queremos que nuestro país tenga un papel razonablemente protagonista en él, representa un desafío a nuestros investigadores jóvenes, políticos, empresarios y médicos. En concreto, urge que estos últimos sean conscientes de los cambios que se avecinan, entiendan sus bases científicas y tecnológicas y comprendan que en los hospitales tiene que haber una activa investigación desarrollada por equipos formados por investigadores básicos y clínicos.
El desarrollo de la biología molecular y, en general de las investigaciones biomédicas en España no puede comprenderse sin repasar el papel jugado por un conjunto de científicos y científicas españoles que trataban de desarrollar sus propios proyectos de investigación. Esos proyectos incluían lograr que la investigación a la que se dedicaban llegara formar parte de la agenda política, lo que les permitiría mejores dotaciones para sus investigaciones y un mayor protagonismo académico de las áreas experimentales a las que se dedicaban. Para ello emprendieron negociaciones con las autoridades de la política científica, y así actuaron como asesores y consejeros. La consecuencia de esas negociaciones, junto a las tendencias en materia de política científica en expansión por Europa tras la Segunda Guerra Mundial proporcionan un marco para comprender el origen de la actual comunidad científica española dédicaça a las investigaciones biomédicas. El surgimiento de las disciplinas o áreas de especialización experimental suele ir acompañado de políticas, públicas o privadas, de patrocinio. En el siglo XX, y especialmente tras la Segunda Guerra Mundial, el Estado adquiere un protagonismo creciente en la promoción de la investigación científica y técnica a través de las subvenciones concedidas a centros, departamentos, grupos de investigación o a personas concretas ligadas a proyectos definidos previamente ^. Esa guerra 274 María Jesús Santesmases dejó un rastro imborrable en el desarrollo científico y técnico del siglo XX. Ese rastro consiste fundamentalmente en un discurso a favor de la ciencia básica, de aplicaciones inicialmente imprevisibles pero que los comités científicos especializados dedicados al esfuerzo científicotécnico de la guerra en Estados Unidos se encargaron de estimular con éxito. Fueron las investigaciones europeas las que EEUU aplicó durante la guerra, como en el caso de la física de altas energías y de la penicilina, por citar solo dos de los más famosos. Esa ciencia básica debía ser apoyada por inversiones públicas que facilitarían la modernización científica y técnica de los países, no sólo en lo que atañía a la formación de especialistas sino en lo que se refería, y quizá se consideraba más influyente, a la modernización industrial y al desarrollo económico que debía producirse en la posguerra de una Europa devastada. Estado Unidos cumplió su parte por dos caminos: promovió su propio desarrollo científico y ejerció una influencia principal en la definición y puesta en marcha de políticas científicas en Europa a través de la OECE, primero, y de la OCDE después. Como oficina económica dedicada a distribuir los presupuestos del Plan Marshall, la OECE promovió la formación técnica y la modernización científica y tecnológica en los países europeos. Y aunque, como se sabe, España no recibió ninguna ayuda de ese plan que tanto contribuyó a la recuperación económica, industrial, tecnológica y científica de Europa, sí recibió esas influencias por varias vías, especialmente a partir de la firma del Acuerdo con los Estados Unidos firmado en 1953 ^. En la definición de las acciones en materia de política científica en los países europeos, los científicos mismos tuvieron su parte, una de las principales. Puede decirse que su protagonismo fue comparable, si no mayor, a la letra de las normas aprobadas en los países las vías de promoción de la investigación: leyes y agencias, autoridades y consejos científicos actuaron en los procesos de negociación que condujeron a los usos hoy vigentes sobre las vías para financiar las investigaciones, centros y proyectos de investigación. Los científicos se convirtieron en agentes de la política científica y técnica con el mismo protagonismo con el que fueron beneficiarios de ella. Grupos compuestos por especialistas influyentes ejercerían como consejeros de los gobiernos para las políticas científicas nacionales y en materia de cooperación científica internacional desde la inmediata posguerra y más intensamente a partir de finales de los años 1950. En este artículo trato de exponer el protagonismo científico y político-científico logrado por un conjunto de investigadores dedicados a Investigación biomédica y política en España, 1961España, -1975 la bioquímica y a la biología molecular en la puesta en marcha de una política gubernamental en España, la cual, aun con recursos escasos, llegaría a establecer los usos actuales en materia de financiación de la investigación. Su actividad como investigadores es inseparable de los conocimientos adquiridos a lo largo del periodo de formación postdoctoral en el extranjero, entre mediados de los 1950 y mediados de los 1960. Aprendieron más que técnicas y conocimiento biológico, volvieron con más bagaje que el bibliográfico y algún aparato nuevo inexistente en la España de entonces entre su equipaje. Lo más influyente que trajeron consigo fue un proyecto de investigación y la manera en la que había que lograr financiación para llevarlo a la práctica. Volvieron con un proyecto de promoción de un área susceptible de expansión en España, en sus estructuras académicas e investigadoras. Para el logro de tal ambicioso objetivo contaron con una ayuda: el premio Nobel de Medicina concedido a Severo Ochoa en 1959. Aunque Ochoa ya era por entonces ciudadano de los Estados Unidos, su papel en la promoción de la investigación biomédica en España fue esencial ^, pero no fue la única influencia importante que esa área experimental recibió. Un conjunto de contextos propicios permitieron que su influencia fuera posible, y hasta eficaz. Ese contexto estaba constituido por un grupo reducido pero ambicioso de científicos decididos a hacer en España investigación original y al día y por una situación política que, aunque cambiante a lo largo del periodo que cubre este artículo, tuvo su continuidad. Pero los avatares políticos del largo periodo que fue el franquismo hicieron que un conjunto de planes puestos en circulación desde mediados de los años 60 no se plasmaran en centros concretos y a5rudas económicas recibidas hasta al menos 1970, cuando no hasta 1975. La poKtica científica se construye en muy buena parte desde abajo, es decir, desde el trabajo diario de los laboratorios descritos por Latour' *. La medidas que las autoridades políticas toman están directamente influidas por la comunidad científica, y por aquellas personas de entre sus miembros que desempeñan el papel, más o menos oficial según el periodo de que se trate, de consejeros o asesores. El hacer diario de la experimentación en la mesa de trabajo y todo lo que eso lleva consigo, que incluye diseño y dirección de las experimentaciones, formación y desarrollo de un equipo, búsqueda de financiación, estrategias de publicación, desarrollo de redes de influencia y contacto entre colegas dedicados a materias afines, intereses docentes, logros de reconocimiento académico: todo ello constituye la política científica. No es sólo su expresión, es el laboratorio quien inventa las estrategias, las pone en María Jesús Santesmases 276 marcha, aprovecha mecanismos disponibles para ejercer influencia, para hacer prevalecer sus criterios y para actuar eficazmente firente a la autoridad política. En ese sentido los jefes de los equipos de investigación actúan como gestores científicos además de como experimentadores. En muchos casos, han dejado las experimentaciones a otros miembros de su grupo de trabajo, cuentan con una persona leal al fi:'ente del laboratorio con la que mantienen contacto permanente, mientras ellos, o ellas, desde la dirección, se encargan de hacer posibles esos experimentos, elaboran un discurso -^referido al carácter más o menos aplicado de los temas de investigación de su equipo-en el que basan la búsqueda de financiación, escriben los trabajos para su publicación, corrigen los borradores de tesis doctorales, seleccionan a los becarios y mantienen reuniones con aquellos que pueden subvencionarles y con los que pueden intercambiar o compartir bienes, saberes, técnicas, aparatos, y hasta colaboradores. Todo esto resulta una obviedad para la comunidad científica ^. De evidencia comparable resulta el hecho de que los recursos económicos disponibles para la investigación definen de forma esencial las políticas. Cuando, durante la segunda mitad del franquismo, los recursos eran escasos, quizá la influencia de los líderes científicos era mayor que la actual: el grupo de especialistas que por sus intereses llegaran a influir en los criterios de adjudicación de recursos era menos numeroso que el que hoy pueda estar interesado en hacerlo, la comunidad científica era también menos numerosa y el sistema burocrático de toma de decisiones estaba menos dotado que en la actualidad. Pero es que, además, los avatares políticos situaron a un grupo de científicos dedicados a la experimentación biomédica muy cerca de la autoridad política, cuando no la detentaban ellos mismos. Y aun cuando no lograran un puesto político-científico influyente, el grupo de gentes expertas dedicadas a la bioquímica y a la biología molecular actuaron como asesores y desde esa función hacían la política científica, pues sus criterios para la asignación de esos recursos, por escasos que fueran, resultaban influyentes ^. Así, desde la dirección de un laboratorio que había que sacar adelante con cualquier medio al alcance, los líderes de los grupos que serían finalmente influyentes optaron, en primer lugar, por ayudas extranjeras. El programa de ayudas extramuros de los National Institutes of Health (EE.UU.) tuvo un papel principal, al conceder a un grupo reducido de experimentadores biomédicos subvenciones de cuantía incomparable a las ayudas que se concedían entonces en España. Entre los organismos españoles que mayor presupuesto dedicaron a las experimentaciones Investigación biomédica y política en España, 1961España, -1975 en bioquímica y biología molecular estaban el Fondo Nacional para la Investigación Científica y Técnica, la Junta de Energía Nuclear y la Fundación Juan March. Aquellas ayudas extranjeras proporcionaron al conjunto de especialistas que las lograron una legitimación científica, profesional, que procedía, como su formación y sus conocimientos científicos y de gestión de laboratorios, del extranjero. Esa legitimidad fue el arma principal para reclamar apoyos político-científicos en España: si habían sido reconocidos por comités científicos extranjeros de los más distinguidas agencias de financiación e investigación de los Estados Unidos ¿cómo podría no reconocérseles experiencia y autoridad experta en su propio país? A la búsqueda de ese reconocimiento se emprendieron algunas acciones que terminaron, en el caso de las ciencias biomédicas experimentales, por lograr una comunidad científica influyente, fruto, en muy buena parte, de aquellos esfuerzos tempranos de un conjunto de bioquímicos y biólogos moleculares que había obtenido ayudas de los Estados Unidos. Tal fue el caso de Alberto Sois, Manuel Losada, Juan Antonio Subirana y Jaume Palau, David Vázquez, Federico Mayor Zaragoza y Margarita Salas y Eladio Viñuela. Formados en el extranjero con algunos de los más prestigiosos expertos de su tiempo, volvían a España entre mediados de los años 1950 y mediados de los 1960 para hacer de sus grupos centros de referencia e influencia en la expansión de la experimentación en la que se habían especializado. Mientras tanto, el ministerio de Manuel Lora-Tamayo (1962-1968) cambió de nombre al volver este de una reunión sobre política científica convocada por la OCDE en 1963 en París. De ministerio de Educación Nacional pasó a llamarse de Educación y Ciencia. El nombre era un símbolo de la intención del gobierno español de seguir, o al menos de hacer parecer que se seguían, algunas de las propuesta hechas en aquella primera reunión. Lora-Tamayo era catedrático de Química Orgánica de la Universidad de Madrid. Mientras fue ministro se creó en 1963 la Comisión Delegada del Gobierno de Política Científica y en 1964 el Fondo Nacional, ya mencionado. En 1963 el propio Lora pronunció una conferencia en la segunda reunión bioquímica española y apoyó la creación de la Sociedad Española de Bioquímica. El mismo se había interesado por algunos enzimas, aunque finalmente uno de sus discípulos, Ángel Martín Municio, sería el primer catedrático de Bioquímica de la Facultad de Ciencias de Madrid y organizador de los primeros cursos que se impartieron en España sobre biología molecular. Para el empuje a las experimentaciones biomédicas en España fue aún más influyente el nombramiento de José Luis Villar Palasí como Santesmases 278 ministro de Educación en 1968, tras la dimisión de Lora-Tamayo al no conseguir evitar la entrada de la policía en los edificios universitarios en plenas protestas estudiantiles. Para contrarrestar manifestaciones y protestas el nuevo ministro creó, recién nombrado, tres universidades y anunció una «reforma de la Universidad». Su equipo, formado por algunos expertos de UNESCO, parece haberle convencido de la necesidad de una reforma de todo el sistema educativo. Para la Universidad se señaló la conveniencia de solicitar asesoramiento de los científicos españoles instalados en el extranjero. Ochoa fue visitado y remitió al representante español que le inquiría sobre la posibilidad de que asesorara la reforma de los estudios de medicina, al bioquímico Alberto Sois. Pero también sugirió la conveniencia de contar con un centro de investigación dedicado a la biología molecular en España ^. Sois estaba relacionado, a través de su mujer Angelines Rodríguez-Candela, con algunos médicos influyentes -él mismo era licenciado en Medicina, aunque le gustaba, como a muchos bioquímicos desde que se inventó la disciplina, decir que carecía de conocimientos para tratar a enfermos-, como el endocrinólogo José Luis Rodríguez-Candela y el prestigioso clínico Gregorio Marañen, que le había señalado en la inauguración del Centro de Investigaciones Biológicas como una de las promesas científicas españolas. Tenía contacto permanente con Albareda, aunque desconfiaba de la aynda que podía ofrecerle el secretario general del Consejo Superior de Investigaciones Científicas dado que Sois había abandonado el Opus Dei, organización religiosa de la que Albareda era un miembro conocido e influyente. El prestigio científico de Sois estaba basado en sus trabajos originales sobre el metabolismo de los hidratos de carbono, en un conjunto de investigaciones emprendidas por él y su grupo de trabajo desde sus inicios en la investigación fisiológica hasta sus aportaciones a la regulación metabólica ^. Las relaciones del Nifj con España estaban al cargo del neurofisiólogo Antonio Fernández de Molina. Pero, según se recuerda, fue Carlos Asensio, a su vuelta de una estancia larga en Nueva York, quien dio el aviso sobre los programa extramuros de los NIH ^. Optar a esas a5mdas trienales y obtenerlas era no sólo una fuente de recursos económicos, era también un medio de dar a conocer los proyectos españoles en Estados Unidos, cuya élite científica seleccionaba, a través de los correspondientes comités, los proyectos a subvencionar. Optaban a estas ajrudas aquellos de formación postdoctoral estadounidense. Y Sois fue el único que logró dos ayudas trienales consecutivas, a pesar del criterio general de que estas ayudas a científicos extranjeros se concedían una sola vez. Ochoa, entre otros, apoyó explícitamente la solicitud de Sois ^^. Investigación biomédica y política en España, 1961España, -1975 Villar Palasí nombró rector de la Universidad de Granada a un joven catedrático de Bioquímica y Fisiología de la Facultad de Farmacia: Federico Mayor Zaragoza, quien comenzó así su carrera político-científica. Mayor ha contado que ñieron los hermanos del ministro, dos bioquímicos, Vicente y Carlos, los que le aconsejaron el nombramiento. Carlos Villar se instaló en Estados Unidos, y Vicente Villar, en Barcelona, sería nombrado por su hermano presidente de la comisión gestora de la universidad Aiutónoma de Barcelona, una de las de reciente creación 11 Alberto Sois y Carlos Asensio, que había sido su discípulo y colaborador, elaboraron el primer documento en el que se proponía un centro posgraduado de biología molecular. El hecho de que comenzaran algunas negociaciones ñie posible a través de los contactos nacionales e internacionales que se establecieron para buscar apoyos al proyecto. Cuando Ochoa asumió publicamente el liderzago del proceso en sus declaraciones públicas a partir de 1969, estaba llamando la atención de las autoridades políticas, tanto como la de la ciudadanía. Cuando el biólogo molecular e investigador del CSIC Eladio Viñuela, con quien colaboraba el técnico Javier Corral, asumió la dirección de facto para la puesta en marcha de un centro de biología molecular en Madrid estaba desempeñando un conjunto de ñmciones complejas que incluían tanto la coordinación del proyecto como su puesta en práctica en el trabajo diario además de las negociaciones permanentes con las autoridades de la política científica. Todo lo cual condujo, aun con retrasos, a la inauguración del centro en 1975. Las principales dificultades eran económicas, nunca parecía haber suficiente presupuesto para el gran laboratorio que Ochoa hubiera querido, diseñado siguiendo las sugerencias técnicas de la consultora de arquitectos e ingenieros Haines Lunberg & Waehler de los Estados Unidos, que había asesorado previamente en la construcción del centro de investigación que la empresa farmacéutica Hofíman-La Roche había creado junto a sus oficinas centrales en Nutley, Nueva Jersey, en 1969. La minuta de esta empresa fije pagada por los Estados Unidos ^^. Ochoa deseaba contar con un centro técnicamente dotado, que le permitiera permanecer en el centro de la producción de conocimiento, como lo estaba entonces en la Universidad de Nueva York y lo estaría después en el Instituto Roche. «Dados los años que yo llevaba en Estados Unidos (unos treinta) y las extraordinarias facilidades de que disfinataba allí para mi labor académica e investigadora era muy dudoso que nada me persuadiese a realizar un cambio» ^^. Su apoyo fiíe esencial para lograr la aynda de la National Science Foundation a un proyecto firmado María Jesús Santesmases 280 por Eladio Viñuela, Eduardo Torroja y Carlos Asensio en 1971 ^^, el mismo año en el que se aprobó la construcción del Laboratorio Europeo de Biología Molecular con la participación de España. Las ayudas de la National Science Foundation fueron adjudicadas a grupos investigadores concretos, muchos de los cuales no llegaron nunca a formar parte del CBM, y que conservaron para sí las a5mdas en el centro en el que permanecieron, el Centro de Investigaciones Biológicas, el cual, con tal motivo, mejoró considerablemente sus dotaciones técnicas. Asi pues, los recortes afectaron al número de investigadores e investigadoras que habrían de formar parte del personal científico del nuevo centro. La dificultad principal para llevar a término el proyecto del CBM fue política, primero, y finalmente, también económica, otra vez. Porque los avatares de la historia política acompañaron a la comunidad científica, sucesivamente apoyaron, detuvieron y recuperaron considerablemente mermado en sus ambiciones económicas, técnicas y humanas aquel gran proyecto diseñado con los auspicios de Ochoa. Ochoa perdió parte de protagonismo en el proyecto del CBM en cuanto Villar Palasí fue cesado en 1972. La copiosa documentación presentada en el Ministerio de Educación poco antes del cese quedó allí detenida, como lo estuvo el proyecto. Una dificultad política que se superó cuando volvió a cambiar el ministro de Educación y Ciencia, tras el asesinato del presidente del gobierno, el almirante Carrero Blanco. El nuevo jefe del ejecutivo, Rafael Arias Navarro, nombró ministro de Educación a Cruz Martínez Esteruelas y éste, a su vez, a Federico Mayor Zaragoza, subsecretario. El proyecto se recuperó, ya se ha dicho que con unos medios económicos muy mermados, bajo la dirección de Mayor Zaragoza. Catedrático de Bioquímica de la Universidad Autónoma de Madrid, consiguió de esa Universidad la cesión de algunos locales de la Facultad de Ciencias. Aquellas condiciones apartaron a Ochoa del proyecto. Pero para la comunidad científica española dedicada a la bioquímica y a la biología molecular, el proyecto era demasiado importante como para dejarse detener por recortes presupuestarios de última hora. Las competencias en materia de política científica del ministerio de Martínez Esteruelas eran desempeñadas por Mayor Zaragoza. Entre Viñuela y Mayor se estableció apoyo mutuo. Compartían un objetivo y se repartían la responsabilidad: Mayor tenía la política y Viñuela, por su parte, la científico-técnica. Actuaron de mutuo acuerdo y eso hizo posible un CBM cuyas reducidas dimensiones decepcionaron a Ochoa, pero que ha sido uno de los centros más influyentes en el devenir de las investigaciones en bioquímica y en biología molecular en España. Franco aún vivía y España seguía siendo una dictadura, aunque la organización social, profesional y económica estaba sujeta a influencias adicionales a las que el Jefe del Estado ejercía en el Consejo de Ministros. La influencia internacional fue esencial. Los Estados Unidos tuvieron un papel principal en ello. Las ayudas económicas que la actividad científica española recibió de los Estados Unidos debe considerar, en su mayor parte, fruto del Acuerdo firmado por España con ese país, por el cual se establecieron las bases militares de Estados Unidos en España, mientras se le denegaba a esta su entrada en la OTAN. El interés estratégico de España fue el origen de lo que se denominó cooperación entre España y Estados Unidos, pero sobre todo, fue un poderoso agente de legitimación internacional del régimen, que contribuyó a su duración con fuerza comparable a la del terror creado por la represión durante la guerra civil y la primera década de la dictadura. Pero la comunidad científica recibió los beneficios disponibles. La Agencia Internacional de la Energía Atómica subvencionó investigaciones del grupo de Gabriella Morreale y Francisco Escobar sobre endocrinología experimental por mareaje isotópico. Y la National Science Foundation sufragó buena parte de las dotaciones técnicas del CBM y, ya se ha dicho, también del CIB. Al menos desde el periodo de Lora-Tamayo, algunos científicos dedicados a la investigación biomédica se reunían con el ministro, con el presidente del CSIC, con el subsecretario y buscaban apoyos a los proyectos. El CBM fue solo uno de ellos, pero hubo otros: el Instituto de Biología Fundamental en Barcelona, el Instituto de Farmacología Española y el Instituto de Investigaciones Citológicas de Valencia, entre ellos. El Instituto de Biología Fundamental fue consecuencia del acuerdo entre Juan Oró, químico español establecido en la Universidad de Houston y especializado en química prebiótica, con el equipo de Villar Palasí, y con el biólogo molecular catalán Jaume Palau. Se creó en un decreto de 1970 y se estableció inicialmente en Barcelona, en unos locales prefabricados, para trasladarse finalmente a su local definitivo en el campus de la Universidad Autónoma de Barcelona ^^. Pero el apoyo público, gubernamental, no fue el único que hizo posible la creación de centros de investigación en la España del desarrollo económico. El Instituto de Farmacología Española en Madrid y el Instituto de Investigaciones Citológicas de Valencia fueron un producto combinado de ayuda privada y política científica, producto de negociaciones que, finalmente, promovieron las experimentaciones biomédicas y resultaron inñuyentes en sus entornos académicos y geográficos. La creación del Instituto de Farmacología Española-Fundación Marqués de Urquijo en 1950 fue consecuencia de una norma del CSIC por la que las industrias debían aportar a este organismo un porcentaje de sus ventas. La Compañía Española de Penicilinas y Antibióticos, una de las primeras industrias españolas dedicadas a la obtención y a la comercialización de antibióticos, junto al grupo de empresas quimico-farmacéuticas del Banco Urquijo, soslayó esa obligatoriedad creando un instituto que debía proporcionar apoyo técnico a ese grupo de empresas mientras simultáneamente hacía posible la investigación en neurofisiología. El IFE es inseparable de la personalidad de su director, el catedrático de Fisiología de la Universidad de Madrid Antonio Gallego, que combinó sus intereses científicos con el servicio técnico a las empresas del Urquijo y dio a la Universidad de Madrid una escuela de neurofisiología que ha tenido amplia influencia en el desarrollo de las investigaciones y de la docencia de esa disciplina en España. Desde 1954 sus locales estuvieron en la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid. Anales del Instituto de Farmacología Española. El IFE marcó pautas en materia de política científica, si bien en una tendencia que tardaría en considerarse como parte sustancial de ésta, y era precisamente el apoyo privado a la investigación. Fue fruto de una compleja negociación, permanente, con las autoridades académicas de la Universidad de Madrid y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, los más influyentes y distinguidos de entre sus miembros formaban parte del patronato o del comité asesor del IFE. Este logró en los años 60 una de las muy escasas ayudas que la Fundación Rockefeller concedió a España durante el franquismo para los trabajos en neurofisiología de Gallego, que permitieron mejorar las dotaciones técnicas de este centro ^^. El Instituto de Investigaciones Citológicas se había creado en Valencia a partir de un Laboratorio de Citología que dirigía el citólogo Gerónimo Forteza. Su prestigio científico hizo posible una importante ayuda de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Valencia, sumada a otras previas de menor cuantía aportadas por la Fundación Marqués Investigación biomédica y política en España, 1961España, -1975 de Urquijo, del ministerio de Educación, del CSIC, que lo convirtieron en el Instituto de Investigaciones Citológicas en 1966. Forteza contó desde 1966 y hasta 1973 con apoyo de la Junta de Energía Nuclear para investigar sobre precursores radiactivos aplicados a la biología celular. En 1972 se inauguraron los nuevos locales del Instituto, donde se encuentra actualmente, en la calle Amadeo de Saboya, en Valencia ^^. La Caja de Ahorros de Valencia es el principal agente ñnanciador de este centro, que está considerado en Valencia como pionero en experimentación biomédica en la región y ha tenido amplia influencia en la promoción de esta área de investigación en la Comunidad Valenciana. La política de recuperación de científicos establecidos en el extranjero emprendida por el equipo de Villar Palasí contribuyó, por su parte, a que Santiago Grisolía, uno de los primeros estudiantes postdoctorales de Ochoa en la Universidad de Nueva York, volviera a España para dirigirlo. Si, tras un lagro y complejo proceso de negocación, que incluyó a tres ministros de Educación -José Luis Villar Palasí, Julio Rodríguez Martínez y Cruz Martínez Esteruelas-se inauguró el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa en la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid en septiembre de 1975, fue a consecuencia de la permanente negociación establecida entre las autoridades políticas y la comunidad científica dedicada a investigaciones biomédicas; en este caso, fue fundamental el papel de Eladio Viñuela ^^. Para cuando estaba previsto, no se sabía con certeza si Ochoa aceptaría inaugurar las instalaciones preparadas para tal acontecimiento. La crisis económica provocada por el alza de los precios del petróleo desde los primeros años 70 afectó inmediatamente a la frágilmente dotada comunidad de investigación española. Las personas que formaban parte de ella, expertas en distintas áreas, alzaron entonces la voz, y tuvieron su eco, en la prensa española y en las revistas científicas extranjeras de máxima difusión, como fue el caso de Nature. Como la misuia Nature había seguido en 1969 los sucesos políticos que llevaron a decretar el estado de excepción en toda España en el primer trimestre de 1969 y que pusieron en peligro la celebración de un congreso internacional de Bioquímica previsto en Madrid para el mes de abril de ese año. La comunidad científica española ha tenido en el extranjero apoyos importantes para llevar a cabo su trabajo, aunque en aquella ocasión se viviera como amenaza las expresiones políticas contra la dictadura manifestadas por algunas sociedades bioquímicas europeas. Así pues, en tiempos de apoyos político-científico comparativamente mayores, la comunidad científica a través de algunos de sus miembros 284 María Jesús Santesmases actuaba asesorando en la toma de decisiones. Y en los periodos de crisis reclamaba el apoyo que tuvo y recordaba, como ha hecho recientemente, que hubo tiempos en los que los medios eran mayores, o la distribución de apoyo económico se realizaba con menos retrasos. Pero todas aquellas personas de entre las mujeres y los hombres que componían la comunidad científica española que lograron mantener su trabajo en plena crisis de los 70, y en otras posteriores, han emergido de ellas convertidas en autoridades científicas reforzadas por su capacidad investigadora y legitimadas para sucesivas reclamaciones de mayor apoyo político, presupuestario y social para la investigación en España. Las políticas públicas que hicieron posibles los centros mencionados, de muy distinto carácter entre sí -las políticas y los centros-refieren permanentemente al papel jugado, en su creación, de los científicos que lideraron cada uno de los proyectos. Su trabajo científico era la principal legitimación para sus ambiciones en el logro del apoyo público a la investigación en las áreas biomédicas en España. Su prestigio estaba basado en lo que aprendieron en el extranjero y en lo que obtuvieron de agencias extranjeras de financiación. Los National Institutes of Health, el Jane Coffin Fund y la Fundación Rockefeller contribuyeron a esa legitimación a través de la concesión de las correspondientes ayudas. Ochoa tuvo su protagonismo: un Nobel de medicina nacido en España se convirtió en bandera principal en las negociaciones con las autoridades políticas para la obtención de creciente apoyo público a la bioquímica y a la biología molecular. Y si la neurofisiología española no tuvo su Nobel, la sombra alargada de la escuela de Cajal terminó por desempeñar su papel y por muy diversas vías y con apoyos adicionales -entre ellos la creciente dedicación a las neurociencias de la comunidad científica extranjera-se convirtió en otra de las áreas en las que España hace contribuciones intensas y extensas desde diversos puntos de la geografía española. La influencia internacional se dejó sentir en las políticas: la OCDE emitió sus informes sobre la investigación científica y técnica en España (OCDE, 1966(OCDE, y 1974) ) y sus recomendaciones serían recogidas, al menos en parte, porque había un grupo de especialistas preparados para contribuir a su establecimiento, en los casos mencionados aquí con negociaciones directas con la autoridad política. Además de Ochoa, Juan Oró, Jaume Falau, Margarita Salas, David Vázquez, Ángel Martín Municio, Alberto Sois, Carlos Asensio, y Eladio Viñuela, por citar a algunos de los más reconocidos, contribuyeron a ello y al actuar de Investigación biomédica y política en España, 1961España, -1975 mediadores entre la comunidad experta y la autoridad política, sirvieron de asesores a los sucesivos apoyos públicos, en forma de subvenciones y becas de formación de personal investigador, que los gobiernos españoles manifestaron e hicieron efectivos a partir de mediados de los años 1960. Entre todos modelaron la acción gubernamental española en materia de política científica y deben considerarse el origen del hecho de que el Plan Nacional de I+D+I aprobado en 1999 haya hecho de las biociencias una de las áreas que más apoyo económico debería estar recibiendo y recibiría en los próximos dos años si se cumplen las previsiones allí recogidas. Estoy en deuda con Jean-Jacques Salomon, que me ha proporcionado valiosas informaciones sobre el origen de la política científica en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, y con Margarita Salas, Ricardo Díez-Hochleitner y Juan Oró, por haber compartido sus recuerdos sobre las negociaciones destinadas a hacer posible la vuelta de Severo Ochoa a España. Agradezco a Jesús Avila y a Emilio Muñoz sus comentarios a una versión previa de este artículo.
No quisiera en ningún caso, que este número fuera interpretado como una guerra de sexos, un canto al tan manido y superado feminismo ó un grito histriónico a la condición de la mujer, por el mero hecho de serlo. Quiero simplemente constatar una realidad conscientemente olvidada por muchos y despreciada por otros sobre la que siempre he tenido la tentación de escribir y que, gracias a esta oportunidad de la Revista ARBOR, voy a sacar a colación, por ser un fenómeno sociológico, que tanto daño, sufrimiento y dolor ha causado al sexo femenino a lo largo de la historia de este siglo. Echando una pequeña ojeada sobre pensadores ilustres, me encuentro con las siguientes manifestaciones (¿cómo calificarlas?) «brillantes». «La mujer es un animal vulgar del cual el hombre se ha hecho un ideal demasiado bello». «El hombre es para la mujer un medio; el fin es siempre el hijo». «La mujer es un hermoso defecto de la naturaleza». «La mujer hermosa es un peligro. La fea es un peligro y una desgracia». «La mujer es la pildora amarga de la naturaleza y el arte se ha complacido en dorarla para que el hombre la trague más fácilmente». «No hay ninguna mujer genial. Las mujeres son un sexo decorativo. Nunca tienen nada que decir, pero lo dicen deliciosamente». Para qué alargarnos, aburriendo al lector con más «pensamientos ó sentencias» de este calibre? Creo que es más que suficiente para comprender que su lectura ofende denigra, insulta y pone en pié de guerra a la mujer que piensa y que carga su mente de agresividad para oponerse a tanta infamia. Nuestras abuelas no tuvieron ni siquiera la oportunidad de leer todo lo anterior. Probablemente, tampoco nuestras madres, que aceptaron de buen grado la línea de pensamiento de Tennyson: «...el hombre para el mando, la mujer para la obediencia. Todo lo demás es confusión». Fuimos nosotras, las mujeres articulista de este Número, las mujeres de la post'guerra, las que hoy se encuentran entre los 45-60 años, quienes decidimos hacer la revolución social y luchamos como pudimos contra este ambiente que no llamaré machista, pero sí, humillante, vejatorio y falso. Nuestra generación, hablando en líneas generales, fue educada en un colegio de monjas, de reglas estrictas, basadas en la represión, donde una religión fundamentalista, nos amenazaba con las penas del Infierno y del Purgatorio. Algunas entramos en la Universidad y comprobamos que todo lo aprendido debía ser puesto en cuestión. Nos surgió la duda, pero nos tranquilizó la idea de la igualdad entre chicos y chicas a la hora del reparto de Sobresalientes ó Matrículas de Honor... en definitiva estábamos en minoría pero no por ello se nos trataba peor... ¡Creímos durante aquel tiempo haber alcanzado la libertad!... Pero faltaba nuestra meta, la que nos habían contado cuando éramos niñas, la llegada del matrimonio y de los hijos... ¡Nuestra gran realización como seres humanos!......Y la llevamos a cabo, ¡claro que lo hicimos!. Nosotras somos las responsables del «baby boom». Seguimos, (naturalmente sin saberlo, inconscientes de lo que había detrás), la eminente frase Napoleónica de: «La mujer más insigne es la que mayor número de hijos da a la patria»... ¡Bonita patraña que expresa Papini con otra frasecita inspirada: «La mujer debe ser amante, esposa y madre, nada más»!... Otro fenómeno bastante generalizado que conviene recordar, es que muchas de nosotras, antes ó después de la Facultad, quisimos trabajar. En la estructura patrimonialista en la que vivíamos, el poder y la independencia del padre radicaba en que él era el que respaldaba económicamente a toda la familia. Es decir, que estaba «mal visto», que una chica de clase media alta se pusiera a trabajar, y nos cerraron también esa posibilidad, como puerta a la esperanza, a la auto-estima ó a la realización personal. De pronto el nido empezó a vaciarse, las arrugas, «galones ganados en la dura campaña de la vida», empezaron a aparecer y nos dimos cuenta de que la utopía en la que los demás nos habían instalado, se había acabado y sin embargo teníamos ante nosotras muchos años para los que no nos habían preparado... y entonces llegó la catástrofe! La mayoría se encerró en casa para seguir adelante sin incentivo ni ilusión. Aceptaron el rol de ser no solo magnificas esposas y madres sino coló-Presentación XI sales abuelas cansadas, porque la edad, la osteoporosis y la artrosis van en contra de « la fuerza de la naturaleza» que son los niños de 2-3-4-5 años.,. Las que tenían un nivel económico alto, buscaron en el bridge ó golf la salida de su frustración, sin encontrarla... Otras tuvieron peor suerte, pasaron a engrosar las filas de las mujeres separadas de sus maridos que, sin preparación, tuvieron que ponerse de urgencia a trabajar para sacar adelante a sus hijos («los niños del babyboom»). Les dieron cariño, educación, supliendo el vacío de la figura paterna, base y fundamento de la familia hasta el momento en que desapareció y dejó de serlo, para convertirse en «el enemigo público número uno» de sus ex mujeres, ó, en el caso de los muy civilizados, en la figura que venía los fines de semana, para llenar de regalos a los hijos y así competir con el desvelo diario de la mujer... En medio de este panorama caótico unas cuantas mujeres reaccionaron. Se lanzaron a pintar, a escribir, a dar Conferencias, a tocar el piano, el arpa, a componer, a ser mecenas del arte ó de la música, a abrir galerías, ó a subirse a los escenarios... Otras, entraron, como «de puntillas» en el mundo de las empresas, la Administración ó los negocios... No importó la edad, la salud ó el empuje de los demás. La auto-estima fue su bandera, el triunfo su meta, la agresividad su arma invencible. Sabíamos que teníamos el mundo en contra. Los hombres nos despreciaban como a seres inferiores. Las mujeres nos odiaban por envidia, ya que ellas no habían tenido el valor de ser rompedoras. Estábamos solas en medio de la hostilidad, pero eso no nos impedía seguir adelante....Ypasamos miedo. ¿Quién de nosotras podría negar el terror del momento en que nos enfrentamos con «la gente» por primera vez? Quizá la gran actriz, María Jesús Valdés sea la mejor conocedora de esta situación anímica y física. Nuestra mente nos decía en aquel momento: ¿por qué te has metido en este lío?... y, nuestras piernas temblaban, mientras se generaba un extraño vacío en el estómago... Pero aquella obra de teatro se estrenó con éxito, aquella exposición obtuvo colosales críticas, la sala del concierto se llenó de aplausos, el mecenazgo de la pintura y la música conseguido por la mujer fue reconocido por la sociedad, se entre-abrieron las puertas de las empresas, la administración, ó los negocios y, una llamada anónima nos dijo un día que quería contratarnos en su Revista porque al Director le había gustado nuestra forma de escribir... La batalla estaba ganada. Nosotras, pioneras de la lucha hemos enseñado a nuestras hijas desde su primera sonrisa, que deberán vencer sus miedos y su timidez para triunfar. Hoy el camino de la mujer está trazado. Nuestras hijas triunfarán ó no, según su capacidad, sus estudios, su voluntad ó su auto-estima personal. Ellas no tienen que plantearse como nosotras, esa angustia «por llegar». La mujer de hoy está en mayoría en la Universidad, se le acepta en las grandes multinacionales, llegando a otorgársele puestos directivos. Es escuchada, valorada y ha llegado a los más altos eslabones del Gobierno de la Nación. El siglo venidero será sin duda el siglo de la mujer. Quizá entonces haya que quemar en una gran pira purificadora, todos los pensamientos de hombres ilustres que he citado al principio... Pero por encima de todo, quisiera llevar mi reconocimiento a todo ese grupo de mujeres al que me he referido, puesto que sin ellas nada de lo que ahora gozamos hubiese sido posible. Es hora de que las hijas vean en el surco de las arrugas de sus madres el esfuerzo por abrirles el camino para que sus vidas sean diferentes, que comprendan que hemos convertido la hostilidad en normalidad y que contra viento y marea, con esfuerzo, angustia, agresividad y llanto, les hemos colocado en el puesto de la sociedad que hubiéramos deseado para nosotras, si nuestras circunstancias, momento y posibilidades hubiesen sido de otra manera.
La mujer es escelsa en generosidad. Se dan ejemplos desde la época romana hasta nuestros días y se incide en el sacrificio de la mujer. El tema que se me ha asignado se puede interpretar de varias formas, por ejemplo desde el punto de vista médico, o bien desde el punto de vista estricto de dar lo más preciado incluyendo la vida y se sobreentiende con la elegancia adecuada para cualquier causa. A mi parecer es de gran interés que en la actualidad la mujer sobresale, tanto en calidad como en cantidad, en muchas profesiones relacionadas con la Biología. Por tanto este artículo lo quiero orientar de una forma breve al reconocimiento de la mujer, anatómica, fisiológicamente y sociológicamente para incidir finalmente en algunos ejemplos de excelencia y de sacrificio personal, es decir, dar o consagrar la vida para el avance científico. Dar vida desde el punto de vista médico o biológico, en «sensu escricto» no es arte sino más bien refleja unas bases anatómicas y biológicas que prueban en parte las características de fuerza de capacidad de sufrimiento y generosidad de la mujer: ahora bien, es importante señalar que estas características residen, en, parte, en sus mitocondrias, de las que hablaremos luego, y en su genoma. Este incluye 2 cromosomas X de los cuales los hombres tenemos solamente uno. Al parecer una proporción muy elevada de genes involucrados en ciertas características muy positivas ocurren en el cromosoma X. Como es bien sabido, cuando se fecunda el óvulo, el espermatozoide pierde todas sus mitocondrias, es decir, el óvulo fertilizado contiene úni- Santiago Grisolla camente las mitocondrias maternas y por lo tanto las mitocondrias de cada uno de nosotros se heredan de la madre. Recordemos que en éstas mitocondrias es donde se obtiene la mayor parte de la energía que derivamos de los alimentos que ingerimos. Es a través de la respiración, que no ocurre en los pulmones como en general se cree, estos sirven físicamente para transportar el oxígeno y el anhídrido carbónico, sino íntimamente en las mitocondrias, donde conseguimos un gran rendimiento energético aproximadamente el 90% del total. No olvidemos que todas nuestras mitocondrias las heredamos de un grupo quizas de unos cientos de madres «Evas» procedentes de áfrica cuando hubo un salto evolutivo hace unos 150.000 años. Desde luego, al parecer y como hace poco comentaba Juan Luis Arsuaga del Proyecto de Atapuerca, el proceso de parto de la mujer actual no ha evolucionado prácticamente debido a la estructura pelviana desde la época de nuestras «madres Evas», lo que verdaderamente y, al menos por mi poca experiencia como médico que no ejerció nunca, parece un fallo evolutivo el que no haya un mecanismo menos doloroso y menos difícil para que la mujer pueda dar vida a un nuevo ser. Verdaderamente el desarrollo de un feto que da lugar a un niño sin problemas físicos o fisiológicos es un verdadero milagro. Por eso un gran número de óvulos fecundados son inviables y por tanto las mujeres abortan espontáneamente y sin darse cuenta en un número muy elevado de casos en los primeros días de embarazo. Los avances en genética, debido al interés del Genoma Humano, nos ha llevado a saber mucho más de la Biología Molecular incluyendo aspectos tan discutidos como la clonación, pero todavía queda mucho que aprender especialmente en la relación genoma/medio ambiente. Como han comentado muchos investigadores, cualquier célula es mucho más complicada que todos los sistemas físicos o tecnológicos hoy conocidos. Cuando el niño nace fundamentalmente tiene el instinto de preservación. La energía del recién nacido se expresa en la sensación que tiene de hambre y por tanto grita hasta que obtiene el alimento o se cansa. Pronto obtiene la primera orientación positiva hacia la madre que interpreta correctamente, el deseo de ella de cuidar de sus necesidades físicas pero también del cariño y del amor que le expresa y desde aquí todas las teorías froidianas se han desarrollado incluyendo el complejo de Edipo hacia la madre. La capacidad de amar generosamente es más atributo, en mi opinión, de la mujer que del hombre, y desde luego los sociólogos, especialmente los sociobiológos así lo creen. Se cree y se comenta que con el desarrollo y, a pesar del posible aumento de lo que llamamos civilización desde hace 3 ó 4 mil años, se consideraba y todavía se concibe a la mujer más como objeto y casi sin dere-El arte de dar la vida chos, pero no obstante, aun así en los últimos milenios han habido ejemplos de mujeres poderosas, generalmente de alta alcurnia, pero también personas modestas que han defendido y demostrado su capacidad y defendido a la mujer. Los romanos escribieron mucho acerca del amor apasionado entre hombre y mujer, pero generalmente sobre el ilícito, infeliz o robado. No obstante, hay evidencia de que lo opuesto existía. Una de las historias más emotivas que conozco, como describe Gilbert Hyghet, esta escrita en una losa funeraria. Es un memorial a una esposa muerta tres o cuatro años a. C. Es una historia excitante que cubre el destierro, asesinatos y aventuras. Esta mujer, de gran coraje y fuerza, nació aproximadamente 70 años a. C. y su marido, posiblemente, 5 años antes. Se casaron a lo largo del año 50 ó 51 y ambos vivieron el período trágico de dos guerras civiles en la época de Julio Cesar, que como es sabido era de gran crueldad. Ella protegió con gran fortaleza su casa y esperó a su marido exiliado en dos ocasiones; la primera huido por haber defendido la República contra Julio Cesar y la segunda, después de la muerte de éste cuando tomó el mando un triumvirato y él apostó por uno de ellos, Lepidus que perdió. Ella vendió todas sus joyas para mantener a su marido y luchó contra una serie de complicaciones legales para proteger la herencia de su asesinado padre. Fue una pareja que no tuvo hijos pero se mantuvieron fieles por 41 años de matrimonio. Las palabras finales en la tumba dicen: «Se que tú merecías todo y yo no fui capaz de darte todo lo que merecías». De todas formas el papel de la mujer sufre altos y bajos a través de la historia y a pesar de sus vicisitudes mantiene su capacidad de sacrificio aunque aparezca desvirtuado por las costumbres en ciertas épocas. En la baja Edad Media, al final del siglo XI, el amor de los trovadores aparece de repente en Languedoc. Este amor es un amor altamente especializado cuyas características son humildad, cortesía, adulterio y la obediencia a la mujer copiando lo que un vasayo feudal tiene que ver con su señor, tanto es así que el enamorado se dirige a ella con el título de «midons» que etimológicamente representa «mi señor» no «mi señora». Es decir, en esta época se mantiene el concepto romano de que únicamente entre amantes, y no en el matrimonio, se hacen grandes sacrificios. Pero se da un cambio importante, el hombre disfraza sus intenciones, y se somete a la mujer que aprovecha para hacer difícil su conquista, que es lo que él desea. De los muchos relatos de caballeros andantes no puedo resistir el recordar como, posiblemente el caso más extremo, el del muy esforzado Caballero Ulrich Von Lichtenstein, nacido en 1200 que rompió más de 300 lanzas y al que su amada le castigó de una forma increíble, incluyendo el que se vistiera como un leproso o hacerle llegar Santiago Grisolla hasta su habitación para que la encontrara rodeada de diez señoras de compañía y después de negarle sus «encantos» con otro cometido hacerle bajar por la escalera de cuerda y cortarla para que se cayera en el foso. Naturalmente, y una vez conquistada perdió su interés, porque el sufrir era el objetivo, y por ello se dedicó a «defender» a otras. Un ejemplo muy querido por los valencianos es el realista «Tirant lo Blanch», único libro de caballería que Cervantes salvó de la quema en el Quijote. En él se ilustran todas las bondades y defectos de esa época. Es un libro que acaba, en gran parte, con la complicada y falsa caballeresca. En España, y casi coetáneo con el nacimiento de Martorell, se dan casos extremos, por ejemplo el paso honroso de Suero de Quiñones, en 1434, que es ejemplo de barbarie, rompiendo inumerables lanzas en compañía de otros nueve «caballeros». Pero me parece más insensato el del Padre de la Beltraneja, el favorito del rey D. Beltrán de la Cueva del que decía sin reservas que era el amante de la reina, y muy diestro con las armas. Así un día en que los soberanos viajaban hacia Madrid se encontraron en el camino unas gradas con mucha gente tal y como montó Quiñones. D. Beltrán, desafió ante todos los que allí pasaban a una justa de seis lanzas y sino aceptaban los transeúntes, que dejaran su guante izquierdo en prueba de su cobardía. Curiosamente nuestro código de etiqueta, el que haga que se dé preferencia a la mujer, es un legado de la época de los trovadores y por tanto parece extraño aún todavía en Japón o en la India. En definitiva los siglos donde florece el arte gótico, que parece lejano, fantástico, lujoso y lujurioso, producen también algunos de los grandes espíritus de la humanidad como Juana de Arco; porque detrás de la imaginación y fantasia gótica hay un claro sentido de la verdad, amor, sátira, codicia, generosidad, vida y muerte. Como ejemplo de la mayor cordura y valentía de la mujer, a mí me impresionó de joven, y no recuerdo exactamente donde lo leí, el hecho de que una matrona de la familia Sforza a quien amenazaban con matar a su hijo si no entregaba Milan. Se subió a sus almenas y negándose a la entrega de la ciudad se levantó las faldas y golpeando su vientre dijo «aquí tengo el molde para hacer más». En la época de los Austria, hay muchos ejemplos de mujeres que jugaban un papel importante y generoso. También en la época de la Ilustración y no digamos nada de tiempos más recientes con casos heroicos como el de Agustina de Aragón o Mariana Pineda, a la que ahorcaron en Granada por bordar una bandera liberal. A finales del XIX y principios del XX, una serie de señoras americanas decidieron hacer museos y dedicaron su vida a ello. Por ejemplo, el El arte de dar la vida Museo de Chicago que antecede al Metropolitano de Nueva York, fue iniciado por la Señora Palmer y, desde luego, si uno quiere ver la mayor obra de los grandes impresionistas debe ir al Museo de Arte de Chicago. Fue una rivalidad entre Chicago y Nueva York que benefició mucho a la cultura, empleando las grandes sumas de los nuevos ricos americanos. Gaerdner, conocida por Belle, ñie una de las mujeres que hicieron mucho para el desarrollo del arte en América. Visitó muchos países incluyendo España, comprando toda clase de objetos. En relación con el tema de este escrito vale resaltar que entre la excelente colección de pinturas de la Sra. Gaerdner se encuentra el cuadro de Botticelli que describe la historia de Lucrecia que prefirió la muerte al deshonor. Gaerdner tenía gran desparpajo. Estaba un día en el jardín de su palacio llamado Fenway, hoy un gran museo de pintura, cuando Richard Norton fiíe conducido por error al patio donde ella estaba descansando enteramente desnuda en un sarcófago, que le había comprado el padre de Norton. Se levantó para recibirle y viéndole enrojecer le dijo con gran aplomo: «quizás le gustaría esperar hasta que la marea baje». El profesor Norton se marchó corriendo. Pero quiero terminar citando casos menos espectaculares pero quizás más difíciles, porque en ciertas ocasiones es mucho más duro el hacer un sacrificio continuo durante una larga vida. El caso de Madame Curie es bien conocido y sus heroicos esfuerzos para aislar el radio. Lo que no es tan conocido es su labor para utilizar los rayos X para beneficio médico y tampoco que cuando se le otorgó su segundo Premio Nobel, tuvo que luchar por él viajando a Estocolmo con su hija cuando algunos no se lo querían dar por el hecho de tener un compañero sentimental aunque era ya viuda. Otro caso más reciente es el de Lise Meitner, judía-vienesa, aunque nopracticante. Desde muy joven luchó por su educación, entonces la superior era negada a las mujeres. 10 años después del descubrimiento de la radioactividad empezó a trabajar en ella. Conoció a Otto Hahn y dicidieron estudiar radioactividad juntos. Como Curie, vivió muy flugalmente. Descubrió varios elementos radioactivos. Tuvo que huir de la Alemania de Hitler y refugiarse en Suecia. Su trabajo conllevó al cálculo de que la rotura de 1 gm. de uranio equivalía energéticamente a 2 y media toneladas de carbón. Ella y Fried lo bautizaron con el nombre de fisión. Aunque estuvo nominada para el Premio Nobel, éste se lo concedieron, injustamente, sólo a Hahn. Ella nunca se quejó y siguió hablando bien de todos. Muchos años más tarde, ya anciana fue por fin reconocida con el primer Premio Fermi. Otra gran científica de nuestra época fue la especialista en cristalografía Dorothy Hodkin (luego Crowfoot), una persona de gran sencillez. (en mi opinión es sorprendente, casi indecente, y otra muestra de los ejemplos que hemos dado de considerar a la mujer como posesión del hombre, es el que la mujer adquiera el nombre del marido en los paises anglosajones), uno de sus primeros logros cuando muy joven fue deducir poco después de su aislamiento por Florey y Chain la fórmula de la Penicilina basada en la cristalografía. Ello sorprendió e irritó a muchos. Fue una trabajadora incansable a pesar de sus problemas artítricos que se lo diagnosticaron cuando era muy joven. A pesar de ello tenía que subir por una escalera, prácticamente de mano, a uno de sus laboratorios y nunca se quejó. Sus trabajos sobre la Vitamina B12 le hicieron recibir, años más tarde el Premio Nobel. Otra gran luchadora, que todavía vive es Levy Moltacini. Como judía tuvo que mantenerse escondida durante su juventud en la Italia de Mussolini, aún así, trabajó en un laboratorio hecho en su dormitorio. En cuanto pudo emigró a EEUU donde descubrió, en la Universidad de Washingon, en Sant Louis, las señales que permiten orientar las terminaciones nerviosas. Después de recibir el Premio Nobel volvió a Italia donde sigue activa y luchando por la ciencia a una más que respetable edad. Pero para mí una de las más interesantes personalidades fue la de Barbara McClinton. Todos estamos acostumbrados a ver mazorcas de maíz con mezclas de colores. Ello la llevó a descubrir genes «saltarines» los llamados «Transposones» que fueron descubiertos y defendidos por ella cuando nadie la creía. Tardaron muchos años en darle el Premio Nobel. Era ya una anciana, pero con una esplendida inteligencia y capacidad de sacrificio. La humanidad no ha cambiado tanto pero si las apariencias. Como hemos visto se ha aceptado por muchos años que el matrimonio no tenía nada que ver con el amor, todos los arreglos de matrimonio estaban basados en interés y en realidad la mujer se consideraba como una pieza de propiedad del marido que era todopoderoso en su casa y todavía, en muchos casos, intenta seguir siéndolo. A mi siempre me ha impresionado la colección de Tapices conservada en el Museo Cluny donde figuran, entre otros símbolos, el león y el unicornio sumiso a la belleza. A la heráldica de los tapices, al vigor, a la delicadeza y a la fuerza que allí se representan, quiero añadir tres componentes más: la constancia, la imaginación y la inteligencia, el querer penetrar en las profundidades de los hechos, misterios casi prodigiosos, que muchas veces se mezclan con nuestro vivir de cada día para lo que las mujeres exceden como he recordado en este breve ensayo.
La pintura de Pilar de Aristegui explicada cronológicamente, y en sus diversas etapas. «Estas etapas están marcadas o inspiradas por los cambios de vida, que he disfrutado o padecido, y por la lógica evolución que muchos artistas experimentamos. Creo que la mejor manera de describir el origen y la evolución de mi pintura es dividirla en cuatro etapas, que aunque están claramente separadas, asumen al mismo tiempo, diversos grados de intensidad, y están unidas todas ellas por el mismo hilo conductor». La pasión por la pintura. La pasión por ser pintora. La pasión por conocer la pintura de otros países y disfrutar de otras formas, distintas, de expresión. Comprender cómo y porqué, otros pueblos se expresan plásticamente o vitalmente, de una manera diversa. «Pilar de Aristegui: Recuerdo, crónica, pasión y catarsis» Por los años 80 Carmen Martín Gaite, después de dar unas conferencias en Nueva York, cenaba en nuestra casa de Washington, donde, en ese momento, Carlos mi marido, dirigía la Oficina Cultural de España. Llegó Carmen muy elegante, con un delicioso sombrero, y recuerdo que dijo venir de Nueva York, por cuya Quinta Avenida, se había paseado con dicho sombrero, y que entonces, había sentido que eso era el triunfo. Recuerdo, crónica, pasión y catarsis 295 La documentación me llevó a conocer una serie de datos sobre las fiestas en cuestión: «Moros y cristianos» que se celebra en todo el Mediterráneo, tiene su origen en el siglo IX, por ejemplo, y son muchas las fiestas en las que todo el pueblo, sea en Elche o Javea, participa. El objetivo principal era, como decía, la crónica, contar como es mi país, de que manera gozan y celebran la vida, sus gentes. Los colores serían ñiertes, intensos, con una paleta cromática muy vibrante. Lo que yo no sabía, cuando los pintaba, es que esos cuadros se expondrían en Nueva York y que con el título «Spain is a Festival» el cartel anunciador estaría en la Quinta Avenida. La Oficina de Turismo de España, que albergaba la exposición era un espacio hermoso y muy activo. La Secretaría de Turismo eligió esos cuadros para el calendario turístico de España de 1985. Para entonces nosotros estábamos destinados en Washington, y al volver yo allí, me encontré con una llamada de María Landis extendiéndome, en nombre de su Gobierno, una invitación para viajar a Guatemala. Siempre que hablo de América la primera palabra que viene a mi mente es: MAGIA. Guatemala duele de pura belleza. Es su paisaje, son sus gentes, y son unas tradiciones que, heredadas de España, han sido bañados en los misterios mágicos mayas. Dos mundos de formidable personalidad se encuentran: el uno con la influencia todavía poderosa de los libros de caballería, pero despertando a una época de fecunda creación, el otro con la intensa imaginación de la mitología maya y el asombro de lo que se desarrollaría ante sus ojos. La exposición que surgió de ese viaje, sería un acto de amor, y una relación con América, que aunque ya había sido iniciada, años antes, desde mi infancia, con los relatos escuchados en mi casa, y luego mis propios viajes o estancias en América, se convertiría en una pasión, que me impulsa, recurrentemente, a pintar sobre América, su flora, su fauna, sus gentes, sus personajes. El camino lo hemos hecho juntos; unas veces con dolor, otras las más, con amor, y siempre con la misma lengua y la misma cultura. Yo tenía que plasmar eso en formas y colores. El color en Guatemala es original y de notables contrastes. Quise sobre todo pintar a la mujer guatemalteca. Siendo la columna vertebral del país, ya que en esa época sufrían a la guerrilla y al ejército, y no quedaba otro remedio que criar a los hijos, cultivar los campos y seguir adelante, no dejaban por un momento esa afabilidad en el trato que les distingue, y esos elegantes atuendo, que su tradición textil ha conservado a través de los Pilar de Aristegui tiempos. Mi primer contacto con las fiestas populares guatemaltecas fiíe «Los Barriletes» en Santiago Zacatepeque, entre Antigua y Guatemala capital. Cientos de cometas (»barriletes») acariciaban el aire, intentando así, enviar un mensaje a las personas queridas, ya residentes en el Cielo. Los colores de las cometas, unido al color naranja intenso de las flores y los miles de velitas encendidas, eran el espectáculo más alegre y esperanzador que se podía imaginar para la ocasión. La crónica empezaba ya a fimdirse con la pasión. El director del Museo de Folk Art (Arte Popular) de Nueva York, Robert Bishop, escribía «Pilar de Aristegui es una artista de su tiempo y para el ñituro. Con su vibrante paleta cromática y vitalidad de la ejecución, crea pintura, que gustará tanto a los amantes del arte del mañana, como gusta a nuestra generación...». Y añadía»...Cuando visitaba Guatemala, como huésped del Gobierno, las ideas para los cuadros de esta exposición, surgieron cuando la artista pudo observar a los indígenas tejiendo sus extraordinarias telas. Son cuadros de una artista solida y segura, que, con inusual habilidad transmite una intensa curiosidad hacia las gentes que pinta. Otra característica de su trabajo es un interés proñmdo por sencillas, y al mismo tiempo, complicadas composiciones» (2). Había encontrado un tema que me interesaba profimdamente: la gente y como la gente celebraba sus momentos de alegría, ahuyentando la derrota y sus tristezas y como lo habían perpetuado a través del Atlántico y a través de los siglos. Y todo ello con las pacíficas armas del movimiento y el color (3). Seguía viviendo en Estados Unidos y, a través de diversos viajes por los Estados de Texas, Florida, Nuevo Méjico y California, tuve la oportunidad de conocer las mismas fiestas de España y Guatemala, a veces solo con algunos nombres distintos. «Los Pastores» en Tejas; «Moros y Cristianos» y «los Matachines» de Nuevo Méjico; «Desembarco de Hernando de Soto» de la Florida, ect. Así surgió la doble exposición «U.S.A. is a Festival». Empecé a trabajar al día siguiente de terminar la exposición de Guatemala. Era un proyecto que tendría dos partes: Una exposición de fiestas populares netamente norteamericanas que se expondría en la Galería Portal's de Chicago y otra de fiestas populares de origen español, que tendría lugar en la Galería Carega de Washington D.C. El contacto con el mundo indígena norteamericano significó la apertura de unos nuevos y magníficos horizontes en mi pintura: los colores eran diferentes, los movimientos con ondulaciones distintas y con una extraordinaria fiíerza en su simbolismo. Recuerdo, crónica, pasión y catarsis Los franciscanos en Tejas representaban para los indígenas «Los Pastores», especie de Auto Sacramental en los días de Navidad, donde aparece la Virgen, el Niño Jesús, el Arcángel Gabriel, el demonio, los pastores, toda la iconografía tradicional española.(4) Me entusiasmaba ese mundo y quería profundizar en él; realizar estudios de algunas fiestas que se repetían en tantos lugares diversos y separados por miles de kilómetros; fiestas que se expresaban partiendo de un mismo origen, pero con una infinita variedad en la expresión, tanto en el simbolismo de sus personajes, como en la expresión cromática. Las exposiciones quedaron fijadas para junio del 1988 pero a mi marido le destinaron a Kenia y todo cambió súbitamente. Dejé todo organizado lo mejor que pude y partimos hacia Africa, pensando encontrar un país de gran riqueza etnográfica. Pero encontré un país modernizado, donde era difícil encontrar las viejas tradiciones. La flora y la fauna eran magníficas, y ya que yo quería ser cronista y pintar lo que veía, empecé a interesarme por la flora y fauna extraordinarias que encontré en aquel país. Así surgieron dos exposiciones, las dos llamadas «Kenia, la Bella», que tuvieron lugar en la sede de Naciones Unidas de Nairobi, y la segunda en la Galería Peironcely de Madrid (¡que experiencia estupenda exponer en Peironcely!). La naturaleza inmensa, grandiosa y avasalladora me hizo buscar otras texturas, y sobre todo, otra paleta cromática, donde verdes y azules se apoderasen del lienzo, creciendo también los personajes que protagonizaban fi-ecuentemente las mujeres Masáis, con sus magníficas «kangas» o capas de tejidos ocres, rojos y blancos. De esta exposición del año 91, me gustaría recordar un extracto de algunos de los críticos que más me han conmovido, porque me sentí comprendida y en una misma onda emocional. Escribía Carmen Rocamora: «Atrás quedaron sus «Mujeres de Ipanema», poseedoras de esa gracia ingenuista de su primera época tan cercana a la pintura «naif», que se han convertido en un eslabón inconsciente de su clasificada belleza temática. Porque entonces, su acción estaba subordinada al sentimiento, y, su Ímpetu de juventud, volcado en representar las señas de identidad plástica de una corriente popular, de la que era sin duda una de sus máximos exponentes. Pero Kenia ha sido sobre todo, el descubrimiento del mundo del color, de su carga pasional y de su humano poder de expresión. El dominio del drama de la luz y de la sombra, hace de la pintura de este último período, el más prodigioso símbolo de su euforia individual, y de su madurez interpretativa (5). En otra visión espléndida de la misma exposición decía Manuela Mena: «La nueva exposición de Pilar de Aristegui, en torno a la fauna y flora de Kenia, es resultado de su estancia de varios años en ese país. Revela un estilo plenamente formado y una decidida vocación por un Pilar de Aristegui tipo de pintura que, aim.que tenga sus raíces en lo «Naif», ha evolucionado hacia algo más complejo, en que la naturaleza no se presenta de una forma sencilla, sino con matices que rozan el simbolismo y, en algunos casos, un decidido surrealismo...»espacios silenciosos, llenos de paz y en su silencio, teñidos de una cierta melancolía. Es, quizás, una visión interior, MTi reflejo en el espíritu de un mundo difícil, de una naturaleza que puede llegar a ser hostil, que sus más bellas flores pone por delante, como si fueran una muralla defensiva, que impida nuestro avance en el espacio misterioso, tal vez amenazador que hay tras ella..». ( 6) Nunca me he preocupado mucho de analizar mi pintura. Habitualmente me meto en el tema elegido con pasión y curiosidad tales que sólo hay tiempo para documentarme y para sentir, y así poder expresar y transmitir, los símbolos y colores que son propios y a veces únicos, de cada asunto concreto. Es así que he querido elegir estas dos voces tan prestigiosas y sensibles con las que me he sentido en total comunión. La primera, Carmen Rocamora, habla de mi evolución y con los años he podido ver que si la hubo en ese momento y muy clara además. La pintura se hace más densa, tanto en el color como en la observación de la realidad social circundante. La mujer en Africa, es la columna vertebral de la sociedad: trabaja en el campo, en la casa, en la oficina, y además tiene muchos hijos. Nunca pierde la sonrisa. Mi admiración por la mujer está patente en esta exposición: sólo hay mujeres y naturaleza. Manuela Mena, entonces Subdirectora del Museo del Prado, habla también de esa evolución, pero apunta algo que para la mayoría quedaba oculto: en efecto, detrás de esos brillantes y luminosos colores, hay melancolía y sobre todo el aviso de un «mundo difícil» y amenazador. De hecho, en ese período, es cuando empiezo a utilizar la pintura como catarsis: la fuerte paleta cromática me servirá como ancla de salvación, es lo que me une con fuerza a la vida, y a la esperanza de tiempos mejores. La composición previene sobre un mundo duro, donde el peligro surge en un instante. Los colores no significan alegría, sino un desesperado deseo de vida. Describe algo también presente en mi obra: el deseo de la veracidad, «el análisis riguroso del botánico», la voluntad de hacer descripciones que sean una crónica veraz bien sea etnológica, botánica o histórica, de acuerdo con cada una de las épocas. Decido releer «El diario de abordo» de Cristobal Colón, y por primera vez, un párrafo de ese diario me conmueve de manera definitiva:» Allende Recuerdo, crónica, pasión y catarsis 299 de escribir cada noche lo que el dia pasare, y el día lo que la noche navegare, tengo propósito de hacer carta nueva de navegar, en la cual situaré toda la mar y tierras del mar océano en sus propios lugares, debajo de su viento, y más, componer un libro y poner todo por el semejante por pintura» (7). Siguiendo el mandato del Almirante me puse a trabajar. A estudiar, primero, como fue la odisea de Colón, para conseguir la realización de su proyecto, como eran las cortes de España y Portugal en ese tiempo, sus personajes, y la cartografía. Y como era ese continente sorprendente que Colón descubrió maravillado. Luego empecé a pintar, y me di cuenta, que los colores cambiaban, se hacían más limiinosos, los horizontes eran más abiertos y amplios; la epopeya tenía que ser contada de una manera dinámica y esperanzada. Dinámica, porque así debían de ser esas gentes de España, que acababan de terminar una guerra de siglos, y que tendrían que canalizar esa energía en una empresa, que pudiera ilusionar a todo wa país. Esperanzada, porque la ciencia, la cartografía, prometían un mundo amplio, casi ilimitado. El resultado ñie una exposición «Los viajes de Colón» que relataba los cuatro viajes del navegante. Por medio de 15 óleos grandes, 5 estudios preparatorios (al óleo también) y 14 acuarelas que eran estudios detallados para los cuadros posteriores. La exposición inauguró el Foro Iberoamericano de La Rábida el 24 de marzo de 1992, honrada con la presencia de S.M. la Reina. Me esperaba otra gran satisfacción: la segunda vez que se expuso «Los viajes de Colón» ñie en mayo del mismo año en «La casa de la Entrevista», lugar donde los Reyes Católicos reci-'¡t^^MWIñl^i^^^^^^^^^^-Miñ^ bieron a Colón por primera vez, en 20 de enero de 1486. «Descenso a tierra: 12 de octubre de 1492»: «En octubre en San Salvador está terminando la estación de lluvias, los insectos son intolerables. Para alejarlos, los negros de hoy, como los indios de ayer, encienden hogueras para ahuyentarlos». Esta es la explicación de la luz que creyó ver Triana viera tierra.(8),,LOS viajes de Colón: flora y fauna. «IV Viaje: descubrimiento de Honduras, Costa Rica y Panamá, 1502». Colón zarpa de Cádiz el 9 de mayo de 1502 con 4 carabelas y a finales de julio, el almirante entra en contacto con los mayas. Será la primera vez que un hombre del viejo mundo, tiene noticia de esa cultura. El cuadro tiene una atmósfera opresiva; el Almirante está enfermo; tiene gota y sufre una dolencia oftálmica que empezó en el tercer viaje; ha sufrido 26 tempestades y algún huracán, fenómeno que con el nombre caribe del dios del viento azota la zona de junio a septiembre. Tuvo también el Almirante, como relata en su carta a los Reyes, la experiencia de un eclipse, que aprovechó en su beneficio amenazando con él a los nativos si se negaban a denegar bastimentos que mucho necesitaba (9). Nos cuenta el almirante: «Parece que estas tierras están con Veragua, como Tortosa con Fuenterrabía, o Pisa con Venecia... y no pudo haber yerro porque hubo eclipses, el sol estaba en Libra y la luna en Ariete» (10) Presente en la escena, a su lado, por vez primera, un consuelo, su hijo Hernando con sólo 13 años, que con el tiempo se convertirá en el gran defensor de su padre, y realizará junto a Fray Bartolomé de las Casas la transcripción de «El diario de abordo». «Flora y Fauna I-II-III»: estos cuadros de gran formato, representan el intercambio botánico que se produjo entre los tres continentes y es un estudio de diversas especies de flora y fauna. Pero con la creación de esos tres cuadros, (que juntos son un panel de 4, 82 X 2, 10 de alto) empieza mi etapa de utilización de la pintura como catarsis. Los colores son fuertes, agresivos, parecen muy alegres pero en realidad son un anhelo desesperado de vida. Es la creación, en una etapa dura, diría trágica, donde la composición se hace densa con posibles peligros en cada recodo del camino. Es un mundo hostil, que hay que vencer con gana de vivir, pensando en los que aún están... y quieren vivir. En aquellos años, la pintura fue para mí, mi terapia. Mi tabla de salvación. La exposición «Los viajes de Colón», como decía, había sido para mí una necesidad de hacer la crónica de aquellos viajes extraordinarios y míticos, y una magnífica terapia en el momento oportuno. Unos meses más tarde, en septiembre, tuve «una oferta que no podía rechazar». Mi buena amiga María Rosa Calvo Manzano me entregó un manuscrito «El arpa en España, América y Filipinas», y me dijo que lo leyera y le dijera, si estimulaban mi imaginación. Siendo a propósito de América y España, pensaba María Rosa que me gustaría. Lo leí de un tirón y me encontré con un mundo extraordinario: la organización sin fallo de las reducciones jesuíticas del Alto Paraná, con sus artesanos fabricando los instrumentos musicales, algunos desconocidos para ellos entonces, ya que europeos, como el arpa, que llegaría a ser el instrumento nacional de Paraguay, y no sólo componiendo música sino creando una red de distribución de dichos instrumentos musicales en gran parte de América. En general, los misioneros de todas las órdenes religiosas, utilizaron la música, y también el teatro, como imán para atraer los indios a la religión, ya que éstos, en casi todas sus culturas, (inca, maya, azteca) utilizaban la música en sus ceremonias religiosas. Unido esto a la extraordinaria facilidad de estos pueblos para la música, ésta supuso un arma formidable y bien empleada, para la evangelización. El cuadro «Salón de música en Buenos Aires» nos relata la representación de la opera «La púrpura de la rosa» de Calderón de la Barca, con música de Tomás Torrejón. Dicha opera se estrena en Lima en 1701, en ocasión del advenimiento al trono de España de Felipe V, pero he querido situarla en Buenos Aires, porque en el siglo XVIII se crearon salones de música donde se representaban operas, y todo tipo de música culta y popular, incluso danzas extraordinarias. Destacan en esta época el violinista indio José Antonio Ortiz y el maestro de danza negro, Agustín Mejía (11). Cada cuadro iba acom-«Salón de música en Buenos Aires». pañado por unOS VerSOS de poetas españoles, San Juan de la Cruz, Rosalía de Castro, Garía Lorca, Gerardo Diego, y otros americanos como Sor Juana Inés de la Cruz, Amado Ñervo, Dulce María Loynaz. Me gustaría destacar entre la extraordinaria obra de Juana de Asbaje. Sor Juana Inés de la Cruz, unos versos sutiles y lucidos: «En perseguirme, mundo, que interesas? ¿En que te ofendo, cuando sólo intento poner bellezas en mi entendimiento, y no mi entendimiento en las bellezas?» Esta exposición se presentó en la Casa de América el 23 de noviembre y tuvimos el honor de que S.M. la Reina Doña Sofía inaugurase la exposición, presidiendo la presentación del libro y el concierto de música barroca americana. El patrocinio de dicho acto corrió a cargo de la ONCE, que nos regaló una experiencia maravillosa de eficacia, y saber hacer. La idea de «Hacedores de Europa» surgió a raiz de un viaje a Florencia, en 1992, con ocasión del V Centenario de Lorenzo De Medici. La lectura o relectura de Carlos I de Karl Brandi, o el «Lorenzo il Magnifico» de Ivan Cloulas, afirmaron la primera intuición. Pensé entonces que, por encima de guerras, fronteras y avatares de la historia, la cultura europea está siempre viva, construida paso a paso con aportaciones geniales de hombres extraordinarios que, en distintos campos, hicieron de Europa una cultura, no sólo para el viejo continente, sino para el mundo. La composición se torna más estructurada, los personajes se multiplican y la paleta cromática debe representar su propia época. Empieza una período de mi pintura, caracterizada por la crónica y la documentación. He dicho que los personajes se multiplican, y esto «Hacedores de Europa: Cervantes». Se debe a mi decisiÓn de «po-Recuerdo, crónica, pasión y catarsis ner en pintura» a todos aquellos personajes que contribuyen a crear una figura excepcional, aquellos que le preceden, preparando el camino, aquellos que le acompañan en su obra y aquellos que completan, más tarde, la misión comenzada. Es la descripción del trabajo de equipo, la ñierza extraordinaria que adquiere un proyecto cuando se unen la voluntad y la mente de varias personas extraordinarias. La exposición se inauguró el 23 de noviembre de 1995, en la Galería Kreyssler de Madrid. Al comenzar a dar forma al proyecto, pensé que no podía quedarse en una exposición plástica, que había que hacerle hablar, ponerle la palabra, convertirla en un libro. E inmediatamente pensé en solicitar la ayuda y colaboración de personalidades ilustres que escribieron los textos de «Hacedores de Europa». La documentación realizada para el cuadro de Aristóteles me aportó una serie de datos muy curiosos. Aristóteles en su tratado del color habla del azul noche «kuanós», del ocre, el blanco, el negro, un verde pálido, y sólo los colores que describe Aristóteles son con los que pinté ese cuadro. El libro terminaba con «Mozart». Los colores son mucho más suaves, en la media tonalidad, azules-grisáceos, blancos-grisáceos, representan su época, y la composición es mucho más dinámica, intentando intensificarse con la intensa vida del personaje, sus luces y sus sombras. Para Goethe el color es la trama esencial en el drama de la luz y las sombras. La teoría tiene una enorme importancia, porque sugiere explicaciones psicológicas de una gran proñmdidad. La exposición se completaba con una serie de óleos y sus correspondientes estudios en acuarela, (una veintena de obras) que describían las plantas medicinales europeas. Quisiera traer aquí y ahora, unos extractos de dos textos que significaron un gran regalo para mi. Regalo digo porque la sensibilidad e inteligencia de Fernando Hurtado de Mendoza y el genio y magia de Pablo Antonio Cuadra, supieron ver ya algo que sólo esbozaba mi mente. A raíz de la presentación de «Hacedores de Europa» escribía Fernando: Todos los óleos, mándalas inconclusas, resultan concéntricos, lo que pudiere hacer pensar en el sol, y por ello, en colores calientes. Sus colores armonizando con las pequeñas figuras, resultan tenues y delicados. En la mayoría de los cuadros hay un mundo de agua y de luz, dentro de la plenitud de una atmósfera que se baña en un halo azulado. Y si tuviéramos que abreviar la pintura de Pilar en una sola palabra, esta sería: Vida!.» (12) Me emocionó el artículo de Fernando, porque des-Pilar de Aristegui cubrió un motor de mi vida: el agua, el agua vida, el agua origen, el agua paz. Decía así Pablo Antonio Cuadra: «Cierro el extraordinario libro, pero mi entusiasmo y admiración prosiguen. Pilar de Aristegui ha editado una carabela cultural -rebosante de pasajes de todos los tiempos, que ella pintó en una secreta sintaxis de fisonomías y colores y esa carabela viene de Europa, pero atraca y hace su puerto en todo corazón americano-y desembarca. Y nos estremece porque lo que nos trae, fi'esco y presionante, es nuestro destino, continuar, expandir sin solución de continuidad ese espacio cultural que llamamos Europa». ( 14) Ambos habían intuido que el trabajo hecho, sobre Europa, era sólo una parte de un todo. La otra tenía que ser, debía de ser «Hacedores de América». Ellos sabían, yo sabía. Había sido un proyecto hecho con esñierzo e ilusión. Ahora necesitaba hacer algo que, hundiendo los recuerdos en las raíces del pasado, fiíera de nuevo una fiesta, algo lúdico y espontáneo. Y así surgió «Cuatro propuestas para una exposición» que tendría lugar en la Galería Peironcely, en febrero de 1998. Vivía yo en Roma, desde hacía un año, y los suaves terracotas, y los tenues verdes de ciudad tan hermosa, se iban adueñando de mis telas. Los óleos, esta vez, serían escenas de ópera. Escenas que habían quedado fijadas en mi memoria a través de los años y los países. Recuerdos vivos no aún nostalgia, de felicidad, que debe quedar fijada en la memoria, para cuando todo va mal, y parece que nunca escampará -nos sostenga su fuerza y su presencia. La continuación lógica y cronológica de «Hacedores de Europa», debía ser, tenía que ser «Hacedores de América». La casi mítica historia de España en América, me había siempre fascinado. Las historias oídas en familia, recuerdos de los destinos en América de mis padres, se unieron pasando los años a mis propias vivencias, ya con mi marido y con mis hijos en Perú y Brasil, y los múltiples viajes que realizamos para tratar de conocer mejor esa América que nos cautiva y emociona de manera singular. Este amor a un Continente espléndido, lleno de magia, de descubrimientos increíbles, de incógnitas históricas y de encuentro entre pueblos, me llevó a pintar los cuadros de «Hacedores de América». En esta exposición presentada en La Casa de la Parra de la mítica ciudad de Santiago de Compostela, y en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes, he querido transmitir mi admiración ante el prodigio de unas culturas, que naciendo por separado, supieron en encuentro fraterno, crear una cultura mestiza, llena de fuerza y dinamismo. «Hacedores de América: la pintura y arquitectura». «Hacedores de América: la literatura». Me gustaría poder transmitir el entusiasmo que yo siento por nuestra cultura común, y contagiar a los jóvenes el inmenso interés que se esconde, que vive, en las pirámides mayas y su literatura jeroglifica; la avanzada cultura de los Incas; la grandeza organizativa de los Aztecas; la inmensidad de las Pampas o la dulzura de las Islas, que influyó en un pueblo que se volcó en América con verdadera pasión, y produciría inigualables finitos, a través del mestizaje enriquecedor, en su barroco arquitectónico y pictórico; en el esplendor de su literatura; en su eficiente y solidaria evangelización; en sus intrépidas exploraciones; en sus magníficas Universidades; en sus nobles libertadores, y con la colaboración decisiva de sus «Hacedores Anónimos: la emigración». En esta época ya se unen casi indisolublemente la crónica y la pasión. Quiero hacer la crónica de im.a historia y de una cultura común, que, además de ser una interesantísima realidad, encierra un tesoro de información para comprender mejor América, y en consecuencia, a nosotros mismos. Hay varios aspectos que quiero señalar en esta serie «Hacedores de América»: uno es la participación activa y fundamental de la mujer, en la construcción de América. El otro aspecto que me parece destacable, es la participación de vascos, con la Corona de Castilla, sobre todo, en la navegación y las exploraciones. La Comisaria de la exposición en Santiago de Compostela, tuvo la idea excelente de comenzar la exposición con unos cuantos cuadros de «Los viajes de Colón» ya que con este trabajo, empezaba la serie de exposiciones de contenido netamente histórico. Siendo «Hacedores de Europa» la segunda exposición histórica, seleccionamos «Guttenberg o la imprenta», «Don Enrique el Navegante», «Lorenzo de Medici», «Descartes o la razón» y «Van Leeuwenhoeck el inventor del microscopio». El núcleo de la exposición es «Hacedores de América» que quiere presentar grandes personajes que en distintas actividades, en ambos lados del Atlántico, contribuyeron de forma decisiva a forjar América». El primer cuadro «las culturas pre-colombinas» comienza con una leyenda, sacada del Libro Sagrado de los Mayas, descubierto en 1705, por el Fraile español Ximénez. Al fondo, las ruinas de Copan descubiertas en el siglo XVIII por Diego Palacios. A la izquierda, tenemos la representación de las culturas Tairona y Kimbaya de Colombia; los Canaris de Ecuador, los Guaranies del Alto Paraná; y los Indios pueblo, Zuñis y Yaquis de Nuevo Méjico y Arizona. A la derecha, las culturas de la Costa del Perú: Nazka, Chimú, Chavin, Mochica, Paracas y Lambayaque. Encima, los Incas organizadores y guerreros, con Pachacuti coronado Rey en 1438 después de tomar la ciudad de Cuzco. Los colores son los propios de estas culturas: rojos tierra, blancos, ocres y negros. También están presentes los Olmecas, con sus característicos y extraordinarios tocados. Y por últimos los Aztecas, o Mexica Tenochticlan que del 1111 al 1521 D.C. dominaron los pueblos vecinos. La escena está presidida por Quetzalcoalt, la serpiente emplumada, Tlaloc, dios de la lluvia y Huitziloochtili, dios de la guerra. Presente también Fray Bernardino de Sahagun gran narrador del mundo azteca, en el siglo XVI. La famosa frase de Nicolás Nicolai, astrónomo de Catalina de Medicis: «Oh feliz nación española, cuan digna eres de loor en este mundo, que ningún peligro de muerte....» (15) divide el cuadro, en forma de rosa de los vientos en cuyos rayos está escrito dicho poema, de alabanza al valor de España, y las penalidades que tuvieron que pasar los españoles en algunos de esos viajes.
¿Qué significa la risa? ¿Existe algún origen común en su motivación? ¿Qué relación(es) cabe establecer entre el individuo que ríe y la sociedad en la que está inmerso? Responder a estas cuestiones, haciendo abstracción de otras que, pese a su interés 3, escapan tanto a los objetivos como al volumen de este trabajo, es nuestro empeño y nuestro deseo. En primer lugar cabe catalogar a la risa como una expresión, como una manifestación gestual de felicidad. Complacencia ante el deseo satisfecho, ante la plenitud. Cualquier madre sabe que la primera risa del recién nacido surge tras haberse saciado. El niño abandona el pecho, cierra los ojos, muestra una cara beatífica y sonríe. Cuatro meses más tarde descubrirá que risa y llanto son sus dos formas fundamentales de comunicación. Risa que desaparece si el neófito experimenta la molestia de un deseo o necesidad insatisfechos: opresión diafrágmica motivada por la presión del aire ingerido junto con el alimento, o generación de un impulso defecatorio provocado por la presión abdominal de un estómago repleto. Pero, una vez solventado el problema, la sonrisa vuelve, y la relajación es tan notable que, generalmente, el lactante pasa de la vigilia a la profundidad del sueño. Un nuevo aspecto ha surgido en la exposición anterior: relajación. La risa no sólo es expresión gestual de la felicidad, es también un mecanismo rápido de descompresión emocional. La tensión generada por cualquier tipo de sensación o sentimiento adverso: miedo, ira, angustia, dolor, etc. se vacía de contenido y se resuelve en la risa. Nada tan sano e higiénico como reírse tanto en sus aspectos fisiológicos como bioquímicos. Sin entrar en descripciones que no son al caso, la risa actúa sobre múltiples sistemas: relajación muscular, equilibración cardiovascular, regulación tróficohormonal, actuación sobre el sistema neurovegetativo, incremento del metabolismo basal, etc. Existen mil y una razones higiénicas para reírse. La sabiduría popular lo ha entendido muy bien. La persona adusta es catalogada como triste, amargada o mala. La alegría que acompaña a la satisfacción de un deseo o a la consecución de un objetivo se manifiesta en frases como: "Cuando ella me dijo que también me quería, me entró tal felicidad que me puse a reír como un tonto". "Después de una buena comida ves el mundo de color de rosa". Podrían ponerse mil ejemplos, pero basten los que anteceden. El único, sensu contrario, no cabe tomarlo en consideración: la denominada tristeza post coitum no es otra cosa que una invención de los moralistas, aunque no es menos cierto que si la relación sexual se aborda desde un sentimiento de culpa, la tristeza puede tener lugar 4. Pero, ¿qué sucede cuando la consecución de un deseo está vedada por una norma social que la impide? La adecuación del principio de placer al principio de realidad es sin duda, el mecanismo adecuado. Pero esa adecuación no se consigue sin gasto. La negación del placer primario trae consigo una tensión emocional que hace inexcusable un mecanismo de descarga, una sublimación, un vaciamiento de contenido que elimine la angustia. Bien es cierto que el simple quebrantamiento del tabú sería mucho más directo. Pero tal actuación -que tiene lugar en individuos asociales o aquejados de fuertes patologías-entraña el peor de los riesgos: la marginación social temporal o definitiva. A cambio, la descompresión emocional provocada por diversos mecanismos: la risa, la sublimación ideológica o afectiva, el éxtasis religioso, etc., resuelve el problema en sus justos términos: elimina momentáneamente la pulsión y nos retrotrae al momento inicial sin provocar una ruptura individuo-sociedad. En el caso del humor el mecanismo es bien claro: ruptura de la norma (colocándose momentáneamente extramuros de la normativa social) -descompresión en la risa-reaceptación de la norma y, por ende, reingreso en la órbita social. Este bascular del humor, esta temporalidad, da lugar a que la dimensión de la ruptura se traduzca en dos características tan dispares como complementarias: cuanto más se profundice en el quebrantamiento de la norma, el humor será más ácido, más corrosivo y, por tanto, más socialmente inaceptable, pero también más hilarante, aunque únicamente para aquellos que, por razones diversas, estén disconformes con el orden social en mayor o menor grado. Y he aquí una nueva característica del humor, su subjetividad, aunque no referida al emisor sino al receptor. Lo que tiene gracia para unos no lo tiene para otros; es más, puede constituir una ofensa tanto a su personalidad como a sus convicciones 5. Pero no cabe la exageración. La ruptura individuo-sociedad no es algo elaborado y consciente. Tiene mucho de mecanismo surgido del inconsciente. Freud equiparó -muy acertadamente-el mecanismo liberalizador de la risa con el de los sueños, en el cual, la represión desaparece, aniquilándose en una representación más o menos críptica. La risa y el sueño serían entonces la recuperación de la libertad prístina en un proceso orgiástico de desalienación (L.CH. pp. 906 y ss). En la medida en que la historia del hombre, de la sociedad humana, es la historia de sus represiones en aras de la sociabilidad, el contrato social es sin duda la alienación de buena parte de la libertad, mucho más que de unos hipotéticos derechos inscritos en un cielo ininteligible e inescrutable. La renuncia que comienza con la aceptación del tótem y la normativa del tabú se extiende rápidamente a cualquier actividad humana integrada en un marco social. No se trata de renunciar tan sólo al crimen, el canibalismo y la actividad sexual indiscriminada como apuntaba Freud. Todo, absolutamente todo, queda reglado en el marco tácito del contrato. Y esa renuncia impuesta empieza desde la cuna y conoce ya, desde sus orígenes, sus diferentes mecanismos de trasgresión en forma de carcajadas. I. NIÑO, ESO NO SE DICE ASÍ. NIÑO, NO DIGAS TONTERÍAS, NI INCONVENIENCIAS Aunque el niño sea sometido desde su nacimiento a un sistema reglado: la comida, el aseo, el baño, el vestido, etc., interpretar este sistema como impositivo resultaría excesivo. La imposición empieza coincidiendo con dos aprendizajes: el del habla y el del control de la micción, la actividad defecatoria, y manifestaciones aledañas. El niño aprende -y al hacerlo, modifica sus actitudes y conductas-a expresarse oralmente y, tras un período de libertad, a hacerlo correctamente. Padres y educadores le corrigen continuamente en aquello que es más difícil: género, número y tiempos verbales. Ni que decir tiene que el niño recibe mal las correcciones. es decir tonterías, inventar palabras carentes de significado, intercalar, anteponer y posponer sílabas a las habituales y la vuelta a la guturalidad 7. El niño, insistimos, recibe muy mal las críticas. No hay que olvidar que el que se rían de uno constituye una de las mayores humillaciones (L.R. pp. 216-7). Por eso celebra la ceremonia de la trasgresión entre iguales. Teme, y con razón, que lejos de reírse con sus aberraciones lingüísticas, los adultos las interpreten como errores y se rían de él. Este baile de preposiciones genera dos vertientes del humor. La primera, reírse de, remite estructuralmente a un doble sujeto: emisor y receptor (que pueden ser tanto individuales como múltiples y estar o no espacio-temporal presentes, como luego explicaremos) y un objeto (también individual o colectivo y presente o ausente). Como suceso, mas o menos inesperado (caso del adulto que se ríe de la actuación de un(os) niño(s), sujeto emisor y objeto se convierten en uno solo o, si se prefiere, el objeto asume vicaria e involuntariamente la condición de sujeto. Puede incluso no estar presente si su trasgresión queda escenificada de forma fehaciente. Pero, ¿de qué se ríe el adulto? La respuesta es obvia: de la ingenuidad del niño (E.CH. pp. 917-9), de su incapacidad para entender y cumplir aquello que está reglado, por ejemplo, hablar correctamente. No se reiría, e incluso es posible que se enfadara, o simulara estar enfadado, si descubriera que la trasgresión no es producto de una incapacidad del niño sino de una actitud de rebeldía 8. Es más, en el caso de que se riera, habríamos abandonado definitivamente la primera vertiente para precipitarnos en la segunda. Pero no adelantemos acontecimientos. Decíamos que reírse de viene motivado por una incapacidad del objeto involuntario de la risa. Es obvio que no cabe restringir esa incapacidad (que puede ser de todos los tipos imaginables: lingüística, fonética, física, mental, moral, política, etc.) al mundo infantil. Muy al contrario, adquiere una mayor dimensión cómica si la(s) persona(s) objeto de la risa son adultos, siendo valores añadidos su posición social, su capacidad económica, su poder, y cualquier otra circunstancia (la popularidad, por ejemplo) que les sitúe por encima del nivel social medio. El cumplimiento de la norma se convierte entonces en exigencia, planteando que la ubicación implica, sine qua non, la inexistencia de carencias e ineptitudes. El resentimiento social aflora, y la risa se trufa con el delicado sabor frío de la venganza 9. Es claro que un análisis minucioso de lo anterior nos alejaría del campo de la trasgresión fonética y lingüística, ampliando el espectro a todos aquellos mecanismos de la risa surgidos de la incapacidad. Volvamos pues sobre el lenguaje oral y escrito, intentando completar someramente su estudio. Ya sean provenientes de niños o adultos, es bien cierto, que transgresiones involuntarias en general orales 10, del lenguaje son muy frecuentes: metátesis, prótesis, epéntesis, paragoges, síncopas, idiotismos, etc. se escuchan, gracias a los medios audiovisuales en todos los foros; pero, sin duda, los más sobresalientes son determinados tipos de barbarismos que, a diferencia de los habituales (cambios de vocales o consonantes), sustituyen en una frase una palabra completa por otra similicadencialmente relacionada con la anterior, con resultados regocijantes 11. Pero, y con esto cambiamos de vertiente, si el receptor tiene la evidencia o incluso solamente la sospecha de que la transgresión no es involuntaria sino intencional pasa inmediatamente de reírse de a reírse con. La adulteración se convierte entonces en una muestra de ingenio a la que ni siquiera se exige originalidad. La intercalación de cualquier barbarismo bien conocido (máxime si procede de alguien famoso) en su conversación por una persona culta suele ser muy celebrada. Incluso lo que inicialmente empieza siendo reírse de pasa a ser reírse con al instante siguiente si la intencionalidad es evidente o presumible 12. Esta actitud de trastocar la incultura en ingenio se inscribe en una vertiente del humor que Freud define como "placer de disparatar" (E.CH. p. Inútil señalar su carácter trasgresor, pero si analizar sus diferentes modalidades. El propio Freud da inicio a su obra con un amplio tratamiento de los juegos de palabras (E. CH. p. 837), tan frecuentes en aquellos idiomas: alemán, inglés, etc. que los posibilitan y tan poco usuales en otros, como el nuestro, que no los facilitan. Señalar tan sólo que, aunque no siempre, el proceso ruptural genera una dinámica que unas veces pulveriza la norma y la sustituye por otra, que no es tan ajena a la anterior como quisieran los iconoclastas. Así, la nueva norma genera sus propias reglas y remite a la anterior como su imagen especular o deformada. Parafraseando a Lenin, el nuevo orden se construye sobre las ruinas del anterior y utilizando como cimientos sus viejos capiteles. Ocasión tendremos de estudiar tan subyugante proceso. La depuración literaria del placer de disparatar no ha podido ser más fructífera. Del juego de salón pasamos a fidedigno que la sociedad niega, que trata de disfrazar. En la visión de Swift, el fin -la justicia-desaparece, siendo sustituido por el medio, por el instrumento -los juzgadores y el sistema corporativo legal-que usurpan el objetivo y lo ponen a su servicio. Los servidores se convierten en amos que esclavizarán a la sociedad entera. Swift, lucidamente, intuye la degeneración, el encanallamiento de los aparatos del estado, de cualquier aparato y de cualquier estado, su evolución hacia formas corruptas, cuyo único fin es la autoalimentación y la reproducción por mecanismos en todo similares a los citogenéticos. Su objetivo final será el poder, la parte de poder que les corresponda. La justicia no intentará por tanto combatir la injusticia ni la violencia. Será la injusticia y la violencia misma ejercidas desde el estado. Ninguno de los teóricos de la acracia, desde Bakunin a Malatesta llegaron tan lejos como nuestro implacable dean. Como tampoco Marx y Engels, al decir que la propiedad es un robo, alcanzaron los extremos de Ambroise Bierce, el más duro de los humoristas norteamericanos, ante el cual incluso empalidece Sade, y la maldad de opereta del Conde de Lautreamont queda reducida a palabrería hueca. En Bierce, que llevó hasta el paroxismo el apuñalamiento del padre freudiano, en su Club de los parricidas, la justicia y sus instrumentos coercitivos no son otra cosa que una versión del hampa institucionalizada 21. Aunque podríamos continuar, llegamos con esto al final de nuestro primer recorrido en el que el chiste y la risa son la respuesta unas veces ingenua, otras amable, ingeniosa, ácida, airada, corrosiva, incluso asesina, a una represión de nuestra infancia, la que nos obliga a hablar bien, a expresarnos de forma amable y comprensible, a estructurar nuestra comunicación con los otros de forma lingüística, semiológica y políticamente correcta como condición sine qua non para vivir tranquilos y sin problemas en el seno dulce y acogedor de nuestra sociedad. NIÑO, DE ESO NO SE HABLA. NIÑO, ESO NO PUEDES HACERLO EN PÚBLICO Antes o después, y generalmente en paralelo con la correcta utilización del lenguaje, el niño debe aprender a controlar ciertos procesos inoportunos: la micción y el impulso defecatorio. Idéntico control se exigirá a los animales de compañía. Las reglas del tabú se explicitarán en tres direcciones: el "tema" debe esperar y desarrollarse en el momento y lugar adecuados; tras el aprendizaje inicial, el niño debe realiza ciertos actos 22 en privado; y finalmente, no debe hablar jamás de dicho tema o, en caso de necesidad, usar todo tipo de eufemismos 23. La imposición prístina que sufre el niño es la jerárquica. Encabezados por sus padres y, posteriormente, por sus profesores, los adultos no sólo organizan dictatorialmente su vida, sino que demandan sumisión y respeto. El niño acepta, como era de esperar, mal la imposición. Su disgusto y rebeldía se incrementan si descubre que las imposiciones son arbitrarias o cuando constata que una de las bases jerárquicas objetivas: mayor conocimiento, es endeble, cosa que, tarde o temprano y por universal y culto que sea su medio familiar, acaba indefectiblemente por llegar. Coloquialmente expresado, el padre acaba cayendo del pedestal y arrastra con él al conjunto del mundo adulto. No es aquí el momento de discutir sobre los papeles tradicionales patrios en la familia, ni su evolución o estratificación jerárquica. De una forma u otra, el joven acaba enfrentándose a una jerarquía que ya no remite a sus planteamientos y a su forma de entender la vida. Pero, y aún a riesgo de coincidir con Bergson, perspectiva halagüeña, la rebeldía juvenil no se encauza por los caminos del humor; no tanto por una falta de la madurez necesaria, como por lo profundo del tabú, que lleva incluso a que dicha rebeldía no se manifieste; sobre todo, cuando existen en el mundo adulto excelentes sustitutos del padre a los que cabe, sin el menor remordimiento, apuñalar con el sarcasmo: el mundo adulto, en general, encabezado por los educadores, a los que se unirán, lenta pero inexorablemente, todos aquellos personajes situados jerárquica y socialmente en escalones superiores. Pero si el tabú del padre -entendiendo como tal a ambos progenitores-es profundo, puede serlo más el de quién, asumiendo dicho papel, lo eleva a suprema categoría. Nos referimos naturalmente a Dios, en el contexto de las religiones monoteístas. No vamos de nuevo a profundizar en la génesis y trayectoria religiosas en los individuos y en el conjunto social, pero sí señalar que la profundidad del tabú obliga a que el sarcasmo anti-teo, exija previamente la negación de la divinidad. Los chistes y expresiones contra Dios, que incluyen naturalmente la blasfemia, tienen un doble carácter trasgresor: niegan la condición divina, equiparándola a la humana (degradación de un objeto eminente) y, al hacerlo, el sujeto se autoafirma en su falta de creencias; y actúan como provocación ante el segmento social creyente, insultándole. Pocos procesos hay tan beligerantes como el humor anti-teo y que revelen un grado de resentimiento social más profundo, nada extraño si se tiene en cuenta que no hay religiones socialmente neutras y que todas ejercen un alto grado de intervencionismo a nivel del conjunto social y no tan sólo de sus adeptos. Es, sobre esta base, que tiene explicación el evidente anacoluto de denostar aquello que se postula como una entelequia. Si hubiera que buscar un ejemplo trasgresor de este sarcasmo -que aunque relacionado no puede homologarse con el chiste antirreligioso-sería la famosa frase de Miller 26. Pero es preciso avanzar un largo camino hacia la edad adulta para comprender éste y otros planteamientos. Tarde, si tomamos como referencia la infancia, el joven toma conciencia de que está inmerso en una sociedad jerarquizada y que esta estratificación se plasma en dos niveles: el que conlleva una condición material mejor que la suya a la que se unen todo tipo de valores añadidos, con uno especialmente significativo y más reciente de lo que pudiera parecer: popularidad; y otro, que aquellas decisiones que le afectan escapan a su control y le vienen dadas por individuos poderosos. La insatisfacción que ambas constataciones genera se vacía de contenido algunas veces a través de diversos mecanismos: emulación, ensoñación en la cual el individuo se introduce en la vida del "otro" Pero todos estos planteamientos son mudables dependiendo de en que sociedad se generan y quién los genera. Empezando por esto último, no cabe homologar aquellos chistes o planteamientos sarcásticos surgidos del conjunto social y los que tienen una paternidad muy concreta: los enemigos u oponentes del denostado. En este caso, estamos de hecho y de derecho en el marco de un asesinato civil, al menos, en grado de tentativa; dependiendo de la virulencia de la enemistad y del campo de batalla donde se desarrolle. chiste político -porque de ese tipo de humor se trata-es la preparación artillera del terreno, previamente al ataque. Son la justificación de lo que vendrá o puede venir después. El chiste, la risa, adquiere aquí la condición de justificación perversa. Los chistes antijudíos fueron la preparación del holocausto, los anticomunistas y anticapitalistas la justificación de una política de bloques y la preparación psicológica de una posible guerra de aniquilación. Son, en la concepción más goebbelsiana del término, una forma más de propaganda. Pero pueden ser también una declaración velada de impotencia, una coartada ante la cobardía. Parafraseando de nuevo a Wilde 27, todos acaban matando aquello que más odian: los inermes y los cobardes con el sarcasmo y los poderosos con la ley y con la espada. El dictador odia en su egolatría la risa, pero no la teme. Pero esta imposición que supone una sociedad jerarquizada no se resuelve en términos sarcásticos hacía los poderosos; también ataca a carcajadas sus doctrinas, posicionándose en sentido contrario al planteado. Esta actitud iconoclasta conlleva más una rebeldía frente a la imposición que supone una cultura dominante que una posición radical a sus postulados; aunque no cabe ignorar un cierto grado de resistencia subconsciente al cambio. Así, el individuo obligado insistentemente a la utilización de eufemismos -a lo "políticamente correcto" (lamentable castellanización, una vez más, de la expresión inglesa)-responde con la barbarización, con la terminología cruda y con toda la incorrección política de la que es capaz. En esta guerra sin cuartel, las posiciones, ficticiamente, se radicalizan, alcanzando a veces, en el llamado "humor negro", grados de crueldad difícilmente imaginables, que no remiten a posiciones sentidas, sino que son una especie de "basta ya" a una imposición social y en la cual estando a favor de la víctima, se asume la condición del verdugo 28, y en las que se atenta contra lo más sagrado como el dolor y la vida humana. Es llegado el momento de ahondar en una característica ya apuntada del chiste y de la risa, en la que, tal vez, no hemos todavía profundizado ni puesto suficiente énfasis: el carácter grupal del humor (L.R., p. 16), la búsqueda de una complicidad en los espectadores, en los receptores, posicionándolos en la rebeldía, en la trasgresión. Ya sea oral, declamatorio o textual, el humor busca siempre difundir la subversión, incluso en las condiciones más difíciles para establecer la relación y comprobar sus efectos: desde el tex-to escrito, que establecerá una relación con un hipotético lector cuyas características y predisposición ideológica nos son desconocidas. Por ello, salvo aquellos humoristas que se quieren como "malditos", el autor cómico que aspira al éxito o el propagandista político que utiliza el humor como herramienta, plantearán la transgresión en aquellos términos que puedan ser asumidos -y aplaudidos-por un segmento amplío de la sociedad o, al menos, por sus correligionarios. El humorista perspicaz sabe de antemano que va a hacer reír; conoce la sociedad "real" y sus resentimientos y desacuerdos con la sociedad "oficial". Viceversa, el propagandista que utiliza el humor trata, desde posiciones oficiales, de yugular la disidencia en la sociedad real. ESTÁ TERMINANTEMENTE PROHIBIDO PENSAR EN ESO Y DECIRLO. AQUEL QUE LO HAGA SE EXPONDRÁ A LOS MAYORES PELIGROS Y A LOS MÁS TERRIBLES CASTIGOS (AHORA Y POR TODA LA ETERNIDAD) Llegamos ahora al gran tabú, aquel que, aunque empieza a imponerse a una edad más tardía (pero notablemente temprana), acompañará al ser humano a lo largo de todo el ciclo vital, desde la cuna a la fosa: la regulación social del impulso genésico; la socialización de la sexualidad. Aunque un análisis de los mecanismos de regulación genésica de los seres vivos, tanto del reino vegetal como animal, se escapa a las dimensiones de nuestro trabajo, algunas consideraciones previas es necesario establecer. Por caóticos y dilapidadores que puedan parecer los mecanismos de reproducción vegetal o aquellos zoológicos que tienen lugar de forma externa y en el seno del medio vital, caso de la mayor parte de los animales acuáticos, obedecen a estrategias razonables (no razonablemente "pensadas", sino en cuanto a los planteamientos causales y sus resultados) que aseguran la perpetuación de la especie, un grado de hibridación aceptable que procure el necesario intercambio genético y una capacidad de mejora evolutiva frente a situaciones adversas o superadora de incapacidades intrínsecas, etc., entendido todo ello a un nivel microevolutivo de las poblaciones. Estos mecanismos reguladores no lo son únicamente a nivel de gametos, sino también de los individuos antes de alcanzar la capacidad reproductiva. Aunque esta duplicidad selectiva se mantiene en aquellas especies zoológicas superiores que han generado mecanismos reproductores que interiorizan más o menos los procesos de unión genésica y protección prenatal, la regulación del primero de los procesos da lugar a etologías complejas y mecanismos de relación entre los individuos que suponen la clara incidencia del "poder" en la sexualidad. Esta "voluntad" de poder -en el sentido nietzscheano del término-y su explicitación mediante el uso de la fuerza, enfrenta a los individuos y deviene en un proceso de jerarquización -basado fundamentalmente en la edad-cuando el aislamiento individual y familiar desaparece para vivir en sociedad. Conviene aclarar que, frente a la restricción que supone para el individuo, una sexualidad reglada y sometida a una ordenación jerárquica, obtiene algunas ventajas: la pelea por el sexo pierde su carácter cainita de aniquilación más o menos total; y su consecución, aunque restringida, se torna accesible. Ni que decir tiene, que las sociedades humanas, aún manteniendo, de forma bastante más evidente de lo que parece, los planteamientos etológicos iniciales, articulan el proceso, introduciendo elementos culturales que, actuando a favor de obra, aseguran, a aquellos que detentan el poder, un control más o menos férreo de la sexualidad en el marco social de referencia. Y es, precisamente, esa regulación, ese control, en su doble vertiente: ideológica (moral, religiosa, cultural, etc.) y estructural (legislación, articulación social, mecanismos de coerción) lo que define a las diferentes sociedades humanas, desde las más primitivas a las más modernas: lo que las caracteriza. Sexo y poder; poder y sexo, inundan todo, generan todo, son fuente de ideologías, generadores de valores, articuladores de las relaciones entre individuos y del individuo con la colectividad. Y esos valores, esas ideologías y esas relaciones son, fundamentalmente, generadas por y para las clases dominantes -que las imponen en público y las trasgreden en privado-, dejadas caer sin gran énfasis sobre las clases dominadas 29, y subvertidas y puestas en cuestión por las clases emergentes. Pero, y en la medida en que en mayor o menor grado, afectan a todos los individuos, son permanentemente puestas en solfa por los mecanismos habituales de trasgresión: el humor, el chiste, la risa; porque no existe sociedad alguna por permisiva que sea que, al restringir la actividad sexual del individuo y reglarla socialmente, no genere en él la rebelión frente a tan enorme imposición que, necesariamente, obliga a la utilización de mecanismos de liberación de la tensión emocional, de sublimación y de descarga. Pero avancemos paso a paso, lo que siempre resulta altamente ilustrativo, en la implantación del tabú. Pronto el(la) niño(a) es inducido al conocimiento de su genitalidad y su correspondencia en los otros. De forma actualmente amable, y anteriormente violenta, el(la) niño(a) es informado, y toma conciencia, de que una parte de su cuerpo es diferente al resto y no debe ser expuesta a la visión de los otros 30. Conoce que hay dos tipos bien distintos de individuos, cuya diferencia fundamental es, precisamente, dicha genitalidad. Toma también conciencia de que esa característica no sólo es homologable en los adultos, sino que adquiere en ellos un grado tal que genera una sociedad dual 31. De forma igualmente temprana -y por aparentemente integrador que pretenda ser el sistema-la segregación por sexos va a tener una tajante implantación. Esta segregación lo será básicamente, en todos aquellos procesos en los que ambas genitalidades puedan entrar en relación, incluso a nivel visual. Aspecto este que queda muy aminorado entre iguales e incluso y paradójicamente, en las relaciones familiares con los padres 32. El niño es igualmente conminado a eliminar las referencias a la genitalidad en general y a su genitalidad en particular de los temas de conversación; así como a la prohibición estricta de tocar los genitales de otro (sea del sexo que sea), quedando su genitalidad propia como objeto de posteriores y más elaboradas prohibiciones. Todas estas cautelas vienen claramente a demostrar que, pese a que en su momento, las afirmaciones de Freud sobre la existencia de una sexualidad infantil 33 fueron negadas y levantaron un gran escándalo y las voces airadas de los sectores tradicionales y conservadores de la sociedad, ésta siempre ha actuado al articular la moral sexual como sí la sexualidad infantil fuera un hecho. Aunque nos movemos en un terreno mudable y que ha conocido una evolución histórica muy notable 33, al niño le es inicialmente vedado el conocimiento de la relación genitalidad-sexualidad-procreación y sus mecanismos. Las relaciones sexuales entre adultos se le ocultan celosamente y, normalmente, sólo de forma accidental llega a visualizarlas 34. Asimismo, pronto descubre que los adultos interrumpen sus conversaciones ante él y que esas inte- rrupciones devienen a menudo en risa. El niño adquiere la conciencia de que el conocimiento exacto de una parte importante de la vida humana le es negado. A retazos irá descubriendo algunos aspectos más o menos inconexos y, cuando eso suceda, aparecerán sus primeros tratamientos humorísticos del problema: el niño empieza a burlarse de los adultos con gran picardía, introduciendo términos soeces (recién aprendidos) en su lenguaje y referencias a la genitalidad propia y ajena y, sobre todo a algunos caracteres sexuales secundarios del sexo opuesto 35. El niño busca tres consecuencias con esta actuación: autoafirmarse (no soy tan tonto como creéis), castigar la actitud de los adultos hacia él, mediante la burla, y sacar de mentira verdad, es decir, obtener mediante una vía indirecta el conocimiento que inicialmente le es negado. Pero el niño carece, todavía, no de la capacidad humorística -como pretendía Bergson-sino del conocimiento suficiente y, sobre todo, de motivaciones objetivas suficientes para socavar las bases del tabú con la artillería pasada del chiste. dejemos pasar algunos años -los que separan la infancia de la pubertad-para que todo cambie. Los procesos sexuales son ya suficientemente conocidos y el impulso genésico manifiesto. Mal que nos pese tenemos ahora que profundizar, a todo riesgo, en un tema políticamente comprometido: la dualidad del comportamiento humano en los dos sexos y en su doble origen: biológico y socialmente inducido en un proceso de segregación, infinitamente más profundo que lo que de forma epidérmica se conoce como educación sexista. No hablamos aquí de roles tradicionales, ni de división social del trabajo entre los individuos de ambos sexos. La segregación a que aludimos -que no hace otra cosa que profundizar en los roles biológicos comunes a las especies superiores-genera dos bien diferentes modelos de comportamiento. Podríamos estudiarlos en toda su profundidad; pero no parece conveniente, ni necesario para nuestro análisis, cuando pueden resumirse en dos adjetivos que van a darnos luego mucho juego -todo el juego-al estudiar el chiste: comportamiento recatado en la mujer y desvergonzado en el hombre 36. Detengámonos un momento aquí para significar que este reparto de papeles va a modificar el triángulo del chiste: sujeto-emisor / sujeto-receptor / objeto. Contrariamente a la opinión de Freud (E. CH. pp. 892-5) y perfectamente intuida por Bergson (L. R. pp. 212-7), no existen chistes inocentes por oposición a aquellos que son "tendencio-sos". Los chistes son todos, absolutamente todos, malintencionados. Hay siempre un objeto, individual o colectivo, explicitado y evidente o más o menos oculto, de la burla, que es denigrado en la risa. La sociedad en su conjunto o sus segmentos de todo orden: clases sociales, grupos políticos, económicos, culturales, raciales, lingüísticos, elegantes o cursis, cultos o necios, etc. son objetos colectivos del humor. Personajes de toda laya lo serán individuales. A veces, la sociedad en su conjunto acabará puesta en solfa. Pero es aquí, en el denominado "chiste verde" donde aparece un campo de batalla singular: media humanidad denostando a la otra medía. O dicho de otra forma: los hombres riéndose de las mujeres y las mujeres riéndose de los hombres 37. Esto no quiere decir que esta separación sea tajante. Chistes anti-hombres se cuentan por hombres en reuniones masculinas o mixtas y, de forma idéntica, las mujeres se ironizan sobre su propio sexo. Profundizar en los contenidos respectivos ayudará a la explicación del fenómeno. El relato, historia, fotografía, película, locución oral, etc. de contenido sexual provocan, si el tabú no es lo suficientemente fuerte para crear mecanismos psicológicos que actúen como barrera o mediante el expeditivo método de su abandono inmediato, la excitación del receptor. Esta respuesta no es uniforme y depende de múltiples factores: el soporte del elemento erótico (el texto leído es mucho más excitante que el audiovisual), la habilidad del autor, es decir su conocimiento de los mecanismos que provocan la excitación y su plasmación formal; y la "idiosincrasia" del receptor: su grado de madurez sexual y cultural, su edad, su receptividad en cada momento determinado, sus mecanismos de defensa y rechazo, su voluntad de buscar, aceptar o rechazar el fin propuesto, etc. Algo, como puede verse, lo suficientemente complejo para permitir que lo que resulta excitante para un individuo no lo es absoluto para otro 38. En cualquier caso, el erotismo y su desvergonzada hermana la pornografía 39 son, fundamentalmente, un "escaparate del placer", y como tal, una invitación a un placer posible, transformando al receptor en actor. Este es "puesto en situación", en el sentido en que cabe hablar de la generación de cualquier otro tipo de emociones 40. El miedo, el terror, la tristeza y, como no, la risa se generan mediante mecanismos similares. Este "escaparate" va desde el suministro de un "objeto" erótico: p.e. la visualización de uno o varios desnudos o semidesnudos insinuantes que el sujeto tomará en sí mismo o utilizándolos como refe- rentes 41, a una descripción orgiástica que invite al receptor a sumarse a ella o utilizarla también como referente. Este segundo aspecto es, precisamente, el que origina que el erotismo textual sea más efectivo que el audiovisual. En el primer caso, el receptor partiendo de la descripción inicial, que le es ajena, construye su propio universo erótico, su propia orgía. En el caso del espectador audiovisual el continuo temporal del relato sitúa a este en una obligada pasividad; de tal manera que, o bien renuncia a seguir siendo espectador para poder construir su propio universo o deja a posteriori dicha construcción para no perder su condición expectante y no interrumpir la continuidad de la historia que se le narra 42. Pero toda esta construcción elaborada, toda esta filigrana orgiástica se viene abajo en el marco de la risa, esa gran demoledora de emociones; válvula de escape de situaciones que aspiran a ser resueltas, que se desean y a la vez se temen. Porque la búsqueda de la excitación erótica sigue pautas similares al placer morboso de aterrorizarse, de pasar miedo. Cualquier espectador de una película de terror -y, naturalmente, cualquier autor-lo saben: el espectador quiere pasar miedo, sabe que va a pasar miedo y eso le subyuga y a la vez le inquieta; ríe nervioso ante lo previsible-inesperado. Prevé el resultado pero ignora el mecanismo y el contenido. Accede a la sala y se sumerge en las aguas negras del miedo con delectación masoquista, pero, cuando realmente pierde pie, bracea, boquea intentando salir de las profundidades del terror. Se agarrará para ello a cualquier clavo ardiendo y el mejor, el único -porque cerrar los ojos no aminora la emoción, sino que la acrecienta, la magnifica en un universo propio-, será refugiarse en la risa. Si lo consigue, el autor habrá fracasado, aunque al espectador no le importe mucho, incluso lo prefiera. Esa "risita" nerviosa es idéntica a la que aparece en algunas personas al inicio de un relato o situación "subida de tono". Es la puerta de un escape inmediato y discreto. Si no logra sus objetivos y la provocación continúa, hay que pasar de la metáfora a los hechos y salir dando un portazo. Porque la risa sólo tiene validez un corto espacio de tiempo. Hay un primer estadio en que las emociones se hacen automáticas, irrefrenables. Luego vendrá su incrementación elaborada. Una vez sumergidos en la vorágine, la risa ya no vale, aunque lo que se plantea abunde en contenidos risibles: exageraciones, irrealidad, incluso chusquedades, etc. No importa que el relato sea vulgar, previsible, absurdo o zafio. La única solución consiste en hacer un notable esfuerzo de voluntad y escapar a la provocación: tirar el libro, salir de la sala, apagar el televisor y tratar de serenarnos. Y es que hemos querido esa provocación y, a la vez, la hemos repudiado como los espectadores de películas de miedo. Como queremos y repudiamos el universo de nuestros deseos, convertidos de inmediato en frustraciones y apelamos a la risa para evitar el ahogo en el océano proceloso de la angustia. No se trata ahora de escapar, de huir de la quema. Hay que eliminar el problema, deconstruir el tabú, nihilizarlo en lo banal. Por eso hay que destruir las bases de la arquitectura social en que se asienta, pulverizar los estereotipos. Hay que negar la mayor, hay que arrasarlo todo. Esa deconstrucción es tan demoledora como instrumentalmente compleja y variada. Pero, como en los otros casos aparece trufada con el gélido fruto de la venganza. Parcialmente falsos, moderadamente ciertos, los estereotipos del hombre y de la mujer son pulverizados. El acosador permanente, es decir, el hombre, no solamente es un amante inepto 43 es también un falócrata falsario, infradotado e impotente 44. Tampoco ellas saldrán mejor paradas. Su honestidad es hipócrita y el recato es tan sólo el antifaz de la lujuria 45. Otra institución a demoler es el matrimonio con el doble fracaso del amor y del sexo 46. Es, en este segundo aspecto: la sexualidad es sólo posible fuera del matrimonio, donde cabe anotar los pocos chistes de contenido sexual relatados por Freud 47. Aparentemente, algunos chistes de contenido sexual no son tan demoledores, pero con sólo profundizar un poco resultan serlo. Así, los chistes de homosexuales tienden a ridiculizarlos, son "anti" por antonomasia. En otros, la trasgresión, aunque utilicen elementos eróticos, palabras o situaciones subidas de tono, apuntan en otra dirección: antijerárquica, antisocial, xenófoba, etc. Pero lo más importante, es que en todos ellos lo que se ironiza es la falta de autenticidad del otro, su descalificación, su conversión en un hombre de mala fe, en un farsante. Falta de autenticidad que se denuncia no tan solo en las personas, sino también en las instituciones que, por eminentes que sean, se degradan al máximo. El chiste y la risa se convierten así en la forma de lucha más salvaje contra una sociedad que es fuente de toda represión. Más salvaje y, a la vez más inocua, más inefectiva. Algo que las sociedades puritanas -o lo que es lo mismo, políticamente ultra correctas-no comprenden. Censuran la risa cuando ésta es, precisamente, su tabla de salvación. FINAL: EL QUE SE RÍE DE TODO ES UN SIMPLE. EL QUE NO SE RÍE DE NADA, UN IMBÉCIL Nada hay tan necio como una risa sin motivo 48. Acérquese a un grupo de niños o muchachos con cabeza más o menos hueca y pregúnteles algo. Obtendrá con respuesta un balbuceo y una risita. Conecte el televisor y siempre encontrará la imagen de alguien que, tras decir una vaciedad, encima se ríe. Los humoristas de verdad, los buenos, no ríen: hacen reír. La risa es el lenguaje con el que hombres inteligentes se dirigen a sus iguales 49. La risa hace reír porque es ingeniosa, creativa, porque es capaz de sorprendernos con lo inesperado. El chiste (el humor) es un tropo, como la metáfora, o mejor aún, es una tropología, un universo de tropos que se concatenan unos con otros, que se recombinan de todas las formas posibles. Nos reímos porque estamos molestos, porque somos unos resentidos. Nos indigna que nos impongan restricciones de todo tipo, y que encima nos las impongan sin razón. Vivir en sociedad ha hecho del hombre un animal neurótico, aspecto que, lejos de disminuir, se ha ido incrementando en la evolución a sociedades más regladas. Diríase que la neurosis es el precio de la civilización. Car la rire est le prope de l 'homme" nos dice Eça de Queiroz recordando la frase del Rabelais en La decadencia de la risa y añade: "el infeliz está condenado al bostezar infinito". Es el exceso de civilización lo que nos hace cretinos, asevera 50. Tal vez por eso es iluso esperar que la cosa mejore. Es prácticamente seguro que irá a peor. Cuando la corrección política se impone, la neurosis deviene en esquizofrenia, cuya manifestación más notable es la doble moral. El recurso a la risa, el cinismo en forma de carcajada es sin duda la única medicina incruenta, el placebo social casi perfecto para evitar que la cosa degenere en paranoia, en una psicopatía que oscile entre el travestismo y el asesinato múltiple, u opte definitivamente por una lobotomía autoconsentida. Nos reímos porque la seriedad es estúpida. Porque el espíritu de "pesadez", de la "gravedad" es ridículo, como ridículos son los valores que genera. Nos reímos, por no llorar. Con Goethe somos conscientes de la imposibilidad de que los necios mejoren. Lo malo es que no mejoran, pero nos gobiernan; no asesan, pero nos manejan. Y tercera, porque siendo la risa una trasgresión, el autor de estas líneas la dedica efusivamente a todos los que en España, desde Larra y Mesonero, han sostenido y sostienen, desde el espíritu de la pesadez (gravedad) tan burgués y tan ridículo, que la literatura de géneros es subliteratura y no debe leerse. El resultado de tan sesudo ejercicio de la crítica es bien evidente: una producción literaria española tan universal como esplendorosa. 3 La risa y el chiste han sido y son estudiados desde múltiples puntos de vista y disciplinas. Aunque el presente trabajo aborda, fundamentalmente, los mecanismos de generación de la risa derivados del humorismo textual, existen tratamientos diferenciados del humor interpretativo-gestual, textual e icónico, así como sus formas mixtas: interpretativo-textual e icónico-textual. Estudiarlas no va a ser nuestro planteamiento, como tampoco analizar las distintas estructuras literarias del humor: el chiste, el relato humorístico, la historia breve humorística, el juego de palabras, ni su triple vertiente semiológica o sus formas: anacoluto, despropósito, ironía, sarcasmo, parodia, etc. Usaremos muchas de ellas de forma indiscriminada analizándolas desde un solo punto de vista: su carácter trasgresor. Aspectos relacionados con el humor y el chiste pueden encontrase en trabajos más o menos recientes, de los cuales citamos en la bibliografía algunos por si fueran de interés para algún lector. 4 Desde un punto de vista jocoso, la relación sexo-culpa ha sido abordada de forma feliz por Woody Allen en el episodio "¿Qué ocurre durante la eyaculación?" en Todo lo que quiso saber sobre el sexo (pero nunca se atrevió a preguntar) (1972). Un cura es expulsado a bofetada limpia del cerebro, responsabilizándole de introducir subrepticiamente ideas de culpabilidad que imposibilitan la erección. La relación sexo-hilaridad (alegría) se ejemplifica perfectamente en otro producto cinematográfico. La novia de El jovencito Frankenstein, Mel Brooks (1974), parodia de la "criatura" femenina de Whale, celebra alborozada su feliz relación con la criatura (cuya hipertrofia genital es anteriormente comentada) entonando a voz en cuello romanzas operísticas. 5 Por ejemplo un chiste antirreligioso, extremadamente grosero o subido de tono. 6 En las reuniones infantiles -siempre y cuando no exista entre ellos uno(s) que por su edad pueda(n) representar el papel de adultos-se celebra la orgía de la subversión. Los niños hablan mal -en todos los sentidos-tanto con transgresiones fonéticas voluntarias, como por el uso de palabras prohibidas, elevan el tono a niveles no tolerados y generan jergas, y metalenguajes (la aposición de una sílaba como "ti" en las palabras fue durante un tiempo la más frecuente)
Autora de libros, artículos y ensayos que ven la luz en diarios y en revistas especializadas, participa en jurados nacionales e internacionales, comisaría de exposiciones y con frecuencia interviene como conferenciante. Enseñar a mirar la obra de arte es tarea primordial que mueve a su actividad, en un intento no solo de informar sino de aproximar la obra de arte al contemplador y hacer que sea cada vez más estrecha la línea divisoria entre arte y público. Del 10 al 17 del pasado mes de septiembre se celebró en Londres, en la sede de la Tate Modern, el Congreso anual de la Asociación Internacional de Críticos de Arte. En la organización y desarrollo del mismo participaron, junto con personal especializado de la Tate, que ha recuperado para su espacio lo que fue una central eléctrica anclada junto al Támesis, representantes del Departamento de Artes Visuales del Goldsmiths College. Más de trescientos profesionales debatieron desde puntos de vista diversos, en torno al que fue tema central del mismo: Arte Visual o Cultura Visual, La reunión puso de manifiesto, no solo la diversidad de criterios de los participantes, sino también la heterogeneidad de profesionales que hoy tienen cabida en la Asociación, además de críticos de arte, galeristas, directores de museo, profesores, curators o comisarios de exposiciones, gestores de colecciones privadas o públicas e incluso artistas. De la totalidad de asistentes, casi el ochenta por ciento eran mujeres procedentes de los siguientes países: Australia, Austria, Barbados, Bulgaria, Croacia, Estados Unidos, Hungría, Italia, Jamaica, Macedonia, Nigeria, Polonia, Reino Unido, República Dominicana, Rusia, Suiza y España. Cuarenta de ellas presentaron ponencias o participaron en el turno de intervenciones anunciadas, en tanto que la participación masculina se redujo en número a la mitad. La presencia de la mujer en el área cultural es un hecho que deja en el pasado las llamadas de atención que a principios de siglo lanzaran hombres de la categoría de Américo Castro, al manifestar abiertamente que «la vida española necesita de la mujer, si es que aspira a soltar su dejo de rusticidad»; de Ortega y Gasset, quien reclamó su asistencia a las aulas, o de Eugenio d'Ors, favoreciendo su inserción en el terreno de las artes. Tendría que transcurrir hasta el último tercio del siglo para que la incorporación de la mujer a la práctica totalidad de las áreas del saber fuera una realidad. Su actividad se hace sentir tímidamente desde principio del siglo en el terreno de la enseñanza, de la literatura y del pensamiento. También lo hace en el de la critica de arte, si bien su participación es todavía más minoritaria. Bajo el nombre de Silvio Lago, se oculta la personalidad del artista coruñés Joaquín Vaamonde (1872-1900), artista malogrado que había realizado un excelente retrato de la condesa en 1896. Aun cuando no se trata de crítica de arte en sí, resulta significativo que sea una mujer la que por vez primera incluya en su mundo literario el personaje de un pintor, y que además emita juicios realmente acertados sobre el ambiente artístico y sobre la psicología del artista. Hacia 1912 surgía a la crítica de arte la escritora Margarita Nelken. Casada con el también crítico García Maroto, que publicaba sus crónicas en El año artístico, Margarita Nelken publica en 1917 su libro Glosario (Obra y artistas). A propósito del mismo, Juan Antonio Gaya Ñuño en su libro, Historia de la crítica de arte en España^ expresa su sorpresa ante la valentía y novedad de sus juicios y el conocimiento que demuestra tanto sobre el arte español del momento como sobre el que se realiza en el extranjero. En los años 20 la escritora hacía la crítica de arte en El Figaro. En una de sus crónicas, a la vista del grabado de Picasso, La comida frugal, conocido también como El viejo y su compañera, comenta: «Es la obra de Picasso y es la obra nuestra, la que nos corresponde, la que nos satisface con sencillez, que encierra todas nuestras complejidades. Y hay algo en su pureza que está más alto que todos los trabajos, que lo aisla de los trabajos hechos para el arte y que lo hace estáticamente, solo para la vida». El juicio contrasta por su agudeza, con el que emite por entonces sobre el pintor malagueño, el crítico Ricardo Gutiérrez Abascal, que firma con el seudónimo de Juan de la Encina: «Para mi Pablo Picasso es pintor de gran talento; pero en ningún caso un precursor de tiempos nuevos, un abridor de verdaderos caminos. Más bien que un iniciador, es un epígono en rapsoda. Discurrir a lo largo de su obra es parecido a recorrer un poco precipitadamente por todo el arte moderno y no poco del antiguo. Picasso lo sabe todo y todo lo imita y reproduce». Gaya recoge en su libro estas palabras y añade: «lastimosa la exencia de olfato, a comparar con el muy fino de que había dado pruebas Margarita Nelken siete años antes»^. El ejercicio de la crítica de arte como actividad, no sólo informativa, sino valorativa y dinamizadora, era por entonces prácticamente inexistente. En estas circunstancias, uno de los acontecimientos más importantes para el arte español lo constituyó la fundación de la Academia Breve de Críticos de Arte. Solo por este hecho, de la total autoría de Eugenio d'Ors, merecería figurar su nombre en la nómina de los conductores y orientadores de la cultura artística del siglo. El escritor y crítico de arte Enrique Azcoaga, primer Secretario que tuvo la Academia, había conocido a d'Ors en mayo de 1940 y en carta escrita desde su residencia en México, a Manuel Sánchez Camargo, recordaba: «La idea inicial de d' Ors consistía en aprovechar el prestigio de los colaboradores reunidos entonces en la revista Santo y Seña, en un homenaje a El Greco, para defender el arte moderno. En España decir arte moderno era ofender a toda una serie de lázaros ramplones y anacrónicos enemigos hasta la nausea de la auténtica vanguardia».^ En el momento en que nace la Academia Breve la formación académica del artista era sólida y el dominio del oficio bueno, pero el resultado de la obra era frío e incluso amanerado. El respeto a la tradición sirvió de base al magisterio de d' Ors, que delimitó fronteras estéticas y enseñó a través de sus glosas y de sus libros, entre ellos Mis Salones, Cézanne o los dedicados al Museo del Prado, hasta que punto era necesario abandonar los usos de las Exposiciones nacionales. Artistas como Regoyos, Nonell y Solana cubrían con creces la mejor línea de creatividad, pero trabajaban aislados. Fuera de nuestras fronteras triunfaban las llamadas «escuelas de París» con Picasso y Juan Gris a la cabeza. El problema afectaba en España a una juventud que experimentaba deseos innovadores y no encontraba cauces para llevar a término su obra si no era con grandes dificultades. Ejemplo de ello fue la situación de desamparo que vivieron en sus comienzos artistas como Benjamin Palencia y Godofredo Ortega Muñoz o el mismísimo Solana. La Academia respondió a esa necesidad. En ella hizo su primera exposición Antonio Tapies y a su amparo se consagró Nonell públicamente como el maestro que era, cuando todavía carecía de reconocimiento. Con todo, lo más importante de la institución fue que a través de ella tomó forma una nueva conciencia entre los estudiosos y críticos de arte y el escaso público que por entonces visitaba las pocas exposiciones que se celebraban. La Academia Breve de Crítica de Arte celebró su primer acto público en mayo de 1942 en la galería Biosca. Poco antes y en reunión previa, había quedado establecida la primera cláusula, en la que se especificaba que el número de miembros sería once, tal como estaba previsto. En el acto inaugural hubo un solo cuadro de Nonell, Gitana, que fue cedido por el Dr. Blanco Soler, de su colección particular. El resto de las obras se pudieron mostrar al público el 16 de Julio, en un Madrid desierto por las vacaciones. En el catálogo de la exposición justificaba d'Ors el nacimiento de la Academia por el interés de un grupo de hombres de cultura a los que animaba la defensa e ilustración de las corrientes artísticas modernas. Y aprovechaba para denunciar a su vez la escasa preparación artística de crítica y público, haciendo hincapié en los primeros «ayunos muchos de ellos de conocer una sola página de arte contemporáneo universal»'^. No eran palabras halagadoras pero respondían a la verdad. En el I Salón de los Once, que abrió sus puertas en el otoño de 1943 en la Galería Biosca, figuraban obras de María Blanchard y Olga Sacharoff junto a las de Zabaleta, Pedro Bueno, Eduardo Vicente, Fujita, Jesús Olasagasti, Pedro Pruna, Manolo Hugué, José Serrano y Emilio Grau Sala. De Maria Blanchard, que había fallecido en París en 1932, se mostraron trece pinturas. Era la primera vez que el público contemplaba obras de la artista, a pesar de que había vivido y pintado varios años en Madrid. Entre las personalidades que integraron el I Salón se encontraba María Laffitte, Condesa de Campo Alange, quien celebró una sesión de lectura sobre María Blanchard, de la que escribiría un libro en 1944^. En el II Salón de Otoño, Eugenio d'Ors presentó la obra de Rosario de Velasco; Enrique Azcoaga a Benjamin Palencia; la Condesa de Campo Alange, a José Serrano; José María Alfaro a Joaquín Torres García... Estos y otros datos hablan ya de una incipiente presencia femenina literaria y artística. El mismo año 1943 se creaban Los Amigos de la Academia Breve de Crítica de Arte, dando cabida a políticos y personalidades de la vida social. Constituían, en palabras de su fundador, un «Estado Mayor que había de orientar los ejércitos de renovación del arte y de la vida artística en España». Eran 171 miembros, de los que más de treinta eran mujeres. Poco después establecía las bases que habían de presidir la función crítica. Consideraba como primer ejercicio de la crítica el de recapacitar, «Tras la recapacitación viene la comparación. Ese comparar y comparar; jugar términos opuestos, contrastar valores de ayer con propias aportaciones; sobre todo dialogar, abrir miradores para que todos digan con seguras razones los comos y los porqués». Y aún añadía que cumple al crítico la misión de propagar lo que se hace en arte. Después le corresponderá elegir. Esa misma misión le atribuye a la Academia Breve: «Cuando expone no enseña: jerarquiza. No es un reclamo, pero es un índice. Una tercera función será la de insustituible labor de ordenación: hasta dejar dispuestas las interpretaciones triunfantes en la pintura»^. Al amparo del clima renovador iniciado, en 1954 se funda la revista de arte Goya, que dirige Camón Aznar y edita la Fundación Lázaro Galiano. Un hecho de singular importancia fue la creación, siete años después, de la Asociación Española de Críticos de Arte. Tuvo lugar en Madrid el 8 de abril de 1961 y fueron quince los miembros fundadores, siendo su Presidente José Camón Aznar, el Secretario General, José de Castro Arines y Luis Figuerola-Ferretti su Tesorero^. Aún cuando no figura ninguna mujer en su acta constitucional, pronto pasó a contar con miembros femeninos, siendo una de las pocas instituciones que abrió sus puertas a la actividad profesional de la mujer sin el menor veto discriminatorio. Bastaba para pertenecer a la misma ser presentado por dos de sus miembros, entregar documentación escrita de la labor realizada, que evaluaba una Comisión de ingresos y llevar más de dos años ejerciendo tareas de crítica en un medio de comunicación. En la década de los sesenta la Asociación registra una intensa actividad. En 1966 tuvieron lugar en Madrid los Primeros Coloquios de la Crítica de Arte, con intervenciones de Gaya Ñuño, Valeriano Bozal, Manuel Conde, Juan Eduardo Cirlot, Carlos Areán y José Camón Aznar. Dos años después y entre otras actuaciones, la Asociación protestaba por la escasa presencia de los críticos de arte en Televisión Española, al tiempo que alertaba a las autoridades sobre la necesidad de emplazar esculturas en el entorno urbano y en la de crear museos de arte al aire libre. En julio de 1968 la AECA impartía su Primer Curso de Critica de Arte en Santander, en la Universidad Internacional de Verano y sus miembros sentaban las bases de lo que sería una crítica orientadora y constructiva: una labor que preside la exigencia del mejor hacer y pasa por aproximar la obra de arte al contemplador y por establecer un diálogo con la obra y con el artista. A finales de los sesenta ingresan en la Asociación las primeras críticas de arte. Elena Florez, Lina Font, Teresa Soubriet, Mercedes Lazo y Consuelo de la Gándara, son pioneras. A sus nombres se suman en los años setenta y ochenta los de María Teresa Ortega Coca, Carmen Bermúdez, Rosa Martínez de Lahidalga, Catherine Coleman, Amparo Martí, Carmen Rocamora, Julia Sáez Ángulo, Gianna Prodan y un largo etcétera, en Madrid; Beatriz Guttmann y Teresa Beriguistain, en Valencia; María Luisa Borras, María-Josep Balsach, María del Mar Arnús, Maria Teresa Blanch, Gloria Bosch, Teresa Camps, Maria José Corominas, Victoria Combalía en Barcelona. En las dos últimas décadas la presencia de la mujer en el terreno de la crítica de arte supera incluso a la del hombre y se hace extensiva a la casi totalidad de las comunidades autónomas. Trazamos a continuación el perfil de algunas de ellas, como indicativo de la actividad que la mujer ha desempeñado y desempeña en este campo. Elena Florez ingresó en la Asociación el año 1968. En el Tercer Programa de Radio Nacional de España organizó y dirigió los Coloquios de Arte y en el diario El Alcázar ejerció la crítica entre 1968 y 1988, colaborando asiduamente en las revistas Bellas Artes y Goya, donde continúa haciendo la recesión de libros de arte. Nombrada Académica Correspondiente de la Real de BB.AA. de S. Fernando en 1996, colabora actualmente en el Boletín de la misma y hace extensiva su labor a la participación en jurados, conferencias y congresos. Teresa Soubriet llega al mundo del arte de la mano de una seria actividad literaria y poética. Casada con el pintor y crítico de arte Ceferino Moreno, comisario en Bienales internacionales, toda su vida gira en torno al pensamiento y a la creación artística, al tiempo que ha ejercido la docencia como profesora de literatura hasta hace pocos años. La pintora y escritora Carmen Bermúdez, licenciada en Bellas Artes por la Facultad de San Carlos de Valencia y Doctora por la Complutense de Madrid, desarrolla tempranamente tareas de crítica en su Jaén natal, colaborando en el periódico Jaén. Cofundadora del grupo literario y revista El Olivo, ha publicado libros de poesía y celebrado numerosas exposiciones de pintura. Su ingreso en la Asociación Española de Críticos de Arte tuvo lugar en 1975 y en el seno de la misma desempeñó el cargo de Tesorera, siendo posteriormente Secretaria General de la Asociación Madrileña desde su Fundación. Carmen Rocamora inicia su actividad como crítico de arte con anterioridad a 1988, año en que ingresa en la Asociación. Sus estudios en Lisboa sobre Arte Portugués; en Roma en la Dante Alighieri, donde profundiza en el arte griego y romano, configuran un perfil que incluye la autoría de libros como Lo fugaz y lo eterno en la pintura contemporánea, Los nuevos dioses del arte actual y Veinte museos de arte contemporáneo del mundo, entre otros. En Valencia, Maite Beriguistain compagina sus tareas como crítica, al tiempo que pertenece a la junta directiva de la Asociación Internacional de Críticos de Arte y es profesora del Departamento de Estética de la Universidad de Valencia; en Barcelona. Victoria Combalía ha publicado importantes estudios sobre arte y artistas contemporáneos, es miembro de la Fundación Rockefeller y dirige el Centro de arte Tecla Sala. Imposible resumir el número de mujeres que a lo largo de estos años se han incorporado a las tareas de la crítica, aportando junto a una sólida formación cultural adecuada al ejercicio de la crítica, una peculiar vocación profesional. Pertenecientes a la Asociación Española de Críticos de Arte, que se halla en correspondencia con la Internacional, y con las asociaciones autonómicas, o fuera de toda vinculación institucional, son muchas las mujeres que participan en la actualidad en la marcha del arte: im.as desde la reflexión y estudio del panorama artístico, en relación directa con el artista y su obra; otras como gestoras de exposiciones o directoras de museos. Sirvan de ejemplo, por citar algunas profesionales entre las más destacadas, María Corral, directora hasta 1994 del Centro de Arte Reina Sofía y que dirige en la actualidad la colección de la Fundación La Caixa; Gloria Moure, exdirectora del Centro Gallego de Arte Contemporáneo o Carmen Jiménez, exdirectora del Centro de Arte Reina Sofía, comisaria de exposiciones nacionales o internacionales de primer orden, que hoy ocupa altas instancia en el Guggenheim de Nueva York. La crítica de arte ha visto ampliados sus horizontes profesionales dando cabida a los nuevos roles surgidos por una actividad que pasa de lo rigurosamente artístico a lo social, a lo político y lo económico, exigiendo la aparición de nuevos profesionales. No por ello deja de ser necesaria la actividad de quienes desempeñan tareas de auténtica crítica. Autora de libros, de artículos y ensayos que ven la luz en diarios y en revistas especializadas, participa en jurados nacionales e internacionales, comisaría de exposiciones y con frecuencia interviene como conferenciante. Enseñar a mirar la obra de arte es tarea primordial que mueve a su actividad, en un intento no solo de informar sino de aproximar la obra de arte al contemplador y hacer que sea cada vez más estrecha la línea divisoria entre arte y público En diciembre de 1986, con motivo de cumplirse el XXV aniversario de la Asociación Española de Críticos de Arte y coincidiendo con la celebración del III Congreso Nacional, quien esto escribe pronunciaba una conferencia sobre El reto de la crítica de arte ante el futuro^, en el Centro Cultural Conde Duque, en Madrid. El protagonismo del arte en la sociedad contemporánea -decía entonces-exige del crítico llevar a cabo un Rosa Martínez de Lahidalga análisis de la cultura y sumar a la vivencia de la obra la exigencia de ordenar el pensamiento y de ampliar el conocimiento a cuanto afecta al saber de su tiempo. Partía de considerar al crítico como a un espectador sensible con visión de futuro; un apasionado por conocer cuanto el hombre de su tiempo sueña, realiza o crea; un informador directo de lo que la obra es y un iniciador al mundo que contiene. Y estimaba como obligación inherente al mismo la de cumplir una misión crítica orientada por el estudio y el análisis, y una misión reflexiva y filosófica que trasciende con mucho a la simple tarea de informar, de anotar, de registrar cuanto la obra es. Ha habido momentos en que el oficio de la crítica de arte ha conocido el desprestigio. Hoy se ve salpicado por la incomprensión y por exigencias extraartísticas. La situación en que se desempeña la crítica de arte es, en sí misma, difícil. De una parte, el público exige que se le diga lo que es bueno y por qué, y pide una casi definición de claridades que el arte no admite en su totalidad y que el crítico no puede desvelar. El crítico tiene la obligación de permanecer lo más cerca posible, no solo de cuanto es arte, sino de cuanto artístico se gesta en sus proximidades. Además de ser un testigo de excepción, esta obligado a analizar el fenómeno artístico en sí mimo pero también como ingrediente determinante de la cultura moderna. El nombre de María Zambrano, ilumina de modo excepcional el panorama del pensamiento en torno al arte y a lo artístico A través de su pensamiento nos llega una manera de conocer el arte y el hecho artístico, que se halla impregnada de poesía y de filosofía, de sentimiento, sensibilidad e inteligencia. A lo largo de un complejo itinerario vital que pasa por diversas ciudades españolas -Madrid, Barcelona, Valencia-y por países como Chile; Cuba, donde permanece 13 años; Roma, donde residirá de 1953 a 1964; Francia, Suiza y al fin España, a donde regresa en 1984, mantuvo una estrecha relación con el mundo del arte a través del permanente contacto con pintores, escultores y artistas. De la importancia que en su vida tuvo la pintura habla en el prólogo a su libro Algunos lugares de la pintura, donde recopila artículos y ensayos^. «La pintura es una presencia constante, existe para mí, ha existido siempre, como un lugar privilegiado donde detener la mirada»...»Esa revelación, ese lugar privilegiado que se da en la pintura, no solo depende de los pintores, sino también de la predisposición de quien mira y aporta la revelación solo a determinadas miradas». El libro ofrece páginas inolvidables sobre la luz en Zurbarán, y su hermanamiento con Gris, en un espacio vacío; observaciones penetrantes so-La mujer, crítico de arte bre la a historia de España «que pasa por la luz de Zurbarán y por el no estilo de Velazquez»; o cuando revela esa primera condición de la pintura española que es contradicción: esplendor y ensimismamiento. Páginas también sobre Picasso, Miró, Tapies, Ramón Gaya, Gregorio Prieto, Angel Alonso, Juan Soriano, Baruj Salinas, Luis Fernández y otros artistas a los que trató y de los cuales escribió con una inteligencia y profundidad digna de la mejor crítica. A propósito de la comunicación y entendimiento que debe establecer el crítico con el artista y su obra, habla Juan Eduardo Cirlot^^ de un género muy extraño, pero de los superiores, que es el de la complicidad. Una complicidad que se advierte en el plano «metafísico y espiritual». En esta misma línea de entendimiento, en el Congreso Internacional de Críticos de Arte que acabada de celebrase en Londres, la ponencia presentada por el escultor Antony Gormley venia a destacar la importancia que en la gestación de la obra tiene él critico. En la suya, concretamente, crítico y artista habían caminado al unísono por una senda de silencios y estímulos, en la que a veces le había precedido el crítico con sus observaciones y pensamientos en torno a la obra. La crítica de arte no carece de sentido en el momento actual pero con demasiada frecuencia se limita casi exclusivamente su papel al de informadora o constat adora de cuanto confluye en la red que teje el arte contemporáneo. La cultura que genera la vida contemporánea trata de satisfacer una demanda surgida de la realidad contemporánea que es problemática. Ante la confusión generada por la diversidad del fenómeno artístico es necesario dar impulso a la investigación que ahonde en raíces aún vivas de las que emerge ese nuevo múltiple y diverso. Hay quien cree asistir al resurgir de la gran tradición abstracta de la pintura moderna, pero no puede dejar de constatar que se produce también el resurgir de una auténtica y frecuente vocación figurativa. El arte refleja a estas alturas del siglo un proceso general de disolución, un estado de crisis. Sus producciones son, a menudo, más interesantes como síntoma del clima de la vida moderna que desde el punto de vista artístico y no se ven todavía elementos constructivos, estables o duraderos. Domina el panorama un conjunto de tendencias intimistas, expresiones características de una espiritualidad que tal vez bajo el efecto de un traumatismo, se retiran al mundo de la subjetividad privada del artista. George Steiner, escritor, pensador y crítico francés nacido el año 30 del siglo reflexionaba recientemente sobre si ha pasado el tiempo de las grandes obras o, por el contrario, nos espera un renacimiento. Aun cuando no se atreve a negar que tal vez nos hallemos en vísperas de una gran Rosa Martínez de Lahidalga renovación, apunta a los científicos como los hombres que están llenos de esperanza y de confianza en sus conquistas futuras. Su duda sobre que sea el arte el que inicie la marcha creadora la basa en el hecho de que, hasta hace poco, las grandes creaciones han tenido una relación directa con la cuestión de la existencia o inexistencia de Dios. Si entramos en una época en la que tal cuestión carece de sentido, se trata de una época en la que toda trascendencia ha sido expulsada violentamente. Entonces cabe preguntarnos sobre si habrá todavía obras de la misma dimensión, si tendrán el mismo alcance y la misma ambición. Es posible que el hombre de hoy se encuentre menos mal en la atmósfera de un cierto arte muy moderno precisamente porque este refleja una especie de autodisolución del arte. Dominan en el mismo tendencias que tienen como consigna el arte puro en el sentido de puro formalismo y en el cual el contenido es insignificante. Y la corriente opuesta, en la que confluyen cuantas tendencias son reflejo del proceso general de disolución. Sus producciones son a menudo interesantes, no desde el punto de vista artístico sino como síntomas del clima de la vida moderna. Reflejan un estado de crisis, pero no aportan nada constructivo, estable o duradero. El mercado global con su insaciable apetito por abarcarlo todo se ha encargado de que no haya relajación en el sistema y que cualquier expresión cultural que no sea transparente al mercado sea ignorada. Asistimos a una cultura internacional de comunicación y espectáculo en la que el arte ha perdido su capacidad transformadora y en gran medida también su capacidad crítica. Ante este panorama la crítica de arte tiene que replantearse sus deberes. Arte y crítica de arte no son dos formas ajenas de cultura sino próximas y están llamadas a complementarse. Confiamos en una crítica que, esté realizada por un hombre o una mujer, abarque la reflexión y el análisis, desde el conocimiento. Al artista y del crítico los creemos capaces de dar noción de esos corpúsculos de luz que yacen en la esencia misma del hombre y que perfilan el camino hacia un mundo mejor y posible en cuya construcción todos estamos comprometidos.
Intentamos recoger en este artículo la dificultad de la mujer para ser reconocida por su valía intrínseca, en una sociedad que ha mirado siempre la prevalencia del hombre, para alcanzar puestos de responsabilidad, triunfos en el orden intelectual y, éxitos (a veces inmerecidos) en el mundo del Arte, Alguna vez he dicho, no me acuerdo donde, que el pasado s.XX devolvió a la mujer su protagonismo, tanto en el mundo del arte como en el de las ideas. El Impresionismo fiíe ya, en este sentido, tan avanzado, tan objetivo y tan valiente intelectualmente, que saltándose las reglas machistas de la época supo incorporar a sus filas a dos mujeres, valorándolas por sí mismas y dejando que algunos de sus grandes maestros se viesen influidos por ellas. Me refiero, naturalmente a Berthe de Morrisot y a Mary Casssat. Contrajo matrimonio con Eugene Manet, hermano del gran autor Edouard Manet, siendo primero la discípula de éste, luego su modelo preferida y finalmente su cuñada. Paul Valéry retrata su personalidad con estas palabras: «Representar en el lienzo sus experiencias, era para ella como si fiíese una fimción natural y necesaria, ligada a su régimen vital... dejaba el pincel, volvía a retomarlo, lo mismo que viene, se esñima y vuelve a nosotros un pensamiento»... Su figura es desconocida para muchos y para otros considerada como una Impresionista de segunda fila. Sin embargo creo que ha llegado la hora de reivindicar su importancia, ya que su obra fiíe tan lograda y llena de belleza como la del mejor impresionista, no solo por su colorido, sino por la captación de la luz y de la atmósfera... producto, todo ello, quizá, quien sabe, por esa BERTHE MORISOT. «EI niño en la cuna». Nacida en Pittsbur, de padre francés no solo fue admirada por Degas, quien dijo de ella: «He aquí alguien que siente como yo», sino del merchante Durant-Ruel, quien le abrió las puertas de la Primera Exposición de Impresionistas, llevada a cabo en sus salones.... Fue amiga de otra gran mujer, la r^^>''^^^fe^^'^'rá^^^^^^^^^^^^M^^^/M:^ esposa del coleccionista Havenmayer, aconsejando a ésta en la compra de obras de gran importancia, hasta el punto de ser considerada como la gran impulsora del Impresionismo, en los EEUU, donde el arte, era en aquel momento, por decirlo de alguna manera, inexistente. Ya, antes de nacer, María Gutierrez-Cueto, había sido marcada por un destino trágico y negativo. Llegó al mundo con una doble desviación de la columna, con curvatura posterior y lateral, debido a la caída de su madre embarazada, al intentar subir a un coche de caballos. Aquella niña contrahecha, perdida en sí misma, triste y solitaria no encontró consuelo en una madre altiva incapaz de aportar más que frialdad a aquel hogar necesitado de estímulo y consuelo. Creció entre las risas sarcásticas de sus compañeros de clase, crueles y burlones ante su deformidad y, una sensación de conmiseración y de lástima por parte de sus familiares y seres queridos. Solo su padre, hombre culto dotado para la pintura, supo comprender que aquella vida, inútil para la dicha y el amor, había de ser estimulada, y creó para ella un horizonte de esperanza. Aplaudía sus intentos de co-piar reproducciones de los grandes museos y le incitó a la pintura poniéndole profesores que sirvieran de ayuda a su posible vocación. María huyó de Santander, su tierra natal, buscando en París los últimos restos del Impresionismo que tanto había admirado. Pero el París que le recibió había cambiado. Braque, Picasso y Juan Gris estaban desarrollando su Cubismo analítico y ApolUinaire habia publicado su libro: «Les peintres cubistes». María regresó a España permaneciendo entre Madrid y Salamanca, consiguiendo ser profesora titular de la Escuela Normal de esta ciudad. Pero aquella bruja mítica de las que las gentes apartaban su mirada con gesto de repulsión, abandonó para siempre España en el 1917 y volvió a Paris para encerrarse en la vida mísera de los estudios y ateliers de la calle Maine. Su incipiente admiración por Juan Gris, se convirtió en amistad profunda y de su mano entró de lleno en l'Ecole de París. Su comunión con el cubismo era ya perfecta. De ella decía Jean Cassou: «La grandeza de su espíritu nunca será suficientemente elogiada, pues posee un universo de amor y de piedad, capaz de comprender que la Mujeres pintoras del siglo XX emoción más profianda, no consigue expresarse sino bajo el control de la razón clarividente». Por aquel entonces participó en el Salón de Otoño con «la Premiere Communiante», lo que mereció la siguiente opinión del crítico Vauxcelle: «Cuadro singular, de un poderoso carácter, pintado con un ciencia consumada». Pero la artista, acostumbrada a crecerse ante la dificultad, demostró también su capacidad de no dormirse ante el éxito, y, renunció a aquella pintura que le había sido revelada para volver a sus orígenes de auténtica raíz española. Federico García Lorca, la admiró sin conocerla, dedicándole un precioso artículo lleno de respeto y emoción. Su pintura llegó a ser comparada con la de Vazquez Diaz ó Valdés Leal... Pero la muerte de su gran Migo Juan Gris y el ingreso en el Convento de su joven discípula Isabelle Riviere, constituyeron un choque anímico excesivo para la pintora. A partir de ese momento, su vida se fiíé consumiendo en un claroscuro de éxito y de dolor....Hasta que en un atardecer de primavera de 1932, se fiíe, sin que nadie se enterase, sin ruido y sin importancia, como mueren los grandes artistas, cansada de su combate personal contra su propia figura y contra un mundo, que le ñie siempre hostil... Me voy referir ahora a otro grupo de pintoras actuales, no relacionadas entre sí, y difícilmente encasilladas en ningún grupo pictórico. Me gustaría mencionarlas ñigazmente, por el simple hecho de que su pintura, deslumhra al espectador, y, también porque a lo largo de mi vida, he tenido el honor de conocerlas y hacer una crítica de su obra. Son: María José Chapatte, Ana María Serrano, Pilar Domínguez Toscano, Angelina Contreras Lopez de Ay ala y Mercedes Gómez de Pablos. Sus composiciones son escenas vivas captadas en el borroso cristal de un espejo imaginario. Sus figuras aparecen como visiones arrancadas al sueño, en medio de un sentimiento de ansiedad intangible. Los seres que aparecen en sus cuadros, nunca pueden ser retratos de personas determinadas. Son producto de una imaginación que surge fantasmal salvada del dolor del tiempo... son sombras del huracán de su delirio imaginativo, encontradas un día en su irreprimible pensamiento... La humanidad, ha creado un estilo de vida artificial, falsificado, insincero y sin alegrías. Si volvemos los ojos alrededor nuestro, encontramos el predominio de la tristeza en unos seres cuyas horas grises, se arrastran entre la monotonía y la vulgaridad. ¿Cómo no va a buscar el pensamiento creativo, huidas en su sueño para olvidar ese cerco de intolerables realidades? María José Chapatte no es exactamente una pintora realista. Los fondos de sus telas están hechos a golpe de espátula, donde se adivina más que se ve lo que la pintora quiere mostramos, porque el contomo de las cosas no está configurado, sino apuntado en manchas de abstraedon, entre las que asoman vagas sombras de seres que nadie conoce... Ella no busca a su alrededor para pintar, encuentra en sí misma, los grandes espectáculos que su inteligencia crea, porque en su silencio, en su soledad está todo el mundo de sus sueños... «Autorretrato» Ana María Serrano El Ganges al atardecer. Sus gentes intentan olvidar el mal endémico del hambre, la falta de higiene, y los tifones periódicos que se avecinan, con una violencia tal, que segarán las vidas de muchos de ellos. Se sumergen en sus aguas conjurando fuerzas superiores, mediante formulas y ritos diversos, para abrir una puerta a la esperanza. El río sagrado les aporta la idea de un mundo sobrenatural, con el que necesitan entrar en relación... Ana María Serrano ha visitado Varanasiy, su recuerdo imborrable lo ha plasmado en unos cuadros sorprendentes, de difícil factura e imborrable mensaje. Sus figuras, son hombres cargados con el vigor de los dioses y con la paciencia y aceptación de los seres inferiores. Los cuerpos, nos traen el recuerdo de héroes mitológicos de la Antigüedad, pero sus miradas nos confiesan las prácticas más groseras y brutales, a las que les llevan sus creencias fetichistas y totémicas. La pintora ha contemplado los templos, situados a los lados del Ganges. Ellos son el centro de una doctrina que abarca, tanto la cosmogonía y la fi-Mujeres pintoras del siglo XX 327 losofía, como la medicina y el derecho de estos pueblos milenarios. Su alma ha quedado impregnada de esas figuras míticas: Indra, Agni, Rudra, Vanma, (Lluvia, Fuego, Calamidades, Cielo), y, a su vuelta nos ha traído un ejemplo de esas existencias, para hacernos meditar en la ñigacidad de las cosas mundanas y en la promesa del paraíso ó nirvana de esas vidas que se mueven entre el sufidmiento y el hambre, para conseguir mediante reencarnaciones sucesivas, la paz, la perfección y el reposo definitivo... Los Surrealistas, dedicaron sus vidas al análisis de los seres y de las cosas, hasta el punto de llegar a una esquematización de lo onírico. En España, si exceptuamos a Dalí y a Osear Domínguez, ha habido muy pocos pintores que se hayan consagrado a esta fórmula de exteriorizar sus conflictos interiores. Por ello, choca la aparición espontánea de la joven Doctora en Bellas Artes, Pilar Domínguez Toscano, con un Surrealismo visceral, que responde más a una sensación física, como el hambre o la sed que a un deseo de formalizar su pintura bajo ningún epígrafe o influencia. Exterioriza su forma de ver el mundo, como una pesadilla materializada. Se asusta ante sus propios monstruos, quiere huir de ellos, pero no puede, porque son el testimonio auténtico de su propio pensamiento. No se inspira en los maestros del Surrealismo. Su obra se asemeja cada día más a la de José Hernández, pero ella no lo sabe, simplemente, se levanta a las cuatro de la mañana porque necesita volcar su alma en una obra que oscila entre el éxtasis y el terror. Sus formas deshumanizadas son viejos fantasmas del paraíso perdido de su infancia. Son las apariciones de sus noches de pesadilla, de las que intenta huir sin conseguirlo....Porque Pilar Domínguez Toscano, Carmen Rocamora no ha comprendido todavía que en la desesperación de esas «Brujas de Salem» que ella representa, y, en las imágenes contradictorias y paranoicas con las que interpreta su comprensión de «Cien años de soledad», está la clave de su verdadera e intrínseca liberación. Angelina Contreras y López de Ayala Lleva en su paleta los verdes y azules del Mediterráneo. Trasplantada a Roma, cuando todavía era una niña, se le llenaron los ojos de imágenes del mundo antiguo, de vestales de mármol, de desgastadas casas de la Plaza de España, de la Escalinata de Trinitá dei Monti y de los pintores bohemios del viejo callejón de la Vía Margutta... Su padre, el Marqués de Lozoya, ñie durante largo tiempo. Director de la Academia de España, y allí la pintora tomó contacto con el mundo que iba a ser su vida, donde lo desconocido le abriría, entre las penas de la vida, un fantástico camino de esperanza. Su madre, Constanza Lopez de Ayala ñie una mujer singular, de una bondad inigualable y una sencillez infinita. Estuvo inmersa durante toda su existencia en ese ambiente literario y culto que acabo de describir, por ello, en 1986, muerto ya su marido, publicó un libro titulado: «Fábula, poesía, prosa», en el que con una belleza de sentimientos propia de su grandeza de espíritu, nos fue narrando los recuerdos de su vida en Ibiza, Roma, Segovia, lugares en los que quedó prendido su espíritu, porque en ellos habían transcurrido esos momentos de felicidad, que ella llenó de luz con el señorío de su viejo linaje. Angelina es de esas personas que no permiten que la vida «les gane la partida». Lucha con el corazón y la cabeza, aplicando la ilusión contra la dificultad...y a veces, después del esfuerzo y el cansancio de una tarde, cuando mira un cuadro terminado, creo que consigue la felici- dad, esa satisfacción Mujeres pintoras del siglo XX que da la vida y que nada tiene que ver con la frivolidad que nos rodea, porque es el impulso que afianza el espíritu y la personalidad. Cada día va imponiéndose deberes, obligaciones que ella cree que consigue con la ayuda del azar, cuando en realidad, lo debe todo a esa forma suya de afrontar la vida ¡sin dejarla pasar!.. Su obra es revolucionaria y ante sus cuadros, se recibe una impresión de deslumbramiento, porque el espectador siente, en ese instante la impresión de asistir a un mundo en creación... Sin embargo, en otros momentos, triunfa el dramatismo de su paisaje natal, de la Castilla oscura de ocres infinitos, en los que todavía resuenan los ecos de nombres como Unamuno y Machado... La pintora conoce, como decía Maurois, que no puede edificarse el porvenir en el desprecio del pasado, por ello, reforma y conserva, trabajando sin destruir, porque su experiencia vital le ha enseñado que no hay libertad sin seguridad, ni seguridad sin unidad, y su obra, tocada de sutileza e ingenio, consigue llegar a un equilibrio feliz. Mientras tanto su existencia asciende por una pendiente escarpada, flanqueada por precipicios sobre los que nunca podrá descansar. Cada minuto es un inicio, cada día una lucha... Y así en ese difícil juego, Angelina gana la partida, porque posee algo tan definitivo y escaso como el talento, que como decía Montequieu: «Es un don que Dios nos hace en secreto y que nosotros revelamos sin saberlo». Ella es como Disraeli, «el antiguo espíritu de la primavera, siempre renaciente, como símbolo de todo lo que se puede conseguir en un universo hostil, con la larga y profunda juventud del corazón»... Mercedes Gómez de Pablos El esfuerzo sobrehumano que tiene que realizar la mujer par conseguir el éxito, en esta sociedad presidida por el triunfalismo del hombre, es mil veces mayor, que el que tendría que hacer un varón, nacido, criado y apoyado desde todos los sectores de la vida pública para ese fin. Por ello, cuando aparece una excepción a esta regla general y surge una mujer que rompe los moldes de una sociedad hostil, es para mí un honor, desde mi condición de mujer, admirar su fuerza, valorar su creatividad y dar testimonio de su trabajo, porque ha llegado al triunfo, aceptando desde un principio su reto, como deber cotidiano y primordial. La pintura de Gómez de Pablos, es la meditación autónoma del color. En ella no es el dibujo el que da la orden al cuadro, sino el trazo continuo, el que produce el resultado final en la disposición de la luz. Es el arte, que adentrándose en ese espectáculo estético de la creación, es capaz de emular al ser superior, materializando lo espiritual hasta hacerlo palpable, en un acto volitivo que equipara a la mujer, mediante el ejercicio de su pensamiento y su capacidad de imitación, a la OEonipotencia de un Dios en acción... La selección de estas mujeres tiene un carácter meramente subjetivo. Podríamos citar muchas más, que, basándose en la dificultad como principio vital, creciéndose ante ella, no durmiéndose en el éxito, si alguna vez llegaran a alcanzarlo, luchan día a día por conseguir el reconocimiento de los demás. A pesar de todo, aún hoy nos movemos jen un momento de incertidumbre, de enormes esfuerzos, frente a grandes trabas y de mujeres extraordinarias que consiguen saltar al mundo de la valoración y del reconocimiento. Lo que ellas intentan es alcanzar la gloria y conseguir la sabiduría. Para lo primero, hacen suya aquella frase de Maurois, que dice: «La mayor parte de los seres tiene que estar conquistando y reconquistando incesantemente a los demás, pues éstos no se ofrecen a ellos sin presentar combate»... Pero al mismo tiempo no olvidan, y así lo demuestran incansablemente, el contrapunto que nos ofrece la frase de Séneca: «Si me ofreciesen la sabiduría, con la condición de guardarla par mí, sin comunicarla a nadie, no la querría para nada»... Colosal definición de estas mujeres que consiguen detener el tiempo en un instante, porque la belleza que crean, que transmiten, procede directamente de su propia belleza interior... MERCEDES GOMEZ DE PABLOS.
Hace ya muchos años que, dedicado especialmente a la mujer en mi quehacer diario de psiquiatra, trato de encontrar el perfil de personalidad más adaptado y representativo del ideal femenino de nuestros días. No es tarea fácil, lo sé, pero aunque sólo llegara a recorrer la mitad del camino y acertara a sopesar una vez más esos valores a los que todos nos referimos cuando sinceramente buscamos la perfección, habría sobradamente valido la pena. En ese sentido, la coincidencia entre mis investigaciones sobre la personalidad femenina de nuestros días y la maravillosa definición que de ella hace Revello de Toro en su pintura ha resultado para mí sumamente importante. Tanto es así que, tomando como referencia sus modelos, me he propuesto describir los viejos y los nuevos valores de la mujer de hoy, maravillosamente intuidos y expresados por este pintor universal y malagueño. Pero no solamente eso. Porque, en verdad, al describir a la mujer ideal desde el punto de vista del hombre de hoy, indirectamente estoy dando testimonio de la evolución espiritual y afectiva de este hombre, cautivado por la imagen de una mujer a su medida, o tal vez a la medida del hombre de los años 2000. Evidentemente, conozco las limitaciones de mi punto de vista, y una de ellas es ser varón. Pero eso es inevitable. También sería un punto de vista sesgado si el autor fuera una mujer. Aunque ojalá que alguna quisiera completar mi trabajo. Por el momento, sólo me asiste el derecho a emitir una opinión, la mía, sobre la mujer, como símbolo, como ideal y como aspiración masculina. Por último, me queda por aclarar aquello que en modo alguno ha sido mi intención en este trabajo: hacer una crítica de la pintura de Revello de Toro desde el punto de vista de la pintura misma. No me siento cualificado para ello. Lo que sí me permito añadir al supuesto de su valor estético y desde mi condición de psiquiatra es la certeza de que Revello forma parte de ese escaso y escogido grupo de artistas que han sabido llegar más allá de lo inmediato de su obra hasta el universal sentir de las gentes y comunicar un mensaje, que, en su caso, tiene que ver con esa exquisita mujer que a nadie pertenece pero que a todos llena su corazón de gozo. El título de este artículo puede resultar ambiguo, aunque, sin duda alguna, sugestivo. Porque nada hay tan sugestivo como lo ambiguo cuando el amor se percibe, palpitante y velado, tras la sonrisa de una mujer o la sutil nostalgia de una mirada perdida. «Por una mirada un mundo, por una sonrisa un cielo, por un beso... yo no sé, qué te diera por un beso...» -Repetía Bécquer a la mujer de sus sueños-. Se recoge en este artículo un análisis del perfil de la mujer pintada por el maestro Félix Revello de Toro, desde el punto de vista de la psicología moderna. Porta Tovar, psiquiatra de profesión, estudia minuciosamente los detalles de las modelos^de su pintura, para descubrir, a partir del conjunto de todos ellos, ese perfil de la mujer ideal, sublimado e inalcanzable, pero presente y sugestivo en el subconsciente colectivo del hombre de nuestros días. Hay temas tan apasionantes y tan complejos, como la psicología de la mujer, y a la vez tan ligados a la historia y a la cultura, que intentar profundizar en ellos constituye siempre una aventura arriesgada y comprometida. Pero si, además, lo que se busca es descubrir una realidad nueva o contemplar una antigua desde otra perspectiva, entonces cualquier estudio, y más sobre la mujer, significa un reto a la investigación histórica. El propósito de este análisis participa de ambos aspectos. Por una parte es una aventura interesante: penetrar en el corazón de la mujer a partir de una estética, la de la pintura. Por otra parte es un trabajo de investigación que pretende avanzar un paso más en la búsqueda de esa mujer inalcanzable, apoyado en la obra de Félix Revello de Toro. 335 Y tal ambigüedad es sugestiva porque nadie, que yo conozca, ha permanecido impasible ante la mujer con la que todo hombre nace un día hermanado, por misterioso destino. Sólo por una mujer se han abandonado reinos, despilfarrado fortunas, conquistado pueblos, sufrido destierros, redimido vidas y perdido otras en apasionados y desiguales duelos. Sólo por una mujer Prometeo robó el sagrado fuego de los dioses, Ulíses arriesgó su vida en lejanos mares y el Hijo del Hombre cambió el agua en vino y resucitó a Lázaro de entre los muertos. Tal es el amor, tales son sus frutos y tales los misteriosos caminos que sigue el hombre en su afanosa búsqueda. La mujer ha sido y es (antes de una manera y ahora de otra) el destino inmediato del hombre de todos los tiempos. Entendiendo por tal el último porqué y para qué de una vida satisfactoria y plena. 1980) Puede que no todos mis lectores estuvieran dispuestos a suscribir esta afirmación, aunque no me sentiría contrariado por ello. Porque, en verdad, cuando se trata de valoraciones afectivas, de formas de concebir la vida, el hombre o el destino, o de apuntar hacia el ideal o la utopía, cualquier opinión es respetable y cualquier afirmación categórica puede resultar sospechosa. Sin embargo, es Hcito que cada cuál exponga la suya y exphque el cómo y porqué de la misma. Es mi opinión que el hombre, nacido del amor, tiende al amor como por instinto, como si en su condición de hombre gravitara una fuerza de atracción infinita. Y en esa irresistible condición suya de eterno caminante encontrase a la mujer, verdadera carne de su carne. Así los dos, en el amor, son partícipes de una misma llamada a la que deberán de responder juntos y desde su propia experiencia concreta. De ahí que me guste hablar de destino inmediato: porque los dos, llamados a trascender el espacio y el tiempo, habrán de consumar su pequeño amor en el divino niego del que proceden en última instancia. En ese sentido, es legítimo decir que el destino del hombre es la mujer, igual que podría decirse de la mujer con respecto al hombre. Por eso el amor de esposos y amantes, cuando sublimado, ha sido siempre respetado por la historia y sacralizado por religiones e iglesias de cualquier tradición y credo. Atenea, Astarté, Venus, Heradia o Artemisa han sido, entre otras, las diosas que el hombre heleno o romano ha venerado en sus templos. Igual que el hombre de hoy venera a las suyas, que participan de una forma o de otra en el destino de sus vidas. Y partiendo de esa perspectiva teológica se entiende perfectamente la depurada síntesis de la figura de la mujer en la obra de Revello de Toro: no están claros, no se encuentran fácilmente los límites entre lo carnal y lo espiritual, entre lo profano y lo sagrado, entre lo humano y lo divino. Quizá en esta misma perspectiva haya logrado Revello representar a la mujer en su dimensión transcendente, envolviéndola, y con ella al hombre que la contempla, en la esperanza de un más allá sin fronteras. Puede también que el pintor, o en todo caso su humilde comentarista, haya intuido en esa brillante ambigüedad de su pintura el insondable misterio de la Encarnación, por el que un Dios se hizo hombre y por el que el hombre, a partir de entonces, participa de ese mismo misterio y de esa misma esperanza. De hecho, seductoras y seducidas, dulces y amantes, ardientes y apasionadas, todas tienen para Revello la misma mirada de inocentes vírgenes y la misma actitud de dignidad y respeto. Todo, en definitiva, tan ambiguo como la vida, como el amor o como la esperanza misma. Sólo un detalle nos haría escribir el nombre de esas diosas de Revello con minúscula. Sólo un hecho nos volvería los ojos a la tierra que pisamos: que están solas y quizá pendientes de alguien a quien ofrecer su vida. Con tres excepciones que yo conozca, entre las cuales la pintura titulada «Seducción», en la que aparece un hombre reflejado en el espejo, las mujeres de Revello no se acaban en sí mismas sino al final de esa profunda mirada, donde las espera su amante. Todas ellas, mujeres enamoradas, anhelan, añoran, recuerdan o invitan a sus respectivos dioses a compartir sus dones, sus frutos y su destino. Algunas con una carta, otras con una flor, otras, en fin, con su mirada perdida o con su cuerpo, todas ellas nos hablan de aquel por quien su corazón suspira. Probablemente nunca se haya pintado el amor de tantas posturas y pocas veces se haya dicho tanto de él con tan pocas palabras. Fue una mañana de otoño, con ocasión del congreso anual de médicos escritores y artistas... Paseando por los corredores del bello edificio del Ayimtamiento de Málaga, descubrí, en el rincón de la galería de hombres üustres, presidiendo su noble porte y figura, \ma hermosa pintura titulada «Mis tres gracias» y firmada por FéHx Revello de Toro. (Mis tres gracias 1986) Inmediatamente acudieron a mi memoria otras dos obras geniales del patrimonio pictórico universal, que guardan, en mi espíritu, una cierta relación con aquella: «Las tres gracias» de Rubens y «Las señoritas de Avignon» de Pablo Ruiz Picasso. ¡Pero qué distintas las tres y qué distantes en el espacio, en el tiempo y en el mensaje de cada una de ellas! Las mujeres de Rubens son sensuales, ociosas, lúdicas y lascivas; las mujeres de Picasso, defi)rmes, maltrechas, contradictorias y rotas; y las mujeres de Revello, serenas, dulces, intehgentes, espirituales y románticas. En aquel momento, y acompañado por el grupo de congresistas, aquella impresión no pasó de ser una vivencia más de las muchas de aquellos días. Pero más tarde, en mi quehacer de psiquiatra, he seguido elaborando aquella vivencia y he llegado a sacar de ella una conclusión apasionante: la mujer, tal y como pintada por Félix Revello de Toro, es la expresión pictórica más genuina de la mujer de los años 2000 y responde «Mis tres gracias». José María Porta Tovar 338 perfectamente a las aspiraciones del corazón del hombre de hoy y de buena parte del colectivo femenino al que representa. Es verdad que esta conclusión sería precipitada si hubiera sido fruto únicamente del estudio comparativo de esas tres obras, pero también es verdad que, en un primer análisis, este ejemplo nos puede servir de referencia. Las mujeres de Rubens, en general, son carnales y vacías. Si yo fuera feminista las tacharía de mujeres-objeto. Y ello, después de considerar el contexto histórico-social y el estilo barroco de sus formas. Las mujeres de Picasso, con alguna excepción, como su madre con el niño, son mujeres sin identidad propia, a la búsqueda de sí mismas y destrozadas por la contradicción de su ser y de su estar en el mundo. Reflejo, sin duda, de la importante crisis que ha vivido la mujer en este siglo y que el artista dejó plasmada en su obra. Las mujeres de Revello, enigmáticas y sacralizadas, saben quiénes son, conocen sus valores y son portadoras de un mensaje de armonía que llega profundamente al corazón del hombre que las contempla. ¡Cómo no ver en esta simple comparación tres estilos de mujer, tres culturas diferentes! Yo diría que representan, a grandes rasgos, los tres estadios por los que ha pasado la mujer a lo largo de la historia: primero el de servil doncella de su amo y señor, segundo el de rebelde inquisidora de su propia personalidad y tercero el de compañera y guía de un hombre consciente de su finitud, angustiado por la soledad y sobrepasado por su propia historia. Pero eso no es todo, aunque todo comenzara ahí... Entusiasmado con esta primera intuición, busqué, contemplé, estudié pausadamente cada uno de los dibujos, carteles y pinturas de este artista malagueño, para llegar a una segunda conclusión tan interesante como la primera: Revello es el pintor de la mujer enamorada. Revello es, a mi juicio, el hombre que mejor ha sabido descubrir en la mujer y expresar en su pintura esa hermosa cualidad que es la ternura, nacida de un amor exquisito, evolucionado y libre, cuando sentido con profundidad por una mujer madura. A partir de esas dos primeras vivencias, que constituyeron para mí el gran encuentro con la obra de Revello, el resto fue tan fácil como placentero: Contemplar, una tras otra, las distintas caras y posturas del amor de una bella mujer innominada. Es obvio que todos los pintores, como todos los poetas o todos los músicos, han encontrado en la mujer un tema de inspiración de primer orden y que en todos ellos, de una manera o de otra, la mujer está presente en sus creaciones: «Sin la mujer -dice Revello de Toro-la pintura se Esa mujer inalcanzable. La psicología de la mujer en... vería privada de su más noble soporte»; pero también es verdad que es difícil, quizá imposible, encontrar dos de ellos que hayan coincidido en evocarla de una manera siquiera semejante. ¡Tan subjetiva es la inspiración y tan personales las vivencias que la mujer suscita en nuestro mundo interior! Y no sólo en el del artista, que es algo que se da por supuesto, sino en el de aquellos que contemplan su obra. En ese sentido sólo me atrevería a comparar las mujeres pintadas por unos y por otros en relación con ciertos aspectos, a menudo ajenos a la pintura misma, y siempre desde el punto de vista de la psicología captada en sus personajes. Tal es el caso, por ejemplo, de las mujeres de Miró y de Picasso: ambas me impresionan por la trágica y angustiosa búsqueda de su identidad y ambos pintores utilizan, a mi juicio, como vehículo de su mensaje, la ruptura radical de sus proporciones y formas. De igual manera, las mujeres de Rubens y Del Bosco me impresionan por su ausencia de vida interior y de trascendencia. Por el contrario, las mujeres de Boticelli, en especial las de sus obras «El nacimiento de Venus» o «La primavera», me recuerdan, por su personalidad, a las de Revello, a pesar del abismo de tiempo y estilo que las separa. Quizá porque en ambas, y más allá del color o de las formas de su cuerpo, subyace un algo de espiritual y divino que las asemeja. Finalmente, es difícil evitar la tentación de comparar con la obra de Revello la de otros insignes artistas contemporáneos que también escogieron a la mujer como tema fundamental de su pintura. Es el caso de Julio Romero de Torres, hijo predilecto de Córdoba, que durante su vida, y más tarde en el recuerdo popular, pasó por ser el pintor de la mujer española y particularmente andaluza: morena, hermosa, dulce y sensual. Aunque sus mujeres fueran solamente representativas de un colectivo social muy concreto y tan vinculadas a su entorno como condicionadas por sus propias tradiciones locales. Si cupiera una aproximación entre las mujeres de Revello y las de Romero de Torres habría que decir que las de Revello son más universales, más cultas, más independientes, más liberadas, más transcendentes y más protagonistas de su propia vida. En definitiva, que quizá poco más que su pasión por la mujer pudiera encontrarse de común en la obra de ambos, aunque, sin duda alguna, ambos pasarán a la historia de la pintura española de nuestro siglo. ¿Qué tiene, pues, de extraordinario, la mujer pintada por Revello de Toro para que mi encuentro con su obra haya sido tan importante en mi quehacer profesional y tan decisivo a la hora de emprender este trabajo de análisis psicológico? Quizá su pintura haya sido para mí el último estimulo que necesitaba para llevar a cabo un propósito que ya venia madurando desde hacía muchos años: Elaborar un diseño de la mujer de los años 2000, una vez superada la tormentosa crisis del feminismo. Porque, a decir verdad, muchas aguas han caído desde principios de este siglo, en que la mujer se decidió y realmente pudo tomar las riendas de su destino y encontrar, definitivamente, el lugar que le corresponde. Pero no todas las aguas han caído con igual fortuna en todos los campos: algunas han arrastrado árboles de exquisitos frutos y otras, en cambio, han logrado reverdecer viejos troncos y fecundar exóticas y desconocidas semillas escondidas en el corazón huraano. En efecto, hasta hace pocos años, la mujer había ocupado en la sociedad un lugar muy reducido, al menos en apariencia, y su imagen en la vida y en las artes respondía a esas limitaciones que la tradición venía perpetuando sin demasiada crítica. En este sentido, la revolución feminista del siglo XX se hacía imprescindible. Pero, por el contrario, como siempre sucede en la historia, esta liberación de viejos clichés y tabúes, que realmente empobrecían su vida y su persona, ha conducido en muchos casos al olvido de ciertas cualidades que la adornaban y enriquecían y a la adopción de otras que le son ajenas y que han desdibujado a menudo su verdadera y auténtica personalidad. Quizá sea ésta la ultima razón por la que mi encuentro con la mujer pintada por Revello haya sido definitivo: al fin había llegado a conocer a un hombre de nuestros días, y a un insigne pintor, que ha recogido y plasmado en su obra la misma idea de la mujer que yo intuía, desde hacía años, como la mujer ideal y más representativa de nuestra cultura y tradición mediterránea. La mujer de Revello es una mujer enigmática. Una de sus cualidades más características es el misterio que envuelve a su persona: el encanto de su mirada y el embrujo de su cuerpo desnudo, apenas insinuado tras los sutiles velos que lo recubren. La mujer de Revello es a la vez cercana y distante, seductora y sagrada, sensual y sublime, fecunda y virgen, en singular y contradictoria armonía. De ahí el sentimiento de fascinación que despierta en sus admiradores y de ahí también la enigmática sensación de inalcanzable que al contemplarla se experimenta. Revello es, a mi juicio, como ya he apuntado en su momento, el pintor de la mujer enamorada. Y esto es otra característica muy peculiar de su pintura. Porque, de una forma o de otra, resaltando un aspecto u otro del Esa mujer inalcanzable. La psicología de la mujer en... amor (la nostalgia, la seducción, la añoranza, la ternura, la soledad... etc.), esa mujer de Revello transparenta en su actitud o en su rostro una relación amorosa inconfundible. Diríase que el amor, en cualquiera de sus aspectos, forma parte esencial de su mensaje. Y en ese sentido, no puedo menos que recordar a uno de los grandes filósofos de nuestros días, el jesuíta Teilhard de Chardin, también antropólogo y teólogo eminente, cuando hablando de la evolución afirmaba que la fuerza fue la virtud característica del hombre primitivo, la inteligencia, la del hombre moderno, y el amor, en todas sus dimensiones, la cualidad definitoria del hombre y la mujer del futuro. Probablemente, aunque sin ir demasiado lejos, pudiera percibirse una influencia teilhardiana en la obra de Revello, que bien pudo recibir en las aulas del Colegio de San Estanislao de Málaga. Sea como sea, las mujeres de Revello nos hablan de amor desde cualquier ángulo que se contemplen. Y nos hablan de un amor cálido y sensual, pero, al mismo tiempo, profundo, personal, espiritual y trascendente. En definitiva, de un amor que invita a compartir unos dones, unas ofrendas y una vida, que es el camino hacia el más allá, hacia ese punto omega teilhardiano del retorno a la gran esencia. La mujer y el amor en la obra de Re vello de Toro Si dijera que el destino del universo es el amor muchos pensarían que estaba haciendo un discurso de contenido poético, otros que enunciando una hipótesis filosófica y muy pocos tomarían mis palabras como un serio postulado científico. Pero no por eso me iba a desanimar. Todo lo contrario: me sentiría doblemente estimulado a demostrar mi tesis, en el convencimiento de que sólo a través de esta experiencia puede el hombre alcanzar la felicidad y abandonar la vida con la satisfacción de haberla llenado de sentido. Estamos acabando el siglo XX y nos gusta recordar, año tras año, los avances técnicos y científicos realizados. Y de hecho son importantes. Pero no es menos verdad que cada descubrimiento nos abre los ojos ante un nuevo paisaje todavía inexplorado en el que hemos de iniciarnos desde los primeros pasos. En ese sentido, la mente humana es todavía un mundo sin explorar, en el que habremos de encontrar un día el misterio de nosotros mismos. Hasta hoy, sólo sabemos de estructuras anatómicas, de tejidos, de células, de glándulas, de secreciones, de aminas biógenas o de feromonas, pero ¿hemos esbozado el estudio de alguno siquiera de los complicados sistemas de la ¿Hemos, de alguna forma, logrado acercarnos a los circuitos neuroquímicos de la pasión, de la amistad, de la esperanza o del amor? Y, sin embargo, sigo manteniendo la hipótesis de que el amor es el destino del universo. Y si tal es el destino del universo, ¿no será también el destino de la mujer, última instancia de la creación conocida? Estamos iniciando los últimos momentos, los últimos compases de este cosmos en evolución, que inexorablemente camina hacia Aquel de cuyas manos salió en el amanecer de los tiempos. Si miramos hacia atrás, a nuestros orígenes, nos podría invadir un sentimiento de vértigo indescriptible: Imaginemos por un momento que la historia de esta tierra en que vivimos fuera la historia de una persona de 75 años. Hace 4.700 millones de años, cuando se enfrió el planeta y aparecieron los montes, los continentes y los mares, tendríamos que situar la fecha de su nacimiento. Siguiendo las proporciones, a los veinte años apareció la primera célula viva, aunque incompleta (procariota). A los 45 años (hace 2.000 millones) hizo su aparición la primera célula completa (eucariota). Y por ultimo, en las cinco horas antes de acabar su vida, apareció el «homo sapiens» (hace 35.000 años). En las cinco horas antes de expirar esa supuesta persona, hemos pasado del «homo sapiens» hasta el hombre de hoy, sin solución de continuidad aparente. ¿No es para sentir vértigo ante la grandeza del universo y del hombre? ¿No es para meditar, ilusionados, en la infinita grandeza de lo que somos y en el gigantesco esfuerzo que el universo ha hecho para producirnos? Sólo el amor es capaz de modelar con tal paciencia unas criaturas tales y despertar en ellas ese mismo sentimiento. Por eso, entre otras razones, no es difícil adivinar que el destino de la mujer, en estos últimos tiempos, sea concluir este maravilloso circuito del amor en el que todos nos sentimos vitalmente comprometidos. Y, en verdad, sólo el amor, el que uno haya dado y recibido en vida, tiene absoluta garantía de pervivencia y constituye la energía ultima que da sentido a la evolución del cosmos. La mujer pintada por Revello es una mujer amante. Probablemente también amada, pero desde luego amante. Y esto que, a primera vista, parece difícil de demostrar es algo muy sencillo para un observador cuidadoso: el amor, a diferencia del deseo, genera una actitud de ofrenda, de entrega, de generosidad, de abandono en el amado. Y esta es la actitud de la mujer de Revello. (Bajo la luz primera. El deseo es un sentimiento distinto. Con el deseo pretendemos un bien que nos satisface: una persona o una cosa. Con el amor nuestro corazón se entrega para ser poseído por otro. En este sentido, nadie como Revello ha pintado a la mujer amante. Porque, una tras otra, todas ellas nos están ofreciendo lo que son y lo que tienen: su nostalgia, su soledad, su belleza, su fantasía y hasta su mismo cuerpo. Ninguna de ellas está allí por presunción, por vanidad, por egoísmo, en definitiva. Hasta las más seductoras nos están hablando de amor total, definitivo, eterno. En la pintura titulada «María Rosa», contemplamos a la modelo recostada en su cama y vestida para el amor: puro, transcendente, personal, sagrado. Y, envuelta en ese halo de pureza y de transcendencia, consigue Revello acercamos al misterio de la mujer, de su intimidad sagrada y del encendido fuego de su corazón amante. 1985) Jamás fue ella así contemplada: sobre el ara de un altar eucarístico. Sobre una blanca patena de lienzos inmaculados, donde ofrecida al amor por voluntad propia. Alguien me dijo en cierta ocasión que el amor era la peor o la mejor de las drogas conocidas. Y su razón llevaba en algunas cosas, aunque en otras yo tuviera mis serias dudas: «Es que uno se engancha a él -^me explicaba muy serio-sin darse cuenta. Movido tal vez por el olfato o por la vista o por esa caricia que coincide, sin razón aparente, con la que tu misma piel necesita para sentirse amada. Y como la peor o la mejor de las drogas, produce adicción, dependencia, tolerancia y abstinencia». Adicción porque, una vez conocido, pocos tienen el valor de vivir alejados de él. Dependencia porque nada ni nadie puede suplir sus extraordinarios efectos. Tolerancia porque cada vez necesitamos más dosis para alcanzar los mismos resultados y abstinencia, en fin, porque su ausencia lleva inexorablemente a la muerte. Después, muchos años después, he tenido ocasión de recordar aquella conversación y he vuelto a experimentar las mismas dudas, los mismos vacíos y la misma insatisfacción que cuando, hace tantos años, traté de ayndar a mi joven paciente. Debe ser que no lo tengo demasiado claro... Y es que hay cosas que, con los años, se explican y se aprenden.. Otras que tan sólo se intuyen, sin comprenderse. Y otras, en fin, que, con el paso del tiempo, van posando en nuestro corazón para formar parte de su natural misterio. Y entre esas cosas, misteriosas, profundas y veladas, el amor y Dios mismo, última instancia de nuestras vidas. Porque, en verdad, nada tan sutil, tan placentero y tan frágil como el amor y nada tan profundo, tan espiritual y sublime. Y nada como el amor, que se sienta, se respire y se palpe sin saber con qué sentido, con cuántos de ellos o sí tal vez con alguno distinto de todos. De ahí que la mujer se sienta ante el amor al mismo tiempo feliz y temerosa. Como quien todo lo es en su presencia y nada sin aquello que da razón a su vida. Porque no cabe ninguna duda de que la mujer nace para el amor y en torno a él se organizan su vida y su destino. La mujer y sus valores Algunos podrían pensar, no sin fundamento, que los valores tradicionales del hombre y de la mujer, hasta ahora diferenciados en razón de su sexo, deberían ser compartidos por ambos al igual y en todos los casos. Y algo llevan de razón, aunque no toda. Porque esto es verdad, sin duda, cuando nos referimos a los valores humanos en general y a los derechos y obligaciones que de ellos dimanan. En ese sentido, belleza, bondad, salud, cultura, libertad y responsabilidad son patrimonio de todos por igual y sin distinción alguna. Otra cosa es el modo, la forma, el estilo, el talante con el que esos valores y esa libertad y responsabilidad son ejercidos por uno y otro, habida cuenta de las cualidades características de su propio sexo. La sensibilidad, por ejemplo, ha sido un valor tradicionalmente atribuido a la mujer y de ella se ha dicho que es capaz de sentir más y mejor todo lo que el amor tiene de sutil, de delicado y profundo. Pues bien, habría que revisar estos conceptos para llegar a la conclusión de que tanto el hombre como la mujer pueden llegar a ser igual de sensibles aunque de diverso modo, igual de tiernos, aunque de manera distinta, igual de profundos, aunque a menudo motivados por diferentes razones. Algo parecido podríamos decir del valor o del coraje del hombre, tantas veces superado, a su manera, por la mujer, o de la fortaleza o de cualquiera, en fin, de los atributos que han sido tradicionalmente masculinos. Ahora bien, una vez definida y asentada esta igualdad en el «cuánto», nada tan hermoso como descubrir la belleza de esa diversidad en el «cómo», que hace de la vida social y de las relaciones humanas una constante y maravillosa sorpresa. Pero avancemos un paso más, aplicando estos principios al enigmático mundo del amor y a sus más íntimos mecanismos: No es igual -¡Cómo iba a serlo!-el amor de la mujer que el nacido del hombre para ser su sustento, su regalo y su gozo. No es igual -¡No podría serlo-aunque ambos, ella y él, se repitan incansablemente las mismas palabras, los mismos gestos, las mismas caricias, los mismos besos! La mujer piensa en mujer, siente en mujer y ama en mujer, independientemente de que haya o no un hombre a su lado. Igual que habría que decir del hombre en idénticas circunstancias. El amor en las mujeres de Félix Re vello de Toro Y bien, ¿qué habría que decir de las mujeres de Revello de Toro, pintadas una y mil veces, en una y mil posturas distintas y, sin embargo, idénticas en algo tan sutil e intangible como un perfume, que todo lo envuelve con su presencia? Habría que decir, como San Juan de la Cruz, que todas tienen un no sé qué que las asemeja, tan imperceptible que apenas ocupa lugar y tan esencial que nada se entendería sin su presencia: es el amor que ronda, insumiso, en el corazón de cada una de ellas. «Es amor un no sé qué que viene no sé de donde y s 'entra no sé por donde y mata no sé con qué» (S. J. de la Cruz) Nunca hasta haberme propuesto el estudio de la obra de Revello me ha parecido tan hermosa esta redondilla de San Juan de la Cruz para ¡Tan difi^cil como encontrar un denominador común en las pinturas de Revello, que resuma la presencia del amor en cada una de ellas! A menudo, la mujer descansa en su lecho. No sabemos si antes o después de entregarse al amor, pero siempre abrazada a su nostalgia o esperanzada en su búsqueda. Otras veces, contemplando su pelo ante el espejo, sueña con aquel que habrá de admirar su tocado. Otras, en fin, con la mirada perdida o repitiendo en su memoria las palabras de una nota secreta, sus mujeres hablan de amor sin apenas proponérselo. Simplemente haciendo lo que hacen, pero de aquella manera que sólo el amor hace posible (La nota secreta 1979). El amor, la razón de sus vidas Resulta siempre arriesgado explorar e interpretar el corazón ajeno, aunque no tanto cuando la persona, amablemente, nos invita a penetrar en él y a compartir sus vivencias. Este es el caso del maestro Revello de Toro que, como todo buen artista, ha querido hacernos partícipes de su vida interior, pintando su corazón y sus sentimientos en cada uno de sus maravillosos cuadros. En ellos, por una parte, reconocemos la exquisita finura de su alma, y por otra nos vemos reflejados nosotros mismos, en la medida en que llegamos sin dificultad a percibir y a saborear los mismos sentimientos que el autor ha sabido plasmar en su obra. Pues bien, dicho esto, me gustaría discurrir sobre el cómo y el porqué del amor en las mujeres de este pintor malagueño. Y quiero empezar reconociendo la misma dificultad que he comentado antes: ¿Qué amor quiero analizar?: ¿El de las mujeres de Revello?, ¿El que Revello ha puesto en sus modelos? En definitiva es lo mismo. Porque aunque ese amor fiíera el de sus modelos, ñie él quien las eligió libremente, asumiendo así los sentimientos de todas ellas. Pero hay otra dificultad metodológica que quiero poner en evidencia y que responde a una pregunta que a menudo nos hacemos cada uno de nosotros: «¿Cómo se diagnostica el amor en la imagen de una mujer? ¿Por algún detalle en concreto? ¿Por cuántos o por cuál de ellos? ¿O quizá por todos y por ninguno en concreto?» De hecho, ¿Cuántas veces los amantes se preguntan: «¿A mí por qué me quieres en definitiva? ¿Y cuántas han encontrado ima respuesta satisfactoria?» El conocimiento en el amor suele ser un conocimiento intuitivo, directo e inmediato, no discursivo y analítico. Por eso, vaya mi primera respuesta por delante: el amor es un juicio de valor, una respuesta unitaria y global de cada uno de los amantes. El amor no es un detalle, aunque esté presente en cualquiera de ellos, ni es un acto, aunque sea fruto de aquél, ni siquiera un millón de ellos. El amor es una actitud, un estado permanente, una forma de ser y de estar ante sí mismo y ante los demás, que colorea y matiza todos y cada uno de nuestros actos y que se manifiesta en todos los detalles de la persona. Desde este punto de vista es fácil encontrar la perspectiva para analizar las mujeres de Revello. En el fondo, lo que nos interesa es su actitud amorosa, y nada tan sencillo de descubrir en cada una de ellas. Pero, hablando de actitud amorosa, destaquemos un concepto y una imagen pictórica característica: la ofrenda. Y en la ofrenda, algo que ofrecer: Belleza, ternura, esperanza y gozo. Lo mejor de sí misma. Y algo que recibir, expresado en la espera, en la nostalgia, en la soledad y en la desnudez de sus modelos. En esa actitud de amorosa espera y de generosa ofrenda es donde expresa y resimae Revello de Toro las vivencias del amor de cada una de sus mujeres. Y en esta actitud de amorosa entrega encuentran su sitio, perfectamente alineados, todos los elementos del amor hxmaano. Por una parte, la mujer lo tiene todo: hermosura, encanto, seducción, juventud, placer, esperanza. Por otra parte, lo necesita todo: está sola, desnuda, insatisfecha. ¡Maravillosa expresión de la soledad existencia! y de su redención por el amor transcendente! Y en esta amorosa entrega de las mujeres de Revello ha simbolizado el maestro el desgarrado clamor del universo entero por alcanzar en el amor la razón de sí mismo. Lo sagrado y lo profano en la obra de Revelló de Toro Siempre he tenido la impresión de que el hombre es un ser inacabado, a la búsqueda de sí mismo. Y que ese sí mismo siempre está un poco más allá de donde al presente estamos o de lo que al presente somos. Y si en su cuerpo ha sido evidente la evolución que el hombre ha experimentado con el paso del tiempo, en su espíritu esta transformación ha sido asombrosa: la inteligencia, la imaginación, la sensibilidad y la afectividad del hombre de hoy aventajan con mucho las del hombre de hace tan sólo unas décadas. En ese sentido, hoy más que nunca, el hombre ansia superarse a sí mismo y trascender los estrechos límites del espacio y del tiempo que condicionan su voluntad libre. Ahora bien, inevitablemente, seguimos tropezando con el fantasma de la caducidad y la muerte, ante el que sólo caben dos posturas: su aceptación estoica o nuestro abandono en el misterioso mundo de lo sagrado. Lo santo, lo innominado, lo numinoso y lo transcendente han sido siempre contemplados por el hombre de distinta forma y bajo diferentes aspectos: unas veces como un futurible lejano e incierto, otras como una sutil añoranza de lo invisible y otras, en fin, como una realidad palpable, como una presencia misteriosa pero inequívoca de lo eterno en nuestras vidas, que a veces hace patente su dimensión sobrenatural. Esta última es, a mi parecer, la experiencia que sugieren las mujeres de Revello de Toro cuando las contemplamos sin prejuicios. Porque la referencia a lo sagrado puede hacerse en dos sentidos: en el sentido cultual o litúrgico y en el sentido en que la antropología religiosa habla del hombre como depositario de unos valores transcendentes. En la pintura, estos aspectos de lo sagrado pueden representarse bajo la forma de un cáliz, en referencia al culto litúrgico o bajo la forma de una mujer, como recipiente y relicario de la belleza suma y del amor infinito de un Dios cercano y presente en sus criaturas. Este segundo camino es el que ha elegido Revello: el de la encarnación de lo sagrado en la más delicada de las obras divinas, la mujer, símbolo por una parte de la creación entera, y espléndida huella de la presencia de Dios en el universo. ¡Maravilloso renacimiento de una «Mágico retrato» Esa mujer inalcanzable. La psicología de la mujer en... cultura espiritualista y transcendente en una sociedad aparentemente escéptica y desacralizada! Pero vayamos por partes, buscando en el detalle de su pintura la confirmación de esta hipótesis: Las cosas, sólo si se contemplan con detalle, nos revelan sus secretos. Y esto ocurre con la obra de Revello en lo que toca a su dimensión transcendente. ¡Cuánto no se habrá dicho sobre la sensualidad de sus mujeres, la ambigüedad de sus poses o el excesivo culto de sus formas, sin una observación cuidadosa! ¡Hasta se ha querido ver en Revello un pintor de la corte (Por sus conocidas pinturas de la familia real) o un retratista de la aristocracia catalana o madrileña. Cuando se estudia la obra de Revello, y concretamente el perfil de sus mujeres, puede uno verse sorprendido por un sentimiento de profunda nostalgia ante ese no sé qué que se escapa de nuestro mundo y del de sus modelos y verse arrastrado por esa singular atracción de la belleza y del amor hacia un más allá definitivo. Y buscando una explicación a los hechos, me viene a la memoria la pintura de Miguel Ángel, prácticamente polarizada por el tema religioso pero poco informada por la fe del artista, y la pintura del Greco, por el contrario, toda ella sacralizada por su propia experiencia religiosa. En ese sentido, las mujeres de Revello inspiran un sentimiento de infinita nostalgia muy semejante al que nos tiene sensibilizados la literatura y el arte sacro. Y, al igual que ante Zurbarán o el Greco, ante la pintura de Revello nos sentimos inmersos en el misterio de la creación y el destino del hombre, mágicamente insinuados tras los sutiles velos de un cuerpo desnudo. Por una parte, si analizamos la temática religiosa de la pintura de Revello vemos que es muy escasa: su primer dibujo del Cristo de Mena y un pequeño óleo de la Virgen, de sus años infantiles, la Sagrada Familia, que pintó en 1.960, el cartel de la Semana Santa de Málaga del año 1.994 y algunos estandartes y motivos de esa misma Semana Santa. Pero, por otra parte, hay una serie de detalles que caracterizan a su pintura «profana», y que añaden una cuarta dimensión, transcendente o sagrada, a las tres propias de su arte. Pensemos, sin ir más lejos, en el tono de sus blancos, en la forma y pliegues de sus vestidos y en las puntillas y adornos de su ropa interior, que nos recuerdan las de los altares y vírgenes andaluzas. Y sobre todo, y por encima de todo, la actitud de todas y cada una de sus modelos: actitud de amorosa búsqueda y de generosa ofrenda hasta el abandono, clásicamente relacionada con la pintura religiosa. Baste con recordar el óleo titulado «Bajo 350 José María Porta Tovar la luz primera», en el que apenas haría falta añadirle un velo al tocado de María Rosa para colocar su pintura en el retablo de cualquier iglesia moderna. Curiosamente, comparando la actitud y el rostro de su virgen de la Sagrada Familia con los mismos detalles de este cuadro citado, llego a la conclusión de que es en este último donde lo sagrado se manifiesta con mayor nitidez, pese al diferente contexto de uno y otro, que nos llevaría a sentir justamente lo contrario. De ahí una primera conclusión, que para mí resulta evidente: que lo sagrado no tiene por qué, necesariamente, estar ligado a una temática religiosa y, por otra parte, que es propio de algunos artistas, entre ellos Revello, humanizar lo sagrado y sacralizar lo profano o, expresado de otra forma, discurrir en esa ambigüedad a la que muchos estamos inclinados y que forma parte del misterio de lo divino, humildemente guardado en vasijas de barro. 1985) No es común hablar de investigación en Bellas Artes. Y, sin embargo, ninguna tan laboriosa ni tan fecunda como la que tiene que ver con el alma humana y sus sentimientos más íntimos en el campo de la literatura, la música o la pintura. En las letras, probablemente Bécquer y San Juan de la Cruz hayan sido los mejores. Al menos en lo que al amor se refiere. Falla seria otro ejemplo en el campo de la música, y Revello de Toro, me atrevería a decir, junto con Julio Romero de Torres, los más genuinos estudiosos de la mujer española en la pintura de los últimos años. Pero avancemos un paso más en este análisis para llegar hasta la experiencia religiosa que constituye su punto de partida. Para ello, nada Esa mujer inalcanzable. mejor que intentar responder a una serie de preguntas concretas que todos, al igual que el artista, nos hacemos con ocasión de su pintura: ¿Por qué la mujer despierta, particularmente en el hombre, un sentimiento de especial proximidad a lo sagrado? ¿Qué tipo de mujer es capaz de evocar esa clase de sentimientos? ¿Qué papel ha jugado y continúa jugando hoy la mujer en la experiencia religiosa del hombre? La mujer, vaso sagrado Sagrado, etimológicamente, significa separado en razón de su pertenencia al mundo de lo sobrenatural. Hasta aquí todo está claro. Pero ¿qué pertenece al mundo de lo sobrenatural para el hombre? Aquello capaz de satisfacer su felicidad plenamente. Aquello que sea capaz de aportarle una plena satisfacción espiritual y sensible, como es, en definitiva, el amor humano. Sagrado es, pues, para el hombre, todo y solamente aquello que le lleva al amor de una manera o de otra. En ese sentido, nada tan natural como concluir que no puede haber nadie tan sagrado para el hombre como la mujer, especialmente diseñada por el Creador para responder a sus aspiraciones afectivas más profundas. Es más, habría que terminar diciendo que solamente a través de la mujer puede el hombre llegar a Dios en última instancia. Aunque sea evidente que esto mismo deba decirse de la mujer con respecto al hombre, si bien de distinta manera. En segundo lugar, cabría preguntarse: ¿Y qué tipo de mujer es el que mejor se adapta a las necesidades afectivas del hombre? ¿Cuál es el perfil psicológico de la amante ideal? En pocas palabras, y sin entrar en detalles, habría que decir que el perfil de la amante ideal coincide necesariamente con el de una mujer esencialmente necesitada de amor y, por tanto, con el perfil de una mujer frágil y dependiente. Solamente en ella encontrará el varón la satisfacción completa de sus aspiraciones afectivas. El resto de sus cualidades: belleza, cultura o edad, podrán ser importantes pero nunca esenciales y, desde luego, nunca podrán reemplazar a la primera, por más llamativas y excepcionales que sean sus virtudes. (Desaliento 1989) En este punto habría que advertir que estamos en las antípodas de lo que podría ser un punto de vista «machista» de la mujer, al afirmar a continuación que esta relación de dependencia amorosa es igualmente válida cuando hablamos del hombre, aunque las manifestaciones circunstanciales de esa dependencia adopten una expresión distinta y característica de su sexo. José María Porta Tovar «Desaliento» Finalmente, habría que decir que el papel de la mujer en la experiencia religiosa del hombre es hoy y ha sido en la historia de las religiones definitivo. En primer lugar, porque esta dependencia amorosa se corresponde mejor con la psicología de la mujer que con la del varón (entre otras razones porque la divinidad nos ha sido siempre representada por un Padre eterno y su Hijo Jesucristo en la tradición cristiana y que ello le ha ayudado a entender la religión y a entregarse a ella con más fidelidad que el hombre.). En segundo lugar, porque el hombre ha tenido que experimentar su propia dependencia amorosa de la mujer para percibir sus vi-«Laura».
Cuando comencé mi andadura como galerista hace ya trece años, la idea de presentar al público, mes tras mes, nuevas propuestas artísticas fue siempre, al igual que en la actualidad, principal causa de renovación, estímulo y alivio personal. Al apostar desde aquellos tiempos por el descubrimiento de nuevos artistas de mérito comprometidos con el arte de su tiempo, los dossieres y los contactos comenzaron a apilarse en nuestras estanterías con el único propósito de seguir de la mejor forma posible todos los acontecimientos que nos concerm'an. En la selección de los artistas de la galería he huido de la ambigüedad muy conscientemente y he preferido siempre discursos rotundos que exponer y hacer míos a partir de su muestra, en el convencimiento de que la perseverancia en el buen trabajo rinde siempre buenos resultados a largo plazo, incluso en un pais tan mezquino como el nuestro que solo cuida a sus creadores por viejos o por muertos. Desde el observatorio de Arteara en el Paseo del Pintor Rosales, hemos asistido al desarrollo de la profesionalización de la actividad del galerismo español y a la evolución de las actividades culturales del Estado y de sus instituciones en manera tan novedosa como desconocida en los tiempos anteriores a la transición democrática. Esta corta tradición ha afectado a todas las esferas que componen el universo cultural español, desde la crítica y el periodismo hasta las facultades de Bellas Artes, los museos y las galerías, provocando no pocas contradicciones, tensiones y hasta un modo distintivo español de acercarse al fenómeno de la cultura moderna. Naturalmente, ha afectado también a la misma creación que ha tenido que ponerse al día apresuradamente, en sus discursos, para globalizar, podríamos decir, sus actitudes. Cuando en la elaboración de este texto repaso el elenco de artistas que han trabajado con la galería desde sus inicios en 1987 descubro que la proporción de mujeres es no sólo elevada sino mayoritaria. Desde este momento ya me es fácil apuntar que el dato sólo me interesa desde el punto de vista estadístico, que es como decir que el dato no me interesa. Se me ocurre que tampoco tengo clasificados a los artistas por provincias o países de origen, edad, estatura, aficiones, dominio de idiomas o preferencias sexuales. En la misma forma en que la galería ha huido del sistema de adquisiciones por concurso al que las instituciones de nuestro país son tan proclives, prefiriendo trabajar en el fomento del coleccionismo más reposado alejado de los vaivenes del espectáculo de lo público, me digo, creo haber desconfiado siempre de actitudes radicales en lo que concierne a las militancias reivindicativas de escaso contenido artístico. Este hecho nos ha alejado de la participación en exposiciones que nos han propuesto en relación con causas más o menos nobles, en la desconfianza de sus verdaderos parámetros. En esto, hemos preferido la neutralidad a riesgo de pecar de insolidarios. Afortunadamente, el devenir de la mayoría de las mencionadas causas nos ha dado la razón y, una vez más, el alivio. No quiero restar méritos a la contribución del arte feminista, que hoy parece moverse en clave desdibujada de postfeminismo sobre el que los distintos teóricos pueden seguir debatiendo, sino establecer diferencias entre arte feminista y arte hecho por mujeres. Es posible que cuando cada individuo disfrute de la igualdad total en todos y cada uno de los aspectos de su existencia, tanto pública como privada, se reconocerá sin duda alguna, el alcance de la importancia del feminismo, que deberá ser contemplado no tanto como una forma de corregir los errores del pasado, o de hacer permeables campos de actividad sometidos con anterioridad al total dominio del hombre, sino de garantizar la supervivencia a largo plazo de la especie. Más allá de un escepticismo con el que confrontar la validez de las actitudes creativas basadas en posicionamientos de clase, grupo o sexo, tiene para nosotros mayor interés subrayar la aportación que realizan los distintos artistas-mujeres al contenido genérico o cuerpo cultural que la galería distribuye mes tras mes entre sus seguidores y público en general. Si por principio hemos renunciado a las reivindicaciones de naturaleza feminista o, por qué no, masculina en su contrario, ¿podemos hablar de un arte asexuado, producido por artistas, de forma neutra y con independencia de su sexo? Muy probablemente no: es más, resultará no sólo imposible sino de todo punto indeseable exigirle a una artista la producción de una obra tan alejada e independiente de sí misma como aquella que hiciese de su sexo un sayo. Es absurdo insistir en que, en la selección de artistas, no hemos tenido en cuenta su sexo. Se les elige, pues, por cuanto aquí consideramos que la obra cumple los parámetros de calidad y compromiso con la investigación que nos hemos fijado. Todo ello ha podido conformar con el tiempo un estilo particular, un cuerpo de artistas al que le damos nuestro sentido común. Si nos interesa ofrecer propuestas muy diferentes, he podido comprobar que, mientras algunos artistas-hombres de la galería abordan temas propios del feminismo, otras pintoras no eluden un tratamiento de los valores de atribución masculina como pudiesen ser el gesto, la escala, el temperamento. Sería el caso de las primeras exposiciones de Consuelo Chacón. Recuerdo aquí el debate americano en torno a las características eminentemente masculinas, por no decir machistas, del período histórico epigrafiado como expresionismo abstracto: la grandeza de los cuadros de Pollock reducidos a la consideración extrema de un arte hecho por hombres ceñidos a los estereotipos de lo masculino, incluso de lo fálico: el gesto, la grandilocuente presencia del formato, de la escala, del poder, del tamaño, de lo bestial o monumental. En ese debate importado, el informalismo español pecaría de los mismos arrastres, un arte del gesto dominado por circunloquios ajenos a lo femenino, rabiosamente masculino. Para poner orden en nuestro discurso evocaremos ahora a la pintora española Ende, una de las primeras artistas de las que existe constancia documental y de cuyo auténtico papel en la sociedad de su tiempo no podremos saber ya mucho, desafortunadamente, que trabajó en las iluminaciones de los manuscritos del llamado Beato del Apocalipsis de Gerona, a finales del siglo VIII, firmándose Depintrix (pintora) y Dei Autrix (ayudante de Dios), siguiendo la costumbre de las mujeres nobles de su tiempo. Habrá que considerar su firma. Pintora, como una verdadera declaración de principios, que siempre quiso apostillar con la ironía implícita en la naturaleza de su labor como ayudante de monjes. Hay que decir, sin embargo, que existe cierta unanimidad entre los historiadores en el sentido de considerar el periodo feudal como de mayor relevancia para el expediente de la mujer que el posterior Renacimiento, inclinado éste muy desconsideradamente, en modos y prácticas, hacia una grandeza eminentemente masculina de la que parece haber sa-lido el reparto de papeles secundarios otorgados a la mujer por la historia del arte. Mucho ha cambiado el mundo desde entonces como para obviar que la universalidad del movimiento de las mujeres ha hecho pedazos todas las expectativas de sus campeonas históricas Resulta cada día más difícil imaginar el mundo anterior a la aparición de las pioneras del feminismo en todos los ámbitos, de la religión o la educación a la salud, de la política a la ecología o lo militar. Podremos decir sin exagerar que la transmisión de estos principios a las siguientes generaciones permite vislumbrar un tiempo en el que se acepte, en forma prácticamente universal, que la democracia no estará totalmente desarrollada hasta que cada individuo disfrute de la igualdad total en todos y cada uno de los aspectos de su existencia. En mi experiencia como galerista he dejado hacer a los artistas libremente: justo equilibrio cuando uno los escoge con la misma libertad. De ésta y no de otra relación nos hemos podido beneficiar todos/todas, en terminología de la estereotipada corrección política. Muchas de las artistas de la galería están casadas con artistas y a ellas habrá que preguntarles si existen dificultades o ventajas en esa relación, que ése es otro texto, pues hay también matrimonios de abogados, ingenieros, empresarios o deportistas. Los celos profesionales, la lucha de los lenguajes, podrán existir en el contexto de la pareja de artistas, allá donde tal vez pueda reproducirse a escala reducida lo que quede del histórico conflicto universal de los sexos, la lucha de las jerarquías o de las actitudes con respecto al lenguaje artístico, pero estas dificultades o ventajas, en su caso, afectan al discurrir de las artes lo mismo que las consecuencias de un ciclón caribeño. Hay que insistir entonces en la separación del feminismo del arte realizado por mujeres, y concluir que el papel de la mujer, si es que como colectivo genérico ha existido en la praxis de esta galería, ha sido tan enriquecedor como el de los hombres, quienes muy probablemente tampoco han reparado en la realización de un arte marcadamente masculino. Los contenidos, como venim.os diciendo y su tratamiento son lo verdaderamente importante. Por poner ejemplos, la erótica sutileza contenida en las obras realizadas con materiales de la lencería por Antonia Valero tiende a desmitificar sus propios contenidos culturales, el fetiche sobreentendido en la jerarquía masculina de valores, produciendo una muy perversa contradicción que quiere quitarle peso a lo pesado, ligereza a lo ligero, y éste es, entonces, un discurso inteligente que pretende nuevas relaciones con el espectador, en igualdad, con independencia de su sexo. ¿Podemos hablar de im arte asexuado,. La escultora valenciana Natividad Navalón escenografía paisajes religiosos de soledad y escudriña los mitos psicológicos de la tragedia humana, el Sida, los desterrados, la insolidaridad, la conciencia, la experiencia humana. Una reivindicación de mujer más explícita es la que realiza la artista argentina afincada en Madrid Elizabeth Aro, cuyas series de bordados antiguos sobre planos de arquitectos ilustres del siglo XX, todos ellos hombres, buscan tanto el lugar honorífico para el callado papel de la mujer-compañera como señalan los efectos de la masculinización de profesiones de singular trascendencia en la evolución de la sociedad. Los juegos semánticos de la escultora y catedrática Yolanda Herranz diseccionan los sobreentendidos del lenguaje y su relación con patrones de poder y pautas sexuales, pero su inquietante frialdad no tiene nada en común con la obra de María Cano, que prácticamente abandonó el pincel por la tijera o la máquina de fotos para cultivar una ironía autobiográfica que relaciona las obsesiones y los secretos de su proceso artístico con los artificios de la vida cotidiana. «Raya, numera y almacena» Nunca he preguntado a estas mujeres si se sentían pertenecientes a un supuesto colectivo de mujeres artistas, que trabajase con postulados distintos a los de los hombres artistas. Al contrario, he notado como se han podido sentir tan incómodas como escépticas ante algunas exposiciones colectivas de mujeres organizadas por terceros. No quiero pensar qué hubiera pasado si se me hubiese ocurrido una exposición colectiva realizada sólo por hombres, enunciándola de esa forma. O por gays o lesbianas, ya que he de suponer que también contamos con artistas de estas tendencias sexuales, permítaseme. Muy probablemente reciba dentro de poco una propuesta afirmativa que reniegue definitivamente del sexo y habrá que atenderla. Y es que, conscientes de la peligrosidad de planteamientos reduccionistas, las artistas mujeres de la galería aspiran más a trabajar en el mundo que en un mundo de hombres o de mujeres, al menos así lo creo. Cuando la pintora Eva Davidova plantea en sus obras asuntos relacionados con la conectividad, enuncia problemas vitales que implican las diferencias entre los sexos, pero sus soledades, sus enigmas, sus conflictos psicológicos son personajes autónomos construidos por la raza humana. ¿Podemos hablar de mi arte asexuado,... reza de formas y color de la obra de Rosa Rubio tiene mucho de la serenidad de una Agnes Martín, la lección del minimal, pero se entronca con la lírica de los encantamientos infantiles de Hernández-Pijoan. Como galerista heterosexual, tampoco me he sentido incómodo ante la aparente mayoría de galeristas mujeres o galeristas homosexuales en el mundo del arte español, si es que a alguien le ha interesado esta estadística. Es muy posible que las vivencias de cada persona orienten sus decisiones y sus comportamientos. Este aspecto se lo podremos dejar a un sociólogo. Creo que de alguna forma, la situación está bastante equilibrada en la cultura española, donde llevamos años con primeras autoridades que son mujeres, homosexuales encerrados en el armario, o personas de la tercera edad que nos aportan su dilatada experiencia, y nadie parece inquietarse más allá de las dotes personales de estos cargos o de sus resultados prácticos. Se dirá que la democracia ha traído la corrección política y que la Constitución vela por nosotros, pero tal vez seamos demasiado ambiciosos si queremos que el ARTE, con mayúsculas, resuelva todos los problemas de la sociedad en que vivimos, mucho menos el problema de la relación y equilibrio entre las distintas preferencias sexuales de sus miembros y los conflictos personales. El arte que hacen los artistas de hoy, plural, es el reflejo de la sociedad de su tiempo, universal. Cuestión muy distinta es aquello que algunos quieren llamar machismo estructural o, en su caso, modelo masculino para el arte feminista o el realizado por mujeres. Ahí está el mundo de la publicidad, nutrido todavía de los más deleznables estereotipos sexuales para reforzar las ventas de los productos más insospechados. Al igual que se discute académicamente sobre la historia o las historias de España, todavía no hemos visto un debate nacional sobre el papel de la mujer en la historia del arte español, la luz de cuyos maestros ha ensombrecido siempre el conocimiento de las «maestras», una noción que ya de por sí se habría de entender con la adjetivación adicional del arte hecho por mujeres. La palabra «maestro» evoca autoridad, poder, respeto; mientras que la noción de «maestra» implica de inmediato a la mujer, es decir el sexo. De la misma forma que, cuando se cita a un artista-hombre conocido suele bastar el apellido, Picasso o Tapies, por poner ejemplos para nombrar a una mujer de fama se utilizan nombre y apellido, Frida Kahlo o Cristina Iglesias. En este esquema, la condición moderna de la mujer artista consistiría en ejercer su arte en contradicción con su propio sexo, adaptándose a una identidad contradictoria. Una de las escasas muestras que he organizado con la exclusiva participación de mujeres fue la exposición «Apariencias» en diciembre de 1996. Allí participaron las artistas María Cano, Eva Davidova, Yolanda Herranz y Natividad Navalón, a quienes por adelantado y separadamente les propuse reflexionar sobre el concepto amplio de la verosimilitud, la apariencia externa de las cosas o de las situaciones, también el engaño, la aproximación el acto de aparentar, la artimaña o la misma imposibilidad del ser o del objeto absoluto. En ello estaba implícito la imposibilidad del ser completo y el juego de roles entre los sexos. Si el resultado colectivo de la muestra fue muy interesante, no se apartó en sus individualidades del trabajo que cada artista venía realizando. Así im.a de las grandes conclusiones de la exposición fue que precisamente nuestra contemplación de la obra de arte termina por ser el resultado de las convenciones individuales que definen nuestro concepto de belleza. Dicho de otra forma, la dicotomía arte hecho por mujeres o arte hecho por hombres, pierde todo su sentido antagónico y se materializa con toda propiedad en la aportación individual de cada artista, cuya dotación genética resulta también moldeable por el mundo exterior, sus convenciones, su aproximación a lo absoluto, su belleza particular. Y de ahí emana su interés. Por eso una fotógrafa tan pura como la gaditana Lola Gutierrez destaca en el marasmo conceptual del que se nutren muchas instantáneas contemporáneas. Semejante conclusión nos tranquilizó realmente, pues nos sacaba de la trampa feminista de la igualdad o de la diferencia absoluta. Si las mujeres artistas no están hoy día en permanente lucha contra la discriminación, el feminismo contemporáneo no existe. Y si las artistas de hoy no muestran interés en reparar las injusticias de la historia del Arte con el trabajo de sus antecesoras, ¿es que estamos ante una ausencia de contenidos artísticos?, ¿será que las mujeres de hoy ya disfrutan en igualdad de las conquistas y de los fracasos de la burguesía liberal dominante? «Sierra de Grajalema II». (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas El hombre galerista. ¿Podemos hablar de un arte asexuado,... Los problemas del arte emergente están implícitos en su propia semántica: una ideologización del arte como inversión de valores sobreentendidos, y su opuesto, el paternalismo estructural que condena a la emergencia permanente, entre becas y concursos, como género amateur de lo intelectual, al arte producido fuera de los confines político-económicos del sistema o de las modas. A esto se añade un total desinterés por parte de las autoridades públicas en la sociedad civil, en su mal gusto, ya puestos, en el miedo a dejar que la sociedad real, aquella que define su gusto, pueda consumir lo que le viene en gana, sin necesidad de pasar por otros filtros que los de su propia existencia. Hablar de lucha de sexos en este contexto, de reivindicaciones de los sexos en cuestiones del arte español, es un eufemismo. En un país en el que si uno es artista, y de Zamora, tiene garantizada una exposición, en Zamora, resulta peligroso colectivizar el esfuerzo bajo lemas de baja intensidad: el sexo, la religión, la denominación de origen. ¿Qué hacer con una mujer, se dirá, si además de ser artista, es extranjera? El verdadero papel del arte en la sociedad civil no debe quedar relegado a la función ornamental de la política y a los complejos de un Estado que se siente moderno pero que tiene serias dificultades para encontrar las claves de la verdadera funcionalidad de la democracia. ¿Por qué tienen tantos reparos los partidos políticos para articular definitivamente una ley que regule la participación de la iniciativa privada en actividades de carácter cultural? ¿Es que las únicas fórmulas para acercarse al fenómeno de la mujer en su amplio sentido consisten en el establecimiento de un porcentaje obligatorio de participación o en la subvención directa? La antena de esta galería estará siempre pendiente de todos los contenidos artísticos que reflejen un compromiso con el momento que vivimos. Qué duda cabe que la gran aportación de la mujer al terreno del arte consistiría siempre en la invención de formas nuevas, no solamente plásticas, discursivas. A través de su sentido, de su experiencia, encontraremos a la artista, la escritora y la observadora; también a la coleccionista, que ensambla su compromiso en una actividad de desciframiento, resultado de un esfuerzo, de una visión particular. Si los artistas de mi galería tienen sexo, lo doy por sobreentendido; el sexo-placer nos encanta, y también resultará normal que un artista aborde cuestiones ligadas a los campos de la insatisfacción o de lo negativo. Esta no quiere ser una galería de «arte emergente», nos gusta más el arte contemporáneo, pero vendemos ilusiones caras a bajo precio. Si por naturaleza, tenemos la propensión a infravalorar nuestro trabajo y sufrimos las modas y la necesidad de convertirnos en empresas del marketing o de la comunicación, no queremos renunciar a reflexionar sobre cual-quier asunto. Si el universo artístico español opta por un curso suicida, o lo que es lo mismo, por el respeto a una jerarquía del pensamiento dominante a la cual someternos irremisiblemente, marginarse de la corriente central para rellenar las páginas de una fábula nebulosa y onanista es sólo una reacción más. No hay que perder la esperanza y reconducir las tentaciones escapistas en pro de una afirmación personal. Esperar a que pase la tormenta. Mejor que artistas sexuados de nuestro tiempo, es preferible ser andróginos de la idea.
Galerista se supone que es la persona hombre o mujer que dirige una GALERÍA DE ARTE, aunque antiguamente también se llamaba así al soldado que iba en barcos galeras que cruzaban todos los continentes, y que se encargaba de proteger las provisiones destinadas a la manutención de todos los navegantes. GALERMLS, tienen su origen cuando en los suntuosos palacios renacentistas y romanos guardaban sus obras de arte en unas grandes salas, decoradas para este fin, esta acepción dio lugar a la voz inglesa de Gallery, cuando solamente se dedican a pintura entonces recibe el nombre de PINACOTECA. El crecimiento del arte ha sido tan espectacular que incluso ha implicado al comercio como salas de exposiciones o lo que es lo mismo galerías; que yá no solamente son lugares donde se venden obras de arte, sino que se coleccionan, se diñmden y sobre todo se exponen para deleite de los auténticos virtuosos del arte. El problema que está siempre presente en la galería, es que los impuestos son altísimos sobre todo lo que se refiere a la importación; por esta misma razón muchas de las galerías del mundo habren sus puertas en Francia o Alemania donde sus impuestos son considerablemente más bajos que sí tuvieran que negociar en sus propios países. En España las normativas vigentes no favorecen al crecimiento del mercado del arte, los galeristas se enemistan con los artistas porque no están de acuerdo con las retenciones, avales... etc. y esto se incrementa considerablemente cuando se trata de pintores extranjeros. En nuuestro país hay aproximadamente un millar de galerías, pero un 70% solamente se dedica a vender arte, porque se complementan con objetos de regalo, antigüedades, artículos de librería o marcos. José de los Ángeles Sanz No todas las provincias españolas tienen el mismo número de galerías, a la cabeza están Madrid y Barcelona, aunque también Valencia tiene un mercado cosiderable, la situación gegrafica influye enormemente, pues suelen agruparse en zonas dedicadas al mismo fín.Anualmente se celebran alrededor de 5000 exposiciones, y es la galería quien selecciona a los artistas con preferencia de los yá consagrados y solamente un 10% que son poco conocidos tienen oportunidad de colgar sus óleos, acuarelas u obra gráfica; también hay galerías que tienen sus preferencias en cuanto a los temas desde pintura antigua a las más modernas corrientes vanguardistas. En cuanto a las galerías internacionales, el tema es diferente pues no suelen tener sus propietarios en exclusiva sino que suelen ser un grupo de inversores, o empresarios donde se manejan unas cifras astronómicas, la relación entre el artista y el director artístico de estas poderosísimas empresas es el Marchante, que más que comerciante es un defensor del arte, por eso la aparición de este personaje se hace necesaria cuando el artista no tiene medios para darse a conocer por él mismo y es él quien se encarga de valorar y defender las obras de arte y en resumen es el representante independiente entre el artista y el cliente. Llevo algún tiempo dirigiendo galerías de arte, cuyo comienzo fue en la «Galería 10» situada en pleno corazón de una zona donde predominan salas dedicadas a exponer pintura Mi primera exposición fue la presentación de un gran pintor argentino, con unas cualidades extraordinarias, su pintura figurativa cuenta con la magia del color, su reunión entre el cielo y el mar en la distancia es de una belleza extraordinaria,.tres años mas tarde volví a reclamar su presencia en la galería que actualmente dirijo, Miguel Ángel Guerreiro, se está afiandando más y mas en su brillante carrera ascendente. La mujer galerista, merchante del s. XX, impulsora de... Durante la primavera del año 1994 y en la citada «Galería 10» tuve el honor de tener expuesta la obra de Oswaldo Guayasamin gran pintor ecuatoriano, una de las figuras más importantes de la América latina, aunque su mensaje es universal; su pintura transmite con una ñierza extraordinaria, la visión dolorosa de la injusticia social en el mundo; al admirar sus cuadros se identifica uno con aquellos que defienden y luchan por la libertad. Se prodigaron sus dibujos, su obra gráfica, y algún óleo y en todos ellos estaban presentes las expresiones dramáticas de sus figuras y ese colorido magistral que imprime en todas ellas. Hace tres años tomé las riendas de la Galería de arte del Club Cultural Zayas y mi experiencia hasta el momento ha sido altamente positiva, por ella han desfilado pintoras y pintores de diversas tendencias y estilos diferentes. Realmente y en términos generales la mayoría de los artistas no necesitaban un impulso grande por parte de la galerista, pues yá estaban consagrados, y otros mas noveles se han prodigado menos en exposiciones y posiblemente su presencia en nuestra Galería haya servido de salto para fiíturas expresiones artísticas. Entre los pintores que durante estos tres años han estado mostrando su obra con nosotros citaré a los siguientes: Carlos Abad su profesión no tiene nada que ver con su auténtica vocación que es la pintura, pintor realista y figurativo que representa con un rigor enorme, los edificios, las calles de diferentes ciudades y sus colores blancos y grises hacen un contraste digno de admirar. José Diaz: mi amistad de muchos años con él me facilitó el que se decidiera traer su obra al Zayas, como buen bohemio no tenía en su pensamiento exponer a corto plazo y mi poder de persuasión hizo el milagro. Pintor consagrado que en este caso fue su personalidad quién dio impulso a la Galería, aunque manchego de nacimiento profesionalmente se OSWALDO GUAYASAMIN. José de los Ángeles Sanz CARLOS ABAD. formó en París cuna del arte en toda su magnitud, allí se codeó con los mas grandes pintores de su generación, aunque ha sido y es un virtuoso de las artes en sus diferentes modalidades y se ha sabido rodear de hombres importantesde la literatura, la música, el teatro... y hasta los toros pues sus amigos eran grandes toreros Antonio Bienvenida, Paco Camino, etc. Hablar de las cuaHdades artísticas de este gran pintor, me llevaría páginas y páginas interminables; sus cuadros están concebidos segiin unos ritmos rigurosos dignos de nombrar, sus maravillosas meninas de Velazquez desde diferentes creaciones, sus escenas taurinas de un realismo y un dramatismo sobrecogedor... es en resumen un artista genial, también como persona tiene un toque de genialidad que podemos dar fé todos los amigos que le admiramos y sobre todo que le queremos. Antonio Arias: Como madrileño que soy, y que todo el tema pictórico que representa el Madrid de principio de siglo me apasiona, encontré en este artista un pintor sensacional, representa como nadie los motivos castizos de Madrid de aquella época, sus chulapas y chulapos son de un realismo que da la impresión de que pueden salirse de sus cuadros... sus co- (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas La mujer galerista, merchante del s. XX, impulsora de.. rralas... tan representadas en famosísimas zarzuelas... tabernas típicas que desafortunadamente han desaparecido o están a punto de hacerlo. Es curioso como este pintor tan identificado con el Madrid castizo, pasó parte de su vida en París donde se formó profesionalmente y donde participó activamente de la corriente pictórica de esos momentos. El paso por nuestra Galería ha sido muy positivo y aunque era muy popular y sobretodo muy conocido, cada vez mas gente ha visitado nuestra sala y sus ccuadros se han difundido más, el impulso está servido. Las Galerías están abiertas a cualquier tendencia y aunque bien es verdad que la nuestra se ha inclinado por la pintura figurativa, también hemos contado con artistas de gran renombre y sus extraordinarias Vanguardias, tal es el caso de Pedro Fuentes pintor muy joven pero con una carrera ascendente importante, que primero expuso en solitario y después compartió nuestra sala con otro gran pintor, de su misma corriente Segundo Gámez mayor que el anterior, y con un curriculum interesante y una experiencia de años triunfando en su profesión, maneja el color con una soltura y una fuerza admirable, sorprendiendo enormemente cada vez que sus cuadros son expuestos que llegan a alcanzar el cénit, pero con la seguridad que la próxima vez será todavía mejor. Muy reciente la última exposición de un pintor sevillano, «Diego Rafael», sus cuadros con unos temas de ambiente andaluz como sus conocidos balcones cuajados de flores o sus ventanas repletas de macetas tan típicas de la zona, aborda igualmente El Rocío que tanto ha vivido el artista, las carretas adornadas magníficamente con un realismo que sólo pueden testificar quienes también lo han vivido. Paralelamente al desfile del pintor hombre, me he volcado con la mujer pintora; he conocido pintoras magníficas y siempre he dado las mismas oportunidades que a ellos, porque de todos es sabido que a la hora SEGUNDO GÁMEZ Y PEDRO FUENTES. de exponer en una galeria la balanza se inclina por el pintor, pero la mujer necesita un impulso en el mundo del arte que hasta poco tiempo no tenía; y no digamos sí nos remontamos a la Antigüedad hubiera sido inconcebible una pintora alternando pictóricamente con Velazquez o el Greco, por ello la difusión que merece la mujer pintora me parece de justicia porque aunque en menor número que hombres, hay artistas femeninas extraordinarias y que pueden equipararse al hombre pintor.
Recogemos en este artículo, la biografía de dos mujeres privilegiadas por la vida, Peggy Guggenheim y GertrudeVanderbilt, tuvieron la posibilidad económica y social de impulsar a pintores de distintas procedencias y vanguardias. Sin la primera, el Surrealismo hubiese sido imposible, y, su triunfo, su comprensión y su custodia, se habría esfumado, siendo considerados sus representantes como un grupo de excéntricos deseosos de escandalizar a un público que no entendía su concepto del Arte, y, solo se quedaba en los desenfrenos, las frases sin sentido, las orgías ó el snobismo de algunos de sus representantes. La recopilación que hizo Peggy Guggenheim de esta vanguardia, hace comprender al estudioso del Arte que, por detrás de esas arrogancias individuales, había un credo común, un deseo de captar la comprensión del sueño, cuando la razón no está en vigilia, un automatismo psíquico ajeno al razonamiento y, una experimentación de los ámbitos hasta entonces desconocidos como el subconsciente, el azar, la locura ó los estados alucinatorios. Peggy Guggenheim pudo haber empleado su posición económica en viajar, consumir ó tirar su dinero alegremente. Su posible excentricidad y sus escándalos, los canalizó por la vía del Arte, ayudando a sus amigos, abriendo Galerías increíbles como la del Soho de Nueva York, en la que: «...Los cuadros estaban montados sobre bates de béisbol, y, las luces se encendían y apagaban componiendo triángulos colgados de cuerdas como si flotaran en el espacio»... Y finalmente su auténtico amor por el Arte le llevó a comprar el Pallazo Vernier dei Leoni en Venecia, donde, ya sin excentricidades, el es- Sin su perseverancia, sin su existencia, sin su lucha constante y sin su ánimo inflexible, muchos de estos artistas hubiesen sido desconocidos y me atrevo a decir que alguna vanguardia, hubiese pasado fugazmente, si Gertrude Vanderbilt no hubiese comprado ciertos cuadros para colgarlos en su Museo. La independencia de criterio, el ser plenamente consecuente con los propios actos y criterios, hacen que hoy, personas como yo, sintamos una enorme admiración por estas mujeres, que apostaron por el Arte, como móvil de sus vidas y como realización de sus personalidades fuertes, enérgicas y triunfalistas.!• Peggy Guggenheim Si tuviese que elegir una mujer como la mayor impulsora del Arte del s. XX, no dudaría en escoger a Peggy Guggenheim, que, entre excentricidades, caprichos, aventuras estrafalarias y una moral dudosa para su tiempo, fue la gran incitadora de ese Grupo fantástico, que, basándose en el Dadaísmo, la Pintura Metafísica y las Teorías del psico análisis de Freud, fue capaz de llevar al lienzo, la interpretación de lo onírico, el sig-Dos maneras de impulsar el arte: Peggy Guggenheim y.,. 373 niñeado de los sueños, el automatismo como vía de transmisión del subconsciente, en una palabra, la gran vanguardia Surrealista. Coraje y visión, generosidad y himiildad, dinero y tiempo, un ñierte sentido de la responsabilidad histórica, unidos a una devoradora sensación estética, son los rasgos del carácter de esta mujer, que, no solo ñie la coleccionista que reimía obras de arte por pura complacencia ó ñlantropía, sino alguien que sintió una cierta responsabilidad hacia la pintura y los artistas, y que poseyó los medios y la voluntad de actuar en pro de ese sentimiento. La primera Galería, titulada: «Guggenheim Joven», ñie abierta por ella en Londres, con el apoyo y el consejo artístico de su amigo Duchamp. En ella, expuso Kandinsky (primer pintor abstracto del mundo), así como Yves Tanguy, uno de sus muchos amigos Surrealistas. En 1939, su imparable carácter le llevó a la idea de abrir un «Museo de Arte Moderno» en Londres, y su deseo de rodearse de la gente más valiosa, le hizo elegir a Herbert Read, como Director de este deseado Museo. La impulsora y el Director, diseñaron una lista ideal de obras de arte para llevar a cabo la Primera Exposición, incluso llegaron a encontrar un edificio donde ubicarlo. Pero, la II Guerra Mundial, puso fin a esta idea tan deseada por Peggy Guggenheim. Durante aquel invierno se trasladó a París, y allí se dedicó ampliar su Colección, comprando, bajo la supervisión de Duchamp y Van Doesburg «un cuadro cada día». Pero mientras ella alquilaba un lugar en la Place Vendóme como emplazamiento de su nueva Galería, los alemanes se fiíeron acercando a París y, Peggy vio fi: ustrado de nuevo su deseo de impulsar el Arte. Durante el primer año de la ocupación nazi de París, la colección se puso a salvo en el Museo de Grenoble, aunque sin ser expuesto al público, por miedo a las represalias del régimen de Vichy. Por fin, en la primavera de 1941, Peggy, trasladó sus cuadros a Nueva York, como la mayor parte de los artistas europeos, que, huyendo de la Guerra, se instalaron en la ciudad de los rascacielos, por lo que París, dejó de ser el centro cultural y artístico del mundo, para trasladar esta supremada a Nueva York. Bajo el consejo de su entonces marido, Max Ernst, y del poeta André Breton, Peggy inauguró la más provocativa, excéntrica y estrafalaria Galería del Soho NeoyorMno, titulándola «The Art of this Century». En ella, el Surrealismo, representado por Duchamp, Breton y Max Ernst pudo ser visto y entendido, aunque también se abrieron las puertas a pintores de otras tendencias como el Construtivista Piet Mondrian. Galería de Peggy Guggenheim titulada: «The Art of this Century», donde los cuadros estaban Galena TM^^^ J^^ ^^^^^ ^^^^^ ^^ ^^.¿,¿,,¿ y ^^.y^dos en paredes curvas. Posteriormente, en 1943 en el llamado «Salón de Primavera», Peggy tuvo la visión futurista de abrir sus puertas a artistas desconocidos del momento, como Pollock, Motherwell, William Baziotes, Mark Rothko y Clifford Still, hoy reconocidos por todo el mundo como los grandes pilares de la Escuela de Nueva York. Muchas de las pinturas de estos últimos, fueron compradas por ella formando parte de su colección actual. Hoy en Venecia, en el Palazzo Verner dei Leoni, bajo los ruidos de los turistas del Gran Canal, el ajetreo de las góndolas y los vaporetos puede verse la fantástica Colección de esta mujer, definida por Henry James «como un ser frío e impenetrable, capaz de estar en silencio y al mismo tiempo experta en escuchar y opinar». Transformada en leyenda, Peggy allá donde se encuentre, dirigirá su mirada severa sobre un mundo más decadente del que ella misma vivió. Venecia se está hundiendo literalmente junto con su Palazzo, y, los hombres que pasaron por su vida: Laurence Vail ( (su primer marido), John Holms, Garman, y Max Ernst (su segundo marido), no consiguieron dejar huella en el alma de esta mujer, con corazón de águila real. Cuando a los ochenta años, su amigo Gore Vidal, se acercó a felicitarle y le preguntó: ¿Cómo estás?... Ella, enferma de un terrible problema vascular contestó: «Muy bien, para alguien que está a punto de morirse, no del todo mal»... Palazzo Verner dei Leoni sobre el gran Canal de Venecia. Otra mujer absolutamente decisiva en cuanto al desarrollo del arte del s.XX es Gertrude Vanderbilt, fundadora nada menos que del Whitney Museum de Nueva York, considerado hoy, como la Catedral del Arte Americano más vanguardista y valiente. Su vida nada tiene que ver con la de Peggy Guggenheim. Su visión de futuro, se remonta al año 1907, en el que organizó una exposición en el Club de Mujeres de Nueva York, del que era socia fundadora. En 1913, contribuyó con obras de su propiedad a la conocida exposición «Armory Show», y, durante muchos años subvencionó los déficits de la Sociedad de Artistas Independientes Americanos (fundada en 1914). En ese año creó el «Whitney Studio» en el número 8 de West Eight Street, haciendo de él, una pequeña Galería que reunía periódicamente exposiciones de artistas americanos. En 1818, creó el «Whitney Studio Club», al que podía acceder cualquier artista, siempre que estuviese presentado por un miembro del citado Club. De esta forma, los pintores tuvieron la oportunidad de mostrar su obra al público sin ser sometidos previamente a un jurado de censura. Pero Mrs. Whitney, no se contentó con esto, su ayuda a los creadores la llevó a cabo por medio de otros muchos procedimientos: enviando a los artistas a estudiar a Europa, pagando sus facturas médicas, los alquileres de sus estudios, y lo más importante, comprando sus obras. En 1929 poseía más de 500 cuadros de artistas americanos y, su valentía y deci- Para comprender un poco la filosofía de esta mujer, hay que entrar en su alma y oír sus palabras. He aquí su concepción sobre lo que iba a ser su gran empuje al Arte actual: «Desde que se inventaron los Museos, los artistas liberales contemporáneos, tuvieron la gran dificultad y a veces la imposibilidad de cruzar sus puertas. Los museos tienen la mala costumbre de esperar hasta que un pintor ó un escultor haya adquirido un cierto reconocimiento oficial, antes de aceptar su trabajo, dentro de sus sagrados muros. Exactamente lo contrario es lo que se llevará a cabo en el Museo Whitney...» Y así, obras iniciales de Arthur Dove, Marshden Hartley, Georgia O'Keeff, tuvieron entrada en el Museo para formar parte de su colección permanente. Mrs. Whitney hizo el esfuerzo de comprar 100 cuadros más, en 1931, para completar el Museo en el momento de su apertura, contando éste, pues en aquel instante crucial, con 600 cuadros. Dos de los autores que recibieron mayor a5ruda de esta inigualable mujer, fueron Eduard Hopper y Calder. La viuda del primero, donó en agradecimiento, del impulso de Mrs. Whitney a su marido, 2.500 obras del artista, constituyendo la mayor donación que un solo pintor haya hecho a ningún museo del mundo.
¿En que pensaba el tosco artista gravetiense cuando hacia el 10.000 a.C. arrancaba de las piedras las tremendas incisiones de la Venus de Lussel? ¿Que arrebato mental pudo producir aquel temblor de 44 cm de piedra, aquellos senos poderosos, caderas tremendas, vientre y sexo obsesivos? ¿Que significan sus manos una acariciando su vientre, guardando su secreto y la otra levantando el cuerno del gran bóvido? ¿O es quizá la luna lo que levanta? Posiblemente es una de las primeras representaciones femeninas en escultura, continuación de las llamadas Venus paleolíticas, directas, evidentes en su cuerpo y en su símbolo. Fueron los primeros cuerpos femeninos esculpidos y los primeros símbolos de la Humanidad. Porque, ¿fue posible la Humanidad sin la mujer en la escultura, sin su cuerpo hecho símbolo? El tema es largo y sugerente. En estas páginas no cabe sino ordenar unas cuantas intuiciones. En primer lugar destaca la fascinación que el cuerpo de la mujer ha ejercido siempre no sólo sobre el hombre sino sobre la sociedad desde sus comienzos prehistóricos. Desde siempre se impuso su cuerpo, el volumen, la rotundidad que se puede tocar y abrazar, el cuerpo ocupando un espacio, las tres dimensiones. La imagen de la mujer fué siempre una realidad física, es decir una escultura. Y al mismo tiempo, ese cuerpo físicamente venerado encarnó el misterio, la atracción sobrecogedora, algo oscuro, más allá de lo inmediato, una idea. El símbolo siempre fue indisociable del cuerpo femenino. La Venus de Laussel encarnó la preocupación por sobrevivir, la fecundidad, el símbolo propiciatorio. La exaltación de su anatomía fue el preámbulo de las Diosas-Madre anatólicas, amasadas en barro por las manos neolíticas y alfareras del 6.000 a.C. En estas terracotas está el comienzo de la escultura y de la mujer en la escultura que, sea cual fuere su posterior materia definitiva -^bronce o piedra-, será para siempre un barro amasado con las manos. EL agua y la tierra del barro alfarero es la esencia material de la escultura desde la prehistoria. Todos los escultores sabemos que primero es el molde en barro. El Museo C 'a D' oro de Venecia muestra los bocetos en terracota de Bernini para sus grandes esculturas en piedra de Piazza Navona. Quizá con la excepción titánica de Miguel Ángel, todos los escultores desde el neolítico trabajaron primero la materia creadora, el barro. Y el barro es esencialmente femenino. Por eso en el barro de estas Venus prehistóricas está la esencia de la mujer en escultura, su cuerpo y su símbolo. El barro es tierra, lo fértil, lo inmediato, el espacio visible: la tierra es el cuerpo. Pero el barro es también el agua, símbolo de la vida, de las diosas lunares, mistéricas y acuáticas, símbolo de los meses nocturnos de la gestación y de la agricultura: los cordones umbilicales de la vida que nos unen al origen y al cosmos. En segundo lugar, el sentido profundo de la mujer en la escultura está en una constante invariable: su eterna desnudez en todas las épocas y su invariable capacidad de revestirse de significados. De modo que la continua desnudez física de la mujer en la escultura queda siempre transcendida por los símbolos que encarna el modo natural. La mujer en la escultura tiende siempre a la no ocultación de su feminidad, aunque se la represente vestida, para transmitir a través de ella un mensaje implícito o explícito cuyo denominador común es la fertilidad moral, física, simbólica, filosófica. Incluso cuando el cuerpo desnudo sea considerado pecado en la cultura cristiana, María, paradigma de mujer fecunda aparecerá alimentando al Niño con su pecho desnudo. Piénsese en las abultadas vírgenes embarazadas del gótico o incluso en la Piedad vaticana de Miguel Ángel con una joven María de senos maternales plenos de un sim-Diosa-Madre. Terracota, 6000 a.C. Museo de las civilizaciones Anatólicas. Cuerpo y símbolo bolismo evidente. Desde las Venus paleolíticas hasta la Paulina Bonaparte, obra de Canova, en el Museo Borghese, por ejemplo, toda la escultura de mujer exalta y evidencia el cuerpo cargado de símbolos y reflexiones diversas. Esta característica de la desnudez corporal femenina no ha sido tan compartida por la escultura del desnudo masculino, excepto la itifáMca de símbolo monótono y de limitada expresión intelectual. Naturalmente hay que subrayar el gran cambio operado en la Grecia Clásica en la que los bellos y atléticos Kourós del siglo VI a.C. aparecen desnudos y fi:'ontales y cuya seguridad y aplomo simbolizaron la luz mental del orden sobre el caos y de la filosofía sobre el mito. La increíble serenidad desnuda del gran Neptuno del Museo Arqueológico de Atenas lanzando su lanza, o los guerreros de Riace, son todo un símbolo de la fuerza mental que desde el Bronce se apodera de todo el espacio que abarca la enigmática y segura luz de sus miradas. Sin embargo las Koré femeninas del Museo del Partenón aparecen siempre transparentemente vestidas, un poco al modo egipcio. Pero siempre es la Gran Palas Athenea de Fidias la vencedora del caos y, aunque vestida, es el verdadero símbolo de la inteligencia, de la victoria definitiva sobre los oscuros temores y esclavitudes anteriores. Siempre es una mujer la que desde su corporeidad escultórica simboliza la liberación de los hombres para que puedan, desnudos, reencontrarse consigo mismos. Por eso Kourós y Korés estrenan en la escultura una insinuada sonrisa, la sonrisa ática, símbolo de la secreta alegría del descubrimiento de la autoconciencia. La escultura desnuda femenina en Grecia llegó con todo su esplendor con las Venus de Praxiteles y posteriormente, del periodo helenístico, recuperando el lugar primordial de símbolo que habían tenido desde la prehistoria. De nuevo encarna el canon misterioso que ya no volvería a dejar en todo el arte europeo. Resucitaron en la increíble Danae de Cellini y en la Victoria de Florencia, de Giambolonia, ambos en el Museo Bargello, o en la Verdad desnuda de Bernini en el Borghese de Roma y cuyo precedente pictórico plasmó Julio Romano en las Estancias Vaticanas. Ejemplos estos últimos de hasta que punto el desnudo escultórico femenino expresa los símbolos difuminando su sensualidad evidente en la fuerza de una belleza evidentemente mental. Curiosamente en la Historia del Arte cristiano occidental, el cuerpo desnudo integral masculino no ha servido como símbolo, excepto en la breve y portentosa época del primer renacimiento. Entonces el cuerpo desnudo de Cristo, como el grandioso de Miguel Ángel en la iglesia romana de Sopra Minerva o el de Cellini de Felipe II en El Escorial, ambos hoy cubiertos con paños enyesados o bronces, enseñan su frontalidad viril como un símbolo del Verdadero Hombre perfecto que fue el Hijo de Dios, modelo ejemplar de la creación. Un símbolo de la belleza ideal antropocentrista y neoplatónica que sólo tuvo validez mientras duró la pureza filosófica de aquel fugaz momento. Curiosamente, también esta desnudez simbólica estuvo lógicamente acompañada por los bellísimos y delicados desnudos frontales de Jesús niño en brazos de su Madre, con el mismo significado de simbolizar al verdadero Hombre Perfecto resumen de La mujer en la escultura. Cuerpo y símbolo la dignidad del hombre en cuanto tal. Así lo pintaron Rafael y Andrea del Sarto en sus conocidas pinturas del Prado, por ejemplo. Situación que, después de Trento, no se encuentra en Murillo, a pesar de ser gran pintor de Jesús niño. Las tallas de los niños Jesús virilmente completos que tanto se repitieron en el siglo XVII quizá tuvieron este mismo significado, pero sienapre fueron esculturas para vestir nunca para venerar desnudas. Pero volvamos a la mujer en la escultura, cuerpo y símbolo. Ya hemos visto que su primera característica es el valor rotundo del cuerpo que, desnudo o no, no oculta una femeneidad simbólica. Y si no expresa directamente un símbolo como en las Venus prehistóricas sino que se trata de un retrato, en este caso la tendencia de la mujer retratada escultóricamente es ser símbolo de sí misma y de todo lo femenino, de los valores impalpables de lo femenino que se están transmitiendo desde la prehistoria. Por ejemplo, el conocido busto de Nefertiti, hoy en Berlín: su boca carnosa, los delicadísimos planos de su rostro, su sonrisa apenas iniciada, su frente amplia, el expresivo esquema de sus ojos, su cuello esbelto, todo hace de este retrato del siglo XIV a.C. La Gioconda de la escultura. El símbolo de un misterio fascinante y ancestral. Si contemplamos la Dama de Elche, quizá el rostro escultórico más famoso en España, nos encontramos con otro retrato: el de una gran sacerdotisa que realmente existió en el siglo IV a.C. Pero que simboliza más allá de su persona el rito femenino de la vida y es símbolo de su época matriarcal. Los bustos romanos masculinos resumen hondamente la verdad psicológica del retratado, pero los femeninos nos llevan más allá de la bografía concreta para adentrarnos en el mundo mistérico y simbólico por su propia naturaleza. Todos los retratos femeninos dejan traslucir el rostro de Isis, Perséfone o Deméter. Toda esta enorme carga cultural de lo femenino es recogida por la escultura occidental como río de imágenes simbólicas que cada etapa cultural va modificando hasta que en el siglo XX las cosas cambian radicalmente. Durante la Edad Media la mujer en la escultura ocupa un lugar casi exclusivo de símbolo. En los capiteles románicos la mujer real no existe. Sólo existe como imagen simbólica del mal o como imagen de las santas mujeres bíblicas. Es curioso que la imagen femenina como símbolo del mal sólo volverá a parecer otra vez en la escultura simbolista del siglo XIX, recargada de pasiones negativas, perversión, lujo embriagador y danza sensual, como las Salomés del art-decó. A pesar de todo, la gran protagonista de la escultura medieval es la mujer: Nuestra Señora sedente con el niño y llevando pájaros, frutos y espigas en sus manos, resucita la lejana tradición iconográfica de las gran-des diosas fértiles mediterráneas, también fuentes de la vida y en cuyo maternal regazo tiene lugar el encuentro del cielo y la tierra. Todavía hoy, profundamente cristianizadas, estas esculturas nos miran hieráticas con sus ojos grandes y sus sonrisas de enternecedor misterio, resumiendo siglos de escultura simbólica femenina. Flores, frutos y pájaros en las manos y mantos policromados de estas mujeres maravillosas que han guiado a la humanidad desde que ésta se hizo agrícola, sedentaria y matriarcal. Entrar en el antiguo refectorio de canónigos de la Catedral de Pamplona, hoy museo y cuyo pulpito de lectura muestra en sus relieves escultóricos a la doncella virgen con el unicornio -uno de los símbolos femeninos más estremecedores-; entrar en el Museo Mares de Barcelona o en la enigmática iglesia templaría de Eunate, proporciona una profunda experiencia de meditación sobre la imagen de la Mujer como símbolo mediterráneo de la Agricultura, la Fertilidad y la Naturaleza sagrada y Madre Protectora. El Gótico amplió el campo simbólico de la mujer escultura: todas las virtudes, las ciencias, el trivium y el cuadrivium, adoptaron forma femenina que los escultores colocaron incansables sobre las rejas de los coros, como en la Catedral de Zaragoza y en los relieves de las puertas y fachadas. Las esculturas simbólicas femeninas coronaron cresterías hasta los sitios más insospechados. Los virgen con el Nim y espigas. tejados góticos de la Catedral de Milán, abiertos hoy al público, proporcionan uno de los mejores ejemplos. La sabia sonrisa de los ángeles de Chartres, jóvenes deliciosamente femeninos, recuperan la sonrisa ática de los jóvenes Kourós griegos y enlazan con el misterio de la sonrisa etrusca de las embriagadoras mujeres modeladas en la vieja terracota de los sarcófagos del Museo Villa Julia en Roma. Vida y muerte, origen y misterio simbolizados siempre en la mujer hecha escultura. El gótico de los trovadores y de San Bernardo tomó a la mujer como símbolo de la filosofía y de la tierra desposada con la Divinidad y las esculturas del Amor inundaron Europa con una belleza filosófica, sonriente, delicada e intemporal. Es la edad de oro de la mujer en la escultura hecha puro símbolo. El Renacimiento y el Barroco recuperaron el brillante desnudo femenino en su apogeo del mármol y bronce. La mujer en la escultura renacentista encarna símbolos de belleza desnuda que rompe los límites de lo físico hasta el asombro, tan sensualmente cercana y tan inasequible y lejana en su increíble perfección. Sólo la fuerza filosófica del neoplatonismo pudo crear los conocidos desnudos femeninos de Miguel Ángel, rompiendo la barrera entre lo físico y simbólico con un resultado estremecedor. El retrato escultórico del Renacimiento es de cuerpo solemne sirviendo de pedestal para las egregias cabezas. Las mujeres esculpidas por Leoni, como la Emperatriz Isabel del Museo del Prado y las reinas de los cenotafios del Monasterio del Escorial, son símbolos de un inmenso y tranquilo poder femenino que se sabe incontestado. El sentido de sus cuerpos maravillosamente tratados tiene la función de empujar hacia arriba y sostener la cabeza humana, sus ojos, sus pómulos y labios expresivos. El cuerpo humano renacentista ostenta su símbolo que es el rostro, la conciencia, el alma humana. En esto la escultura renacentista reinterpreta a la perfección la estatuaria griega en la que toda la arquitectura del cuerpo sirve como pedestal a la cabeza humana. Nunca Tumba de Juliano de Mediéis. Miguel Ángel la física y la metafísi-Capilla Mediéis. ca se encontraron mejor tratados en una unidad. El Barroco exalta la opulencia de los cuerpos femeninos en una apoteosis de símbolos antiguos. El cuerpo femenino barroco se reproduce incansablemente en la escultura protagonizando toda clase de ideas, símbolos, sentimientos y actitudes humanas. Las Magdalenas barrocas de belleza mediterránea inundaron las iglesias, como la conocida escultura de Bernini en la Catedral de Pisa. Y los exuberantes símbolos de la Caridad romana adornaron cenotaños papales en el Vaticano. Los programas escultóricos del Barroco recopilaron todas las imágenes iconográficas femeninas que el mediterráneo venía produciendo desde la prehistoria. La apoteosis de las formas y de los sentimientos pasionales tuvieron su punto máximo en el éxtasis de Santa Teresa de la Iglesia de Sta. María de la Victoria en Roma, obra de Bernini en la que el bello ángel adolescente de profunda tensión y eterna sonrisa femenina forma contrapunto con la tensión y dulzura torturante del amor, que sólo la expresión de una mujer puede simbolizar. Resumen sabio de una larguísima tradición de la mujer en la escultura como cuerpo y cómo símbolo. Cuerpo desfalleciente y huidizo y símbolo anhelante del éxtasis teresiano. Esta misma tensión femenina, mediterránea, ancestral y emocionante es la que Luisa Roldan, la Roldana, supo plasmar en el nacarado rostro de la Macarena de Sevilla. Verdadero icono simbólico de antiquísimas creencias religiosas, símbolo femenino de sentimientos vitales, bellos, dramáticos, reflejados en ése cuerpo, rostro de dulce llanto, boca entreabierta y manos barrocas como no pudiendo quedarse con nada porque soportan el aire de todas las cosas. En la oscuridad de cirios y muchedumbres entregadas al misterio, esta escultura de mujer encarna en su portentoso realismo mágico todas las Isis que desde siempre han arado la tierra sentimental de las primaveras mediterráneas. Las tormentosas aguas barrocas se remansarán en la placidez lejana neoclásica donde la mujer en la escultura retoma un lugar elegante y pri-Extasis de Santa Teresa, h. Iglesia de Santa María de la Victoria. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://arbor.revistas.csic.es vilegiado. Antonio Canova en su «Eros besando a Psique», 1790, en el Museo del Louvre, reproduce la sonrisa angélica, femenina, etrusca y berniniana llena de misterio simbólico, arrebatando con su beso mágico la luz de los ojos femeninos entornados. Otra vez la mujer de bellísimo cuerpo hecha escultura simbólica de su propia poesía. El iieoclasicismo reproduce una mujer-escultura de finísimo dibujo de contornos sinuosos, sensuales y pliegues griegos que Fidias nunca hubiese pensado. La mujer en la escultura neoclásica es el símbolo de la elegancia transparente y tiene cuerpo de adolescente, muy lejos de las rotundidades anteriores. Es más propio de nieblas centroeuropeas que de soles mediterráneos. Su símbolo es algo desfallecente, huidizo, ideal, romántico, irreal. La Hebe del Gasón del Buen Retiro, otro Cánova, se nos muestra danzarina, leve y aérea, encarnando un símbolo tan grato como impreciso. Es quizá sólo la elegancia formal propia de la estética de su tiempo. Pero esta mujer -niña es tan perfecta en su risueña y ambigua seguridad que ejerce la fascinación del ensueño y de la armonía alejada de todo contacto con la realidad. Símbolo en estado puro. El Romanticismo es inevitablemente una advocación grandilocuente. La mujer en la escultura ocupa un notorio doble lugar: como retrato nos presenta mujeres ampulosas y rebosantes de su propia naturaleza. Cómo símbolos, todos los frisos se llenan de llamativas mujeres-matronas, henchidas y algo redundantes en su locuacidad de préstamos iconográficos. Enormes capiteles de rostro femenino nos observan. Pero el meritorio esfuerzo del dibujo académico no logra quizá despertar la espontaneidad de la vida fértil y misteriosa que encarna la cuerpo de la mujer en la escultura de otras épocas. Finalizando el siglo XIX surge el vuelco mediterráneo en la escultura de la mano de Rodin y Bourdelle. Su fascinación por el cuerpo humano produce una escultura desnuda, llena de energía, de rebuscada naturalidad y apasionamiento. La mujer en la escultura ocupa un lugar privile- La mujer en la escultura de Maillot, es a mi juicio, el último latido realmente mediterráneo despojado de adjetivos y mitos superflues. Son cuerpos femeninos, rotundos, soleados, fecundos, de fuertes caderas, senos y músculos poderosos, que evocan aquellas Venus prehistóricas. A través de miles de años estas Venus recuperan aquí la honda identidad simbólica de la mujer. Es una escultura de espléndido dibujo donde el gran mito de la mujer-naturaleza se desvela sin mitologías. Y el latido de bronce de sus vientres fértiles se ofrece de nuevo como un laico espacio sagrado donde vuelven a encontrarse los cielos y las tierras. Donde la vida asombra a las propias mujeres y vuelve a subyugar a los hombres. Estas últimas esculturas representan el eterno retorno de las lunas de agua y de las nocturnidades de Demeter y Cibeles. Son cuerpos de mujer ofrecidos al sol y al aire libre. Pero su pasmosa rotundidad femenina las hace mujeres esenciales, mujeres relegadas al eterno femenino mediterráneo que, desde siempre, han ofrecido su cuerpo como símbolo inagotable del misterio de la vida. Todo lo que vino después es otra historia. El retorno del ídolo. NOTA: Naturalmente no he pretendido el rigor de un esquema histórico, ni siquiera aproximado. Pero a veces las impresiones personales y las sugerencias culturales a3aidan a comprender y expresar uno de los temas más apasionantes y difíciles de condensar en el Arte, como es la relación entre el cuerpo sorprendente y la mente insoldable.
La actriz como gran representante del dramatismo humano M, "" Jesiís Valdés Me emociono ante su recuerdo de aquellos años juveniles donde eramos capaces de representar desde «En Flandes se ha puesto el sol» a la «Prudencia en la Mujer» de Tirso, desde «Un día en la gloria» de Ruiz Iriarte a «Dios con Nosotros» de Vicente Escrivá y Armando Ocano. Esta última función -otro privilegio-ya que fue dirigida por Cayetano Luca de Tena, otro nombre insigne al que debo muchos éxitos en el Teatro Español de Madrid y que él supo dirigir en una de las décadas más brillantes del Español. Fue demasiado sencillo todo, yo misma no me lo podía creer..., Luca de Tena me ofrecía aquella noche del Teatro Lara, un Contrato para el Español ya como primera actriz joven. Cuando llegué a casa casi con lágrimas en los ojos y se lo dije a mis padres esperando ver en sus caras reflejada la emoción que yo tenía, me encontré con una nueva desilusión: ¿Y tu carrera?... Yo les respondí que la haría compatible con el teatro. No pudo ser así, pero mis padres terminaron entendiendo que el teatro era mi autentica vocación. Se levantó el telón con la obra de Lope «El Villano en su rincón» y a los pocos meses supe que me habían premiado con la Medalla de Oro del Circulo de Bellas Artes. Después «Historia de una escalera»: el descubrimiento de un nuevo autor que un día sería universal Antonio Buero Vallejo. Y por fin mi «INES» de Don Juan Tenorio. No sé si alguien recordará aquella noche y aquel éxito, pero puedo asegurar que aquella Doña Inés nueva, con pelo suelto, sin tocas y tan bien dirigida por Cayetano con escenografía de Emilio Burgos, marcó para siempre mi vida de actriz. En el «Alcalde de Zalamea» conocí a la actriz Dolores del Río, a Joan Fontaine, al maestro italiano Antonioni con Vitorio Gasman y a tantísimas personalidades inolvidables. Se sucedieron en mi lista interpretativa: «Ruy Blas» de Victor Hugo, «Condenados» de Luis Sánchez Carroño, «El abanico de Goldoni» y tantas otras..., con cual de ellas me sentía más contenta? No lo sé; En los actores y actrices la ultima representación es la que más se quiere. Surge un nuevo contrato para el teatro María Guerrero dirigido por Alfredo Marquerie, uno de mis mas recordados e ilustres críticos. Allí voy a representar una preciosa Comedia del actor-autor Peter Ustinov titulada «El amor de los 4 Coroneles». Después llegó «El cuarto de estar» de Graham Greene y por fin decidí formar mi propia compañía dirigida por aquel famoso director y entrañable amigo que era José Luis Alonso. Fueron unas temporadas brillantes acompañada de los mejores actores jóvenes del momento: Francisco Valladares, Jesús Puente, María Luisa Ponte, Agustín González, La gran señora de la escena 391 «El cuarto de estar». Mariano Asquerino, José M^ Mompin, JuHeta Serrano, Mari Carmen Prendes, Alicia Hermida...¡Dios Mío, cuantas ilusiones y cuantos recuerdos que se quedaron tan lejos!... «Medida por Medida», «La Fierecilla Domada», «El Mensaje» de Salom, «La Feria de Cuernicahra». Si de algo me precio, mis amigos queridos, es de haber tratado de aportar al teatro todo mi esfuerzo y el de mis compañeros apostando siempre por un teatro de calidad.Y de pronto... un cambio radical en mi vida. Conozco a alguien en el camino que hace que mis planes sean otros absolutamente diferentes y decido ante ese amor abandonar lo que hasta entonces había sido mi obsesión y mi lucha, mi vocación autentica y me caso decidida a olvidar todo aquello que me había hecho tan feliz, para sustituirlo por otra felicidad nueva y desconocida que nada tenía que ver con el teatro. Decido dedicarme a aquel hombre que todo lo merecía y a unos hijos que llegaron después y que son lo mejor de mi vida. No pensé volver jamás a pisar un escenario. Lo que hice lo realicé voluntariamente sin ser mediatizada por nadie y con la alegría que implicaba un nuevo deber en mi vida: Mi marido y mis hijos. Así se pasaron los años ¡¡Veintitrés nada menos!! Yo no podía pensar que un día tendría que quedarme sola, la ausencia de aquel ser querido que se había marchado a un largo viaje del que tardaría seguramente siglos en volver. Así con esa nostalgia dolorosa se sucedieron algunos años más hasta que un día vuelve a sonar el teléfono reiterativamente (era la voz del productor y amigo Juanjo Seoane) quien no cejaba en su empeño de que algún día tendría que volver al teatro. Mis respuestas eran siempre negativas y otro día de esos que amanecen con la sensación de que algo va a ocurrir, recibo una llamada de Adolfo Marsñlach invitándome a unas clases magistrales, compartidas con otros compañeros. Rápidamente y sin dudarlo, sin saber por qué le respondí que sí. El contacto con los jóvenes me convenció y me conmovió el pensar que de nuevo iba a encontrarme con José Luis Alonso., ¡¡juntos otra vez!! después de tantos años. Me parecía todo nuevo y maravillosos en la nueva escuela creada por Marsillach para su teatro clásico. De nuevo el teléfono y aquella noche se decidió mi suerte. Me volvió a insistir Juanjo Seoane con una pregunta: Maria Jesús ¿por que no me das un nombre para Lady Macbeth?, Juanjo hay actrices maravillosas en España... ¿Que te parecería María Jesús Valdés? Después de un silencio nos echamos a reir los dos,---Pues mira sí--de acuerdo, está bien, hablaremos con Nuria Espert para dirigirlo y con Paco Rabal. No pudo realizarse este sueño pero yo había quedado ya enredada en el teatro de nuevo y seguramente para siempre. «La hora de la fantasía». Cuando el público madrileño aplaudió, a María Jesús Valdés por su labor en «La hora de la fantasía», no podía sospechar que era aquélla la última vez, María Jesús está cansada de muchas circunstancias que juegan en el teatro. Y pasada su brillantísima «hora de la fantasía» -varios años de éxitos ininterrumpios-deja la escena. La gran señora de la escena 393 Estrenamos «La Dama del Alba» de Casona. Iba a dirigirla un muchacho joven, desconocido para mi y con mucho talento, asesorando artísticamente Maruja López. Quien me iba a decir que aquel chico mezcla de niño ingenuo y a la vez con un temperamento increíble me llegaría a dirigir de nuevo ocupando el puesto de Director del Centro Dramático Nacional en «La Visita de la Vieja Dama» de Frederich Durrenmat. «El cerco de Leningrado», de Sanchis Sinisterra. «Tres mujeres altas» de Edward Albee. «La casa de Bernarda Alba», de Federico García Lorca
Mi experiencia como alumna de piano en Bilbao y en Francia, y mi conocimiento del mundo de la música en nuestro país, me llevaron a intervenir -^hace ya algunos años-en el terreno de la promoción musical. Mi objetivo principal se centró en facilitar a los jóvenes instrumentistas españoles su entrada en los entonces alejados escenarios internacionales. Gracias a la ayuda de unos pocos pero entusiastas colaboradores fundé el Concurso Internacional de Piano de Santander: mi primera meta en lo que sería luego un largo y maravilloso camino. Aquellos años fueron de enorme trabajo y entusiasmo, sin oficinas ni cuadros administrativos, sacando adelante el Concurso casi familiarmente; si había que fotocopiar, fotocopiaba, si había que escribir a máquina, escribía... Cuando concluía una convocatoria nos parecía milagroso. Con el paso de los años el Concurso fue ganando prestigio internacional y conseguimos formar una pequeña administración que terminó de dar la necesaria estabilidad al proyecto. Pero esta consolidación coincidió también con una cierta decepción por mi parte. Yo lo había creado fundamentalmente para promocionar a jóvenes españoles, pero éstos no lograban llegar a las fases finales. Entendí entonces que el problema no residía en la promoción sino en la educación, en las dificultades que encontraba la enseñanza oficial para formar instrumentistas de excelencia. Soy consciente de que la administración pública invierte mucho dinero en la enseñanza musical y de que se cuenta con muy buenos profesores, pero el hecho estaba ahí, a la vis- Paloma O'Shea ta de todos, y el Concurso tampoco resultaba un instrumento útil para solucionarlo. Con la colaboración de Federico Sopeña y Enrique Franco puse en marcha un segundo programa: las «master classes» o clases magistrales de instrumento, que comenzaron a celebrarse en Santander los años que no había Concurso. La Universidad Internacional Menéndez Pelayo las acogió entre sus cursos y las integró en su oferta veraniega. Fuimos trayendo, año tras año, con renovada ilusión, a distintas personalidades del panorama internacional de la educación musical para que entraran en contacto con nuestros maestros y estudiantes, facilitando así la recepción de nuevas metodologías. La experiencia resultó muy positiva y me empujó a dar el paso definitivo. Si el problema residía en la falta de una formación adecuada para músicos de máximo nivel, había que dotar a nuestro país de un centro capaz de lograrlo. Para desarrollar los nuevos proyectos que me iba planteando necesitaba de un marco jurídico y empresarial apropiado, con la idea siempre en mente de intentar aportar a la sociedad algo que necesitaba, de contribuir modestamente a la modernización de mi país en un terreno muy concreto. Así creamos en 1986 la Fundación Albéniz, sin patrimonio alguno, pero con una clara vocación musical. Margarita aceptó la Presidencia de Honor y Federico Sopeña la Vicepresidencia. El siguiente paso consistió en dar sentido a la recién nacida fundación, ordenando de algún modo las ideas que teníamos de un proyecto que nadie había intentado todavía en España. Era necesario, por tanto, avanzar en la organización de la casa, definir claramente las prioridades, las líneas de acción y el sistema de financiación. Con un director general al frente, la fundación vio crecer su número de empleados y conseguimos afianzar una mentalidad necesaria para garantizar la continuidad de la labor emprendida. Hicimos estudios de viabilidad, seleccionamos proyectos y empezamos a vislumbrar lo que podría llegar a ser aquel proyecto en un futuro no muy lejano. Decidimos entonces establecer cuatro líneas básicas de actuación, la divulgación, la docencia, la investigación y la creación, que marcarían -^y siguen marcando actualmente-la táctica y la estrategia de la Fundación Albéniz. La Divulgación es la más antigua de nuestras líneas de acción y el Concurso de Piano de Santander su principal programa. Venimos realizándolo desde 1972 con la satisfacción de haber ayudado a espléndidos jóvenes pianistas a promocionarse. Pero el Concurso es algo más que unos La música por excelencia. La Fundación Albéniz: una... cuantos días de frenética actividad en el delicioso verano santanderino. Cuando finaliza, aim.que mejor habría que decir cuando aparentemente finaliza, comienza otra fase quizás aún más exigente. Para organizar los conciertos y grabaciones de los premiados nuestro equipo técnico tiene que programar y seguir la ejecución de conciertos por todo el mundo, además de realizar, editar y distribuir sus grabaciones: una actividad mucho más discreta, pero posiblemente también más importante. Además del Concurso, la Fundación organiza conciertos como resultado de su intensa actividad musical por toda la geografía española. Actualmente organizamos más de doscientos conciertos anuales y hemos conseguido formar decenas de agrupaciones estables de música de cámara. La Fundación ha impulsado también diversas exposiciones, como las dedicadas a Rubinstein, Mompou o Albéniz y ha organizado distintos homenajes, como el que en el año 1999 quisimos dedicar a Federico Sopeña, tan ligado, como ya he dicho antes, a la propia historia de la fundación. Fruto de ese homenaje es el libro «Federico Sopeña y la España de su tiempo: 1939-1991», que ha tenido una entusiasta acogida por parte de la crítica especializada. Otra manifestación importante de esta línea de divulgación es la creación del Premio «Yehudi Menuhin a la Integración de las Artes y la Educación» que otorga la Fundación desde 1999. Con él pretendemos reconocer y premiar la labor que desempeñan muchos profesores-artistas en el terreno de la formación musical en cualquier rincón del planeta; de tantos maestros completos que sobresalen en el ejercicio de las dos vertientes de su maestría: el arte y la educación. En su primera edición, el galardonado fue Alfredo Kraus, que dejó una estela de generoso trabajo y de extraordinaria calidad humana en todos los lugares en que ejerció su magisterio. Y en la edición de este año el premio ha sido para el maestro Fiero FaruUi, uno de los más genuinos representantes de una estirpe de artistas y humanistas que hunde sus raíces en los tiempos del Renacimiento italiano. délo pedagógico a seguir, nos lanzamos a una aventura que, afortunadamente, es hoy una realidad llena de futuro. Con la puesta en marcha en 1991 de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, nuestro país comenzó a disponer de un centro de alta formación musical. La Escuela quedó abierta a jóvenes de todo el mundo, pero tuvo desde su nacimiento un compromiso especial con los músicos españoles y, en general, con los jóvenes del área latinoamericana. La solidez del modelo educativo, la solvencia de los asesores que nos han ayudado a seleccionar el profesorado -entre los que quisiera destacar a Mstislav Rostropovich, Zubin Mehta y Alicia de Larrocha-y el prestigio internacional de nuestros profesores titulares de instrumento, han despertado la atención y el interés de muchos. Y me gustaría aprovechar estas líneas para reiterar de nuevo, en mi nombre, en el de los patronos y en el de todo el equipo humano de la Fundación, la entusiasta colaboración de Su Majestad la Reina. Cuando la Escuela era sólo un proyecto respaldado por unas pocas personas. Su Majestad aceptó ofrecer su nombre para la Escuela, así como la Presidencia de Honor. Era una prueba de confianza de la corona en una empresa privada que apenas había podido demostrar nada más allá de su voluntad. No resulta difícil entender la importancia que este hecho tuvo a la hora de crear expectativas en los foros internacionales. El prestigio de nuestra Reina en los medios culturales e intelectuales de todo el mundo es extraordinario, por lo que su aval nos fue de gran ayuda. Para el equipo humano que día a día trabaja en este importante reto, el gesto supuso -^y continúa suponiendo-una seria llamada de atención a la responsabilidad; si la Reina apostaba por un proyecto de modernización musical como el nuestro no podíamos permitimos el lujo de ningún desmayo. Discurso de Doña Paloma O'Shea en el Palacio de la Granja de San Ildefonso en el acto de clausura de un curso académico de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas La música por excelencia. La Fundación Albéniz: una. La clave de nuestra pedagogía es la relación humana. Por eso cada profesor tiene un número reducido de alumnos -nunca más de nueve-, con los que convive intensamente y con los que comparte casa, comedor y ratos de ocio. Este permanente contacto garantiza que el seguimiento de su aprendizaje resulte óptimo. La masificación está reñida con la cahdad, de modo que si queremos buenos músicos debemos proporcionar a los jóvenes un ambiente de tranquilidad, retiro y concentración. De otra manera es imposible. En reaUdad no hemos hecho otra cosa que redescubrir la escuela occidental clásica -que nace en los conventos en torno al siglo XIII-de la mano de la literatura reformista de principios del siglo XX. Desde 1991 la Escuela ha estado situada provisionalmente en Pozuelo de Alarcón, en una zona ajardinada en las afueras de Madrid, lejos del bulHcio y la tensión de una gran ciudad. Pero ya hace tiempo que las instalaciones se han quedado pequeñas para las necesidades de un centro educativo que cada curso crece cuantitativa y cualitativamente. Por eso es tan importante el proyecto -^ya en marcha-de la nueva sede diseñada por el arquitecto Miguel de Oriol: un edificio moderno y funcional que se levantará en uno de los lugares más representativos del pasado histórico de Madrid, junto al Palacio Real y el Teatro Real. El nuevo edificio contará con un auditorio en comunicación directa con la calle y capacidad para cerca de quinientos espectadores. Además de las zonas destinadas a la administración, la Escuela se completará con un gran comedor, aulas de instrumento, cabinas de ensayo, un laboratorio de sonido equipado con los sistemas más modernos, un amplio Centro de Archivo y Documentación Stanislav Judenitch, antiguo alumno de la Escuela, recibiendo los consejos de Dimitri Bashkirov, Titular de la Cátedra de Piano de la Escuela. y una magnífica biblioteca. De esta manera, la Escuela desarrollará sus actividades en un barrio lleno de resonancias culturales, no sólo por la cercanía de otros focos de cultura, sino porque en él han vivido grandes músicos que serán siempre una referencia para un centro dedicado a la formación de jóvenes músicos. Ensayo de un grupo de cámara de la Escuela, minutos antes de actuar el Museo del Prado. La investigación^ otra de nuestras líneas básicas de actuación, surgió de modo natural, como una contribución al conocimiento de la música española. Hablando con algunos profesionales, una tiene la sensación de que la música es un arte aislado, algo encerrado en sí mismo, sin conexión con otros mundos de la cultura. Hasta el punto de que una de las características menos ejemplares del medio musical español es su distanciamiento de las restantes disciplinas artísticas y humanísticas. No hay suficiente conciencia de la relación entre la música, la pintura, la poesía, la arquitectura o la literatura; una idea que expresa bellísimamente José Hierro cuando dice que «todas las artes se intercomunican, abren sus ventanas a las demás musas, aspiran a ser sólo una». No debe olvidarse que, en cada momento, hay un conjunto de ideas y tendencias que marcan a todos los creadores y unifican su estilo. Así, cuando hablamos de romanticismo estamos haciendo referencia a algo que pone en relación a Beethoven con Goya, a Schumann con Becquer, o a Turner con Brahms. Por eso, la Fundación ha prestado especial atención a que en la Escuela los alumnos reciban una sólida formación artística y humanística, que se refleja en su Programa de Estudios con asignaturas de Historia del Arte o Estética, entre otras. Esta línea de investigación tiene su principal referencia en el Centro de Archivos y Documentación Albéniz, que ha nacido con la vocación de preservar el frágil patrimonio histórico en papel. El archivo histórico reúne fondos documentales en los que la música aparece como centro vertebra-dor, de manera que se cumpla ese objetivo fundamental de unir la música con otras disciplinas artísticas e intelectuales. En junio de este mismo año tuvimos el honor de hacer la presentación oficial de nuestro Centro de Archivos. Fue en el hotel Ritz, ante numerosos medios de prensa y personalidades del mundo de la política, la empresa y la cultura. Casi todos los fondos que contiene el archivo corresponden a donaciones hechas por figuras destacadas del mundo de la música o a trabajos desarrollados por la _ propia Fundación. "S Toda la documentación ha sido tratada con el máximo rigor de la técnica documentalista y ya se encuentra a disposición de la comunidad científica y de todas aquellas personas interesadas en los distintos aspectos que abarca el mundo de la música y la cultura. Los fondos más importantes de los que disponemos hasta ahora son los de Isaac Albéniz, Arturo Rubinstein, Federico Mompou, Luis Galve y Vicente Cacho. Una instantánea del maestro Piero Farulli en clase. La creación es para la Fundación Albéniz sinónimo de renovación e iniciativa. La Fundación muestra así su apoyo a la creación musical encargando periódicamente piezas originales a compositores españoles y comprometiéndose a su posterior estreno. De esta forma se promueve un fondo de obras españolas contemporáneas, al tiempo que se ayuda e incentiva la creación nacional. Artistas como Cristóbal Halffter o Gonzalo de Olavide han escrito alguna de las obras obligadas en varias ediciones del Concurso Internacional de Piano de Santander, mientras que las exposiciones de Rubinstein y Albéniz sirvieron, por otra parte, para encargar música a más de una veintena de autores. Otros cuatro músicos, Montsalvatge, De Pablo, Duran Loriga y Charles compusieron obras en homenaje a Isaac Albéniz. Pero este espíritu creativo va más allá y la Fundación también se ha marcado el objetivo de llevar la cultura al mundo virtual e instalarla con pleno derecho. Para ello puso en marcha hace trece años una empresa -Ingenia-, que actualmente es propiedad en su totalidad de Terra y que auna dos facetas primordiales: servicio y modernidad. Sobre estas dos características se asientan sus actividades de investigación y de desarrollo en el ámbito de la educación musical y en la utilidad de las nuevas tecnologías al servicio de la sociedad. Mediante esta iniciativa se pretende desarrollar un innovador software educativo para el aprendizaje y la formación musical, que incorporará las más modernas técnicas de audio, video y tratamiento de la información digital. Sin duda, la creación de un portal de estas características es un proyecto totalmente pionero en nuestro país que permitirá rentabilizar socialmente la riqueza de los contenidos y la experiencia que posee la Fundación Albéniz en la formación musical de máximo nivel. Lecciones Magistrales de Lorin Maazel en la Escuela. La financiación de una empresa cultural He procurado explicar en síntesis la historia, la organización y las principales actividades organizadas por la Fundación Albéniz. Como se puede observar las tareas son ambiciosas y comprometidas, pero también resultan caras. No hay que olvidar que hoy ya son más de 160 personas las que trabajan por cuenta propia o ajena con nosotros. Como ya adelanté al comienzo de estas páginas la Fundación carecía en su inicio de patrimonio financiero, así que imagino que más de algún lector se estará preguntando de dónde sacamos el dinero para sufragar los muchos gastos que generan todos estos programas. Tradicionalmente se ha considerado que la cultura era un pozo sin fondo, una actividad altruista pero, en ningún caso, una inversión. He La música por excelencia. La Fundación Albéniz: una... escuchado en numerosas ocasiones, y de labios de personas que ocupan posiciones relevantes en el mundo económico, que el compromiso social de la empresa comienza y termina en el logro de beneficios, siendo una empresa eficaz, haciendo bien su trabajo. Esta afirmación siempre me ha sorprendido porque una empresa siempre está inscrita en un determinado marco social, y del desarrollo de ese marco depende su crecimiento y muchas veces su propia razón de ser. No podemos vivir ajenos a los acontecimientos que se producen a nuestro alrededor, sean políticos, sociales o culturales. La sociedad es una empresa que a todos incumbe, porque de ella todos somos accionistas. Además, detrás de esa afirmación pesimista, se esconde un prejuicio inaceptable y erróneo: la creencia de que invertir en cultura no es rentable en términos puramente empresariales. Invertir en cultura, si se hace bien, puede resultar rentable a corto, a medio y a largo plazo, y la experiencia de la Fundación Albéniz es una buena prueba de ello. Al carecer de patrimonio económico, la Fundación ha tenido que prestar especial atención a la diversificación del riesgo. Para ello se diseñó un sistema por el cual cada programa tendría plena autonomía financiera. Un programa sólo se ejecutaría cuando se hubieran conseguido los fondos suficientes y se desarrollaría en las estrictas coordenadas de lo presupuestado. Los programas así establecidos concluyen al satisfacer los objetivos previstos. Tengo que reconocer, y lo hago encantada, que son muchas las empresas que se han ido integrando como «compañeros de viaje» de nuestro proyecto durante estos años. Veo con ilusión que en nuestro país, en nuestra sociedad, comienza a extenderse cada vez más un espíritu positivo de hacer cosas para los demás, un fenómeno nuevo que tiene importantes implicaciones en las tareas de mecenazgo. Siempre he creído que tanto la cultura como la empresa se necesitan de manera complementaria, y que una no puede desarrollarse si no lo hace la otra. El mecenazgo Zubin Mehta ensaya con la Orquesta de Cámara de la Escuela. tiene una importancia capital en nuestra sociedad, ya que gracias a él, a los nuevos mecenas, se ha avanzado considerablemente en campos como la cultura, el deporte, la ciencia o la tecnología. La financiación del nuevo edificio, la amplia oferta de programas de la Fundación, el Concurso de Piano de Santander, las diferentes cátedras acadénúcas de la Escuela, los grupos de cámara, la orquesta, las becas de matrícula y residencia, los cursos de verano, etc., todo se convierte en producto desde la perspectiva de los que deseen invertir en este proyecto educativo. Independientemente del prestigio que otorga a una empresa el hecho de ver su nombre asociado a cualquiera de los programas que ofirece la Fundación, su colaboración es, sin lugar a dudas, reflejo de la sensibilidad individual y empresarial hacia una tarea bien hecha y de vital importancia en cualquier sociedad moderna. Este esfuerzo privado se complementa con la ayuda que nos ofrecen desde hace años las Instituciones Públicas. Ellas son también «culpables» de que este proyecto de educación musical crezca día a día con más fuerza. El Estado ha asumido con ejemplaridad su deber con el fomento de la cultura y ha firmado con la Fundación importantes acuerdos que permiten trabajar con la estabilidad y la garantía de continuidad necesarias. En esencia, esto es la Fundación Albéniz; una empresa cultural comprometida con la modernización musical española que vive del mecenazgo privado y de la colaboración pública. Una empresa que también tiene que demostrar, día a día, la utilidad social de sus programas. Aunque nuestra obra es pionera en España, debe mucho a experiencias anteriores, sobre todo a las que se han desarrollado en los últimos años en el mundo anglosajón. Desde luego, no tenemos ningún ánimo de exclusividad. Más bien, todo lo contrario. Si nuestra experiencia puede ser útil para nuevas empresas culturales, será para nosotros una enorme satisfacción. A estas alturas de la historia resulta una frivolidad y una equivocación pensar que el Estado puede hacerse cargo de todas las responsabilidades sociales. Es la propia sociedad la que debe asumir buena parte de ellas, no para competir con el Estado sino para complementar su labor. Por eso, si en los próximos años no siguieran apareciendo nuevas instituciones realmente ejecutivas, la modernización de nuestras estructuras culturales sería muy difícil. En Europa todavía nos queda un largo camino para llegar al nivel de profesionalización que tienen las llamadas instituciones del tercer sector La música por excelencia. La Fundación Albéniz: una. en Estados Unidos. Pero también es un hecho cierto que los europeos estamos exigiendo cada vez más a nuestras fundaciones y que el futuro se presenta prometedor. Yo espero que el camino que vayamos a recorrer en los próximos años pase inevitablemente por un trabajo en asociación, por una colaboración entre fundaciones, en definitiva, por un nuevo concepto de madurez empresarial. Lo que nos jugamos es el mejor modo de servir a la sociedad, a nosotros mismos, a nuestros hijos, a las nuevas generaciones. Esa es la meta principal, la que debe orientar nuestros pasos, la que explica que la vinculación de nuestras empresas con el desarrollo de nuestra cultura sea un signo característico de las sociedades avanzadas. Y para ello, las asociaciones de intereses a las que acabo de referirme no pueden implicar sólo la cofinanciación de determinadas tareas, sino, por encima de todo, un modo de pensar compartido. Una misma ilusión y una misma responsabilidad de todos para trabajar por una sociedad más dinámica, más culta y más solidaria.
En la España del siglo que agoniza se han dado tres generaciones de mujeres bien definidas: las madres de la posguerra, sacrificadas y abnegadas, que dejaron, en muchos casos, su profesión por el matrimonio, que entendían como un deber sagrado; mi generación, que es la puente e incomprendida por todos: padres, hermanos, compañeros y amigos, y hasta por la generación actual dificilmente puede entender cómo era la vida de las mujeres hace apenas cuarenta años, y la juventud de nuestros días, resuelta y decidida a compatibilizar su profesión, como primera condición, con el matrimonio. Si, además se tiene en cuenta la pobre consideración social que la música ha tenido hasta hace bien poco tiempo, es fácil imaginar lo dificil que resultaba esta profesión para las mujer de la España reciente. No es muy aventurado afirmar que las mujeres de mi generación han supuesto un revulsivo en la conciencia social y laboral española de la segunda mitad del siglo XX. En efecto, las mujeres de la posguerra somos lo que se podría definir como «la generación femenina del 65», porque alrededor de esa fecha una serie de licenciadas y profesionales llegaron a la vida laboral española con una fuerza y pujanza sólo comparable históricamen-Música o matrimonio. Una minoritaria igualdad de sexos apadrinada por sectores extremos, como las socialistas Carmen Karr o María Cambrils, empalidece ante la realidad de una nueva España radical, conservadora, cerrada en sus fronteras políticas y culturales, donde se reaviva un neocatolicismo con el ideario de la familia numerosa, premiada a nivel oficial, donde el papel de la mujer consiste en llevar el timón de la casa, que no es tarea fácil. No se puede silenciar el pensamiento avanzado de Gregorio Marañón, quien defiende abiertamente una igualdad de oportunidades intelectuales y laborales, y al apoyar el feminismo, escribe textualmente «Respecto a las aspiraciones jurídicas de la mujer, sólo espíritus atrabilarios pueden regatearle su simpatía. Es tan enorme, biológicamente, la injusticia, la inutilidad y la indelicadeza de que no sean las leyes para ambos sexos, que este, por si sólo, justificaría los mayores apasionamientos de las reivindicaciones feministas». No he estado nunca de acuerdo con las posturas radicales de las feministas. Creo que las mujeres que no hemos renunciado a esa condición femenina con todos su atributos, al incorporarnos a la vida profesional con todo rigor, seriedad y compromiso, hemos conseguido más, que las que defienden un feminismo erróneo, queriéndose igualar al hombre. Si biológicamente no somos iguales, y físicamente tenemos atributos bien diferentes, como es bueno que así sea, ¿para qué empeñarse en una igualdad total, perdiendo la gracia femenina y convirtiéndose en unos marimachos? Es la persona la que hay que defender y salvaguardar, pero, claro está, sin la pérdida de la propia identidad. Los cambios siempre son difíciles y a veces se plantean con posturas drásticas. La revolución femenina, que no feminista, ha supuesto en los últimos cincuenta años un paso adelante tan gigantesco para la mujer, como no se había conocido en toda la historia de la humanidad. Si se piensa en el ambiente general de la España de la posguerra, con tanta precariedad de medios, y con una mujer sin preparación intelectual ni laboral, asustada ante el futuro cuando los padres desaparezcan y se quede sin recursos económicos para subsistir, se comprende perfectamente que la carrera de la mujer, «la verdadera carrera», no podía ser otra que el matrimonio. Hasta tal punto, la carrera de la mujer era el matrimonio, que se consideraba una deshonra para la familia el que una sola de las hijas del matrimonio no se casara. La soltería estaba tan mal vista, que hasta había una manera de denominar a estas personas: «solteronas», adjetivo que rara vez se emplea en masculino, salvo en casos muy concretos de hombres verdaderamente raros. Sin embargo, a la mujer se le adjudica-410 María Rosa Calvo-Manzano ba sin piedad. Tal calificativo en femenino, además, parecía que llevaba implícita todas las cualidades más negativas que se le pueden adjudicar a la mujer; fealdad, torpeza y mal carácter. La dependencia total de la mujer del hombre, la subordinación, la sumisión, el permiso marital exigido absolutamente para todo: vender, comprar, viajar... el paso absoluto y radical al marido, de todos los bienes aportados por la mujer al matrimonio, hacían de ella una verdadera «dulce esposa». Algunas lo llevaban con alegría, porque se habían educado en esa idea y no les parecía que podía haber otro tipo de vida; otras, por el contrario, lo sufrían con clara resignación. Todo este engranaje no era un mero aspecto social, sino que estaba refrendado por toda una Legislación en vigor desde el Código Civil de 1889, con un leve paréntesis de la Constitución Republicana de 1931, y nuevos legislaciones de posguerra «incivil», como la denominó Unamuno. Por eso insisto en considerar relevante toda mi generación. Nuestro padres, hermanos y amigos, estos últimos potenciales pretendientes, ya exigían en esos tiempos que las mujeres de «mi clase social», tuvieran un elevado nivel cultural, que se traducía en una tolerancia en cuanto a consentir el paso por la Universidad. Eso, sí, el trámite universitario debería suponer una ilustración sin más, una licenciatura en humanidades. Filosofía y Letras, era la carrera femenina por antonomasia: ilustraba, pero sin más transcendencia. No constituía un peligro laboral y no tenía consecuencias profesionales posteriores. Después de esta situación que creo es bastante exacta, viene la segunda parte: ¿Con qué tuvimos que luchar, pues, las mujeres de mi generación? Aquí me gustaría hacer una detallada y ordenada exposición cronológica de los hechos y consecuencias. Mi experiencia personal no es un caso aislado, y lo voy a relatar no por afán de protagonismo, sino para exponer un caso concreto, porque entiendo que mi trayectoria vital es una pieza más del muestrario de las mujeres de mi tiempo, fueran científicas, artistas, intelectuales o personas de letras. Toda mi generación estaba unida por el denominador común de no querer aceptar el panorama social y laboral que hallamos y que tuvimos que luchar con tesón y gallardía para ser nosotras mismas, al margen de impedimentos, dificultades y, en muchos casos, hasta prohibiciones enérgicas. La lucha que tuvimos que librar no fue pequeña. A cualquiera de nosotras se nos pedía y exigía infinitamente más que a los hombres para alcanzar su mismo estatus, o su prestigio y consideración. En mi caso, el arpa era un instrumento adjudicado, no sé por qué razón, a las mujeres, pero no para incorporarse a la vida laboral, sino para tañerlo de forma lánguida en las reuniones familiares o en alguna fiesta benéfica, pero acceder a la vida laboral era difícil. Los honorarios de las mujeres-músicas eran siempre menores que el de los músicos, como si nosotras tuviéramos menos necesidades, y ya no en mi caso particular, por ser el arpa, «ese instrumento menor» que acabo de relatar, sino para la generalidad de las mujeres instrumentistas. En mi caso personal, la decisión de la carrera musical fue elegida por mi madre, que amaba apasionadamente el arte de los sonidos, y que intuyó en mi persona de niña unas facultades muy específicas para el estudio de la música. Empecé las primeras ilustraciones musicales a muy temprana edad, con cuatro años. Mi madre observó cómo yo leía la nomenclatura musical y la afinaba perfectamente, sin que nadie me hubiera En clase, de niña. enseñando, y, además, veía con complacencia cómo yo me divertía con aquella práctica. Así que decidió consultar con una experta, gran profesora de solfeo y gran persona, que influyó enormemente en mi personilla y animó a mi madre para matricularme en el Conservatorio madrileño, cosa que hacía antes de cumplir los cinco años. Como era tan pequeña, mi madre, que sabía lo importante que es empezar cuanto antes los estudios musicales, se las agenció maravillosamente para que a mi me pareciera toda aquella disciplina, como un juego. La primera reacción de mi padre fue de tolerancia. No le parecía mal que una niña de «mi estatus social» tuviera una cultura musical, como signo de buena educación. Hay que decir que mi madre «sacrificó» su carrera musical, por el matrimonio, aún cuando había demostrado dotes muy excepcionales 412 María Rosa Calvo-Manzano para la música. A pesar de este sacrificio, ñie una madre con tal dedicación a su hogar y a su familia que rayaba en los límites de lo increíble e imposible. Mi madre había estudiado, además de la carrera de piano, la carrera completa de pretábamos mutuamente lo que nos queríamos transmitir). Este tipo de madre, todo hay que decirlo, ha sido la generalidad de las progenitoras de la posguerra, y, sin duda, con su saber hacer el «oficio» de madre, ha supuesto la savia fructífera que ha dado paso firme a nuestra generación. A la generación que yo he dado en denominar la «generación femenina del 65». La inicial tolerancia de mi padre se convirtió en total, bronca y absoluta negativa, cuando, al terminar la carrera, todavía una niña, mi madre se propuso orientar y dirigir mi futuro hacia un serio camino profesional. Hay que decir que la habilidad de mi madre fue toda una lección de maestría femenina: ora aparente comprensión, ora carácter para defender sus criterios, ora tolerante, ora decidida... Así, en un largo camino de «estira y afloja» se fue forjando mi carrera, primero, y mi profesión, inmediatamente después, ambas con paso bien firme, pues mi madre entendía que la profesión musical hay que empezarla en cuanto se está preparado, y si yo había terminado mis estudios oficiales -^los de formación no se acaban nunca en casi ninguna carrera, pero menos, aún, en la musical-, había que empezar cuanto antes a practicar para acumular experiencias, y ya de bien niña aceptó para mi Música o matrimonio. Historia oculta de la mujer-música. cuantas ofertas de actuaciones llegaban a mi casa. Así, pues, desde mi más tierna infancia fui acumulando una importante experiencia. Mi madre preparó el complemento de mi formación en el extranjero. Eligió centros de estudios, instituciones, maestros, todo, y así amplié estudios en París, Siena (Italia), Holanda... Mas, mi padre hizo dos duras imposiciones. Para él la vida del artista era una frivolidad, un forma de vida bohemia, y para la férrea formación de los varones nacidos en el pórtico del siglo que agoniza, suponía sinónimo de perdición del alma. Todo lo que se hacía en un escenario, aunque fuera música clásica, pertenecía a la farándula en el peor de los sentidos. Para mi padre, la integridad de la persona, y eso sí que es algo que le agradezco en todo su valor, era el más preciado tesoro del ser, y había que nacer y morir conservándolo intachablemente. Su primera imposición de mi padre fue de carácter moral: viajar siempre acompañada de mi madre, para que velase por mi en todo momento. Ella lo cumplió gustosa, porque, entre otras razones, seguía más de cerca mi formación y mi trabajo. A mi madre todo le parecía poco para que yo enriqueciera mi espíritu y mis conocimientos, y como dos infatigables «andariegas» recorrimos medio mundo en busca del enriquecimiento de mi formación, que para la década de los 60 era toda una aventura. En una temprana edad, yo ya tenía a mis espaldas una buena cantidad de actuaciones profesionales, que se multiplicaban, bien por repetición de la misma, o porque «el boca a boca» siempre ha funcionado, y quien me contrataba y quedaba contento, me recomendaba a amigos, compañeros, y colegas. Naturalmente todas mis actuaciones eran siempre vigiladas atentamente por mi madre, que me ayuda a estudiar, corregía mis errores con infinita inteligencia y, al propio tiempo, con gran paciencia, haciéndome repetir pasajes hasta la saciedad cuando no le agradaban, dado que su nivel de exigencia era muy alto, en parte, porque sabía lo que hacía, y en parte, porque el sentido de la perfección ha sido siempre una constante en su vida. Pero algo que recuerdo con verdadera ternura era, y sigue siendo, su forma de alentarme, sin desmayo, con infinidad de estímulos y alicientes para que la exigencia a la que me sometía, no se notara. Otro destello de su gran inteligencia. La segunda imposición de mi padre fue de carácter intelectual. La música no era una carrera, y una dama de mi clase social tenía que formarse, debía tener nobleza de corazón y de formación. Así que, a pesar de mi durísima vida de adolescente, ya concertista muy activa, con fama de «niña prodigio», viajando, estudiando y trabajando, no me libré del María Rosa Calvo-Manzano 414 paso obligado por las aulas universitarias por las que tenían que pasar las mujeres de mi generación, si es que deseaban obtener el marchamo de «cultas». Sí, yo también debía tener el título universitario en la Licenciatura de Filosofía y Letras, como todas las jovencitas españolas de la década de los sesenta. Mi padre no comprendía, o no quería comprender, que la música, como carrera, era tan dura y tan larga, que los músicos de mi generación no tenían tiempo para hacer el bachiller, y que, como no era obligatorio, nadie lo hacía. Pero mi padre se hacía el sordo a las dificultades e imponía su voluntad, y tuve, cómo no, que simultanear el bachiller, primero, y luego la carrera, que me vi obligada a simultanear entre la Complutense y la Sorbona. Pero he de decir, en honor a la verdad, que agradezco la decisión de mi padre, pues, para entendernos, esa preparación me ha hecho ser una artista más humanista, lo que no es nada despreciable. Estudiar filosofía ayxida a pensar, y la estética artística, que se ñmdamenta en la filosófica, es más proñmda cuanto más sólida es la formación. Se dice y repite que la intuición es la quintaesencia del arte, y aunque es muy gratificante ser artista nato, no es menos cierto que, cara a la madurez, cuanto más formación tiene el artista, esa intuición, esa naturalidad artística, se ampara en pilares más firmes. Es decir, que en lo referente a formación, aunque reconozco que tuve una juventud más que activa y acelerada, todo son loas para mis progenitores; entre exigencias, comprensiones mutuas entre mis padres, y tolerancia final por parte de mi padre en la decisión de mi porvenir, forjaron un carácter férreo, que me ha servido para saber siempre, y en todo momento, lo que quiero, y hacerlo sin perjudicar a nadie, y sin hacer daño a lo que tiene que estar siempre bien templado: El espíritu. Mi periplo de estudios en el extranjero se truncó precipitadamente por una historia tan bella como jamás, hasta entonces, había vivido. Atrás quedaban los estudios aquí y allá, los premios internacionales en las competiciones mundiales de arpa, los éxitos primeros de juventud, las carreras del Conservatorio parisiense y La Sorbona, amén de las escapadas a grabar en los diversos programas de la ORTF, mientras desarrollaba mi trabajo temporal en la biblioteca del Centro Cultural de la Embajada de España en París. Se convocan oposiciones para la flamante Orquesta de RTVE, y naturalmente, aquella oportunidad no la podía perder. Aunque me obligaba a abandonar, con no poco dolor, mi periplo de estudiante, debía intentar, por todos los medios opositar aunque no tenía muchas esperanzas en los resultados porque, para empezar, tenía que conseguir una dispensa de edad. Historia oculta de la mujer-música. La suerte estaba de mi parte. Todo salió bien, y me convertía en una jovencita de sueldo millonario. En la España de los sesenta un Catedrático de mi especialidad ganaba 1.300 pts. al mes; la orquesta de RTVE anunciaba en su convocatoria un sueldo quince veces mayor. Cuando acababa de salir de las durísimas pruebas de la orquesta, se convoca la plaza de la Cátedra de Arpa del RCSM de Madrid. Por gracia de la fortuna, y no con poco esfuerzo, pues no recuerdo otra constante en mi vida que «trabajo, trabajo y trabajo», me convertía en la Catedrática más joven de la historia de España, desde los tiempos de Menéndez y Pelayo. Hay que recordar que la Orquesta de la Radiotelevisión Española, creada por el entonces Ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, con un sentido auténticamente futurista, dignificando de una manera oficial la profesión de la música,(que hasta entonces estaba mal vista, y no sólo por mi buen padre, sino por toda la generalidad de la vida cultural española), con sueldos roillonarios, fue un primer aldabonazo para reconsiderar la vida profesional del músico como algo digno y serio. No cabe duda que el sueldo era una forma oficial y, a la par, material, de propulsar esa dignificación, pues hasta entonces los pobres músicos españoles, eran unos bohemios que se dedicaban a hacer «bolos» para poder subsistir, lo que les dejaba completamente exhaustos y les quitaba tiempo para seguir estudiando, con lo que arruinaban sus carreras y precipitaban su final absoluto. Fue tal revulsivo la creación de la Orquesta de la RTVE, que la veterana Orquesta Nacional Española, creada por el Ministerio de Educación al terminar la contienda española, con precariedad de medios, se sintió estimulada por su «hermana pequeña». En efecto, no tardó en mejorar sus sueldos, equipar su material instrumental, dotar a los músicos de unos uniformes dignos, mejorar las condiciones de ensayo, que hasta entonces se hacían en un espacio destartalado del cerrado Teatro Real sin calefacción, (recuerdo cómo se calentaban, en el duro invierno, con unas estufas improvisadas), y con un acceso a través de unas escaleras de ladrillos sin acabar de enfoscar. Yo me imagino la lamentable impresión que tal situación produciría a los artistas invitados, como los grandes directores del mundo, que ya entonces empezaban a venir, no con pocos sacrificios para el Ministerio de Educación, escaso hasta decir basta, de medios económicos. Seguimos en la década de los sesenta. Como los profesores de la Orquesta Nacional eran funcionarios del Ministerio de Educación y Ciencia, no hubo más remedio que equiparar los sueldos de los Catedráticos de Conservatorios a los de la ONE, puesto que pertenecían igualmente al 416 María Rosa Calvo-Manzano MEC, y tenían el mismo estatus laboral. Era tan curiosa la situación económica de los músicos españoles de los principios de los años 60, que aparecieron infinidad de publicaciones hablando de «la música en cifi: as», que no se refería, naturalmente, a la nomenclatura musical del «cifi:-ado» y sí a los ridículos sueldos de los músicos españoles. De toda esta exposición es fácil deducir que nuestros padres no quisieran la música como profesión para sus hijos, y aquí ya sin diferencia de sexos, pues parecían estar abocados a una vida precaria y dura, sin reconocimiento social ni laboral. No cabe duda que el reconocimiento social y laboral, en buena medida está en relación a los salarios, por eso hay que decir con justicia que la creación de la Orquesta de RTVE dignificó de manera social la profesión musical. Aparecer la flamante orquesta todas las semanas en la pequeña pantalla, maravillosamente uniformada, (quiero decir, vestida), con un material impecable, con unos decorados cuidados en los que no faltaban los adornos florales, hizo que, poco a poco, se fuera metiendo en las casas (en un momento que la televisión empezó a convertirse en un artículo de primera necesidad) una nueva imagen sociocultural de los músicos. De un plumazo, a las puertas de la década de los 70, la vida musical española, desde su aspecto profesional, empezaba a tener otra consideración. Pero volviendo a mi trayectoria: en la España de 1965, con una dura censura, y un control policial férreo, centralizado por el sistema político de la Dictadura, donde el orden estaba garantizado desde el Estado, no se producían muchas noticias. Así pues, mis galardones a tan temprana edad, era todo un «noticiazo», digno de toda publicidad y publicación. Llené las páginas de todos los periódicos, revistas y cómo no, otros medios de comunicación. Ahora, seguro que Concierto en Río de Janeiro recibiendo un ramo de flores del entonces cónsul general de Río, hoy embajador Abella. toda esa publicidad hubiera costado una millonada, pero en aquellos, mis tiempos juveniles, era toda una noticia. Como miembro de la Orquesta de RTVE, no podían faltar, y no faltaron, entrevistas y diversos programas, de todo tipo, en Radio y TVEl, la única cadena que existía entonces, que, como todos recordarán, se emitía en blanco y negro. Tampoco faltaron las anécdotas. Mi madre, mi más entusiasta admiradora, como no teníamos televisión en casa, casi nadie la tenía en aquellos momentos, pues los artículos de primera necesidad eran muy distintos a los de ahora, se las agenciaba para ir a una cafetería donde hubiera instalada la pequeña pantalla, y con el pretexto de merendar, esperaba los programas en los que salía su hija. Pero nuestra España, que siempre ha sido muy futbolista, lo único que interesaba ver en TV era el partido, y cuando éste se acababa, siempre había un camarero que apagaba el aparato, pretextando que el programa musical que seguía era un rollo. No sin la protesta de mi madre, que algunas veces, entre vergonzosa y decidida, decía, por favor, no lo apague, que ahora va a salir mi hija y quiero verla. La noticia era, o la hacían, espectacular: «Una jovencita que toca un instrumento tan raro como el arpa, se ha convertido en la catedrática más joven de España». Tanta publicidad me hizo famosa, me reconorían por la calle, en el teatro... Yo estaba como flotando en el espacio: al esfuerzo compensado, se unía el hecho, nada desdeñable, pero difícil de asimilar para xma jovencita, de la publicidad y la fama. Pero en esos momentos, también estuvo mi madre alerta para que mi cabeza siguiera serena y equilibrada. Contra soberbia, humildad, me repetía. Y además, apostillaba, eres tan joven, que todo lo que has hecho no es nada comparado con lo que te queda por hacer en toda tu vida, así que Recibiendo el «Águila de Tlatelolco» de la Secretaría de Relaciones Exteriores, como premio a la labor desarrollada en Méjico. María Rosa Calvo-Manzano mira hacia adelante, y ponte a estudiar como lo que eres, una jovencita que tiene mucho que aprender todavía. Pero ese éxito y esa fama tenían su contrapartida. ¿Cómo era visto por mis amigos masculinos, por mis compañeros de trabajo? Empezaré por decir que ya era visto de una forma excepcional el que una jovencita saliera al extranjero en los años sesenta, conociera mundo y aprendiera otro idioma. Mis amigas lo veían como algo envidiable en el de mejor de los sentidos, pero los chicos lo veían como un principio de independencia que no les agradaba demasiado. Mis amigas se sentían orgullosas, y aunque sentían ima sana envidia, porque no era fádl salir al extranjero en ima España con escasas posibilidades económicas, parecía que ya empezaba a sentirse una conciencia social femenina, por la que nos hacía estar unidas en la causa. Lo que una hacía de bueno, o suponía un paso hada adelante, era jaleado por la comunidad de amigas y compañeras. Mis amigos, la sección mascuHna, me refiero, tuvieron, ¿cómo explicarlo?, una especie de «escapada» colectiva. Los nuevos que se acercaban a mi, al reclamo de mi fama, lo hacían, como si vinieran a conocer a un «bicho raro», y tenían que comprobar cómo sentía, cómo pensaba, cómo era... Con los amigos antiguos que conseguía dialogar y a los que preguntaba por qué huían de mi, mostraban tal complejo, que resultaba grotesco. Todos ellos, mayores que yo, eran todavía estudiantes, no disponían de otro dinero que el reducido «salario» de papá, que entonces era ridículo, mientras que yo estaba brillantemente situada, se sabía que ganaba mucho dinero, era independiente económica y personalmente, y el hombre de hace cuarenta años, evidentemente machista, no podía comprender que la mujer despuntara en nada absolutamente. Haciendo entrega a S.M. la Reina de un trabajo dedicado a ella, en presencia del alcalde Alvarez del Manzano y otras autoridades. Historia oculta de la mujer-música.. Los que me declaraban su amor, lo hacían con un tono tan imperativo que producía nauseas: «cuando nos casemos abandonarás la vida artística, ¿verdad?». He de decir, que aquellos amigos que huyeron de mi cuando era una jovencita triunfadora, han vuelto al cabo de los años, con una amistad que impresiona por la profundidad de sentimientos y por la nobleza de acción. Es decir, no es que algo esté cambiando, están cambiando, y muy deprisa, mucha cosas. Los compañeros de trabajo, por el contrario, no participaban de mis alegrías cada vez que yo, ingenuamente, creía que podía compartir con ellos mi gozo, contando mis actuaciones. Pero no era así, pronto observé que lo que para mi era una alegría para ellos suponía una gran tristeza. Qué es la envidia, sino la tristeza del bien ajeno. Cuando una persona elige su profesión, y hace todo tipo de sacrificios para alcanzar las metas propuestas, no hay nada en el mundo que pueda compensar esa decisión tan férrea. Hay espejismos, cómo no. La ilusión del matrimonio, a cuyo estado se iba antes con tanto grado de ignorancia, parecía que era lo suficientemente fuerte como para anular cualquier otro deseo. Pero bien es verdad, que esa ilusión, y aún estando cimentada en un amor verdadero, acaba por dejar aflorar el sentimiento primario de lo realizado y alcanzado antes del casamiento. Cuántas mujeres se han lamentado de dejar su profesión, y, si han podido, han vuelto a integrarse en ella en cuanto han tenido oportunidad, o los hijos han empezado a crecer, y se han visto literalmente solas en casa. Pues si la mujer de cualquier profesión siente nostalgia de ella en cuanto se desvanecen las ilusiones matrimoniales, cómo serán los sentimientos de las de las músicas, cuyo arte anida fuertemente en el espíritu del ser desde la más tierna infancia, y es algo que se convierte en consustancial a la propia vida. La ruptura de la sumisión de la mujer, ha sido muy bien reflejada en esa obra magnífica como es Casa de Muñecas, de Ibsen, cuando, la protagonista, Nohora, dice: «No es tarde todavía. Siéntate, Torvaldo: tenemos que hablar». Para muchos críticos es el principio del teatro de diálogo, pero para otros muchos supone un nuevo talante de mujer que saturada de sumisión, empieza a poner de relieve sus valores como persona. El hombre ha sido duro, y ha argumentado su dureza como signo de sus cualidades masculinas, pero si el amor es compartir, es vivir los dos en uno, ¿qué hombre puede ser feliz viendo desgraciada a su mujer? Yo he sido testigo de infinidad de amigas y compañeras que trataron de simultanear el matrimonio con su vida artística, ante una aparente aceptación de un hombre que parecía comprensivo con la realización de 420 María Rosa Calvo-Manzano su carrera, y han vivido un infierno de celos en su matrimonio, que ha terminado en divorcio. Los celos artísticos son los peores, pues es difícil de soportar, cuando el hombre es celoso por naturaleza, el que su mujer sea vista, aplaudida y halagada por todos antes sus propios ojos. El dicho popular, de «la mujer en casa y con la pata quebrada», define muy bien el machismo del hombre carpetovetónico, en cuyo sentimiento él ha tenido siempre «bula» para hacer todo tipo de devaneos, pero su mujer, su hermana y su esposa tienen que tener una intachable conducta. En la década de los sesenta, se pasó del amor irreflexivo, por el que al primero que solicitaba matrimonio se le aceptaba ante el temor de que no viniera otro, y no se analizaba si había amor, cariño o conveniencia, aunque en el mayor de los casos la mujer era una desgraciada, porque se había casado ante el miedo a la vida, sola y sin medios, y terminaba reñigiándose, no en el amor, y sí en la conveniencia, y, una vez dado el paso, el único sentido de vida era la dedicación amorosa a los hijos; al amor sosegado y reflexivo, donde se empezaban a analizar los entras y los contras, y, sobre todo, se empezaba a analizar finiamente si había verdadero amor. Bien es verdad que donde hay verdadero amor, ese misrao amor hace el milagro de que la convivencia no desgaste, de que ambos se enriquezcan con la sabiduría del otro, y cualquier contrariedad se soporta en virtud de ese amor, que enriquece el sentido de responsabilidad. Pero para tal reflexión, hay una cosa imprescindible: que la mujer sea verdaderamente libre para optar libremente al matrimonio. Una formación que capacita a la realización de la profesión, es un principio de independencia de la mujer. Quizá el hombre, intuía esta situación, o, sin intuirla, su carácter machista no le permitía aceptar la realización de la mujer. Quién sabe lo que pasaba por la cabeza de los hombres de hace cuarenta o cincuenta años. Pensemos lo difícil que es para un hombre ibérico aceptar la profesión de la mujer siendo concertista, cuando dicha profesión se ejerce en un escenario: ¿qué hombre puede ver con gusto que la mujer, su mujer, y si además, es agraciada, se luzca para que la vean los otros? Siempre he dicho que a mi me han perjudicado tres cosas fundamentalmente para mi carrera: Ser mujer y con fama de guapa, quedarme a vivir en España, y tener como profesión tañer el arpa. Aunque no cambiaría mi vida por nada ni por nadie; soy una persona auténticamente feliz con lo que tengo, que creo que es mucho lo que la vida me ha dado. Ser mujer con fama de guapa me ha planteado serias dificultades porque todavía hay un sector machista que cree que la mujer no puede tener éxito por méritos y esfuerzo propios, y sí gracias a cierto tipo de contraprestaciones. Es ese tipo de hombres, que muchas artistas nos hemos encontrado, y al que hemos tenido que mostrar firmeza y seriedad para alejarlo y dejar bien clara nuestros planteamientos. Quedarme a vivir en España, también me ha hecho daño porque para la mentalidad latina, y sobre todo española, nadie es profeta en su tierra. Todos conocemos artistas de gran valía que han tenido que abandonar la patria para hacer su carrera, porque aquí nadie les hacía el menor caso. Hay que recordar lo que decía el «Españoleto», España es madre amante para los extranjeros, y madrastra dura y cruel para los de casa. Tener como profesión tañer el arpa, creo que ha sido un gran prejuicio. El arpa siempre ha estado asociada a la mujer, pero, naturalmente, sin carácter profesional.. Yo tenía un profesor de Filosofía que decía y repetía, y no sé si me lo dedicaba a mi por ser su alumna y saberme música, que las mujeres sólo servíamos para tres cosas: cocinar, hacer trapos y tocar un instrumento, aunque los mejores cocineros, los mejores modistas y los mejores músicos siempre han sido hombres. Recuerdo una anécdota que enlaza con el punto uno que acabo de analizar. Cuando gané la cátedra entre el asedio de periodistas, vino un corresponsal de una revista extranjera muy famosa ya en aquellos años, que me propuso hacer un gran reportaje, en el que se reflejara mi vida cotidiana: En casa, estudiando, saliendo con amigos, y en un club deportivo para fotografiarme jugando al tenis, y, aquí viene lo mejor, en bikini, para sacarme en la portada tirándome a la piscina desde un trampolín. Como todos Vds. se pueden imaginar, le aclaré muy bien al periodista que ganar una cátedra me había costado un gran esfuerzo, y que estaba equivocando las cosas. Yo no era una modelo para lucir mi cuerpo en ninguna parte, y sólo, por el contrario, una chica seria, que toda su vida, por corta que todavía era, se había centrado en el temple del sacrificio para lograr sus metas. Como es natural, aquí se acabó la 422 María Rosa Calvo-Manzano historia con el tal periodista. Ese día sentí por primera vez, el orgullo de haber llevado a la práctica los consejos de mi padre sobre la dignidad, y, puedo asegurar, que me sentí como elevada. Mi generación, que era completamente ingenua, sin saber nada de la vida hasta bien mayores, nos sentíamos ofendidas y a veces, casi no acertábamos a entender nada, cada vez que se presentaba un «mañoso» tratando de deslumhrar. La generación actual sabe mejor lo que quiere, y hace las cosas, si es que se presta a ellas, con otra mentalidad. Aquí hay que volver a alabar a las madres de los 60, que estaban cerca de las artistas que hacían vida activa, pues fueron maravillosos frenos, como un pararrayos que evitaba cualquier peligro. La vida artística, que es preciosa para quien la siente, tiene sus contrapartidas: cansancio por los constantes viajes, a veces con poco tiempo para dormir, la constante exposición nerviosa ante la tensión que supone la actuación pública por más experiencia que se tenga, invitaciones extemporáneas antes de un concierto, que desgastan porque absorben la concentración necesaria para una buena actuación... éxitos fáciles que deslumhran de la misma manera que lo hacen las luces de las candilejas, halagos de críticos, de público, de amigos...Hay que tener el alma bien templada para no dejarse marear por tantas situaciones estimulantes que excitan la delicada sensibilidad del alma del artista y que, en la vida artística, se dan constantemente y, casi siempre, de forma precipitada. Es difícil comprender desde fuera, la euforia, la inmensa alegría que se siente al terminar ese largo ciclo de preparación, en verdad, severa, que supone un difícil programa de concierto: la concentración durante meses, el esfuerzo de memorización de la partitura con todos su detalles, más, al terminar el concierto, donde la tensión emocional, la pasión de la interpretación para atrapar la atención y el sentimiento del público, ha sido inmensa, a lo que se une la borrachera del éxito con los aplausos..., todo ello supone una aceleración tal del sistema nervioso que todo el organismo sufre una alteración metabólica, que se traduce en un brillo especial en los ojos, la frente y las mejillas, que puede inducir a equívocos al «macho» que observa desde fuera. Si la artista está lejos del hogar, y, por tanto, del cariño de la familia, la necesidad de compartir es tan grande que el que se acerque va a sentir una irradiación especial, que en origen no es otra que todo lo que acabo de relatar, pero que puede dar lugar a equívocos. Creo que para concluir este artículo, se podría concretar el papel de la mujer del siglo que agoniza dividiéndolo en tres claras generaciones: 1. la de mi madre, sacrificada, pero reflexiva y transmitiendo pensamientos de dignidad de la mujer como persona. La mía, la generación puente, no comprendida por padres, hermanos y amigos. Más aún, yo me atrevería a decir que ha sido una generación incomprendida por todos, porque es difícil que luia jovencita de hoy imagine, ni por un instante, lo que era el papel de la mujer de hace, a penas, cuarenta años. La generación actual, decidida en sus proyectos personales y eligiendo al hombre como antes lo hacían ellos. Concluyo agradeciendo, públicamente, los principios educativos de mi padre, y los mensajes constantes de mi madre como una glosa diaria del pensamiento paterno. A ambos, nunca daré suficientemente las gracias, porque la persona nace, y la profesión se hace. Como en una glosa de homenaje a nú padre, debo confesar que me reconcilié con él, en el aspecto artístico, justo en el pórtico de su muerte. Sí, ante una larga gira por Estados Unidos, incluido el debut en el Carnegie Hall neoyorquino, mi padre, curiosamente, mostró una gran ilusión por este nuevo evento, y sin embargo. Dios le llamó a su morada, justo la víspera de mi salida para USA. Ni que decir tiene, cómo toqué en aquel concierto, con el alma rasgada de dolor, y sin ninguna preocupación por lo que representaba tan importante recital. La crítica dijo que había habido algo sobrenatural en aquel concierto; fue el éxito más grande que he tenido en mi vida, y yo creo firmemente, que mi padre hizo, espiritualmente, aquel concierto. Mi padre me repetía constantemente: «Dama y caballero sólo son los que tienen verdadera dignidad, y la DIGNIDAD, así en majrúsculas, es lo único importante en la persona. La carrera y la profesión son una pura anécdota en la vida, que depende de las situaciones, circunstancias y oportunidades». Mi padre añadía: «recuerda siempre hija, que el señorío, es decir, comportarse en todo momento como una dama y un caballero, no tiene jamás vacaciones, ni un minuto en toda la vida». En homenaje a mi padre, he procurado siempre no tomarme esas vacaciones. En el Carnegie Hall de Nueva York, el día de mi debut allí.
Sea cual sea la opinión que se tenga del fundador del psicoanálisis, nadie entre nosotros podrá ignorar este hecho central: Freud hizo verosímil una intensa relación entre literatura y vida. En este sentido, ultimó el programa emprendido por Nietzsche 1. Ambos autores, como es sabido, creyeron que un nuevo ser humano, con una nueva percepción acerca de sí mismo, se podría seguir de una nueva capacidad de integrar en su vida héroes trágicos. Freud, sin embargo, adoptó siempre un punto de vista más bien clásico, por lo que desde aquí podemos identificar una afinidad superior entre él y la figura de Goethe. Si bien Nietzsche demandaba una nueva tragedia, a la altura de un ser humano que estuviera más allá del hombre, Freud se atuvo a la capacidad normativa del clasicismo. De esta manera, dotó de eficacia la capacidad hermenéutica que acerca del ser humano mostraba la literatura clásica. En este asunto estaba en juego la concepción del genio creador. En la línea de Goethe, Freud siempre aceptó ciertas constantes de la naturaleza humana y se sentía autorizado a despreciar como un elemento propio del mito ario toda la retórica aristocratizante de Nietzsshe. La fina ironía de Freud residía en acercar los modelos heroicos de la tradición a las dimensiones de la subjetividad compartidas por todos los seres humanos. Edipo no era el destino propio de un rey de Tebas, sino la expresión de fuerzas básicas propias de todos los infantes. Freud, así, democratizó la tragedia y entregó a la vida humana más sencilla todos los rasgos de la percepción aristocrática del mundo. No aprecio aquí un elemento de ironía. En cierto modo, Freud tomó al pie de la letra la expresión de Nietzsche de que un alma aristocrática era aquella capaz de aguantar profundos dolores. Freud nos enseñó que todos los hombres sufrían y, además, que todos los hombres sufrían más o menos lo mismo y por lo mismo. Para identificar los componentes de ese sufrimiento sólo teníamos que mirar las grandes figuras literarias: Edipo, Hamlet, el rey Lear o Don Quijote. La antropología acostumbra a hablar acerca del ser humano como aquel que tiene un parto prematuro y la mitología, desde Prometeo a Cristo, nos enseña que el ser humano sólo puede asegurar su futuro si tiene algo así como un segundo nacimiento, una segunda creación. Freud, de manera convergente, ha mostrado los dolores de ese segundo parto, el sufrimiento de convertirnos en seres humanos a partir de manojos de pulsiones, de fuerzas psíquicas caóticas, de angustias y deseos desordenados, del trabajo sin pautas del recuerdo y del duro esfuerzo de organización psíquica. La historia de la literatura es la huella más espléndida y consciente de este trabajo del psiquismo en el que los seres humanos se empeñan en alcanzar un fruto complicado, difícil, sin garantías: la propia humanización. A partir de la obra de Freud, las grandes figuras literarias no se presentaron como meras creaciones objetivas del espíritu humano. Antes bien, daban expresión a fuerzas subjetivas que seguían operando en cada uno de nosotros, los lectores. La sustancia del clasicismo consistía en que esas pulsiones servían de base al trabajo psíquico de cada generación, atada a esos temas, a esos personajes, reclamando la repetición, la reencarnación en cada nuevo caso, en cada nuevo cuerpo, en cada nueva psique. La literatura era la huella de un proceso de humanización y de autoconciencia que había empezado mucho tiempo atrás, pero que con los grandes clásicos alcanzaba su plenitud formal. Freud daba un paso más allá, ejercía un segundo momento reflexivo, y elevaba todas aquellas obras a síntoma de domesticación de las fuerzas humanas y de nuestra capacidad para reconocerlas y vivir con ellas, sin necesidad de estar condenados a las tragedias. Tras la pulsión formadora de mitos que había comenzado con los griegos, la obra del psicoanálisis retornaba al ser humano aquellas lejanas creaciones literarias. Lejos de ser expresión accidental de un genio, las grandes figuras míticas eran formaciones esenciales de la psique. Los genios literarios, sus autores, lo eran sólo porque percibían con fuerza e intensidad esas pulsiones, le daban forman, las dominaban y las introducían en las biografías de manera oportuna. Su dimensión pedagógica consistía en que tornaban familiares esas pulsiones de la humanidad y, tras esa domesticación, enseñaban a sobrellevarlas mejor. La ilustración, con todo su componente democrático, ofrecía la posibilidad de interpretar nuestras propias existencias a partir de esas figuras literarias en las que el drama de las pulsiones psíquicas se hacía consciente, inocultable. HIJOS PREDILECTOS DE LA NATURALEZA Desde este punto de vista, el de Freud es un pensamiento de la naturaleza 2. Uno paradójico, mas no menos intenso. El ser humano manifestaba unas constantes a la hora de dar forma a impulsos y anhelos libres. Caracterizado inicialmente por una carencia de forma, procedente de una prehistoria vital en la que los afectos, los deseos, los anhelos y los sentimientos han operado mucho antes de que los conozcamos y sean conscientes 3, condenado a tener que conocer esos tiempos prehistóricos e inconscientes mediante el duro ejercicio de la memoria, incapaz de orientarse en ella de una manera propia, autónoma, objetiva, inmediata; carente de todo sentido de la verdad acerca de sí mismo, el ser humano se manifestaba ante Freud como un actor torpe que, curiosamente, tropieza casi siempre en las mismas trampas y se queda pegado a los mismos dañinos placeres. La patología constante así caracterizada, y la capacidad que el psicoanálisis mostraba de inducir una cura, dos supuestos de toda literatura, permitían asegurar la existencia de una naturaleza humana -quizá el tercer supuesto del clasicismo. Pues bien, este pensamiento, que el ser humano tiene una naturaleza, y que Freud estaba destinado a ser el científico que podía llegar a descubrirla, es la deuda más básica que nuestro autor tiene con Goethe 4. Lo paradójico de esta idea -una de las intuiciones más penetrantes de Freud-consistía en que la naturaleza parecía presentar más bien la constancia de la patología, de un actuar errado y fallido. Sin duda, esta tesis debía explicarse sin echar mano de las metáforas míticas de la caída y del pecado. Lo natural en el ser humano no sería tanto una esencia que se pudiera descubrir y explicar, sino la inexorable tarea, sin garantías, de elaborar el difícil tránsito de un manojo de pulsiones psíquicas informes e inconscientes a lo que llamamos un ser humano. La única regla de este tránsito la ofrecían ciertas figuras patológicas, sintomáticas, de las que nos habla la literatura. Carente de un ser originario, de un modelo cerrado, lo que el ser humano hacía de sí mismo era persistentemente frágil, problemático. Tanto era así que resultaba muy difícil trazar una diferencia entre la salud y la enfermedad. El carácter construido de todo ser humano ofrece a nuestra vida adulta una dimensión artificial y metafórica que no está exenta de dimensiones patológicas, tan pronto resulta subrayado o borrado uno de los elementos a tener en cuenta. En JOSÉ LUIS VILLACAÑAS BERLANGA este sentido, conocer al ser humano, para Freud, consistía en ocuparse de la acción de forjarse a sí mismo y esto no era algo diferente a ocuparse de la humanidad doliente, sin duda. Desde este punto de vista, Freud compartía la divisa básica de la ilustración: sin un esfuerzo especial por mantener en su ser, el ser humano regresaba a un estado infantil y de minoría de edad, que le incapacitaba para hacerse cargo de su propia existencia 5. Ese conjunto de evidencias, aunque ya se está perdiendo para las generaciones futuras, embarcadas en procesos de construcción técnica masiva de la subjetividad, constituye el legado de la época clásica burguesa, la época de la Bildung, que entregaba la formación del sujeto al trabajo de sí 6. Freud, tanto como el último Foucault, fue un egregio representante de esta filosofía humanista de la Bildung, que todavía concede su centralidad al logos y a la palabra, no a la imagen y a los simulacros 7. Como todos ellos, Freud pensó que existía una intensa relación entre la Bildung y la literatura y entre ambas cosas y el estatuto caótico del ser humano previo al trabajo del espíritu. La acción de formarse, propia de cada sujeto, era en cierto modo el trabajo de analizar la propia vida a partir de los personajes de la literatura. Para esta época clásica no había posibilidad de configurar un ethos sin interpretar la propia vida a la luz de los modelos literarios en circulación 8. En consecuencia, para ellos no había posibilidad de dominar el dolor de los seres humanos sin aproximarse a los personajes sufrientes de la literatura. En este orden de cosas, sabemos que la literatura inglesa era la preferida de Freud, su deseo favorito como lector. En este sentido, no habría un concepto apropiado de enfermedad psíquica sin referencia a los traumas controlados y descritos por los escritores de historias literarias. Pero tampoco, y en contrapunto, un concepto de salud. Hay suficientes pruebas de que esta visión de lo humano procede de Goethe, a los ojos de Freud un hombre bastante armonioso. Ernst Jones nos recordó el pasaje en el que Freud confesaba que "fue el hecho de haber oído el hermoso ensayo de Goethe sobre la naturaleza [...], lo que me decidió a comenzar el estudio de la medicina" 9. Este pasaje confirma todo lo dicho hasta ahora. Freud siempre se sintió como uno de los hijos favoritos de la naturaleza, uno de aquellos a los que ésta tenía el gusto de revelar algunos de sus secretos. Él sabía que no sólo en la enfermedad se abría ese libro y se le ofrecía una comprensión. Supo apreciar algunos milagros de salud. Ha llamado la atención de la crítica el hecho de que Freud se empeñara en un estudio paralelo de dos personajes fundamentales de la cultura europea: Leonardo y Goethe. A los dos dedicó sendos trabajos acerca de sus recuerdos infantiles y valoró sus vidas en términos de equilibrio de pulsiones encontradas. Leonardo sucumbió en este proyecto y por eso conoció el dolor y la tragedia personal de una vida truncada. Goethe alcanzó este equilibrio entre la dimensión artística y su pulsión hacia la investigación. Como es natural, Freud se veía a sí mismo en la línea de Goethe. Por una parte, tenía la certeza de haber comprendido algo de los enigmas del mundo 10. Por otra, estaba seguro de que en ese esfuerzo había logrado cimas de expresión artística literaria, al menos según la manera en que una cultura tardía podía desplegarla: a través de una obra crítica y de interpretación. Además, el literato del clasicismo había conocido el amor y en sus cartas la prosa de Goethe es algo más que un modelo 11. En esa síntesis, y contra la visión en exceso pesimista de Weber, había aprendido estrategias y actitudes que Goethe había explicado a través de su personaje Fausto. TRAS LAS HUELLAS DE FAUSTO Fue así como Freud interiorizó el famoso personaje de Goethe desde el principio de su carrera y logró hacer de él una fuerza ética de primer orden. Como dirá años después en su Autobiografía, recordando la avidez de sus años de juventud, se vio a sí mismo como un personaje fáustico 12 que se dejaba llevar por las enseñanzas de Mefisto. "Es así como se aprende cuánta verdad se encierra en la advertencia de Mefistófeles:'es inútil tu continuo vagar de una a otra ciencia: cada hombre aprende sólo aquello que es capaz de aprender'". A pesar de todo, Freud interpretó esta enseñanza de una manera bastante moderna. En lugar de abandonar totalmente el gabinete de trabajo científico, la renuncia al espíritu fáustico obtuvo aquí un sentido de especialización científica, no el abandono de la fe en la ciencia 13. A pesar de todo, se trataba de una ciencia muy especial. Tan especial que, en el universo de Fausto, formaba más bien parte del mundo del arte. En realidad, se trataba de hacer una ciencia de lo que hasta ese momento era un arte y sólo podía encontrar su camino expresado en literatura. No es la influencia directa de Platón, aunque parte de una evidencia platónica. El ser humano sólo puede ordenarse seleccionando recuerdos, interpretándose. Esto, que fue la tarea de la filosofía, y que caracterizó el talento de Freud 14, había sido entre tanto el trabajo que había llevado a Goethe a escribir el Fausto. Al reproducir ese trabajo, Freud culminó una obra de conocimiento, de arte y de ética, estructura que mantuvo toda su vida. Siempre ha admirado a la crítica que el hombre sereno de Weimar mantuviera viva la llama de su creación mientras mantuvo vivo el aliento de su vida. Ambas realidades, la obra y la existencia, se apagaron a la vez, como si cumplieran al pie de la letra aquella exclamación, "¡detente, eres tan bello!". El trabajo de construcción artística del recuerdo y el trabajo de la existencia humana se confundieron aquí y eso concede a esta obra su estatuto de símbolo de una humanidad que ya sabe que tiene que construirse a sí misma. En este sentido, Freud no es un caso de menor fidelidad. Cuando Freud recibió el premio Goethe, que sin embargo no pudo recoger personalmente, ofreció un pequeño ensayo en el que con sencillez puso todo su trabajo analítico bajo la advocación de los primeros versos de Fausto. En la Zueignung goethiana a la edición final, vio Freud al descubierto la fuerza psíquica incomparable de los primeros vínculos de la infancia. Fühl 'ich mein Herz noch jenem Wahn geneigt" 15 le parecían a Freud que podían ser repetidas por cualquiera que se dispusiera al análisis. Como en el propio Goethe, la percepción de Freud mostraba que la fijación a estas sombras primeras de la infancia, una fijación perenne que atravesaba la vida humana entera, era la inclinación más patológica del ser humano, pero al mismo tiempo la única que le daba consistencia a un ser que, de otra manera, no la tendría. Lo que nos constituye es la enfermedad. Este aspecto mixto de afecto y de rechazo, esa capacidad de turbación, de amor y de dolor, de amistad y de queja 16, despertados una y otra vez mediante el recuerdo, ofrecen a la vida ese aspecto enfermizo que hace necesario el análisis y la interpretación. En el ensayo de Freud se citaba el pasaje de una composición poética de Goethe, la última versión de An den Mond. Allí se caracterizó a la vida humana como el "Labyrinth der Brust", el laberinto del pecho. En los primeros versos de Fausto, Goethe repite la metáfora en un verso formidable. Aquel caos de afectos configura "des Lebens labyrinthisch irren Lauf", el curso laberíntico de la vida. En el pequeño poema dedicado a la luna, sin embargo, este laberinto erraba en la noche y allí forjaba aquello que los hombres no saben ni piensan de sí mismos 17. Freud insistió en que aquí se reunían dos precisas anticipaciones de otros tantos descubrimientos suyos: que los sueños eran la consecución del trabajo del alma tal y como se produce en la vigilia, y que ese trabajo tiene su topos central en el inconsciente. Disolver el enigma de ese trabajo del inconsciente era la gloria reservada a él por la naturaleza. En cierto modo, hacerse un carácter, construirse a sí mismo, era una experiencia de naturaleza fáustica e implicaba conocer las fuerzas que llevan al ser humano a perder la inocencia y le incitan al intento de controlarlas en su seno 18. Se trataba de fuerzas que podrían ser destructivas y toda persona debía encontrar la manera de transformarlas en constructivas. Era la vieja canción de los Fuegos Fatuos, las luces erráticas [Irrlichter], que dice así: "Von dem Sumpfe kommen wir/woraus wir erst entstanden" 19. En todo caso, se trataba de fuerzas que emergían en la noche de Walpurgis, el símbolo del desorden nocturno, laberíntico. Esa noche, que de hecho es la sustancia misma de Fausto, debía ser transformada en algo de luz, por mucho que fuera una luz errática 20. Esta era la enseñanza misma de Mefisto, ese diablo menor, genio de la humanidad, que siempre aspira a hacer el mal y que siempre acaba haciendo el bien. Por eso, cuando Mefisto se dispone a acompañar a Fausto en la noche de Walpurgis, iluminados ambos por la débil fuerza del fuego fatuo, en una atmósfera que es una repetición de aquella de los primeros versos del poema, dice el coro de los tres personajes. Freud no citó estos versos en su escrito de gratitud por la concesión del premio Goethe, desde luego. En realidad, estos versos no implicaban un avance verdadero en la definición de los paralelismos entre sus intuiciones centrales y las de Goethe. Mas, de haber relacionado la noche en la que circula el inconsciente en sus laberintos con la noche JOSÉ LUIS VILLACAÑAS BERLANGA de Walpurgis, Freud habría podido percibir que la metáfora que domina el paso de los caminantes es "zu des Bösen Haus", hacia la casa del Mal 22. Walpurgis es para siempre el escenario de la locura 23. Cuando Mefisto señala hacia esa casa, dice Fausto: "Da muss sich manches Rätsel lösen" 24. RESISTENCIAS A ABANDONAR LA OMNIPOTENCIA A estas alturas podemos confesar la sospecha de que el cosmos fáustico de Freud puede extenderse tanto cuanto ampliemos la lectura del gran poema de Goethe. Desde luego, nuestro autor la realizó de forma muy cumplida. A veces, sin embargo, utilizó formas literarias equivalentes al poema de Goethe que a su parecen cumplían las mismas funciones. Tal fue Les tentations de Saint Antoine de Flaubert, que comparó expresamente a la Walpurgisnacht 26. Podríamos invocar el placer pegajoso que ata a Fausto a su sueño, a la imagen muerta de Margarita, a la melancolía del paraíso, en esa magnífica expresión que sintetiza la relación del enfermo con la enfermedad psíquica, la forma vivir de los que habitan la casa del mal, "Welch eine Wonne! welch ein Leiden!" 27. Sin embargo, en este placer de la enfermedad no está la clave del enigma que la naturaleza debía permitirle conocer. Es muy curioso que Freud haya sido mucho más explícito a la hora de asegurar que la solución del enigma le estaba reservada a él, que a la hora de exponer con sencillez dónde residía el enigma. Muchas veces se expresó en estos términos y quizá esta cuestión permita muchas soluciones 28. Quizá la más extrema y conocida fue la que le hacía vincular su persona a Edipo, no sólo en su dimensión del hombre que padece el destino, sino del héroe poderoso que sabe descifrar los famosos enigmas 29. Desde luego, todo esto tenía que ver con el descubrimiento de la sexualidad infantil. En cosas como estas se suele colocar el valor de Freud: cada uno debe identificar su enigma propio, la variación acerca del enigma general de la humanidad que es la evolución del principio de placer. Sin embargo, esta clave es demasiado irrelevante cuando las cosas se miran desde el personaje de Fausto. ¿Dónde situar entonces el enigma? ¿Cuál fue la verdadera relación de la Naturaleza con Freud y qué tiene que ver Fausto con ella? Supongamos de entrada que la clave es-tuviese en la voluntad de placer. El vacío de determinación del que procede el ser humano se relacionaría con el hecho de que el sentido del placer no viene determinado por regla alguna. Sin embargo, en todos opera un principio de placer que no conoce de entrada limitaciones, porque es un a priori formal. Podemos invertir la frase de Nietzsche y decir que el hombre prefiere el placer de la enfermedad que el no-placer. El complejo de Edipo es relevante porque con él emerge el trauma que significa poner límites al placer. Lo decisivo no es la componente sexual. Más bien, la clave reside en que algo que había proliferado sin límites, la plena disponibilidad de la madre a la hora de atender nuestro placer, ahora los encuentra aunque sólo sea por un instante. La limitación del principio del placer nos obliga a dotarlo de forma, bien sea mediante fetiches, substitutivos alucinatorios, desplazamientos, aplazamientos, asociaciones histéricas, o bien mediante la difusa angustia que acaba generando tabúes. El caos psíquico surge de un principio de placer que no se resigna a la limitación. Y esto es así porque en todo ser humano que viene al mundo, el principio de placer supone lo que Schopenahuer llamó el error innato de la idea omnipotencia, esa confusión que hace de su voluntad la única voluntad existente y por ello se cree con derecho absoluto. Hoy podemos decir que el complejo de Edipo, lejos de tener como centro la vida sexual, es más bien el desgarro por el cual se configura el sistema dentro/fuera en la vida psíquica, la diferenciación básica entre interior y exterior que escinde un mundo unitario en el que el deseo no tiene barreras. Lo terrible del ser humano es que este supuesto de omnipotencia es fortalecido durante el tiempo de vida intrauterina, y luego mediante la libre disposición del cuerpo de la madre y la emergencia de la figura protectora del padre. Es lo de menos que este supuesto de omnipotencia sea compensatorio de la verdadera condición de impotencia que caracteriza al hombre. Alguien podría decir que sólo un afecto tan absoluto puede incitar a la vida a un ser tan precario como el ser humano. Como Schopenhauer mantenía, sólo la ilusión puede vincular a la vida a un ser al que sólo le espera sufrimiento. Sea como sea, la precariedad de la vida humana -y no sólo en sus orígenes-resulta superada por el arrojo de un ser que se siente protegido por representaciones de omnipotencia. ¿Cómo atravesar de otra manera una vida rodeada de peligros y precipicios? La escena que da inicio al Fausto sugiere que la fuerza psíquica de las experiencias infantiles procede de que en FREUD SOBRE FAUSTO: SUSTITUCIONES DE LA OMNIPOTENCIA ellas vivimos anclados a una certeza de omnipotencia, ya sea propia, ya sea transferida a los padres. Freud supo teorizar, sin embargo, el supuesto básico de la dinámica del gran auto de Goethe. Encontró que la psique cuenta con un poderoso principio de inercia que hace muy difícil separarse de lo que alguna vez produjo placer. Nada más difícil entonces que desprenderse de la representación de omnipotencia como condición de seguridad del placer. Este supuesto es el que lleva a la desesperación de Fausto y a su pacto con Mefisto. Si miramos el gabinete gótico en el que Fausto, sin saberlo, espera la llegada del pequeño diablo, descubrimos un hombre que hace memoria. Ante nosotros confiesa que ya ha abandonado las viejas ofertas que respondieron a la constante exigencia de omnipotencia. Como si esta exigencia viniera depositada en nosotros por una promesa que tomamos perfectamente en serio, no estamos en condiciones de entregarla a pesar de los fracasos. Como una profecía del Apocalipsis, obtiene más credibilidad cuanto más se incumple. Ante Fausto quedan, abandonadas con melancolía, ineficaces, las opciones de la religión cristiana antigua, de la magia medieval y de la ciencia moderna, los tres caminos señeros hacia la deificación del hombre occidental. Desde el momento en que Fausto pronuncia la nueva palabra, Handlung, acción, ha firmado el pacto con Mefisto. La omnipotencia debida a la propia acción, la capacidad de realizar por nosotros mismos toda la gama de acciones que nos impone el principio de placer, reclama con necesidad la disponibilidad de la totalidad del tiempo. El desplazamiento de la omnipotencia a la acción exige eliminar la muerte del horizonte del hombre. El reinado completo del principio de placer, la aspiración a no encontrar resistencia alguna al deseo, cuando se desplaza a la acción del propio hombre, exige un tiempo infinito, expresión elemental del automatismo de la repetición que luego Nietzsche elevará a principio ontológico de eterno retorno. Esta es la premisa del caso Fausto. Un desplazamiento intramundano de la aspiración de omnipotencia que, como sugiere con fuerza el tránsito a la segunda parte de la obra de Goethe, incluye el crimen y la inmersión orgiástica en las aguas del río Leteo. Sin embargo, la aventura de Fausto, sin duda una prueba de humanidad, no incluye el desenlace previsto en el pacto con Mefisto. Ni Fausto dispondrá de todo el tiempo, ni su muerte le entregará a las garras del Mal. Y es aquí, en la resolución imprevista de este dilema -y no en el principio de placer ni de omnipotencia-, donde debemos ver la vinculación central de Freud con el personaje de Goethe y donde debemos identificar el hallazgo central que la Naturaleza le quiso revelar a su último hijo predilecto, Freud. En el fondo, la fabulación de Goethe fue irreverente con el pobre Mefisto, cuya parte del pacto jamás se le entregó. Sin duda, Goethe nos propone una sátira radical de la vieja creencia en el diablo, muy propia de la edad media. El pacto con el diablo se incumple, pues el alma de Fausto es salvada y Mefisto burlado. Desde el punto de vista de Freud, ese pacto nunca existió sino para dar forma a ciertos deseos. Cuando estos quedan explícitos y reconocidos, el pacto se rompe como una ilusión y entonces se abre paso la salud y la salvación. Freud, que al final conectó el humor a la salud psíquica, llevó hasta el final esta sátira, que hace de ese pacto escrito con sangre un papel mojado. Lo hizo en su mal conocido ensayo dedicado a Una neurosis demoníaca en el siglo XVII, donde estudia el caso de un pintor que, para potenciar su arte y garantizar un éxito mundano, firma un pacto por el cual se compromete a entregar su alma al diablo pasado cierto tiempo. Freud era muy consciente de la cercanía de este caso real con el problema Fausto y sorprende que no haya puesto en relación ambos personajes de manera más explícita 30. A pesar de todo, el vienés reconoció que el pacto con el diablo colma las expectativas del principio de placer y propone al hombre el último desplazamiento del ideal de omnipotencia 31. La agudeza de la sátira materialista de Freud, como la de Goethe, no consiste tanto en revelar los descarnados deseos que se ocultan tras el pacto, sino en poner de manifiesto un megadeseo, el único que puede garantizar la sensación de omnipotencia: el de recuperar al padre omnipotente 32. Que el pacto con el diablo tenga el sentido de una sustitución del padre amado y protector apenas describe algo diferente de la entrega radical al mundo -atravesada por la voluntad de omnipotencia-como sustitutivo del Dios muerto 33. Así, Fausto ya expresa en literatura todo lo que Nietzsche expone en términos de metafísica. Freud se encargaría de mostrar que tras estas visiones sublimadas no hay sino "uno de aquellos tipos que conocemos como 'eternos niños de pecho', sujetos incapaces de arrancarse de la dichosa situación del niño lactante [...]. De este modo habría corrido nuestro héroe, en su historial patológico, el camino que va desde el padre sustentador al demonio, como sustituto paterno" 34. Que esta leyenda de Fausto re-JOSÉ LUIS VILLACAÑAS BERLANGA aparezca en la primera crisis moderna del cristianismo no sería entonces un azar. La melancolía moderna implicaría una pérdida no aceptada respecto a ese Dios padre bondadoso y omnipotente. Para que la sustitución opere, por supuesto, la promesa de eternidad del Dios cristiano tiene que transformarse en promesa de plena disponibilidad del tiempo indefinido en el que acumular poder y placer. Los malos espíritus, dice Freud, deben sustituir a los "göttliche Mächte", pero sólo porque la muerte como principio no ha sido aceptada. Y sin embargo, Goethe, con su reelaboración de la fábula medieval en la que el cristianismo anticipó su crisis, introdujo en su personaje algo todavía más fuerte que el principio de placer y su pulsión de omnipotencia. Ese algo nos ofrece, lo repito, el secreto del descubrimiento científico de Freud. Quizá Mefisto -un daìmon natural, más que un demonio-contaba con ello cuando suscribió el pacto. El caso es que, en el camino a través de la noche de Walpurgis del mundo, iluminado por los instantáneos rayos de luz de los fuegos fatuos de la ilustración, Fausto pudo encontrar algo que le hizo pronunciar las palabras fatídicas. Fue algo que, de repente, dejó atrás al ideal de omnipotencia como voluntad de poder. Algo que ya no necesitó más tiempo, algo que trajo al puro devenir la perfección de un instante. Apreciemos ante todo el contenido de ese algo: "En pie, un pueblo libre sobre una tierra libre". El ideal republicano de un pueblo libre sobre una tierra libre, desde cierto punto de vista, desplaza la pulsión de omnipotencia humana, desde luego; pero ahora no bajo la forma del poder y del placer, sino bajo la forma de una completa sustitución inmanente del reino de Dios en la Tierra. El ideal de la diferencia de los seres humanos en libertad resulta algo completamente diferente del poder y del placer, ese ideal que promete la libertad sólo bajo la homogeneidad universal y el dominio de uno solo. La diferencia es un muro para el deseo omnipotente. Diferencia es aquello de lo que no podemos disponer. Lo que el fuego fatuo de la ilustración ilumina en un instante es un mundo de seres humanos entre los que rige la libertad, no el poder; el reconocimiento de la diferencia, no el deseo omnipotente; la finitud recíproca, no la expansión indefinida de la experiencia de uno. Fausto se disuelve en este pueblo de seres libres como uno más y así recupera la condición humana. Cuando pensamos el estatuto de este algo que hace irrelevante mi inmortalidad, nos damos cuenta de su condición de mero suceso psíquico. Se trata de una visión y pasa veloz por la mente de Fausto, como una iluminación anticipatoria. Sin embargo, no es una de esas alucinaciones que a veces permite que el principio de placer triunfe. Es desde luego algo parecido a una alucinación. Se trata de fuegos fatuos del psiquismo. Pero en el éxtasis que produce en él esta visión, Fausto ha pronunciado dos palabras igualmente significativas. "Detente, eres tan bello". Ha pedido al tiempo que se detenga y lo hace en virtud de la belleza del instante. Frente al Nietzsche que sólo se aproximará a la muerte en el éxtasis dionisiaco y disolvente, Goethe ha dejado que su personaje desprecie la muerte justo en el éxtasis apolíneo, cuando la visión de un pueblo libre sobre una tierra libre hace crecer las diferencias humanas impidiendo la formación de un poder representativo y supremo que disponga de ellas. Deberíamos sin embargo reparar en esto: Freud no pensó jamás que en el instante de la belleza, de la irrupción misma de la obra de arte en la vida psíquica, se despreciara a la muerte. Desde cierto punto de vista, así es, pues Mefisto hace acto de presencia para reclamar su parte del pacto. Si recordamos los elementos del contrato, descubrimos el compromiso de Fausto: no debía pronunciar jamás las palabras "estoy satisfecho". El ideal de omnipotencia forjado por el principio de placer no reconoce sentido alguno a estas palabras ni acto final al tiempo inmanente. De ahí que el Fausto, temporalmente dominado por esta disposición psíquica del principio de placer, crea firmar un pacto que jamás se cumplirá por su parte. En efecto, tal principio no conoce final. Sin embargo, hablar de la muerte en términos de desprecio es sólo pensarla desde el principio de placer. Fausto, el ignorante de sí, cree que no hay nada en su aparato psíquico que le lleve a pronunciar aquellas palabras que hasta los Patriarcas, los que vivían en presencia de Dios, debían pronunciar. Y sin embargo, las pronunciará. Vendrán mediadas por la belleza de la visión, pero dispararán un goce que responde a otro principio diferente del de placer. Lo que lleva a Fausto a renunciar a la promesa mundana de inmortalidad, como sustitutivo de la promesa cristiana de eternidad, es el descubrimiento en sí, hijo predilecto de la naturaleza, del daìmon de la muerte, el instinto de muerte, con su gozo estético. Al hacerlo no sólo ha establecido de una forma rotunda la función de la belleza, y sobre todo de la literatura dentro del trabajo del duelo, de la despedida de FREUD SOBRE FAUSTO: SUSTITUCIONES DE LA OMNIPOTENCIA la vida con gozo, sino que ha logrado describir el principio de la salud humana: que la única verdadera sustitución de la omnipotencia es la renuncia a la omnipotencia. Sólo se alcanza perfección por la renuncia a la perfección, como sabía Sócrates y los teóricos de la docta ignorancia. Esta es la tarea de la belleza, pues en ella se nos ofrece una omnipotencia formal que se niega a sí misma como realidad, la de la visión extática en la obra de arte que es consciente de su dimensión alucinatoria, ficcional, irreal. Ella detiene el tiempo y nos ofrece el esquema de lo que sería una vida aceptable que reclama el momento de la muerte a través de los pasos contados que se entregan a su fin, como un fuego fatuo que hubiera dejado en al aire suspendida la visión de una luz que llena la perfección de un instante. Que existe un instinto de muerte que reclama también su goce: este es el descubrimiento que Freud persiguió en el personaje Fausto. Que la única sustitución verdadera de la omnipotencia es la aceptación del principio de muerte: ahí se nos ofrece el dualismo básico de la vida psíquica. Que en este goce esté implícito la de belleza, de relato, de unidad, de finitud, de forma, todo esto parece claro. Pero no hay que olvidar las dimensiones éticas y políticas vinculadas a este bello fuego fatuo de la ilustración. Hay una extraña, y todavía no analizada relación, entre la aceptación de la diferencia y la identificación del instinto de muerte. Por mi parte, creo que sólo una adecuada interpretación del imperativo categórico, como imperativo de encontrar el fin en sí, podría abordar este problema. El trabajo del duelo como trabajo estético, que ha sido de nuevo puesto en circulación por el Foucault del cuidado de sí como obra de arte, no puede olvidar que implica la reducción de la voluntad de omnipotencia, efecto específico de potencias éticas de reconocimiento de la diferencia y de la limitación de la dominación. No hay trabajo del duelo ni goce relacionado con el instinto de muerte sin este organismo estético, ético y político: esa es la tesis final de Freud, la que hace de él un ilus-trado resistente por igual a la decepción y al cinismo, un teórico de la finitud en la línea de Kant. El sueño de la salud mental no es la salud mental. Pero quizá el final de la voluntad de poder pase por interpretar correctamente los sueños, no por realizarlos. En todo caso, volvamos al principio. Una vez, en 1912, en un momento de dificultad, en una agria discusión con miembros de su escuela, Freud, en pleno debate, cayó al suelo, desmayado. Jung lo llevó a un sofá ante la inquietud de todos. Jones lo cuenta como sigue. "Sus primeras palabras, cuando comenzó a volver en sí, fueron bien extrañas:'¡que bello debe ser morir!'... un indicio más de que la ida de morir tenía para él un cierto sentido oculto". Este indicio lo había perseguido en la literatura, como en aquellos versos de W. Scott, en Bride of Lammermoor que bien mirados son un resumen antifáustico 35, en los que se recomienda no ceder a la omnipotencia del deseo para acabar con esta sentencia: Easy live and happy die Such shall be the destiny y que Freud mismo tradujo, no sin ironías que preservaba en el anonimato, como "Stille leb und stirb in Frieden Dies wird Dir als Loos beschieden" 36. Quizás tras estas consideraciones no debamos considerar un azar que, cuando en noviembre de 1915, la sociedad goethiana de Berlín le invitase a colaborar en un volumen que debía aparece con el título Das Land Goethes, el trabajo que enviase se centrase en el tema "Sobre lo perecedero", la base misma del trabajo del duelo, la experiencia que hace de la literatura la respuesta a una pulsión humana central, el secreto de la naturaleza, el principio de muerte.
Decía Guida, uno de los más famosos pianistas del siglo XX en su libro de Oro de la regla de tres que «a la música y al amor no se les descubre, se les siente». Creo que sentí la música desde el primer día que nací... Pues lo hice chillando y cantando fuerte y aún sigo redescubriendo la música continuamente, desde el piar de cualquier pájaro extraño, hasta el sonido del vapor del agua. Es muy posible que esté un tanto contaminada por la música y sus vibraciones, pues siento que mis poros y mis moléculas la respiran. Mis dedos caen sobre unas cuantas notas. He de decir que me cuesta bastante hablar sobre mi obra musical o mi obra poética. Varios críticos a lo largo de mi trayectoria musical lo han hecho, entre ellos Enrique Franco, Andrés Ruiz Tarazona, José Luis del Busto, Pérez de Arteaga, Ángel García López, etc. Pero en estos días me ha insistido tanto mi amiga Carmen que no he tenido más remedio que incluir una página sobre mí en este breve trabajo sobre «Mujeres en Música». A fines del siglo XV es cuando se puede considerar a santa Cecilia como patrona de la Música, aunque ella no llegó a tocar el piano, sí cantaba y se acompañaba tañendo al órgano en muchas ocasiones, por eso hay tantos y tantos retratos en actitud musical sobre su arte y bondad y afamados pintores plasmaron su imagen a lo largo de los años, citemos a Rafael a Rubens y al famoso cuadro de Possin.,que está ahora en el Museo del Prado. Otro famosísimo cuadro del tema de Santa Cecilia está pintado de la mano de Michel Coxie y en la actualidad se conservan dos versiones, una en Las Descalzas Reales y otra procedente del Escorial que se conserva en el Museo del Prado. Michell Coxie fue un pintor originario de las Malinasss y es uno de los artistas flamencos más claramente romanizados del siglo XVI y fue uno de los pintores más apreciados de la familia de Habsburgo pues Carlos V le encargo muchas obras. Su cuadro de Santa Cecilia fue enviado por el Rey Felipe II a la Iglesia vieja del Monasterio del Escorial en Abril de 1574 y más adelante pasó al Prado el 18 de noviembre de 1574; en el cuadro destacan los niños y los ángeles músicos que rodean a Santa Cecila. Está firmado en el clavicordio. En Inglaterra muchos músicos de todos los tiempos le rindieron homenaje componiéndole música en varias ocasiones. Henry Purcell compuso dos «Odas a Santa Cecilia» (1683). Haendel y Boyce, que la inmortalizaron igualmente componiendo dos obras magníficas. Entonada por el genial compositor, Haendel y Boyce la inmortalizaron igualmente Huert Parry y el organista romántico Samuel Wesley. En Francia cabe destacar la preciosa «Misa de Santa Cecilia» que Gounoud escribió con motivo de la celebración en París del 22 de Noviembre. En Italia, su país de origen, viene siendo venerada como patrona de la Música desde el siglo XVI ya que en 1585 el Papa Sixto V, aprobó la constitución de la Congregación de Santa Cecilia. Allessandro Scarlatti le dedica una preciosísima «Misa a Santa Cecilia» en 1720. En España el guipuzcoano Padre Nemesio Otaño (1880-1956) es autor de un Cantatibus organi» en honor a la Santa; también el compositor madrileño Francisco Calés obtuvo con una cantata del mismo título, para solistas, coro mixto y orquesta. Algunos historiadores creen en realidad que santa Cecilia, vivía ofrecida a Dios y dedicada a los demás. Que pertenecía al linaje de los Cecilios « gens Cecilia. Plutarco en «Vidas Paralelas» comenta que además de su gran belleza, cultivaba las letras, tocaba muy bien la lira, y estudiaba geometría además de proponer cuestiones filosóñcas. Le casa el Papa Urbano y eligen como esposo a Valeriano y le dijo la santa claramente: «Que su corazón y su carne permanecerían puros siempre». Los historiadores cuentan que así fue y que un ángel apareció el día de su noche de bodas e inmediatamente después Valeriano se convirtió a la Fe de Cristo. Viviendo con una túnica blanca de color de nieve junto a su esposa Cecilia hasta que fue degollado por orden de Máximo y su viuda recogió su Cuerpo, lo mando embalsamar y permanece en las catacumbas de Pretextato. Ella solía tocar la lira y estaba absorta en la oración entre melodía de arpas y címbalos. Sus enemigos quisieron asfixiarla y la encerraron en el «caldearium» pero todavía respiraba a la segunda noche del martirio; a continuación decidieron decapitarla, interviniendo el verdugo que lo hizo con tres golpes, permaneciendo envuelta en su propia sangre apacible y con sus manos entrelazadas. Está representada por Maderna en una estatua yacente de blanquísimo mármol sobre el altar Mayor de una basflica romana, construida sobre el palacio que perteneció a los esposos. Sofía Vela y Querol Sofía Vela fue una estupenda cantante, además de pianista y compositora, y participó con cierta frecuencia en las funciones del Liceo Literario de Madrid desde 1848. En 1850 fue Federico Madrazo, en un retrato muy elocuente y casi mágico, el que la retrató y precisamente al verlo me hizo descubrir su existencia como gran cantante y su personalidad. Sofía fue muy amiga de la familia Madrazo y ella y su marido Antonio Arnao pasaban muchas veladas en casa de los Madrazo. En 1851 fue designada contralto de la Real Cámara de Madrid interpretando para Isabel II las cuatro óperas que se representaron en el Palacio Real de Madrid entre 1849 y 1859: Luisa Miller de Verdi, La Straniera de Bellini Ildeconda y la conquista de Granada de Arrieta, joven compositor bilbaíno. Un compositor famoso de entonces le dedicó su sonata n.° 1 para piano. (Francisco Asís de la Peña). Más adelante Arrieta le dedicó en una carta en 1887 su más famosa opera Marina. De su labor como compositora cabe destacar algunas obras reli-••v' iiiiii^^'.^' glosas como las tituladas «Memorare». «Miserere al Santísimo Cristo de la Salud, Flores a María, Camino del Cielo, entre otras muchas obras de la compositora Sofia Vela. Cabe destacar la elocuente dedicatoria en Italiano que le dedicó a la famosa Sofía el pintor Madrazo: «Tan bello es su rostro como dulce su voz...» El retrato de Madrazo es bellísimo y es uno de sus retratos más sutiles y delicados en el tratamiento de la iluminación. Dirigida desde la izquierda hacia la modelo y manejada espléndidamente en sus múltiples efectos. En el retrato permanece en penumbra el lado contrario tenuemente matizado por la reverberación del blanco de la partitura que sostiene la cantante en la mano, y cuya delgadez mágica hace que pase la luz en el papel. El esbozo de su sonrisa en el cuadro nos recuerda al gran pintor italiano Leonardo. En fin Pompey un gran hisstoriador de aquella época hace un extenso comentario sobre el cuadro y al final lo define como «un poema de amor y misterio...». Este famoso cuadro se puede contemplar en el Museo del Prado de Madrid es un óleo sobre lienzo y mide 0,62 x 0,50. Destacaré en este artículo sobre mujeres en la Música a una gran compositora, Consuelo Diez. Actualmente es directora del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea INAEM y es una gran impulsora de la música electroacústica en España y en muchos países Europeos. Sus obras se han inerpretado en Francia, Italia, Dinamarca Austria Bélgica y Gran Bretaña entre otros países del globo. Ha dirigido durante varios años el programa «EL canto de los adolescentes. «Sobre Música Electroacústica en RNE-RADIO 2 y es responsable de LINCE-CAM desde 1988». También ha colaborado en libros y escrito numerosos artículos para revistas especializadas en Música. Su Empezó siendo pianista y de pronto se le iluminó el «chip» y dijo a sus compañeras de carrera «yo en verdad me decido por la composición... y en poco tiempo ha logrado la cúspide. Actualmente es la elegida por la Universidad de Alcalá de Henares para hacer una composición Cervantina sobre el genial autor. Testimonio de una alunma compositora de Maurice Ravel En este otro capítulo mencionaré a una alunma fantástica que tuvo Ravel en San Juan de Luz y que aunque paso al anonimato escribió, muchas historias sobre Ravel y lo admiró montones. Esto fue escrito en los años sesenta y se encontró en Francia. «Es posible que algtma página pase al olvido o que se pierda» comentaba la autora al principio de una de sus partituras de papel pautado en rayas de música. Era un maravilloso vals senza rigore da tempo y siempre escrito en %. Al escuchar esa su melodía increíble se capta ese halo fantasmagórico que llevan sus melodías atrevidas. Y sus alunmos comprendemos esos susurros colmados de belleza y sentidos con desvelo y revividos en ocasiones sin remordimiento alguno frente a la sociedad que en veces no le coomprendió. Su afable fantôme como el le solía decir... termina cautivo «dans le tombeau» aunque envuelto por notas de marfil amorosas... Gustav Klimt, famoso pintor Vienes tuvo como modelo casi exclusiva a lo largo de su vida a la famosa y voluptuosa modelo Eleonora, mujer pelirroja que aparece en sus más famosos cuadros, ella encarnaba ese Ideal femenino de su época y fue además la musa exclusiva de Klimt. Leonora Mindelburg, pianista y compositora encarna un ideal de belleza que surgió de la fusión de los colores procedentes de la magnífica paleta de Klimt y la increíble música del maestro Mahler. A lo largo de su vida escribió unas nueve sinfonías algunas sin terminar. Su primeraa sinfonía tenía por título «Juegos de Agua» y el piano tenia a lo largo de la obra un gran protagonismo. Leonora terminó una de sus sinfonías en el año 1917 y su deseo por aquel entonces fue que se estranase unos años después de su muerte. Eso le hacia pensar en su continuidad... Su cuarta sinfonía es la más escalofriante de sus obras, daba la sensacioon de tristeza en momentos y en otros reflejaba desconfianza. En su primer movimiento se percibe el piano de manera sideral, y en el segundo movimiento destaca un bellísimo sherzo Ella fue admirada a principios del siglo en la ciudad de Viena, donde los intelectuales los artistas y los compositores desplegaban un gran fervor creativo. Verdaderamente esta mujer tan singular y creadora fue para muchos una eterna sorpresa. Ella encarnaba el ideal femenino de su época en Viena, y fue la mejor musa del genial pintor Elimt. Su obra musical fue descubierta unos cuantos años después de que falleciese. Ya que ella en vida ella lo dispuso así. Para componer hay que tener un equilibrio de mente y al mismo tiempo encontrar ese silencio buscado envuelto de una especie de vacío y así continuar con la idea y de alguna manera dar paso a la inspiración. Antes de ser compositora yo quería ser médico o trapecista, pero mi madre se empeñó en que tenía que ser pianista y me llevó a dar clase de solfeo y piano con Mili Porta, profesora fantástica de solfeo y piano, que me fascinó y empecé la carrera de piano sin parar, simultaneando con el bachillerato. Terminé los estudios de piano en el Conservatorio de Música de Madrid, y a partir de 1978 actué como concertista dando recitales y conciertos por toda la península y, en el extranjero, en Manila, Bangkok, Santo Domingo y Guayaquil, destacando mi actuación en el Teatro Principal de Santo Domingo, en 1981, donde me di a conocer como compositora. Ser compositora e intérprete de música es algo muy serio, y a la vez es sentir algo muy especial y satisfactorio después de haber trabajado durante años, se recogen los frutos en una de las carreras más peliagudas, porque dependes de la crítica, del público y de la captación de tu música.. En una ocasión: le dije a una profesora Madame Favre de pia-Mary Cruz Galatas en uno de sus conciertos. no (en Suiza) «no haré las correcciones que me propone madame sobre la obra de Sevilla de Albéniz me la estudié en España y es allí donde mejor se capta a sus autores y Uds. aquí en Suiza no saben lo que es lo español y flamenco. Era muy pequeña y recuerdo que costó una buena reprimenda. Música os cogerá casi todo el tiempo del mundo pero si os volcáis siempre el piano os responderá. Mi música se relaciona en veces con la Pintura puesto que me han llegado a inspirar varios pintores al contemplar algunos de sus cuadros como es el caso de Roberto Domingo, Goya Chu-lily, Montero etc.. Realiza grabaciones de su obra para R:N:E-RADIO 2. En un momento dado de mi vida empiezo a escribir Poesía 1990 destacaré algún libro: En Soria Almas. Con Roberto Domingo (1999) Adibu, Adibú, etc. Colombiana y tiene en la actualidad dos compacts., de su obra pianística. Y otro cD. para voces piano y efectos electroacústicos. Anécdotas de una compositora Haiku en el tren: Avanza el paisaje. Casi siempre me gusta subirme a un tren, se dsifruta del paisaje muy cómodamente te dan ganas de re-pensar. Algunas personas sueñan y otras dormitan sin más a lo largo del recorrido. Algunos conocidos compositores se han inspirado en los ruidos de las máquinas del tren. E incluso en el chirrido de los ruidos de sus ruedas. Cuando la vía está casi perfecta en muchos trenes se siente la sensación de ir como deslizandote. A mí me recuerda el glissando que me producían los patines de cuchillas para ir deslizandote por la pista de hielo, solo que el del ferrocaril se hace sin el esfuerzo físico... Los personajes que te encuentras en un tren son de lo más variopintos. Al encontrarme un día con una amiga al borde de la depre le aconsejé subirse en un tren y dejarse llevar. Y fue estupendo para ella encontrar a la persona ad hoc para su estado de ánimo y tan es así que al cabo de los años decidieron formar pareja. Uno de mis últimos viajes en tren un pasajero me dijo algo muy curioso: Este tren talgo supera las traviesas como las cuentas de un rosario. Yo añadirla un Haiku. Vamos a toda maquina. Avanza el paisaje en glisando. Se divisan rebaños que pacen. Música de fondo, un niño grita. Muchos terminan sus vacaciones en un tren y se replatean una vida distinta... También es muy posible entablar una agradable consversación durante un viaje de más de dos horas. E incluso se dan casos de encontrar la pareja adecuada en un recorrido.
Con este título me pareció adecuado reunir un grupo de trabajos que, en la medida de lo posible, pudiera dar cuenta del estado en que se encuentran los estudios sobre asuntos hispánicos en el mundo, a las puertas ya del siglo XXI. Naturalmente no se trataba de hacer una labor de adivinación y que cada colaborador viera en su bola de cristal los derroteros que seguirá el Hispanismo en su área de trabajo, pero sí, a la vista de los problemas, intereses y demandas, especular con el posible desarrollo de estos estudios. Era, en definitiva, estimular una reflexión sobre el futuro de nuestra profesión, de nuestra lengua y de nuestra cultura en época de grandes y rápidos cambios. Una pregunta que tanto tiene que ver con los derroteros que podría tomar la enseñanza de la lengua y la cultura como con los de la investigación en cosas hispánicas. Una pregunta que sobre todo servía, y no por un sentido milenarista, para reflexionar sobre lo que se entiende por Hispanismo en diferentes países y en la propia España, y que daba continuidad, por otra parte, a trabajos parecidos que se publicaron hace ya años en esta misma revista ARBOR. El lector comprobará de qué modo ha cambiado esa noción -la de Hispanismo-y podrá también especular sobre sus posibles desarrollos. De centrarse sólo o predominantemente en estudios literarios y lingüísticos (y casi exclusivamente en la Edad Media y el Siglo de Oro), el Hispanismo de hoy y seguramente el de mañana abarca un campo de estudios más amplio, en el que se da cabida a manifestaciones artísticas y culturales hasta no hace mucho desdeñadas, como el cine, la cultura popular y de masas, los llamados «estudios de género», etc. Pero esta innovación no quiere decir que hayan desaparecido los intereses primeros. El Hispanismo actual se debate, más en unos países que en otros, entre mantener vivo el estudio y conocimiento del canon tradicional o dejarlo morir, barrido por otras presencias. Este debate tiene sus peculiaridades según el lugar donde nos situemos. Es claro que en Canadá y Estados Unidos, de manera general, el interés se ha desplazado hacia aquellos estudios que rechazan el canon antiguo, mientras que en los países del centro y del sur de América, sin dejar de cuestionar ese canon, parece existir una voluntad de equilibrio entre lo que podríamos llamar tradición y modernidad. El panorama cambia si nos acercamos a los países X Presentación europeos, donde el debate no es tan enconado y donde el interés por nuevos aspectos y enfoques no supone arrumbar la atención por lo más «tradicional», cuyas perspectivas de estudio también varían: los estudiantes y los profesores siguen ocupándose del Siglo de Oro, con Cervantes y el teatro a la cabeza; del siglo XX, en especial García Lorca y el cine, pero también de la narrativa contemporánea, de los problemas de la traducción, de la literatura escrita por mujeres y de otros asuntos, muchos de ellos propiciados por la revolución feminista. Como consecuencia de esa revolución, tanto en el continente americano como en Europa, los estudios sobre literatura femenina y homoerótica han despegado con fuerza, aunque los «cultural studies» tienen mayor presencia en América. En cualquier caso, y a pesar de los cambios, lo que no parece despertar la masiva atracción de los profesionales son aquellas zonas o épocas que, pudiendo estar cerca del canon, fueron desdeñadas por la radición, y así el siglo XVIII, partes del XIXy otras épocas demonizadas siguen teniendo poca aceptación entre los profesores (con algunas excepciones, como siempre, que muestran un relanzamiento fuerte de los estudios sobre el siglo XVIII español). En África y en Asia, sin embargo, el estudio de cuestiones culturales es secundario, y lo relevante es el conocimiento de la lengua. El interesado va a encontrar en los trabajos que se dedican a esas áreas geográficas datos de interés sobre la situación problemática de la enseñanza del español en ellas. De modo que, hoy en día, el Hispanismo es más que nunca una noción abierta y compleja que adquiere tintes peculiares dependiendo de la nación a la que nos acerquemos, y que necesita ser repensada en profundidad, por las vinculaciones que tiene con cuestiones de gran importancia política, económica y comercial. Por otro lado, todo balance o estado de la cuestión -aunque sea incompleto como este-, pone de manifiesto lo que se ha hecho y lo que queda por hacer, y, en este sentido, las páginas que siguen pueden ser de gran utilidad, tanto para los investigadores como para los que planifican la política cultural y de enseñanza del español fuera y dentro del país, ya que tendrán información de primera mano sobre los problemas con que se encuentran muchos profesores de lengua española en otras geografías, que pueden añadir a la documentación que ya posean ellos. Otra consecuencia que se extrae de la lectura de estos trabajos es la falta de comunicación que existe entre los que nos dedicamos a lo mismo y, por tanto, la necesidad de estimular reuniones y contactos; de facilitar (y Presentación XI mejorar cuando existan) mecanismos que permitan encuentros, así como la conveniencia de flexibilizar las burocracias de las instituciones que nos acogen. Una variante de esa falta de comunicación se ha padecido a la hora de planificar este número monográfico, pues no ha sido posible, por unas razones o por otras, establecer contacto con determinados países, carencia de la que se resiente este balance. A veces han sido dificultades políticas, otras bélicas, otras, simplemente, de comunicación, pero, aun con esa limitación, me parece oportuno dar a luz los resultados, dado lo poco que sabemos unos de otros, a pesar de las asociaciones de hispanistas y de los contactos personales. Los trabajos que siguen no se ajustan a un mismo esquema; salvo algunas indicaciones generales, quise dejar a los colaboradores libertad de acercamiento al asunto, consideradas las diferencias de cada país. Esa misma libertad iba a poner de manifiesto las características del Hispanismo en las diferentes regiones. Creo que eso ha permitido conocer la ampliación de campos y el movimiento de los intereses; muestra, en definitiva, del mayor acercamiento a la lengua y alo español. En estos momentos de hispanoamericanización de lo español (fuera de España), ahora que se tiende a la globalización pero manteniendo las peculiaridades locales, cuando las fronteras son cada vez más permeables y las identidades nacionales se cuestionan y replantean, quedan abiertas muchas preguntas, respecto de lo que sea el Hispanismo y del futuro de nuestras materias de estudio. En los trabajos que siguen se ofrecen algunas vías de discusión sobre lo que es o vaya a ser el Hispanismo, si es que tal* noción ha de continuar en uso. Nuestra reflexión ha de plantearse cuestiones como la de las identidades nacionales y el papel de lo local y nacional en un mundo que se quiere sin fronteras y en el que las diferencias son menos nacionales que personales o de grupo. No voy a terminar esta presentación sin agradecer encarecidamente a los colaboradores sus trabajos y esfuerzos. Sé que en ningún caso ha sido fácil (en algunos, todo lo contrario) acopiar materiales y hacer una síntesis necesariamente breve. Pero por ello y por el interés con que acogieron encargo tan engorroso, vaya para todos mi reconocimiento y gratitud. Y vaya también, en la creencia de que ha merecido la pena.
y del hispanismo en el complejo mundo que ha sido y sigue siendo Sudáñ*ica. Con el fin de entender el papel que desempeña el español en el Áfirica austral, se traza la historia socio-lingüística sudafiricana, la remota y la reciente, como base indispensable para el posterior análisis comparativo del español y las otras lenguas y culturas extranjeras estudiadas en el país. El enfoque entonces pasa a contestar a esta pregunta: ¿Cuál es el presente y fiíturo del español en Sudáfi: ica, país multicultural, multirracial, multilingüístico? Introducción y planteamiento del problema La situación del español como lengua extranjera en Sudáfi:'ica a primera vista deja a uno perplejo. Sudáfirica es una sociedad pluricultural y multilingue, cuyos habitantes, más de cuarenta millones, suelen hablar dos o más de las once lenguas oficiales. Desde el año 1994, fecha en la que se celebraron las primeras elecciones democráticas del país, la política del gobierno del Congreso Nacional Afiricano (ANC) ha sido promover el multilingüismo en todos los sectores de la vida pública y, ñindamentalmente, en el entorno escolar. En el boletín oficial del gobierno sobre el papel de las lenguas en la educación, figura como uno de los objetivos el de apoyar la enseñanza y el aprendizaje de todas las lenguas requeridas en Sudáfirica, Aincluso las que son importantes para el comercio y la comunicación internacional» (Government Gazette, 1997:4, traducción nuestra). Requiere, incluso, que en los dos últimos años de la enseñanza secundaria Aes obligatorio que los alumnos estudien y se Cathy Maree y Carmen Sánchez Martín examinen en dos lenguas, de las que una tiene que ser una lengua oficial del país» (Government Gazette, 1997:4, traducción nuestra). Sin embargo, consta que el español no se beneficia de esta política gubernamental en pro de las lenguas, tanto oficiales como extranjeras. Como disciplina universitaria sólo se imparte en una de las veintiuna universidades del país y en los últimos dos años el número no sobrepasa un total de doscientos estudiantes. A nivel preuniversitario no aparece como asignatura oficial, es decir, no figura como disciplina subvencionada por el Ministerio de Educación aunque sí, hecho no usual en España, un alumno puede presentarse al examen oficial preuniversitario en español (el equivalente de la «selectividad» en España). A lo largo de los años, el número de estos candidatos no ha superado los quince. Las academias y escuelas de lengua privadas, tampoco registran un número extraordinario de alumnos de español. ¿Qué significa todo lo anterior? ¿Existe un marcado desinterés en cuanto al mundo hispánico por parte de los sudafidcanos? ¿No hay interés en el idioma español? ¿Es desprestigiada con relación a otras lenguas de raigambre internacional, con relación al inglés por ejemplo, o al financés y al portugués, idiomas éstos hablados en Añica? ¿O podríamos incluir otros factores? ¿Qué se puede hacer para transformar esta situación? ¿Qué es lo que se propone para mejorarla? Con el fin de contestar estas preguntas, creemos conveniente hacer un repaso histórico de la situación y las políticas lingüísticas en Sudáfrica que pueden haber influido en el estudio de idiomas extranjeros en el pasado, para contrastarlas con la política y tendencias de hoy. De ahí nos centraremos en la historia de la enseñanza del español en el país como base para nuestras perspectivas sobre futuros proyectos cuya finalidad es promover el hispanismo en este sur profundo del continente africano. La situación lingüística en Sudáfrica: desde la época precolonial hasta el presente En la época precolonial tardía -antes de 1652, año que vio el asentamiento de los primeros colonos europeos en lo que es hoy Sudáfricahabía diversos pueblos africanos agrupados en reinos y hasta comunidades nómadas, todas sin políticas ni prácticas de dominación establecida. Existía una alta inteligibilidad lingüística entre las distintas familias de lenguas indígenas habladas, lo cual llevó a un alto grado de osmosis. Quo Vadis: el español y el Hispanismo en Sudáfrica La época del colonialismo temprano -1652 a 1909-vio la introducción e imposición primero del holandés (1652-1795) y después del inglés, lenguas que desplazaron de su espacio social las hablas indígenas africanas. El proceso político asumió características lingüísticas, es decir, las luchas por el poder entre los angloparlantes y los de habla afrikaans, idioma que evolucionó en Sudáfrica del holandés del siglo XVII, produjeron divisiones y antagonismos lingüísticos. Durante la época colonial tardía -1909 a 1947-el dominio del inglés repercutió negativamente en las otras lenguas habladas en el país. La creciente urbanización del africano negro resultó en su adopción del idioma inglés por ser considerado la lengua asociada al ascenso socio-económico; el inglés se convirtió en la lengua de prestigio. Por consiguiente, las lenguas indígenas sufrieron una marcada marginación contrastando con el avance de la lengua afrikaans que comenzó a beneficiarse del fervor del movimiento nacionalista de los afrikaners, quienes lucharon por el reconocimiento del afrikaans como lengua oficial. La época del «apartheid» -^la segregación oficial de razas desde 1948 a 1994-presenció el dominio del afrikaans en todos los sectores de la vida pública y su creciente insinuación en la vida económica, aunque nunca a expensas del inglés que mantenía su posición dominante en el mundo del comercio internacional. El auge del nacionalismo afrikaans de este período llevó a la creación de nuevas divisiones lingüísticas en el país que también impactaron en la enseñanza: el intento del gobierno de imponer el afrikaans como medio de instrucción en los colegios secundarios negros originó la trágica revuelta de Soweto en 1976, que fue uno de los hitos en el camino hacia el ocaso del apartheid. En la época post-apartheid -desde 1994-existe la igualdad estatuaria entre las once lenguas oficiales: inglés, afrikaans y las nueve lenguas indígenas bantúes. También se ha legislado la promoción de las lenguas indígenas, junto con la de las lenguas de legado culturallas lenguas europeas e índicas habladas por las comunidades históricamente inmigrantes en Sudáfrica-. El dominio del inglés -lengua materna de sólo el 9% de la población-sigue en todos los sectores públicos y en los medios de comunicación. Esto de nuevo va repercutiendo negativamente en el afrikaans -^hablado hoy por el 15% de la población-y hasta cierto punto en las lenguas indígenas mayoritarias cuyos líderes intelectuales y políticos se expresan públicamente casi siempre en inglés. Nuestro resumen-*^, aunque por fuerza breve y simplificado, descubre que no se puede separar la situación lingüística del país durante los últimos cuatrocientos años de las políticas de colonización y segregación 444 Cathy Maree y Carmen Sánchez Martín racial. Durante los cuarenta y seis años del régimen de apartheid entre 1948 y 1994 no se promovió el aprendizaje de idiomas extranjeros. En efecto, fue todo lo contrario: para contrarrestar el auge natural del inglés, los líderes del gobierno aumentaron el prestigio del afrikaans, una lengua confinada a hablantes dentro de Sudáfrica. La política de entonces fue crear una sociedad bilingüe, en la que el concepto del bilingüismo se limitaba a las lenguas afrikaans e inglés. Sin embargo esta misma política no permitió a la población negra el acceso al inglés. Aunque el motivo declarado de impartir la educación primaria en las lenguas indígenas fue el de conservarlas, el sentimiento para la gran mayoría de los negros sudafricanos fue el de limitarles la comunicación con otras culturas y pueblos, tanto dentro como fuera del país. Como consecuencia de esta política, la mayoría de la población negra sudafricana actual tiene como lengua primera y segunda y hasta tercera un idioma indígena (Webb, 1995:18). Este estado de multilingüismo es algo que el gobierno del ANC no quiere sacrificar. Prefieren distanciarse de la política de asimilación lingüística de los países francófonos y lusófonos de África, cuyos ciudadanos alfabetos tienen como primera lengua el francés o el portugués. En la actualidad existe una tensión marcada entre la política del multilingüismo y su práctica en los colegios a lo largo de Sudáfrica. En una encuesta realizada por David Meyer en 1998, se observa que en los colegios situados en las áreas con una población mayoritariamente negra, tanto los alumnos como sus padres y sus profesores eligen el inglés como medio de instrucción, en lugar de su lengua materna. Sin embargo, el sondeo también revela que en la práctica el 67,5% de los profesores y el 77,5% de los alumnos dicen que emplean su lengua materna en las aulas, sobre todo para la comunicación verbal (Meyer, 1998:16). De acuerdo con este contexto, se puede prever que la enseñanza y el aprendizaje de lenguas extranjeras en Sudáfrica no superarán en un futuro próximo la preferencia por el inglés como segunda u otra lengua entre la población mayoritaria. Y por encima, otra encuesta parece confirmar que para demasiados sudafricanos negros «aprender una lengua extranjera es más que nada hacer traducciones del inglés a esa lengua» (de Kadt 1999:18, traducción nuestra). En otras palabras aún persiste la noción de que el acceso a una lengua extranjera es únicamente por medio del inglés. ¿Cuáles han sido y siguen siendo las implicaciones de la compleja situación lingüística sudafricana para las lenguas extranjeras? Primero daremos una relación del papel general de estas lenguas para luego pasar a examinar la situación del español en Sudáfrica. Quo Vadis: el español y el Hispanismo en Sudáfrica 3. La situación histórica y actual de lenguas extranjeras en Sudáfrica En este apartado ojeamos más bien en forma diagramática y estadística la enseñanza de idiomas extranjeros en Sudáfrica para poder contextualizar mejor la situación del español en el apartado siguiente. Uno de los factores que influye en el interés en aprender una lengua extranjera es la presencia de una comunidad de hablantes nativos en el país en cuestión. En Sudáfrica, aparte de las raíces coloniales de origen inglés y holandés como arriba mencionamos, existen numerosos grupos de hablantes de alemán, portugués, e italiano. El hecho de que exista un examen de alemán como primera lengua o lengua materna dentro de los exámenes oficiales preuniversitarios en Sudáfrica es indicio de la importancia numérica de esta comunidad (400.000^). El portugués se considera una lengua comunitaria sudafricana o lengua heredada, dado que es hablada por unas 600 000 personas en este país, la mayoría procedente de los países vecinos Mozambique, Angola, las islas Cabo Verde y Madeira. La comunidad italiana (70.000), aunque ya no tan numerosa en comparación con las dos mencionadas, continúa ejerciendo una considerable influencia económica y cultural en Sudáfrica. En cambio, como comenta Paloma Lapuerta (1997:490), el español en Sudáfrica no goza de raíces coloniales de España u otro país hispanohablante, ni de la presencia hispanoparlante de una fuerte comunidad inmigrante (en la actualidad hay 1.500 españoles y 4.300 hispanoamericanos residentes en Sudáfrica). Estos factores han repercutido favorable o negativamente en el interés por las lenguas extranjeras en Sudáfrica, sobre todo a nivel preuniversitario. Otros factores que han motivado la introducción de lenguas extranjeras en el sistema educativo sudafricano son las afiliaciones religiosas y culturales. El árabe moderno estándar^ es materia estudiada principalmente por la comunidad musulmana (aproximadamente 800.000) aunque también por personas que comercian con los países árabes y por diplomáticos sudafricanos; el hebreo moderno, por la comunidad judía (100.000) asentada en Sudáfrica desde principios de este siglo; el holandés, principalmente por la comunidad afrikaner como parte del currículo universitario del afrikaans; el griego, por la comunidad griega inmigrante en Sudáfrica (80 000); y las cinco lenguas índicas (gujarati, hindi, tamil, telugu y urdu), por los pueblos indios (1.000.000), cuyos antepasados llegaron a Sudáfrica en el siglo pasado como mano de obra barata o como comerciantes. Por último, la importancia de una lengua por motivos de su prestigio internacional o por los lazos comerciales y políticos con Sudáfrica también ha influido y continúa influyendo en su aceptación como materia digna de es- El francés goza de una larga tradición como lengua internacional y más aún como lengua hablada en varios países de África; el español va ganando más y más prestigio como lengua internacional y, como veremos más adelante (5.1), aumentan los lazos comerciales y políticos con España e Hispanoamérica; y se considera importante el chino no sólo por la histórica comunidad china inmigrante en Sudáfrica (50.000) sino también por el gran mercado que representa en el mundo comercial. Sin embargo, a pesar de que Japón es el segundo país importador/exportador de Sudáfrica, el japonés aún no es estudiado en los colegios o universidades sudafricanas. A nivel universitario el cuadro siguiente revela cuándo fue establecida cada lengua como disciplina (materia que se imparte hasta el nivel postgrado), en cuántas de las veintiuna universidades sudafricanas se enseña actualmente, en qué universidades ha sido eliminada y el número de alumnos matriculados en 1970, 1990 y 1998 (número que incluye a los alumnos de pre y posgrado, aunque éstos son relativamente escasos). Conviene aclarar que no aparece el holandés en nuestra lista aunque se enseña en muchas universidades sudafricanas. Como ya hemos mencionado, forma parte del currículo de los departamentos de afrikaans y por lo tanto no se imparte como lengua extranjera. La eliminación de muchas de estas lenguas como disciplinas en algunas de las universidades más prestigiosas del país (cuarta colimina) y la reducción severa del número de cursos ofrecidos responden a una serie de reestructuraciones impuestas en parte por los cortes de presupuesto del gobierno -^todas las universidades acreditadas en Sudáfrica son públicas-y en parte por el bajo número de estudiantes matriculados en estas materias. En la tabla (columnas cinco a siete) se observa un descenso progresivo en el número de estudiantes matriculados en casi todas las lenguas extranjeras. Esto es una causa de preocupación y, como postula Paloma Lapuerta, su explicación hay que buscarla en varios hechos: «el cambio de una población universitaria de origen principalmente europeo a una población universitaria creciente de origen africano, que no tiene motivos emocionales ni, por ahora, profesionales para estudiar las lenguas europeas; la prioridad del estudio del inglés para los no angloparlantes...; y la deficiente preparación intelectual... de la gran mayoría de los estudiantes que están accediendo recientemente a las universidades sudafricanas... » (1997:489). Es verdad que tardará varios años hasta que las consecuencias del antiguo sistema educativo del apartheid y de los años de aislamiento de Sudáfrica vayan desapareciendo. A otro nivel, Sudáfrica también cuenta con dieciséis institutos politécnicos, llamados Technikons, los cuales ofrecen diplomaturas en una amplia gama de áreas, principalmente de orden vocacional. En los pro-Cathy Maree y Carmen Sánchez Martín gramas de hostelería y turismo, por ejemplo, se incluyen algunos cursos en lenguas extranjeras. Hasta la fecha los idiomas más estudiados son el alemán y el francés; el español es ofrecido en sólo un Technikon. En el año 1873 se iniciaron los exámenes preuniversitarios con el establecimiento de la Universidad del Cabo de Buena Esperanza como única autoridad examinadora nacional. Aquel año aparecieron las lenguas francesa, alemana y holandesa como asignaturas. En el caso del holandés, hay que tener en cuenta que fue, junto con el inglés, una lengua oficial nacional en Sudáfrica hasta 1925, año en que fue desplazada como lengua oficial por el afrikaans. A partir de la creación de la Junta Nacional de Exámenes Preuniversitarios (JMB) en 1918, un alumno podía examinarse de una lengua extranjera de acuerdo con los criterios de esta Junta respecto a la disponibilidad de examinadores y un número suficiente de candidatos. Los exámenes en español comenzaron con regularidad a partir del año 1966. En la tabla siguiente figuran el número de los colegios en donde hay enseñanza oficial y extra-oficial de cada lengua (por extra-oficial nos referimos a la lengua como materia que se imparte por profesores particulares contratados por el colegio o por los propios padres del alumno) y el número de alumnos en 1970, 1980,1990 y 1998 que se han inscrito en los exámenes nacionales preuniversitarios. Se notará que en algunos casos -chino, griego y ruso-la lengua se enseña pero no es examinada oficialmente en Sudáfrica. El guión indica los casos en que la lengua o no se enseñó o no fue materia de examen en el año en cuestión. Con la excepción del portugués y del árabe, las otras lenguas o han mantenido un equilibrio con respecto al número de sus alumnos -el francés y el hebreo moderno-o demuestran un marcado descenso, el caso del alemán e italiano. El español señala un pequeño aumento (en 1999 hay 16 alumnos) pero los números siguen siendo muy bajos. Aunque no hemos podido acceder a toda la información correspondiente, nos consta que, igual que en el sector universitario, han desaparecido muchas lenguas extranjeras del currículo de los colegios privados y estatales en Sudáfrica durante la década de los noventa. Para citar sólo un ejemplo, el francés y el alemán se enseñan en los colegios públicos en sólo tres de las nueve provincias sudafricanas. Como la enseñanza secundaria no es únicamente la responsabilidad del gobierno central sino que también es competencia de las autoridades provinciales, parece que la política gubernamental nacional de promover el aprendizaje de lenguas extranjeras a la que aludimos al principio de este artículo, no es aplicada a nivel provincial. La nueva regulación que exige un mínimo de 30 alumnos antes de que cualquier asignatura reciba una subvención de la provincia ya ha desfavorecido la enseñanza de lenguas extranjeras en muchos colegios secundarios en Sudáfrica. Quienes quieren o tienen que aprender una lengua extranjera en Sudáfrica fuera de los centros universitarios y escolares tienen acceso a una variada gama de posibilidades, desde la opción semi-oficial hasta la privada. La Escuela Diplomática de Lenguas del Ministerio de Asuntos Exteriores ofrece programas a lo largo del año a sus cadetes y oficiales destinados a las misiones diplomáticas sudafricanas en el extranjero. Imparte cursos desde el nivel inicial hasta el intermedio en alemán, árabe moderno, francés, español y portugués. De acuerdo con sus estadísticas más recientes, la lengua que más se estudia es el francés, debido al alto 450 Cathy Maree y Carmen Sánchez Martín número de países francófonos en África con representación diplomática sudafricana. La Escuela Militar de Lenguas del Ministerio de Defensa imparte cursos en las siguientes lenguas, desde el nivel inicial hasta el nivel intermedio: alemán, español y francés. Los estudiantes son aquellos oficiales que van destinados a las misiones diplomáticas sudafricanas como agregados militares. Para ellos la lengua más estudiada es el francés. Como parte de sus programas de extensión universitaria o educación continua para adultos, son tres las universidades sudafricanas que ofrecen cursos de lengua: Unisa, WITS y UCT. Todos son cursos de corta duración (de un mes a cuatro meses) y se centran en el nivel inicial. Las lenguas que ofrecen son: alemán, francés, español, italiano, portugués, ruso y, en WITS, el idioma de signos para sordomudos. El número de estudiantes en cada lengua se limita a unos diez o puede llegar hasta quince por sesión y/o curso. Según los directores de estos programas, el idioma más estudiado es el francés. La enseñanza de alemán, francés, italiano y portugués cuenta con escuelas subvencionadas por los gobiernos alemán (Goethe Institut), francés (Alliance Française), italiano (Dante Alighieri) y portugués (Instituto Camôes). Estos centros se encuentran en las principales ciudades del país. Tres de ellos preparan a sus alumnos para los exámenes oficiales de competencia comunicativa en sus respectivas lenguas: en alemán el Zertifikat Deutsch ais Fremdsprache (ZDaF); en francés, el Diplome en la Langue Française (DELF); en portugués, el diploma Portugués Lingua Extranjera (PLE). La Alliance Française ha establecido escuelas en las grandes urbanizaciones negras de Soweto cerca de Johanesburgo y en Mitchell's Plain cerca de la Ciudad del Cabo, donde el número de alumnos va creciendo. Desafortunadamente, el Instituto de Cervantes no parece tener intención alguna de establecer una casa hispánica en Sudáfrica, aunque sí ofrece los exámenes del Diploma de Español como Lengua Extranjera (DELE, ver 4.4. más adelante). Por último existen las academias privadas, principalmente en las grandes ciudades del país. Puesto que no existen las conocidas escuelas internacionales como, por ejemplo, la escuela Berlitz, los centros de lengua sudafricanos se han establecido por iniciativa de sus dueños particulares. Según dicen los directores, el número de interesados en la década de los noventa ha registrado un aumento considerable en el inglés como lengua extranjera o segunda lengua y en el zulú, considerado extraoficialmente la lingua franca indígena de los sudafricanos. También señalan que el portugués, alemán y francés ocupan los siguientes pues-Quo Vadis: el español y el Hispanismo en Sudáfrica tos, y en este orden, principalmente por razones comerciales. Respecto al español, todos aseguran que el número de estudiantes aumenta progresivamente, pero va por épocas. El interés por la lengua se encuentra en los negocios, se aprende la lengua por cuestiones de trabajo, indistintamente para realizarlo con España o Hispanoamérica. La enseñanza del español en Sudáfrica Los datos del apartado anterior señalan que la situación respecto a la enseñanza del español en Sudáfrica no es un hecho para celebrar. Sin embargo, en comparación con la situación de otras lenguas no creemos que sea totalmente negativa. En efecto, en términos relativos, el español ha perdido menos estudiantes en los últimos diez años que casi todas las demás lenguas extranjeras. Tenemos mucha fe en el futuro del hispanismo en este país, pero de esto hablaremos más adelante. Por ahora nos centraremos en la situación histórica y actual. En la actualidad el español como disciplina universitaria sólo se ofrece en la Universidad de Sudáfrica (Unisa). Situada en Pretoria, pero con centros repartidos en todo el territorio nacional, es una universidad de educación a distancia, parecida a la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en Madrid. Unisa es la mayor universidad del país, con más de 130.000 estudiantes distribuidos por todo el sur de África e incluso por el mundo entero. El español se incorporó al Departamento de Lenguas Románicas en 1966 como materia del grado BA (Bachelor of Arts), programa de tres años de estudio equivalente a la Diplomatura Universitaria en el sistema educativo español. Su introducción se debió a la iniciativa del entonces director del Departamento, para quien era indiscutible integrar el español dentro de las disciplinas románicas, y a la creciente prosperidad de la universidad basada en el gran aumento de estudiantes. A partir de 1977 se agregaron los grados de BA Honours, programa de especialización en el español, MA (Master of Arts), titulación que corresponde a los cursos de doctorado y la Memoria de la Licenciatura en España, y D. Litt. et PhiL, título de doctor. Los cursos comprenden Lengua Española (principiantes hasta el nivel avanzado). Historia de la Lengua, Traducción y Traductología (con el Departamento de Lingüística), Literatura Española (Si-Cathy Maree y Carmen Sánchez Martín glo de Oro y Siglo XX) e Hispanoamericana (de 1492 hasta el presente) y Civilización de España e Hispanoamérica. El cuerpo docente en la actualidad está formado por tres profesores y un lector-becario procedente de la Agencia Española de Cooperación Internacional (Ministerio de Asuntos Exteriores). En 1984 el Subdepartamento de Español tomó la iniciativa de instituir el Centro de Estudios Latinoamericanos de Unisa (UCLAS), un órgano adjunto que se dedica a la promoción e investigación de los asuntos de la América Latina. El Centro, dirigido por una sola persona, se encarga de publicar una revista semestral -Unisa Latin American Report-y de apoyar y promover proyectos de investigación en áreas de interés mutuo para Sudáfrica y los países del continente americano. Entre los logros del Centro figuran congresos, coloquios y monografías sobre temas tan diversos como el proceso de la redemocratización y la reconciliación con el pasado, la expresión literaria en el Sur del mundo, la cooperación económica entre países vecinos, el desafío de la urbanización acelerada, entre otros. Desde 1983 hasta 1997 la University of Natal en Durban (UND) ofreció programas de pre y posgrado en español, semejantes a los de Unisa pero a diferencia de ésta, UND es una universidad presencial. La universidad cerró el subdepartamento de español en 1997, obligando a dos de sus tres profesores a buscar puestos académicos fuera del país. Aludimos anteriormente a los motivos de este cierre. En algunas universidades sudafricanas se encuentran cursos en los que aparecen distintos aspectos del hispanismo a niveles pre-y postgrado, los cuales no dependen del dominio de la lengua española. Por ejemplo, la colonización de América por los españoles con frecuencia forma parte de los cursos sobre el colonialismo en departamentos de Historia. Muchos departamentos de Ciencias Políticas enfocan sus estudios comparativos en aquellos principios y tradiciones políticas que caracterizan a Sudáfrica y los países hispánicos. Y dentro del área de Relaciones Internacionales la universidad WITS tiene un investigador dedicado exclusivamente a las relaciones entre Sudáfrica y los países de Latinoamérica. En muchos departamentos de literatura inglesa o mundial, se estudian obras de autores hispánicos traducidas al inglés. El intercambio de personal académico y estudiantes entre Sudáfrica y los países hispánicos no es frecuente, pero podemos destacar el acuerdo actual del Ministerio de Salud sudafricano con el gobierno cubano, por el que cada año unos setenta estudiantes sudafricanos van a Cuba a comenzar la carrera universitaria en medicina y unos trescientos médicos cubanos vienen a Sudáfrica a trabajar en hospitales y clínicas situados Quo Vadis: el español y el Hispanismo en Sudáfrica en las áreas más remotas del país. La Facultad de Veterinaria de la University of Pretoria (UP) -^la única en Sudáfrica-a menudo tiene estudiantes de posgrado procedentes de Hispanoamérica. Las universidades sudañicanas cuentan con apoyo y ayudas de las misiones diplomáticas del mundo hispánico. La a3aida de la Embajada de España y del Ministerio de Asuntos Exteriores se traduce en conceder becas a estudiantes sudafricanos para estudiar en universidades españolas, en nombrar a lectores españoles para la difusión de la lengua, en proporcionar libros y material de audio y en otorgar subvenciones para congresos y otros eventos. La Embajadas de Perú y de México ofrecen becas de estudio y en el caso de México se incluye un curso de perfeccionamiento de la lengua. Todas las embajadas de Hispanoamérica -^Argentina, Colombia, Cuba, Chile, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela-ofrecen apoyo en forma de participación activa en eventos culturales en colaboración con las universidades sudafricanas. Unisa posee el privilegio de disfrutar de un apoyo especial del sector privado en forma de becas ofrecidas por la empresa sudafricana-española Pescanova. A los mejores alumnos de cada curso se les otorga becas en efectivo y al graduado con nota de sobresaliente se le ofrece la oportunidad de asistir a un curso en España de un mes de duración. El español, en contraste con el francés y el alemán, asignaturas tradicionales en el currículo secundario sudafricano, no se imparte oficialmente en ningún colegio o instituto de enseñanza media o superior. Sin embargo, sí forma parte de las lenguas extranjeras que el estudiante puede elegir para presentarse al examen de ingreso a la universidad. Las cifras arriba citadas demuestran que el número de candidatos de español va aumentando poco a poco. Este fenómeno es resultado del incremento en el número de familias diplomáticas hispanoparlantes asentadas en Sudáfrica desde las primeras elecciones democráticas en 1994, cuyos hijos continúan sus estudios en colegios sudafricanos. También están llegando a Sudáfrica más y más hombres y mujeres de negocios cuyos hijos han estudiado el español anteriormente en colegios en otras partes del mundo y desean mantenerlo. Ya que es obligatorio que cada candidato conozca por lo menos dos idiomas en su examen final, y recordemos que uno de ellos tiene que ser idioma oficial del país, la mayoría de estos candidatos optan por el inglés y el español. Cathy Maree y Carmen Sánchez Martín Durante el período 1973-1978, cuando el número de españoles residentes en Sudáfrica osciló en torno a 2.200, el Instituto Español de Emigración envió a profesores procedentes del Ministerio de Educación y Ciencia para impartir clases de español a los hijos de familias emigrantes españolas en las ciudades de Johanesburgo, Ciudad del Cabo, Port Elizabeth y Saldanha. La progresiva reducción del número de españoles residentes hizo que se suspendiera el programa y nunca ha sido reinstituido^. Institutos I Academias de lengua Las Universidades de Sudáfrica (Unisa), Witwatersrand (WITS) y Ciudad del Cabo (UCT) son las únicas que ofrecen cursos extracurriculares en español, destinados a principiantes y estudiantes de nivel intermedio. Los cursos forman parte de los programas de extensión universitaria o, como también se conoce, de educación para adultos. Suelen ser cursos de corta duración -de seis semanas a cuatro meses-que se imparten por la tarde, después de las horas de trabajo. Expiden certificados de competencia en la lengua, pero no son acreditativos. En cuanto a las iniciativas privadas, existen escuelas de lengua en las que se imparte español en Johanesburgo, con cuatro escuelas, en Ciudad del Cabo que tiene siete escuelas y en Durban que cuenta con dos academias. Según el director de The Latin Connection, una escuela situada en Ciudad del Cabo y en Johanesburgo, dedicada exclusivamente a la enseñanza de español, la demanda a nivel particular de clases de español ha ascendido a un 70 % durante los siete años de su existencia. Ninguna de estas escuelas expide diploma o titulación acreditiva. Gracias a la iniciativa del Consulado General de España en Sudáfrica y los esfuerzos de la escuela The Latin Connection en Ciudad del Cabo, los estudiantes de español pueden acceder a los exámenes del Diploma en Español como Lengua Extranjera (DELE). Los diplomas son títulos oficiales otorgados por el Instituto Cervantes. En 1999, el primer año en que les fue ofrecida la oportunidad, unos veinte candidatos se examinaron del nivel inicial. Los exámenes se realizan en el Consulado General de España en Ciudad del Cabo y en el 2000 se espera que también se puedan facilitar en Pretoria en la Embajada de España. Por el momento sólo se ofrecen exámenes a nivel inicial y básico. Proyectos para el futuro Indicadores para el futuro del español provenientes del sector privado Sudáfrica es una democracia reciente y por lo tanto sus relaciones comerciales, políticas y culturales con los países de habla hispana aún están en vías de desarrollo. Confiamos en que estos vínculos, según se vayan estrechando y fortaleciendo, resonarán favorablemente en el futuro del español y del hispanismo en este país. Veamos algunos de los indicadores que nos parecen los más prometedores: Las relaciones comerciales entre Sudáfrica y España e Hispanoamérica han ido aumentando progresivamente desde 1994. En el año 1998, por ejemplo, España fue el undécimo mercado de exportación de productos sudafricanos. Las áreas de intercambio comercial entre Sudáfrica e Hispanoamérica por orden son: Argentina, México, Venezuela, Chile, Perú, Uruguay, Colombia y Paraguay. En estas relaciones se destaca la importancia de la minería. Entre las empresas sudafricanas con operaciones mineras en Latinoamérica figura la compañía de más prestigio del país -^Anglo American-, la cual subvenciona el antes aludido puesto de investigador en asuntos de la América Latina en el Instituto de Relaciones Internacionales de la universidad WITS. Estas estadísticas se traducen en una mayor visibilidad de productos y servicios españoles e hispanoamericanos entre la población sudafricana y en el consecuente aumento en el número de viajeros ejecutivos de y a Sudáfrica. El restablecimiento del servicio aéreo Johanesburgo-Madrid de Iberia -interrumpido entre los años 1986 y 1998 por motivos políticos y económicos-ha representado un incremento casi vertiginoso de turistas españoles a Sudáfrica y viceversa. Las aerolíneas sudafricanas (South African Airways) ofrecen servicios a Buenos Aires, mientras que Aero México y Aerolíneas Mexicanas y Aero Caribe comunican con toda la América Hispana. Estas compañías han registrado un incremento en el tráfico de turistas entre Sudáfrica y los países del Cono Sur y México, en particular. Si a estos indicadores añadimos el aumento desde 1994 en el número de misiones diplomáticas hispánicas en Sudáfrica y de misiones sudafricanas en los países hispanoparlantes, prevemos que tendrán un impacto 456 Cathy Maree y Carmen Sánchez Martín tarde o temprano en la demanda del aprendizaje de la lengua española. Una de las industrias más prometedoras para la economía sudafricana en el próximo futuro es el eco-turismo. La introducción de cursos de turismo y hostelería en las universidades e instituciones politécnicas proyecta la inclusión de cursos de español y de estudios sobre la cultura hispánica. La frase «Roma no se construyó en un día» puede aplicarse al interés entre los sudafricanos por el mundo hispánico. No olvidemos que los años de aislamiento del mundo exterior todavía resuenan en Sudáfrica. Esto, unido a la tradición histórica de formar lazos con Gran Bretaña, sin hablar de la influencia de los Estados Unidos en cuanto a la cultura popular y los medios de comunicación masiva, no han dejado mucho lugar para mirar hacia los países hispanoparlantes hasta hace poco. Una de las señales de un cambio de enfoque se presenta en la prensa sudafricana en la que, con suma regularidad, aparecen artículos sobre uno u otro país hispánico. Los sudafricanos se están dando cuenta de que su proceso de transformación política, socio-económica y racial tiene paralelos con muchos países de habla hispana. Indicadores para el futuro del español provenientes del sector público y educativo La situación actual de la enseñanza de lenguas extranjeras no parece idónea en Sudáfrica y ya ha impactado negativamente en la del español, como señalamos en el apartado 4.1. Sin embargo, creemos que los cambios que se están introduciendo en el sistema educativo van a influir favorablemente en una creciente demanda del español y de los estudios hispánicos en el futuro. El gobierno del ANC se ha comprometido a transformar la educación en todos los niveles con el fin de resolver las injusticias y desigualdades del sistema de apartheid y de adiestrar a la población sudafricana de acuerdo con las necesidades del país. Esto no se limita a la educación de los jóvenes, sino que también afecta al 40% de los adultos sudafricanos que son o analfabetos o semianalfabetos. Por eso, con más frecuencia se enfoca a programas de estudio cuyos objetivos tienen una relación estrecha con una u otra vocación u orientación profesional. Y más allá del campo laboral, la intención educativa del gobierno es inculcar en sus ciudadanos el anhelo por aprender y fomentar la sensibilidad estética y cultural (Documento de SAQA: www.saqa.org.za/docs). Con el fin de cumplir con estos objetivos y para promover el estudio del español y del hispanismo en Sudáfrica, los responsables del español Quo Vadis: el español y el Hispanismo en Sudáfrica de los currículos a nivel terciario y secundario están promoviendo cambios importantes. De acuerdo con el nuevo plan de estudio, los alumnos de secundaria se prepararán para los exámenes preuniversitarios centrándose en el aspecto comunicativo del idioma, tanto en su forma hablada como escrita. Para crear una mayor concienciación por parte de los alumnos sudafricanos hacia el mundo hispánico y por parte de los hispanoparlantes hacia Sudáfrica, el plan les ofrecerá la oportunidad de hacer estudios comparativos entre un país hispánico y Sudáfrica en una diversidad de áreas como, por ejemplo, las costumbres, la cultura, el arte, la música, la historia, la economía y la política. Y con motivo de inculcar en los alumnos el amor por la literatura hispánica, se les proporcionará un libro de lecturas amenas y enriquecedoras con guías de lectura y sugerencias para otras lecturas. En un futuro no tan lejano, se proyecta que estos alumnos ubicados en diversas partes de Sudáfrica podrán acceder al conjunto de redes Internet para comunicarse con un profesor/tutor y para formar grupos de compañeros de curso con el fin de resolver problemas y realizar tareas en equipo. La enseñanza electrónica promete ser un complemento imprescindible para la educación a distancia de la Universidad de Sudáfrica (Unisa) y su subdepartamento de español no se queda a la zaga en este área educativa. A partir de 1999 una amplia gama de material de instrucción en los cursos de español se dispone en la red de Unisa [URL]. El próximo paso es impartir por vía electrónica la totalidad de cada uno de los nueve módulos semestrales de español a nivel pregrado y los ocho módulos semestrales de postgrado: el material de instrucción, la serie de tareas, la comunicación interactiva con el profesorado y los exámenes, tanto escritos como orales. La enseñanza a distancia tradicional -la palabra escrita enviada por correo-será un medio de instrucción estable en Unisa por muchos años ya que la mayoría de sus alumnos en Sudáfrica no dispone de los recursos informáticos para acceder a Internet. Sin embargo, la primera «cafetería» de ordenadores acaba de construirse cerca de Johanesburgo y se ha planificado la creación de muchas más a lo largo del país para ofrecer a todos los estudiantes la oportunidad de estudiar electrónicamente. Junto con la aceleración en cuanto a los medios de enseñanza, el contenido de muchos programas de estudio también refleja las transformaciones en el sistema educativo sudafricano. Como materia de estudio independiente en Unisa, el español ofrece el programa de estudios de lengua, literatura y cultura para responder a los objetivos generales de la comunicación y el desarrollo intelectual y afectivo del individuo. Y dentro de éstos se encuentran los objetivos específicos de conocer la lengua para 458 Cathy Maree y Carmen Sánchez Martín poder emplearla en una variedad de situaciones y circunstancias y de entender y evaluar la cultura y la literatura hispánicas para poder apreciar sus valores estéticos, intelectuales y afectivos. La oferta de la disciplina del español en módulos semestrales hace posible que esté incluida en muchos otros planes de estudios como, por ejemplo, el de turismo, de relaciones internacionales, de traducción, etc., que forman componentes no sólo del grado BA sino también de otros grados en Ciencias Económicas y Empresariales, Educación y Pedagogía, Teología y Derecho. No se pueden negar las limitaciones presentadas por el hecho de que el español como disciplina universitaria aparece en una sola universidad en toda el África meridional. La falta de contacto con colegas de español y la consecuente ausencia de medidas de comparación producen el efecto de trabajar en un vacío. Gracias a Internet, al correo electrónico y, muy importante, a la reciente apertura de Sudáfrica al mundo académico internacional, poco a poco se están venciendo estos obstáculos. Otra avenida prometedora es el interés que algunas universidades y centros del mundo hispánico han empezado a mostrar por establecer convenios con Unisa y otras universidades sudafricanas para promover el intercambio de personal y estudiantes y para establecer una mayor cooperación en determinadas áreas de investigación. La Universidad de Alcalá, por ejemplo, está en proceso de firmar un convenio de cooperación e intercambio académico con Unisa para realizar proyectos de interés mutuo. En Argentina se ha fundado un centro de acceso para estudiantes de Unisa en ese país. 6, Palabras de conclusión En la opinión de las autoras de este ensayo, el potencial del hispanismo en Sudáfrica es grande. Los indicadores señalan que el proceso de apertura de Sudáfrica al mundo más allá de sus fronteras y las transformaciones en el sistema educativo van a traducirse en un reconocimiento de la necesidad de las lenguas extranjeras en general y de la del español en particular. La cuestión ahora es cómo estimular este potencial y acelerar su ritmo. Tal trabajo sería algo más fácil si en Sudáfrica se contara con un Instituto Cervantes o con otra organización encargada de ayudar a difundir la cultura y la lengua hispánicas. Sin embargo, y dadas las limitaciones presupuestarias de los pocos individuos dedicados a la promoción del hispanismo en Sudáfrica, se pueden proyectar algunas iniciativas. Las palabras claves son la colaboración y la repartición de recursos. En el área educativa esto significa que un es-Quo Vadis: el español y el Hispanismo en Sudáfrica tudiante matriculado en cualquier universidad o instituto terciario politécnico en Sudáfrica o en los países vecinos podrá estudiar módulos acreditativos de español en Unisa, sin perjudicar su titulación final. A nivel secundario y en los centros privados la preparación formal de profesores de español como lengua extranjera en Unisa ayudará a mejorar la calidad del profesorado en el país. La promoción de los exámenes oficiales del DELE en Sudáfrica es otro factor que añadir al estatus de la lengua y de sus aprendices. La formación de una asociación de hispanistas, por pequeña que sea al principio, se prevé como un apoyo no sólo a los profesores de español en todos los niveles, sino también como una oportunidad para intercambiar ideas que llevarán al mayor desarrollo del español y del hispanismo en Sudáfrica. Con la buena voluntad y la determinación de vencer obstáculos que caracterizan a la sociedad sudafricana, confiamos en que el futuro del hispanismo en Sudáfrica está asegurado. ^ El resumen está basado en una ponencia del profesor Andries Oliphant presentada en el congreso de AALRDISA (The All African Languages Re-development Instititute for Southern Africa) el 30 de julio de 1999, en el informe de Victor Webb 1995 Language in South Africa y en Towards a National Language Plan for South Africa, 1996. ^ Esta y las demás estadísticas son aproximadas. Nuestras fuentes han sido las embajadas de procedencia, asociaciones representativas de las mencionadas comunidades y el libro International Trade Statistics Yearbook. ^ El árabe moderno que se usa en el Medio Oriente, a lo largo del mundo musulmán y en el Occidente en los medios de comunicación masiva (Mohammed, 1997:1). Las estadísticas y otros datos nos han sido proporcionados por el personal académico y administrativo de estas universidades a quienes quedamos agradecidas. ^ Agradecemos al Dr F Calitz del South African Certification Council, al Dr C Letter del South African Universities Vice Chancellors' Association y al Sr W Venter de Department of Education el acceso a estas estadísticas. ^ Agradecemos al Sr Nabor García, Cónsul General de España en Sudáfrica, por su gentileza en proporcionarnos estos datos.
Ante todo debo confesar que los hispanistas asiáticos no estamos muy comunicados, a pesar de que no nos faltan diversas ocasiones en los congresos internacionales, las publicaciones de artículos en revistas especializadas ni los libros monográficos realizados por nuestros colegas asiáticos. Esto se debe a que los estudios hispánicos comparten una historia muy breve en contraste con las grandes corrientes de España, Hispanoamérica, Europa y los Estados Unidos. Teniendo en cuenta la limitada información que poseo, mencionaré al final de esta exposición las actividades que merecen mayor atención, de fechas relativamente recientes. Hablaré de los investigadores coreanos, chinos, taiwaneses e indios, basándome en las publicaciones que están en mis manos. De los estudiosos filipinos se necesitará un capítulo aparte por su larga tradición hispánica. Por esta razón, la descripción siguiente trata casi exclusivamente de la situación japonesa, con una pequeña añadidura de las últimas noticias de los países asiáticos. Para los japoneses, España ha sido uno de los países más lejanos de Europa y por esta razón hasta hace muy poco tiempo, la lengua española ha sido objeto de pocos estudios culturales y lingüísticos. La razón de este parco interés de los japoneses se puede encontrar también en nuestras vicisitudes históricas: el aislamiento total en la época feudal (hasta el año 1867, el año de la Restauración de Meiji). Es bien sabido que la llegada de Francisco Javier a Japón con el propósito de su evangelización (1549) es el comienzo de las relaciones Hiroto Ueda entre ambos países. Las décadas sucesivas, sin embargo, están marcadas por la introducción de la cultura europea por parte de los comerciantes y jesuítas portugueses y no por los españoles. El decreto de expulsión de los padres dictado por Hideyoshi, la prohibición total del catolicismo por el Shogunato de Tokugawa y la política de aislamiento, determinaron la ruptura total de la comunicación bilateral. Sólo se destaca el episodio de los jóvenes misioneros japoneses que visitaron la Corte de Felipe II y el de Hasekura Tsunenaga, enviado por el señor feudal Date Masamune en el camino de Roma para ver al Papa Pablo VI. Algunos de los subditos de Hasekura se quedaron en las afueras de la ciudad de Sevilla y "dejaron el apellido «Japón» entre sus descendientes sevillanos^. Después del largo período de aislamiento, cuando en el siglo XIX Japón se abrió al exterior y se dispuso a asimilar la cultura occidental, España ya no tenía el vigor de tiempos pasados: había perdido el dominio de las Islas Filipinas, las Marianas, las Carolinas y, al parecer, la lengua española no era considerada como importante por el Gobierno del Imperio Nipón. En la Escuela Oficial de Lenguas Extranjeras, que se fundó en 1873 en Tokio, se enseñaban sólo el francés, el alemán, el ruso y el chino, con la exclusión de lenguas tan importantes como el inglés y el español^. Fue en 1890 cuando el primer profesor extranjero vino a Japón con el propósito de enseñar la lengua española. Era un italiano llamado Emilio Binda y se dedicó a enseñar italiano, alemán y español. Entre sus alumnos se encuentra Hiyama Gozaburo, quien fue nombrado primer jefe del departamento de Español cuando se fundó la Escuela de Idiomas de Tokio (Tokyo Gaikokugo Gakkou, 1895, la actual Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio). Al terminar la Guerra Chino-Japonesa, el Gobierno consideró necesario que los jóvenes aprendieran las lenguas extranjeras y para el mismo departamento contrató a Francisco Grisoría. Así empezó el primer Departamento de Español con dos profesores, uno japonés y otro nativo, y con seis alumnos. El primer libro de texto fue El Método Cortina, publicado en los Estados Unidos. Posteriormente en 1923, el Gobierno fundó otra escuela en la ciudad de Osaka (la actual Universidad de Estudios Extranjeros de Osaka). El profesor Uritani Ryohei (1985:53) explica la situación dada inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial en el año 1945: (...), Japón se hallaba en una situación caótica. Tokio, por ejemplo, se había convertido en un extenso llano de escombros y cenizas. Los edificios Hispanismo en Asia. de las universidades y escuelas superiores fueron destruidos por frecuentes bombardeos aéreos. Algunas universidades alquilaron establecimientos no quemados. Otras abrieron sus aulas arreglando restos de los edificios de cemento con vidrios de las ventanas rotas. En invierno, la cuota de carbón era tan poca que los estudiantes rompían viejos pupitres y sillas para quemarlos en las chimeneas. Estaría bien si hubiera chimeneas. El profesor daba clase vestido de abrigo andando por entre los pupitres de los alumnos. Así que el precio de libros importados resultaba exorbitante. Y además, no podíamos comprar libros extranjeros personalmente. Estaba estrictamente prohibido por la ley del control de divisas extranjeras comprar dólares y remitirlos personalmente. Lo hacían solamente los importadores autorizados. Además casi todos los importadores de libros trataban solamente libros de los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania. Los primeros libros en español se importaron sólo a partir de 1958. Todo lo que ha pasado en el transcurso de medio siglo de posguerra lo sabemos de manera directa por nuestras experiencias. El crecimiento de la economía japonesa contribuyó de manera inmediata a que se abriera la ventana hacia el exterior. La cultura hispanoamericana nos ha impulsa-Hiroto Ueda do a conocer más y más la tierra hasta entonces ignorada por la mayoría de los japoneses. La Radio-Televisión de la Cooperación Emisora de Japón (NHK, Nihon Hosoo Kyookai) emite cada día un curso de español por radio y televisión. Uno de los directores de los programas educativos nos ha comunicado que el curso de español tiene un 6% de audiencia (entre televidentes y radioyentes), lo cual equivale a unas 100 mil personas. Se venden cada mes 30 ó 40 mil ejemplares del texto del curso. Actualmente el número de universidades donde se enseña la lengua española asciende a 110. Catorce universidades tienen departamento de español y el número de los estudiantes matriculados se calcula en unos 3.500 cada año. Todo esto significa que en la actualidad el español no es una lengua minoritaria entre los japoneses, sino una lengua tan importante como para atraer a los jóvenes estudiantes con ganas de aproximarse al mundo de veinte países, que sabemos que cubre casi una décima parte de la superficie de la Tierra. Se cuentan 377 profesores y estudiantes especializados en el idioma español según el Directorio de la Asociación Japonesa de Hispanistas (1997). Al preparar el mismo directorio, se realizó una pequeña encuesta donde se preguntó el campo de especialidad a cada encuestado. Para obtener una especie de panorama general del hispanismo en Japón, procedamos a elaborar un cálculo estadístico de dicha encuesta. De acuerdo con la Figura 1, hay más interés en la lengua y la literatura que en historia, arte, política, economía y otros. La región predilecta parece ser España por delante de América^. A pesar de que la enseñanza del español en Japón comenzó en la situación especialmente difícil de la posguerra, a partir del año 1950 se ha recuperado gradualmente el vigor de las actividades, tanto docentes como de investigación^. Nos fijaremos ahora en las investigaciones lingüísticas hispánicas. La Fig. 2 representa el número de artículos publicados en distintas revistas académicas^. Se observa un gran aumento de publicaciones a partir de los años 80, lo cual quiere decir que ya son veinte años de acumulación de trabajos científicos realizados por los japoneses y sus compañeros extranjeros residentes en Japón. Publicaciones en las revistas especializadas. Remitimos la información concreta de las publicaciones al apartado de Bibliografía y destacamos ahora los libros monográficos de lingüística española con fechas relativamente recientes de publicación. El primer libro que presentamos es Chuusei Supeingo Nyuumon (Introducción al Español Medieval) de Shoji Nakaoka (Editorial Daigakushorin, Tokio, 1993). Trata documentos que van desde las Glosas Emilianenses hasta estudiantes que se dediquen al español medieval, la primera obra que deben leer es el Cantar de Mío Cid, gracias a que contamos con tres estudios excelentes de Menéndez Pidal: Texto, Gramática y Vocabulario. Es cierto que basándose en estos libros, un estudiante japonés que haya aprendido el español moderno puede seguir leyendo la obra del siglo XIII. Leer a Menéndez Pidal, no obstante, exige un esfuerzo enorme para los principiantes japoneses. Y mucho más para tener una visión general del medievo más allá del Cid. Hoy, afortunadamente, tenemos a mano el libro de Nakaoka que ordena los materiales de manera muy convincente. Siguiendo el marco de la gramática tradicional, nos ofrece ejemplos apropiados extraídos de una multitud de obras y acompañados de explicaciones aclaratorias. Es un punto de partida para los estudios posteriores, y la bibliografía que nos presenta al final de la obra nos es de gran ayuda. Taigo Ito publicó en 1994 un libro, también de carácter diacrónico, titulado Ratengo kara Supeingo e (Del latín al español) (Editorial Daigakushorin, Tokio). Se trata de un estudio contrastivo entre el latín clásico y el español moderno que trata aspectos fonológicos, morfosintácticos y léxicos, conforme a su evolución histórica. Se sabe muy bien que el español nace del latín coloquial (vulgar) que se hablaba en la Península, y no del clásico (literario) que aprendemos en las aulas de la universidad. A pesar de todo, al comparar la lengua literaria y el español actual, encontramos ciertas correspondencias bastante regulares. Sin duda, el estudio de la historia de la lengua española presupone el conocimiento del latín, y el método de estudio de la lengua clásica puede ser tan común para todos como específico para algunos, dependiendo del trasfondo lingüístico que cada uno quiera darle. Esta obra es una buena guía para los estudiantes de español que quieran avanzar hacia el estudio del latín. Podemos recomendarlo por sus cualidades exhaustivas y sistemáticas. El Capítulo II está dedicado a la comparación de refranes de las dos lenguas, junto con la traducción japonesa. Es fácil captar el significado y muy ameno el leer la sabiduría de los antiguos romanos. La obra que actualmente se considera más importante en el campo de la gramática descriptiva española en Japón se publicó en 1995: Chuukyuu supeingo bunpoo (Gramática Española del Nivel Intermedio), editado por Yoshiroo Yamada (Tokyo, Hakusuisya). Demuestra el nivel actual de los estudios de Gramática de los especialistas japoneses de primera línea. Es una obra colectiva llevada a cabo por estudiosos del Distrito de Kansai (Osaka), los cuales han elegido los aspectos que más les interesan y han expuesto los conocimientos acumulados hasta entonces, por lo cual en estos últimos cinco años es muy citada en los artículos de los profesores japoneses. Mientras que lo propio de la gramática es que explique la norma en forma de oraciones co-Hispanismo en Asia. Estudios lingüísticos rrectas, Chuukyuu supeingo bunpoo no sólo presenta ejemplos gramaticales sino también agramaticales, para lo cual se introducen puntos de vista de la nueva lingüística. Se dedica un amplio espacio a los capítulos de la variación lingüística, tanto en su dimensión histórica como en la geográfica. Un año después (1996), el mismo grupo de Yoshiroo Yamada publicó Supein no gengo (Las Lenguas de España), en la editorial Doohoosha, Kioto. Se trata de una obra compuesta por los siete capítulos siguientes: Hacia el nacimiento del español (Taigo Ito). El español medieval (Shozi Nakaoka). El español en el Siglo de Oro (Toshihiro Takagaki). El español en las épocas moderna y contemporánea (Masami Miyamoto). Características del español (Atsumi Deguchi). Lenguas regionales de España (Koo Tazawa). El español en ultramar (Junnosuke Miyoshi). Los libros de gramática, a veces, resultan tediosos para leerlos desde el principio hasta el final. Esta obra, en cambio, es sumamente amena por su manera de presentar primero el trasfondo histórico-geográfico-cultural para llegar después a los hechos lingüísticos concretos. Obra de utilidad para profesores y estudiantes a la hora de obtener un conocimiento básico del contexto del español. Desde Tokio, Hideki Terasaki nos transmite su perspectiva en la obra, Supeingo bunpoo no koozoo (La estructura de la gramática española, 1998, Tokyo, Daigakushorin). Enumera los hechos gramaticales de modo sinóptico. Su foco de atención está en la sintaxis, a expensas de la morfología. Los conocimientos de la nueva lingüística se introducen en varias partes, de modo que los principiantes de esta disciplina se encontrarán con una terminología poco familiar, lo cual no constituye una dificultad insalvable ya que se explica en el lugar correspondiente, con ejemplos adecuados como transposición, modo de acción, regido, polaridad, oración seudo-hendida, etc. Una de las características más destacables es la utilización de ejemplos no ideados sino reales, extraídos de un corpus lingüístico de obras teatrales^. Estamos, pues, ante un nuevo método de la lingüística de corpus. El libro más reciente de la lengua española en Japón es Supeingo no sekai (El mundo del español), editado por Hideki Terasaki, Sinzo Yamazaki y Yutaka Kondoo en Sekaishisoosha (Kioto, 1999). Está constituido por una primera parte («Panorama del español»), donde se realiza una 468 Hiroto Ueda aproximación gramatical, y otra segunda («Fisonomía del español»), en la que se ofrece el transfondo de conocimiento. Sonidos y letras del español (Shinzo Yamazaki). Verbos copulativos (Yutaka Kondoo). 6: Nacimiento del español (Masu Nitta). 7: Dialectos (Hideo Hotta). 8: El español en América (Daisuke Kishi). -Cap. 9: Encuentros de japoneses con la lengua española (Takekazu Asaka). -Cap. 10: Diccionarios (Hiroto Ueda). El Instituto Nacional de Investigación de la Lengua Japonesa reimió a un grupo de lingüistas para abordar un estudio contrastivo de los dos idiomas. Ha dado dos frutos hasta la fecha: Nihongo to gaikokugo to no taishoo kenkyuu. Nihongo to supeingo I, IL (Estudios contrastivos del japonés con las lenguas extranjeras. Cada tomo está dividido en dos partes: artículos y bibliografía temática. En el tomo I encontramos los artículos siguientes: «La modificación nominal del japonés y el español» (Toshihiro Takagaki), «Juicio, modo y seudo-relativos. Un estudio modelo contrastivo entre el japonés y el inglés», (Ken-ichi Mihara), «Noda y es que» (Noritaka Fukushima), «La oración atemática del japonés y el español» (Hisashi Noda), «(In)transitividad del japonés y construcciones reflexivas del español» (Fumihiro Aoyama), «Marcadores discursivos y estructuras de conversación» (Miwako Okura), «Estudio contrastivo, análisis del error y aproximación translingual a la lengua española» (Hiroto Ueda). Los artículos del tomo II son: «Sufijos personalizadores en japonés y español» (T. Takagaki), «Sintaxis y semántica de las construcciones del verbo cognitivo» (K. Mihara), «La oración compleja desde la perspectiva del japonés. To, toki, tara en contraste con cuando» (F. Aoyama), «La voz en japonés y en español» (H. Noda), «Cita y estilo directo e indirecto» (N. Fukushima), «Enimiciados acabados y enunciados suspensivos. Kedo en contraste conpero» (M. Okura), «Verbos y marcas de caso. Análisis trahslingual japonés-español» (H. Ueda). Está anunciado que dentro de Hispanismo en Asia. Estudios lingüísticos 469 poco saldrá a la luz el tercer tomo de esta misma serie. Estos son los ejemplos más recientes de la publicación de libros sobre la lengua española. Ahora volvamos a los artículos recogidos en distintas revistas especializadas. Son muchos y muy bien distribuidos, según demuestra la Figura 3. Lo más destacable es la concentración en el campo de la sintaxis. Las cuestiones sintácticas parecen atraer a los investigadores japoneses más que la fonología, la morfología o la variación lingüística. Echamos de menos trabajos sobre sociolingüística y variación diacrónica. Proyecto de investigación por iniciativa japonesa A continuación presentaremos el estado actual de un proyecto de investigación que empezó por iniciativa japonesa: el Proyecto Varilex (Variación Léxica del Español en el Mundo). Han transcurrido seis años desde su nacimiento en Veracruz (México, 1993). El proyecto se inició en una reunión de investigadores con ocasión del X Congreso de la Asociación de Lingüística y Filología de la América Latina. Allí se reunieron investigadores de distintos países y se propuso este proyecto de investigación internacional. Se discutió sobre diferentes ideas y posibilidades, así como sobre las supuestas dificultades, para después llegar a un acuerdo general. Basándose en las conclusiones de la reunión, comenzaron las encuestas periódicas anuales a partir de 1994: En cada ciudad se realizaron cuatro encuestas correspondientes a los siguientes tipos de encuestados: a) Hombre de 18 a 39 años, b) Hombre de 40 a 80 años, c) Mujer de 18 a 39 años y d) Mujer de 40 a 80 años. Como se observará fácilmente, este proyecto posee un carácter continuativo. Se realizan encuestas anualmente con cuestionarios nuevos o renovados para aproximarse cada vez más a la realidad lingüística de las ciudades. En los casos considerados necesarios, se repite la encuesta posteriormente para CUADRO 1. Encuestas anuales Hispanismo en Asia. Estudios lingüísticos confirmar el cuadro obtenido con anterioridad. Hasta el presente, se han podido reunir 935 cuadros bidimensionales (ciudad-forma). El objetivo es conseguir un panorama general de la distribución de las palabras para poder apreciar exactamente su extensión geográfica. A modo de ejemplo, reproducimos una matriz bidimensional correspondiente a [A024] (calcetines, medias): Prenda de punto que recubre elpie^: Es bien sabido que en Hispanoamérica se utiliza la forma «medias» para designar el objeto, mientras que en España se prefiere «calcetines». ¿Pero acaso no aparece nunca «calcetines» en el español de América? Con el cuadro anterior se puede comprobar que sí se usa también en distintas ciudades como forma coexistente. De modo que se rechaza tal dicotomía fácil, como es la de España versus América, y se procura ser más realistas al observar minuciosamente la distribución de las formas en cuestión. El proyecto sigue su curso, avanzando tanto en la investigación de más ciudades como en el estudio de la variabilidad de más conceptos del léxico. Sus objetivos inmediatos son los siguientes: 1) Establecer más contactos con las ciudades importantes del continente americano y Filipinas. Aumentar, al menos en im pimto más de investigación, los países que solamente están representado por un punto. ses son El Salvador, Costa Rica, Panamá, Bolivia, Paraguay y Uruguay. En Filipinas todavía no se ha tenido contacto con ningún investigador. 2) Estudiar más conceptos hasta llegar a la cantidad de 2.000. 3) Elaborar páginas interactivas en internet de modo que el investigador pueda ir acumulando y corrigiendo los datos. Esto nos ayudará a establecer más contactos y, al mismo tiempo, publicar simultáneamente los resultados de la investigación en tiempo real. Los investigadores japoneses publican sus trabajos tanto en japonés como en español. A partir de los años ochenta es constante la emisión en lenguas occidentales: español e inglés. Como demuestra la Figura 4, la supremacía numérica de los artículos en japonés con respecto a los escritos en español es innegable. En un futuro próximo se desean más publicaciones en español y menos en japonés, para que así pueda haber más intercambio y una mayor comunicación entre los países de habla española y Japón. La lengua no debe ser una barrera, sino un puente de comunicación a través de fronteras políticas y naturales. En los años noventa, el ritmo de desarrollo de las comunicaciones internacionales ha sido vertiginoso. Actualmente los profesores japoneses no se encuentran aislados por razones geográficas. Estamos conectados con los estudiosos de todo el mundo por medio de este maravilloso in-Hispanismo en Asia. Estudios lingüísticos vento humano. La red de Internet ha cubierto prácticamente todo el territorio habitado, de manera que podemos comunicarnos diariamente con todos los compañeros del mundo, que son casi colegas de trabajo por la frecuencia de contacto. Algunos profesores japoneses han abierto su página (Home Page) en su servidor (server) de la universidad^. Está funcionando también el envío automático de mensajes dirigidos a todos los miembros de una lista (Mailing List). Sin duda, el hispanismo e'h el Japón del siglo XXI contará con nuevas tecnologías cada vez más avanzadas. Ningún profesor puede quedarse al margen del desarrollo de la informática para mejorar sus actividades de docencia y de investigación. Como hemos explicado en la introducción del presente informe, nos llegan muy pocas noticias sobre los países vecinos: Corea, China, Taiwan, Filipinas, India y otros países asiáticos. El profesor I-Bae Kim, Presidente del Comité Organizador del IV Congreso de Hispanistas de Asia, celebrado en Seúl (1996) dice precisamente: «El hispanismo asiático se encuentra todavía en una fase incipiente sin consolidación». La única ocasión en la que nos reunimos los asiáticos es el Congreso de Hispanistas de Asia. Según cuenta José Eugenio Borao, todo empezó en una tertulia de café en la casa del profesor Francisco Carranza (Seúl), donde se reunía con su colega María Ho y el actual Presidente I-Bae Kim. Todos ellos son profesores de la Universidad de Lenguas Extranjeras de Hankuk. Esta historia nos llega de Taiwan por el número cero del periódico Sinapia, Revista de comunicación hispanista en Taiwan (1993). Después de pasados tres años desde el primer Congreso en Seúl, se celebró el segundo en Manila (1989), donde se reunieron en una habitación del hotel los profesores japoneses participantes para decidir el siguiente en Tokio. En aquel entonces el profesor Ryohei Uritani hizo un esfuerzo inimaginable para solucionar un cúmulo de problemas no sólo económicos y organizativos sino hasta de comunicación. El resultado lo tenemos a mano en forma de las Actas del Tercer Congreso de Hispanistas de Asia (Tokio, Asociación Asiática de Hispanistas). Los trabajos lingüísticos que se han presentado en los últimos Congresos (Tokio en 1993 y Seúl en 1996) son 48 y 22, respectivamente, de los cuales entresacaremos los títulos de los colaboradores asiáticos fuera de Japón en la sección de Bibliografía. Al terminar la sección de estudios lingüísticos hispánicos en Asia, citaremos de nuevo las palabras de I-Bae Kim, pronunciadas en el Acto de Inauguración del IV Congreso Asiático-Internacional de Hispanistas: «Once años de vida tiene nuestra Asociación Asiática de Hispanistas. Si la comparamos con la edad de un ser humano, hemos superado la infancia insegura y ahora estamos en la adolescencia. (...) Cada congreso de la Asociación Asiática de Hispanistas nos infunde de más energía y ánimo. Viendo nuestras procedencias de diferentes países, sabemos que no estamos solos, y nos alegramos de que nuestra familia esté creciendo en el mundo entero. Este Congreso es una clara demostración de nuestra vocación internacional frente a las corrientes ultranacionalistas que tratan de jalar a la humanidad hacia la época de tribus aisladas y cerradas.» Esperemos que los estudios hispánicos que han dado los primeros vagidos en el Oriente sigan creciendo con el espíritu de compañerismo y solidaridad. ^ Actualmente se cuentan unas sesenta personas de apellido «Japón» en el directorio telefónico de la ciudad de Sevilla (1996). ^ Para la historia de la lengua española en Japón, veáse Ryohei Uritani (1985) «La enseñanza del español en Japón», Actas del Primer Congreso de Hispanistas de Asia, pp.70-98, Seúl. ^ Esto no quiere decir necesariamente que haya poca actividad en los estudios latinoamericanos. No es más que el resultado del cómputo de las respuestas de los miembros de la Sociedad. ^ Véanse Hiroto Ueda, 1990, «Situación actual de la lingüística española en Japón», Español Actual, 54, pp. 115-118, y Juan Martínez Marín, 1993, «El lugar del hispanismo asiático en la lingüística española». Actas del Tercer Congreso de Hispanistas de Asia, Asociación Asiática de Hispanistas, Tokio, pp.264-269. ^ Debemos los datos a la página del prof. Atsumi Deguchi: http://dgindy.osaka-gaidai. ac.jp/sbgobnk/sbunkO 1.html. ^ Hiroto Ueda, 1987, Análisis lingüístico de obras teatrales españolas, Informe para el Ministerio de Educación, Tokio. ^ Actualmente cuenta con la colaboración de investigadores residentes en 62 ciudades: [ES-COR] La Coruña (España)
Al asumir el desafío propuesto por la revista Arhor y abocarme a buscar, reunir y ordenar datos sobre los estudios hispánicos en la zona geográfica donde resido -Medio Oriente-sabía que estaba aceptando una tarea compleja y, probablemente, no realizable de modo acabado. Las dificultades han sido múltiples y, principalmente, suscitadas por el conflicto político y aun bélico en el que nos encontramos sumidos. Debido al hecho de que mi epicentro académico y existencial se encuentra en Israel, la comunicación con las universidades de los países con los que estamos en conflicto se ha hecho i mposible (me refiero, entre otros, al Líbano, Siria, Irak, etc.). Lamentablemente, tampoco los países vecinos con los que Israel mantiene una relación pacífica me han dado un fácil acceso a la necesaria información respecto del estado de los estudios hispánicos en sus centros académicos. Ello ha sido especialmente notorio en lo que respecta a Egipto, de donde aún no he podido obtener respuestas concretas. En relación con Jordania, mi tarea fue menos ardua, pero los datos obtenidos son insuficientes para escribir un apartado en relación con dicho país. Tengo la certeza de que con más tiempo, perseverancia y contactos apropiados, además de un clima político más favorable -el que todos ansiamos-este panorama del hispanismo en Medio Oriente podrá ser completado de modo adecuado. Es ésta la razón por la que sólo me atrevo a presentar un informe exhaustivo respecto de Israel y otro, parcial, acerca de Marrruecos, país con el cual he podido contactarme a través de algunos de sus destacatos estudiosos, a quienes he tenido el agrado de conocer en un Coloquio en Israel, organizado por la universidad de Haifa, en febrero de este año. Ruth Fine 482 1, Israel Los estudios hispánicos en este país son vastos y diversos. Dada tal amplitud me he visto en la necesidad de aplicar un criterio selectivo y ordenador, de acuerdo con el cual he decidido obviar los estudios hispanoamericanos, los que ocupan un lugar de mucha importancia en Israel, principalmente en la Universidad Hebrea de Jerusalén (literatura, historia y estudios sociales de Iberoamérica) y en la Universidad de Tel Aviv (historia iberoamericana). Me centraré, entonces, en las áreas del hispanismo que comprendan los estudios relativos a la literatura española y al judeo-español. Universidad Hebrea de Jerusalén La lengua española y su literatura figuraron desde una etapa muy temprana entre los estudios de la Universidad Hebrea de Jerusalén. No obstante, sólo en 1967 fue creado el Departamento de Estudios Españoles y Latinoamericanos, en el que se reunieron cursos dictados previamente en diversas secciones de las facultades de Humanidades y Ciencias Sociales, sobre lengua, literatura, historia, política, sociedad y cultura española e hispanoamericana. El Departamento está constituido por dos secciones: una sección literaria y una sección histórico-social, las cuales proporcionan un marco interdisciplinario de enseñanza e investigación (en los tres niveles: B.A., M.A. y Doctorado), y de preparación de especialistas en las respectivas áreas. En su sección literaria, el Departamento de Estudios Españoles se ocupa fundamentalmente del análisis de los tres géneros literarios -lírica, narrativa y drama-durante la Edad Media, el Siglo de Oro y la época moderna y contemporánea, con especial atención a las áreas de poética, semiótica y lingüística. Como parte de esta sección, se ofrece a los alumnos que no son hispano-parlantes, un programa especial con cursos introductorios de literatura española e hispanoamericana en hebreo, y cursos intensivos en castellano. Es importante destacar el dramático incremento que se registra en los últimos años de estudiantes no hispanoparlantes deseosos de acercarse a los estudios iberoamericanos, lo cual intensifica el desarrollo de un sólido plan de estudios de la lengua española. A partir del año 1992, el Departamento publica anualmente la revista Reflejosj que da expresión a la investigación académica en sus dos are-Hispanismo que viene: Israel y Marruecos as de especialización: literatura e historia. En sus páginas aparecen trabajos de investigadores del Departamento y de otros centros académicos, cuyos temas de investigación conciernen a Iberoamérica. El Departamento de Estudios Españoles se beneficia anualmente con la visita de profesores y de representantes expertos en el área del hispanismo. Mediante su seminario Departamental, se brinda un foro propicio para la presentación de especialistas de Israel y del extranjero en materias concernientes a Iberoamérica, cumpliendo, mediante estas conferencias, con una importante función de divulgación de la investigación que se proyecta a la comunidad hispano-hablante en Israel. Entre otros, el presente año han dictado conferencias el Prof. F. Márquez Villanueva (Harvard University) y el Prof. T. Mermall (CUNY), quienes han hablado sobre Cervantes y sobre Ortega y Gasset, respectivamente. Periódicamente se realizan coloquios y congresos. Así el «Coloquio del *98», fue llevado a cabo en torno a la temática del aniversario de dicha generación y del año lorqueano. Asimismo, el Departamento cuenta con un programa de intercambio de profesores con la Universidad Complutense de Madrid, por el cual anualmente se recibe la visita de un profesor que dicta un curso de literatura o historia española. En el campo de la literatura española, los investigadores del Departamento son la Dra. Sofia Kantor y la que escribe este informe, la Dra. La primera es una especialista en Literatura Medioeval, quien ha publicado estudios sobre los trovadores. El Cid, El libro del Buen Amor, Berceo y El libro de Sindibad, adoptando, en muchos de estos trabajos, una perspectiva general semántica. Así, por ejemplo, en relación con El libro de Sindibad, ha trabajado sobre las variaciones en torno al eje temático «engaño-error». Kantor está realizando una investigación acerca de la alegoría, especialmente centrada en Los Milagros de Berceo y en El libro del Buen Amor. Respecto de este último texto, su trabajo se ocupa del campo semántico «daño y engaño», en el marco de la diatriba contra Don Amor. En cuanto a mi investigación personal, ésta se centra en el Siglo de Oro de la literatura española, y más específicamente en los estudios cervantinos. Me encuentro completando un estudio semiótico-narratológico abarcador sobre El Quijote, algunos de cuyos capítulos ya han aparecido como artículos, incluyendo perspectivas de índole comparativa (así, un paralelo entre la concepción estética de Cervantes y Borges, como también la influencia del Quijote en la generación del'98). Asimismo, estoy llevando acabo un trabajo conjunto con un especialista en Biblia -el Dr. Menajem Argov-acerca de la presencia del Antiguo Testamento en El Quijote. Por último, he dictado el presente año lectivo un seminario sobre Ruth Fine lo hebreo, lo judío y lo converso en la obra de Cervantes, lo cual me ha introducido en este campo de investigación, cuyos primeros resultados espero publicar en poco tiempo. En este mismo campo me encuentro dirigiendo la tesina de una alumna de maestría. En el marco de la literatura española contemporánea dirijo también otra tesina que se ocupa del microrrelato en la literatura española actual, con énfasis en los aspectos narratológicos del relato brevísimo. En el marco de otros Departamentos de la Universidad Hebrea se desarrollan también estudios relativos al hispanismo. Así, el Dr. John London, del Departamento de Filología Románica, es un investigador del teatro español. Ha publicado ya diversos estudios sobre los manuscritos de las obras dramáticas de Federico García Lorca, sobre la recepción del teatro español de la posguerra, sobre el teatro catalán contemporáneo, así como también ha escrito trabajos acerca de Ruiz de Alarcón, sobre la traducción del teatro español al inglés y en torno a la escenografía española del siglo XX. Actualmente se encuentra desarrollando una investigación sobre la recepción de la literatura del Siglo de Oro en Alemania, durante el período del Tercer Reich. El Departamento de Teatro cuenta también con la presencia de un especialista en el teatro del Siglo de Oro: el Dr. Isaac Benabú. Las publicaciones de este investigador son numerosísimas, así como también la dirección y producción de obras teatrales de ese período y del teatro lorqueano, tanto en Israel (en hebreo) como en el exterior. Me importa destacar su presente campo de investigación, que se centra en dos direcciones. La primera de ellas corresponde a la problemática de la representación en el teatro del Siglo de Oro, en cuyo marco aspira reestablecer la diferenciación entre la estética literaria y la teatral, acercándose al texto dramático como a un «manual de representación» y no como a un texto para ser leído en soledad. En este sentido, se pone especial énfasis en el caso de la comedia española del siglo XVII, a partir de la cual se pretende aplicar los resultados de la investigación, en colaboración con estudiosos y compañías teatrales de todo el mundo. Otro de los objetivos primordiales de esta investigación consiste en situar a la comedia española en el marco del teatro del Renacimiento europeo. Un segundo campo de investigación desarrollado por el Dr. Benabú trata la kharja -la serie hebreo-romance-como un punto de encuentro entre tres tradiciones literarias: la árabe, la latina y la hebrea. El estudio pretende iluminar cuestiones de paleografía, así como la identidad lingüística, poética y prosódica de la kharja, en el marco de su muwashashah. Hispanismo que viene: Israel y Marruecos 1.1.2. Universidad Ben Gurión del Neguev En esta joven universidad, situada en la ciudad de Beer Sheva, en el marco del Departamento de Literatura Hebrea, trabaja un profesor e investigador -el Dr. Luis Landau-, quien se ha abocado a estudios comparativos relacionados con la obra cervantina. Sus publicaciones comprenden artículos que tratan la influencia de Cervantes en la literatura hebrea, así como también estudios acerca del interés de Freud por la obra cervantina y por el español, donde se analizan puntos de contacto y diferencias cardinales entre Cervantes y Freud. El Dr. Landau dicta también cursos para estudiantes avanzados donde analiza la metamorfosis del Quijote y del género picaresco en la literatura hebrea contemporánea. Asimismo, dicho investigador desarrolla un abarcador estudio sobre Cervantes y el judaismo, el cual está en vías de publicación. Vale la pena mencionar que el Dr. Landau, conjuntamente con su esposa, Beatriz Landau, han sido los responsables de la última y excelente traducción del Quijote al hebreo. En la presente universidad se encuentra la investigadora y profesora Ruth Reichelberg, quien es catedrática del Departamento de Literatura Comparada. Sus trabajos en el campo del hispanismo contemplan la relación del Quijote con la tradición judía, considerando la obra maestra cervantina como un texto que podría ser fruto de la pluma de un marrano. La presente investigadora ha publicado artículos varios sobre la obra de Cervantes, focalizando en muchos de ellos el sentido de los antropónimos y de los números en dicha obra, desde una perspectiva judía y cabalística. También ha estudiado comparativamente la pertenencia de Calderón y Claudel al Barroco. Sus trabajos presentes consisten en una traducción de obras de Jorge Guillen al francés, así como también un estudio abarcador sobre los contactos lingüísticos y conceptuales entre ciertas obras del Siglo de Oro español y textos judíos diversos. La Prof. Reichelberg dicta cursos de carácter comparativo, en los que trata la obra cervantina y sus puntos de contacto con otros autores, como J. L. Borges. El Departamento de Literatura Comparada ha organizado en el mes de octubre del año 1998, un Coloquio en honor al centenario de F. G. Lorca, en el que participaron investigadores de otras universidades de Israel y del exterior. Universidad de Haifa La presente universidad ha inaugurado en el año 1998, en el marco del Departamento de Hebreo y de Literatura Comparada, una Unidad de Investigación de las Culturas de España, fundada y dirigida por la Profesora Aviva Dorón. Esta unidad tiene como objetivo el estudio y la investigación de las culturas de España, en un amplio espectro de disciplinas, tales como la literatura, la filosofía, la historia, la sociología, la psicología, etc. Con este fin, se promueve la cooperación entre investigadores de España, Israel y otros países de Medio Oriente, y se organizan seminarios y coloquios en Israel y en otros países. El primero de estos encuentros fue organizado por la Prof. Dorón en Toledo y se denominó «El encuentro de las tres culturas». El último Coloquio fue realizado en Haifa, en febrero del corriente año, auspiciado por las universidades de Haifa, la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad de Alcalá y la Universidad Mohammed V, de Rabat. El Coloquio contó con la presencia de investigadores de distintas universidades de Israel, España, Marruecos, Egipto y Jordania. En un contexto interdisciplinario -con especial atención al área literaria-se trataron las relaciones interculturales en el ámbito de la España medieval. Entre los resultados del Coloquio se conformó un grupo de investigación que continuará desarrollando el diálogo interdisciplinario entre los estudiosos de Israel y de los países árabes por intermedio del nexo español. Estos coloquios proseguirán realizándose periódicamente (otoño del 2000 en Barcelona y otoño del 2001 en Rabat), y cuentan con el apoyo de la Unesco. La Prof. Aviva Dorón, es una estudiosa de Literatura Medieval, quien ha abierto una nueva línea de investigación, centrada en las relaciones de la poesía hispanohebrea y la literatura de la España cristiana. En sus numerosos trabajos, ha presentado las innovaciones poéticas de dicha literatura, relacionándolas con las corrientes literarias españolas y mostrando que, aunque se conservara los modelos y la métrica andalusíes, la lírica hispanohebrea desarrolló características poéticas similares a la de la poesía española de aquel período. La Prof. Dorón ha publicado estudios sobre Yehuda ha-Leví, Todros ha-Leví Abulafia, Abraham Ibn Ezra, Shlomo Ibn Gabirol y otros poetas hispanohebreos, especialmente aquéllos que escribieron en la Toledo de Alfonso X. En la actualidad su investigación se centra en la literatura hebrea de la España cristiana, que floreció en los centros culturales de Castilla, Aragón y Cataluña, desde la segunda mitad del siglo XII hasta fines del siglo XV. Hispanismo que viene: Israel y Marruecos 1.1.5. Escuela Lewinski de Educación Superior En esta institución académica se encuentra el Centro Interuniversitario de Estudios Hispano-judíos, dirigido por la Prof. Aviva Dorón, donde se otorgan títulos de rnaestría en el área hispano-judía, con especial énfasis en la literatura hispanohebrea medioeval. El judeo-español: su lengua y literatura El desarrollo de los estudios relativos a la lengua y literatura judeo-españolas han alcanzado un creciente ímpetu en los últimos años en nuestro país. Las principales universidades cuentan con cursos, cátedras y centros de investigación abocados a este campo y, periódicamente, se realizan coloquios y congresos en torno a temas concernientes al ladino. En el último de ellos -efectuado en Jerusalén durante el corriente año-se ha tratado la problemática en torno a la escritura de esta lengua. Asimismo, hay numerosas actividades no académicas (programas radiales, un periódico en judeo-español -Aki Yerushalayim-, concursos de creación literaria, cursos parauniversitarios, conciertos de música y canciones en ladino, etc.), en muchos casos, conectadas o patrocinadas por las universidades. La Autoridad Nacional para el ladino y su cultura La presente institución fue fundada como resultado de una ley parlamentaria del año 1996, con el objeto de ampliar el conocimiento de la cultura judeo-española en todas sus manifestaciones y desarrollar la investigación y la enseñanza de dicha cultura. Entre sus metas también se encuentra la de docimientar y catalogar los tesoros culturales de la lengua judeo-española. Así, ya han sido catalogados unos 2000 libros en el marco del proyecto bibliográfico -el primero en su índole-deia Biblioteca Nacional. También se ha iniciado la redacción de un diccionario hebreo-ladino y ladino-hebreo. La presente institución ha supervisado, asimismo, la distribución de cincuenta becas para estudiantes, en las carreras de lengua y literatura judeo-españolas de las distintas universidades del país. Universidad Hebrea de Jerusalén En esta universidad, en el marco del Departamento de Lengua Hebrea, existe una Unidad de Lenguas Judías, la cual incluye estudios del ladino y de su literatura en los tres niveles: B.A., maestría y doctorado. Además de la adquisición y del estudio de la lengua (nivel de principiantes y de avanzados), los cursos dictados actualmente en esta sección comprenden perspectivas comparativas entre el ladino y otras lenguas romances, el análisis de su estructura, la especificidad del dialecto ladino hablado en la zona de los Balcanes y de la literatura desarrollada a partir de él. El director de la sección correspondiente al judeo-español es el investigador y profesor David Bunis, quien ha publicado ya diversos trabajos sobre el desarrollo del dialecto judeo-español de los Balcanes, entre los siglos XVI y XX, en función de los testimonios literarios existentes. El profesor Bunis ha estudiado también el judeo-español del norte de África. En la actualidad, se encuentra desarrollando un trabajo de índole lingüística, literararia e histórica, que revisará el desarrollo del ladino a partir de su contacto con otras lenguas, especialmente con el turco. En el marco de la sección de ladino del Departamento de Lengua Hebrea, están en vías de realización dos trabajos de doctorado. El primero de ellos trata aspectos dialectológicos del ladino, en tanto que el segundo consiste en un estudio de determinados aspectos del folklore y de la literatura en dicha lengua. Cabe mencionar que el Dr. Isaac Benabú, del Departamento de Teatro de esta universidad -^ya nombrado anteriormente en relación con sus investigaciones en teatro del Siglo de Oro-ha publicado diversos trabajos sobre los orígenes y la evolución del ladino. La universidad Hebrea cuenta, también, con el Centro de Investigación y Estudio de la Herencia Sefardí y Oriental -Misgav Yerushalayim-ubicado en la Facultad de Humanidades. Este Centro ofrece un amplio espectro de cursos para estudiantes de B.A. y maestría. Se trata de un centro de carácter multidisciplinario (literatura, historia, lingüística, folclor, filosofía, etc.), lo cual se refleja en sus cursos, investigaciones y, especialmente, en sus numerosas publicaciones. Asimismo, el centro organiza coloquios y congresos internacionales que se realizan cuatrienalmente y cuyas actas son publicadas después. El próximo congreso se efectuará en junio del presente año y versará sobre las lenguas y literaturas de los judíos sefardíes y orientales, con un énfasis especial en el ladino y su literatura. Universidad Ben Gurión del Neguév En esta universidad, como parte del Departamento de Literatura Hebrea, trabaja un grupo de investigadores que se ocupa de diferentes as-Hispanismo que viene: Israel y Marruecos pectos de la lengua judeo-española y de su literatura, y ello en el marco de la Cátedra de Folklore Judeo-Sefardí -Estelle S. Frankfurter-, fundada en el año 1998, cuyo objetivo es promover y desarrollar los estudios sefardíes (proyectos de investigación, publicaciones académicas, enseñanza, congresos, etc.). La directora de esta cátedra es la Profesora Tamar Alexander, cuyo campo de especialización es el del relato folklórico, dentro del cual se centra primordialmente en la tradición del cuento popular en ladino. En este área la profesora Alexander ha publicado ya numerosos trabajos, que abarcan, entre otros, el estudio de los proverbios, leyendas y cuentos morales en judeo-español, como así también las relaciones intertextuales entre probables fuentes judías y los relatos judeoespañoles. De reciente publicación es el trabajo acerca de la narración tradicional sefardí, en el cual reúne los hallazgos de la amplia investigación realizada en estos últimos años en torno a la literatura folklórica judeo-española. Otro de los investigadores de la Cátedra de Estudios Sefardíes es el Prof. Jacob Bentolila, de los pocos especialistas en el mundo en hakitía, el dialecto judeo-español de Marruecos. Entre sus trabajos, se destacan los realizados junto con la Prof. Alexander: el sentido de los nombres propios en los proverbios en dialecto hakitía, los elementos hispánicos en los refranes judeo-españoles de Marruecos y las relaciones intertextuales entre los proverbios hispánicos y los proverbios en hakitía. Ambos han realizado, también, un proyecto que se encuentra ya en vías de finalización, consistente en la publicación y el análisis de trescientos proverbios hallados en un manuscrito donado por una familia sefardí que lo tenía en su poder. Matilda Koen-Sarano, docente de ladino en la Cátedra mencionada, se halla abocada a una ambiciosa empresa de recopilación, edición y traducción de relatos judeo-españoles de todo el mundo. En el marco de este proyecto se han publicado ya varios tomos, el último de los cuales está por aparecer, los cuales incluyen centenares de relatos pertenecientes a esta tradición, base fundamental para investigaciones futuras en el campo. El Dr. Luis Landau (ya mencionado más arriba en relación con su investigación en literatura española), es también parte del plantel de estudiosos de esta Cátedra. Sus trabajos al respecto han consistido en el estudio de la creación de carácter religioso más importante en ladino: Me 'am Lo' ez, y ello desde una perspectiva literaria, que constata la utilización de fuentes literarias y del Midrash en dicha obra. Asimismo, el Dr. Landau ha publicado artículos acerca del romance judeo-español. La cátedra de Estudios Sefardíes cuenta con unos ochenta estudiantes, a los que se les ofrece tanto el estudio de la lengua judeo-española como cursos relativos a su literatura (así, el desarrollo de los proverbios en esa lengua, dictado por la Prof. Alexander para estudiantes de maestría). En vías de realización se encuentra una tesina de maestría, centrada en el concepto de «judío» en los proverbios judeo-españoles y su comparación con los proverbios españoles, como también una tesis de doctorado relativa a las coplas de Yosef: la obra más importante de poesía sefardí de tradición oral. Esta universidad cuenta también, dentro de su Departamento de Literatura del Pueblo Judío, con una Sección de Estudios Sefardíes, cuyo director es el Dr. Shmuel Rafael. La presente Sección fue fundada en el año 1985 y ha sido pionera en la enseñanza de la lengua judeo-española, a través de la publicación de los dos primeros textos de estudio de dicha lengua en Israel, para principiantes y avanzados. La Sección de Estudios Sefardíes cuenta con unos ochenta estudiantes y su perspectiva es interdisciplinaria. El Dr. Rafael es especialista en literatura judeo-española, quien ha publicado ya numerosos trabajos relativos al romance en ladino. Actualmente se encuentra trabajando en la investigación de la literatura del Holocausto en ladino. Otros miembros del plantel de profesores e investigadores de esta sección son la Prof. Ora Schwarzwald -dedicada a aspectos lingüísticos del judeo-español-y el Prof. Moshé Orfali, historiador. En el marco de la presente Sección se enseña el ladino en sus dos niveles, se dictan cursos de literatura, historia, música y se organizan coloquios sobre diferentes aspectos de la cultura judeo-española. El último coloquio se realizó en abril de este año y trató el tema de los judíos sefardíes durante el Holocausto. Asimismo, cada seis meses se realizan jornadas denominadas «maratónicas», durante las cuales investigadores, doctorandos y estudiantes de todos los niveles tratan temas interdisciplinarios relativos a la cultura judeo-española. En la Sección de Estudios Sefardíes se han llevado a cabo ya diferentes tesinas y tesis de doctorado, en tanto que otras están en vías de realización. Así, por ejemplo, una de ellas ha tratado el caso Dreyfus en la literatura en ladino; otra versa sobre las canciones humorísticas en judeo-español. Hispanismo que viene: Israel y Marruecos 1.2.5. Instituto Maalé Adumim para la documentación del ladino y de su cultura Este Instituto fue creado cinco años atrás, con el patrocinio de la Autoridad Nacional para el Ladino. En su marco se está llevando a cabo un proyecto de recuperación y preservación de documentos antiguos en ladino. Su colección es la tercera en el mundo en lo que respecta a la cantidad de documentos que contiene. Ella comprende setenta manuscritos en ladino -entre ellos, importantes manuscritos de poesía original-, una base de datos de colecciones de folklore -incluyendo, por ejemplo, una colección de canciones (más de 2800 cassettes con testimonios de informantes), que es considerada la mayor colección de su tipo en el mundoy una recopilación de más de 6000 refranes en ladino. Estas colecciones constituyen una base de documentación valiosísima para múltiples investigaciones futuras. Ruth Fine 492 campo de estudio, se realizan en la Universidad de Rabat diversos coloquios en torno a las huellas comunes y visiones cruzadas en los mundos árabe, ibérico e iberoamericano, cuyo coordinador es el Prof. Mohammed Salhi de dicha universidad, quien también ha coordinado un estudio y publicación sobre el siglo XVII hispano-marroquí. Entre otros campos, en la actualidad la Prof. Aouad se encuentra abocada a la investigación de la temática femenina en la literatura y en la cultura. En relación a ello, en febrero de 1999 se realizó en la universidad de Rabat un Coloquio denominado «La mujer en la transición española». Por su parte, el Dr. Akalay Mohamed de Tánger, ha estudiado y publicado sobre la influencia de la makama árabe en el surgimiento y desarrollo del género picaresco español. Actualmente se encuentra investigando y dictando conferencias sobre las huellas de la cultura árabe en la literatura española. El Dr. Mohamed Bouissef Rekab, de la Universidad de Tetuán, es especialista en literatura española, también investigador de la influencia del Islam y de la herencia cultural árabe en dicha literatura. En la Universidad de Fez, Facultad de Letras, se publica semestralmente la Revista Marroquí de Estudios Hispánicos, que incluye artículos diversos sobre el hispanismo. Esta misma universidad aloja periódicamente las Jornadas Hispano-Argentino-Magrebíes de Arabismo. En el año 1998 se ha efectuado en esta universidad un Congreso Internacional Homenaje a la Generación 98, en el cual participaron hispanistas magrebíes y se trataron, entre otros, temas como Marruecos y la generación del ^98.
El Hispanismo en los Estados Unidos y Canadá se encuentra en un período de gran agitación e importantes cambios. En realidad, no se puede hablar de un Hispanismo en este continente, porque el «Hispanismo» son tres fenómenos distintos e interrelacionados, cada uno con sus intereses creados, sus presiones y sus problemas, que trabajan separadamente y, a la vez, cada uno en conjunto con los otros dos. Por «Hispanismo» se entiende 1) el estudio de las letras y la cultura de España, 2) el mismo estudio referido a Latinoamérica y 3) el nuevo fenómeno de los estudios «US-latinos»-^ (o «chícanos»), cuya definición incluye literatura escrita en inglés o en español por descendientes de gente de habla hispana pero no siempre nativos. La mezcla y equilibrio de estas tres ramas del árbol hispánico en departamentos de lengua, literatura y cultura -especialmente en los Estados Unidos-crea una situación de gran dinamismo que está marcando profundamente el futuro de nuestra profesión. El detalle más importante que hay que tomar en cuenta al analizar el hispanismo en los Estados Unidos es el simple detalle demográfico: la minoría hispana será, dentro de veinte años, la minoría más significativa en todo el país. Como escribe Amparo Morales: La importancia y la representatividad que han alcanzado los grupos hispanos en la sociedad actual estadounidense se hace palpable no sólo en los datos cuantitativos demográficos, sino también en las inquietudes y los temores de muchos norteamericanos. (241) La minoría hispana ya es la minoría con el índice de crecimiento más rápido, y Estados Unidos ya es la cuarta nación en el mundo en cuanto a población de hablantes de español. Al comenzar el nuevo milenio, habrá 16,6 millones de hispanohablantes en Estados Unidos, bilingües y monolingues. Y dentro de veinte años, la población hispana añadirá más individuos a la población estadounidense cada año que todos los otros grupos étnicos juntos. Estas cifras tienen implicaciones de gran importancia para el estudio de la lengua, la literatura y la cultura de las regiones de habla española en el siglo XXI. Naturalmente, como resultado de estas cifras, la enseñanza del español está barriendo la enseñanza de las otras lenguas, tanto en las escuelas primarias como en las secundarias y en el nivel universitario. Antes, como pasaba también en las escuelas y universidades europeas, dominaba el estudio del francés y el alemán, pero este predominio es ya en este país historia pasada. Aquí, hay más estudiantes que nunca que insisten en estudiar el español, más interés en las cosas hispanas, y, consiguientemente, más preocupación en los departamentos de francés y alernán que ven disminuir sus cifras y, por ende, su poder respecto de los departamentos de español. En las dos mil universidades estadounidenses, el castellano se estudia más que todas las otras lenguas extranjeras juntas; el 65 por ciento de los estudiantes universitarios prefiere el español. En las escuelas secundarias, pasa lo mismo (y muchos de estos estudiantes llegarán a las puertas de las universidades): hay cuatro millones de alumnos en las clases de español, pero sólo un millón en francés y medio millón en alemán. El agregado de educación de la embajada española en Washington observa que es más fácil hallar trabajo como profesor de castellano en Nueva York que en Segovia (La Vanguardia 19 octubre 1999: 60). Estas cifras reflejan realidades universitarias también. A nivel de estudiantes de licenciatura, la Modern Language Association of America documenta que entre 1995 y 1998, se ha experimentado un aumento del 8,3 por ciento en el número de estudiantes matriculados en cursos de español, pero un descenso del 3,1 por ciento en francés y del 7,5 por ciento en alemán (hay que notar que es un descenso menos rápido que el registrado entre 1990 y 1995). Al nivel graduado, aunque ha habido un aumento en el número de doctorandos de francés y alemán entre 1985-86 y 1996-97 (los últimos años en que la Modern Language Association of America ha publicado las estadísticas; cifras revisadas en septiembre de 1999), el aumento ha sido muy inferior al incremento experimentado en el campo de la filología española^. Hemos visto recientemente un cambio en los hábitos de contratación de muchas universidades norteamericanas, algunas de las cuales contratan a profesores temporales o sin contrato fijo, sin permanencia («tenure»), pero el número de estudiantes interesados en el campo de la filología española sigue creciendo. Estos estudiantes ahora descubren que la entrada en la plantilla de profesores universitarios es más difícil hoy en día que hace años; sin embargo, creen (esperan) que los cambios demográficos que hemos explicado arriba les abrirán paso a los puestos universitarios. En muchos casos es cierto -^los mejores estudiantes se colocan bien (142 doctorandos de español consiguieron puestos con posibilidad de permanencia en 1996-97, 54 sin permanencia pero a tiempo completo, y 12 sin permanencia y a tiempo parcial)-. El poder adquisitivo de la población hispana crece más rápidamente que el de otras minorías; sólo lo superan los de etnia asiática. Todo esto tiene un impacto importante en el sistema educativo, naturalmente, porque los estudiantes de esta minoría hispana insisten ya en hablar y estudiar su propia lengua y los productos intelectuales de su cultura. Así, lo que hace cincuenta años fue el Hispanismo en los Estados Unidos -el estudio casi exclusivo de la literatura española peninsular-ya no existe. Lo que caracterizó al hispanismo peninsular en este siglo fueron, naturalmente, los traumáticos acontecimientos producidos por la Guerra Civil Española, después de la cual toda una generación de críticos vino a parar a las universidades norteamericanas. Aquellos grandes profesores crearon el curriculum moderno de estudios hispánicos (en realidad, estudios peninsulares), un curriculum que dominó el hispanismo estadounidense y canadiense durante dos generaciones (ver Resina 112). Ese curriculum se ha abierto a la cultura latinoamericana y, ahora, a la cultura «US-latina». Esto produce algunas tensiones en los departamentos universitarios sobre lo que se va a enseñar y estudiar, algo paralelo al famoso debate entre los Antiguos y los Modernos de finales del siglo XVII. Hay individuos que insisten en mantener una perspectiva tradicional, en usar como modelos sólo los textos consagrados de los autores más prestigiosos del canon literario. Luego hay los que se enfrentan a esta posición, insistiendo en eliminar ese canon (los famosos «hombres muertos y blancos») y sustituirlo por los «productos culturales» más modernos como el cine, los comics, los tratados de antropología y medicina, los periódicos y otras muestras de lo que es en realidad, para ellos, la auténtica cultura contemporánea. Y en el medio hay los que piensan que una David T. Gies 496 combinación de estas dos posturas -el mantener la base de textos consagrados y al mismo tiempo abrir la materia a influencias más contemporáneas-representa el auténtico futuro del Hispanismo. Si se añaden a esta mezcla las tensiones creadas sobre el contenido de lo que se va a enseñar, es decir, si esa cultura va a ser la peninsular, la latinoamericana o la US-latina, se puede apreciar la importancia del momento histórico en el que nos encontramos hoy en día. Estas posibles tensiones tienen dos posibles resultados. O los departamentos de español se adaptan a las nuevas ideas y se abren a las nuevas influencias o se cierran al futuro y se pierden en guerras en las que cada profesor defiende su terreno antiguo (muchas veces bajo el pretexto de «defender los estándares y la excelencia intelectual»). El conflicto es aún mayor al entender que no sólo el qué tiene importancia (es decir, literatura peninsular, latinoamericana, o US-latina) sino también el cómo (acercamientos teóricos como los Estudios Culturales, Estudios de Género -de mujeres, de gays-, Estudios Transatlánticos, Estudios Interdisciplinares. Todo esto produce tensiones, sí, pero también produce una increíble riqueza de posibilidades y un sentido de futuro en nuestra profesión. Tradicionalmente, se estudiaban exclusivamente las obras consagradas de los autores consagrados, obras, huelga decir, que merecen su lugar en el canon literario español. Los estudiantes leyeron a los «clásicos» (peninsulares, naturalmente): Juan Ruiz, Jorge Manrique, Celestina, Fray Luis, Quevedo, Cervantes, Calderón, Lope, Zorrilla, Galdós, Unamuno, Azorín, Baroja, Guillen, Lorca, Cela y poco más. Se incluía poco escrito por mujeres (se le indultó a Santa Teresa, quizás a Fernán Caballero y a veces a Laforet), poco de literatura oral (con la excepción de los romances y algún que otro pliego de cordel), nada de periodismo o cultura popular, poco del siglo XVIII, nada de homosexuales (menos Lorca o Gojrtisolo, pero normalmente no se comentaba su orientación sexual, por no ser «apropiado» o «relevante») y poco de la época moderna (la definición de la cual terminaba con Cela o Delibes). Un autor llegaba a situarse en el «canon» -no se llamaba así hace veinte años; se hacía referencia a «la historia literaria» o a «las listas de lecturas»-con dificultad, y sólo después de muchos años (ver Brown). La generación de profesores de lengua y literatura españolas que llegó a ocupar las cátedras universitarias en las agitadas décadas de los 60 y 70 se ha jubilado ya o estará jubilada antes de comenzar el nuevo milenio. Los puestos de aquellos grandes profesores -Gonzalo Sobejano, Javier Herrero, Carlos Blanco Aguinaga, Elias Rivers, John H. R. Polt, Claudio Guillen, Russell P. Sebold, Francisco Márquez Villanueva, Bru- El mismo cambio se nota en los temas que se proponen en las sesiones del congreso anual de la Modern Language Association of America, centro de la actividad universitaria norteamericana en cuanto a lenguas y literaturas extranjeras (e inglesa, claro está). El cambio no es tan dramático como en las cifras notadas por McGaha en los temas de las disertaciones, pero esto puede reflejar el hecho de que en general son los profesores más consagrados los que suelen (no exclusivamente, ni mucho menos) participar en las sesiones de la MLA. Es decir, es lógico esperar que dentro de cinco o diez años se darán aún más ponencias sobre temas latinoamericanos (o, como veremos, sobre temas «transatlánticos») y menos sobre temas exclusivamente peninsulares. Ya tenemos indicios de este cambio: en 1994 había una sola ponencia que mezclaba lo peninsular con lo latinoamerícano; en 1999 había 12. Estas estadísticas revelan el importante aumento de «clientes» universitarios en los cursos de español (así se consideran algunos estudiantes y padres de estudiantes que pagan matrículas sustanciosas y por eso exigen más obligación de dar cuentas a la hora de determinar qué se enseña y qué ha aprendido un estudiante en sus años universitaríos). Sin embargo, el futuro de la profesión, ahora consolidada en cuanto al número de esos «clientes», no depende ya de tales cifras sino del contenido de lo que se les va a enseñar. Y por eso volvemos a nuestra observación de que estamos en un momento de gran oportunidad si podemos meditar profundamente sobre el futuro de ese «qué» y sacar conclusiones que nos puedan dar la libertad de seguir un curso abierto, flexible y que responda a las necesidades estudiantiles. Otro indicio de la vitalidad de los estudios hispánicos en los Estados Unidos y Canadá es el impresionante número de publicaciones que salen David T, Gies 498 de los departamentos de literatura y lingüística españolas. Dar una lista completa de las revistas o de las editoras universitarias o privadas que sacan libros de interés hispanístico sería abusar de la paciencia del lector. Algunas revistas se dedican exclusivamente a estudios peninsulares o a estudios latinoamericanos; otras abren sus páginas a los dos campos o a los estudios US-latinos (aunque sorprende que no existan más). Joan Ramon Resina observa que «Spanish studies has long been an unappreciated speciality in the anglo-Saxon world» (85) y que lo peninsular ha perdido terreno comparado con las especializaciones latinoamericanas. Sugiere este crítico una manera de volver a recuperar el equilibrio en los estudios hispánicos: El estudio de Resina explica con gran perspicacia las raíces conservadoras del hispanismo norteamericano (basado en la filología germánica decimonónica), que transforma la identidad «española» en «castellana»; Resina intenta reivindicar el lugar que debe tener (pero que no tiene, por razones que explica) la literatura catalana en el canon hispánico. Concluye Resina que el hispanismo norteamericano es «a house divided against itself» (115) porque los practicantes de la disciplina se demuestran demasiado propensos a «jump onto any programmatic or terminological wagon that seems to run» (115). Este pluralismo crea «disarray» (115) en su opinión; hasta cierto punto, como veremos, tiene razón. Una encuesta informal y poco científica -pero reveladora-sobre el paso gradual de los estudios peninsulares a los estudios latinoamericanos en las mejores universidades estadounidenses y canadienses indica que lo que hemos visto arriba en cuanto a las disertaciones y a las intervenciones en el congreso anual de la MLA refleja con cierta precisión la realidad de hoy. Resina cree que el estudio de la cultura peninsular cayó en la «irrelevancia» durante la Guerra Fría de los años 1950, y que los estudios latinoamericanos llegaron para llenar el vacío (117); este cambio, según su modo de ver, creó tensiones y competición interna que «has not helped the discipline, even if it has brougth "moral" and material triumphs to its Latin American fraction» (117). Interpretado desde otra perspectiva, este cambio sugiere o 1) que los «antiguos» campos peninsulares pierden terreno frente a los «nuevos» campos latinoamericanos y US-latinos o 2) que los estudios latinoamericanos por fin alcanzan paridad con los estudios peninsulares, es decir, que empieza a manifestarse un equilibrio en los departamentos de español entre lo peninsular y lo latinoamericano. Creo que el observador más objetivo verá que es lo segundo, es decir, que el aumento del interés por los estudios latinoamericanos ha dado la oportunidad a muchos departamentos de reforzar y aumentar el número de profesores que enseñan literatura latinoamericana y así ofrecer más cursos sobre esas materias. Algunas veces este aumento del número de profesores que enseñan estudios latinoamericanos se produce a expensas de la sección peninsular, pero no siempre. Por dar un solo ejemplo, en la Universidad de Virginia se ha visto la adición de una nueva línea docente (es decir, un nue-David T. Gies 500 vo puesto) dedicado a la enseñanza de literatura latinoamericana, pero sin la disminución del número de profesores que enseñan literatura peninsular. Un aumento del número de profesores con permanencia no se consigue fácilmente y no es la solución más frecuente hoy en día, cuando las universidades suelen reducir el número de profesores permanentes. En algunas universidades (Virginia, Ohio State, Yale) la jubilación de un profesor dedicado a lo «peninsular» abre paso a otro profesor peninsular, pero en otras muchas universidades (Berkeley, Vanderbilt, SUNY Stony Brook, Indiana, Emory, New York University, Minnesota, Denver, Indiana, Alberta), el puesto peninsular se ha trasladado al campo latinoamericano, dando lugar a un reajuste entre la sección peninsular y la sección latinoamericana. A veces, al trasladar un puesto peninsular a lo latinoamericano, se pierde completamente un campo de estudios peninsular (medieval. Siglo de Oro, etc.) porque no queda nadie para dirigir tesis doctorales en dicho campo, algo que amenaza el balance tradicional. Varias universidades han recurrido a otra solución, que es reemplazar a un profesor jubilado por dos profesores jóvenes, dividiendo así una línea en dos, una para estudios peninsulares y otra para estudios latinoamericanos o US-latinos. Otra «solución» es buscar a un joven profesor que pueda dictar clases sobre los dos campos, es decir, que pueda combinar, por ejemplo, la poesía peninsular con la latinoamericana o el período colonial tanto en la península como en Latinoamérica. Otra opción más, al jubilarse un profesor peninsular, consiste en la simple reducción del plantel profesoral (Universidad de Connecticut, por ejemplo). Resina ve la oportunidad presentada: In terms of legitimation, however, the relation between the Latin American and the Spanish sides of the discipline works reciprocally, as the more perspicacious among Hispanists have always known. ( 118) La rígida división tradicional -literatura peninsular versus literatura latinoamericana-ya está en vías de desaparecer, como hemos notado arriba, no sólo por la llegada e influencia de los partidarios de los estudios US-latinos, sino también por el reconocimiento de que las antiguas categorías rígidas ya no sirven y no nos servirán en el futuro. Ya no es válido (o útil) hablar del hispanismo peninsular vs. americano. Ahora, los mejores departamentos buscan cómo combinar las dos categorías, o cómo enriquecerlas con otras perspectivas críticas u otras lite-El Hispanismo que viene: Estados Unidos y Canadá raturas. Una nueva disciplina que se ha llamado «Estudios Transatlánticos» comienza a atraer atención y estudiantes (Harvard, Stanford, Virginia). Resina, al pedir no menos «hispanismo» sino más «hispanismos» (aunque para insistir en que se incluya el estudio de la cultura catalana, 121), reconoce que el futuro va a ser un lugar multi-disciplinar y abierto a muchas novedades. Lo mismo pasa en Canadá, donde los grandes centros de estudios hispánicos -Montreal, McGill, Alberta, British Columbia y la más prestigiosa, Toronto-han visto un cambio en los intereses intelectuales del profesorado y una mayor deraanda de especialistas en latinoamericana (Alberta, por ejemplo, se concentra en estudios Latinoamericanos). Hay que notar, sin embargo, que aunque son pocos los departamentos que dan el doctorado, los programas de Master's en las universidades canadienses (Queen's, Western, Ottawa) suelen ser más rigurosos y más especializados que los que se dan en las universidades estadounidenses. Todo esto refleja el contenido de la disciplina, el qué se va a estudiar, el contenido de los cursos y de las lecturas obligatorias, que evoluciona continuamente. Otra evolución -acaso revolución (lo que George Mariscal llama «la revolución teórica de los últimos veinticinco años» 1)-tiene lugar en el cómo se estudia ese contenido, es decir, desde qué perspectiva o perspectivas. El panorama de perspectivas críticas es riquísimo hoy en día en los Estados Unidos y Canadá. Por dar sólo una lista muy corta, en las universidades norteamericanas uno puede encontrar practicantes de movimientos críticos como los «Estudios Culturales,» «Estudios Gay y Lesbianos,» «Teoría de la Representación» (Performance Theory), «Feminismo,» «Nueva Crítica Americana,» «Nuevo Historicismo,» «Deconstrucción,» «Postestructuralismo,» «Hermenéutica,» «Estudios Poscoloniales,» «Marxismo» y ese cajón de sastre teórico, «Posmodernismo.» El panorama es amplio, vigoroso y, no hay que decirlo, conflictivo. En 1967 sólo un 13 por ciento de los doctorados concedidos en universidades estadounidenses y canadienses fueron a mujeres; en 1999 ha aumentado hasta un 41 por ciento. Este espectacular ascenso del número de mujeres que participan en el campo de los estudios hispánicos trae consigo un cambio en la manera de conceptualizar la profesión. La revolución feminista de los años 70 produjo una revolución crítica también en las universidades, una nueva manera de leer la literatura, de analizar el discurso literario, de abrir el canon que estudiamos y de teorizar sobre la contribución de la mujer a la cultura occidental. Si todo esto comenzó en los campos de la literatura y la lingüística inglesas y francesas, pasó en breve al hispanismo y el panorama de acercamientos críticos que ahora se llaman «feministas» ha enriquecido profundamente la profesión. La David T. Gies 502 crítica feminista es mucho más de lo que sus detractores creen; no es, ni mucho menos, una perspectiva limitada ni fanática (así lo afirman los que se oponen a los partidarios de dicho acercamiento), sino un rico panorama de acercamientos críticos que intenta descubrir en determinados textos lo que aporta el género femenino, como sujeto o como objeto, a su interpretación. En los Estados Unidos la crítica literaria feminista va unida al movimiento feminista, fenómeno que alcanzó su punto más llamativo durante la década de los 1970. «El objeto concreto del estudio puede ser el tratamiento de lo femenino en los textos escritos por hombres o mujeres, la relación entre la vida de la escritora, su contexto social y su obra, o la diferencia femenina desvelada por las escritoras y sus lectoras y críticas» (Scarlett 91). Acierta Loureiro al escribir que «el feminismo, a pesar de todas las dificultades teóricas con las que se enfrenta, [es] una de las grandes aportaciones de la teoría contemporánea» (34). El feminismo ha estimulado un sinnúmero de publicaciones, congresos y cursos sobre mujeres (o que incluyen mujeres) que han revitalizado todos los campos hispánicos. Si ahora esa crítica feminista va disminuyendo como enfoque crítico, lo que hemos aprendido de ese acercamiento se transforma en una visión, quizás algo más amplia, llamada «Gender Studies,» un campo que se está abriendo tanto a las mujeres como a los hombres. Los «Gender Studies» se combinan, por ejemplo, con los llamados «Queer Studies» o «Gay Studies,» un campo ocupado por estudiosos de ambos sexos. Sin embargo, el aumento del número de mujeres como estudiantes y como profesoras no ha creado un equilibrio en los rangos más prestigiosos de los departamentos de español; es decir, aunque más del 50 por ciento de los alumnos en los cursos de doctorado son mujeres, sólo un 20 o 25 por ciento de mujeres han accedido a los puestos con permanencia o a las cátedras más prestigiosas. Este lamentable desequilibrio poco a poco va cambiando, pero los cambios son lentos, más lentos de lo que muchos desean. Otro movimiento de gran interés en los Estados Unidos y Canadá hoy en día son los «Cultural Studies» (Estudios Culturales), que toman como su punto de partida una postura que intenta ilimiinar la literatura desde una perspectiva más amplia que la que dominaba los campos literarios estadounidenses durante muchos años (»Nueva Crítica Americana» o la tradicional filología hispanística). «Los Estudios Culturales -opina Del Pinose alejan del formalismo y de la preeminencia del texto literario como el objeto primordial de análisis crítico. Sin dejar de prestar atención a la literatura -que en general resulta más privilegiada que otras manifestaciones artísticas-, el foco de atención se desplaza hacia la variedad de productos culturales elaborados por una sociedad bajo unas condiciones concretas. El Hispanismo que viene: Estados Unidos y Canadá Consecuentemente, ello conduce a un predominio del componente interdisciplinar» (255). Es decir, la literatura es una «mera» manifestación cultural entre otras muchas que merecen nuestra atención. Aunque parece ser «nuevo» este movimiento, en realidad es un redescubrimiento de una teoría propuesta en Inglaterra en los años sesenta, elaborada y enriquecida por el feminismo y por los estudios poscoloniales. Comenzó a influir en las universidades norteamericanas a finales de los años ochenta y los principios de los años noventa, aunque para Jo Labanyi, los Estudios Culturales todavía están en su primera juventud (v). Sigue en boga e incluso va creciendo el interés por la producción cultural (cine, medios de comunicación) más que por el objeto estrictamente literario. Los Estudios Culturales han extendido el ya agotado postestructuralismo y lo han enriquecido con el feminismo, el poscolonialismo y el nuevo historicismo para producir un fenómeno difícil de definir. Los mejores cultivadores de los Estudios Culturales toman en cuenta el texto (varios textos, incluyendo los periódicos, el cine y los comics) y su contexto (historia, conflicto de clases, nacionalismo, género, sexualidad, ideología, raza, literatura "alta" vs. literatura de masas) al analizar una obra determinada. Es decir, como ha subrayado Del Pino, es un campo interdisciplinar. Esto no significa, ni mucho menos, que tales cosas no se tomaran en cuenta antes al analizar un texto (los críticos marxistas siempre han leído la literatura desde la perspectiva del conflicto de clases y la ideología dominante, y los llamados críticos «tradicionalistas» siempre leyeron los textos dentro de su contexto histórico), pero ahora en vez de intentar evitar la contradicción producida por la lectura múltiple de un texto y el intento de someterla a una teoría unificadora, los críticos culturales abrazan y a veces incluso buscan contradicciones textuales. Así, un texto es el resultado de un proceso cultural. Lo mejor de los Estudios Culturales es que los investigadores han descubierto el valor de combinar la teoría con el trabajo textual y trabajo de archivos y han tenido que volver a los documentos de la época para iluminar el texto comentado. Si en los años sesenta y setenta muchos crí-504 David T. Gies ticos universitarios defendían o «el texto y nada sino el texto» o la pura teoría (muchas veces sin mencionar ni un solo texto), durante los años ochenta y noventa combinan lo mejor de aquellas posturas. Como escribe Joseba Gabilondo, los Estudios Culturales han atraído la atención de los profesores en los Estados Unidos por razones históricas: «Así, la atención dedicada por los Estudios Culturales a problemas raciales, postcoloniales y de exilio han facilitado su incorporación al contexto norteamericano donde dichos temas se perciben como de vital importancia teórica» (232). Aunque el interés por los Estudios Culturales aumentará en la próxima década en el campo peninsular, es en el campo de la literatura latinoamericana donde han tenido más influencia, especialmente si los vemos como complemento o extensión del posmodernismo o poscolonialismo. Pero, como ha comentado un colega de otra universidad, «Todo el mundo ahora intenta "hacer" los Estudios Culturales pero nadie parece entender exactamente qué son ni cómo se hacen», confusión que puede aclararse con la inminente publicación de una nueva revista, Journal of Spanish Cultural Studies, que saldrá pronto en Inglaterra (Royal Holloway) y los Estados Unidos (Duke). El Posmodernismo ha dominado el discurso crítico en los Estados Unidos desde el declive del posestructuralismo en los años 80. Del posestructuralismo los críticos aprendieron que los textos no viven aislados de una red de signiñcados múltiples; los posmodernistas intentan explicar cómo aquellos significados se sitúan dentro de un marco «transtemporal y multidireccional» (Navajas 149). No es nada fácil definir el posmodernismo, y pocos críticos han sido tan atrevidos como para elaborar una definición sintética. Sin embargo el acercamiento posmodernista suele incluir un análisis de obras que privilegian lo lúdico sobre lo intencional, la metonimia sobre la metáfora, la ausencia sobre la presencia, la anti-narrativa sobre la narrativa (en el sentido de las pequeñas historias contra las grandes historias), la indeterminación sobre la determinación, la ironía sobre la metafísica, el simulacro sobre la realidad concreta, el pastiche sobre la narración cronológica, y lo marginal sobre lo central (ver Hassan). Estudiosos de los Estudios Gay y Lesbianos, abiertos quizás a partir del interés por el Feminismo y los Estudios Culturales, han creado miniescuelas en varias universidades que abren paso a un nuevo acercamiento a la literatura hispánica, lo que James Mandrell llama «la. creación de un espacio adecuado para una lectura específica y abiertamente orientada hacia una perspectiva gay y lésbica [y] la interpretación de textos específicamente gay y/o lesbianos» (211). Para Mandrell, la rúbrica «estudios gay y lesbianos indica una conciencia, una identidad política, El Hispanismo que viene: Estados Unidos y Canadá social y cultural moderna, incluso una cultura particular» (214) que los conecta desde cierta perspectiva, con los Estudios Culturales o los Estudios de Género. Recientemente, editoriales universitarias de gran prestigio como Duke University Press han sacado libros con títulos llamativos como ¿Entiendes? Queer Reading, Hispanic Writings o Queer Iberia, testimonio de las nuevas tendencias críticas que empiezan a estar de moda en los Estados Unidos. A pesar de este ejemplo, la publicación de libros de tema hispánico es mucho más difícil hoy en día que en los años del florecimiento de los estudios hispánicos en los Estados Unidos y Canadá. Es decir, la mayoría de las editoras universitarias norteamericanas ahora publican pocos estudios de seria investigación literaria o cultural por la sencilla razón de que se venden poco. Es un círculo vicioso: los libros se venden poco porque son caros o porque las bibliotecas universitarias han sufrido importantes recortes en sus presupuestos; compran menos libros y por eso se publican menos libros. Varias editoriales universitarias sacan una respetable cantidad de libros hispánicos (de tema tanto peninsular como latinoamericano) -Penn State, Arizona, Missouri, Purdue, Bucknell, Illinois, Texas, Vanderbilt-o publican de vez en cuando un libro sobre un tema literario, histórico o cultural hispánico -Albany, Nebraska, Pennsylvania, Puerto Rico, North Carolina, Toronto o Yale. Algunas editoriales independientes, pero muchas veces relacionadas con individuos que enseñan en departamentos de español, como el Bilingual Review Press, Curbstone Press, Dalky Archive Press, Dovehouse Editions, Ediciones del Norte, Ediciones Universal, Juan de la Cuesta o Scripta Humanística, también se concentran en obras de interés hispánico. Un fenómeno notable -el Arte Público Press, de Houston-se ha convertido en la editorial más importante de literatura US-latina. Arte Público, fundado por Nicolás Kanellos en 1979, publica treinta títulos al año, la gran mayoría en inglés, para «recuperar la tradición hispánica» y «proporcionar una voz a los escritores de descendencia y herencia hispana» en Estados Unidos. Los mejores departamentos de estudios hispánicos no pueden, ni quieren, hacerlo todo. Algunos intentan mantener un equilibrio entre lo peninsular y lo latinoamericano, mientras que otros abogan por una perspectiva más concentrada en uno u otro, o en un acercamiento teórico que predomine sobre los demás (Duke, por ejemplo, se concentra ahora en los Estudios Culturales). Algunos departamentos también han mantenido una línea rigurosa de estudios lingüísticos (minoritaria, ciertamente), es decir, la enseñanza de la filología/lingüística histórica, la lingüística generativa, la lingüística aplicada/pedagógica y la socio-David T. Gies 506 lingüística, que siempre han sido elementos fundamentales en lo que es el «Hispanismo.» Esta filología tiene sus partidarios más activos en Craddock (Berkeley), Dworkin (Michigan), Rini (Virginia), Walsh (Georgetown), Pharies (Florida), Wanner (Ohio State), Lipski (New Mexico), Harris-Northall (Wisconsin) y Lloyd (Pennsylvania). La sociolingüística se enseña en la Universidad de California del Sur (USC, Silva-Corvalán), entre otros sitios, mientras que la lingüística generativa (escuela iniciada por Chomsky) tiene sus partidarios en Nuñez-Cedeño (Illinois, Chicago), Zamora (Massachusetts), Contreras (Washington), Zagona (Washington) y Harris (MIT). En 1995 el National Research Council publicó los resultados de una encuesta científica y de gran impacto que compuso un ranking de los «mejores» departamentos de estudios hispánicos en los Estados Unidos. La lista de los departamentos de español en las universidades públicas fue: Virginia, Wisconsin, Berkeley, Kansas, Texas y Michigan. La lista definitiva, que incluía todas las universidades, tanto públicas como privadas, rezaba así: Columbia, Duke, Brown, Princeton, Virginia, Pennsylvania, Wisconsin, Cornell, Berkeley, Harvard, Kansas, Texas y Michigan. Pero aquella lista podría fácilmente incluir otros centros importantes, donde el hispanismo es activo, fuerte y de gran vigor intelectual como New York University, Emory, Indiana, Arizona, Arizona State, North Carolina, Yale, Vanderbilt, Ohio State, o Illinois. Uno de los grandes aciertos del sistema universitario norteamericano es su flexibilidad. Es decir, los cambios de acercamiento teórico, de listas de lecturas obligatorias, o de métodos pedagógicos pueden efectuarse con rapidez. Esta flexibilidad (u oportunismo, como dirían algunos) ofrece la posibilidad de rápidos cambios en el contenido y dirección de los departamentos de español. No todo es «desolación y miseria» en el hispanismo, como el interesantísimo «panfleto autobiográfico» (32) de Ángel Loureiro propone al reseñar el libro Critical Practices in Post-Franco Spain, donde critica (con razón) «la estructura rígida, autárquica, endogámica y jerarquizada que todavía domina en la universidad española» (33). Si en España las cosas van demasiado despacio -y en los departamentos de filología parecen no moverse-, en los Estados Unidos las cosas parecen ir demasiado deprisa en lo que respecta a la sucesión y el descarte de acercamientos teóricos. Frente a la endogamia incestuosa del hispanismo español nos las vemos aquí con la búsqueda de una constantemente nueva, última frontera americana [...] Y para complicar las cosas todavía más, el hispanismo norteamericano sigue, como siempre, a la cola de la vangniardia, mimetizando a trancas y barrancas lo que parece estar de moda, El Hispanismo que viene: Estados Unidos y Canadá obligado a ir siempre demasiado deprisa y llegando siempre demasiado tarde. (34) Pero para Luis Beltrán, el resultado es el dominio de una investigación literaria norteamericana en la que se aprecia «un individualismo radical» y una tendencia a la diversidad propulsada «por una dinámica social centrífuga, basada en el plurilingüismo y en la diversidad cultural. El resultado es un panorama de la investigación literaria más plural» (46). Esta pluralidad, como ya hemos dicho, enriquece el panorama del hispanismo en los Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, los hispanistas no somos futurólogos y por eso es difícil, si no imposible, pronosticar hacia dónde irá el hispanismo en el futuro y cuáles serán las tendencias más importantes. No obstante, podemos descifrar varias tendencias actuales que pueden influir en la dirección de nuestra profesión. A pesar de la negatividad expresada por algunos colegas (especialmente, los que han sufrido los rápidos cambios en la profesión en los últimos veinte años y que definen lo que es el hispanismo norteamericano desde una perspectiva ya anticuada), el futuro ofrece muchas posibilidades. Esto no quiere decir que los problemas sean pequeños y fácilmente superables. Es cierto que los estudios graduados ya no existen en la misma forma en que los conocimos los que ya estamos en la cumbre de la profesión y que ocupamos las cátedras más importantes. La gradual reorganización de las universidades; la división entre las universidades privadas y las públicas; la tendencia a contratar a profesores a tiempo parcial; el deseo de reducir gastos; la redistribución de áreas de concentración entre lo peninsular, lo latinoamericano y lo US-latino; la dificultad de publicar monografías o libros de investigación en las grandes editoras universitarias -todo esto puede amenazar el vigor de la profesión y desanimar a los jóvenes que buscan hacer carrera en la enseñanza universitaria-. Pero, como pasa muchas veces, al cerrarse una puerta se abre otra. El número de estudiantes que quiere estudiar el español (tanto la lengua como la literatura y la cultura) crece espectacularmente y eso produce mejores estudiantes en los niveles más avanzados. Siguen solicitando puestos en los mejores programas graduados estudiantes que han demostrado mucho talento y mucho interés por el hispanismo. Siguen colocándose en importantes departamentos de español. La revolución tecnológica ha producido una generación de estudiantes que quiere aplicar dicha tecnología al estudio de los textos tradicionales. El fervor crítico de las tendencias que dominan el discurso crítico de los años 90 -posmodernismo, poscolo-David T. Gies 508 nialismo, estudios de género, estudios gays, estudios culturales, estudios interdisciplinares-nos abre nuevos panoramas y nuevas posibilidades para nuestra investigación de la lengua, literatura y cultura hispánicas. El futuro del hispanismo norteamericano -el reto, si se quiere-depende de muchos factores. Si nuestra profesión se adhiere a las antiguas divisiones y categorías que han dominado el discurso literario durante los últimos cuarenta años, ese futuro consistirá en que los profesores de literatura tendrán que someterse a las realidades del mercado, convirtiéndose en instructores de lengua, luchando contra sus colegas peninsulares o latinoamericanos o US-latinos para atraer a los estudiantes a sus clases, sentenciados a la enseñanza básica (cursos de lengua para los estudiantes de negocios, español como disciplina puramente secundaria y «práctica» para los que quieren conquistar más mercados tanto en los Estados Unidos como en Latinoamérica), o defendiendo su propio centrisme europeo/peninsular, latinoamericano o US-latino. Es decir, llegaremos plenamente a esa «irrelevancia» de que habla Resina. O peor, a la extinción. Hoy estamos en el momento idóneo para reflexionar sobre la profesión y crear un futuro lleno de oportunidades. Una pregunta fundamental la plantea Idelber Avelar: How do we rethink the role of Spanish programs in the era of the dissemination of critical theory, the Latinization of the United States, the culturalization of literature, the globalization of culture, and the permeabilization of national and disciplinary borders? (50) Lo que implica esta pregunta es la demolición de las antiguas categorías geográficas que han dominado los departamentos de español durante décadas. La posibilidad de eliminar (o por lo menos disminuir) la geografía o la cronología como los únicos determinantes nos abrirá a la posibilidad de más flexibilidad interdisciplinar, por ejemplo, a la ampliación de otras categorías como «Early Modern Spain», «La Vanguardia», «Estudios Transatlánticos», «Ilustración y Colonialismo», «Hispanismo/ Spanish en las Americas», «Modernidad» y otras. Este es nuestro reto: re-pensar la esencia del hispanismo norteamericano, las estructuras departamentales y universitarias, descubrir nuevas conexiones interdisciplinares no sólo entre los varios campos de hispanismo (peninsular, latinoamericano, US-latino) sino entre el hispanismo y el «más allá» antropológico, histórico, psicológico o teórico. Si el hispanismo ha aceptado un lugar en el furgón de cola teórico (ver el artículo de Alonso El Hispanismo que viene: Estados Unidos y Canadá sobre el lugar «incómodo» que ocupa la «teoría» en los estudios hispánicos norteamericanos), es hora de inventar una teoría del hispanismo en vez de «aplicar» las teorías heredadas de fuera (Francia, sobre todo). Si el hispanismo ha sido un campo marginado (¿auto-marginado?) en las universidades norteamericanas -en el sentido de no participar como presencia activa o iniciadora en los programas de literatura comparada o interdisciplinares^-es hora de romper aquel provincianismo y crear escuelas teóricas que salgan de nuestros textos y departamentos en vez de venir a colonizarlos. Si el hispanismo ha resistido los nuevos desafíos que implica el reajuste de balance entre los varios segmentos intelectuales de nuestra disciplina, es hora de ver el futuro con entusiasmo y no con miedo. Si sabemos entablar nuevos diálogos con nuestros colegas (tanto en los mismos departamentos como en otras facultades), repensar lo que es el Hispanismo en los Estados Unidos y Canadá, y demostrar más creatividad a la hora de conceptualizar la profesión, las oportunidades serán infinitas y el futuro estará asegurado. Notas * Quisiera agradecer a los muchos colegas en los Estados Unidos y Canadá que han contestado preguntas, ayudado con las encuestas y ofrecido valiosas correcciones sobre esta materia durante la larga preparación de este artículo. A todos mis más sinceros agradecimientos. 1 De aquí en adelante, se empleará la palabra «US-latina» o «US-latino» para referirse a los «Latino Studies» en los Estados Unidos. Naturalmente, no hay que decir que no tiene nada que ver con la disciplina de literatura clásica (latina o griega). Versan sobre el estudio de la literatura escrita por la minoría hispana en los Estados Unidos, tanto en inglés como en español. ^ Aquí usamos la palabra «filología» para incluir todos los campos de literatura y lingüística española, no para describir el acercamiento tradicional a los estudios literarios. En la opinión de algunos practicantes, las nuevas metodologías suplementan, no complementan, la filología tradicional en los departamentos de español. El único departamento que hoy en día todavía concede un certificado específicamente titulado «filología» es Berkeley. ^ El descenso del número de ponencias sobre literatura peninsular no es tan marcado como sugiere esta trayectoria.
Prólogo: ¡OH, QUÉ DEBACLE TAN LITERARIA! Nunca en la historia reciente una ciudad tuvo tantos epónimos. A Viena le dieron nombre Freud, Wittgenstein, Kraus, Hofmannsthal, Mahler, Klimt, Mach, Loos, Schnitzler o Schönberg, entre otros a igual altura. Semejante ciudadanía logró que ella misma, la Viena de la monarquía austro-húngara, fuera el epónimo de cierta Europa: la que da nombre todavía a una crisis sentida en la condición de la modernidad. Quiero acercarme en estas páginas a aquella Viena de cuyo nombre seguimos colgando con gusto los mismos aguinaldos crepusculares: finis Austriae, fin de siècle, feliz apocalipsis... Y hacerlo leyendo a Sigmund Freud en compañía de algunos (pocos) de aquellos escritores postnietzscheanos que, efectivamente, llevaron la condición moderna a uno de sus horizontes de mayor desasosiego, precisamente porque se atrevieron a sacar a la luz la ambigüedad estructural de la hybris de la Modernidad precedente que, como toda hybris, significa tanto 'ambición' como 'catástrofe','poder' y 'desquiciamiento'. Sin embargo, a modo de prólogo he escogido una cita no sobre Viena directamente, sino sobre Chernopol (Chernovtsy), la capital de una de sus regiones periféricas. Pertenece a Gregor von Rezzori, "el último poeta de las provincias orientales del imperio" (Magris, 1998, 473), nacido en la Bucovina, la provincia más al este de Austria-Hungría, el mismo año en que estalló la Primera Guerra Mundial. Es, por tanto, una criatura tardía del Reich danubiano, un recién nacido de la catástrofe. Alguien obligado a imaginársela. Rezzori compite quizás con el polaco galiziano Andrzej Kusniewicz 1 por el título de "autor del Réquiem más bello a la muerte del Doble Reino" y a él debemos algunas páginas fascinantes sobre el mundo de la Mitteleuropa habsbúrgica, evocadoras hasta el hechizo pero, afortunadamente, sin ocultar la realidad histórico-social bajo las faldas de ningún fantasma rococó. "Somos ciudadanos del mundo de la manera más rotunda y peligrosa, por nuestra tolerancia sin límites. Y no nos llame usted nihilistas, por favor. Nosotros no negamos nada, pero nada en absoluto; de esto se trata precisamente. Pues si nosotros no defendemos nada, nada en absoluto, es solamente por eso, porque sencillamente lo defendemos todo. Vivimos entre tantas contradicciones que no tenemos nada que oponer a nada. Pero, por favor, ¿qué ciudad puede haber más aficionada al orden que la nuestra? Chernopol está administrada y gobernada según el esquema de una rigurosa burocracia, por haber recogido la herencia del más anquilosado burocratismo de la historia del mundo -el austríaco contra el que nos sublevamos-, y (por nada del mundo lo confesaríamos) nosotros la hemos llevado hasta el chauvinismo (...) ¿Qué se va a hacer en un mundo en el que un rabino taumaturgo cede la acera a un envarado mequetrefe, teniente de caballería, y que cierra al mismo tiempo los ojos 'para no dejarse seducir por la belleza de su uniforme'? Una ciudad en donde el pueblo se opone casi por la fuerza a la destitución de un funcionario fraudulento 'porque su fraude era demasiado burdo para merecer un castigo'. Podrá esto parecer oriental. No: es totalmente europeo; es barroco. No sólo por lo que tiene de drástico y representativo. Es barroco en el sentido en que se mezcla la fe incondicional en la necesidad de las formas -es decir, de toda clase de orden-con la también absoluta necesidad de divertirse a costa de ello. Es cierto que a la postre esto ha de conducir a la catástrofe. Pero seamos justos: ¿qué otra cosa nos queda? (...) Se lo digo a ustedes: somos modernos. Lo somos hasta carecer de historia. Porque la serie de pogromos en los que damos salida a nuestras distintas tensiones -o, mejor dicho, las matamos-no dan lugar a la Historia. Más bien diríamos que no darán lugar a más Historia. Tenemos demasiada historia en nosotros y tras nosotros. (...) Todos llevamos en nuestra sangre la herencia espiritual de Euclides a Einstein, de Tales a Sigmund Freud. No conozco otra ciudad más despierta ni más consciente. En ella, una docena de nacionalidades diferentes y media docena larga de confesiones religiosas rabiosamente enemigas unas de otras viven en una cínica concordia de aversión mútua y de mutuo negociar unos con otros. En ningún otro lugar son los fanáticos más tolerantes, en ningún otro lugar son los tolerantes más peligrosos que aquí en Chernopol. Tampoco en parte alguna es la vergüenza más escasa y la inocencia más rara que aquí. Les digo que somos modernos hasta el futurismo. Pues donde a un mundo de circunstancias humillantes no se tiene otra cosa que oponer que la propia existencia hecha escarnio, impera inmediatamente una despreocupación que hace que sea infiel a todo, salvo a uno mismo. Un presente que niega el pasado y el futuro y que está consagrado de modo incondicional al instante del aquí y del ahora. Y hay en ello más de lo que se llamaría 'amor fati'. Mire usted a su alrededor. Como paradójico ejemplo de un poblado estable de nómadas, la ciudad está más lejos del espíritu de los colonizadores que de lo que podría llamarse la indiferencia de los santos" (Rezzori, 1993, 25s). En sus Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte, publicadas en 1915, Freud observó que la muerte propia es inimaginable, y que cuantas veces lo intentemos continuaremos siendo en ello meros espectadores [de la inaccesibilidad del inconsciente a la representación de la muerte propia da testimonio, según el analista, más de un chiste cínico -el marido le dice a su mujer: "Cuando uno de nosotros muera, yo me iré a vivir a París"-]. Al hilo de Freud podemos decir: el Finis Austriae es un gigantesco naufragio con espectador, en el cual el espectador fue el propio náufrago. La literatura deja huella de aquella misma muerte que la aniquila. EL BLOC MÁGICO DEL DOCTOR FREUD Lo que Wittgenstein hizo con el lenguaje y Nietzsche con la moral, Sigmund Freud lo intentó con la consciencia: mostrar su carácter contingente. Ni el lenguaje, ni la moral, ni la consciencia triunfan sobre el tiempo, las apariencias y los registros privados. La modernidad europea y sus tradiciones filosóficas, cuyo programa consistió en alguna medida en transportar el mundo del tiempo, la apariencia y la privacidad a un contexto de verdad perdurable y universal, alcanzaron con Nietzsche, Freud y más tarde Wittgenstein algunos de sus horizontes más críticos. Como en un crepúsculo, las formas de la modernidad pudieron parecer más complejas y sugerentes que nunca precisamente cuando comenzaron a difuminarse. La Viena fin-desiglo ejerce esa fascinación: la fascinación de la nitidez en la descomposición. Nos hemos acostumbrado a sumar las obras de Freud a la montaña de filosofías que desescombraron la modernidad: FERNANDO BAYÓN nuestro cuerpo no es más que "una estructura social de muchas almas", y la moral es la doctrina de las relaciones de dominio en que surge ese fenómeno que llamamos 'vida', decía Nietzsche en Más allá del bien y del mal. Y tras su muerte en 1900, acaso fuera Freud quien nos obligó a seguir yendo más allá, a tomar más en serio el perspectivismo nietzscheano, a considerar la posibilidad de que "no exista una facultad central, un yo central, llamado razón" (Rorty, 1991, 53). Efectivamente, la figura de Sigmund Freud sigue saltando a la palestra cada vez que nos hacemos cargo del hecho de que para relatar la vida psíquica del hombre hay que derribar primero las victorianas distinciones tradicionales entre lo más elevado y lo más bajo, lo esencial y lo accidental, lo central y lo periférico. Creo que vale para la psique freudiana lo que Adorno escribiera sobre el compás mahleriano, otro judío de la Bohemia alemana: "Con desesperación atrae hacia sí lo que la cultura expulsa fuera, y lo recoge tal como la cultura se lo entrega, mísero, herido, mutilado. La obra de arte, que se halla encadenada a la cultura, quisiera romper tales cadenas, ser misericordiosa con el residuo andrajoso" (Adorno, 2002, 103). Y hablando de comparar en cierto sentido la psique con una obra de arte piadosa con los deshechos, no podemos olvidar que ya la Enlightenment del siglo XVIII había cursado, en parte, con soberanas dosis de escepticismo respecto al tratamiento de esa reliquia metafísica que era la idea del yo, cuya existencia simplemente se negaba al no poderla derivar de ninguna impresión constante, invariable e íntimamente consciente (Hume, 2005, 355). Freud, pareciendo el último apóstol del escepticismo humeano, en realidad corrigió a fondo la moderna metáfora empirista según la cual la psique era como una obra teatral sin escenario sustancial -que de la mano del influyente Ernst Mach y su psicología de la Empfindung (sensación), tantas veces abreviada en su célebre das Ich ist unrettbare (el yo no tiene salvación), parecía haber tomado un nuevo respiro durante aquel finis Austriae-. Cuando se afirma, muy razonablemente, que Freud nos deja "un yo que consiste en un tejido de contingencias antes que un sistema de facultades estructurado al menos virtualmente" (Rorty, 1991, 52), no se debería descuidar el trasfondo agónico de semejante afirmación. El yo freudiano es el residuo de un combate que ni tan siquiera se celebra directamente en su territorio: el de la vida como hibridación entre el instinto de conservación (Eros), cuyo fin es complicar infinitamente la existencia, recreándola, sintetizándola una y otra vez, y el instinto de muerte (Thanatos), "cuya misión es hacer retornar todo lo orgánico animado al estado inanimado" (Freud, 1988, 32). El yo, una racionalidad fronteriza cuya superficie es imposible fijar, es un jinete que se conduce con energías prestadas, una organización pretendidamente coherente de procesos psíquicos en la que se integra la conciencia como un estado eminentemente transitorio y de la que parten sin cesar represiones y exclusiones de determinadas tendencias anímicas; pero que, al mismo tiempo, incluye algo inconsciente que se conduce idénticamente a lo reprimido. En este difuso interregno de poder y despotenciación es producido el yo, esa esquirla desprendida del principio del placer (Ello) que ha tomado contacto con la realidad y que, tras quedar modificada por la influencia del mundo exterior, siente que debe retraerse hacia su interior para templar allí las pasiones. Pero, al intentarlo, el yo se ve en ocasiones arrastrado por la fuerza de aquella cabalgadura que pretendía domar, hasta el punto de hacer pasar por acciones propias las aberraciones de la voluntad que una vez quiso mover hasta la reflexión. El mundo interior es defendido por abogados demasiado poderosos (super-yo), capaces de extinguir las razones de ese precario letrado de la realidad que es el yo. Impotente a la hora de integrar sus fiascos en el todo unificado de ninguna conciencia, emana de él, como una fase especial, como una tensa diferencia, como una escisión heredera de la mítica disciplina de Edipo, un ideal, el ideal del yo (Ichideal): "Los conflictos entre el yo y el ideal reflejan, pues, en último término, la antítesis de lo real y lo psíquico, del mundo exterior y el interior" (Freud, 1988, 28). La sabiduría de lo real, la sensibilidad hacia la exterioridad, el "tener oído" para las exigencias del medio, puede hacer que se levanten en armas severas voces desde el interior, capaces de estabilizarse como conciencia moral o delirios de autoobservación (¿reconocemos en ellos a los padres?, ¿a los maestros?, ¿a las censuras oníricas?, ¿a las religiones?, ¿a los sentimientos sociales?). El yo freudiano es un artefacto multilateral y muy conflictivo, hecho de sabiduría de la realidad y restricciones funcionales, de sensibilidad perceptiva e inhibición precautoria. El yo freudiano, como un autor/actor, está constantemente sacrificando su sustancia, mostrando una habilidad cruel para reemplazarse a sí mismo hasta la autohumillación. Ahora entra en escena como un personaje melancólico, reemplazado por la sombra de un objeto amado y ausente, orientando contra sí mismo toda la amargura implacable que, encubiertamente, va dirigida contra aquello que ha perdido; ahora, sin embargo, aparece como víctima injustamente acosada por ese ideal narcisista, segregado de sí mismo, que recela de la capacidad del medio para abastecer nuestras necesidades y ofrece autoritarias satisfacciones internas para el descontento de vivir. Desde luego, es ya un tópico que cualquier idea sustancial del yo adquiere en el autor de La interpretación de los sueños una dramática liquidez. O, mejor, que gana el espesor de un drama barrocamente lacrado, cuyo relato habremos de producir dinámicamente, arriesgando un orden interpretativo para el pormenor sin fin de significativas contingencias particulares -que sienten una especial afección por el pasado-. Tentativamente, podemos tomar esto como una señal del ambiente reinante en la Viena fin de siglo: planteada una batalla cruel entre la realidad y la psique, a ésta no le queda sino organizarse igual que un poema dramático del cual el yo es tan sólo un personaje o, mejor, un tropo, y cuya vida es un intento constante de revestirse de sus propias metáforas. La "Viena de Freud" 2, que incluye, como veremos, a la "Viena contra Freud", sigue siendo un espacio imaginario cuyo poder de evocación reside, en gran parte, en el modo como intentó asimilar las características del psiquismo a las del lenguaje (rompiendo con la tradición europea, al menos desde Locke, en que la asimilación se había intentado en sentido contrario). Se diría que el lenguaje fin de siècle es el autorretrato de un conjunto de dispositivos de comunicación en pleno desconcierto por la pérdida de la realidad sobre la que deberían decidirse: el ideal museístico y la claridad de archivo que marcaron la agenda económica del lenguaje moderno, entran en bancarrota al ponerse a fermentar todas las causas lingüísticamente pendientes, cuyas atmósferas interiores parecen ahora desmadejadas, al tiempo que las ideas de orden y totalidad se debilitan ante el empuje insolente de las partes. En esta situación, se produce lo que Ulrich, el hombre sin atributos de Robert Musil, definió como "acústica del vacío": "Cuando cae al suelo una aguja en una habitación completamente vacía, el ruido que se produce tiene algo de desproporcionado, e incluso desmesurado; pero ocurre exactamente lo mismo cuando este vacío existe entre dos personas. Entonces no se sabe si se grita o si reina un silencio mortal. Porque todo lo falso y lo tortuoso adquiere la fuerza sugestiva de una tremenda tentación, desde el momento en que nada podemos oponerle" (Musil, 1992a, 310). Algo así como una neurótica sobreestimación de lo nimio o, si se prefiere, una aguda reivindicación de lo mínimo, marcan el tono de un lenguaje que, incapaz de convocar íntegra, duradera y sólidamente a ningún presente, cae en la tentación de convertir al pasado en su nuevo dios escondido. Harold Bloom hizo fortuna a mediados de los años setenta al poner en circulación una idea de Freud por los dominios de los estudios literarios: la Nachträglichkeit,'posterioridad','ulterioridad' o, más exactamente,'significación retroactiva'. "Cada poeta es un poeta tardío y cada poema una instancia de lo que Freud llamó Nachträglichkeit o 'significación retroactiva'. Todo poeta (incluso Homero si pudiéramos saber lo suficiente sobre sus precursores) se encuentra en la situación de estar 'después del acontecimiento' en términos de lenguaje literario. Su arte es necesariamente una posterioridad, y en el mejor de los casos se esfuerza por lograr una selección, a través de la represión, más allá de las huellas del lenguaje de la poesía; o sea, reprime algunas de las huellas y recuerda otras. Este recuerdo es una aprehensión desviada [misprision], o una lectura desplazada [misreading], pero no importa cuán fuerte sea la aprehensión creativa, nunca puede alcanzar la autonomía del significado o un significado plenamente presente, es decir libre de todo contexto literario" (Bloom, 2000, 19) 3. La "psique fin de siècle" parece organizarse conforme a esta misma disciplina revisionista y melancólica que Bloom descubre en todo poema "auténticamente" creativo. La melancolía, decía Freud, se caracteriza por un estado de ánimo profundamente doloroso que inhibe el amor propio y si en la aflicción, o tristeza, el mundo aparece desierto y empobrecido ante los ojos del sujeto, en la melancolía es el yo el que ofrece estos rasgos. La posterioridad aflige a la psique igual que a un poema que, cuanto más autónomamente desea crearse, más se descubre a sí mismo compitiendo con los "grandes muertos", como un Jacob con el ángel. Y cuanto más original y fuerte se pretende, más se enreda en un romance familiar que sitúa su libertad en la perspectiva de una lectura, es decir, de una revisión y, necesariamente, de una represión. Aquellos vieneses sabían que originarse a sí mismos era un intento imposible. Esto no anulaba por supuesto la sensación de que, al darse por rota la sintonía natural entre la realidad y la psique, FERNANDO BAYÓN y al volverse ahora estadístico, dudoso e inaccesible el concepto mismo de 'experiencia' -reverenciado en la Modernidad desde Bacon-, la vida pasaba forzosamente a ser un ensayo de cubrirse con sus propias metáforas. La pregunta recorrió la Viena de 1900: entonces, ¿cómo asumir el destino de inventarnos a nosotros mismos cuando es imposible constituirnos en origen, cuando todos llegamos a todos lados después del acontecimiento? La epistemología de Mach es neopositivista; la plástica de Klimt, bajo el dintel A la época su arte, Al arte su libertad [der Zeit ihre Kunst-der Kunst ihre Freiheit] exaltó lo moderno celebrando a Beethoven ¡juntamente con Bizancio! y era como si un pedazo de San Vitale de Ravenna hubiera emigrado en 1902 a la Secession, al interior del pabellón cúbico de Hoffmann o, a partir de 1903, al cielorraso de la Universidad de Viena con su Jurisprudencia; por su parte, la música del posromanticismo, no tanto de los epígonos vieneses de Brahms al estilo de Joseph Marx, como de los Mahler, Schrecker, von Zemlinsky, Korngold y Schoenberg -éste al menos hasta los Gurre Lieder, estrenados en Viena en 1913 con un incómodo éxito para el compositor-, no pudo por menos de habérselas con el Tristán de Wagner-. "La fuerza poética implica una auto-representación que sólo se alcanza a través de la infracción, del cruce de un umbral daimónico" (Bloom, 2000, 23), de igual forma el yo, ese tropo del poema psíquico, siente que alcanzará a presentarse ante sí sólo si infringe el umbral desfallecido del presente en dirección a un pasado en el que ya no se localiza ningún origen divino sino, literalmente, una larga agonía colaborando en la cual el yo deberá adivinarse a sí mismo gracias a pactos con precursores, elecciones de rivales e interpretaciones revisionistas. Bajo esta luz podría leerse la ironía que asoma a dos aforismos de von Hofmannsthal: "el presente es la parte absolutamente penosa de la existencia, aunque es algo provisional" y "hemos incorporado el pasado a la memoria para sobrevalorarlo" (von Hofmannsthal, 1991, 108 y 119). La Viena fin de siècle puede que reemplazara la sustancia del yo por un inesencial después de; pero esa aflicción suya por el pasado difícilmente podría ser caracterizada en terminos de nostalgia, un término que, siendo benévolos con él, resulta aquí claramente superfluo. El pasado, más que un paraíso perdido habitado por ángeles bohemios, es un arduo trabajo en el que nos echan una mano influyentes demonios. El autor del drama La Torre fue el primero en observar que la sociedad de los muertos por una parte es dulce como las ensoñaciones del hachís y, por otra, es un danzar alrededor de abismos que nos aterrorizan. Freud estuvo en primera línea a la hora de sacar a la luz todas las dificultades inherentes a los modernos intentos de transformar la psique en un espacio de escritura. Michel de Certeau ha llegado a hablar de la escritura como una 'práctica mítica' del Occidente moderno. Esta práctica, podría decirse así, murió en Viena. Para la Modernidad el origen, y la oralidad que lo transmite, ya no es lo que cuenta, sino "la actividad multiforme y murmurante de producir el texto y de producir la sociedad como texto": es "escriturario [y por ello legítimo] lo que se aparta del mundo mágico de las voces y de la tradición". ¿Qué es, pues, escribir? "La actividad concreta que consiste en construir, sobre un espacio propio, la página, un texto que tiene poder sobre la exterioridad de la cual, previamente, ha quedado aislado" (de Certeau, 2000, 148). Una metáfora, especialmente una, sirvió para articular la práctica escrituraria sobre la que Occidente cimentó su idea de progreso: la metáfora de la 'página en blanco'. Es decir, la circunscripción de un espacio propio como lugar de producción del sujeto, a modo de instauración cartesiana de un lugar desembarazado de las ambigüedades del mundo en que el yo pudiera adquirir y celebrar su dominio sobre los objetos mediante un expediente de aislamiento previo: "ante la página en blanco, cada niño se encuentra ya en la misma posición del industrial, del urbanista o del filósofo cartesiano: la de tener que manejar el espacio, propio y distinto, donde poner en obra una voluntad propia" (Certeau, 2000, 148). Al orden que se construye en ese lugar cercado se lo llamó texto, y estaba compuesto de prácticas itinerantes y reguladas capaces de producir el artefacto de un mundo "ya no recibido sino fabricado". Pues bien, avanzada la segunda mitad del siglo XIX, semejante utopia escrituraria comenzó a tambalearse. Freud fue uno de los notarios de la ruina en ciernes. No es que él dejara de creer totalmente que la psique ha de producirse como un texto y que, por lo tanto, se asemeja de algún modo a un espacio de escritura "como desaparición de la presencia natural" (Derrida, 2003, 203), más bien es que intentó, por los medios más incisivos, desmontar ese mito moderno según el cual a dicho espacio podría convenirle la metáfora de la página en blanco. Si queremos que prospere la analogía de la psique con un "espacio de escritura" debemos erradicar antes la utópica idea de que este último pudiera erigirse en algo así como una página en blanco en relación con el pasado. Jacques Derrida ha dedicado un ensayo, ya clásico, a este tema. Su título: "Freud y la escena de la escritura". En él da cuenta de un modesto invento de la época, ¡el bloc mágico!, una lámina de cera enmarcada en papel sobre la que va una fina hoja de dos capas, siendo la superior de ellas de celuloide transparente. El usuario escribe, con un estilo o punzón, presionando sobre el delgado celuloide que recubre la lámina de cera, de modo que lo escrito se hace visible gracias a que se mantiene la adherencia entre la cara interna del papel encerado y dicha hoja protectora; cuando luego se quiere borrar lo escrito basta con despegar ligeramente el celuloide para destruir el contacto de éste con la resina y hacer que la superficie del bloc mágico aparezca otra vez virgen y dispuesta a recibir nuevas inscripciones. Aunque si colocamos la plancha de cera bajo cierta luz se podrá observar en ella rastros de escritura aún después de que ésta se haya desvanecido completamente en la superficie. Desde luego el bloc mágico del Doctor Freud es toda una alternativa a dos viejas opciones: la de la hoja de papel y la de la pizarra. La hoja tiene la capacidad de conservar indefinidamente las huellas de la escritura; pero, a cambio, se agota pronto, siendo incapaz de renovarse; pura marca, nunca vuelve a ganar su virginidad. La pizarra es líder en virginidades, al poder reconstituirse a cada momento borrando los trazos, pero, como peaje, es experta también en no dejar sobre sí ninguna huella. El bloc mágico parece ser la solución cuando de lo que se trata es de conciliar una conservación indefinida de las huellas de escritura con un poder ilimitado de recepción. SOCIOLOGÍA DEL PLÁCIDO APOCALIPSIS: BROCH Y HOFMANNSTHAL Tomo de entrada la tesis de Michel de Certeau según la cual la literatura es el "discurso teórico de los procesos históricos", pues ella crea el no-lugar donde las operaciones reales de una sociedad acceden a una formalización. Bien lejos de considerar la literatura como la "expresión" de un referente, "es necesario reconocerla como análoga a lo que las matemáticas, por largo tiempo, han sido para las ciencias exactas: un discurso "lógico" de la historia, la "ficción" que la vuelve pensable" (Certeau, 2003, 41-42). El punto de partida del psicoanálisis freudiano no es desde luego indiferente a esta tesis. Los mecanismos que organizan las representaciones del sistema psíquico son de hecho -nos recuerda Certeau-de tipo retórico, ya que su nota dominante es "desplazar", "deformar", "enmascarar" y, en definitiva, producir "desfiguraciones" [Entstellugen]. Puede decirse que Freud sacó la retórica del gueto literario en que la había recluido una cierta concepción restringida de la cientificidad, restituyendo la pertinencia histórica y la competencia psíquica de todos esos procesos que, alternativamente a la 'analogía', la 'coherencia', la 'identidad' y la 'reproducción' privilegiadas por la racionalidad de la Aufklärung, tienen que ver más bien con las alteraciones, inversiones, equívocos o sublimaciones que utilizan los juegos con el tiempo y con el lugar identitario (las máscaras) en la relación de otro con otro. Die Art der Sicherheit ist die Art des Sprachspiels [el género de la certeza es el género del juego de lenguaje], escribió más tarde Wittgenstein, casi como broche a sus "Investigaciones Filosóficas". Pero, ¿cuáles fueron las afinidades electivas entre retórica, literatura y psicoanálisis en aquella Viena de Freud? Muy resumidamente, los tres ponen nuevamente en valor la "lógica de lo otro" y una "estilística de los afectos" en tanto regreso de las pasiones -por la vía indirecta del inconsciente-que habían sido excluidas en bloque de la cientificidad positivista al servicio de la historia espiritual del hombre económico moderno. En el campo analítico, al contrario, el discurso llega a ser operativo en la medida en que está tocado o herido por el afecto (Affekt). Desde este punto de vista, "si el positivismo rechaza como no científico el discurso que confiesa la subjetividad, el psicoanálisis tiene por ciego, hasta patógeno, el que la esconde" (Certeau, 2003, 53). Freud observó con ojo clínico hasta qué punto la epistemología del siglo XIX exilió a las pasiones de los discursos legítimos de la razón social, deportándolas a la Siberia de lo "no serio" [lo literario] o reduciéndolas a meras desviaciones psicológicas respecto al orden colectivo. Este rechazo epistemológico está ligado a la excomunión ética decretada por una burguesía productivista 4: y es entre los residuos de su racionalidad, los deshechos de su moralidad y los detritos de la ascesis sentimental de la época francojosefina por donde Freud persigue una economía para el aparato psíquico en que los movimientos pasionales ya no sean ciegos ni carezcan de acceso al lenguaje técnico. El triunfo freudiano de la retórica en la Viena del primer tercio del siglo XX estuvo acompañado por una auténtica eclosión literaria de la que se sigue nutriendo la más exigente agenda lectora hasta nuestros días (Rilke, Schnitzler, Trakl, Zweig, Wedekind, Stifter, Musil, Roth, Werfel, von Doderer...). La unión de dos nombres serviría para resucitar el contexto cultural en que Sigmund Freud desarrolló su análisis: Hermann Broch (1886Broch ( -1951) ) y Hugo von Hofmannsthal (1875Hofmannsthal ( -1929)). Se trata de una unión sobre el papel, pues entre estos dos vieneses no se conoció amistad alguna, tan sólo un escueto tráfico epistolar. Y, sin embargo, uno de los documentos indispensables para aproximarse a aquella Viena fin de siglo es, sin duda, el estudio Hofmannsthal y su tiempo terminado por Broch durante su exilio estadounidense y poco antes de morir, el año 1951. La Bollingen Series había encargado a Broch la edición del primero de los tres volúmenes, Selected Prosa, de la traducción inglesa de unas obras escogidas de Hugo von Hofmannsthal, al que debía acompañar una introducción general al poeta: "pero sólo puedo exponer a Hofmannsthal, ese homúnculo" -explicó Broch a su editor Daniel Brody en 1948-"si expongo toda la época, y esto representa un trabajo de mil demonios" (Lützeler, 1989, 263). Inicialmente, el autor de Los sonámbulos había pensado titular su ensayo "Pequeña historia espiritual del vacío", y aunque luego Brody logró quitarle la idea de la cabeza ["¡Pequeña historia espiritual del vacío sólo sería pertinente para el anuncio de un desinfectante por vacío, por el que la firma Hoover pagaría diez mil dólares!"] la verdad es que aquel título fallido mostraba a las claras cuál era el auténtico poso del estudio. Como es sabido, Hannah Arendt (para entrevistarse con la cual Hermann Broch se desplazaba semanalmente desde New Haven hasta el 20 Este de la Calle 62 de Nueva York, donde residía una amiga común, Anne-Marie Meier-Graefe) tomó Hofmannsthal y su tiempo como punto de arranque para su célebre y amistoso ensayo filosófico sobre el novelista que sirve de preámbulo a la edición póstuma del volumen "Poesía e Investigación" (Dichten und Erkennen). Arendt es por tanto testigo de primera mano de cómo Broch transformó el encargo de introducir al público americano en las 'fascinantes' premisas y circunstancias que enmarcaron la vida de Hofmannsthal, en una teoría crítica de la Austria finisecular sembrada de apreciaciones sobre el odioso milieu burgués y el aún más odioso mundillo literario de Viena, aquella "metrópoli del vacío de valor". Muchos siguen sin perdonárselo a Broch, quien, de las figuras literarias vienesas de primera fila, fue quizás el más proclive al universo psicoanalítico, y hay pruebas personales de ello fáciles de reconstruir 5. Siguiendo en parte dicha estela, en experiencia fundamental que recogemos del mundo es la experiencia del tiempo, de la muerte y la caducidad de todo lo humano (Broch, 1974, 41). Hannah Arendt llama la atención sobre la originalidad de Broch en este punto, pues rompe con la especulación tradicional en torno a la temporalidad que va de "Las Confesiones" de San Agustín a la "Crítica de la razón pura" kantiana: efectivamente, en Hermann Broch el tiempo ya no representa un "sentido interior" ni "una representación a priori necesaria para dar realidad a los fenómenos" sino que asume la función asignada vulgarmente al espacio: es exterioridad mortal. Dicho ligeramente de otro modo, "el tiempo es el más interior mundo exterior". En el centro de su estudio sobre la época de Hofmannsthal es fácil reconocer un gesto de espanto típico de Broch: una agresión debe ser sublimada y una extrañeza promete devorarnos desde dentro. Viena parece que no prestó demasiada atención a la advertencia de Freud, ni luego a la del autor de la trilogía "Los sonámbulos": hay que entablar relaciones auténticas y no meramente cosméticas con la muerte y la caducidad. La realidad exterior se presenta al yo como algo no sólo absolutamente extraño sino absolutamente amenazador. Es algo que no puede ser reconocido como "mundo" sino, primordialmente, como un "no-yo" que se esconde en el fondo de nuestras vidas, carcomiéndolas. La solución es, como casi todo en aquella ciudad, de índole musical. Pero no tiene que ver con ese teatralismo estético ante el que Viena tantas veces se inclinó. Pasa por simultanear "logos" y "muerte", por transfigurar el tiempo en espacio y superar de ese modo la amenaza exterior destruyendo su programa de atentados contra el yo. Cualquier lector de Broch estará acordándose del valor que su estilo, quiero decir, su filosofía, concede a la frase literaria como donación lírica de espacio al tiempo. La frase es en él una arquitectónica del curso del tiempo. Salvando las distancias, en esto comulga con la escritura del dodecafónismo serial de la Segunda Escuela de Viena. Pero acaso Broch quiere ir más allá: esculpir el tiempo, alcanzar una forma de escritura "para el ojo de Dios, tras la muerte de Dios", una especie de "eternidad postmetafísica" a través de la palabra hecha imagen, nada menos que coordinar simultáneamente el curso exterior y agresivo de la vida con el logos sinuoso y obsesivamente repetitivo de las estructuras lingüísticas. Imposible resistirse en este momento a incluir una pagina de la obra en que este intento fue llevado a cabo con más consistencia, con una consistencia al par sobrecogedora e irritante: "La muerte de Virgilio". Del caudal inmenso de esta novela-mantra quiero llamar brevemente la atención sobre un pasaje incluido al final del bloque Fuego-el descenso en que el joven Lisanias extrae de su cofre el poema de la Eneida para dárselo a leer a Virgilio, determinado en plena crisis nocturna a sacrificar su obra al silencio, a ¡quemar la Eneida! De este pasaje extraigo una frase, sólo una frase... "[Tenía que leer... ¡ay, leer! ¿Era aún posible? ¿es que aún se hallaba en condiciones de hacerlo? ¿había aprendido nunca a leer o siquiera a deletrear? Vacilante, casi angustiado, abrió uno de los rollos] (...) pero fue casi con mala conciencia, porque era como un reencuentro, un pequeño reencuentro con el oficio y el antiguo placer del oficio, pero además un gran reencuentro, ya inconfesable, que retrocedía más allá de todo recuerdo y de todo olvido a donde ya no había aprendizaje ni ejecución, sino sólo proyectos, esperanza y deseo; no era su ojo el que leía, sólo las yemas de sus dedos leían, leían sin letras, sin palabras un lenguaje sin palabras, leían la muda poesía tras la poesía de palabras, y lo que leía no constaba ya de líneas, sino que era un espacio infinitamente monstruoso de infinitas direcciones, donde las proposiciones no se seguían una a otra, sino se superponían en infinito cruzamiento y ya no eran proposiciones sino catedrales de lo inexpresable, la catedral de la vida, la catedral de la creación del mundo, proyectada en la presciencia: se encontraba leyendo lo inexpresable, paisaje inexpresable y acontecer inexpresable, mundo descreaturizado del destino, donde se halla incorporado como un azar el mundo de la creación, y allí donde este mundo creado, al que se había querido imitar, que había debido imitar, se mostraba ahora y desarrollaba su expresión, en todos los puntos en que las ondas de la oración y los círculos de la proposición se entrecruzaban, allí, se mostraba la discordia y el sacrificio de sangre exigiendo la guerra, se mostraba la muerta, helada guerra, hecha por hombres que eran cadáveres, se mostraba la discordia de los dioses en lo desdivinizado, se mostraba en lo anónimo el asesinato anónimo, ejecutado por fantasmas que son meros nombres, ejecutado por encargo del destino, que tiene hechizados a los dioses, ejecutado en el lenguaje, por encargo del más infinito lenguaje, en cuya inexpresabilidad sojuzgadora de los dioses se inicia y se resuelve eternamente el destino" (Broch, 1989, 190-191). Virgilio (70 a.C-19 a.C), romano a las puertas de otro fin de siglo todavía más significativo que el de la Viena de Freud, baraja entre sueños la posibilidad de aniquilar el idioma, FERNANDO BAYÓN de aniquilar los nombres, "para que haya gracia de nuevo". Cada frase, según él, es una catedral de lo inexpresable, recortada contra el acontecimiento sin palabras del destino del cual el mundo creado es nada más que una adición azarosa. Todas las "expresiones" que quedan más acá de esa inefable sinapsis, de ese intertexto místico hecho de infinitos entrecruzamientos son, a lo sumo, desiertos donde cadáveres anónimos libran la guerra muerta de imitar lo inimitable. El Virgilio de Broch ha de pasar entonces por el trago crítico y desesperante de creer que el lenguaje es un puro lugar de ejecución, de asesinato anónimo, antes de poder vislumbrar, pero ya in extremis, en el mismo acto de su muerte en Brindis, la "clemente y terrible gloria de la suerte humana, producida por la palabra (...) y expresable en imágenes terrenas, insuficientes y sin embargo las únicas aún suficientes, del humano hacer y vivir" (Broch, 1989, 481). Curiosamente, Freud incluyó una leyenda latina en la portada de la primera edición de La interpretación de los sueños, volviendo en su interior sobre ella en un estratégico pasaje: "Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo" [si no puedo conciliar a los dioses celestes, moveré a los del infierno -el río Aqueronte-]. Son palabras de la Eneida, pronunciadas por la diosa Juno cuando tras fracasar su embajada ante Júpiter para que consienta el matrimonio de Eneas con Dido se decide a remover el infierno despertando a una de sus Furias, Alecto, un monstruo bisexual capaz de desatar las turbulencias de los impulsos instintivos, el particular Aqueronte freudiano. A Broch, igual que a Freud, le molestaba que Viena, la capital de una monarquía agonizante, sostuviera relaciones de toda índole con la agonía pero ninguna con la muerte. El mundialmente famoso sentimentalismo vienés era conciencia de la despedida, resignación a lo sumo ante el adiós, miedo a una enfermedad perpetua cuyo desenlace nadie quería ver, y ese ethos se trasladaba de forma incauta a un lenguaje ajeno a toda moralidad. No ocurría esto con Hofmannsthal, cuya lírica descansa sobre el trítono vida, sueño, muerte. Pocos otros poetas convirtieron en un ritual tan bien calculado la reunión de las dos tendencias antinómicas de la época: la henchida confesión personal y la telúrica silenciación del yo. La visión que Hermann Broch tenía del libretista de Electra, Ariadna en Naxos o La mujer sin sombra, entre otras piezas maestras straussianas, era extrapolable a la que tenía de su tiempo y se resumía en lo siguiente, que es tanto un reconocimiento como un reproche: para él Austria reviste una fuerza simbólica en la medida en que ha sido capaz de poetizar su realidad, de soñarse a sí misma y trasladar todo su equipaje material a esa "segunda realidad" que es el campo simbólico del idioma. Y no duda de que Hofmannsthal se diera cuenta desde un principio de que "estaba siendo absorbido por el vacío". Nada podía hacer para impedirlo. Todas las posiciones estaban prácticamente perdidas: carecía de sentido sostener la monarquía austríaca a la que tanto había amado; mientras tanto, la nobleza merecía el mismo trato descreído y fulminante con que la Mariscala 6, la princesa de ese "Ser y Tiempo" de Richard Strauss que es "El caballero de la rosa", pone al barón Ochs de Lerchenau, y toda su mundología de la dehesa, frente a su propio colapso [Der Baron aus allen Himmeln gefallen. "¿No entiende él cuándo algo tiene un fin?"-III Acto]; y no tenía sentido insuflarle nueva vida al patrimonio vienés, con sus reliquias dieciochescas, empleando tintes barrocos para darle la vuelta al tiempo en la creencia de que la calamidad de los Habsburgo comenzó cuando fueron sojuzgados por los brutales prusianos. Hofmannsthal era símbolo de una Austria, una nobleza y un teatro (tres sinécdoques) que morían sin remisión: "símbolo en el vacío, no del vacío" (Broch, 1974, 178, 190). En última instancia, la mirada que arroja Broch sobre el tiempo de Hofmannsthal es una mirada aprensiva, irritada incluso. La Viena fin de siècle es la ausencia de pensamiento político elevada al rango de apoteosis. Las categorías estéticas colonizan entonces la vida haciendo que ésta se retraiga hasta una afición irresponsable por el decoro y la decoración [es ya un topos de la crítica recordar en este punto el título de una escandalosa y decisiva conferencia leída por el arquitecto Adolf Loos, en 1908, bajo el título "Ornamento y delito" 7 ] y el ethos danubiano es como el de un Savonarola pero con toda su dogmática exactamente a la inversa, pues está fabricado de indiferencia ética y hedonismo de la desesperación: "como producto de la insubstancialidad austríaca, en la que nadie podía tomar en serio a nadie porque no había nada que pudiera tomarse en serio como no fuera la substancia estatal de la corona, la misma estructura social terminó por perder toda substancialidad, convirtiéndose en una especie de pseudodemocracia, en la que, llegado el caso, los condes adoptaban las manías de los cocheros" y viceversa (Broch, 1974, 135). Al moralista Broch le resultan ajenas las ventajas de la insustancialidad. Que, además, podía llegar a ser una cosa muy seria. En cierto sentido, Hofmannsthal debe ser salvado de aquel que lo utilizó como epónimo del plácido apocalipsis vienés. "Hay que ocultar lo profundo. En la superficie", era su pabellón literario. Y hay pocos escritores en quienes se cumpla con tanto rigor la hipótesis nuclear de Janik y Toulmin, con los que -si les sumamos las ya clásicas y monumentales contribuciones de Carl E. Schorske y William M. Johnston-al menos dos generaciones de filósofos han aprendido a leer la cultura vienesa: "para ser un artista o intelectual de la Viena fin-de-siècle, consciente de las realidades sociales de Kakania, se había de encarar el problema de la naturaleza y límites del lenguaje, la expresión y la comunicación" (Janik y Toulmin, 1974, 147). Hofmannsthal encaró este problema de un modo que, contrariamente a lo que ocurre con otros coetáneos de Freud mejor conocidos, aún parece necesitado de atención. Por mi parte, seré en esto más seguro que original, y me detendré principalmente en dos textos suyos ampliamente comentados: Der dichter und diese Zeit ("El poeta y esta época") y la famosa "Carta de Lord Chandos". El primero fue inicialmente una conferencia impartida en Viena en 1907, tras haberla presentado por varias ciudades alemanas el año anterior, y está recorrido por la convicción de que en aquella Viena que Freud y él habitaran ya no había misterios eleusinos ni siete sacramentos que valieran para ayudar a la humanidad en la inmarchitable tarea de elevarse a un estadio superior, pues ocurre que "les falta en nuestro tiempo a las cosas representativas espíritu y a las espirituales relieve" (Hofmannsthal, 2001a, 72). ¿Qué puede hacer el poeta cuando incluso su presencia es auscultada por la época que detecta en ella nada más que algo hinchado, como hueco, "algo más soportado por los sentimientos culturales que por algún tipo de intuición"? El Finis Austriae fue un libro consumido por entregas por voraces lectores de todas las regiones del doble reino: "Buscan, pero no se les da ninguna dialéctica lo bastante sutil que les fuerce a preguntarse y a responderse qué es lo que buscan; ninguna visión global, ninguna capacidad de síntesis. (...) Buscan incansablemente algo que una su vida con las arterias de la gran vida en una transfusión mágica de sangre vivificante. Buscan en los libros lo que antes se buscaba en los altares humeantes de incienso, en las crepusculares iglesias arrastradas hacia lo alto por el deseo" (Hofmannsthal, 2001a, 77); pero en vano buscan un yo en cuyo seno pueda descansar tranquilo su yo, pues su tiempo está lamido por una frialdad y soledad glaciales. El poeta está siempre en un lugar distinto del sospechado, vive, de manera extraña, en el domicilio del tiempo -dice Hofmannsthal-, donde todos pasan de largo sin reparar en él. Y posee su propia casa de un modo distinto a como la posee un dueño: vive de incógnito en su hogar, como una persona muerta, junto a los perros, con la insolencia de un fantasma o de un cocinero y, a la vez, siendo el hermano mudo de todas las cosas. "Nunca más una época despierta pedirá a los poetas, ni a cada uno de ellos aisladamente ni en su conjunto, la expresión retórica exhaustiva de sí misma, su síntesis resumida en fórmulas conceptuales. El siglo del que nos alejamos nos ha hecho los fenómenos demasiado fuertes para que podamos asumir esta tarea; ha marcado un ritmo excesivamente vivo al baile de disfraces de las apariciones mudas; se ha movido y entrado en nosotros con demasiada fuerza el misterio sin palabras de la naturaleza y de las tranquilas sombras del pasado. (...) [el libro] Reposa aquí y calla y habla y es tanto más ambiguo, tanto más peligroso y misterioso cuanto que todo es más ambiguo y peligroso y misterioso en este tiempo incomprensible más allá de toda medida, poético en el supremo sentido de la palabra. (...) Nunca, antes de estos días, han logrado las personas exigentes elevar hasta lo poético su yo total. Del mismo modo que sobre los poetas, también sobre ellas mismas pesa la presión de no dejar nada fuera. Es una lucha, un caos que quiere ser dado a luz (...) [quien conoce la vivencia de la lectura] no espera que el tiempo halle su síntesis permanentemente válida en un poeta elocuente, en alguien capaz de dar respuesta a todas las preguntas, en un heraldo y un abogado. Pues es en él, y en otros parecidos a él, donde se lleva a cabo, en mil puntos ocultos, esta síntesis" (Hofmannsthal, 2001a, 90-94). Estas palabras fueron redactadas en 1906, y es llamativo cómo Hofmannsthal al mismo tiempo que toma nota del desplome del universo se evita a sí mismo incurrir en esa sociología del desencantamiento que tanto predicamento cobró por aquellos años, sobre todo de la mano del coetáneo Max Weber. Se ha perdido el centro desde el que podría sintetizarse la época, pero no la capacidad de síntesis que, aliada a la visión poética y al sueño, es distribuida ocultamente entre miles de cerebros entrecruzados; sin duda este tiempo está marcado por lo inesclarecible, llámese oscuridad o ambigüedad, pero el poeta y el lector pueden convertirlo creativamente en un misterio con el cual el alma se libera de lo material, no por desprecio, sino porque están persuadidos de que la realidad es una institu- ción literalmente "maravillosa" que "brota allí donde la necesidad racional no es capaz de fundamentar un suceso": lo que se cree y sólo esto es lo que existe (Hofmannsthal, 1991, 113-114). El autor de "Lucidor" pronuncia la palabra 'creer' con una seriedad antefreudiana, aunque no piensa el término en el sentido de un perderse en el embrujo de lo poético olvidándose de la existencia propia al volcarla sobre una fascinacinación insípida y breve (apartándose así de los reproches de aquellos que interpretaron sus libretos straussianos como atolladeros esteticistas 8, como una prueba de aquella observación de Adorno según la cual "el lenguaje de 1900 se había depravado en lo selecto", e intentaron hacer de él un Joseph de Maistre de la Ópera), sino de acuerdo a su significado "religioso", lo que probablemente no lo hizo tampoco más simpático a ojos de los freudianos, pues Hofmannsthal sí quiso dar porvenir a la ilusión, como un descanso visionario en el torbellino de la existencia. Efectivamente, Hofmannsthal convierte la forma ideal del Theatrum Mundi en su propia religión romano-calderoniana: tender hacia una espacio alegórico que eleve la confusión de la vida hasta el gran orden de las máscaras, que son cualquier cosa menos apariencias: al contrario, "sólo cuando percatamos de lo que nuestra existencia tiene de máscara alcanzamos su verdad y su sentido más hondos" (Curtius, 1972, 153). Puede decirse que Freud, que deslizó la sospecha de que las premisas religiosas, las instituciones estatales y por supuesto las relaciones sexuales o bien son ilusiones o bien aparecen perturbadas por los velos de éstas, residiendo la fuerza de su dogmática en la fuerza de aquellos deseos, de intensidad y antigüedad apremiantes, que ayudan enmascaradamente a satisfacer, tuvo en Hofmannsthal al más perseverante partidario de la erótica de la ilusión. En cuanto a la Carta de Lord Chandos (1902), lo primero que llama la atención es que una obrita que ha acabado por ser uno de los documentos más famosos de la gran tesis de la Viena fin de siècle, la del lenguaje como problema, se ponga a sí misma en escena como una carta que Philip, lord Chandos, hijo menor del conde de Bach, remite a Francis Bacon, aquel vizconde de Saint Albans caído en desgracia y padre del experimentalismo moderno, que vivió en plena época isabelina. Un dato no puede pasársenos por alto, la carta está fechada el 22 de agosto del Anno Domini 1603, precisamente el año en que Jaco-bo I sucede a Isabel I, el momento en que la Inglaterra isabelina pretende sobrevivir a la muerte de su epónimo. La Viena fin de siècle se estira hasta aquel otro final que, sin embargo, ha terminado por interpretarse como uno de nuestros más clamorosos comienzos, algo así como el amanecer de la Modernidad -al que desde luego hizo su contribución la philosophia activa articulada en el Novum Organum baconiano-: origen y fin, ambos imaginarios, los dos supuestos, se tocan en esta carta-ensayo. El joven escritor, Lord Chandos, responde a Bacon, quien se extraña ante un silencio que ya va para más de dos años y quizás esté revelando un cierto entumecimiento mental del que acaso esta muestra de preocupación le ayude a tomar nota interiormente, pues la enfermedad más grave aqueja a aquellos que no se sienten enfermos. La carta de Lord Chandos es, por tanto, una respuesta personal que ha sido interpretada en innumerables ocasiones como la expresión de una crisis, como uno de los documentos por excelencia de la crisis vienesa, cuando estamos más bien ante el relato de un tránsito espiritual que no sólo da curso a una crisis sino a un programa que, al casar peor con los tópicos finiseculares más extendidos, se prefiere soslayar, reduciendo así el relato a su citadísimo momento crítico, que es la escena umbra del ensayo. Pero dejar que la muy formalizada estructura del conjunto se vaya por el desagüe de su punto de deflacción central supone arruinar la auténtica idiosincrasia hofmannsthaliana. Primer Acto: Lord Chandos comienza recordando los días felices, o quizás desprevenidos, en que andaba ocupado con un enciclopédico proyecto en el que pretendía descifrar, como jeroglíficos, los relatos míticos de los antiguos; una especie de breviario de apotegmas en que se recopilaran desde sentencias de sabios hasta impresiones de viaje, desde apuntes sobre arquitectura hasta notas sobre rituales festivos. Embriagado, reconoce Lord Chandos, la vida se le representaba en aquella época como una gran unidad: entre el mundo espiritual y el físico, entre la naturaleza cortesana y la animal, entre el arte y la soledad no había solución de continuidad. Todo era metáfora y cada criatura la llave de la otra en una ósmosis infinita del sentido que él se imaginaba capaz de arrastrar hasta el concepto literario. Segundo Acto: desde una arrogancia tan hinchada, Lord Chandos se siente caer en un extremo de pusilanimidad e impotencia, "he perdido por completo la capacidad de pensar o hablar coherentemente sobre ninguna cosa", un incomprensible malestar colonizaba su fuero interno al pronunciar cualquier palabra -'espíritu','alma','cuerpo'-, al par que se sentía negligente a la hora de manifestar sus juicios sobre el más mínimo asunto político, y no por escrúpulos de ninguna clase, sino tan sólo porque las palabras de que se tenía que servir la lengua "se me descomponían en la boca como hongos podridos" (zerfielen mir in Munde wie modrige Pilze). Esta pereza, esta incapacidad, se fue extendiendo como la herrumbre que corroe todas las superficies de la sociabilidad: las personas y sus actos ya no eran vistos la mirada simplificadora de la costumbre sino que se le aparecían siempre como algo falso, indemostrable e inconsistente. Y eran las palabras las que no cuajaban en conceptos, como remolinos que dan vértigo y conducen a un centro vacío. Tercer Acto: en el colmo de una existencia que transcurre de un modo tan trivial e irreflexivamente, el ojo del poeta se reconstruye más allá de las palabras, y se posa sobre un rastrillo, una regadera abandonada en el campo, un perro tumbado, un cementerio pobre, un lisiado junto a una granja, o sobre cualquier otro estímulo ante el que la mirada comúnmente vaga con una comprensible indiferencia, como si fueran ahora el recipiente de una revelación. Una "singularidad sublime y conmovedora" arrasa el mundo para expresar la cual todas las palabras resultan indigentes. Como si el mundo de lo nimio se hubiera llenado súbitamente hasta los bordes de un caudal de sentimiento divino. Este tercer acto suele quedar ocultado en las recensiones de la carta de Lord Chandos: Hofmannsthal cree que la crisis tiene una segunda vida mística. El poeta participa de una gigantesca transfusión de vida y muerte, de sueño y vigilia, estremeciéndose con la presencia de una sobreabundancia no ya de significatividad sino de amor entre todo lo que existe. Se le impone entonces una nueva forma de pensamiento no sólo más allá de las palabras sino también más allá del silencio -que, por negación, aún es esclavo de la fenomenología de aquéllas-: todo supura, hierve y pulsa febrilmente en el pensamiento, pero en un pensamiento más líquido que las palabras, que sabe que el antropocentrismo es una especie de chauvinismo y cuyo fondo, contrariamente al de los remolinos lingüísticos, quizás sí tiene un límite. VIENA CONTRA FREUD: KARL KRAUS Como dice Carl E. Schorske, Hofmannsthal había rescatado la función del arte de la insularidad hedonista a la que su clase le había condenado, intentando hasta cierto punto redimir a la sociedad a través del papel simbólicamente conciliador del arte. Pero él mismo fue el primero en constatar que las fisuras en el cuerpo social habsbúrgico llegaban demasiado lejos. La sociedad podía tolerar los extremos de la tragedia y la comedia pero no la redención por la armonía estética. Correspondía a una nueva generación extraer las consecuencias intelectuales de este fenómeno cultural (Schorske, 1981). Desde este punto de vista, esa "generación" cuya Nachträglichkeit estaba elevada a la potencia intelectualmente definitiva se resume en un nombre: Robert Musil (1880Musil ( -1942)): "Esto es un manicomio babilónico: por mil ventanas le gritan a la vez al transeúnte mil voces, mil músicas, mil ideas diferentes, y está claro que el individuo se convierte así en un tablado para motivos anarquistas y la moral se disgrega junto con el espíritu" (Musil, 1992b, 119). Aquí me ocuparé brevemente, sin embargo, de aquel otro escritor cuya influencia fue tan eminente en la Viena fin de siglo que Musil anotó en su diario: "está camino de convertirse en un complejo" (Musil, 2004, 151). Y no se refería a Freud. Karl Kraus llevó camino de convertirse en un complejo. En realidad, aquella Viena del primer tercio del siglo XX se alimentaba a base de estallidos de opinión, partidismos, secretos y rencores que eran la pólvora de la opinión pública. Sigamos leyendo los imprescindibles Diarios de Musil: "Hay dos cosas contra las que no se puede luchar porque son demasiado largas, demasiado gruesas, porque no tienen ni pies ni cabeza: Karl Kraus y el psicoanálisis" (Musil, 2004, 427). Apunte tanto más sorprendente cuanto más se sabe que el "freudianismo" era uno de los blancos preferidos del editor de "La Antorcha" (Die Fackel, la célebre publicación de la que tiró más de novecientos números entre 1899 y 1935). Si Kraus fue el enemigo de Freud, el solitario Musil se las compuso para ser el enemigo de los dos. De lo que no cabe duda es de que tanto Los últimos días de la humanidad de Kraus como El hombre sin atributos de Musil son las dos obras literarias más grandes, en todos los sentidos, que se han escrito no sólo sobre el Finis Austriae sino sobre el colapso del derecho que tenía la modernidad a pensar en sí misma sin ponerse en ridículo. Con las siguientes líneas volvió la pluma de Kraus a la palestra en el momento más crítico para Austria y tras un inusual lapso de silencio: las navidades de 1914 se inau- guran en Viena con las palabras, tan esperadas, de uno de los críticos culturales más seguidos: "EN ESTA GRAN ÉPOCA que yo he conocido cuando aún era tan pequeña; que volverá a ser pequeña si es que dura lo bastante; y a la que nosotros, ya que metamorfosis así son imposibles en el crecimiento orgánico, preferimos tratar de gorda y también, en verdad, de mucho pesar; en esta época en la que ha de ocurrir lo que uno ya no puede ni imaginarse, y si pudiera, no ocurriría; en esta época tan seria que se ha muerto de risa ante la posibilidad de que pudiera ir en serio; que sorprendida por su lado trágico busca el modo de disiparse, y al pillarse con las manos en la masa se pone a buscar palabras [ensaya maniobras de distracción]; en esta época ruidosa que retiembla con la sinfonía estremecedora de acciones que provocan noticias y de noticias que disculpan acciones, en una época así no esperen de mí ni una sola palabra propia. Ninguna salvo ésta, justamente la que protege aún al silencio de ser malentendido. Pues hasta ese punto está firmemente asentado en mí el respeto por lo intocable del lenguaje, por su condición subordinada a la desgracia. En los reinos donde sobra escasez de fantasía, donde muere el hombre de hambre espiritual sin husmear siquiera lo ayuno de su alma, donde la pluma se moja en sangre y la espada en tinta, allí ha de hacerse lo que no se piensa, pero lo que llega sólo a pensarse, es inexpresable. No esperen de mí una sola palabra propia. Ni sería yo capaz de decir alguna nueva: a tanto llega el estruendo en el cuarto en que uno escribe, y no es momento de decidir si procede de animales, o de niños, o tan sólo de morteros" (Kraus, 1990, 113-114). Esta irónica auto-ex-propiación de la palabra forma parte de una campaña "pro silencio": una ascesis, una higiene del lenguaje a favor de la cual Kraus acometió, paradójicamente, con cáusticos dardos verbales desde sus páginas de La Antorcha, de las cuales, por cierto, Freud era un lector asiduo. En 1914, la situación se había agravado más si cabe, y a una época cuya economía social siempre había salido engañosamente a flote gracias a esa financiación crediticia que es el ruido periodístico, la deformación informativa travestida de sprit de finesse -que, por supuesto, no tenía nada de pascaliano-, el más chauvinista como si no y un capitalismo que cubría socialmente la opresión con paladas de insustancialidad sentimental, a todo eso, ahora había que sumarle esta otra gran "contaminación acústica" que era la guerra. Karl Kraus es el escritor del primer tercio del siglo XX que más unánimemente ha concitado el adjetivo de "apocalíptico". También, quien pasa por ser el mayor enemigo del "freudianismo". Él representa a Viena contra Freud. Sobre este punto, sin embargo, la crítica más solvente ha matizado mucho las cosas. Así, Edward Timms, entre otros, ha mostrado cómo Karl Kraus, el enemigo militante de la hipocresía moral que era el oxígeno de los Habsburgo, no podía inicialmente sino saludar entusiasmado las primeras contribuciones de Sigmund Freud en las que éste abordaba explícitamente la importancia de la sexualidad en la infancia y en la etiología de la neurosis, así como de las perversiones sexuales -de las cuales la normalidad está entreverada-[¿no se recuerda el famoso texto "La muralla china", de 1909, en que Kraus, en cierto modo en comandita con Freud -salvo en la última frase-afirma: "La gran muralla china de la moralidad occidental protegió al sexo de los que quieren entrar y a los que quieren entrar del sexo. Así se abrió el comercio entre inocencia y avidez, y cuantas más puertas del placer se cerraban más llena de incidentes se volvía la espera. La humanidad golpea la gran puerta, y se alza un martillo cósmico que hace estremecer la muralla china. ¡Y que el caos sea bienvenido, pues el orden ha fallado!" Pero el entusiástico saludo no se restringía a su tratamiento de la sexualidad -una pieza como "La ronda", de Schnitzler, había bastado para dinamitar en 1903, del modo más feliz y "fluido", la liga de la moral hasbúrgica que, por otra parte, nunca había evitado que en la muy sensual Viena Sacher-Masoch y Krafft-Ebing siempre hubieran sido un éxito de ventas-. De no menor calado era lo que Freud estaba consiguiendo con el lenguaje. Paul Ricoeur y Wolfgang Iser han sido algunos de los últimos en reseñarlo: el autor de "La interpretación de los sueños" era un consumado maestro de la retórica y sabía que sus metáforas, sus eufemismos, sus sinécdoques, sus metonimias, sus litotes, sus antífrasis, se ocupan no de fenómenos del lenguaje, "sino de los procedimientos de la subjetividad que se manifiesta en el discurso" (Iser, 2005, 149). Libros como "El chiste y su relación con el inconsciente", por su parte, eran potencialmente una mina para un estratega de la sátira de la talla de Kraus, quien además compartía con Freud una cierta concepción mágica del lenguaje en tanto venero de revelaciones antiguas.'Délfico' para Kraus,'Oracular' para Freud, sería difícil defender los objetivos de la psicoterapia científica al margen de ese Zauber des Wortes (encantamiento de la palabra) que tenía fascinado a ambos. La noción misma de "cura por el verbo" tiene algo de irremediablemente cristiano, en lo que afecta a los poderes restitutivos del logos sobre la psiché, e incluso algo de ambiguamente judaico, en lo que toca a los aspectos ritualizados de la "palabra-memoria" (Wort-Erinnerung) y "de la palabrarepresentación" (Wort-Vorstellung). Los dos negociaban como podían con estas daimónicas referencias. La nueva psicología de la vida cotidiana de Freud, según la cual ningún fragmento de evidencia verbal era considerado trivial, parecía compadecerse a la perfección con los objetivos krausianos de "La Antorcha": lapus linguae o delatadores calambures y hiatos, verbalizaciones de sueños, resíduos y puentes verbales (Wort-Resten y Wort-Brücken), eran matrices de la introspección, "varas mágicas" de medir las fuentes arcanas de un pensamiento que deseamos trasvestir con palabras e imágenes cuya elección, sin embargo, nunca controlamos totalmente (Timms, 1990, 122-123). De hecho, Freud no sólo insistía en que la psique es siempre un producto transaccional (un puro negocio entre una instancia censora que mitiga aquellos caracteres que provocan repulsa y otra instancia inconsciente que intenta filtrar sus contenidos -que siempre llegan a la conciencia convertidos en tropos de la represión-), sino que llegó a reconocer directamente un elemento de demonismo en su interpretación de los sueños: "la formación de los sueños oscuros se verifica como si una persona, dependiente de otra, tuviera que exteriorizar algo que había de ser desagradable para esta última" (Freud, 2006, 746). Una honesta y desenmascaradora sospecha, que era todo lo contrario del podrido mercantilismo burgués con los significantes, con los cuales las clases respetables traficaban según una desinhibida y fraudulenta aproblematicidad. Como si habitasen un mundo sin demonios. Estas afinidades entre los dos autores son algo que no ha podido dejar de reconocer incluso alguien como Thomas Szasz, el autor de un libro sobre Kraus llamativamente titulado "Anti-Freud" (Szasz, 1990, 25-33). De todos modos, lo que resulta fructífero para un satírico vocacional puede resultar endeble para un terapeuta que quiere pasarse por científico. Kraus prontó se vio inclinado a sospechar que los analistas seguidores de Freud, entre los que no se puede decir que tuviera precisamente amigos 10, leían las asociaciones verbales empleándolas como evidencias de sus propias predisposiciones proyectadas sobre el paciente. "Mehr eine Leidenschaft als eine Wissenschaft" [más un pasión que una ciencia], el psicoanálisis le mereció a Kraus algunos de sus más antológicos aforismos: "El psicoanálisis es aquella enfermedad mental por cuya terapia él mismo se tiene". Podría asegurarse que lo que hoy es algunas veces más reivindicable del psicoanálisis, eso precisamente movió a Karl Kraus, tan radical estilísticamente como conservador ideológicamente, a luchar árduamente contra él: "El psicoanálisis, igual que el arte, -dice brillantemente Casals-remueve las aguas del pasado (un pasado que no es sólo del Yo y que por eso es unheimlich); pero sólo rescata lo que hace visible el juego de afectos que él mismo desencadena; y eso hace que lo hallado -lo construido-deba verse más como una presentación funcional (Darstellung) que como una're-presentación' de algo pre-existente (Vorstellung). Eso hace, también, que el psicoanálisis sea tanto como una curación por la palabra una curación por el amor" (Casals, 2003, 170). No es que Kraus hiciera escarnio personalmente de Sigmund Freud, es que comenzó a sospechar si Viena no estaría frente a él igual que ante el presagio de un desastre intelectual. ¿Acaso el psicoanálisis no sería paciente del mismo destino que el odioso periodismo? ¿No se había reabsorbido en la misma magia negra que estaba destruyendo la cultura tradicional a base de una cultura de divulgación folletinesca y vulgarización que luego se quiere redimir con un esto no es, esto no es pronunciado por "auténticos expertos"? Sí, es verdad que Freud había introducido una Constitución en la anarquía de los sueños, pero las cosas andaban allí tan mal como en Austria. A Freud le subyugaba la idea de que la cultura tenía nada menos que a Eros a su servicio, el condensador libidinal de las masas humanas en una vasta unidad; pero supo que jamás conseguíría dejar sin efecto al natural instinto de hostilidad de "uno contra todos y todos contra uno" que se opone a los designios eróticos de la cultura, de modo que en su calidad de pensador agónico de aquella Viena fin de siglo, Freud vio la lucha de Eros y muerte constituyendo la esencia de la evolución cultural: "¡Y es este combate de los Titanes el que nuestras nodrizas pretenden aplacar en su arrorró del Cielo!" El instinto de destrucción parece haber burlado a Eros igual que a los demás dioses en "Los últimos días de la humanidad". Este libro es un Miércoles de Ceniza disfrazado de Sábado de Carnaval. Miércoles de Ceniza del Estado Habsbúrgico celebrado como si se tratara de un carnaval milenario, FERNANDO BAYÓN lleno de escenas cuya acumulación excede cualquier medición sensata del tiempo dramático, listas, como dice el autor en el preliminar, para ser representadas durante diez días seguidos "¡en un teatro de Marte!". Paseantes y vendedores de periódicos, gracianescos Optimistas y Criticones -los únicos que recorren de principio a fin la tragedia-, funcionarios de tribunal y orquestas gitanas, prostitutas y periodistas, beneficiados del Estado Mayor y curiosos, proveedores del ejército y oficiales de hospital militar, refugiados galitzianos y judíos polacos, estraperlistas berlineses y tenientes de ulanos, coros de Hienas y un Dr. Sigfrido Crepuscular -ingeniero berlinés fabricante de bombas y modernas pestes nibelungas-, y hasta las visiones parlantes de máscaras antigás y muertos formando calle y perros de guerra y un rostro austriaco y un Hijo no nacido... es ingente la marea de personajes que circulan como espectros que hacen su cameo en esta obra que igual puede ser tildada de horrible revista de variedades bélicas que reconocida como la capilla sixtina expresionista de la literatura austríaca. No sólo estamos ante un artefacto lingüístico de precisión irrepresentable, sino ante la obra que mejor ha mostrado hasta qué punto aquella Guerra Mundial convitió al mundo en una "gran retaguardia del engaño" donde se alojan todos esos estafadores y decadentes que medran en la guerra poniéndose a salvo del asesinato del mundo que ellos mismos han urdido y, sin que les quede de ello una sola cicatriz en el alma, dejan que desfilen en las vanguardias de la muerte una corte obscena de mutilados y mendigos, madres delirantes y niños envejecidos, mientras Dios ha sido una vez más burlado y a la Humanidad la bala le entra por una oreja y le sale por la otra: "¡al diablo con este rostro austriaco, con el infinito placer de este gran charco de sangre!" "Los últimos días de la humanidad" da lenguaje a una guerra. La ausencia de doctrinarismo en Kraus se expresa en esta obra calidoscópica que pone en firme su lema: "Yo gobierno el lenguaje de los otros. Entre otras muchas cosas, da lenguaje a ese íntimo juego de espejos entre el Kaiser prusiano y el Emperador austríaco, esos que han sido los señores de la sangre, esos que entre toda la seudocultura de mapas del Estado Mayor torturaban a sus escoltas con bromas obscenas durante una cacería gozando con el embarazo ajeno, y exclamaban "¡Catapum!" cuando veían caer a los soldados en el cine, y luego intercambiaban impresiones de sibaritas suspirando por la Vieja Germania y por los Modos de la Inveterada Austria, respectivamente. Así, Musil pudo hablar del "austríaco de Buridán": el austríaco de Buridán, hecho de pies a cabeza de escisión y noble sutileza, no sabe decidirse entre las dos hacinas de la Federación Danubiana o la Gran Alemania. Kraus retrata el "mundicidio habsbúrgico" mediante una vivisección barroca de todas las jergas, eufemismos, idiolectos, giros, exabruptos, tecnicismos, muletillas e insultos, a través de los cuales el lenguaje había pretendido legitimar histórico-culturalmente aquella virilidad de matarifes de los dos emperadores. "¿Sabe usted qué estamos expiando ahora? -le pregunta el Criticón al Optimista-¡La veneración que nos han exigido esos figurones!" En este Juicio Final, la psiquiatría sale igualmente esquilmada en una escena donde se representa una asamblea de médicos. Un psiquiatra toma la voz cantante para presentar el caso de un Loco cuyo delito -dudar de la victoria del Reich y alertar sobre la mortandad infantil por malnutrición en los hospitales-merecería tantos años de cárcel que "hubo que apelar nolens volens a la psiquiatría". Examinado por un comité de expertos y como el Loco perseverara en su pacifismo crítico con ese "patetismo de la mentira" instalado en la ciencia alemana prostituida a los Estados Mayores de la guerra, los médicos concluyen que lo que antes habían tomado cabalmente por síntomas no es otra cosa que salvaje odio a la nación: "¡así no habla un alienado, señores, así habla un traidor a la patria!" (Kraus, 1991, 296-300), con lo que, a la vista de las opciones lingüísticas que ha tomado el Loco, la ciencia médica se declara solemnemente incompetente y vuelve a trasladar el caso a las instancias de lo criminal. El psiquiatra abre la puerta y grita: "¡Policía!". en casa de los Hoffer, convertida en un pequeño tabernáculo de celebridades psicoanalíticas entre las que destacaba Anna Freud. 6 Es ya un tópico, pero un tópico valioso, decir que la Mariscala, la princesa María Teresa del Der Rosenkavalier (1911), resume la dulceamarga filosofía hofmannsthaliana, el "mundo de ayer" que no aparta su mirada del espejo de la vejez, viendo "estoicamente" en la muerte y la desaparición la última metamorfosis que ha de descomponernos todo excepto la dignidad, pues quien sabe que "todo está en el cómo" ése puede conservar cierta grandeza, ser calmoso y magnánino al disolverse en una nada y ceder el paso (algo de lo que es capaz un lacayo o un aristócrata pero incapaz un burgués). Christiane Chauviré ha abordado estos temas en un cuidado ensayo titulado precisamente "Ser y tiempo en El caballero de la rosa" (Chauviré, 1997) 1972). Por otra parte, es inevitable dejar constancia de la camaradería y el frente común existentes a este respecto entre Karl Kraus y Adolf Loos, hasta el punto de que historiadores como Schorske han podido decir que "así como Kraus intentó restablecer la pureza del entorno lingüístico del hombre quitando toda pretensión estética a la prosa descriptiva, Loos trató de purificar el entorno visual -la ciudad, la vivienda, el vestido, el mobiliario-aboliendo todo embellecimiento" (Schorske, 1981, 350). Pero conviene tener muy en cuenta la valiosa observación de Josep Casals acerca de los riesgos de asociar el nombre de Loos "a una imagen de severidad punitiva -a una imago castradora-, cuando en realidad su arquitectura nunca deja de remitir a figuras y resortes polivalentes de deseo. A deseos y aspiraciones plurales que oscilan entre lo cultural y lo pulsional, o lo masculino y lo femenino, pero que en cualquier caso se orientan en sentido opuesto a la trasparencia" (Casals, 2003, 490). 8 A todo hay quien gana: con su habitual incisividad Adorno recoge en su "Teoría estética" el detalle de que en cierta ocasión George reprendió por carta a Hofmannsthal porque en una nota sobre "La muerte de Tiziano" hizo morir de peste al pintor (Adorno, 2004, 313). 9 Kraus es el autor de "Decencia y criminalidad" (Sittlichkeit und Kriminalität) para cuya reedición en el undécimo volumen de las Obras de Karl Kraus, Adorno preparó un ensayo del que quiero citar este amplio pasaje: [que comienza con la reproducción de una página extraída de "Decencia y criminalidad"] "Moralmente, la prostituta es tan superior al colaborador de la sección de economía política como la proxeneta al director del periódico. A diferencia de éste, ella nunca ha pretextado el sostenimiento de ideales, pero el transmisor de opiniones, que vive de la prostitución intelectual de sus empleados, bastante a menudo hace la competencia a la alcahueta en el ámbito más propio de ésta. No es con espanto puritano como una y otra vez he llamado la atención sobre los anuncios sexuales en la prensa diaria de Viena. Éstos son indecentes meramente en el contexto de la misión presuntamente ética de la prensa, exactamente del mismo modo que los anuncios de una liga de la decencia serían escandalosos en grado sumo en periódicos que lucharan por la libertad sexual. Y lo mismo que el acceso moralista de una alcahueta tampoco es indecente (Adorno, 2003, 355). FREUD Y LA CRISIS DEL LENGUAJE MODERNO EN LA VIENA FIN DE SIGLO: BROCH, HOFMANNSTHAL, KRAUS en
Nuestro propósito en este trabajo es ofrecer un panorama representativo ^ del desarrollo del hispanismo en México, las relaciones entre México y Cuba han sido y siguen siendo intensas. Pero también es cierto que América Central sigue estando muy lejos de México. Sin embargo, es posible que varias circunstancias comunes, en particular la asimétrica relación con los Estados Unidos, expliquen ciertas convergencias y divergencias del pensamiento hispanista en varios de estos países. Pero, ¿se puede seguir hablando de hispanismo cuando hemos asistido a una separación de lo filológico en estudios filológico-literarios y en estudios lingüísticos, que pasan a tener el lenguaje como objeto de estudio? ^. A grandes rasgos, el hispanismo en el área que estamos reseñando ha tenido dos grandes facetas, parcialmente traslapadas. En la primera, el objetivo central de los estudios ha sido la descripción del español de cada país americano, en sus manifestaciones lingüísticas y literarias. La tesis central de este hispanismo es la unidad en la diversidad, así que podríamos decir que descansa en la idea del consenso. Los estudios descriptivos buscan incorporar sus datos a comunidades cada vez más amplias. Hablamos del español de Veracruz en la medida en que existe un español de México, que a su vez se incorpora al español americano, y éste al español general o internacional. Es decir, el sentido ascendente de la interpretación de los datos tiende a subrayar su esencia hispánica. En la otra faceta, el hispanismo da cabida a la presencia del elemento indígena ^, criollo y negro ^, que en América determinan rasgos peculiares de la investigación ^. El punto de partida de esta perspectiva es la idea de conflicto, entendido como el análisis de los procesos -y no sólo los resultados-del contacto entre lenguas y culturas: bilingüismo, desplazamiento, extinción y surgimiento de nuevos valores ^^. Las generalizaciones sobre los datos obtenidos dentro del paradigma del conflicto adoptan un sentido descendente en la estructura social, acentuando las diferencias antes que las similitudes ^^. Esta realidad está en la base de la caracterización del hispanismo desarrollado en nuestra área. Si entendemos por hispanismo tradicional el dedicado a estudiar las grandes producciones lingüísticas y literarias de la Edad Media y de los Siglos de Oro ^^, ése no sería el más representativo de la que hemos llamado América Media. Ello no quita que en los últimos años el trabajo filológico haya madurado y que varios especialistas estén publicando trabajos notables. Pero lo distintivo de la región ha sido la gestación de realidades encontradas: el nacimiento del español americano ^^ y el alumbramiento de culturas y de literaturas mezcladas, criollas o mestizas ^^. El hispanismo en México, America Central y Las Antillas A lo largo del último tercio del siglo XX se llevó a cabo un amplio programa descriptivo. Los grandes proyectos sincrónicos precedieron a los históricos. Poco a poco se obtuvo la base indispensable para emprender otro tipo de trabajos y, al tiempo, hubo cuadros de investigadores formados en esos mismos proyectos, los mismos investigadores que poco más adelante iban a abrir camino a preocupaciones diferentes, a veces bajo enfoques teóricos radicalmente distintos. La teoría literaria y la teoría lingüística El interés por la teoría literaria ha aumiontado globalmente. En las revistas caribefías, mexicanas y centroamericanas es fácil encontrar trabajos más o menos divulgativos sobre la teoría de la intertextualidad, el desconstruccionismo, la sociocrítica, la crítica marxista, el psicoanálisis, los análisis de género, las ideas de Foucault o de Eco. Sin embargo, aún no se alcanza la madurez necesaria para ofrecer propuestas originales; por momentos, se propagan modas que no llegan a cuajar en cuerpos teóricos permanentes. Quizá el escrito más importante sea El arco y la lira de Octavio Paz (ahora incluido en el vol. I de sus Obras completas), en el que se conjuntan el idealismo, la estilística y el estructuralismo clásicos. También en lingüística domina el eclecticismo. Un caso ilustrativo es el del desarrollo de la gramática generativa. En México, la teoría se conoció desde los primeros momentos. Pero hay que esperar hasta fines de los años ochenta para encontrar trabajos de peso realizados dentro de este marco. A lo largo de los años noventa la teoría se instala en contados departamentos de investigación, con un crecimiento mucho menor de lo que se esperaba una década antes. Más que el paradigma dominante, aparece como una opción teórica más. El mayor interés parece haberse dado en Puerto Rico, donde Humberto López Morales tuvo el doble papel de difusor del generativismo y de la sociolingüística variacionista. En Cuba y sobre todo en Costa Rica el generativismo es marginal. Pero en conjunto, aunque la influencia de las teorías norteamericanas es tan decisiva como en casi todas partes, ninguna de ellas se ha asentado de manera excluyente. Aunque la idea pueda matizarse, la convivencia de varias teorías no debe entenderse igual en lingüística que en literatura. Entre los lingüistas, hay quienes trabajan en gramática generativa, en gramática cognoscitiva, en diferentes modelos funcionalistas, etc., pero suele haber una coherencia personal: el eclecticismo es el efecto de conjunto. Es probable que la situación en los estudios literarios no sea la misma. Aparentemente, el eclecticismo sí llega a ser individual. A lo largo de los años noventa se han terminado o han llegado a una etapa de madurez varios grandes proyectos descriptivos, y otros más han ido tomando cuerpo y se encuentran en diferentes grados de avance. La investigación que mejor representa el paradigma del consenso, de la búsqueda de la unidad en la variedad, es la de la norma culta de las principales ciudades del mundo hispánico, iniciada en 1964. Este proyecto tuvo desde el principio su mentor en Juan M. Lope Blanch y rindió sus primeros frutos en México ^^. En la América Media se ha extendido a las ciudades de San Juan de Puerto Rico, San José de Costa Rica y La Habana ^^. A partir del análisis de sus materiales se han venido haciendo trabajos descriptivos en casi todos los planos de la lengua, en especial en el sintáctico y en el léxico •^^. A la luz de este ambicioso proyecto, se han emprendido varios estudios de alcance más local; tal es el caso del habla de Sinaloa, México (López Berríos y Mendoza Guerrero 1997). En México, está virtualmente terminada la publicación de los seis tomos del Atlas Lingüístico de México, dirigido por Juan M. Lope Blanch, cuyo objetivo es dar cuenta de las zonas dialectales del país en los principales niveles de lengua. Además de su valor intrínseco, en este proyecto ha participado una generación importante de lingüistas, en un ciclo que abarca una treintena de años. Supone un hito esencial del desarrollo de la hispanística en México. Más recientemente, la América Media ha quedado incluida en el Atlas Lingüístico de Hispanoamérica, dirigido por Manuel Alvar y Antonio Quilis, y que está cartografiando a gran escala la diversidad del español americano. En Costa Rica, Quesada Pacheco ha publicado un «Pequeño Atlas lingüístico de Costa Rica» (1992). La metodología del Atlas Lingüístico de Cuba aparece descrita en García Riverón 1991. Otros proyectos de gran envergadura son los lexicográficos. Entre ellos destaca el del Diccionario del español de México, dirigido por Luis Fernando Lara, del cual ya se han publicado las versiones básica, fundamental y usual, partes del gran diccionario que se encuentra ya en su fase final. Esta obra se basa en un corpus de diversos registros de lengua hablada y escrita, seleccionado con criterios estadísticos. El hispanismo en México, America Central y Las Antillas En Costa Rica, Quesada Pacheco publicó en 1991b un Nuevo diccionario de costarriqueñismos', véase también Sánchez Corrales 1998 sobre el «Nuevo diccionario del español de Costa Rica» ^^. El proyecto de estudio del esj)añol en los medios de comunicación (DIES-RTP), dirigido por Raúl Avila, da cuenta de las semejanzas y diferencias lingüísticas en radio, televisión y prensa. Se están tomando muestras de Hispanoamérica y de España. En nuestra zona, además de en México, se está trabajando en Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Costa Rica y Panamá. El corpus lingüístico afrocubano puede ser un buen ejemplo de investigación interesada en el conflicto, pues parte de consideraciones sociolingüísticas sobre las lenguas en contacto: «Antes del surgimiento de los estudios de las lenguas en contacto, todas aquellas manifestaciones lingüisticas que no se correspondían con las lenguas formalmente institucionalizadas eran consideradas variedades corrompidas, aberrantes, simplificadas e incompletas» (Ortiz López 1998, p. Sobre esta misma línea, cabe mencionar los trabajos de Lydia Cabrera, Germán de Granda y Manuel Alvarez Nazario. Una posible interpretación del desarrollo de los grandes proyectos descriptivos en la década de los años noventa es la visible tendencia hacia la investigación interesada en lenguas en contacto. Hay una diferencia en la perspectiva con que se ve al español. Ya no es la lengua que domina el área y que nos unifica, sino la lengua que está en relación con las otras lenguas de su contexto ^^. La década de los años noventa ha presenciado el desarrollo de los estudios históricos locales; con seguridad, en los próximos años el campo seguirá creciendo. La historia del español americano y la historia de las relaciones entre el español y otras lenguas empieza a cuajar en varios volúmenes realmente interesantes. Para Honduras es imprescindible el libro de Atanasio Herranz sobre Estado, sociedad y lenguaje (1996), en el que se examina el período colonial, la época independiente y la situación pretérita y actual de los grupos étnicos. En Costa Rica, Quesada Pacheco publicó ya en 1990 un volumen sobre el español colonial, y en 1991a buena parte de su libro sobre El español de Guanacaste incluye información histórica ^°. En México se ha venido señalando desde hace mucho la necesidad de emprender estudios históricos de gran aliento. Sin embargo, ha R, Barriga Villanueua y P. Martín Butragueño habido que esperar prácticamente a la última década para concretar ese interés. En 1994 aparecieron los Documentos lingüísticos de la Nueva España (Company 1994), fuente para la descripción de diferentes estadios del español mexicano ^^. Ya en 1985 Lope Blanch había publicado El habla de Diego de Ordaz, que abre esta tradición, seguida muy de cerca por Claudia Parodi, quien con sus Orígenes del español americano (1995) realiza un trabajo de reconstrucción fonológica, y por Beatriz Arias, que en El español de México en el siglo XVI hace un estudio filológico de quince documentos. Actualmente, está en curso un proyecto propiciado por Concepción Company y José Lema cuyo objetivo es redactar una sintaxis histórica del español. En Puerto Rico, destaca la labor de Manuel Alvarez Nazario, quien en libros como El habla campesina del país: orígenes y desarrollo del español en Puerto Rico, de 1990, y en la Historia de la lengua española en Puerto Rico, de 1991, examina los varios elementos que forman la historia del español local. El interés por la historia de la lingüística también es muy reciente. El desarrollo historiográfico es en sí mismo una prueba de la madurez de una disciplina ^^. Quesada Pacheco (1991c) publicó una historia de los estudios filológicos y lingüísticos en Costa Rica. Herranz 1990 hace un recuento de los estudios sobre el español de Honduras. En México, son notables los esfuerzos de Ascensión Hernández de León Portilla, Ignacio Guzman Betancourt, Bárbara Cifuentes y Thomas Smith-Stark, que trabajan en diversos momentos de la historia de la lingüística de este país. Rebeca Barriga Villanueva y Claudia Parodi publicaron en 1998 un volumen sobre La lingüística en México 1980México -1996, que da cuenta de la gran expansión de la investigación lingüística en los últimos años. En cuanto a la historia de la literatura, falta todavía una seria renovación en su contenido y en su concepción misma. En muchos aspectos parece seguir siendo necesario apoyarse en obras algo esquemáticas, como la Historia de la literatura costarricense (1967), de Abelardo Bonilla, el Desarrollo literario de Toruno (1957) dedicado a El Salvador, o el Panorama del mismo país de Gallegos Valdés (1962), o para Panamá en los trabajos de Rodrigo Miró (1971) o Ismael García S. (1972). Quizá más interesantes y renovadores en sus perspectivas son libros como el de Flora Ovares et al., La casa paterna. Escritura y nación en Costa Rica_(1993), en el que en varios ensayos independientes se estudia la evolución cultural y literaria costarricense; la Historia del teatro en El Salvador -^hemos visto el t. I, de la Colonia a 1900-, de Carlos Velis, en el que se parte del teatro como hecho histórico. El hispanismo en México, America Central y Las Antillas se revisa el estado de la crítica y se analizan tres textos; este último manual es introductorio, pero contiene información útil. Para Guatemala, puede verse la Historia de Albizúrez y Barrios 1993. En México, como en otros lugares de nuestro ámbito, se escriben por lo menos dos clases de historia de la literatura. Más esquemáticas son la Historia de Carlos González Peña (1928) o la de Julio Jiménez Rueda (1928). Por otra parte, están los intentos más recientes de dar cuenta del desarrollo de las literaturas mexicanas (Garza Cuarón y Baudot 1996). En la Universidad Nacional Autónoma de México y en El Colegio de México existen proyectos para editar críticamente textos literarios novohispanos, como los de Fernán González de Eslava, fray Joaquín Bolaños, fray Toribio de Benavente y sor Juana Inés de la Cruz, entre otros. La literatura cubana ha sido examinada en varias historias. El manual de Raimundo Lazo (1974), de corte tradicionalista, dividía la historia literaria cubana en cuatro períodos, intentando correlacionarlos con las motivaciones históricas. Frente a este tipo de historias, encontramos el Recuerdo a [sic] de Fernández Retamar, inserto en un marco ideológico posrevolucionario. ¿Se está pasando en la América Media de la historia literaria tradicional o muy tradicional a otra más abierta, más apoyada en el análisis ideológico, crítico y social? Probablemente sí, y ello, en principio, es bueno. Quizá uno de los peligros es la tentación de caer en lugares comunes del desarrollo de la cultura, sobre todo cuando falta en muchas partes investigación básica que dé a conocer obras, autores y elementos culturales aún no considerados ^^. El análisis de la literatura contemporánea Si bien es cierto que el Medievo y los Siglos de Oro siguen siendo de interés común, en los últimos años se ha acentuado el estudio de la literatura contemporánea en nuestra área. La posmodernidad se ha convertido en el eje temático de muchos trabajos. Junto a los topoi clásicos, se da ahora una llamativa insistencia en problemas como la relación entre oralidad y escritura, la cultura de masas o el papel de la mujer en la creación literaria ^^. Aunque dos marcos ideológicos diferentes parecen subyacer a la visión de las críticas literaria cubana y puertorriqueña, ambos países parecen converger en la búsqueda de identidad y de tradiciones ^^, en una versión específica de la posmodernidad ^^. Se ha llegado a afirmar que tal búsqueda origina el desarrollo de un canon ^^. También Centroamérica parece inmersa en la búsqueda de la definición, continental y nacional ^^. Esta situación se va a reflejar en el estudio literario y lingüístico, y da albergue al mencionado paradigma del conflicto, entendido a veces como reapropiación del espacio cultural (Ortega 1991). El estudio detallado de la literatura contemporánea se ha ido asentando cada vez con mayor fuerza en los últimos años en Centroamérica ^^. Un ejemplo de ambición editorial es la publicación en Costa Rica de los cinco tomos de las Obras completas de Fabián Dobles (1993); gran repercusión ha tenido la obra poética de la panameña Diana EHsa Moran Garay (cf. 1989a, 1989b y el Homenaje de 1990). Autores como Augusto Monterroso (guatemalteco, pero exiliado en México desde 1944) han sido estudiados también en sus países natales (cf. Pineda Reyes 1989). En cuanto a Miguel Ángel Asturias, en 1999 se cumplieron cien años de su nacimiento (cf. Hurtado Heras 1997). Resulta difícil sintetizar las grandes líneas de la creación y la crítica literaria en México. Junto a ediciones de Juan Rulfo, Octavio Paz, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco o Fernando del Paso, son ya innumerables los artículos, libros y tesis publicados en los últimos años. Los protagonistas de la literatura contemporánea son, además de los citados, José Revueltas, Emilio Carballido, Sergio Pitol, José Agustín, Juan José Arreóla, Elena Garro, Juan Villero, Jaime Sabines, Alí Chumacero, entre otros nombres. Un género que parece abrirse paso entre la contradictoria condición social y política de varios de los países de la América Media es la literatura testimonial, a caballo entre el relato y la crónica, entre las letras y la sociología, entre el exilio y la revolución. Véase por ejemplo Román-Lagunas 1994 ^° sobre el nicaragüense Omar Cabezas y la guatemalteca Rigoberta Menchú, o el libro de Ochando Aymerich 1998 sobre la escritura testimonial en Cuba. No siempre es fácil conseguir publicaciones literarias de Centroamérica, así que las antologías se vuelven herramienta indispensable. Alvaro Quesada et al. publicaron en 1993 una Antología del teatro costarricense 1890-1950, que probablemente es la mejor introducción al tema, partiendo de la búsqueda de un teatro nacional, que evoluciona después hacia las nuevas tendencias, en el marco del desarrollo de los escenarios y los espectáculos ^^. Para Honduras, resulta de gran utilidad la antología de cuentos a cargo de Jorge Luis Oviedo reimpresa en 1993, y la de sonetos de Elvir Rojas. La poesía salvadoreña está representada con amplitud en el índice de Galindo (2a. éd., 1987), y El hispanismo en México, America Central y Las Antillas también en Guillen 1989. A su vez, Morales Santos 1990 da una visión del desarrollo de la poesía guatemalteca. Dos antologías de la narrativa y el cuento mexicano son, respectivamente, la de Domínguez Michael 1989 y Zavala 1998. El cuento cubano está representado en El submarino amarillo, antología de Padura 1994, y el puertorriqueño en Apalabramiento, de Barradas 1983, y en la Antología alterna de Rosado 1995. Para la poesía juvenil cubana puede verse la antología de Lázaro y Zamora 1994, que se proponen reunir a todos los poetas nacidos después de 1940 que viven fuera o dentro de la isla. La identidad cubana se reafirma en el exilio (cf. la antología poética de Elias Miguel 1988)32, verdadero leiv-motiv de esta literatura. La mezcla cultural explica el desarrollo de un hispanismo con caracteres particulares en el área que estamos describiendo ^^. La presencia del elemento indígena en México y parte de Centroamérica, y de población afroamericana en el Caribe insular y continental trae como consecuencia lógica un contacto de lenguas que se manifiesta en problemas diferentes, vinculados unos al sistema lingüístico y otros a los hablantes: procesos de pidginización, lenguas criollas, bilingüismo, alternancia de códigos, préstamos, política lingüística, actitudes, enseñanza de primeras y segundas lenguas. Esta realidad ha motivado trabajos de diferente índole en distintas zonas. En un principio, estos problemas han interesado más a indigenistas y crioUistas extranjeros, antes que a los hispanistas locales. ¿Está cambiando esta situación? La respuesta es con claridad afirmativa, quizá porque cada vez más los interesados en el español o en las lenguas indígenas tienden a considerarse simplemente lingüistas. Los estudios sobre lenguas o elementos criollos cuentan ya con cierta tradición. El Caribe está bien representado en varios libros recientes: Perl y schwegler editaron en 1998 un volumen sobre la América negra, y en el mismo año Ortiz Lope recoge varios trabajos escritos en marcos teóricos diferenciados sobre el Caribe hispánico (1998a) y publica un libro sobre las Huellas etnosociolingüísticas bozales y afrocubanas (1998b). Deben también destacarse las publicaciones costarricenses sobre el criollo de Limón ^^ y el trabajo de Lipski 1989 sobre los negros congos de Panamá. La fuerza de la realidad bilingüe ha ocasionado que surjan posturas controvertidas entre hispanistas e indigenistas. El problema del contacto entre el español y las lenguas indígenas puede verse de maneras muy distintas, y llegar a conclusiones radicalmente opuestas según el tipo de fenómenos en que se detenga la investigación. Si se piensa que el contacto sólo toma cuerpo a través de préstamos léxicos o morfosintácticos, la investigación tiende a minimizar la relación entre las lenguas. Pero si se hace hincapié en los hablantes y se realizan estudios sociolingüísticos en comunidades concretas, los resultados son muy diferentes. Este segundo tipo de trabajos ha comenzado a tener fuerza en esta última década ^^. El hispanismo americano comenzó interesándose en la dialectología y en el estudio de los clásicos, al tiempo que la distancia entre lingüistas y críticos literarios era salvable. Hoy la distancia se sigue agrandando, y el centro de atención se ha trasladado de las grandes divisiones geográficas a las ciudades, y del estudio del pasado literario a la contemporaneidad. Pocos hispanistas -^menos cuanto más jóvenes-se atreven hoy día a frecuentar de igual forma los estudios lingüísticos y los literarios. Sólo en el análisis del discurso parece haber ciertas connivencias. Todo parece apuntar a una mayor especialización. Curiosamente, los críticos han ampliado su campo de interés, y han estado analizando muchos documentos que antes no se hubieran considerado literarios. Los lingüistas, en cambio, han dado prioridad a los textos no literarios y se han retirado de áreas que antes sí exploraban, en particular del estudio del estilo, es decir, de los rasgos lingüísticos de la lengua literaria. Para el futuro, la cuestión es saber cuáles son los límites del proceso de especialización. En nuestros países existe un límite asociado al volumen del cuerpo académico, al número de estudiosos y de departamentos universitarios. Por un lado, es cierto que algunos campos están creciendo muy rápido. En México, por ejemplo, el ritmo de publicaciones lingüísticas aumentó geométricamente en la última década, pero el número de lingüistas sólo aumentó de manera aritmética. Por otra parte, la interdisciplinariedad es un hecho en varias áreas de trabajo: en los estudios psico-, neuro-, etno-y sociolingüísticos, en lenguaje y educación, en el estudio sobre las políticas del lenguaje; lo mismo El hispanismo en México, America Central y Las Antillas ocurre con la sociología de la literatura, la sociocrítica o la enseñanza de la literatura. La enseñanza de lenguas y en general la lingüística aplicada parece ser uno de los campos en más clara expansión. En la enseñanza de lenguas, la mayor parte de los trabajos se orientan en uno de estos tres terrenos: el español como lengua materna, el español como segunda lengua para hablantes de lenguas indígenas y el inglés como segunda lengua. Aunque se siguen publicando todavía muchos trabajos superficiales, la calidad general parece estar mejorando rápidamente, aunada a una fundamentación teórica sustantiva. Sorprende, sin embargo, el escaso interés mostrado por los gobiernos hispanoamericanos en la planificación de la enseñanza del español como segunda lengua, tomando en cuenta el creciente peso político, económico y sociocultural del español en el mundo. Más allá de los avances teóricos y metodológicos y de la aparición de nuevas disciplinas, subsisten en varios países fuertes deficiencias descriptivas. Se conoce tan poco de El Salvador, Nicaragua o Panamá, que se hace difícil imaginar un desarrollo consistente de la investigación hispanística si no se dispone de una base descriptiva mínima ^^. Ya no se puede decir hoy día que el español de México, Cuba o Puerto Rico sean grandes desconocidos. Contamos ya con descripciones de conjunto, y aunque falte ordenar muchos de los detalles, es poco probable que la investigación meramente descriptiva vaya a ser la protagonista en los años venideros ^^. Las nuevas tecnologías al alcance de algunos de los países que nos ocupan ayudan a reducir las diferencias con la investigación producida en los países más desarrollados, pero es poco probable que en el futuro ¡mediato los recursos técnicos y financieros disponibles en buena parte de Centroamérica y del Caribe permitan la aceleración del desarrollo a los ritmos que serían deseables. El desequilibrio en la calidad de la investigación hispanística obedece a varias causas, que van de la ideología a la marginalidad de las minorías étnicas. Hasta ahora, la mayor parte de los estudios se ha llevado a cabo en las principales universidades de ciudades como La Habana, San Juan, San José, México, Guadalajara, Puebla... En el momento actual, varios centros, departamentos y facultades radicados en otras ciudades empiezan a plantear sus propias investigaciones de acuerdo a las necesidades de la zona. Es el caso, entre otros muchos, de Hermosillo (Sonora, México) o de Santa Clara (Cuba). Para el futuro cercano, cabe pronosticar -y desear-la aparición de nuevos focos especializados en zonas donde el desarrollo de la investigación lingüística y literaria es aún incipiente. Barriga Villanueva y R Martín Butragueño Estamos seguros de que el camino para el hispanismo que aquí hemos reseñado pasa por la búsqueda de preguntas propias, nacidas de las varias realidades lingüísticas y culturales que caracterizan a los diez países estudiados. Sólo así podremos esperar la aportación de explicaciones originales que contribuyan al enriquecimiento del hispanismo. ^ Somos conscientes de la imposibilidad de ofi^ecer datos exhaustivos de los proyectos, líneas de investigación y publicaciones que caracterizan al hispanismo de nuestra área de estudio. Por otra parte, tampoco tendría sentido ofi^ecer una enumeración deshilvanada de nombres y obras, pues nuestro fin último es desentrafiar los rasgos esenciales del hispanismo en México, América Central y el Caribe. ^ Aunque sólo sea un dato indicativo, de las 475 revistas especializadas que figuran en el catálogo bibliográfico de la Nueva Revista de Filología Hispánica, unas 70 se publican en nuestra area. Entre las más destacadas, se encuentran la Nueva Revista de Filología Hispánica, el Anuario de Letras, Cuadernos Americanos, Morphé, Literatura Mexicana, La Palabra y el Hombre, Estudios de Lingüística Aplicada, Medievalia. Función y Semiosis en México; Casa de las Americas, Islas, Anuario L/L, Unión y Comunicación Social en Cuba; el Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Lengua, la Revista de Estudios Hispánicos, La Torre y Homines en Puerto Rico; en Centroamérica las publicaciones periódicas más interesantes se concentran en Costa Rica: Káñina, Praxis y la Revista de Filología y Lingüística de la Universidad de Costa Rica. ^ Con este término nos referiremos al conjunto de los países de los que hablamos en este trabajo. Geográficamente, pertenecen en realidad a tres zonas diferentes: América del Norte, Central y el Caribe. ^ Aunque sí hay regiones, como el Caribe hispánico -Puerto Rico y la República Dominicana-que en varios sentidos parece formar una entidad. ^ Sobre Henríquez Ureña puede verse ahora Alvarez Martínez 1998. ^ Dos asociaciones conjuntan aún a los lingüistas y a los estudiosos de la literatura: son la Asociación de Lingüística y Filología de la América Latina y la Asociación Internacional de Hispanistas. Sin embargo, desde hace bastantes años en la primera de estas sociedades vienen predominando los lingüistas y en la segunda los críticos e historiadores de la literatura. Existen varias asociaciones locales en nuestra área, todas ellas bastante jóvenes: la Asociación Mexicana de Lingüística Aplicada (desde 1986, aunque informalmente desde 1980), la Asociación de Estudiosos de la Semiótica (México), la de Historia de la Lingüística (México), la Asociación de Lingüistas de Cuba (sobre ésta, constituida en 1986, véase Figueroa 1990, p. ^ Por ejemplo, en el caso de México los hispanistas tradicionales sólo se habían interesado en las lenguas indígenas en la medida en que podían haber dejado, o no, vestigios en el español. Esta situación ha dado un viraje significativo en la actualidad. ^ Esto es también válido para la literatura. Por ejemplo, Phaf 1989 plantea la idea de una estética caribefía apoyada en el elemento negro. El hispanismo en México, America Central y Las Antillas ^ Esto recuerda aquella distinción entre estudiar el español de América y estudiar el español en América. ^^ La relación entre la cultura afroamericana y la hispánica en las Antillas es muy diferente, en cualquier caso, a la que se da con las culturas indoamericanas en otros lugares, como México. Esto es particularmente obvio en la literatura, donde el elemento negro es un componente vivo, tanto como creación y como reflejo, mientras que los indígenas ocupan un papel marginal en la crítica y en la creación de la alta cultura mexicana. ^^ Son muchos los casos pertinentes. El contacto de lenguas es frecuente y variado. Irene Pérez Guerra (1999) completa la clasificación de Fontanella de Weinberg (1996) sobre los tipos de contacto de lenguas. Para Fontanella, pueden distinguirse los contactos entre el español y las lenguas indígenas, entre el español y las lenguas africanas, contactos con otras lenguas europeas en fronteras lingüísticas, contactos con lenguas de inmigrantes (pp. 439-440). Pérez Guerra observa, al hablar de los contactos dominico-haitianos, que «nos encontramos con un significativo desconocimiento y ausencia de investigaciones por la falta de estudios serios y de conjunto, sobre el contacto lingüístico del español caribeño y una modalidad de lengua criolla de base léxica francesa: el haitiano» (p. Esta idea es pertinente para Cuba y Santo Domingo; én Puerto Rico, en cambio, el problema del contacto con el inglés debe verse más bien como un caso de imposición lingüística. •^^ «Hace sesenta años don Ramón Menéndez Pidal se vio obligado a establecer, con su solo esfuerzo, un lazo sólido entre la vieja tradición española de erudición filológica y la ciencia entonces relativamente nueva de lingüística romance que se cultivaba sobre todo en el extranjero» (Malkiel 1964, p. El hispanismo tradicional es quizá el que parte de la idea de que todos los estudios lingüísticos y literarios son, de alguna manera, históricos y filológicos. Pero es difícil creer que la historia sea hoy el marco de estudio en la América Media. Ello era obvio en programas como el del dominicano Henríquez Ureña, pero la historia hoy parece disgregarse. ^^ Un amplio recuento actualizado de esta vieja discusión puede leerse, entre otros, en Moreno de Alba 1993. •^^ En ese sentido, se trata de un hispanismo más próximo a lo expresado por Bataillon al inaugurar el Tercer Congreso Internacional de Hispanistas en la ciudad de México en 1968: «Nuestro hispanismo tiene horizontes muy amplios, ya que (...) abarca no sólo, con lo castellano, lo catalán y lo valenciano, lo vasco y lo gallego, sino también lo portugués y lo brasileño, todo lo hispanoamericano y las lenguas indígenas de América» (1970, p. xxii). ^^ Los materiales del habla culta de México se encuentran en Lope Blanch 1971, y los de San Juan de Puerto Rico en Morales y Vaquero 1990; una versión electrónica de parte de los materiales de estas dos ciudades y también de los de San José de Costa Rica -entre los de otras ciudades-aparecen en Samper Padilla 1998. ^^ En paralelo, en México se ha desarrollado el proyecto de estudio del habla popular, cuyos resultados contrastan con los de la norma culta y dan una idea clara de las diferencias sociodialectales. Q^J.^ parte, se siguen publicando con profusión diccionarios de modismos, muchos de ellos apoyados en criterios más o menos normativos. El librito sobre El Salvador de Geoffroy Rivas había sido editado ya cinco veces en 1982 (la la. ed. es de 1969). En Costa Rica se han publicado los Problemas idiomáticos de López Martín (1982) y los Refranes de Hernández (1987); en Nicaragua el diccionario de fraseologismos de García Rodríguez (1996)... la lista por países resultaría en realidad interminable. Por desgracia, muchos de estos trabajos no han sido redactados con el rigor que deberían. La labor de las Academias de la Lengua ha sido modesta en la mayor parte de los casos. Prácticamente nada hay de interesante, por ejemplo, en el Boletín de la Academia Hondurena de la Lengua, que se publica desde 1955. La Academia Mexicana de la Lengua ha estado más activa en los últimos tiempos; ha publicado un polémico índice de mexicanismos y tiene algunos otros proyectos en marcha. Pero la impresión general es que las Academias de nuestros países necesitarían de una profunda renovación para convertirse en verdaderos centros de investigación o por lo menos de difusión de la cultura. Lamentablemente, no tienen el peso institucional, la influencia o los recursos de la de Madrid. «La colaboración prestada a la Academia matriz por sus filiales americanas termina, prácticamente en la labor lexicográfica» (p. 289), comenta Humberto López Morales en un trabajo descriptivo de la labor de las academias americanas. ^^ Véase infra el apartado de Culturas mezcladas. ^^ Precisamente el mismo Miguel Ángel Quesada Pacheco publicó en 1996 una buena síntesis *de los principales rasgos del español de la América Central. ^^ En el mismo marco, se están preparando otras colecciones documentales. Así, se están recogiendo materiales en el Archivo General de Cuba y en el Archivo de Indias. ^^ Por lo pronto, ya se dispone de bibliografías especializadas. Los estudios lingüísticos del área están representados en varios volúmenes: el publicado en 1994 por H. López Morales sobre Las Antillasjy el de 1999 sobre América Central; y el cuaderno de 1999 de Barriga Villanueva, Martín Butragueño y Parodi sobre México. ^^ Es interesante el paralelismo con la falta de estudios lingüísticos descriptivos de ciertas zonas y de ciertos períodos. ¿Es posible seguir adelante en el desarrollo de una disciplina sin esas bases? ^^ Un ej emplo entre muchos es la antología Mujeres latinoamericanas: Historia y cultura. Siglos XVI al XIX (Campuzano 1997), esfuerzo conjunto de la Casa de las Americas de Cuba y la Universidad Autónoma Metropolitana de México. ^^ Otro tanto puede decirse de la República Dominicana, país también marcado por una copiosa herencia africana. ^^ Aunque este tipo de reflexiones son pertinentes para varios países, resulta llamativo el caso cubano, donde la posmodernidad se convierte en nueva búsqueda o redefinición de la identidad nacional (cf Zurbano 1996). •^^ «En el caso de Puerto Rico, el nacionalismo cultural se puede ver como una manifestación de un discurso paternalista más abarcador que se origina en el siglo XEK, muy ligado a una clase social -la de los hacendados-» (Gelpí 1993, p. Para la República Dominicana, véase el trabajo de Cachan 1988. ^^ La revista Káñina, de San José, dedicó el número 17, 1 de 1993 al proceso de identidad latinoamericana en el centenario de Nuestra América. Martí se convierte en el paradigma de identidad latinoamericana. Por su parte, otra revista costarricense. Praxis, de Heredia, se ocupa en su número 47-48 de 1994 al problema de «Sociedad y posmodernidad». Figuran allí trabajos de título sugerente, pero de contenido algo superficial. ^^ Algunos autores parecen estar alcanzando mayor resonancia a raíz de su inclusión en editoriales internacionales. Es el caso de Mario Monteforte Toledo, Marco El hispanismo en México, America Central y Las Antillas Antonio Flores y Rodrigo Rey Rosa, de Guatemala, del panameño Enrique Jaramillo Levi o del contarricense Carlos Cortés. ^^ Algunos pueden sospechar que el interés por la literatura testimonial viene de la mano de los llamados estudios cultxirales, tan de moda ahora en los Estados Unidos. Un examen bastante amplio del problema puede encontrarse en los dos volúmenes que Zimmerman 1995 dedica a literatura y resistencia en Guatemala. ^^ No siempre es fácil encontrar antologías recientes. Ello no impide, obviamente, que sigan siendo interesantes las que ya tienen algunos años. Véanse, por ejemplo, para Panamá, las antologías narrativa (1971) y poética (1980) preparadas por Enrique Jaramillo Levi, o la Antología de la poesía panameña editada en 1985 en Bogotá. ^^ Los revistas cubanas se caracterizan por un alto grado de contenido político e ideológico. Islas o Casa de las Ammcas_entremezclan los estudios propiamente dichos con trabajos de creación. Martí es el gran protagonista de los estudios cubanos literarios, sin que escaseen en ellos los análisis políticos, a veces bastante superficiales. No faltan trabajos sobre Carpentier, Lezama Lima, Eliseo Diego. En especial, la creación joven tiene en Cuba un lugar destacado. ^^ Para una revisión descriptiva de la situación lingüística hispanoamericana, cf. Lastra 1992. ^^ Para esta nueva manera de ver los hechos, véanse el libro de Zimmermann sobre lenguas en contacto en Hispanoamérica (1995), el de Cifuentes sobre el multilingüismo a través de la historia (1998), y el de Coronado et al. (1999) sobre los sistemas comunicativos bilingües que se dan en algunas comunidades indígenas de los estados de México, Puebla, Michoacán, San Luis Potosí y Oaxaca (todos ellos de México). ^^ Llama la atención la escçisez de estudios lingüísticos en algunos países. De Panamá, la bibliografía de López Morales 1999 cita apenas una docena de trabajos publicados en los años 90; de ellos, sólo 3 o 4 parecen haber sido escritos por panameños. ^^ Entre los huecos más notorios está la falta de gramáticas que tomen como español de referencia alguna de las variedades locales. «Variable léxica y dialectología hispánica». ALBIZÚREZ PALMA, FRANCISCO, y CATALINA BARRIOS Y BARRIOS 1993. Historia de la literatura guatemalteca. Guatemala: Editorial Universitaria de Guatemala.
Todo intento de abarcar un panorama descriptivo de la situación actual de los estudios hispánicos en América del Sur, resulta ante todo una tarea realmente ciclópea e imposible de realizar, por cuanto se requeriría contar con una red de información y un sistema de comunicaciones fluidas entre los diversos centros de investigación y universidades que, al menos por el momento, no existen. La enorme extensión geográfica que dificulta los contactos personales e institucionales, los problemas políticos y económicos en que se encuentran inmersos los países de la región atomizan la unidad que, por razones históricas y culturales, debería configurar las señas de identidad común. Estas circunstancias insoslayables determinan la necesidad de establecer las limitaciones y las pautas con las que me propongo abordar este enfoque, necesariamente parcial y muy acotado, del objetivo propuesto en principio por el coordinador de esta publicación.^ Al margen de lo que estas consideraciones significan como diagnóstico impracticable del hispanismo en esta región de América, creo que es sumamente sintomático observar que, por ejemplo, en el Directorio de socios de la Asociación Internacional de Hispanistas (1998), los únicos países que cuentan con miembros asociados son: Argentina (58 socios); Brasil (16 socios); Chile (3 socios); Ecuador (1 socio); Paraguay (1 socio); Perú (2 socios); Venezuela (5 socios). A esta evidente desproporción se agrega (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) como un hecho significativo que en el Boletín (4/97) de la misma Asociación se cuente tan solo con información bibliográfica y de interés general sobre las actividades académicas de Argentina y Uruguay a cargo de Juan Diego Vila, de Brasil a cargo de Antonio R. Esteves y de Perú a cargo de Teodoro Hempe Martínez. Esto prueba que las relaciones de los hispanismos iberoamericanos con el hispanismo internacional se sustentan de forma más sólida en unos pocos países mientras que es evidente que existe un desconocimiento total de lo que sucede al respecto en el resto del continente. Por consiguiente, tan solo me encuentro en condiciones de ofrecer un informe centrado en su mayor parte en el hispanismo en la Argentina, mientras que lo que he podido reunir de otros países, como Brasil, Chile y Uruguay, se trata sobre todo de datos obtenidos por conocimientos y relaciones personales que deben, por lo tanto, ser tenidos en cuenta como una muestra de las ya señaladas dificultades de integración de los diversos hispanismos que conviven en este rincón austral. Otro deslinde necesario y por cierto revelador de conflictos subyacentes en las relaciones entre España y los países iberoamericanos, se refiere al concepto de hispanismo, por cuanto definir el objeto de conocimiento con el que voy a trabajar es fundamental para entender algunas cuestiones latentes como problemáticas de identidad. La pregunta sobre qué se entiende por hispanismo no es tan sencilla de responder y se hace necesario pues trazar primero una suerte de itinerario del imaginario que conlleva su significado. El hispanista argentino Dinko Cvitanovic, en un trabajo de reciente aparición titulado «Hispanismo y globalización» señala, a propósito de esta necesaria definición, la evolución semántica con que aparece registrado el vocablo «hispanismo» en el Diccionario de la R.A.E.: Mientras hasta no hace mucho aparecía definido como la «afición al estudio de la lengua y literatura españolas y de las cosas de España» (1970), en una edición más reciente (1984) está consignado como la «afición al estudio de lenguas, literaturas o culturas hispánicas». La diferencia que se advierte es pequeña, pero no desdeñable: se ha suplantado el término español por el de hispánico y, en lugar de referirse a una literatura (la española) se pluraliza, en alusión más o menos obvia al contexto de la antigua Hispania, término este último que concierne probablemente a los «pueblos que formaron parte de ella y a los que nacieron de estos pueblos en época posterior». (1999: 22) Esta puntualización no deja de resultar interesante en razón de que la matización que desde un criterio restrictivo pasa a uno más abarcador Los estudios Hispánicos en algunos países de América... está asentada en una percepción del problema que mucho tiene que ver con la impronta que el hispanismo que se desarrolla en universidades americanas y europeas de otra órbita lingüística, ha impuesto en los últimos años a su objeto de estudio. En efecto, debido a la enorme gravitación alcanzada por la literatura de los países de Hispanoamérica se ha producido un marcado nivel de interés hacia este ámbito por sobre el de los estudios de la literatura peninsular. Sin embargo, es evidente que si centramos la atención en nuestra perspectiva como acertadamente afirma Emilia de Zuleta «desde Hispanoamérica, el término hispanismo sigue nombrando, preferentemente, tanto la presencia de lo español en obras americanas como el estudio de la lengua, la literatura y la cultura españolas » (1993: 17). En esta línea de orientación voy a abordar a continuación el panorama que intentará reflejar la situación actual de los estudios hispánicos en estas latitudes australes del continente americano. Es importante recordar que esta delimitación del campo se encuentra signada por los procesos históricos que dieron lugar a la independencia, pues al firagor de las guerras y los conflictos políticos con que se fueron forjando las identidades nacionales se construyeron también sus literaturas que intentaban deliberadamente apartarse de los modelos impuestos por España en busca de una expresión propia y original. Esto determina que, aun en la actualidad cuando las relaciones comunes han superado todo vestigio de enfrentamientos, un estudioso de la literatura argentina no se considere en nuestro ámbito un hispanista y lo mismo sucede en cualquiera de los países del continente en los que el español es la lengua materna. Por razones comprensibles y tal como he señalado más arriba, voy primero a trazar los lineamientos de los estudios en los países más próximos de los que cuento con cierta información, para luego ofrecer un más detenido y pormenorizado informe del estado actual del hispanismo en la Argentina. Tendencias actuales de la investigación En algunos países del mercosur En los últimos años, y como resultado de las desfavorables situaciones económicas de la región se ha iniciado un proceso político de integración de un grupo de países del cono sur de este continente. Forman parte del llamado Mercosur: Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina. En cuanto a Chile, se encuentra en la etapa preliminar de incorporación. problema más significativo que acompaña a este tipo de procesos es sin duda que más allá de los discursos oficiales pregonando la integración latinoamericana, más allá de los ambiciosos proyectos económicos y de la competencia y conflictos entre las industrias que surgen a cada momento, poco es lo que en materia cultural se ha avanzado al respecto. Un caso sintomático lo constituye Brasil, ya que es el único de los países del Mercosur que no pertenece al área lingüística del español. Por consiguiente, un proceso de reafirmación y desarrollo del hispanismo debería procurar afianzar, de un modo más fehaciente, las relaciones y los nexos entre este país y el resto. Al menos, en relación con la investigación y los estudios en las universidades poco o nada parece haberse hecho, aunque es muy difícil llegar a conocer la situación real dada la escasa por no decir ínfima cantidad de información que poseemos, sobre todo en comparación con la enorme dimensión geográfica y el número de habitantes no menos cuantioso. En este sentido, y como justificativo de mi falta de conocimiento de los estudios hispánicos en Brasil, apelo a las palabras de Antonio. R. Esteves, quien está encargado de suministrar la información para el Boletín delaA.I.H.: Seguimos disculpándonos por las muchas faltas que debe tener este informe, resultado, principalmente de las dificultades de comunicación existentes en un país de la dimensión de Brasil. Esperamos poder contar, en el futuro, con la colaboración de compañeros que nos ofrezcan informes que permitan completar el cuadro del hispanismo en nuestro país. (4/97: 36) Una revisión de la bibliografía reunida permite trazar al menos algunas coordenadas de los intereses y líneas de trabajo que parecen prevalecer. Tanto en el caso de las tesis doctorales consignadas, como entre los libros, hay una notoria preponderancia de los estudios sobre la literatura hispanoamericana, seguidos comprensiblemente por los de lengua y a continuación los de historia, mientras que son muy escasos los dedicados a la literatura española. En cuanto a las actividades de algunos centros de investigación, puedo señalar que por conocimiento personal de algunos colegas brasileños de la Universidade de Sao Paulo, como Maria Augusta da Costa Vieira y Mario González a quienes encuentro habitualmente en los congresos internacionales de la A.I.H. o de otras asociaciones y que también han asistido a alguno de los realizados en la Argentina, es evidente que se orientan hacia importantes aspectos de la literatura española del Siglo de Oro: Cervantes y también la novela picaresca. Es interesante destacar al respecto que en esa Universidad se publica la serie Cuadernos de Recienvenido, Publicaçâo do Curso de Pos-Graduaçâo em Lingua Espanhola e Literaturas Espanhola e Hispano-Americana del Departamento de Letras Modernas de la Faculdade de Filosofía, Letras e Ciencias, cuyo editor es Jorge Schwartz, en la que se recogen trabajos de los profesores visitantes del Curso de carácter heterogéneo, según se los define en la nota editorial. El resto contienen en su mayor parte estudios de temas hispanoamericanos entre los cuales los tres últimos están dedicados a conmemorar el centenario de Jorge Luis Borges (10-12/1999). También por relaciones personales, pues mantengo contacto con ella, puedo mencionar las investigaciones que la profesora Lygia Rodrigues Vianna Peres, profesora de la Universidade Federal Fluminense, está llevando a cabo acerca de la historia en el teatro del Siglo de Oro y sobre las que ha presentado ponencias en recientes congresos de la especialidad. Con esto debo cerrar lo poco que puedo ofrecer sobre el hispanismo en Brasil, vuelvo a lamentarme a la vez que me disculpo ante tantos colegas que, sin duda, dedicarán sus esfuerzos al estudio y conocimiento de la lengua y la cultura hispánicas e insisto en la necesidad de alcanzar para el futuro una más fluida comimicación sobre los intereses y temas que nos preocupan en común. Tampoco resulta muy alentador el panorama que puedo ofrecer del Uruguay, pues a pesar de la proximidad resultan poco frecuentes nuestros contactos. Más bien parece que el Río de la Plata, ese río «de sueñera y barro» como decía Borges, se empeña en alejar, distanciar ambas orillas que, aunque apartadas por la naturaleza, han convivido siempre en compartidas historias épicas, políticas, económicas y esencialmente culturales. En el Departamento de Letras Modernas de la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República Oriental del Uruguay la profesora Eleonora Basso, que está trabajando sobre el teatro de Federico García Lorca, y el profesor Walter Martínez Bonilla se encuentran a cargo de Literatura española. En cuanto al área de estudios latinoamericanos hay mayores vinculaciones con la Universidad de Buenos Aires y suelen concretarse participaciones en jornadas organizadas conjuntamente. Supongo que las muchas obligaciones, que hacia el final del curso universitario nos sobrepasan, han impedido que, al menos hasta el momento de tener que concluir con este informe, llegara a mis manos el material necesario para aportar datos más concretos. En cambio la información que he recibido de Chile, gracias a la rápida respuesta del profesor Eduardo Godoy Gallardo, Director del Magis-Melchora Romanos 538 ter en Literatura Hispánica y del Doctorado en Literatura de la Universidad Católica de Valparaíso, me permite al menos ofrecer una perspectiva más puntual del estado actual de los estudios. Es evidente que la oferta de los posgrados, ya sean los más tradicionales doctorados como las más modernas maestrías está canalizando la posibilidad de contar con especializaciones en el área y que, junto a las dos que dirige nuestro gentil colaborador, también se cursan en la Universidad de Chile ambos grados bajo la dirección de la profesora María Eugenia Góngora y en la Universidad de Concepción a cargo del profesor Gilberto Triviños. En la Universidad Austral de Valdivia se cuenta con el Magister en Literatura que dirige el profesor Iván Carrasco y finalmente en la Universidad de Santiago el de Magister en Literatura Hispanoamericana a cargo de Sergio Pereira. Si bien carezco de datos que permitan establecer el número de inscriptos y los ya diplomados, así como los contenidos que se imparten no deja de ser una auspiciosa noticia saber que se abre un interesante panorama en el campo de los estudios hispánicos. En cuanto a las líneas de investigación en las que está trabajando, Godoy Gallardo me hace saber que junto con Haydée Ahumada Peña centran su atención en la generación del 50 en Chile y que, mientras esta última profesora se orienta hacia la narrativa española de las dos últimas décadas, él investiga sobre la novela española de postguerra como puede confirmarse por los libros de estos estudiosos que consigno en la bibliografía que se incluye al final. Finalmente es oportuno recordar que el hispanismo chileno cuenta con importantes revistas universitarias que constituyen órganos de difusión de los trabajos como es el caso de la Revista chilena de literatura de la Universidad de Chile, Atenea de la de Concepción y Signos de la de Valparaíso de la que es editor el Prof. Godoy Gallardo y en la que hemos colaborado hispanistas argentinos. De este modo algo incompleto y ciertamente muy restringido en cuanto a lo que debe de ser la realidad de los estudios hispánicos en algunos países del Mercosur pasaré ahora a trazar el panorama de la disciplina en la Argentina. Para situarnos en las coordenadas por las que actualmente se desarrolla el hispanismo, en el momento preciso en que estamos por atravesar los umbrales del próximo milenio, resulta conveniente retrotraer nuestra mirada para plantearnos algunas cuestiones que permitan en-Los estudios Hispánicos en algunos países de América. tender la evolución de este proceso. En un trabajo citado anteriormente, Emilia de Zuleta trazó ya hace algunos años, con la solvencia y rigor académico que la caracterizan, la situación en que se encontraba el hispanismo de Hispanoamérica en el momento de realizarse en Buenos Aires, en 1992, el IIF Congreso argentino de hispanistas (1993: 17-32). En esa ocasión, recordaba que la suerte corrida por los estudios hispánicos en nuestro país se asemejaba al Guadiana, «aquel río español que durante largos trechos discurre silencioso en las profundidades de la tierra para luego resurgir a la luz con nuevo vigor fecundante» (1993: 32). Sobre esos procesos cíclicos de ascenso y descenso habría que reflexionar pero no es este el lugar ni la ocasión. En cambio, creo que al concluir 1999, no resulta desatinado proponer una suerte de balance de la evolución experimentada a partir de esa fecha. Ante todo resulta ya un hecho indiscutible la decidida y afianzada continuidad de la Asociación Argentina de Hispanistas gracias al empeño, la constante preocupación y, por cierto, el enorme trabajo de los integrantes de las Comisiones Directivas que se sucedieron desde 1989. Nuestra asociación reúne a los investigadores y estudiosos del ámbito de la docencia universitaria y también de otros niveles que se dedican a la lengua y la literatura españolas. En un primer encuentro realizado en la Universidad Nacional del Sur en octubre de 1986, se comenzaron los acuerdos preliminares; en las Jornadas en Homenaje a Celina Sabor de Cortázar convocadas por la Universidad Nacional de Salta, en 1987, se suscribió el acta fundacional de la asociación y en el IF Congreso llevado a cabo en Mendoza en la sede de la Universidad Nacional de Cuyo se fijaron las bases jurídicas y organizativas de la institución. Allí se eligieron los miembros de la primera Comisión que presidió por tres años (1989-1992) Emilia de Zuleta. De este modo, los encuentros trianuales convocados en distintos centros universitarios del país nos permiten reunimos en un espacio de estudio y reflexión, que se enriquece con la discusión y es digno de destacar, por las dificultades de toda índole que suponen esas empresas editoriales, que se han publicado las actas de los cinco Congresos por lo que contamos con un importante conjunto de materiales que informan qué y cómo se investiga en nuestro país. Una de las consecuencias más valiosas resultantes de esta actividad institucional es que, movidos por el interés que promueven estas reuniones, se han realizado otras de carácter más específico nucleadas, ya sea en torno a aniversarios y homenajes a escritores o, con mayor amplitud, a un período de la literatura española como es el caso de los dos simposios (1991 y 1995) que tuvieron lugar en Mendoza convocados por el Dr. Carlos O. Nállim y del congreso (1997) de Buenos Aires sobre «Letras del Siglo de Oro español». Por consiguiente, la dinámica de trabajo en el hispanismo argentino se ha visto incrementada de modo muy significativo en estos últimos años y el crecimiento y desarrollo de los estudios que paso a reseñar demuestra que junto a los investigadores ya formados y con experiencia académica y solvencia se van afianzando las nuevas generaciones de estudiosos. En este sentido debe destacarse que los programas de incentivos a los docentes-investigadores, implementados por la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación, han contribuido a crear grupos de investigación orgánicos que permiten integrar a los más jóvenes con lo que se logra paliar cierto individualismo reinante en los estudios humanísticos a la vez que establecen controles sobre la marcha de los proyectos y sus resultados. No intento trazar un exhaustivo mapa de los estudios hispánicos, pues al igual que para los países a los que acabo de referirme sucede también que no me ha sido posible obtener toda la información que hubiera deseado. Las causas han sido muy variadas, por ello es que entiendo que pueda considerarse incompleta la perspectiva que voy a dibujar en este mapa tan extenso que configura la diversidad de nuestros centros de estudio. Esta aclaración previa sirva para disculparme ente mis colegas por las muchas falencias que van a encontrar, ya que, ante la imposibilidad de incluir un pormenorizado detalle de las investigaciones y de las publicaciones en las que vuelcan sus resultados, me he visto forzada a realizar una selección que probablemente parezca insuficiente, en especial, a quienes han sido los responsables de compilarla. He privilegiado fundamentalmente los trabajos específicos sobre hispanismo en el sentido definido al comienzo del presente informe y por lo tanto dejo de lado lo referido exclusivamente a literatura argentina. Para organizar en forma adecuada la exposición voy a seguir el orden alfabético de las ciudades en las que se encuentran las universidades y centros de investigación de referencia. En Bahía Blanca, en el Departamento de Humanidades de la Universidad Nacional del Sur, las actividades del profesor Dinko Cvitanovic han contribuido en los últimos años a consolidar los estudios hispánicos en nuestro país, pues es uno de los iniciadores del movimiento que culminó Los estudios Hispánicos en algunos países de América. con la creación y desarrollo de la A.A.H. Desde el Centro de Estudios Hispánicos son muchos los emprendimientos que ha llevado a cabo a lo largo de estos años y una significativa muestra la constituye el Boletín de estudios hispánicos (BOEHI) que publica desde mediados de 1985 y que comenzó siendo una hoja informativa de ocho páginas para alcanzar a partir del n° 20 (1998) mayor extensión y la incorporación de las secciones de ensayo, ficción y poesía. En cuanto a las investigaciones, su campo de interés se ha orientado últimamente a los estudios del pensamiento, la historia y la cultura argentinas en relación con Europa y en ese línea dirige un equipo interdisciplinario de destacados profesores del PGI (Proyecto Grupo de Investigación) sobre: «La recepción argentina de la problemática europea en el período 1950/1970» del que han aparecido ya dos volúmenes colectivos con contribuciones sobre el tema (1996 y 1999). En el mismo Departamento de Humanidades, de gran tradición en los estudios sobre literatura medieval española, Graciela Rossaroli de Brevedan, dirige el proyecto: «Didactisme y sátira en la literatura española medieval y en otras literaturas». En relación con este proyecto, ha reunido estudios propios y de otras colaboradoras sobre la proyección de Barlaam e Josafat (1998). En Buenos Aires, el centro de investigaciones en el que los estudios hispánicos cuentan con más larga historia y fi:"uctífera producción es el Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas «Dr. Amado Alonso», de la Facultad de Filosófica y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Fue fundado en 1923 por acuerdo de Ramón Menéndez Pidal y Ricardo Rojas, y actualmente es dirigido por Ana María Barrenechea, discípula de ese gran filólogo recordado en el nombre, que consolidó las bases de la investigación lingüística y literaria aplicada a temas de España y América, y cuyo magisterio se irradió a través de sus discípulos hacia otros países. En este momento, las actividades académicas más importantes están centradas en torno a los proyectos de investigación que cuentan con subsidios de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos Aires, en los que participan profesores, jóvenes investigadores y becarios de la Universidad y del Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). En el área de lengua se encuentran en curso de realización los siguientes proyectos UBACyT: > TF 078: «Las interfaces en la estructura lingüística». Directora: Ofelia Kovacci. > Fi 004: «¿Desastre, derrame, accidente, incidente? Reformulación textual y léxica en la comunicación sobre medio ambiente». > Fi Oil: «Competencia léxica y aprendizaje de términos especializados de las disciplinas académicas por estudiantes universitarios». En el área de literatura española se está trabajando en los siguientes proyectos UBACyT: > TL 08: «De las Ejemplares al Quijote: pensar el realismo cervantino desde la mirada del primer lector». Directora: Alicia Parodi. > TL 029: «Dramaturgia e ideología de la comedia histórica: de la modernidad hacia el fin del teatro aurisecular». Directora: Melchora Romanos. > TL 113: «El yo narrativo: espacio y subjetividad en la literatura española de los siglos XJX y XX». Directora: María del Carmen Porrúa. > TL 62: «La obra de Ramón Gómez de la Serna en la Argentina ». Director: Roberto Yahni. > TL 038: «Posibilidades de una lectura cultural de la literatura europea de la Edad Media». Directora: María Silvia Delpy (Se incluyen temas de literatura española medieval). Como puede apreciarse los campos de trabajo son variados y además se inscriben en corrientes críticas que sin abandonar los enfoques tradicionales se ven enriquecidos por los nuevos aportes teóricos. Una significativa muestra de estas posibilidades se puede comprobar en las páginas de Filología que desde que Ana María Barrenechea retomó su dirección, en 1985, ha orientado la publicación de volúmenes monográficos entre los que se encuentran, por ejemplo, el XXVII,l-2 (1994), dedicado a Crítica genética y el XXX,l-2 (1997) a Literaturas comparadas. También se han publicado libros en los que se recogen trabajos de los investigadores como el de reciente aparición del equipo que dirige María del Carmen Porrúa (1999) o el que he coordinado sobre Cervantes con trabajos presentados al Tercer Congreso Nacional «Letras del Siglo de Oro español», celebrado en Buenos Aires en 1997, que tiene como editores responsables a Alicia Parodi y Juan Diego Vila (1999). Otro de los centros de investigación de la misma Facultad que por su área de interés cuenta con estudiosos que trabajan sobre temas relacionados con el hispanismo es el Instituto de Literatura Hispanoamericana que dirige Noé Jitrik. Entre los proyectos UBACyT vinculados se encuentran: > TF 73: «El proceso de automatización de la literatura latinoamericana». Los estudios Hispánicos en algunos países de América... Directora Susana Zanetti. > JF 12: «La construcción de los espacios americanos: productores y destinatarios (América Meridional en los siglos XVI y XVII)». La actividad desarrollada en este Instituto y en el de Filología y Literaturas Hispánicas se enriquece y amplía más allá del marco institucional de la Facultad de Filosofía y Letras por cuanto la participación de los investigadores en congresos nacionales e internacionales, las publicaciones así como la labor docente que realizan, ofrecen una significativa muestra de los alcances del hispanismo en el campo científico y cultural. Antes de pasar a otro ámbito geográfico, se hace necesario para completar este panorama destacar la meritoria labor que, desde 1978, ha cumplido el Seminario de Edición y Crítica Textual (SECRIT), dependiente del CONICET, del que fue su fundador y director el profesor Germán Orduna. Lamentablemente su reciente fallecimiento (15/12/1999) constituye una pérdida irreparable en nuestro país para la docencia e investigación en el área de la filología española que supo enriquecer con rigurosos y ponderados trabajos y ediciones críticas de textos fundamentales de la literatura española medieval. Su profundo magisterio ha dejado entre sus colaboradores más jóvenes la huella y el fervor necesarios para llevar adelante una tarea para la que hace falta poseer una gran vocación. Sin duda, quienes colaboraban en el Proyecto de investigación PICT (Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica-CONICET) sobre: «La variación lingüística y textual del discurso narrativo en la prosa histórica y ficcional castellana. De la Baja Edad Media al primer Renacimiento», continuarán con su labor ya que tienen la formación necesaria para lograr sus objetivos. Pero, muy especialmente, es de esperar que lleven adelante, con el mismo éxito con que hasta ahora lo han hecho, el proyecto editorial que suponía desde Buenos Aires proyectar a nivel internacional una revista de las características y el alto grado de especialización de Incipit, donde desde 1981 se da cabida a colaboraciones dedicadas a los problemas y métodos de edición y crítica textual de obras españolas y americanas. Estos logros no deben perderse si queremos mantener en un alto nivel de calidad los estudios hispánicos. En la Universidad Nacional de Córdoba xni activo y laborioso grupo de hispanistas que tuvieron a su cargo la organización, en 1998, del V° Congreso Argentino de Hispanistas, liderado por Lila Perrén de Velasco, ha trabajado muy particularmente para esa ocasión en un proyecto sobre: «El ensayo en la generación del 98» cuyos resultados aparecen publicados en las Es digno de destacar que también son importantes los trabajos que vienert publicando desde hace algunos años sobre poesía española contemporánea. En el área de lingüística, la profesora María Teresa Toniolo dirige un proyecto sobre: «El español hablado en Córdoba -^Argentina-a fines del siglo XX. En la Universidad Nacional de La Plata han cobrado nuevo impulso las actividades del área de literatura española, particularmente por la dedicación y capacidad de trabajo de la catedrática Gloria Chicote. Dirige un proyecto trianual sobre: «Alteridad y representaciones culturales en la narrativa española: continuidades y rupturas entre los orígenes y las manifestaciones contemporáneas», en el que se integran investigadores de las dos cátedras de literatura española. Ya se encuentra en prensa el primer número de la revista especializada Olivar, creada para difundir las actividades en el campo del hispanismo nacional e internacional. Se han realizado reuniones académicas con especialistas y dictado cursos de posgrado a cargo de profesores visitantes de España, Alemania y Estados Unidos. Es muy auspicioso comprobar cómo se está desarrollando una tarea que augura un renovado espacio de docencia e investigación. De igual modo, quiero poner de relieve la importancia que ha cobrado también en estos últimos años el estudio de la literatura española en la Universidad Nacional de Mar del Plata, pues en el Centro de Letras Hispanoamericanas (CELEHIS) de la Facultad de Humanidades se han concretado trabajos de gran significación sobre la poesía española contemporánea por parte del Grupo de investigación de «Semiótica del discurso» que dirige Laura Scarano. El próximo proyecto que se pondrá en marcha a partir del año 2000 tendrá como objeto de investigación: «Literatura y enunciación. Ficciones y posiciones de sujeto en la literatura española contemporánea». También como equipo radicado en el CELEHIS, el Grupo «Literatura del Siglo de Oro» que dirige Marta Villarino, ha concretado enfoques originales sobre la comedia de Lope de Vega al centrar su atención en los procedimientos de lectura-escritura-reescritura y la construcción de las representaciones sociales. Los trabajos presentados en Congresos nacionales e internacionales muestran una perspectiva de indagación certeramente orientada hacia algunos de los problemas que son más atendidos hoy por la crítica de la comedia aurisecular. Se propone continuar en esta línea con un proyecto sobre: «El último período de la comedia de Lope de Vega y los dos dramaturgos sobre los que se proyecta: Tirso de Molina y el primer Calderón de la Barca». Estos grupos junto con los de «Historia y ficción», dirigido por Elisa Calabrese, y «Latinoamérica: literatura y sociedad», dirigido por Monica Scarano, consolidan en el CELEHIS una confluencia de estudios sobre el hispanismo, entendido en sentido amplio, que afianzará de modo sólido el área. En Mendoza, consagrado centro del hispanismo argentino, los investigadores de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, tienen en Emilia de Zuleta una figura de prestigio internacional que desde ese enclave provincial y con auténtica responsabilidad ha sabido convocar encuentros, congresos y homenajes con la intención de afianzar y desarrollar nuevas perspectivas críticas para enriquecer la tradición de los estudios hispánicos en nuestro país. Como Coordinadora general del «Grupo de Estudios sobre la Crítica Literaria» (GEC) ha desarrollado en los últimos diez años, con la colaboración de las investigadoras que la acompañan en esta empresa, una tarea que ella misma ha reseñado en la Presentación del número 9-10 del Boletín del G.E.C. (1998: 9-11) de la que rescato este ñ^agmento para dejar constancia de la importancia de lo realizado El GEC organizó talleres sobre la traducción, homenajes a Pedro Salinas y Jorge Guillen, un Simposio sobre Mujer, historia y cultura, unas Jornadas Del 98 al 98 y, sobre todo, tres Encuentros sobre teorías y prácticas críticas, realizados en 1991,1994 y 1997. Publicó las Acias del primero de estos Encuentros y varios libros: entre ellos los que contienen los trabajos leídos durante los Homenajes a Salinas y Guillen y en el Simposio sobre la mujer. A través de todas estas tareas creemos que se ha ido consolidando una tradición. Una tradición ftmdada en nuestra actitud n'ente al trabajo crítico: equilibrio entre el pasado y el presente, apertura científica, pluralismo, comprensión y vocación de diálogo. (1998: 10) A esto debe añadirse ahora la creación de la serie «Los Libros del GEC» que encabeza el volumen Literatura y conocimiento editado por Mariana Genoud de Fourcade (1998), publicación que recoge los trabajos del proyecto dirigido por esta profesora sobre el tema: «La literatura como modo de conocimiento». En el segundo, Recuerdo y homenaje a Federico García Lorca en su centenario 1898-1998, editado por Gladys Granata de Egües (1999), se han reunido los trabajos del Simposio realizado en Mendoza en junio de 1998. Todo esto demuestra que existe la posibilidad de construir, desde la investigación y la docencia, con el ejercicio de una crítica generadora nacida de la esencia de los estudios hispánicos, nuevas y mayores dimensiones para su integración y ampliación de perspectivas. Para ir ya concluyendo, me resta recordar la tarea que en la Universidad de Salta está realizando, en el campo de la literatura española, Graciela Balestrino de Adamo que ha dirigido el proyecto: «Metatexto teórico en la dramaturgia española contemporánea (Buero Vallejo, A. Sastre, Sanchis Sinisterra)». Los resultados de la investigación se presentan en un sugerente libro, escrito en colaboración con Marcela Beatriz Sosa (1997). Finalmente, en la Universidad Nacional de Tucumán, el Instituto de Literatura española (ILE), dirigido por Aída Francisca Frías de Zabaleta, es el ámbito en el que se desarrolla el Programa de Investigación (26 H/130), aprobado por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la UNT, sobre: «Las raíces hispánicas en la cultura tradicional de Tucumán: identidad y mundialización» (1997)(1998)(1999)(2000). Está integrado por cuatro proyectos: 1) Los textos orales en Tucumán: tradición e identidad; 2) El sefardismo. Raíces, tradición e identidad cultural; 3) Estudio de la mujer en la comunidad sirio libanesa de Tucumán: tradición e identidad; 4) Hombre andino: patrimonio e identidad. De estos estudios de orientación cultural se han publicado informes de investigación y documentos de trabajo a través de distintos órganos de difusión del ILE. Este cuadro de situación de las tendencias de los estudios hispánicos en la Argentina, aunque incompleto ya que ha sido necesario dejar de lado mucho material, ofrece al menos un muestreo suficiente para obtener una visión de conjunto acerca de la importancia y variedad con la que se comienzan a configurar las líneas futuras de trabajo. En primer lugar, me parece fundamental insistir en que para integrar el hispanismo en América del Sur, es necesario encontrar formas fluidas de interacción que faciliten de algún modo la relaciones entre los diversos hispanismos nacionales. Como ya he señalado, hay un desconocimiento total de lo que se está haciendo en cada uno de los países y no estaría de más procurar una integración que, de algún modo, funcionara como correlato de lo que se intenta a nivel político y económico en el Mercosur. Esto debe de ser instrumentado a nivel institucional y no solamente por conocimientos personales de los estudiosos. Tal vez, le corresponda a España jugar un papel de importancia en la coordinación de los canales de comunicación necesarios. En cuanto al pronóstico del desarrollo futuro del hispanismo en nuestro medio, hay que considerar que aunque en los planes de estudio de nuestras universidades y en la enseñanza media se reduce el lugar asignado a la literatura española, hecho que en buena medida llevó a la creación de la AAH con el fin de fortalecer los vínculos entre quienes nos dedicamos a su estudio, tal parece que el arrinconamiento ha acrecentado la voluntad de trabajo de los investigadores. Por otra parte, es motivo más que esperanzador la presencia de nuevos y jóvenes estudiosos de primera línea que demuestran ya haber alcanzado una madurez y capacidad prometedora de un destacado papel en el hispanismo internacional. La continuidad de las publicaciones periódicas de larga o de reciente aparición, junto a la puesta en marcha de las nuevas, permitirá mantener los medios para difundir las investigaciones y crear canales de debate. También resulta auspicioso comprobar la creciente publicación de libros que dan cuenta de los resultados de los proyectos de investigación en los que participan grupos de estudiosos. En este sentido, los subsidios concedidos por las Secretarías de Ciencia y Técnica han permitido concretar publicaciones que los menguados presupuestos universitarios hacían imposible de lograr hace unos pocos años y por el mismo medio se está facilitando la compra de material bibliográfico y de publicaciones periódicas. Es notoria, de igual modo, la posibilidad de contar con ayudas económicas para facilitar viajes que permitan asistir a congresos o realizar investigaciones en el exterior, y la obtención de becas de las universidades o del CONICET para formación, perfeccionamiento y doctorales que han favorecido a interesados en estudios hispanísticos. En lo que hace a la formación de especialistas en el área de los estudios hispánicos, es de fundamental importancia la creación de posgrados que colaboren en su perfeccionamiento académico. Esto se está alcanzando ya en la Maestría en Letras Hispánicas de la Universidad Nacional de Mar del Plata que dirige Elisa Calabrese, en la que ya comienzan a diplomarse los primeros graduados, algunos de ellos con tesis dedicadas a autores españoles. En la Universidad de Buenos Aires acaba de aprobarse recientemente la creación de la Maestría en Literaturas Española y Latinoamericana que cuenta ya con la dirección de Noé Jitrik e iniciará sus actividades en el segundo semestre del año 2000. Como objetivo principal se propone crear un ámbito para la investigación de problemas vinculados con las literaturas española y latinoamericana, con especial énfasis en sus interacciones, promoviendo el desarrollo de la capacidad analítica, crítica y creativa de aquellos que se interesen en completar su formación de grado. También en el posgrado hay que destacar la creciente importancia de doctorandos que se orientan hacia temas de hispanismo y que comienzan Melchora Romanos 548 ya a defender sus tesis que constituyen aportes originales y cuentan con solventes planteos que se concretarán, con seguridad, en libros. En verdad, hace apenas unos años este panorama resultaba más sombrío y difícil e incierto el pronóstico, pero hoy ante las posibilidades con que se cuenta, limitadas en muchos casos y suficientes en otros, es factible afirmar que existe de cara al futuro más que una esperanza de recuperación del hispanismo en la Argentina. Porque de futuro se ha de tratar, como ya lo he dicho en otra ocasión, cuando acabamos un siglo y comenzamos un nuevo milenio, quiero recordar estas palabras de Gracián en El discreto: «Estamos ya a los fines de los siglos. Allá en la Edad de Oro se inventaba, añadióse después; ya todo es repetir. Vense adelantadas todas las cosas, de modo que ya no queda qué hacer, sino elegir». En efecto, elegir el camino que permita continuar con la recuperación de un hispanismo que afianzado en la difícil tradición de ricos antecedentes y destacados maestros se renueve para proyectarse en las nuevas generaciones hacia el porvenir.
El concepto mismo de «hispanismo», visto desde la realidad del mundo académico en los países de habla alemana^, es tan ancho y multiforme que pide una mejor definición antes de esbozar un panorama de las tendencias actuales. Tradicionalmente, se entienden por hispanismo las áreas de investigación vinculadas a la lengua y literatura españolas (de lengua castellana). En este sentido «hispanismo» sería un equivalente de «Hispanistik» en alemán. Sin embargo, el enorme crecimiento del interés por el mundo hispanohablante (peninsular y americano) permitió el desarrollo de competencias muy especializadas también en otras disciplinas universitarias, tales como la historia (contemporánea), la sociología, las ciencias políticas, la comunicación intercultural, la historia del arte, etc. Al mismo tiempo, la tradicional «Hispanistik» se abrió, por lo menos en algunas universidades, a nuevos temas de investigación, tales como el cine, los mass-media en general, conceptos de identidad cultural, etc. Estas tendencias de apertura, que coinciden con la búsqueda de investigaciones interdisciplinarias, se discuten en Alemania bajo el concepto de «Kulturwissenschaft» (ciencias de la civilización y de la cultura), concepto camaleónico quizá, pero útil para lanzar un debate amplio sobre el futuro de las tradicionales humanidades. En el artículo panorámico siguiente, utilizo «hispanismo» sobre todo sensu strictu (o sea como equivalente de «Hispanistik»), pero sí haré hincapié en algunos puntos fuertes del hispanismo sensu latu. Me limitaré a tendencias actuales, ya que el hispanismo alemán fue objeto de otros artículos panorámicos precedentes^. Quisiera subrayar que, por supuesto, tal panorama no puede ser completo sino que tiene ante todo que presentar nuevas tendencias que quizá indican un desarrollo futuro. Para los lectores que necesiten más información so- Frank Baasner 552 bre las publicaciones, los departamentos y más datos estadísticos de las universidades de lengua alemana, son muy útiles las publicaciones recientes indicadas en la nota^. Anticipando algunas observaciones que desarrollaré más detalladamente al final del artículo quisiera mencionar el interés grandísimo, creciente ininterrumpidamente desde hace años, para el idioma castellano y para las culturas hispanohablantes; sin embargo mencionaré también el hecho de que las estructuras tradicionales, sea a nivel de liceo, sea a nivel de las facultades, quizá tendrán que evolucionar para dar cabida adecuada al auge del hispanismo. Tradicionalmente la hispanística forma parte de la disciplina de «romanística» (lenguas y literaturas de todos los países de habla románica)^. Sin embargo, desde hace por lo menos 25 años, la hispanística desarrolló su independencia como disciplina universitaria. Podríamos tomar la creación de una Asociación de Hispanistas Alemanes en 1975 como símbolo de la separación entre hispanismo y romanística^. Este proceso de separación de las diferentes áreas de investigación se hizo más evidente (para todos los idiomas románicos) en los últimos años, no sin discusiones polémicas alrededor de la supuesta pérdida de una gran tradición académica basada en las generaciones de la época romántica. Hay quien sostiene que la separación de la romanística en áreas monolingues y mono-culturales significa abandonar una visión necesariamente comparatista de cada una de las literaturas (y lenguas); por otro lado se pone énfasis en el hecho de que el mundo académico se está especializando cada vez más y que la situación alemana es anacrónica. Ambas posiciones tienen fuertes argumentos, y el resultado más positivo de dichas polémicas es, a mi modo de ver, una mayor diversificación entre las diferentes universidades. Según las posibilidades (muchas veces muy limitadas debido a la escasez de personal docente) hay mayor o menor especialización en una literatura (o lengua) o en la perspectiva multi-cultural o sea comparatista. En Austria, la situación es básicamente la misma. Debido a una reciente reforma de la organización de las universidades se están creando estructuras orientadas más bien hacia grupos o incluso centros de investigación, una especie de «sub-departamentos» para disminuir el aislamiento individualista de los proyectos de investigación. El hispanismo suizo vive una situación difícil debido al hecho de que el francés y el italiano son idiomas hablados en Suiza, de forma que el español es el idioma románico «extranjero» respecto a los mencionados. Sin embargo, la internacionalización de las universidades suizas es mayor (en el campo de la romanística) que en Alemania o Austria: un gran número de los catedráticos, sea de francés, de italiano o de castellano, proceden de Francia, Italia o España, algo casi impensable en Alemania o Austria. El movimiento hacia la especialización se refleja no solamente en la división de la romanística tradicional en diferentes ramos tales como el francés, el castellano y el italiano, sino que también se expresa en una mayor especialización dentro del área de los estudios sobre la península ibérica: Mientras hace años el catalán o el gallego fueron como «apéndices» dentro del hispanismo, tenemos hoy, por lo menos en algunas universidades, una catalanística independiente (hay una asociación de catalanistas, hay publicaciones periódicas especializadas).^ El gallego también se hizo «independiente»: en Tréveris por ejemplo hay un centro de estudios gallegos. Ni el catalán ni el gallego serán objeto de nuestra visión panorámica del hispanismo en los países de habla alemana. Las literaturas hispanohablantes de América gozan de un inmenso interés tanto en la investigación como por parte de los estudiantes. Este interés, que crece desde hace más o menos veinte años, se traduce en un sinnúmero de proyectos, publicaciones (revistas como la Iberoamericana de Hamburgo o series de publicaciones como la del Erlangen/Nürnberg, los Lateinamerika-Studien) e incluso estructuras a nivel de bibliotecas especializadas.^ Es un placer para mí añadir que los dos Institutos Cervantes, el de Bremen y el de Munich, contribuyen al desarrollo y al florecimiento de las actividades hispanistas en Alemania; el de Viena lo hace en Austria y el de Berna en Suiza. Proyectos subvencionados y congresos nacionales Antes de recorrer diferentes áreas de investigación quisiera dar algunas informaciones sobre los proyectos de investigación subvencionados por las instituciones estatales (que tienen un papel semejante al del Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Efectivamente, debido a la escasez de personal es difícil llevar a cabo investigaciones de cierta envergadura sin la ayuda de la Deutsche Forschungsge-Frank Baasner 554 meinschaft (DFG, Alemania, «www.dfg.de»), el Fonds zur Fôrderung der wissenschaftlichen Forschung (FWF, Austria, «www.fwf.ac.at») o el Schweizerischer Nationalfonds (SNF, Suiza, «www.snf.ch»). También hay fundaciones privadas muy activas en la promoción de la investigación, tal como la VW-Stiftung, la Robert-Bosch-Stiftung u otros más, pero las instituciones estatales son las que tienen más peso y representatividad. Cabe subrayar en seguida que no hay muchos proyectos (exclusivamente) hispanísticos subvencionados^. En el sector lingüístico, aparte los proyectos de historia de la hispanística (o romanística^), hay un solo proyecto con referencia al español peninsular, mientras dos se refieren al español de América. En el sector literario, también hay uno solo, sobre la novela picaresca. El año pasado empezó otro sobre la crítica literaria del siglo XJX. Esta sorprendente situación se refleja igualmente en la lista de los «Graduier-tenkoUegs» (Escuelas de postgraduados y postdoctorados): ni uno de tema exclusivamente hispánico, algunos sin embargo con la participación de ro-manistas^^. Eso no significa, por supuesto, que no haya investigación en casi la totalidad de universidades alemanas (eso lo veremos más adelante), pero sí demuestra que la hispanística como disciplina carece de verdaderos centros de investigación, que la vinculación a la romanística tradicional tiene -entre muchos aspectos positivos-desventajas evidentes. Hay un número sorprendente de proyectos romanísticos (entre los subvencionados por la DFG) que se refieren a diccionarios, colecciones de datos, bibliografías históricas, manuales, etc., proyectos sin duda útiles, pero que al mismo tiempo reflejan quizá una fase de saber «cumulativo» en el desarrollo de la disciplina. Una mirada comparativa a Austria acentúa aún más la situación poco satisfactoria en Alemania. El Fonds zur Fôrderung der wissenschaftlichen Forschung (FWF) financia total o parcialmente proyectos hispanísticos sobre poesía contemporánea, los españoles en Austria en el siglo XVI, la Edad Media en la crítica literaria del siglo XIX, y, en el campo lingüístico, uno sobre las interdependencias entre diccionarios castellanos y portugueses. En Suiza el Schweizerischer Nationalfonds (SNF) subvenciona un solo proyecto hispanista, cuyo tema son las kharjas. En comparación con los proyectos sobre temas franceses e italianos el hispanismo casi no existe a nivel del SNF; situación debida al hecho mencionado arriba, es decir el carácter oficial del francés e italiano como lenguas habladas en Suiza. Como la mayor parte de la investigación depende de individuos y de las iniciativas singulares de universidades, la organización de congresos también es el resultado de intereses particulares. Sin embargo, como he-El Hispanismo actual en los países de habla alemana mos visto, en el campo de proyectos de investigación las subvenciones oficiales permiten destacar algunas líneas generales características. De manera análoga merece la pena mirar el programa de los congresos nacionales de la Asociación de Hispanistas Alemanes para comprender los rasgos fundamentales de los últimos años. Cada dos años los miembros del Deutscher Hispanistenverband proponen temas para las diferentes secciones del congreso, así que se puede presumir cierta representatividad de los temas. El último congreso nacional (1999), pues, muestra muy claramente que las tendencias actuales más destacadas se refieren a la literatura española contemporánea (5 de las 11 secciones) y al mundo americano (2 secciones). La tendencia de dar gran peso a las culturas hispanoamericanas se acentúa aún más en las preparaciones del próximo congreso, que se celebrará el año 2001 en Leipzig. Tendencias en la investigación Una primera constatación global se refiere a una tendencia ya mencionada: la creciente importancia del estudio de las literaturas y culturas de Hispanoamérica. Efectivamente, desde los temas predominantes en la enseñanza hasta los temas escogidos para el doctorado, hay una tendencia innegable hacia el «nuevo mundo». Dentro de poco llegará el momento en que la constitución como disciplina independiente será una evidencia: la situación actual que establece una especie de concurrencia entre el español peninsular y el español de América parece poco satisfactoria. Habrá (ya las hay), sin duda, algunas universidades especializadas más bien en uno u otro campo de investigación. Dejaré de lado aquí los estudios sobre Hispanoamérica^^. Las siguientes observaciones sobre algunos aspectos interesantes en la investigación darán forzosamente, repito, una visión parcial de la realidad en las universidades de lengua alemana. Para asegurar un mínimo de representatividad y objetividad sin acumular fichas bibliográficas me basaré en los datos publicados por las mismas universidades: en el libro sobre la Hispanistik an den Hochschulen in Deutschland, Ósterreich und der deutschsprachigen Schweiz los 60 departamentos interrogados mencionan, más o menos detalladamente, sus campos de investigación más importantes. A partir de estos datos he intentado establecer una estadística que permite destacar los rasgos más evidentes en los intereses actuales de investigación hispanista. En el campo de la lingüística podemos distinguir dos sectores: las investigaciones diacrónicas (25%) y las sincrónicas. En el campo de la sin-Frank Baasner 556 cronía un poco más de la mitad (o sea casi 40% del total) son temas de la sociolingüística, lo demás son temas de gramática, lexicografía, etc. (30%). Tres veces se mencionan temas de didáctica. En la parte diacrónica, cuentan proyectos prestigiosos muy conocidos como el Diccionario del Español Medieval (Heidelberg). En la parte sincrónica, hay últimamente una tendencia innegable hacia investigaciones que se pueden denominar de sociolingüística [URL]. el proyecto de la Universidad de Bochum sobre el español en Internet). Hay que añadir que en el sector de la lingüística sigue la fuerte tradición de la romanística «comparativa»-^^, sin duda en mayor medida que en el campo de la literatura. Por eso muchas investigaciones se refieren a dos o más idiomas, así que una estadística exclusivamente de temas hispánicos será forzosamente parcial. En el campo de la literatura he clasificado por épocas: Edad Media, Siglos de Oro, siglo XVIII, siglo XIX, siglo XX (dividiendo este último en dos fases, hasta 1975 y después). La primera constatación, y la más evidente, es que dos épocas acumulan tres cuartos de los intereses de investigación mencionados: el Siglo de Oro y el siglo XX. Pero procedamos con orden. La Edad Media (6%) parece no gozar de mucho prestigio, un hecho sorprendente si se piensa en el origen (por lo menos parcialmente romántico) de la romanística y en los importantes trabajos empezados durante los años 70 en una perspectiva moderna de sociología de la literatura (cito como ejemplo el Grundri/3 der romanischen Literaturen des Mittelalters, visión panorámica amplia de la cultura literaria medieval en su conjunto). Hoy en día, hay pocas universidades donde se investigue la Edad Media española desde im.a perspectiva literaria o lingüística. La Edad de Oro, en cambio, sigue desempeñando un papel importantísimo, como lo tuvo desde los comienzos de la hispanística moderna de lengua alemana en el siglo XIX. En un artículo reciente-^^ Wido Hempel retrata minuciosamente los trabajos publicados en los últimos veinte años, de manera que aquí me puedo limitar a las tendencias generales. Hempel destaca un interés decreciente por el teatro del Siglo de Oro, lo que sin duda corresponde a la realidad. A pesar del menor interés que el Siglo de Oro (ante todo el teatro) parece suscitar entre los jóvenes investigadores, el porcentaje entre los campos de investigación mencionados por los departamentos es del 35%. Es difícil hacer un análisis más detallado de lo que se esconde bajo el concepto de «Siglo de Oro» ya que en la mayoría de los casos se habla simplemente de Siglo de Oro como campo de interés sin matizar. Si hay autores que aparecen más a menudo, se trata de Calderón (lo que no puede sorprender considerando la tradición decimonónica) y de Cervantes. La situación es totalmente diferente con respecto al siglo XVIII. Mientras que en los años 70 y 80 hubo un verdadero florecimiento de estudios El Hispanismo actual en los países de habla alemana sobre el siglo ilustrado^^, el interés parece haberse desplazado hacia otros sectores de la literatura hispánica. Sólo el 7% de las menciones se refiere al siglo XVIII, mientras que en España en los años 90 vieron la luz numerosas publicaciones sobre el XVIII, sean ediciones de autores dieciochescos, sean estudios sobre aspectos de la vida literaria española de aquella época. Aún más sorprendente es la escasez de estudios sobre el siglo XIX. Con un 8% de referencias la época romántica y la del realismo tienen pocos adeptos.-^^ El realismo y natiiralismo están incluso más presentes que el romanticismo. En Austria hay un proyecto sobre el romanticismo en Salzburg, y en la universidad de Zurich se trabaja regularmente sobre temas decimonónicos. Esta falta de estudios sobre el siglo XIX sorprende sobretodo porque en otros países se puede observar desde hace por lo menos diez años xina actividad multiforme, riquísima en las investigaciones sobre el siglo XIX, primordialmente su primera mitad. Quizá habrá que esperar algunos años más antes que esta nueva visión, que a mi modo de ver está vinculada con la búsqueda de las posibles raíces de la España moderna, llegue a las aulas alemanas, austríacas y suizas. El siglo XX, en cambio, está omnipresente en casi la totalidad de los departamentos. Desde las vanguardias hasta los años 90 la literatura española ocupa a los investigadores de todas las generaciones. Como ya he dicho, la época posterior al franquismo goza de interés particular, y no es una exageración cuando se dice que gran parte de la buena coyuntura actual del hispanismo (alemán) es debida al hecho de que la España postfranquista suscitó un verdadero entusiasmo. A todos los niveles de la enseñanza y de la investigación la España «europea» se ha vuelto una realidad de curiosidad, interés y simpatía. Si hoy en día los alumnos de 14 ó 15 años escogen el español como tercer idioma, ya no es (como fue el caso hace más o menos 25 años) por simpatía con los movimientos democráticos o de liberación en Hispanoamérica, sino por la nueva realidad española. El siglo XX en su totalidad representa el 44% de las menciones, y la época postfranquista ocupa casi el mismo lugar que la época anterior. En las áreas de investigación nombradas por los mismos departamentos, que se refieren al siglo XX, aparecen aspectos de la cultura española ya no estrictamente literarios, al menos si nos limitamos a una definición tradicional de lo que es «literatura». Literatura popular, cine español, los nuevos medios de comunicación en sus aspectos lingüísticos y artísticos entran en los estudios una vez centrados en una definición muy estrecha de la literatura. Esta tendencia, que por supuesto existe igualmente en otras disciplinas filológicas, coincide con la creciente importancia de nuevos medios culturales en las sociedades europeas actuales. Y también es verdad que la cultura popular española (la novela po-Frank Baasner 558 licíaca p.ej.) y el cine español ofi:'ecen una multitud de calidades que merecen el interés de los investigadores. La España contemporánea de la época posterior a la dictadura está igualmente en el centro de muchos estudios de politólogos, historiadores y sociólogos. Como ejemplo particularmente representativo se puede pensar en los muchos libros de Walther L. Bernecker, que publicó con numerosos colaboradores diccionarios sobre la España de hoy, visiones panorámicas del desarrollo de los últimos 25 años, estudios sobre las relaciones hispano-alemanas, etc. Este breve recorrido a través de la lingüística y de las épocas literarias no representa, claro está, la totalidad de las investigaciones hispanistas. Antes de presentar nuevas carreras universitarias quisiera añadir algunos puntos más sobre la investigación que pueden ser de interés. Generalmente se puede decir que en muchos estudios que salen de facultades alemanas, suizas o austríacas (no sólo de la hispanística) la parte dedicada a la teoría de la literatura (o historia) o a la metodología es bastante grande. Sin embargo, no hay discusiones metodológicas que se refieran específicamente a temas hispánicos. Otra tendencia visible desde hace al menos 10 años es la publicación de visiones históricas de la literatura española, en otras palabras: hoy en día tenemos 5 ó 6 historias de la literatura española (desde los comienzos hasta el presente) en lengua alemana,-^^ una tendencia que se puede explicar por un lado con el gran número de estudiantes que necesitan ese tipo de libro, por otra parte con lo que llamé una fase de «saber cumulative» que se observa también en otros detalles de la investigación actual. Efectivamente, se puede tener la impresión de que las transformaciones del mundo universitario (crisis financiera, búsqueda de una formación académica más adecuada al mundo de hoy, reflexión sobre el papel público de las universidades, etc.) lleve disciplinas como la hispanística (en general se puede decir que sobre todo la totalidad de las ciencias humanas y sociales están en crisis) a una autorreflexión profunda, que no se expresa únicamente en proyectos cumulatives, sino también en investigaciones alrededor de la historia de la propia disciplina (se vean p.ej. los proyectos mencionados en la nota 9). En los últimos años se han publicado numerosos trabajos sobre la romanística durante el tercer Reich, pero también sobre los orígenes en el siglo XIX. Esta búsqueda de las raíces y la reflexión sobre el papel político, más o menos comprometido con corrientes socio-políticas, de una disciplina que se ocupa de una cultura diferente de la suya, a mi modo de ver llega justamente en un momento en que nuevas fórmulas, nuevas definiciones de lo que puede ser la filología hoy parecen no sólo necesarias psino también realizables. Autorreflexión histórica y confianza en el futuro son las dos caras de la misma medalla. Nuevas carreras universitarias La nueva orientación de la hispanística, que no significa en absoluto una negación de las grandes tradiciones académicas, filológicas, de la romanística, ya se hizo realidad en algunas universidades. La tradición conocía, tanto en Alemania como en Austria y Suiza, una formación filológica con una parte dedicada al aprendizaje del idioma, otra a la lingüística y la tercera a la literatura. Esa formación llevaba a una carrera como profesor de instituto, o bien al Magister Artium, que dejaba a los licenciados sin orientación clara para el mercado del trabajo, de manera que muchos tardaron bastante tiempo antes de encontrar una ocupación que correspondía a su formación. La falta de adaptación del Magister Artium llevó a algunas universidades (parece que las más pequeñas y jóvenes veían menos inconveniente en dicha nueva orientación que las «grandes» y tradicionalistas) a crear nuevas carreras orientadas desde el principio al mercado del trabajo. La idea básica es la de mantener el núcleo de la formación filológica, añadiendo una parte de estudio de la realidad socio-política de la cultura estudiada así como competencia en una ciencia «pragmática», en general de economía y/o gestión, pero también en otros casos de jurisprudencia. En las universidades donde se establecieron esas carreras ya hay resultados que parecen muy positivos: en GieBen, Passau, Mannheim, Berlín, Kassel y pocas universidades más los jóvenes que salen de dichas carreras interdisciplinarias tienen mucho más éxito en el mercado del trabajo que sus compañeros de las carreras tradicionales. La última novedad muy discutida en Alemania (menos en Austria y Suiza) es la posible introducción de carreras de «corta duración», el Bachelor of Arts (B.A.), que lleva a un diploma universitario después de tres años y que permitiría a los mejores seguir con dos años más hasta un Master of Arts, una versión actualizada y modernizada del Magister Artium tradicional. Pero repito, esta última tendencia es muy reciente y hay pocas universidades que se lanzaron a esta aventura: nadie puede garantizar el éxito del B.A., pero sí merece la pena intentarlo. Queda claro que la situación actual es compleja en el sentido de que el auge del hispanismo coincide con una profunda reestructuración de la disciplina. La fuerza del hispanismo en los países de lengua alemana está sin duda en la continuidad del interés por la cultura española: la co5aintura 560 Frank Baasner parece estable cuando se observa el gran número de alumnos de entre 12 y 15 años que escogen el castellano. Pero también me permito señalar una debilidad estructural de nuestro sistema: no hay (o casi) verdaderos centros de hispanismo. En casi la totalidad de las universidades la investigación y enseñanza depende de individuos: catedráticos que enseñan español y francés y/o italiano. Cada una de las universidades puede tener éxito en sus esfrierzos a favor del hispanismo, pero apenas alguien cambia de plaza, las estructuras débiles ponen en peligro la continuidad. También existe el problema de la lengua, problema muy discutido desde hace años: muchos de los trabajos publicados por hispanistas alemanes (también es el caso de Austria pero no de Suiza donde es costumbre enseñar y publicar casi todo en castellano) están escritos en alemán, lengua que en nuestros días está poco difundida en los ambientes universitarios internacionales. Es verdad que hay una tendencia en los últimos años hacia publicaciones en castellano, pero el hispanismo sigue siendo una disciplina bastante autorreferencial en el sentido de que para una carrera universitaria no cuenta la publicación en el extranjero (en revistas españolas por ejemplo), el criterio principal para ganar oposiciones es un criterio exclusivamente alemán. Esta problemática quizá exista también en otros países, y, si así es, sería tiempo de romper esa especie de «nacionalismo» siglo XIX. Algunas deficiencias se notan igualmente en la formación de los postgraduados. El hispanismo internacional podría buscar y crear posibilidades para una mayor cooperación en los estudios postgraduados, sea a nivel europeo o simplemente internacional. Esta sí que es una perspectiva para el siglo XXL Notas ^ En el siguiente artículo intentaré contemplar la realidad en Alemania, Austria y Suiza ignorando las evidentes diferencias entre dichos países. Hay que subrayar, sin embargo, lo que dijo Wido Hempel en su reciente artículo sobre los estudios sobre el teatro español del siglo XVII en los países de habla alemana (Rassegna iberistica 67/1999, p. 17-35): el concepto mismo de hispanismos nacionales es cuestionable, «pues lo que en realidad cuenta es el hispanismo (en singular y sin adjetivos)» (p. 1984) de ARBOR comprende una serie de contribuciones sobre el hispanismo de lengua alemana, algunas sobre cuestiones históricas y otras sobre el hispanismo actual. ^ Desde hace más de 20 años se publica la bibliografía del hispanismo en lengua alemana (Bibliographie der deutschsprachigen Hispanistik, ed. por Christoph StrosetzM, Universidad de Muenster), en forma impresa (editorial Vervuert) y ahora disponible en la red (dirección internet: >); para El Hispanismo actual en los países de habla alemana una orientación general véase el volumen Hispanistik an den Hochschulen in Deutschland, Ósterreich und der deutschsprachigen Schweiz, ed. por Christoph Strosetzki (a cargo de la Asociación alemana de hispanistas), Vervuert 1998 (datos y direcciones de todos los departamentos de hispanística en Alemania, Suiza y Austria). Para los que utilizan la red: las universidades alemanas se encuentran fácilmente poniendo «www.uni-Tiomôre de la ciudad.áe», en Austria y Suiza es menos cómodo ya que hay que poner abreviaturas tal como para Salzburg «www.sbg.ac.at» = salzburg, academia, austria. ^ Véase al respecto el artículo de Karl Kohut: «La hispanística alemana entre literatura comparada y literatura nacional», en ARBOR (467-468 del tomo CXIX, nov.-dic. También existe una Asociación de los profesores de instituto (Deutscher Spanischlehrerverband DSV, homepage «www.uni-muenster.de/Romanistik/dsv/»). Sobre la catalanística en Alemania véase el artículo de Josep María Navarro de Adriaensens: «Lengua y cultura catalanas en Alemania», en ARBOR (467-468 del tomo CXK, nov.-dic. ^ Ante todo hay que mencionar el prestigioso Ibero-Amerikanisches Institut en Berlín (Instituto Ibero-Americano. Fundación Patrimonio Cultural Prusiano; «www.iai.spk-berlin.de»), un centro interdisciplinario y una de las más importantes y completas bibliotecas para Iberoamérica, Portugal y España. ^ Me refiero a los datos publicados por la DFG en la red relativos al año 1998. Actualmente la DFG está construyendo un banco de datos que permitirá tener una visión de conjunto actualizada de los proyectos de investigación subvencionados así como una búsqueda temática. 1^ Por supuesto, lo digo para evitar malentendidos, hay una gran cantidad de tesis de doctorado sobre temas hispánicos; véanse los repertorios José Rodríguez Richart: «'Habilitations s chriften' tesis de doctorado realizadas en las Universidades de Austria, de la República Democrática Alemana y de la República Federal de Alemania sobre temas de lengua y literatura española y portuguesa, en: Iberoromania 3/1975; André Herrmann/Gustav Siebenmann: «Verzeichnis der Spanien, Portugal und Lateinamerika betreffenden Schweizer Hochschulschriften aus dem Gebiet der Geistes-und Sozialwissenschaften, en Iberoromania 8/1978, y para una visión más actual las listas publicadas anualmente en el Romanistisches Jahrbuch. ^1 Habrá quien no comparta esta decisión. Sin embargo, mirando otras publicaciones sobre hispanismo en el mundo (una serie de artículos publicados en ARBOR en los últimos años), creo que una diferenciación entre hispanismo peninsular e hispanismo americano se hace cada vez más usual y, por lo tanto, necesaria. ^^ Sobre dichas tradiciones informa Hans-Martin Ganger: «Los orígenes de la Ungüística hispánica», en ARBOR (467-468 del tomo CXIX, nov.-dic. 1^ Art. citado en la nota 1. •^^ Véase el artículo de Hans-Joachim Lope: «El siglo XVIII y el hispanismo alemán: avances y contribuciones de los últimos veinte años», en ARBOR (467-468 del tomo CXIX, nov.-dic. Frank Baasner ^^ Este hecho se refleja también en el número casi inexistente de miembros alemanes en la Sociedad de Literatura Española del Siglo XIX. 16 Hay dos reseñas recientes que presentan las historias más interesantes: Gustav Siebenmann: «Konjunktur spanischer Literaturgeschichten in Deutschland», en Iberoromania 41, 1995, p.
La difusión del castellano como segunda lengua extranjera más enseñada -después del inglés-en la educación secundaria francesa ha tenido evidentes efectos para el mundo académico. El interés por el castellano ha conllevado, en efecto, la ampliación de un ingente cupo de estudiantes a las correspondientes Universidades. Estas, a su vez, por su dinámica propia, se han ido multiplicando a lo largo y a lo ancho del país en los últimos años, con sus correspondientes departamentos de español, de tal modo que se ha ido formando un densa red de hispanistas (estudiantes y profesores dedicados a temas españoles y/o iberoamericanos) universitarios en Francia, cuya contribución al conocimiento de la historia, de la literatura y de la lengua españolas es, sin embargo, un tanto variopinto. Por una particularidad propiamente francesa, los departamentos referidos a «lenguas» de las Universidades se sitúan al margen de la tradición meramente filológica que les llevaba a no interesarse más que a los campos de lengua y literatura. En la actualidad, están abiertos también al amplio campo de lo que se ha venido llamando la «civilización», de contenido variable pero que en todo caso apunta hacia temas muy diversos, que pueden aproximarse a múltiples aspectos de la cultura española, pero también a las varias ramas de las ciencias humanas y sociales. A todo ello, conviene añadir que en los últimos años se han abierto numerosas carreras denominadas de «lenguas extranjeras aplicadas», en las que se juntan asignaturas de dos o tres lenguas, con otras de economía y de derecho, etc., con vistas a la preparación de diplomas para funciones del sector de servicios, como comercio internacional, gestión, etc.,de modo que puede decirse que, al menos de forma potencial, casi todos los aspectos de la sociedad española pueden tener cabida en la fomación en las di- versas modalidades de la formación universitaria francesa, ora en los propios departamentos de «estudios ibéricos», «hispánicos», o como se llamen, ora en sus equivalentes de historia, derecho, arquelogía, historia del arte, literatura comparada, etc. A esta omnímoda presencia virtual del español y de una materia hispánica en la enseñanza para un alumnado bastante abundante pero de no siempre un nivel académico elevado, corresponden unos resultados más modestos en el campo de la investigación y de la producción científica francesa en todo lo relativo a España. La acaparación por las labores docentes o administrativas de muchas de las energías de estos profesores-investigadores universitarios reduce notablemente su dedicación a la investigación, que en no pocas ocasiones es pura y sencillamante sustituida por trabajos o publicaciones pedagógicas, de indudables méritos en su campo pero que poco tienen que ver con lo que aquí se trata. Por otra parte, y paradójicamente, la multiplicación de centros de estudios hispánicos que se han ido creando en las diversas universidades, viejas y nuevas, ha contribuido también a una relativa fragmentación de la investigación, y ha favorecido una inevitable tendencia al localismo: cada centro, para justificar su existencia, tiene que hacer aparecer una faceta de investigación, que se materializa en la organización de algún encuentro o coloquio cuyo tema se define entonces más por su relación con los centros de interés personales de los organizadores, federados un poco a la fuerza, que por una real coherencia científica. Luego se publican las actas, para dar constancia del trabajo realizado, por el correspondiente centro de publicaciones local, cuya difusión permanece semi-clandestina. Al fin, se puede llegar a una inversión completa de objetivos, que hace que se acabe investigando para publicar (justificativo de ayudas y presupuestos), en vez de ir publicando los resultados de una verdadera investigación... Con todo, y a pesar de estas reales dificultades, el panorama general no es tan sombrío como estas palabras liminares podrían darlo a entender. Las investigaciones francesas en el campo o en los campos relativos a la España contemporánea han producido y siguen produciendo obras abundantes y de calidad, en terrenos muy diversos, que hacen su riqueza. Algunos autores, de consolidado prestigio, han seguido dando a la imprenta diversas y notables obras de recopilación algunas, de síntesis otras. En este orden de ideas, conviene señalar el ejemplo de Pierre Vilar, con una importante miscelánea de trabajos dispersos (Nation, nationalisme et questions nationales, Paris, Ibérica n^^^ série, n°4, 1994); el de Bartolomé Bennassar con el amplio panorama de una Historia de los españoles enfocada más desde lo cotidiano y las formas de vida que de la El hispanismo francés y la España contemporánea (historia... política o de la economía; o el de Joseph Perez, con su reciente Historia de España, que, a pesar de ser más especialista de los siglos XV y XVI, se atreve a ofrecer una visión de conjunto de su materia, con propuestas innovadoras incluso para épocas más modernas. Con un objetivo más limitado, algo parecido se propuso con éxito el librito de Bernard Vincent sobre el Descubrimiento y sus prolongaciones en España hasta el siglo XX, (1492, «l 'année admirable», París 1991). Es revelador que muchos de estos autores más conocidos como especialistas de una época más remota, hayan sentido la necesidad de acercarse al presente en estas obras, cosa que por lo demás B. Bennassar repitió con dos o tres libros más, y en particular una tentativa de biografía de Franco (París, 1995), que vino a competir en un mercado ya bien abastecido en este tema, y al que salió también la obra de la hispanista Andrée Bachoud, Franco ou la réussite d'un homme ordinaire (París, 1997). A todo ello podría añadirse el conjunto de trabajos relativos al franquismo, la retórica imperial y la lógica militar analizadas por Pilar Martínez Vasseur por un lado (Pouvoir absolu et monarchie militaire en Espagne, Nantes, 1989) y por Marie Aline Barrachina, por otro (Propagande et culture dans l'Espagne franquiste, 1936-1945, Grenoble, 1998). Indudablemente, la salida del franquismo, la transición, la posterior consolidación de la democracia y la incorporación de España a una Europa unificada, han suscitado un nuevo interés bibliográfico entre autores que no estaban necesariamente vinculados tradicionalmente al campo del hispanismo: historiadores, politólogos, economistas..., se han acercado al «caso» español, desde ángulos muy diversos, desde el constitucionalismo (D.C. Lavroff, Le régime politique espagnol, Paris, 1985; Dix ans de démocratie, La Documentation française, 1986...), hasta la historia política, en la que Guy Hermet ha proseguido una obra iniciada hace tiempo y prolongada hoy por Francisco Campuzano, con L'élite franquiste et la sortie de la dictature (Paris, 1997) o Sylvia Desazars de Montgaillard, con un muy documentado trabajo sobre la transición y, en particular, el papel de la antigua U.C.D. (Toulouse, 1995). El campo de la economía no ha quedado al margen de este proceso, examinado a través del prisma geográfico (Alain Huetz de Lemps), de su desarrollo territorial (Michel Drain y en particular la cuestión del agua) o de una visión más sintética, con la Historia económica de España (París, 1998) presentada por Albert Broder, al tiempo que Gérard Chastagnaret anuncia la publicación de sus trabajos sobre la minería española. Estos dos últimos autores, con Emile Témime, han sido por otra parte los autores de un panorama completo de la historia española de la época contemporánea que ha sido un éxito en Francia, Histoire de l'Espagne contemporai-566 Carlos Serrano ne (París, 1988), traducida ulteriormente al castellano. También han surgido algunas obras dedicadas más específicamente a la España contemporánea, a la que el autor se acerca desde un ángulo particular, como es el caso de F. Lafage, L'Espagne de la contre-révolution. Développement et déclin, XVIII-XX siècles (Paris, 1993) o, en cierto modo, el reciente volumen antológico de Vicente Garmendia Jaungoicoa eta forua. El carlismo vasconavarro frente a la democracia española, 1868-1872, (Bilbao, 1999) ) y la tesis reciente de Jean Marc Delaunay, sobre las relaciones hispano-fi: ancesas a principios del siglo XX, de próxima publicación. Por su parte, la «España del siglo XX», ha sido objeto de diversas publicaciones, generalmente con ese mismo título, en diferentes colecciones académicas y por variados autores (G. Hermet, (París, 1989), J. Maurice/C. Serrano (París, 1992), M. T. Pérez Picazo/G. Lemeunier (París, 1994), alguna de las cuales ha logrado varias reediciones, prueba de que este tipo de síntesis responde efectivamente a una necesidad del mercado universitario. Por otra parte, al fin, las clásicas colecciones de difusión más amplia y orientadas hacia un público menos especializado, como la colección «128» de Nathan o la colección «Que sais-je?» de le editorial PUF, han seguido incluyendo ocasionalmente volúmenes relativos al ámbito español, como los dos que Michel y Marie Claire Zimmermann han dedicado a la historia y a la literatura catalana, el Madeleine y Arcadio Prado sobre la métrica española o el de Anne Dulphy sobre la historia de España desde 1808 hasta hoy, los de Bernard Bessière sobre la cultura española después de 1975 o el de Jean Claude Seguin sobre la historia del cine español. Pero en estos últimos años un fenómeno nuevo parece haber surgido, al calor de una peculiaridad del actual mercado editorial de la materia hispánica, en su versión académica. Los concursos de oposiciones a cátedras de la enseñanza secundaria, organizada en Francia a escala nacional con un programa también nacional de obras que son explicadas en las Universidades, han hecho surgir unas editoriales que se han especializado en este mercado más o menos captivo, publicando unos volúmenes pensados y realizados en pocos meses para responder a la supuesta demanda angustiada de los opositores con una información de urgencia, y cuyos resultados resultan a veces discutibles y, en todo caso, muy desiguales, a veces en detrimento de posibles publicaciones de calidad en editoriales profesionales. A la inversa, el interés por el mundo hispánico ha tenido como efecto cierta popularización en Francia de la literatura, y en particular de la novelística, española, acogida en casi todas las grandes editoriales. En esta difusión de la literatura española, los universitarios hispanistas desempeñan un papel notable, las más veces como traductores de las obras de los escritores españoles contem-El hispanismo francés y la España contemporánea (historia. poráneos: en este caso, la Universidad parece cumplir con una de sus funciones de divulgación, para un público de no especialistas, de una materia especializada. Como también ha ocurrido en un campo vecino como es el de la preparación de historias de la literatura española, que, como no podía ser menos, ha sido y sigue siendo un objeto privilegiado en unos departamentos universitarios entre cuyos principales objetivos figura el estudio de esa asignatura. Además de algunos manuales de iniciación o de someros panoramas para alumnos de secundaria, dos obras recientes parecen haber sido relevantes en este campo: con la primera, Robert Jammes y Jacques Beyrie han ofirecido una útil introducción para público universitario con su sintética Histoire de la littérature espagnole (París, 1994). Por su parte, Jean Canavaggio ha reunido la plana mayor del hispanismo fi:'ancés para llevar a cabo otro proyecto de idéntico título (París, 1993-1994 y posteriormente traducida al castellano), pero de mucho mayor extensión y con la ambición de producir una obra de referencia para todo género de públicos, ya sea especialista ya sea sencillamente culto y en busca de informaciones. Al margen de estas grandes síntesis o, al contrario, de los manuales de iniciación, permanecen vivas algunas grandes líneas de investigación y de publicación. Sigue existiendo en Francia una sólida escuela de historiadores dedicados a la época de la Ilustración, de la guerra de la Independencia y de los primeros tiempos del liberalismo. Al margen de alguna que otra tesis aún inédita, Claude Morange (editor de Sebastián de Miñano, Sátiras y panfletos del trienio constitucional, Madrid, 1994 y autor de Siete calas en la crisis del Antiguo Régimen español, Alicante, 1990, entre otros trabajos), Gérard Dufour (especialista desde años en LLorente, pero también en el clero, en la inquisición y en las ideologías de finales del siglo XVIII)), Françoise Etienvre (autora entre otras cosas de una estupenda edición de Capmany, Centinela contra franceses, Londres, 1988), Jean René Aymes (que tras haberse durante años dedicado a los españoles en Francia, y al impacto de la Revolución francesa en España (en tanto que editor de las actas del coloquio España y la revolución francesa, Barcelona, 1989 y de La guerra de España contra la revolución francesa, 1793-1795, Alicante, 1991), ha trabajado últimamente sobre las «imágenes» que residentes de uno y otro país se han ido formando recíprocamente, como lo atestiguan las actas de un coloquio que publica con J. Fernández Sebastián (L'Image de la France en Espagne (1808-1850), París/Bilbao, 1997). En un mismo orden de ideas, todo parece indicar que este mismo siglo XIX incipiente ha llamado la atención de los editores, que han aceptado ofertas de ediciones o reediciones de toda una literatura testimonial (Custine, L'Espagne de Ferdinand VII, París, 1991) París, 1983). Desde una perspectiva muy diferente, también han versado sobre la primera mitad del siglo XIX un coloquio reciente organizado conjuntamente por Jean Louis Guereña, de la Universidad de Tours, y A. Viñao Fraga, en el que se examinaba el proceso de escolarización en la España (Estadísticas escolares, proceso de escolarización y sistema educactivo nacional en España, 1780-1850, Barcelona, 1996), que ha venido a prolongar otros varios encuentros y publicaciones de calidad sobre temas vecinos pero en fechas diversas, que se vienen llevando a cabo desde la Universidad de Tours. La segunda mitad del siglo XIX ha conocido un tratamiento muy dispar. Si el período isabelino sigue sufriendo de un relativo abandono y el sexenio no ha sido objeto de revisión historiográfica importante reciente, el período de la Restauración, de la crisis finisecular y de la edad de plata han seguido siendo objeto predilecto de muchos hispanistas, favorecidos además por los azares del calendario. La Universidad de Toulouse, en particular, ha sido el centro organizador de varios coloquios notables, sobre Realismo y naturalismo en España (Barcelona, 1988) uno, sobre Pensamiento y literatura en España en el siglo XIX. Idealismo, positivismo, espiritualismo otro (Toulouse, 1998), en los que ha desempeñado un papel determinante la gran erudición y la capacidad de convocatoria de Yvan Lissorgues. Paralelamente, el interés por algunos de los grandes novelistas decimonónicos ha seguido alto, con varias contribuciones en torno a Clarín (cuya Regenta ha sido objeto de una primera traducción al francés por un grupo de hispanistras franceses en 1987) y Pérez Galdós, al que Sadi Lakhdari ha dedicado un estudio enfocado desde los postulados psicoanalíticos («Ángel Guerra» de B. Pérez Galdós, París, 1996). En la misma época, la Universidad de Parix X, bajo el impulso de Jacques Maurice y de sus colaboradores, organizaron une serie de seminarios y un encuentro sobre Le roman espagnol au XXe siècle (Paris, 1997) y un coloquio «centenario» sobre 1898: entre literatura e historia (Crisol, n° 2, París, 1999). Al margen de operaciones como éstas, que requieren es-El hispanismo francés y la España contemporánea (historia. fuerzos organizativos, medios económicos y apoyos institucionales, las diversas revistas especializadas han ido publicando regularmente las contribuciones de unos y de otros sobre los autores faros del primer tercio del siglo XX, de Antonio Machado a Federico García Lorca (objeto de múltiples trabajos académicos y editoriales, de parte de Michèle Ramond en particular, en una óptica crítica marcada por las influencias psicoanalíticas y el inconsciente (La question de Vautre dans Federico García Lorca, París, 1999), Miguel Hernández (con un coloquio co-organizado por S. Salaün y J. Pérez Bazo (Alicante, 1996), pero con una atención más particular puesta en Ramón del Valle Inclán, al que desde la Universidad de Dijon, Jean Marie y Eliane Lavaud han dedicado sus tesis, ya clásicas, sobre respectivamente la prosa y el teatro del autor gallego, pero además un libro de presentación del autor y de su obra para el público francés (Valle Inclán: un Espagnol de la rupture, Arles, 1991). Por otra parte, el centro de investigación que estos dos especialistas animan ha organizado un coloquio especializado sobre las Comedias bárbaras, del mismo autor, cuyas actas se han publicado en su momento (Dijon, 1996). Autores u obras menos considerados hoy también han sido objeto de varios trabajos académicos, como los de Edouard Samper sobre Etchegaray, de Christine Rivalan Guégo, sobre le novela erótica de principios de siglo (Frissons, fictions. Romans et nouvelles en Espagne, 1894-1936, Rennes, 1998), de Christian Manso sobre Azorin, etc. En este repaso, necesariamente supeficial, cabe señalar la existencia de un sector académico de los departamentos de español dedicado a los estudios catalanistas, con algunos puntos fuertes en Perpignan, Aix en Provence y, en particular, en París, con el Centre d'Etudes catalanes. A estos núcleos de especialistas se deben estudios relevantes, tesis o libros sobre Ansias March (M.C. Zimmermann), Salvador Esprín (Denise Boyer) o incluso Aribau (Antoni Lluc Ferrer, La patrie imaginaire. La projection de «La Patrie» de B. C. Aribau (1832) dans la mentalité catalane contemporaine, Aix en Provence, 1987), así como varíos coloquios, como el dedicado a Santiago Rusiñol (París, 1994). La segunda República y la guerra civil tampoco han dejado de ser temas más o menos recurrentes en la bibliografía de los hispanistas franceses. Al margen de publicaciones especilizadas (Le Mouvement social por ejemplo), algunos historiadores han procurado confirmar sus tesis, pero en base a una documentación parcialmente renovada (Pierre Broué, Staline et la révolution: le cas espagnol (1936( -1939( ), Paris, 1993)), otros han buscado hacer un balance de lo que fue el acontecimiento y de su propia aportación a su historiografía (Pierre Vilar, La Guerre d'Espagne, París, 1986;o Emile Témime (Bruxelles, 1996), Guy Hermet, (Paris, 1989); otros se han dedicado al examen de algún punto particular (Carlos Serrano, Uenjeu espagnol, PCF et guerre d'Espagne, París, 1987; Yveline Riottot (Joaquín Maurín: de Vanarcho-syndicalisme au communisme, Paris, 1997); o el joven historiador Rémy Skoutelsky, sobre los voluntarios franceses de las brigadas internacionales (L'espoir guidait leurs pas. Les volontaires français dans les Brigades Internationakles, 1936-1939, Paris, 1998), mientras diversos coloquios abordaban diversas facetas de la guerra (Papy, Pau, 1999), de los debates ideológicos que le son contemporáneos (Wolikow, Dijon 1998), o, más sistemáticamente, de la emigración que resulta del mismo (en torno a la BDIC con Dreyfus-Armand a su cabeza y con A. Bachoud o los trabajos de Rose Duroux en Clermont-Ferrand). Al calor de estos primeros trabajos, también empiezan a desarrollarse, en colaboración con investigadores españoles, trabajos sobre la literatura del exilio. Una línea innovadora de investigación, en la que participan investigadores de origen diverso ha sido la que se viene desarrollando en torno a la cuestión del libro y de la lectura en España. Las diferentes entregas recientes (1998)(1999) del siempre cuidado Bulletin Hispanique (de Burdeos), capitaneados por François Lopez, han dado abundante prueba de lo fructífero de este renovado campo de trabajo, en el que se juntan por igual especialistas del Siglo de Oro, de la Ilustración y de la época contemporánea. Para ésta, Jean François Botrel, con La diffusion du livre en Espagne (1868Espagne ( -1914) ) (París/Madrid, 1988) y Libros, prensa y lectura en la España del siglo XIX (Madrid, 1993), ha sido pionero, contribuyendo ampliamente al descubrimiento de un territorio casi virgen hasta la fecha: desde las modalidades de la lectura hasta el folletín, del ciego como medium hasta las memorias de editores o impresores, todo un mundo, esencial en la comprensión de cómo se ha ido formando el mundo mental y cultural de los españoles, de este modo va surgiendo del olvido. En esta misma línea, pero en la perpectiva de establecer una visión de conjunto de la historia de un verdadero género literario-editorial, Geneviève Champean (autora por otra parte de un importante Les enjeux du réalisme dans le roman sous le franquisme, Paris/Madrid, 1993) y Nadine Ly (especialista de teoría literaria y del análisis textual en una orientación de «literalidad»), acaban de coordinar la publicación de un excelente trabajo sobre Le phénomène anthologique dans le monde ibérique contemporain (Bordeaux, 2000), que permite útiles reflexiones tanto sobre el mercado como sobre la producción literaria más o menos institucionalizada. Por su parte, Philippe Castellano, con una obra sobre la enciclopedia Espasa Calpe, Robert Coale, con un estudio sobre los premios literarios, Anne Lenquette, en una aproximación al mundo editorial de la novela contemporánea, contribuyen con sus respectivas tesis y cada uno a su modo a estos planteamientos, intermediarios entre el campo de la literatura, propiamente dicha, y de la historia literaria. En un terreno vecino, aunque en busca de un horizonte más amplio, se está desarrollando en Francia un sector de investigación que se define a sí mismo por referencia a una «historia cultural», cuyos márgenes no siempre están bien definidos. Evidentemente, este sector tiene modelos intelectuales que le vienen de la historiografía propiamente firancesa (Chartier, Ory, Sirinelli, etc.), pero entra también en contacto con cierta forma de entender los anglosajones sus «cultural studies» cuando éstos no son mero etnicismo más o menos disfrazado. Utilizando el aporte de los sectores antes evocados, pero buscando situarlos en un contexto más amplio y sobre todo en el entramado de sus interrelaciones, estos estudios de «historia cultural» han ofrecido una primera aproximación colectiva con la obra 1900 en Espagne (Burdeos, 1988, posteriormente traducida al castellano, Madrid, 1991), que sistematizaba una reflexión en torno a una fecha decisiva aunque polémica (1900 vs 1898), con la voluntad de resaltar las dinámicas del momento, más que la singularidad de tal o cual obra particular. Desde entonces, por lo menos otros dos proyectos colectivos están en marcha, que deberían aparecer en un futuro no demasiado lejano, coordinado uno por J.R. A5rmes (sobre el siglo XIX), por S. Salaün, E. Trenc y C. Serrano otro (sobre los años 1920). Entre tanto, han ido apareciendo diversas obras más monográficas, pero de calidad y que demuestran el interés de este tipo de enfoque globalizador, como el 1900 en Salamanca de Jean Claude Rabaté (Salamanca, 1997) o, en otra perspectiva muy diferente, el trabajo coordinado por Brigitte Magnien, Hacia una literatura del pueblo: del folletín a la novela, Barcelona, 1995). A esa misma línea de recuperación de unos fenómenos culturales olvidados o dejados de lado petenece también la antología de C. Serrano, Carnaval en noviembre. Parodias teatrales españolas de «Don Juah Tenorio», (Alicante, 1996). En el cruce de la historia cultural, de los planteamientos sobre representaciones e imaginarios políticos y sociales, el hispanismo francés lato sensu ha ofrecido ya unas tesis de gran interés, alguna de la cual está también a punto de publicarse en España: Pierre Géal, sobre la formación del museo de arte en España, Stéphane Michonneau, sobre los «lugares de la memoria» en Barcelona y Christian Démange, sobre la tradición del 2 de mayo en Madrid. Dos volúmenes coordinados por C. Serrano, han recogido trabajos colectivos en este campo de un coloquio obre «Imaginaires et S5nnboliques dans l 'Espagne franquiste», (número extraodinario del Bulletin d 'histoire contemporaine de VEspagne de cambio en el discurso social de la transición española», París, 1991) y artículos derivados como los de Florence Belmente, Marie Claude Chaput, Marie Franco, etc. En torno a la historia de la prensa, se ha constituido por lo demás una red interuniversitaria, con sede en Burdeos y en la persona de Jean Michel Desvois («FILAR»), que difunde por internet sus informaciones, pero también organiza sus coloquios anuales, con las correspondientes actas. Paralelamente, los especialistas de otros media, en particular del cine, se han multiplicado, con una fuerte presencia en diversos departamentos y algunos excelentes resultados: en particular Emmanuel Larraz en Dijon, Jean Claude Seguin en Lyon, con sendas introducciones a la historia del cine español, o Nancy Berthier en París, han publicado recientemente tanto obras de síntesis, actas de coloquios (Voir et lire García Berlanga. El Verdugo, Dijon, 1998), como estudios monográficos (sobre Le Franquisme et son image, Toulouse, 1998, referido a Raza y al cine de Saenz de Heredia, o De la guerre à l'écran: «¡Ay Carmela! de Carlos Saura, Toulouse, 1999). Por su parte, el turismo tampoco ha quedado al margen de estos desarrollos recientes del hispanismo francés, con los trabajos de Hervé Poutet (Images touristiques de l'Espagne, París, 1995) o la tesis de Alet Valero («Pratiques, images et politique touristique en Espagne, 1830-1928», Aix en Provence, 1993). La historia del arte, en el sentido más clásico de esta expresión, no ha sido desatendida por el mundo hispánico: con una actividad considerable. Elíseo Trenc, en particular, ha desarrollado desde la Universidad de Reims una fecunda labor de estudio y divulgación no sólo sobre las artes gráficas, sino también sobre las diversas corrientes del arte contemporáneo español, mientras que Louis Jambou, (musicología, París), ha propiciado la organización de un gran coloquio sobre Manuel de Falla, cuyas actas se acaban de publicar (París, 1999). Sin que sea necesario aquí resumir su ya rico catalogo de publicaciones, este breve repaso de la investigación francesa en materia hispánica quedaría muy incompleto si no se hiciera una mención aparte a la institución cuya función específica es precisamente desarrollar los estudios sobre España: la Casa de Velazquez, situada en Madrid pero bajo la autoridad del ministerio francés de Educación e Investigación. Dedicada a trabajos científicos y artísticos de muy diversa índole, consagra desde luego un esfuerzo particular al mundo español contemporáneo y por sus muros han pasado muchos de los mejores historiadores, geógrafos o hispanistas franceses, de modo que sus publicaciones son hoy de una imprescindible consulta ya. Paul Aubert, autor de un amplísimo pero parcilamente inédito estudio sobre intelectuales españoles y de una antología (Les Espagnols et l'Europe, Toulouse, 1992), fue durante muchos años responsable de la sección contemporánea, ha 574 sido el coordinador de la organización de importantes coloquios, como los dedicados a Manuel Azaña et son temps (J.P. Amalric/ P. Aubert eds., Madrid, 1993) o a «Triunfo» en su época (P. Aubert éd., Madrid, 1995). Le sustituye hoy en esas funciones Benoît Pellistrandi, autor de una tesis sobre la Real Academia de la Historia y los académicos, con unas prometedoras actividades en este mismo campo. Quien quiera disponer de datos más precisos sobre los diversos campos explorados por el actual hispanismo francés, puede consultar las contribuciones de Jean René Aymes y Jean François Botrel al número de la revista Ayer coordinado por Ismael Saz bajo el título España: la mirada del otro (1998), así como el balance general establecido por la Société des Hispanistes Français en las Actas de su XX Congreso, (Madrid, 1984), y publicado bajo el título La recherche hispanique en France (1962France ( -1984)). De cualquier modo, como puede verse con este apresurado y excesivamente apretado resumen que aquí se ofrece, la investigación de los hispanistas franceses en relación con la España contemporánea es activa y productiva. En muchos casos, y como manera por lo demás de asegurar un buen nivel de todos estos trabajos, la colaboración con investigadores e instituciones españoles suele ser hoy la regla en coloquios o seminarios, pero también en publicaciones colectivas, aunque cabe subrayar el creciente papel que van jugando las diversas editoriales universitarias en la difusión (insuficiente) de estas investigaciones. No obstante, esta relación privilegiada y natural con los investigadores españoles no excluye los frecuentes encuentros y proyectos de colaboración con otros hispanistas venidos de horizontes más diversos. Si, como se señalaba al principio, la situación general del hispanismo contemporaneista francés no incita al triunfalismo, dista mucho de ser improductivo, de modo que tampoco debe engendrar un pesimismo, que la calidad y la diversidad de muchas de las obras que se acaban de citar vendría a desmentir absolutamente.
Los novísimos estudios hispánicos en Italia (1998Italia ( -2000) ) se caracterizan por la heterogeneidad y amplitud de sus orientaciones, a pesar de seguir centrándose en el campo literario, y, dentro de él, en algunos períodos y autores preferidos^. No obstante, al lado de esta tendencia general se observa una cada vez más acusada apertura hacia otros ámbitos de investigación, como, especialmente, el lingüístico. En el preponderante marco literario, la variedad de las propuestas críticas -con la habitual predilección por el Siglo de Oro y el XX-se detecta fácilmente en recientes volúmenes misceláneos dedicados a maestros del iberismo italiano, como Roma, Ñapóles, Palermo-, sea en universidades más pequeñas y jóvenes, pero con gran actividad, como Verona, Trento, Vercelli y Parma, entre otras. Para empezar, reviste indudable interés la extensión cronológica y temática que abarcan las comunicaciones leídas en el XVIII congreso de la Associazione Ispanisti Italiani (A.ISP.L, Siena, 5-7 de marzo de 1998, publ. 1999), titulado -en la sección literaria^-Fine secólo e scrittura: dal Medioevo ai giorni nostri. En la primera parte, reservada a las letras españolas^, al lado de corrientes, obras y autores bastante estudiados en Italia -la Celestina, el Persiles, Bécquer y Unamuno-, resaltan movimientos, géneros y figuras más descuidados: por lo que atañe a la Edad Media, se analizan Elena y María (Veronica Orazi) y la historiografía en latín de Rodrigo Ximénez de Rada (1170-1247; Andrea Zinato), mientras que a los libros de caballerías se dedica Anna Bognolo, una de las poquísimas expertas italianas de este género^; en la floresta de dramaturgos áureos menores Diego Símini escoge a Antonio Fajardo y Acevedo; y figuras de gran envergadura pero poco examinadas por el hispanismo italiano -Ganivet, Maeztu o Azorín-son objeto de análisis por parte de Giovanna Scalia, María José Flores y Francisco José Martín, respectivamente. La multiplicidad también salta a la vista -si bien con unas claras preferencias-si se consideran otros congresos de ámbito hispánico en el trienio 1998-2000.'^ Si se procede en orden cronológico en cuanto a las áreas de estudio, merece especial atención el simposio sobre la poesía cancioneril («Canzonieri iberici», Padua-Venecia, 25-27 de mayo del 2000) organizado por Patrizia Botta, experta de literatura española y portuguesa del XV. El fiructífero sector de los vínculos culturales entre España e Italia durante los siglos XVI-XVII se ha explorado, por ejemplo, en «Spagna e Italia attraverso la letteratura del secondo Cinquecento» (Ñapóles, 21-23 de octubre de 1999). Sobre la interpretación narrativa de la historia y de la experiencia en los siglos XV, XVI y XVII («Riscritture della narrativa-ss. XV-XVII») ha versado el encuentro internacional organizado por Giuseppe Grilli y Gianni Spallone (Nápoles-Cassino, 10-13 de mayo del 2000). Cervantes ha sido escudriñado en profimdidad en simposios como «Cervantes e i generi letterari» (Vercelli, 28-29 de enero de 1998, organizador: José Manuel Martín Moran; publ. Y en la época áurea se han centrado dos reuniones científicas de gran relieve: «Otro Lope no ha de haber» (Florencia, 10-13 de febrero de 1999), organizada por una de sus más proñmdas investigadoras, Maria Grazia Profeti (publ. Varios encuentros más han sido impulsados por aniversarios de realce, como los centenarios del 98 y del nacimiento de García Lorca. Recién publicadas están las actas de «Le conversazioni della vigilia. II 98 al crocevia volontá/abulia» (Vercelli, 16-17 de mayo de 1997, organizadores: José Manuel Martín Moran y Giuseppe Mazzocchi), donde se sondean representativas facetas literario-filosóficas del pensamiento y la creación noventayochistas, con ponencias sobre el concepto de generación y la controvertida relación 98-Modernismo, o sobre autores específicos: Unamuno, Antonio Machado, Azorín. En este mismo ámbito también cabe señalar el congreso sobre Ortega y Gasset («Ortega narrador/pensador de Europa», Milán-Gargnano, 13-14 y 16-18 de noviembre de 1998), organizado por Marco Cipolloni. A García Lorca, el poeta español más conocido y traducido en Italia, entre los meses de abril y mayo de 1998 se dedicaron una serie de congresos de alto nivel, a lo largo de nuestra península. Están en prensa las actas del «Incontro internazionale su Federico García Lorca» (Udine, 16-17 de abril de 1998, organizadores: Giancarlo Ricci y Luis Luque Toro; publ. 2000), donde críticos italianos, españoles, alemanes y eslovenos afrontan la obra del granadino desde la perspectiva de su «multimedialidad» artística. En Trente, Pietro Taravacci fue el promotor de «Un secólo di Lorca: tra Spagna e Italia» (23-24 de abril de 1998; publ. 2000), donde lorquistas de grueso calibre como Giovanni Caravaggi, Laura Dolfi, Mario Hernández, Piero Menarini, Gabriele Morelli, Andrés Soria Olmedo y Norbert von Prellwitz debatieron aspectos intertextuales e interdiscursivos en la producción de Federico. Una mención especial merece el congreso organizado por Laura Dolfi en Parma («Federico García Lorca e il suo tempo», 27-29 de abril de 1998; publ. Soria Olmedo, Enric Bou, James Valender, José Carlos Revira, Christian de Paepe, María dementa Millán, entre otros-, para explorar los múltiples lazos culturales entre Lorca y escritores españoles, latinoamericanos y sajones. Complementa las actas un apéndice a cargo de Laura Dolfi, donde tras una exhaustiva reseña bibliográfica sobre la fortuna crítica lorquiana hasta 1946, destacan las inéditas y valiosas versiones italianas del teatro lorquiano ofrecidas por Oreste Macrí (Amor de don Perlimplín y Belisa en su jardín, Retablillo de don Cristóbal, La zapatera prodigiosa, Bodas de sangre, El maleficio de la mariposa). Cierran este rico conjunto lorquiano los coloquios de Bolonia (organizador: Piero Menarini), «Studiosi italiani di fironte a Lorca» (4 de mayo de 1998), y de Palermo (a cargo de Maria Caterina Ruta), «Dal 98 a García Lorca: lacerazioni e strutture della cultura spagnola del 900» (11-12 de mayo de 1998). Aparte de Federico, otros poetas del 27 han disfrutado de una buena acogida: es el caso de Rafael Alberti, a quien se dedican las bellas páginas de Ripensando a Rafael Alberti (1999), actas de la homónima jornada de estudios (Anticoli Cerrado, 16 de mayo de 1998). Y finalmente, dos interesantísimos contemporáneos de Alberti, mucho menos estudiados en Italia, Manuel Altolaguirre y José Bergamín, se homenajearon en sendos coloquios: «Manuel Altolaguirre y las revistas literarias de la época» (Bérgamo, 5-6 de mayo de 1997, a cargo de G. Morelli, publ. Para concluir, cito sólo tres títulos modélicos de posibles rumbos que el hispanismo italiano podría tomar en el futuro. Un imprescindible movimiento cultural como el Romanticismo, todavía poco aprovechado en Italia por lo que se refiere a su vertiente española, se investiga, por iniciativa de Ermanno Caldera y Fiero Menarini, en Romanticismo 7. Actas del VII Congreso del Centro Internacional de Estudios sobre el Romanticismo hispánico (Ñapóles, 23-25 de marzo de 1999; publ. La creciente afición por los cruces interdiscursivos y la interdisciplinaridad promete aplicarse también a los estudios hispánicos en Italia: un ejemplo al respecto son las actas (1999) del congreso sobre la autobiografía en España e Hispanoamérica, a cargo de Rosalba Campra y Norbert von Prellwitz, Le scritture delVio (Roma, 22-23 de noviembre de 1996). Por otra parte, el productivo gusto por las intersecciones entre lenguaje verbal y figurativo sale al descubierto en el tema del XIX congreso de A.ISP.I. (sección literaria; Roma, 16-18 de septiembre de 1999; actas en prensa), «Le arti figurative nelle letterature iberiche». Si se pasa a examinar las monografías y los artículos, de nuevo se nota la fusión de tradición e innovación en la elección de períodos, autores y temas: el Siglo de Oro sigue suscitando un poderoso atractivo, aunque se perfila un interés cada vez mayor por campos hasta ahora menos excavados, como el Realismo y la novela de la primera mitad del XX. En un espigueo muy parcial se pueden destacar las sutiles anotaciones de Gaetano Chiappini en su libro sobre los místicos (1999); el atinado ensayo de Mariarosa Scaramuzza (1998) sobre la utopía en el Quijote y la dialéctica imaginación/deseo en el Persiles; el libro de Alessandro Martinengo sobre el Marco Bruto de Quevedo (1998). En cuanto a caminos novedosos, hay que subrayar, por ejemplo, la atención que Maria Grazia Profeti (1998) y Elide Pittarello (1999) reservan a un personaje extraordinario y desechado como El hispanismo italiano en los umbrales del XXI. La novela del XIX y del XX también ha sido objeto de fecundas indagaciones, con estudios sobre escritores no muy aprovechados por nuestro hispanismo: léanse el libro de Assxonta Polizzi sobre la metaficción en Galdós (1999), el de Carla Prestigiacomo acerca de la novelística de Gómez de la Serna (1999), y las monografías de Maria Rosaría Alfani sobre Clarín (2000), o de Luisa Chieríchetti sobre el humor en la narrativa de López Rubio, Jardiel Poncela y Neville (1999). Igualmente, clásicos y modernos, grandes y pequeños, predilectos y descuidados se entrecruzan en el sector ecdótico hispánico, respaldado por la prestigiosa tradición filológica italiana-^^. Aún en una selección muy restringida cabe realzar la edición crítica de los Proverbios morales de Sem Tob (1998) a cargo de Marcella Cicerí, que también tiene en preparación una edición del Libro de Buen Amor; la edición bilingüe del Doctrinal de gentileza de Hernando de Ludueña por uno de los mejores jóvenes filólogos hispánicos italianos, Giuseppe Mazzocchi (1998), la fatiga ecdótica de Aldo Rufíinatto sobre el Lazarillo (2000), la impecable edición de La selva sin amor lopiana por María Grazia Profeti (1999)^^, la Dama duende calderoniana, editada con gran esmero por Fausta Antonucci (1999). Otro joven y muy válido filólogo hispánico, Stefano Arata, tiene en prensa (Madríd, Castalia) la edición de El acero de Madrid de Lope. A estas iniciativas es preciso añadir por lo menos «agua y peña», la importante colección de textos ibéricos, antiguos, inéditos o raros de los siglos XVI y XVII, nacida en 1997 bajo la dirección de Giovanni Caravaggi. En 1998 y 1999 han visto la luz la edición de la fiesta teatral burlesca Las bodas de Orlando (1685) (Javier Huerta Calvo), las Fábulas mitológicas de Cristóbal de Castillejo (Blanca Periñán), la comedia burlesca de Jerónimo de Cáncer y Juan Vélez de Guevara, Los siete infantes de Lara (Pietro Taravacci), e «Histeria de la filia del rei d 'Hungria» e altri racconti catalani tardomedievali (Veronica Orazi). En el 2000 se han publicado la Historia de Grisel y Mirabella de Juan de Flores (María Grazia Ciccare-Uo), el poema alegórico de Luis Hurtado de Toledo, Hospital de necios (Valentina Nider y Ramón Valdés), La historia de Griselda (c. 1544) (Juan Carlos Conde y Víctor Infantes), dos comedias de enredo de finales del XVII -De la noche a la mañana de Ceferino Clavero de Falces (Olga Perotti), y No puede mentir el cielo de Andrés Gil Enríquez (Renata Londero)-y dos textos festivos de Quevedo, la Vida de la Corte y las Capitulaciones matrimoniales (Marcial Rubio Arquez). Si, para terminar, nos acercamos al siglo XX, entre las muchas ediciones recientes se pueden recordar las de Diario de un enfermo (ed. Francisco José Martín Cabrero, 2000) y de El maleficio de la mariposa (ed. P. Menarini, 1999), porque representan el interés hacia dos autores como Azorín y García Lorca, tan distanciados en la consideración crítica y lectora italiana, al estar el primero casi olvidado^^, y el segundo en la cumbre del renombre. El hispanismo italiano, no obstante, no se (auto)dirige sólo a una élite de especialistas, sino que -con ahínco cada vez mayor-se esfuerza por difundir la apreciación de la cultura hispánica en más vastos círculos de lectores. En un nivel de alta divulgación, por ejemplo, se colocan manuales como la historia de la literatura española en varios tomos coordinada por María Grazia Profeti, de la que han salido los volúmenes sobre el XVI y el XVII (1998), y el XVIII-XK (1999). Y por supuesto un lugar de reUeve lo ocupan las traducciones. Citando a Lore Terracini, «professionisti dell 'ispanismo», «letterati e poeti», pero también «persone di cultura»-^^ podrán disfrutar de las versiones italianas de clásicos antiguos o modernos salidas recientemente. Por lo que concierne a la Edad Media, son de señalar los Miracoli della Vergine bilingües editados por Cario Beretta (1999), donde aparecen todos los Milagros de Berceo y una amplia selección de las Cantigas de Santa María de Alfonso el Sabio; y la buena traducción del Libro de buen amor por Vincenzo La Gioia (1999), enriquecida por la introducción, la anotación y la bibliografía a cargo de Giuseppe Di Stefano. Del inmenso mar de las letras áureas han vuelto a aflorar algunas joyas: la Lozana andaluza (traducida con gran acierto por Teresa Cirillo en 1998), la mística (v. la traducción del Castillo de perfección por Angelo Merino, 1999), la comedia (v. la edición italiana del Burlador de Sevilla por Laura Dolfi, 1998) y la preceptiva teatral (v. la nueva edición bilingüe del Arte nuevo de hacer comedias por Maria Grazia Profeti, 1999). Pasando al XX, el lector puede deleitarse con el transgresivo carnaval valleinclanesco de Las galas del difunto (trad, de Paola Ambrosi, 1999), para después simciergirse en las Soledades machadianas, traducidas por varios poetas italianos y portugueses en la antología de Giancarlo Depretis (2000). Más éxito editorial está cosechando en Italia la novela española de las dos últimas décadas. Por ejemplo, es de 1999 la traducción de Corazón tan blanco de Javier Marías, y en el 2000 ha salido L'uomo sentimentale (El hombre sentimental). De la afortunada narrativa de Antonio Muñoz Molina acaban de salir en italiano Los misterios de Madrid (1998) y su «opera prima» Beatus Ule (1999); Lo raro es vivir de Carmen Martín Gaite se tradujo en 1998 y la versión italiana de Irse de casa es muy reciente (2000); en el 2000 también ha sido traducido a nuestra lengua Olvidado rey Gudú de Ana María Matute. Con miras puramente comerciales, en la estela de éxitos más o menos transgresivos en España, se han traducido novelas como La tempestad de Juan Manuel de Prada (1998), o Beatriz y los cuerpos celestes de Lucía Etxebarría (1999). La cantidad de traducciones -no desdeñable por lo que atañe a España, aunque todavía mínima si se compara con el mundo anglosajón o francófono-au-El hispanismo italiano en los umbrales del XXL menta considerablemente si se tiene en cuenta, en cambio, la narrativa (y, pero mucho menos, la poesía) hispanoamericana contemporánea: para los lectores italianos de hoy la gama es bastante vasta, de Borges a Neruda, de Vargas Llosa a Octavio Paz, de Mario Benedetti a Luis Sepúlveda^^. Bien es verdad que mucho queda por hacer, aunque algo se está moviendo en direcciones esperanzadoras. Como hemos visto, la literatura continúa ejerciendo su primacía en nuestro hispanismo, pero despiertan intereses nuevos. Nacen revistas (1998) como la anual «Rivista di Filología e Letterature Ispaniche», coordinada por Giuseppe Di Stefano en Pisa; o surgen iniciativas importantes como la creación del «Centro Interdipartimentale di Studi sulla Lombardia Spagnola», dirigido por Giovanni Caravaggi en la Universidad de Pavía. Y las tesis doctorales discutidas en las sedes de Bolonia, Pisa y Palermo en 1999-^^ demuestran un constante y eficaz aprovechamiento de las letras áureas (v. las ediciones críticas de la Fama póstimia de Pérez de Montalbán, por Enrico Di Pàstena, o de La Hermosura de Angélica de Lope, por Marcella Trambaioli), al lado de inéditas indagaciones sobre el teatro español del primer tercio del XX (Floriana Di Gesù) o la narrativa de hoy (Luigi Contadini, La scrittura ambivalente di Juan José Millas). Otras señales de cambio van apuntando fiíera de la esfera literaria: paralelamente a la ampliación de la enseñanza del español en nuestras universidades destaca la importancia que están cobrando los estudios lingüísticos. En 1999 proliferaron congresos de relieve: se ocuparon de la relación contrastiva italiano/español los estudiosos que intervinieron en la sección de lengua del citado XK congreso de A.ISP.I («Italiano e spagnolo a contatto»), mientras que problemas más bien vinculados con la traducción y la glotodidáctica se discutieron en los congresos «Creación de materiales y nuevas tecnologías» (Milán, 25-26 de febrero de 1999, publ. A nivel institucional una novedad de notable peso es la puesta en marcha (2000) del primer Doctorado de Lingüística Hispánica (dentro del «Dottorato di Lingüistica delle Lingue Moderne») coordinado por Encamación García Dirá en la Universidad de Pisa. Y finalmente, el panorama de los cursos de español para italianos (hasta hace pocos años casi desierto) también se innova: en 1998 salió Amigo sincero, de Maria V. Calvi y Nicelda Provoste, y en el prometedor campo de los lenguajes sectoriales se encauzan ¿A cómo está la lira? (1998) de Luis Luque Toro y Giancarlo Ricci, y el curso multimedia de Félix San Vicente, En este país (1999). Hemos llegado a la meta de este trayecto fiígaz y somero por los recovecos del hispanismo italiano de hoy: de punto final nos pueden servir los significativos títulos de las secciones literaria y lingüística previstas para el primer congreso de la Associazione Ispanisti Italiani en el siglo XXI (Florencia, 15-17 de marzo del 2001): «La penna di Venere. Cómo armonizar tradición e innovación, lo universal y lo particular, es otra vez el reto asignado a los hispanistas italianos del inmediato porvenir^^. Notas ^ Para un excursus del hispanismo italiano a partir de comienzos del XX, v. las actas del congreso de A.ISP.I (Associazione Ispanisti Italiani) L'apporto italiano alia tradizione degli studi ispanici-Nel ricordo di Carmelo Samoná (Ñapóles, 30-31 de enero, 1 de febrero de 1992), Roma, Instituto Cervantes, 1993; la introducción (pp. 9-23) y la parte II («Tradurre letteratura», pp. 173-224) del libro de Maria Grazia Profeti, Importare letteratura: Italia e Spagna, Alessandria, DelFOrso, 1993; y los artículos de Laura Dolfi («Para una bibliografía del siglo XVII-Prosa y poesía: 1980-1989», en Los estudios hispánicos en Italia y en Alemania. Estado presente de la investigación y perspectivas para el futuro, Actas del congreso de Villa Vigoni (21-23 de mayo de 1989), R. Froldi y M. Tietz (eds.), Bochum, Ruhr-Universitát, 1993, pp. 59-72); Lore Terracini («Tradurre letteratura spagnola in Italia», en El Girador. Noticias pormenorizadas sobre los frutos colectivos del hispanismo italiano, evidentes en las actas de los congresos de A.ISP.I desde su fundación (1973) hasta 1997, se pueden hallar en L. Dolfi, Storia delVA. Está en preparación la puesta al día del Repertorio, con las publicaciones del trienio 1996-1999, de la que se encargarán A. Cancellier, Renata Londero y L. Selvaggini. 2 Todos los libros y artículos citados de forma abreviada en el texto quedan consignados en la Bibliografía final. ^ En los Noventa se han editado otros importantes homenajes a grandes hispanistas italianos, que por motivos de límites cronológicos no analizo detenidamente en este trabajo. Cabe, sin embargo, al menos citarlos a continuación. A Giuseppe Bellini están dedicadas dos obras misceláneas: el mencionado El Girador (1993, 2 tt.), y Un lume nella notte. Para homenajear a Ermanno Caldera en 1993 se publicó De místicos y mágicos, clásicos y románticos, A. Albonico, G. Bellini, A. Calderone, R. Froldi, E. Pittarello (eds.), Messina, Armando Siciliano Editore; mientras que Lore Terracini fue conmemorada en Una giornata per Lore. Y finalmente, en 1996 salieron los dos relevantes El hispanismo italiano en los umbrales del XXL tomos de Studi Ispanici de Oreste Macrí (Napoli, Liguori), donde Laura Dolfí recogió una amplia selección de ensayos de este maestro del hispanismo italiano, centrados en escritores y críticos españoles e hispanoamericanos (t. "^ La sección lingüística se tituló Lo spagnolo d'oggi: forme della comunicazione y acogió 14 comunicaciones. ^ En el tomo aparecen también una pequeña sección de literatura catalana, y una parte más amplia dedicada a las letras hispanoamericanas. ^ De la misma autora es el libro La finzione rinnovata. ^ Por razones de espacio voy a proporcionar sólo una pequeña selección de los muchos congresos de interés hispanístico que han tenido lugar en Italia en los últimos tres años, privilegiando los encuentros cuyas actas están publicadas o en prensa. ^ Las riquísimas actas (con secciones dedicadas a documentos inéditos, a la novela, la poesía y el teatro del Fénix, a sus modelos literarios y a sus enlaces intertextuales con autores -sobre todo españoles e italianos-desde el siglo XVII hasta nuestros días, constituyen los números 14, 15 y 16 de la colección «Secoli d 'Oro» dirigida por M.G. Profeti y Gaetano Chiappini en la editorial florentina Alinea, donde hasta hoy se han recogido interesantes volúmenes misceláneos, actas de seminarios, monografías y antologías sobre todo centrados en el teatro, la novela y la poesía auriseculares. ^ Con estas actas se inaugura la colección de ensayos (dedicados a temas de filología hispánica comparada) «Euro-ispanica», dirigida por L. Dolñ en la editorial Bulzoni. ^^ La edición está incluida en la colección de textos y ensayos «Baratarla», dirigida por L. Dolfi y M. Di Pinto en la editorial napolitana Liguori. 12 En los últimos treinta años en Italia ha salido sólo un libro sobre Azorín: Renata Londero, NelVofficina dello scrittore. I' * Cito sólo una recortadísima muestra de textos hispanoamericanos traducidos en Italia en el último trienio, que puede dar suficiente cuenta del interés de un público tanto especialista como amateur por este complejo mundo cultural. En la editorial Adelphi está saliendo la obra completa de Jorge Luis Borges, a cargo de Antonio Melis, Fabio Rodríguez Amaya y Tommaso Scarano (Laboratorio Borges): cf. UAleph (1998), Testi prigionieri (1998), L'artefice (1999), a cargo de T. Scarano; // manoscritto di Brodie (1999, a cargo de A. Melis). En 1999, Einaudi publicó Evaristo Carriego (a cargo de Paolo Collo y Jaime Riera Rehén). Numerosas han sido las versiones italianas de Neruda: II fromboliere entusiasta (trad. Otros muchos autores chilenos son conocidos por el público italiano: entre ellos, Isabel Allende (en 1999 Elena Liverani tradujo La hija de la fortuna, Milano, Feltrinelli), Luis Sepúlveda (en 1999 salió la traducción de Jacaré, Parma, Guanda), Francisco Coloane (Uultimo mozzo della Baquedano, ivi, 2000), Marcela Serrano (Ualhergo delle donne. En cuanto al cercano Uruguay, hay que señalar por lo menos la traducción de cuentos de Mario Benedetti, cuidada por Martha Canfield (Segnali di fumo, trad, de Emanuela Jossa, Firenze, Le Lettere, 2000), y la doble versión italiana de Ariel de José Enrique Rodó (a car-
Hace cerca de cuatro años, la Asociación de los hispanistas franceses realizó una jornadas dedicadas a los estudios doctorales y a la investigación en el hispanismo europeo, que tuvieron lugar en París y en Santiago de Compostela. Invitada por los colegas francesas a participar en la reunión para dar cuenta de lo que, en dicho campo, ocurría en Portugal, me pareció, entonces, necesario hacer una aclaración que, todavía hoy, por lo que me es permitido observar, sigue siendo pertinente. Se trata de precisar qué se entiende en Portugal por el ámbito «hispanista». Huelga decir que no puede ser lo que se entiende tanto en algunos ámbitos universitarios europeos como norteamericanos, donde el ámbito hispanista comprende también el área de estudios de culturas y de literaturas de lengua portuguesa, incluyendo el inmenso Brasil y algunos países africanos. Así, es natural que, en Portugal, el término «hispanismo» sólo considere el ámbito de lengua castellana, tanto en la Península Ibérica como en el continente americano, quedando naturalmente excluidas las areas del portugués (Brasil y países africanos). Del mismo modo, tenderíamos a especificar si se trata del ámbito americano, aún cuando sea en lengua castellana, llamándolo «hispano-americanismo». Otras lenguas de la Península Ibérica como el catalán y el gallego pueden o no ser consideradas dentro del ámbito «hispanista». Razones históricas de todos conocidas, historias de vecinos y parientes, vecinos y parientes de extensión y poderes bien diversos... «traumas» que los hispanistas (e hispanófilos) portugueses tratan que los demás superen. No siempre, sin embargo, lo consiguen... aunque los vientos «europeístas» parezcan soplar favorablemente. La segunda constatación que debemos hacer es la de la escasez de estudios de hispanismo, en Portugal. No existe siquiera una Asociación de Hispanistas, aunque sí exista su proyecto. Encuanto a Hispanoamérica, sus realidades culturales, su riqueza, su diversidad es algo lejanísimo y nebuloso para la mayoría de los portugueses. Una constante que se observa en los estudios que en Portugal se dedican al hispanismo parece ser el hecho de que en su abrumadora mayoría, para no decir, en su totalidad, estos se desarrollan en un ámbito comparatista. De hecho, a Fidelino de Figueiredo se le debe la creación de los estudios comparatistas entre las literaturas española y portuguesa con un encuadramiento científico y teórico-metodológico específico. En la tercera edición de su libro A Crítica Literaria como Ciencia (1920) incluía ya una extensa lista de «relaciones literarias [de Portugal] con España y los países hispanoamericanos» y en 1935, después de haber pasado algún tiempo como profesor en la Universidad de Madrid, publica su Pyrene. Introducción a la historia comparada de las literaturas portuguesa y española. En el más reciente trabajo defendido en la Universidad portuguesa (ya en 2000) -una dissertación de «IVÍestrado» elaborada en el ámbito de estudios de Literatura Comparada (cursos de pósgrado) en la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa sobre «A Traducáo da Literatura Espanhola em Portugal (1940Portugal ( -1990)»-su autor, Dionisio Martinez Soler, español, observa que uno de los criterios de «legitimación» de la traducción de ciertas obras de la literatura española al portugués es su relación con temas y/o autores específicamente portugueses o su contribución a lo que Eduardo Lourenço (1978) llamó el proceso de «autognosis nacional», lo cual constituye, según el prestigiado ensayista, una pulsión determinante de la literatura portuguesa en los dos últimos siglos. Algo parecido se podría decir en lo que concierne el ensa3dsmo, esto es, los estudios hispanistas en Portugal. Pero las razones son también (sobretodo) académicas. Los hispanistas portugueses (profesores universitarios) trabajan siempre, también, por fuerza del sistema, en el área de otra literatura, predominantemente la literatura portuguesa. Fruto de este cruce son: el libro que yo misma he publicado (resultado de una tesis de doctorado), Cervantes no Romantismo Portugués, Cavalheiros andantes, manuscritos encontrados e gargalhadas moralíssimas (Lisboa, Ed. Estampa, 1994); la dissertación de «mestrado» de Antonio Apolinário Lourenço, de la Universidade de Coimbra, Identidade El hispanismo en Portugal e Alteridade em Fernando Pessoa e Antonio Machado (Braga-Coimbra, Angélus Novus Ed., 1995); la tesis de doctorado que el mismo tiene en preparación sobre Clarín y Eça de Queirós; y el libro recientemente publicado por la decana de los hispanistas portugueses, Maria Idalina Resina Rodrigues, de la Universidad de Lisboa, De Gil Vicente a Lope de Vega, Vozes cruzadas no Teatro Ibérico (Lisboa, Ed. En el mismo ámbito comparatista se inscriben comunicaciones o artículos de los hispanistas portugueses que responden a propuestas promovidas por España en el área de las relaciones literarias peninsulares. Así, el último trabajo de la Profesora María Idalina Resina Rodrígues, «Así que pasen cien años: Calderón en Portugal» para la exposición conmemorativa del centenario del gran dramaturgo español, en Calderón en escena: siglo XX (Comisarios de la exposición José M^ Diez Borque y Andrés Peláez Martín, exposición organizada por la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madríd); o mi misma participación en Agora: el debate peninsular, organizado por la Junta de Extremadura y realizado en Cáceres (mayo 2000) sobre «La traducción de la literatura española en Portugal: José Bento, teoría y práctica de un traductor». Finalmente, Cervantes comparado con Camoes es objeto de dos trabajos publicados por mí: «Leer a Cervantes en tierra de Camoes. Os Lusíadas y El Persiles: la literatura comparada y la lectura literaría», en Sin Fronteras. Ensayos de literatura comparada en homenaje a Claudio Guillen. Coord, de Darío Villanueva, Antonio Monegal, Enríe Bou. En cuanto a los estudios doctorales en el ámbito del hispanismo portugués, ellos han de ser considerados en relación a la situación del español en la enseñanza portuguesa. Durante largas décadas fue el francés la lengua predominante en este nivel, recientemente sustituido, como ocurre en todo el mundo, por el inglés. Comparado con lo que es la situación del español en la enseñanza europea, el español tiene aún una presencia diminuta en la enseñanza secundaría portuguesa. En el curso 1999/2000, según datos de la Consejería de Educación de la Embajada de España en Lisboa que confirman los proporcionados por el Ministerio de Educación portugués, son 36 las escuelas portuguesas en las que se enseña lengua española en los niveles de enseñanza básica y secundaría y 44 los profesores que se María Fernanda de Abreu 592 dedican a esta tarea; el número de alumnos es de cerca de 2500. El cambio de la situación en los últimos años se puede observar mejor si la comparamos con lo que ocurría unos años atrás: en el curso 1991/1992, año en el que empezó a impartirse la enseñanza del español en el sistema portugués (en regimen de experiencia pedagógica), eran apenas 3 los centros, 3 los profesores y 35 los alumnos. Las salidas profesionales para los licenciados en español dependen muy estrechamente de esta situación. De ella depende, además de otros factores, el que se logre una mayor demanda de las licenciaturas de español y convencer a los sistemas universitarios de implantarlas en sus programas de desarrollo. Aquellas existen, asociadas al portugués o al francés, y también aquí la situación empieza a cambiar: a las que desde hace tiempo se ofrecían en las Universidades de Coimbra y de Lisboa, se han añadido recientemente las de Oporto y Nova de Lisboa y el próximo curso en la de Algarve. El español se enseña, también, en las Universidades de Miño y de Evora y en muchas universidades privadas como asignaturas opcionales para cursos de interpretación, traducción y relaciones públicas. Un observador extraño al sistema universitario portugués podría decir que, simplemente, en Portugal no existen estudios doctorales en el área del hispanismo. De hecho, en general, sólo desde hace pocos años se ofrecen los llamados «estudios doctorales» («cursos de doutoramento») en las universidades públicas portuguesas, en el campo de las humanidades. Sin embargo, para evaluar más correctamente la situación hay que explicar a qué corresponde, dentro del sistema universitario portugués y de la carrera universitaria en Portugal, lo que, en los medios hispanistas internacionales, se viene llamando «estudios doctorales» (algo parecido a la situación portuguesa ocurre en Polonia y Alemania). Terminada la licenciatura, la carrera universitaria portuguesa se desarrolla según un sistema progresivo de tres grados que obligan a la prestación de pruebas públicas (además de algunas pruebas más, documentales): «mestrado», «doutoramento», «agregacáo». Los estudios de «mestrado» pueden, pues, corresponder a los estudios de doctorado españoles. De acuerdo con estas equiparaciones: a) se imparten estudios de nivel de tercer ciclo -«Ramo Educacional»-en español, en la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa y en la de la Universidad de Coimbra; b) antes de la licenciatura recientemente criada en la Universidad Nova de Lisboa, en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, se realizarán durante algunos años estudios de nivel de «mestrado», a El hispanismo en Portugal través de una disciplina de Literatura Comparada Portuguesa y Española (además de que se venía impartiendo desde 1984 una asignatura opcional de Literatura Española así como una asignatura de Lengua Española); ello dio lugar a la elaboración de disertaciones sobre temas de las relaciones literarias entre Portugal y España; c) en la misma Universidad, se ha constituido recientemente un Núcleo de Estudios Ibéricos e Ibero-americanos que ha creado un curso de «Mestrado» en dicha área de estudios, multidisciplinar (historia, antropología, sociología, literatura y lingüística), cuya apertura está proyectada para octubre de 2000. Dicho núcleo sigue, de hecho, la creación inmediatamente anterior, en la Universidade Nova, de un Instituto de Estudios Ibéricos e Ibero-Americanos, de ámbito multidisciplinar, donde los estudios de hispanismo propiamente dicho deben constituir una de las principales líneas de acción. Su seminario inaugural se realizó los días 30 y 31 de marzo de este año, en el Instituto Cervantes de Lisboa, bajo el título «Portugal, Espanha e Ibero-América: projectos e realidades num mundo globalizado», con participación de especialistas portugueses, españoles, brasileños, hispanoamericanos y africanos y una asistencia de cerca de casi un centenar de inscritos en el seminario. A su vez, la Universidade Autónoma de Lisboa ha inaugurado una cátedra Miguel de Unamuno dedicada a las relaciones culturales entre Portugal y España con una serie de mesas redondas dedicadas a la figura de su patrono con especialistas portugueses y españoles. También la Casa Fernando Pessoa, en colaboración con el «Salón del libro americano de Gijón», acaba de realizar unas «Jornadas Literarias Iberoamericanas: duas línguas, duas literaturas». Cierto es que el macrocontexto de la Unión europea favorece la promoción de encuentros que antes eran más escasos. Esperamos los hispanistas portugueses que esas u otras razones contribuyan al desarrollo necesario de un campo de estudios al cual, hoy por hoy, tan sólo unos pocos se dedican en Portugal.
En esta reflexión sobre el hispanismo británico, en lugar de especular sobre cuáles de las tendencias actuales llegarán a dominar en el futuro, voy a describir las fuerzas operantes en este campo que constituyen la situación en este momento y que por tanto contienen en germen las corrientes futuras. El cuadro resultante comprende corrientes cuyas posibilidades para desarrollos futuros no se han agotado, además de líneas innovadoras que están ensanchando y enriqueciendo las posibilidades investigadoras de hoy. Para completar el panorama hago un repaso de los medios editoriales e instituciones que facilitan y apoyan el hispanismo en el Reino Unido. El talante positivo que predomina en el hispanismo británico actual se remonta a unos importantes cambios de tipo político ocurridos en el Reino Unido y España. La incorporación del Reino Unido a la Comunidad Económica Europea en 1973 supuso un renovado compromiso político y cultural con los países vecinos, y el posterior ingreso de España en 1986 implicó una continua convergencia de miras de los dos países. La pertenencia a la Unión Europea, junto con la aproximación sociocultural que ofrece la industria turística española para muchos británicos, les ha abierto los ojos al concepto de España en sus manifestaciones más variadas. Ese mayor conocimiento ha ido acompañado de una interrogación a nivel más científico sobre el concepto de cultura, ahora comúnmente entendido como «todo lo que hace el hombre como ser social». Anteriormente la cultura española significaba para un universitario británico la lengua, literatura e historia política de España, mientras que hoy en día es probable que exista una visión más completa y diversa del país y que su cultura se entienda en el sentido plural de esa palabra, que abarca todas las maneras en que los españoles 596 Philip Deacon expresan su identidad, sea a través del cine, el deporte, el baile, la música, las fiestas e incluso los edificios y la cocina. La cultura española se comunica cada vez más a través de imágenes televisivas y el británico de la calle fácilmente reconoce personajes y objetos destacados de la cultura española como José Carreras, Pedro Almodovar, el Museo Guggenheim de Bilbao, o una sala de fiestas de Ibiza. Los «estudios culturales» y otros campos destacados En la actualidad existe una gran diversidad en el hispanismo británico; la ampliación de temas ha sido fomentada por las necesidades de enseñar y transmitir a las nuevas generaciones las innovaciones más importantes en cada terreno. El hispanismo ha seguido de cerca los debates en el campo de la teoría literaria (o cultural) que han centrado la atención en los departamentos hermanos dedicados a la cultura nacional (Jordan, 1990). Las aproximaciones metodológicas derivadas del deconstruccionismo, el análisis psicoanalítico (Sinclair, 1993), el feminismo, los estudios «gay», el postmodernismo, y otros, han influido en los métodos empleados por hispanistas británicos para entender la cultura española (Smith, 1992). En este momento no existe ninguna ortodoxia dominante como podría haberse argüido hace cuatro décadas cuando el hispanismo británico estaba menos desarrollado (Marichal, 1990). Todo parece aceptarse en los foros donde el hispanista inglés, gales, escocés o norirlandés presenta sus investigaciones. Y, como se demostrará abajo, el número de revistas en que aparecen publicadas las investigaciones se ha ampliado para dar cabida a esta pluralidad. Si hubiera que señalar una tendencia importante que se ha perfilado en los estudios filológicos del hispanismo británico en la última década, tendría que ser los llamados «estudios culturales», término globalizador que sirve para subrayar los contextos que comparten todos los fenómenos culturales (IngHs, 1993; Eagleton, 2000). El texto que mejor sirve como muestra de una aproximación a España desde esta perspectiva es el libro Spanish Cultural Studies: An Introduction, coordinado por Helen Graham y Jo Labanjd, la primera historiadora, la otra originariamente crítica literaria (Graham, 1995). El libro proclama su enfoque en la introducción: su concepto de la cultura abarca la identidad, la sexualidad, los nacionalismos, los medios de comunicación, el cine, la arquitectura, la sociolingüística, fenómenos como «la movida», etc., adoptando una óptica que cuestiona los principios de una cultura de élite desde una perspectiva de oposición a la cultura El hispanismo británico: Estado actual y perspectivas establecida, subrayando incluso el aspecto postmoderno de la cultura española actual. El libro, publicado por la Oxford University Press, no es un fenómeno único. La Cambridge University Press respondió con un libro coordinado por un norteamericano, David Gies, en que muchos de los temas -^identidad nacional y regional, medios, arte, etc.-y de los autores se repetían. El Cambridge Companion to Modern Spanish Culture es más ecléctico, con muchos autores norteamericanos además de británicos y españoles, y no se nota un deseo de adoptar una única línea política o de oposición sino que se reflejen distintas perspectivas tanto de método como de compromiso político (Gies, 1999). Y como las editoriales parecen ver un campo nuevo para sus productos, la editora Arnold ha lanzado Contemporary Spanish Cultural Studies, coordinado por Barry Jordan y Rikki Morgan-Tamosunas (Jordan, 2000). Cada nueva aportación responde al libro anterior, variando perspectivas y avanzando el debate. De inspiración parecida, aunque en forma de libro de consulta, es la Routledge Encyclopedia de Contemporary Spain, dirigida por Eamonn Rodgers y un equipo de coordinadores (Rodgers, 1999). En este caso consta el deseo de ofrecer una obra de referencia al estudiante de lengua inglesa interesado por la cultura española. Y como consagración de la estrella ascendente de los estudios culturales, está a punto de aparecer una nueva revista, el Journal of Spanish Cultural Studies, dirigida por la misma Jo Labanyi y un equipo de codirectores (Paul Julian Smith, Alberto Moreiras, Teresa Vilarós y Josep-Antón Fernández). Su línea editorial es «cuestionar las nociones establecidas de la cultura española y del hispanismo a través de trabajos de innovación teórica y crítica». Lo que trasciende de este fervor editorial es la apuesta por la popularidad de esta aproximación multidisciplinar a la cultura española y el deseo de sus protagonistas de innovar. El hetho de que el estudio del cine se acoja bajo el signo de los estudios culturales no significa que no debe figurar como un importante campo autónomo. El libro de John Hopewell, Out of the Past: Spanish Cinema after Franco (1986), fue un jalón que permitió que los cursos de cine español tuvieran un texto de referencia en que basar los estudios. Sin embargo, una ojeada a las recientes bibliografías sobre el cine español demuestra la fuerte presencia de historiadores y críticos británicos aunque algunos quizás no se sientan adscritos al hispanismo. La atención investigadora se ha prestado preferentemente a nombres como Luis Bunuel (Evans, 1995), Carlos Saura (Edwards, 1995), Víctor Erice (Riley, 1984) y cada vez más Pedro Almodovar (Smith, 1994). Los estudios monográficos sobre directores e incluso análisis de películas individuales han encontrado cabida en series importantes como las guías del British Film Institute (Evans, 1996) y la nueva serie sobre cine de la Cambridge University Press, Cambridge film handbooks. Varios hispanistas inicialmente especializados en literatura han visto el análisis de películas como lógica extensión de sus trabajos de crítica literaria (Fiddian, 1988); sus estudios se han diñmdido mucho y varios de los títulos han sido traducidos al español. El interés por el cine como forma artística ha sido fomentado por instituciones oficiales como el British Film Institute y sus filiales en varias grandes ciudades del Reino Unido. El conocimiento del cine específicamente español, sin embargo, ha sido secundado por las distintas sedes del Instituto Cervantes (Londres, Leeds y Manchester) que han montado festivales de cine español con hispanistas británicos y a la vez invitando a destacados personajes españoles con el fin de dar a conocer mejor las últimas novedades. En paralelo los congresos y coloquios del hispanismo británico han acogido el estudio del cine como componente fundamental de sus actividades. En suma, se puede concluir que el estudio del cine español se halla ya firmemente establecido en los programas universitarios, y por tanto será materia básica del hispanismo futuro. Otro aspecto destacado del hispanismo británico reciente es el auge de los estudios sobre traducción. Existe un centro de traducción literaria en la Universidad de East Anglia, dirigido por Peter Bush, y varios profesores de otras universidades traducen textos españoles para un público de habla inglesa. Se celebran congresos en el British Centre for Literary Translation que reúnen a especialistas de todas las lenguas, incluido el castellano, y ciertas editoriales han promocionado las obras de autores españoles pasados y presentes en series de prestigio (Oxford World's Classics, Penguin Classics, etc.). La editorial Aris and Phillips ha dedicado atención especial a las traducciones de obras españolas, publicando una impresionante serie de ediciones bilingües a cargo de destacados especialistas. El tercer campo que interesa mencionar por haber ocupado la atención de un destacado número de hispanistas británicos es la literatura de mujeres y el terreno relacionado de la crítica cultural enfocada a través del género. No es extraño que hayan sido las hispanistas las que han prestado más atención a escritoras españolas (Davies, 1993), pero también el papel de la mujer en la sociedad española (Jones, 1997) y una aproximación feminista a la cultura española han sido temas de interés predilecto de estas investigadoras. De pasada, debe El hispanismo británico: Estado actual y perspectivas mencionarse que las últimas dos décadas han presenciado un mayor protagonismo de mujeres en el hispanismo británico en general. Es significativo, por ejemplo, que en la dirección de las principales revistas del hispanismo británico haya un número igual de hombres y mujeres. El cuarto campo que quiero destacar es el estudio de las culturas catalana, gallega y vasca. Las nacionalidades que constituyen España siempre han interesado a los hispanistas británicos, pero la creación de las Comunidades Autónomas ha llamado la atención de manera especial sobre el concepto de la identidad. Desde 1954 la cultura catalana tiene su propia organización de estudio y apoyo en la Anglo-Catalan Society, que publica monografías y monta congresos para fomentar las investigaciones en este campo. La más reciente creación de lectorados de catalán financiados por la Generalitat de Cataluña en algunas universidades extiende los conocimientos de la lengua catalana entre los estudiantes británicos y anima a los profesores a investigar en ese campo. En la Universidad de Birmingham existe un Centro de Estudios Gallegos que fomenta el interés por la cultura de Galicia. La cultura vasca asimismo es tema de investigación de varios estudiosos, especialmente historiadores (Sullivan, 1988). Varios profesores de lingüística dedican atención tanto práctica como teórica a las diversas lenguas cooficiales del estado español. De fecha reciente son la gramática comprensiva de la lengua catalana (Wheeler, 1999) y la historia de la lengua vasca (Trask, 1997) que figuran en importantes series publicadas por la editorial Routledge. Los órganos potenciadores de la investigación: Las editoriales Las corrientes a las que acabo de referirme son una muestra de cómo la actividad editorial acompaña la renovación y ampliación del hispanismo británico. La percepción de que los estudios hispánicos se han establecido como campo en vías de expansión en el Reino Unido y otros países de habla inglesa, y que existe un público listo para acoger las nuevas aportaciones universitarias es evidente en la publicación de un número de textos fundamentales. Hace una década la editorial Arnold publicó una gramática descriptiva del español para angloparlantes (Butt, 1988). La aparición de este manual de unas quinientas páginas por fin proporcionó una herramienta de primera importancia para la enseñanza de la lengua española en el Reino Unido. De manera semejante, el diccionario, ya antiguo, de la editorial Collins, dirigido en su primera edición por el destacado hispanista británico Colin Smith (1971), ha vuelto a editarse en ediciones ampliadas y puestas al día, proporcionando otra herramienta imprescindible. En 1994 la Oxford University Press lanzó un gran diccionario bilingüe competidor, demostrando la creciente demanda en el sector. Varias editoriales relacionadas con los estudios hispánicos han tenido una proyección ñiera del Reino Unido por publicar igualmente en lengua española. La editorial Támesis, ahora incorporada en Boydell and Brewer, sigue publicando ediciones y estudios de literatura, historia, arte, música y de otros temas culturales españoles. Después de la muerte en 1999 de su fimdador, John Varey, su labor editorial continúa, aunque su sede se había trasladado hacía tiempo a España y su consejo de redacción refleja ahora una fijerte influencia española además de británica. La Liverpool University Press, editora de la distinguida revista Bulletin of Hispanic Studies, ha lanzado una serie paralela de monografías (Textual Research and Criticism Series) formada por estudios y ediciones, algunos en inglés pero otros editados en castellano. Una editorial independiente mencionada arriba, Aris and Phillips, cuenta con una importante lista de estudios y ediciones de textos españoles para uso universitario. Su serie más destacada es la dedicada a ediciones bilingües de textos clásicos españoles. Los encargados de los distintos volúmenes, que incluyen un alto porcentaje de británicos, han preparado textos cuidados de obras españolas acompañadas de traducciones que las hagan accesibles a lectores de habla inglesa. Una nueva iniciativa editorial comercial es la serie de textos españoles dirigida por Paul Lewis-Smith, y editada por Bristol Classical Press, filial de la casa editora londinense Gerald Duckworth. Desde 1995 la Bristol Classical Press ha publicado ediciones críticas de textos importantes, y hace poco la editorial se extendió a la publicación de monografías sobre temas españoles. Otra editorial universitaria, la de Manchester, se ha renovado en la pasada década, publicando más libros de interés hispánico, no sólo ediciones escolares y universitarias de textos importantes en una serie dirigida por Peter Beardsell, sino también estudios de política (Gibbons, 1999) y cine (Jordan, 1998). Una institución universitaria más pequeña que publica investigaciones sobre la cultura española es el Trinity and All Saints College de Leeds. Centrándose en los trabajos presentados en congresos y coloquios celebrados en Leeds, el Colegio ha editado una serie de libros en que se reúnen trabajos importantes sobre temas hispánicos tan diversos como la novela negra (Rix, 1992), el cine, o las relaciones con la Comunidad Europea (Cooper, 1995). Otra editorial El hispanismo británico: Estado actual y perspectivas especializada que ha llevado a cabo una importante tarea al dar a luz los trabajos de hispanistas británicos es la Edwin Mellen Press. A través de su oficina británica en Lampeter esta editora norteamericana publica monografías sobre temas hispánicos (Davies, 1993), tanto en inglés como en español, a veces con tiradas cortas, pero que hacen llegar a manos de un público interesado estudios, ediciones y obras especializadas que de otra manera no aparecerían. Las antiguas editoriales universitarias de Oxford y Cambridge han seguido su tradición de editar libros importantes dedicados a la cultura española. Los títulos recientemente publicados tratan todos los campos del hispanismo: literatura, historia, arte, cine, política, economía. Una novedad digna de destacar es el deseo de la Cambridge University Press de dar mayor salida a sus autores en el mundo hispánico; si en un primer momento los derechos fueron cedidos a una editorial española, ahora es la misma editorial la que a través de su filial española imprime y comercializa sus productos en España e Hispanoamérica en ediciones españolas (Gies, 1996). No obstante, las editoriales españolas siguen de cerca las novedades sobre España publicadas en el Reino Unido y con loable prontitud los estudios importantes suelen aparecer poco después en castellano, y a veces, casi en paralelo con la edición inglesa. Y ciertos estudios, como los del historiador Paul Preston, a veces se publican antes en España que en el Reino Unido (Preston, 1986). Una novedad en el mercado de revistas, emprendida con el deseo de ampliar el terreno de los estudios hispánicos, es Tesserae, dirigida desde Cardiff University por los profesores Jordi Larios y Montserrat Lunati. La publicación aparece dos veces al año, tiene un aspecto novedoso e intenta abarcar la plenitud de los estudios españoles e hispanoamericanos en el Reino Unido, publicándose artículos y reseñas en inglés, español y catalán. Su distribución y comercialización está en manos de una editorial de prestigio y es de esperar que la calidad de sus aportaciones le ayude a afianzarse en el mercado. Otra iniciativa parecida fue la revista de la Queen Mary and Westfield College, la Journal of Hispanic Research, publicada entre 1992 y 1995. Según su declaración de principios, la revista se dedicaba «a las lenguas, literaturas, cine, artes dramáticas e historia intelectual de España e Hispanoamérica», y en los primeros números el intento de provocar 602 Philip Deacon el debate sobre las líneas futuras del hispanismo encontró cabida en el «Open Forum» del periódico (Round, 1992; Hart, 1993). El mismo equipo directivo lanzará una nueva revista en 2000: Hispanic Research Journal. He hecho mención ya del veterano Bulletin of Hispanic Studies, iniciado en Liverpool en 1923. Como resultado de un desacuerdo sobre la dirección de la revista, el comité editorial decidió trasladar su sede institucional en 1995 a la Universidad escocesa de Glasgow. Posteriormente la Liverpool University Press reivindicó la titularidad de la revista ante un juez en Escocia, juicio que perdió {Bulletin, 1996). La falta de claridad sobre la situación terminó con la publicación desde 1996 de dos revistas con el mismo nombre y aspecto, y hasta la fecha no se ha encontrado otra solución. Esta expansión en el terreno de las revistas científicas tiene que sumarse a la existencia de otras ya firmemente establecidas. Romance Studies, publicado en Swansea, se dedica también a las demás lenguas románicas, al igual que el Forum for Modern Language Studies, editado por la Oxford University Press para St Andrews University y la Modem Language Review, editada por la Modern Humanities Research Association. No podemos cerrar este capítulo sobre las publicaciones periódicas sin mencionar la aparición de Donaire, revista semestral de la Consejería de Educación y Ciencia de la Embajada de España en Londres, que acoge trabajos de hispanistas británicos de variada naturaleza. Su lanzamiento es una muestra más de cómo el hispanismo británico actual corre parejo con el hispanismo de España. Los órganos institucionales del hispanismo británico El hispanismo británico tiene dos asociaciones que representan a sus miembros y encauzan sus actividades. La Association of Hispanists of Great Britain and Ireland (AHGBI) fue creada en 1955 para coordinar las actividades conjuntas de los hispanistas en universidades. Celebra un congreso anual como foro para comunicaciones sobre temas propuestos por los organizadores o en secciones dedicadas a distintas ramas de estudios (literatura medieval, teoría de la literatura, lingüística, etc.). Otra agrupación, de creación más reciente (1987), es la Association for Contemporary Iberian Studies (ACIS), que en sus inicios comprendía a hispanistas de los colegios politécnicos (convertidos en universidades en 1992) que querían promocionar un enfoque distinto de la investigación, uno más acorde con la enseñanza de aspectos de España que El hispanismo británico: Estado actual y perspectivas no ocupaban el primer plano en las universidades, es decir la política, economía y sociología de España, además de la lingüística aplicada. La ACIS marcó distancias con la AHGBI por restar importancia al estudio de la literatura, tema que solía dominar en los congresos de la AHGBI. En su establecimiento formal en 1988 la AGIS inauguró una revista semestral denominada ACIS, que en 1996 se convirtió en el International Journal of Iberian Studies. La labor del hispanismo británico recibe el apoyo de las instituciones representativas del Gobierno de España, y desde que se establecieron las tres sedes del Instituto Cervantes en el Reino Unido, la cooperación y respaldo recibidos por las dos asociaciones oficiales del hispanismo británico han sido extensos. Muchas de las actividades programadas por el Instituto Cervantes se hacen en colaboración con hispanistas del Reino Unido; numerosos coloquios y actos culturales organizados en conjunto han tenido mayor trascendencia debido al apoyo dado por el Instituto, sea proporcionando una sede para su celebración, sea por encargarse de la asistencia de destacadas personalidades españolas. El Gobierno español a través de varios ministerios apoya e incentiva la investigación de profesores británicos en España. El Ministerio de Asuntos Exteriores convoca Becas para Hispanistas que. permiten la estancia durante periodos de uno o dos meses para llevar a cabo investigaciones en archivos, bibliotecas y otras instituciones en España. Una iniciativa positiva del Gobierno británico con respecto al fomento de la investigación en el terreno del hispanismo se produjo en octubre de 1998 con la creación del Arts and Humanities Research Board (AHRB). Las otras grandes divisiones de la investigación científica universitaria (Ciencias Sociales, Medicina, etc.) tenían un consejo nacional para orientar, administrar y financiar sus actividades, quizás porque recibían fondos sustancialmente superiores. En el año referido, a raíz del informe encargado por el Gobierno a un comité presidido por Sir Ronald Bearing (1997), la labor de la British Academy relacionada con la asignación de recursos a la investigación pasó al AHRB, un organismo parecido a los demás consejos de investigación, para así promoeionar áreas que hasta entonces recibían sensiblemente menos recursos que sus semejantes (un investigador de filología recibía, por ejemplo, como promedio un 7% de lo que recibía uno de ciencias sociales). Un resultado de la creación del AHRB ha sido la financiación de proyectos de investigación más ambiciosos, un sistema de sabáticos de investigación, recursos para financiar investigaciones postdoctorales, becas para asistir a congresos internacionales, etc. Este aumento de financiación gubernamental dedicada a las humanidades -donde se Philip Deacon comprende la mayor parte del hispanismo-está en sus inicios pero los actuales planes prometen resultados notables en el futuro. El AHRB en 1998 absorbió varias de las funciones de la antigua British Academy. Conviene, sin embargo, mencionar algún que otro proyecto iniciado bajo los auspicios de ésta. El Pérez Galdós Editions Project localizado en la Universidad de Sheffield fue establecido en 1996 bajo la dirección de Nicolas Round, con un comité internacional que incluye a galdosistas españoles. El proyecto tiene como eje un Centro universitario dedicado a la preparación de textos críticos del autor canario -en la actualidad Rhian Davies prepara ediciones de las novelas de Torquemada-que se divulgarán utilizando métodos tanto tradicionales como electrónicos. En torno a la tarea editorial se montan coloquios y talleres de trabajo que reúnen a galdosistas de todo el mundo. Otro ejemplo de un proyecto auspiciado por la British Academy ha sido la catalogación de la Colección Eliot-Phelips de libros y documentos españoles que se encuentran en la Biblioteca de la Universidad de Londres. Esta colección importante de impresos, planos y otros objetos ha sido cuidadosamente catalogada, y se celebró un coloquio en 1999 para dar a conocer mejor su existencia. Una significativa participación española en la investigación hispanística en el Reino Unido procede desde hace varias décadas de la Fundación Cañada Blanch, con sede española en Valencia. Esta Fundación cultural lleva fomentando el hispanismo británico desde hace mucho tiempo a través de un sistema de becas de ayuda a la investigación, y en 1996 amplió sus actividades estableciendo dos Centros en el Reino Unido: uno en la London School of Economics bajo la dirección del historiador Paul Preston y otro en Manchester bajo la dirección del medievalista Jeremy Lawrence. Los dos centros promocionan investigaciones a través de becas pero también varias actividades afines; financian publicaciones, montan coloquios, organizan visitas y se ocupan de todo lo que pueda promocionar el interés por España y su cultura. Una institución semejante británica, de larga dedicación al estudio y promoción de la cultura española y latinoamericana en el Reino Unido, es Canning House en Londres. Este centro monta coloquios y cursos especializados orientados a divulgar el conocimiento de la lengua española y de los países que la hablan, y por tanto facilita los contactos entre hispanistas y los interesados por los campos que investigan. De importancia especial son los cursos para profesores de colegio, que así se ponen al día de las últimas novedades. No puede terminarse este repaso de las instituciones que apoyan la investigación sobre España en el Reino Unido sin mencionar otras El hispanismo británico: Estado actual y perspectivas dos entidades. La British Library tiene una colección extraordinaria de libros y manuscritos españoles que proporcionan un apoyo fundamental a la investigación. Este centro tiene un equipo de bibliotecarios especializados en la cultura española que cuidan y amplían las colecciones además de publicar sus propios trabajos de investigación (Whitehead, 1994). Estos especialistas participan en los organismos del hispanismo británico ya mencionados, manteniendo contactos con los investigadores en universidades y cooperando dentro de lo posible en promocionar el hispanismo. La segunda institución nacional, la Royal Academy of Arts, monta exposiciones de arte con gran regularidad e incluye artistas españoles entre los que se exhiben. Esta Academia mantiene estrechos contactos con España y cuando en 1994 preparó una exposición sobre Goya lo hizo en colaboración con el Museo del Prado, y organizó conferencias para acompañar la muestra, contando con la participación de expertos en la obra del pintor aragonés como Juliet Wilson-Bareau, una de las coordinadoras de la exposición (Wilson-Bareau, 1994). El breve recorrido antecedente, necesariamente parcial y subjetivo, apunta a tendencias que indican un futuro lleno de vitalidad para el hispanismo británico. La existencia de una sólida infraestructura institucional además de las múltiples redes de relaciones y contactos personales son una prueba de los fundamentos sobre los que se realizan las actividades del hispanismo en el Reino Unido. La diferencia notable con respecto a la situación de hace veinticinco años es la firmeza y confianza del apoyo recibido de España a través de muchas vías. Es evidente también que los mismos hispanistas británicos se encuentran más íntimamente conectados con España. Los medios de comunicación modernos como el correo electrónico ponen a los investigadores en contacto de la manera más inmediata, lo que permite estrechar aún más la colaboración entre individuos e instituciones de los dos países.
Hispanismo en Rusia y en los Países del Este: Adonde va, de dónde viene La divulgación de los éxitos de los hispanistas de la Europa central y oriental así como sus encuentros son sumamente importantes por varias razones. En primer lugar se trata de una rama de humanidades que se desarrollaba por razones políticas en esta parte de Europa durante muchos años sin contacto autentico y profundo con el mundo hispánico y con la hispanística internacional. Al mismo tiempo se sabe muy bien que el nivel de las humanidades en los paises de la Europa del Centro y del Este ha sido en el siglo XX muy alto (se puede mencionar por ejemplo a los representantes del Circulo Lingüístico de Praga, por ejemplo a Roman Yakobson, asi como a Vladimir Propp, Mijail Bajtin, Yuri Lotman), en la mayoría de los casos a pesar de la ideología marxista-leninista. No hay que olvidar también que pensadores y científicos occidentales de renombre como Eliade, Lukacs, Berdiaev, Todorov o Kristeva han sido de procedencia rumana, húngara, rusa o búlgara. Otro aspecto del problema es la situación actual completamente nueva con la actitud estatal respecto a la hispanística en los paises del Este en comparación con la de los años 60 o 70. No es casual que la reducción de los programas de cooperación con Cuba se reflejó en la política de los Ministerios de Educación de los paises del campo «socialista». Las dificultades que en muchas ocasiones tiene la hispanística en la parte de Europa que nos interesa son bastante lógicas en la situación, cuando se disminuye la presión ideológica y al mismo tiempo casi se anula el apoyo estatal. Y por último hay que mencionar el hecho de la separación de los intelectuales y por supuesto de los hispanistas de la Europa Centro-Oriental ligados de momento mucho mejor con sus colegas en el Occidente que unos con otros. Por todas las razones ya mencionadas en cuanto a las perspectivas de la hispanística en los paises de la Europa central y oriental hay que subrayar la importancia del período actual, de todo punto crítico y clave. Está claro que es necesario generalizar la situación en la enseñanza y en el estudio de la lengua y la cultura hispánica, analizar los éxitos, las dificultades y las tendencias en todo este proceso. En España se sabe poco del hispanismo en los paises del Este, aunque la hispanística no sólo en países como Polonia, Hungría o la República Checa más ligados con el Occidente, sino incluso en Rusia, comenzó a constituirse hace mas de cien años ^. De Rusia se guardó la noticia de que ya en el año 1598 el zar Boris Godunov, una de las mas dramáticas figuras de la historia rusa, intentó proñmdizar en la enseñanza de las lenguas extranjeras para los niños y tuvo el propósito de invitar a los maestros incluso de España ^. El primer filólogo, que centró su interés en la hispanística y principalmente en el estudio del teatro español del Siglo de Oro fiíe Dmitri Petrov, el catedrático de la Universidad Estatal de San Petersburgo, la cuna del hispanismo ruso. Sus trabajos: «Ensayos sobre el teatro de costumbres de Lope de Vega» (San Petersburgo, 1901) y «Anotaciones sobre la historia de la antigua comedia española» (San Petersburgo, 1907) en dos partes, la segunda de las cuales es la publicación del manuscrito de la comedia de Lope «Lo que pasa en im.a tarde») ocuparon un lugar importante en la literatura científica mundial existente sobre el teatro español. Por otro lado, hasta hoy día no han perdido su significado, y se consideran como clásicos en su ámbito los trabajos que sobre la Edad Media hiciera el conocido historiador ruso Vladimir Piskorsky. Consecuentemente se valoraban muy altamente sus investigaciones en la misma España. En el 1901 Piskorsky fiíe nombrado miembro correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de Barcelona, su trabajos («Las Cortes de Castilla en la época de transición de la Edad Media a la edad moderna (1897)» y «El régimen de servidumbre en Cataluña en la Edad Media» (1901)) han sido traducidos al español ^. La hispanística en Rusia con los esñierzos de varias generaciones de estudiosos, que cada año ensanchan el diapasón de sus investigaciones, tiene en su haber éxitos de gran importancia. Sirvan como ejemplo libros tan ñmdamentales como el trabajo colectivo «Cultura de España» (Moscú, 1940, en ruso), «Ensayo sobre la historia de las lenguas de España» de VShishmarióv (Leningrado, 1941, en ruso), «Cervantes. Vida y obra» de KDerzavin (Moscú, 1958, en ruso), «Ensayos Hispanismo en Rusia y en los Países del Este sobre la historia de las relaciones literarias hispano-rusas de los siglos XVI-XIX» de M.Alekseev (Leningrado, 1964, en ruso), «Sobre el problema de la variación lingüistica. El español de España y de América Latina» (Moscú, 1979, en ruso) de G.Stepanov, «Pruebas de la historia. Ensayos de la literatura española del siglo XX» de I. Terterián (Moscú, 1983, en ruso ) Por su gran aporte a la filología hispánica, M.Alekseev, G.Stepanov y I.Tbrterián fiíeron nombrados miembros extranjeros de la Real Academia Española. Si los orígenes del interés por parte de los rusos en la cultura y la lengua españolas tienen vieja raigambre y el hispanismo ruso se enorgullece de numerosas traducciones y estupendos ensayos ^, la enseñanza del español como asignatura oficial no tiene más de sesenta años. La más importante etapa en la divulgación del español en Rusia está ligada con el período de la Guerra Civil y está condicionada con las relaciones políticas entre España y la URSS. Tuvo importancia en particular la organización de los colegios para los niños españoles, niños de la guerra, que necesitaban de maestros, de manuales y de programas educativos. Es rauy significativo el hecho de que hasta aquel tiempo no hubiese sido creado un centro de estudios superiores para la formación de hispanistas. En 1937 Olga Vasilieva-Shvede, entonces catedrática de la Universidad de Leningrado, escribió el primer manual soviético de lengua española ^, ideado en principio para curso universitario, y convertido más tarde, debido al carácter masivo que adquirió en aquellos tiempos el interés hacia España, en curso «de iniciación». Durante muchos años precisamente la Univerisdad de Leningrado licenciaba maestros y profesores para los colegios y los centros de enseñanza superior de toda la Union Soviética. Otra etapa muy importante, con la difusión mucho más profunda que antes de la enseñanza del español en Rusia y en general en los países del campo «socialista», también estuvo motivada por causas ideológicas. Las relaciones amistosas entre la URSS y la República de Cuba, la estrecha colaboración en el plano económico, militar y cultural necesitaron de muchos intérpretes y traductores y produjeron gran interés en el público por la lengua española. Según el proyecto del Ministerio de Educación de la Unión Soviética en el año 1970 tendría que estudiar español un 15% de todos los que estudiaron las lenguas extranjeras en los colegios y en los centros de enseñanza superior (igual que el alemán, en comparación con el 45% del inglés y el 25% del francés). Desgraciadamente este proyecto no se realizó, pero de todos modos el español es ahora la cuarta lengua de las lenguas extranjeras más divulgadas en Rusia. De gran tradición en Rusia son los estudios en la esfera del orientalismo lo que se puede aprovechar mucho más de lo que todavía se ha hecho para la investigación de las culturas hispano-árabe e hispano-hebrea. Una gran parte de los trabajos del eminente arabista ruso I.Krachkovsky están dedicados a la cultura hispano-arabe. De los libros surgidos durante los últimos decenios sobre este tema, merece especial atención el trabajo de K.Boiko, arabista de la sección petereburguesa del Instituto del Orientalismo de la Academia de Ciencias de Rusia «Literatura histórica árabe en España (siglo VIII -primer tercio del siglo XI) (Moscú, Ed. Hay que señalar en este plano la colaboración actual estrecha y muy fructífera de Olga Variash, historiadora moscovita, que se dedica a la España medieval y su hija Irina Variash, arabista, que investiga la cultura de Al-Andalus. La actividad popularizadora de los hispanistas soviéticos se manifestaba no sólo en sus trabajos de investigación, o a lo largo de coloquios y congresos, sino también en la publicación de las traducciones al ruso de las obras de autores españoles o en la lengua del original. Además hay que tener en cuenta la amplitud del diapasón y de las posibilidades de las editoriales soviéticas. Todo esto respondía plenamente al profundo interés del pueblo por España, por su cultura y su historia. En calidad de compiladores, autores de los prólogos y notas actuaban y todavía actúan tanto famosos historiadores de la literatura como maestros de la traducción literaria. Entre las numerosas traducciones de los últimos decenios se puede recordar las publicadas con una tirada de 300.000 ejemplares en la serie «Biblioteca de la Literatura Mundial», del «Poema de Mió Cid», del «Romancero», «Vida de Lazarillo de Tormos», «Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos», de Quevedo, «El Diablo cojuelo», de Vélez de Guevara, las novelas de P.A.de Alarcón, de J.Valera, de B.Pérez Galdós, de V.Blasco Ibañez, los poemas de J.R.Jiménez, A.Machado, F.García Lorca, R.A1berti y M.Hernández. Paradójicamente la existencia de la pared ideológica resultó ser una de las causas de la riqueza y la abundancia de libros dedicados a la enseñanza del español o la cultura española, preparados en los países del Este y publicados en sus lenguas. Es muy representativa la bibliografía de la hispanística soviética que incluye todo lo que se refiere a las monografías, artículos, material didáctico, diccionarios, tesis doctorales, y editado entre los años 1918 y 1969. La bibliografía incluye trescientos treinta y nueve trabajos ^. Por la misma causa de la existencia durante varios decenios del «telón de acero», en Rusia se editaron muchos autores españoles en Hispanismo en Rusia y en los Países del Este original, necesarios para el proceso educativo, eligiendo a los que que figuraron en el catálogo de los «progresivos». Prohibiendo la edición e incluso la investigación de autores «reaccionarios», como San Juan de la Cruz, Santa Tferesa, Góngora o Gracián, la censura soviética facilitaba la edición de tales obras maestras de la literatura española, como «Cancionero popular español», «Fuenteovejuna» de Lope de Vega, «Cádiz» y «Doña Perfecta» de B.Pérez Galdós, «Pepita Jimenez» de J.Valera, «Obras Escogidas» de F.García Lorca, con unas tiradas enormes según las normas occidentales. Dentro del panorama de la hispanística en los países de la antigua Unión Soviética, que se desarrolla actualmente por sus propios caminos, aunque continuando en muchos aspectos las tradiciones adquiridas en las aulas de las Universidades de Leningrado y de Moscú, la hispanística ucraniana, bielorusa y georgiana es de mayor alcance. Muy divulgado está el hispanismo en Ucrania, donde no sólo en Kiev, sino también en ciudades como Odesa, Lvov, Poltava, Dnepropetrovsk, Zaporozie, están trabajando en las universidades y los institutos decenas de profesores (se puede mencionar en primer lugar eminentes especialistas como RPomirko, Z. Getman, N.Korbozierova, M.Voronina) que dan clases de español y de literatura española, y a la vez publican manuales y sus traducciones de los autores hispánicos. En Bielorusia los estudios hispánicos se realizan desde los años 60 de nuestro siglo en la Universidad de Minsk. A propósito, durante el periodo soviético Bielorusia ha sido la más «hispanohablante» de las repúblicas de la URSS: un 4.2 % de todos los que estudiaron las lenguas extranjeras estudiaban español. El particular interés de la sociedad georgiana por España está condicionado por la teoría sobre el posible origen común de georgianos y vascos. Un gran número de trabajos de los científicos georgianos ligados con la Península Ibérica está dedicado a la diversa problemática que afecta al País Vasco. Por cierto que sus autores tuvieron que exponer cuestiones tanto científicas como populares ya que, a pesar de que la literatura sobre el tema vasco que existe en idioma georgiano es bastante amplia, en ruso, durante los últimos años, se publicó solamente un contado número de trabajos. Los trabajos de los vascólogos sobre aspectos lingüísticos y etnográficos de la hipótesis vasco-caucasica se encuentran ampliamente representados en el libro «Ibérica. Cultura de los pueblos de la Península Ibérica»' ^. Hay que destacar a la Fundación Duques de Soria, que realiza muy valiosas actividades y hace esfuerzos en apoyo de la hispanística mundial y que organizó en Salamanca, en junio de 1991, el coloquio «El español y el futuro del hispanismo ante los cambios ocurridos en los paises del Este de Europa». Participaron en él 30 representantes del hispanismo de Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia y Rumania y por supuesto los profesores de renombre de varias Universidades de España. De esta reunión nació una «Declaración de Salamanca», elaborada por los hispanistas allí presentes. El Primer Simposio Internacional «Europa del Centro y del Este y el Mundo Hispánico», celebrado en la Universidad Jaguellonica de Cracovia entre el 26 y 28 de octubre de 1995 cumplía con el mismo fin. Estuvo organizado por el Instituto de Filología Románica de la antigua y famosa universidad polaca, en primer lugar por la Dra. Teresa Eminowich, junto con las Universidades de Wroclaw, de Varsovia y la Asociación de Hispanistas Polacos. No tiene nada de asombroso el que los hispanistas polacos tuvieran esta iniciativa: la hispanística en Polonia, con los esfuerzos de varias generaciones de estudiosos, que cada año ansachan el diapasón de sus investigaciones, tiene en su haber éxitos de gran importancia. Además de los hispanistas polacos en el Simposio participaron lingüistas, historiadores de la literatura, la política, la filosofía y del arte del mundo hispánico de España, Bulgaria, República Checa, Eslovaquia, Rumania, Rusia y Ucrania. Los materiales del Simposio se dividen en las Actas en tres grandes bloques: «Relaciones políticas, literarias y artísticas»; «Lingüística»; «Enseñanza y traducción del español». Al mismo tiempo hay que subrayar que junto con los temas tradicionales para los hispanistas del cualquier parte del mundo, donde cada uno puede traer su aportación individual, tales como la enseñanza de español como lengua extranjera, el libro tiene algunos rasgos muy peculiares. Se puede mencionar por ejemplo el tema de las culturas intermediarias (Polonia para Rusia o Francia para toda la Europa Centro-Oriental en el curso de los siglos, Rusia en algunas ocasiones en el siglo XX) que se nota en varios trabajos. Este aspecto está ligado muy estrechamente con el ambiente comparativo, desde el punto de vista muy amplio y abierto (no sólo la divulgación de la lengua y literatura española o hispanoamericana en dichos países) que ofrece buenas perspectivas. En este plano son muy representativos los artículos de Piotr Sawicki y Beata Zakes «"Cartas sobre España" de Vasilii Petrovich Botkin y "El viaje a través de España" de Jan Stella Sawicki: en la pista de un plagio literario» y de M.Pierrette Malcuzynska «Mijail Bajtin y los estudios literarios hispánicos (con una aportación bibliográfica)». En cuanto a la tesis de las coincidencias entre el pensamiento filosófico en la Europa Centro-Oriental y en Ibe-Hispanismo en Rusia y en los Países del Este roamérica, propuesta y probada por Eugeniusz Gorski, me gustaría añadir mi idea de la semejanza entre otros dos modelos de las culturas fronterizas, situadas en dos zonas marginales de Europa: España y Rusia. La importancia de la colaboración muy estrecha de los colegas de nuestra zona del hispanismo europeo se prueba por la falta de las referencias rusas en otros dos trabajos del ámbito comparativo: de Beata Baczynska, «Lecturas románticas de la obra de Pedro Calderón de la Barca. Una perspectiva polaca» y de G.Rokiski Lázaro «Polonia en la poesía española del siglo XIX». El artículo de N.Balachóv y Y.Staniukovich «La unidad doble del drama "El príncipe constante" en la traducción romántica de Slovatskiy», publicado en el libro «Calderón y la cultura mundial» (Leningrado, 1986) y el libro del gran hispanista ruso de los comienzos del siglo XX D.KPetrov «Rusia y Nikolas I en las poesias de Espronceda y Rossetti» (San Petersburgo, 1909) pudieran ser útiles para estos estudios en lo general muy interesantes e informativos. La diversa problemática que afecta a lengua, literatura, cultura y política del mundo hispánico se reflejó en trabajos como «Confines y fronteras. El paralelo histórico a finales del siglo XX» del Embajador de Polonia en España, el profesor Jan Kieniewicz, «El personaje de la picara española y Moll Flanders de Defoe», de la profesora Mariana Dimitrova (Sofia), «Cervantes en Rumania» de la profesora Tudora Sandru Olteanu (Bucarest), «La hispanística en Rusia» de la profesora Kseniia Lámina (San Petersburgo), «Edward Porebowicz y la lingüística española» del profesor Roman Pomirko (Lvov). En cuanto a Rusia, en el año 1994 se celebró en Moscú en la sede de la Universidad Lingüísica el I Congreso de Hispanistas de Rusia ^ patrocinado por la Embajada de España en Moscú. En el Congreso fue creada la Asociación Rusa de Hispanistas, con dos centros regionales: Moscú y San Petersburgo. Gracias a la ayuda del Ministerio de Asuntos Exteriores salieron a la luz las Actas del Congreso ^. En el año 1999 también en Moscú se celebró el II Congreso de Hispanistas de Rusia. Una de las peculiaridades de la hispanística en Rusia y en la mayoría de los países del Centro y del Este de Europa ha sido la lengua nacional como casi el único vehículo de divulgación no sólo de la cultura sino también de la lengua española. De dos peligros de aislamiento -de los colegas en otros países del mundo o del público nacional-el hispanismo ruso desde hace mucho tiempo ha elegido el primero. En general, los libros se publican en ruso, los artículos en las revistas especializadas y académicas en ruso, la enseñanza, por lo menos de literatura española se realiza en ruso, las tesis se defienden en ruso. El que gana es el público ruso, porque, por ejemplo, mi libro «Por los caminos del Quijote», del año 1988, salió con una tirada de 60.000 ejemplares. Por supuesto otra cara de la moneda es el hecho de que este libro sigue siendo la tierra incógnita para mis colegas hispanistas en España y en otros países. Sin duda alguna una de las tareas de nuestro hispanismo es romper esta tradición pero no por completo sino encontrando un equilibrio, huyendo de tales peligros y aprovechando ambas ventajas. Entre las dificultades de la diñisión del español en Rusia y sin duda alguna en general en los países del campo «socialista» que surgen en el periodo de tránsito hay que subrayar las que están ligadas con el proceso de la liberación del proceso educativo. Ahora no se trata de colegios y de lenguas obligatorias, y los padres tiene derecho a elegir las lenguas para la enseñanza de sus hijos, a diferencia del pasado «soviético», cuando todo funcionaba a través del orden. Por eso ahora aumenta la importancia de la propaganda. En este plano es muy representativo el ejemplo de San Petersburgo, donde en vez de disminuir la cantidad de los alumnos, aumenta, también crecen los colegios «españoles». Ahora en San Petersburgo hay ocho colegios donde el español es la única o la primera lengua extranjera. Las mismas tendencias se reflejan en la enseñanza superior, donde se notan intentos de cerrar las secciones, Departamentos o Facultades del español, o por lo menos disminuir la cantidad de los grupos. Por ejemplo en la Universidad de San Petersburgo los últimos años en vez de dos grupos hay sólo uno. Hay que añadir que este proceso no tiene nada en común con el interés por parte de los jóvenes hacia la lengua. La cantidad de los candidatos a ingresar en las secciones y los departamentos de español de las universidades y los institutos no disminuye. A propósito, la idea de enseñar la lengua y la cultura españolas por via Internet sin duda alguna abre grandes perspectivas para el futuro de la hispanística. A la vuelta del milenio no hay que olvidar que la hispanística rusa tiene algunas misiones peculiares. Una de las mas importantes es la investigación del quijotismo ruso. La suerte que el Quijote ha corrido en Rusia no es sólo la versión nacional de un proceso cultural general, sino uno de los raros ejemplos de la historia de la cultura en que el fenómeno puramente literario de un país concreto se convierte en dominante de la vida cultural y pública de otro país, con la inevitable pérdida de muchos, por no decir la mayoría, de sus peculiaridades historico-literarias concretas. En el Quijote los rusos han visto no sólo Hispanismo en Rusia y en los Países del Este una obra genial, sino toda una parábola sobre los destinos del hombre; en el protagonista de la novela, un profeta o falso profeta, el mito cuyo entorno podía servir de clave para la interpretación de los acontecimientos de la vida intelectual y pública de Rusia. Por eso deben interesarnos en igual medida traducciones, escenificaciones o ensayos, o, en otras palabras, la historia real de la recepción de la novela de Cervantes en Rusia, equiparable a la aceptación de cualquier otra obra en un idioma extranjero, por una parte, y por otra, la historia del quijotismo ruso como fenómeno cultural, las interpretaciones filosófico-psicológicas de la imagen cervantina, la interpretación creativa de los escritores rusos el mito de Don Quijote, el recurso al hombre del héroe cervantino en las polémicas de la opinión pública rusa. La distancia existente entre el protagonista y la novela, así como entre la novela y su autor, inevitable en el proceso histérico-cultural, no desmerece en lo más mínimo el valor de la novela ni del escritor, sino que amplía el espectro de interpretaciones ^°. Otras de las importantes tareas para los hispanistas del Centro y del Este de Europa son la búsqueda, el estudio, la catalogación y la publicación de los manuscritos españoles que se conservan en los fondos de los archivos y bibliotecas de nuestros países. Por ejemplo, sólo en los archivos de Moscú y San Petersburgo se guardan numerosos manuscritos, los más antiguos de los cuales se remontan al siglo IX, manuscritos hispano-árabes e hispano-hebreos, cartas de Fernando el Católico y de Carlos V, la correspondencia diplomática entre las Cortes de España y Francia, que salvó un modesto funcionario de la Embajada de Rusia en París, las cartas de S.Ignacio de Loyola y de Rafael del Riego, la correspondencia de Palacio Valdés y Blasco Ibañez con sus traductoras rusas y la riquísima documentación sobre la Guerra Civil Española, innaccesible hasta el momento para los especialistas. El origen de este proyecto reside en la labor llevada a cabo por el Prof Dr. D. Emilio Sáez Sánchez, fallecido en 1988, en San Petersburgo y Moscú, donde encontró importantes manuscritos medievales españoles. Los equipos de los historiadores madrileños y moscovitas investigaron y publicaron en el curso de los últimos años los documentos ligados con las relaciones diplomáticas entre Rusia y España ^\ Carlos Sáez Sánchez publicó hace poco el catálogo preparado por su padre Emilio Sáez ^^. Al mismo tiempo no olvidemos que, además de los incendios y las inundaciones, existen y van a existir la locura, la ignorancia y la codicia humana. Como se sabe por las famosas «Cartas desde Rusia» de Juan Valora, en la Biblioteca Imperial de San Petersburgo se guardaban los manuscritos de dramas desconocidos de Pedro Calderón de la Barca. El gobierno bolchevique los devolvió junto con otros manuscritos a Polonia, y, según parece, desaparecieron durante la Segunda Guerra Mundial. Hay noticias de que se puede encontrar una carta del Zar Ivan el Terrible dirigida a su contemporáneo Felipe IL Según varios testimonios, Galdós poseía cartas de Tolstoi y Turgueniev ^^. No se sabe dónde están ahora. Todavía no se ha encontrado la carta de Tolstoi dirigida a la redacción de la «Revista Blanca», que jugaba un papel tan importante en la novela «La voluntad» de Azorín. Todavía no se puede trabajar con el importantísimo archivo del Partido Socialista Obrero Español, traído con una valiosísima documentación española contemporánea por las tropas soviéticas desde Berlín. No falta el entusiasmo por parte de las personas dispuestas a trabajar sobre esos tesoros. Pero sin el apoyo institucional poco o nada podremos hacer. Una de las lineas de actuación cultural y científica de los hispanistas de los países del Este debe ser el trabajo científico y de investigación realizado con la historia de la colonia española en nuestros países, en algunos casos común y que sólo se puede realizar uniendo los esfuerzos. Por ejemplo, de los hispanistas rusos y ucranianos cuando se trata de la conmemoración del Segundo Centenario de la muerte del Almirante José de Ribas (1749-1880), figura clave de las Fuerzas Armadas y destacado político de la época de Catalina II la Grande. José de Ribas se incorporó al servicio de Rusia en 1772. Gran estratega militar y artífice de la victoria definitiva de Rusia sobre Turquía en la costa del Mar Negro durante la guerra de 1787 y 1791, fundador en 1795 del estratégico puerto de Odesa, una de las ciudades más importantes de Ucrania y del litoral mediterráneo. José de Ribas está enterrado en San Petersburgo. Se pueden prever tales lineas de desarrollo en el ámbito de la hispanística en los países del Centro y del Este como una colaboración con sus colegas en España mucho más estrecha que antes (desgraciadamente por causas muy conocidas los hispanistas de Bielorusia o de Rumania no pueden gozar de tales contactos con las universidades occidentales como sus colegas checos, húngaros o polacos) en la investigación de algunos proyectos concretos y peculiares, cuando el intercambio de los éxitos de distintas escuelas es sumamente importante. A mi parecer son bástente convincentes dos Coloquios Internacionales dedicados al tema «Culturas fronterizas entre Oriente y Occidente. Han participado historiadores, antropólogos, filósofos, historiadores de la literatura, hispanistas, rusistas, arabistas, hebraístas, bizantinistas no sólo de Rusia y España, sino también de Holanda, Hispanismo en Rusia y en los Países del Este Israel y Yugoslavia, lo que abre grandes perspectivas para el mejor conocimiento de la mentalidad fronteriza y de muy distintos modelos de la cultura fronteriza como España y Rusia, pero también del Oriente Próximo, los Balcanes o el Cáucaso. Por lo que se refiere a España y Rusia, la historia secular de sus respectivas culturas nos muestra el papel que ambas han desempeñado (y desempeñan) entre Oriente y Occidente. Sus respectivas posiciones geográficas las han convertido en puente, puerta, ventana o encrucijada de culturas. Pese a todas sus diferencias, estos dos casos permiten poner de manifiesto algunas regularidades características de los países fronterizos •^^. Uno de los rasgos del hispanismo que viene va a ser la divulgación más amplia y profunda en España y los países hispanoamericanos de los éxitos de las humanidades de los países del Centro y del Este de Europa en el siglo XX, sin olvidar la procedencia de esta parte de Europa de pensadores y científicos de renombre como Eliade, Jakobson o Tódorov. Al parecer la única excepción es la huella muy profunda que ha dejado la obra y la teoría de Mijail Bajtin en el area del hispanismo mundial ^^. Por ejemplo, los mejores trabajos de los hispanistas rusos forman parte de esa crítica de inspiración bajtiniana dos monografias bastante recientes de ámbito cervantino ^^. Al mismo tiempo hay mucho que hacer, por ejemplo en la esfera de los estudios del folklore y las tradiciones populares del mundo hispánico apoyándose en las ideas (y no sólo en algunas citas) de Vladimir Propp. En las nuevas condiciones, en que no funciona tal como antes el apoyo estatal al hispanismo, aparecen nuevas posibilidades inexistentes en los regímenes totalitarios. Puedo mencionar lo que conozco más: mi propia experiencia en las actividades de la Organización Social «Fundación Cervantes» de San Petersburgo que he creado en el año 1995. Sus principales programas son: El Programa «Cervantes», dedicado a la popularización en Rusia de la obra cervantina, el estudio del destino de Don Quijote y del quijotismo en Rusia; El programa «Menéndez Pidal», orientado hacia la búsqueda, el estudio y la catalogación de manuscritos españoles en Rusia; El programa «José de Ribas» -trabajo científico-investigador relacionado con la historia de la colonia española en San Petersburgo, la inmortalización de la memoria de los españoles que estuvieron relacionados con Rusia y Petersburgo y con su destino. Ademas, la Fundación Cervantes de San Petersburgo trabaja en las siguientes direcciones: la organización de las «Jornadas Cervantinas» anuales ^^; la publicación de la serie «Biblioteca de Literatura Española» •^^, la actividad de la «Biblioteca Hispánica» en nuestro local; la creación de la pagina WEB «El destino ruso del mito de Don Quijote» (www: http//quijotisino-ruso.phs.ru). La Fundación Cervantes forma parte del «Programa de colaboración en el campo cultural y educativo entre la Federación Rusa y España para los años 1999-2001». No podría terminar este artículo sin decir que uno de los rasgos más esenciales del hispanismo que viene va a ser la imposibilidad del tema: «Hispanismo en los países del Centro y del Este de Europa». Por lo menos por dos razones. En primer lugar, porque el hispanismo va a ser en el futuro mucho más uniforme y unido, igual que Europa en general. Y en segundo lugar porque cada uno de los países (Rumania, Ucrania, Yugoslavia, Hungría, Armenia, etc.), a pesar de todas sus preferencias, étnicas, geográficas, culturales y ideológicas en algunos casos multiseculares, seguirá su propio camino. ^ Por ejemplo, con motivo del centenario de estudios hispánicos en Polonia, el Departamento de Estudios Ibéricos de la Universidad de Varsovia organizó los días 2-4 de diciembre de 1999 el Simposio Internacional «El hispanismo europeo a fín de siglo». ^ Véase el artículo del famoso comparatista ruso Mijail Alekseev, «Hispanística a la luz de las relaciones culturales hispano-rusas», Alekseev M. La literatura rusa y el mundo romance, Leningrado, Ed. ^ Véase: L.T. Milskaya, I.S. Pychuguina, V.K Piskorski, primer hispanista ruso, El contacto. España, vista por los historiadores soviéticos y españoles. P.I, Moscú, Editorial del Instituto de Historia Universal, 1990, p. Rusia y España: Una respuesta cultural, Madrid, Ed. ^ Uno de los primeros intentos de estudio de la lengua española en el imperio ruso fue la Gramática breve española, según las normas de la Real Academia Española, publicada por Jacob Langen (Mitava, 1811, en ruso). Más tarde apareció Material didáctico para el estudio de la lengua española, compuesto por Yakov Rut, bibliotecario de la Universidad (San Petersburgo, 1844, en ruso). ^ Véase por ejemplo, Yu. Zitsar, «Sobre el estado actual de la lengua y la cultura vascas», Ibérica. Cultura de los pueblos de la Península Ibérica. «Investigaciones científicas de la etnografía vasca y paralelos etnográficos vasco-caucasicos». Ibid,; N. Sturua Problemas del vascuense en la vascología contemporánea (La revista «Fontes linguae vasconum»). Ibid, pp. 201-207 (en ruso); G. Shalamberidze «Papel de los compuestos en la estructuración de la vascológia comparada», Ibid, pp. 208-215 (en ruso). ^ En 1970, en el recinto de la Universidad de Leningrado, se celebró el I Congreso de Filología Hispánica de la Unión Soviética. Otra nueva etapa en el desarollo de la hispanística en la URSS comenzó en el año 1977 y está directamente relacionada
Hemos tratado de hacer un ligero bosquejo de cómo están las cosas en materia filológica, en lo que afecta a los géneros narrativo y poético, tanto desde el punto de vista editorial como en el de loç estudios desde cualquier óptica en estos últimos años del milenio. Naturalmente tal estado de la cuestión se complementa con otros que anteriormente han ido haciéndose en reuniones científicas y publicaciones de la especialidad, de ahí que hayamos escogido como margen los últimos años y de ahí también que se ofirezca una relación sucinta de lo que se echa en falta. No se puede pedir exhaustividad en tan corto espacio, de manera que necesariamente tendremos que proceder de forma selectiva, a veces por el desconocimiento de algunas obras referidas a la materia que nos ocupa. El mundo de los congresos, reuniones, seminarios, etc. ha seguido un ritmo apreciable, y ha producido buen número de actas, resúmenes, publicaciones de jornadas, etc. Muy destacables son por su propia magnitud los celebrados en Madrid por la Asociación Internacional de Hispanistas (1998) y en Münster por la Asociación Internacional del Siglo de Oro (1999), ambos se convocan cada tres años y reúnen a buen número de profesores y estudiosos, y cristalizan en publicaciones de varios volúmenes. Han seguido los congresos sobre edición y anotación, cuyas dos primeras entregas fraguaron en sendos libros publicados por las editoriales Castalia y Támesis; el tercero se ha dedicado a los textos coloniales y se ha editado con el título Edición y anotación de textos coloniales hispanoamericanos a cargo de Ignacio Arellano y J. A. Rodríguez Garrdo (Madrid-Pamplona: Iberoamericana-Universidad de Navarra, 1999). El Congreso de Jóvenes Filólogos reunió en La Coruña a buen grupo de jóvenes y menos jóvenes en 1996, cuyas intervenciones fraguaron en unas actas tituladas Edición y anotación de textos, a cargo de Carmen Parrilla et. al. (A Coruña: Universidade, 1998). La literatura medieval ha visto editado el conjunto de ponencias presentadas al Coloquio Internacional La Fermosa Cobertura en un libro titulado precisamente La Fermosa Cobertura: lecciones de literatura medieval (Pamplona: EUNSA, 2000). También la Asociación Hispánica de Literatura Medieval ha editado las actas de su congreso celebrado en Castellón en 1997 en un libro titulado Actes del VII Congrès.,., a cargo de Santiago Fortuno Llorens y Tomás Martínez Romero (Castellón: Universitat Jaume I, 1999). La Universidad de Castilla-La Mancha organizó un seminario dedicado a los poetas menores de los Siglos de Oro, entre los que se encontraban Polo de Medina, Rioja, Baltasar de Medinilla y otros. La Sociedad de Literatura Española del siglo XIX ha editado su coloquio primero, en unas actas que se titulan Del romanticismo al realismo, a cargo de Luis F. Díaz Larios y Enrique Miralles (Barcelona: Universitat, 1998). En 1997 se organizaron varios eventos relacionados con Cervantes, entre ellos el Tercer Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas (CINDAC), cuyas Actas acaban de salir impresas en grueso volumen (Palma de Mallorca: Universitat, 1998), a cargo de Antonio Bernât; también el congreso de «Locos amenos», igualmente a cargo de A. Bernât y J. M. Casasayas (Salamanca-Palma de Mallorca: Universidad de Salamanca-Universitat de les Ules Balears, 2000). Como no podía ser menos, el 98 ha suscitado buen número de encuentros de eruditos y especialistas, como las conferencias que se publicaron con el título de Paisaje y figura del 98, a cargo de Carlos Seco Serrano et al. (Madrid: Fundación Central Hispano, 1997) o el congreso El 98 y la pérdida de las colonias celebrado en Ottawa en 1998, después editado como número extraordinario de la Revista Canadiense de Estudios Hispánicos (1999). De la misma forma, autores concretos como Lorca o Valle han tenido un tratamiento especial. Otros congresos o seminarios igualmente productivos se han llevado a cabo sobre relaciones de sucesos, como el titulado precisamente La fiesta. Actas del II Seminario de relaciones de sucesos, editado por Sagrario López Poza y Nieves Pena Sueiro en la Universidad de La Coruña (La Coruña: SIELAE, 1999). Esta importante fuente recopilatoria de estudios se ha visto aumentada por el dedicado al profesor Diez Taboada, Estudios de literatura española de los siglos XIX y XX, a cargo de José Carlos de Torres y Cecilia García Antón (Madrid: CSIC, 1998), también el dedicado a Patrick Gallagher, A Lifetimes reading: Hispanic essays for Patrick Gallagher, a cargo de Don W. Cruickshank (Dublin: University College, 1999) y a don Emilio García Gómez, Lírica popular, lírica tradicional: lecciones en homenaje a -, editado por Pedro M. Pinero Ramírez (Sevilla: Universidad, 1998). De la misma manera el profesor Deyermond ha recibido un merecido libro de homenaje titulado The medieval mind: Studies in honour of -(London: Tamesis, 1997). Existen buen número de colecciones de textos, algunas de reciente creación, otras que llevan ya tiempo en el mercado y han supuesto la edición de numerosas obras. Es el caso de la serie de Espasa Nuevos Clásicos Castellanos, que ha tenido el acierto de ofrecer ediciones magníficas dedicadas a Timoneda, Valle Inclán (muy poco editado, si no es por las ediciones de Austral) y otros. Esta misma editorial ha lanzado una serie de obras completas, donde se han fijado definitivamente textos de Berceo, Machado, Miguel Hernández, Buero y otros autores. De la misma forma, la colección austral ha incorporado nuevos títulos a su catálogo, algunos muy interesantes, precedidos ahora de un cuidado prólogo y una anotación a la altura de la obra en cuestión. En otras ocasiones recupera un texto ya editado, que ahora aparece con prólogo y apéndice didáctico al final. Textos tan dispares como las Claves líricas de Valle-Inclán, Peribáñez o una antología de la poesía de los siglos de Oro se pueden seguir leyendo con placer a un precio muy asequible en esta colección fundamental para las letras españolas Clásicos Castalia y Letras Hispánicas de las editoriales Castalia y Cátedra, respectivamente, han seguido prestando sus buenos servicios a la comunidad filológica, por cuanto han continuado con la edición de textos importantes y de otros que sin serlo menos estaban mucho menos editados. Por no citar sino algunos de los últimos, baste señalar la aparición en estas series de libros como el dedicado a Vicente Medina (Diez de Revenga). De la misma manera, la editorial Crítica continúa con los números de la Biblioteca Clásica, y entre otros ha editado Los pazos de Ulloa (Ermitas Penas, 2000) o el El diablo cojuelo (Ramón Valdés, 1999). La Biblioteca Castro, que tanto servicio presta por cuanto supone la recuperación de algunos textos verdaderamente difíciles, se ha seguido ampliando con libros como los Coloquios de Arce de Otalora o la Philosophía moral, de Pérez de Moya, junto con otros apenas editados modernamente y otros que sí cuentan con numerosas ediciones en el mercado, como las obras de Cervantes o Galdós. Recientemente se han editado las Obras completas de un narrador y crítico tan polifacético como Juan Antonio Gaya Ñuño (Consolación Baranda, 1999). En el capítulo de las nuevas colecciones hay que llamar la atención sobre la que se titula «Medio maravedí», que dirige el profesor Antonio Bernât, de la Universidad de las Islas Baleares, y que edita Olañeta. En un formato muy atractivo se ofirecen algunos títulos muy curiosos como Sonetos sobre los XVI modos del Aretino, traducidos y con estudio preliminar (Edición de Pablo Luis Avila. Palma de Mallorca: Olañeta, 1999); o el Arte de bien morir medieval, precedido de un clariñcador estudio también de Francisco Gago (Palma de Mallorca: Olañeta, 2000). El SEMYR, Seminario de Estudios Medievales y del Reancimiento, de Salamanca, ha editado entre 1998 y 1999 cuatro volúmenes de diferente materia, que van desde la teoría sobre la traducción en la época clásica (María Isabel Hernández González, 1998) a El arte de la poesía: el cancionero (María Isabel Toro Pascua, 1999), pasando por otros libritos dedicados a parodias universitarias o artes de poesía y prosa. De la misma forma, Ignacio Arellano dirige la reciente Biblioteca Áurea Hispánica, que la editorial Iberoamericana-Vervuert está empezando a editar, y que cuenta con un buen número de libros ya dedicados a diferentes aspectos como la Bibliografía del teatro breve (De la Granja-Lobato), a la edición de textos como El alcalde de Zalamea o a estudios sobre aspectos varios como la poesía toledana (Madroñal, 1999) o la obra cervantina (Zimic). Desde Italia nos llega la sugerente colección «Agua y Peña» que ha editado libros tan interesantes como la edición crítica del Jardín de hermosura de Urrea (a cargo de Monica von Wunster. La editorial Arco Libros sigue en su línea, filológicamente impecable, con la edición del corpus médico en que vienen trabajando Nieves Sánchez y María Teresa Herrera, que cuenta ya con algunos títulos fundamentales, como el Lilio de medicina de Gordonio o la Sevillana medicina y que contará en breve con la obra Diez privilegios para mujeres embarazadas de Alonso de los Ruizes de Fontecha, y con otros títulos diferentes. Peter Lang viene editando desde hace tiempo estudios y textos de literatura española, no hace mucho nos llegaba La silva curiosa de Medrano (Alcalá Galán New York, 1998); también los Cantores del Corpus Christiy que se debe a la profesora Elizabeth Wilhelmsen (New York, 1996) y que recoge poetas de todas las épocas, desde la Edad Media hasta nuestros días, que han tratado en sus versos el tema eucarístico. La editorial Visor, especializada en poesía, ha dedicado también algunos de sus títulos a libros imprescindibles en materia filológica, como la edición facsímil de Vocabulario de refranes, de Correas, prologada por el profesor Víctor Infantes o la edición crítica del Cancionero de Baena, que se debe a los especialistas Dutton y González Cuenca. Por su parte, el Seminario de Estudios Hispánicos de Madison ha editado también obras medievales y de los Siglos de Oro, con el rigor que le caracteriza. De manera que podemos encontrar otros cancioneros y libros fundamentales. En el campo de los cancioneros hay que mencionar la continua labor del profesor Labrador, editor entre otros del Cancionero sevillano de Nueva York (Sevilla: Universidad de Sevilla, 1998) y otros y de la magnífica tarea levada a cabo por el desaparecido recientemente Brian Dutton, cuando publicó su magna obra de recopilación en siete volúmenes sobre el cancionero medieval. La editorial Reichenberger, aunque mayoritariamente dedicada al teatro de los Siglos de Oro, ha destinado también algunos títulos y series a la prosa y poesía, incluso ha dado a conocer textos difíciles como el inédito Libro de los buenos proverbios, que se debe al profesor Weiner; pero también obras de Jorge de Montemayor y otras de muy interesante aportación y otras referidas al siglo XX como la obra de Juventino Caminero, Poesía española del siglo XX: capítulos esenciales (1998). Otra editorial fundamental para los estudios de literatura española es Tamesis, que ha editado no solo buenos conjuntos de documentos para la historia del teatro, también estudios como el de Jeremy Robbins dedicado a las academias, Love poetry of the Literary Academies in te reigns of Philip TV and Charles II (1998), que viene a completar los ya clásicos de King y Sánchez y otros sobre novela sentimental española. Las editoriales provinciales, que no siempre distribuyen demasiado bien sus libros, publican estudios y ediciones importantes, así la Diputación de Sevilla ha editado la Obra crítica de Cansinos-Assens (A. González Troyano, 1998), en una colección titulada Biblioteca de Autores Sevillanos y en otra la obra de Héctor Brioso Santos, Sevilla en la prosa de ficción del Siglo de Oro (1998). En Huesca el Institue de Estudios Altoaragoneses ha publicado El lugar de un hombre, de Sender (Donatella Pini, 1998). La Diputación de Badajoz ha editado el libro El Oeste dorado: una mirada literaria a la Extremadura del Siglo de Oro, que se debe a Miguel A. Teijeiro Fuentes (Badajoz, 1999). red un servidor denominado centro virtual Cervantes, donde se cuelgan más de dos mil textos de literatura española de todas las épocas. Siglos poco representados tradicionalmente en lo que se refiere al esñierzo editorial -como el XVIII-encuentran aquí un desarrollo significativo, solo empobrecido por la falta de datos editoriales. Cosa diferente, pero igualmente importante, en la presencia de corpus en español que se basan en ediciones de textos literarios, y en especial el CORDE (Corpus Diacrónico del Español) y el CREA (Corpus de Referencia del Español Actual), que la Real Academia Española tiene ya a disposición de todos los investigadores en la red. Ambos se basan en ediciones de textos literarios y no literarios (que se reparten de diferente manera) y en algún caso han supuesto la edición de obras que no se volvían a editar desde que se imprimieron. Existen foros internacionales permanentes, dedicados al estudio de la literatura española, las que se denominan listas de distribución, algunas moderadas: Mediber es probablemente la más importante en lo que se refiere a la literatura medieval; Orfeo se dedica a la poesía de los siglos de Oro, Gnomo tiene como campo de acción la literatura del XIX y, muy especialmente, la figura de Bécquer. La lista Reder se dedica a la difusión del exilio republicano y también a su literatura; siglo-xviii a todo lo que tiene que ver con este siglo en España y América; tecnotrad y traducción a lo que afecta a la traducción y su historia, etc. Las publicaciones en cederrom también se van haciendo importantes, no en vano podemos conseguir por este medio textos y bases de datos muy significativas. La fundación Clásicos Tavera ha dedicado varios a recoger en este formato lo más representativo de nuestra historia lingüística y literaria. Probablemente la más importante, en lo que se refiere a la literatura medieval española es la titulada ADMITE, proyecto dirigido por el profesor Marcos Marín (Universidad Autónoma de Madrid), que ha tenido ya una actualización y que cuenta con un copioso conjunto de textos medievales, junto con otros programas diseñados pro el propio responsable para ayuda y edición de textos, junto con la base de datos Philobiblon, que es una herramienta fundamental de localización de ejemplares de obras medievales en todas las bibliotecas. Existen en la actualidad bases de datos significativas al servicio de la investigación: como TESEO (Ministerio de Educación y Cultura), ISBN (Ministerio de Educación y Cultura), la primera dedicada a las tesis doctorales leídas en universidades españolas en los últimos veinticinco años, la segunda a los libros en venta en nuestro país. Existen igualmente revistas filológicas en la red, que suponen la existencia de estudios y ediciones de textos de todas las épocas, como por ejemplo la titulada Lemir, que cuenta ya con cuatro números, en los que se pueden encontrar ediciones de difícil acceso, como la Sponsalía de amor y sabiduría, de Luis Hurtado de Toledo, y estudios muy bien documentados, cuyas anotaciones a pie de página también se pueden consultar. Otras revistas ofrecen sus índices en las diferentes páginas que existen, es el caso de La Perinola, dedicada a Quevedo, y que se publica anualmente en papel, pero cuyo índice de contenidos se muestra en la página del ya citado GRISO de la Universidad de Navarra. A La Celestina se le han dedicado diversos congresos, como el que tuvo lugar en el año de su centenario en Salamanca, Toledo, Talavera y La Puebla de Montalbán. También se ha llevado a cabo una exposición de libros y objetos artísticos titulada «El Jardín de Melibea» (Burgos, 2000). Cinco Siglos de «Celestina»: Aportaciones interpretativas, ed. de Rafael Beltrán y José L. Canet. Monografías interesantes que tocan aspectos particulares de la obra o su autor son también las de Emilio de Miguel, La «Celestina» de Rojas. (Roma: Université degli studi di Roma «La Sapienza», 1995-96), más dedicada a la herencia americana el de Roberto González Echevarría, La prole de Celestina. Continuidades del Barroco en las literaturas española e hispanoamericana. (Madrid: Colibrí, 1999) y a sus ilustraciones el de Germana Piantone, Le illustrazioni antiche de «La Celestina» di Fernando de Rojas: 1499-1531. Los centenarios de Calderón y Gracián van a suponer la edición de obras y estudios, también de estados de la cuestión, como el que prepara la profesora Aurora Egido en la Universidad de Zaragoza. El año 1997, 450 aniversario del nacimiento de Cervantes, concitó la presencia de diferentes actos organizados para celebrarlo y la edición de las actas correspondientes. De la misma manera el año 1998 ha supuesto la celebración de todo tipo de encuentros dedicados a la generación así denominada y ha propiciado la edición de obras, especialmente de Lorca y Valle, pero también de otros poetas y narradores nacidos en esa fecha, aunque en mucha menor medida. Con motivo de los centenarios se ha promovido la edición de facsímiles, como el que se ha hecho de la primera edición de la comedia (Salamanca, 1999) o de la recién descubierta edición completa de Zaragoza, 1507 (Toledo, Antonio Pareja, 1999); o de la de Valencia, 1514 (Valencia, Institución Alfonso el Magnánimo, 1999). Todas con interesantes estudios preliminares de destacados especialistas en la obra. También la exposición «El Jardín de Melibea» (Burgos, 2000) ha editado un catálogo en el que constan varios estudios y una bibliografía celestinesca. Otras obras muy interesantes de apoyo a la labor filológica, como las bibliotecas Nova y Vetus de Nicolás Antonio, acaban de aparecer en facsímil (Madrid: Visor, 1996), el mismo autor nos llega también en facsímil su Censura de historias fabulosas (Madrid: Visor, 1999). Se han dedicado monografías y ediciones verdaderamente importantes a autores fundamentales de nuestra literatura, como es el caso de los Romances de Góngora, en edición monumental de Carreira (Barcelona: Quaderns Crema, 1998) o la recopilación de trabajos que titula Gongoremas del mismo (Barcelona: Península, 1998) o de los Estudios sobre Góngora (Córdoba: Ayuntamiento-Real Academia, 1996), con importantes aportaciones sobre el poeta debidas a diversos autores; Que-vedo cuenta en la actualidad con una especie de «summa» que se debe a Pablo Jauralde y lleva por título Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645) (Castalia, 1999), que supone un planteamiento de todos los datos que se tienen sobre la vida y la obra del gran autor, el cual ha merecido también la publicación de una magnífica bibliografía que se debe a la profesora Isabel Pérez Cuenca, premio de bibliografía de la Biblioteca Nacional. De la misma manera, la poesía amorosa de Quevedo ha merecido la atención crítica del profesor Fernández Mosquera en un libro editado por Credos. Cervantes ha seguido contando con importantes aportaciones, especialmente dedicadas a rescatar su obra con una importante anotación. De ahí que hayan aparecido diversas ediciones, como las que han publicado en diferentes medios Florencio Sevilla y Antonio Rey (Centro de Estudios Cervantinos, Alianza Editorial); por fin ha salido la primera edición crítica del Quijote, dirigida por el profesor Francisco Rico (Crítica-Instituto Cervantes, 1998), con abundantísima y fiel información de todo tipo, desde la textual a la literaria o puramente enciclopédica el Quijote ha conocido recientemente una versión latina (Antonio Peral Torres. Alcalá de Henares: Centro de Estudios Cervantinos, 1998). Los estudiosos de Lope de Vega han visto por fin publicadas sus Rimas en una edición crítica excelente, que se debe al profesor Felipe Pedraza (Universidad de Castilla-La Mancha). Pero también algunos de los menos conocidos han merecido un estudio parcial en el libro Oscura turba de los más raros escritores españoles (Zaragoza: Xordica, 1999), que no estudia a los más raros, pero sí a algunos contemporáneos poco conocidos y merecedores de más atención crítica. El maestro López Estrada ha estudiado un texto medieval en su libro Poética de la frontera andaluza (Antequera, 1424) (Salamanca: Universidad, 1998). Un estudio más basado en el ámbito románico es el editado por Valeria Bertolucci, Carlos Alvar y Stefano Asperti, Le letterature medievali romanze darea ibérica (Roma-Bari: Laterza, 1999). También don Manuel Alvar ha recopilado diversos trabajos en un volumen titulado Nebrija y otros estudios sobre la Edad de Oro (Madrid: CSIC, 1997). El siglo XVI y en especial la polémica erudita entre los comentaristas de Garcilaso ha tenido continuación en la obra de Bienvenido Morros, Las polémicas literarias en la España del siglo XVI: a propósito de Fernando de Herrera y Garcilaso de la Vega (Barcelona: Q & C, 1998); sobre el autor en particular y el descubrimiento de una relación amorosa hasta ahora ignorada se ha publicado un documentado libro. La vida y escritos de Eugenio Gerardo Lobo han merecido la atención crítica de José María Escribano Escribano en su libro Biografía y obra de Eugenio Gerardo Lobo (Toledo: IPIET, 1996). La literatura del XIX, especialmente su vertiente anticlerical ha sido analizada en la obra de José Luis Molina Martínez, Anticlericalismo y literatura en el siglo XIX (Murcia: Universidad, 1998). En su relación con la filosofía y el pensamiento ha encontrado particular análisis en el libro Pensamiento y literatura en España en el siglo XIX: Idealismo, Positivismo, Esplritualismo, a cargo de Sylvie Baulo, Yvan Lissorgues y Gonzalo Sobejano (Toulouse: PUM, 1998). Autores realistas como Galdós han visto reeditadas sus obras, como los Ensayos de crítica literaria (Laureano Bonet. Y a la influencia del romanticismo en este movimiento literario se ha dedicado el libro Asimilaciones y rechazos: presencias del romanticismo en el realismo español del siglo XIX, bajo la dirección de Lieve Behiels y Maarten Steenmeijer (Amsterdam-Atalanta: Rodopi, 1999). A esa etapa anterior a la guerra se dedica la obra de Juan Cano Ballesta, Literatura y tecnología: las letras españolas ante la revolución industrial (1890-1940) (Valencia: Pre-textos, 1999). A los hombres del 98 y el 14 ha dedicado Andrés Trapiello su libro Los nietos del Cid: la nueva edad de oro de la literatura española (Barcelona: Planeta, 1997). Por su parte, la evolución de la poesía española desde esta generación a la posguerra se ha visto analizada en el libro de Antonio Vilanova, Poesía española del 98 a la posguerra (Barcelona: Lumen, 1998). A la primera de las dos generaciones se ha dedicado el ibro El 98 se paseó por el Callejón del Gato, a cargo de José Belmente Serrano y Pedro Guerrero Ruiz (Murcia: Ayuntamiento, 1999). Algunos autores han visto reeditadas sus obras, como las Lecturas españolas, Clásicos y modernos, Al margen de los clásicos, de Azorín, prologado por Carlos Clavería (México: Porrúa, 1999). Las vanguardias han merecido también una sugerente antología, acompañada de una bibliografía imprescindible para adentrarse en su estudio, que se deben a Harald Wentzlaff-Eggebert, Las vanguardias literarias en España: bibliografía y antología crítica, Madrid: Iberoamericana-Vervuert, 1999. También Biruté Ciplijauskaité ha dedicado su atención crítica a la relación entre vanguardia y Generación del 27 en un libro titulado De signos y significaciones (Barcelona: Anthropos, 1999). Los autores del 27, particularmente los poetas, se han visto analizados en un libro de Miguel García-Posada, Acelerado sueño: memoria de los poetas del 27 (Madrid: Espasa, 1999). Antonio A: Gómez Yebra ha publicado su obra En torno al 27: estudios sobre José Moreno Villa, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, José María Hinojosa, Jorge Guillen (Málaga: Centro cultural Generación del 27, 1998). Otro libro dedicado a la influencia gongorina es el de Francisco Narbona, Sevilla, Góngora y la generación del 27 (Sevilla: Real Academia Sevillana, 1997). A la lengua poética de esta generación se dedica la obra de Derek Harris, Metal Butterflies and Poisonous Lights: the language of Surrealism in Lorca, Alberti, Cernuda and Aleixandre (Fife: The Barracks, 1998). Y a otros autores menos conocidos, sobre los que López Rubio llamara ya su atención en su discurso de ingreso en la Real Academia Española, se ha dedicado el libro Vanguardia y humorismo: la otra generación del 27, a cargo de M^ Luisa Burguera Nadal y Santiago Fortuno Llorens (Castellón: Universitat Jaume I, 1998). Ediciones modernas de poetas del 27 se pueden señalar bastantes, particularmente fecunda ha sido la labor en torno a Lorca, con motivo de su centenario; también Alberti ha visto reeditadas sus Prosas encontradas, edición del Robert Marrast (Barcelona: Seix Barrai, 2000). La evolución poética desde el 27 a nuestros días ha merecido el estudio de José María Balcells, De Jorge Guillen a Antonio Gamoneda (León: Universidad, 1998). La literatura del exilio se ha visto reconocida en diversos estudios como el de Michael Ugarte, Literatura española en el exilio: un estudio comparativo (Madrid: Siglo XXI, 1999), y el de Emilia de Zuleta, más dedicado a Argentina, Españoles en Argentina: el exilio literario de 1936(Buenos Aires: Atril, 1999). José Rodríguez Richart ha publicado también un libro titulado Emigración española y creación literaria (Madrid: CDEE, 1999). Luis García Montero ha dedicado una subjetiva monografía a la poesía española. El sexto día: historia íntima de la poesía española (Madrid: Debate, 2000). Juan Malpartida ha publicado La perfección indefensa: ensayos sobre literaturas hispánicas del siglo XX (México: FCE, 1998), donde estudia pormenorizadamente la poesía de Claudio Rodríguez, entre otros nombres. Las poesía de posguerra sigue viva en antologías como ala de López de Abiada, Martínez de Mingo y Pérez Escohotado, Poemas memoriables: antología consultada y comentada (1939-1999) (Madrid: CastaHa, 1999). De la misma manera Ricardo Senabre ha publicado Claves de la poesía contemporánea (de Bécquer a Brines) (Salamanca: Almar, 1999). Poetas como José María Valverde han visto editada su Obra completa (David Medina. Madrid: Trotta, 1998), también José Hierro ha sido objeto de varios libros, entre ellos A José Hierro: encuentros, edición de Domingo Nicolás (Almería: Instituto de Estudios Almerienses, 1999) y el de Joaquín Benito de Lucas, Vida y poesía de José Hierro (Madrid: Universidad Autónoma, 1999). Se ha recopilado y editado por vez primera un conjunto de estudios del eruditos e investigador José F. de Montesinos, que lleva por título Entre Renacimiento y Barroco, edición al cuidado de Pedro Alvarez de Miranda (Granada: Fundación García Lorca, 1997). En lo que toca al libro en sí, hay que señalar la existencia de obras singulares, como la de Vicente Bécares Botas, Arias Montano y Plantino: el libro flamenco en la España de Felipe H (León: Universidad, 1999). En lo referido a la teoría de la literatura hemos de contar con libros como el de José María Pozuelo Yvancos y Rosa M^ Aradra, Teoría del canon y literatura española (Madrid: Cátedra, 2000). Sobre poética Juan Carlos Rodríguez ha publicado sus Dichos y escritos, con nota de F. Díaz de Castro (Madrid: Hiperión, 1999). Pedro Ruiz Pérez ha dedicado también a estos asuntos el libro El espacio de la escritura: en torno a una poética del espacio del texto barroco (Bern: Lang, 1996). La estética literaria posterior a la guerra ha merecido el estudio de Sultana Wahnon, La estética literaria de la posguerra: del fascismo a la vanguardia (Amsterdam-Atlanta: Rodopi, 1999). La prosa castellana ha merecido el análisis de Fernando Gómez Redondo en un libro titulado Historia de la prosa medieval castellana (Madrid: Cátedra, 1998), cuyo volumen primero se dedica a la «creación del discurso prosístico». A la presencia de América en la prosa de los Siglos de Oro ha dedicado una obra Héctor Brioso Santos, América en la prosa literaria española de los siglos XVI y XVH (Huelva: Diputación, 1999). Al estudio de la literatura de academias, siempre tan sugerente, se dedica la obra de Pasqual Mas i Usó, Academias valencianas del Barroco: descripción y diccionario de poetas (Kaseel: Reichenberger, 1999) y la ya citada de G. Robbins. Al tema del sueño Teresa Trueba Gómez dedica su obra El sueño literario en España: consolidación y desarrollo del género (Madrid: Cátedra, 1999). Otros temas particulares, como la presencia de América en la poesía han merecido un estudio como el de Mercedes Cobos, Las Indias Occidentales en la poesía sevillana del Siglo de Oro (Sevilla: Universidad, 1997). El cuento español ha sido recogido en una antología de Arturo Ramoneda, Antología del cuento español (Madrid: Alianza, 1999), que abarca desde la Edad Media a nuestros días. Los libros de caballería tienen por fin la edición que merecen y van viendo a la luz en el Centro de Estudios Cervantinos obras capitales, según el escrutinio cervantino. También algunos repertorios utilizadísimos en la época clásica, como el que se debe a fray Baltasar de Vitoria, titulado Tkatro de los dioses de la gentilidad (1620), que se publicó en varias partes y que tanto auxilió a nuestros escritores clásicos para suministrar erudición con la que componer sus obras. En lo referido al mundo de los emblemas hay que aplaudir la aparición de una obra fundamental, como es la Enciclopedia de emblemas, que se debe a los profesores John Culi y Antonio Bernât, con la colaboración de Antonio Fernández Coca, que ordena por fin y de manera sistemática todo este complejo mundo de imágenes y los más diferentes motivos literarios o no. Si no propiamente enciclopédicos, sí es interesante reseñar la aparición de ediciones que afectan a herramientas fundamentales para el estudio filológico, com,o son las del Tesoro de Covarrubias (no superada por la nueva de Camarero en Castalia) o la edición facsímil de Autoridades que la Academia ha puesto a disposición de los investigadores gratuitamente en su página en la red. También es interesante el facsímil del diccionario de Rosal y del de Terreros. La literatura erótica ha conocido alguna reunión científica y ha visto también editados estudios como el titulado El cortejo de Afrodita: ensayos sobre literatura hispánica y erotismo, a cargo de Antonio Cruz Casado (Málaga: Universidad, 1997). Al mismo asunto se dedica el libro Erotismo en las letras hispánicas: aspectos, modos y fronteras, a cargo de los profesores F. Márquez Villanueva y Luce López-Baralt (México: El Colegio de México, 1995). En lo que se refiere a la literatura actual Eva Legido-Quigley ha publicado ¿Qué viva Eros'?: de la subversión posfranquista al «thanatismo» posmoderno en la narrativa erótica de escritoras españolas (Madrid: Talasa, 1999). La literatura de y para mujeres se ha visto beneficiada en algunos casos. Así contamos con estudios como el de Lydia Masanet, La autobiografía femenina española contemporáneaQA^aviá: Fundamentos, 1998). También la literatura de la guerra civil ha visto publicarse libros como el titulado Literatura en la guerra civil 1936-1939, a cargo de José Esteban y Manuel Llusia (Madrid: Talasa, 1999). Estado de la cuestión en materia de literatura en España La última literatura también ha merecido la atención de obras como la titulada Literaturas de España: 1975España: -1998. Convergencias y divergencias, bajo la dirección de Andreu van Hooft Comajuncosas (Amsterdam: Rodopi, 1998). Mucha más atención se ha prestado al género costumbrista, con libros como el de los profesores Joaquín Alvarez Barrientes y Alberto Romero Ferrer, Costumbrismo andaluz (Sevilla: Universidad de Sevilla, 1998) o el de M. I. Jiménez Morales, La literatura costumbrista en la Málaga del siglo XIX (Málaga: Diputación Provincial, 1996). Por su parte, M^ de los Angeles Ayala ha estudiado el mismo asunto referido a las colecciones en su libro Las colecciones costumbristas (1870-1885) (Alicante: Universidad de Alicante, 1993). Al costumbrimo aragonés se ha dedicado el V curso sobre lengua y literatura en Aragón, que fraguó en un libro titulado Localismo, costumbrismo y literatura popular en Aragón, a cargo de José-Carlos Mainer y José M^ Enguita (Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 1999). A la literatura regionalista navarra se dedica el libro de Iñaki Marte López, Tramas de identidad: literatura y regionalismo en Navarra (1870-1960) (Madrid: Biblioteca Nueva, 2000). La literatura fantástica romántica y posterior ha merecido el estudio al cuidado de Jaume Pont, Narrativa fantástica en el siglo XIX (Lleida, Milenio, 1997). La novela sentimental ha recibido la atención crítica que se merece en la recopilación de Joseph J. Gwara y E. Michael Gerli, Studies on the Spanish sentimental romance (1449-1550) (London: Tamesis, 1997). La picaresca y similares han visto reeditarse una vez más los grandes títulos que la componen: Lazarillo, Buscón (Fernando Cabo. Barcelona: Crítica, 1998), y algunas menos conocidas como la curiosa Andanzas del Buscón don Pablos por México y Filipinas, de Vicente Alemany, que ha editado Celsa C. García Valdés (Pamplona: Universidad de Navarrra, 1998). La novela bizantina cuenta desde hace unos años con nuevos estudios fundamentales, como el que se debe al investigador J. González en Gredos o el de Emila Defñs de Calvo, Viajeros, peregrinos y enamorados: la novela española de peregrinación del siglo XVII (Pamplona: EUNSA, 1999). La novela histórica del romanticismo cuenta también con el estudio de Franklin García Sánchez, Tres aproximaciones a la novela histórica española (Ottawa: Dovehouse, 1993). La novela realista ha merecido también análisis, alguno tan curioso como el titulado El doble silencio del eunuco: poéticas sexuales de la novela realista según Clarín, que se debe a Andrés Zamora Juárez (Madrid: Fundamentos, 1998). Y la novela de posguerra con obras de conjunto como la de Daniel Gier, La Castilla rural en la narrativa de posguerra (Valladolid: Junta de Castilla y León, 1997). Al punto de vista narrativo de los republicanos se dedica el estudio de Gemma Maná Delgado et. al. La voz de los náufragos: la narrativa republicana entre 1936 y 1939 (Madrid: Ediciones de la Torre, 1997). Al género de la novela rosa le ha dedicado una monografía María Teresa González, Corín Tellado, medio siglo de novela de amor (Oviedo: Pentalfa, 1998) y a la más actual Vanee R. HoUoway la que lleva por título El posmodernismo y otras tendencias de la novela (1967-1995) (Madrid: Fundamentos, 1999). Un intento de catalogación de «La novela mundial» se debe a M^ Carmen Santamaría Barceló, La novela mundial. En materia de poesía, Margit Frenk ha terminado su nuevo Corpus de la lírica antigua, que editará el Colegio de México y que supone una versión muy aumentada del que hace años publicara la editorial Castalia, junto con el Suplemento al mismo publicado poco después por la misma editorial. La misma editorial ha recuperado los villancicos y ensaladas de un poeta nacido en España pero que vivió en Nueva España, como es Fernán González de Eslava. Pero la literatura de tradición oral y, en particular, la poesía ha sido estudiada también por José Manuel Pedresa en su obra Tradición oral y escrituras poéticas en los siglos de Oro (Oiartzun: Sendoa, 1999). Al estudio de la poesía en sus diferentes géneros se han dedicado obras como el muy documentado de Maria Paz Diez Tabeada, La despedida: estudio de un subgénero lírico (Madrid: CSIC, 1998). A la épica culta ha dedicado el profesor José Lara Garrido su libro Los mejores plectros: teoría y práctica de la épica culta en el Siglo de Oro. La poesía religiosa ha merecido una tesis voluminosa, que se ha materializado en cuatro tomos y se debe a La poesía a lo divino. La poesía renacentista también cuenta con un nuevo estudio, el que se debe a Ingacio Navarrete, Los huérfanos de Petrarca: poesía y teoría en la España renacentista (Madrid: Credos, 1997). La poesía del siglo XX ha sido estudiada en un libro titulado La isla de los ratones: poesía española del medio siglo (Santander: Obra Social Caja de Cantabria, 1998), que recoge diversos textos de Juan Ramón, Zamora Vicente y el que así se titula de Ricardo GuUón. También José Olivio Jiménz ha visto editado recientemente su librto Poetas Estado de la cuestión en materia de literatura en España contemporáneos de España y América (Madrid: Verbum, 1998). A la poesía de la primera posguerra ha dedicado Raquel Medina Bañón su libro Surrealismo de la poesía española de la posguerra (1939-1950) (Madrid: Visor, 1997). El profesor Jorge Urrutia ha recogido y editado recientemente El modernismo. Al movimiento postista dedica una monografía M^ Isabel Navas Ocaña, El postismo (Cuenca: El toro de Barro, 2000). Disponemos ahora de nuevos catálogos de bibliotecas, como el de la Fundación Lázaro Galdiano (Juan Antonio Yeves, Madrid, 1999) o el de manuscritos de la Biblioteca de Palacio; cuya versión de impresos se ha publicado también recientemente. También las bibliografías y tipobibliografías han visto acrecentado el número de títulos con la aparición de obras como las recientemente dedicadas a la imprenta en Madrid, Salamanca o Alcalá de Henares, editado por Arco Libros. De la misma forma, el profesor Aguilar Piñal continúa su Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII (Madrid, CSIC) con la reciente aparición de un volumen dedicado a impresos anónimos. En el capítulo de las cosas que se echan de menos, hemos de señalar la ausencia de inventarios de bibliotecas españolas y extranjeras, de archivos particulares y públicos, cuyos documentos aún se desconocen en su mayoría y que se podrían preservar de diferentes peligros mediante la utilización de modernos métodos de reproducción, como se ha hecho con el Archivo de Indias. Señalemos, por ejemplo, la recién trasladada biblioteca Bartolomé Mach, ahora en Palma de Mallorca, con importantes autógrafos de Góngora y otros autores. Falta igualmente la edición de esos libros raros que apenas encontramos, peros que se muestran muy útiles para el esclarecimiento y la anotación de otros textos. Tratados sobre las más diferentes materias, incluso obras literarias no tan usuales, merece la pena que se editen de forma conveniente y que su texto quede fijado ya para ir abasteciendo a generaciones de filólogos, que han de partir de ellos para construir nuevos estudios e interpretaciones. Falta también la recopilación de textos de apoyo, tales como la obra de Cotarelo recientemente editada en facsímil Bibliografía de las controversias sobre la licitud del teatro en España, con estudio e índices de José Luis Suárez (Granada: Universidad, 1997). El ejemplo seguido por la Universidad de Granada debería servir a otras editoriales para rescatar de esta manera estudios fundamentales sobre la lírica o la narrativa de todas las épocas. De la misma forma que urge la traducción de otros textos importantes que todavía tenemos que seguir leyendo en su edición y lengua originales, cuando son muy difíciles de encontrar ya. Sobran los ejemplos concretos en esta ocasión. Falta completar obras básicas como la Bibliografía de Simón Díaz (CSIC) o la Cronología de la literatura española, que todavía carece del tomo dedicado a los siglos de Oro, aunque sí tiene el resto. Los autores de menor «importancia», tradicionalmente relegados a ser una cita en nota en los manuales, requieren también un tratamiento especial, no porque se pretenda descubrir con ellos valores a la altura de los más grandes ingenios, sino porque son las piezas que completan un mosaico que no podrá ser apreciado en su totalidad hasta que no se posean.
nietzscheana y, particularmente, su noción de "fuerza". La différance no es ni puede ser una fuerza como tal, sino que es el juego de las diferentes fuerzas; no es sino el juego diferencial de las fuerzas, movimiento cuantitativo o intensivo, pero no sustancial, movimiento activo y afirmativo a la vez. La segunda línea hereditaria del pensamiento de la différance la encontramos en Freud. Ya en "Freud y la escena de la escritura", Derrida había llevado al límite la lectura de los conceptos freudianos tanto de retraso como de diferimiento en la topología del aparato psíquico. Dichos conceptos se relacionaban también con el de huella (Spur) mnémica como movimiento económico de desvío del tiempo de la presencia o movimiento del retardamiento como mecanismo de protección. De esta manera, el espaciamiento y la temporización, como espacio-temporalidad de la différance, se encuentran ya en la teoría freudiana. El primero de ellos, allí donde Freud habla de los procesos de abrirse-paso y de las huellas diferenciales como origen de la memoria. El espaciamiento no es sino el mapa o la topografía de las huellas como fuerzas diferenciales que vienen a herir la superficie del aparato psíquico. La temporización, en cambio, tendrá que ver con el largo rodeo que estas mismas huellas realizan, difiriendo y constituyendo una especie de reserva en los procesos de protección (se introduce aquí la figura del camino desviado). En este movimiento de diferición y de retardamiento se encuentra, también, uno de los puntos más oscuros que liga la différance con la teoría freudiana. Nos referimos al aspecto económico que Freud señaló en todos estos procesos del aparato psíquico. Pues, por un lado, nos encontramos ante un rodeo económico que tiende a la protección de la vida; mientras que por otro, dicho rodeo va a implicar siempre un gasto excesivo, una pérdida irreparable de energía, introduciendo en el espacio de las huellas la posibilidad de una pulsión de muerte que interrumpe la economía misma. La tercera línea que confluye aquí, nos parece si no la más conflictiva, sí la más controvertida. Nos referimos a la herencia heideggeriana, ante la cual el propio Derrida ha afirmado la imposibilidad de una relación lineal o unitaria. No nos interesa realizar la genealogía filiativa de este concepto. Más bien, se trata de analizar lo que se pone en juego en un pensamiento del camino como tal, es decir, ante la figura de la vía, el pasaje, el cruce y la marcha, pero también del desvío, el envío y el retorno. En Derrida, seme-jante pensamiento implica un doble movimiento espacial y temporal llevado a cabo por el desplazamiento difiriente de la différance como rodeo, desviación y diastema. Movimiento doble del espaciamiento y la temporización que viene marcado por el pliegue o vuelta en el camino como desvío y deriva sin retorno Y es en esta "condición de camino" del pensar donde la herencia freudiana se vuelve imprescindible. Asimismo, intentaremos pensar el cruce de caminos. Dicho cruce nos conducirá a una reflexión sobre los constantes reenvíos, por parte de Derrida, al pensamiento del camino tanto en Heidegger como en Freud. Incluso, en La carte postale, Derrida llega a afirmar lo siguiente respecto a estos reenvíos: Aquí Freud y Heidegger, los uno en mí como los dos grandes fantasmas de la "gran época". Los dos abuelos supervivientes. No se conocen pero forman, para mí, una pareja, precisamente a causa de esto, de esta singular anacronía. Se ligan sin leerse y sin corresponderse. Te he hablado a menudo de esta situación y es esta imagen la que querría describir en Le legs: dos pensadores que nunca han cruzado una mirada y que, sin recibir nunca una palabra del otro, dicen lo mismo. Se vuelven hacia el mismo lado. Los maestros-pensadores son también maestros de lo postal. En primer lugar, recorreremos la obra más importante de Heidegger, por lo que a la figura del camino se refiere. Dicha obra no es otra que aquella de 1959, que lleva por título Unterwegs zur Sprache. Desde allí, nos deslizaremos al concepto freudiano de Umweg o camino desviado como condición de posibilidad del pensamiento. Iniciemos, pues, el viaje. O, habría que decir, quizás, utilizando el neologismo acuñado por Derrida, el enviaje [envoyage], como envío y errante navegación. La différance es también una figura del viaje. Es un viaje o un envío. Comencemos a pensar esta experiencia del reenvío. LA TRAVESÍA HEIDEGGERIANA: EL ENTRAMADO DE LA PUESTA-EN-CAMINO Vamos, pues, a pensar el camino, nos dice Heidegger en "La esencia del habla". En las tres conferencias que forman este artículo, Heidegger afirma que, puesto que la tarea designada en dichas conferencias no es otra que la de preguntarse por aquello que significa "hacer una experiencia" del habla, el primer paso que debe darse ante esta interrogación tiene que dirigirse hacia un pensamiento del camino. Es preciso preguntarse por la esencia del camino para poder, a partir de ahí, intentar pensar lo que quiere decir hacer una experiencia del habla. Vamos a pensar qué quiere decir hacer una experiencia, pues tal hacer es una forma de estar-en-camino, de encaminarnos hacia lo que nos requiere y nos demanda. Er-fahrung quiere decir experiencia, pero esta palabra además, nos recuerda Heidegger, recoge toda la potencialidad del recorrido, del verbo fahren en el sentido de atravesar, de circular o moverse a través de un camino. Fahrend es el que anda o, literalmente, el paseante; er-fahren significa saber o aprender, llegar, a través de un recorrido, a la visión de algo. Por eso, continúa Heidegger, al preguntarnos por la experiencia y por el camino, quizás sea la palabra "método" la que en principio parece imponerse. Sin embargo, a diferencia de la investigación científica -la cual no sólo se rige por la utilización de un método, sino que su única condición de posibilidad es el método mismo (la ciencia está subordinada siempre a la metodología)-el pensamiento, nos dice Heidegger, no habita en el método ni tiene necesidad de él. Hacer la experiencia del habla no tiene que ver con la metodología científica. Hacer la experiencia del habla es, ante todo, hacer la experiencia del camino, pues es el camino al habla el que hace que el habla se experimente como tal. El pensamiento del habla, por lo tanto, no habita los parajes de la metodología científica. El pensamiento habita una región (die Gegend), camina los caminos de dicha región. Sólo a esta región pertenecen los caminos cuyas sendas recorremos en el pensar. Pero, incluso, el pensar mismo tendría para Heidegger la forma del camino. Según O. Pöggeler, pensamiento en Heidegger debe entenderse literalmente como el despliegue de un camino. Pues pensar no es sino caminar o estar en camino. Y esta senda no es otra que aquella que tiene su morada en la vecindad del ser. Por ello, cuando Heidegger emprende su andadura por la metafísica occidental, es el movimiento de transitar sus vías lo que pone en marcha su pensamiento. Pensar el ser, tal como ha sido pensado por la metafísica, exige recorrer la integridad de sus pasajes y callejones, pues "cada frase de la metafísica muestra de hecho el tramo de un camino" (Pöggeler, 1986, 12). Es preciso, entonces, transitar cada tramo, cada trecho de la metafísica. Caminando tanto hacia delante como hacia atrás, o haciendo un alto en nuestra marcha, cuando ésta lo requiera. Es preciso situarnos en el camino, pues lo permanente de un pensamiento, para Heidegger, no es que éste piense el camino, sino que aparezca ante nosotros, como tal. Decíamos que el pensamiento habita una región y recorre los caminos de la misma. Para Heidegger, la región es la Lichtung como el claro que da lo libre en lo esclarecido; como claro que se abre ante nosotros, cobijándonos también en el espacio libre. Pero, sobre todo, la región nos concierne, nos demanda (be-langt) en la medida en que ya caminamos por ella. Habitamos la región como morada del pensamiento. Y, sólo si somos capaces de pensar la llamada de la región, podremos pensar según nuestra esencia. Pensar el camino implica pensar dicha llamada. La palabra que Heidegger está utilizando para señalar esta llamada de la región, a la cual ya pertenecemos, es be-langen. Ésta posee un sentido plenamente jurídico: quiere decir demandar como súplica, o la petición de un demandante en un litigio, como recurso contencioso y administrativo e, incluso, demandar a alguien sometiéndolo a un interrogatorio. Pero, señala Heidegger, y con ello reconoce que en el uso que hace de esta palabra hay cierta manipulación arbitraria y cierto forzamiento de la lengua cotidiana, que el verbo be-langen puede utilizarse también como concernir, llamar (como se utiliza be-rufen) e, incluso, tomar bajo custodia o guardar (como be-hüten o be-halten). Así, nos dice Heidegger: "Der Be-lang, la De-manda: lo que alcanza a nuestra esencia, la solicita y la deja así llegar adonde pertenece. El camino es lo que nos deja llegar a aquello que nos demanda" (Heidegger, 1990, 176). El camino es lo que nos permite llegar a aquello que nos atañe y nos reclama. El camino nos pone en movimiento y moviliza la región que habitamos, de la cual se desprenden los caminos. La región es puesta-en-camino (Be-wëgung). "La región como tal da caminos. Mover, aquí, no es entendido en el sentido de bewegen, como desplazamiento de lugar o modificación ontológica de un ente, sino de be-wëgen como en-caminar, dotar de caminos o instituir un camino. "En el dialecto alemánico antiguo el verbo wëgen puede significar: abrir un camino, por ejemplo, a través de un paisaje profundamente cubierto por la nieve" (Heidegger, 1990, 177). Die Be-wëgung o la puesta-en-camino que guarda y cobija es el movimiento que define la región o comarca como cierta apertura hacia lo esclarecido. Die Be-wëgung, también, es el movimiento que abriendo un camino, trazando o surcando una vía, reúne y recoge en PASAJES: EL PENSAMIENTO COMO PUESTA-EN-CAMINO EN FREUD, HEIDEGGER Y DERRIDA una unidad aquello que nos de-manda y nos interpela. Un poco más adelante, en la conferencia que lleva por título "El camino al habla", vuelve a aparecer el verbo wëgen. Dice Heidegger: "este verbo transitivo indica: configurar un camino y, al configurarlo, tenerlo dispuesto. Be-wëgen (Be-wëgung) pensado así no significa ya: desplazar algo en un sentido u otro por un camino ya existente, sino al contrario: abrir primero el camino a... y 'ser', de este modo, el camino" (Heidegger, 1990, 236). Una de las consecuencias de este movimiento del estar-encamino, decíamos un poco más arriba, era la experiencia. Puesto que, para Heidegger, la experiencia se define como llegar a algo en el camino, "hacer una experiencia con algo -sea una cosa, un ser humano, un dios-significa que algo nos acaece, nos alcanza; que se apodera de nosotros, que nos tumba y nos transforma. Cuando hablamos de 'hacer' una experiencia, esto no significa precisamente que nosotros la hagamos acaecer; hacer significa aquí: sufrir, padecer, tomar lo que nos alcanza receptivamente, aceptar en la medida en que nos sometemos a ello. Hacer una experiencia significa que algo nos sucede al caminar; experimentar es llegar a algo en el movimiento de la puesta-en-camino; algo nos aborda, nos acomete y nos alcanza cuando sometemos la experiencia a la travesía de un recorrido. Experimentar es, en definitiva, caminar a lo largo del camino. Al experimentar devenimos, ante todo, caminantes, y no sujetos cognoscentes. Experimentar es recorrer un camino. Y, en este caminar, algo tiene lugar, algo nos interpela, nos llama y nos demanda. "El camino nos deja llegar a lo que nos de-manda y en cuyo ámbito ya nos hallamos" (Heidegger, 1990, 178). Allí donde ya nos hallamos, dice Heidegger, es la región en la cual aún no hemos conseguido pensar aquello que nos de-manda nuestra esencia. De ahí la necesidad de pensar qué quiere decir hacer una experiencia, y de pensar, sobre todo, el camino, porque sólo a través de semejante pensamiento podremos llegar a lo que nos interpela en cuanto destino. -afirma Heidegger-es la marcación del despliegue del habla, la estructura de un mostrar [Zeigen] en el seno del cual los hablantes y su hablar, lo hablado y lo no hablado en él, están vertebrados desde la palabra destinada [aus dem Zugesprochenen]" (Heidegger, 1990, 227). El habla, como Decir, pertenece al trazo abriente. "En el habla, en tanto que Decir, se despliega algo así como un camino" (Heidegger, 1990, 231). Es, entonces, en el Decir donde surge el camino. El Decir es lo que pone todo en camino, pone en movimiento (Die Be-wëgung). El camino al habla tiene lugar en el habla misma como sagen, como Sage, pero también como sagan, en el sentido de mostrar, dejar aparecer, como "liberación luminosa-ocultadora, entendida como ofrecimiento (lichtend-verbergend frei-geben als dar-reichen) de lo que llamamos mundo. El luminoso-velador, enmascarante ofrecimiento del mundo, es la naturaleza esencial del decir" (Heidegger, 1990, 179). El camino es el Decir, y, como tal, hace llegar el habla a aquellos que lo escuchan. De este modo, en la medida en que pertenecemos a este Decir y que habitamos en las regiones del habla, sólo podemos pensar el camino como Decir, siempre que nos transformemos en "oyentes" (Hörende) de su llamada y, como tales, podremos pertenecer (gehören) al despliegue del camino en el habla. Decir es, en primer lugar y ante todo, Versammlung, recogimiento al cual pertenecemos y en el cual tiene lugar todo aparecer como reunión de lo múltiple, de la multiplicidad en el mostrar. Decir, en segundo lugar, es para Heidegger mostrar que deja aparecer en presencia y deja desaparecer en ausencia, pues "todo brillo apareciente [Scheinen] o des-apareciente [Verscheinen] reside en el Decir mostrante" (Heidegger, 1990, 232). El Decir, por lo tanto, deja aparecer en el Claro todo lo que viene a la presencia. En este sentido, la mostración es una especie de hacer propio que trae, que porta y que apropia (Ereignen), que deja-ver-mostrando. El Ereignis no es ni un suceso ni un evento sin más. Tampoco es el resultado de algo, sino que se presenta siempre como don, como donación. El Ereignis sólo puede experimentarse en el Decir como mostración. "El Ereignis recoge el trazo abriente del Decir y lo despliega en estructura de los múltiples modos del Mostrar. El Ereignis es lo más inaparente de lo inaparente, lo más simple de lo simple, lo más próximo de los próximo y lo más lejano de lo lejano, dentro de lo cual nuestra vida de mortales tiene siempre su morada" (Heidegger, 1990, 233). El Decir, como mostrar, acontece y adviene en cuanto apropiante. Como tal, el Ereignis es lo que prevalece en el Decir, otorgando a los hombres su morada. "El Ereignis, en su percepción (Er-äugen) del despliegue de la esencia humana, apropia a los mortales en cuanto que los pone en lo propio de lo que se le revela al hombre en el Decir, desde todas partes y hacia lo oculto. La puesta en lo propio del hombre en tanto que 'escuchante' del Decir, tiene su rasgo característico en esto que libera a lo suyo propio, pero solamente para que, en tanto que hablante, o sea, diciente, pueda ir al encuentro y contestar al Decir desde lo que es lo suyo propio. En esta puesta en lo propio del hombre, el Ereignis acerca el Decir al habla. En este sentido, el camino al habla, como perteneciente al Decir mostrador, viene determinado por el Ereignis. Y, "en este camino -afirma Heidegger-, que pertenece al despliegue del habla, se oculta lo propio del habla. El camino al habla pertenece al Decir, el cual viene determinado por el Ereignis. El Decir es el modo, la modalidad o la tonalidad (Heidegger reconoce aquí un sentido plenamente musical) por el cual habla el Ereignis. El Ereignis no es sino la puesta-en-camino del Decir del habla. Parece, sin embargo, que no terminamos de encontrar el camino y que no hacemos más que desviarnos de la vía recta, perdiéndonos siempre en los entramados y bifurcaciones del habla. También, nos dice Heidegger, parece como si todo intento por representar el habla no fuera más que un conjunto de artificios dialécticos destinados a dominar o desentrelazar todo este enredo. Y es que al intentar pensar el camino hemos dado con el nudo, con un lazo enmarañado o confusión a la que, paso a paso, nos ha llevado la puesta-en-camino. Puede, sin embargo, que la tarea de nuestro pensamiento no sea otra que la de desenredar este aparente embrollo. Puede, nos dice Heidegger, que la puesta-en-camino apropiada hacia el Decir no sea otra que aquella que desenlaza y desliga los nudos del habla. Quizás, la esencia del camino tal y como Heidegger la está pensando tenga la forma de un lazo desenlazante. Pues, "la puestaen-camino del Decir hacia el habla es el lazo desenlazante [das entbindende Band] que enlaza en cuanto que apropia [indem es er-eignet]" (Heidegger, 1990, 237). La puesta-encamino abre y da camino, liga y desliga a la vez, o desliga ligando. En este sentido, para Heidegger es absolutamente imposible dominar este enredo cuando intentamos pensar el Pues el habla como tal es ella misma un entramado [Geflecht], el cual no es preciso eliminar o disolver, sino destejerlo de forma meditada. El camino al habla es el lazo desenlazante que, enlazando, desteje. Y, "quizás, el entramado está atravesado por un lazo que, de modo siempre desconcertante, desteje y libera el habla a su ser propio. Se trata de experimentar el lazo que desteje en el entramado del habla" (Heidegger, 1990, 219). Por lo tanto, hay que pensar este entramado, introducirnos y movernos en él. Pensar el entramado es pensar el camino como lazo estricturante que comprime, aprieta, junta y reúne la esencia del habla. Todo intento por desarticular este nudo corre el riesgo de no percibir el entramado de la puesta-en-camino, del camino mismo como tejido en el que se despliega la simplicidad del habla como unidad reunidora en el Decir. Pues el Decir, como el espacio y el lugar en general en Heidegger, es siempre recogimiento. El Decir es lugar de reunión, es Versammlung. El Decir es localización y, como tal, es topología. El camino al habla, como lazo que liga, es la condición de posibilidad de dicha unión y, no da lugar a ningún tipo de errancia. El camino desliga, decíamos, pero no podemos perder de vista el doble movimiento que Heidegger está esbozando en la desligadura. Por un lado, el lazo es desligante; pero, por otro, este desligar no da lugar nunca a una disolución sin medida. El camino heideggeriano traza y dibuja los nudos, limitando y bordeando sus recorridos. El camino, como tal, permite errar sin salirnos del camino, sin perder la senda ni confundirnos en el bosque. El camino heideggeriano no se desborda. Todo Holzweg puede internarse y extraviarse en el bosque. Todo Holzweg, afirma Heidegger, a pesar de no llevar aparentemente a ninguna parte, traza una senda determinada, una vía que forma parte ya del bosque. Los caminos del bosque o sendas perdidas encaminan [be-wëgen] e instituyen un camino desde su apertura. Y en este trazo, en este movimiento de la Be-wëgung, la puesta-en-camino reúne y recoge en la unidad. Por eso, es preciso el oficio y la práctica para saber recorrer estos caminos, pues sólo los leñadores y guardabosques saben lo que significa recorrer un camino que ayude a errar a través de la espesura, sin perder nunca en ella la posibilidad de una apertura esclarecedora. DE LA BE-WËGUNG AL UMWEG: EL DESVÍO HACIA FREUD Esta figura del lazo desenlazante es, quizás, la más adecuada para insertarnos en otros caminos completamente diferentes. La différance derridiana podría leerse, en este sentido, como respuesta o envío a ese camino heideggeriano que se pierde sin terminar de perderse o, que por miedo a la errancia, no deja de anudar y atar los hilos de Ariadna. Como envío o herencia de este lazo o Geflecht en el cual nos introduce la reflexión heideggeriana, la différance es también una cuestión del nudo, del nexum, del Band como estrictura que teje y desteje los lazos de la lengua. La cuestión de la différance inicia una reflexión sobre la Bindung o la ligadura en general, volviendo a ligar o enlazando de nuevo el entramado heideggeriano pero de una manera completamente diferente. Precisamente aquí se inicia el desvío hacia Freud. Y, como reflexión o puesta en juego de cierta Bindung, la différance anuncia cierta lógica de la posicionalidad, no como desenlace, solución o análisis de toda posición, de toda Setzung, sino precisamente, -y es aquí donde se produce la "inversión" del texto heideggeriano por parte de Derrida-, como paso más allá de toda lógica posicional, como desbordamiento y cuestionamiento de toda posición analítica. De este modo, la différance, como pensamiento del lazo o nudo irreductible, no puede nunca ligar o unir con vistas al recogimiento, tal y como era entendido por Heidegger el lazo desligante. La dificultad reside en pensar siempre el doble movimiento de esta différance, donde el peligro de una desligadura sin medida aparece como posibilidad constitutiva de nuestro camino. El tejido de la différance puede siempre extraviarse o anudarse cada vez más en el entramado de los hilos. Los nudos en différance pueden descomponerse, desanudarse o desenlazarse en una deriva sin medida. Por eso, la andadura de la différance corre el riesgo siempre de disolverse o perderse hasta destruirse. Y, en una lógica semejante, la différance no puede establecerse como lugar de unión o punto de encuentro, como podía ocurrir con el Decir heideggeriano. La différance, en cambio, como posibilidad de la desligadura sin medida, pero, a la vez, de la ligadura en general, aparece como divisibilidad misma de toda destinación, de todo camino. Sin retorno, sin Versammlung, sin medida; la lógica posicional de la différance excede toda posición, toda topología y, como tal, es desmedida. Otro de los puntos de unión entre este pensamiento de la différance y la reflexión heideggeriana sobre el camino, decíamos, es la figura de la experiencia como puesta-encamino que da camino y encamina. Así, la différance, al igual que la experiencia heideggeriana, es una experiencia del camino o cierta puesta-en-camino, y no la experiencia CAROLINA MELONI como dato empírico en el proceso del conocimiento. La différance no es sino travesía, experiencia de dicha travesía y lugar de paso. Podríamos incluso decir que es otra palabra para hablar del viaje. Ahora bien, en este viaje, trayecto o senda de la différance habría que pensar, una vez más, un movimiento doble. Puesto que no estamos ya ante un esquema clásico del viaje, en el cual primaría la idea odiseica del retorno circular al hogar, a la ley de la casa y de la ciudad como camino de Ulises que integra siempre la posibilidad de la vuelta al lugar de origen, la travesía de la différance no puede seguir los pasos de este paradigma odiseico 1. El movimiento doble del viaje de la différance supone, en primer lugar, que el viaje es siempre un desvío y un rodeo. Un "largo rodeo" es la expresión utilizada por Freud para definir el principio de realidad, no como renuncia al placer, sino como el desvío o relevo de una différance que utiliza el aparato psíquico para diferir el goce. La différance no es una figura del Weg heideggeriano, ni siquiera del Holzweg como camino extraviado en el bosque, sino del Umweg como posibilidad misma del desvío o como imposibilidad del camino, de la vía recta, de la travesía que nos conduce a una determinada destinación. Aunque heredera de ella, la différance no puede inscribirse en la experiencia del habla como Be-wëgung, que era para Heidegger el movimiento que abre y traza un camino, reuniendo y recogiendo en una unidad aquello que nos de-manda y nos interpela. Pues para Heidegger, afirma Derrida, "estar en camino hacia (unterwegs nach) otra parte y hacia delante (anderswohin vorwärts) [tiene que ver más] con el sentido de destino (Bestimmung), que con el de errancia" (Derrida, 1990, 108). La différance, como pensamiento del camino, se encuentra más próxima al "camino desviado", incluso al "abrirse-paso" [frayage] como rotura o penetración de un camino contra las resistencias del que nos habla Freud en la Traumdeutung, y que Derrida recoge en "Freud y la escena de la escritura" 2. Allí, Derrida afirma que toda la estructura del camino desviado y del frayage en Freud se relaciona no con el tiempo de la presencia, sino con el retraso, con el retardo como temporalidad constitutiva del itinerario de la huella. De esta manera, "la metáfora del camino abierto, tan frecuente en las descripciones de Freud, comunica siempre con el tema del retardo suplementario y de la reconstitución del sentido a destiempo, tras un camino de topo, tras la labor subterránea de una impresión" (Derrida, 1967, 317). Se trata de rodear [tourner] y de desviar [détourner] la supuesta linealidad de la ruta; se trata del rodeo mismo como experiencia del camino y de la temporalidad, y no como accidente exterior que vendría a invertir el recorrido de una presencia. El movimiento que debemos comprender no consiste en la diferición de un camino originario, el cual se abriría ante nosotros desde una supuesta destinación lineal en el tiempo de la presencia. Más bien señala el juego sin medida de los efectos irreductibles del retraso y la demora en nuestra marcha. Desde Freud, Derrida nos insta a pensar un camino en diferición. "No hay Weg sin Umweg: el desvío no le sobreviene al camino, lo constituye, incluso lo abre" (Derrida, 1980, 304). No hay différance sin camino ni camino sin una différance originaria que, como línea de demarcación, introduzca en todo pasaje o travesía la probabilidad de una errancia infinita. La différance no acontece al pasaje como elemento exterior que viene a desviarlo. La différance es el pasaje, y éste, desde su origen, sólo puede tener lugar en un tiempo diferido o en diferición. Y es precisamente "esta doble determinación -afirma Derrida-la que había asignado a la 'palabra' de différance con una a. De igual manera, se sigue que el Umweg no es una especie derivada del camino o del paso. No es una determinación de pasaje, una definición más estrecha o limitada del pasaje, es el pasaje. En este movimiento errabundo de la différance o del camino como différance, no hay tampoco posibilidad para la reunión; no hay rassemblement ni Fügen posible. La différance sólo puede acontecer dislocada, desacordada. Fuge en différance como imposibilidad misma de la juntura y del encuentro. El viaje de la différance tiene lugar como cierto Unfug 3, como dis-yunción o dislocación de toda topología o región reunidora de caminos. Pero, además, esta dis-yunción no sólo se lleva a cabo en el espacio de la différance, sino también en la temporalidad como dislocación de una presencia que, como tal, decíamos más arriba, no puede nunca presentarse. El tiempo en différance que aquí intentamos pensar no sería "un tiempo de junturas negadas, quebradas, maltratadas, en disfunción, desajustadas según un dis de oposición negativa y de disyunción dialéctica, sino un tiempo sin juntura asegurada ni conjunción determinable" (Derrida, 1993, 42). En esta "trayectoria nece- sariamente sin rumbo [cap] ni seguridad" (Derrida, 1993, 49), la différance pura como Umweg o rodeo originario arruina todo pensamiento del camino. La différance sería una especie de travesía sin rumbo, sin cap. El cap, además del rumbo, es también el cabo. Cap puede utilizarse para hablar de la proa de un barco. Cap quiere decir cabeza, incluso capitán. Faire cap, mettre le cap, changer le cap son expresiones que indican siempre una cuestión de rumbo y de destinación, relacionadas particularmente con un lenguaje marítimo (se trata siempre de "poner rumbo" o "cambiar el rumbo" de una embarcación, decidiendo su destino) 4. Un pensamiento de la différance sin cap indicaría, entonces, que un pensamiento del camino y de la andadura no podrían anunciarse como pensamiento ordenado, calculado, deliberado y orientado hacia un telos. Un pensamiento de la différance sin cap nos estaría indicando también la imposibilidad de controlar los destinos de nuestro navío o, lo que es lo mismo, la posibilidad de que nuestra embarcación pueda navegar a la deriva, sin rumbo ni capitán que intente dirigirla. Pensar sin cap, arruinando con ello toda seguridad en la supondría cierta catástrofe del viaje, cierto desastre de la travesía 5. Se perfila, así, la segunda ramificación en el recorrido de la différance que señalábamos un poco más arriba. Por un lado, decíamos, la différance-camino daría lugar al Umweg como condición de posibilidad del camino mismo, siendo el desvío y el rodeo los movimientos trazados en el tiempo y el espacio de la différance. Por otro, un segundo desplazamiento que se produce en esta experiencia de la différance como camino, como pasaje o lugar de paso, recogería esta especie de tragedia de la destinación o errancia infinita que, en parte, no dejaría de asediar, también, la reflexión heideggeriana. LOS DOS PRINCIPIOS: EL TRA-YECTO DE LA DIFFÉRANCE La "errante circunnavegación" de la différance supone la idea del camino en el pensamiento como reenvío generalizado. Toda destinación, afirma Derrida, comenzaría por el reenvío, lo cual equivale a decir que la condición de posibilidad o, más bien, la imposibilidad de toda pretendida seguridad en la destinación vendría regida por la divisibilidad originaria del envío. A partir de este movimiento, la cuestión de la différance se torna, también para Derrida, una cuestión sobre el sentido y sobre el ser. Siguiendo una vez más los pasos de Heidegger, para Derrida, la différance nos permitiría pensar la cuestión del ser, del destino y del envío, pero esta vez, de una forma radicalmente diferente. Para Heidegger, la cuestión del ser es, ante todo, una cuestión de la unidad de la emisión y de la indivisibilidad de lo destinal. Por ello, sólo desde esta indivisibilidad del recogimiento y del envío podemos interpretar la epocalidad del ser como Geschick des Seins. Para Heidegger, afirma Derrida, "el sentido es siempre el sentido de un camino (sent y set en indoeuropeo)" (Derrida, 1990, 110), y, como tal, significa también viajar, tender hacia un lugar y coger una dirección, un destino determinado. La epocalidad del ser y el sentido del ser en general podrían inscribirse en el horizonte de esta destinación, de esta puesta-en-camino, pero siempre desde la reunión y recogimiento que articulan toda la estructura del ser. No hay, para Heidegger, posibilidad para la errancia, para la divisibilidad o la multiplicidad de los envíos. Ante la cuestión del ser, Derrida, se pregunta en cambio: "¿podemos y hasta dónde podemos pensar esta huella y el dis-de la différance como Wesen des Seins? ¿El dis-de la différance no nos remite más allá de la historia del ser, más allá de nuestra lengua también, y de todo aquello que podemos nombrar con ella? ¿No apela, en la lengua del ser, a la transformación, necesariamente violenta, de esa lengua por una lengua completamente diferente?" Y en esta transformación de la cuestión del ser, éste no se anuncia ya como reunión o Versammlung, "el ser se anuncia a partir de la yección [jetée], no a la inversa" (Derrida, 1986, 63). En este sentido, el trayecto de la différance puede siempre devenir un envío arrojado, lanzado, proyectado. El trajet puede convertirse en un jet, en un lanzamiento, tiro, o arma arrojadiza. Jet indica también el chorro de agua, y, como todo lecho de un río o camino acuoso, los límites y las fronteras de esta travesía no dejarán de desbordarse y diseminarse en una multiplicidad de efectos de desmoronamiento y hundimiento, sin posibilidad alguna de establecer un anclaje. El trayecto de la différance, en definitiva, el camino en différance no transcurre entre el plácido recorrido marcado por el verbo gehen. Este trayecto, más bien, se inscribiría en cierto ver-gehen como falta de conducción o error en el camino (es preciso señalar que este verbo puede significar también cometer un delito, violar una ley e, incluso, morirse). Y, en este error o errancia del camino, afirma CAROLINA MELONI Derrida, nos encontramos con "la topología más oscura y más desconcertante [déroutante], desviada [déroutée] en el desconcierto [déroute] de la destinación: aquella que me ha parecido cómodo denominar la destinoerrancia o la clandestinación" (Derrida, 1992, 361). Será en esta destinoerrancia o divisibilidad de los envíos donde se produzca, al mismo tiempo, tanto la posibilidad como la imposibilidad del envío mismo. En este sentido, afirma Derrida: "lo que he denominado la 'destinoerrancia' ni siquiera nos proporciona ya la seguridad de un envío del ser, de una reunión [rassemblement] del envío del ser. Si la diferencia óntico-ontológica asegura la reunión de este envío, la diseminación y la destinoerrancia a las que me refiero son incluso capaces de suspender la diferencia óntico-ontológica misma. Ésta, a su vez, la epocaliza. Lo cual deja en suspenso hasta el concepto y el pensamiento de epocalidad del ser. La destinoerrancia de los envíos va ligada a una estructura cuya aleatoriedad y cuya incalculabilidad son irreductibles" (Derrida, 1987, 413). La différance estaría compuesta por la multiplicidad de huellas de reenvíos, huellas en différance que no son ni condiciones originarias ni trascendentales, pero que, como tales, dan lugar a la estructura diseminada de los envíos de envíos como condición del sentido. "Todo comienza por el reenvío -decíamos más arriba-, es decir, no comienza. Puesto que esta efracción o esta partición divide al comienzo del juego cualquier reenvío, no hay un reenvío, sino que desde ahora hay, siempre, una multiplicidad de reenvíos, tantas huellas diferentes reenviando a otras huellas y a huellas de otras [...] Esta divisibilidad o esta différance es la condición para que haya envío, eventualmente un envío del ser, una dispensación o un don del ser y del tiempo, del presente y de la representación" (Derrida, 1987, 141-142). Para comprender todo el alcance de estos conceptos en la obra de Derrida debemos dirigir antes nuestros pasos a Freud. Es precisamente de Freud y de su noción de Umweg, más que del Weg heideggeriano, del que toma forma un pensamiento de la différance como reflexión sobre la destinación. Este valor de Umweg o camino desviado es el que utiliza Freud para señalar las relaciones existentes entre el principio de realidad (PR) y el principio de placer (PP). Dichas relaciones se establecen desde un modelo energético: ambos principios forman parte de aquello que Freud denominó los procesos secundarios o energías ligadas, frente a las energías no ligadas o procesos primarios entre los cuales se encuentran las pulsiones. Ahora bien, el principio de placer posee, sin embargo, un estatuto un tanto extraño dentro del aparato psíquico. Según Freud, el principio de placer se halla siempre en el límite de ambos procesos -puede a veces acontecer como energía ligada y a veces como energía pulsional no ligada-y, como tal, puede llegar a desbordarse poniendo al organismo en peligro. En este momento entraría en escena una especie de discípulo, lugarteniente o esclavo que vendría a enseñar o a educar a este maestro difícilmente educable. Este correo o emisario no es otro que el principio de realidad, el cual, con su entrada, no haría desaparecer el placer, sino que lo pondría en retirada, obligándolo con ello a diferirse, a delegarse. Ambos principios, el PR y el PP, vendrían a limitar el placer, a limitar su intensidad y a controlar su desmesura estableciendo en él una estructura del desvío y del rodeo meditado (Freud, 1991, Tomo XVIII, 10). A este respecto, nos dice Derrida: Según un esquema que no ha dejado de guiar el pensamiento de Freud, el movimiento de la huella se describe como un esfuerzo de la vida protegiéndose a sí misma difiriendo [différant] la investidura [investissement] peligrosa, constituyendo una reserva (Vorrat). Y todas las oposiciones de conceptos que surcan el pensamiento freudiano relacionan cada uno de los conceptos a otro como los momentos de un rodeo en la economía de la différance. El uno no es sino el otro diferido, el uno difiriendo [différant] del otro. El uno es el otro en différance, el uno es la différance del otro [...] Es así también, por ejemplo (pero semejante empleo dirige todo, comunica con todo), como la diferencia entre el principio de placer y el principio de realidad no es sino la différance como rodeo (Derrida, 1972, 19-20). En este largo rodeo del Umweg se situará la différance derridiana, la cual, sin embargo, verá en el papel de la delegación y del retardo el punto o línea de fuga más potente de la reflexión freudiana. Por ello, nos dice Derrida, "el placer puro y la realidad pura son límites ideales, que es como decir ficciones. Tan destructivas y mortales la una como la otra. Entre las dos, el rodeo difiriente [différant] forma pues la efectividad misma del proceso, del proceso 'psíquico' como proceso 'vivo'. Ella 'es' lo que del don no es nunca de forma presente donante ni dado. El rodeo difiriente es constitutivo tanto del tiempo como del espacio de la El rodeo difiriente, también, es la condición de posibilidad de toda destinación, de todo pensamiento del destino. En un guiño a los principios freudianos, Derrida localiza la cuestión de la destinación en dos principios: el principio postal (PP) y el postal restante (PR). Este último, señalaría el resto o restancia que quedaría en el trayecto o en la travesía, la cual corre siempre el riesgo de no llegar nunca a suceder o a tener lugar como tal. Principio restante o principio de ruina que vendría de la mano de la divisibilidad sin mesura y, en el cual se esbozan dos tipos de restos: por un lado, el resto que siempre puede destruirse, y se destruye de forma excesiva porque él mismo es excesivo. Demasiado resto, demasiados restos. Pues "el resto 'es' lo que siempre puede desaparecer de forma radical, sin resto, en el sentido de lo que restaría de forma permanente (la memoria, el recuerdo, el vestigio, el monumento). El resto puede siempre no restar en el sentido clásico del término, en el sentido de sustancia. Es bajo esta condición que hay resto. Bajo la condición que pueda no restar, que le pueda ocurrir el no restar. Por otro lado, habría un resto indestructible, ni trascendente, ni permanente. Resto que resta o restancia que limita y contradice la lógica de la simple presencia. Dicho resto no vendría simplemente a modificar el ser o la presencia del ser. "Éste indica una repetición, una iterabilidad más bien, que no se anuncia ya sólo a partir del ser o de la entidad" (Derrida, 1992, 332-333). La cuestión de la destinación, del envío y del reenvío en la différance, por lo tanto, va a jugarse en la coyuntura de estos dos principios. Por un lado, la pulsión de divisibilidad que asedia la destinación; por otro, la iterabilidad que se introduce allí donde existe la posibilidad de un resto o restancia excesiva. Por lo que se refiere al principio postal, afirma Derrida, "el principio postal no es más un principio o una categoría trascendental: lo que se anuncia o se envía bajo ese nombre (entre otros nombres posibles, como tú) ya no pertenece lo bastante a la época del ser para someterse a cierta trascendentalización,'más allá de todo género'. Lo postal no es sino un pequeño pliegue, completamente además. Como si de una carta o tarjeta postal se tratara, tan impúdica, abierta a todas las miradas, estereotipada y, en ocasiones, desvergonzada, la cuestión de la différance como cuestión del envío se inscribe y se destina en un pensamiento de lo postal. Anatomía de una tarjeta postal. Anatomía o disección de una diffé-rance asediada por la pulsión postal, por la patología de la destinación que contamina todo pensamiento del ser y de su epocalidad. Suerte de divisibilidad de lo destinal que amenaza todo recogimiento, toda reunión, todo envío. Una différance-envío, como el deseo que mina y arruina los límites del principio de realidad y del principio de placer, asedia toda destinación o toda supuesta indivisibilidad de la misma. Pues, "hay ahí un sufrimiento [souffrance] de la destinación [...] Yo sufro -afirma Derrida-[...] una verdadera patología de la destinación" (Derrida, 1980, 123). Y, en dicha patología, la estructura de la différance sólo puede acontecer como estructura en souffrance, en suspenso, en retardo o, como indica la expresión francesa lettre en souffrance, la différance sería una especie de carta desviada o extraviada de su destino. Souffrance de la lettre, sufrimiento o padecimiento de la destinación: pasión del ser en instancia (Derrida, 1998, 56). Aún no hemos comenzado a pensar lo que Derrida entiende por destinación. Hemos recorrido sus caminos, sus callejones y atolladeros, pero todavía no nos hemos preguntado lo que decimos cuando hablamos de ella. Hemos hablado de la carta, de la tarjeta postal y de la catástrofe que, de forma continua, asedia sus recorridos. Por lo que se refiere al destino, esta palabra posee reminiscencias heideggerianas. La destinación aparece en los textos de Derrida relacionada también con Lacan. Destinar, enviar, remitir nos indican constantemente su relación con el principio postal antes señalado. La economía circular de la destinación exige que ésta se componga, por un lado, de un lugar de emisión determinable y, por otro, de un lugar de recepción determinado: se trata de una circulación regulada que organiza el retorno y el trayecto del envío. "Reapropiación y readecuación trascendentales que cumplen un auténtico contrato" (Derrida, 1980, 465). El trayecto debe ser siempre un trayecto propio, circular y asegurado, y nunca debe correr el riesgo de perderse en el camino, de desviarse, destruirse o dividirse, dando lugar con ello a una errancia sin retorno. La economía circular de la destinación implica necesariamente una teleología histórica, desde la cual, desde el momento mismo que el envío llega a destinación, la historia del sentido cobra sentido. Y, en el caso de que algún envío se pierda o se CAROLINA MELONI descarrile en el camino, se tratará en lo posible de volverlo a colocar, de ponerlo en camino, corrigiendo la desviación, rectificando la división, haciendo recordar por todos los medios la existencia de una dirección determinada y de una línea auténtica. La figura privilegiada para escenificar esta representación teatral de la metafísica de la destinación es, para Derrida, la figura de la carta. Uno de los textos más leídos y comentados, sobre esta cuestión, es "Le facteur de la vérité", donde Derrida lleva a cabo una lectura de la lectura realizada por Lacan del cuento de Poe titulado "La carta robada". No comentaremos aquí dicha lectura, sin embargo, intentaremos extraer de ella y, en general, de todo el libro en el que ésta se inserta (esto es La carte postale) las claves para comprender todo el alcance del movimiento de la destinación y del destino en Derrida. La carta era la figura privilegiada del envío. Así, La carte postale se abre con una serie de cartas o restos de una correspondencia en parte destruida por el fuego, en una especie de confesionario epistolar, sin autor ni destinatario definido. La carta y lo postal, en general, permitirán a Derrida pensar el juego de la différance que asedia y mina el Geschick heideggeriano, introduciendo en él un pensamiento de lo múltiple. Dicho pensamiento no concierne únicamente a la cuestión de la destinación, sino también, a la llamada. Como hemos visto, el Geschick heideggeriano venía determinado por la De-manda [Der Be-lang], como aquello que solicitaba, que requería nuestra esencia. Y, en la medida que dicha esencia nos concierne, nos encaminamos hacia ella. De esta manera, gracias al camino llegamos a aquello que nos reclama y que nos demanda. Ahora bien, desde el momento mismo que se introduce en el pensamiento del camino la posibilidad de la deriva, de la a-destinación, se mina con ello todo pensamiento de la llamada como demanda que guarda y custodia. La llamada, para Derrida, seguirá una estela más nietzscheana que heideggeriana. La llamada, como un "ven" que se repite, tiene la fuerza afirmativa del sí nietzscheano ante el eterno retorno. El "ven" no es ni una orden, ni un imperativo, ni una ley; tampoco dice nada ni muestra nada, ni describe ni prescribe un lugar, sujeto u objeto anterior a la llamada o destinado a ella. "Ven" es un acontecimiento que, como tal, siempre viene del otro. La llamada es la llamada no de lo próximo, de lo cercano o de la morada que ya habitamos, sino de lo más alejado, lo más extraño, de la alteridad más absoluta. Por ello, el acontecimiento, como llamada, no puede situarse ya en la estela apropia-dora del Ereignis. La llamada ya no es ni identificable, ni verificable, ni decidible. De esta manera, se introduce en ella la posibilidad del desastre, de la catástrofe, del apocalipsis. "Ahora bien, precisamente se anuncia aquí, promesa o amenaza, un apocalipsis sin apocalipsis, un apocalipsis sin visión, sin verdad, sin revelación, de los envíos (pues el 'ven' es plural en sí), de las direcciones sin mensajes y sin destinación, sin destinador o destinatario decidible, sin juicio último, sin otra escatología que la del tono del 'ven', su différance misma, un apocalipsis más allá del bien y del mal" (Derrida, 1982, 95). La llamada se sitúa, pues, en el alejamiento, en la distancia y en la extrañeza de un movimiento sin trayecto, sin destinación asegurada. En la estructura o lógica telepática, en la yección y proyección del prefijo tele que, en su movimiento de distanciamiento, introduce en todo telos la huella o intervalo de una lejanía sin finalidad. Tekné telepathiké que da lugar a los envíos, a las transferencias, transportes, a las transposiciones, a toda lógica del trans. Tele que, a la vez, asedia todo pathos, introduciendo en él la posibilidad de la patía como enfermedad o corrupción. "Fort: Da, telepatía contra telepatía, la distancia contra la inmediatez amenazante, pero también lo contrario, el sentimiento (siempre próximo a sí mismo, se cree) contra el sufrimiento [souffrance] del alejamiento también se llamaría telepatía" (Derrida, 1987b, 268). El tele, como distancia y transferencia que pone en marcha la destinación, puede introducir en ella también la posibilidad de la muerte o la patología del envío. Espaciamiento o distancia telepática o estructura telefónica de la différance que inscribe en ella la posibilidad de la interferencia, de la discontinuidad y de la lejanía en la llamada. Todo comenzaría con el envío, decíamos más arriba. Todo comenzaría también con una llamada de teléfono, con un envío telegráfico o con el timbre o tekné telefónica que multiplica, distanciando, espaciando toda llamada (Derrida, 1987c, 80). Y, de este modo, afirma Derrida, en relación con el destino, la destinación y el pensamiento del ser tal y como Heidegger planteó estas cuestiones: La cosa es muy grave, me parece, pues si hay en primer lugar, por así decirlo, el envío, el Schicken reuniéndose en el Geschick, si el envío no se deriva de nada, entonces, la posibilidad de lo postal siempre está ahí, en su retirada misma. Desde ese momento hay, desde ese momento se da (es gibt), se destina, se tiende [...]. Si 'parto' de la destinación y del PASAJES: EL PENSAMIENTO COMO PUESTA-EN-CAMINO EN FREUD, HEIDEGGER Y DERRIDA destino o de la destinación del ser (Das Schicken im Geschick des Seins), no puede pensarse prohibirme hablar entonces de "postal" más que con la condición de hacer de esa palabra el elemento de una imagen, de una figura, de un tropo, una tarjeta postal del ser, en cierto modo [...]. Si por el contrario (pero no es simplemente lo contrario), pienso lo postal y la tarjeta postal a partir de lo destinal del ser, como pienso la casa (del ser) a partir del ser, del lenguaje, y no a la inversa, etc., entonces lo postal no es ya una simple metáfora, es incluso, como lugar de todas las transferencias y de todas las correspondencias, la posibilidad "propia" de toda retórica posible (Derrida, 1980, 72-73). Si todo comienza por el envío, es lo mismo que decir que no comienza, o que todo tiene su origen en la técnica, en la artefactualidad o en lo maquínico. Precisamente, a este elemento maquínico del envío se refiere Derrida cuando inserta la lógica de la destinación (o de la a-destinación) dentro del funcionamiento de cierto principio postal. Y, si todo envío tiene su origen en esta especie de tecnología postal o principio postal sin mesura, significa que ya no podemos hablar más del Envío o de La metafísica, como tal, sino de la multiplicidad de envíos sin destinación, sin dirección determinable, sin transmisión ni comunicación: Incluso, no hay lo postal o el envío, hay lo postal en plural y los envíos. Y este movimiento (que me parece muy alejado y muy próximo a la vez del de Heidegger, pero qué importa) evita ahogar todas las diferencias, mutaciones, escansiones, estructuras de los regímenes postales en una única y misma gran oficina postal central. En una palabra [...] desde que hay, hay la différance [...] y hay distribución [agencement] postal, relevo, retraso, anticipación, destinación, dispositivo telecomunicante, posibilidad y necesidad fatal de desvío, etc. Hay estrofa (hay estrofa en todos los sentidos, apóstrofe y catástrofe) (Derrida, 1980, 74). Catástrofe de la destinación o estructura cartapostaleada (como interferencia, divisibilidad, iterabilidad) de la différance. Si todo comienza por el envío, por lo postal, la tarjeta postal, lo maquínico o la técnica, esto equivale a decir que en definitiva en todo comienzo encontramos ya la reproducción, la repetición que imposibilita el origen absoluto. En la multiplicidad de los envíos y en la divisibilidad infinita del remitir no puede haber comienzo único que no esté desde el principio cartapostaleado. En el comienzo, afirma Derrida, "no hay más que tarjetas postales, trozos anónimos y sin domicilio fijo, sin destinatario titular, cartas abiertas, pero como criptas" (Derrida, 1980, 60). 3 La figura de la Un-Fuge es trabajada por Derrida en Spectres de Marx en conexión con la justicia como dislocación, disyunción y anacronía, en el sentido que Heidegger habla, en "La sentencia de Anaximandro", de la adikía como lo desencajado, lo torcido o lo injusto frente al acorde o armonía de la Diké, del Fug, del Fuge. 4 Respecto a la potencialidad semántica de esta palabra, es preciso remitirse al análisis que Derrida hace de ella en L'autre cap. Paris, Éditions de Minuit, 1991. 5 Cuando Derrida utiliza la palabra "catástrofe" no se refiere con ella a un determinado acontecimiento destructivo que, mediante su intervención, alteraría el orden de las cosas. Con esta palabra ocurre lo mismo que con tantas otras a las que Derrida re-significa, extrayendo de ellas toda su potencialidad semántica (tal es el caso de la escritura, por ejemplo). En este caso, la catástrofe es utilizada para señalar con ella en particular un movimiento: el movimiento o recorrido marcado por una figura retórica, esto es, la metáfora. Es precisamente en ella donde Derrida encuentra la potencialidad del tropo, relacionado etimológicamente al verbo griego strepho que significa" ir y venir", "volverse hacia", "derivar", errar. Y es en esta errancia del vehículo metafórico donde comienza a perfilarse la catástrofe generalizada que desborda y hace incontrolable el concepto metafísico de metáfora, para el cual dicha figura formaba parte de una teoría económica del discurso (la metáfora no es sino un ornamento útil, destinada a la abreviación de tiempo y de espacio). Entendida como transporte, o vehículo que circula de un sentido al otro (es ésta la definición aristotélica de metáfora), la metáfora puede dar lugar a una generalización abismal de lo metafórico, abriendo con ello la errancia sin mesura de lo semántico. En este sentido, la catástrofe metafórica indica, ante todo, esta potencia de desplazamiento o desbordamiento de los lugares y los límites.
entre otras, constituyen un marco más que apropiado para el desarrollo de los temas que me propongo presentar en el frontispicio de este número. Evocar Palacio, es aludir a un conjunto de realidades que, no sólo se refieren a la magnificencia de un edificio y a la calidad de una serie de obras de arte, sino que también ponen de manifiesto la forma de entender los conceptos de soberanía y nación, a lo largo de tres siglos, como reflejo del desarrollo de las mentalidades y de los cambios sociales. Palacio no puede concebirse como un acontecimiento radicalmente nuevo en el siglo XVIII, ya que su razón de ser se asienta sobre una herencia que habría que retrotraer, al menos, al siglo XV, tanto en el emplazamiento -el mismo lugar que ocupara el antiguo Alcázar de los Austrias-, como en determinadas formas de organización interna -normas relativas a la etiqueta palaciega y a los oficios de la Real Casa-. Podríamos definir el «Palacio Nuevo» desde dos perspectivas que nos ofrecen la comprensión del núcleo del poder: en primer lugar su concepción como centro de la administración borbónica, porque en él se desarrolló un sistema político que, paulatinamente, fue sustituyendo el régimen polisinodial de los Austrias; y, en segundo término, su edificación como enclave artístico erigiéndose en modelo y punto de referencia para las más variadas artes. Además de las citadas ideas que lo inspiran, no hay que olvidar que Palacio es una residencia regia donde vivían, desde la Familia Real con su séquito más cercano, hasta un amplio abanico de servidores ocupados en los múltiples oficios que hacían funcionar día a día la maquinaria central del estado. Secretarías, Oficios de Boca y Mesa, Real Capilla, Reales Caballerizas, La Botica, Introducción X Oficio de Tapicería, Talleres Reales, y otros muchos ámbitos que podrían mencionarse, constituyen el entramado de lo que un día fue Palacio y del que sabemos gracias a los variadísimos testimonios, de ayer y hoy, brindados por literatos, viajeros, cronistas, políticos e investigadores, pero, sobre todo, gracias a la contemplación del acerbo artístico y cultural conservado en sus distintas dependencias. No podemos referirnos a Palacio como una realidad aislada en sí misma sin tener en cuenta el resto de los Sitios Reales que, actualmente, administra el Patrimonio Nacional, como heredero de la legendaria Junta de Obras y Bosques, cuya misión consistía en velar por los bienes al servicio de la Corona. Al hablar sobre determinados aspectos del Palacio Real de Madrid, como hacen los autores de los sucesivos trabajos de este número, percibirá el lector la relación intrínseca existente entre El Escorial, El Pardo, Aranjuez, La Granja, Las Descalzas, Las Huelgas, y tantos otros. Por eso podemos afirmar la mutua influencia establecida entre los diferentes Palacios y Monasterios con el edificio madrileño y su herencia histórica. No ha sido fácil escoger los artículos que componen este número, porque la cantidad de temas relativos a la trayectoria del Palacio Real de Madrid son innumerables. Ciertamente, había que dedicar unas páginas a Palacio como obra arquitectónica, siendo ésta, sin duda, una de las cuestiones más tratadas por los investigadores. Desde que, en 1975, Plaza publicara su magnífica tesis doctoral sobre. El Palacio Real Nuevo de Madrid, marcando un punto de referencia hasta nuestros días, se han sucedido estudios tan interesantes como decisivos en torno a Sabatini, Juvarra o el Antiguo Alcázar de los Austrias (imposible citarlos todos). Por ello, se encomendó a la Doctora Tovar Martín, Catedrática emérita de la Universidad Complutense de Madrid, y pionera y maestra de varias generaciones en temas de Historia de la Arquitectura, una reflexión sobre el edificio palacial que fuera diferente de lo escrito e investigado hasta ahora, porque esta perspectiva solo podía abordarla una persona con el bagaje intelectual de toda una vida dedicada al estudio y a la enseñanza. La propia autora expresa admirablemente el citado propósito en las primeras líneas de su trabajo: «En esta ocasión, queremos sentirnos espectadores libres del Palacio Real, y desde una postura de marcado individualismo, de intuición, o, incluso, de propia inspiración, expresar, desde nuestra mirada, el pleno alcance que nos merece esta espectacular obra de la Edad Moderna en su grandeza, en su servidumbre, e, incluso, en lo ideal o universal de sus contenidos artísticos que, por ser tan insólitos, llegan en algunos casos a renegar de toda legislación académica». Sin embargo, queda una faceta por Presentación sacar a la luz que ha sido fugazmente eshozada en algunas novelas (¿quien no recuerda las descripciones de las plantas superiores de Palacio en «La de Pringas», de Galdós?), y es la distribución de los pisos cuarto y quinto y de los sótanos con un estudio sobre la vida cotidiana que tenía lugar en ellos; todavía hay gente, y no mayor, que ha nacido en Palacio. Hemos comentado que no se puede hablar de Palacio sin hacer referencia a otros Sitios Reales y a la estructuración de todos ellos. Por eso le pedimos al Doctor Moya Valgañón, Jefe del Area de Conservación del Patrimonio Nacional, que sistematizara en pocas líneas lo que es el Patrimonio Nacional como organismo que administra los Palacios y los Monasterios Reales, de forma que los lectores pudieran tener una idea clara del entramado jurídico en el que se asienta Palacio, en su doble faceta de Residencia /Museo, y percibieran la diferencia existente entre las colecciones que exponen otros museos y la idiosincrasia de los Reales Sitios. Asimismo, y como gran experto en Artes Decorativas, el autor ha tratado de manera muy sugerente sobre las colecciones más desconocidas -cerámica, vidrio, relojes, metales, relicarios, muebles-, incidiendo no sólo en su valor artístico, sino también en su uso primitivo relacionando el gusto con el contexto histórico. Su ánimo ha sido el descubrir a estudiosos y aficionados las facetas ignoradas de las colecciones palacianas españolas, y ayudar a valorar y gustar lo que, tradicionalmente, se ha denominado peyorativamente, «artes decorativas». Algunas cuentan con catálogos sistemáticos como porcelana española, relojes y plata palatina, que plasman, no solo la variedad de piezas existentes, sino también los orígenes de las mismas. No podían faltar artículos relativos a escultura y pintura. En cuanto a escultura, había que elegir entre el programa iconográfico de Palacio y las colecciones del interior del edificio -bronce, piedras duras, madera, etc-, y, finalmente, optamos por el primer tema de acuerdo con Doña M" Jesús Herrero Sanz, Conservadora de Escultura del Patrimonio Nacional, y autora del artículo, en función de dos razones: primeramente, porque para el público es algo desconocido -por ejemplo mucha gente se pregunta qué hacen las estatuas de los Reyes Godos en la Plaza de Oriente-, aunque no para los investigadores; y en segundo término, porque permitía poner al día una cuestión crucial que explica la concepción que se tenía sobre la Monarquía y sobre la Soberanía en el siglo XVni, incorporando interesantes estudios publicados recientemente (Tarraga y otros). Se han tenido que obviar piezas interesantes como los dessert o los bronces del Salón del Trono, pero sabemos que es inminente la aparición del catálogo de bronces, y que sobre piedras Introducción XII duras la Señora Herrero Sanz acaba de publicar el dessert de Valadier Sin embargo, el mayor interés de la Colección de Escultura se encuentra en los Monasterios Reales: este es el gran reto del futuro. Sacar a la luz -aunque en artículos y exposiciones van saliendo-las magníficas piezas de marfil, coral, alabastro, bronce, cera, madera policromada que tipifican. Cristos, Vírgenes, crucifijos, santos. Niños Jesús, belenes, retablos, relicarios etc. En cuanto a la pintura, se han dedicado dos artículos, dada la amplitud del tema. Por un lado se ha encomendado a la Doctora Díaz Gallegos, Conservadora de Pintura del Patrimonio Nacional, la presentación de los techos de la planta Principal de Palacio, para completar, junto con el artículo de Herrero Sanz, el programa iconográfico de Palacio. La autora ha hecho una magnífica revisión sobre el estado de la cuestión de los frescos, porque aunque los techos ya eran conocidos por los estudiosos, no sólo ha puesto al día las fuentes bibliográficas comentadas incorporando las publicaciones más recientes, sino que ha trazado un itinerario palatino que le sirve al lector para saber cómo era la distribución de las habitaciones entre los Reinados de Carlos ni y Fernando VU. Por su parte Don José Luis Sancho Gaspar, brinda, en sus páginas, una visión diferente sobre la pintura de caballete. Su intención no es hacer un análisis pormenorizado de los cuadros, sino ofrecer, en este caso adelantar lo que será su tesis doctoral, los sucesivos proyectos decorativos de Palacio a cargo de Mengs y Quilliet, con la aportación de la Description, obra hasta ahora inédita, de este último. El Señor Sancho nos introduce en la historia del gusto, proporciona datos sobre la distribución de Palacio en invierno y en verano, esboza la figura del conservador como inventariador y decorador, y, sobre todo, presenta la totalidad de la colección de pintura antes de la creación del Museo del Prado y de la salida de José I. Actualmente, igual que en escultura, las obras más valiosas se encuentran, una vez más, en los Monasterios Reales. En un número dedicado al Palacio Real de Madrid, no podían faltar sendos artículos sobre las colecciones más importantes y emblemáticas^' armas y tapices, que fueron las que primero se vincularon a la Corona. El Doctor Soler del Campo, Conservador de la Real Armería, ha trazado magníficamente la historia de la Colección deteniéndose, tanto en los conjuntos más importantes, como en la evolución sufrida por el edificio. Coinciden estas páginas suyas con la reciente inauguración de la reordenación de la Armería en la primavera pasada, que visualiza a la perfección las piezas comprendidas entre la Baja Edad Media y Felipe n, Príncipe, ubicadas en la primera planta. El Doctor Soler ha sabido Presentación XIII combinar en el discurso expositivo el rigor científico junto con una sabia pedagogía divulgativa. El tono de las paredes; la colocación de los tapices de la Conquista de Túnez, las batallas del Archiduque Alberto, Hércules y la historia del Cónsul Decio; la disposición de las armaduras ecuestres en el centro de la sala -uno de los conjuntos más completos del mundo-junto con las armaduras de Carlos V, a la izquierda, y las de Felipe II, a la derecha, presididas por el conjunto de Mülhberg, convierten la Armería de Madrid en uno de los mejores Museos de armas del mundo, junto con la Armería de Viena. No puedo dejar de señalar el acierto que constituye la reproducción de las láminas del Inventario Iluminado de Carlos V (una descripción de las armas y armaduras del Emperador acompañadas de los correspondientes dibujos de cada una de las piezas, facilitando enormemente la identificación de las mismas) situadas al lado de cada pieza. Todo ello supone un gran reto para el futuro. Esperamos la segunda parte del Museo en la planta baja del edifico con la exposición del resto de la Colección, y esperamos, aunque muchos objetos se conocen por diversas publicaciones y exposiciones, la publicación sistemática de los tres grandes conjuntos de la Colección: armaduras, armas blancas y armas de fuego. La segunda gran Colección es la de Tapices, cuyo comentario y presentación se lo hemos encomendado a la Conservadora de los mismos, la Doctora Herrero Carretero que lleva toda su trayectoria profesional dedicada al estudio y conservación de estas, piezas. Corona Española constituyen uno de los primeros conjuntos en su género, tanto por la custodia de series completas desde el siglo XV, como por el estado de conservación llevado a cabo gracias a adecuados programas de restauración, exposición y almacenaje. Como bien expone la autora, los paños tienen que contemplarse desde la visión global de los diferentes Sitios Reales, bien como parte de importantes proyectos decorativos, por ejemplo los de El Pardo y El Escorial, bien como objetos destinados a celebraciones litúrgicas como los de las Descalzas. La importancia y calidad de la Colección de Tapices ha hecho que siempre se haya prestado una especial atención, lógicamente, hacia sus necesidades; en este sentido, nos congratulamos de que este número de Arbor coincida con la aparición del tercer tomo del catálogo de la Colección, realizado por la Doctora Herrero, y destinado a Felipe V, que se une a los tomos dedicados, respectivamente, a los siglos XVI y XVII. No nos queda más que incidir para que se complete la publicación de la Colección, y para que el proyectado Museo de Tapices de La Granja vea pronto la luz. Seguidamente, damos paso a tres importantes Oficios de la Real Casa, bastante desconocidos, pero que ofrecen, a la par que interesantes Introducción XIV obras de arte, la forma de organización interna de Palacio: El Oficio de Tapicería, la Real Botica y las Reales Caballerizas. El estudio y análisis de las telas está hecho por la Conservadora de la Colección de textiles y del Palacio de Madrid, Doña Pilar Benito García quien a lo largo de sus páginas, nos brinda una excelente exposición sobre la estructuración y desarrollo del Real Oficio de Tapicería, que culmina con la aportación de un documento inédito hasta la fecha, «La normativa del Oficio de Tapicería, de 1801». La Señora Benito ha descrito los conjuntos más relevantes de la Colección estableciendo, una vez más, la relación intrínseca entre los Reales Sitios, pero destacando, de forma especial, uno de los conjuntos únicos de Europa, el de las llamadas Casas de Campo. Las telas constituyen, sin duda, uno de los grandes retos del futuro, y así lo acaba de poner de manifiesto el reciente coloquio organizado por la autora sobre los tejidos bizarros, en el que, aparte de las conclusiones científicas sobre una parte importante de la Colección, se apoya enérgicamente la promoción de unas obras de arte tradicionalmente relegadas a un segundo plano (consideración que comparte con otras artes decorativas). En este sentido destacamos la eficaz labor desarrollada en el inventario y catalogación del almacén de telas, realizada con paciencia, rigor y entrega que ofrecerá, sin duda, una aportación inestimable en este campo. La Real Botica corre a cargo de la Doctora Alegre Pérez, Profesora Titular de Historia de la Farmacia en la Facultad de Farmacia (Universidad Complutense) donde ha formado un importante equipo de investigadores en torno a la Historia de la Real Botica.' La autora lleva dedicada toda una vida a la Real Botica desde que comenzara sus investigaciones en el Archivo de Palacio con vistas a la realización de su Tesis Doctoral. Su artículo muestra claramente la interacción existente entre medicina, religión, superstición y curación entendido como un todo de primera necesidad del que nadie en la Corte puede prescindir: ni la Familia Real, ni el último de los servidores. A través del relato de la Botica, se pone de manifiesto el entramado social que rodea cualquier Oficina de la Real Casa. No hemos querido, por ello, que la autora se detuviera en el análisis de las obras de arte que se encierran en el actual Museo de Farmacia de Palacio, sino que diera una especial relevancia al entramado humano que sostiene tan importante sección. En 1995, con ocasión de la celebración del TV centenario de la Real Farmacia, se realizó un importante balance Con interesantes estudios sobre la trayectoria de esta Dependencia; la Doctora Alegre y cuantos colaboramos en temas aledaños tenemos entre manos la preparación del libro compilatorio de la Real Botica Presentación que reúna las facetas científica y artística que componen la cara y cruz de esta Oficina. Las Reales Caballerizas se han encomendado ^al Conservador de la Colección de Carruajes, Don Eduardo Galán Domingo, que ha puesto manos a la obra con enorme entusiasmo. El resultado ha sido un estupendo compendio que integra todos los aspectos de la trayectoria de una de las Dependencias más cruciales de la Real Casa, como encargada de organizar todos los desplazamientos de la Familia Real, y de coordinar el ceremonial de los actos públicos del Rey. El autor ha hecho hincapié en las Caballerizas como Oficina ligada a un edificio y a unas obras de arte, sostenida, ante todo, por un entramado social que pone de manifiesto, una vez más, la variedad de microsomos integrantes de la vida cotidiana de Palacio, que eran el reflejo de la sociedad de cada momento. La desaparición del histórico edificio de las Caballerizas madrileñas, ha hecho caer en el olvido a uno de los conjuntos artísticos más interesantes del Patrimonio: los carruajes. Sin embargo, el tesón del Señor Galán hará, sin duda, más que posible, el gran reto que tiene ante sí esta Colección: la apertura del nuevo Museo de Carruajes que vuelva a hacer posible la contemplación de los vehículos que sirvieron para el transporte de la Corte Española. Finalmente, hemos querido dedicar dos amplios espacios a sendas instituciones indispensables -digamos que constituyen nuestros brazos y nuestras piernas-para cuantos nos dedicamos al estudio y la investigación de temas relacionados con Palacio: El Archivo y la Biblioteca. Para hablar de ello nadie mejor que las respectivas Directoras quienes, desde hace bastante tiempo, están realizando una encomiable labor en la catalogación de los fondos y en la modernización de las instalaciones para llevar a cabo la principal misión que tienen encomendada ambas Dependencias: el servicio a la investigación. Doña Margarita González Cristóbal, Directora del Archivo de Palacio, se ha encargado del artículo relativo a los fondos documentales patrimoniales presentando una historia del Archivo y un comentario sobre la distribución de los mismos, de radical importancia para cualquier estudioso. Queremos reivindicar la labor del Archivo, muchas veces incomprendida por los legos en la materia, sin la cual no existirían los tapices, ni las armas, ni las telas, ni las pinturas, ni ningún estudio sobre múltiples aspectos de la Historia de España y del mundo. Paulatinamente se han ido cumpliendo objetivos esenciales: la catalogación de la fotografía histórica; la informatización de los expedientes personales; o la catalogación de fondos importantísimos como Huelgas, Tordesillas y Descalzas. Hay que continuar e,n esta dirección porque es la custodia de una parte Introducción XVI importante de la Historia de España. Por su parte Doña M" Luisa López-Vidriero, cuyo trabajo en el mundo de los impresos y de los manuscritos tiene un merecido reconocimiento, ha hecho una sugerente presentación sobre la Real Biblioteca, descubriendo al lector aspectos nuevos de un fondo importantísimo. La autora ahonda en el pasado de la Biblioteca y nos invita a pasear por sus diferentes etapas constructivas hasta llegar al momento presente con las modernas prestaciones que se ofrecen al investigador -instalaciones informáticas, publicación de fondos: Gondomar, manuscritos, etc-. La puesta en marcha de este número nos ha obligado, de alguna manera, a hacer «un alto en el camino»; nos ha exigido elaborar una revisión sobre lo ya realizado con sus indiscutibles aportaciones, y plantear un serio reto de cara al futuro: qué falta por hacen Este HACER deberá estar presidido por un estado de ánimo de alegría, sosiego, meditación, curiosidad y disponibilidad, en orden a conservar la memoria histórica de nuestro pasado, y saber transmitirla íntegra a las generaciones futuras.
El Nuevo Palacio Real de Madrid se presenta a los ojos de quien lo mira, como un ser «satisfecho» ante la realidad de su mundo y del esplendor de su época. Entregado a la creatividad artística plena del siglo XVIII, esta hermosa obra escapa, en gran parte, hacia mundos inéditos y desconocidos en España, gracias a un encuentro afortunado, puramente creador, que hizo posible su arquitecto, Juan Bautista Saquetti, al combinar con su imaginación, el paisaje sereno y armónico del barroco europeo clásico y tardío, y el paisaje melancólico del alma romántica evocadora de nuestra tradición hispánica. El Palacio Real alcanza, como obra arquitectónica, una cierta unidad esencial y una totalidad coherente, pero revela, también, en el horizonte de su mundo material, o del mundo de su espíritu, en el impulso de su gran vitalidad, diversas vertientes desplegadas, pero a la vez imbricadas en sus complementarios elementos, perfectamente expresadas a través de las líneas maestras, que definen el verdadero espíritu pragraático y teorizante de una época, culturalmente espléndida. Muchos de sus rasgos coinciden con las líneas generales de la modernidad, muchos de sus componentes siguen, de manera contundente, los pronunciados surcos trazados por el barroco de esplendor europeo. Incluidas sus disonancias, el Palacio Real, sin embargo, no pudo satisfacerse tan solo con las esencias inteligibles de este estilo y sus variantes, a pesar de estar nutridas dichas esencias de expresiones enérgicas. El Palacio Real, en su multiplicidad de sistemas y en su clara versatilidad, es obra que se siente sentir en si misma por un acusado deseo de libertad, motivada, esta libertad, en primer lugar, por la convicción en la superioridad de una idea de la que nunca Lo Tradicional, lo ideal y lo universal del Palacio Real de Juvarra coinciden, en todos sus rasgos, con las líneas impersonalizadas de los palacios europeos de aquel tiempo, y, no es extraño, por ello, que sobre consideraciones de lugar, tiempo y acción, fuesen apartados a la muerte de su artífice, en enero de 1736. No recrearon la arquitectura palacial tradicional española, ni siquiera pretendieron evocarla, sino más bien anularla. No fueron diferentes a los diseños destinados a los palacios contemporáneos de Francia, Austria, Alemania o Italia; fueron, tan solo, el paradigma del cambio solicitado por una Monarquía con espíritu franco-italiano •^. En esta fecha, más o menos, Juan Bautista Sachetti había sido seleccionado para emprender la obra del Nuevo Palacio Real, requerido por Felipe V tras el incendio de viejo Alcázar de los Austrias. Dura prueba para un joven arquitecto, aunque ya había sido probada su capacidad profesional y talento en tierras del Píamente, donde también había percibido enseñanzas del arquitecto Filippo Juvara, y de otros artistas al servicio de los Saboya. Venía de una escuela de gran impulso emocional, en la que se consiguió, de modo genial, la compenetración arquitectónica italo-francesa-vienesa, junto a los nuevos valores de la disgregación y antítesis del factor ornamental. Todo ello ha de ser confluyente en la obra de Sachetti, pero la evaluación favorable de este arquitecto, estuvo en el inicio, y sobre todo, en la no aversión hacia los valores del pasado palacial hispánico. Sachetti trasladó su Palacio, simbólica y funcionalmente, al viejo centro de influencia y de poder de la capital, lo cual significa el decidir sustentarlo sobre la huella del viejo Alcázar. Con ello ofrecía un signo de respeto a la antigüedad o estabilidad de la antigua Villa, a sus propias esencias, postura que pudo significar un reto en una capital en tiempo de cambios políticos e ideológicos sensibles. Parece tener presente que en aquel promontorio: «..había nacido la Villa con crecimiento de occidente a oriente como si marchara a la búsqueda del sol en carrera contraria» ^ Sachetti volvió su mirada hacia aquellos hacedores de la antigua Villa y capital que habían mostrado, como lugar privilegiado, su alta colina del norte, convirtiéndola en enseña o faro político, en roca o castillo fortificado del Monarca, o como respiro en las responsabilidades políticas, al tender la mirada del Palacio hacia el campo. Amado Ñervo al contemplarlo desde la calle Bailen escribe: «Luis ve desde su balcón lo que se ve desde el Palacio Real Tiene este visual privilegio del cual se ufana, porque mirar es para él la vida, mirarlo todo, y sobre todo la Naturaleza ^ El Palacio se hacía para una sociedad diferente de la precedente, pero la colina representaba el monopolio del antiguo poder que resucitó a Madrid en la Historia, así como el espacio sagrado y defensivo de la ciudad renaciente. Un prestigioso historiador escribió no hace muchos años: Los Barbones quisieron afirmar su dinastía sobre las cenizas de la pasada y concibieron un Palacio, firme como una roca, solo, y avanzado como un bastión, de cara a la llanura y en diálogo con la sierra, de espaldas al miserable villorrio que detrás mendigaba favores ^. Sachetti, aunque estaba profundamente ligado a los cambios culturales, supo asociar a las virtudes que reconoció en los antepasados hispánicos, una tipología de lujo, unas formas geométricamente regulares sobre un terreno desigual, y unas plataformas diseñadas sobre diferentes niveles y ejes. Su ideología se sustentaba entre la introspección y aislamiento urbano, y la extraversión paisajística que pasa a ser para él un aspecto principal de motivación. El Palacio se inserta, orgánicamente, en el paisaje que le rodea y del que es parte integrante. Pero ésta no fue una forma nueva ni primera de conceptualizar la arquitectura de la cornisa occidental de la capital; fue, simplemente, el volver a calificarla de la misma forma que en periodos anteriores, porque no ignoraba que en aquel lugar, el Palacio se convertía en piedra de toque de Madrid, en el fiel contraste imposible, en la medida tope que tiene el almacenero de nuestra monumentalidad ^. Era el lugar elegido el gran barranco de Madrid, es el primer camino que siguen los procreadores de la Corte. Por allí se engalanan, se agarran de las raíces: que son asas del monte, saben que escalan la Corte del futuro» No plantea competencia a la tradición existente, sino que por el contrario, persigue un coloquio con ella, entrelazándola con una renovada expresión a la que se agregan contribuciones teóricas de valor universal, basadas en las poéticas de una amplia tratadística moderna. Sachetti, guiado por esta mirada retrospectiva, tuvo en cuenta las Lo Tradicional, lo ideal y lo universal del Palacio Real condiciones específicas del terreno en el que estuvo asentado durante varios siglos el Alcázar, incorporando, al proyecto, el mismo anexo amplio de huertas y jardines. Tampoco prescinde en su diseño de entender el Palacio Nuevo como una amalgama de elementos sacros y profanos. Como resultado de sus complejos tanteos y deliberaciones, decide la inserción de la Capilla Real en el eje céntrico del vasto conjunto, tal vez, postulando, también, con carácter analógico en su planteamiento, una defensa en el recuerdo de la lección recibida de la Capilla Real del desaparecido Alcázar, modernizada por Luis de Vega y Alonso de Covarrubias. Pero no se trata de un problema de mimesis que pudiera desestabilizar la nueva obra, se trata de una clara tendencia de superación del experimentalismo occidental en el que nace, pero sin renunciar al soporte historiográfico que, deliberadamente, compromete en el concepto morfológico del Nuevo Palacio. A nuestro juicio, Sachetti se satisface construyendo sobre el emplazamiento del castillo-palacio anterior: acepta las irregularidades de la construcción antigua; respeta el trazado sobre un sistema cuadrangular; agrupa la estructura en torno a un patio; cada fachada tiene una concepción de acuerdo con la escarpadura del terreno; incorpora cuerpos en torreta que recuerdan las torres angulares antiguas; y quiebra el eje axial con la inserción de la Capilla en un espacio central verificado con pequeñas unidades alrededor que, hacen aprehensible en el exterior lo sagrado, al convertir la cúpula en el componente de la vertical dominante. Con todo ello, no deja de tener en cuenta la percepción visual del edificio palacial tradicional hispánico. También elige el granito como materia básica, porque tampoco olvida que fue el material por excelencia de la arquitectura española del pasado, animado, seguramente, por la diversificación de su grano y su color. No debe extrañar que alguien en aquel tiempo, en su poética, empleara para definir el edificio nuevo la palabra «Alcázar» ^: «Aquel de berroqueña y blanca piedra que entre todos los otros se señala es el Alcázar Regio donde habita hoy el piadoso Carlos, con las ramas del claro tronco de su regia estirpe asiento venturoso de la gloria del valor, el talento y las virtudes» Desde su impecable organización formal se asiste a un fatigoso trabajo de penetración en las estructuras lingüísticas hispánicas, po- niendo en juego un código institucional, entonces, por razones políticas, casi obsoleto. Turin había perfilado la personalidad de Sachetti y no cabe duda que tenía madurez técnica e intelectual cuando llega a España. No renuncia a la imponente arquitectura que ha de representar el poder de Felipe V, pero el Palacio es obra de un concepto estético propio, en cuya elaborada trascendencia no dejó aislado ni invalidado el pasado artístico español. Sachetti entendió el diseño del Palacio Real de Felipe V, como matriz determinante de una serie de valores. En el proceso constructivo del edificio, Juan Bautista Sachetti, con esfiíerzo y denuedo, no aguarda pasivamente su acometida. Trabaja con tesón en base a mecanismos de prevención, de estrategia y corrección de errores. Es el auténtico «trabajador del proyecto», y no sólo «el pensador de la Idea». Es hombre silencioso que pone a prueba diariamente su capacidad y su razón, limitándose a esperar, pasivamente, si sus ideas cuadran, respetan o alcanzan la realidad española. Imaginamos un cierto sentimiento de desasosiego, pero su proyecto sobrevive de manera irreversible. Sachetti ha pensado en el Palacio de Felipe V sin desarraigarlo de la Historia Española, por este motivo su proyecto nace sobre la materia calcinada del viejo Alcázar, como la respuesta-fin de una simbólica necesidad histórica, a la que condesciende sin vacilación, Felipe V. Estudia, sin duda, lo positivo de este contagio. El Palacio ha de reducirse en el tamaño adaptándose a la vieja colina, respetando su simbolismo, pero también, arquitectónicamente, ha de estar conectado con ámbitos de competencia europea, conduciéndole, no sólo hacia una superación de las tradiciones hispánicas, sino también hacia el alcance de sistemas figurativos actualizantes. F. de la Plaza, en su espléndida monografía del Palacio Real, indica el sustrato de vitalismo que domina esta obra"^. La aguda aportación historiográfica sobre este edificio en pro de su idealización, le han convertido en «tipo» y en «modelo»^, pero sobre todo, el sólido experimentalismo de su autor, Juan Bautista Sachetti, confirma que hubo un deseo expreso de crear un organismo modulado y comprometido con la mejor arquitectura de su tiempo. Sachetti, a nuestro juicio, se siente obligado a realizar una síntesis al modo de un acto reflejo basado en la órbita artística de Hardouin Mansard, Filippo Juvara, G. L. Bernini, F. Von Erlah, De Cotte y otros arquitectos de vanguardia. Plantea un sistema de competencia, o mejor, un desafío a las variadas interpretaciones que confluyen en el complejo campo de las experiencias palaciales europeas. El Palacio no fiíe un ensayo en el que se proyecta la unicidad fi:*anco-italiana, ni estuvo alineado en la autonomía de otras experiencias figurativas nórdicas, como tampoco fiíe una prueba Lo Tradicional, lo ideal y lo universal del Palacio Real de la desconfianza del Rey Felipe V hacia las técnicas y simbología de la arquitectura española. Todos los elementos fueron tomados en consideración, pero el Palacio nace sin voluntad mimética ni analógica, con una clara tendencia de superación del amplio experimentalismo occidental en el que surge. El Nuevo Palacio de Sachetti no fue un artístico «bricolage», ni mucho menos una polifonía morfológica bien compuesta, que pudiera correr el riesgo de ser transferida a un concepto de ambigüedad. En la propia plasticidad de su materia, se subraya su consciente e inteligente polivalencia, en la que se expresa, cumplidamente, la búsqueda de la continuidad entre el pasado y el presente. En su casuística tipológica, se entrelaza una renovada tradición humanística que incluye contribuciones teóricas de valor universal basadas en poéticas de la Antigüedad, en Alberti, SanGallo, Palladio etc. Se insertan en él voces elegidas como expreso reconocimiento a la concepción dogmática renacentista, y representa una defensa del enraizamiento en los postulados de los teóricos puros. Nos acerca a la quimera serliana, a la casuística de la «licencia» como sistema de emoción estética, legitimando, en sus elementos, el subjetivismo o la simple ambigüedad como maneras válidas y emotivas. El Palacio integra rasgos destacados de funcionalidad y racionalidad, porque en él se asume la inquietante cultura del barroco. Lleva inserta la poética guariniana y juvariana y aboga por la cultura italiana del «seiscientos», replanteando tradiciones barrocas clasicistas berninianas. Indaga en el propio policentrismo perspective y se concentra, también, en la fase experimental avanzada de lo francés y lo vienes, situando la investigación en las fuentes de Le Vau, Mansard, Perrault, Juvara, Vittozzi, De Cotte, Hildebrand y Von Erlach. Las referencias decorativas son extraídas de una atenta observancia de la obra piamontesa sobre todo, pero Sachetti, voluntariamente experimental, reconduce las leyes de la más pura estereométria a una dialéctica combinatoria con la que no refuta, sino que persigue el encuentro armónico de términos histéricamente enfrentados. El Palacio es el fruto inteligente de antitéticos componentes formales. De ninguna manera es monocorde. En él se filtran, con sabia habilidad, postulados ideológicos del clasicismo bajo nuevos significados componentes buscados en las tensas e inquietas experimentaciones del manierismo, y valores del barroco más exultante. Con todo ello, compromete su atención a los ritmos sincopados y geométricos del palacianismo hispánico. Sachetti diseña sobre una clara idea basada en múltiples e implícitas sugerencias polivalentes. El Palacio, casi desnudo estructuralmente, representa una vuelta a un sintetismo geométrico impecable, sin embargo se insertan en él conceptos diferentes, e, incluso, en algún caso opuestos. Pero sus variados matices fueron sabiamente integrados, expresándose la idea de que, el uso de la libertad en esa compleja polifonía figurativa, se convirtiera en «virtud» arquitectónica, en meritoria síntesis. F. Chueca lo define como: «Navio de gran porte, es el edificio de mayor calado del mundo varado a orillas del más menguado río» No es casual que en su propia proyección urbanística abogara por el distanciamiento perspective, configurando la idea de «espacio teatral», y poniendo en juego el factor emocional y la recuperación de su imagen inserta en el atributo de la «visualidad». En esta inserción urbana, Sachetti afronta el espacio eclesiástico en una clave de método hispánico. Como ya hemos indicado, otorga a la Capilla palacial el valor de interlocutor urbano, ofreciendo la cúpula como ámbito central de la existencia. Sachetti construye el edificio subordinando su imagen a la lejanía, comprometiendo el edificio en el plano de una sucesión de espacios y de secuencias atmosféricas, forzando los códigos de color y de movilidad congénitos a la inmensidad que plantea, en las que se incluyen bosques, montañas y celajes de la serranía. Así Pió Baroja pudo escribir: «El Palacio al anochecer mas que un conjunto de piedras es una masa de rosa pálido en un cielo de ópalo» ^ El paisaje es argumento complementario. Recortado el edificio sobre la línea del horizonte, su volumen queda alejado de la ciudad preexistente desintegrado del continuismo ciudadano. Sachetti indaga en los valores de una «arquitectura distanciada» buscando el inequívoco testimonio de una estructura poderosa entregada al exhibicionismo. Existe en el edificio una clara corriente canónica. En su equilibrio estructural se salvaguarda una normativa relacionada con la tradición del cinquecento. Al modo de Lescot, quiebra las líneas horizontales y resalta las verticales, y, siguiendo a Du Cerceau, construye alrededor de un patio cuadrado, recreándose en la profusión de efectos super-Lo Tradicional, lo ideal y lo universal del Palacio Real ficiales. Avanza la fachada audazmente hasta la escarpadura aguda occidental buscando su atractivo, poniendo en marcha una inventiva y una destreza estructural propias del medievo. Los bloques se definen en términos cúbicos y la cornisa horizontal y el orden continuo, elevado sobre un araplio basamento, proceden de Miguel Ángel. También el diseño en bloque, la cubierta plana, la balaustrada con estatuas y las paredes con orden colosal formado por columnas y pilastras adosadas, evocan los diseños clásicos de Caprarola y Montecitorio. Sachetti demuestra su dominio de la arquitectura clásica, y, al mismo tiempo, un sentido de la gran escala. Se deja influenciar por la doctrina clásica y racionalista de Jules Hardouin Mansard, invocando las leyes de la razón más que la fantasía, porque busca el orden y porque sabe que, sólo por medio de éste, puede hacerse la arquitectura aprehensible a la mente humana. Su imaginación se ancla fuertemente en la serena oferta renacentista, tal vez, queriendo atestiguar los términos dialécticos del gran clasicismo, tanto francés como italiano. Como otros edificios que nacen con el signo de la magnificencia, no estuvo libre de adversidades, por ello nacieron un número muy destacado de dibujos, muchos de los cuáles permanecieron en el papel, pero quedaron como muestra de un sólido proceso creador. Al modo italiano el piso bajo funciona como base para los pisos superiores. También pueden ser precedentes italianos el uso del orden colosal en fachada y la concentración de medias columnas en el área central para realzar la entrada, no sólo con referencia a Bernini, sino también a fórmulas miguelangelescas y palladianas. El rico orden de composición de pilastras, la poderosa cornisa coronada por balaustrada con estatuas que implican esculturas, y la fuerte acentuación de la entrada o el balcón, se remontan al Palacio Farnesio de Roma. Pero Sachetti supo romper el modelo romano renacentista, que no tuvo articulación vertical, introduciendo filas de ventanas tendidas horizontalmente por molduras lineales continuas, y creando una bella gradación desde los marcos sencillos de las ventanas, a los elaborados marcos-tabernáculos del piso principal. Conservó la cornisa unificadora, el horizonte no interrumpido, y los cuatro pabellones coronados por cuerpos torreados para enmarcar cada uno de los cuatro frentes. La pared exterior forma una envoltura continua y cerrada, pero quedó diferenciada verticalmente, expresando, también, el carácter de los espacios interiores. La planta tiende a una simetría axial, pues Sachetti decide introducir un eje longitudinal en el Patio, que atraviesa el edificio uniéndolo a la Capilla Real, para acentuar el centro de la fachada norte del patio con una arquería triple y un segmento de frontón, que refuerza el espacio sacral. El Palacio se entiende como una síntesis de las exigencias de la época, por ello es espacioso, representativo y dominante. Pero a pesar del deseo general de sistematización, Sachetti emplea los órdenes clásicos como elementos constitutivos de la osamenta del edificio, y se aparta de la pared-membrana perforada con aberturas, tan extendida en la primera mitad del siglo XVIII. Hubo en aquella época cierto pluralismo de medios expresivos y de unificación inteligente de tendencias italianas y francesas, como fue el ejemplo de Austria, formando una arquitectura palacial, excepcionalmente flexible, que no tardaron en adoptar Ficher Von Erlach, Boffrand y Juvara, entre otros. El barroco tardío conservó la creencia en la validez de la amplia síntesis, mientras que el rococó tomaba como punto de partida la diferenciación e individualidad, y la supresión de los órdenes clásicos. El estilo claro y vigoroso del Palacio representa la manifestación ideal del absolutismo estatal. En estos aspectos fue Francia quien supo ofrecer el hechizo de una arquitectura de Estado. Sachetti conoce, sin duda, que Francia ha sido la espina dorsal de un sistema palacial diferenciado. El arquitecto, tras el estudio vigorizante de los elementos clásicos, busca espacialidad y bellas perspectivas, confiando la cintura del nuevo edificio a una mirada de movimiento giratorio que se apoya en Le Nôtre, y De Cotte, también en Francia. Los jardines, en ejes verticales y horizontales, equilibran, en el exterior, la composición, y aglutinan la directriz de visión hacia el eje central de cada fachada. Forman, por el norte y por el oeste, un módulo de considerable anchura, y prestan una delicada animación rítmica. Los jardines no se realizaron pero quedaron como una clara concesión al arte que Felipe V había vivido en su infancia versallesca. Sachetti, con su estilo propio, había creado un Palacio Nuevo monumental en forma de bloque, con cubierta plana y balaustrada al modo de Versalles. La cornisa horizontal y la articulación de las paredes con orden colosal, como definición clara y sencilla de los volúmenes, recuerdan el Palacio del Louvre. Los bloques definidos en términos cúbicos, quedando interrumpidas las superficies por frontispicios salientes, también son de recuerdo versallesco, como lo son la simetría y el orden que aplicó a los patrones geométricos de su entorno. Sachetti dejó que la materia, granito y piedra blanca, ofrecieran todo su valor sensible; pero intuitivo e inteligente, puso en marcha lo mejor de la arquitectura de su tiempo. Supo aprovechar la sabiduría en el desarrollo del tema palacial del que, tal vez, fue su principal maestro, F. Juvara. Lo Tradicional, lo ideal y lo universal del Palacio Real Pero buscó, también, la exhuberancia y el noble y florido clasicismo de Bernini, y se adueñó del libre estructuralismo de lo francés y lo vienes. Por ello, el Palacio de Sachetti no es el fruto de un solo pensamiento, sino la mezcla de diversos ingredientes que no se ocultan en el concienzudo estudio, subyacente en la definición de sus espacios. Tomó apuntes de Miguel Ángel, no olvidó el porte de Le Vau, Bernini, y H. Mansard, se sintió estimulado por el admirado Guarino y por Vittozzi, y no dudó en añadir una invocación hispánica. En la textura llamativa de las cuatro fachadas, en su piel mural todo se desliza suavemente, uniformemente, sin apenas particularizar los ricos detalles de su materia ósea. Pero la virtuosa técnica de Sachetti proporciona una imagen de gran fuerza tridimensional, porque fue lúcido y agudo en la dirección de las partes escultóricas del conjunto. Quiso brindar al Rey Felipe V una residencia igual o superior a la de los Monarcas y príncipes contemporáneos. Sachetti sabía que su destino era convertirse en el principal arquitecto de la Residencia Real, y sólo le obsesionó el dedicarse integralmente a ella. Logró superar el diseño de una figura tradicional, ofreciendo una arquitectura orgánica viva. Quiso que el Palacio fuese el hito que señala el nacimiento de Madrid, la piedra simbólica de su fundación y el signo del poder monárquico resurgente. El Palacio debería ser un «monumento conmemorativo» que simbolizase, por una parte, la antigüedad árabe-cristiana de la capital, y, especialmente, la cultura artística universal de los Borbones. Alguien afirmó que el Palacio era un sólido tan compacto, que podía rodar colina abajo sin dañarse. Pasado el tiempo aún se evocaba el edificio de esta manera: Mudos contemplaron su mole oscura y misteriosa tanto balcón cerrado, tanta pilastra robusta, las ingentes paredes, aquel aspecto de tallador de montaña, con la triple expresión de Majestad grandeza y pesadumbre,.., materiales simbólicos del Poder ^^
y sus edificios anexos con los jardines y bosques que los rodean. * En Palma de Mallorca, el Palacio Real de La Almudaina con sus jardines. Además ejerce los derechos de patronato o de gobierno sobre las siguientes fundaciones: El Patrimonio Nacional, según queda definido en las disposiciones vigentes (Ley 23/1982 de 16 de junio y su Reglamento aprobado por Real Decreto 4960/1987 del 18 de marzo), es un conjunto de bienes de titularidad estatal afectadas al uso y servicio del Rey y de los miembros de la Familia Real para el ejercicio de la alta representación que la Constitución y las leyes les atribuyen. Además se integran en él los derechos y cargas de Patronato sobre las Fundaciones y Reales Patronatos a que se refiere dicha Ley. La citada legislación señala, en su artículo primero, que se gestiona y administra por un Consejo de Administración el cual, según el artículo tercero, adoptará las medidas conducentes al uso de tales bienes con fines culturales, científicos y docentes, en tanto en cuanto ello sea compatible con el uso antes aludido. Es conveniente, a mi juicio, que comience mi exposición por esta especie de declaración de principios que es la definición legal del Patrimonio, porque veremos que se trata de un mundo muy distinto al que, habitualmente, están acostumbrados buena parte de los componentes del grupo humano, que se puede considerar relacionado con el ambiente de los museos y monumentos, pertenezcan al sector de los clientes o al de los profesionales. No he utilizado la expresión aclarar o dar luz porque ya, en la definición dicha, puede surgir el primer problema espinoso: ¿es Patrimonio Nacional o son bienes del Estado? La verdad es que Nación y Estado no parecen ser la misma cosa pero a la mayoría que no somos juristas ni políticos, creo que no nos merece la pena entrar en más honduras. Pero desde el punto de vista de los interesados en asuntos culturales, conviene que siga exponiendo aspectos generales del Patrimonio Nacional, puesto que ayudan a entender un poco los llamados museos y monumentos, que éste gestiona. A lo largo de la historia, los Reyes han ido acumulando una serie de bienes muebles e inmuebles para su uso más o menos personal. La distinción entre hacienda real, hacienda pública y hacienda personal, no ha sido nunca excesivamente clara en lo que, genéricamente, se llama Antiguo Régimen. Los Palacios y Residencias Reales han contado, desde siempre, con los elementos de mobiliario necesarios para hacerlos habitables, y, además, conferirles ese aspecto de prestigio que significa la sede del poder. En los tiempos medievales, cuando la Corte era itinerante, largas recuas de animales precedían a la comitiva regia cargadas con arcas, cofres y baúles, conteniendo tapices, alfombras, pinturas, joyas u otro tipo de mobiliario que habían de servir a la adecuación del palacio de turno, fuera Valladolid, Burgos o Alfaro, Zaragoza, Huesca o Valencia, Pamplona u Olitel Y ya entonces tenemos noticias del afán de las Personas Reales, fueran de la Casa de Aragón, de la de Navarra o de la de Castilla, por rodearse de comodidades, de objetos bellos y valiosos, de atesorar riquezas y curiosidades, en fin, de practicar lo que luego se llamará coleccionismo. Nos podemos hacer una idea de todo ello repasando las cuentas de Sancho el Bravo, de Juan I o Jaime II, las del castillo de Olite, el testamento de Pedro el Cruel o tantos otros documentos. Se advierte cómo hay castillos que suelen estar dispuestos casi siempre y en los que, además, se guarda el tesoro, y otros que son residencias eventuales a las que hay que añadir revestimientos especiales si han de utilizarse. Igualmente, se observa cómo entre el personal al servicio de Rey, se encuentran constructores, pintores, tejedores u orfebres. La estructura política no presenta una clara distinción entre lo que es patrimonio personal del Rey y lo que es patrimonio de la Corona. El Rey parece disponer con relativa libertad de uno y otro, de forma que son corrientes lo que hoy llamaríamos transferencias entre lo que nosotros consideraríamos bienes del Estado, bienes de la Corona o bienes privados y viceversa. Así que las pinturas, tapices, alhajas, y otros objetos, pueden sustraerse a las colecciones como pago de deudas, en testamentarías, etc. Es Felipe II quien iniciará, tímidamente, una vinculación de algunos de estos bienes en la persona del heredero de la Corona: pinturas, tapices, armas, ciertas joyas y muebles. Esta fórmula será seguida por sus sucesores, haciéndola extensiva Carlos II a todo lo que adornase las Residencias Reales; El Patrimonio Nacional. Museos vividos la citada disposición perduró con el espíritu del siglo XIX, a pesar de ciertas disposiciones de Carlos III y Fernando VII que contribuyeron a su dispersión. No sería, precisamente, hasta el Reinado de Fernando VII, cuando se estableciese clara distinción entre el Patrimonio Real y el del Estado. Tal es el origen del Patrimonio de la Corona que, con diversos nombres, del Rey, Nacional o de la República, queda sancionado en la práctica, desde que, tras el trienio liberal, se establezca, claramente, una administración y un tratamiento distintos de los bienes al servicio del Rey, en cuanto tal, y de los que éste adquiere patrimonialmente, como cualquier otro particular. Los unos imprescriptibles e inalienables, los otros sujetos al derecho común. Por ello, ateniéndose a las decoraciones palaciegas, las Colecciones Reales parecen arrancar, precisamente, del siglo XVII, si no se tiene en cuenta otro tipo de dotaciones, las religiosas, en las que los bienes quedaron vinculados desde siempre. Así sucedió en ciertas fundaciones eclesiales como la capilla de los Reyes de Toledo, la capilla Real de Sevilla y, en fin, ciertos Monasterios: entre ellos, y ante todo, el de San Lorenzo de El Escorial, magníficamente engalanado por Felipe II y al que añadieron preseas sus sucesores. A través de estas fundaciones es como mejor se puede forjar una idea de los bienes anteriores al siglo XVII. Pues junto a ese Patrimonio, y bajo la misma administración, hay una serie de conventos y otras fundaciones pías o benéficas, de las que el Rey es el Patrón fundamental, porque a él se deben los caudales para la creación y erección, o porque el fundador así lo expresó en su días. Son los Patronatos Reales. Por otro lado, desde la Ilustración y las Luces de la segunda mitad del siglo XVIII, se asiste a un intento de que cierta parte de las Colecciones Reales sirvan a fines didácticos y públicos. Así nacerá el Museo del Prado. La creación de un Museo de Pintura y Escultura surge en tiempos de Carlos IV, aunque no se plasmará hasta la época de Fernando VII, desgajándose del Patrimonio Real en la Revolución de 1868. Carlos III ya había creado el Gabinete de Ciencias Naturales, embrión de lo que luego serán el Museo de Ciencias y el Museo Arqueológico Nacional, y más tarde surgirán el Museo de Artillería y el desaparecido Gabinete Topográfico. Como la nueva finalidad parece incompatible con la dedicación al uso regio, se buscarán locales separados de las moradas reales, de modo que el público no incomode las actividades palaciegas o administrativas. Por ello fue relativamente fácil sustraer alguna de tales colecciones de la administración de la Corona y colocarla bajo la dependencia de otro organismo del Estado, en ocasiones, y que ulteriormente no fuera reclamado. A pesar de los diversos desgajamientes, los fondos de las Colecciones Reales siguen siendo espléndidos, puesto que, al fin y al cabo, lo destinado a museos, en su día, no dejaba de ser lo considerado entonces como superfino o fuera de uso, aunque fuese lo más bello, ya se tratase de los ticianos, las piedras duras chinas o las esculturas clásicas. Todo ello de mayor utilidad para el estudio o contemplación, que para ambientar el vivir privado o el ceremonial de la Casa Real. Los elementos necesarios para esto último siguen adecuando los diversos Palacios. Lo mismo que sucede en el trazado y construcción de los edificios, al realizar su decoración se suele recurrir a los artistas de más prestigio del momento, sean pintores o escultores, orfebres, adornistas o ebanistas, muchos de los cuales llevaran el título del Rey o de Cámara. Con ello, los Sitios Reales presentan, todavía hoy, una visión panorámica de la Historia del Arte, de las formas, del gusto y de la decoración, al menos a partir del manierismo renacentista y hasta el historicismo y eclecticismo de hace setenta años, en las más variadas manifestaciones, desde las artes del fuego hasta las del dibujo. La aludida historia del gusto nos puede mostrar, también, cómo en casi todos los tiempos ha existido un fuerte dirigisme cortesano en la interpretación de las formas, imponiendo moda en general, aunque ciertos artistas hayan escapado a su dictado. Y ese dirigisme está en íntima relación con toda una serie de industrias del lujo que se crean a partir del siglo XVIII, sobre todo, con el patrocinio de los Monarcas. Obedecen, por un lado, a mantener determinadas corrientes artísticas, por otro, a ser proveedoras de las fuertes demandas para engalanar los Sitios Reales, pero también a motivaciones económicas que estimulen la producción nacional frente a la competencia externa, suponiendo ahorro, y que orienten el gusto de las capas acomodadas de la sociedad en un determinado sentido. Son las Reales Fabricas. Entre ellas destacarán la de la Granja, con producción desde acristalamientos y espejos hasta lámparas y vajilla; la de Tapices de Santa Bárbara en Madrid, productora de series de tapices y alfombras para vestir paramentos, suelos e incluso techos; la de porcelana del Buen Retiro; la Platería de Martínez; y la relojería de Charost. Pero no son las únicas. Luego están los Talleres Reales. Además de escultura o bordado, existen los talleres de armería y ebanistería, y en las Fabricas Reales se llegan a crear otros de piedras duras, talla de marfil, bronce, etc. Todavía, visitando las Casas de campo de El Pardo, El Escorial o Aranjuez puede observarse una magnífica muestra de ello. Desde las Constituyentes de Cádiz hasta nuestro tiempo, se han dictado numerosas disposiciones con varios sentidos y efectos, de los que me interesa destacar, sobre todo, el paulatino desmembramiento y desafectación de muchos de tales bienes. La Ley de diciembre de 1869 hacía desaparecer del Patrimonio, el Museo del Prado, el Buen Retiro, La Florida y los Palacios de Granada, Valladolid, Barcelona y Valencia que ya no volverían a él, así como la Armería y los Patronatos. Los dos últimos se reintegrarían con la Ley de junio de 1876, tras la Restauración. Pocos años después, se segregarían la iglesia de San Jerónimo, los terrenos cedidos para la futura Catedral de Madrid, y, más adelante, en tiempos de la Segunda República, la iglesia de Montserrat, el Alcázar de Sevilla o la Casa de Campo. Fue desde entonces, y por la ley de marzo de 1932 que crea el Patrimonio de la República, cuando tales bienes se van a administrar por un Consejo con autonomía: esta situación persiste hasta nuestros tiempos con las leyes de 1940 y la actual de 1982. Sobre el citado sistema administrativo conviene hacer una breve exposición. El que gobierna, administra y gestiona tales bienes es un Consejo de Administración compuesto por un Presidente, como máxima autoridad, un Gerente que, por delegación, es el jefe del personal y puede disponer gastos y ordenar pagos, diez vocales y un secretario. Entre las competencias que le asigna la Ley, están la conservación, mejora y defensa de los bienes, y la promoción y cumplimiento de los fines de carácter científico, cultural y docente señalados en el artículo tercero. La preocupación por la conservación de los bienes de interés histórico o artístico aflora ya en la Ley de diciembre de 1869, que se consolida en la de 1932, siendo en esta fecha la primera vez que se habla de Museos en cuanto destino de ciertos bienes. Pero como tales bienes tienen otra función primordial, el Consejo de Administración dispone de una infraestructura, un tanto compleja, para poder abarcar las diversas funciones obligadas. El organigrama se reparte entre la Secretaría General y varias Direcciones. Entre las competencias de la primera, está la gestión de personal y medios económico-financieros. Una Dirección se ocupa de los Actos Oficiales y Mantenimiento, es decir, de la utilización de los Palacios por su Majestad, Familia Real y personalidades extranjeras. La Dirección de Patrimonio Arquitectónico e Inmuebles, incluye la conservación y restauración de los edificios, y la administración de sus productos. De la Dirección de Medios y Seguridad dependen ésta última y los medios informáticos. Finalmente, La Dirección que más nos interesa, es la del control y cuidado de los Bienes Muebles Históricos y Artísticos. Entre las competencias que ejerce la Vocalía Asesora de Programas Culturales, se integran las correspondientes a la difusión y a la Proyección Externa, entre las cuales se engloba la documentación y las actividades de promoción cultural, publicaciones, control de museos y exposiciones. En ciertos Sitios, por su importancia y volumen de actividad, existe la figura del Delegado, a las órdenes directas de Presidencia y Gerencia, que coordina las actividades que se realizan en ellos, además de ser el jefe administrativo. Pueden depender de él más de un lugar. Como suele suceder, esta complejidad administrativa y división de funciones conlleva, a veces, problemas de coordinación solucionables a nivel de Presidencia o Gerencia. Pues no parece fácil conjugar actividades tan dispares como la conservación de edificios o mobiliario -^y la restauración-, con la seguridad y con su disponibilidad para el uso común, por decirlo de alguna manera. Pues, si algo es nota peculiar y distintiva de nuestras colecciones y edificios, es que se siguen destinando, en buena parte, para los usos para los que se concibieron u otros similares. Antes que colecciones y cámaras de tesoros raros, son residencias o conventos. Con ello se apartan un tanto del concepto habitual y corriente de museo, sea el viejo o el nuevo, y se aproximan más al de museo del futuro o museo vivo. No vivo porque en él, incidentalmente, se programen ciertas actividades con participación de los posibles clientes, sino vivo, en su más amplia acepción, al servir, cuando procede, como ámbitos para vivir, celebrar fiestas o recepciones y desarrollar actividades monásticas. El Palacio Real de Madrid sigue siendo emblema del poder. En él se realizan ciertos actos culturales con la presencia de SS. °MM., pero también posee un carácter institucional y representativo, recibiendo a Jefes de Estado o de Gobierno de otros países y a representaciones diplomáticas, como la presentación de cartas credenciales. Asimismo se preparan almuerzos y cenas de gala, se ofrecen recepciones al cuerpo diplomático, y S.M. el Rey celebra audiencias con militares, políticos, deportistas o profesionales de las artes y las letras. También tienen lugar ciertos fastos militares, como es la vistosa parada mensual con motivo del relevo solemne de la guardia. Todos los actos citados hacen que Palacio permanezca cerrado a la visita pública varios días al mes. Aunque no con tanta frecuencia, también otros Reales Sitios se utilizan, eventualmente, con fines institucionales. Reuniones, conferencias, cumbres políticas internacionales, actividades congresuales, eventuales visitas reales, amén de conciertos y otras manifestaciones culturales pueden tener lugar en Aranjuez, en San Ildefonso, y en El El Patrimonio Nacional. El Pardo suele estar habitado por personalidades extranjeras en diversas ocasiones, porque es el lugar dedicado a Residencia de Jefes de Estado o de Gobierno, que nos visitan, y a su séquito. Otro tanto sucede con los diversos Monasterios Reales ya que, aparte de la vida conventual de la comunidad, en ellos pueden realizarse solemnes celebraciones litúrgicas como, por ejemplo, exequias de la Familia Real. Piezas raras de orfebrería y ricos ornamentos bordados siguen sirviendo para celebraciones litúrgicas, como son los preciosos tapices de las series del siglo XVI, o los más humildes recipientes de tocados decimonónicos de Falcó, Valdemorillo, y Pickmann de Sevilla. De ahí la existencia de ciertos «museos», un tanto entre comillas, en varios Sitios: la vida en Palacio, en Aranjuez; el Museo de Telas Medievales, en Las Huelgas de Burgos; el Museo de Tapices, en el Palacio de La Granja; o el Museo de la Caza, en Riofrío. En ciertos momentos ha parecido oportuno, por muy diversos motivos, consolidar como objetos museables piezas de diversas colecciones con la finalidad de que pudieran ser contempladas por el público. Agrupados temáticamente y suponiendo que no van a volver a ser utilizados, han ocupado determinados espacios y se han configurado como museos, lo que en nuestro sentido actual de los mismos, no pasarían de ser Colecciones especializadas, pues no cumplen, en rigor, todos los requisitos que señala el ICOM y recoge nuestra legislación. Esta es otra nota de las colecciones de Patrimonio Nacional: el Museo dentro del Museo. En otro momento, el Consejo de Administración ha podido reconsiderar la posible vigencia de uso de algunas de tales piezas, y el citado museo se ha visto desprovisto de ellas al destinarse a otro fin de uso habitual, en lugar de permanecer como muestras en la exposición de turno. Pero quizás yo considere como la característica más interesante, lo que podríamos llamar museo integral, al menos hasta cierto punto, y que se deriva un poco del aspecto de museos vivos a que aludía antes. Muchos de ellos, precisamente por esa peculiaridad de utilización, se componen de una serie de factores que agrupan las más diversas tipologías de Museos. Se trata de Sitios con sus campos y jardines que pueden considerarse históricos y apreciarse como paisaje o jardín botánico; en ellos se alzan uno o más edificios palaciales, en parte, al menos, preparados para vivirlos, y con una serie de elementos de mobiliario o unos ambientes interiores que permiten considerarlo monumento arquitectónico, museo de historia, museo de artes decorativas, etc. El Patrimonio Nacional. Museos vividos darnés, otras más desconocidas, como los textiles o la escultura. Pero todas éstas, al menos porcentualmente, no significan más allá de una cuarta parte de lo que conserva Patrimonio Nacional. El inventario informatizado, que se llevó a cabo recientemente, registra más de ciento cincuenta mil piezas repartidas en treinta y nueve colecciones que abarcan desde los juguetes, instrumentos científicos, porcelana u orfebrería, hasta los ornamentos litúrgicos o muebles. La clasificación, como todas, es un tanto cuestionable, pues en unos casos se basa en la materia, en otros en la fimción, y a veces se ha atendido a la tradición. Pero es útil para lo que se pretende. La cuestión es que vienen a ser un repertorio muy extenso, aunque sea incompleto, de lo que se ha dado en llamar Artes Decorativas, por lo que no está de más dar aquí una brevísima idea de las mismas. De entre las artes del fiíego, la primera es la cerámica, capaz de transformar el barro en toda suerte de recipientes. Aparte de ciertos restos arqueológicos y de las hermosas tinajas estampilladas del siglo XV del Colegio de Doncellas Nobles de Toledo, las series se inician con la producción talaverana de azulejería que revisten diversos elementos, horizontales y verticales, en dependencias de El Escorial y en Descalzas, desde el último tercio del siglo XVI, y que a comienzos del siguiente siglo se usarán también en Encarnación o Huelgas de Burgos. En ellas se aprecia la renovación de las formas decorativas tradicionales por influjo de los Países Bajos que, casi un siglo antes, los Reyes Católicos habían contribuido a difundir con los nuevos conceptos estilísticos en el alicatado, al confiar a Francisco Niculoso Pisano los retablos de los alcázares sevillanos. Queda, todavía, alguna rara muestra de recipiente talaverano con recuerdos de Delft, y también de aquellos búcaros mejicanos, extremeños o portugueses que servían de golosinas a las damas de la Corte en el siglo XVII, según cuenta Madame D'Aulnoy. En el siglo XVIII el grueso de la colección lo forman piezas de porcelana, ese raro invento chino del que sólo a comienzos de la mencionada centuria se alcanza su secreto en Europa. Sabemos que Felipe II contaba con bastantes ejemplares, que en su tiempo podían venir a través del Indico a Lisboa, o desde Filipinas atravesando el Pacífico por la ruta de Acapulco. Pero lo más antiguo conservado corresponde a Felipe V, incluida alguna imitación en loza de Alcora. Carlos III conseguirá otras piezas gracias a la Compañía de Filipinas, entre ellas muchos de los magníficos tibores que adornan los Reales Palacios. Es Carlos III quien creará, primero en Ñápeles, y trasladará luego a Madrid, una manufactura de porcelana, probablemente intentando emu-lar la de su suegro en Meissen, e incluso la de Berlin, de la que aún se conservan bastantes piezas de vajilla, lámparas o figuritas, mientras que de la factoría madrileña de Buen Retiro son muy pocas. Pero hay dos conjuntos de gran belleza como las Salas de Porcelana de Aranjuez y Madrid, la una chinesca todavía, la otra en rococó europeo a pesar de distanciarse solo tres años en el tiempo. Para Carlos IV, o a iniciativa suya, se crearán en el Retiro hermosos y gigantescos vasos, o las magníficas placas a imitación de Wedgwood que revisten la habitación de la Casa del Príncipe en El Escorial. Pero lo más importante de lo existente en vajilla (la de Carlos y Luisa) será de Sevres o París, como también la de su hijo Fernando VII (vajilla de paisajes, juegos de té o café de camafeos o del amor materno), aunque no falten algunas berlinesas (plantas medicinales), y asimismo de la nieta Isabel II (vajilla de gala, de castillos y leones), e incluso, de Alfonso XIII, a pesar de que en su Reinado las más significativas son inglesas. Las piezas de Moncloa son raras aunque no faltan las esculturitas, de las que hay también francesas (Nast, Jacob Petit), alemanas y danesas en el XIX, siglo en el que, aunque no sea lo más fino, cabe destacar la producción de lozas blancas o finas, idea inglesa de finales del siglo XVIII para sustituir en barato a la porcelana, implantándose a este efecto, diversas manufacturas en España. Representación hay de Sargadelos, de Moncloa, de Iberotanagra de Santander y muy abundantes y bellas las de Pickmann de Sevilla. A la colección de cerámica, sigue en número de objetos la de cristal. Aparte de alguna pequeña ampolla romana o medieval, se inicia con la producción de la Real Fábrica de La Granja, fundada por Felipe V, y apoyada por los distintos Soberanos hasta Fernando VII, de la que, sin embargo, no hay excesiva representación si lo comparamos con el conjunto de la Colección. Prescindiendo de los efectos de botica, aún pueden contemplarse en los Reales Sitios varias arañas; algunas cornucopias figuradas a la rueda y a la arena, incluido un vigoroso retrato de Carlos III; y también cierta cantidad de vajilla correspondiente a los diversos Reinados desde Fernando VI, alguno de gran porte, como la ponchera con paisajes o el gran vaso de personajes, y otros de enorme delicadeza como los vasos con escenas firmadas y fechadas alrededor de 1830, o la cristalería de las Virtudes, que probablemente es de importación, pero no su grabado, que habrá sido realizado en la Manufactura Real. Demasiado poco para lo que hubo. La bella cristalería de caramelos de Fernando Vil, en cristal doblado, es probablemente francesa, como lo serán las de gala de Isabel II y de Francisco de Asís, de Baccarat y de Sèvres, respectivamente, aunque también fueron El Patrimonio Nacional. Museos vividos clientes de Badalona y Gijón. De esta última, la fábrica de La Industria, de Pola y compañía, suministrará una elegante cristalería a Alfonso XII, y, en 1931, la Unión Vidriera de Badalona, otra a Alfonso XIII. Pero los más finos conjuntos a partir de la Restauración serán bohemios, como el juego de té de doña Cristina, o las cristalerías Alphonse y Copenhagen, suministradas por Moser a Alfonso XIII. La brevedad de espacio impide relacionar otras piezas, como algunas preciosidades en cristal doblado y tallado de Bohemia, de los siglos XVIII y XIX, los productos de Val Saint Lambert o las piezas inglesas. De los factores que más sirven para prestigiar el poder son la riqueza y la magnificencia, que se reflejan como de ninguna otra manera en los metales nobles de la orfebrería. Por ello no es de extrañar que sea Colección abundante, teniendo en cuenta, además, que muchas de sus piezas son repetitivas. Mucho más lo sería si la propia naturaleza de los componentes no hubiese facilitado su transformación en moneda líquida ante necesidades urgentes. Por ello, se apuntaba antes, cómo lo más antiguo ha de verse en los Patronatos, pues la mayor parte de lo conservado en los Palacios responde al siglo XIX. Como en otras Colecciones, algún raro ejemplar subsiste de la Antigüedad (tesoro de Guarrazar), o de la plena Edad Media (cruz de las Navas de Tolosa en las Huelgas), pero una seriación cronológica no puede establecerse sino desde el fin del gótico con unas cuantas alhajas mallorquínas y burgalesas de uso religioso, como suelen serlo las del renacimiento y manierismo, aunque no falten objetos de uso civil. Es interesante recalcar que corresponden a muy diversas platerías nacionales, germánicas o italianas, destacando las arquetas de Wenzel Jamnitzer, o la regalada por el Duque de Saboya a Isabel Clara Eugenia. Lo propio ocurre con las piezas de tipo clasicista o barroco del siglo XVIII, entre las que sobresale el magnífico cuadro romano de la Detención de Atila sobre modelo de Algardi. Extraña la ausencia de productos de las Indias, representados, tan sólo, por un cáliz mejicano de hacia 1689 y alguna piezas más tardía; asimismo asombra la presencia del cetro ruso. A partir del siglo XVIII, el número de piezas de uso civil aumenta, transformándose en mayoría en el XIX. Todavía hay representación de platerías diversas nacionales (Ibledo, Córdoba, Sevilla, Valencia, Zaragoza y varias más) e italianas (Roma, Ñapóles, Palermo), y algún raro espécimen francés o inglés, pero ahora la inmensa mayoría es de producción madrileña con nombres tan representativos como Serrano, Medrano, Velasco, Parquet, Giardoni, los Elvira, los Urquiza, Ferroni o la Real Fábrica de Martínez, que muestran la evolución del vocabulario formal, desde el barroco tradicional español al neoclasicismo, pasando por las diversas tendencias de lo rococó. Tras la guerra de la Independencia, prosigue el predominio de la platería madrileña con pervivencia de las formas neoclásicas y de los tradicionales suministradores, Urquiza o Real Fábrica, a los que se unen nombres nuevos como Marschal, Perate o Macazaga, con piezas tan notables como los juegos de bautizar o de tocador. Pero a partir del Reinado de Isabel II, las piezas de origen madrileño, como el ornamento de Colón de Marquina Espuñes, o las de Arellano y Sellan, se codearán con las catalanas del varias veces laureado Isaura o Carreras y las francesas, entre las que destacan, sobre todo, los productos de Froment Meurice. Todo ello utiliza el vocabulario historicista del eclecticismo, como sucederá con los trabajos del platero de Alfonso XII, Francisco Marzo, y llegará a tiempos de Alfonso XIII, sean de origen nacional, francés o inglés. Buen ejemplo de ello es el teléfono diseñado por Pola, en buena parte de metal plateado, material que se impone desde el último tercio del siglo XIX y del que, junto a ejemplares de origen inglés o francés, pueden contemplarse otros de Meneses. Proximidad a la orfebrería tienen otras artes del metal, siendo las más cercanas la de los latoneros, caldereros y fundidores de bronce, profesión esta última que suele ir ligada al platero, y de la que ejemplos como Ferroni o Urquiza, en el tránsito de los siglos XVIII a XEX, resultan bien elocuentes. La Colección es rica y amplia y abarca desde braseros del siglo XVI, a las magníficas piezas luminarias o de adorno fabricadas por la casa Thomire para Carlos IV, Fernando VII e Isabel II, pasando por los hacheros o tenebrarios de factura ñamenca en las "Descalzas Reales. También es importante, y acaso más que los objetos ya citados, aunque menos abundante, la Colección de relicarios entre los que contamos con buenos ejemplos de esa dedicación del orfebre al trabajo en otros metales, como son los bustos y pirámides relicario elaborados por Juan de Arfe y Lesmes Fernández del Moral para San Lorenzo El Real de El Escorial. Tal Colección recoge, esencialmente, contenedores o recipientes de las más variadas formas y elaborados con las más diversas técnicas artísticas. Felipe II buscó, y consiguió, un gran número de reliquias procedentes de Alemania, Italia, Países Bajos, Francia, Inglaterra y la misma España, y para ellas encargará los aludidos relicarios, pues no todos venían con recipientes adecuados. En bastantes casos, sin embargo, los tenían. Así el lote de huesos contrahechos en oro y plata dorada a comienzos del siglo XIV, por orfebres al servicio de Wenceslao III de Bohemia, de brevísimo reinado, están dotados de El Patrimonio Nacional. Museos vividos magnífica esmaltería; la arquilla de hueso de Paderborn, cuya bárbara iconografía la ha hecho suponer obra del siglo X, aunque debe ser más tardía; o la hermosa arqueta en forma de iglesia, soberbio ejemplo de la ataujía milanesa en el siglo XVI. Tanto en los diversos Monasterios como en la Real Capilla hay abundancia de ellos, lo mismo de los más ricos como de aquellos otros más modestos que se suelen considerar obra monjil por ser sus componentes más visibles, labores de aguja. Con la aguja tienen que ver también los ornamentos litúrgicos, de los que hay magníficos ejemplos en El Escorial, producto no exclusivamente del obrador que allí instalara Felipe II, y para el que realizarán modelos dibujados Barroso o López de Escuriaz que, afortunadamente, se conservan en parte. Fuera de ellos, pueden verse varias piezas importantes en los diversos Monasterios, desde el siglo XVI con secuencia hasta la producción decimonónica del taller toledano de Melero. Aunque sea a borbotón, no pueden menos de citarse, a propósito de la puntada del siglo XVI, las piezas orientales, los emplumados novohispanos o los reposteros de Las Huelgas. En relación con los metales no hay que olvidar la relojería, pero en este caso la labor del broncista y del orfebre, con ser importante, queda en segundo plano respecto a la ciencia aplicada que suponen los conocimientos matemáticos pertinentes para producir la máquina de las horas con su adecuada precisión. Tanto los Austrias como los-Berbenes fueron grandes amantes de la relojería, pero apenas nos queda nada de los primeros, si exceptuamos el Candil elaborado por Hans de Evalo para Felipe II. En cambio son relativamente numerosos los ejemplares Borbónicos, más de seiscientos, aunque quizá no alcancen a una décima parte de los que poseyeron realmente. En tiempos de Felipe V se crearía la Escuela-Fábrica de Relojería de San Bernardino, precedente de la establecida y dirigida, en tiempos de Carlos III, por los hermanos Charost. Y tanto este Rey, como antes su hermano Fernando VI y luego su hijo Carlos IV, pensionarían a diversos individuos para perfeccionar sus técnicas en Inglaterra, Francia o Suiza. De tiempos de Felipe V son algunos bracket y relojes de caja alta londinenses de Quart y EUicot, destacando el astronómico de torre de Hildeyard, que hubo de ser reparado en tiempos de Fernando VI, al que corresponden, por otro lado, varias piezas de Jaquet-Droz. La más famosa pieza, de este artista, es, acaso el llamado del Pastor por el autómata músico que lo corona. Es en tiempos de Carlos III, y sobre todo de Carlos IV, cuando más relojes se compran para decorar los Reales Palacios, con ejemplares tan caprichosos como el de Pierre Le Roy adornado con figuritas de porcelana, el regulador de caja alta de Berthoud, los varios de Godon entre los que destaca el de Cronos de monumental caja realizada en la Real Fábrica del Retiro, el de la Columna de Trajano de Bourdier, o las realizaciones de diversos españoles como Manuel Gutiérrez (esqueleto), Manuel de Rivas o Antonio Molina. Al final del período corresponderán los hermosos planetarios de Breguet y Raingo. A partir del Reinado de Fernando VII se consolidará la adquisición de relojería firancesa que ahora será más atractiva por su contenedor, con magníficos bronces, esmaltes y cristales tallados que, por su mecanismo, ha llegado a su más alto grado de desarrollo. En líneas generales otras dos Colecciones muy importantes son paralelas a la de relojería en cuanto a contenido: muebles y abanicos. Creo que ambas merecerían un comentario más extenso, pero baste ahora con decir que la primera nos presenta raros pero exquisitos ejemplos de la labor de madera desde comienzos del siglo XVI y que, sólo a partir del Reinado de Felipe V, menudean los ejemplares mostrando las más diversas tendencias italianas, firancesas, incluso inglesas, en lo tardobarroco y rococó, llegando a una exquisitez difícilmente superable al final del Reinado de Carlos III y en el de Carlos IV, mientras adquieren una especie de pesadez o monotonía en tiempos de Fernando VII, una vez alcanzado el virtuosismo técnico, sin que por ello dejen de presentarse magníficas labores en la marquetería o en la aplicación de materiales como el vidrio o la porcelana. De muchas otras se podría hablar con mayor o menor propiedad, así juguetes o instrumentos científicos, pero, al menos, se ha dado somera razón de las más importantes en cuanto a número, calidad y relevancia dentro del Patrimonio Histórico Español.