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Es fa servir com la camamilla (Achillea ptarmica subsp. pyrenaica) (1322). Es posa en esperit de vi, en oli o vinagre (746). Es solia prendre en forma de novena (532). Confitada en anís o alcohol. Et posaven una flor confitada i ben embolicat (1313). Bryonia cretica L. subsp. dioica (Jacq.) Es menja bullit, com verdura. Ingestió de la part de la planta cuita -Cuita en llet Si un home malalt es posa en aigua de gram i ordi (Hordeum vulgare), diuen que es cura. Ingestió de la part de la planta cuita -Cuita en sucre FONT 560. Es posa la flor en esperit de vi (746). Es posaven en aiguardent o en oli (549). La flor es posa a confitar en anís o alcohol (1313). Desfà les pedres del ronyó i de la bufeta (553). Recorda que dos homes de Setcases se la prenien i van morir. Ingestió de la part de la planta cuita -Cuita en sucre FONT 585. Es posen en aiguardent i queda un licor molt bo. Es posaven escampades en el forn de pa i es feien coure (503). Quan feia mal temps i es veia a venir una pedregada es cremava una mica de romaní (560). Se'ls posava un ramet de ruda a la cua (558). La flor confitada en oli bo i posada a sol i serena (1322). En un perol es posava una mica de corona de rei, la part de les fulles, i segó. Sempre les herbes es prenen en cicles de dies senars (1300). Aquí n'hi ha poca, una mica a Coll del Pal. La mare pastava la farina i feia un pa de 4 kg que es guardava molt. ) USOS MEDICINALS Arrel Si vols tenir la dona sana li dónes un got de valeriana (553).
El Codi Internacional de
Norte seguro de forasteros y estrella luciente de Barcelona. A partir de 1849, i en anys successius, fins a 1854, aquests dos autors varen publicar Manual histórico-topográfico, estadístico y administrativo, ó sea Guía General de Barcelona dedicada a la Junta de Fábricas de Cataluña. En aquest cas l'autor fa un resum del publicat abans per Saurí o Bofarull alhora que fa constar «el sensible y desgraciado fallecimiento de su último dueño, D. José Salvador y Soler» (J. A. S., 1857: 187). Encara el 1860, Manuel Saurí i Josep Matas, a la seva Guía General de Barcelona, 1861, seguien donant compte de l 'existència i l' adreça del gabinet Salvador, que qualificaven encara com «el establecimiento más precioso y útil que en su género se conoce en España» (Saurí & Matas, 1860: 118). Només a la mort de Francesca Burgés, el seu net Josep Salvador i Soler se'n va tornar a preocupar seriosament com sembla demostrar-ho l 'obertura d' un llibre de visites a partir de 1831 i l'afirmació de Narcís Vidal i Campderros en el seu elogi fúnebre de Josep Salvador i Soler que el 1830 el gabinet «se resentía de haber estado durante muchos años bajo el cuidado de una señora anciana; así que se hacían indispensables en él importantes reformas». Unes reformes que, sempre segons Vidal i Campderrós, «el padre de [Josep] Salvador, por sus años, por sus achaques y por sus ocupaciones era poco á propósito para llevarlas á cabo. Emprendió este trabajo desde luego, con asiduidad el hijo, que secundado por el difunto D. José Naudó, farmacéutico de Reus 9, puso el museo 9 La informació sobre el farmacèutic Josep Naudó i Canals (1797 (o 98)-ca. en la buena disposición que en el día tiene» (Vidal i Campderrós, 1856: 10). Lloa, com ja havia fet Ponz, la dedicació de la família Salvador a «la conservación de este monumento histórico de las ciencias naturales en España, que demuestra haber sido cultivadas entre nosotros más antes de lo que generalmente se cree». Això seria el que, segons Colmeiro, donava importància al museu Salvador encara que li manqués «la abundancia de los objetos que los progresos de las ciencias exigen se hallen en los Museos modernos y que a un particular ya no es dable reunir» (Colmeiro, 1846: 14). Puede muy bien llamarse este gavinete el Fenix de España, y aun contarse entre los primeros de Europa, después que estas ciencias se cultivan en ella con el empeño que hemos visto. No hay mejor medio para que estas colecciones estimables se conserven y tomen incremento, como la buena educacion, y gusto de los hijos que las heredan, lo que se ha verificado en esta familia. Si hubiera sido de otro modo, como vemos en muchas, que los hijos se apartan de las artes, y pisadas de los padres, ya tal vez no habria rastro de dicho gabinete. Posteriormente ha recibido algun aumento por lo tocante al reyno mineral, con varias cosas de la America. Sobre todo, en lo que más abunda es en conchas, muchas de ellas bien extrañas y apreciables. Tambien se ha aumentado con una porción de cristalizaciones. [...] la celebridad de las ciudades ha dependido siempre en gran parte de la gloria de los grandes hombres que han producido. Entre los que Barcelona ha dado à luz se lee con complacencia el nombre de Salvador, cuya memoria [...] se conserva viva à vista del Museo propio de esta familia. [Josep Salvador i Riera] edificó en la casa un salón, que adornó y pintó á propósito para colocar en él el Museo, que hasta entonces lo había estado en un lugar reducido y poco acomodado. Tampoco omitió medio alguno para educar competentemente á su hijo único [Jaume Salvador i Salvador], y especialmente para inspirarle el gusto de la Historia natural, a fin de que le pudiese transmitir á sus hijos. Don Jaime Salvador y Salvador, con sus hijos, se recrea todos los días en enseñar á sus conciudadanos, y. transeúntes el Museo, que siempre merece la admiración de cuantos hombres inteligentes van á verle. Cada cual se hace cargo del tiempo en que se formó; aunque el posesor actual no olvida aumentarle con los objetos que se le proporcionan; y se puede decir, que le ha enriquecido con muchas cosas, como aves, mariposas, conchas y minerales exquisitos. En la casa de D. Joaquin Salvador, calle Ancha. In: Garganta, M. de (1936: 135-136) He visto rápidamente algunos paquetes del herbario de los célebres Salvadores, que puede reputarse una obra concluida con toda la perfección posible en el tiempo en que se formó. Su publicación hubiese sido sumamte útil á la España y á la ciencia, y aun puede ser sumamte útil si se salvan los restos que quedan de esta preciosa colección, examinándolas descuidadamente, y procurando conservarlas como se conserva el herbario de Linneo, para testimonio del ímprobo trabajo de los Salvadores, que tan poco han sabido aprovechar sus compatriotas. José Salvador ha principiado ya á emponzoñar con una disolución de sublimado corrosivo las plantas que quedan, único medio de conservarlas de la próxima total ruina que amenazaba a muchas. Procediendo con mucha detención y reflexivo examen, podrán reponerse muchas, y yo lo haré gustosísimo respecto de las Umbeladas que voy examinando, y examinaré en los días que permanezca en esta. He visto la lista de plantas que V. ofrece á dicho Sr. Salvador, y me parece que desde luego puede V. Descripcions i notícies del gabinet Salvador remitirle todas las Umbeladas, Euforbias y Gencianas que están sumamente deterioradas en el herbo de Salvador, y supongo lo estarán igualmte las Crucíferas y Syngenesias. Una de las primeras plantas de la civilización y de cultura que germinó en España después de nuestra total decadencia de las ciencias, es el gabinete de antigüedades y de historia natural que en el año de 1623 24 formo en esta ciudad dicho señor [Jaime de] Salvador, que con tanto esmero conserva en el día su descendiente don José Salvador. Este pequeño museo elogiado por varios naturalistas e inteligentes, nacionales y extranjeros, fue sin dificultad uno de los primeros arietes con que se empezó á batir en nuestro suelo, el hasta entonces inespugnable castillo de la superstición y el idiotismo. Los barceloneses al contemplar por primera vez la variedad y rareza de los objetos preciosos que en él se encierran, entonces tanto más remarcables cuanto que eran absolutamente desconocidos en particular a los que no habían salido de sus hogares ¿quien duda encontrarían un campo nuevo donde estender sus ideas, sus pensamientos y sus discursos? El hombre por estúpido y por imbécil que sea colocado ante objetos que nunca ha visto, se estraña de ellos, quiere conocerlos, de aquí la curiosidad, el deseo de saber, el hombre sin sentirlo se encuentra en la carrera de las indagaciones, a medida que abalanza [sic] en ella, estas se aumentan, se multiplican, se confunden, entonces quiere metodizarlas, de aquí la procedencia de las ciencias, su progreso, la civilización. Jaime Salvador, nuevo fénix catalán, acreedor por muchos títulos á ocupar un puesto preeminente en la historia de nuestros españoles célebres. Exigiendo suma delicadeza la conservación de esta clase de colecciones que existen en un museo de antigüedades y de historia natural, es de encomiar la que ha tenido don José Salvador en su custodia y aumento, al par que la atención y finura con que sabe obsequiar a los que como a mi despensa el honor de ser admitido en su casa y gavinete. Por fin termino exortando á todos aquellos que les sea acequible el mismo honor de verlo, no desprecien la ocasión de admirar esta obra propiedad de un particular, única que en clase de tal ha visto digna de interés su agradecido. =B. Gabinete de D. Joaquín Salvador. Se halla establecido en la calle Ancha, esquina á la Fusteria. Este gabinete es particular, entre los muchos que de esta clase hay en Barcelona [l'autor esmenta els del Col•legi de Medicina i Cirurgia, el Col•legi de Farmàcia, la RACAB i la Llotja]; pero descuella sobre todos en lo rico, selecto y precioso. Seguramente si los sabios Jaime y Juan Salvador, de Barcelona, honor de nuestra provincia, que viajaron mucho para ilustrar las ciencias naturales, y en particular la Botánica, hubieran transitado por este país, me hubieran, sin duda privado la gloria de ser yo el primero en publicar la noticia de estos extinguidos volcanes, pues no hubieran escapado a su perspicaz talento y profunda erudición unos objetos tan caracterizados. El curioso Museo de Historia Natural y de antigüedades que dichos Salvadors arreglaron y que conservan aun sus descendientes en su propia casa de Barcelona presenta un público testimonio de sus vastos conocimientos. S[aurí], M. & M[atas], J. (1842: 114) Además de estos gabinetes, que se deben mirar como públicos [Els autors es refereixen als del Collegi de Medicina i Cirurgia, Col•legi de Farmàcia i RACAB esmentats prèviament], hay varios particulares y entre ellos el riquísimo de D. Joaquin Salvador, en la calle Ancha esquina a la Fusteria. Pourret & Colmeiro, M. (ed.) (1844: 14-16) 26La familia Salvador siempre ha tenido la mayor complacencia en manifestar á los inteligentes y aficionados las ricas colecciones heredadas de sus mayores, y que ha aumentado en lo posible27 procurando sobre todo la conservación de este monumento histórico de las ciencias naturales en España, que demuestra haber sido cultivadas entre nosotros más antes de lo que generalmente se cree. Esto dá grande importancia al Museo Salvador, y suple la que pudiera faltarle por no contener la abundancia de los objetos que los progresos de las ciencias ecsigen se hallen en los Museos modernos y que á un particular ya no es dable reunir. No obstante es aun examinado con mucho interés el Museo Salvador y apenas podrá contarse notabilidad científica alguna que habiendo estado en Barcelona, se haya ido sin visitarlo. Entre las variadas colecciones, tanto científicas como históricas y curiosas, formadas por los antiguos Salvadores y conservadas en su Museo, una merece muy particular atención, y precisamente aquella que menos suele llamar la de las personas que por lo común le visitan: es el Herbario. Formado este principalmente por D. Jaime y D. Juan Salvador contemporáneos, amigos y corresponsales de Tournefort y de Antonio y Bernardo de Jussieu, contiene un gran número de ejemplares auténticos cogidos en compañía de estos célebres botánicos, ó comunicados por ellos, contándose no pocos de las plantas que Tournefort examinó en Levante. Muchos contiene también que los Salvadores debieron a sus relaciones, con Boerhaave, Sloane, Ray, Petiver, Vaillant, Nissole, Danti d'Isnard etc. etc., y bastantes adquiridos en los jardines de Mompeller, París, Pisa, Roma etc.; pero el botánico español que se halle poseído del deseo de conocer la Flora patria, siempre dará una importancia superior á las plantas cogidas por los Salvadores mismos en la Península, y á las que recibieron de Tournefort y de Jussieu, como fruto de sus herborizaciones en ella. Las papeletas que acompañan á las plantas son bien auténticas, como autógrafas de D. Juan Salvador quien, refundiendo en el suyo propio el antiguo herbario de su padre D. Jaime arreglado al Pinax de Bauhin, adoptó la clasificación de Tournefort, que era entonces la mejor, y la que como tal dominaba. Así se conserva en el día el Herbario común de los Salvadores y generalmente en muy buen estado, a pesar de contar más de cien años de existencia. Se ve, pues que el Herbario-Salvador reúne circunstancias que le hacen precioso á los ojos de los botánicos. No es ciertamente el número la que más sobresale, pues no pasaran de 5000 las especies de que se compone; pero no obstante es número muy considerable para un tiempo en que las obras descriptivas no contenían muchas más; pudiendo por lo mismo tenerse por uno de los herbarios, que debieron figurar en Europa. En el día es un pequeño herbario, pero no tanto si se recuerda que estamos en España, en donde hay pocos que sean mayores, siendo de advertir que la mitad poco más o menos de las plantas son españolas. Cataluña no conoce aun bastante, según dejó consignado el insigne La-Gasca en el Album del Museo, el verdadero valor del Herbario de los Salvadores y ojalà aprenda á apreciarlo! En cuanto al Museo Salvador, diremos pocas palabras por ser trabajo demasiado grave y árido para nuestros lectores, el enumerar aun ligeramente, las principales preciosidades que encierra. Merece particular atención el Herbario, formado principalmente por don Jaime y don Juan; quienes se valieron para ello de los medios que hemos indicado anteriormente. La familia de los Descripcions i notícies del gabinet Salvador Salvadores ha tenido siempre la mayor complacencia en manifestar el museo de su casa á cuantos han querido visitarlo y apenas habrá una notabilidad científica, que estando en Barcelona haya dejado de verlo. El botánico puede sacar gran interés de visitar dicho herbario, tanto por hallar con toda seguridad los sinónimos de Tournefort y de Jussieu, cuanto por adquirir una porción de noticias acerca de la localidad y épocas diversas de las plantas, expresando todo con una escrupulosidad poco común en aquellos tiempos. La riqueza principal del Herbario Salvador, consiste en las plantas españolas, que dan á conocer el estado de la vegetación de algunas provincias poco estudiado hasta el dia. Por eso el número que no pasa de 5,000 especies no es lo que mejor idea dá del Herbario. El célebre La-Gasca examinó diferentes veces el Herbario Salvador, y su respetable firma se lee en el Álbum del Museo, al pie de las palabras que pusimos al principio de este artículo. El hervario aun se conserva y llama la atencion de los naturalistas, teniendo sus poseedores la mayor complacencia en enseñarlo á cuantas persones tienen curiosidad de verle, sirviendo en el dia de monumento de las ciencias naturales en España, que prueba que estas han sido cultivadas en nuestro suelo mucho antes de lo que generalmente se cree, y que la Farmacia tiene la honra de haber contado profesores que han enriquecido las ciencias naturales, dando esplendor a la nación, y un eterno lauro a nuestra facultad. Consta el Museo de Salvador, como hemos dicho, de interesantes manuscritos, de una preciosa correspondencia literaria, de libros de todas las materias, de impresiones antiguas, de ejemplares pertenecientes á mineralogia, zoología, conchiologia, química y botánica, de antigüedades, medallas y otros objetos de gusto y curiosidad. El público reporta inmensa utilidad de este museo, preciosa alhaja, entre otras muchas de diversos géneros, que encierra la culta Barcelona, y que disfruta aun la familia, que con tantos afanes y constancia ha sabido formarle, y conservarle por mas de dos siglos. Afortunadamente existe aun el herbario común de los Salvadores en bastante buen estado 28, y en él existen también apreciables indicaciones sobre las localidades y épocas de florescencia de no pocas plantas de Cataluña y de los Pirineos catalanes, del mismo modo que sobre las de otras que cogieron en diferentes provincias de España y Portugal. espanola", welches inedirt geblieben und dessen Manuscript leiden verloren gegangen ist. Esta colección de obras escogidas de ciencias naturales, de mineralogía, de zoología, de botánica, de numismática y de arqueología, propia de la familia Salvador, de Barcelona, es indudablemente el establecimiento mas precioso y útil que de su género se conoce en España, y con justicia llama la atención de los ilustrados viajeros que arriban á aquella hermosa c. año 1598, y trasladado á la cap. en 1616 para estudiar la botánica en casa de su hermano D. Joaquín Salvador, se dedicó á conocer las plantas con el mayor afán, cuyo estudio no abandonó jamás, haciéndose conocer de muchos sabios estrangeros, principalmente del P. Barrelier 32, y principió la formación de un gabinete botánico. Dio grande impulso al Museo comenzado el hijo de aquel D. Jaime Salvador y Pedrol, á quien llamaba Tournefort el Fénix de su país; introduciendo en aquel algunos ejemplares de mineralogía, de zoología, de química, armas y otros efectos arqueológicos, y diferentes monedas y medallas, colocándolas con distinción de clases y épocas. Su sucesor D. Juan Salvador y Riera, el hermano de este D. José, D. Jaime Salvador y Salvador, y últimamente el sucesor de éste, D. Joaquín Salvador y Burgés, padre del actual poseedor, todos insiguiendo la idea y noble objeto de sus predecesores, procuraron con el mayor celo y actividad, auxiliados de su particular afición á las ciencias naturales, aumentar las colecciones que de generación en generación recibían, adquiriendo nuevas plantas, y colocándolas siempre con el mejor orden. De aquí resultó el Museo Salvador dividido en los siguientes ramos: 1o una preciosa biblioteca de obras de historia natural, las más de ciencias médicas, de literatura y viajes, con la particularidad de ser muchas regalo de los mismos autores, y no pocas de las impresiones primitivas: 2o una colección numerosa de manuscritos sobre ciencias y sobre varios sucesos, tales como los sitios de Barcelona en las guerras de sucesión 33: 3° otra colección de 5.000 entre medallas y monedas de todos tiempos, de distintos pueblos, y de toda especie de metales: 4o una colección ordenada según el método del barón de Guibour 34, de todos los cuerpos simples con aplicación á la farmacia y á las artes: 5o otra 32 Jacques Barrelier (1606-1672) va ser un metge, naturalista i monjo dominicà francès. Descripcions i notícies del gabinet Salvador de mineralogía, apreciable más bien para hacer el estudio del terr. del Principado que para llamar la atención por el volumen y preciosidad de sus ejemplares, puesto que en su formación se tuvo más en cuenta la utilidad que el lujo: 6o colección geognóstica de petrefactos terrestres y marít.: 7o Una especie de mármoles, jaspes y otras piedras que las artes emplean, formado en tabulas pulidas de un lado: 8° colección de insectos, peces disecados y en espíritu de vino, y de otros animales de gran tamaño, algunos monstruosos, siendo notable una famosa asta del nerval cetáceo (vulgo unicornio marino), y de 5 víboras regaladas por el célebre Boerhave, con cuyos ejemplares, y las varias obras con láminas que se hallan en la biblioteca, puede hacerse fácilmente el estudio de la zoologia: 9o en esta colección se comprenden diferentes objetos arqueológicos, como lámparas sepulcrales, vasos cinerarios, lacrimales, objetos etruscos, penates y otros diferentes: 10o algunas armas de notable estructura y antigüedad: 11o colección de obras de ingenio y curiosidad, ó instrumentos físicos y químicos; y 12o el herbario, que esprofeso hemos dejado para lo último con el objeto de dar á nuestros lectores una ligera idea de esta colección botánica. Contiene un gran número de ejemplares auténticos cogidos por los Salvadores, en compañía de Tournefort, de Antonio y Bernardo Jussieu, y de otros célebres botánicos, ó comunicados por estos, contándose no pocas de las plantas que Tournefort examinó en Levante. Contiene también otras muchas que los Salvadores debieron á sus relaciones con Boerhave, Sloane, Ray, Petiver, Vaillant, Nissole, Danti d'Isnard, etc., etc.; y bastantes adquiridas de los jardines de Montpeller, Paris, Pisa, Roma, etc. Bajo dos aspectos ofrece al botánico sumo interés el herbario Salvador: 1o presentandole ocasion de conocer y verificar la sinonimia botánica anti-linneana: 2° suministrando una porción de noticias acerca de las localidades y épocas de florescencia de muchas plantas españolas, que se hallan espresadas con una escrupulosidad poco común en aquellos tiempos. No es el número lo que hace más precioso el herbario Salvador, pues no pasarán de 5.000 las especies de plantas que contiene; es sin embargo muy considerable para un tiempo en que las obras descriptivas no contenían muchas más, y si se considera que en España hay pocos que sean mayores, y que la mitad poco más ó menos de las plantas son españolas. La afición al estudio de la naturaleza es una herencia de los Salvadores, así como el celo en conservar su museo y de enriquecerle; de esto nos da una prueba el último vástago de aquella familia, el Sr. D. José Salvador actual poseedor, como hemos dicho, de colección tan científica; al rico depósito que sus mayores le legaron, ha aumentado una colección de todas las maderas conocidas en el país, y de las exóticas ó que nos ha dado á conocer el comercio, en número de 500 ejemplares, en tamaño de un libro en 4o, entre estos 43 de los reales bosques de Aranjuez. y San Ildefonso: tiene el autor clasificada su colección bajo dos puntos de vista; para el interés del agricultor y el del artista y comerciante; para el primero se hallan las maderas procedentes de terrenos acuáticos, rotuladas con papel amarillo; con color de rosa las de secano, las de monte con color azul, y las exóticas con el de lila. Para el artista y comerciante se añadieron otros rótulos por la parte baja de los anteriores, demostrando el color morado si la madera es de aplicación á la carretería; el color verde si es útil al ebanista, y color de paja si aprovecha al sillero. Da mayor claridad á esta ingeniosa clasificación una tabla sinóptica, en la cual se presentan cuantas generalidades pueden ser más útiles en este ramo, espresando por columnas, los nombres de los más de los árboles, con sus correspondencias en catalán, francés y latín, y con la indicación de los lugares en que se crían, y las artes y oficios que respectivamente los emplean. Las inmensas ventajas que el agricultor, el artista y el comerciante hayan de sacar de un estudio tan esmerado, saltan á la vista; no vacilamos por lo tanto un momento en recomendar al Gobierno dispense su protección al autor y poseedor de esta colección, buscando en sus plantíos los árboles necesarios para adornar las carreteras, consiguiendo por este medio llenar el vacío que antes de pocos años ha de esperimentar la nación con la tala de los bosques tan generalizada, y que á pesar de las medidas coercitivas, lleva hecho tanto mal, que amenaza dejar á la nación privada de uno de los primeros artículos de consumo. A esta colección de maderas ha unido el estudioso Sr. D. José Salvador otra de árboles frutales, en la que se ven reunidos todos los ingertos mejores que se conocen en Cataluña, otros muchos de las demás prov., y en especialidad de los reales sitios de San Fernando [San Fernando de Henares (Madrid)]. Para dar mayor interés á esta colección; para hacerla, por decirlo así, material, aprovechó el autor una visita que hizo al jardín frutero de Mr. Noisette 35, en el que se encuentra un considerable número de frutas iluminadas, cuyo examen le produjo el pensamiento de hacer otra colección de estampas de frutas, copiando del natural, lo que verificó, ó indudablemente hará litografiar dichas estampas, publicándolas con su hoja de testo cada una; pero esta obra costosa necesita en nuestro concepto la protección de los grandes propietarios, en cuyo beneficio principalmente se ocupa Salvador. Para que los hombres más materiales puedan sacar un partido comprendiendo mejor la especie de fruta de que se trata, se ocupa el menor de los Salvadores en imitar todas las frutas en escultura, dándolas la figura, colorido y peso que naturalmente tienen: ya pasan de 400 los moldes que al efecto ha construido. No cumpliríamos con la justicia é imparcialidad que nos hemos propuesto, si no manifestáramos nuestro reconocimiento al Sr. Salvador por el infatigable celo con que se ocupa en la ilustración y buen nombre nacional, y por la deferencia y complaciente urbanidad con que nos enseñó su Museo, esplicándonos todo lo que necesitaba de este auxilio para ser bien conocido. Esta colección de obras escogidas de ciencias naturales, de mineralogía, zoología, botánica, numismática y arqueología propia de la familia Salvador de Barcelona, es indudablemente el establecimiento más precioso y útil que en su género se conoce en España, y con justicia llama la atención de los ilustrados viageros que visitan esta hermosa ciudad. Está dividido en los siguientes ramos: 1o Una preciosa biblioteca de obras de historia natural, las más de ciencias médicas, de literatura y viages, con la particularidad de ser muchas regalo de los propios autores, y no pocas de las impresiones primitivas: 2o Una colección numerosa de manuscritos sobre ciencias y sobre varios sucesos, tales como los sitios de Barcelona en las guerras de Sucesión: 3o Otra colección de 5.000 entre medallas y monedas de todos tiempos, de distintos pueblos y de toda especie de metales: 4o Una colección ordenada según el método del baron de Giabour (sic) 41, y de todos los cuerpos simples con aplicación a la farmacia y a las artes: 5o Otra de mineralogía, apreciable más bien para hacer el estudio del terreno del Principado que para llamar la atención por el volumen y preciosidad de sus ejemplares, puesto que en su formación se tuvo más en cuenta la utilidad que el lujo: 6o Colección geognóstica de petrefactos terrestres y marítimos: 7o Una especie de mármoles, jaspes y otras piedras que las artes emplean, formado de tablitas pulidas por un lado: 8o Colección de insectos, peces disecados y en 39 Es refereix a Alain-René Lesage (1668-1747), autor de la novel•la picaresca L'histoire de Gil Blas de Santillane, molt en voga encara durant el segle xix. Molt probablement, com en el cas de Madoz, es refereix a la classificació que apareix a l'obra de Nicolas Guibourt (1820) Histoire naturelle des drogues simples. espíritu de vino y de otros animales de gran tamaño, algunos mónstruos, siendo notable una famosa asta del narval cetáceo (vulgo unicornio marino) y de 5 vívoras regaladas por el célebre Boerhaave, con cuyos ejemplares y las varias obras con láminas que se hallan en la biblioteca, puede hacerse fácilmente el estudio de la zoología: 9o En esta colección se comprenden diferentes objetos arqueológicos, como lámparas sepulcrales, vasos cinerarios, lacrimales, objetos etruscos, penates y otros diferentes: 10o Algunas armas de notable estructura y antigüedad: 11o Colección de obras de ingenio y curiosidad é instrumentos físicos y químicos: y 12o El hervario conteniendo un gran números de ejemplares auténticos cogidos por los Salvadores en compañia de Tournefort, de Antonio y Bernardo Jussieu y de otros célebres botánicos. Debemos manifestar nuestro reconocimiento al Sr. Salvador por el infatigable celo con que se ocupa de la ilustración y buen nombre nacional y por la deferencia y complaciente urbanidad con que enseña su Museo á nacionales y estrangeros que tienen el gusto de visitarlo. Se halla en la calle Ancha, esquina a la Fusteria, piso 1o. Museo de Historia Natural y aNtigüedades de los salvadores. Fué fundador de este Museo D. Juan Salvador y Boscá, primero de los de este apellido que obtuvo nombradla científica; quien nació el 6 de enero de 1598 en la villa de Calella, y vino en 1616 á Barcelona, á casa de su hermano el Dr. D. Joaquín, para estudiar la Farmacia. Menys encara ho hagués pogut ser Joan, que no va néixer fins el 1598, sis anys després de la mort de Micó. la Botánica, que á principios de 1622 dio la vuelta á toda España, visitando á la par las principales ciudades del interior, y recogiendo gran copia de plantas; cuyo deleitable estudio no abandonó en su vida, dándose asi á conocer de muchos sabios exlrangeros, con quienes tuvo íntima correspondencia, señaladamente con el P. Jaime Barrelier, autor de una obra en que se hallan descritos y dibujados no pocos vegetales españoles. Este perenne recuerdo de la extraordinaria ciencia de los Salvador es una ejecutoria tan envidiable como todos sus títulos de nobleza, y ha valido á tan ilustre familia los más cumplidos elogios de innumerable multitud de hombres, eminentes por su saber ó por su elevada posición social, nacionales y estrangeros, que han visitado aquel monumento histórico de las ciencias naturales. Entre los primeros se hallan empleados de todos los ramos, literatos, profesores de todas las facultades, catedráticos de varios Institutos y Universidades, médicos de Cámara, ministros de la Corona y otros elevados dignatarios. Entre los segundos se encuentran Mauricio Villsermon y Mr Gay, que ocupan lugar distinguido en los fastos de la botánica, alemán el uno y francés el otro 50; el Señor Constantino Cúmano 51, conservador del Museo de Trieste; el príncipe imperial Napoleon Bonaparte 52, acompañado del cónsul Mr Lesseps; y los africanos Sidi Mohamet Bricha, primer ministro de S. M. el Emperador de Marruecos; Sidi Hamet Moctar, capitán de caballería al servicio de dicho emperador; Sidi Ali-Medina, noble del mismo imperio, con la notable circunstancia de haber llamado muy particularmente la atención de estos últimos muchos efectos y antigüedades de su país 53. Fácil es además de comprender que el Museo de Salvador, ya por haber sido el primero que tuvo la Nación, ya porqué encerraba un gran número de preciosidades, algunas de ellas no muy conocidas y otras tan poco comunes que difícilmente se hubieran encontrado iguales en gabinetes de nombradía, era consultado con frecuencia por distinguidos filósofos naturalistas. Entre estos pueden citarse D. Mariano La-gasca, D. Agustín Yáñez, D. Ignacio [...] el herbario verdaderamente importante para la Flora catalana es el que creó Juan Salvador hace casi dos siglos, aunque principalmente enriquecido por su hijo Jaime (el Salvador por escelencia) y el hijo de este Juan, ambos contemporáneos y corresponsales del célebre Tournefort. Dicho herbario es, sin duda, la mejor, por no decir la única, joya del Museo de los Salvadores, bien que el tiempo y otras causas hayan producido verdaderos estragos en sus ejemplares. Contiene esta colección un número de plantas vasculares catalanas, (mas de 600) recogidas, prepa radas y determinadas por sus AA., con datos circunstanciados y exactos sobre habitación, estaciones y floración de las mismas; contiene además la colección casi completa de las plantas procedentes del viaje científico que en 1700 hizo Tournefort al Levante por encargo de Luis XIV; otra del Jardin y Flora de Montpeller; muchas especies del Jardin de París, del de Lion, etc., proporcionadas unas veces por los Tournefort, Jussieu, Vaillant y otros célebres naturalistas ó bien recogidas por los mismos Salvadores. Existen además en dicho herbario numerosos ejemplares procedentes del viaje botánico que hicieron por la Península en 1716 Juan Salvador con Antonio y Bernardo de Jussieu, habiendo ya en 1711 herborizado el primero en las Baleares, formando por junto entre 56 El text reprodueix un petit extracte del que referia entre 1849 i 1854 la mateixa Guía. todas una colección de mas de 5,000 especies, ordenadas y determinadas primero por Jaime con arreglo al Pinax de G. Bauhino y después por Juan su hijo, con sujeción al método ó Institutiones rei herbariae de Tournefort. En 1793 añadió el abate Pourret al pié de las papeletas escritas por Juan Salvador los nombres genérico y específico de la nomenclatura Lineana, mereciendo censura primero de Lagasca, que tambien dejó notas sueltas en dicho herbario en 1851, y después de Colmeiro sobre la manera poco respetuosa de invadir las papeletas originales de Salvador. Pero mas sensible es y de mayor trascendencia el haber arrancado de esa preciosa colección multitud de ejemplares descosiéndolos y llevando la profanación al estremo de apoderarse á veces del mejor de ellos cuando no habia mas que dos de una especie y aun en algún caso del único existente!! qué seria de las ciencias de observación si no se respetasen con cierta religiosidad esos monumentos levantados á costa de tantos afanes y prolijas meditaciones! Ni como recurrir á ellos, una vez distribuidos á manera de botin ó mutilados, para comparar las especies que un nuevo observador haya reunido con las allí conservadas y detenidamente estudiadas!... Afortunadamente, aunque maltratado, todavía puede el Herbario Salvador servir de punto de partida y fué para el Sr. Colmeiro la fuente principal de las citas en todos sentidos que entran á formar su trabajo. Mediante el examen atento de las especies catalanas que contiene he visto que en la mayoría de casos transcribe dicho señor los datos de localidad, terreno y época de florescencia, etc. que constan en el mismo herbario, admitiendo constantemente la versión á la nomenclatura Lineana escrita por Pourret. Sin embargo fácilmente se concibe que este último botánico, á pesar de sus indisputables conocimientos, no acertase siempre en el diagnóstico de un número tan crecido de plantas, no pudiendo disponer en el acto de todos los medios que para los casos dudosos reclama esta clase de trabajos. Es verdad que en la mayoría de casos el trabajo de Pourret se reduce á una mera traducción del hecho anteriormente por los Salvadores; pero hay ocasiones en que su hábito de reconocer las formas vegetales le permitió rectificar la determinación de las especies separándose de la opinión maduramente formada por el ilustrado Autor del herbario; si bien no escasean los casos en que queriendo corregir á este es él quien se equivoca. Añádase á esto que desde que escribió Pourret sus notas ha adelantado la ciencia en esta parte, reconociendo la necesidad de nuevos deslindes de géneros y de especies ó de otros grupos, lo cual demuestra, sin necesidad de esfuerzo alguno por nuestra parte, que de ningún modo debíamos admitir á beneficio de inventario cuanto opina Pourret, sin esponernos á consignar muchos datos equivocados en el Cuadro fitostático de Cataluña. Esto esplica por otra parte algunas de las inexactitudes que haremos notar en el Catálogo Colmeiroano; prescindiendo de otras que acaso deban atribuirse á noticias equivocadas y mas que todo á la premura que se impuso su laborioso Autor para desempeñar dicho trabajo después de una permanencia poco duradera en Barcelona. Mas i Marquet, J. A. (1787) «Respues- ta al interrogatorio del Sr. D. Francisco de Za- mora por lo concerniente al corregimiento de Barcelona».
La familia Orchidaceae es una de las más diversas en especies dentro de las angiospermas. En los países limítrofes con Guinea Ecuatorial, el número de táxones varía desde aproximadamente 450 en Camerún a 290 en Gabón (Govaerts et al., 2016), mientras que en las islas de São Tomé y Príncipe se reconocen 99 y 65 táxones, respectivamente (Stévart & Oliveira, 2000). Diversos colectores han contribuido a aumentar el conocimiento de la flora orquideológica de Guinea Ecuatorial desde las primeras herborizaciones efectuadas por Gustav Mann en la isla de Bioko (Mann, 1862). A lo largo del siglo XX se suceden varias exploraciones botánicas, destacando las herborizaciones de J. Mildbraed en Annobón y Bioko, E. Guinea en Bioko y Río Muni, T. C. Wrigley en Bioko, F. A. Melville en Annobón o W. W. Sanford en Bioko y Río Muni. Desde 1985, el Real Jardín Botánico de Madrid viene desarrollando una serie de proyectos científicos con numerosas herborizaciones efectuadas, entre otros, por J. Fernández Casas, M. Carvalho, C. Aedo y M. Velayos, que han contribuido notablemente al aumento de las prospecciones y de los testimonios de herbario (Aedo et al., 2001). Simultáneamente, varios investigadores de la Université Libre de Bruxelles, encabezados por T. Stévart y V. Droissart, han herborizado en el territorio y países limítrofes, y han esclarecido la taxonomía de varios géneros de orquídeas (Stévart & Cribb, 2004; Stévart et al., 2007; Droissart et al., 2009a, b; Stévart et al., 2010; Simo-Droissart et al., 2014;D'haijère et al., 2015). Hasta la fecha se han descrito 31 especies y dos subespecies sobre materiales colectados en territorio ecuatoguineano. Sanford (1971), en su estudio de la familia Orchidaceae en Guinea Ecuatorial, reconoce un total de 144 táxones para el conjunto del territorio, 11 para Annobón, 109 para Bioko y 57 para Río Muni. Posteriormente, Olszewski & Szlachetko (1998) citan 128 táxones en su catálogo provisional. En los catálogos preliminares sobre la flora de las islas de Bioko (Velayos et al., 2013) y Annobón (Velayos et al., 2014) se mencionan 136 y 24 táxones, respectivamente. En la compilación efectuada por Govaerts et al. (2016) se contabilizan 124 táxones para el acrónimo EQG (Equatorial Guinea), y 212 para el acrónimo GGI (Gulf of Guinea islands), que comprende el conjunto de las islas de Annobón, Bioko, Príncipe y São Tomé. Guinea Ecuatorial es un pequeño país de la franja ecuatorial occidental de África, ubicado en el Golfo de Guinea, con una superficie total de 28.051,46 km 2. Está compuesto por una gran unidad continental (Río Muni) localizada entre Camerún y Gabón, la isla de Bioko, que se encuentra aproximadamente a 30 km de la costa camerunesa, y la de Annobón, separada de la anterior por las islas de São Tomé y Príncipe (Fig. 1). Además, existe un conjunto de pequeños islotes en las proximidades de Bioko y Río Muni, entre los cuales destacan Corisco, Elobey Grande y Elobey Chico (De Castro & De la Calle, 1985). Desde el punto de vista de la organización administrativa se reconocen siete provincias: Annobón (isla de Annobón); Bioko Norte y Bioko Sur (isla de Bioko); Litoral, Centro Sur, Kie Ntem y Wele Nzas (territorio continental de Río Muni). Las islas de Annobón y Bioko forman parte de una línea volcánica que se desarrolla desde las islas de Ascensión y Santa Helena (territorios de ultramar del Reino Unido), pasando por las de Annobón, São Tomé, Príncipe y Bioko, enlazando con el continente en el monte Camerún (Camerún) y finalizando en las proximidades del lago Chad. Geológicamente predominan las rocas basálticas; paisajísticamente, aparecen montañas abruptas y escarpadas con valles profundos separados por crestas y calderas volcánicas. Río Muni forma parte de la corteza continental granítica que constituye buena parte de África, desde la costa atlántica hasta el macizo de Adamawa (entre Nigeria, Camerún y República Centroafricana) y se extiende hacia el sur a las mesetas de Angola (Molerio León, 2014). Desde el punto de vista topográfico, la isla de Annobón tiene su mayor altitud en los montes de Santa Mina (613 m), la de Bioko en el pico Basile (3011 m), y en Río Muni, las mayores elevaciones aparecen en Monte Alén y en Monte Mitra, que alcanzan aproximadamente 1200-1300 m. Por su posición geográfica, todo el territorio se integra en el espacio dominado por el Macrobioclima Tropical Pluviestacional (Rivas Martínez, 2007), con dos estaciones en las que las precipitaciones son más abundantes. A pesar de no contar con datos de precipitaciones continuos, puede decirse que en la zona continental las precipitaciones oscilan entre los 1800 y 3800 mm anuales, con una estimación media de 2500 mm/año según Wilks & Issembé (2000), mientras que en las islas los valores suelen ser algo Para la elaboración del listado de especies y la procedencia de los testimonios, se han recogido los datos procedentes de las colecciones depositadas en los herbarios MA, K, WAG, P, BR y HBG (acrónimos según Thiers, 2016) y de las fuentes de información compiladas por el grupo de trabajo del proyecto "Flora de Guinea Ecuatorial" [URL]. El tratamiento taxonómico seguido es el propuesto por Chase et al. (2015) para la clasificación de las categorías supragenéricas y la checklist mundial de Govaerts et al. (2016) para los nombres aceptados. Para la identificación y revisión de los ejemplares de herbario se han utilizado las claves de determinación publicadas para los países limítrofes de Camerún (Szlachetko & Olszewski, 1998, 2001a, b) y Gabón (Szlachetko et al., 2004a, b), así como la Flora of West Tropical Africa (Hepper, 1972). En los géneros más diversos y complejos como Polystachya Hook. y Bulbophyllum Thouars se han seguido las propuestas taxonómicas de Mytnik-Ejsmont (2011) y Vermeulen (1987), respectivamente. La temperatura media anual ronda en torno a unos 25oC. En relación a las características bioclimáticas, predomina una pluvisilva perennifolia o semiperennifolia en la región continental, en Annobón y hasta los 2500 m de altitud en la isla de Bioko. Por encima de dicha altitud se desarrollan formaciones arbustivas ericoides y praderas, vinculadas al carácter montañoso más fresco y sometido a la acción de fuertes vientos (Pérez de Val, 1993; Navarro Cerrillo et al., 2012). En las proximidades de los núcleos de población y áreas submontanas, dominan cafetales y cacaotales, que tras su abandono han sido sucedidos por formaciones de bosque secundario (Fa, 1991). Desde 2013 venimos abordando el estudio de la familia Orchidaceae dentro del proyecto "Flora de Guinea Ecuatorial". El objetivo de este trabajo es presentar una checklist actualizada de la familia Orchidaceae en Guinea Ecuatorial, atendiendo a la presencia en los tres territorios principales en que se subdivide el país (Annobón, Bioko y Río Muni), y comparar nuestros resultados con los datos anteriormente publicados por otros autores. Se reconoce la existencia de representantes de las subfamilias Vanilloideae (tribu Vanilleae), Orchidoideae (tribus Orchideae y Cranichideae) y Epidendroideae (tribus Collabieae, Cymbidieae, Malaxideae, Nervilieae, Podochileae, Tropideae y Vandeae), concretamente de 43 géneros y 237 táxones a nivel de especie o categoría infraespecífica (Tabla 1). La tribu que cuenta con mayor número de representantes es Vandeae con 118 táxones (Fig. 2). Entre los géneros, los más representados son Polystachya con 43 táxones, Bulbophyllum con 39 y Angraecum Bory con 15. Un total de 190 cuentan con testimonios de herbario, y 35 proceden de fuentes bibliográficas publicadas por autores que han trabajado en el territorio de estudio (Tabla 2). Además, se ha recogido información procedente de herbarios y bibliografía de 12 especies y táxones de rango inferior, cuya presencia en Guinea Ecuatorial es dudosa o requiere confirmación, aunque atendiendo a sus áreas de distribución es muy verosímil que puedan encontrarse en el área de estudio. En Zeuxine gilgiana Kraenzl. & Schltr., Z. stammleri Schltr., Liparis welwitschii Rchb. f., Nervilia adolphi Schltr. var. adolphi, Polystachya bicarinata Rendle y P. fusiformis (Thouars) Lindl., los pliegos de herbario revisados estaban mal identificados. J. J. Verm., Brachycorythis ovata Lindl., B. pleistophylla Rchb. f., B. pubescens Harv. y B. sceptrum Schltr., las fuentes de información sólo mencionan la presencia en Guinea Ecuatorial, sin indicar provincia. De los 225 táxones confirmados para el territorio (Fig. 3), 53 son orquídeas terrestres, seis son trepadoras del género Vanilla Plum. ex Mill. y 166 son epífitas, de las que un número reducido también puede comportarse como litófitas. Un análisis del número de especies y táxones de rango inferior encontrados en cada una de las provincias de Guinea revela que la mayor abundancia se registra en las dos provincias de la isla de Bioko y en las dos provincias más occidentales de Río Muni (Fig. 4). De las 31 especies descritas sobre materiales colectados en Guinea Ecuatorial, seis son endémicas y epífitas: Aerangis megaphylla Summerh. Sanford (1971) menciona 144 especies y táxones infraespecíficos de la familia Orchidaceae en Guinea Ecuatorial, incluyendo dos nombres inéditos como Ancistrorhynchus acrodontum o Bulbophyllum insulanum. Olszewski & Szlachetko (1998) reconocen 128 en base a la revisión bibliográfica y de materiales de herbario. En los últimos 30 años, se han esclarecido géneros complejos como Bulbophyllum (Vermeulen, 1987), Chamaeangis Schltr. (Droissart et al., 2009b) o Polystachya (Mytnik-Ejsmont, 2011) en los que se han revisado materiales herborizados en Guinea Ecuatorial y han contribuido a aumentar el conocimiento de las orquídeas ecuatoguineanas. Dentro del proyecto "Flora de Guinea Ecuatorial" se han publicado catálogos preliminares para las islas de Bioko (Velayos et al., 2013) y Annobón (Velayos et al., 2014), previos a la revisión de la familia Orchidaceae que venimos realizando desde 2013. En estos años hemos realizado una revisión profunda de materiales de herbario y de la información bibliográfica disponible para actualizar el catálogo de la familia en Guinea Ecuatorial. P. GALÁN CELA, R. GAMARRA & E. ORTÚÑEZ Según nuestro estudio, confirmamos la presencia de 225 especies y táxones infraespecíficos en el conjunto del territorio de Guinea Ecuatorial, cifra que supera ampliamente los números de Sanford (1971) y Olszewski & Szlachetko (1998). Para el territorio continental de Río Muni se reconocen 88 táxones más que en los catálogos mencionados. Se proponen modificaciones al catálogo preliminar de la flora de Bioko (Velayos et al., 2013) Tras la revisión de los materiales de herbario, las citas de algunos táxones para la isla de Annobón (Velayos et al., 2014) La tribu Vandeae, con 118 especies, es la de más amplia representación, destacando la presencia de 43 especies y táxones infraespecíficos en el género Polystachya, seis más que los mencionados en Mytnik-Ejsmont (2011). Todos los representantes de esta tribu son epífitos, raramente litófitos, vinculados a la pluvisilva que constituye el bosque de mayor extensión en el territorio (Fa, 1991; Pérez de Val, 1993; Navarro Cerrillo et al., 2012). La tribu Malaxideae, con 55 especies y táxones infraespecíficos registrados, es la segunda más representada en el territorio. Bulbophyllum es el género más abundante y uno de los más complejos en el área de estudio (Vermeulen, 1987), con 37 especies y táxones infraespecíficos confirmados, todos ellos epífitos ligados igualmente a la pluvisilva. Hay 12 especies y táxones de rango infraespecífico cuya presencia consideramos dudosa o que requiere confirmación en el territorio, bien por tratarse de errores de identificación al revisar las colecciones, o bien por haber sido mencionados para Guinea Ecuatorial sin estar basados en testimonio alguno ni citarse localidad alguna. Todos ellos se encuentran en países limítrofes, por lo que no se descarta su presencia. En relación a los países limítrofes, el número de táxones reconocidos en Guinea Ecuatorial es considerable si comparamos con los aproximadamente 290 táxones que Govaerts et al. (2016) reconocen para Gabón, teniendo en cuenta que la superficie de este país es casi 10 veces superior. Respecto a los aproximadamente 450 de Camerún (Govaerts et al., 2016), Guinea Ecuatorial tiene la mitad, pero en este caso, debe tenerse en cuenta la mayor diversidad de hábitats en el territorio camerunés y una superficie geográfica 16 veces superior. Atendiendo a la abundancia de las especies, consideramos que las islas de Annobón y Bioko se encuentran ampliamente muestreadas. Sin embargo, la región continental de Río Muni presenta lagunas florísticas importantes, principalmente sus dos provincias más orientales (Kie Ntem y Wele Nzas), por lo que es previsible un aumento en el número de especies presentes en este territorio, incluso de táxones nuevos como las recientes descripciones realizadas en los géneros Angraecum, Rhipidoglossum Schltr. o Tridactyle Schltr. La ausencia de vías de comunicación y la lejanía frente a la capital administrativa de Bata (provincia de Litoral), inicio de las prospecciones botánicas en el área continental, suponen un hándicap para el muestreo de las especies. También es un problema la localización de las epífitas, el reducido tamaño de algunas especies de los géneros Genyorchis Catálogo de Orchidaceae en Guinea Ecuatorial Schltr., Bulbophyllum o Polystachya, o la altura en la que aparecen sobre ramas y troncos de árboles. Aunque representan un 74% de la diversidad de orquídeas en Guinea Ecuatorial (Fig. 3), probablemente constituye el grupo que más puede aumentar si se continúan las prospecciones. También es reseñable la ausencia de estudios taxonómicos en algunos géneros como Ancistrorhynchus Finet, Angraecum, Diaphananthe Schltr., Habenaria Willd. o Liparis Rich., que podrían modificar sustancialmente el conocimiento de la flora orquideológica, tal y como ha sucedido con Polystachya (Mytnik-Ejsmont, 2011). Los resultados de nuestra checklist pueden contribuir a la gestión de la conservación de áreas que cuentan con una gran riqueza de biodiversidad vegetal en el continente africano. Hasta la fecha, el espacio del golfo de Guinea está considerado como un área prioritaria para la conservación de la biodiversidad a escala regional y global (Burgess et al., 2005). Zafra-Calvo et al. (2010) proponen dos zonas de reserva en la isla de Bioko, las cumbres del pico Basilé (actualmente incluido en la categoría de Parque Nacional) y los paisajes derivados de las zonas de cultivo abandonadas. Como se refleja en nuestros datos, la isla de Bioko comprende 136 especies y táxones de rango inferior de la familia Orchidaceae en sus 2017 km 2, más del 50% de la orquidoflora de Guinea Ecuatorial, lo cual apoya el reconocimiento de la isla en su totalidad como área prioritaria para la conservación. Sería deseable una figura de protección para la isla de Annobón y, dentro de la familia Orchidaceae, se debería considerar la inclusión del endemismo Aerangis megaphylla en la lista de la UICN. El territorio continental de Río Muni cuenta con dos parques nacionales, el de Monte Alén situado en la provincia de Centro Sur, y el de Los Altos de Nsok en la provincia de Wele Nzas, y en ambos habita buena parte de la orquidoflora del territorio continental. A falta de un mayor número de datos en Río Muni, no podemos establecer prioridades de conservación de espacios o de especies de orquídeas en el mencionado territorio. Este trabajo se ha realizado dentro del proyecto "Flora de Guinea Ecuatorial" (CGL2012-32934) financiado por el Ministerio de Educación y Cultura de España, bajo la dirección del investigador Dr. M. Velayos del Real Jardín Botánico de Madrid (CSIC). Los autores expresan su gratitud y reconocimiento a todos los colectores que han contribuido a conocer la orquidoflora de Guinea Ecuatorial, en especial, a J. Fernández Casas por sentar las bases para el desarrollo de una herborización amplia y cualificada en el territorio de estudio, así como a F. Cabezas, M. Feró y M. Velayos, que nos acompañaron en las expediciones botánicas. También agradecemos a los conservadores de colecciones de los herbarios de Kew Gardens (K), Real Jardín Botánico de Madrid (MA) y Wageningen (WAG), por brindarnos la posibilidad de revisar los materiales de herbario. Catálogo de Orchidaceae en Guinea Ecuatorial Tabla 1. Número de especies y táxones de rango inferior por territorio, obtenido a partir de las fuentes de información.
Dedicatoria: A nuestro maestro y buen amigo Javier Fernández Casas, siempre atento y generoso, ejemplo de labor infatigable en el campo, así como en los ámbitos de la taxonomía y la corología. El género Briza L. pertenece a la familia Poaceae (Gramineae) y comprende cinco especies nativas de la cuenca mediterránea y el norte y el suroeste de Eurasia (Tzvelev, 1976; Tutin, 1993), aunque introducidas en otras partes del mundo, como en América, otras partes de Asia, Australia y África (Matthei, 1975; Watson & Dallwitz, 1992; Soreng, 2003; Lu & Phillips, 2006; Wilson, 2009). Briza ha sido incluido tradicionalmente en la tribu Poeae [subfamilia Pooideae; que hoy en día incluye Aveneae (Soreng & Davis, 2000; Quintanar et al., 2007; Döring et al., 2007)] debido a que sus especies tienen glumas cortas en relación con la longitud total de la espiguilla (Tzvelev, 1976; Clayton & Renvoize, 1986). En la cuenca mediterránea, cuya vegetación está normalmente muy afectada por la estacionalidad del clima, viven las especies anuales del género y sólo una perenne. La inflorescencia consiste en una panícula y las espiguillas, comprimidas lateralmente, tienen un contorno oval-triangular característico y un tamaño y aspecto llamativos. Las glumas y los lemas de las especies de este género son anchos, herbáceos, con un amplio margen escarioso y típicamente flabeliformes. Estas características confieren a estas espiguillas un aspecto fácilmente reconocible que las especies de Briza comparten con toda una serie de táxones, principalmente sudamericanos y que han sido tradicionalmente considerados emparentados con el género Briza, cuando no descritos o tratados como especies de este género. Estos táxones sudamericanos han sido repartidos eventualmente en una serie de géneros, a saber: Calotheca Desv., Chascolytrum Desv., Lombardochloa Rosengurtt & Arillaga, Microbriza Parodi ex Nicora & Rúgolo, Poidium Ness y Rhomboelytrum Link. Matthei (1975), monógrafo de este complejo en Sudamérica, separó todos los táxones del subcontinente de los introducidos de origen holártico atendiendo a diferencias morfológicas relacionadas con la pálea, las lodículas y el embrión; los primeros quedaron incluidos en Calotheca, Chascolytrum y Poidium, mientras que sólo los segundos fueron considerados especies de Briza. Su propuesta de clasificación, que es la seguida en el presente tratamiento, fue aceptada en mayor o menor grado por los autores posteriores (Nicora & Rúgolo de Agrasar, 1981; Bayón, 1998; Soreng, 2003), sin que hayan faltado ejemplos de lo contrario: Clayton & Renvoize (1986) reconocieron sólo Microbriza aparte del resto de especies, reunidas todas en Briza. Más tarde, De Pelegrin et al. (2009) publicaron diferencias adicionales referidas a la anatomía del limbo foliar de los táxones sudamericanos y euroasiáticos (forma de la sección transversal, disposición del esclerénquima, presencia o ausencia de células suberosas en la cara abaxial, así como la forma de los cuerpos de sílice). Hoy en día, la postura adoptada de modo más general es la de considerar un género Chascolytrum que agrupa los táxones sudamericanos frente a los eurasiáticos, reunidos en Briza s. str. Los estudios filogenéticos llevados a cabo por Essi et al. (2008) y Persson & Rydin (2016), centrados en Briza y sus táxones supuestamente emparentados, son los que mayor número de táxones de este complejo incluyen en sus análisis, ya que en otros estudios similares, anteriores o posteriores y de ámbito taxonómico más amplio, la aparición de estas plantas ha sido poco más que testimonial (Soreng & Davis, 2000; Quintanar et al., 2007; Döring et al., 2007; Saarela et al., 2010). A pesar de esto, el trabajo de Döring et al. (2007) ya mostró evidencias de la separación de los táxones euroasiáticos y sudamericanos del complejo en diferentes clados no emparentados de manera especialmente cercana, tal y como sería confirmado más tarde por Saarela et al. (2010) y Persson & Rydin (2016); de manera adicional. En el trabajo de Saarela et al. (2010) Briza s. str. formó clado junto al género monoespecífico anual Airopsis Desv., nativo del oeste de la cuenca mediterránea, una relación que no ha vuelto a ser explorada en este tipo de estudios. Essi et al. (2008) y Persson & Rydin (2016), que analizaron datos provenientes del genoma nuclear y cloroplástico para llevar a cabo un estudio filogenético amplio del grupo, confirmaron su polifilia. En el trabajo de Persson & Rydin (2016), los táxones sudamericanos formaron un clado monofilético y próximamente relacionado con los miembros de la subtribu Agrostidinae (i.e., Agrostis L., Polypogon Desf., Calamagrostis Adans., etc.), mientras que los euroasiáticos otro, esta vez más próximo a las subtribus Aveninae y Koeleriinae (i.e., Lagurus L., Avena L., Helictotrichon Besser, Trisetum Pers., etc.), que constituye propiamente el género Briza, confirma la información presente en otros trabajos Taxonomía de Briza en la Península Ibérica y Baleares cias. Se han respetado las coordenadas mencionadas en las etiquetas de herbario y entre corchetes se ha georreferenciado la cuadrícula UTM de 10 km de lado en aquellos materiales que carecían de la misma. Los mapas de distribución presentados reflejan la corología de las especies sobre la base de esta malla UTM de 10 km de lado. Se ha realizado un estudio comparativo de 32 caracteres, tanto cualitativos como cuantitativos, obtenidos a partir de un total de 112 especímenes conservados en el herbario MA, para analizar la variabilidad morfológica, tanto intraespecífica como interespecífica, de las tres especies presentes en la flora ibérica y balear. Las mediciones se realizaron con la ayuda de una lupa binocular y un calibre digital -Mitutoyo CD-15CD-. Además, se estudiaron especímenes recolectados a lo largo de toda el área de distribución de cada taxón a fin de explorar su variabilidad morfológica a lo largo de la misma. El análisis exploratorio de las variables estadísticas correspondientes a los caracteres registrados (Tabla 1) se realizó mediante el programa SPSS Statistics 17.0. En la sinonimia presentada para cada taxón aceptado hemos seleccionado aquellos nombres utilizados con mayor frecuencia en los tratados florísticos o taxonómicos vinculados al área de nuestro estudio, la Península Ibérica y las Islas Baleares, así como aquéllos publicados con especímenes recolectados en dicho territorio. En las descripciones hemos utilizado el término antecio, que denomina el conjunto formado por cada flor y el lema y la pálea correspondientes. Por lo demás, la terminología empleada es la habitual en esta familia de plantas. Limbos foliares lineares, planos, los jóvenes plegados, con ápice agudo, verdes, glabrescentes, con acúleos pequeños en el envés; vainas foliares con margen libre, glabrescente; lígula membranácea, con ápice agudo o truncado. Inflorescencia dispuesta en panículas abiertas, ramificadas de una a varias veces. Espiguillas de contorno oval-triangular, comprimidas lateralmente, con 3-18(22) antecios bisexuales, imbricados (con raquilla oculta a simple vista). filogenéticos y la distinción del mismo tal y como habían establecido previamente Matthei (1975) o De Pelegrin et al. (2009) con criterios morfológicos. Además, Persson & Rydin (2016) identificaron un tercer clado independiente del resto de los táxones del grupo, más próximamente emparentado con las subtribus Phleinae, Miliinae y Poinae (i.e., Phleum L., Milium L., Poa L., etc.) y que corresponde a la especie, anual y nativa del sureste de Europa y Oriente Medio e Irán, Brizochloa humilis (M. Bieb.) Esta planta tiene espiguillas de 3-7 mm, mucho menores que las de B. maxima y normalmente numerosas, pedicelos más cortos que la espiguilla correspondiente, al contrario que B. minor, y una apariencia particular de sus panículas, ramificadas y erectas; estos caracteres hacen difícil su confusión con las especies presentes en el Mediterráneo occidental. Este conjunto de características provocó su segregación en el género Brizochloa V. Jirásek & Chrtek, propuesta que, a pesar de no haber sido unánimemente aceptada (Matthei, 1975; Moss & Murray, 1990; Tutin, 1993; Seregin, 2008) En este trabajo presentamos un tratamiento taxonómico del género Briza en el territorio de la Península Ibérica e Islas Baleares, en el ámbito del proyecto Flora iberica. Tras el examen del material de herbario disponible hemos elaborado un esquema taxonómico similar a los presentados en la citada obra, a saber, nomenclatura de los táxones implicados y diagnosis morfológicas, distribución, hábitat y número cromosomático de los mismos, así como una clave para su determinación y, en este caso, una ilustración para una de ellas, B. media L. Este estudio se ha fundamentado en la revisión de 2494 especímenes recolectados en el territorio estudiado y conservados en los herbarios B, BC, BCC, BR, C, E, FI, G, GDA-GDAC, LISE, LISI, LISU, MA, MGC, O, S, SEV, VAL y W (abreviaturas según Thiers, 2016). En el Apéndice se presenta el material revisado por orden alfabético de provin-Tabla 1. Caracteres y sus estados, utilizados en las descripciones taxonómicas de Briza. Caracteres medidos Unidades y descripción Altura de la planta cm (desde la base hasta el ápice de la espiguilla distal) Longitud del rizoma (especies perennes) mm Longitud de la panícula mm Número de espiguillas por panícula 1 = espiguilla solitaria, 2 = 1-2 espiguillas; 3 = más de 2 espiguillas Forma de la espiguilla 1 = ovoide; 2 = triangular Color de la espiguilla 1 = purpúrea; 2 = de un verde amarillento; 3 = amarilla; 4 = de un pardo rojizo Longitud del limbo de la hoja adyacente a la panícula mm Longitud de la vaina de la hoja adyacente a la panícula mm Disposición del limbo de la hoja adyacente a la panícula 0 = plana; 1 = plegada, 2 = convoluta, 3 = setácea Longitud del limbo de la hoja del renuevo (especies perennes) mm (de la primera hoja madura del renuevo) Longitud de la espiguilla mm (de la espiguilla distal del eje primario inferior de la panícula) Número Glumas 2, herbáceas, anchamente flabeliformes, no aquilladas, más o menos isomorfas, con margen escarioso, agudas, la superior algo más larga que la inferior, más cortas que el conjunto de la espiguilla y los lemas adyacentes, glabras o con algún acúleo pequeño en la parte apical de la quilla, con 2-9(15) nervios. Lema herbáceo, flabeliforme, glabro, no aquillado. Pálea membranácea, translúcida, transovada, de menor tamaño que el lema. Lodículas 2, membranáceas, glabras, ahusadas. Estambres 3, con anteras de apertura longitudinal. El entorno europeo y circunmediterráneo acoge las tres especies incluidas en el presente tratamiento -Briza media, B. minor L. y B. maxima L.-, todas ellas publicadas a la vez que el género (Linnaeus, 1753). Más tarde, a lo largo de los siglos XIX y XX, fueron descritos un buen número de táxones, en su mayoría infraespecíficos. Briza maxima vive en pastizales y lugares más o menos abiertos del S de Europa, y se ha naturalizado con frecuencia en otros territorios debido a su cultivo como ornamental. Briza minor aparece en terrenos más o menos abiertos del sur y oeste de Europa (Tutin, 1993). Por último, B. media habita en la mayor parte de Europa, excepto en su extremo norte, donde aparece de manera ocasional. Dos táxones, reconocidos eventualmente como especies perennes de Briza (Tzvelev, 1976; Euro+Med, 2006-) 12) antecios cada una, verdes, a veces manchadas de un color purpúreo, péndulas a partir de la antesis. Hábitat: En formaciones boscosas, claros, pastizales y herbazales, indiferente edáfica, mayoritariamente en altitudes entre 0 y 2550 m. Vive frecuentemente en formaciones vegetales con un importante grado de cobertura, junto a hemicriptófitos y geófitos propios de suelos profundos con un grado de humedad moderado, sin que parezca tener un valor especial como planta forrajera (González Bernáldez, 1997). Distribución: Ampliamente distribuida por Europa -excepto en su extremo N-, Asia Menor y suroeste de Asia, alcanza el noroeste de India y Nepal; naturalizada en el noroeste de América. Dispersa por la mitad norte de la Península Ibérica, hacia el sur solamente en zonas de montaña en puntos aislados de Sierra Nevada y las sierras béticas (Fig. 2). Fenología: Florece entre los meses de mayo y agosto. Observaciones: Es la única especie perenne del género en la Península Ibérica, fácilmente reconocible por la presencia de renuevos del año que no producen tallos floríferos durante el período de floración. Mientras que el resto de las especies anuales euroasiáticas del género son siempre diploides, B. media puede ser diploide o tetraploide. También se han observado híbridos entre esta especie y otras compatibles, como B. maxima y B. minor (Essi et al., 2008). G. A. da Silva Ferreira Sampaio introdujo una grafía errónea para la especie, Briza "intermedia" en la relación de táxones del género en su Flora Portuguesa (Sampaio, 1947), que aparece corregida por este autor en el índice de la obra y ha sido recogida en trabajos posteriores como nombre atribuido al mismo autor (Tutin, 1993), con la consecuente repercusión en las determinaciones de material de los herbarios. De las montañas del Cáucaso se ha reconocido recientemente B. media var. caucasica (Marcow.) 9: 263 (1902)] para plantas más humildes que las atribuidas a B. media var. media, que raramente sobrepasan los 14 cm de altura y con las espiguillas a menudo de un color verde purpúreo, como es habitual en numerosas especies de alta montaña. Hábitat: En una amplia gama de ambientes, lugares abiertos como pastizales y cultivos, pero también en bosques y matorrales, sobre diferentes tipos de substratos arcillosos, arenosos, silíceos o calizos, desde el nivel del mar hasta 1600 m de altitud. Es característica de comunidades de pastos terofíticos, en suelos incipientes, poco estructurados, en los que no hay fenómenos de hidromorfía o nitrificación. Distribución: Ampliamente distribuida por el sur de Europa, también habita otras zonas del centro y norte de la misma (Inglaterra), el norte de África (Marruecos a Túnez), y el oeste de Asia, por donde alcanza Paquistán; se encuentra introducida en otros lugares del mundo, en buena parte de América, África, Australia e incluso en Hawái. En la Península Ibérica e Islas Baleares se encuentra dispersa por gran parte del territorio, aunque falta en amplias zonas del centro y del este (Fig. 3). Distribución de Briza maxima en la Península Ibérica e Islas Baleares. Taxonomía de Briza en la Península Ibérica y Baleares Fenología: Florece entre los meses de abril y junio. Observaciones: Sus espiguillas, de dimensiones mucho mayores que las del resto de especies ibéricas, hacen inconfundible esta especie a simple vista. Si bien fue combinada en un género aparte Macrobriza (Tzvelev) Tzvelev (Briza sect. Macrobriza Tzvelev, basión.), esta decisión ha sido raramente aceptada (e.g., Skuratovich et al., 2014) y parece no poder apoyarse en los últimos resultados acerca de la filogenia del grupo (Persson & Rydin, 2016). Se utiliza como ornamental en parques y jardines debido al aspecto grácil de sus panículas y también para la confección de ramos secos. Espiguillas (2)2,1-5,1(5,5) mm, con 3-7(8) antecios cada una, de un amarillo verdoso o purpúreo, a veces de un color pardo rojizo. Hábitat: En praderas y pastizales húmedos, sobre substratos silíceos, generalmente de textura arenosa, desde el nivel del mar hasta los 1900 m de altitud. Distribución: Se distribuye por el sur y el oeste de Europa, el norte de África (Argelia y Marruecos) y alcanza Israel e Irán hacia el este; introducida en otras partes del mundo, como parte de América, India y Australia. Dispersa por gran parte de la Península Ibérica, aunque falta en amplias zonas del norte y el este, y en las islas mayores de las Baleares (Fig. 4). Fenología: Florece entre los meses de abril y julio. Observaciones: Un ciclo vital anual y unas espiguillas pequeñas y numerosas caracterizan esta especie frente a las otras dos previamente tratadas. Aunque es segada y pastada junto a otras hierbas pratenses, parece tener un interés ganadero escaso (González Bernáldez, 1997). Este trabajo ha sido realizado dentro del Proyecto Flora iberica (CGL2014-52787-C3-1-P), con vinculación al Convenio General efectuado entre el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Universidad Autónoma de Madrid, para la formación de estudiantes en materia de Taxonomía vegetal. Expresamos nuestro agradecimiento a los conservadores de los herbarios consultados por las facilidades para el préstamo del material estudiado. Briza media L.: España, Álava: Valdegovía, ca. Albacete: Villaverde de Guadalimar, Sierra de Alcaraz, en el paraje denominado Dehesa de Villaverde (prox. Barcelona: Anoia: el F.J. Fernández Casas s.n. Castellón: Sierra de Espadán pr.
San Andrés y Sauces, Los Llanos de Aridane, Villa de Mazo, Puerto de Tazacorte and Fuencaliente, 04.2016, R. Otto (pers. obs.). The unknown species of Rosa mentioned by Kunkel (1991: 104) "... una especie con flores blancas (no identificada) se han establecido en algunos riscos y matorrales de zonas elevadas en C, T, G, H? y P." may well refer to R. micrantha. Bauhinia variegata L. (Fabaceae). Pisum sativum L. (Fabaceae). Vicia faba L. (Fabaceae).
Pseudognaphalium aldunateoides back in Gnaphalium (Compositae: Gnaphalieae) We thank S. Magallón for organising the stay of M. G.-C. at the "Universidad Nacional Autónoma de México".
Bulnesia sarmientoi Lorentz ex Griseb., el "palo santo", es una de las especies leñosas endémicas del Gran Chaco Americano. Es un árbol de porte esbelto, de floración muy llamativa, caracterizado por su lento crecimiento y por el olor y calidad de su madera, lo que la convierte en una de las especies más valoradas del bosque chaqueño. Históricamente, es uno de los árboles más utilizados en la región; sin embargo, hay una ausencia generalizada de estudios cuantitativos que pudieran dar pautas claras para el manejo y exportación de la especie, motivo por el cual se ha desembocado en una situación poco clara de su estatus real de conservación. Esta especie se distribuye desde el sudeste de Bolivia (departamentos de Oruro, Santa Cruz y Tarija hasta 17° S), centro-oeste-este de Paraguay (departamentos Presidente Hayes, Boquerón y Alto Paraguay), sectores limítrofes de Brasil (Estado de Mato Grosso) y norte de Argentina, donde alcanza su límite austral a los 25° S (Provincias de Chaco, Salta, Formosa y, marginalmente, Santiago del Estero). Es un árbol de 8 a 25 m de altura, de copa rala, estrecha, redondeada en el ápice, ramas ascendentes, con entrenudos de 2-3 cm de longitud y nudos ensanchados con anillos. Tronco recto, corto, a veces acanalado, con un diámetro a la altura el pecho (DAP, a 1,30 m) de 30-70 cm, corteza externa parda, áspera y verrugosa, con grietas irregulares poco profundas que forman placas irregulares a lo largo del tallo; la corteza interna es resinosa, de color amarillento con gránulos diminutos de color anaranjado (López et al., 1987). La madera del "palo santo" tiene un alto valor comercial, por su gran resistencia y por ser prácticamente imputrescible, debido al aceite esencial que contiene, siendo una de las maderas más duras del mundo (densidad: 0,92-1,1 g/cm 3, 1100-1280 kg/m 3, López et al., 1987). La especie tiene utilidad principalmente forestal y se emplea para la elaboración de muebles finos, suelos de parqué, tornería, y fabricación de artículos decorativos y bujes navales (Arenas, 1981; Schmeda-Hirschmann, 1993; Mereles & Degen, 1997a; Scarpa, 2000). Localmente se utiliza en la fabricación de postes. El aceite esencial es muy apreciado (Rempel, 2003) y se exporta para su utilización en la industria cosmética y de perfumería (Rodilla, 2011). La especie alcanza el estado adulto aproximadamente a los 20 años (Brack & Weik, 1994). Las semillas se dispersan por autocoria y anemocoria y, aunque la producción de frutos y semillas es abundante (López et al., 1987), la tasa de germinación es baja. Estudios poblacionales realizados en Paraguay revelan que la regeneración por semillas es mínima, y en algunos casos nula, y que la mayor parte de la capacidad de regeneración es a través de nuevos vástagos que brotan de las raíces en algunos ejemplares adultos en pie (Mereles & Pérez de Molas, 2007). Hay varios factores que influyen en la capacidad de regeneración vegetativa, como las condiciones del suelo, la temperatura y la necesidad de agua, entre otros. Bulnesia sarmientoi crece en los bosques xerófitos del Chaco; según Mereles (2005), se desarrolla sobre suelos arcillosos, muy estructurados, duros cuando están secos, y plásticos cuando están húmedos, de salobres a salados, y con capa freática salobre a salada por encima de los seis metros de profundidad. En este ambiente, es la especie dominante en el estrato superior del bosque, frecuentemente asociada con Ziziphus mistol Griseb., Maytenus vitis-idaea Griseb., Grabowskia duplicata Arn. y Trithrinax schyzophylla Drude (Mereles & Pérez de Molas, 2007; Mereles, 2014) 2005), los suelos donde mejor se adapta la especie son los cambisoles (fracción de arcilla del 30% y limosa bastante alta) y luvisoles (los más abundantes del Chaco central, arenosos pasando por textura limosa hasta arcillosa en profundidades de hasta 70 cm, ricos en P, Mg y K), y eventualmente los gleysoles (saturados durante periodos prolongados, a partir de los 50 cm, generalmente con un porcentaje entre el 50 y el 80% de arcilla, en algunos casos con alto contenido de sal). Otros autores mencionan la preferencia de la especie por los suelos arcillosos no muy bien drenados (Navarro, 1997). En Paraguay Ambiente (SEAM) publicó la lista de "elementos especiales", donde se incluye B. sarmientoi con rango de categoría N2N3, lo que implica que la especie está en peligro en el país debido a su rareza (6-20 localizaciones, pocos individuos o hectáreas ocupadas por la especie). En el año 2006, la especie fue incluida dentro de la lista de especies amenazadas de la SEAM (Resolución No 524/06; Resolución No 2243/06; Resolución No 2531/06), donde se establece que las especies no podrán ser explotadas ni industrial ni comercialmente a excepción de las que dispongan de planes de manejos aprobados por la autoridad competente y que cuente con sus correspondientes Licencias Ambientales. En cuanto al control sobre el comercio de la especie y sus derivados, en el año 2006 se sancionó la Resolución No 729 que prohíbe la exportación de cilindros torneados y parafinados de maderas de la misma. Ese mismo año, Paraguay presentó la propuesta de inclusión de la especie dentro del apéndice II de la CITES, durante la 16o Reunión del Comité de Flora de CITES. Sin embargo, al siguiente año, se decidió suspender la vigencia de esta Resolución a través de otra, la No 473/07. A pesar de las reglamentaciones establecidas respecto a los mecanismos de control y aprovechamiento de la especie se decidió, a través de la Resolución No 797/07, suspender temporalmente la exportación de productos forestales de maderas de "palo santo", exceptuándose de la misma aquellos productos terminados, legalmente amparados para la exportación y debidamente demostrados los compromisos contractuales asumidos con anterioridad. A través de la Resolución No 1105/07, se autorizó la exportación únicamente para productos manufacturados de la especie, con previa presentación de la lista de proveedores y su correspondiente ubicación. Además, se comunica que el aprovechamiento se realizará en forma selectiva y racional a través de planes de manejo aprobados por la autoridad de aplicación. Adicionalmente, queda prohibida la quema de subproductos forestales resultantes de la ejecución de los planes de manejo autorizados tales como leña, carbón, postes, esencia, rollos para madera u otros usos. Sucesivas irregularidades fueron detectadas en Paraguay por el Ministerio Público en cuanto a la gestión de entes públicos respecto al traslado de la madera, documentaciones requeridas para el control de la exportación de productos derivados de la la especie ocupaba, en la década de 1980, una superficie aproximada de 37.000 km 2, y en Argentina 25.000 km 2 (CITES, 2010), no encontrándose información sobre la situación en Bolivia. Aunque no se tengan datos exactos de nuevos censos de la especie, se considera que la modificación del hábitat por la deforestación para el cambio del uso del suelo en el Chaco Paraguayo y la extracción indiscriminada de la especie han mermado mucho sus poblaciones (Viveros Cabaña, 2005). El Paraguay es, en la actualidad, el mayor exportador de madera y de los derivados del "palo santo". La explotación excesiva de su madera, unida a ser una especie de crecimiento muy lento y de distribución en áreas muy reducidas, ha hecho que la especie haya adquirido un estatus especial de conservación nacional donde se especifica que la misma no puede ser explotada ni industrial ni comercialmente, a menos que cuente con un plan de manejo aprobado por las autoridades competentes. Sin que hubieran sido conocidos estudios poblacionales en Paraguay, la especie fue considerada para su inclusión dentro de los apéndices de la Convención Internacional para el Tráfico de la Vida Silvestre (CITES) debido a su similitud con otra, Guaiacum sanctum L., de la misma familia e incluida dentro del Apéndice II desde el año 2003 (López-Toledo et al., 2008). Esto implicó la disminución de la disponibilidad de los productos derivados de la misma en el mercado internacional y el aumento de la demanda del "palo santo" en Paraguay, con la consecuente preocupación de la comunidad científica paraguaya quienes, considerando las amenazas a la especie, elevaron una propuesta de inclusión de la misma al Apéndice III de la Convención CITES. En la actualidad, la especie se encuentra en el Apéndice II de la Convención CITES con anotación, que designa trozas, madera aserrada, láminas de chapa de madera, madera contrachapada, polvos y extractos. Las medidas tomadas por parte de las autoridades paraguayas con respecto a la protección del "palo santo" se iniciaron con el Decreto No 18.105/1993, que restringe la corta y el aprovechamiento del "palo santo", y que fue seguido por otros desarrollos normativos (Resolución 128/03), que establecieron un DAP mínimo de corta de 30 cm, así como la superficie máxima de las áreas de desmonte que contengan "palo santo" (<100 ha en forma continua). En el año 2004, la Secretaría del especie, cantidad exacta, etc., en el ámbito de las competencias de la Dirección General de Aduanas, el Instituto Forestal Nacional y el Ministerio de Industria y Comercio, encargados de las funciones mencionadas durante el ejercicio fiscal 2006-2007. Respecto a los datos de comercio internacional, la Red de Inversiones y Exportaciones del Paraguay (REDIEX), registró en el año 2010 la exportación de 1248,4 toneladas de productos derivados de "palo santo" y en el 2011 de 984,85 toneladas; sin embargo, ese mismo año, World Conservation Monitoring Centre (WCMC-ONU), registró solamente la exportación de 41,596 toneladas, lo que hace una diferencia de más de 1000 toneladas entre los datos proveídos por el ente nacional y el internacional para 2010 y 2011. En este contexto, las poblaciones paraguayas de "palo santo" están sufriendo una importante pérdida de hábitat debido al cambio de uso de suelo forestal (1.311.130 ha de bosque chaqueño deforestado entre los años 2010 y 2014 según Guyra Paraguay, 2014); la ganadería, la explotación no regulada de su madera y los vacíos de información relacionados con el estado de las poblaciones, la dinámica natural de las mismas y los agentes perturbadores, son otros causantes de la vulnerabilidad de la especie (M. Sanjurjo, 2011, com. pers.). Considerando lo expuesto, este trabajo tiene por objetivo determinar cualitativamente, a partir los datos disponibles, el estado de conservación de B. sarmientoi en Paraguay, aportando una información preliminar para la elaboración de un Dictamen de Extracción No Perjudicial (sensu CITES) para su exportación, así como realizar recomendaciones para mejorar el manejo de la especie en el país. Los datos poblacionales utilizados en este trabajo, las observaciones interespecíficas y el estado de conservación del hábitat se obtuvieron de la propuesta de inclusión de "palo santo" en el apéndice II (Mereles & Pérez de Molas, 2007), de dos parcelas de una hectárea localizadas en el centro de la región chaqueña (22° 45′ 32,2′′ S, 61° 07′ 03,7′′ W y 23° 22′ 01′′ S, 60° 28′ 20,8′′ W) y del monitoreo de la deforestación del Chaco (Guyra Paraguay, 2014). Los datos de distribución general (ver mapa de distribución de Bulnesia sarmentoi; Fig. 1) se obtuvieron de las colecciones depositadas en los herbarios de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Asunción (FCQ), del Museo Nacional de Historia Natural del Paraguay (PY) y de la base de datos del Missouri Botanical Garden [URL]. Adicionalmente aportaron datos sobre el manejo, la comercialización y la exportación de la especie, la Federación Paraguaya de Madereros (FEPAMA), la Red de Inversiones y Exportaciones (REDIEX), el Banco Central del Paraguay (BCP), el Instituto Forestal Nacional (INFONA) y Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI). Finalmente se realizaron entrevistas a autoridades nacionales relacionadas como la Autoridad Científica CITES en la Secretaría del Ambiente (SEAM), el INFONA y profesionales forestales nacionales (Céspedes, 2011). Listado de verificación para ayudar a formular dictámenes de extracción no perjudicial La valoración del estatus de conservación de la especie se hizo mediante el método denominado Checklist to assist in making non-detriment findings for Appendix II exports (Rosser & Haywood, 2002). Dicho método se basa en la utilización de datos cualitativos, fundamentando las dificultades en el desarrollo de criterios "duros" para el uso sostenible, aplicables a una gama amplia de táxones y a ecosistemas diversos. Consiste en una lista que ayuda a identificar los factores necesarios para formular un Dictamen de Extracción No Perjudicial o "cuotas" (cantidad máxima de extracción de la especie en su medio). Es el método empleado por la Convención CITES; y ayuda a las Autoridades Científicas de los países miembros de la Convención a comprender los puntos fuertes y débiles de la información que existe a su disposición. La metodología propuesta organiza la información de manera gráfica, y resume de forma sencilla la situación de la especie, lo que permite comparar dictámenes de extracción no perjudicial con los de otros países, para especies similares o artículos similares, que son objetos de comercio. El método incluye dos etapas: Análisis de los aspectos relacionados con la cosecha, la extracción, la biología, el control, la gestión, la vigilancia, los incentivos y la protección de la especie. Consiste en esquematizar la información disponible en una tabla-guía elaborada exclusivamente para especies vegetales, donde se colocan los datos obtenidos en las filas correspondientes a cada tema. Evaluación de los resultados obtenidos sobre la investigación de la historia natural y la gestión a nivel nacional de la especie. Los parámetros que se tienen en cuenta son los siguientes: formas de vida, potencial de regeneración, eficacia de la dispersión, hábitat, distribución, abundancia, tendencia de la población, calidad de la información, amenazas, extracción, comercio ilegal, historia de la gestión, plan de gestión, régimen de cosecha, cupos, control de la cosecha, confianza de la cosecha, protección del efecto de la cosecha, efectividad de las medidas de protección estrictas y reglamentación del esfuerzo de cosecha. Ambas etapas priorizan la información referida a la explotación comercial sobre la cual se basa la sostenibilidad, o no, de la especie. Posteriormente se realiza la sistematización de los datos y se genera un gráfico con las respuestas, que a medida que se agregan los datos da lugar a un área central coloreada. Cuando la extracción no es perjudicial, la mayoría de las respuestas se ubican en las áreas de cautela y quedan representadas hacia el centro del círculo; por el contrario, si las respuestas ocupan áreas más periféricas del gráfico, indican la no sostenibilidad de la extracción de la especie. En la Fig. 2 se presenta el diagrama radial con las variables ordenadas y puntuadas de acuerdo a la tabla predeterminada de la checklist (Rosser & Haywood, 2002). Los puntos que se observan en la periferia del círculo corresponden a los criterios más preocupantes. Del estudio de la figura anterior puede deducirse lo siguiente: del régimen de cosecha en la planificación del manejo es el manejo/control de la población y maximizar el rendimiento económico; la cosecha se basa en un sistema de cupos por propiedad, no a nivel nacional ni con fundamento biológico, por lo que los cupos en curso se consideran "inciertos". Control de la cosecha: el porcentaje de la cosecha legal nacional que proviene de áreas protegidas controladas por el Estado es nulo. La cosecha legal nacional proviene de fuera de las áreas protegidas, que cuentan con controles locales sobre el uso del recurso. No hay cosecha legal nacional en áreas donde no hay ningún control local firme; por lo tanto, hay una alta confianza en la gestión de la cosecha. Vigilancia de la cosecha: el principal método utilizado para vigilar la cosecha es la fiscalización del plan de uso de la tierra y el principal método utilizado para vigilar los efectos de la cosecha es la estimación directa de la población. La confianza en la gestión de la cosecha es insuficiente debido a que no se cuenta con presupuesto necesario para fortalecer los controles. Incentivos y beneficios de la cosecha: el uso comparado con otras amenazas es altamente negativo debido a que la especie y sus derivados son clasificados como producto de desmonte y comercializado de esta manera, lo que beneficia económicamente al productor, pero no así a la especie. No existen incentivos para la conservación de la especie a nivel nacional. Sin embargo, los incentivos para la conserva- En la figura derivada del método Checklist to assist in making non-detriment findings for Appendix II exports aplicado a sarmientoi se puede observar que numerosos criterios están valorados en la parte periférica del gráfico, por lo que puede deducirse que la cosecha de la especie no es sostenible y, por tanto, el estado de conservación de B. sarmientoi podría ser preocupante. Además, la información consultada indica que las áreas boscosas en donde se encuentra la misma están siendo reemplazadas por otros sistemas productivos (principalmente agroindustriales), y que la especie, a pesar de su estatus de conservación, sigue siendo recolectada. Sus características biológicas, tales como el crecimiento extremadamente lento, contribuyen a la gravedad de la extracción, principalmente el hecho de que no existe suficiente información acerca de la dinámica natural de la especie (regeneración y mortalidad), lo que no garantiza que las poblaciones Figura 2. Visualización del estado de conservación de la especie Bulnesia sarmientoi mediante la metodología UICN para dictámenes de extracción no perjudicial (Rosser & Haywood, 2002). G. CÉSPEDES, F. MERELES & R. M. NAVARRO-CERRILLO naturales puedan recuperarse con el régimen actual de cosecha. A escala global, el "palo santo" está considerado como una especie en Riesgo Bajo/dependiente de conservación por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, 2016) en su Lista Roja de Especies Amenazadas (evaluación ya obsoleta que data de 1998, cf. World Conservation Monitoring Centre, 1998). Sin embargo, son varias las causas por la que B. sarmientoi en Paraguay está en riesgo de extinción local. A pesar de que la explotación comercial está regida por planes de manejo asociados a cada superficie boscosa aprobada por la autoridad de aplicación, no existe un tope comercial de volumen o densidad, establecido a nivel nacional. Los estudios poblacionales de los que se dispone no permiten conocer el estado actual de las poblaciones de la especie. Argentina tampoco pudo recabar inicialmente toda la información necesaria para la inclusión de la misma dentro del Apéndice II, por lo que, a modo de precaución, solicitó la inclusión de la especie dentro del Apéndice III de la Convención CITES. Esta medida otorgó más tiempo a los países del área de distribución para generar información detallada sobre la especie, haciendo énfasis en los datos requeridos por la Convención. Se recuerda aquí que los Apéndices I, II y III de la Convención reflejan correctamente las necesidades de conservación de las especies, y es así que en el año 2010 Argentina presentó la propuesta de inclusión de la especie B. sarmientoi dentro del Apéndice II, con todos los requisitos necesarios que exige la CI-TES. En Paraguay aún no se han generado datos necesarios para la elaboración de un dictamen de extracción no perjudicial. Se deben fortalecer los trabajos de investigación relacionados con la gestión y el monitoreo de usos de la especie. Un aspecto preocupante es la evidente debilidad en el sistema de control de la extracción y de la comercialización, no así en las condiciones necesarias para la extracción, que parecen ser favorables y correctas. Esto se debe a que la parte utilizada de la planta es la madera, por lo que se necesita un diámetro apropiado para su aprovechamiento. Los permisos para exportar la especie son otorgados sin ninguna seguridad de que con el régimen actual de cosecha ésta sea sostenible, ya que no se realizan controles cruzados (Contraloría General de la República, 2008). En cuanto al sistema de monitoreo, no se cuenta con un método eficiente para controlar la cosecha por parte de la autoridad de aplicación, debido a la falta de presupuesto asignado para ello, según la autoridad científica de CITES en Paraguay (Céspedes, 2011); la falta de vigilancia constituye una de las debilidades del proceso. La exportación y comercio de la madera generó un ingreso promedio de 83 millones de dólares anuales, durante los últimos 12 años (Céspedes, 2011). El incremento de las exportaciones es favorable para la economía del país; sin embargo, es preocupante desde el punto de vista de la conservación, ya que especies amenazadas incluyen el stock maderero y el "palo santo" no está excluido. Por último, el comercio ilegal de madera es frecuente en los países sudamericanos, y Paraguay no es la excepción; sólo podría combatirse con la implementación de un sistema de control regional más fortalecido, siendo necesario para ello un presupuesto acorde dentro de cada país para capacitar a los fiscalizadores y aumentar la cantidad de los mismos. Según Viveros Cabaña (2005), la comercialización ilegal es posible por la ausencia de eficientes sistemas de control y por la corrupción dentro del sector forestal, no estando los mecanismos de implementación diseñados en atención a su aplicación sencilla, resultando fomentada la burocracia y, por ende, la facilitación de la cadena de corrupción. Otra de las observaciones realizadas durante la toma de datos, que coincide con el informe del Ministerio Público, es que las cifras de exportación de la especie y sus derivados varían de una institución a otra, por lo que puede deducirse que "el marco legal y el método de control no son lo suficientemente efectivos" que deberían y que la explotación ilegal a la que se encuentra sometida la especie, más el desconocimiento técnico en manejo, no garantizan la sostenibilidad de la misma. El método de evaluación cualitativa del estado de conservación de la especie utilizado en este trabajo permite una primera aproximación al estado en que se encuentra el "palo santo" en Paraguay, aunque se carece de información detallada, y ayuda a elaborar en forma preliminar un Dictamen de Extracción No Método cualitativo para la determinación del estatus de conservación de Bulnesia sarmientoi (Zygophyllaceae) Perjudicial de la misma. La gravedad del estado de conservación de la especie merece una mayor atención por parte de las autoridades correspondientes. Actualmente, la gestión a nivel nacional comprende la elaboración de estrategias para controlar la exportación de los productos a través de guías de identificación, la determinación de métodos más idóneos para identificar el aceite esencial y la madera, y la realización de los estudios biológicos correspondientes para establecer los cupos de exportación, que aseguren que el comercio de la especie no llevará al detrimento de la población. Se recomienda realizar los trabajos científicos tendentes a generar datos ecológicos y poblacionales en general, incluyendo tasas de natalidad y de mortalidad, ya que únicamente los censos sobre una superficie determinada son insuficientes. Además, se deben promover políticas especiales para el "palo santo", como por ejemplo el que se realiza con una especie amenazada, regular su diámetro de corta (actualmente es de un DAP > 30 cm), pues evidentemente tanto las características intrínsecas de la especie, los de información y la falta de estudios poblacionales la presentan como muy vulnerable. Otra recomendación es la actualización de la evaluación de esta especie en la Lista Roja de la UICN, ya que se disponen de nuevos datos, de unos casi 20 años más desde la última evaluación en 1998, considerando la disminución o declive de las poblaciones y la vigencia de acuerdos legales en varios países y en CITES. Dicha evaluación sería complementaria a la establecida en el presente artículo. Juana De Egea, MSc, por la revisión del texto y la corrección en el idioma inglés.
Además de ser este territorio un importante centro de especiación del género, la frecuente hibridación entre sus especies aumenta muy considerablemente la diversidad vegetal observada y registrada para esta zona geográfica (Font Quer, 1921; Rivera & Obón, 1991; Barber et al., 2007; Morales, 2010). Este género ha sido estudiado por diversos autores, aportando importantes avances a su conocimiento, y aunque resulta en la actualidad un grupo vegetal bien conocido, todavía aparecen interesantes novedades inéditas propias de ser puestas en común. Con motivo del estudio de la variabilidad de algunas especies del género Sideritis presentes en el este peninsular ibérico, y continuando los trabajos que recientemente han sido publicados como resultado de nuestras investigaciones y conclusiones (Ferrer-Gallego et al., 2017; Oltra-Benavent & Ferrer-Gallego, 2017; Roselló et al., 2017), en la presente comunicación se aborda la descripción de un nuevo híbrido que hasta la fecha permanecía inédito pero que ya fue advertido por Carlos Pau hace prácticamente un siglo. En el texto un tanto especulativo en que aparece la primera mención de Carlos Pau a esta planta (Pau, 1919: 56), su descubridor sugiere primero su naturaleza hibridógena "resultado de una combinación", para referirse a ella a continuación como una variedad de S. tragoriganum Lag. "Frente a una venta o ventorillo existente a mano izquierda del camino, descubro una Sideritis que llevado de la primera impresión, me pareció resultado de una combinación, entre las Tragoriganum y spinulosa: estudiada en casa y comparándolas con las de mi herbario, hoy me parece que no es más que una variedad (Pertegasi) nueva; ya que las espigas y verticilastros no aluden para nada ni nos recuerdan los de la S. spinulosa [sic]". Es importante recalcar que en el párrafo anterior, cuando menciona S. spinulosa Barnades ex Asso, se está refiriendo en todo momento a S. sub spinosa Cav., a la que trata con rango varietal: "... La Sideritis spinulosa Barnades var. subspinosa (Cav.). Font Quer se encuentra desde Ulldecona hasta el río Mangraner; pero, siempre escasa y en pies aislados. En Corachar y Peñarroya se vuelve a encontrar algo diferenciada [sic]" (Pau, 1919: 56). Hemos localizado un pliego del herbario de Pau, conservado en Madrid (MA 101104) (Fig. 1), procedente de Ulldecona (Tarragona), en cuya etiqueta, de puño y letra de Pau se lee: "Sideritis Pertegasii Pau / Sid. Otro material original de Pau, duplicado del conservado en MA, se conserva en el Institut Botànic de Barcelona (BC 74041) con una etiqueta original manuscrita de Pau, en la que se lee: "× Sideritis Pertegasii Pau n. / (subspi nosa × tragoriganum) / La Cenia et inter Ulldecona / 22-VI-1917". Por lo que se ve, en el momento de escribir estas etiquetas su opinión se decantó a favor del carácter híbrido del espécimen. Sin embargo, esta planta nunca fue publicada junto a una descripción o diagnosis, por lo que se trata de un nomen nudum. Consideramos que este fue el material original de Pau al que se alude en su opúsculo, y de esta misma opinión es Morales (2010: 288), cuando en la sinonimia de S. spinulosa × S. tragoriganum se refiere a S. ×pertegasii Pau, in sched., nom. nud. Tras el estudio de dicho material, en nuestra opinión la naturaleza híbrida de S. ×pertegasii es obvia, al igual que creemos que es atinada la identidad que Pau sugirió para sus progenitores, aunque tras cien años transcurridos desde la primera mención de este híbrido, el conocimiento más profundo que hoy se tiene del complejo S. tragoriganum obliga a hacer alguna precisión. En primer lugar, la planta supuestamente progenitora a la que corresponde S. tragoriganum que indica Pau, hoy creemos que se trata de S. tragoriganum subsp. juryi (Peris, Stübing & Figuerola) M. B. Crespo & Mateo, como ya se explicaba en un reciente trabajo sobre el tema (Ferrer-Gallego et al., 2017), al que nos remitimos para todo lo referente a este taxon, que en su corología más septentrional es de distribución Valenciano-Tarraconense. En relación con el otro progenitor, discrepamos de lo indicado por Morales (2010: 246) cuando lleva S. subspinosa Cav. a la sinonimia de S. spinulosa. Así, creemos que refleja mejor la diversidad territorial del grupo el reconocimiento de la validez del taxon cavanillesiano, aunque sea con rango subespecífico (S. spinulosa subsp. subspinosa (Cav.) Al igual que S. tragoriganum subsp. juryi, la planta de Cavanilles es un endemismo iberolevantino bien caracterizado y diferenciado, propio (Stübing et al., 1999). Se han revisado y analizado numerosos pliegos de Sideritis depositados en los herbarios MA y VAL (acrónimos según Thiers, 2017). Los datos biométricos cuantitativos y los caracteres cualitativos incluidos en la Tabla 1, excepto para el híbrido aquí descrito con base en el material de herbario estudiado, corresponden a los publicados por Morales (2010), así como a observaciones de los autores de este trabajo. Para la nomenclatura sintaxonómica se ha seguido la propuesta de Rivas-Martínez et al. (2011). Sufrútice de 30-40(50) cm, tallos floríferos erectos o prostrado ascendentes de (9)20-30 cm, frecuentemente ramificados en su mitad o tercio superior, de 1-2 mm de grosor, con pelos blanquecinos antrorsos en la parte vegetativa, más largos en la parte florífera, que resulta de aspecto lanuginoso, de color blanco-grisáceo. Hojas lanceoladas o linearlanceoladas, de (8)10-20(23) × 1,5-3 mm, con fascículos axilares abundantes, apiculadas en el ápice, de margen liso o más habitualmente con varios dientes laterales agudos, por lo general no espinosos, hojas basales más pequeñas y con indumento más denso, las demás pelosas por ambas caras, con abundantes glándulas esferoidales, con los nervios muy marcados y prominentes por el envés. Inflorescencia espiciforme, de 3-13 cm de longitud, constituida por (3)5-13 verticilastros, separados entre sí (0)5-15 mm, con hasta (4)6 flores por verticilastro. Brácteas pelosas por ambas caras, pelos mayores en la base, de hasta 0,8 mm, cara abaxial muy glandulosa, con nervios prominentes; brácteas basales ovado acuminadas, por lo general más largas que anchas, de 8-12(17) × (4)6-12 mm, con (0)3-9(10) dientes espinosos por cada lado, de 1-2(3) mm, que suelen llegar muy cerca del ápice (impronta de S. spinulosa subsp. subspinosa frente a S. tragoriganum subsp. juryi) (véase Figs. 2 y 3); brácteas medias anchamente ovadas, en general más anchas que largas, 6-8(9) × 9-12 mm, con (6)7-9(11) dientes espinosos por cada lado, de 1-2 mm, en general sobrepasadas por los cálices. Cáliz 6-7 mm, 2,5 mm de anchura en la boca, dientes del cáliz 2-3 × 1 mm, peloso glanduloso, pelos de hasta 1,2 mm, carpostegiado. Corola amarilla 7-8 mm, labio superior 2,5-3 mm, escotado, labio inferior 1-2 mm, trilobulado, ambos pelosos en la cara exterior. Núculas 2 × 1,5 mm, subtrígonas, dos caras planas y una convexa, oscuras (Figs. Principales caracteres diferenciales entre Sideritis ×pertegasii y sus progenitores. Datos procedentes de observaciones personales de los autores y lo publicado por Morales (2010). Eponimia: Dedicada en la etiqueta de un pliego de herbario por Carlos Pau a su amigo Joan Pertegàs, farmacéutico de La Sénia (Tarragona), compañero de estudios y andanzas botánicas. En el herbario de José Borja, conservado en el Jardí Botànic de la Universitat de València (VAL), hemos encontrado unos interesantes pliegos procedentes de Benicarló, localidad castellonense próxima a Ulldecona, locus classicus de S. ×pertegasii, situado al sur de Tarragona. Algunos de estos pliegos pertenecen sin lugar a dudas a S. ×pertegasii, aunque Borja se mostró prudente en su identificación, inclinándose por determinar el material como S. tragoriganum. Si bien en otros casos se aproxima más a la interpretación actual, como por ejemplo cuando interpreta el pliego VAL 31179 como S. tragoriganum × S. spinulosa (Fig. 2). Es importante mencionar que en el momento de la recolección de estos materiales todavía no se había descrito S. juryi, y S. subspinosa se consideraba una variedad de S. spinulosa, razón tal vez por la que Borja no le otorgara importancia más allá de la sinonimia al taxon cavanillesiano. Algunas recolecciones de Benicarló encajan en S. ×pertegasii, aunque como suele ocurrir en los especímenes de origen hibridógeno, existe una variabilidad bastante acusada según el peso de uno u otro progenitor, la polaridad de la hibridación, etc. Hemos ilustrado uno de estos ejemplares (Fig. 2) en donde se aprecia un tallo florífero trífido, con una parte vegetativa mucho más larga que la florífera, y con espigas de verticilastros relativamente cortas; las hojas son de borde liso cuando lo habitual es que sean dentadas; en la rama central se aprecia una anomalía: algunos verticilastros basales se apiñan (carácter de S. spinulosa subsp. subspinosa) (véase Fig. 3) mientras que los otros permanecen distantes (como en S. tragoriganum subsp. juryi). En general las plantas son más robustas que el tipo de Pau, con cálices más grandes y próximos a S. spinulosa subsp. subspinosa, y de dientes mayores. Otro de los pliegos de Benicarló (VAL 31813) en nuestra opinión puede atribuirse a S. ×pertega sii, aunque pueda haber introgresión de un tercer elemento, como ya sospechaba el propio Borja en una etiqueta manuscrita conservada en el pliego: "Hemos observado en este mate-/ rial de Benicarló, que los ejem-/ plares de porte prostrado erguidos / llevan hojas con dientes espinosos / y sospechamos si la tragoriga-/ num que es la general en esa / región estará hibrida [sic] con la / S. spinulosa Barnad. de zonas veci / nas. Además el ejemplar adjunto tiene los ejes de la inflorescencia / gruesos lo que hace sospechar / si interviene en este híbrido / la S. hirsuta. Este híbrido S. hirsuta / por S. tragoriganum es muy frecuente en Castellón [sic]".
M. C. Barceló, la Dra.
El género Limonium Mill. (Plumbaginaceae) constituye un grupo vegetal de gran complejidad taxonómica con varios cientos de especies (ca. Esta complejidad es en parte debida a su biología reproductiva, con reproducción sexual y apomíctica, con frecuentes procesos de hibridación y poliploidía (Georgakopoulou et al., 2006), lo que conlleva la formación de numerosas "microespecies". Como ocurre en los géneros complejos en los que se han descrito numerosos táxones que muestran proximidad morfológica, abordar un estudio taxonómico en profundidad requiere el conocimiento de los materiales originales que fueron empleados por los autores para describir estos táxones. Así, con motivo del estudio de algunas poblaciones de Limonium en la provincia de Teruel, profundizamos en el conocimiento de los materiales originales de algunos nombres de plantas descritas para este territorio. Una de las especies que ha sido tratada es L. aragonense (Debeaux) Font Quer, planta muy próxima a L. ruizii (Font Quer) Fern. Casas, y que resulta ser un endemismo ibérico, que habita en matorrales gipsícolas subnitrófilos, sobre suelos compactados, en zonas semiáridas y secas del piso supramediterráneo (Erben, 1993; López Udías, 2000; López Udías & Fabregat, 2003, 2011). Para esta especie existen exhaustivos estudios que tratan su descripción morfológica (Erben, 1978(Erben,, 1993)). Además, en el detallado trabajo de Erben (1978) Reverch. Este párrafo incluye la exsiccata número 862 de Reverchon, que fue citada en el protólogo, pero ningún pliego concreto para su "Typus", aunque se indica como "Isotypen" un material conservado en el herbario M (Botanische Staatssammlung München, Munich, Alemania), pero sin añadir ninguna identificación concreta de este material que acompañe al acrónimo del herbario, aunque sí el signo de exclamación, lo que indica que este material fue visto por Erben, tal y como puede comprobarse en el apartado correspondiente al material estudiado, donde aparece un ejemplar perteneciente a la exsiccata de Reverchon, pero en una página diferente a la que recoge el apartado específico de tipificación (véase Erben, 1978: 444). La indicación del tipo (como "Typus") satisface ciertamente los Art. 7.9 y 7.10 del International Code of Nomenclature (McNeill et al., 2012) y constituiría una designación de lectótipo efectiva, porque indica claramente el "type element" mencionado en el Art. 7.10 ("... if the type element is clearly indicated...") ya que un elemento puede ser considerado como "... a single specimen or gathering... or illustration..." como se indica en el Art. 40.3, y esta lectotipificación se podría reducir a una sola muestra mediante una lectotipificación de "segundo paso" de acuerdo con el Art. Por otra parte, el material conservado en M (acrónimo según Thiers, 2017) al que se hace referencia con el término "Isotypen", podría considerarse como el lectótipo, ya que un análisis de toda la parte nomenclatural del trabajo de Erben (1978) permite considerar que lo más prudente y apropiado para la estabilidad nomenclatural es la aplicación del Art. 9.9, y tratar el término "Isotypen" como un "error" a corregir. El material conservado en M puede concretamente atribuirse a un especimen que contiene una etiqueta de revisión del propio Erben (M 0173967) y fuera referenciado, como se ha comentado anteriormente, en el apartado de material estudiado "Untersuchte Aufsammlungen" (Erben, 1978: 444). Según lo comentado, cabría la duda de considerar si realmente existe una mención explícita en la designación del tipo nomenclatural (en este caso el lectótipo), o solamente se indica que existe un material duplicado en M del mencionado como "Typus" (a interpretar según lo publicado en todo el artículo como el material que fuera utilizado por el autor original para describir la especie) y del que Erben apunta que no lo vio ("non vidi"). No obstante, independientemente de la decisión que se adoptara, es decir, la corrección a lectótipo del término "Typus" o el de "Isotypen", se podría restringir el lectótipo (en el caso de considerar que no hay una indicación explícita de un espécimen concreto por Erben) a un solo espécimen, pero en el primer caso podría ser elegido entre todos los duplicados que comprende la exsiccata de Reverchon, mientras que en el segundo solo entre los duplicados que se conservan en M. Sin embargo, la mención de un único ejemplar concreto en el herbario M en el apartado de material estudiado, perteneciente a la exsiccata de Reverchon y anotado con el respectivo número de la especie en la exsiccata (862), permite vincular de manera inequívoca el material que se menciona como "Isotypen", aunque en M existen especímenes duplicados de la recolección de Reverchon (ver más abajo). Por otro lado, consideramos importante mencionar que en algunos casos los términos de tipo empleados por Erben (1978) fueron bien aplicados, como por ejemplo el de "syntypen", incluyendo para estos especímenes las diferentes localidades, autores y/o recolecciones que aparecen en el protólogo, y las restringe a una de ellas con el término "lectotypus", acompañado en muchos casos de un pliego de herbario (cf. L. girardianum (Guss.) En consecuencia, en estos casos aparece una declaración concisa del autor para restringir a un material el tipo nomenclatural mencionado dentro del apartado "typus". No obstante, aparece de manera implícita en toda la obra el sentido del término "isotypen" empleado por Erben como material duplicado, tanto de los holótipos, como lectótipos o del material que el autor considera de manera genérica como "typus", y que en algunos casos podría corregirse a lectótipo y en otros a holótipo. Asimismo, es preciso comentar que, en los nombres para los que Erben no vio el material considerado por él como "typus", suele mencionarse material de herbario dentro del término "isotypen", y en estos casos no existe otra opción que la de aplicar la corrección del término "isotypen" a lectótipo según el Art. 9.9, siempre y cuando exista un solo espécimen mencionado como "isotypen", ya que para algunos nombres esta corrección no se puede aplicar por incluir dentro de "isotypen" más de un espécimen en más de un herbario (cf. Statice fraterna Sennen & Pau, L. tremolsii (Rouy) Erben, L. delicatulum (Girard) O. Kuntze [sic]). Así, en este último caso, se podría considerar el material indicado como síntipos, pero solo cuando la recolección hubiera sido citada en el protólogo, ya que el término "isotypen" fue empleado también ampliamente por Erben para referirse a duplicados de los holótipos de las especies descritas por él en la misma obra (Erben, 1978); o por otra parte, considerar el material indicado como "isotypen" como duplicados del lectótipo, cuando se corrigiera a este término el empleado por Erben como "Typus". Mencionar además que, como ocurre para el caso de L. aragonense, también debería de aplicarse el Art. 9.9 para la "corrección" del término empleado para designar el tipo a otros muchos nombres que aparecen en la misma situación (cf. L. eugeniae Sennen, L. coincyi Sennen, Statice flexuosa Sennen, S. diegoi Sennen, S. multiramea Sennen, L. stephani Sennen, S. salmonis Sennen & Elias [sic]), aunque en otros casos la corrección del término a lectótipo (u "holótipo") debería de aplicarse al de "Typus" o incluso al de "Syntypen" y no al de "Isotypen" (cf. L. eugeniae, L. coincyi, L. ruizii, L. stephani, Statice stigera Bub. [sic]) aunque para la mayoría de los nombres aparezcan los especímenes indicados solo por el acrónimo de un herbario y/o acompañados a menudo con la frase "non vidi". SOBRE EL MATERIAL ORIGINAL DEL AUTOR Y LA TIPIFICACIÓN DEL NOMBRE LIMONIUM ARAGONENSE Hemos localizado en diferentes herbarios (BC, BM, G, JE, M, MA, P [acrónimos según Thiers, 2017]) varios pliegos con material de L. aragonense re-colectado por Reverchon en julio de 1893 en la localidad citada en el protólogo, gran parte de ellos identificados también con el número 862 de la exsiccata de Reverchon citada en el protólogo. En los pliegos en los que aparece la etiqueta impresa original con el número de la exsiccata se lee: "Elisée Reverchon -Plantes d'Espagne / Province de Teruel -1893 / No 862 Statice aragonensis O. Debeaux / Sp. nov. in litt. Estos especímenes son por tanto síntipos (Art. Además, existen otros especímenes que coinciden con la fecha, el lugar de recolección y el recolector que aparece en la exsiccata de Reverchon, pero no están identificados con el número 862. En este sentido, cabria la opción de considerar así que Debeaux mencionó en el protólogo parte de una recolección, aunque todos los ejemplares que comprenden la recolección son síntipos (Art. Nota 1) y en consecuencia material original. Entre el material localizado perteneciente a la recolección de Reverchon, en el herbario BM se conserva un pliego (BM 000752188) que contiene diez plantas y la citada etiqueta impresa correspondiente a la exsiccata de Reverchon. En el herbario G se conserva un pliego (G 00440197) con tres plantas y la etiqueta de Reverchon, igualmente original como la anterior. En el herbario de la Universidad Friedrich Schiller de Jena (JE) se conservan dos especímenes (imágenes disponibles en: http://herbarium.univie.ac.at/database/results.php): el pliego JE 0001173, que contiene tres plantas bien desarrollas, y la etiqueta de Reverchon impresa; y un segundo pliego JE 0001172, con otras tres plantas y restos de inflorescencias en un sobre, y una fotocopia de etiqueta de Reverchon; ambos pliegos están identificados con los números romanos "I" y "II" (impresos en el pliego), respectivamente. En el herbario M se conserva un pliego (M 0173967) con ocho plantas, la etiqueta original de la exsiccata y una etiqueta de revisión de Erben de 1972. Sin embargo, estos dos pliegos no están identificados con el número 862 de la exsiccata de Reverchon. El pliego M 0173969 contiene tres plantas y una etiqueta impresa: "Dr. C. Baenitz, Herbarium Europaeum. Teruel; Sierra de Valacloche. / 7. Aunque este material no está identificado con el número de la exsiccata, el material está identificado con el mismo lugar, recolector y fecha de recolección citada en el protólogo, y en consecuencia forman parte de la misma recolección y deben de ser considerados como síntipos (Art. Por otra parte, en el herbario P se conserva un pliego con una pequeña planta de esta especie y una etiqueta impresa: "Societé Française, 1929 / Exsicc. Asimismo, se conserva en BC un pliego (BC 54167) que contiene una planta y la misma etiqueta que el pliego conservado en P. También, en el herbario MA se conserva un pliego que contiene cuatro plantas y una etiqueta manuscrita por Carlos Pau "Statice aragonensis Debeaux / Valacloche, Julio 1893. / Reverchon! (rara!) / C. Pau" (m. Aunque en la etiqueta de estos pliegos no aparece el número de exsiccata de Reverchon, coincide el autor, lugar y la fecha de recolección de los especímenes con el protólogo, en consecuencia se trata de parte de la recolección y por tanto síntipos (Art. Por último, también en el herbario P se conserva un pliego con una planta de esta especie y una etiqueta manuscrita, en la que se lee: "Herbier E. Drake (impreso) / Statice aragonensis Debeaux / sp. nov. / Teruel, Coubla [Cubla] sur falaises sèches / 800 m Juillet -Rare" y con una letra distinta aparece manuscrito "E. Reverchon. La localidad de Cubla está muy próxima a Valacloche pero, aunque el número de exsiccata es el mismo (862), este material no puede ser considerado como original, ya la fecha es posterior a la publicación del protologo, y no coincide tampoco el lugar de recolección del material según lo que aparece anotado en la etiqueta con lo publicado en el protólogo.
Igualment regraciem les Dres.
T. corymbosum subsp. daucifolium (Pers.)
Asclepias curassavica L. (Fig. 1A) (Apocynaceae). F. M. Knuth (Fig. 2A) (Cactaceae). Leucaena leucocephala (Lam.) de Wit (Fig. 3C) (Fabaceae).
Los nombres Bellis pappulosa, Carduncellus hispanicus, Centaurea bombycina, Erigeron frigidus y Senecio quinqueradiatus (Compositae) estuvieron inicialmente propuestos por Edmond Boissier en etiquetas de pliegos de herbario, pero la descripción de estas especies fue realizada por Augustin Pyramus de Candolle en 1838 dentro del apartado Mantissa Compositarum del volumen séptimo de su Prodromus. Por tanto, la autoría de estos nombres debe ser citada como "Boiss. ex DC." o "DC." (véase lo dispuesto en el Art. Por el contrario, Burdet et al. (1983), interpretaron que estas especies fueron descritas por Boissier en el Prodromus de Candolle (1838), y en consecuencia la autoría fue indicada como "Boiss. in DC.", al tiempo que designaron como "lectótipos" plantas del ex herbario de Boissier depositadas en el herbario G (G-BOIS) del Conservatoire et Jardin Botaniques de la Ville de Genève 1. En este sentido, añadir que en el Elenchus plantarum novarum de Boissier (1838: 59, 61, 62), para las cinco especies arriba mencionadas aparece la autoría como "Boiss. in Dc. (o "Dec.") prod. VII, p. [...]", especificando el autor en la página IV del prefacio de su obra que "Compositarum mearum in Prodromo Candolleano jam descriptarum phrases specificas hic dare inutile censui et nomina tantum indicavi". Los "lectótipos" designados por Burdet et al. (1983) han sido aceptados por varios autores (ver detalles más abajo para cada uno de los nombres tratados). Desafortunadamente, a pesar del minucioso e importante trabajo realizado por estos autores en la designación de los tipos de los nombres de 1 El primer viaje de Pierre-Edmond Boissier a Andalucía lo realizó en 1837, partiendo de Ginebra en el mes de marzo de ese año, y regresando a Suiza a comienzos de 1838. No regresaría a la Península Ibérica hasta 1849, momento en el cual realizó su segundo viaje por el sur de España, visitando también el norte de África (González Bueno, 2010). Los resultados de su primer viaje se publicaron en 22 fascículos que conformaron una excelente obra en dos volúmenes titulada Voyage botanique dans le midi de l 'Espagne pendant l' année 1837... No obstante, apenas unos meses antes (abril 1838) de que viera la luz el 17 de junio de 1839 el primero de los fascículos, su maestro, Augustin Pyramus de Candolle (1778Candolle ( -1841)), quien le influyera en la elección de Andalucía como territorio de estudio del botánico ginebrino, había incluido en su Prodromus (Candolle, 1838) algunas de las Compuestas andaluzas recolectadas por Edmond Boissier (Burdet et al., 1982). plantas publicados por Boissier, la designación de los "lectótipos" de los nombres arriba mencionados no puede ser aceptada de acuerdo a lo dispuesto en el Art. 9.3 del ICN, ya que los protólogos fueron realizados por Candolle a partir de los materiales que le enviara Boissier con sus respectivas etiquetas, los cuales fueron asimismo mencionados en los respectivos protólogos junto con la indicación del herbario donde se conservaban. Estos materiales en la actualidad se conservan en el herbario del Conservatorio y Jardín Botánico de Ginebra (G-DC). En los protólogos de estas cinco especies (véase Candolle, 1838) se incluye junto al nombre del nuevo taxon la indicación "(Boiss.! inéd.)", seguida de la descripción morfológica de la planta, la procedencia de los materiales y el nombre del recolector "legit cl. Boissier!", y siempre acompañado de la siguiente indicación: "v. s. à cl. inv.", lo que permite conocer que el único material citado es el que se conservaba en el herbario personal de Candolle; ya que "v. s. [vidit sicco] à cl. [clarísimo, concienzudo, sabio] inv. [inventore, en referencia al descubridor de la especie]". En este sentido, Candolle indica en el prefacio de su Prodromus que la abreviatura "v. s." señala explícitamente que los materiales están en su herbario "Omnes species ex speciminibus in herbario meo asservatis descriptse, designantur solito signo (v. s.)..." [Todas las especies descritas a partir de especímenes de mi herbario, son señaladas por un signo habitual (v. s.)] Es preciso mencionar que, para todas las especies arriba indicadas, el material enviado por Boissier a Candolle y conservado en G, ex herbario del Prodromus (G-DC), es parte del material recolectado por Boissier, la mayoría conservado en G-ex herbario E. Boissier, G-ex herbario Reuter-Barbey, y G-ex herbario Moricand, además de otros materiales repartidos por diversos herbarios del mundo. Consideramos importante matizar que, de calificar el material que compone las recolecciones citadas por Candolle en el protólogo como síntipo, tal y como parece que fuera considerado por Burdet et al. (1983), éste estaría compuesto por todos los especímenes que comprenden las recolecciones (ICN Art. Nota 2), tanto los conservados en el herbario de Boissier como los del herbario de Candolle, además de todos los duplicados repartidos por el resto de herbarios. En consecuencia, todos los duplicados de cada una de las recolecciones, o parte Precisiones sobre los tipos de varios nombres de plantas descritas por Candolle Boissier. No obstante, en el material conservado en el herbario de Candolle, el año 1838 está siempre acompañado de la anotación "M. Ed. Boissier", todo manuscrito por Reuter, por lo que esta fecha únicamente indica el año de recepción del material al herbario G. El objetivo de la presente comunicación es indicar los tipos nomenclaturales correctos de Bellis pappulosa, Carduncellus hispanicus, Centaurea bombycina, Erigeron frigidus y Senecio quinqueradiatus, al tiempo que se comentan algunos aspectos relativos a las "tipificaciones" realizadas anteriormente. Asimismo, se menciona el resto del material original (isótipos) que está conservado en otros herbarios o colecciones, pero que no forma parte del usado por Candolle para la descripción de estas especies. Los acrónimos de los herbarios indicados en el trabajo se citan de acuerdo a Thiers (2018). Imagen del holótipo disponible en: http://www.ville-ge.ch/musinfo/bd/cjb/ chg/adetail.php? id=302092&base=img&lang=en. La part comprend 9 isotypes", es decir, un fragmento del especimen con el actual código de barras G00222748 (G-BOIS), en concreto el situado en la mitad izquierda de la hoja (imagen disponible en: http://www.ville-ge.ch/ musinfo/bd/cjb/chg/adetail.php? id=215179&base=i mg&lang=en). Esta designación de lectótipo no es correcta por existir material disponible en G-DC que fuera mencionado por Candolle en el protólogo. Por ello, es necesario hacer una nueva propuesta de tipificación. En el protólogo de Candolle (1838: 276) se incluye junto al nombre de la especie la indicación "(Boiss.! inéd.)", seguido de la descripción morfológica de la planta, una localidad geográfica y el nombre del recolector "in Hispaniae Granatensis monte Mijas alt. En los herbarios de Boissier y de Candolle, ambos en G, existen varios pliegos de B. pappulosa recolectados por Boissier en Mijas. Los especímenes de la colección de Boissier en G-BOIS están identificados con los códigos de barras G00222748 (montados en 4 hojas) y G00222749, y ambos contienen la misma etiqueta impresa (además de otras etiquetas manuscritas por Boissier), en la que se lee: "Herb. (Imágenes disponibles en: http://www.ville-ge.ch/musinfo/bd/cjb/chg/adetail.php? id=215179&base=img&lang=en y http:// www.ville-ge.ch/musinfo/bd/cjb/chg/adetail.php?i d=215180&base=img&lang=en). Una etiqueta original está manuscrita por Candolle: "Bellis pappulosa Boiss! Boissier), que está asociada a una planta y un fragmento (una inflorescencia) con el código G00454051; y (2) "Bellis sylvestris / haut de la Sa de Mijas / alt. Reuter) asociada a dos plantas completas identificadas con el código G00454069 (imagen disponible en: http://www. ville-ge.ch/musinfo/bd/cjb/chg/adetail.php? id=30 2092&base=img&lang=en). No obstante, aunque este material conservado en G-DC está identificado con dos códigos de barras diferentes: G00454051 y G00454069, no existe ningún motivo que justifique que no deban ser considerados como pertenecientes a un mismo especimen procedente de una única recolección (ICN Art. En este sentido, aunque no hay etiquetas cruzadas entre los materiales con distinto código de barras, el material está montado en la misma preparación, es decir, en el mismo pliego de herbario, y la existencia de diferentes códigos se puede atribuir a una práctica de herbario para la identificación del material pero no a la confección de un duplicado. Estos pliegos contienen la misma etiqueta impresa que tiene el material conservado en G-BOIS, y deben ser considerados como isótipos. Holotypus: [España, Almería] "Sa de Gador., in arvis alt. Imagen del holótipo disponible en: http://www.ville-ge.ch/musinfo/bd/cjb/chg/ adetail.php? id=335151&base=img&lang=en). La part comprend deux isotypes", es decir, un fragmento del especimen G00222864 (G-BOIS), en concreto el situado en la mitad derecha de la hoja (el que tiene dos capítulos) (imagen disponible en: http://www.ville-ge.ch/musinfo/bd/cjb/chg/adetail.php? id215406&base=img&lang=en). No obstante, la designación del "lectótipo" de Burdet et al. (1983) no puede ser aceptada, ya que en el protólogo se cita un ejemplar concreto: el recolectado por Boissier y enviado a Candolle, y que en la actualidad se conserva en G-DC. En el protologo de Candolle (1838: 304) se incluye junto al nombre de la especie la indicación "(Boiss.! inéd.)", seguido de la descripción morfológica de la planta, una localidad geográfica junto con el nombre del recolector "in arvis Hispaniae Granatensis ad alt. 5500 ped. in Sierrâ de Gador. legit cl. Boissier!", y la indicación: "v. s. à cl. inv.". Precisiones sobre los tipos de varios nombres de plantas descritas por Candolle En los herbarios de Boissier y Candolle, existen varios especímenes de C. hispanicus recolectados por Boissier en la Sierra de Gádor. El material existente en la colección de Boissier en G-BOIS, identificado con los códigos de barras G00222864 (con 5 hojas) y G00222865, contiene la misma etiqueta impresa en todos los casos, en la que se lee: "Herb. (Imágenes disponibles en: http://www.ville-ge.ch/musinfo/bd/cjb/ chg/adetail.php? id=215406&base=img&lang=en y http://www.ville-ge.ch/musinfo/bd/cjb/chg/adetail. php? id=215407&base=img&lang=en). En la colección de Candolle se conserva un especimen (G-DC, G00486057) que contiene tres tallos con hojas y capítulos, en buen estado de conservación, y tres etiquetas. Una etiqueta original está manuscrita por Candolle "Carduncellus hispanicus Boiss!"; otra etiqueta está manuscrita por Boissier: "Carduncellus hispanicus N. / Affinis C. pectinato Desf. sed folia inferiora ovato / lanceolata et non lineari-lanceolata, multó breviora. (in / pl. Desf. folia inferiora 2-3 decim longa) profundiús dentata / Capituli majores. Desfont."; y la tercera etiqueta está anotada por Boissier "Sa de Gador. / in arvis alt. Estos pliegos contienen la misma etiqueta impresa que tiene el material conservado en G-BOIS. Imagen del holótipo disponible en: http://www.ville-ge.ch/musinfo/bd/cjb/chg/adetail.php? id=339622&base=i mg&lang=en). La part comprend 19 isotypes", es decir, un fragmento del especimen G00223106 (G-BOIS), en concreto el situado en la mitad superior izquierda de la hoja (imagen disponible en: http://www.ville-ge.ch/musinfo/bd/cjb/chg/adetail. php? id=215989&base=img&lang=en). Esta designación de "lectótipo" debe ser rechazada, ya que en el herbario del Prodromus de Candolle (G-CD) existe un único pliego con material de C. bombycina. Además, todo el material del pliego G00223106 pertenece al mismo especimen de esta especie, por lo que no existe motivo alguno para seleccionar tan solo una parte del especimen como tipo (véase ICN Art. En el protologo de Candolle (1838: 302) se incluye junto al nombre de la especie la indicación "(Boiss.! inéd.)", seguido de la descripción morfológica de la planta, una localidad geográfica junto con el nombre del recolector "in Hispaniae Granatensis Sierrâ Tejedá in arenis calcareis alt. En los herbarios de Boissier y Candolle, existen varios especímenes de C. bombycina recolectados por Boissier en la Sierra Tejeda. E. Boissier Nota: En el protólogo de Candolle (1838: 300) se incluye junto al nombre de la especie la indicación "(Boiss.! inéd.)", seguido de la descripción morfológica de la planta, una localidad geográfica junto con el nombre del recolector "ad summa cacumina Sierrae Nevadae Hispaniae in glareosis legit. cl. Ed. En la colección de Boissier del herbario G (ex G-BOIS), solo hemos encontrado un material de E. frigidus recolectado por Boissier en Sierra Nevada, identificado con el código de barras G00223694, por lo que en nuestra opinión, el "lectótipo" seleccionado por estos autores corresponde a la planta la situada en la mitad izquierda de la parte superior del pliego. Este pliego contiene cinco plantas completas y muy bien conservadas, junto con un sobre que contiene pequeños fragmentos de hojas, tallos y capítulos. El pliego lleva además tres etiquetas impresas idénticas, en las que se lee: "Herb. No obstante, esta designación de "lectótipo" debe ser rechazada, ya que en el herbario del Prodromus de Candolle (G-DC) existe material de E. frigidus perteneciente a la recolección de Boissier (con código de barras G00494657) y que debe ser considerado como el holótipo del nombre. Este pliego contiene cuatro plantas completas en buen estado de conservación y cuatro etiquetas, dos de ellas manuscritas, otra impresa de revisión "Erigeron frigidum Boiss. ex DC., Prodr. O Sîda, Praha, 2001", y una en blanco, además de la impresa donde se indica "TYPUS". De las dos etiquetas manuscritas, una de ellas es indudablemente de Candolle "Erigeron frigidum Boiss.!", y la otra pudo ser manuscrita por Boissier o Candolle, o por ambos, además de una anotación de Reuter en la parte inferior de la misma. En esta etiqueta se describe casi fielmente lo indicado por Candolle en el protólogo de E. frigidus, es decir: "Erigeron frigidum N / Aster alpinum var. hispida Lag. et Rodr. ann. sc. nat. / no 15 pag.
Ind. loc.: "Sierra de la Ventana, A. L. Cabrera 4475".
La primera aproximación a la Check-List de los líquenes de la Comunitat Valenciana estableció un catálogo de 569 táxones infragenéricos basado exclusivamente en fuentes bibliográficas que proporcionaron más de 3700 citas (Atienza & Segarra, 1999a). En la actualidad, la Lista Patrón de líquenes y hongos liquenícolas del Banco de Datos de Biodiversidad de la Comunitat Valenciana (BDB-CV; http://bdb.cma.gva.es) alcanza un valor de 909 táxones infragenéricos: 822 hongos liquenizados y 87 liquenícolas (BDBCV, 2017). La intensa labor de prospección desarrollada, especialmente en la última década, constituye la otra fuente de información que ha conducido al conocimiento actual de la biodiversidad liquénica regional. Toda la información florística generada con esta actividad ha sido introducida en el BDB-CV y se encuentra disponible para su consulta virtual. A finales de 2017, las referencias a líquenes y hongos liquenizados acumuladas en esta base de datos ascendían a un total de 44.228 citas georreferenciadas (BDBCV, 2017). El objetivo de este trabajo es contribuir al conocimiento de la flora liquénica de la Comunitat Valenciana, presentando las novedades florísticas más significativas que se han venido encontrando en diferentes campañas realizadas en los últimos años. Este trabajo pretende ser el primero de una serie destinada a mostrar los avances florísticos, biogeográficos y de conservación que se vienen realizando en este territorio. La metodología ha sido la habitual en los trabajos de liquenología. El material fue identificado en el laboratorio con ayuda de las floras liquénicas generales, haciendo uso de monografías sobre algunos géneros y especies concretos que son referenciadas en cada caso y recogidas en la bibliografía. El listado de especies ha sido confeccionado a partir del material recolectado en diferentes campañas de muestreo. Para la nomenclatura y autoría de los táxones se sigue el Index Fungorum (http://www. indexfungorum.org) y a Nimis (2016) para los táxones no confirmados por el primero. Los táxones han sido ordenados alfabéticamente, indicando para cada cita la localidad de recolección, la cuadrícula UTM 1 × 1 km (Datum ETRS89), la altitud, el sustrato, la fecha de recolección, el recolector o recolectores y el número de pliego. Para los táxones recientemente recombinados, se indican los sinónimos previos, cuyo uso se encuentra bastante más extendido. Toda la información se encuentra disponible para su consulta en el BDBCV (http://bdb. cma.gva.es) y en la plataforma de datos de biodiversidad GBIF [URL]. Estas bases de datos incluyen otras observaciones (visto vivo) de las especies incluidas en este trabajo. Además, la primera también permite consultar el conjunto de especies identificadas en la misma localidad. Epífito, preferentemente sobre coníferas, aunque también en planifolios, la encontramos enmarañada entre las ramificaciones terminales más o menos defoliadas de Juniperus communis subsp. hemisphaerica (C. Presl) Nyman y sobre las ramas bajas y más o menos expuestas de Pinus sylvestris Nuevas aportaciones a la flora liquénica de la Comunitat Valenciana (E de España) Juniperus hemisphaerica, 7. Blomb. & Forssell Preferentemente lignícola, sobre madera seca, alterada y expuesta, en tocones y troncos decorticados, también sobre postes telefónicos y vallas viejas. Coloniza con menor frecuencia la corteza de viejos árboles de corteza ácida, principalmente coníferas (Pinus pinaster Ait., P. sylvestris), en hábitats abiertos y bien iluminados. Calicium notarisii se encuentra ampliamente distribuido en las áreas templadas del Hemisferio Norte, aunque en la Península Ibérica resulta bastante raro, con citas dispersas en Madrid, Valladolid, Soria, Teruel, Valencia y Castellón, siempre en localidades continentales en un rango altitudinal entre los 900 y los 1400 m de altitud (Sarrión et al., 1999; Hawksworth, 2004; Pérez-Ortega, 2007; Atienza et al., 2009; Etayo, 2010; Muñiz & Hladun, 2011). (Gaya) Nav.-Ros. & Cl. Roux Saxícola calcícola, crece en paredes verticales y extraplomos de orientación norte, en posiciones protegidas de la escorrentía del agua de lluvia y de la insolación directa, normalmente acompañada por especies de preferencias nitrófilas: Calogaya arnoldii (Wedd.) Especie diagnóstica de Verrucarietea nigrescentis V. Wirth 1980, se incluye entre las características de Caloplacetum arnoldii Clauzade et Roux 1975, comunidad calcícola, más o menos basófila, fotófila, pero no o muy raramente heliófila, marcadamente ombrófoba y nitrófila, con óptimo en el supramediterráneo y en el montano inferior (Roux et al., 2009). En las Hoces del Cabriel (Valencia), aparece en paredes verticales orientadas al noroeste, formando parte de comunidades que se ajustan a las características indicadas y acompañada por V. flavescens, Verrucaria nigrescens Pers., Rinodina immersa (Körb.) L., en un pinar supramediterráneo (Sabino-Pinetum sylvestris Rivas Goday & Borja 1961) bien estructurado y con ejemplares monumentales. El paraje está incluido en la Microrreseva de Flora (MRF) "Pino de Vicente Tortajada", disfrutando de la protección territorial asociada a esta figura (Laguna et al., 2016). Su presencia en estos puntos concuerda con las observaciones de Etayo (1989) que la encuentra confinada en bosques viejos y poco alterados de Navarra. Las aproximaciones filogenéticas más recientes de la sección Implexae del género Bryoria Brodo & D. Hawksw., basadas en datos moleculares y en algunos caracteres químicos y morfológicos, confirmaron la necesidad de revisar la delimitación específica de algunos táxones. Diversas especies y muestras, entre las que se incluye B. capillaris, eran excepciones al marcado carácter monofilético que caracteriza a la mayoría de sus congéneres. En esta especie, los ejemplares analizados se separan en dos subclados que responden a su distribución geográfica (Norteamérica vs. Europa y Asia) y, parcialmente, a los metabolitos secundarios (Myllys et al., 2011(Myllys et al.,, 2014)). Para resolver este conflicto se propone el tratamiento de los ejemplares norteamericanos de B. capillaris como conespecíficos de B. pikei Brodo & D. Hawksw. y se restringe el binomen Bryoria capilaris s. str. al material euroasiático, que queda constituido como un grupo monofilético basado en datos moleculares y caracteres morfológicos (Velmala et al., 2014). Su área de distribución se extiende por la mayor parte de Europa, hasta la Región Mediterránea, y también está presente en Asia boreal y en las zonas más elevadas de Irán, las Islas Azores y las Canarias (Hafellner, 1995; Velmala et al., 2014). En la Península Ibérica, su óptimo se localiza en los bosques de coníferas maduros y estables de la Región Eurosiberiana. En los territorios mediterráneos, aparece de forma más rara y dispersa, restringida a los bosques de coníferas supra y oromediterráneos de los principales sistemas montañosos (Central, Ibérico y Bético), normalmente en áreas con frecuentes vientos húmedos y fríos (Aragón, 2002; Aragón et al., 1999Aragón et al.,, 2001Aragón et al.,, 2006;;Calatayud & Sanz, 2000; Burgaz et al., 2017). Sin embargo, se observan diferencias en cuanto a su posición bioclimática, puesto que todo este tramo del río Cabriel corresponde al piso mesomediterráneo, localmente atemperado por la influencia mediterránea que recibe a través de la cuenca fluvial. Su distribución está mal conocida, probablemente porque pasa fácilmente inadvertida debido a sus reducidas dimensiones. Las referencias previas la sitúan en Austria, Francia y España, donde sólo se conoce en un reducido número de localidades catalanas (Gaya, 2009; Roux et al., 2009). Recientemente descrita para establecer la identidad de los ejemplares referidos a Candelariella unilocularis (Elenkin) Nimis (Otte et al., 2013), se caracteriza por sus grandes apotecios (hasta 2 mm de diámetro), provistos de un reborde talino grueso y persistente, y por sus largas esporas (20-28 μm) con forma de salchicha. Coloniza restos vegetales, musgos epilíticos y suelos calcáreos, con frecuencia como comófito de calizas y dolomías. Los ejemplares estudiados mostraron esta ecología, ocupando las grietas y anfractuosidades de las rocas calizas planas o poco inclinadas que afloran superficialmente en los pastizales vivaces supra y oromediterráneos, en los claros del pinar albar con sabina rastrera (Sabino-Pinetum sylvestris) en la Sierra de Javalambre (Puebla de San Miguel, Valencia), o de pinares negrales [Pinus nigra subsp. salzmanii (Dunal) Franco] de repoblación en zonas menos elevadas en Portell de Morella (Castellón). Se trata de una especie ártico-alpina muy extendida por las altas montañas de la zona holártica meridional (Nimis, 2016). Conocida del Cáucaso, los Alpes y las montañas de centro de Italia, el norte de Escandinavia y en el archipiélago de Nueva Zembla-Rusia septentrional- (Otte et al., 2013; Nimis, 2016). No se conocen citas previas para la Península Ibérica, aunque es muy probable que la referencia a C. aurella var. unilocularis (Elenkin) Zahlbr. de Palencia (López de Silanes et al., 1998) corresponda a esta especie. Se trata de una especie cortícola y lignícola poco conocida, muy próxima a C. atropurpurea (Schaer.) Coloniza los troncos de árboles viejos, tanto planifolios como coníferas, en bosques montanos y boreales (Boom & Palice, 2006; Smith et al., 2009; Nimis, 2016). Muestra preferencia por posiciones poco afectadas por la lluvia, como la parte inferior de las ramas gruesas. El material estudiado ha sido recolectado sobre sabina albar (Juniperus thurifera L.) en los sabinares supramediterráneos continentales (Junipero hemisphaerico-thuriferae Rivas-Martínez 1969) de las montañas del interior de Castellón, a unos 1500 m de altitud, acompañada por Lecidella elaeochroma (Ach.) Extremadamente rara en toda su área de distribución, ha sido clasificada como "Vulnerable" en las Islas Británicas (Woods & Coppins, 2012). Por esta razón, se incluye entre las especies que incrementan el interés general de conservación de los bosques caducifolios en Gran Bretaña, evaluados mediante un nuevo Índice de Continuidad Ecológica (Coppins & Coppins, 2002). También aparece en la Lista Roja italiana de líquenes epífitos con la calificación de "Datos insuficientes" (Nascimbene et al., 2013). No se conocen citas previas para la Península Ibérica. Las referencias que muestra GBIF para Cádiz corresponden realmente a Catillaria praedicta Tretiach & Hafellner (Fos, 1998; Tretiach & Hafellner, 1998). Nuevas aportaciones a la flora liquénica de la Comunitat Valenciana (E de España) España, Castellón: El Toro, Sierra del Toro, Barranco de la Umbría, sobre Juniperus thurifera, 30SXK874193, 1470m, 3.V.1995, Fos (VAL_Lich. W. Mann Saxícola, crece en rocas calcáreas y silíceas básicas, desde esquistos calcáreos hasta calizas y dolomías, en superficies fuertemente inclinadas o extraplomadas, en hábitats húmedos o en posiciones afectadas por la escorrentía durante los episodios de lluvia. Su destacable plasticidad ha estimulado la descripción de numerosas variedades basadas en caracteres morfológicos (Clauzade & Roux, 1985; Heiömarsson, 2001), aunque, en su mayoría, carecen de valor taxonómico en la actualidad. Aparece en un amplio rango altitudinal que se extiende desde el nivel del mar hasta el piso alpino (Egea & Rowe, 1987; Renobales, 1996; Nimis, 2016), aunque en la Comunitat Valenciana sólo ha sido encontrada en áreas interiores meso y supramediterrráneas. Saxícola de rocas calcáreas compactas perteneciente al grupo de Diploschistes actinostomus (Ach.) Zahlbr., constituido por varias microespecies muy próximas y no siempre fáciles de separar, que se caracterizan por sus apotecios con disco punctiforme. De hecho, Etayo (2010) indica que algunas de sus muestras atribuidas a D. actinostomus pueden corresponder al críptico D. candidissimus. Se reconoce por su talo de color blanco fuertemente pruinoso y por sus preferencias calcícolas. El material estudiado ha sido herborizado sobre suelo arcilloso con abundantes guijarros en una localidad cercana a la costa, formando parte de costras liquénicas con Fulgensia fulgens (Sw.) Lumbsch y Psora decipiens (Hedw.) Especie circunmediterránea principalmente distribuida por el sur de Europa, el norte de África y Asia occidental; también está presente en áreas de clima mediterráneo del sur de Australia y en la India. Su presencia en estas zonas ha llevado a proponer una distribución cosmopolita para esta especie (Lumbsch, 1989). Bastante rara en España, sólo ha sido citada en Castilla y León (Pérez-Ortega, 2007), Madrid [Barreno & Merino, 1981 sub Diploschistes calcareus (Müll. Muy similar a Dirina massiliensis Durieu & Mont., con la que está estrechamente relacionada. Se diferencia por su talo más delgado, de color marrón oscuro hasta grisáceo o blanco cremoso, que contrasta con el blanco de D. massiliensis. También difieren en sus preferencias ecológicas: D. fallax únicamente coloniza rocas silíceas y ácidas, mientras que D. massiliensis está estrictamente confinada a las rocas calcáreas. Ambas especies incluyen especímenes sorediados que resultan morfológicamente indistinguibles (Tehler et al., 2013). Los ejemplares recolectados crecían sobre rocas subvolcánicas básicas (ofitas) en acantilados costeros de orientación norte, en comunidades dominadas por Diploicia subcanescens (Werner) Hafellner & Poelt y Roccella phycopsis Ach., donde resultan puntualmente abundantes algunas especies de preferencias nitrófilas, como Xanthoria calcicola Oxner, Caloplaca littorea Tav. y C. marina (Wedd.) Su área de distribución se extiende desde el occidente de la Región Mediterránea hasta las costas atlánticas de Europa y África, desde Suecia hasta Marruecos y las Islas Canarias (Tehler et al., 2013; Svensson et al., 2017). El material recolectado por los autores de la reciente monografía en Almería (Cabo de Gata), Málaga (Punta de la Chullera) y Cádiz (Embalse del Celemín) son las únicas citas conocidas para la Península Ibérica, aunque es probable que las referencias ibéricas a D. paradoxa subsp. africana (Fée) Tehler, localizadas precisamente en el mismo Cabo de Gata (Egea & Llimona, 1984, 1994; Egea, 1989) y en las Islas Columbretes (Castellón) (Calatayud, 1998; Atienza & Segarra, 1999b) correspondan a esta especie, ya que D. paradoxa (Fée) Tehler es una especie caribeña ausente en el Mediterráneo (A. Tehler, com. pers.) y la subespecie africana ha sido incluida como sinónimo de D. monothalamia Tehler & Ertz, especie exclusiva de Cabo Verde y de Senegal (Tehler et al., 2013) (Roux, 1978; Renobales, 1996; Roux et al., 2009). Sin embargo, las localidades donde ha sido herborizada corresponden al piso mesomediterráneo. Diversas fuentes bibliográficas (Navarro-Rosinés, 1992; Nimis, 2016) indican su preferencia por posiciones por las que discurre la escorrentía superficial, comportamiento no observado en los ejemplares estudiados. Especie de distribución principalmente mediterránea, que se extiende por Europa central hasta las Islas Británicas. También se conoce en Norteamérica (Esslinger, 2016). Especie marina, abundante en el horizonte litoral superior hasta la franja inferior del supralitoral, siempre afectada por las salpicaduras de las olas y el hálito marino, tanto sobre rocas calcáreas como silíceas (Renobales, 1996; Paz-Bermúdez et al., 1999, 2005). La acumulación de talos forma un estrato negro continuo característico de este horizonte costero que marca el paso al ambiente terrestre. Esta comunidad corresponde al Verrucarietum maurae Klem. 1955, en la que también aparece con frecuencia Hydropunctaria amphibia (= Verrucaria amphibia Clemente ex Ach.) Ambas especies muestran una elevada variabilidad morfológica que dificulta su correcta diferenciación. Para separar los ejemplares recolectados en la Isla de Tabarca (Alicante), donde conviven sobre las metabasitas de la costa septentrional, se han considerado los caracteres establecidos por Renobales & Noya (1991) para la discriminación taxonómica de ambas especies. Los ejemplares asignados a H. maura presentan esporas más anchas (6-9 μm) y talos con borde delgado (no abrupto) y franja hipotalina de color crema más o menos desarrollada. Los estudios moleculares de las especies marinas de Hydropunctaria C. Keller, Gueidan & Thüs en el noroeste de Europa (Orange, 2012) han confirmado que la delimitación aceptada para H. maura por autores recientes incluye otras especies semicrípticas que han obligado a la tipificación de los táxones conocidos [H. maura y H. aractina (Wahlenb.) Orange] y a la descripción de otros nuevos (H. oceanica Orange y H. orae Orange). Las dificultades para su correcta identificación utilizando únicamente caracteres morfológicos, las discrepancias morfológicas apuntadas y la existencia de una Hydropunctaria sin describir en el litoral mediterráneo (S. Pérez-Ortega, com. pers.) pueden Nuevas aportaciones a la flora liquénica de la Comunitat Valenciana (E de España) plantear dudas sobre la identidad del material estudiado respecto a H. maura s. str. No obstante, se ha decido mantener la identidad de los ejemplares en espera de un estudio pormenorizado que incluya su comparación molecular con material atlántico. Su calificación como especie cosmopolita, frecuente en las costas rocosas de muchas partes del mundo, debe ser revisada con estudios equivalentes en un ámbito geográfico más extenso. En su delimitación actual, se trata de una especie ampliamente distribuida y a menudo abundante en las costas rocosas atlánticas europeas (Paz-Bermúdez et al., 2005; Orange, 2012). Su presencia en el Mediterráneo, donde resulta muy rara y confinada a sustratos silíceos (Nimis, 2016), también debe ser confirmada. Citada con frecuencia en las costas atlánticas y cantábricas españolas (Hladun & Llimona, 2002-2014), no hay constancia previa de su presencia en la costa mediterránea ibérica. Cortícola, parece preferir las comunidades liquénicas sobre viejos árboles caducifolios con cortezas rugosas y enriquecidas en nutrientes, como Sambucus L., Populus L., Sorbus L., Salix L., Buxus L. o Fagus L., normalmente en localidades umbrosas y húmedas (Etayo, 1989; Boqueras, 2000; Reese Naesborg, 2008). El material estudiado fue recolectado sobre un ejemplar añoso de Juniperus thurifera en un sabinar albar (Juniperetum hemispherico-thuriferae) de estructura característica, acompañada por especies de preferencias nitrófilas, como Xanthoria parietina (L.) Diversos autores la han incluido como sinónimo de Lecania cyrtella (Ach.) (Clauzade & Roux, 1985; Smith et al., 2009) y así se recoge en el Index Fungorum; sin embargo, los resultados moleculares y morfológicos confirman su validez como especie independiente (Reese Naesborg, 2008), caracterizada por sus ascos con 12-16 esporas. El criterio taxonómico propuesto en estas obras básicas ha condicionado una escasez de datos florísticos que impide conocer su distribución general, aunque probablemente esté muy extendida por toda Europa (Nimis, 2016). En España, sólo ha sido citada expresamente en Tarragona (Boqueras, 2000) y Navarra (Etayo, 1989), aunque es muy probable que algunas de las numerosas referencias a Lecania cyrtella (Hladun & Llimona, 2002-2014) correspondan a este taxon. Lecanora rupicola subsp. subplanata (Nyl.) Saxícola sobre rocas silíceas y metamórficas, coloniza superficies de poco a muy inclinadas, incluso extraplomadas, en posiciones bien iluminadas, aunque no expuestas a la radiación solar directa, y algo enriquecidas en compuestos nitrogenados (Egea & Llimona, 1984; Hladun, 1985). El material ha sido herborizado en la Sierra del Toro (SO de Castellón), un área dominada por los sustratos de naturaleza caliza, en la que, no obstante, son frecuentes las areniscas superficialmente descarbonatadas por efecto de las lluvias. Sobre este tipo de sustrato convive con otras especies de óptimo silicícola [Xanthoparmelia gr. pulla, Rhizocarpon geographicum (L.) DC.] y con elementos calcícolas típicos [Acarospora cervina A. Massal., Circinaria calcarea (L.) La filogenia molecular del grupo de Lecanora rupicola (L.) Zahlbr. de Grube et al. (2004) no aclara el valor taxonómico de las cuatro subespecies de Lecanora rupicola establecidas por Leuckert & Poelt (1989) en función de los metabolitos secundarios que presentan. Lecanora rupicola subsp. subplanata se caracteriza por la presencia en la médula de ácido tiofánico, responsable de la reacción positiva al hipoclorito (C+ y KC+ naranja). Distribuida de forma dispersa por el continente europeo, su área se extiende hasta Oriente próximo (Galun & Mukhtar, 1996; John et al., 2004; Oran et al., 2018). J. R. Laundon ex Ahti Especie subtropical templada a húmeda que coloniza principalmente superficies calcáreas fuertemente inclinadas o extraplomadas, aunque también crece sobre musgos epilíticos y en la zona baja de viejos troncos de forófitos muy diversos, incluso coníferas (Boqueras, 2000; Etayo, 1989Etayo,, 1990;;Nimis, 2016) y, ocasionalmente sobre rocas silíceas (Terrón et al., 2000), penetrando incluso en entornos urbanos (Marcos Laso, 2001). Entre las muestras estudiadas, también se encuentran ejemplares terrícolas. Estos datos sugieren una elevada amplitud ecológica que le permite colonizar sustratos muy diversos en un amplio rango altitudinal. Ampliamente distribuida en Europa por debajo del piso subalpino (Laundon, 1974; Nimis, 2016), aunque poco citada en España (Hladun & Llimona, 2002-2014), donde debe ser más común de lo que indican las referencias. Se diferencia de Leproplaca xantholyta (Nyl.) Nyl. en su falta de lobulación, carácter que en ocasiones resulta difícil de diferenciar, y, sobre todo, por su color ocre, no amarillo intenso. Saxícola sobre calizas duras y dolomías, coloniza paredes fuertemente inclinadas o extraplomadas, en posiciones sombreadas, protegidas de la lluvia y eutrofizadas, en un amplio rango altitudinal que abarca todos los pisos de vegetación. Ocasionalmente fértil (Navarro-Rosinés & Roux, 1994), todos los ejemplares observados carecen de apotecios. De distribución probablemente holártica, se encuentra ampliamente distribuida en Europa, resultando frecuente en la Región Mediterránea (Gaya, 2009; Nimis, 2016) hasta el norte de África (Seaward & Sipman, 2006). Saxícola calcícola de zonas elevadas, forma parte de comunidades poco diversas que cubren amplias superficies en la porción inferior de las paredes escarpadas o verticales protegidas de la insolación y con cierto grado de humedad de la Sierra de Aitana (Alicante), por encima de los 1100 metros de altitud. Muy poco citada en España, sólo se conoce en Cantabria (Pérez-Ortega & Álvarez-Lafuente, 2006a), interior de Murcia (Egea, 1985) y norte de Navarra (Etayo & Calvo, MA-Lichen 3841; GBIF, 2018). Roux et al. (2017) indican su presencia en la vertiente francesa de los Pirineos. Cortícola, preferentemente sobre de coníferas, más raramente sobre leño y caducifolios de cortezas ácidas. Parece tener su óptimo en los bosques montanos y subalpinos de la Región Eurosiberiana, aunque aparece ocasionalmente en el piso colino. Probablemente, las referencias de Sarrión et al. (1993) y Fos (1998), que la encuentran respectivamente en melojares y encinares y en alcornocales mesomediterráneos de notable influencia atlántica, no correspondan a esta especie, porque las condiciones ecológicas son prácticamente opuestas a las descritas. El material estudiado fue recolectado sobre pino albar (Pinus sylvestris) en un pinar oromediterráneo (Sabino-Pinetum sylvestris) bastante abierto, donde alcanzaba coberturas elevadas en posiciones expuestas y bien iluminadas. Esta especie boreal-montana, ampliamente distribuida en Europa, queda restringida a la alta montaña en Europa central y en los territorios mediterráneos. España, Valencia: Puebla de San Miguel. Saxícola, coloniza rocas calcáreas y más raramente silíceas ricas en bases o ligeramente carbonatadas. Muestra preferencia por paredes verticales o fuertemente inclinadas, poco soleadas y húmedas, normalmente de orientación norte. También se instala en superficies más o menos horizontales, expuestas y eutrofizadas (Renobales, 1996; Etayo, 2010). El material estudiado aparece precisamente en estas condiciones ecológicas, acompañado por Acarospora cervina, Circinaria calcarea, C. contorta subsp. hoffmanniana (S. Ekman & Fröberg ex R. Sant.) Zhdanov, Variospora dolimiticola (Hue) Arup, Søchting & Frödén y otras especies de preferencias nitrófilas, en una localidad supramediterránea continental, por encima de los 1500 m de altitud. Especie principalmente circumpolar ártico-alpina (Nimis, 2016) ampliamente distribuida por las áreas calcáreas europeas. Poco citada en la Península Ibérica (Hladun & Llimona, 2002-2014), debe ser más abundante de lo que indican los registros actuales. Saxícola calcícola de talo endolítico, crece sobre calizas, dolomías y areniscas calcáreas, normalmente en posiciones soleadas, más o menos enriquecidas en compuestos nitrogenados y cercanas al suelo. También forma parte de la composición florística que coloniza monumentos y elementos arqueológicos (Ariño & Saiz-Jiménez, 1997). Aparece en un amplio rango altitudinal que se extiende desde el litoral hasta el supramediterráneo, por encima de los 1000 m de altitud. El material ha sido recolectado en guijarros dispersos sobre el suelo, un tipo de sustrato en el que resulta frecuente (Casares & Llimona, 1986; Navarro-Rosinés, 1992; Smith et al., 2009; Shivarov & Stoykov, 2012). Distribuida por toda Europa, desde la Región Boreal hasta la Mediterránea, su área se extiende hasta Asia (Seaward et al., 2004; Yazıcı et al., 2010) y Norteamérica (Esslinger, 2016). Poco citada en España, probablemente sea mucho más abundante de lo que indican las referencias conocidas y haya pasado desapercibida debido a su pequeño tamaño y a sus preferencias litófilas, que la hacen especialmente frecuente en las piedras esparcidas por el suelo. Se conoce en Castilla y León (Pérez-Ortega & Álvarez-Lafuente, 2006b), Castilla-La Mancha (Carballal & Giménez-Coral, 1981), Cataluña (Navarro-Rosinés, 1992) y Andalucía (Burgaz, 2014). Saxícola marina, resulta frecuente en el horizonte litoral superior de las costas atlánticas, especialmente en los niveles medios e inferiores, sobre todo tipo de litologías. Coloniza paredes verticales y subverticales, tanto en posiciones expuestas e iluminadas como en protegidas y sombreadas, acompañada entre otras por Wahlenbergiella striatula (Wahlenb.) En la Isla de Tabarca (Alicante), aparece de forma muy puntual en los acantilados litorales de orientación norte sobre rocas básicas de origen volcánico (metabasitas), acompañada por H. amphibia. S. FOS MARTÍN Ampliamente extendida por toda la costa atlántica europea (Smith et al., 2009); también se conoce en Norteamérica y Asia (Orange, 2013; Esslinger, 2016). Citada con frecuencia en todo el litoral cantábrico (Renobales & Noya, 1993; Renobales, 1996; Paz-Bermúdez et al., 1999, 2000); sin embargo, en el Mediterráneo sólo ha sido citada previamente por Navarro-Rosinés (1992, sub Verrucaria microspora auct. non Nyl.) en Tarragona. Los caracteres morfológicos y moleculares han confirmado la independencia taxonómica de Xanthoria aureola, tanto de X. parietina, con la que muestra importantes similitudes morfológicas, especialmente cuando conviven en zonas litorales, como de X. calcicola, de la que era considerada un mero sinónimo (Lindblom & Ekman, 2005, 2012). Diversos autores (Lindblom et al., 2005; Smith et al., 2009; Fiorentino, 2012; Nimis, 2016; Roux et al., 2017) sitúan su óptimo en hábitats marítimos, sobre rocas silíceas básicas, en posiciones expuestas y enriquecidas en nutrientes; no obstante, Smith et al. (2009) también indican su presencia sobre calizas en áreas elevadas de interior y ha sido recientemente recolectada en la Serranía de Ronda (Málaga) sobre roca silíceas (gneiss) a 1255 m de altitud (Burgaz et al., 2017). El material estudiado aparece en condiciones ecológicas que se corresponden con estas últimas: roquedos calcáreos en áreas interiores de Valencia, cercanas a los 1000 metros de altitud, en posiciones expuestas, bien iluminadas y algo nitrificadas. Los caracteres morfológicos (lóbulos crenulados, estrechos, superpuestos en el centro del talo, ausencia de apotecios y de isidios y superficie rugosa por la presencia de cristales) se corresponden con los indicados en la bibliografía para diferenciarla de X. parietina y X. calcicola. Especie mediterránea-atlántica (Nimis, 2016) citada en Europa occidental, desde la Región Mediterránea hasta las Islas Británicas y la Península Escandinava, aunque su distribución permanece mal conocida debido a su tratamiento taxonómico como sinónimo de X. calcicola durante muchos años. La Check-List de los líquenes ibéricos (Hladun & Llimona, 2002-2014) mantiene este criterio, aunque diferencia numerosas citas atribuidas originalmente a X. aureola. Resulta complicado poder discriminar qué referencias corresponden realmente a este taxon en su delimitación actual y por esta razón, se omite cualquier comentario sobre su distribución en España. Los estudios florísticos en cualquier ámbito geográfico son fundamentales para identificar su riqueza y diversidad específica. Son la fuente de información básica para determinar la abundancia de las especies, sus preferencias ecológicas o sus patrones de distribución. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, este tipo de estudios vienen experimentado una progresiva devaluación que está provocando una alarmante reducción. La mayoría de los trabajos incluyen novedades florísticas a escala local, regional e, incluso, nacional, pero desgraciadamente el volumen de información es demasiado escaso para corregir la principal consecuencia de esta situación: la enorme extensión de los territorios sin información alguna sobre su diversidad liquénica (Fos et al., 2014; Fos, 2016). En este sentido, no puede quedar sin mención el proyecto de elaboración de la Lista Roja de los hongos liquenizados y liquenícolas de España y Portugal (Atienza et al., 2017). La correcta evaluación del estado de conservación de las especies amenazadas exige la información que generan los estudios florísticos, máxime cuando el número de localidades y/o poblaciones constituye el criterio de la UICN más utilizado para asignar categorías de amenaza a los líquenes (Atienza & Segarra, 2000; Martínez et al., 2003; Liška et al., 2008; Nascimbene et al., 2013). Este trabajo se enmarca en esta necesaria línea de trabajo con una veintena de especies que son citadas por primera vez en la Comunitat Valenciana. Nuevas aportaciones a la flora liquénica de la Comunitat Valenciana (E de España) Estas nuevas poblaciones no sólo incrementan la riqueza florística regional, también contribuyen a mejorar el conocimiento corológico de diversas especies raras o poco citadas en España (Calicium notarisii, Caloplaca nana, Dirina fallax, Lecania sambucina, Lecanora rupicola subsp. subplanata, Myriolecis reuteri, Rhizocarpon umbilicatum, Staurothele hymenogonia, Xanthoria aureola) o en los territorios mediterráneos ibéricos (Bryoria capillaris, Hydropunctaria maura, Ochrolechia alboflavescens, Verrucaria halizoa). Se aportan incluso dos nuevos taxones a la flora liquénica española: Candelariella commutata, recientemente descrito y probablemente mucho más abundante de lo que indican las referencias actuales, y Catinaria neuschildii, una especie extraordinariamente rara en toda su área de distribución. Quiero expresar mi agradecimiento a todos los compañeros, colegas y amigos que me han acompañado en las numerosas campañas de prospección y que me han facilitado información adicional y material gráfico. Su motivadora colaboración ha permitido localizar muchas de las especies tratadas y, sobre todo, alcanzar el nivel de conocimiento actual de la flora liquénica valenciana. También agradecer al Dr. A. Tehler (Swedish Museum of Natural History) su revisión del material de Dirina fallax, a V. Atienza (Universitat de València) por la gestión y conservación de las muestras en el VAL_Lich. y a N. Fabuel (Ceteck Tecnológica) por toda la información relativa a los líquenes en el BDBCV. Finalmente, agradecer al Dr. S. Pérez-Ortega, al Dr. E. Llop y al Dr. L. Sáez su minuciosa revisión y sus valiosos comentarios y sugerencias que han contribuido a mejorar el manuscrito original.
Castelló, Plana Alta: Orpesa del Mar, via verda, pr. torre Colomera, 31TBE5338, 15 m, herbassar ruderal baix cingles calcaris, 7.IX.2016., V. J. Arán, P. Gumbau & R. Senar (herb. pers. Es tracta d 'una forma d' origen hortícola originada a partir de la var. albispina. Opuntia microdasys var. albispina
El género Kalanchoe Adans. (Crassulaceae) incluye alrededor de 150 especies, distribuidas mayormente en los trópicos del Viejo Mundo, en especial en África continental y Madagascar (Descoings, 2003). Se caracterizan por ser hierbas, sufrútices o arbustos suculentos. Son plantas ampliamente utilizadas en jardinería gracias a su fácil cultivo, a una notable adaptación bajo condiciones de restricción hídrica y a un crecimiento clonal vigoroso (Akulova-Barlow, 2009). Como consecuencia, muchas de ellas se han establecido fuera de su área de distribución natural (Mabberley, 1997). Algunos taxones han sido reportados como plenamente naturalizados e incluso invasores en regiones muy distantes (Randall, 2017), como Argentina (Hurrell et al., 2012), Australia (Palmer & Rafter, 2012), China (Wang et al., 2016), España (Mesquida et al., 2017) y Estados Unidos (Moran, 2009). En Cuba se han reportado varias especies del género teniendo en cuenta tanto las cultivadas como las que ya se han naturalizado. Pichardo (1875) describió una planta cuyas características coinciden con Kalanchoe pinnata (Lam.) Pers. y que se conocía con los nombres vernáculos de víbora, inmortal, pólipo herbáceo, siempreviva y calanchoe. Teniendo en cuenta esta referencia se puede estimar que dicha especie fue introducida en Cuba hace alrededor de 145 años o tal vez más. Ya a mediados del siglo pasado, León & Alain (1951) citaron dos especies: Bryophyllum pinnatum (Lam.) Kurz -ampliamente naturalizada en Cuba y en la actualidad considerada como K. pinnata-y K. brasiliensis Cambess. -reportada en orillas de ríos y arroyos de la provincia Camagüey-. Aunque Alain (1969) trata a K. brasiliensis como sinónimo de K. integra (Medik.) Kuntze, estos dos nombres se consideran actualmente sinónimos de K. crenata (Andrews) Haw (Acevedo-Rodríguez & Strong 2012, Greuter & Rankin 2017). Por otro lado, Rodríguez & Apezteguía (1985) citan y describen 13 especies presentes en Cuba, aunque la mayor parte de las cuales sólo se encuentra en colecciones. En los últimos años ha aumentado la preocupación por el incremento en número y distribución de las especies invasoras debido a la amenaza que estas representan para la biodiversidad, así como para la salud y la economía (Bellard et al., 2016). En Cuba, desde hace casi una década, se han publicado artículos relacionados con las plantas alóctonas que se encuentran escapadas o ya plenamente naturalizadas. La lista nacional de especies exóticas para Cuba resume dichas investigaciones (Oviedo & González-Oliva, 2015). En el caso particular del género Kalanchoe, González et al. (2009) reportan cuatro especies alóctonas invasoras o potencialmente invasoras de la provincia Holguín, en la región nororiental de Cuba: K. delagoensis Eckl. & Zeyh., K. daigremontiana Raym.-Hamet & H. Perrier, K. pinnata y un cuarto taxón sin identificar, aunque los autores reconocen que posee afinidades morfológicas con K. daigremontiana. Acevedo & Gómez (2012) citan K. delagoensis como una de las 27 especies alóctonas detectadas en la cayería norte de Ciego de Ávila, situada en la región central de Cuba. García- González et al. (2015) citan cuatro especies en la localidad de Cabo Cruz, dos de ellas cultivadas -K. fedtschenkoi Raym.-Hamet & H. Perrier y K. integra-y otras dos escapadas de cultivo -K. delagoensis y K. pinnata-. En las ciudades de Trinidad y Sancti Spíritus, en la región central de Cuba, se han reportado tres especies: K. daigremontiana, K. delagoensis y K. pinnata (García-Lahera, 2016). Oviedo & González-Oliva (2015) citan cinco especies que consideran invasoras en todo el archipiélago cubano: K. daigremontiana, K. delagoensis, K. integra, K. pinnata y K. verticillata Scott-Elliot. El análisis de los resultados expuestos por González et al. (2009), Oviedo & González-Oliva (2015), García-Lahera (2016) y del inventario preliminar de las plantas vasculares de Cuba (Greuter & Rankin, 2017) indica que K. daigremontiana, K. delagoensis y K. pinnata, se encuentran entre las especies naturalizadas más frecuentes del género en Cuba, como también ocurre en regiones geográficas distantes como China (Wang et al., 2016). Consideramos importante conocer la distribución real de las especies de Kalanchoe en Cuba así como la verdadera identidad del taxón no identificado por González et al. (2009), lo cual llevó a plantearnos el presente trabajo. La identificación de las especies de Kalanchoe ha sido difícil debido a que no existen tratamientos modernos de este género para el archipiélago cubano. Además, la presencia de especímenes en herbarios es escasa debido al reto que constituye la herborización de plantas suculentas, que suelen resultar poco atractivas para la mayoría de los botánicos, generalmente degli Studi di Palermo" (PAL) e imágenes de especímenes recolectados en Cuba y conservados en el herbario del Jardín Botánico de Nueva York (NY). Los acrónimos de los herbarios se citan según Thiers (2018). Las descripciones de cada especie se hicieron a partir de plantas vivas que crecen en las localidades visitadas en Cuba. La sinonimia fue transcrita de Greuter & Rankin (2017). Para la realización de la clave de identificación de las especies hemos consultado la bibliografía de referencia (Boiteau & Allorge-Boiteau, 1995; Descoings, 2003;2005) y la hemos adaptado a la morfología de las plantas observadas durante el trabajo de campo del presente estudio. Ofrecemos los mapas de distribución para cada taxón donde se indican las localizaciones de su presencia como escapado o naturalizado (círculo sin relleno), precisando aquellas en las que además se ha recolectado muestra (círculo relleno). Basándonos principalmente en las publicaciones de Wang et al. (2016) y Mesquida et al. (2017), toda la documentación gráfica recogida y las propias experiencias precedentes sobre este género, pudimos establecer la correcta identidad del taxón no identificado por González et al. (2009). Según estos autores dicha planta "posee las hojas más pequeñas que Kalanchoe daigremontiana pero igual que esta última posee abundantes propágulos en el margen y hojas acanaladas". Se trata de K. ×houghtonii D. B. Ward., taxón originado del cruzamiento artificial de K. tubiflora Raym.-Hamet y K. daigremontiana, llevada a cabo por el horticultor A. D. Houghton en California en la década de 1930, y que es considerado más invasivo que sus especies parentales (Wang et al., 2016, Mesquida et al., 2017). Tras estudiar los reportes de especies naturalizadas del género para Cuba se constató la presencia de otros tres taxones: Kalanchoe daigremontiana, K. pinnata y K. tubiflora. Oviedo & González-Oliva (2015) reportaron cinco especies, pero dos de ellas, K. delagoensis y K. verticillata, corresponden a un mismo taxón: K. tubiflora (Figueiredo & Smith, 2017). El otro nombre listado por estas autoras es K. integra, que había sido citado por León & Alain (1951) para Cuba -en la provincia de Camagüey, en orillas de arroyos-como K. brasiliensis y que más interesados por recolectar plantas endémicas o nativas (Schmidt-Lebuhn et al., 2013). Los objetivos fundamentales del presente trabajo son: (1) conocer la verdadera identidad y el número de especies de Kalanchoe ocasionales y naturalizadas en Cuba, (2) confeccionar una clave para identificarlas y (3) ofrecer para cada especie descripción, imágenes, información de las localidades donde ha sido vista o recolectada y un mapa de distribución. En el caso de las publicaciones recientes donde aparecían citas referentes a plantas cuya identidad resultaba incierta se contactó con los autores para poder verificarlas mediante material fotográfico. Con la intención de contar con información actualizada de cada especie, consultamos trabajos monográficos sobe el género Kalanchoe -principalmente Boiteau & Allorge-Boiteau (1995) y Descoings (2003)-, así como revisiones realizadas recientemente en otros continentes como las de Wang et al. (2016) y Mesquida et al. (2017). También se revisaron bases de datos globales sobre biodiversidad como GBIF [URL] e iNaturalist [URL]. Además de la revisión bibliográfica, se realizó un extenso trabajo de prospección, visitándose las siguientes provincias: Camagüey, Ciego de Ávila, Cienfuegos, Granma, Guantánamo, Holguín, La Habana, Las Tunas, Matanzas, Pinar del Río, Sancti Spíritus y Santiago de Cuba. Para el caso de las provincias que no fueron visitadas, se contactaron botánicos locales con el fin de obtener imágenes de los taxones de Kalanchoe presentes en las localidades donde han trabajado. Siempre que fue posible se tomaron fotografías y se herborizaron especímenes que se depositaron en el herbario del Jardín Botánico de Holguín y en el herbario Johannes Bisse del Jardín Botánico Nacional (HAJB). Se revisaron las colecciones del herbario "Onaney Muñiz" del Instituto de Ecología y Sistemática (HAC), del herbario Greuter en el "Orto Botanico dell' Università De acuerdo con Kallunki (1980), los especímenes recolectados por Shafer con numeración entre 181 y 207 en La Gloria fueron encontrados cerca del río ("by brook"), información que sugiere que el reporte hecho por León & Alain (1951) en el segundo volumen de la Flora de Cuba está sustentado en dicho pliego. Se visitó la localidad La Gloria durante la última semana del mes de mayo de 2018, y con la colaboración de algunos vecinos localizamos el río que actualmente se encuentra muy antropizado. En este lugar se observaron huellas de incendios en los troncos de las palmas [Roystonea regia (Kunth) O. F. Cook)] y apenas existen otras especies de árboles y arbustos nativos, aunque se apreció la presencia del arbusto exótico Dichrostachys cinerea (L.) Wight & Arn., especie invasora en Cuba (Oviedo & González-Oliva, 2015). De las especies recolectadas por Shafer en La Gloria, solo reencontramos y recolectamos Kosteletzkya depressa (L.) De manera general, la vegetación natural y seminatural de la localidad se ha transformado mucho durante el siglo que transcurrió desde la visita de Shafer (Fig. 1), y de forma más evidente durante los últimos años debido a que ha sido sustituida por plantaciones de arroz. No pudimos confirmar, así, la presencia de K. crenata en La Gloria, ni en ninguna otra localidad. Por esta razón sugerimos que K. crenata no se considere naturalizada en Cuba. Estado actual del río de la localidad de La Gloria, provincia Camagüey. Notas sobre las especies de Kalanchoe (Crassulaceae) ocasionales y naturalizadas en Cuba Pudimos examinar varias imágenes de especies de Kalanchoe asilvestradas en Cabo Cruz (provincia Granma), cortesía de A. García González. Algunas de ellas se corresponden con K. ×houghtonii, mientras que otra se identificó inicialmente como K. poincarei Raym. -Hamet & H. Perrier (D. Guillot, com. pers.) y luego como K. mortagei Raym.-Hamet & H. Perrier tras analizar los criterios expuestos por Descoings (2005). Kalanchoe mortagei también ha sido encontrado creciendo en el techo de un edificio antiguo del centro histórico de la ciudad de Holguín y en un tejado de la ciudad de Santa Clara. Hemos observado que en los últimos años resulta muy frecuente el cultivo de Kalanchoe laetivirens Desc. en Cuba. Parece evidenciarse el potencial de naturalización de esta especie debido al gran número de plántulas que crecen en la misma maceta o cerca de donde crece la planta madre. Recientemente se encontraron varios individuos de esta especie en áreas de vegetación antropizada en los alrededores de Gibara, provincia Holguín, en bordes de cercas en las ciudades de Holguín y La Habana, en tejados de Santa Clara y en grietas de balcones en Sancti Spíritus y La Habana. Estimamos que en Cuba crecen en estado silvestre al menos seis taxones de Kalanchoe. A continuación, aportamos una clave para identificarlos, una descripción de cada uno, así como imágenes, información sobre las localidades donde han sido vistos o recolectados, los especímenes de herbario revisados y mapas de su distribución. Descripción: sufrútice suculento de ca. 50 cm de alto (sin inflorescencia) hasta ca. Hojas opuestas, a veces subalternas o alternas (debajo de la inflorescencia), simples, ovadas o alargado-triangulares, con frecuencia dobladas longitudinalmente, de 10-20 × 4-8 cm, haz verde oscuro o parduzco, envés verde más pálido con manchas oscuras; margen dentado, con propágulos desde la base hasta el ápice; base del limbo truncada o cordada formando un conspicuo pliegue de forma auriculada; pecíolo grueso, de 2-6 cm de longitud. Inflorescencia terminal, de 25-30 cm de longitud. 1 cm de longitud, de color pardo verdoso, con lóbulos agudos apicalmente. Corola de 2,3-2,4 cm de longitud, rojo pálida, rosada o violácea. 1,5 cm, filamentos generalmente de color violeta con la base blanca o verde claro, anteras de ca. Clave para identificar los taxones de Distribución mundial: suroeste de Madagascar (Descoings, 2003). Naturalizada en varios países tropicales, subtropicales y de clima seco (ISC, 2018a), llegando a comportarse como invasora en algunos lugares como Australia (Randall, 2007), Estados Unidos (Moran, 2009) y China (Yan et al., 2014). (A), creciendo sobre rocas calizas (Los Colgadizos, Gibara, Holguín); (B), detalle de las hojas, donde pueden observarse los propágulos en el margen de éstas; (C), inflorescencia; (D), detalles de las hojas y de la flor; (E), creciendo en las grietas de un edificio (Guantánamo) (fotografías; P. A. González Gutiérrez). Notas sobre las especies de Kalanchoe (Crassulaceae) ocasionales y naturalizadas en Cuba Hábitat y datos fenológicos: en vegetación secundaria cerca de asentamientos humanos -algunas de las localidades donde se encuentra fueron probablemente antiguos vertederos-y en tejados y grietas de edificios. Nota: García-Lahera (2016) cita a K. daigremontiana para Trinidad, pero no hemos corroborado la presencia de la especie en esta ciudad después de haberla visitado recientemente y tampoco hemos visto imágenes. Hemos observado a K. ×houghtonii en Trinidad por lo que inferimos que la cita de García-Lahera (2016) podría estar basada en este taxón y no en K. daigremontiana. 50 cm de alto (sin inflorescencia) y de hasta ca. Hojas 3-verticiladas u opuestas, simples, subcilíndricas, de 2-10 × 0,5-0,7 cm, de color verde oscuro, parduzco o grisáceo, con manchas transversales oscuras, a veces ausentes, sobre todo cuando crece en sitios sombreados; margen entero, con 2-4 propágulos apicalmente; pecíolo nulo. Flor 4-mera, de 4 cm. Cáliz de 1-1,5 cm de longitud, verde o verde parduzco, con lóbulos agudos apicalmente. 4 cm de longitud, roja. Estambres: 8, de 2,2-2,4 cm, rojos o rosados, de color verde claro en la parte basal, anteras de 1-2 mm. Estilos libres, de ca. Distribución mundial: centro y sur de Madagascar (Descoings 2003). Ampliamente naturalizada en zonas cálidas y templadas de todo el mundo (ISC, 2018b). Se comporta como invasora en regiones geográficas distantes de su área de distribución natural como Australia (Randall, 2007; Palmer & Rafter, 2012), sureste de Estados Unidos (Moran, 2009), Sudáfrica (Walters et al., 2011) y China (Yan et al., 2014). Hábitat y datos fenológicos: frecuente en tejados, cerca de vertederos, en el borde de cercas en asentamientos humanos. Guantánamo: municipio Yateras, Oriente, Bez. Yateras, Srra de Magueg. Nota: Acevedo & Gómez (2012) citan a K. delagoensis en Cayo Coco, pero no hemos constatado la identidad de esta referencia a través de alguna fotografía. Descripción: sufrútice suculento, frecuentemente de ca. 50 cm de alto (sin inflorescencia) y hasta ca. Hojas opuestas o 3-verticiladas, simples, lineares o lanceoladas, dobladas longitudinalmente, generalmente de 4-10 × 1-3 cm, de color verde parduzco, grisáceo u oscuro, con manchas oscuras en el envés; margen dentado, con propágulos desde la base hasta el ápice; base aguda o levemente cordada; ápice agudo; pecíolo grueso, de 2-3 cm de longitud. Inflorescencia de hasta ca. 3 cm. Cáliz verde, a menudo con tonalidad marrón o parda, con lóbulos triangulares, agudos en el ápice. 2 cm, filamentos de color violeta o rosado oscuro, P. A. GONZÁLEZ GUTIÉRREZ, J. LÓPEZ-PUJOL & C. GÓMEZ-BELLVER blancos en la base; anteras de ca. Distribución mundial: es un híbrido producto del cruzamiento artificial de K. daigremontiana y K. tubiflora en invernaderos de California en la década de 1930 (Houghton, 1935). Se ha detectado su presencia en Oceanía (donde es muy común), sur de Europa (especialmente en las zonas costeras de las penínsulas ibérica e itálica), en algunos lugares de África y Asia oriental y en varios países de América (donde también es muy común; Guillot et al., 2014; GBIF, 2018), en algunos de los cuales ha sido confundida con su parental K. daigremontiana como en Venezuela y Argentina. Las imágenes que se refieren a K. daigremontiana en las Figs. Distribución de Kalanchoe daigremontiana, K. tubiflora y K. ×houghtonii en Cuba. Los puntos con relleno representan sitios donde la especie ha sido recolectada, los puntos sin relleno representan sitios donde la especie ha sido vista y/o fotografiada. Notas sobre las especies de Kalanchoe (Crassulaceae) ocasionales y naturalizadas en Cuba la publicación de Hurrell et al. (2012) pertenecen a este híbrido. Se la considera especie invasora al menos en Australia (Randall, 2007), en Venezuela (Herrera et al., 2012) y en Cataluña (NE de la península ibérica; Mesquida et al., 2017). Hábitat y datos fenológicos: frecuente en gran variedad de hábitats antropizados: tejados, grietas de edificios, bordes de aceras, cerca de vertederos, bordes de caminos. Observada en floración entre febrero y junio de los años 2017 y 2018 en localidades de la provincia Holguín. Localidades donde ha sido encontrada en Cuba: Camagüey: municipio Camagüey, en grietas de edificios antiguos y sobre tejados del centro histórico de la ciudad (abundante), 21o 22′ 58′′ N, 77o 55′ 56′′ W, ca. Ciego de Ávila: municipio Ciego de Ávila, sobre techos en el centro de la ciudad, cerca de la carretera central en dirección a La Habana, 21o 50′ 31′′ N, 78o 45′ 57′′ W, 26.II.2019, Pedro A. González Gutiérrez (fotografía). Villa Clara: ciudad de Santa Clara, sobre aleros de edificios, VIII.2018, Maritza Sánchez Pentón (fotografía) (det. Nota: se le confunde con frecuencia con su parental K. daigremontiana, de hojas más o menos parecidas y que también suele presentar manchas oscuras en la parte abaxial. Pero que difieren claramente por la base del limbo truncada o cordada formando un conspicuo pliegue levantado, de forma auriculada, en el caso de K. daigremontiana, mientras que K. ×houghtonii, de hoja algo más variable, no presenta dicho pliegue. También pueden diferenciarse por la forma y el tamaño de las hojas (ovadas o alargadotriangulares, de 10-20 × 4-8 cm en K. daigremontiana, y lineares o lanceoladas, de 4-10 × 1-3 cm en K. ×houghtonii). 1 m de alto (sin inflorescencia) y de hasta 2 m (con inflorescencia). Hojas opuestas, simples (las basales), el resto 3-5-folioladas; hojas simples y folíolos generalmente de 6-15 × 4-8 cm, siendo el foliolo apical siempre de mayor tamaño que los restantes, ovados o elípticos, de color verde, frecuentemente con manchas oscuras en el margen o cerca de éste; margen crenado, con propágulos en las muescas desde la base hasta el ápice; base cuneada, redondeada, obtusa o truncada; ápice obtuso o redondeado; pecíolo de hasta ca. 4 cm, verdoso o amarillento con tonos rojizos, lóbulos agudos o acuminados en el ápice. Corola de color rojo en la mitad apical y verde en la mitad basal. Estambres: 8, filamentos adnatos a la corola en su parte basal, de ca. 3 cm, de color verde claro, rosados en el tercio apical; anteras de ca. 3 cm, de color verde claro. Spíritus, ciudad de Sancti Spíritus, especie frecuente, 2015, Julio P. García-Lahera (García-Lahera, 2016); municipio Trinidad, ciudad de Trinidad, especie rara, 2015, Julio P. García-Lahera (García-Lahera, 2016) Descripción: sufrútice suculento de entre 30-40 cm de alto (sin inflorescencia) y de 50-60 cm de alto (con inflorescencia). Hojas opuestas, simples, ovadas o elípticas, más o menos dobladas longitudinalmente, mayormente de 10-25 × 6-10 cm, de color verde pálido, grisáceo o parduzco pálido; margen crenado o levemente dentado, con propágulos en la parte apical de la lámina; base redonda u obtusa; ápice agudo; pecíolo grueso, de 1-2 cm de longitud. 4 cm. Cáliz de 2-2,5 cm, rojo o verde con tonos rojizos, lóbulos agudos. 4 cm, amarilla con tonos rojos. Estambres: 8, filamentos de ca. 3 cm, verde amarillentos; anteras de ca. Se ha reportado su presencia en Brasil (Dos Santos & Fabricante, 2017), Honduras (Nelson, 2010) y como cultivada en México y Venezuela (GBIF, 2019). Esta especie no está citada por Randall (2017), por lo que debería añadirse a nuevas ediciones de aquella obra. Hábitat y datos fenológicos: observada con flores en el mes de enero. Localidades donde ha sido encontrada en Cuba: Granma, municipio Niquero, Cabo Cruz, I.2014, Alfredo García-González (fotografía) (det. Villa Clara: Santa Clara, en tejados, VIII.2018, Iban Arredondo Quevedo (fotografía) (det. Descripción: sufrútice suculento de 50-70 cm (sin inflorescencia) y de 60-90 cm de alto (con inflorescencia). Hojas opuestas, simples, ovadas o elípticas, más o menos dobladas longitudinalmente, de 7-11 × 3-6 cm, ovadas, de color verde pálido, grisáceo o azulado pálido; margen dentado, con propágulos desde la base hasta el ápice; base cuneada o a menudo alargándose en 2 aurículas erectas y redondeadas, pudiendo presentar entonces dos aurículas erectas, con cierta semejanza al pliegue auriculado de K. daigremontiana; ápice agudo o redondeado; pecíolo grueso, de 4-6 cm de longitud. 0,5 cm. Cáliz de 0,35-0,5 cm, de color verde hasta rosado con manchas purpuras, con lóbulos agudos. 1,5 cm, filamentos generalmente de color violeta, anteras de ca. Distribución: suroeste de Madagascar (Descoings, 2003). Hábitat y datos fenológicos: observada con flores en el mes de marzo. La Habana, en los municipios Centro Habana y Plaza (El Vedado), creciendo en grietas de balcones, donde es puntualmente muy abundante, y en bordes de cercas, 23o 07′ 44,46′′ N, 82o 22′ 05,06′′ W, 20 m, 2018, Pedro A. González Gutiérrez (fotografía); municipio Centro Habana, 23o 07′ 46,11′′ N, 82o 22′ 11,21′′ W, Andre Hospers (fotografía) (Hospers, 2018; sub K. daigremontiana [la foto parece corresponder a K. laetivirens por el color verde claro de las hojas, aunque la calidad de la foto proporcionada no nos permite estar seguros Sancti Spíritus, ciudad de Sancti Spíritus, abundante en grietas de edificios y sobre tejados del centro histórico, 21o 55′ N, 79o 26′ W, ca. Villa Clara: Santa Clara, en tejados y grietas de edificios, VIII.2018, Iban Arredondo Quevedo (fotografía) (det. En Cuba los cuatro taxones de Kalanchoe ocasionales y naturalizados más frecuentes son K. daigremontiana, K. pinnata, K. tubiflora, y el híbrido K. ×houghtonii. Las tres primeras especies son las más citadas en publicaciones recientes sobre plantas cubanas (González et al., 2009; Oviedo & Figura 8. (A), creciendo en la vegetación secundaria (Gibara, Holguín); (B), en las grietas de un balcón (La Habana); (C), en el margen de una cerca (La Habana); (D), detalle de la base de la hoja (fotografías; P. A. González Gutiérrez). Notas sobre las especies de Kalanchoe (Crassulaceae) ocasionales y naturalizadas en Cuba González-Oliva, 2015; García-Lahera, 2016). K. ×houghtonii no se había citado con anterioridad para Cuba, a pesar de ser la especie encontrada con más frecuencia, razón por la cual se estima que en algunos casos ha sido confundida con su parental K. daigremontiana, de la misma manera que ha ocurrido en otras áreas como Norteamérica (Moran, 2009), las islas Canarias (Otto & Verloove, 2016) y Cataluña en el sur de Europa (Mesquida et al., 2017). Esta confusión no debe extrañarnos debido a la semejanza morfológica que existe entre ambos taxones y al hecho, no menos importante, que el híbrido no se describió formalmente hasta tiempos muy recientes (Ward, 2006). Kalanchoe ×houghtonii merece especial atención por ser el taxón del género encontrado con mayor frecuencia en las provincias visitadas. Es particularmente abundante en los márgenes de cercas de la también introducida Euphorbia lactea. Este híbrido muestra claramente mayor comportamiento invasor que las dos especies parentales. Además, podría suceder que aumentara su distribución de la misma manera que en otras áreas geográficas (como para el NE de la península ibérica, donde su área potencial se podría multiplicar hasta por siete; Mesquida et al., 2017). Este híbrido, como se ha comentado anteriormente, se originó en condiciones controladas de invernaderos. Parece que el híbrido no es capaz de formarse por cruzamiento de los dos parentales (K. daigremontiana y K. tubiflora) de forma natural; hasta la actualidad no se ha encontrado evidencia de su hibridación in situ puesto que, además de en Los Colgadizos de Gibara, existen numerosos lugares donde ambos parentales se han observado creciendo en simpatría pero sin contar con la presencia del híbrido: Kaumalapau, en la isla de Lanai, archipiélago de Hawaii; en Marco Island y Roseland, ambos lugares en, Florida, Estados Unidos; Haifeng, condado de Pingtung y Xiaying, Municipalidad de Tainan, ambos en Taiwan (J. Lopez-Pujol et al., datos no publicados). Creemos que Kalanchoe pinnata también tiene un importante potencial de aumento de su área de distribución en Cuba, puesto que se trata de una especie que se usa en ritos religiosos y medicina tradicional, por ejemplo, para la cura de inflamaciones, úlceras o llagas (Roig, 1974; Beyra et al., 2004), de cefaleas y sinusitis (Godínez-Caraballo & Volpato, 2008) o de la tos y dolor en el oído (Beyra et al., 2004). La planta puede adquirirse en yerberías [herbolarios] y mercados de varios lugares de Cuba, como La Habana (Melander, 2007) y Camagüey (Godínez-Caraballo & Volpato, 2008). La especie Kalanchoe mortagei se reporta como naturalizada por primera vez para Cuba, específicamente en la localidad de Cabo Cruz, sobre tejados en la ciudad de Santa Clara y sobre un edificio de la ciudad de Holguín. De la misma manera ocurre con la especie K. laetivirens, que aparentemente ha sido introducida en Cuba recientemente, pero que ya se ha encontrado creciendo en estado silvestre sobre edificios, balcones, tejados y bordes de cercas, siempre en áreas urbanas. No nos consta ninguna otra localidad como planta escapada de cultivo o naturalizada fuera de su área nativa, a parte de las aportadas aquí para Cuba, por lo que consideramos estas citas como novedad a nivel mundial. Entre las especies de Kalanchoe cultivadas en Cuba merece un comentario especial K. fedtschenkoi R.-Hamet & Perrier. Esta planta ha sido reportada como naturalizada en Argentina (Hurrell et al., 2012), Puerto Rico y La Española (Acevedo- Distribución mundial: Madagascar (Descoings, 2003). Naturalizada ampliamente en América del Sur, sur de América del Norte, Asia, algunos países de África, algunos lugares del sur de Europa, y Oceanía, incluyendo las islas del Pacífico (Hurrell et al., 2012, ISC, 2018c). Ha sido declarada como invasora en determinados países, incluyendo Australia (Randall, 2007), Sudáfrica (Walters et al., 2011) y China (Yan et al., 2014). Nombres comunes: calanchoe, inmortal, pólipo herbáceo, siempreviva, víbora (Pichardo, 1875), belladona (Roig, 1988), tata yegua, prodigiosa (Clemente 6440 HAC). Hábitat y datos fenológicos: persistente en jardines abandonados, frecuente en bordes de caminos y cerca de asentamientos humanos y vertederos, ocasionalmente creciendo en grietas de edificios. Observada y recolectada con flores entre los meses de diciembre y mayo. (A), creciendo en el margen del bosque siempreverde microfilo (Los Cocos, Gibara, Holguín); (B), en las grietas de un balcón (La Habana); (C), detalles de las hojas; (D), detalle de la inflorescencia (fotografías; P. A. González Gutiérrez). P. A. GONZÁLEZ GUTIÉRREZ, J. LÓPEZ-PUJOL & C. GÓMEZ-BELLVER Gutiérrez (fotografía). Granma: municipio Bartolomé Masó, la Jeringa, Unidad Zonal de Conservación Santo Domingo del Parque Nacional Turquino, IV.2012, José L. Rodríguez Sosa et al. (Rodríguez et al., 2013); ibid., en la carretera hacia Santo Domingo (creciendo junto a Kalanchoe ×houghtonii), 20o 04′ 58′′ N, 76o 55′ 40′′ W, 24.II.2019, Pedro A. González Gutiérrez (fotografía); municipio Niquero, Cabo Cruz, cultivada y escapada de cultivo, I.2014, Alfredo García- González et al. (García-González et al., 2015). Humboldt Expedition 1051 (HAC); municipio Imías, Veguitas del Sur, carretera entre Imías y Baracoa (abundante), 16.VI.2017, Pedro A. González Gutiérrez (vidi vivam). Pinar del Río: Guanahacabibes, 7 Km westl.
La biogeografía permite estudiar los patrones de distribución de las especies de un ecosistema o región (Aranguren et al., 2008). La biodiversidad no se distribuye de forma homogénea (Suárez-Mota & Villaseñor, 2011) al estar influenciada por su perfil ecológico, bioclimático (Cilia-López et al., 2014), edáfico y geológico (Kruckeberg, 2002). La misma se concentra en áreas megadiversas, que destaca especial interés su protección y conservación por la alta riqueza de especies que alberga y por ser el centro de origen y diversificación de gran parte de su diversidad, particularmente de endemismos (Pressey et al., 1993; Mittermeier, 1988; Akeroyd & Synge, 1992; Suárez-Mota & Villaseñor, 2011). Las principales causas de la pérdida de la biodiversidad de plantas a escala mundial son: el aumento de la población humana, el cambio de uso de suelo, la deforestación, el sobrepastoreo, la extracción y comercio ilegal, la introducción de especies exóticas y el cambio climático (Royo- Márquez et al., 2013). El Neotrópico (entre el Trópico de Cáncer y el de Capricornio) es la región biogeográfica con la mayor biodiversidad del planeta (Prance, 1994; Myers et al., 2000). Los ecosistemas andinos son los más complejos de la región con un porcentaje estimado del 25% de la diversidad biológica a nivel mundial; variabilidad ecológica y florística que se muestra en todo su gradiente altitudinal (Jørgensen et al., 2006). Origen geológico de la Coordillera de los Andes La Cordillera de los Andes ocupa una extensión aproximada de 8000 km (Clapperton, 1993) y atraviesa el continente sudamericano de norte a sur. Está subdividida en tres secciones según su período de origen geológico y complejidad tectónica: norte, centro y sur (Cuesta et al., 2012). Verticalmente presenta cuatro zonas: subandina, andina, altoandina y nieve perenne (Morillo & Briceño, 2000). Su origen comenzó a fines del Cretácico (Mesozoico) (Antonelli & Sanmartín, 2011), debido al intenso vulcanismo submarino y terrestre que se inició en el Jurásico (201-145 Ma) y alcanzó su máxima actividad en el Cretácico (López Ramos, 2001). Los Andes Australes (Argentina y Chile) son los más antiguos (Neill, 1999a). Los Andes Centrales conforman una gran meseta (altiplano) compartida por el Norte de Argentina y Chile, occidente de Bolivia y el sur de Perú (Morillo & Briceño, 2000), muestran dos períodos de levantamiento: el primero hace 20 Ma y el segundo hace 10 Ma en el Mioceno-Plioceno (Gregory-Wodzicki, 2000; Pennington & Lavin, 2017). En cambio, los Andes del Norte (Ecuador, Colombia y Venezuela) reflejan tres períodos de levantamiento, el primero hace 25 Ma (Oligoceno-Mioceno) y los otros dos hace 5 a 1,5 Ma (Plioceno-Holoceno) ( Van der Hammen, 1974; Neill, 1999a; Antonelli & Sanmartín, 2011; Cuesta et al., 2012). Esta sección de la cordillera es fragmentada en valles y sierras que genera heterogeniedad de hábitats y climas (Richter & Moreira-Muñoz, 2005). La flora y vegetación andina probablemente se diferenciaron a mitad del Mioceno (Neógeno) y se adaptaron a las distintas altitudes (Van der Hammen, 1974; Morillo & Briceño, 2000), lo que favorece la migración de especies de la flora templada y austral hacia las cumbres y origina especiación in situ (Morillo & Briceño, 2000). Los Andes Tropicales (Andes del Norte y Centro, 4000 km) (Myers et al., 2000) están formados por dos cadenas montañosas paralelas (Occidental y Oriental) de pendientes fuertes que se extienden de norte a sur y están separadas por menos de 200 km de valles interandinos que se caracterizan por presentar una vegetación de bosque seco y semiárida (Neill, 1999a, b; García et al., 2014), además, de las Cordilleras de Galeras, Cutucú y Cóndor de plegamiento tectónico que se localizan hacia el este (Neill, 1999a, b). Biogeográficamente, es un área anisotrópica variable (Zunino & Zullini, 2003) con una triple función en correspondencia con los requerimientos ecológicos y la historia evolutiva de las especies (Jørgensen et al., 2006; Jiménez et al., 2017; Pennington & Lavin, 2017). Los cimientos de la Cordillera Oriental o Real son del Paleozoico, 541-252 Ma (Jaillard et al., 2008) sobre rocas metamórficas (pizarras, esquistos, gneis) del Precámbrico que están plegadas, comprimidas y orientadas de NNE-SSO (Nieto, 1991; INIGEMM, 2017). Aparentemente su actividad volcánica ha sido superior a la Cordillera Occidental. Litológicamente está formada por lutitas y areniscas cuarcíticas presenta un cambio en los tipos de suelo cerca de los límites entre Cuenca-Cañar-Morona Santiago, con predominio de los suelos del tipo inceptisol, seguidos en relevancia por los alfisoles, entisoles, ultisoles y molisoles. Se hace énfasis en relación al mosaico de suelos existente al este en la provincia de Cuenca de inceptisoles, molisoles, entisoles y alfisoles (Mapa 1:25000/SIG Tierras-IEE-CGSIN/2009-2015, http://www.sigtierras.gob.ec/ mapa-de-ordenes-de-suelos). Los suelos de la zona occidental del Parque Nacional Podocarpus son franco y franco arenosos, ricos en materia orgánica y nitrógeno que favorece la retención de la humedad en el suelo (Lozano et al., 2007). En la Cordillera Occidental y en los valles interandinos predominan los andisoles y molisoles, con escasa representación de entisoles, aridisoles y alfisoles, concentrados en la provincia de Cuenca (Mapa 1:25000/SIG Tierras-IEE-CG- SIN/2009SIN/ -2015;;García Cruzatty & Schlatter Vollmann, 2012). Los procesos geotectónicos acaecidos millones de años atrás en el norte de América del Sur configuraron su geografía y sentaron las bases para un proceso de diversificación de especies a gran escala en el continente cuya diversidad se fundamenta en múltiples procesos evolutivos que pudieron haber interactuado a escala espacial y temporal, mientras que otros procesos evolutivos, climáticos y biogeográficos intervienen en su estabilidad, expansión, contracción o extinción (Antonelli & Sanmartín, 2011; Rull, 2011). Estas evidencias han quedado sustentadas a través de filogenias moleculares y el registro fósil (Hoorn et al., 2010). Ecuador se localiza en la Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT) y recibe la influencia del patrón climático "El Niño-Oscilación del Sur, ENOS", la Vaguada del Perú, las Perturbaciones de la Amazonía, el Alta Semipermanente del Pacífico Suroriental, la Alta del Caribe (Urdiales & Célleri, 2018), y la Oscilación Decadal del Pacífico (Serrano Vincenti et al., 2012). Las corrientes cálidas ecuatoriales de norte y sur, la contracorriente ecuatorial del norte y la corriente fría de Humboldt influyen marcadamente sobre el clima de Ecuador continental e insular (Pourrut et al., 1995; Samaniego-Rojas et al., 2015). Las Islas Galápagos reciben, además, (Devónico); calizas (Carbonífero); esquistos (Devónico-Jurásico); tobas, andesitas y lavas (Eoceno-Oligoceno); granidioritas (Paleoceno-Mioceno); turbiditas (Pre-cretácicas) y arcillas (Paleógeno; Nieto, 1991; Pilatasig et al., 2005; INIGEMM, 2017). La Cordillera Occidental de los Andes es más joven geológicamente que la Cordillera Oriental (INIGEMM, 2017), problamente con una actividad volcánica inferior a la Cordillera Oriental y al sector interandino. Tienen su origen en la meseta oceánica y en el arco volcánico del Cretácico-Paleógeno, formación Macuchi (145-66 Ma, Jaillard et al., 2008). Está formada por rocas volcano-clásticas, andesitas y lava en forma de almohadilla que se depositaron hasta el Eoceno y que se emplazaron tectónicamente, además de los depósitos marinos y volcánicos del Eoceno al Holoceno (Nieto, 1991). Se resaltan los aportes de materiales detríticos de la Cordillera Oriental que intervinieron en su formación, principalmente en la provincia de Cuenca (Vallejo et al., 2009). Más del 50% de la cordillera está formada por rocas ígneas (dacitas, andesitas, granitoides) del Cretásico superior con bajo contenido en sílice y alto contenido de hierro y magnesio, además de cenizas, rocas sedimentarias (arenisca, lititas, turbiditas), entre otros; los depósitos de rocas volcánicas del Cuaternario ocupan el 10% de su superficie (INIGEMM, 2017). El sector interandino es una depresión de 2500-3000 m de altitud que pertenece al arco continental Paleógeno-Cuaternario, 66-0,01 Ma (Jaillard et al., 2008) con cuencas o fosas formadas por la actividad tectónica y provistas de sedimentos fluviolacustres, localmente fluvio-glaciares cuaternarios (areniscas, arenas, conglomerados, arcillas), además de los depósitos provenientes de las emisiones volcánicas (coladas, lahares, proyecciones, cineritas, cenizas cementadas o cangahua; García Cruzatty & Schlatter Vollmann, 2012). Estas cuencas son prominentes y contínuas hacia el norte, lo inverso se produce hacia el sur del país (Nieto, 1991). Diversidad de suelos en Ecuador continental Desde el norte de la Cordillera Oriental hasta los límites provinciales de Morona Santiago con Cuenca dominan los suelos andisoles, con presencia de ultisoles en la zona fronteriza con Colombia, además de parches de inceptisoles. La Cordillera Oriental el efecto de la Corriente de Cronwell (Cromwell et al., 1954); y los Frentes Intertropical y Ecuatorial hacen posible la existencia de dos estaciones lluviosas en el archipiélago (Pourrut, 1986). La convergencia de los vientos Alisios del noreste y del sureste produce un marcado gradiente vertical y asimétrico de termperaturas en Ecuador, además de ocasionar intensa niebla y precipitaciones extremas durante casi todo el año en la región Amazónica ecuatoriana (llanuras aluviales, vertiente oriental de los Andes y Cordilleras Amazónicas), y de elevar las masas de aire de la tropósfera inferior (Richter & Moreira-Muñoz, 2005). Los vientos Alisios del Pacífico viajan de Sur a Norte en el litoral ecuatoriano. Esta región recibe la influencia del Anticiclón del Pacífico y ocasionalmente de la Vaguada del Sur (Peralta et al., 2016), con un incremento de las precipitaciones hacia la Cordillera Occidental condicionadas a su orografía. El fenómeno de "El Niño" produce intensas lluvias en ambas regiones, mientras que el evento "La Niña" produce sequía en las llanuras costeras (Luna-Romero et al., 2018). En la Cordillera Occidental los vientos Alisios del Pacífico se superponen con los que provienen del este y generan fuertes corrientes de chorro en la zona de transición entre la tropósfera y la estratósfera que producen intensa nubosidad y niebla, incluso, por debajo de las crestas (Richter & Moreira-Muñoz, 2005), además de una disminución de la pluviosidad a cotas altitudinales elevadas (Luna-Romero et al., 2018). En el sur de Ecuador se pierde la individualidad de la Cordillera Occidental y predomina la Cordillera Oriental, con un patrón heterogéneo de precipitaciones hacía el occidente y es una zona menos seca que el sector interandino (Richter & Moreira-Muñoz, 2005), con altas precipitaciones de carácter permanente en la vertiente oriental de la cordillera. Los vientos Alisios soplan en distintas direcciones de Sur a Norte en invierno (julio) y de Norte a Sur en verano (febrero) formando nubes de turbulencia en las cumbres de ambas cordilleras, que generan vientos catabáticos secos, calientes y permanentes que descienden hacia el sector interandino con marcada influencia al sur de Ecuador (Richter & Moreira-Muñoz, 2005). En el sector interandino, las zonas de mayor altitud son extremadamente húmedas durante todo el año ("efecto Merriam") con un gradiente vertical de precipitaciones marcado y altas tasas de evaporación, principalmente en la vertiente de sotavento; en este sector el ascenso o descenso de las temperaturas a escala altitudional está directamente correlacionado con la aridez o la intensidad pluvial, respectivamente (Richter & Moreira-Muñoz, 2005). Los Andes despliegan una topografía compleja que favorece las condiciones físicas variadas para la formación de diversos hábitats y constituye una fuerte barrera a la dispersión de las especies (Anderson et al., 2011; Jost, 2011; Martínez et al., 2011), a la formación de corredores y a la vicarianza. La elevación de los Andes es la causa de los regímenes de precipitación altamente diferenciados en los flancos oriental y occidental de la cordillera. Interviene en la formación, ocurrencia y distribución espacial y temporal de las precipitaciones, con doble efecto barrera a las corrientes húmedas procedentes del Atlántico y del Pacífico (Urdiales & Célleri, 2018). En la medida que se avanza en el gradiente altitudinal se produce una reducción de la evapotranspiración, se incrementa de nubosidad y la niebla, se produce un descenso en la temperatura, se acentúan las fluctuaciones de la temperatura entre el día y la noche, se modifica la composición florística y sube la tasa de endemismos (Larsen et al., 2011; Young, 2011). Diversidad de plantas en Ecuador El paisaje muestra una marcada heterogeneidad como consecuencia de factores orográficos, climatológicos y fitogeográficos (Jørgensen et al., 2006). Desde el punto de vista biogeográfico se divide en cuatro regiones naturales: Andes, Amazonía, Litoral e Insular (Neill, 1999b; Jørgensen et al., 2006; García et al., 2014). Diversidad y distribución de los endemismos de Asteraceae (Compositae) en la Flora del Ecuador La región Amazónica ecuatoriana representa el 30% del territorio nacional y el 1,6% del total del área amazónica de América del Sur, que se extiende al este de las estribaciones orientales de los Andes desde la frontera con Colombia hasta la frontera con Perú (Muriel, 2008). Los bosques de tierra firme y los inundados o inundables dominan la región Amazónica (250-3100 m, García et al., 2014), que se caracterizan por la dominancia de árboles, bejucos y epífitas. El Litoral ocupa la región entre el Océano Pacífico y el piedemonte de los Andes, que incluye la cuenca del río Guayas, el río Esmeraldas y las cordilleras paralelas a la costa desde Esmeraldas hasta Guayaquil (Neill, 1999b; García et al., 2014). Se subdivide en tres subregiones (norte, centro y sur) que muestran un marcado gradiente desde el bosque húmedo o muy húmedo hasta formaciones muy áridas al sur de Ecuador, que influye en su alto nivel de endemismos (Muriel, 2008). La subregión norte ocupa desde la frontera con Colombia hasta la provincia de Manabí, le sigue la subregión centro que se extiende hasta el sur de la provincia de El Oro y por último la subregión sur hasta el límite fronterizo con Perú (Muriel, 2008). Asteraceae: riqueza & diversidad Los patrones de riqueza-diversidad y endemismos varían según el grupo taxonómico estudiado (Pennington & Lavin, 2017). La diversidad se concentra en la supertribu Helianthodae con 3159 especies en América del Norte y 2535 especies en América del Sur (Panero & Crozier, 2016). La mayor diversidad de la supertribu Senecionodae ocurre en América del Sur (1214 especies), mientras que la máxima representatividad de la supertribu Asterodae está en África (1900 especies) y Asia (1650 especies); en Oceanía es el grupo con mayor representatividad (1127 especies, Panero & Crozier, 2016). Se destaca que la diversidad de Cichorioideae se produce en América del Sur, África, Asia y Europa. Asia, es el continente con mayor riqueza de especies de Carduoideae (Panero & Crozier, 2016). Su distribución es cosmopolita, excepto en la región Antártica (Funk et al., 2005; Aranguren et al., 2008) y muestra un amplio espectro altitudinal, con un predominio en las regiones templadas (Beltrán, 2016) y en las regiones cálidas y semiáridas de los trópicos y subtrópicos (Roque et al., 2016); su diversidad decrece en los bosques tropicales (Beltrán, 2016). Los datos filogenéticos y paleontológicos sugieren que la familia se originó en la región andina (Katinas et al., 1999(Katinas et al.,, 2007)), aunque Stuessy et al. (1996) ubica su centro de origen en la Patagonia, con centros secundarios de diversificación importantes en las regiones Mediterránea, del Cabo, Australia, México y los Andes (Funk et al., 2005). Los estudios de Panero & Funk (2008) confirman el origen de la familia Asteraceae en América del Sur y que su dispersión ocurrió previo a la separación de este continente de América del Norte y África; después tuvo lugar una radiación explosiva desde el continente africano al resto del mundo, lo que enfatiza su gran capacidad de dispersión a grandes distancias y su habilidad para establecerse y adaptarse con éxito a nuevos hábitats. Los datos palinológicos sugieren que al final del Oligoceno (20-25 Ma) muchas tribus ya existían y que durante el Mioceno se produjo una explosión evolutiva, acompañada de procesos de diversificación (Germeraad et al., 1968; Muller, 1970; Salgado-Labouriau, 1982; Morillo & Briceño, 2000). Los resultados publicados por Panero & Crozier (2016) Es importante destacar que la diversidad de Asteraceae ha sido empleada como modelo para estimar la riqueza total de plantas y como indicador de áreas prioritarias a conservar (Rzedowski, 1991; Villaseñor & Ortiz, 2007, 2012). Presentan una amplia variación o plasticidad en el hábito de crecimiento, las características del vilano, el desarrollo de inflorescencias especializadas provistas de estructuras florales con presentación secundaria del polen que han coevolucionado directamente con sus diversos sistemas de cruzamiento y con sus mecanismos de polinización y dispersión (Panero & Funk, 2008; Panero et al., 2014), así como la producción de gran cantidad de metabolitos secundarios (Panero & Funk, 2008). Su radiación evolutiva fue impulsada por la arquitectura compleja del capítulo y sus transiciones adaptativas, en especial por la expansión y evolución de los genes de tipo CYC2 que contribuyen a su complejidad (Chen et al., 2018). Se destacan los procesos de poliploidización y diploidización que promueven el incremento de la tasa de especiación (Rivero-Guerra, 2008, 2009; Rivero-Guerra & Laurin, 2012; Panero & Crozier, 2016). Su diversidad, origen y distribución ofrece una excelente oportunidad para comprender la reciente radiación y adaptación de este grupo de plantas a escala global (Panero & Funk, 2008). Esta familia es relevante en la agricultura (para el consumo humano y animal, como malezas, y por sus propiedades tóxicas e insecticida), en jardinería (uso ornamental), en apicultura (donadoras de néctar y polen), en la industria alimentaria (aceites comestibles, especias), en la industria farmacéutica y cosmética (metabolitos secundarios con actividad biológica y aceites esenciales) y en la industria maderera (madera, leña y celulosa, Del Vitto & Petenatti, 2009; Oliveira Amorim & Pousada Bautista, 2016). La familia Asteraceae está escasamente estudiada en Ecuador a pesar de constituir la segunda familia en importancia en cuanto a número de especies (217 géneros, 7 de ellos endémicos, y 918 especies, de las cuales 370 son endémicas; cf. Jørgensen & León-Yánez, 1999; Katinas et al., 2007). León Yánez (2011) determinó 361 especies endémicas de Asteraceae para Ecuador, que representan el 8% del total de endemismos de la flora nacional, que alberga 746 especies nativas en el bosque andino. El primer suplemento de la Flora de Ecuador (Ulloa Ulloa & Neill, 2005) adiciona 33 nuevos táxones a esta familia, 17 de los cuales en el género Mikania Willd.; el segundo suplemento (Neill & Ulloa Ulloa, 2011) incluye 13 nuevas especies, 13 registros nuevos y 2 cambios taxonómicos, para un total de 28 adiciones y cambios. Se ha avanzado en el conocimiento taxonómico de escasos géneros de Asteraceae representados en la Flora de Ecuador. Los géneros estudiados son: Acmella Pers. (Gutiérrez & Katinas, 2015), los géneros que integran el grupo Lucilia Cass. Se hace referencia, además, al estudio taxonómico en la subfamilia Mutisioideae (Katinas et al., 2008). El presente trabajo pretende estudiar los siguientes aspectos relacionados con los endemismos de la familia Asteraceae en la Flora de Ecuador: (1) evaluar su distribución geográfica actual mediante el uso de datos de colecciones biológicas; (2) determinar la variación a nivel de subfamilia, tribu, género y especie respecto a la región, provincia y sector biogeográfico en la que habitan; (3) evaluar su espectro de variación en relación a la altitud, fisonomía y fenología de la vegetación, bioclima, ombrotipo, termotipo y piso florístico o bioclimático en el que se desarrollan; (4) determinar la correlación existente entre la superficie y la edad geológica de las Islas Galápagos respecto al número de endemismos de esta familia; y (5) determinar la variación de las temperaturas y precipitaciones en los sectores biogeográficos y en el gradiente altitudinal. Se consultaron 2868 registros de Asteraceae de la Base de Datos TROPICOS [URL]. org), la información provista por Bioweb (https:// bioweb.bio) y El Catálogo de la Vida (https:// www.catalogueoflife.org) para Ecuador, además del Catálogo de Plantas y Líquenes de Colombia [URL], así como la información provista por los materiales de los 85 herbarios registrados en las referidas bases de datos TROPICOS. También se consultaron los 361 registros para esta familia que aparecen en el Libro Rojo de Plantas Endémicas del Ecuador (Barriga et al., 2011) y las bases de datos de la IUCN [URL], The Plant List [URL] y Global Compositae [URL] Default.aspx). Los datos de las temperaturas (88 estaciones meteorológicas) y precipitaciones (160 estaciones meteorológicas) medias anuales (Apéndice 1) fueron provistos por el INAMHI de Ecuador [URL] educaci%C3%B3n-y-ciencia/35393-inamhi-anuarios-metereol%C3%B3gicos-en-pdf), además de datos extraidos de otras estaciones meteorológicas que aparecen referidos en Nouvelot et al. (1993), Richter & Moreira-Muñoz (2005) Se estudiaron las siguientes variables cualitativas: hábito de crecimiento; región, provincia y sector biogeográfico en el que habitan los endemismos; fisonomía y fenología de la vegetación en la que crecen; bioclima, ombrotipo, termotipo y piso florístico o bioclimático en el que se desarrollan; además de la provincia ecuatoriana donde habitan y la calificación del riesgo de extinción de cada endemismo. Las variables cuantitativas que se evalúan son: altitud, latitud, longitud, temperatura y pluviosidad. Para bioclima, ombrotipo, termotipo y piso florístico o bioclimático se siguió la metodología propuesta en MAE (2013). Se aplica el análisis de regresión para determinar: (1) la ecuación que describe la distribución de los endemismos de Asteraceae en la flora de Ecuador continental en relación a la altitud, (2) el grado de correlación entre la superficie y la edad geológica de las Islas Galápagos respecto al número de especies endémicas de la familia Asteraceae que la habitan, y (3) el nivel de interrelación entre la variación de la temperatura y precipitaciones en el gradiente altitudinal. El análisis de conglomerados se efectuó para evaluar el grado de similaridad en la composición de especies y en la distribución de las tribus respecto a los sectores biogeográficos de Ecuador continental. También se empleó el análisis de MANOVA anidado para estimar la variación de las termperaturas y las precipitaciones entre los sectores biogeográficos y en las zonas dentro de cada sector para las estaciones metorológicas con ambos datos; para las estaciones meteorológicas con datos de precipitaciones exclusivamente se aplicó el ANOVA anidado. Las técnicas se aplicaron después de asegurar los requisitos en cuanto a la distribución normal multivarante (MANOVA) o univariante (ANOVA) de datos (prueba de Kolmogorov-Smirnov y Shapiro-Wilk) y homogeneidad de la varianza (contraste Barlett-Box y prueba de Levene) (Dytham, 2003; Grafen & Hails, 2002). Se emplean los paquetes estadísticos STATISTICA v7.0 (StatSoft, Tulsa, Oklahoma) y SPSS v20.0 (SPSS, Chicago, Illinois). Los resultados se consideraron significativos si la probabilidad de la hipótesis nula fue menor que 0,05. Se excluyen del listado un total de 159 nombres científicos cuya causa radica en la pérdida de la condición de especie endémica por extender su área de distribución a otros países del continente, principalmente a Colombia y Perú, y/o por ser sinónimo de otras especies de la misma familia (Apéndice 4). Además, 3 (0,97%) de los endemismos son de sector y provincia biogeográfica desconocidas (Apéndice 2). En el Apéndice 3 se indica que en la región Litoral (provincias biogeográficas Chocó y Pacífico Ecuatorial) se localizan endemismos de las tribus Astereae, Barnadesieae, Coreopsideae, Eupatorieae, Heliantheae y Senecioneae. La provincia Andes del Norte evidencia todas las tribus de la familia Asteraceae de la Flora de Ecuador con la aparente excepción de las tribus Coreopsideae y Neurolaeneae en los páramos, Onoserideae en la Cordillera Oriental de los Andes, en los páramos y en los valles interandinos y las tribus Gnaphalieae, Liabeae y Millerieae en los valles interandinos. En la provincia biogeográfica Amazonía Noroccidental habitan endemismos de las tribus Eupatorieae, Heliantheae, Liabeae, Millerieae y Senecioneae. La Fig. 1 El análisis de agrupamiento sugiere similitud en la composición de especies entre las regiones Litoral (excepto Jama-Zapotillo), Amazonía y las especies que se distribuyen de norte a sur en la Cordillera Oriental; y entre los sectores biogeográficos Jama-Zapotillo, Catamayo-Alamor, norte y centro de la Cordillera Occidental y norte de la Cordillera Oriental; valles interandinos y centro de la Cordillera Occidental; y entre los páramos y el norte de la Cordillera Occidental (Fig. 2). Los endemismos se distribuyen en 18 islas e islotes, con destacada representatividad en las islas Isabela, San Cristobal, Santa Cruz, Floreana, Santiago, y Fernandina (Tabla 1). El análisis de regresión múltiple indica que existe una correlación baja y significativa entre la superficie y la edad geológica de las Islas Galápagos respecto al número de especies endémicas de la familia Asteraceae que la habitan (R 2 corregida = 0,39; F 1,17 = 11,73; p < 0,05). Además, a mayor elevación se produce un incremento del número de endemismos de esta familia en la zona húmeda. Un total de 24 táxones (5 especies en Islas Galápagos; 19 en Ecuador continental) están en peligro crítico, aunque en su mayoría son vulnerables y en peligro de extinción (Fig. 4). Similaridad en el patrón de distribución de los endemismos de Asteraceae representadas en la Flora de Ecuador continental respecto a los sectores biogeográficos que ocupan en correspondencia con los resultados de las Tabla 2 y 4. Frecuencia de endemismos de la familia Asteraceae por provincia política de Ecuador. Relación entre la superficie y la edad geológica de las Islas Galápagos respecto al número de especies endémicas de la familia Asteraceae que habitan (R 2 corregida = 0,39; F 1,17 = 11,73; p<0,05). Calificación del riesgo de extinción de los endemismos de la familia Asteraceae representadas en la Flora de Ecuador. Los endemismos de esta familia se distribuyen desde los 0oN hasta los 4oS y de los 75oW hasta los 91oW en Ecuador, con especial ocurrencia a 0oS entre 77oW y 79oW (Figs. Las especies exhiben un amplio espectro altitudinal desde cercano al nivel del mar hasta cotas superiores a los 5000 metros de altitud que describe una regresión polinómica de orden 6 de ajuste al 84,04% (Figs. Diversidad y distribución de los endemismos de Asteraceae (Compositae) en la Flora del Ecuador Figura 6. Variación latitudinal de los endemismos de la familia Asteraceae en la Flora de Ecuador. Regresión polinómica de orden 6 que describe la frecuencia de especímenes endémicos de la familia Asteraceae en la Flora de Ecuador según el rango altitudinal que se muestra en la Figura 8. Los endemismos de Asteraceae en Ecuador continental crecen principalmente en una vegetación de bosque siempreverde o de bosque y arbustal siempreverde o semideciduo y siempreverde, con una frecuencia inferior al 20% en herbazales y arbustales (Tabla 2). Se enfatiza que el 6,13% (19) y el 3,87% (12) de los endemismos se desarrollan en bioclimas publioestacionales y xéricos respectivamente (Tabla 3). En general, el 61,29% de los endemismos (190) ocupan un ombrotipo húmedo a hiperhúmedo seguido por los que se establecen en un ombrotipo de seco a húmedo (41, 13,23%, Tabla 4). Frecuencia de endemismos de la familia Asteraceae representados en la Flora de Ecuador en relación a la fisonomía y fenología de la vegetación en la que habitan. Fisonomía y fenología de la vegetación Número de táxones Arbustal, rosetal caulescente siempreverde 1 (0,32%) La dispersión de los endemismos de la familia Asteraceae en Ecuador continental en relación a las oscilaciones térmicas es extensa, al demostrar que su variación se enmarca desde el termotipo infratropical inferior hasta el criorotropical atérmico (Tabla 5). El espectro de pisos florísticos o bioclimáticos que ocupan varía desde las tierras bajas hasta el nivel nival, todos ellos con una frecuencia de endemismos inferior al 20%. La mayor frecuencia se observa en el piso montano con un termotipo mesotropical inferior y superior (59, 19,03%) y de montano al montano alto con un termotipo de mesotropical inferior y superior a supratropical inferior (56, 18,06%; Tabla 5). Kuntze]; litoral, árida, transición y húmeda [Darwiniothamnus tenuifolius (Hook. f.) Harling y Scalesia affinis Hook. f.] habitan el 6,06% de los endemismos de Asteraceae representados en estas islas. Mientras que el 3,03% de los endemismos crecen en las zonas áridas y de transición (Scalesia divisa Andersson); húmeda y de transición (Scalesia pedunculata Hook. f.) y en la de transición exclusivamente (Baccharis steetzii Andersson, Apéndice 6). En relación al ecosistema en el que habitan, los endemismos galapaguenses de esta familia crecen en bosque y arbustal húmedo (zona litoral), en vegetación de bosque y arbustal deciduo (zona árida), en bosque siempreverde estacional y en vegetación arbustiva (zona de transición), en bosque y arbustal siempreverde, y en herbazal húmedo (zona húmeda, Apéndice 6). Variación de la temperatura y la pluvisidad en los sectores biogeográficos y en el gradiente altitudinal La temperatura media anual es más elevada en el Litoral y en la Amazonía, lo inverso ocurre en los páramos (Fig. 10). Los sectores Catamayo-Alamor, Cordillera Oriental de los Andes y Cordilleras Amazónicas presentan una baja oscilación térmica de las temperaturas medias anuales. La Cordillera Oriental de los Andes, Chocó Ecuatorial y todos los sectores de la región Amazónica muestran los más altos niveles de pluviosidad anual (Fig. 11). Los sectores más secos son los valles interandinos, Jama-Zapotillo, Catamayo-Alamor y los páramos de la Cordillera Occidental de los Andes (Fig. 11). La intensidad pluviométrica es Tabla 4. Frecuencia de endemismos de la familia Asteraceae representados en la Flora de Ecuador en relación a la variación del ombrotipo de donde habitan. inferior en los páramos de la Cordillera Occidental en relación a los páramos de la Cordillera Oriental (Fig. 11). El ANOVA anidado muestra variación significativa en relación a las precipitaciones medias anuales de todas las estaciones meteorológicas entre los sectores biogeográficos (F 11,121 = 14,06; p 0,05). El MANOVA anidado de la variación de los valores de temperatura y precipitaciones para las estaciones meteorológicas con ambos datos indica significación estadística a escala multivariante entre las regiones biogeográficas (λ de Wilks = 0,14; F 22,126 = 9,26; p 0,05). El ajuste de la disminución de la temperatura en función del incremento de la altitud es significativo y asciende al 94,12% (Fig. 12), no existiendo una correlación significativa entre la pluviosidad y la altitud. Los análisis efectuados en la familia Asteraceae están en correspondencia con los propuestos por Jørgensen & León-Yánez (1999) a escala global para la Flora de Ecuador e indican que: (1) la región andina es la que alberga la mayor riqueza de especies, (2) los más altos niveles de endemismo están asociados a los Andes y a las Islas Galápagos, (3) la mayoría de las especies tienen una distribución altitudinal restringida, y (4) los hábitos de crecimiento más frecuentes son el arbustivo y el herbáceo. Diversidad de especies de Asteraceae en los Andes y en los valles interandinos de Ecuador Entre ambos se localizan los pastizales altoandinos amacollados y arbustos siempreverdes, algunos de ellos micrófilos con hojas coriáceas y pubescentes Figura 12. Variación de la temperatura en relación a la altitud con una ajuste del 94,12%. (Luteyn, 1999; Muriel, 2008), que son reemplazados por plantas almohadilladas, rosetas acaulescentes, hierbas de bajo porte y arbustos postrados en la medida que se incrementa el gradiente altitudinal (Ramsay & Oxley, 1997; Muriel, 2008). Los páramos son ecosistemas mixtos tropicales áridos de alta montaña que conquistan la zona intermedia entre los límites superiores de la extensión de los bosques y el hielo perenne de los glaciares andinos desde Venezuela hasta el norte de Perú. En el que dominan pajonales, rosetales, arbustales, árboles enanos, humedales y bosquetes (Mena Vásconez & Hofstede, 2006). Las especies de plantas parameras exhiben adaptaciones evolutivas a la congelación, a la alta irradiación solar y a la sequedad fisiológica como la disminución del metabolismo en las horas más frías, alta tasa de rebrote, porte bajo, microfilia (Oritrophium), desarrollo de hojas en rosetas (Espeletia, Floscaldasia, Oritrophium), suculentas o carnosas (Senecio), coriáceas (Chuquiraga) y con gran producción foliar; pigmentos oscuros, diversidad de elementos epidérmicos como pelos o tricomas (Ageratina, Cronquistianthus, Diplostephium, Erigeron, Grosvenoria, Mikania, Oritrophium, Verbesina), ceras (Senecio), glándulas (Ageratina, Diplostephium, Grosvenoria, Oritrophium), emergencias (Chuquiraga), zarcillos (Mutisia); tallos subterráneo (Erigeron, Floscaldasia, Oritrophium), formación de estolones (Pilosella); así como un período de crecimiento, floración y fructificación corto. Están ligados a los glaciares, que han perdido entre el 30% al 37% de su masa de hielo entre 1956 y el año 2000 (Serrano Giné & Galárraga Sánchez, 2015), proceso que se ha visto acelerado desde comienzo de los ochenta en el glaciar del volcán Antisana y los glaciares con una superficie inferior a 1 km 2 presentan gran probabilidad de desaparecer en un período inferior a 10 años (Cáceres et al., 2006). Los páramos están interconectados de norte a sur lo que facilita el flujo de genes y las migraciones (Aguirre & Torres, 2013); aunque el número de especies y su cobertura disminuye con la altitud (MECN-INB, 2015). También debe amortiguar el impacto del fuego, el pastoreo, la deforestación, y la agricultura (Muriel, 2008; Lozano et al., 2013Lozano et al.,, 2015;;Anhalzer & Lozano, 2015; Lozano et al., 2016) que provocan la liberación del dióxido de carbono a la atmósfera, cuestión crítica para la regulación del ciclo del carbono en la Tierra (Suárez Duque et al., 2016). Las plantaciones de especies exóticas como Pinus L. spp. y Eucalyptus L'Hér spp. merman la disponibilidad de agua hasta el 70% (Serrano Giné & Galárraga Sánchez, 2015), incrementan la evapotranspiración (Crespo et al., 2014) e influyen de forma negativa en los cambios en la estructura y distribución de las comunidades (Aguirre & Torres, 2013). Los páramos reservan gran cantidad de carbono y pueden contribuir a la mitigación de los gases efecto invernadero por deforestación y degradación (Suárez Duque et al., 2016). Además, los suelos del páramo tienen un alto contenido de materia orgánica en los primeros estratos del suelo que tiende a incrementarse con la altitud, principalmente en los suelos no intervenidos (Cunalata et al., 2013; Carrasco et al., 2016). Las bajas temperatura del páramo y la formación de complejos órgano-metálicos en el suelo, particularmente el aluminio contenido en la ceniza volcánica y la materia orgánica se combinan formando una estructura resistente a la actividad de los descomponedores que inducen a una reducción drástica de la tasa de descomposición de la materia orgánica con una reducida reserva de hojarasca y biomasa aérea (Cunalata et al., 2013; Hofstede et al., 2014; Suárez Duque et al., 2016). Esto contribuye a tres de sus principales servicios ecosistémicos que son el almacenamiento y la regulación del agua (incluyendo la potable, de riego, y la que genera electricidad), además de ser fuentes de los principales ríos (Mena Vásconez & Hofstede, 2006; Cunalata et al., 2013; Lozano et al., 2013). En este ecosistema destacan los bofedales que son humedales en el que dominan las plantas almohadilladas de alta productividad; se desarrollan en zonas inundadas o seminundadas sobre suelos impermeables, con alto contenido de materia orgánica muerta que se transforma en turba y favorece el almacenamiento del carbono en el suelo (Suárez Duque et al., 2016). Los depósitos de turba se producen cuando la producción primaria de la cobertura vegetal excede a las pérdidas por lixiviado y descomposición, lo que provoca que la materia orgánica se concentre de forma vertical o lateral (Turetsky et al., 2004). retención de agua, de aluminio intercambiable y de arcilla mineralógica, además de una alta densidad aparente (Podwojewski & Poulenard, 2000). Su balance hídrico es positivo, gracias a altas tasas de nubosidad, neblina y precipitación horizontal (Young et al., 2011). El estudio preliminar efectuado por Crespo et al. (2014) en los páramos húmedos del sur de Ecuador sugiere que el movimiento del agua en el suelo se afecta por el pastoreo extensivo y la agricultura, que reduce su capacidad de regulación y amortiguación. Además, el rendimiento hídrico decrece y la infiltración vertical a través del suelo es dominante. Borja Ramón et al. (2008a) evaluaron la curva de retención de agua del suelo del páramo de Quimsacocha en la provincia de Cuenca y sostienen que en condiciones de alta humedad el principal proceso es la escorrentía superficial al permanecer casi inactivos los horizontes superiores a las variaciones del contenido de humedad, mientras que las capas más profundas del suelo permanecen activas, con una respuesta inmediata a los eventos de precipitación y contribuyen de forma positiva a los procesos hidrológicos en el páramo. En el páramo, las especies muestran una baja tasa de migración y altos niveles de diversidad y de especiación in situ con gran número de endemismos, que pueden llegar al 60% (Mena Vásconez & Medina, 2001). Esto se debe principalmente a la historia evolutiva geológica y volcánica de los Andes en Ecuador; a los ciclos de glaciares durante el Plioceno y Pleistoceno que vinculados con las condiciones ecológicas resultan en diversas asociaciones de plantas; a la constancia en la humedad relativa del aire; al clima húmedo y frío que impera; a la alta irradiación solar; a factores biofísicos como el aislamiento geográfico de parches de vegetación, a la diversidad de hábitats y de suelo; a la orografía del país que destaca la disminución de su altitud hacia el sur que permite la influencia de las corrientes del litoral y de la Amazonía en la riqueza y composición de especies (Mena Vásconez & Hofsted, 2006; Beltrán et al., 2009). Entre los 2°S hasta los 3°S predominan los relieves tabulares, y desde los 3°S hasta los 4°S ambas cordilleras (Occidental y Oriental) quedan fusionadas en una unidad. La depresión de Cuenca-Girón (Ecuador) y Huancabamba (Perú) son de los sectores más bajos de los Andes y constituye una zona de transición entre el páramo y la puna (Richter & Moreira-Muñoz, 2005). En el sector Catamayo-Alamor (541-66 Ma), que pertenece a la provincia de Loja, convergen en su estructura geológica rocas volcánicas y volcanoclásticas del Paleozoico, del arco volcánico continental del Cretácico-Paleógeno, y del antearco del Cretácico-Paleóceno tardío (Jaillard et al., 2008). Entre los depósitos más relevantes tenemos las tobas, conglomerados, brechas, areniscas, lutitas, y limolitas (Cretácico-Paleógeno); grauvacas y granidioritas (Cretácico; Pilatasig et al., 2005). Este sector presenta una amplia diversidad de suelos, encabezado por entisoles e inceptisoles, además de alfisoles, oxisoles, aridisoles y molisoles (Mapa 1:25000/SIG Tierras-IEE- CGSIN/2009CGSIN/ -2015)). Desde Paute (Cuenca) hasta el norte de la provincia de Loja encontramos una gran variabilidad geomorfológica como conglomerados, areniscas y lutitas (Neógeno); tobas soldadas (Mioceno); tobas dacítico-rioltias, lava andesítica y rocas volcánicas sedimentarias (Eoceno-Oligoceno), esquistos verdes (Jurásico); ortogneis y paragneis (Paleozoico-Cenozoico); esquistos grafíticos, cuarcitas y metasamitas (Devónico), esquistos micáceos (Paleozoico) y granidioritas (Cenozoico, Pilatasig et al., 2005). Además del relieve irregular debido al entrecruzamiento intricado de montañas, estribaciones, nudos, portetes y mesetas, que junto a las cuencas hídricas favorecen la formación de hábitats y microhábitats (Aguirre-Mendoza et al., 2017). La depresión geográfica de Huancabamba tuvo su origen en el Cretácico-Cenozoico (Espurt et al., 2017) y atraviesa de este a oeste a la Cordillera de los Andes en el norte de Perú e interrumpe su continuidad (Almeida & Nogales, 2005). Aquí el río Marañón desvía su curso hacia el oriente amazónico y la Cordillera Occidental andina aminora su cota altitudinal en el Paso de Porculla, Perú (2145 m). Esta deflexión estuvo influenciada por penetraciones esporádicas del Océano Pacífico desde el Eoceno hasta el Mioceno medio (56-23 Ma), separando la cordillera, y probablemente favoreció la especiación de organismos que habitaban en alta montaña a ambos lados de la depresión, al ser el océano una barrera a la dispersión, aunque existieron refugios de tierras bajas (Antonelli & Sanmartín, 2011). Con el levantamiento de las Cordilleras Diversidad y distribución de los endemismos de Asteraceae (Compositae) en la Flora del Ecuador Occidental y Oriental de los Andes y el fin de las irrupciones marinas desde el Mioceno nuevas rutas migratorias quedaron establecidas y la Cordillera Andina quedó interconectada (Antonelli & Sanmartín, 2011). Prueba de ello son los bosques relictos o fragmentos de bosque con gran riqueza florística y de endemismos en la vertiente occidental del norte de Perú y del sur de Ecuador que en el pasado constituyó una unidad (Weigend et al., 2005). Esta depresión sigue actuando como una barrera geográfica natural entre los Andes del Norte y los Centrales, que contribuye a la especiación al perderse la continuidad en la cobertura forestal (Weigend et al., 2005). Un ejemplo de ello es el valle árido del Río Santa en la zona Amotape-Huancabamba en Perú, fronteriza con Ecuador (Weigend et al., 2005). Este accidente geográfico constituye una zona de convergencia que permite la conexión biogeográfica entre las Regiones Litoral y Amazonía (Aguirre-Mendoza et al., 2017), ampliamente influenciada por las masas de aire provenientes del Pacífico cargadas de sales (Makowski et al., 2016). Además, la zona de divergencia al sur del Nudo de Loja, la depresión Girón-Cuenca y el sur de la provincia de Cuenca constituyen centros naturales de diversidad genética, con clima fragmentado que promueve la especiación adaptativa (Richter & Moreira-Muñoz, 2005). Lo antes expuesto justifica la riqueza en endemismos de plantas de provincia de Loja, que es megadiversa y consta de 22 ecosistemas con una diversidad florística de 3039 especies de plantas distribuida en diversos pisos altitudinales (Aguirre-Mendoza et al., 2017). La región Litoral se localiza al oeste de la Cordillera Occidental y se formó por depósitos del Paleógeno-Cuaternario (66-0,01 Ma) con franjas que tuvieron su origen en la meseta oceánica y en el arco del Cretácico-Paleógeno (145-66 Ma, Jaillard et al., 2008). La franja litoral al sur de Ecuador y el sur de la provincia de El Oro están litológicamente formadas por granitoides, ortogneis y paragneis (Paleozoico-Cenozoico), esquistos, metagrauvacas, filitas y anfibolitas (Paleozoico; Pilatasig et al., 2005). Sus suelos son principalmente del tipo inceptisol y molisol, seguidos en importancia por los suelos alfisoles, entisoles y aridisoles (Mapa 1:25000/ SIG Tierras-IEE-CGSIN/2009-2015). Los suelos son volcánicos y aluviales; ricos en arena, arcilla y limo, lo que proporciona una estructura franca a franca arcillosa, y son más evolucionados que los suelos del sector interandino (Zebrowski & Sourdat, 1997; García Cruzatty & Schlatter Vollmann, 2012; Novillo Espinoza et al., 2018) V. minuticeps) están estrechamente relacionados con sus homólogos que crecen en la Región Amazónica. Se enfatiza que el sector Chocó presenta valores análogos de temperaturas y precipitaciones medias anuales que la región Amazónica. Las especies pertenecientes a los géneros Mikania y Pentacalia son bejucos, hierbas o arbustos trepadores, mientras que E. eggersii es un arbusto trepador, hábito de crecimiento que comparten con los endemismos representados en la Amazonía. Existe similitud estadística entre en la composición de endemismos que habitan en los sectores Jama-Zapotillo y Catamayo-Alamor al compartir los endemismos Elaphandra paucipunctata H. Rob. y Verbesina pentantha S. F. Blake. Se destaca que el endemismo V. minuticeps está representado en todos los sectores de la región Litoral con adaptabilidad a diversos ecosistemas. La región Amazónica se formó por depósitos del Paleógeno-Cuaternario (66-0,01 Ma, Jaillard et al., 2008). La base de las Cordilleras Amazónicas, zona subandina paralela a los Andes, se enclava en el Mesozoico, 252-66 Ma (Jaillard et al., 2008), considerada como una zona de "cabalgamiento y plegamiento tras-arco" tectónicamente vinculada a los Andes, que recibió diversidad de depósitos volcánicos durante el Cuaternario (Nieto, 1991). El arco de Loracachi separa los levantamientos de Napo por el norte y el de Cutucú por el sur, sobrecorrimiento y levantamiento que se produjo en el Neógeno (Nieto, 1991). En la zona del volcán Reventador (basaltos andesíticos, lahares y piroclastos), que corresponden al levantamiento de Napo, presenta fallas o fracturas con metamorfirmo de grado bajo (Nieto, 1991). Las Cordilleras de Galeras (calizas del Cretácico) y Cutucú (pizarras y areniscas cuarcíticas del Silúrico-Devónico; calizas bioclásticas y dolomitas con lutitas y areniscas intercaladas del Carbonífero-Pérmico) forman parte de estas cordilleras (Pilatasig et al., 2005). Al igual que la Cordillera del Cóndor que está estructuralmente formada por rocas areniscas y calizas con instrucciones ígneas del Mesozoico-Cenozoico cuyos suelos derivados son altamente ácidos y muy pobres en nitrógeno, fósforo y otros nutrientes (Rodríguez-Rodríguez et al., 2013). Además de gneis (Pre-cámbrico); pizarras y areniscas cuarcíticas (Silúrico-Devónico); granidioritas, areniscas rojas, tobas y andesitas (Jurásico); rocas sedimentarias finogranulares silíceas, calizas, areniscas, arcillas y lavas (Paleógeno; Pilatasig et al., 2005). Destacan los depósitos de lapillis y cenizas en el oriente de la zona costera y en el piedemonte amazónico (García Cruzatty & Schlatter Vollmann, 2012). Hacia el este de la Región Amazónica se extiende una amplia llanura aluvial, que es tectónicamente más estable que zona subandina (Nieto, 1991). En esta región prevalecen los suelos del tipo inceptisol, y en orden decreciente de importancia están los ultisoles, alfisoles entisoles y oxisoles (Mapa 1:25.000/SIG Tierras-IEE-CG- SIN/2009SIN/ -2015)). La vegetación en la región Amazónica es exuberante y cerrada, donde dominan los árboles, hierbas, arbustos y epífitas (Jørgensen & León-Yánez, 1999) El Archipiélago de Galápagos se originó producto de una intensa actividad volcánica hace aproximadamente 4 Ma (Niedbalai & Schatz, 1996) y se localiza en la zona de contacto de las placas de Nazca y Cocos que se desplazan en dirección opuesta y en ángulo con el Centro de Expansión de Galápagos (Zurita, 1988; Andrus et al., 2009; Clausen, 2016) a razón de 70 km/millón de año, por tanto, desde sus orígenes el archipiélago ha migrado 200 km en dirección al continente (Lanteri, 2001). Las islas más antiguas (Española, Santa Fe y San Cristobal) se localizan hacia el sureste y las jóvenes (Fernandina e Isabela) no tienen más de 0,7 Ma (Niedbalai & Schatz, 1996). Los islotes Daphne Mayor, Champion y las cuatro Guy Fawkes tienen tan solo varios cientos de miles de años (Geist, 1997). Las islas Española y Santa Fe son fragmentos de escudos volcánicos subaéreos (Geist, 1997). Las islas más jóvenes ocupan la región occidental del archipiélago (Zurita, 1988) que coincide con un punto caliente o pluma de magma en el manto terrestre que se originó hace 80 a 90 Ma en las profundidades del manto de la litósfera (Geist, 1997). La pluma de magma ha dado origen a todos los volcanes basálticos de estas islas, incluyendo los de la cordillera submarina de Carnegie, cuya lava tiene un bajo contenido de sílice que le proporciona una menor viscosidad (Clausen, 2016). Lo que indica que cada isla que conforma el archipiélago es un volcán, excepto Isabela que es producto de la fusión de seis volcanes mediante puentes de lava, evidencia de ello es el Istmo de Perry (Geist, 1997; Clausen, 2016). Las especies de plantas que colonizaron el Archipiélago Galapaguense provenían de Ecuador, Colombia, Perú (Carvajal-Endara et al., 2017), Chile, América del Norte, América Central y el Caribe (Andrus et al., 2009) como resultado de un sistema de arcos de islas o fragmentos continentales de 90 Ma a 76 Ma de antigüedad que se desplazaron hacia el este hasta colicionar con América del Norte, Central y del Sur (Grehan, 2001). El éxito de estas colonizaciones estuvo marcado por la idoneidad Diversidad y distribución de los endemismos de Asteraceae (Compositae) en la Flora del Ecuador del ambiente y del hábitat, al coincidir el nicho climático y el clima imperante en las islas, donde este último factor se asocia al tamaño de las islas para determinar la estructura filogenética de las comunidades de plantas que la habitan que a su vez está relacionada con la especiación "in situ", relegando al "aislamiento entre islas" y a las "limitaciones en la dispersión" a una posición secundaria en relación a la composición de especies (Carvajal-Endara et al., 2017). Estos autores también destacan que las islas con comunidades de plantas filogenéticamente similares y condiciones climáticas análogas no están cerca geográficamente. Las especies que integran la familia Asteraceae son pioneras y heliófilas, adaptadas a invadir hábitats perturbados y son colonizadoras, con alta capacidad de bloqueo de las oportunidades ecológicas que ralentiza o inhibe la taza de colonización de otras especies (Takayama et al., 2018). El alto potencial de diversificación de las especies de Asteraceae en el Archipiélago de Galápagos y su elevado número de endemismos puede estar impulsado por la radiación adaptativa que es propiciada por la heterogeneidad del entorno y diversidad de hábitats existentes en las islas en un período de tiempo relativamente corto. Probablemente, las especies evolucionaron "in situ" en una isla, migren o irradien hacia las otras islas, en el caso de los endemismos de Asteraceae, a excepción hasta el presente de Chrysanthellum fagerlindii Eliass., Lecocarpus leptolobus, Scalesia atractyloides, S. divisa, y S. retroflexa, habitan en más de una isla del Archipiélago Galapaguense. Sin embargo, la mayoría de los táxones tienen áreas de distribución restringida, lo que indica que la dispersión entre islas es limitada. Las hipótesis de la "regla de dispersión" y de la "especiación corolario" están relacionadas con este fenómeno. La aplicación de la hipótesis de la "regla de dispersión" podría explicar este proceso, al sugerir que los miembros basales de una radiación archipiélago surgen en las islas más antiguas y colonizan las islas más jóvenes en función de su edad y de las condiciones ecológicas imperantes (Funk & Wagner, 1995; Landis et al., 2018). La hipótesis de la "especiación corolario" plantea que en las islas jóvenes los clados menos especializados, con gran adaptabilidad, presentan una mayor tasa de especiación y diversificación, cubriendo los nichos disponibles, a la vez que se especializan (Wagner et al., 1995; Landis et al., 2018). Ambos procesos, cladogénesis y anagénesis contribuyen a la especiación en estas islas (Takayama et al., 2018). Durante el Pleistoceno las islas tenían una mayor superficie a consecuencia del descenso de los océanos por los eventos de glaciación y una mayor aridez en comparación con la actualidad (Lanteri, 2001). Aquí las fluctuaciones del nivel del mar influyeron en la conectividad dinámica espaciotemporal entre las islas de este archipiélago. Una sucesión de islas de aproximadamente 90 Ma yacen sumergidas en las Cordilleras de Cocos y de Carnegie (Grehan, 2001) pudieron emerger de forma temporal y actuaron como puentes de conectividad entre islas y como refugios transitorios de biodiversidad, donde los procesos de fusión y separación de islas impulsaron la especiación dinámica y la conectividad redujo la tasa de extinción de especies (Andrus et al., 2009; Borregaard et al., 2017; Crawford & Archibald, 2017). Ambas cordilleras probablemente estuvieron emergidas previo a la formación del Archipiélago Galapaguense, y no existe certeza que albergaran a especies ancestrales de Asteraceae que contribuyeran a formar las especies endémicas actuales presentes en el archipiélago (Andrus et al., 2009). El modelo propuesto por Lenzner et al. (2016) muestra una correlación entre la riqueza de especies y la riqueza de endemismos con la edad de las islas, donde la familia Asteraceae presenta la mayor riqueza de especies y de endemismos. A escala general, la mayor riqueza de especies se alcanza entre 1,79 a 1,89 Ma, mientras que la mayor riqueza de endemismos en esta familia ocurre a los 3,6 Ma, en ambos casos a edades tempranas, cuando las islas son jóvenes, con una fuerte tendencia al decrecimiento en la medida que se incrementa la edad. La variación en el número de especies de Asteraceae entre las distintas islas que integran el archipiélago de Galápagos, no necesariamente significa una mayor tasa de diversificación, ni implica una direccionalidad en los procesos de dispersión. Además, el tiempo en el cual se produjo la divergencia de los endemismos isleños, no necesariamente tienen que coincidir con la edad de las islas, esto fue demostrado por Pillon & Buerki (2017) para endemismos de Nueva Caledonia. A nivel infraespecífico se reconocen dos variedades para Scalesia microcephala (microcephala y cordifolia) y S. atractyloides (atractyloides y darwinii), tres subspecies para S. affinis (affinis, brachyloba, gummifera) y Darwiniothamnus lancifolius (lancifolius, glabriusculus y glandulosus), dos subspecies para S. helleri (helleri y santacruziana) y S. baurii (baurii y hopkinsii). Los patrones de variación interespecíficas no están claramente definidos a nivel morfológico y genético, excepto en S. affinis, y su estudio sería oportuno y ventajoso. El estudio molecular efectuado por Nielsen (2004) en S. affinis demuestra que los individuos se diferencian a escala de islas por su diversidad de alozimas y que la varianza molecular se distribuye de forma irregular entre las islas y dentro de ellas, donde las poblaciones de Isabela divergen de las poblaciones de Santa Cruz y Floreana y justifican tan solo dos subespecies circunscritas a este táxon S. affinis subsp. affinis y S. affinis subsp. gummifera (Hook. f.) La interacción entre especiación-colonizaciónextinción determina los gradientes de biodiversidad espacial y la riqueza de especies en islas, que cambia a través del tiempo según el modelo de McArthur & Wilson (1963). La separación de las islas a escala temporal es un factor importante que promueve la especiación alopátrica por la aparición de barreras geográficas que interrumpen el flujo génico (Lenzner et al., 2016), que se modula con la dinámica de la tectónica de placas, la formación de las islas, las fluctuaciones de las condiciones ambientales y su erosión geológica dentro de un marco espacio-temporal (Chalmandrier et al., 2018). Aquí la radiación adaptativa potencia la conquista acelerada de múltiples hábitats y el incremento de la productividad del ecosistema, donde las especies inmigrantes encuentran un espacio de nuevas oportunidades, con escasa competencias para el acceso a los recursos que incrementa la probabilidad de colonización exitosa y de especiación con una rápida fijación de las variaciones genéticas y morfológicas que induce a altas tasas de evolución. Se espera que el nivel de aislamiento genético generalmente sea resultado de una fuerte barrera postzigótica para que las variaciones acumuladas a lo largo del tiempo no puedan revertir por hibridación (Crawford & Archibald, 2017). Probablemente, la hibridación y la introgresión han tenido un rol destacado en la especiación y en la evolución de la flora de las Islas Galápagos; impacto que fue objeto de análisis por Caujapé-Castells et al. (2017) para la flora de las Islas Canarias. El género Scalesia despliega barreras reproductivas que no garantizan el completo aislamiento, existiendo flujo génico en el nivel interespecífico y que solo la distancia geográfica y las limitaciones en vectores de polinización son las que frenan la hibridación interespecífica en el género (Lindhardt et al., 2009). Las islas San Cristóbal y Santa Cruz son un entorno propicio para los procesos de hibridación interespecíficas que se evidencia entre S. divisa y S. incisa (isla San Cristóbal; Nielsen et al., 2003) y entre S. aspera, S. crockeri y S. pedunculata (isla Santa Cruz; Eliasson, 1974; Lindhardt et al., 2009). Los ancestros de las especies endémicas de Asteraceae de las Islas Galápagos debieron de caracterizarse por un "flexible" hábito de crecimiento, sistema de cruzamiento, de polinización y dispersión que le permitiera superar con éxito al efecto fundador y al cuello de botella en su fase inicial de colonización; quizás con un sistema de especiación homoploide alopátrica y parapátrica. Los estudios moleculares demuestran que Darwiniothamnus es un género polifilético (Andrus et al., 2009). Darwiniothamnus lancifolius y D. tenuifolius son monofiléticas y hermanas del endemismo cubano herbáceo Erigeron bellidiastroides Griseb. (Andrus et al., 2009) que está filogenéticamente relacionado con los endemismos de las Antillas Mayores agrupados en Erigeron sec. Microcephalum (Nesom, 2008). Darwiniothamnus alternifolius se circunscribe a Erigeron sec. Meridionales (Nesom, 2008) transferencia efectuada por Tye (2010) al publicar la nueva combinación Erigeron alternifolius (Lawesson & Andersen) N. Andrus & Tye. La especie señalada es una planta herbácea perenne de base leñosa, que crece hasta 50 cm de altura y es hermana de los endemismos chilenos Erigeron fasciculatus Colla y E. luxurians (Skottsb.) Solbrig de la región Coquimbo-Valparaiso, con hábito de crecimiento análogo (Andrus et al., 2009). El presente trabajo declina la transferencia efectuada por Tye (2010) al estar incompleta la filogenia en la cual se basa, aunque Nesom (2000) circunscribe el género Darwiniothamnus en la sinonimia del género Erigeron. Encelia es hermano de Enceliopsis (A. Gray) A. Nelson y Geraea Torr. & A. Gray, y forma dos grandes subclados con escasa diferenciación genética entre las especies circunscritas en cada uno de ellos (Fehlberg Diversidad y distribución de los endemismos de Asteraceae (Compositae) en la Flora del Ecuador & Ranker, 2007). Pectis es hermano del género Porophyllum Guett. Scalesia es hermano del género Pappobolus, endémico de los Andes y del clado Viguiera Kunth (Schilling et al., 1994; Blaschke & Sanders, 2009) cuyo origen pudo producirse como resultado de una única introducción de un poliploide de Pappobolus desde el Ecuador continental hace 1,9 a 6,2 Ma (Schilling et al., 1994) que irradió y se dispersó a las ditintas islas. Acmella darwinii es hermana de A. sodiroi, cuyo ancestro pudo ser similar en morfología a esta especie, quizás proveniente de Ecuador o Perú y en su proceso de divergencia reduce el tamaño y el número de piezas florales de pentámeras a tetrámeras (Jansen, 1985). W. L. Wagner & H. Rob. a escala genérica como Macraea laricifolia Hook. f., decisión que fue aceptado por Cronquist (1971), excluida por Gardner (1979) por ser un nombre dudoso y rechazada por Wagner & Robinson (2001) al transferir L. lariciofolia del ilegítimo género Macraea Hook. f. a Trigonopterum Steetz ex N. J. Andersson. Basado en datos moleculares de Panero et al. (1999) esta especie es hermana del género Sphaneticola O. Hoffm. de la zona costera pantropical de Mesoamérica y del norte de América del Sur (Stuessy et al., 2014), probablemente su ancestro proceda de esta región de América Tropical (Panero et al., 1999). Las filogenias moleculares realizadas por Blöch et al. (2009) y Stuessy et al. (2011) muestran que el género Lecocarpus está incluido dentro de la variación del género Melampodium L. (parafilético), cuyo origen pudo ocurrir a partir de la rápida divergencia de poblaciones ancestrales de Acanthospermum a consecuencia de las condiciones ambientales imperantes en las islas (Stuessy et al., 2014). La especie Baccharis gnidiifolia Kunth (n = 9) es diploide (Sundberg et al., 1986). Los endemismos de Asteraceae de las Islas Galápagos son en su mayoría perennes que permite la supervivencia de las especies en condiciones desfavorables y la estabilidad de las poblaciones no está condicionada a la germinación de las semillas en cada generación. Kuntze y D. repens (Delprete, 1995), Jaegeria gracilis (Torres, 1968; Chamorro et al., 2012), y Pectis subsquarrosa (Wiggins & Porter, 1971) son hierbas anuales; Acmella darwinii (Ornduff, 1969; Jansen, 1985) y Pectis tenuifolia (Wiggins & Porter, 1971) son hierbas perennes; S. pedunculata, S. cordata y S. microcephala son árboles (Itow, 1995); los endemismos de los géneros Baccharis, Darwiniothamnus, Encelia, Lecocarpus (Chamorro et al., 2012), Trigonopterum (Eliasson, 1984) y el resto de las especies de Scalesia (Itow, 1995) son arbustos leñosos. En las especies arbóreas se distinguen características que responden a un hábito de crecimiento herbáceo: crecimiento rápido, madera blanda, médula bien desarrollada y floración rápida, al año después de haber germinado (Itow, 1995). El carácter xerofítico decrece de alto a moderado en los géneros Lecocarpus, Trigonopterum, y Darwiniothamnus (Carlquist & Eckhart, 1982). Trigonopterum exhibe estructuras helicoidales en la pared de sus vasos y con las fibras más grandes en longitud que se ensancha en las zonas aledañas a la médula y son más delgadas hacia el exterior; en cambio el género Darwiniothamnus reúne bandas en su parénquima y al igual que Baccharis angustifolia Desf. ostenta dimorfismo en sus fibras, lo cual es incipiente en Lecocarpus que es notable por la punteaduras en la pared de sus vasos (Carlquist & Eckhart, 1982). La zona litoral es generalmente rocosa con arena gruesa. En la zona árida la vegetación es xerofítica y las especies habitan sobre suelos superficiales y están adaptadas a un sustrato rocoso y a escasa humedad. En cambio, en la zona de transición el sustrato es variable, desde suelos volcánicos poco profundos y permeables hasta bloques de lava y suelos degradados en el que se desarrolla una vegetación xerofítica y mesofítica. En la zona húmeda los suelos son profundos y ricos en humus que le proporcionan una coloración de marrón oscuro a rojo, en el que crecen hongos, briófitos, helechos, miconias, orquídeas y otras epífitas. La vegetación húmeda, de reciente formación, está aislada en las laderas con exposición sur en los volcanes del archipiélago, rodeada por la vegetación de las tierras bajas secas. La vegetación de tierras altas ha sido sometida a intensas presiones evolutivas debido a la impetuosa influencia de las oscilaciones del nivel del mar en sus procesos de expansión y de contracción (Ali & Aitchison, 2014). La formación de hábitats abiertos pudo estar influenciada por continuas perturbaciones, principalmente por una intensa actividad volcánica, deslizamientos de tierras, y condiciones climáticas variables que propiciaron la aparición de cambios genéticos y morfológicos a escala poblacional (Takayama et al., 2018). Los endemismos de Asteraceae en la región insular muestran solapamiento de sus áreas de ditribución y sus hábitats están escasamente diferenciados, donde la frecuencia de especies se incrementa en relación a la superficie y edad geológica de las islas, principalmente en el género Scalesia que muestra una distribución alopátricas o parapátricas, excepto S. affinis que ocupa un amplio rango de hábitats y es simpátrica con otras especies del género (Blaschke & Sanders, 2009). Se añade que a mayor elevación se produce un incremento del número de endemismos de esta familia en la zona húmeda. Los representantes de la familia Asteraceae en las Islas Galápagos tienen inflorescencias solitarias en ramas terminales o axilares [Acmella, Chrysanthellum, Encelia, Jaegeria (1-3 capítulos largamente pedicelados/nudo), Trigonopterum, Pectis, Scalesia], en cimas (Pectis), cimas corimbiformes (Darwiniothamnus), compuestas de numerosas cabezuelas cortamente pediceladas y densamente agrupadas en el extremo de las ramas y en las axilas de las hojas (Delilia), corimbos (Encelia, S. cordata) y capítulos heterógamos, solitarios, que salen de las tricotomías de las ramas (Lecocarpus). En D. alternifolius las inflorescencias están situadas por encima de las hojas terminales, mientras que en las otras dos especies del género se localizan al mismo nivel que las hojas terminales (McMullen, 1999; Andrus et al., 2009). Los capítulos son en su mayoría bisexuados, raramente unisexuados, homógamos o heterógamos. Scalesia, Acmella darwinii y en ocasiones Jaegeria, presentan capítulos bisexuados homógamos con las flores flosculosas hermafroditas y fértiles (capítulos discoideos). Los capítulos radiados, bisexuados, y heterógamos con flores externas hemiliguladas y las internas flosculosas están presentes en Chrysanthellum, Darwiniothamnus, Jaegeria y Pectis (las externas femeninas, las internas hermafroditas, ambas fértiles); Delilia (las externas femeninas y las internas funcionalmente masculinas con el ovario estéril); Encelia (las externas neutras al faltar el androceo y el gineceo, las internas hermafroditas y fértiles), y en Lecocarpus y Trigonopterum (las externas femeninas y las internas estaminadas). También encontramos capítulos unisexuados homógamos con todas las flores flosculosas blancas en Baccharis steetzii, especie dioca con inflorescencias en corimbos terminales o en cortas ramas axilares. Scalesia presentan las flores blancas y algunas especies (S. affinis, S. baurii, S. retroflexa, S. incisa) pueden presentar flores liguladas blancas en la periferia del capítulo (McMullen, 1999), carácter que contribuye al incremento de las visitas florales por parte de los vectores de polinización y de dispersión; probablemente, la amplia distribución y la diversidad de hábitats que ocupa S. affinis esté correlacionada con esta característica morfológica (Blaschke & Sanders, 2009). El género Darwiniothamnus presenta las flores liguladas blancas y las tubulosas amarillas. Acmella darwinii presenta las flores blancas con las anteras negras (Jansen, 1985). Los respresentantes de los géneros Jaegeria, Pectis y Chrysanthellum presentan las flores liguladas y tubulosas de color amarillo. Delilia repens presenta las flores liguladas bidentadas de color amarillo a blancas, las flores del disco son tubulosas, blancas de glabras a puberulentas (Delprete, 1995). Los géneros Baccharis (Velásquez & Rangel, 1995; Almeida Braga et al., 2012), Darwiniothamnus (Jaramillo & Trigo, 2006a), Encelia (Saavedra, 2013), Jaegeria (Velásquez & Rangel, 1995), y Scalesia (Jaramillo & Trigo, 2006b) presentan granos de polen trizonocolporados, isopolares y radiosimétricos, con espinas cónicas y agudas. La diferenciación morfológica del polen de las especies de Scalesia se ha producido por apomorfías homoplásticas (Blaschke & Sanders, 2009). La familia Asteraceae en las Islas Galápagos es generalista en cuanto a sus requerimientos en vectores de polinización, autocompatible o parcialmente autocompatible y autógama (Acmella, Darwiniothamnus, Encelia, Jaegeria, Lecocarpus, Pectis y Scalesia), por lo que no depende estrictamente de los vectores de polinización para reproducirse, lo que constituye una ventaja que se fundamenta en la edad de las islas y en la escasez de polinizadores (Ornduff, 1969; Clark, 1988; McMullen & Naranjo, 1994; Schilling et al., 1994; Philipp et al., 2004; Crawford et al., 2009; Chamorro et al., 2012; Takayama et al., 2018). Por lo expuesto, la dioecia de Baccharis gnidiifolia y B. steetzii no evolucionó en las Islas Galápagos (Sundberg et al., 1986; Chamorro et al., 2012). Los estudios efectuados en S. cordata (Philipp & Nielsen, 2010), S. affinis (Nielsen et al., 2007) demuestran que es parcialmente autoincompatible. Se enfatiza que un alto nivel de autogamia presumiblemente reduce la diversidad genética de los individuos en las poblaciones, lo cual limita de forma ostensible la radiación, la diversificación y la especiación (Takayama et al., 2018). El fruto de la familia Asteraceae está adaptado a la dispersión a larga distancia al presentar gran parte de los grupos vilano, ser de bajo peso, con pericarpo rugoso (Lenzner et al., 2016) y en algunos casos con glándulas viscosas. Las dos primeras características propician su dispersión anemófila y las tres últimas posibilitan su dispersión epizoocórica. Ambos procesos estimulan la conectividad poblacional de propágulos entre las islas y entre el continente y las islas. La eficacia de la dispersión epizoocórica estaría condicionada por los vientos, el flujo migratorio, fundamentalmente de aves, y por los vectores de dispersión nativos dentro de las islas o grupos de islas (Takayama et al., 2018). Nielsen (2004) demostró que el flujo génico a través de la dispersión del fruto de S. affinis era muy limitado dentro de las islas y entre las islas, siendo la tranferencia de polen lo que garantiza el flujo génico inter poblacional a ambas escalas. Los endemismos de Asteraceae de estas islas presentan un sistema de dispersión variable con dominio de la epizoocoria. Las especies endémicas de los géneros Baccharis y Pectis son anemócoras (Vargas et al., 2012), un modo de dispersión que se fundamenta en los aquenios estrechamente fusiformes con un vilano de cerdas barbelladas o de pelos rectos, escabrosos y delgados de Baccharis steetzii (Andersson, 1855; Nesom, 2000), y en los aquenios ovado-oblongos, comprimido, con costillas redondeadas, multiestriado, puberulentos, con vilano de escamas, cerdas o aristas bien desarrolladas o reducidas a una corona de Pectis (Schutz, 1856). Encelia es estrictamente epizoocórico (Vargas et al., 2012) con cipselas fuertemente comprimidas de obovada a cuneadas, velloso-ciliadas, y generalmente sin vilano (Andersson, 1855; McMullen, 1999; Panero et al., 1999). Los géneros Chrysanthellum y Jaegeria revelan un sistema de dispersión no asistido (Vargas et al., 2012) que se apoya en los aquenios irregularmente papilados con vilano ausente de Chrysanthellum (Eliasson, 1967) y en los aquenios negros, glabros y sin vilano de Jaegeria (Wiggins & Porter, 1971). En este último, los aquenios externos son aplanados o trígonos abrazados por una bráctea que presenta un delgado margen por todo su borde; los internos son comprimidos y envueltos por los pliegues traslúcidos de las brácteas internas (Wiggins & Porter, 1971; Panero et al., 1999). Problemente Acmella darwinii presente un sistema de dispersión análogo al estar el vilano ausente en sus cipselas y ser glabras (Jansen, 1985). Los géneros Darwiniothamnus (epizoocóricoanemócoro), Lecocarpus (epizoocórico-anemócoro) y Scalesia (epizoocórico-no asistido) muestran un sistema de dispersión mixto (Vargas et al., 2012). Darwiniothamnus presenta aquenios con un vilano de numerosas cerdas en el ápice (McMullen, 1999); con aquenios no dimórficos en D. alternifolius (Andrus et al., 2009). Lecocarpus está provisto de aquenios con espinas o anzuelos que respaldan su dispersión epizoocórica (McMullen, 1999; Sønderberg Brok & Andersen, 2007), los aquenios de las flores liguladas son fértiles y están equipados de un ala delgada y peltada que le facilita la dispersión por el viento a distancias relativamente cortas (Carlquist, 1966; Philipp et al., 2004). Scalesia se surte de aquenios delgados (S. crockeri), con una o dos aristas cortas (S. microcephala, S. pedunculata, S. atractyloides, S. incisa, S. baurii, y S. cordata; Carlquist, 1966), con puntas o callos o sin vilano (S. gordilloi; McMullen, 1999, S. cordata; Carlquist, 1966) que ayudan a la dispersión epizoocórica mediante su adhesión a los agentes dispersantes y para ser liberados de las cabezuelas. Carlquist (1966) destaca que en los aquenios de S. pedunculata y S. microcephala la arista puede estar presente o ausente, ya sea a escala poblacional (S. pedunculata) o a escala de capítulo (S. microcephala). Trigonopterum está aprovisionada de aquenios obovado-cuneados, comprimidos, trígonos e híspidos, con vilano muy corto que McMullen (1999) lo describe como proyecciones semejantes a dientes y Carlquist (1966) los define como aquenios alados y coronados por un círculo de escamas; los externos más anchos y verrugosos, adaptados a un mecanismo de dispersión a corta distancia, aunque algunos presentan una o dos aristas. Existe la probabilidad de que su ancestro estuviese equipado de aristas para facilitar la dispersión epizoocórica, carácter que al parecer se perderá en la evolución de T. laricifolia (Hook. f.) Delilia exhibe aquenios ovoides y lateralmente comprimidos, estriados y sin vilano, con escasos pelos cortos en el ápice (Delprete, 1995), lo cual se contradice con lo expresado por Panero et al. (1999) que indica que vilano es en forma de arista como resultado de la prolongación del margen de la cipsela. Riesgo de extinción en Asteraceae Según los datos reportados por la IUCN, en la actualidad hay un total de 341 especies de Asteraceae de la Flora de Ecuador incluidas en la Lista Roja de Especies Amenazadas. Barriga et al. (2011) identificaron 11 especies de Asteraceae que probablemente estén extintas, las cuales se relacionan a continuación: Baccharis mollis Kunth (una única colección efectuada por A. Humboldt y A. 1918). Las principales causas del alto número de especies de Asteraceae con categoría de la IUCN se relacionan a continuación: (1) pérdida y fragmentación del hábitat natural de las especies por la intensa deforestación, la agricultura y ganadería intensiva, la expansión del área agrícola y ganadera, la colonización humana no organizada, la quema de la vegetación original, la construcción de nuevas carreteras y apertura de nuevas vías de comunicación en la región amazónica, la construcción del Oleoducto de Crudos Pesados, la intensificación de la actividad minera, la ampliación del área urbana, la expansión del área natural destinada a la implementación de centros turísticos y recreativos, e incremento del número de especies de plantas y herbívoros introducidos; (2) el cambio climático que favorece la propagación de especies invasoras; (3) las erupciones volcánicas; (4) falta de medidas efectivas gubernamentales y de leyes, así como su adecuada aplicación, para la protección de la flora y fauna ecuatoriana y de sus ecosistemas en las áreas preservadas o no tuteladas por el SNAP (Sistema Nacional de Áreas Protegidas); (5) escaso control y evaluación de áreas naturales para su protección y conservación; (6) falta de estrategias y limitados recursos destinados a investigar y conservar especies amenazadas a corto y largo plazo; (7) los estudios de impacto ambiental presentan escasos resultados a favor de los ecosistemas naturales y de las especies que contienen, sin incluir especies endémicas en los proyectos de reforestación. Henderson et al. (1991) estimaron que el 90-95% de los bosques andinos, incluyendo los que están en el páramo han desaparecido. Los cinco ecosistemas con mayor registro de especies de plantas inventariadas sin especificar la familia son (MAE, 2015): bosque siempre verde piemontano del norte de la Cordillera Oriental de los Andes (3725 especies), bosque siempre verde de tierras bajas del Napo-Curaray (3177), bosque siempre verde montano de la Cordillera Occidental de los Andes (3053), bosque siempre verde montano del sur de la Cordillera Oriental de los Andes (2859) y herbazal del páramo (2769). Los ecosistemas con mayor número de endemismos de especies de plantas se listan en orden descendente sin especificar la familia (MAE, 2015): bosque siempre verde montano del sur de la Cordillera Oriental de los Andes (513 especies), herbazal del páramo (463), bosque siempre verde montano (420) y montano bajo (265) de la Cordillera Occidental de los Andes (420) y bosque siempre verde montano del norte de la Cordillera Oriental de los Andes (238). Diversidad y distribución de los endemismos de Asteraceae (Compositae) en la Flora del Ecuador Destacan cinco ecosistemas con el mayor número de especies endémicas amenazadas (MAE, 2015): bosque siempre verde montano del sur de la Cordillera Oriental de los Andes (335 especies), herbazal del páramo (273), bosque siempre verde montano (235) y montano bajo (156) de la Cordillera Occidental de los Andes (235), y bosque siempre verde piemontano de la Cordillera Oriental de los Andes (143). El carbono almacenado por estrato varió de 37 t/ha en el bosque seco pluvioestacional a 160,4 t/ ha en el bosque siempre verde de tierras bajas de la Amazonía. Salazar et al. (2017) en el informe de Encuesta de Superficie y Producción Agropecuaria Continua en relación al uso del suelo en Ecuador muestra lo siguiente: (1) el 11,58% se destina a cultivos permanentes, (2) el 7,32% se emplea en cultivos transitorios y barbechos, (3) el 1,05% se utiliza en concepto de descanso, (4) el 5,49% y el 19,81% lo ocupan pastos cultivados y naturales respectivamente, (5) el 2,69% y el 45,94% lo aprovechan páramos, montes y bosques respectivamente, y (6) el 6,13% se dispone para otros usos. Las estadísticas muestran una tasa decreciente de 0,25 % respecto al año 2016 en relación a la superficie total (Salazar et al., 2017). Los datos indican que menos del 50% del territorio nacional es destinado a vegetación nativa, de las cuales se desconoce su estado de conservación. La superficie ocupada por montes y bosques sufrió una reducción del 1,70% (5,68 millones de hectáreas a escala nacional), la Región Amazónica es la que ocupa la mayor superficie (50,67%) y en orden decreciente le siguen la Región Sierra (25,01%), la Región Litoral (24,21%) y las zonas no delimitadas (0,11%). El descenso en la superficie total destinada a vegetación natural acelera la extinción de las especies y en consecuencias una pérdida de la biodiversidad afectando los servicios ecosistémicos (Ojeda-Luna et al., 2015). El proceso de degradación de los páramos ecuatorianos es continuo y muestra un espectro variable (Podwojewski, 1999), desde muy degradado (páramo de pajonal) hasta conservado (páramo de frailejones), con una tasa muy baja de recuperación. En el caso particular de Espeletia pycnophylla Cuatrec. la actividad antropogénica ha reducido el tamaño de las poblaciones de la Reserva Ecológica El Ángel en un 30% en los últimos 10 años (Rodríguez et al., 2017). Se estima que más de las tres cuartas partes del área geográfica ocupada por los páramos presentan señales de actividad antropogénica y que las áreas que se encuentran en buen estado de conservación se localizan en la Región Amazónica de la Cordillera Oriental y en los extremos norte y sur del país (Hofstede et al., 2002). La transformación del páramo está directamente vinculada a la actividad antropogénica desde las culturas Cañari, Puruhá, Caranqui, Caranqui-Cayambe, Palta, Quitu e Inca hasta la actualidad. Se destaca la ocupación inca del páramo, en el que establecieron fortificaciones militares, miradores, templos religiosos, observatorios astronómicos, centros de descanso para sus atletas que actuaban de correo; además de expandir la cota altitudinal destinada a la agricultura, la ganadería y la caza e introducir las llamas y las alpacas (Mena Vásconez, 2010; Hofstede et al., 2014). La introducción de especies agrícolas, caballos y de ganado de pastoreo como ovino, bovino y caprino se intensifico durante la dominación española en toda la región andina, al igual que la implantación de las haciendas ganaderas, agrícolas o mixtas que condujeron a cambios drásticos en el ecosistema (Mena Vásconez, 2010; Hofstede et al., 2014). Los páramos intervenidos presentan escasa vegetación natural que ha sido sustituida por pastos para el consumo del ganado, por plantaciones de Pinus spp. y Eucalyptus spp. o por cultivares. Los mismos muestran una menor capacidad de retención de agua, mayor porosidad, bajo contenido de materia orgánica y disminución de la conductividad que los páramos no intervenidos (Carúa et al., 2008; Camacho, 2014). Lo cual tiene un efecto negativo sobre erosión del suelo de las microcuencas al provocar deslizamientos y movimientos de masas (Damián Carrión et al., 2017). En las Islas Galápagos a pesar de los grandes esfuerzos que se han desplegado el riesgo de extinción sigue siendo alto. La diversidad genética de las poblaciones ha mermado debido al intenso pastoreo de mamíferos introducidos y la explotación A. O. RIVERO-GUERRA de la tierra, entre las especies más afectadas se encuentra S. affinis, en particular las poblaciones de Floreana y Santa Cruz (Nielsen, 2004). Deforestación, repoblación forestal y políticas públicas La tasa anual de desforestación en Ecuador es muy alta y varió considerablemente entre 1990 al 2014. El 64,9% de la superficie de bosque se transformó en pastizales para la ganadería, el 11,8% en mosaicos agropecuarios, el 3,7% en plantaciones de cacao, el 3,1% en cultivos de maíz duro, el 3% en plantaciones de palma africana, el 2% en cafetales; el porcentaje restante se destinó a otras coberturas y a áreas urbanas (MAE, 2016). Los factores que a continuación se relacionan inciden en la deforestación en Ecuador (MAE, 2016): (1) políticas públicas y leyes que favorecen la colonización y el desarrollo de los sectores minero, petrolero y agropecuario; (2) incentivos fiscales y monetarios para modificar prácticas y acciones determinadas; (3) prácticas agropecuarias y forestales poco sostenibles, generalmente ilegales, que no respetan las tasas de regeneración natural del bosque; (4) monocultivo extensivo, susceptible a plagas y enfermedades; (5) incentivos nacionales e internacionales para la comercialización de madera de especies endémicas y nativas que promueve la deforestación y 6) factores socio-económicos y ambientales como el crecimiento demográfico, la infraestructura vial, el empleo, y las fluctuaciones en el precio del petróleo y de los productos no manufacturados. La repoblación forestal con especies exóticas de rápido crecimiento con Pinus radiata D. Don, P. patula Seem., Eucalyptus globulus Labill., E. saligna Sm. en la Región Sierra y con Schizolobium parahybum (Vell.) S. F. Blake, Tectona grandis L., Eucalyptus spp. y Gmelina arborea en la Región Litoral (MAE, 2010) es un hecho perjudicial para la vegetación nativa, los suelos y las cuencas hídricas (Geoinformática y Sistemas Cia. Su impacto sobre el paisaje es notable al proporcionar monotonía y homogenidad. En el caso particular de las especies de los géneros Pinus y Eucalyptus demandan gran cantidad de agua que altera el régimen hídrico del suelo y produce su desecación, que a su vez acelera la descomposición de la materia orgánica con implicaciones negativas sobre la fertilidad del suelo (Crespo et al., 2014; Hofstede et al., 2014). El efecto de ambas especies sobre el sotobosque es negativo, la hojarasca de Pinus spp. es uniforme y resistente a la descomposición mediante actividad microbiana por lo que el suelo deja de recibir aporte de materia orgánica; la hojarasca de Eucalyptus spp. es rica en fenoles que inhibe el crecimiento de otras especies (Hofstede et al., 2014). En ambos casos, el desarrollo de la vegetación autóctona queda anulado (Hofstede, 2001). Para la reforestación también se emplean especies nativas maderables como Cordia alliodora (Ruiz & Pav.) Cuatrec., Cedrela P. Bowne spp. y Swietenia macrophylla G. King (MAE, 2010). Quema de la vegetación natural La quema extensiva es una actividad frecuente con el fin de eliminar la vegetación existente (Geo-PlaDes, 2011), mayoritariamente la paja y el manto vegetal seco y muerto, que favorece el rebrote del pasto tierno para la alimentación del ganado; facilitar la caza al ahuyentar a las especies de animales silvestres a consecuencia del fuego, y promover la preparación de la tierra para la labranza (Hofstede, 2001). Su efecto sobre el suelo es indirecto porque desaparece la cobertura vegetal que actúa como capa aislante para amortiguar en la Región Sierra las bajas y las altas temperaturas nocturnas y diurnas, respectivamente (Camacho, 2014). Las altas temperaturas incrementan su descomposición y la pérdida de su humedad por evaporación. La quema reiterada impide que el ecosistema se recupere y la diversidad biológica de especies silvestres y su abundancia tienda a desaparecer (Camacho, 2014). Ganadería y la avicultura En relación al ejercicio del 2016, las estadísticas muestran un incremento del 1,53% para las cabezas de ganado vacuno censadas a escala nacional; 48,87% del total se localizan en la Región Sierra, mientras que el 42,32% y el 8,77% están censadas en las Regiones Litoral y Amazonía, respectivamente (Salazar et al., 2017). La ganadería y la avicultura tienen un doble efecto, la herbivoría y la compactación del suelo; a las cuales no está evolutivamente adaptada la vegetación paramera (Hofstede et al., 2014). El impacto de la ganadería está directamente correlacionado con el tipo animal, su carga, su manejo y si este último está aparejado con la quema de la vegetación, que potencia su efecto negativo (Geoinformática y Sistemas Cia. La herbivoría intensifica la pérdida de la cobertura vegetal (Camacho, 2014), dañando de forma indirecta al suelo. El pisoteo compacta el suelo perdiendo capacidad de absorción, infiltración y retención; acelerando la escorrentía superficial y la erosión (Podwojewski, 1999; Hofstede et al., 2014). Este proceso daña el meristemo de las plantas, produce aperturas en la capa vegetal y deja zonas expuestas a la erosión por el viento (Podwojewski, 1999; Hofstede et al., 2014), en especial las reses, ovejas, cabras y aves. También cortan la vegetación desde la parte basal del tallo (Podwojewski, 1999), particularmente ovejas, cabras y aves. Además de apelmazar el suelo suave, lo que perjudica a la vegetación en almohadilla, en los que destacan los caballos (Hofstede, 2001). Expansión de la frontera agrícola Los cultivos transitorios (0,90 millones de hectáreas) presentaron una tasa de crecimiento de 6,42 % respecto al año anterior (Salazar et al., 2017), con mayor representación en la Región Litoral (65,72%), seguidos por la Región Sierra (30,42%) y la Región Amazónica (3,85%). La actividad agrícola implica la retirada de la vegetación original y mover las capas del suelo para la siembra de especies generalmente introducidas (Camacho, 2014). Esto causa una pérdida de su humedad lo que conlleva a una merma en el contenido de materia orgánica, y a su vez disminuye su capacidad de retención del agua (Podwojewski, 1999; Crespo et al., 2014; Hofstede et al., 2014). La remoción del suelo moviliza sus nutrientes que al ser liberados produce a corto plazo un decrecimiento de su fertilidad y se modifique su estructura y propiedades físicas (Hofstede, 2001). A esto se le suma el uso de abonos orgánicos e inorgánicos y de pesticidas e insecticidas, que intensifican la contaminación, y a su vez necesarios para mantener una producción agraria en correspondencia con las demandas de la población actual. La frontera agrícola tiende a desplazarse en altitud a causa del incremento de la población y por pérdida de la fertilidad del suelo a causa de la erosión o el sobreuso (Mena Vásconez, 2010; GeoPlaDes, 2011; Camacho, 2014). Las áreas naturales más visitadas durante el año 2016 fueron: Área de Recreación Isla Santay, Reserva Faunística Puntilla de Santa Elena, Parque Nacional Galápagos, Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas, y la Reserva Geobotánica Pululahua (Riofrío et al., 2017). La actividad turística nacional y extranjera también muestra sus implicaciones sobre la biodiversidad en áreas vulnerables al contaminar el medio con desechos, provocar incendios, emplear material vegetal nativo como leña, compactar el suelo y pisar la vegetación por donde transita (Mena Vásconez, 2010; GeoPlaDes, 2011). El estudio efectuado por Rivero-Guerra (inédito) en los mercados de plantas medicinales silvestres de varias provincias de Ecuador indica que la familia Asteraceae es una de las más utilizadas por la población ecuatoriana con fines terapéuticos. La recolección sistemática de especies silvestres repercute de forma regativa en el tamaño y número de poblaciones. Cambio climático y riesgo ambiental Se atribuyen al cambio climático el incremento general y gradual de la temperatura, la modificación en el régimen de precipitaciones, las fluctuaciones en la frecuencia e intensidad de eventos extremos, pérdida de humedad del suelo, reducción de los glaciares, pérdida de biodiversidad e integridad de los ecosistemas, principalmente en los trópicos y una mayor exposición a enfermedades tropicales (IPCC, 1995; Vergara et al., 2014). La humedad atmosférica se ha intensificado en un 2,5%/década en los últimos 45 años en los Andes (Cuesta et al., 2012). Esto produce una desglaciación progresiva, se modifica la dinámica de las nubes al cambiar la ubicación del banco de nubes y del punto de rocío, afectando principalmente al bosque nublado (Aguirre et al., 2011; Marengo et al., 2011). Echeverría et al. (2017) estimaron el ascenso en 1 grado centígrado de las temperaturas y un acrecentamiento de las precipitaciones durante el período 2015-2039 en el páramo de Igualata, provincia de Chimborazo; con un riesgo a escala local y global del cambio climático sobre el ecosistema alto, con un índice de vulnerabilidad del 62,5. Serrano Vincenti et al. (2012, 2017) señalan un patrón variable y desigual en el régimen de precipitaciones, tendencia a la disminución en la evaporación total y la humedad relativa, un ascenso lineal de las temperaturas máximas (0,1°C-1,25°C) y mínimas (0,30°C-0,67°C) por cada 10 años en tres estaciones meteorológicas del Distrito Metropolitano de Quito, y un aumento en 1 día/año con temperaturas superiores a 25°C. La Región Litoral muestra tendencias análogas, la temperatura terrestre (0,012°C/ año) y de la superficie marina (0,011°C/año) registran una tasa de cambio alta; el nivel medio del mar y su oleaje exhiben un aumento del orden de 1,1 mm/año en el primero y de 1,46 cm/año en el segundo con una rotación de 0,29° a 0,58° dirección sur (Contreras López et al., 2014). Las especies más vulnerables son las que presentan hábitats especializados (Tiessen, 2011) y Diversidad y distribución de los endemismos de Asteraceae (Compositae) en la Flora del Ecuador ante el cambio climático, pueden desarrollar diversas estrategias (Neill, 1999b, c; Delgado & Suárez-Duque, 2009); entre ellas puede incluir la tolerancia y la adaptabilidad a las nuevas condiciones, reducir su hábitat que aumenta notoriamente su riesgo de extinción, pueden emigrar, y en el peor de los casos no consiguen adaptarse y desaparecen. Lo cual trae implicaciones en la expansión o contracción de ecosistemas (Anderson et al., 2011) que modifica las interacciones bióticas y abióticas, transforman su estructura, cambian las perturbaciones, alteran los roles y varían los servicios ecosistémicos. El calentamiento del planeta potencia la influencia humana en los páramos, principalmente por un acrecentamiento en la frecuencia de incendios antropogénicos. Se añade que el ascenso de la temperatura del planeta incrementa la evaporación de lagos y humedales reduciendo la disponibilidad de agua, su área y los niveles de oxígeno; además de elevar su salinidad, las emisiones de dióxido de carbono y el potencial de eutrofización. También producen cambios sobresalientes que alteran la intensidad y recurrencia de las precipitaciones en los Andes (Tiessen, 2011), causando alteraciones en la erosión, balance del carbono y en los deslizamientos de tierra (Bader et al., 2007); que a su vez tiende a incrementar la frecuencia de eventos extremos como las sequías o lluvias intensas, así como olas de calor y de frío agudas (Anderson et al., 2011). Además de disminuir la cobertura de los bosques, bosquetes y páramos (Yánez et al., 2011). El incremento de la temperatura puede potenciar el desplazamiento de las especies hacia altitudes mayores las cuales tendrán que vencer el efecto fundador y el cuello de botella que se produce a causa de las limitaciones en el flujo de genes; además de una reducción de biodiversidad y cambios en la composición de especies, su fenología y tasas de crecimiento, la frecuencia y diversidad de los agentes polinizadores y dispersantes, se afecta la producción de polen, de néctar y su concentración, cambia el balance del carbono en los organismos y en el suelo, variando el mecanismo de sensibilidad al fotoperiodo (Aguirre et al., 2011). Cuestión que se patentiza en la Reserva Ecológica el Ángel y en el Bosque Protector Golondrinas en la provincia de El Carchi, lo que modificará la estructura de los ecosistemas naturales actuales (Delgado & Suárez-Duque, 2009). El SNAP cubre el 19% del territorio nacional y abarca a todas las provincias del país (Yánez et al., 2011), en el que avanza la desforestación y la extensión de las áreas destinadas al sector agropecuario. Yánez et al. (2011) resumieron la problemática del manejo del SNAP como sigue: (1) ecosistemas altamente vulnerables están excluidos; (2) las investigaciones realizadas no responden, ni contribuyen, a las necesidades de conservación, de manejo y a la toma de decisiones; (3) desactualización y mínima socialización de los planes estratégicos a corto, mediano y largo plazo; (4) exiguo reconocimiento social de la diversidad biológica como recurso esencial para el desarrollo sustentable, así como de los disímiles servicios ecosistémicos que brinda; (5) conflictos por la tenencia de la tierra dentro de las áreas protegidas; (6) moderada capacidad de gestión y control por parte de las autoridades gubernamentales; (7) finaciamiento restringido y escasa administración sostenible de los mismos; y (8) vulneración de las directrices vigente para el aprovechamiento de los recursos naturales, con baja participación social en su manejo y protección. Probablemente la iniciativa conservacionista privada podría tener cierta efectividad en beneficio de la naturaleza. Las conclusiones para los endemismos de la familia Asteraceae en la Flora de Ecuador son las siguientes: (1) presencia de 310 endemismos (307 especies, 1 subespecies y 2 variedades) que pertenecen a 80 géneros, 15 tribus y 4 subfamilias las cuales son mayoritariamente arbustos e hierbas en Ecuador Continental; (2) presencia de 33 especies endémicas de Islas Galápagos que se agrupan en la sufamilia Asteroideae con 11 géneros y 5 tribus; (3) dominio de la subfamilia Asteroideae; (4) primacía de las tribus Senecioneae, Eupatorieae, Heliantheae, Astereae y Vernonieae en Ecuador continental; (5) los géneros Mikania, Pentacalia y Gynoxys agrupan la mayor frecuencia de especies endémicas en Ecuador continental; (6) predominan en la Cordillera Andina (270 especies, 1 subespecie, 1 variedad) y en las Islas Galápagos (33 especies), distribuidos desde los 0oN hasta los 4oS y de los 75oW hasta los 91oW, con especial ocurrencia a 0oS entre 77oW y 79oW; (7) endemismos de la tribu Tageteae están representados en las Islas Galápagos exclusivamente, sin aparente presencia de endemismos de esta tribu en Ecuador continental, (8) los géneros Baccharis y Acmella están representados en las Islas Galápagos y en Ecuador continental, (9) existe similitud estadística en relación a la frecuencia de tribus y la composición de especies respecto a los sectores biogeográficos en los que habitan en Ecuador continental; (10) dominan en las provincias de Pichincha, Loja, Azuay, y Chimborazo; (11) existe una correlación baja y significativa entre la superficie y la edad geológica de las Islas Galápagos respecto al número de especies endémicas que la habitan y a mayor elevación se produce un incremento del número de endemismos en la zona húmeda; (12) en su mayoría son vulnerables o están en peligro de extinción y exhiben un amplio espectro altitudinal desde cercano al nivel del mar hasta cotas superiores a los 5000 metros de altitud, con un máximo en el rango de 2900-3000 m; (13) en Ecuador continental crecen principalmente en una vegetación de bosque siempreverde o de bosque y arbustal, siempreverde o semideciduo, soportan un bioclima principalmente pluvial, ocupan mayoritariamente un ombrotipo húmedo a hiperhúmedo y termotipo infratropical inferior hasta el criorotropical atérmico, creciendo desde las tierras bajas hasta el nivel nival; (14) en las islas Galápagos habitan en bosque y arbustal húmedo (zona litoral), en vegetación de bosque y arbustal deciduo (zona árida), en bosque siempreverde estacional y en vegetación arbustiva (zona de transición), en bosque y arbustal siempreverde, y en herbazal húmedo (zona húmeda). Del estudio de la variación de la temperatura y la pluviosidad en los sectores biogeográficos de Ecuador se concluye lo siguiente: (1) la Cordillera Oriental de los Andes, Chocó Ecuatorial y todos los sectores de la región Amazónica muestran los más altos niveles de pluviosidad anual; (2) los valles interandinos, Jama-Zapotillo, Catamayo-Alamor y los páramos de la Cordillera Occidental de los Andes son los sectores más secos; (3) la intensidad pluviométrica es inferior en los páramos de la Cordillera Occidental respecto a los de la Cordillera Oriental de los Andes; (4) las temperaturas y precipitaciones medias anuales varían significativamente entre los sectores biogeográficos; (5) no existe una correlación significativa entre la pluviosidad y la altitud, lo inverso ocurre con la temperatura. En general, el número de especies endémicas de Ecuador en la familia Asteraceae está altamente sobreestimado y en la medida que se avance en estudios taxonómicos y filogenéticos en la familia se contraerá aún más el presente listado, así como el número de especies nativas de Asteraceae representadas en la Flora de Ecuador (Rivero-Guerra, en preparación). Se agradece la colaboración prestada por el Herbario QCA y a los gestores de la base de datos TROPICOS: http://www.tropicos.org/home.aspx? langid=66. Se agradece, además, a los profesores C. Romero Zarco, M. A. Ortiz, J. Cebrino y A. Susanna por su colaboración en la búsqueda de literatura científica; a O. M. Vargas Hernández, PhD., J. Pruski, y F. García Yanés, Msc. por su interés y atención telefónica/correo electrónico para responder a mis inquietudes; a los profesores D. G. Gutiérrez, G. Heiden, F. Luebert, K. Romoleroux y D. A. Minga Ochoa por enviar sus publicaciones en Asteraceae; a los dos revisores anónimos por proporcionar comentarios al manuscrito, y al comité editorial de Collectanea Botanica por su paciencia. El presente proyecto se financia con los fondos AST-BIO-2015 de la autora. refleja similitud en la distribución de las tribus Astereae y Barnadesieae, Cichorieae y Los Apéndices 1 al 6, debido a su tamaño, están disponibles para descarga online en la versión HTML del artículo.
G. López, descrito por Cavanilles como Cistus mollis Cav. de Peñagolosa (Cavanilles, 1796; Mateo & Laguna, 2004), se extiende por el nordeste ibérico (Fig. 1A), desde el sur de Cataluña hasta el norte de la Comunidad Valenciana y montañas orientales de Teruel, en las provincias de Castellón, Tarragona y Teruel (López González, 1993: 407); también se ha documentado para la provincia de Valencia [Laguna et al., 1998: 164; H. marifolium subsp. molle in GBIF, 2018; Helianthemum origanifolium subsp. molle (Cav.) Para contrastar la información taxonómica y corológica, se han consultado para la provincia de Cuenca los datos de los herbarios ABH, JACA, MA, MACB, MAF y VAL y los datos disponibles online (SIVIM, 2013; TPL, 2013; Anthos, 2018; Biodiversidad Virtual, 2018; GBIF, 2018; RJB-Colecciones, 2018). Las localidades estudiadas se encuentran en 5 cuadrículas de UTM de 1 km de lado que se distribuyen en 2 cuadrículas de UTM de 10 km de lado (Fig. 1B), al norte de los Altos de Cabrejas, en el límite entre las comarcas de la Serranía Baja y La Alcarria. El conteo poblacional no se ha realizado, pero se trata de una planta que no es rara en las localidades visitadas. Helianthemum marifolium subsp. molle es una pequeña matilla fruticulosa con ramas difusas o decumbentes; tallos floríferos ascendentes con abundantes pelos setosos fasciculados y patentes; hojas ovadas, orbiculares o cordiformes, con la nerviación marcada, uniformemente vellosas por haz y envés, más o menos concoloras, con los pelos del envés estrellados, largos y de radios erectos; hojas superiores generalmente no estipuladas; inflorescencia simple o con una rama basal, de (3)5-12 flores (Fig. 2). Se encuadra en el subgénero Plectolobum Willk., Icon. En este grupo se encuadran plantas con caracteres morfológicos bastante similares que dificultan muchas veces la adscripción correcta de las especies y aún más en el rango subespecífico. Entre las plantas ibéricas de la sección se encuentran los taxones pertenecientes a Helianthemum cinereum (Cav.) Todos ellos tienen en común el ser plantas sufruticosas, más o Figura 1. (A), distribución de Helianthemum marifolium subsp. molle en la península ibérica (fuente elaboración propia, a partir de http://colecciones.rjb.csic.es/, http://biodiver.bio.ub.es/biocat/, http://floragon.ipe.csic.es/, http://www.bdb.gva.es/ ca); (B), distribución de Helianthemum marifolium subsp. molle en cuadrículas UTM de 10 km en la provincia de Cuenca. menos leñosas, con inflorescencias que nacen de brotes en roseta y de flores amarillas. Un criterio analítico en el grupo (Cavanilles, 1796; Mateo & Arán, 1996; Mateo et al., 2013) separaría la planta aquí estudiada en la categoría específica con el nombre de H. molle, hecho que no resulta desacertado teniendo en cuenta que mantiene unos caracteres morfológicos bastante uniformes, como las hojas grandes, concoloras, vellosas y con la nerviación marcada. Y que los recientes estudios filogenéticos (Aparicio et al., 2017; Martín-Hernanz et al., 2017) hacen preciso profundizar en la reevaluación taxonómica de la sect. Pseudocistus y distinguen en cierta medida los taxones actualmente encuadrados en H. marifolium. Caso aparte es la inclusión de estas plantas en H. origanifolium (Lam.) (Font Quer & Rothmaler, 1934: 161) que podría estar muy justificado por la similitud morfológica de ambos taxones, aunque se diferencian perfectamente en las formas extremas por la forma y consistencia de las hojas y por el tipo de indumento, pero que no nos parece conveniente ya que H. molle se mantiene bastante estable en todas sus poblaciones, mientras que H. origanifolium, con un área de distribución más amplia, es más variable y presenta introgresiones, además de con la planta aquí estudiada, sobre todo con H. marifolium, hecho que ha justificado el tratamiento propuesto en Flora iberica (López González, 1992, 1993). En cualquier caso se trata de especies muy próximas en las que son frecuentes los híbridos y taxones infraespecíficos descritos relacionados con H. marifolium, H. molle o H. origanifolium (Mateo, 2012(Mateo,, 2013(Mateo,, 2017;;Pérez Dacosta & Mateo, 2012; Crespo et al., 2016). La vegetación en las localidades consideradas es variada, como consecuencia de las diferentes exposiciones y diversidad de sustratos que se observan en estos montes. Hay desde matorrales ralos, tipo tomillar, a matorrales arbolados, con encinar bastante puro (Junipero thuriferae-Quercetum rotundifoliae Rivas-Martínez 1987) (Rivas Martínez et al., 2001), hasta encinar con quejigar (Quercus faginea Lam.) y pinar de pino negral [Pinus nigra Aiton subsp. salzmannii (Dunal) Franco]. Destaca la abundancia de especies del género Juniperus L., así como la de Arctostaphylos uva-ursi (L.) Spreng. y la prevalencia de especies leñosas de matorral heliófilo asociadas a etapas preforestales como Genista scorpius (L.) Molina 1989(Rivas Martínez et al., 2001), los cuales forman parte de los citados encinares mixtos con quejigo y pino negral. La litología es variada, desde calizas hasta conglomerados y arenas, y presentan cierta querencia por suelos bastante pedregosos e incluso roquedos; en estas localidades son frecuentes las areniscas calizas. En la provincia de Castellón está bien distribuida (Laguna et al., 1998: 164) y es frecuente, de hecho ha sido motivo de varias asociaciones fitosociológicas como Helianthemo mollis-Ulicetum parviflorae Stübing, Peris et Costa 1989 o Helianthemo mollis-Hypericetum ericoidis R. Roselló 1994 (Rivas Martínez et al., 2001), hecho que confirma la abundancia local y la amplia diversidad de ambientes bioclimáticos observados para esta planta (Mateo, 1999). No se han localizado otras localidades conquenses de este taxón endémico de la península ibérica (SI-VIM, 2013; Anthos, 2018; Biodiversidad Virtual, 2018; GBIF, 2018), que alcanza el centro de la provincia. Las poblaciones conquenses son las únicas conocidas hasta la fecha en toda Castilla-La Mancha y constituyen una interesante disyunción respecto a su núcleo principal en la provincia de Castellón y sus confluencias con Teruel y Tarragona, por lo que la aportación aquí mostrada supone una importante ampliación de área -las poblaciones más cercanas se sitúan en la provincia de Teruel en la Sierra de Javalambre a unos 100 km-y una notable inclusión para el catálogo florístico conquense. Respecto al estatus de conservación de esta subespecie endémica, no se encuentra en el Libro Rojo de la flora vascular española de 2008 y 2010 (Bañares et al., 2008(Bañares et al.,, 2010)), por lo que no se considera amenazado en las poblaciones levantinas, aragonesas y catalanas en las que estaba citada. El análisis territorial detallado muestra que no está contemplada en el Libro Rojo de plantas endémicas y amenazadas de Cataluña (Sáez et al., 2010), ni en el Catálogo de especies amenazadas de Aragón (Alcántara et al., 2007), pero si se encuentra contemplado en el Libro de la flora endémica, rara o amenazada de la Comunidad Valenciana (Laguna et al., 1998) por ser un casi-endemismo valenciano pero sin considerarse amenazado (categoría LRlc), por lo que no se incluye en su normativa propia sobre especies protegidas de fauna y flora (DOGV, 2013). Esta subespecie debe ser considerada como amenazada en Castilla-La Mancha, pues el Decreto 33/1998 (DOCM, 1998) por el que se crea el Catálogo regional de especies amenazadas promueve especialmente la inclusión de entre otras: "las especies que tienen en Castilla-La Mancha su límite de distribución, con pequeñas y frágiles poblaciones de carácter marginal o relíctico" (objetivos 3b); por otro lado la Ley 9/1999 de Conservación de la naturaleza de Castilla-La Mancha (DOCM, 1999) en su artículo 63 relativo a los Principios Generales, en su apartado 4 menciona textualmente que: "se dará prioridad a la conservación a las especies endémicas, así como a aquellas otras cuya área de distribución sea muy limitada o su población muy escasa, y a las migratorias", además en su artículo 75 en su apartado 1d menciona: que se pueden incluir en la categoría "De interés especial" (IE) -en base a las categorías administrativas vigentes en el catálogo regional (DOCM, 2001)-a aquellas especies que sin estar contempladas en ninguna de las categorías precedentes (En peligro de extinción y Vulnerables) sean merecedoras de una atención particular en función de su valor científico, ecológico, cultural o por su singularidad, tal y como es el caso que aquí se presenta. Y si se siguen los criterios de UICN (2012a), la aplicación de los mismos haría que pudiese catalogarse como Vulnerable VU B1ab(iii)+2ab(iii); D2, en base a que tiene en Cuenca y Castilla-La Mancha una extensión de presencia y área de ocupación restringida y con pocas localidades, pero tendría que comprobarse que la población disminuye para poder afirmar que es Vulnerable (IUCN, 2012a: 22) y cumple con los criterios b de "disminución continua, observada, inferida o proyectada". Aunque si bien la aplicación estricta de los mismos criterios con carácter local o regional (UICN, 2012b) permitiría: o bien, mantener la categoría de Vulnerable, en base a la escala de aplicabilidad, debido a que está aislada geográficamente de poblaciones coespecíficas fuera de la región (UICN, 2012b: 3, 15), o bien, conduciría a reevaluarla [en el proceso de secuencia de pasos, considerando que pudiera haber inmigración de propágulos desde las otras regiones en las que se encuentra el taxón (UICN, 2012b: 15)], como Casi Amenzada NT° (el símbolo de grado "°" sirve para indicar cambio de categoría) (IUCN, 2012b: 22). Este último tratamiento se justificaría porque las poblaciones estudiadas se presupone que son estables (UICN, 2012a: 9) y en los últimos años las formaciones vegetales en las que se encuentra están en buen estado. Esto comportaría la rebaja de un punto en el grado de amenaza de H. marifolium subsp. molle respecto a las previsiones iniciales. Por último indicar que los encinares basófilos en los que habita se encuentran incluidos en la Directiva 92/43/CEE relativa a la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres (Comunidad Europea, 1992) en su anexo I bajo el código 9340 (Bartolomé et al., 2005: 246). Agradecemos a G. López González las enseñanzas recibidas sobre el género Helianthemum y al personal del herbario MA, en especial a J. L. Fernández Alonso, C. Baranda, L. Medina y C. Noya las facilidades para poder consultar el herbario. Por último a los revisores y al editor que con sus sugerencias han ayudado a que este modesto escrito pueda ser de utilidad.
El género Verbascum L. pertenece a la tribu Verbasceae (Scrophulariaceae) y comprende entre 300 y 325 especies distribuidas por el hemisferio boreal, excepto en Norteamérica. Como resultado de la consulta y estudio del material original de dos nombres de este género pertenecientes a la subsect. Singuliflora Murb. de la sect. Verbascum (= género Celsia L.), V. barnadesii Vahl y V. fontqueri Benedí & J. M. Monts. (≡ Celsia valentina Font Quer), y la bibliografía donde se ha tratado en profundidad estas dos especies, tanto desde el punto de vista taxonómico como nomenclatural (Murbeck, 1921(Murbeck,, 1925(Murbeck,, 1933(Murbeck,, 1939;;Benedí & Montserrat, 1985; Benedí et al., 1989; Benedí, 2009), llegamos a la conclusión que ambos nombres están todavía por tipificar. Así, el objetivo del presente trabajo es fijar la aplicación de estos nombres mediante su tipificación a partir del estudio del material original conservado en diferentes herbarios. Respecto al nombre V. fontqueri, Benedí & Montserrat (1985) realizaron una propuesta de tipificación, pero desafortunadamente no puede ser aceptada por ser contraria a lo dispuesto en el Código Internacional de Nomenclatura (Turland et al., 2018), según se especifica más adelante. Verbascum barnadesii es una especie endémica de la Península Ibérica, presente en su centro y cuadrante suroccidental, donde crece en claros de matorral, bordes de caminos, taludes y carreteras, sobre suelos arenosos preferentemente ácidos (Benedí, 2009). Por su parte, V. fontqueri es un endemismo de área restingida a la provincia de Valencia, con óptimo de distribución en las sierras litorales y sublitorales, pero con poblaciones en territorios del interior del centro y sur de la provincia, donde crece en herbazales y matorrales aclarados, pastos secos y márgenes de caminos (Aguilella et al., 2010; Benedí, 2009). Resulta una especie incluida dentro del Anexo II "especies protegidas no catalogadas" del listado valenciano de especies protegidas de flora (Generalitat Valenciana, 2013: Orden 6/2013, de 25 de marzo, de la Conselleria de Infraestructuras, Territorio y Medio Ambiente, disponible en: http://www.dogv.gva.es/portal/ficha_ disposicion_pc.jsp? sig=003163/2013&L=1). El protólogo de V. barnadesii Vahl (1791: 39) incluye una concisa frase-diagnosis "VERBASCUM caule subnudo, foliis lanceolatis dentato-sinuatis glabris, pedunculis unifloris", junto a una descripción más amplia de la planta, y una diagnosis para su diferenciación frente a dos especies "Verbascum Osbekii differt caule folioso, foliis caulinis oblongis petiolatis dentate-incisis, pedunculis calycibusque lanatis. Además, el protólogo también incluye la siguiente información: "Habitat in colliculis de Hincapie versus oppidum Ortaleza tractus Madritensis. El espécimen K000806392 es un fragmento de planta compuesto por una inflorescencia con flores y dos hojas de la parte basal de la planta (Fig. 1). Este espécimen se encuentra en mal de estado de conservación, y junto al material vegetal se conserva una etiqueta de revisión de Murbeck, fechada en 1937, en la que aparece la palabra "cotypus" 1. El espécimen K000806393, está montado en el mismo pliego de herbario que el espécimen anterior, pero en una hoja diferente, y se compone de dos fragmentos bastante 1 La definición del término "cotypus" fue publicada por Thomas (1893). Bajo el concepto de cotipo se englobaba a uno de los dos o más ejemplares que juntos forman la base de una especie, no habiendo sido elegido ninguno como tipo. En este sentido, ningún nombre tendría a la vez tipo y cotipo, o bien un único tipo o dos o más cotipos. Esta categoría no es considerada en la actualidad en el ICN (Turland et al., 2018), ni tampoco aparece definido el término, ya que éste quedaría incluido bien dentro de la categoría de síntipo, si el material ha sido citado en el protólogo, o bien dentro del concepto de material original del autor, es decir, conjunto de ejemplares e ilustraciones entre los cuales se puede designar un lectótipo. Por otra parte, otros autores consideran el término cotipo [incluido el de clastótipo en el sentido de Swingle (1912)] como un fragmento o espécimen duplicado del tipo, es decir, isótipo (ICN Art. 9.5), isolectótipo, isoneótipo o isoepítipo (ICN nota al pie del Art. Tipificación de dos nombres del género Verbascum incluidos en la subsect. Herbario K, reproducido con permiso. bien conservados, que parecen pertenecer a la misma planta; por un lado una parte basal, un tallo con hojas basales y medias, y un segundo fragmento que corresponde a la inflorescencia (Fig. 2). En la base de estos dos fragmentos aparece anotado, en diferentes grafías, lo siguiente: "Celsia laciniata Pour. / [ilegible?] in DC. Además, en el reverso de esta hoja (K000806393) aparece anotado lo siguiente: "Blattaria orientalis agrimonia folio / F. cor. 148", y en la parte inferior de esta cara de la hoja se puede leer lo siguiente: "Maj.-Iun. Este interesante material tal vez llegó a Londres a través del envío de pliegos de Barnades a Joseph Banks (N. Ibáñez, com. pers.). Por otra parte, en el herbario C se conserva un espécimen de esta especie (C10018908), compuesto por cuatro hojas y una inflorescencia con flores algo deterioradas. El fragmento está acompañado de una etiqueta de revisión de Murbeck, en la que se lee: "Specimen originarium! / C. Bar al.ap.specimen.c10018908? page=2). Esta anotación coincide exactamente con lo que aparece en el pliego de Kew y con lo publicado en el protólogo "Habitat in colliculis de Hincapie versus oppidum Ortaleza tractus Madritensis". Asimismo, el material corresponde sin duda al espécimen que fue enviado por Miquel Bernades i Mainader a Martin Vahl, como se comunicaba en el protólogo "Specimen mecum communicavit Cel. Barnades filius inventoris" y fuera advertido por Murbeck (1921: 4-6). En esta publicación de Murbeck, se reprodujo además una imagen de este espécimen, pero lamentablemente no se concretó ninguna tipificación del nombre, tal vez por considerar Murbeck que el especimen C fue el único materal que utilizó Vahl y quizá por desconocer a la vez la existencia del material conservado en K, ya que éste fue revisado por él mismo años más tarde, en 1937. Por último, mencionar que Ibáñez (2006) e Ibáñez et al. (2009) recogen un pliego de Barnades de una especie de Verbascum, con el número 658 (BC-Barnades 658), con la siguiente anotación: "Verbascum (manuscrito de Miquel Barnades i Mainader) sinuatum (manuscrito de Miquel Barnades i Claris) L. / Septembr. Este pliego está en la actualidad identificado con el código de barras BC-972766, y contiene dos hojas basales y un fragmento de tallo con hojas pero sin flores. El pliego tiene la siguiente anotación "Verbascum Linn." en la parte superior del especimen, y en el reverso del pliego aparece anotado lo siguiente: "Verbascum foliis radicalibus oblongis sinuates undatis tomentosis, caulinis cordatis / amplexicaulibus nudiusculis Linn. spec. plant. p. 403. // sinuatum" (en la parte superior de la hoja), y "Septembr. Matrit." (en la parte inferior de la hoja) (Figs. Así, este material no corresponde a un duplicado de V. barnadesii de los especímenes conservados en K y C. Además, el especimen que contiene puede ser identificado como perteneciente a V. sinuatum L. Finalmente, indicar que, al parecer no se conserva ningún material original de V. barnadesii en el herbario personal de Barnades (N. Ibáñez, com. pers.). En conclusión, según la información que hemos manejado, el tipo de este nombre no ha sido formalmente designado hasta el momento (véase Murbeck, 1921; Benedí & Montserrat, 1985; Benedí, 2009). En consecuencia, designamos como lectótipo del nombre Verbascum barnadesii el espécimen conservado en C (con código de barras C10018908), el cual fue empleado por Vahl para Tipificación de dos nombres del género Verbascum incluidos en la subsect. Herbario K, reproducido con permiso. ). Benedí & Montserrat (1985: 104) mencionan como "lectótipo" de V. fontqueri un material conservado en BC (en la actualidad con el código de barras BC 43678) (Fig. 5), y en concreto indican lo siguiente: "al plec [BC 43678 hi ha dos exemplars, el lectotypus és el de la dreta, l 'altre és un isotypus". Este tipo fue considerado posteriormente por Benedí (2009). El pliego BC 43678, además de contener dos plantas completas, conserva una etiqueta manuscrita original de Font Quer, en la que se puede leer: "Celsia valentina F.Q. / -typus-/ in Regno Valentino, c. Una estupenda iconografía de la planta seleccionada como "lectótipo" fue realizada por Eugeni Serra i Ràfols y aparece publicada en el trabajo de Benedí & Montserrat (1985: 105). No obstante, según lo indicado en el Art. 9.12 del ICN (Turland et al., 2018), desafortunadamente este "lectótipo" no sería efectivo, ya que Font Quer (1926: 56) cita en el protólogo de Celsia valentina [sinónimo sustituido del nombre nuevo propuesto por Benedí & Montserrat (1985: 103) como V. fontqueri], dos recolecciones concretas: "Hab. in agris, praecipue inter ceratonias, virgultisque, etc, Regni Valentini, pr. "Barranc de la Falzia" dicto, ubi J. 26 majii 1923, inveni; Gros non procul a La Barraca, loco "Serra de les Agulles", d. 7 junii, legit.", es decir, una realizada el 26 de mayo de 1923, con material recolectado en "pr. Barranc de la Falzia", y otra el 7 de junio [de 1923] procedente de "Serra de les Agulles"; aunque el año de esta segunda recolección no aparece en el protólogo, sí que está presente en una etiqueta de un pliego de herbario (BC 43676). En consecuencia, los materiales que componen estas dos recolecciones deben ser considerados como síntipos (Art. 9.6 del ICN), y por tanto tienen prioridad en la designación del lectótipo frente al material original no citado en el protólogo (Art. 9.12), como es el caso del especimen conservado en el pliego BC 43678 considerado por Benedí y Montserrat, ya que pertenece a una recolección no citada en el protólogo, con fecha de 5 de junio de 1923. Respecto a los síntipos, se conserva en varios herbarios material procedente de "pr. Estos pliegos contienen plantas muy completas y en buen estado de conservación, acompañadas en todos los casos por la misma etiqueta impresa, en la que se puede leer: "Institutus Botanicus Barcinonensis / Flora Iberica Selecta / Cent. En relación al otro material síntipo, el procedente de "Serra de les Agulles", recolectado el 7 de junio [de 1923], se conserva un pliego en BC (BC 43676), que contiene un tallo con hojas, frutos y una flor, y una etiqueta manuscrita por Font Quer en la que se puede leer lo siguiente: "Celsia valentina F. Q. / in Regno Valentino, Serra de les Agulles, c.Valldigna / Gros, 7 Junii 1923 / F. Q." Este pliego fue citado en el apartado "Localitats estudiades" por Benedí & Montserrat (1985: 105). Entre todo el material arriba comentado, se propone como lectótipo del nombre Verbascum fontqueri el espécimen BC 82585 (Fig. 7), siendo por Tipificación de dos nombres del género Verbascum incluidos en la subsect. Anverso del pliego de Miquel Barnades (BC-Barnades 658; código de barras BC-972766) con material de Verbascum sinuatum. Reverso del pliego de Miquel Barnades (BC-Barnades 658; código de barras BC-972766) con material de Verbascum sinuatum. A N. Ibáñez, E. Farràs y N. Nualart (Herbario BC, Institut Botànic de Barcelona), R. Guàrdia (Centre de Documentació de Biodiversitat Vegetal, Universitat de Barcelona) y a O. Ryding y N. Rønsted (Herbarium C, University of Copenhagen) por la ayuda en el estudio de los pliegos de herbario conservados en BC y C, respectivamente.
1 and 2) (Alstroemeriaceae). 1a. var. nlemfuensis -. RO); ibid., old airfield above Buenavista de Abajo, Camino del Aeropuerto, heap of earth, 04.X.2014, R. Otto (pers. obs.). Cruz de La Palma, San Andrés y Sauces and Barlovento. Euphorbia cotinifolia L. subsp. cotinoides (Miq.) Urtica dioica L. subsp. dioica var. dioica (Urticaceae). Montanoa bipinnatifida (Kunth) K. Koch (Asteraceae). Spain, La Palma: Villa de Mazo, Hoyo de Mazo, below Ermita de los Dolores and near crossing LP-205 (Calle Molinos de Viento) and Camino Fierro, roadside, 21.X.2017, R. Otto 23074 (pers. herb. Polypogon maritimus L. var. maritimus (Poaceae).
Los estudios más analíticos consideran más de nueve táxones de Micromeria dentro de la flora peninsular ibérica e Islas Baleares. Algunos de ellos muestran un área de distribución reducida, pero a su vez con una gran variabilidad morfológica, como por ejemplo el complejo taxonómico M. microphylla-M. filiformis. El grupo de táxones relacionados con M. microphylla (d'Urv.) Benth., en el sentido más amplio del taxón, se encuentran distribuidos por el Mediterráneo central y occidental [Italia (incl. Sicilia), Malta e Islas Baleares (incl. Los táxones pertenecientes al grupo M. microphylla s. l., son propios de ambientes de roquedos y claros de matorrales, sitios pedregosos de zonas cálidas a baja altitud. Dentro de este grupo, Freyn & Janka (1874) describieron una nueva especie para la flora de las Islas Baleares a partir de material repartido en el "Iter gallico-hispanicum 1873" de Friedrich Hegelmaier, a la que denominaron M. rodriguezii en honor al botánico Joan Joaquim Rodríguez i Femenías. Este taxón ha sido considerado por algunos autores con nivel subespecífico, bien dentro de M. nervosa (Desf.) Benth., M. filiformis (Aiton) Benth., M. microphylla [o como Satureja microphylla (d'Urv.) Briq.] y Satureja cordata Moris ex Bertol. (véase Fig. 1), o bien como variedad de M. biflora Benth., según las siguientes combinaciones y estatus taxonómico: M. nervosa subsp. rodriguezii (Freyn & Janka) Nyman, Consp. Estos cambios, así como otras combinaciones nomenclaturales recogidas por Rosselló & Sáez (2000: 100), reflejan sin duda la complejidad de interpretación y circunscripción de M. rodriguezii y la dificultad de una estable ubicación en la sistemática del género. Ciertos autores han reconocido el valor taxonómico de M. rodriguezii, al tiempo que señalaban su variabilidad morfológica, formalizada taxonómicamente en el nivel varietal o con rango de forma, proponiendo lo siguiente: (1) S. rodriguezii var. condensata L. Chodat in Bull. Por otra parte, Mus & Rosselló (1987) concluyeron que no existían diferencias significativas entre las poblaciones italianas de M. microphylla, y las presentes en las Islas Baleares, considerando en consecuencia el nombre M. rodriguezii s. l. como un sinónimo heterotípico de M. microphylla (Rosselló & Sáez, 2000: 101-102). Este criterio sintético ha sido seguido también con posterioridad por Rosselló & Sáez (2000) así como en diferentes revisiones del género en el ámbito ibérico (Morales, 1991(Morales,, 2010)). No obstante, Rivas-Martínez et al. (1992: 217) reivindicaron el valor taxonómico en el rango de especie como Satureja rodriguezii (Freyn & Janka) Rivas Mart., M. Costa & Loidi, Itin. Para el estudio morfológico se recopilaron datos a partir de la bibliografía consultada, así como de los ejemplares recolectados en campo y especímenes de herbario (ver apartado Specimina visa selecta). Los acrónimos de los herbarios mencionados en el presente trabajo aparecen de acuerdo a lo indicado por Thiers (2019). Pequeño caméfito de hasta 8-22 cm de altura, ramificado en la base; ramillas largas y finas que crecen desde la base, 0,7-1 mm de grosor, erectas o arqueado-erectas, pubescentes, con indumento eglandular de pelos retrorsos, de 0,1-0,3(0,4) mm, más o menos densamente dispuestos. 0,5 mm), ovadas, agudas, redondeadas en la base, en ocasiones cordadas, las superiores de color verde en el envés, más estrechas, y las basales generalmente de color púrpura, más anchas; márgenes engrosados, en las hojas basales en ocasiones levemente revolutos; dispersamente pelosas, con pelos eglandulares antrorsos de color blanco-cinéreo, pelos pequeños (ca. 0,1 mm) y abundantes mezclados con otros más escasos y de mayor tamaño (de hasta 0,5 mm), estos últimos dispersos por el haz, y algo más concentrados en el nervio medio en el envés, con presencia de glándulas sésiles en el haz y envés. Verticilastros formados por dos fascículos pedunculados, con pedúnculo de hasta 2,5 mm, con 2-5(8) flores por fascículo; pedicelos de hasta 1,8 mm; bractéolas de ovadas a ovado-lineares, de hasta 1 × 0,5 mm, al menos una por pedicelo, que crecen en la base de éstos. Cálices 3(3,3) mm de longitud, con dientes de hasta 1 mm de longitud, tubo fino en la floración y algo engrosado cuando contiene núculas, pelosos, con abundantes pelos eglandulares en tubo y dientes, de hasta 0,4 mm, antrorsos, rígidos, blanco-cinéreos, con mayor densidad en las costillas, presencia de glándulas sésiles. 5,5 mm, rosadas, abiertas o con flores cleistógamas (al menos durante otoño e invierno). El material de Castellón (Figs. ) el cual determinamos como perteneciente a M. rodriguezii, aunque suele aparecer en la mayoría de los casos identificado en las etiquetas de herbario como M. microphylla (véase además el apartado Specimina visa selecta). Bolòs & Vigo (1996: 301) separan M. microphylla s. str. de M. rodriguezii (tratado por estos autores como Satureja microphylla subsp. rodriguezii) por tener la primeras hojas no cordadas y pedicelos no geniculados. Por otra parte, Bolòs & Vigo (1996) consideran M. microphylla una planta que no se encontraría presente en las Islas Baleares. Estos autores diferencian el taxón que aquí nos ocupa de M. filiformis [tratado por estos autores como Satureja microphylla subsp. filiformis (Aiton) O. Bolòs & Vigo] por ser una planta algo más pubescente, de tallos algo más robustos y en general erectos o suberectos, hojas poco purpureas en el envés, con 2-8 flores en la axila de las hojas, y flores rosadas, mientras que M. filiformis s. str. resultaría ser algo más glabra, de tallos más gráciles, con hojas generalmente de color púrpura en el envés, 1-2 flores en las axilas de las hojas y flores blancas o rosadas. Por otra parte, Pignatti (2018) atribuye a M. microhylla indumento de pelos patentes de 0,5 mm de longitud, hojas inferiores de lanceoladas a ovadas y pedicelos casi erectos, siendo geniculados en M. rodriguezii; además diferencia M. rodriguezii de M. cordata por presentar, esa última, hojas ovadas a ovato-cordadas y corola banca, siendo rosa o rosada en M. rodriguezii. Además de lo indicado por Bolòs & Vigo (1996) y Bolòs et al. (2005) para la diferenciación entre estos táxones, nuestras observaciones indican que M. filiformis es una especie glabrescente, con pelos eglandulares retrorsos en los tallos, de 0,1-0,2(0,3) mm, hojas cordadas, purpúreo-violáceas en el envés, con pelos erectos o antrorsos de 0,1-0,2(0,3) mm; flores en grupos de 1-2; cáliz con pelos eglandulares escasos en el tubo y cortos (de hasta 0,2 mm), más densos en los dientes; corola blanca o de un rosa pálido; mientras que M. rodriguezii es una planta más densamente pelosa, con pelos eglandulares retrorsos en tallo de 0,1-0,3(0,4) mm, hojas ovadas, redondeadas en la base, en ocasiones cordadas (esto se ha observado tanto en las muestras procedentes de Castellón como en diversos materiales baleáricos depositados en BC), por lo general verdes en el envés, con pelos eglandulares antrorsos de hasta 0,5 mm, flores en grupos de 2-5(8); cáliz de 3,5-4,5 mm, con abundantes pelos eglandulares en tubo y en los dientes (de hasta 0,6 mm), con presencia de glándulas sésiles; corola rosada. En lo relativo al indumento, éste es un carácter bastante variable; Mus & Rosselló (1987) consideran que las plantas italianas pertenecientes al complejo de M. microphylla son ligeramente más pubescentes que las procedentes de las Islas Baleares. Sin embargo, existen muestras procedentes de Malta (de donde se describió M. microphylla) que son bastante más pubescentes que las baleáricas y que el material de Castellón. En este sentido, autores como Greuter et al. (1986) y Bolòs & Vigo (1996) aceptan la planta descrita por Freyn y Janka como representante del grupo de M. microphylla en las Islas Baleares. Ecología y corología: en las Islas Baleares, esta especie habita en colinas pedregosas, lugares yermos, roquedos, bordes de caminos, generalmente sobre calizas y en ocasiones en margas y lugares algo arenosos. La población de Castellón crece en suelo calizo, pedregoso y compactado. La vegetación general de la zona corresponde a la propia de un coscojal termófilo, pero ambas poblaciones aparecen en ambiente algo antropizado, compartiendo hábitat junto con otros caméfitos y especies de ciclo anual propias de pastizales cársticos ruderalizados, como: Ajuga iva (L.) En ambos casos se sitúan en bordes de pistas o caminos, ocupando claros donde se disponen los terófitos entre las especies multianuales. Estos dos núcleos se sitúan a ambos lados de la autopista AP7 junto a un paso de agua que transcurre bajo esa vía de comunicación, por lo que es muy probable que en el pasado formaran una única población ahora fragmentada, o que uno de ellos derivara de la expansión del otro al arrastrar el agua sus semillas a través del paso de agua. No se descarta que en un futuro puedan aparecer más ejemplares en otros medios forestales, situados a poca distancia de estos dos núcleos poblacionales, sobre todo en los claros del matorral y pinar situados en las laderas pedregosas de las sierras del Parque Natural de la Serra d'Irta. Florece desde marzo a octubre y fructifica desde mayo a noviembre. Su principal floración ocurre en la primavera y el verano, aunque fuera de estas estaciones, si la humedad edáfica es importante, se prolonga su floración produciendo flores cleistógamas (Fig. 4), probablemente como respuesta a las bajas temperaturas. Estatus de conservación: este hallazgo representa la primera referencia de esta especie en la Península Ibérica, hasta ahora considerada endemismo exclusivo de las Islas Baleares. El grado de aislamiento respecto de las poblaciones baleáricas confiere a la población de Castellón una elevada singularidad biogeográfica. Consideramos importante señalar que, a pesar de la localización de esta población cercana a una vía de comunicación, no existen evidencias sólidas que ésta haya sido introducida. No obstante, la localización de esta población en un ambiente antropizado y próximo a un camino con cierta densidad de tránsito de vehículos, puede llegar a sugerir que se trate de una colonización reciente. Un estudio más intenso del entorno natural próximo podrá aportar más información sobre el origen de esta población. Por otra parte, el bajo número de individuos localizados (25-30 ejemplares adultos en el núcleo del camí del Saltet y 170-190 individuos adultos en el núcleo del camino de la autopista), junto con su reducidísima área de ocupación, menor de 60 m 2 entre los dos núcleos (aprox. 20 m 2 en el núcleo del camí del Saltet y aprox. 40 m 2 en el núcleo del camino de la autopista), y el fuerte riesgo de afecciones negativas al situarse ambos núcleos en el margen de un camino, y una de ellas (camí de la autopista) junto a campos de cultivo, nos sugiere proponer su inclusión en el Catálogo Valenciano de Especies de Flora Amenazadas en la categoría de "En peligro de extinción" (CGV, 2009(CGV,, 2013)). Como medidas de conservación para esta especie, por el momento se ha recolectado material vegetal de reproducción, y así se conservan semillas en el Banco de Germoplasma de la Flora Silvestre Valenciana en el CIEF (Centro para la Investigación y Experimentación Forestal de la Generalitat Valenciana) y se mantienen ejemplares en cultivo dentro de una colección de planta viva mantenida en condiciones ex situ en las instalaciones del CIEF. Italia: Cerdeña, s.d., Moris s.n., BOLO (lectótipo) (Fig 1). España: Islas Baleares, s.d., Jacquin s.n., BM (Herbarium Banks) (lectótipo). España, Islas Baleares, Menorca: Mahón, 1898, J.J. Rodriguez s.n. Ciudadela, Naveta des Tudons,
Alegato por el árbol (Colección La mirada atenta). Traducción de Lander Renteria. La editorial Libros del Jata que dirige el botánico, micólogo y profesor de la Universidad del País Vasco Gustavo Renobales nos premia con la traducción de otro trabajo de Francis Hallé, uno de los principales expertos mundiales en el conocimiento de los árboles y de los ecosistemas en los que se integran. Se une por tanto esta obra a la ya publicada del mismo autor dentro de la colección "La mirada atenta" en 2016, Elogio de la planta: por una nueva biología, que ya había alcanzado un importante éxito internacional en su versión original en francés (Ed. Ya para aquel libro, y ahora para el aquí reseñado, la traducción al castellano para Libros del Jata ha sido realizada por Lander Renteria. La primera edición en francés de Alegato por el árbol, Plaidoyer pour l'arbre, se editó en 2005, seis años después de Éloge de la plante, y sigue la estela de aquella obra, sometiendo al lector a un examen continuo con sus preguntas y reflexiones. Y aun siendo un libro de ensayo técnico-científico, quizá alejado de la literatura convencional, invita a una lectura amena y descriptiva, a veces rayana en el estilo de la literatura de viajes, donde Hallé transmite sus amplias experiencias recorriendo numerosas zonas del planeta para conocer la estructura de los árboles, el funcionamiento de los bosques y sus intensas relaciones con el ser humano. No en vano el autor está considerado como el gran especialista mundial en el estudio de la bóveda forestal de las selvas tropicales, disciplina a la que, además de conocimientos científicos, ha aportado nuevas e ingeniosas metodologías. El interés por el conocimiento de los árboles, que ya dejó patente en Elogio de la planta, lleva a Hallé a plantearse numerosas cuestiones, ya avanzadas en el prólogo de esta nueva obra. Si el anterior libro comenzaba haciéndonos reflexionar sobre las razones por las que anteponemos nuestra empatía por los animales frente a las que profesamos a las plantas, ahora se centra en el trato poco preferencial que nuestra cultura da a las especies arbóreas y plantea abundantes reflexiones, incluyendo su concepto de "alteridad" -esto es, la aparente independencia del árbol respecto de la especie humana-, y el escaso encaje que el árbol puede tener en la tradición antropomórfica que tenemos sobre los seres naturales. Ya en el prólogo, Hallé hace uso de sus recursos habituales en otras obras, cuales son la abundancia de dibujos explicativos de los que él mismo es autor, que ayudan a entender más fácilmente los conceptos que explica en el libro y rompen la monotonía propia de los ensayos científicos. Lo mismo ocurre con la presencia de recuadros o cajas de texto que, o bien constituyen resúmenes sintéticos para comprender conceptos con unas pocas pinceladas descriptivas o, más a menudo, corresponden a reseñas de otros autores -no solo científicos, sino narradores, novelistas, poetas, etc.-o de hechos históricos concretos. El libro consta de tres secciones principales, cada una de ellas con diversos capítulos. La primera sección, "Estructuras y funciones del árbol", revisa los principales conocimientos técnico-científicos sobre los árboles, empezando por el propio concepto de árbol, que como el autor recalca no es tan sencillo como aparenta. Hallé, haciendo uso de un estilo extremadamente didáctico, se plantea preguntas y posibles respuestas, rechazando las hipótesis menos plausibles, y dejando a menudo abierta a la imaginación del lector la solución a los problemas que propone; lo hace consciente de que en muchos casos la ciencia no ha avanzado aún lo suficiente como para ofrecer respuestas definitivas a sus preguntas. Esas cuestiones orbitan alrededor de las características esenciales de los árboles y de su integración en los bosques, su edad respecto a las hierbas, los modelos arquitectónicos que adquieren, etc. Incluye de paso conceptos derivados de su amplia experiencia estudiando los bosques desde el nivel del suelo a los estratos superioresescalando a las cimas más elevadas de las copas, o estudiando la cubierta forestal desde globos aerostáticos-, como la similitud de los grandes árboles con los corales u otros organismos de crecimiento colonial, o lo que él denomina "timidez" de los árboles, esto es, el hecho de que las copas guarden en ocasiones en las selvas tropicales distancias de varios centímetros, de modo que eviten tocarse, como si existiera un lenguaje químico entre ellas. Francis Hallé profundiza especialmente en el concepto colonial ya indicado, tras haber demostrado que en muchos casos las diferentes ramas de un gran árbol pueden mantener entre sí diferencias de tipo genético -o al menos epigenético, aludiendo a conceptos más recientes-, e incluso muestren ese mismo concepto de "timidez" dentro de una misma copa arbórea. También plantea en esta primera sección del libro reflexiones, que sin duda rondarán la mente de cualquier dendrólogo e incluso de muchos otros botánicos, pero que raramente se plantean ni siquiera la mayoría de amantes de la naturaleza; son preguntas sobre la aparente inmortalidad de algunos árboles, la posibilidad del crecimiento ilimitado y otras características que justifican el gigantismo de algunas especies, o cuestiones tan teóricamente sencillas -pero muy difíciles de resolver en la práctica-, como la superficie real de la "piel" de los árboles, sumando la de sus hojas, ramas, sistemas radicales, etc. La sección segunda, "Retratos de árboles", es quizá la más sencilla y amena, donde el autor ha reunido el máximo posible de información sobre algunas especies sobresalientes: el ombú o árbol de la bella sombra (Phytolacca dioica), el durián (Durio zibethinus), los eucaliptos (Eucalyptus spp.), el árbol del caucho (Hevea brasiliensis) y los árboles epífitos. De todos ellos, quizá el más descriptivo y próximo a la literatura de viajes sea el del durián, explicando experiencias adquiridas en parte gracias a excursiones a Sumatra y Malasia con sus alumnos de la Universidad de Montpellier, y sus impresiones al probar el fruto de este árbol, de olor repugnante pero considerado a menudo el de sabor más exquisito de todas las frutas conocidas. A cambio, el capítulo más extenso, casi merecedor de un libro independiente, es el que dedica al árbol del caucho, ampliamente documentado y avivado por sus descripciones sobre la expansión del cultivo más allá de su zona original de la Amazonía brasileña y peruana, la estrecha dependencia que han tenido de esta especie la industria del automóvil y las de muchos productos de nuestra vida cotidiana, el desastre que causó en sus producciones la expansión del hongo que provoca la enfermedad sudamericana de las hojas del árbol, o el progresivo abandono del cultivo y las extracciones de caucho en el medio natural en favor del caucho sintético. Más apasionante, si cabe, es su detallado relato sobre el valor geoestratégico de las plantaciones de este árbol durante la segunda guerra mundial -teniendo en cuenta que las ruedas de los vehículos y muchos objetos o productos útiles para la acción militar estaban fabricados con caucho-, y la competición técnica y científica que se desató entre expertos de los diferentes países en liza, a fin de generar a contrarreloj nuevas formas de caucho sintético o buscar alternativas para incrementar exponencialmente la producción natural o agronómica localizando lugares exentos de la enfermedad ya citada, realizando injertos sobre especies que la resistieran, etc. La sección tercera, "Nuestro compañero el árbol", se centra en la interrelación entre árboles y humanos, exponiendo abundantes resultados de la investigación etnobotánica y de los conocimientos agronómicos, forestales, etnológicos o religiosos. A un primer capítulo sobre prácticas tradicionales le siguen los dedicados a la influencia de las fases lunares en el crecimiento de los árboles o las prácticas agroforestales, a la relación entre los árboles y la música -especialmente a través de los instrumentos musicales-y a la herencia arborícola del ser humano, cuya morfología deriva, como la del resto de los homínidos y otros simios, de una clara adaptación a la vida en el dosel arbóreo. Los dos últimos capítulos son los únicos del libro con coautorías, la del "escultor de árboles y sonidos", como se define José Le Piez, creador de los conocidos arborisones -piezas esculpidas en madera productoras de peculiares sonidos-, y la del especialista en antropología Denis Michel. Entre los capítulos finales del libro, además de los dedicados a la bibliografía, fotografías, agradecimientos y un socorrido glosario -más que recomendable para quienes se acerquen por primera vez a la lectura de obras de Hallé-, destacan dos que podríamos considerar como propios del más puro estilo del autor. Uno, denominado "A modo de conclusión", se compone de bastantes más preguntas que respuestas, porque sin duda son aún muchos los problemas por resolver en el conocimiento de los árboles; por supuesto, sus dudas se extienden también al imparable crecimiento poblacional humano y su insaciable sed de uso de los recursos naturales. El otro, quizá aún más llamativo, es una hipotética conversación en la que el dendrólogo plantea a un supuesto arquitecto famoso crear el pliego de condiciones técnicas para diseñar un edificio que llegue a tener las características estructurales de un árbol -algo, de hecho, simplemente imposible-. Basta transcribir aquí una de las últimas frases del libro: "La moraleja de esta historia es que el ser humano, a pesar de todas las proezas tecnológicas de las que se siente tan ufano, sigue siendo incapaz, a principios de este tercer milenio, de construir un gran árbol. Hoy por hoy, todo lo que sabe hacer es talarlos, y no se priva de hacerlo". Como ya ha ocurrido con otras obras de autores extranjeros editadas en castellano por Libros del Jata -las de Gilbert White, Nicolái I. Vavílov o Tim Birkhead-, hay que felicitar el trabajo realizado en la traducción. Lander Renteria repite como traductor de la obra de Hallé, no sin hacer esfuerzos significativos para adaptar al castellano muchos de los tecnicismos -y no pocas veces incluso neologismos propuestos por el propio Hallé-de los que está plagada la obra, haciéndolo con brillantez y consiguiendo que el libro mantenga en muchos de sus apartados el tono ameno que posee el original. La colección en la que se insiere este libro de Francis Hallé ya ha prestado especial atención a los árboles, su importancia y significado para el ser humano, a través de las obras del naturalista y etnógrafo vitoriano Ignacio Abella Árboles de Junta y Concejo: las raíces de la comunidad y La memoria del paisaje: pasado y futuro de un patrimonio común. Se consolida, pues, una clara apuesta de Libros del Jata y de su editor en jefe, Gustavo Renobales, por el rescate de la importancia del mundo vegetal y de los árboles en particular, para la memoria colectiva de esta sociedad en la que vivimos, que no sólo está cada vez más deshumanizada, sino también más desnaturalizada, en el sentido de la relación del ser humano con su entorno natural. Esta apuesta se resuelve, como en obras anteriores, de modo brillante y con una cuidada edición donde los detalles también cuentan -diseño de la portada y tratamiento digital de las imágenes, formato, gramaje y origen del papel-. No queda por tanto sino animar a su lectura, y apoyar a la editorial en esa apuesta contracorriente en la que los ensayos técnico-científicos de los autores escogidos, como en este caso Francis Hallé, se mezclan con el relato e invitan ampliamente a la reflexión.
El género Carex L. (Cyperaceae) es uno de los tres géneros de plantas vasculares más diversos del planeta, con cerca de 2000 especies y una distribución casi cosmopolita, aunque más diverso en las zonas templadas del hemisferio norte (Martín-Bravo et al., 2019). En Sudamérica el género comprende aproximadamente 200 especies, pertenecientes a todos sus grandes linajes excepto el llamado "clado Siderostictae" (Jiménez-Mejías et al., 2018a). Ello supone cerca del 10% de la diversidad mundial. El conocimiento del género Carex en Sudamérica es fragmentario y aún requiere de mucho trabajo adicional. Desde la revisión general del género por Kükenthal (1909), los trabajos taxonómicos a lo largo de los dos primeros tercios del siglo XX fueron escasos, fragmentados y de ámbito localizado, con la excepción de las revisiones de Barros (1935Barros (, 1969) ) para el Cono Sur, Macbride (1936) para Perú y las contribuciones de Steyermark (1951) para Venezuela. No sería hasta el comienzo de la ingente labor de revisión de Gerald A. Wheeler cuando el género Carex (y su entonces género satélite Uncinia Pers.) ha comenzado a entenderse desde una perspectiva más integradora en Sudamérica (Wheeler, 1987(Wheeler,, 1989(Wheeler,, 1990(Wheeler,, 2007, entre otros muchos trabajos). Recientemente, el segundo autor de la presente publicación tuvo la oportunidad de estudiar las mayores colecciones de Carex de Sudamérica en los Estados Unidos durante su etapa postdoctoral: MICH, MO, NY y US. Como resultado, distintos trabajos actualizando la taxonomía, nomenclatura y corología del género han sido publicados (p. ej. Jiménez-Mejías et al., 2016, 2018a, b; Jiménez-Mejías & Silva, 2020). En la presente nota damos conocimiento de un nuevo registro de Carex divisa Huds. en el continente sudamericano, la primera cita conocida para Chile. Esta especie pertenece al subgénero Vignea (P. Beauv. ex T. Lestib.) Peterm., que se caracteriza porque en la mayoría de las especies las espigas son bisexuales y sésiles (Egorova, 1999; Ball & Reznicek, 2002). Carex divisa es una especie de distribución euroasiática, que se extiende desde la Península Ibérica hasta China occidental y que se conocía como introducida en Australia, Nueva Zelanda y Norteamérica (Govaerts et al., 2019). La presencia de C. divisa en Sudamérica ha sido reportada recientemente para Argentina y Uruguay (Jiménez-Mejías et al., 2018b). El taxon estaba erróneamente citado como C. marcida Boott (= C. praegracilis W. Boott) en la región del Río de la Plata (Herter, 1953; Myndel-Pedersen, 1968), con pliegos testigo que se remontan a 1937 (Jiménez- Mejías et al., 2018b). Carex divisa es fácilmente distinguible de cualquier otra especie de Carex en Sudamérica por la siguiente combinación de caracteres: rizomas reptantes, espigas sésiles andróginas y utrículos más largos que las glumas (Fig. 1A), con gruesos nervios prominentes que recorren la longitud completa del cuerpo del utrículo y con un pico netamente bífido (Fig. 1B). Se trata de una de las dos especies del género que parecen ser inequívocamente naturalizadas en el continente sudamericano, siendo la otra otro representante del subgénero Vignea, la también euroasiática C. divulsa Stokes (Barros, 1935; Myndel-Pedersen, 1968; Jiménez-Mejías et al., 2016). La población encontrada en Chile (Fig. 1C) se localiza en la región de Valparaíso, específicamente al sur de la localidad costera de Quintay, una zona con cierta presión antrópica y esporádicamente frecuentada por ganado vacuno. Crece en la zona de transición entre la vegetación psammófila de los arenales costeros y una quebrada cubierta por matorral y bosque esclerófilo, siendo Pouteria splendens (A. DC.) Kuntze (Sapotaceae) una de las especies dominantes. La población ocupa unos 25 m 2 y se desarrolla sobre un substrato arenoso y seco. Por lo que refiere a la fenología, los individuos se encontraron en floración en el mes de octubre y a mediados de noviembre la fructificación estaba terminando. Otra especie alóctona que se ha observado en la zona es Rosa rubiginosa L. Búsquedas adicionales en las proximidades de la zona (bien conocida por el primer autor de esta nota) no revelaron más núcleos poblacionales de C. divisa. Estudios sobre el establecimiento de otras especies del género Carex en Sudamérica de forma natural muestran que éstas han expandido su nicho ecológico respecto a las poblaciones del hemisferio norte (Villaverde et al., 2017). Futuros trabajos enfocados a elucidar si dicho fenómeno tiene también lugar con especies introducidas por el hombre podría ayudar a cuantificar su potencial invasor y actuar en consecuencia. Agradecemos la contribución de A. Pérez Haase y M. Escudero como revisores, quienes con sus comentarios han contribuido a mejorar una versión previa de esta nota. El primer autor ha sido financiado por FONDECYT a través de una beca postdoctoral (proyecto no 3170270); el segundo autor ha sido financiado por la Consejería de Ciencia, Universidades e Innovación de la Comunidad de Madrid, a través del proyecto Macondo (SI1/PJI/2019-00333).
Al "Catálogo del Museo de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona" (Arxius de la RACAB, 1898) hi consta la notícia de la venda d 'un miler de plantes de Pavón a l' Acadèmia juntament amb d'altres dels Bernades, amb Mariano Graells de mitjancer: "En la sesión del día 5 de abril de 1838, el socio D. Mariano de la Paz Graells manifestó que el socio Pavón (D. José) se verá precisado a vender su herbario, y lo verifi caría con gran baratura a la Academia por anhelar que esta lo poseyera." "En la Junta General del día 6 de Junio de 1838, el socio D. Félix Janer legó una carta de D. Mariano de la Paz Graells fecha 25 de Mayo último, en la cual avisaba que ya tenia en su casa muchas de las plantas del Sr. Pavón para la Academia, y creía que la semana próxima acabaría de revisar su herbario, en el que hacía más de un mes que trabajaba. Decía que la colección sería preciosa, y que a más de las mil plantas, llevaría el herbario del Sr. Barnades, que había caído en su poder, y por el cual nada pagaría la Academia." de les etiquetes Nombre de plecs P
El género Conyza Less., alóctono en Europa y la Región Mediterránea, presenta no pocas dificultades a la hora de abarcar su clasificación. Los táxones presentes en la Península Ibérica se consideran neófitos naturalizados, además de ser en mayor o menor medida malas hierbas, que compiten con otras especies pioneras -nativas o no-como el omnipresente Symphyotrichum squamatum (Spreng.) Hieron.], planta antiguamente incluida dentro de Conyza. Al tratarse de especies bien establecidas y extendidas por el territorio, no se puede contemplar su erradicación. Queda, pues, la tarea de entender pautas de convivencia con estas plantas que colonizan los terrenos baldíos, alterados por el hombre, con tanto éxito. Aunque hoy en día se encuentran distribuidas de manera cosmopolita por las regiones tropicales y templadas del mundo, su origen evidentemente se remonta al continente americano. En lo que se refiere a su dispersión a largas distancias, todo parece indicar que los principales vectores han sido el viento (Wurzell, 1988) y la actividad antrópica. En cuanto a la taxonomía de este grupo de plantas, hay que referirse a la complejidad de la subtribu Conyzinae Horan. (tribu Astereae Cass.), donde se incluyen Erigeron L., Conyza y algunos géneros más pequeños (Nesom, 2008). Sin embargo, algunos investigadores, por ejemplo Noyes (2000), no ven suficiente justificación (ni morfológica ni molecular) como para separar Conyza de Erigeron, y prefieren combinar ambos dentro de Erigeron, siendo éste el género basal. Stace (2010), quien reconoce cuatro especies existentes en las Islas Británicas, hace el siguiente resumen: "Conyza is a complex and difficult genus, the British representatives being small distinct samples of a wide spectrum of more continuous variation in America. Aquí he optado por respetar Conyza (un nom. cons.) en consonancia con trabajos muy consultados de nuestra región que incluyen Flora europaea (Tutin et al., 1976), Flora iberica (Castroviejo, 1986(Castroviejo, -2019)), Flora dels Països Catalans (Bolòs & Vigo, 1984-2001) y otras floras regionales. En términos generales, las especies de Erigeron presentan los capítulos solitarios o en corimbos de pocos capítulos. Éstos contienen un gran número de flores hermafroditas (las internas). En cambio, las especies del género Conyza presentan en su mayoría un número elevado de capítulos organizados en corimbos o panículas con un número reducido de flores hermafroditas en cada capítulo. Existen híbridos entre ambos géneros. Nesom (2008) considera que el género Conyza, al que incluye dentro de Erigeron, sea, como mínimo, bifilético, y reconoce la posibilidad de que el género Erigeron, tal y como se ha empleado en las últimas décadas, tampoco sea monofilético. Este mismo autor divide las especies de Conyza en dos grupos, los cuales corresponden a secciones de Erigeron según sus autores: sect. Caenotus Nutt., en la cual se ubica C. canadensis (L.) Baill., donde encontramos las demás especies que nos conciernen. En esta contribución, se valora el trabajo de Bolòs & Vigo (1996), en el cual recogen cinco zamarragas (coniza en catalán; fleabane o horseweed en inglés) presentes en los países catalanes. En adición, se reconoce una variedad distinta de C. canadensis hasta ahora ignorada: var. glabrata (A. Gray) Cronq., además de comentar C. daveauana Sennen y tratar brevemente el tema de los híbridos. Se descarta -por falta de testigos de herbario-C. blakei (Cabrera) Cabrera, tal como indicó Laínz (2002). Esta especie, no obstante, está presente en el sur de Francia (Languedoc-Roussillon) según Tison & Foucault (2014). Además, se analiza el estatus y la presencia histórica de C. floribunda Kunth, dentro del cual incluyo C. bilbaoana J. Rémy por los motivos manifestados en el texto correspondiente. El trabajo está centrado en el NE de la Península Ibérica, principalmente en Cataluña, pero con referencia al ámbito de trabajo considerado en Bolòs & Vigo (1984-2001), lo que incluye el departamento francés de los Pirineos Orientales y la Comunidad Valenciana. Aragón, región que el autor conoce bien, entra también en el territorio comprendido aquí. La confusa taxonomía de Conyza pone de manifiesto la falta de consenso entre los distintos autores, por lo cual lo que se pretende aquí es comunicar una visión práctica para la discriminación de las entidades nomenclaturales de este género presentes en nuestro entorno. El número elevado de determinaciones incorrectas en los herbarios se podría reducir, o bien disminuyendo al mínimo el número de táxones reconocidos, o bien aportando una información más amplia y detallada. He optado por este último método y ofrezco una visión menos sintética que la de Morales (2019). Incluyo un apéndice al final de este trabajo que recoge la relación de pliegos estudiados de los táxones menos conocidos, además de una selección de fotografías. Una visión práctica basada en observaciones hechas en el campo y en el herbario me lleva a reconocer cinco táxones presentes actualmente en el territorio, más dos que encontramos en los herbarios, de los cuales faltan recolecciones recientes. En cuanto a los híbridos putativos he señalado dos por el interés que tienen en la región. Con estos siete táxones (cinco especies y dos variedades) he elaborado una clave dicotómica para acompañar las notas sobre cada uno de ellos. También recomiendo las claves y descripciones presentadas en Flore de la France méditerranéenne continentale, ut Erigeron (Tison et al., 2014), además de las fotografías de la fig. 122 en el libro británico Alien plants (Stace & Crawley, 2015). Los táxones reconocidos con testigo de herbario reciente son: C. bonariensis (L.) Los táxones de presencia histórica, sin referencias para Cataluña en los últimos 50 años o más, son C. bonariensis var. angustifolia (Cabrera) Cabrera (sin citas comprobadas desde 1969) y C. primulifolia (Lam.) Un taxon polémico, C. daveauana Sennen, presente actualmente en la región, y un híbrido, C. ×mixta Fouc. & Neyr., de relevancia para este estudio, reciben un tratamiento provisional en espera de un estudio más detallado. Para cada taxon incluyo los sinónimos más relevantes y una breve descripción tanto de las especies tratadas aquí como de las variedades. Por lo que sabemos, como indican Urdampilleta et al. (2005), C. canadensis es diploide (2n = 18), C. primulifolia es octoploide y los demás táxones son hexaploides, aunque no he podido encontrar datos para C. daveauana o los híbridos. Los detalles de los pliegos de herbario se encuentran en el apéndice, sin incluir los de las especies comunes y extendidas por gran parte de la Península. La clave que ofrezco a continuación se ajusta a las poblaciones y al material de herbario centrado en Cataluña, aunque soy consciente de que las dimensiones y algún otro carácter morfológico pueden variar un poco en otras regiones del mundo. La inclusión de los dos táxones no encontrados en tiempos recientes tiene por finalidad ayudar a aclarar su situación en el caso de que se encontraran de nuevo en nuestro ámbito. Ambos siguen presentes en la actualidad en otras regiones de la Península. En el caso de que una planta no se resuelva con la clave, el lector encontrará información adicional en el apartado "Táxones conflictivos e híbridos". Clave de las especies Var. canadensis: plantas hirsutas de mayor o menor medida, las hojas híspidas y ciliadas con cilios patentes en los bordes. Inflorescencia generalmente alargada y ± cilíndrica (5-15 cm de anchura total); brácteas medias e internas del involucro de ± 0,5 mm, la punta sin mancha purpúrea. Corola de las flores internas (hermafroditas) con 4 lóbulos. Distribuida por gran parte del territorio, siendo más frecuente en las tierras del interior (especialmente en el pre-Pirineo y los valles del Pirineo tanto en Aragón como Cataluña por debajo de 1500 m de altitud, excepcionalmente hasta 1700 m). Hay indicios de que este taxon está en regresión, incluso en el norte de Europa (Rand, 2008). Var. glabrata: plantas con tallos y hojas glabras o glabrescentes, las hojas ciliadas en los bordes con cilios adpresos, pero patentes en la zona proximal. Inflorescencia habitualmente ampliamente cónica (10-30 cm de anchura total); brácteas medias e internas del involucro estrechas (0,3-0,4 mm), la punta a menudo con una pequeña zona de color púrpura. Corola de las flores internas con 4 o 5 lóbulos. Distribuida por las tierras bajas del territorio, hasta 560 m. En expansión por el territorio. Al tratarse de una variedad no detallada en las floras de la región, y la primera identificación de este taxon a escala europea, a continuación añado una descripción y más detalles sobre su distribución e historia. apropiado para el necesario reconocimiento de esta zamarraga en vías de expansión por el Mediterráneo. Asa Gray, uno de los más respetados botánicos americanos del siglo XIX, estudió en detalle las recolecciones de Berlandier y Lindheimer hechas en Texas, EEUU, y dio un nombre nuevo a las de una morfología distinta, mientras llevaba otras a la especie típica (var. canadensis, para nosotros). Entre las plantas estudiadas se entiende que pudo observar el "Erigeron strictum" (ahora E. strictus) de Augustin de Candolle, una planta referible a C. canadensis sensu lato, y de la cual comentó que no estaba de acuerdo con su estatus de especie. Al describir su taxon, Gray se refirió a E. strictus DC., pero añadió: sed panicula composita expansa. Estas poblaciones de las descripciones originales se encuentran en el sur de Texas: "prairies north of the Liano, among granite rocks" se lee en la etiqueta del lectótipo. Erigeron strictus pasaría, pues, a la sinonimia de esta variedad de C. canadensis, donde la coloca Gray. De hecho, E. strictus representa una forma poco frecuente, algo aberrante, con las ramas de la inflorescencia reducidas. He observado casos extremos de este fenómeno en otras especies del género. De nuevo, no conviene tener en cuenta un solo carácter sino el conjunto de caracteres. En cuanto a nuestra var. glabrata, se trata de una planta capaz de formar grandes poblaciones en terrenos alterados algo húmedos. Es una planta alta que a menudo sobrepasa 1 m de altura (he observado plantas de hasta 2 m), pero en suelos ralos se pueden encontrar ejemplares depauperados de menor tamaño. Al igual que C. canadensis var. canadensis, no suele ramificarse. Las inflorescencias, no obstante, son muy ramificadas y típicamente anchamente cónicas, con ramificaciones patentes, de entre 45o a 90o. Los tallos largos, casi glabros, están provistos de muchas hojas sublineares y enteras, densamente dispuestas. Las hojas basales son más o menos dentadas, aunque a menudo enteras. Todas las hojas son subglabras, con cilios aplicados en los márgenes hasta la punta distal, pero con pelos patentes solamente en la zona basal. Los capítulos, aunque ligeramente más pequeños, son muy semejantes a los de la variedad típica, con las brácteas medias del involucro con unos pocos pelos esparcidos o a veces glabras. Con aumento de 10× se aprecia, en muchas plantas, un color violetamorado en la punta misma de la bráctea, lo cual apenas se aprecia en el material de herbario. Este detalle se suele asociar con el involucro de C. canadensis var. pusilla (Nutt.) Cronq., pero no parece constituir un carácter determinante (Britton, 1914). Las lígulas de las flores externas son muy cortas, y puede que no se aprecien en seco. Erigeron canadensis var. levis Makino, de Japón, carece de material tipo, pero muy probablemente debe incluirse dentro de la sinonimia de la var. glabrata en vez de la de var. pusilla, a la que pertenecía según Tuyama & Asai (1967). Las poblaciones asiáticas, como reconocían estos autores, son plantas altas con panículas bien desarrolladas que contienen un número muy elevado de capítulos, caracteres que corresponden a la var. glabrata. Estas se conocen del sur de Japón, Taiwán y otras islas del Pacífico. Distribución en Cataluña: comarcas de la costa desde la frontera francesa hasta el Baix Camp, más la Plana de Vic y alguna comarca más del interior. Está presente, por tanto, en las provincias de Girona, Barcelona y Tarragona. Llega más al sur, como confirma un pliego de Corbera de Alcira (hoy, Corbera) en la Ribera Baixa de Valencia. Se puede proyectar su expansión hacia el sur, y hacia el Bajo Aragón, aprovechando las vías de comunicación. Hasta la fecha de esta publicación no la he observado en Aragón. Saber más de su distribución al nivel continental requiere, en primer lugar, reconocerla, y luego, revisar el material disponible. Parece mostrar una preferencia por los suelos silíceos o neutros. Florece habitualmente entre septiembre y noviembre aunque, según el año, puede ser más precoz, empezando hacia finales de julio. Esta zamarraga es una de las más extendidas por las tierras mediterráneas, y en las zonas más secas y cálidas es la única especie que encontramos. Resulta muy frecuente en el entorno urbano, donde se adapta perfectamente a las condiciones impuestas por el hombre. Cabrera (1974) divide las poblaciones de Argentina en tres variedades, dos de las cuales permanecen en la circunscripción de la especie generalmente aceptada hoy en día: var. bonariensis y var. angustifolia (Cabrera) Cabrera. Su var. microcephala (Cabrera) Cabrera parece corresponder a C. sumatrensis (Pruski & Sancho, 2006; Nesom, 2018). Podemos confirmar la presencia de la var. bonariensis [siguiendo la lectotipificación de D'Arcy (1975)] en la Península Ibérica. La var. angustifolia, mucho menos frecuente, requiere más estudio antes de poder concretar su distribución en el territorio y en el sur de Europa. Su presencia podría ser histórica dentro de Cataluña, ya que faltan recolecciones recientes, aunque en el conjunto de la Península Ibérica hay testigos más recientes. Clave de las variedades detectadas en el territorio: Var. bonariensis: Se distingue por ser una planta de porte modesto, con tallos de (12)25-70(90) cm, densamente pubescente (con pelos aplicados y otros más largos y patentes), hojas estrechas y lineares, normalmente un poco onduladas, las basales irregularmente dentadas, normalmente más anchas, las de media talla también dentadas y las superiores ± enteras. Inflorescencias sub-corimbosas, las ramas inferiores largas y a menudo sobrepasando las superiores. Capítulos con brácteas uniformemente pubescentes. Comienza la floración en mayo o junio, según el año, haciéndose más llamativa con la fructificación, la cual normalmente empieza en junio y sigue durante los meses de verano y otoño. Ampliamente distribuida por la región. Var. angustifolia (Cabrera) Cabrera: Es semejante a la var. bonariensis, y se la puede distinguir principalmente por tener todas sus hojas estrechas, de 1-2(3) mm de anchura. Según Cabrera, tiene un indumento más corto, dándole un aspecto ceniciento. Su porte bajo (alcanza unos 30 cm), más la estructura de la inflorescencia, la otorgan un aspecto un tanto distinto (véase la clave). Plantas de la variedad típica con hojas estrechas han sido interpretadas en ocasiones con este nombre. Conviene observar bien la población y coger ejemplares representativos con el fin de evitar una muestra de plantas pequeñas que no representan bien los caracteres del taxon. Algunos pliegos de herbario que corresponden en sus caracteres morfológicos al parátipo LP006952 (Leg. Salellas, 1929), verificado por Cabrera, apuntan a la presencia de la var. angustifolia en la región antes del año 1970 (véase apéndice). Es una variedad poca recolectada; los pliegos son de las tierras costeras. Una planta de más altura, el híbrido C. ×mixta Fouc. & Neyr. (= C. ×flahaultiana Sennen) muestra un cierto parecido a este taxon (véase el apartado "Táxones conflictivos e híbridos"). El aspecto más grisáceo, la floración más temprana, su porte más bajo, la estructura de la inflorescencia, el color de las brácteas, y las cabezuelas fructificadas más grandes y más blanquecinas (en estado fresco), sirven para diferenciar estos dos táxones de C. sumatrensis y C. floribunda. Aunque existen algunos testigos antiguos en los herbarios, bajo el nombre de C. naudinii, y también C. ambigua en algunos casos (nombre aplicado correctamente y con más frecuencia a C. bonariensis), esta especie se habría introducido en Europa en tiempos posteriores a la introducción de C. bonariensis. Sennen (1904) ya habla de ella (ut C. naudinii) referiéndose a algunas poblaciones abundantes entre Le Boulou y l'Empordà. De acuerdo con esta autora, se constata que la especie ha aumentado de una manera significativa su presencia en la Península Ibérica en los últimos 100 años. Las plantas nuestras son altas, (40)80-120(220) cm, y bastante uniformes, excepto en cuanto a la anchura y los márgenes de las hojas, éstas muy variables, y el contorno de la panícula. Las hojas basales, de (0,8)1-3(4) cm de anchura, son lanceoladas o oblanceoladas, la lámina largamente decurrente en el pecíolo, regularmente dentada con dientes gruesos. Las hojas del tallo se reducen en tamaño, dentadas, pero de menor medida, hacia la inflorescencia. El color general de nuestras plantas es algo más verde que en C. bonariensis. La inflorescencia consiste en una panícula normalmente piramidal, pero estrechándose hasta llegar a ser casi cilíndrica en algunas poblaciones, con muchos capítulos, las ramas inferiores no especialmente largas. En la fructificación, los capítulos son más pequeños que en C. bonariensis, y el vilano es de un color amarillento o de paja en estado fresco, tendiendo a oscurecerse en el herbario. Toda la planta es hirsuta o pubescente, incluso las brácteas del involucro, las internas lanceoladas, ca. 5 mm × 1 mm en nuestras plantas. Se puede consultar Qureshi & Raana (2013) para una descripción más completa. En cuanto a la sinonimia, no obstante la interpretación de Nesom (2018: 12), el holótipo de C. ambigua DC. Aquí estoy de acuerdo con la conclusión de Zardini en su nota dentro del pliego, el cual habrá estudiado personalmente. El tipo del sinónimo de Cuatrecasas "C. bonariensis var. leiotheca f. subleiotheca Cuatrec." es del departamento de Boyacá, Colombia, recolectado en 1938 (Cuatrecasas, 1969). El epíteto albida Willd. ex Spreng. ha sido aplicado a esta especie, pero según Nesom (2018) el material tipo de C. albida (de Brasil) claramente pertenece a C. floribunda. Aún existen discrepancias referentes a la aplicación correcta del nombre de Willdenow, tal vez, entre otras cosas, porque el epíteto albida parece poco apropiado. Mi concepto de C. sumatrensis se ajusta satisfactoriamente a la descripción original de Retzius basada en una planta recolectada por un tal reverendo Wennerberg, ut "Erigeron sumatrense", del este de Sumatra. La descripción indica calyx tomentosus, detalle que corresponde a las plantas de nuestro concepto. En ausencia del material original, Mc-Clintock & Marshall establecieron un neótipo, de Berastagi, Sumatra. El problema es que el material del neótipo corresponde, más bien, a C. floribunda; entre otros detalles, por sus brácteas glabrescentes. Las dudas en cuanto a la tipificación de la planta que Retzius describió han llevado algunos autores a unir estos dos táxones. No obstante, se distinguen bien en Europa, y estoy a favor de seguir usando el nombre de Retzius para la planta del involucro pubescente hasta que se resuelvan las dudas. Conyza sumatrensis es una especie común, de amplia distribución en nuestra región. Florece a partir de julio. Es probable que tenga su origen en el norte del continente sudamericano (Brasil, las Guayanas, Venezuela, Colombia y otros países colindantes) aunque hoy día se distribuye por gran parte de las regiones de clima tropical y templado del mundo. 2018), ut Erigeron, las tratan con el rango de especie. Es una planta normalmente anual, pero puede perennizar, o al menos perdurar un segundo año. He recolectado muestras con base leñosa, de donde salen nuevas rosetas durante el invierno, lo que apoya las conclusiones de Thébaud & Abbott (1995): "both C. blakei and C. floribunda exhibit a striking ability to shift from semelparous to iteroparous reproduction". Estos autores defienden que, en este sentido, se aproxima más a C. blakei que a C. sumatrensis. Es de tamaño bastante elevado, de 50 a 150 (hasta 210) cm de altura, las plantas son típicamente ramificadas y de tallos laxamente hirsutos, las hojas ciliadas hacia la base, las basales con frecuencia lobuladas con lóbulos largos y delgados que salen de modo más patente que los de C. sumatrensis, las medianas dentadas o lobuladas y las superiores enteras. Posee una inflorescencia de contorno variable, bastante ancha, con un gran número de capítulos bastante pequeños, el involucro ± 4 × 4 mm, glabro o casi glabro. Las plantas con capítulos muy pequeños, denominadas Erigeron ×gonzaloi por Sennen, puede que constituyan el híbrido C. canadensis × C. floribunda, aunque con reservas, debido a la gran variabilidad de C. floribunda. Conyza floribunda es oriunda de América del Sur, presente desde Argentina y Chile hasta Colombia, principalmente por el corredor andino, y llega a otros países caribeños. El tipo es de Quito, Ecuador, recolectado por Humboldt y Bonpland. Aunque Pruski & Sancho (2006) limitaron este taxon a los neotrópicos, Nesom (2018) y varios botánicos europeos (Tison & Foucault, 2014; González-Martínez, 2015; Verloove, 2016) confirman la naturalización de esta planta tanto en EE.UU. como en Europa. Los pliegos en BC son del siglo pasado, de 1910 a 1998, algunos determinados por el mismo Sennen ut Erigeron coronopifolius (que no se debe confundir con Conyza coronopifolia Kunth, planta distribuida entre México y Perú/Bolivia, actualmente Erigeron variifolius S. F. Blake, ni tampoco con E. coronopifolius Schrank, nombre con prioridad al ser de una publicación de Baviera de 1822, identificable con una planta sudafricana del género Nidorella Cass.). La mayoría de estos pliegos son de la provincia de Barcelona (alrededores de Barcelona, el Maresme y la Plana de Vic). Algunos pliegos fueron denominados Conyza blakei (Cabrera) Cabrera, siguiendo un comentario de Thellung citado en Bolòs (1950), quien relacionaba E. coronopifolius con E. montevidensis Baker, un sinónimo de C. blakei. En esta última obra, ciertos detalles de la descripción ("ramificada únicament a la inflorescència" y "panícula cònica") corresponden, más bien, a C. canadensis var. glabrata. Actualmente hay poca información sobre su presencia en la región, pero está documentada del sudoeste de Francia y del País Vasco ut C. bilbaoana J. Rémy (Verloove & Sánchez Gullón, 2008). Dicho nombre ha sido considerado especie independiente, descrita de Chile, pero la evidencia hoy día apunta a su estatus como sinónimo de C. floribunda, éste teniendo prioridad. Según el comentario que leemos en su blog, esta planta recuerda más a Erigeron canadensis que a E. sumatrensis o E. bonariensis (pero recordemos que C. floribunda tiene la corola pentámera). Mis propias observaciones de plantas vivas, basadas en poblaciones de Cantabria (ya que no he visto la especie en Cataluña), apoyan a Verloove en cuanto a la inflorescencia, pero el conjunto de las hojas me recuerda más a C. sumatrensis. Además de las brácteas, las hojas basales con sus largos lóbulos, cuando presentes, sirven para diferenciarla de esta especie. Las hojas basales de muchas plantas cántabras tienen mayor anchura (hasta 35 mm, lóbulos incluidos) que las muy pocas presentes en el material tipo de C. bilbaoana que he podido estudiar telemáticamente. González-Martínez (2015) cita esta planta (ut C. bilbaoana J. Rémy) en su trabajo centrado en la provincia de A Coruña, Galicia. Le sorprende la falta de citas y material de herbario. Menciona también su presencia en Cantabria y otras partes del norte peninsular, además del sudoeste de Francia. La entrada en la flora del País Vasco ut C. albida Willd. ex Spreng. (Aizpuru et al., 1999) probablemente se refiere tanto a esta planta (valles atlánticos, especialmente) como a C. sumatrensis. En Cantabria he visto plantas que interpreto como el híbrido C. floribunda × C. sumatrensis, hecho que no debe sorprender, ya que ambas especies se encuentran en la misma región. Este híbrido putativo evidentemente complica nuestra percepción de las dos especies, y puede que haya contribuido a la confusión en torno a la aplicación del binomen C. albida. A finales de agosto, 2019, en una prospección llevada a cabo en Manlleu y La Plana de Vic (Barcelona) con el fin de localizar C. floribunda (recolectada allí en 1923 por Hno. Gonzalo, ut Erigeron coronopifolius) pude observar cuatro zamarragas: C. bonariensis, C. canadensis var. canadensis, C. canadensis var. glabrata y C. sumatrensis. Las dos últimas están en franca expansión, juntamente con Symphyotrichum squamatum, muy abundante en los Figura 5. Conyza floribunda en un solar de la costa cantábrica, julio 2019, donde se aprecian las hojas basales y el característico indumento de los tallos (fotografías: S. Pyke). Conyza (Asteraceae): una valoración crítica basada en las poblaciones de Cataluña, España Figura 6. Pliego de herbario de Sennen, que confirma la presencia de Conyza floribunda en Cataluña a principios del siglo XX (ut Erigeron coronopifolius). Muestra recolectada por el autor en el País Vasco en noviembre, 2013. Conyza (Asteraceae): una valoración crítica basada en las poblaciones de Cataluña, España mismos parajes. La evidente regresión de C. floribunda en Cataluña nos sugiere su dificultad a la hora de competir con otras invasoras. Si persiste en Cataluña, debe ser planta rara hoy día. Agradeceríamos cualquier dato reciente sobre su presencia y distribución en el territorio. Florece en el otoño, aunque las plantas que logran perennizar podemos encontrar con flores a partir de la segunda mitad de mayo. Esta zamarraga es distinta por ser perenne, bastante alta (± 50-120 cm o más), y de inflorescencias laxamente ramificadas. Los capítulos son grandes, de unos 15 mm cuando están plenamente expandidos, el involucro hace unos (6)8-9(10) mm de largo. Las brácteas son densamente pubescentes, cubiertas de pelos cortos y blancos. Los tallos están revestidos de pocas hojas grandes (10-18 × 2-4 cm) y con el margen crenado-dentado. Aunque he recolectado esta planta recientemente en Guipúzcoa, País Vasco, no la he visto en estado silvestre en Cataluña. Hay pliegos de Sennen procedentes de las terrazas del río Besòs a su paso por uno de los municipios colindantes con Barcelona, con toda probabilidad Sant Adrià de Besòs, pero con su encauzamiento en tiempos recientes es de suponer que se haya extinguido de este paraje. Ha sido citada también de la comarca dels Serrans y de la Vall del Palància, de la Comunidad Valenciana. Nuestros pliegos indican una época de floración entre agosto y noviembre. Táxones conflictivos e híbridos Dentro del marco geográfico indicado en este trabajo existen, o han existido, plantas del género Conyza morfológicamente distintas de las indicadas arriba, reconocibles sin mucha dificultad, cuyo estatus (híbrido o no) y cuya presencia en el territorio hoy día requieren más investigación. Destacan dos táxones en este sentido: Conyza daveauana y C. ×mixta, los dos poco frecuentes pero con bastante material de herbario. Estos vienen detallados más adelante. Estos híbridos putativos cuentan con pocos datos, una escasa evidencia de su presencia en tiempos recientes y, además, son difíciles de distinguir de sus progenitores. Debido a la variabilidad de las especies que constituyen este género, además de la circunscripción muy variada dada por los botánicos de táxones como C. bonariensis, sería de provecho verificar el concepto de híbrido con técnicas controladas de invernadero y el posterior contraste de los resultados con el material histórico. La mayoría de los testigos de herbario son antiguos. Al ser poco conocido, no figura en los trabajos más divulgados, probablemente por haber sido considerado un taxon híbrido. Aun siendo este el caso, tiene una morfología reconocible y, por tanto, merece una mayor atención y un estudio más profundo. La planta, de 30-60(80) cm, es menor que C. sumatrensis, con la cual comparte las hojas anchas de la parte basal del tallo (± 3-6 × 1-2 cm), los márgenes de las cuales son crenado-dentados. Las hojas superiores, laxamente esparcidas por el tallo, en cambio, son enteras y más estrechas. Carece normalmente de fascículos axilares. La inflorescencia, de ramificación menos densa que en C. sumatrensis, contiene menos capítulos -un número muy reducido en algunas muestras-, éstos (vilano incluido) son un poco más grandes que los de C. sumatrensis en la fructificación, y con el vilano de color paja. Las brácteas tienen la banda mediana ancha y una pubescencia variable pero poca densa. Habiendo visto mucho material atribuido por el mismo Sennen a este taxon, opino que podría tratarse de una variedad de C. sumatrensis. El cultivo experimental nos ayudaría a resolver las dudas. De los 14 pliegos conservados en BC y BC-Sennen y otros pliegos distribuidos por Sennen, algunos consultados telemáticamente (DAO457856, del año 1912; PH6593, de 1928), queda claro que el pliego (y, por tanto, sus duplicados) de "El Perthus (terr. espagn.)" La muestra, de una inflorescencia incompleta, es de una planta algo más grande que lo habitual, atribuible a C. bonariensis, y en esto coincido con P. Jovet, cuya nota incluida en la muestra MPU23991 (del mismo lugar y fecha) indica que él había llegado a la misma conclusión. Por lo tanto, el concepto de C. daveauana (ya sea variedad o híbrido) se tiene que basar en el material síntipo de Collserola: "environs de Barcelone par les premières pentes du Tibidabo", el cual es compatible con el protólogo (donde menciona tanto El Perthus como Barcelona) y corresponde al concepto que tenía Sennen de su taxon durante la mayor parte de su vida activa. En el protólogo se lee que el involucro y las hojas se asemejan más a "Naudini" (C. sumatrensis), y esto es el caso en la gran mayoría de las muestras de Sennen. Las brácteas individuales de estas corresponden a C. sumatrensis y no a C. bonariensis. Nesom (2018) llegó a la misma conclusión e incluyó C. daveauana en la sinonimia de C. sumatrensis. Es una planta de distribución dispersa por la costa catalana. Sennen la conoció del Alt Empordà y de las faldas de Collserola (Barcelona), de donde hay bastante material. En los herbarios consultados hay los pliegos determinados por Sennen, y además, unos pocos pliegos que, a mi juicio, corresponden a este taxon, de localidades del entorno de Barcelona, de la Serralada de Montnegre, las estribaciones de Montseny, el Maresme y también de Els Ports (Tarragona). Según Flora valentina (Mateo et al., 2013) se encuentra también en las zonas costaneras de la Comunidad Valenciana. Cherbourg 38: 499 (1912) Es esta una planta que puede alcanzar 1,5-2 m de altura, con hojas ± lineares de 2-6(9) mm de anchura y una panícula tirsoide de ramificación más bien monopodial. El síntipo de Rochefort (Charente-inférieure, France, No4743, MPU24003) nos da una idea del aspecto de este híbrido, descrito por los franceses Foucaud y Neyraut. En el material de Sennen estudiado (con corola interna de cinco lóbulos y lígulas externas de longitud menor de 0,5 mm), no se aprecian los caracteres de diagnóstico de C. canadensis, uno de sus supuestos progenitores (C. bonariensis × C. canadensis), pero se trata de observaciones hechas en el herbario. Faltan nuevas recolecciones, ya que es interesante estudiar estos detalles en plantas vivas. No hemos de olvidar que los caracteres morfológicos suelen ser muy variables en los híbridos. Nesom (2018) incluye C. ×flahaultiana dentro de su concepto de C. sumatrensis, sin relacionar aquel con el taxon de Foucaud & Neyraut. Al revisar los pliegos indicados en el apéndice, discrepo con su conclusión, y doy apoyo, más bien, al origen híbrido de estas plantas. Un estudio molecular puede que sea más determinante. Hay algunas muestras antiguas recolectadas en Cataluña antes de 1925 (véase Apéndice), pero no he visto testigos de herbario que avalen su presencia en territorio ibérico en tiempos más recientes. Con todo, este híbrido ha sido mencionado del S. PYKE interior de la Comunidad Valenciana (Mateo et al., 2013) y es el que aparece en Morales (2019). Las zamarragas muestran una gran capacidad de adaptación a diferentes entornos: tierras labradas o removidas, grietas en construcciones como muros o entre rocas, márgenes de bosques, caminos, apartaderos ferroviarios, carreteras, céspedes, huertas y prados poco cuidados. En Cataluña, la aparición y desaparición de las diferentes especies plantea interrogantes. El cambio climático bien podría haber contribuido, al menos en parte, a la recesión de C. floribunda, y podemos postular una consecuente proliferación de C. sumatrensis y de la recién llegada C. canadensis var. glabrata, a sus expensas, por estar estas últimas mejor adaptadas al incremento térmico registrado en la región costera de Cataluña en las últimas décadas. La distribución de C. floribunda en la región neotropical sigue las tierras relativamente elevadas -no muy cálidas-de las cordilleras. Conyza canadensis var. glabrata muestra un patrón de expansión semejante a otra compuesta norteamericana de la misma tribu Astereae, Heterotheca subaxillaris (Lam.) Britton & Rusby, la cual en pocos años se ha ido extendiendo por la Región Mediterránea, formando grandes poblaciones en Marruecos (Pyke et al., 2008) y en el Levante mediterráneo (Bou Dagher-Kharrat et al., 2016). En su continente de origen esta planta, Camphorweed en inglés, comparte una distribución semejante a la del taxon que nos ocupa aquí. Conyza es claramente un grupo crítico de plantas. Aunque en Europa tenemos pocas especies representadas, al estar lejos del epicentro del género, no deja de ser un género de taxonomía complicada, como manifiestan los muchos sinónimos, aplicados de manera incorrecta en algunas ocasiones. Esta situación se debe, por un lado, a la variabilidad dentro de la misma especie, y por otro, a la presencia de híbridos. A pesar de la existencia de híbridos, en general se puede observar plantas de una morfología bastante estable en las poblaciones presentes en Europa, lo que se traduce en la aceptación de unas cuatro o cinco especies, según el país, en los trabajos florísticos de varios países del continente. El estudio cuidadoso de los protólogos, holótipos y lectótipos en los últimos años, facilitado por la tecnología actual, ha servido para aclarar algunas de las dudas. Aun así, no hay acuerdo en lo que se refiere a la identidad de algunas piezas claves de los herbarios históricos. En cuanto a la interpretación de los sinónimos, los comentarios ya hechos sirven para subrayar las dificultades a la hora de interpretar el material histórico. La confusión sobre la identidad de C. bonariensis parece remontarse a Willdenow, según Burtt (1948). El concepto que tuvo Willdenow del taxon habrá influido a Cuatrecasas (1969) Lo que resulta extraño es que D'Arcy parece ignorar la planta que corresponde a C. bonariensis s. str., cuyo tipo él mismo menciona (Herb. Tanto en la descripción como en la clave de especies (p. ej.: "upper leaves narrow but not linear"); este autor comunica una idea de C. bonariensis que no corresponde ni a la de Cabrera ni al tipo que menciona pero reconoce no haber visto. Morales (2019) también adopta este tratamiento sintético. La postura de minimizar el número de táxones (lumping, en inglés) tiene sus defensores, ya que el género es especialmente complicado en la región entre Méjico y el Cono Sur de Sudamérica. No obstante, otros autores ya mencionados, como Cabrera (1974), Stace (2010) o Nesom (2018), optan por reconocer un mayor número de especies, postura que he seguido. Se ve, pues, que la literatura refleja nuestra comprensión incompleta de este género, siendo necesaria una consulta cuidadosa de los diversos trabajos publicados a lo largo de más de dos siglos, junto con el estudio de los tipos, híbridos incluidos. Para poder entender mejor estas plantas hemos de hacer más trabajo de campo, observando atentamente las poblaciones y su dinamismo. Aún queda trabajo por hacer. C. sumatrensis Perfil de los táxones comprendidos dentro del marco de este trabajo 1.
El naturalista maltés Stephen Mifsud, al que los lectores probablemente conocerán por su página web Malta Wild Plants [URL]. com/), es autor del libro que ahora reseñamos, que vio la luz en coincidencia con la celebración en Valletta de la segunda edición de la Mediterranean Plant Conservation Week en noviembre de 2018, presentándose y distribuyéndose ya a partir de 2019. Conocido consultor freelance en temas de naturaleza, y colaborador con diversos equipos de investigación de las universidades de Malta y Sicilia y del Real Jardín Botánico de Edinburgo -en cuya universidad se graduó como taxónomo vegetal en 2013-, Mifsud ha destacado en los últimos años por sus trabajos sobre la flora maltesa, incluyendo la descripción de hasta cinco nuevos táxones de flora vascular, tres de los cuales corresponden precisamente a orquídeas. Orchids of the Maltese Islands es el primer libro que se edita sobre la familia Orchidaceae en el archipiélago maltés, y también una de las obras con mejor tratamiento y presentación de este grupo de especies en todo el Mediterráneo. Stephen Mifsud es de hecho el mejor especialista en las orquidáceas de Malta, a cuyo estudio viene dedicando ya más de dos décadas, lo que el lector más exigente percibirá leyendo cualquiera de los apartados del libro, repleto de detalles poco usuales en las guías y más propias de revisiones taxonómicas. De hecho, la obra reúne la inusual característica de poder servir tanto para el experto como para el aficionado al conocimiento de las orquídeas nativas de aquel país. El libro puede dividirse en cuatro grandes secciones. La primera se compone de diversos capítulos introductorios sobre las orquídeas, incidiendo especialmente en las peculiaridades de su biología y en fenómenos para los que destacan sobre otros grupos de la flora vascular, como son sus adaptaciones a la polinización, su tendencia a la hibridación, y la presencia de variaciones morfológicas especiales a través de diversas mutaciones -hipo o hipercromatismo, aberraciones, etc-. La sección se inicia con un capítulo de título clarificador, How to use this book, donde el autor deja claro que la obra se ha concebido para lectores con un conocimiento suficientemente avanzado en orquidología. Para quienes no poseen suficientes conocimientos, Stephen Mifsud recomienda leer primero en detalle esos apartados sobre la biología de las orquidáceas, su evolución y morfología de las flores, excelentemente ilustradas con dibujos de Simone Cutajar, inspirados a su vez en los de Eliza Klopfenstein para la edición de 2006 del Orchids of Europe, North Africa and the Middle East de Pierre Delforge. Los capítulos iniciales se completan con una clave para los siete géneros de Reseña Mifsud, Stephen. 232 pp. ISBN 978-99957-1-367-6 orquidáceas presentes en el archipiélago maltés, y una introducción a dichos géneros, con claves identificativas de sus especies para aquellos que están presentes con más de un taxon (Anacamptis, Neotinea, Ophrys y Serapias). Lo único que el lector echará de menos es una introducción a la geografía y principales elementos ambientales del territorio, que hubiera sido necesaria pensando en quienes no conozcan el territorio de la República de Malta. La segunda sección del libro, que a su vez es la más extensa, es la relativa a las fichas para cada uno de los 39 táxones que el autor reconoce; tales táxones corresponden a 28 especies -33 si se incluye el grado de subespecie-, una variedad y dos nothoespecies. De los 39 táxones, 23 corresponden al género Ophrys, lo que da fe de las características del territorio maltés, particularmente árido, y donde la escasa extensión y altitud no permiten la presencia de géneros relictos de la flora eurosiberiana o especies más exigentes en humedad ambiental o edáfica. Cada ficha contiene, además de los elementos habituales en las guías de campo -nombres científicos y vulgares, descripción, distribución general y de detalle, mapas e imágenes-, otros particularmente interesantes para los especialistas en orquidología, como la referencia a las localidades de los tipos, el tratamiento dado a cada taxon en diferentes clasificaciones (Kreutz, Delforge, The Plant List, etc.), la referencia a los polinizadores, y al estatus de conservación y protección en Malta -tanto en el Libro Rojo nacional editado por Edwin Lanfranco en 1989, como en la vigente norma 311/2006 y sus actualizaciones-. En el apartado sobre taxonomía, Mifsud añade además interesantes referencias a la historia de la localización de cada taxon en las principales islas maltesas (Malta, Gozo y Comino). Conviene destacar que los mapas, en unas ocasiones con referencia a los municipios y en otros a las cuadrículas UTM de 1 × 1 km, incluyen no solo las localidades obtenidas de referencias bibliográficas, sino también las correspondientes a observaciones inéditas del autor desde 2005. Igualmente debe reseñarse la abundancia y elevada calidad del material fotográfico, cuya autoría corresponde al propio Stephen Mifsud, salvo colaboraciones puntuales para algunas especies. Cabe reseñar la prudencia del autor a la hora de incluir los táxones en las fichas, habiendo descartado las referencias dudosas o que no poseen suficientes testimonios fiables mediante pliegos y material fotográfico. Es sin duda esta prudencia la que justifica que en géneros como Ophrys solo se aporten fichas de dos híbridos, O. ×tumentia (O. caesiella × iricolor subsp. vallesiana) y O. ×gaulosana (O. melitensis × tenthredinifera subsp. grandiflora), aunque ya se indica en uno de los apartados introductorios del libro la existencia de citas de otras cuatro posibles nothoespecies. Tras las fichas, que ocupan algo más de la mitad del libro, el lector encontrará una tercera sección, que el autor titula como Discussions, inusual en libros similares, pero especialmente destacable, ya que facilita una información crucial para quienes se acercan al libro siendo ya especialistas en el conocimiento de las orquídeas mediterráneas. De un lado, Mifsud aborda los cuatro casos más conflictivos para la identificación: Anacamptis pyramidalis, analizando la separación entre la subsp. pyramidalis y la subsp. urvilleana, endemismo maltés; Ophrys iricolor, con las subespecies iricolor, vallesiana y lojaconoi, y referencias a la no localizada en Malta subsp. eleonorae; Ophrys lutea, para la que se estudian las diferencias entre las subespecies lutea, phryganae y sicula; y la siempre conflictiva Ophrys melitensis, morfológicamente próxima a la también presente O. incubacea, y para la que Mifsud aporta datos de otras posibles especies que han podido intervenir en su génesis mediante hibridaciones en el pasado. Esta sección aborda también la lista de especies extintas, analizando ocho casos que corresponden tanto a táxones de desaparición reciente como a aquellos que, dada la antigüedad de su extinción, no son abordadas en las fichas del libro [URL]., Neotinea maculata, Serapias lingua, etc.). La sección finaliza con un apartado sobre las referencias a orquídeas que han sido citadas erróneamente en el pasado, detallando 26 especies y un híbrido que, a entender del autor, corresponderían a identificaciones inexactas. La sección que cierra el libro incluye apartados para las referencias bibliográficas, un glosario, y diversos apéndices particularmente útiles, redactados por Stephen Mifsud o, excepcionalmente, en lo relativo a la conservación y protección legal de las orquídeas, por el principal experto nacional y director de la ERA (Environment and Resources Authority) Darrin T. Stevens. Estos apéndices incluyen: (1) referencia e ilustraciones sobre 35 especies de orquídeas presentes en la vecina Sicilia; (2) tabla con la relación cronológica de citas de las 39 plantas de las fichas, considerando ocho obras entre 1831 y 2001, y siete trabajos publicados por el propio autor entre 2002 y 2016; (3) tabla comparativa de los nombres científicos con los que se han citado, en hasta 62 registros, los citados 39 táxones; (4) tabla fenológica, con la lista ordenada de las especies por sus épocas de floración; y (5) relación de todos los polinizadores que se han podido observar e identificar sobre cada una de las especies. El libro de Stephen Mifsud es sin duda una aportación excepcional a la orquidología mediterránea, máxime si tenemos en cuenta que la interpretación de la variabilidad -y de paso la conflictividad-de muchas especies del Mediterráneo central y meridional sólo puede abarcarse bajo una visión conjunta, donde la evolución de las especies maltesas obliga a considerar las de las plantas equivalentes de Sicilia o Calabria por el norte, o las de Argelia, Túnez y Libia por el sur. Quizá, como asignatura pendiente para el futuro, queda la de los híbridos, aparentemente infrarrepresentados si se compara el libro de Mifsud con otros trabajos monográficos similares, aunque fundamentada como ya se ha indicado en la prudencia, y sin duda en la dificultad para establecer límites entre especies muy próximas entre sí. Para finalizar esta reseña hay que destacar el buen quehacer de las artes de imprenta, desde la maquetación a la elección de un formato de cómoda lectura, o a la calidad del papel. Además del autor y el elenco de colaboradores que se citan en los créditos iniciales del libro, la obra ha sido posible gracias a la ONG Green House Malta y el apoyo de la entidad belga BINCO (Biodiversity Inventory for Conservation), de la ya citada ERA, y de diversas entidades gubernamentales maltesas.
Adapted from Gobierno de Aragón. Zwackh), Blastenia ferruguinea (Huds.)
La Flore remarquable des Bouches-du-Rhône es el resultado de un ambicioso proyecto para dar a conocer el patrimonio florístico de uno de los departamentos franceses más ricos en plantas raras y endémicas, el que abarca el extremo sudoccidental de la primitiva Provenza. Bouches-du-Rhône, con una extensión de 5.087 km 2, reúne una amplia diversidad de paisajes desde el litoral hasta la media montaña mediterránea, y contiene la extensión lacustre más importante de Francia, con 387 km 2, incluyendo el lago de Berre y las famosas áreas palustres de la Camarga. También forman parte de este departamento las llanuras de La Crau, consideradas como las únicas extensiones de genuino paisaje estepario en Francia. Con estos antecedentes naturales y la presencia de un notable equipo de botánicos, que supera ampliamente el de la mayoría de regiones francesas, la aparición de un texto que glosara estos valores excepcionales era solo cuestión de tiempo. Al frente de este proyecto editorial se han situado dos experimentados botánicos, especializados en el estudio florístico del departamento de Bouches-du-Rhône con clara orientación a su conservación. De un lado, Mathias Pires, investigador y técnico en conservación del Conservatoire Botanique National Méditerranéen (CBNMed) de Porquerolles, el centro que desarrolla los principales proyectos para preservar al flora rara, endémica y amenazada del sur de la Francia continental. De otro, Daniel Pavon -o Pavón, como escribiríamos su apellido desde aquí, ya que proviene de ascendencia española, concretamente valenciana-, adscrito al IMBE (Institut méditerranéen de biodiversité et d'écologie marine et continentale) de la Universidad de Aix-Marsella y 'alma mater' durante bastantes años de la Societé Lineénne de Provence (SLP). El número total de autores de los diferentes apartados de la obra son 44, siendo difícil que se eche a faltar algún botánico de relieve que viva o trabaje habitualmente en el departamento ya citado. El libro se estructura en 4 secciones y un agregado final de anexos. Como era esperable, la primera sección permite al lector conocer los rasgos básicos de Bouches-du-Rhône divididos en tres apartados: las características físicas, glosadas por Claude Rousset; el bioclima, descrito por el Errol Véla -botánico que como Daniel Pavon posee española, en este caso murciana-; y una aproximación biogeográfica, centrada especialmente en el origen y singularidad de la flora vascular, elaborada por Frédéric Médail, bajo cuya coordinación se han formado en las últimas décadas buena parte de los autores del libro. El Dr. Médail, a su vez, es el principal discípulo del gran biogeógrafo mediterráneo 464 pp. ISBN 978-2-36662-210-2 ya fallecido Pierre Quézel, cuyas enseñanzas ha sabido mantener y agrandar con numerosos estudios filogeográficos y ecológicos que se reflejan claramente en esta sección del libro. La segunda sección, particularmente interesante por su enfoque sintético sobre la convergencia entre la flora y las condiciones ambientales, se centra en la división del departamento en 17 ecorregiones. Igualmente, son 17 los autores implicados en este apartado del libro. Para cada ecorregión, se sigue un esquema que contiene una pequeña descripción, detalles sobre la historia y evolución del territorio, originalidad de su flora, hábitats destacables o característicos y su flora asociada, amenazas, y reseña de su gestión y conservación, además de indicaciones sobre la fauna más estrechamente relacionada con la flora local y con los hábitats naturales. Tanto esta sección como la precedente están extensivamente ilustradas con imágenes de paisajes, comunidades vegetales o especies reseñables, así como con mapas cuidadosamente elaborados, de alto valor didáctico y comunicativo. La tercera sección del libro, en la que ha participado la mayoría de autores de la obra, es la referida a las 163 especies que se han considerado como más destacadas por su singularidad florística e interés para la conservación, divididas en 3 grandes grupos; uno, sobre 155 fanerógamas continentales, un segundo grupo sobre 4 fanerógamas propias del medio marino, y un último sobre las Characeae, con 4 especies. Para cada taxon se aporta una ficha que suele ocupar una o dos planas, con información descriptiva, de distribución general y dentro del departamento de Bouches-du-Rhône, ecología y conservación; las principales amenazas y su status conforme a los criterios de lista roja de la UICN se disponen en una esquina de la ficha mediante pictogramas, y tanto la especie como a menudo su hábitat están ilustrados, a menudo en imágenes de gran formato; para cada especie se aporta un mapa de distribución con las localizaciones actuales, y con las de aquellos sitios donde ha desaparecido, en el caso de plantas en regresión. Además, se aporta en cada ficha un recuadro de extensión variable con hechos destacados de la especie, usualmente sobre la historia de su localización y estudio botánico o sobre su taxonomía, que ayudarán al lector a conocer más a fondo los trabajos de investigación que se desarrollan sobre esa planta concreta. La sección cuarta aborda diversos apartados de las relaciones entre las plantas de la región y el ser humano. Así, un primer capítulo versa sobre la historia de los botánicos del departamento, con datos biográficos y de los principales trabajos de 64 autores que nacieron o vivieron en Bouches-du-Rhône o que estudiaron su flora, desde Clusius o Tournefort, hasta autores del siglo XX, para los que se dedica un apartado especial a Réné Molinier. En un segundo apartado se analiza la flora arvense, particularmente rica en especies raras -como ocurre con muchas hierbas cerealistas, para las que el CBNMed desarrolla desde hace varias décadas un programa especial de conservación. El tercer capítulo se centra en las especies exóticas invasoras y el problema ecológico creciente que representan. Le sigue otro apartado dedicado a la flora urbana en la zona de Marsella-Aubagne, no exenta de singularidades, máxime habiendo sido la propia Marsella localidad clásica de especies como Fumaria kralikii. La sección se cierra con un quinto capítulo sobre las herramientas normativas y figuras de protección dedicadas al conocimiento y conservación de la flora, detallando cómo se han aplicado en Bouches-du-Rhône. El libro finaliza con un grupo de anexos, siendo el primero de ellos el denominado 'índice comunal', donde para cada uno de los 119 municipios o comunas del departamento se detallan cuáles de las 163 especies tratadas en el libro se han localizado, y la fecha de la primera localización cuando es conocida. Si de Francia se menciona a menudo como posible gran defecto el exceso de centralización de su organización administrativa, probablemente otro tanto cabe decir dentro de cada departamento -en este caso con Marsella y Aix-en-Provence-, por lo que este apartado del libro es sin duda un guiño a favor del reconocimiento de los valores municipales, que de paso puede aumentar el interés por la localización de táxones aún no citados para cada comuna. A este interesante anexo le siguen los relativos a la bibliografía, la relación de coautores y otros colaboradores de la obra, un apartado de agradecimientos, el índice de nombres científicos, populares franceses y de géneros, y una reseña de las funciones y actividades de las 3 entidades promotoras de la obra: CBNMed, SLP e IMBE. El texto está profusamente ilustrado con abundantes imágenes, donde se combinan tanto la fotografía como la cartografía. Muchas de las fotografías fueron facilitadas por Jean-Claude Arnoux, presidente de la Asociación de Amigos del CBNMed, a quien los autores dedican un homenaje en el apartado de agradecimientos, ya que falleció a finales de 2017, sin poder ver editado el libro. La obra ha sido editada por Biotope Éditions, la principal editorial especializada en libros sobre medio natural y ecología en Francia, actuando como promotores las ya citadas CBNMed, IMBE y SLP, y contando con el apoyo de la administración departamental de Bouches-du-Rhône. La edición se ha realizado en gran formato (20 × 30,3 cm) con tapa dura y un grosor aproximado de 3,5 cm. No es por tanto una guía para llevar al campo, pero sin duda puede inspirar por su maquetación y contenidos, futuras obras similares para otros departamentos franceses o regiones europeas.
Distribución espacial de Vanilla bahiana (Orchidaceae) en dos fitofisonomías de restinga. ¿El patrón espacial varía? Vanilla bahiana es una orquídea hemiepífita restringida a Brasil, extremadamente ornamental, amenazada de extinción y con potencial económico. Se evaluó el patrón de distribución espacial de V. bahiana en las fitofisionomías arbustiva y de bosque en un fragmento de llanuras costeras (restinga), en una unidad de conservación en el Noreste de Brasil. Para ello, se utilizó el índice de Morisita, el índice de Morisita estandarizado y el método TTLQV, y se muestrearon 1920 m2, a través de la demarcación de seis transectos de 40 × 4 m por fitofisionomía. Cada transecto se subdividió en 10 parcelas de 4 × 4 m. En la formación arbustiva, se observaron 49 individuos of V. bahiana y mayor abundancia en los bordes de los transectos (parcelas 1 y 2). En el bosque de restinga se contaron 47 individuos of V. bahiana, pero distribuidos de manera más homogéna en los transectos. Se encontró un patrón agregado para la especie en la formación arbustiva y un patrón aleatorio en el bosque de restinga. Los diferentes patrones podrían explicarse por las diferencias de luminosidad, pero también podrían estar asociados con la dispersión de semillas o la presencia de hongos de diferentes especies. Futuros estudios con distribución espacial de Orchidaceae deberían ser pluridisciplinares con la finalidad de investigar las causas principales de los patrones en escalas locales. Los patrones de distribución espacial de los organismos se pueden estudiar a diferentes niveles, desde el nivel de región biogeográfica hasta el de la población (Hay et al., 2000; Tremblay et al., 2006). La distribución espacial en microescala puede ser aleatoria, regular o agrupada y es determinada por factores abióticos (p. ej. disponibilidad de agua, luz y nutrientes; temperatura y humedad adecuadas) y bióticos (p. ej. competencia y herbivoría), que interactúan entre sí, y son influenciados por la acción antrópica y estocasticidad (Hutchings, 1997). La información sobre patrones espaciales puede contribuir a una mejor comprensión de los procesos de dispersión de especies y recolonización de hábitats, así como para el establecimiento de estrategias de conservación y planes de gestión, especialmente aquellos que involucren la recuperación de áreas degradadas o fragmentos de vegetación (Anjos et al., 2017; Bonet et al., 2005). Se han realizado evaluaciones del patrón de distribución espacial para especies de diferentes familias de angiospermas, helechos y gimnospermas, presentes en dominios fitogeográficos o biomas diversos en diferentes etapas sucesionales (Hay et al., 2000; Anjos et al., 2017; Kanieski et al., 2012; Sousa & Cunha, 2018; Teixeira et al., 2019). En este sentido, las Orchidaceae han sido uno de los grupos botánicos más investigados; los estudios se centran en especies terrestres y tipos de vegetación del bosque atlántico, como el bosque caducifolio estacional, el bosque semideciduo estacional y llanuras costeras (restingas) (Budke et al., 2004; Krahl et al., 2010; Carvalho et al., 2012; Souza et al., 2012; Dubbern et al., 2013; Piccoli et al., 2014; Quenzer & Pedroso-de-Moraes, 2014; Souza-Leal & Pedroso-de-Moraes, 2014; Fajardo et al., 2015; Rahal et al., 2015). Los mecanismos de dispersión de semillas interfieren primariamente en el patrón espacial y son corresponsables de los niveles de diversidad genética en Orchidaceae (Chung & Chung, 1999; Jacquemyn et al., 2007). Sin embargo, otros factores también influyen en la distribución de las poblaciones de orquídeas, como las condiciones de microclima, principalmente humedad relativa, temperatura e intensidad de luz; el paisaje en sí; las características morfológicas de la semilla; los sitios de dispersión de propágulos; y la relación con hongos micorrícicos (Budke et al., 2004; Phillips et al., 2010; Piccoli et al., 2014; Rahal et al., 2015). Las especies de orquídeas son particularmente vulnerables a la extinción, ya que, entre otros factores, con frecuencia tienen poblaciones reducidas, con una distribución restringida, y dependen al menos parcialmente de los hongos, principalmente, con respecto a la germinación y el desarrollo de plántulas (Batty et al., 2001; Barros, 2007; Pandey et al., 2013). Además, están sujetas a colecciones depredadoras por coleccionistas y comerciantes, que alimentan el comercio ilegal activo (Barros et al., 2007; Barberena et al., 2018). En Brasil, un país megadiverso en especies de plantas, las restingas han sufrido con la retirada clandestina de arena, colección depredadora de especies nativas, deforestación y la expansión inmobiliaria (Britto et al., 1993; Souza et al., 2012). Vanilla bahiana Hoehne es una orquídea restringida a Brasil, que presenta un elevado interés ornamental y se encuentra en los dominios fitogeográficos de la Caatinga, Cerrado y el Bosque Atlántico, donde habitan principalmente en las restingas (Ferreira et al., 2017; Barberena et al., 2019; Flora do Brasil, 2020). La especie es indicadora de la etapa avanzada de regeneración en fitofisiognomías arbustivas y de bosque de restinga en el estado de Bahía (MMA, 2012). Recientemente, se ha sugerido el uso de V. bahiana en los esfuerzos de mejora genética del género Vanilla Mill., ya que la especie es filogenéticamente cercana a Vanilla planifolia Jacks. ex Andrews, la vainilla más importante económicamente, y tiene varios atributos ecológicos deseables, como gran cantidad de flores por racimo, extenso período de floración, fructificación durante todo el año y alta resistencia al estrés abiótico (Bouetard et al., 2010; Anjos et al., 2017; Nascimento et al., 2019). Además, V. bahiana produce cantidades significativas de vainillina, sustancia extraída de los frutos maduros y que es ampliamente utilizada en la gastronomía mundial e incluso en medicina (Bythrow, 2005; Lopes et al., 2019). Sin embargo, V. bahiana ha sido evaluada como en peligro de extinctión dado que la mayoría de las poblaciones se encuentran en hábitats muy fragmentados (Ferreira et al., 2017). El conocimiento sobre distribuciones en microescalas y particularidades ecológicas de parientes silvestres de la vainilla es deficiente, incluso sobre V. bahiana, y necesario para que futuras acciones de conservación y programas de cultivo sostenible se establezcan de manera más adecuada (Nascimento et al., 2019; Watteyn et al., 2020). En ese contexto ecológico-conservacionista y considerando también el potencial económico de la especie, el presente estudio tiene como objetivo evaluar el patrón de distribución geográfica de V. bahiana en dos fitofisionomías de restinga en una unidad de conservación en el estado de Bahía. En particular, buscamos responder ¿El patrón espacial de una especie varía en fitofisionomías diferentes del mismo tipo de vegetación, en la misma zona? El estudio se realizó en el Área de Protección Ambiental de Lagunas y Dunas de Abaeté (APA Abaeté), que comprende ca. 1800 hectáreas y está ubicado en el municipio de Salvador, Bahía, Brasil (Diário Oficial do Estado da Bahia, 1987). El clima de la región se clasifica como Af, definido como cálido y húmedo, sin estación seca (Alvares et al., 2013). La temperatura media anual y la precipitación media anual en la región superan los 25oC y 2000 mm, respectivamente, y la humedad relativa varía entre 70-80% durante la mayor parte del año (Viana & Kleinert, 2005). Las elevaciones del terreno no superan los 100 m. El APA Abaeté cubre dos parques municipales, el Parque do Abaeté, con 270 ha, y el Parque Municipal das Dunas, con 290 ha, que es el fragmento de vegetación mejor conservado de la región (Diário Oficial do Município de Salvador, 2011; Fig. 1). Área de Protección Ambiental de las Lagunas y Dunas de Abaeté, Bahía, Brasil, destacando el Parque Municipal Abaeté y el Parque Municipal Dunas. Los puntos amarillos y los puntos verdes corresponden, respectivamente, a los transectos establecidos en la formación arbustiva y en el bosque de restinga para evaluar la distribución espacial de V. bahiana Hasta ahora, las fitofisionomías del APA Abaeté no se han categorizado formalmente, pero las formaciones Arbusto no Inundable (AR) y Bosque de Restinga no Inundable (BR) son fácilmente reconocibles y se han adoptado en el presente estudio. La formación Arbusto no Inundable se encuentra comúnmente en lugares ligeramente más altos, sin inundaciones periódicas o constantes, y consiste en arbustos mezclados con bromelias terrestres y cactos que forman matorrales de diferentes extensiones y alturas, intercalados con extensas áreas abiertas de arena, el principal constituyente del sustrato en estas formaciones. La formación BR también es libre de inundaciones periódicas por la subida del nivel freático o el desborde de lagunas perennes y se puede caracterizar por un dosel de hasta 15 m y una capa evidente de materia orgánica sobre el suelo. (Arecaceae) es una de las especies más características de esta formación. Datos fitofisiográficos adicionales se pueden obtener de Barberena et al. (2019). Breve caracterización morfológica y ecológica de la especie Vanilla bahiana se identifica fácilmente en la zona por el hábito hemiepífito (germina en el suelo, pero busca un soporte sobre el cual crece y eventualmente pierde el contacto con el suelo), pero también por un conjunto de características morfológicas: entrenudos espaciados (4 cm o más); hojas sésiles y oblongas; sépalos y pétalos verdes; y labelo blanco, entero, con franjas amarillas longitudinales y margen amarillo verdoso a amarillo (Fig. 2). La especie es autocompatible, aunque depende de las abejas del género Eulaema Lepeletier, 1841 (Apidae, Euglossinae) para su polinización y reproducción, y presenta tasas bajas de fructificación en la restinga (Anjos et al., 2017). Los individuos florecen y dan frutos durante la mayor parte del año y muestran un crecimiento exacerbado en la unidad de conservación, llegando a decenas de metros, aunque las partes vegetativas en contacto directo con el suelo y expuestas al sol están claramente dañadas (Anjos et al., 2017; Barberena et al., 2019). (A), Vanilla bahiana: (A), hábito hemiepífito; (B), flor en vista frontal Entre noviembre de 2014 y marzo de 2015, dos investigadores cuantificaron y recuantificaron los individuos de V. bahiana de forma independiente, para evitar cualquier divergencia numérica (Barberena et al., 2019). Se recolectaron y se herborizaron dos especímenes (Barberena et al. 331; Barberena & Aguiar 334) de acuerdo con las técnicas taxonómicas habituales y se depositaron en el herbario ALCB (Peixoto & Maia, 2013). Se muestreó un área total de 1920 m2, mediante el establecimiento de doce transectos de 40 × 4 m, seis en la formación de arbustos no inundable y otros seis en la formación de bosque no inundable (Fig. 1). Los transectos fueron implantados en el Parque Municipal das Dunas, la porción más conservada de APA Abaeté, y sus alrededores (Fig. 1), con el fin de minimizar posibles interferencias en el análisis de los resultados, tales como la recolección depredadora de orquídeas y los efectos asociados con la fragmentación de la vegetación. Se utilizaron fragmentos grandes para contener 10 parcelas de 4 × 4 m separados a una distancia mínima de 50 m entre sí, para evitar superposición. Sobre la base de estas premisas, el sistema de selección de las unidades de muestreo fue mixto, con la selección aleatoria de unidades primarias (transectos) y el establecimiento arbitrario de unidades secundarias (parcelas). Las parcelas se distribuyeron contiguamente, siempre desde el área del borde hacia el interior del fragmento, contemplando un gradiente ambiental (Krahl et al., 2010; Souza-Leal & Pedroso-de-Moraes, 2014). El criterio para la inclusión de individuos en la parcela fue el enraizamiento de la planta en el sitio (Souza et al., 2012), por lo que los individuos que se extienden a más de una parcela se contaron solo una vez. Como V. bahiana germina y llega a la edad adulta sin depender de un árbol huésped, no se evaluaron los forófitos sobre los que se apoyaba. Tampoco se verificó la diferenciación entre individuos juveniles y adultos (individuos en edad reproductiva) de V. bahiana en APA Lagoas y Dunas do Abaeté, ya que solo los individuos (o partes de ellos) ubicados en áreas de mayor luminosidad, como los bordes de los restos de vegetación, tienden a florecer (Anjos et al., 2017), lo que podría no reflejar la etapa de maduración de los individuos. Para identificar el patrón de distribución espacial, se aplicó el índice de Morisita (Im), que es considerado uno de los mejores índices de dispersión y adecuados para el análisis con transectos, y también el índice de Morisita estandarizado (Ip), ya que es relativamente poco influenciado por el número de muestras y tamaño de las unidades de muestreo (Krebs, 2014; Oksanen et al., 2019). Para el Im, los valores estadísticamente significativos >1 indican agregación, valores <1 reflejan uniformidad y Im = 1 mostra un patrón aleatorio. La significación estadística se infirió mediante la prueba de χ2 (Chi cuadrado), con un nivel de significación de 0,05 y los correspondientes grados de libertad (n−1). Para obtener el Ip, se calculó previamente el Im y sus dos valores críticos, el índice de uniformidad (Mu) y el índice de agregación (Mc). Para Ip, los valores entre −0,5 y 0,5 corresponden a una distribución aleatoria de la población, valores menores o iguales que −0,5 indican una distribución uniforme y valores mayores o iguales que 0,5 expresan agregación (con 95% de límites de confianza) (Oksanen et al., 2019). De forma complementaria y para evitar estimaciones sesgadas, derivadas del uso de índice similares y basados en la independencia de las muestras, también se utilizó el método de varianza móvil entre bloques de parcelas (TTLQV), recomendado para detectar la intensidad del patrón espacial (oscilación de densidad en la muestra) (Dale, 1999). La determinación del patrón de distribución se realizó a través de la interpretación del gráfico generado a partir del cálculo de las varianzas de conjuntos agrupados de cuadrantes adyacentes. Si las varianzas fluctúan, mostrando un pico en un tamaño de bloque (equivalente al radio del tamaño del grupo), el patrón es agregado; si las varianzas estimadas son todas bajas y no fluctúan con el tamaño del bloque, el patrón es uniforme; y si los valores de varianza fluctúan irregularmente, el patrón es aleatorio (Krebs, 2014). Aunque TTLQV asume la contigüidad de las unidades de muestreo, se realizó un primer análisis relativizando esta premisa, y considerando los transectos de cada fitofisionomía (y sus respectivas parcelas) como contiguos (en la secuencia de transectos 1-6 para cada formación). Se adoptó el límite superior recomendado del tamaño del bloque de n/10 (Krebs, 2014). Debido a que los transectos no son realmente muestras independientes de la población, se realizó también un análisis de TTLQV para cada transecto. Sin embargo, adoptamos n/2 como el límite superior del tamaño del bloque debido al número reducido de unidades de muestreo. La distribución espacial de V. bahiana fue evaluada en dos fitofisionomías de restinga. De las 60 parcelas establecidas en la AR, 14 presentaron individuos de V. bahiana (23,3% de frecuencia absoluta), con una clara concentración de individuos en el borde de los transectos (parcelas 1 y 2), correspondientes a aproximadamente 82% del total de especímenes reportados para la fitofisionomía. En contraste, no se observaron individuos en las parcelas 8 a 10 en ninguno de los transectos de AR (Fig. 3A). En la formación de BR, los individuos se encontraron en 34 parcelas (frecuencia absoluta del 56,6%), con una distribución más homogénea, habitando tanto parcelas en los bordes como en el interior de los transectos (Fig. 3B). Abundancia de Vanilla bahiana por parcelas en el Parque Municipal Abaeté y sus alrededores, Bahía, Brasil: (A), en la formación arbustiva; (B), en el bosque de restinga. La varianza y la abundancia observadas resultaron en un patrón de distribución agregada para V. bahiana en la formación de AR y un patrón aleatorio en BR. Para la formación de AR, se encontró IM = 1,82, con un estadístico de contraste χ El valor de Im fue superior a 1 y el valor de Ip fue superior a 0,5, resultados que indican distribución agregada. En la formación de BR, se obtuvo IM = 1,04. Sin embargo, el estadístico de contraste no difiere de lo esperado al azar, y, por lo tanto, la distribución de los individuos de V. bahiana en BR corresponde a un patrón aleatorio. Esta inferencia fue confirmada a través del Ip. Los resultados de TTLQV para transectos contiguos en la AR permitieron resaltar la gran oscilación en la varianza (valores de 2 a 3,9) en relación con los tamaños de bloque adoptados, con todos los valores por encima del promedio de 0,82, y un pico muy evidente en el tamaño de bloque 2 y otro pico menos patente en el tamaño de bloque 5, que son indicativos de agregación (Fig. 4). Para la formación de BR se obtuvieron valores de varianza menos discrepantes, de 0,45 a 0,78, e iguales o cercanos al promedio (0,78), sin la formación de picos, correspondiendo a una distribución aleatoria (Fig. 4). (A), Análisis de la estructura espacial de Vanilla bahiana en el Parque Municipal Abaeté y alrededores, Bahía, Brasil, según el método TTLQV y considerando los transectos de cada fitofisionomía como contiguos: línea negra contínua, en la formación arbustiva; línea roja discontínua, en el bosque de restinga. A su vez, el análisis de los resultados de TTLQV por transecto permitió detectar patrones distintos dentro de la formación de arbustos. Hubo una agregación clara en los transectos 1 y 2, representada por una alta varianza (muy por encima del promedio para todos los tamaños de bloque) y picos muy claros, especialmente para los tamaños de bloque 4 y 5. Sin embargo, en los transectos 3 a 6 no se observaron picos y los valores de varianza en relación con los tamaños de los bloques variaron poco, no excediendo de 0,9, y permanecieron cerca de los respectivos promedios de los transectos (Fig. 5A). Así, es claro que el patrón agregado observado en la formación arbustiva es el resultado de la mayor abundancia y distribución de individuos en los transectos 1 y 2. Para la formación del bosque de restinga, sin embargo, se observaron patrones similares para todos los transectos, marcados por la fluctuación poco acentuada e irregular de los valores de varianza, característica de la distribución aleatoria (Fig. 5B). Análisis de la estructura espacial de Vanilla bahiana en el Parque Municipal Abaeté y alrededores, Bahía, Brasil, según el método TTLQV y considerando los transectos de cada fitofisionomía como unidades muestrales no contiguas: (A), en la formación arbustiva; (B), en el bosque de restinga. Se encontró que el patrón de distribución espacial de una especie de orquídea puede variar en diferentes fitofisiognomías en la misma área. En la formación de arbustos, verificamos el patrón agregado para V. bahiana, pero en el bosque de restinga encontramos el patrón aleatorio. Dichos patrones fueron los mismos para los tres índices empleados. Lima-Ribeiro & Prado (2006) demostraron para especies de Annonaceae y Asteraceae que la adopción de diferentes métodos (sea los que utilizan el número de individuos por parcela o aquellos que estiman la varianza entre diferentes combinaciones de parcelas) para el análisis del grado de agrupamiento de una población no resulta en patrones espaciales distintos. Por lo tanto, los resultados encontrados en el presente estudio pueden considerarse consistentes. Además, varios autores han observado fluctuaciones (aumento o disminución) en los valores de Im al cambiar el tamaño de las parcelas de ocurrencia de orquídeas terrestres, tanto para individuos inmaduros (que no muestran evidencia de actividad reproductiva durante el período de observación) como maduros (que muestran evidencia reproductiva), pero siempre sin alteración del patrón observado (Budke et al., 2004; Piccoli et al., 2014; Souza-Leal & Pedroso-de-Moraes, 2014; Pedroso-de-Moraes & Souza-Leal, 2015). El patrón agregado encontrado para V. bahiana en la formación AR es repetitivo en Orchidaceae en el Neotrópico y se observa tanto en individuos inmaduros como en maduros de la misma especie y también en áreas de muestreo de diferentes tamaños (p. ej. Budke et al., 2004; Otero et al., 2007a; Carvalho et al., 2012; Souza-Leal & Pedroso-de-Moraes, 2014; Rahal et al., 2015). El patrón agregado se encontró para varias orquídeas terrestres en los tipos de vegetación del bosque atlántico, incluidas las formaciones de arbustos y bosques de restinga (Krahl et al., 2010; Souza et al., 2012). Adicionalmente, Carvalho et al. (2012) también reconocieron el patrón agregado para V. bahiana en un fragmento de Caatinga en el estado de Bahía, aunque el número de individuos observados fue bajo (n = 10). La agrupación es favorecida por la presencia de uno o más recursos favorables para el desarrollo de los individuos y la restinga es un tipo de vegetación heterogéneo con parches apropiados (vegetación) y no apropiados (arena desnuda) para la ocurrencia de la especie. Del mismo modo, principalmente en la formación arbustiva, observamos parcelas con agrupación de individuos de V. bahiana (ocho o trece) y otras con pocos individuos (uno o dos) o incluso deshabitadas, ya que pueden constituir manchas desfavorables, proporcionando un equilibrio entre la colonización de hábitats disponibles y extinción de subpoblaciones locales (Tremblay et al., 2006). Uno de los requisitos para la germinación en Orchidaceae está estrictamente relacionado con la formación de asociaciones simbióticas con hongos micorrícicos (predominantemente especies de Basidiomycota) desde el comienzo de su ciclo de vida (Feuerherdt et al., 2005; Dearnaley, 2007). Porras-Alfaro & Bayman (2007) demostraron que el género Vanilla es generalista para hongos micorrícicos y que los hongos asociados con la germinación en Vanilla son especies diferentes de las que ocurren en otras etapas del ciclo de vida de las orquídeas de este género. Estos autores también observaron que la presencia de hongos micorrícicos en las raíces de especies de vainilla en el suelo es mayor que en las raíces en la corteza de los árboles y que el género Xenasma Donk (Ceratobasidium D. P. Rogers) es el más común en raíces en el suelo y el único en promocionar la germinacion de semillas de vainilla in vitro. En el suelo y en los forófitos, los hongos micorrícicos también tienen una distribución agregada y, aunque tienen una distribución independiente de la presencia de orquídeas (Feuerherdt et al., 2005; McCormick & Jacquemyn, 2013), se encuentran poblaciones más grandes de hongos cerca de tales plantas (Perkins & McGee, 1995; Batty et al., 2001; Diez, 2007). Como el suelo es heterogéneo en ambientes forestales se supone que la disponibilidad de sustrato para hongos también varía a microescala (Diez, 2007). Por lo tanto, la disponibilidad de hongos compatibles es un factor determinante para la presencia, abundancia y distribución de orquídeas en un determinado lugar. Este aspecto podría explicar la variación entre los patrones de distribución de V. bahiana en las dos formaciones de vegetación. Las especies de Vanilla poseen semillas recalcitrantes y crustosas con endospermo, y posible dispersión zoocórica; abejas, murciélagos frugívoros y aves son sugeridos como agentes dispersantes de semillas en el género, además del viento asociado a la gravedad (Cameron & Chase, 1998; Householder et al., 2010; Soto-Arenas & Dressler, 2010). Aunque se produce la maduración del fruto de V. bahiana en la APA Abaeté (Anjos et al., 2017; Nascimento et al., 2019), no se observan plántulas y la forma de dispersión de semillas en V. bahiana sigue siendo desconocida. Contrariamente a la percepción común, la dispersión de semillas de orquídeas por el viento ocurre en distancias cortas de menos de 10 metros (Murren & Ellison, 1998; Chung et al., 2004). Además, la dispersión de semillas por el viento a partir de áreas abiertas hacia áreas de vegetación más cerradas puede ser difícil (Azevedo et al., 2007), como a partir de la formación arbustiva, y puede contribuir a generar el patrón aleatorio observado en los bosques de restinga. Igualmente, la dispersión de semillas por animales en la formación de BR puede ser ineficiente para la formación de nuevos rodales de individuos, ya que la circulación de dispersores en sitios más cerrados es más difícil. Además de la dispersión de semillas y de las relaciones micorrícicas, otro factor que probablemente interfiere con la distribución de V. bahiana en la restinga es la luminosidad. Los hongos micorrícicos son más eficientes en la colonización cuando son expuestos a alta intensidad de luz (igual o mayor a 600 μmol m-2s-1; Moratelli et al., 2007), lo que, a su vez, podría explicar las distintas microdistribuciónes de V. bahiana en las dos fitofisiognomías. En la formación AR, se encontró un mayor número de individuos en los bordes de los transectos (parcelas 1 y 2), una región de luminosidad más intensa, con menor cobertura vegetal, mientras que, en BR, no se observó una mayor abundancia en las parcelas fronterizas o interiores (Fig. 3). El dosel heterogéneo de AR proporcionaría una mayor luminosidad en algunas parcelas, posiblemente cerca del óptimo para la eficiencia de la colonización por hongos. Aunque no se obtuvieron los datos abióticos para cada parcela, la mayor presencia de individuos en las parcelas de borde asume que la luz (y posiblemente la humedad) pueden explicar la distribución en puntos de V. bahiana en la fitofisionomía de arbustos. En contraste, el dosel homogéneo de BR resultaría en una menor penetración de luz y diferencias de luz menos significativas entre las parcelas, haciendo que los microclimas en esta fitofisionomía sean similares. El patrón de distribución espacial en Orchidaceae cambia según las etapas ontogenéticas, pasando de agregado a aleatorio o uniforme, bajo una mayor influencia de las interacciones bióticas, como la competencia inter e intraespecífica, herbívoros y patógenos, y con el reclutamiento a una distancia más espaciada de la planta madre (Souza et al., 2012). Por lo tanto, los diferentes patrones encontrados para V. bahiana podrían explicarse por diferencias de luminosidad en las fitofisonomías, estar relacionados con agentes dispersantes de semillas o con la presencia de individuos de orquídeas en diferentes etapas del ciclo de vida, influenciados por la presencia de hongos de diferentes especies. Así, los individuos de V. bahiana de las formaciones forestales pueden estar en una etapa más avanzada de desarrollo que los individuos de las formaciones de arbustos, presentando un patrón aleatorio, resultante de la mayor influencia de las interaciones bióticas y reflejando una homogeneidad ambiental. Independientemente de los factores responsables de estos patrones, nuestros hallazgos permitieron definir áreas de mayor y menor densidad poblacional y detectar discontinuidades en la distribución a pequeña escala de V. bahiana, lo que nos permitirá adoptar estrategias de refuerzo de la población más detalladas para la especie en la APA Abaeté y posiblemente extrapolarlas a áreas de restinga adyacentes. Varios autores indican que el patrón de distribución espacial en Orchidaceae se relaciona primariamente con la distribución y abundancia de hongos micorrícicos, aunque la distribución de orquídeas también pueda ser determinada por factores adicionales (Feuerherdt et al., 2005; Otero et al., 2007b; Waterman & Bidartondo, 2008; McCormick & Jacquemyn, 2013). De manera similar a lo verificado para las orquídeas terrestres, la especificidad de las orquídeas epífitas por ciertos forófitos puede ser un reflejo de la asociación entre hongos y especies arbóreas (Otero et al., 2007a; Gowland et al., 2011) y, por lo tanto, la distribución del hongo sería el factor limitante para la distribución de las orquídeas epífitas y no el forófito en sí. A su vez, la distribución y abundancia de hongos micorrícicos también puede depender de factores bióticos y abióticos, incluyendo variaciones en microescala en las condiciones edáficas o de sustrato, lo que hace que la comprensión de las causas de los patrones espaciales de las orquídeas sea aún más compleja (Osorio-Gil et al., 2008; McCormick & Jacquemyn, 2013). Ciertamente hay mucho que conocer sobre la actividad de forrajeo del hongo en habitats naturales y sobre métodos de almacenamiento y cultivo de hongos micorrícicos, así como sobre los transportadores de nutrientes y genes relacionados con el mantenimiento de la asociación simbiótica (Batty et al., 2001; Dearnaley, 2007). Bajo este sesgo, los estudios futuros con distribución espacial en Orchidaceae en microescalas deberían ser pluridisciplinares, centrados en la investigación de las causas de los patrones y desarollados en línea con los estudios de la distribución de los hongos micorrícicos, ya que estos podrían tener influencia directa en la comprensión de la biología, ecología, estrutura genética y acciones de conservación o restauración que involucren las orquídeas, siendo especialmente importante para especies raras, amenazadas de extinción o endémicas como V. bahiana.
Entre los años 2002 y 2006 hemos participado en el proyecto BIOGEO, cuya finalidad era realizar una comparación exhaustiva de las floras de Andalucía y el norte de Marruecos mediante catalogación por comarcas naturales. El proyecto contemplaba la elaboración de una base de datos florísticos, taxonómicos y biogeográficos, basada tanto en la amplia bibliografía existente como en las colecciones, en parte por estudiar, conservadas principalmente en los herbarios BC, BCN, GDA, JAEN, MA y SEV, cuya revisión ha constituido una parte relevante del proyecto. Entre dichos materiales, cabe resaltar por su interés taxonómico los de las campañas de Font Quer y colaboradores por Andalucía y el protectorado hispanomarroquí en la primera mitad del siglo XX, en los que se basó la descripción de numerosas novedades. Gran parte de los materiales marroquíes, además, fueron distribuidos en la exsiccata "Iter maroccanum", de la cual se repartieron entre 10 y 16 colecciones en cuatro entregas, que se conservan actualmente en diversos herbarios europeos y americanos (GONZÁLEZ BUENO, 1988). También la exsiccata "Plantes d 'Espagne" del hermano Sennen contiene numerosas muestras andaluzas y rifeñas, incluidos los testigos de un buen número de nuevos taxones propuestos por el propio Sennen y sus colaboradores. Sin embargo, y como es bien sabido, gran parte de tales taxones se consideran en la actualidad simples expresiones del polimorfismo de las plantas, y por ello no suelen tomarse en consideración en las floras modernas. Por lo que respecta a las novedades taxonómicas contenidas en dichas colecciones, se han publicado diversas relaciones de las mismas, con especial mención de SENNEN (1936) para sus "Plantes d 'Espagne" y de GONZÁLEZ BUENO & SISTANÉ (1988) para el "Iter maroccanum" de Font Quer. Los materiales marroquíes de ambas exsiccatas, así como otras recolecciones de la misma época, fueron objeto de un primer estudio entre 1994 y 1999, a raíz de la elaboración del catálogo de la flora vascular del norte de Marruecos (VALDÉS et al., 2002). También los materiales andaluces habían sido objeto de revisiones más o menos detalladas con motivo de la preparación de las síntesis para Flora iberica (CASTROVIEJO, 1986(CASTROVIEJO, -2007)). Nuestra participación en el proyecto BIOGEO ha consistido principalmente en la revisión y elaboración de sinopsis de diversas familias, entre ellas las cistáceas, algunos de cuyos géneros habíamos estudiado para el catálogo florístico del norte de Marruecos (Cistus, Helianthemum: SORIANO, 2002aSORIANO,, 2002b)). La publicación de la síntesis de la familia en Flora iberica es anterior (MUÑOZ GARMENDIA & NAVARRO, 1993), y fue precedida por unos apuntes para justificar el tratamiento del género Helianthemum (LÓPEZ GONZÁLEZ, 1992), que incluían varias propuestas de tipos nomenclaturales así como menciones de síntipos, algunos sobre materiales de los herbarios aquí estudiados. La revisión para BIOGEO nos ha permitido localizar diversos tipos de táxones andaluces y rifeños descritos por Pau, Font Quer, Sennen, Cuatrecasas y colaboradores a partir de materiales depositados actualmente en los herbarios BC, MA y MAF. En este trabajo formalizamos las propuestas de tipificación correspondientes, si bien solo para taxones aceptados en nuestra sinopsis de BIOGEO, actualmente en preparación. Quedan, pues, para trabajos ulteriores una decena de táxones, casi todos de Sennen (ver SENNEN, 1936; SENNEN & MAURICIO, 1933), que atribuimos a entidades descritas con anterioridad y cuyos nombres, por lo tanto, tratamos como sinónimos taxonómicos. Como se ha indicado, hemos revisado los materiales de la familia Cistaceae procedentes de Andalucía y el norte de Marruecos depositados en diversos herbarios españoles. En una primera fase y de forma exhaustiva, los de las colecciones del Instituto Botánico de Barcelona (BC), la Universidad de Sevilla (SEV) y la Universidad de Barcelona (BCN); posteriormente, y para ciertos grupos, hemos ampliado las consultas a los herbarios del Real Jardín Botánico de Madrid (MA), la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid (MAF) y la Universidad de Granada (GDA, GDAC). En el transcurso de la revisión, hemos tomado nota de los posibles materiales tipo, y hemos contrastado la información contenida en las etiquetas con la de los protólogos respectivos. Finalmente, y de acuerdo con las indicaciones del Código Internacional de Nomenclatura Botánica (MCNEILL et al., 2006), hemos propuesto o indicado los tipos nomenclaturales correspondientes (lectótipos e isolectótipos). La relación que sigue consta de diez táxones, dos de ellos híbridos interespecíficos de Cistus y Halimium, ordenados alfabéticamente. Para cada uno damos el nombre adoptado en la sinopsis de BIOGEO seguido de los sinónimos más habituales; indicación locotípica; indicación de pliegos y ejemplares tipo precedida, en el caso de los lectótipos, de la transcripción de la(s) etiqueta(s) entre corchetes, siguiendo las convenciones de MUÑOZ GARMENDIA & GONZÁLEZ BUENO (2001), y finalmente, en ciertos casos, observaciones adicionales. Incluimos también dos figuras con fotografías de los materiales objeto de este trabajo. Observaciones.-El pliego mencionado incluye además una tarjeta postal manuscrita por Pau, fechada en septiembre de 1933, con el siguiente texto: "Me parece que su no 148, por su inflorescencia umbelada,... 2-3 flores es una cosa muy diferente: Cistus mauritianus N. Sp.-Celebro este descubrimiento". En la publicación de la diagnosis, tres años más tarde, Sennen comparte autoría con Pau, si bien no adopta el rango sugerido por el botánico de Segorbe ni hace alusión alguna al carácter diagnóstico antes citado, que solo se da en una parte de los especímenes de la exsiccata que hemos podido ver. Ésta y otras características de los C. ladanifer norteafricanos, como las hojas cortamente pecioladas, serían atribuibles, según DANSEREAU (1952) a hibridación e introgresiones con C. laurifolius. Relación de taxones y Cistus ladanifer subsp. mauritianus es una de las siete novedades para el género publicadas por SENNEN (1936: 178-180), e incluidas también, aunque sin diagnosis, en el catálogo de SENNEN & MAURICIO (1933). Con respecto a las seis restantes (una especie, tres notoespecies y dos variedades), las remitimos a taxones ya descritos (ver sinonimias en SORIANO, 2002a: 198-200). Observaciones.-MA 79813 es un pliego doble que incluye también un icono en color y una copia impresa del protólogo.
de extensas sabanas neotropicales, en un clima cálido y húmedo, que parece más propicio para la existencia de bosques húmedos. Existen dos grandes grupos de hipótesis para explicar esta confi guración vegetal: las naturales (cambios climáticos, pobreza de suelos) y las antrópicas (incendios provocados). El presente estudio utiliza el análisis de polen y microcarbones para reconstruir las tendencias paleoambientales, de la vegetación y del régimen de incendios, en la turbera litoral de la Laguna Encantada, durante los últimos 7.500 años. Las sabanas han dominado el paisaje durante todo este tiempo, a pesar de que los incendios locales no afectaron el área hasta hace unos 1.200 años, momento en el cual se establecen las comunidades actuales. Hacia los 4.000 años antes del presente tuvo lugar una expansión de los bosques de galería, causada por cambios climáticos, seguida de una evidente deforestación debida al fuego, que culminó en la situación actual. Estos resultados, junto con estudios anteriores, sugieren que las sabanas actuales de la Gran Sabana son el resultado de la interacción de diversos factores, estando el clima muy asociado a su origen y los fuegos provocados a su gran expansión actual. En la GS, por ejemplo, se registran más de 10000 incendios de origen antrópico cada año (Huber, 1995b), causados principalmente por agricultores, indígenas y mineros. El inicio del Holoceno se caracterizó, en la Gran Sabana, por un aumento en las tempera- En la GS, por ejemplo, se registran más de 10.000 incendios de origen antrópico cada año (Huber, 1995b), causados principalmente por agricultores, indígenas y mineros. El inicio del Holoceno se caracterizó, en la Gran Sabana, por un aumento en las tempera-turas medias de 2-3oC posterior al último máximo glacial, y que muy probablemente repercutió en la sustitución de la vegetación dominante hasta ese momento, un bosque mesófi lo húmedo, por una sabana inarbolada (Rull, 2007). Esta interpretación discrepa con la hipótesis propuesta por Eden (1974), que afi rma que la vegetación de sabana constituye un relicto del último máximo glacial. Otros estudios ilustran como las oscilaciones ambientales y el fuego han infl uido fuertemente en el paisaje vegetal en los últimos milenios (véase por ejemplo, Rull, 1991). En general, las consecuencias de las fases de clima más seco y las de mayor incidencia de fuegos han sido similares, manifestándose en ambos casos en una reducción de los bosques y expansión de las sabanas (Rull, 1992). Prácticamente toda la información paleoecológica de que se dispone para la región corresponde a los últimos 4.000 años, fecha desde la cual, la incidencia de fuegos ha aumentado considerablemente (Rull, 1991; Fölster, 1992). En estos estudios, se ha observado que después de cada perturbación causada indistintamente por el clima o el fuego, se desencadenan procesos de sucesión secundaria que terminan en el establecimiento de sabanas, con o sin morichales. El retorno de condiciones húmedas después de las fases climáticas secas o los incendios no ha conducido a la regeneración de los bosques, sino que en su lugar, se han establecido comunidades casi monoespecífi cas de Mauritia fl exuosa (Rull, 1992(Rull,, 1999)). Estos morichales han aumentado en los últimos milenios y se ha propuesto que están en expansión desde la última glaciación, favorecidos por el fuego (Rull, 1998a). El propósito de este trabajo es reconstruir la vegetación y sus cambios a escala de milenios en una secuencia continua de 7.500 años de antigüedad, con especial interés en determinar las causas del establecimiento de la comunidad actual de sabanas con morichales en la zona de estudio. Se pretende reconstruir la dinámica de la vegetación durante el Holoceno y analizar el papel del clima y del fuego, con el fi n de evaluar las hipótesis sobre el origen y el mantenimiento de la actual Gran Sabana. Esta región se extiende entre los 750 y 1.450 m de altitud, con un gradiente descendente de N a S. Desde el punto de vista fi siográfi co, forma parte de las llamadas "tierras medias" o uplands que, en la región de Guayana, se sitúan entre 500 y 1.500 m de altitud (Huber, 1995a). Desde el punto de vista geológico, la GS se encuentra enteramente sobre el sector nororiental del Escudo de Guayana, uno de los núcleos terrestres más antiguos del continente americano. Dependiendo de la geología predominante, la geomorfología de la zona varía notablemente, desde llanuras onduladas asociadas a sustratos de arenisca, a colinas y lomas bajas sobre diabasa (Huber & Febres, 2000). Dentro de las seis superfi cies de erosión que se han descrito para el Escudo de Guayana, la GS se encuentra en su mayoría incluida en la de Wonkén, de 900 a 1.200 m de altitud (Briceño & Schubert, 1990). El clima de la región es de tipo submesotérmico, con una temperatura media anual de 18-20oC. El régimen pluviométrico es de tipo ombrófi lo (2.500-4.000 mm anuales), existiendo notables variaciones locales. La distribución anual de la precipitación está condicionada por la variación estacional de la Zona de Convergencia Intertropical (ITCZ), lo que se traduce en una alternancia anual de las precipitaciones que determina la existencia de una estación lluviosa entre abril y noviembre, y otra más seca entre diciembre y marzo. Ambos parámetros climáticos muestran un claro gradiente en sentido N-S, siendo ascendente para la temperatura y descendente para la precipitación (Galán, 1984; 1 m de alto, de densidad variable. Son comunidades pobres en especies (20-30 especies), donde pueden aparecer elementos leñosos (arbustos o sufrútices) aislados, que no superan la altura alcanzada por las plantas herbáceas. 2) Sabanas con morichales, estacionalmente inundadas, donde se forma un denso estrato herbáceo de hasta 2 m de alto con parches más o menos dispersos de morichales. 3) Sabanas arbustivas, en suelos extremadamente pobres en nutrientes y ácidos. El estrato herbáceo aparece disperso e irregular, y dominan taxones de la familia Cyperaceae. La turbera objeto de este estudio se encuentra en el margen de la Laguna Encantada (4,7110 N 61,0821 W; 867 m altitud), dentro de la fi nca privada denominada "Hato Santa Teresa", cercana a la ciudad de Santa Elena de Uairén (Fig. 1). Esta ciudad se ubica en la zona sur de la GS a unos 910 m de altitud. Sus registros pluviométricos señalan una precipitación total anual de 1.700 mm (Galán, 1984). La laguna se encuentra rodeada por una extensa sabana abierta que, en sus orillas, se transforma en una turbera con individuos dispersos de Mauritia fl exuosa. El sondeo PATAM4_D07 se realizó en una de estas turberas en enero de 2007, utilizando una sonda rusa (Jowsey, 1966), con la que se obtuvo una secuencia total de 392 cm de profundidad. En ella se realizaron un total de 10 dataciones de 14 C mediante la técnica de espectometría de aceleración de masas (AMS), sobre macrorrestos vegetales o extractos polínicos, en los laboratorios UCI (Laboratorio de Radiocarbono de la Universidad de California, USA) y Beta Analytic (Laboratorio comercial, USA). La calibración de estas dataciones se llevó a cabo con el software CALIB 5.0.2 y la base de datos IntCal04.14c [URL]. ac.uk./calib/, última consulta en mayo del 2008). Las edades obtenidas se expresaron fi nalmente como años calibrados antes del presente o cal BP (Wolff, 2007). El modelo de profundidad-edad del sedimento se realizó mediante el software R [URL], última consulta en mayo del 2008), utilizando el paquete de datos age.R [URL], última consulta en mayo de 2008). El modelo se basó en la interpolación lineal de las edades obtenidas en la calibración (Blaauw et al., en prep.). Para el presente análisis polínico preliminar de la secuencia se analizaron 25 muestras con una separación de entre 15-20 cm entre cada una. El tratamiento de laboratorio consistió en sucesivas digestiones con KOH, HCl, HF y mezcla de acetólisis (anhídrido acético y ácido sulfúrico en proporción 9:1) (Faegri et al., 1989; Moore et al., 1991). El medio de montaje empleado fue aceite de silicona, por lo que las muestras pasaron por un proceso previo de deshidratación, por imbibición secuencial en etanol y butanol terciario. El conteo se hizo siguiendo las relaciones de calidad/esfuerzo propuestas en Rull (1987). La suma de polen incluye todos los taxones polínicos identifi cados, excepto las especies acuáticas. No se incluyeron en el diagrama los taxones con proporciones inferiores al 0,1%. Para la construcción y zonación de los diagramas polínicos, se utilizó el software PSIMPOLL 4.26 (http://www. chrono.qub.ac.uk/psimpoll/psimpoll.html, última consulta realizada en marzo del 2008) y los criterios de Bennett (1996). La interpretación de los espectros polínicos se basó en estudios previos de sedimentación polínica actual en relación con la vegetación (Rull, 1991). Los cálculos del índice de diversidad de Shannon (H ́), la equitabilidad (E) y la riqueza de especies (S) (Pielou, 1966; Hurlbert, 1971), se llevaron a cabo mediante el programa MVSP versión 3.13. El conteo de microcarbones se efectuó en las mismas preparaciones destinadas al análisis palinológico. Se contaron las partículas mayores de 5 μm y se establecieron tres grupos diferentes dependientes del tamaño, siguiendo la clasifi cación para la Gran Sabana de Rull (1999): Microcarbones menores de 100 μm (Tipo I): como indicadores de fuegos regionales, al ser fácilmente transportados por el viento. Paleoecología del Holoceno en la Gran Sabana, SE Venezuela 2. Microcarbones comprendidos entre 100 y 500 μm (Tipo II): indicadores de incendios locales o cercanos a la zona de sondeo. Microcarbones mayores de 500 μm (Tipo III): indicadores de incendios locales e intensos. De las 10 dataciones realizadas, se utilizaron 7 para establecer el modelo de profundidad-edad (Tabla 1, Fig. 2). Las otras 3 dataciones fueron descartadas por presentar edades incongruentes, debido probablemente a contaminación por material más joven procedente de niveles superiores El modelo sedimentario muestra un testigo continuo con distintas velocidades de acumulación, en el que se diferencian tres zonas principales (Fig. 2): La naturaleza y composición del sedimento no es homogénea a lo largo de la secuencia (Fig. 2). Seguidamente, se observa un intervalo (384,5-306 cm) de arcillas grisáceas con intercalaciones de arena. A continuación (306-200 cm), comienza de nuevo un sedimento turboso, el cual contiene al inicio una porción arcillosa oscura. La parte más reciente del testigo (200-10 cm), se caracteriza por una turba oscura, poco compactada y con elevado contenido en agua. Se consideró la posibilidad de un hiatus a 300 cm, en el contacto entre arcilla y turba, pero se aceptó el modelo de sedimentación continua por ser el más signifi cativo estadísticamente. El diagrama polínico (Fig. 3) se subdividió en tres zonas polínicas que se describen a continuación. La muestra de la base de la secuencia se describe aisladamente pese no a no ser signifi cativamente distinta, debido a las diferencias sedimentológicas y palinológicas que presenta con el resto de la secuencia. La distancia entre muestras (15-20 cm) supone una diferencia de edad de entre 280 y 350 años, por lo que la resolución de esta reconstrucción es a escala de milenios. Caracterizada por su alto contenido orgánico y por sus elevados porcentajes de gramíneas y otros elementos herbáceos como Xyris, así como algunos taxones leñosos (Byrsonima, Miconia) y, en una menor proporción, Urticales. El resto de taxones arbóreos y arbustivos se encuentran en baja proporción o están ausentes. Zona 12 muestras) En general, se aprecia un aumento de elementos forestales y algas con respecto a la muestra anterior. Entre los taxones leñosos destacan Brosimum y otras Urticales, Weinmannia, Malpighiaceae y Miconia. Estos elementos se alternan en abundancia con las gramíneas en la mitad inferior de la zona, mientras que en la mitad superior aumentan notablemente, coincidiendo con una mayor abundancia de algas. En esta mitad superior, también aumentan otros elementos forestales como Scheffl era, Acalypha y Alchornea. Mauritia está ausente en esta parte de la secuencia. Zona 5 cm,5 muestras) Caracterizada por una disminución de la mayoría de taxones leñosos (Acalypha, Alchornea, Byrsonima, Scheffl era, Urticales, Malpighiaceae, Miconia y Myrsine). Los taxones herbáceos sufren un aumento evidente, sobre todo las gramíneas y Xyris, y en menor medida Eriocaulaceae. Las esporas también aumentan, sobre todo los triletes psilados. En esta zona se registran las primeras apariciones de Mauritia, aunque en una baja proporción. Las algas mantienen niveles similares o ligeramente inferiores a la parte fi nal de la anterior zona. Zona SM-III (120,5-10 cm, 7 muestras) La mayoría de taxones leñosos y esporas de pteridófi tos desaparecen casi totalmente a excepción de Mauritia, que experimenta un notable y súbito aumento hasta convertirse en el taxón subdominante después de las gramíneas. Las gramíneas aumentan de nuevo en la primera parte de esta zona, y otras herbáceas como Eriocaulaceae y Xyris se mantienen en proporciones similares a la zona anterior. Las algas disminuyen en esta zona. Las algas y los macrófi tos acuáticos se representan en un diagrama separado para ilustrar las variaciones del medio acuático (Fig. 4). Algunos taxones muestran una presencia más o menos continua a lo largo del sedimento (Zygnemataceae, Cyperaceae y Sagittaria), mientras que otros aparecieron sólo de manera puntual en un tramo de la secuencia (Botryococcus, Utricularia y Spirogyra). Existe un marcado pico de Zygnemataceae a 270 cm, en la Zona SM-I, simultáneo con la aparición de Botryococcus, que no está acompañado por cambios en las plantas acuáticas. Sin embargo, otro aumento de las algas, registrado en la mitad superior de la Zona SM-II, sí que coincide con picos de Cyperaceae y Sagittaria. Resultados de las dataciones (Acrónimo de los laboratorios responsables: UCI: Universidad de California; y Beta: Laboratorio comercial Beta Analytic Inc.). Las muestras utilizadas para el modelo de profundidad-edad se han marcado con un asterisco. Paleoecología del Holoceno en la Gran Sabana, SE Venezuela SM-III, se aprecia una disminución general de los taxones acuáticos mayoritarios. La presencia de microcarbones es continua durante toda la secuencia, apareciendo con menores concentraciones en la Zona SM-I y primera mitad de la SM-II. En la segunda mitad de la Zona SM-II aumentan de forma muy acusada, manteniéndose en valores similares (aunque con grandes fl uctuaciones) en la Zona SM-III (Fig. 5). En la Zona SM-I, los microcarbones de menor tamaño (I) son los más abundantes, mientras que los de tamaño intermedio (II) están presentes en muy baja proporción y la clase III está ausente. En la Zona SM-II, aumentan ligeramente los intermedios y los menores se mantienen similares, a excepción de la última muestra en la que experimentan un gran aumento. Por último, en SM-III, se produce el mayor aumento en los microcarbones, debido principalmente a los de menor tamaño, aunque los intermedios aumentan también su concentración. Los microcarbones de mayor tamaño (tipo III) se mantienen constantes en cantidades insignifi cantes durante toda la secuencia. El índice de diversidad de Shannon oscila en la mitad inferior de SM-I y se estabiliza en valores altos en la parte superior de esta zona (Fig. 5). En la Zona SM-II, este índice sufre una progresiva disminución, que sigue hasta la Zona SM-III, donde alcanza su mínimo. El valor de equitabilidad también oscila en la mitad inferior de SM-I y posteriormente se estabiliza hasta experimentar una ligera disminución en SM-II y un mínimo en SM-III. La riqueza de taxones se mantiene en un rango similar desde la base del diagrama hasta SM-III, donde se evidencia una ligera disminución. En general, las tres curvas presentan una tendencia descendente a lo largo de la secuencia, que se acentúa en SM-III. Columna estratigráfi ca del testigo analizado, con las dataciones realizadas (edades no calibradas) y la descripción de la columna sedimentaria, junto con el modelo de profundidad-edad, con las tasas de sedimentación de cada intervalo. Los cuadros azules representan las dataciones realizadas con sus respectivos errores. La secuencia estudiada refl eja la dinámica de la vegetación alrededor de la Laguna Encantada en los últimos 7.500 años. Los cambios observados se pueden interpretar en términos de variaciones ambientales, sobre todo en el balance hídrico (P/E), entendido como la relación entre la precipitación (P) y la evapotranspiración (E), y del régimen de incendios. La interpretación paleoecológica resultante se resume en la Fig. 6 y se describe a continuación, comparándola con otros estudios de áreas neotropicales vecinas. Reconstrucción paleoambiental y de la vegetación La abundancia de taxones herbáceos junto a la presencia, en baja proporción, de algunos elementos leñosos se interpreta como indicativa de una formación de sabana herbáceo-fruticosa o de sabana mixta. La baja proporción de esporas y algas sugiere un balance hídrico similar al actual o ligeramente más seco. Este tipo de vegetación, por lo demás pobre en taxones, es consistente con climas menos pluviosos o más estacionales que los actuales, como proponen Behling & Hooghiemstra (1998b) para regiones cercanas. Trabajos realizados en zonas similares como las sabanas de los Llanos de Colombia o el Lago Valencia (Fig. 1), también ponen de manifi esto condiciones más secas que las actuales durante el Holoceno Temprano, cuando las formaciones de sabana predominaban sobre las formaciones boscosas en el norte de Sudamérica (Wymstra & Van der Hammen, 1966; Leyden, 1985; Behling & Hooghiemstra, 1998b; Berrío et al., 2002). El cambio sedimentológico desde la turba orgánica de la muestra anterior a las arcillas con intercalaciones de arena de la base de este intervalo, indica la presencia de un curso de agua de baja energía, lo que sugiere un aumento en el balance hídrico. En esta parte del testigo, la velocidad de sedimentación es muy rápida, lo cual es consistente con una mayor tasa de aporte de sedimentos clásticos alóctonos, debida a un aumento de la escorrentía. El aumento de taxones leñosos en este mismo intervalo se puede interpretar como una mayor extensión de los bosques de galería. Esta situación se había mantenido en una primera etapa, hasta los 7.180 años cal BP. En el segundo tramo de la zona (7.180-2.470 cal BP), la tasa de sedimentación es muy inferior (Fig. 2) y el sedimento vuelve a caracterizarse por un alto porcentaje de la fracción orgánica (autóctona), aunque con contenido en arcillas, lo que podría estar ocasionado por la formación de una laguna similar a la actual. El aumento de los elementos forestales (que indica mayor extensión o proximidad de los bosques) y el aumento de los taxones acuáticos alrededor de ca. 4.000 años cal BP, apoyan la interpretación de un mayor balance hídrico, que estaría de acuerdo con la hipótesis de Marchant & Hooghiemstra (2004), del predominio de climas húmedos a escala del trópico sudamericano, hacia los 4.000 años cal BP. El fi nal del Holoceno Temprano y comienzos del Holoceno Medio parece haberse caracterizado, en las zonas bajas del Norte de Sudamérica, por un aumento del balance hídrico, paralelamente con un aumento en la extensión de las formaciones forestales (Berrío et al., 2002; Marchant & Hooghiemstra, 2004; Behling & Hooghiemstra, 1998b). En el Lago Valencia, esta fase corresponde a niveles lacustres altos (Curtis et al., 1999), mientras que en la cuenca de Cariaco (Fig. 1), las evidencias isotópicas y geoquímicas apuntan a un aumento de la precipitación hacia el mismo periodo, que se relacionan con un desplazamiento hacia el norte de la Zona de Convergencia Intertropical (ITCZ), que regula el régimen de precipitaciones (Haug et al., 2001). La disminución de los elementos arbóreos y las algas, junto con la gran dominancia de los taxones herbáceos se interpreta como una expansión de las sabanas y una retracción de los bosques. Dado que no se observa aumento de la concentración de microcarbones, estos cambios vegetales se interpretan como de origen climático. Todo ello sugiere una disminución del balance hídrico y niveles lacustres más bajos. Hacia la mitad de esta zona, los primeros individuos de Mauritia llegaron a la Laguna Encantada, pero sin formar todavía morichales. La existencia de condiciones más secas a nivel regional se manifi esta en un descenso de los niveles lacustres en Paleoecología del Holoceno en la Gran Sabana, SE Venezuela Figura 3. Diagrama polínico de la secuencia, expresado en porcentaje con respecto a la suma polínica. M, Mauritia; O, otros; TA, total de algas; TC, total de carbones; SM-II y SM-V, morfotipos polínicos indeterminados; 3Cp, polen tricolporado no identifi cado. el Lago Valencia (Leyden, 1985; Curtis et al., 1999), al mismo tiempo que se ha documentado una expansión de las sabanas circundantes y una disminución de la precipitación en la cuenca de Cariaco, debido a un aumento de la intensidad de los ciclos de El Niño-La Niña (ENSO) (Haug et al., 2001; Tedesco & Thunell, 2003). Una expansión similar de las sabanas se ha registrado también en otros sondeos de la GS (Rull, 1991(Rull,, 1992)), de Colombia (Behling & Hooghiemstra, 1998a) y de Guyana (Fig. 1) (Wymstra & Van der Hammen, 1966). La hipótesis climática es que la ITZC, y con ella el cinturón lluvioso ecuatorial, se habría desplazado de nuevo hacia el sur (Curtis et al., 1999; Haug et al., 2001). Efectos del fuego y expansión de los morichales En otras áreas tropicales, se ha visto que la alta incidencia de fuegos parece crear un ambiente propicio para la expansión de la formación de sa-bana, en lugares donde las condiciones climáticas y edáfi cas serían, en principio, más adecuadas para el desarrollo de una formación forestal (San Jose & Fariñas, 1983; Bond et al., 2005; Bowman, 2005). Sin embargo, el presente estudio permite observar que el origen de la sabana de los alrededores de la Laguna Encantada fue muy anterior a la aparición de fuegos locales. Este hecho podría deberse a que el fuego no fuese el único factor que explique el origen de la sabana, aunque pueda favorecer su expansión. También cabe la posibilidad de que se hayan producido incendios locales anteriores al inicio de esta secuencia (~7.500 cal BP). La primera hipótesis estaría apoyada por el hecho de que en la localidad de Mapaurí (GS), situada unos 30 km al N de la Laguna Encantada, se observó la sustitución de bosques por sabanas debido a condiciones más cálidas y secas hacia los 10.000 años (Rull, 2007), sin la intervención de fuegos locales. Sin embargo, en este estudio, se ha observado que la sabana se ha mantenido, pese a la inexistencia de fuegos locales, durante más de 5000 años. Esto sugiere que el clima no es el único condicionante y cal BP (Rull, 2007), sin la intervención de fuegos locales. Sin embargo, en este estudio, se ha observado que la sabana se ha mantenido, pese a la inexistencia de fuegos locales, durante más de 5.000 años. Esto sugiere que el clima no es el único condicionante y apoya indirectamente la hipótesis de Rull (1998a), según la cual, el área de distribución de Mauritia se habría reducido mucho durante la última glaciación, de forma que su lenta expansión postglacial no habría alcanzado la GS hasta el Holoceno Tardío. La formación dominante en la zona de estudio desde el Holoceno Temprano (ca. 7.500 cal BP), hasta el presente ha sido una sabana, que ha sufrido cambios en su composición taxonómica debido a variaciones en las condiciones ambientales y al régimen de incendios. Las variaciones paleoambientales y de vegetación registradas durante el Holoceno se han correlacionado con registros paleoambientales de otras áreas del norte de Sudamérica, lo que ha permitido reconocer tendencias regionales neotropicales a escala de milenios, como por ejemplo el periodo de mayor balance hídrico del Holoceno Medio (ca. El incremento del balance hídrico del Holoceno Medio coincide con un aumento de la riqueza y la diversidad taxonómica, sobre todo en elementos de bosque. Las variaciones ambientales, principalmente los cambios en el balance hídrico, no han sido las únicas responsables de los cambios de vegetación, ya que el fuego ha ejercido un efecto de perturbación, sobre todo durante los últimos 1.200 años. Las comunidades vegetales actuales se establecieron más o menos en esa fecha, coincidiendo con la intensifi cación de los incendios locales. La estrecha relación entre la presencia de fuegos locales y la aparición y expansión de los morichales, observado en diversas localidades de la GS, sugiere que Mauritia podría considerarse una planta pirófi la. El efecto que el fuego ha tenido sobre la vegetación difi ere, según la comunidad que se considere. Así, en los bosques provoca una reducción e impide su posterior reexpansión, mientras que favorece la expansión de sabanas y morichales. En el caso de los últimos, podría afi rmarse incluso que es necesario, a la vista de las evidencias recopiladas hasta el momento en la GS. La sabana, por su parte, no sólo es favorecida por el fuego, sino también por las condiciones climáticas y la degradación del suelo, sobre todo en relación a los nutrientes. Los resultados de este trabajo, junto con estudios anteriores, apoyan la hipótesis de un origen mixto, con el clima y el fuego como principales factores, de las actuales sabanas de la GS. Para una visión ecológica más precisa de los procesos implicados en los cambios de vegetación, es necesario aumentar la resolución del registro, mediante el análisis de muestras intermedias a las utilizadas en este estudio. Los permisos para el trabajo de campo fueron otorgados por el Ministerio de Ciencia y Tecnología (DM/0000013, 5 enero 2007, para el desarrollo de la investigación en territorio venezolano) y el Ministerio del Ambiente (IE-085, 9 febrero 2007, para la recolección de muestras) de Venezuela. Ana María Pérez se encargó de la larga y difícil tramitación de estos permisos. Aquiles y José Luis Fernández, dueños del Hato Santa Teresa, donde se encuentra la Laguna Encantada, nos ofrecieron todas las facilidades para su acceso y nos acompañaron en el trabajo de campo. Johny y Jesús, de la compañía Turi Express, nos ayudaron con el transporte de materiales. Maarten Blaauw, colaboró en el desarrollo del modelo de profundidad-edad. La revisión crítica de dos evaluadores externos, Riker Yll y Santiago Riera, contribuyó a la mejora del manuscrito.
C. Presl. and C. pinnatus (Desf.)
(2 spp.) and Lasiocephalus Willd. ex Schltdl. (Rosaceae), Senecio involucratus (Kunth) DC.
In this sense, Pau (1898: 85) indicated "Fundado en estas consideraciones, he comunicado à mis corresponsales las muestras de Espadán, que recogí en los alcornocales, como G. Idubedae (Reverch. exs. ≡ G. idubedae (Pau ex Debeaux) Pau in Actas Soc. ≡ G. pusillum subsp. idubedae (Pau ex Debeaux) Vigo in Arxius Secc.
Uso tradicional de especies de plantas en trece provincias de Ecuador Se valida la hipótesis que el uso tradicional de plantas introducidas y nativas es análogo en Ecuador. Ciento veinticuatro entrevistas se desarrollan en 13 provincias de Ecuador, a 99 mujeres y 25 hombres, 107 del total son mestizos y 17 son indígenas, mayoritariamente comerciantes con estudios primarios y constan de 1 a 60 años de experiencia, que adquirieron el conocimiento del uso tradicional de las plantas de sus padres o madres principalmente. Se presentan 28 usos generales, particularmente como medicinal (71 usos terapéuticos), destacando el uso como antiinflamatorio, analgésico, antibiótico, antiespasmódico, diurético, sedante y antigripal. El conocimiento tradicional de las plantas no varía significativamente entre etnias y género; lo opuesto ocurre a nivel de edad y entre especies nativas e introducidas. Existe gran concordancia entre los informantes sobre los usos etnomedicinales de las plantas con un valor del Factor de Consenso de los Informantes (F Los bosques tropicales son ricos en especies y son cruciales para la vida en el planeta (Andesmora et al., 2017), con una fuerte contribución a la seguridad alimentaria y la salud de los hogares (Abbasi et al., 2013). Los metabolitos secundarios, que se sintetizan para prevenir enfermedades o como mecanismos de defensa contra depredadores, confieren propiedades curativas a las plantas y garantizan su supervivencia (Misra et al., 2012). La región amazónica es rica en recursos naturales para la producción industrial de alimentos, medicamentos, cosméticos, colorantes, venenos y fibras, entre otros (Sequeda-Castañeda et al., 2016). Esto tiene una influencia significativa en la forma en que los pueblos indígenas manejan los recursos naturales (Doyle et al., 2016). En el caso de la medicina mapuche, a través de ensayos científicos se verificaron las propiedades de algunas de las plantas utilizadas con fines terapéuticos (Obando-Camino et al., 2020). Las comunidades rurales, a través de sus conocimientos tradicionales y sus prácticas curativas, cuidan y atienden su salud; muestra de ello es el uso de la flora silvestre medicinal por parte de las comunidades campesinas de Quinua, Ayacucho, Perú (Hurtado-Huarcaya & Albán, 2018). El uso de plantas medicinales es muchas veces la alternativa única para sobrevivir en lugares aislados o remotos (Akhter et al., 2017; Chaves de Oliveira & Braga, 2017; Ite et al., 2017; Mesquita & Tavares-Martins, 2018). El amplio espectro de uso de las plantas también se extiende al tratamiento y prevención de enfermedades en animales; ejemplo de ello se plasma en el estudio efectuado por Araujo Monteiro Lobo et al. (2020) en la comunidad de gitanos Calon de Pernambuco (noreste de Brasil), en cuatro comunidades étnicas de la zona central de Etiopía (Teka et al., 2020) y en la zona Sheka en Etiopía (Kassa et al., 2020). Nuestros antepasados lograron la curación o mitigación de sus dolencias por ensayo y error por medio del uso y la aplicación de remedios preparados con especies de plantas que les proporcionaba la naturaleza a su alcance (Kassa et al., 2020). Los sistemas médicos surgieron y progresaron producto de la interacción entre la biología y la cultura; la sociabilización y el intercambio de conocimientos sobre el uso de las plantas para mejorar la salud forman parte del proceso evolutivo de la especie humana como parte de su autocuidado y el de los individuos que lo rodean (Soares Ferreira & Albuquerque, 2018). El conocimiento del uso de las plantas se transfiere de generación en generación y permanece en la memoria de la gente (Scovassi & Guamán Ortiz, 2013; Baloch et al., 2016). Este conocimiento no es estático, cambia de acuerdo con el ambiente biocultural de cada grupo humano dentro del marco de la unidad evolutiva hombre-ambiente (Hurrell, 2014), y la ciencia moderna deberá de incrementar las rutas de incorporación y validación del legado tradicional a la medicina. Los estudios de diversidad biológica proporcionarán detalles históricos de nuestro rastro sobre la naturaleza, la cultura, la ciencia y la sociedad (Baker et al., 2013). La percepción de la naturaleza es un proceso biológico, sensorial, cognitivo, dinámico y complejo (Hurrell & Albuquerque, 2012). La farmacología etnobotánica es tan antigua como el hombre mismo (Abbasi et al., 2013). La medicina tradicional, alternativa o complementaria depende de la perspectiva histórico-cultural adoptada (Leonti & Casu, 2013). La etnobotánica mezcla e integra el conocimiento y los intereses de la antropología y la botánica, y se basa en principios ecológicos básicos y bioculturales (Hurrell & Albuquerque, 2012; Hurrell, 2014). De hecho, los antropólogos fueron los pioneros en desarrollar estudios etnobiológicos, aunque en la actualidad estos estudios lo desarrollan especialistas de diferentes ramas del saber y de las ciencias (Albuquerque et al., 2013). El Convenio sobre la Diversidad Biológica (ONU, 1992, https://www.cbd.int/convention/) y el Protocolo de Nagoya (SCDB, 2011, https://www.cbd.int/abs) establecieron que las naciones firmantes están obligadas a respetar, preservar y mantener el conocimiento, las innovaciones y las prácticas de las comunidades indígenas y locales como estilos de vida tradicionales, relevantes para la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica. También promueve la participación en las ganancias derivadas del uso de los conocimientos tradicionales asociados y derivados de los recursos genéticos (SCDB, 2011). La integración entre el conocimiento del entorno, su cultura y la sociedad proporciona herramientas útiles para el desarrollo de políticas de conservación (Arias Toledo et al., 2009). Las comunidades indígenas conservan la biodiversidad y el conocimiento derivados del uso sostenible de los ecosistemas, un componente importante para mejorar la gestión de los recursos naturales (Paniagua Zambrana et al., 2017). Esta interacción resulta de relaciones históricas y adaptativas, directas e indirectas, de los grupos humanos con la naturaleza, relaciones que son extremadamente importantes para una sociedad moderna (Albuquerque et al., 2013). La combinación de conocimiento científico y tradicional contribuye significativamente a la preservación del medio y del ecosistema (Chaves de Oliveira & Braga, 2017), aunque el avance en la ciencia y la tecnología (Baloch et al., 2016), así como el auge económico (Hu et al., 2020), son algunas de las causas de que gran parte de esta riqueza de sabiduría popular se esté desvaneciendo (Baloch et al., 2016), y las generaciones más jóvenes están menos interesadas en obtener el conocimiento de las precedentes y de mantener las tradiciones culturales (Ite et al., 2017), como consecuencia de la globalización y la migración (Vandebroek & Balick, 2012; Hurrell & Puentes, 2017). Mercados tradicionales en Ecuador Los mercados tradicionales son lugares para el comercio de plantas y sus productos derivados (Tinitana et al., 2016). Incluyen las redes regionales de productores, vendedores, curanderos y consumidores con una fuerte contribución a la comprensión de la diversidad de plantas a través del comercio de especies medicinales y de su valor cultural-medicinal (Tinitana et al., 2016), que son de arraigo popular al ser empleadas por más del 70% de la población (Hart et al., 2017). Estos mercados son relevantes a escala local, nacional, regional e internacional, particularmente en comunidades de bajos ingresos cuya economía se sustenta en gran medida en la medicina tradicional, terapias espirituales y prácticas ancestrales de curación (Graf et al., 2016; Tinitana et al., 2016). Los mercados locales constan de puestos específicos para la distribución y venta de una gran diversidad de animales, plantas y productos artesanales de comunidades vecinas que son, cultural y ecológicamente diversas, con un alto valor etnobiológico y terapéutico (Graf et al., 2016; Tinitana et al., 2016), que proporcionan una muestra representativa de todas las especies utilizadas en la medicina tradicional, con una fuerte correlación con la riqueza florística local (Hart et al., 2017). La necesidad de documentar y preservar el conocimiento del uso de especies con potencial etnobotánico es evidente. El cual cambiará con el tiempo debido a las influencias culturales, económicas, políticas y ecológicas de los diferentes grupos humanos (Hart et al., 2017). Varios cambios culturales conducen a consecuencias negativas para el conocimiento tradicional producto de las alteraciones en el estilo de vida, los patrones alimentarios y la disminución del tratamiento médico natural (Cámara-Leret et al., 2014; Zambrano-Intriago et al., 2015; Andrade et al., 2017). Las rutas comerciales se extienden desde Ambato, Quito, Riobamba, Loja, Puyo y Tena a las otras ciudades del país (Tinitana et al., 2016). Ecuador presenta grupos étnicos diversos como mestizos, indios, blancos, negros y mulatos (Chisaguano, 2006), con fuerte tradición en el uso medicinal de las plantas, especialmente por los pueblos indígenas (Jerves-Andrade et al., 2014; Zambrano-Intriago et al., 2015; Abril Saltos et al., 2016), conocimiento y hallazgos etnobotánicos que se han transmitido oralmente de generación en generación a lo largo de los siglos (Andrade et al., 2017). Utilizan una gran diversidad de especies de plantas, tanto nativas como introducidas (Hart et al., 2017), particularmente de las familias Asteraceae, Lamiaceae, y Fabaceae (Torre et al., 2008); mientras que otras familias, por ejemplo, Poaceae y Orchidaceae, son una fuente de medicina olvidada (Leonti & Casu, 2013). La literatura evidencia una enorme cantidad y diversidad de usos terapéuticos tradicionales. Esta considerable masa de datos debe explotarse para proporcionar un conocimiento nuevo y útil. El cuarenta y un por ciento de las especies utilizadas en medicina tradicional en Ecuador se agregaron a la farmacopea en los últimos 200 años (Bussmann & Sharon, 2014). Varios grupos étnicos de Ecuador utilizan el conocimiento ancestral para: (1) curar enfermedades infecciosas causadas por parásitos (Rivas Carrión et al., 2009), bacterias (Jerves-Andrade et al., 2014; Rondón et al., 2018), hongos (Guerrini et al., 2014) y virus (Bartolomé et al., 2013); (2) promover una digestión saludable (Ríos et al., 2017); (3) tratar heridas, lesiones, y trastornos estomacales (Torre et al., 2008); enfermedades de la piel (Doyle et al., 2016); diabetes (Sequeda-Castañeda et al., 2016); malaria, hepatitis y anemia (Bussmann & Paniagua Zambrana, 2012); tumores, afecciones bronquiales, fiebre y dolor (Zambrano-Intriago et al., 2015); (4) curar resfriados e inflamaciones (Abril Saltos et al., 2016); (5) explorar el potencial nematicida, antimicrobiano y antioxidante de algunas plantas (Graf et al., 2016), entre otras. El uso de plantas medicinales como recurso terapéutico se explota por los ecuatorianos, aunque a menudo su uso no contiene la información necesaria para garantizar la seguridad de los consumidores. Las plantas en uso en el período colonial en Perú y Ecuador se han reducido en más del 50% de la farmacopea popular, y el sur de Ecuador muestra una disminución del conocimiento de las plantas desde la época colonial (Bussmann & Sharon, 2009). El conocimiento tradicional se conserva y se practica entre la población rural y urbana, aunque en las ciudades hay disponibles centros de salud modernos. Se enfatiza que la deforestación, la sobreexplotación, el pastoreo excesivo, la pérdida y degradación del hábitat, la expansión de la tierra agrícola y la aculturación amenazan continuamente a las plantas medicinales tradicionales ecuatorianas, conocimiento que es parte vital del patrimonio compartido de una nación. La presente investigación tiene como propósito validar la hipótesis que la oferta y uso tradicional de plantas introducidas y nativas es similar en los mercados de Ecuador. El objetivo general es documentar los usos de las plantas que se distribuyen y comercializan en mercados de 13 provincias de Ecuador. Los objetivos específicos son los siguientes: (1) determinar el perfil de los informantes; (2) inventariar las especies que se distribuyen y comercializan en los mercados tradicionales de Ecuador, así como determinar su estado, región de origen y diversificación, familia botánica a la que pertenecen, sus usos, aplicaciones terapéuticas, órganos empleados y forma de preparación; (3) determinar si el conocimiento tradicional de las plantas varia en relación a la etnia, género y edad de los informantes, así como a nivel de familia y de estado. Ecuador ocupa una superficie de 256.370 km2 (Ulloa Ulloa et al., 2017) y es atravesado de norte a sur por la Cordillera de los Andes, con una extensión aproximada de 800 km de longitud. Las tierras bajas se localizan a ambos lados de la cordillera, hacia el occidente, anexo al Océano Pacífico y hacia el oriente, constituyendo las llanuras amazónicas. En Ecuador, la cordillera andina se divide en dos, la Occidental y la Oriental, siendo esta última la de mayor elevación, interconectadas por valles interandinos. Ambas cordilleras lucen nevados, volcanes, páramos, valles, ríos y lagunas, con ecosistemas diversos. La región Amazónica ecuatoriana ocupa el 30% del territorio nacional y el 1,6% del total del área amazónica de América del Sur, que se extiende al este de las estribaciones orientales de los Andes desde la frontera con Colombia hasta la frontera con Perú (Muriel, 2008). En esta región las cordilleras de Napo-Galeras, Cutucú y Cóndor se separan parcialmente de la Cordillera Oriental de los Andes. Los bosques de tierra firme y los inundados o inundables dominan la región Amazónica (250-3100 m, García et al., 2014), que se caracterizan por la dominancia de árboles, bejucos y epífitas. La región Litoral se extiende desde el piedemonte de los Andes hasta el límite con el Océano Pacífico e incluye la cuenca del río Guayas, el río Esmeraldas y las cordilleras paralelas a la costa desde Esmeraldas hasta Guayaquil (Neill, 1999; García et al., 2014). Se subdivide en tres subregiones (norte, centro y sur) que muestran un marcado gradiente desde el bosque húmedo o muy húmedo hasta formaciones muy áridas al sur de Ecuador, que influye en su alto nivel de endemismos (Muriel, 2008). La subregión norte ocupa desde la frontera con Colombia hasta la provincia de Manabí, le sigue la subregión centro que se extiende hasta el sur de la provincia de El Oro y por último la subregión sur hasta el límite fronterizo con Perú. La presente investigación se desarrolló en los mercados tradicionales de 13 provincias de Ecuador que corresponden a las regiones Litoral, Sierra y Oriental (Amazonía) de Ecuador (Fig. 1 y Tabla 1). Resumen del número de entrevistas por localidad en mercados tradicionales de 13 provincias de Ecuador. Distribución geográfica de las 124 entrevistas en los mercados tradicionales en 13 provincias de Ecuador. Tipo de investigación y tamaño de la muestra de estudio Se efectuó una investigación cuantitativa a través de 124 entrevistas semiestructuradas y presenciales a 99 mujeres y 25 hombres comerciantes de plantas secas y vivas, 107 del total son mestizos y 17 son indígenas. En la Tabla 1 se desglosan las entrevistas por región, provincia, cantón, parroquia y comunidad. En el trabajo de campo de la investigación se cumplió con rigor y ética los lineamientos institucionales y con consentimiento informado de todas las partes implicadas en la investigación, en consenso con las buenas prácticas de investigación que se recogen en Heinrich et al. (2020). Se aplicaron tres cuestionarios. El primero incluye la parte demográfica con datos sobre la etnia, género, edad, provincia, cantón, parroquia y comunidad de ejercicio de la actividad comercial, escolaridad, ocupación, persona que le transmitió el conocimiento del uso de las plantas y años de experiencia de cada entrevistado. El segundo recopila la información sobre los distintos usos generales de cada una de las especies. En el tercero se plasma el hábito de crecimiento de cada especie, los órganos utilizados, su uso terapéutico y la forma de preparación. La identificación de todas las especies fue realizada por el autor principal de la investigación. Se consultó la base de datos TROPICOS [URL], el Catálogo de Plantas Vasculares de Ecuador [URL], la información provista por Bioweb [URL], El Catálogo de la Vida [URL] para Ecuador, y Las Plantas del Mundo [URL] para determinar el estado y el origen de cada especie. Para la clasificación de las enfermedades se siguió la décima revisión de la Clasificación estadística internacional de enfermedades y problemas relacionados con la salud (OPS, 2018). La determinación del factor de consenso entre los informantes (F IC) para el área de estudio se realiza a través de la ecuación propuesta por Heinrich et al. (1998). Las variables cuantitativas estudiadas son: edad de los informantes, experiencia, número de especies que conoce, frecuencia de usos de cada especie/entrevistado, número de informantes que citaron cada especie y su frecuencia relativa, número de órganos empleados, número total de usos medicinales/especie, la frecuencia relativa de usos medicinales/especie, el número de usos medicinales/familia, frecuencia absoluta de citas/familia, y frecuencia absoluta de usos medicinales/familia. Las variables cualitativas estudiadas son: etnia, género, escolaridad, ocupación, persona que le transmite el conocimiento de las plantas, género (botánico), familia botánica, estado (nativa e introducida, dentro de las nativas se hace referencia a las endémicas), origen, hábito de crecimiento, órganos de la planta empleados, usos generales de las plantas, usos terapéuticos de las plantas, y forma de preparación. Se efectúa la estadística descriptiva para todas las variables cuantitativas analizadas al determinar su rango, media, y desviación estándar a excepción de la frecuencia relativa de citas y el valor de uso medicinal. A las variables cualitativas se les determinó su frecuencia. La prueba de Kruskal-Wallis se emplea para determinar la variación entre las etnias y entre géneros de: (1) la edad del informante, (2) la experiencia del informante, (3) el número de especies que conoce el informante, (4) el número de órganos empleados/informante, (5) el número de uso de cada especie/informante (tipos de usos de amplio alcance), (6) el número de usos medicinales de cada especie/informante (usos concretos). El mismo análisis estadístico se emplea para determinar la variación de las variables cuantitativas entre estados (nativas e introducidas), entre las familias según el número de especies y entre los informantes. Adicionalmente se determinó la Tau b de Kendall para medir el nivel de correlación entre las variables estudiadas. Los análisis se aplicaron después de verificar la falta de distribución normal de los valores de cada una de las variables cuantitativas (contraste de Shapiro-Wilk) y el incumplimiento de los criterios de homogeneidad de varianzas (prueba de Levene y contraste de Barlett-Box; Dytham, 2003) debido a la amplitud del sesgo que muestran todas las variables cuantitativas estudiadas. Se emplea el paquete estadístico STATISTICA v8.0 (StatSoft, Tulsa, Oklahoma). El factor de consenso entre los informantes se consideró alto para F El nivel de significación estadística empleada fue de 0,05. Los valores numéricos se expresan con dos decimales para incrementar la precisión de cada valor o medida que se plasma Ciento veinticuatro entrevistas se desarrollan en 13 provincias de Ecuador (Fig. 1 y Tabla 1). Tungurahua es la provincia con más entrevistas, seguida de Cotopaxis, Pastaza y Morona Santiago (Fig. 2 y Tabla 1). Perfil de los informantes La frecuencia de entrevistados según los rangos de edad (Fig. 3) indica que el 25% de las mujeres y el 44% de los hombres presentan de 60 a 79 años. Los informantes tienen un bajo nivel de instrucción, 7 (5,65%) no presentan estudios, 62 (50%) alcanzan el nivel primario o han vencido hasta el tercer curso de primaria, 29 (23,39%) presentan estudios de secundaria, 18 (14,52%) son bachiller y 8 (6,45%) son graduados universitarios. En su mayoría son comerciantes, aunque desempeñan diversas funciones (Fig. 4). El conocimiento tradicional es adquirido de sus familiares más cercanos [padres (25,80%), madres (23,40%), abuelos y padres (20,97%)] aunque también reciben influencia de otros familiares como hermanos, tíos, primos, suegra, y esposo; además de entes fuera del ámbito familiar como es el caso de un chamán o son autodidactas (Fig. 5). Actividades económicas de los entrevistados en 13 provincias de Ecuador. Transmisión del conocimiento reportada por los entrevistados en los mercados de 13 provincias de Ecuador. Conocimiento etnobotánico por informante Cada entrevistado conoce entre 1 a 8 usos medicinales por especie, con una media de 1,62 ± 0,51 usos terapéuticos, que es estadísticamente significativo (N = 124) entre rangos de edad (H = 5,24, p = 0,02), al ser la media de usos medicinales informados por los entrevistados menores de 50 años (1,72 ± 0,53) ligeramente superior a la de los informantes de mayor edad (1,51 ± 0,46). También se observó significación estadística entre etnias (H = 6,85, p = 0,009), este último resultado está influenciado por el tamaño muestral entre las etnias al primar los mestizos respecto a los indígenas; aunque no es significativo entre géneros (N = 124, H = 0,03, p = 0,85). Conocimiento etnobotánico entre los informantes Considerando que una especie puede tener un área amplia de origen y diversificación, que puede ocupar una o varias regiones geográficas del planeta, las especies inventariadas en su totalidad son originarias de 9 regiones geográficas del mundo (Apéndice) en la que destaca América (355; 61,85%), Asia (90; 15,68%), Europa (60; 10,45%), África (55; 9,58%) y Oceanía (14; 2,44%). Familias, géneros y especies Cuarenta y cuatro familias (50,57%) están referidas por una única especie (Apéndice), por lo que no se justifica la determinación de la media aritmética a nivel de familia. Las familias Lamiaceae (21 especies), Asteraceae (19), Fabaceae (15) y Solanaceae (13) presentan mayor frecuencia de especies. Le siguen en relevancia las familias Apiaceae, Arecaceae, Poaceae, y Rosaceae con 9 especies; Piperaceae y Rubiaceae con 8 especies; Malvaceae, Myrtaceae y Rutaceae con 7 especies; Amaranthaceae y Euphorbiaceae con 6 especies; Urticaceae con 5 especies; Amaryllidaceae, Araceae, Cactaceae, Passifloraceae y Verbenaceae con 4 especies; Annonaceae, Brassicaceae, Lauraceae, Moraceae, Nyctaginaceae, Papaveraceae, Plantaginaceae y Polypodiaceae con 3 especies; Acanthaceae, Adoxaceae, Anarcadiaceae, Apocynaceae, Asparagaceae, Bignoniaceae, Burseraceae, Caricaceae, Celastraceae, Crassulaceae, Geraniaceae, Lecythidaceae, Violaceae y Zingiberaceae con dos especies. El resto de las familias están evidenciadas por una única especie (Apéndice). Los géneros con mayor frecuencia de especies son: Solanum L. (7 especies), Citrus L. (6), Mentha L. (4), Passiflora L. (4), Peperomia Ruiz & Pav. El número de informantes que citaron cada una de las especies fluctúa de 1 a 59. El resto de las especies recibió entre 4 a 59 citas, cuya frecuencia de especies por cada número de citas oscila de 1 a 14, con una media de 3,41 ± 3,32 especies por tipo de cita. La media de citas por especie es superior en las familias evidenciadas por más de dos especies (6,08 ± 9,52) respecto a las referidas por una única especie (5,64 ± 9,55); la variación observada no muestra significación estadística a este nivel (N = 274, H = 0,014, p > 0,90). Las especies que muestran los niveles más altos de popularidad relativa al tener la mayor frecuencia de citas son: Ruta graveolens L. (59 citas), Matricaria chamomilla L. (56), Aloe vera (L.) Órganos de las plantas Los informantes atribuyen 28 usos para las especies que comercializan, en especial como medicinales, ornamentales y alimenticias (Fig. 6, Apéndice). La media del número de usos por especies es ligeramente superior para las familias representadas por una especie (3,18 ± 1,63) en relación a las que presentan más de dos especies (2,97 ± 1,43). Las especies con mayor diversidad de usos se listan en orden decreciente: Myroxylon balsamum (L.) Harms (9 usos); Mauritia flexuosa L. f. y Oreocallis grandiflora (Lam.) Urb., Pinus radiata D. Don, y Zea mays L. (6 usos). Frecuencia de usos generales informados de las especies comercializadas en mercados de 13 provincias de Ecuador. Usos terapéuticos de las especies Respecto a las propiedades medicinales de las plantas, los informantes indican un total de 71 usos terapéuticos clasificados en 15 categorías de enfermedades que afectan a los humanos, en particular, al sistema digestivo (16 usos) y para tratar traumatismos, envenenamientos y algunas otras consecuencias de causas externas (10 usos) que acumulan 4394 y 3423 citas, respectivamente (Apéndice y Tabla 2), con una factor de consenso entre los informantes para el área de estudio de 0,98. Los usos como abortivo, anestésico, suero oral, tónico para la vesícula biliar, para el tratamiento de la flebitis, las mordeduras de perros, paperas, várices, y verrugas se informan para una especie en cada caso exclusivamente. Para el empleo como anticonceptivo, demulcente, procinético, colutorio, reductor de los niveles de ácido úrico y para el tratamiento de la malaria, la epilepsia, el Parkinson y el Alzheimer se declaran dos especies en cada uso. Con la finalidad de mitigar la sinusitis (3), la intoxicación (4), la hemorragia (5), las molestias oftálmicas (6), los síntomas de la menopausia (6), las enfermedades de transmisión sexual (8), la reacción ante la picadura de serpiente (8) y de insectos (8), la sequedad del cabello (9), y los trastornos genitourinarios (9) y de la próstata (9) se comunican entre 3 a 9 especies. Para la aplicación como antiemético (10), antidepresivo (13) emoliente (18) antihistamínico (19), y para el tratamiento de las infecciones fúngicas (14) y las úlceras (17) se aconsejan de 10 a 19 especies. Los usos medicinales que se informan en más de 20 especies aparecen reflejados en la Fig. 7, en los que destacan en orden decreciente los usos como antiinflamatorio, analgésico, antibiótico, antiespasmódico, diurético, sedante/relajante y antigripal (Apéndice y Tabla 2). Los usos con mayor número de citas acumuladas son el analgésico, antiinflamatorio, antiespasmódico, antibiótico, sedante/relajante, diurético y antigripal. Por tanto, las especies con mayor frecuencia de usos no tienen necesariamente que coincidir con las más citadas (Fig. 7). Clasificación de las enfermedades que se tratan con plantas medicinales comercializadas en mercados tradicionales de 13 provincias de Ecuador. Frecuencia de usos terapéuticos que se informan en más de 20 especies comercializadas en mercados tradicionales de 13 provincias de Ecuador. La sumatoria de citas de las especies informadas en cada categoría de uso medicinal se muestra entre paréntesis. Los usos medicinales presentes desde cuatro especies en adelante en cada familia constituyen el 7% (90) del total (1286) y son los siguientes: antiespasmódico (4), antiflatulencias (5), digestivo (4), diurético (4), emenagogo (4) y tónico cardiovascular (4, Apiaceae); analgésico (11), antibiótico (12), antiespasmódico (6), antiinflamatorio (11), antipirético (5), antirreumático (5), antiséptico (5), broncodilatador (4), cicatrizante (6), control de la diabetes (4), digestivo (6), diurético (8), sedante/relajante (8), tónico cardiovascular (5), trastornos gastrointestinales (4), trastornos hepáticos (6) y respiratorios (5, Asteraceae); antiinflamatorio (5, Euphorbiaceae); antiinflamatorio (4), antirreumático (4), control de la diabetes (4) y diurético (4, Fabaceae); analgésico (16), antiácido (10), antibiótico (15), anticancerígeno (4), antidiarreico (9), antiespasmódico (14), antiflatulencias (10), antigripal (10), antihistamínico (4), antiinflamatorio (8), antioxidante (8), antiparasítico (4), antipirético (4), antirreumático (4), antiséptico (11), antitusivo (5), broncodilatador (5), cicatrizante (7), digestivo (12), diurético (6), emenagogo (7), expectorante (4), sedante/relajante (12), tónico cardiovascular (6), trastornos gastrointestinales (5) y respiratorios (5) y tratar la picadura de los insectos (4, Lamiaceae); antiácido (5), broncodilatador (4) y cicatrizante (4, Malvaceae); antiácido (4), antigripal (4) y antiinflamatorio (4, Myrtaceae); analgésico (5), antibiótico (5), antiinflamatorio (4), antiséptico (4) y cicatrizante (6, Piperaceae); antihipertensivo (4), antiinflamatorio (7), diurético (5), sedante/relajante (4, Poaceae); antiinflamatorio (5), diurético (4), laxante (4, Rosaceae); antibiótico (4), antiespasmódico (4), antigripal (6), digestivo (4) y trastornos respiratorios (4, Rutaceae); analgésico (7), antiácido (4), antiartrítico (4), antidiarreico (4), antiespasmódico (6), antigripal (6), antipirético (5) y sedante/relajante (4, Solanaceae); analgésico (4) y diurético (4, Urticaceae). La Fig. 8 muestra la dispersión de los usos terapéuticos en función de las citas recibidas por los informantes. Los resultados indican que las especies más conocidas o populares no presentan mayor diversidad de usos terapéuticos que las especies referidas por ocho o más informantes. Dispersión de los usos medicinales de las 274 especies referidas por los informantes respecto a la variación de las citas recibidas (Tau b de Kendall [Ԏ] = 0,425, p < 0,0001). En las familias ejemplificadas por una única especie la frecuencia absoluta de usos medicinales por especie coincide con la diversidad de usos medicinales en cada especie. Las familias con mayor número de usos medicinales son Bixaceae (18), Gentianaceae (15), Jungladaceae (15), y Petiveriaceae (15, Fig. 9), las cuales no coinciden con las familias que presentan el mayor número de citas: Xanthorrhoeaceae (54), Aquifoliaceae (31), Equisetaceae (24), Boraginaceae (16, Fig. 10). Diversidad de usos medicinales en las familias botánicas ejemplificadas por una especie, que se comercializan en mercados de 13 provincias de Ecuador. Variación del número de citas en las familias botánicas referidas por una especie y que se comercializan en mercados de 13 provincias de Ecuador. Las familias Asteraceae (44), Fabaceae (43) y Lamiaceae (41) muestran mayor diversidad de usos medicinales (Fig. 11), en cambio, las familias Lamiaceae (231 usos; 274 citas) y Asteraceae (160 usos; 157 citas) tienen una mayor frecuencia absoluta de usos medicinales (Fig. 12) y de citas (Fig. 13). Diversidad de usos medicinales en las familias botánicas representadas por más de una especie y que se comercializan en mercados de 13 provincias de Ecuador. Frecuencia absoluta de usos medicinales en las familias botánicas evidenciadas por más de una especie y que se comercializan en mercados de 13 provincias de Ecuador. Frecuencia absoluta de citas en las familias botánicas ejemplificadas por más de una especie y que se comercializan en mercados de 13 provincias de Ecuador. Las especies con mayor diversidad de usos medicinales reportados como recurso para tratar problemas de salud se listan en orden decreciente de relevancia: Mentha piperita (29,57%, Lamiaceae), Bidens pilosa L. (28,17%, Asteraceae), Bixa orellana L. (26,76%, Bixaceae), Monteverdia macrocarpa (Ruiz & Pav.) Se especifica que las especies Althaea officinalis (3 citas, 18 usos medicinales), Apium graveolens (1 cita, 16 usos medicinales), Bidens pilosa (1 cita, 20 usos medicinales), Cestrum peruvianum (1 cita, 14 usos medicinales), Eclipta prostrata (2 citas, 14 usos medicinales), Hibiscus rosa-sinensis (2 citas, 14 usos medicinales), Mimosa pudica (1 cita, 16 usos medicinales), Ochroma pyramidale (3 citas, 14 usos medicinales), Petiveria alliacea (4 citas, 15 usos medicinales), Plantago lanceolata (1 citas, 14 usos medicinales), Prunella vulgaris (3 citas, 16 usos medicinales) presentan una frecuencia muy baja de citas y amplio uso medicinal informado, lo que indica que la especie es poco conocida entre los comerciantes de plantas y que el informante que la señala tiene un vasto conocimiento sobre su potencial fitoterapéutico. En relación a las familias representadas por una especie (N = 44) la Tau b de Kendall muestra una correlación bilateral alta (Ԏ = 0,996) y significativa (p 0,05). La riqueza individual del ser humano, así como sus actuaciones y conductas, son imprescindibles para la red de vínculos sociales que se establecen a lo largo de la existencia de cada persona. Esta riqueza se traduce en conocimiento, esfuerzo, estudio, talento, e inteligencia, que ayuda a los ciudadanos a crecer y expresar su potencial a través de la educación. En Ecuador, los encargados de resguardar la memoria, transmitir el conocimiento tradicional del uso de las plantas y difundir sus usos desempeñan diversas ocupaciones o actividades comerciales cuyos beneficios no les permiten rebasar el umbral de pobreza y mejorar sus condiciones de vida, situación que se agrava por el nivel de estudio que alcanzan los encuestados, en su mayoría con estudios primarios o pendientes de alcanzarlo. Resultados análogos se obtuvieron respecto a la escolaridad en las comunidades de la Reserva Extractiva Marina de Soure-Pará en Brasil (Ribeiro Magno-Silva et al., 2020); y en las montañas Wuliang de Jingdong, Yunnan, China, donde hay una proporción equivalente de informantes con estudios primarios y de secundaria (Gao et al., 2019). La falta de heterogeneidad estadística en el conocimiento tradicional de las plantas en relación al género y la edad fue descrita en Ecuador en las provincias de Los Ríos (Paredes et al., 2015) y Quevedo (Zambrano-Intriago et al., 2015). En la presente investigación el conocimiento tradicional de las plantas no varía significativamente respecto a la etnia y el género, y lo inverso ocurre en los rangos de edad. Chebii et al. (2020) demuestra que las abuelas son las encargadas de enseñar las prácticas de la medicina tradicional a las nuevas generaciones en Kenia; en el estudio efectuado en Ecuador, son los padres, en particular las madres, los que desempeñan una función rectora en la transmisión generacional del saber etnobotánico. La literatura ratifica que en este sector imperan las mujeres en relación a los hombres (Lulekal et al., 2013; Ríos et al., 2017; Campos-Saldaña et al., 2018; Duque et al., 2018; Lara et al., 2019; Vinagre et al., 2019; Rosero-Gómez et al., 2020; Ribeiro Magno-Silva et al., 2020), y dentro del sector femenino la distribución del conocimiento y el aprendizaje etnobiológico no es homogénea; su cúmulo se incrementa con la edad (Rosero-Gómez et al., 2020), y está influenciada por el nivel educacional y posición social del individuo (Campos-Saldaña et al., 2018). También los hombres pueden ser los encargados de proteger y transmitir este conocimiento, el cual se incrementa con la edad y la experiencia práctica como ocurre en Mulam, Guangxi, China (Hu et al., 2020), en las montañas Wuliang de Jingdong, Yunnan, China (Gao et al., 2019) y en la zona Sheka, Etiopía (Kassa et al., 2020). El acervo etnobotánico puede ser equivalente entre hombres y mujeres, aunque el número de plantas conocidas y su aplicación está directamente correlacionado con la edad de la persona (Doyle et al., 2016). En general, y con independencia del género y la edad, las personas herederas del patrimonio cultural etnobotánico suelen tener un nivel bajo de educación formal. Estado y usos de las especies Los informantes ostentan un amplio conocimiento del uso de las plantas (28 usos generales) e indican un total de 71 usos terapéuticos en humanos clasificados en 15 categorías de enfermedades, en particular, del sistema digestivo (16 usos) y para tratar traumatismos, envenenamientos y algunas otras consecuencias de causas externas (10 usos), con un factor de consenso alto para el área de estudio que refleja la homogeneidad en la información proporcionada por los encuestados. Lo cual se corrobora en estudios previos efectuados en Perú (Alipio-Rodríguez et al., 2020), Marruecos (Orch et al., 2020), Etiopía (Tamene et al., 2020) y Pakistán (Hassan et al., 2020), entre otros. Hart et al. (2017) demostraron que el uso de las plantas medicinales en Ecuador no es estadísticamente independiente del estado de las especies, con predominio del uso de las especies nativas, aunque las especies más conocidas por los informantes fueron las introducidas. Andrade et al. (2017) corroboran lo antes expuesto al demostrar el uso preponderante de especies nativas respecto a las introducidas para el tratamiento de enfermedades por las comunidades indígenas Saraguros de San Lucas, Ecuador. Resultados análogos obtuvieron Jerves-Andrade et al. (2014) en relación al empleo de plantas medicinales para tratar enfermedades gastrointestinales en el sur de Ecuador. Mientras que en cuatro comunidades de la parroquia San Fernando, Cantón Ambato, Tungurahua, Ecuador, utilizan exclusivamente especies nativas en la medicina popular (Dávila et al., 2016). También el uso de las plantas nativas puede ser predominante en otros países; se hace referencia al estudio en la Selva Zoque, Chiapas, México (Orantes-García et al., 2018). En la presente investigación se observa igualdad de proporción de especies nativas e introducidas, que son en su mayoría especies americanas (61,85%), aunque Asia, Europa, África y Oceanía muestran un aporte significativo al conocimiento tradicional nacional, aunque la frecuencia de usos medicinales de las plantas introducidas es significativamente superior a las nativas. Estudios previos en América Latina demuestran que el uso de las plantas introducidas está más extendido que el de las especies nativas, ejemplo de ello ocurre en Córdoba (Luján & Martínez, 2019) y Buenos Aires (Puentes & Robles, 2020) en Argentina, en las comunidades bolivianas de San Salvador de Jujuy, Argentina (Acosta et al., 2018), en Puerto Colombia, Colombia (Duque et al., 2018), y en el sur de Ecuador (Ríos et al., 2017). Algunas especies son de amplio conocimiento y aplicación medicinal por parte de la sabiduría popular ecuatoriana, con preferencia por las especies introducidas, probablemente porque su acceso al material biológico, su cultivo y uso sean más fáciles en comparación con las plantas nativas, lo cual se plasmó en el estudio de Hart et al. (2017). La mayoría de las especies con relevancia terapéutica del presente estudio son introducidas, lo que sugiere una doble interpretación, con preferencia por la segunda. Primero, probablemente el conocimiento se ha transmitido desde la época prehispánica hasta nuestros días, además de la flexibilidad de la población de incorporar la cultura y las tradiciones foráneas a la cotidianidad como parte del legado y el patrimonio cultural. Segundo, probablemente exista una merma o desgaste significativo en el conocimiento de la diversidad de especies de plantas y sus usos terapéuticos desde la época prehispánica hasta la actualidad, que se suplió con la incorporación cultural de las especies foráneas debido a la influencia de la cultura española preponderante. Esto estuvo influenciado por la ilegalidad de las prácticas de la medicina tradicional en Ecuador que limitó el uso de nuevas especies para curar enfermedades introducidas por los europeos debido a la oposición y persecución por parte de los colonizadores (Bussmann & Sharon, 2014), derechos que fueron restituidos por la Constitución de 1998 (Bussmann & Sharon, 2009). Se añade el proceso de globalización y polarización de la sociedad vigente, la degradación de los ecosistemas naturales y la pérdida de biodiversidad que dificulta el acceso y la disponibilidad de especies nativas, además de promover un cambio en el modelo de vida, de alimentación, educación, salud y consumo que facilita el abandono y la pérdida en las tradiciones, y vectoriza las migraciones. Los informantes emplean las plantas para curar o aliviar diversas dolencias, con relevancia por los usos como antiinflamatorio, analgésico, antibiótico, antiespasmódico y diurético; resultados similares reveló la investigación efectuada por Ríos et al. (2017) en el sur de Ecuador. Los beneficios etnomedicinales derivados de esta investigación contribuyen a prevenir o disminuir el riesgo de enfermedades que a corto o largo plazo pueden ser letales, cuya variedad de fitoquímicos, que se producen por biosíntesis a partir de metabolitos primarios, refuerzan la protección y activan el sistema inmunológico conjunto a la ralentización del envejecimiento producto de su acción sinérgica. Entre ellos destacan alcaloides, esteroides, flavonoides, glucósidos, minerales, pigmentos, polifenoles, proteínas, taninos, y terpenos. La actividad biológica que ocultan las plantas influye en el bienestar presente y futuro del ecosistema dinámico y extenso del planeta, coadyuva al desarrollo de la fitoterapia y la fitoquímica, e impulsa o favorece la aplicación de terapías experimentales y alternativas. Germosén-Robineau (1995) en su investigación sobre el uso popular de las plantas en el Caribe determinó que el nivel de uso medicinal significativo debe ser igual o superior al 20%, que es lo que se considera significativo para que una especie sea aceptada culturalmente, merecedora de su evaluación y validación, criterio que se aplica en otras investigaciones análogas; ejemplo de ello son los trabajos publicados por Pérez Machín et al. (2011), Chontal Chagala et al. (2019), Dorregaray-Llerena et al. (2020) y Soria et al. (2020). La presente investigación demuestra que 102 especies (37,23%) reciben una única cita, y muchas de ellas con una amplia gama de usos terapéuticos, lo que indica que los informantes conocen diversas especies y poseen un vasto conocimiento fitoterapéutico de cada una de ellas; aunque el 6,93% de las especies (19) son empleadas para tratar diversas dolencias que exceden del 20% del total de los usos terapéuticos informados, no obstante, 15 especies (5,47%) muestran una frecuencia relativa de citas superior al 20% del total. Adicionalmente, la popularidad de especies no está correlacionada con un incremento en sus usos medicinales respecto a las especies citadas por ocho o más informantes. Las familias Lamiaceae, Asteraceae, Fabaceae y Solanaceae dominan en frecuencia de especies, y en orden decreciente, las familias Asteraceae, Fabaceae y Lamiaceae prevalecen en diversidad de usos; a su vez, las familias Lamiaceae y Asteraceae exhiben la mayor frecuencia absoluta de usos medicinales. Estas familias son cosmopolitas y muestran un amplio espectro de compuestos bioactivos útiles para el tratamiento de enfermedades. La mayoría de estas familias se listan en diversos estudios etnobotánicos en diferentes regiones y países del mundo como en Córdoba, Argentina (Luján & Martínez, 2019), en Selva Zoque, Chiapas, México (Orantes-García et al., 2018), en Monterrey, Chiapas, México (Campos-Saldaña et al., 2018), en Oxaca, México (Orozco-Martínez et al., 2020), en Holguín, Cuba (Heredia-Díaz et al., 2018), en Pará en Brasil (Ribeiro Magno-Silva et al., 2020), en Mulam, Guangxi, China (Hu et al., 2020), en la zona Sheka (Kassa et al., 2020) y central (Teka et al., 2020) de Etiopía, y en la Sierra de Montejunto, Portugal (Vinagre et al., 2019), entre otros. También son de preferencia cultural en Ecuador, con predominio de las especies introducidas, junto a las familias Poaceae y Rosaceae (Hart et al., 2017), mientras que en algunos mercados de Cuenca, Quito y Santa Elena las especies nativas de estas familias prevalecen (Graf et al., 2016). En la provincia de Pastaza, Ecuador, las familias Lamiaceae y Solanaceae fueron sobresalientes en la fitoterapia tradicional de mestizos y Kichwas (Abril Saltos et al., 2016), mientras que los indígenas Saraguros del sur de Ecuador exhiben el uso preferente de especies de las familias Asteraceae y Lamiaceae (Andrade et al., 2017); lo mismo es válido para las comunidades indígenas de Azuay, Cañar y Loja (Jerves-Andrade et al., 2014). Estas dos últimas familias son preponderantes en los mercados tradicionales de plantas curativas del sur de Ecuador (Tinitana et al., 2016), y de asidua utilización por la población de San Carlos, Quevedo, Ecuador (Zambrano-Intriago et al., 2015). Hábitos de crecimiento y órganos empleados El 44,53% de las especies empleadas por los entrevistados son hierbas, seguidas en notabilidad por los árboles (25,91%). Las hierbas reúnen ventajas en relación a otros hábitos de crecimiento, al ser de amplia distribución y adaptarse a casi todos los ambientes, además de sus facilidades de propagación, cultivo y manejo en el espacio y en el tiempo, especialmente en macetas, patios, jardines, huertos y campos de cultivo. Estas características biológicas de las hierbas posibilitan su acceso y abarata el coste de su cultivo, mantenimiento y comercialización. Los consultados reconocen que las hojas son los órganos que contienen los compuestos bioactivos primordiales que se utilizan para la cura o mitigación de las enfermedades o patologías, además de ser el órgano de mayor abundancia durante todo el año, de cómoda y viable recolección y transporte, que se corrobora a través de lo expuesto por otros investigadores, entre ellos se cita a Paredes et al. (2015), Acosta et al. (2018), Mesquita & Tavares-Martins (2018), Heredia-Díaz et al. (2018), Vinagre et al. (2019) y Ribeiro Magno-Silva et al. (2020). Le siguen en preeminencia los tallos, flores, frutos, semillas y raíces cuyo empleo está influenciado por los principios bioactivos que contiene, su abundancia, acceso, y disponibilidad durante el año. Se señala que la utilización periódica de las flores, frutos y semillas tiene implicaciones directas sobre la reproducción de las especies; su explotación racional contribuirá a su conservación y preservación. Modo de preparación de los remedios En correspondencia con Paredes et al. (2015), Vinagre et al. (2019) y Kassa et al. (2020) la vía oral es la forma de administración predominante de los remedios derivados de las plantas. La preparación más habitual para el tratamiento de enfermedades o sus síntomas fue la infusión/té, cuya influencia cultural se confirma en otros estudios de plantas medicinales; por ejemplo, en la comunidad de Caruarú, Isla del Mosqueiro, Belém-PA, Brasil (Mesquita & Tavares-Martins, 2018), en los migrantes bolivianos de San Salvador de Jujuy, Argentina (Acosta et al., 2018), en la Sierra de Montejunto, Portugal (Vinagre et al., 2019), en el sur de Ecuador (Ríos et al., 2017), en la comunidad San Jacinto, Cantón Ventanas, Los Ríos, Ecuador (Paredes et al., 2015), y en San Carlos, Quevedo, Ecuador (Zambrano-Intriago et al., 2015). Se concluye que el área de estudio es rica y diversa en plantas medicinales (274 especies pertenecientes a 224 géneros incluidos en 88 familias botánicas), aunque las especies más conocidas o populares no presentan mayor diversidad de usos terapéuticos que las especies referidas por ocho o más informantes; lo inverso ocurre para las especies con menor número de citas. La fitoterapia sigue siendo una de las principales formas de tratamiento medicinal de la población local en Ecuador, con arraigo a las tradiciones que permite que parte de legado ancestral perpetúe en el tiempo y generación. Los comerciantes de plantas en los mercados de Ecuador fueron receptivos y compartieron su conocimiento tradicional de un amplio espectro de plantas con usos terapéuticos, el cual se sesga significativamente a favor de las especies introducidas (50,36%) en comparación con las nativas (49,63%). Las especies introducidas son oriundas de Asia, Europa, África, América y Oceanía. La edad de los entrevistados influye significativamente en la riqueza de su conocimiento tradicional, que es ligeramente superior en los menores de 50 años. Los entrevistados presentan un bajo nivel de instrucción formal, por lo que se recomienda el fomento de cursos de específicos que ayuden e incentiven su capacitación. Gran parte de los ciudadanos ecuatorianos dependen de las plantas para mitigar o solventar problemas de salud; en nuestro estudio se informan 71 usos terapéuticos para tratar 15 categorías de enfermedades que afectan a los humanos. Resalta su aplicación como antiinflamatorio, analgésico, antibiótico, antiespasmódico, diurético, sedante/relajante y antigripal, siendo la hoja el principal órgano empleado para la preparación de los remedios que se emplean en infusión/té, cataplasmas/plastos y decocción, entre otras. Las plantas son una fuente importante de medicina natural con disímiles potencialidades que urge abordar su evaluación científica para demostrar a través de ensayos su eficacia y toxicidad, cuya seguridad determina su continuidad y uso arbitrario con fines medicinales implica riesgos. Se enfatiza en la necesidad de educar a la población en el uso racional de las plantas útiles y en fomentar su cultivo y la sustitución de los especímenes que se extraen de la naturaleza para garantizar su conservación, así como en estudiar el impacto de la población en la utilización de la vida silvestre en Ecuador. Lourdes V. Alvarado Huatatoca, Harina B. Arrieta Villavicencio, Luis J. Betancourt Guamán, Adriana E. Bonifaz Villafuerte, Joselyn F. Chávez Espinosa, Anabel J. Chiluisa Lara, Emanuel C. Chiriapa Solano, Erick I. Cruz Díaz, Johnny P. Fonseca Núñez, Kevin A. Gómez Rea, Yadira F. Guato Jiménez, Andrés E. Jácome Meza, Mercy A. Jirón Abad, Cristopher A. Lezano Silva, Betty M. Mejía Ayala, Marlon A. Merchán Yedra, Williams J. Moreira Verdesoto, Katherine L. Mullo Tarco, Maricela G. Noteno Loja, Betty E. Pilla Yumbo, Paola F. Quinga Zambrano, Luis M. Reyes Tapia, Daniel A. Robalino López, Marlon S. Rodríguez Linares, Geovany J. Shiguango Shiguango, Cristian G. Tibanquiza Guamán, Danny E. Tsanimp Puwainchir, María G. Vargas Álvarez, Jean P. Verón Carrillo, Érika E. Villarroel Zumba, Carlos S. Vinces Intriago: estudiantes de noveno semestre de la Carrera de Ingeniería Ambiental, Facultad de Ciencias de la Vida que efectuaron las prácticas de la asignatura Biodiversidad y Conservación colaborando en el trabajo de campo de esta investigación como parte del proceso de iniciación a la investigación científica. Los estudiantes se listan en orden alfabético de la lista de clase.
Primer registro de regeneración posincendio de Adesmia bijuga (Fabaceae), una especie en peligro crítico de Chile central Adesmia bijuga es una especie endémica de la zona central de Chile y es considerada como En Peligro Crítico para la flora vascular chilena. Actualmente el conocimiento acerca de la dinámica de la regeneración de esta especie es deficiente. Nuestro estudio indica que A. bijuga tiene la capacidad de recuperarse después de un incendio. La zona de Chile central (latitud 30° a 38° sur) se caracteriza por concentrar la mayor biodiversidad del país (Myers et al., 2000). En el año 2017 esta zona experimentó un incendio de gran magnitud que afectó a diversas poblaciones de especies nativas (Barrera et al., 2018). (Fabaceae) la cual fue redescubierta a principios del siglo XXI (Hahn & Gómez, 2008). Adesmia bijuga es una especie arbustiva con alturas de hasta 3,5 m. En todo el mundo sólo existen tres poblaciones de la especie, las cuales se distribuyen en la Región del Maule en Chile central, con una superficie total aproximada de cuatro hectáreas. Dentro de las plantas vasculares que crecen en Chile esta especie se encuentra "En Peligro Crítico" debido a que su hábitat ha sido transformado por plantaciones forestales de especies exóticas (Gómez et al., 2012, 2014, 2016). Las poblaciones que hasta hoy han logrado sobrevivir se encuentran aisladas e integradas en un paisaje dominado por plantaciones de Pinus radiata D. Don (Gómez et al., 2014). Adesmia bijuga presenta una limitada y casi nula reproducción sexual, probablemente debido a la herbivoría floral (Gómez et al., 2012), la depredación de semillas pre-dispersión (Hahn & Gómez, 2008), o a procesos postdispersión que limitan la germinación de las semillas y establecimiento de las plántulas (Henríquez et al., 2012; Gómez et al., 2014). Esta situación le otorga a la especie una alta prioridad de conservación (Guerra et al., 2018). La ecología de la germinación de esta especie es desconocida, pero, considerando la dureza de su testa, es probable que posea una latencia física que pudiera ser rota por las altas temperaturas del fuego, así como ocurre en otras leguminosas (Baskin & Baskin, 1998; Morrison et al., 2002). No obstante, hasta la fecha no se conoce ningún registro de regeneración posincendio para A. bijuga en la zona de Chile central. El objetivo de este trabajo es cuantificar la regeneración posincendio de la especie en dos poblaciones de la Región del Maule en Chile central. La presente investigación se llevó a cabo en dos localidades (El Desprecio-Empedrado y Las Cañas-Constitución) con presencia de Adesmia bijuga en la Cordillera de la Costa de la Región del Maule en Chile central (Fig. 1) y que fueron afectadas por los incendios del año 2017 (Valencia et al., 2018). Siete meses después de dichos incendios, se efectuó un recorrido aleatorio de campo e inspección visual de las poblaciones arriba mencionadas. En cada sitio se recorrió un área de una hectárea y para estimar la regeneración por semilla, en cada uno de los sitios donde se encontró la especie se contabilizaron todos los individuos, y, además, se midió la altura de cada uno de ellos con el fin de cuantificar la estructura de tamaños de la especie. Para evaluar la regeneración vegetativa se seleccionaron las 14 cepas de individuos que presentaron rebrote (cuatro ejemplares en El Desprecio y 10 en Las Cañas) afectados por el incendio (sin hojas ni yemas y con aspecto seco y quebradizo), y se hizo un seguimiento de la presencia de nuevos brotes cada tres meses. Ubicación geográfica de las localidades estudiadas de Adesmia bijuga en la Cordillera de la Costa de la Región del Maule en Chile central. Se contabilizaron 550 individuos de Adesmia bijuga provenientes de semillas en las dos localidades estudiadas, cuya altura fue mayoritariamente menor a los 50 cm (Fig. 2). Se pudo apreciar que la germinación ocurrió de manera súbita y los indivi­duos registrados se presentaron de manera agrupada alrededor de los árboles madre. También se observó regeneración en sectores sin la presencia de árboles madre. Referente a la respuesta vegetativa, la mayor parte de los 14 individuos adultos monitoreados en ambas localidades mostraron rebrotes el primer año después del incendio. Los individuos rebrotaron a los tres meses de ocurrido el incendio y cada uno presentó una media de tres rebrotes por cepa (Fig. 3). Esta capacidad de regeneración vegetativa debe ser ratificada mediante nuevos experimentos de campo para corroborar si esta respuesta se debe a la presencia de lignotúber como ocurre en otras especies del matorral chileno (Araya & Ávila, 1981), ya que este rasgo es considerado una adaptación al fuego (Paula et al., 2016). Sin embargo, aunque el régimen de incendios actual es antrópico en Chile, los incendios naturales parecen haber sido abundantes en el mioceno (Abarzúa et al., 2016) y podrían haber generado este tipo de adaptaciones en la flora nativa. Otra posibilidad es la reproducción mediante estolones, ya que corresponde a un mecanismo vegetativo que otorga a las especies una mayor habilidad colonizadora y ha sido reportado para A. bicolor (Poir.) Por otra parte, A. confusa Ulibarri (sinónimo A. arborea Bertero ex Clos, nom. illeg.) es resistente al fuego y durante el mismo año rebrota rápidamente y puede llegar a florecer (Villaseñor & Sáiz, 1990; Quintanilla, 1996). Esto sugiere que A. bijuga podría tener algún tipo de adaptación o exaptación al fuego que debe ser corroborada en estudios posteriores. Estructura de tamaños de plántulas y plantones de Adesmia bijuga en las localidades de muestreo. Aparición de brotes posincendio en individuos de Adesmia bijuga en la localidad de Las Cañas, Constitución, Región del Maule. La presencia de plántulas de A. bijuga se podría explicar por la disponibilidad de semillas que lograron sobrevivir al incendio, o aquellas provenientes de plantas madres adultas de sectores aledaños y que fueran dispersadas por el viento, aves, o mamíferos. Sin embargo, según nuestras observaciones de campo durante los últimos 15 años, la regeneración en sitios no quemados es casi nula. Esto sugiere que la capacidad de regeneración podría estar modulada por la influencia de la temperatura producto del incendio y su efecto en el ablandamiento de la testa de las semillas, tal como se ha observado en otras leguminosas y otras especies de semillas duras del matorral (Gómez-González et al., 2017). Según Gómez et al. (2018), y basado en el índice de severidad del fuego denominado Delta Normalized Burn Ratio (RdNBR, Parks et al., 2014), el área que alberga una de las poblaciones estudiadas de A. bijuga presenta severidad de daño por incendio media a baja. Esto sugiere que la temperatura del suelo alcanzada durante el incendio no fue lo suficientemente alta para destruir completamente las semillas presentes en el suelo. Esta condición de severidad podría haber estimulado el reclutamiento de nuevos individuos de A. bijuga, vía reproducción sexual, así como también podría haber aumentado el contenido de algunos nutrientes o mejorado la capacidad de retención de agua del suelo (Demeyer et al., 2001), propiciando mejores condiciones de sitio para el establecimiento de las plántulas. En determinados ecosistemas adaptados al fuego o en determinadas especies con rasgos adaptativos, la germinación es facilitada por las temperaturas y por el humo generado durante los incendios (Downes et al., 2010; Moreira et al., 2010; Tavsanoglu, 2011). Estos factores rompen la latencia física de la testa en las llamadas semillas duras, permitiendo así la imbibición del agua y la germinación cuando las condiciones son adecuadas (Chou et al., 2012). Los resultados de esta investigación sugieren que A. bijuga tiene capacidad de rebrotar y de regenerar por semillas con posterioridad a la ocurrencia de un incendio. Nuestras observaciones marcan un antecedente preliminar en el estudio de la ecología de la regeneración de esta especie, considerando que en la última década solo se han observado algunas plántulas de A. bijuga en la localidad de Huelon, comuna de Curepto, en la Región del Maule en Chile central, la cual no fue considerada en el presente estudio. Sin embargo, se deben desarrollar nuevas investigaciones con el propósito de profundizar en el conocimiento sobre las diferentes adaptaciones al fuego en A. bijuga.
Sobre la distribución de Trifolium diffusum Ehrh. en los Países Catalanes.-En esta nota a portamos nuevos datos sobre la distribución de Trifolium diffusum Ehrh. en los Países Catalanes y confi rmamos su presencia en Cataluña.
Palabras clave: Achillea; fl ora de Andorra; Hedypnois; Helichrysum; Staehelina; Tolpis.
Un Seguit de Donacions
Los estudios de la morfología del capítulo y de los frutos han sido abundantes y muy importantes a la hora de establecer o esclarecer clasificaciones filogenéticas dentro de la familia de las Compuestas. El complejo Carduncellus-Carthamus está formado por 50 especies circunmediterráneas que se distribuyen desde la Península Ibérica y Marruecos hasta el oeste asiático. La delimitación genérica de este complejo ha ido variando ampliamente en función de los caracteres morfológicos considerados como diferenciales por los diversos autores, tal como queda reflejado en la Tabla 1. En cambio, HANELT (1963) se basó en la morfología de las brácteas medianas e internas del involucro para separar géneros dentro del complejo. Por su parte, LÓPEZ GONZÁLEZ (1990) se apoyó en la combinación de dos caracteres diferenciales, la estructura del vilano y la anatomía del pericarpo, para sugerir una delimitación genérica fraccionada que reconocía cuatro géneros. Por el contrario, DITTRICH (1969) y GREUTER (2003) fueron de la opinión de incluir todas las especies del complejo dentro de un único género más amplio, Carthamus, siguiendo el criterio de LINNÉ (1753), debido a la ausencia de caracteres diferenciales claros para subdividir el complejo. Sin embargo, tal como DITTRICH (1969) indicaba, continúa existiendo el problema de la división del complejo, aunque trasladado al rango taxonómico inferior, el subgenérico. Más recientemente, se ha incorporado a este complejo el género monotípico Femeniasia Susanna, endémico de la isla de Menorca, Baleares (BREMER, 1994; SUSANNA et al., 1995; SUSANNA & VILATERSANA, 1996; WAGENIZ & HELLWIG, 1996). Últimamente, a raíz de un estudio filogenético basado en la región ITS del ADN ribosómico nuclear, se ha propuesto una nueva delimitación genérica, dividiendo el complejo Carduncellus-Carthamus en cuatro géneros: Carduncellus, Carthamus, Femeniasia y Phonus (VILATERSANA et al., 2000). Debido a la importancia de los caracteres morfológicos de los aquenios en la historia de las clasificaciones y reclasificaciones taxonómicas del complejo Carthamus-Carduncellus, es de esperar la existencia de muchos estudios sobre morfología y anatomía del aquenio en el complejo (HANAUSEK, 1911; HANELT, 1963; DITTRICH, 1968cDITTRICH,, 1969;;EBERT & KNOWLES, 1968; SINGH & PANDEY, 1984). No obstante, hemos decidido efectuar un estudio exhaustivo, tanto en referencia al número de especies como en el número de caracteres, de los distintos caracteres morfoanatómicos del aquenio. Nuestros objetivos han sido: (i) confrontar los resultados de los distintos caracteres morfoanatómicos del aquenio ya estudiados con los datos aportados por otros autores; (ii) incorporar nuevos datos de especies no estudiadas anteriormente; (iii) ver cómo evolucionan estos caracteres y compararlos con la filogenia nuclear y (iv) evaluar la utilización de estos caracteres para la delimitación genérica del complejo. Para este estudio se usaron semillas procedentes del banco de germoplasma del Institut Botànic de Barcelona. Para la clasificación genérica del complejo se ha seguido VILATERSANA et al. (2000), y para la clasificación infragenérica de Carthamus se ha usado VILATERSANA et al. (2005). Las especies y subespecies estudiadas y el origen geográfico del material están detallados en la Tabla 2. ARMENIA, Ekhegnadzor: próximo a Agarakadzor, Fajvush, Gabrielyan, Garcia-Jacas, Guara, Hovannisyan, Susanna 1551, Tamanyan & Vallès, 20.08.1995 (BC); IRAN, Azarbayjan-e-Shargui: próximo a Tatar, entre la granja de pavos y el centro de investigación, Garcia-Jacas, Mozaffarian, Susanna 1678& Vallès, 07.08.1996 (BC). ARMENIA, Ararat: cerca de Surenavan siguiendo la conducción de agua, a 1 km de la carretera, Fajvush, Gabrielyan, Garcia-Jacas, Guara, Hovannisyan, Susanna 1532, Tamanyan & Vallès, 19.08.1995 (BC). Para las medidas cuantitativas de los vilanos y los aquenios se usaron 10 semillas maduras. El estudio de la estructura del vilano se hizo con un estereoscopio Nikon 44762, previa humectación del vilano para ayudar a reconocer los distintos verticilos y facilitar la identificación del tipo de vilano (simple o doble). Para el estudio de la anatomía de los aquenios, éstos fueron tratados con laurilsulfato de sodio para reblandecer el material e hincharlo sin estropearlo (DAWSON, 1961), dejando hervir el material con el detergente al 5% durante 1 min e incubándolo con laurilsulfato de sodio al 30% durante 7-10 días a 20oC para evitar la precipitación del detergente; y posteriormente, dos lavados, el primero con abundante agua corriente y el último con alcohol 70o para evacuar el aire de los tejidos. Seguidamente, se fijó el material con formaldehído 40%, se realizó el proceso de deshidratación con lavados sucesivos de una hora cada uno con alcohol 70o, 80o, 96o, tres lavados con alcohol 99o y dos con xilol y, por último, se sometió el material a tres infiltraciones lentas con parafina líquida, dos de una hora y la tercera de dos horas. En un molde metálico se orientó la muestra y se recubrió con parafina líquida a 60o-65oC, consiguiendo un bloque de parafina a punto de cortar. Con un micrótomo Leitz 1512 se realizaron cortes de 5-6 μm, usando portaobjetos tratados con gelatina para evitar que los cortes se desprendieran durante el posterior proceso de rehidratación, consistente en sucesivos lavados de 10 min cada uno: xilol (3 lavados), alcohol 99o (2 lavados), alcohol 96o, alcohol 80o y alcohol 70o. Para finalizar, se realizó una tinción doble con fucsina ácida y "fast-green", siguiendo el protocolo de JOHANSEN (1940): lavados con agua corriente, alcohol 70o y alcohol 95o; tinción de 20 min con fucsina ácida 1% en alcohol 70o; lavado del exceso de colorante con agua corriente; lavado con alcohol 95o de 10 s; tinción con una solución de "fast-green" 0,5% en metilcellosolve/ alcohol absoluto/aceite de clavo (1:1:1); lavado con alcohol absoluto/aceite de clavo/xilol (1:1:1); lavado con xilol; montaje en bálsamo de Canadá. De cada especie estudiada se realizaron cortes longitudinales y transversales del aquenio, y fueron observados en un microscopio óptico Olympus U-TV1; se fotografiaron con una cámara digital Olympus Camedia C3030. Los esquemas de los cortes se dibujaron con una cámara clara asociada a un estereoscopio Leica NZ8. Las preparaciones permanentes están depositadas en el Laboratorio de Sistemática Molecular del Institut Botànic de Barcelona. Para este estudio se ha seguido la definición de vilano simple o doble hecha por DITTRICH (1970DITTRICH (, 1977) ) y para la descripción y interpretación de la anatomía de los aquenios se ha seguido la descripción realizada por HANAUSEK (1911). Las diferentes estructuras anatómicas se encuentran detalladas en la Fig. 1. das, prolongadas apicalmente en un diente, con una pequeña cresta apical. Vilano doble, blanquecino o amarillo pálido, caduco en anillo, plumoso, de ± 11-12 mm; vilano externo pluriseriado, páleas externas más cortas y vilano interno uniseriado. Epidermis uniestratificada recubierta por una cutícula muy desarrollada. Hipodermis con tres capas de células redondeadas. Tejido esclerenquimático externo poco desarrollado, con 5-6 capas de células poco lignificadas. Tejido esclerenquimático interno formado por 4-5 capas de células poco lignificadas; en la zona de las costillas, se encuentran los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis con 2 capas de células y una hipodermis con 7 capas con los haces intertegumentarios. Placa apical con el margen externo en ángulo recto, con células epidérmicas iguales a las del resto del aquenio y células esclerenquimáticas menos lignificadas. Aquenios obovoides de 7,5-8,5 x 4,5-5,5 mm, de contornos poco o nada angulosos, con una pequeña cresta apical, de color gris pálido a pardo, a veces con manchas oscuras, de superficie lisa o a veces rugosa en la zona apical. Vilano doble persistente, ± 10-11 mm, de color parduzco y pinnulado; vilano externo pluriseriado aumentando de tamaño de fuera a dentro; vilano interno mucho más corto que el externo y connivente. Hipodermis poco desarrollada de 1-2 capas de células bastante redondeadas. Tejido esclerenquimático externo de 7 capas de células poco lignificadas. Tejido esclerenquimático interno de 4-5 capas de células; en la zona de las costillas, se encuentran los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 4 capas de células y por 3 capas de células hipodérmicas donde se disponen los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical con el margen externo en ángulo recto, formada por células epidérmicas iguales a las del resto del aquenio y células hipodérmicas parenquimatosas poco lignificadas. (Fig. 6C) Aquenios obovoides o piriformes, de color amarillo pálido o pardo, muy variables, de 4,3-5,8 x 2,5-3,2 mm, de contornos poco angulosos y con una pequeña cresta apical poco marcada, de superficie lisa con la parte apical estriada o rugulada. Epidermis uniestratificada formada por células bastante grandes y redondeadas y recubierta por una cutícula bien desarrollada. Hipodermis poco desarrollada, de 2-3 capas de células redondeadas. Tejido esclerenquimático externo de 9 capas de células poco lignificadas. Tejido esclerenquimático interno de 3-4 capas de células; en la zona de las costillas se encuentran los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis delgada, con 2 capas de células y una hipodermis bien constituida de 8 capas de células donde se disponen los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical con el margen externo más o menos redondeado, pero formando un ligero ángulo, con células epidérmicas iguales a las del resto del aquenio y un aumento de capas de células hipodérmicas. Aquenios obovoides de 7,5-8,5 x 4-5 mm, de contorno cuadrangular con cuatro costillas muy prominentes, con una cresta apical marcada, de color parduzco claro y de superficie rugosa. Vilano doble, caduco o semicaduco en anillo, de color blanco a amarillo pálido, pinnulado, escábrido al tacto, ± 25-30 mm; vilano externo pluriseriado con las páleas externas más cortas hacia el exterior; el vilano interno con las páleas más anchas que las del vilano externo. Epidermis uniestratificada formada por células grandes y redondeadas y recubierta por una cutícula muy desarrollada. Hipodermis de 2-3 capas de células redondeadas. Tejido esclerenquimático externo de 7 capas de células pequeñas poco lignificadas; en la zona de las costillas hay un aumento del número de capas (± 20), muy poco lignificadas. Tejido esclerenquimático interno de 7 capas de células poco lignificadas; en la zona de las costillas, se encuentran los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 3 ca-pas de células y una hipodermis bien desarrollada (11 capas) donde están los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical con el margen externo en ángulo recto, formada por células epidérmicas iguales del resto del aquenio, y por células esclerenquimáticas poco lignificadas. Zona de abscisión lateral o subbasal. 2C;4A;5A;6D) Aquenios obovoides ± 7-7,5 mm, de contornos poco angulosos y con una pequeña cresta apical, de color amarillo pálido a parduzco, a veces manchados de negro, de superficie lisa o rugulosa. Vilano doble persistente, pinnulado; vilano externo de color parduzco a rojizo, ± 9,5-12,5 mm, aumentando de tamaño de fuera a dentro; vilano interno mucho más corto, ± 4 mm, connivente y a veces amarillo pálido. Epidermis uniestratificada formada por células redondeadas y recubierta de una cutícula bastante desarrollada, siendo mayor en la parte apical del aquenio. Hipodermis de 2 capas de células, algunas con pigmento oscuro en su interior. Tejido esclerenquimático externo poco desarrollado, de 6-8 capas de células medianamente lignificadas. Tejido esclerenquimático interno de 6 capas de células ± lignificadas; en la zona de las costillas se encuentran los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 3 capas de células y una hipodermis poco desarrollada donde se encuentran los haces intertegumentarios, la hipodermis está más desarrollada. Placa apical con el margen externo en ángulo recto, con células epidérmicas iguales al resto del aquenio y con un aumento de capas de células esclerenquimáticas. Carduncellus duvauxii Batt. & Trab. (Fig. 2D) Aquenios de 6-6,8 x 2,2-3 mm, obpiramidales, de contorno cuadrangular con cuatro costillas muy marcadas, prolongadas apicalmente en un diente, con una pequeña cresta apical, de color parduzco y de superficie rugosa. Vilano doble, caduco en anillo, de color amarillo pálido a rosado, plumoso, ± 14-15 mm; vilano externo pluriseriado aumentando de tamaño de fuera a dentro; vilano interno uniseriado con la páleas un poco más anchas que las del vilano externo. Epidermis uniestratificada formada por células más o menos redondeadas y recubierta por una cutícula bastante desarrollada. Tejido esclerenquimático externo de 5 capas de células pequeñas bastante lignificadas. Tejido esclerenquimático interno de 5 capas de células bastante lignificadas; en medio se encuentran los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis adelgazada, de 2 capas de células y una hipodermis poco desarrollada donde están los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical con el margen externo en ángulo recto, con células epidérmicas iguales al resto del aquenio y con un aumento del número de células hipodérmicas. Aquenios obpiramidales, de tamaño muy variable, de 5,1-8,9 x 2,2-2,5 mm, de contorno cuadrangular con cuatro costillas muy marcadas, prolongadas apicalmente en un diente, con una pequeña cresta apical, de color amarillento, parduzco o gris, y de superficie rugosa. Vilano doble, caduco en anillo, de color amarillo pálido, muy plumoso, ± 15-16 mm; vilano externo pluriseriado con las páleas bastante más estrechas que las páleas del vilano interno. Hipodermis adelgazada, de 3 capas de células redondeadas. Tejido esclerenquimático externo poco desarrollado, de 4 capas de células poco lignificadas. Tejido esclerenquimático interno poco desarrollado, de 3-4 capas de células poco lignificadas; en la zona de las costillas, se encuentran los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 3 capas de células y una hipodermis de 3-5 capas de células donde se encuentran los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical con el margen externo en ángulo recto, con células epidérmicas iguales a la del resto del aquenio y células esclerenquimáticas grandes y poco lignificadas. Aquenios obovoides de 4,5-5,3 x 1,5-2,1 mm, de contorno poco o nada anguloso y con una cresta apical muy poco marcada, de color amarillo pálido y de superficie lisa. Vilano doble, persistente o semicaduco, pinnulado; vilano externo de color blanquecino o amarillento, a veces teñido de color magenta, aumentando el tamaño de fuera a dentro, ± 8-10 mm; vilano interno de color amarillo pálido, connivente, con las páleas más cortas (± 3,5 mm) y más anchas que el vilano externo. Epidermis uniestratificada formada por células pequeñas y poco redondeadas y recubierta por una cutícula escasamente desarrollada. Tejido esclerenquimático de 13-14 capas de células muy poco lignificadas con abundantes cristales de oxalato cálcico. Cuatro haces vasculares se disponen dentro del tejido esclerenquimático; en las zonas de las costillas del aquenio, los vasos excretores se disponen sobre haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 2 capas de células y 3-5 capas de células hipodérmicas con los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical con el margen externo en ángulo recto, formada por células epidérmicas no diferentes del resto del aquenio y células esclerenquimáticas poco lignificadas. Carduncellus hispanicus Boiss. ex DC. Aquenios obovoides u obpiramidales, de 4-5,5 x (1,5)1,8-2 mm, con cuatro costillas poco marcadas y una pequeña cresta apical, de color amarillo pálido a parduzco, a veces más oscura en la parte basal y de superficie lisa o rugulada, siendo más rugosa hacia la zona apical. Vilano doble, caduco en anillo, de color blanco a amarillo pálido, plumoso, ± 10-11 mm; vilano externo pluriseriado, con las páleas más externas más cortas que las internas; vilano interno uniseriado. Epidermis uniestratificada formada por células redondeadas y recubierta por una cutícula desarrollada. Tejido esclerenquimático externo poco desarrollado, de 3-4 capas de células escasamente lignificadas. Tejido esclerenquimático interno poco desarrollado, de 2-3 capas de células escasamente lignificadas; en la zona de las costillas, se encuentran los haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 2-3 capas de células y una hipodermis de 3-4 capas con los haces vasculares intertegumentarios. Aquenios obovoides de 2,8-3,5 x 1,4-1,6 mm, de sección cuadrangular marcada con cuatro costillas prominentes, con una cresta apical poco marcada, de color amarillo pálido a gris parduzco y superficie lisa. Vilano doble con páleas caducas individualmente, de color blanco a amarillo pálido, pinnulado, ± 6,5 mm; vilano externo pluriseriado, las páleas más externas más cortas; vilano interno más corto con las páleas de anchura similar a las del vilano externo. Epidermis uniestratificada formada por células aplanadas, a veces con pigmento oscuro, y recubierta por una cutícula bastante desarrollada. Tejido esclerenquimático de 13 capas de células muy poco lignificadas, las más internas más lignificadas; dentro se encuentran abundantes cristales de oxalato cálcico. Cuatro haces vasculares se disponen dentro del tejido esclerenquimático, en las zonas de las costillas del aquenio; los vasos excretores se disponen sobre los haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 2 capas de células y 7 capas de células hipodérmicas con los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical con el margen externo ligeramente en ángulo recto, formada por células epidérmicas y esclerenquimáticas no diferentes del resto del aquenio. Aquenios obpiramidales, de 5,5-6,5 mm, con cuatro costillas muy evidentes y una cresta apical poco marcada, de color parduzco, a veces con la parte basal de color amarillo pálido, de superficie rugulada, a veces rugosa. Vilano doble, caduco en anillo, blanquecino, pinnulado, de hasta 27 mm de longitud; vilano externo pluriseriado, más corto en los verticilos más externos; vilano interno uniseriado, de longitud similar y con las páleas un poco más anchas que las del vilano externo. En la zona apical del aquenio, dentro las células epidérmicas, se encuentra pigmento oscuro dispuesto de manera dispersa. Hipodermis de 2 capas de células redondeadas. Tejido esclerenquimático externo bien desarrollado, de 7-9 capas de células escasamente lignificadas, las capas más interiores más lignificadas. Tejido esclerenquimático interno de 6 capas de células poco lignificadas; en la zona de las costillas, se encuentran los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis adelgazada, de 2 capas de células, y una hipodermis poco desarrollada, de 3-4 capas de células con los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical con el margen externo en ángulo recto, formada por células epidérmicas y esclerenquimáticas iguales del resto del aquenio. (Fig. 2F) Aquenios de 4,5-6 x 2,5-3,2 mm, obpiramidales, con cuatro costillas muy marcadas y una pequeña cresta apical, de color amarillo pálido, grisáceo o parduzco, a veces con la parte basal más clara, de superficie rugosa, principalmente hacia el ápice. Vilano doble, caduco en anillo, pinnulado, ± 25 mm, blanquecino, a veces parduzco en la zona del anillo; vilano externo pluriseriado con las páleas más externas más cortas; vilano interno con las páleas más anchas. Epidermis uniestratificada formada por células aplanadas y recubierta por una cutícula bastante desarrollada. Hipodermis de 1-2 capas de células pequeñas. Tejido esclerenquimático externo bien desarrollado, de 10 capas de células poco lignificadas, las más internas más lignificadas. Tejido esclerenquimático interno de 3 capas de células pequeñas poco lignificadas; en la zona de las costillas se encuentran los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 3 capas de células y una hipodermis muy desarrollada, ± 15 capas de células donde están los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical con el margen externo en ángulo recto, formada por células epidérmicas y esclerenquimáticas no diferentes del resto del aquenio. Aquenios obpiramidales de (7)8,5-9,5(10) x 4,6-5,5 mm, de sección cuadrangular con cuatro costillas muy marcadas, prolongadas apicalmente en un diente, y una cresta apical prominente, de color parduzco y de superficie rugosa. Vilano doble, caduco en anillo, de color amarillo pálido, pinnulado, escábrido al tacto, ± 25-35 mm; vilano externo pluriseriado, siendo las páleas más externas, más cortas; vilano interno de longitud similar y con las páleas más anchas que el externo y a veces un poco más oscuras. Epidermis uniestratificada formada por células redondeadas o un poco irregulares y recubierta por una cutícula poco desarrollada. Hipodermis poco desarrollada, de una capa de células redondeadas. Tejido esclerenquimático externo de 7-9 capas de células poco lignificadas. Tejido esclerenquimático interno, de 5-6 capas de células poco lignificadas; en la zona de las costillas se encuentran los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis adelgazada, de 2-3 capas de células y una hipodermis poco desarrollada, de 3 capas de células donde están los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical con el margen externo en ángulo recto, formada por células epidérmicas no diferentes del resto del aquenio, células hipodérmicas y esclerenquimáticas más grandes y poco lignificadas. (Fig. 7B) Aquenios obpiramidales de 5-5,8 x 2,3-2,8 mm, de sección cuadrangular con cuatro costillas muy marcadas, prolongadas apicalmente en un diente y una cresta apical prominente, de color amarillo pálido y de superficie rugosa. Epidermis uniestratificada formada por células aplanadas y recubierta por una cutícula bien desarrollada. Tejido esclerenquimático externo de 6-7 capas de células medianamente lignificadas. Tejido esclerenquimático interno poco desarrollado, de 4-5 capas de células medianamente lignificadas; en la zona de las costillas se encuentran los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis adelgazada, de 2 capas de células y una hipodermis poco desarrollada, de 3 capas de células con los haces vasculares intertegumentarios. Zona de abscisión subbasal o lateral. Aquenios obpiramidales de 5,5-6,2 mm, de sección cuadrangular, con cuatro costillas prominentes y cresta apical marcada, de color amarillo pálido a parduzco, a veces más claro en la parte basal y de superficie rugosa. Vilano doble, caduco en anillo, de color blanco, plumoso, ± 14-15 mm; vilano externo pluriseriado, aumentando de tamaño de 6 x (1)1,5-2,1 mm, estrechos y alargados, de superficie cuadrangular con cuatro costillas muy marcadas, con un diente apical muy prominente y cresta apical muy evidente, de color amarillo pálido a parduzco claro y de superficie lisa. Epidermis uniestratificada formada por células redondeadas y recubierta por una cutícula bastante desarrollada. Hipodermis poco desarrollada, de una capa de células. Tejido esclerenquimático externo de 4-5 capas de células pequeñas poco lignificadas. Tejido esclerenquimático interno poco desarrollado, de 3 capas de células poco lignificadas; en la zona de las costillas se encuentran los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis adelgazada, de 2 capas de células y una hipodermis de 5-6 capas de células con los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical con el margen externo en ángulo recto, formada por células epidérmicas no diferentes del resto del aquenio y un aumento de células hipodérmicas. Carthamus gypsicola Iljin (Fig. 7C) Aquenios obovoides de 3,9-4,5 x 2,6-2,9 mm, de sección circular, sin cresta apical, de color blanco a gris parduzco, a veces manchados y de superficie lisa y brillante. Hipodermis de 1-2 capas de células adelgazadas que contienen pigmento en su interior; a veces, también se encuentra este pigmento en las células epidérmicas. Tejido esclerenquimático externo bien desarrollado, de 11-13 capas de células bien lignificadas. Tejido esclerenquimático interno de 5-6 capas de células donde se encuentran los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 3-4 capas de células y una hipodermis poco desarrollada (1 capa de células) donde están los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical redondeada, formada por células epidérmicas no diferentes del resto del aquenio y una disminución progresiva de células esclerenquimáticas; no se han observado células en cojín. Carthamus oxyacantha M. Bieb. Aquenios obovoides de 4,1-4,8 x 2,5-3 mm, de sección elíptica, sin cresta apical, de color blanco a gris parduzco, a veces manchados y de superficie lisa y brillante. Epidermis uniestratificada formada por células rectangulares y recubierta por una cutícula bastante desarrollada. Hipodermis de 3 capas de células pequeñas que contienen pigmentos oscuros en su interior; a veces se encuentra este pigmento en las células epidérmicas. Tejido esclerenquimático externo poco desarrollado, de 4 capas de células lignificadas. Tejido esclerenquimático interno de 3 capas de células pequeñas lignificadas con cristales de oxalato cálcico y con los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 3 capas de células y una hipodermis poco desarrollada, de 1-2 capas de células, donde están los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical redondeada, formada por células epidérmicas no diferentes del resto del aquenio y una disminución de células esclerenquimáticas hacia la zona más apical. (Fig. 7E) Aquenios obovoides de 7,7-8,7 x 4-3,4 mm, de sección elíptica, sin cresta apical, de color blanco o amarillo pálido, de superficie lisa, a veces rugulada en la parte apical. Epidermis uniestratificada formada por células rectangulares y recubierta por una cutícu-la poco desarrollada. Hipodermis de 3 capas de células, algunas con pigmento oscuro en su interior. Tejido esclerenquimático externo de capas de células lignificadas con cristales de oxalato cálcico. Tejido esclerenquimático interno de 5 capas de células pequeñas lignificadas donde se encuentran los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis y una hipodermis con 3 capas de células cada una donde están los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical redondeada, formada por células epidérmicas no diferentes del resto del aquenio. Aquenios obpiramidales de 4-4,5 x 1,5-2 mm. Aquenios externos generalmente oscuros, rugosos, de sección cuadrangular con 4 nervios muy marcados y sin vilano. Aquenios internos con una pequeña cresta apical, de color amarillo pálido a parduzco, a veces manchados de gris, de superficie lisa, rugulada o rugosa en el ápice, con vilano doble pluriseriado de color amarillo pálido a parduzco de 6,5-7 mm de longitud, con páleas anchas y escábridas. Vilano externo pluriseriado con las páleas más externas truncadas y de menor tamaño, y las más internas agudas y más largas; vilano interno connivente, con las páleas más externas agudas, tan largas como las del vilano externo, las más internas son truncadas y más cortas. No se ha estudiado la anatomía del aquenio. (Fig. 3B) Aquenios obpiramidales de 4,4-5 x 2,5-3,8 mm. Aquenios externos muy irregulares, de color amarillo pálido a parduzco oscuro, rugosos, de sección cuadrangular y sin vilano. Aquenios internos con una pequeña cresta apical, de color amarillo pálido a veces con manchas grises o parduzcas, de superficie lisa, rugulada en el ápice, con vilano doble pluriseriado de color amarillo pálido a parduzco, de 6-7 mm de longitud, con páleas anchas y escábridas. Vilano externo pluriseriado con las páleas más exter-nas truncadas, de menor tamaño y las internas agudas y más largas; vilano interno connivente, con las páleas más externas agudas y tan largas como las del vilano externo, mientras que las más internas son truncadas y de menor tamaño. Epidermis uniestratificada formada por células rectangulares y recubierta por una cutícula bien desarrollada, principalmente en la parte apical del aquenio. Hipodermis de 1-2 capas de células ± redondeadas. Tejido esclerenquimático externo de 7 capas de células medianamente lignificadas. Tejido esclerenquimático interno de 4-5 capas de células pequeñas bastante lignificadas; en medio se encuentran los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 3 capas de células y una hipodermis de 8-10 capas, donde están los haces vasculares intertegumentarios. Aquenios obpiramidales de 4,8-6 x 3,1-3,5 mm. Aquenios externos muy irregulares, oscuros, rugosos, de sección cuadrangular y sin vilano. Aquenios internos con una pequeña cresta apical, grisáceos o parduzcos, de superficie lisa y rugulada en el ápice, con vilano doble pluriseriado amarillo pálido o parduzco, ± 9 mm de longitud, con páleas anchas y escábridas. Vilano externo pluriseriado con las páleas más externas truncadas de menor tamaño, y las internas agudas y más largas; vilano interno connivente, con las páleas agudas y tan o más largas que las externas. Epidermis uniestratificada formada por células rectangulares y recubierta por una cutícula poco desarrollada, principalmente en la parte apical del aquenio. Hipodermis poco constituida, de 2 capas de células pequeñas y redondeadas. Tejido esclerenquimático externo de 8-11 capas de células poco lignificadas. Tejido esclerenquimático interno delgado, con 4 capas de células pequeñas poco lignificadas con los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 2-3 capas de células y una hipodermis poco constituida donde están los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical horizontal con 1-2 capas de células en cojín. Aquenios obpiramidales de 5,5-6,5 x 3,3-4,5 mm. Aquenios externos rugosos, oscuros y sin vilano; aquenios internos con una pequeña cresta apical, de color gris, de superficie lisa o rugulada en la mitad apical y con un vilano doble pluriseriado, amarillo pálido o parduzco, a veces con manchas rojizas, de 13-16,5 mm de longitud, con páleas anchas y escábridas. Vilano externo pluriseriado, las páleas más externas truncadas y de menor tamaño y las internas agudas, más largas; vilano interno connivente, con las páleas más externas agudas y tan largas como las del vilano externo, mientras que las más internas son truncadas y de menor tamaño. Epidermis uniestratificada formada por células rectangulares y recubierta por una cutícula poco desarrollada, excepto en la parte apical del aquenio. Tejido esclerenquimático externo de 8 capas de células no muy lignificadas, las más internas más lignificadas. Tejido esclerenquimático interno de 5 capas de células bastante lignificadas con los cuatro haces vasculares. Testa con una epidermis de 2-3 capas de células y una hipodermis de 3 capas de células con los haces vasculares intertegumentarios. Aquenios obpiramidales de 4-5,5 x 2,6-3,5 mm. Aquenios externos irregulares, de color pardo oscuro, muy rugosos, de sección cuadrangular y sin vilano. Aquenios internos con una pequeña cresta apical, de color amarillo pálido, gris o parduzco claro, a veces con manchas oscuras, de superficie lisa, rugulada o rugosa al ápice, con vilano doble pluriseriado de color parduzco de 8,5-9,5 mm de longitud máxima, con páleas anchas y escábridas. Vilano externo pluriseriado con las páleas más externas truncadas y de menor tamaño, y las internas acuminadas y más largas; vilano interno connivente, con la mayoría de páleas cortas y truncadas, a veces amarillo pálido. Epidermis uniestratificada formada por células rec-tangulares y recubierta por una cutícula bien desarrollada. Hipodermis de 3-4 capas de células más o menos redondeadas. Tejido esclerenquimático externo de 11 capas de células poco lignificadas, con algún cristal de oxalato cálcico. Tejido esclerenquimático interno poco desarrollado, de 3-4 capas de células más lignificadas con los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 2-3 capas de células y una hipodermis poco desarrollada, de 3 capas, con los haces vasculares intertegumentarios. Aquenios obpiramidales de 4,5-5,5 x 2,5-3,5 mm. Aquenios externos muy irregulares, oscuros y rugosos, bastante irregulares y sin vilano. Aquenios internos con una pequeña cresta apical, de color amarillo pálido a veces con manchas grises o pardas, de superficie lisa y rugulada en el ápice, con vilano doble pluriseriado amarillo pálido o rojizo-parduzco, de 10-10,5 mm de longitud, con páleas anchas y escábridas. Vilano externo pluriseriado con las páleas más externas truncadas, a veces de color amarillo pálido y de menor tamaño y las internas agudas y más largas; vilano interno connivente, a veces con algunas páleas más agudas y casi tan largas como las externas, rojizas o parduzcas pero mayoritariamente de color amarillo pálido, truncadas y de menor tamaño. Hipodermis de 2-3 capas de células más o menos redondeadas. Tejido esclerenquimático externo de 10-14 capas de células muy lignificadas. Tejido esclerenquimático interno de 4-5 capas de células muy lignificadas con los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 2 capas de células y una hipodermis de 2 capas de células con los haces vasculares intertegumentarios. Aquenios obpiramidales de 3-3,5 x 1,8-2,2 mm. Aquenios externos irregulares, de color gris parduzco a parduzco oscuro, rugosos, de sección cuadrangular y sin vilano. Aquenios internos con una pequeña cresta apical, grisáceos o parduzcos, de superficie lisa, rugulada en el ápice, con vilano doble pluriseriado de color amarillo pálido o parduzco de 6-6,5 mm de longitud, con páleas anchas y escábridas. Vilano externo pluriseriado con las páleas más externas truncadas, de menor tamaño y las internas acuminadas y más largas; el vilano interno connivente, con las páleas truncadas y de menor tamaño. Epidermis uniestratificada formada por células rectangulares, algunas de ellas con pigmento oscuro en su interior, y recubierta por una cutícula bien desarrollada. Hipodermis poco desarrollada de 2 capas de células con pigmento oscuro en su interior. Tejido esclerenquimático externo de 10 capas de células muy lignificadas. Tejido esclerenquimático interno de 3-5 capas de células muy lignificadas con cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 3 capas de células y una hipodermis muy poco desarrollada con los haces vasculares intertegumentarios. Aquenios obpiramidales de 4,4-5 x 2,5-2,8 mm, de color amarillo pálido o gris claro, de contorno elíptico, de superficie lisa, a veces rugulada en el ápice, con vilano doble pluriseriado de color amarillo pálido a parduzco, de 3,5-4,5 mm de longitud, con páleas no muy anchas y escábridas. Vilano externo pluriseriado con las páleas truncadas o obtusas, a veces de color amarillo pálido, las más externas de menor tamaño que las más internas; vilano interno connivente, con las páleas más cortas, violáceas y truncadas. No se han observado aquenios externos de morfología diferente. Hipodermis bien constituida, de 3-4 capas de células más o menos redondeadas. Tejido esclerenquimático externo de 5-6 capas de células poco lignificadas. Tejido esclerenquimático interno poco desarrollado, de 4-5 capas de células más lignificadas con los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 3 capas de células y una hipodermis muy poco constituida y con los haces vasculares intertegumentarios. (Fig. 8B) Aquenios obpiramidales, de 4-5 x 2-3,2 mm. Aquenios externos muy irregulares, marrones, rugosos, de sección cuadrangular y sin vilano. Aquenios internos con una pequeña cresta apical, amarillos pálido o grises, a veces manchados de pardo, de superficie lisa con vilano doble pluriseriado de color amarillo pálido a marrón claro de 9-10 mm de longitud, con páleas anchas y escábridas. Vilano externo pluriseriado con las páleas más externas truncadas, de menor tamaño, y las internas agudas y más largas; vilano interno connivente, con las páleas más externas agudas o acuminadas, tan largas como las del vilano externo, las más internas son truncadas y de menor tamaño, a veces más pálidas que las del vilano externo. Tejido esclerenquimático externo ± 8 capas de células pequeñas y lignificadas. Tejido esclerenquimático interno poco desarrollado, ± 6 capas de células pequeñas bien lignificadas con los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 3 capas de células y una hipodermis muy poco desarrollada y con los haces vasculares intertegumentarios. Aquenios obpiramidales de 4,2-5,5 x 2,5-3,5 mm. Aquenios externos muy irregulares, oscuros, rugosos, de sección cuadrangular y sin vilano. Aquenios internos de color amarillo pálido o parduzco con una pequeña cresta apical, a veces con manchas oscuras, de superficie lisa y rugulada en el ápice, con vilano doble pluriseriado amarillo pálido o parduzco, de 9-10 mm de longitud, con páleas anchas y escábridas. Vilano externo pluriseriado con las páleas más externas truncadas, de menor tamaño y las internas agudas y más largas; vilano interno connivente, con las páleas de igual tamaño o ligeramente menor que las externas. Tejido esclerenquimático externo de 9 capas de células bastante lignificadas. Tejido esclerenquimático interno de 4-5 capas de células más lignificadas, con los cuatro haces vasculares. Testa formada por una epidermis de 3 capas de células y una hipodermis poco desarrollada con los haces vasculares intertegumentarios. 3E;8C;8D) Aquenios obovoides de 2-2,5 x 1,3-1,6 mm, de color amarillo pálido o parduzco con cuatro costillas poco marcadas y una pequeña cresta apical y de superficie lisa o un poco estriada. Vilano doble, caduco en anillo, parduzco, pinnulado, ± 4-4,5 mm; el vilano externo es pluriseriado, siendo las páleas más externas más cortas; el vilano interno con las páleas más anchas y más cortas que las externas. Tejido esclerenquimático de ± 8 capas de células, con un aumento de la lignificación de fuera a dentro. Dispersos es este tejido se encuentra gran cantidad de cristales de oxalato cálcico. Cuatro haces vasculares poco desarrollados se disponen dentro del tejido, en las cuatro costillas del aquenio. Se encuentran pigmentos oscuros dentro la epidermis y en la primera o segunda capa de células esclerenquimáticas. No se observan haces excretores bien desarrollados. Testa formada por una epidermis de 3 capas de células y por 2 capas de células hipodérmicas, donde están los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical horizontal con el margen externo en ángulo recto, formada por células epidérmicas no diferentes del resto del aquenio y células esclerenquimáticas poco lignificadas. Aquenios obovoides a obpiramidales de 4,8-5,5 x 2,2-2,8 mm, de color amarillo pálido o parduzco de sección cuadrangular con cuatro costillas bastante marcadas y una cresta apical poco evidente, a veces manchados de negro en la porción basal y de superficie rugosa. Vilano doble y caduco (las páleas se desprenden individualmente con mucha facilidad), pinnulado, de color amarillo pálido a pardo, ± 5 mm. Vilano externo pluriseriado con las páleas más externas más cortas; vilano interno más corto que el externo. El pericarpo no está diferenciado. Epidermis uniestratificada formada por células redondeadas, con mayor grosor en la zona de las costillas y recubierta por una cutícula gruesa. Tejido esclerenquimático de 16-20 capas de células medianamente lignificadas; dispersos se encuentran muchos cristales de oxalato cálcico. Cuatro haces vasculares se disponen dentro de este tejido en las cuatro costillas del aquenio. Dentro la primera capa de estas células se encuentra pigmentos oscuros. No se encuentran haces excretores bien desarrollados, pero hay rudimentos de vasos o canales excretores dispersos radialmente en el tejido esclerenquimático y próximos a los haces vasculares. Testa formada por una epidermis adelgazada, de 3 capas de células, y una capa de células hipodérmicas poco desarrollada, con los haces vasculares intertegumentarios. Placa apical con el margen externo en ángulo recto, formada por células epidérmicas no diferentes del resto de células epidérmicas del aquenio y células esclerenquimáticas menos lignificadas. Aquenios muy similares a los de P. arborescens, de 4,7-5,7 x 2,3-2,6 mm, obovoides a obpiramidales, de sección cuadrangular con cuatro costillas bastante marcadas y una cresta apical más o menos evidente, de color amarillo pálido a parduzco, a veces manchados de negro y de superficie lisa o rugulada, a veces rugosa. De forma general, se considera que el vilano simple es un carácter más primitivo que el vilano doble (DITTRICH, 1968b; BREMER, 1994) dado que el vilano simple es muy escaso dentro de las Centaureinae y muy frecuente en las Carduinae (DITTRICH, 1977; BREMER, 1994; SUSANNA & GARCIA-JACAS, 2007). Sin embargo, también se considera que las reversiones posteriores de vilano doble a simple es un proceso bastante frecuente (DITTRICH, 1968b(DITTRICH,, 1977)). No obstante, el tipo de vilano se usó para la segregación de las especies de Carduncellus que presentan un vilano doble bien diferenciado como un género aparte, Lamottea (POMEL, 1860; LÓPEZ GONZÁLEZ, 1990) o para la inclusión de estas especies dentro del género Carthamus (BOISSIER, 1875; BATTANDIER, 1890). En general, todas las especies del complejo Carduncellus-Carthamus presentan vilano doble. Muchas veces se encuentra una clara diferenciación entre los dos verticilos como es el caso del género Carthamus, algunas especies de Carduncellus (las incluidas por algunos autores dentro del género Lamottea o Carthamus), y también en Carduncellus fruticosus. El resto de especies de Carduncellus y Femeniasia presentan un vilano con un anillo que une los dos verticilos. Estos casos muestran las características de vilano doble definidas por DITTRICH (1977): (a) páleas del vilano externo con un incremento de la longitud de fuera a dentro, y (b) una diferencia en la morfología de los dos verticilos, ya que las páleas más internas son más anchas y largas que el resto. DITTRICH (1969) consideró que todas las especies que presentaban el vilano soldado en anillo tenían vilano doble, con la excepción de Carduncellus mitissimus y C. monspelliensium a quien les adjudicó un vilano simple, porque las diferencias entre los dos verticilos son poco evidentes. Pero estas disimilitudes son obvias cuando se humedece el vilano, ya que las páleas del vilano interno y externo se extienden en sentido contrario, quedando una estructura globosa. Este diferente comportamiento de las páleas está originado por la morfología distinta de los dos verticilos. La dificultad para evaluar si un vilano es simple o doble ya fue señalada por WAGENITZ & HELLWIG (1996) y se puede ejemplarizar en el género Phonus (Fig. 3F), ya que distintos autores han descritos las especies de este género con el vilano simple (BATTANDIER, 1890; HANELT, 1963; LÓPEZ GONZÁLEZ, 1998) o con el vilano doble (DITTRICH, 1969; LÓPEZ GONZÁLEZ, 1990). La dificultad radica en que su vilano es caduco y las páleas se desprenden una a una con mucha facilidad, principalmente las del vilano interno. El vilano caduco encontrado en Carduncellus, Femeniasia y Phonus, en realidad, es un vilano facultativamente caduco. Su caducidad es dependiente de factores ecológicos, como puede ser el grado de humedad, permitiendo a estas especies tener una estrategia de dispersión mixta (SHMIDA, 1985; LÓPEZ GONZÁLEZ, 1998). Por otro lado, la morfología de las páleas (grosor, ornamentación) varía entre las distintas especies de los género, por lo que no es un carácter determinante de género pero sí se mantiene constante en el nivel específico (BREMER, 1994). A modo de resumen, las especies del complejo Carduncellus-Carthamus se podrían dividir en tres grupos según su estructura del vilano: (i) especies con un vilano persistente y claramente diferenciado en dos verticilos (Figs. 2B; 2C; 2E; 3B; 3D), (ii) especies con un vilano doble caduco con las páleas soldadas en anillo (Figs. 2A; 2D; 2F; 3A; 3E), y (iii) especies con un vilano doble caduco con las páleas no soldadas (Fig. 3F). Para estudiar la evolución de la estructura del vilano dentro del complejo, hemos usado la filogenia de la región ITS del ADN ribosómico nuclear (VILATERSANA et al., 2000) y, sobre este árbol, distribuimos los distintos estados de este carácter (Fig. 9). Encontramos que en el género Carthamus el vilano doble persistente se mantiene Figura 9. Distribución de los estados del carácter tipo de vilano sobre la filogenia ITS del ADN ribosómico nuclear. Distribución de los estados del carácter estructura del pericarpo sobre la filogenia ITS del ADN ribosómico nuclear. constante, mientras que el clado Carduncellus s. l., que incluye Carduncellus, Femeniasia y Phonus, este carácter ha presentado diferentes reversiones (Fig. 9). Estos resultados apoyan la idea de DITTRICH (1969) de que no se puede utilizar la morfología del vilano para la diferenciación de los géneros en el complejo. La anatomía del pericarpo presenta algunos caracteres usados para delimitar genéricamente el complejo Carthamus-Carduncellus. En primer lugar, DITTRICH (1968c) señaló que la consistencia del pericarpo era un carácter importante para la separación de géneros, y LÓPEZ GONZÁLEZ (1990) segregó el género Phonus de Carthamus (sect. Thamnacanthus; HANELT, 1969) cambio, en Carthamus este carácter es estable y todas las especies presentan un pericarpo diferenciado (Fig. 10). En la placa apical también se encuentran caracteres que pueden ayudar a separar genéricamente el complejo Carthamus-Carduncellus, como pueden ser la existencia de células epidérmicas especiales (células en cojín) y también la propia forma de la placa apical. En algunas especies se encuentran células del cojín ("Polsterzellen"; DITTRICH, 1968aDITTRICH,, 1969)), que son células epidérmicas especiales con paredes delgadas y alargadas anticlinalmente a la superficie de la placa apical y que sirven para almacenar agua (Fig. 7F; DITTRICH, 1968a; ROTH, 1977). Encontramos estas células epidérmicas especiales bien desarrolladas en la placa apical en todas las especies de Carthamus sect. Atractylis mientras que en las especies estudiadas de la sect. No obstante, DITTRICH (1969) las cita como rudimentarias en las especies de esta sección. En Carduncellus, Phonus y Femeniasia, la placa apical no presenta células epidérmicas bien diferenciadas. Al distribuir los estados de este carácter en la filogenia ITS del complejo, vemos que este carácter parece tener validez. Por un lado, en las especies del clado Carduncellus s. l. no se encuentra diferenciación epidérmica de la placa apical y generalmente este carácter va asociado a una placa apical en ángulo recto (Figs. 4A-4E; 7B; 8C) con la excepción de C. calvus que presenta una placa apical redondeada. Por el contrario, en el clado Carthamus encontramos por un lado, dentro de la sect. Carthamus especies con una placa apical redondeada (Fig. 4F) y con trazas de células en cojín, y en el resto encontramos una placa apical horizontal debido a la presencia de estas células especializadas, las células en cojín, bien desarrolladas (Fig. 1A; 4G-4H; 7F); este carácter es diferencial para el género Carthamus. Aparte de estos caracteres, hemos podido detectar que en la mayoría de especies de Carduncellus hay poca lignificación y, además, muchas especies tienen la capa esclerenquimática externa formada por pocas capas de células (Figs. 6A-6D; 7A; 7B), mientras que en las especies de Carthamus hay una mayor lignificación. Otros caracteres como la presencia de pigmentos oscuros en la epidermis o hipodermis o la presencia de oxalato cálcico, parecen no tener ninguna importancia taxonómica. Como conclusión, se ha observado que algunos caracteres morfoanatómicos de los aquenios, principalmente de la placa apical, diferencian los dos clados de la filogenia ITS: por un lado el género Carthamus y por otro el clado Carduncellus s. l. Clave de clasificacion genérica por los caracteres del aquenio
Günther W. H. Kunkel (1928Kunkel ( -2007) ) A. SUSANNA En 2007, nuestro buen amigo Günther Kunkel murió en Vélez Rubio, donde vivía feliz entregado a su jardín del desierto, a sus libros y a sus divertidísimas a la vez que lúcidas "Hojas Sueltas". La historia de su marcha de las Islas es tan triste como reconfortante ha sido ahora su nombramiento pós-tumo como hijo adoptivo de Canarias junto con su mujer, la ilustradora botánica Mary Anne. Su experiencia de campo en medio mundo (Oriente En 2007, nuestro buen amigo Günther Kunkel murió en Vélez Rubio, donde vivía feliz entregado a su jardín del desierto, a sus libros y a sus divertidísimas a la vez que lúcidas "Hojas Sueltas". La historia de su marcha de las Islas es tan triste como reconfortante ha sido ahora su nombramiento póstumo como hijo adoptivo de Canarias junto con su mujer, la ilustradora botánica Mary Anne. Su experiencia de Günther Kunkel (fotografía cedida por Mary Anne Kunkel). Próximo, Sudamérica, África y las Canarias) le dieron un cosmopolitismo en su forma de acercarse a la vegetación que es patente en todos sus trabajos. La botánica académica le trató a veces -con gran sentimiento por su parte-con cierta displicencia y todos tenemos una deuda de reconocimiento con la fi gura de Kunkel, que estas líneas en Collectanea Botanica quieren saldar. campo en medio mundo (Oriente Próximo, Sudamérica, África y las Canarias) le dieron un cosmopolitismo en su forma de acercarse a la vegetación que es patente en todos sus trabajos. La botánica académica le trató a veces -con gran sentimiento por su parte-con cierta displicencia y todos tenemos una deuda de reconocimiento con la fi gura de Kunkel, que estas líneas en Collectanea Botanica quieren saldar.
El día treinta de septiembre de 2009 moría, tras larga enfermedad en Madrid, Santiago Castroviejo Bolibar, nacido el año 1946 en Moaña (Pontevedra). La fl ora más completa que teníamos el siglo pasado estaba en latín y mediado dicho siglo se inició la Flora Europaea, lo que pudo propiciar también el comienzo posterior de la nuestra, con la dedicación de Castroviejo al proyecto de su vida. Recuerdo intentos anteriores y en especial la Primera Reunión de Botánica Peninsular al norte de Portugal: era el año 1948 y se habló de la fl ora pero nadie se atrevió a emprenderla. Proyectamos en Gerês los estudios monográfi cos sobre géneros difíciles, como fueron los realizados por Carlos Vicioso, Mariano Losa, Abilio Fernándes y su esposa, etc. Ya en la III Reunión celebrada en el Algarve El día treinta de septiembre de 2009 moría, tras larga enfermedad en Madrid, Santiago Castroviejo Bolibar, nacido el año 1946 en Moaña (Pontevedra). La fl ora más completa que teníamos el siglo pasado estaba en latín y mediado dicho siglo se inició la Flora Europaea, lo que pudo propiciar también el comienzo posterior de la nuestra, con la dedicación de Castroviejo al proyecto de su vida. portugués, 1968, discutimos mucho el nombre, la denominación del Proyecto, y se acabó sin concretar nada, por estar absorbidos los escasos taxónomos en sus colaboraciones para la citada Flora Europaea. La fl ora de Oriol de Bolòs y Josep Vigo es Flora Básica para Flora iberica y con Santiago comentamos su volumen tercero el año 1997, en Anales Jardín Botánico de Madrid, 55 (1):234-240. Y con esa base, estamos todos preparados para que se pueda completar Flora iberica: así, su conclusión será nuestro mejor homenaje, a él y a su memoria. portugués, 1968, discutimos mucho el nombre, la denominación del Proyecto, y se acabó sin concretar nada, por estar absorbidos los escasos taxónomos en sus colaboraciones para la citada Flora Europaea. La fl ora de Oriol de Bolòs y Josep Vigo es Flora Básica para Flora iberica y con Santiago comentamos su volumen tercero el año 1997, en Anales Jardín Botánico de Madrid, 55 (1): 234-240. Y con esa base, estamos todos preparados para que se pueda completar Flora iberica: así, su conclusión será nuestro mejor homenaje, a él y a su memoria.
Gastridium phleoides (Nees & Meyen) C. E. Hubb. fue descrito inicialmente de Chile en el año 1843 bajo el nombre Lachnagrostis phleoides (SCHOLZ, 1986), de una población cuyo origen se desconocía. Con el paso de los años, plantas del este del mediterráneo fueron atribuidas a este taxón, y se iba ampliando el conocimiento de su distribución en las tierras del sur de la cuenca mediterránea y SO de Asia (TUTIN, 1980). Posteriormente se encontró en otras localidades mediterráneas (SCHOLZ, 1986; JAUZEIN, 2003) hasta que, en nuestros días, se reconoce como una especie con una distribución circunmediterránea. A pesar de su aspecto tan parecido a G. ventricosum (Gouan) Schinz & Thell., la morfología de la cariopsis, y su distribución en zonas mediterráneas de influencia marítima aconsejan la conservación del rango específico para este taxón. La similitud de G. phleoides con G. ventricosum es sorprendente. Las diferencias entre estas dos especies vienen detalladas en SCHOLZ (1986) (basándose en material griego) y JAUZEIN (2003) (quien incluye G. scabrum C. Presl, taxón no tratado dentro del marco del trabajo de Scholz), pero merece la pena añadir algunas observaciones personales. En el campo, las dos especies son difíciles de distinguir entre sí, aunque en plantas bien desarro-lladas, G. ventricosum presenta las hojas caulinares distribuidas de manera más o menos uniforme a lo largo de todo el tallo florífero, mientras que en G. phleoides se concentran más en la mitad basal. La inflorescencia es en general más densa en la primera especie y un poco más laxa en la última. Su tamaño varia mucho según las condiciones de desarrollo. En el material de herbario, la determinación de las plantas adultas no presenta mucha dificultad, ya que la cariopsis con su arista (conviene rechazar las no aristadas) muestra unas diferencias claras. La arista más larga y a menudo algo rojiza de G. phleoides se puede observar incluso en el campo en plantas plenamente desarrolladas. Por otro lado, la cariopsis fusiforme (en vez de obovada) y pelosa por todo el dorso (en las que llevan arista) tal como viene dibujada en Scholz, es un carácter muy claro de esta especie que sirve para diferenciarla de G. ventricosum. OTROS TAXONES DEL GÉNERO ROMERO GARCÍA (1996) describió una subespecie de G. phleoides: G. phleoides subsp. lainzii (RO-MERO GARCÍA, 1996), planta que parece aproximarse a Triplachne nitens Guss., género monoespecífico incluido en Gastridium por algunos autores. El taxón infraespecífico se encuentra, según la autora, en Andalucía occidental, y al revisar recientemente pliegos de JACA, el autor de este artículo propone extender esta distribución a la província de Bádajoz y a la vecina Portugal. En cuanto a G. scabrum C. Presl, el autor sólo ha visto un pliego, del departamento de Var en el SO de Francia. Se trata de un taxón distinto, con hojas muy escábridas y glumas falciformes de menos de 4 mm de largo, agudas pero no acuminadas ni subuladas. Parece que se trata de una planta rara. Aparece en el Livre Rouge INPN de Francia, y se considera rara en el sur de la Península Itálica, Cerdeña y Sicilia (PIGNATTI, 1982). Se conoce de varios países del Mediterráneo central y oriental (Grecia incluyendo Creta, NO de Turquía, Líbano, Israel, Libia...) pero al ser una planta escasa y a veces confundida con otra especie, su distribución, especialmente en lo que concierne los países del sur de la cuenca mediterránea, es mal conocida. Coss. & Durieu) no crece en Cataluña, aunque se conoce de las Islas Baleares, donde el autor la recolectó en la costa norte de Menorca; y crece también en las islas Columbretas (BOLÒS & VIGO, 2001). Aparece en la península más al sur, desde Alicante hasta el Algarve (Portugal). Se trata de un taxón con clara tendencia meridional pero ampliamente repartido por toda la cuenca mediterránea. DISTRIBUCIÓN EN CATALUÑA Material de procedencia catalana estudiado DISTRIBUCIÓN GENERAL De las plantas estudiadas de otras regiones, hay un claro predominio de G. phleoides en las Islas Baleares, con G. ventricosum presente, localmente, en Mallorca, Cabrera y Menorca. En Catalunya Nord (Francia) aparece G. ventricosum, aunque G. phleoides seguramente está en alguna localidad costera de esta parte de Francia ya que aparece en el departamento de l'Hérault, no muy lejos de Montpellier. Bajando al Reino Valentino hay (en Barcelona) testigos de G. phleoides de Castellón y Valencia, y esta misma especie se presenta en las localidades silíceas del oeste de la península (Andalucía, Extremadura y Portugal) donde se mezcla con G. phleoides subsp. lainzii y G. ventricosum. Más al norte, el autor ha visto pliegos de G. ventricosum de las provincias de Álava, Burgos, León, Oviedo, Cantabria, Guadalajara, Navarra, Huesca, y Zaragoza, sin haber constancia de G. phleoides, la cual reaparece más al oeste, en las provincias de Salamanca y Ávila. Los dos taxones vienen citados de las Islas Canarias, Madeira y las Azores, pero conviene revisar el material disponible para aclarar la presencia de una u otra especie en el ámbito macaronésico. La distribución de G. phleoides en el Mediterráneo occidental es claramente más meridional que en el caso de su congénero, y en lo que concierne al sur de Europa, es predominantemente litoral, penetrando más de 20 km hacia el interior solamente en contadas localidades en el noreste de la península. En el oeste de la península, no obstante, está presente tanto en la costa como en las zonas del interior, probablemente porque la influencia atlántica es más amplia que en las tierras más netamente mediterráneas. Otro factor contribuyente sería la naturaleza del sustrato. En Marruecos también la especie penetra más hacia el interior, por el mismo motivo. Se encuentran poblaciones en el Atlas Medio, aunque es más frecuente en el Rif y a lo largo de la costa. En cambio, G. ventricosum tiene una amplia distribución tanto en los paises del norte del Mediterráneo como en los del sur, pero suele ser poco abundante. Las dos especies toleran los suelos calizos pero generalmente son más abundantes en zonas de sustratos silíceos, con preferencia sobre suelos arenosos. Agradezco al personal de la UB por facilitar la revisión de pliegos, y a Ángel Romo y Teresa Garnatje de BC por su ayuda con la revisión del texto.
Se aportan numerosos datos y novedades de diferente índole. En ellos los pliegos testimonio con el código SBP están depositados provisionalmente en el herbario del autor, las indicaciones de los acrónimos de otros herbarios se hacen de acuerdo con HOLMGREN et al. (1990). Las referencias UTM quedan dentro de la zona 31T si no se indica lo contrario. Presente desde hace más de 70 años en Montjuïc: así lo atestigua un pliego de Font Quer depositado en el herbario BC. Los pies espontáneos no son muy numerosos, pero ya forman parte de la muy variada vegetación "silvestre" del monte. De hecho, Montjuïc constituye una especie de "vitrina de exhibición" para la flora asociada con el hombre urbano. En los montes de Collserola, donde la influencia del hombre sobre la vegetación queda patente, se pueden observar pies espontáneos tanto de esta especie como de A. dealbata Link. Planta introducida con las siembras de taludes de ferrocarril y carretera (y otros espacios verdes) desde hace unos 30 años. Las plantas del entorno de Montserrat, mencionadas como accidentales en BOLÒS & VIGO (2001), pertenecen a este taxón. Es semejante a la planta nativa, Agropyron cristatum (L.) Gaertn. var. imbricatum (Roem. & Schult.) Beck [A. imbricatum Roem. & Schult.], mejor conocida como A. cristatum subsp. pectinatum sensu auct. pl. hisp., pero difiere por poseer rizomas, y las espigas glabras. Es importante poder reconocer los dos taxones y hacer un seguimiento del avance de var. pectiniforme, ya que muestra una adaptación ecológica distinta al taxón nativo, el cual demuestra una clara preferencia por los suelos con un contenido más o menos importante de yesos. Esta planta, tímidamente naturalizada a partir de su empleo en los jardines del país, aparentemente no ha sido citada con anterioridad en Cataluña. En cambio, sus congéneres A. arborescens Mill. y A. maculata All. Haw.] sí constan en la literatura. Las tres especies conviven en el citado paraje, donde además crecen otras varias especies alóctonas, entre ellas Agave americana, Anredera cordifolia, Aptenia cordifolia, Araujia sericifera, Asclepias fruticosa, Drosanthemum sp., Ipomoea indica, Opuntia gr. ficus-indica y Senecio angulatus. Especie de hojas relativamente grandes, tomentosas al revés, que se ha encontrado asilvestrada en dicha localidad. También hay indicios de naturalización en otros puntos de Cataluña, ya que las semillas son fácilmente dispersadas por los pájaros. Mejor conocida en Europa bajo el nombre de C. lacteus, binomen que deberíamos llevar a la sinonimia (LU LINGDI & BRACH, 2003). Esta rosácea también es nativa de China, donde crece en las regiones de Sishuan y Yunnan. Al ser un arbusto atractivo y fácil de cultivar en paises de clima templado, se ha plantado en muchos jardines. Y desde los jardines pasa a asilvestrarse al monte. Tiene hojas bicolores de aprox. Fruto rojo de unos 6 mm de diámetro. Según Xavier Argimón (com. verb.) este arbusto lleva muchos años asilvestrado en la zona. Especie a veces incluida dentro de D. sanguinalis, pero según HENRARD (1950), tiene una distribución distinta, siendo más tropical que esta especie en su sentido estricto. Mencionada para Barcelona en BOLÒS & VIGO (2001), a partir de unos pliegos de Sennen, depositado en BC, que de hecho corresponden al taxón siguiente. La planta es muy parecida a D. sanguinalis, pero florece más tarde en el año (octubre-noviembre) y la gluma superior es densamente pilosa y de mayor tamaño. La cara adaxial de la hoja suele ser glabra. Los pelos largos (más o menos 5 mm) esparcidos por las vainas y a veces concentrados cerca de los nudos dan un aspecto característico a esta planta. Scop. subsp. pectiniformis Henrard Dos pliegos de Sennen (BC Sennen 831131), de la zona portuaria de Barcelona, han sido correctamente determinados por Thomas Wilhalm (BOZ) como tal, además de uno del herbario Masferrer, de las arenas litorales barcinonenses (BC66235). Las muestras fueron recogidas en 1910 y 1872 respectivamente, en una zona hoy día muy transformada. Faltan recolecciones más recientes. Este taxón es muy distinto, como remarca HENRARD (1950), debido a las cerdas pectinadas del lema inferior. Semejante a D. ischaemum, con la cual ha sido confundido (PYKE, 2003a) pero totalmente glabra y con pelos de las espiguillas verrucosos y mas o menos rectos (D. ischaemum los tiene capitelados y algo rizados). Además, las dos especies ocupan hábitats distintos. D. violascens ha sido observado hasta la fecha exclusivamente en ambientes urbanos, normalmente en los céspedes. Además de las ciudades citadas, se conoce de Lleida y, fuera de la Península Ibérica, de Francia e Italia (F. Verloove, com. pers.). Seguramente las citas irán en aumento en los próximos años. Se trata de una especie extendida por las regiones tropicales y templado-cálidas del mundo, descrita inicialmente de material cultivado procedente de Brasil (HENRARD, 1950) Naturalizada en las dunas y predunas cerca de las ruinas de Empúries en la Costa Brava. Recolectada también entre Igualada y Cervera, donde existen plantas espontáneas cerca de los taludes donde fue sembrado. También recolectada en Seu d'Urgell. Mencionada previamente en el atlas de la flora de Aragón,'herbario virtual' del Herbario de Jaca [URL]. Especie originaria de América del Norte que se presenta en cultivos de maíz y soja en algunas regiones templadas-cálidas del mundo. Su presencia en Cataluña seguramente se debe al transporte por carretera de estos u otros productos. Es un taxón próximo a la muy comercializada E. pulcherrima, la Poinsettia o Flor de Pascua, pero la planta aquí citada no posee brácteas vistosas y es una hierba anual. (B) Barcelona: Begues, pastos entre matorral de tipo garriga. El Garraf es un macizo calcáreo bien conocido por los botánicos catalanes desde hace siglos. Es por lo tanto sorprendente hallar una especie que forma parte de la vegetación de los montes, con apariencia de ser una especie nativa, que no ha quedado bien documentado por los botánicos clásicos. Fue Cadevall quien recogió este taxón para la flora catalana, pero una revisión de pliegos determinados como tales ha puesto en evidencia los errores que con este género son comprensibles y tan fáciles de cometer (más aún en su época), llevando a Bolòs & Vigo a excluirlo de su flora. El material recolectado no resulta fácil determinar, pero K. Romashchenko, investigador agrostólogo ucraniano, reconoció la planta en el campo al acompañarme al paraje, y desde entonces la hemos cultivado de forma experimental en el Jardí Botànic de Barcelona. Desde Ucrania, recibí material de la planta que en aquel país responde al nombre de F. valesiaca y pude comprobar que las hojas de innovación mostraban una formación de esclerénquima idéntica a la de nuestras plantas. El mayor problema tiene que ver con que los paquetes de esclerénquima, bien diferenciados en tres islotes en mucho material clásico de la especie, no se corresponde ni con el material del Garraf ni con el que hemos podido estudiar de Ucrania, los cuales muestran un anillo algo irregular pero contínuo. Un análisis de plantas cultivadas de este grupo demuestra una variabilidad considerable (desde un anillo contínuo hasta uno roto, pero siempre con mayor grosura en la región de los tres islotes), hecho no sorprendente en plantas cultivadas que probablemente son consecuencia de diferentes eventos de selección e hibridación. Krajina] es un taxón incluido en el grupo valesiaca. Esta especie está naturalizada en mucho de Europa, y ya existen citas de la Península Ibérica (PYKE, 2003a(PYKE,, 2003b)), pero las plantas del Garraf distan algo de aquellas observadas por el autor en otras localidades. El mayor tamaño de las anteras de estas plantas (una media de 2,6 mm en material seco frente a los aproximadamente 1,6 mm de F. valesiaca del este de Europa) sugiere un posible híbrido. Festuca trachyphylla es, según algunos autores, un híbrido antropogénico de F. valesiaca con algún taxón del grupo ovina, y posee anteras de 2-3 mm. Ante las dudas taxonómicas, y la incógnita sobre el origen de esta población, una nota comunicando el hallazgo y a la vez expresando las dificultades para llegar a una correcta determinación, parece ofrecer la mejor solución. Sin un conocimiento del nivel de ploidía, como observan ŠMARDA et al. (2005), es difícil hacer estudios sistemáticos y taxonómicos con plantas de este grupo. Cultivada extensamente y asilvestrada en varias localidades de la costa catalana. Dado tiempo probablemente llegará a naturalizarse. En el interior del país se ve plantado pero sin indicios de espontaneidad hasta la fecha. La hiedra que nos ocupa bien podría tratarse de un cultivar con parentesco norteafricano. Tiene hojas grandes, brillantes en el haz, y con tricomas del tipo 'canariensis'. Hiedras con estas características se encuentran principalmente (en estado nativo) en Macaronesia y el norte de África. Observaciones hechas en Marruecos de H. maroccana nos llevan a dudar de que se trate de dicha especie (en el caso de las plantas observadas en Cataluña) y mientras no podamos descartar totalmente la influencia de H. canariensis Willd., las claves y descripciones publicadas nos dirigen a la planta con origen argelino. En todo caso, al tratarse de un cultivar, resulta difícil precisar mucho. En el herbario BC hay otros pliegos provisionalmente determinados como tal, y parece indiscutible la presencia de este taxón en la región a pesar de que las citas catalanas no llegaron a incluirse en Flora Ibérica (VALCÁRCEL et al., 2003). Lo que sí es discutible es el origen de estas plantas. ¿Se trata de una introducción relativamente reciente a través de la jardinería o quizás podría ser que el clima, sobre todo el microclima de los barrancos y laderas umbrosas, sea propicio para la existencia de esta planta, más asociada a regiones con una clara influencia atlántica? La presencia de una gran cantidad de urbanizaciones alrededor de Barcelona nos hace pensar más en la primera posibilidad, ya que existen cultivares de H. hibernica que se han comercializado desde hace mucho tiempo en Europa. También asilvestrada en varias localidades se encuentran plantas que evidentemente pertenecen a H. helix L., pero originarias de la jardinería. Se trata de cultivares o híbridos, normalmente con hojas y fruto más grandes, las hojas de contorno más variable que dicha especie silvestre. Gramínea procedente de Argentina y Uruguay, recolectada dos veces. Ha desaparecido de un paraje debido a unas reformas urbanísticas, y en el otro la planta está muy limitada, pero conviene tener constancia de esta especie y de la estrechamente relacionada J. caudata (Trin.) Peñail., puesto que las dos han sido indicadas para Cataluña, y la última tiene una gran capacidad de regeneración. J. brachychaeta ha sido citada, además, de Girona por VERLOOVE (2005). Crassulacea no incluida en la Flora dels Països Catalans por Bolòs & Vigo, probablemente por no considerarla plenamente asilvestrada. En la Costa del Garraf, no obstante, la especie ya demuestra una presencia de carácter permanente. En el Jardí Botànic de Barcelona hemos comprobado la viabilidad de las semillas, y podemos afirmar que la planta es capaz de reproducirse tanto sexual como asexualmente (por medio de las plántulas llevadas en las hojas). En pleno ambiente urbano la planta se porta como Sedum album, formando colonias nutridas en los tejados y otros lugares adecuados de las casas y fábricas. Por la anchura de las hojas (15-30 mm aprox.) incluimos estas poblaciones dentro de la especie, siendo conscientes de que existen citas en la costa Mediterránea del híbrido K. tubiflora x K. daigremontianum. Introducida como ornamental desde su país de origen, Madagascar, y asilvestrada o naturalizada en algunas localidades del Mediterráneo. Crece en los acantilados de Llançà donde parece haber llegado a asilvestrarse con éxito. Se encuentra naturalizada en otras tierras de clima mediterráneo (sur de California, Australia, etcétera) y tiene su origen, como la mayoría de las especies de su familia, en el sur de África. En la misma localidad se encuentra Senecio serpens, G. D. Rowley, otra planta suculenta antaño frecuentemente plantado en los jardines del Mediterráneo. Un pliego de una muestra recolectada en 1932 nos confirma la presencia de esta humilde gramínea en el país hace setenta y cinco años. Se trata de una planta norteamericana con una distribución amplia, y naturalizada en varios países, incluyendo Suiza, Italia y Argentina. Encontrada de nuevo en la misma localidad en Noviembre 2007, donde existen varias poblaciones nutridas, así que se puede tener por naturalizada la especie en la Península Ibérica, de donde no conocemos otras citas de momento. Al revisar algunas Stipa del herbario BC me llamó la atención un pliego de la provincia de Girona que evidentemente estaba incorrectamente determinado. Resulta que se trata de Stipa neesiana, gramínea sudamericana citada de Italia y de localidades próximas a la nuestra en Francia (BERNARD & FABRE, 1983). Presente también en las islas Canarias donde es considerada invasora en los áreas protegidos (Estudios Canarios 44: 35-46). Recientemente, VERLOOVE (2005) citó la especie de la misma provincia (Girona) concretando tres localidades: Vidreres, Rabós y Girona, a base de plantas recolectadas por X. Viñas y J. Font. Helecho subtropical procedente de E Asia y Oceanía, pero que se puede considerar pan-tropical en su sentido más amplio. Esta planta crece en las grietas entre las placas de hormigón en el viaducto. En las Islas Canarias se encuentra otra especie: N. exaltata (L.) Schott, y las dos especies están en vías de expansión al nivel mundial. Aparte de desarrollarse entre rocas y es-tructuras fabricadas por el hombre, otro hábitat preferido es el eje entre hojas de las palmeras. En la localidad señalizada es abundante, y plenamente capaz de aumentar su presencia en la comarca. Otro helecho exótico, Cyrtomium falcatum (L. f.) C. Presl, se puede ver a veces creciendo de una manera espontánea. Cactus procedente del centro-sur de Méjico. Observada en varias localidades de Cataluña creciendo en o cerca del lugar donde fue plantado. Por las dimensiones del fruto (25-30 mm, suborbicular) y otros caracteres, llevo a dicho taxón estas plantas. Pertenecen a un grupo de especies centromejicanas de epidermis pubescente que incluye O. leucotricha DC., planta muy extendida en su país de origen y naturalizada en otras regiones templado-cálidas del mundo. Esta última especie, de frutos más grandes, se conoce de la provincia de Valencia (GUILLOT & VAN DER MEER, 2001). Planta mencionada en la Flora dels Països Catalans (BOLÒS & VIGO, 1990) bajo el nombre de O. vulgaris Mill., nombre ambiguo que debería ser rechazado (LEUENBERGER, 1993). La elección de este nombre se basaría en la aplicación extendida del binomen a esta planta, divulgada por Britton & Rose y Backeberg, entre otros. Según los autores catalanes, se cultiva en el litoral catalán. SANZ ELORZA et al. (2006) confirman la presencia de esta especie en la provincia de Tarragona, apoyando sus notas con una foto inconfundible de la planta. A nuestro juicio, se la puede considerar asilvestrada, aunque es mucho menos frecuente que O. stricta o O. gr. ficus-indica. No hay que confundir esta planta con la especie rastrera originaria del este de América del Norte que también llevaba el epíteto O. vulgaris durante muchos años, y con argumentos muy razonables, además. A esta planta, asilvestrada en algunas localidades, por ejemplo en La Roca del Vallès y Vic (B), se debe aplicar otro binomen: O. humifusa (Rafin.) Rafin., siendo aconsejable rechazar O. compressa (Salisb.) ANDERSON (2001) ha adoptado este cambio en su obra The Cactus Family. Mill., el candidato más legítimo del epíteto vulgaris de Miller según Leuenberger, es muy abundante en una de sus formas en los acantilados de Montjuïc y otras localidades catalanes. Hay una confusión taxonómica debido a las muy variadas razas que existen de este frutal, originaria de especies ancestrales del centro de Méjico (GRIFFITH, 2004) a consecuencia de su larga historia de cultivo. Las plantas de Montjuïc tienen artejos relativamente estrechos y flores rojo-anaranjados. Estas fueron incluidas razonablemente dentro de O. maxima Miller por P. Berthet, en Flora Ibérica. Este nombre ha llegado a formar parte de la sinonimia de O. ficus-indica en los últimos años en un intento de simplificar la clasificación del grupo. BORG (1970), trabajando en Malta con su gran conocimiento práctico y científico de la familia Cactaceae, en un texto escrito antes de 1937 en su manual de referencia denominado "Cacti", da una descripción que claramente indica esta planta, sugeriendo que O. maxima Mill. podría referirse a esta misma especie. Utilizó el nombre adoptado por Haworth, O. decumana, aunque la descripción original de la especie hecho por Willdenow era sumamente breve. LEUENBERGER ( 2001), al proponer un neotipo para el malinterpretado taxón O. paraguayensis K. Schum., a base de una muestra en alcohol recolectada por Hassler en Paraguay y depositada en Berlín, concluyó que se trataba de una forma de O. ficus-indica, y (a juicio personal mío) bien podría pertenecer a la que domina en Montjuïc. Plantas tradicionalmente referidas a O. paraguayensis en Europa (y en Australia) corresponden, siguiendo su tratamiento, a O. elata Link & Otto ex Salm-Dyck, o (principalmente en América del Sur) a O. cardiosperma K. Schum. Plantas asilvestradas cerca de Zaragoza y mencionadas en PYKE (2003a) ut paraguayensis corresponden a O. elata. Ante la complejidad del grupo ficus-indica es aconsejable seguir incluyendo las plantas de Montjuïc y otras localidades catalanas dentro de O. ficus-indica 'sensu lato', con O. paraguayensis K. Schum. y O. decumana (Willd.) Haw. como sinónimos, hasta que sea presentado un trabajo más minucioso. En cuanto a la subordinación del epíteto O. maxima a O. ficus-indica, y consejos sobre el empleo o rechazo del nombre O. vulgaris, Leuenberger nos dejó una clara propuesta con su tipificación de Opuntia ficus-indica (1991) y sus conclusiones sobre O. vulgaris (1993). Gramínea que puede pasar desapercibida por no llevar espigas floríferas exertas, sino espiguillas blanquecinas que apenas salen de las vainas de las hojas. Estas sólo se ponen en evidencia en la antesis, cuando se asoman y son conspicuas los estigmas pelosos, y los estambres, con sus filamentos finos que a veces cubren la hierba donde crece. Para reconocerla en su estado asexual uno ha de fijarse en las vainas hirsutas y su color verde amarillento (Stenotaphrum secundatum, otra gramínea con el mismo hábito, suele ser glabra y de un verde más oscuro o fuerte). La planta posee una cepa casi leñosa, rizomas fuertes y gruesos estolones trepadores. Tiene el hábito de un buen número de gramíneas tropicales, formando manchas cespitosas y luego cubriendo el terreno o montando objetos elevados como arbustos o vallas por medio de sus estolones. Florece la mayor parte del año. En Barcelona hemos observado una mayor cantidad de flores en la primavera, y también en Octubre y Noviembre. Las citas de esta especie en la Cuenca Mediterránea no son muy abundantes. Parece ser que CLAYTON (1980) no tenía constancia de ella en Europa, aunque es probable que la planta ya estuviera. Más recientemente, HERRERO-BORGOÑÓN et al. (1995) anuncian su presencia en el Levante español, este dato recogido por MATEO & CRESPO (1995);y BOLÒS & VIGO (2001) recogen la especie para su flora, pero de Valencia y Alicante, sin mencionarla para Cataluña. En el sur, se conoce de Sevilla y la costa de Huelva (VALDÉS, 2005) y Cádiz, y probablemente crece en muchas otras zonas urbanas de Andalucía, como también en las Islas Canarias, tal como indican Wildpret, Reyes-Betancort, García Gallo y otros (SANZ-ELORZA, 2005). Hay varias citas francesas e italianas, donde en el sur la utilizan extensamente como ingrediente de céspedes con fines recreativos. También está en NW África. A nivel mundial, no obstante, la especie viene extensamente documentada, al haber sido introducida en muchas zonas tropical y subtropicales de ambos hemisferios. HITCHCOCK (1971) notó su carácter invasor en California, STEBBINS (1962) reveló su abundancia en Colombia, enfatizando el predominio de especies alóctonas en el entorno de Bogotá, donde la consideró como la gramínea más dominante de aquella localidad, y en Asia y Australia (RANDALL, 2002) es una planta ya muy extendida. Esta planta, conocida como Quicuyo o Kikuyu grass en vernacular, es probablemente más frecuente de lo que nos sugieren los datos recogidos hasta ahora, ya que si uno no la conoce, es improbable que la recolecte, al ser tan poco visibles las flores. Fue Henri Michaud, del Conservatoire Botanique National Méditerranéen de Porquerolles, Francia, quien nos dio a conocer esta especie tan curiosa. Difiere de Ph. aquatica por su porte (más robusto), los nudos basales más cilíndricos (y no bulbiformes) y las espigas generalmente más grandes y cilíndricas, con las alas de las glumas algo más estrechas que en el taxón de Linneo. Ahora bien, los dos taxones resultan estrechamente relacionados, haciendo admisible las combinaciones al nivel varietal. Para evitar la polémica que rodea el epíteto específico del taxón de Linneo, el rango de especie conferido por Hackel tiene sus ventajas y este nombre he propuesto aquí, siguiendo a otros autores citados. Se trata de un taxón de origen incierto. El autor cree que podría haberse originado en las Islas Canarias, al haber revisado material de allí que coincide estrechamente con la planta hoy día extendida por el mundo. Es una planta aprovechada por el hombre a gran escala, con fines agrícolas y de resiembra de tierras recuperadas, etc. En la Península Ibérica se encuentra por regla general junto a las vías de comunicación o en lugares habitados. Phalaris aquatica, en cambio, se encuentra muy dispersa por el Mediterráneo; en la Península, al no distinguir entre los dos taxones, su distribución aún queda por aclarar, aunque probablemente coincide con las citas más antiguas de la especie. Ph. stenoptera ha sido citado con anterioridad de la región (F. Verloove, com. pers.) y resulta localmente abundante en muchas localidades tanto en Cataluña como en los vecinos territorios de Aragón y Valencia (BOLÒS & VIGO, 2001; MATEO & CRESPO, 1995; PYKE, 2003a). Esta Puccinellia, al igual que P. fasciculata (Torrey) E. P. Bicknell, es algo nitrófila y coloniza terrenos alterados con más facilidad que otras especies del género. Es perenne (si las condiciones lo permitan) y cespitosa. Distinguible por sus lemmas muy romas y por las ramas medias e inferiores de la panícula fuertemente reflejas desde la antesis. Un taxón del grupo de P. fasciculata, P. fasciculata subsp. pseudodistans (Crép.) Kerguélen, también presenta esta característica, aunque sólo débilmente, y es ésta la planta que ha causado confusión en el pasado. P. distans no es nativa de la Península, pero empieza a hacerse notar, y la planta probablemente aumentará su presencia en zonas alteradas de la costa y cerca de las vías arteriales del país. Sin añadir más localidades, las cuales se pueden consultar en CASASAYAS (1989) [ut S. macroglossus] y HERRERO- BORGOÑÓN (2002), quien indica su presencia en Castellón, Valencia, Alicante, Murcia y las regiones de Andalucía y Galicia, basta decir que este taxón se encuentra a lo largo de la costa Mediterránea, más o menos naturalizado. Abunda al pie de Montjuïc, donde probablemente se encuentra S. mikanioides Otto ex Walpers, especie parecida, pero sus capítulos sin lígulas. Una tercera especie sudafricana, S. deltoideus Less. fue documentado por Teresa Casasayas como subespontánea en Cataluña, y plenamente naturalizada en el sur de Francia. Todo apunta a que ésta última no tiene carácter invasor fuera de los reductos de ambiente húmedo y sombrío donde ha sido plantado en Barcelona. Otras especies de Senecio: S. pterophorus DC. y S. inaequidens DC., éstas sí invasoras, siguen en expansión en Cataluña. Esta especie mantiene una presencia muy discreta en Barcelona, y no aparece cada año. Es una especie a veces confundida con S. italica (L.) Beauv., pero se distingue de ésta por su tamaño menor, por ser menos robusta y por poseer pelos en el haz de la hoja. Previamente citada de Zaragoza (PYKE, 2003a), y como accidental en alguno que otro punto de la Península. Algunas otras plantas antiguamente cultivadas o utilizadas en la jardinería actualmente muestran una tendencia de crecer de forma accidental sin llegar a expandir mucho. Muchas de estas vienen mencionadas de forma escueta en BOLÒS & VIGO, y en más detalle en CASASAYAS (1989). Tal vez dentro de pocos años nos veremos obligados a incluir en nuestras notas florísticas especies como Agave ferox, Hylocereus undatus, Opuntia cf. lasiacantha o Senecio serpens, entre otras, todas estas bastante persistentes y observadas en estado subespontáneo en Cataluña, además de ser plantas evidentemente favorecidas por el cambio climático.
Pontificia Universidad Católica de Chile Instituto de Historia, CCHS-CSIC, Madrid
On the Jesuit side, Luis de Guzmán published his two-volume Historia de las Missiones que han hecho los Religiosos de la Compañia de Iesvs, para Predicar el Sancto Evangelio en los Reynos de Iapon (Alcalá, 1601), duly reproducing the original 1585 brief, translated for his readers into Castilian (Guzmán, 1601: 2: 649-651). In this work, entitled Historia de las Islas del Archipielago, y Reynos de la Gran China, Tartaria, Cuchinchina, Malaca, Sian, Camboxa y Iappon, y de lo sucedido en ellos a los Religiosos Descalços, de la Orden del Seraphico Padre San Francisco, de la Provincia de San Gregorio de las Philippinas, Ribadeneira cast his net widely over East Asia.
Comercio y coleccionismo de restos arqueológicos canarios Se propone un examen de largo recorrido de la historia del coleccionismo de cultura material y restos bioantropológicos de los antiguos pobladores de las Islas Canarias a partir del siglo XVIII. Este tráfico estuvo muy determinado por la presencia de momificación en sus ritos mortuorios y por la controversia académica sobre su origen étnico. Se analizan en el texto los diferentes agentes e intereses involucrados en el conocimiento y circulación internacional de objetos pertenecientes a los llamados "guanches". Finalmente, se aborda la situación actual respecto a este tráfico y los últimos casos de traslado de momias y restos humanos de antiguos canarios conservados en distintos museos y colecciones. La historia de las islas Canarias se sitúa en los márgenes entre Europa y África y se explica en buena medida por su situación atlántica en medio de la ruta que dio lugar a la expansión capitalista y colonial de la primera globalización en la Edad Moderna. Estas circunstancias hicieron que el archipiélago fuera sobre todo atractivo por su naturaleza y sus características espaciales. Junto a la naturaleza geológica de las islas, su imprecisa localización en las fuentes clásicas y la ubicación en sus coordenadas de reinos míticos, como la Atlántida, o la relación de las Canarias con la historia antigua de los dos continentes cercanos, Europa y África, constituyeron el objeto de una notable nómina de escritos y fueron el centro de continuas controversias acerca de su conformación natural, su historia cultural y los orígenes y caracteres de las poblaciones anteriores a la conquista por los europeos. En definitiva, y como ha escrito el historiador de la arqueología Alain Schnapp (2010: 18-19), puede afirmarse que: "Las Islas Canarias funcionan como un laboratorio en el que las diferentes formas del colonialismo anticuario se experimentan y se formulan". El mito de los guanches —nombre por el que se ha conocido, generalizada y erróneamente, a sus antiguos habitantes (Farrujia 2010: 67-77) y que en realidad debería, si acaso, aplicarse únicamente a los indígenas de la isla de Tenerife— empieza a fraguarse en las primeras crónicas y relatos de la conquista de las islas por los europeos (Estévez, 2013), que proporcionarán ya explicaciones sobre el origen y las características raciales y culturales de los antiguos canarios como "bárbaros europeos" (Bartra, 1996). Así, en La Conquista de Tenerife de A. de Viana (1604), por ejemplo, aparece la imagen idealizada de los habitantes de las Canarias como "Nobles salvajes" y "Héroes atlánticos"; representación que se consolidará en la época ilustrada, cuando el buen salvaje se convertirá en el "buen guanche" de la mano de autores como Bory de Saint-Vincent, quien describía así a los habitantes prehispánicos de las islas: El antiguo pueblo de Canarias tenía un carácter sencillo, bondadoso, serio y confiado. Los guanches se entregaban a la amistad, eran esclavos de su palabra e incapaces de sospechar que se les quería engañar (Bory de Saint-Vincent, 2005: 55). Olvidando que en las distintas islas las poblaciones tenían características étnicas diferenciadas, en esta consideración idealizadora y mistificadora intervendrán algunos elementos, como el aspecto físico, alejado por igual de los rasgos distintivos de los grupos negros pobladores del cercano continente africano, y de los caracteres de los indígenas americanos, con los que la colonización del Nuevo Continente sugería compararlos1. La construcción de una imagen social idílica en la cual las comunidades vivían en armonía, gracias a una economía sustentable y con una organización política con jefaturas que habían demostrado su heroísmo en las luchas de resistencia frente a los conquistadores, se apoyaba tanto en leyendas y versiones tradicionales sobre unos orígenes míticos, como en otros elementos más reales. Así, por ejemplo, la dificultad de un origen continental para las poblaciones prehispánicas canarias, que no parecían conocer la navegación, o la aparición de signos de escritura rupestre difíciles de interpretar, dado que sus antiguas lenguas fueron extinguidas, junto a la posibilidad de una continuidad de estas poblaciones en la actualidad, sobreviviendo residualmente tras el genocidio de la conquista europea. Al "misterio" de los orígenes y la posible pervivencia de los guanches se unió otro atractivo: el hecho de que en muchos lugares aparecieran enterramientos arqueológicos con numerosos restos humanos bien conservados que atestiguaban la presencia de la momificación como ritual mortuorio. En un momento en que la cultura y la historia del antiguo Egipto se constituyeron en una auténtica moda para los viajeros y las elites cultas de los países europeos, estos usos funerarios de los antiguos canarios contribuían a otra de las teorías sobre su origen, que los emparentaba con los antiguos egipcios (Álvarez y Morfini, 2014; Atoche, Ramírez y Rodríguez, 2008; Brothwell, Sandison y Gray, 1969). De esta manera, el exotismo de las momias guanches y su expolio patrimonial llegaron a constituir otro de los atractivos de las islas para los naturalistas. Y así, junto a la ascensión al Teide y la visita al drago milenario, la búsqueda de la momia guanche por los escarpados barrancos, guiados en la aventura por un descendiente de la antigua raza, los llamados "enriscadores" (Grau-Bassas, 1980a: 14), constituye otro de los tópicos de los relatos de viajes, incluso cuando son debidos a investigadores reputados, como el explorador y traductor Richard F. Burton (1999: 86-87) o el médico y antropólogo Paolo Mantegazza (2004: 95-111). La rápida extinción de las poblaciones indígenas tras la conquista, la ausencia de historia escrita entre ellas y la falta de cualquier tipo de "monumentalidad" en su cultura, convertían a la arqueología —que empezó en el siglo XIX a conformar una nueva disciplina científica en torno al conocimiento del pasado remoto de la humanidad— en una codiciada rama del coleccionismo para los naturalistas y eruditos. En este sentido, la obtención de cráneos (y de otros tipos de restos humanos en contexto arqueológico) no solo será codiciada por los prehistoriadores y arqueólogos y servirá para proporcionar un método, la craneometría y una disciplina auxiliar, la craneología, a la naciente antropología física, sino que también tendrá alguna otra noble función para el recuerdo y la conciencia política: Entre aquellos cráneos encontré uno lleno de heridas, y entre ellas una de arcabuz que debía ser del 400 [...]. La raza europea, civilizando, derriba y destroza, y en el mar de sangre derramado por nuestros padres es agradable y consolador salvar algún retazo de tantas memorias perdidas (Mantegazza, 2004: 100). EL DESCUBRIMIENTO DE LOS GUANCHES MUERTOS Aunque ya en el siglo XV comienza a haber información, a partir del siglo XVIII el tráfico de restos humanos procedentes de yacimientos arqueológicos canarios llegó a tener un carácter internacional y algunos naturalistas radicados en las islas funcionaron como proveedores de las colecciones y museos europeos demandantes de cráneos y momias "atractivas". A su vez, la cultura material de los antiguos canarios y sus propios restos físicos fueron recolectados por algunos próceres y eruditos isleños, y, de hecho, la creación de colecciones y gabinetes de historia natural y "antigüedades guanchinescas" fue uno de los acicates proporcionados por estas casas de comerciantes y burgueses cultos para el incipiente turismo europeo decimonónico en Canarias. Por ejemplo, en el capítulo II del libro de Bory de Saint-Vincent se reproduce un grabado, "Diverses choses à l 'usage des anciens Guanches" con varias piezas arqueológicas procedente de la "colección Cologan" (Mederos y Escribano, 2007: 20). Bory había sido en 1800, como lo fueron antes Humboldt y Labillardière (Bory, 2005: 14-15), huésped de Bernardo Cólogan Fallon, miembro de una vieja familia de ascendencia irlandesa, establecida en Tenerife desde 1684. Ya en el momento de la conquista se producen las primeras noticias sobre la existencia de lo que se conoce como mirlado2; es decir un proceso de embalsamamiento de los cadáveres que se aplicaba preferentemente a las personas notables, menceyes y nobles de ambos sexos de los distintos territorios isleños, pero fundamentalmente en Tenerife y Gran Canaria, que generalmente no incluía la extracción de vísceras, sino una serie de ungimientos y tratamientos con plantas y minerales, y la desecación posterior del cuerpo (Arco, 1976; Rodríguez Martín y González Antón, 1994). Existía una palabra guanche para denominar a estas momias, xaxo, que aparece recogida en los escritos de los principales cronistas3. Estos xaxos eran posteriormente envueltos en sudarios de tejido vegetal o piel trabajada4, más o menos elaborados según la importancia del individuo, y depositados, de pie o tumbados sobre lajas de piedra o armazones de madera, junto con algún ajuar u ofrenda, en cuevas sepulcrales5, generalmente de difícil acceso y cerradas con piedras, que podían llegar a contener varios cientos de difuntos, que eran conocidas por los antiguos pobladores y en las cuales podrían haberse llevado a cabo rituales fúnebres y de reconocimiento de los ancestros en la época protohistórica. El primero que describe el proceso del mirlado es el navegante portugués Diogo Gomes de Sintra en un texto fechado en torno a 1482-1485, que no fue muy conocido, como tampoco lo fue la breve descripción de las islas publicada en 1583 por Thomas Nichols6, un representante comercial inglés que relata cómo él mismo vio una de estas cuevas sepulcrales con "trescientos cadáveres juntos" (Méndez, 2014: 125). Obviamente, los textos de los cronistas más reputados, como la Historia de la conquista de las siete islas de Canaria de Juan de Abreu Galindo (1590-1602), son las fuentes más directas acerca de las formas de vida y organización de las poblaciones indígenas, pero como ya comienza en el relato de Nichols, lo más interesante en muchos autores es la referencia a la observación directa de los propios xaxos y cuevas. De hecho, algunas de las fuentes foráneas no se limitan a reproducir los mismos elementos de las historias clásicas y son interesantes, y diferentes, precisamente porque su descripción puede partir de la observación directa de lo que narran. Es el caso de un texto que será muy influyente y repetido7, debido a Thomas Sprats, un canónigo inglés que en su libro History of the Royal Society of London (1667) cuenta algunas anécdotas acaecidas en Tenerife, y recoge un relato, fechado en torno a 1658, de un supuesto galés, Evan Pieugh o Piew, radicado como médico y comerciante en Tenerife durante veinte años, que describe una excursión para ver las cuevas de los aborígenes y sus cuerpos sepultados, guiado por los propios campesinos que le mostraban agradecimiento por sus servicios médicos al enseñarle sus "secretos" ancestrales y explicarle la técnica del mirlado: El tres de septiembre de hace unos doce años, hizo un viaje desde Güímar (una ciudad habitada en su mayor parte por descendientes de los guanches), en compañía de algunos de ellos, para ver sus cuevas y los cuerpos enterrados en ellas [...] La mayoría de ellos se encuentran completos, los ojos cerrados, el pelo en la cabeza, orejas, nariz, dientes, labios, barba, todo perfecto, sólo descolorido y un poco apergaminado, así como las partes pudendas de ambos sexos. Vio unos trescientos o cuatrocientos en varias cuevas; unos estaban de pie y otros estaban en lechos de madera [...] Estos cuerpos son muy ligeros, como si estuvieran compuestos de paja; y en algunos miembros rotos observó los huesos y tendones; y también muy claramente algunas venas y arterias (en Méndez, 2014: 143). Este informe de Sprats, con visos de realismo, fue repetido en otros libros posteriores de autores franceses e ingleses, incluso hasta el siglo XIX y por un autor tan relevante como Sabin Berthelot (1978: 95-96). Algunos errores de estas fuentes se reproducen a lo largo del tiempo, como ocurre con la antigüedad de dos mil años atribuida a las momias guanches, que se origina en dos escritores de viajes ingleses Samuel Purchas y Edmund Scory, aunque lo más importante es que ambos afirman haber visto los xaxos con sus propios ojos; Scory en Tenerife y Purchas dice que vio dos de esta momias en Londres; dato que recoge después Viera (Viera y Clavijo, 2016: 372). Menos difundidos fueron otros textos, cuyos autores, sin embargo, tuvieron un contacto muy directo con los hallazgos de cuerpos momificados de los antiguos guanches. Es el caso del Regidor del Cabildo de Gran Canaria, Pedro Agustín del Castillo Ruiz de Vergara, que atestigua la existencia de momificación en esta isla a raíz del descubrimiento de tres sepulcros que hizo en 1704 al acondicionar una batería militar en el Cerro de Santa Catalina (Méndez, 2014: 170). Un autor fundamental, tanto por la calidad y la influencia de su obra Noticias de la Historia general de las Islas Canarias (1772) en los autores ilustrados españoles y extranjeros, como porque en lo que se refiere al mirlado su exhaustiva descripción combina la información procedente de las fuentes anteriores con la propia observación de hallazgos sobre el terreno, es José de Viera y Clavijo, que proporciona información novedosa, como la aparición en 1758 de una momia en la isla de La Palma (Viera y Clavijo, 2016: 376), donde no se tenía constancia de la existencia de embalsamamiento, que no obstante fue destruida al extraerla de su sitio. También, la recogida de cuentas de collar en enterramientos de Güímar en 1767 (Viera y Clavijo, 2016: 375-376) y el descubrimiento, en el barranco de Herques en Tenerife de una cueva funeraria con más de mil momias (una noticia que no dejará de tener eco hasta la actualidad) y la constatación de que una momia canaria había sido ya exportada a Inglaterra: En Octubre de 1772, el Señor Young Comandante de un Vergantin Inglés, sacó de Tenerife la Momia de una Guancha, que colocó en el Museo Británico. Con este motivo se habló de ella en los papeles públicos como de una gran maravilla [...] Dixose también que le compró; pero en Tenerife no se hace trafico de estos cuerpos, y solo daría alguna gratificación a los paisanos, que acaso entrarían con sobrado riesgo en la caverna sepulcral (en Méndez, 2014: 179-180). Al tiempo que se escriben estas Noticias, se acaba de descubrir un panteón excelente, cuyo apreciable monumento derrama mucha luz sobre esta parte de nuestra historia antigua. La cueva, aunque de una entrada sumamente difícil, es en lo interior alta, capaz y acompañada de algunos nichos abiertos en la peña. Está en un cerro muy escarpado del barranco de Herque, entre Arico y Güímar, en el país de Abona, y tan llena de momias, que no se contaron menos de mil. A la verdad, yo no había admirado tanto hasta entonces aquel artificio con que estos Isleños inmortalizaban sus cuerpos; y me sentía penetrado de placer, creyendo tener entre mis manos algunos de aquellos hombres afortunados, que cuando menos, podían haber vivido en los tiempos en que Sertorio, o Juba se interesaban en el conocimiento de nuestras Islas (Viera y Clavijo, 2016: 374)8. En una obra muy poco anterior a la de Viera y conocida por este, The History of the Discovery and Conquest of the Canary Islands translated from a Spanish Manuscript... (1764), debida a un comerciante escocés, George Glas, que en realidad es una traducción del trabajo de Abreu Galindo, aparece otra alusión al tráfico de xaxos con destino a Inglaterra: No hace muchos años, dos de estos cuerpos embalsamados fueron sacados de una cueva; estaban enteros y tan ligeros como el corcho, pero completamente frescos y sin ningún mal olor. Sus cabellos, dientes y vestidos estaban enteros y frescos. Y hace dos años aproximadamente contraté a algunos de los naturales de Tenerife a que entraran en una de estas cuevas (que era casi inaccesible) para ver si podían encontrar a algunos de estos cadáveres; me trajeron algunos huesos, y trozos de vestidos de piel de cabra, etc., y una calavera con pelo, que era negro y lacio; los vestidos estaban completamente enteros y conservaban todavía el pelo (en Méndez, 2014: 173). Es muy significativa la coincidencia de las descripciones escritas con lo que se representa en un grabado de Charles Nicholas Cochin (1715-1790), con el título de "Cave Sépulcrale des Guanches" (Fig. 1), que se incluye como ilustración en el libro del Abbé Prévost, Histoire Générale des voyages ou Nouvelle collection de toutes les relations de voyages par mer et par terre (1746)9, y que después aparece en varios repertorios. Por otro lado, la leyenda sobre una supuesta "Cueva de las mil momias" en la que se habrían concentrado los cadáveres de los reyes guanches y que permanecería inexplorada hasta la actualidad, identificada con la cueva sepulcral de Herques, sigue alimentando aún hoy en día la imaginación de la gente (Tejera y otros, 2010: 85-95). Así lo demuestra la noticia aparecida el 23 de agosto de 2014 en el diario ABC en su edición de Canarias, que daba cuenta de que una mujer publicaba en su cuenta de internet el hallazgo, en un lugar indeterminado de Adeje, en el sur de Tenerife, de una cueva sepulcral con numerosos cadáveres y múltiples utensilios guanches y a la que, a pesar de la enorme cantidad de seguidores que acumulaba la descubridora, la guardia civil y las autoridades no le daban mayor crédito10. El tirón popular de la historia y la épica legendaria de los últimos guanches frente a la invasión de los castellanos y la extinción cultural y étnica que su resistencia llevó aparejada se muestra igualmente en el éxito obtenido por un libro escrito en colaboración por Antonio Tejera, David Galloway, Daniel García y Juan Francisco Delgado (2010), precisamente titulado La cueva de las mil momias, y que lleva en la portada el grabado aludido más arriba. El libro une una primera parte con documentación histórica y arqueológica sobre las costumbres sepulcrales antiguas canarias con una trama novelesca en su segunda parte protagonizada por un misterioso personaje del siglo XVIII. EL TRÁFICO MODERNO DE ANTIGÜEDADES CANARIAS Hubiera o no comercio con los restos de los antiguos canarios, lo cierto es que en el último tercio del siglo XVIII comienza a haber un enorme interés de parte de algunas instituciones y eruditos por hacerse con alguno de estos xaxos. Así, en unos Apuntes de 1764 del regidor perpetuo y procurador mayor de Tenerife, José Antonio de Anchieta y Alarcón, se dice: Ayer Miércoles dis y Siete de octe. de mill setesientos Sesenta y quatro años, estando en casa del Corregr. D. Augn. del Castillo y allí Dn Gabriel Roman Se Ablo Sobre guanches y que en las cuebas de [en blanco] en Un Risco muy alto estaba una cueba en La que abiendo ido con otros de guimar D. Luis Roman entraron en una Cueba muy grande la que llenaron de hachos de tea o de fuego mas de dosientos para ber bien Lo que estava dentro y hallaron muchos Cuerpos de guanches que allí debia de Ser el lugar del entierro, y que estava alrededor a los lados de la cueba muchos como andamios, a modo de tiendas de palos de savina y en aquellos andamios estavan los cuerpos de los guanches tendidos mirlados [...] Uno de estos cuerpos. el mas perficionado que ni aun la punta de la naris le faltava Lo mandaron en un caxon bien ajustado Con lana a D. franco machado Regr hijo de D. Albaro yanes machado y cuñado de diho Dn. Gabriel que esta en la corte para que se bea Como ay Cuerpos Conserbados al cabo de tantos años11. En los Apuntes de Anchieta se alude al que pudiera ser el primer coleccionista isleño de momias, el teniente coronel Gabriel Román, quien parece ser el dueño de una momia bien conservada, parecida a la que se envió a "España": [...] sacó de un caxon Un Cuerpo de un Guanche mirlado todo el aun entero, que ni Una Uña le falta, Con todo su cabello negro Como que lo tenía Corto y Su montera de Pellex [...] la postura que digo de tener la palma de la mano Sobre el enpeyne que no se pueden apartar sin desguesarle del hombro, sino fuera que Se le ben los miembros genitales tan descubiertos paresiera que le abian puesto las manos asi pr Ser mujer pero no es asi aunque dicen que unos tienen las manos asi y otros tendidos los brasos al quadril y la mano Abierta y vuelta al quadril y que asi fue el que fue a espana a Machado Como digo = dixome el Corregidor y Lo dijo Dn Juan el sacn. Y a Don tomas de Sarate y a dn franco. Uque que el que fue a España tenia el miembro viril del cumplido de mas de media quarta y aun el grueso de Un dedo pulgar de los mas gruesos y los compañones aun Colgado y como secos allí dentro = este que esta y me mostro Dn Gabriel Roman Se le muestran por detrás pr entre las nalgas aun tan grandes Colgando mayor que una nues grande, Sin aberseles Consumido ni encoxido [...]12. Imagen del Museo Nacional de Antropología. Foto de Arantxa Boyero Lirón. Actualmente en el Museo Arqueológico Nacional. José de Viera y Clavijo refiere que "Entre los objetos curiosos que hay en la Real Biblioteca de Madrid, está el precioso cadáver de uno de los Guanches, que se sacaron de la caverna sepulcral del barranco de Herque, en Tenerife. Algunos han ido también a adornar los gabinetes de los Reynos del Norte" (Viera y Clavijo, 2016: 376). Según estas informaciones, es muy posible que tanto la momia que se ha exhibido desde principios del siglo XX en el Museo Antropológico de Madrid y que a finales de 2015 fue trasladada al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, como la que está actualmente en la Universidad de Cambridge (estudiada por Brothwell, Sandison y Gray en 1969), que puede decirse que son los mejor conservados de todos los restos momificados guanches, procedieran de la apertura de la cueva sepulcral de Herques en los años de 1763-1764, y corresponderían por tanto a los primeros ejemplares expoliados y salidos de Tenerife. En su libro titulado History of the Origin of Medicine, el médico y filántropo británico John Coakley Lettsom, escribe: El ejemplar del Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad de Cambridge llegó en octubre de 1772 de la mano del capitán Young, en el balandro "Weesel", y está depositada en el museo y registrada como momia guanche, procedente de Tenerife. La información que aparece en su ficha museográfica (número de catálogo D 1914.96) es que fue primero consignada como parte de la Colección Cook. En algún momento entre 1940 y 1960 fue transferida a la Colección Duckworth en el Departamento de Bio-Antropología. Los investigadores Don Brothwell y Joan Fletcher sometieron a la momia a un escaneo para compararla con otras de antiguos egipcios, este examen reveló lesiones faciales masivas y la datación por carbono llevada a cabo en estas mismas fechas dio como resultado una antigüedad de 650 años13. En 1969, Brothwell, junto con Sandison y Gray, acometieron el estudio de la momia de Cambridge, incluyendo todo tipo de exámenes llevados a cabo en el Laboratorio de Antropología del Museo Británico, por el Departamento de Patología de la Universidad de Glasgow y el Departamento de Radiografía Médica de la empresa Kodak (Brotwell, Sandison y Gray, 1969: 333), entre ellos la separación temporal de una de las manos para intentar reconstruir sus líneas palmares mediante rehidratación, y el corte de un trozo de piel, músculo y hueso entre el tórax y el abdomen para análisis del interior del cuerpo. Por su parte, la momia que el doctor Lettsom entregó al Museo Británico aparece consignada como tal donación en 1774 (número registro del BM Af1774,0318.1), adquirida en Tenerife. En el actual registro del Museo Británico se considera la momia como una pérdida histórica; es decir, anterior a la constitución del museo como una institución científica y no hay noticias de si fue transferida a otra colección o museo. Por otro lado, Lettsom (1744-1815), reputado médico fundador de la Medical Society de Londres, parece que era un activo colector de momias y un coleccionista que llegó a formar un museo, una biblioteca y un jardín de plantas en una finca de su propiedad al sur de Londres, que se disgregaron después de su muerte. La momia del Museo Arqueológico Nacional de Madrid figura como procedente del Barranco de Herques (Arico, Tenerife) y, aunque en la ficha museográfica del Museo Nacional de Antropología (donde estuvo hasta diciembre de 2015) no aparece la fecha de adquisición, en la cartela de exposición se decía que procedía de las colecciones de la Biblioteca Real, de donde Carlos III, en 1776, la había remitido al Gabinete de Historia Natural. Gracias a la erudición demostrada por el historiador canario Manuel de Paz Sánchez en la anotación de su edición de la Historia de Canarias de José de Viera y Clavijo, pueden aportarse algunos datos más sobre el traslado a la corte española, casi podríamos decir que como un regalo colonial, de la momia que se cita en los Apuntes de Anchieta. La información al respecto procede de una "Nota" introducida por el traductor de la Encyclopedia metódica francesa, Gregorio Manuel Sanz y Chanas, publicada en 1788 en el texto introductorio sobre la historia natural de los animales debido a Daubenton, en que se trata de otras momias de Tenerife: En el Gabinete de historia natural de S. M. Católica se conserva la más perfecta de estas momias llamadas guanches, que en julio de 1764 envió de la isla de Tenerife el capitán de infantería D. Luis Ramón Jobel, natural de dicha isla, a su primo D. Francisco Javier Machado Fiesco, actual ministro de capa y espada del Real y Supremo Consejo de Indias, con el fin de que la presentase al rey nuestro señor. Llegó dicho cadáver a la Aduana de Madrid el 23 de Agosto de 64, y se mantuvo en casa del expresado ministro hasta el día 16 de diciembre de 1766, en cuyo día a las diez y media de la mañana le hizo pasar a la Real Biblioteca don Bernardo Iriarte, también actual ministro de capa y espada del Consejo de Indias, a quien D. Francisco Javier Machado, que había pasado a Nueva España, dejó esta comisión; y esta entrega en la Real Biblioteca consta por carta del bibliotecario mayor D. Juan de Santander, con fecha de 16 de diciembre de 1766. En 28 de septiembre de 1776 se pasó real orden al expresado bibliotecario mayor [...] para que entregase al director del Real Gabinete, D. Pedro Franco Dávila, el cadáver de dicho guanche, con lo demás que hubiese perteneciente a Historia Natural en la Biblioteca Real, a fin de colocarlo todo en el Real Gabinete; y en fecha de 2 de octubre escribió D. Juan de Santander al enunciado director para que el día siguiente enviase por el cadáver, que en efecto se trajo y colocó el día 3 (Viera y Clavijo, 2016: 449-450). Puede que también procedieran de Herques otros dos ejemplares que fueron exhibidos en el Jardín de Plantas del Museo de Historia Natural de París. En 1772, Antoine Hyacinthe Anne, Conde de Chastenet de Puységur, oficial de marina, interesado por la topografía, la hidrografía y la arqueología, formaba parte de la misión francesa encargada de contrastar la fiabilidad de los relojes de marina en el mar de las Antillas. Durante su recalada en Canarias solicitó permiso al rey de España para explorar las cavernas sepulcrales guanches y extraer momias con destino a las colecciones del Museo de Historia Natural de París14. El ilustrado canario José de Viera y Clavijo, perfectamente consciente del atractivo de los antiguos habitantes de las islas para las elites y los centros de investigación europeos, escribe respecto a estas: En el Gabinete de Historia Natural del Jardín de París se ven dos momias de guanches. Llevolas de la isla de Tenerife en 1776 el conde de Chastenet de Puységur, oficial comandante de un buque de guerra, y fueron halladas en una cueva del lugar de Arico. Están forradas de pieles. Una de estas momias tiene la cabeza descubierta y sus facciones están desfiguradas, pero los cabellos bien conservados y arraigados. Le faltan los pies, y parece que sus entrañas se habían reducido a polvo, porque se le caen por algunas grietas cuando se mueve (Viera y Clavijo, 2016: 374-375, nota 177). Es posible que estas dos momias fueran parte de las cinco que tenía el Museo del Hombre de París, procedentes de Tenerife y de las que se tienen pocas noticias15. En definitiva, prácticamente todos los autores que visitan y o escriben sobre Canarias en los siglos XVIII y XIX coincidieron en su fascinación por las cuevas sepulcrales, en destacar la similitud entre los restos momificados guanches y los de los antiguos egipcios y en su interés por ver y relatar el expolio a que se veían sometidos estos sitios y sus restos, a cuya realidad muchos de ellos contribuían. Así, en 1812, el naturalista ruso-alemán Georg Heinrich von Langsdorff escribe haberse hecho con una momia con destino al Museo de San Petersburgo y que un pintor francés, Jacob Gerard Milbert, no tuvo tanta suerte porque su ejemplar se pudrió en el trayecto, debiendo ser arrojado al mar (Farrujía, 2004: 409). Durante el siglo XIX fueron extraídas momias guanches con destino, entre otros, al Museo de la Universidad MacGill de Montreal, Canadá, donde existe una procedente de El Barranco de Santos (Santa Cruz de Tenerife), enviada allí por el Dr. Lambert en 1892. El Instituto de Zoología y Antropología de Göttingen tiene otra momia guanche, procedente de la Colección Blumembach, adquirida en 1802 (Rodríguez Martín y González Antón, 1994: 117). Hay noticias de que otras cinco o seis momias y otros restos óseos de Tenerife fueron llevados a Alemania por un coleccionista en 1880 y que parece que se perdieron, como ocurrió con otras colecciones del Königlichen Museum für Völkerkunde de Berlín, durante la Segunda Guerra Mundial, igual que otra más que estaba en Holanda (Rodríguez Martín y González Antón, 1994: 118-119; y 2010: 219-223). Conrado Rodríguez Martín, director del Museo de la Naturaleza y el Hombre de Tenerife, calcula que al menos 130 piezas y fragmentos de momias guanches están repartidas por el mundo en distintas colecciones16. A finales del siglo XIX el desarrollo de la antropología física y la entrada de la arqueología prehistórica y la craneología en muchos museos de ciencias hizo que el tráfico de artefactos y restos humanos indígenas cobrara aún más fuerza. Por otra parte, a pesar de que algunos de los informes que hemos citado insisten en el respeto reverencial e incluso el miedo que los campesinos canarios tenían por los restos y vestigios de sus antepasados, hay otros muchos testimonios incidiendo en la desidia, el desinterés y el desprecio de los isleños, campesinos y burgueses, por los restos de los guanches y no solo los momificados (Tejera y otros, 2010: 25-34). Las clases más pobres, que por su forma de vida como pastores o sus actividades de recolección conocían inmejorablemente el hábitat, tradicionalmente habían saqueado algunos yacimientos para aprovisionarse de materiales como la madera. Numerosos datos sobre el tratamiento que sufrían los restos arqueológicos en Tenerife entre 1845 y 1879, nos lo proporciona el erudito José Agustín Álvarez Rixo, en unos "Apuntes sobre los restos guanches encontrados en el siglo actual", que editó el arqueólogo tinerfeño Antonio Tejera Gaspar (Tejera, 1990). En muchas ocasiones los hallazgos se producían con motivo de recolectar algunas materias primas valiosas que se daban en los entornos de difícil acceso de los riscos y barrancos. Por ejemplo, el liquen orchilla utilizado como tinte para el color púrpura (de ahí el nombre de orchilleros empleado para sus guías por los arqueólogos canarios decimonónicos; Berthelot, 1978: 96; Chil, 1880: 129), o el natrón, una sal natural que se da en las laderas del Teide: en una cueva eminente en el risco llamado la Atalaya, en la que solamente colgados con sogas pueden entrar, una mujer de Tejina (casada hoy con D. Felipe Carvallo), tuvo la osadía de penetrar para sacar el polvo que ellos llaman carambola con el que abonan las tierras algunos de Tejina, encontróse un cuerpo entero y bien conservado de una guancha, y su ilustración le sugirió la idea de arrojarla desde la entrada hasta verla caer abajo en polvo (Tejera, 1990: 122).En el mes de Septiembre de 1859, al estar unos rústicos icodalteros en las faldas del Teide sacando y aprovechando alguna sal nacrón [...] descubrieron una cueva sepulcral de guanches, cuya entrada estaba tapiada con una pared de piedra seca; hallándose dentro siete momias de ambos sexos; otros dijeron que veinte, colocadas sobre banquillos o andamios en sus ataúdes usuales fabricados de toscos tablones de tea [...] y comenzaron a destrozar y derriscar por aquellos precipicios todas las momias llevándose los tablones para sus casas de Icod el Alto. Pero enterados que dichas momias eran objetos muy apreciados y [...] podrían valerles algo [...] recogieron algunos fragmentos que vendieron, y uno de ellos consistente en una mano, obtuvo Don Diego M. Alvarez vecino del Puerto de la Cruz en cuyo poder la examinamos asaz perfecta y transparente. También se dijo, haberse encontrado en dicha gruta, algunos gánigos, tallitas y pedazos de piel de cabrito con pelo, muy finas y gamuzadas (Tejera, 1990: 123). Pero Álvarez Rixo no solo se queja de la falta de cultura de la gente campesina, muy al contrario acusa también a las clases dirigentes, al propio Estado y a las élites isleñas de que su falta de interés e inacción es lo que estaba propiciando que su patrimonio histórico cayera en manos de extranjeros: Queda pues demostrada la fatal inclinación de nuestra gente a destruir cuanto encuentra originario de los guanches [...] Pero esto no debe admirarnos, considerada la ignorancia y carencia de ilustradas ideas que domina en nuestra gente campesina, jornalera y pobre. Pero, lo más extraño y vergonzoso es, que entre los habitantes más acomodados falta esta patriótica curiosidad conservadora y dejan destruir y desaparecer todo con la mayor indiferencia, y si alguno se dedica a reunir y conservar cualquiera objetos dignos de serlo; puede estar cierto, que cuando muera, todo se descaminará, sirviendo tal vez de juguetes a los muchachos de la calle, si acaso la casualidad no interpone algún extranjero que compre algo para llevarlo a decorar los museos de su tierra (Tejera, 1990: 126). Con el tiempo, y debido a la demanda creciente, este conocimiento local devino en una posibilidad de negocio lucrativo. Cabe citar, a este respecto y en un momento posterior, la conocida "Carta desde París" publicada en el periódico El Liberal el 4 de diciembre de 1883 por uno de los primeros estudiosos de la Cueva Pintada de Gáldar (Gran Canaria), Diego Ripoche y Torrens, advirtiendo del expolio de sus materiales. La presión de los viajeros y naturalistas extranjeros para conseguir adquirir momias o restos humanos y materiales culturales guanches queda explícitamente reconocida por uno de los mejores conocedores de la prehistoria canaria, Sabin Berthelot, residente durante más de veinticinco años en Tenerife y Cónsul honorario de Francia, que desde su llegada a la isla en 1820 exploró él mismo distintas cuevas, y como corresponsal de varias sociedades científicas y museos franceses llegó a manifestar en las Miscellanées canariennes: "Il me fallait un Guanche à tout prix" (Berthelot, 1839: 106). Sin embargo, parece ser que no tuvo gran suerte, ya que una momia que extrajo en 1824 de un enterramiento en el barranco de Valleseco (Tenerife) fue vendida y expuesta en 1831 en el gabinete de Ciencias Naturales de Ginebra (Berthelot, 1839: 106-111). Es destacable que, a pesar de sus intentos y de ser el investigador extranjero que más tiempo vivió en Canarias, Berthelot no consiguiera al parecer el preciado galardón de obtener una momia: Al principio de este siglo, unos orchilleros descubrieron otra caverna situada en uno de los barrancos de la costa, entre los pueblos de Tacoronte y El Sauzal. Estas catacumbas han suministrado momias a casi todos los gabinetes de Historia natural de Europa. Nosotros fuimos bastante felices en visitar una antigua cueva sepulcral, pero esta exploración no correspondió del todo a nuestra esperanza (Berthelot, 1978: 96). COLECCIONES Y GABINETES LOCALES Fuera por emulación o porque formaban parte de una corriente que originada en Francia, Alemania e Inglaterra llegaba, aunque fuera debilitada, hasta las periféricas Canarias, lo cierto es que ya desde el siglo XVIII puede rastrearse un cierto coleccionismo local de antigüedades y objetos de historia natural en las islas. Desde principios del siglo XIX hay noticias de un museo particular formado en su casa de Santa Cruz de Tenerife por un militar de origen genovés, Juan Megliorini Spínola (González Espínola, 1880), con una colección de historia natural y diversos objetos de cultura guanche, entre ellos una momia (tal vez procedente de El Sauzal) y varios otros fragmentos de cuerpo momificados, que era frecuentada por viajeros ilustrados, como Jules Dumont d'Urville (1830: 49-50) o Theophile Frappaz (Mederos y Escribano, 2007: 34; Hernández Martín, 2015). Tras el fallecimiento de Megliorini todas sus propiedades se ponen en venta en 1837 y son adquiridas por un hacendado y comerciante de vinos de Tacoronte, Sebastián Pérez Yanes —conocido con el sobrenombre de Sebastián Casilda— que ya tenía un interés coleccionista atestiguado y que posteriormente fue incrementando su colección de objetos y cuerpos guanches, llegando a acumular un número de momias que según las fuentes oscilan entre seis y diez. Casilda era un autodidacta y su museo, como era lo normal en este tipo de colecciones, era una miscelánea de objetos de muy distinto valor y procedencia. Sin embargo, este museo fue considerado el lugar más idóneo por el Director General de Instrucción Pública para dejar en depósito en 1868 una momia extraída del Barranco de las Goteras, Araya, Candelaria, mientras que otra, sin cabeza, era dada a la custodia del Gabinete de Historia Natural del Instituto de Canarias (Mederos y Escribano, 2007: 37). De las tres partes que conformaban la colección de Casilda (Sainte-Marie, 1899), una estaba dedicada a armas de procedencia peruana y española, otra a peces, conchas y aves, y la tercera era la que contenía las reliquias guanches. Dentro de éstas la atracción mayor eran sin duda las momias. El Museo Casilda era el más destacado (Fariña, 1994), pero había otras colecciones particulares, como el gabinete de antigüedades guanchinescas que en 1858 tenía en La Orotava Antonio Lugo y Viña o el denominado Museo (Gabinete) Villa Benítez, que en 1874 había constituido el erudito impresor Anselmo J. Benítez (Hernández Martín, 2015) sobre todo con fondos bibliográficos, pero que contaba con objetos arqueológicos y, según el informe de Earnest A. Hooton en 1925, también momias: Existen varios restos de momias descubiertos en las proximidades de Anaga, en el Norte de Tenerife. Esas muestras incluyen cráneos, pies y brazos y, en algunos casos, el cabello que es oscuro, aún se adhiere a la calavera. En esta colección se conserva también una momia de un varón de corta estatura envuelta en pieles de cabra muy bien cosidas, y que se localizó en la montaña de Taco, cerca de Santa Cruz (en Farrujia, 2010: 86). Otras colecciones particulares de que se tiene noticia eran la de Ramón Gómez, farmacéutico del Puerto de la Cruz, que conservaba cerámica, una momia en mal estado y un famoso ídolo procedente de la gran cueva sepulcral de Herques, que actualmente se expone en el Museo del Puerto de la Cruz y que fue descrito por Juan Bethencourt Alfonso (1991-1994: I, 293). Varios próceres isleños tenían sus colecciones guanchinescas, como Manuel de Ossuna y Van den Heede que conservaba, junto a otros restos, una momia en su casa de La Laguna17. En Gran Canaria hubo también colecciones domésticas de entidad a mediados del siglo XIX como la de Fernando del Castillo Westerling, Conde de la Vega Grande, que reunía restos de antiguos canarios procedentes de yacimientos de las áreas más importantes, Arguineguín, Mogán y Guadayeque18. En las otras islas la concentración fue menor debido a su falta de desarrollo económico y social, y la mayor parte de los restos arqueológicos hallados pasaron a formar parte de los Museos de las dos principales, Las Palmas y Tenerife (Beránger, Rodríguez y Atoche, 2008). Museo de Historia Natural y Etnográfico de la Sociedad Cosmológica. Santa Cruz de la Palma. Este interés de las clases más pudientes refleja un ambiente que dio lugar a la creación de otras instituciones con una carácter más colectivo e institucional y con fondos de mayor entidad (Henríquez, 2005); en Tenerife, el Gabinete Científico puesto en marcha en 1877 por el médico Juan Bethencourt Alfonso, y el Gabinete que se instaló en 1879 en el Instituto de Canarias, del que dependía el establecimiento de Segunda Enseñanza de Santa Cruz de Tenerife; el Museo de Historia Natural y Antigüedades Canarias organizado en 1881 (Fig. 3) por la Sociedad La Cosmológica en la isla de La Palma (Ortiz, 2005) y, finalmente, la institución que tuvo una mayor continuidad y existencia hasta la actualidad, El Museo Canario, creado en 1880 en Las Palmas de Gran Canaria por el médico Gregorio Chil y Naranjo. En su Reglamento de 1879 se manifiesta de forma explícita el objetivo patrimonial con respecto a los restos de antiguos canarios que perseguía la institución: Abrigamos la convicción de que todos los buenos e ilustrados canarios secundarán la idea, porque todos han de hallarse interesados en la adquisición de cuantos objetos y producciones en los diversos ramos de las ciencias [...] y muy especialmente en la conservación de aquellos que constituyen la honrosa y venerada historia del esforzado pueblo que habitó estas tierras, y de los cuales una gran parte se hallan hoy dispersos en manos extrañas y en Museos extranjeros, con vergüenza y escarnio de nosotros. No debemos, pues, esperar a que se nos arrebate lo poco que nos queda (Reglamento, 1879). La conciencia de que la recolección de los materiales antiguos extraídos del suelo canario había constituido una especie de expolio debido al subdesarrollo de la cultura y la ciencia canarias en primer lugar, y españolas en segundo, queda expresada de forma explícita por el secretario de la sociedad El Museo Canario, Amaranto Martínez de Escobar, en la memoria de actividades de sus primeros meses de vida: Siendo lo más triste, por no decir lo más vergonzoso para nosotros, que esos curiosos, esos filósofos y esos naturalistas, como justificantes de sus trabajos, y como apoyo para fundamentar sus teorías, nos han arrebatado los más preciados y curiosos objetos pertenecientes á otras edades y á otras razas, como fruto de sus exploraciones, de su constancia y de su trabajo [...] No es que yo censure, ni con mucho, á los que apreciando en todo su valor el mérito científico de esos objetos, se han utilizado de ellos salvándolos de una pérdida segura y haciendo un servicio á la ciencia; pero si es sensible [...] que se nos privara de esos útiles de enseñanza tan necesarios para la historia de nuestro país, viéndonos obligados á admirar en otra parte lo que aquí debiéramos admirar; teniendo que ir a estudiar á otros países lo que á nuestro país principalmente interesa (Martínez de Escobar, 1880: 212-213). Sala de antropología física. EL ORIGEN EUROPEO DE LOS GUANCHES En el siglo XVIII la razón para la dispersión internacional del patrimonio bioantropológico de los antiguos canarios había sido la calidad y cantidad de los cadáveres momificados que se encontraron en las cuevas sepulcrales, fundamentalmente de la isla de Tenerife, pero también en Gran Canaria, y que sirvieron para vincular su población indígena con Egipto —el otro lugar del viejo mundo en el que la momificación de los muertos constituía no solo una característica cultural, sino en torno a la cual se había construido un mito y una representación de la antigüedad faraónica (Álvarez y Morfini, 2014). Ya en el último cuarto del siglo XIX será más determinante la clara y militante adscripción darwinista de algunos de los intelectuales canarios involucrados en el conocimiento del origen y características de los guanches y promotores de las colecciones que se han citado más arriba, fundamentalmente Gregorio Chil y Naranjo, Víctor Grau-Bassas y Juan Bethencourt Alfonso (Estévez, 1987 y 2001; Ortiz, 2014). Todos ellos estuvieron además preocupados por avanzar en el desarrollo de una ciencia positiva en relación al conocimiento de los orígenes y formas de vida de los indígenas canarios que empezaba por la adquisición, siguiendo métodos rigurosos, de colecciones de materiales, arqueológicos y antropológicos, que pudieran ser conservadas y consultadas por los investigadores en las propias islas. Incluso, en este sentido, Chil, aparte de recoger en su obra los datos que los autores anteriores habían consignado sobre las técnicas de momificación y los materiales empleados en ella, parece que pensó en llevar a cabo una comprobación experimental sobre cadáveres no reclamados y que pudieran ser empleados en investigaciones científicas, aunque finalmente no se decidió a ponerla en práctica (Torres y Atoche, 2008: 42). Por tanto, a partir de este momento las colecciones de restos biológicos de los antiguos canarios se demandaban para servir de base a la investigación, más, o además, que como exhibición de museo o atracción turística. Por otro lado, la falta de desarrollo de otras instituciones, como la Universidad, hizo que estos centros combinaran sus funciones de conservación patrimonial con las tareas investigadoras y así en su seno no solo se desarrollaron normas y protocolos para llevar a cabo exploraciones y excavaciones arqueológicas, sino que sus propios miembros eran activos investigadores que acometían esta labor y vigilaban que los materiales obtenidos en estos trabajos fueran depositados en el museo que los avalaba (Herrera Piqué, 1990: 6-11; Farrujia, 2010: 118-121). En este aspecto destaca por su claridad y exhaustividad el "Reglamento conforme al cual habrán de llevarse a efecto las exploraciones y rebuscas que se acuerden por la Junta Directiva de El Museo Canario" (1886) (Alzola, 1980: 58-59). Pero lo mismo se puede apreciar en la práctica de algunos de sus miembros, como los viajes exploratorios que a lo largo de tres años llevó a cabo por el interior de Gran Canaria el conservador del Museo Canario, Víctor Grau-Bassas, quien manifiesta en 1886: [...] en la cueva de Mogán, donde tanto se encontró y tanto se destrozó, se encontraban los objetos en la posición y sitio que a cada uno le correspondía según el uso a que se destinaba. Dejo a juicio del que lea la importancia de esta cueva para la historia y antropología si se hubiese podido examinar antes de quitar los objetos, y concluyo manifestando que la exploración de esta isla está por empezar y que para ello se necesita amor al Museo, salud, tiempo y dinero (Grau-Bassas, 1980a: 16). La conciencia de lo perdido y el sentimiento de urgencia para conseguir rescatar lo poco que quedara sin destruir de los antiguos hábitats y enterramientos llevó a los directivos del Museo Canario a proponer por primera vez a la Junta de la Sociedad el 31 de marzo de 1880 una subvención para organizar una expedición de reconocimiento de urgencia ante la noticia de nuevos hallazgos en el Barranco de Guayadeque (Agüimes), con el fin de recoger los últimos restos materiales que quedaran en este sitio tras muchos años de expolio sistemático (Alzola, 1980: 32-33)19. Estas cuevas ya habían sido visitadas en 1863 por Chil y Naranjo, que dejó en sus Estudios Históricos... una descripción recogida de un anciano de Ingenio del estado de los yacimientos y su aprovechamiento por la población local: [...] principié a interrogarle sobre los Enzurronados (nombre que dan a las momias) y sus particularidades. Decíame, que él antiguamente no tenía otro servicio en su casa que los gánigos y las ollas que sacaba de las cuevas [...] que los cordobanes de sus zapatos, como muchísimos de los de sus vecinos, eran hechos de las pieles que sacaban de los zurrones y, por último, que los costales y las albardas las hacían con las telas de que estaban vestidas las momias [...] Añadióme que en las cuevas donde las encontraban estaban de dos maneras: unas derechas y arrimadas a la pared, con sus garrotes y sus gánigos al pie, y otras, que eran las más hermosas, pues estaban revestidas con muchísimas pieles de todos colores y cosidas como la delantera de una camisa, se hallaban tendidas sobre una tabla de pino, con gánigos y garrotes muy bruñidos, colocados a su cabecera; que algunos estaban como si hubiesen acabado de morir, con el pelo y la barba perfectamente conservados: que las mujeres tenían el cabello cogido en trenzas enlazadas con juncos de colores, que quince años antes se habría sacado gran número de zurrones de todos tamaños, garrotes de todas clases [...], piedras redondas pulimentadas, algunas semejantes a cuchillos por afiladas, gánigos, cazuelos de varios tamaños, fuentes botijos de barro, algunos muy pintados, zurrones llenos de objetos varios para usos domésticos, gorros de piel de cabrito, grandes jarrones llenos de manteca y otros de madera [...] esto me hizo comprender que cualquiera que hubiese ido al barranco de Guayadeque hasta el año de 1840, habría traído todo un museo de cuanto pertenecía a los antiguos habitantes, pero desde esa época están sacando tierra de las cuevas, que emplean como guano, y ya nada hay, pues todo lo ha destruido la ignorancia de aquellos campesinos y más que nada el abandono de las corporaciones y personas ilustradas que con tanto desprecio han mirado estos ricos monumentos de la antigüedad. El Secretario del Museo Canario también escribe sobre la riqueza perdida en el sitio arqueológico de Agüimes: cuando recuerdo que, hace pocos años en la misma parte sur de la isla y de cuevas inaccesibles como las de Guayadeque, se extrajeron multitud de momias perfectamente conservadas que fueron destrozadas y trituradas por gentes ignorantes, reduciéndolas a polvo para fertilizar las tierras; cuando recuerdo que yo mismo recogí muchas pieles y tejidos de junco que á las momias servían de envolturas y que en pedazos eran conducidos á los estercoleros, lamento desde el fondo de mi alma tanto abandono y tanta indiferencia, y aplaudo una vez más la institución de nuestra Sociedad (Martínez de Escobar, 1880: 216). Chil y Grau-Bassas, con una expedición de la que formaron también parte Domingo del Castillo Westerling y Santiago Verdugo y Pestana, intentaron pues en la primavera de 1880 la exploración del Barranco de Guayadeque a pesar del expolio y la dificultad que presentaba el acceso a las cuevas, a las que solo se podía llegar por medio de cuerdas y de las que sus guías obtuvieron una colección de cráneos bien conservados, restos humanos varios y una momia infantil con sus envolturas (Grau-Bassas, 1880: 68)20. Obviamente, las excavaciones del Museo Canario (Figs. 4.1 y 4.2) siguieron en el siglo XX acumulando materiales bioantropológicos. En esta afanosa búsqueda, aparte de las anteriores consideraciones que hemos visto expresadas por los mismos protagonistas, indudablemente influyeron otros muchos elementos. Así, por ejemplo, la falta de estratigrafías y las técnicas arqueológicas rudimentarias empleadas en el estudio del origen y la evolución cultural de los guanches hicieron que sus restos humanos, más fáciles de obtener en las cuevas sepulcrales, y además muy útiles para la confección de esquemas de difusión de las poblaciones pre y protohistóricas por parte de los antropólogos físicos, fueran durante mucho tiempo el vestigio conductor para cualquier teoría ensayada al respecto. Aunque también hubo investigadores, tanto locales como extranjeros, que se interesaron por la cultura material, como el antropólogo inglés John Abercromby que, en 1914 publicó un estudio centrado en la colección de cerámica aborigen de Gran Canaria del Museo Canario (Fig. 5): "The Prehistoric Pottery of the Canary Islands and Its Makers" (González Cruz, 2011). Con todo, el interés de la escuela de antropología francesa de Paul Broca por los antiguos pobladores de Canarias hará que la arqueología de las islas tenga un marcado carácter antropológico y que tanto las momias como también los restos óseos sin momificar sean el objetivo preferente de las prospecciones arqueológicas, en detrimento de la cerámica y otras muestras de cultura material asociadas a ellos (Farrujia, 2010: 105, 162). Por otro lado, la escuela de París sitúa así a la arqueología canaria y las instituciones isleñas dedicadas a su práctica en el engranaje internacional de comercio de restos antropológicos que circulan por todo el mundo, ambicionados por científicos y museos para formar parte de sus colecciones de estudio. El mismo Paul Broca señaló los paralelos craneométricos entre los restos de Cro-Magnon y algunos cráneos canarios en base al estudio de ejemplares de la colección Bouglinval de París y que procedían del yacimiento del Barranco Hondo de Tenerife (Cf. Asimismo, para demostrar su hipótesis de que la raza "troglodita" europea estaba emparentada con las poblaciones de algunas cabilas argelinas y sus caracteres podrían rastrearse también entre los descendientes de la población prehispánica canaria, Armand de Quatrefages había solicitado a Sabin Berthelot el envío de una colección de cráneos canarios, aunque solo en 1877 Berthelot remitió diez cráneos procedentes de El Hierro y Gran Canaria (Farrujia, 2004: 325-326). En esta línea, los investigadores del Museo de Historia Natural de París, ante la importancia que la población guanche —que servía como eslabón entre las poblaciones primitivas alpinas y francesas, y las norteafricanas— tenía para sus hipótesis sobre la etnogenia europea, consiguen que el Ministerio francés de Instrucción Pública establezca una misión oficial en Canarias entre 1876 y 1877 dedicada a estos estudios. La labor se encomienda al discípulo de Broca, René Verneau, el cual a partir de esta fecha seguirá trabajando en las islas de modo intermitente hasta 1935, debiéndose a él la clasificación, en 1925, de la colección osteológica del Museo Canario (Verneau, 1981: 5), que en buena medida había contribuido a conformar en sus numerosas prospecciones arqueológicas, centradas siempre en la recolección de cráneos y otros vestigios antropológicos con preferencia sobre los restos de cultura material de los guanches (Farrujia, 2010: 93-94; Farrujia, 2015: 278-282) y parte de los cuales también remitió al Museo de París (Rodríguez Martín y González Antón, 2010: 219). El trabajo en Canarias de Verneau respondía por tanto a un interés estratégico de los antropólogos y prehistoriadores franceses (Farrujia, 2014: 25-32), pero su desarrollo no dependió solo del gobierno francés y el prestigio de sus instituciones científicas, sino que se vio también apoyado por la actitud de respuesta nacionalista de los intelectuales canarios, que a estas alturas consideraban una obligación la salvaguarda del patrimonio de sus ancestros indígenas e intentaban, con sus débiles fuerzas, oponerse al expolio de sus restos prehistóricos por parte de los viajeros y naturalistas extranjeros. En este sentido, la labor de Verneau estuvo favorecida, pero también controlada y tutelada por la autoridad local del doctor Chil y Naranjo en El Museo Canario (Estévez, 2001). Así pues, Verneau, Broca y los demás antropólogos europeos interesados por los cromañones-guanches, explotan la gran "necrópolis" de los antiguos canarios; es decir, utilizan Canarias como un campo de pruebas, un terreno de aprovechamiento de la ciencia colonial. Mientras, el doctor Chil y sobre todo algunos seguidores suyos, como el también médico y conservador del Museo Canario, Víctor Grau-Bassas (muy influidos ambos, por otra parte, por Verneau y los antropólogos franceses), perseguirán no solo los huesos de los guanches muertos —que ya Viera y Clavijo consideró que eran los únicos guanches— sino que intentarán así mismo recuperar al guanche vivo (Chil, 1880: 165; Grau-Bassas, 1980b), y sobre todo una idea esencial y ancestral de su origen e identidad, útil para sus proyectos de desarrollo e instrucción (Estévez, 2001 y 2013). Momia procedente de las exploraciones en Acusa, término municipal de Artenara, Gran Canaria, efectuadas durante 1934 y 1935. Con todo, el expolio del patrimonio bioantropológico y cultural de los antiguos canarios no solo se mantiene, sino que vive en estas fechas de final del siglo XIX uno de sus episodios más rocambolescos (Fariña y Tejera, 1998), que muestra la debilidad de las instituciones canarias dedicadas a la instrucción pública. En 1868, tras la muerte de su fundador, Sebastián Pérez-Yanes, el Museo "Casilda" de Tacoronte había pasado a manos de Diego Le Brun, un comerciante inglés del que Pérez-Yanes era deudor. Ante la muy probable salida de la colección (y fundamentalmente de sus momias y restos arqueológicos) fuera de España, la Real Sociedad de Amigos del País tramitó su adquisición por parte del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, con destino al Gabinete Científico que dirigía Juan Bethencourt Alfonso, opción desechada ante la falta de efectivo y la deuda que arrastraba el cabildo. Un segundo intento se hizo por el Instituto de Canarias en La Laguna, para su Gabinete de Historia Natural. El interés por adquirir la colección para el instituto de segunda enseñanza llevó a la elaboración de un catálogo de lo que contenía en 1887, que sería más tarde publicado por el catedrático de francés Eugenio de Sainte-Marie. Según éste, la Sección Antropológica estaba formada por: Cuatro momias en bastante buen estado de conservación, de guanches, tales como se encontraron en sus cuevas de sepultura, envueltos en pellejas; descollando entre todos la de una reina, notable por la perfección de sus facciones [...] Veinte y más fragmentos de guanches, cráneos, tibias, fémures [...] Cuentas y rosarios de guanches. 14 piedras de moler gofio. Siete vasijas conservando ingredientes. Ungüentos para la conservación de cadáveres. Objetos sirviendo para pesca y caza de los guanches y hachas, lanzas y bastones muy bien labrados [...] Todo el Museo fue valorado en 18.000 reales, pero esta oferta no debió ser aceptada, puesto que poco después, en abril de 1889, Chil y Naranjo lo visitó e hizo una valoración para la Junta Directiva del Museo Canario: Si nosotros compramos el Museo Casilda, a pesar de estar bastante mermado, podemos afirmar que lo completamos, y creo urgente hacerse con estos restos, pues si perdemos esta oportunidad ya no se presentará otra [...] He hablado con el propietario y lo vende en dos mil pesos al contado, pues está muy falto de dinero. Yo le hice la proposición de darle ahora, si las había en Depositaría, dos mil pesetas y el resto por año, pagando mil pesetas, hasta terminar el pago de los dos mil pesos. Si esto se adquiere, el Museo se coloca a una altura extraordinaria. Allí hay pintaderas que nosotros no tenemos; unas ocho o diez momias, cráneos, molinos, jarros, bastones, etc. (en Alzola, 1980: 83). Finalmente, Carlos Guillermo Le Brun (el hermano de Diego Le Brun), residente ese mismo año de 1889 ya en Argentina, hizo la venta a un particular, Fernando Cerdeña, acaudalado grancanario radicado en La Plata, que pagó 2.000 pesos por la colección, y quien seguramente la adquirió con la intención de revenderla en América. El 20 de julio de 1889 salieron los 29 cajones que transportaban las piezas del antiguo Museo Casilda con destino a Montevideo y Buenos Aires (Mederos y Escribano, 2007: 43). El transcurrir de la historia reúne en el Museo de Historia Natural de La Plata, creado a instancias del famoso Perito Francisco Pascasio Moreno, e inaugurado en un imponente edificio en 1885 (Podgorny, 2009: 191-226), a una parte de las colecciones canarias procedentes del antiguo Museo Casilda y a Víctor Grau-Bassas, estrecho colaborador de Chil y Naranjo, que se vio obligado a una emigración forzosa en 1889 para escapar de una oscura acusación judicial contra él, y que había encontrado acomodo unos meses antes como escribiente y secretario en el Museo de La Plata, institución con la que el Museo Canario venía manteniendo relaciones de intercambio desde 1885. Por mediación de Francisco Pascasio Moreno el doctor Grau-Bassas trabajaría en esta institución, donde se habían colocado otros canarios, como Gabriel Garachico, que había sido preparador en el Museo Canario y dos hijos suyos, también cuidadores del numeroso fondo de zoología que tenía el Museo de La Plata (Alzola, 1980: 39-56, 73, 93-98; García et al., 2015: 36-37). El destino de la colección de Casilda era fragmentarse y de hecho a estas alturas no existía ya coincidencia en sus contenidos según los datos aportados por las distintas fuentes. Así, en el catálogo publicado por Sainte-Marie solo se mencionan cuatro momias, mientras que Chil había contado "ocho o diez" y cuando el que había sido conservador del Museo Canario vio la colección en Buenos Aires, habla de cinco: He visto el Museo Casilda y es muy bueno, no comprendo como Chil dejó de adquirirlo [...] Hay cinco ricas momias, magníficas en su conservación, curiosísimas al extremo pues el sistema de momificación es completamente diferente del Canario. Hay bastantes jarros guanches [...] Tiene el M. Casilda una buena colección de anzuelos y otra inmejorable de adornos canarios (en Alzola, 1980: 85-86). De hecho, nada más llegar la colección a Buenos Aires el propietario Cerdeña intenta revenderla, haciendo una oferta al gobierno, ante lo cual hubo gestiones de Grau-Bassas para dificultar su venta en Argentina y procurar que se regalara la colección guanchinesca al Museo Canario. Con todo, ni Grau-Bassas ni Cerdeña debieron tener éxito en sus transaciones, porque lo que parece es que la colección se desmembró y las momias fueron dispersadas por distintos lugares. Así, después de varios años, en 1897 el corresponsal del Museo Canario en La Plata (León Mateos Amador) comunica al Museo que un particular, Luis Cerrano, conserva en su casa y vende por tres mil pesos oro cinco momias y doce cráneos (Mederos y Escribano, 2007: 44). A pesar de las gestiones de Grau-Bassas, tampoco en esta ocasión El Museo Canario efectuó la compra, por poner el dueño un precio exorbitado (Alzola, 1980: 88-89) y de hecho las momias debieron seguir circulando por Argentina porque en 1941 ingresa en el propio Museo de La Plata una momia canaria, donada por los herederos de un tal Rabaneque, que la había tenido durante años en la tienda de automóviles que poseía. No obstante, la vinculación de algunos empleados del Museo de La Plata con El Museo Canario, fundamentalmente a través de Víctor Grau-Bassas, llevó a la recuperación por medios no muy claros de algunos otros materiales gran canarios de la antigua colección de Casilda. Así, en una carta remitida por Grau-Bassas a su amigo y compañero en El Museo Canario, Juan Padilla, el 7 de marzo de 1889, le escribe que "Garachico está enamorando un magnífico anzuelo, precisamente el que trae Berthelot en su obra, veremos si logra su deseo y se remitirá" (Alzola, 1980: 76)21. Pero el objetivo preferente de sus desvelos fueron tres pintaderas que se conservan en El Museo Canario (con números de inventario 3083, 3090 y 3111), en cuya descripción de catálogo se repite que: Formaba parte de la colección privada de Sebastián Pérez Yanes —conocida como Gabinete Casilda de Tacoronte (Tenerife)—, a quien le había sido regalada por un amigo. Tras su muerte, la colección es adquirida por un grancanario residente en Argentina, siendo trasladada a este país en 1889. Su llegada coincide con la estancia en Buenos Aires del que fuera primer conservador de El Museo Canario, Víctor Grau Bassas. En 1889 éste se haría con la pieza para remitirla a El Museo Canario. En cuanto a la procedencia, nada se sabe con certeza. Sabin Berthelot, erróneamente, la hace proceder de Güímar (Tenerife). Bethencourt Alfonso, al realizar el inventario del Gabinete Casilda, indica que ésta y las restantes matrices que formaban parte de la colección eran "pintaderas del Guanarteme de Gáldar". Estas tres piezas, que no solamente fueron reproducidas por Berthelot, sino también por Verneau en su trabajo pionero (1883) (y que, por su parte, Grau-Bassas dibuja en una de sus cartas22), eran ambicionadas por Chil y Naranjo para El Museo Canario por su importancia cultural y su rareza, y al no haber conseguido evitar que salieran de las islas, se encomienda a Grau-Bassas la tarea de recuperarlas (Alzola, 1980: 84). Que en su adquisición hubo algún manejo poco claro se deduce de una carta de éste a Juan Padilla del 4 de octubre de 1889: En mi poder se hallan las tres pintaderas consabidas, las remitiré por correo en una cajita de madera y aseguradas; creo que llegarán a su poder y entonces ya podremos decir que tenemos completa la colección. A V. es inútil recomendarle la reserva sobre este asunto pues me he valido de un amigo para obtenerlas; están marcadas con pintura de aceite y considero conveniente quitarle la marca con un poco de bencina o aguarrás (en Alzola, 1980: 86). Pintadera de Gran Canaria, procedente del Gabinete Casilda. Aunque recientemente se ha intentado reconstruir la historia de la colección Casilda en La Plata (Fariña y Tejera, 1998) no ha sido posible esclarecer del todo sus avatares. En definitiva, de las cuatro momias de la colección Casilda parece que solo quedaba una en el Museo de La Plata, otras dos en Necochea y la última estaba perdida (Rodríguez Martín y González Antón, 2010: 222). Alzola da cuenta de sus gestiones en 1978 para intentar recabar información al respecto, a través del Director del Instituto Nacional de Antropología de Buenos Aires, Julián Cáceres Freyre, quien le comunica: Por fin el Dr. Armando Vivante, director interino del Departamento de Antropología del Museo de La Plata, me ha llamado para expresarme que el estado de desorden y caos que reina con motivo del paso de los vándalos por nuestras universidades [...] ha hecho que no sólo se pierdan innumerables papeles de archivo sino que quedara también destruida mucha documentación sobre piezas de museos [...] no se ha podido encontrar correspondencia sobre el Dr. Víctor Grau-Bassas. Dos momias del Museo Casilda tuvieron su propia historia en Argentina. Desde La Plata viajaron hasta la ciudad de Necochea, y es posible que haciendo escala en otra localidad, Tres Arroyos, en la que se instaló el doctor Grau-Bassas después de salir de La Plata. En los años veinte del siglo XX aparecen ya arrumbadas en el Colegio Nacional "José Manuel Estrada" de Necochea. A la vista de su deterioro son trasladadas al Museo de Ciencias Naturales de la ciudad para su cuidado y exhibición. Desde aquí, y tras una reclamación oficial de la Administración canaria estas dos momias regresaron a Tenerife en 2003 (Rodríguez Martín y González Antón, 2010: 222). Momia restituida desde Necochea en el Museo de la Naturaleza y el Hombre de Tenerife. En definitiva, el final del siglo XIX no supuso el fin de la costumbre de expoliar y coleccionar restos humanos procedentes de cuevas sepulcrales guanches por parte de particulares isleños y foráneos (Farrujia, 2014: 37-39). De hecho, hasta la actualidad, los expertos en patrimonio insisten en la permanencia de una "moda" consistente en conseguir y atesorar algún resto físico de los antiguos guanches (Rodríguez Maffiotte, s.f.: 35; Cabrera, 2010: 199-200). Como hemos visto, no solamente fueron museos y colecciones extranjeras las que adquirieron restos antropológicos canarios, sino que en museos españoles peninsulares también se fueron conformando colecciones y depósitos de antigüedades canarias a lo largo del siglo XIX y XX (por ejemplo la colección de cerámica indígena estudiada en Valencia por Hernández Martín, 2004). No será hasta la ley de Excavaciones y Antigüedades de julio de 1911 cuando quede regulada la forma de realizar excavaciones arqueológicas, otorgando a los investigadores la propiedad de lo que se ha encontrado, siempre que se haya contado con el permiso pertinente por parte del Estado y que no se trate de extranjeros (Farrujia, 2010: 168-169). Esta ley se invocaba en julio de 1915, en una orden del Gobierno Civil de Tenerife publicada "Para que no sufra menoscabo la riqueza que, en restos humanos y utensilios domésticos correspondientes a los antiguos pobladores guanches de estas Islas, existe aún en varias de ellas [...]" y que estaba motivada por las investigaciones emprendidas en varias cuevas de la isla por el reconocido antropólogo norteamericano Earnest Albert Hooton y que darían lugar a su famoso libro, The Ancient Inhabitants of the Canary Islands (1925). Parece ser que Hooton se trasladó al sur de la isla precisamente para evitar que se paralizasen sus excavaciones en yacimientos intactos, que debió llevar a cabo con resultados positivos y cuyos nada desdeñables materiales, a pesar de la intervención de la guardia civil, consiguió exportar con éxito al Peabody Museum of Archaeology and Ethnology de la Universidad de Harvard, a través de un empleado de una compañía frutícola multinacional radicada en Adeje (Farrujia, 2010: 171-172). Después de esto Hooton no volvió a trabajar nunca más en Canarias, aunque sí llegó a ser profesor de antropología física en la Universidad de Harvard y conservador de somatología en su Museo. El episodio de la extracción ilegal de restos arqueológicos canarios por parte de un antropólogo académico norteamericano tiene un innegable carácter colonial (Farrujia, 2015: 292-295) que, teniendo en cuenta la fecha avanzada en que se produce y que el territorio del expolio forma parte de un Estado europeo, deja bien a las claras la situación de nuestro país con respecto a la arqueología y la antropología internacionales, como un terreno de aprovechamiento primario. Frente a esto, la recuperación en 2003 de las dos momias de Necochea marca una etapa en que la antropología y la arqueología canarias ya llevaban al menos un par de décadas formando parte de una política cultural oficial, patrocinada por parte de la administración central y autonómica del Estado, pero fundamentalmente apoyada en las universidades, centros de investigación y museos de las islas Canarias, y que tiene como objetivo el conocimiento y la difusión de la antropología y la historia del territorio isleño, y especialmente de la cultura y la población indígenas. El primer hito de esta etapa de restitución del patrimonio de los antiguos pobladores fue la celebración del I Congreso Internacional de Estudios sobre Momias, organizado por investigadores canarios e internacionales, y celebrado en el Puerto de la Cruz (Tenerife) en febrero de 1992 (Actas, 1995). Como conclusión del mismo se redactó una propuesta para que las momias guanches fueran declaradas Bien de Interés Cultural y perseguidos penalmente en consecuencia su expolio, deterioro o comercio24. La realización de un inventario de los restos y un protocolo de actuación para su estudio y conservación fue el objetivo de un ambicioso proyecto desarrollado por el Museo Arqueológico y Etnográfico de Tenerife en 1990, con participación de expertos internacionales de primera línea; el llamado proyecto Cronos. Bioantropología de las momias guanches (Rodríguez Maffiotte, s. f.; González, Rodríguez y Estévez, 1990). Como parte de esta tarea se pone en marcha un programa de localización y restitución de restos biológicos y momias canarias repartidas por todo el mundo, que choca en muchas ocasiones con la negativa de las instituciones museísticas a la devolución e incluso con su reticencia a proporcionar cualquier tipo de información o posibilidad de examen de los mismos (Rodríguez Martín y González Antón, 2010: 216). El establecimiento de una red internacional en torno al estudio y conservación de los restos humanos momificados se inició gracias a la confluencia de un reconocido experto mundial, Arthur C. Aufderheide (Rodríguez, González y Estévez, 2014), creador del Aufderheide's International Mummy Registry en la Universidad de Minnesota (y que, a diferencia de otros colegas manifestaba: "I have never cared to possess an entire mummy" 25), con los investigadores canarios Conrado Rodríguez Martín, Rafael González Antón y Fernando Estévez González, y conllevó numerosos resultados tangibles (Lynnerup, 2007). Durante el II Congreso Mundial de Estudios sobre Momias celebrado en Cartagena de Indias, Colombia, en 1995, se entablaron contactos entre los directivos del Museo Arqueológico de Tenerife y el nuevo Instituto Canario de Bioantropología (representados por Conrado Rodríguez Martín y Rafael González Antón)26, e investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina para recabar información sobre las momias y el resto de materiales del Museo Casilda conservados en colecciones y museos argentinos. En 2002 estas conexiones conducen a una gestión política por parte de las autoridades responsables de patrimonio de Tenerife, que concluye con la firma en septiembre de 2003 de un Convenio de Colaboración entre el Organismo Autónomo de Museos de Tenerife (creado en 1990 y dirigido entonces por Fidencia Iglesias González), la Municipalidad de Necochea y su Colegio Nacional, por el cual se permitió la restitución de las dos momias conservadas en el Museo Municipal de esta ciudad, a su isla de origen27. Los dos ejemplares fueron catalogados y descritos por el personal técnico y pasaron a formar parte de la importante colección del Museo de la Naturaleza y el Hombre de Santa Cruz de Tenerife (Fig. 8), siendo expuestos en el Área de Antropología Biológica, en la sección dedicada al mundo funerario de la población guanche (Rodríguez Martín y González Antón, 2010: 222)28. La siguiente gestión de restitución de restos bioantropológicos de antiguos canarios tuvo lugar en febrero de 2011, cuando fueron devueltos a Tenerife tres cuerpos momificados incompletos (de los dos más completos en uno falta la cabeza y el otro cuenta solo con la parte superior del tronco, cabeza y brazos). Estas momias permanecían en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, dentro del llamado Museo de Antropología Médico-Forense, Paleopatología y Criminalística creado por el profesor Reverte Coma en 1994 con piezas de procedencia variada. Estos ejemplares debieron de salir de Tenerife en el siglo XIX y tal vez formaron parte de los depositados en el Museo Arqueológico Nacional, para pasar luego al Museo Antropológico. De ahí, y junto con otros restos momificados de distintas procedencia, fueron trasladados para su estudio a la Facultad de Medicina en 1975 y no fueron devueltos. En 2009 el Presidente del Organismo Autónomo de Museos y Centros de Tenerife, Francisco García-Talavera, firmó un Convenio de Colaboración con la Universidad Complutense para que los restos fueran estudiados y exhibidos por parte del Organismo Autónomo (Rodríguez Martín y González Antón, 2010: 218). Finalmente, fueron expuestos en el Museo de la Naturaleza y el Hombre de Tenerife en 201429. En el momento actual en que internacionalmente se multiplican las denuncias por casos de exhibición de materiales considerados "delicados" (Martínez et al., 2014), las reivindicaciones de los expertos y técnicos canarios cobran todo su sentido —teniendo en cuenta además que, tanto el Museo de Tenerife como el Museo Canario de Gran Canaria, conservan colecciones antropológicas, incluyendo momias, como centros especializados. Precisamente por eso puede resultar discutible el último traslado de una momia canaria que ha tenido lugar en fecha tan reciente como el 14 de diciembre de 2015. Efectivamente, de un modo algo sorpresivo, en esta fecha se trasladó la que puede considerarse como mejor conservada de todas las momias guanches existentes, que formaba parte de los fondos del Museo Nacional de Antropología y fue conducida al Museo Arqueológico Nacional, también en Madrid, para ser la joya de la exposición dedicada a los pobladores prehistóricos de Canarias en este museo, recién remodelado. Esta cesión a un Museo Nacional en Madrid, para la que se aducen razones puramente técnicas de dificultad del traslado aéreo de un material extremadamente frágil, se produce después de un largo proceso de petición de restitución del cuerpo a Canarias (García Morales, 2012: 24). La primera solicitud se produce en 1976 por el arqueólogo Luis Diego Cuscoy, entonces Director del Museo Arqueológico de Tenerife, y el delegado en la isla de la Dirección General de Bellas Artes, Rafael Delgado. Para la respuesta negativa su adujeron razones de conservación: la humedad de la isla no era conveniente para el mantenimiento de la momia. En 1990, en el contexto de la preparación del Congreso Mundial de Estudios sobre las Momias previsto para 1992, y en el marco de la organización de una exposición anexa al congreso: "Momias, los secretos del pasado" se produjo un acuerdo plenario del Cabildo de Tenerife, apoyado por los senadores provinciales, para establecer conversaciones con el Ministerio de Cultura encaminadas a la devolución de la momia; propuesta que chocó con la negativa radical de la dirección del Museo Antropológico (Rodríguez Martín y González Antón, 2010: 216-218). Posteriormente, en 2004 y en 2006 se llevarán a cabo nuevas gestiones, con un cariz marcadamente político. En 2006 Ricardo Melchior, senador de Coalición Canaria por Tenerife en ese momento, propuso en esa Cámara el traslado a Tenerife del cuerpo, lo que fue aprobado por la Comisión de Cultura del Senado. En 2008 y 2010 otro senador, Antonio Alarcó Hernández, dirige preguntas a la Comisión para que explique su inacción en este asunto y además la diputada Ana Oramas González-Moro presenta una moción el 18 de mayo de 2010 a la Comisión de Cultura del Congreso, instando al gobierno a adoptar las medidas necesarias para la devolución. La Comisión de Cultura del Congreso dictaminó el 16 de mayo de 2012 en contra del traslado, aduciendo el peligro que suponía el viaje para la conservación del ejemplar (Martínez et al., 2014: 20). En la moción del senador Melchior se señalaba la procedencia del barranco de Herques de la momia, su perfecto estado de conservación y que el Organismo Autónomo de Museos y Centros de Tenerife contaba con los mejores medios expositivos y de investigación para asegurar el éxito del traslado. Pero, además, convencido de que la restitución se iba a producir, en declaraciones a la prensa (18-5-2010), Melchior, por entonces presidente del Cabildo de Tenerife, remarcaba los criterios éticos y políticos para su reclamación, afirmando que se trataba de una demanda de hacía más de veinte años, amparada por la Ley de Patrimonio Histórico de Canarias, señalando la deficiente consideración museística del cuerpo momificado como un objeto exótico y bárbaro: "la momia no es una curiosidad traída de fuera y se encuentra en una sala en la que hay diferentes objetos que se podrían calificar como tales", y, sobre todo, remarcando su valor identitario, ya que no estábamos ante un mero objeto, "sino el cadáver de un ser humano que tiene derecho a descansar en su tierra" 30. Es decir, junto a consideraciones que señalaban el contexto "colonial" en que la momia era presentada en el Museo Nacional de Antropología (dedicado a las culturas extraeuropeas), se hacía también referencia a su naturaleza específica, no como un objeto cultural, sino como los restos de un antepasado, sobre los cuales los derechos de posesión pueden ser mucho más controvertidos (Cf. La momia presenta en este sentido un carácter difuso en su apreciación, que puede dar lugar a conflictos teóricos y en la práctica (García Morales, 2012; Herráez, 2012), según sea considerada como un objeto material —un espécimen de museo—, una mercancía en suma, o como el cadáver de una persona, respecto al que deben salvaguardarse otros derechos. El desenlace de este proceso no ha dejado de ser sorprendente, el traslado del cuerpo al Museo Arqueológico Nacional se ha justificado por las autoridades del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, en primer lugar, como parte de un proceso para "reagrupar los materiales arqueológicos canarios en museos estatales, hasta ahora dispersos entre el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Nacional de Antropología y el Museo de América"31. La momia estaría acompañada así con "piezas cerámicas, herramientas líticas, textiles, ídolos y otros materiales, además de gráficas, mapas y un audiovisual, que acercan al visitante a la sociedad prehispánica insular". Se señala también por los directivos del museo que es el mejor ejemplo de la momificación de los antiguos canarios y "el único expuesto en museos de la península" y que Canarias es la única Comunidad Autónoma que no contaba con representación como tal en el Museo Arqueológico Nacional. De hecho, tal vez el desencadenante de toda esta acción pudo ser la queja de la consejera insular de museos del Cabildo de Tenerife (Amaya Conde) que, tras la visita al MAN y su nueva exposición, inaugurada el 31 de marzo de 2014, advirtió la ausencia de cualquier representación de Canarias en ella, lo que señaló a las autoridades del Ministerio de Cultura y denunció también en la prensa32. Teniendo en cuenta estos antecedentes, resulta sorprendente que en este plan museográfico y en la exposición propiamente dicha del MAN que conforma hoy una moderna exhibición, ciertamente espectacular en lo que respecta a la arqueología canaria, se deslizara un error grave como ha sido que en la sección expositiva dedicada a Arqueología y Patrimonio, y en un vídeo que recoge un mapa con los puntos de interés arqueológico de España, las Islas Canarias aparezcan en el Mediterráneo, debajo de Baleares y encima de la costa africana, representadas por el clásico recuadro artificial al que se ha recurrido tradicionalmente en los mapas del territorio nacional español, que falsifica completamente la realidad geográfica y la escala cultural del archipiélago canario. Este error ha sido señalado, y remarcada su inconsistencia con los objetivos de rigor científico y difusión cultural que deben guiar a una institución museística del primer nivel, por parte de las autoridades canarias de patrimonio que han reclamado su inmediata corrección33. La segunda razón —o mejor dicho, la primera teniendo en cuenta que forma parte de los objetivos fundamentales de los expertos y gestores de patrimonio cultural— dada por las autoridades del Ministerio de Cultura para rechazar el traslado de la momia guanche a Tenerife es su fragilidad y la necesidad de salvaguardar, por encima de cualquier otra consideración, su perfecta conservación como bien patrimonial. Este criterio conservacionista aparece como incontestable y así se manifiesta en las declaraciones hechas a la prensa por el Director del Museo Arqueológico Nacional (Andrés Carretero) que remarca la fragilidad de la momia y el peligro que conlleva su traslado, equiparando la imposibilidad de su restitución a Canarias con otros traslados que también han sido reclamados, como el del Guernica de Picasso34. En este sentido la forma en que se ha llevado a la práctica el traslado de la momia, encomendado a expertos en movimientos de obras de arte, ha sido impecable y escrupulosamente cuidada. Se hizo un ensayo previo del procedimiento, se fabricaron moldes para el acondicionamiento del cuerpo y se ha construido una vitrina con todos los avances técnicos para que las condiciones físicas sean estables y no deterioren el cadáver. Que el criterio de autoridad de los técnicos de patrimonio sea en general incuestionable, no debe confundirse con una razón esencial o absoluta de su parte. De hecho, así parece indicarlo el último (hasta ahora) acontecimiento que ha tenido que ver con la antigua momia que los ilustrados canarios hicieron venir a la Corte de Madrid en el siglo XVIII. En la noche del 5 de junio de 2016, esta momia canaria acompañó a otras tres procedentes del antiguo Egipto y también pertenecientes a los fondos del MAN para ser sometidas a un examen con el equipo de tomografía computarizada de última generación, que incluye imágenes en 3D, del Hospital Universitario Quirónsalud de Madrid. Este traslado, que los noticiarios televisivos narraron con todo detalle, se señala en las notas de prensa que se lleva a cabo con fines de investigación y rodeado de excepcionales medidas de seguridad: "se hizo de noche, un día sin lluvia ni humedad y evitando baches". En el mismo vídeo promocional en que aparecen estas palabras y que recoge el traslado se puede observar cómo operarios especializados llevan a la momia guanche y la colocan en el escáner para la prueba35. Los objetivos de la investigación parecen centrarse en una colaboración entre el departamento de antigüedades egipcias del MAN, el hospital Quirón y la televisión española para realizar una película documental36: Autopsia, la historia secreta de las momias" es un documental coproducido por TVE y Story Producciones que nos mostrará la historia más desconocida y sorprendente de las momias del antiguo Egipto. Se realizará partiendo de una investigación real. Tres momias egipcias y la momia guanche mejor conservada del mundo serán analizadas con un escáner de última generación. Gracias a los resultados obtenidos reconstruiremos cómo fue la vida en el antiguo Egipto. Y lo haremos desde una perspectiva totalmente nueva: la que procede de las técnicas modernas de la medicina [...] Egiptólogos, conservadores, restauradores, médicos... somos un equipo interdisciplinar que entre todos vamos a desvelar nuevos conocimientos fundamentales para el mundo científico. También es esencial el equipo de Story Producciones, imprescindible para la difusión del trabajo y la producción del documental, así como el de los especialistas en el transporte de piezas. Solamente entre el trabajo de todos, se podrán descubrir nuevos horizontes en esta apasionante aventura37. Proceso de escaneo de la momia de Herques en el hospital Quirónsalud de Madrid. Aparte de que se unifiquen sin mayor explicación las extraordinarias diferencias entre las momias egipcias y la canaria (algo que irremediablemente recuerda a líneas de estudio poco actualizadas) y de que ésta en realidad no figure entre los objetivos de "conocimiento" del equipo responsable del proyecto que emprende "un viaje en el tiempo que permitirá descubrir cómo fue la vida en el antiguo Egipto gracias a las técnicas más punteras de la medicina actual" 38, la extraordinaria conservación de la momificación guanche no deja de servir como acicate para la banalidad y el sensacionalismo periodístico. Así, el autor del artículo de prensa que se refiere a la prueba científica como un "casting", escribe también que "La principal es la momia de Nespamedu [...] va acompañado de dos mujeres egipcias. Durante este tiempo los responsables del patrimonio cultural canario, a través, por ejemplo, del Director General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, Miguel Ángel Clavijo, han mantenido su reivindicación de la momia de Herques (Fig. 9) y para ello alegan razones técnicas de conservación y de pertenencia a su patrimonio cultural, pero también, como ya se vio en las declaraciones del senador Melchior, cuestiones éticas que tienen que ver con la exhibición de "cuerpos humanos de los antepasados en vitrinas museísticas" 40. Es evidente que el expolio y la destrucción del patrimonio indígena canario no es algo que se terminara con el siglo XIX, ni que incluso hoy pueda darse por finalizado, a pesar de las leyes nacionales e internacionales de protección de los sitios arqueológicos y la organización a partir de las dos últimas décadas del siglo XX de una red de técnicos arqueólogos, antropólogos y de patrimonio bien establecida y repartida por las islas (Henríquez, 2005; Farrujia, 2014: 55-69; Farrujia, 2015: 282-292). Pero a la vez, en nuestro contexto actual postcolonial, también resulta algo claro que hay pocas razones para impedir la restitución de los restos humanos obtenidos en el ámbito del comercio cultural o de antigüedades, ítem más si se trata del propio país y la reclamación está avalada por criterios técnicos de conservación patrimonial e identidad cultural. En este sentido puede afirmarse que el Museo de la Naturaleza y el Hombre, radicado en Tenerife, constituye una referencia internacional entre los centros especializados en conservación de restos humanos, tanto por sus fondos, como por los recursos de conservación de un material tan frágil y el personal técnico con que cuenta, y por la posibilidad de mantener una exposición permanente y un discurso museográfico científico (Rodríguez Martín y González Antón, 2010: 229-233). Así pues, finalmente, y después de una historia de muchos siglos de expolio colonial, se vuelve a plantear aquí, de forma explícita, y junto a otros muchos conflictos latentes en este caso, una confrontación en la gestión de los bienes patrimoniales de los antiguos canarios y en su "posesión" (Herráez, 2012) por parte del Estado frente a la reivindicación de los mismos como "ancestros" o bienes que deben ser mantenidos, administrados e interpretados en el territorio y por los pobladores que se consideran a sí mismos como sus prioritarios y legítimos herederos. En medio de un proceso técnico y en manos de expertos, en el transcurso de su traslado al MAN, hubo un acto curioso, destacado por la prensa41. La momia de Herques (Fig. 2) fue despedida del Museo Nacional de Antropología con un poema, "Llamarme guanche" original del autor canario Carlos Pinto Grote (1923-2015), cuyos últimos versos son: Hundir a los navíos y a las barcas que abrieron en la mar caminos a la Isla. Ésta es mi tierra humilde, ésta es mi humilde patria. Tener el corazón hecho de libertades. Llevar la frente alta. Llamarme guanche, hijo de los volcanes y de las lavas".
Sofía Casanova, al término de mi conferencia anterior vino a decirme muy quedamente que ella, a pesar de ser la mujer como una forma neolérica quería persistir en ella. Pero Sofía Casanova, mujer aacida en un paisaje esencialrnente femenino, el de nuestra común Galicia, apenas vislumbró la exposición y desarrollo de mi conferencia, porque decir a la mujer que tiene forma neotérica es!o mismo que deslizar un piropo en su nido. Formas larvarias de ciertas hembras animales contrastan en su forma sutil y airosa, en su gracilidad, con las formas densas y bastas de los machos. Constituye la mujer un tipo angelical, y este es el mayor piropo que puede ofrecérsele, ya que el piropo al fin no es más que la expresión de una exaltación marcada de la feminidad.3 Nationalism, religion and the essential order of the gender system and the social sphere, were the elements that shaped her reflections on the creation of citizen concepts and practices: "Muchas damas polacas de alcurnia son enfermeras a lado de jóvenes humildes y, vistiendo el blanco delantal y el pañuelo blanco en la cabeza, todas grandes señoras y modestas mujeres, parecen iguales ante la magnitud del dolor que deben activar."5 But, Pero "los periódicos no traen una línea de cuanto vemos en la ciudad [...]"6 Será pecado menos repetir lo que otros dicen en público, y por este procedimiento me acojo."11 Al ventanillo enrejado asomanse los rostros de los recluidos, y desde una distancia de tres metros está permitido hablarles."13 Lo haré en seguida, continuando los esbozos que te presenté; pero hoy, la amenaza de que la guerra prosiga indefinidamente me sobrecoge y me desorienta."15 Poland's need and national emergency are the catalysts for this change: "Desde aquel momento mis actividades se dispusieron a ser útiles a la tierra en donde gran parte de mi vida se había desarrollado. Estudié un curso abreviado de enfermería."20 "El escritor no descansa nunca. La educación de mis hijas. He conseguido hacer de ellas unas admirables mujeres de hogar. Logré entregar a sus maridos intacto el depósito sagrado que Dios me confiara... This discursive tension can be seen summarised in her description of her daily life, a constant pendulum between activity and reflection: "—¿Qué tipo de vida hace usted?— Muy intensa pero muy recogida."24 This would be a major factor during the war: "Sí, hermana —me respondió, saludando militarmente, con respeto— de la tragedia irremediable [de Polonia]."25 Cuando estoy en España suspiro por Polonia. Detrás de mí, en el patio, caían las balas, de suerte que no pudiendo retroceder a casa ni cruzar la calle, aguarde, con miedo, tras de dar unos pasos a la derecha y refugiarme en la embajada. Lo hice aprovechando un claro, subí, y en el despacho del Sr. Garrido encontré a su esposa, al señor embajador y al joven secretario Lacaslae.31 Los procesos de demencia individual poseen etiologías semejantes a los de la demencia popular. Un misterioso desequilibrio perturba las facultades psíquicas, desproporcionado la correlación de las ideas, favoreciendo y robusteciendo unas inclinaciones con perjuicio de otras. Cuando este desequilibrio tiene el imperativo de un rato genial, de un divino amor a los hombres, puede ascender una nación a la cumbre de su destino, o un sabio, un artista, un pensador marcará época con su acción y su obra.33 Sólo puede afirmarse que para la mujer sin hogar la independencia que da el trabajo es necesidad y contento de su vida."35
La caricatura política desde un siglo XXI iberoamericano. Una historia cultural del tiempo presente En una coyuntura adversa a la libertad de opinión en el espacio público tanto en Europa como en América Latina y desde la perspectiva de la historia del tiempo presente, este estudio analiza el significado que habrá tenido desde y para América Latina una de las "últimas catástrofes" como lo fue el atentado en contra del periódico satírico Charlie Hebdo en París en enero de 2015. La caricatura política aparece en efecto como el revelador no sólo de un acontecer traumático sino también de una cultura política compartida a través de unas prácticas republicanas y democráticas. Ahora bien, el imaginario político que conlleva se ve cuestionado y hasta rebatido por opciones ideológicas autoritarias en un continente democratizado pero que se enfrenta todavía con unas memorias divididas o con el pasado traumático de las dictaduras. Una figura asoma en ambas posturas (la democrática y la autoritaria) y en los imaginarios afines: la de las víctimas, que dentro de esta relación al pasado o régimen de historicidad, tiende no sólo a sustituir a "la era de los testigos" ejemplificada por la historia del tiempo presente sino también a integrarse en un registro emocional instrumentalizado de que se deriva una visión sesgada de la historia. En el rubro de las "últimas catástrofes" del incipiente siglo XXI y del "regreso del acontecimiento" en las actualidades de una historia globalizada acompasada por acontecimientos trágicos amplificados por la caja de resonancia mediática, los atentados de enero de 2015 en contra del periódico satírico Charlie Hebdo en París (el 7 de enero de 2015) adquirieron especial relevancia así como un estatuto peculiar en las memorias colectivas e individuales. La coyuntura se caracterizaba ya, en muchos países occidentales, por el regreso de tendencias autoritarias en la vida política. El espacio público fue experimentando atisbos de control de las libertades públicas, en virtud de argumentos políticos, ideológicos o que tenían que ver con seguridad nacional. En una línea parecida, en España la denominada "ley mordaza" —adoptada en julio de 2015— no deja de recordar sorpresiva y amargamente un "pasado que no pasa", dicho de otra forma las sombras de un franquismo que tiende a renacer en no pocas iniciativas oficiales o asociativas que desembocan en no pocos casos en una nueva historia oficial, si tenemos en cuenta los usos políticos del pasado. Otro tanto podría decirse de la multiplicación de los episodios de censura en un siglo XXI latinoamericano adverso a los medios de comunicación no oficialistas y a la libertad de opinión, que se trate de la prensa escrita o del discurso visual promovido por viñetistas que se arriesgaron a pensar y a tipificar el presente. Mencionaremos tan sólo los casos de Venezuela, México, y Ecuador, que coparon la actualidad reciente atentando a la libertad de prensa a través de la censura, de multas, agresiones y hasta asesinatos1. La historia del tiempo presente —marco conceptual de este estudio— se origina fundamentalmente en la tensión que se va creando entre memoria e historia, entre el conocimiento y la experiencia, la distancia y la proximidad, la objetividad y la subjetividad, el historiador y el testigo, teniendo en cuenta el hecho de que el testimonio conlleva además un "imperativo social y moral". Asentándose en temporalidades y regímenes de historicidad distintos —en el sentido de las relaciones que una sociedad va tejiendo con su pasado y que posibilitan la elaboración de un relato histórico—, esta reflexión intenta por lo tanto rescatar una "dialéctica peculiar entre el pasado y el presente", inserta en un imaginario de cuño republicano y democrático, e in fine, reconsiderar este pasado cuya memoria globalizada se ha ido difundiendo en el espacio público como se pudo comprobar en la aprensión de los acontecimientos señalados (Rousso, 2012: 12 y 2015; Hartog, 2003; Langue, 2015: 12-32). De ahí la definición adelantada por Henry Rousso y a la que nos suscribimos en este ensayo: la historia del tiempo presente se originaría en la última catástrofe —cronológicamente hablando—, dicho de otra forma en momentos de violencia paroxística, que propician alguna que otra de toma de conciencia, y tienden a crear traumas que oscilarían entre memoria y olvido. Quizás sea la Shoah el acontecer que mejor ejemplifica esta vinculación entre un pasado traumático y el rescate azaroso del mismo. Para el historiador del tiempo presente, testigo en primer término de los hechos observados —con la distancia mínima que confiere una reflexión crítica fundada en fuentes debidamente identificadas e interpretadas—, no dejan de confluir además caricatura política e historia de las ideas políticas en un mismo campo de investigación. También conforman una experiencia personal que no siempre solemos traer a colación en el oficio de historiador(a), salvo en el marco epistemológico de la ego-historia2. Como tuvimos la oportunidad de experimentarlo, dedicarse a la historia del tiempo presente conlleva riesgos de censura en el espacio público o semipúblico, por motivos bien ajenos a la investigación. En este sentido, el caso Charlie, más allá del símbolo en que se había convertido el periódico satírico antes del atentado —ya había sido objeto de ataques y amenazas diversas—, nos brindó una oportunidad de reflexionar sobre una modalidad no consensuada de expresión y de acercamiento irreverente al tiempo presente que hasta ahora sólo habíamos abordado de forma tangencial tratándose de nuestro terreno fundamentalmente latinoamericano e ibérico (Rousso, 2015: 19; Capdevila y Langue, 2009; Ricœur, 2000)3. CULTURA POLÍTICA Y ACONTECER TRAUMÁTICO No se trata aquí de considerar las visiones gráficas y humorísticas que de Iberoamérica se tiene desde Europa. Este ensayo aboga más bien por la imprescindible contextualización de un acontecer trágico. Parte en efecto de su "recepción" allende el Atlántico, una "recepción" inserta en una cultura política compartida sin lugar a dudas y en unas sensibilidades comunes o, al contrario, rechazada con base a consideraciones ideológicas algo descontextualizadas (Malamud, 2015)4. Está por demás decir que el enfoque proporcionado por los periodistas o los caricaturistas puede coincidir con el análisis del historiador al aproximarse a "acontecimientos" que crean una temporalidad distinta de acuerdo con el grado de violencia y por lo tanto de sideración que los acompaña en primer término. Estos acontecimientos tienden a fomentar un discurso, a forjar un lenguaje y a hacer memoria, dando paso a fenómenos de confrontación o de consentimiento. Artículos y dibujos de prensa nos devuelven un espejo a veces crítico, ocasionalmente solidario, casi nunca indiferente, desde una Iberoamérica portadora de un imaginario político compartido y debatido a la vez, a la usanza de un "espejo enterrado" tal como lo desentrañó Carlos Fuentes. La caricatura o mejor dicho el dibujo de prensa se presenta en ese aspecto y desde sus inicios como un género figurativo híbrido que ocupa el espacio intermedio entre los artistas propiamente dichos y los periodistas (VVAA, La caricature... En la medida en que el acontecimiento se "fabrica", se fragua, se desplaza y se desenvuelve en el campo de las emociones —indignación y miedo fundamentalmente—, entre dos visiones, la del pasado y la de un porvenir que si bien irrumpe en la cotidianidad también se deja esperar, semejante análisis no puede hacer caso omiso de las relaciones fluctuantes que se van tejiendo entre democracia, catástrofes —en el sentido de situaciones extremadas o paroxismos— y la sobrecogedora condición de víctimas en el presente. El acontecer cobra sentido al expresarse en emociones, palabras y hasta silencios, se articula entre la singularidad de los individuos (se interioriza) y un colectivo específico (reúne experiencias generacionales, alteridades diversificadas), aunque pueda ser negado u obviado por razones políticas, si nos referimos al ejemplo de las guerras de descolonización. Es la recepción del acontecimiento, el recuerdo y más adelante la memoria que de él se tiene, lo que determina su sentido. El acontecimiento no existe a priori. De acuerdo con Pascal Ory, en Ce que dit Charlie, "el enero del 15" —al igual que se dice "mayo del 68"— es un acontecimiento fundador en varios escalas. El grado de violencia extremada lo convierte en "la metonimia de una crisis más general" cuya comprensión nos lleva a considerar el papel de la prensa y especialmente de la prensa satírica. La irrupción brutal de este "acontecimiento global" es reveladora además de nuestro tiempo, en términos de representaciones y de historia cultural, como bien lo expresan las caricaturas: estos momentos "históricos" ponen de relieve la precariedad de los valores heredadas de la Ilustración así como la fragilidad de la libertad de expresión en un contexto ejemplificado como situación de guerra. De ahí y al igual que en otros países en situaciones de guerra interna o blancos del terrorismo, las "marchas republicanas" de enero (luego del atentado en contra de Charlie), los monumentos espontáneos de noviembre (a raíz de otros atentados terroristas), que encierran sin embargo un fuerte compromiso individual a favor de la libertad de expresión (Farge, 2002; Le Goff y Nora, 1974, I: 210-229; Ory, 2015: 13, 23-24)5. Como Pierre Nora lo puso de relieve en un artículo clásico, "El regreso del acontecimiento" (1974), este proceso caracteriza la "modernidad democrática" de las últimas décadas del siglo XIX (l'Affaire Dreyfus en el caso francés), modernidad inextricablemente ligada a la actuación de los medios de comunicación de aquel entonces, sátira gráfica incluida. Esta forma de contra-poder se va configurando partiendo en efecto de las sensibilidades sociales y políticas del tiempo. Se diferencia y hasta se le opone a la neutralidad y más en un contexto de acelerada aunque temprana coyuntura mediática. De ahí la evolución del género dibujo de prensa-caricatura —no se trata de una mera ilustración— a raíz de la I Guerra Mundial: la idea y la leyenda cuentan más en adelante que el dibujo mismo. De tal forma que el trazo, el lenguaje figurado y la alusión imperan en las caricaturas europeas de entreguerras y en periodos de crisis (i.e. guerras de descolonización, y después del mes de mayo de 1968) con publicaciones de marcada tendencia libertaria como Charlie Hebdo, Siné Massacre o L'Enragé ("el rabioso"). Tal es también la situación que se observa en Latinoamérica, en coyunturas conflictivas tanto en lo interno como a escala internacional, con la necesaria diferenciación que se deriva de una historia del tiempo presente que rigen paradigmas a veces distintos a los de Europa (AAVV: La caricature..., 2015). A ese respecto, nos parece imprescindible resaltar estas especificidades de un tiempo presente latinoamericano para comprender el significado del acontecer aludido y sus interpretaciones gráficas y más cuando la caricatura, a diferencia de la prensa satírica, se instaló de forma duradera en línea (sitios Web y redes sociales), logrando de esta forma una mayor circulación. En primer lugar, es mayor la densidad de la relación simbólica a la historia: la escritura de la historia encuentra su punto de partida en las Revoluciones de Independencia y un siglo XIX cuyas élites gobernantes también se preocupan por escribir la historia (de Mitre a Stroessner, Fidel Castro o Chávez) e instrumentalizarla a través de unos símbolos y de un imaginario de fuerte tendencia conmemorativa pese al desarrollo de la historia académica en el siglo XX. Los retos de la memoria tienen que ver con la pregnancia del siglo XIX y antes, de la conquista y de un pasado precolombino mitificado en las memorias indígenas. Asimismo se identifican ritmos y temporalidades distintas, junto al "resorte" identitario, con su componente maniqueo (la alteridad amenazante, bajo forma del vecino, del "imperio" o del neoliberalismo). De ahí el peso de la retórica del enemigo y la consiguiente legitimación de la violencia política en que se fundamenta in situ la relación a la historia. Se oponen vencedores a vencidos, corrientes historiográficas a corrientes memoriales, historia oficial y revisionismo histórico, como apareció a todas luces en las conmemoraciones del Quinto Centenario del descubrimiento de América, del Bicentenario de las Independencias o del Centenario de la Revolución mexicana de 1910 (Capdevila y Langue, 2009). No hay además acontecer traumático que se asemeje a lo que fueron para Europa los dos conflictos mundiales y sus secuelas. Fueron enfrentamientos de menor intensidad derivados en gran parte del modelo cubano —la misma Guerra Fría no constituye una ruptura con el pasado— y que incidieron fuertemente en la inercia de las figuras heroicas que "mueven" la historia o mejor dicho las historias oficiales: son plurales e incluso demultiplicadas las comunidades memoriales, especialmente en las sociedades de fuerte componente indígena. El acontecer violento o conflictivo se experimenta y se vive en relación a comunidades y Estados para luego alcanzar una escala continental, gesta libertadora incluida, de la lucha armada al alter mundialismo, de Bolívar a Fidel o Chávez. Los traumas del siglo XX se relacionan con regímenes autoritarios y dictaduras militares a escala del continente, salvo contadas excepciones. En las sociedades latinoamericanas actuales, el "deber de memoria" no encierra por lo tanto el mismo significado que en Europa. Las mismas comisiones de la verdad creadas en el marco del proceso de democratización, si bien obran para conseguir reparaciones, también trabajan a favor de una convivencia ligada a una exigencia de justicia, de lucha contra el silencio y el olvido más que de una reconciliación, e in fine, de defensa y preservación de la democracia. De ahí la necesidad de "historizar el pasado vivo en América Latina", de acuerdo con la fórmula acuñada desde Chile por el proyecto epónimo liderado por Anne Pérotin-Dumon (2007) (Capdevila y Langue, 2009: 15 y ss.; Lefranc, 2002; Manero, 2014)6. REPÚBLICA FRÁGIL, DEMOCRACIAS Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN Regresando al punto de partida de este ensayo, el atentado en contra del periódico satírico Charlie Hebdo el 7 de enero de 2015, este acontecimiento trágico, si bien contribuyó en forjar una unanimidad en varias escalas y ha sido condenado (oficialmente) en América Latina por demócratas y defensores de la democracia —a nivel gubernamental, gremial o intelectual y artístico7—, también se ha visto desvirtuado en medios de comunicación "revolucionarios", ultraizquierdistas y alter mundialistas, por una propaganda "ultra" que no hizo sino "reciclar" lemas anticolonialistas y anti imperialistas descontextualizados. Más allá del "ruido mediático" y de la variedad de opiniones que prevaleció en el mundo occidental (hubo una postura comedida, adversa a los "excesos" o "blasfemias" en contra de las grandes religiones monoteístas pero que sin embargo condenó el mortífero atentado), y de la diplomática prudencia de la gran mayoría de los gobiernos del mundo, fue distinta la reacción de organizaciones oficialistas, y, por ende, de determinados gobiernos de raigambre populista y autoritario, especialmente en América Latina. Los gobiernos de Cuba, Argentina, Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Ecuador o sea casi todos los países reunidos en ALBA, Alianza Bolivariana para las Américas (creada en 2004 en La Habana), si bien condenaron los atentados en París, evitaron mencionar la libertad de expresión y la libertad de prensa. Lo subrayaron enseguida varios profesores universitarios, analistas como el ex canciller argentino Dante Caputo, o periodistas, que no dejaron de subrayar en esa oportunidad la tibieza de las reacciones oficiales junto a la "censura de la izquierda hegemónica". "Ser o no ser Charlie Hebdo es un dilema en América Latina", puntualizó el periódico boliviano El Deber. Para Dante Caputo, preocupado por la falta de compromiso democrático de los medios pro-gubernamentales y sensible al pasado reciente de Argentina en lo que a atentados terroristas se refiere (en la década de los noventa en contra del centro comunitario judío y de la Embajada de Israel), "fue un intento de intimidar al mundo occidental, a nuestra cultura de libertades". Ahora bien, en todos los países cuyos mandatarios se eximieron de mencionar que el ataque terrorista tenía como propósito silenciar una voz crítica e intimidar a los medios de comunicación occidentales, leyes reguladoras de medios y de comunicación restringen en gran medida la libertad de prensa (véase la ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión- ley RESORTE, o ley "mordaza" promulgada en 2004 en Venezuela). En los mismos países se fueron conformando empresas mediáticas, concentraciones de medios de comunicación con el fin de controlar el espacio informativo y difundir el discurso oficialista8. En Twitter y en otras redes sociales o bitácoras/blogs, el hastag coexistió por lo tanto con el eslogan internacional o. Como lo subrayó Carlos Malamud, este discurso contradictorio se originó en un antiamericanismo de largo alcance que de igual manera identifica al enemigo a través del anti europeísmo y del anti occidentalismo. El argumento de los contradictores consistió en recalcar que la libertad de expresión tiene sus límites, que se insultaba a las "minorías" en un tono racista, interpretación que poco que ver tiene con el contexto que rodeó los atentados en contra de Charlie Hebdo. Si bien es cierto que en el continente latinoamericano son poco frecuentes las viñetas con libertad de tono y hasta provocadoras como solían serlo las de Charlie Hebdo, los caricaturistas de la región se adueñaron enseguida del lema. El caricaturista Quino (Joaquín Lavado), padre de la legendaria Mafalda, recordó en esa oportunidad que le había tocado enfrentarse con una "sensibilidad exagerada" cuando de temas religiosos se trató (Rodríguez, 2006)9. El revanchismo estuvo presente sin embargo en las miradas que se devolvieron hacia Europa, en una suerte de reactualización de la "leyenda negra". El kirchnerismo duro llegó a comparar el "auto atentado" con la quema del Reichstag, reclamando que se considere el "contexto". Obviamente, el historiador del tiempo presente no puede permanecer incólume ante semejante malversación de la historia y desconocimiento de la misma y más si recordamos el compromiso de los caricaturistas asesinados a favor de la democracia en América Latina y en otras partes del mundo. La instrumentalización creciente de las emociones en el espacio público (resentimiento, odio, ira fundamentalmente), circunstancias que tuvimos la oportunidad de analizar en el marco de un proyecto de investigación dedicado al mundo iberoamericano, no le exime al ciudadano de una conciencia democrática mínima que la "militancia" y el compromiso determinista a favor de proyectos de cuño teleológico (populismo con líderes carismáticos, revoluciones) tiende muy a menudo a opacar (Capdevila y Langue, 2014; Langue, 2014: 121-142)10. En el caso preciso de Charlie, no podremos sino recordar el regocijo ante la muerte ajena de la fundadora del colectivo de las Madres de la plaza de mayo, expresivo de un resentimiento acumulado por movimientos de extrema izquierda alter mundialista, adeptos de una propaganda anti-imperialista repetida hasta la saciedad, de una violencia revolucionaria malentendida, y defensores de unos gobiernos de izquierda autoritaria. Pone de relieve el desconocimiento de la historia que pretende protagonizar, responsabilizándole a Francia, protagonista de guerras imperiales y coloniales, "potencia colonial" al igual que Estados Unidos o España, de la existencia de la dictadura argentina (sic) y recalcando: "la Francia colonialista no tiene autoridad moral para hablar de terrorismo criminal". Cabe recordar que la señora Hebe Bonafini también se había "alegrado" del 11-S, estando en Cuba, de acuerdo con sus propias palabras. Olvidándose de las relaciones estrechas trabadas desde los países del ALBA con regímenes poco respetuosos de la democracia, un politólogo y columnista próximo al Partido Comunista de Argentina y al chavismo (Atilio Borón), premiado en 2004 por la Casa de las Américas de Cuba por su libro Imperio e imperialismo (2002), autor de Crisis civilizatoria y agonía del capitalismo. Diálogos con Fidel Castro (2009) y América Latina en la Geopolítica del Imperialismo (2012), hizo hincapié en la "Génesis del terror", mezclando hechos y contextos (la CIA en Afganistán y Bin Laden, Irak o Libia). En otros casos, se subrayó con un poco más de matices la desigualdad de tratamiento con otras "actualidades" relacionadas con atentados o conflictos en otras partes del mundo (en ese momento: Nigeria), de menor carga simbólica para el mundo occidental. En mayo de 2015, fue el caricaturista Jul, colaborador de Charlie Hebdo, quien había viajado a Nicaragua para participar al foro de escritores "Centroamérica cuenta", bajo el lema de "Palabras en Libertad", quien se vio expulsado del país por el gobierno de Daniel Ortega11. Felizmente para la historia de las ideas y el debate democrático, el estudio de las relaciones entre caricatura y cultura política no deja de evidenciar, junto a varios análisis procedentes de los sectores políticos e intelectuales más diversos, lo que estuvo en juego después de los atentados en contra del periódico satírico Charlie Hebdo: el solo hecho de vivir en democracia, con libertad de expresión (especialmente de la prensa) y conciencia, de ambos lados del Atlántico: en pocas palabras, una "cultura de libertades" para retomar la formulación de Dante Caputo. De ahí el formato distinto de las emociones expresadas en esa oportunidad, no sólo en un marco nacional de defensa de la libertad de prensa y de opinión, sino también a nivel internacional, en defensa de la democracia y de la tolerancia en el mundo. Recordemos que uno de los libros más vendidos en Francia después del atentado fue el Tratado de la tolerancia (Voltaire) junto a París es una fiesta (Ernest Hemingway)12. Tal fue también el sentido de la solidaridad expresada por el padre de Mafalda, Quino, y por los caricaturistas argentinos desde el Mu-Hu o Museo del Humor en Buenos Aires, junto a viñetistas del mundo entero. El papel desempeñado por el Mu-Hu, inaugurado en 2012 y donde se presentan las "obras de los grandes maestros del dibujo, la ilustración y la caricatura" —allí se presentó en 2013 una exposición sobre caricatura francesa del siglo XIX—, ha sido en este aspecto ejemplar del trato gráfico que de la dictadura se hizo. En Bogotá, una concentración respaldada por las autoridades locales tuvo lugar el día 14 de enero, con el lema "Bogotá es Charlie" 13. Ahora bien, la historia no se acordará tanto quizás del trágico 7 de enero de 2015, sino del día 11, dicho de otra forma del tiempo del despertar, de la ingente y espontánea manifestación unitaria en contra de la barbarie y de sus réplicas a nivel mundial, homenaje a los caricaturistas y periodistas asesinados. Una manifestación que recorrió además los "lugares de memoria" registrados desde fines de los años 1980 por Pierre Nora, en este caso preciso de la historia del pueblo del París (Bastille, République, Nation). La República, de palabra confinada en el espacio político, pasó a ser una palabra y una idea compartida y debatida, celebrada en muchos países a raíz del atentado (Laurentin, 2015). La República es frágil, la libertad de expresión a que dio vida también. No nos adentraremos aquí en la larga historia de una idea nacida con la Revolución, sus promesas y sus fracasos, hasta sus declinaciones coloniales y el imperativo de "integración" junto al debate sobre identidad nacional que se impuso en el contexto galo —ya ampliamente rebatido a raíz de los referidos acontecimientos y que sobrepasa el tema de este estudio— sino sus conexiones con una manera de enfocar el acontecimiento. La sátira —y más adelante las caricaturas y la blasfemia, ambas transgresoras en distintos niveles, aunque ésta induce de entrada una ruptura en vez del efecto de distanciación logrado a través de la risa— se originan en el "invento de la risa" como expresión compleja de valores sociales y de códigos culturales. Desde Maquiavelo y Rabelais, esta arma política nunca unívoca suele utilizarse en períodos de violencia para combatirla bajo todas sus formas (intolerancia, fanatismo etc.), símbolos incluidos (Serna, 2015: 13; Favret-Saada, 2015). Nacida en los albores del siglo XIX, la tradición gráfica satírica o de burla corrió pareja de forma temprana con la defensa de la República. A partir de los años 1830, el dibujo de prensa se convierte en arma de propaganda y de emancipación, así como en vector de combates políticos. Esta característica aparece de forma nítida en el ejemplo del caricaturista Honoré Daumier y luego durante la III14 República francesa con motivo de la defensa de las leyes laicas promovidas por Jules Ferry (1881-1882): Todos los humoristas gráficos le debemos algo al impulso que le dieron los franceses al género hacia 1830. Hoy es otro el mundo, otros son los chistes, otras las tecnologías para difundir nuestros trabajos. Pero la lucha que se inició entonces por expresar un pensamiento crítico e independiente continúa aún hoy en todo el mundo. se indica en la presentación de la exposición sobre caricaturas francesas del siglo XIX organizada por el Museo del Humor de Buenos Aires en 2013. El museo presentó en esa oportunidad la caricatura como un "elemento indispensable del debate democrático de los siglos XIX y XX" 15. Hay que precisar que la tradición republicana de la caricatura en Francia se benefició en gran parte de la ley fundamental de 1881 sobre libertad de prensa. Los lemas de la construcción republicana fueron laicidad —aún más a raíz de la ley de separación de la Iglesia y del Estado de 1905)—, sufragio universal, enseñanza gratuita y obligatoria, libertad de prensa, propiciando esa movilidad social de que salieron buena parte de las élites políticas de finales del siglo XIX y del siglo XX, sendos avances políticos y sociales que el período de entreguerras, las secuelas de la IIa Guerra mundial y el proceso de descolonización pondrían a prueba a través de los ataques a las instituciones republicanas. Si bien en el caso francés con la conversión de las derechas ultra a la República terminó la fragilidad, empezó sin embargo la era de las dificultades para la gueuse (literalmente: "la andrajosa"), achacada por las mismas fallas de la democracia. La dimensión opresiva de la caricatura estuvo presente sin embargo desde aquella época: debidamente autorizada, presente en los grandes medios de comunicación, la caricatura se había granjeado un lugar oficial, más burgués, menos subversivo. De ahí la necesidad de no pasar por alto el compromiso democrático de los caricaturistas de Charlie Hebdo, heredero de otro periódico mordaz y paródico, Hara Kiri, "journal bête et méchant" (literalmente: periódico tonto y malvado) prohibido en 1970 a raíz del deceso del General De Gaulle y de la publicación de una portada dedicada al "último baile en Colombey" (lugar de residencia del jefe de Estado). Está por demás decir que la autoridad y el orden fueron el blanco de los humoristas del equipo. El primer Charlie (1969-1985), fundado por Cavanna y Choron, practica el humor negro y la provocación. De hecho, la mayoría de los dibujantes de Charlie se habían formado en Hara Kiri (Reiser, Cabu, Gébé, Wolinski o Willem) y colaboraron en L'Enragé (Mazurier, 2013). Por esta razón, el género de la caricatura no puede disociarse de la libertad de expresión y de las críticas que posibilita hacia las creencias más diversas en un Estado de derecho. En el caso de Charlie, la caricatura versó también en la denuncia de los dictadores y del autoritarismo tanto en América Latina como en España. Con este fin, dedicaron sus caricaturas "muy especialmente a Napoleón Ortigoza, el prisionero político más antiguo de América latina, encerrado desde hace 25 años por uno de los regímenes más totalitarios del planeta". Durante el franquismo, Charlie había dedicado uno de sus primeros números (el 3ro) a "Franco asesino". En la entrega motivada por la muerte del dictador ("Prohibida su entrada al estadio") y en un contexto de violencia en los estadios de fútbol, se recordó la siniestra historia de un "lugar de memoria", el estadio Chile, convertido en centro de tortura durante el golpe de 1973. Una famosa portada de Charlie dedicada a Pinochet fue la del n°335 (1998) con motivo de las órdenes de detención lanzadas en su contra desde varios países europeos (Suecia, España, Francia, Suiza) mientras el dictador se encontraba refugiado en Inglaterra ("Pinochet, todos lo quieren"). Hay que recordar que Pinochet ocupó un lugar especial en las denuncias gráficas de los dictadores, desde el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 hasta los años 1990 con el episodio del arresto en Londres y luego de la extradición. A raíz del atentado en contra de Charlie, varios portales informativos chilenos no dejaron de recordar estos testimonios gráficos comprometidos con la democracia16. Lo interesante del caso chileno para la caricatura radica sin embargo en el hecho de que, varias décadas después del golpe, Chile sigue identificado con la figura del ex dictador, y hasta con una emblemática fotografía donde aparece de brazos cruzados y con lentes negros, fotografía retomada con frecuencia por los dibujantes. El dictador se convirtió incluso en un "ícono de la traición política, la represión y la violación masiva de los derechos humanos" (Gárate, 2015). Fidel Castro en 2006 ("El comunismo o la muerte... o ambos", n°738 caricatura de Charb), Hugo Chávez en 2009 (Charb: "Chávez gana su referéndum", con Fidel comentándole que "la eternidad le resultará muy corta de verdad", n°870) también ocuparon un lugar destacado en las portadas del periódico satírico y hasta de diarios generalistas como Le Monde, con despiadadas caricaturas de Plantu17. Este "mayo del 68 de la sensibilidad" de acuerdo con el editorialista Jacques Julliard18 recoge además la memoria de otros atentados a la libertad de expresión en Europa (Dinamarca en 2005, contra el Jyllands Posten). Conforta además el estatuto de la caricatura en cuanto elemento clave de la cultura política que tiende a enaltecer los valores de solidaridad y resistencia en coyunturas trágicas. Semejante configuración encuentra en ese aspecto no pocos ecos en América Latina, en un momento en que desapareció el famoso caricaturista venezolano Zapata (el 6 de febrero de 2015). Discípulo del pintor mexicano Diego Rivera, humorista y director de la revista humorística El sádico ilustrado (entre sus colaboradores figuran Simón Díaz, Salvador Garmendia, Luis Britto García, o Elisa Lerner) a finales de los años setenta, Zapata fue un caricaturista comprometido por la democracia venezolana, desde el diario El Nacional a partir de 1965. Se le considera "el periodista que hizo del periodismo un batalla diaria por la libertad" según reza la portada de El Nacional del 7 de febrero de 2015, en un país de larga tradición humorística y de lucha contra el dogmatismo y el abuso de poder (Otero Silva, 1982), desde el Morrocoy azul (en contra de Pérez Jiménez) a los "Zapatazos" de estas últimas décadas y sitios informativos en línea como Caraota Digital o La Patilla. Hoy en día, una cuenta Twitter recoge el espíritu paródico del caricaturista, presente también a través del popular hastag y. No en vano uno de los primeros roces del caricaturista con la Revolución Bolivariana y su líder había sido un "zapatazo" del año 2000 (del 20 de octubre), mostrando a un sable subrayado por la siguiente frase: "A mí la sociedad civil me gusta firme y a discreción" 19. En los últimos meses de 2014, la viñetista Rayma Suprani, de reconocido recorrido internacional, miembro de la asociación fundada por Plantu, "Cartooning for Peace", fue censurada y despedida a raíz de la publicación por el periódico El Universal de una caricatura representando el descalabro de la salud pública en Venezuela: constaba de un encefalograma plano acompañado de la firma de Hugo Chávez. Para Plantu, Rayma es el símbolo de la resistencia contra un régimen autoritario y la censura aplicada a los medios de comunicación, autocensura incluida. En 2015, tanto La Patilla como El Nacional —y sus respectivos editores— fueron demandados por difamación por el presidente del parlamento venezolano, Diosdado Cabello (Agelvis, 2010)20. El afianzamiento político y militar del "proceso", o sea de la Revolución bolivariana y del Socialismo del siglo XXI, iba a poner de relieve el declive de la libertad de expresión para la prensa y los medios de comunicación en general (ley RESORTE, ya mencionada) como a nivel de los individuos, amén de la omnipresencia de los militares en las cúpulas del poder y de las instituciones criollas, tal pretorianismo redivivo. En otro país del ALBA (Alianza Bolivariana para las Américas), Ecuador, el caricaturista Xavier Bonilla, conocido como Bonil, sufrió los embates oficialistas y presidenciales, por dibujar el allanamiento al domicilio de un líder social. En Argentina, Hermenegildo Sabat y su caricatura de la presidenta con la boca tapada por una cinta adhesiva roja desataron represalias en su contra y en contra del diario Clarín21. Está por demás decir que las caricaturas conforman una válvula de escape y posibilitan una catarsis ante la censura político-editorial aplicada a los medios de comunicación en no pocos escenarios mundiales. En este sentido, la caricatura como símbolo de libertad y "red de prácticas" iconoclastas insertas en representaciones colectivas llega a desempeñar un papel de revelador de tensiones e inquietudes que afloran en el tiempo presente, con un trasfondo y un sentido histórico a veces explícito en el tiempo largo. La historia social de la cultura conlleva aquí una historia cultural de lo social. Las sensibilidades y emociones alcanzan además una importancia clave en lo que a "recepción del acontecimiento" se refiere, en sus distintas escalas, de lo local a lo global, con la amplificación propia de los nuevos medios de comunicación así como de las redes informativas y sociales que suelen fomentar una aparente compasión —hacia las víctimas— y/o rebeldía/indignación. Esta indignación resulta ser una emoción a la vez política y moral además de "constructiva" y portadora de valores —como se comprobó inicialmente desde España con el movimiento de los Indignados— ante lo sucedido (Capdevila y Langue, 2014: introducción; Ambroise-Rendu y Delporte, 2008). En su libro clásico, The Cartoonist's Armoury, Ernst Gombrich sintetiza precisamente el poder de la caricatura al recordar que la caricatura utiliza un lenguaje que convierte ideas en imágenes, convoca imaginarios, y forja metáforas gráficas con un afirmado sentido moral y político. De hecho, la "batalla de las imágenes", a veces con un formato popular, casi siempre ha acompañado situaciones de tensiones, crisis, si no de guerra. Más allá de las dos Guerras mundiales y de sus repercusiones fuera de Europa en periódicos como Caras y Caretas (Buenos Aires) y Careta (Rio de Janeiro), el género irreverente se fue afianzando en la prensa local desde finales del siglo XIX. Uno de los ejemplos más llamativos lo tenemos con la guerra de la Triple Alianza (1864-1870, opuso Paraguay a Argentina, Brasil y Uruguay), y el periódico Cabichuí y Centinela en Paraguay o Sentinela do Sul au Rio Grande do Sul (Brasil). En México, Daniel Cabrera alias Fígaro, maneja la crítica gráfica en contra de Porfirio Díaz y es apresado en varias oportunidades. En Venezuela, el conflicto tanto político (los liberales "amarillos" en la Venezuela del siglo XIX) como diplomático (i.e. el embargo a las costas venezolanas en 1902) ocupan las páginas de los diarios nacionales a través de viñetas no siempre acordes con los imperativos gubernamentales. En Venezuela, la caricatura se convierte desde el siglo XIX en arma contra el personalismo político. Hasta se incorporó en la estrategia de oposición al primer gobierno de Antonio Guzmán Blanco (1870-1877). En su viñetas, Aramburiu, Paolo, Lumet, Puch, Flash, entre otros, dejan que aflore una crítica social y política y se empeñan en denunciar al caudillismo. Hasta el debate electoral contempló la utilización de las caricaturas en defensa de libertades coartadas, como fue el caso más tardío en la vecina Colombia22 durante el gobierno del Frente Nacional y especialmente desde el final de la dictadura del General Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957): el caricaturista Hernando Turriago "Chapete" se incorporó en el combate político a través de sus viñetas satíricas publicadas en el diario El Tiempo en la década de los sesenta. Argentina ocupa un lugar especial en la configuración del humor gráfico continental, desde los usos políticos del humor en los albores del peronismo hasta el tiempo presente. Se hace remontar los antecedentes del "humor gráfico" y especialmente de la caricatura política a las guerras de Independencia del Río de la Plata, dicho de otra forma a la Revolución de Mayo de 1811: en ese momento y para el bando adverso, el mismo libertador San Martín se convierte en un leopardo ávido de sangre. Otra notable etapa del género la tenemos después de la caída de Juan Manuel de Rosas, con El diablo de Buenos Aires o La Bruja Duende, para luego florecer al final del siglo XIX con dibujantes costumbristas. En el siglo XX se estrenan revistas que iban a marcar las siguientes décadas, como Caras y Caretas y PBT, o también Tía Vincenta, clausurada junto con otras publicaciones durante el régimen militar de Juan Carlos Onganía (1966-1070). La revista Descamisada, publicada de 1946 a 1949 con la participación de dibujantes militantes de Forja, se había convertido sin embargo en un órgano oficialista en un momento de auge del género y de la "historieta", con el respaldo de la Secretaría de Información. En esta coyuntura del primer peronismo, el análisis de la historieta "José Julián, el heroico descamisado" desvela la relación entre cultura de masas y política en la Argentina contemporánea. Las caricaturas difundidas en las revistas Cascabel o Descamisada —"promotora de la risa peronista" (M. Gené)—, alcanzaron al grado de "sátira visual" y desempeñaron el papel de dispositivos creadores de modelos dicotómicos, antiperonista-oligarca-"gorila" vs. peronista-"cabecita negra", dentro del proceso de construcción de identidades políticas en la Argentina del siglo XX y por consiguiente del desarrollo de las publicaciones peronistas. En La Vanguardia de principios del año 1946 —periódico clausurado al poco tiempo, junto a Cascabel, se estigmatiza a Perón. Se resalta la soberbia y el autoritarismo del líder, representado con uniforme, agarrando un sable mitad garrote y con la mano en la chaqueta —un código para el humorismo gráfico—, rodeado de vicios y tentaciones diversas, bajo forma de mujeres ligeras (Levin, 2015: 61 y ss.; Gené, 2008 y 2005a). Las caricaturas se van incluyendo con más frecuencia en las páginas de los diarios nacionales. Pese a la censura, el diario Clarín seguiría protagonizando la década 1973-1983 con sus tiras y viñetas, delineando un espacio de autonomía aunque no necesariamente de resistencia como lo puso de relieve Florencia Levin. Humoristas caricaturistas como Landrú lograron en efecto sortear la censura de forma ambigua, "al evitar nominar lo ocurrido a la hora de referir al golpe del 24 de marzo" (1976), representación esquiva menos perceptible al final del "videlismo" y con el ocaso del régimen. Sin embargo, y como lo señala Hermenegildo Sabat —atacado por sus caricaturas a final del kirchnerismo—, quien era ya dibujante de Clarín en ese momento, los humoristas comprendieron de inmediato que, a partir del golpe, ya no se podría representar cabalmente a los miembros de la Junta militar. Las caricaturas de Videla, no siempre ubicadas en un escenario y con un vestuario militar, cobraron así un tono menos crítico que las caricaturas de otros dictadores de la región (i.e. Evidenciaron la dificultad de "discriminar entre miedo y apoyo durante la primera etapa del régimen militar" y, por lo tanto, el tema de la autocensura y de la puesta entre paréntesis del poder subversivo de las caricaturas (Levín, 2012 y 2013; Gené, 2005b y 2010). El papel de la caricatura en América latina resulta sin embargo difícil de apreciar habida cuenta de la ausencia de estudios sistemáticos sobre el tema, salvo para Argentina como lo acabamos de comprobar y para determinados momentos de las historias nacionales —relacionados con dictaduras, crisis, conflictos, o catástrofes. Pese a estas limitaciones, los estudios revisados no dejan de resaltar el papel del "humor gráfico" —tanto de las historietas, tiras o tebeos como se les quiera llamar, como de las caricaturas o viñetas— como "discurso social" y acto de subversión del orden político y lucha. De forma similar, se muestra cómo el imaginario popular y la burla política confluyen en las viñetas de periódicos de la región, así en el periódico paraguayo El Pueblo en vísperas de la caída dela dictadura stronista (Soler, 2015). LA "ERA DE LAS VÍCTIMAS" Y LA FUERZA DE LAS IMÁGENES Por ser las historias y memorias nacionales de estas últimas décadas propensas a centrarse en acontecimientos trágicos, no en balde se hace referencia hoy en día a una "sociedad de las víctimas"(Guillaume Erner) así como a una unanimidad en el rechazo y en la condena de la barbarie. Resiliencia y resistencia son otros de los términos que, desde la masacre ocurrida en París el 13 de noviembre de 2015, se han venido incorporando con más nitidez en el análisis de los hechos (Erner, 2006). Asociado hasta hace poco a la denominada "era del testigo", el tiempo presente se convirtió paulatinamente en la era de las víctimas, objetos de frecuentes conmemoraciones por parte del "patrimonio sensible" que se diferencia de la memoria colectiva por la intencionalidad del proceso de preservación. En adelante, lo sensible se comparte, basándose en una experiencia común y la afirmación de maneras de ser, de actuar y de expresarse (Wieviorka, 1998; Auzas y Tran, 2010: introducción; Rancière, 2000). Omnipresentes, las víctimas son el signo e incluso el símbolo ambiguo de una época heredera de conflictos mundiales de persistentes ecos en el presente. Los "vencidos" conforman una categoría afín que sirve propósitos políticos o ideológicos de lo más actuales en el continente latinoamericano. La retahíla de lamentos, protestas y reivindicaciones, casi siempre respaldadas por emociones negativas (el odio al otro en el populismo/peronismo), busca no sólo compensaciones, reconocimiento, poder, sino venganza aquí y ahora. La violencia revolucionaria no tiene otra "justificación" y resorte para la acción. No se trata por lo tanto de una búsqueda de verdad y justicia, siquiera de reconciliación, tal como se dio a conocer y canalizó a través de las llamadas comisiones de la verdad en varios países iberoamericanos, o incluso en el marco de una transición "pactada" como fue el caso en Chile (Langue, 2014; Ferrer, 2015). Con motivo de los juicios que se abrieron recientemente en Argentina, el humor negro se convirtió para los sobrevivientes de la ESMA en un testimonio del horror, en la expresión de la resistencia y en el recuerdo de la vida cotidiana dentro del recinto. Secuestrada en 1977, Lelia Margarita Bicocca fue una de las víctimas de la dictadura. Durante su cautiverio, dibujó Il Capuchino, que permaneció guardada casi treinta años entre los archivos de la Conadep (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, creada en 1983 por el presidente Raúl Alfonsín). Tira de humor negro, Il Capuchino recoge siluetas con bastones, atadas con grilletes y esposas, huesos y esqueletos. La fiscalía la recibió durante el juicio, como un testimonio más de denuncia al estilo de la caricatura política cuyo trazo sobrio llega a rescatar23. El tema de las víctimas nos remite claramente a una condición que se percibe y se resiente como insoportable para nuestra época, siendo su lema el sufrimiento si no el dolor y el perdón a nivel de los estados o de las instituciones (Cf. la creación en Francia de una Secretaría de Estado para los derechos de las víctimas, 2004). La misericordia y piedad de la época moderna le dejaron paso a la compasión. En las democracias de hoy, lo no humano ya no es el esclavo o el bárbaro, sino el monstruo, que se caracteriza precisamente por su incapacidad en "compartir" a diferencia del héroe enaltecido por las historias nacionales. De tal forma que la compasión se ha convertido en un sentimiento democrático, ya identificado como tal por Tocqueville, ante la "proliferación" de unas víctimas convertidas en una categoría social, reconocida o instrumentalizada, con la consecuencia de que los derechos de las víctimas puedan privar sobre los derechos humanos. El rechazo al sufrimiento es parte de una "sensibilidad democrática" fundada en el principio de igualdad. El sufrimiento —físico y sicológico— resulta de cierto modo más insoportable que la misma muerte. La víctima, la de ayer o de hoy (aconteceres traumáticos), termina siendo "sacralizada" desde el mes de mayo del 68 ("Todos somos judíos alemanes"). Esta evolución tuvo como consecuencia una cierta desconfianza hacia dos discursos de que no se puede hacer caso omiso sin embargo en una sociedad democrática: el de los investigadores/científicos sociales, y el de los humoristas. Proponer una explicación molesta y se asemeja a la blasfemia mientras la condición de víctimas justifica (i.e. legislación, o (auto)censura) y reúne, a la par que se reconoce a escala individual y colectiva a la vez, sin por eso asemejarse a una justicia como lo indico P. Ricœur. De cierta forma, la víctima puede ser un obstáculo a la realización de la justicia, generar polémicas identitarias como fue y sigue siendo el caso con la "reparación" de la esclavitud. Tal fue el sentido del lema "Soy Charlie", de los afiches o de las portadas del periódico y de las velas encendidas que figuraron en los homenajes gráficos (Erner, 2006: 21, 49). Pasada la emoción de los atentados parisinos de enero de 2015, surgieron otras imágenes y caricaturas que no podemos dejar de mencionar en este estudio por su cercanía en lo que a interpretación gráfica de los hechos se refiere: la del niño sirio muerto en una playa, dentro de una larga serie de discursos visuales más o menos explícitos ante el drama humano que se inicia en un tiempo de guerras y conflicto. La prensa del último trimestre de 2015 no dejó, muy oportunamente, de recordar la foto de la niña de la Guerra del Vietnam —quemada con napalm, imagen icónica de los estragos de la guerra— con motivo de la nueva guerra de las imágenes que se desató sobre el tema de los refugiados —siniestro recuerdo además de imágenes de la Europa de hace unas cuantas décadas. Desde los otros atentados trágicos del 13 de noviembre de 2015 contra lugares de sociabilidad frecuentados por una generación abierta y culturalmente mestiza, fueron escenarios parisinos de desolación, dibujos de libertad, lemas reapropiados (Fluctuat nec mergitur en París) y velas encendidas que ocuparon el espacio de circulación de la información, incluyendo medios de comunicación y redes sociales, de especial reactividad en estos momentos trágicos. La gestión del miedo se vuelve a la vez urgencia y cotidianidad: al igual que en otros escenarios (Estados Unidos) el miedo conforta su estatuto no sólo de emoción difusa en el espacio público sino también de "idea política", ni irracional ni espontánea, constitutiva de la relación gobernantes/gobernado, aunque sin las circunstancias que rodearon la promulgación del Patriot Act. La "memoria obstinada aunque frágil", la persistencia de las huellas conmemorativas a través de los lugares (a diferencia de sociedades "acostumbradas" al miedo como es el caso de Israel) y la relativa degradación del debate público llevan a la "denaturación de las instituciones políticas". De la "memorialización del espacio público" participan las imágenes, vertiente gráfica incluida (Ortiz, 2008 y 2011)24. No se trata sin embargo de inscribir acontecimientos trágicos como el atentado en contra de de Charlie Hebdo y los atentados que lo siguieron en el registro exclusivo del dolor y de las menguadas libertades individuales (versus seguridad) sino de relacionarlos siempre con las prácticas de una cultura política democrática compartida (véase al respecto el ejemplo de la primavera árabe en Túnez (Fakhfah y Tlili, 2013) y de una de sus modalidades más inmediatas de expresión periodística. En la historiografía americanista, escasean en efecto síntesis sobre el particular: en el mejor de los casos, como tuvimos la oportunidad de señalarlo, se refieren a un período específico de las historias nacionales iberoamericanas que tiende a dividir de forma persistente o prolongada a la sociedad aludida. Los viñetistas rescatan estas circunstancias —hacen memoria— de un trazo sin concesión, centrándose en un momento y su captación emocional y/o simbólica, sin el andamiaje visual de la fotografía o de las producciones cinematográficas que posibilitarían otro relato de los hechos y posiblemente otro tratamiento interpretativo de los mismos. Está comprobada ampliamente la existencia de un régimen emocional específico, relacionado con determinados acontecimientos y la característica, in fine, de la caricatura, es que tiene el poder de "hacer emocionar" la opinión pública. Basta con considerar las reacciones airadas hacia las viñetas sobre refugiados y especialmente la muerte del niño Aylan. Este dibujo del niño muerto en la playa durante la vuelta al colegio, "poético, simbólico" de acuerdo con su autor Emmanuel Chaunu y publicado en su cuenta Facebook, es la expresión de un humor pronto a denunciar la actitud de Europa ante el tema de los refugiados. Le valió amenazadas de muerte, mientras otra vez se tachó de racista y xenófobo a Charlie Hebdo. Casi en el mismo momento, el encuentro de dibujantes de prensa y viñetistas en el "lugar de memoria" del Memorial de Caen (de la IIa Guerra Mundial) dio paso a interrogaciones acerca de la recuperación política y de la (auto)censura. Se subrayó en esa oportunidad que no fue Charlie y sus caricaturas irreverentes lo que había cambiado sino el propio país25. La reconciliación de los caricaturistas y de los políticos blancos de los primeros ante la barbarie tiende a hacer de la caricatura el símbolo internacionalizado de la libertad de expresión, con sus excesos y derivas (Delporte, 2015: 56). Participan en efecto en la lucha contra los "usos políticos del miedo" tales como los caracterizó el medievalista Patrick Boucheron o sea no como vigilancia democrática sino como camino hacia el obedecer con carácter de "urgencia" (Boucheron, 2015). "Sin caricatura, no hay democracia": los últimos acontecimientos del siglo pasado y de estas últimas décadas, en el continente latinoamericano o en Europa y más allá, la caja de resonancia mediática lograda a escala de Internet (web y redes sociales) no dejan de confortar esta apreciación así como la necesidad de conocer mejor esta forma de expresión anteriormente considerada como un género "menor". En el caso venezolano, se creó un blog "Twitter Caricatura Política", que recoge el seguimiento de la actualidad política del país a través de las caricaturas, y tal como se difunde vía Twitter. De hecho, y excepto la apretada síntesis de Florencia Levin (que incluye además una parte dedicada a los orígenes norteamericanos de la tiras cómicas y del cartoon), seguimos careciendo de un estudio de conjunto sobre esta forma de expresión en América Latina, incluso en su vertiente contemporánea, salvo contadas coyunturas de represión y/o dictaduras y en el Cono Sur, en Brasil, en Argentina y, en menor medida de Chile aunque a través de la prensa europea. El mismo tema de las caricaturas (prácticas políticas en democracia o en regímenes más autoritarios, cuestión de los derechos humanos) dificulta de entrada la labor del historiador, al ubicarlo en el centro de los debates y situaciones que inspiran estas caricaturas, a veces sin la distancia crítica que posibilita el oficio del historiador. De ahí la necesidad no sólo de investigar este tema clave para la historia cultural del tiempo presente sino también de documentar y rescatar estos testimonios gráficos desde fuera, tal como se expresó en la iniciativa tomada por la universidad de Harvard de crear una base de datos sobre los atentados en contra de Charlie Hebdo, simbólicos en muchos aspectos del estado del debate democrático en el mundo occidental como aparece a todas luces en la creación del "archivo Charlie" en la referida universidad (2015) (Aragao, 2012; Gárate, 2015)26. Mas allá de consideraciones religiosas que no tienen el mismo sentido en el continente latinoamericano, Charlie se vino afirmando por lo tanto como el símbolo de una libertad de expresión por defender y de una escritura de la historia que pasa por canales alternativos. Asimismo reafirmó el estatuto de la imagen como representación de un pasado reciente y de una idea visual de la historia, dicho de otra manera, de una manera de "comprender el pasado como imagen y como cultura". La caricatura del dibujante venezolano Weil sobre "moral y luces" —uno de los "motores" de la Revolución Bolivariana de acuerdo con la redefinición programática de la misma a partir del año 2007— y "nuestras primeras necesidades" en un contexto de descalabro de la economía (2016), sintetizó de igual manera el rechazo a la autocensura que acecha al ensayista, al periodista como al caricaturista preocupado por "dibujar la historia". En ambos lados del Atlántico, estas caricaturas pusieron de relieve la exigencia renovada e insuperable a la vez de una libertad de expresión "innegociable", definitoria de una democracia enfrentadas con formas de autoritarismo y el resurgimiento de extremismos (Genoudet, 2015: 55, 78-79)27.
En homenaje al Profesor Michael Heyd, se muestran en este artículo algunas de las influencias principales de su libro "Be sober and reasonable" (1995) en algunos estudios sobre el clásico libro de Robert Burton The Anatomy of Melancholy. En especial, se siguen brevemente las relaciones entre la medicina y el pensamiento religioso, buscando confluencias entre el norte y el sur de Europa. La influencia de "entusiasmo" y "melancolía" en la historia del pensamiento europeo fue siempre un importante interés en la vida y la enseñanza de este muy inteligente investigador en historia cultural. Tuve el privilegio de tratar durante años a Michael Heyd, Profesor de la Hebrew University de Jerusalén. En el Comité Internacional de Ciencias Históricas era el investigador que más cerca estaba de mis temas de interés, un sabio al hablar de historia de la enseñanza y de la cultura, de la filosofía y de las instituciones académicas. Incluso temas de medicina y de sentimientos y emociones le eran próximos, pues había sido pionero en el estudio de la melancolía y el entusiasmo y su relación con el pensamiento religioso y filosófico. Formas de estudio, academias científicas, curricula de enseñanza, conflictos en la secularización del saber eran sus principales preocupaciones. También la cultura y la historia del pueblo judío siempre estuvieron presentes en su vida. Y, sobre todo, fue un apasionado historiador, como mostró en su conferencia "Is there a Future to the Study of the Past?", con la que tanto aprendimos en la Universidad de Tokio. Tuvimos la suerte de poder encabezar el primer número de Culture & History con ese magnífico texto, que nos cedió con su proverbial amabilidad. Gracias una vez más a Michael Heyd por su generosidad y sabiduría. El profesor Heyd se interesó muy pronto por la obra de Robert Burton y sus fuentes, y por el concepto de entusiasmo en los siglos XVII y XVIII, pues su interés esencial era la relación entre ciencia y religión, fuese aquella filosofía o medicina. Su libro "Be sober and reasonable" (1995) fue un extraordinario ejemplo de historia cultural, estudiando las discusiones filosóficas, teológicas y médicas sobre el entusiasmo, que considera esenciales en el proceso de laización del saber y en el inicio de la Ilustración. Nos muestra cómo las tradiciones médicas y filosóficas sobre la melancolía y el entusiasmo se utilizan en las polémicas religiosas entre anglicanos, puritanos y católicos, y sitúa en el centro de ellas a R. Burton, quien fue colegial y bibliotecario del Christ Church College de Oxford, pero también vicario en la parroquia de santo Tomás. Propone así Heyd leer el capítulo consagrado en su magna obra The Anatomy of melancholy a la melancolía religiosa (Burton, 1948: 866-925; Heyd, 1984) como un sermón, como un texto de controversia religiosa. Su orientación anglicana puede verse, nos dice Heyd, como una polémica a dos bandas, contra católicos por un lado, y frente a puritanos y sectarios por otro, partidarios del entusiasmo. Contra todos ellos se dirige Burton con una nueva categoría que denomina "Religious Melancholy", y que engloba en la noción tradicional de "love-melancholy". Dividida en exceso y defecto, en el primer apartado se encuentra el discutido entusiasmo, la melancolía en el segundo. Un hallazgo que abre un fructuoso camino, que nos permite vislumbrar en la distancia a Sigmund Freud (Glocer Fiorini; Bokanowski and Lewkowicz (eds.), 2009). Agrupa Burton el entusiasmo junto a los falsos profetas, las pretendidas inspiraciones, las visiones o revelaciones divinas y el fanatismo religioso, lo que nos hace pensar en la mística española y en los desvelos de los tribunales inquisitoriales por vigilar las que fueron consideradas desviaciones religiosas. Tacha a los entusiastas de enfermos tomando de la larga tradición médica argumentos para sus polémicas. Somete a Platón y su furor a un prisma médico, transitando por testimonios médicos llegados de Bizancio, el mundo medieval árabe y el cristiano. Gusta así de la visión demonológica de Avicena. Pero pasa como es lógico de puntillas por el renacimiento, por Marsilio Ficino y sus discípulos, que veían positivamente esos excesos. Considera al demonio la causa de la melancolía, esa cabra satánica que en Juan Huarte de San Juan se convierte en pastor de las ovejas, como los falsos predicadores, si bien ese diablo actuaría por medio de causas secundarias, arremetiendo contra la vida ascética y monástica frente a los católicos y a los puritanos radicales, pudiendo apoyarse en las críticas de los humanistas, por un lado, y en las de los protestantes por otro. Sitúa así a sus oponentes religiosos en contextos tanto médicos como demoníacos (Heyd, 1995: 64-71). (Mandeville, 1730: iii) Y no se puede olvidar a Milton y Defoe. No es extraño que Huarte fuera sometido a limpieza por la Inquisición, pues aparte de posibles sospechas de judaísmo que los médicos siempre arrastraban, su larga vida lo había llevado por sitios muy significados. Como a la universidad de Alcalá de Henares, lugar de renovación médica y religiosa, donde el cardenal Cisneros, su fundador, hombre de estado a la altura de sus señores Isabel y Fernando, había querido un clero y una religión modernos, y en consecuencia también cultos, por lo que había implantado saberes tan diversos —si bien relacionados entre sí— como lenguas clásicas, teología y medicina. Habrá allí buenos filólogos como Nebrija, o hipocratistas de calidad como Valles el divino (Hernández Sandoica y Peset, 1990). Consecuentemente el médico de Baeza pensará en basar el entendimiento en el cuerpo, siguiendo al Galeno de De locis affectis, Sobre la localización de las enfermedades (Galeno, 1997). Aprendió en las aulas universitarias a observar la naturaleza, al propio enfermo, hablándonos de observaciones brillantes y amenas, entre aburridas citas clásicas, que dice haber leído o escuchado, incluso visto. El paje convertido en señor por la enfermedad, la mujer que puede adivinar y vaticinar son ejemplos peligrosos que pronto tendrán su réplica adversa, incluso desde la misma universidad alcalaína... Su establecimiento en Baeza, tierra de místicos y alumbrados, no podía dejar de influir en la naturaleza de su obra, en la que la Inquisición metió cruel guadaña (Iriarte, 1939-1940; Huarte de San Juan, 1989). Burton ha vuelto a estar de moda al compás del interés reciente por la melancolía y, más en general, las emociones. Por la melancolía y por el papel del sujeto en la acción histórica, pues tras décadas de historia social, el yo y sus pasiones vuelven a ser, renovados y teorizados, el motor de la historia. Personajes con la enorme fuerza interior de Montaigne o Nietzsche retornan, y entre ellos lo ha hecho también el escolar de Oxford. Predomina en su obra la preocupación por su propio conocimiento, que encuentra como Montaigne en la lectura de viejos textos clásicos y en la conversación con el lector. Se considera a sí mismo hijo de Saturno, como grave melancólico a quien el triste sentir enseñó e hizo enfermar (Aristóteles, 2004; Wittkower y Wittkower, 1968; Klibansky, Panofsky y Saxl, 1991). Así habló Burton constantemente de melancolía para no caer en ella, dando la enfermedad contenido y organización a su vida y a su obra, la cual puede leerse como un tratado de patología. Sin duda persiguió conocer su mal y darlo a conocer a sus lectores, también enfermos. Quiso ser activo en busca de un tratamiento, pero no solo lo procuraría individual sino también social, persiguiéndolo a través de la religión, como su tiempo propiciaba. La melancolía trascendía desde el interior del individuo a la sociedad encarnando en los males sociales que esas convulsas épocas británicas —y europeas— sufrían. No es extraño que haya aparecido en España, poco después de la obra de Heyd, una magnífica edición de la obra de Robert Burton: Anatomía de la melancolía (1997-2002), con traducciones de Ana Sáez Hidalgo, Julián Mateo Ballorca, Raquel Álvarez Peláez, Cristina Corredor, Miguel Ángel González Manjarrés..., revisada por Ramón Esteban Arnáiz y contando además con Jean Starobinski como prologuista. Publicada The Anatomy of melancholy por vez primera en 1621, la obra era el remedio que un clérigo, estudioso de la medicina además, proponía para sí mismo y para sus lectores, acaso aquellos que no hubieran leído las divertidas andanzas de un caballero y de un escudero que por tierras manchegas luchaban contra la injusticia y la infelicidad. La magna obra que supone esa anatomía de la tristeza traducida al español, cuyo nombre por cierto viene de la medicina, forma parte de una colección de textos clásicos de la psiquiatría publicada desde hace años por la Asociación Española de Neuropsiquiatría. Sin duda la serie tiene como joya central de la corona esa obra del estudioso de Oxford, pero en su conjunto reúne una magnífica colección de textos de psiquiatría, muchas veces accesibles por primera vez en adecuadas traducciones a los lectores interesados por la temática. Sus estupendas versiones y los documentados estudios, ediciones y notas constituyen un corpus extraordinario en historia de la medicina. El verter esas obras a nuestra lengua es una aportación fundamental en la historia de la cultura y la ciencia. Juan Huarte fue volcado al italiano por unos clérigos con rapidez, antes de que la iglesia también se enfrentara en Italia con la obra. Fueron Camillo Camilli y Antonio Possevino (Huarte, 2010; Possevino, 2008) —un jesuita el último cercano a la Ratio studiorum. Rocío G. Sumillera ha mostrado cómo la versión del primero llega a traducirse al inglés por Richard Carew (Carew, 2014). La editora ha encontrado las razones de esa traducción, poco esperada en un poeta y propietario, aficionado a lo antiguo y al derecho, conocedor del italiano y de los intereses intelectuales que en el sur predominaban, el clasicismo o Torcuato Tasso. Se asiste a su través al enriquecimiento de la lengua inglesa, que junto a otras europeas, pasa a ser vehículo de comunicación de la ciencia. Desaparece el latín, que Huarte mantenía en parte, pero el amplio abanico de lectores a los que llegará la obra hace que, en las traducciones, vaya desapareciendo. Sumillera muestra la variedad de lectores a los que Huarte y sus traducciones fueron llegando, y cómo con Carew cambia el público y se introducen claras críticas, lógicas ante un escritor católico que se dirige al temido rey Felipe. No acepta invectivas contra los hombres del norte —los protestantes— ni algunas interpretaciones del libro santo. Los comentarios de Carew que divergen de Huarte pueden referirse tanto al alma inmortal como a los embarazos y alumbramientos, incluso a las mujeres como lectoras. Resultaría extraño que no conociera Burton a Huarte —pues tuvo muchas traducciones— y se puede mostrar que sabe de algunas obras de Richard Carew y de Antonio Possevino. Se cita poco en sus páginas sin embargo al médico de Baeza, dada la animadversión de la iglesia hacia su obra, tal y como la Inquisición había mostrado antes en la península ibérica. Aunque es de sabor huartiano la meditación sobre los saberes científicos y sus posibles sistemas de clasificación, y la orden jesuita siempre ha querido —como este obispo— discernir los talentos y prepararlos en pro de la monarquía y la divinidad. Pero desde luego en las páginas del mitrado queda bien clara la distinción del alma, que no se debe contaminar con el cuerpo, como más tarde señalará también Descartes, no menos leído por la orden de san Ignacio (García García y Miguel Alonso, 2004). Lo más curioso es que estas doctrinas se entretejen con las religiosas, llegando a exacerbarse este duelo en las guerras de religión. No es extraño que el Examen de ingenios de Huarte de San Juan sea visto con recelo por la Inquisición y que se le obligue a tachar líneas y párrafos. Tampoco las críticas de Velásquez, o los asentimientos de Freylas (Gambin, 2005 y 2012; Bartra, 2001), o las que vienen de la Universidad de Alcalá, ese lugar de donde sale la renovación médica española en manos de Francisco Hernández o de Diego Cisneros. Eran doctrinas paganas que afirmaban que determinados sujetos tenían dotes especiales, incluso los de la adivinación y la profecía (Peset, 1955). Algunas "observaciones" contenidas en el libro daban por ciertos a una mujer que podía anunciar muertes o a un patán que de repente sabía lenguas, pero ni Tiresias ni la sibila de Cumas eran ya admisibles. Capacidades que debían estar reservadas, según la iglesia, a los profetas, a los santos o al espíritu divino, pero vedadas en cambio, a ambos lados de la discusión religiosa moderna, a quienes interpretasen a su propia manera la religión o el saber. Poco después de la completa edición española aparece el libro de Claire Crignon-De Oliveira De la mélancholie à l'enthousiasme (2006), en que compara a Burton con Anthony Ashley Cooper, conde de Shaftsbury, por su énfasis en la experiencia de la enfermedad y su valor para pensar las relaciones entre alma y cuerpo, entre los humores y temperamentos y la actividad del pensamiento, y en fin por la preocupación que también muestra en cuanto a la recepción por parte del lector y la reflexión hacia la práctica. Se podrá insistir en la relación de los humores con el estado del alma y la salud, con el cuerpo, la vida, la sociedad. Se abandonará la melancolía creadora como la entendían los peripatéticos, pero se mantiene el papel catártico de la escritura, su función como purga: la tristeza no se debe agravar, hay que encontrar distracciones, preocuparse por el régimen de vida de los hombres de letras. La risa o el llanto condicionan la práctica, que debe huir de la ociosidad, y asimismo el estilo, que puede ser como un río, ordenado o descuidado, rápido o lento, profundo o superficial, serio o frívolo, cómico o satírico... Para Starobinski, son también de ese estilo las citas continuas y la erudición, que entiende motivadas por falta de confianza en sí mismo, lo mismo que la locuacidad (Burton, 1997-2002: I, 11-29; Starobinski, 2012). Adán con su pecado introdujo desorden en las facultades del alma, en el control racional de las pasiones y de la imaginación, también desorden social, político, económico, religioso, visible en la pobreza, la diferencia social, la corrupción de la iglesia y los políticos, en la miseria de los hombres de letras, en los fanatismos religiosos y supersticiones... Una melancolía colectiva, que exige remedio supraindividual. Angus Gowland (The Worlds of Renaissance Melancholy..., 2006: 158-161) considera, por las mismas fechas, los mundos de la obra de Burton, el médico y el religioso desde luego, también el utópico. Las controversias que movieron al colegio de Oxford en que habitaba el autor, lo movieron también a él a la escritura. La tradición clásica que remitía la melancolía tanto a la medicina como a la religión —objeto de médicos y sobre todo, clérigos— desemboca en un moderno galenismo que ve con desconfianza la tristeza y el miedo. Burton sería así una vía media entre Roma y Ginebra, entre papistas y puritanos o radicales. Esta vía de medicalización religiosa se apoyaría en Paracelso, pues las enfermedades corporales deberían cuidarse con medios materiales, mientras las espirituales con remedios de esta naturaleza. Para Leone Ebreo y Marsilio Ficino la melancolía religiosa es un problema del amor divino en exceso o defecto, para los agustinianos el paso del amor a Dios, al amor a sí mismo. Burton incluye la superstición en esta melancolía, la impiedad, la idolatría y el ateísmo (los que se exceden en innecesarias actitudes o ceremonias, o quienes piensan conocer más sobre la divinidad, incluyendo idólatras, mahometanos, judíos, herejes, entusiastas, adivinos, profetas, sectarios y cismáticos). Señala Gowland —como también Jean Starobinski— la resignación de Burton, al asociar el terrible estado de cosas de la época con las que ve como imposibles mejoras, encaminando así sus palabras, en el largo proceso de escritura y reescritura, hacia la utopía, hacia una "New Atlantis" (Gowland, 2006: 261-265; Burton, 1997-2002, I: 11-29). Es éste un camino de nuevas interpretaciones sobre R. Burton, y así Mary Ann Lund (2010: 112-125) concluirá de forma inesperada su trabajo sobre este autor, Melancholy, Medicine and Religion in Early Modern England, mostrando su posible calidad de libro de auto-ayuda. Citando a Gowland recuerda la larguísima tradición de la relación entre medicina y religión, remontándose a Platón, pudiendo también haber citado a los médicos hipocráticos. Las curas de la melancolía no solo eran hechas con remedios materiales sino también espirituales. La tradición de Marsilio Ficino así lo muestra, y también la española. como es el caso de Pedro Mercado, quien aúna medicina, con distracciones del alma, conversaciones con personas sabias (Gambin, 2005; Peset, 2010; Lando, Cardano y Mercado, 2016). Insiste Lund en que Burton considera sus escritos no tan solo como teoría, sino también como práctica, ya sea médica, ya sea pastoral. Por tanto se consideraría no solo curador de almas (de almas y de cuerpos), también un completo médico respecto al cuerpo social. Cierto que no solo proporciona Burton una visión del Cristo bíblico, sino que también está en el camino de entender la enfermedad mental como somática, con remedios materiales (MacDonald, 1981). Pero retengamos ahora ese señalamiento de Burton como a la cabeza de escritos que buscan la felicidad en medio de un mundo desgraciado (Lund, 2010: 188-195). Una autoayuda que los británicos —y en realidad todos los demás— encontraron también en la lectura de las andanzas de Alonso y Sancho, recomendados por Cervantes como remedio de la tristeza melancólica. En fin, la evolución del libro ejemplar de Robert Burton, el desarrollo de las interpretaciones del mismo que someramente recorro aquí, en homenaje al pionero Profesor Michael Heyd, muestran bien ese papel sanador de la escritura, esa razón por la que todos escribimos.
The development of this seminar and the research that has brought the present dossier would have been impossible to accomplish without the financial support offered by the Spanish Ministry of Economy (MINECO) through the projects "Afinidad, violencia y representación: la proyección exterior de la Monarquía Hispánica" (HAR2011-29859-C02-02) and "En los límites de la violencia: masacre y proyección de las Monarquías Ibéricas en los siglos modernos" (HAR2014-52414-C2-2-P).
1 of Villarejo de Fuentes, in the province of Cuenca. Here we are going to call it the Carta, but it was added under the title Carta del Padre Diego de Pantoja, Religioso de la Compañía de Jesús, para el Padre Luis de Guzmán, Provincial de la Provincia de Toledo to a text entitled Relación de la Entrada de Algunos Padres de la Compañía de Jesús en la China y Particulares Sucesos que tuvieron y de cosas muy notables que vieron en el mismo Reino. ADRIANO DE LAS CORTES' JOURNEY TO CHINA The first one was entitled Primera parte de la Relación que escribe el P. Adriano de las Cortes de la Compañía de Jesús del viaje, naufragio y cautiverio que con otras personas padeció en Chauceo, Reino de la Gran China. con lo demás que vio en lo que de ella anduvo, and the second part was titled Segunda parte de la relación, en la cual se ponen en pinturas y en plantas las cosas más notables que se han dicho en la primera parte, citándose a los capítulos de ella y añadiendo algunos nuevos puntos y declaraciones sobre cada una de las pinturas.17 THE IMAGE OF CHINA OF PANTOJA AND DE LAS CORTES
RESUMEN: Exiliados-migrantes y reconciliación en los Países Bajos después de la Paz de.-Este artículo tiene como objetivo entender la gestión de los emigrantes a finales del siglo XVI como parte del objetivo de terminar la guerra civil en los Países Bajos Españoles al que se enfrentaron tanto autoridades centrales como locales. En concreto, ese texto plantea hasta qué punto las experiencias de exilio, retorno y migración representaron un desafío para las familias que lo sufrieron y para la regulación económica y el orden público en las provincias de habla francesa reconciliadas con el monarca (Hainaut, Artois y la Flandes Valona) en el marco de la pacificación y normalización religiosa. El análisis se concentra en cómo las ciudades intentan poner en práctica la reconciliación a la hora de hacer frente a varias formas de movilidad. Por un lado, la política general de reconciliación intentó construir una sociedad de postguerra en torno al catolicismo romano y la soberanía del rey, no solamente excluyendo a aquellos que se negaron a retractarse para acogerse a la política de pacificación, sino también perdonando y reincorporando a los emigrantes que cruzaban las fronteras confesionales. Por otro lado, las autoridades municipales tuvieron que tener en cuenta varias pautas migratorias a la hora de aplicar la reconciliación, en particular las que conectaban la mayor parte de las ciudades de la Unión de Arrás con el refugio protestante en Inglaterra y las Provincias Unidas. De esta forma redujeron considerablemente la importancia del status religioso de los emigrantes y los criterios de selección que les permitían incorporarse a la sociedad. Por último, estas prácticas abrieron un espacio para la negociación At the end of the 16 th century, the Spanish Low Countries experienced new challenges for restoring a long-lasting peace and for putting into practice new ways of reconciliation. Yves Junot es maître de conferences y miembro del grupo de investigación Calhiste (EA 4343) en la Universidad de Valenciennes y Hainaut-Cambrésis (Francia). Es coordinador del nodo "Borgoña-Flandes" de la Red Columnaria (Red Temática de Investigación sobre las Fronteras de las Monarquías Ibéricas). Sus intereses de investigación se centran en la sociedad de la época moderna, especialmente los Países Bajos Hispanos. Su tesis doctoral, publicada en 2009 (Les bourgeois de Valenciennes. Anatomie d'une élite dans la ville, 1500-1630), le permitió ha cer una evaluación más amplia de las dinámicas sociales urbanas en una ciudad manufacturera que experimentó el auge de sus talleres textiles y la purga de sus élites después de la revuelta protestante. Actualmente su investigación se centra en las migraciones y movilidad en los Países Bajos meridionales tras el final de la guerra (finales del siglo XVI y principios del siglo XVII), enmarcándolas en una política global de pacificación, recuperación económica y afirmación identitaria. Su trabajo toma también en cuenta los discursos y las prácticas dentro de los grupos sociales y la relación de los actores locales con la Monarquía Hispánica durante el periodo de pacificación y reconciliación. http://www.univ-valenciennes.fr/CALHISTE/membres/junot_yves
Traduzidas de Frances en Castellano por don Felix de Guzman (Dorléans, 1592a). In the dedication the author said a little more, while studying French, he started reading several books "y entre otros, me vino a las manos uno que han compuesto algunos Catolicos Franceses debaxo de nombre de Ingleses, contra el Principe de Bearne: y por parecerme agudo e ingenioso, y muy proprio para conocer los particullares el estado de las cosas de Francia, y el origen de la tormenta que nuestra religion en ella padece, tome trabajo de tra-duzirle...". 9 The other translation of Dorléans published in 1592 is Advertencias que los Catolicos de Inglaterra escrivieron a los Catolicos de Francia, tocantes a las presents reboluciones, y cerco de Paris. Por Antonio Herrera, criado de su Majestad, en Zaragoza por Lorenzo Robles, 1592 (Dorléans, 1592b). Antonio Herrera in his letter to don Cristoval de Mora Comendador Major de Alcantara, del consejo de Estado y Guerra de su Majestad, Sumilier de Corps del Principe nuestro señor, Veedor de la hazienda de la Corona de Portugal, did not say much more then de Guzman. To explain what happened in the following years from the original French edition, Herrera includes the translation of other letters and texts: a Carta entitulada açote para los politicos hereges, y traydores de Francia, que se han juntado con el herege Principe de Bearne 10, "a donde se muestran como estavan las cosas de Francia, luego que murio Enrique III. Y declara el derecho que tenía a la Corona el cardinal de Bourbon, que a la sazon vivia (aunque preso)". 14 The eighth text is an Exemplos de los diversos generos de muertes con que han martirizado en Francia, los sequaces del perverso Calvino, y los Ugonotes. Richard L. Kagan has noted that "... a lo largo de los años 90 del siglo XVI Herrera escribía una serie de obras dedicadas a los asuntos contemporáneos en Inglaterra y Francia, adoptando en cada una un punto de vista que lo coinvirtiera en el portavoz oficial de la monarquía filipina (see Herrera 1590; Herrera 1598; Kagan, 2004: 41). 17 Asi, defendía no solo la causa católica sino defendía los derechos del rey Felipe de intervenir en la política de aquellos países. Por lo tanto, no es sorprendente, que al momento que, en 1596, se produjo una plaza del cronista del rey -es este caso, la de Cronista Mayor de las Indias-, el rey eligió Herrera para el cargo a pesar del hecho que nunca había visitado las Indias ni escrito ni una sola palabra de su historia" (Kagan, 2004: 42). The Pedro Madrigal's printing machine also produced the Relación de un sacerdote Ingles, escrita a Flandes à un cavallero de su tierra, desterrado por ser Catolico: en la qual le da cuenta de la venida de su Magestad a Valladolid, y al Colegio de los Ingleses, y lo que allí se hizo en su recebimiento. Traduzida de Ingles en Castellano, por Tomas Eclesal, caballero Ingles, en Madrid, (Anonymous, 1592b). 16 Carta de Paris con particular cuenta de lo sucedido en el cerco, y lo demás hasta lo 7 de septiembre 1590 imbiada a Gabriel de Cayas secretario de estado de su Magestad, y de Italia, fols. 17 Previously Kagan wrote also: "A sus muchos merito se asomaba su traducción del inglés [sic] de un polémico tratado que aseguraba que el catolicismo en Francia peligraba a menos que Felipe interviniera militarmente para impedir el acceso de un protestante como Enrique de Navarra al trono Francés". 18 Kagan follows transcribing: "De otro lado, la consulta que recomendó Herrera para este cargo describió sus credenciales en la manera siguiente: Tradujo la ystoria de Persia y compuso la de Escocia y tradujo lo q escribieron los catholicos ingleses a los franceses el açote de los politicos y el cerco de Paris, la Razon de estado; compuso la ystoria de Portugal y tiene escripta otra general de 27 años de su tiempo que se está examinando por orden del Consejo de Castilla y se entiende que a acabado de describir los tumultos de Francia desde el año de 1585 hasta fin de 1594 provando q V M d se movió a ayudar a los católicos solo por el zelo de la fe".
One Relación de algunos casos que suzedieron después de aver sido crucificados y muertos los sagrados en Japon mentions on March 14, 1597 -less than one month after the event -the presence of columns of fire in the sky above the site of the executions (Pérez, 1921c: 86).
Sigüenza tells, firsthand, the handling of the ring at El Escorial: "y porque quiso el Rey hazer antes que de aqui partiesse las honras de la Reyna de Escocia, a quien auia mandado degollar su hermana la Reyna de Inglaterra, teniendola mucho tiempo pressa y harto apretada en vna fortaleza, poniendole vna acusacion falsa de que se auia conjurado contra ella. Y la verdad era ser esta Reyna piisima y Catolica, que era la mayor conjuracion para ella. Ya. otros han escrito desto mas largo. Nuestro Rey con justo sentimiento quiso hazer aqui sus honras, aunque tenia grande Fe, que estaua como glorioso Martyr gozando de Dios en el cielo. Testimonio harto bastante desto fue que, auiendole presentado vn anillo desta Reyna, engastado en vn diamante tabla, simbolo de la pureza y la firmeza de la fe de tan santa Reyna, me lo dio a mi para que le pusiesse en las reliquias, y ansi lo hice. Las obsequias se hizieron a quinze de Abril, y con la misma solennidad que las que aqui se hazen de todas las personas Reales." "El lunes pasado 29 de Mayo [1651] tuvimos un insigne Martir que fue el Pedro Wright, de la Compañía de Jesus" wrote Alonso de Cárdenas, long-time Spanish ambassador in London, to his colleague in The Hague, Antonio Brun, "a quien condenaron a ser arrastrado ahorcado y hecho cuartos y que le fuese sacado el corazon medio vivo por ser sacerdote Catt[olic]o, pena que las leyes disponen contra los que lo son como a traidores al estado, murio entre muchos ladrones con singular ejemplo de constancia y alegría" The letter changed there to chyper, adding that, "conque admiró los herejes y edificó los católicos." This work has been carried out within the project "Afinidad, violencia y representación: la proyección exterior de la Monarquía Hispánica" (HAR2011-29859-C02-02) and "En los límites de la violencia: masacre y proyección de la Monarquías Ibéricas en los siglos modernos" (HAR2014-52414-C2-2-P) financed by the Spanish Ministerio de Economía, Industria y Competitividad.
This study has been undertaken within the framework of the programme Juan de la Cierva-Formación (FJCI-2014-21225) and the projects of the Dirección General de Investigación del Ministerio de Economía y Competitividad, El modelo policéntrico de soberanía compartida (siglos XVI-XVIII): una vía alternativa a la construcción del Estado moderno (HAR2013-45357-P) y Sociedad cortesana y redes diplomáticas: la proyección europea de la monarquía de España (1659-1725) (HAR2015-67069-P).
Durante las décadas finales del siglo XX, la lectura de las obras de E.P. Thompson constituyó un ejercicio obligado para muchos historiadores. El objeto de estas reflexiones, desde los cambios experimentados por la historiografía, es afirmar su vigencia como historiador y reiterar su condición de "clásico". En Miseria de la Teoría el historiador Edward Palmer Thompson (1924Thompson ( -1993) ) escribió: "Sólo nosotros, los que ahora vivimos, podemos dar un "sentido" al pasado (Thompson, 1981: 72). Pero el pasado siempre ha sido, entre otras cosas, resultado de un razonamiento de valores. Al recuperar ese proceso, al mostrar cómo aconteció realmente la secuencia causal, debemos, hasta donde la disciplina lo permita, mantener nuestros juicios de valores en suspenso. Pero una vez recuperada esta historia quedamos en libertad para expresar nuestros juicios sobre ella." Las páginas que siguen constituyen un intento de volver a dar orientación de futuro al pasado, a través de la obra de Thompson como historiador. No soy la única, seguramente, en pensar que su obra reviste todavía interés (Erice, 2013; Sanz, Babiano y Erice, 2016), porque estando ya este texto a punto de ver la luz me llega una recentísima edición en castellano, por obra de A. Estrella González como editor (Thompson, 2016) de los textos políticos de los años 1957 a 1962 del historiador inglés publicados en las revistas New Reasoner, University and Left Review, y New Left Review. Ello me da ahora pie a volver a insistir sobre ese interés y esa vigencia. En vida, fue Edward P. Thompson uno de los autores más populares, de los más citados y controvertidos en los años de auge de la historia social (Palmer, 2004). Al desaparecer, a principios de los años 90, dejaba una brillante obra de historia, una importante obra poética y literaria, y una actuación política imponente de agitador antinuclear. Pero también una abundante escritura política que ha seguido una fortuna desigual y discontinua. Me he preguntado no hace mucho tiempo (Hernández Sandoica, 2016) si como historiador sigue siendo hoy día una lectura necesaria Thompson; si, muchos años después de todo aquel impacto, sus escritos siguen estando vivos; si sigue funcionando en el lector que empieza su atracción magistral, y si ayuda a la tarea refleja el acompañar esa lectura del recorrido identitario y biográfico de un personaje singular como él fue. Leer a Thompson no es tarea menor, por la complejidad de sus esfuerzos literarios, por su ambición conceptualizadora y escurridiza a veces, además de la necesaria contextualización (Archilés, 2016) que obliga al historiador especialmente en todo ejercicio de historia intelectual. Una trayectoria que, en su caso, fue abruptamente crítica, nada tendente a la estabilidad, y que se vió ligada a oscilaciones de su temperamento. Creo, con todo, que la respuesta a esa pregunta es positiva, y que es rentable leer a Thompson hoy todavía. Me dispongo a ofrecer razones en esa dirección. A la altura de 2016, enfrentarse a los textos de un autor como aquel, sobre el que tanto se ha escrito y al que tanto se ha venerado y combatido alternativamente, exige prescindir de la pasión con que se le leía (leíamos) durante las décadas de 1970 y 1980, y verlo ya como un clásico magnífico, un pensador original y fértil. Pero eso no significa en ningún modo eludir integrar el análisis del terreno marxista en el que el historiador inglés debatió con ardor, y con cuyos representantes más conspicuos polemizó (Estrella González, 2016; Anderson, 2008; Cohen, 1987). Revisar su trabajo obliga a conectar presente con pasado, contexto o marco público con opción personal, historia con política, andamiajes de su particular trayecto identitario. Su biografía ofrece transparentes las notas del carácter marcado por el tiempo de toda obra intelectual y, en este caso, de su autopercepción, la consciencia de que existe una estrecha imbricación entre la historia como campo de estudio y la historia como experiencia vivida y herramienta de autocomprensión. Es Thompson en efecto un autor en el que apenas se separan ambos planos, en una relación que él iría explorando y reformulando, construyendo su particular ejercicio vital de oposición y disidencia, en paralelo y afanoso desafío de comparación con personajes disidentes como Wordsworth, Coleridge y Cobbett, pero más que ningún otro Morris y Blake. En la trayectoria personal de Thompson, narrada y recogida tras su muerte por amigos y seguidores (Palmer, 2004; Croft, 1995; Hamilton, 2011), se encadenan éxitos literarios y ensayos históricos y políticos -de desigual y ocasional impacto-con sucesivos momentos de debilidad, con fracasos personales y conflictos intelectuales que, vistos en la distancia, se vislumbran cuasi permanentes. Sus mayores diatribas, exceptuando la sostenida con el francés Althusser, las dedicó a sus camaradas marxistas del Partido Comunista británico (CPGB), los más cercanos y con los que militó hasta 1956 (Estrella González, 2006; Estrella González, 2012). Con frecuencia, si bien no de modo unánime, la crítica iba a destacar en él la brillantez y el valor literario de su prosa, una combinación peculiar de rebeldía y de seguridad empecinada en el valor superior de su razonamiento y su argumentación. Toda su vida y su biografía aparecen marcadas por esa confianza personal, aristocratizante y en cierto modo mesiánica, que facilitaría su presencia pública y su popularidad en los foros mediáticos. Mostró tenacidad en su empeño político, voluntad para sostener sus interpretaciones (deliberada y provocadoramente no ortodoxas), y cultivó el tesón para dar curso activo a sus puntos de vista sobre la realidad. Su peculiar forma de escribir y de abordar la riqueza textual de los documentos que empleaba para escribir historia (literarios más de una vez, poéticos o de tipo privado), inauguró una forma de historia sociocultural que, rechazada en su momento por bastantes marxistas, suscitaría sin embargo aplauso y reconocimiento allá donde se abría paso por entonces cualquier modalidad de "nueva historia" (focos en Norteamérica e Italia), formas de análisis social poco o nada estructuralistas (Hunt, 1989: 47-70), con frecuencia moteadas de aliento neohistoricista o psicologizante. Triunfaba la reducción de escala, en contacto con las ciencias sociales (sociologías cualitativas y antropología cultural). En el caso francés, bajo el imperio de Annales y el potente deslumbramiento althusseriano, el influjo de Thompson fue más tardío, más débil y minoritario, pero al final iba a quedar asegurado por el respaldo y la autoridad de Agulhon y Bourdieu (Ceamanos, 2005). Rutilante su estrella, la primera objeción importante a la obra de Thompson, años después de aquella irrupción con éxito en escenarios no británicos, vendría sin embargo desde el feminismo: y es que, aun registrando nombres de mujeres y poniendo en juego su acción concreta, el historiador inglés -que decía ocuparse de la clase-no había tomado en cuenta el papel del género (Scott, 1998; Scott, 1999; Llona, 2016). Son también conocidas, además de aquellas seminales críticas de Joan Scott, las de Chakrabarty por ejemplo desde una visión poscolonial, si bien no hemos de entrar ahora en ellas. Combinó Thompson sin mezclarlas, pero indistintas en el valor político que él mismo les concede, la escritura de historia, el discurso político y el arte poético -como hiciera su padre-, y bajo esas formas transmitió su concepción del mundo y su actitud ante él, de presente y pasado: la oposición al rearme, la oposición al gobierno, el discrepar constante de lo mayoritario o hegemónico, el distanciarse de lo "oficial" en fin, incluida su reticiencia ante la línea oficial del comunismo británico, el CPGB. Polemista perpetuo, dentro y fuera de la ortodoxia en que, hasta el apartamiento de 1956, se inscribió formalmente, combatiría contra anarquistas y trotskistas para mostrarse luego enemigo incansable del neoliberalismo, siempre alertando contra el peligro amenazante de su consolidación. Compartiendo esa idea de la política, de la vida en alerta y la función docente con otra historiadora del grupo, Dorothy Towers, exhibieron los dos una inspiración radical, de vanguardia izquierdista en el contexto del mundo bipolar de la guerra fría; él, más volcado hacia el espacio público y la agitación, afecta ella al trabajo en círculos pequeños, con los discípulos. Su horizonte práctico inmediato acabaría marcado por la permanente resistencia ante el retroceso antidemocrático de las libertades civiles y los derechos sociales, la oposición al desmantelamiento del estado del bienestar en Gran Bretaña emprendido a mediados de los años 70 por el giro neoliberal. El radicalismo y la libertad de palabra y acción que vertebran a Thompson y lo enorgullecían, su frecuente irrupción (con toques que hoy diríamos acaso "populistas" pero también, sin duda, aristocráticos) en los foros públicos, mítines y concentraciones y en medios de comunica-ción, muy atractivos ante un público amplio, no gustarían en cambio a sus correligionarios: comunistas primero, laboristas después. Nunca rehusaría la polémica; más bien la iba a promover desafiando con ocasional coquetería, o una más usual irritación, el elitismo de la vida académica. La batalla política en la escena pública le otorgó esa fuerza suplementaria que conlleva la popularidad. Bryan D. Palmer, que lo admiró sin reservas, cuenta cómo su nombre era tan popular en los años 80 del siglo XX como los de la reina Isabel, la reina madre y la señora Thatcher (Thompson, 2016), quedando en un curioso cuarto lugar en ciertas encuestas. Circunstancia que recogemos con frecuencia al glosar su obra por ir dotada de una significación extraordinaria en cuanto a que tal popularidad, inusitada para casi cualquier historiador (incluso en Inglaterra), le llegaría no por causa de su nuevo libro Whigs and Hunters sobre la Black Act (Thompson, 2010), un texto clave para la historia del crimen, sino por sus artículos antinucleares y su presencia reiterada en la calle, así como en radio y televisión, propugnando la paz entre los bloques y a favor de una política antinuclear (Ruiz Jiménez, 2005). No dejó en los 80 de acudir a mítines, actos públicos y manifestaciones populares de signo antinuclear y pacifista allá donde se dieran, como continuación de esos esfuerzos por la paz y la distensión que, desde la década de 1950, había ejercitado el CPGB, donde Thompson había ingresado con diecinueve años. LA CLASE "CONSTRUIDA" Y SU REGISTRO DOCUMENTAL. En virulenta diatriba con compañeros del partido (él mismo la calificaría de "violenta" y "amarga", y E. Hobsbawm le acusará de carecer de "brújula interior"), mas de una vez sería el propio Thompson quien vendría a agitar las aguas ideológicas de una izquierda radical y ortodoxa en cuyo fondo vino a constituir un desafío su vibrante alegato en pro del empirismo: Miseria de la Teoría, publicada en 1973, se mantenía realmente cerca de otros dos textos claves para entender la ruta de la polémica: "Reply to John Lewis" y "Open Letter to Leszek Kolakowski", aparecidos en The Socialist Register. Pronto hubo quien pensó que, mejor que entender la fomación de la clase y su conciencia, hubiera debido Thompson estudiar su desvanecimiento, su fulminante descomposición. La obra más conocida del historiador, The Making of the English Working Class (1963), sigue siendo catalogada por muchos, más de medio siglo después de su edición, como un texto esencial, imprescindible en historia social (Barrio, 2016). Sorprendió en su momento la innovación en el modo de considerar las relaciones productivas y la conciencia de clase, algo inesperado en un marxista (ni gramsciano ni benjaminiano, es evidente). Reintroducía en el discurso histórico un elemento que, en su propio contexto, venía a sonar como algo inesperado y nuevo: "el vasto, múltiple y contradictorio reino de la experiencia", aire fresco para quienes creían que la historia se había vuelto monótona (Fontana, 1994: 3). Volvía Thompson sobre un término, experiencia, muy caro a las humanidades y a la historia intelectual en general (Ankersmit, 2005), pero arrumbado al seno del idealismo en realidad, y ello le acarreó problemas a la vez que fortuna, a un tiempo: varias veces, a lo largo de su vida, hubo de responder a críticas que inquirían qué entendía por ese concepto: algunas de ellas, fuertes y sostenidas, venían desde el materialismo; otras, más tibias, desde posturas varias que unía la extrañeza por la particular forma de Thompson de acomodar su idea de experiencia con adherencias ajenas al marxismo. Le guiaba sin duda la pasión del archivo, pero también se sentiría deudor de la herencia cultural romántica e historicista de su temprana juventud en el seno familiar (Estrella González, 2016: 30). En la masa documental ingente y variada que Thompson llegó a manejar para sus textos históricos iban a desfilar personajes anónimos, la mayoría ignorados hasta aquellos momentos. Rescataría sus gestos, sus palabras y nombres, sus resistencias o sus discrepancias, su oposición. Sujetos populares, históricamente anclados en la antesala del régimen industrial, no inmersos todavía propiamente en él (luego anteriores a la aparición de la "clase"). Thompson rescata "al pobre tejedor de medias, al tundidor ludita, al obsoleto tejedor de telar manual, al artesano utópico, e incluso al iluso seguidor de Joanna Southco-tt..." con la intención de "aclarar" cómo surgen los conceptos de "clase" y "conciencia de clase". Daba así voz a un colectivo popular artesano, derivándose de su posición en la protesta y las relaciones sociales "un cuestionamiento abierto de la interpretación whig de la historia y de los supuestos de la teoría de la modernización" (Millán, 1996: 65). Llamaba la atención su afán por rescatar del olvido oficial a unos seres anónimos, de apariencia insignificante, y sonaba en principio extraña aquella reivindicación de su presencia, en él con tinte romántico y cristiano, que hoy nos es familiar: aquellos que habrían sido "víctimas de la historia" en su día, seguirían bajo el poder de la historia "al condenarse sus propias vidas, siendo víctimas" (Thompson, 1977: I, XVII). La elección moral y política de Thompson del lado de las víctimas alimenta sin duda, más que el propio marxismo, esa "mirada desde abajo" que, como alegato contra el olvido, concretaría luego en Tradición, revuelta y conciencia de clase. Pero en aquella primera obra ya había dedicado casi mil páginas a desbrozar en el archivo tránsitos de resistencia y de protesta que se combinan y se cruzan, sin siquiera rozar esas fechas en las que se conviene situar en Inglaterra la existencia de una clase obrera operante y consciente como tal. Sus páginas están llenas de términos relativos a emociones y afectos, a pasiones políticas que, en el horizonte de 1831, veía Thompson alzarse como marea de sentimiento revolucionario: "Parece que la pasión brota del suelo..." Veía nacer la clase, ante sus ojos, como parte de un ejercicio poético y metafórico reivindicativo, muy seductor; la dibujaba como un proceso fluído y dinámico, una mecánica cuasi biológica, un hecho iterativo y plástico de formación, en el que los personajes desfilaban individualizados, mostrando verbalmente estrategias de aceptación o de rechazo ante las presiones del poder, sin gran diferencia entre lo estructural y lo coyuntural. Así, la recreación de la acción humana y su componente emocional aparecían fuertemente ligados, mostrando esas habilidades literarias de Edward Thompson que unas veces concretaría bajo el género histórico y otras, no escasas, cuajarían en moldes literarios (Giddens, 1994: 153-170). Aseguraba que las aspiraciones de aquellos individuos olvidados "eran válidas en términos de su propia experiencia", y acaso por sorpresa, el resultado fue del gusto de muchos de quienes lo leyeron. "El experimento dio resultados brillantes" (Millán, 1996: 69), pues "reemplazó la imagen de un país donde dominaban el tradicionalismo y la sumisión a la oligarquía por la visión de una sociedad plebeya, contestataria de diversas maneras a la monstruosidad del orden establecido y pionera de la democracia y de la protección social en absoluto presumibles durante el amanecer del capitalismo". Destaca Thompson el papel que juegan lectura y escritura en la que, a su manera, vería como conciencia de clase en sus sujetos, y -siempre a través de las fuentes de archivo-procura reconstruir la directa incidencia de la circulación de libros y panfletos en las formas que toma, en cada caso, la movilización popular. No le resultaría en cambio necesario poner en juego para escenificar esa movilización organización política ninguna -partido o formación-, ni traería a primer plano necesariamente el liderazgo para destacar el valor (claro está que político) de aquel aprendizaje cultural: "La conciencia articulada del autodidacta era, por encima de todo, una conciencia política (...) Las ciudades e incluso los pueblos bullían con la energía desplegada por los autodidactas" (Thompson, 1977: II, 313). En la práctica (y a través de la práctica), la protesta venía a sustituir a la revolución. Una revolución, y el deseo expreso de su advenimiento, que el propio Thompson había reconocido en ciertos socialistas ingleses de un siglo atrás, sobre todo en el industrial y arquitecto William Morris. Destaca asimismo la habilidad de Thompson para reelaborar o imaginar conceptos y aplicarlos a los materiales de archivo, partiendo de las categorías básicas del marxismo pero dejándose alcanzar por formas y maneras procedentes de la sociología y la antropología. Sus definiciones intentamos detenerlo en seco en un determinado momento y analizar su estructura. Ni el entramado sociológico mejor engarzado puede darnos una muestra pura de la clase, del mismo modo que no nos puede dar una de la deferencia o del amor." Forzosamente, para un historiador -y no un filósofo-, "la relación debe estar siempre encarnada en gente real y en un contexto real." Las clases acaecen al vivir (igual a experimentar) los hombres y mujeres reales sus relaciones de producción, y al concretarse sus situaciones de determinación dentro del conjunto variable de las relaciones sociales, siempre en un espacio concreto y un tiempo determinado, con una cultura y unas expectativas heredadas. Los individuos van haciéndose así dentro de la clase, al modelar sus experiencias en formas culturales determinadas. Y así, no podría decirse que una clase esté o no esté formada históricamente hasta que, como resultado del conflicto con otras clases (conflicto que será esencialmente cultural y no solo económico), modifique las relaciones heredadas. Así es como E.P. Thompson lleva hasta el corazón del análisis marxista términos de inspiración sociológica o jurídica: "consenso popular", "prácticas legítimas o ilegítimas", "normas y obligaciones sociales", "comunidad"..., a la vez que salpica o incluso empapa de sentimientos y emociones (las propias y las de sus sujetos historiados) las explicaciones que se le iría obligando a dar a propósito del uso de esos mismos términos y de otros semejantes -como aquel tan complejo de "economía moral de la multitud". También emplea (lo que desde la perspectiva marxista entonces dominante es al menos llamativo) términos psicológicos o de mentalidad, adjetivaciones propias de prácticas y costumbres o características culturales tales como "agravio", "creencias, usos y formas" o "emociones profundas", términos todos ellos muchas veces cargados de un plus de reivindicación social y connotación política radical: "exigencias de la multitud hacia las autoridades", "indignación", "obligación 'moral' de protestar"... En 1991, en el artículo titulado "La economía moral revisada", Thompson trataría de explicarlo: "Las emociones profundas que despierta la escasez, las exigencias que la multitud hacía a las autoridades en tales crisis, la indignación provocada por el agiotaje de las situaciones de emergencia que representaban una amenaza para la vida, comunicaban una obligación ́moral ́ particular de protestar. Todo esto formando un conjunto, es lo que yo entiendo por economía moral" (Sewell, 1994: 82). En nuestros días, acostumbrados como estamos al lenguaje de la microhistoria, los historiadores no necesitamos tantas aclaraciones de sentido como se le pidieron en su día a Thompson, pero no deja de extrañar la ausencia irreparada del vocabulario marxista propiamente económico. La noción thompsoniana de cultura popular relega lo económico cuando no lo descarta totalmente: "Otro rasgo de esta cultura, que reviste especial interés para mí, es la prioridad que en ciertos campos se le da a las sanciones, intercambios y motivaciones 'no económicas' frente a las directas y monetarias". Cuando en Thompson se emplea el término "economía", ello va en el sentido de "estructura subyacente a la acción de la multitud", tal y como 60 (Dworkin, 1997; Woodhams, 2001), sufrían sus efectos a su modo de ver. En esos medios fue donde Thompson se batió con más insistencia en defensa de aquella tradición historicista, romántica y humanista inglesa, que él en cambio veía compatible con el materialismo histórico y la lucha internacionalista, más adecuada para aunar voluntades. La historia real, lo verdaderamente sucedido, quedaban además anegados en el esquematismo teórico de los althusserianos, lo que le sublevaba, volviendo estéril la herramienta política que nacía del estudio del pasado, un pasado leído en simultaneidad de tiempos (Elliott, 2004; Díaz Freire, 2016). Su cólera impaciente, la furia con que hablaba, quedaron registradas en los medios en los últimos años de su vida. La fuerza "polémica" de la discrepancia a que se refería Anderson ("un discurso del conflicto cuyo efecto depende de un delicado equilibrio entre las exigencias de la verdad y las tentaciones de la ira, [entre] el deber de debatir y el celo por inflamar") es, muy posiblemente, junto al "sentido común" -siempre inherente a la argumentación thompsoniana-, la característica retórica que más haya ayudado a que una obra larga, densa en el relato, prolija a veces y en cierto modo reiterativa, como es La formación de la clase obrera en Inglaterra, haya influido tan decisivamente en la historiografía social subsiguiente. El resto de la producción thompsoniana, variable en formato y en estilos, no alcanzaría nunca la misma fuerza o popularidad que aquel libro de principios de los años 60. Sus otras dos obras de historia social estricta (Whigs and Hunters, de 1975, y Customs in Common, de 1991), o ensayos sueltos como "Time, Work-Discipline, and Industrial Capitalism" (1967) y "The Moral Economy of the English Crowd in the Eighteenth Century" (1971), interesaron más que nada a los seguidores, ya numerosos, de la discusión metodológica abierta por su obra más leída. Mantenían en común el componente cultural e histórico ("construido") de la protesta popular contra los mecanismos de dominación. Como recuerda Anderson en el obituario citado, la identidad de enfoque de esos otros ensayos presentaría no obstante un giro estilístico, desde la primitiva "abundancia romántica" hasta "una elegancia más sobria" (y no ahorra ironía cuando compara ese viraje estético al coetáneo cambio de vivienda del matrimonio Thompson hasta un barrio acomodado, georgiano). El debate teórico le parecía a Thompson inseparable del enfrentamiento ideológico y la discusión política: sus oponentes fueron siempre descalificados con ira, acusados de un elitismo intelectualista o de una ambición académica excluyente, tachados de esquematismo e idealismo también, y -acaso cruelmente-de connivencia con el estalinismo. Desde su salida del partido comunista, Thompson veía ese alineamiento con Moscú como una perversión política, y más si cabe, una desviación moral. Les reprochó a L. Althusser y al colectivo estructuralista la idea de que la ciencia marxista podía construirse exclusivamente desde la filosofía, afinando teorías y conceptos y eliminando las "contaminaciones" de la historia concreta, eliminando esa perturbadora "experiencia" vivida, siempre delimitada por marcos culturales específicos, que Thompson por el contrario reivindica. Les objetaba que los conceptos no permanecen quietos ni invulnerables en la vida real, sino que se hallan en circulación, sujetos a procesos de "auto-perpetuación" y "auto-elaboración" que permite a todo sujeto reconocerse internamente e interpelarse. Transmitiendo esa radical oposición al adversario de modo tan sarcástico y aniquilador como Thompson lo hizo, esperaba conseguir reavivar la antigua tradición de debate propia del marxismo. Pero logró irritar a muchos, incluso a quienes no simpatizaban con Althusser y el estructuralismo. Dolería sobre todo, más que la acusación de idealismo teológico con que los fustigaba, la de que estaban siendo cómplices intelectuales de un sistema criminal como estaba probado era el estalinismo. PRAXIS POLÍTICA, OFICIO Y ESCRITURA Reparemos un tanto en la identidad personal de Edward Palmer Thompson. Había nacido en Oxford en 1924, el segundo de dos hijos varones de un matrimonio de clase media acomodada y alto nivel cultural. Su padre, metodista no practicante vinculado al horizonte colonial indio, se consideraba ante todo escritor, y su modo de ser, recto y solidario con los subalternos, influyó claramente en sus dos hijos que, como tantos otros jóvenes cultivados de la época, se orientaron entre 1941 y 1944 hacia el ingreso en las filas comunistas. Edward, que ingresó el mismo año en que murió en la guerra su hermano Frank, resultó pronto un militante atípico en los telones de la guerra fría, y aún más habría de serlo después, en la era poscomunista. De honda intuición poética y gran originalidad narrativa, se alejaba por días del marco doctrinal y las reglas estrictas del lineamiento internacionalista. Su formación universitaria principal era la literaria, y a enseñar clásicos ingleses dedicó muchas horas, sin que ello le impidiera en cambio pergeñar el amplio relato de emancipación histórica e innovación historiográfica que lo volvió célebre. Pretendía llenar las expectativas de quienes, "desde abajo", le escuchaban, gentes del clase obrera, trabajadores. Así será guía intelectual de alguno de ellos, pero a distancia y quizá más aún, inspirará a un colectivo disperso de historiadores jóvenes que, en la Europa continental, querían romper vínculos con la historia política. En un ambiente intenso de ideas efervescentes, de dudosas respuestas y cambios permanentes, no todos compartieron sin embargo su forma de actuar: Anderson, ya sabemos, deploraría los excesos retóricos de Thompson, un "arte ajeno al momento" y fuera de contexto, mientras que este se empeñaba en sostener, como respuesta, que la acción práctica y la elección moral se exigen mutuamente. Había forjado ese compromiso en su adolescencia y juventud, y lo había puesto a prueba en las trincheras, en pleno conflicto mundial. Y su elección precisa era la oposición, la disidencia frente al dominio injusto y la protesta como patrón de vida y como objeto de estudio, juntamente. Destaca así, de una manera nítida (Hamilton, 2011), la simultaneidad entre ambos esfuerzos, que serían incómodos a derecha y a izquierda. Escribir y actuar, persona y personaje fundidos en la emoción política, construcción subjetiva forjada a modo de obligación política y moral... Llevado de ese impulso radical "humanista" al que Thompson servía como heredero de una tradición nacional (inglesa y socialista) que creía similar al marxismo y compatible con él, creó con tres iconos (Marx, Morris y Blake) sus ideales de vida y obra. Ninguno de los tres le permitiría "cometer el error de abstenerse en la batalla", una máxima que impulsó su intensa trayectoria de activista. Anclados en sus propios resortes de experiencia, los escritos de Thompson abordan invariablemente la oposición radical que existe entre fuertes y débiles, el conflicto entre ricos y pobres, la rebeldía de estos frente al poder, dibujando una estela de actuaciones que deja a los más bajos en la escala un margen variable, pero siempre existente, de autonomía y de recursos (agency) para enfrentarse con éxito a aquel. Había militado en el CPGB hasta que hubo de abandonarlo por protestar de la invasión soviética a Hungría y Polonia en 1956, pero hasta entonces había procurado obedecer encargos e instrucciones del partido. A Journal of Discussion en noviembre de 1956, fundado entonces junto al también disidente John Saville), Edward P. Thompson relata por qué se apartó: aspiraba a un "socialismo de gente libre" (un "humanismo socialista" o "comunismo libertario", dice) y rechazaba todo supuesto o razonamiento que se situara por encima de la acción y del interés de los individuos: no compartía la supremacía de la razón de partido (Widgery, ed., 1976: 66-72). Al insistir después en el valor central de la fecha de 1956, también como un decisivo tournant en la obra de su contendiente Althusser, Thompson deslizaba la sospecha de que en el francés obedecía al deseo de blindar a los partidos comunistas frente a las críticas del socialismo humanista. Expulsando de escena al sujeto humano y negándole todo papel en el proyecto de una ciencia marxista, depositando el énfasis en las estructuras, Althusser encabezaba -así lo veía Thompson-, una operación política e ideológica que apuntalaba teóricamente al estalinismo, que le insuflaba respaldo. Que la inteligencia de izquierdas inglesa, con su extracción de clase media y su deslumbramiento por el continente, aceptara seguir esa influencia, le dolía e irritaba: veía una cohorte de jóvenes engolados y orgullosos de pertenecer a una izquierda no popular, instalados en el núcleo del sistema académico, que iban dejándose seducir frívolamente por aquel extraño y abstracto proyecto de consecuencias prácticas perversas. Le molestaba su elitismo, su convicción de superioridad y de distancia frente a la clase obrera incluso en muchos de ese mismo origen, elevados en la escala académica y social por obra del azar y en un contexto histórico de oportunidad, personajes teatrales sin convicciones hondas que se servían del estructuralismo para representar, creyéndose vanguardia, "a harmless revolutionary psycho-drama". Era esperable que alguien le respondiera que él mismo, Thompson, solo había logrado entrar en la universidad de manera episódica y, muy significativamente, marginal. Anderson, por su parte (2008: 196-197), confesaría no haber entendido del todo, en sus acerbos intercambios con Thompson, que la polémica tiene sus reglas, unas reglas antiguas y para él desconocidas, y que esa forma de escribir y de hablar era "un discurso del conflicto cuyo efecto depende de un delicado equilibrio entre las exigencias de la verdad y las tentaciones de la ira, el deber de debatir y el celo por inflamar". Para cuando abandonó el partido en 1956, con la invasión de Hungría por los soviéticos, se había inclinado ya decididamente por la historia como ejercicio profesional, si bien las clases para adultos, que todavía dió por mucho tiempo, siguieron siendo de literatura (Croft, 1995). El que, con poco más de treinta años, se decidiera finalmente Thompson por aquella materia entre sus dos pasiones, lo había conseguido Dona Torr, historiadora de más edad que él y mentora de muchos componentes del CPHG (Communist Party Historians Group) (Howe, 1972; Thompson, 1993; Kaye, 1995). Dona Torr, que vivió entre 1883 y 1957, forjó su experiencia juvenil en la década de 1920, lo que le permitió a su vez recibir el impacto de un tiempo excepcionalmente rico en cultura y política (Rosa Luxemburgo, Sigmund Freud, Havelock Ellis, William Wordsworth o Joseph Conrad, entre otros, fueron sus lecturas). Lo mismo que más tarde Thompson, no habria de encontrar Torr contradicción entre el gusto por la poesía de Blake y el hecho de inscribirse en un marco marxista. Al igual que Thompson, disfrutó de una gran libertad para leer, vetada en cambio al grueso de la militancia comunista (antes de morir entregaría al partido un texto de Trotski, prohibido entonces, My Flight from Siberia). En su biografía de Morris, Thompson agradece ese magisterio doctrinal y aplaude el aliento emocional que la historiadora transmitía: "She made us feel history on our pulses. Por su valor práctico y político, que habría comprendido finalmente como superior al de la literatura, fue por lo que Thompson elegiría escribir sobre historia, herramienta más adecuada para impulsar la acción. Nunca olvidó con todo que su elección primera fue la poesía, y nunca prescindió del ejemplo de Blake como horizonte en su imaginario experiencial (Witness against the Beast: William Blake and the Moral Law se publicó ya póstumo, en 1993). Incluso en The Poverty of the Theory and Other Essays, poesía y novela siempre en la cabeza, va a comenzar citando a Auden y a Orwell. Aquella proyección sentimental, la composición retórica y la expresión apasionada que dicha combinación de historia y literatura confiere a los relatos históricos de Thompson serían discutidas, tildadas de anticuadas (entiéndase por ello historicistas o idealistas, además de empiristas), sospechosas de contaminación ideológica. Pero por su factura romántica y utópica, a los ojos de sus camaradas, miembros del grupo político e intelectual del que formaba parte, el modo de escribir de Edward Thompson sería "burgués" sin más (Löwy and Sayre, 1996). Pero la acusación más grave -la más difícil de combatir-era sin duda de fragilidad y ambigüedad teóricas, una indeterminación con la que él se encontraba indudablemente cómodo, y a la que nunca querría renunciar. Algo que entonces iba a ser un problema y hoy, sin embargo, no lo es: "Si buscamos en Thompson una declaración programática, una disposición teórica, no encontraremos lo que sería aceptable como ́ley moral ́ o como imperativo metodológico, en gran parte porque rechazó intuitivamente un acto de conclusión intelectual y política por el estilo" (Palmer, 2004: 14). "Esta fue su teoría". Más aún, "fue la política y la poética de su vida." Sin sacralizar la necesidad teórica en la escritura histórica, sino al contrario enfrentado a una forma concreta y muy potente de imperativo teórico, un enfurecido Thompson la emprendería en Miseria de la Teoría con el exceso de intelectualismo, denunciando en el academicus altanerus a una especie de profesional "henchida de autoestima", que creía poseer una "alta vocación de profesor universitario, pero apenas sabe nada de cualquier otra vocación" (Palmer, 2004: 178). Comprometido "con el compromiso" desde la experiencia frente-populista que asumió en su momento, lo que siempre creyó que era su deber agobiaría a Thompson al llegar la vejez, sin que por ello cejara. En la escritura de auto-reconocimiento que, en parte de su obra, Thompson practicó, tiene un lugar central la extensa biografía del arquitecto, industrial y socialdemócrata inglés William Morris. Titulada significativamente William Morris. De romántico a revolucionario, la obra fue silenciada en su momento (1955). Aparecía en plena guerra fría como un estudio de más de 900 páginas, que luego fue reducido para la segunda edición en 1976, añadiéndole Thompson entonces un apéndice crítico. Su gráfico retrato de Morris (1834-1896) mostraba en un principio una ortodoxia marxista exagerada, resultado confeso, a posteriori, de la experiencia vivida por Thompson a esa hora, entonces militante a punto de expulsión, y cuya identificación con aquel personaje, socialista tardío y atractivo creador (Arts & Crafts), le resultaría perfecta para avalar, forzándola, la propia adecuación a la doctrina más probable del propio Marx (Hamilton, 2011). Veinte años después de la primera versión, Thompson revisaría el texto, haciendo perfectamente posible distinguir el Morris más "ortodoxo" de la edición de 1955 y aquel otro "heterodoxo" de después (Estrella González, 2007: 59-80). En 1976Thompson (1988b: 745) dibuja un Morris más audaz en política, alguien que, como él mismo, se aplica a «rellenar los silencios» de Marx. Para no dudar de esa identificación, bastará con escuchar al propio Thompson: "Decir que Morris me reclamó y que yo he tratado de reconocer esta pretensión no me da derecho a reclamarle yo a él. No tengo licencia para actuar como intérprete suyo. Pero al menos ahora puedo decir que eso es lo que he estado intentando hacer durante veinte años." Dice Palmer que en la edición primera de esa biografía de Morris estaba ya desarrollado -aunque teóricamente frágil-su propio concepto de experiencia. En la Socia-list Review, en febrero de 1979, Alex Callinicos publicó una reseña de Miseria de la Teoría donde subrayaba la continuidad en el pensamiento de Thompson, para localizar en ese pensamiento un nacionalismo de izquierdas propio de la Inglaterra de los años 40 y parte de los 50, como corriente en la que habría prosperado la alianza entre el socialismo y un sentimiento nacional radical. Callinicos criticaba sin embargo a Thompson por esa tentación local, discrepando -lógicamente desde su posición-de la enemiga feroz del inglés contra el marxismo continental. En cualquier caso, es indudable que la primera edición del William Morris había venido marcada por las exigencias de un comunismo británico que buscaba raíces en el propio suelo; pero también es cierto que a finales de los años 60 fue el propio Thompson quien libremente, por esa combinación casi automática que en él se diera entre el marco político-social y las vivencias propias significativas y estructurantes, decidiría volver sobre aquél que había sido su primer texto de naturaleza histórica para destacar aún más sus particulares lazos experienciales con aquella obra, reforzando su huella autobiográfica. Así sería como reelaborase entonces Thompson aquella gruesa biografía de Morris que, por encargo y bajo los auspicios del Partido Comunista Británico, publicara veinte años atrás. Y que al partido distaría de gustarle, según todos los indicios. Si al revisar la conexión integral de vida y obra en el romántico Morris, una de las aportaciones más sensibles de Thompson fue realzar su poesía, el efecto positivo que ello tendría en 1976 no era esperable en 1955, cuando el público lector sería muy otro, militantes marxistas sorprendidos ante un relato poco acorde con sus expectativas. Cosa distinta es la segunda versión, con la que un autor ya muy valorado por públicos más amplios revalidaba su habilidad para rescatar desde textos de naturaleza literaria y cultural, muchos de ellos documentos privados, la imprimatura política, su principal razón de ser. No hay duda de la profunda necesidad sentida por Thompson de establecer continuidades en su propia percepción de la vida, un tránsito biográfico marcado por la muerte de su hermano Frank de manera traumática en el curso de la guerra (Estrella González, 2016: 25-52). Unas pocas palabras bastan para dar cuenta del contexto en el que se creara aquel extenso relato, decisivo para entender el vínculo entre la vida y la obra thompsonianas. A principios de los años 50, como muestran documentos que guardan los National Archives, se acordó hacer de Morris -junto con otras figuras-un punto de anclaje sólido en esa construcción del marxismo nacional a que nos hemos referido, como corriente socialista autóctona y potente. La propaganda comunista se encargaría de esa labor (Crof, 1995). Varios historiadores del grupo intervinieron entonces en aquel giro institucionalizador, formando parte de una "William Morris Society", entre ellos el escocés Robin Page Arnot (1880-1979), siempre fiel al partido y autor también de un par de libros sobre Morris (así se da cuenta en los Papers of Robin Page Arnot, Hull University Archives, NA). En la correspondencia de Arnot con otros camaradas, incluido el propio Thompson, se menciona una edición de los escritos de Morris que sería presentada después en la Exposición bibliográfica celebrada en Moscú en 1959. El libro de Thompson se publicó también en esa coyuntura y a instancias del partido; se querría evitar a toda costa -a través de la fijación y recuperación de aquella antigua tradición marxista inglesa-la acusación de "extranjería" y seguidismo de las directrices soviéticas. [Por lo general, no se toma en cuenta este dato importante de situación y construcción de la obra de Thompson, pero sí es frecuente reconocer en Dona Torr un protagonismo decisivo en la idea de rescatar a William Morris del ostracismo al que lo sometía la crítica conservadora]. "¿Quiénes más aptos para practicar la autobiografía que los [propios] historiadores?", preguntaba Perry Anderson, esta vez a propósito de aquel Hobsbawm que se retrataba a sí mismo en su afamado Age of the Extremes. Thompson no escribiría en cambio su autobiografía, o no lo haría directamente, pero es claro que quiso dibujarse a sí mismo a través de personajes singulares, con cuya reconstrucción biográfica se identificó, y por excelencia en su perfil de Morris. Hasta la descripción de estilo y carácter del biografiado parece un retrato de sí mismo: "Conocemos su impaciencia física, sus gestos vigorosos, sus paseos cuarto arriba y abajo, su irritación ante la trivialidad del trato ʽeducado' (...) Bajo su apariencia brusca y autocríticamente humorística había, según Sharp, ʽuna curiosa timidez' residuo de sus años jóvenes." Y es cierto que como a Thompson, podemos aceptar que a William Morris apenas le preocupaba el escenario de jerarquías sociales y su mecánica de representaciones, "sino las personas, sus relaciones, sus valores". Y de ese modo podremos compartir con ambos -o lamentarla en caso contrario-su gusto declarado por los "detalles de la vida", por los pequeños placeres que no impiden la exigencia política, la agency. La devoción personal hacia Morris que Thompson experimentaría no era solo política a fin de cuentas, o no principalmente, sino que era esencialmente moral, como un patrón de conducta o un ideal de vida (una vida ejemplar) para quien quiso ser, antes que nada, un radical socialista inglés. El rescate de voces del pasado lo devolvió al archivo, la operación "clásica" y primera en el oficio del historiador. Lanzando el grito de Back to the archive!, compartido con Dorothy y dirigido a los jóvenes, no habría de despertar simpatías en el seno del grupo comunista, donde se miraba con recelo todo ejercicio historicista de resultados dispares e incompletos. Los avances "científicos" de la disciplina se mecían entonces bajo el soplo de las ciencias sociales, pero en "Las peculiaridades de lo inglés", texto muy debatido, puede leerse en cambio que "la historia real solo saldrá a la luz después de mucha investigación seria; no aparecerá con un chasquido de dedos esquemáticos" (Millán, 1996: 68). Al reescribir años después The Making of the English Working Class para su segunda edición, Thompson reafirmaría -¡cómo no!-esa elección de método, reivindicando las fuentes primarias como depósito de sentimientos y emociones perdidos, y rindiendo tributo a quienes dieran cabida a esos registros tiempo atrás, como el matrimonio Hammond, de quienes recono-ce la elegancia: "Demasiado a menudo los Hammond respondieron a sus críticos (...) con la frescura de un silencio cortés. Tras su muerte, y por más de veinte años, la escuela ideológica de historia se ha cebado en los ́senti-mentalistas ́ con toda impunidad (...)". Él reconoce en cambio en sí mismo una furia mayor, una urgencia que obliga: "Yo no soy cortés ni estoy muerto, por el momento. Si he respondido con aspereza ha sido en interés de la historia misma. Demos vía libre al debate por todos los medios, pero para que sea una polémica sobre datos históricos reales y no en defensa de presupuestos ideológicos previos". Con todo, se percibe modesto en resultados Thompson, abrumado por un legado documental inabarcable: "En modo alguno pretendo haber descubierto siempre la verdad (...) No he hecho más que una cala en los cientos de miles de papeles del Archivo Nacional". Ciertamente, nos es preciso siempre reconocer -servidumbre y grandeza del oficio-que "ningún historiador puede pretender abarcar, él solo, un terreno así en todo detalle" (Thompson, 1977: II, 473-474). Trabajar con la documentación procedente de fondos públicos (documentos nacidos de las instancias del poder), así como con documentos personales y literarios, era un modo tradicional y artesanal mucho más ceñido al dato y a la textualidad de lo que aceptarían los cánones marxistas. Aquel paso de un Thompson marxista opinante político hacia mecánicas y fuentes de la rutina profesional conllevaría el riesgo de una interpretación histórica más laxa e insegura, más dependiente del carácter formal de la fuente empleada, y además perfilaba visiblemente su sesgo anti-teórico y anti-doctrinal. A los convencionalismos materialistas les oponía su estilo vehemente y (eficientemente) popular, a veces descuidado, pero siempre directo en la interpelación, un estilo forjado en el voluntariado antifascista y su experiencia igualitaria y romántica de camaradería. Veía la historia llena de sujetos históricos sometidos a estructuras de determinación, pero capaces de reaccionar a ellas, de actuar... Como se le reprochó más de una vez, en aquel modo suyo de escribir sobre los pobres y los oprimidos era frecuente que la emoción supliera al análisis, lo atravesara de arriba abajo. En su obra literaria, en congruencia con su obra histórica, el horizonte utópico lo llenaría todo: en la poesía muy especialmente, pero también en la única novela que llegó a concluir de las tres que Thompson empezara, The Sykaos Papers (1988a), un relato humorístico de ciencia ficción en el que proyectaba su nostalgia y su admiración sin límites por los disidentes, por todo género de resistentes al poder. Quien se inicie en la lectura de las obras de Thompson en tiempos como los nuestros notará con certeza, antes que nada, esa cualidad política y moral, bastante por sí misma para recomendar dicha lectura cuando son pocos ya, en el oficio, aquellos que no llegan a aceptar que la función política y el color ideológico de la escritura histórica dependen de una mediación retórica, además desde luego de la situación y condición social, sexual y de raza de quien escribe. No parece discutible la idea de Walter Benjamin de "que el objeto histórico no ofrece vagas analogías con la actualidad, sino que se constituye exactamente en la tarea dialéctica que la actualidad ha de resolver" (Benjamin, 2012: 132). Dejar de lado a Thompson sería un error ahora, más aún porque nos hemos acostumbrado en la historiografía a aplaudir sin dudar el tono popular y democratizante, y por ello atractivo, accesible en sí mismo, del relato que trae hasta el lector la presencia directa de unas voces. Que no atañen tan solo a los profesionales de la historia, sino a amplios colectivos de población apartados de ella. No en vano Thompson fue, antes que nada, un profesor de adultos (Sewell, 1994: 79; Croft, 1995), y sería con los trabajadores de la WEA (Workers' Education Association) con quienes ensayó sus ideas sobre el socialismo y la pobreza, sobre el esfuerzo de trabajadores y clases populares por hacer oir su voz; fue con ellos con quienes puso a prueba su idea sobre la acción humana y la conciencia social. Creo que para los historiadores de las últimas décadas del siglo XX fue decisiva aquella vocación empírica de Thompson que tanto habría de influir en análisis concretos, pero aún más en ese cambio de escala general fructífero que llamamos genéricamente microhistoria. Su obra más relevante, La formación..., había sido escrita por alguien a quien, una vez más Perry Anderson, considerara localista y provinciano (lo recuerdan tanto Dworkin como Palmer). Pero sucede que ese libro se halla entre las obras más citadas de la segunda mitad del siglo XX, y ha influido en la escritura de historia social mucho más que otras obras de historia, sea cual sea su mérito, cuya excelencia se reconoce aún. Si su primera vocación no fue la de historiador, Thompson fue alguien que sostuvo con fuerza y decisión las reglas clásicas, convencionales, del método histórico, si bien las sometió a un objeto político que estimó superior. En aquellos textos largos -larguísimos a veces-, Thompson defiende con energía las señas de identidad propias del oficio, y muchos serían entonces los que agradecieran vivamente la vibrante defensa de lo que, sin tentaciones filosóficas o abstractas, era a su juicio la lógica histórica: "el diálogo entre concepto y dato empírico (...), conducido por hipótesis sucesivas (...), y a base de investigación empírica". El sesgo culturalista que posee Thompson lo acrecienta el plus moralizante de su oposición al estalinismo, su fuerte carácter anti-economicista. Parece plausible suponer que esa perspectiva haya vuelto a incrementar en tiempos recientes su vigencia y su oportunidad, siendo en una coyuntura de desigualdad social y económica la creciente, y de involución democrática comparable a que hoy vivimos, cuando se hiciera fértil el pensamiento histórico de Thompson. No parece atrevido pensar que, si viviera Thompson, seguiría convencido de una necesidad radical de "actuar". Como repitió tantas veces evocando a Blake, "el que se siente llamado a actuar, si no lo hace, genera pestilencia...". Según preferencias estilísticas e ideológicas, según carácter y formación intelectual, apreciaremos más o menos el modo de escribir de Edward P. Thompson. William Sewell (1994: 78) destaca la calidad literaria de sus escri-tos, la narrativa "prolongada, laberíntica, picaresca y dickensiana" que evidencia su formación literaria, y remite a una tradición académica y cultural que, todavía entonces, era potente en Gran Bretaña. De ahí tomará la poesía y el folklore popular que emplea como fuentes; de ahí importará textos de una cultura popular preservada como patrimonio nacional (pero Thompson no gustaba en cambio del término popular culture, aunque de ese depósito había extraído precisamente su peculiar habilidad para forjar una mirada antropológica hacia los modos y formas de la protesta). Cierto es que la forma thompsoniana de hacer historia no constituye una teoría alternativa, original -ni mucho menos una teoría de la historia completa, cosa que Thompson, dando pábulo a las acusaciones de empirismo, siempre eludió intentar-; sino que es en esencia un intento de conciliar el marxismo -entendido como cuerpo de ideas para la transformación social-con la idea mixtilínea de historicidad. De ahí el reproche de Thompson a Anderson y a Nairn por no avenirse a tener en cuenta la variedad de gentes y personas, por descuidar la existencia de cambio y mutación en las relaciones humanas (la relación entre las clases tanto como el cambio que acaece dentro de la propia clase, en su interior), por no entender la simultaneidad de tiempos que se dan cita en la experiencia, y por acabar reduciendo lo que en la vida y en la historia es movimiento, a un plano inexistente, falso, de estaticidad. Solo el comportamiento propio "de clase" que surgirá de aquellas relaciones y sus cambios (entre otros, los que viven las instituciones ligadas a la clase), nos permitirá ver -Thompson se empeña en ello-que las clases existen. Podremos compararlas a escalas diferentes (a una escala transnacional también), mas siempre que atendamos a las diferencias surgidas de contextos culturales diferentes. Nunca estaríamos en condiciones de aislar una muestra de clase "pura", abstracta, pero sí podríamos ver cómo se comporta la relación, acompañar su funcionamiento. Esa escritura thompsoniana, de un marxismo poetizado e historizado, no negaba la clase y sus determinaciones, pero buscaba más reconstruir las expresiones concretas del proceso de construcción histórica atendiendo a las voces en silencio. Con documentos arrebatados al archivo, llevaba ante el lector cadenas argumentativas de párrafos muy largos. Si Sewell los apreciaba sin duda, Geoff Eley, por su parte, recuerda el arqueo de cejas "ante el método de la cita extensa" de más de un observador, sorprendido ante aquel "máximo de sentimiento y un mínimo de análisis" (Eley, 1994: 63 y 71). Con todo, Thompson salía "del pozo de la investigación tradicional con oro en los bolsillos", porque habría cuidado el contexto de producción de esos discursos, persiguiendo el orden de las palabras para fijar sus usos en el tiempo (los tiempos cruzados) y su circulación. Las interpretaciones de cómo los discursos mantienen su correspondencia con prácticas sociales no son materialistas seguramente, hablando en propiedad, pero el método histórico-filológico de Thompson enraíza y adelanta la prospección discursiva que otras corrientes han forzado después, en el contexto post-estructuralista que enfatiza el valor performativo del len-guaje. Desde el punto de vista metodológico, era sin duda novedad en el marco del marxismo el incluir fuentes literarias como evidencia histórica junto a documentos anónimos y de orden circunstancial, pero el uso extendido de esas fuentes que hizo Thompson iba a abrirnos a los historiadores posibilidades de búsqueda y utilización documental si no del todo nuevas, sí en aquel momento inesperadas: la "experiencia" de los sujetos históricos ignotos, su capacidad de actuar, podría recuperarse a partir de ahí por diversos caminos. Años después, Dorothy Thompson editó en Nueva York en 1997, con textos de E.P. Thompson de los años 60 en adelante, un libro póstumo, The Romantics. England in a Revolutionary Age, en su mayor parte lecciones de vida y obra de poetas románticos ingleses, elaboradas por Thompson para un público no especializado (los alumnos obreros de las universidades periféricas en que trabajó), que busca, casi obsesivamente, la relación entre texto literario y experiencia. Importa así destacar la conexión, hoy de nuevo apreciada, entre literatura y sociedad que se evidencia en Thompson, lo mismo que, de un modo u otro, hicieron después las estrategias neohistoricistas y muchas formas que abarcan los Cultural Studies (Woodhams, 2001). Resulta significativa la jerarquización ponderada de Thompson sobre las fuentes en la escritura histórica, su distinción en cuanto a los valores relativos de unos u otros recursos para proporcionar información de peso sobre las luchas de poder, su suspicacia ante la pretendida objetividad de los escritos públicos. En el capítulo XIV de The Making of the English Working Class hay consideraciones metodológicas sobre fuentes de archivo relativas a organizaciones ilegales y clandestinas de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Para Thompson era un hecho que "las pruebas que las autoridades presentaban referentes a una clandestinidad conspiradora entre 1798 y 1820, son dudosas y algunas veces carecen de valor", por lo que a su juicio no debían usarse. A su vez, fuentes que venian "de abajo" y que eran supuestamente subjetivas, no producidas por un "observador objetivo" (el conflicto las habría vuelto partidarias forzosamente), tendrían para el historiador, nos dice Thompson, un "valor incalculable". Si bien clandestinas y "oscuras" esas fuentes emanadas de abajo por los sujetos oprimidos, tendrían de entrada garantía de verdad; al contrario, si fueran las fuentes oficiales las oscuras, entonces debería el historiador sospechar de su naturaleza "contrarrevolucionaria", de su probable intención de negar el móvil de la acción popular. De ahí se deriva una elección jerárquica, en sentido contrario al usual y más extendido, en aras de una reconstrucción más verdadera, susceptible de traer al primer plano la palabra y la obra de los "perdedores". Que el discurso de esos perdedores fuese "oscuro" o de inferior calidad expresiva, no es para Thompson algo importante ya, porque la calidad y el rango documental dependen de la capacidad de los documentos para mostrar las cuestiones sociales de su tiempo, sus tensiones y sus sentimientos colectivos, los conflictos y las emociones experimentados por unas vidas concretas y reales. Vidas que, de otro modo, no habrían reencontrado su voz y su expresión. Thompson estaba convencido de que aquel tipo de discurso histórico era una herramienta mejor, más eficaz para servir al proyecto "revolucionario", que los discursos abstractos de un Anderson, un Nairn o un Althusser (Hamilton, 2011). Por eso era importante regresar al archivo, como estrategia política contra la teorización filosófica y la abstracción sociológica. El presente de Gran Bretaña entonces, la liquidación vertiginosa de la igualdad demócrata y social, exigían relatos colectivos ejemplares. En la década de 1970, la preocupación esencial del matrimonio Thompson sería combatir la degeneración antidemocrática de la vida política en su país, indignados por la poca atención que la izquierda británica, tan alienada y desanimada como el resto de las fuerzas política, concedía a la involución autoritaria y a la pérdida vertiginosa de los valores y la cultura "de combate", de clase: "Lo que podemos esperar", había escrito también en Miseria de la Teoría (1978), "es que los hombres y mujeres del futuro nos retomarán, afirmarán y renovarán nuestra voluntad." Todavía en 1986 se había batido Thompson contra el poderoso enemigo interior, en aquella "agenda para una historia radical" que publicó la Radical History Review. Le obsesionaba un enemigo que para él seguía tomando la forma de sus viejos amigos y excompañeros de partido, como Eric Hobsbawm, Christopher Hill o Perry Anderson (McCann, 1997). Así trataba de activar la reacción de la izquierda política y de situarla ventajosamente en la polémica internacional ante la división de bloques y los conflictos sociales derivados de la desigualdad y el empobrecimiento de los más débiles, ante la lucha contra el peligro nuclear y lo que entonces llamábamos universalización capitalista. Una versión distinta y anterior, también sobre la obra de Edward Palmer Thompson (Hernández Sandoica, 2016), contiene abundante aparato crítico. Agradezco a Mónica Burguera (2014), el uso y la mención del borrador original de aquel otro ensayo, que entonces aún permanecía inédito. Y a Alejandro Estrella que me haya hecho llegar amablemente, a punto ya de cerrarse esta nota, su último estudio (Thompson, 2016).
Early Modern Iberia and Beyond," IP: Mercedes García-Arenal Fernando Rodríguez Mediano Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo-Spanish National Research Council. e-mail: [EMAIL] ORCID iD: http://orcid.org/0000-0002-9432-6946 Carlos Cañete Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo-Spanish National Research Council. e-mail: [EMAIL] ORCID iD: http://orcid.org/0000-0002-9714-0899
Bernardo de Cienfuegos, Historia de las Plantas. Mapa de una parte de la América Meridional [Map of one part of Meridional America]. Segunda parte del libro de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales. Francisco José de Caldas.
8 "el juizio libre [...] mal se acomoda a discurrir por fe en las cosas humanas, i sólo la mayor probabilidad, hallada por sus mismas especulaciones, le podrá, en lo ambiguo, hazer parcial desta o aquella resolución". 9 "sólo al provecho propio i al daño ageno ". 11 "no hay conversación donde no se alegue como voz de oráculo lo que dixo aquel su sabio, donde no se prueve lo de que se habla con que el tal lo dixo". 12 "I no cae debaxo del género de lisonja el confesar en los términos políticos lo que la ley política pudo conceder en orden al buen govierno. De forma que en el interior se deve reír, con la ley natural que iguala a todos, i acomodarse el exterior a la civil que constituye las diferencias. I viene esta distinción a ser verdad, assí lo que se siente, como lo que se manifiesta, aunque acciones al parecer entre sí contrarias". 13 "I en quanto a los otros advertid que como en la Religión ay dos especies de culto, interior el uno i el otro exterior, ay también en los respetos i veneraciones humanas la misma división. La interior veneración bien confieso que sólo a la virtud, o intelectual o moral, la debe el sabio. Pero a la exterior, como sea moderada (supuesta la costumbre del mundo, que vos solo no bastaréis a corregir) os obligan la vida civil i la necesidad de conservaros" 14 "el gobierno político o el estilo de cada provincia [...] pero siempre el cuerdo i desengañado debe reservar, dentro de sí, el conocimiento recto de la verdad del ser de cada uno". 15 "tan gloriosa, según la razón política, es, según la natural, una brutalidad indigna de hombres. I el valor militar, según la misma, se deva antes llamar fiereza que valor". 16 "no contentándose con sujetar los cuerpos de los súbditos, se ha estendido a querer subordinar también los entendimientos i a persuadirnos que no sólo los devemos obedecer i servir con los miembros, mas aun con la razón, dando a todas sus determinaciones el mismo crédito que a las divinas, i con repugnancia muchas vezes d 'éstas i de la ley natural en que se fundan". 17 "en las controversias no hay medio más apropósito que el hazerse temido, ya sea por la opinión de la suficiencia, ya por la azedía de las respuestas, ya por la desestimación de las objecciones [sic]". 18 "personas tenidas de todos los que las comunican por oráculos, no más de porque resuelven con confiança i tratan con menosprecio al que las contradize". 19 "los ordinarios concursos, juntas, academias i congregaciones cortesanas". 20 "juntas de diversas jerarchías de entendidos, no todos cultivados con estudios, sino mezcla de zánganos i de abejas; de legos, que llaman de buena razón, y de noticiosos [...]". 21 "aprenden allí unos principios, que les estuviera mejor nunca haverlos oído, i con ellos entran intrépidamente por todas las materias que se proponen". 22 "que oyen i callan si se altercan puntos de ciencia". 23 "la zumba i la chança, compuesta, las más vezes, de la cabriola del equívoco". 24 "pasan a determinar como de fe qualquiera proposición suya i a condenar como heréticas las de los otros". 25 "vozería y confusión babilónica". 26 "la ostentación de superioridad, o en los estudios o en el ingenio". 27 "¿qué plaças o qué oficios se han proveído o se esperan proveer de nuevo?, ¿quáles, entre los del gobierno público, tengan mayores preeminencias i sean más dignos de ser apetecidos?, ¿qué estilos se observen en los tribunales?". 28 "como las questiones que suelen venir a plática son más comúnmente de facultades en que no hay demonstración mathemática, nunca le falta al ingenioso por donde escaparse, i aun instar contra las conclusiones más admitidas de los doctos". 29 "El especular los secretos de Naturaleza, las Causas i Efetos de todo lo que contiene el Universo, en quanto curiosidad del Entendimiento i exercicio del Ingenio, no puede negarse que es loable; pero hazerlo ocupación principal, estimarse i desvane-cerse por ella, supuesta la incerteza de quanto se resuelve, i la poca utilidad que de semejante Estudio se sigue, no sólo tengo por indigno de alabança, mas a qualquiera luz que le mire, por instituto indignísimo de risa". 30 "yo llamo sabio, no al más especulado, sino al que sabe lo que más puede aprovecharle". 31 "saber los defetos de los linages agenos" or "consolar los del propio". 33 "aun abstrayendo de la verdad o mentira de las relaciones". 35 "arrogante turba de Gramáticos y Críticos [...] ignorante canalla i hezes [...] de los literarios". 36 "sobre letras, sílabas i dicciones, sin las quales no se puede escribir ni hablar, con poder para calumniar o aprobar, si no los concetos, las imágenes i expressión dellos, i para suplir o emendar los textos más auténticos". 37 "incapaz de penetrar lo interior de la Sabiduría". 38 "el imperio sobre las exterioridades". 39 "las significaciones de los vocablos, la pronunciación i acentos de las dicciones, los espacios de las sílabas, asonancias i disonancias, aspereza i blandura de las letras". 40 "profesión de principiantes perpetuos". 41 "fixos i permanentes a la entrada de la puerta del saber". 42 "disputar i reconocer lo íntimo de las sentencias, questiones i discursos científicos". 43 "emendar corrupciones de vocablos, alterar colocaciones, aprobar o reprobar lecciones de lugares" son tareas "que no salen del distrito de las palabras". 44 "desnaturalizando el ser y calidades de cada cosa, i haziendo que el objeto sea instrumento, i el instrumento objeto". 45 "Dos Filósofos Estoikos presento á V.E. en lengua Kastellana, tan axustados en librea de palabras i ortografía, komo ellos lo fueron en sus razones y kostumbres. El esterior por mi parte es éste, lo interior dizen sus eskritos [...]. Van alegres kon el traxe i ropa frugal i senzilla, komo fue su vida". 46 "tan contrarios de todo género de Fe, que aun a la Divina no conceden más que las apariencias inescusables a su conservación [...]. Con los mismos ojos con que miran las cosas terrestres, quieren divisar las superiores". 47 "goviernan sin ser governadores". 48 "i, según está el mundo, os digo que menos disgustos se le ocasionan por el camino de ocultar los senos del propio pecho i escudriñar los del ageno, que por essotro de fiar a la contingencia de algún mal trato los tesoros de su secreto, i trasladar a lo patente de las palabras el coraçón, que la próvida Naturaleza escondió a los sentidos" 49 "el hechizo de los beneficios i buena correspondencia". 50 "Pero como esta legalidad la guisa i acomoda cada Nación i cada Reyno, según la capacidad o capricho de sus Legisladores, sucede que no todas las Naciones aciertan a tener la que conviene. I una vez tomado el curso i adquirido hábito en el yerro, por más que después descubran las experiencias i publiquen a vozes los inconvenientes, o porque los domestica la costumbre, o porque los haze como Religiosos la veneración de los Pasados, que los aprobaron, o porque se les representa horrible a los presentes el alterar lo envejecido, vienen a pasar plaça de forçosos i a ser tolerados como inescusables o invencibles". 51 "confusión mayor de la Ciencia". 52 "[...] porque no se le escondan i tenga principios por donde conjeturar las segundas intenciones que en todos los tratos i comunicaciones puede aver, i desviar o prevenir las malicias de los que tratare, que si no el fiarse de nadie es de Ánimo maligno, el asegurarse de todos parecerá de Simple. I es necesario conocer por Arte hasta dónde suele estenderse la Maldad Humana, i enterarse de cómo en el Mundo se procede, para no perecer miserablemente a manos de los engaños que se usan".
NOtEs 1 "Parecer del Señor Don Juan Dionisio Portocarrero remitido al Señor Arzobispo de Sevilla sobre el edicto publicado en Sevilla de orden del Senor Inquisidor General Don Andrés Pacheco y del Consejo de la General Inquisición" Archivo Histórico Nacional (Madrid), Inquisición, Libro 1219, f. "A finales del siglo XVI, el término 'alumbrado' se había controvertido en un cajón de sastre que los inquisidores utilizaban a su antojo para calificar las formas más dispares de heterodoxia," (Sarrión, 2003: 213). 17 "Dióse noticia a V.S.I. que se quería publicar un edicto de gracia: todos lo supimos. Pero no se comunicó a V.S.I. la materia..." 18 "...y el señor Inquisidor General reserva la absolución a los inquisidores y prohíbe absolver de ellos a los confesores ordinarios que tienen facultad del prelado..." 24 "Todos estos modos son encaminados o trato espiritual, no debieran condenarse, aunque sea muy justo castigar a los que usan mal de ellos, sin infamar ni desacreditar las congregaciones: si en la religión de Santo Domingo hubiere habido herejes, no es justo llamar a las herejías dominicanas, ni a la religión secta." 25 Proposition 17: "Que en la oración, se recogen en la presencia de Dios y dizen, que allí no se han de hazer discursos, ni meditar (aunque sea en la pasión de nuestro Señor Jesu Christo, ni detenerse en pensar en su Santísima Humanidad." "1623 Edict of Grace," f. 26 "es consejo de los santos que en la oración no se hagan discursos ni se medite; y aunque a los que comienzan el ejercicio de la oración se aconseja que mediten en la pasión de Jesucristo y en su santísima humanidad, pero también se aconseja a los muy ejercitados que no escojan meditación, sino que esperen con quietud lo que Nuestro Señor les ofreciere. Y condenarlo todo absolutamente, parece que es oponerse a la doctrina de los santos." 27 Among many works on this topic see (Haliczer, 2002; Schutte, 2003; Keitt, 2005). 29 Proposition 44: "Que los actos son más meritorios quanto ay menos devoción sensible." "1623 Edict of Grace," f. 30 "Y por quanto tenemos relación, que en esta dicha Ciudad de Sevilla, y su distrito, ay muchas personas, que sin causa ni razón (por su propria [sic] voluntad y disinio[sic]) se visten en abito de Beatas de diversas Ordenes, y Religiones, en gran descredito y desautoridad dellas, y solo con fin de hipocresía, y engañar al pueblo christiano) se juntan y hacen conventículos de día y de noche (de que resulta mucha nota y escándalo, y muchas ofensas de Dios.) Prohibimos i mandamos so pena de Excomunión mayor, que las dichas Beatas, ni los dichos Congregados, i dexados, no se junten de día, ni de noche, haciendo conventículos, ni con ocasión de hazer platicas espirituales, ni Sermones, ni de tratar de cosas de sus Reglas i Congregaciones." 31 Proposition 20: "Que dan la obediencia a mujeres, a las quales tienen por Maestras de Espíritu, y doctrina." "1623 Edict of Grace," f. 32 "En la 20 a se condena dar la obediencia a mujeres y tenerlas por maestras de espíritu y doctrina. Lo cual podría ser liviandad, pero parece que no error, y en algunos sujetos podría ser muy provechosos, pues hay mujeres de mucho y buen espíritu, y siempre las ha habido en la iglesia." 33 AHN, Inquisición, Libro 578, f, 341v; AHN, Inquisición, Legajo 2946, s.f. 36 Proposition 15: "...o que algunas personas al tiempo que reciben el Sanctisimo Sacramento de la Comunión, ayan recebido muchas formas juntas, diciendo que reciben más gracia, o mayor gusto..."; Proposition 29: "Que quando comulgan, dizen que an menester mucha fe, porque con pocas formas, recibe poco a Dios."; Proposition 31: "Que la gente que comulga con más formas, es más perfecta." "1623 Edict of Grace," f. 37 "En la 58 a se llaman ractos a los que se quisieron llamar raptos: vicio es de la impresión, pero descuido muy culpable en tan grave materia, y lo mismo se dice en la proposición 62 a." Proposition 62: "Que en los dichos grades arrobos, o ractos, no ay fe, porque ven a Dios claramente." Proposition 58: "Que en los arrobos, que llaman ractos, ven en esta vida a Dios claramente, como se ve en la gloria." "1623 Edict of Grace,", f. 38 Proposition 15: "Y que los Maestros de la dicha mala doctrina de alumbrados, aconsejan, i mandan generalmente que todos sus dicipulos, hagan voto de no casarse, persuadiendolas que no entren en Religión (sintiendo mal de las Religiones)" Proposition 21: "Y que obligan a las doncellas que hagan voto de castidad, y de ser Monjas." "1623 Edict of Grace," f. 39 "en ésta es error persuadir que entren, y en aquella, obligar a que hagan voto de entrar. Proposition 3: "Que la oracion mental, es la que tiene este valor, y que la Oración vocal, importa mui poco." Proposition 2: "Y que la Oración es Sacramento, debaxo de accidentes." "1623 Edict of Grace," f. 41 Proposition 14: "O que algunas personas ayan dicho i afirmado, que aviendo llegado a cierto punto de la perfección, no pueden ver Imágenes Santas, ni oír Sermones ni palabra de Dios, o otras cosas de la dicha seta y mala doctrina." "1623 Edict of Grace," f. 42 "La palabra no pueden puede tener diferentes sentidos: no pueden, hoc est, pierden la vista y el oído; no pueden, hoc est, no les es licito; no pueden, hoc est lo aborrecen. Y teniendo cada sentido de éstos diferente cualificación, se debió decir con claridad." 43 "En la 6a se condena decir palabras sintiendo mal del sacramento del matrimonio. No se dice que palabras, y debiera explicarse, para hacer este caso particular y digno de advertencia, pues es cosa clara y comúnmente sabida que es error sentir mal del sacramento." 44 "No trato en particular de las demás proposiciones, porque muchas no entiendo por no ser de mi facultad, y muchas no son para repetidas, si bien las más parece tener poco contra la fe." 45 "Para remedio de lo cual, lo primero parece que convendría cualificar todo el edicto con parecer de personas doctas que no sean de la religión de Santo Domingo, de donde el edicto ha procedido..." 46 "En fin, el convento de San Pablo prestó una abierta y decidida colaboración teológica a la campana inquisitorial contra el Alumbradismo barroco. El borrador del célebre edicto contra los Alumbrados, que lleva la firma del Inquisidor General don Andrés Pacheco y la fecha de 9 mayo 1623, se amasó y coció,
Apretóla nuestro Señor a tiempos por dos años con tantas dudas de las cosas interiores y otros trabajos que algunas veces se postraba en tierra y de la fuerza de la tribulación echaba sangre por boca y narices. Llego un día de S. Dionisio Areopagita y la apretó tanto junto con que se había de condenar y que supuesto esto mientras más viviese había de ser añadir pecados a pecados y materia de mayor condenación para eso mejor era acabar con la vida y aparecióle el demonio en figura horrible con una soga en la mano en el aire 3. As Diego de Estella said: "ninguna cosa te hace tan feo como los vicios o pecados en que vives" 11 (Estella, 1597). Tenía siempre salpicadas de ella las paredes de su celda y aunque las raía muchas veces por disimular por sus hermanas quedaran con todo eso muchas partes teñidas con sangre 17 Other nuns managed to maintain this requisite balance between disclosure and discretion.
REsUMEN: "Manosear los corazones reales": interioridad y privanza.-Este trabajo estudia la elaboración en el siglo XVII español de diferentes nociones de interioridad vinculadas a la intimidad que los contemporáneos imaginaron entre el rey y su favorito o privado. La relación entre rey y privado se describió a menudo, en tiempos de Lerma, Uceda y Olivares, en términos de amistad ideal, lo cual entraba en conflicto con inquietudes relacionadas con la omnipresencia en la corte del engaño, la simulación y la disimulación, poniendo límites a la transparencia y confianza ilimitadas esperables entre amigos. Trataré tres aspectos: primero, cómo se imagina en la literatura de la época el acceso del privado a los secretos del rey, así como la naturaleza de estos; segundo, el espacio de intimidad y soledad compartida en el que imaginan tener lugar la amistad entre monarca y privado; tercero, las transformaciones que ocurren en la interioridad del favorito como resultado de su relación con el rey y de su posición en la corte. Discurso sobre los privados y cómo ha de gobernarse el príncipe con ellos, Biblioteca Nacional de España [BNE], Ms. 17772, 151r. The idea of the king 's two personae was already present in Fadrique Furió Ceriol' s El concejo, i consejeros del príncipe (Furió Ceriol, 1559: A iir -A iiir; also Feros, 1995: 30). Conde de Olivares, en que le da algunos avisos importantes a la conservación de su valimiento. Matteo Renzi, Tratado del privado perfecto. 12 Matteo Renzi, Tratado del privado perfecto, BNE, Ms. 14 Matteo Renzi, Tratado del privado perfecto. Francisco de Quevedo 's Discurso de las privanzas portrays the moon as sharing the sun' s "cuidado" (qtd. 18 Pedro Maldonado, Tratado del perfecto Privado. 20 Pedro Maldonado, Tratado del perfecto Privado. 22 Pedro Maldonado, Tratado del perfecto Privado. 24 Pedro Maldonado, Tratado del perfecto Privado. 25 Pedro Maldonado, Tratado del perfecto Privado. The idea that the king's wellness and that of the kingdom coincide reappears in 1621, in "Memorial que dieron al duque de Lerma cuando entró en el valimiento del señor rey Phelipe III", BNE, Ms. 18275, 3r-v. Memorial que dieron al duque de Lerma cuando entró en el valimiento del señor rey Phelipe III. 31 Apuntamientos políticos reducidos a quatro respectos que el privado o ministro superior ha de guardar. 33 Pedro Maldonado, Tratado del perfecto Privado. 34 Pedro Maldonado, Tratado del perfecto Privado. 36 Matteo Renzi, Tratado del privado perfecto. 37 Matteo Renzi, Tratado del privado perfecto. 39 Juan Antonio de Vera y Zúñiga, Fragmentos históricos de la vida de Don Gaspar de Guzmán, Conde de Olivares, BNE, Ms. 2087, 66r-v. Pedro Maldonado, Tratado del perfecto Privado.
One need only mention the names: Luis Vives, Luis de León, Teresa de Ávila, Juan de Ávila, Juan de la Cruz, Juan and Francisco de Vergara, Juan and Alfonso Valdés, Francisco de Vitoria, Francisco Sánchez, Andrés Laguna, Fernando de Rojas, Mateo Alemán, Luis de Góngora. 20 "Sin el Islam ¿ quien puede adivinir cuál hubiera sido nuestra suerte? Sin el Islam, España hubiera seguido los mismos derroteros que Francia, Alemania e Inglaterra; y a juzgar por lo que, a pesar del Islam, hemos hecho a través de los siglos, acaso hubiéramos marchado a su cabeza. " 22 "...el complicadísimo pasado medieval ibérico, con su interconexión constante de dos mundos esenciales para comprender nuestra cultura." My emphasis.) 23 In his outline for a book series of that year, he maintained that "el orientalismo bajo la forma hebrea y principalmente arábiga ha penetrado en el carácter del pueblo español, dejando impreso su sello con carácter fidelísimo en su grandiosa historia, en sus costumbres, en su habla y hasta en los elementos de su san-gre....El español como europeo...mirará en Grecia y Roma las civilizadores communes del Occidente; pero como habitante de la Península Ibérica recordará con placer los tiempos en que franceses é italianos acudian à beber ilustracion y ciencia en las escuelas de Andalucía."
To prevent the demise of Spanish gastronomy, he invited Thebussem to compose a book that would be called Regeneración nacional por virtud de la gastronomía y de otras artes castizas de bienestar y lícito deleite (Thebussem and Valera, 1906: 25). Órgano de la Sociedad de Cocineros y Reposteros (1907-1911) was one of the first and most important in Cadiz; in 1928, the Revista del Arte Culinario, órgano de la Sociedad del Arte Culinario Español founded in 1919 with Teodoro Bardají as its secretary, merged with the Federación Culinaria (1927-1929), which was the official publication of the Federación Nacional de Cocineros y Aspirantes de España; in 1928, the Revista culinaria: órgano de la Asociación Profesional de Cocineros de Cataluña was founded, as was the Boletín del Cocinero: Revista Culinaria, which was the official voice of the Asociación Artística Culinaria de Cataluña (1935).
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de una licencia de uso y distribución Creative Commons Attribution (CC-by) España 3.0. "La fotografía histórica siempre es atrayente; ubica al espectador en un imaginario intemporal que le permite apreciar con detalle y juzgar sin restricciones, hechos y realidades que ya no lo son, pero que explican -en parte-la realidad y los hechos que siguieron" (Quintana, 2007: 15). Durante varias décadas, el Archivo fotográfico del Instituto "Diego Velázquez", de Historia del Arte, del CSIC, conservó entre sus fondos una importante colección de fotografías de arte iberoamericano procedente de los legados hechos al Instituto por parte de los historiadores del arte doctores Diego Angulo Íñiguez y Enrique Marco Dorta, ambos muy ligados al mismo, del que fueron directores. Junto a ellas hay que mencionar otras foto-grafías, particularmente de Colombia, realizadas en las décadas de 1960 y 1970, y donadas en fecha que no podemos precisar por el también historiador del arte y americanista doctor Santiago Sebastián López. Desaparecido en 1984 el Instituto "Diego Velázquez", convertido en Departamento de Historia del Arte del Centro de Estudios Históricos, posteriormente Instituto de Historia, al crearse el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC los fondos de la fototeca del antiguo Departamento de Historia del Arte pasaron a integrar los del nuevo Departamento de Archivo de la Biblioteca "Tomás Navarro Tomás", entonces en el viejo edificio de Duque de Medinaceli, y ahora en su nueva ubicación (desde 2007), en la calle Albasanz, en Madrid. el PRoyeCto de InveStIgACIón de I+d+I Imágenes del nuevo mundo: el PatrImonIo artístIco Portugués e IberoamerIcano a través del legado fotográfIco de dIego angulo íñIguez al csIc PARA el eStudIo de lA ColeCCIón de FotogRAFíAS de ARte IbeRoAmeRICAno del CSIC A lo largo de varias décadas los fondos fotográficos de arte iberoamericano conservados actualmente en el Departamento de Archivo de la Biblioteca "Tomás Navarro Tomás" han sido consultados por distintos especialistas de varias naciones de Iberoamérica desplazados hasta Madrid para llevar a cabo sus investigaciones. Así nos lo puso de manifiesto la Dra. Por ello poco antes de 1992, aproximándose la celebración del V Centenario del Descubrimiento de América, se intentó la publicación de estas imágenes en varios volúmenes, proyecto que no pudo llevarse al no lograrse la financiación necesaria. Al convocarse en 2010 por el Ministerio de Ciencia e Innovación los Proyectos de Investigación del Plan Nacional de I+D+i, presenté, como Investigador Principal, la propuesta que titulamos Imágenes del Nuevo Mundo: El Patrimonio Artístico Portugués e Iberoamericano a través del legado fotográfico de Diego Angulo Íñiguez al CSIC. El objetivo principal de este proyecto, tal como se ponía de manifiesto en la Memoria presentada con motivo de la solicitud, era la catalogación, estudio y revalorización patrimonial del legado fotográfico de arte portugués e iberoamericano que se conservaba en el Departamento de Archivo de la Biblioteca "Tomás Navarro Tomás", del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, heredado -como ya hemos indicado-del antiguo Instituto "Diego Velázquez" del CSIC, para ponerlo al servicio de la comunidad científica y, de una manera especial, de la iberoamericana. El equipo investigador incorporó junto a veteranos investigadores en historia del arte, miembros del CSIC, a otros más jóvenes, contando también con especialistas en el arte iberoamericano y en la historia de la fotografía. Estuvo integrado por los siguientes investigadores 1: Dr. Wifredo Rincón García, Profesor de Investigación del CSIC, como Investigador principal; Dra. María Paz Aguiló Alonso, Científica Titular del CSIC; Dr. Álvaro Pascual Chenel, Contratado JAE Doc del CSIC; Dr. Rodrigo Gutiérrez Viñuales, Profesor Titular de la Universidad de Granada; Dr. Juan Miguel Sánchez Vigil, Profesor Titular de la Universidad Complutense de Madrid; Dr. Fernando Villaseñor Sebastián, Investigador Contratado Juan de la Cierva de la Universidad de Cantabria y Da Ana Belén Muñoz Martínez, Licenciada en Historia del Arte, Instituto Cervantes, Nueva York. Posteriormente se incorporó la Dra. María Olivera Zaldua, Profesora Titular Interina de la Universidad Complutense de Madrid. Poco antes de su finalización fue solicitada una prórroga hasta el 30 de junio de 2015, que fue concedida. Iniciados los trabajos del proyecto, de acuerdo con el cronograma incluido en la solicitud, se procedió en primer lugar al inventariado del fondo fotográfico, que se elevó hasta 8200 registros 2, notablemente superior a la cantidad contemplada en la memoria inicial, que se estimada en unas 4000 imágenes. Para la realización de este inventario se diseñó una hoja excel, manteniéndose de cada fotografía la referencia topográfica original (caja en la que se encuentra la imagen) y fueron incorporadas dos nuevas referencias: un número currens y otro número, también currens, para su identificación dentro del bloque de su correspondiente nación. También, de estas fotografías, además de los números que hemos mencionado, y de acuerdo con la identificación existente al dorso de cada una de ellas, fue recogido el país, la ciudad o lugar, el edificio representado, la fecha (si figuraba o se tenía conocimiento de ella), el autor (si se conocía) y la procedencia (legados Angulo, Marco o Sebastián). Concluido el inventario de la colección se abordaron los trabajos de catalogación, que se dilataron entre los primeros meses de 2012 y el final de la ejecución del Proyecto, tras la concesión de la prórroga, en junio de 2015. La base de datos diseñada para la catalogación contenía diversos campos: número del inventario; aspectos técnicos de la fotografía original: soporte, medidas, técnica, fotógrafo, fecha de realización, estado de conservación y ubicación topográfica en el archivo, entre otros y los que se derivaban del proceso de digitalización: fecha, resolución y tipo de archivo. Igualmente figuran aspectos del contenido artístico de la imagen, aquellos que se consideraron campos necesarios para su correcta catalogación y posibilitar el estudio científico: identificación de la obra, materia, cronología o descripción. Por último, un campo destinado a la bibliografía vinculada al contenido artístico de la imagen. Por lo que respecta al proceso de digitalización de las fotografías que forman este fondo, a lo largo del año 2012 -primero de los de ejecución del proyecto-, los miembros del Departamento de Archivo de la Biblioteca "Tomás Navarro Tomás" iniciaron estos trabajos para facilitar a los investigadores del proyecto el estudio de algunos fondos fotográficos que fueron dados a conocer en un primer momento en distintas publicaciones y encuentros científicos 3. Así ocurrió, particularmente, con dos de las colecciones correspondientes a México: las de Enrique A. Cervantes y de Guillermo Kahlo (Fig. 1), además de distintos materiales de la ciudad de Antigua (Guatemala) y de las fotografías de Stille, sobre Rio de Janeiro (Brasil) 4. Siguió este proceso a lo largo de 2013, para completar la digitalización de todo el fondo fotográfico, la empresa Mergablum. Edición Comunicación, realizándose 7957 digitalizaciones que fueron entregadas en ficheros JPGs y TIFFs. La digitalización de todas las imágenes permitió a los investigadores que formaban parte del equipo -a quienes se proporcionó una copia completa-trabajar con todo el fondo sin tener que manipular las fotografías originales, muchas de ellas de gran calidad. A lo largo del último año de ejecución del proyecto, 2014, y con posterioridad a la conclusión del mismo en junio de 2015, los técnicos de la Biblioteca "Tomás Navarro Tomás" del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC diseñaron una página web 5 para contener todas las imágenes, organizadas por países, lo que permite el acceso a este fondo fotográfico y su mayor difusión entre la comunidad científica interesada, particularmente la iberoamericana. Como podremos ver cuando nos ocupemos de los fondos fotográficos de cada una de las naciones, el estudio de estas imágenes de arte iberoamericano custodiadas en el CSIC -objeto de este proyecto de investigación-, dio lugar a presentaciones en distintos actos institucionales 6 y foros científicos 7, habiéndose realizado varias publicaciones sobre los mismos. También debemos mencionar el montaje, con los fondos originales o copias, de varias exposiciones en la sede del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC 8, en Santander 9 y en Santiago de Compostela 10, lo que indudablemente ha colaborado a su mayor difusión y divulgación. dIego Angulo íñIguez, enRIque mARCo doRtA y SAntIAgo SebAStIán lóPez y SuS legAdoS de FotogRAFíAS de ARte IbeRoAmeRICAno Al InStItuto "dIego velázquez" del CSIC Ya hemos mencionado que el importante fondo fotográfico de arte iberoamericano conservado en el CSIC tiene su origen en distintas donaciones y legados hechos a la antigua fototeca del Instituto "Diego Velázquez", por tres importantes historiadores del arte español vinculados al mismo. Los dos primeros, los Dres. Diego Angulo Íñiguez y Enrique Marco Dorta desarrollaron una amplia labor en el mismo, del que ocuparon su dirección sucesivamente. Por lo que se refiere al Dr. Santiago Sebastián López, se vinculó muy joven al "Diego Velázquez", don- de llevó a cabo su investigación para la tesis doctoral bajo la dirección de Angulo Íñiguez y fueron numerosas las estancias y visitas que realizó a lo largo de muchos años. Por su relación con el Instituto, nos parece interesante trazar una breve biografía de cada uno de ellos 11. Diego Angulo Íñiguez (Valverde del Camino, Huelva 1901-Sevilla, 1986), desarrolló a lo largo de su dilatada vida una importante trayectoria docente e investigadora 12. En 1916 inició en Sevilla la carrera de Filosofía y Letras, encaminándose su vocación hacia la Historia del Arte gracias a Francisco Murillo, catedrático de Historia de la Literatura y de las Artes, a quien se debe también el Laboratorio de Arte de la misma universidad. En 1920 se trasladó a Madrid, e instalado en la Residencia de Estudiante, se doctoró tres años más tarde con un estudio sobre la orfebrería sevillana. Poco después, en 1925, ganó en la Universidad de Granada, por oposición, la cátedra de Teoría de la Literatura y las Artes, ciudad en la que permaneció hasta 1930 cuando se trasladó a Sevilla para dirigir, en comisión de servicios, la recién creada cátedra de Historia del Arte Colonial Hispano Americano con la que se quería potenciar la investigación del importante legado artístico hispano en América, hasta entonces muy poco estudiado 13. Creada en Sevilla por la República la Escuela de Estudios Hispanoamericanos, pudo compaginar la docencia universitaria con la de la nueva Escuela. Iniciada de esta manera su relación con el arte colonial hispanoamericano y teniendo interés por conocer "in situ" las obras de arte que eran objeto de su estudio, entonces muy embrionario, además de poder dotar a su cátedra de libros y fotografías que le permitieran mejorar su labor docente, obtuvo en septiembre de 1933 una beca de la Junta de Relaciones Culturales que le permitió viajar a México, país en el que permaneció seis meses, "obteniendo millares de fotografías y comprando libros que enriquecerán el laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla" (Pérez Sánchez, 2010: 384). Con esta primera estancia americana del profesor Angulo hay que relacionar el importante fondo fotográfico de arte mexicano que se conserva en el CSIC que alcanza, prácticamente, la mitad de las fotografías que lo conforman y al que nos referiremos con detalle más adelante. También hay que mencionar que, como fruto de este viaje, fue publicado en 1935 un número de la revista Archivo Español de Arte y Arqueología dedicado a El arte en Méjico en los siglos XVI y XVII, en el que colaboraron distintos investigadores españoles y mexicanos 14 (Muñoz Martínez, 2012: 85-100). Entre 1933 y 1939 publicó en el Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla siete volúmenes de Planos de monumentos arquitectónicos de América y Filipinas existentes en el Archivo de Indias. Incorporado en Madrid durante la guerra civil al Servicio de Recuperación de la Junta del Tesoro Artístico, en 1939 -tras ser depurado y perder su cátedra sevillana-, obtuvo por concurso la cátedra de Arte Moderno y Contemporáneo de la Universidad Central, que ocuparía hasta su jubilación en 1972. En 1946, años más tarde de su primer viaje a Hispanoamérica, inmerso ya en el ambicioso proyecto de la Historia del Arte Hispanoamericano (Angulo, 1945(Angulo, -1956)), cuyo primer volumen había visto la luz en 1945, y gracias a una nueva pensión concedida por la Junta de Relaciones Culturales, pudo viajar a Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Jamaica y los países de Centroamérica, lo que le ayudó a completar sus investigaciones sobre el patrimonio artístico colonial hispanoamericano, a la vez que tomar y comprar imágenes fotográficas de los lugares que visitó. Vinculado Angulo desde su creación en 1939 al Instituto de Arte "Diego Velázquez" del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, del que fue Secretario entre los años 1940 y 1942, en 1953 le fue encomendada su dirección que ejerció hasta 1972, año de su jubilación. Desarrolló en el mismo una enorme actividad tanto de investigación como de magisterio, pues fueron muchas las tesis doctorales realizadas baja su dirección. Su dilatada vida, que dedicó con gran entusiasmo a su vocación por el arte, fue de gran fecundidad, destacando la calidad de sus numerosos estudios sobre arte, principalmente español -abrió muchas líneas de investigación, luego desarrolladas por algunos de sus discípulos-que dieron origen a una amplia bibliografía. Su trayectoria, tanto humana como científica, fue ampliamente reconocida, siendo objeto de numerosos honores y distinciones tanto en España como en el extranjero, principalmente en Hispanoamérica. El 16 de mayo de 1955 fue elegido académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en la sección de Arquitectura en la vacante del conde de Casal, de la que tomó posesión el 30 de noviembre de 1958 pronunciando su discurso sobre La arquitectura neoclásica en México. A lo largo de los años ocupó los cargos de Censor (1965Censor ( -1971) ) 1911-Sevilla, 1980) ) 15, comenzó su formación académica cursando Derecho en la Universidad de La Laguna y, posteriormente, en 1931, marchó a Sevilla, comenzando en su universidad la carrera de Filosofía y Letras. Vinculado desde muy joven al profesor Angulo Íñiguez, al que consideró siempre su maestro, bajo su dirección se doctoró en 1940 en la Universidad Central de Madrid, con un es-tudio sobre Cartagena de Indias en los siglos XVI y XVII. Para completar sus investigaciones en el Archivo General de Indias, viajó por primera vez a Hispanoamérica en 1940, visitando Colombia, Perú y Argentina. Posteriormente regresaría a América del Sur en numerosas ocasiones, tanto para seguir con sus investigaciones como invitado para impartir conferencias y cursos. En 1953 recorrió Portugal con la finalidad de conocer su arte barroco poder entender mejor el arte brasileño 16. En 1943 ganó por oposición, en la Universidad de Sevilla, la cátedra de Historia del Arte Hispanoamericano, siendo también Director del Laboratorio de Arte, Decano de su facultad de Filosofía y Letras y Director del Colegio Mayor "Santa María del Buenaire". Desde este mismo año 1943 se hizo cargo de la sección de Historia del Arte Colonial en la Escuela de Estudios Hispano-Americanos del CSIC. En 1965, y también por oposición, ganó la cátedra de Arte Hispanoamericano de la Universidad Central de Madrid. Muy pronto se vinculo al Instituto "Diego Velázquez" del CSIC, que entonces dirigía Angulo Íñiguez, ocupando su dirección tras la jubilación de éste en 1972 y hasta la fecha de su fallecimiento en 1980. Por la importancia de su obra dedicada al arte colonial iberoamericano -de la que tan solo mencionaremos sus libros Cartagena de Indias: la ciudad y sus monumentos, con prólogo de Diego Angulo Íñiguez (1951), Fuentes para la historia del Arte Hispanoamericano. Por ello obtuvo el reconocimiento de numerosas instituciones académicas en Bogotá y Cartagena de Indias en Colombia y en Bolivia, además del de la Real Academia de la Historia de España. Fue Vocal del Patronato del Museo del Prado. A lo largo de sus viajes por Hispanoamérica obtuvo una gran cantidad de imágenes fotográficas que utilizó para sus investigaciones y publicaciones. Parte de este material (fotografías de Brasil y de otros países de Sudamérica, además de Portugal) fue donado por Marco Dorta, en fecha que desconocemos, al Instituto "Diego Velázquez" del CSIC, identificándose al dorso de los cartones en las que se encuentran adheridas con un sello de caucho que contiene la siguiente inscripción: "DO-NATIVO ENRIQUE MARCO DORTA". Otra parte, además de documentación, fue donada por su familia al Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana (CEDODAL), de Buenos Aires, dirigido por los arquitectos Ramón Gutiérrez y Graciela Viñuales. Parte de estos fondos del CEDODAL figuraron en la muestra Enrique Marco Dorta. Testimonios de América del Sur, celebrada en 2014 en la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla (17 de marzo-12 de mayo). Angulo, a su muerte, manifestó que "la Historia del Arte Hispanoamericano ha perdido uno de sus más ilustres cultivadores y, en España, el primero que de una manera decisiva y exclusiva se dedicó a estos estudios". Santiago Sebastián López (Villarquemado, Teruel, 1931-Valencia, 1995) 17, cursó la licenciatura de Historia de América en la universidades de Sevilla y Madrid, vinculándose en esta al profesor Angulo quien supo despertar en él su vocación por la Historia del Arte dirigiéndole como becario en el Instituto "Diego Velázquez" del CSIC, su tesis doctoral sobre las Fuentes grabadas del plateresco español que defenderá en la universidad madrileña en 1961 y que significará para el joven historiador su primera inmersión en el campo del grabado, uno de sus intereses a lo largo de su vida, que también sabrá inculcar a sus discípulos. Tras distintas estancias en distintas universidades como las de Heidelberg o Yale, estuvo durante cuatro años como docente de Historia del Arte en la Universidad del Valle de Cali (Colombia). De regreso a España, tras obtener la plaza de profesor agregado en la Universidad de Palma de Mallorca (1967), pasó como catedrático a las de Barcelona (1973), Córdoba (1975) y Valencia (1978), hasta su fallecimiento en esta ciudad en 1995. A él se debe la iniciativa para la fundación de las revistas Traza y Baza: cuadernos hispanos de simbología, arte y literatura (1972) y Ars Longa, Cuadernos de Arte (1990). Por lo que se refiere a su producción de arte hispanoamericano -tierras que visitó en numerosas ocasiones tanto para impartir docencia, como conferenciante, para participar en congresos o como colaborar con distintas exposiciones-, destacaremos los dos volúmenes de la serie Summa Artis de Espasa-Calpe, S.A., titulados Arte Iberoamericano desde la colonización a la Independencia, publicados en 1985, con la colaboración de José de Mesa Figueroa y Teresa Gisbert de Mesa y El Barroco Iberoamericano, Mensaje iconográfico, publicado en 1990, en el que aúna junto a los estudios formalistas su preocupación por el método iconográfico-iconológico, al que se aproximó en la década de los setenta y que, posteriormente, amplió al campo de la emblemática. Fue académico correspondiente de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes y de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, además de haber recibido otros reconocimientos honoríficos y distinciones. lAS FotogRAFíAS de ARte IbeRoAmeRICAno ConSeRvAdA en el CSIC: unA APRoxImACIón A lA ColeCCIón Concluido el proyecto de investigación al finalizar junio de 2015, pudieron extraerse una serie de conclusiones que consideramos de interés. La primera de ellas fue que, tras la realización del inventario completo del fondo fotográfico debía modificarse la afirmación que se hacía en el título dado al proyecto Imágenes del Nuevo Mundo: El Patrimonio Artístico Portugués e Iberoamericano a través del legado fotográfico de Diego Angulo Íñiguez al CSIC y en la Memoria redactada en 2011 con motivo de su solicitud, que contemplaba que las fotografías, en su conjunto, procedían del legado de Diego Angulo al Instituto "Diego Velázquez", aunque sí su mayor parte. Así se ha podido constatar a través de las referencias que figuran en el dorso del cartón al que se encuentran adheridas, que precisan igualmente otras donaciones de los también historiadores del arte Marco Dorta y Sebastián López. En segundo lugar, el inventario nos permitió precisar el número de fotografías que conforman el fondo objeto de estudio del proyecto, que en la Memoria de solicitud se fijaba en unas 4000 imágenes, elevándose finalmente hasta 8200 registros, cantidad notablemente superior a la que se presumía. La diferencia entre ambas cantidades queda justificada por la revisión, uno a uno, de los soportes donde se encuentran adheridas las fotografías que, en algunos casos, contenían más de una, hasta cuatro. También de la revisión de los álbumes que, con hojas de grandes dimensiones, presentan varias fotografías. Igualmente hubo que añadir a la cantidad inicial algunas fotografías conservadas en distintas carpetas y cajas de archivo. Por lo que se refiere a su cronología, la mayor parte de las fotografías parecen corresponder a las décadas de 1930, 1940 y 1950, muchas realizadas por sus legatarios, los Dres. Angulo Íñiguez y Marco Dorta durante sus viajes por tierras iberoamericanas. Junto a ellas hay que destacar algunas colecciones de cronología anterior, tomadas por fotógrafos profesionales, como las México, de Guillermo Kahlo, de los primeros años del siglo XX, que fueron cedidas a Angulo por el Gobierno Mexicano en 1933. Mencionaremos también las firmadas por Enrique A. Cervantes, o las identificadas como obras de Calpini y de Luis Márquez. Muy notable es la colección del fotógrafo Stille (Aguiló, 2012: 135-148) correspondiente a la ciudad de Rio de Janeiro, y las de Eichenberger, de Guatemala. Parecen corresponder a su autoría la donadas por el Dr. Santiago Sebastián, la mayor parte de Colombia, correspondientes a mediados de la década de 1960, durante sus viajes americanos y el periodo de docencia en la Universidad del Valle de Cali (Colombia), y a la década siguiente. En todos los casos se trata de copias fotográficas en papel, que presentan tamaños distintos al igual que difieren su calidad y características formales pues, como se ha manifestado, responden a autorías, cronología y procedencias distintas. Gran parte de ellas se encuentran pegadas sobre el anverso de unas cartulinas de color verdosogrisáceo, en cuyo reverso, blanco y pautado, figura impreso el siguiente texto en la parte superior: "CONSE-JO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFI-CAS, INSTITUTO DIEGO VELAZQUEZ". habiéndose dispuesto un espacio, recuadrado para mencionar la identificación de la foto, al igual que en la parte inferior aparece impreso: "Registro" y "Foto". En ningún caso está relleno el campo del "registro", pues no estaba registrado este fondo, y por lo que respecta al campo de la autoría, se hace constar este si se conoce, en muy pocos casos, siendo habitual que encontremos un sello de caucho que indica la procedencia de los donativos de los Dres. Angulo, Marco Dorta o Sebastián. Hay que destacar que junto a estas copias fotográficas se encuentra un elevado número de tarjetas postales, tanto impresas como en papel fotográfico, la mayor parte de ellas de notable calidad, que fueron adquiridas por su interés documental. Respecto a su conservación, la mayor parte de ellas, correspondientes a edificios y vistas de ciudades, están ordenadas por países, siguiéndose en este "orden" una agrupación, más o menos perfecta, por ciudades, monumentos, etc. Las que reproducen obras de pintura, escultura y artes decorativas se encuentran juntas, distinguiéndose también por países. Otras fotografías forman parte de cinco álbumes en los que aparecen pegadas en hojas de papel de gran tamaño, álbumes que, como escribió Aguiló "se componen de todo tipo de material: postales, recortes de prensa y sobre todo de fotografías pequeñas, la mayoría de las cuales tomadas entre 1925-1947, que fueron desde el principio reunidas, pegadas e identificadas por el propio don Diego, como así lo atestigua las anotaciones realizadas en ellas. Los álbumes comprenden todo lo que pudo conseguir entonces de Centro y Sudamérica, tras superar las dificultades de la inestabilidad política que le impidieron en un principio visitar todos los lugares, siendo ayudado para gran parte del territorio por Mario Buschiazzo y por otros envíos, que el mismo aclara en varios de sus trabajos. Estos cinco álbumes [...] contienen una información a primera vista «menor». No hay en ellos grandes y magníficas fotografías de los más importantes grandes monumentos de México, Perú Portugal o Brasil, sino reportajes fotográficos de la isla de Cuba, Honduras, Nicaragua, Puerto Rico, Venezuela, Argentina y Guatemala" (Aguiló, 2014: 334). Como ya se ha mencionado, la parte más significativa de la colección fotográfica, desde el punto de vista número, reproduce edificios "artísticos", tanto exteriores como interiores. Unos de carácter religioso (catedrales, iglesias, monasterios o ermitas) y otros de uso civil (fortalezas, palacios, edificios institucionales y viviendas particulares), contándose con una serie de imágenes, entre ellas bastantes postales, que reproducen monumentos conmemorativos (Pascual Chenel, 2014a: 191 y Rincón, 2015a: 29-40). Debemos destacar por su interés varias fotografías aéreas (Fig. 2) y vistas panorámicas, de notable interés para el estudio del urbanismo de las correspondientes ciudades, destacando entre ellas varias de la ciudad de México, a las que luego nos referiremos. Un número menor de fotografías, aunque significativo, reproducen obras de pintura, escultura (retablos, imaginería, sillerías corales 18 ) (Fig. 3) y artes decorativas (particularmente orfebrería 19 y mobiliario) 20. Este fondo fotográfico de arte iberoamericano conservado en el CSIC tiene un altísimo interés para distintos especialistas. En primer lugar, y como no puede ser de otra manera, para los historiadores del arte iberoamericano, pues tiene su origen en los legados de los historiadores del arte Angulo, Marco Dorta y Sebastián quienes, como veremos más adelante, utilizaron parte de estas imágenes para sus trabajos de investigación. Igualmente tiene interés para arquitectos y urbanistas, además de pro-porcionar importante información para la historia de la fotografía en Iberoamérica por la presencia de obras de prestigiosos autores y estudios de fotografía (Sánchez y Olivera, 2015a: 29-38). En gran número de casos, y en ello radica la importancia de este fondo fotográfico y el interés que nos movió para darle difusión, las obras de arte reproducidas, particularmente las arquitectónicas, han sufrido transformaciones y vicisitudes (Villaseñor, 2012: 69-84 y 2015: 39-53), cuando no han sido destruidas por causas naturales (Fig. 4) o por la intervención del hombre (debe leerse, en la mayor parte de los casos, del especulador). Somos conscientes, que éste material fotográfico resulta de gran interés para abordar estudios sobre el patrimonio artístico, principalmente en México, El Salvador, Guatemala, Colombia y Brasil, tal como lo han puesto de manifiesto, a lo largo de varias décadas, los historiadores del arte y arquitectos, particularmente iberoamericanos, que han tenido acceso al mismo durante el proceso de distintas investigaciones. Como colofón a esta primera parte del artículo, queremos recordar un texto de Xavier Cortés Rocha a propósito de las fotografías realizadas por la Compañía Mexicana Aerofoto, S. A., pero que sirve igualmente para cualquier fotografía antigua de interés patrimonial: "hemos de reiterar la relevancia de conservar este material gráfico que puede apoyar investigaciones que en materia de topografía urbana, arquitectura, urbanismo, imagen de la ciudad y conservación del ambiente, así como crecimiento y planeación urbana, entre otros temas, podrían desarrollarse para enriquecer el conocimiento de México y de su capital" (Cortés Rocha, 2007: 17). FondoS FotogRáFICoS PoR PAíSeS En esta colección fotográfica del CSIC están representadas todas las naciones iberoamericanas, aunque de una manera muy desigual por lo que se refiere al número de imágenes de cada una de ellas, destacando por su importancia numérica México (3546), Guatemala (1073) y Cuba (929). Haremos ahora una aproximación a los fondos fotográficos de cada una de ellas siguiendo para ello el orden alfabético 21. Argentina no es uno de los países mejor representados en la colección del CSIC, elevándose a 145 las fotografías y recortes de periódico que se encuentran en uno de los ya mencionados álbumes y que reproducen vistas y monumentos de las siguientes ciudades: Agua de Oro, Alta Gracia, Buenos Aires (Fig. 5), San Fernando del Valle de Catamarca, Córdoba, Humahuaca, San Salvador de Jujuy, La Plata, La Rioja, Luján, Mendoza, Paraná, Salta, San Antonio de Arredondo, San Juan, San Miguel de Tucumán, Santa Fe, Santiago del Estero, Tabladita, Tanti y Valle Hermoso. De los autores de las imágenes fotográficas ha podido identificarse a Bourquin y Colmann ó Kohlmann; la cronología de las mismas oscila entre 1930 y 1950 y, en su totalidad, parecen corresponder al legado de Angulo. La misma cronología, entre 1930 y 1950 y procedencia del legado de Angulo corresponde a la serie de fotografías de Bolivia integrada por 31 imágenes de La Paz, Carabuco, Copacabana, Oruro, Potosí, Sucre y Tiahuanaco. Solamente ha podido identificarse entre sus autores a Abela y a Arnó Hermanos (Editores). Mayor interés que en los casos anteriores presenta la colección fotográfica de Brasil, que se eleva a 333 imágenes, cuya cronología parece centrarse entre 1930 y la década de 1950 y que representan monumentos y vistas de Barbacena, Belo Horizonte, Cachoeira do Campo, Congonhas do Campo, Goiânia, João Pessoa, Mariana, Natal, Olinda, Ouro Branco, Ouro Preto, Pasmado, Petrópolis, Recife, Rio de Janeiro, Sabará, Salvador de Bahia, São João del-Rei y Tiradentes do Sul. Por lo que corresponde a su autoría, un elevado número son obra de Marco Dorta y fueron donadas por su autor al CSIC. En 2013 la familia de Marco Dorta hizo donación de distintos rollos de negativos de las mismas imágenes. No es muy extensa la colección de fotografías de Chile, solamente 64, de las ciudades de Coquimbo, Parinacota y Santiago de Chile (Fig. 7). Fechables hacia 1940-1950, se identifican algunas de ellas como obras de Feisal Jalif, correspondiendo otras al archivo fotográfico del Ministerio de Fomento de Chile, desde donde se las pudieron facilitar a Angulo Íñiguez, pues proceden de su legado. Colombia está representada por 165 fotografías procedentes de los legados de Angulo y Sebastián, de las siguientes ciudades: Amaime, Bogotá (Fig. 8), Cali, Cartagena de Indias, Cartago, Guadalajara de Buga, Medellín, Popayán, San Agustín, Santa Cruz de Mompox, Santa Fe de Antioquia, Tunja y Villa de Leyva. Como autores de las mismas se ha podido identificar a los fotógrafos siguientes: J. P. Barradas, Buschiazzo, Foto Occidente de Suárez, Carlos U. Salamanca, Suárez, Suárez-Cali y Ger- mán Téllez, además de Santiago Sebastián. Tampoco es muy numerosa la colección de imágenes de Costa Rica, que podemos precisar en 55 fotografías de las siguientes poblaciones: Alajuela, Cartago, Heredia, Orosí, San José y Ujarrás. Algunos de sus autores fueron Foto Cubero, M. Gómez Miralles, Foto Shop C.R. y Foto Sport. Cuba es el tercer país con más imágenes conservadas en el archivo fotográfico del CSIC pues son 929 fotografías las que configuran la colección. Las ciudades representadas son Bayamo, Cabañas (Mariel), Camagüey (Fig. 9), Cárdenas, Cienfuegos, Consolación del Sur, La Habana, Manzanillo, Matanzas, Sagua la Grande, San Antonio de los Baños, San Felipe y Santiago de Bejucal, San Juan de los Remedios, Sancti Spíritus, Santa Catalina, Santa Clara, Santiago de Cuba, Siboney, Trinidad, Varadero y Valle de Yumuri. La cronología de las mismas puede precisarse entre 1920 y 1950, en todo caso anteriores a la Revolución de 1959, debiéndose a esta circunstancia parte de su interés. Todo este fondo cubano, conservado en dos de los álbumes a los que antes hacíamos referencia, parece proceder del legado de Angulo Íñiguez y como autores de las mismas, entre otros, se ha podido identificar a los fotógrafos Alabama Photo Estudio, American Photo Studio, Pablo Isaac García, Foto Mateos, Rafael de Salas y Foto Santana. La colección de Ecuador, también procedente del legado de Angulo Íñiguez, consta de 206 imágenes que reproducen, casi en su totalidad, edificios de Quito y algunas obras artísticas conservadas en esta misma ciudad. Su cronología parece centrarse en el periodo 1930 y 1950 y de sus autores han sido identificados Alfonso Laso (Fig. 10), Mas, Moscoso y R. Norona. el Salvador Las fotografías de El Salvador, cuya cronología oscila entre 1930 y 1970, proceden de los legados de Angulo y Sebastián, y ascienden a 163 imágenes que representan vistas y edificios de Apastepeque, Chalchuapa, Citalá, Coatepeque, Izalco, Jocoro, La Palma, Mejicanos, Panchimalco, Quezaltepeque, San Miguel, San Salvador (Fig. 11), San Vicente, Santa Ana, Sonsonate, Suchitoto y Tonacatepeque. Por lo que corresponde a sus autores se han identificado a J.P Barradas, Busch, Buschiazo, Occidente de Suárez, Salamanca, Carlos U., Suárez (Cali), Germán Téllez y Salazar. Solamente 10 fotografías, todas ellas tarjetas postales fotográficas de la ciudad de Manila (Fig. 12), que se pueden fechar hacia 1930-1940 conforman la colección de Filipinas, procedentes del legado de Angulo Íñiguez. Guatemala es la segunda nación más representada en la colección pues asciende a 1073 el número de las fotografías existentes, procedentes, prácticamente en su totalidad, de los legados de Angulo (en su mayor parte) y Sebastián. Las fotografías, cuya cronología oscila entre 1920-1970, reproducen edificios y paisajes de un elevado número de ciudades: Aguacatán, Amatitlán, Antigua, Camotán, Chiantla, Chichicastenango, Chimaltenango, Ciudad de Guatemala (Fig. 13), Ciudad Vieja, Cobán, Esquipulas, Huehuetenango, Izalco, Jocotán, Jocotenango, Momostenango, Olintepeque, Patzicia, Patzún, Quetzaltenango, Rabinal, Sacapulas, Salama, San Carlos Sija, San Cristóbal, San Francisco El Alto, San Francisco Panajachel, San Juan del Obispo, Santiago Atitlán, Sololá, Tactic, Tecpán (Fig. 14), Totonicapán y Zaragoza. Por lo que corresponde a sus autores, destacan entre los fotógrafos identificados Álvarez, Biener, Cordero Hermanos 22, Eichenberger, José García Sánchez, Norfok Pal Kellemen (Fig. 15), Legran, J. L. Legrand, La Marquesa, J. Francisco Muñoz, La Panamericana y Sport. En esta colección de fotografías de Guatemala destacan, por su elevado número, las de la ciudad de Antigua -gran parte de ellas conservadas en uno de los álbumes a los que antes nos referíamos-imágenes que son un importante testimonio de las vicisitudes por las que han pasado sus edificios religiosos, destruidos por terremotos y objeto de numerosas restauraciones a lo largo de los años. Durante el periodo de vigencia del proyecto el Dr. Pascual Chenel dedicó varios trabajos a esta ciudad de Antigua (Pascual Chenel, 2014b: 317-332). Con motivo de la celebración de la Semana de la Ciencia de 2014, entre los días 3 y 14 de noviembre estuvo abierta en la sede del CCHS del CSIC, una exposición titulada Guatemala y su patrimonio artístico en los fondos fotográficos del CSIC, en la que se expusieron una selección de las fotografías de este país centroamericano conservadas en el CSIC. Durante la muestra, el día 11 del mismo mes, tuvo lugar una Jornada científica titulada Guatemala y su patrimonio artístico en los fondos fotográficos del CSIC. Participaron en la misma, además de varios integrantes del equipo de investigación, la Excma. Da Carla María Rodríguez Mancia, Embajadora de Guatemala en España y la Dra. Consuelo Naranjo Orovio, Directora del Instituto de Historia del CSIC. A lo largo de la mañana intervinieron presentando ponencias los siguientes investigadores integrantes del equipo: Wifredo Rincón García, "El Proyecto de Investigación: Imágenes del Nuevo Mundo: El Patrimonio Artístico Portugués e iberoamericano a través del legado fotográfico de Diego Angulo Íñiguez al CSIC"; Amelia López-Yarto Elizalde: "Diego Angulo Íñiguez, Historiador del Arte"; María Paz Aguiló: "Guatemala en la Historia del Arte Hispanoamericano de Diego Angulo Íñiguez"; Juan Miguel Sánchez Vigil y María Olivera Zaldua: "Las fotografías de Guatemala y sus autores" y Álvaro Pascual Chenel: "La ciudad de Antigua en los fondos fotográficos del CSIC". En esta misma Jornada fue presentada por la Dra. Pilar Martínez Olmo, Da Carmela Pérez-Montes Salmerón, Sra. Da Sonia Jiménez Hidalgo y D. Alejandro López Valenzuela (Biblioteca Tomás Navarro Tomás, CCHS, CSIC), la Página web con los fondos fotográficos iberoamericanos en el CSIC: Guatemala. Intervinieron también doña Maya Camey Peláez (Segundo Secretario y encargada de los Asuntos Culturales de la Embajada de Guatemala en España) que habló sobre el Interés de los fondos fotográficos del CSIC sobre Guatemala, para los estudios nacionales y doña Rosa Villalón Herrera y doña Raquel Ibáñez González (Biblioteca Tomás Navarro Tomás, CCHS, CSIC), a propósito de los Fondos de Guatemala en el archivo fotográfico del CSIC. El número de fotografías de Honduras se eleva a 137 imágenes de distintas ciudades: Belén Gualcho, Comayagua, Copán Ruinas, La Iguala, La Labor, Lepaera, Naranjito, Ocotepeque, Omoa, Pespire, San Luis Jilotepeque, San Manuel Colohete, Santa Lucía, Siguatepeque y Tegucigalpa (Fig. 16). Estas fotografías proceden de los legados de Angulo y Sebastián proponiéndose su cronología entre 1930 y 1970. De sus autores solamente ha podido ser identificado Flores y podemos pensar que algunas de ellas pudieron ser hechas por el profesor Sebastián en algunos de sus viajes a Centroamérica. Corresponde a México la parte más importante de los fondos fotográficos iberoamericanos del CSIC, tanto des- de el punto de vista numérico, que se eleva a 3546 fotografías, prácticamente la mitad de la colección, como por la calidad e interés de sus imágenes. El origen de estos fondos se vincula a la figura de Angulo, quien en 1933 visitó por primera vez México. La relación de estas fotografías con Angulo se pone claramente de manifiesto por tres documentos relacionados con estas fotografías, que se conservan con las mismas y que nos proporcionan interesante información. Uno de ellos aparece titulado: "Fotos de la colección utilizada por Baxter" 23, y en él, en tres columnas, se relacionan 87 números en orden creciente, aunque al final figuran algunos fuera de su lugar, al final. Los números que aparecen en esta relación figuran también en el segundo de los documentos, de mayor interés, identificando las "fotografías que el Gobierno de México cede al señor Angulo". En este caso están agrupadas por ciudades o monumentos. Fechado en 14 de noviembre de 1933, se titula "LISTA de las fotografías que el Gobierno de México cede al señor Angulo para sus trabajos de arte que sobre México está realizando" (Fig. 17). Son cuatro folios de papel de arroz, sin encabezamiento ni membrete, y están escritos a máquina. Cada una de las fotografías está identificada por un número, que se corresponde con el que aparece en el anverso de cada una de las copias del CSIC. Se conserva también un tercer documento manuscrito que contiene una relación titulada "Fotografias y amplificaciones al Sr Angulo". Para este documento se reutilizó papel oficial del gobierno de México con membrete de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en cuyo reverso fue escrita con tinta negra la mencionada lista. La cronología de las fotografías de México es bastante amplia, concretándola entre 1900 y 1950, correspondiendo su autoría a distintos fotógrafos, destacando por su número, interés e importancia las que corresponden a la autoría de Guillermo Kahlo, Enrique A. Cervantes y Luis Márquez (Peñalosa, 2004: 120-133 y Sánchez Vigil y Olivera, 2015b: 217-222) 24. Junto a ellas, y en menor número, debemos mencionar otras realizadas por Brehme, Cáceres, Calpini, Calvo, A. V. Carmona, Compañía Mexicana Aerofoto, S.A, Daguerre, Don Quijote, Eugenio Espino Barros, Kodak Mexicana, M. M. de la Llata, La Foto, Maldonado, R.M. Mateos, México fotográfico, Obregón, Ramos, La Rochester y Juan D. Vasallo. Por lo que corresponde a las localidades representadas, mencionaremos Aguascalientes, Amecameca, Atlat- lahucan, Atlixco, Chihuahua, Cholula, Guadalajara, Guadalupe, Guanajuato, Huejotzingo, Irapuato, Jalapa, México DF (Fig. 18), Monterrey, Morelia, Nogales, Oaxaca, Orizaba, Papalotla, Páztcuaro, Puebla, Querétaro, Saltillo, San Francisco de Campeche, San Juan, San Luis Potosí, San Miguel de Allende, Tamaulipas, Taxco, Tehuacán, Tepeyanco, Tepotzotlan, Tlalnepantla, Tlaxcala, Uruapan, Valladolid, Veracruz, Victoria de Durango, Xochicuatlan, Xochimilco y Zacualtipán. Estos fondos fotográficos mexicanos han merecido una importante atención por parte de los investigadores del proyecto, que les han dedicado distintos trabajos, todos ellos publicados, dándolos a conocer a la comunidad científica, siendo la base para el trabajo de otros especialistas, como ocurrió con el caso del material fotográfico del mexicano Márquez que ha sido investigado por el profesor Enrique Peñaloza Méndez, del Instituto de Investigaciones Estéticas-Universidad Nacional Autónoma de México. El investigador principal del proyecto, Dr. Rincón García, se ocupó de las magníficas copias en papel de las fotografías realizadas por Kahlo en el artículo "Una colección de fotografías de Guillermo Kahlo cedida en 1933 por el Gobierno de México al profesor Angulo Íñiguez para sus trabajos de arte mexicano" (Rincón, 2012: 101-118) y el Dr. Pascual Chenel lo hizo de colección de fotografías firmadas por Cervantes en el capítulo "Fotografías del ingeniero mexicano Enrique A. Cervantes, de principios del siglo XX, en el fondo legado por Angulo Íñiguez al CSIC", destacando su intensa labor para difundir y conservar el patrimonio mexicano (Pascual Chenel, 2012: 119-133). De algunas de las fotografías aéreas de distintas ciudades mexicanas como Atlixco, Guadalajara, Guadalupe, México DF y Veracruz, de notable interés para el estudio urbanístico de estas ciudades, se ocupó Rincón de cinco de ellas de la ciudad de México, realizadas entre 1932 y 1933 por la Compañía Mexicana Aerofoto, S.A., (Rincón, 2016: 379-399). También es significativo el número de imágenes de Nicaragua, 216 fotografías, que reproducen vistas y monumentos de distintas ciudades: Chinantega, El Viejo, Granada, La Conquista, León, Malagalpa, Managua, Masaya, Nandaime, Nueva Segovia, Potosí, Rivas, San Jorge, Somote y Totogalpa. Todas ellas proceden del legado de Angulo y su cronología parece corresponder al periodo 1930-1950, habiéndose identificado los siguientes fotógrafos: Salvador Cardenal Argüello, Cisneros (Fig. 19), Luis Cuadra Cea, Adan Díaz F., Elisabeth I. Kelemen y Meléndez. En el caso de Panamá tan solo contiene la colección 2 imágenes de este país, concretamente de Portobelo (Fig. 20), fechables entre 1930 y 1950 y procedentes del legado de Angulo. Solamente son 20 las fotografías de Paraguay -varias de ellas tarjetas postales-que reproducen distintos aspectos arquitectónicos de Asunción, Capiatá, Encarnación (Fig. 21) y Piribebuy. Forman parte de la donación de Angulo y se pueden fechar entre 1920 y 1950 y fueron realizadas por Laboratorio Cine Foto Casa Donna, teniendo interés las de la misión jesuítica de la Santísima Trinidad del Paraná. Perú, está representado en la colección por un total de 88 fotografías, todas ellas de interés, que fueron realizadas entre 1930 y 1950 y proceden del legado de Angulo. Reproducen edificios de Arequipa, Callao, Cuzco (Fig. 22), Huamanga, Lima, Puno, Tambo Real Hacienda y Yanahuara. De sus autores destacamos a Abela, Alba, Gismondi, M. Mancilla y Revilla. Las fotografías de Puerto Rico, 204 imágenes, de hacia 1930-1950, se conservan en uno de los álbumes y pertenecen al legado de Angulo. Las ciudades representadas son Hormigueros, Ponce, San Germán (Fig. 23) y San Juan. Solamente han sido identificados dos fotógrafos, Mappero y Matías. Hay algunas copias de fotografías de Mas, de Barcelona. La colección de fotografías de la República Dominicana, que se encuentran en uno de los álbumes, la integran 235 imágenes de vistas y edificios de La Vega Vieja, San Francisco de Jacagua, Santiago de los Caballeros y la capital Santo Domingo (Fig. 24). Por lo que corresponde a sus autores tan sólo ha sido identificado el fotógrafo Mañón. uruguay De Uruguay únicamente contiene la colección 3 imágenes de la capital del país, Montevideo (Fig. 25), fechables hacia 1950 y procedentes del legado de Angulo Íñiguez. Por último haremos referencia a las 73 fotografías de Venezuela, conservadas en uno de los álbumes, que también proceden del legado Angulo, fechadas entre 1930 y 1955, que reproducen imágenes de Caracas, Ciudad Bolivar, Cumaná, La Guaira (Fig. 26), Naguanagua, Petare, Las imágenes adquiridas por Angulo durante sus viajes americanos, conservadas actualmente en el CSIC, junto a otras muchas de distintos fotógrafos y archivos, tanto profesionales como institucionales, permitieron la ilustración de la Historia del Arte Hispanoamericano, obra del Dr. Diego Angulo Íñiguez, publicada en tres tomos por Salvat Editores, entre los años 1945 (Tomo I) y 1956 (Tomo III) (Fig. 27). El Tomo II fue publicado en 1950 y quedó por redactarse y editarse un cuarto tomo. Desde el momento de la publicación de los diferentes volúmenes, lo que se dilató durante más de una década, esta obra se convirtió en una importante referencia en la historiografía del arte iberoamericano que, puede asegurarse, no ha sido superada en su conjunto si tenemos en cuenta las dificultades del momento. Obra firmada por Diego Angulo Íñiguez, colaboraron con él en esta empresa redactando distintos capítulos su discípulo Enrique Marco Dorta y el arquitecto argentino Por último, en el Tomo III Angulo escribió los textos correspondientes a la arquitectura del siglo XVIII en Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica; Marco Dorta se ocupó de la arquitectura del mismo siglo en Venezuela, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, de las sillerías corales y de los retablos en Perú y Bolivia. Buschiazzo fue el autor de los capítulos correspondientes a la arquitectura de los siglos XVI, XVII y XVIII en Chile, Argentina, Paraguay y Brasil, textos complementarios de capítulos publicados en los dos tomos anteriores. Como hemos comentado, esta obra fue ilustrada con algunas de las imágenes fotográficas que se conservan en la actualidad en el CSIC. Algunas fotografías presentan en el dorso indicaciones para su reproducción y en algún caso, en el anverso, está marcado el encuadre con papeles añadidos o retocada la imagen con acuarela para eliminar los cables eléctricos y algunos edificios del fondo. En muchos casos fueron recortadas las imágenes para su publicación. De entre ellas, y a modo de ejemplo, destacamos de México, cuatro de Guillermo Kahlo (interior de la catedral de Guadalajara 25, fachada de la parroquia de Tacuba 26 (Figs. 28 a y b), interior del sagrario de la catedral de México 27 y El Pocito, en Guadalupe 28 ) y dos de Cervantes (altar de los Reyes en la catedral de México 29 y templo de San Diego, en Morelia 30 ). También mencionaremos la utilización de algunas de las fotografías de Stille, de Rio de Janeiro, en el tomo III, ilustrando el capítulo de "La arquitectura del siglo XVIII en el litoral atlántico del Brasil", escrito por Mario J. Buschiazzo 31 Ciencias Humanas y Sociales del CSIC con el mismo título, Imágenes del Nuevo Mundo: El Patrimonio Artístico Portugués e Iberoamericano a través del legado fotográfico de Diego Angulo Íñiguez al CSIC. La primera de ellas durante la Semana de la Ciencia (5-16 de noviembre) y la segunda con motivo de la celebración de las XVI Jornadas Internacionales de Historia del Arte: El arte y sus redes de proyección, circulación y estudio en los siglos XX y XXI (10-12 de diciembre). Otra nueva exposición titulada Imágenes del Nuevo Mundo. Colecciones fotográficas de arte portugués e iberoamericano en el CSIC, fue inaugurada el 18 de septiembre de 2013 con motivo de la presentación del proyecto de investigación en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales. En todas estas ocasiones se pretendió mostrar la importancia de estos fondos fotográficos puestos al servicio de la comunidad científica, particularmente de Iberoamérica, para su utilización en la investigación. También figuró en estas exposiciones una muestra de la documentación existente sobre estos fondos fotográficos, dedicándose un apartado a cada una de las naciones representadas con la selección de algunas fotografías. Por último mencionaremos otra exposición celebrada en la misma sede del CCHS del CSIC con motivo de la Semana de la Ciencia de 2014, que tuvo lugar entre los días 3 y 14 de noviembre, titulada Guatemala y su patrimonio artístico en los fondos fotográficos del CSIC. La organización de todas estas exposiciones correspondió a los integrantes del equipo de investigación del proyecto, contando con la ayuda de la Unidad de Archivo de la Biblioteca "Tomás Navarro Tomás", del CSIC, particularmente de Rosa Villalón Herrera y Raquel Ibáñez González, además de la Directora de la Biblioteca Dra. 9 Algunas fotografías integraron la exposición Paisajes urbanos: mundo atlántico en los fondos fotográficos del CSIC y del CDIS celebrada entre mayo y julio de 2013 en la sala "Ángel de la Hoz" del Centro de Documentación de la Imagen de Santander (CDIS). 10 Con motivo del I Simposio Internacional de Jóvenes Investigadores del Barroco Iberoamericano organizado en Santiago de Compostela entre los días 27-29 de mayo de 2013 por el CEI-BA, Centro de Estudios del Barroco Iberoamericano, se presentó una extensa exposición virtual de estos fondos fotográficos titulada: Imágenes del barroco colonial en el archivo fotográfico del CSIC: Legados Angulo, Marco Dorta y Sebastián. En 1942 fue elegido miembro de la Real Acade- mia de la Historia, que le concedió la Medalla al Mérito en 1978 y de la que fue XXXII Director desde su elección el 3 de diciembre de 1976 hasta su fallecimiento el 5 de octubre de 1986. También debemos mencionar su impor
Informe a la Comisión Científica sobre sus exploraciones de la provincia de Colchagua, cited by Stuardo Ortiz (1973: 94). Biblioteca Nacional de Chile.
This paper was possible thanks to the research project entitled "Federalismo, Estado y nación en Europa del Sur y América Latina en la época liberal, una perspectiva comparada".
Las páginas que siguen, fruto de un proyecto de investigación más amplio, giran en torno al tratamiento que recibieron los presos políticos y sus familias, los vencidos y excluidos del franquismo. Un proceso, una puerta principal al mundo del encierro y del control social de postguerra, cuyo significado e intensidad fue variando a lo largo del tiempo. Por ello, es necesario exponer previamente cómo se formó el sistema penitenciario de la postguerra española, en qué consistió la redención de penas, cómo y con qué objetivos concretos se diseñó, en un marcado contexto de masificación y progresiva degradación como el de las prisiones de los años 40. Las cárceles de posguerra fueron el escenario de un plan diseñado para conseguir el aislamiento de los presos políticos y el control social de sus familias: la redención de penas por el trabajo. De este modo, principalmente, el sistema penitenciario jugó un papel en la institucionalización del franquismo y constituyó durante toda la dictadura, si bien aquí sólo se pueda examinar su primera fase, uno de sus principales y más activos agentes en la criminalización, exclusión y represión de la denominada «población desafecta». Un año antes de que la guerra terminara, el tratamiento de los reclusos estaba ya integrado dentro de un proyecto más amplio de «conversión» de los vencidos, destinado a la recristianización de España (Ál-varez Bolado, 1995; Gómez Bravo, 2009, 2017). La fase más dura de la represión, en plena autarquía, con un estado de excepción latente hasta 1948 y la justicia militar en pleno auge durante toda la década, se presentaba legitimada bajo el mensaje del perdón y la justicia social cristianas. Un cambio de imagen de la política penal vital para una dictadura aislada y acosada internacionalmente tras el fin de la Segunda Guerra Mundial (Casanova, 2017: 25-36; Sierra Blas, 2016). El Estado cedió a la Iglesia paulatinamente desde 1938, todo lo relativo a la reeducación de los presos. El problema es que tuvo que hacerse cargo del mayor número de reclusos alcanzado jamás en la historia de España, 200.000 a mediados de ese año, y medio millón apenas un año después, una de las cifras más altas jamás alcanzada en toda Europa occidental (Egido y Eiroa, 2005; Gómez Bravo y Marco, 2012). La decisión de tratar a los prisioneros de guerra como presos comunes y de involucrar a sus familias en la operación de «regeneración moral de los vencidos» marcaría la configuración inicial de la sociedad de posguerra. La Iglesia española, conmocionada por la guerra y la persecución religiosa, relanzaba el redentorismo como doctrina penal contraria a la humanización de las penas para los hombres, al tiempo que mantenía el correccionalismo cristiano, que había inspirado el sistema penitenciario español desde el siglo XIX, como base del tratamiento a las mujeres delincuentes. La historiografía ha avanzado de manera significativa en el conocimiento de las cifras y las magnitudes de este fenómeno, pero siguen siendo muy escasos los balances o interpretaciones, que desde el rigor y las propias fuentes, traten de analizar las principales consecuencias sociales de la aplicación de este programa. Así, el grado de interiorizaron que los propios presos hicieron de una política como la de la redención de penas, diseñada como el principal vehículo de su reeducación, sigue siendo una incógnita. Para las memorias oficiales y la propaganda franquista fue todo un éxito. Para las víctimas supuso todo lo contrario. En medio de aquella enorme tragedia que había dejado suspendida sus propias vidas, en mitad de aquella incertidumbre, es posible advertir que la mayor angustia y presión psicológica quedaba establecida en la relación entre los presos y sus familias, precisamente el núcleo de la redención de penas por el trabajo. Las páginas que siguen, no tratan de contrastar dos discursos enfrentados por razones obvias, sino más bien contribuir al debate sobre el grado de consecución de los objetivos de aquel tratamiento penal de los años 40, con particular interés en el caso de las presas donde cada vez aparece más evidente la distancia entre los discursos y las prácticas penitenciarias habituales. Por todo ello, es necesario exponer previamente en qué consistió la redención de penas, cómo y con qué objetivos concretos se diseñó, dentro del contexto generalizado de masificación y progresiva degradación como el de las prisiones españolas de los años 40. LA OBRA DE PACifiCACióN ESPiRiTUAL La redención de penas fue concebida como una respuesta a la guerra, pero la mayor parte de sus elementos eran anteriores a ella. Una gran parte de las experiencias puestas en marcha por la Iglesia para frenar la expansión de la secularización en España durante los años 30, fueron continuadas en la postguerra y muy particularmente en ámbitos «difíciles» como las prisiones. Pero no se volvió a enlazar directamente con ellas. La guerra y la persecución religiosa crearon un abismo insalvable que derivó en el intento de eliminación de las bases del anticlericalismo. De este modo, los distintos frentes iniciados para la movilización católica moderna prevista por Pío XI se re-hacen en España al término de la guerra, pero en su versión más integrista (Montero 2007: 71-95). El modelo doctrinal más influyente fue la encíclica Divinis Redemptoris, de 19 de marzo de 1937, sobre el comunismo ateo, que debía ser combatido y, una vez vencido, ser desplazado por la Doctrina Social de la Iglesia. Para ello era necesario recristianizar, abolir la labor secularizadora y devolver a la Iglesia a un lugar preeminente en el espacio público. En España, dicha tarea pasaba por frenar la creciente influencia de Falange tras el Decreto de unificación del Movimiento. El atributo esencial del nuevo sistema penitenciario español partía, por tanto, de la doctrina tradicional de la Iglesia que llamaba a los católicos «a defenderse» y a colaborar con los poderes terrenales. Las dos ciudades, los dos poderes, como expresó nítidamente el Obispo de Salamanca Pla i Deniel en su pastoral El triunfo de la ciudad de Dios y la resurrección de España de 25 de mayo de 1939, donde la sociedad perfecta (la Iglesia) redime a la imperfecta: Las masas extraviadas necesitan una rigurosa asepsia de doctrinas corruptoras y la disciplina del orden; que les haga partícipes de los beneficios de una justicia social; que se les reconquiste con efusiones de amor, de amor a los ministros de Cristo» (Pla i Deniel, 1939:23) La Iglesia interpretó la guerra desde este prisma, e igualmente concibió su misión en la paz. La violencia y agresividad de la guerra se canalizaron por distintas vías en la posguerra, que mantienen la exigencia del castigo. La redención aparece como la fórmula capaz de hacer compatible la caridad con la Justicia, «la base para escapar de los deseos de venganza provocados por los horrores de la guerra (Perez del Pulgar, 1939: 13). El autor de estas palabras y creador del plan de redención de penas, el jesuita Pérez del Pulgar, fue designado a comienzos de 1938 como alto representante de la Iglesia para todas las cuestiones penitenciarias. Una privilegiada posición en la gestión del entramado institucional de Justicia que consiguió delimitar claramente la Iglesia a lo largo de ese año, que difícilmente se hubiera conseguido sin la posición clave de tres ministros del primer gobierno de Franco, miembros todos ellos de la ACNP. El primero de ellos fue el conde de Rodezno, Ministro de Justicia, carlista pero también propagandista católico. Mariano Puigdollers, Director General de Asuntos Eclesiásticos del Ministerio de Justicia y por último, Máximo Cuervo Radigales, Director General de Prisiones entre 1938 y 1942, auditor y militar que había publicado junto a Martín Artajo los comentarios a Doctrina Social Cristiana. A comienzos de 1939, Del Pulgar presentaba la redención como piedra angular del castigo. Durante la guerra había sido necesario «operar lo dañado para salvar lo sano» pero para poder cumplir con el mandato de la Justicia (militar) y la Caridad (cristiana) una vez llegada la paz, era preciso introducir en las penas elementos de retribución del delincuente hacia sus principales víctimas: Dios y España. Para resarcir a la Patria, el elemento clave fue el trabajo. A mediados de 1937 ya aparece el primer conjunto de normas encaminando la pena hacia los trabajos forzados. En cuanto a la ofensa a Dios, sólo se podía restablecer el daño producido a través de la penitencia. En esencia, el reo cargaba con su culpa y sólo la Iglesia, «vicaria de Dios en la Tierra», podía ser testigo de su arrepentimiento. Y esta fue la función esencial de los capellanes, certificar el arrepentimiento de los presos. El programa de Pérez del Pulgar para los capellanes de prisiones se basaba en la estricta observancia de las fases del proceso de penitencia: primero, identificación y reconocimiento de los pecados, en segundo lugar, plegaria de conversión y, por último, enmienda y proyecto de nueva vida. Por lo demás, prescribía a través de la confesión, un conocimiento individual del reo y de sus condiciones familiares. Familia, trabajo, vida honesta y ocio saludable. Se trataba de la Doctrina Social Cristiana, que en este momento señalaban las coordenadas del proyecto de estado corporativo español en el que también se fundía el «derecho al trabajo» falangista. 2 La combinación de principios religiosos, políticos y sociales terminó engendrando una clara línea divisoria entre el trabajo, la alfabetización y la propaganda, que quedó sancionada legalmente el 23 de noviembre de 1940 mediante el decreto que «concedía el beneficio de la redención de penas a los condenados que durante su estancia en prisión lograsen instrucción religiosa o cultural». Así, el tercer pilar de la propaganda, después de la enseñanza religiosa y la patriótica, fue la denominada cultural y artística, basada en la utilización de artistas e intelectuales en prisión. El propagandista católico clave en este frente fue José María Sánchez de Muniain; adaptó el mensaje de la redención a la vida en prisiones, reforzando la idea y el método de conversión a través de la especialización y el aislamiento individual. La consolidación de las prisiones de los años 40 no puede entenderse sin este anhelo de mostrar a los intelectuales arrepentidos y a los obreros convertidos trabajando para el régimen. Para ello creó Redención, «el periódico de los presos y sus familias», que Muniain destacaba como «un arte generativo de amor al contrario» (Sánchez de Muniain, 1946: 205-246). Todos estos principios resultaban, sin embargo, demasiado elevados para la inmensa mayoría de los presos. La versión más popular para propagar estas ideas fue difundida por el capellán de la cárcel Modelo de Barcelona, el padre Martín Torrent, a través de un librito titulado ¿Qué me dice usted de los presos?, que repetía básicamente las ideas de Del Pulgar pero en estilo coloquial. Siendo ya el Capellán Mayor de Prisiones, en 1946, pasó revista a aquellos primeros años de posguerra y a su objetivo principal: conocerlos, separarlos y clasificarlos en grupos. Como recordaba Torrent años después, se trataba de ordenar la masa e individualizarlos: «unos, dispuestos a recibir de buen grado y voluntad la semilla evangelizadora; otros, remisos, de fe perdida o ignorada; otros, incrédulos por ignorancia o rencor, y otros, en fin, materialistas fundamentales dispuestos a la oposición y a la negación terminante de la posibilidad espiritual» (Martin Torrent, 1946: 23-34). Estos principios de individualización, que había expuesto Del Pulgar siguiendo la máxima papal de justicia con el crimen y benevolencia con el engañado en plena guerra, inspiraron los reglamentos penitenciarios de 1948 y 1956, que mantenían las técnicas de modificación de la conducta basados en categorías de conversión religiosa, en el aislamiento para romper la fuerte solidaridad de los colectivos políticos en prisión y, por último, en vincular el destino del preso al de su familia. El punto culminante de este plan de reeducación era conseguir que el preso volviera a la sociedad transformado en un cristiano, en un español y en un trabajador perfecto. Para ello, en enero de 1939, la redención de penas ya estaba legalmente vinculada a la libertad condicional. Nadie saldría de la cárcel sin haber pasado por una de sus fases, y, lo que fue más importante para la consecución del ideal de paz social franquista, el futuro del preso quedaba vinculado a su disposición para colaborar y a la de los miembros de su familia. Así, el radio de acción del sistema penal no quedó localizado en lo judicial, se extendió a todo el campo social de una política represiva que ocupó tanto el espacio público como el privado. La colaboración presentaba una serie de incentivos muy significativos del plan de reeducación social que diseñó el franquismo. El mensaje dirigido a los presos era claro: si trabajaba podría estar más cerca de la familia. La disciplina y la jerarquización militar implantaron la obediencia como la obligación primera. Su fusión con los principios religiosos, potenciaron al máximo un régimen penal basado en la entrega total. Esta fue sintetizada como norma en torno al trabajo, pero la búsqueda de colaboración del recluso alcanzaba todos los aspectos presentados como beneficios. En esencia, el que obedecía recibía la reducción proporcional de condena, se conmutaban dos días de condena por cada uno trabajado. La mejora de la suerte en esta primera fase era automática: más comida, más comunicaciones familiares, más correspondencia... la segunda o fase intermedia de la condena ya pasaba a régimen suavizado. Se iría del aislamiento total al progresivo contacto con la vida al aire libre en función de la sentencia que se le hubiera impuesto. Si esta era leve podría trabajar con obreros libres y pernoctar en prisión (algo que ocurrió en parte con los destacamentos penales) y si era grave, como sucedía en la mayoría, se establecían cuatro períodos de observación: 1o) Talleres dentro del penal. 3o) Obras en destacamentos ya con población libre. 4o) Solicitar la libertad condicional. Un patronato, el de Redención de Penas por el Trabajo, organizó todo lo relativo al empleo de los presos como mano de obra abundante y barata, a través sobre todo de la red de beneficencia de la Iglesia, que funcionó como un engranaje perfecto de presión y control sobre las familias de presos. A continuación se reproduce la primera hoja de filiación que diseñó el Patronato de Redención de Penas por el Trabajo, para crear un fichero con los datos de los presos. Modelo ficha de trabajo (fichero) que debe remitirse al patronato (20 de agosto de 1939) Debe ser confeccionada por el médico, el capellán y el maestro, valiéndose de sus cooperadores que pueden ser reclusos de confianza pero siempre bajo la responsabilidad y vigilancia de aquellos. El capellán podrá valerse de esta ocasión (y de otras parecidas cuando surjan) para hablar a los presos y enterarse de sus necesidades familiares haciendo una discreta propaganda religiosa. Advertir al penado de las graves consecuencias de dar datos falsos. 1-Domicilio familiar (nombre de la persona a quien la junta local debe entregar el subsidio) 2-Condena. Años, procesado, detenido, expresando si se le concedió permiso para trabajar 3-Estudios que ha cursado 4-Casa última (de trabajo) 5-Confianza profesional. Hombre útil para el trabajo (director) 6-Moralidad (capellán) 7-Deformidad o defecto físico (médico) 8-Enfermedad 9-Diagnóstico especial necesario Fuente: Archivo General de la Administración. Justicia, 36/13980 Además de denegar la libertad condicional, las autoridades locales podían ordenar prisión preventiva de cualquiera que hubiera pasado por prisión y en última instancia seguían teniendo la llave de la cancelación de las «medidas preventivas» necesarias para permitir al preso cualquier actividad laboral o simplemente renovar el carnet de conducir. En abril de 1948, Francisco Martínez González, un jornalero murciano condenado a 20 años por desempeñar el cargo de Jurado del Tribunal Popular de Cartagena, salía del Penal del Dueso, donde había redimido pena como «Auxiliar de Oficinas, en la Sección Contabilidad», según certificaba el subdirector de la prisión. Había mostrado buena conducta y superado la instrucción religiosa y elemental, como igualmente certificaba, Sor María Ferrer Fernández, superiora de las Hijas de la Caridad; por último, su familia seguía una conducta política y moral intachable como aseguraban el inspector secretario de policía y el Obispado de Cartagena. Francisco consiguió la libertad condicional sin destierro. Sin embargo, la Junta de Libertad Vigilada de Murcia consideró que «no procede acceder a la cancelación de antecedentes penales» y denegaba devolverle el permiso de conducir ni trasladarse de un lugar a otro sin notificarlo previamente, obligando a que su familia se trasladara a la capital murciana. 3 La denegación sistemática del retorno llegó a tener tal magnitud que el Ministerio de Justicia terminó por sustituir las denegaciones por destinos a 250 kilómetros del pueblo natal. El destierro podía poner fin así a una larga nómina de castigos pero de ningún modo suponía un punto y final. Durante la segunda mitad de los años 40, el grueso de la política represiva se había desplazado hacia el poder local, donde se ejercía la más dura de las medidas económicas: la ley del mercado negro. Una política así diseñada desembocaba forzosamente en la muerte civil de los afectados; los antecedentes penales, la inscripción en el registro de penados y rebeldes, los distintos ficheros de inhabilitación profesional y para desempeñar Su primer punto ya indica un objetivo claro: ejercer el control directo sobre las familias a través de las juntas locales del patronato. Estas se encargaban de entregar las 15 pesetas mensuales por hijo (menos los descuentos) a la familia del preso, siempre que la junta de disciplina de la prisión siguiera certificando que este trabajaba y mostraba buena conducta. A cambio, las juntas tutelaban directamente a todos los miembros de la familia y si cualquiera de ellos cometía un delito o daba señales de mal comportamiento, el preso perdía automáticamente todos los beneficios y rebajas de condena que hubiera acumulado hasta la fecha. La fórmula alcanzó su grado máximo en la tutela de los niños, muchos de los cuales fueron internados en orfanatos donde fueron entregados o vendidos a otras familias. La libertad vigilada terminaría siendo el elemento principal de censura y presión social de posguerra. Los Servicios de Vigilancia y Tutela se organizaron básicamente sobre las autoridades locales quienes emitían informes sobre la conducta moral, política y social de los que habían pasado por la cárcel o habían sido investigados por alguna jurisdicción especial. Una red que alcanzaba a la familia entera, que fue perfeccionándose y dotándose de más medios hasta su disolución en 1954. Los poderes locales se adaptaron sumamente bien a sus nuevas funciones, especialmente a la hora de emitir denuncias e informes de conducta. La novedad fue el poder que recibieron para decidir sobre el destino de los que salían en libertad vigilada, desde la manutención de su familia a la fijación de su residencia. En definitiva, quien terminaba valorando la peligrosidad del delincuente eran el alcalde, el jefe de Falange, el párroco o la guardia civil, aunque también podían participar otras destacadas personalidades de la vida local, como ricos propietarios o empresarios que «patrocinaban» a presos, y aquellos «elementos femeninos especialmente caritativos». Todos ellos formaron parte de estas comisiones encargadas de permitir que los rojos volvieran y se reintegraran en la vida local. cargos públicos, la incautación de bienes, las multas, etc. hacían imposible volver a la vida anterior a la guerra. Desempeñar cualquier actividad económica, viajar, hasta solicitar el carnet de conducir, exigía el permiso de la autoridad local o gubernativa y eso podía dar lugar a una nueva investigación. Ninguno de los mecanismos de revisión de las condenas, civiles o penales, llegaron a articularse realmente hasta entrados los años 50, pero para entonces el miedo había paralizado a una parte de la sociedad. Las presas y sus familias formaron parte de un colectivo especialmente vulnerable y expuesto a esta larga serie de mecanismos de coacción. EL CONTROL DE LOS PRESOS Y SUS fAMiLiAS Para la mayoría de los vencidos, dentro o fuera de la cárcel, escapar a la omnipresencia del castigo, eran prácticamente imposible. Las instituciones totalitarias potencian el aislamiento y la incomunicación de forma simultánea a la privación de libertad como norma colectiva, sin embargo, aquellas instituciones basadas en un modelo religioso como en el caso español, utilizaron este y otros recursos como una forma de modificación de conducta, en general, para separar al individuo del resto del grupo (Nizet y Rigaux, 2006: 146). De ahí que cualquier excepción a esta norma deba ser tenida en cuenta como una importante huella de la necesidad del preso, y muy en especial del preso político que consideraba que no había cometido delito alguno, de mantenerse aferrado al mundo de los vivos, de vencer la incomunicación por encima del castigo Una urgencia apremiada por el tiempo de encierro muy distinta a la posterior necesidad de elaborar una memoria personal que, a pesar del tiempo transcurrido, mantiene la pulsión de expresar su inocencia, ordenar sus recuerdos y borrar las humillaciones sufridas (Karstedt, Loader y Strang, 2011). Tras meses sin lavarse, sin cambiarse de ropa, trasladados en vagones de ganado, haciendo sus necesidades en público, durmiendo de pie o en el suelo en 20 cm, sometidos a palizas alternativas durante el día y la noche..., muchos encontraban en la cárcel un primer refugio, un lugar seguro. Allí todo estaba organizado, los horarios, la comida, los espacios, las visitas y las propias organizaciones políticas. Habían escapado a la primera descarga, habían conseguido salir de las comisarías, los cines, las fábricas, los sótanos y otros lugares similares que hacían a veces de improvisados depósitos de hombres y mujeres. Comenzaba otro tipo de supervivencia, una nueva etapa, basada en la incertidumbre, en la espera de la sentencia que podía tardar de dos a tres años en llegar, en la monotonía de los actos brutales y de la vida pendiente de un hilo. La prisión de aquella época acababa con la personalidad de todo recluso y, antes o después, quebraba su resistencia psíquica. La presencia de la muerte era un gran acelerador de este final del individuo (Foucault, 2003). El régimen penitenciario la exhibía a todas horas y en todas partes: de día en la enfermería, de noche agonizando en la celda, o en el paredón al amanecer. Tuberculosis, avitaminosis o derrame cerebral por impacto de arma de fuego, el destino era el mismo. Sobrevivir era cumplir una serie de normas que marcaban las diferencias entre los que mandaban y los que obedecían a través de toda una serie de rutinas diarias: vestir el uniforme de preso común, cantar los himnos nacionales en formación, asistir a misa, confesar, colaborar... a cambio, el buen preso obtendría el derecho de recibir señales del exterior, de recibir visitas y cartas, abriendo un canal que controlaba en todo momento la administración de la prisión. El preso recobraba así la esperanza en la vida, pero cargaba con la culpa de situar a su familia en una situación extrema a causa de su cautiverio. Los diseñadores del sistema penitenciario franquista, potenciaron al máximo este sentimiento de culpabilidad para favorecer técnica y reglamentariamente la conversión de los prisioneros, sancionando la «colaboración activa» como único vehículo de rebaja de la condena. Oficialmente, todos lo cumplían, pero el grado de interiorización del mensaje de la redención sigue siendo muy difícil de precisar, especialmente en aquellas condiciones tan adversas y brutales que alcanzaban no solo al individuo, como se ha señalado, sino a toda la familia. Los consejos de guerra eran el momento crucial en la vida del preso. Antes o después se desbordaba toda la presión acumulada durante años acrecentada por las necesidades que pasaban la mayor parte de las familias de los condenados. Todo proyecto de vida quedaba suspendido por las penas de muerte o largas condenas de 30 y 20 años. Fue el momento que eligieron muchos para suicidarse, la estación final del viaje, empujados también por los malos tratos que sufrían en las declaraciones y traslados a diligencias judiciales, ya que la mayoría estaban envueltos en más de un proceso judicial o sancionador. En 1943, un preso de Sevilla hizo llegar al juez la siguiente nota manifestando su intención de matarse a causa de los malos tratos a los que era sometido: «Pienso suicidarme muy pronto pero quiero conozca antes toda la verdad y vea que no soy merecedor de tanto martirio». En mayo de 1947, el Ministerio de Justicia reconocía finalmente que «estas salidas (a declarar o a los consejos de guerra) no son de satisfacción de los reclusos, pues en ellas temen ser objeto de maltrato o vejaciones, que aunque en muchos casos no se conformen, son suficientes a crear un ambiente de desconfianza y recelo, hasta producir un estado colectivo de protesta en un momento determinado». Frente a esa imposibilidad de volver a su vida corriente, emergió con fuerza la rabia y la protesta, unas veces de forma individual y aislada, otras a través de plantes y fugas más o menos organizadas, pero sobre todo favoreció el fortalecimiento de la identidad de grupo, precisamente el objetivo al que estaba consagrada evitar la redención de penas. El conflicto alcanzó proporciones muy violentas desde un principio, pero no fue simplemente la prolongación de la guerra por otros medios. Las medidas disciplinarias fomentaban sobre todo la denigración corporal: aislamiento (celdas de castigo, sin luz, sin agua, donde el preso convivía con sus propias heces y llegaba a autolesionarse con las uñas de los pies), torturas (los malos tratos eran prácticas muy asentadas y difíciles de erradicar incluso por la propia dirección de prisiones), o nuevos cargos que incluso po-dían llevar a otro juicio militar por actividades políticas con resultado fatal. Se establecieron rebajas de condena y medidas de choque contra las denominadas actividades subversivas en prisión, fundamentalmente dictadas por el Coronel Eymar, y llevadas a cabo por la policía política que utilizaron a otros tantos presos como su brazo ejecutor dentro de las cárceles (Gómez Bravo y Marco, 2012). Estas medidas, sin embargo, no tuvieron el éxito que cosecharon en la calle donde habían sido seguidas por una escalada de denuncias. Un informe de abril de 1942 señalaba como «raro en esta clase de gente, reclusos políticos, la delación antes por el contrario, hasta los más torpes tienden a encubrirse. 4 » Las autoridades decidieron aumentar la presión interna alertados por el giro que parecía tomar la guerra en Europa. El 2 de noviembre de 1943 fue interceptada una carta que salía del Fuerte de San Cristóbal, en Pamplona, que resumía una reunión entre dos presos políticos: Me preguntó qué haríamos con ellos en caso de que esto... ¿me entiendes verdad? Pues le contesté que si dependiera de mí lo haría lo mismo que ellos, eliminar, o si no lo más cerca Méjico, el hombre se quedó paralizado y me preguntó si era cosa mía o de mis dirigentes y le dije que no teníamos dirigentes que ellos por ahora, que era un pensamiento propio, y me contestó que si los demás piensan así íbamos arreglados. 5 El odio hacia sus captores y denunciantes, a los que desean un doloroso final, llegó a constituir una auténtica obsesión. La venganza se convirtió en una cuestión de honor familiar «muero con el convencimiento de que sabréis vengar mi muerte por el honor de la familia», porque el mayor dolor de todos ellos consistió en que los trataran como a criminales, vulgares ladrones y asesinos. Ni en sus cartas ni en sus memorias se resignaron nunca los presos políticos a ser tratados así, e intentaron siempre librar en lo posible de esa culpa a la familia. «¡No agachéis la cabeza, no he sido un criminal, no tenéis nada de lo que avergonzaros...!» repiten seguidamente tras expresar sus deseos de venganza. 6 La familia, verdadero soporte de este ejército derrotado, sufría de distinta manera las numerosas cargas que generaba esta situación y que intenta disimular a toda costa. La económica, quitándose de comer en ocasiones para poder mandar paquetes, pero también la estigmatización social y el riesgo constante de ser detenidos en cualquier momento. Pero el preso advertía en las visitas esas señales del acoso del hambre, el miedo y la preocupación constantes de sus familiares, acrecentando de nuevo su culpabilidad. El hambre, sin duda, fue la realidad más persistente a ambos lados de las rejas. Si los presos no recibían nada del exterior se debilitaban, enfermaban y podían morir pero cuando recibían un paquete no dejaban de pensar «si no os lo habréis quitado vosotros de la boca para dármelo a mí», como en el caso anterior. La familia fue utilizada como el principal medio para desarticular la solidaridad de grupo en prisión; el empeoramiento de sus condiciones de vida, la pérdida de cualquier ayuda o incluso el destierro, eran amenazas reales que las autorida-des locales hacían llegar a las familias de los presos que no se sometían, como se ha señalado anteriormente. La comunicación entre los presos y sus familiares emergía como una respuesta emocional inmediata a esta situación. Se convirtió en el canal de comunicación de una población criminalizada y perseguida de modo implacable, que no tenía otra vía de expresión ni de escape. Y esa vía que creían directa, segura, se fue adaptando, más o menos estratégicamente, al paso del tiempo y a las distintas etapas de la vida en prisión, pero por encima de todo tuvo una preocupación constante: los hijos. En las cartas a los niños, la voz personal consigue elevarse sobre cualquier censura, también la de las propias organizaciones políticas y establecer una conexión especial. También aquí las reacciones fueron dispares, y fueron desde el consuelo, los consejos prácticos, al odio visceral. Todos sintieron la necesidad de explicar por escrito a sus hijos quienes eran y qué había sucedido. «Educaos como hombres libres», repetía José Rodríguez desde la cárcel de Sevilla en 1951 a sus pequeños. 7 Esta idea, educar como ellos lo harían, se repite en muchos escritos, como si de esta forma su sacrificio no hubiera sido en vano. Pero el paso del tiempo acrecentó el temor ante la amenaza de una dictadura que controlaba la educación de sus hijos. La frustración y la rabia por ver que eran aleccionados por los otros, los mismos que los tenían presos, llevó a dirigir en ocasiones cartas violentas, duras y recriminatorias a los propios niños. Antonia Díaz, presa de Amorebieta, repetía a su hija en abril de 1940, que sacara a su hermano del colegio religioso en que lo había metido la familia de su marido, fusilado al comienzo de la guerra, recriminando a la niña el envío de una foto: ¡No me enseñes esas gracias a mi Abelardín, con el Cristo en la mano y en nombre de Cristo se están haciendo millones de injusticias. Todo lo que tengas lo vendes, tus pendientes y los míos, lo que sea para mandarme dinero. Prohíbo terminantemente ir al colegio, y menos tan lejos, si no os quiere nadie os marcháis a Madrid y pedís limosna. 8 Los hijos fueron, en muchos casos, la causa principal para aceptar la redención. Balbina Torres, presa política en Segovia, dejó al más pequeño de sus hijos con 18 meses y en quince años pudo verlo únicamente dos veces. Era razón suficiente para que limpiara y fregara el suelo de la prisión, e incluso asistiera a la escuela de las monjas, para acortar la condena. Por encima de lo que pensaran sus compañeras del partido, tenía que salir de la cárcel cuanto antes y estar con sus hijos. «De mi, querida, poco puedo decirte porque siempre es igual. Te acuestas, te levantas y trabajas para redimir para poder salir pronto y mi trabajo es de la limpieza de la casa, por un día nos dan otro a las de la guerra porque así cuando termine ésta empiezo a cumplir los 15 años de paz». Ni el tiempo ni la distancia consiguieron borrar la fuerza de ese vínculo, el mayor de todos. La cárcel y el exilio de padres e hijos, que en ocasiones apenas se conocían, mostraban una co-rrespondencia algo fría, llena de expresiones convencionales y tonos neutros, que solía terminar en profunda emoción. Cuando López Raimundo recibió 25 dólares de sus hijos en Guatemala lo celebró ¡como si hubieran sido 25.000 mil! La entrada de una nueva generación en prisión, la de los estudiantes universitarios que desafiaban al régimen, comenzó a invertir esta relación. A finales de los años 50, eran ya los hijos los que ingresaban en prisión y sus padres los que escribían preocupados a ellos y a sus amigos, a otros padres, o a cualquiera con influencia que pudiera ayudar a sus hijos a escapar de aquella situación. 9 La presencia de los hijos fue vital y no sólo de manera simbólica en el apoyo familiar a los presos. Muchos de ellos se trasladaron a la ciudad donde cumplía condena el padre o la madre, convirtiéndose en el núcleo fundamental de la apuesta por la vida. Aquellos que carecieron de esta presencia o notaron que se debilitaba, acuciados por los gastos, la enfermedad y otros tantos problemas, podían caer durante días en un pesimismo feroz. Un estado de ánimo que los presos conocían como «entrar en barrena». El recuerdo, la frustración, la culpa, convertían la tristeza en un ensimismamiento profundo que les llevaba a no poder reprimir las lágrimas, y a contar, con frecuencia a las madres, que no era la primera vez que lloraban. Perdone madre, es la segunda vez que esto me pasa... decía Máximo Bragado en 1940, y un año después Miguel Xambrot se lamentaba desde su celda en Valencia cuantas veces hubiera preferido que le hubiesen fusilado para dejar de sufrir. Sin duda el tono más dramático se establece en estos momentos, cuando la rutina carcelaria ya había desmontado pieza a pieza la ilusión de dejar pronto aquellas cuatro paredes. 10 Los vínculos entre los presos y sus familias se estrechaban ante todas estas circunstancias, unos sintiéndose culpables y otros víctimas de una persecución que les unía en la desgracia por igual. Lo demás lo hicieron el hambre, las privaciones de todo tipo, y el duelo diferido por la muerte que les rodeaba por doquier y que rara vez expresaban en las cartas. La intensidad de la descripción variaba en función del destinatario. Por ejemplo, Máximo Bragado, escribe desde Celanova (Lugo) en septiembre del 40 a su madre pidiéndole cola de caballo para sus problemas digestivos y acto seguido, en otra carta, escribe a su hermano diciéndole que llevan cinco días sin comer. Las familias, por su parte, no sólo ocultaban a los presos las penurias materiales que pasaban; la mayoría de los presos nunca supo lo que costó su libertad condicional, que pagaron miles de mujeres con dinero prestado, lavando, planchando, haciendo la comida y asumiendo todo tipo de prestaciones personales y favores a funcionarios de prisiones, policías y militares sin escrúpulos que se aprovechaban de su situación. La nota detallada con las deudas que fue acumulando un jefe de servicios de la prisión de San Sebastián con la mujer de un preso ascendía a seis mil pesetas del año 1944. Se trasladó a Huelva y se olvidó de la libertad condicional de su marido. Otras veces, las propias presas cuando salían en libertad condicio-nal, eran acosadas sexualmente por los antiguos guardias que llegaron a escribirles reiteradas veces cartas donde manifestaban «estar con ansias. 11 » A través de los distintos objetos que los presos pedían a sus familias y amigos es posible advertir la propia evolución de las prisiones en los primeros veinte años de posguerra. La comida, el tabaco, y los avales fueron las peticiones más demandadas al principio; a partir de 1946-1947 se necesitaba más el dinero para abogados (trámites, revisión, libertad condicional), las medicinas (a medida que el estado de salud se iba deteriorando) o los libros, que poco a poco iban siendo permitidos del exterior. A finales de los años 50 ya era posible iniciar estudios reglados, vinculados a la rebaja de condena, pero la mayoría solicitaban los libros con el mismo afán que la escritura: para mantenerse vivos y activos, como el caso de José Satué, vuelto a España del exilio para relanzar la UGT, que pedía a su hermano, desde el penal de Burgos en 1950, que le enviara libros que no fueran «ñoñeces». Pero por encima de todo y de forma invariable a lo largo del tiempo, todos pedían que les siguieran escribiendo, que no se olvidaran de ellos, «porque en estos lugares la correspondencia es media vida, y tú no querrás que muera, ¿verdad? 12 » Ese era el destino, físico o moral, de los que dejaban de tener contacto con el exterior; entraban en barrena y no salían de ella, estaban muertos en vida, como muchos otros al lado de las rejas que se habían quedado solos completamente, sin importar ya a nadie. Una sensación que mayoritariamente experimentaban cuando salían al exterior, al volver a la calle y encontrarse completamente desamparados, sin recurso alguno, fuera del trabajo y vigilados constantemente, porque su mundo, tanto el anterior a la guerra como el de la cárcel, había desaparecido. Muchos de los amigos ya no estaban o no querían saber nada de ellos por su condición de presos políticos; situación que describe Juan Díaz a Amaro del Rosal. «Sancho tiene una buena colocación pero huye al hablar con él y se le ve a menudo en la Iglesia con su señora». Una ruptura que también se produjo en el interior de las prisiones, y que terminó excluyendo a aquellos que aceptaban colaborar con la dirección de prisiones para redimir pena. En abril de 1947, el dirigente comunista Emiliano Fábregas, informaba semanalmente a la dirección del Partido, sobre la conducta personal de algunos compañeros presos en la Modelo de Barcelona: «los de la procesión fueron: Benedicto, Zapatero, Vicens, Octavio, Serafín García, Rebenaque. Los que besaron la mano al cura, Vicens y Víctor Mora. 13 » La masificación, la generalización del soborno, del contrabando y del estraperlo en un país defensor de la autarquía como seña de identidad, facilitó este tráfico de cartas y noticias que representaban en muchos casos el único contacto con la familia o los seres queridos. En este contexto generalizado, en el corazón del infierno, escribir o recibir una carta podía resultar vital, a veces el único antídoto ante el miedo y la ansiedad, el único rastro de humanidad en un mundo absolutamente agresivo y violento. Una noticia, una frase de aliento, un simple nombre en un trozo de papel, eran capaces de rescatar a alguno de aquellos de cientos de miles de condenados a una muerte segura, sobre todo por las condiciones generalizas del encierro hasta prácticamente finalizar los años 40. Muchos de ellos presos desde el comienzo de la guerra, sufrieron un sinfín de penalidades que quebrarían la resistencia física y moral del más distinguido héroe de nuestros días. Sin embargo, la mayoría han sido olvidados y han muerto sin recobrar la dignidad que su paso por la cárcel y su trato como criminales consiguieron arrebatarles (Todorov, 2009). En aquel proceso tuvieron, y de manera muy especial, un decisivo papel las familias. De ahí la importancia que la redención de penas, que hizo las veces de reglamento de prisiones al menos hasta 1948, concediera a esa relación entre el preso y su familia. Un objetivo que nunca abandonaría del todo la política penitenciaria de la dictadura, a pesar de que, a medida que pasaba el tiempo y se alejaba la postguerra, como ha podido verse en algunos de los fragmentos de las cartas mostrados anteriormente, se iba desplazando lentamente hacia cuestiones meramente legales.
Ni por un instante, al meditar sobre Rusia y pensar en redactar este trabajo, me he sentido hombre de partido, si bien he tenido de continuo la sensación aguda de mi ideal socialista: y es que siempre he considerado a los partidos como órganos de interpretación de los ideales, no como al ideal mismo, y necesitados, por tanto, de vivir en una perenne subordinación a éstos. El ideal es de suyo infinitamente rico, vario, complejo, y el riesgo de todo partido, como el de las Iglesias, reside en el anquilosamiento por dogmatismo. Un partido no debe ser sino una dirección ideal, y porque así lo piensa quien esto escribe y el norte de la suya fue una concepción humanista de la Historia, es por lo que, de razonamiento en razonamiento, llegó a la conclusión, por la vía de la Ética, de que el Socialismo era un imperativo moral que arrancaba de la entraña del problema del hombre. Así me he situado para juzgar el hecho ruso. Henos aquí ante Lenin -en su cuarto de trabajo, tantas veces descrito, amueblado con sobriedad. Una gran carta mural de Rusia atrae de continuo el pensamiento y la mirada de Lenin [...]. El Poder ha suavizado, sin duda, el carácter de Lenin; en el curso de la conversación extensa que hemos tenido, no obstante conocer perfectamente nuestra concepción teórica y táctica, no nos ha dirigido ni una pregunta cuya respuesta pudiera sernos embarazosa, ni una frase veladamente molesta; sin embargo, este hombre ha sido y es temible por el vigor sarcástico de sus sonrisas y sus frases agresivas, mortificantes, incisivas. El blanco de ellas es singularmente el adversario próximo, el llamado reformista. Lenin viste un modesto traje de americana oscuro; nos invita a tomar asiento en una butaca y él lo hace en una silla; inclinado hacia adelante, nos pregunta por España. If not so, there would be two languages in socialism", but he was always optimistic in his assessments and reached the definitive conclusion at the end of his analysis of the Russian Revolution in his work:...el mundo tenderá civilmente su alma con anhelo hacia el principio eterno que Kant llamara "el hombre como fin en sí"; recogerá "La declaración de derechos del trabajador" con igual amor que la que afirma "los del hombre", y en su virtud se orientará en un socialismo que corresponda a su interna finalidad: la comunidad de hombres libres en una sociedad económicamente disciplinada. Resultando que el procesado rebelde Fernando de los Ríos Urruti, ingresó en la Masonería, en la logia "Alhambra" de Granada, adoptando el nombre simbólico de "Jugan" y alcanzó el grado tercero de "Maestro Masón". En el año mil novecientos veintisiete representó ante la VI Asamblea Nacional Simbólica celebrada en Madrid a la "Logia Regional del Mediodía de España", y en mil novecientos veintiocho, también representó a la citada logia en la VII Asamblea Nacional Simbólica, celebrada en Gijón. En mil novecientos treinta y uno asistió en Madrid como Vocal Primero a la Xa Asamblea Nacional Simbólica de la Gran Logia Española. Su actuación masónica fue muy intensa y mereció elogios de la Secta, que encomiaba sus labores desarrolladas en favor de los "sefarditas" y en pro de una enseñanza y profesorado laicos (Peláez y Serrano Alcaide, 1995, Tomo II: 143-144). FERNANDO DE LOS RíOS AT ThE UNiVERSiTY OF PUERTO RiCO This is the case of Fernando de los Ríos, María Zambrano, Vicente Lloréns Castillo, Francisco Ayala, José Medina Echeverría, Américo Castro, Javier Malagón, Cipriano Rivas Cherif, Alfonso Rodríguez Aldave, José María Ots Captequí, Claudio Sánchez Albornoz, Jorge Guillén, and many others. 5 ACUPR, Expedientes Personales Pasivos, D-36
las consecuencias de esa dispersión, nos proponemos analizar las transformaciones en la pintura del muralista José Vela Zanetti. Para examinar dicho proceso de cambio es necesario partir de la etapa inmediatamente anterior, tanto a nivel del individuo como de los contextos cambiantes, para así analizar el progresivo avance del artista y las diferentes soluciones pictóricas que alcanzó en la República Dominicana, el destino de su exilio obligado. Nuestra línea metodológica es la historia social y cultural, con dos pilares conceptuales básicos: transculturación y transferencia cultural. El análisis de numerosas fuentes nos ha permitido conocer, desde la perspectiva del exiliado y del país receptor, las múltiples influencias y retroalimentaciones que se produjeron, para iniciar así un debate sobre las transformaciones artísticas de los cuarenta en los pintores exiliados y los artistas dominicanos. El presente artículo es un viaje pictórico y vital junto a Vela Zanetti hasta su llegada a la República Dominicana. Nos interesan los contextos cambiantes que se van reflejando en su arte, a nivel temático, estético y técnico. Metodológicamente nuestro artículo se alinea con la historia social y cultural, y nuestros sustentos conceptuales básicos son la transculturación y la transferencia cultural. La transculturación la planteamos en relación con las múltiples influencias que se produjeron entre los dominicanos y los exiliados europeos, que en el caso artístico abrió camino a técnicas y estilos mixtos, pues fueron transformados temática y formalmente en el nuevo contexto sociocultural. Por su parte, la transferencia cultural nos permite analizar la llegada de nuevas ideas artísticas procedentes de Europa en esos años. LOS INICIOS PICTóRICOS DEL ARTISTA Vela Zanetti nació en Milagros (Burgos) en 1913. A los seis meses de edad se trasladó junto a su familia a León, donde inició su formación. Allí fue donde comenzó su vocación por arte, cuando salía del colegio y se quedaba absorto observando los murales de la colegiata de San Isidoro. En esas fechas comenzó su interés por la pintura e inició sus primeras lecciones pictóricas junto a su profesor de dibujo. De esa etapa podemos destacar la obra de 1929 Triste Atardecer (Fig. 1). Se trata de un lienzo melancólico que representa a un huérfano leonés. El retrato es minucioso, aunque la atmósfera es difusa y la perspectiva irreal. El joven pintor se centró en la mirada del niño, insistiendo en los harapos y la soledad. La paleta de ocres, tierras y tonos apagados es la que le acompañó en gran parte de su producción artística, aunque la luz del Caribe entró en sus obras posteriores. Vela Zanetti utilizó una figuración que carece de volumetría y renunció a la representación de la perspectiva para centrarse en el sentimiento. En los años treinta Vela Zanetti se sintió atraído por la fantasía, el mundo del circo y los juegos populares. Tuvo un nuevo profesor de pintura, Sánchez Cadenas, un joven comprometido con la izquierda y el arte de vanguardia, ideales por los que fue fusilado en la guerra. Junto a él participó en su primera exposición conjunta, que fue inaugurada por Ortega y Gasset (Cabañas Bravo, 2007: 262). Recordaba Vela Zanetti que su maestro era un «pintor muy moderno, que simplificaba mucho las figuras» (Crémer, 1974: 211) y que a pesar de tener un estilo totalmente diferente a él, nunca se le ocurrió pensar que lo que pintaba no fuera arte. En obras como Meditación de Pinocho, (Fig. 2) Vela Zanetti optó por eliminar de manera absoluta el volumen, representando a través de colores planos. La influencia de su nuevo maestro y el impacto de Madrid se vieron reflejados en unos lienzos alegres, positivos y coloristas. En esos años colaboró con la Inspección de Enseñanza, órgano de la II República española que había fomentado la reorganización de la educación, siguiendo las ideas de la Institución Libre de Enseñanza (ILE). La participación de Vela Zanetti se centró en la enseñanza de la pintura y la realización de murales en la colonia escolar leonesa. El joven pintor culminó su primera etapa formativa bajo la tutela de Manuel Bartolomé Cossío, que fue director de la ILE tras Giner de los Ríos y un firme admirador de la pintura de El Greco. Cossío accedió a ver la obra del joven pintor y se convirtió en su mentor. A partir de entonces comenzó una formación artística e intelectual que llevó a Vela Zanetti por la senda del muralismo, técnica que no pudo recuperar para España pero sí para el arte dominicano. Su tendencia hacia la monumentalidad muralista germinó en su posterior estancia en Italia, donde su gusto prefirió a Masaccio frente a Rafael, Donatello antes que Miguel Ángel, Florencia con respecto a Roma e Italia sobre Francia. También tuvo un acercamiento desde el inicio a la pintura muralista mexicana, especialmente la obra de José Clemente Orozco. Para las cuestiones técnicas y de oficio, Cossío le recomendó el profesor José Ramón Zaragoza, con la idea de que el estilo fuese algo a desarrollar paulatinamente por el propio Vela Zanetti (Crémer et al., 1994: 16). Su formación inicial hay que encuadrarla junto con sus principales fuentes de inspiración, además de las grandes creaciones del pasado, la pintura del citado Orozco, Vázquez Díaz y Picasso (Crémer, 1974: 228). Las obras que realizó durante este periodo fueron destruidas durante la Guerra Civil: «Todo aquello y la formación que comenzaba, sería barrido por un vendaval todo negro de rencores, de miedos, de sangre» (Crémer, 1974: 236). LUCHA PERIODÍSTICA Y EN EL FRENTE: EL IMPACTO DE LA GUERRA CIVIL La sublevación armada y la consiguiente Guerra Civil supusieron un cambio radical en el país a todos los niveles. En el caso del arte, de la dialéctica de los movimientos y el debate estético se pasó a la necesidad de propaganda y agitación. Los nuevos medios de expresión eran los carteles, pasquines, periódicos ilustrados, caricaturas o murales. Los esfuerzos de la República se centraron en el pabellón español de la Exposición Internacional de 1937 en París. El gobierno buscaba remarcar su legitimidad y apoyo internacional, por lo que mostró los avances cosechados en esos años a través de una gran variedad de estilos. Entre ellos estaba el realismo socialista, estilos ligados a raíces populares y también elementos de vanguardia, como el edificio funcionalista de Sert y Lacasa y las obras de Picasso, Miró, Julio González, Alberto y Calder (Brihuega, 2009: 25). A pesar de ese contexto expansivo que había supuesto la II República para el arte, Vela Zanetti no había culminado su formación cuando estalló el golpe de estado. El levantamiento le sorprendió mientras estudiaba pintura en Lisboa, pero su compromiso patriótico con la República le hizo regresar a Madrid enseguida (González Lamela, 1999: 97). Cuando llegó le asignaron la dirección del Servicio de Recuperación y conservación de Bienes Culturales. Ese cargo lo había dejado vacante María Zambrano, que se fue a Chile tras ser designado embajador su esposo, Alfonso Aldave. Desde ese puesto dirigió una importante labor cultural, en la que destacó el rescate, la catalogación y la conservación de la biblioteca de la Brigada Motorizada y de otros objetos artísticos. Entre las obras salvadas de la guerra destacó una colección completa de Cervantes (con un Quijote de la época), obras de Fray Luis de Granada, Santa Teresa, San Agustín, el Libro de Buen Amor, Las Siete Partidas, el Romance de Mío Cid y códices y ejemplares de los siglos XV, XVI y XVII (Del Sarto, 1937: 15-16). Vela Zanetti llevó a cabo una vía periodística de combate, pues hizo de la información su principal instrumen-to de guerra. Durante los tres años de confrontación bélica participó en semanarios como Hierro. Órgano de la Brigada Motorizada de Ametralladoras y dirigió Nuevo Ejército. Órgano de la 39 División y Trincheras, perteneciente a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), que se habían formado por la fusión de las juventudes socialistas y comunistas bajo un mismo mando en abril de 1936. La primera de esas publicaciones fue el periódico Hierro, que surgió el 24 de noviembre de 1936 como órgano del «Batallón de Hierro», que a partir de diciembre pasó a ser «Brigada Motorizada de ametralladoras». Su sede fue Madrid, al servicio del Ejército del Centro. La publicación era portavoz de la unidad, se dedicaba a informar del frente, de la labor de enlace y de apoyar al gobierno legítimo (Núñez Díaz-Balart, 1992: 178). El responsable de Trabajo Social y del periódico fue Álvaro Menéndez en su inicio. El 19 de junio de 1937, Vela Zanetti fue designado responsable de Trabajo Social y pasó a ser director de Hierro. Vela Zanetti buscó siempre la unidad de los republicanos con la finalidad de ganar la guerra, dejando de lado la pureza ideológica. En la defensa de las conquistas democráticas agrupaba a todos: intelectuales, estudiantes, obreros, católicos, socialistas o anarquistas. Destaca la integración de los cristianos en un contexto en que la jerarquía eclesiástica estaba mayoritariamente posicionada del lado rebelde en España (Raguer, 2012: 452-454). De hecho, se situó a favor de aquellos católicos que lucharon por la República, remarcando su «sentido social justo y democrático» (Vela Zanetti, 1937a: 6). El 15 de agosto de 1937 se inició la segunda etapa del periódico Nuevo Ejército, encomendado a Vela Zanetti. Nacía como órgano de la 39 División, adscrito al Ejército de operaciones de Teruel, de la que era jefe Gustavo Durán. A partir de diciembre de 1937 se insertó en el Ejército de Levante. La primera consigna que firmó Vela Zanetti en Nuevo Ejército estuvo dedicada al campesinado, pues el mundo rural fue uno de los ejes vertebradores de su vida y obra. Sentía un profundo respeto y admiración por los agricultores, trabajadores del campo que habían vivido permanentemente bajo el yugo del cacique, del rentista y del usurero. Los llamaba a luchar y vencer, «para apagar la sed que la tierra española, desde hace siglos, tiene: de Cultura, Libertad y Justicia» (Vela Zanetti, 1937b: 4). Sus aportaciones artísticas durante la guerra estuvieron centradas en ilustraciones para las publicaciones periódicas. El ejemplo más sobresaliente es Soldado campesino: luchas (Fig. 3). Formalmente es muy sencilla, no hay intención de crear profundidad más allá de unos pocos trazos diagonales en la tierra yerma, pero encierra una gran simbología. El agricultor sujeta con los brazos en cruz un yugo, de cuyo centro ascienden unas líneas que bien pudieran ser flechas. El peso del fascismo cae sobre él en un paisaje desolado y bajo una noche oscura. «El campesinado español era el blanco del fascismo... Por orden, la Guardia Civil; por Gobierno, el recaudador de contribuciones, y por protector, o el rentista que recogía vuestro fruto o el cacique que iba apoderándose con la usura de la humilde riqueza del pequeño propietario» (Vela Zanetti, 1937b: 4). Vela Zanetti trabajó en Nuevo Ejército hasta el 30 de marzo de 1938, cuando se publicó que había sido nombrado director del periódico Trincheras. Para llevar a cabo el nuevo cometido se trasladó a Barcelona, que fue importante para el pintor porque allí se realizó la única exposición documentada en la que participó durante la guerra y contrajo matrimonio con su primera esposa, la brigadista internacional polaca Sacha Goldberg. La muestra, titulada El arte por nuestra independencia. Exposición de la Juventud tuvo lugar en el Hotel Colón en mayo de 1938. Vela Zanetti presentó dos obras: Frente de Guadalajara (Fig. 4) y Frente de Teruel (Pérez Pérez, 2010: 299). Trincheras, semanario del soldado, era editado por las JSU. Como hemos observado en el informe sobre la preponderancia «comunista» en las JSU, la correlación de fuerzas dentro de la formación se rompió a partir de la Comisión Ejecutiva elegida en la Conferencia de Valencia en enero de 1937. 1 Hasta entonces el reparto de poder había sido equitativo, tanto en el Comité Nacional de Unificación como en la Comisión Ejecutiva formada al producirse el levantamiento de Franco. Sin embargo, a partir de dicha Conferencia, los once cargos fueron copados por miembros comunistas. Posteriormente se introdujeron dos socialistas por catorce comunistas, y así continuó hasta el fin de la guerra. Con respecto a los directores de la prensa editada por la JSU, eran todos comunistas a excepción de Vela Zanetti, que era antiguo integrante de las Juventudes Socialistas. Según indica el informe, «Vela Zanetti fue mantenido en el puesto por su capacidad técnica y la dificultad de hacer un gran semanario para el ejército. Se le pretendieron imponer constantemente directores y controladores». A Vela Zanetti nunca le agradó la fusión de las juventudes socialistas con las comunistas, pero tuvo que aceptarla, y se esforzó buscando siempre la unidad que diese la victoria a la República. El contenido del semanario Trincheras era político, pero incluyendo, como la prensa de retaguardia, crónicas, temas y reportajes. La radicalización de los contendientes en la etapa final hizo que Vela Zanetti fuese internamente señalado por militantes del Partido Comunista (PC). Su moderación le hizo objetivo de las críticas en un momento en que se perseguía cualquier discrepancia. El choque con los comunistas vino dado por el control que pretendían hacer sobre los artículos publicados en el periódico (Aguirre, 2003: 61-62). Teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente, podemos comprender los condicionantes vividos en la redacción de Trincheras. Además, disponemos de mucha información por una carta que escribió Vela Zanetti a Santiago Carrillo 2 -secretario general de las JSU-. En dicha misiva se quejaba amargamente del trato hacia él y sus compañeros. Acusaba a la cúpula del partido de despreciar a los que despectivamente llamaban «trabajadores de la inteligencia», que a pesar de su esfuerzo y dedicación en la guerra, eran fácilmente calificados de fascistas. Denunciaba que todas las publicaciones eran controladas y que importantes figuras eran maldecidas e insultadas. Vela Zanetti se lamentaba del abandono que sufrían personas como Rafael Alberti, que «se moría de hambre», y valoraba el trabajo de la Alianza de Intelectuales y María Teresa León, que hacía un «teatro digno del pueblo español», además de muchos otros totalmente olvidados. La ruptura total de Vela Zanetti con el PC se produjo al final de la guerra, tras el intento de defender Barcelona el 24 de enero de 1939, después de conocerse por informes del frente que no se podía resistir. Sin embargo, Carrillo dio la orden de sostener una ciudad que estaba perdida de antemano. Las acusaciones cruzadas siguieron en suelo francés, pues aunque Vela Zanetti había participado fielmente en la defensa de la República durante toda la Guerra Civil, fue acusado junto a Serrano Poncela de haber robado 200.000 pesetas. Se trataba de una acusación falaz si tenemos en cuenta que el artista no pudo exiliarse a México pese a tener el visado de la embajada por no poder pagar el pasaje. Francia reaccionó cerrando la frontera, dando la espalda al sufrimiento humano. Sin embargo, abrió de nuevo el paso a los civiles la noche del 27, aunque los soldados debieron aguardar hasta el 5 de febrero, en unos momentos de intensos bombardeos en Figueras y Gerona (González Neira, 2010: 25). El 6 de febrero de 1939 Vela Zanetti comenzó su exilio, tras cruzar la frontera por los Pirineos. La guerra había terminado, aunque el peso de la derrota le acompañaría amargamente en los campos de concentración franceses. La lucha por la supervivencia le llevó hacia el exilio, con la responsabilidad de atender a su esposa, que ya estaba embarazada de mellizas y de proteger a su hermano, enfermo de tuberculosis. Incluso en ese trance, Vela Zanetti siguió mostrando su humildad. Aunque estaba resignado al doloroso exilio y a los daños personales, era consciente de que las desgracias se contaban por miles. Indicó a Carrillo: «Es pues a los campos donde tenéis que volver los ojos los que coméis, vestís y vivís en París jugando al revolucionarismo profesional.» 3 No hay que obviar que sus pérdidas fueron inmensas, pues su padre Nicostrato había sido fusilado; su hermana Eva estaba enferma y se quedaba atrás, junto a su madre; la obra que había creado hasta la fecha fue destruida en su práctica totalidad, sus posesiones materiales rapiñadas. Sin embargo, aún en las peores condiciones siguió luchando y pintando. En el campo de concentración francés realizó una serie de estampas que vendió poco después en su primera exposición dominicana (Aguirre, 2000: 89). EL PESO DEL EXILIO EN LA VIDA Y OBRA DE VELA ZANETTI Más allá de los intereses y motivaciones que posibilitaron la llegada de los exiliados españoles a la República Dominicana, el recibimiento del pueblo fue bueno, pese a que la propaganda franquista los presentaba como «rojos, con el cuchillo atravesado en la boca y lanzando bombas» (Malagón, 1991: 157). Llama la atención que incluso los españoles que se habían alineado con Franco, la mayoría de los que ya estaban asentados con anterioridad, acogieron a los exiliados con generosidad, incluso ofreciéndoles empleo (Naranjo, 1987: 534). Esos miedos iniciales que pudieron tener los dominicanos desaparecieron rápida-mente, pues un informe de la JARE del mes de abril de 1940, que recogía testimonios de los exiliados llegados en el buque La Salle el 23 de febrero, afirmaba: Nos llaman hermanos. Nos ofrecen pan, galletas, frutas... Nos acompañan a trozos del trayecto. [...] Se funden con nuestros dolores. Cuanto más avanza el tren más gente. Somos más que muchos. Creemos haber llegado a la tierra de promisión. Considerando lo que hemos sufrido en la democrática Francia esto nos parece un sueño. No hallamos más diferencia en relación con España que el clima y la fertilidad de esta tierra. 4 Destaca la enorme hospitalidad del pueblo dominicano y la ironía con que se refiere a la «democrática Francia». Tras tres años de guerra, la desolación de los campos franceses y la amenaza que habían sentido en la travesía por parte de los submarinos alemanes, las posibilidades en la República Dominicana parecían infinitas. Cierto es que la fertilidad de la tierra se tornó en dificultades para cultivar y que el régimen en el que se encontraban no dejaba de ser una cruenta dictadura, pero en palabras de Vicente Llorens, «si algunos extremaron las alabanzas al dictador, no todo fue adulación formularia. Entre vivir en el campo de Argelès rodeado de alambradas y senegaleses, y pasearse libremente por la calle del Conde, había considerable diferencia» (Llorens, 2006: 197). El 7 de octubre de 1939 desembarcó Vela Zanetti en la República Dominicana. Llegó antes que la mayoría de exiliados, lo que le favoreció laboralmente. Debido a la escasez de posibilidades, muchos abandonaron rápidamente la isla hacia otros destinos, pero sabemos que se asentó una cifra cercana a las 3.000 personas, un número importante a nivel cuantitativo y excepcional por su alta cualificación y concentración en la capital. Más de la mitad de los exiliados a la República Dominicana pertenecían al sector terciario, entre los cuales 83 personas se declararon dentro del área artística, 64 profesionales de la salud, 33 periodistas, 58 de derecho, 129 docentes y otros 35 ingenieros, arquitectos, doctores y licenciados (González Tejera, 2012: 32, 52, 125-135). Una vez en suelo dominicano, el primer objetivo del pintor era comer y dormir sin peligro, necesidades básicas que no habían sido satisfechas desde la etapa final de la guerra. Vela Zanetti luchaba por sobrevivir, pintando de brocha gorda, sin tiempo para definirse como artista. A pesar de todo su prioridad fue siempre el arte mural, por lo que aceptó los encargos que fueron surgiendo como posibilidades de aprender. El artista recalcó que los pintores eran los más favorecidos, pues abundaron los encargos de retratos, aunque fuesen favores prestados. 5 Con respecto a su arte, fue importante la técnica que iba alcanzando, lo que él denominaba «mano obediente», y las decisiones temáticas y estéticas que fue tomando como reflejo del contexto en el que estaba inmerso. A nivel social, en la República Dominicana, los exiliados reprodujeron estructuras similares a las que había durante la II República. Llama la atención un denso documento remitido por diferentes personalidades republicanas a Trujillo solicitando «la ruptura de relaciones diplomáticas de vuestro Gobierno, con el que detenta injustamente el poder en España.» 6 La estrategia era clara: reafirmar a la República Dominicana como «democracia» implicaba que debía luchar contra la dictadura española. De la misma manera, grupos de exiliados organizaron sus partidos y publicaciones en el exilio. Vela Zanetti formó parte del Grupo Socialista Español en la República Dominicana, que se expresaba a través del periódico Democracia. En un principio los exiliados pudieron organizar sus propias publicaciones, que eran aceptadas por el régimen trujillista siempre que el tirano no fuese puesto en entredicho. Tras el inicio de la Guerra Fría comenzaron a ser perseguidos y silenciados. En el arte dominicano, los años cuarenta significaron la recuperación de la pintura mural, de larga tradición prehispánica y colonial. De ese resurgimiento Vela Zanetti sigue siendo el mayor exponente hasta nuestros días. 7 Sin embargo, su primer encargo mural no fue realizado en suelo dominicano sino en el Santuario del Sagrado Corazón de Santurce, en San Juan, Puerto Rico, en el año 1941. Allí representó una Última Cena (Fig. 5) en el altar, de enorme fuerza expresiva, y La oración del huerto, ubicada los pies del templo. Vela Zanetti interpretó su obra de la siguiente forma: Saltando por encima o por debajo del tiránico convencionalismo leonardesco, coloqué en torno del Jesús premuerto apóstoles arrancados del friso campesino de Milagros o de León, hombres del agro, agrietados, duros, solemnes, pero sin ninguna signatura mística, sin cálices, sin formas consagradas, con pan y con vino, como tuvo que ser, partido el pan a retortijones y bebido el vino en barros severos (Crémer, 1974: 168). La pintura de Vela Zanetti representaba la temática religiosa con rostros humanos, cercanos y dolientes. A pesar de todos sus esfuerzos, su ópera prima fue absolutamente rechazada por el pueblo puertorriqueño. El mural estaba cubierto a la espera de la inauguración, pero durante una misa el telón cayó. Entre el asombro de los asistentes una señora gritó: ¡Esta no es la Santa Cena que yo he visto en Milán! La obra fue finalmente eliminada. Los primeros murales realizados en la República Dominicana cubrieron las paredes de la Logia Masónica Cuna de América (Fig. 6). Estaba situada en el antiguo convento de Las Mercedes, donde había vivido Tirso de Molina. Sobre la realización de dichas pinturas, Granell escribió: «Vela Zanetti subido en el andamio convertido en nube, parece como que va a licenciarse de ángel para vivir el mundo de sus propias criaturas» (Fernández Granell, 1942: 9). La participación de Vela Zanetti en la Logia no fue únicamente artística, sino que participó activamente, insertándose de ese modo en el contexto cultural dominicano. Fue exaltado el 27 de marzo de 1943, pasando de compañero a maestro masón. El 17 de abril de 1944 Vela Zanetti fue elegido Segundo Vigilante de la logia, es decir, la tercera Luz tras el Venerable Maestro y el Primer Vigilante. En un acto celebrado el 11 de septiembre de 1944 le fue conferido el grado de Past-Master. 8 Esa integración también se mostró en su nombramiento como director de la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), el 25 de septiembre de 1945. 9 Para entender las representaciones pictóricas que realizó Vela Zanetti por encargo de Trujillo, hemos partido del análisis que hizo Greenberg sobre el uso del kitsch por parte de las dictaduras. Se basa en la creación de un efecto sentimental para llegar al «alma» del pueblo (Greenberg, 2002: 31). Los murales gubernamentales eran obras de encargo que controlaba el dictador a través de comisiones, aunque se otorgaba al artista cierto margen de interpretación en aquellas partes que en el boceto no quedaran definitivamente exaltadas, según la terminología legal de los contratos. 10 Sin embargo, aunque el control temático por parte de la comisión era casi total, el modo de representación por parte de Vela Zanetti sí sufrió cambios importantes. El primer mural encargado por el gobierno dominicano fue realizado en la sala capitular del antiguo Consejo Administrativo en el año 1944. La dictadura trujillista eligió para ese espacio una recreación propagandística de la Historia de la Ciudad de Santo Domingo, que culminaba con una representación ecuestre de Trujillo (Fig. 7). Las escenas se reparten en tres paredes diferentes de la estancia, que a su vez presentan vanos. Esa segmentación de los muros sirvió a Vela Zanetti para separar los momentos historiados y benefició el ritmo y la luminosidad del conjunto. En el primer muro se narra la huida de Miguel Díaz de la ciudad de La Isabela, antigua capital colonial. Posteriormente se mostraba la destrucción de Santo Domingo por el huracán San Zenón. Este hecho permitió a Trujillo tomar el poder de manera absoluta, pues a raíz del desastre suspendió las garantías constitucionales y se otorgó poderes extraordinarios (Anónimo, 1930: 156). El dictador asumió un papel paternalista, controlando los precios por ley y apropiándose del mérito de la reconstrucción de la capital. Santo Domingo pasaría a designarse Ciudad Trujillo, en el culmen megalómano del militar. En esa línea ideológica concluía el mural, el culmen era el propio Trujillo, victorioso y a caballo. En la fotografía podemos apreciar precisamente a Vela Zanetti en la etapa final de la ejecución de la obra. Se encuentra justamente en el último paño, donde se introduce el elemento kitsch, sentimental y propagandístico, la figura idealizada del dictador. Esa parte del mural fue eliminada tras la caída del régimen. La transformación temática y estética se observa también en la pintura de caballete. A diferencia de los murales, donde predominan los hombres, en la pintura de caballete se representan mujeres de gran fortaleza. También abundan los retratos de personas negras que estaban ausentes en la pintura oficial. La primera de las obras que hemos seleccionado es Mulata de Doble Perfil, de 1951 (Fig. 8). En ella Vela Zanetti demuestra un enorme dominio del dibujo y del lenguaje cubista. El título viene dado porque las dos facetas, los dos rostros, están superpuestos de manera que según el punto de vista del espectador, la retratada mira hacia su iz-quierda o hacia abajo. El otro cuadro que nos marca el camino que seguirá a continuación se titula Mulata (Fig. 9). También fue realizada en 1951, pero el pintor optó por centrarse en el volumen. Utilizó manchas de color propias de la abstracción, elemento que comenzó a incorporar en los fondos de sus murales. No apreciamos rastro anecdótico, ahora su temática es clara y directa. La mulata es la absoluta protagonista, se muestra inmensa como una montaña que ocupa todo el espacio. Vela Zanetti marcó la expresividad en la musculatura, cuando usualmente se valía de rostros y manos para esa función. En 1955, Vela Zanetti realizó un encargo propagandístico para conmemorar el acuerdo «Trujillo-Hull». 11 El artista, sin embargo, optó en esta ocasión por una visión totalmente simbólica del dictador en La Economía Nacional Liberada. 12 (Fig. 10) La obra significó un salto inmenso en su evolución artística a nivel formal, tanto en el enfoque del tema como en el estilo. Frente al dictador idealizado, ahora el protagonista es un humano racialmente impreciso y de inmensa fortaleza física que sostiene un engranaje con la mano derecha y dos símbolos con la izquierda: la bandera dominicana y una moneda rodeada de cinco estrellas que aludían a Trujillo y fueron eliminadas tras su caída. En el mural observamos un científico, dos obreros y sendos agricultores alrededor de la figura cen-tral. Vela Zanetti fue capaz de contentar a los trujillistas, que se veían encarnados en las estrellas, pero también ponía el foco en el esfuerzo del pueblo en el avance económico que se celebraba. Dicho año también fue relevante al recibir el autor el Gran Premio de Pintura de la III Bienal Hispanoamericana de Arte de Barcelona. 13 El estilo se transformó, especialmente en la geometrización de las figuras, que ganaron peso y volumen con respecto a sus murales previos. Evitó organizar el espacio en torno a un conjunto de escenas, sino que la idea se mostraba alrededor de personajes y máquinas que funcionan de manera orgánica. Por primera vez en la República Dominicana, Vela Zanetti construyó una escena que precisaba la intervención del espectador y, por tanto, las interpre- taciones podían ser múltiples. Frente al triunfo individual y personificado que daba a entender la representación anterior de Trujillo, ahora se celebraba una victoria social transformada en colectiva. El salto del kitsch a la vanguardia también se aprecia en lo estético, con un desarrollo inmenso del volumen y composiciones que nos recuerdan a los grandes muralistas mexicanos. Sin duda, el salto cualitativo fue grande y su consideración como artista creció, aupado también por el éxito del mural realizado en Nueva York para la ONU. La transformación de Vela Zanetti ha quedado patente en la selección de obras del presente artículo. Comenzamos el estudio en Triste Amanecer (1929), que consideramos un buen inicio para analizar los posteriores cambios estéticos. El artista partía del realismo, con carga de denuncia social, pero centrado en lo sentimental. Hemos observado cómo el contexto madrileño y su nuevo maestro le llevó hacia estructuras planas, con amplios campos de color y temas alegres. En la guerra ha quedado patente que su prioridad era transmitir ideas directas y su enorme implicación con la legalidad republicana. En la República Dominicana el artista fue despojándose de lo anecdótico, con un aumento de la monumentalidad y estructuras que recuerdan al muralismo mexicano. En las obras públicas hemos constatado el control que tenía el trujillismo sobre los temas, buscando el enaltecimiento del dictador. Sin embargo, también se han obser-vado importantes diferencias en el modo en que Vela Zanetti acometió los encargos, del Trujillo victorioso al que sólo aparece simbólicamente. Las divergencias son aún mayores si analizamos la pintura de caballete, en la que Vela Zanetti demostró un enorme interés por la dignidad y fuerza de las mujeres mulatas y otros personajes que son obviados en los grandes murales. Esto nos demuestra que dicha omisión no se correspondía con el interés del artista, sino de la ideología imperante. El peso enorme de la guerra y el exilio dominicano produjeron, como hemos constatado, una rápida transformación temática y estilística, partiendo del realismo de corte académico hacia influencias expresionistas y desarrollo de la geometrización figurativa. A nivel personal los cambios fueron muchos, pero se ha demostrado que continuó defendiendo sus ideas en el exilio mientras lo permitió la dictadura, con participación en el Grupo Socialista y en periódicos como Democracia. También ha salido a la luz un elemento de inserción en la cultura dominicana, su importancia dentro de la Logia Masónica «Cuna de América», y su papel como director de la ENBA. El artista terminó de formarse, con una progresión que lo llevó a pintar en las Naciones Unidas y a las soluciones observadas en La Economía Nacional Liberada, cuya cronología en 1955 hemos documentado atendiendo a las fuentes primarias. Fruto de esa formación, obra y trabajo como profesor, Vela Zanetti contribuyó enormemente al avance del arte dominicano en esos años siguiendo la propuesta de transculturación, objetivo principal de la investigación que mantenemos en curso. (Tesis inédita de maestría). Universidad Pablo de Olavide, Sevilla. p.
se desvela como un espejo en el que vemos la relación de la historiografía española y francesa del momento con respecto a lo español, las vanguardias y Picasso, Goya, Velázquez y Juan Gris. Una aportación valiosa a los estudios sobre el concepto de arte español, especialmente el arte español republicano en el exilio. EL CONCEPTO DE hiSTORiA qUE MOLDEA AL NOVELiSTA ¿Qué le interesa al historiador si no es la realidad de lo que ocurrió? ¿Cuáles serían sus fuentes? Indudablemente, decía Lucien Febvre, la historia se hace con documentos escritos, pero puede también, y debe hacerse, con todo aquello que «siendo del hombre depende del hombre, sirve al hombre, expresa al hombre, significa la presencia, la actividad, los gustos y las formas de ser del hombre» (Pagès, 1990: 210). Y es que el campo de la historia comenzó a expandirse con la Escuela de los Annales, una corriente historiográfica fundada por Lucien Feb-vre y Marc Bloch en 1929, que ha dominado toda la historiografía francesa del siglo XX y ha tenido una enorme difusión. Max Aub estaba al corriente de todo ello pues, junto con Pablo González Casanova, es el traductor al español del libro de March Bloch, Apologie pour l 'Históire ou Métier d' historien, un hecho clave para entender esa manera de «historiar» del escritor a través de la novela que, por otro lado, sigue los pasos de Unamuno (Fernández, 2002: 308-313). En la historia del arte esta postura universal y enciclopedista de estudiar el objeto artístico la identificamos con Julius von Schlosser, que incluía entre las fuentes todo tipo de materiales -incluso las narraciones-y a quien se puede considerar el antecedente de los análisis de André Malraux (Bonet Correa, 1976: 14), un dato importante en relación con este trabajo. Y es que la cosmogonía que conforma la novela publicada por Max Aub en 1958, en el exilio mexicano, Jusep Torres Campalans, 1 reúne una valiosa información que nos aproxima a un mundo que bien se podría identificar con el ideario artístico del exilio republicano español. La novela se articula como una monografía de arte, de la que generalmente se destaca su poder de mixtificación, pasando desapercibido su valor como documento para la historia del arte. Compuesta de siete partes: un prólogo; unos agradecimientos; unos anales, que van de 1886 a 1914; una biografía novelada; un «cuaderno verde» (el cuaderno de notas del artista); unas conversaciones entre el escritor y el pintor, que se encuentran en Chiapas en 1955, y un catálogo de obras comentadas. Todo sembrado de notas, documentos y dibujos del artista realizados, en realidad, por el escritor. 2 El propio Aub dejó dicho que tomó como modelo las ediciones de Skira de libros de arte y que le había movido el escándalo por tantas ediciones de lujo de artistas mediocres. El libro, por tanto, también es una «crítica a la crítica» del arte (Fernández, 2004(Fernández,, 2015)), una motivación similar a la de Cervantes cuando escribió el Quijote como reacción al abuso de los libros de caballería (Aub, 1958: 18). La decisión de Max Aub de darle forma de monografía no es gratuita, pues el interés por la Historia y sus formas de divulgación es muy acusado y su preocupación por aprehender la realidad en sus novelas tiene mucho que ver con las preocupaciones del historiador, pues no se fía de su memoria, aun en el caso de haber vivido los hechos que narra, y recurre a todo tipo de información disponible. La mayoría de los escritores y cineastas que han abordado la personalidad del artista, han conocido el ambiente de primera mano, bien porque han sido amigos de pintores y escultores o bien porque ellos mismos han practicado las artes plásticas. Las relaciones del escritor con el mundo artístico español son muy tempranas y anteriores al exilio. Se inician en su primera juventud, con las charlas en la playa de la Malvarrosa junto a Cecilio Pla y su círculo de amigos valencianos, entre otros, aquellos que le acompañarían después al exilio, como Ángel y José Gaos, José Medina o los artistas que, junto con él, formaron el grupo antisorollista valenciano (Pedro de Valencia y Genaro Lahuerta, que quedaron en España). También de entonces serán sus influencias más importantes, Unamuno y Ortega ante todo pero, dentro de la crítica de arte, Juan de la Encina, en Madrid, y Rafael Benet en Valencia (Fernández, 1998(Fernández,, 2003)). Ciertamente, Max Aub confiesa en su Autobiografía (Fernández, 2002: 51-63) que sus conocimientos de pintura se los debe a Juan de la Encina. Y le recuerda en La gallina ciega, al pisar de nuevo el Museo de Arte Moderno, ya que fue su director desde 1931 hasta 1939, año en el que partió hacia el exilio mexicano donde coincidieron trabajando para la Universidad Autónoma. Sin embargo no aparece mencionado en la novela. Del pintor, escritor y critico de arte Rafael Benet i Vancells (Terrassa, 1889-Barcelona, 1979) Max Aub si que cita Isidro Nonell y su época (Benet, 1948: 44), un libro que está en su biblioteca 3 y en el que se afirma que el estilo de Nonell es más fuerte que el expresionismo de Picasso en 1889 y se duda de la primacía de éste como artista de la «rebelión» frente a Nonell. La idea es rechazada en la novela por el crítico ficticio Miguel Gasch que defiende que en realidad los dos artistas, Nonell y Picasso, dan la imagen del mundo español tal como la verían por aquellos años Azorín, Baroja, Maeztu, Noel, etc. (Aub, 1958: 80). Es decir, que en ambos se ve la impronta del 98 presente en la época, una idea que se va a repetir en otras ocasiones. Al modo de ver de Juan Antonio Gaya Nuño, Juan de la Encina carecía de sagacidad, por lo menos en lo referente a Picasso, ya que no llegó a reconocerlo como un precursor de tiempos nuevos ni «abridor de verdaderos caminos» (Gaya Nuño, 1975: 312) Y es que, en plena Guerra Civil, Max Aub tuvo ocasión de ser partícipe del encargo del mural -que sería el Guernica-a Picasso 4 y de impartir el primer discurso sobre el famoso cuadro ante los obreros que terminaban de montar el Pabellón Español en 1937. 5 También participó, como traductor, en el II Congreso de Intelectuales para la defensa de la Cultura, celebrado en Valencia y Madrid, momento en el que conoció a muchos intelectuales de todo el mundo comprometidos con la causa republicana que, posteriormente, acabada la contienda, ofrecerán ayuda a los miles de exiliados. También fue mano derecha de André Malraux durante el rodaje de la película Sierra de Teruel que dirigió el francés en España en plena Guerra Civil. Y ese bagaje sí va a ser fundamental para entender los debates teóricos y estéticos que se exponen en sus obras, especialmente en Jusep Torres Campalans. hiSTORiADORES, ESCRiTORES Y CRíTiCOS DE ARTE DE REfERENCiA Cuando estaba escribiendo la novela, en 1956, Max Aub tuvo oportunidad de realizar el primer viaje a Europa después del destierro y hacer una breve escala en París 6 en la que pudo adquirir bibliografía, aparte de ver a sus amigos: Jean Cassou, Aragon, Alice y Pierre Gascar, Tristan Tzara y, por descontado, André Malraux. No oculta sus fuentes, las enumera expresamente en los agradecimientos: Debo, pues, hacer alarde de los servicios recibidos. Nunca los podré pagar: a Alfonso Reyes y a Jean Cassou que ventearon la pieza. Al Gobernador Aranda Oso-rio, que me invitó a su Estado de Chiapas, sin prever las consecuencias. A André Malraux y a Jaime Torres Bodet que me aconsejaron, en París. A José María González de Mendoza, que me señaló, una dulce tarde en las Tullerías, la pista Odilon Redon. A mi mujer, que me acompañó pacientemente en tantas idas y venidas, vueltas y revueltas, en busca de datos y certidumbres por las calles de Montmartre y a tantas tiendas y puestos, no sólo en París. A Daniel-Henry Kahnweiler, a François Fosca, a Georges Braque, a José Renau, a Antonina Valentin por los datos y documentos que me proporcionaron. Todos los mencionados colaboraron con sus consejos, testimonios o con sus libros, pero en este trabajo nos centraremos, sobre todo, en las influencias bibliográficas que se mencionan aquí y en las notas que, a lo largo del libro, tienen que ver con la crítica de arte. El primero que hay que resaltar es André Malraux (París, 1901-Créteil, 1976), a quien Aub dedica la novela. La confluencia de ideas entre los dos escritores es evidente, especialmente en lo referente a Picasso, Goya y las teorías artísticas. Picasso, según Malraux, encarna el héroe moderno cuya tarea consiste siempre en recuperar, en transformar el caos en orden, un orden donde el arte es lo único absoluto y, a la vez, es el «personaje» de fondo de la novela. Así que los dos escritores coinciden en la idea de artista como héroe, como genio, el que va a la vanguardia del resto: «No aparece todas las mañanas, ni siquiera todos los siglos un tipo de hombre que pierda una relación milenaria con el cosmos, y conquiste el mundo» (Malraux, 1956: 589). Una idea que domina en la novela de Max Aub en la que Picasso se equipara a Goya: «Ningún país marcó a los demás con sello más indeleble. Goya es al siglo XIX lo que Picasso al XX, puerto y puerta natural.» Aunque no debieron hablar mucho de arte durante su colaboración en el rodaje de la película, Aub sí mostró interés por conocer las teorías estéticas de Malraux y no dejó de conseguir todos sus libros a la menor oportunidad. Es tan evidente la relación que Malraux, al recibir el libro enviado como regalo por su amigo Maxi (o Tibi), como le llamaba cariñosamente, le escribe a vuelta de correo: «Je viens de recevoir le Peintre Imaginaire et lui ai trouvé une bonne tête-outre une bonne dédicace. 7 » La relación entre el «museo imaginario» y el «pintor imaginario» la intuyeron muchos críticos de la novela e, incluso, alguno llegó a decir que el autor de los cuadros era el escritor francés (Fernández, 1996). Seguramente fue Malraux quien le puso en conocimiento de la biografía que sobre Picasso estaba escribiendo en aquel momento su amiga Antonina Vallentin. La célebre biógrafa murió en 1957, el mismo año en que se publicó el libro y su historia, al igual que la de Marc Bloch, está ligada al drama del siglo XX y a los desastres derivados del Holocausto, algo a lo que Max Aub era particularmente sensible por su doble condición, la de exilia-do y judío. Antonina Silberstein, o «Tosia», era una intelectual alemana de origen judío-polaco que pasó a llamarse Vallentin a raíz de su primer matrimonio. 8 Además de Malraux, era amiga de la mayor parte de los intelectuales alemanes de la época y escribió numerosas biografías (Tergit, 1958: 5). La de Picasso es la primera bien documentada que contó con el testimonio del artista. Es la que Aub utiliza como base para construir la biografía de Campalans, a la sombra de Picasso. Está en la biblioteca del escritor repleta de anotaciones en los márgenes. También figura en los agradecimientos Jean Cassou (Deusto, 1897-París, 1986) quien, además de actuar como personaje «autentificador» de la existencia del pintor ficticio, jugó un papel fundamental como introductor de Jusep Torres Campalans en París y Nueva York, pues escribió las presentaciones. Su firma tenía gran valor ya que era director del Museo de Arte Moderno pero, si se prestó a ello, no solo fue por simpatía hacia la causa republicana y su amistad con Max Aub, fue porque coincidía con la idea general de la novela y su concepción del arte europeo de principios del siglo XX. Hay que recordar que con motivo de la exposición Les sources du XXe. Les arts en Europe de 1884à 1914(París, 1960)), escribió un texto introductorio al catálogo en el que quedaban justificadas las dos fechas: La primera marcada por la fundación del Salon des Indépendants y la segunda porque pone fin a una época feliz de equilibrio europeo. Tan feliz que sus efectos tardaron en diluirse (Cassou, 1990). Y ese es el espíritu que respira Jusep Torres Campalans, con una cronología similar en los «Anales». Siguiendo la estela de Cassou encontramos a Bernard Dorival (París, 1914-Thiais, 2003), conservador adjunto en el Museo Nacional de Arte Moderno mientras Cassou fue director (Charvier, 2000). Escribió un libro que está en la biblioteca de Max Aub 9 y que será fundamental para la recreación de la primera etapa pictórica del pintor imaginario: Les etapes de la Peinture Française contemporaire. Es importante tenerlo en cuenta pese a que no aparezca mencionado en la novela. Dorival era católico, marcado por el jansenismo, y los comentarios de Campalans hacia la «falsa religiosidad» de Millet o las frases despectivas hacia Rouault, proceden de la experta sensibilidad que Dorival aplicaba al arte. Y anota de su puño y letra en los márgenes: «Los campesinos de Millet no son de ninguna parte, luego no existen.» (18). «Lo feo, tan hermoso.» (19). «Todos los que pintan campesinos como si fuesen santos irán al infierno.» (19). Frases que luego encontraremos reproducidas en el «Cuaderno verde» del pintor ficticio. Otro crítico mencionado en los agradecimientos es François Fosca, del que merece la pena que resaltemos algunos rasgos de su biografía porque, en realidad, el nombre por el que le conocemos era un seudónimo del novelista, ensayista, crítico de arte y hasta pintor e ilustrador en sus inicios, Georges de Traz (París, 1881-Ginebra, 1980). Y como novelista destacó especialmente en la novela policiaca, llegando a crear una serie de falsas novelas inglesas del género bajo el seudónimo de Peter Coram. En paralelo, publicó numerosas monografías de pintores firmadas como François Fosca. Era hostil al arte contemporáneo y lo trató severamente en La Peinture, qu'est-ce que c'est? (1947), pero el libro que Max Aub utiliza para documentarse, y que aún podemos consultar en su biblioteca, es Bilan du Cubisme: Souvenir et documents (1956). 10 Es interesante el diálogo que se establece entre los distintos autores y que a Max Aub no le pasa desapercibido, pues señala en el libro de Fosca los párrafos siguientes: Unas observaciones que aparecen reflejadas en la novela: Jacques Villon dice que, con el futurismo,'el cuadro gana su influencia de ventana abierta para venir a ser no la cosa en sí, alegrado por su ordenamiento, vivificado por el sujeto, pero adentro del sujeto, ganando una vieja categoría donde pudiera mostrarse todo lo preciso, todo lo no misterioso de lo desconocido... fuera de las posibilidades del sueño'. Juro que no lo entiendo. Ese «no entender» llevará a Max Aub a tergiversar fragmentos copiados de otros libros y a invertir su significado sin consecuencias aparentes. Lo que nos lleva a mencionar a otro de los críticos básicos de la novela, Jorge Romero Brest (1905Brest ( -1989)), apodado «Coco», un controvertido e influyente crítico de arte argentino que, en el momento en que Aub está escribiendo su novela, era director del Museo Nacional de Bellas Artes en Buenos Aires. El libro que Max Aub cita es La pintura del siglo XX que se publicó por primera vez en el Fondo de Cultura Económica en 1952 y se considera el libro más definitivo del autor. En el prólogo, una frase significativa para Aub: «No creo en la imparcialidad del juicio estético» que fue corregida en posteriores ediciones cambiando lo «estético» por lo «artístico». La explicación nos la da el propio Romero Brest en su Autobiografía: El cambio con respecto a mis trabajos anteriores se advierte desde la primera frase del libro de México: «No creo en la imparcialidad del juicio estético». Aunque debía haber dicho juicio artístico y no estético, imperdonable error para mí, ahora, queda en pie la aceptación del juicio no fundado en razones, ni en causas, piedra miliar de la posición en que me fui fortaleciendo a partir de entonces. 11 Y, ciertamente, es algo que le achacan sus detractores pues Romero Brest podía al mismo tiempo defender y renegar del arte abstracto; cuestionar los juicios de valor y, al mismo tiempo, formar parte de jurados internacionales. También se le echa en cara la confusión de sus textos, cargados de lugares comunes e ideas preconcebidas. La pintura del siglo XX de Jorge Romero Brest, marcadamente evolucionista, va a ser muy útil para construir ese personaje de Aub que parte del impresionismo y llega al cubismo, considerado el momento culminante, deteniéndose, previamente, en los fauves. Después de aquellos primeros movimientos de la vanguardia, para Romero Brest, sólo quedaría una salida, la del arte concreto (Romero, 1986: 10). Una visión del futuro que coincide con la de Campalans, que defiende la abstracción de Mondrian como futuro de la pintura (Aub, 1958: 283). En los agradecimientos también figura Daniel-Henry Kahnweiler (Mannheim, 1884-París, 1979), porque Aub ha utilizado su libro Juan Gris: Sa Vie, son Oeuvre, ses Ecrits (1946). Sin embargo no se encuentra en su biblioteca porque seguramente es el ejemplar que, sobre «Juan Gris», le prestó Renau y que le reclamó posteriormente desde Berlín. 12 Max Aub cita expresamente este libro en el artículo del personaje ficticio Paul Derteil, un texto ficcionado, en el que aparece la palabra alemana Erlebnis con amplias citas de Kahnweiler sin especificar la página (Aub, 1958: 90-93), pero que se corresponden con lo expresado por el célebre marchante en la edición mencionada (Kahnweiler, 1946: 140). Las diferencias entre Campalans y Gris se ponen de manifiesto fundamentalmente en las furibundas discusiones que los dos personajes sostienen a lo largo de la novela y que se basan en fragmentos de la conferencia «Des possibilités de la peinture» pronunciada por Juan Gris ante el «Grupo de Estudios Filosóficos y Científicos» el 15 de mayo de 1924. Entre los artistas españoles mencionados en los agradecimientos destaca Josep Renau, a quien Aub conocía del ambiente artístico valenciano y de su trabajo en París durante la organización Pabellón Español de 1937. Los dos volverían a encontrarse en el exilio mexicano y, a pesar de mantener algunas controversias políticas, son buenos amigos. Como hemos visto, Renau le prestó algunos libros y, además, realizó el fotomontaje del pintor ficticio con Picasso, de modo que su mención en los agradecimientos está plenamente justificada. Son muchas las fuentes, pues la cantidad de libros de arte relacionados con la novela y en la biblioteca de Max Aub es amplísima, aunque los más significativos son los comentados, ya que tienen anotaciones en sus márgenes y se mencionan incluso en la propia obra. No obstante, pese a no llevar anotaciones, es importante tener en cuenta L'art abstrait: ses origines. Ses premiers maîtres (Seuphor, 1950), por la encuadernación, el diseño y los dibujos de Jean Arp. El libro fue escrito por Fernand Berckelaers (Amberes, 1901-París, 1999), que adoptó el seudónimo de Seuphor, que proviene del anagrama Orpheus. Fue una figura extraordinariamente activa con múltiples actividades -pintor, ceramista, escritor, poeta y comisario de exposiciones, sobre todo de arte abstracto-que recorrió el siglo XX (Dupuy, 1991). Estuvo rodeado de las grandes figuras de la vanguardia europea, tanto en Europa como en los Estados Unidos de América. Conoció estrechamente a Robert y Sonia Delaunay, Fernand Léger, Albert Gleizes, Jean Arp y Sophie Taeuber-Arp, Herwarth Walden, Filippo Tommaso Marinetti, Gino Severini, Joaquin Torrès-García y, especialmente, a Piet Mondrian, de quien escribió una monografía en 1956. LA NOVELA Y EL ARTE EN ESPAñA En general, la actualidad de la bibliografía que utiliza Max Aub denota un profundo conocimiento de la situación del arte contemporáneo en los años cincuenta del siglo XX. No obstante, al tratarse de Picasso en última instancia, la novela también está inmersa en muchos de los discursos que la preceden en España. Por eso todo lo referente a la generación del 98, la visión de Velázquez y de Goya, derivada de la Guerra Civil española, y del papel que jugó Picasso durante la contienda y en el exilio. Para ir por orden habría que comenzar con la crónica de José Ramón Mélida que le sirve para ambientar el arte español desde la perspectiva francesa. Lleva por título «El arte en España. Situación general de las artes» (Aub, 1958: 71-75), publicada, efectivamente, tal como él reseña con exactitud, en la Revue Encyclopédique. Aub incorpora, traducida por «P. Barjau», es decir, por Peua, su esposa, solo la parte referente a la pintura, pero los datos son exactos, ya que Aub tiene un volumen encuadernado de dicha revista (1899 a 1893). 13 José Ramón Mélida y Alinari (Madrid, 1856(Madrid, -1933) ) con conexiones artísticas familiares en la capital francesa brilló, sobre todo, como arqueólogo, llegando a ser director del Museo Arqueológico Nacional, lo que no impidió que también ejerciera de crítico discreto (Gaya Nuño, 1975). Pero lo que demuestra el artículo de Mélida, y que no queda explicado en la novela, es el interés que, a partir del s. XIX, comenzó a mostrarse en Europa y en Estados Unidos por la «Pintura Española» (Portús, 2012: 130). También aparece mencionado Manuel Bartolomé Cossío, pues figura El Greco en el año 1908 de los «Anales», lo que denota el conocimiento de Aub acerca de la recuperación del artista dentro de la tradición pictórica española, sin entrar en detalles, porque realmente el libro de Cossio venía anunciándose desde 1901 y en 1907 se había publicado su artículo «El Greco, Velázquez y el arte moderno» en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza. Aunque las primeras expresiones escritas del nuevo interés por El Greco se remontan a 1885 con Francisco Giner de los Ríos. Y entre los pintores se puede decir que fue Zuloaga el precursor, ya que a partir de 1889 se dedicó a hacer labor de apostolado en París, contagiando su entusiasmo a Rusiñol, Jordá y Uranga, entre los españoles, y a Rilke entre los extranjeros (Álvarez Lopera, 1987). Pero la más importante referencia entre los españoles es la de Ortega. No en vano, de las tres citas iniciales de la novela, la tercera es suya: «Hay que considerar cada obra de arte como un pedazo de la vida de un hombre. José Ortega y Gasset, Papeles acerca de Velázquez y Goya.» La frase elegida como presentación de la novela parece recoger el espíritu del filósofo (Madrid, 1883(Madrid, -1955) ) en el libro citado, cuya primera edición es de 1950, pero no es una cita literal. El texto que inspira la frase es el siguiente:...nuestra reacción tiene que consistir en evitar todo ese vago e irresponsable cabrilleo de sugestiones que sobre el área pintada reverbera y obligarnos a atribuir al cuadro y a cada uno de sus trozos una significación precisa y única, la suya, la que le es congénita, no la que a nosotros, más o menos plausiblemente, nos venga en gana suponerle. El método para lograrlo es arrancar enérgicamente el cuadro de las indecisas regiones donde suele dejarse flotar la obra de arte y tomarlo según lo que auténticamente es, a saber, como un fósil donde quedó mineralizado, convertido en mera e inerte «cosa», un trozo de la vida de un hombre (Ortega, 1987: 57). Aub vuelve a citarle en el «Prólogo indispensable»: «"Detrás de cada cosa, de cada hecho, hay el creador de la cosa, el autor del hecho", escribió Ortega, en 1902» (Aub, 1958: 16). Es decir, detrás de los cuadros de un pintor está el pintor, pero detrás de esta novela está Max Aub. El primer libro que Ortega y Gasset publica es Meditaciones del Quijote, en 1914, por lo tanto la frase que Aub le atribuye se supone que está en los primeros artículos estéticos, pero no los comenzó a escribir hasta 1908, con veinticinco años, lo que convierte el dato en una anacronía. No obstante, el filósofo es criticado en la novela por su falta de visión con respecto a Picasso: Ortega, desde luego, no era entendido en pintura. Va a creer encontrar sus conceptos realizados donde menos debía: en Zuloaga, el virtuoso. No era la pintura del vasco la que correspondía entonces a los arrebatos del ensayista, sino la de Picasso, que no conocía. Ahí tropezamos con su gusto de gran señor, que tantos traspiés le harán dar. Y con lo español, que se lo lleva todo por delante. Pero no era Zuloaga «el pintor español que alcanzó a significar en su generación -la del propio Ortega-el intento de renovar el realismo»... La cita entre paréntesis en el texto de la novela con el número «5» remite a un artículo de Enrique Lafuente Ferrari que Aub ha mencionado previamente: «Las artes visuales y su historia en el pensamiento de Ortega» (La To-rre, Puerto Rico, núm. 15-16, de 1948). Un dato que resulta erróneo, pues la revista La Torre de la Universidad de Puerto Rico comienza a publicarse en 1953 y los números 15 y 16 corresponden a 1956. 14 Lo que se había publicado en 1948 es otro texto parecido, «Ortega y la crítica de arte», pero en Ínsula. Con esa nota a pie de página, Aub está llamando la atención sobre el hito que supuso Papeles sobre Velázquez y Goya en la percepción del arte español que tuvo puntual reflejo en la crítica (Díaz, 2013: 36). A Enrique Lafuente Ferrari (Madrid, 1898-Cercedilla, 1985) Aub lo menciona solo en relación a Ortega, pese a ser una figura importantísima de la historiografía artística española. Y le habría convenido pues fue uno de los pocos historiadores españoles preocupado por cuestiones teóricas y metodológicas. Al aparecer citado en la novela, a través del crítico ficticio Miguel Gasch Guardia, 15 nos da la impresión de que Aub estaba al tanto de lo que se estaba publicando por los historiadores del interior de España, una percepción a todas luces inexacta dadas las dificultades de información, aunque si demuestra un alto conocimiento de los críticos de arte y los artistas españoles y franceses y sus conexiones. LA iDEA DEL ARTE ESPAñOL A pesar de todo y de las dificultades de circulación de las publicaciones entre la España «de dentro» y la España «de fuera», sorprende la sintonía de la novela con el pensamiento y opinión de algunos historiadores españoles que actuaban en el interior, bajo el régimen de Franco. A este respecto es significativo el artículo que Juan Antonio Gaya Nuño publicaría pocos años después de la novela, en 1964, en La Estafeta Literaria bajo el título «Lo que no era Diego Velázquez», porque hacía hincapié en todos aquellos tópicos que rodeaban al artista (Gaya Nuño, 1964: 89-90) y que Aub pone de manifiesto. Gaya Nuño se ocupó, sobre todo, de negar el prejuicio de un Velázquez realista e identificable con el academicismo pues rechazaba la idea de que fuera enseña de tantos «pseudorrealistas mostrencos» hostiles a la aventura plástica e incapacitados para comprender. Aub no lo menciona en la novela pero sí lo hace con afecto, describiendo su casa, atestada de libros y cuadros, en La gallina ciega, el diario que escribió con motivo de su viaje a España en 1969 (Aub, 1971: 289-290). En la novela de Aub, sin embargo, Velázquez no sale bien parado porque la línea que identifica el pasado con el presente está ligada a Goya y a Picasso, algo que se afianzó durante la Guerra Civil española, en la que Goya se reivindica como estandarte de resistencia frente al enemigo. Era inevitable que la politización de los artistas a raíz de la Guerra Civil hiciera que Velázquez, con su mundo de príncipes y aristócratas, se contrapusiera a Goya, que aceptaba la realidad desnuda y al que se consideraba, por tanto, mucho más afín al pueblo (Glendinning, 1983: 196). Como ya se ha dicho, hay más fuentes para la novela, libros que Aub debió conocer aunque no aparezcan citados en ella. Algunos están en su biblioteca y otros no. Tal es el caso de Vida de Manolo contada por sí mismo, escrita por Josep Pla en 1927, 16 que mantiene una similitud en muchos aspectos con el lenguaje del «Cuaderno verde» (Pla, 1976). Josep Pla había conocido a Manolo Hugué en Barcelona en 1919, cuando el escultor acababa de regresar a España con motivo de la Primera Guerra Mundial, y diez años después se publicaría la primera edición de aquella biografía. En el libro queda magistralmente trazada una semblanza de Hugué, la vida cotidiana en Barcelona a finales del XIX, la bohemia parisina, el círculo artístico de Ceret, con Picasso al frente, o las ideas éticas y estéticas del escultor que aborrecía a Juan Gris. Un aborrecimiento que comparte con el pintor ficticio, al igual que la complicidad con Picasso. De modo que, por lo que hemos visto hasta ahora, Aub dispone de una información muy precisa sobre la biografía de Picasso, sobre la última bibliografía sobre el arte contemporáneo y los movimientos artísticos de la primera mitad del siglo XX; enlaza con ideas estéticas de la generación del 98 y con mitos de la Guerra Civil española y el exilio republicano, a la vez que se percibe una continuidad en las preocupaciones identitarias de lo español. Y todo ello se imbrica perfectamente en Jusep Torres Campalans en el que se tratan muchos temas que conforman el ideario artístico republicano español en el exilio. Desde el reconocimiento de Picasso como líder y vanguardia artística del siglo XX, continuador de la línea de Goya, hasta la incredulidad por su afiliación comunista. La identificación del anarquismo con la ruptura del cubismo y la reivindicación de sus raíces íberas... La categorización del gusto que suponen las numerosas listas de artistas está en sintonía con esa idea general del arte español en la que coinciden tanto en España como a nivel internacional. Un arte español integrado, fundamentalmente, por El Greco, Velázquez, Goya y Picasso. Quedando fuera Miró, Dalí y, por supuesto Juan Gris, «considerado como poco o nada español por sus colegas españoles contemporáneos» (Calvo Serraller, 2013: 171). Es también una novela de la derrota, un territorio en el que escritor y personaje se encuentran. De ahí las conversaciones de San Cristobal, una manera de unir pasado y presente, sintetizando el entramado ideológico que alimentó la cultura española en el pasado siglo. ACTUALiDAD DE LA PROBLEMáTiCA El esfuerzo de Aub es el mismo que realiza el historiador porque tanto en Historia como en Literatura los acontecimientos tienen que ser ordenados conforme a un hilo conductor. Es necesario si se aspira a entender la multiplicidad de hechos que nos abruma y tanto el historiador como el novelista tropiezan con la resistencia del fenómeno humano a dejarse captar en todo su sentido. Por ese motivo la novela del artista creado por Aub es una fuente para la construcción de esa cosmología que conforma la cultura del exilio republicano y un indicio de lo que faltaría por hacer desde el punto de vista historiográfico. Y esto es porque hay aspectos de esta novela que se revalo-rizan a partir de la posmodernidad y, seguramente, el escritor estaría encantado con los derroteros por los que ha ido discurriendo la Historia en los últimos años, ya que se han ido incorporando aspectos de la realidad despreciados tradicionalmente por la historiografía como las imágenes y símbolos mentales y las ideas y creencias de todo tipo. La llamada «nueva Historia», o de las «mentalidades», valora las emociones, los sentimientos, las formas de comportamiento y los estados de ánimo de los colectivos. Es una ciencia que se ocupa de lo cultural y afectivo y en la que, paradójicamente, también entra en juego la Literatura, es decir, la diferente manera de narrar los hechos por parte de cada historiador (Sueiro, 1996). El interés por comprender el momento histórico-artístico que encarna esta novela está próximo a la problemática sobre «la identidad del arte español» que vuelve a retomarse en la actualidad después de que, con la transición, se hubiera minimizado o hubiera pasado a segundo plano (Calvo Serraller, 1998). Y se vuelve a reanudar a raíz de dos trabajos de los últimos años, uno de Francisco Calvo Serraller (2013), La invención del arte español, que rememora The Invention of Art. A Cultural History de Larry Shiner (2001), y otro de Javier Portús (2012), referido a El concepto de Pintura Española. Historia de un problema, relacionado con la identidad nacional de la llamada «escuela española» en la que las interpretaciones van mucho más allá de los límites de la Historia del Arte. Si bien es cierto que en la actualidad es evidente la ruptura con el relato histórico de carácter nacional, que ha dejado de ser importante en un mundo globalizado como el que vivimos, ese problema sigue teniendo un peso específico en el pasado reciente, tanto entre la cultura producida «dentro» de la dictadura franquista, como la de «fuera», en el exilio, por lo que está pendiente abordar el diálogo entre similares problemáticas en el relato general porque, mientras el arte o la cultura del exilio se siga estudiando de una manera aislada, seguirá manteniendo el estatus de excluido (Fernández, 2014: 13-44). Mi agradecimiento expreso al profesor Joan Oleza, director de las Obras Completas de Max Aub e Investigador Principal del proyecto Prometeo Max Aub y las confrontaciones de la Memoria Histórica (2016/133), financiado por la Conselleria d'Educació, Investigació, Cultura i Esport de la Generalitat Valenciana. Igualmente este trabajo se asocia al proyecto de investigación titulado 50 años de Arte en el Siglo de Plata español (1931Plata español ( -1981) ) 1 El interés de la autora por esta novela procede de su Tesis Doctoral (Fernández, 2002), que propició posteriores escritos sobre el exilio artístico republicano y el papel de Picasso como adalid de ese exilio (Fernández, 2005). En la actualidad, con motivo de la edición crítica de la novela de Max Aub dentro de la colección de las Obras Completas, cuyo trabajo está pendiente de ser publicado (Aub, 2018), se han desvelado nuevos aspectos, como los del presente artículo, que permiten profundizar sobre lo estudiado. 2 Algunos de los dibujos originales de Max Aub, firmados como «J.T.C.», se han conocido en España gracias a algunas exposiciones. La primera de ellas dentro de una muestra colectiva de poetas-pintores comisariada por J. M. Bonet (Bermejo, Pulgar y Villabrillé, 1995: 168-171). Después, a raíz de que el archivo Max Aub llegara a Segorbe, y se creara la Fundación Max Aub, se celebró una gran exposición sobre el escritor en Valencia, comisariada por M. García (García, 2000), quien repitió en 2003, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Aub (García 2003). Sin embargo, durante ese año la exposición más específica sobre la novela fue la comisariada por F. Huici en el MNCARS (Martín Llópis, 2003). Fueron muestras divulgativas, no exentas de interés, pero que no tenían por finalidad resolver los problemas planteados en los trabajos de investigación que se estaban desarrollando y dando a conocer en congresos, encuentros científicos, tesis y trabajos de investigación (Fernández, 1999(Fernández,, 2002(Fernández,, 2003)). 4 Como es lógico el encargo formal de invitar a los artistas participantes en el Pabellón Español de la Exposición Internacional de Artes y Técnicas en la Vida Moderna de París, especialmente a Picasso, corrió a cargo de Josep Renau, a la sazón Director General de Bellas Artes, tal como él mismo relatara en el manuscrito inédito Albures y cuitas con el Guernica y su madre (Cabañas, 2007: 168), lo que no desmerece la intervención de Aub (169) y de otros, en las conversaciones con el artista, según se puede deducir del testimonio de José Luis Sert, quien cuenta cómo, en enero de 1937, él mismo, junto con Louis Aragón y Max Aub, como delegado cultural de la Embajada de España en París, fueron a ver a Picasso, a la rue de la Boétie, para pedirle que pintara un mural en el Pabellón Español y hablarle de su nombramiento como director del Museo del Prado (Alix, 1993: 24). Por otro lado, la carta que escribió Aub a Luis Araquistáin el 28 de mayo, en la que comenta cómo ha tenido que convencer a Picasso para que acepte 150.000 francos franceses y firme el correspondiente recibo, es un documento clave para acreditar la propiedad del lienzo por parte de la República (65). 5 El discurso, publicado por el propio Aub (1967) en México y por Prats Rivelles (1978) después, junto con otros textos de Max Aub, fue comentado en la tesis de D. Fernández (2002). Posteriormente fue editado dentro de una recopilación de textos sobre arte ya conocidos del escritor (García, 2005). 6 Las vicisitudes que hubo de pasar fueron muchas, ya que todavía constaba su expediente como comunista, lo que le impedía la entrada en Francia (Malgat, 2010: 37-54). Durante ese viaje adquirió libros de arte moderno y de vanguardia que ahora se encuentran en su biblioteca. De esos libros se hizo una exposición en Segorbe, en la sede de la Fundación Max Aub (Bonet, 1999)
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0). La lectura del libro escrito por la historiadora británica Frances Stonor Saunders sobre La CÍA y la guerra fría cultural viene a documentar el interés de los Estados Unidos, tras la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, por desarrollar, junto a su política internacional, un trabajo específico sobre la intelectualidad occidental no comunista. En efecto, durante más de veinte años «el espionaje estadounidense» creó un frente cultural complejo y extraordinariamente dotado económicamente, en Occidente, para Occidente, en nombre de la libertad de expresión. A la vez que definía la «guerra fría» como «batalla por la conquista de las mentes humanas», fue acumulando un inmenso arsenal de armas culturales: periódicos, libros, conferencias, seminarios, exposiciones, conciertos, premios (Stonor Saunders, 2001: 14). A partir de 1945 la «guerra fría» entre Estados Unidos y la Unión Soviética (en rigor, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS), antiguos aliados contra el fascismo internacional durante la Segunda Guerra Mundial, constituyó una realidad política que determinó el curso de la historia hasta por lo menos 1989, con la caída del muro de Berlín como símbolo del fracaso del comunismo soviético. Pero en su valioso libro la historiadora británica centra su estudio en los intelectuales de países como Francia e Inglaterra y apenas se refiere a España y América Latina. Faltaba, por tanto, el capítulo español y latinoamericano de esa «guerra fría» cultural y literaria que tiene en la revista Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, cuyo primer número apareció en París en marzo-mayo de 1953 dirigida por Julián Gorkin (Glondys, 2014), su testimonio más elocuente. Y ese capítulo han acertado a investigarlo ya tanto Olga Glondys (2012) en el caso de España y América Latina como Patrick Justus Iber (2011) exclusivamente en el de América Latina. Sin embargo, lo que aún se ha estudiado poco y mal entre nosotros son las diversas iniciativas culturales promovidas en Europa durante este periodo de «guerra fría» por la Unión Soviética en defensa de la paz. Una URSS que ya durante los años treinta había desarrollado una activa política de agitación y propaganda entre los intelectuales del mundo entero con los valores del antifascismo, de la paz (no se olvide, por ejemplo, el Congreso de Ámsterdam en 1932) y de la defensa de la cultura, amenazada realmente por el ascenso de los fascismos, como valores que podían compartir tanto los comunistas militantes como los «compañeros de viaje» del Frente Popular. Y si Willi Munzenberg había sido el cerebro del Kremlin entre la intelectualidad europea antes de la Segunda Guerra Mundial, según ha documentado por ejemplo Stephen Koch (1997), Stonor Saunders menciona ahora al estonio Michael Josselson, al ruso blanco Nicolas Nabokov y al judío norteamericano Melvin Jonah Lasky como los agentes de la CIA que protagonizaron aquella política de «guerra fría» cultural. Porque, en efecto, si la propaganda de los Estados Unidos asumió la palabra «libertad» como bandera anticomunista, la Unión Soviética enarboló la palabra «paz» como bandera anticapitalista contra el imperialismo norteamericano en aquella «guerra fría» cultural. Así, la CIA institucionalizó algunos conceptos claves («mentira necesaria», «negación creíble» o «acción encubierta») (Stonor Saunders, 2001: 17, 63-65) como estrategias legítimas en tiempos de paz que tenían como objetivo la defensa del valor de la «libertad» contra la propaganda de la «paz» soviética. Desde el 6 de agosto de 1945, día en que los Estados Unidos arrojaron la primera bomba atómica sobre Hiroshima, hasta que la agencia soviética TASS confirmó el 25 de septiembre de 1949 la explosión en abril de ese mismo año de una bomba atómica, el fantasma de una tercera guerra mundial recorrió el mundo. Sin embargo, ese equilibro nuclear entre ambas potencias hegemónicas vino a aliviar la tensa angustia. Porque, tras el horror de la Segunda Guerra Mundial, la lucha por la hegemonía mundial entre las dos antiguas potencias aliadas había hecho estallar una «guerra fría» que vivía entonces sus años más calientes. Tras los acuerdos de Yalta y el reparto en febrero de 1945 de las llamadas «esferas de influencia» entre los aliados, una serie de hechos políticos fueron agravando la tensión política internacional: la exposición de la llamada doctrina Truman en marzo de 1947, el anuncio del Plan Marshall en la Universidad de Harvard el 5 de junio de 1947, la crisis de Berlín (junio de 1948-mayo de 1949), la firma del Pacto Atlántico por el que se creaba la OTAN (abril de 1949) y la aprobación por el Congreso norteamericano del suministro de armas a los países miembros de la OTAN (septiembre de 1949). Proceso histórico y hechos políticos que provocaron la respuesta paralela de la URSS: disolución del Komintern y creación en 1947 del Kominform (acrónimo en ruso de Oficina de Información Comunista); discurso de Zdanov el 5 de octubre de 1947 en la reunión constituyente del Kominform, celebrada en Belgrado; resolución de condena de Tito y de la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia por parte del Kominform el 28 de junio de 1948; y, por último, nacimiento oficial el 1 de octubre de 1949 de la República Popular China de Mao Tse-tung. Fernando Claudín alude a la política del Kominform y afirma que «el único aspecto de la nueva línea que tomó cuerpo en cierta medida, aunque en un plano casi exclusivamente propagandístico», fue precisamente el que ahora más nos interesa, el de la «lucha por la paz»: La crisis de Berlín (junio de 1948-mayo de 1949), la conclusión del Pacto Atlántico (abril de 1949), la aprobación por el Congreso americano de 1949 del suministro de armas a los miembros del pacto por valor de 1.500 millones de dólares, el comunicado de Tass (25 de septiembre de 1949) confirmando la explosión de una bomba atómica soviética en abril de aquel año -la primera noticia fue dada por Truman unos días antes-y revelando que la URSS poseía la bomba desde 1947, la guerra de Corea iniciada en junio de 1950; estos y otros jalones de la «guerra fría» fueron agravando la tensión internacional y dieron aparente consistencia al peligro de una nueva conflagración mundial. En la reunión del Kominform, celebrada en noviembre de 1949, la «lucha por la paz» contra la amenaza de una «agresión directa» del imperialismo contra la Unión Soviética, fue definida como la tarea central del movimiento comunista, a la cual debían subordinarse todas sus tareas y objetivos (Claudín, 1977: 526). Por otra parte, el informe de Zdanov (Claudín, 1977: 424-431) ya había señalado en 1947 como tarea fundamental de la política soviética la de «asegurar una paz democrática duradera» para poder «construir el comunismo» en la URSS, y afirmaba que «conservar la paz» era la «tarea fundamental del periodo de postguerra»: «Hay pocos documentos en la historia del movimiento comunista que reflejen tan transparentemente la subordinación de la lucha revolucionaria mundial a las exigencias de la política exterior soviética como este informe de Zdanov» (Claudín, 1977: 428). Una paz que, obviamente, constituía «una aspiración profunda de los pueblos después de seis años de guerra» (Claudín, 1977: 428). Y una paz que, en palabras del propio Stalin, implicaba por el momento una renuncia de todos los partidos comunistas del mundo «a derrocar el capitalismo y a instaurar el socialismo»: El actual movimiento por la paz se propone movilizar a las masas populares en la lucha por la conservación de la paz, por conjurar una nueva guerra mundial. Por consiguiente, no tiende a derrocar el capitalismo y a instaurar el socialismo: se limita a fines democráticos de lucha por el mantenimiento de la paz. El actual movimiento por la conservación de la paz se distingue del que existió en el periodo de la primera guerra mundial, el cual, orientado a transformar la guerra imperialista en guerra civil, iba más lejos y perseguía objetivos socialistas (Claudín, 1977: 528-529). La Unión Soviética, con menos medios económicos que Estados Unidos pero con una militancia intelectual cualificada, una larga experiencia y una maestría indudable en la utilización de la cultura como arma política desde los tiempos de Willi Munzenberg, debía organizar también su propio frente cultural: Aunque fueron en todo caso minoría los estudiantes, poetas, dramaturgos, novelistas, periodistas o profesores de universidad que militaron activamente en el comunismo, a menudo se trataba de los hombres y mujeres más dotados de su generación (Judt, 2006: 302). Había que luchar, frente a la amenaza de una tercera guerra mundial, por la paz, y esa «lucha por la paz», como la denominó la prensa comunista, se desarrolló en el frente cultural mediante la «Batalla del Libro» (adviértase el lenguaje característicamente militar leninista) (Judt, 2006: 334). Y para ello nada mejor que apelar, como en los años treinta, al antifascismo como elemento aglutinador: «El antifascismo de los resistentes era el único motivo seguro e incontestable que todos podían compartir» (Judt, 2007: 251). Un antifascismo que, en aquel contexto histórico y político, implicaba una vinculación con la Unión Soviética: Si el renacer del fascismo era un peligro, tenía perfecto sentido alinearse con la única fuerza continental capaz de bloquearlo: el movimiento comunista y el Ejército Rojo. Estos sentimientos se exacerbaron y se agudizaron con el hundimiento de la alianza de posguerra y el comienzo de la Guerra Fría (Judt, 2007: 252). Además, en la memoria colectiva europea seguía muy viva la convicción de que la derrota militar del nazismo alemán había comenzado en las batallas de Kursk y, sobre todo, Stalingrado: Para muchos europeos, su primera experiencia de movilización política fueron las ligas antifascistas, los frentes populares de la década de 1930. Para la mayoría, la Segunda Guerra Mundial era recordada como una victoria sobre el fascismo. (...) El «antifascismo» constituía un vínculo tranquilizador y ecuménico con una época menos complicada. (...) El «antifascismo», con su trasfondo de resistencia y alianza, también estaba relacionado con la persistencia de la favorable imagen de la Unión Soviética de la época de la guerra, la sincera simpatía que muchos euro-peos occidentales sentían por los heroicos vencedores de Kursk y Stalingrado (Judt, 2006: 322-323) Por ello, «el impulso por la paz y la defensa del comunismo se fundieron en un único tema»: Desde 1946 y hasta la muerte de Stalin ningún otro tópico fue tan dominante en las discusiones públicas, bien de manera directa, bien de un modo subliminal. La defensa de la democracia y la preservación de la paz se fundieron en un mismo objetivo, el deber primordial del escritor (Judt, 2007: 253). La política cultural soviética supo aprovechar el crecimiento espectacular del humanismo pacifista en buena parte de la intelectualidad antifascista mundial, porque la «paz», «la clave de la estrategia cultural soviética» (Judt, 2006: 331), constituía un valor prestigioso y en ascenso que podía volver a aglutinar en torno a ese frente cultural antifascista no sólo a los intelectuales militantes, sino también a muchos simpatizantes, los llamados «compañeros de viaje». Una intelectualidad antifascista y pacifista que, a pesar de la tragedia histórica que representó el hecho de que Stalin, desde los procesos de Moscú a los gulags, se hubiese convertido ya en el amo de la palabra «comunismo», se sentía aún atraída y seducida por una Unión Soviética que constituía entonces la esperanza en un socialismo que construyera una sociedad más justa que la conseguida por el capitalismo: Los diversos movimientos pacifistas y sus reuniones estuvieron dirigidos de manera ostensible por comités compuestos por figuras influyentes y de reconocido prestigio, pero en la práctica estuvieron controlados, como sus antecesores de los años treinta, por funcionarios comunistas que trabajaban sin descanso, la mayoría radicados en Praga. Lograron reunir millones de firmas (aunque la mayor parte fueron adhesiones «voluntarias» en el bloque comunista, o bien de miembros de los distintos partidos comunistas), y no cabe duda de que las iniciativas de paz de los comunistas supusieron un gran incremento de su atractivo y de su legitimidad a ojos de los intelectuales no comunistas (Judt, 2007: 255). No es de extrañar por tanto que en la ciudad polaca de Wroclaw, la antigua Breslau alemana, se desarrollara, entre el 25 y el 28 de agosto de 1948, el Congreso Mundial de Intelectuales por la Paz y que esta iniciativa pacifista fuese impulsada y protagonizada tanto por los intelectuales comunistas militantes como por los llamados «compañeros de viaje»: La organización del llamado «Movimiento por la paz» comenzó en 1948. En agosto de ese año, se celebró en Polonia el congreso mundial de intelectuales por la paz, en noviembre el congreso nacional de los «combatientes de la paz» franceses, y en los meses siguientes tuvieron lugar diversas asambleas de análogo carácter en otros países europeos. Del 20 al 25 de abril de 1949 se reunió en París y Praga el primer Congreso mundial de «combatientes de la paz», estando representados 72 países. Según los documentos del congreso, para esas fechas había ya 600 millones de «combatientes de la paz» organizados. (...) La participación de algunas personalidades no comunistas del mundo científico y artístico, junto con la inflación publicitaria de cifras cuya exactitud era imposible controlar, podía producir a los no advertidos la impresión de que el movimiento desbordaba el campo político y social habitualmente influido por los comunistas. En realidad no era así, y en los medios dirigentes de los partidos comunistas se tenía conciencia de ello. Los «comités por la paz» creados en ciudades, barrios, empresas, etc., estaban constituidos -salvo raras excepciones-por comunistas y simpatizantes (Claudín, 1977: 526-527). A ese Congreso de Wroclaw siguieron muchos otros en diversos países, pero mención especial merece, sin embargo, la iniciativa audaz del Kominform de organizar una Conferencia Cultural y Científica para la Paz Mundial en la propia ciudad de Nueva York, que se inauguró el 25 de marzo de 1949 en el hotel Waldorf Astoria y a la que asistieron algunos de los más prestigiosos escritores norteamericanos: por ejemplo, Dashiell Hammett, Lillian Hellman o Arthur Miller, entre otros. Una Conferencia que se desarrolló de una manera tan crispada como polémica y que Stonor Saunders califica como «una audaz trama para manipular a la opinión pública norteamericana en su propio terreno» (Stonor Saunders, 2001: 75), al tiempo que destaca «el impresionante número de compañeros de viaje asistentes al Waldorf» (Stonor Saunders, 2001: 76). Pocos días después, el 20 de abril de 1949, se realizó en París la apertura del Congreso Mundial por la Paz, presidido por Fréderic Joliot-Curie, prestigioso científico francés y Premio Nobel. Un Congreso que obtuvo una gran resonancia internacional y para el que Picasso regaló su famosa paloma, «que entregó a Ilya Ehrenburg en abril de 1949, cuyo origen había sido un juego visual 'a la manera de Matisse' pintada meses antes» (Robles Tardío, 2011: 24), y «que había dibujado sin intención política (...): el dibujo terminó convirtiéndose en la imagen del cartel del congreso» (Robles Tardío, 2011: 17). Un Congreso que reunió también a intelectuales comunistas y a «compañeros de viaje» y que impulsó una recogida de firmas a favor de la paz que sólo en Francia consiguió seis millones de adhesiones (Courtois, 1958). Por otra parte, el 16 de marzo de 1950, se inauguró en la capital de Suecia el Congreso de los Partidarios de la Paz, que en su sesión de clausura aprobó el día 19 el «Manifiesto de Estocolmo», que abogaba por «la prohibición absoluta del armamento atómico», un Manifiesto que, según los organizadores, suscribieron más de seiscientos millones de personas en todo el mundo (Claudín, 1977: 528). A continuación, el 16 de noviembre de 1950, con el paradójico telón de fondo de la guerra de Corea y al no haberse podido celebrar en la ciudad británica de Sheffield, se inauguró en Varsovia el Segundo Congreso de los Partidarios de la Paz. Un Congreso al que asistieron, entre otros, Rafael Alberti y José Bergamín y en cuya sesión de clau-sura, celebrada el día 22, se aprobó la creación de un Consejo Mundial de la Paz en el que se integraron por parte española el político republicano José Giral, el arquitecto comunista Manuel Sánchez Arcas y el escritor católico José Bergamín. En este Segundo Congreso se aprobó también, en nombre de la paz, un lema que incitaba lúcidamente a la lucha: «¡La paz no se espera, se conquista!», que recuerda la afirmación de Malraux en su discurso en la clausura del Primer Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura celebrado en París en junio de 1935: «La herencia no se transmite, se conquista» (Aznar Soler, 1987: 475). Por último, del 12 al 19 de diciembre de 1952, se celebró en Viena el Congreso de los Pueblos por la Paz, al que asistieron mil novecientos cuatro delegados, invitados y observadores que representaban a ochenta y cinco países del mundo (Aznar Soler, 2017a, 2017b). El Congreso Mundial de Intelectuales por la Paz se celebró, como hemos dicho, en la ciudad polaca de Wroclaw del 25 al 28 de agosto de 1948. En él participaron intelectuales de cuarenta y cinco países y, entre ellos, una delegación española compuesta finalmente por cinco hombres: La intelectualidad de la España auténtica ha estado allí presente en las personas de nuestros compañeros D. José Giral, D. Honorato de Castro, D. Pablo Picasso, D. Wenceslao Roces y D. Félix Montiel. Otros miembros de la presidencia de nuestra U[nión de] I[ntelectuales] E[spañoles] -Sres. Quiroga Plá, Herrera y Martínez Risco-no pudieron desplazarse por razones personales, mientras que el Dr. Márquez tampoco pudo asistir por haberle sido negado el visado de tránsito norteamericano. Intolerancia ésta que, por desgracia, se ha visto repetida con una nueva negativa a los Sres. Giral y De Castro, a su regreso de Wroclaw. Esta delegación española estaba compuesta políticamente por dos militantes de Izquierda Republicana (Giral y de Castro) y por tres comunistas: Montiel y Roces, del Partido Comunista de España (PCE), y Picasso, del Partido Comunista Francés, composición que constituía por tanto un ejemplo de unidad antifascista, tal y como resaltaba el propio Roces: El problema de la defensa de la paz ha movilizado a las figuras más eminentes de la ciencia, del arte y de la literatura de 45 países y en la ciudad polaca, durante tres días, ha tenido lugar un cambio de ideas entre los representantes de la cultura y como resultado de ello, una toma de posición de los intelectuales en defensa de la paz, de la libertad, indisolublemente unidas ambas a la defensa de la cultura. En la discusión intervinieron destacadísimas figuras de la ciencia, del arte y de la literatura de diversos países. En ella se proclamó la decisión de los trabajadores de la intelectualidad de combatir a los monstruos del género humano, a los incendiarios de la guerra. Entre las intervenciones hubo una destacadísima del jefe de la delegación soviética, secretario de la Unión de Escritores de la U.R.S.S. y miembro del Comité Central del Partido Comunista bolchevique, camarada Alejandro Fadeiev. En las informaciones publicadas sobre la intervención de Fadeiev se señala que el gran escritor soviético dijo que son los imperialistas americanos quienes dirigen el campo reaccionario, cuya frontera pasa no solamente por cada ciudad y por cada aldea, sino que incluso puede decirse, por cada dominio de la actividad social, incluidos los de la cultura, las ciencias y las artes. Los intentos de extirpar por la fuerza la cultura de vanguardia, que tan vivamente recuerdan los métodos hitlerianos, constituyen un aspecto de la contienda, a la que contribuye también el asalto desenfrenado de expansión ideológica del capital norteamericano. Sus películas, que representan el [ilegible] por ciento de la producción total, asfixian la industria cinematográfica de toda Europa. Los libros truculentos, los folletones, los libros detectivescos y pornográficos desalojan de los mercados a los libros de Europa. La literatura reaccionaria, los Reader Digest, Life, etc., se encuentran expuestos, en millones de ejemplares, en los kioscos de Europa; se editan en muchos idiomas y desalojan a las revistas nacionales... La defensa de la cultura, la lucha por la paz y la democracia es la causa común de los pueblos de todo el globo terráqueo. En el transcurso de tres décadas, el Estado soviético ha actuado invariablemente como defensor de la paz y de la cultura, como defensor de la independencia y de la cultura de los pueblos (Anónimo, 1948g: 4). Lógicamente, Mundo Obrero destacó la intervención del «camarada Alejandro Fadeiev», el «jefe de la delegación soviética», que, desde el discurso de Zdanov en Moscú el 17 de agosto de 1934 durante el Primer Congreso de Escritores Soviéticos, había impuesto el realismo socialista como dogma estético (Sánchez Vázquez, 1970, II: 235-240). Y, en este sentido, no me resisto a reproducir una conversación en este Congreso de Wroclaw entre Fadeiev y Picasso que relata Ehrenburg y que me parece muy reveladora de hasta qué punto el hecho de que Picasso hiciera compatible la militancia política comunista con la libertad artística de su particular «realismo», personal, intransferible y antidogmático, desconcertaba e incomodaba a ortodoxos como Fadeiev: Hice de intérprete durante el primer contacto entre Fadeiev y Picasso en Wroclaw. La conversación se desarrolló como sigue: Fadeiev.-Prefiero decírselo sin rodeos: hay algunas obras suyas que no comprendo. ¿Por qué se decanta a veces por una forma inaccesible? Picasso.-Camarada Fadeiev, dígame si le han enseñado a leer en la escuela. Fadeiev.-(con su risa cristalina).-B-a, ba... Picasso.-B-a, ba: ¡como yo! ¿Y le han enseñado a comprender la pintura? Picasso, quien encuentra en el Movimiento por la Paz «una vía para militar a un nivel que le gusta, pero deja que Aragon escoja, entre otras litografías naturalistas, la de una Paloma que se convertirá en el emblema del nuevo movimiento» (Daix, 2004: 68) y cuyo «papel más militante dentro del Partido Comunista fue el de 'partisano de la paz', un papel por el que le concedieron el Premio Stalin de la Paz en 1950 y el Premio Lenin de la Paz en 1962» (Utley, 2004: 46), fue, sin duda, el miembro más popular de la delegación española y uno de los congresistas más célebres y queridos por el pueblo polaco de Wroclaw en aquel Congreso de 1948. Un Congreso que, por cierto, «le hizo volar en avión por primera vez en su vida» (Desanti, 1949: 147) y que siguió con suma atención porque, según el testimonio del propio Ehrenburg, «solía pasarse el congreso entero, ya fuera en Wroclaw o en París, con los cascos puestos, atento a los discursos» (Robles Tardío, 2011: 240). Y un Picasso que, según el testimonio de la propia Desanti, experimentó una intensa emoción cuando subió a la tribuna: «Jamás el pintor más célebre del mundo se emocionó tanto como la tarde en que propuso, ante la tribuna del Congreso, el voto para una moción en favor de Pablo Neruda» (Desanti, 1949: 150). No olvidemos las razones que había explicado Picasso para justificar su afiliación al Partido Comunista Francés (PCF) en octubre de 1944: Mi adhesión al Partido Comunista es la continuación lógica de toda mi vida, de toda mi obra. Nunca -y me enorgullece decirlo-he considerado la pintura como un arte de simple divertimento, como una mera distracción. A través del dibujo y del color, pues esas son mis armas, he querido ahondar en el conocimiento del mundo y de la humanidad, con el propósito de que este conocimiento nos haga más libres cada día. He tratado de expresar a mi manera lo que yo consideraba más cierto, más justo, lo mejor y, obviamente, eso coincidía siempre con lo más hermoso, como bien saben los más grandes artistas. Sí, soy consciente de haber luchado en todo momento a través de mi pintura como un verdadero revolucionario. Sin embargo, ahora sé que eso no basta: estos años de terrible represión me han enseñado que debo combatir no solo con mi arte, sino con todo mi ser... Por eso he ingresado en el Partido Comunista sin el menor titubeo, pues en el fondo he estado con él desde siempre. Aragon, Éluard, Cassou, Fougeron, todos mis amigos lo saben de sobra. Si no me afilié antes fue, en cierto modo, por «inocencia», porque creía que bastaba con mi obra y mi adhesión de corazón, pero ya entonces era mi partido. ¿Acaso no es el partido que más se esfuerza por conocer y construir el mundo, por hacer a los hombres de hoy y de mañana más lúcidos, más libres y más felices? ¿Acaso no son los comunistas quienes han mostrado mayor coraje tanto en Francia y la URSS como en mi propia España? ¿Cómo iba a titubear? ¿Por miedo a comprometerme? ¡Si jamás he sentido mayor libertad, mayor plenitud! Y, además, anhelaba encontrar una patria: siempre he sido un exiliado, ahora ya no lo soy. A la espera de que España pueda por fin acogerme, el Partido Comunista Francés me ha recibido con los brazos abiertos; en él he encontrado a quienes más aprecio, a los hombres más sabios, a los mejores poetas, y a todos esos rostros de insurgentes parisinos, tan bien parecidos, que vi durante las jornadas de agosto. ¡Estoy de nuevo con mis hermanos! Picasso, muy lejos del realismo socialista, había pintado, pintaba e iba a seguir pintando «a su manera», con sus armas, que eran los pinceles: «Su comunismo fue más político que artístico» (Robles Tardío, 2011: 21). Pero el pintor había aprendido durante los años de la Segunda Guerra Mundial que combatir sólo con su arte era insuficiente. Por eso, exiliado republicano en París «a la espera de que España pueda por fin acogerme», ingresaba en el PCF porque era el partido que luchaba «por hacer a los hombres de hoy y de mañana más lúcidos, más libres y más felices»; el partido que había demostrado «mayor coraje tanto en Francia y la URSS como en mi propia España» en las dos guerras contra el fascismo internacional; el partido de «los hombres más sabios», de «los mejores poetas»; el partido, en fin, en el que había encontrado «una patria: siempre he sido un exiliado, ahora ya no lo soy». Unas palabras que Pol Gaillard apostillaba en L'Humanité con el orgullo y la convicción de que la vanguardia artística, intelectual y literaria en Francia militaba en el PCF: Es cierto que, en nuestra calidad de comunistas, no debemos tomar partido por una u otra escuela de poetas o pintores; la admiración que muchos de nosotros experimentamos ante los lienzos de Picasso, donde tras el asombro inicial descubrimos un abanico de hermosas novedades, queda relegada al terreno del gusto estético. Aun así estamos muy orgullosos de tener en nuestras filas, al lado de Langevin y Joliot-Curie, de Aragon y Éluard, a un hombre cuyo genio es reconocido por los más grandes pintores del mundo: como en cualquier otro ámbito, los comunistas vamos a la cabeza del prestigio intelectual y artístico de Francia (Robles Tardío, 2011: 50). Orgullo y convicción que compartía también Ehrenburg cinco años después: «Yo acababa de publicar un artículo en una gaceta literaria, no sobre la pintura sino sobre la lucha por la paz -corría el año 1949-, en el que defendía que los mejores espíritus de occidente estaban con nosotros, entre ellos Picasso» (Robles Tardío, 2011: 241). Por su parte, la crónica de España Popular, publicación editada en México por el Partido Comunista de España, era más extensa y precisa que la de Mundo Obrero: El Congreso Mundial de Intelectuales que acaba de celebrarse en la ciudad de Wroclaw, de Polonia, ha clausurado sus tareas aprobando importantes resoluciones en defensa de la paz y de la democracia de los pueblos. Más de quinientos delegados de 48 países del mundo entero, entre los cuales figuraron los más altos representantes de la cultura de nuestro tiempo, denunciaron enérgicamente al «puñado de gentes egoístas, de Europa y América, que están buscando la guerra», es decir, los círculos reaccionarios imperialistas, capitaneados por Wall Street. Basta conocer algunos de los nombres que participaron en este Congreso para calibrar la importancia de sus decisiones y la trascendencia de sus acuerdos, que se proponen movilizar a la intelectualidad del mundo y a las masas trabajadoras y democráticas de todos los países para evitar una nueva guerra, que únicamente pugnan e instigan los magnates del capital monopolista y financiero, y sus agentes. A este importante Congreso acudieron, entre otras figuras, cuya enumeración sería interminable: Harlow Shapley, astrónomo y Director del Observatorio de la Universidad de Harvard; Joe Davidson, escultor norteamericano; Albert E. Kahn y Howard Fast, escritores norteamericanos; J. B. S. Haldane y Louis Golding, de Gran Bretaña; Alexander Fadeiev, Piotr Fedeyev [sic] e Ilya Ehrenburg, de la Unión Soviética; esposos Joliot-Curie y Louis Aragon, de Francia; Martin Andersen Nexo, de Dinamarca; Jerzy Borejsza y V. Iwaskiekics [sic], de Polonia; Jan Mukarovsky, de Checoeslovaquia; Pablo Neruda, de Chile; Aimé Césaire, de la Martinica; Renato Guttuso y Emilio Sereni, de Italia; Jorge Amado, del Brasil; Mulk Raj Apand, de la India, etc., etc., es decir, la representación cultural más destacada en el campo de la ciencia, de la literatura y del arte de todos los países de la tierra. La Delegación española estuvo representada, entre otros, por don José Giral, Catedrático de la Universidad de Madrid y Ex presidente del Consejo de Ministros de la República Española; por el ilustre pintor Pablo Picasso; por el geólogo Honorato de Castro; por el catedrático de la Universidad de Salamanca, Wenceslao Roces, etc., no pudiendo acudir el eminente sabio español don Manuel Márquez, obstruccionado por el Departamento de Estado norteamericano, que le negó su visa de tránsito. El Congreso aprobó un Manifiesto de Paz que condena vigorosamente a los instigadores de una tercera guerra mundial, proponiendo que se reúnan Congresos Nacionales Culturales para la defensa de la paz en todos los países y que se constituyan Comités Nacionales en pro de la Paz en todos los lugares del mundo. Al mismo tiempo, aprobó establecer en París una Comisión Internacional de Defensa de la Paz, la cual tendrá como objetivo fundamental la coordinación de la propaganda y todas las actividades tendentes a la conservación y fomento de la paz mundial y a combatir implacablemente a los «grupos de hombres egoístas» que tratan de provocar una nueva guerra. Entre los acuerdos más importantes de esta Asamblea, figura la condenación del régimen fascista de Grecia y la denuncia contra las persecuciones de escritores y hombres de ciencia norteamericanos, sinceros amigos de la paz y de la democracia. La cuestión española ha merecido una atención especial por parte de este Congreso, el cual acordó exhortar a las Naciones Unidas a que realicen una intervención eficaz y decidida para que desaparezca el régimen franquista, el cual, según resolución aprobada por unanimidad, constituye una gran amenaza para la cultura y para la paz; proponiendo en este sentido que todos los Gobiernos del mundo acuerden la ruptura de toda clase de relaciones diplomáticas y económicas con la dictadura de Franco, cuyo régimen debe ser aislado definitivamente, ayudando de esta manera a los heroicos esfuerzos que realiza el pueblo español en su epopeya de liberación nacional. En nombre de la Delegación de la República Española informó al Congreso de Intelectuales don José Giral, recomendando se pidiese a las Naciones Unidas, cuya Asamblea se reunirá en París en fecha próxima, el aislamiento del régimen de Franco como un tremendo peligro para la paz mundial. Aportando numerosos datos al respecto, el señor Giral agregó: «La lucha por la paz está inseparablemente entretejida con el problema del régimen de Franco, que es un régimen de terror, de esclavitud y de fascismo. España en manos de Franco es un inmenso arsenal para una guerra que envolverá al mundo entero». Añadiendo: «que esperaba que la ONU aislaría a la España de Franco diplomática, cultural y moralmente». Las conclusiones aprobadas en este grandioso Congreso, condenando a los residuos nazifascistas, a los grupos reaccionarios imperialistas y a los provocadores de guerra de todas las calañas, deben ser puestas en práctica con entusiasmo, decisión y rapidez por los intelectuales y las masas populares democráticas de todos los países que execran los afanes de dominación mundial del imperialismo, anhelan el libre desarrollo cultural de las naciones y defienden intransigentemente la independencia y soberanía nacional de sus propias patrias. Éstos son los propósitos de los intelectuales reunidos en Wroclaw, que representaban a millares y millares de intelectuales de todos los Continentes que mandaron su adhesión más fervorosa a dicho Congreso y entre los cuales podemos citar al sabio Einstein y al exvicepresidente de los Estados Unidos Henry A. Wallace, el cual en su mensaje proclamó: «que la Nación norteamericana no desea la guerra y que es indispensable evitar a toda costa las maniobras de los trusts de Wall Street empeñados en desatar una tercera guerra mundial, la cual indudablemente sería un desastre para toda la humanidad». El frente democrático y antiimperialista internacional avanza y se fortifica cada día, adquiriendo nuevas posiciones de combate para destruir los manejos sombríos de los círculos imperialistas, que están apuntalando a Franco y procurando por todos los medios impedir que nuestro pueblo reconquiste su independencia y su libertad. Las decisiones del Congreso de Intelectuales a favor de La Paz alientan la lucha guerrillera del pueblo español y llaman a las masas democráticas del mundo a prestar la más efectiva solidaridad a la España democrática y republicana, que derramó su sangre en cien batallas históricas defendiendo la cultura, el progreso y la democracia para todos los países de la tierra (Anónimo, 1948e: 4). Es obvio que ambos textos coinciden en denunciar al imperialismo norteamericano, a esos «círculos reaccionarios imperialistas, capitaneados por Wall Street», como una amenaza para la paz mundial. Unos Estados Unidos que, por otra parte y según recuerda Roces, estaban ayudando a consolidar una dictadura militar en España: He aquí por qué los auténticos intelectuales reunidos en Wroclaw que, por serlo, son a la par hombres de aguda sensibilidad política, estrechamente hermanados a sus pueblos y a las luchas de sus pueblos, no podían por menos de denunciar el atentado que para la cultura, para la democracia y para la paz representa la descarada ayuda del imperialismo yanqui-británico a los secuestradores de la España heroica e inmortal (Roces, 1948a: 2). Ante este panorama de «guerra fría», ante este dilema entre Estados Unidos y la Unión Soviética, entre guerra y paz, no había espacio entonces para las llamadas «terceras vías»: El Congreso de Wroclaw ha testimoniado que también en el campo de la intelectualidad y de la cultura son poderosas las fuerzas de la democracia y se hallan en condiciones de dar y ganar la batalla a los enemigos del progreso y de la humanidad. No faltaron, allí, las voces del intelectualismo «apolítico», evadido aparentemente de la realidad y que es, sin embargo, hoy, instrumento consciente o inconsciente de quienes tratan de desviar a los pueblos y a los intelectuales, que son carne y espíritu de ellos, de la trayectoria certera de sus luchas. Pero sus voces, débiles y aisladas -prueba patente, por otra parte, de que el Congreso de Wroclaw no fue el fruto de amaños o componendas, sino el exponente democrático y vivo de la intelectualidad del mundo de hoy-se perdieron entre el clamor casi unánime de quienes ven claro y están decididos a obrar firme. Y el propio Roces, en una entrevista publicada al mes siguiente en la misma España Popular, resultaba aún más explícito en este sentido: En Wroclaw, con precisión y claridad genuinamente intelectuales, se llamó a las cosas por sus nombres: se denunció, como atentatorio para la cultura, para la paz y para las libertades, el expansionismo imperialista de la reacción norteamericana gobernante y se proclamó que la verdadera cultura, creadora y abierta sobre el porvenir, se salvará estrechamente unida a la lucha de los pueblos, encabezada por la Unión Soviética y por las democracias populares surgidas de la victoria sobre el fascismo. Las maniobras de una reducida minoría, mangoneada por Julián Huxley, el director de la UNESCO, por conducir al Congreso a una declaración puramente verbal, lírica e inoperante, encuadrando a los intelectuales en el marco de la llamada «tercera fuerza», que no es, en realidad, otra cosa que una fuerza auxiliar del imperialismo yanqui, resultaron fallidos. Los intelectuales representados en Wroclaw, es decir, lo más sano y prestigioso de la intelectualidad del mundo, supieron ver claro que los enemigos de la cultura son, exacta y concretamente, los mismos enemigos de los pueblos, de la democracia y de la libertad, que hoy tienen por exponente y adalid al imperialismo yanqui, como ayer tenían al fascismo de Hitler y Mussolini. (Anónimo, 1948j: 1-2) Porque, ciertamente, tal y como defendió el doctor Giral en un acto organizado por la Unión de Intelectuales Españoles de Francia en el Hotel Lutetia de París inmediatamente después de la clausura del Congreso de Wroclaw, los intelectuales, en aquel contexto histórico, no podían «desinteresarse de los problemas morales, políticos y económicos»: Habla después de la labor de los intelectuales republicanos en el destierro, expresando que, desde el primer momento, han estado trabajando como intelectuales. Pero esto no quiere decir aislados de los otros problemas, pues los intelectuales no pueden desinteresarse de los problemas morales, políticos y económicos. El intelectual no puede aislarse de las ansias y los deseos del pueblo, al cual pertenece. Continúa diciendo que, en cuarenta y dos años que lleva de profesor, ha mantenido siempre profesión de fe republicana. «Hay, sin embargo, intelectuales que se preguntan: ¿qué tiene que ver la política con nuestra profesión? Sí, tiene mucho que ver. Y yo he considerado como un deber no desligar mi trabajo cultural de mi acción política. El que un intelectual se inhiba de los problemas de su pueblo es, además de un absurdo, una traición. Ante los intelectuales españoles se presenta -continuó diciendo-una gran responsabilidad, que es su deber aceptar: trabajar por el buen nombre de la España republicana, defender siempre la causa de la República, garantía de la cultura (Anónimo, 1948a:2). Pero lo que más nos interesa, aquí y ahora, es analizar la intervención de la delegación española en este Congreso de 1948, quien presentó la siguiente «Moción», leída en Wroclaw por el doctor Giral: MOCIÓN DE LA DELEGACIÓN ESPAÑOLA Es para nosotros un gran honor traer a este histórico Congreso la representación de la España republicana. Muchos de los aquí reunidos estuvieron también presentes en el Congreso para la Defensa de la Cultura celebrado en Valencia y Madrid en el año de 1937, bajo los auspicios de la República española en guerra contra sus agresores fascistas, Congreso que fue el antecedente inmediato del actual. La mayoría de los componentes de nuestra Delegación han venido aquí desde lejanas tierras de México, para traer a esta asamblea de cultura y de paz la voz de la verdadera España, el primer pueblo de Europa que luchó heroicamente contra la barbarie fascista y que hoy, a pesar de sus inmensos sacrificios por la democracia del mundo, continúa sojuzgado por la más terrible de las tiranías. El homenaje de cariño que en la sesión inaugural habéis tributado al nombre de España, de la España auténtica, de la España republicana, es un testimonio elocuente de la solidaridad inquebrantable de la intelectualidad y la democracia del mundo con la causa de la República española. No podía el problema de España estar ausente de este Congreso de luchadores por la paz. No en vano la Constitución de la República española proclamaba como uno de sus principios básicos la condenación de la guerra en cuanto instrumento de política. Ningún hombre sensible puede desconocer hoy que la lucha por la paz se halla inseparablemente unida a la lucha por el aplastamiento del régimen de Franco, impuesto sobre España por el fascismo y sostenido actualmente por quienes tratan de continuar la obra de terror y de esclavizamiento de Hitler y Mussolini. Ningún hombre amante de la paz puede desconocer que el sostenimiento del régimen de Franco, contra la voluntad de todos los españoles, constituye uno de los más peligrosos y agresivos focos de la guerra contra los pueblos. España, en manos de Franco, es un inmenso arsenal bélico, preparado para la guerra contra la democracia y las libertades del mundo. La actuación diaria del franquismo es una continua agresión, un insulto y un reto constantes contra todo lo que significa la paz y la democracia verdaderas. La prensa del franquismo, la radio, la literatura, el cine, la cátedra, la tribuna, el púlpito, son medios puestos, intensiva y desaforadamente, al servicio de la propaganda de la guerra contra todos los países libres. La existencia misma del régimen de Franco y su diaria actuación constituyen, al mismo tiempo, la negación más flagrante de todos los valores de la cultura y una acción salvaje de persecución y exterminio físico de la intelectualidad española, fraternalmente unida a la intelectualidad del mundo. Queremos pronunciar desde esta tribuna, ante el mundo entero, los nombres gloriosos de algunos de los grandes mártires de la cultura española, como Federico García Lorca y Miguel Hernández, nuestros grandes poetas; Leopoldo Alas -rector de la Universidad de Oviedo-, Juan Peset -rector de la Universidad de Valencia y doctor en las cinco Facultades-, Salvador Vila -rector de la Universidad de Granada-, todos ellos asesinados por el franquismo. Son solamente los primeros de una larga lista que incluye a millares de intelectuales sacrificados por defender la soberanía y la dignidad del pueblo español. Miles y miles de ellos sufren hoy cárcel, destierro y persecuciones, por mantenerse fieles a la lucha de todo nuestro pueblo. Por esta misma causa han dado su vida, en el exilio, hombres excelsos y mundialmente conocidos de nuestra cultura, como D. Antonio Machado, D. Blas Cabrera, D. Ignacio Bolívar, D. Pío del Río Hortega, el ilustre compositor Manuel de Falla y cientos más. Pero España no sólo sufre, sino que también lucha. Lucha su valeroso pueblo, encabezado por las heroicas guerrillas. Luchan, a su lado, los intelectuales patriotas, quienes saben que la causa de la cultura, en España como en el mundo entero, es inseparable de la causa de la libertad. Para esta lucha el pueblo español, los intelectuales de España necesitan, exigen, la ayuda de todas las fuerzas democráticas del mundo. Una ayuda organizada y activa. Mientras España no sea efectivamente dueña de sus destinos, ningún país del mundo podrá sentirse seguro de los suyos, ni la paz mundial podrá considerarse asegurada. En nombre de todos los intelectuales españoles, en nombre de nuestro pueblo y de nuestra Patria, pedimos a este grandioso Congreso que, entre sus conclusiones, figure una condenando la existencia del régimen franquista, como un peligro para la paz del mundo y una vergüenza para la cultura humana. Pedimos, asimismo, que el Congreso se dirija a la asamblea de la Organización de las Naciones Unidas, próxima a reunirse en París, demandando a ella, como condición esencial para la defensa de la paz, el rompimiento de toda clase de relaciones con el régimen franquista, el aislamiento económico, cultural y moral del gobierno de Franco y una política consecuente y efectiva de ayuda a quienes luchan por rescatar la soberanía, la independencia y la democracia para España y por hacer que nuestro país vuelva a ser un factor esencial en la paz, la democracia y el progreso del mundo. 1 (Anónimo, 1948d(Anónimo,:1-2, 1948c: 1 y 1948f:1-2) Esta «moción», que asume «la representación de la España republicana», comienza con el recuerdo del Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, inaugurado el 4 de julio de 1937 en el salón de sesiones del Ayuntamiento de Valencia -entonces capital de la República-y que, organizado por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes y por la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura de España, celebró también sesiones en Madrid -«capital de la gloria» según Rafael Alberti-, Barcelona y París (Aznar Soler, 2009a). Tras el Primer Congreso Internacional celebrado en junio de 1935 en París (Aznar Soler, 1987), este Segundo Congreso Internacional de 1937 constituyó el acto de propaganda cultural más espectacular organizado por el gobierno republicano durante la guerra civil y tuvo un profundo impacto en la conciencia de la intelectualidad antifascista internacional (Aznar Soler, 2010). Por tanto, la delegación española a este Congreso de Wroclaw conservaba en 1948 la memoria viva de aquel magno Congreso antifascista de 1937, del que se sentían herederos, es decir, herederos de la mejor tradición intelectual española: la tradición democrática, republicana y antifascista. No debemos olvidar que, por ejemplo, Wenceslao Roces era en julio de 1937 el subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes republicano, dirigido entonces por el PCE. Sin embargo, cabe matizar que el Segundo Congreso Internacional de 1937 fue, fundamentalmente, un Congreso de «escritores» y que este Congreso de 1948, once años después y en el contexto histórico de «guerra fría» en que se inserta, fue un Congreso más bien de «intelectuales», es decir, no sólo de escritores sino también de artistas, catedráticos universitarios y, muy particularmente, hombres de ciencia. Y esta presencia relevante de hombres de ciencia se explicaba por el problema de fondo que se planteaba con toda crudeza en 1948: el de las relaciones entre ciencia y poder político, o mejor, el problema de cómo el poder político, en beneficio de sus propios intereses, podía utilizar y estaba utilizando ya los descubrimientos científicos como armas destructivas contra otros pueblos y, en definitiva, contra la humanidad. La propia composición de la delegación española constituye una prueba contundente de esta presencia relevante de hombres de ciencia exiliados: además del pintor universal Pablo Picasso, su presidente, José Giral Pereira, era catedrático de Farmacia y había sido presidente del gobierno de la República en el exilio desde el 18 de septiembre de 1945 hasta 1947, mientras que el físico y matemático Honorato de Castro Bonel lo era de Cosmografía y Física del Globo, ambos en la Universidad Central de Madrid. Por su parte, Wenceslao Roces Suárez era catedrático de Derecho Romano en la Universidad de Salamanca y Francisco Félix Montiel Giménez lo era de Derecho Administrativo en la Universidad de Murcia. Es cierto que, al margen del parisino Picasso, la delegación española a este Congreso de Wroclaw estaba formada por cuatro intelectuales exiliados en México, donde el 21 de julio de 1947 se habría creado la Unión de Intelectuales Españoles, aunque el primer número de su Boletín no se publicaría hasta el 15 de agosto de 1956 (Aznar Soler, 2008). Sin embargo, este viaje a Europa iba a servir también para ponerse en contacto directo con los intelectuales de la Unión de Intelectuales Españoles en Francia, que editaba ya desde diciembre de 1944 un Boletín en el que se hicieron eco de esta presencia de una delegación española en Wroclaw y que organizó posteriormente, como ya hemos mencionado, un acto conjunto en el Hotel Lutetia de París. Una convicción reiterada a lo largo del texto es la de que esta delegación habla en nombre de «la verdadera España», «de la España auténtica, de la España republicana», de la España antifascista y republicana. Y esta «voz de la verdadera España» manifiesta en 1948 su legítimo orgullo de haber sido en 1936 «el primer pueblo de Europa que luchó heroicamente contra la barbarie fascista» en defensa de la democracia y de la libertad. Un legítimo orgullo que se fundamenta en este Congreso de Wroclaw en el hecho objetivo de que, efectivamente, el artículo sexto del «Título preliminar. Disposiciones generales» de la Constitución de la República Española proclamaba en 1931 que «España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional». VV., 2006: 4) La condena de la dictadura militar franquista es, lógicamente, uno de los temas que exigen en Wroclaw la solidaridad de la intelectualidad antifascista internacional. Porque «el sostenimiento del régimen de Franco, contra la voluntad de todos los españoles, constituye uno de los más peligrosos y agresivos focos de la guerra contra los pueblos. España, en manos de Franco, es un inmenso arsenal bélico, preparado para la guerra contra la democracia y las libertades del mundo». Y, si ya estaba comprobado históricamente que el nazismo de Hitler y el fascismo de Mussolini habían sido enemigos mortales de la cultura y de la intelectualidad, el régimen franquista había depurado políticamente la universidad (Barona, 2010; Claret, 2006; Giral, 1994; López Sánchez, 2013; Otero Carvajal, 2006); asesinado a artistas y escritores (Federico García Lorca); dejado morir en sus cárceles a insiliados -es decir, vencidos republicanos que no pudieron exiliarse-como Miguel Hernández; fusilado a catedráticos y rectores universitarios (Leopoldo Alas Argüelles de Oviedo, Juan Bautista Peset Aleixandre de Valencia y Salvador Vila Hernández de Granada) y condenado al exilio a músicos como Manuel de Falla y a hombres de ciencia como el físico Blas Cabrera Felipe, el naturalista y entomólogo Ignacio Bolívar y Urrutia o el médico Pío del Río Hortega. Un exilio en el que el 22 de febrero de 1939 había fallecido en el pueblo francés de Collioure el poeta Antonio Machado. Y también a esa miseria cultural del franquismo (Roces, 1948b) se refería el doctor Giral en el Hotel Lutetia de París: «La España actual de Franco es la mínima expresión de la cultura». Los intelectuales republicanos exiliados exaltan lógicamente la lucha heroica del pueblo antifascista español contra la dictadura militar franquista (Aznar Soler, 1998). En 1948, a pesar de su evidente fracaso, se elogia aún la lucha de «las heroicas guerrillas» y, obviamente, la lucha de los intelectuales antifascistas del interior, de un insilio que, organizado a través de la Unión de Intelectuales Libres que presidía R. G. de la Torre (Álvarez, 1990; Aznar Soler, 1998, 2009b), encarna la resistencia intelectual contra el régimen franquista. Era urgente reconquistar las libertades democráticas, porque esos «intelectuales patriotas» compartían la convicción de «que la causa de la cultura, en España como en el mundo entero, es inseparable de la causa de la libertad». Esos intelectuales españoles insiliados, antifascistas y republicanos, necesitaban la solidaridad de la intelectualidad internacional. Pero una solidaridad no basada únicamente en buenas palabras y buenas intenciones sino en «una ayuda organizada y activa. Y la delegación española acierta a concretar en Wroclaw estos hechos y por ello, «en nombre de todos los intelectuales españoles, en nombre de nuestro pueblo y de nuestra Patria, pedimos a este grandioso Congreso que, entre sus conclusiones, figure una condenando la existencia del régimen franquista, como un peligro para la paz del mundo y una vergüenza para la cultura humana». Más concretamente, piden que «el Congreso se dirija a la asamblea de la Organización de las Naciones Unidas, próxima a reunirse en París», para solicitar la ruptura de «toda clase de relaciones con el régimen franquista, el aislamiento económico, cultural y moral del gobierno de Franco y una política consecuente y efectiva de ayuda a quienes luchan por rescatar la soberanía, la independencia y la democracia para España». Una democracia que para ellos en 1948 significa República y restablecimiento de todas las libertades públicas. El tema de España, las simpatías de la intelectualidad antifascista internacional con la España republicana, se evidenciaron, obviamente, a lo largo de las sesiones del Congreso. Y la delegación española realizó una defensa enérgica y sin fisuras de la República como forma de Estado para una España democrática, ya libre de la dictadura militar franquista y, por tanto, condenó inequívocamente negociaciones políticas como, por ejemplo, la intentada por el socialista Indalecio Prieto con los monárquicos donjuanistas: Y, en este sentido, el Congreso de Wroclaw aprobó una resolución final en la que satisfizo todas las peticiones de la delegación española: La causa de España ocupó en el Congreso Mundial de Intelectuales celebrado en Wroclaw, desde el primer día hasta el último, el rango primordial que le corresponde entre los grandes problemas de la lucha por la democracia y por la paz que tiene planteados el mundo de hoy. La designación del Dr. Giral para formar parte de la Mesa directiva del Congreso brindó la primera ocasión para que los más destacados representantes de la intelectualidad progresiva de cuarenta y cinco países tributasen a la auténtica España un clamoroso homenaje. A lo largo de los debates, en las intervenciones de los más preclaros hombres de la cultura universal, el amor por la España republicana y la admiración por la heroica lucha de nuestro pueblo y por la obra de los intelectuales españoles vinculados a él, vibraron continuamente. Por último, el Congreso selló entre sus acuerdos, dotándolo por aclamación y en medio de una ovación delirante de toda la sala puesta en pie, una resolución muy concreta y precisa de ayuda a la lucha de los españoles, en que se recogen íntegramente las dos propuestas que el Dr. Giral había formulado al final de su magnífico discurso. He aquí el texto íntegro de dicha resolución final: Los hombres y mujeres de cultura, de ciencia y de arte de cuarenta y cinco países, reunidos en la ciudad polaca de Wroclaw, nos dirigimos a los intelectuales del mundo entero. Les recordamos el peligro mortal que ha amenazado, la civilización. Hemos sido testigos de la barbarie fascista, que ha destruido los monumentos históricos y culturales, persiguiendo y asesinando a los intelectuales, pisoteando insolentemente todos los valores espirituales y amenazando la idea misma de conciencia, de razón y de progreso. La civilización humana ha sido salvada a cambio de innumerables víctimas y de sacrificios inauditos, por la inmensa tensión de las fuerzas democráticas, las de la Unión Soviética y de los pueblos de la Gran Bretaña y de los Estados Unidos, y por el heroico movimiento de resistencia en los países dominados por el fascismo. Pero he aquí que en América y en Europa, contra el deseo y la voluntad de los pueblos del mundo, un pequeño grupo de hombres, ávidos de dinero, que han heredado del fascismo las tesis de supremacía racial y de negación del progreso, y adoptado su tendencia a resolver todos los problemas por la fuerza de las armas, maduran un nuevo atentado contra el patrimonio espiritual de los pueblos. Las civilizaciones de los países de Europa, que han aportado una contribución inmensa a la civilización de la humanidad entera, arriesgan perder su fisonomía nacional. En ciertos países, como Grecia, España y los Países de América Latina, los adversarios del progreso mantienen, e incluso alumbran, los focos del fascismo. Contra toda razón y conciencia, se prosigue y agrava la opresión de individuos y de pueblos enteros, llamados «indígenas» por sus amos. Las gentes que han adoptado los métodos del fascismo practican en su propio país la diferenciación racial y persiguen a los sabios y artistas de vanguardia. Los descubrimientos científicos susceptibles de mejorar la condición de la humanidad son destinados a la producción secreta de medios de destrucción; así es desacreditada y depreciada la gran misión de la ciencia. El arte y la palabra -allí donde dominan los hombres de que hablamos-no sirven para instruir y acercar los pueblos, sino para excitar las viles pasiones y el odio de los hombres, y preparar la guerra. Firmemente convencidos de la necesidad de un desarrollo y una difusión libres, en todos los países, de las conquistas de la cultura progresiva, por la paz, el progreso y el futuro de la humanidad, protestamos contra toda limitación de esa libertad y subrayamos la necesidad de una comprensión mutua de las culturas y de los pueblos en interés de la civilización y de la paz. Reconociendo que la ciencia contemporánea ha liberado inmensas fuerzas nuevas, que serán utilizadas inevitablemente por la humanidad para el bien o para el mal, este Congreso protesta contra la utilización de la ciencia con fines destructivos y llama a desplegar el máximo esfuerzo a favor de la más amplia difusión de los resultados científicos y de su aplicación para la rápida reducción de la pobreza, la ignorancia, la enfermedad y la miseria que afligen a la mayoría del género humano. El Congreso pide igualmente la reducción de las limitaciones impuestas a la libre circulación de las personas que sirven la causa de la paz y del progreso, así como las que pesan sobre la publicación y la difusión de los libros, de los resultados científicos y de las conquistas de la ciencia y de la cultura que sirven la misma causa. Los pueblos del mundo no quieren la guerra y son lo bastante fuertes para proteger la paz y la civilización contra los atentados de un nuevo fascismo. Una gran responsabilidad pesa sobre nosotros, de cara a nuestros pueblos, a la humanidad y a la historia, Elevamos nuestra voz a favor de la paz, del libre desarrollo cultural de los pueblos, de su independencia nacional y de su cooperación estrecha. Llamamos a todos los intelectuales de todos los países a discutir los puntos siguientes: -Organizar en todos los países congresos nacionales de los hombres de cultura, para la defensa de la paz; -Crear en todos los países comités nacionales para la defensa de la paz; -Reforzar los lazos internacionales entre los intelectuales de todos los países para servir la paz. Finalmente, en el Congreso de Wroclaw se constituyó un Comité Internacional del que formó parte, en nombre de España, el doctor Giral: Con el fin de organizar una amplia campaña para impedir una nueva guerra ha sido constituido un Comité para la Defensa de la Paz. Estará compuesto de veintiún miembros y residirá en París de forma permanente. Entre las personalidades designadas para este Comité figuran: el profesor J. B. S. Haldane y Mr. Luis Golding (Inglaterra), Mme Iréne Joliot-Curie y el poeta Luis Aragon (Francia), Martin Andersen Nexo (Dinamarca), Mr. Jerzy Borejsza y Jan Dombrowski (Polonia), Jan Mukarowski (Checoeslovaquia), Pablo Neruda (Chile), Aimé Cesaire (Martinica), Alejandro Fadeiev y Piotr Fiedasiejew (U.R.S.S.), Doctor José Giral (España), Renato Gutusso y Emilio Sereni (Italia), Profesor Harvard Sharpley de la Universidad de Harvard; Joe Davison, escultor, y los escritores Albert E. Khan y Howard Fast (Estados Unidos). El Congreso de Wroclaw pretendía ser, en rigor, el inicio de una larga lucha de la intelectualidad mundial a favor de la paz e instaba, por tanto, a la formación de Comités nacionales en cada país, una tarea que la delegación española asumió como una responsabilidad ineludible: Las deliberaciones y los acuerdos de esta asamblea de quinientos combatientes intelectuales de la paz no son, en efecto, otra cosa que un camino de trabajo y de lucha que se abre. En la declaración-llamamiento del Congreso se asume por la representación de la intelectualidad progresiva de cada país la responsabilidad de promover poderosos movimientos nacionales de lucha por la paz, coordinados en un organismo internacional permanente en el que España estará representada por la descollante figura del gran patriota Dr. Giral. Es una nueva e importantísima tarea que a los intelectuales españoles se nos presenta como tarea de empeño y de honor, no sólo en los centros vitales de nuestra emigración, sino también en el corazón mismo de España. Y yo estoy seguro de que sabremos afrontarla con toda decisión, respondiendo así a la gran prueba de solidaridad para con nuestra causa que todo el desarrollo del Congreso de Wroclaw nos ha brindado. La auténtica intelectualidad española viene dando magníficos ejemplos de patriotismo y de identificación con la lucha de nuestro pueblo y con la democracia en el mundo. Mucho es lo que de ella se puede y se debe esperar. Hombres de diversas tendencias y mentalidades, unidos por el amor supremo a la patria común, a su destino y a su cultura, aparecieron perfectamente compenetrados en la Delegación española ante el Congreso de la gloriosa ciudad polaca, como ejemplo de unidad intelectual. Su portavoz, el ilustre ex Presidente del Consejo, don José Giral, expresó los sentimientos de todos al decir que era «para nosotros un gran honor traer a este histórico Congreso la representación de la España republicana». Todos tenemos también la conciencia de que ese gran homenaje lleva aparejados, asimismo, después de clausurado el Congreso, un gran deber y una gran responsabilidad. Sobre todo, para nosotros, como españoles, que retornamos de Wroclaw a nuestra brega, fortalecidos con la seguridad de que nos da el saber que los mejores exponentes de la intelectualidad de hoy asocian inseparablemente la causa de la liberación de nuestra patria a la causa mundial de la democracia, la cultura y la paz. La Organización de Naciones Unidas fue sensible a algunos de los temas planteados por este Congreso de Wroclaw y así, el 3 de noviembre de aquel mismo 1948 instó a las grandes potencias a establecer una paz duradera, el 19 de noviembre debatió en su 163 sesión plenaria la prohibición del arma atómica y el 10 de diciembre de aquel 1948 proclamó en el Palais Chaillot de París la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En definitiva, este Congreso de Wroclaw fue el inicio efectivo y fecundo de un amplio Movimiento Internacional de Partidarios de la Paz, tal y como afirma José María Laso Prieto: Uno de los resultados paradójicos de la Guerra Fría fue el hecho de que impulsó a los dirigentes soviéticos a desarrollar e impulsar el denominado Movimiento Internacional de Partidarios de la Paz. La causa de tal decisión puede racionalmente atribuirse al hecho de que el desarrollo de las armas nucleares por el Gobierno de EE.UU. proporcionaba a la superpotencia norteamericana una gran superioridad militar sobre las armas convencionales de que estaba dotado el Ejército Soviético. Por lo menos hasta que la URSS logró desarrollar sus propias armas nucleares y los vectores capaces de impulsarlas a grandes distancias (cohetes intercontinentales). Durante tan crítico periodo, los dirigentes soviéticos trataron de impulsar y desarrollar un gran movimiento de masas a favor de la paz, que eventualmente pudiese contrarrestar los intentos de una guerra preventiva contra la Unión Soviética que preconizaban algunos politólogos y estrategas estadounidenses. En un editorial de la revista Cuadernos de Cultura 2, editada clandestinamente por el Partido Comunista de España, se facilitan algunos datos sobre la génesis de tal movimiento: El Movimiento de Partidarios de la Paz, cuyo Consejo Mundial ha lanzado el Llamamiento convocando el Congreso de los Pueblos por la Paz, nació en un Congreso celebrado en París, en abril de 1949, por iniciativa de un grupo de prestigiosas personalidades intelectuales que se habían reunido anteriormente en Wroclaw (Polonia). (...) Si se analiza la repercusión que en la política internacional de la década del 50 tuvo el Movimiento Internacional de Partidarios de la Paz, no se puede desconocer que fue muy relevante. Y no sólo por la gran concentración de figuras científicas, intelectuales y artísticas que aglutinó en defensa de una determinada concepción de la paz, sino también debido a que impulsó el desarrollo de numerosas acciones antibélicas que se desarrollaron en esta etapa histórica. Éstas adoptaron muy diversas formas, desde las simples sentadas, como la que, bajo la inspiración y dirección de Bertrand Russell reunió a más de 12.000 personas en la plaza de Trafalgar de Londres, a los obstáculos diversos que dificultaron en diversos territorios de Europa el traslado de material bélico. Sin embargo, el efecto fundamental de la génesis y desarrollo del Movimiento de Partidarios de la Paz fue que creó una extensa y fuerte conciencia social antibélica que, de hecho, impidió, en los años cruciales de la década del 50, que se pudiese ejecutar el proyecto de guerra nuclear preventiva contra la URSS, que por entonces preconizaban diversos politólogos y estrategas relevantes de los Estados Unidos de América. En este sentido, se puede considerar convincentemente que tuvo éxito esta modalidad de Pax Soviética. * Este artículo, por obvias razones de espacio, constituye el primer capítulo de un libro que preparo sobre la historia de la participación de los intelectuales de nuestro exilio republicano de 1939 en el Movimiento de los Partidarios de la Paz. El presente artículo forma parte del proyecto de investigación titulado La historia de la literatura española y el exilio republicano de 1939, del que soy investigador principal. 1 En Mundo Obrero (1948d) se publicaba el texto con la siguiente información preliminar: «Largamente aplaudido por todos los congresistas puestos en pie (que le hicieron igualmente una prolongada ovación al terminar), el sr. Giral subió a la tribuna a leer en nombre de la delegación española la siguiente moción». 2 El editorial citado corresponde al «número 9 de la revista clandestina Cuadernos de Cultura, editada por el Partido Comunista de España sobre papel biblia, en 1952, páginas 3 y 4».
27 "Usted mismo no se imagina toda la amplitud del servicio que usted ha prestado y está prestando a la cultura universal, a la continental americana en especial. Gentes que se conocen, relaciones que se traban, reencuentros fecundos: usted, amigo Julián Gorkin, ha hecho lo que pocas gentes, acaso nadie, por la solidaridad de la cultura y por su libertad".
En el marco de la historia de la interpretación y enfocado a la Europa occidental católica, con especial atención a la España de los siglos XVI y XVII, el presente trabajo aborda la mediación lingüística cuando penitente y confesor no hablan la misma lengua. Tras esbozar la evolución del sacramento de la penitencia hasta las regulaciones emanadas del Concilio de Trento, se exponen las disposiciones eclesiásticas que fijaron la intervención de intérpretes en la confesión sacramental. Seguidamente se aportan evidencias de su puesta en práctica en varios colectivos multilingües (peregrinos y cruzados, tropas españolas y de la Liga Santa, moriscos, vascoparlantes, europeos en España e indígenas en las Canarias), así como en la concurrencia de la confesión sacramental y el otorgamiento de testamento. Se trata de una primera aproximación a una parcela aún inexplorada desde la traductología, que abre nuevas vías de investigación. Los estudios sobre historia de la interpretación (traducción oral) han vivido un auge extraordinario en los últimos años. Tradicionalmente vinculada a conquistas, conflictos bélicos, diplomacia o relaciones fronterizas, la historia de la interpretación nos lleva aquí a la mediación en la sutil frontera entre lo humano y lo divino en la que tiene lugar la confesión sacramental en la Iglesia Católica. La mediación lingüística cuando el penitente verbaliza sus pecados a un confesor que no entiende su lengua es una parcela inexplorada no solo desde la traductología. Llama la atención, por ejemplo, que Lea apenas aluda a ella en su voluminosa obra sobre historia de la confesión: fugazmente se refiere al desconocimiento de la lengua del penitente por parte del confesor entre los impedimentos para la integridad de la confesión o en relación con las causas que invalidarían la absolución (1896: I, 165, 350). El presente trabajo constituye, pues, una primera «prospección» (Pym, 1998: 4-6). Seguidamente abordamos las disposiciones eclesiásticas, recogidas en sumas teológicas y manuales para confesores, que paulatinamente perfilaron y fijaron la intervención de intérpretes en la confesión. Paralelamente, una vez fijada en el Concilio de Trento (1545-1563) la necesidad de confesar oralmente todos los pecados al sacerdote por razón de derecho divino, en el último cuarto del siglo XVI surgieron normas en forma de constituciones sinodales (Rodríguez Molina, 2008) o leyes destinadas a viajeros y soldados (García-Hernán, 2006) para imponer la confesión. El tercer apartado lo dedicamos a los ámbitos en los que intervino el intérprete: peregrinos y cruzados, solda-dos, moriscos, hablantes de euskera, europeos en España e indígenas en las Canarias. Muy parecida fue la situación entre los soldados españoles y de las naciones católicas de la Europa occidental en los siglos XVI y XVII, para quienes la confesión fue parte fundamental de la asistencia espiritual que se les brindó: mediante confesores y catecismos destinados a capitanes, confesores y soldados (Lavenia, 2014a(Lavenia,, 2014b;;Civale, 2009). Pese a no haber encontrado menciones directas a confesiones por intérprete, tratamos de ilustrar que debieron de ser sumamente frecuentes. Igualmente fueron necesarias en el propio territorio español entre moriscos, (Moreno-Díaz, 2004; Rodríguez-Martín y Chacón, 1980; El Alaoui, 2011), hablantes de euskera en las provincias vascas y en Navarra (Jimeno Jurío, 1992; Ibisate Lozares, 2002), europeos residentes o de paso por España (Sarmiento Pérez, 2016b; AMC, Inquisición) e indígenas en Canarias. Cierran este tercer apartado unas líneas dedicadas a la concurrencia de la confesión sacramental y el testamento con la mediación de intérprete, para lo cual varios archivos nos brindan informaciones de primera mano. Finalmente, hacemos algunas reflexiones sobre los aspectos abordados en el trabajo. Centrado en la Europa occidental católica, con especial incidencia en España, la parte esencial se sitúa en los siglos XVI y XVII. Marginalmente, en lo tocante a los cruzados y peregrinos, el periodo se expande hasta el inicio de las grandes cruzadas a finales del siglo XI y, en el otro extremo, algunos ejemplos citados son de los siglos XVIII y XIX, pero extrapolables al periodo de estudio. En cuanto a las fuentes utilizadas, las archivísticas -la minoría-aportan los mejores resultados; las primarias impresas (véanse en «fuentes») proporcionan la información sobre las disposiciones eclesiásticas del segundo apartado; las restantes -la mayoría-son fuentes secundarias. ESBOZO DE LA EVOLUCIÓN DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA Instituido para redimir de las faltas cometidas tras el bautismo, el sacramento de la penitencia se remonta a las palabras de Jesús a sus discípulos: «A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Juan,20: 23). 1 Dado que el primer perdón vino a través del bautismo -como medio de lavar los pecados (Hechos,22: 16)-, que empezaron a administrar los apóstoles siguiendo el encargo de Jesús de ir a todos los pueblos a hacer discípulos bautizándolos (Mateo,28: 19), ya en él debieron mediar intérpretes: la difusión de la fe cristiana en Judea, norte de Samaria, Antioquía de Siria, Asia Menor, Grecia y Roma supuso para los apóstoles enfrentarse a diversas lenguas, y no todos hablaban griego, latín, hebreo y arameo como (San) Pablo. En efecto, aunque nacido en Tarso de Cilicia en el seno de una familia de artesanos judíos fariseos de cultura helenística, pero con estatuto jurídico de ciudadanos romanos, recibió en Jerusalén una sólida formación teológica, filosófica, jurídica, mercantil y lingüística (Biografías y Vida..., 2016). A la mediación se refiere él mismo en una de sus epístolas: «[...] Si alguien habla en lenguas, que lo hagan dos, o a lo sumo tres, y además, por turno; y que uno interprete. Pero en caso de que no hubiere intérprete, que calle en la asamblea y hable para sí y para Dios» (1 Corintios, 14: 27-28). Recordemos que la interpretación de lenguas fue considerada uno de los dones del Espíritu Santo. Ya hacia los años 65-80 de nuestra era, las instrucciones de los apóstoles recogidas en la Didache (IV: 14) contemplaban la necesidad de confesar las faltas a la Iglesia y guardarse de ir a la oración con mala conciencia. De los primeros pecados tomados en consideración nos informa también San Pablo: «Lo que de hecho os dije es que no os juntarais con uno que se llama hermano y es inmoral, codicioso, idólatra, difamador, borracho o estafador» (1 Corintios, 5: 11; cf. Lea, 1896: I, 6). El sacramento se configuró gradualmente como penitencia pública, en la que el penitente manifestaba su arrepentimiento ante la comunidad, presidida por el Obispo, y ya en el siglo II, El Pastor de Hermas afirmaba su origen divino (Flórez, 1993: 88). Aunque hacia el año 230, los denominados cánones de Hipólito recogían numerosos pecados, en realidad, los únicos delitos que la Iglesia se sintió obligada a reconocer fueron: la lujuria, la idolatría y el homicidio. No fue hasta finales del siglo IV cuando comenzó a considerar una gama más amplia de ofensas graves (herejía, avaricia, robo, violación de sepulcros, sacrilegio y adulterio). San Agustín (354-430) fue el primero en hablar de pecados mortales, que conllevaban la excomunión, y veniales, reparables mediante la oración diaria. Ya San Gregorio Magno (papa entre 590-604) enumera los siete vicios o pecados capitales, en los que el místico número siete -presente también en los sacramentos o en los dones del Espíritu Santo-, facilitaba su memorización a través de la palabra Sagilia (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, invidia y acedia [pereza]) (Lea, 1896: I, 15-18; II, 235-236), y que, como señala Bossy (1988: 215), conformaron el sistema moral enseñado en la cristiandad occidental durante la Edad Media. A partir del siglo VI se introdujo la penitencia privada, surgida en las comunidades monásticas de las Islas Británicas, en la que el penitente exponía los pecados a un sacerdote que imponía una reparación acorde a su gravedad (penitencia tarifada o arancelaria). Surgieron en este contexto los penitenciales o manuales para confeso-res (entre ellos, el Penitencial de Finnian y el Penitencial de San Columbano). La confesión se hacía de forma espontánea o mediante un cuestionario utilizado por el confesor, con una lista de pecados y las penas correspondientes. Esta práctica se trasplantó al continente y, si bien no fue tan rápidamente aceptada en España, donde los obispos la condenaron en el Concilio de Toledo de 589, en el siglo VIII se había extendido por Europa (Ramos-Regidor, 1982: 206-207). A partir del siglo IX, los libros litúrgicos incluyeron la ordo poenintentiae privada, y se introdujo la obligación de mantener en secreto la confesión hecha al sacerdote (Flórez, 1993: 134, 136). En el siglo XI, el sacerdote empezó a fungir como médico que curaba las heridas del alma y juez que libraba de las condenas del pecado, y la penitencia privada, como reconciliación y preparación para la eucaristía. La confesión, que desde comienzos del siglo IX se hacía dos o tres veces al año, pasó a ser más frecuente a finales del siglo XII, (ibídem: 138, 139). Una reorganización de la disciplina penitencial entre finales del siglo XII y principios del XIII contempló tres formas de penitencia: la privada, la pública solemne y la pública no solemne. Esta última se identificaba con la peregrinación penitencial, impuesta por un párroco a un penitente, que había de ir a un santuario en el que quedaba absuelto de sus crímenes. En esta categoría entraban también las cruzadas. Muy destacable de esta época fue el IV Concilio de Letrán (1215-1216), que impuso a todos los fieles, una vez llegados a los años de discreción, la obligación de confesar privada y auricularmente al menos una vez al año todos los pecados al propio sacerdote, que debía guardarlos en secreto. Como señala Briggs (1989: 283), esta concepción oficial del sacramento, que subrayaba la reconciliación del pecador con Dios, siguió coexistiendo, no obstante, con otra popular, como mecanismo para reconciliar enemigos y mantener la armonía de la comunidad con la mediación del sacerdote, hasta el Concilio de Trento (1545-1563): con sus decretos, y ya con mejores niveles de educación, información y disciplina del clero bajo, prevaleció la oficial (cf. también Bossy, 1975: 21-22). En efecto, con la aplicación del Catecismo tridentino, el código septenario de pecados capitales, construido sobre el mandato de amar al prójimo como a uno mismo, dio paso al sistema basado en los Diez Mandamientos, que primaba las obligaciones de los cristianos con Dios y permitía determinar lo que era bueno o malo conforme a lo que él había ordenado hacer o no hacer. Una consecuencia de la ética del Decálogo fue la consideración de la idolatría como delito primordial, y, por ende, la concepción del estatus del demonio, que, como fuente y objeto de falsa adoración, pasó a considerarse el anti-tipo del padre. Las tesis de Lutero (1517) negando el poder de la Iglesia para perdonar los pecados y el derecho a imponer la confesión, por lo que también consideraba abusivo el precepto de hacerla anualmente (Ramos-Regidor, 1982: 242-243), movieron al Concilio de Trento a fijar la necesidad de los tres actos del penitente (contrición, confesión y satisfacción), a establecer que la confesión sacramental, al ser instituida por Cristo, era de derecho divino (frente a la anual, que, al imponerla al Iglesia, era de precepto eclesiástico) y se había de hacer al sacerdote verbalmente para que este pudiera absolver (Sayés, 2014: 48). Otro acontecimiento sin duda relevante de mediados del siglo XVI fue la introducción del confesonario una vez comenzada la Contrarreforma, pues, provisto de ventana con celosía, estableció una separación física entre confesor y penitente. En opinión de Briggs (1989: 280), simbolizó el triunfo de la visión individual sobre la comunitaria: obstaculizaba el ritual de la imposición de mano del confesor sobre el penitente, que había representado la reconciliación con la comunidad, y modificaba la confesión cara a cara entre dos personas que probablemente se conocían bastante bien y en la proximidad de vecinos que podían oír lo confesado. En efecto, además de dar cuerpo a la teoría jurisdiccional del sacramento que había prevalecido en Trento, con el confesonario se perseguían varios objetivos: evitar la incitación sexual durante la confesión; aislar a penitente y confesor de la gente a su alrededor; instrumentalizarlo para el autoexamen íntimo, instruir al ignorante en los rudimentos de la doctrina cristiana, fomentar la denuncia de los vecinos a la Inquisición por herejía y asuntos similares y, finalmente, paliar la hostilidad social que disuadía a la gente a confesar con regularidad (Bossy, 1975: 30-31). La primera alusión al confesonario la sitúa Lea en el Concilio de Valencia en 1565, que dispuso instalarlo en las iglesias para oír las confesiones, especialmente de mujeres. No obstante, su implementación fue gradual: en 1576 la ordenó el entonces arzobispo de Milán Carlos Borromeo para las iglesias de su provincia; posteriormente la dispusieron varios concilios (Cosenza, 1579; Aix, 1585; Toulouse, 1590; Mechlin, 1607y Narbona, 1609); a Alemania llegó al término de la Guerra de los Treinta años (1648). Pese a que el Ritual Romano de 1614 decretó su uso en lugar abierto y visible en todas las iglesias, aún en 1709 la Inquisición española hubo de ordenar que los sacerdotes oyesen la confesión en el cuerpo principal de las iglesias y no en celdas o capillas. Cabe añadir que, cuando, por necesidad, se confesaba a mujeres fuera de la iglesia, por ejemplo, en la casa de la penitente, la puerta de la habitación debía permanecer abierta y alguien estar a la vista, aunque no al alcance del oído (Lea, 1896: I, 394-396). Otra de las cuestiones que afectó a la confesión en el periodo de nuestro trabajo fue la controversia rigorismo versus laxismo, cuyo origen se remontaba a mediados del siglo XII. Al objeto de suavizar la reticencia de las multitudes atraídas a confesar por la imposición del Concilio de Letrán, se promulgaron instrucciones para que los confesores fueran indulgentes con las penitencias: no tan severas que causasen desesperanza, ni tan ligeras que fomentasen el pecado. El Concilio de Trento, reconociendo que el laxismo engañoso se había universalizado, ordenó a los confesores imponer penitencias realmente proporcionales a los pecados confesados, y recordar a los penitentes que no era solo una medicina para el futuro, sino un castigo por el pasado. Pero muchos, especialmente jesuitas, continuaron siendo muy laxos, atendiendo a las circunstancias en las que se hubiese cometido el pecado (casuística, probabilismo). Frente ello, hacia 1560, los jansenistas -por proceder sus ideas del teólogo holandés Cornelius Jansen (1585-1638)-comenzaron a reivindicar la imposición de penitencias realmente adecuadas en aplicación de lo establecido en Trento -en algunos casos exigían, incluso, una larga preparación antes de recibir el sacramento. En el desarrollo del laxismo influyó que el sinnúmero de páginas dedicadas por los teólogos a diferenciar entre pecado mortal y venial habían resultado en vano, amén de que el Catecismo tridentino, designado para servir de guía y asistencia a los párrocos, se limitaba a señalar que los pecados veniales requerían cierta clase de contrición. Las dificultades para diferenciar claramente entre pecados mortales y veniales eran perceptibles aún en el siglo XVII pero, hacia mediados de esa centuria, los teólogos empezaron a adoptar de forma generalizada una postura esencialmente austera (Briggs, 1989: 292-293). 2 Hemos de señalar que el rigorismo jansenista tuvo poco efecto en España. DISPOSICIONES ECLESIÁSTICAS RELATIVAS A LA CONFESIÓN SACRAMENTAL POR INTÉRPRETE EN EL ENTORNO ESPAÑOL En la búsqueda de referencias al intérprete en la confesión hemos de remontarnos al teólogo italiano Pedro Lombardo (1100-1160), quien, en su Libro de las sentencias (ca. En el Libro IV aborda la penitencia, aunque aún sin aludir al intérprete. Es en los comentarios de Santo Tomás a las Sentencias lombardianas donde encontramos la primera referencia a la mediación lingüística: se muestra claramente partidario de que, en caso de necesidad y no ser posible de otra manera, el penitente que no hable la lengua del confesor, confiese por intérprete. Esto atañía también al mudo, que podría confesarse por escrito o mediante lengua de signos: «[...] aquel que no tiene el uso de la lengua, como, por ejemplo, el mudo o el que es de otra lengua, basta que se confiese por escrito, por señas o por intérprete, porque no se exige del hombre más de lo que puede [...]». Por otro lado, alude al sigilo sacramental señalando que también el intérprete «está obligado a ocultar la confesión» (Aquinatis, 1947(Aquinatis,: 913-914, 1069)). Ya uno de los manuales escritos en Castilla en la segunda mitad del siglo XV (aunque basado en el Libro de las confesiones de Martín Pérez de 1316) menciona al intérprete, disfrazado de «heraldo»: «si el pecador es mudo o de otra lengua [...] abasta que se confiesse por escripto o por nunçio» (Thieulin-Pardo, 2012: 1.5). Este mismo manual (2012: 2.1) se hace eco de la integridad de la confesión: «[...] amoneste el confesor al penitente que todos sus pecados descubra e non asconda cosa alguna por verguença ni por torpedad que le aya acaesçido». Un paso más en la obligatoriedad de confesar lo encontramos en las Constituciones sinodales de Jaén que en 1492 recordaban que los fieles habían de hacerlo con su párroco y que este debía controlar por escrito quiénes lo hacían y quiénes no (Rodríguez Molina, 2008: 10). Con los trascendentales acontecimientos de finales del siglo XV y principios del XVI (unión de Castilla y Aragón, creación de la Inquisición española, reconquista de Granada, descubrimiento del Nuevo Mundo, imperio de Carlos V) España se convirtió en adalid de la fe cristiana y vivió una renovación del pensamiento teológico, que, obviamente, afectó a la concepción de los sacramentos (Borobio García, 2006: 14). Impuesta ya la Summa theologica de Santo Tomás como texto de referencia, varios teólogos se ocuparon del sacramento de la penitencia, entre otros, los dominicos Francisco de Vitoria (1492Vitoria ( -1546)), Domingo Soto (1495-1560) y Melchor Cano (1509Cano ( -1560)), integrantes de la denominada Escuela de Salamanca. En confrontación con las ideas reformadoras y en defensa de la doctrina tridentina, comentaron a Santo Tomás y abordaron la confesión por intérprete (ibídem: 10). Vitoria la considera posible, pues, si bien es secreta y a nadie se obliga a confesar sus pecados sino al sacerdote, a diferencia de la realizada por intermediario -por ejemplo, la de alguien que está en la cárcel-, el penitente está presente y el intérprete puede traducir exactamente lo que quiere confesar. También reitera Vitoria (1570: 151) que «de cualquier manera, el intérprete está obligado a ocultar los pecados que oyere». Por su parte, Cano, que estuvo en el Concilio de Trento y fue alumno de Vitoria, coincide con este en lo expuesto, pero añade que en artículo de muerte no se atrevería a descartar la confesión si tuviese intérprete, pues el quebranto no era tan considerable como «para que yo omita un Sacramento, que es necesario para la salvación»; en cambio, en los restantes casos, aun siendo de derecho divino, «podemos creer sin peligro que nadie está obligado a confesar sus pecados a través de intérprete (Cano, 1580: 333). Finalmente, este autor aclara la diferencia entre artículo de muerte, o sea, trance final hacia la muerte, y peligro de muerte, es decir, el que puede conllevar la navegación borrascosa, el parto, las corridas de toros, etc. En artículo de muerte nadie duda de la necesidad de confesar, ni de que cualquier sacerdote pueda absolver de los pecados (cf. Borobio García, 2006: 94, 96, 98). Soto, en cambio, no considera sacramental la confesión por intérprete, argumentando que si ha de ser secreta y se requiere que el penitente diga sus pecados de viva voz, no solo dejaría de serlo (al igual que la realizada por señas, por escrito o por nuncio), sino que el penitente se confesaría al intermediario; además, «por esta vía, el sa-cerdote carecería de medios para asegurarse de si una persona ha cometido o no pecados de los que, luego, pueda desdecirse». No obstante, como además de parte de un sacramento, la confesión es un acto de virtud, en cuanto que tal sí pudiera hacerse por intérprete (o por escrito). En ese caso, este estaría obligado al sigilo, aunque no «con un vínculo tan estrecho como el del sacerdote 3,» ya que no actúa de parte de este, sino del penitente, por lo que, si revelara la confesión, su castigo sería de menor rigor jurídico que el del sacerdote (Soto, 1569: 782, 780). Igualmente, en otra de sus obras (Soto, 2000: 523) expone que, pese a no ser necesario en la confesión, pues nadie está obligado a confesar más que al sacerdote, que tiene las llaves para conocer y juzgar los pecados, sería lícito usar intérprete, y a veces incluso saludable, cuando, por ejemplo, se supiera que se le puede encomendar tan importante secreto. Pese a todo, matiza, estaría obligado a morir antes de revelarlo, y, si lo hiciera, cometería sacrilegio. Establecidos la obligación de confesar una vez al año en Letrán y el origen divino de la confesión auricular en Trento (cf. Lea, 1896: I, 251 ss.), para imponerla y controlarla se promulgaron diversas normas, que en el ámbito hispano tuvieron especial repercusión. Tres de ellas, tocantes a confesores, penitentes y médicos, fueron establecidas en una Bula de Pío V de 1566 y recogidas luego en diversas Constituciones sinodales: por ejemplo, en las del arzobispo de Granada Pedro Guerrero, de 1573, o en las de Sevilla, de 1586, que -entre otras cuestionesdisponían que los párrocos visitasen al enfermo y «amonesten que confiese y que reciba los santos sacramentos, y haga testamento» (Rodríguez Molina, 2008: 11, 13). Todavía en 1629, las sinodales del obispo Cristóbal de la Cámara y Murga en el Obispado de Canarias recordaban que los párrocos estaban obligados a elaborar listas de los feligreses confesados en sus parroquias (matrículas de confesión) y a darles la correspondiente certificación (cédula de confesión). Por su parte, los penitentes debían guardar sus cédulas de confesión hasta que se las pidiesen sus beneficiados y curas, «pues sin ellas no serán tenidos por confesados». Esto era importante, a su vez, pues, sin haber confesado, tampoco se podía cumplir con el sacramento de la comunión. Finalmente, los médicos que visitasen a un enfermo, ya en la primera visita estaban obligados a avisarle de que, «antes de aplicarles ninguna medicina corporal», debía recibir los Santos Sacramentos de la Iglesia. Si no confesaba en los tres días siguientes a la primera visita y amonestación, salvo que el confesor considerase oportuno dilatar la confesión, no podía volver a visitarlo, «so cargo las penas contenidas en el dicho decreto y más sagrados cánones de Concilios» (Cámara y Murga, 1633: fols. Desconocemos el rigor con el que se pudiera haber aplicado estas medidas, pero sí sabemos que las mencionadas Constituciones detallan minuciosamente la forma en la que se habían de realizar las matrículas de confesión (indicando, por ejemplo, la dirección del feligrés, su edad, los que convivían con él / ella en su hogar, si tenía criados, esclavos, etc.), y que el párroco correspondiente debía entregarlas firmadas in verbo Sacerdotis al Obispado. Por otro lado, a partir de 1582, una ley obligaba a los pasajeros de Indias, incluidos soldados de mar y tierra, a confesar y comulgar antes de embarcar. Para ello se dispuso que confesores virtuosos y doctos, pagados por la Corona, estuviesen un mes antes confesando y dando la comunión a los pasajeros. Por ejemplo, durante la preparación de la Gran Armada que se enfrentó a los ingleses en 1588, se reunió «un cuerpo castrense de 190 capellanes, con dominicos, agustinos, carmelitas, jesuitas, franciscanos, sacerdotes diocesanos irlandeses e ingleses». Paralelamente, abundando en lo planteado por Santo Tomás y desarrollado por Vitoria, Cano y Soto -y aunque, en esencia, solo aportaron pequeños nuevos matices respecto de estos cuatro teólogos-, proliferaron textos orientados a clarificar cuestiones de moral cristiana e instruir a quienes velaban por su puesta en práctica. La profusión obedeció, primero, a que, como señala el franciscano Luis de San Juan Evangelista (1642: Prefacio), convenía «escribir muchos libros de una misma materia, porque no todo lo que se escribe llega a manos de todos los que lo desean». La segunda razón -de carácter cultural-la explica González Polvillo (2009: 15-16) remitiéndose al prefacio de Bibliotheca Hispana Nova (1672) del canónico Nicolás Antonio Hispalense: Theologia christiana dogmatico-moral, compendiada en dos tomos, sostenía, matizando las cualidades del mediador, que en este caso «el sacerdote [...] está obligado por el precepto divino a confesar por intérprete prudente, y bueno si lo huviere». Se basaba en que, si bien muchos teólogos sugerían que en estos casos se supliera la confesión por la contrición justificante, paralelamente consideraban la contrición «un don tan raro, que no quieren que sea necesaria para la confesión». Puntualizaba también este autor la obligación del intérprete al sigilo, «porque, aunque no asista de parte del Confesor, tiene parte en el Sacramento» (Concina, 1780: 308, 243). Finalmente, como ya hiciera Cano, San José (1805: II, 97) vuelve a subrayar la necesidad de soldados antes de la batalla, mujeres antes del primer parto y quienes afrontasen una larga navegación de confesar por intérprete si no pudieran de otra manera, al igual que en artículo de la muerte, por obligarlo el precepto divino. ÁMBITOS DE LA CONFESIÓN SACRAMENTAL MEDIANTE INTÉRPRETE Peregrinos y cruzados (siglos XII-XVII) Sin duda, uno de los contextos de mayor relevancia para la confesión sacramental, desde los primeros siglos del Cristianismo, fue el de las peregrinaciones y las cruzadas, ambas de componente penitencial, pues se perseguía redimir los pecados para tener una muerte santa (González-Varas, 2002: 525). El peregrinaje tuvo como destinos más importantes Jerusalén (sepulcro de Cristo), Roma (sepulcro de San Pedro) y Compostela (sepulcro del Santiago apóstol, descubierto en el siglo IX). Con el tiempo surgieron otros santuarios, como el de Montserrat, en Cataluña, a finales del s. IX; el Purgatorio de San Patricio, en Irlanda, en el siglo XII; Loreto, en Italia, en el siglo XVI; Lourdes, en Francia, desde 1858, Fátima, en Portugal, desde 1917, etc. La conquista de Jerusalén por los árabes en el 638 no impidió a los cristianos seguir visitándola, pero la situación cambió cuando ocuparon la Península Ibérica (711-722), y más cuando el califato fatimí de Egipto ordenó destruir el Santo Sepulcro en 1009 (Madden, 2005: 22, 34). Desde entonces, reconquistar Tierra Santa y Al-Ándalus y proteger a los peregrinos fueron objetivos de la cristiandad. En 1063, el papa Alejandro II proclamó la indulgencia plenaria para quienes lucharan en la reconquista española, y la renovó en 1095 para los participantes en la primera de las ocho grandes cruzadas. A partir del siglo XII, la indulgencia se amplió a quienes colaborasen en obras de interés general o participasen en guerras contra musulmanes, paganos o herejes, y en el IV Concilio de Letrán, a quienes ayudasen económicamente en la cruzada. Ahora bien, la indulgencia no removía la culpa, sino la pena (Rodríguez Molina, 2008: 8-9), por lo que peregrinos y cruzados debían hacer confesión general antes de emprender el viaje. Por ejemplo, en el marco de la cruzada acordada por el Papa León X en el V Concilio de Le-trán (1512-1517) contra el emperador otomano, las instrucciones dirigidas al comisario de la organización, Josse de la Garde, Vicario de Tolosa, mandaban escoger a confesores idóneos para confesar a quienes quisiesen ganar la indulgencia plenaria y entregarles «una bula en latín y otra en francés» para facilitarles la comprensión (Michaud, 1832: X, 221-233;322-329). Pero las confesiones se realizaban también durante el viaje y la Iglesia ayudaba a los peregrinos en establecimientos supervisados por eclesiásticos en las rutas hacia los lugares santos. Por ejemplo, en la Abadía de La Sauve, cerca de Burdeos, los peregrinos paraban para confesar y hacer testamento, «una precaución necesaria antes de afrontar los peligros del camino» (Jones, 1912: 269-270). Hacia 1750, Johan Baptist Leiblich, peregrino de Praga hacia Jerusalén, cuenta que, a su paso por Malta, donde se hospedó en el hospital que acogía a enfermos y viajeros, confesó porque en los últimos tres meses no había podido hacerlo. Lo hizo en alemán con un sacerdote maltés que había vivido en la ciudad alemana de Würzbug. Posteriormente, en Nazaret confesó, entendiéndose a medias, con un franciscano en «Wällischer Sprach» [probablemente el dialecto hablado en Wallisch (Włochów, en polaco), en la frontera germano-polaca] (Leiblich, 1753: 71-72, 225, 102). La mayoría de los peregrinos a Jerusalén hacía la ruta por tierra pasando por Constantinopla y Europa central. La lengua era un problema incluso para quienes supiesen latín, pues pocos orientales la hablaban, y menos occidentales el griego. Por suerte, desde finales del siglo XI -además de hospederías y comedores de beneficencia-en la capital bizantina había occidentales atraídos por la política imperial: anglosajones, escandinavos, germanos, catalanes, etc. (cf. Herrin, 2009: 319-329). Por otro lado, desde el siglo XV fue el principal nudo comercial entre Oriente y las potencias europeas, por lo que los intérpretes (dragomanes) fueron cruciales especialmente en el comercio y la diplomacia (Cáceres Würsig, 2014: 344; Rothman, 2015). No sería, pues, difícil para los peregrinos encontrar, si no confesor de su lengua, al menos un intérprete. Ahora bien, donde mayormente confesaban peregrinos y cruzados era en el destino, asistidos por órdenes monásticas y militares (González-Varas, 2002: 541). En suma: la confesión sacramental era parte esencial del viaje, al margen de que, como señala Thanhäuser (2010: 15-16), a partir del IV Concilio de Letrán muchos peregrinos hicieron la confesión obligatoria anual en los lugares de peregrinación con un confesor que no los conocía para eludir a su párroco habitual, que los conocía demasiado bien. Independientemente de que cruzados y peregrinos atravesaban diferentes países, la composición de unos y otros era multilingüe, como evidencia la intervención de numerosos intérpretes ya en las campañas de proselitismo (Andres, 2013: 3). Por ejemplo, las actuaciones previas a la segunda cruzada: cuando el cisterciense francés Bernardo del Claraval predicó en 1146-1147 en el sur de Alemania, aunque su mensaje «trascendía las lenguas», necesitó intérpretes (Tyerman, 2010: 366). De forma similar, cuan-do el flamenco Arnoul recorrió Alemania y Francia oriental exhortando a alistarse en la milicia de la Cruz, «iba acompañado de un intérprete llamado Lambert, que repetía en la lengua del país las piadosas exhortaciones que su compañero [...] pronunciaba en latín ó en flamenco» (Michaud, 1831: III, 160-161). En la primera cruzada (1096), los ejércitos se componían esencialmente de franceses, flamencos y hablantes de diversos dialectos teutónicos, pero también voluntarios de todas partes (Belloc, 2006: 53, 55), por lo que no es de extrañar que en una de las batallas con los turcos en Nicea (Bitinia), en el campo de los cristianos se contasen «diez y nueve naciones diferentes en costumbres y lenguage» (Michaud, 1830: I, 173). Naturalmente, una de las exhortaciones en las prédicas de reclutamiento era a que los fieles confesasen e hiciesen penitencia. Las menciones a las confesiones de los cruzados son numerosas. Por ejemplo: en la primera cruzada, tras una fallida marcha hacia la ciudad de Marah, el obispo de Milán recorrió las filas del ejército «exhortando á los peregrinos á confesar sus pecados» cuando se preparaban para una batalla (Michaud, 1831: II, 208). Pese al silencio de las fuentes al respecto, es difícil imaginar que muchos de ellos no se viesen forzados a manifestar sus pecados y oír la absolución a través de un intérprete. Aunque exiguas, hemos encontrado algunas evidencias. En el contexto de las peregrinaciones al Purgatorio de San Patricio, al Noroeste de Irlanda, un monje narra (en un manuscrito galés de hacia 1140) haber confesado por intérprete a un peregrino anciano que no sabía la lengua del país, que nunca había comulgado y quería hacerlo por ser Pascua (Jones, 1912: 43). En los alrededores de Loreto, diversas órdenes religiosas confesaban a los peregrinos en diferentes lenguas (Torsellini, 1837: 34), y aunque este autor no dice que fuese mediante intérprete, sí lo hace el jesuita Alonso de Sandoval (1987: 467) -al justificar la confesión de los esclavos negros en Cartagena de Indias-: «Porque si es lícito (como se hizo en nuestra Señora de Loreto, por la diversidad de peregrinos todo el tiempo que faltó Sacerdote que los entendiese) confesar al sano que quiere de su voluntad confesar por intérprete [...]. 4 » En Jerusalén, el Hospital de la Orden de San Juan atendía al sinnúmero de peregrinos que, al llegar, eran acogidos por un sacerdote y habían de confesar (Militzer, 2005: 215). También Roma -según Lea (1896: III, 195-196), el destino más popular, por ser más accesible que Jerusalén, contar con las reliquias de San Pedro y San Pablo e infinidad de confesores y mártires-, además de hospitales, tenía hospicios para españoles, alemanes, portugueses, suecos y británicos. Quienes llegaban enfermos eran atendidos hasta su recuperación o hasta su fallecimiento (Allen, 1962: 3, 99). En 1506, el galés Maurice London pasó dos semanas enfermo en aquel hospicio, donde, por no hablar más que su lengua, le proporcionaron un intérprete (Jones, 1912: 237, 239). No se dice que también mediara en la confesión sacramental, pero, teniendo en cuenta que los peregrinos confesaban a la llegada, y que además aquella institución contaba con un cuerpo de capellanes para atenderlos, es fácil imaginar que confesara mediante aquel intérprete, cuyo nombre, como tantas veces, quedaría en el anonimato. En Santiago de Compostela, donde, como recogía el Liber Sancti Jacobi o Códice Calitxtino, «no hay lenguas, ni dialectos, cuyas voces no resuenen allí» (González Pérez, 1978: 361), hubo mediadores lingüísticos desde fecha temprana. En el Hospital Real, fundado por los Reyes Católicos, se procuró que hubiese confesores de varias lenguas, inicialmente de castellano, francés, alemán e italiano. Por ejemplo, hacia 1688 era su capellán el licenciado Everardo Brover (también escrito Euerardo Bouer) «intérprete de lenguas de Su Mag. y Penintenciario de estrangeros». Por otro lado, en la Catedral estaban ya desde el siglo XII los latineros, luego denominados lenguajeros o intérpretes, con el cometido de recibir a los peregrinos, enseñarles las reliquias del Santo y confesar a los extranjeros. A mediados del siglo XVI, estos últimos solían confesar con el italiano Lorenzo d'Opera, llamado linguarium (lenguajero) «por motivo de las lenguas italiana, española, francesa, latina, crobata (rutena), y otras que habla muy bien». Por lo general, los confesores lenguajeros, habitualmente extranjeros, desempeñaban ambas funciones, pero no siempre era así: el Cabildo catedralicio contó también con latineros o intérpretes seglares: por ejemplo, en 1461 ocupó el cargo el agujetero alemán Pedro de Frisa y en 1478 su hijo Arnaao; en 1511, lo hizo el tonelero flamenco Juan de Brujas; en 1584, el extranjero Carlos Dulcet «en atención á su buena vida y costumbres, y á su habilidad y suficiencia»; en 1631 lo fue el pintor flamenco Crispín de Evelino (o Hebelino) (López Ferreiro, 1907: IX, 151, 326;1905: VIII, 11, 156, 422, 439). Teniendo en cuenta que no siempre habría confesores de todas las lenguas, ni siempre estarían disponibles los existentes, y que, además, los peregrinos necesitaban la certificación escrita de haber confesado y comulgado en el destino de la peregrinación para acreditarlo al final del viaje y obtener la indulgencia deseada (en el caso de Santiago, la certificación se denominaba la «compostela») (cf. González Pérez, 1978), cabe muy bien pensar que muchas de las confesiones fuesen con intérpretes. Excepcionalmente, algunos peregrinos llevaban su propio intérprete, como el patricio alemán Sebastian Ilsung, que viajó a Santiago desde Augsburgo en 1446 (Honemann, 1988: 61, 87, 91). Es más que probable que el distinguido peregrino, que nos confirma que quienes entraban al templo «suelen confesar», lo hiciera ayudado por su mediador particular. Cabe preguntarse también cuán a menudo pudieran peregrinos y cruzados occidentales haber confesado en latín (o en griego, los orientales -como es sabido, en la mitad occidental del Imperio Romano, la liturgia era en latín y en la oriental en griego). Aún a mediados del siglo XIX, el teólogo francés Jean-Joseph Gaume (1850: 546-547) sugería que el confesor hablase a las personas ignorantes y rudas en lengua vulgar, y que con las instruidas empleara algún texto latino, «propio para mover á com-punción». Ahora bien, esta opción era difícilmente viable con la mayoría de los peregrinos, que no eran los santos ni los obispos y los clérigos, sino «la masa anónima, turbulenta, de las más variadas capas sociales», que de todo el orbe cristiano perseguían el perdón de los pecados, curarse de problemas físicos, cumplir una promesa o escapar de opresivas condiciones de vida (Plötz, 1988: 19-20). Soldados españoles y de otras naciones católicas en los siglos XVI y XVII Es sabido que los siglos XVI y XVII fueron de hegemonía católica e ibérica, así como de las armadas y los ejércitos españoles. Su supremacía empezó a descollar en 1557 con la victoria sobre el ejército francés en la batalla de San Quintín en el marco de las guerras italianas, y con la guerra iniciada en 1566 en los Países Bajos contra las provincias rebeldes a la Corona española; se evidenció igualmente en la represión de los moriscos rebeldes de las Alpujarras granadinas en 1569, y, sobre todo, en 1571, cuando las tropas españolas lideraron la Liga Santa que derrotó a los turcos en la batalla de Lepanto, uno de los grandes eventos del siglo XVI. La asistencia espiritual a las tropas Amén de las estrategias estrictamente militares, gran parte del éxito se atribuía a la religiosidad inculcada a las tropas y a la asistencia espiritual durante y después de las batallas. Cuando en 1568, a petición del Duque de Alba, el militar español Sancho de Londoño pronunció en Flandes su Discurso sobre la forma de reducir la disciplina militar a mejor y antiguo estado (publicado en 1589), subrayando la necesidad de reformar la estructura militar ibérica, entre otras cuestiones, exponía que el respeto a los principios cristianos era fundamental para configurar una milicia perfecta y la pureza espiritual del soldado indispensable para asegurarse el favor divino. Por ello proponía que los soldados se confesasen al menos una vez en el año, «al tiempo que lo tiene ordenado la santa madre Iglesia», por lo que el capellán militar era «necesarísimo para oir de penitencia y adminsitrar los sacramentos». A su vez, capitanes y oficiales debían controlar que los soldados de sus compañías confesaban, de forma que quienes persistiesen en no hacerlo, fueran desterrados de las compañías, sin poder ser admitidos en otras (Civale, 2009: 28-30). Aquel mismo año se produjo una petición similar en relación con la flota española. Don Juan de Austria, que con apenas 21 años era «capitán general del mar» y combatía a los corsarios berberiscos en el Mediterráneo, escribía a Felipe II, su hemanastro, que el número de capellanes en sus galeras era marcadamente escaso: solo uno en la real, y otro en la capitana de España, «siendo como es necesario que los haya en cada una que administre los sacramentos a los forçados [...], y ayude a bien morir». Invocando a Londoño, sugería que en sus galeras hubiese «clérigos de bondad, y no ignorantes ni de mal exemplo», que cobrasen un salario adecuado. Además, consideraba nece-sario un capellán mayor de la armada con amplias facultades de Su Santidad en cuanto a la administración de los sacramentos, y del Inquisidor general, por si fuese necesario reducir y reconciliar a los renegados. Consecuentemente, Felipe II dispuso: aumentar el sueldo de los capellanes, que en cada galera hubiese uno, y en la de don Juan un capellán superior «el qual los ha de visitar y entender como hacen sus officios y lo que están obligados». Sobre las atribuciones inquisitoriales mandó que Luis de Requesens -a quien nombró tutor y lugarteniente del joven capitán general-consultara al 43). No obstante, el monarca español se anticipó a la ratificación del Pontífice y, al rubricarse la Liga Santa en 1571, con la idea de una nueva Inquisición dependiente del Consejo de la Suprema, proveyó investir a don Jerónimo Manrique juez eclesiástico de la armada, con facultades para juzgar a los religiosos, y a los laicos en los delitos de competencia judicial eclesiástica, al tiempo que asumía la responsabilidad del servicio sanitario. Recordemos, antes de seguir adelante, que la confesión sacramental se utilizó también para fines inquisitoriales: si un soldado confesaba para obtener la indulgencia plenaria y revelaba pecados episcopales reservados o de herejía, el confesor había de suspender el sacramento y remitirlo a Manrique, que podía procesarlo en el marco de la jurisdicción inquisitorial si era súbdito español, o absolverlo también de los delitos reservados en el foro de la conciencia (ibídem: 51, 60, 75-76). La actuación del tribunal inquisitorial (de las galeras) desembocó en el Auto de fe celebrado en Messina en 1572, pero después acabó diluyéndose. Ahora bien, lo que realmente marcó la presencia de confesores entre los soldados a partir de mediados del siglo XVI fueron los catecismos militares, surgidos frente a la visión «pacifista» de Erasmo de Rotterdam de la primera mitad de la centuria. Destinados a capitanes, confesores y soldados que supiesen leer, surgieron por iniciativa de los jesuitas, a quienes mayormente, por su afinidad con la organización y la concepción de la disciplina militar, se les había encomendado el consuelo y la vigilancia de las tropas que en el mar y en tierra combatían a los turcos y a los herejes del Norte en Flandes. El primero y más difundido de aquellos catecismos fue el del jesuita Antonio Possevino, Il soldato christiano, publicado en 1569. Movido por la idea de que la guerra era una calamidad necesaria, Possevino -que había acompañado al ejército del conde de la Trinidad contra los herejes valdenses en Piamonte en 1561-consideraba imperioso «enrolar buenos católicos, exhortarlos, confesarlos y empujarlos a recibir la comunión para borrar los pecados y atraer la victoria» (Lavenia, 2014a: 335-336). En definitiva, el soldado debía unir su disciplina militar a la de un buen cristiano: rezando, confesándose y comulgando al menos antes de cada batalla, para todo lo cual eran necesario buenos capellanes. El texto de Possevino, que se repartió entre los soldados al embarcar para Lepanto en 1571 y, posteriormente, traducido al español, en la Gran Armada contra Inglaterra en 1588, tenía como punto central la atención de los pecados en los que los soldados debían reflejarse: Si era capturado por herejes o infieles no podía mentir sobre su propia fe; jamás blasfemar para así evitar los rayos divinos y la derrota; jamás pasar la noche en lugar sacro, cometiendo actos sacrílegos; jamás realizar duelos; tampoco secuestrar para exigir un rescate; jamás robar o cometer injurias en contra de la gente común; jamás albergar «en casa de otros a discreción», «cargando a los inocentes y no pagando las cosas debidas»; jamás emborracharse, lamentarse del pago, rebelarse, murmurar sobre los compañeros o alimentar vicios como «la lujuria, la gula, las pompas»; no cometer abusos o violar «los sagrados claustros de las vírgenes» (ibídem: 341). En Flandes implementó el catecismo el jesuita flamenco Thomas Sailly (nacido en Bruselas en 1553 y fallecido en 1623), que había sido secretario personal de Possevino durante una misión en Polonia y Hungría. A partir de 1586 fue confesor de Alejandro Farnesio, y en 1587 encabezó la primera misión castrense, formada por doce sacerdotes y coadjutores jesuitas que acompañaban al ejército. En aquellos años se transformó el clima religioso en los tercios (y en la armada) -entre los modelos de soldado ideal aparecía Ignacio de Loyola, aún no canonizado-, lo cual resultó decisivo para la fundación de una confraternidad entre los soldados -impulsada el papa Sixto V en 1589-, que comprometió a los más devotos en las obras de misericordia: por ejemplo, se ocupaba del fallecimiento piadoso de los compañeros moribundos y de sus testamentos, a fin de que -como exponía Sailly-quienes viniesen a morir en la guerra, no dejasen la guerra en sus familias (Lavenia, 2014b: 81). En efecto, según las Ordenanzas militares de 1598, los capellanes tenían también que intervenir en el otorgamiento de los testamentos de los soldados heridos y enfermos 5, e, igualmente, estar en primera línea de fuego, pues «un soldado confesado peleaba mejor» (García Hernán, 2006: II, 719-720, 725). Según Albi de la Cuesta (1999: 58), un tercio español tenía tres médicos, pero trece capellanes. La infantería alemana, organizada en regimientos de 10 compañías, disponía de un capellán mayor por regimiento (Parker, 1986: 324-325), y, debido, sobre todo, al exilio provocado por la política isabelina, el regimiento irlandés llegó a tener siete sacerdotes ingleses (García Hernán, 2006: II;713, 731). Las confesiones en torno a la batalla de Lepanto Sin duda, uno de los aspectos destacables de las tropas españolas fue su plurilingüismo. Para ilustrarlo, nos centraremos en los casos de la armada que venció a los turcos en Lepanto y del ejército que combatió en Flandes durante casi un siglo. Las tropas que el monarca español reunió en Sicilia en 1571 para servir en la Liga Santa (integrada por España, los Estados Pontificios, la República de Venecia, la República de Génova, el Ducado de Saboya y la Orden de Malta) se componía de: 11.000 españoles, 6.000 italianos, 4.000 alemanes y 2.000 aventureros de varias naciones (Civale, 2009: 100). O como lo expone García Hernán (1996: 228), la ingente armada cristiana (200 galeras y 100 naves de carga) contaba con «griegos, franceses, ingleses, flamencos, alemanes, algunos cismáticos, y católicos de diversos ritos». No es difícil comprender, pues, que aquel mosaico de individuos fuese difícil de gobernar, como bien advertía a la Suprema Jerónimo Manrique, poco antes de la batalla, destacando que muchos de los grandes problemas derivarían de la «gente que va en las galeras de differentes naciones y muchas de Nápoles y de otras partes» (Civale, 2009: 62). Pese a que no hemos encontrado menciones directas a confesiones por intérprete, debieron de ser sumamente frecuentes. Es cierto que el dispositivo eclesiástico y disciplinario del ejército se perfeccionó después de la firma de la Liga Santa, con lo que el número de capellanes que en cada galera ayudaban a los enfermos y a los moribundos «a bien morir, y a testar» (García Hernán, 1996: 226, 241) fue proporcionalmente considerable y mejor distribuido entre los diferentes contingentes nacionales: así, por ejemplo, amén de un considerable número de religiosos voluntarios en la campaña, en las galeras del Papa asistieron capuchinos; en las de Venecia, Saboya, Génova y Florencia, franciscanos y hospitalarios; y en las de España, mayormente jesuitas (cf. Civale, 2009: 73). Ahora bien, es fácil imaginar que no todos los necesitados darían siempre con un confesor de su idioma, como ocurrió, por ejemplo, al acabar la célebre batalla: el 10 de octubre, cuando aún no había llegado la noticia de la victoria, un jesuita advertía a Roma que los hospitales estaban llenos de enfermos y que los padres de la Compañía se habían visto obligados a acoger a soldados alemanes heridos y moribundos, por lo que pedía que les enviasen «dos hermanos que supiesen la lengua [alemana] de forma que puideran socorrerlos, confesarlos y reconciliarlos antes de la muerte», pues se afirmaba con sorpresa que eran católicos y lo demostraban (ibídem: 102). Es de suponer que, entretanto llegaban los refuezos lingüísticos, cuando menos las confesiones urgentes se hiciesen mediante intérpetes. No debieron de ser pocas, pues, como añadía el jesuíta, muchos de aquellos infelices acabaron muriendo. ¿No sería igualmente probable que la situación se diese también con soldados de otras lenguas? Así cabe colegirlo si se piensa en el caos al final de la batalla, cuando fue perentorio confesar a los aproximadamente diez mil combatientes que resultaron heridos, pues primaba la salvación de las almas sobre la de los cuerpos, a lo que se unían, sin duda, los 15.000 cristianos cautivos -de diversas lenguas-liberados tras la victoria y que también querrían confesar (cf. García Hernán, 1996: 252). Ciertamente era posible que muchos moribundos optasen in extremis por confesar con la persona que tuviesen a su lado -como había hecho Ignacio de Loyola-que, por no haber capellán disponible, confesó con un compañero soldado en los momentos previos a la batalla librada en 1521 contra los franceses en Pamplona (Loyola, 1963: 89). La costumbre venía recomendada por Santo Tomás y estuvo muy extendida hasta el siglo XVI. Igualmente cabía la posibilidad de recibir una absolución, incluso colectiva 6, a la desesperada (cf. Lea, 1896: I, 358); pero no menos cierto era también, como recordaba el capellán español Benito Remigio Noydens en 1665 en sus Decisiones prácticas y mora les para curas, confesores y capellanes de los ejércitos y armadas, que esta no eximía de repetir la confesión individual para los supervivientes una vez pasada la emergencia. Más allá de estas circunstancias, también cabe pensar que muchos de los capellanes muriesen en el combate dejando su redil sin confesor. Aunque sea de otro contexto, sabemos, por ejemplo, que, de los 32 jesuitas reunidos en Lisboa para participar en la Gran Armada contra Inglaterra en 1588, solo dos regresaron milagrosamente a Flandes; los otros murieron en el hospital antes de partir o durante la contienda (Lavenia, 2014b: 99, 57). ¿Acaso había tiempo y serenidad para distribuir a los heridos por nacionalidades tras la batalla? Las situaciones de confesión por intérprete debieron de ser, pues, innumerables. En las propias galeras, donde los capellanes, «celosos de curar las almas aún antes que sus cuerpos», ayudaban con las curas a los barberos; luego, en el hospital improvisado en Corfú, donde se atendió a los heridos más graves; posteriormente, cuando la flota hubo regresado a Messina y se organizó la red sanitaria, en el Hospital de Santa María de la Piedad, donde se recibió a la mayoría de los heridos; igualmente, en el monasterio de Santa Ana, que había sido abandonada por las monjas y se transformó en el Hospital de la corte real; en el Priorato de los caballeros gerosolimitanos, en el Colegio de la Compañía de Jesús, en otros monasterios de la ciudad y en el hospital español de Génova, adonde fueron trasladados muchos de los más graves (Civale, 2009: 89-91). Las confesiones en la guerra de Flandes Más marcada fue, sin duda, la mezcolanza lingüística en el ejército que bajo el mando español luchó ochenta años en Flandes (1566-1648), integrado por tropas españolas, flamencas, italianas, alemanas, borgoñonas, británicas, etc. Según Parker (1986: 245), durante un motín en la localidad flamenca de Zichem (1594-1595), en el campamento se hablaban trece idiomas. Obviamente, la operación conjunta de las tropas en batallas y asedios requería reuniones de estado mayor y otras formas de contacto, en las que la lengua mayormente empleada era la española: por la preponderancia de los militares españoles, y porque muchos flamencos la conocían «por los frecuentes contactos con el gobernador general y su corte española en Bruselas» (Verdonk, 2000: 194); o la aprendían en el ejército, como Francisco van den Vossche, uno de los flamencos procesados por la Inquisición en Canarias a finales del siglo XVI, que declaró haberla aprendido bajo las órdenes de Alejandro Farnesio (AHN, Inquisición, leg. Además, fueron numerosos los matrimonios entre soldados españoles y mujeres flamencas. Por otro lado, no pocos jefes españoles se esforzaban por aprender francés o refrescar el aprendido en la escuela (Parker, 1986: 219). Ahora bien, aun consideradas to-das estas circunstancias, nos inclinamos a pensar que los intérpretes desempeñaron un importante papel en las relaciones multilaterales. Es sabido que, dado el carácter multilingüe del territorio que conformó el imperio de Carlos V y de su sucesor Felipe II -pese al uso del latín como lengua franca-, en el ámbito de la alta política se requirieron de forma permanente traductores e intérpretes oficiales, que mediaran en las relaciones interestatales y tradujeran la correspondencia generada. La Corte y las numerosas embajadas contaron con excelentes mediadores lingüísticos, y en España se creó, por ejemplo, la Secretaría de Interpretación de Lenguas, cuyo origen se remonta a 1527 (Cáceres Würsig, 2004: 610). Sin embargo, en el día a día del ejército no creemos que la situación fuera similar. Concretamente en el terreno religioso, como señala Lavenia (2014b: 72), no era tarea fácil encontrar sacerdotes para cada grupo lingüístico alistado en los tercios; paradójicamente, faltaban sobre todo flamencos. Si, además, tenemos en cuenta que los soldados vivían en permanente peligro de muerte y los hospitales de campaña solían llenarse de heridos y moribundos -a modo de ejemplo, «la reconquista de Brabante y Flandes en 1580 provocó una pérdida media de 55 españoles cada semana» (Parker, 2000: 277)-, y que, como señala García Hernán (2006: II, 732, 737), los capellanes tenían la obligación de acudir a los hospitales, visitar a los enfermos y a los heridos, aunque no fueran de su tercio, las confesiones sacramentales por intérprete debieron de ser sumamente frecuentes. Recordemos que la confesión, amén de necesaria, era obligatoria, pues el de Flandes era el ejército católico por antonomasia. ¿Pero quiénes pudieron ser los mediadores lingüísticos cuando penitente y confesor no hablaban la misma lengua, y dónde tenían lugar las confesiones? Independientemente de que en situaciones de emergencia pudiera ser cualquier soldado devoto que supiese las dos lenguas en cuestión, las fuentes consultadas arrojan algo de luz al respecto. Parker (1986: 325) expone que entre los oficiales de las compañías alemanas había un capellán y un intérprete. En los tercios españoles, el tambor mayor, oficial encargado de transmitir las órdenes del maestre de campo (que ejercía el mando de varios tercios) a través de cajas y pífanos, «convenía que supiera reconocer y tocar los sones usados por los franceses, alemanes, suizos, valones, escoceses, ingleses, turcos y moriscos y «ha de hablar todas esas lenguas si es posible». También tenía funciones de espionaje, pues, como los antiguos heraldos, se comunicaba con el enemigo (Albi de la Cuesta, 1999: 55-56). Obviamente, lo de «hablar todas esas lenguas» resulta poco creíble, pero algo de verdad debía de haber en ello, al menos ocasionalmente, si se tiene en cuenta que, cuando el tercio llegaba a su punto de destino, y una vez formado en escuadrón, el tambor mayor leía los bandos dictados por el maestre de campo (ibídem: 124). Por otro lado, del encargado de las compras para los hospitales se nos dice que convenía que fuese «confidente, diligente, que sepa lenguas comunes [...]» No es descabellado, pues, suponer que estos media-dores pudieran haber interpretado también en muchas de las confesiones sacramentales. En cuanto al lugar de las confesiones, teniendo en cuenta la obligación de confesar antes de entrar en batalla, hemos de suponer que incicialmente se celebrasen en los campamentos y otros asentamientos de las tropas o en el propio campo de batalla. A los heridos y moribundos, en la medida de lo posible, se los trataría de confesar en el propio campo durante la lucha. Luego, finalizada la batalla, en los campamentos, en lugares de acogida y en los hospitales. En los Países Bajos, donde los hospitales civiles solían estar saturados con sus propios enfermos y heridos, las tropas bajo mando español dispusieron de dos tipos: los de campo, vinculados a una determinada campaña, y los sedentarios, situados en lugar fijo. Ya en 1557 se creó el Hospital de los españoles en la ciudad de Valenciennes (entonces perteneciente al Ducado de Borgoña), pero solo subsistió el tiempo de la campaña militar. Diez años más tarde, Margarita de Parma mandó construir otro en Malinas, que también duró poco. En aquella misma ciudad fundó en 1585 su hijo Alejandro Farnesio el Hospital Real, que subsistió hasta principios del siglo XVIII. Progresivamente se añadieron otros en el Flandes francés y en Renania. Los capellanes formaban parte del personal de los hospitales, y hasta 1597, la administación general del servicio sanitario estuvo ligada al vicario general del ejército (Roldán Guerrero, 1952: 13-15). Moriscos, vascoparlantes y europeos en territorio español (siglos XVI-XVII) Aparte del sinfín de peregrinos y cruzados que llegaban a la Península Ibérica, o de los soldados que luchaban allí o partían de sus puertos, en España encontramos grupos de población entre los que no fue inusual la confesión por intérprete. En primer lugar, los moriscos (moros bautizados), que tardaron en aprender el español después de finalizada la Reconquista en 1492, incluso aunque Carlos I les prohibió hablar árabe en 1526 y Felipe II en 1567. En el ámbito de la corona de Castilla (en Aragón lograron una concordia de 40 años para instruirse en la fe católica), las imposiciones provocaron rebeliones, particularmente en 1568 en las Alpujarras de Granada, tras lo cual se produjo una dispersión morisca por territorios castellanos (Rodríguez-Martín y Chacón, 1980: 276). Pese a todo, todavía en 1583, en las Constituciones sinodales de Gaspar de Quiroga, Obispo de Toledo e Inquisidor General, se ordenaba a los párrocos que no les permitiesen hablar su lengua: En las provincias vascas y en Navarra, especialmente en zonas aisladas, muchos hablaban solo euskera (cf. Sarmiento Pérez, 2016a: 53), por lo que ocasionalmente debieron realizarse confesiones con intérprete. Jimeno Jurío (1992: 88), refiriéndose al siglo XVII, y a la villa de Aoiz, en el valle navarro de Lónguida -habitado por euskaldunes-, expone que, si bien las clases distinguidas e influyentes hablaban castellano (empleado, con el latín, en la documentación oficial escrita), el euskera «era la lengua materna de la mayoría del pueblo llano». Aunque se procuraba, no siempre se lograba que los vicarios destinados a aquellos lugares la hablasen. Así salió a relucir en el contexto de un proceso iniciado en 1696 en los tribunales diocesanos para dilucidar cuál de cuatro aspirantes a la vicaría de Aoiz resultaba elegido (tres de allí y el cuarto de la localidad navarra de Cáseda, cuyo conocimiento del euskera se cuestionaba, pero que, tras pasar un examen, obtuvo la vicaría). Muchos vecinos declararon que siempre se confesaban en euskera, porque no sabían otra lengua o porque se sentían más cómodos en la materna. A veces lamentaban la falta de confesores vascoparlantes: una vecina declaró que una vez había querido confesar con un vicario llamado don Francisco de Aiucar, «que estaba oiendo de penitencia, pero no pudo hacerlo porque el sacerdote no entendía la lengua vascongada» (ibídem: 93). Es de suponer, pues, que al menos in articulo mortis se confesase por medio de intérprete, como ilustra el ejemplo de la localidad de Altube (Álava) que mencionamos más adelante. Cabe añadir que también confesaban en euskera los peregrinos en Santiago de Compostela, donde solía ser problemático conseguir confesores. Todavía a mediados del siglo XVIII, el cabildo catedralicio mandó traer «frailes que entendiesen y hablasen dicho idioma, para confesar los peregrinos de aquel pueblo» (González Pérez, 1978: 362-363). Es lógico pensar que muchos lo hicieran con intérprete. Otro grupo poblacional que ocasionalmente necesitó confesar con intérprete fue el de los europeos (mercaderes, factores, agentes comerciales, etc.) que desde el siglo XV vivieron en territorio español. Aunque muchos ya sabían español o lo aprendían pronto, no debieron de ser pocos los que necesitaron mediador lingüístico para el obligado precepto de la penitencia. Aquí citamos algunos ejemplos extraídos de la documentación inquisitorial del tribunal de Canarias (casos similares debieron darse en todo el territorio del Imperio, pues, además de los de la Península y Sicilia, también hubo tribunales en México, Lima y Cartagena de Indias); no obstante, pese a no disponer de evidencias por ahora, intuimos que las confesiones con intérprete debieron de ser también usuales fuera del ámbito inquisitorial. Integrantes todos ellos de un bloque de procesos inquisitoriales mayormente contra flamencos llevados a cabo a finales del siglo XVI, tenemos cuatro procesados que, próximos a la muerte, confesaron mediante intérprete: Giles Guillermo, 1593; Conrado Jacob y Clemente Andrés (sueco), 1494, y Esteban Levinos, 1595. Con los tres primeros interpretó Lorenzo Guesquier y con el cuarto Daniel Vandama, ambos comerciantes flamencos asentados en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, sede del tribunal (para los detalles, cf. Sarmiento Pérez, 2016b: 19). Al objeto de ilustrar el protocolo inquisitorial en tales situaciones, nos detendremos en el caso del maestre de navío Esteban Levinos, no sin antes recordar que la Inquisición establecía que cuando el reo o el testigo al que se fuere a examinar [o en este caso, a confesar] no supiese español, se le pusiese intérprete (BL, Ms, Egerton 458, fol. 134r). 9 Levinos estaba siendo procesado por herejía y confesó sacramentalmente el 29 de mayo de 1595 en el hospital de San Martín, adonde había sido llevado días antes desde las cárceles secretas por encontrarse gravemente enfermo. En la audiencia de la tarde del día anterior mandó llamar el inquisidor a fray Pedro Basilio de Peñalosa, a la sazón calificador del tribunal, «y a Daniel Vandama, lengua flamenca». Después de haberles explicado cómo habían de proceder en la confesión, y ambos haber jurado guardar el secreto conforme a la correspondiente Instrucción, «fueron como se les ordenó al hospital de San Martín» (AMC, Inquisición, leg. En efecto, la Inquisición disponía que, si un reo gravemente enfermo pedía confesar, se le diese «persona calificada, y de confiança»; y cuando no lo pidiese, pero «el médico estuviesse sospechoso de su salud», se lo tratase de persuadir de que confesara (Argüello, 1630: Instrucción 71). Una vez realizada la confesión, tanto confesor como intérprete debían comparecer para referir cómo había trascurrido. Y así ocurrió al día siguiente, 30 de mayo: en la audiencia de la mañana, por separado, dieron sus respectivos informes («declaración del confesor» y «declaración del intérprete»), que, como cabía esperar, fueron coincidentes, con solo ligerísimas diferencias. En ambos salió a relucir lo que también disponía la mencionada Instrucción: que, al estar el penitente preso por herejía, no podría ser absuelto de este delito hasta haberlo manifestado judicialmente y quedar reconciliado al gremio de la Iglesia; por ello, la confesión no tendría total efecto «salvo si estuviere en el último artículo de la muerte, o fuesse muger preñada, y estuviesse cercana al parto» (ídem). Levinos estaba gravemente enfermo, pero, al parecer, no en el último artículo de la muerte, pues el confesor, «en un preámbulo a la confesión» le explicó que, si en su confesión judicial no había dicho al Santo Oficio todo o toda la verdad, especialmente en lo tocante a la fe, lo dijese ahora, pues, de lo contrario, no lo podría absolver sacramentalmente (AMC, Inquisición, leg. Curiosamente, este aspecto quedó mejor explicado en la declaración del intérprete, que lo expresó así: «[...] porque si no lo hiziera, no lo podría absolver, y aunque lo hiziera, no quedaba absuelto, porque en los casos de heregía estaba cometido por Su Santidad el absolverlo los Señores Inquisidores» (ibídem, fol. 316r). En suma: la absolución sacramental no tendría efecto hasta que el reo hubiese abjurado de su herejía y, seguidamente, quedase reconciliado. Y así sucedió, pues Levinos admitió que en la confesión judicial había negado haber estado, como estuvo, dos veces en predicaciones de herejes en Flandes. Añadió que se arrepentía de haberlo callado, y autorizó al confesor y al intérprete para que lo transmitiesen al Inquisidor; si no, él lo haría en cuanto se recuperase. Esto últi-mo habría resultado imposible, pues falleció a la mañana siguiente. Por lo demás, ambos declarantes incidieron en que Levinos había dicho las oraciones, unas en flamenco y otras en latín. Lógicamente, sobre el contenido de lo confesado sacramentalmente tanto el confesor como el intérprete guardaron el obligado secreto. Todavía en 1811, el comerciante irlandés afincado en la isla de Tenerife, Patricio Forstall, tras haber interpretado en la reducción de los norteamericanos Antonio Wallenton y Augusto Miers Savage, los asistió también cuando, a punto de ser ajusticiados por asesinar a un religioso, confesaron sacramentalmente (ibídem, leg. Confesar y testar en un mismo acto Nos resta referirnos, finalmente, a una cuestión mencionada en páginas anteriores (entre cruzados, peregrinos y soldados): la concurrencia de la confesión sacramental y el testamento. En la antigua Roma, testar era un acto de derecho privado que regulaba la transmisión de bienes. En desuso desde la caída del Imperio, reapareció en el siglo XII imbuido ahora de un propósito religioso por el inextricable vínculo de lo sagrado con lo profano. Al menos en teoría, la Iglesia Católica Romana exigía de sus miembros un testamento. Por ejemplo, en el Sínodo de Zaragoza de 1357 se prohibió enterrar en lugar sagrado a quienes muriesen sin testar -recordemos que se enterraba a los difuntos en iglesias o monasterios-hasta que en el último cuarto del siglo XIX se empezó a hacerlo en cementerios. En otras palabras, sin testamento y, por tanto, sin adecuada sepultura, no habría salvación. No obstante, el problema podía resolverse dando los herederos del fallecido parte de la herencia a la Iglesia en su nombre (Eire, 1995: 20-21). Al ser el testamento impuesto por la Iglesia, el redactor y conservador eran tanto el cura como el notario (escribano), aunque ya en el siglo XVI prevaleció este último. Considerado también una expresión de fe, en la que, al final de su vida, el pecador reconocía sus pecados y los redimía mediante un acto público, la Iglesia controlaba la reconciliación del difunto, tomaba un diezmo de la herencia y aumentaba su riqueza material. De ahí que, hasta mediados del siglo XVIII, el testamento comprendiera las cláusulas piadosas y las propias de repartición de la herencia (Ariès, 1983: 161, 167). En las Constituciones Sinodales del Obispo Cristóbal de la Cámara y Murga promulgadas en Canarias en 1629 -al igual que en las de otros obispados-, aún se exponía que «los testamentos es una cosa importantíssima, [...] para hazer bien a su alma, con Missas, legados, obras pías, capellanías, [...]. Mandamos que los herederos del difunto tengan obligación de entregar un tanto auténtico del testamento al colector de Missas y obras pías (Cámara y Murga, 1633: fols. Es comprensible, pues, que confesar y testar se realizasen conjuntamente, como nos recuerda Don Quijote en su postrer momento: «Yo, señores, siento que me voy muriendo a toda prisa: déjense burlas aparte, y tráiganme un confesor que me confiese y un escribano que haga mi testamento» (Cervantes Saavedra, 2015Saavedra,: 1008)). Era lo habitual que en el otorgamiento estuviesen presentes tres testigos (en Roma, antes de entrar en batalla, los soldados nombraban heredero ante tres o cuatro testigos, Wartelet, 1863: 88-89), uno de los cuales solía ser el confesor cuando se hacía en combinación con la confesión. También era lógico, por tanto, que, en caso de necesidad, el intérprete mediase en ambos actos. Veamos algunos ejemplos de ámbitos diversos. Si bien en las ciudades, el testamento se otorgaba ante notario (escribano), en lugares apartados solían asumir esta labor los sacerdotes. En la isla de Tenerife, todavía les había embargado sus pertenencias («secuestro de bienes»), destinándolas a sufragar los gastos originados por el reo en el Tribunal. De forma general, el intérprete actúa entre dos (o más) partes que persiguen alcanzar un acuerdo, efectuar una negociación, transmitir-recibir un mensaje... La historia brinda infinitos ejemplos de contactos en los confines de dos mundos, de dos territorios, de dos culturas limítrofes o distantes. Así, junto a la intermediación lingüística en situaciones de conquistas, de conflictos bélicos, de relaciones diplomáticas, están las del día a día: en hospitales, tribunales de justicia, administraciones públicas, empresas, entre particulares, etc. Elementos comunes en cualquiera de los supuestos son: la concurrencia de hablantes de dos lenguas incapaces de entenderse entre sí y un intermediario con competencias lingüística y cultural, que facilitará la comprensión y, por tanto, que el propósito perseguido culmine con mayor o menor éxito. ¿Ocurre lo mismo en la confesión sacramental? La respuesta es afirmativa en cuanto que el intérprete media entre hablantes de dos lenguas. Sin embargo, el escenario de la mediación presenta rasgos propios. Primero, se trata de un acto de reconciliación del hombre con Dios en un espacio fronterizo entre el pecado y la remisión, no pocas veces, entre la vida y la muerte. Segundo, la interlocución es marcadamente asimétrica: de una parte, el confesor, representante del Todopoderoso, en cuyo nombre otorga el perdón, actúa como médico que cura las heridas causadas por el pecado en el alma, como juez que juzga la ofensa e impone una pena, y, en el más deseable de los casos, como consejero que asesora y consuela al pecador, mitigando o agravando su pesar según el rigor con que opere. En definitiva, maneja la llave de la puerta que conduce a la salvación del alma o que la aboca a su condenación. En el otro lado, el penitente implora humildemente el perdón, descubriendo su rincón más íntimo al confesor como única vía para salvar su alma y desvelando acciones humillantes y vergonzosas, cuya revelación afecta a la estimación de su propia dignidad. Acude, pues, a la confesión con el ánimo turbado por la conciencia de las faltas cometidas: dolor, arrepentimiento y vergüenza son consustanciales al acto de la confesión (cf. Delumeau, 1992: 22, 26, 28, 43, 49). En este contexto, el intérprete contribuye a aumentar la turbación del penitente, y tampoco se sentirá cómodo realizando su tarea. Aun cuando carecemos de testimonios emitidos por los intérpretes, hemos de suponer que, desde esta perspectiva, diversas circunstancias -más allá de los niveles de empatía y competencia cultural-debieron de condicionar la mediación lingüística, complicándola o facilitándola. En el plano personal, ¿no debía de resultar más distendida cuando intérprete y penitente no se conocían, o cuando ambos sabían que no volverían a verse después de la confesión? Estas situaciones podían darse, por ejemplo, con peregrinos, que confesaban lejos de su entorno habitual, o con penitentes moribundos, a quienes, cons-cientes de su inminente tránsito a la otra vida, poco había de importarles que el intérprete supiese de sus intimidades. Asimismo, el rubor compartido por el intérprete y el penitente quedaría mitigado en la confesión interpretativa, en la que, como hemos visto, el primero únicamente trasladaba al segundo las preguntas y comentarios del confesor, que recibía directamente de aquel las delicadas respuestas. Más complejo se nos antoja el caso de la confesión anual, con el propio confesor en la propia parroquia, por tanto, con un mayor conocimiento recíproco. Aun así, nos inclinamos a pensar que, amén de aliviado por quedar perdonado, aunque fuese «abriéndose» también a un intérprete, el penitente percibiría el trance igualmente mitigado por la tranquilidad de disponer de su cédula de confesión, con la que eludía males mayores. Cuestión distinta sería que confiase o no plenamente en el sigilo que también obligaba al intérprete, en teoría inviolable, pero que este caso sería el de alguien que, a diferencia del confesor, era a menudo un simple ciudadano (comerciante, artesano o de cualquier otra profesión). Muy poco sabremos de estas cuestiones, precisamente porque confesor e intérprete estaban obligados a silenciar lo oído en la confesión, pero también porque el penitente se guardaría de desvelarlo en otros ámbitos. Aspectos susceptibles de variación según los casos eran la forma de la confesión y el perfil del intérprete. Recordemos que la confesión debía hacerse de todos los pecados, pero, ¿podía lograrse siempre una confesión completa? Aun cuando nos falte información, sí podemos suponer que la mayoría de las confesiones con intérprete no eran las del precepto anual en condiciones de normalidad; e incluso en estos casos hemos de tener en cuenta que la confesión requería el doble de tiempo que la realizada sin mediación lingüística. Fuera como fuese, la confesión previa a un combate, o la de un moribundo en una galera, en el campo de batalla, en el hospital, en la cárcel o en su lecho de muerte, había de resultar menos exhaustiva que la realizada en condiciones habituales, a petición del penitente y sin premura. En efecto, si bien, como exponía Possevino, los penitentes quedarían obligados a confesar posteriormente todos los pecados si había tiempo, en el momento de entrar en combate o ante un inminente naufragio estaba permitido acortar las confesiones (Lavenia, 2014b: 58). Por otro lado, la interpretación bilateral habitual, en la que el intérprete traducía las palabras del penitente y las del confesor, difería de la «parcial», en la que solo traducía las del confesor, pues el penitente se expresaba mediante apretón de manos. Y, de igual modo, un confesor laxista conduciría la confesión de manera distinta a uno rigorista. Respecto del perfil del intérprete, la condición de primera «prospección» del presente trabajo no nos permite extraer conclusiones definitivas, pero sí una común a varios de los ámbitos referidos: con moriscos, vascos, extranjeros e indígenas (en Canarias) el intérprete era mayoritariamente de la lengua materna del penitente, es decir: un morisco, un vascoparlante, un europeo o un indígena que había aprendido español. Esto nos lleva, de nuevo, a una situación de asimetría, pues el elemento lingüísticocultural dominante en la interlocución era el del penitente, con sus ventajas e inconvenientes: el intérprete podría entenderse mejor con el penitente, pero tendría un menor dominio de los conceptos manejados en la confesión, que, a su vez, resultarían más fácilmente comprensibles a un intérprete europeo que a uno morisco o indígena, aún en fase de aculturación y oprimidos por la cultura dominante. Menos claro ha quedado, sin embargo, el perfil del mediador entre los peregrinos, cruzados y soldados. De forma general, aunque tampoco lo podamos afirmar con rotundidad, sí parece que se prefirió a hombres antes que a mujeres como intérpretes. Aquí influyó, sin duda, la consideración de la mujer en la Iglesia Católica. Ya San Pablo decía que «deben guardar silencio en el culto de la Iglesia, porque no les está permitido hablar» (1 Corintios 14: 34). A mediados del siglo XVII, el franciscano Juan Ginto (1653: 218) recomendaba que quienes asistiesen en la confesión fueran hombres, porque a las mujeres «fácilmente mueve la curiosidad del saber, y son quien menos saben guardar secreto». No obstante, esta cuestión pudiera haber quedado supeditada a la elección del intérprete: al ser voluntaria esta confesión, el penitente podía venir acompañado de uno de su elección, como se desprende de la información sobre los moriscos («... más si alguno o algunos se acercan a confesión con intérprete...»). Por lo que conocemos del proceder de la Inquisición, era el inquisidor quien lo designaba, y en los casos que conocemos, siempre fue un hombre. De los cruzados y peregrinos cabe pensar que ocasionalmente acudiesen al confesor acompañados de uno elegido por ellos. Obviamente, esta opción quedaba descartada entre moribundos en hospitales, hospicios, cárceles, campos de batalla, etc. Sea como fuese, un aspecto controvertido fue el de si el intérprete era instrumento del penitente, del confesor o de ambos, como ponen de manifiesto las diversas visiones: frente a Soto, para quien solo suplía al penitente, y Concina, para quien participaba en el sacramento, aunque no asistiese de parte del confesor, Villalobos lo consideraba instrumento tanto del penitente, para hablar, como del sacerdote, para oír. Sea como fuere, de lo que no cabe duda es de que el intérprete en la confesión sacramental fue siempre un mal menor: como tal lo vieron, en general, la Iglesia y, sin duda, también los penitentes que lo necesitaron (aunque, naturalmente, se podían dar excepciones, como la que ilustra la nota 7). ¿Pero, acaso no ocurre lo mismo en la mayoría de las situaciones en las que el mediador es necesario fuera del ámbito eclesiástico? A la vista de lo expuesto hasta ahora debemos preguntarnos si los resultados de la investigación son los esperados. Positivos son en cuanto que hemos clarificado que la Iglesia Católica normalizó la confesión por intérprete y que aportamos evidencias de que se practicó en el periodo objeto de estudio. Respecto de la primera cuestión hemos de indicar, no obstante, que, exceptuadas algunas matizaciones y pese a los interminables debates y reflexiones de innumerables autores posteriores, recogidos en un sinfín de obras, apenas se modificaron los planteamientos de Santo Tomás de Aquino: la confesión con intérprete sólo fue obligatoria cuando el penitente estaba a punto de morir y sin otra posibilidad de confesar. Esto quedó especialmente de relieve tras el Concilio tridentino, por la necesidad y la obligación de confesar auricularmente todos los pecados mortales al confesor. En los restantes supuestos primaba la voluntariedad del penitente, pues ni siquiera se llegó a considerar obligatoria la confesión por intérprete en el caso del precepto anual lateranense. Cuestión distinta era que el propio penitente, aun sin estar en situación de peligro inminente de muerte, se sintiese obligado a confesar, y decidiese hacerlo con intérprete, por ejemplo, porque quisiese obtener la cédula de confesión y cumplir con el precepto de la eucaristía. No debemos olvidar el control ejercido por la Inquisición sobre todos los ciudadanos, especialmente sobre los moriscos y extranjeros procedentes de países luteranos, que debían comportarse como cristianos devotos si querían escapar a las denuncias ante el Tribunal. Otros penitentes que solían confesar voluntariamente con intérprete eran los cruzados y peregrinos, pues necesitaban disponer de la certificación escrita de haber confesado y comulgado en el destino de la peregrinación para acreditarlo al final del viaje y obtener la indulgencia prevista. En cualquier caso, el intérprete siempre estuvo obligado a guardar el secreto inviolable de lo hablado en la confesión. Ahora bien, precisamente del ámbito que más cabría esperar las evidencias -ejércitos y armadas españolas y católicas-no las hemos encontrado de forma explícita, creemos que por varias razones. Como señala Andres (2013: 1), «[a los intérpretes] se los necesita a menudo, pero raras veces se los menciona». En efecto, muchos historiadores, centrados en los acontecimientos «importantes» y forzados por las limitaciones del tamaño de sus libros, casi siempre los ignoran (Roland, 1982: vi, citado en Andres, 2013: 1). Hemos de reconocer que en este ámbito solo consultamos fuentes secundarias, y, aunque no hayamos logrado averiguarlo, muy probablemente existen archivos que custodien testamentos de soldados que combatieron en Lepanto o en Flandes, que, a su vez, aludan a las confesiones realizadas con intérprete. Por nuestra parte, estamos convencidos de que las hubo, no solo por el comentario del teatino Francisco de Cespedes, sino por el contexto y las situaciones que hemos reunido sobre las tropas. En igual sentido cabe pensar que también en el ámbito civil, los archivos diocesanos y parroquiales pueden aportar informaciones al respecto en los libros de defunciones, en las matrículas de confesiones, etc., pero también los archivos privados, en los que pudieran encontrase, por ejemplo, cédulas de confesión o certificaciones de peregrinos. La confesión sacramental por intérprete sigue practicándose, y, dado el papel del sacerdote como médico espiritual que cura las heridas del alma y juez que libra de las condenas del pecado, encajaría en lo que hoy llamamos interpretación social (cf. Baigorri y Alonso, 2007: 13). El ordenamiento jurídico de la Iglesia Católica la contempla en tres cánones del vigente Código de Derecho Canónico, promulgado en 1983: Canon 990. No se prohíbe a nadie la confesión mediante intérprete, con tal de que se eviten abusos y escándalos, sin perjuicio de lo que prescribe el c. También están obligados a guardar secreto el intérprete, si lo hay. El intérprete y aquellos otros, de los que se trata en el c. Pero, obviamente, ya no tiene la dimensión que tuvo en el periodo objeto de estudio. Como en el ascenso, también en el declive hubo diferentes momentos. Las grandes peregrinaciones decayeron a mediados del siglo XVI a raíz de la crítica protestante al culto a los santos, indulgencias y otras manifestaciones públicas de fe (cf. González-Varas, 2002: 505). A finales del siglo XVII había desaparecido, igualmente, la gran amenaza otomana y las cruzadas perdieron su sentido (cf. Madden, 2005: 198). Tras la paz de Westfalia, en 1648 (que puso fin a la guerra de los treinta años en Alemania y a la de España en los Países Bajos), acabaron las luchas de religión; el soldado cristiano sería sustituido por el soldado ciudadano, cuya instrucción pasó a desarrollarse en los cuarteles, y los libros destinados a las tropas movilizadas con la leva de masas reemplazaron a los catecismos iniciados por Possevino (Lavenia, 2014b: 107-108;2014a: 352). Finalmente, los aires de libertad que soplaban desde el siglo XVIII provocaron en el siguiente la abolición de la Inquisición española (1834) y, en definitiva, el ocaso de la hegemonía de la Iglesia católica. Entre aquellos cambios desapareció igualmente la vinculación entre la confesión sacramental y el testamento, que volvió a ser un acto de derecho privado. En suma: la relevancia de mediador de la frontera espiritual entre Dios y el hombre menguó drásticamente. Cabe añadir, finalmente, que el presente trabajo tiene continuación en otro, que verá la luz próximamente, sobre la confesión sacramental de los indios y los esclavos negros en el Nuevo Mundo.
In the framework of digital humanities, in their paper entitled Cultura jurisdiccional y digitalización de la memoria del "gobierno de justicia."Modelado de datos y enfoque digital para la historia del derecho de Iberoamérica [Jurisdictional culture and memory digitization of the "Government of Justice." Algunas referencias desde el Observatorio Europeo de Memorias [European Digital memories in a transnational era. In his paper entitled Las encuestas prohibidas de la transición española. El acceso a la información pública y la Historia Digital [The forbidden opinion polls of the Spanish Transition. Retos y oportunidades para el conocimiento del pasado en Internet [History and online Historical memory.
His assumption of "explanation over interpretation," mediated by graphics, maps, and trees; appears to appeal to blackboxing, "a aborde la lógica textual de los registros legales del antiguo régimen con base en su jerarquización, interrelación con fuentes no judiciales (teológicas, históricas, filosóficas, entre otras), su segmentación interna, la lógica de lectura no lineal de la normativa, así como los argumentos de autoridad requeridos en compilaciones y trabajos legales relevantes. Concluye que las ventajas de la automatización están asociadas a la capacidad de manipular archivos sin distorsionar el significado original de los textos, por lo tanto, propone la necesidad de desarrollar vocabularios estandarizados que ayuden a evitar enfoques anacrónicos con respecto a las fuentes legales de la Edad Moderna. The call phrase: "A la buena vida." 3. Tomás de Aquino, Summa Theologica, I-II, q.
Source: Instituto de Opinión Pública.
El objetivo de este artículo es estudiar los contenidos y las diferentes formas utilizadas en las peticiones enviadas por mujeres al Parlamento Inglés o a la Corona durante la segunda mitad del siglo diecisiete, prestando especial atención a la enorme diversidad de tópicos elegidos y a la recepción que tuvieron por parte de la sociedad. También pretendemos analizar sus discursos y las estrategias empleadas por estas mujeres para conseguir sus objetivos políticos. Los años previos al estallido de la Guerra Civil Inglesa (1642-1651) y las etapas iniciales del conflicto trajeron como consecuencia una serie de cambios sociales en todos los órdenes que, de manera obvia, afectaron también a las mujeres. El ambiente de agitación política y la especial coyuntura bélica propiciaron que los roles de género imperantes en el momento se viesen socavados y las mujeres, independientemente de su procedencia social, tomaran parte activa en la contienda con los medios que tuvieron a su alcance, hasta llegar muchas de ellas a posiciones destacadas a nivel político en ambos bandos. De los testimonios que nos han llegado puede colegirse que estos años supusieron un cambio inusitado en las relaciones de las mujeres con la esfera pública. De sólo tener una visibilidad aceptada en los momentos de graves crisis de subsistencia (food riots), o en protestas por el incremento de la fiscalidad, se pasó a reclamar una participación activa en los asuntos de la nación interesándose por los temas de gobierno, las cuestiones legislativas, económicas, sociales y religiosas en un delicado momento político en que el régimen de la monarquía absoluta comenzó a tambalearse, y finalmente fue derruido tal como Ann Hughes apunta (Hughes, 2012: 13) La mayor presencia de la mujer en la esfera pública inglesa a lo largo de estos tumultuosos años no pasó desapercibida para los contemporáneos, quienes rápidamente reaccionaron a esta creciente visibilidad de la mujer en el ámbito público con la escritura de obras en las que eran, en la mayoría de las ocasiones, escarnecidas. En 1646 apareció un panfleto realista de autoría anónima titulado The Parliament of Women en el que se analizaban los desmanes que sufriría la nación inglesa si las mujeres llegaran a sentarse en el Parlamento. Siguiendo esta estela, al año siguiente, 1647, Henry Neville publicaba un panfleto que alcanzaría gran fama durante la década siguiente a lo largo y ancho de Inglaterra. Bajo el título The Parliament of Ladies, el autor analizaba el hipotético e improbable caso en que los asuntos de gobierno estuvieran en manos de las mujeres. Los asuntos de la nación ya no se resolverían en la esfera pública, sino en la intimidad del hogar, y los primeros esfuerzos legislativos de este conjunto de mujeres estarían destinados a legalizar la existencia de varios maridos, a fin de satisfacer sus elevados deseos sexuales (Achinstein, 1994: 141, 142). Esta conocida obra, al igual que otras muchas de menor trascendencia y calidad literaria, era la respuesta a la serie de hechos en relación con las mujeres anteriormente expuestos y que no habían pasado desapercibidos para la sociedad inglesa de mediados del siglo XVII. Esta mayor y contundente visibilidad femenina en la esfera pública fue la que propició dos hechos interrelacionados. En primer lugar la "feminización", y con ello la vilificación de la política a decir de la mayoría de los autores, y, en segundo lugar, la aparición de numerosas obras tanto en defensa de las mujeres como de marcado carácter misógino en todo el país durante los años de la Guerra Civil y la posterior Restauración. Esta reacción, por otra parte no era algo exclusivo de la sociedad inglesa del momento, sino que se producía en el resto de Europa y, en particular en España donde la decadencia era explicada en los discursos de tratadistas y arbitristas por la injerencia femenina en las cuestiones políticas (Lehfeldt, 2008). La feminización de la política y sus nefastas consecuencias fue algo reseñado por los autores de ambos bandos en sus escritos como una forma de explicar el caos imperante a pesar de que ambos bandos no dudaron en utilizar a las mujeres para sus propósitos cuando lo consideraron necesario. De igual modo, realistas y parlamentarios mostraron clara preferencia por la sátira de carácter sexual como método para deslegitimar las acciones femeninas. Estas obras fundamentalmente contenían mofas sobre los alegatos femeninos por la igualdad entre ambos sexos o la creciente visibilidad de las mujeres en la esfera pública (Achinstein, 1994: 131) Los realistas representaban al Parlamento como una prostituta, mientras los parlamentarios utilizaban como símbolo de la depravación la figura de la reina Enriqueta María. No sólo era mujer, católica y la hermana del mayor enemigo de los ingleses, el rey de Francia, sino que también había manifestado sus deseos de influir y participar activamente en la política de su tiempo. Así, el gusto de la soberana por el teatro y su actividad política hicie-ron que se convirtiera para los panfletistas como Prynne en la puta de Babilonia y, más tarde, cuando tras reclutar, pertrechar y dirigir un ejército se dio a sí misma el título de she-generaless (generalísima), los parlamentarios vieron con total claridad porqué los realistas perdían todas las batallas: no podía esperarse otro resultado menos nefasto si al frente de ellos estaba una mujer (Lunger Knoppers, 2012). Ambas partes tenían muy claro que la descalificación sexual de las mujeres del bando opuesto conllevaba la sistemática descalificación moral del grupo contrario y, por ende, su causa. Las acciones de las mujeres pertenecientes a los estamentos acomodados en este período fueron muy variadas. En unos casos, pasaron por la defensa de sus estados; por ejemplo, la realista Lady Bankes defendió sus dominios frente a las tropas parlamentarias, de la misma forma que la escritora Brilliana Harley, de inclinaciones parlamentaristas, se enfrentó a las tropas realistas para salvaguardar sus propiedades (Achinstein, 1994: 135, 136). Otras veces las voces femeninas se hacían oír en la calle mediante manifestaciones fortuitas o creando tumultos a las puertas de los tribunales para pedir la liberación de sus maridos o para que cesara la confiscación de sus estados. Muchas de ellas participaron activamente en el frente encargadas de la intendencia de las tropas o defendiendo sus propiedades y ciudades con el ejercicio de las armas (Hughes, 2012: 32). De gran relevancia fue el batallón parlamentarista de mujeres conocido como The Maiden Troop en las regiones de Norwich y Londres, donde dirigieron el asalto a posiciones enemigas (Ma'Arthur, 1909: 704). Otras, decidieron disfrazarse de hombre, como fue el caso de la capitana Alice Clark o la capitana Dorothy, quien lideró una insurrección en una región minera (Purkiss, 2005: 59). No sería esta la primera ocasión en que las mujeres tomasen las vestimentas masculinas, destacan en el ámbito hispánico los ejemplos de Catalina de Erauso o las múltiples referencias en el teatro barroco. Fueron muchas las que actuaron como espías. En el bando realista destacaron Philippa Corytion y Lady Aubigny pero, sin duda, la espía más famosa fue Parliament Joan quien espió a las tropas del conde de Essex, William Waller y Thomas Fairfax (Hughes, 2012: 36). Pero no sólo eran reprobadas las acciones heroicas de las mujeres en el campo de batalla, sino sus peticiones al Parlamento. Ocurre con la obra de Neville o, incluso mediante absurdas peticiones apócrifas firmadas supuestamente por mujeres (Hughes, 2012: 55), lo que demuestra que la participación activa de las mujeres en el universo peticionario era considerada una transgresión del orden imperante y escritores de todos los signos políticos se apresuraron a censurar esas conductas. Incluso algunas mujeres destacadas del momento, como la duquesa de Newcastle, se mostraron muy duras con ellas alegando que se trataba de una actividad propia de mujeres de baja ralea: Nor can words or place disgrace them, but inconstancy and boldness: for an honest heart, a noble soul, a chaste life, and a true speaking tongue, is the throne, scepter, crown and footstool that advances them to an honourable renown." 1 Pese a las críticas y las chanzas la figura de la peticionaria se convirtió en un lugar común en el imaginario inglés de la época. Autores y autoras de muy diversas tendencias trataron su participación política. La escritora republicana de credo puritano Lucy Hutchinson se sintió asombrada por sus justas reivindicaciones a pesar de que le horrorizaba tal injerencia femenina en un ámbito que a éstas les estaba vedado. El recuerdo de las petticoat petitioners se mantendría en el siglo XVIII gracias a la actividad de Catharine Macaulay quien en su Historia de Inglaterra habla de ellas de una forma muy encomiable diciendo que estas mujeres fueron las verdaderas protagonistas de la revolución en las calles de Londres. Este interés femenino en los asuntos públicos se tradujo, en 1640, en la subversión del orden establecido por parte de numerosas mujeres que decidieron ejercer un autoproclamado derecho al voto. Así como sucedió en Suffolk, donde las mujeres quisieron votar por los representates puritanos. Su iniciativa fue rechazada no por la ausencia de precedentes de que una mujer quisiera votar, sino porque en aquel momento los interesados consideraron que ser respaldados por una mujer suponía un grave deshonor para ellos. Las investigaciones de Patricia Lee demuestran que en otras regiones donde las votaciones se hacían de forma pública y a viva voz, las mujeres muy probablemente también ejercieron este derecho (Lee, 1998: 242). Las acciones contestatarias y sin precedentes de las inglesas incluyeron también la redacción de panfletos y la elaboración de peticiones de carácter privado. Éstas últimas representaban el cauce legal para protestar contra todo aquello que consideraban injusto y obtener respuestas a sus reclamaciones. En la mayoría de las ocasiones las elevaron a poderosos miembros de las elites locales; sólo unas pocas se decidieron a subvertir el orden imperante presentando peticiones al Parlamento o a otras instancias oficiales (Withing, 2004: 81). Un número creciente de panfletos y peticiones, en especial los salidos de la pluma de las mujeres más radicales, alcanzaron amplia difusión al ser impresos aprovechando la especial situación del mercado editorial inglés del momento en el que había desaparecido la censura previa. En las páginas siguientes voy a analizar la actividad de escritura de peticiones llevada a cabo por mujeres procedentes de distintos estamentos sociales y diferentes tendencias ideológicas entre las décadas de 1640 y 1660, con especial atención a las producciones del entorno Leveller. Analizaré la tipología de petición utilizada, la articulación de su discurso y las estrategias a través de las peticiones presentadas al Parlamento y al monarca y cómo dependiendo de los objetivos perseguidos utilizan distintas nociones de feminidad u otras argumentaciones para favorecer su causa y hacer que su discurso sea ampliamente aceptado por la sociedad. SIGNIFICACIÓN DE LA ACTIVIDAD pETICIONARIA Las peticiones al Parlamento eran de especial relevancia en la vida política inglesa. Toda la legislación emanada de las Cámaras se basaba en ellas, y, además era la forma natural de presentar al rey, individual o colectivamente, los agravios sufridos, hacerle llegar propuestas de consejo por parte de los fieles súbditos, o incluso fórmulas para mejorar determinadas situaciones políticas o económicas (Withing, 2004: 80), tipo de petición ésta última muy similar a lo que en España se conoce como "arbitrios". La actividad peticionaria se remonta a un privilegio medieval y constituía un derecho inalienable de los súbditos (Lee, 1998: 243). Cualquier nacido en Inglaterra de padre inglés era un súbdito de la corona y, por tanto, podía dirigirse a ésta. Las mujeres quedaban encuadradas dentro de esta genérica categoría de súbdito y, como tal, no existía ninguna prohibición expresa al ejercicio de este derecho peticionario por su parte (Crawford, 2001: 202). A pesar de ello, las peticiones femeninas fueron muy escasas con anterioridad a las fechas de este estudio, lo que probablemente explica que los dignatarios del momento hicieran una valoración tan negativa de tales escritos cuando se presentaron. En numerosas ocasiones las reacciones del Parlamento oscilaron entre el carácter jocoso y lo iracundo, burlándose de ellas o recomendándoles encarecidamente que retornaran a sus hogares a realizar actividades acorde con su sexo. Tan poco acertadas respuestas llevaron a las mujeres, en algunas ocasiones, a recordarle a los miembros del Parlamento que el hacer peticiones a la Cámara era un derecho inalienable: Las peticiones habían de ser secretas, tenían que presentarse de acuerdo a los cauces estipulados por el Parlamento y debían ser corroboradas por una delegación para evitar el fraude (Lee, 1998: 248). El objetivo de esta medida era comprobar que la petición era elevada por una persona real y que los motivos en ella expuestos también se ajustaban a la realidad. Los textos habían de presentarse como humildes comentarios o súplicas, ser meramente informativos, estar escritos de forma apolítica, sin criticar las leyes o al gobierno, y, por último, no podían hacerse públicos. Imprimir y publicar una petición elevada al Parlamento constituía una grave desobediencia, aunque a lo largo del siglo XVII la impresión de peticiones fue utilizada como una estrategia política. Para el pueblo y para algunos parlamentarios constituyó una forma eficaz de difusión de ideas y de condicionamiento de la "opinión pública", siendo Pym el máximo exponente de esta práctica. A las finalidades políticas obvias que conllevaba la impresión de estos textos se unían también las económicas, puesto que gracias a ello floreció un suculento mercado editorial en las ciudades, especialmente en Londres, que por ser la sede del Parlamento realizaba la impresión y difusión de la mayoría de estos textos (Zaret, 1996(Zaret,: 1497)). Muchos estudiosos del tema consideran esta actividad peticionaria como el inicio de la práctica democrática por su especial significación en la esfera pública. En su opinión, el que la palabra petición fuera bastante usual en el vocabulario inglés del siglo XVII demuestra la familiaridad de amplios segmentos de la población con el término y los procesos necesarios para llevarlas a cabo. Alegan, además, que la utilización de las peticiones tanto por particulares como por diversos colectivos (fundamentalmente grupos profesionales o grupos de mujeres) en estos momentos marcó un hito en el proceso revolucionario y fue uno de los primeros estadios de la creación de la opinión pública en Inglaterra (Zaret, 1996(Zaret,: 1497)). El estado de conservación de estas fuentes es fragmentario, consecuencia directa de los avatares del contexto en que se produjeron, junto con los dos grandes incendios vividos por Londres en 1665 y 1834, cuando Westminster, sede del Parlamento, fue destruido casi en su totalidad. Es por ello por lo que hay que considerar que las peticiones presentadas por mujeres a esta institución que se conservan no suponen la totalidad de ellas. Aun así, su volumen total es importante, no estando cuantificado en su totalidad. El análisis de esta documentación, junto con la de similar carácter que se conserva en otros archivos de autoridades locales, o la perteneciente al StatePaper Office, que contiene aquellas peticiones dirigidas a la monarquía, permite conocer los cauces que las inglesas emplearon para relacionarse con el poder y sus posicionamientos, el discurso femenino imperante y las estrategias empleadas por las autoras para dirigirse a las más altas instancias del estado. CONTENIDO Y ESTRUCTURA DE LAS pETICIONES DE MUJERES Como he señalado, todas las peticiones presentadas a los distintos poderes a lo largo del siglo XVII siguen una misma estructura documental. Constituyen un único folio cuyo formato suele ser apaisado. En la parte superior recogen la institución a la que va dirigida: la Cámara de los Lores, la de los Comunes, al Parlamento reunido en dos Cámaras (To the most honorable Lords assembled in Parliament) 3, el rey o algún poder local. El encabezamiento ya nos indica la posición que las mujeres van a tomar frente al poder establecido en función de su procedencia social y estamental. Así, las pertenecientes a la nobleza consideran la elaboración de una petición como un mero formulismo para revertir o solucionar una determinada situación que por derecho les corresponde siendo su discurso en todas las ocasiones directo, conciso y sin demasiada retórica. Por el contrario, quienes proceden del Tercer Estado apelan a la buena voluntad y disposición de los Parlamentarios, encargados de salvaguardar las leyes. Quizás por ello utilizan fórmulas mucho más ampulosas al inicio, como To the right honorable Lords spirituall and temporal now assembled in Parliament 4. Estas peticiones suelen tener las mismas características formales y presentan diferente grafía en el cuerpo del texto y las firmas, por lo que, sin lugar a dudas, la amplia mayoría de ellas fueron redactadas por amanuenses. Las primeras líneas contienen un breve resumen del tema a tratar junto con el nombre del peticionario y su condición independientemente de su procedencia social (ciudadano de Londres, cervecero, viuda, Duquesa de Somerset, etc). Después hay una frase introductoria fija que podemos traducir por "expone que", expresada de diversas formas: sheweth, shewing, humbly sheweth, most humbly sheweth. He podido observar que las pequeñas variables de esta fórmula están en función del estamento social en el que se encuadran las autoras, utilizando las del estamento llano formas mucho más respetuosas y recargadas que las nobles. Esta diferencia vendría a reforzar la idea anterior sobre el papel que las mujeres tienen como interlocutoras ante la Cámara, su propia consideración y también la estrategia a seguir para lograr sus propósitos. Las nobles estarían por tanto ejerciendo una prerrogativa que les correspondería por cuna mientras que las mujeres pertenecientes al estado llano se muestran deseosas de solucionar una situación excepcional y poco ventajosa para ellas. El grueso del texto peticionario se consagra a exponer los motivos por los cuales su autora se dirige a la autoridad. Esta exposición suele ser breve y concisa, con un lenguaje muy objetivo en la mayoría de los casos. El últi-mo párrafo hace una breve recapitulación de lo expuesto e introduce la solicitud que se hace. Las dos últimas líneas corresponden con una despedida en la que el peticionario informa, en la práctica totalidad de los casos, de que va a rezar por la autoridad a la que se dirige. Esta fórmula varía de un simple "pray" a frases más elaboradas como "your petitioner and servant shall pray...". Una vez más el estamento de pertenencia determina el cierre de la petición. Las nobles terminan el texto de forma lacónica, mientras que la despedida de las mujeres más pobres resulta mucho más prolongada y emotiva. En general, las peticiones de las mujeres del Tercer Estado solicitan el fin del conflicto, el restablecimiento de la paz, la mejora de su precaria situación o la obtención de alguna compensación como consecuencia de la pérdida de algún familiar, mientras que las solicitudes de las nobles se centran en reivindicaciones de carácter económico y restitución de sus estados. A pesar de que las peticiones realizadas por mujeres presentan estructura idéntica y contenidos muy similares a las masculinas, es posible encontrar ciertas diferencias entre unas y otras. La primera característica de todos los textos femeninos analizados es la presencia de la humildad, no sólo como fórmula inicial en algunos casos, sino a lo largo de todo el texto, característica compartida con otros escritos elaborados por mujeres en todos los géneros de la época. Hay también una justificación de su acción de dirigirse por escrito al poder. Ésta no era otra que su situación de madres y esposas o viudas, situación que, asimismo, las legitimaba para elevar sus peticiones de manera independiente y sin necesidad de solicitar permiso a ningún varón de la familia (McEntee, 1992: 92). Dramáticamente describen el estado de miseria en que se hallan y el hambre que pasan sus hijos (Achinstein, 1994: 138); motivo este de lugar común con otros escritos políticos femeninos del momento, en los que se alude a que es la nefasta situación del reino o las especiales circunstancias de hambruna o guerra las que las mueven a atreverse a elevar su voz. Esta supuesta debilidad femenina también es utilizada para propósitos políticos. Así, se dirigen al Parlamento de una forma aduladora indicándole a los parlamentarios su papel como padres del cuerpo legislativo y los deberes para con la sociedad que gobiernan (Hughes, 2012: 106). Otras veces justifican su petición recordando los grandes servicios que sus maridos han prestado a la monarquía, fórmula que emplean mayoritariamente cuando sus peticiones son de índole económica. La utilización de la actividad peticionaria como forma de exponer sus necesidades al poder contrasta con la forma empleada anteriormente para exponer sus reivindicaciones, a través de los food riot. Este hecho podría deberse a la mayor visibilidad de la acción del Parlamento en estos momentos y a la consideración social de la utilización de dicha institución como forma de canalizar las diversas necesidades sociales. En lo que a la autoría real de las peticiones firmadas por mujeres, también se han encontrado discrepancias, dudándose en algunos casos, sobre todo aquellas pertenecientes a los entornos Leveller, que salieran de la pluma de las firmantes. La inmensa mayoría de las peticiones fueron redactadas por escribanos, tanto las que proceden de nobles como de la gentry, limitándose las peticionarias a firmar el escrito. Algo llamativo y característico es que muchas de ellas, sobre todo las elaboradas por mujeres pertenecientes a las clases medias urbanas, sí están redactadas por ellas mismas puesto que la letra del cuerpo del texto y la de la firma coinciden. La mayoría de estas peticiones nunca fueron impresas a excepción de las elaboradas por las mujeres del entorno Leveller, donde comenzaron a destacar tres de ellas: Katherine Chidley, que se convirtió en una prolífica panfletista, Mary Overton, quien también llevó a la imprenta algún panfleto, y Elizabeth Lilburne, esposa del líder Leveller John Lilburne. Los contenidos de las peticiones son variados, aunque predominan las que versan sobre temas políticos -pidiendo liberación de presos o el cumplimiento de las leyes de Inglaterra-, y las de contenido económico, solicitando devolución de bienes confiscados o la liberación de prisión por deudas. Especialmente significativa a este respecto es la petición de las mujeres de Londres solicitando la excarcelación de Mary Overton. Las peticiones de contenido político presentan unas características propias que las diferencian. En primer lugar, suelen ser bastante largas, ocupando más de un folio; lo que nos llevaría a preguntarnos si son peticiones o panfletos, son impresas en muchas ocasiones, e introducen una serie de elementos que no se encuentran en las peticiones ordinarias: referencias a la Biblia, a personajes históricos, a las diversas leyes vigentes en Inglaterra e, incluso, a otras peticiones presentadas a las Cámaras. Estas diferencias están en relación con el propósito de las peticiones. Mientras que las de carácter económico, o aquellas que solicitan la excarcelación de un reo, tienen en la práctica totalidad de los casos un carácter privado, en el caso de las políticas se abordan asuntos públicos de interés general que exigen en la mayoría de las ocasiones revocar decisiones judiciales o propiciar el cambio de alguna inicua ley, por lo que no es de extrañar que para sustentar su demanda recurran constante y profusamente a las fuentes de autoridad más reconocidas en el momento: las Sagradas Escrituras, ejemplos históricos o la jurisprudencia precedente. Las referencias profusas a la Biblia son una constante también en las peticiones políticas elaboradas por hombres, si bien las de pluma femenina presentan matices. Mientras que las primeras cuentan con innumerables citas de pasajes de las Sagradas Escrituras, fundamentalmente de los profetas, las segundas recogen de una forma más espontánea y menos erudita los ejemplos de personajes bíblicos femeninos destacados para legitimar su discurso. Las referencias a mujeres bíblicas se centran también en aquellas féminas que han contribuido a la defensa de la sociedad a través del ejercicio de las armas. Si bien du-rante el reinado de Isabel I las femaleworthies en las que se encuadraban estos relatos eran ampliamente aceptadas y difundidas, los reinados de Jacobo I y Carlos I supusieron una época de desprestigio para estos textos y las protagonistas de los mismos, por lo que la utilización de estos ejemplos sería una subversión más de las peticionarias (McEntee, 1998: 92). Primeramente se expone la situación de injusticia a que ha llegado el reino, para pasar a demostrar con el elenco de leyes anteriores cómo el actual gobierno está violando los derechos fundamentales de los súbditos ingleses. Las mujeres, por tanto, no estarían haciendo ninguna reivindicación novedosa, sino pidiendo el cumplimiento de antiguas leyes. pETICIONES DE MUJERES DURANTE LA GUERRA CIVIL Y LA RESTAURACIÓN Hasta hace no demasiado tiempo los estudios relacionados con las obras escritas por mujeres se han centrado, sobre todo, en grandes obras literarias redactadas por mujeres pertenecientes al estamento nobiliario dejando de lado la importancia de los contenidos de otras producciones de mujeres del Tercer Estado, referidas a cuestiones económicas y religiosas fundamentalmente (Nevitt, 2006: 26), por considerarlas como escritos menores y sin trascendencia literaria. El impulso que ha vivido en los últimos tiempos la historia de la propaganda durante la Guerra Civil inglesa ha propiciado que comiencen a estudiarse numerosas obras de autoría dudosa o claramente atribuidas a mujeres: los panfletos. Esas obras, si bien es verdad que no poseen la erudición y precisión de las elaboradas por muchas nobles, sin embargo, constituyen para el historiador fuentes preciosas puesto que permiten conocer no sólo la ideología y organización de un grupo de mujeres, sino también los cauces y las acciones que llevaban a cabo para intervenir en la esfera pública de su tiempo. De ahí la atención que a estas peticiones, ha dedicado la reciente investigación feminista (Withing, 2004: 79). Con el objetivo de sistematizar el estudio de las peticiones estudiadas he establecido una tipología de las mismas en función de su contenido. De este modo, encontramos peticiones de contenido político, peticiones económicas relacionadas con el uso y disfrute de bienes y también solicitando la intervención en algún litigio de naturaleza económica, un tercer tipo que podemos considerar de protección frente a familiares y protección, petición de liberación de prisión e indulto tanto para sí mismas como para familiares y, encuadradas dentro de este último tipo, las peticiones para la redención de cautivos. peticiones de contenido político La primera petición de mujeres durante el conflicto bélico que se conserva data del 31 de enero de 1641. Para ella solicitaron respuesta al día siguiente, presentándose 400 mujeres ante las puertas del Parlamento, de las cuales, 12 fueron recibidas por la Cámara de los Lores. Su petición reclamaba paz y con ello el fin de la guerra, la conservación de la religión, la liberación de sus maridos y estados, el reconocimiento de su derecho a asociarse y elevar peticiones al Parlamento, atendiendo a su especial fragilidad como mujeres: Las agresoras fueron arrestadas y llevadas a prisión. Tras estos sucesos comprendieron que debían hacer oír sus voces dentro de los cauces legales y para ello elaboraron una petición conjunta que estuvo encabezada por Anne Stag, la esposa de un cervecero. Aunque los contenidos políticos pudieran resultar inapropiados para estas mujeres, lo cierto es que su principal reivindicación se basaba en el mantenimiento del orden social existente: petición de paz, libre comercio, derogación de las leyes de prisión injustas. Su petición, Gentlewomen and tradesmen's wives in and about the city of London, presentada a los Comunes el 4 de febrero de 1642, abogaba por la defensa de sus ideas políticas y la justificación de sus acciones al tiempo que se presentaba como genuina y original (Lee, 1998: 249). A los pocos días otro grupo de mujeres presentaba a la Cámara de los Lores una petición con contenidos totalmente distintos: habiendo tenido conocimiento las mujeres de Londres de la resolución tomada por la reina de abandonar el país, se mostraban temerosas de los efectos que su huida podía tener en el comercio (Ma'Arthur, 1909: 701). En agosto de 1643 los Comunes envían a los Lores unas proposiciones de paz que son rechazadas. En respuesta a ello, las mujeres se manifestaron el 8 de agosto a las puertas del Parlamento impidiendo que los parlamentarios entraran al edificio. Esta multitudinaria concentración marcó profundamente a los coetáneos, pues son varios los que recogen sus impresiones al respecto. D'Ewes dice que cerca de dos o tres mil mujeres llegaron a la puerta del Parlamento siguiendo el tumultuoso e ilegal ejemplo de sus antecesoras. Al día siguiente, portando lazos blancos, símbolo de la paz, enviaron una petición reclamando la misma: Maids petition to the Hon. Muchas de estas mujeres fueron enviadas a la prisión de Bridewell por escándalo público. Las acusaciones de este delito contra mujeres no eran algo novedoso; en 1641 Elizabeth Lilburne fue detenida y encarcelada junto con otros miembros de una congregación baptista por esta misma causa (Hughes, 2012: 57). Posteriormente volvería a ingresar en prisión de forma voluntaria para acompañar, tal como quedaba establecido en la ley, a su marido durante su confinamiento. En la prisión nacería una de sus hijas. Después de 1645 las peticiones femeninas cobraron un gran protagonismo en las manifestaciones a favor de los Leveller, quienes cuestionaban el autoritarismo del Parlamento 7. Las mujeres pertenecientes a los grupos artesanos de Londres simpatizaban especialmente con Lilburne, encarcelado por sus escritos sediciosos. La situación que las levellers y sus simpatizantes estaban creando no era del agrado de la Cámara y es por ello por lo que el 26 de agosto de 1647 dieron la orden de evitar que las manifestantes se acercaran a cualquier puerta de acceso al edificio. La situación se recrudeció a lo largo del verano, llegando al punto álgido en el otoño, cuando el 15 de octubre ordenaron apresar a todas las mujeres que dijeran algo ignominioso sobre el Parlamento para ser castigadas conforme a la ley. Estaba claro que no iban a ser procesadas por insultar a los parlamentarios, sino por subvertir el orden vigente. Apoyar a losLeveller suponía cuestionar el orden político existente, puesto que éstos defendían la abolición de la Cámara de los Lores por ser cubierta conforme a privilegio y no al sufragio, y poner en tela de juicio que los parlamentarios defendieran los intereses de la nación. Mas aún peor, la actuación de estas mujeres, atendiendo a su sexo, constituía por sí misma un elemento de sedición (McEntee, 1998: 96). Elizabeth Lilburne junto con otras veinte mujeres presentaron una petición a la Cámara de los Comunes, J. Lilburne from his wife and many women, que hizo caso omiso de sus reclamaciones, aunque las firmantes siguieron manifestándose a las puertas del Parlamento hasta que un comité de la Cámara revisó el caso de Lilburne. No era esta la primera vez que Elizabeth intervenía ante el Parlamento a favor de su marido. Lo había hecho en 1643 cuando este fue apresado en el frente por los ejércitos realistas y condenado a muerte. Entonces logró su liberación tras una reunión con varios miembros del Parlamento y, en avanzado estado de gestación, cabalgó de Londres hasta Oxford para hacer saber a los realistas cuáles eran las decisiones tomadas por el Parlamento como contrapartida (ejecutar a algunos de los más destacados prisioneros realistas en sus manos) y lograr la automática liberación de su marido (Hughes, 2012: 58). Las mujeres también se sensibilizaron con la causa de Mary Overton, esposa de otro importante dirigente Leveller. Tras la publicación de los sufrimientos padecidos en su encarcelamiento y el trato inhumano y vejatorio recibido no sólo por ella, sino por el pequeño de sus hijos, que sólo tenía un par de meses cuando fue encarcelada, las mujeres se movilizaron y presentaron An appeal to the House of Commons, on Mary'sbehalf. En el entorno Leveller las mujeres elevaron peticiones al parlamento en solitario, en conjunto, o con sus maridos. Sus peticiones reclamaban participación política, pedían la liberación de sus esposos amparándose, al igual que el resto del discurso Leveller, en las libertades primigenias de la nación inglesa. Sin embargo, todas estas peticiones habían sido rechazadas por la Cámara y les habían impedido incluso la entrada al recinto parlamentario. Los libros de noticias (newsbooks) de la época recogen que presentaron hasta seis peticiones en este año. Si bien no estaban representadas en el Parlamento, las mujeres tenían cabida en la esfera pública y en el mercado editorial que publicaba sus demandas (Achinstein: 1994, 137), por lo que resulta factible que éstas resultaran interesantes o cuando menos novedosas para un amplio público lector. Estas mujeres contaban con una gran organización, a la cual debían sin duda su éxito editorial y social. Muchas de ellas ocupaban el cargo de guardianas y líderes de sección y eran las responsables de imprimir y hacer circular las copias de las peticiones durante las reuniones. Fruto de esta actividad resultó la petición A A plea for the release of Lilburne. En esta petición las mujeres muestran ser conscientes de que están transgrediendo el orden social y político vi-gente y se presentan a sí mismas como intrusas en los asuntos públicos, alegando que no es por principios políticos por los que hacen una reclamación, sino por la situación de hambre y pobreza que atraviesa la ciudad. Esta presentación es una forma de reducir al mínimo tanto las críticas como el cuestionamiento de su intromisión en la esfera pública. A pesar de los juegos retóricos y de la consciente y premeditada presentación de sí mismas como devotas madres y apolíticas abnegadas esposas, lo cierto es que su actuación no podía ser considerada de tal forma. La presentación de escritos constante y continua, la actividad impresora en relación con ello, junto con sus manifestaciones, dejaba claro que eran un movimiento organizado. Muchas de ellas dejaron patente sus simpatías y militancia al acudir en masa al funeral de Robert Lockyer, destacado líder Leveller 8. La inocente actuación como plañideras que intentaron presentar con la asistencia al funeral, sin embargo, fue contestada por su activismo manifiesto unos días más tarde. El 5 de mayo de 1649, llevando lazos verdes, símbolo de la paz y, a su vez, símbolo indiscutible de estas activistas Leveller (Hughes: 2012, 103), presentaron una nueva petición a la Cámara de los Comunes Forthe-Rights and libertyes of all peticoat petitioners on demande retribution for the execution of Lockyer. Muchas de ellas no sólo llevaban los distintivos lazos verdes, sino que iban vestidas de verde a manifestarse a las puertas de Westminster. Fue, además, la primera vez que se otorgaron un nombre: petticoat petitioners (peticionarias en enaguas), hecho que demuestra su sentimiento de pertenencia a un grupo. Las peticiones de las Levellers, además, hacen recriminaciones a los parlamentarios. Mary Overton se atreve a decirle al Parlamento que se ha convertido en una cámara totalmente ilegítima, que únicamente está proporcionando miseria a los ingleses y que, en consonancia con lo expresado por el decapitado Carlos I, no existe ninguna diferencia entre el Parlamento y los tiranos de Atenas: "we know (as sometimes the Kinn hath told you) the misery of Athens was at the highst when it suffered under thirty tyrants, and if instead of one tyrant we have got three or four hundred we cannot be far form the height of ours." 9 Sobre las detenciones, muchos cuentan la forma en que éstas son llevadas a cabo de forma ilegal, en mitad de la noche y sin explicarles los motivos de su pérdida de libertad 10. En algunos casos, incluso los oficiales cometen pillaje con las pertenencias del detenido: 11 Esta reivindicación de distinción entre los motivos del encarcelamiento es mucho más pertinaz y recurrente en los escritos femeninos ya que siempre son llevadas a prisiones como la de Maiden Lane, destinada a la reclusión de prostitutas. También es clara en ellos la vinculación entre publicación y movilización ciudadana, sobre todo en el caso de las mujeres. Aunque éstas habían iniciado su campaña desde los mismos inicios del conflicto, sus reivindicaciones cobrarían un mayor protagonismo después de 1645, cuando comenzaron a manifestarse a favor de los Levellers. Las mujeres también tuvieron un papel destacado en la defensa de la causa de Lilburne durante el Protectorado, decidiendo muchas elevar peticiones al Lord Protector: The humble petition of divers afflicted women in behalf of M Lilburne prisoner in Newgate junto con una segunda petición de 1653, The humble representation of divers afflicted women-petitioners to theparliament. La activa participación de las mujeres en las cuestiones políticas del momento también se vivió en las familias nobles, donde la mayor formación y las redes clientelares que poseían posibilitó que su actividad en la esfera pública tuviera un mayor calado y trascendencia, limitándose en este caso a dejar constancia de lo acaecido por escrito para que la Cámara o el soberano lo conocieran, aunque algunas en el entorno realista emplearan las peticiones con cierto matiz propagandístico de su causa durante los años de la guerra. Si los cauces legales no servían en la mayoría de las ocasiones para satisfacer las demandas de las mujeres del tercer estado, lo mismo ocurría con las pertenecientes al estamento privilegiado. Esta razón llevó a Lady Anne Fairfax en el juicio contra el rey a interrumpir las sesiones alegando que Oliver Cromwell era un traidor, sediciosa actividad que ya había llevado a cabo en anteriores ocasiones y que le había granjeado la enemistad de la mayoría del ejército. Daniel Axtell, responsable de la seguridad en el juicio, ordenó a sus hombres que la apuntaran con sus mosquetes y fuera expulsada de la cámara (Nevitt 2006: 52). Sus intromisiones en los procesos judiciales fueron tan habituales que, en una ocasión, una mujer perteneciente a la familia de Fairfax fue confundida con su esposa y a lo largo de las sesiones fue amenazada de muerte. Las peticiones fueron empleadas también como una forma de demostrar la adhesión de las mujeres a la causa parlamentarista; este fue el caso de Dorothy Lady Andover quien escribió una petición al Parlamento para demostrar que jamás había apoyado la causa de los Estuardo cuando fue considerada como sospechosa realista después de haber jurado no asistir al soberano en una guerra contranatura al tiempo que recuerda que "Giveing your least cause or suspition of any disaffection to your Parliament" ysolicita poder abandonar el pueblo en el que reside por problemas de salud y por cuestiones de negocios de su marido 12. peticiones económicas y relacionadas con el uso y disfrute de bienes Es muy frecuente que las mujeres refieran en sus peticiones agravios relativos a la relación con sus vecinos, vinculados especialmente a la violación de los límites de sus tierras o al uso y disfrute de recursos comunes. A este respecto podemos encontrar dos tipos de peticiones; por un lado aquellas realizadas por mujeres pertenecientes a la nobleza y a la gentry que poseen propiedades y realizan diversas reivindicaciones puesto que la situación de guerra había llevado a la confiscación de numerosas tierras y propiedades pertenecientes a nobles por parte del Parlamento, lo que las llevó a dirigir peticiones al Parlamento con el objetivo de defender su derecho a la propiedad y, por otro, las peticiones de tipo colectivo presentadas por mujeres integrantes de las capas acomodadas urbanas del Tercer Estado que se refieren a cuestiones más generales por verse afectadas en su bienestar material. Aunque el número de las peticiones presentadas por las mujeres de la nobleza fuese inferior a las presentadas por integrantes del estado llano, el contenido era igualmente reivindicativo. Solicitaban la liberación de sus esposos realistas capturados en la guerra, así como la devolución de sus bienes y rentas. Si bien en muchas ocasiones recuperaron sus posesiones, no lograron sus propósitos en lo que respectaba a la liberación de familiares (Hughes, 2012: 55 y 47). Especialmente significativa es la petición realizada por Mary Roper, hija del Vizconde de Baltinglass (Irlanda). Tras haber perdido a ambos progenitores "a Little before the beginning of your now.... in Ireinald died also their by loose and partion", pedía que le fueran devueltos los bienes porque se veía forzada a acudir a la caridad de un amigo que había muerto recientemente. 13 De una forma similar se dirige a las Cámaras AnneMolineux, "baronet and widow prisoner in theFleet", quien reclama al rey justicia para que se le devuelvan sus estados confiscados en Derbyshire. La petición de Anne es bastante significativa puesto que realiza una petición formal sobre las cantidades que se le están reclamando y solicita, a un mismo tiempo, un juicio justo o ser puesta en libertad en caso contrario: No habiendo conseguido nada con una primera petición, pocos días después eleva una segunda especificando su posición de viuda y cómo algunos caballeros han aprovechado su situación de desamparo para ocupar sus propiedades. La viuda reclama en esta ocasión justicia y que los ocupantes se hagan cargo de los gastos generados 16. La petición de Mary Thomas y sus hijos denuncia que no se ha cumplido la orden del Parlamento en relación con las vallas de su propiedad en Lincolnshire y aporta documentación al respecto 17. En una línea muy similar se pronuncia Elizabeth, condesa viuda de Peterborough, al entablar ante el Parlamento un litigio por unos árboles de su propiedad cortados por un vecino. La condesa indica que ha intentado solucionar el problema a través de la Court of Wards pero que las disposiciones no han sido fructíferas 18. Las numerosas peticiones relacionadas con desavenencias existentes con los vecinos fundamentalmente son una muestra de los conflictos a los que habían de enfrentarse constantemente estas mujeres que, en la mayor parte de las ocasiones veían cómo los varones de su entorno pretendían socavar sus derechos, rentas y propiedades. Algunas peticiones económicas estaban relacionadas con las irregularidades a la hora de proveer oficios. Rachell Paule en 1640 presentó al rey una petición en nombre de su hijo, George Paule, mediante la cual solicitaba que el cargo desempeñado por Sir George Paule, su difunto marido, fuera entregado a su legítimo heredero: su hijo 19. En defensa de su hijo William Fleetwood fue la petición de Elizabeth Fleetwood, quien se quejó a la Cámara de que los bosques de su propiedad estaban siendo arrasados, solicitando que el sheriff del condado o alguna otra autoridad detuviera a los maleantes "His Woods in Berkshire are so cutdown and spoiled by disorderly persons living near, that without some speedy remedy they will be utterly wasted-prays that the Sheriff and othersmay be ordered to apprehend the dirsorderly persons." 20 Otras peticiones tienen su origen en un robo, como es el caso de la presentada por Alice Webb, quien denuncia haber sido asaltada en su casa y robada. Tras un juicio justo, los maleantes fueron llevados a prisión pero el obispo de Llandaff había ordenado su liberación. Por esta razón apela a la justicia del monarca para que el orden sea restituido 21. En lo que respecta a los bienes, existen también cuestiones de litigio sobre propiedad. Isabella Massey, viuda, reclama la titularidad de un inmueble en Fleet Street (Londres) que ha sido fraudulentamente hipotecado por el inquilino 22. Otra viuda, Margaret Wandesford, reclama el mismo día una casa y sus tierras en Bolton, Yorkshire, ocupadas por Sir George Radcliffe. Wandesford no pide únicamente la devolución de sus tierras, sino que solicita un juicio contra el usurpador 23. Peticiones como estas nos muestran la especial situación de vulnerabilidad en que se encontraban las viudas en todo el continente europeo. Su situación en Inglaterra, sin embargo, iba más allá, pues hasta la mayoría de edad de sus hijos las decisiones familiares eran tomadas por un representante legal que también administraba los bienes de la familia. Este representante era un oficial de la Court of Wards nombrado por la corona, que en la mayoría de los casos pensaba más en su propio beneficio que en los intereses del huérfano menor de edad. Algunas mujeres aprovecharon el conflicto para intentar revertir decisiones judiciales del pasado. Es el caso de Anne Cromwell, quien el 24 de octubre de 1645 pide la revocación de un decreto de la Cancillería de 1623 con respecto a unas tierras. 24 En algunas ocasiones también escriben peticiones contra sentencias establecidas. Caso de Margaret Powell y su marido, quienes piden la revocación de una sentencia por la que se los obliga a destruir un molino 25. Las peticiones de revocación de sentencias muestran claramente los deseos de las mujeres de subvertir las decisiones judiciales y muestran que son conocedoras de las especiales circunstancias políticas del país ya que en una situación de quietud no hubieran osado rebatir las decisiones tomadas previamente por los tribunales. Por tanto, estas peticionarias no sólo comprenden la excepcionalidad del momento que están viviendo, sino que tratan de obtener partido del mismo ya sea a nivel económico, o bien ganando agency tanto económica como política para restaurar sus dominios y propiedades y tener una mayor influencia local. Algo posterior es la petición de Lady Ann Fanshawe, viuda del embajador en España entre 1664 y 1666 Sir Richard Fanshawe. Habiendo quedado en una terrible condición tras la "sudden and unexpecteddeath of herdeare-Husband" pide al rey que "be pleased to take into your princely consideration the sufferings and services of yr said decesaed servant her deare husband, who had toe honour to obey yr firs servant in business and to follow yrmatie through the great calamities of the late unnaturall wars and to be allmost seven yeares a risonar after the battayle of Worcester." 26 Solicita, quizá en un tono bastante altanero, que el soberano tenga en cuenta el dinero que se le dejó a deber a Fanshawe por sus funciones como embajador y que tenga en consideración que no pide una compensación por el retraso en el pago. Solicita además una pensión heredable durante treinta años o el pago en un permiso para importar y exportar bienes y mercancías 27. Peticiones como esta nos muestran el conocimiento que las mujeres de la gentry y de la nobleza tienen de los cauces legales y de los mecanismos empleados por la corona a la hora de cubrir puestos y hacer determinadas compensaciones económicas en función de los servicios prestados. Entre las peticiones colectivas anteriormente aludidas, destacan algunas llevadas a cabo en provincias por mujeres del Tercer Estado. Estas peticiones tenían especial significación en lo que a cuestiones económicas respectaba. Ejemplo de ello es el texto Thehumblepetition of manyhundreds of distressedwomen, trades-menwives and widdows en el que se quejan por la decadencia del comercio como consecuencia de la mala gestión gubernativa, para lo cual proponían la reforma de los ministerios, la abolición de los obispados, la expulsión de los papistas de la Cámara de los Lores, el abandono de la conquista de Irlanda y la continuación de la guerra (Hughes 2012: 55). peticiones de amparo frente a familiares y de protección Otro tema frecuente de las peticiones firmadas por mujeres era la demanda de ayuda frente a los abusos de algunos familiares. Demanda que podía realizar junto con el esposo o en solitario. Ejemplo de la primera fórmula lo constituye Elizabeth Melorne, quien dirige una petición junto con su marido Richard, con quien se había casado en segundas nupcias, pidiendo al Parlamento que actúe contra Peter Gifford, hermano de su difunto primer marido, quien la ha desposeído a ella y a sus hijos de todos los bienes dejados por Gerard, y para ello aporta una copia del testamento de éste 28. Una vez más la delicada situación de las viudas y su prole junto con los abusos que se cometen hacia éstas lleva a las afectadas a solicitar la justicia del Parlamento. Otras peticiones están vinculadas a la acción injusta de los maridos, como sucedió con Elizabeth Walter. El 11 de noviembre de 1646 fue requerida por la Cámara de los Comunes tras haber sido acusada de adulterio por su marido. Sin embargo, el marido se negó a proveer por ella y sus hijos y es lo que la lleva a solicitar justicia al Parlamento 29. En una línea muy similar se encontraría la petición de la duquesa de Somerset, indicando que su marido había contraído importantes deudas antes de casarse con ella y que teme que emplee el dinero de su dote en abonarlas. Este es el caso de Rose Fuller, que se define como una "very poor widow" y solicita una pensión que le permita subsistir a ella y a sus pobres hijos tras la muerte de su marido 31. Casi en los mismos términos discurre la petición elevada por Ann Rogers, quien debe sustentar a cinco hijos 32. Aunque estas peticiones de amparo eran mayoritarias entre las mujeres más pobres, algunas pertenecientes a clases acomodadas se acogieron a esta fórmula, como Lady Penelope Spencer, viuda de Lord Spencer que, viendo el cariz que estaban tomando los acontecimientos, pide protección al Parlamento para ella y sus vástagos 33. peticiones de liberación de prisión e indulto La mayoría de las peticiones de este tipo suelen estar relacionadas con prisión por deudas, aunque las hay también por otros motivos. Es el caso de la conmovedora petición presentada por Margarita Ringo, de origen francés, presa en Newgate. Acusada de haber matado a su hijo bastardo recién nacido, fue condenada a muerte. Pide a la Cámara de los Comunes que suspenda la ejecución de la sentencia puesto que no habla inglés y no ha podido explicar al jurado que el bebé aún está vivo y que el coronel encargado de la investigación lo ha encontrado sin daño alguno. La petición fue rechazada 34. Son las mujeres pertenecientes a la nobleza y la gentry quienes presentan un mayor número de peticiones de este tipo en el contexto del conflicto. Los motivos no son los de las presas comunes, como el ejemplo anterior, sino que el encarcelamiento de sus familiares suele estar vinculado con cuestiones políticas. Entre este tipo de peticiones resulta especialmente llamativa la que hace Lady Eleanor Douglas, quien había ido a prisión por imprimir panfletos sediciosos y leer libros prohibidos. Al parecer, Lady Douglas había impreso una serie de obras durante una estancia en el extranjero (con total probabilidad Holanda). El arzobispo de Canterbury se los confiscó porque, a juicio del eclesiástico, no eran lecturas recomendables. Teniendo en cuenta la vigente censura, Lady Douglas fue enviada a prisión durante dos años. En su petición, Lady Eleanor denuncia el maltrato recibido por parte de los carceleros y los oficiales penitenciarios y la violación de sus derechos: no podía salir de la celda; no se le permitía la posibilidad de ser asistida por una sirvienta, de acuerdo con su condición; sus custodios se negaban a proporcionarle papel, tinta o incluso una Biblia. Todo ello hubo de vivirlo hasta que su hija, la condesa de Huntingdon, logró su liberación tras el pago de una cuantiosa multa. Es muy llamativo el relato de la violación de sus derechos que hace Lady Douglas porque el resto de presos políticos, fundamentalmente los Leveller, denuncian su situación de una forma casi idéntica y en los mismos términos, lo que muestra que en las prisiones inglesas no parece que se hiciera mucho distingo entre estamentos cuando se trataba de delitos relacionados con cuestiones políticas. A pesar de haber obtenido su libertad previo pago de una fianza, la peticionaria fue de nuevo encarcelada en Bedlam, donde permaneció siete años sin ser juzgada. "She prays for reparation against this combination against her life, and estate, and good name, more dear than both." 35 Posteriormente se confiscaron todos sus bienes, tanto los de su padre como los de su marido. Junto con las cuestiones políticas, la causa más usual para que una mujer, independientemente de su pertenencia al estamento privilegiado, fuera a prisión eran las deudas. Aunque pueda parecer sorprendente, muchas mujeres de lagentry e incluso de la nobleza llegaban a la cárcel por esta cuestión, como ilustra el ejemplo de AnneMolineux, baronesa, quien estando en posesión de tierras en Derbyshire que proporcionaban 800£ anuales contrajo ciertas deudas que la llevaron a prisión 36. Las peticiones más numerosas dentro de este grupo son las que solicitan la liberación e indulto de prisioneros realistas. En estos textos abundan los juegos retóricos y el llamamiento a la piedad, la compasión y los sentimientos de la Cámara. La petición de Lady Brudenell a favor de su esposo se amparaba en la avanzada edad de éste y en su mala salud 37. Ahora bien, aunque las mujeres de los estamentos privilegiados escribieran tales peticiones, lo más habitual era que presentasen sus propuestas a los miembros del Parlamento de viva voz, consecuencia directa de las posibles conexiones con éstos que su elevado estatus social les permitía. De esta forma, el día 7 de marzo de 1649 el conde de Warwick, la condesa de Holland, sus hijas, nueras y otras mujeres nobles, como la condesa de Manchester, Lady Kensington, Lady Paget y Lady Rich, se dirigieron al Parlamento para solicitar el indulto del conde de Holland, hermano de Warwick, que se había unido a los realistas en 1648. Ese mismo día, Lady Capel también esperó a los parlamentarios para pedir clemencia para su hijo tras haber conseguido rescatar, a fuerza de numerosas peticiones, buena parte de las posesiones familiares. La Cámara de los Comunes realizó una votación en la que 38 votos frente a 28 decidieron desestimar las peticiones para estos hombres y ejecutarlos dos días más tarde (Hughes, 2012: 48). Elevar peticiones al Parlamento era un acto tan habitual, trascendente y legitimado, que no sólo las mujeres de la nobleza se veían obligadas a recurrir a esta fórmula para tratar de solucionar sus problemas. La propia reina Enriqueta María envió dos peticiones al parlamento pidiendo estar presente en el juicio contra su marido. Especialmente significativa es la petición de Sarah Baugh y otras "pobres mujeres". El grupo escribe al Parlamento el 25 de julio alegando que sus maridos, 27 hombres en total, fueron capturados en las Islas Canarias cuando su barco naufragó. Inmediatamente fueron hechos esclavos del rey de Marruecos quien, según cuentan estas mujeres en su petición, no aceptará ningún pago monetario por la redención de los cautivos salvo una carta del rey de Inglaterra. La portavoz de estas mujeres pide permiso al Parlamento para pasar a la Isla de Wigh, donde se encuentra el soberano, para pedirle la carta que llevaría ella personalmente al rey de Marruecos 38. A pesar de no constituir ningún hecho excepcional en materia jurídica, ya que las mujeres estaban legitimadas en tanto que súbditas para presentar peticiones al Parlamento, la costumbre había propiciado que esta actuación a lo largo de la Edad Moderna fuera considerada como una actividad sediciosa y contestataria por constituir una forma directa de intervención en la vida pública. La llegada de la Guerra Civil y las consecuencias a nivel jurídico (desaparición de la censura, de los altos tri-bunales como la High Commision o la Star Chamber) y los cambios en el ámbito social producto de la guerra propiciaron que las actividades femeninas en la esfera pública no fueran tan mal consideradas como antaño por algunos sectores sociales, o al menos, estuviesen justificadas por la excepcional situación de guerra. Las mujeres, si bien se sirvieron de cauces informales, emplearon mayoritariamente los cauces socialmente aceptados para expresar su descontento, su desaprobación hacia las actividades del gobierno o la marcha que estaba tomando la política del país. El medio más efectivo para hacer estas reivindicaciones, sugerencias y recomendaciones al poder establecido desde hacía siglos, era para ellas, al igual que para los varones, la elevación de peticiones. Las peticiones presentadas por mujeres tanto al Parlamento como al monarca o a otras instancias de poder local siguen en casi todas las ocasiones la misma estructura y plantean los mismos contenidos que aquellas elaboradas por hombres. Al igual que en las masculinas, la amplia mayoría de ellas están elaboradas por escribanos, limitándose las interesadas únicamente a firmarlas para los casos de las mujeres pertenecientes a los estratos más bajos y también en lo que respecta a las nobles. Las mujeres de la gentry, sin embargo, suelen redactar y firmar ellas mismas las peticiones, lo que demuestra el conocimiento por su parte tanto de los contenidos como de las fórmulas y estructuras empleadas para la elaboración de este tipo de escritos, quizá gracias a la amplia difusión que distintas peticiones habían tenido a lo largo y ancho del país a través de la imprenta. En lo que respecta a los contenidos, hemos encontrado peticiones de carácter económico; solicitando devolución de bienes o ayuda en un litigio, para redención de cautivos, de liberación de presos políticos, de protección o concesión de mercedes; temas presentes también en las peticiones elaboradas por hombres. La diferenciación entre las provenientes de mujeres de aquellas producidas por hombres estriba en la forma en que se redactan y los recursos retóricos y lingüísticos que emplean. Recursos empleados con el objetivo de hacer más aceptables sus planteamientos y quitarles buena parte de esa carga transgresora que pudiera tener su acción y evitar así una consideración negativa de la autoridad a la que se dirigían. Fue por ello que las petticoatpetitioners desarrollaron una serie de estrategias a este respecto. La primera de estas estrategias pasa por ensalzar los atributos típicamente femeninos, como son la sumisión a la autoridad y a los designios del Parlamento. Además hacen saber a los miembros de éste que sólo ellos, en tanto que padres de la patria, son capaces de solucionar los males que la aquejan. Están por tanto elevando una petición pública pero de contenido altamente privado. Seguidamente las peticionarias justifican la intromisión en la esfera pública desde las necesidades surgidas en el ámbito privado y desde un rol de género socialmente aceptado. Todas ellas se presentan como pobres esposas, dolientes viudas o madres abnegadas que sólo buscan con sus palabras lograr la justicia para sus familias, consecuencia directa de los tiempos de guerra que se viven. Por tanto, las peticionarias procedentes de las clases más bajas que se están adentrando en la esfera pública a través de los cauces legales justifican intensamente esta participación en un área que no les corresponde. Con estas frases dejan claro que su actividad es excepcional y se debe a la prolongación del conflicto bélico. Con respecto a las mujeres pertenecientes al estamento nobiliario la situación es algo distinta. Mientras que todas presentan fórmulas de pleitesía hacia el Parlamento por la autoridad que se le ha concecido, sin embargo, se muestran mucho más asertivas a la hora de reivindicar sus derechos, exponer sus problemas y solicitar soluciones o compensaciones, fruto, sin duda de su mejor posición social y de la capacidad que tienen de resolver sus problemas en otros ámbitos de poder de una manera más informal. La actividad peticionaria femenina en Inglaterra durante los años de la Guerra Civil nos muestra la inserción de la mujer en los cauces legales del momento para obtener respuestas a sus problemas o a sus demandas. A pesar de no haber ninguna ley escrita que impidiera que las inglesas elevasen peticiones al Parlamento, la costumbre había convertido esta actividad en algo sedicioso y que conllevaba una estigmatización de las peticionarias. Para que sus demandas fueran atendidas se vieron obligadas a emplear discursos de género aceptados y recurrir a las nada subversivas figuras de viudas dolientes, madres abnegadas o "poor and distressed women" que no podían valerse por sí mismas a las que en tiempos de miseria y desorden no les quedaba más que recurrir a la pluma. Las peticionarias emplean el rol de género vigente y lo transmiten en sus textos para obtener con ello beneficios. Haciendo hincapié en los atributos típicamente femeninos, en su ignorancia y en su debilidad tanto social como económica, estas mujeres articularon unos discursos cargados en muchas ocasiones de transgresoras ideas políticas para poder intervenir en el espacio público de una forma socialmente aceptada basándose, justamente, en todos esos argumentos que pretendían mantenerlas en la esfera privada, propiciando que el discurso patriarcal se pusiera al servicio de sus intereses 39.
The first being María de la Asunción Menéndez de Luarca Díaz, native of Guanabacoa (Marchante and Merchán, 2012). She published the thesis one year later: Luisa Cuesta Gutiérrez, La Obra de D. Pedro de La Gasca en América: contribución al estudio de la política colonizadora de España en América durante el siglo XVI.
El texto examina las diferentes etapas que tuvo el acceso de las mujeres a la educación superior en Chile, en la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX. Indaga en las reflexiones que emergieron a propósito de la necesidad de educar a las mujeres en América Latina. Examina el desarrollo científico femenino en las universidades chilenas. Explora en los debates que se generaron en la sociedad chilena, a propósito del ingreso de las mujeres a la Universidad. Reflexiona sobre los problemas que debieron afrontar las mujeres que decidieron ingresar a la universidad. Conocer nuestra historia, conocernos a nosotras mismas. Una historia de mujeres quietas y de mujeres en movimiento; Una historia de silencios y aislamiento, pero también de rebeldía fecunda. (Frohmann; Valdés, 1993: 9) Las formas sobre cómo se ha educado a mujeres y hombres en Chile, ha estado en directa relación con la clase social, el origen racial y el sexo. Elementos que han respondido a patrones históricos y culturales instalados desde la Colonia, y profundizados en el siglo XIX y principios del siglo XX, cuyos propósitos fueron asen-tar en las nacientes repúblicas las ideas de modernidad venidas desde Europa (Vicuña, 1872), teniendo como resultado la construcción de una sociedad altamente diferenciada y excluyente. Sin embargo, los esfuerzos para educar a una población mayoritariamente campesina, pobre y analfabeta fueron una de los problemas que debieron resolver los nuevos gobiernos independientes. En este contexto, la educación de las mujeres generó importantes debates con todo tipo de argumentos, desde aquellos basados en la religión hasta otros sustentados en supuestas evidencias científicas. En todos ellos lo que aglutinaba su rechazo y dudas fue una gran pregunta: ¿debían las mujeres educarse? La instrucción de la mujer. ¿Debe ser ésta extensa o limitada? ¿Debe igualarse a la del hombre? ¿Deben, en fin, ser despreciadas las distinguidas facultades intelectuales de algunas mujeres, mirándose su cultivo como nocivo a la modestia i a las consideraciones que deben a su sexo? Cuestiones son éstas que se han ventilado de tiempo atrás, pero siempre en distinto sentido i bajo el aspecto de bien diversas opiniones. Algunos le han dado una latitud que se acomoda al mal, sino con sus alcances i aptitudes, al menos con las ocupaciones domésticas que llenan la mayor parte de la vida de la mujer; i estos son en mayor número, han condenado a las mujeres a vivir en una ignorancia absoluta de todos los ramos del saber humano que pueden ilustrar el nombre de la que lo posee o darle celeridad (Casanova 1871:18). En materia de educación, a partir de la segunda mitad del siglo XIX se observan importantes avances en educación para las mujeres, hasta entonces vedada para ellas. En ese contexto fue clave en el Cono Sur de América Latina, la publicación en 1854 del libro "De la Educación popular", de Domingo Faustino Sarmiento, que prestaba especial atención a la instrucción de la mujer. En su texto señalaba que "no habría motivo alguno para negársela y que debería estar en igual proporción que la que se le otorga al sexo masculino" (Egaña, Monsalve 2009: xliv). Como indicaba Amanda Labarca "Las semillas lanzadas por Sarmiento, sus consejos, sus planes y la eficacia de su ejemplo, impresionaron a la opinión pública que, pocos años más tarde (1853), apoyaba en el Congreso la fundación de la Escuela Normal de Mujeres" (Labarca, 1939: 137). En el caso de Chile, el 24 de noviembre de 1860 se aprobó la Ley General de Instrucción Primaria, aprobada por el Congreso Nacional y promulgada por el presidente Manuel Montt (1851-1861), quien estableció que la instrucción primaria sería obligatoria y gratuita para hombres y mujeres, quedando bajo la responsabilidad del Estado. Fue un hito legislativo y político. En forma inédita se estableció que la Instrucción Primaria se daría bajo la dirección del Estado y que ésta sería gratuita, comprendiendo tanto a hombres como mujeres. Estipulaba que en cada departamento (según el ordenamiento territorial de la época) debían existir una escuela de niños y otra de niñas por cada 2000 habitantes, instaurando el principio de la gratuidad de la enseñanza popular. De este modo por más de medio siglo, esta legislación impulsó el desarrollo de la instrucción primaria en Chile (República de Chile, Senado, 2014). Hasta entonces, la educación para hombres contaba con materias como filosofía, historia y ciencias, entre otras asignaturas, mientras que las mujeres recibían clases de escritura, lectura, bordado, costura, por citar algunas que potenciaban el rol de domesticidad, y que se traducía al ámbito hogareño en atención al marido y preocupación de la crianza de los hijos. La instrucción a la mujer traería más bien ventajas a la sociedad, debido al ascendiente que ellas desempeñan sobre los hijos en el contexto de la educación doméstica y el efecto que esta tiene en el largo plazo. Resulta necesario incorporar a la mujer a la docencia elemental creando una Escuela Normal para formar institutrices (Egaña, Monsalve 2009: xlv). Las Escuelas Normales en Chile, siguieron el modelo implantado en Francia por el sacerdote Jean-Baptiste de La Salle a fines del siglo XVIII, se expandieron en todo el país hasta 1970, su objetivo fue formar profesores para los primeros años de enseñanza. La primera Escuela Normal de Preceptores fundada en 1842 en Santiago de Chile. Doce años más tarde, en 1854 se inauguró en la misma ciudad, la Escuela Normal de Preceptoras, su objetivo fue formar profesoras para la enseñanza primaria. En su currículum se contaba con materias equivalentes para hombres y mujeres, entre las que se contaban: lectura, escritura, dogma y moral religiosa, gramática castellana, aritmética, geografía, dibujo, historia, métodos de enseñanza mutua y simultánea. Sin embargo, las futuras profesoras tenían tres asignaturas sólo para ellas: costura, bordado y labores de aguja. Por su parte, los aspirantes a profesor también tenían materias diferenciadas de las mujeres, que eran agricultura, música vocal, correspondencia epistolar y elementos de cosmografía. No obstante, y como señala Loreto Egaña, "la legislación determinó que los cursos mixtos fueran atendidos sólo por preceptoras y el porcentaje de estas antes de fines de siglo ya había sobrepasado al de los hombres" (Egaña, Núñez, Salinas 2002: 15). Sin embargo el debate en torno a la instrucción de las mujeres no haría sino empezar, puesto que todavía quedaba pendiente el tema de educación superior de las mujeres, es decir, el ingreso a la Universidad, y que a lo largo del siglo XX, se sumaría a otras exigencias de derechos en materias de educación 1. EL ACCESo dE LAS MujERES A LA EduCACión SuPERioR A fines del siglo XIX, y producto de un profundo debate en la conservadora sociedad chilena respecto de si las mujeres debían ingresar a la universidad, el Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, el destacado liberal Miguel Luis Amunátegui, durante la presidencia de Aníbal Pinto Garmendia, firmó en Santiago del 6 de febrero de 1877, el decreto No 547 que permitió a las mujeres realizar estudios universitarios. Su aprobación se basó en tres argumentos: 1o Que conviene estimular a las mujeres a que hagan estudios serios y sólidos.2o Que ellas puedan ejercer con ventaja alguna de las profesiones científicas; 3o Que importa facilitarles los medios de que puedan ganar la subsistencia por sí mismas. Se declara que las mujeres deben ser admitidas a rendir exámenes válidos para obtener títulos profesionales, con tal que se sometan para ello a las mismas disposiciones a que están sujetos los hombres (República de Chile, 1877). De este modo, se impulsó la incorporación creciente de las mujeres en el espacio público, para desde allí, promover sus aspiraciones de obtener más tarde la calidad de ciudadana con los mismos derechos civiles y políticos que los hombres 2. La firma y promulgación del denominado 'Decreto Amunátegui', generó una interesante polémica que fue el reflejo de la tensión entre modernidad y tradición que caracterizó la segunda mitad del siglo XIX en Chile. Así lo manifestó la prensa liberal y conservadora de la época, que dejó entrever sus opiniones durante todo el proceso de discusión del proyecto de ley, así como luego de aprobarse el decreto. En la investigación de Karin Sánchez, se realiza un excelente análisis sobre cómo la prensa del período acogió la promulgación del Decreto Amunátegui. Una publicación como El Estandarte Católico, se refería a las consecuencias de la instrucción en las mujeres en los siguientes términos: Una mujer envuelta en el polvo de las bibliotecas, o alegando en un tribunal de justicia o practicando una operación quirúrgica o levantando un plano o discutiendo sobre el criterio de certidumbre o sobre las ideas innatas es como un pez fuera del agua y como un árbol trasplantado a un clima extraño. Ello causa el mismo efecto que ver a un hombre moviendo la rueca o hilvanado miriñaques (Vergara 1877: 2). En contraposición, la publicación de corte más liberal como el periódico de La República, señalaba que: ¡La mujer aprendiendo historia universal! ¡La mujer aprendiendo lenguas para leer libros extranjeros! ¡La mujer aprendiendo ciencias naturales, medicina, astronomía! ¿Qué va a ser de esos pobres reverendos? [...] ¿Qué suerte correrá el agua de Lourdes, analizada en el laboratorio de las futuras químicas? [...] Algunos zamarros, que con chapurrar un latín de cocina, se dan los humos de grandes sabios, tendrán que descubrir la oreja delante de cualquier hija de Eva que les mueva conversación. ¡El espectáculo no puede ser más triste! Razón tienen los señores presbíteros. La mujer no debe ilustrarse; porque muchos de ellos van a quedar en descubierto; porque todos verán disminuir las propinas de la ignorancia y del fanatismo; porque, en fin, la influencia de los milagros caerá por tierra ante el examen de una razón ilustrada (Sánchez 2006:17). La citada investigación explica que también se observó en la opinión pública de la época la preocupación frente a lo que iba suceder después de aprobada la nueva ley, "si bien las puertas de la universidad ya estaban abiertas para las mujeres, gracias al Decreto Amunátegui, es decir, una medida legal, ¿qué pasaba con la costumbre?". La autora cita un texto de la época que expresaba estas preocupaciones: En consecuencia, el Decreto Amunátegui permitió por primera vez a las mujeres chilenas acceder a la universidad, en este caso a la Universidad de Chile fundada en 1842, y que hasta ese entonces sólo había recibido en sus aulas a la insigne aristocracia masculina. Indudablemente, la simple declaración de que las mujeres pueden ejercer las mismas profesiones científicas que los hombres, con tal que llenen los mismos requisitos que estos, no basta por sí sola para ilustrarlas; pero esa declaración junto con hacer desaparecer una interdicción tan injustificable como deshonrosa, es naturalmente un estímulo para que muchas procuren adquirir los conocimientos necesarios para conquistar por el perfeccionamiento de la inteligencia el alto puesto que les pertenece (AUCH 1877: 587). Las primeras mujeres que ingresaron a los salones de la Universidad de Chile fueron Eloísa Díaz y Ernestina Pérez, hijas de familias aristócratas de Santiago y Valparaíso, quienes cursaron las carreras de medicina, y como señalaba Eloísa en la introducción de su tesis para optar al grado de Licenciado en Medicina: Vedado estaba a la mujer chilena franquear el umbral sagrado del augusto templo de las ciencias. La ley se oponía cerrándola al paso que conducía a las aulas oficiales, en las diversas gradaciones de la enseñanza secundaria i superior. (...) Pero los tiempos cambian. Se declaró que la mujer chilena podía ser admitida a la prueba de opción de grados. Una barrera estaba franqueada, quedaba aun otra que salvar que no era menos penosa, menester era obtener el pase de la sociedad para que la niña pudiese salir del hogar y llegar al santuario de las letras y de las ciencias para volar a él sin que se la mirase a su vuelta con recelo y de reojo (Díaz 1886: 3). Si bien ambas se graduaron de médico cirujano en 1887, el acceso masivo de mujeres a las universidades chilenas debió esperar entrado el siglo XX, para ver en sus aulas un número significativo de ellas estudiando a la educación superior. Quedaba pendiente en consecuencia, mejorar las materias y contenidos que se impartían en los liceos femeninos, ya que si continuaba con el clásico programa de materias destinada a la educación de las mujeres, no aprobarían los exámenes de ingreso a la Universidad de Chile. Por ello, se cambiaron los planes académicos en los liceos femeninos, y se incorporaron nuevas materias como: aritmética, gramática castellana, geografía general y física, historia universal, francés, inglés, filosofía, química, historia natural, cosmografía, entre otras. En este contexto, surge la idea de fundar liceos femeninos fiscales, el primero de éstos será el Liceo No1 de Valparaíso (1891) y el segundo el Liceo No1 de Santiago (1894). Aunque la idea original de la creación de estos establecimientos educativos fue entregar educación de calidad a las mujeres, ampliando este derecho a la clase media y obrera, los primeros liceos fiscales fueron destinados al sector alto de la sociedad, con el objetivo de formar madres de familia. Recién en 1905 se logró fundar un liceo fiscal de mujeres que resguardó el acceso de los grupos medios y bajos a este tipo de educación. Incluso se agregó un comentario en la ley de presupuesto, donde se dejaba claro el sentido de esta institución (DIBAM 2013: 5). En los primeros años de promulgado el citado Decreto Amunátegui, las carreras elegidas por las primeras mujeres universitarias fueron Derecho y Medicina. En las décadas posteriores, las mujeres se incorporaron a carreras como Química y Farmacia, Odontología, Pedagogía, Obstetricia, Enfermería y Servicio Social. A fines del siglo XIX y principios del siglo XX, las primeras universitarias graduadas en Chile fueron Matilde Troup en 1892 recibió el título de abogada 3, le siguen Dorila González profesora universitaria en 1895, María Griselda Hinojosa titulada de farmacéutica en 1899 y Justicia Espada Acuña Mena, ingeniera civil en 1919. Se observa que entre "1900 y 1935, el número de graduadas y tituladas universitarias sube en promedio de un 1% a un 19%"(DIBAM 2013: 6), ascenso significativo que respondió a la propuesta en materia de educación de los gobiernos de turno, pero también fue la respuesta a una demanda de las mujeres de exigir al Estado, el derecho a la educación superior. Demandas que por lo demás son actuales y que son acompañadas de otros elementos que en el caso de Chile tienen que ver con la calidad de la educación, la gratuidad y el sexismo. Consecuentemente aquellas mujeres que decidieron estudiar, debieron sortear todo tipo de obstáculos, cuestión que también es posible advertir en el siglo XXI, y que tiene relación con una construcción de género que asigna roles determinados para mujeres y hombres. Históricamente para nosotras, se han priorizado cuestiones orientadas más a la maternidad y el cuidado, por sobre el estudio y acceso al trabajo remunerado. Sin duda el siglo XX ha sido un siglo vertiginoso, en que se observa la emergencia de movimientos sociales y nuevas formas en las relaciones sociales, donde el movimiento de mujeres ha trastocado todos los cimientos de las clásicas sociedades (Hobsbawm 1998: 11-26). La ocupación de espacios antes negados a las mujeres ha sido clave en las sociedades contemporáneas, y como señalaba Eloísa Díaz en el prólogo de su tesis, el ingreso a la universidad por parte de las mujeres ha sido, al menos en la primera mitad del siglo XX en Chile, un lugar con preeminencia masculina. "Por otra parte, siento al reconcentrarme íntimamente que no he perdido instruyéndome i que no he rebajado mi dignidad de mujer, ni torcido el carácter de mi sexo ¡No! La instrucción, como muchos pretenden, no es la perdición de la mujer: es su salvación" (Díaz 1886: 4). En este aspecto, la exigencia de recibir una educación que incorporara no sólo temas vinculados a los clásicos roles femeninos, fue una demanda que eclosionó todo el siglo XX. Como señala Asunción Lavrin "Una revisión de los procesos legislativos, diarios y revistas revela a la mirada perspicaz el surgimiento de la mujer dentro del debate sobre asuntos nacionales y las estrategias de la confección de las políticas" (Lavrin 2005: 443). MujERES y uniVERSidAd: dESAfíoS PARA un nuEVo SigLo Sin duda el ingreso de las mujeres a la universidad, marcó el inicio de importantes cambios en materia de derechos cuya exigibilidad se profundizaría en el siglo XX. "Desde entonces, y a pesar de los obstáculos, el ingreso de las mujeres en la enseñanza superior representó un fenómeno creciente, que se inscribió en esa oleada del feminismo que crecía 'silenciosa como la marea que sube'" (Cuesta 2016: 11). Efectivamente el hecho que se permitiera a las mujeres ingresar a la Universidad y obtener un título profesional, fue el caldo de cultivo para la promoción de una generación de mujeres que con valentía y coraje ingresó a espacios hasta entonces sólo ocupados por hombres. Desde el punto de vista del género, son cambios sustanciales que marcan a una sociedad en su conjunto. Como sabemos el género opera como una categoría de análisis en el que es posible advertir cómo se relacionan y funcionan sobre cuerpos sexuados el sistema de normas, los símbolos, las representaciones, los valores y prácticas culturales (Bonder 1994; Corvalán 1990; Guardia 2013; Scott 1996;). En Palabras de Scott "el elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos" (Scott, 1996). En este contexto, un claro ejemplo tiene que ver con las profesiones que eligieron estudiar las primeras universitarias, desde una perspectiva de género, se advierte la preeminencia hacia carreras vinculadas más con el cuidado, y todo aquello que resultara extensivo de los clásicos atributos femeninos. Así lo planteaba una publicación femenina, que si bien defendía la instrucción superior de las mujeres, argumentaba que por el hecho de estudiar ellas no habían perdido su feminidad, dejando entrever la permanencia cultural de las características asociadas a las mujeres vinculadas más con el cuidado, la maternidad y sensibilidad, atributos supuestamente innatos y femeninos. Las universitarias poseen un cerebro más disciplinado, ven las cosas con mayor claridad y están colocadas en un plano de la visión mucho más alto que las demás mujeres. La profesional posee seguridad de sí misma, es astuta frente a los problemas que le plantea la vida, saben arreglárselas frente si necesidad de recurrir a ayuda ajena, tiene en general una cultura vastísima, se codea con innumerables caracteres y adquiere diariamente, en el ejercicio de su profesión, una rica experiencia de humanidad. Sin embargo, siempre se habla de que la profesional pierde su femineidad, se pone dura, insensible y "masculinizada". Pero ¿pero no le ha sucedido a usted caer en manos de una dentista toda dulzura y suavidad, que sufre más que usted cuando le hace alguna extracción? El camino que han debido recorrer las mujeres que han decidido estudiar ha sido arduo, y a veces muy difícil tanto en el espacio privado como en el ámbito público. Han sido muchos los prejuicios que incluso en el siglo XXI pesan sobre nosotras, las mujeres que hemos decidido estudiar. Es esta tensión donde se observa la diná-mica de la historia, pues si bien durante el siglo XX existieron importantes cambios que favorecieron a las mujeres, se advierte también una permanencia, que se relaciona con impedimentos que de manera soterrada siguen pesando al momento de la formación de las mujeres; es un problema que traspasa las fronteras nacionales, culturales, y que con diferente énfasis, se observa a diario en las sociedades contemporáneas. Si bien los primeros años del siglo XX, de manera paralela al desarrollo del mundo obrero, y el impacto de lo que significó las dos guerras mundiales junto a las crisis económicas, las mujeres fueron cuestionando la situación que las aquejaba. Edda Gaviola señala que la urbanización les permitió a ellas estar en contacto con otros modos de vida, y el acelerado avance de la tecnología y ciencia ofreció a un pequeño número de mujeres la posibilidad de realizar otras labores, totalmente diferentes a las que habían desarrollado históricamente. Sin embargo fue "La educación secundaria y superior [que] les dio acceso a1conocimiento de pensadores que propugnaban la igualdad femenina como John Stuart Mill y Federico Engels, entre otros" (Gaviola, et al., 1986: 16). Fue durante el siglo XX cuando los sectores femeninos alcanzaron mayor protagonismo en ámbitos civiles y políticos, iniciando su activa participación en espacios nuevos para ellas, como la política y la vida profesional universitaria. La reflexión sobre la educación superior para las mujeres ha sido fundamental para analizar el tipo de sociedad que se pretende construir. Como señala Lorena Godoy el sistema educacional transfiere no sólo saberes sino también un ideal de sociedad: Los sistemas educacionales comportan la transmisión no sólo de conocimientos, sino también de ideales sociales y necesidades políticas que condicionan la entrega de esos conocimientos. Sería difícil pensar que la educación está ajena a las disposiciones y normativas de género atribuidas socialmente a varones y mujeres. Ella también, y muy especialmente, actúa como un elemento de transmisión de normas, símbolos y definiciones de identidades masculinas y femeninas. Las diferencias que podemos advertir en las orientaciones en la educación dirigida a mujeres o varones se basan, precisamente, en las aptitudes y 'misiones sociales' que se les han asignado antagónica y jerarquizadamente a unas y otros (Godoy 1995: 39). Como hemos observado los avances en materia de educación hacia las mujeres ha sido significado, sobre todo en el siglo XX, también se pueden identificar de forma panorámica, las brechas de género que se observan en América Latina en general y Chile en particular. No es nuestro objetivo plantear un análisis cronológico de los diferentes avances en materia de educación superior para las mujeres, sino más bien plantear las problemáticas y reflexiones que se han suscitado al respecto. En este sentido, la emergencia del movimiento de mujeres que lucharon por la adquisición de sus derechos civiles en Chile, tuvo su caldo de cultivo en las primeras mujeres universitarias, pero no fue el único, sino como señalábamos más Como hemos podido observar en estas páginas, la lucha por el acceso a la educación universitaria ha sido uno de los tantos frentes que se han debido abordar dentro de la búsqueda por el pleno reconocimiento de los derechos de las mujeres. Sin duda las desigualdades que existen en materia de género se manifiestan de manera diferente, cuestión que responde al contexto de cada sociedad, sin embargo, es posible observar -como lo hemos enunciadoque la desigualdad en materia de educación en una constante que traspasa las fronteras. Como señala el Ministerio de Educación en Chile, se ha avanzado en disminuir las brechas de género4, es posible observar que si bien las mujeres han ido aumentando en número el ingreso a la educación superior como se evidencia en la tabla 4, también se advierten ciertas tendencias en la elección de carreras para mujeres y hombres, donde las primeras tienden a elegir las que se relacionan con áreas de salud y educación, mientras que los hombres se inclinan por la elección de aquellas vinculadas a la tecnología y ciencias básicas. Lo que da cuenta a su vez de la permanencia de estereotipos presentes en las sociedades que llevan a que las mujeres elijan profesiones vinculadas más hacia los temas del cuidado y la enseñanza. Es interesante analizar el itinerario de luchas que han debido sortear las mujeres en Chile para comprender cuánto ha costado que las mujeres ingresen a la educación universitaria. Sin duda, es una tarea que no se agota en el acceso, sino que se amplía a temas como la calidad de la educación y su gratuidad. Conocer la historia por el acceso a la educación superior de las mujeres, permite reflexionar sobre el salto cualitativo que en este ámbito han dado las mujeres en el siglo XX, para proyectarse al siglo XXI. En este sentido, y de acuerdo a los datos que acompañan el texto, el ingreso de las mujeres a la universidad se ha manifestado en un alza constante; son muchas las que llenan las aulas universitarias, sin embargo, esto no se manifiesta de igual manera en los cargos de gestión y dirección de las Universidades donde son mayoritariamente hombres quienes están en cargos de alta responsabilidad en los planteles universitarios. Ahí se observa a nuestro juicio, una constante que da cuenta de las brechas de género en situación de poder. Históricamente se ha desacreditado a las mujeres que han decidido desmarcarse de los roles tradicionales asignados para ellas. Esto les ha significado una estigmatización social que aunque no se presenta a fines del siglo XX de forma tan dramática como a principios del mismo, los prejuicios frente a mujeres que deciden estudiar y potenciar su profesión por sobre otras decisiones, como por ejemplo el matrimonio o la maternidad, aún son miradas de reojo, desconociendo en muchos casos las contribuciones que generan a las diferentes disciplinas del conocimiento. Sin duda este texto es una pincelada para abrir un análisis más fecundo y amplio sobre las mujeres y la universidad en Chile, sin embargo, interesa al menos dejar planteados los temas.
La influencia del pensamiento feminista ha sido muy importante en el campo de la Historia, pues ha permitido develar la invisibilidad de las mujeres en este campo disciplinar, además de estudiar las relaciones de poder y sus efectos en la vida cotidiana, privada y pública en el que participan las mujeres y los hombres. El acceso a la educación, primero básica, después secundaria y más tarde superior en México abarcó un periodo de más de un siglo. En algunas de las regiones la presencia de las mujeres en los estudios superiores fue en el último tercio del siglo XIX en áreas consideradas femeninas como la partería, enfermería, entre otras. A las carreras su presencia se registra en el siglo XX. En este trabajo nos proponemos revisar la historiografía e historia de las mujeres que incursionaron a los diferentes campos del conocimiento a finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX, así como presentar un panorama de los espacios educativos a los que tuvieron acceso las mujeres mexicanas. El acceso de las mujeres a los llamados estudios superiores, hoy universitarios, tuvo sus inicios en la segunda mitad del siglo XIX una vez que México logró la estabilidad política y se instauró el liberalismo como modelo de desarrollo en México. Se requirió entonces, como hoy, dotar a las mujeres de una educación para el trabajo, para "servir a los otros": la familia, la salud, la educación de los hijos y del ciudadano, los oficios de cuello blanco, entre otros. La literatura dedicada a la historia de las mujeres mexicanas permite conocer las coyunturas socioeconómicas, políticas y culturales y los fines de la educación dirigida a ellas: doméstica, moral, religiosa y del gobierno (laica), que trastocaron la vida privada y pública de las mujeres a finales del siglo XIX y XX, en especial de las pertenecientes a las élites e incipiente clase media capitalista. El método analítico apoyó la comprensión de los contextos sociohistóricos y culturales que incidieron para que las mujeres accedieran a los estudios superiores. Para lograr este objetivo se consultó el Fondo Colegio del Estado del Archivo Histórico de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, de los años de 1909 a 1928; así como bibliohemerografía especializada, para identificar los momentos socioculturales que incidieron en el ingreso de las mujeres a los estudios superiores, llamados universitarios, y normalistas; así como conocer los discursos de género predominantes en la educación dirigida a las mujeres en las primeras décadas del siglo XX en México. El trabajo tiene como propósito central, a partir de la historia de las mujeres y de la categoría de género, indagar en qué oficios y profesiones ingresaron las mujeres, cuáles fueron los discursos, los hallazgos y los aportes de las pioneras en los estudios superiores del último tercio del siglo XIX a las primeras décadas del siglo XX. EL DISCURSO DE LA DOMESTICIDAD Y EL SISTEMA DE géNERO La educación decimonónica dirigida a las mujeres europeas en el contexto industrial occidental fue una "fábrica de género" construida de forma paralela a la modernidad, sostiene Mary Nash (2004). El sistema de género constituyó el marco idóneo para producir los mecanismos de subalteridad, garantizando la permanencia de la desigualdad y de la subordinación de las mujeres. El capitalismo introdujo cambios económicos, sociales y culturales presentes en el sistema de género que Nash define como: [...] profundos cambios, entre ellos la articulación de una sociedad burguesa donde el factor de género fue un elemento decisivo en la definición de las nuevas clases sociales del siglo XX. El sistema de género marcó así la trayectoria de vida de las mujeres y su contenido social en este nuevo mundo industrial. Desde entonces, y a lo largo del siglo XX, ha sido un instrumento decisivo en la permisividad de las desigualdades de género y de la subalteridad femenina (Nash, 2004:27). El acceso a la educación de las mujeres fue restringido y, por ende, a la producción científica y al interior de las profesiones científicas. En la modernidad ingresaron a las sociedades y academias científicas o a los salones (Rivera, 2007:39), y mucho después a las universidades. La sociedad capitalista de las primeras décadas del siglo XIX en Europa, apunta Nash, estableció el sistema moderno de género caracterizado por sus leyes y los discursos de la domesticidad dirigida a las mujeres y el arquetipo de hombre como figura pública: [...] el cual se sustentó en leyes y en el desarrollo de un discurso de la domesticidad, que confinó a las mujeres a la casa y les atribuyó la única identidad de madre-esposa; además, asentó fronteras insuperables entre los espacios públicos del monopolio masculino y el ámbito privado de prerrogativa femenina. De forma paralela el desarrollo industrial y la política liberal a la elaboración de un arquetipo de hombre como figura pública, ciudadano, trabajador, y cabeza de familia, proveedor de la economía familiar y único sujeto político. El asentamiento de estas normas discursivas sobre la masculinidad y feminidad, reforzadas por un conjunto de leyes que regularon la subordinación femenina, pueden considerarse aspectos cruciales en el desarrollo de la nueva sociedad contemporánea (Nash, 2004:28). Así entonces, el discurso de género elaborado por los médicos, los antropólogos, biólogos, filósofos, entre otros, emanó de la autoridad moderna: las ciencias. Ésta asoció a la feminidad con la naturaleza y a la masculinidad con la cultura y la razón (Nash, 2004:38). A partir de entonces, el discurso y los arquetipos de feminidad y masculinidad se sustentaron en una triple legitimación natural, religiosa y científica. Asimismo, el discurso de la domesticidad creó un prototipo de mujer-modelo, a través del arquetipo de "Ángel del Hogar" dirigido a privilegiar el culto a la maternidad como máximo ideal de la realización femenina. Éste produjo un nuevo discurso e ideología del "deber ser" de las mujeres, a través de la producción de los manuales de urbanidad dirigido a las "nuevas" mujeres modernas del siglo XIX y XX. A medida que el capitalismo moderno se impuso en las sociedades europeas, la ciencia se especializó y profesionalizó. Los conocimientos debían ser reconocidos por las universidades. Las pocas mujeres que se habían dedicado a estudiar, cuando era una actividad amateur, vieron cómo se les excluía, pues no se les permitió instruirse ni formar parte de las nuevas instituciones científicas, como fue el caso de la École Polytechnique de Paris, Francia, fundada en 1794, donde las mujeres no fueron admitidas hasta 1972 (Rivera, 2007:38). A finales del siglo XIX algunas mujeres lograron ingresar, en calidad de oyentes en un primer momento y con matrícula después, a las universidades, y a las sociedades y organizaciones científicas. En México, Valentina Torres Septién (2002) advierte que el objetivo de la educación fue proporcionar a infantes las herramientas de una urbanidad impecable, a través de los manuales de urbanidad adaptados a la educación mexicana de esta época. Así, los manuales de Erasmo y de Carreño se constituyeron en la directriz de la educación moral y de las "buenas costumbres" que se transmitieron a los futuros ciudadanos (as) del México moderno (Torres, 2002:89). A finales del siglo XIX, sólo unas cuantas mujeres ingresaron a la educación superior, sobre todo en carreras consideradas femeninas. Poco a poco sabemos de ellas, gracias a las investigaciones de científicas contemporáneas interesadas en visibilizar a nuestras pioneras. LAS TRANSgRESORAS, LAS PIONERAS DE LOS SABERES EN LA CIENCIA EN MéXICO Los discursos de género, reproducidos a través de la educación en México, trajeron consigo el despertar de algunas mujeres. Ellas principalmente pertenecieron a familias de élite o de profesionistas que, en contextos muy particulares, coadyuvaron a continuar los estudios superiores transgrediendo con ello las normas familiares, sociales y, en algunos, casos políticas. La historiografía del tema permite identificar las investigaciones dedicadas a la visibilización de las mujeres en los estudios superiores. En la tesis doctoral documenta los primeros 19 años de historia de la Facultad de Filosofía y Letras, en la investigación De la Escuela de Altos Estudios a la Facultad de Filosofía y Letras, 1910Letras, -1929.. Un proceso de feminización. Así también recupera los antecedentes de las pioneras en los estudios superiores, de finales de siglo XIX a las primeras décadas del siglo XX, Gabriela Cano (2012), "Ansiedad de género en México frente al ingreso de las mujeres a las profesiones de Medicina y Jurisprudencia". Dulce Carolina Montero Moguel y Landy Adelaida Esquivel Alcocer (2002) presentan un esbozo histórico desde el periodo novohispano hasta el siglo XX en torno a la educación de las mujeres mexicanas. Se fundó la escuela Teórico práctica de Obstetricia para mujeres en la ciudad de México, a la cual podían asistir señoritas mayores de veinte años que hubieran terminado la primaria y que tuvieran certificado de buena conducta. El reglamento de ingreso estableció que las estudiantes quedaban bajo la dirección de la partera en jefe y con la obligación de asistir a las clases independientemente del servicio que prestaban en el hospital (Rocha en Montero y Moguel, 2002:54-55). En tanto, Martha Díaz de Kuri (2009) recupera la biografía de Margarita Chorné y Salazar la primera mujer cirujana dentista titulada de América Latina. En ese entonces, previa a la presentación de su examen tuvo que acudir durante dos años a la asesoría en el gabinete dental de su preceptor. Díaz de Kuri registró que el 10 de diciembre de 1885, Ignacio Chacón cirujano dentista titulado por la Facultad de Medicina de México certificó: Que la señorita Margarita Chorné y Salazar tiene los conocimientos y práctica suficientes para poder sustentar su examen profesional de dentista, pues por un largo tiempo que ha estado bajo mi dirección, haciendo sus estudios teóricos y prácticos, ha demostrado bastante dedicación y muchos conocimientos científicos [...] Los libros básicos para todo aspirante al examen fueron los textos de los tres primeros años de la carrera de medicina: Anatomía descriptiva, de H. Beaunis y A. Bouchard; [Tratado de Anatomía] Topográfíca, de Tillaux; Fisiología, de Küss y [Matías] Duval, y Operaciones, de Malgaigne (Díaz, 2009:33). En 1886 en la Escuela de Medicina se realizó el examen profesional siendo integrantes del jurado los doctores Rafael Lucio, Juan María Rodríguez y Luis Ruiz. A la hora del interrogatorio, trataron a la aspirante con mayor rigidez que la acostumbrada con los varones, como si quisieran demostrarle a ella y a los asistentes que ese no era el lugar preciso para una dama. Tras una hora de examen con respuestas en francés y traducidas al español, el jurado aprobó por unanimidad a la sustentante (Díaz, 2009:36). El Periódico La Voz de México, el 20 de enero de 1886 publicó una nota sobre la graduación de la primera odontóloga cirujana en el país, Margarita Chorné y Salazar: El laboratorio dental de los señores Chorné [...], goza, y con gran justicia, de grande reputación en México, y hoy tendrá el atractivo de que los señores podrán ponerse en manos de una joven diestra e inteligente que les evite las mortificaciones que les causa el tener que sujetarse a ser operados por las manos de un hombre, que por hábiles que sean, nunca tienen la delicada finura de las manos de una mujer [...] Tres años más tarde, refiere Díaz, que se graduó Cleotilde Leonida Castañeda, y en 1890, Mónica Correa. En la segunda generación (1907) de la escuela dental, más tarde convertida en Facultad de Odontología de la UNAM, se inscribió Clara Rosas, quien fue becada por haber obtenido el mejor promedio del plantel. Rosas fue la primera profesora de odontología del país (Díaz, 2009:8). Poco a poco iban ingresando más mujeres, y en los años cuarenta la matrícula femenina alcanzo el 30% del alumnado, a principios del siglo XXI ésta alcanzó el 60-70% (Díaz, 2009:8) en las escuelas y facultades del país. En Medicina la primera titulada fue Matilde Montoya. Ana María Carrillo (2002) destaca que aquella quiso presentar el examen para ser profesora sin embargo le fue negado por ser menor de edad. Posteriormente decidió estudiar para ser partera en la Escuela Nacional de Medicina. Para ello debió asistir durante dos años a la cátedra especial de obstetricia; y presentar el examen correspondiente a cada año escolar: El primer examen versaba sobre la parte anatómica y fisiológica de los órganos genitales femeninos, la historia de la preñez y la teoría de los partos naturales; y el segundo, sobre la práctica de los partos y las operaciones simples, sobre los cuidados que reclamaban la madre y niño, y sobre los accidentes que podían venir a uno y otro después del alumbramiento, y el modo de remediarlos; y seguir la correspondiente clínica (Carrillo, 2002:25). Montoya ejerció la obstetricia en Morelos hasta mayo de 1872, después regresó a México y se volvió a inscribir en la Escuela Nacional de Medicina y realizó su práctica en la Casa de Maternidad. Finalmente en ésta, y ante los catedráticos José Espejo, Luis Martínez del Villar, Ildefonso Velasco e Ignacio Tornel, obtuvo el título de partera el 12 de mayo de 1873. En 1875 se instaló en Puebla, donde tuvo gran clientela de obstetricia y enfermedades de señoras. Esto ocasionó celos profesionales de los médicos y la acusaron de masona y protestante con ayuda de un sector de la prensa local, lo que produjo perdida de clientela y se vio obligada a migrar a Veracruz, regresando en 1880 (Carrillo, 2002:26-27). El director de la Escuela de Medicina del Colegio del Estado de Puebla aceptó que se matriculara. En 1880, sustentó varios exámenes de la carrera de medicina y separadamente de los cursos de química, botánica, física y zoología 1 (Rivera, 2010:182). En todas las materias examinadas obtuvo el voto de excelencia. Ana María Carrillo (2002) refiere que Montoya después de varios intentos logró que el presidente de la República le concediera el derecho de examen del primer año de medicina y quedó inscrita formalmente en la Escuela Nacional de Medicina el 11 de enero de 1883 (Carrillo, 2002:34). Finalmente el 24 de agosto de 1887 en la Escuela Nacional de Medicina, ante un jurado integrado por Maximiliano Galán, José María Bandera, José G. Lobato, Fernando Altamirano, Nicolás Ramírez de Arellano e Ignacio Capetillo (especialistas en enfermedades del corazón, oftalmología, higiene, farmacología experimental, medicina legal y ginecología respectivamente), Matilde Montoya respondió durante dos horas las preguntas acerca de la escarlatina, las infecciones cardiacas, la microbiología y la higiene. Al examen asistieron el presidente general Porfirio Díaz y el secretario de Gobernación Manuel Romero Rubio. Ella no presentó el examen en el salón de actos de la Escuela Nacional de Medicina, sino en el salón que sesionaba la Sociedad Filoiátrica y de Beneficencia de los Alumnos [de la Escuela de Medicina] (Carrillo, 2002: 9-10). Al día siguiente, Montoya, en el Hospital General de la ciudad de México sustentó el examen práctico ante los seis integrantes del jurado, donde cada uno le señaló un paciente como caso clínico, y ella presentó el diagnóstico y pronóstico de los enfermos. Finalmente, en el anfiteatro demostró el manejo del bisturí. Después del voto secreto del jurado, éste la aprobó por unanimidad. En el examen estuvo presente el señor Romero Rubio, en representación del general Díaz, quien una vez dado a conocer el resultado del examen propuso que se le diera en ese mismo momento el título (Carrillo, 2002:11). Lourdes Alvarado (2002), subraya que Montoya, respondió "con entereza, sangre fría y aplomo" a las preguntas de los sinodales". Este suceso fue un ejemplo de la transgresión y representación de los roles tradicionales de género a finales del siglo XIX cuando predominó la moral victoriana porfiriana, que impuso a las mujeres formas y prácticas de enseñanza subordinada a los hombres. La carrera de médico cirujano fue de cinco años, además para obtener el título de médico se presentaba un examen teórico-práctico y un trabajo escrito que debía ser publicado. La tesis de Montoya se intituló Técnicas de laboratorio en algunas investigaciones clínicas (1887), donde analizó las técnicas de laboratorio, en particular la bacteriología; y expuso los procedimientos generales de técnica microbiológica, la preparación de líquidos y tejidos, y la coloración de las preparaciones (Carrillo, 2002:22). En el caso de México, las mujeres accedieron a la enfermería para certificarse como parteras desde los años treinta del siglo XIX, y fue el antecedente para algunas para ingresar más tarde a la carrera de medicina. Gabriela Castañeda y Ana Cecilia Rodríguez de Romo (2010), a partir de las fuentes del Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México identificaron a las primeras estudiantes que ingresaron a la carrera de medicina, durante los años de 1887-1936. Las autoras sostienen que Columna Rivera fue la segunda médica cirujana graduada en la Escuela Nacional de Medicina en 1900. La Escuela Nacional de Jurisprudencia fue predominantemente masculina. A finales del siglo XIX María Asunción Sandoval de Zarco cursó la carrera de abogada entre los años de 1892-1897. Lourdes Alvarado (2002) refiere que además gozó de una pensión mensual, y recibió $45.00 para "expensar los gastos de recepción de dicha escuela". La autora afirma que el examen profesional de Sandoval llamó la atención de la prensa. Así el diario El Imparcial en julio de 1898 escribió: cursaba en 6 años. Lira Alonso destaca que María Asunción Sandoval de Zarco cursó las siguientes materias: En el primer año se cursaba derecho natural y derecho romano I; en el segundo año derecho romano II, Derecho patrio y derecho eclesiástico I; en el tercer año derecho Patrio y derecho eclesiástico II; en el cuarto año derecho constitucional, administrativo, internacional y marítimo; en el quinto año procedimientos civiles, principios de legislación, primer año de una academia teórico-práctica de derecho y práctica en el estudio de un abogado p en un juzgado civil; y en el sexto año se cursaba procedimientos criminales, legislación comparada, segundo año de la academia teórico-práctica con un abogado o juez civil, y seis meses de práctica en un juzgado criminal (Lira, 2008). Sin embargo, en otras regiones de México el ingreso de las mujeres a las profesiones se realizó en las primeras décadas del siglo XX. Elva Rivera Gómez (2010) documenta, con fuentes del Archivo Histórico del Colegio del Estado, hoy de la BUAP, el registro de las primeras tituladas de esta institución. Así señala que en 1917 se tituló Herminia Franco Espinosa y, en 1927 María Cuanalo Rojas como la primera y segunda médica cirujana y partera; en 1928 Irene Rojas se tituló como química farmacéutica y Delphy Oropeza, como química farmacéutica-bióloga. Ellas fueron las primeras mujeres que trastocaron parcialmente la cultura patriarcal de la educación femenina poblana (Rivera, 2010:183). Diana Arauz Mercado (2015) refiere que en el estado de Zacatecas fue hasta 1920 que en el Instituto de Ciencias se matricularon cuatro mujeres en la carrera de profesoras de obstetricia: dos solteras, una casada y una viuda, cuyas edades fueron entre 24 y 38 años. Tres de ellas concluyeron la carrera, la otra se dio de baja después del primer año de estudios (Arauz, 2015:194). Desafortunadamente el estudio no revela los nombres de ellas. A lo largo del siglo XIX la historia del Colegio Civil de Nuevo León, hoy Universidad Autónoma de Nuevo León, ofreció carreras a las que tuvieron acceso principalmente los hombres. En 1859 se fundó la Escuela de Medicina y Farmacia, su primer Director fue el Dr. José Eleuterio González. Un año más tarde con la apertura del Hospital Civil de Monterrey, se impartieron ahí las materias clínicas. Los primeros exámenes profesionales fueron de Sóstenes de la Fuente de la carrera de Farmacia en el año de 1862 y el de Ygnacio Martínez de Medicina en 1865 (Ortiz-Guerrero, 2009). La reforma al plan de estudios de la carrera de Medicina de 1869 introdujo Operaciones y Aparatos y eliminó Medicina Operatoria, además se separó la Higiene Pública de Fisiología, y la carrera de Farmacia se redujo a tres años. En 1877 se decretó la separación de la Escuela de Medicina y Farmacia del Colegio Civil y pasó a ser parte del Consejo Superior de Salubridad. Además, se agregó al plan de estudios las materias de Análisis Químico, Enfer-medades de Niños y Moral Médica. Un año después el Primer reglamento interno de la Escuela estableció que la carrera de Medicina fuera de seis años, Farmacia de cuatro años y Obstetricia (parteras) de tres años (Ortiz-Guerrero, 2009:50), está última principalmente la estudiaron las mujeres, sin embargo hasta ahora no hay referencias sobre ellas. En 1898 la Escuela de Medicina se clausura por falta de alumnos de nuevo ingreso, y sólo se continúa con los grados superiores y finalmente se cierra en 1903 con el examen profesional de Alberto Siller, alumno de la generación 1896-1902. El siglo XX trajo consigo cambios en los estudios superiores, en Nuevo León al abrirse en 1912 la Escuela de Medicina, la nueva ley y reglamento estableció que la carrera de Médico Cirujano fuera de seis años, la de Farmacia de cuatro años y extendió a cinco la de Obstetricia. Un año después la nueva ley y reglamento redujo a cinco años la primera y a tres la segunda. Por falta de recursos económicos temporalmente cerró la escuela en 1921, reanudando sus actividades un año después. Es hasta 1927 que se tiene registro del ingreso de la primera mujer en la carrera de Médico Cirujano Partero, Catalina Olivo Villarreal, quien se tituló en 1935 (Ortiz-Guerrero, 2009:50-51). Es decir, ocho años después de su ingreso y décadas posteriores a las de las primeras tituladas de la Escuela Nacional de Medicina. Otro estudio que aporta sobre las pioneras en la psicología universitaria es el trabajo de Elsa Guevara Ruiseñor (2015), en su investigación apunta que en México la institucionalización de la psicología inició en 1910, justo cuando inicio la revolución mexicana, con la fundación de la Escuela Nacional de Altos Estudios (ENAE), antesala de la Facultad de Filosofía y Letras, donde se instituyó la carrera de Profesor Académico en Psicología. En 1919 estudiaron Psicología General en la ENAE Luisa Becerra, Esther Carro, María Herrera y Carmen Jaime, y en Psicología Especial Guadalupe Zuñiga, María Teresa Alva, Aurora Carreño y Martha Fernández de Córdova (Guevara, 2015:107). Años más tarde, en 1921 la escuela otorgó el grado de profesor Académico en Psicología a Guadalupe Zúñiga Lira. Ella fue la primera mexicana formada en esta disciplina; y el grado de Profesor Académico en Psicología General y en Ciencias de la Educación a Martha Fernández de Córdova y a Aurora Carreño. Fue hasta 1956 que Ifigenia Frangos Roccas se tituló con la tesis: El sexo en los sentimientos de inferioridad, que puede ser considerada como la primera tesis de psicología en la que se retoma el debate sobre la inferioridad de las mujeres. En 1947 a partir de la creación de la maestría en Psicología en la Facultad de Filosofía y Letras se titularon: Eugenia Schimanovich, Matilde Lenbergerl y María Salinas. La primera mujer en obtener el doctorado fue Eugenia Schimanovich de Hoffs, quien en 1950 obtuvo el grado de Doctora en Filosofía con especialidad en Psicología con la tesis Ensayo de la aplicación de los principios de Jackson a problemas de psicopatología. En el área de Psicología, en 1962 la Maestría en Ciencias Psicológicas coadyuvó a los estudios de especialización. De ésta cuatro mujeres obtuvieron el título: Judith Huesca, Ma. Por lo que puede considerárseles como las pioneras de esta área en México, resta indagar las temáticas de investigación y sus aportes a la psicología mexicana. En relación a las primeras asociaciones científicas de mujeres en México, Rodríguez y Castañeda (2012) documentan que entre 1887 a 1937 se graduaron 84 médicas, de ellas 24 formaron nuevas sociedades o se adhirieron a otras (Rodríguez y Castañeda, 2012:8). Con el fin de defender los derechos de las estudiantes de medicina a titularse, el 5 de mayo de 1925 la doctora Aurora Uribe fundó la Asociación de Médicas Mexicanas, "ante la necesidad de hacer frente común y apoyarse para no ser maltratadas por querer titularse como médicas". Así las integrantes de la mesa directiva fueron: Antonia Leonila Ursúa, presidenta; Margarita Delgado, primera vicepresidenta; Ormesinda Ortíz Treviño, segunda vicepresidenta; María Brijández, secretaria; Dolores Rosales, prosecretaria y María Castro de Amerena, tesorera. Se formaron tres comisiones: Boletín con Herminia Franco, Servicio Social con Rosario Martínez Ortíz y Salubridad Pública con Aurora Uribe y Taboada (Rodríguez y Castañeda, 2012:17). En el caso de la Universidad de Guadalajara, en 1925 la escuela de medicina organizó el primer curso de enfermeras, con una materia teórica y sus respectivas prácticas; en 1926, se realizó el segundo curso, y se registró el egreso de 3 alumnas en 1927. Fue hasta 1935 que se creó la Escuela de Obstetricia, en la facultad de Ciencias Médicas y Biológicas, con dos años de estudios para ser enfermera y de tres años para obtener el título de Enfermera Partera (CUCS, 2017). Desafortunadamente no hay registros de mujeres tituladas de estas carreras. Sin embargo, a partir de las fuentes consultadas se procedió a elaborar un cuadro con información de las primeras inscritas y tituladas en México, del periodo de 1886-1935, véase el Anexo cuadro 1. A partir de lo expuesto anteriormente podemos afirmar que entre los años de 1886-1935 las carreras de odontología, medicina, derecho, obstetricia (partera), psicología y química fueron las primeras carreras que estudiaron las mujeres. Las instituciones educativas que "permitieron" el ingreso y la titulación de ellas fueron la Escuela Nacional de Medicina, la Escuela Nacional de Jurisprudencia, la Escuela de Altos Estudios, El Colegio del Estado en Puebla, El Instituto de Ciencias de Zacatecas, la Escuela de Medicina de Nuevo León y la hoy Universidad de Guadalajara. y Zapata (maestra), María Asunción Sandoval de Zarco (primera abogada), Matilde Montoya (doctora), Columna Rivera (médica), entre otras. Laura Méndez de Cuenca fue electa presidenta en 1905. Además, publicó en 1907 el texto El Hogar Mexicano, donde propuso la igualdad entre el hombre y la mujer, y se caracterizó por ser un manual laico. En 1906 al formarse el Consejo Superior de Instrucción Pública, fue la única mujer invitada. En mayo de este mismo año viajo a Alemania, donde estudió la organización de las escuelas primarias, particularmente la educación popular. A partir de sus visitas e informes sugirió que en México debía formularse un programa de estudios más adecuado a las edades de los educandos y más práctico, imitando en este aspecto a los Estados Unidos (2015:131). Así también participó en el Cuarto Congreso de Educación (Bruselas). Laura Méndez de Cuenca finalmente regreso a México en 1910 y vivió el declive del porfiriato y la revolución mexicana. Finalmente, Rosa María González Jiménez y María Mercedes Palencia Villa, a partir de la genealogía reconstruyeron la vida de Rosaura Zapata. Las autoras presentan un análisis de los enfoques racionales dominantes en el pensamiento europeo y su influencia en la educación en México. Ellas refieren que en 1900, la matrícula por sexo en las diversas opciones educativas de México fue la siguiente: Las cifras anteriores develan la feminización de la matrícula en la Normal de Profesores y profesoras, no así en las Escuelas de Medicina, Comercio, Bellas Artes, Ingeniería y Agricultura. Décadas más tarde, en 1925 se unificó la Normal de Profesores y la Normal de Profesoras en la Escuela Normal Primaria. Para ingresar el requisito fue contar con estudios de secundaria y estudiar tres años. Además, aparece el término de educadora para nombrar a las maestras de jardín de niños (2015:174). Otro de los aportes de Rosaura Zapata fue la reforma de los kindergarten, llamados a partir de entonces Jardín de niños. Finalmente, en 1928 es nombrada Inspectora General de Jardín de Niños. Hasta aquí se presenta un primer panorama nacional, sigue pendiente la recuperación de la historia de las profesionistas pioneras de otras regiones e instituciones educativas de México. A continuación, se aborda el caso del Colegio del Estado, en Puebla, México. EL COLEgIO DEL ESTADO Y LAS PRIMERAS MUjERES MATRICULADAS EN PUEBLA El Colegio del Estado se transformó a finales del siglo XIX en una institución educativa moderna acorde a las políticas educativas porfirianas. También en ésta se reprodujeron discursos de género que inhibieron el ingreso de las mujeres a los estudios superiores, en menor proporción lo fue en la Academia de Bellas Artes, en la Secundaria y la Escuela Normal que en ese entonces pertenecieron a la institución. Uno de los primeros registros del siglo XX fue la solicitud, hecha por una mujer, del 12 de marzo de 1909 2 presentado por la señorita Soledad Pavón, quien solicitó realizar el examen de Partera en el Colegio del Estado. El Reglamento estableció que debía presentarse un examen de conocimientos y dos exámenes prácticos. Cinco días después se le informa que éste se realizaría el 17 de marzo, y el jurado estaría integrado por los profesores Dres. Dr. Jesús Díaz González (Presidente), Juan B. Calderón, Francisco Bello, Agustín Galindo, Manuel Calva, en el Hospital General del Estado. La prueba práctica se realizó en la fecha establecida, y fue aprobada por unanimidad. En la prueba oral realizada al día siguiente, tres integrantes del jurado la reprobaron y dos la aprobaron. Finalmente se promediaron los dos exámenes y fue aprobada por el jurado para obtener el título de Partera. En este caso, el protocolo del examen muestra que para algunas mujeres no fue fácil acreditar las diversas modalidades de examen, para obtener el título de partera (hoy enfermera). En ese entonces todo examen profesional debía ser autorizado por el Gobernador del Estado. Así el 1 de julio en el mismo año 3, se le concedió a la señorita Soledad Cuevas realizar el examen profesional de Partera, y el C. Presidente del Colegio ordenó realizar la prueba práctica [examen] el 2 de julio en el Hospital General. Se nombró como jurado a los Dres. Jesús Díaz González en calidad de Presidente, Juan B. Calderón, Agustín Galindo, Isauro Guerrero, Manuel Calva. Una vez presentado el examen práctico, el jurado aprobó a Soledad Cuevas. Además, acordó realizar el examen el día siete, sin embargo este se suspendió por la falta de un integrante. Finalmente el doce de julio, Cuevas presentó la prueba oral y fue aprobada por unanimidad el examen Profesional de Partera a Soledad Cuevas. Para estudiar en el Colegio del Estado del estado de Puebla fue importante contar con un tutor que subsidiara los estudios. Normalmente las familias hipotecaban parte de sus bienes. En las fuentes consultadas, en especial, la Lista de Estado de Capitales registró a los propietarios, las fechas de la escritura y vencimiento, las deudas mensuales, los abonos, las deudas pendientes y las observaciones particulares. Llama la atención, que jurídicamente en estos años muchas mujeres no podían heredar bienes, sin embargo, estos cuatro casos son significativos pues, en el estado de Puebla se vive en estos momentos una revolución, lo mismo que en otras regiones de México. En este mismo año, una parte del presupuesto del Colegio del Estado se destinó al pago de 35 personas: 10 empleados, hoy llamados técnicos, 12 profesores de Anatomía, 8 profesores de la carrera de Ingeniero y 5 criados, véase Anexos 1, 2, 3 y 4. Los salarios más altos fueron de los profesores de Anatomía e Ingeniería con un promedio anual de $602.25; y los más bajos fueron de las cocineras y del criado para el gimnasio con un promedio anual de $54.75, los cuales no sólo develan los salarios por cualificación profesional sino también, la división sexual del trabajo en esta institución superior de los primeros años del siglo XX en Puebla, México. A pesar de los sucesos revolucionarios no se suspendieron actividades en el Colegio del Estado, éste fue presidido por el Dr. Rafael Serrano, el Secretario, José M. Carreto, quien laboró como secretario cerca de 53 años, el Tesorero Ricardo Benítez, los Prefectos y subprefectos. En los documentos sólo se menciona al subprefecto José Blanco 5. Una limitante para algunas mujeres fue la falta de dinero para inscribirse en el Colegio del Estado. El 14 de marzo de 1912 la señorita Zeferina R. Pavón solicitó matricularse en el primer año de la carrera de Obstetricia, y no pudo hacerlo por cuestiones económicas, [...] el secretario del Colegio añadió una nota: "[...] habiendo sustentado previamente el examen de Instrucción Primaria Elemental y Superior" 6. El 26 de marzo la Secretaría General del Departamento Ejecutivo del Estado 7 respondió negativamente a la señorita Pavón por no matricularse a tiempo, a pesar de haber presentado con antelación su solicitud. En este mismo año se presentaron las solicitudes de las señoritas Remedios Hernández, el 13 de marzo solicitó matricularse en el primer año de la carrera de Obstetricia, el cual cursó anteriormente y por causa de su pobreza no pudo seguir pagando, ya que anteriormente se pagaban derechos por los estudios profesionales y, que a partir de este año fueron gratuitos. El 7 de mayo de 1912, Jesús Alfaro concedió a la Señorita María Lucio Montes de Oca 8 realizar el examen de Anatomía Descriptiva. Como se puede observar a partir de los casos expuestos, para que las mujeres no sólo pudieran ingresar, permanecer y egresar de los estudios superiores requerían de subsidios para sufragar los costos de las matrículas y de titulación, lo cual no fue fácil para quienes provenían de familias humildes. Indagar acerca de las pioneras en la cátedra de Derecho en Puebla no ha fue fácil. Al revisar el registro de asistencia del Colegio del Estado de los años 1908-1917, se encontró a la primera estudiante en el año de 1915 en la cátedra de Derecho. En el primer año de Derecho civil de los meses de marzo a agosto aparecieron registrados como alumnos matriculados Antonio Pérez Oronoz y Luis Pérez Pereda; y como estudiantes libres: Benjamín En relación a la exigencia de sus profesores, Franco refirió lo siguiente: En la clase de anatomía -decía Herminia-me preguntaban la clase y las regiones de disección todos los días. Era algo injusto pues a mis demás compañeros les preguntaba solo de vez en cuando. Por esto me quejaba con mi padre quien me decía: hija, que bueno que te pregunten tanto, así estudiaras y aprenderás más (Ortiz, 2010:61). La revisión de los registros de asistencia y calificaciones otorgadas por los profesores revelan una evaluación continua y, probablemente restricción a las estudiantes para cursar algunas de las materias de la cátedra de Medicina, que pueden explicarse por la seriación de éstas, o bien porque no pudieron cubrir las matrículas de éstas por carecer de los recursos económicos. Además, demostrar diariamente el conocimiento sobre la materia a diferencia del nivel exigido a los hombres, como señaló Herminia Franco. EL COLEgIO DEL ESTADO EN PUEBLA Y LAS ALBACEAS OTORgADAS A MUjERES El Colegio del Estado, la Defensoría del Fondo de Instrucción Secundaria a la Tesorería General del Estado, se reportó en el mes de enero la cantidad de $512.85. Entre las 3 albaceas aparecen las señoras Micaela Palacios Arruti por la cantidad de $400 pesos y Micaela Sánchez con $19.35. En el mes de febrero se declararon 4 libramientos por la cantidad de $283.61 a 4 albaceas, entre quienes figuró la señora Doña Manuela López, Vda. En tanto, en el mes de marzo se registró a nombre de la señora Doña Guadalupe Márquez la cantidad de $294.00 14. En abril fueron 6 libramientos por la cantidad de $2,068.55, de los cuales aparecieron como albaceas Doña María de la Luz Valente Luna, a quien se le entregó la cantidad de $123.00 y la Señora Manuela Ceballo, Vda. En mayo hubo 4 libramientos, uno de ellos se le otorgó la albacea a la señora Claudia Buendía de Váldez por la cantidad de $20.00. En julio se registraron 5 libramientos por la cantidad de $43,696.66; la cantidad más alta se le entregó a la señora Dña. Anastasia H. De Arruti, $175 para la Sra. Margarita G. De Barroeta. En octubre se registraron 4 libramientos por la cantidad de $176.06 para las albaceas, una de ellas fue para la Sra. Filomena Salazar de Rangel a quien se le entregó la cantidad de $60.00 16. Dos de las albaceas beneficiadas fueron la Dra. Filo-mena Herrera por la cantidad de $18.69; y en diciembre se reportaron 4 libramientos por la cantidad de $1.258.96, que se entregaron a las Sras. Las albaceas entregadas a las mujeres, la mayoría fueron cantidades muy pequeñas; los montos superiores a los mil pesos lo recibieron viudas de esposos extranjeros o casadas. A pesar de que pocas obtuvieron estos beneficios, los hombres recibieron sumas más altas. Podemos afirmar que los discursos de género que se reprodujeron en los años que aborda este trabajo se caracterizaron por: La reproducción de un modelo educativo destinado a reproducir los roles tradicionales de género, la domesticación y subordinación de las mujeres en relación al espacio tanto público como privado, como se pudo constatar en los discursos y actuar del profesorado en algunas instituciones educativas del periodo estudiado, o bien refrendados por la prensa mexicana, como fue el caso del periódico La Voz de México en 1886 o El Imparcial en 1898. El acceso de algunas mujeres a los estudios superiores fue a las carreras relacionadas con el cuidado de los "otros": la salud (partería, obstetricia y medicina) y la educación en sus diversos niveles (jardín de niños y primaria), como sucedió en las principales instituciones de la capital y de algunos estados, entre ellos Puebla, Nuevo León y Guadalajara. Algunas de ellas no obtuvieron apoyo económico para continuar sus estudios, al ser concebida la educación como parte de los privilegios masculinos y, sobre todo, de quienes ostentaron el control de las instituciones; por lo que la red familiar fue vital para ingresar, permanecer y concluir los estudios superiores. Las primeras tituladas se enfrentaron a un férreo control de poder masculino, y gracias a sus relaciones familiares y políticas, en algunos casos, lograron vencer los obstáculos para que sus solicitudes fueran aceptadas y presentar los exámenes profesionales y obtener el título. Por ello fue importante, en el caso de las médicas, pugnar por la creación de organizaciones profesionales femeninas. Laura Méndez de Cuenca, en 1891 conoció los postulados feministas norteamericanos; que más tarde contribuyeron para fundar en 1904, la sociedad feminista integrada principalmente por maestras y profesionistas. Asimismo, el contacto con otras filosofías y modelos educativos les permitió trasgredir el orden de género y demostrar sus capacidades intelectuales en la materia. Otras más lograron ser editoras de revistas, autoras de libros y ocupar algunas direcciones y cargos muy significativos en la escala laboral o administrativa, en particular, en el espacio educativo. Las médicas fueron las primeras en asociarse profesionalmente para defender sus derechos y luchar contra la discriminación profesional y laboral. Ellas fundaron la Asociación de Médicas Mexicanas, en 1925; y de esta forma defendieron sus intereses no solo como médicas, sino también como mujeres.
En las últimas décadas del siglo XIX el tema educativo cobró una mayor dimensión política. De este impulso general se benefició la educación de las mujeres, propiciada por la legislación desarrollada desde mediados del siglo XIX y primeros decenios del siglo XX. La Real Orden de 8 marzo de 1910 les facilitará el camino abierto por sus antecesoras y supondrá un auténtico revulsivo para aquellas mujeres que quisieran acceder a la Universidad. Nuestra investigación se centra en ese contexto y en cómo se produjo su acceso a la Universidad de Salamanca en el primer tercio del siglo XX. El análisis de las fuentes fundamentales nos permite cuantificar el número de estudiantes y su distribución por facultades y ramas de estudios, además de demostrar en qué medida la paulatina eliminación de trabas, como consecuencia de la nueva legislación, impulsó su ingreso en esta Universidad. Los retazos biográficos de las universitarias más relevantes nos acerca, en la medida de lo posible, a su trayectoria académica y vital y nos ayuda a acabar con su invisibilidad. Teniendo en cuenta los itinerarios por los que han transcurrido los estudios sobre el acceso de las mujeres a las universidades españolas en los dos últimos siglos, el contenido de este artículo se situaría a medio camino entre los que recogen la presencia y evolución de las mujeres universitarias, atendiendo a la variable de género, y los que se han decantado por una versión reduccionista, cuando no exclusivamente numérica, del fenómeno de la incorporación de las mujeres a la universidad. Con la investigación que presentamos tratamos de cubrir el vacío historiográfico que existe sobre la presencia de las mujeres en la Universidad de Salamanca. El análisis de las fuentes fundamentales −expedientes, libros de matrículas, memorias y anuarios−, nos ha permitido una cuantificación aproximada del acceso femenino a la institución salmantina en el primer tercio del siglo XX, así como su distribución por facultades y ramas de estudios (Tabla 1). Para lograr ese objetivo se ha optado por una metodología amplia que integre no sólo a las que se licenciaron sino a todas aquellas que cursaron estudios, concluyeran o no las carreras. El muestreo que se presenta es suficientemente significativo para conocer su tránsito por la Universidad de Salamanca en las primeras décadas del siglo XX, aunque el límite de espacio de que se dispone no permita profundizar en la trayectoria vital y académica de todas ellas. Se presentan retazos biográficos de las estudiantes más relevantes, en la línea de las prosopografías y estudios de redes realizados por investigaciones pioneras en otras universidades. La mayor parte de la obra escrita sobre la Universidad de Salamanca, incluida la más reciente, prescinde absolutamente de la perspectiva de género. En la conmemoración del octavo centenario de su fundación, parece oportuno un estudio que dé a conocer la incorporación de mujeres a la institución y el papel desempeñado durante más de un siglo por todos los actores participantes en la misma. Es importante no solo acabar con su invisibilidad, sino también poner de relieve cómo contribuyeron al sostenimiento de la universidad y al desarrollo de la sociedad. EL ACCESO DE LAS MUJERES A LA UNIVERSIDAD: UN LARGO Y DIFÍCIL RECORRIDO Antes del Renacimiento, reinas gobernadoras, nobles y religiosas fueron la élite instruida que dejó impronta de sus capacidades intelectuales. En tierras salmantinas, las "señoras" gobernadoras como Berenguela, María de Molina o Constanza de Portugal, fueron mujeres sabias capaces de sustituir a sus esposos en el gobierno de sus reinos. En el ámbito religioso sobresalió Teresa de Cartagena (circa 1420 ó 1435), considerada la pionera en la escritura mística en lengua castellana y, probablemente, la primera mujer que pasó por la Universidad de Salamanca, pues en el prólogo de su obra inicial hace alusión a que se formó en dicha Universidad "los pocos años que yo estudié en el estudio de Salamanca" (Cartagena, 1967: 103). Teresa de Cartagena se incorporaba al canon medieval de escritoras españolas relevantes, continuadoras de la estela de pioneras como Hildegard von Bingen (1098Bingen ( -1179)), Christine de Pisan (1364-1430) -participante destacada en la "querella de las mujeres"-y Laura Cereta (1469-1499). Sin embargo, aunque en 1218 se fundó la Universidad de Salamanca, la relación de las mujeres con la institución comenzó en los albores del siglo XV, con la entrada del Renacimiento y el Humanismo en nuestro país. Su influencia resultó extraordinariamente fructífera para la intelectualidad femenina y supuso el primer acercamiento de las mujeres a la universidad. Fueron las "puellae doctae" que destacaron en las Cortes de Isabel I de Castilla y María de Portugal y que abrieron el camino a otras mujeres que en siglos posteriores accederían a los estudios universitarios. Aunque existe una gran controversia sobre si se produjo el acceso de las mujeres como alumnas, tenemos testimonios de ese mínimo acercamiento a la institución salmantina. 1 Lucio Marineo Sículo, 2 que regentó cátedra en Salamanca entre 1484 y 1496, dejó testimonio escrito de la sabiduría de algunas mujeres, como Beatriz Galindo, que destacó por sus dotes intelectuales y sus conocimientos del latín; o de Juana Contreras y de Luisa (Lucía, según otros) de Medrano, a la cual conoció en el Estudio salmantino y de la que alabó su inteligencia. No obstante, han quedado referencias de otras mujeres importantes como Francisca de Nebrija -hija de Antonio de Nebrijaautor de la primera gramática castellana-, Isabel de Vergara, traductora de Erasmo y hermana de los humanistas Juan y Francisco de Vergara, y a las que Lucio Marineo conoció en Alcalá de Henares. En Salamanca, también sobresalieron Cecilia Morillas (1539), de la que se dice que cursó estudios de Filosofía y Teología y que tuvo notables conocimientos de idiomas, arquitectura, geografía, astronomía y matemáticas. Álvara (para otros, Bárbara) de Alba, aunque natural de Vitigudino (Salamanca), pudo Tabla 1. En el s. XVI, más allá de los espacios cortesanos, fue el ámbito religioso el que procuró el desarrollo intelectual de las mujeres. El 80% de las escritoras de esta época fueron monjas. Los vestigios documentales que albergan los conventos de clausura salmantinos dan testimonio de religiosas escritoras y cercanas a personalidades relevantes del Estudio salmantino, como la carmelita Ana de Jesús o Beatriz de la Concepción, entre otras (García; de Prado, 2006: 27). Aunque la Contrarreforma intentó apartar al pueblo de la cultura escrita, el recelo hacia los libros no llegó a afectar a las estancias conventuales. En el siglo XVII destacaron en la sociedad salmantina algunas monjas como Manuela de la Santísima Trinidad, escritora y consejera en la Universidad (García; de Prado, 2006: 345-348). En el siglo XVIII tenemos referencias de María Isidra Guzmán de la Cerda, nacida en Madrid en 1768 y fallecida en Córdoba en 1803. En 1785 recibió el Grado de Doctora en Filosofía y Letras Humanas por la Universidad de Alcalá de Henares, autorizada para ello por una Real Orden del Rey Carlos III. De entre las literatas salmantinas de su tiempo destacó Matilde Cherner (Salamanca, 1833-Madrid, 1880) que colaboró también en El Federal Salmantino, pero de la que no tenemos constancia de que pasara por las aulas universitarias. Aun con estos avances, el proceso, lento pero ininterrumpido, de acceso "sistemático" de las mujeres a la universidad, se inició dentro y fuera de España en el siglo XIX. Comenzó en Estados Unidos, a partir de la década de 1830 (en escuelas médicas exclusivas para mujeres, que no necesariamente dependían de la Universidad), y continuó de forma simultánea en las décadas siguientes en Europa y América Latina. España irá al compás de la Europa continental y alumnas como María Elena Maseras (1872), Dolores Aleu Riera (1874) o Martina Castells Ballespí (1877), al acceder a los estudios de medicina en la Universidad de Barcelona, allanaron el camino a jóvenes que posteriormente se fueron incorporando paulatinamente a los estudios universitarios, sorteando múltiples trabas y demoras. 3 Pese a todos los obstáculos el proceso iniciado fue imparable. En todos los países, la carrera de medicina fue la puerta por la que las primeras mujeres entraron en la Universidad. Dichos estudios preparaban, ya entonces, para el ejercicio de la profesión, al unificarse las carreras médico-quirúrgicas. De 1882 a 1888, la presencia femenina en las Universidades de Barcelona, Granada, Madrid, Salamanca, Valencia y Valladolid ascendió a 34, de esas, 21 pasaron por las facultades de medicina. Estas primeras universitarias contribuyeron con su decisión a un periodo de tanteos y de precedentes alentadores, abriendo nuevas posibilidades para las mujeres y comenzando a transformar la referencia social femenina (Flecha, 1996: 215). En el curso 1887-1888, Matilde Padrós Rubio y Ángela Carraffa de Nava, ambas con catorce años, se matricularon en la Facultad de Filosofía y Letras de las universidades de Barcelona y Salamanca respectivamente. Ángela, aunque era natural de Valladolid, fue la única alumna en Salamanca y su expediente es el primero de una mujer conservado en el archivo universitario salmantino. Fue la primera española Doctora en Filosofía y Letras por la Universidad Central de Madrid. No obstante, a pesar de sus reclamaciones ante las altas instancias ministeriales, su flamante título no le permitió ejercer la enseñanza en ninguno de los niveles educativos. En Barcelona, en 1889, Teresa de Andrés Hernández se licenció en Filosofía y Letras y en 1892 Micaela Juanes Rollán, natural de Calzada de Valdunciel (Salamanca), inició los estudios de Filosofía y Letras. Ángela y Micaela iniciaron el acceso de las mujeres a la Universidad de Salamanca con quince años de retraso con respecto a las catalanas y en unos estudios diferentes a los de la mayoría, pues medicina había sido la carrera preferente tanto dentro como fuera de España, ya que su título las capacitaba para ejercer la profesión. En definitiva, en el siglo XIX se produjo un impulso importante en el terreno educativo con respecto a los siglos anteriores. La preocupación por el estado de la educación en España y por el bajo nivel cultural medio de la población se extendió entre amplios sectores de la población (Capel, 2009: 156); de este esfuerzo general se benefició la educación de las mujeres, que, pese a haberse iniciado a mediados del siglo XIX con la Ley Moyano (1857), cobró mayor importancia durante la Restauración (Cuesta, 2003: T. I, 38-40). Las estrategias individuales y colectivas para quebrar obstáculos y perseverar en el empeño de una realización personal y profesional fueron respaldadas por personalidades relevantes. El resultado fue que, en el transcurso de casi cuarenta años de errática trayectoria legal, un total de 77 mujeres consiguieron acceder a la Universidad en España (Guil y Flecha, 2015: 131). Estudiaron asignaturas de doctorado 20 y 10 se doctoraron. LA PRIMERA DÉCADA DEL SIGLO XX: UN IMPULSO DECISIVO EN LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA FEMENINA El esfuerzo realizado a favor de la educación de las mujeres en las últimas décadas del siglo XIX se reforzó con el avance legislativo de 1910. La Real Orden de 8 marzo liberaba a las mujeres de la necesidad de contar con los permisos del padre y de la autoridad académica correspondiente para poder cursar estudios secundarios y universitarios. Julio Burell, ministro de Instrucción Pública, promulgó en septiembre de 1910 otra Real Orden donde disponía que 'la posesión de los diversos títulos académicos habilitará a la mujer para el ejercicio de cuantas profesiones tengan relación con el Ministerio de Instrucción Pública', incluyendo explícitamente la posibilidad de opositar a cátedras. Así se estableció algo fundamental: primero el derecho a una educación equivalente a la de los varones y después el de ser educadoras las propias mujeres 4. Esta legislación, y la colaboración en el esfuerzo educativo de redes culturales e instituciones como la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE, 1907), la Residencia de Señoritas de Madrid (1915) y el Instituto Internacional vinculado a ésta en 1917, representaron un auténtico revulsivo para las mujeres que quisieran acceder a la universidad (Capel, 2009: 156-161. La Residencia de Señoritas jugó un papel fundamental en la modernización de la educación femenina siguiendo el modelo de la Residencia de Estudiantes (Cuesta et al, 2015). Este impulso colectivo y el empeño individual, explica que las matrículas femeninas fueran creciendo con rapidez, aunque se produjeron algunas variaciones en las carreras elegidas. Los anuarios estadísticos proporcionan datos al respecto: entre 1910 y 1921 se matricularon 650 mujeres, lo que representa un 2,7% del total de alumnos universitarios. Es decir, un 5,2% eran mujeres, prácticamente se había doblado el porcentaje de universitarias. De nuevo, los estudios de medicina fueron los elegidos por las alumnas de comienzos del siglo XX. Francisca Fontova Rosell obtuvo en 1903 el título de licenciada en medicina por la Universidad de Barcelona; Trinidad Sais Plaja en 1904, Monserrat Bobé Marsal en 1905, Virginia Soler Alberola en 1908 y en 1909, María Dolores Pujalte Martínez. En la Universidad de Madrid, María de los Ángeles Furundarena López obtuvo el Grado en 1912, Rosario de Lacy Palacio el título de licenciada en 1913; en este mismo año Federica Fernández-Cortés Casellas obtuvo el de Grado. En Salamanca, las primeras mujeres se incorporaron antes de la Real Orden de 1910. Teresa Iglesias Recio, natural de Villares de la Reina (Salamanca), se matriculó en 1906-1907 en el curso preparatorio de medicina y farmacia de la Facultad de Ciencias. Cursó las asignaturas de Física General, Química General, Zoología, Mineralogía y Botánica. Inició los estudios de medicina en el curso aca-démico 1908-1909; es decir, con 35 años de retraso respecto a las médicas catalanas. Realizó su examen de Grado en 1913 y obtuvo el título de licenciada en Medicina y Cirugía el 5 de febrero de 1914, 5 con lo que se convirtió en la primera mujer que se licenciaba en esa carrera por la En Ciencias, sección de químicas, no se matriculó ninguna mujer. En resumen, el balance de la primera década del siglo XX para la Universidad salmantina es ciertamente limitado: una licenciada en Filosofía y Letras y otra en Medicina. COMIENZA LA ETAPA DE LIBERTAD PARA LA EDUCACIÓN DE LAS MUJERES (1911-1920): UN TÍMIDO AVANCE EN LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA Se inauguraba la etapa de libertad, y, de nuevo los estudios de medicina fueron los elegidos por las mujeres. Dos alumnas, Nieves González Barrio y Delfina Matilla Gómez ingresaban en esta licenciatura en Salamanca. Nieves, natural de Riotinto (Huelva), fue la más brillante alumna e investigadora que pasó por las aulas de la Facultad de Medicina salmantina. 10 Ganó la beca compitiendo con una docena de estudiantes varones. Un recorrido exhaustivo por su expediente académico ofrece datos incluso más brillantes que los obtenidos en los estudios secundarios. En diecisiete asignaturas consiguió sobresaliente y en nueve de ellas con premio y mención de honor, en tres con premio y en una con sobresaliente y mención de honor. Sólo en Otorrinolaringología obtuvo un notable. Todas las aprobó en convocatoria ordinaria. 11 Compaginó los estudios de medicina con los de Químicas y ale mán en el Instituto General y Técnico de Salamanca 12, además de trabajar gratuitamente en la Gota de Leche. Con 30 años, y los estudios concluidos satisfactoriamente, se examinó el 12 de junio de 1914 del Grado en Medicina y obtuvo un sobresaliente. 14 Concluida la carrera se trasladó a Madrid para doctorarse en 1915, y también fue calificada con un sobresaliente. Miembro de la denominada "Constelación Pittaluga" 19 María Manuela Fernández Mateos, natural de Almedia de Sayago (Zamora), estudió Magisterio en la Escuela Normal de Zamora, y Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca. Tras licenciarse en 1918, 20 se trasladó a Madrid a continuar los estudios de doctorado. Empezó a ejercer la profesión de docente en el Instituto de Melilla, tras su frustrado intento de trabajar en el Instituto-Escuela (Poveda, 2014: 442). Posteriormente, enseñaría en otros institutos, como el elemental de Mérida (donde fue vicesecretaria), en el Lagasca y en el Lope de Vega de Madrid. 21 En su testamento dejó asignada una cantidad para que los alumnos más necesitados solicitasen becas para costearse los estudios universitarios. También, con matrícula no oficial, se examinaron en la convocatoria de junio del curso académico 1918-1919, Fermina Benito García, natural de Doñinos (Salamanca) 22 y Consuelo Jiménez Fernández. Ésta lo hizo en la convocatoria de septiembre de 1919-1920, porque compatibilizó los estudios de Filosofía y Letras y Derecho. De ella se darán más detalles en el apartado de las estudiantes de Derecho (Tabla 3). Del total de 34 mujeres sólo una lo hizo por la Facultad de Ciencias de la Universidad de Barcelona, en el curso 1886-87. En 1896, Manuela Barreiro Pico comenzó la misma carrera en la Universidad de Santiago de Compostela y la concluyó en 1900. Habrá que esperar unos años para que se matriculasen otras dos mujeres en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Barcelona: María Sordé Xipel, que comenzó la carrera en el curso 1908-1909 y se graduó en 1914, y Luisa Cruces Matesanz, que los inició en 1909-1910. En 1917, Catalina de Sena Vives Pieras se convertirá en la primera doctora en Ciencias por la Universidad Central de Madrid. En la Facultad de Ciencias de Salamanca, sección de químicas, se matricularon 5 mujeres: Isidora Elisa Gómez Martín, natural de Mohedas de Granadilla (Cáceres). Era maestra por oposición desde 1914 y realizó el examen de Grado en el curso académico [1913][1914] La salmantina Pastora Ángeles Encinas González, fue hija de Pedro Encinas Reyes, catedrático de derecho y Secretario General de la Universidad de Salamanca, y de María del Tránsito González Moreno. Discípula de Unamuno, se licenció en Filosofía y Letras en 1922. Sus hermanos, Luis y Carlos, estudiaron medicina. Éste último, fue, además, un afamado cartógrafo y pintor del exilio republicano español. Pastora, tras casarse en 1925 con su primo hermano Ángel Encinas Romero, un ginecólogo y empresario sevillano, se dedicó a ejercer las labores de ama de casa. En su expediente figuran 16 asignaturas, con 10 sobresalientes −8 con premio−, 3 notables y 3 aprobados. En diciembre de 1928 opositó para oficial de tercera clase de la Administración Civil del Ministerio de la Gobernación. En 1933 fue profesora encargada de curso de latín en el Instituto de Ibiza. Como a tantos profesores, se le abrió expediente de depuración, pero en 1940 fue confirmada en su cargo del Instituto de Ibiza. La matriculación en Filosofía y Letras creció de forma progresiva en la segunda mitad de la década de los veinte. En el curso académico 1926-1927 se matricularon otras doce estudiantes Fermina Benito García, Carolina Soler Calvo, María Luz Alonso Pagazaurtundua, María de las Mercedes Cosío Moreno, 24 María de los Dolores González Serrano, Amelia Coca Polo, Vicenta Maldonado Charro, Francisca Pierna Chofre, María del Carmen Rodríguez Fernández, Concepción Aldama Pruaño, Clotilde Nogueras Cabezalí, Josefa Vidaur Cortaberría 25 (Tabla 4). De este nutrido grupo de universitarias es preciso resaltar a dos de ellas, pues fueron de las primeras profesoras de la Universidad de Salamanca: Francisca Pierna Chofre y María del Carmen Rodríguez. Francisca Pierna se licenció en 1930 con premio extraordinario, para, posteriormente ser profesora ayudante de clases prácticas y desde abril de 1931 hasta octubre de 1933 profesora auxiliar en la Universidad de Salamanca. Impartió las asignaturas de Prehistoria, Historia Antigua y Medieval, e Historia de la Cultura. En el curso 1933-1934 se incorporó al Instituto de Segunda Enseñanza de Luarca, en Asturias, como encargada de curso de Literatura, al haber aprobado los Cursillos de Selección para Profesorado de Segunda Enseñanza en la disciplina de Lengua y Literatura castellana (Flecha, 2010: 292-295. Se casó en octubre de 1935 con el médico Luis Díaz Martín. Era hija del médico, político y catedrático de Higiene de la Universidad de Salamanca, el republicano Serafín Pierna Catalá. María del Carmen Rodríguez Fernández, natural de Ciudad Rodrigo (Salamanca), estudió Filosofía y Letras y se licenció en 1930 con la calificación de sobresaliente. En octubre fue nombrada profesora ayudante de clases prácticas de la asignatura de Lengua hebrea y arábiga y el curso siguiente, de Lengua Latina y de Bibliografía en la Universidad de Salamanca. En 1932 fue profesora Auxiliar de Lengua y Literatura Latina, disciplina que enseñó durante tres años con un sueldo de 3.000 pesetas anuales. Después de unos meses de paréntesis universitario -de febrero a octubre de 1932-para ejercer como catedrática interina de latín en el Instituto de Ceuta, se incorporó en noviembre de 1935 a la segunda enseñanza en el Instituto de Medina del Campo. Fue profesora encargada de latín, pues había aprobado los Cursillos de Selección para Profesorado de Segunda Enseñanza que se realizaron en 1933 (Flecha, 2010: 292-295). Es digno de resaltarse el caso de una de las anteriores mujeres, a pesar de tener una trayectoria académica brillante, porque su proyección quedó minimizada y ensombrecida por el triunfo profesional de su esposo. Estamos hablando de Clotilde Nogueras Cabezalí, que se casó en 1937 con el historiador, filósofo e insigne poeta Pedro Caravia Hevia. Ella perteneció al de grupo de profesores que superaron los cursillos de 1933 para impartir docencia en secundaria, en el área de Historia; fue catedrática de Enseñanza Secundaria en el Instituto de Mahón y en el Instituto de Enseñanza Media femenino de Oviedo. En la segunda mitad de la década de los veinte, continuó creciendo exponencialmente la matriculación femenina en Filosofía y Letras, especialmente en el curso académico 1927-1928. Se inscribieron, tanto en matrícula oficial como no oficial, 13 mujeres: Juana María García-Revillo García, Anisia González Barrachina, Gaudencia Martín Martín, Marina Montero Rodelgo, María Auxilio Tapia Vicente, Matilde Barona Montes, Águeda del Bosque Vicente, Feliciana Carrasco Domínguez, María Concepción Díaz de Entre-Sotos y Fraile, María del Pilar Díez García, María del Carmen Nó Luis, Emilia Pedraz Lorenzo y Aurora Verdú García. De todas ellas, es resaltable la carrera profesional de Anisia González Barrachina, quizás también ocultada por la relevancia alcanzada por su marido, Luis Ortiz Muñoz, al que conoció cuando ambos estudiaban el doctorado en Madrid. Colaboró en la administración del régimen franquista, al ocupar altos cargos en el Ministerio de Educación, siendo ministro José Ibáñez Martín. Anisia González se licenció en Filosofía y Letras en 1928 por la Universidad de Salamanca y opositó y obtuvo la cátedra de latín en 1932. Uno de los miembros del tribunal fue Unamuno. Fue profesora en los Institutos Velázquez y Beatriz Galindo de Madrid, en este último como profesora de francés y después de doctorarse. También hicieron brillantes carreras las salmantinas, Juana García-Revillo García y Auxilio Tapia Vicente. La primera se licenció en 1927 y ese mismo año opositó, por el turno libre, a las cátedras vacantes de Geografía e Historia en los Institutos de Alcoy, Cuenca, Baeza, Instituto Maragall de Barcelona y el Cervantes de Madrid. En 1934 fue profesora en el Instituto Elemental de Astorga, León. En 1965 pasó del Instituto de Santa Cruz de Tenerife al Instituto masculino de Málaga. Se licenció en 1928 con una calificación de sobresaliente. Fue profesora en diferentes centros de enseñanza privados y religiosa jesuitina (Hijas de Jesús). En la década de 1921-1930, como se ha desglosado anteriormente, los estudios de Filosofía y Letras desplazaron ampliamente al resto de las carreras en la Universidad de Salamanca. Las cifras son reveladoras: en la Facultad de Ciencias, Sección de Químicas, se contabilizan 13 mujeres. Cursaron estudios, Amalia Fonseca García, María Eloísa Galván García, Natividad López García, Petra Llompart González, Basilia Mampasio Bueno, Francisca Luelmo González, Petra de Prada Cantalapiedra, Sara Fernández Casas, Marcelina García Sánchez, Concepción Zuasti Ferrández, María Antonia Hernández Martín, María del Pilar Tejón Banquera. De todas ellas sobresalieron la vallisoletana Petra de Prada, la navarra Concepción Zuasti y la salmantina María Antonia Hernández Martín (Tabla 4). Por lo que respecta a los estudios de medicina, en la década de 1920 a 1930 también se hizo notar la presencia femenina en las aulas universitarias, aunque de forma más tenue que en Filosofía y Letras o en Ciencias (Químicas). Accedieron a la Facultad de Medicina 7 mujeres: Isabel Celia Tovar, Isidora Macías Calvo, Sara Fernández Casas, Gonzala García Delgado, Marcelina García Sánchez, Josefa Junquera Salvador, María Concepción Seseña Deben. Poco se sabe de Isabel Celia Tovar, salvo que se licenció en 1925. Lo mismo ocurre con Isidora Macías Calvo, natural de Muelas del Pan (Zamora), que se licenció en 1927. Sara Fernández Casas, natural de Posadas (Argentina), cursó los estudios de Medicina y Farmacia y se licenció en 1928. Por su parte, Ma Concepción Seseña Deben, natural de Salamanca, obtuvo el título en 1929. Primero fue puericultora y posteriormente ejerció la pediatría en Salamanca. De Gonzala García Delgado sí se tiene más información. 27 Fue una médica pediatra salmantina que cursó los estudios de forma brillante y con un magnífico expediente académico entre 1924-1930. Al terminar la carrera, se desplazó a Madrid para especializarse en hematología en el Laboratorio de los profesores Marañón y Pittaluga. Simultaneó los estudios de doctorado con la práctica de la profesión en varios hospitales de Múnich (Alemania). Con el título de doctora en medicina y con ese bagaje, concursó a una plaza del Sistema Sanitario de Salud estatal en Salamanca. Sería Jefa de los Servicios de Higiene Infantil hasta su jubilación en 1975. También obtuvo la plaza de Directora del Hospital y Preventorio Infantil de Salamanca, construido y organizado bajo su supervisión en el Paseo del Rollo. Este centro se convirtió en hospital de guerra entre 1936-1939; Gonzala, debido a su especialización y su dominio de varios idiomas -francés, alemán e inglés-, fue nombrada directora del mismo. También tuvo una clínica privada junto al Palacio de Monterrey de Salamanca, pero que dejó para cuidar de sus cinco hijos. De otras estudiantes de medicina, como Marcelina García Sánchez, sólo se conoce que cursó los estudios de medicina en la Universidad de Salamanca. De Josefa Junquera Salvador, que era natural de San Cebrián de Castro (Zamora), concluyó los estudios de Magisterio en 1924 e inició los de medicina en la Universidad de Salamanca. En ese mismo año fue la única mujer de 106 matriculados para realizar un cursillo de Inspector Médico Municipal. Fue médica titular en Pajares de la Lampreana. En esta localidad dirigió un centro de alimentación y un comedor infantil de Auxilio Social, inaugurado en 1944. En 1972 se le adjudicó la plaza de médica en Aldea de San Miguel (Valladolid). Fue nieta por línea materna de un farmacéutico y esposa y madre de médicos. Con respecto a los estudios de Derecho, se observa que el acceso de las mujeres a esta carrera en España, fue tardía y lenta. En 1922, la valenciana Ascensión Chirivella Marín fue la primera mujer que se licenció en Derecho por la Universidad de Valencia (Villamarín, 2014: 63-68). 28 Fue también la primera en colegiarse en España para ejercer como jurista durante ocho años en la especia-lidad de Derecho Civil. 29 En esas mismas fechas, Consuelo Jiménez Fernández pasaba por las aulas de la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca (Tabla 4). De ella solo se ha podido constatar que nació en Deleitosa (Cáceres), y que compatibilizó los estudios de Filosofía y Letras con los de Derecho. En el curso académico de 1919-1920, en matrícula no oficial, se presentó a los exámenes en la convocatoria de septiembre y obtuvo un sobresaliente en la asignatura de Teoría y Literatura de las Artes y un notable en Historia Universal. Concluía la década de 1921-1930 con un incremento significativo de la presencia de las mujeres en las aulas universitarias salmantinas. Especialmente en Filosofía y Letras, con 32 alumnas nuevas, 12 en Ciencias (Químicas), 7 en Medicina, siendo la excepción Derecho, con una sola alumna. Las perspectivas profesionales, su vocación y su deseo de emancipación pudieron animar a las jóvenes a acceder a los estudios superiores. Era una de las vías para conseguir la realización personal y laboral. Las movilizaciones de intelectuales y estudiantes universitarios contra la Dictadura de Primo de Rivera, no sólo no frenaron el acceso de las mujeres a la universidad, sino que sirvieron de acicate. En la Universidad salmantina, como se ha detallado, creció la matrícula en general y la femenina en particular, sobre todo en 1928. En Salamanca, las movilizaciones vinieron precedidas por el destierro de Unamuno a Fuerteventura en 1924, acompañado de la suspensión de empleo y sueldo y de la pérdida de todos sus cargos académicos. En 1926 los estudiantes volvieron a protestar por cubrirse la cátedra que Unamuno había dejado vacante. Con ellos se solidarizó el catedrático Luis Jiménez de Asúa, por lo que fue deportado a las islas Chafarinas el 30 de abril de 1926. El mundo intelectual y universitario español no dejó de movilizarse contra la Dictadura primoriverista, provocando incluso el cierre de facultades. De una manera u otra se manifestó el malestar que vivió el país en los últimos años del régimen dictatorial. El 19 de marzo de 1929, catedráticos y profesores auxiliares de la Universidad de Salamanca firmaron una carta dirigida al Gobierno; la encabezaba el rector Enrique Esperabé de Arteaga. En ella se condenaban las revueltas estudiantiles producidas también en esta ciudad. Una de las firmantes fue Petra de Prada Cantalapiedra, primera profesora de la Universidad de Salamanca. La presencia de la mujer en las aulas universitarias en España experimentó un ascenso del 8,8% durante el periodo de la Segunda República. En Salamanca, también se produjo otro impulso en la matriculación. Accedieron a la Facultad de Filosofía y Letras 22 alumnas (Tabla 5). No se cuenta, de momento, con información detallada de todas ellas, pero sí se pueden hacer breves retazos biográ-ficos de algunas. María Sánchez Cuadrado, Felisa Lillo Zaera, Petra Calzada Marzal, Marina Girón Lozano, Carmen Iglesias Sánchez, María Antonia Merino García, Alicia Montejo Parro, Juana Riesco Pedraz, Magdalena Junto a las anteriores, es preciso resaltar que en 1931 se incorporó como profesora temporal de la Universidad, Pilar Loscertales Baylín. Nació y estudió Filosofía y Letras, sección Historia, en Zaragoza. Se especializó en Historia medieval en el Centro de Estudios Históricos de Madrid, bajo el magisterio de Claudio Sánchez Albornoz. El 8 de agosto de 1931 ingresó por oposición en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Su primer destino fue la Biblioteca Universitaria de Salamanca, que pronto dejará al pasar a la Biblioteca Nacional por concurso de traslado. Esta circunstancia le permitió continuar sus trabajos en el Instituto de Estudios Medievales, Centro de Estudios Históricos, dependiente de la Junta para Ampliación de Estudios. Se casó con el catedrático de Historia del Derecho y académico, Luis García de Valdeavellano, discípulo también de Claudio Sánchez Albornoz. Otras alumnas destacadas fueron Magdalena Garretas Sastre, natural de Vizcaya, que estudió Filosofía y Letras entre 1930 y 1934. En ese mismo curso académico finalizó la licenciatura en el mes de junio con premio extraordinario y ocupó el cargo de profesora auxiliar de Lengua y Literatura Griegas al superar a otro aspirante en las pruebas establecidas; fue profesora auxiliar de Miguel de Unamuno y en el curso 1935-1936, encargada de la cátedra vacante de esa asignatura por jubilación del titular, el catedrático Enrique Esperabé de Arteaga. Siendo alumna de tercer curso de la carrera, teniendo en cuenta su expediente académico, fue elegida por el Claustro de la Universidad para viajar como becaria en el Crucero Universitario por el Mediterráneo (Flecha, 2010: 292-295). En 1941 fueron invalidados los nombramientos de la República y tuvo que presentarse a oposiciones a cátedras de griego de enseñanza secundaria. Fue profesora en Cádiz, Granada, Bilbao, Barcelona (Instituto Maragall). Se jubiló en 1982 como docente en el Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid. Tomasa Oterino Sánchez, natural de Galinduste (Salamanca) obtuvo el Grado en 1934 y en ese mismo año fue profesora ayudante. Desde abril de 1935 profesora auxiliar de Lengua Latina en la Universidad de Salamanca. Su expediente académico está plagado de sobresalientes y 6 premios extraordinarios. En julio de 1936 aprobó los Cursillos de Selección para Profesorado de Segunda Enseñanza en la asignatura de latín; no se incorporó, perdiendo los derechos adquiridos en ese proceso de selección. Finalizada la guerra pasaría a ejercer como profesora en de Profesores adjuntos de Institutos Nacionales de Enseñanza Media. En 1951 fue profesora adjunta de Física y Química en el Instituto Zorrilla de Valladolid. En 1955 se le reconoció el derecho a formar parte de la Sección segunda del Escalafón del Cuerpo de Profesores adjuntos de Institutos Nacionales de Enseñanza Media. Carmen Villalobos Mier, era hija de Filiberto Villalobos. Estudió Ciencias Químicas y se licenció en 1934. Fue profesora de la Escuela Fábrica de Cerámica de Madrid. María Asunción Macías García, natural de San Cristobal (Zamora), consiguió el Grado en 1934 y el Título en 1935; por último, María del Carmen Zorita Viota, natural de Salamanca, obtuvo el Grado en 1940. En la Facultad de Medicina estudiaron y se licenciaron María Alonso Nart y Petra Román Arroyo. La primera era natural de Gijón y se licenció, con sobresaliente, en abril de 1932. Petra Román, natural de Palencia, fue una conocida oftalmóloga salmantina, que se licenció en el curso 1938-1939 con premio extraordinario. En 1942 ingresó por oposición en los Servicios Provinciales de Sanidad del Estado como médica oftalmóloga. Abrió consulta privada en Salamanca y ejerció la profesión de oftalmóloga con gran reconocimiento de sus pacientes. Su tenacidad se puso de manifiesto al disputar desde 1965 la plaza de Oftalmología del Seguro Obligatorio de Enfermedad en Salamanca. En 1975 convocó un concurso de traslado de la Escala de Médicos Especialistas en Oftalmología. A Petra Román, aunque declinó participar en dicho concurso, se le adjudicó con carácter forzoso el destino de La Coruña. Su padre, Emilio Román Retuerto, fue catedrático numerario de Geometría analítica y decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Salamanca. También fue catedrático de Ciencias de la Universidad Central de Madrid. Su hermana fue Rosario Román Arroyo. Por último, a la Facultad de Derecho accedió María Arias Camisón, natural de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca). 32 Las cifras que aportan otras investigaciones difieren de los señalados: en el curso 1931-1932, según los Anuarios Estadísticos, la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca contaba con 3 alumnas oficiales y 4 libres. Las cifras de estudiantes universitarias en todas las Facultades en esta última década analizada pueden variar significativamente por las circunstancias históricas que vivió este país, especialmente durante la Guerra Civil española. La falta de memorias anuales elaboradas por la Universidad de Salamanca a partir de 1934, y la coyuntura bélica de 1936-1939, trastocan las estadísticas. Es probable que el cómputo señalado en nuestra investigación cambie a medida que se localicen, depuren y cotejen otras fuentes. El careo de las mismas en investigaciones futuras ayudará a determinar las cifras reales. La trayectoria vital y profesional de las estudiantes que pasaron por la Universidad de Salamanca en el primer tercio del siglo XX responde al estereotipo de las pioneras universitarias que a finales del siglo XIX decidieron continuar sus estudios secundarios y acceder a los estudios universitarios. Las jóvenes que llegaron a las aulas salmantinas en los inicios del siglo XX lo hicieron por verdadera vocación y con el afán de ejercer una profesión para la que se habían preparado en sus estudios universitarios, superando todo tipo de obstáculos. Contaron con el respaldo familiar en la búsqueda de su autonomía y realización personal. En la Facultad de Filosofía y Letras se han localizado en las fuentes consultadas 58; en la Facultad de Ciencias, Sección de Químicas 24; en la de Medicina 12 y 3 en Derecho. Estos últimos estudios fueron los menos demandados por las alumnas universitarias. Aunque en el siglo XIX las dos estudiantes que se matricularon en la Universidad de Salamanca eligieron la carrera de Filosofía y Letras, las pioneras de la primera década del siglo XX eligieron Medicina. En la segunda década superaron las licenciaturas en Ciencias (químicas) a los de Medicina, y, a partir de la década de los años veinte, quedaron ampliamente superados por Filosofía y Letras. Es en esa década cuando se multiplicó por diez el acceso de las mujeres a la Universidad salmantina. Un porcentaje alto procedía de familias de clase media, cuyos padres ejercían profesiones liberales (médicos, profesores, veterinarios...) y la procedencia geográfica fue variada: un elevado porcentaje (63,9%) fueron castellano-leonesas, en especial de Salamanca (37,1%) y Zamora (15,4%); seguidas de las vascas (5,1%), madrileñas (3%); andaluzas (3%); extremeñas (3%); castellano manchegas (2,06%); navarras (2%); y en igual proporción, aragonesas (1%); murcianas (1%); catalanas (1%) y asturianas (1%). Procedentes de Argentina llegó un 1% y de Cuba un 2%. De las que se tiene más información sobre su biografía se sabe que las que estudiaron Medicina ejercieron la profesión en diferentes lugares de la geografía española, bien en la sanidad pública bien en clínicas privadas. La mayoría de las que cursaron los estudios de Filosofía y Letras y Ciencias (químicas), opositaron para la enseñanza secundaria o para Archivos y Bibliotecas. Más del 80% de ellas fueron brillantes alumnas e investigadoras, con unos expedientes académicos sobresalientes. Cinco de ellas se doctoraron y una docena fueron profesoras temporales en la Universidad de Salamanca, aunque acabaran ejerciendo la docencia en la enseñanza media. Las alumnas con los expedientes más brillantes fueron becadas y pudieron trasladarse a universidades extranjeras para ampliar estudios. Sus estancias en la Residencia de Señoritas y en la de Estudiantes de Madrid fueron clave, no sólo para ampliar su bagaje intelectual, sino también para trabar amistad con personajes relevantes de la España de los años treinta. Algunas, víctimas del contexto que les tocó vivir (Guerra Civil y Dictadura Franquista), sufrieron la represión y el exilio. Todas las que ejercieron la docencia pasaron por al proceso de depuración al que fue sometido el profesorado español. Como muy bien señaló Consuelo Flecha, el acceso de las mujeres a la universidad, en Salamanca y en el resto de España, representó una ruptura con la costumbre. Sus aspiraciones y su modo de realizarlas, inquietaron a una época no acostumbrada a que se pudiera mirar la realidad desde perspectivas diferentes a las tradicionales. Pusieron todo su tesón y constancia para adaptarse a un tiempo lento, que colisionaba con un ámbito de intereses ya establecido. Se empeñaron en desarrollar o adquirir capacidades no reconocidas en los rasgos básicos de la identidad -cerrada y dependiente-que se les permitía tener, y se adentraron en la búsqueda de una experiencia diferente, contribuyendo a una ampliación progresiva del horizonte de posibilidades para tantas otras que les sucedieron. Sus demandas tenían que ver con la exigencia de poder participar en actividades del mundo público -en este caso en la educación superior y en el ejercicio profesional correspondiente-, reivindicando un espacio propio dentro de un marco ya existente, la Universidad, en igualdad de condiciones con los hombres. Era para ellas la apertura a un espacio público y también simbólico: el acceso al saber. Mi más sincero y cariñoso agradecimiento a Josefina Cuesta Bustillo, catedrática emérita de Historia Contemporánea de la Universidad de Salamanca, por impulsar y dirigir equipos de investigación multidisciplinarios e interuniversitarios durante más de treinta años. Facultad de Ciencias Químicas Década de 1900-1910 Nombre y apellidos Lugar de nacimiento Universidad Facultad Grado Título Dra. INCREMENTO IMPORTANTE DE LA PRESENCIA FEMENINA EN LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA En
A principios del siglo XX muchos espacios de sociabilidad femenina en España se caracterizan por crear hábitos, disposiciones, y saberes en mujeres universitarias. Uno de esos espacios es la denominada Residencia de Señoritas, fundada en 1915. Esta institución se dedicó a desarrollar prácticas tutelares para la educación de mujeres que se trasladaban a Madrid para cursar estudios universitarios. Como parte de la educación de estas mujeres en el refinamiento de las costumbres y las normas de cortesía, el ejercicio de ciertas prácticas de lectura se consideró un objetivo legítimo y útil por parte de las educadoras. Siguiendo los estudios históricos y socio-antropológicos que se alejan de una mirada que universaliza las prácticas culturales de la lectura, en este trabajo nos interesa analizar, desde Este trabajo analiza las prácticas y representaciones que contribuyen a producir lectoras en el marco de la Residencia de Señoritas, institución fundada en Madrid en el año 1915 y caracterizada por crear hábitos, disposiciones y saberes en mujeres universitarias. Para ello consideremos pertinente el recorrido acumulado por los historiadores españoles, influenciados por las propuestas de Roger Chartier (1991Chartier (, 1994Chartier (, 2000) ) en torno a la lectura como practica histórica y cultural (Martínez Martín, 2001; Infantes et al. 2003; Sánchez García y Martínez Rus, 2010). Dichos historiadores se interesan por llevar a cabo una amplia historia cultural de la lectura en España en la que destacan las condiciones materiales, culturales y sociales que la determinan y le dan sentido 1. Esta perspectiva permite preguntarse no sólo por la materialidad de los libros, sino también qué se hace con los textos, cómo se leen, cuáles son las "huellas" (Ginzburg, 2001) que los lectores dejan en relación a la lectura realizada o las tramas de relaciones sociales sobre las cuales se sustenta la lectura. Por lo tanto, siguiendo estos presupuestos analizamos cómo la circulación de determinados libros, reglada y organizada en la Biblioteca de la Residencia de Señoritas desde 1930 a 1936 por las bibliotecarias y directora de la institución, procuró instaurar en las residentes del lugar formas de leer encaminadas a lograr una lectura legítima y útil para su desarrollo cultural. La Residencia de Señoritas creada por la Junta de Ampliación de Estudios e incluida en el campo de interés político de sucesivos gobiernos, fue dirigida por María de Maeztu para albergar la estancia de mujeres universitarias que se trasladaban a Madrid y fomentar en ellas la adquisición de una completa educación (Pérez Villanueva- Tovar, 1989Tovar,, 2011)). Entre los principales espacios de sociabilidad de la Residencia distinguidos por su convivencia letrada y culta destacamos la mencionada Biblioteca. En este lugar se sostuvo, tal y como intentaremos dar cuenta en este trabajo, una determinada práctica cultural de la lectura utilizando dispositivos tutelares impregnados de una fuerte lógica pastoral (Foucault, 2006) 2, basada en la palabra, la confidencia y la persuasión, que predispuso a las "señoritas" de la Residencia a desarrollar lo que se consideró una lectura útil para su formación. Una forma de ilustrar el vínculo que se estableció entre una pretendida lectura legítima y los dispositivos tutelares pastoriles es a través de las actas de las reuniones de las bibliotecarias, presididas por María de Maeztu y recogidas entre 1930 y 1936 3. Examinamos dichos registros escritos no sólo en términos de "fuente extractiva" de objetivos y disposiciones específicas sino también como productos culturales moldeados social e históricamente según narrativas, criterios de evidencia y maneras de clasificar específicas 4. De esta forma, es posible indagar la forma en que se combina tanto la materialidad de los libros como la mediación instrumental (regulaciones, vigilancia, confesiones, persuasión, etc.) para producir en las llamadas "señoritas" de la Residencia una determinada práctica de la lectura bajo ciertas dinámicas de poder (Chartier, 1993). Unas relaciones de poder que, siguiendo a Foucault (1988), entendemos actúan sobre acciones rea-les o eventuales asociadas a formas de leer y comportarse, en la que se privilegian mecanismos de incitación o inducción en detrimento de prohibiciones. LA RESIDENCIA DE SEÑORITAS: "UNA CASA DE MUCHACHAS APLICADAS AL ESTUDIO" El trabajo institucional de difusión que realizó, especialmente María de Maeztu, a principio de siglo XX sobre la Residencia de Señoritas para el gran público (conferencias, entrevistas en medios gráficos, etc.) proyectó la presencia de "una Casa de muchachas aplicadas al estudio" sin "el virus de lo artificioso y afectado, del que adolece tanto intelectualismo femenino", ajustada a un "régimen moral y de libertad de familia española bien organizada" (Pérez Villanueva- Tovar, 1989Tovar,, 2011)). En este caso, la "Casa" apareció como un dato contundente y deseable de lo real sobre la que se estructuró gran parte de las narrativas institucionales sobre la Residencia en consonancia con las representaciones sociales y morales de las "casas/familias" de la burguesía liberal y las élites conservadoras españolas de principio de siglo XX. María de Maeztu inspirada por un feminismo krausista y por un discurso feminista "neutro" 5, aceptable dentro de los marcos políticos y culturales conservadores de principio de siglo XX, había dejado plasmado en sus escritos la importancia de la educación y formación de las mujeres, especialmente, las provenientes de clases medias. Estas mujeres fueron consideradas por ella (Maeztu, 1913) como un sector al que se debía proteger tanto de una "actitud revolucionaria" promovidas por las sufragistas como de "la amargura concentrada años y años en el silencio de su corazón" mediante la adquisición de una educación que permitiese el "cultivo del espíritu". La relación que se establece entre cultura como "cultivo" remite, como ya señalara Norbert Elías (1999), al concepto de kultur utilizado por los intelectuales de las clases medias alemanas en ascenso desde finales del siglo XVIII. El mismo es entendido como la transformación de la naturaleza por parte del hombre en un contexto de fuerte convencimiento en torno al progreso de la humanidad. Para María de Maeztu la transformación cultural de las mujeres es el ámbito donde estas podían extraer un sentimiento de orgullo y libertad a través del desarrollo de sus propias potencialidades. Todo ello, sin tener que oponerse activamente a los cánones socialmente establecidos en torno a la llamada condición femenina de la época. De este modo, la transformación cultural de las mujeres que propone María de Maeztu se convierte en un ámbito a-político sustentado por un conjunto de referentes femeninos que son resaltados constantemente en sus escritos 6. Entre ellos, destacan Concepción Arenal o Teresa de Jesús por tratarse de mujeres que encuentran fuera del ámbito doméstico "su lugar", mediante una "fervorosa entrega" en la religión, el derecho y en el "progreso moral" del país. En relación a María de Maeztu fue su labor pedagógica, expuesta como benefactora, desinteresada y destinada a construir mujeres "cultivadas" dentro de la Residencia de Señoritas, la que legitimó socialmente su trabajo "fuera del hogar" en un contexto socio-histórico caracterizado por una "natural" división de los roles de género en el que se asumía que las mujeres poseían atribuciones psicológicas y morales diferentes a las de los hombres. En una entrevista que realizó el periodista Julio Romero a María de Maeztu en el Mundo Gráfico (1932) para conocer el funcionamiento de la Residencia de Señorita, esta respondió a la pregunta ¿cuáles son los métodos de educación qué emplea usted en la Residencia de Señoritas? de la siguiente manera: Nuestros métodos están expresados de una manera breve en nuestro Reglamento de la Casa al decir que la residencia cumple una finalidad hondamente educadora, que consiste en emplear todos los resortes de que disponemos para aproximarnos al ideal que aspira todo educador: el perfeccionamiento de la naturaleza humana por medio del cultivo desinteresado del espíritu, del desenvolvimiento de los sentimientos más puros y de la formación moral del carácter... Resaltado nuestro) El principal signo de distinción de la "Casa" que se remarca en esta respuesta es el "cultivo del espíritu y la moral" junto a la formación de "sentimientos puros". Aun así, el periodista expresó a través de la pregunta, ¿mata la cultura y el cultivo de las dotes intelectuales las cualidades de ternura y piedad de la mujer?, el riesgo social que supone llevar a cabo esta labor educativa, temiendo por la desaparición de las cualidades consideradas de "naturaleza" femeninas ("la ternura y la piedad"). De esta forma, para obtener el consentimiento necesario ante lo que es considerado una transgresión social, María de Maeztu utilizó estratégicamente el propio lenguaje de la dominación social sobre las mujeres al contestar del siguiente modo: ¡Oh, no! Sería absurdo pensar que una mujer, por el hecho de realizar una labor intelectual, moral o artística, hace traición a la esencia peculiar de su feminidad. Ello no sólo no es probable, sino imposible. Tengo en mis manos, y lo digo con orgullo, el laboratorio más rico en experiencias de esta clase. Ni una sola vez he visto que la Naturaleza haga traición a su ley inexorable. Las estudiantes de Medicina o de Leyes, al salir de la clínica o al cerrar el libro de Derecho, sueñan, como la muchacha que hace encaje de bolillos junto a la ventana, con el príncipe encantado que vendrá en su carro de oro a ofrecerle el reino de un mundo nuevo, con la diferencia de que estas mujeres, que han recibido una recia formación intelectual, sabrán distinguir y conocer, porque aprendieron a pensar, al falso héroe del verdadero, y serán las compañeras de trabajo que le ayuden a llevar el peso de la vida (Maeztu. Resaltado nuestro) 7 Experimentar con las "señoritas" como si de un "laboratorio" se tratase, tal y como indicaban determinadas pedagogías reformistas de principio de siglo XX destinadas a la elevación moral y espiritual de los niños (Ortiz, 2003; Viñao, 2001), debía ser garantía suficiente para calmar los temores de cualquier desvío social. En este sentido, María de Maeztu cerró con esta fórmula pedagógica, en conjunción con las representaciones hegemónicas sobre el género, la proporción exacta de valor moral que podía asegurar la continuidad y aceptación de un proyecto pensado para mujeres ligadas, preferentemente, a sectores de la burguesía nacional. El mencionado laboratorio se conformó de múltiples dispositivos alejados de cualquier coacción para poder guiar a "las muchachas" por el camino de la autonomía. Esto implicó poner ante sus ojos, mediante la palabra y la persuasión, cuales debían ser los verdaderos intereses para aprovechar al máximo la estancia en el lugar y descubrir por sí misma las posibles "desviaciones" y los medios necesarios para solventarlas. Para ello fue necesario un "trabajo de institución" (Bourdieu, 1997) centrado en procesos rituales y técnicos, que dieron lugar a un "espíritu de Familia/Casa" basado en sentimientos y valores compartidos que ayudaron a definir y orientar a las residentes del lugar. Consideramos como procesos rituales los múltiples acontecimientos sociales que tuvieron lugar en dicha institución, tales como las conmoraciones, los encuentros para tomar el té, las cenas con la Directora, asistir a las conferencias o la "Biblioteca de la Casa", sobre los cuales se llevó un registro tácito o escrito de quienes participaban y cómo lo hacían. A través de ellos se inculcó una regulación diferenciada y estable de comportamientos y sentimientos que, de forma consciente e inconsciente, determinó lo que se debía o no hacer en el interior de la Residencia (Betrisey, 2015). Con el tiempo esto dio lugar a un proceso de individualización mediante fichas escritas por las educadoras, que delimitó al conjunto de "señoritas" como objeto analizable y clasificable según el "Concepto intelectual", "Concepto moral" y "Concepto social" que habitualmente regía las conductas de las mujeres fuera de su ámbito local y de parentesco. LA BIBLIOTECA: LUGAR DE DISTINCIÓN Y PRESTIGIO La Biblioteca de la Residencia de Señoritas, financiada por la Junta de Ampliación de Estudios, el Instituto Internacional y parte de las cuotas mensuales de las residentes, convivió con la proliferación de bibliotecas públicas y populares por todo el territorio que, desde los primeros años del regeneracionismo, fueron consideradas fundamentales para lograr el progreso y la modernización del país (Martínez Rus, 2001). En este contexto, la imagen social creada en torno a dicha Biblioteca iba más allá de un simple lugar de retiro de lectura silenciosa para presentarla como un espacio de sociabilidad frecuentado por mujeres educadas, de buenas costumbres e intachable moral, que leían libros que supiesen: "armonizar lo bello y lo útil. Aparte de las materias de sus respectivas especialidades, las lectoras prefieren siempre, en el orden artístico y literario, las grandes obras inmortales, Santa Teresa, Tirso, Calderón, Lope de Vega, Concepción Arenal, Rosalía de Castro, Sor Juana Inés de la Cruz, Cervantes, etc...." Secretaria de la Residencia de Señorita. Como se reconoce en varios trabajos históricos (Pérez Villanueva-Tovar, 2011; Vázquez Ramil, 2012), a partir de 1928 la Biblioteca incrementó sus fondos producto de la fusión que se establece con la Biblioteca del Instituto Internacional. Esta institución norteamericana privada facilitó las primeras bibliotecarias profesionales para llevar a cabo la catalogación de libros e impartir las primeras clases de biblioteconomía a residentes y, posteriormente, a un público más amplio. De este modo, se fueron incorporando antiguas residentes como parte del conjunto de bibliotecarias que ayudaron a gestionar lo que se denominó en las actas de reuniones "Biblioteca de la Residencia de Señoritas y del Instituto Internacional". En términos generales, dichas actas se caracterizan por un formato institucional, plagadas de imperativos redactados bajo la forma de objetivos a cumplir, sin dejar de lado las reglas de la cortesía y el trato educado. Las mencionadas reuniones entre las bibliotecarias se realizaron bajo la supervisión de María de Maeztu quien para esa época ya había hecho de la Residencia un aspecto fundamental de "su obra" pedagógica e intelectual en el ámbito nacional e internacional. El puesto de presidenta de las reuniones fue ocupado, en un principio, por la "bibliotecaria jefe", la norteamericana Miss Hill y el de secretaria por Carmen Posadas y más tarde Enriqueta Martín. A partir del 7 de octubre de 1930 hasta el 16 de febrero de 1932 la presidencia de las reuniones la detenta Enriqueta Martín y Carmen Posadas como secretaria, siendo la encargada de redactar las actas. Desde dicha fecha hasta el 28 de febrero de 1936, la presidencia estuvo a cargo de María de Maeztu, para volver a ocuparla Enriqueta Martín, incluso cuando la Residencia se reabre como Colegio Mayor Femenino Teresa de Cepeda 9. Las bibliotecarias en los años treinta eran, Miss Luisa Sweney, Pura García Arias, Miss Prescot, incorporándose más tarde Nora Sweney y Carmen Nieto de la Villa. Los acuerdos formales establecidos entre la Residencia de Señoritas y el Instituto Internacional, determinaban que cada institución pagaría el salario de sus correspondientes bibliotecarias. Una exploración inicial nos lleva a reconocer cómo se dibujan las relaciones entre las bibliotecarias norteamericanas y españolas que ayudaron a estructurar y gestionar la Biblioteca. Al parecer no existen grandes polémicas en torno a cómo "saber estar y comportarse" en su interior, consultar libros, formas de catalogarlos o control de los libros. No obstante, la falta de un debate explícito y sostenido no implica la ausencia de conflictos. Se ponen en evidencias algunos indicios que ayudan a percibir ciertas diferencias en torno a cómo se debían distribuir las vacaciones de las bibliotecarias en Navidad y Semana Santa durante cada curso académico y la insistencia de no cambiar de forma particular los arreglos establecidos. Uno de los aspectos fundamentales de las reuniones iniciales era la necesidad de buscar fondos para la compra de libros. Si bien la mayoría de los libros fueron adquiridos con el presupuesto que destinaba la propia Residencia de Señoritas o el Instituto Internacional, otras de las fuentes de ingreso fue el dinero de las multas por los retrasos de las lectoras. Dichas multas se utilizaron para financiar los llamados "libros perdidos" o los "libros necesarios" de estudio. Otra de las formas de adquirir libros se estableció a través de las donaciones que hacían particulares. Para ello era habitual que María de Maeztu activara sus relaciones personales o institucionales que se encontraban ausentes de la vida cotidiana de la Residencia: En las primeras reuniones se estableció que María de Maeztu llevaría un férreo control de las nuevas adquisiciones de libros en español o francés destinadas a la lectura:'Todo libro sea comprado por la Junta de Ampliación de Estudios o el Instituto Internacional, o con cualquier otro dinero, o bien sea un donativo no pasará a formar parte de la Biblioteca sino después de ser aprobado por la Srta. De Maeztu, si el libro es en español o en francés, y por la bibliotecaria americana si el libro es en inglés. Cuando proceda de compra esta aprobación consistirá en el visto bueno de la lista enviada a la librería. Si se trata de donativo el libro deberá ser examinado y aprobado individualmente' 14. Por otra parte, resulta significativo el esfuerzo para mantener la Biblioteca en conexión con algunos de los acontecimientos políticos y sociales del periodo que comprende desde 1930 a 1936. En la reunión del 29 de abril de 1930, en plena exaltación del discurso identitario de la hispanidad durante la dictadura de Primo de Rivera 15, se registra en el acta elaborar un listado de todos los libros de autores hispanoamericanos que existen en la Biblioteca para darlos a conocer a las residentes. Dos días des-pués de la proclamación de la II República, en la reunión del 16 de abril de 1931, María de Maeztu planteó ampliar los "libros sobre política" con espacial interés por aquellos que se conciben como trasmisores de conocimiento "sobre socialismo y comunismo" y "algunos también de cuestiones agrarias", con el objeto de poder acceder a los principales postulados políticos e ideológicos que sustentan el nuevo gobierno. Asimismo, solicitó que se conserve el periódico el Sol 16 de abril y mayo como "nota histórica de la proclamación de la República". A su vez, ciertas políticas culturales promovidas por la II República, como la conformación de las "bibliotecas circulantes" también se vincularon al funcionamiento institucional de la Biblioteca de la Residencia de Señoritas. Como menciona Martínez Rus (2001:447), el gobierno de la II República llevó a cabo una intensa política en torno a la creación y mantenimiento de bibliotecas públicas a través del Patronato de Misiones Pedagógicas y la Junta de Intercambio y Adquisiciones de Libros, tal y como se refleja en los decretos del 7 de agosto y el 21 de noviembre de 1931 respectivamente. Las Misiones Pedagógicas fueron las encargadas de la creación de bibliotecas en todas las escuelas públicas y el 22 de agosto de 1931 se estableció la conformación de "bibliotecas circulantes" con el objeto de lograr extender la lectura por el territorio nacional y en especial, a los sectores sociales de las clases pobres junto a otras medidas de alfabetización. En el marco de las mencionadas reuniones de las bibliotecarias de la Residencia, se consideró poner en marcha una "biblioteca circulante" pero recuperando, fundamentalmente, algunas de las características originales de las bibliotecas circulantes de la Inglaterra del siglo XVIII y XIX puesta al servicio de las clases medias que sabían leer (Martínez Martín, 2005). En este sentido, la mencionada "biblioteca circulante" de la Residencia de Señoritas no implicaba una distribución gratuita de libros para pobres. La misma se organizó con libros de lengua española duplicados, los cuales fueron destinados a sectores de la sociedad que leían habitualmente y podían pagar una suscripción de 5 pts. al trimestre para sacarlos durante 8 días. Más tarde se consideró la posibilidad de que las propias "señoritas" de la Residencia también se adhirieran a dicha biblioteca, promoviendo un descuento en la tarifa de suscripción por ser residente. LA PRODUCCIÓN SOCIAL DE LECTORAS Uno de los principales objetivos de la Biblioteca que quedó registrado en las actas fue su función, "informativa y de inspección respecto a las alumnas, para lo cual cada bibliotecaria se hará cargo de un grupo" 17. Los mencionados grupos se conformaron de acuerdo al espacio en el que residían las "señoritas". De esta forma, se destinó a Miss Sweney el grupo que residía en la calle Fortuny 53, a Miss Hill el llamado grupo de Fortuny 30, a Enriqueta Martín el grupo de Rafael Calvo y a Carmen Posadas el grupo que se encontraba viviendo en la calle Miguel Ángel 8. Entre las primeras tareas de las mencionadas bibliotecarias se encontraba realizar una lista de residentes "que leen" y "que no leen", la cual debía ser entregada mensualmente a María de Maeztu. Otra de las tareas fue promover una práctica de lectura basada en libros de carácter "instructivo" o de "estudio". Tales libros fueron considerados fundamentales para llevar a cabo una "lectura legítima" en el marco de la institución. De tal manera que las principales preocupaciones se centraron en colmar los estantes de "libros nuevos" de formato didáctico y fácil entendimiento sobre "ciencias, farmacia, la Colección Labor y los últimos de política, filosofía, etc....", suscribirse a revistas especializadas de acuerdo a la diversidad de las carreras de las residentes y proveer los soportes materiales que permitan visualizarlos y fomentar la lectura (mesas, escaparates, etc.). 18 Es en este contexto, en el que debemos entender las sucesivas peticiones que realizó María de Maeztu a las bibliotecarias para apuntar por escrito los libros que solicitaban las residentes, siempre y cuando tuviesen "un valor positivo" para su instrucción. Al mismo tiempo que advertía de la necesidad de "tener cuidado" con la lectura de novelas y biografías: El "cuidado" que las bibliotecarias debían tener sobre la lectura de las novelas responde a las representaciones dominantes de la época que sustentan dicha lectura como parte de un entretenimiento 20 que podía causar un importante "peligro moral" en las mujeres, provocar el desenfreno o la distracción, garantizando un camino seguro hacia un posible derrumbe. Se podría esperar que la información referida a la lista elaborada de los libros que no podían leerse apareciese en los registros escritos de las actas analizadas, pero no fue así. La información sobre estos libros, que seguramente no era un secreto en la cotidianidad de las bibliotecarias, se convierte en un conocimiento reservado de la propia institución. En este sentido, la condición de reserva y misterio que se establece contribuye a crear la existencia de "libros problemáticos" al mismo tiempo que legitima a la Biblioteca como una entidad, especial y poderosa, con capacidad para controlar las posibles desviaciones que conllevan algunas lecturas. De esta forma, se programó sacar los libros que "de ninguna manera deben leer las señoritas" 21 en el verano de 1932. Se consideró que era el momento del curso en que las residentes no utilizaban la biblioteca y podía realizarse con mayor facilidad la sustitución por otros libros que la propia María de Maeztu considerará pertinente. Teniendo en cuenta la posible carga de incertidumbre que una acción como esta implicaba dentro de una institución considerada moderna y liberal, la misma fue presentada como un acto ajeno a cualquier tipo de coacción. De este modo, no se prohibió expresamente la consulta de los mencionados libros pero su lectura se enmarcó en el tra-bajo de dirección de consciencia que realizaba en privado María de Maeztu mediante la palabra y la persuasión. (Señorita) que desee leer algunos de estos libros podrá ir a la biblioteca de la Srta. (Señorita) de Maeztu que ella se lo prestará con mucho gusto 22. La conformación de hábitos de lectura encaminados a proporcionar formación y conocimiento fue acompañado de un importante trabajo de vigilancia sobre los cuerpos, los gestos y las emociones. A través de estrictas normas de comportamiento dentro de la Biblioteca, se primó una lectura individual, silenciosa, que fue vigilada por las bibliotecarias. En caso de comportamientos desviados y reiterados en su interior, sería María de Maeztu la encargada de dar el último golpe de autoridad. Incitar y fomentar los intereses lectores de las "señoritas" dio lugar a perfeccionar el control y la clasificación de los grupos de "lectoras" y "no lectoras", cuyos rasgos se definieron por la cantidad de veces que consultaban o sacaban libros de la Biblioteca. Esta información objetiva y numérica deja de ser una información que sólo poseía María de Maeztu, para comenzar a formar parte de los registros de las actas mediante procedimientos estadísticos. En la reunión del 1 de diciembre de 1931 23, por ejemplo, bajo la presidencia de Enriqueta Martín y de la secretaria Carmen Posadas, se dejó constancia del número de libros consultados, destacando un aumento en las lecturas (2186 libros utilizados en relación al mes anterior donde solo se consultaron unos 500 libros), dando cuenta también de las "señoritas" que no han habían entrado nunca en el mes de noviembre en la biblioteca (una "señorita" en el grupo en Miguel Ángel, seis del grupo de Rafael Calvo y de Fortuny 30). La descripción estadística, al igual que en otros ámbitos institucionales y educativos del Estado liberal de principio de siglo XX, forma parte de los indicios de veracidad socialmente legitimados para determinar los hechos y mostrar nuevas realidades sobre las que poder intervenir. En el marco de la Residencia, estas estadísticas permitían seguir proponiendo nuevos procedimientos para hacer que la lectura silenciosa, íntima y extensiva que se desarrollaba en el interior de la Biblioteca, poco dada a la expresión de sugerencias y emociones, fuese controlada por las bibliotecarias más allá de dicho espacio. En este sentido, por iniciativa de María de Maeztu, las bibliotecarias debían especializarse para "orientar mejor a las alumnas en sus estudios" y llevar a cabo una o dos horas semanales de consulta personalizada en las que se les aconseje sobre los libros que necesitan leer para preparar sus clases, sobre los que deberían leer y no leer por falta de orientación precisa y sobre las obras que a su juicio se debían de adquirir en la Biblioteca 24. A su vez, las bibliotecarias tenían que llevar un "diario" para registrar la interacción con cada una de las "señoritas" y anotar todo lo que decían, sin perder la oportunidad de "sugerirles los títulos de los libros que toda persona culta debe leer". Esto implicó una nueva división de las "señoritas" por parte de las bibliotecarias, no ya por edificio en el que se encontraban, sino por: estudios que sigan dentro y fuera de la Casa a fin de conseguir que las de Ciencias lean algunos libros esenciales de letras y las de letras libros esenciales de vulgarización de las ciencias 25. Bajo este contexto de cuidadosa vigilancia de las jóvenes, consideradas materia maleable sobre las que imprimir el mensaje pedagógico de la lectura legítima ubicada exclusivamente en el ámbito de la enseñanza universitaria, una de las bibliotecarias planteó crear un ámbito de lectura colectiva denominado "asociación de lectura" organizado y gestionado por las propias "señoritas". A través de esta asociación, las residentes podían escoger libros para leer y comentar, teniendo en cuenta que deberían representar varios campos de la cultura como, por ejemplo, filosofía, historia, arte, ciencia, etc. A pesar de que esta propuesta seguía marcada por un control sobre lo que se podía leer y discutir en un ámbito de lectura colectiva, se abría la posibilidad de dar rienda suelta a reflexiones, emociones y talentos, alejado de los tiempos y procedimientos normalizados para la lectura que se establecían en la Biblioteca. Ahora bien, resulta significativa la necesidad de registrar bajo el lema de "recordatorio", en la misma acta donde se recoge el acuerdo en torno a dicha propuesta, "la misión" de las bibliotecarias de la Residencia que establece María de Maeztu 26: placer, entretenimiento y también, labor didáctica destinada a impulsar el interés por la obra de autores presentes que, desde el punto de vista de las educadoras de la Residencia, también sabían conjugar "lo bello y lo útil". A lo largo de este trabajo hemos querido sumar esfuerzos a la larga tarea emprendida desde la historiografía española en relación a la historia de la lectura, a través del estudio de un caso concreto enmarcado en el interior de la Residencia de Señoritas. En este sentido, las herramientas teóricas y conceptuales que ofrece la sociología histórica para estudiar las prácticas de las lecturas en plural nos lleva a resaltar que las modalidades de la lectura en el marco de la Residencia de Señoritas no sólo tiene que ver con las condiciones de posibilidad de acceder a los libros sino también con procesos sociales, políticos y culturales más amplios que jerarquizan, consagran o desacreditan determinadas prácticas según múltiples procesos de diferenciación social (Chartier, 1991). En este sentido, los mecanismos de acción y puesta en circulación de los libros en el contexto de la Biblioteca de Señoritas que aparecen en los documentos escritos están destinados a lograr una forma de leer legítima en mujeres universitarias, basadas en representaciones sociales de género y saberes pedagógicos socialmente contextualizados que las consideraba personas "frágiles" y "moldeables". Para lograr dicha forma de leer fue necesario una intervención tutelar que se construyó entre directora/educadoras y residentes y materializó a través de múltiples documentos escritos, fichas, "diario", estadísticas, en la que funcionaban, al igual que en otras instituciones estatales, un conjunto de categorías que daban forma a un tipo de residente (lectoras/no lectoras) sobre la que intervenir y configurar conciencias a través de la palabra y la exhortación. De esta forma, bajo estas técnicas de subjetivación se pretendía lograr que las "señoritas" pudiesen descubrir por sí misma los "verdaderos" principios morales que determinaban su formación, es decir, "lo bueno", "lo permitido", "lo útil y bello" y evitaran cualquier desviación. Esto se sustentaba en un entramado de relaciones basadas en la lógica del don (tomar, dar y recibir) en el marco de una institución fuertemente centralizada en la figura de María de Maeztu. Por lo tanto, si la propia María de Maeztu, las directoras de grupos o bibliotecarias entendían sus prácticas pedagógicas como expresión de generosidad y sacrificio, se esperaba que las "señoritas" en contrapartida tuviesen comportamientos similares. Entre ellos, una mayor presencia en la Biblioteca, la participación en la "lecturas comentadas" con los autores, concebidas como fuente de enseñanza y experiencia, o en las populares "Ferias del libro" que preparaban las bibliotecarias. En relación a este último caso, se especificaba en las mencionadas actas que era fundamental: hacerles comprender que se favorece a la Biblioteca regalando libros que sean fundamentales, aunque se ten-gan que reunir varias para adquirir uno, mucho más que si presentan una cada una de poco interés o valor intelectual. También que consulten las listas de libros recomendados para que se adquieran ejemplares repetidos 29. Estos marcos ceremoniales en torno al libro y la lectura también mantenían la ilusión de ser parte de una comunidad solidaria basada en el dar, recibir y devolver, necesaria para alimentar el "espíritu de Familia/Casa". En definitiva, estas escenificaciones públicas permitían funcionar de manera ordenada dentro de una lógica estructural claramente jerarquizada al mismo tiempo que contribuían a testimoniar públicamente la existencia de un emprendimiento ejemplar sobre mujeres en un orden histórico-social que no dejaba de expresar por múltiples mecanismos el "riesgo social" que suponía una educación universitaria para la "naturaleza femenina" (esposa, madre, ángel del hogar, etc.). Para finalizar es preciso señalar que, más que establecer una relación lineal entre lo que se define normativamente en los registros escritos (objetivos, control, etc.) y la efectividad o no de las prácticas desarrolladas en el contexto de la Biblioteca de la Residencia, hemos querido indagar en las formas de hacer lectoras bajo relaciones sociales de poder específicas. Este análisis no estaría completo si olvidara toda una suerte de posibles protestas, desviaciones o subversiones, que pudiesen agrietar los mecanismos de control de la lectura legítima que se llevó a cabo. Si bien en este trabajo no estamos en condiciones de profundizar sobre este aspecto, consideramos que espacios donde se logró realizar una lectura gestionada y comentada por las residentes ("asociaciones de lectura") podrían dar cabida a una interesante línea de investigación que permitiría examinar las formas de apropiación o resignificación de la lectura legítima (Chartier, 2000) que en ningún caso podemos presuponer idéntica, homogénea o mecánica. Este trabajo se ha llevado a cabo en el marco del proyecto de investigación titulado Mujer y saber. El acceso femenino a la sociedad del conocimiento en España-MUSAES-financiado por Ministerio de Ciencia e Innovación. Agradezco a los revisores anónimos y las editoras del monográfico por sus minuciosas y acertadas observaciones que han ayudado a mejorar este trabajo. 1 Uno de los primeros libros, en el contexto español, sobre esta temática ha sido la Historia de la edición en España 1836-1936 dirigido por Jesús Martínez Martín (2001) en el que se desataca, entre otros, las formaciones materiales de la edición del libro ligada a un sistema económico específico, el papel de las políticas pedagógicas reformistas de finales del siglo XIX y su vinculación con la enseñanza de la lectura (silenciosa, en voz alta, instructiva, "útiles", etc.). También se analiza las políticas públicas destinadas a la creación de bibliotecas populares y la difusión de la lectura impulsada por las Misiones Pedagógicas durante la II República y los espacios de circulación y sociabilidad de los libros en cafés, tertulias, librerías y la aparición de un heterogéneo público de lectores (niños, mujeres, trabajadores, élites). Un planteamiento similar se establece en la obra Historia de la edición y de la lectura en España (1472España ( -1914)), dirigida por Víctor Infantes, François López y Jean-François Botrel. A su vez, podemos mencionar en esta misma línea de trabajo una obra más reciente titulada La lectura en la España contemporánea (2010) de Raquel Sánchez García y Ana Martínez Rus. 2 Haciendo uso de un análisis genealógico Michel Foucault analiza el desbordamiento de los dispositivos cristianos basado en la relación pastor-rebaño, más allá de las comunidades de fieles y del clero, junto a su circulación por todo el cuerpo social hasta convertirse en la matriz de la gubernamentalidad moderna (Skornicki, 2017) [ACMUTJ], f. 12 La presencia de Mrs. Vernon, como parte del Instituto Internacional, queda registrada también en otras actas por cuestiones como el pago de una nueva bibliotecaria norteamericana o ante la propuesta de reutilizar y modificar los ex libris procedente de Francisco Giner, ya que se comenta que el Comité de Boston no tenía dinero para llevar a cabo unos nuevos. 15 Desde finales del siglo XIX, se generan en España sucesivas visiones en torno a la existencia de una "comunidad hispanoamericana" que se conectan con los intereses de diversos sectores sociales (conservadores, monárquicos, liberales, republicanos) que luchan por el control político, social y cultural del país. Una de las visiones más significativas proviene de un grupo de intelectuales (políticos, historiadores y escritores) que conforman el "movimiento regeneracionista" tras el conocido "desastre del 98" en el que España pierde una de sus últimas colonias, Cuba, en la guerra con Estados Unidos. Bajo un clima de desaliento generalizado, parte de este grupo de intelectuales se propone construir la "identidad hispánica" apelando a su pasado histórico, para proyectarla hacia el futuro y propiciar la modernización del país en el ámbito cultural, económico y político (Del Arenal, 1994). Uno de los planteamientos ideológicos de carácter nacional-católico se plasman en la obra de Ramiro de Maeztu, Defensa de la Hispanidad (1934), en la que se acentúa la afinidad religiosa y cultural de la "comunidad hispanoamericana" y se destaca el papel de España como guía espiritual de dicha comunidad bajo el "Imperio de la fe". La dictadura de Primo de Rivera articula estos principios bajo un proyecto político desde el cual pretende lograr un acercamiento con los países latinoamericanos y liderar la formación de un bloque que pueda sustituir la hegemonía norteamericana. Esto implica incidir en la unidad idiomática como vehículo de comunicación espiritual con los pueblos hispánicos bajo una cultura católica (Cañellas Mas, 2013). 16 Como menciona Desvois (2010) El Sol, financiado y dirigido por Urgoiti, se inscribe como periódico vinculado a un sector liberal, laico y moderno de la burguesía española, cuyo ideólogo más importante fue el gran amigo de María de Maeztu, Ortega y Gasset. 20 Para un análisis de la circulación y universalización de la novelas como lectura recreativa y de entretenimiento en amplias sectores sociales en España en el siglo XIX ver, Jesús Martínez Martín (2005). 26 Una "misión" que recuerda a los principios establecidos por Ortega y Gasset en la conferencia La Misión del Bibliotecario leída en el Congreso Internacional de Bibliotecarios el 20 de mayo de 1935. En el mencionado escrito Ortega y Gasset (2005: 38-43) plantea lo que denomina la nueva misión del bibliotecario a comienzo del siglo XX, el cual debía dejar de ocuparse de los libros "como cosa, como objeto material", para "atender al libro como función viviente: habrá de ejercer la policía sobre el libro y hacerse domador del libro enfurecido". Ante lo que concibe como la multiplicidad de libros "inútiles", propone "dirigir al lector no especializado por la selva selvaggia de los libros y ser el médico, el higienista de sus lecturas". 28 Si bien las autoras no utilizaron estas autobiografías basadas en las vivencias en la Residencia como material interpretable, consideramos que resultan sumamente interesante no sólo para conocer los presupuestos culturales y categorías históricas de per-"Entre lo útil y lo bello": lecturas, poder y placer en la Residencia de Señoritas (1930Señoritas ( -1936) ) • 9 cepción que se pone en escena sobre la Residencia, sino también para destacar algunas de las formas que adquieren las prácticas de lectura. 30 Otro ejemplo significativo es el que aparece en las destacadas referencias autobiográficas del trabajo De Zulueta y Moreno (1993: 251) en el que una experiencia alrededor de los llamadas "libros prohibidos" es recordada, por parte de una antigua "señorita", como un "incidente" dentro de la vida diaria de la Residencia. Es el caso de Joan Cann Evans nacida en Liverpool y residente a finales de la década del veinte, quien relata que al demostrar interés por leer la novela de Unamuno "Nada menos que todo un hombre" en el curso de cultura española impartido por María de Oñate, se le recuerda en la intimidad que se trata de un "libro prohibido" por la dictadura de Primo de Rivera, y que sería sustituido en palabras de su educadora por "uno que interesaría más".
RESUMEN: El exilio intelectual de Concha -La vida intelectual de Concha Zardoya (1914Zardoya ( -2004) ) se halla marcada profundamente por su dimensión transnacional. Chile fue su país de nacimiento, España el de su formación universitaria y Estados Unidos el de su carrera académica e intelectual. El ambiente de represión política vivido en la década de los cuarenta la obligó en 1948 a buscar un nuevo hogar en la universidad norteamericana. Allí obtuvo su doctorado y desarrolló una exitosa carrera académica que ocuparía los próximos 29 años de su vida. Íntimamente ligada a su labor académica como crítica literaria se encuentran las numerosas entregas de poesía que comienzan en 1946 con Pájaros del Nuevo Mundo. El presente trabajo realiza una lectura de la obra poética de Zardoya precisamente a la luz de la experiencia de su exilio político. La falta de sincronía con el éxodo masivo de 1939 ha provocado la consiguiente percepción de su residencia en USA como "emigración" o, a lo sumo, como "expatriación." Mi análisis se centrará, en cambio, en la presencia de la experiencia del exilio en su poesía como un acto de ciudadanía afectiva, y partirá del estudio de tres poemarios escritos ya en tierras americanas: Desterrado ensueño, Corral de vivos y muertos y Hondo Sur. PALABRAS CLAVE: Afecto como resistencia política; Ciudadanía afectiva; Dictadura franquista; Exilio; Mujeres académicas; Poesía española; Worldliness. The poem "Entre vivos y muertos" (Neither alive nor dead) reflects this malaise:
Of these, we are concerned with two-the Junta para Ampliación de Estudios and the Residencia de Estudiantes-with emphasis on the feminine aspect (Zulueta y Moreno 1993). THE CIVIL WAR AND THE CREATION OF THE CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS The creation of the Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) in November 1939 served that purpose (Urquijo Goitia, 2007). 10 Finally, we consider Manuela Beatriz Mena Marqués. El factor cultural en las relaciones internacionales: Una aproximación a su análisis histórico).
In Viajeros europeos del siglo XIX en México, edited by Diener, P. (1996).
RESUMEN: Mujeres de Salamanca. Academia, sociedad y cultura.-Este trabajo de investigación fue realizado durante una estancia sabática en 2017 en la Universidad de Salamanca y tuvo como objetivos: recuperar la memoria histórica de las pioneras protagonistas de la lucha feminista en esta ciudad durante los años de la transición democrática en España; clarificar los procesos femeninos para empoderarse institucionalmente en la Universidad a lo largo de casi cuatro décadas y explicar la diversidad de intereses que confluyen en las diferentes formas de comprender los derechos y la inserción integral de las mujeres en los campos de la vida académica y social. Los ejes de la investigación fueron dos: buscar la confluencia-divergencia de intereses de las mujeres salmantinas entre las décadas de los años setenta a noventa, particularmente entre militantes sociales y académicas donde se advierten ya las variables de la clase social y de formación profesional; el segundo eje reconstruye el camino de las mujeres académicas por alcanzar un status de reconocimiento a sus aportaciones científicas en la más antigua y conservadora universidad española, mediante la creación del centro de estudios de las mujeres a principios del siglo naciente. La metodología se sustentó en la recuperación de voces de mujeres ciudadanas, amas de casa y de académicas de larga trayectoria mediante sus relatos de vida como luchadoras sociales. El manejo de documentos, panfletos, fotos, videos y el acervo creado por las publicaciones del Cemusa facilitaron la recreación de la vida salmantina, de su universidad y de sus mujeres. Proceso de creación/adscripción de institutos universitarios de investigación), which narrated the Cemusa's history and its production in the previous five years. The author thanks the Dirección General de Asuntos del Personal Académico of the Universidad Nacional Autónoma de Mexico for financing this research.
Ya está aquí LA TRACA, el periódico republicano y festivo que durante un cuarto de siglo ha venido publicándose en Valencia. En mayo de 1924 fue arbitrariamente suspendido por un gobernador de la Dictadura. Hubiéramos podido hacer reaparecer el periódico de nuestros amores dos años después, en virtud de amnistía, y no quisimos. Así como el insigne Blasco Ibáñez dijo antes de morir que no quería que su cadáver reposara en España hasta que ésta tuviera República, nosotros juramos no darle vida a LA TRACA hasta que la gloriosa bandera tricolor ondeara en los balcones del palacio real. ¡Y lo hemos conseguido! La propaganda contra LA TRACA se ha generalizado. Los curas, en el púlpito; los monárquicos, en sus órganos de prensa; las beatas, en sus cuchicheos, todos contra LA TRACA, y LA TRACA cada vez más pujante, más viril, más pletórica de vida y entusiasmos... trescientos, cuatrocientos, quinientos mil ejemplares semanales. ¡Seguid, seguid haciéndole propaganda! Hay en Valencia un periódico saladísimo escrito en chés 4 que se titula La Traca. Claro está que abuso que coge le aplica un sinapismo y autoridad que se desliza, le arrima una paliza. Pues bien, al señor Botella le escuece La Traca y ¿cómo dirán ustedes que se ha rascado la picor? Pues imponiendo al colega una multa de 2.000 reales, sin decir por qué ni para qué. Pero para que se vea lo popular que es el señor Botella y el odio que La Traca inspira, lo mismo ha sido enterarse los valencianos de la multa que acudir en tropel a la redacción del colega y reunir entre comerciantes, literatos, abogados, propietarios y gentes en fin de todas clases y condiciones la multa impuesta por el tremendo Botella. En fin que Botella ha caído en mala parte, en un país donde sólo se usa el porrón. Y que La Traca sigue valientemente defendiendo los intereses de los valencianos. In 1892, El Eco de Teruel (4/9/1892) said in verse: "Leo El Imparcial, El Rayo,/ La Fe, La Traca, El Motín,/ Más dejo a todos al fin / Y hago de mí capa un sayo" [I read El Imparcial, El Rayo,/ La Fe, La Traca, El Motín, / And I read many more / I do whatever I please]. A diario se exhiben en los sitios más céntricos, en los kioscos y puestos de periódicos, en los escaparates de ciertas librerías que hay en ciertas calles, las postales, los folletos obscenos con títulos y portadas que despiertan los impulsos pasionales. Y esos folletos los ven vuestros niños que pasan camino del colegio. Y se fijan en ellos con ahínco. Siguen en ruta; pero la imagen torpe queda en su imaginación. Vendrá después a ella cada vez más insistente en la hora del estudio, en sus sueños que debían ser castos. Y caldeará su sangre y sacudirá sus nervios. Hasta que trémulos, mirando a todas partes acuden al puesto maldito y compren el libro infame. Después el torpe despertar de los apetitos sexuales circulará entre los compañeros de colegio a hurtadillas en las saldas de estudio. Y si los niños tienen libertad dejarán de ser vírgenes casi antes de ser Hombres. Y si no la tienen agotarán las que habían de ser fuerzas fecundes en un vicio degradante. Llegarán al matrimonio enfermos o gastados. Y la raza irá agonizando poco a poco (...) Siempre militamos en el formidable partido que creó Blasco Ibáñez, aquel titán de la pluma por el que sentimos verdadera idolatría. A su lado, al lado del eximio maestro, aprendimos a amar a la República y a sacrificarnos por su ideal. Siempre en los momentos de lucha nos sorprendió el partido peleando bravamente en la vanguardia. En las horas de paz, cuando en ayuntamientos y diputaciones se reparte el botín en forma de empleos y cargos públicos, brillamos por nuestra ausencia ¡Jamás pedimos nada a nadie! Nuestras campañas fueron siempre desinteresadas, en beneficio de un ideal hondo y honestamente sentido. Somos suscriptores de EL PUEBLO desde nuestra más tierna infancia. Su ilustre fundador nos distinguió con su fraternal cariño que se refleja denodadamente en la valiosa colección de cartas suyas que poseemos. Con sus hijos nos une un afecto desinteresado y una bien sentida y cordial amistad, pero esto no es obstáculo para que, consecuentes en nuestros ideales de toda la vida, y haciendo uso de nuestra salvaje independencia, huyamos de Lerroux como huimos siempre y digamos bien alto: Blasquistas, toda la vida; Lerrouxistas jamás. Angelí Castanyer, a member of the political party Valencianista d'Esquerra in the 1930s and a signatory of the Norms of Castellón, wrote about Valencian Blascoesque 9: "Blasco Ibáñez se asomó al valencianismo pero se dio perfectamente cuenta de que el valencianismo era también un problema de cultura, de recuperación sustantiva de nuestra personalidad, y que no era posible sustraerse al sentido reaccionario que forzosamente habrían de imprimir a la obra de reconstrucción espiritual los elementos intelectuales llamados a crear la ortodoxia valencianista. Entendió que debía apartarse, que no era suyo contribuir a todo aquello que había de implicar una reacción, por mucho que pudiera y debía justificarse, y dejó hacer a los demás (...)". El sumario es brillantísimo y en él figuran firmes de singular prestigio. Nuestro insigne maestro Blasco Ibáñez y nuestro queridísimo señor director Sr. Azzati enaltecen con sus trabajos literarios las columnas de La Traca y a juzgar por la excelente presentación y el gusto artístico de los jóvenes traqueros, auguramos un éxito de venta brillantísimo. Ya lo dicen ellos mismos humorísticamente: Preu, 10 séntims, ¡Compreulo y mos fareu un favor!" In the summer of 1932, the ultra-Catholic Diario de Valencia was already deeply scandalised by the expressive freedom La Traca had, and welcomed that the governing authority had decided to take action the matter: Los abusos de La Traca Por fin el gobernador civil de esta provincia ha dado un toque de atención al director de La Traca, amonestándole sobre los abusos de su grosero semanario, que en tiempos principalmente de la República ha desarrollado una labor de propaganda totalmente inconfesable. (...) La Traca es un semanario que se ha desviado totalmente de los cauces legítimos por donde debe discurrir la vena de toda literatura fina y humorística. Fue en sus principios una vibración aceptable de nuestra fibra popular, expansión de nuestra idiosincrasia, que dice ironía y sátira de un tono digno y elogiable. Pero bien pronto derivó en una orientación inmoral, abiertamente sicalíptica, y sus grabados y leyendas estaban escritos con tinta de albañal, salpicaduras soeces que, revelando un gusto estragado, envilecen toda pluma y mancha al lector. Sus abusos fueron tan intolerables, que fue necesario se decretase la suspensión. Mas ahora ha renacido con nue-va pujanza y vigor y su edición en castellano ha culminado, llegando hasta las montañas del Norte, no volando como hacen las plumas bien cortadas que por su noble estilo dan fuertes aletazos como de garza real, sino arrastrándose por el lodazal de la crónica escandalosa y echando como las cucarachas el estiércol inmundo de la calumnia y de la bilis anticlerical (...). Pues les voy a dar un consejo y es que cuando tengan necesidad de purgarse gástense un realito y léanla, pues es un estimulante para limpiar el estómago de todas las comidas indigestas que en él se hallen acumuladas (La Voz, 17/3/1933). Franco: ¡Ten piedad de mí! (...) Ten piedad de este traquero humilde como una cabra; como un cordero inocente (...) Si me perdonas la vida yo te juro que LA TRACA se convierte en La Gaceta de Burgos o Salamanca. Te alabará como a un santo; ensalzará tose campañas; proclamará tose victorias y silenciará tose planchas. Dirá que eras lo caudillo más que genial que hay en el mapa; que te gustan las mujeres y que a los hombres rechazas. Que Queipo no bebe vino; que se un estratega Aranda; que se valiente Cabanellas y Cascajo un as de espadas (...). Franco: serénate un poco y perdona a este canalla, que si siempre te atacó, hoy se arrepiente y te alaba. Arrodilladito y contrito te lo suplica cono ansias tú novato servidor. El Director de La Traca 11.
Este trabajo versa sobre el estudio de las subculturas de hooligans de fútbol. Concretamente, aborda una síntesis general sobre los inicios de la cultura casual en Gran Bretaña, en el marco del proceso de transición cultural que supuso la década de los ochenta, y dentro de un contexto político, social y cultural tremendamente influenciado por el nuevo gobierno conservador de Margaret Thatcher. Realiza un repaso cronológico de la evolución estilística y de las actitudes de los casuals, basadas en el concepto one-upmanship, ante las diferentes realidades que se sucedieron en aproximadamente una década. Desde la aparición del movimiento punk a finales de los años setenta, hasta la emergencia de las culturas rave y club a finales de la década siguiente. Incluye también el elemento de violencia en el fútbol, tanto dentro como fuera de los estadios, a través de varios sucesos que ejemplifican el nivel de violencia alcanzado en esos años. Durante todo el texto intenta dejarse constancia de la relevancia del estudio de expresiones y actividades juveniles para una mejor comprensión de procesos históricos y culturales más amplios. El estudio de la cultura casual es la llave perdida para la sociología de la cultura de los aficionados al fútbol en Gran Bretaña durante los últimos cuarenta años. Resulta significativo que el estudio sobre las subculturas de aficionados de fútbol no haya sido tratado en la corriente de investigación derivada de los estudios postsubculturales, ni tampoco en la subdisciplina de la criminología cultural. Sin embargo, sí existe una fuerte presencia de estudios relacionados con las coetáneas culturas rave y club. Tal vez la razón de esta omisión es que, durante los últimos veinticinco años, la teorización sociológica y antropológica -y la etnografía académica rigurosa-que se han llevado a cabo sobre las subculturas de hooligans de fútbol es muy poca. Otro motivo es que la específica interconexión entre subculturas de hooligans de fútbol y culturas rave y club fue un fenómeno generalmente propio del ámbito británico, más que algo internacional (Redhead, 2009: 20). El estudio está planteado como una aproximación sintética y general a los orígenes de la cultura casual. Analizando el contexto político, social y cultural de la Gran Bretaña de finales de los setenta y la década de los ochenta, donde se enmarcan el inicio y los primeros pasos de esta manifestación juvenil, y señalando los factores que propiciaron su aparición. Se presenta una evolución cronológica de la cultura a través de su primera década de existencia, atendiendo a los cambios de estilo y actitudes de sus protagonistas. Aborda también el elemento de violencia en el fútbol, dedicando un capítulo a explicar cómo se alcanzó un nivel histórico a través de varios sucesos que lo ejemplifican. Finalmente se esbozan unas líneas conceptuales sobre el proceso de transición provocado por la emergencia de las nuevas manifestaciones culturales contemporáneas y su efecto en la configuración el mundo subcultural. Como obras clave para entender los orígenes de la cultura casual destacan los excelentes trabajos de Dave Hewitson, Phil Thornton, Ian Hough y William Routledge, en los cuales he apoyado gran parte de la información extraída para mi estudio. Son libros escritos por personas que fueron protagonistas de la escena, que complementan su visión de los hechos con entrevistas y declaraciones de protagonistas de otras zonas de Gran Bretaña. Sin embargo, a diferencia de la mayoría de memorias de hooligans -lo que se ha hecho llamar literatura "hit and tell" (Redhead, 2012: 65)-estas obras no pecan de un tono partidista y jactancioso, por lo que no quedarían fuera de tal subgénero. Sin una particular pretensión de mostrar un estilo académico, ni siquiera periodístico, las obras de estos autores suponen un instrumento útil para la investigación académica. De gran importancia en la época fue el fanzine The End -creado por Peter Hooton en 1981-pionero en documentar la escena casual y que pronto se convirtió en un barómetro de la moda en el fútbol. En el ámbito académico destaca el trabajo de Steve Redhead, con numerosos artículos dedicados al mundo de las subculturas, la cultura de aficionados de fútbol y la cultura club. No obstante, el difícil acceso a sus trabajos limita de buena manera los recursos disponibles. Al problema del acceso a las fuentes de información se une el hándicap del idioma. La lectura de las fuentes de información lleva implícito un trabajo de traducción e interpretación de un lenguaje no académico, con numerosas expresiones coloquiales y localismos. Esto desemboca en un vocabulario que puede resultar complejo para un público no entendido en la materia, pero que he intentado respetar al máximo para mantener la esencia y la rigurosidad del tema. Al mismo tiempo he añadido numerosas explicaciones y aclaraciones al respecto que ayuden a comprender aquellos términos que puedan resultar desconocidos. Si en Inglaterra -lugar donde se inventó el fútbol-aún queda mucho que hacer en cuanto a trabajo de investigación de sus aficionados, la lógica nos lleva a imaginarnos que en España no vamos por delante en ningún caso. En el caso español no existen trabajos académicos o de investigación sobre la cultura casual, al menos hasta donde tengo conocimiento. Se han escrito algunos breves artículos periodísticos, pero basados principalmente en el sensacionalismo y la incorrección. Ante la inexistencia de una escena casual en España propiamente dicha, sin más presencia que varios simpatizantes repartidos por algunas ciudades, la falta de fuentes de información en castellano es evidente. A destacar las publicaciones en papel Wannabes Fanzine -citada en este trabajo-y Etiqueta Grada, además de algunas publicaciones en línea como Izquierda Casual o la extinta Nuestra Forma de Vida. Con este trabajo pretendo arrojar luz sobre un tema nada conocido en España en el ámbito académico y de investigación, desde una perspectiva descriptiva de los hechos y de su análisis objetivo. Motivado por una inquietud personal e inspirado por la obra del Centro de Estudios Culturales Contemporáneos que, frente a la prensa y políticos conservadores incapaces de ver en las culturas juveniles de postguerra más que morbo y violencia, desarrolló un análisis histórico combinando las actividades de sus protagonistas -teddy boys, mods, skinheads, rude boys-con una atención a las clases sociales. De esa misma forma, considerando que en España no se ofrece un tratamiento correcto ni suficiente a la cultura de los aficionados de fútbol, mi objetivo es ofrecer una visión rigurosa y original de los inicios de una de las manifestaciones culturales más desconocida e infravalorada de la segunda mitad del siglo XX. La conocida obra Rituales de resistencia es un minucioso estudio teórico sobre las subculturas juveniles surgidas en Gran Bretaña. 1 Aunque cronológicamente no llegue hasta la época de desarrollo de la cultura casual, pues no abarca la década de los ochenta, sí permite extraer algunas claves para perfilar un contexto y una serie de líneas generales que ayudan a comprender el surgimiento de este movimiento. Aun poniendo en tela de juicio algunos aspectos de la denominada "teoría del bienestar", dio por sentado que la abundancia que sobrevino a la postguerra, el desarrollo de los medios de comunicación, el nacimiento del rock and roll, la nueva cultura popular comercial, la primera revolución en el consumo de las décadas de los cincuenta y sesenta, además de una "americanización" del Occidente europeo, definieron una nueva coyuntura. Estos elementos fueron los que proporcionaron unas "condiciones culturales de existencia", que fueron relevantes para el nacimiento de una serie de movimientos juveniles distintivos (Hall, 2014: 37-38). Durante las posteriores décadas se sucedieron en Gran Bretaña diferentes subculturas juveniles que aglomeraban a chavales de clase obrera dentro de un grupo social con unas características más o menos determinadas y, en cierta manera, comunes entre esas subculturas. Me estoy refiriendo a elementos como el sentimiento de pertenencia a un grupo, el gusto por la estética y adopción de un estilo que, aunque no consistía en un uniforme al permitir variaciones e innovaciones, resultaba fácilmente identificable. Aunque si existe un hilo conductor en las subculturas juveniles, además de lo dicho anteriormente, ese es claramente la música. Primero fueron los teddy boys, luego los mods y los rockers, seguidos por los punks, skinheads, soul boys, rude boys y rastas, e incluso la cultura hip-hop surgida en EE.UU. con sus MCs y b-boys. Todos ellos surgieron de la mano de un género musical sobre el que basaban mucha de su actividad y que explicaba su razón de ser. Sin embargo, esto no se puede extrapolar al caso de la cultura casual, una rara avis entre las subculturas como explicaremos más adelante. El prólogo de la nueva edición de Rituales de resistencia apunta que el estudio de la década de los ochenta se debe hacer desde la consideración de estos años como un momento de transición. Muchos autores auguraron un desplazamiento radical, o una disolución parcial, del conjunto de subculturas y de los antiguos términos en que se había estudiado. Diversos conceptos como tribalismo, postmodernismo, postsubculturalismo, fueron intentos de describir este cambio en términos generales (Hall, 2014: 49). Quizás este carácter transicional de la década de los ochenta influyese en el desarrollo de la cultura casual y encuentre relación con las particularidades que esta presenta con respecto a otras subculturas. Se consideró que el nacimiento de las culturas rave y club fue el epítome de este cambio: los movimientos subculturales habrían sido absorbidos por una cultura juvenil mucho más diversa, heterogénea y mixta en términos de clase y género (Hall, 2014: 49). El desarrollo de esta hipótesis atiende a factores múltiples y complejos, y encuentra en la cultura casual un ejemplo ideal para su explicación. De este tema me ocuparé en la parte final del trabajo. Una de las maneras de definir el período transicional que supusieron los años ochenta es la utilización imprecisa, y sin embargo práctica, del término thatcherismo como concepto general (Hall, 2014: 50). La llegada de Margaret Thatcher al poder político de Reino Unido en 1979 significó un profundo cambio en las estructuras sociales británicas. El thatcherismo transformó el panorama político más allá de los años ochenta, condicionando de buena manera la deriva de la población en los siguientes años, dejando un importante poso que sigue siendo evidente a día de hoy. Visto en retrospectiva, observamos cómo no solo marcó una dramática inversión del curso electoral, sino algo mucho más profundo y duradero: supuso un proyecto hegemónico global. Formaba parte de un proceso de transformación total y trasnacional mucho más amplio que colocó la economía cotidiana, la cultura política, las instituciones públicas, las relaciones sociales, los discursos mediáticos, las actitudes y los valores al servicio de duros dictados de una nueva fase de la globalización iniciada a mediados de los setenta. La estrategia central del proyecto histórico neoliberal consistió en liberar las fuerzas del mercado y orquestar el cambio cultural en todos los estratos de la sociedad británica (Hall, 2014: 51). Así, la línea divisoria que constituyeron estos acontecimientos en los años ochenta supuso una fuerza de desplazamiento en todas las esferas de la vida cultural. La idea de que la cultura juvenil pudiera ser aislada de este proceso de reconstrucción resulta altamente cuestionable (Hall, 2014: 52). Resultaría complicado entender la actividad y actitud de los casuals, por referirnos al caso concreto que nos ocupa, sin buscar conexiones con esta evolución social y cultural. El politólogo Owen Jones repasó en su primer libro, en mi opinión con bastante acierto, la actitud de Thatcher hacia la clase obrera. Su objetivo, dice, era el de evitar que la sociedad británica pensase en términos de clase, queriendo fulminar la idea de que la gente podía mejorar su vida social mediante la acción colectiva más que por el enriquecimiento personal 2 (Jones, 2013: 65). Thatcher no quería acabar con las clases sociales, sino con el sentimiento de pertenencia a ellas. Lo paradójico es que, al final, el thatcherismo libró la lucha de clases más cruenta: derribando a los sindicatos y desplazando la carga fiscal de los ricos a las clases bajas. Thatcher quiso poner fin a la lucha de clases con unas condiciones de lo más selecto de la sociedad británica. Un intento de desmantelar los valores, instituciones e industrias tradicionales de la clase trabajadora. Su objetivo era acabar con la clase obrera como brazo político y económico de la sociedad, sustituyéndola por un conjunto de individuos que competirían entre sí por su propio interés (Jones, 2013: 66). El asedio del thatcherismo a la clase obrera británica encuentra su mejor ejemplo en el doble ataque a la industria y los sindicatos. La sistemática destrucción de las industrias del país asoló comunidades enteras, siendo devastadas por el desempleo, la pobreza y los consecuentes problemas sociales, de los que luego se culpó a la propia población. Los ataques de Thatcher a los sindicatos y la industria propinaron un duro derechazo a la vieja clase trabajadora industrial. Los trabajos bien pagados, seguros y cualificados, que suponían una fuente de orgullo y eje de identidad para los obreros, fueron erradicados (Jones, 2013: 73). El gobierno introdujo reformas económicas que incluyeron la privatización de industrias nacionales y la desre-gularización del mercado de valores. Así, nada más comenzar 1980, los trabajadores del acero se declararon en huelga. Unas huelgas que se sucedieron muy fácilmente en las principales industrias del país durante la década de los ochenta. De este modo, se estableció un precedente para trabajadores del transporte, que decidieron que ya era suficiente y se unieron a sus compañeros en manifestaciones por los derechos de los trabajadores. La huelga de mineros "Coal Not Dole" fue un momento clave para las relaciones industriales británicas, pues los mineros perdieron después de un año de lucha. La derrota en la huelga provocó un importante destrozo al esqueleto del Sindicato Nacional de Mineros y de los sindicatos británicos en general, 3 siendo una gran victoria política e ideológica para Thatcher. La huelga de mineros se convirtió en un símbolo de lucha y fue vista por algunos como algo más político que laboral, lo que suscitó profundas divisiones y rencores en la sociedad británica, especialmente en el norte. Los sucesos alrededor de la huelga dejaron una lamentable cifra de diez víctimas mortales (Routledge, 2013: 211). Además, el desempleo masivo y la recesión golpearon fuerte a Reino Unido y su industria manufacturera. La cifra del paro alcanzó los tres millones y medio a mediados de década y nadie con autoridad escuchaba las voces de los desempleados (Routledge, 2013: 212). La explosión de delincuencia fue otro ejemplo llamativo del funcionamiento de la "máquina thatcherista". Las zonas más duramente golpeadas eran las comunidades más pobres donde los trabajos habían desaparecido. El vínculo entre delincuencia y perjuicio social causado por el paro y la pobreza masivos era indiscutible. Sin embargo, esto no era así para Thatcher, quien consideraba que la delincuencia era una elección individual, no un mal social propio de comunidades destrozadas. El gobierno se propuso separar las comunidades más devastadas por los excesos del thatcherismo del resto, el clásico "divide y vencerás". Las comunidades trabajadoras que sufrieron la lucha de clases se agruparon entonces en una subclase cuya pobreza se consideraba autoinfligida. Todo ese martilleo a la cultura, comunidades e identidad de la clase obrera tendría consecuencias letales (Jones, 2013: 87). Los disturbios también se convirtieron en algo común en las calles de Gran Bretaña, sin necesaria relación con lo que estaba pasando al otro lado del mar de Irlanda en ese momento, eso era otra historia. Los conocidos disturbios en Brixton, en abril de 1981, consistieron en un enfrentamiento entre la Policía Metropolitana de Londres y manifestantes. La balanza de daños resultado de estos conflictos fue grande en ambos lados, con centenares de vehículos y edificios asaltados e incendiados. Los disturbios se extendieron como un fuego incontrolado cuyo efecto llegó a Toxteth, en Liverpool, con un desorden ocurrido en julio de ese mismo año. Estos altercados surgieron, en parte, a partir de antiguas tensiones entre la policía local y la comunidad negra. Fue la primera vez que se usó gas CS -lacrimógeno-en el país. Después fue el turno de Moss Side, en Mánchester, seguido de Chapeltown, en Leeds, y Handsworth, en Birmingham, además de muchos otros lugares que presenciaron disturbios si-milares. A todo esto debemos añadir unas cárceles superpobladas, donde ocurrían altercados con regularidad, y la invasión británica en territorio argentino que provocó el inicio de la Guerra de las Malvinas en abril de 1982 (Routledge, 2013: 212). En una época que había visto desaparecer todos los vestigios del orgullo de la clase obrera, el fútbol sobrevivió como uno de los únicos pasatiempos de masas. Es una realidad que la imagen popular de la clase trabajadora está intrínsecamente ligada al balompié. Los aficionados al fútbol habían empezado a ser demonizados ya desde hacía años como vándalos y macarras por actos menores de violencia. Lo que no pudo prever el gobierno de Thatcher fue el nivel de violencia alcanzado en el fútbol durante los años posteriores, protagonizado por grupos de jóvenes de clase obrera, que no vestían como los típicos chicos de clase obrera, y que con el tiempo serían conocidos como casuals. PRIMEROS AñOS: ScallieS Y Perry BoyS Nuestro relato encuentra su punto de origen en Liverpool allá por 1977, año cero y lugar donde realmente comenzó la historia de los casuals. 4 Phil Thornton (2012: 18) arroja varias razones para argumentar esta datación, estableciendo una relación directa con la emergencia del punk. La aparición del movimiento punk supuso una ruptura de trayectoria y una patada al colectivo del establishment: las cosas cambiaron musicalmente, políticamente, socialmente e incluso sexualmente. Quizás su importancia y coherencia musical se desvaneció tras el período inicial de energía e irreverencia. Sin embargo, el punk permitió a la gente pensar diferente, comportarse de otra forma y cambiar su forma de vestir. En Liverpool, la influencia del punk se tornó en una modalidad inusual e inédita. Una ciudad poseedora de un carácter tan peculiar y distintivo respecto al resto de la isla, forjado a través de los años y de una historia de tradición marítima. Las duras realidades económicas vividas en un rico puerto fluvial, pero lleno de gente pobre, con frecuencia han tornado en abiertas rebeliones: disturbios, revueltas, huelgas, peleas, insurrección, irreverencia, hedonismo, humor, son rasgos distintivos que entran dentro del imaginario popular scouser. 5 Una necesidad de sentirse superior, desmarcándose del resto de Gran Bretaña, es algo que ha caracterizado a los scousers. Una población que protagonizó algo que pudiera parecer trivial como la cultura casual, pero que convirtió a Liverpool en algo diferente, más interesante, y que el resto del país acabo adoptando. Una cultura que no solo afectó a la moda y el estilo, sino también a la música, la política y, en general, a la vida cotidiana de buena parte de la población (Thornton, 2012: 20-21). Se avecinaban tiempos de cambio en los estadios de fútbol, a partir de entonces ya no se trataría solo de ver el partido y ver si se terciaba un poco de bronca, sino que ahora la ropa y la actitud tomaron un papel protagonista. Los lads 6 buscarían superar a los rivales también a nivel estético, siendo los mejor vestidos, tratando de ser los pri-meros y de encabezar el estilo, al menos a nivel local. Estrecha relación con este pensamiento tiene el concepto one-upmanship, consistente en la práctica de superar continuamente a un competidor, el ir un paso por delante, el liderar, no seguir. Un elemento de individualismo que no estuvo presente en las demás manifestaciones juveniles de postguerra y que en este caso se tornaba en articulador. Esta es la verdadera esencia de la cultura casual. Y es que, como apuntábamos en páginas anteriores, a diferencia de otras subculturas, la cultura casual no se articuló en torno a un estilo musical. Quizás fuese la excepción que confirmase la regla. Sin embargo, tampoco podemos afirmar que la cultura casual sea totalmente ajena a la música, ni mucho menos. Si tuviéramos que crear una banda sonora del "casualismo", esta se nutriría de los diversos gustos musicales de los primeros casuals, que también variaban según la ciudad. Además, muchos de ellos provenían de otras subculturas presentes en las calles y discotecas en aquella época como soul boys, mods, punks, scooter boys o skinheads. Así, al incorporarse a la cultura casual, obsesionada con la estética, pero sin unos patrones musicales propios, llevaron sus influencias musicales con ellos: northern soul, mod revival, 2-Tone, Oi!, punk -de 1976 a 1978-más dos etiquetas que engloban prácticamente toda la música hecha a partir de 1978: new wave y post-punk. Estos géneros conformarían la primera banda sonora de la cultura casual junto con otros que se desarrollarían posteriormente (Wannabes Fanzine, 2013: 4). De entre todos los grupos de jóvenes que deambulaban por Liverpool en los setenta, Phil Thornton (2012: 22) definió el primer prototipo de scallies como un "grupo híbrido entre aficionados al fútbol amantes de la moda e inadaptados del post-punk, que se acoplaron a la emergente escena de música electrónica procedente de Sheffield y Dusseldorf" 7 que estaba creando un nuevo sonido. Este sonido era el llamado synth pop, un producto de la new wave muy influenciado por David Bowie, Bryan Eno o Roxy Music, que estaba reinventando la escena (Wannabes Fanzine, 2013: 5). A diferencia del público musical de otras ciudades en la época, Liverpool ha tenido una gran cantidad de chavales que también iban a los partidos de fútbol. A medida que estos discotequeros iban haciendo notar su presencia en las gradas de Anfield, Goodison Park y Prenton Park, más chicos jóvenes se iban uniendo al gusto por las nuevas prendas y cortes de pelo. Concretamente el peinado se convirtió en el elemento más obvio de esta nueva cultura durante los primeros años (Thornton, 2012: 24). El hecho fue que Liverpool adoptó el corte de pelo wedge 8 debido a la tremenda influencia de la música de David Bowie en la juventud de Merseyside. Durante esa época se dio una interesante mezcla de estilos, desde Bowie, Bryan Ferry y Roxy Music, hasta el punk. 9 En la portada de su LP Low -RCA Records, 1977-Bowie lucía un corte wedge que inspiraría a muchos y que se hizo popular tanto en chicos como chicas. El wedge se convirtió en algo convencional en Merseyside durante un par de temporadas, tanto que en los primeros meses resultaba di-fícil distinguir a chicos de chicas desde una distancia. Una nueva cultura empezaba a tomar forma. Al corte de pelo acompañaría ahora la ropa; vaqueros y zapatillas deportivas agarrarían con fuerza entre la mayoría de chavales que se dejaban caer por las esquinas cercanas a los estadios de fútbol y los pubs locales (Hewitson, 2017: 20, espacio de unas pocas semanas, una marca a la moda dejaba de estarlo de un día para otro. 12 Al igual que la marca, los cambios también afectaban al estilo del vaquero. Así, en estos años se vieron estilo pitillo, elásticos, anchos, rectos, desteñidos o blanqueados, remangados o desgastados... Las variaciones eran casi infinitas, pero lo principal era conseguir un par antes que nadie (Hewitson, 2017: 35-36). En 1980 empezaron a verse prendas como chaquetas y camisetas de béisbol, de influencia americana, utilizadas en verano. Para el invierno se llevaban jerséis de esquí (Hewitson, 2017: 33-34) y abrigos pesqueros Millets, azules con interior amarillo y capucha, un musthave entonces. También chaquetas vaqueras de Second Image con grandes bolsillos cuadrados. Otra chaqueta fue la MA-1 Flight Jacket, de estilo aviador, conocida como bomber, tan popular en la cultura skinhead y una de las favoritas de los cockneys de la ICF -Inter City Firm-del West Ham United. Posiblemente esta fue la única prenda que los scousers copiaron de otras firms 13 durante aquellos años. Diferentes abrigos iban y venían entonces tan rápido como las zapatillas (Hewitson, 2017: 37). Los scallies intentaban entonces comprar la ropa a la última moda antes del siguiente partido. Así, los estadios de fútbol comenzaron a convertirse en una suerte de pasarelas de moda, eran el lugar donde la gente era medida según la ropa que llevasen. Ser preguntado "¿dónde has conseguido esas zapatillas?" era todo un elogio, pues significaba que estabas a la cabeza del estilo y eras un pionero. Algunos directamente ni se molestaban en preguntar y existen historias verídicas de chicos a los que les robaban su ropa o zapatillas nuevas. La afición de los scousers al robo de prendas de ropa, tanto en su ciudad como en los viajes a otras ciudades británicas y europeas, merecería solo un capítulo aparte. Tan pronto como un estilo o una prenda ganaban popularidad, las tiendas agotaban sus existencias muy rápido. Esta parecía ser la norma. Incluso en ocasiones, en el momento en que las tiendas de ropa habían repuesto sus estanterías, los pioneros en el estilo ya habían avanzado a otra variante. La moda se movía a un ritmo frenético, el cual resultaba realmente complicado de seguir por las tiendas para mantenerse actualizadas (Hewitson, 2017: 33). Damos un pequeño salto dentro de Gran Bretaña para ver qué estaba pasando durante esos años en Mánchester pues, de una forma podríamos decir que paralela, los mancunians 14 desarrollaron su versión propia de los scallies o proto-casuals: los llamados perry boys. Tras el vacío cultural que supusieron los años finales de los setenta en Mánchester, muchos jóvenes amantes de la música y la ropa no conseguían sentirse identificados con las opciones que ofrecía la ciudad, con Joy Divison y The Fall como únicas referencias musicales relevantes. Eran de alguna forma incomprendidos o marginados que de pronto encontraron en el movimiento scally la realización de sus inquietudes. La ciudad de Saldford era un bastión de aficionados del Manchester United y fue allí y en el resto de guetos blancos del norte de Mánchester donde los perry boys aparecieron. Al igual que sus homólogos de Liver-pool, los perry boys también tenían gusto en el vestir, por lo que también lucían vaqueros rectos, zapatillas, cardiganes y especialmente polos Fred Perry, de donde procede su apodo (Thornton, 2012: 36-37). El estilo perry boy llevaba implantado en Mánchester desde principios de los setenta, ligado a la escena northern soul de los clubes nocturnos de la ciudad. También adoptaron el corte de pelo a lo Bowie, aunque en vez de wedge lo llamaban flick. Se trataba de los soul boys, habituales del Wigan Casino y otros templos musicales, donde se ponían a prueba bailando de manera espectacular durante "anfetamínicas" sesiones allnighter. De ahí que también incorporasen a su estilo zapatillas de gimnasia, cómodas para sus bailes, además de polos de manga larga Peter Werth y zapatos náuticos (Wannabes Fanzine, 2013: 5). Según Ian Hough también fueron los primeros en descubrir la ropa deportiva, igualmente por comodidad. Estos soul boys, a pesar de su principal afición por la música, ocuparon el hueco que los boot boys de los setenta habían dejado en las gradas de Mánchester. Fue una evolución natural, de las discotecas a las gradas. "[En Mánchester] es imposible escapar de las garras del fútbol. No importa lo gay, lo obsesionado con la moda o lo adicto a la vida de discoteca que seas, que la sombra maníaca del fútbol te engullirá y te poseerá, como un agujero negro. Y es una cosa negra, el soul, y allí donde el fútbol y el soul chocan, la evolución es inevitable" (Wannabes Fanzine, 2013: 5). Sea como fuere, hacia 1979 los perry boys ya llenaban las gradas de Old Trafford y Maine Road. ExPANSIóN A LONDRES Y RESTO DE LA ISLA No pasó mucho tiempo hasta que los chicos de la capital londinense comenzaron a verse influenciados por el estilo procedente de los aficionados del noroeste. El revival mod de 1979 había colocado de nuevo a Londres en el centro mundial de la moda, extendiendo las tendencias mod durante finales de los setenta y principios de los ochenta. 15 Había otros estilos en juego también, como los ya nombrados soul boys del sur o los rastas y fans del reggae y la escena 2-Tone. Y por supuesto los skinheads, que lideraban el estilo en las gradas de los estadios londinenses, especialmente en el East End con los cockneys del West Ham. A finales de los setenta algunos de estos skinheads habían empezado a dejarse el pelo largo y a vestir diferente, jerséis en lugar de polos Fred Perry, chaquetas de cuero en vez de bombers y zapatos o deportivas en lugar de botas militares. El término chaps se convirtió en sinónimo de los aficionados no skinheads de equipos de Londres (Thornton, 2012: 46-47). Sin embargo, tal y como cuentan algunos de los testigos, a pesar de la fuerza de las distintas tendencias juveniles de la ciudad y del proto-estilo mínimamente desarrollado ya en los estadios londinenses, progresivamente los lads de la capital comenzaron a darse cuenta del nuevo estilo que imperaba en las gradas de Liverpool y Mánchester. En los partidos que enfrentaban a sus equipos quedaban impresionados de la forma de vestir de scousers y mancunians, tal y como cuenta un aficionado del Arsenal la primera vez que se cruzó con los scallies: "Siempre ha habido debate sobre dónde comenzó la escena casual. [...] Todo lo que puedo decir es que [...] no fue en Londres. Mi introducción a la nueva moda en las gradas fue en Wembley para la Charity Shield de 1979. [...] Recuerdo salir del estadio detrás de un grupo de aficionados del Liverpool. Fue la primera vez que vi un corte de pelo wedge. Todos parecían tener un tic nervioso, pues continuamente apartaban el flequillo de sus ojos con un giro de cabeza y vestían con algunas ropas muy elegantes. He de admitir que lucían bastante impresionante" (Thornton, 2012: 48). Un par de temporadas después, recuerda este mismo aficionado cómo algunos amigos del West Ham le comentaban que ellos ya llevaban un tiempo vistiendo de esa forma en Upton Park, intentando defender que era donde había empezado todo. Dice que entonces: "Les conté acerca de los fans del Liverpool que había visto en Wembley en el 79 y todos tuvimos que admitir que ellos fueron pioneros dentro y fuera del campo" (Thornton, 2012: 49). De esa forma, tras ese período de asimilación, la escena casual inundó Londres por completo y cada equipo de la capital tenía su firm vestida elegantemente. Rápidamente, ser visto como el mejor vestido se volvió de nuevo más importante que ser el más duro del grupo. Hough dice que "había visto escrito por otro autor [se refiere a Andy Nicols en su libro Scally] que los lads del Tottenham 'educaron' al resto de equipos cockneys en la cultura durante los primeros días de los casuals". 16 Se refería a que fueron los pioneros en Londres. Totalmente de acuerdo con esto, Hough afirmaba: [Los lads del] Tottenham vinieron a OT [Old Trafford] en cortavientos verdes, Doc Martens y cabezas rapadas a finales de octubre de 1981, en la Copa de la Liga, y cuando jugamos contra ellos de nuevo a mediados de abril de 1982, en la liga, allí estaban todos con chándales Ellesse y Tacchini, tipos negros llevando zapatillas deportivas [...]. Leeds y Tottenham fueron los primeros lads que propiamente desarrollaron un indicio de estilo fuera del noroeste, pero el resto no tardó mucho en hacer lo mismo (Hough, 2007: 116). Y es que la ropa deportiva apareció como una exhalación y comenzó a despertar la fiebre de los casuals, que buscaban con hacerse con el último modelo de chándal o track-top. Otros deportes, especialmente el tenis y el golf, ejercieron una fuerte influencia en el estilo de las firms británicas. En 1980 se disputó la mítica final del torneo de Wimbledon entre John McEnroe y Bjorn Borg, con victoria del sueco. En la final del año siguiente el americano se tomaría la revancha, forjando una rivalidad histórica. En términos de moda, eran finales Fila versus Sergio Tacchini, con el sueco luciendo su propia colección Fila "BJ" y sus zapatillas Diadora "Borg Elite". McEnroe, por su parte, vestía ropa de Tacchini y deportivas Nike, no tan comerciales aún entonces. Ellesse también causó un fuerte impacto, también 1881 Cerruti, popularizada por Jimmy Connors. Toda esta ropa deportiva vino a complementar y a refrescar el repertorio ya existente de Adidas, Puma y, en menor medida, Nike. Las marcas deportivas francesas e italianas comenzaron a tener mucho tirón en Gran Bretaña durante los siguientes años, iniciando una popular moda que sería revivida muchas veces durante las dos décadas siguientes. En particular, los track-tops Fila BJ fueron los más perseguidos y cotizados, especialmente difíciles de encontrar en sus versiones verde. El golf también encontró su hueco en la escena casual, especialmente marcas escocesas de jerséis como Pringle, Lyle & Scott y Braemar. Londres albergaba un buen número de tiendas especializadas en ropa deportiva, por lo que no es de extrañar que los cockneys fuesen los primeros en detectar estos estilos (Thornton, 2012: 51-52). Por otro lado, las firms de clubes londinenses pronto serían emuladas por otros grupos de hooligans a lo largo de la isla en relación a otro aspecto. Especial mala fama se granjeó la ICF del West Ham, quienes marcaron un importante cambio en las tácticas y rituales correspondientes a los desplazamientos de las firms. Se acabaron los días de viajes masivos y peleas en las gradas. Las firms serían entonces mucho más herméticas, mejor organizadas, buscando la fuerza en grupos reducidos y autosuficientes, y frecuentemente congregándose en las zonas más cercanas a los aficionados rivales (Thornton, 2012: 51). Con Liverpool, Mánchester y Londres como epicentros de la cultura casual, cada una de ellas tuvo su propio radio de influencia. Debido a su gran extensión, Londres atrajo a aficionados desde todo lo largo de la costa sur, pasando por los home counties, hasta East Anglia (Thornton, 2012: 75). Lugares como Brighton, donde tan fuerte había pegado la escena mod revival, o Portsmouth, con su acento cockney bastardeado y su famosamente violenta 6.57 Crew 17, y la ciudad que mayor escena casual vivió en el sur de Gran Bretaña. Como asegura uno de sus aficionados: "El estilo en Pompey 18 estaba claramente definido por Londres [...]. A inicios de los ochenta éramos el único equipo en el sur con un gran número de casuals. Brighton no era capaz de juntar gente y nuestros rivales del Southampton era un poco el hazmerreír. [...] No había nombre para ello, aunque las chicas solían llamarnos dressers" 19 (Thornton, 2012: 77). Eddie Crispin, una de las caras más conocidas de Portsmouth, explica cómo eran las cosas en su ciudad: A finales de los setenta y principios de los ochenta, la mayoría de los que seguían al Pompey eran soul boys o skinheads. La temporada 80-81 vio cambios en la forma de vestir de los lads. [...] Una temporada o dos después, la ropa que se vestía para el partido empezó a cambiar a paso acelerado, a veces semanalmente. [...] Chubasqueros o track-tops, Pringle o Gabicci, Farah o Fiorucci, Nike o Diadora, e incluso gorras cervadoras iban y venían. Pero entre todo ello aún teníamos a los Pompey punks, los Fareham rockabillies y [...] los Pompey 'beer monsters'. [En 1983] Pompey ya había empezado a organizarse y todos los diferentes grupúsculos empezaron a viajar en tren en masa bajo el nombre 6.57. [...] A esta altura los colores de la ropa eran más llamativos: Kappa, Fila y Tacchini [...] se veían en multitud de tonos vivos y pastel. Una semana se llevaba cierto modelo de zapatillas, a la siguiente desert boots de ante, luego otro modelo de deportivas. Y la 6.57 se convirtió en una firm enorme; viajábamos en buen número a cada esquina de Gran Bretaña. El dicho en la noche de los viernes era:'la única excusa para no ir es... El territorio de las Midlands resulta una especie de misterio o mundo aparte respecto al resto del país. Birmingham, la segunda ciudad más grande de Reino Unido, nunca igualó a Liverpool ni Mánchester a nivel de innovación cultural. Las ciudades vecinas de Stoke-on-Trent, Wolverhampton, Derby, Nottingham y Leicester tenían aficionados al fútbol, siendo Stoke y Nottingham las más vanagloriadas. Sin embargo, aunque Derby County y Nottingham Forest cosecharon títulos importantes durante los años setenta, la región entera cayó en una especie de depresión futbolística. Solo el Aston Villa compitió con los grandes equipos del noroeste y la capital, pero fueron sus menos exitosos vecinos del Birmingham City -con su firm Zulu Warriors-quienes protagonizaron los episodios fuera del césped. Los Zulus, como otras firms del Manchester City y Arsenal, tenían una gran proporción de lads negros en sus filas. La deuda de los casuals a la moda de los afroingleses no se puede subestimar, y muchas firms presumieron de tener entre ellos al menos a un puñado de miembros influyentes de raza negra y elegantemente vestidos, frecuentemente conocidos como top boys 20 (Thornton, 2012: 95). Siguiendo con nuestro curso de sur a norte encontramos el condado de Yorkshire, un baluarte tradicional del rugby league pero donde el Leeds United -a pesar de su decadencia futbolística en los ochenta-atrajo a uno de los grupos de hooligans más violento y numeroso: la Leeds Service Crew. En Sheffield, dos clubes protagonizaban una feroz rivalidad. La Blades Business Crew del Sheffield United cosechaba la mayor reputación en los círculos hooligans. Por su parte, el Sheffield Wednesday era más exitoso dentro del césped, pero sus aficionados nunca fueron realmente protagonistas en lo extradeportivo. El estilo imperante en Yorkshire fue objeto de muchos editoriales del fanzine The End (Thornton, 2012: 87). Si en algún sitio el término casual fue aceptado y adoptado por completo como identidad juvenil, ese fue Escocia. Los aficionados escoceses llevaban mucho tiempo siendo ridiculizados en el estereotipo de alcohólicos y por un arraigo al estilo de los setenta: pelo largo, pantalones de campana, botellas de whisky y bufandas. En particular, Glasgow parecía estar anclada en el pasado, con los aficionados de Celtic y Rangers todavía vistiendo con los colores de sus clubes y por ende, de sus históricas y polí-ticas reivindicaciones sectarias. 21 Fuera de Glasgow, otras firms escocesas habían empezado a innovar en el estilo antes de que lo hiciesen muchas ciudades inglesas, principalmente Motherwell y Aberdeen, que pronto fueron seguidas por los lads del Hibernian de Edimburgo (Thornton, 2012: 100). UN PASO ATRáS: retro-ScallieS Y ScruffS Como hemos visto, la ropa deportiva se había extendido a lo largo y ancho de Gran Bretaña, en cuestión de poco tiempo el look deportivo de los casuals se podía ver en todos los estadios y también muchos clubes nocturnos de la isla. Sin embargo, los medios habían empezado a caer en la cuenta, por lo que pronto empezaron a surgir reacciones a esta propagación y estandarización del estilo. En el verano de 1983 la conocida revista The Faceautoproclamada árbitro del estilo callejero-pareció entender lo que había estado pasando durante los cinco o seis años anteriores. Los artículos escritos por Dave Rimmer -Londres-y Kevin Sampson -Merseyside-ofrecieron dos versiones de la rivalidad estilística, acompañadas de fotos y documentando por primera vez el estilo dominante en muchos grupos. Su revelación de lo que ellos llamaron casual pasó a formar parte del folklore juvenil británico. Como asevera Phil Thornton, mucha gente -incluido él-se burló de ese intento de convertir "This Thing of Ours" 22 en una pose y un uniforme. De esa forma rechazaron aceptar casual como la palabra que los definiese (Proper Magazine: 69). Cualquier seguidor de una subcultura reacciona negativamente ante su exposición a los medios de masas. En este caso, los scallies/perrys/cockneys/dressers no serían una excepción. Muchos sintieron que los artículos publicados por The Face no hacían ningún favor a la escena, puesto que atentaba contra el sentido de identidad y pertenencia. Además ponía en riesgo la esencia de su cultura, un sentimiento de elitismo y naturaleza única (Thornton, 2012: 114). De esta forma se impuso el concepto one-upmanship y nuevamente Liverpool, Mánchester y Londres lideraron separadamente sus caminos estilísticos y culturales. Comenzaron a aparecer diferencias regionales en el estilo, favoreciendo una fragmentación de la escena, tanto geográfica como generacionalmente. Mánchester desarrolló un estilo único entre 1983 y 1984 que rechazaba deliberadamente el gran colorido del look deportivo que imperaba en otras ciudades. Los mancunians ya se habían diferenciado anteriormente al vestir chándales completos, a diferencia de la tendencia general de utilizar solo las partes de arriba (track-tops). Volvieron los pantalones acampanados -que irremediablemente se asociaron con los lads de Manchester City y United-comenzando un nuevo estilo llamado scruff (Thornton, 2012: 114). El look scruff recordaba a la generación beat e incluía un montón de elementos: perillas y barbas de pescador, chaquetas C&A, parkas tipo snorkel con grandes capuchas, cardiganes Dunn & Co, jerséis Marks & Spencer, sudaderas Marc O'Polo, camisas de cuadros, pantalones vaqueros Wrangler o de pana Dickie -con campana de hasta 24 pulgadas-Adidas Jeans y Cords o zapatos Clarks. Estas prendas formaron parte de un estilo único que se comenzó a ver en los alrededores de Old Trafford y Maine Road (Proper Magazine: 70; Wannabes Fanzine: 7). El gusto por los pantalones de campana se exportó a otras ciudades. Liverpool, sin embargo, prefirió los semiacampanados con no más de 18 pulgadas. Hacia el verano de 1985 la locura por los pantalones de campana había ya casi desaparecido, aunque volvería a rebrotar de nuevo cinco años más tarde. Scruff fue una moda pasajera que, por un tiempo, representó algo único y verdadero procedente de las calles de Mánchester. Fue una cultura que desafió todo sentido común, rechazando las nociones de estilo y moda imperantes, redescubriendo uno de los más viejos clichés de los setenta -los pantalones de campanay volviendo a ponerlos de moda (Thornton, 2012: 119). Una vez más los casuals no cejando en su empeño de ser pioneros, de perseguir la originalidad y la exclusividad. En Liverpool, los casuals se enamoraron del tweed y el suede. 23 La reacción scouser al look deportivo fue conocida como retro-scally, y se trató de algo más que un simple look. Diferentes agentes como las drogas, la música y hasta la militancia política tuvieron su papel en esta vuelta de tuerca (Wannabes Fanzine: 7). El carácter aislado de Liverpool respecto al resto del país se intensificó debido a la batalla política contra el gobierno Tory, particularmente dura en una ciudad industrial y portuaria. 24 El futuro no era nada esperanzador, por lo que resultó normal que la juventud buscase evadirse de la realidad, encontrar una vía de escape. Como en muchos otros casos, las drogas y la música hicieron su aparición natural ante este panorama. Comenzó una fascinación por el antiguo catálogo de rock progresivo con sus discos conceptuales, la experimentación y las canciones de 20 minutos con letras surrealistas 25 (Wannabes Fanzine: 8). Según recuerda un aficionado del Everton: "mucha de la música no podía ser escuchada sin drogas [...]. La hierba y los alucinógenos [LSD y hongos] eran las drogas principales" (Thornton, 2012: 122). Respecto al estilo, los retro-scallies vestían como verdaderos profesores de geografía: chaquetas de tweed y de pana, vaqueras Levi's, chalecos y jerséis de lana, chaquetas enceradas (tipo Barbour). En los pies, zapatos brogues, desert boots Clarks o, de nuevo en escena, Adidas Stan Smith. Los scousers lo habían vuelto a hacer. Adoptando una filosofía relajada, desarrollaron un nuevo estilo propio y totalmente libre de influencias externas (Wannabes Fanzine: 8). Mientras tanto, en Londres las firms cockneys también estaban reconduciéndose en una nueva dirección que consistió en una versión casual más elegante y formal. Se empezaron a adoptar peinados con engominados hacia atrás o pelo de punta; camisas de cachemir y pantalones negros de pinzas sustituyeron a los polos y pantalones vaqueros. Diferentes firms adoptaron entonces uno de estos estilos, o sino mezclaron y combinaron elementos de cada uno para formar su look propio. Esta amplia gama de opciones condujo a una diversidad aún más amplia en la escena casual (Proper Magazine: 70). Comenzaban entonces los años más salvajes. En líneas anteriores expliqué que los disturbios callejeros tomaron un cariz más que habitual en Gran Bretaña durante la década de los ochenta. Pues bien, en lo concerniente al fútbol no fue ni mucho menos una excepción y, durante estos años, el nivel de violencia fue aumentando a medida que la escena casual se extendía por toda la isla y se tornaba en masiva. Las firms, aprendiendo de sus errores, fueron mejorando su organización a lo largo de los años, desarrollando tácticas de distracción y sorpresa, con el objetivo principal de evadir a la policía y de pillar desprevenidos a los aficionados rivales. Al contrario que una creencia bastante común, incluso dentro de los propios círculos hooligans-ultras actuales -y totalmente incorrecta-el que los casuals cuidasen su estilo y vistiesen ropa elegante nada tenía que ver con una intención de pasar desapercibidos y, de esa forma, evitar ser controlados por la policía. Esto es algo que se ha malinterpretado y que supone uno de los errores más comunes a la hora de caracterizar a los protagonistas de esta cultura. El año 1985 es bien conocido por ser el momento en que el nivel de violencia en el fútbol inglés alcanzó un máximo histórico. Prácticamente cada semana había incidentes en algún estadio. Las peleas, encerronas y escaramuzas antes, durante y después de los partidos se habían convertido en una parte más del juego, si es que hubo algún momento en que no lo fuesen. Pero quizás fuese este el momento en el que los altercados comenzaron a ser más mediáticos, especialmente por importantes tragedias ocurridas en varios estadios de fútbol. El 11 de mayo de 1985, en Valley Parade -estadio del Bradford City-la grada principal ardió en llamas durante un partido entre Bradford y Lincoln City. Este era el día en el que se suponía que el Bradford City iba a celebrar el título de la Tercera División (Routledge, 2013: 212). El suceso dejó imágenes realmente estremecedoras e historias personales realmente impactantes. 26 Aficionados intentando saltar al césped huyendo de una grada totalmente en llamas que se redujo a cenizas en apenas unos minutos. La mayoría de estadios ingleses de la época -especialmente en los clubes más pequeños-incluían gradas construidas en madera, de ahí la rapidez con la que se propagó el fuego. Algunos de ellos incluso aún conservan gradas de este material hoy en día. La magnitud del incendio de Valley Parade eclipsó otro incidente ocurrido aquel mismo día en el estadio de St. Andrews en un encuentro entre Birmingham City y Leeds United donde, a consecuencia de una pelea entre lads de ambos equipos, un muro colapsó y cayó provocando la muerte de un inocente aficionado adolescente (Routledge, 2013: 212). Pero si preguntásemos a la gente sobre tragedias ocurridas en un estadio de fútbol, seguramente la respuesta más repetida sería Heysel. El estadio belga de Heysel acogió la final de la Copa de Europa en 1985 entre Liverpool y Juventus. Aquel 29 de mayo, tan solo 18 días después de lo ocurrido en Bradford, sucedió uno de los epi-sodios más dramáticos y recordados en la historia del fútbol europeo. De nuevo una pelea entre fans de ambos equipos sembró el caos en las gradas y una avalancha. Esa masa incontrolada de gente provocó el colapso de un muro contra el que fallecieron 39 personas, más 600 heridos de diversa índole (Routledge, 2013: 212). Peter Hooton -recordemos creador del fanzine The End y cantante del grupo The Farm-estuvo presente tanto en Bruselas como en Roma el año anterior. 27 De su opinión acerca del asunto podemos resaltar algunos detalles: La razón de que gente muriese es tan simple como que era un estadio ruinoso. Si hubiese ocurrido en otro estadio, nadie habría muerto. Fue una absoluta broma [...] y la policía no sabía cómo controlar a la multitud. Muchos habían estado bebiendo pero la causa de las muertes fue un estadio inadecuado. Todos habíamos visto ese tipo de incidentes anteriormente y la gente simplemente se apartaba, se apretujaba en una esquina, pero los muros no se caen. Lo había visto 100 veces en Anfield Road. No importa quien empezase, la UEFA no debió situar a los fans de la Juventus justo al lado de los del Liverpool con solo una alambrada como separación, tan simple como eso. Yo no sentía ninguna culpa por lo que sucedió. [...] Es difícil explicar lo mal que estaba el estadio [...] se caía a pedazos. Donde la gente murió, delante, había una especie de tramo de alambrada y fue bastante gente la que hizo caer aquel muro (Thornton, 2012:153). Otro episodio menos conocido fuera de Gran Bretaña pero no por ello menos importante fueron los llamados disturbios de Kenilworth Road, estadio del Luton Town. Se disputaba un partido correspondiente a la sexta ronda de la FA Cup que enfrentó a Luton Town y Millwall (Routledge, 2013: 213). El 13 de marzo de aquel mismo año fue testigo de un estadio y alrededores totalmente destrozados, en un día que resultó uno de los más gráficos ejemplos de una firm -la del Millwall-en su máximo nivel de furia. Los allí presentes observaron con desdén a los incontrolados hooligans que estaban bombardeando a la policía con asientos y que invadieron el césped tras el pitido final. Solo hubo unos cuantos heridos, pero la imagen de tal cantidad de aficionados desmadrados y arrasando todo a su paso forzó al gobierno a tomar cartas en el asunto (Thornton, 2012: 146). Uno de los MiGs -Men in Gear, firm del Luton Town-recuerda algunos detalles de aquel día: Por más que nosotros pensábamos que íbamos progresando como grupo, el toque de atención nos llegó cuando tocó Millwall en el sorteo de copa. Posiblemente las imágenes más conocidas de peleas dentro de un estadio. Las consecuencias de aquellos disturbios pusieron a los incidentes en el fútbol en primera línea de la agenda política, y la pelea en Luton como responsable, en parte, del principio del fin de los MiGs. Deambulaban por la calle con total impunidad de la policía y ciertamente no estaban demasiado preocupados por nosotros. Parece que todo el mundo esperaba aquella invasión excepto la policía de Berfordshire. [...] A consecuencia de estos incidentes el Luton Town decidió prohibir la entrada en Kenilworth Road a aficionados visitantes durante cuatro temporadas. Además al club le fue prohibida su participación en la siguiente Football League Cup. Luton Town empezó a imponer un plan basado de carnés de socio -para mejorar la seguridad-el cual Thatcher quería hacer efectivo en todos los estadios de Inglaterra (Routledge, 2013: 213). Estos desastres fueron la trágica culminación de un año en que los hooligans ingleses vivieron peligrosamente al límite. Pues ya no se trataba de simple escaramuzas y peleas, como protagonizaron las bandas de mods en sus rallies a ciudades como Brighton. Esos puñetazos al borde del mar no eran nada en comparación con estos disturbios. Lo ocurrido en Luton, Birmingham y Bruselas puso la popular ferocidad de los mods en su verdadera perspectiva histórica. Lo sucedido en 1985 fueron auténticas conductas violentas que sembraron verdadero terror. Especialmente Luton y Heysel hicieron a mucha gente sentarse a pensar y replantearse lo que estaban haciendo (Thornton, 2012: 148-149). De nuevo en palabras de Hooton: Después de Heysel, los aficionados de fútbol se convirtieron en el enemigo público número uno como declaró Margaret Thatcher. [...] Se acabaron las multitudes. La gente hablaba sobre carnés de identidad. Mucha gente pensaba 'mejor que no lleve a los niños', había un ambiente deprimente, sobre todo entre los aficionados del Liverpool (Thornton, 2012: 153-154). Otra consecuencia del desastre fue una orden de la UEFA que prohibió a todos los clubes ingleses la participación en competiciones europeas hasta la temporada 1990-91, con un año adicional para el Liverpool 28 (Routledge, 2013: 212). Con todos los clubes ingleses sancionados, el gobierno de Thatcher sintió que tenía que actuar duramente también. El National Criminal Intelligence Service -NCIS-dedicó un equipo especial para trabajar contra el hooliganismo y la brigada de información policial pronto se convirtió en un elemento más de los viajes a partidos fuera de casa. 29 Aumentó la monitorización de la seguridad mediante la instalación de cámaras de videovigilancia dentro de los estadios, una presencia extra de personal de seguridad -los conocidos stewards-más y más áreas de grada con asientos obligatorios y restricciones en el aforo. Todo esto combinado frecuentemente con brutales tácticas policiales que perseguían convertir la asistencia a un partido de Primera División en una experiencia incómoda y a menudo deprimente. Los aficionados de fútbol eran uno de los enemigos internos del gobierno Tory y serían tratados tan duramente como lo fueron los sindicalistas huelguistas. El establecimiento de unidades de policía dedicadas a los hooligans trajo en los siguientes años redadas contra conocidos y sospechosos grupos hooligans como la ya nombrada ICF, los Headhunters del Chelsea o los Guvnors del Manchester City. Muchas firms fueron sometidas a grandes procesos judiciales, con sentencias de prisión y prohibición de acceso a estadios de fútbol de por vida en algunos casos. Sin embargo, muchos fueron los casos perdidos por parte de la acusación, con importantes compensaciones económicas a los condenados, debido a falsificación y recolección cuestionable de las pruebas policiales (Thornton, 2012: 155). ¿EL PRINCIPIO DEL fIN? Durante los siguientes años el estilo de los casuals siguió evolucionando, girando en torno a la búsqueda de nuevas marcas y tipos de prendas. Los looks de la época retro-scally-scruff mudaron en un nuevo estilo que se hizo llamar new continental. Se trataba de un look más arreglado que combinaba elementos del scruff con nuevas marcas, las llamadas "tres ces": Ciao, Chevignon y Chipie (Proper Magazine: 71). Como apuntábamos anteriormente la fiebre por los pantalones de campana fue pasajera y, para la final de la FA Cup de 1985 en Wembley, todos los mancunians vestían pantalones de pinza, muestra de lo drástico y fugaz en los cambios de estilo. De nuevo la oferta de opciones en cuanto a marcas y prendas era muy amplia, así como las distintas maneras de vestirlas. Esto sumió a los medios en la confusión. A la cabeza, la nueva revista Arena de los mismos editores de The Face, que intentaron hacer creer que los casuals estaban copiando la moda de los llamados paninaro italianos. 30 La influencia de la moda italiana era clara, con marcas como Stone Island, Pop 84, Fiorucci o Armani, pero ¿realmente sabían los casuals lo que vestían los jóvenes italianos para poder acusarles de copiar? Según Phil Thornton fue un mito, pues no tenían ni idea (Proper Magazine: 71). Sin embargo esta vez no tuvo que ver con el estilo, que aun así seguía evolucionando. Lo importante de esta nueva etapa fue un cambio en la actitud y comportamiento de los casuals. Y es que comenzó a hacer aparición un nuevo género musical procedente de Chicago, el house, que se fue abriendo camino usurpando el lugar que hasta entonces ocupaban el soul, hip-hop, electro, jazz-funk y rare groove en los clubes nocturnos (Wannabes Fanzine: 10). A diferencia de EE.UU., la música house alcanzó las listas de éxitos británicas y también encontró una audiencia cautiva con muchos aficionados de fútbol. El llamado Segundo Verano del Amor de 1988 introdujo a la juventud británica a su mayor cambio cultural colectivo en la última década. A pesar de su arrogancia provocadora, la rebelión del punk no duró mucho hasta que el establishment consiguió absorber la energía e irreverencia de la escena y reconducirla hacia el consumo de masas. Sin embargo, lo que se conoció como acid house fue una cultura más moderna y permisiva a tenor de sus características: su naturaleza apolítica, una monumental repetitividad, una dependencia de elementos tecnológicos y la veneración de miles de discípulos. Los clubes nocturnos se sintieron notablemente reforzados y los casuals hicieron su aparición en números importantes (Thornton, 2012: 176, 178). De la mano del acid house entró en Gran Bretaña el éxtasis, pegando un verdadero pelotazo a nivel social y cultural. El consumo de éxtasis influyó tremendamente en la cultura de baile, como dice Thornton (2012: 178) "relajó los labios y las actitudes". Bailar dejó de tener un objetivo y se convirtió en una actividad disfrutable en sí misma. Ya no se necesitaba ser el que mejor se movía, o conocer los detalles de la canción que bailabas, como ocurría en la escena northern soul y rare groove. La escena acid house simplemente demandaba formar parte de ella. Estar presente en una noche de acid house en su momento álgido, tanto en Londres como en Mánchester, suponía ser parte de algo especial (Thornton, 2012: 178-179). Esa relajación general tuvo su efecto en la moda, y se empezaron a vestir prendas más flojas. Plumíferos y chaquetas de montañismo -frecuentemente en tonos chillones-junto con anchas camisas de cuello Mao, vaqueros de carpintero, pantalones de chándal ligeros y anchos y botas tipo Timberland (Proper Magazine: 72). La corriente estaba volviendo a cambiar. Tal y como 1977 había marcado el primer paso del punk hacia los primeros scallies, 1988 fue testigo de cómo los casuals abandonaron sus raíces para avanzar hacia algo nuevo. ¿Fue este el fin del principio o el principio del fin? La evolución no tenía hueco para el sentimiento y los casuals perseguían el progreso, no el vivir en un pasado idealizado. En Mánchester, el club The Haçienda -que había abierto sus puertas en 1982-empezó a ganar éxito y popularidad a partir de sus noches electrónicas pioneras en toda Inglaterra -muchas dedicadas al sonido acid houseque expandieron la escena y relanzaron a la discoteca. En la enorme popularización de esta nueva escena tuvo mucho que ver la denominada movida Madchester -impulsada por Tony Wilson-fundador de Factory Records y dueño de Haçienda. Una revolución musical que cristalizó en bandas como Happy Mondays, The Stone Roses, 808 State o Inspiral Carpets. Unas bandas que pusieron a bailar a toda una ciudad, que se convirtió en el centro musical y cultural de Gran Bretaña. Los casuals tomaron esta efervescente escena musical como vía de expresión, reflejados en las bandas Madchester, llenando los clubes nocturnos donde sonaba su música y consumiendo las mismas drogas que ellos consumían (Wannabes Fanzine: 9). Se dice que el éxtasis mató el hooliganismo, o al menos lo durmió por un tiempo, dejando una huella imborrable en la cultura casual. El acid house, la movida Madchester y la incipiente escena rave no habrían sido lo mismo sin la presencia de los casuals, que se ganaron el título de vanguardia de este movimiento. Tras esto nada fue igual, ni la cultura casual ni, en general, la importancia de las subculturas. Existe una corriente de pensamiento que defiende que hubo un momento en que las subculturas juveniles desaparecieron, mutando en culturas de club. Una idea que asegura que la emergencia de la cultura rave a finales de los ochenta dejó para la historia el mundo de las subculturas. 31 El nuevo ambiente político individualista y neoliberal instaurado por el thatcherismo requería sustituir el limitado concepto de subculturas basadas en la clase por nuevos conceptos postmodernos, que admitiesen la flexibilidad de las nuevas agrupaciones contemporáneas de jóvenes, más diversas y heterogéneas (Hall, 2014: 33). Muchos son de la opinión de que la escena casual también fue víctima de este proceso, desapareciendo bajo las redes del acid house y las raves. Sin embargo, otros creemos que sufrió una transformación. Marcada por el impacto de la escena musical y por los agentes político sociales, la cultura casual se transformó y se reinventó. Bajo mi punto de vista el carácter individualista de la cultura casual -que la diferenciaba de otras subculturas-fue lo que permitió una mutación y una adaptación a la nueva realidad. El desclasamiento social perseguido por el gobierno de Thatcher no afectó a esta cultura, puesto que como ya hemos visto presentaba unas características que la distinguían del resto de subculturas y que la permitieron sobrevivir. La cultura casual en Gran amplió sus espacios, de las gradas a las pistas de baile y las raves -en dirección opuesta a como había ocurrido años atrás-experimentando una evolución natural que la actualizó y la enriqueció. Como anticipé al inicio del trabajo, el análisis de la evolución de los estilos y actitudes de los casuals supone un ejemplo perfecto de cómo una subcultura sobrevivió al proceso político, social y cultural desarrollado en Gran Bretaña en la década de los ochenta. La constante búsqueda de la exclusividad y originalidad en el estilo, persiguiendo la evolución y la diferenciación con respecto a los demás, llevaba implícita una actitud de singularidad del individuo respecto a la masa. Al final todo desemboca en el concepto one-upmanship, cuyo desarrollo y aplicación a la práctica de los hechos supone el mejor método para entender la importancia de la cultura casual. Tras estas consideraciones dentro de un marco conceptual de la historia social, me gustaría finalizar con una última reflexión. Considero de gran importancia el trabajo de intentar crear conexiones entre las actividades diarias y las expresiones de ciertos grupos de jóvenes, y las cambiantes coyunturas históricas y configuraciones históricas más amplias, si queremos realmente comprender cómo reaccionan los jóvenes ante lo que la sociedad está haciendo de ellos. De esta manera podemos observar cómo algo que pudiera parecer tan insignificante como la cultura casual transformó la moda británica para siempre. Los casuals convirtieron la ropa deportiva en ropa de diario. La ropa de diseño -en origen dirigida a las clases más pudientes-es tan popular actualmente que incluso roza la ubiquidad. Hoy en día encontramos tiendas de ropa deportiva repartidas en cada ciudad, mientras que vestir ropa de diseño se ha convertido en algo totalmente con-vencional. La cultura casual redefinió cómo una generación de chicos vestiría durante las siguientes décadas. Los orígenes de la cultura casual: hooliganismo y moda en Gran Bretaña • 13 ficación y táctica en sus actuaciones. Utilizo sin embargo el segundo término como genérico para no complicar más el lenguaje. 14 Gentilicio referido a la población de Mánchester o del condado del Gran Mánchester. Al igual que scouser para el caso de Merseyside, el término mancunian también puede referirse al acento propio o dialecto de esta región. 15 Un resurgimiento de la subcultura mod desarrollada en la década de los sesenta, impulsado por varios elementos entre los que destacan la música de The Jam o el lanzamiento de la película Quadrophenia en 1979. 17 El nombre procede del primer tren de los sábados por la mañana con destino Londres Waterloo. Los lads del Pompey dieron buena cuenta de este tren de las 6:57 h en sus viajes tanto a la capital como a otras ciudades, no necesariamente para ir al fútbol. 18 Apelativo por el que se conoce tanto a la ciudad portuaria de Portsmouth como a su equipo de fútbol, el Portsmouth FC, ambas entidades comparten también el mismo escudo. 19 Otro de los términos empleados antes de que se apodase a la escena como casual. 20 Término referido a los miembros más importantes que lideraban las firms británicas, se podría traducir como "capos". 21 Azul, rojo y blanco para los lealistas protestantes del Rangers; verde y blanco para los fenianos católicos del Celtic. 22 Thornton utiliza esta expresión, que se podría traducir como "La Cosa Nostra", para referirse a que la cultura casual -por aquel entonces aún no definida como tal-era algo auténtico, genuino y propio de la juventud obrera británica y que no estaban dispuestos a aceptar categorizaciones externas ni a que se les impusiesen pautas estilísticas o etiquetas. 23 Tweed es un tejido de lana grueso, áspero y resistente originario de Escocia. Suede es un término para referirse a un material de ante o gamuza, normalmente de piel. 24 La Militant Tendency se había quedado a cargo del gobierno municipal, posicionándose en contra del establishment político. Ignorando las restricciones presupuestarias del gobierno central, iniciaron un programa de construcción de viviendas que situó a la ciudad en una lucha no solo con los Tories, también con el Partido Laborista (Thornton, 2012: 120). 25 Una especie de filtración de un espíritu hippie en la cultura casual, que motivó una fiebre por discos de segunda mano de bandas como Pink Floyd, Genesis o Gong. También artistas como Jimi Hendrix, Bob Dylan, Bob Marley o Frank Zappa, quien cosechó un extraordinario éxito en Liverpool (Wannabes Fanzine: 8). 26 Muchas de ellas recogidas por Martin Fletcher en su libro 56: 27 La final disputada en el Olímpico en 1984, dejó importantes incidentes entre aficionados de Roma y Liverpool. Los locales, muy cabreados por la derrota en los penaltis, tendieron una encerrona a los ingleses a la salida del estadio y les complicaron de buena manera la vuelta a los autobuses y hoteles. Hubo numerosos apuñalamientos, lanzamiento de botellas y ladrillos, etc. Los ingleses respondieron y la cifra de heridos fue equitativa en ambas partes. Hooton cree que estos hechos estuvieron presentes en la mente de los ingleses en la final de Heysel, pero que nunca vio un ánimo de venganza en lo sucedido (Thornton, 2012: 149-151).
Aquellas ayudas se prologaron después de la liberación durante dos o tres años, en particular mediante estancias de convalecencia en Suiza y en Suecia, y aportes (materiales) procedentes del "Don Suisse" o de otros organismos. early 1945 and supported by its liaison bulletin, Voix et Visages, whose title expresses the will to be audible and visible (De Gaulle-Anthonioz: 1977; Mezzasalma: 2003; Pavillard: 2008).
Cuando en una persona se une la inteligencia, el esfuerzo constante y la simpatía personal, nos encontramos con alguien de valía excepcional. Lo muestran los cariñosos recuerdos y testimonios que se le han dedicado y dedicarán a Carlos Estepa Díez, historiador medievalista que fue director y fundador de esta revista desde que la pusimos en marcha en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas hace unos pocos años. Me alegro de haber compartido con él y con Consuelo Naranjo Orovio esta tarea, que gracias a empeños varios y colectivos sigue ahora su rumbo, bajo la dirección de esta otra investigadora, americanista esta vez. En su momento, contamos con el apoyo de las autoridades del CSIC y de los sucesivos directores de su editorial, Miguel Ángel Puig-Samper y Ramón Rodríguez, una ayuda que se mostraría siempre decisiva. No menos apuntaló este esfuerzo el entusiasmo y la permanente colaboración e implicación de los consejos de la revista, tanto editorial como asesor. Entre todos quisimos, poniendo en pie Culture & History Digital Journal, lanzar una publicación decididamente distinta de otras revistas, incluso de las más próximas en temática e inspiración. No se quería aportar una excesiva erudición sino amplitud y renovación de perspectivas, ni se impusieron a los autores y autoras limitaciones o compartimentaciones de épocas y periodización, ni fronteras de especializaciones o encuadres terminantes de escuela. Entendíamos que, a partir de la decidida imposición del giro cultural, la cultura se concebía como el constante y variado registro de experiencias, como el devenir plural de la vivencia humana que comprendía, daba sentido y empujaba la entera totalidad de nuestra actividad. El hecho de que C&H DJ sea una revista online que prima la publicación en lengua inglesa, sin dar de lado sin embargo otras expresiones lingüísticas cercanas a nuestro ámbito cultural, podría permitirnos dar un paso adelante en la proyección internacional de nuestra institución. Así lo entendimos al emprender esta aventura junto a Carlos Estepa, Profesor de Investigación y medievalista leonés, que tras su paso por la universidad de su ciudad natal, León, se había integrado muy pronto en el Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Carlos fue estudiante y profesor en la Universidad Complutense de Madrid, pero también brevemente en las de Barcelona, La Laguna y León antes de incorporarse, definitivamente, al CSIC. El empuje público que en esa trayectoria (años ochenta y en parte noventa del siglo XX) recibieron en España la investigación científica y las humanidades, telón de fondo de un momento dorado en la mayor institución científica del Estado, le permitiría proseguir y afianzar sus estudios y temáticas, en un entorno que a él siempre habría de serle grato, y al que él mismo supo contribuir constantemente con su saber extenso y su habitual sonrisa. Buen conocedor de las lenguas clásicas y las herramientas filológicas modernas, su personalidad abierta se interesó ampliamente en el entendimiento de la cultura universal desde el foco concreto que iluminaba un profundo conocimiento del pasado medieval castellanoleonés, cuya crítica cuidadosa y erudita, llena de rigor comparatista, lo llevaría a huir de todo tipo de corsé patriotero y fácil contribución a un mito interesado (Estepa, 1987). En sus escritos, Carlos Estepa persiguió dilucidar la transformación del punto de vista institucional del medievalismo español, renovando esa visión clásica y heredada, de naturaleza jurídica y formal, con los que en aquel momento se mostraban como muy novedosos enfoques socioeconómicos, contribuyendo a acortar el camino que se abría entre nuestra historiografía y aquellas otras en que ya llevaban al menos un par de décadas prosperando interpretaciones basadas en los conceptos de estructura y cambio, en el análisis de las relaciones socioeconómicas y las estructuras de poder. Tres focos principales retuvieron, en síntesis, su atención: la ciudad de León, los reinados clave de Alfonso VI y Alfonso VIII (Estepa, 1985; Estepa Díez, Fernández González y Rivera Blanco, 2012; Estepa Díez, Álvarez Borge y Santamarta Luengos, 2011) y, de modo global, ese tipo especial de señorío que, en el feudalismo castellano, constituyó la behetría. Por su compleja especificidad, por haber entrado a fondo en la cambiante y diversa configuración de la relación que en las behetrías se dio entre señores, reyes y comunidades, los estudios de Estepa sobre fronteras, límites y categorías conceptuales en la edad media castellana son una aportación clarificadora y fundamental (Estepa Díez y Jular Pérez-Alfaro, 2001 y 2010). Buscando categorización diacrónica e instrumental al feudalismo en la Península, entre Alfonso VI y Pedro I -entre los siglos XI y mediados del XIV, de León a Castilla-esos trabajos iluminan el paso por la propiedad dominical, el dominio señorial y el señorío jurisdiccional, se ocupan de la fiscalidad real y su nexo territorial abordando el poder regio en el marco feudal castellano, sin olvidar tampoco al campesinado, los labradores, ni esconder la triangulación entre cristianos, judíos y musulmanes en la Castilla medieval, más transparente según se extiende el poder de la corona. Un abanico de perspectivas amplias y de abordajes sugerentes hubo de ser el suyo, en conclusión, desde la formación de la corona de Castilla, la curia regia de 1188 y el origen de las cortes castellanas (Monsalvo Antón, 2002-2003y 2018; Martínez Sopena, 2019). Su gran trabajo sobre las behetrías buscaba así fotografiar a escala la implantación señorial a través de la percepción de rentas y sus poderes desde el Cantábrico al Duero. Se apoyaría en multitud de documentos y de bi-bliografía, tomando como base el Libro Becerro de Behetrías, la encuesta de Pedro I sobre los derechos de los señores. El proceso de feudalización señorial del norte del reino de Castilla mostraba sus especificidades, como se venía mostrando desde antiguo, y para la clarificación de esa modelo la fotografía de la nobleza castellana que proporcionaba Estepa ponía al descubierto las relaciones fiscales en las aldeas, los niveles de ejercicio espacial del poder en ricoshombres, caballeros e hidalgos, una fotografía en movimiento que venía a cubrir la evolución desde el bene facere del siglo X a las guerras comuneras (Estepa Díez, 2003; Jular Pérez-Alfaro y Estepa Díez, 2010). Un intenso forcejeo -señala García de Cortázar ( 2004)entre rey y nobleza, y entre rey, nobleza y comunidades aldeanas, de modo que con la fuerza y coyunturas favorables, las aldeas vieron cómo los señores transformaban su condición, desde la behetría al solariego. Estoy seguro de que Carlos aprobaría con gusto que yo traiga aquí ahora el recuerdo de unas palabras generosas que él mismo escribió en memoria de su inteligente y afectuoso colega, el profesor Abilio Barbero de Aguilera, de quien tan cercano se sintió como discípulo y de quien fuera incondicional amigo (Estepa, 1998). Rememoraba sus conversaciones, en especial en los años de su tesis doctoral, cuando tanto influyó en su propia formación la elaboración por aquel y Marcelo Vigil de una obra clave en su momento, La formación del feudalismo en la Península Ibérica (1978), que abría a los investigadores perspectivas nuevas en medio de una potente convulsión política e historiográfica, muy significativa en historia medieval. Su tradición jurídico-institucionalista, que tan sólida y asentada pareciera, se veía de pronto asaltada por aquellos jóvenes investigadores influidos por la ambición entusiasmada de la historia social, ya fueran los Annales o el materialismo histórico. Muestra de ello era ya el primer libro de Estepa sobre León (1977), en donde ya no se conciben el origen y evolución de la ciudad como un mero acto legal, o como herencia del mundo romano, sino que se prima la acción de los grupos sociales y se considera el entorno geográfico, tratando de definir al máximo las relaciones de poder y el marco estructural de producción. Así, la comunidad campesina, los mercados, el artesanado y el comercio, los jueces y curiales, el concejo..., junto a los señores laicos y eclesiásticos, los dominios y propiedades, las prestaciones, la fiscalidad y las relaciones de dependencia reclaman la atenta mirada de los historiadores y suscitan las discusiones más vivas. No se olvida el espacio, el desarrollo de la ciudad en su entorno geográfico, el paso de la unidad agraria al urbanismo comercial, a la vez que se asiste al desarrollo de una sociedad feudal piramidal con el rey a la cabeza. Una investigación que, a la exhaustiva explotación de las fuentes de archivo, con un buen conocimiento de la
El hecho de que las cerámicas recuperadas por Littman estuvieran enteras refuerza el hecho de que la Arqueología no sólo busca objetos, sino que éstos tienen que ser objetos «bonitos». En la Arqueología diaria, encontrar una cerámica completa es algo muy poco común. Normalmente los restos, estructuras o materiales excavados se encuentran de forma muy parcial, fragmentados o, incluso, ausentes (como ocurre con las estructuras construidas sobre postes); sin embargo, el espectador de cine recibe la imagen de unos arqueólogos que encuentran nada más ni nada menos que el santo Grial (Indiana Jones y la última cruzada) o la tumba intacta del emperador Qin con todos los soldados de terracota en ella (La Momia 3: la tumba del emperador dragón). La consecuencia es que, cuando éstos llegan a la Arqueología real, se decepcionan por los resultados reales. Televisione e post-pensiero (1997), "algunas palabras abstractas (...) son en cierto modo traducibles en imágenes, pero se trata siempre de traducciones que son sólo un sucedáneo infiel y empobrecido del concepto que intentan «visibilizar» (Sartori, 1997: 50). Sartori concludes that "la televisión 15 produce imágenes y anula conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender" (Sartori, 1997: 51), that the television destroys our capacity of abstraction and all our understanding.
Regarding Spanish landmarks in Havana, we can find the following ones: Basílica Menor de San Francisco de Asís, Castillo de la Real Fuerza, Castillo de San Salvador de la Punta, Castillo del Morro and Catedral de la Habana.
Aunque más abonos haga, Morisco siempre ha de ser, Que esta raza no se acaba, Por más que el tiempo la lava, Mas vuelve a reverdecer30.
The administrative documentation on this pilgrimage may be consulted in the Archivo General de la Administración (AGA). Memoria del viaje (Tétouan, Delegación de Asuntos Indígenas, October 1949) (cf. Mateo Dieste, 2017).